<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>thriller</genre><author><first-name>Allison</first-name><last-name>Brennan</last-name></author><book-title>La Caza</book-title><annotation><p>S�lo hay una cosa que Miranda no puede perdonarse a s� misma: haber sobrevivido. Doce a�os atr�s, consigui� escapar de las manos del asesino conocido como El carnicero, pero al hacerlo tuvo que dejar atr�s a otras v�ctimas como ella, atrapadas, torturadas y asesinadas por un s�dico que siempre ha ido un paso por delante de la polic�a. Ahora, vuelve a actuar. Miranda ya no es la presa, sino el cazador: sabe que atraparlo es la �nica manera de volver a encontrar la paz. Pero para ello tendr� que reencontrarse con Quinn, el hombre que la ayud� a superar el miedo y, tambi�n, el que la traicion� cuando m�s lo necesitaba. Ahora los dos se enfrentan a la m�s perversa mente criminal� pero tambi�n a unos sentimientos que han intentado enterrar durante a�os.</p></annotation><date/><lang>es</lang></title-info><document-info><author><first-name/><last-name/></author><program-used>Fiction Book Designer, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2009-01-21">21.01.2009</date><src-url/><src-ocr/><id>FBD-01A50F-B1F9-F14B-F5A4-026F-8C1F-2F07ED</id><version>1.0</version></document-info><publish-info/></description><body><image l:href="#0"/><title><p>Allison Brennan</p><empty-line/><p>La Caza</p></title><section><p>Amigas del FBI, 02�</p><empty-line/><p>T�tulo original: <emphasis>The Hunt</emphasis></p><p>Traducci�n de Alberto Magnet</p></section><section><epigraph><p>Para Dan</p></epigraph><empty-line/></section><section><title><p id="_Toc168359139">Agradecimientos</p></title><p>El entrenador de f�tbol americano Ara Parseghian dijo en una ocasi�n: �Un buen entrenador es aquel que sabe ense�ar a sus hombres el potencial de lo que pueden ser en lugar de conformarse con lo que son�. Ser�a imperdonable de mi parte no dar las gracias en primer lugar a mi editora, Charlotte Herscher, que no s�lo me mostr� las posibilidades de esta historia sino que me dej� encontrar mi propio camino hasta llegar al <emphasis>FIN.</emphasis></p><p>Agradezco a Kevin Brennan, bi�logo experto en la fauna salvaje, asesor del Departamento de Caza y Pesca de California, la valiosa informaci�n que me proporcion� y todo lo que me ense�� sobre el halc�n peregrino y las responsabilidades de un bi�logo dedicado a la conservaci�n de la fauna. Kevin suele llamar a sus aves con el nombre de su frecuencia de radio, no con un mote.</p><p>Una vez m�s, agradezco a Wally Lind, de Crime Scene Writers, su gran ayuda en la investigaci�n de los hechos y en cuestiones de ciencia forense, sobre todo en lo relativo a las armas de fuego y a c�mo se corrompen las pruebas biol�gicas. Si en algo me he equivocado, seguro que no es por culpa suya.</p><p>Adem�s de mostrarse muy comprensivo con mis extra�os horarios de trabajo, mi marido, Dan, tambi�n me ha explicado (en numerosas ocasiones) c�mo funciona un motor de coche y c�mo atascar el filtro del combustible. Si no he entendido bien el proceso, se debe a mi bloqueo mental con respecto a todo lo relacionado con la mec�nica.</p><p>Dan estudi� en la Universidad de Montana State-Bozeman y, a trav�s de sus recuerdos y fotos, me ayud� a ambientar la historia en el condado de Gallatin.</p><p>Agradezco tambi�n a mis primeras lectoras. Kathia, Michele, Jan, Amy y Sharon. A mis correctores, Karin y Edie, que trabajaron con un celo extraordinario para darle forma a este libro. Y, por supuesto, a mis hijos, que ya no aprecian tanto la pizza como antes.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359140">Pr�logo</p></title><p><emphasis>No quiero morir.</emphasis></p><p>Respiraba en breves interludios y con la boca abierta, intentando tragar aire y soltarlo entre violentas arcadas. Tragar. Soltar. Concentrarse. �Corre, Miranda, corre! Pero en silencio. Pie izquierdo, pie derecho. Pie izquierdo. �No era �se el t�tulo de uno de esos libros infantiles del doctor Seuss? Casi se le escap� una risilla hist�rica, pero la reprimi�. En silencio. Sobre todo, respirar en silencio.</p><p>Miranda hizo una mueca al o�r el ruido a sus espaldas. Eran los sollozos de su amiga. <emphasis>Sharon, �c�llate! </emphasis>Ten�a ganas de gritar. <emphasis>Te oir�. �Nos matar�!</emphasis></p><p>Corri� m�s r�pido, a pesar de que Sharon se iba quedando cada vez m�s rezagada. Empezaba a oscurecer. Quedar�an unas dos horas, como m�ximo, para que cayera la noche.</p><p>Si no alcanzaban el r�o, �l las encontrar�a.</p><p><emphasis>No quiero morir. Soy demasiado joven. Por favor, Dios m�o. S�lo tengo veinti�n a�os. �No morir�! Aqu�, no, y no de esta manera.</emphasis></p><p>La vista se le nubl� con el sudor que le ba�aba la frente y le ca�a sobre los ojos. No se atrev�a a secarse la cara por miedo a perder el equilibrio en aquel terreno rocoso. Los pies descalzos le dol�an con cada pisada, pero estaban tan fr�os que s�lo las rocas m�s punzantes hac�an mella en su entumecimiento. <emphasis>�Mira por donde pisas! Un solo paso en falso y te romper�s la pierna y �l te encontrar�.</emphasis></p><p>Un eco distante pero familiar lleg� a sus o�dos. Quer�a detenerse y escuchar, pero no se atrev�a a disminuir la marcha. Despu�s de recorrer otros treinta metros, supo darle un nombre a aquel ruido.</p><p>�Agua! �Agua que flu�a!</p><p>Ten�a que ser el r�o. Se lo hab�a prometido a Sharon, que el r�o las conducir�a a la libertad. Dio gracias en silencio al profesor Austin y a sus tediosas clases de geolog�a. Sin ellas, no habr�a sabido hacia d�nde correr, ni habr�a reconocido las se�ales que indicaban la cercan�a de un r�o. Despu�s de todos los kil�metros que ella y Sharon hab�an recorrido, seguro que ahora lo conseguir�an.</p><p>De pronto, oy� un chillido a sus espaldas. Miranda se detuvo ante el grito de sorpresa de Sharon, y se gir� con el coraz�n en un pu�o. En el suelo estaba su amiga, tendida, medio oculta por la maleza, sollozando de dolor.</p><p>���Lev�ntate! -la urgi� Miranda, atenazada por el p�nico.</p><p>��No puedo -solloz� Sharon, con la cabeza enterrada en la hojarasca.</p><p>��Por favor -implor� Miranda, que no quer�a volver sobre sus pasos. Mir� por encima del hombro hacia la libertad. El agua estaba a poca distancia.</p><p>Volvi� a mirar a Sharon y se mordi� los labios. <emphasis>�l </emphasis>segu�a ah�, en alguna parte. Si ella se deten�a a ayudar a su amiga, las matar�a a las dos.</p><p>Dio un paso hacia el r�o. La culpa la detuvo, sinti� que le escoc�a en la espalda. <emphasis>Sab�a </emphasis>que sola pod�a salvarse.</p><p>��Sigue -dijo Sharon.</p><p>Miranda apenas oy� esa �nica palabra. Abri� los ojos, at�nita ante lo que implicaba.</p><p>��No, sin ti, no. �Lev�ntate!</p><p>Por un instante, Miranda no supo si Sharon no la hab�a o�do porque no quer�a o por la distancia. Y entonces la chica rubia se fue incorporando lentamente hasta quedar a cuatro patas. La mirada aterrorizada de Sharon se cruz� con la de Miranda. <emphasis>Por favor, Sharon, por favor, </emphasis>pensaba Miranda. <emphasis>Se nos acaba el tiempo.</emphasis></p><p>Sharon se cogi� de un �rbol peque�o y se puso de pie.</p><p>��Vale -dijo-. Vale.</p><p>Miranda dej� escapar un suspiro de alivio y Sharon dio un tembloroso paso adelante. Se gir� hacia el r�o, hacia la libertad.</p><p><emphasis>�Tchac-tchac!</emphasis></p><p>El disparo dej� un eco en el bosque. El batir de alas y los graznidos de los p�jaros espantados rompieron el silencio. Ante los ojos de Miranda, el pecho de Sharon qued� abierto y desgarrado. Un rojo intenso, oscurecido por las sombras del crep�sculo, se derram� sobre el blanco sucio de la blusa. En ese momento entre la vida y la muerte, Miranda vio c�mo la expresi�n de sorpresa de Sharon se convert�a en dicha. En alivio.</p><p>La muerte era preferible al sufrimiento.</p><p>���Sharon! -Miranda se tap� la boca, y en la mano le qued� el gusto y el olor de la tierra podrida. En el aire flotaba el olor cobrizo de la sangre. El pecho se le sacudi� en un sollozo mudo al ver que Sharon se derrumbaba.</p><p>��Corre.</p><p><emphasis>Aquella voz. </emphasis>Se le hel� la sangre al o�r esa voz grave, seca y sin inflexiones. El mismo pulso carente de emociones que hab�a demostrado cuando las alimentaba y les daba de latigazos, cuando las somet�a a sus tocamientos o cuando las violaba.</p><p>Se ech� a temblar incluso antes de reconocer su silueta. Vest�a un pantal�n de camuflaje y un abrigo oscuro. Estaba de pie entre los �rboles, el rostro semioculto por la gorra y el cielo que se oscurec�a. �A cien metros? �A sesenta? �M�s cerca? No conseguir�a llegar. Y morir�a.</p><p>El grito que el hombre lanz� reson� como un eco por toda la monta�a. Dio un paso adelante y se acomod� el rifle. Apoy� la culata en el hombro.</p><p>Miranda ech� a correr.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359141">Cap�tulo 1</p></title><p>Doce a�os m�s tarde.</p><p>Nick Thomas observ� la silueta del menudo cuerpo bajo la lona de color amarillo chill�n. Se apret� el puente de la nariz y trag� con tanta rabia que le dej� un amargo sabor de boca. El hedor de la muerte estaba en el ambiente, y Nick se gir� para apartarse.</p><p>Todav�a conservaba en la mente la imagen del cuerpo inerte y descoyuntado de la chica de veinte a�os, Rebecca Douglas, tal como la hab�a encontrado s�lo una hora antes.</p><p>���Sheriff?</p><p>Nick alz� la vista y vio que se acercaba su ayudante Lance Booker, un tipo bien plantado, un buen poli, aunque todav�a un poco inexperto. Se parec�a mucho a �l hac�a doce a�os, cuando lo enviaron a inspeccionar la escena de su primer caso de asesinato.</p><p>��Dime.</p><p>��Jim dice que en la carretera hay un tipo que dice ser del FBI. Quiere que lo dejen pasar. Quincy Peterson.</p><p>Quinn. Nick llevaba a�os sin verlo. Diez a�os, para ser exactos. Pero manten�an una correspondencia por correo electr�nico desde que a �l lo hab�an elegido sheriff, hac�a tres a�os. Despu�s del episodio de las hermanas Croft.</p><p>Ahora ya eran siete las chicas muertas. Al menos eran siete los casos de los que ellos estaban al corriente.</p><p>��Que lo dejen pasar.</p><p>��S�, se�or. � Booker frunci� el ce�o, pero transmiti� la orden por radio. En los asuntos que por regla general ca�an bajo su jurisdicci�n, los agentes de polic�a no miraban con buenos ojos las injerencias del exterior, y normalmente Nick reaccionaba de la misma manera. No mencion� que la visita de Quinn se deb�a a la llamada que �l mismo hab�a hecho la semana anterior.</p><p>Nick se gir� y se alej� del ayudante y de la lona amarilla, hasta el sendero donde hab�an encontrado las �ltimas huellas de Rebecca Douglas. Se agach� junto a una huella de pisada inservible, una huella informe en el lodo que empezaba a endurecerse. Quiz� fuera la �ltima pisada de Rebecca. O del asesino. Hab�a llovido casi treinta cent�metros en los �ltimos d�as, diluvio suficiente para saturar un terreno que acababa de recuperarse de un invierno fr�o y lluvioso t�pico de Montana. Las nubes se hab�an abierto esa ma�ana, y el cielo era de un azul tan intenso y el aire tan fresco que Nick habr�a salido a disfrutar del bello d�a si no lo hubieran llamado a la escena de un crimen.</p><p>Cerr� los ojos y aspir� el aire limpio y chispeante del valle de Gallatin. A Nick le encantaba Montana, sus enormes espacios y la majestuosidad de sus monta�as, sus r�pidos y sus verdes valles, sus amplios cielos. La gente tambi�n era buena, con los pies bien plantados en la tierra. Se preocupaban por sus vecinos y cuidaban de los suyos. Al recibirse la denuncia de la desaparici�n de Rebecca Douglas, cientos de hombres y mujeres, incluidos muchos compa�eros de la universidad donde hab�a estudiado, se hab�an echado al bosque a peinar cada palmo de tierra entre Bozeman y Yellowstone.</p><p>Nick apret� la mand�bula con furia reprimida. Era gente buena, todos excepto uno. Uno que hab�a matado a Rebecca y a otras seis mujeres en los �ltimos quince a�os. Y otras mujeres todav�a figuraban como desaparecidas. �Encontrar�an sus cuerpos alg�n d�a? �Quiz�s el feroz clima de Montana o los depredadores hab�an acabado con sus restos? Nunca olvidar�a el d�a que encontraron los despojos de Penny Thompson; s�lo un cr�neo y unos cuantos huesos desperdigados. La identificaron por la dentadura.</p><p>Nick mir� a su alrededor. Hacia abajo crec�an sobre todo los enormes pinos. M�s arriba en el monte, los �rboles empezaban a ralear. El camino antiguo por donde hab�a venido estaba flanqueado por una maleza impenetrable y no figuraba en los mapas. Probablemente era un sendero antiguamente utilizado para bajar los troncos y, al parecer, acababa ah�, en un claro natural de unos pocos metros cuadrados. En el borde de aquel claro yac�a el cuerpo de Rebecca.</p><p>Marcar�an la zona con una trama y buscar�an cualquier pista que pudiera conducirlos al asesino. Sin embargo, si se trataba del mismo cabr�n de siempre, no encontrar�an nada. Aquel individuo llevaba a cabo sus cr�menes con una meticulosidad tan endemoniadamente elaborada que ni siquiera la �nica sobreviviente que hab�a habido pod�a decirles gran cosa. La derrota era un peso dif�cil de sobrellevar para Nick, pero no se daba por vencido.</p><p>A veces, odiaba su trabajo.</p><p>Se gir� al ver que un veh�culo todoterreno se acercaba al claro, lanzando piedras y barro por las cuatro ruedas. El sol se reflej� en el parabrisas y Nick se protegi� los ojos para ver llegar a Quinn.</p><p>El todoterreno se detuvo con un frenazo detr�s de la camioneta verde oscura de la polic�a que conduc�a Nick. Se abri� la puerta del conductor y baj� Quincy Peterson. Dio un portazo y se acerc� a Nick a grandes zancadas. Quinn no hab�a cambiado demasiado desde la �ltima vez que lo hab�a visto, y todav�a se parec�a m�s a un joven supermodelo que a un veterano con quince a�os en el FBI. Nick se incorpor� y se limpi� el polvo de los vaqueros.</p><p>���Rebecca Douglas? -Quinn se�al� el cuerpo tapado con un gesto de la cabeza. Su rostro era inexpresivo, pero en sus ojos ard�a la misma rabia y tristeza que sent�a Nick.</p><p>��As� es. Nos falta la identificaci�n definitiva, pero� -No hab�a dudas de que era la mujer desaparecida. Nick mir� a Quinn y frunci� el ce�o al ver el parche que su amigo llevaba por encima de la ceja izquierda.</p><p>���Qu� es eso? �Una pelea en el bar? -inquiri�, en broma.</p><p>Quinn se toc� el parche como si se hubiera olvidado de que lo llevaba puesto.</p><p>��Los �ltimos d�as han sido muy movidos -dijo -.Te lo contar� m�s tarde. -Ech� una mirada alrededor-. �Cu�ndo vas a procesar la escena?</p><p>��Quer�a que t� la vieras primero, pero tengo a mis hombres esperando en la carretera.</p><p>Nick no sab�a bien por qu� el federal lo hac�a sentirse tan inferior. Quiz� tuviera algo que ver con la sobria seguridad con que se desenvolv�a, con su habilidad para descartar lo superfluo y siempre llegar al coraz�n del asunto. O quiz� fuera porque �l hab�a vomitado hasta las tripas en su primera escena del crimen, y Quincy Peterson no.</p><p>O tambi�n porque la mujer que Nick amaba estaba enamorada de Quinn.</p><p>Fuera lo que fuera, no hab�a nadie en quien Nick pudiera confiar m�s que en el Agente Especial Quincy Peterson.</p><p>Quinn se agach�, se puso los guantes de l�tex y levant� la lona. Apret� la mand�bula y, al mirar el cad�ver, una vena le tembl� en el cuello.</p><p>Rebecca hab�a sido una chica bella. Ahora ten�a el largo pelo rubio enmara�ado y endurecido por el lodo seco. Aquella cara alegre, reproducida en miles de octavillas distribuidas por la ciudad, hab�a desaparecido. Estaba hinchada, y su pobre cuerpo sembrado de hematomas ten�a ese aspecto grotesco que da la muerte. Las lluvias de los �ltimos d�as hab�an limpiado parte de la suciedad de su cuerpo desnudo, ahora p�lido y azulado.</p><p>Le hab�an cortado el cuello, abierto en un tajo profundo con un cuchillo muy afilado, aunque apenas quedaban rastros de sangre, ya que la lluvia los hab�a deslavado y filtrado en el suelo, junto con todo lo que pudiera utilizarse como prueba. El cuerpo mostraba se�ales de abusos y torturas, se adivinaba en el reguero de heridas de todo tipo y de manchas viol�ceas. Ten�a los pechos como aplastados por una especie de enorme tornillo. Aquellas marcas extra�as habr�an pasado desapercibidas para la mayor�a de ojos expertos, pero tanto Nick como Quinn hab�an le�do los informes del forense en los otros seis casos de mujeres asesinadas en ese bosque, y ya estaban familiarizados con el <emphasis>modus operandi </emphasis>del asesino.</p><p>Quinn retir� la lona para mirar las piernas y los pies de la v�ctima, algo que Nick tambi�n hab�a hecho al llegar a la escena del crimen. La pierna izquierda estaba torcida y rota. Ten�a los pies llenos de abrasiones y cortes profundos. De tanto correr descalza.</p><p>Era una chica delgada, y tan p�lida y vac�a. En t�rminos cl�nicos, su piel demacrada dec�a a los forenses que Rebecca se hab�a desangrado hasta la muerte. Hab�a muerto r�pidamente. Nadie pod�a sobrevivir mucho tiempo con la car�tida abierta de un tajo. Era un triste consuelo despu�s de la semana de terror que hab�a vivido la chica.</p><p>Quinn tap� el cuerpo.</p><p>���Han llamado al forense?</p><p>��Llegar� a mediod�a -dijo Nick, asintiendo con la cabeza-. Estaba en medio de la autopsia de aquel escalador que encontramos en las monta�as m�s al norte hace unos d�as.</p><p>��Y �qui�n encontr� el cuerpo?</p><p>��Tres chicos� los hermanos McClain y Ryan Parker. Los Parker tienen una hacienda, a unos cinco o seis kil�metros de aqu�. Los chicos salieron a caballo a disparar con sus rifles calibre veintid�s, conejos, ya sabes. -Se encogi� de hombros y a�adi�-: Es s�bado.</p><p>���D�nde est�n ahora?</p><p>��Un ayudante del sheriff los ha llevado a casa. Les dijo que se quedaran donde los Parker y no se movieran hasta que yo llegara.</p><p>Quinn asinti�, recorriendo con la mirada la escena que Nick hab�a delimitado con la cinta negra de la polic�a. Observ� el claro, el viejo sendero, los �rboles.</p><p>��Parece que lleg� a trav�s de esos arbustos, m�s all� -dijo Nick, y se�al� el lugar-. Le he echado un vistazo pero todav�a no he bajado por el sendero.</p><p>��Si a eso se le puede llamar sendero -dijo Quinn, frunciendo el ce�o ante la espesura de la vegetaci�n-. Echar� una mirada r�pida mientras llamas a tu equipo. �Cu�ntos hombres tienes?</p><p>��En este momento, tengo a una docena de mis hombres, y vendr�n otros m�s tarde, adem�s de un especialista en escenas de crimen. Necesitar� voluntarios, si queremos hacerlo bien.</p><p>��De acuerdo. Cuantos m�s ojos, mejor, pero nada de listillos. No queremos que nadie se dedique a hacer chapuzas.</p><p>Quinn le puso una mano en el hombro a Nick.</p><p>��Ya s� que esperabas que el muy cabr�n la palmara despu�s de que encontraron a Ellen y a Elaine Croft. Siento no haber venido personalmente en esa ocasi�n, pero la agente Thorne es buena. Habr�a encontrado alguna cosa.</p><p>Nick estaba de acuerdo, pero segu�a sintiendo la misma impotencia. El Carnicero era el �nico cabr�n que se hab�a salido con la suya durante su mandato como sheriff.</p><p>��Han pasado tres pu�eteros a�os. Tres a�os desde la �ltima vez que mat�. Y no ten�amos nada en aquel momento, ni pistas, ni sospechosos.</p><p>��Y hay m�s chicas desaparecidas. -Quinn no ten�a por qu� record�rselo. Las chicas desaparecidas se le aparec�an a Nick en sus sue�os.</p><p>��Ha sido lento, pero estamos recogiendo pruebas -sigui� Quinn-. Tenemos casquillos, balas, una huella digital parcial en el medall�n de Elaine Croft. Lo cogeremos. -Quinn se gir� y Nick lo vio alejarse por el sendero. Hablaba con tanta seguridad. �Por qu� �l no habr�a de sentirse igual?</p><p>Volvi� a mirar por �ltima vez el cuerpo de Rebecca Douglas. Al menos tendr�a un entierro decente. Para su familia, ser�a un punto final. Pero no para �l.</p><p>Pens� en Miranda.</p><p>Se dirigi� a su furgoneta. Ya hab�a ordenado que todos los agentes disponibles se dirigieran a aquel lugar. Y entonces oy� el ruido familiar del jeep rebotando en los baches del accidentado camino. No ten�a que mirar el veh�culo para saber qui�n se acercaba.</p><p>��Maldita sea.</p><p>El jeep rojo se detuvo bruscamente detr�s del coche de alquiler de Peterson. Casi antes de detenerse, Miranda Moore baj� de un salto y, sin que el lodo fuera obst�culo para sus pesadas botas, se acerc� a grandes zancadas. El ayudante Booker fue hacia ella, pero Miranda le lanz� una mirada furiosa mientras, sin detenerse, se pon�a un anorak rojo sobre su camisa negra de franela. En cualquier otra situaci�n, Nick habr�a sonre�do al ver c�mo se apartaba Booker.</p><p>Miranda fij� sus penetrantes ojos azules en �l.</p><p>A Nick se le aceler� el coraz�n y sinti� un retortij�n en el est�mago. Ojal� hubiera tenido m�s tiempo para prepararse para su inminente llegada. De haber sabido que se dirig�a hacia all�, se habr�a mentalizado para el enfrentamiento.</p><p>��Miranda -dijo, al ver que se acercaba-, yo�</p><p>���Maldito seas, Nick! -dijo ella, d�ndole con el �ndice en el pecho-. �Maldita sea! -Nada intimidaba a Miranda. Aunque era alta para ser mujer, al menos un metro setenta y cinco, �l le sacaba quince cent�metros y pesaba cuarenta y cinco kilos m�s. Lo normal ser�a que �l la intimidara a ella, que cualquier hombre le diera miedo despu�s de lo que hab�a vivido pero, al final, no hab�a de qu� sorprenderse. Miranda era una superviviente nata. No dejaba que se notara su miedo.</p><p>��Miranda, iba a llamarte. No estaba seguro de que fuera Rebecca. No quer�a que tuvieras que volver a pasar por lo mismo.</p><p>En sus ojos oscuros vio que no le cre�a.</p><p>��A la mierda con eso. �A la mierda contigo! Me prometiste que llamar�as. -Pas� a su lado y se acerc� a la lona. Se qued� mirando el cuerpo cubierto. Ten�a los pu�os cerrados con fuerza y hasta los hombros le temblaban de la tensi�n.</p><p>Nick quer�a detenerla, protegerla de tener que ver otra chica muerta. Sobre todo quer�a protegerla de s� misma.</p><p>Y ella siempre hab�a dejado claro que no quer�a la protecci�n de Nick.</p><p>Miranda hizo un esfuerzo por controlar su ira. No deber�a haberle gritado a Nick, pero, �joder! �l se lo hab�a <emphasis>prometido. </emphasis>Hac�a siete d�as que buscaban a Rebecca, mientras las pesadillas le imped�an dormir las pocas horas de sue�o que se conced�a. Nick le hab�a prometido que ser�a la primera en saberlo cuando la encontraran.</p><p>Ni ella ni Nick confiaban en encontrar a Rebecca con vida.</p><p>Se qued� mirando la lona amarilla en medio de los tonos marrones de la tierra y respir� hondo, con la garganta enardecida por la rabia y un miedo fr�o como el hielo. Ten�a los pu�os tan apretados que las u�as llegaron a hinc�rsele en las palmas de las manos. Sab�a que era Rebecca Douglas, pero ten�a que verlo con sus propios ojos, ten�a que obligarse a ver a la �ltima v�ctima del Carnicero. Para hacerse m�s fuerte, para tener valor.</p><p>Para la venganza.</p><p>Enfund� sus largos dedos en los guantes de l�tex, se arrodill� junto a la mujer muerta y toc� el borde de la lona.</p><p>��Rebecca -dijo, con un susurro de voz-. No est�s sola. Te lo prometo, lo encontrar�. Pagar� por lo que te ha hecho.</p><p>Trag� saliva, vacil� un momento y luego retir� la lona para ver a la chica en cuya b�squeda hab�a invertido veinte horas al d�a durante la �ltima semana.</p><p>Al principio, Miranda no vio la cara hinchada, el cuello rebanado o las m�ltiples heridas lavadas por la lluvia. La imagen de la chica de veinte a�os en el recuerdo de Miranda era bella, como lo hab�a sido cuando estaba viva.</p><p>Candi, su mejor amiga, dec�a que Rebecca ten�a una risa contagiosa. Se preocupaba por las personas que no ten�an nada y, una noche a la semana, acud�a como voluntaria para leer a los enfermos en el hospital de Deaconess, seg�n hab�a informado su tutor en la universidad, Ron Owens. Seg�n Greg Marsh, su profesor de biolog�a, Rebecca era una estudiante con excelentes notas en todas las asignaturas.</p><p>Rebecca no era una persona perfecta. Pero durante el tiempo que dur� su desaparici�n nadie hab�a hablado de las historias menos agradables.</p><p>Y nadie las repetir�a ahora que hab�a muerto.</p><p>Mientras la miraba, la imagen de Rebecca que hab�a guardado tan cerca de su coraz�n durante las horas de b�squeda se fue transformando ante sus ojos hasta quedar convertida en un cuerpo descoyuntado.</p><p>��Eres libre -dijo -. Por fin libre.</p><p><emphasis>Sharon, lo siento tanto.</emphasis></p><p>��Ya nadie puede hacerte da�o.</p><p>Se inclin� y le toc� el pelo, apart� un mech�n a un lado y le cogi� la mejilla en el cuenco de la mano.</p><p><emphasis>Conserva la calma.</emphasis></p><p>Repiti� su mantra. �Cu�ntas veces tendr�a que pasar por lo mismo? �A cu�ntas chicas tendr�an que enterrar? Hab�a cre�do que con el tiempo ser�a m�s f�cil. Pero si no lograba contener sus emociones en un reducto cerrado y protegido, tem�a que los interminables �xitos del Carnicero y su incapacidad para detenerlo acabar�an pes�ndole hasta hundirla.</p><p>Muy a su pesar, Miranda volvi� a cubrirle la cara con la lona. El gesto de cubrir el cuerpo le record� a las otras chicas que hab�an encontrado. Le record� a Sharon.</p><p><emphasis>La ma�ana en que Miranda los condujo hasta el cuerpo de Sharon era tan fr�a que ella no dejaba de tiritar bajo la media docena de capas que llevaba puestas. Quiso volver el d�a despu�s de ser rescatada, pero no le permitieron salir del hospital. Al intentar caminar sin ayuda, sus pies heridos le fallaron.</emphasis></p><p><emphasis>Estaba demasiado atontada para llorar, demasiado cansada para discutir. Hizo un mapa del lugar recordando todo lo que pudo, pero el equipo de rescate no logr� encontrar a Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda no soportaba la idea de que el cuerpo de su amiga quedara expuesto a la intemperie una noche m�s. A merced de osos pardos, pumas y buitres. Por eso, a la ma�ana siguiente, a pesar del dolor de los pies, condujo al equipo de rescate y a la polic�a al lugar donde yac�a Sharon. Ten�a que verla por �ltima vez.</emphasis></p><p><emphasis>Puede que todav�a estuviera sumida en un estado de </emphasis><emphasis>shock</emphasis>. <emphasis>Fue lo que dijo el m�dico. Pero caminaba con ayuda. Sab�a d�nde hab�a ca�do Sharon, jam�s lo olvidar�a. Los condujo hasta el sitio, y ah� la encontraron. Tal como hab�a ca�do abatida por el disparo del asesino.</emphasis></p><p><emphasis>El silencio llenaba el aire, como si las aves y otros animales lloraran la p�rdida junto a los seres humanos. Ni siquiera soplaba el viento de la primavera. Ni una sola hoja del bosque se movi� mientras los dem�s comprend�an por fin lo que hab�an vivido Miranda y Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>El repentino graznido de un �guila rasg� el silencio y se levant� una suave r�faga de viento.</emphasis></p><p><emphasis>El param�dico cubri� el cuerpo de Sharon con una lona de color verde chill�n mientras el equipo del sheriff comenzaba la b�squeda de pistas. Miranda no pod�a apartar la vista de la lona que cubr�a a Sharon, muerta, reducida a un bulto bajo un pl�stico. �Era aberrante e inhumano!</emphasis></p><p><emphasis>S�lo entonces Miranda se hab�a derrumbado y llorado amargamente.</emphasis></p><p><emphasis>Un agente del FBI la acompa�� los cinco kil�metros de vuelta al camino. Se llamaba Quincy Peterson.</emphasis></p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359142">Cap�tulo 2</p></title><p>Cuando vio a Miranda, Quinn se par� en seco. Sinti� que le faltaba el aliento y dio un paso al lado para ocultarse tras un tupido grupo de �rboles.</p><p>Hab�an pasado diez a�os desde la �ltima vez que la viera, pero el impacto era el mismo. Primero, una mezcla de asombro y respeto. Todav�a no hab�a conocido a ninguna mujer que fuera m�s osada y decidida que Miranda. Tambi�n experimentaba un sentimiento de amor y orgullo, seguido r�pidamente de rabia y frustraci�n, fen�menos muy entrelazados. No pod�a cerrar el flujo de sus emociones como si manejara un grifo. �C�mo hab�a podido Miranda desprenderse de �l tan f�cilmente? �C�mo hab�a abandonado la relaci�n con �l sin siquiera darle una oportunidad de explicarse?</p><p>Quinn todav�a albergaba la esperanza de que ella dejar�a de lado su ciega obsesi�n por el Carnicero y que volver�a. Sin embargo, esa esperanza iba menguando con el paso del tiempo. Ahora tem�a que Miranda acabara mat�ndose por no haberse ocupado de sus propias necesidades.</p><p>Miranda estaba de espaldas a Nick. S�lo Quinn ve�a el dolor reflejado en sus facciones.</p><p>Mientras la miraba, ella cerr� los ojos y sacudi� la cabeza, como queriendo alejar una pesadilla. O un recuerdo. Se incorpor�, se sec� los ojos con el antebrazo y se acerc� a los pies de la chica muerta. Se qued� mirando el cuerpo cubierto de Rebecca un largo rato antes de agacharse y levantar el borde de la lona.</p><p>No hac�a falta que Quinn estuviera a su lado para saber qu� miraba. Los pies y las piernas de Rebecca salpicados de barro a causa de la carrera. La pierna rota. Las se�ales de su huida.</p><p>���Hace cu�nto?</p><p>Incluso desde su punto de observaci�n a quince metros, Quinn percibi� la rabia y el dolor en su voz. Miranda se gir� y mir� a Nick con rabia. Se le acentu� la rigidez de la mand�bula mientras hac�a lo posible por controlar su dolor.</p><p>Como siempre, ten�a que controlarse. Era un milagro que no hubiese sufrido un ataque de nervios, tal era el peso que llevaba sobre los hombros.</p><p>���Unas ocho o diez horas?</p><p>Quinn no oy� la respuesta de Nick, pero el c�lculo de Miranda le pareci� correcto.</p><p>���Joder, Nick! La tuvo ocho d�as en su poder. Casi logr� escapar. Estamos a unos pocos kil�metros de la carretera. A seis kil�metros, y se rompi� la pierna. Y �l, �l� -balbuce�, y volvi� a girarse.</p><p>Viendo el esfuerzo que hac�a por controlarse, Quinn se sinti� inc�modo, como un mir�n. Ansiaba acercarse a ella, cogerla en sus brazos como hab�a hecho en el pasado, s�lo estrecharla. �l no le hab�a dicho que todo ir�a bien. Nunca le dijo que el dolor ser�a soportable. Quinn simplemente estuvo a su lado. Y, durante dos a�os, el s�lo hecho de estar a su lado le ayud� a Miranda a recuperar su vitalidad y su fuerza. �l lo sab�a como una certeza.</p><p>Pero no hab�a sido suficiente.</p><p>��El doctor Abrams viene en camino -dijo Nick-. �l podr� decirnos algo m�s.</p><p>��Me lo hab�as prometido, Nick. -Miranda se quit� los guantes de l�tex y se los meti� en un bolsillo. Se apret� la punta de la nariz y se acerc� al sheriff.</p><p>Quinn no pod�a no saludar a Miranda, pero el encuentro le provocaba cierto desasosiego.</p><p>��No intentes protegerme, Nick -dijo Miranda, mientras Quinn se acercaba por detr�s.</p><p>��No culpes a Nick, Miranda. Fui yo quien le dije que no te llamara.</p><p>Miranda oy� aquella voz familiar: grave, c�lida y suave como la mantequilla derretida.</p><p>El ritmo del coraz�n se le aceler� el doble, y el triple. Por un momento, un momento que fue demasiado largo, fue incapaz de decir palabra. Hab�a so�ado con esa voz y con su due�o. Se gir� bruscamente.</p><p>Quinn Peterson.</p><p>Por un instante, apenas un segundo, Miranda olvid� todo lo que hab�a sucedido entre ellos diez a�os antes, y sinti� sus brazos que la estrechaban, las palabras serenas que le susurraba al o�do.</p><p>La �nica vez que se hab�a sentido de verdad segura desde la pesadilla de la persecuci�n fue en sus brazos.</p><p>Quinn hab�a cambiado y, a�n as�, segu�a siendo el mismo. Algunas mechas grises asomaban en su pelo rubio. Le ca�a un poco demasiado largo por delante, lo justo para cubrir un parche que llevaba por encima del ojo. Sus ojos oscuros lo segu�an viendo todo, pero ahora de sus bordes nac�an unas arrugas finas. F�sicamente todav�a estaba en forma, aunque iba vestido con un traje demasiado elegante para los bosques de Montana. Miranda todav�a recordaba el sabor de sus labios, aunque hab�an pasado diez a�os desde la �ltima vez.</p><p>No soportaba todos esos recuerdos que se le vinieron encima y, todav�a detestaba m�s que Quinn Peterson le recordara sus peores flaquezas, justo cuando m�s necesitaba su fuerza y su coraje.</p><p>���C�mo te has atrevido! -exclam�, irritada consigo misma por el temblor en su voz.</p><p>��Ya s� que te diviertes tortur�ndote a ti misma, Miranda, pero no quer�a que lo vieras. � Quinn se acerc� a unos pocos cent�metros. Ella se resisti� al impulso de retroceder. Esta vez no se echar�a atr�s.</p><p>A Quinn le tembl� un nervio en la mand�bula. Miranda recordaba bien esa se�al de su irritaci�n. O preocupaci�n.</p><p>���Qu� haces t� aqu�? -Ahora su voz era m�s fuerte, pero no confiaba en s� misma para seguir.</p><p>��Yo lo llam� -dijo Nick.</p><p>Ella se gir� para mirar a su mejor amigo.</p><p>���T�?</p><p>Nick se enderez� como para mostrar su incomodidad.</p><p>��He mantenido a Quinn informado desde que fui nombrado sheriff -dijo Nick-. Lo necesito a �l y a sus recursos.</p><p>���Has trabajado con �l durante�? -Miranda pens� en el tiempo que hab�a pasado desde que Nick fuera elegido sheriff y lanz� las manos al aire-. <emphasis>�Tres a�os! </emphasis>Y �nunca me has dicho nada? �C�mo has podido? Cre�a que si alguien me entend�a, eras t�.</p><p>��Miranda, yo quiero encontrar a ese cabr�n tanto como t�.</p><p>Quinn los interrumpi�.</p><p>��He venido a buscar a un asesino. No tengo por qu� decirte que el FBI cuenta con m�s recursos que el departamento de Nick. Y si tienes alg�n problema con eso, ya te puedes marchar.</p><p>Aquella mirada oscura e intensa de Quinn abri� una brecha en sus defensas con la precisi�n de un l�ser. Ella se sinti� inc�moda, escudri�ada. Como si hicieran inventario de su miedo, de sus inseguridades. Esperando que se derrumbara, que se viniera abajo. Pero ella no lo dejar�a ver sus puntos d�biles. Ni que la viera c�mo se derrumbaba. Hab�a acudido a �l demasiadas veces en el pasado, buscando fuerzas y apoyo. Hab�a llorado en sus brazos y le hab�a contado todo lo que pensaba, sent�a y cre�a.</p><p>El hab�a usado todo eso contra ella cuando la hab�an rechazado en la Academia.</p><p>Ya tendr�a tiempo para derrumbarse m�s adelante. Cuando estuviera a solas.</p><p>��Conozco esta zona mejor que cualquier ayudante del departamento -dijo Miranda, y volvi� a temblarle la voz, a pesar de sus esfuerzos por controlar su car�cter y sus emociones. Con una mirada profunda como una sonda, Quinn la hab�a dejado reducida a un estado de nervios.</p><p>Volvi� su atenci�n hacia Nick y recuper� la compostura.</p><p>��Tendr�s que empezar a buscar pruebas y a pedir voluntarios. Me necesitas, y para m� es una necesidad estar aqu�. Tengo que mirar. Me fijar� en cosas que los dem�s no ven. Podr�</p><p>��Basta. -Quinn cerr� la escasa distancia entre los dos y le puso una mano en el hombro. Ella la mir�, sin saber si apartarla de un manotazo o perderse en sus brazos.</p><p>Lo mir� con rabia y �l dej� caer la mano.</p><p>��Tienes que dormir -sigui�, con voz m�s tranquila-. Te has pasado la semana buscando a Rebecca. �Cu�ntas horas te has dado a ti misma? Est�s viviendo a base de caf� y comida basura. Vete a casa.</p><p>���No! �No! -Miranda se apart� para que �l no la viera, temiendo que las l�grimas que hab�a reprimido durante toda la ma�ana ahora brotar�an sin remedio.</p><p><emphasis>Ahora, no. Delante de Quinn, no.</emphasis></p><p>��Miranda, voy a llamar a un equipo -dijo Nick-. No habremos acabado hasta dentro de dos horas. El doctor Abrams tiene que certificar la muerte. Vuelve m�s tarde.</p><p>��Nick, no creo que� -empez� a decir Quinn, pero Miranda lo interrumpi�.</p><p>��Se lo dir� a los voluntarios. Dos horas, y volver�. -No quiso mirar a Quinn, no en ese momento, porque sus sentimientos eran demasiado transparentes.</p><p>Pas� junto a Nick y le toc� el brazo.</p><p>��Estoy bien. -No sab�a si lo dec�a para tranquilizarlo a �l, a s� misma o a Quinn, pero pronunciar esa frase le permiti� ocultar el miedo que hab�a aflorado. La presencia de Quinn la hab�a perturbado casi tanto como el �ltimo crimen del Carnicero.</p><p>Quinn la vio alejarse en su jeep. La hab�a manejado mal. Antes no era as�. Antes de que ella decidiera convertirse en agente del FBI creyendo que eso le ayudar�a a solucionar sus problemas, Quinn sab�a exactamente qu� decirle, cu�ndo tocarla, cu�ndo darle espacio.</p><p>Sin embargo, en cuanto lleg� a Quantico, su obsesi�n por el Carnicero se apoder� de su vida. O quiz� siempre hab�a estado ah� y Quinn simplemente no se hab�a dado cuenta.</p><p>�Por qu� no se daba cuenta ella?</p><p>���Por qu� has hecho eso? -le pregunt� Quinn a Nick-. No est� en condiciones de participar en la b�squeda de pruebas. �Te has fijado cuando miraba el cuerpo? Estaba a punto de perder los nervios.</p><p>Se le revolv�an las tripas de ver el dolor en el rostro bello y demacrado de Miranda. Como si estuviera viviendo en carne propia los momentos finales de Rebecca Douglas.</p><p>��Ah� es donde te equivocas, Quinn. Miranda es m�s fuerte de lo que crees.</p><p>��Se est� castigando por haber sobrevivido.</p><p>��De eso no estoy tan seguro� -empez� a decir Nick.</p><p>��Yo s�. Miranda es el t�pico caso del superviviente con sentimiento de culpabilidad, y se ha agravado con el tiempo. Cada vez que secuestran a otra chica, ella se toma su muerte como si fuera culpa suya.</p><p>��S� que se lo ha tomado como algo personal, pero es una ayuda para el equipo.</p><p>��Miranda no conoce el significado de la palabra �equipo�.</p><p>��T� no te has pasado los �ltimos diez a�os trabajando con ella. No se vendr� abajo. Es una mujer fuerte.</p><p>���No dejar�s que tu relaci�n personal con ella te quite el sentido com�n? -dijo Quinn. Hablaba como si estuviera celoso. Joder, la verdad es que estaba celoso. Enterarse de la relaci�n entre Nick y Miranda, le doli� m�s de lo que estaba dispuesto a reconocer. Despu�s de tantos a�os separados, Quinn tendr�a que haberlo superado. Sin embargo, desde su ruptura con Miranda, las pocas relaciones que hab�a entablado eran aventuras superficiales y breves. En el coraz�n de Quinn, Miranda siempre ser�a la �nica mujer.</p><p>Nick lo mir� de reojo.</p><p>��No sabes de qu� est�s hablando. -El sheriff se dirigi� hacia su camioneta.</p><p>��No te hagas el esquivo conmigo, Nick. Has estado demasiado tiempo con Miranda como para no darte cuenta. Est� jugando contigo. Es algo que hace muy bien.</p><p>Nick se volvi� para mirar a Quinn.</p><p>��Miranda y yo lo dejamos ya hace dos a�os.</p><p>Por la cara de Nick, Quinn se dio cuenta de que no estaba nada contento con el asunto, y le pareci� que su voz sonaba casi acusatoria. Quinn estaba a la vez sorprendido y complacido de saber que Nick y Miranda ya no eran pareja. Y luego se enfad� consigo mismo por preocuparse. Bien mirado, Miranda jam�s entablar�a una relaci�n con �l.</p><p>��No me lo hab�as contado.</p><p>���Por qu� habr�a de hacerlo? Volver�a con ella sin dudarlo un instante. Tampoco es que en este momento exista esa posibilidad -dijo, y se qued� mirando el camino por donde se hab�a marchado Miranda-. Estando t� en la ciudad, no creo.</p><p>��Miranda me odia. -Odio quiz� fuera una palabra demasiado suave. Aborrecer o despreciar ser�an palabras m�s adecuadas.</p><p>��Deber�a odiarte -dijo Nick, mir�ndolo de reojo-. Si a m� me hubieras expulsado de la Academia del FBI el d�a antes de graduarme, tambi�n te odiar�a. Pero ella no te odia.</p><p>Quinn no estaba seguro de eso, pero guard� silencio.</p><p>��Si te odiara -agreg� Nick-, ya se habr�a casado conmigo.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359143">Cap�tulo 3</p></title><p>Miranda cometi� todas las infracciones de tr�fico posibles en el camino de vuelta a la Universidad de Montana State, en Bozeman. Detestaba la idea de tener que contar a los voluntarios que hab�a encontrado a Rebecca muerta.</p><p>Nick ten�a raz�n. Necesitaban los recursos del FBI si quer�an dar con el Carnicero. Sin embargo, de todos los agentes del FBI a lo largo y ancho del pa�s, �por qu� ten�a que ser precisamente Quinn Peterson?</p><p>Miranda cre�a haber superado su traici�n, un episodio ocurrido hac�a muchos a�os. Ahora le agradaba su trabajo, ten�a una casa bonita, una familia que la quer�a y amigos fieles.</p><p>Y entonces lo vio a <emphasis>�l. </emphasis>En su ser m�s �ntimo, en alg�n rec�ndito pliegue de su coraz�n, que ella cre�a endurecido desde hac�a tiempo contra el amor, supo que todav�a lo a�oraba.</p><p>�Por qu� no habr�a de portarse ella con la misma distancia y frialdad que �l? Estaba decidida a demostrarle que no le importaba en lo m�s m�nimo que hubiera arruinado su carrera, adem�s de romperle el coraz�n.</p><p>Entr� en uno de los muchos aparcamientos del campus. Se aferraba al volante con tanta fuerza que los nudillos hab�an perdido todo su color por el esfuerzo. Con un gesto brusco, dej� el cambio de marchas en punto muerto y apag� el motor. Quiso volver a relegar a Quinn al nicho mental donde hab�a permanecido recluido todos esos a�os, pero �l se le resist�a.</p><p>Respir� hondo y observ� a un grupo de chicas que se dirig�a al cuartel general de los servicios de b�squeda en el edificio de la Asociaci�n de Estudiantes. Las segu�a un par de chicas. Y luego un grupo de profesores.</p><p>Nadie iba solo. Nadie se atrev�a ahora que se les hab�a advertido sobre el Carnicero. Sin embargo, �cu�nto tiempo pasar�a antes de que volvieran a bajar la guardia? �Un mes? �Dos? �Un a�o? Miranda no lo olvidaba nunca. El Carnicero viv�a con ella cada minuto de cada d�a, empe�ado en perseguirla y atormentarla.</p><p>El rector hab�a autorizado el uso de una de las grandes salas de la Asociaci�n Estudiantil para que los voluntarios de los equipos de b�squeda montaran la coordinaci�n de las actividades. Aunque Miranda trabajaba para el departamento del sheriff en la peque�a unidad de B�squeda y Rescate, no ten�an espacio suficiente para instalar a personal dedicado a llamar por tel�fono, a fotocopiar octavillas y distribuir mapas. Como hab�a ocurrido durante la desaparici�n de las otras estudiantes, la universidad les proporcionaba el espacio que necesitaban, cualquier cosa con tal de ayudar. En los momentos tr�gicos, los alumnos y los profesores estaban unidos.</p><p>�Por qu� era necesaria la muerte para que las personas entendieran el valor de la vida?</p><p>Hab�an pasado tres a�os desde el �ltimo asesinato. Desde el �ltimo asesinato <emphasis>conocido.</emphasis></p><p>Miranda no pod�a olvidar a las otras chicas desaparecidas. En esas fechas, un a�o antes, hab�a sido Corinne Atwell. Nadie hab�a vuelto a verla desde que su coche fuera encontrado en una zanja en la Ruta 191, que daba a la Autopista de Gallatin. �Era una v�ctima del Carnicero? �O de otro asesino? O quiz�s hab�a huido. A Miranda le atormentaba la posibilidad muy real de que Corinne hubiera sido una m�s de las v�ctimas del Carnicero y que ahora su cuerpo se estuviera pudriendo en alg�n lugar de las millones de hect�reas de bosque que hab�a entre Bozeman y Yellowstone, el territorio de caza de este asesino.</p><p>Pensamientos como �se, que se apoderaban de su mente, le provocaban insomnio.</p><p><emphasis>�Chas! �Chas!</emphasis></p><p><emphasis>El l�tigo restall� una vez, y luego otra, hiri�ndola en la carne abierta. Intent� gritar, pero hac�a tiempo que ya no le quedaba voz. Y luego qued� abandonada a sus l�grimas silenciosas y al eco de las imploraciones de Sharon.</emphasis></p><p>Sus ruegos no significaban nada para ese monstruo sin rostro que las torturaba. El alivio que sent�an cuando �l se iba, pronto se convirti� en terror. Se hab�an vuelto dependientes de �l. �l las alimentaba, les daba agua. Si �l se marchaba para no volver, ellas morir�an, desnudas y encadenadas al suelo en medio de un lugar perdido.</p><p>Pero �l volvi�. Para soltarlas. Y as�, ellas desempe�ar�an el papel de sendas presas en su juego desquiciado. El cazador y las presas.</p><p>Dar con el Carnicero era algo m�s que justicia. S�lo �l pod�a contarles a qui�n hab�a matado. A Miranda le pesaba que ejerciera un control tan palpable sobre el dolor de los vivos.</p><p>Rebecca hab�a sobrevivido ocho d�as en manos de ese loco, de ese cabr�n asesino. Casi hab�a conseguido escapar. Casi.</p><p>Pero como hab�a sucedido con Sharon, el �casi� no val�a ni una mierda si estaba muerta.</p><p>Permaneci� dentro del coche un rato, y respir� hondo. Cerr� los ojos y hundi� la cabeza en los brazos, apoyada en el volante.</p><p>Las l�grimas no tardaron en brotar, y la rabia y la frustraci�n que la embargaban fluyeron en hilillos de l�grimas calientes, saladas, que le ba�aron las mejillas. Ten�a el cuerpo molido despu�s de d�as de b�squeda incansable, y sent�a la tensi�n tras el reencuentro con Quinn. Los sollozos la hicieron estremecerse en silencio, y de su boca brotaba s�lo la respiraci�n agitada y desgarrada. Tard� varios minutos en dominar el dolor. Incluso despu�s de recuperar la compostura, le resultaba dif�cil conservar la calma. Cuando se mir� en el espejo retrovisor vio la muerte.</p><p>Hab�a visto a siete chicas muertas. Pero todav�a quedaban otras nueve j�venes desaparecidas, y sus restos no eran m�s que un pu�ado de huesos esparcidos por el bosque. A los osos y pumas no les importaba demasiado la dignidad humana, ni practicaban los ritos de entierro de la cultura judeocristiana.</p><p><emphasis>�Por qu� a m�?</emphasis></p><p>�Por qu� hab�a sobrevivido ella de entre todas esas v�ctimas? �Por qu� la hab�a escogido a ella, para empezar? �Por qu� Rebecca Douglas o las hermanas Croft? No ten�a sentido. No lo hab�a tenido entonces y no lo ten�a ahora cuando, al cabo de doce a�os analizando una y otra vez todo lo que hab�a conducido a su secuestro, todo lo vivido en aquella choza de la tortura de una sola infernal habitaci�n y, despu�s, todo lo ocurrido desde su huida.</p><p>Se lo deb�a a su padre, eso lo sab�a con certeza. Si su padre no la hubiera llevado a aquellas expediciones de caza que ella detestaba, jam�s habr�a aprendido a disimular sus huellas ni a enga�ar al cazador. Ella era la presa pero, a diferencia de los venados o los osos que cazaba su padre, ella era un ser dotado de inteligencia. Pod�a enga�ar a su perseguidor, ocult�ndose y corriendo, corriendo y ocult�ndose, hasta sumergirse en el r�o y� Aunque hubiese muerto en el agua g�lida, habr�a vencido.</p><p>�l no la habr�a matado. Ella habr�a escapado, rob�ndole con ello su trofeo, su premio.</p><p>No s�lo hab�a vencido sino tambi�n sobrevivido.</p><p><emphasis>Si Rebecca no hubiera tropezado y no se hubiera roto una pierna, �habr�a sobrevivido? �Habr�a tenido la fuerza necesaria para llegar al camino? Aunque Rebecca no era oriunda de Montana, se hab�a criado en un pueblo de monta�a, en Quincy, California. Era un territorio similar y� </emphasis>Los pensamientos de Miranda se perdieron y divagaron lejos de Rebecca.</p><p>Quincy. Maldita sea. No pod�a escapar a �l.</p><p>Se sec� las l�grimas de la cara y volvi� a mirarse en el retrovisor. No le extra�aba nada que Quinn la creyera incapaz de seguir participando en la b�squeda. Ten�a un aspecto horrible. Hab�a perdido m�s peso de lo que se pod�a permitir. No se hab�a detenido ni un momento a pensar en el maquillaje, y su pelo oscuro, aunque estaba limpio, hab�a perdido aquel lustre de antes.</p><p>�En qu� pensaba? �Por qu� habr�a de importarle lo que pensara Quinn Peterson? �l hab�a destruido el v�nculo entre ellos a�os atr�s cuando hab�a dejado claro que, seg�n su juicio, su cordura pend�a de un hilo.</p><p>Ella le dijo que se equivocaba, pero �l no le hizo caso. Y bien, el tiempo le hab�a dado la raz�n a ella, �no? Era un ser humano sin problemas, llevaba una vida normal, y le iba perfectamente bien sin los comentarios de Quinn Peterson.</p><p>Ella ten�a una responsabilidad, y en ese momento su deber era ordenar a los voluntarios que pusieran fin a la b�squeda. Detestaba tener que hacerlo, pero era una responsabilidad que asum�a sola.</p><p>Despu�s de un profundo suspiro, dej� la comodidad de su jeep y se dirigi� al cuartel improvisado. Hab�a varios estudiantes llamando por tel�fono, recibiendo informaci�n o dando instrucciones detalladas para contribuir en la b�squeda. Un equipo de voluntarios acababa de entrar antes que Miranda para recoger una secci�n del mapa que ella misma hab�a trazado.</p><p>Nada de eso importaba ya.</p><p>Las l�grimas que cre�a a buen recaudo volvieron a brotar y se apret� el puente de la nariz hasta que consigui� reprimirlas. <emphasis>Ahora no era el momento.</emphasis></p><p>El grito ahogado de una de las chicas devolvi� a Miranda a la realidad.</p><p>���No! �NO!</p><p>Judy Payne, la compa�era que viv�a con Rebecca, era la que hab�a llamado a la polic�a al ver que �sta no volv�a al piso el viernes por la noche. Judy no hab�a abandonado el centro de b�squeda desde el principio, contestando llamadas, enviando correos electr�nicos, imprimiendo miles de octavillas. Ahora, dej� de plegar cartas y se qued� mirando fijamente a Miranda con el rostro desencajado.</p><p>��Judy. -Miranda cruz� la sala hasta donde la chica estaba sentada, temblando.</p><p>��No, por favor. -Judy busc� en su mirada algo que no fuera la verdad, y unas l�grimas rodaron por sus mejillas.</p><p>Miranda se agach� junto a la simp�tica compa�era de Rebecca y le cogi� las manos. Con cada a�o que pasaba, Miranda cre�a que ser�a m�s f�cil. Las b�squedas estaban bien planeadas y ejecutadas, los voluntarios ten�an formaci�n y eran competentes, la polic�a era diligente y actuaba con determinaci�n. Pero las cosas no hac�an m�s que complicarse. Cada vez era m�s dif�cil. Cada una de las chicas desaparecidas se llevaba un trozo de su alma a la tumba.</p><p>��Lo siento. -�Qu� otra cosa pod�a decir? �Lo siento� parec�a tan fuera de lugar, tan <emphasis>vac�o.</emphasis></p><p>Judy se dej� caer en los brazos de Miranda. Esta la abraz�, la meci� y le murmur� cosas al o�do, palabras que no significaban nada, pero que quiz� traer�an alg�n consuelo.</p><p>No hac�a falta decir nada al resto de la gente en la sala. La reacci�n de Judy les dec�a lo que ten�an que saber. Las l�grimas brotaron de los ojos de hombres y mujeres que hab�an tenido la esperanza, por un tiempo, de encontrar a Rebecca con vida.</p><p>Karl Keen, un joven asistente, se les acerc�. Miranda levant� la mirada y vio que �l tambi�n ten�a los ojos humedecidos. Quiso transmitirle confianza, a �l y a Judy y a todos, pero no ten�a palabras. El peso del dolor de Rebecca descansaba con toda su carga sobre los hombros de Miranda. �A prop�sito de qu� quer�a transmitirles confianza? �De que esta vez la polic�a lo encontrar�a? �De que esta vez hab�a cometido un error?</p><p>Ten�a ganas de gritar ante aquella injusticia de ver a otra joven muerta sin que tuvieran ni un solo indicio sobre el asesino.</p><p>Se limit� a darle un apret�n en el brazo a Karl.</p><p>��Yo me quedar� con ella -dijo el chico, y se agach� junto a Judy, que segu�a sollozando.</p><p>Miranda pesta�e� queriendo reprimir sus propias l�grimas mientras ve�a a Karl que abrazaba a Judy y la llevaba afuera. Por un instante, tuvo ganas de que alguien la abrazara a ella. Que alguien la consolara. Que le dijera que todo se iba a arreglar, aunque no fuera verdad. A veces necesitaba creer en las mentiras.</p><p>Pero Quinn hab�a renunciado a ella y ella hab�a dejado que Nick se marchara. No ten�a a nadie.</p><p>Cuando los dos j�venes salieron, Miranda se percat� de que el resto de los que estaban en la sala la miraban. Se aclar� la garganta y habl�, con voz ronca.</p><p>��El sheriff Thomas ha descubierto el cuerpo de Rebecca esta ma�ana a unos seis kil�metros al oeste de Cherry Creek Road y a unos quince kil�metros al sur de la carretera ochenta y cuatro. Los ayudantes del sheriff buscan pistas, pero�</p><p>���Es el Carnicero?</p><p>Miranda se gir� para mirar a la persona que la hab�a interrumpido y luego baj� la mirada. Era Greg Marsh, el profesor de biolog�a de Rebecca, un hombre achaparrado y gordo que usaba gafas sin marco.</p><p>��No� no puedo afirmarlo, yo� -comenz� a decir.</p><p>��S� que puedes. T� estuviste ah� -dijo, se�alando las botas de Miranda. Ella baj� la mirada y parpade�. No se hab�a dado cuenta del barro seco adherido a las botas.</p><p>��Greg, t� sabes que no puedo decir nada.</p><p>��No es necesario que lo hagas -dijo, y sali� de la sala.</p><p>Los dem�s siguieron con la mirada fija en Miranda. Ella necesitaba estar a solas, pero ten�a un deber para con los que quedaban en la sala. Aunque estuvieran vivos, ellos tambi�n eran v�ctimas del Carnicero. Sinti� que la culpa le ro�a las entra�as cuando en momentos como �se deseaba fervientemente no sentirse responsable por las v�ctimas, estuvieran vivas o muertas. �Qu� pod�a decir para consolar a Greg, a Judy y a los dem�s?</p><p>Sab�a lo que hab�a vivido Rebecca. Y gracias a la prensa, que abundaba en detalles sobre las tragedias cada vez que el Carnicero sal�a a matar, tambi�n lo sab�an los dem�s. No hab�a nada que hacer. Todos sab�an que Rebecca hab�a sido torturada, violada y cazada como un animal.</p><p>Y todos sab�an que a Miranda le hab�a sucedido exactamente lo mismo.</p><p>Tuvo que ocultar toda su humillaci�n, el dolor, la rabia contaminada por el miedo que bull�a en su interior. Eran muy pocos los que todav�a hablaban con ella sobre su secuestro y posterior fuga. Miranda sab�a que murmuraban cosas a sus espaldas, pero los ignoraba. Ten�a que ignorarlos. Pensar o saber lo que la gente dec�a de ella le hac�a m�s dif�cil la tarea de lidiar con sus pesadillas.</p><p>Miranda suspir�, aliviada, al ver que los voluntarios, con expresi�n llorosa se reun�an en un rinc�n, murmurando. No esperaban que ella les hablara, que aplacara su dolor. Que les dijera que todo ir�a bien cuando sab�an que nada ir�a bien hasta que encontraran al Carnicero.</p><p>Miranda fue hasta el mapa que hab�a dibujado de la zona de b�squeda. Hab�a dividido el condado de Gallatin en cuatro cuadrantes, desiguales debido al terreno monta�oso. Cada cuadrante estaba dividido en docenas de segmentos.</p><p>No hab�an llegado a cubrir ni dos cuadrantes desde el s�bado pasado.</p><p>Seis puntos rojos, casi invisibles a simple vista, identificaban los lugares donde hab�an encontrado los otros seis cuerpos. Con mano temblorosa, sac� un bol�grafo rojo del bolsillo y dibuj� un punto en el lugar donde hab�a muerto Rebecca. La s�ptima v�ctima. La s�ptima v�ctima <emphasis>conocida, </emphasis>repiti� para s�.</p><p>Miranda no necesitaba los puntos rojos para saber d�nde hab�an encontrado los cuerpos. Tampoco necesitaba los puntos azules para saber d�nde las hab�an visto por �ltima vez. Ten�a el mismo mapa, mucho m�s detallado, en la pared de su estudio en casa. Hab�a pasado muchas noches, demasiadas, sentada en la cama estudiando la topograf�a, esperando que los puntos, l�neas y tramas dibujadas le dijeran algo, cualquier cosa, a prop�sito de aquel cabr�n que se divert�a cazando a mujeres.</p><p>Sinti� un sollozo atrapado en la garganta y se tap� la boca con ambas manos. Volvi� su atenci�n al punto situado al sudeste del de Rebecca. Era el punto de Sharon.</p><p>Ten�a que volver al monte, pero hab�a un problema: que Quinn estaba ah�.</p><p>Doce a�os antes, Quinn hab�a sido su roca, su punto de apoyo. De alguna manera, la hab�a salvado, algo que recordaba s�lo cuando se lo permit�a, cuando estaba sola en la cama, con sus l�grimas como �nica compa��a.</p><p>Nunca olvidar�a el d�a en que lo conoci� en el hospital. Fue el d�a despu�s de acompa�ar a la unidad de b�squeda del sheriff hasta el lugar donde Sharon hab�a sido asesinada.</p><p>Aunque �l la llev� a lo largo de cinco kil�metros el d�a antes, ella estaba demasiado perturbada para fijarse en presentaciones formales. Ni siquiera sab�a c�mo se llamaba. Y le agradeci� que no mencionara su ataque de nervios cuando habl� con ella, que segu�a postrada en la cama del hospital.</p><p>No la mimaba como las enfermeras. No lloraba como su padre. No arrastraba los pies, presa de los nervios, como el sheriff Donaldson, que la hab�a interrogado el d�a anterior.</p><p>Quinn Peterson era de granito, un tipo alto, fuerte y firme. Nunca flaqueaba, nunca mostraba compasi�n en su mirada.</p><p><emphasis>Le dol�a todo el cuerpo. Las heridas de los pies le ard�an a pesar de los antibi�ticos y calmantes. Tuvieron que coserle muchas heridas y cortes, y llevar�a esas cicatrices hasta el final de sus d�as. Los m�dicos le hab�an salvado los pechos, aunque los cortes eran muy profundos.</emphasis></p><p><emphasis>Ella estaba viva. Sharon estaba muerta. Las cicatrices de su piel no eran nada comparadas con el dolor incisivo de la culpa destroz�ndole el coraz�n.</emphasis></p><p><emphasis>��No tienes que hacerlo -le dijo el Agente Especial Quincy Peterson cuando Miranda insisti� en acompa�arlo al lugar donde las hab�a tenido encerradas a ella y a Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>��S�, tengo que hacerlo, agente Peterson -dijo ella cuando salieron del hospital-. Tengo que acompa�arlo.</emphasis></p><p><emphasis>No pod�a pensar en su dolor. Ahora, no. Era capaz de cualquier cosa para encontrar al hombre que hab�a asesinado a Sharon, porque su mejor amiga estaba muerta y ella estaba viva.</emphasis></p><p><emphasis>Si eso significaba volver al cuchitril asqueroso, h�medo e infestado de ratones donde hab�a permanecido encadenada siete d�as infernales, lo har�a.</emphasis></p><p><emphasis>��Te entiendo -dijo �l, y ella le crey�. Todos los que hablaban con ella daban la impresi�n de querer serenarla, pero aquel hombre no ten�a esas intenciones-. �Crees que podr�as llamarme Quinn? Agente Peterson suena demasiado formal.</emphasis></p><p><emphasis>��De acuerdo.</emphasis></p><p><emphasis>Ella se�al� la zona en el mapa y se adentraron en coche hasta donde pudieron, para luego seguir a pie, aunque quedaban casi cinco kil�metros.</emphasis></p><p><emphasis>�Ojal� hubieran corrido en la otra direcci�n! Habr�an llegado a un camino. Era s�lo un sendero, pero lo era. �Acaso eso habr�a cambiado su destino? �Sharon estar�a viva todav�a?</emphasis></p><p><emphasis>��Le dije que ten�amos que separarnos -murmur� Miranda cuando se qued� a solas con el agente Peterson� Quinn.</emphasis></p><p><emphasis>��Fue una buena idea.</emphasis></p><p><emphasis>��Sharon se neg�. Est�bamos tan asustadas que no lo discutimos. Y� -dijo, y guard� silencio.</emphasis></p><p><emphasis>��Sigue.</emphasis></p><p><emphasis>��No entend�amos por qu� nos soltaba. Hasta que vimos el arma. Entonces entendimos con toda claridad que quer�a cazarnos como a animales. Creo que ni siquiera pensamos en ello y, desde luego, no hablamos de ello. No ten�amos tiempo. Nos dijo que ech�ramos a correr.</emphasis></p><p><emphasis>���Corred, corred!</emphasis></p><p><emphasis>��Y las dos sab�amos perfectamente lo que pretend�a hacer. �ramos presas malheridas � dijo, riendo con una mueca amarga.</emphasis></p><p><emphasis>Durante el trayecto, Quinn permaneci� a su lado. Le hizo preguntas discretas y certeras. Nunca dijo que lo sent�a. Nunca intent� serenarla. Nunca le dijo que deber�a haber hecho algo diferente, como hab�a hecho ella millones de veces, interrog�ndose sin parar durante las setenta y dos horas transcurridas desde que la encontraran en la orilla del r�o Gallatin.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda los condujo directamente a la barraca destartalada perdida en medio del bosque, en Montana, diez kil�metros hacia el oeste del r�o donde ella hab�a saltado para escapar. Se qued� mirando las tablas podridas que parec�an demasiado d�biles para aguantar el techo de aluminio corrugado. Miranda se hab�a fijado en el exterior de la barraca s�lo un momento breve, antes de que ella y Sharon echaran a correr. Sin embargo, el interior hab�a quedado grabado en su memoria.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda no pudo entrar. Se qued� sentada en el suelo, llorando.</emphasis></p><p><emphasis>Quinn entr�. La gente del sheriff recogi� las pruebas que �l se�alaba. El sheriff Donaldson estaba a punto de jubilarse, y quer�a coger al asesino de Sharon; que su detenci�n fuera el broche de oro de su carrera, as� que escuch� los consejos del agente del FBI llegado el d�a antes.</emphasis></p><p><emphasis>Despu�s, Quinn se sent� en el suelo junto a ella.</emphasis></p><p>��<emphasis>Te vas a ensuciar ese bonito pantal�n -fue lo �nico que atin� a decir. Desde luego, Peterson no iba vestido como para salir a la monta�a, pero no parec�a importarle que sus elegantes zapatos quedaran rayados y sucios.</emphasis></p><p><emphasis>��Encontrar� a ese t�o. Te prometo que pagar� por lo que os ha hecho, a ti y a Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>Ella lo mir�, buscando la pena en sus ojos, o el asco, o el desagrado. Lo �nico que vio fue fuerza, compasi�n y rabia.</emphasis></p><p><emphasis>��Har� todo lo que pueda para ayudar.</emphasis></p><p>Al final, a pesar de la angustia que Miranda sinti� al volver a la choza, a pesar de la b�squeda en el bosque, despu�s de encontrar los restos de la que, seg�n todas las sospechas, era la primera v�ctima del Carnicero, no lograron encontrar al asesino. No ten�an pistas que los orientaran. Escasas pruebas, y ni un solo rastro. Ning�n sospechoso.</p><p>Dos meses despu�s, a Quinn lo llamaron de vuelta a la oficina de Seattle. Ella pens� que no volver�a a verlo, y eso le doli�, porque lo apreciaba mucho.</p><p>Se equivocaba. Quinn volvi� un mes m�s tarde, s�lo para verla a ella.</p><p>Fue entonces cuando comenz� a sanar de verdad.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359144">Cap�tulo 4</p></title><p>Cuando Miranda ten�a ocho a�os, su madre muri� de c�ncer de ovarios. Bill Moore qued� tan devastado por el inesperado diagn�stico, la brevedad de la enfermedad y la muerte, que renunci� a su empleo como ejecutivo de marketing de alto nivel en Spokane y se mud� con Miranda al valle Gallatin, en Montana. Compr� una vieja caba�a a treinta minutos de Bozeman, camino a West Yellowstone, cerca de Big Sky, y la restaur� con dedicaci�n y paciencia. A los diez a�os, Miranda ya hab�a aprendido todo sobre desempapelar, lijar y barnizar. Ella sola hab�a restaurado casi todos los suelos de la primera planta de la hoster�a.</p><p>Los profundos ca�ones, las vistas sobrecogedoras y los cielos infinitos fueron un consuelo para el dolor de aquella familia. Hab�an pasado veinticinco a�os, y ese mismo entorno fue lo que salv� a Miranda m�s tarde del Carnicero, y tambi�n, una vez m�s, de lo de Quantico. Y por eso, con el asesinato de Rebecca y el fantasma de Sharon pesando sobre su conciencia, era casi imperativo desviarse y pasar por la Hoster�a Gallatin. Se dijo que ser�a necesario llevar unas cuantas provisiones, pero la verdad era que s�lo quer�a ver a su padre.</p><empty-line/><p>Bill Moore estaba sentado detr�s del mostrador de recepci�n rellenando los eternos formularios que detestaba. La enorme cabeza de alce, que Miranda hab�a llamado Bruce la primera vez que la vio, hace veinticinco a�os, era la mascota de la hoster�a. Desde all� arriba, hac�a guardia sobre la recepci�n y sobre su padre, a quien el alce siempre le arrancaba una sonrisa.</p><p>Excepto en d�as como �se.</p><p>Bill alz� la mirada cuando entr� Miranda, y su rostro se transfigur�. Le pesaron cada uno de sus cincuenta y siete a�os. Su pelo, aunque todav�a abundante, se hab�a vuelto entrecano. Unas arrugas le surcaban el rostro curtido y su cuerpo, anta�o lleno de fuerza, se hab�a hundido imperceptiblemente. Miranda sinti� que algo se le retorc�a en el interior. Ella era la causa del dolor que ve�a todos los d�as en sus ojos claros. Su amor de padre lo estaba matando, d�a a d�a. Y saber eso, y no ser capaz de torcer la direcci�n que tomaba su vida, le hac�a sentirse todav�a m�s culpable.</p><p>��Pap�. -No ten�a por qu� a�adir m�s.</p><p>��Randy -dijo �l, con voz ronca.</p><p>Bill sali� de detr�s del mostrador y, cuando lo abraz�, Miranda se sinti� reconfortada. Su padre nunca se hac�a de rogar con los abrazos.</p><p>��Ha sido �l -murmur�.</p><p>Su padre la estrech� con fuerza. Ella oli� aquella mezcla �nica de loci�n de afeitado, suculentos granos de caf� y tabaco de pipa. Ol�a a hogar y a amor y a todo lo bueno que hab�a en su vida.</p><p>���Vuelves a salir?</p><p>��Tengo que irme. -Miranda dio un paso atr�s, respir� hondo y lo mir� con una sonrisa que quer�a transmitir esperanza.</p><p>��Te preparar� unos bocadillos. �Cu�ntos sois los que est�is buscando?</p><p>��Quiz�s unos veinte, o veinticinco. Nick llamar� a voluntarios para que colaboren con sus hombres. Hay que darles instrucciones. No tengo mucho tiempo.</p><p>��Ve a buscar tus cosas. Yo coger� algo para que pod�is comer.</p><p>��Te quiero, pap�.</p><p>�l le acarici� la mejilla, dio media vuelta y se dirigi� a la cocina.</p><p>Miranda habr�a dado cualquier cosa por retroceder en el tiempo y proteger a su padre de lo que hab�a sufrido desde aquel d�a en que ella hab�a vuelto a casa, destrozada y vac�a. A veces pensaba que su padre todav�a la ve�a medio ahogada y desnuda en la orilla del r�o. Golpeada, herida, m�s all� del agotamiento.</p><p>Pero viva.</p><p>Lo cual no pod�a decirse de Rebecca. O de Sharon. O de Penny, Susan, Karen, Ellen y Ellaine. Ni de las otras nueve chicas desaparecidas sin dejar rastro en la primavera de los �ltimos quince a�os.</p><p>En circunstancias normales, Miranda disfrutaba del apacible paseo por el sendero de gravilla hasta su propia caba�a. Su padre se la hab�a construido hac�a diez a�os, a su regreso de la Academia del FBI en Quantico.</p><p>��Randy, necesitas tu propia casa -dijo-, pero yo me sentir�a muy solo si te fueras a vivir a la ciudad.</p><p>Bill Moore nunca estar�a solo. Era un hombre apreciado y admirado por todos en el condado de Gallatin, y su hoster�a funcionaba bien con los turistas en verano y los esquiadores en invierno, adem�s de los habitantes locales que ven�an a lo largo del a�o a comer o a tomar un aperitivo los domingos. La hoster�a ten�a ocho suites en la primera planta. Tambi�n hab�a unas quince caba�as desperdigadas por las treinta y tantas hect�reas de la propiedad. Los amigos de toda la vida ven�an a menudo. Los forasteros eran como de la familia. Era la vida de Bill.</p><p>Miranda ansiaba meterse en una ba�era de agua caliente y mirar c�mo pasaba el d�a a trav�s de la ventana. Empaparse hasta quedar con la carne casi escaldada, sumergi�ndose en un agua tan caliente que casi no la aguantara. Llorar hasta que no le quedaran l�grimas.</p><p>Pero se limit� a coger municiones para el 45 autom�tico que llevaba y sac� su escopeta. Su padre le dar�a la comida pero ella se ocupar�a de preparar el equipo de supervivencia.</p><p>Tres d�as de alimentos liofilizados y de botellas de agua, navaja, pistola de bengalas y cerillas en el fondo de la mochila. A�adi� las balas y una chaqueta Gore Tex, una muda de ropa y una manta t�rmica.</p><p>Jam�s la pillar�an sin estar preparada.</p><p>Quince minutos m�s tarde, entr� en la enorme cocina y observ� c�mo su padre y Ben �Gray� Grayhawk, el cocinero, fact�tum de la hoster�a y amigo, cargaban una nevera port�til con bocadillos envueltos uno por uno. Hab�a al menos cuarenta raciones. Metieron seis termos en una caja, vasos de pl�stico y una bolsa verde para la basura.</p><p>Miranda dej� su mochila junto a la puerta y abraz� a su padre.</p><p>��Gracias, pap� -dijo, y le sonri� a Gray para agradecerle tambi�n.</p><p>��Tu padre no quiere decirlo, as� que lo dir� yo -dijo Gray-. T�, cu�date, jovencita. No te adentres en el bosque sin apoyo. No juegues a ser la hero�na. S� lista.</p><p>��Tendr� cuidado. -Miranda adoraba a Gray, aunque �l siempre anduviera preocup�ndose por ella. Era unos a�os mayor que su padre, y en su largo pelo plateado y trenzado se adivinaba su herencia india, aunque sus ojos verdes eran los de su madre europea. Hab�a nacido en Bozeman, pero se hab�a mudado cuando era apenas un adolescente. Y despu�s de tres per�odos de servicio en Vietnam decidi� regresar a casa.</p><p>Gray tambi�n le hab�a ense�ado a usar armas de fuego.</p><p>Entre los tres llevaron la comida y las bebidas al jeep de Miranda. Cuando estaba a punto de subir, su padre la cogi� por el brazo. Sus ojos azules, un p�lido reflejo de los ojos de Miranda, brillaban con un fondo de inquietud y preocupaci�n.</p><p>��Randy, ten cuidado.</p><p>Ella asinti�, incapaz de decir palabra por miedo a que brotaran las l�grimas reprimidas desde aquel momento de debilidad en la universidad. Subi� al jeep de un salto, salud� y parti�.</p><p>Bill se qued� mirando el jeep hasta que desapareci� en una curva, junto al cartel que rezaba: Siempre bienvenidos a la Hoster�a Gallatin. Sac� un pa�uelo y se son�.</p><p>Gray puso su mano enorme sobre el hombro de su amigo.</p><p>��Estar� bien, Billy. Es una muchacha fuerte.</p><p>��Lo s�. Lo s�. -Respir� hondo el aire fresco de la monta�a-. Se merece ser feliz. Yo la amo tanto que no soporto ver c�mo revive una y otra vez la misma historia.</p><p>��Por eso est� ah�. No la puedes obligar a ir por tu camino, as� como Nick no pudo obligarla a ir por el suyo.</p><p>Bill mir� a su amigo.</p><p>��Ha llamado Quinn Peterson para reservar una habitaci�n. -Y �se la has dado?</p><p>��S�.</p><p>��A Miranda no le gustar�.</p><p>��Ya lo creo que no. -Pero �l ten�a que enmendar algo. S�lo esperaba que Miranda lo perdonara cuando se enterara de la verdad.</p><p>Elijah Banks le dio las gracias al Dios en el que ya no cre�a de que por fin su suerte estuviera cambiando.</p><p>Sali� disparado por la puerta trasera de las oficinas de la <emphasis>Gazette</emphasis>, en Missoula y subi� a su destartalada camioneta. Una r�pida mirada a su reloj le dijo que ten�a el tiempo justo para pasar por su piso y coger una bolsa de viaje.</p><p>El Carnicero volv�a a golpear. El cuerpo de Rebecca Douglas hab�a sido descubierto hac�a una hora, y aunque el <emphasis>sheriff</emphasis> se anduviera con secretos, Eli ten�a un sexto sentido que le dec�a que se trataba del Carnicero.</p><p>Joven universitaria desaparecida una semana. Encontrada muerta. El Carnicero. Maldita sea, hubiera deseado estar ah� desde el principio, pero su editor no le daba la oportunidad. Al contrario, hab�a pasado lunes y martes en Helena escribiendo sobre un caso m�s de soborno pol�tico, y los tres �ltimos d�as entrevistando a ancianos que hab�an sido v�ctimas del robo de sus datos de identidad.</p><p>Aburrido a m�s no poder.</p><p>Pero ahora que ten�a que informar sobre la historia de un cad�ver, el jefe le hab�a dado la tarea. Su contacto en la polic�a le hab�a proporcionado escasos detalles, s�lo que hab�an encontrado el cuerpo de la mujer y que el <emphasis>sheriff </emphasis>Thomas hab�a dado instrucciones por radio de guardar silencio. El forense estaba al corriente y se encontraba ahora en el monte cerca de Cherry Creek Road, al sur de la interestatal.</p><p>Si jugaba bien sus cartas, podr�a catapultarse para salir de aquel agujero infernal y conseguir un empleo de reportero de verdad en un peri�dico de verdad en una ciudad de verdad.</p><p>Su piso quedaba a menos de un kil�metro del peri�dico. Dej� la camioneta en marcha y subi� corriendo a meter la ropa y su neceser en una mochila. Cogi� su grabadora, l�pices y papel, y su diario.</p><p>Doce a�os antes, Eli hab�a creado ese peri�dico para documentar todo lo relacionado con la investigaci�n sobre el Carnicero. Incluso despu�s de mudarse a Missoula, siempre hab�a seguido estando informado, cada vez que una chica era secuestrada, cada vez que encontraban un cad�ver.</p><p><emphasis>El Carnicero de Bozeman</emphasis>. Le puso ese nombre al asesino en el primer art�culo, cuando se supo lo de Moore. No fue su primera opci�n. �l quer�a llamarlo El Cazador de Mujeres, pero su jefe en el<emphasis> Chronicle</emphasis>, el imb�cil de Brian Collie, no quer�a incomodar a los cazadores y le dijo que se inventara otra cosa. El �Carnicero� no era un apodo adecuado porque lo que el asesino hac�a con sus v�ctimas no pod�a calificarse de �carnicer�a�. No, el tipo las cazaba, y luego les disparaba o les cortaba el cuello. Sin embargo, el apodo se qued� as�.</p><p>Collie segu�a ah�, y nunca hab�a llegado a gran cosa porque nunca hab�a aspirado a ser m�s que director de un peri�dico del tres al cuarto, en Bozeman. Eli, al contrario, decidi� abandonar la ciudad y lleg� hasta Missoula. En ese momento, parec�a la decisi�n perfecta. Primero Missoula, despu�s Seattle y, finalmente, Nueva York.</p><p>El plan lleg� hasta Missoula. Pero ahora Eli confiaba en que no se quedar�a atrapado ah� el resto de sus miserables d�as.</p><p>Cinco minutos m�s tarde, ya hab�a cogido la interestatal en direcci�n sur, hacia Bozeman, capital del comercio ganadero. Normalmente, detestaba hacer ese trayecto, pero en esta ocasi�n casi no pod�a contener la emoci�n.</p><p>Una historia candente era justo lo que necesitaba para encontrar un empleo de calidad en un gran peri�dico. Adi�s, Missoula. All� voy, Nueva York.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359145">Cap�tulo 5</p></title><p>Quinn tamborile� sobre el salpicadero de la camioneta de la polic�a que conduc�a Nick. A Quinn no le agradaba viajar en el lado del pasajero. Parec�a que tardaba el doble de tiempo en llegar a cualquier sitio.</p><p>��La semana pasada no me diste demasiados detalles por tel�fono -le dijo a Nick-. �Rebecca Douglas fue secuestrada el viernes por la noche?</p><p>��Su compa�era de piso llam� hacia la una de la madrugada del s�bado. No hab�a vuelto a casa despu�s de su turno en la pizzer�a, que queda en la interestatal. El agente que hizo el informe encontr� su coche en el aparcamiento, con las llaves en el asiento del pasajero.</p><p>��Y �Su bolso?</p><p>��No estaba.</p><p>No sol�an recuperar gran cosa de los efectos personales de las j�venes v�ctimas, lo que llev� a Quinn a sospechar que el asesino los conservaba como objetos fetiche. Para recordar a sus v�ctimas.</p><p>��No hemos esperado a que se cumpla el tiempo habitual antes de declarar a una persona desaparecida, porque yo sab�a intuitivamente que era el Carnicero.</p><p>���Su coche ten�a alg�n desperfecto?</p><p>��No.</p><p>��Eso es un cambio. -A Quinn le intrigaba el motivo de ese cambio, porque, hasta entonces, todas las v�ctimas del Carnicero se hab�an quedado abandonadas en la carretera despu�s de estrope�rseles el coche. Los an�lisis descubrieron que en el tanque de gasolina hab�a restos de melaza tapando el filtro de gasolina. As�, el coche se quedaba sin gasolina a cinco kil�metros de la �ltima parada.</p><p>Cuando Penny Thompson desapareci� hace quince a�os, se recuper� su coche de un barranco profundo. Encontraron sangre en el volante, pero no detectaron signos de violencia. En ese momento los investigadores pensaron que se hab�a alejado del coche hasta perderse a causa de una lesi�n en la cabeza, pero el caso qued� abierto.</p><p>Tres a�os m�s tarde, cuando encontraron el coche de Miranda en la berma del camino a medio trayecto entre la autopista de Gallatin y la hoster�a de su padre, la oficina del sheriff relacion� enseguida unos puntos con otros y llam� al FBI.</p><p>La vida de Quinn hab�a cambiado irrevocablemente a partir de aquel d�a.</p><p>��Hay quienes insist�an en que no era el Carnicero, pero�</p><p>��Tu intuici�n no se equivoc� en lo del dinero.</p><p>��Por desgracia.</p><p>��Tenemos dos ventajas claras -dijo Quinn-. En primer lugar, un cambio en el modus operandi. No manipul� el coche. Quiz� no tuvo tiempo. Quiz�s actu� sobre la marcha. O quiz� Rebecca Douglas lo conoc�a y no se asust� cuando se le acerc�.</p><p>��Ya he pensado en esa posibilidad pero, hasta ahora, los interrogatorios no han arrojado gran cosa.</p><p>��Quisiera revisar tus notas.</p><p>��Como quieras -dijo Nick-. Y �cu�l es la otra ventaja?</p><p>��Haber encontrado el cuerpo tan r�pidamente. No nos ayuda que lloviera anoche, pero puede que el forense encuentre algo que podamos relacionar con un sospechoso, un pelo, una fibra de su ropa, algo. -Despu�s de ver el cad�ver, Quinn no ten�a grandes esperanzas de que encontraran pruebas �tiles, pero la ciencia no paraba de perfeccionar su instrumental. Si hab�a algo que encontrar, �l confiaba en que ellos lo encontrar�an.</p><p>��Si conseguimos encontrar la barraca donde la tuvo recluida, tendremos mayores probabilidades de hallar pruebas �tiles -dijo Nick.</p><p>��Es verdad. -Las veces que hab�an encontrado las ruinosas barracas donde el Carnicero ocultaba a sus v�ctimas antes de soltarlas en el bosque, todas las pruebas estaban estropeadas o destrozadas. La humedad, el moho y la podredumbre de las chozas destru�an la mayor parte del material biol�gico. No ten�an ni ADN ni huellas dactilares, con la excepci�n de un fragmento de huella que no arroj� resultados en la base de datos del FBI. Y tampoco hab�a sospechosos.</p><p>El perfil elaborado por Quinn doce a�os antes hab�a sido actualizado para que reflejara los rasgos del hombre, ahora m�s envejecido. Por aquel entonces, su razonamiento lo hab�a llevado a concluir que se trataba de un hombre blanco de entre veinticinco y treinta y cinco a�os. Si le agregaban diez a�os, no pod�a tener menos de treinta y cinco a�os, m�s probablemente cuarenta. F�sicamente era un hombre fuerte, una persona met�dica. De hecho, era un planificador obsesivo, paciente y temerario. No le faltaba seguridad, y por eso nunca dudaba de que pudiera dar con las mujeres que soltaba. Tampoco era muy dif�cil seguirle el rastro en el bosque a una mujer desnuda y descalza.</p><p>Quinn abandon� la investigaci�n al cabo de dos meses porque no ten�an pistas y las pruebas eran escasas. Y cuando dejaron de desaparecer m�s mujeres, las autoridades decidieron que no val�a la pena utilizar sus escasos recursos en la in�til b�squeda del asesino de Sharon.</p><p>El Carnicero esper� tres a�os antes de secuestrar a otras dos chicas, pero los cuerpos nunca fueron recuperados. Pocos asesinos en serie eran capaces de esperar tanto tiempo entre una acci�n y otra, pero no se hab�a informado de cr�menes similares en otras partes del pa�s.</p><p>La falta de continuidad y la naturaleza espor�dica de las actuaciones del asesino no daban a la polic�a pistas concretas para seguir investigando.</p><p>Quinn dio un golpe contra el salpicadero.</p><p>��Quiero coger a ese cabr�n.</p><p>Nick guard� silencio mientras giraba en un camino de gravilla debajo de un arco que rezaba: <emphasis>Parker Ranch.</emphasis></p><p>Quinn se acordaba vagamente de Richard Parker de la �poca en que �l se dedicaba al caso del Carnicero. Promotor y hombre influyente del estado de Montana, con conexiones pol�ticas en Washington, y elegido para alg�n cargo local. Puede que fuera una especie de supervisor.</p><p>Nunca hab�an sospechado de Richard Parker. Quinn recordaba su arrogancia y su fanfarroner�a, aunque parec�a de verdad interesado en encontrar recursos adicionales para la oficina del sheriff en una �poca en que los presupuestos estaban reducidos al m�nimo.</p><p>La residencia de Parker le record� a Quinn el rancho de La Ponderosa. Era como si en cualquier momento fuera a abrirles la puerta Ben Cartwright.</p><p>��Sheriff -dijo Richard Parker al abrir la ancha puerta. Quinn observ� que Parker hab�a envejecido bien. Ten�a unos cincuenta a�os, pelo rubio, todav�a sin canas, y apenas mostraba arrugas en torno a los ojos. Un metro ochenta y algo, delgado, hombros fuertes y m�sculos bien definidos, un hombre que se sent�a a gusto con su trabajo en el rancho.</p><p>Parker se volvi� hacia Quinn.</p><p>��Agente Especial Peterson, �correcto?</p><p>��Buena memoria, se�or Parker -dijo, asintiendo con la cabeza.</p><p>��Ahora soy el Juez Parker -dijo �ste, con una leve sonrisa-. Pero olv�dese de las formalidades. Ll�meme Richard.</p><p>Juez. Quinn mir� a Nick, irritado porque su amigo no le hab�a hablado de aquella situaci�n, que era pol�ticamente delicada. Quinn detestaba jugar a la pol�tica.</p><p>��Gracias.</p><p>Siguieron a Parker y cruzaron el amplio vest�bulo revestido de madera oscura hasta el sal�n, un rinc�n luminoso con ventanas orientadas al este y al sur e iluminado a la vez por dos tragaluces largos y angostos en el techo.</p><p>Todo era impecable y estaba perfectamente en su sitio, como si los Parker estuvieran esperando al equipo de rodaje de <emphasis>House Beautiful</emphasis>. Los trofeos de caza y los grabados de escenas campestres adornaban las paredes de color claro. Los muebles de pino demasiado grandes eran sencillos y funcionales. Se adivinaba un toque femenino en las fundas floreadas de los cojines que se complementaban con los tonos oscuros de los sof�s y de las sillas. Una vitrina de armas de fuego ocupaba una parte prominente de una pared y, por encima, un pez enorme con una placa: <emphasis>Esturi�n blanco, 32 kilos, r�o Kootenai, 10 de junio de 1991.</emphasis></p><p>��He mandado a los ni�os al establo a ocuparse de los caballos -dijo Parker-. �Os puedo ofrecer algo de beber? �Caf�? �Un refresco? Es demasiado temprano para un whisky. -Con un gesto, los invit� a sentarse.</p><p>��No podemos quedarnos, Richard -dijo Nick-. He llamado a todos mis ayudantes y tenemos un grupo de voluntarios para peinar la zona. Va a ser un d�a largo.</p><p>��Ya entiendo. Los chavales est�n tocados. Espero que no les pidas demasiado.</p><p>��Claro que no -dijo Nick.</p><p>���Necesitas caballos? Le puedo decir a Jed que traiga seis o siete. Y si los necesitas, les dar� la tarde libre a los hombres.</p><p>��Se agradece mucho, Richard -dijo Nick-. Tendremos que buscar a pie para no estropear posibles pruebas.</p><p>Parker asinti�.</p><p>��Claro, s�. -Cerr� los ojos y sacudi� la cabeza-. Cre�a que� supongo que cre�a que todo hab�a acabado.</p><p>Yo no, pens� Quinn.</p><p>��Los asesinos en serie s�lo se detienen cuando los meten en la c�rcel o cuando se mueren.</p><p>��Pero han pasado tres a�os.</p><p>��Tenemos fundadas razones para creer que Corinne Atwell tambi�n fue una v�ctima del Carnicero, y ella desapareci� el uno de mayo del a�o pasado. El bosque no perdona. Los animales, el tiempo, el terreno. Puede que nunca sepamos a cu�ntas chicas ha matado.</p><p>���A qu� viene el inter�s del FBI ahora? -pregunt� Parker, frunciendo el ce�o-. Usted no vino cuando mataron a las gemelas.</p><p>��En realidad -lo corrigi� Nick-, despu�s del secuestro de las chicas Croft, estuvo aqu� el agente especial Thorne y, en otra ocasi�n, cuando Corinne Atwell se dio por desaparecida. Llam� al agente Peterson la semana pasada porque �l conoce el caso. No hace falta recordarle que los recursos del gobierno federal son muy superiores a los de nuestro condado.</p><p>Quinn ya no quer�a seguir hablando de nimiedades. A los menores hab�a que interrogarlos lo m�s pronto posible si eran testigos de un crimen o si hab�an encontrado pruebas. A medida que pasaba el tiempo, ten�an la tendencia a mezclar los hechos con fantas�as, en gran parte salidas de la televisi�n.</p><p>���D�nde est�n los chicos, se�or?</p><p>��En el establo. -Parker le hizo un gesto a Quinn para que se sentara-. Los ir� a buscar.</p><p>��No hace falta. Creo que estar�n m�s c�modos si est�n haciendo algo con las manos. Asear los caballos parece una buena tarea.</p><p>��Lo acompa�ar� -dijo Parker.</p><p>Nick cogi� a Quinn unos metros detr�s de Parker para hablarle en privado.</p><p>��Quiero echarle un vistazo a las patas de los caballos -dijo, en voz baja. No es que pensara que los chicos tuvieran alg�n motivo para mentir, pero le gustaba contrastar las declaraciones con hechos s�lidos.</p><p>El establo quedaba a unos cien metros detr�s de la casa y Quinn oy� los murmullos de los chicos en el interior.</p><p>���Ryan! El sheriff Thomas ha venido a hablar contigo.</p><p>Ryan Parker ten�a casi once a�os y era la viva imagen de su padre, con su pelo rubio y sus ojos color casta�o. Ten�a unos rasgos bellos poco habituales en un ni�o, y parec�a mayor, casi m�s sofisticado que los hermanos McClain.</p><p>��Ryan -dijo Nick-. Te presento al agente especial Quincy Peterson. Trabaja para el FBI.</p><p>Ryan mir� con los ojos muy abiertos.</p><p>���El FBI? �De verdad? �Puedo ver su placa?</p><p>��Ryan -dijo su padre, severo.</p><p>Quinn ignor� a Parker y se agach� junto al ni�o.</p><p>��Claro -dijo, mientras sacaba la cartera del bolsillo de la chaqueta. La abri� y ense�� la placa y su identificaci�n al ni�o, que miraba ensimismado.</p><p>Ryan no la toc�, pero la mir� con inter�s.</p><p>���Tienes que ir a una escuela especial para ser agente especial?</p><p>��Despu�s de cuatro a�os en la universidad, pas� diecis�is semanas en un campo especial de entrenamiento llamado Quantico. Tambi�n estudi� un a�o para obtener un m�ster en criminolog�a.</p><p>���Es dif�cil?</p><p>��Algunas cosas lo son. �T� quieres ser agente federal?</p><p>Ryan mir� a su padre y Quinn percibi� un dejo de miedo en la mirada del ni�o. Quiz� su padre esperaba que el ni�o sencillamente siguiera sus pasos, pens� Quinn. �l lo entend�a. Para �l, no ser el �Doctor Peterson� era algo que todav�a pesaba en casa de sus padres-. Quiz� -dijo Ryan, evasivo.</p><p>���Podemos el sheriff Thomas y yo haceros unas preguntas a ti y tus amigos?</p><p>���Sobre la chica muerta?</p><p>��S�.</p><p>Sean y Timmy McClain estaban ocupados cepillando a un caballo, aunque lo escuchaban todo con inter�s, tanto que el hermano m�s peque�o no hac�a m�s que cepillar el aire.</p><p>��Chicos, venid aqu� � llam� Quinn.</p><p>Dejaron los cepillos en un cubo y se acercaron para presentarse. Sean era el hermano mayor, y se comportaba como si fuera un chico duro e importante. Timmy, el m�s peque�o, no paraba de moverse y ten�a los ojos muy abiertos. Quinn observ� que Ryan era el l�der del grupo, con esa manera de pararse y con los otros dos chicos detr�s de �l, sentados en los montones de heno. A Quinn no le gustaba la idea de tener a Richard Parker formalmente a su lado, con su severo aspecto de juez. Sin embargo, teniendo en cuenta que se trataba de un encuentro informal con los menores, no pod�a pedirle al padre que se fuera. Sobre todo si el padre era abogado.</p><p>��Ryan, cu�ntame con tus propias palabras lo que salisteis a hacer esta ma�ana. Timmy, Sean, pod�is intervenir si cre�is que hay que a�adir algo. No hay respuestas correctas o incorrectas. Y nadie lo recuerda todo, as� que puede que uno de vosotros recuerde cosas que los otros no recuerden. �De acuerdo?</p><p>Todos asintieron cuando Quinn y Nick sacaron sus libretas. Ryan habl�.</p><p>��Sacamos los caballos a las siete de la ma�ana. Sean y Timmy se quedaron a dormir porque quer�amos salir temprano, y ellos viven en la ciudad.</p><p>��Mam� trabaja los fines de semana -dijo Timmy, asintiendo con la cabeza-. Venimos mucho aqu�.</p><p>��Seguro que es divertido salir a montar a caballo por la hacienda y otras cosas que est�n bien -dijo Quinn, sonriendo.</p><p>��Oh, s� -dijo Timmy-. Y a veces� -Su hermano le dio un golpe en el brazo.</p><p>��C�llate -dijo Sean-. S�lo quieren saber de la chica muerta.</p><p>Timmy adopt� un aire m�s t�mido.</p><p>��No pasa nada -dijo Quinn al peque�o-. Uno nunca sabe lo que puede ser importante en una investigaci�n.</p><p>Los chicos hab�an salido de la casa temprano en direcci�n a los prados, hacia el este. Cogieron un sendero casi borrado por la vegetaci�n con la idea de encontrar un antiguo cementerio indio en el lado norte.</p><p>��Sab�is que no deber�ais ir tan lejos -les ri�� Parker-. Es un camino peligroso. Ten�is mucha suerte de que un caballo no se haya roto una pata.</p><p>��Lo siento, pap� -dijo Ryan, con mirada huidiza.</p><p>���Qu� m�s? -dijo Quinn. Era lo �ltimo que necesitaba, un chico asustado y un padre beligerante-. �D�nde est� el cementerio indio que andabais buscando?</p><p>��No lo sabemos. Por eso lo busc�bamos. Gray, �sabe?, el que trabaja all� en la hoster�a -dijo, y se�al� vagamente hacia el sur-, dice que est� all� en el lado norte, por encima de Mossy Creek. Ni siquiera �l sabe d�nde est�, s�lo que est� ah�, y no sabemos si lo hemos visto. Lo buscamos el verano pasado y no lo encontramos. Y como llovi� toda la semana, �ste era el primer d�a bueno para salir a buscar.</p><p>Quinn se acordaba de Gray. �C�mo olvidar el tiempo pasado en la Hoster�a Gallatin cuando investigaba el asesinato de Sharon Lewis? �O los fines de semana que ven�a a ver a Miranda?</p><p>Sacudi� la cabeza y apart� a Miranda de su pensamiento. Era m�s dif�cil ahora que se hab�a colado sin previo aviso, pero �l ten�a que concentrarse en su trabajo.</p><p>Y su trabajo era detener al Carnicero.</p><p>���No llegasteis a Mossy Creek? -inquiri� Nick.</p><p>��Los caballos empezaron a ponerse un poco raros -dijo Ryan, negando con la cabeza-, y luego o�mos un animal grande. Fuimos hasta un claro y vimos un oso pardo que estaba oliendo algo. Yo dispar� mi rifle para asustarlo. Y entonces la vimos.</p><p>Ryan y Timmy se quedaron donde estaban mientras Sean, el mayor de los tres, volv�a al camino principal por el viejo sendero del aserradero y recorr�a cinco kil�metros a caballo antes de llegar a un tel�fono.</p><p>���Tocasteis el cuerpo?</p><p>Todos negaron sacudiendo en�rgicamente la cabeza.</p><p>��Yo me acerqu� -dijo Ryan-. A unos metros. No parec�a de verdad, �sabe? El oso pod�a volver y, bueno, yo no quer�a irme. -Se mir� las manos que manten�a entrelazadas con fuerza.</p><p>Quinn se acerc� y le dio a Ryan un apret�n en el hombro hasta que el chico lo mir�.</p><p>��Hicisteis lo correcto.</p><p>Se incorpor� y le sonaron las articulaciones por la posici�n que hab�a mantenido tanto rato, un recordatorio de que aquel oto�o cumplir�a cuarenta a�os.</p><p>��Gracias, juez -dijo Quinn, gir�ndose para mirar a Richard Parker.</p><p>Una mujer rubia vestida impecablemente, de grandes ojos verdes, estaba junto a Parker y miraba con expresi�n vac�a. �La mujer de Parker? Quinn estaba sorprendido porque no la hab�a o�do llegar.</p><p>���Se�ora Parker? -salud�, tendi�ndole la mano.</p><p>Ella se la estrech�, con una fuerza sorprendente para una mujer de aspecto tan fr�gil. Ten�a los dedos helados, aunque las temperaturas hab�an subido bastante desde que, por la ma�ana, �l viera a la v�ctima.</p><p>��Delilah Parker -dijo, con una voz suave y serena.</p><p>��Se�ora. Agente Especial Peterson.</p><p>��He preparado limonada y una tarta de pl�tano en la cocina, si quieren pasar un momento.</p><p>Quinn estaba a punto de rechazar la invitaci�n cuando intervino Nick.</p><p>��Gracias, se�ora Parker, le agradecemos mucho su hospitalidad.</p><p>Ella le sonri� a Nick.</p><p>��Disculpen. Voy a preparar una bandeja -avis�, y se alej� deprisa.</p><p>Quinn arrastraba los pies mientras caminaban de vuelta a la casa siguiendo al juez Parker.</p><p>��Tenemos que volver al monte -dijo.</p><p>��Hay cosas a las que no se puede decir que no. Y una invitaci�n de la se�ora Parker a comer es una de ellas.</p><p>��Jugando a la pol�tica -murmur� Quinn, con tono sarc�stico.</p><p>��Diez minutos me ahorran muchos meses de dolores de cabeza. Cr�eme. Yo tambi�n declin� la primera vez -dijo Nick, y entorn� los ojos.</p><p>Quinn no sab�a demasiado bien qu� pensar de la familia Parker. Aunque el juez se reuni� con ellos en el comedor, Quinn observ� que �l y su mujer pr�cticamente no se dirig�an la palabra.</p><p>La improvisaci�n de la se�ora Parker era un arreglo muy elaborado. Sirvi� la limonada en copas de cristal y la tarta de pl�tano con nata fresca batida en platos de porcelana china. Quinn se sent�a inc�modo con tanta formalidad, pero daba la impresi�n de que Nick se lo tomaba con calma. Cuando Quinn la felicit� por su hermosa casa, ella sonri�, feliz.</p><p>La Mujer Perfecta de Montana, pens� �l, ocultando una sonrisa.</p><p>Nick cumpli� con su palabra. Diez minutos m�s tarde, ya volv�an al establo para hacer moldes de las huellas de los caballos antes de irse.</p><p>���Qu� pasa con la mujer de Parker? -pregunt� Quinn mientras cerraba la puerta de la camioneta de Nick-. Un poco demasiado formal para un tentempi� a mediod�a, �no crees?</p><p>Nick se encogi� de hombros mientras pon�a el motor en marcha. Aceler� por el largo y sinuoso camino que iba de casa de los Parker hasta la carretera principal.</p><p>��Le gusta hacer de anfitriona. Declin� su invitaci�n la primera vez que vine hace a�os porque les hab�an robado un par de cabezas de ganado. Despu�s de que me eligieron <emphasis>sheriff</emphasis>, el juez Parker me explic� que su mujer se toma la hospitalidad muy en serio y dijo que me lo agradecer�a si en futuras ocasiones aceptaba sus invitaciones.</p><p>��Tendr�as que haberme dicho que Parker es juez. No recordaba que fuera abogado.</p><p>��Por aquella �poca no ejerc�a. Estaba en la Junta de Supervisores del condado. Ahora es miembro del Tribunal Superior de Justicia del estado. Se dice que es uno de los candidatos al Tribunal de Apelaciones.</p><p>��Es un gran salto.</p><p>��Tiene amigos en lugares muy importantes -dijo Nick, encogi�ndose de hombros.</p><p>��Genial -dijo Quinn, con un dejo sard�nico.</p><p>��No estar�s pensando que el juez Parker tiene algo que ver con lo sucedido con estas chicas.</p><p>Quinn no dijo palabra durante un largo minuto.</p><p>��No lo s� -dijo, sinceramente-. No tenemos testigos, y Miranda s�lo tiene impresiones vagas sobre la altura y los rasgos del asesino.</p><p>El Carnicero no s�lo manten�a a sus v�ctimas encadenadas al suelo sino tambi�n les vendaba los ojos. Y Miranda juraba que lo reconocer�a por el olor, si bien el olor de un hombre distar�a mucho de ser prueba suficiente para condenarlo. Necesitaban pruebas m�s s�lidas.</p><p>Quinn no se hab�a percatado de lo mucho que a�oraba a Miranda hasta despu�s de haberla visto aquella ma�ana. Habr�a querido tocarla, asegurarse de que todav�a estaba ah�, en carne y hueso, que no era un sue�o m�s.</p><p>��Nos llev� hasta la barraca donde estuvo secuestrada -sigui� Nick-. Nos llev� hasta donde estuvieron las hermanas Croft. Miranda nos ha conducido hasta m�s pruebas de lo que t� o yo podr�amos hacer solos.</p><p>Quinn lo sab�a, y sab�a por qu�. Miranda habr�a sido una excelente agente del FBI, por las mismas razones que, muy probablemente, la habr�an matado.</p><p>Algo impulsaba a Miranda, incansable, sin vacilaciones, en la b�squeda de un asesino. Pero estaba obsesionada con el Carnicero. Aquel caso la hab�a corro�do hasta consumir su existencia. Quinn no se lo reprochaba. Jo, �qui�n se atrever�a a reproch�rselo? Aquel cabr�n le hab�a destruido la vida. Miranda ten�a que reconstruirla, pieza a pieza. Y, por asombroso que pareciera, aquel proceso la hab�a convertido en una mujer sumamente fuerte. Ya no era una v�ctima sino alguien a quien Quinn admiraba por su capacidad para recuperarse.</p><p>A pesar de haber lidiado con la violaci�n y las torturas mejor que cualquier v�ctima que �l hubiera conocido, Miranda no hab�a sabido sobreponerse a la culpa del superviviente. Se culpaba a s� misma por el asesinato de Sharon, y su decisi�n de ingresar en el FBI respond�a m�s a una necesidad de vengar a Sharon que de convertirse en agente. Y, al final, su necesidad de venganza acab� por aparecer en las pruebas psicol�gicas. Quinn hab�a dado la cara por ella una y otra vez, pero ante los resultados de varias sesiones con el psiquiatra, tuvo que reconocer que Miranda no estaba preparada.</p><p>Se pas� una mano por la cara y cerr� los ojos. Hab�a insistido en ser �l quien le diera la noticia. Porque �l la hab�a amado y porque, de entrada, gracias a sus recomendaciones, adem�s de sus cualificaciones, ella se hab�a ganado la admisi�n en la Academia.</p><p>No hab�a ido nada bien.</p><p>Nunca olvidar�a su mirada al sentirse traicionada, en sus ojos azules, cuando �l le comunic� que estaba fuera de la Academia. �Ya hab�an pasado diez a�os? Por Dios, c�mo la a�oraba.</p><p>��Mierda -farfull� Nick al frenar bruscamente. Quinn se sacudi� en el asiento del pasajero y abri� los ojos.</p><p>Hab�a al menos treinta jeeps, camiones y coches aparcados a lo largo de la Ruta 84. Quinn ech� un vistazo a las inmediaciones.</p><p>��Por fin Miranda ha entrado en raz�n. Su jeep no est� aqu�.</p><p>Nick mir� a Quinn mientras giraba suavemente hacia el viejo sendero del aserradero.</p><p>���No habr� entrado directamente?</p><p>��T� dijiste que el personal no autorizado no pod�a usar el camino viejo -dijo Quinn-. Yo�</p><p>��Quinn, ella est� autorizada. Es la coordinadora de la Unidad de B�squeda y Rescate, de la oficina del Sheriff. -Nick hizo una pausa-. Miranda no quiere que la protejan, as� que ser� mejor que renuncies.</p><p>��No tiene nada que ver con la protecci�n y todo que ver con poner en jaque la investigaci�n.</p><p>��Miranda conoce estos bosques mejor que nadie, incluy�ndome a m�. Me sorprender�a que no tuviera memorizado cada monte y cada zanja. Si hasta tiene un jodido mapa en la pared de su habitaci�n. Se duerme y se despierta con esas chinchetas rojas mir�ndola, record�ndole que ha sobrevivido. -Nick respir� hondo-. Ahora son siete. Siete chinchetas.</p><p>Quinn se hab�a enterado de la relaci�n entre Miranda y Nick por una compa�era, Colleen Thorne, al volver de la investigaci�n del asesinato de las hermanas Croft. A�os despu�s de que Miranda dejara de hablarle y se negara a verlo, todav�a le dol�a imagin�rsela con otro hombre. Aunque se tratara de un hombre que �l apreciaba y respetaba.</p><p>Maldita sea, �c�mo la hab�a amado! Pocas mujeres se pod�an comparar con Miranda. Su intensidad, su risa, su fuerza, su acusado sentido del bien y del mal. Todo en Miranda era apasionado, desde c�mo viv�a su vida hasta su incansable lucha por la justicia.</p><p>Lo irritaba y le dol�a que Miranda hubiera acudido a Nick cuando estuvo preparada para otra relaci�n. Ella lo hab�a obligado a darle espacio y, contra su propio juicio, �l le hizo caso. Pero nunca m�s volver�a a Quantico, nunca le devolvi� las llamadas ni acept� que �l hubiera tomado la �nica decisi�n posible. Y entonces empez� a verse con Nick.</p><p>Quinn Peterson no quer�a saber nada de esa relaci�n, pero no pudo dejar de preguntar.</p><p>���Qu� sucedi�?</p><p>���Qu�?</p><p>���Por qu� rompisteis?</p><p>Nick se encogi� de hombros.</p><p>��Muchas cosas. Sobre todo porque yo no soportaba la idea de no poder protegerla.</p><p>��Hmm. -Miranda no necesitaba protecci�n, excepto de s� misma. Lo que necesitaba era superar la culpa. Pero nunca reconoci� su obsesi�n, y mucho menos hizo algo por ponerle fin.</p><p>��Creo que la gota que colm� el vaso fue que yo quer�a llev�rmela de Montana -dijo Nick-. Yo pod�a ser poli en cualquier lugar. Siempre he pensado que Texas ser�a un lugar agradable para vivir. Hace bastante m�s calor ah� que en el valle Gallatin.</p><p>��Ya te imagino con un sombrero blanco de esos de un metro de alto -dijo Quinn, con una media sonrisa.</p><p>��Miranda no quer�a irse. Est� decidida a hacer lo que pueda para proteger a las mujeres de Bozeman. Da clases de defensa personal todas las semanas en la universidad. Coordina la Unidad de B�squeda y Rescate, y eso no se limita a las universitarias desaparecidas sino que incluye a excursionistas perdidos, esquiadores atrapados por un alud, cualquier cosa. El a�o pasado, dos ni�as peque�as se alejaron un poco de su campamento justo de este lado de la frontera con Wyoming, en Yellowstone. Miranda las busc�, las encontr� y las devolvi� sanas y salvas.</p><p>Quinn no dijo palabra. �Qu� pod�a decir? No pod�a reclamar nada de Miranda, ni ten�a derecho a enterarse de su vida en la actualidad. Pero, joder, ganas no le faltaban. Quer�a saber todo lo que hab�a vivido durante los diez a�os transcurridos desde la �ltima vez.</p><p>��Gracias por venir, Quinn -dijo Nick, al cabo de un rato-. S� que no es f�cil para ti trabajar con ella.</p><p>Cuando Nick detuvo la camioneta detr�s del jeep de Miranda, Quinn dijo:</p><p>��No tengo problemas para trabajar con Miranda, pero si se pasa de la raya tendremos que relevarla.</p><p>��De acuerdo.</p><p>Bajaron de la camioneta y la primera persona que vio Quinn fue a ella. Estaba de pie en una saliente, con las manos en las caderas.</p><p>���D�nde hab�is estado? -Baj� de un salto por la pared y se detuvo ante los dos hombres. Ten�a la mand�bula tensa-. Dijiste dos horas. �Han pasado casi tres!</p><p>Aunque estaba p�lida y delgada, con su profunda mirada azul marcada por las ojeras, Miranda era una mujer bella. Un n�cleo de pura energ�a y fuerza apenas contenida que Quinn siempre hab�a admirado.</p><p>��Hemos ido a interrogar a los ni�os que encontraron el cad�ver -dijo Nick.</p><p>Quinn quer�a preguntarle a Miranda qu� diablos le importaba a ella, pero se mordi� la lengua. Ella formaba parte de la investigaci�n, al menos por ahora. Nick ya hab�a definido su papel y Quinn no pensaba entrometerse.</p><p>Por el momento, no, al menos.</p><empty-line/><p>As� que el<emphasis> sheriff</emphasis> hab�a vuelto a traer a los federales.</p><p>Era f�cil identificar al urbanita, todo arreglado con sus vaqueros nuevos, las botas r�gidas y la cazadora reci�n estrenada. Cada vez que ven�an los se�ores importantes del gobierno, no encontraban pistas.</p><p>Porque �l era m�s listo que todos ellos. A �ste lo recordaba de antes, de hac�a mucho tiempo. Hab�a demostrado ser un digno rival en aquel episodio� Hab�a llegado muy cerca, pero los �rboles le impidieron ver el bosque.</p><p>Le dieron ganas de re�r con su juego de palabras. Eran todos unos necios. Todos.</p><p>Excepto ella. La que hab�a escapado.</p><p>Se puso tenso, y el caballo que montaba se agit�, nervioso, en el sendero del monte, mucho m�s arriba de donde se api�aban los polic�as. Se oblig� a relajarse, le dio unas palmaditas al caballo hasta tranquilizarlo. Acariciando al animal consegu�a contener su rabia.</p><p>Ten�a tantas ganas de matar a Miranda Moore que ya sent�a su cuerpo aplastado bajo el suyo. Se imaginaba a s�lo cent�metros de su cara. Cogi�ndola del pelo y tirando de la cabeza hacia atr�s. Dejando al desnudo su blanco cuello. Sintiendo c�mo temblaba entera cuando �l desenvainaba el cuchillo y se lo acercaba a la garganta.</p><p>Un corte r�pido y su sangre c�lida se derramar�a sobre �l y sobre la tierra.</p><p>Pero hab�a escapado. Y �l hab�a perdido. Su fracaso lo atormentaba, le recordaba que no era perfecto. Nunca deber�a haber buscado una v�ctima de la localidad. En cualquier caso, no era ella a quien deseaba. Era la rubia que la acompa�aba. No tuvo m�s remedio. Si quer�a a la rubia, ten�a que llevarse a su amiga.</p><p>Todav�a ten�a ganas de matarla, pero no pod�a.</p><p>Al final, hab�a ganado ella.</p><p>Doce a�os antes, su mayor temor hab�a sido que lo atraparan gracias a Miranda Moore. �Habr�a visto o escuchado algo que pondr�a a la polic�a sobre su pista? Hab�a actuado con tanta cautela que crey� que ella no sobrevivir�a. Se sinti� timado al verla saltar desde lo alto del barranco hasta el r�o Gallatin, aunque tambi�n estaba seguro de que no sobrevivir�a.</p><p>Al ver las noticias al d�a siguiente, le sorprendi� descubrir que segu�a con vida.</p><p>Sin embargo, pas� el tiempo y se fue relajando. La mujer no sab�a nada, o no lo recordaba, o nunca lo hab�a visto.</p><p>No, ahora no pod�a matarla. Pero si se acercaba demasiado, eso cambiar�a.</p><p>Mir� su reloj y frunci� el ce�o. No ten�a previsto andar por ah� a esas horas. Espole� suavemente al caballo y sigui� por el estrecho sendero en direcci�n al sur.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359146">Cap�tulo 6</p></title><p>���Todo el mundo entiende lo que tiene que hacer? -pregunt� Nick, despu�s de detallar las responsabilidades del equipo de b�squeda. Las parejas estaban formadas por un ayudante jurado del sheriff del condado de Gallatin o un polic�a de Bozeman, y un voluntario. Tres de los cuatro polis en activo estaban presentes, algunos preocupados, otros excitados, casi todos tomando a sorbos el caf� que hab�a enviado el padre de Miranda.</p><p>Miranda mir� a los hombres y mujeres que compon�an el equipo de b�squeda. Buscar�an pruebas. Casquillos de bala, huellas de pisadas, jirones de ropa. Cualquier cosa que pudiera conducirlos hasta el asesino.</p><p>Sorprendi� al ayudante del sheriff, Sam Harris, mir�ndola, y gir� la cabeza. No le gustaba aquel hombre que hab�a perdido contra Nick en las elecciones a sheriff hac�a m�s de tres a�os, seis meses antes de que murieran asesinadas las hermanas Croft. Cuando Nick nombr� al ayudante de cincuenta a�os primer alguacil, Miranda le advirti� que comet�a un error. Harris intentar�a sabotear todas sus oportunidades. Nick no estaba de acuerdo, y Miranda se guard� sus opiniones.</p><p>Era la una y media de la tarde. Les quedaban menos de cinco horas de luz.</p><p>Miranda formar�a pareja con Cliff Sanderson, un poli de Bozeman que respetaba y que le ayudaba a dar las clases de defensa personal en la universidad. Lo salud� desde lejos al cruzar el claro y �l le sonri�, con esos hoyuelos que le quitaban diez a�os de los treinta que ten�a.</p><p>��Nick -dijo, cuando se acerc� a recibir sus instrucciones � quiero los cuadrantes ce uno hasta ce diez. Sanderson y yo podemos cubrirlos y creo que�</p><p>��T� deber�as quedarte aqu� -dijo Quinn, cruz�ndose de brazos.</p><p>Ella le lanz� una mirada furiosa, sintiendo que �l, con sus ojos oscuros e intensos, intentaba ordenarle que hiciera lo que le mandaba. Miranda no pudo evitar pensar en las muchas veces que hab�a admirado esa intensidad, como si una sola mirada pudiera derretirla como mantequilla en una plancha caliente.</p><p>Pero esta vez lo ignor�.</p><p>��De la ce uno a la ce diez -repiti�. Se carg� la mochila a los hombros y se apret� el cintur�n. Llevaba el 45 ajustado a la ri�onera para mayor comodidad.</p><p>��Llevas un arma -dijo Quinn, con los dientes apretados.</p><p>��T� tambi�n -replic� ella sin vacilar, y se arrepinti� enseguida de mostrarse ofendida-. �Tienes alg�n problema? -Vaya, ahora recurr�a al sarcasmo, una se�al inequ�voca de inseguridad.</p><p>Mir� a su alrededor. Los polis y voluntarios hab�an bajado el volumen de la conversaci�n, y su inter�s se volcaba sobre aquella discusi�n. Sin embargo, no deseaba ser el centro de atenci�n.</p><p>��Nick -dijo, en voz baja.</p><p>��T� vas con Peterson -dijo �ste, tambi�n en voz baja y con mirada esquiva.</p><p>���Qu�? -exclam� ella, olvid�ndose del p�blico.</p><p>��Vas con Peterson o no vas. Puedes coger el cuadrante ce.</p><p>Ten�a el cuadrante que quer�a, pero no el compa�ero. Estuvo a punto de decir que no ir�a.</p><p>Pero eso era precisamente lo que quer�a Quinn Peterson.</p><p>��De acuerdo -dijo, con la mand�bula tensa.</p><p>Se dio media vuelta y lo vio. Era �l. Elijah Banks. Pelo largo y sucio atado con una tira de cuero, gafas de marco met�lico, una cara delgada sobre un esqueleto enclenque. Nunca olvidar�a a ese presunto periodista que hab�a convertido su vida en un infierno justo cuando ella cre�a que su infierno quedaba atr�s.</p><p>Endureci� la mand�bula y se acerc� al borde del claro donde estaba Eli, con la c�mara al cuello, escribiendo r�pidamente qui�n sabe qu� basura en una de sus famosas libretas.</p><p>���Banks! -Este levant� la vista y sonri�. Miranda se par� justo frente a �l, las botas casi toc�ndose, y le cogi� la libreta de las manos. Sin mirar lo que hab�a escrito, rasg� las p�ginas y tir� la libreta al barro, despu�s de lo cual rompi� las p�ginas en peque�os trozos.</p><p>Miranda ve�a puntos rojos cada vez que pensaba en Banks. Cada vez que ve�a su pat�tico nombre en el peri�dico. Cada vez que recordaba los secretos, sus secretos, de los que �l hab�a escrito para que todos los leyeran y la compadecieran.</p><p>Eli alz� las manos y dio un paso atr�s.</p><p>��Oiga, eso que acaba de destruir es de mi propiedad. -Esa maldita sonrisa falsa nunca se le borraba de la cara.</p><p>���Qui�n ha sido el imb�cil que te ha dejado entrar? La escena del crimen tiene el acceso prohibido. -Mir� a su alrededor, molesta con el revuelo que estaba causando, pero incapaz de reprimirse. -Has llegado y has entrado como si estuvieras en casa, �eh?</p><p>Nick le toc� el codo, como pidi�ndole que lo dejara, y luego se situ� entre ella y el reportero y dijo:</p><p>��Eli, tienes que irte.</p><p>��Sheriff -replic� �ste, con un tono burl�n y condescendiente que Miranda despreciaba-, �admites que esta ma�ana el hijo del juez Parker ha encontrado el cuerpo de Rebecca Douglas?</p><p>��Sabes que no puedo admitir nada hasta que se haya identificado el cuerpo. -Nick sent�a la tensi�n junto a Miranda. Joder, �c�mo era posible que la prensa se enterara tan r�pido?</p><p>��Entonces, �han encontrado un cuerpo?</p><p>Miranda ten�a ganas de gritarle a Eli Banks, decirle que Rebecca no era un <emphasis>cuerpo</emphasis> sino una<emphasis> persona</emphasis>. Pero eso era lo que �l quer�a. Una reacci�n. Miranda se trag� la rabia y se gir� bruscamente, s�lo para encontrarse cara a cara con Quinn. �l la cogi� por el codo para que no tropezara.</p><p>Ella lo mir�, sorprendida.</p><p>��No vale la pena -murmur� Quinn.</p><p>Miranda no dijo palabra. Tampoco habr�a podido. Encontrarse tan cerca de Quinn la desconcertaba. Cuando �l la mir�, fijamente, con la familiaridad de un amante, ella no pudo evitar recordar que, hac�a mucho tiempo, ella lo hab�a amado, y que �l la hab�a amado a ella.</p><p>Al menos eso era lo que le hab�a dicho.</p><p>��Vamos -dijo finalmente, y pas� a su lado. Ahora respiraba m�s tranquila.</p><p>Nick vio que Miranda se marchaba con Quinn y se volvi� hacia Eli.</p><p>��Es mi investigaci�n, Eli -dijo -. Est�s violando la prohibici�n de pisar la escena del crimen. Har� una declaraci�n esta noche.</p><p>��Genial. Despu�s de que el peri�dico haya cerrado los titulares. Buen plan. -Sac� otra libreta de su peque�a mochila y la abri�-. �Por qu� no me ahorras el l�o de tener que escribir acerca de tu escasa cooperaci�n y me das la informaci�n que sabes que tendr�s que compartir conmigo m�s tarde?</p><p>Nick se mordi� el interior de la boca para abstenerse de decir algo que de ninguna manera querr�a ver reproducido en letra de imprenta.</p><p>��No puedo confirmar que el cuerpo de una mujer joven encontrado esta ma�ana sea, efectivamente, Rebecca Douglas. El cuerpo no ha sido identificado todav�a, y ahora esperamos la llegada del forense para un an�lisis y posterior identificaci�n.</p><p>��Pero ha sido el Carnicero, �correcto?</p><p>��El informe del forense deber�a ser concluyente para la confirmaci�n de esa posibilidad.</p><p>��Venga, Nick. Seamos francos. T� sabes que el Carnicero ten�a a Rebecca Douglas en su poder.</p><p>��No me presiones, Eli. Recuerdo que los padres de las hermanas Croft se enteraron de la muerte de sus hijas por los malditos peri�dicos.</p><p>Eli tuvo el acierto de mostrarse avergonzado.</p><p>��Vale, oficiosamente. Te juro que no escribir� nada hasta que el forense lo confirme.</p><p>��No conseguir�s nada, Eli. Ya conoces el viejo dicho. A quien te enga�a una vez� -Tres a�os antes, Nick le hab�a proporcionado un retazo de informaci�n, cuando encontraron a las hermanas Croft. Nunca volver�a a confiar en ese capullo despu�s de haber visto su declaraci�n confidencial en el peri�dico.</p><p>��Venga, Nick -insisti� Eli-. Una cita. Una cita para el peri�dico y esperar� como un ni�o bueno hasta que hagas la declaraci�n esta noche.</p><p>��Agente -dijo Nick mirando a Booker-. Saque a este hombre de mi escena del crimen.</p><p>Elijan Banks le hab�a frotado con sal cada una de sus heridas, empezando por la publicaci�n de una foto del momento en que la sub�an a un helic�ptero, doce a�os antes, despu�s de sobrevivir a duras penas de su salto al r�o Gallatin. Lo que para ella hab�a sido una experiencia aterradora, humillante y destructiva, a �l le hab�a hecho merecedor de un premio en alg�n innoble concurso period�stico. Peor a�n, la foto fue publicada en los grandes peri�dicos de todo el pa�s.</p><p>No soportaba a ese hombre. Sin embargo, a veces sospechaba que no lo detestaba porque llevara a cabo su trabajo de la manera m�s repugnante posible, sino porque con s�lo verlo le recordaba el d�a m�s horrible de su vida, que �l hab�a inmortalizado en una instant�nea.</p><empty-line/><p><emphasis>El sol se hab�a puesto tras las cumbres del Gallatin.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda estaba entumecida, pero la repentina zambullida en esas aguas heladas le record� que ten�a fr�o. Mucho fr�o.</emphasis></p><p><emphasis>Sharon estaba muerta. �l le hab�a disparado en la espalda. Y ahora iba tras ella.</emphasis></p><p><emphasis>�Corre, Miranda, corre!</emphasis></p><p><emphasis>Rod� monte abajo hasta que pudo cogerse de un peque�o �rbol. El r�o estaba ahora m�s cerca. El ruido de los r�pidos se percib�a como un zumbido ininterrumpido que dejaba un eco en el flanco de la quebrada.</emphasis></p><p><emphasis>�D�nde estaba �l? �Estaba cerca? �La ten�a en la mira de su rifle?</emphasis></p><p><emphasis>No se atrev�a a mirar atr�s. Si lo ve�a, tem�a quedarse paralizada, como un ciervo encandilado por los faros de un coche. Y a �l no le importar�a que se detuviera. La matar�a y dejar�a su cuerpo all� tirado para que se lo comieran las bestias carro�eras, picoteada por buitres, carne de pumas�</emphasis></p><p><emphasis>�No! �Basta!</emphasis></p><p><emphasis>Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>No quer�a dejar atr�s a Sharon, pero Sharon estaba muerta, y el asesino la habr�a matado tambi�n a ella si se hubiera quedado a su lado.</emphasis></p><p><emphasis>Cuando le quit� las cadenas que la manten�an clavada al suelo, pens� que sin duda la matar�a. Estaba muy d�bil. �l les tra�a agua y pan duro para comer, las alimentaba despu�s de violarlas. Primero a Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>Luego a ella.</emphasis></p><p><emphasis>�Basta!</emphasis></p><p><emphasis>Pero no pod�a parar. El c�mulo de im�genes la persegu�a mientras corr�a, tropezando en su carrera monte abajo, siguiendo la llamada del r�o.</emphasis></p><p><emphasis>Si sobreviv�a, volver�a a donde estaba Sharon. Ten�a que volver. No pod�a abandonarla a la intemperie, en medio del bosque. Sharon se merec�a m�s que eso.</emphasis></p><p><emphasis>Era su mejor amiga.</emphasis></p><p><emphasis>De pronto, la pendiente se hizo m�s pronunciada. Miranda intent� parar, pero el impulso que llevaba la empuj� hacia delante. Cay� de rodillas y comenz� a rodar. El r�o y la humedad, el rugido del agua. Y luego empez� a caer� y caer�</emphasis></p><p><emphasis>Fue una pura cuesti�n de suerte que acabara en el agua y no sobre las rocas. Sent�a fr�o mientras corr�a monta�a abajo. Nada la hab�a preparado para el agua helada del r�o. Toc� las rocas y el fondo arenoso.</emphasis></p><p><emphasis>Estaba a punto de ahogarse.</emphasis></p><p><emphasis>Despu�s de todo lo que hab�a vivido, iba a ahogarse en el r�o, el r�o que, seg�n le hab�a dicho a Sharon, deb�a llevarlas a la salvaci�n.</emphasis></p><p><emphasis>Haciendo acopio de las fuerzas que le quedaban, se impuls� hacia arriba desde el fondo y la corriente la lanz� violentamente hacia delante, como a una mu�eca de trapo.</emphasis></p><p><emphasis>Alcanz� la superficie, busc� aire. Se dej� flotar, dejando que el agua la transportara corriente abajo, luchando para evitar que la engulleran los violentos r�pidos.</emphasis></p><p><emphasis>Ac�rcate a la orilla. Te bastar� con llegar a la orilla opuesta, lejos de �l, y asirte a algo. A cualquier cosa.</emphasis></p><p><emphasis>Un recodo del r�o le dio una oportunidad. Se cogi� de las ra�ces de unos �rboles que le ara�aron la cara. Sus manos resbalaron, y las ra�ces quedaron atr�s.</emphasis></p><p><emphasis>Estaba tan d�bil. Quiz� morir ah� ser�a lo mejor. No quer�a recordar. �Cu�nto tiempo las hab�a tenido cautivas? Al menos seis d�as. �Siete? �Ocho? Hab�a perdido la noci�n del tiempo, de los d�as y las noches.</emphasis></p><p><emphasis>�Qui�n los llevar�a hasta donde Sharon?</emphasis></p><p><emphasis>Choc� contra una roca y grit� de dolor, pero enseguida se percat� de que ya no se mov�a. La corriente segu�a queriendo empujarla, llev�rsela r�o abajo. Pero ella se cogi� con fuerza de la roca y, finalmente, pudo ver d�nde estaba.</emphasis></p><p><emphasis>A un metro a su izquierda vio un �lamo ca�do con una parte del tronco en el agua. Las ramas actuaban como recogedores de deshechos y convert�an la orilla en un dique natural.</emphasis></p><p><emphasis>A un metro de la orilla.</emphasis></p><p><emphasis>Hab�a corrido kil�metros por el bosque, bajando el monte y la hab�a arrastrado el r�o. Ahora pod�a moverse un metro m�s.</emphasis></p><p><emphasis>Ten�a que hacerlo. Por Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda respir� hondo y reuni� sus fuerzas. Se inclin� hacia el dique. Uno, dos.</emphasis></p><p><emphasis>Tres.</emphasis></p><p><emphasis>Patale� y ahog� el grito que quiso escapar de su garganta al creer que hab�a perdido el asidero en las ramas.</emphasis></p><p><emphasis>Lo consigui�. Choc� contra el dique y no lo solt�. Lentamente, sali� del r�o. Tan lentamente que cre�a que morir�a de hipotermia. En la luz muriente del d�a ten�a la piel de color azul. Quiz�s era azul.</emphasis></p><p><emphasis>No supo cu�nto tard� en salir del agua.</emphasis></p><p><emphasis>Dos horas despu�s, la encontr� el equipo de rescate.</emphasis></p><empty-line/><p>Miranda se sec� la cara humedecida por las l�grimas, recrimin�ndose por dejar que le afectara la fr�vola actitud del reportero, por hacerla recordar el d�a en que ella vivi� y Sharon muri�.</p><p>��Miranda, �quieres hablar? -le pregunt� Quinn.</p><p>Casi hab�a olvidado que le segu�a los pasos.</p><p>��No.</p><p>Por Rebecca, Miranda estaba dispuesta a soportar la compa��a de Quinn. Los muertos se merec�an justicia y, por mucho que le pesara, ten�a que reconocer que Quinn era un tipo muy eficiente en su trabajo.</p><p>���Te encuentras bien? -le pregunt�, con tono preocupado.</p><p>��Estoy bien. -Miranda tuvo que recordarse que a �l no le importaba.</p><p>Hubo un tiempo en que s� le importaba. Al menos eso cre�a ella.</p><p>No recordaba en qu� momento el respeto y el aprecio que le ten�a por su actitud decidida se convirtieron en sentimiento amoroso. No hab�a sucedido de la noche a la ma�ana.</p><p>�l la escuchaba sin tratar de tranquilizarla. Al contrario, la estimulaba y, a pesar de que pasaban los d�as sin que dieran con el asesino de Sharon, Miranda ten�a la sensaci�n de haber logrado algo.</p><p>Tuvo que pasar un mes despu�s de que retiraran a Quinn de la investigaci�n por falta de pistas y sin que �l pudiera hacer nada m�s, para que Miranda empezara a sospechar que albergaba sentimientos rom�nticos hacia el agente del FBI. En realidad, no se hab�a dado cuenta de que lo a�oraba hasta que �l apareci� por la hoster�a. Era un s�bado por la ma�ana y hab�an pasado tres meses desde el secuestro.</p><p><emphasis>��Hola.</emphasis></p><p><emphasis>Nada la habr�a sorprendido m�s que ver a Quinn Peterson entrar en el sal�n donde estaba ella sentada a solas, mirando por la ventana hacia el gigantesco ca��n m�s abajo.</emphasis></p><p><emphasis>��Agente Peterson� quiero decir, Quinn. No sab�a que vendr�as � dijo, y el coraz�n le lat�a con fuerza-. �Ten�is informaci�n? �Lo hab�is encontrado?</emphasis></p><p><emphasis>�l neg� con la cabeza.</emphasis></p><p><emphasis>��No hay nada nuevo. No ten�amos gran cosa con que trabajar.</emphasis></p><p><emphasis>��Lo s�. S�lo que esperaba� -dijo Miranda, y suspir�-. Y, entonces, �por qu� has venido?</emphasis></p><p><emphasis>�l no paraba de moverse, y parec�a menos seguro de lo habitual.</emphasis></p><p><emphasis>��Quer�a� quer�a verte a ti.</emphasis></p><p><emphasis>A ella se le aceler� el coraz�n. Pam-pam. Pam-pam. Le martilleaba en los o�dos, y Miranda estaba segura de que le hab�a entendido mal.</emphasis></p><p><emphasis>���A m�?</emphasis></p><p><emphasis>��No he parado de pensar en ti.</emphasis></p><p><emphasis>��Oh. -Aquello sonaba como una estupidez.</emphasis></p><p><emphasis>��S� que esto es inapropiado. S�lo dime que me vaya y no volver� a molestarte.</emphasis></p><p><emphasis>No quiero que te vayas.</emphasis></p><p><emphasis>No sab�a qu� hac�a, pero en ese momento tuvo la certeza de que si el agente Peterson sal�a de su vida lo lamentar�a para siempre.</emphasis></p><p><emphasis>��No quiero presionarte, Miranda. -Se sent� frente a ella e hizo adem�n de cogerle la mano, pero no la cogi�.</emphasis></p><p><emphasis>��No te tengo miedo -dijo ella, mirando su mano. Quiz�s estuviera asustada. S�lo un poco.</emphasis></p><p><emphasis>Y </emphasis><emphasis>entonces lo mir� a los ojos y vio empat�a, preocupaci�n y afecto, pero no vio compasi�n.</emphasis></p><p><emphasis>Compasi�n, nunca. Ella le cogi� la mano y se la apret�. </emphasis></p><p><emphasis>��Iremos</emphasis><emphasis/><emphasis>poco a</emphasis><emphasis/><emphasis>poco. </emphasis></p><p><emphasis>��De acuerdo.</emphasis></p><p><emphasis>Por primera vez desde el secuestro, Miranda tuvo la sensaci�n de que se pondr�a bien. Con el tiempo, lo conseguir�a.</emphasis></p><p>Y lo hab�a conseguido, a pesar de Quinn Peterson.</p><p>Ahora deb�a concentrarse en lo importante, seguir los �ltimos pasos de Rebecca Douglas. Su pasado con Quinn Peterson era precisamente eso, pasado.</p><p>La tarea exig�a observar a su alrededor en busca de ramas o plantas quebradas recientemente, jirones de ropa, cualquier cosa que ayudara a recrear la huida de Rebecca. Cualquier cosa que los llevara hasta el hombre que la hab�a cazado como un animal para luego degollarla.</p><p>Aunque debido a la lluvia de la noche anterior y al terreno escarpado, casi se daba por sentado que aquel d�a no tendr�an �xito la esperanza era algo que Miranda nunca perd�a. Gracias a la esperanza pod�a seguir, d�a a d�a, a�o tras a�o, cada vez que se produc�a un secuestro o un asesinato. La esperanza de que encontrar�an al Carnicero y de que, al final, triunfar�a la justicia.</p><p>Si perd�a la esperanza, tambi�n perder�a el juicio. Entonces Quinn sacudir�a la cabeza con gesto de suficiencia y dir�a:</p><p>��Ten�a raz�n.</p><p>��Yo ir� por la izquierda -avis� Miranda, libr�ndose de sus cavilaciones-. T� ve por ah�. -Se�al� el lado opuesto del estrecho sendero.</p><p>��Para -orden� �l.</p><p>Ella se volvi� a mirarlo. Hab�an recorrido un trecho bastante largo del monte, y ya no hab�a nadie cerca; las voces se perd�an a sus espaldas.</p><p>Maldita sea, qu� guapo era con su pelo trigue�o y su mand�bula fuerte y angulosa. Hasta la curvatura ligeramente torcida de su nariz era sexy. Pero no iba a dejar que su atractivo f�sico torciera su decisi�n.</p><p>���Qu�? -pregunt�, con los dientes apretados.</p><p>��T� no das las �rdenes, Miranda. Yo estoy aqu�, se supone que oficialmente, para ayudar al sheriff en su investigaci�n. No puedo permitir que empieces a dar �rdenes.</p><p>��A ver si aclaramos una cosa, agente Peterson -dijo ella, con rostro inexpresivo -. Puede que seas el gran agente federal que ha venido a salvar a los imb�ciles del campo, pero no cometas el error de pensar que aqu� tienes alg�n poder real. Yo he vivido y trabajado aqu�, y aqu� tengo mi hogar. Esta gente de aqu� me obedece a m�. Conf�an en m�. No me eches encima tu rango porque convertir�s tu vida en un infierno.</p><p>Una expresi�n de rabia le cruz� el rostro y apareci� aquel tic familiar en su mand�bula. Pero Miranda vio en sus ojos que �l sab�a que ten�a raz�n. Bien. Iba a volver al rastreo cuando una mano la cogi� y la hizo girarse.</p><p>Ella lo oblig� a soltarla con un movimiento del brazo.</p><p>��No me toques -dijo, con la voz enronquecida. El coraz�n le lat�a demasiado fuerte. Recordaba c�mo era tocarse con Quinn. Sus caricias atrevidas y sus largos besos. Se sent�a arder con el recuerdo de lo explosivos que eran cuando estaban juntos. De cu�nto lo hab�a amado. De c�mo �l hizo a�icos su confianza, su esperanza y su coraz�n.</p><p>Tard� mucho tiempo en dejar que alguien la tocara. Volvi� a sentirse c�moda con el contacto f�sico pero, aunque hubieran pasado doce a�os, si alguien la tocaba cuando no se lo esperaba, su miedo era palpable.</p><p>Odiaba al Carnicero, que le hab�a robado tantas cosas.</p><p>Quinn la mir� con cara de sorprendido y retrocedi� un paso.</p><p>��No hagas amenazas que no est�s dispuesta a cumplir -dijo, y su tono de voz se parec�a al de ella-. No te pelear�s conmigo, porque deseas que se haga justicia tanto como yo. Quiz�s incluso m�s.</p><p>Se quedaron mir�ndose. Ella detestaba su manera de escudri�arla con su mirada inteligente, como si pudiera leerle el pensamiento, ver directamente en su alma herida. Se enderez� y no rehuy� la mirada.</p><p>��Como profesional de la b�squeda y rescate, tu ayuda es muy valiosa -sigui� �l-, por ahora. Pero si creo, aunque no sea m�s que por un momento, que tu comportamiento no es profesional o que podr�a poner en peligro esta investigaci�n, pedir� que te releven.</p><p>A Miranda le tembl� la mand�bula. Ard�a de ganas de responder pero se dio media vuelta para controlar su agitaci�n. No era su amenaza lo que la molestaba sino, m�s bien, el hecho de que �l siguiera pensando que ella se derrumbar�a. Durante a�os, Miranda hab�a experimentado ese mismo miedo casi paralizante en el momento de despertarse. Tuvo una imagen de s� misma desmoron�ndose cada noche cuando cerraba los ojos.</p><p>Pero persever�. Hab�a vivido diez a�os sin hundirse bajo el peso de sus miedos. No pod�a dejar que las dudas de Quinn debilitaran su determinaci�n.</p><p>Miranda quer�a compartir sus luchas, pero tem�a que �l utilizara sus confidencias como excusa para apartarla de la investigaci�n. El hab�a utilizado en su contra todo lo que le hab�a contado antes de lo sucedido en Quantico, todos sus miedos e inseguridades, y se hab�a visto obligado a expulsarla de la Academia por su necesidad imperiosa de querer hacer justicia. Miranda hab�a aprendido la lecci�n. No le dar�a a Quinn m�s argumentos que pudiera utilizar en su contra m�s tarde.</p><p>Prefiri� guardar silencio. No se hab�a venido abajo hace doce a�os y no ten�a intenci�n de venirse abajo ahora.</p><p>��De acuerdo, agente Peterson -dijo, con voz neutra. Se alej� por el sendero, concentrada en el suelo y en la vegetaci�n, concentrada en Rebecca. Oy� que Quinn le segu�a los pasos por la derecha. Lo oy� farfullar algo pero no lo entendi�.</p><p>Ojal� se haya mosqueado, pens�.</p><p>Avanzaron con cuidado. Miranda llevaba el mapa. S�lo hablaban para se�alar alguna prueba potencial, y Quinn fotografiaba y etiquetaba cualquier cosa que fuera remotamente relevante.</p><p>A casi un kil�metro de donde hab�an encontrado a Rebecca, Quinn se�al� cuatro huellas profundas en el lodo.</p><p>��Aqu� se debi� caer -dijo, y tom� una foto del lugar.</p><p>Miranda mir� las huellas e imagin� a Rebecca desnuda, temblando de fr�o y p�nico. Y de esperanza. Porque sin esperanza, no habr�a intentado escapar.</p><p>Miranda cerr� los ojos. Si estuviera sola en ese momento, habr�a retrocedido en el tiempo y recordado las veces que se cay� ella. Cada vez se dec�a que no pod�a seguir. Cada vez volv�a a levantarse porque ten�a la esperanza de salvarse.</p><p>��Miranda -dijo Quinn, con voz queda.</p><p>Abri� los ojos enseguida. De todas las personas imaginables, Quinn no deb�a ser testigo de c�mo ella reviv�a el pasado. Sab�a demasiadas cosas acerca de ella, de lo que hab�a vivido. Con el tiempo, lleg� a creer que por eso la hab�a expulsado de la Academia. Quinn tem�a que perdiera la chaveta en medio de una operaci�n y pusiera en peligro al equipo y a s� misma, si de pronto se quedaba atrapada en una de sus pesadillas.</p><p>Ten�a que guardarse sus temores.</p><p>��Estaba lloviendo -sigui� Miranda, antes de que Quinn interrumpiera su reflexi�n-, y �l ten�a que seguirla por detr�s. El ruido de la tormenta le dificultar�a o�rla, as� que no se alejar�a mucho de ella. -A diferencia de cuando las persegu�a a Sharon y a ella, pens�. En esa ocasi�n �l corr�a en una trayectoria paralela a la suya.</p><p>��Es probable que tengas raz�n -dijo Quinn, mir�ndola con una expresi�n rara.</p><p>Ella no quiso ver en esa expresi�n nada bueno ni malo, y volvi� su atenci�n al mapa. Traz� una peque�a marca roja ah� donde Rebecca hab�a ca�do.</p><p>��Mira este terreno -dijo, y se notaba excitada, a pesar de la presencia de Quinn.</p><p>Quinn mir� por encima de su hombro y ella trat� de no respirar junto a ese olor demasiado masculino que todav�a le era familiar.</p><p>���Este punto? Esto es una monta�a.</p><p>��S�, pero aqu� -dijo ella, se�alando-, hay un claro. Esta zona fue talada hace muchos a�os, pero volvieron a plantar. Har� unos ocho o diez a�os. Estos �rboles todav�a son peque�os. Este sendero desemboca en el claro, as� que creo que ven�a desde aqu�. Pero dio vueltas y vueltas y no corri� en l�nea recta. Estaba demasiado asustada, y no pensaba con claridad. -Sacudi� la cabeza, queriendo librarse mentalmente del miedo de Rebecca-. Pero nosotros podemos coger un atajo y llegar al claro en menos de treinta minutos.</p><p>��No -dijo Quinn, sacudiendo la cabeza-. Nos quedamos en el camino que sigui� Rebecca. Estamos buscando pruebas.</p><p>Ella apret� los pu�os, frustrada, y se gir� para encararlo.</p><p>��Podemos volver por el camino que tom� ella, pero estoy convencida de que cruz� el claro. Por eso �l sab�a d�nde estaba. Con la lluvia y la escasa visibilidad, no pod�a arriesgarse a darle demasiada ventaja. Y el terreno habr�a sido m�s un obst�culo para ella que para �l, puesto que iba descalza.</p><p>La emoci�n de Miranda iba en aumento a medida que todo se aclaraba en su cabeza.</p><p>��No corri� mucho rato. No pod�a. �l no se habr�a arriesgado a ello, porque estaba oscureciendo y la lluvia arreciaba. Lo cual significa que la barraca est� cerca. �Tiene que estar cerca!</p><p>Quinn se la qued� mirando un rato largo. �Acaso se mostrar�a contrario a su hip�tesis? Miranda no pod�a creerlo. Conoc�a esas tierras como la palma de su mano; sab�a c�mo pensaba el Carnicero. Sab�a que viv�a para la caza m�s que para la violaci�n. Sin embargo, a ninguna de ellas les hab�a dado una gran ventaja. Dos minutos. Les hab�a dicho a Sharon y a ella. Dos minutos, y se convirtieron en presas a abatir.</p><p>Estaba a punto de exigirle a Quinn que demostrara que su plan era mejor. Confiaba en su propia experiencia y formaci�n para fundamentar su punto de vista. Y �l dijo:</p><p>��De acuerdo.</p><p>Antes de que cambiara de parecer, ella sonri�.</p><p>��S�gueme -dijo. Se apart� del estrecho sendero y cort� a trav�s de �rboles y malezas.</p><p>Por experiencia, Quinn sab�a que era probable que Miranda tuviera raz�n. Era un razonamiento v�lido y confirmaba que, al menos en lo que se refer�a a la b�squeda, ella ser�a m�s una ayuda que un estorbo.</p><p>El aire estaba m�s fr�o, h�medo y oscuro en medio del bosque. El olor a humedad que manaba de la tierra despu�s de la tormenta hizo pensar a Quinn en la vida y la muerte, como si el bosque hubiera renacido, lavado por la lluvia.</p><p>Si encontraban la caba�a donde el Carnicero hab�a encerrado a Rebecca, puede que encontraran pistas que los condujeran hasta �l. Durante a�os hab�a sido muy escurridizo; no se pod�a deducir que siguiera un patr�n en sus secuestros, pero s� que actuaba en primavera. Abril, mayo y junio.</p><p>Doce a�os antes no hab�an detectado un patr�n de comportamiento. Cuando Miranda y Sharon fueron raptadas, el mes del a�o no tuvo una relevancia especial. Sin embargo, en su investigaci�n del secuestro de las hermanas Denver, la compa�era de Quinn, Colleen Thorne, se dio cuenta de que el dato de que actuaba en la primavera era evidente. Todas las v�ctimas del Carnicero hab�an desaparecido en primavera.</p><p>Hab�an consultado con Hans Vigo, el principal experto del FBI en perfiles psicol�gicos, y �ste declar� que la estaci�n ten�a una importancia especial para el asesino, o que algo en su trabajo o vida personal le imped�a matar el resto del a�o.</p><p>Quiz� fuera simplemente una cuesti�n de conveniencia. La temporada de caza en Montana se abr�a sobre todo en los meses de oto�o. En primavera ser�a menos probable un encuentro accidental con alguien porque los cazadores autorizados no sal�an en busca de presas. Sin embargo, la clave de la psicolog�a de este asesino en concreto, dijo Vigo, era que necesitaba ejercer un control total. Cuando Quinn pregunt� por qu� renunciaba a ese control dando a las v�ctimas tiempo para escapar, Vigo le record� que las mujeres no controlaban en absoluto su situaci�n. Estaban desnudas, heridas, debilitadas por una dieta a base de pan y agua, y la ventaja de dos minutos no era m�s que una treta. Pod�a alcanzarlas con facilidad, guardando una distancia suficiente para que la v�ctima pensara que pod�a escapar y, cuando se cansaba de la cacer�a, entraba a matar.</p><p><emphasis>��Es el �nico aspecto de la vida que puede controlar -sentenci� Vigo-. Recordadlo. Cuando lo encontr�is, ver�is que no controla en absoluto su vida ni su trabajo.</emphasis></p><p>Eso quer�a decir que de peque�o el asesino habr�a estado sometido a un padre o madre dominante y maltratador. Los malos tratos eran a la vez f�sicos y mentales, y si �l se resist�a, el castigo por su desobediencia era severo. Era probable que en alg�n momento de la infancia lo hubieran encerrado, quiz�s en un cuarto peque�o, o que lo hubieran maniatado.</p><p>Tendr�a un empleo donde no mantendr�a demasiado contacto con las personas. Superficialmente, funcionar�a con normalidad y no habr�a se�ales del severo trastorno que sufr�a, pero no le ir�a bien en situaciones en que tuviera que estar en contacto constante con personas.</p><p>El Carnicero no controlar�a demasiado la orientaci�n de su profesi�n, pero eso ser�a sobre todo culpa suya. Se ver�a relegado a trabajos de menor categor�a debido a su incapacidad para relacionarse con las personas en un contexto cotidiano. Quiz� tuviera una tarea repetitiva, en una f�brica, donde se repet�an las tareas, lo cual le provocar�a una gran frustraci�n, puesto que aquel hombre pose�a una inteligencia superior a la media. Era posible que trabajara al aire libre, por ejemplo, en la construcci�n, movi�ndose de obra en obra sin establecer v�nculos estrechos con los compa�eros de trabajo.</p><p>Nunca hab�an encontrado un sospechoso. Cada vez que desaparec�a una estudiante de la Universidad de Montana State, interrogaban a sus novios, ex novios y profesores de facultad, para luego descartarlos como sospechosos. El asesino era un hombre dotado de una fuerza f�sica superior a la normal, una gran paciencia y un conocimiento exhaustivo del territorio entre Bozeman y la frontera norte del Parque Nacional de Yellowstone. Sab�a d�nde se encontraba cada caba�a en el bosque, cada barraca abandonada, todos los lugares donde podr�a tener cautivas a una o dos mujeres durante una semana para torturarlas y violarlas cuando le viniera en gana.</p><p>Ninguno de los hombres que hab�an interrogado mostraban ese perfil.</p><p>Quinn admiraba a Miranda por su manera de procesar mentalmente la informaci�n. Y, desde luego, nunca hab�a dudado de su inteligencia. Lo suyo era una combinaci�n de sentido com�n, conocimientos e intuici�n que, la mayor�a de las veces, la orientaba en la direcci�n correcta.</p><p>Se mordi� la lengua. No quer�a reconocer que a�n sent�a algo por Miranda. Joder, si pensaba en ella sin parar. En sus momentos m�s flojos, entre la medianoche y el amanecer, era cuando su decisi�n de no pensar en ella flaqueaba y entonces la recordaba como era, su sabor, c�mo le sonre�a cuando �l la estrechaba.</p><p>No sab�a cu�ndo se hab�a enamorado de ella. Cuando la visit� aquel primer s�bado despu�s de que la investigaci�n sobre el Carnicero se suspendiera por falta de pruebas, sab�a que volver�a a Montana cada vez que tuviera un momento libre. Pasaba con ella al menos un fin de semana al mes. No la presionaba, no pod�a hacerlo, pero juntos tejieron un v�nculo que �l jam�s hab�a so�ado encontrar.</p><p>Incluso ahora, diez a�os m�s tarde, se daba cuenta de que nunca hab�a cortado lo que los un�a. Todav�a se sent�a atra�do por Miranda. �Por qu� la hab�a recomendado a la Academia, de entrada? Si le hubiera aconsejado que esperara, que se diera un tiempo para definir sus opciones profesionales, que pensara en lo que quer�a de verdad, todo lo que vino despu�s se podr�a haber evitado.</p><p>Y quiz� todav�a estar�an juntos.</p><p>Hab�a cre�do durante mucho tiempo que ella volver�a a �l. Su amor, pensaba, era indestructible.</p><p>Se equivocaba. Ella nunca lo busc�, ni quiso escuchar sus motivos y, en cambio, hab�a acudido a Nick.</p><p>Quinn decidi� no pensar en sus frustraciones. No ten�a sentido pensar en lo �que-habr�a-pasado-si�� Hab�a tomado la decisi�n m�s dif�cil de su vida, hac�a diez a�os y ahora ten�a que vivir con las consecuencias.</p><p>Dej� que Miranda abriera la marcha. Aunque le costara reconocerlo, se sent�a un poco inc�modo con el hecho de no ver el cielo. Estaban rodeados por sombras y resultaba dif�cil saber en qu� direcci�n iban. �l estaba casi seguro de que avanzaban en direcci�n noreste. Pero ese �casi� pod�a hacer que se perdieran.</p><p>Ten�a que confiar en que Miranda sabr�a c�mo sacarlo de aquel laberinto.</p><p>Pasaron cuarenta minutos, y Quinn estaba a punto de volver sobre sus pasos cuando, de pronto, llegaron a un claro inundado por la luz del sol, lo cual era alentador.</p><p>Hasta donde llegaba la vista, crec�an los pinos ponderosa, de diez a quince metros de altura, a intervalos regulares. La excitaci�n de Miranda era palpable.</p><p>��S�gueme -dijo, con gesto de impaciencia-. Encontremos el lugar donde desemboca el sendero y regresemos.</p><p>Siguieron por los bordes del claro y encontraron el sendero a unos cincuenta metros.</p><p>Quinn se inclin� para examinar unas huellas profundas en la tierra. La marca alargada en el suelo indicaba que Rebecca se hab�a ca�do de rodillas. Un peque�o �rbol hab�a quedado doblado. �Habr�a conseguido incorporarse?</p><p>Ahora Quinn sab�a que el asesino hab�a pasado por ah�. El bosque era demasiado espeso para seguir a su v�ctima, a menos que hubiera seguido por el mismo sendero que ella. Tom� fotos de las pruebas y luego alz� la mirada.</p><p>Miranda hab�a desaparecido.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359147">Cap�tulo 7</p></title><p>A Quinn se le erizaron los pelos de la nuca. �D�nde estaba Miranda?</p><p>La llam�. Se incorpor� y la busc� con la mirada, mientras desenfundaba su Sig Sauer, preparado para lo que pudiera ocurrir.</p><p>�Habr�a vuelto el asesino? �A observar la marcha de la investigaci�n? Sinti� que el coraz�n se le aceleraba. Si ese cabr�n llegaba a tocarla� Hizo un esfuerzo por calmar sus emociones y se concentr� en buscar a Miranda. Estaba preparado para llamar pidiendo refuerzos.</p><p>���Miranda! -volvi� a llamar, m�s fuerte. Era una orden para que respondiera.</p><p>��Aqu�. -La voz sonaba lejos. La vio de pronto, a unos noventa metros m�s abajo, en medio del claro.</p><p>Suspir�, aliviado. Tenerla controlada parec�a una tarea imposible. Esperaba que Nick supiera lo que hac�a al contar con ella.</p><p>Miranda esper� a que llegara.</p><p>��No te vayas sola por ah� -dijo �l, seco.</p><p>Ella no le hizo caso y se�al�:</p><p>��Mira esto.</p><p>Quinn mir� al suelo. Medio oculto en el lodo asomaba un casquillo de bala dorado.</p><p>Quinn tom� una foto del casquillo, se inclin� y, con la mano enguantada, lo meti� en una bolsa de pl�stico.</p><p>Era un hallazgo incre�ble. S�lo hab�a dos casquillos recuperados que se pod�an identificar positivamente como del Carnicero, el los recog�a despu�s de disparar o los equipos de b�squeda no consegu�an verlos en medio del bosque. Los casquillos no ten�an huellas dactilares, por lo que era probable que cargara el rifle con los guantes puestos, si bien siempre exist�a la esperanza de que el asesino cometiera un error.</p><p>Era un rifle de calibre 270. Por desgracia, era un arma muy com�n utilizada para cazar todo tipo de animales, de modo que s�lo les servir�a si ten�an un sospechoso y contaban con una autorizaci�n para inspeccionar sus armas. Un experto en bal�stica pod�a determinar, a partir de los casquillos y las balas, si se hab�a utilizado un arma en concreto. Encontrar esa arma era como la proverbial aguja en el pajar. Se pod�a decir que en los territorios de Montana casi todos los varones mayores de catorce a�os eran due�os de un arma como �sa.</p><p>Las pruebas que recogieran no les servir�an de nada hasta que dieran con un sospechoso, pero algo era mejor que nada.</p><p>��Casi consigui� salvarse -dijo Miranda, con voz temblorosa.</p><p>Quinn esperaba ver l�grimas o dolor en los ojos de Miranda, pero lo que vio, en cambio, fue rabia. Una rabia viva, palpable, sus ojos azul oscuro mirando m�s all� de �l hacia donde Rebecca hab�a muerto.</p><p>�l se incorpor� lentamente y mir� hacia la estrecha abertura en el sendero donde hab�a tropezado Rebecca.</p><p>��Le dispar� desde aqu� -dijo Quinn, aunque no fuera necesario.</p><p>��Porque ella iba a desaparecer en la maleza -dijo Miranda, asintiendo-. Sab�a que el camino est� a s�lo unos kil�metros. Dispar�, aunque no fuera lo ideal.</p><p>Miranda pase� lentamente la mirada alrededor, observando atentamente la escena.</p><p>Al final lo mir� con una expresi�n rara, una combinaci�n de alivio y miedo. Trag� saliva, y la mirada desapareci�. Todo volv�a a estar bajo control.</p><p>��Tienes raz�n -dijo, con voz cortante.</p><p>Quinn llam� a Nick para informarle de lo que hab�an descubierto-</p><p>��Son casi las cinco, Quinn -dijo Nick por el walkie-talkie-. Para cuando llegue un equipo a ese lugar estar� oscuro. No podemos llevar luces lo bastante potentes hasta all� arriba. M�rcalo. Volveremos a primera hora de la ma�ana.</p><p>���Maldita sea! -exclam� Miranda, tir�ndose de la coleta para expresar su frustraci�n.</p><p>��Tiene raz�n -dijo Quinn.</p><p>��Lo s� -reconoci� ella, y se apoy� en un �rbol. Suspir� y su voz se hizo m�s pausada.</p><p>��Eso no quita que el retraso sea igual de frustrante.</p><p>Ten�an varias balas, todas extra�das de las v�ctimas del Carnicero. Quinn no esperaba que en este caso las balas perdidas revelaran gran cosa, excepto que hab�a una relaci�n entre el asesinato de Rebecca y los dem�s.</p><p>��Disponemos de una hora antes de tener que volver -dijo Quinn-. Echemos una mirada por los alrededores.</p><p>En un silencio roto s�lo por el graznido de las aves y las carrerillas de peque�os animales, o por la de un ciervo asustado al ser sorprendido pastando, siguieron la huella del asesino. El claro se extend�a a lo largo de varios kil�metros, y eran casi las cinco y media cuando Quinn dijo:</p><p>��Tenemos que volver.</p><p>��Diez minutos m�s -dijo Miranda, sin parar, y sin dejar de barrer el suelo con la mirada.</p><p>��Miranda, ma�ana.</p><p>��Pero�</p><p>��No -dijo Quinn. Iba a cogerla por el brazo, pero se detuvo, recordando el temor en su mirada cuando antes la hab�a sorprendido, un temor que disimul� r�pidamente.</p><p>Era evidente que Miranda no quer�a nada con �l. Ni serv�a de nada intentar reavivar el fuego de anta�o.</p><p>Ella se gir� para mirarlo y, por su expresi�n, se notaba que se debat�a entre discutir u obedecer. Quinn ocult� una sonrisa. Apreciaba la pasi�n que Miranda pon�a en su trabajo.</p><p>Antes de que ella pudiera decir nada, �l estir� el brazo, le apoy� la mano en el hombro y se lo apret�. Ella no lo esquiv�. El contacto era agradable.</p><p>��Miranda, la frustraci�n que siento se parece mucho a la tuya. Hay pruebas aqu� que bien podr�an llevarnos hasta el asesino de Rebecca. Pero no nos servir� de nada buscar en la oscuridad si no podemos ver las pistas. Ma�ana por la ma�ana volveremos y empezaremos por aqu�. El equipo de bal�stica buscar� la bala, y habr� m�s gente concentrada en la b�squeda.</p><p>��Estamos cerca -murmur� ella-. Puedo sentirlo.</p><p>Quinn no dijo palabra, y Miranda se pregunt� si acaso pensaba que estaba loca. A veces, cuando estaba sola y se sent�a impotente, dudaba de su cordura. Cada d�a que pasaba, pensaba en las chicas desaparecidas. Y en �l.</p><p>En el Carnicero.</p><p>Puede que hubiera escapado viva, pero �l le hab�a robado su vida.</p><p>��Tienes raz�n -dijo, con desgana-. Volvamos.</p><p>Quinn dej� caer su mano y ella sinti� fr�o, como si hubiera perdido una conexi�n importante. Frunci� el ce�o. Llevaba mucho tiempo viviendo sola. Cualquier contacto f�sico humano, incluso un gesto tan inocuo como una palmadita en el hombro, la confund�a.</p><p>Sobre todo viniendo de Quinn.</p><p>Abri� la marcha hasta el monte, agradecida de no tener que seguir mirando a Quinn. Verlo de nuevo significaba hurgar en demasiados sentimientos encontrados, demasiados pensamientos que hab�a enterrado durante esos diez a�os desde que �l la traicionara y le arrebatara lo que m�s le importaba.</p><p>No su carrera, sino su confianza.</p><p>Miranda estaba despierta a medianoche, sola, f�sicamente abatida y agotada. Hab�a llegado a duras penas hasta su caba�a despu�s de haber comido una cena frugal, no porque tuviera hambre, sino para complacer a su padre, y puso al m�ximo la temperatura y las burbujas de su ba�era. Entr� con cautela porque el agua casi la quemaba de lo caliente que estaba. Cuando acostumbr� un pie a la temperatura, meti� el otro. Al cabo de cinco minutos, se reclin� contra el respaldo de la ba�era y tom� un trago de vino.</p><p>No pod�a dejar de pensar en Quinn.</p><p>��Vete -le murmur� al vac�o.</p><p>Hubo un tiempo en que ella contaba los d�as que faltaban para su pr�xima visita. Escuchaba su voz por tel�fono y sent�a como un aleteo de mariposas en el vientre que la hac�a sonre�r.</p><p>Cuando �l empez� a visitarla regularmente tras cerrarse la investigaci�n sobre el Carnicero por falta de pruebas, ella no sab�a qu� pensar ni sentir, ni c�mo reaccionar. Quinn le agradaba, le gustaba mucho, pero Miranda tem�a que en el fondo nunca ser�a capaz de amar a un hombre, nunca dejar�a que un hombre la tocara �ntimamente. Estaba herida, ten�a el cuerpo tan permanentemente marcado que la cirug�a no pod�a remediarlo todo. Nunca ser�a una mujer normal, ni por dentro ni por fuera.</p><p>Con Quinn, se sent�a como una princesa.</p><p>Daban largos paseos y �l le tomaba la mano.</p><p>Hablaban durante horas de cualquier cosa, de la familia de �l, de su carrera, sus sue�os. De la familia de ella, de su pasado, de lo que esperaba del futuro. Y hablaban tambi�n del Carnicero.</p><p>Un d�a Miranda sinti� ganas de que �l la besara. Pero �l nunca tomaba la iniciativa. Ella se preguntaba c�mo reaccionar�a si �l se decid�a por fin a besarla.</p><p>En una ocasi�n, al atardecer, estaban sentados en el columpio del porche.</p><p>���Quinn? -pregunt� ella, mirando sus dedos entrelazados.</p><p>���Mmm?</p><p>Ella mir� su atractivo perfil, casi cincelado. Ten�a los ojos cerrados y parec�a estar en paz, con una media sonrisa en los labios. La luz del sol poniente daba a su piel un tono m�s cobrizo, y ella pens� que le apreciaba mucho m�s de lo que quer�a reconocer.</p><p>Hab�a pasado un a�o desde el ataque. Su vida pend�a de una especie de hilo. Hab�a vuelto a la universidad, pero no era lo mismo. No encontr� nada de interesante en sus estudios de empresariales, ni siquiera en las asignaturas optativas como literatura inglesa.</p><p>Estaba cansada de tanta inmovilidad. Quer�a y necesitaba seguir adelante.</p><p>Y quer�a que Quinn estuviera con ella a cada paso del camino.</p><p>���Quieres besarme?</p><p>Sinti� que Quinn se pon�a tenso. �Se habr�a extralimitado en su sugerencia?</p><p>��Lo siento -dijo, y desvi� la mirada.</p><p>�l le cogi� el ment�n con el dedo y la hizo volverse hacia �l. Sus ojos marrones se oscurecieron, parec�an negros. Miraba con expresi�n seria, y ella estuvo a punto de quedar sin aliento ante la pura belleza de su rostro.</p><p>��He tenido ganas de besarte desde que volv� en septiembre a verte. He querido besarte cada d�a que hemos pasado juntos, y cada d�a que hemos estado separados.</p><p>Miranda sinti� un afecto c�lido, profundo y reconfortante que se adue�aba de ella, como si la sinceridad de sus palabras le acariciara el alma. Se inclin� apenas hacia delante.</p><p>��B�same -dijo.</p><p>El ligero roce de sus labios la hizo temblar. Ella le puso lentamente los brazos alrededor del cuello. �l la bes� con m�s urgencia y ella se inclin� hacia �l. Quinn la estrech� y la atrajo con fuerza, sus manos perdidas bajo el pelo en la nuca, sosteni�ndola con fuerza, aunque no demasiada. A cada movimiento que ella hac�a, �l se plegaba, cada caricia en la cara, los brazos y el pecho, todo lo aceptaba.</p><p>Ella quer�a algo m�s que un beso.</p><p>��Qu�date conmigo esta noche -le murmur� al o�do.</p><p>El se movi� para que pudieran mirarse a los ojos.</p><p>��Miranda, quiero quedarme contigo. Quiero hacerte el amor. Pero esta noche no. No nos precipitemos.</p><p>Ella parpade�, y un velo de frialdad le cubri� el rostro.</p><p>Durante dos minutos, hab�a olvidado al Carnicero. Durante dos minutos gloriosos, lo hab�a borrado de su mente.</p><p>��Ha pasado un a�o -dijo ella, con voz neutra, y se gir� para apartarse de �l -. No me he precipitado en nada.</p><p>��Lo s�, cari�o, no te enfades. Quiero estar seguro de que deseas lo mismo que yo.</p><p>Ella se mordi� el labio para no llorar. No por Quinn, sino porque su vida era tan diferente de lo que deseaba. Habr�a querido crear su propio negocio, algo relacionado con la vida al aire libre y el ocio. Organizar salidas en balsa por el r�o en verano, ense�ar a los chicos a esquiar en invierno y ayudar a su padre en la hoster�a.</p><p>��Nada volver� jam�s a ser lo mismo -murmur�.</p><p>�l le acarici� la mejilla hasta que ella se gir�. La emoci�n en sus ojos era un reflejo de su confusi�n interior.</p><p>��No, nada volver� a ser lo mismo. Pero t� eres la mujer m�s fuerte que jam�s he conocido. Tu voluntad de sobrevivir, no s�lo a lo que ocurri� hace un a�o, sino tambi�n para reclamar tu vida, es algo que me da una lecci�n de humildad.</p><p>��No soy nada especial -dijo ella, sacudiendo la cabeza.</p><p>�l estuvo a punto de echarse a re�r.</p><p>��Miranda, eres incre�ble -dijo, y la bes� suavemente.</p><p>��S� que el hecho de que el asesino de Sharon ande suelto es como una herida abierta. Que no se cierra nunca. Quisiera haber hecho algo m�s -dijo, con voz ronca, y se mes� el pelo con gesto de arrepentimiento.</p><p>��Hiciste todo lo posible. -A ella le hab�a impresionado el FBI y la polic�a durante la investigaci�n. Pero ahora su caso quedaba cerrado. A menos que el Carnicero atacara a otra mujer, nunca lo capturar�an. No era justo que otra mujer tuviera que ser agredida, que tuviera que morir, para encontrar al asesino de Sharon.</p><p>Miranda deseaba contribuir en algo. No s�lo para detener al Carnicero sino para encontrar a otros asesinos. Hombres que acechaban a las mujeres, que las maltrataban para satisfacer su alma torcida y enferma.</p><p>�Por qu� no podr�a? �Por qu� no pod�a convertirse en un agente activo de esa idea? Llevaba un a�o sin hacer nada en la hoster�a Y� �qu� hab�a hecho? �Ir a la universidad? �Ayudar a su padre con los clientes? Lo que en realidad hac�a era compadecerse de s� misma y no hacer nada productivo con su vida.</p><p>Si quer�a aprender a vivir con lo que le hab�a ocurrido, aquello ten�a que cambiar.</p><p>���Qu� pensar�as si te dijera que quiero ser polic�a? Podr�a trabajar en la oficina del sheriff. -Antes de que Quinn pudiera responder, sigui�, m�s ilusionada a medida que le ven�an ideas -. �O quiz� podr�a ser agente del FBI! Soy lista, casi he terminado mi licenciatura, vuelvo a estar en forma y no me importa trabajar duro.</p><p>Por fin podr�a hacer algo trascendente, para variar, y no quedarme aqu� sentada sin hacer nada. Estoy cansada de ser una v�ctima.</p><p>�l no dijo palabra.</p><p>��No crees que sea buena idea.</p><p>��Yo no he dicho eso.</p><p>��No tienes por qu� decirlo. -Miranda quer�a su aprobaci�n. Necesitaba su apoyo.</p><p>��Miranda, quiero que hagas lo que tengas ganas de hacer. Pero no ten�a ni idea de que te atra�a la idea de ser polic�a. Nunca lo hab�as mencionado.</p><p>��Es algo que siempre he pensado, para m�, pero ha cobrado cuerpo cuando estaba aqu� sentada mientras pensaba que nada volver�a a ser lo mismo y que yo tengo que hacerme cargo de mi propia vida.</p><p>��Tienes que tener veintitr�s a�os para que te acepten en la Academia -dijo Quinn.</p><p>��S�lo falta un a�o.</p><p>��Tienes que terminar tu licenciatura. Hay muchos agentes que despu�s sacan un m�ster en otro campo, como criminolog�a o psicolog�a.</p><p>��Soy buena alumna. No me importar�a tener que estudiar un a�o m�s.</p><p>��La Academia no es f�cil. Es f�sica y mentalmente demoledora.</p><p>��Yo me puedo manejar. �No crees?</p><p>�l respondi� al cabo de un rato.</p><p>��S�, creo que respondes bien cuando te ves sometida a presi�n.</p><p>��Quinn, me siento como si tuviera que ayudar a la gente. No tengo otra manera de explicarlo -dijo, y frunci� el ce�o. A duras penas consegu�a explicarse a s� misma ese torbellino de ideas y elucubraciones que giraba en su cabeza. Sin embargo, una cosa s� estaba clara. Ahora ten�a una direcci�n y no pensaba perder el rumbo. Tener un objetivo favorec�a su determinaci�n.</p><p>El Carnicero hab�a escapado a la justicia. Ella ten�a que hacer algo para que otros desequilibrados no hicieran lo mismo.</p><p>��Yo te ayudar�, si puedo -dijo Quinn-. Si eso es lo que quieres.</p><p>��Es lo que quiero -dijo ella, sinti�ndose m�s segura ahora que contaba con su apoyo.</p><p>�l la estrech� en sus brazos y se quedaron un rato as�. Cuando el sol acab� de ponerse tras las monta�as, la noche se volvi� fr�a y las criaturas de la oscuridad empezaron a merodear. Se quedaron sentados en el columpio, meci�ndose contentos y abrazados.</p><p>Esa noche Miranda jam�s habr�a cre�do que Quinn pod�a traicionarla.</p><p>Una hora de agua y chorros calientes la alivi� de la mayor parte de la tensi�n en los m�sculos, y cuando sali� del ba�o la piel le ard�a, irritada y recalentada, incluso le dol�a un poco.</p><p>Rebecca estaba muerta. Sharon estaba muerta. Pero ella estaba viva.</p><p>La culpa y la confusi�n le minaban la moral, y casi deseaba creer en Dios, como su padre. De alguna manera, la fe le consolaba a �l como nunca la hab�a consolado a ella. Cuando maldec�a a aquel Dios creador del monstruo que la hab�a cazado a ella y torturado a otras mujeres, no consegu�a imaginar que se trataba del mismo Dios benefactor y generoso al que su padre alababa y dirig�a sus plegarias. Era el Dios bondadoso quien la hab�a tra�do de vuelta a casa, dec�a su padre. Que le dio la fuerza para sobrevivir, la voluntad para vivir y el r�o en que zambullirse.</p><p>Sin embargo, alegaba Miranda, seg�n ese razonamiento, era el mismo Dios que hab�a creado a un hombre que satisfac�a sus deseos enfermizos matando a mujeres como pasatiempo. Atorment�ndolas y viol�ndolas y haci�ndoles da�o. Miranda no pod�a reconciliar los dos dioses. Era mucho m�s f�cil creer en el diablo.</p><p>S�, porque el mal era real. Estaba vivo. Ardiendo.</p><p>Permaneci� despierta, agotada, la mente demasiado activa para apagarse. Imagin� a Rebecca corriendo desnuda por el claro, mientras la lluvia ca�a con fuerza, sabiendo que un loco segu�a sus pasos. La sonora detonaci�n del rifle al disparar, ella tens�ndose entera segura de que le dar�a. Pero el disparo err� y segu�a viva.</p><p>Y corriendo.</p><p>Baj� corriendo por el sendero, tropezando, los pies descalzos lacerados, intentando no llorar al herirse con el filo de alguna piedra, levant�ndose, r�pido, cada vez que ca�a, sabiendo que �l se acercaba. Sabiendo que la matar�a. Con un placer profundo, sin el m�s m�nimo remordimiento.</p><p>Corriendo, corriendo� hasta que tropez� y cay� mal y se rompi� la pierna.</p><p>Se arrastraba, intentaba ocultarse, pero ya era demasiado tarde.</p><p>�l se acercaba a ella. En lugar de disparar al animal herido, lo degollaba.</p><p>Y su sangre te��a la tierra.</p><p>Miranda se llev� la mano a la garganta. Sinti� el filo del acero fr�o rasg�ndole la delicada piel por debajo del ment�n. Trag� con dificultad cuando se imagin� los momentos finales de la vida de Rebecca.</p><p>Hab�a estado a punto de conseguirlo. Y ahora estaba muerta.</p><p>Cerr� los ojos y se recost�, hundiendo la cabeza en las almohadas suaves. La tensi�n de la que se hab�a desprendido en la ba�era caliente volvi� a apoderarse de su cuerpo.</p><p>�Cu�ndo parar�a? �Alg�n d�a capturar�an a ese cabr�n y le har�an pagar por las vidas que hab�a usurpado?</p><p>No era justo que aquella bestia an�nima y asesina anduviera suelta mientras Rebecca Douglas yac�a en un compartimento fr�o de la morgue.</p><p>Simplemente no era justo.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359148">Cap�tulo 8</p></title><p>Los p�jaros dejaron de cantar.</p><p>Se hizo una quietud repentina en las grietas y en los �rboles de la quebrada, un silencio que realzaba sus instintos. Empez� a contar. Uno. Dos. Tres.</p><p>All�, hacia el sudeste del campo, el halc�n peregrino asom� volando, raudo como un avi�n de combate, el perfil impecable y elegante, una huella solitaria de vida en un cielo ancho de color azul intenso.</p><p>Trag� aire en silencio y con ello sinti� el aroma penetrante y tangible de los pi�ones y las grosellas. Su hogar. Deseaba quedarse all� para siempre, en ese ca��n, con sus depredadores.</p><p>Theron naveg� las corrientes de aire, combinando largas batidas de alas con planeos. Dibuj� una curva y aterriz� en el borde del barranco donde ten�a oculto su nido, en un nicho natural de la pared de roca sedimentaria rojiza.</p><p>Hac�a tres semanas, ver a Theron hab�a sido toda una fiesta de bienvenida, y decidi� quedarse m�s tiempo del que deb�a para observar a su p�jaro.</p><p>Los machos del halc�n peregrino son territoriales y realizan unas acrobacias a�reas impresionantes para seducir a la hembra. Es una especie de trampa, por as� decir. Cuando el macho convence a una hembra de que es el halc�n peregrino m�s elegante que haya conocido, ella permanece en la saliente rocallosa del precipicio un d�a s� y otro tambi�n, y abandona el nido una sola vez al d�a para cazar.</p><p>Theron ten�a una compa�era. Estar�an juntos hasta que ella muriera. Era un bello ejemplar, y �l la hab�a bautizado como Aglaia. <emphasis>Esplendorosa.</emphasis> Nada igualaba la magnificencia de una hembra de halc�n apostada en lo alto del precipicio, ense�ando el pecho. Ella quer�a estar ah�, se entregaba a su encierro. Theron defend�a el precipicio; Aglaia acud�a de buen grado para que la protegiera.</p><p>El halc�n peregrino es el ave m�s veloz del reino animal. �l nunca se cansaba de verlos rasgando los aires, y era capaz de esperar sentado desde el amanecer hasta la noche para ver cazar a aquellas aves majestuosas. Con la cabeza erguida, observaban a su presa con un ojo, luego plegaban las alas y se lanzaban en picado. Justo antes de llegar, el peregrino frenaba su ca�da y le propinaba un golpe a la presa con sus garras afiladas. <emphasis>�Chac!</emphasis> Muerto con el impacto.</p><p>Tambi�n pod�an coger a un p�jaro en pleno vuelo, coincidiendo con su trayectoria para cortarlo en un plano recto. Todas las aves eran presas potenciales. Ninguna pod�a ganarle al cazador en maniobras.</p><p><emphasis>Caaaaaaac-cac-cac. Caaaaaaac-cac-cac.</emphasis></p><p>Theron era libre de verdad. Algo que �l nunca lograr�a. Atrapado y solo, su necesidad de poseer lo inalcanzable, de cazar a los impostores, era mucho m�s grande que su b�squeda de la libertad.</p><p>A�n as�, �l ten�a mucho en com�n con el halc�n peregrino. Cuando empez� a estudiar al halc�n peregrino, hace diecis�is a�os, �ste era una especie casi extinguida. Estaban derrotados, pero no aniquilados. Y un d�a volvieron en toda su gloria, y �l siempre estuvo presente, en cada paso del camino, para escribir la cr�nica de su victoria.</p><p>Siempre le irrit� que muy pocos de sus colegas quisieran documentar la vida del peregrino. Cumpl�an con los horarios establecidos, un solo semestre, el exigido, para luego salir disparados a buscar trabajo en alguna gran empresa o en una organizaci�n sin fines de lucro, o en un organismo p�blico. Dec�an que le segu�an la pista al halc�n peregrino, que les importaba, pero en realidad les daba igual.</p><p>Hablar no costaba nada.</p><p>Sacudi� la cabeza, sintiendo que la rabia se desbocaba. Conc�ntrate.</p><p>Mir� con los prism�ticos hacia la pared del precipicio donde Theron y Aglaia hab�an construido su nido. Al dejarlos, hace diez d�as, hab�an puesto fin a los juegos de cortejo, pero ignoraba si ya hab�a huevos.</p><p>As� que se dedic� a observar. Durante horas. El sol derramaba sus rayos por toda la campi�a, convirtiendo el bosque oscuro de la ma�ana en un glorioso abanico de colores. Empez� a hacer calor, y �l se quit� la cazadora. Comi� el bocadillo ins�pido, m�s por costumbre que por hambre.</p><p>Cuando el sol cruz� el ecuador del mediod�a, Aglaia asom� la cabeza. Luego apareci� Theron, y los dos permanecieron en el borde de la saliente, el rey y su reina, mirando hacia sus dominios.</p><p><emphasis>Caaaaaaac-cac-cac. Cooo cooo.</emphasis></p><p><emphasis>Caaaaaaac-cac-cac. Caaaaaaac-cac-cac.</emphasis></p><p>Sent�a el coraz�n henchido al o�r c�mo se comunicaban ambos cazadores. Si Aglaia dejaba el nido, significaba que hab�a huevos. Esper� y observ�, paciente, totalmente quieto entre los �rboles y arbustos.</p><p>Desplegando sus poderosas alas, Aglaia dio un salto y baj� como una bala hacia la quebrada que se abr�a m�s abajo, antes de dibujar una curva hacia arriba y alrededor del precipicio. El silencio volvi� a hacerse en el bosque. La caza hab�a comenzado.</p><p>Theron vio desaparecer a su compa�era y volvi� al nicho de la roca. Intercambio para la incubaci�n. Theron proteg�a los huevos mientras su compa�era cazaba.</p><p>Nada pod�a darle m�s placer. A�oraba escalar la pared y ver a Theron de cerca. Lo hab�a hecho varias veces antes. Aquel trabajo, que exig�a una gran forma f�sica para seguir, documentar y escribir sobre la vida de los peregrinos, culminaba cuando les cog�a los huevos para incubarlos en cautividad.</p><p>Pero no hab�a pasado la noche caminando por el lecho fr�o del r�o, luchando contra la maleza, cruzando los lodazales de arcilla roja que abundaban en la zona del noroeste de Colorado s�lo para traer los huevos de vuelta a la universidad e incubarlos. Hab�a vuelto para observar y escribir y resistir la tentaci�n de volver a cazar.</p><p>Hace quince a�os s�lo hab�a querido encontrar su compa�era la que ser�a la mujer perfecta para �l.</p><p>Pero no hab�a mujeres perfectas.</p><p>Todas ment�an, todas manipulaban. Incluso la dulce, la dulc�sima Penny� �Por qu� le hab�a dicho que ya no se ve�a con el deportista? �Por qu� le hab�a dicho que el tipo ni siquiera le ca�a bien?</p><p>�l sab�a. Cuando la vio bes�ndose con el otro.</p><p>Penny era una mentirosa, como todas las mujeres en este mundo. Dec�an una cosa y hac�an algo completamente diferente. Dec�an que te amaban, promet�an que no te har�an da�o, pero ellas no amaban a nadie y siempre hac�an da�o.</p><p>Como su madre.</p><p>Su madre, con palabras melosas que eran peor que la picada de una avispa. Su manera de tocarlo, de lograr que hiciera cosas por ella.</p><p>T�came ah�. No, no, no, ah�. S�. No pares.</p><p>Si no hac�a lo que ella quer�a, el castigo era a�n peor.</p><p>Cari�o, es por tu propio bien. Tienes que aprender.</p><p>Le cog�a el pene hasta hacerlo llorar. �l le rogaba que lo soltara. Har�a lo que ella quisiera, s�lo para que no le hiciera da�o.</p><p>Y luego, su hermana, siempre montada encima de �l, dici�ndole que le ayudar�a. Y lo ayud�, durante un tiempo. Lo ayud� hasta que �l confi� en ella. Y ella volvi� a hacerle da�o y todo volvi� a comenzar�</p><p>Todo empez� cuando ten�a seis a�os. Cuando su padre se march� sin decir palabra. �l cre�a que su madre lo hab�a matado, pero la verdad era a�n peor.</p><p>Su propio padre no lo amaba.</p><p>�Acaso su padre no sab�a que su madre le hac�a da�o? �No ve�a la verdad? �Acaso no le importaba?</p><p>Cerr� los pu�os sobre su diario de anotaciones sobre el halc�n, y un sollozo amargo escap� de su garganta. �Qu� importaba?</p><p>Se apoy� en el �rbol m�s cercano y cerr� los ojos, respirando la fragancia penetrante del pino, la savia agridulce y pegajosa, la tierra h�meda, las hojas y plantas pudri�ndose.</p><p>Volvi� a vivir la cacer�a.</p><p>Su presa era buena, pero �l era mejor. Ella corr�a, pero �l nunca la perd�a de vista.</p><p>La vio caer, oy� el crujido del hueso por encima de la lluvia que ca�a y, en el �ltimo momento, decidi� usar el cuchillo.</p><p>No ten�a ninguna gracia disparar sobre una presa ca�da. Era un gesto muy poco deportivo.</p><p>Estaba oscuro, casi era medianoche, pero la piel blanquiazul de la chica se destacaba como un fulgor en la oscuridad.</p><p>Le tir� del pelo mojado hacia atr�s con la mano izquierda y, sin vacilar, baj� el cuchillo y le reban� el cuello blanquecino. El calor de su sangre lo sorprendi�.</p><p>Sabore� unas gotas que le salpicaron los labios.</p><p>La dej� caer ah� donde estaba y mir�.</p><p>La caza hab�a terminado, pero ya lo corro�a el impulso de encontrar otra presa. El coraz�n le lat�a con fuerza y la sangre flu�a por su cuerpo como un torrente mientras se abandonaba a los recuerdos. Aquel poder intoxicante que sent�a cuando la ten�a para �l solo. La sensaci�n de victoria que, desgraciadamente, disminu�a d�a a d�a hasta que no quedaba m�s alternativa que volver a cazar. La emoci�n de la caza era como un breve subid�n, y ya volv�a a hacerle falta. A�oraba tener ese poder en sus manos.</p><p>Sin embargo, antes ten�a algo importante que hacer. Ah�, con Theron y Aglaia y sus huevos. Observando, esperando, escribiendo.</p><p>Sus p�jaros lo necesitaban.</p><p><emphasis>Ten�a que resistir al impulso.</emphasis></p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359149">Cap�tulo 9</p></title><p>Mucho antes de que el sol asomara entre los montes, Quinn se despert�, presa de cierta agitaci�n, todav�a atrapado en sue�os donde aparec�a Miranda.</p><p>Los que saben repiten el mantra: <emphasis>El tiempo todo lo sana.</emphasis></p><p>Era una mentira. Algunas heridas nunca sanaban, sobre todo cuando el herido no paraba de arrancarse las costras.</p><p>Miranda viv�a y respiraba para el Carnicero. Para la justicia. Hab�a vivido los �ltimos diez a�os en un limbo, entre el cielo y el infierno, esperando. Esperando a que el Carnicero cometiera un error. Buscando en el bosque los restos de sus v�ctimas. Como penitencia por haber sobrevivido.</p><p>Quinn hab�a visto a demasiados colegas obsesionarse tanto con un caso concreto, especialmente dif�cil y angustioso, que todos los dem�s aspectos de su vida se resent�an. Los matrimonios sol�an acabar en divorcio. Olvidaban a los amigos y, con el tiempo, los perd�an. La b�squeda de la justicia para vivos y muertos pod�a consumir hasta al profesional m�s emocionalmente estable. Miranda era a la vez una v�ctima y una defensora, y no hab�a nadie que conociera tan de cerca como ella la investigaci�n sobre el Carnicero.</p><p>Miranda era una bomba de relojer�a a punto de implosionar. El hecho de que hubiera sobrevivido tanto tiempo sin una grave crisis de nervios era una inc�gnita sin explicaci�n para �l.</p><p>Eso no era del todo verdad, pens�, mientras se obligaba a dejar la cama. Miranda era, sin duda, la mujer m�s fuerte que hab�a conocido. Despu�s de soportar torturas que habr�an matado a cualquiera, hombre o mujer, hab�a visto a su mejor amiga caer con una bala en la espalda, y a�n tuvo fuerzas para seguir huyendo. Llev� a los investigadores al lugar donde yac�a el cuerpo, y luego a la choza donde todo hab�a empezado.</p><p>Quinn amaba y admiraba a Miranda por ese n�cleo indestructible que la animaba, por esa espalda suya dura como el acero.</p><p>Y �qu� hab�a de las necesidades de Miranda? �Qui�n cuidaba de ella para asegurar que no fuera demasiado lejos? Alguien que se tomara el tiempo para sacarla de ese entorno asfixiante de manera que pudiera recomponerse y recuperar su orientaci�n. Quinn tem�a que, sin tener a nadie que cuidara de ella, Miranda fuera dejando que la investigaci�n la consumiera por entero sacrificando su felicidad personal y su paz interior en nombre de la justicia.</p><p>Si pensaba en su propia carrera, no ten�a derecho a criticarla. �l llevaba casi diecisiete a�os como agente del FBI. La �nica ocasi�n en que se hab�a tomado unas vacaciones fue gracias a la insistencia de su jefe. Con la excepci�n de los dos a�os compartidos con Miranda. Era el �nico per�odo en que se hab�a ausentado voluntariamente del trabajo.</p><p>Se desnud� y entr� en la ducha. Abri� el grifo y el chorro fr�o lo ba�� antes de que el agua se calentara. Pero �l necesitaba el fr�o. Despu�s de enterarse de lo que hab�a tenido que vivir Miranda, se hab�a quedado bajo el chorro de agua fr�a todo lo que pudo aguantar. Quer�a experimentar aunque no fuera m�s que una parte leve de su dolor.</p><p>Su r�cord eran diecinueve minutos. Pero el agua del r�o era a�n m�s fr�a que la de la ducha, y ella hab�a sobrevivido.</p><p>Sali� de la Hoster�a Gallatin antes de que nadie se despertara. No quer�a encontrarse con Miranda, todav�a no. La noche anterior, ella no se hab�a enterado de que �l se alojaba ah�, y Quinn ignoraba si su padre se lo hab�a dicho.</p><p>Cre�a que no.</p><p>Nick se encontr� con �l en lo de McKay, una cafeter�a situada en la esquina de la calle de la comisar�a de polic�a. Aquello no hab�a cambiado tanto desde su partida. Manteles de pl�stico a cuadros blanquiazules, los condimentos en medio de la mesa, paredes grises flores de pl�stico de color rojo con aspecto de mustias en jarrones entre las ventanas con vidrios a medio limpiar. Los altavoces instalados en dos rincones de la sala emit�an m�sica country, a ratos mezclada con un programa matinal de radio de un par de c�micos aficionados.</p><p>Quinn le pidi� a Fran, la camarera, que le llenara el termo, pero no ten�a demasiadas ganas de comer antes de la autopsia. Pidi� tostadas, m�s para mojarlas en cafe�na que por hambre.</p><p>Nick no ten�a aspecto de haber dormido m�s que Quinn. Tambi�n hab�a envejecido. Doce a�os antes, la primera vez que vino a Bozeman, Nick era un chico de veintitr�s a�os, lozano como un cachorro. Ahora las arrugas le surcaban el rostro y en sus ojos se adivinaba el brillo de la experiencia.</p><p>Los asesinatos hac�an envejecer.</p><p>���Qu� planes tenemos? -pregunt� Quinn.</p><p>��Tengo a un agente forestal que se dirige al lugar para talar cualquier �rbol que necesitemos como prueba, y veintis�is efectivos de la polic�a, dos de ellos expertos en escenas del crimen. -Nick mir� su reloj -. Nos quedan dos horas antes de la cita.</p><p>���Si encontramos la caba�a?</p><p>��Procesamos la escena y mandamos las pruebas al laboratorio estatal de criminolog�a en Helena.</p><p>��La semana pasada comentaste que Rebecca fue raptada lejos de donde trabajaba. �Hay testigos?</p><p>��Nadie vio nada -dijo Nick, negando con un gesto de la cabeza.</p><p>��Rebecca Douglas se encontraba en un aparcamiento, no con el coche averiado a la orilla del camino. �Nadie vio ni oy� nada?</p><p>��Interrogu� a todos los que estaban en la pizzer�a esa noche, aunque se hubieran ido antes de que secuestraran a Rebecca. Si alguien vio algo, no les debi� parecer sospechoso.</p><p>��Me pregunto si lo conoc�a -se pregunt� Quinn, en voz alta.</p><p>��Siempre hemos barajado la posibilidad de que el Carnicero conozca a las chicas de la universidad.</p><p>���Hab�is hecho una b�squeda del personal que trabaja en la universidad y de los alumnos que han pasado por ah� en los �ltimos quince a�os?</p><p>��Hemos cruzado los rasgos de los empleados que coinciden con el perfil de la base de datos de la polic�a, pero no hemos obtenido resultados. Lo m�s serio que tenemos es un profesor de sociolog�a que fue detenido en los a�os setenta por desobediencia civil, y un conserje detenido por conducir bajo los efectos del alcohol hace ocho a�os.</p><p>��Vuelve a procesar los datos -dijo Quinn. Nick frunci� el ce�o y Quinn se retuvo. No quer�a que Nick pensara que �l tomaba el mando-. Quiero decir, que deber�amos centrarnos en todos los hombres blancos solteros que pasaron por la universidad, sean alumnos, empleados o profesores que tuvieran menos de treinta y cinco a�os el a�o que Penny desapareci�.</p><p>���Treinta y cinco?</p><p>��El perfil original -explic� Quinn- se�alaba que el Carnicero era un hombre blanco soltero entre veinticinco y treinta y cinco a�os, y que conoc�a al menos a una de sus v�ctimas.</p><p>��Al principio cre�mos que conoc�a a Miranda o a Sharon, ya fuera del campus, la hoster�a, o de donde trabajaba Sharon -sigui�-. Pero cuando llegamos a la conclusi�n de que Penny Thompson fue su primera v�ctima, pensamos que lo m�s probable es que Penny conociera a su agresor y que Miranda y Sharon fueran desconocidas.</p><p>��Sin embargo, hab�a cientos de posibles sospechosos -observ� Nick-. Recuerdo haber hecho docenas de interrogatorios sin llegar a ninguna parte.</p><p>Quinn lo recordaba. Eran demasiadas las personas que hab�an tenido contacto con Penny, y al reducir el n�mero hasta tener una lista final de quienes la conoc�an bien, entre ellos el novio, los profesores, los tutores de sus asignaturas, nadie encajaba en el perfil.</p><p>Tampoco facilitaba las cosas el hecho de que Penny hubiera desaparecido tres a�os antes del secuestro de Miranda y Sharon.</p><p>Quinn no habl� al ver que la camarera se acercaba con sus tostadas. Bozeman era una ciudad peque�a, a pesar de los doce mil alumnos de la universidad situada en las afueras. Las paredes ten�an o�dos. Las lenguas se soltaban f�cilmente.</p><p>��El sheriff Donaldson estaba convencido de que a Penny la mat� su novio -dijo Nick-. Pero eso nunca fue m�s all�. No hab�a pruebas que lo relacionaran con su desaparici�n. Al final, sospechamos que Penny hab�a sido la primera v�ctima del Carnicero, pero a esas alturas su padre ya se hab�a deshecho del coche.</p><p>Nick acab� su caf� y dej� la taza en la mesa con un golpe.</p><p>��Nos estamos perdiendo, Quinn. El cabr�n se ha cobrado otra v�ctima y nosotros no tenemos pruebas, testigos ni sospechosos. La prensa se lo va a pasar en grande.</p><p>��La hemos encontrado r�pido. Eso siempre es una buena noticia. �A qu� hora comenzar�n la autopsia?</p><p>Nick mir� su reloj.</p><p>��En diez minutos. Deber�amos irnos -dijo, y acab� el caf�.</p><p>Quinn detestaba las autopsias. No sab�a qu� tem�a m�s: si ver el cuerpo de Rebecca Douglas sobre la mesa o imaginar a Miranda bajo ese mismo bistur�.</p><p>Fran se acerc� a la mesa con un termo de caf� reci�n hecho y un peri�dico.</p><p>��Lo acaban de dejar -dijo, y dej� el peri�dico frente a Nick-. Si no te importa que lo diga, Elijah Banks es un capullo y todos lo saben. Su madre estar� revolvi�ndose en su tumba, pobrecita.</p><p><strong>CAD�VER ENCONTRADO EN EL BOSQUE</strong></p><p><strong>La oficina del sheriff</strong></p><p><strong>no ha confirmado la identidad.</strong></p><p><emphasis>Elijah Banks</emphasis></p><p><emphasis>Corresponsal especial del Chronicle</emphasis></p><p><emphasis>BOZEMAN, MONTANA � El sheriff del condado de Gallatin, Nick Thomas, no ha querido confirmar ni negar que el cuerpo de la mujer encontrado ayer por la ma�ana fuera el de la estudiante de Bozeman, Rebecca Douglas.</emphasis></p><p><emphasis>�Todo indica que ha sido el Carnicero�, se�al� una fuente de la oficina del sheriff que ha querido permanecer an�nima.</emphasis></p><p><emphasis>El sheriff Thomas ha reconocido a rega�adientes que cuenta con la ayuda de un agente especial, Quincy Peterson, de la oficina del</emphasis><emphasis/><emphasis>FBI en Seattle. El agente Peterson, m�s experimentado, particip� hace doce a�os en la investigaci�n sobre la desaparici�n de dos estudiantes universitarias, Sharon Lewis y Miranda Moore. Lewis fue encontrada muerta y Moore escap�, pero no pudo identificar al asesino.</emphasis></p><p><emphasis>El cuerpo de la mujer sin identificar fue descubierto a primera hora de la ma�ana del s�bado por Ryan Parker y dos amigos. Ryan, de once a�os, es hijo del juez del Tribunal Superior, Richard Parker. Hacia mediod�a, m�s de cuarenta alguaciles del sheriff y voluntarios peinaban la zona situada a seis kil�metros al este de Creek Road y quince kil�metros al sur de la Ruta 84. Nadie ha podido confirmar concretamente qu� tipo de pruebas buscaban.</emphasis></p><p><emphasis>�Cuando la encontramos, pensamos que pod�a ser la chica desaparecida � dijo Parker-. Estaba desnuda.�</emphasis></p><p><emphasis>Una fuente de la oficina del alcalde ha dicho �Ya era hora�, al saber que el FBI vuelve a participar en la investigaci�n. �Necesitamos un equipo de profesionales competentes para dar con este asesino de una vez por todas. Las mujeres de Bozeman tienen miedo, y con raz�n.�</emphasis></p><p><emphasis>La noche del viernes pasado, la se�orita Douglas sali� del Sal�n Hannon de la Universidad de Montana State en su propio coche para acudir a su trabajo en la pizzer�a de la Interestatal 191. No volvi� al campus. Su compa�era de habitaci�n comunic� a la seguridad del campus que la se�orita Douglas estaba desaparecida y posteriormente llam� a la oficina del sheriff del condado de Gallatin. La polic�a no tard� en encontrar su coche en el </emphasis><emphasis>aparcamiento de la pizzer�a.</emphasis></p><p><emphasis>La primera v�ctima conocida del Carnicero�</emphasis></p><p>Nick dej� el peri�dico sobre la mesa de un golpe, y el caf� se derram� por el borde de la taza.</p><p>Quinn tambi�n opinaba que la entrevista de Eli a Ryan Parker era inaceptable. �D�nde estaba el juez Parker ahora? �Por qu� no le hab�a parado los pies?</p><p>No era s�lo la entrevista de Ryan. A Quinn no le agradaron las provocaciones de Eli contra la oficina del sheriff. Lo �ltimo que necesitaba en ese momento era una guerra de feudos que enlodara la investigaci�n. Los hombres de Nick ya lo miraban como a un extra�o. Si sospechaban que intentaba minar la influencia de Nick, nadie querr�a ayudarle.</p><p>Ten�a que ganarse la confianza de esa gente.</p><p>��Har� una declaraci�n oficial -dijo Quinn, y dej� unos d�lares sobre la mesa.</p><p>Nick le lanz� una mirada al salir de la cafeter�a. Se detuvieron junto a su camioneta.</p><p>��No s� de qu� servir� eso.</p><p>��Es tu investigaci�n, Nick. Yo no estar�a aqu� si no me hubieras invitado. Eso lo sabes.</p><p>���Estoy haciendo las cosas bien? �He pasado algo por alto? Quinn alz� las manos.</p><p>��Para. No te sirve de nada ponerte a especular. Has puesto todos los puntos sobre las ��es�, has cumplido cabalmente con tu deber, y no creas que yo no ser�a el primero en decir algo si no hubiera sido as�. Pero jam�s ir�a primero a ver a los de la prensa, sino a ti. Espero que eso lo tengas claro.</p><p>Nick cerr� los ojos.</p><p>��Lo s�, lo s�. Lo que pasa es que Eli me rompe los huevos, �sabes?</p><p>��S�, es un capullo.</p><p>Caminaron una manzana hasta el centro p�blico, donde el forense ten�a su despacho y laboratorio.</p><p>���C�mo se ha tomado Miranda lo de que te alojes en la hoster�a? -pregunt� Nick.</p><p>��Todav�a no lo sabe -dijo Quinn, con una mueca.</p><p>��No le gustar� nada.</p><p>��Sabr� encajarlo.</p><p>Nick no estaba seguro de que Miranda supiera encajarlo. Ya estaba enfadada con �l por haber llamado a Quinn sin consultarla. No era necesario, pero Nick sol�a pedirle su opini�n en diferentes cuestiones relacionadas con la investigaci�n del Carnicero, sobre todo cuando se trataba de la b�squeda inicial. Con el tiempo, se hab�a acostumbrado a su relaci�n de trabajo. Hab�a sido un paso f�cil convertir esa amistad en una relaci�n m�s �ntima.</p><p>El hecho de que �l se hubiera marchado dos a�os antes porque Miranda no respond�a a sus sentimientos no mitigaba su desagrado porque Quinn estuviera pr�cticamente compartiendo techo con ella En el fondo de su coraz�n, sab�a que Miranda no volver�a con �l. Si volv�a, ser�a porque era la segunda opci�n, despu�s de Quinn.</p><p>No le parec�a una perspectiva particularmente agradable.</p><p>Quinn le ca�a bien. Pero �l amaba a Miranda, y pensar en los dos juntos�</p><p>No, eso no suceder�a. Miranda vio como su vida se ven�a abajo cuando Quinn la expuls� de la Academia. Despu�s de tantos a�os alimentando ese dolor y esa rabia, seguro que no se le pasar�a ahora, en las pocas semanas que Quinn estuviera en la ciudad.</p><p>De modo que todav�a quedaba una oportunidad, pens� Nick al entrar en la sala de espera del forense. En realidad, pens�, quiz� Miranda lo buscar�a a �l precisamente porque Quinn estaba en la ciudad. �l le ofrecer�a su comprensi�n, su simpat�a, su hombro.</p><p>No, �l no se iba a conformar con un segundo puesto. Miranda ten�a que amarlo a �l en lugar de verse empujada a sus brazos por la intervenci�n de otro hombre.</p><p>Ryan Parker estaba sentado en lo alto del monte, seguro de que nadie pod�a verlo, y observaba a la gente que se reun�a m�s abajo. Pero su mirada no segu�a el ajetreo de los agentes del sheriff.</p><p>Le atra�a la escena del crimen, aislado por la cinta de pl�stico de la polic�a. Le hac�a pensar en la chica que hab�an encontrado. Jam�s olvidar�a el cuerpo azuloso y desnudo. El tajo profundo, de color rojo oscuro, casi negro, en el cuello. Los cortes y magulladuras por todo el cuerpo.</p><p>Sin embargo, ahora sent�a que sus ojos lo persegu�an.</p><p>No hab�a dormido gran cosa la noche anterior. Cada vez que intentaba quedarse dormido, Rebecca Douglas lo estaba mirando con sus ojos azules abiertos y congelados por la muerte.</p><p>Ryan hab�a visto a docenas de animales muertos en sus once a�os. En una ocasi�n, mat� a un ciervo con su rifle del 22, un disparo certero en la nuca, y su padre se mostr� muy orgulloso de �l. Pero �l mismo no se sinti� tan orgulloso.</p><p>La caza no estaba mal. A �l no le gustaba especialmente, no como a su padre y a su t�o, pero no estaba mal.</p><p>La pesca, por el contrario, era el para�so. Si sus padres lo dejaran ir�a a pescar todos los d�as. Se sent�a libre e independiente all� el lago, o sentado a la orilla de los remolinos en el recodo del r�o que quedaba m�s al sur de su casa, o en el muelle del lago. Aquello lo hac�a m�s feliz que cualquier otra cosa en la vida. M�s que los caballos. Desde luego, m�s que la caza.</p><p>En general, Ryan se encontraba m�s a gusto solo que acompa�ado de sus padres.</p><p>Quiz� tuviera que ver con la quietud. O con la espera. Sean y Timmy no ten�an paciencia para pescar. Timmy guardaba silencio, pero se mov�a demasiado. Sean ya ni siquiera iba porque Ryan se negaba a guardar la ca�a si no picaban al cabo de veinte minutos. A veces, su padre pescaba con �l durante un par de horas, y eso le agradaba.</p><p>Pero ahora su padre estaba demasiado ocupado para acompa�arlo en sus excursiones al lago.</p><p>A veces tardaba todo un d�a en pescar una trucha o un r�balo de tama�o decente. A veces no pescaba nada, pero no le importaba. Porque lo que m�s le hac�a disfrutar era sencillamente lanzar la l�nea, la espera y la libertad, no la captura en s�.</p><p>Sean y Timmy no lo entend�an.</p><p>Tampoco lo entend�a su padre, aunque lo intentara.</p><p>Ryan observaba a las personas movi�ndose all� abajo. Eran tan peque�as que parec�an hormigas. Cerr� un ojo y alz� dos dedos. As� de grandes, menos de un cent�metro.</p><p>Ni siquiera sab�an que �l estaba all�.</p><p>Ryan ten�a curiosidad de ver qu� encontraban. Por alg�n motivo, cre�a que si encontraban al tipo que mat� a esa mujer, �l dormir�a m�s tranquilo. La chica parec�a un ciervo, con los ojos abiertos y mirando sin enfocar.</p><p>A Ryan no le gustaba eso. Las personas eran personas y los animales eran animales, pero alguien hab�a tratado a esa chica como si fuera un animal. Eso no estaba bien.</p><p>Cuando la mayor�a de los hombres de la partida comenzaron a subir por el camino del aserradero, �l se incorpor� y se limpi� la tierra de los vaqueros desgastados. Ya era hora de volver. Hab�a dejado a Ranger en el establo y a�n tardar�a una hora en llegar a casa. Y no quer�a que su madre se preocupara. Ella no sol�a hacerle muchas preguntas, pero sab�a cu�ndo ment�a.</p><p>En realidad, Ryan nunca ment�a. Pero, a veces, no quer�a decir la verdad. Evitar las conversaciones era la mejor manera de no tener problemas con su madre.</p><p>Sigui� por el peque�o arroyo que en primavera bajaba por la ladera, hacia el camino m�s ancho que conduc�a a los l�mites de la propiedad. Ryan vio huellas de caballo y frunci� el ce�o. Parec�an frescas, pero no hab�a visto a ninguno de los hombres llegar tan arriba. Quien quiera que fuese, tendr�a que echarle un vistazo a las herraduras de su caballo. La pata derecha trasera hab�a perdido un par de clavos y seguro que la tierra y las piedras se meter�an por debajo de la herradura hasta alojarse en la pezu�a del animal.</p><p>Perdido en sus pensamientos, casi no lo vio.</p><p>De pronto, el sol se reflej� en un objeto tirado en el camino y Ryan se detuvo y se agach� para mirarlo.</p><p>Al principio, pens� que eran los ojos de una serpiente que lo miraba, a punto de asestar un golpe, y retrocedi� de un salto. Pero enseguida recuper� el equilibrio y mir� el objeto m�s detenidamente.</p><p>Desde luego, no era una serpiente. Los dos ojos eran dos peque�as gemas oscuras. Verde oscuro, como el color de los pinos al atardecer. Las dos piedras estaban engastadas en una r�stica hebilla de plata cincelada que parec�a un ave. Parecida a un �guila. Y las piedras eran los ojos.</p><p>Se agach� y lo recogi�. Se sorprendi� al ver que ten�a un trozo de cuero todav�a adherido a la hebilla. Al mirarla de cerca, vio que estaba desgastada y probablemente se habr�a roto cuando el due�o, un cazador, o un excursionista, se detuvo all� en la cumbre a orinar.</p><p>Ryan vacil� mientras miraba la hebilla. �Deber�a llev�rsela al agente del FBI? Quiz� fuera importante para la investigaci�n. El coraz�n le lat�a con fuerza. Los Intocables, era una de sus pel�culas preferidas, y nunca se perd�a un programa llamado Qui�n Sabe D�nde, que trataba de la b�squeda de personas desaparecidas.</p><p>Ahora su emoci�n se convirti� en inquietud. Su padre le hab�a insistido que no molestara al sheriff. Y �l le hab�a mentido a su madre acerca del lugar adonde iba. Ella perder�a la paciencia. No le gritar�a ni le pegar�a, pero tendr�a esa mirada que daba m�s miedo que cualquier castigo.</p><p>Tirit� de fr�o y se abrig� con la cazadora, aunque a esas horas comenzaba a hacer un calor agradable. Se meti� la hebilla en el bolsillo y sigui� por el estrecho sendero rumbo a casa. Si volv�a a ver al sheriff Thomas, le mostrar�a la hebilla.</p><p>Lo m�s probable es que no tuviera importancia. S�lo un tipo que se hab�a parado a orinar en el bosque.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359150">Cap�tulo 10</p></title><p>Miranda sent�a la tensi�n en todos los m�sculos mientras caminaba detr�s de Quinn, Nick y los dem�s por el sendero hasta el claro que hab�an descubierto el d�a anterior.</p><p>Nick llam� a Pete Knudson, un agente forestal con quien hab�a trabajado a menudo en otras b�squedas. Si encontraban una bala alojada en el tronco de un �rbol, cortaba un trozo o talaba todo el �rbol con el fin de guardar la bala como prueba.</p><p>Tanta tensi�n le provocaba un dolor de cabeza que le abotargaba el cerebro. Intent� combatirlo tomando tres aspirinas con un trago de su cantimplora. Era f�cil achacar el dolor de cabeza a la falta de sue�o, a su escaso apetito o a la tensi�n que significaba un secuestro m�s del Carnicero. Sin embargo, ella ten�a a Quinn por responsable de la mayor parte de su malestar. Su presencia la desconcertaba de manera inesperada.</p><p>Durante a�os se hab�a enga�ado a s� misma dici�ndose que la traici�n de Quinn en la Academia no importaba. Lleg� a la conclusi�n de que, aunque en ese momento se sent�a herida, volver�a a Bozeman y llevar�a una vida apacible. Despu�s de cuatro a�os en la Unidad de B�squeda y Rescate, acept� el puesto de coordinadora cuando su jefe, Manny Rodr�guez, obtuvo un empleo en Colorado. Contaba con un equipo de dos miembros contratados por la unidad y m�s de una veintena de voluntarios, hombres que confiaban en ella.</p><p>���Miranda? -dijo Nick, que caminaba a su lado. En su rostro atractivo y curtido, asom� una expresi�n de preocupaci�n.</p><p>��Estoy bien -dijo ella, antes de que �l le preguntara.</p><p>��S� -dijo Nick, y lanz� una mirada a Quinn, que iba a la cabeza del grupo.</p><p>���Qu� ha pasado en la autopsia? -Intent� que la pregunta sonara profesional, pero no pudo evitar que le temblara la voz.</p><p>��Me he ido antes de que el doctor Abrams acabara, pero ha sido lo mismo de siempre.</p><p>��Eso lo sab�amos.</p><p>��Siento no haberte contado lo de Quinn -dijo Nick. Habl� en voz baja para que nadie m�s pudiera o�rlo.</p><p>��Siento haberte gritado ayer. No te lo merec�as despu�s de ver a Rebecca en ese estado.</p><p>Nick todav�a intentaba protegerla del recuerdo de sus siete d�as en el infierno. No entend�a que, aunque ella no pudiera escapar al pasado, el hecho de ayudar en la b�squeda de esas chicas le diera cierto sosiego. Miranda hac�a todo lo posible por encontrar al Carnicero. Y, alg�n d�a, llegar�a el momento de pararle los pies.</p><p>Ella quer�a estar presente cuando llegara aquel d�a de su captura. Ten�a que estar, como si ayudar a atraparlo la fuera a liberar de sus fantasmas y pesadillas.</p><p>Nick dej� escapar un largo suspiro.</p><p>���Pactamos una tregua?</p><p>��Nunca me dura demasiado el enfado contigo -dijo ella, y le sonri�. Quer�a a Nick, pero no como a �l le habr�a gustado.</p><p>Lo hab�a intentado. Durante tres a�os hab�a querido darle su coraz�n. <emphasis>Quer�a </emphasis>de verdad amarlo. Pero cuanto m�s lo intentaba, m�s dif�cil era. Con su ex amante ten�an una relaci�n libre de amistad, lealtad y apoyo mutuo. Sin embargo, Miranda todav�a ten�a el coraz�n roto, y Nick no pod�a recomponer las piezas.</p><p>Miranda mir� al �nico hombre que s� pod�a.</p><p>Quinn se sinti� observado. Se detuvo en los l�mites del claro para orientarse, mir� hacia atr�s y se encontr� con la mirada de ella. Durante una fracci�n de segundo, crey� ver algo diferente de la rabia en su rostro largo y delgado. Por un momento, vio un destello de deseo en sus ojos oscuros, una necesidad f�sica y una a�oranza emocional que �l recordaba bien del pasado. Si le hubiera ca�do un rayo encima no lo habr�a sacudido con m�s fuerza. Hizo una mueca y parpade�.</p><p>Aquello que hab�a cre�do ver ya no estaba. Miranda ten�a la boca cerrada, los labios convertidos en una l�nea r�gida, el rostro impasible y la mirada dura, llena de sospechas y desconfianza.</p><p>Quinn se volvi� hacia los hombres, se deshizo de la mochila y se quit� la chaqueta. Tom� un trago largo de agua fr�a de la cantimplora para combatir el calor que la embargaba con s�lo pensar que Miranda todav�a albergara alg�n sentimiento por �l.</p><p>La temperatura hab�a alcanzado apenas los siete grados por la ma�ana, pero el sol ahora tend�a un manto c�lido sobre aquel campo de �rboles nuevos. En circunstancias normales, el tramo que acababan de cubrir ser�a un paseo estimulante y agradable.</p><p>Los agentes de Nick lo miraban con una mezcla de arrogancia y cautela. Obedecer �rdenes de un federal era algo que no figuraba en sus manuales, pero �l no dejar�a que la hostilidad entre los diferentes cuerpos interfiriera con la investigaci�n.</p><p>Se aclar� la garganta.</p><p>��Ver�is los banderines naranjas donde la se�orita Moore y yo encontramos las pruebas ayer. Quisiera encontrar la bala que fue disparada, si es posible. -Se volvi� para mirar al agente Booker-. El sheriff Thomas dice que usted es el que mejor dispara de todo el departamento.</p><p>El agente se enderez� a�n m�s.</p><p>��Gan� la competici�n del condado, se�or, pero�</p><p>��Booker -lo interrumpi� Nick-, quiero que vayas hasta ese bander�n de all�. -Se�al� un punto a unos sesenta metros-, y te sit�es como si estuvieras disparando un rifle de grueso calibre a un blanco en movimiento del tama�o de una mujer de un metro sesenta que va por ese sendero -dijo, y le indic� otro bander�n a unos siete metros.</p><p>Booker trag� saliva, se ajust� la gorra y mir� a Miranda como si estuviera nervioso.</p><p>��Eh, s�, sheriff -dijo.</p><p>��Luego le cuentas al agente forestal Knudson la trayectoria y encuentras las malditas balas. -Nick se volvi� hacia el resto de sus hombres -. Separaos. Ya sab�is qu� buscamos. Y si encontr�is cualquier cosa, llamad al agente Peterson o a m�. Nada de charlar por walkie-talkie; ten�is que ser minuciosos. La lluvia ha echado a perder nuestras posibilidades de conservar las pruebas, pero puede que tengamos suerte.</p><p><emphasis>Dios sabe cu�nta suerte necesitamos ahora, </emphasis>pens� Quinn, mirando el cielo despejado.</p><p>Se dirigi� hacia donde esperaban Miranda y Nick, al comienzo del sendero.</p><p>��� la barraca -dec�a Miranda cuando se acerc�.</p><p>���Qu�?</p><p>Ella casi ni le prest� atenci�n.</p><p>��Ir� en esa direcci�n para encontrar la barraca -dijo, se�alando monta�a abajo, m�s all� de los banderines donde el agente Booker se preparaba con el guardia forestal.</p><p>��No sin m� -dijo Quinn. �En qu� estar�a pensando Miranda?</p><p>��Nick y yo nos las podemos arreglar sin problemas.</p><p>��Yo me quedar� aqu� -avis� Nick-. Tengo que estar accesible.</p><p>Quinn vio que Miranda se debat�a ante la perspectiva de ir de pareja con �l nuevamente. Y a �l le importaba un comino. Miranda no se alejar�a sola. Y si ten�a raz�n al pensar que la caba�a estaba situada cerca del claro, �l ten�a que acompa�arla. Por seguridad y para recoger pruebas.</p><p>��De acuerdo -dijo ella, con voz seca, como cansada. Era probable que no hubiera dormido demasiado anoche, como le ven�a sucediendo desde la desaparici�n de Rebecca.</p><p>�l, desde luego, apenas hab�a dormido en toda la maldita noche, pensando en lo que Miranda hab�a hecho durante los �ltimos diez a�os. En c�mo hab�a cambiado su vida, y c�mo no hab�a cambiado. Pregunt�ndose si hab�a hecho lo correcto en la Academia. No, era lo correcto, pero todo le hab�a salido mal.</p><p>Por aquel entonces no supo c�mo remediarlo, y ahora la brecha entre ambos parec�a mucho m�s profunda. Quiso darle a Miranda tiempo y espacio mientras intentaba ponerse en contacto con ella, hablar con ella y explicarse. Confiaba en que Miranda acabar�a entendiendo que en aquel momento dejar la Academia era la decisi�n correcta. Pero ella nunca respondi� a sus llamadas y le devolvi� sin abrir la �nica carta que �l le mand� con un <emphasis>Devolver al remitente.</emphasis></p><p>Aquello dol�a.</p><p>No hizo caso de los recuerdos y volvi� a sacar su cantimplora. Bebi� un trago largo y dijo:</p><p>��Vamos.</p><p>Caminaron en silencio, mirando el suelo en busca de pruebas. Cada ciertos pasos verificaban que fueran por el buen camino, gracias a alguna rama rota o a huellas muy marcadas. En un punto, vieron que Rebecca se hab�a ca�do, no hab�a duda. La prueba era un largo mech�n de pelo rubio prendido de una rama, arrancado de cuajo de la cabellera. Quinn coloc� un bander�n naranja sin decir nada, la fotografi�. Cort� la rama y la meti� en una bolsa de pruebas con el mech�n de pelo.</p><p>Cuando acab�, se dio cuenta de que Miranda se hab�a detenido y lo estaba mirando. No, no lo miraba a �l sino a algo que estaba m�s all�. Como si viera algo que no estaba ah�.</p><p>El coraz�n se le aceler�. Le dol�a ver que Miranda se pon�a en situaciones que la obligaban a revivir lo que le hab�a sucedido. Su angustia era visible. Record� el momento en que encontr� el cuerpo de Sharon, su dolor, su evidente desaz�n. Miranda era fuerte pero no indestructible.</p><p>Le dieron ganas de acercarse a ella y tocarla, estrecharla.</p><p>��Miranda -dijo, con voz suave-. �Te encuentras bien?</p><p>Ella volvi� r�pidamente su atenci�n a �l.</p><p>��Estoy pensando -dijo-. Cay� aqu�. �Por qu�? No hay ramas que la hicieran tropezar. Est� en el claro. Y �l le dispar�.</p><p>��No se sabe� -dijo �l, y se detuvo. Podr�a ser. Sigui� la direcci�n de su mirada mientras ella caminaba dibujando un lento c�rculo-. Quiz� -dijo-, pero d�nde est� la prueba.</p><p>��Aqu� cambi� de direcci�n -murmur�, como si estuviera hablando sola.</p><p>���Qu�?</p><p>��No habr�a seguido en l�nea recta despu�s de que le disparara. Habr�a cambiado de direcci�n, se habr�a girado, habr�a hecho algo diferente para que �l no pudiera seguirle la pista. -Miranda empez� a caminar dibujando un arco, hacia atr�s y hacia adelante, hasta detenerse, a unos quince metros monte abajo, en un �ngulo de cuarenta grados en relaci�n con el sendero por donde avanzaban.</p><p>���Aqu�! -dijo, con la voz te�ida por la emoci�n.</p><p>Quinn se reuni� con ella m�s abajo. Hab�a otros dos casquillos. Quinn plant� un bander�n.</p><p>��Tenemos que bajar -dijo ella, se�alando hacia una pendiente muy acusada.</p><p>��Es muy empinado.</p><p>��S�, pero vinieron por aqu�.</p><p>Ten�a raz�n. Hab�a un �rbol peque�o pisado y roto en la direcci�n que se�alaba Miranda. El l�mite del claro acababa bruscamente unos quince metros m�s all�. Quinn detuvo a Miranda cuando llegaron al per�metro.</p><p>Doce a�os antes hab�an caminado juntos por una pendiente similar para llegar a la caba�a donde Miranda y Sharon hab�an estado encerradas. Quinn nunca olvidar�a el valor de Miranda aquel d�a.</p><p>���Est�s preparada para lo que podamos encontrar? -pregunt� con voz queda.</p><p>��Desde luego que s� -dijo ella. Pero cuando Quinn la mir� no era rabia lo que brillaba en sus ojos oscuros sino los recuerdos.</p><p>�Tambi�n ella pensaba en ese d�a?</p><p>�l estir� la mano, queriendo conectar con ella, pero Miranda lo rechaz� con un movimiento casi imperceptible de la cabeza. �l dej� caer el brazo, molesto consigo mismo por haberlo intentado, pero deseando que Miranda no insistiera en llevar sola sobre sus hombros todo el peso del dolor de Rebecca.</p><p>Caminaron siguiendo el l�mite del claro y se detuvieron al cabo de un momento. A Quinn le llam� la atenci�n algo que parec�a fuera de lugar.</p><p>��Aqu� -dijo, y se agach� para examinar las huellas de pisadas en el suelo.</p><p>��Vamos.</p><p>Quinn desenfund� su pistola y asinti� cuando ella lo imit� con una Beretta de nueve mil�metros un poco m�s peque�a. Nunca olvidar�a que Miranda hab�a obtenido el tercer puesto en la competici�n de la Academia. Era un buen resultado si se ten�a en cuenta que hab�an participado cien personas m�s.</p><p>Pero ella se hab�a enfadado consigo misma por no obtener el primer puesto. La competencia en la Academia era cosa seria, pero nadie la somet�a a tanta presi�n como ella misma.</p><p>Miranda respir� hondo y reuni� todo el valor posible a medida que se internaban en el bosque. La vegetaci�n se volvi� m�s espesa cuando abandonaron el claro inundado de luz, y el aire, fr�o y h�medo. El fr�o le manten�a alto el nivel de adrenalina mientras barr�a el monte silenciosamente con la mirada en busca de cualquier indicio de movimiento.</p><p>En busca del Carnicero.</p><p>A medida que se internaban en la espesura, los animales que se escabull�an, el graznido de las aves y las botas que aplastaban el suelo cubierto de hojas eran los �nicos ruidos. El aire estaba fresco y limpio despu�s de la lluvia, la tierra renovada. Sin embargo, al mismo tiempo, a Miranda le lleg� el olor penetrante y desagradable de la podredumbre. Le record� su propia ca�da, cuando estaba sucia y ten�a fr�o y le dol�a todo.</p><p>Quinn se detuvo para mirar el sendero. La ladera del monte era m�s suave, muy distinta del terreno rocoso de m�s arriba por donde hab�a escapado Miranda. A Rebecca la hab�an tenido m�s cerca de la civilizaci�n, a s�lo unos diez kil�metros a vuelo de p�jaro.</p><p>Miranda cerr� los ojos y respir� hondo para serenarse. Cuando volvi� a abrirlos al cabo de un minuto, todo parec�a m�s vivo y brillante. El verde era m�s verde, el marr�n m�s marr�n. Unos potentes rayos cortaban la sombra entre los �rboles e inundaban el suelo con manchas de luz. A Miranda le fascinaban los d�as como �se, despu�s de la lluvia de primavera que dejaba el aire limpio, cuando todo quedaba fresco y nuevo y la culpa que ella sent�a por estar viva se desvanec�a.</p><p>De pronto, un destello llam� su atenci�n.</p><p>Un leve reflejo en un techo de zinc medio oxidado. Se qued� mirando, tan concentrada en su descubrimiento que los ruidos del bosque pasaron a un segundo plano. No o�a m�s que los latidos de su coraz�n. La madera combada y vieja que sosten�a el fr�gil techo no habr�a podido aguantar la reciente tormenta, pero las apariencias enga�an. Aquella caba�a hab�a soportado los duros inviernos de Montana, golpeada por la lluvia y sepultada a medias por la nieve.</p><p>��Miranda.</p><p>��All� -dijo ella, saliendo de su ensimismamiento.</p><p>�l mir� con expresi�n inescrutable. Sac� el walkie-talkie y apret� la tecla para hablar.</p><p>��Sheriff, hemos encontrado una choza. A unos� -dijo, y mir� hacia lo alto del monte empinado-, seiscientos metros del borde del claro. Hay una bandera naranja que marca el punto donde nos hemos apartado del campo.</p><p>Son� la est�tica.</p><p>��Entendido. -La voz de Nick, distorsionada por la comunicaci�n, rompi� el silencio-. Enviar� un equipo.</p><p>��Entendido. Cambio y fuera. � Quinn se meti� el aparato en el bolsillo y se volvi� hacia Miranda.</p><p>Ella alz� el ment�n, sabiendo que pod�a enfrentarse a lo que fuera.</p><p>��Vamos.</p><p>Miranda sigui� a Quinn, lo bastante cerca como para no pasar nada por alto. Los dos se pusieron los guantes de l�tex para preservar lo que probablemente ser�a la escena del crimen.</p><p>Donde Rebecca hab�a sido violada y torturada.</p><p>Miranda cerr� brevemente los ojos y luego pesta�e�, sorprendida. Ten�a l�grimas en los ojos. <emphasis>Ahora, no, </emphasis>se recrimin� a s� misma, con su severa voz interior.</p><p>Quinn le hizo una se�a para que se apartara mientras �l inspeccionaba el per�metro de la barraca. Ella obedeci� sin rechistar.</p><p>Aquella barraca destartalada probablemente llevaba d�cadas ah�. La madera estaba desgastada, casi negra. De hecho, deber�a estar convertida en un mont�n de troncos, pudri�ndose bajo capas de hojas en descomposici�n y cubierta de musgo. Pero aunque no parec�a muy s�lida, estaba bien construida. Una vieja barraca abandonada, como tantas otras.</p><p>Hasta que la encontr� el Carnicero.</p><p>Con una mano, Miranda sac� el mapa topogr�fico y localiz� su posici�n aproximada as� como el camino que hab�a seguido Rebecca.</p><p>Sinti� que se le revolv�an las tripas al imaginar a la pobre chica huyendo por el bosque. No porque su huida acabara en una ejecuci�n, sino porque si Rebecca hubiera escapado unos seis kil�metros en la direcci�n opuesta habr�a llegado a un camino de tierra que conduc�a a una peque�a represa. Quiz�s habr�a muerto de todas maneras, pero al llegar al camino habr�a tenido m�s posibilidades.</p><p><emphasis>�Corre! Tienes dos minutos. �Corre!</emphasis></p><p>La voz ven�a de la nada, y Miranda apret� la culata de su arma mientras miraba a su alrededor, luchando contra el p�nico con el cuerpo inundado de adrenalina.</p><p>Nadie. No hab�a nadie. Su maldita voz, ronca, s�dica, la persegu�a. Maldito fuera.</p><p>Rebecca no hab�a tenido la posibilidad de escoger por donde huir, como le sucedi� a Sharon y a ella. Ellas corr�an para alejarse en direcci�n contraria a su secuestrador. Si �l estuviera all�, justo al otro lado de esa puerta estrecha, apunt�ndole al coraz�n con un rifle, Rebecca habr�a corrido cerro arriba. <emphasis>Alej�ndose.</emphasis></p><p>���Miranda?</p><p>La voz de Quinn era suave pero firme, y ella volvi� a recordar que �l hab�a sido su apoyo m�s firme durante los peores d�as despu�s del ataque. Record� al joven y prometedor agente del FBI de quien se hab�a enamorado, un hombre entusiasmado con la vida y con su trabajo, combatiendo a los malos. Y durante todo ese tiempo, �l le ayud� a recuperar el equilibrio, le dio la fuerza que tanto necesitaba.</p><p>Miranda se oblig� a mirar con rostro inexpresivo (ten�a mucha experiencia fingiendo un inter�s neutro), y se gir� hacia �l.</p><p>Quinn hab�a madurado. Ten�a casi cuarenta a�os. Ya no se mov�a de un lado a otro compulsivamente, como si se hubiera obligado a controlar esa mala costumbre, la �nica que reconoc�a como tal.</p><p>Se manten�a alto y erguido, todav�a seguro de s� mismo, inteligente, pero m�s sabio. M�s curtido.</p><p>Ya no era el hombre del que se hab�a enamorado. Ella tampoco era la mujer que �l hab�a dicho amar. �l hab�a madurado hasta convertirse en el hombre que ella hab�a imaginado.</p><p>Sin embargo, segu�a siendo el hombre que la hab�a traicionado.</p><p>��Estoy lista -avis�, con voz suave.</p><p>�l abri� la boca para hablar, pero no dijo nada. En cambio, asinti� con la cabeza y se acerc� a la barraca. Aliviada, ella reprimi� un suspiro y lo sigui�.</p><p>Unas rascadas recientes en la madera indicaban que hasta hac�a poco la puerta se cerraba con un candado. Quinn ten�a su arma lista. Ella tambi�n.</p><p>Jam�s volver�an a sorprenderla con la guardia baja.</p><p>Quinn empuj� la puerta y �sta se abri�. Sin llave. La empuj� hacia adentro con cuidado, lentamente, mientras se echaba a un lado por s� el asesino estuviera dentro.</p><p>Estaba vac�a. Miranda sinti� un alivio relativo. Ten�a unas ganas desesperadas de atrapar a ese tipo, pero tem�a encontrarse cara a cara con �l. �Era alguien que conoc�a? �Alguien con quien hab�a ido al colegio? �Un cliente habitual de la hoster�a? �Un habitante local? �Un extra�o?</p><p>�Ser�a capaz de reconocerlo? �Era alguien a quien ve�a todos los d�as?</p><p>Aquella idea no paraba de rondarle la cabeza. Quiz�s el Carnicero fuera alguien que ella ve�a como un amigo.</p><p>���Miranda?</p><p>���Qu�? -dijo, sobresalt�ndose. Enseguida se arrepinti� de su tono de voz. No ten�a por qu� comunicarle su agitaci�n a Quinn. Esos demonios que ella combat�a eran estrictamente personales.</p><p>�l iba a decir algo, pero call�. Empez� a examinar minuciosamente el interior.</p><p>En la barraca, de una sola habitaci�n de dos metros y medio por cuatro, s�lo hab�a un colch�n manchado y mugriento en medio del suelo de madera ennegrecida. Sangre seca mezclada con tierra. El techo era de madera y zinc, inclinado para impedir que lo destruyera la nieve. La ropa de Rebecca estaba en un rinc�n. Los vaqueros, el jersey amarillo y el anorak azul con que la hab�an visto por �ltima vez.</p><p>No estaban ni el sost�n ni las bragas.</p><p>Miranda se fij� en el olor. Era el olor del miedo pegado a las paredes, como si el terror de Rebecca hubiera quedado impreso para siempre en la madera oscura y musgosa.</p><p>No, el miedo no ol�a. Era el sudor seco, el olor vago y met�lico de la sangre, lo que empapaba su olfato al respirar, desplaz�ndose hasta su lengua, haci�ndole sentir el sabor cobrizo del terror, antes de que sus pulmones y su coraz�n se llenaran de penosos recuerdos.</p><p>El sexo. El sexo brutal y doloroso.</p><p><emphasis>Tengo mucho fr�o, Randy.</emphasis></p><p>Miranda mir� a su alrededor, segura de haber o�do a Sharon que le hablaba.</p><p>No era Sharon, sino su fantasma.</p><p>La habitaci�n sin ventanas se encogi�. Era como si las paredes latieran, como si respiraran. Como si reptaran hacia ella, cada vez m�s cerca� y el miedo s� ol�a. El aroma empalagoso de su propio terror, su mortalidad, tiraban de ella hacia abajo, la estrangulaban.</p><p><emphasis>Randy, tengo fr�o. Vamos a morir.</emphasis></p><p><emphasis>No vamos a morir. No te des por vencida. Encontraremos una manera de escapar.</emphasis></p><p><emphasis>Nos matar�.</emphasis></p><p><emphasis>�Basta! Deja de hablar de esa manera.</emphasis></p><p>Rebecca estuvo sola. Sin alguien que la apoyara. Nadie con quien hablar, con quien llorar, a quien hacer promesas. Sola. Sin saber cu�ndo volver�a �l, cu�ndo la volver�a a montar. Cuando coger�a las tenazas fr�as como el hielo para apretarle los pezones hasta que ella gritara.</p><p><emphasis>�Aaaayy!</emphasis></p><p>Los gritos de Sharon le resonaban en los o�dos, le golpeaban como un martilleo en la cabeza.</p><p>Ella ser�a la siguiente.</p><p>Las paredes respiraban y se combaban. Se acercaban, poco a poco, cada vez m�s�</p><p><emphasis>Empez� a temblar descontroladamente cuando oy� los gritos y sollozos de Sharon. �l guardaba silencio. Un silencio enfermizo. Pero Miranda sab�a que volv�a a violar a Sharon, o�a el golpeteo asqueroso de su carne contra la de ella, chas, chas, chas, sobre su piel. El grito cuando �l le retorc�a los pezones con las tenazas�</emphasis></p><p><emphasis>S�, ella ser�a la siguiente.</emphasis></p><p>Las paredes se le echaron encima, como si quisieran chuparle la vida. Miranda se llev� la mano a la boca y sali� corriendo de la choza, tropez� entre las ramas, hasta que encontr� un �rbol. Se apoy� en el tronco, intentando reprimir el terror que amenazaba con volverla loca.</p><p><emphasis>Quinn ten�a raz�n. Te vas a hundir.</emphasis></p><p>No. No. �No!</p><p>Respirar hondo. Respirar para limpiarse. Los olores del sudor, de la violaci�n infame y de la sangre se fueron desvaneciendo, reemplazados por la fragancia fresca de los pinos, la tierra h�meda y las hojas podridas. La savia pegajosa.</p><p>Inspirar. Espirar.</p><p>El coraz�n se le calm� y los latidos en el cuello perdieron su fren�tica pulsaci�n. Abri� los ojos y se qued� mirando el �rbol en que se hab�a apoyado.</p><p><emphasis>Abrazadora de �rboles, </emphasis>pens�, y se dio cuenta de que reprim�a una sonrisa.</p><p>Se separ� del �rbol, se sec� las manos en los vaqueros e hizo acopio de coraje, recuperando la compostura.</p><p><emphasis>Respira, Miranda. Respira.</emphasis></p><p>Se incorpor� y volvi� a la choza, dispuesta a intentarlo una vez m�s. Luchar�a contra la claustrofobia que se hab�a convertido en su r�mora desde aquella semana en el infierno, hac�a doce a�os.</p><p>Quinn se la qued� mirando y ella aguant� la respiraci�n.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359151">Cap�tulo 11</p></title><p>Quinn observaba a Miranda desde el umbral de la puerta.</p><p>Se estaba viniendo abajo, p�lida como un fantasma, y era evidente que estaba tocada. Si la prensa se enteraba de que uno de los miembros del equipo no las ten�a todas consigo, toda la investigaci�n podr�a venirse abajo.</p><p>Miranda se aferraba al �rbol como si fuera un salvavidas. �l dio un paso adelante, pensando en lo que ten�a que decir. <emphasis>Miranda, vete a casa. Cu�date. No puedes ayudarnos si tienes una crisis nerviosa.</emphasis></p><p>Mientras �l observaba, ella empez� a recuperar la compostura. Miranda dej� de temblar y se apart� del �rbol. Acabaron los sollozos mudos que la sacud�an. Se inclin�, respir� hondo y volvi� a erguirse.</p><p>Y lo mir� directamente a los ojos.</p><p>Miedo. Se le ve�a el miedo pintado en la cara, pero no era el terror del que hab�a escapado en la choza. Era miedo de �l.</p><p>En su interior se debat�an la furia y la empat�a. Que tuviera miedo de <emphasis>�l </emphasis>era inquietante, pero �l lo entend�a. Despu�s de advertirle sin rodeos que estaba a punto de tener una crisis, no ten�a nada de extra�o que la relevara de la investigaci�n.</p><p>En cuanto �l entendi� sus miedos, ella los disimul� tras un rostro de piedra.</p><p>A Quinn le sorprendi� la rapidez con que Miranda volv�a tan r�pidamente a ser due�a de s� misma. Hab�a visto a veteranos impresionados ante la escena de un crimen especialmente brutal, que tardaban m�s de cinco minutos en recomponerse. Otros tardaban varios d�as.</p><p>Sin embargo, tambi�n era cierto que Miranda hab�a tenido doce a�os para ocultar sus miedos.</p><p>���Claustrofobia? -se oy� decir.</p><p>Ella asinti�, visiblemente m�s relajada. Inclin� a un lado la cabeza y se encogi� de hombros.</p><p>��A veces todav�a me sucede. No hay ventanas -a�adi�, al cabo de un instante, en voz tan baja que casi no se oy�.</p><p>Aunque parec�a tranquila, segu�a mirando con ojos vigilantes. Esperando m�s. Esperando que �l le saltara a la garganta. �Tanto desconfiaba de �l? �Qu� hiciera algo as� mientras ella estuviera indefensa?</p><p>��Miranda -dijo �l, y se acerc�. �Qu� pod�a decir para darle seguridad?- Yo�</p><p>El ruido de hombres que bajaban por la ladera del monte lo interrumpi�. Vieron a Nick que se acercaba a la barraca con cinco agentes.</p><p>��Hemos encontrado tres balas en dos �rboles -dijo Nick, mirando de Quinn a Miranda y de nuevo a Quinn. Si se hab�a dado cuenta de la tensi�n, su expresi�n no lo delataba.</p><p>��El agente forestal est� trabajando con mis hombres para cortar los trozos de troncos; los mandaremos al laboratorio en Helena. -Nick se volvi� hacia sus hombres-. Dispersaos por el monte hacia abajo a partir de la barraca y tratad de averiguar c�mo la trajo hasta aqu�. Atentos a donde pis�is, hay que vigilar por si veis cualquier cosa rara. Huellas de ruedas, basura�</p><p>��S�, se�or. -Los hombres se separaron.</p><p>��Necesitamos un equipo para buscar pruebas -dijo Quinn.</p><p>��As� que es aqu� -dijo Nick, frunciendo el ce�o al mirar hacia la barraca, como si una nube negra pasara por su pensamiento.</p><p>��Sin duda, tendremos que coger muestras de sangre y otras. -En las otras barracas encontradas, hab�a recogido algunas pruebas forenses, aunque las muestras de ADN estaban contaminadas por la exposici�n al aire libre. El asesino no dejaba rastro de semen en las v�ctimas, ni pelo ni sangre. Utilizaba un cond�n, aunque no siempre las violaba penetr�ndolas con el pene.</p><p>Quinn mir� a su compa�era y tuvo ganas de estrangular al cabr�n que le hab�a hecho eso. Era un impulso diferente a sus habituales reacciones de ira ante los criminales violentos. Era m�s fuerte y poderoso.</p><p>Era personal.</p><p>Ella lo sorprendi� mir�ndola y le sostuvo la mirada. Su rostro p�lido era inexpresivo, pero sus ojos estaban llenos de interrogantes.</p><p>��Creo que estamos preparados para seguir. �Miranda? -pregunt� Quinn, queriendo darle la opci�n de no seguir, aunque dudaba que ella fuera a abandonar ahora.</p><p>��Seguid vosotros -dijo ella, lo cual fue una sorpresa-. Yo me vuelvo.</p><p>Nick parec�a tan sorprendido como Quinn.</p><p>��Espera a que llame a uno de mis hombres para que te acompa�e -dijo �l.</p><p>��Maldita sea, Nick. No me voy a perder.</p><p>��Miranda -dijo �l-. Nadie de mi equipo puede ir solo mientras dure la b�squeda. Deber�as saberlo mejor que nadie, puesto que tambi�n es una regla tuya.</p><p>��Tienes raz�n. Lo siento -dijo, suspirando-. Es que estoy cansada.</p><p>Nick le toc� el hombro y asinti�.</p><p>��Descansa un poco, Randy. Ma�ana tendremos mucho trabajo y de aqu� a un par de horas habr� que suspender la b�squeda.</p><p>��Eso har�. -Esper� a que Nick llamara al agente Booker para que volviera con ella. Mir� a Quinn.</p><p>��Gracias -dijo, y le toc� levemente el brazo. Un contacto ligero que transmit�a m�s emoci�n real que cualquier cosa que hubieran compartido desde su regreso a Montana. Y no era rabia. Se sostuvieron la mirada, s�lo un momento, una tregua mutua. Y algo m�s. Algo m�s profundo. �Era perd�n?</p><p>No, �l no ten�a tanta suerte.</p><p>La observ� mientras se alejaba con el agente. Mientras barruntaba.</p><p>El sol se puso mucho despu�s de la hora de cenar, y ya ca�a la noche cuando Miranda se dirigi� hacia el sudeste, en direcci�n a la Hoster�a Gallatin.</p><p>No pod�a dejar de pensar en la reacci�n de Quinn.</p><p>Estaba segura de que �l convertir�a todo aquello en un esc�ndalo, y que le soltar�a frases como �ya te lo advert��. Maldita sea, esperaba que no sintiera l�stima por ella. Eso casi ser�a peor. Miranda no necesitaba ni quer�a inspirar l�stima a nadie. Lo �nico que quer�a era un poco de espacio para respirar, un poco de comprensi�n sin compasi�n.</p><p>Y �l se lo hab�a dado. Eso le brindaba una perspectiva nueva de todo.</p><p>No quer�a pensar en Quincy Peterson ni en sus motivaciones. Ahora, no. Al ser expulsada de la Academia, hab�a entendido perfectamente lo que ella era para �l. Una carga, un problema, una persona dispensable. Hacer algo inesperado y amable ahora no cambiaba el hecho de que �l pensara que ella no pod�a manejar la investigaci�n sobre el Carnicero.</p><p>A pesar de su decisi�n de olvidar el pasado, �ste la acosaba con sus recuerdos.</p><p>Era el d�a antes de la graduaci�n y Quinn fue a verla a su habitaci�n. Miranda acababa de recibir los resultados de su examen final y no pod�a contener su entusiasmo. Se lanz� a sus brazos y lo bes�.</p><p>�Dios m�o, c�mo amaba a aquel hombre!</p><p>�l le enred� los dedos en el pelo, despein�ndola y le sostuvo la cara muy cerca. Sus labios eran c�lidos, firmes, seguros.</p><p><emphasis>Suyos.</emphasis></p><p>No hab�an hablado de matrimonio, no con esas palabras. La �nica conversaci�n sobre el tema la hab�a introducido Quinn. Fue antes de que ella se marchara de Montana, justo despu�s de que la admitieran en la Academia, y justo despu�s de que sus escarceos rom�nticos se convirtieran en una relaci�n en toda regla. Hab�an acordado aplazar la conversaci�n hasta despu�s de que ella se graduara de Quantico.</p><p>Miranda nunca hab�a dudado de que aprobar�a. Sus resultados le daban la raz�n.</p><p>Ten�a una carrera en la que sab�a tendr�a �xito. Un hombre al que amaba con todo su coraz�n. Alguien que la entend�a, que cuidaba de ella y la amaba sin condiciones. Que no la consideraba una mujer estropeada. Alguien que la estrechaba en sus noches de pesadillas, que calmaba su ansiedad con sus manos c�lidas y sus tiernos besos. Que le hac�a el amor sin reprimirse.</p><p>Ahora estaba a punto de graduarse. Su vida volv�a a ser suya. Una nueva vida. Entera, completa. Se sent�a renacer.</p><p>�l la estrech� con fuerza, le bes� el pelo. El aroma de Quinn era tan particular: jab�n normal y corriente y una pizca de loci�n para despu�s del afeitado. Algo picante, pero no le embargaba los sentidos. Quinn era guapo, sexy, inteligente y comprensivo.</p><p>Y era todo suyo.</p><p>���Mira! -exclam� ella, con una sonrisa de oreja a oreja, alzando el examen escrito con una puntuaci�n casi �ptima.</p><p>�l abri� sus ojos de color chocolate.</p><p>��Vaya. Has sacado un punto m�s que mi nota final.</p><p>Ella volvi� a besarlo y casi dej� escapar una risilla. <emphasis>Casi. </emphasis>Todav�a no hab�a aprendido a re�r como sol�a hacerlo, y esas risillas eran tan� inmaduras. Sin embargo, no se hab�a sentido tan feliz en a�os, desde antes del secuestro.</p><p>Nada pod�a detenerla ahora.</p><p>Quinn la cogi� de la mano y caminaron por el patio al exterior de las habitaciones. Se cruzaron con un grupo de futuros agentes charlando en corro, gozando de diversos estados de �xtasis y orgullo. Era una bella tarde de oto�o en Virginia. El d�a siguiente promet�a un tiempo despejado y una temperatura cercana a los veinte grados. Ideal para una ceremonia de graduaci�n.</p><p>Pero aunque cayera un diluvio, Miranda conocer�a la gloria cuando recibiera su diploma de Quantico, y le asignaran su primera tarea.</p><p>Hab�a vencido al Carnicero, y eso parec�a una haza�a.</p><p>��He hablado con el agente Clark -dijo Quinn, cuando pasaron m�s all� del patio y siguieron caminando tranquilamente por los senderos alrededor del edificio.</p><p>��Ya te lo he dicho, Quinn, nada de tratos especiales en la asignaci�n de tareas. Si me dan lo que yo prefiero, mejor. Si no, ya har� m�ritos. -Miranda hab�a pedido trabajar en casos de asesinos en serie y ser admitida en el programa de elaboraci�n de perfiles. Su m�ster en criminolog�a y su licenciatura en psicolog�a eran puntos a su favor, pero nada era seguro.</p><p>Ella quer�a hacerse merecedora de su tarea. No quer�a que su relaci�n con Quinn influyera en la decisi�n.</p><p>��Lo s�. -El guard� silencio un momento largo y Miranda sinti� un cosquilleo en el cuero cabelludo. Algo estaba pasando. Quinn no era un gran hablador, pero tampoco le costaba tanto comunicarse. Dec�a lo que cre�a y cre�a en lo que dec�a. Era la gran diferencia en su relaci�n, puesto que Miranda ten�a dificultades para hablar sobre c�mo se sent�a, o para encontrar las palabras adecuadas.</p><p>���Qu� pasa? No me digas que Rowan o Liv no han aprobado. -No era posible. Las dos estaban tan centradas en los estudios y pon�an la misma dedicaci�n que ella. Eran sus primeras amigas desde la muerte de Sharon. Y al cabo de la primera semana, su relaci�n se volvi� m�s de hermanas que de compa�eras de habitaci�n.</p><p>Quinn neg� con un gesto de la cabeza.</p><p>��Hablamos de ti.</p><p>��Oh, �t� y el agente Clark hab�is hablado de m�? -Intent� que su voz sonara ligera y despreocupada, pero sinti� que la tensi�n le agarrotaba la espalda y las mariposas le aleteaban en el vientre. Algo muy malo estaba pasando.</p><p>��El doctor Garrett se reuni� con Clark ayer por la ma�ana. Estaba� eh� un poco preocupado por tu segunda prueba psicol�gica.</p><p>��Garrett es un capullo arrogante -dijo Miranda, y se meti� el pelo detr�s de las orejas. La mano le temblaba y quiso disimularlo.</p><p>��S�, bueno. Clark le escuch�. Est�n preocupados por ti. Creen que necesitas un poco m�s de tiempo.</p><p>Los dos sab�an a qu� se refer�a. <emphasis>El tiempo. </emphasis>El tiempo se hab�a convertido en un enemigo.</p><p>��Hace dos a�os que ocurri� aquello, Quinn. �Qu� dec�a, concretamente, el puto perfil?</p><p>Miranda se detuvo y lo mir�. Cuando �l rehuy� su mirada, ella supo, <emphasis>supo </emphasis>que estaba jodida.</p><p>��Que tienes una personalidad obsesiva, y eso podr�a nublarte el juicio y poner en peligro las vidas de tus compa�eros agentes.</p><p>���Eso es mentira! Y t� lo sabes. No pueden� �Qu� dices? La cara de preocupaci�n de Quinn le arranc� toda esperanza del coraz�n y entonces Miranda se dio cabalmente cuenta de lo que ocurr�a. Su vida volv�a a acabar.</p><p>���Qu� ha pasado? Maldita sea, Quinn, �qu� ha pasado? �l habl� con voz neutra.</p><p>��Clark me pregunt� qu� pensaba. Le dije que necesitabas un a�o m�s.</p><p>Ella odi� las l�grimas que brotaron en sus ojos. No pudo hacer nada por impedir que le ba�aran las mejillas. Sent�a un peso como un plomo en el coraz�n y le falt� la respiraci�n.</p><p>���Qu�?</p><p>�l intent� cogerle la mano pero ella se apart�.</p><p>��Randy�</p><p>���No me llames as�! -Enfadada con su propia debilidad, se limpi� las l�grimas con el dorso de la mano, pero enseguida cayeron m�s.</p><p>Quinn dio un paso atr�s.</p><p>��Tienes el ingreso asegurado en Quantico el a�o que viene. Y aprobar�s con todos los honores, ya ver�s�</p><p>���Ya he aprobado con todos los honores! -dijo, mir�ndolo a trav�s de sus l�grimas-. A ti� te ha preguntado a ti. �Por qu� no me has defendido?</p><p>��Necesitas m�s tiempo. -Quinn hablaba en voz baja y la miraba fijamente-. Miranda, has pasado por la universidad y has hecho tu m�ster a toda velocidad, no has hecho nada por ti misma. Tienes que saldar cuentas con el pasado para poder enfrentarte al futuro. No estoy seguro de que los motivos que tienes para ser agente del FBI sean los correctos.</p><p>��Ah�rrate la jodida psicolog�a barata. Eres t�� t� eres el que piensa que me vendr� abajo. Que� que no puedo hacer mi trabajo. Que te jodan. Yo cre�a que� que t� precisamente me entend�as�</p><p>Y ech� a correr.</p><p>Miranda sacudi� la cabeza y se frot� la sien, devolviendo el recuerdo al lugar que le correspond�a. Enterrado. No se hab�a percatado de que aquellos pensamientos estuvieran tan a flor de piel hasta que sinti� la humedad en los ojos. Pero �por qu� se sorprend�a? En cuanto hab�a visto a Quinn el d�a anterior los a�os se desvanecieron.</p><p>Durante un a�o luch� consigo misma por la idea de volver a Quantico. Ignor� a Quinn, segura de que no har�a m�s que recurrir a lugares comunes in�tiles para explicarle hasta el cansancio por qu� necesitaba darse un tiempo. Ella no quer�a o�r sus razones. Quinn no la hab�a apoyado en el momento de la verdad. �l hab�a cuestionado sus motivaciones, y luego hab�a insistido en decirle que no era nada personal.</p><p>Al contrario, no pod�a ser sino personal.</p><p>Quer�a volver a Quantico, pero una cosa la reten�a.</p><p>El miedo. Un miedo profundo que le helaba los huesos con s�lo pensar que el psiquiatra pudiera tener raz�n, no s�lo en que estuviera obsesionada con el Carnicero sino que, si alg�n d�a lo encontraba, sufrir�a de verdad una crisis nerviosa.</p><p>La caza del Carnicero la manten�a centrada y cuerda. Pero cuando la caza llegara a su fin, �d�nde estar�a ella? Cuando al asesino lo atraparan y lo castigaran, �qu� har�a ella? No ten�a nada m�s.</p><p>El vac�o de su vida la sacudi� como un golpe en el bajo vientre.</p><p>Parpade�. De pronto se dio cuenta de que hab�a llegado a la hoster�a. El jeep estaba aparcado, pero el motor segu�a en marcha. Lo apag� y respir� hondo. Estaba turbada.</p><p>Hab�a olvidado lo mucho que amaba a Quinn. Despu�s de haber dedicado tanto tiempo a pensar en su traici�n, se hab�a olvidado que un d�a hab�a querido -y planeado- pasar el resto de sus d�as con �l.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359152">Cap�tulo 12</p></title><p>Quinn envi� el informe a su jefe desde el ordenador de Nick, que en ese momento volv�a con un vaso de caf� de la cafeter�a situada en la misma calle.</p><p>��Solo, con una gota.</p><p>Quinn frunci� una ceja.</p><p>���Una gota?</p><p>Nick sonri�.</p><p><emphasis>��Espresso. </emphasis>Una gota m�s de cafe�na.</p><p>Quinn se ech� a re�r y acept� el caf�, sintiendo que parte de la tensi�n en su espalda se desvanec�a.</p><p>Nick se sent� en la silla para las visitas, al otro lado de su mesa, y le hizo una se�a para que se quedara en su asiento.</p><p>��He acabado de registrar todas las pruebas -dijo Nick-, y el agente Booker las llevar� a Helena ma�ana por la ma�ana.</p><p>��Bien. -Quinn tom� un sorbo de caf�. Se dio cuenta de que no paraba de tamborilear con el dedo �ndice sobre el vaso, y se oblig� a parar. El caso que ten�an entre manos era dif�cil, pero su frustraci�n ten�a m�s que ver con Miranda que con la investigaci�n.</p><p>���El doctor Abrams confirm� que la sangre era de Rebecca? -pregunt�.</p><p>��El mismo tipo sangu�neo. Mandar� una muestra al laboratorio para un an�lisis de ADN, pero t� y yo sabemos que es de ella. -Nick guard� silencio un momento y luego dijo-: Joder, Quinn, el moho que hay en ese sitio habr� destruido todas las pruebas.</p><p>��Quiz�s, o puede que la hayamos encontrado a tiempo. -Era probable que en el colch�n aplastado y mugriento en el suelo de la barraca no hubiera nada �til, pero el experto crimin�logo hab�a aspirado todo lo que hab�a dentro de ese lugar, y luego analizar�an hasta el �ltimo grano de tierra. Quinn velar�a por ello.</p><p>��He llamado a una amiga para que venga a ayudarnos -dijo Quinn.</p><p>���Otro super agente del FBI? -pregunt� Nick en son de broma, aunque Quinn percibi� el asomo de algo m�s, quiz�s una pizca de amargura. Esperaba que Nick no siguiera enfadado a causa del art�culo de Eli Banks en el <emphasis>Chronicle </emphasis>de esa ma�ana. Banks hab�a dejado a Nick en segundo plano porque �ste no le hab�a dado la cita que quer�a, y no hab�a m�s. Sin embargo, la alusi�n a la presencia del FBI para encarrilar la investigaci�n ten�a que haberle afectado de alg�n modo.</p><p>Desde luego, conociendo a Eli Banks, �se no era m�s que el primero de una seguidilla de art�culos negativos.</p><p>��No exactamente. Es una t�cnico de laboratorio, y amiga personal. Se llama Olivia St. Martin.</p><p>��Ese nombre me suena. �No es amiga de Miranda?</p><p>Quinn asinti� con la cabeza.</p><p>��Eran compa�eras de habitaci�n en Quantico.</p><p>���Crees que servir� de algo?</p><p>��Olivia har�a cualquier cosa para ayudar a Miranda. Vendr�. S�lo tengo que ped�rselo. Era demasiado tarde para llamar anoche cuando se me ocurri�. Hay pocos t�cnicos de laboratorio tan dedicados a su trabajo como Olivia, y su especialidad es el an�lisis de pruebas.</p><p>��Lo que sea, si crees que nos ayudar� a atrapar a ese cabr�n. � Si hay algo en las pruebas, Olivia lo encontrar�. Luego, s�lo necesitamos un sospechoso. -No costaba nada decirlo, pero no ten�an sospechosos. Ni siquiera una pista.</p><p>Nueve chicas desaparecidas, siete de ellas muertas. Se supon�a que las chicas no encontradas hab�an sido v�ctimas del Carnicero porque hab�an encontrado sus coches averiados en un radio de entre tres y seis kil�metros despu�s de su �ltima parada.</p><p>Despu�s de la desaparici�n de Miranda y Sharon, la investigaci�n conjunta de la oficina del sheriff y el FBI lleg� a la conclusi�n de que el <emphasis>modus operandi </emphasis>era muy limitado. El secuestrador averiaba los coches de sus v�ctimas vertiendo melaza en el tanque de gasolina cuando ellas se paraban a comer, a repostar gasolina o para ir al lavabo. �l las segu�a hasta que se les deten�a el coche y entonces probablemente se ofrec�a a repararlo o a llevarlas en el suyo.</p><p>Quinn sospechaba que el secuestrador tendr�a un aspecto inofensivo, y que las v�ctimas lo conoc�an o bien las pillaba desprevenidas cuando bajaban del coche para pedir ayuda.</p><p>Aunque Miranda fuera su �nico testigo, Quinn no cre�a que su caso fuera similar a los dem�s secuestros. En realidad, sospechaba que el Carnicero pensaba que Sharon estaba sola o no cre�a que Miranda volver�a tan r�pido despu�s de conseguir ayuda.</p><p>Una vez que Miranda llev� a los investigadores hasta la barraca, le cont� a Quinn lo que hab�a sucedido esa noche.</p><p>A �l todav�a se le pon�an los pelos de punta con s�lo pensarlo.</p><p><emphasis>��Sharon y yo fuimos a Missoula de compras. A pasar el d�a. Decidimos ir a ver una pel�cula.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda hizo una pausa y su padre le alcanz� un vaso de agua. Ella bebi� con una ca�ita.</emphasis></p><p><emphasis>��Pap�, �te importar�a traerme un refresco? Me encantar�a tomar una coca</emphasis><emphasis>.</emphasis></p><p><emphasis>��Claro que s�. -Bill Moore le acarici� la mejilla y sali� de la habitaci�n.</emphasis></p><p><emphasis>Cuando cerr� la puerta, Miranda mir� a Quinn.</emphasis></p><p><emphasis>��Ha sufrido tanto con todo esto que no quer�a que escuchara lo que voy a contarte.</emphasis></p><p><emphasis>Quinn disimul� su sorpresa, pero Miranda no dejaba de impresionarlo. Despu�s de lo que hab�a vivido, el hecho de pensar en los sentimientos de su padre demostraba la solidez de su car�cter tanto, o incluso m�s que su voluntad de sobrevivir.</emphasis></p><p><emphasis>Estaba en la cama del hospital, y su pelo negro lacio pero limpio contrastaba con el blanco de las s�banas. Su rostro p�lido estaba lle</emphasis><emphasis>no de moretones, ten�a una venda en la cabeza, y los ojos hinchados y enrojecidos. Por todo el cuerpo ten�a cortes, grandes y peque�os curados y vendados.</emphasis></p><p><emphasis>Supo por los informes del m�dico que la hab�an violado repetidas veces. Que hab�a necesitado docenas de puntos de sutura en las piernas, vientre y pechos debido a heridas con un objeto punzante. Que la hab�an torturado con un tornillo met�lico.</emphasis></p><p><emphasis>Que hubiera sobrevivido y escapado cuando todo jugaba en su contra era un hecho asombroso.</emphasis></p><p><emphasis>Que estuviera dispuesta a hablar de lo sucedido y ayudarles a encontrar al cabr�n que le hab�a hecho eso y luego matado a su mejor amiga demostraba que Miranda ten�a m�s entereza que la mayor�a de los agentes con que hab�a trabajado Quinn.</emphasis></p><p>��<emphasis>La</emphasis><emphasis/><emphasis>peli acab� despu�s de las nueve -dijo-, y cuando emprendimos el regreso, ya eran las diez. �bamos en el coche de Sharon, un Volkswagen escarabajo. Yo siempre me re�a por lo de su coche. -En sus ojos brotaron l�grimas, pero sigui�-: Quiero decir, estaba ah� sin poder salir en invierno porque no pod�a conducirlo si hab�a nieve o hielo, y ten�a la bater�a totalmente muerta para cuando las nieves se derret�an� -farfull� al final, y luego trag� saliva-. Pero Sharon adoraba a su Herbie, ya sabes, bautizado como el escarabajo enamorado.</emphasis></p><p><emphasis>Quinn no la presionaba, ni siquiera cuando cerraba los ojos. Ver las l�grimas ba��ndole las mejillas lo destrozaba. Hab�a trabajado con numerosas v�ctimas, en diferentes estados de histeria, pero algo en el dolor de Miranda le lleg� al fondo. Se dio cuenta de que deseaba consolarla con algo m�s que palabras.</emphasis></p><p><emphasis>Ella sigui� y �l se concentr� en tomar nota.</emphasis></p><p><emphasis>��Paramos en Three Forks porque a Herbie se le acababa la gasolina, y yo cre�a que no llegar�amos a la hoster�a, aunque estuvi�ramos a menos de cincuenta kil�metros. Sharon hac�a eso a menudo, conducir con el dep�sito casi vac�o. Desde que la conoc�a me hab�a llamado tres veces para pedirme que le llevara gasolina � dijo, y sonri� con ese recuerdo agridulce.</emphasis></p><p>��<emphasis>Ten�amos hambre y hab�a un local de comida r�pida, as� que entramos a comprar patatas fritas y unas cocacolas. Comimos en el local porque a Sharon no le gustaba comer dentro del coche.</emphasis></p><p><emphasis>Volvi� a hacer una pausa, esta vez con la mirada absorta en el techo. �Qu� estaba mirando? �Recordando? �Intentando olvidar?</emphasis></p><p><emphasis>��Salimos al cabo de un rato. Al cabo de unos cinco minutos, Herbie empez� a dar sacudidas y un kil�metro despu�s de Manhattan, se par� sin m�s. Ech� un poco de humo y muri�. -Miranda guard� silencio-. Jam�s deb� decirle que parara. Seguro que ten�amos suficiente gasolina para llegar a casa. Si s�lo�</emphasis></p><p><emphasis>��Basta, Miranda -dijo Quinn, y enseguida carraspe�-. Perd�n, se�orita Moore.</emphasis></p><p><emphasis>��No pasa nada. Me llamo Miranda.</emphasis></p><p><emphasis>��No debes pensar en lo que habr�as hecho de manera diferente. Nada de esto ha sido culpa tuya. Todo es culpa de �l. Y lo sabes.</emphasis></p><p><emphasis>��La prensa lo llama el Carnicero de Bozeman.</emphasis></p><p>��<emphasis>Odio la prensa � dijo Quinn, con una mueca.</emphasis></p><p>��<emphasis>Yo estoy empezando a odiarla -dijo ella, con voz queda. Quinn se preguntaba si habr�a visto la foto de cuando la sacaban del valle con una cuerda de salvamento. Confiaba en que el personal del hospital le ahorrara las noticias de la tele o la lectura de peri�dicos. Quinn ya le hab�a gritado al sheriff un par de cosas por algunos de los detalles revelados, no s�lo sobre la condici�n de Miranda sino tambi�n sobre la investigaci�n.</emphasis></p><p><emphasis>Sin embargo, no era el momento m�s indicado para pensar en eso.</emphasis></p><p><emphasis>���Qu�</emphasis><emphasis/><emphasis>pas� cuando se estrope� el coche? -pregunt�.</emphasis></p><p><emphasis>��Yo empec� a hacer bromas. Acerca de Herbie y de c�mo ella lo amaba demasiado.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda respir� hondo antes de seguir.</emphasis></p><p><emphasis>��Yo conozco la zona y sab�a que hab�a una cabina de tel�fono en una peque�a gasolinera que cierra por la noche. Iba a llamar a mi padre para pedirle que nos viniera a buscar.</emphasis></p><p><emphasis>���Por qu� no lo llamaste?</emphasis></p><p><emphasis>��A eso iba. Estaba casi en la curva, por lo dem�s, a unos doscientos o trescientos metros, cuando lleg� un coche por detr�s. Eran dos ancianos y se ofrecieron a llevarme. Les dije lo que hab�a ocurrido, y ellos ten�an un tel�fono en el coche. Quiero decir, no conozco a nadie que tenga un tel�fono en el coche excepto el alcalde. Me dejaron usarlo para llamar</emphasis><emphasis/><emphasis>a mi padre. �l dijo que nos pasar�a a buscar en veinte minutos.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda le lanz� una mirada ag�nica.</emphasis></p><p><emphasis>���Por qu� no fui con ellos? Quiz�s al verlos hubiera huido y Sharon todav�a estar�a viva -dijo, y call�, ahogada por la emoci�n-. Les dije que vendr�a mi padre, que siguieran y que yo esperar�a con Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>��Miranda, ten�as sobrados motivos para sentirte segura.</emphasis></p><p><emphasis>��Aqu� nunca pasa nada malo. Nunca pens� -balbuce�, reprimi� un sollozo y sigui�-: Volv� y Sharon no estaba. Quiero decir, no estaba en el coche. La llam� y ella grit� pidiendo ayuda.</emphasis></p><p><emphasis>���D�nde estaba?</emphasis></p><p><emphasis>��En la zanja al lado del camino. Pens� en un animal, un oso, o algo. No ten�a un arma, quiero decir, tengo una pero no la llevo encima, �sabes? Empec� a gritar para ahuyentar esa cosa que ten�a a Sharon aterrorizada, y, y� -dijo, y call�.</emphasis></p><p><emphasis>���Y?</emphasis></p><p><emphasis>��Nada. O� un ruido a mis espaldas, me gir� y� -Hizo una pausa, como si pensara-. Ol� algo dulce. Dulce y empalagoso. Sent� un dolor de cabeza, y luego nada.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda volvi� a mirarlo, con los ojos inundados por el dolor de sus emociones.</emphasis></p><p><emphasis>��Nada, hasta que me despert� encadenada al suelo. No sab�a por qu� ten�a tanto fr�o, hasta que me di cuenta de que estaba desnuda.</emphasis></p><p>El despacho de Nick era la segunda sala destinada a la investigaci�n del Carnicero. Un mapa de la regi�n al sur de la interestatal hasta West Yellowstone cubr�a casi toda una pared. Las chinchetas de color se�alaban los puntos donde hab�an desaparecido las mujeres, d�nde se hab�an encontrado los cuerpos, y d�nde se situaba el lugar de su cautiverio. Con los datos aportados por las pruebas, hab�an trazado una l�nea fina de la ruta que hab�an seguido en su intento de escape.</p><p>Con la excepci�n de Sharon, ninguna de las siete v�ctimas hab�a recorrido m�s de tres kil�metros. A Sharon la hab�a matado a seis kil�metros de la choza. Miranda hab�a ca�do al r�o unos ochocientos metros m�s all�.</p><p>El mapa de la pared inclu�a una l�nea temporal, con fotos e informaci�n bal�stica, escrita con la menuda letra may�scula de Nick.</p><p>Quinn se acerc� al tablero y revis� la informaci�n que conoc�a de memoria, esperando que alg�n nuevo detalle de pronto le llamara la atenci�n.</p><p><emphasis>Penny Thompson. Desaparecida: 14/05/91</emphasis></p><p><emphasis>Coche abandonado en zanja junto a Interestatal 191, a cuatro kil�metros de Super</emphasis><emphasis> J</emphasis><emphasis>oe's Stop-n-Go.</emphasis></p><p><emphasis>Penny llen� el dep�sito de gasolina en el Stop-n-Go a las 22:46. Fue al lavabo. Compr� una Pepsi </emphasis>light <emphasis>y galletas. Sali� aproximadamente a las 22:55.</emphasis></p><p>No hab�a c�mara de seguridad en el surtidor donde Penny hab�a dejado el coche.</p><p>Por aquel entonces, la polic�a trat� el caso de Penny como el de una persona desaparecida y una probable agresi�n. Cuando encontraron huellas de sangre en el volante, pensaron que Penny se hab�a estrellado contra la zanja, y nunca descartaron una muerte accidental. No sab�an que se enfrentaban a un asesino en serie. El sheriff Donaldson cre�a que el ex novio de Penny la hab�a matado y que luego hab�a chocado el coche para confundir a la polic�a, pero no encontr� pruebas que sustentaran su acusaci�n. Tuvieron que pasar tres a�os para que se reconociera a Penny como la primera v�ctima del Carnicero.</p><p>Dos a�os m�s tarde, desapareci� Dora Feliciano. No ten�a veh�culo, y volv�a a casa caminando de su trabajo en el centro de Bozeman. Todav�a hab�a dudas de si el Carnicero era el culpable de su desaparici�n. La oficina del sheriff miraba con malos ojos a su novio y compa�ero de piso, pero no hab�a pruebas claras que lo relacionaran con su desaparici�n.</p><p>Entonces, cuando tras la desaparici�n de las hermanas Croft, lleg� a Montana Colleen Thorne, la colaboradora de Quinn, pusie ron a Dora en el tablero. El episodio databa de hac�a tres a�os. El razonamiento de Colleen era que el Carnicero todav�a estaba fraguando una estrategia. Dora hab�a sido un blanco f�cil, caminando sola por la noche. Bozeman era una ciudad con bajos �ndices de criminalidad. La mayor�a de las mujeres se sent�an seguras.</p><p><emphasis>Miranda Moore y Sharon Lewis. Desaparecidas el 27/05/94. Sharon asesinada el 02/06. Miranda encontrada por el equipo de b�squeda del sheriff.</emphasis></p><p>Quinn se estremeci� al recordar lo cerca que hab�a estado Miranda de morir. Lo que hab�a sufrido a manos del Carnicero, su voluntad de vivir, su huida.</p><p>La informaci�n sobre Miranda era m�s larga y detallada. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que el secuestro era premeditado. Y supieron que se trataba de un asesino en serie. Volvieron al caso de Penny Thompson, pero su padre ya hac�a tiempo que se hab�a deshecho del coche. Cuando la polic�a lo encontr�, el nuevo propietario explic� que el carburador estaba tan inutilizado que lo hab�a tenido que reemplazar por otro. El anterior lo hab�a tirado a la basura.</p><p>En junio de 1997, desaparecieron Susan Kramer y su compa�era de habitaci�n, Jenny Williams. Se les consider� inmediatamente v�ctimas del Carnicero porque sus coches abandonados ten�an melaza en el dep�sito de gasolina. Cuatro meses despu�s, unos cazadores encontraron el cuerpo de Susan. No estaba en buenas condiciones pero la identificaron en la autopsia. Le hab�an disparado en una pierna y en el pecho.</p><p>Nunca encontraron el cuerpo de Jenny.</p><p>El a�o 1999 fue un a�o estrella para el Carnicero, pens� Quinn, asqueado. Tres chicas universitarias desaparecidas, todas secuestradas por separado, con una diferencia de tres semanas, empezando el 28 de abril. Ninguno de los cuerpos fue recuperado. En 2001 desapareci� otra mujer, una alumna de biolog�a, originaria de Florida, despu�s de abandonar el coche a unos cinco kil�metros de su �ltima parada.</p><p>El caso de Karen Papadopoulis era diferente, porque encontraron el cuerpo antes que el veh�culo, que estaba oculto en un peque�o camino secundario al oeste de Old Norris, en el condado vecino de Madison. Le hab�an disparado en el muslo con un rifle de alta velocidad, aunque no era eso lo que la hab�a matado.</p><p>Hab�a muerto degollada.</p><p>Quinn se apart� del tablero con esa rabia contenida que conoc�a bien. Sab�a que el Carnicero era listo e ingenioso, y que seguir�a matando hasta que cometiera un error. Pero todav�a no hab�a cometido error alguno.</p><p>��As� que sabemos que este sujeto no identificado tiene un veh�culo -se�al� Quinn, mientras se paseaba de arriba abajo-. Pero no puede llegar con �l hasta la choza. Todas las mujeres eran menudas, pesaban menos de sesenta kilos. Un hombre en forma podr�a cargar con ellas.</p><p>��O arrastrarlas en una especie de trineo.</p><p>��Es verdad, pero no hemos visto ese tipo de huellas, �no?</p><p>Nick neg� sacudiendo la cabeza y se apret� el puente de la nariz.</p><p>��Vale, as� que cargaba con las chicas hasta all� arriba. A veces eran dos.</p><p>���Una cada vez?</p><p>��Es lo m�s probable.</p><p>El Carnicero era un hombre paciente. Met�dico. Planeaba sus movidas. Ten�a que planear su itinerario antes de los secuestros. La barraca estar�a preparada con las cadenas y un candado en la puerta. Era lo bastante fuerte para cargar con una mujer por el monte, y probablemente conduc�a un todoterreno hasta un punto cercano antes de seguir a pie.</p><p>No hab�an encontrado pruebas que indicaran que montaba a caballo, pero Quinn no pod�a descartarlo. Ya que se trataba de un hombre met�dico, quiz� se tomara el tiempo para borrar las huellas.</p><p>Quinn volvi� a concentrarse en el mapa, con la barbilla apoyada en una mano.</p><p>��Todas las barracas se encuentran relativamente cerca, entre cinco a diez kil�metros, de alg�n tipo de camino, o de senderos que ya no se usan, tapados por la vegetaci�n -dijo. No era ninguna revelaci�n, simplemente intentaba pensar en la investigaci�n desde otra perspectiva-. Ya lo hemos definido como un hombre fuerte pero, adem�s de los m�sculos, tiene que estar acostumbrado a trabajos manuales largos y duros.</p><p>��La b�squeda en los registros de propiedad no ha arrojado resultados -sigui� Quinn. Hab�an buscado en los registros de las zonas donde estuvieron encerradas las otras mujeres y descubrieron que hab�a tantos propietarios como caba�as -. Y �qu� hay del lugar donde encontraron a Rebecca?</p><p>��Es propiedad privada, unas cuatrocientas hect�reas, pertenecen a un tipo de Hollywood. Viene una o dos veces al a�o. Es probable que ni sepa que la barraca est� en sus tierras. Su rancho est� en el otro extremo.</p><p>���Lo has comprobado?</p><p>��No -dijo Nick, despu�s de una pausa.</p><p>��Y �qu� hay de su casa? -pregunt� Quinn, frunciendo el ce�o.</p><p>��Tiene un cuidador.</p><p>��Ir� a verlo.</p><p>Nick apret� la mand�bula, y Quinn sospech� que su amigo tem�a haber pasado algo por alto. Si bien era un fil�n importante de la investigaci�n, a Quinn le preocupaba que Nick se sintiera amenazado, sobre todo despu�s de la luz negativa que la prensa hab�a arrojado sobre la actuaci�n de la oficina del sheriff.</p><p>��Es un tiro al aire -dijo Quinn. Nick no pareci� m�s tranquilo.</p><p>��Voy a buscar el registro de la propiedad. Ahora vuelvo -dijo Nick, y sali�.</p><p>Quinn lo vio cerrar la puerta y frunci� el ce�o. Nick estaba dejando que la prensa lo afectara, y eso no era buena se�al. Cuando Colleen realiz� una b�squeda, hab�a visto que la oficina bajo su mando estaba calificada como �muy competente�, pero se�alaba que el anterior sheriff hab�a sido muy laxo en su tratamiento de los informes e investigaciones, sobre todo con las chicas desaparecidas. Quinn tom� nota para llamar a Colleen por la ma�ana y averiguar si ten�a m�s informaci�n.</p><p>Se volvi� al tablero. Los principales rasgos del perfil del Carnicero estaban recogidos en una lista a la derecha.</p><p><emphasis>Hombre blanco, 35-45 a�os.</emphasis></p><p><emphasis>Nacido o criado en Montana. Conocimiento exhaustivo de la regi�n.</emphasis></p><p><emphasis>Familiaridad con la Universidad de Montana State: ex alumno, profesor o miembro del personal.</emphasis></p><p><emphasis>Melaza en el dep�sito de gasolina para averiar el coche. �Hay alg�n motivo para utilizar siempre el mismo procedimiento, o es s�lo una cuesti�n de conveniencia y efectividad?</emphasis></p><p>Durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas de Estados Unidos saboteaban los tanques alemanes con az�car. Era una t�ctica bien conocida, ampliamente publicitada en las p�ginas <emphasis>web </emphasis>relacionadas con el tema de la venganza. El experto en perfiles del FBI, Vigo, cre�a que el Carnicero pod�a haber servido en el ej�rcito, pero acab� por descartarlo.</p><p>��<emphasis>No se habr�a presentado como voluntario, y es demasiado joven para que lo hayan llamado a filas -le hab�a dicho a Quinn doce a�os antes.</emphasis></p><p>Ten�an un listado de todos los alumnos, profesores y miembros del personal que coincid�an con el perfil en la �poca en que Miranda fue secuestrada. Eran cientos de nombres.</p><p>Cuando supieron que era probable que Penny fuera la primera v�ctima, ya hab�an pasado tres a�os. Volvieron a revisar las listas, y elaboraron una lista con cientos de hombres blancos de menos de treinta y cinco a�os que hubieron conocido a Penny, aunque s�lo fuera de forma casual.</p><p>Nick entr� y le pas� a Quinn una nota.</p><p>��Es la informaci�n sobre el rancho, el cuidador y el due�o.</p><p>��Gracias -dijo Quinn, y se guard� el trozo de papel-. �D�nde est�n las carpetas de la investigaci�n del caso Penny Thompson?</p><p>��En los archivos.</p><p>��Incluyendo los papeles de la universidad.</p><p>���Los de ella o de los sospechosos?</p><p>��De todos los hombres que la hab�an conocido.</p><p>��Eran cientos de nombres.</p><p>��Lo s�.</p><p>��Fueron devueltos a la universidad.</p><p>Mierda. Tendr�a que conseguir una orden judicial para cumplir con una de las exigencias de la Ley de privacidad de datos.</p><p>Quinn se pas� la mano por el pelo.</p><p>��Tendremos que volver a pedirlos. Ya se ha establecido que Penny fue la primera v�ctima. Despu�s de quince a�os, podremos descartar la mayor�a de los hombres de la lista, pero tenemos que verlos uno por uno. Tachar a los que est�n casados, muertos o que se han ido a vivir a otro lugar lejos de la regi�n. Al menos nos dar� un punto de partida.</p><p>��Parece una posibilidad muy remota.</p><p>��No s� si sacaremos algo en claro -dijo Quinn, y su voz son� sorprendentemente amarga-. Odio a los asesinos en serie. Son m�s listos, m�s agudos y dif�ciles de identificar. Sus errores suelen ser menores. Pero es lo �nico que tenemos.</p><p>Quinn no quer�a volver a pasar por encima de Nick. Ya hab�a dejado claro que era decisivo llevar a cabo un seguimiento del secuestro de Penny.</p><p>���Alguna vez te has preguntado por qu� el asesino no se propuso acabar con Miranda despu�s de que consigui� escapar?</p><p>Nick parec�a sorprendido.</p><p>��En realidad, no.</p><p>��Yo s�. He pensado mucho en ello. Toda mi formaci�n me dice que el asesino debe odiarla por haber escapado, por cometer un error, por su chapuza. Se considera superior a las mujeres, o siente una necesidad irreprimible de demostrar su superioridad porque se sinti� inferior de peque�o. Odia a las mujeres. Es algo que tiene que ver con el control. Con la dominaci�n. Pero a Miranda no la pudo controlar.</p><p>��El hecho de que Miranda haya escapado deber�a enfurecerlo -sigui� Quinn-. Sin embargo, nunca ha intentado ir a por ella. Lo cual me lleva a pensar que, por alg�n motivo, se siente orgulloso de ella. O que la deja vivir porque le recuerda algo. La caza, o el hecho de haber perdido su premio.</p><p>���C�mo si lo hubiera vencido en la caza?</p><p>Quinn se frot� la frente.</p><p>��Sencillamente no tiene sentido. Deber�a querer vengarse. Tendr�a que haber ido a por ella. Pero, en cambio, es como si la respetara lo bastante para mantenerse a distancia.</p><p>��Y eso, Nick, es una contradicci�n, y me hace pensar que hemos estado buscando en el lugar equivocado.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359153">Cap�tulo 13</p></title><p>Cuando Quinn se detuvo junto al jeep de Miranda en la hoster�a, era casi medianoche y estaba agotado. Sin embargo, su mente iba por otros derroteros y barajaba todo tipo de ideas.</p><p>Las luces del restaurante estaban encendidas, y vio al padre de Miranda con su amigo de toda la vida, Ben Grayhawk, sentados a la barra. Bill lo invit� a acercarse con un gesto y Quinn se sent� en el taburete a su lado.</p><p>��Bill. Gray. Me alegro de volver a veros.</p><p>Gray levant� el vaso con el l�quido �mbar y alz� una ceja, como preguntando.</p><p>��Es del bueno -dijo.</p><p>��Gracias -dijo Quinn. Un whisky doble quiz� le calmar�a lo bastante la cabeza como para dormir un par de horas.</p><p>Bill se inclin� por encima de la barra, sac� una copa y le sirvi� a Quinn un trago largo de una botella medio vac�a de Glenlivet.</p><p><emphasis>��Saint </emphasis>-dijo Bill.</p><p>Quinn alz� su vaso y tom� un trago. El whisky se desliz� por su garganta como vidrio l�quido y �l hizo un gesto de aprobaci�n.</p><p>Se quedaron sentados en silencio varios minutos.</p><p>��No le has dicho a Miranda que estoy aqu� -dijo Quinn.</p><p>Bill sacudi� la cabeza.</p><p>��No quer�a que discuti�ramos. Randy puede ser muy testaruda.</p><p>��No quiero entrometerme en vuestra relaci�n -dijo Quinn.</p><p>��No te preocupes.</p><p>��Te agradezco la hospitalidad.</p><p>Bill acab� su whisky y se sirvi� otro poco.</p><p>��Randy me ha dicho que hab�is encontrado la barraca donde estuvo secuestrada la pobre Rebecca Douglas.</p><p>��S�, es muy buena siguiendo pistas. -M�s que buena, pens� Quinn.</p><p>��Eso est� claro. Es una chica lista -dijo Gray.</p><p>Quinn record� su entrevista con Ryan Parker y sus amigos.</p><p>��Gray, quer�a preguntarte. �T� le has hablado a Ryan Parker acerca de un viejo cementerio indio que queda al norte del monte? �A unos cuantos kil�metros al este del r�o?</p><p>Gray lo mir� sonriendo y mostrando sus dientes blancos y torcidos.</p><p>��S�, yo se lo cont�. Los chicos a veces vienen a caballo hasta aqu�. Tenemos buenos senderos para explorar. Ellos ya hab�an o�do hablar, desde luego. Los ni�os en el cole dicen que est� embrujado y que s�lo se puede encontrar de noche y con luna llena. -Ri� con una especie de graznido y se puso a toser.</p><p>���Has estado all�?</p><p>��No. Ni siquiera s� si existe de verdad -dijo �l, sacudiendo la cabeza-. Sospecho que s� existe. He o�do hablar de ese lugar desde que era ni�o. Pero mi madre nunca me dijo d�nde estaba. Eso s�, siempre est�bamos busc�ndolo. As� no nos met�amos en otros problemas. �Tiene algo que ver con el asesinato? -pregunt�, despu�s de una pausa.</p><p>��Lo dudo. S�lo quer�a comprobar la historia del chico -dijo Quinn, sacudiendo la cabeza.</p><p>��Ryan es un buen chico -dijo Gray.</p><p>���Conoces bien a los Parker?</p><p>��En realidad, no. Pero doy un curso de seguridad sobre el uso de armas de fuego. El a�o pasado se apunt� Ryan con el mayor de los chicos McClain. Y, como he dicho, ya que andan por nuestros caminos, quiero estar seguro de que conozcan bien las reglas.</p><p>Bill se incorpor�.</p><p>��Puedes quedarte el rato que quieras, o llevarte la botella a tu habitaci�n. Yo tengo que levantarme temprano, as� que ser� mejor que me vaya a dormir.</p><p>Quinn acab� su vaso y dijo que no con la cabeza.</p><p>��Gracias por la conversaci�n. -Les dio las buenas noches y subi� a su habitaci�n.</p><p>Una hora m�s tarde, todav�a estaba despierto. No pod�a dejar de pensar en los motivos que tendr�a el Carnicero para no buscar a Miranda. Cre�a que, por alguna raz�n, era importante saberlo, pero no consegu�a imaginar por qu�.</p><p>Encendi� las luces y se sent� a la mesa. Apunt� unas notas cr�pticas que s�lo �l pod�a descifrar.</p><p><emphasis>Vigo. </emphasis>Hans Vigo era el experto del departamento en perfiles de asesinos, y un buen amigo. Quiz� tuviera alguna informaci�n relevante.</p><p><emphasis>Antiguos casos. </emphasis>Ten�a que volver a mirar las carpetas de las v�ctimas. Quiz�s hab�a algo en com�n, m�s all� del sexo y la edad, que concern�a a todas las v�ctimas. O quiz� Miranda era �nica. �Por qu�? �Por qu� la hab�a dejado vivir? S�, hab�a escapado, pero para el Carnicero ella ser�a un estorbo.</p><p><emphasis>Penny Thompson.</emphasis></p><p>Lo primero que har�a por la ma�ana era ir a la universidad y usar todas las influencias que tuviera para conseguir los viejos archivos.</p><p><emphasis>Olivia.</emphasis></p><p>Eran las dos de la ma�ana en Virginia, demasiado tarde para llamar a Olivia, aunque �l sab�a que a ella no le importar�a. La llamar�a por la ma�ana y le preguntar�a si dispon�a de un poco de tiempo para colaborar con las pruebas en el laboratorio estatal en Helena. Deber�a actuar con mucha diplomacia si quer�a conseguir que un t�cnico crimin�logo del FBI entrara en el laboratorio del estado, pero confiaba en su habilidad para negociar y en la capacidad que ten�a Olivia para entablar relaciones cordiales.</p><p>Al final, entendi� por qu� no pod�a conciliar el sue�o. Ten�a hambre. Con Nick, hab�an parado a comer algo r�pido y �l se hab�a dejado media hamburguesa sin acabar en la oficina.</p><p>Sabiendo que a Bill no le importar�a que mirara en la cocina, baj� a hacerse un bocadillo.</p><p><emphasis>Sharon dorm�a y Miranda pensaba en un plan.</emphasis></p><p><emphasis>Ten�a que haber una manera de escapar. Alguna manera. Como fuera.</emphasis></p><p><emphasis>Aunque ten�a los ojos vendados, sab�a que era de d�a. No por la luz sino por la diferencia de temperatura.</emphasis></p><p><emphasis>Pensaba que nunca volver�a a recuperar el calor. Por la noche, pensaba que se morir�a de fr�o. Pero nunca hac�a tanto fr�o, s�lo lo necesario para que ella no dejara de tiritar. S�lo lo suficiente para que ella no pudiera sentir los dedos de pies y manos.</emphasis></p><p><emphasis>Ya hab�a dejado de desear tener a mano su edred�n de plum�n o un caf� caliente. A esas alturas, el calor era un lujo. La supervivencia era lo �nico que ocupaba su pensamiento.</emphasis></p><p><emphasis>Dos cosas la mortificaban.</emphasis></p><p><emphasis>�Las tendr�a ah� para siempre? �Aliment�ndolas a pan y agua y oblig�ndolas a revolverse en su propia suciedad?</emphasis></p><p><emphasis>�O acaso las matar�a en cuanto se cansara de hacerles da�o?</emphasis></p><p><emphasis>La libertad no era una de las opciones. Intu�a, sin que �l hubiera dicho nada, que nunca las dejar�a libres. Durante los tres primeros d�as, le hab�a suplicado. Pero ahora lo sab�a con certeza. Su muda respuesta le dec�a que no ten�a intenci�n alguna de dejarlas en libertad.</emphasis></p><p><emphasis>Ten�a que haberse dormido, porque el ruido del metal contra el metal la sobresalt�.</emphasis></p><p>Clic. Clic.</p><p><emphasis>El hombre estaba abriendo la puerta del cuarto donde las ten�a encerradas. Miranda se retorci�, con todos los instintos puestos en la idea de escapar, pero estaba encadenada a la madera basta y fr�a.</emphasis></p><p><emphasis>Dios quiera que no vuelva a comenzar.</emphasis></p><p><emphasis>El ruido de las cadenas despert� a Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>���No! -exclam� �sta, con un grito ronco que escap� de su garganta herida-. No, no, por favor -balbuce� entre sollozos. Miranda guard� silencio.</emphasis></p><p><emphasis>Ya no le quedaban l�grimas, ni le quedaban s�plicas. Hab�a venido a violarlas o a matarlas. Iban a morir.</emphasis></p><p><emphasis>Pap�, te quiero. Te quiero y lo siento mucho. Espero que nunca sepas lo que me ocurri�, porque te destrozar�a.</emphasis></p><p><emphasis>A�oraba a su padre, a�oraba verlo y dejar que le acariciara el pelo, como hac�a cuando era una ni�a y su madre hab�a muerto.</emphasis></p><p><emphasis>��Est� en el cielo, cari�o -sol�a decirle, y luego le murmuraba palabras dulces acerca de lo maravilloso y bello que era el cielo, donde el dolor no exist�a.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda ignoraba qu� le esperaba. �Ver�a a la madre que apenas recordaba? �Era un para�so como el que le describ�a su padre?</emphasis></p><p><emphasis>�O acaso era la nada? La nada ser�a preferible a lo vivido durante esos �ltimos cinco d�as. �Cinco? �O eran seis d�as? Intentaba llevar la cuenta, pero no lo sab�a. Quiz�s hab�a pasado m�s tiempo.</emphasis></p><p><emphasis>Era un cuarto peque�o. Un paso. Dos pasos. Sharon grit�.</emphasis></p><p><emphasis>���No me toques! �No me toques!</emphasis></p><p><emphasis>Al o�r el ruido de las cadenas, Miranda tuvo que reprimir su propio terror. O�r que le hac�an da�o a Sharon realzaba su propio espanto, porque lo que le hiciera a Sharon se lo har�a m�s tarde a ella.</emphasis></p><p><emphasis>���Qu�? -Sharon </emphasis><emphasis>parec�a confundida.</emphasis></p><p><emphasis>Y entonces Miranda sinti� que le levantaba los brazos. Tras el sonido met�lico, de pronto se vio libre.</emphasis></p><p><emphasis>Un leve asomo de esperanza le hinch� el coraz�n.</emphasis></p><p><emphasis>Las hab�a tenido con los ojos vendados, �no? No pod�an identificarlo. �Acaso las soltar�a?</emphasis></p><p><emphasis>�Estaban libres?</emphasis></p><p><emphasis>Ahora le tocaba a los pies.</emphasis></p><p><emphasis>��De pie.</emphasis></p><p><emphasis>Una orden de s�lo dos palabras. Miranda intent� levantarse, pero tropez� y cay�.</emphasis></p><p><emphasis>��No� no puedo.</emphasis></p><p><emphasis>Hab�a procurado mantener los m�sculos en forma con ejercicios, pero llevaba tanto tiempo tendida de espaldas que sus extremidades ya no estaban conectadas con su cuerpo. Ten�a toda la columna magullada. Los cortes hab�an sangrado y ahora estaban secos.</emphasis></p><p>��<emphasis>Una hora. Aprovechadla bien.</emphasis></p><p><emphasis>Un paso, y la puerta se cerr�. Con llave. Cuatro palabras, lo m�ximo que les hab�a hablado de un tir�n. Sin embargo, la voz sonaba siempre tan extra�a, un tono neutro y seco. Hueco.</emphasis></p><p>��<emphasis>�Nos ha soltado! -exclam� Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda oli� algo por encima de su propia suciedad corporal. Se arrastr� hasta la puerta, palp� a su alrededor.</emphasis></p><p><emphasis>Pan. Agua.</emphasis></p><p><emphasis>��Sharon -dijo-. Es comida.</emphasis></p><p><emphasis>Sharon top� con ella y las dos comieron en el suelo, acurrucadas en torno a su solitaria rebanada de pan, bebiendo de una peque�a taza de agua.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda levant� una mano y se toc� el vendaje. Casi hab�a olvidado que lo llevaba puesto, ya casi formaba parte de ella.</emphasis></p><p><emphasis>El nudo estaba apretado y ella se sent�a d�bil, pero lo solt�. Sharon hizo lo mismo.</emphasis></p><p><emphasis>Estaba ciega.</emphasis></p><p><emphasis>No, estaba oscuro.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda tard� varios minutos en distinguir las d�biles estr�as de luz que penetraban por los nudos de la madera de la barraca sin ventanas donde hab�an permanecido atadas durante d�as. Sharon cogi� una camisa abandonada en un rinc�n. No era suya. Tampoco era de Miranda.</emphasis></p><p><emphasis>Dios m�o, �acaso alguien hab�a pasado por ah� antes que ellas?</emphasis></p><p><emphasis>Sharon se la puso.</emphasis></p><p><emphasis>��Lo siento, Randy. Lo siento, tengo tanto fr�o.</emphasis></p><p><emphasis>��Est� bien -dijo ella.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda se estir� todo lo que pudo y, como un beb� que aprende a caminar, se incorpor� apoy�ndose en la pared.</emphasis></p><p><emphasis>Lentamente, fue recuperando la sensibilidad. Al principio, un cosquilleo, despu�s, un dolor agudo.</emphasis></p><p><emphasis>��Mueve los m�sculos, Sharon.</emphasis></p><p><emphasis>��Pero nos va a soltar.</emphasis></p><p><emphasis>��Eso no lo sabemos. Tenemos que estar preparadas.</emphasis></p><p><emphasis>��No puedo.</emphasis></p><p><emphasis>Sharon se acurruc� en un rinc�n, con los brazos alrededor de las piernas, meci�ndose.</emphasis></p><p><emphasis>���Lev�ntate! -orden� Miranda. No quer�a gritarle a su amiga pero no tard� en darse cuenta de que ella tendr�a que ser la m�s firme y </emphasis><emphasis>asumir el control de la situaci�n. Era su oportunidad para escapar. Ignoraba por qu� su secuestrador las hab�a desatado, pero luchar�a hasta la muerte antes de verse encadenada al suelo una vez m�s.</emphasis></p><p><emphasis>Sharon la mir� enfadada, pero se incorpor� y camin� por la habitaci�n, que no med�a m�s de tres metros por tres. Miranda prob� la puerta y la sacudi� con la poca fuerza que ten�a.</emphasis></p><p><emphasis>Cerrada por afuera.</emphasis></p><p><emphasis>Aprovecharon bien la hora para estirarse. Caminando. Y, lentamente, aunque fuera dif�cil de creer, recuperando parte de su fuerza.</emphasis></p><p>Clink, clink.</p><p><emphasis>La puerta se abri� y entr� la luz a raudales.</emphasis></p><p><emphasis>Venid aqu�.</emphasis></p><p><emphasis>Ellas obedecieron y salieron a rastras de la barraca. Miranda tropez� y cay� al suelo.</emphasis></p><p><emphasis>La libertad.</emphasis></p><p><emphasis>Oy� el sonido distintivo de un cargador acoplado a un rifle.</emphasis></p><p><emphasis>��Corred.</emphasis></p><p><emphasis>Miranda mir� por encima del hombro. El hombre permanec�a en la sombra, encapuchado, y la luz del final de la tarde se reflejaba en el ca��n de su rifle.</emphasis></p><p><emphasis>Cuando Miranda comprendi� lo que estaba pasando, sinti� como un golpe en el bajo vientre. El hombre quer�a cazarlas.</emphasis></p><p><emphasis>��Corred. Ten�is dos minutos -dijo, y call�-. �Corred!</emphasis></p><p><emphasis>Y Miranda corri�.</emphasis></p><p>Miranda se despert� con un sobresalto.</p><p><emphasis>Corred.</emphasis></p><p>Ten�a el cuerpo ba�ado en sudor. Se sent� y se restreg� los ojos. Hab�a estado a punto de gritar, y se sorprendi� al ver que ten�a su pistola en la mano. �En qu� momento la hab�a empu�ado? �En su sue�o?</p><p>Su voz.</p><p>No, era su pesadilla. La maldita pesadilla. �l segu�a en su cabeza, persigui�ndola. Ella hab�a escapado. Estaba viva. Pero Sharon estaba muerta. De un disparo en la espalda. Y Rebecca, cazada y degollada como un animal.</p><p>Volvi� a parpadear. Las manos le temblaban cuando se oblig� a dejar el rev�lver. La luz de la luna ca�a como una cascada por los tragaluces, proyectando sombras gris azuladas por la habitaci�n.</p><p>Ten�a la cama deshecha, las s�banas retorcidas y h�medas, las mantas en el suelo. Su pijama de franela estaba empapado de sudor, con el olor tangible de sus recuerdos en la piel.</p><p>No eran ni siquiera las dos de la madrugada. Cuatro horas de sue�o. Miranda estaba sorprendida de haberse dormido tan r�pido. Pero dudaba de que esa noche fuera a dormir ni un minuto m�s.</p><p>Se duch� para lavarse el sudor del miedo, se puso unos vaqueros, un jersey de cuello alto y su grueso anorak, ya que las noches de mayo todav�a eran fr�as. Y se dirigi� a la hoster�a, pensando en la tarta de pacana que hab�a preparado Gray.</p><p>Entr� por la puerta lateral, iluminada por una luz en el techo. La puerta estaba cerrada, pero ella ten�a una llave maestra. Cruz� el comedor y cuando estaba a punto de entrar en la cocina oy� algo.</p><p>Se detuvo, con el coraz�n lati�ndole tan fuerte como al despertar de la pesadilla.</p><p><emphasis>Rasca, rasca, rasca.</emphasis></p><p><emphasis>Tap, tap, tap.</emphasis></p><p>Silencio.</p><p>Hab�a alguien en la cocina. Aunque la luz de la luna iluminaba la hoster�a a trav�s de los ventanales, no se ve�an luces encendidas. Si fuera un cliente, su padre o un empleado, habr�an encendido las luces.</p><p>Un intruso.</p><p>Busc� el arma que llevaba en el bolso. Nunca sal�a de casa desarmada desde hac�a doce a�os. Cautelosa, pero decidida, se acerc� a la puerta grande de la cocina.</p><p>Tap, tap, rac.</p><p>Se apret� contra la puerta, palp� buscando el interruptor con la mano izquierda, mientras sosten�a el brazo derecho, con el arma, extendido al frente.</p><p>Cont� mentalmente hasta tres, le dio al interruptor y apunt� con el rev�lver.</p><p>Un hombre alto, medio desnudo, se gir� y el tenedor que ten�a en el plato cay� al suelo.</p><p>���Joder, Miranda! Baja esa pistola.</p><p>Ella obedeci�, mir�ndolo boquiabierta. Muda.</p><p>La �ltima persona que esperaba ver por la noche a hurtadillas en su cocina era, Quincy Peterson.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359154">Cap�tulo 14</p></title><p>Miranda se guard� el arma en la cintura y mir� a Quinn.</p><p>���Qu� haces t� aqu�?</p><p>��Llam� a tu padre cuando ven�a de camino por si ten�a una habitaci�n libre. No pens� que nos encontrar�amos. Calcul� que estar�a aqu� cuatro o cinco horas al d�a, para dormir -dijo �l, y dej� su plato sobre la mesa. Tarta de pacana. <emphasis>Su </emphasis>tarta.</p><p>��M�s te vale que �se no sea el �ltimo trozo de tarta -farfull� Miranda. �Por qu� hab�a dicho eso? Ten�a toda la intenci�n de decirle que se largara de su propiedad.</p><p>�l sonri�. Y Miranda pesta�e�. Siempre olvidaba lo atractivo que era Quinn. Al verlo el d�a anterior, se sinti� tan embargada por la rabia y la tristeza y las emociones encontradas que no se fij� en su aspecto. Al verlo ahora, con el torso delgado y bronceado al desnudo, con sus m�sculos definidos con nitidez, aunque estuviera relajado, la cicatriz en su hombro derecho, recuerdo de un disparo de escopeta recibido al empezar su carrera� Todo aquello le trajo recuerdos. Buenos recuerdos. Despertarse junto a Quinn y besarle el pecho duro. Y sus manos� Quinn ten�a unas manos incre�bles. Unas manos grandes, con las palmas endurecidas y dedos sorprendentemente elegantes. Dedos con mucho talento�</p><p>Su mirada sigui� hasta donde una estrecha franja de vello rubio oscuro desaparec�a bajo la cintura del pantal�n gris del ch�ndal. Desvi� r�pidamente la mirada, sintiendo que ya se hab�a sonrojado lo suficiente con el subid�n de adrenalina al creer que hab�a un intruso.</p><p>Estar con Quinn ah�, en su cocina, sin la seguridad protectora del trabajo, era como si le hubieran arrancado la alfombra bajo los pies. Quinn hab�a invadido su ciudad, su investigaci�n y, ahora, su casa. Hac�a a�os que no pensaba en ese d�a en Quantico. Y, de repente� la presa se hab�a roto y ella era incapaz de pensar en otra cosa.</p><p>Miranda no ten�a ni idea de lo que Quinn hab�a hecho durante esos diez a�os. Por lo que sab�a, hasta pod�a estar casado. Esa idea la perturb�, y frunci� el ce�o. Pas� a su lado y fue hasta el armario donde Gray guardaba las tartas.</p><p>Todav�a quedaba media tarta de pacana, esper�ndola. No pudo dejar de sonre�r.</p><p>Se tom� su tiempo para cortarse una porci�n, sintiendo que Quinn le ten�a clavada la mirada en la espalda. En realidad, no ten�a ganas de sentarse a hablar con �l. Fuera de la hoster�a, en el monte, con Nick y los otros alrededor, era otra cosa. Pero �aqu�, sola? No. Le recordaba su antigua intimidad. Le recordaba cu�nto lo hab�a amado. Le recordaba aquello que habr�a podido ser.</p><p>Sin embargo, no pod�a quedarse ah� todo el rato d�ndole la espalda. Dej� su tarta en la mesa, fue hasta la nevera y sac� una caja de leche. La dej� en la mesa con dos vasos. Uno para ella y otro para Quinn y se sent� frente a �l.</p><p>��Gracias -dijo �l. Sus ojos oscuros eran impenetrables. �En qu� pensaba? �En ella? �En ellos?</p><p>Tom� un trago de leche y atac� la tarta. Si manten�a la boca llena no tendr�a que hablar, y as� no dir�a ninguna estupidez.</p><p>�l segu�a observ�ndola.</p><p>Tuvo que resistir las ganas de retorcerse. Durante los �ltimos a�os, hab�a recuperado el control de su vida y elaborado una noci�n de paz relativa. Le gustaba su trabajo, un trabajo que procuraba el bien para los dem�s, aunque no hubiera podido encontrar a Rebecca antes de que la mataran.</p><p>Ten�a unos cuantos buenos amigos. Nick. Segu�a en contacto con Rowan y Olivia, aunque no las hubiera visto en a�os. Se escrib�an correos electr�nicos y hablaban por tel�fono, pero para Miranda era dif�cil salir de ah�. Por no decir imposible. No pod�a ausentarse de Montana cuando <emphasis>�l </emphasis>todav�a andaba suelto por ah�.</p><p>Miranda quer�a a Rowan y a Olivia como si fueran hermanas, pero �c�mo pod�a abandonar a aquellos que la necesitaban? Sobre todo a las chicas que hab�an muerto. Rowan y Liv lo entend�an, y quiz�s eran las �nicas.</p><p>��Tendr�a que haberte dicho que me iba a quedar aqu� -dijo Quinn, rompiendo el silencio.</p><p>Ella alz� la vista. Vio que Quinn se hab�a quitado la tirita de la frente. Quedaba una costra delgada y oscura, un recordatorio de su �ltima misi�n. Quer�a preguntarle por ello, pero no lo hizo. No quer�a que le importara.</p><p>Su mand�bula firme le record� a Miranda su fuerza. Quinn trabajaba incansablemente cuando ella lo conoci�. Decidido a encontrar al asesino de Sharon. Ella lo ayud� porque necesitaba hacer algo para encontrar al cabr�n que le hab�a hecho tanto da�o y que hab�a matado a su amiga. Y al cabo de un tiempo se enamor�.</p><p>No sucedi� de la noche a la ma�ana. Tiempo para sanar, para superar el dolor. Quinn le dio todo lo que necesitaba, y m�s.</p><p>Y luego fue y lo estrope� todo de arriba abajo.</p><p>��Los t�cnicos han recogido todo lo que han podido en la barraca, y ma�ana lo enviar�n a Helena. He decidido llamar a Olivia y pedirle que supervise las pruebas de laboratorio.</p><p>���Liv? �Vendr� por aqu�?</p><p>��A Helena, si puede escaparse -dijo �l, y sonri� -. A veces, la amenaza de asumir la direcci�n de una investigaci�n despierta ciertas reservas. Ellos preferir�an ocuparse de las pruebas sin interferencias, aunque tuvieran a un federal vigilando por encima del hombro, que tener que enviarlo todo a Virginia.</p><p>��Lo que sea necesario -dijo Miranda, con cara poco esperanzada. Ni siquiera Olivia, que amaba su trabajo y destacaba en �l, pod�a encontrar una pista ah� donde no hab�a ninguna. El clima y las condiciones a la intemperie estropeaban cualquier prueba que fuera aprovechable.</p><p>��En alg�n momento, cometer� un error -dijo Quinn, seguro.</p><p>��Ya. -Ella no lo cre�a.</p><p>��Puede que ya lo haya cometido.</p><p>���Por qu� piensas eso? -pregunt� ella, sintiendo que se le aceleraba el coraz�n.</p><p>��Penny Thompson.</p><p>���Por qu� hablar de ella ahora? Encontramos el cuerpo tres a�os despu�s de que la asesinara.</p><p>��Voy a revisar todos los archivos de la universidad. �Te acuerdas de Vigo, el experto en perfiles? Insiste en que el asesino conoc�a a su primera v�ctima personalmente. Dedicamos tanto tiempo hace doce a�os a investigar las pistas tuyas y las de Sharon que cuando supimos que Penny era la primera v�ctima y volvimos a sus pistas, �stas no nos dijeron nada. Su novio, el tipo que el sheriff cre�a culpable de la desaparici�n, ten�a una coartada a prueba de fuego para el asesinato de Sharon.</p><p>��Nos centraremos en las partes del perfil de Vigo que nos ayuden a reducir la lista, despu�s de tantos a�os. Que el asesino siga soltero, que tenga ahora m�s de treinta y cinco a�os, que viva de un empleo con horarios flexibles, que est� f�sicamente en forma. Que tenga familia en la regi�n, o que todav�a viva por aqu�. Merece la pena.</p><p>��Es un tiro al aire -dijo ella, aunque la perspectiva la entusiasmaba. Habr�a cientos de antecedentes por investigar, cientos de hombres que superficialmente encajaban en el perfil. Sin embargo, el tiempo habr�a descartado a muchos posibles sospechosos, que se habr�an casado, que se habr�an ido, o que ahora tendr�an un empleo de alto perfil y de horarios r�gidos. Si reduc�an la lista podr�an investigar en profundidad a los sospechosos y, con suerte, acabar�an con un pu�ado de hombres a los que tendr�an que interrogar. Quiz�s incluso conseguir una orden judicial para registrar una casa o un coche, sobre todo si alguno de los sospechosos no ten�a coartada para la fecha de la muerte de Rebecca.</p><p>Quiz�s hab�a una esperanza de que triunfara la justicia. Y aunque fuera peque�a, Miranda se aferrar�a a ella con fuerza.</p><p>��Por ahora, es lo �nico que tenemos -dijo Quinn y, tras una pausa,<strong/>pregunt�-: �Miranda?</p><p>Ella lo mir� a los ojos, a esos ojos que pod�an derretirla o irritarla, que pod�an reflejar amor o frustraci�n.</p><p>Hab�a pasado tanto tiempo que ella ya no sab�a c�mo interpretar a Quinn. �l hab�a cambiado, y ella tambi�n.</p><p>La mirada de Quinn era c�lida. Baj� los p�rpados casi imperceptiblemente. Su rostro se relaj� y se inclin� hacia delante, apenas un cent�metro.</p><p>��Est�s m�s delgada -dijo, con voz grave.</p><p>��Lo s�. -Miranda ni pensaba en comer cuando estaba en una misi�n de b�squeda.</p><p>��Sigues siendo una mujer bella.</p><p>Ella se qued� sin aliento. �Era su coraz�n lo que aleteaba de esa manera? �C�mo era posible que todav�a la afectara tan profundamente? Despu�s de todos esos a�os, Quinn segu�a siendo parte de ella. Una parte importante. El hab�a contribuido a hacer de ella lo que era, en lo bueno y en lo malo. Sin �l, ella no sab�a si hubiera sido capaz de superar los d�as, semanas y meses m�s negros despu�s del secuestro. �l hab�a sido la roca en que apoyarse, su salvaci�n. Firme y seguro. Ella se hab�a enamorado de �l por quien era, pero tambi�n por lo que hac�a por ella.</p><p>Que hubiera tenido tan poca fe en ella despu�s de conocerla tan �ntimamente era algo que la desgarraba por dentro.</p><p>Como si le hubiera le�do el pensamiento, Quinn pregunt�:</p><p>���Por qu� no volviste a Quantico?</p><p>�Qu� pod�a contestar a eso? Ni siquiera ella lo sab�a cabalmente. Salvo que su falta de fe y de confianza en ella le doli� m�s que el test psicol�gico que la tildaba de obsesiva.</p><p>��Si era una obsesiva, un a�o no iba a cambiar nada -dijo finalmente.</p><p>��En un a�o las cosas pueden cambiar mucho.</p><p>��Hab�an pasado dos a�os, Quinn. -Dos a�os desde que su vida qued� irrevocablemente unida a la de un asesino.</p><p>��Ya lo s� -dijo �l, y se reclin� en el respaldo de la silla, mientras jugaba con el tenedor.</p><p>Se quedaron mirando. Quinn parec�a tan perdido y confundido como ella.</p><p>��Siento mucho haberte herido -dijo, de sopet�n.</p><p>Ella se trag� unas l�grimas. �C�mo era posible que una simple confesi�n la afectara tanto?</p><p>Porque sab�a que no era s�lo Quinn. Era verdad que ella era una obsesiva. Prueba de ello era su intensa concentraci�n en la b�squeda. Su vida entera hab�a quedado en suspenso mientras buscaba a Rebecca. Sus amigos y su familia pasaban a segundo plano, ya se tratara de una mujer secuestrada por el Carnicero o de un ni�o perdido que se hab�a alejado de su campamento. Nada le importaba m�s que la b�squeda.</p><p>Miranda quer�a <emphasis>rescatar </emphasis>a alguien. Si bien hab�a tenido �xito encontrando a monta�eros perdidos, cualquier mujer secuestrada por el Carnicero ya se pod�a dar por muerta. Ella a�oraba desesperadamente un final feliz, pero ah� donde mirara s�lo ve�a dolor y angustia. Quiz� no era m�s que un reflejo de su propia culpa.</p><p>Si su reacci�n en la barraca serv�a de ejemplo, era evidente que nunca se hab�a recuperado plenamente del ataque sufrido hac�a doce a�os. Siempre sentir�a claustrofobia en las habitaciones peque�as o sin ventanas. Por eso hab�a tragaluces por todas partes en su casa, y directamente encima de su cama. Ten�a que ver el cielo, mirara donde mirara.</p><p>Pero ni siquiera el cielo con toda su inmensidad pod�a acallar los gritos de Sharon, ni la voz cruel y hueca del asesino sin rostro cada vez que Miranda cerraba los ojos.</p><p>��Deber�a haber vuelto a Quantico. -Nunca hab�a dicho eso en voz alta, y se sorprendi� a s� misma. Se pas� la lengua por los labios-. Estaba tan he� -Iba a decir herida. No. No estaba preparada para contarle eso a Quinn. No pod�a cont�rselo-�Enfadada -se corrigi�-. Cegada por la rabia, supongo. Y cuando el a�o se cumpli�, ya estaba trabajando en la Unidad de B�squeda y Rescate, y me gustaba. Me hab�a adaptado. Supongo que estoy hecha para eso.</p><p>��Habr�as sido una agente muy buena -dijo �l, con voz grave.</p><p>El coraz�n le dio un vuelco. Se pregunt� qu� har�a �l si ella lo besara.</p><p>Aquel pensamiento fugaz la desconcert� y se ech� hacia atr�s. Ten�a las manos h�medas. �Una buena agente? S�, eso lo sab�a. Una agente <emphasis>muy </emphasis>buena.</p><p>Un a�o. �Un a�o! Hab�a esperado m�s de <emphasis>dos a�os </emphasis>despu�s de que el Carnicero matara a Sharon, presa del desasosiego, asistiendo a clases suplementarias, trabajando en la hoster�a, aprendiendo defensa personal. Todo y cualquier cosa con tal de no volver a sentirse vulnerable.</p><p>Al salir de Quantico, diez a�os antes, nunca se hab�a sentido tan perdida. Entonces supo que jam�s volver�a.</p><p>��Gracias. -La voz se le quebr�. Quer�a gritarle, mostrar su rabia por la injusticia que hab�a cometido, m�s all� de las razones. Quiz�s hubiera un asomo de verdad en lo que dec�a Quinn, algo en su actitud que daba a entender que quiz� no fuera capaz de manejarse en una misi�n.</p><p>Concentr� la mirada en su vaso de leche y en su tarta. Quinn hizo lo mismo. El silencio era a la vez agradable y extra�o. Ella deseaba saber qu� pensaba �l, pero no se atrev�a a preguntar. Ten�a ganas de decirle que nunca lo perdonar�a y, a�n as�, quer�a ofrecerle una rama de olivo. Las emociones encontradas le pesaban en el coraz�n y el pensamiento.</p><p>Ella y Quinn se levantaron de la mesa al mismo tiempo y llevaron sus platos al fregadero. Ella los puso en remojo, esperando que el agua se calentara. �l estaba detr�s, tan cerca que su aliento te�ido de pacana le acariciaba el cuello. Miranda trag� saliva, sabiendo que no confiaba lo bastante en s� misma como para darse la vuelta. No estaba segura de que no lo tocar�a, que no lo besar�a y que no le pedir�a que pasara la noche con ella.</p><p>Quer�a que �l la tomara en sus brazos para que pudiera dormir. Amarla para que pudiera recordar lo que hab�a sido la �poca m�s feliz de su vida.</p><p>Quinn apoy� las manos en sus hombros, tan suavemente que ella no se movi�. Cerr� los ojos. �l le apart� el pelo de la nuca y su dedo largo dibuj� un arco candente entre su oreja y su cuello. Con la otra mano, la gir� para que lo mirara.</p><p>Cuando Miranda abri� los ojos, separ� los labios. Quinn estaba tan cerca, su torso desnudo a s�lo unos cent�metros. Sinti� el calor entre ambos cuerpos, como si �l tuviera su propio termostato. Trag� saliva, quiso decirle que retrocediera, pero no le sali� la voz.</p><p>Los labios de �l tocaron los suyos con una tierna suavidad. Tan suave que si Miranda no hubiera sentido la descarga de deseo que la embarg� de pies a cabeza, habr�a dudado que la hab�a besado.</p><p>Y entonces �l volvi� a besarla, m�s firmemente, moviendo la mano desde el hombro hasta su nuca, acarici�ndole los m�sculos sosteni�ndole la cabeza. Con la lengua le abri� dulcemente los labios hasta que las dos lenguas se trabaron en un ligero duelo, hacia atr�s y hacia adelante. Ella se apoy� en �l, al principio t�midamente, y luego puso los brazos en torno a su cuello, sosteni�ndolo cerca.</p><p>Los besos de Quinn siguieron, desde los labios hasta el ment�n y el cuello. Ella tembl� de deseo, deseo de �l. Una a�oranza profunda que daba fe de diez a�os de ausencia. Sin el hombre que sab�a exactamente d�nde besarla, d�nde tocarla.</p><p>Quinn la bes� tiernamente detr�s de la oreja.</p><p>��Te he echado de menos, Miranda.</p><p>Ella trag� aire. �De verdad la hab�a echado de menos? Durante diez a�os ella hab�a tenido que recluir a Quinn en un rinc�n de su coraz�n y de su mente. No quer�a pensar en �l porque no quer�a echarlo de menos.</p><p>Pero ahora la presa se romp�a y sus sentimientos reprimidos se derramaban por las compuertas. Durante diez a�os hab�a sido mucho m�s f�cil fingir que Quinn no lleg� a ser una persona importante en su vida en el poco tiempo que lo conoci�. Ahora era como si el tiempo transcurrido no existiera. Todav�a lo amaba, lo deseaba, pero el dolor brutal que se hab�a hecho fuerte en su vida desde la declaraci�n de Quinn en Quantico era como una espina clavada en el coraz�n.</p><p>Miranda dio un paso atr�s y top� con el aparador de la cocina.</p><p>��Quinn� No s� qu� se supone que debo decir.</p><p>���Por qu� me esquivabas en esa �poca? -Quinn le apret� los hombros, con los ojos igual de encendidos de deseo que ella.</p><p>Miranda sacudi� la cabeza. No pod�a tener esa conversaci�n en ese momento, cuando sent�a las emociones tan a flor de piel. El afecto de Quinn la confund�a. Era mucho m�s f�cil recordar la r�gida postura que hab�a tenido al oponerse a su graduaci�n, sus enf�ticas declaraciones acerca de sus habilidades cuando se vieron justo despu�s de la muerte de Rebecca.</p><p>��Tengo que irme.</p><p>��Miranda, no te vayas otra vez. Tenemos que hablar.</p><p>Ella sacudi� la cabeza y se liber� de su abrazo. Ten�a que pensar, y eso era imposible si estaba junto a Quinn. Ten�a la impresi�n de que la sangre le herv�a y burbujeaba por debajo de la piel, que se le revolv�a el est�mago de tanta confusi�n. Sent�a su coraz�n roto, pero todo mezclado con el amor. Nada ten�a sentido. Era mucho m�s f�cil existir y controlar sus emociones antes de que Quinn volviera a entrar en su vida.</p><p>Se lo qued� mirando un momento y vio que una expresi�n de frustraci�n le cruzaba fugazmente el rostro. Se gir� y ech� a correr hacia su caba�a, sinti�ndose como una cobarde pero sin saber qu� otra cosa hacer.</p><p>Quinn vio c�mo se alejaba y sinti� que algo se le encog�a en el pecho. Al volverse hacia el fregadero se dio cuenta de que el grifo segu�a abierto. �Hab�a estado abierto todo el rato? Lo cerr� de un manotazo.</p><p>�Qu� acababa de ocurrir?</p><p>Cre�a que Miranda empezaba a abrirse con �l. Hab�a matizado sus sentimientos hacia �l. Pens� que quiz�s hubiera una esperanza�</p><p>Y ese beso. El tiempo o la distancia lo hac�a a�n m�s dulce. Y �l quer�a m�s.</p><p>�En qu� estaba pensando? �Acaso cre�a que podr�an retomar su relaci�n donde la hab�an dejado? �Qu� �l le pod�a decir que todav�a la amaba y que enseguida se pondr�an a hablar de matrimonio?</p><p>Quinn nunca hab�a dejado de amar a Miranda. Ella lo irritaba, lo contrariaba, lo enfurec�a, pero la hab�a amado casi desde el principio. Estaba orgulloso de ella, admiraba su inteligencia, su fuerza y su perseverancia. Era una mujer muy bella. Verla ah� sentada frente a �l comiendo tarta de pacana le tra�a recuerdos de hac�a diez a�os, de aquella vez que pas� dos semanas de vacaciones en la hoster�a. En la caba�a de ella. Cuando se met�an a hurtadillas en la cocina para comer tarta de pacana y apenas alcanzaban a volver a la caba�a de las ganas que ten�an de hacer el amor.</p><p>Quinn no ten�a tiempo para relaciones duraderas. Hab�a tenido relaciones con unas cuantas mujeres a lo largo de los a�os, pero eran episodios breves. Ninguna pod�a compararse con Miranda. Algunas eran m�s guapas, otras m�s inteligentes, pero ninguna era <emphasis>Miranda. </emphasis>Su chispa. Su fuerza. Ella.</p><p>�Qu� habr�a pensado ella? �Por qu� no pod�a responder a su pregunta? �l hab�a esperado a que Miranda le saltara a la garganta que le gritara por haber tomado esa decisi�n en Quantico. No esperaba ver una emoci�n tan abierta y llena de deseo en sus ojos insondables.</p><p>�Maldita sea! Quer�a seguirla, quer�a explicarle una vez m�s las razones de haberla apartado de la Academia. Ella quer�a centrarse en opini�n del psiquiatra, en su obsesi�n con el Carnicero, pero eso era s�lo una parte de su razonamiento. Si hubiera sido s�lo por el psiquiatra, Quinn nunca se habr�a mostrado de acuerdo para que la apartaran del programa.</p><p>Lo que Miranda nunca hab�a entendido, y era evidente que �l tampoco consegu�a hacerle entender, era que los motivos por los que aspiraba a ser agente del FBI estaban mal planteados. Trabajar para el FBI no le dar�a lo que ella esperaba, y Quinn tem�a que entonces Miranda se sintiera fatal.</p><p>Quiz�s hubiera sido preferible dejar que se sintiera as�. Pero la amaba demasiado, y Miranda era una persona demasiado leal; no pod�a abandonarla cuando se diera cuenta de que idealizaba la profesi�n de agente del FBI.</p><p>Para decirlo alto y claro, Miranda quer�a ser agente del FBI para tener la autoridad de perseguir al Carnicero. No se habr�a sentido satisfecha trabajando en Florida, por ejemplo, o en Maine o en California, a menos que el Carnicero comenzara a cazar en uno de esos estados. Y era muy probable que la hubieran asignado al escuadr�n de robos o al de corrupci�n pol�tica, experiencias que no le ayudar�an en lo m�s m�nimo a enfrentarse con sus demonios.</p><p>Quinn albergaba la esperanza de que, al cabo de un a�o, Miranda se habr�a dado cuenta de que no deseaba en absoluto convertirse en agente, o que habr�a superado la obsesi�n con el Carnicero y aceptar�a cualquier tarea que le asignara la oficina.</p><p>Cerr� los ojos, sin saber bien c�mo pensar en el dolor y la rabia de Miranda hacia �l. Durante unos minutos, casi hab�an llegado a ese punto de confianza en que podr�a haber dicho cualquier cosa, y ella se habr�a abierto. Pero no hab�an llegado ah�, y �l no sab�a si alg�n d�a lo conseguir�an. En cuanto �l se acercaba demasiado, ella levantaba una barrera invisible.</p><p>A veces le daban ganas de sacudirla para que escuchara lo que ten�a que decirle, para obligarla a no cuestionar todos sus motivos. Pero esa noche s�lo hab�a deseado llevarla a la cama y estrecharla en sus brazos.</p><p>Si no se abr�a y hablaba con �l, si ella no escuchaba lo que ten�a que decir, quedaban pocas esperanzas de restaurar esa relaci�n rota con la �nica mujer que hab�a amado en toda su vida.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359155">Cap�tulo 15</p></title><p>Como sucede con ciertos sue�os, �l no paraba de pulsar en su imaginaci�n la tecla de �Rebobinar�. Quer�a ver a Theron surcando el cielo, volando a m�s de trescientos kil�metros por hora, batiendo poderosamente las alas, seguro en el veloz tramo final hasta llegar al vencejo y dejarlo aturdido en el aire con un certero golpe de sus garras.</p><p>Repet�a el mismo sue�o una y otra vez, a voluntad. En alguna parte de su subconsciente le preocupaba el lugar d�nde se encontraba, y a qui�n esperaba, pero por ahora se entreten�a en rebobinar el vuelo de su depredador en un ejercicio de caza.</p><p>No se despert� hasta que el fr�o metal de las esposas se gir� en su mu�eca.</p><p>Ella hab�a vuelto.</p><p>Se revolvi� entre las s�banas empapadas de sudor y ella se ri�. La risa en sordina que �l conoc�a muy bien.</p><p>���Qu�? -pregunt� �l, con la voz espesa por el sue�o. Theron desapareci� y record� d�nde estaba.</p><p>De vuelta en Montana.</p><p>��Te deseo.</p><p>��No, estoy cansado.</p><p>Silencio. Se despert� del todo.</p><p><emphasis>Nunca me digas que no.</emphasis></p><p>La luna en cuarto creciente brillaba con fuerza a trav�s de las grandes ventanas, proyectando sombras grises en el loft. Destacaba su cama, una c�moda solitaria y su rifle de caza.</p><p>Y <emphasis>ella.</emphasis></p><p>Iba vestida de negro, con el pelo rubio recogido atr�s en un mo�o compacto. Su ment�n delicado y su piel p�lida eran s�lo una ilusi�n, porque no hab�a nada suave en aquella mujer.</p><p>Ella frunci� el ce�o ante su rechazo.</p><p>��Vengo aqu� en medio de la noche a darte placer, �y t� me dices que no?</p><p>�Placer? Quiz� para ella. Siempre para <emphasis>ella. </emphasis>Le daba rabia reaccionar as�. Intentaba una y otra vez que su cuerpo no lo delatara. Pero ella sab�a qu� hacer.</p><p>�Por qu� hab�a vuelto? Porque el impulso era muy fuerte, y �l no pod�a resistirse. El castigo por ceder al impulso de cazar era tener que ver a La Puta.</p><p>Ella le quit� la s�bana de encima y volvi� a fruncir el ce�o.</p><p>���Est�s vestido!</p><p>Se dej� caer sobre su vientre y le quit� los calzoncillos. Le dio una<strong/>fuerte palmada en las nalgas. <emphasis>�Chac!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis><emphasis>Chac! </emphasis><emphasis>�</emphasis><emphasis>Chac!</emphasis></p><p>��Lo siento -dijo, con una voz que parec�a sincera-. Sabes que detesto hacer eso -dijo, y bes� el lugar en cuesti�n, donde le hab�a pegado.</p><p><emphasis>Le fascina. </emphasis>Hizo una mueca cuando ella busc� entre sus piernas y le cogi� la polla. Ya estaba casi duro. Maldito fuera su cuerpo. Ojal� se pudriera en el infierno. �Por qu� reaccionaba ante ella? Siempre. Un d�a se la cortar�a por despecho. Se la enviar�a por correo en un bonito paquete. Ya que tanto le gustaba, pod�a qued�rsela.</p><p>Ahora se iba endureciendo en sus manos, y gem�a, intentando sepultar el ruido bajo la almohada. Pero ella lo o�a todo, y �l sent�a su sonrisa fr�a a sus espaldas.</p><p>��Venga, venga, cari�o -murmur� ella, solt�ndolo y trepando sobre su espalda. Le gir� levemente el cuerpo para poder besarlo-Ha pasado mucho tiempo.</p><p><emphasis>No lo bastante.</emphasis></p><p>��S� -dijo.</p><p>���Me has echado de menos?</p><p><emphasis>Joder, no.</emphasis></p><p>��Claro que s�.</p><p>��Ya me lo pensaba. Me ha costado mucho escaparme.</p><p><emphasis>Ya, �esperas que me lo crea?</emphasis></p><p>Durante a�os, su marido hab�a sospechado que ella ten�a un amante. Sin embargo, el muy imb�cil jam�s se imagino que fuera con �l.</p><p>��Tengo algo especial para ti.</p><p><emphasis>No, no.</emphasis></p><p>Se gir� y la vio sacar un consolador largo del bolsillo de su chaqueta. Un extremo era grueso, el otro delgado. No lo hab�a visto en mucho tiempo.</p><p><emphasis>No.</emphasis></p><p>Lo oblig� a tenderse de espaldas y empez� a desnudarse. Ten�a el cuerpo en plena forma. A punto de cumplir los cuarenta a�os, conservaba una figura delgada, firme y elegante. El cuerpo de una bailarina, el rostro de un �ngel y el alma de un demonio.</p><p>Se mont� a horcajadas sobre �l. No sobre su pene sino sobre su cara. Le restreg� su maldito co�o en la boca.</p><p>��Haz que me corra, cari�o.</p><p>�l no se pod�a negar. Sab�a lo que pasaba cuando protestaba. De modo que le comi� el co�o como a ella le gustaba. Quiz�, si consegu�a satisfacerla, no usar�a ese maldito aparato.</p><p>Ella empujaba con tanta fuerza contra su cara que no pod�a respirar. Y ella lo sab�a perfectamente. Pero si �l la rechazaba, ella le har�a mucho da�o.</p><p>Se levant� apenas para que �l pudiera respirar, y luego se agit� sobre su cara al correrse, cogi�ndose de la cabecera de la cama y gimiendo.</p><p>��Ah, s� -dijo, mientras se deslizaba por su cuerpo y lam�a sus propios jugos de la cara de �l -. Ha sido muy agradable. Te mereces una recompensa.</p><p><emphasis>No.</emphasis></p><p>Ella le abri� las piernas y sonri� ante su erecci�n palpitante. La luna le ilumin� el cuerpo con sus sombras azules, d�ndole a su placer un tinte siniestro. Perverso.</p><p>Ella era pura perversi�n.</p><p>Le acarici� el pene con gesto casi amoroso. Cogi� el consolador de la mesilla de noche y se meti� el lado grueso en el co�o humedecido, gimiendo de placer. Ten�a un cintur�n, y se lo ajust�.</p><p>��No -chill� �l. Odiaba aquello, y ella lo sab�a.</p><p>���Has dicho no?</p><p>Mierda, �l no quer�a decir que no. Se le hab�a escapado.</p><p>��No he dicho nada.</p><p>��No mientas. -Le dio una bofetada y �l se mordi� la lengua.</p><p><emphasis>Maldita puta.</emphasis></p><p>El no pod�a hacer nada. Si protestaba� ella conoc�a sus secretos. Cada uno de sus oscuros secretos. Sab�a lo de las chicas. Lo sab�a y se burlaba de �l. Disfrutaba de su rabia, de su enardecimiento.</p><p>Se alimentaba de ello.</p><p>Le toc� suavemente la cara, jadeando de placer. El placer que sent�a haci�ndole da�o.</p><p>��Lo siento, cari�o, pero deber�as saber que a m� no se me dice que no.</p><p>Llevaba quince a�os jugando con �l y si no hac�a exactamente lo que ella quer�a, cuando lo quer�a, ella lo amenazaba con arrancarle lo que m�s valoraba.</p><p>Su libertad.</p><p><emphasis>Te odio.</emphasis></p><p>�La odiaba de verdad? �S�! Pero hubo un tiempo� recordaba un tiempo en que la buscaba y la tocaba y ella lo consolaba. Le lam�a las heridas. Lo abrazaba y le murmuraba palabras suaves. Lo tocaba con cari�o.</p><p>Eso hab�a ocurrido hac�a mucho tiempo, pero el pasado lo ten�a cogido en un pu�o de hierro, indestructible. Como ella.</p><p>As� que se qued� tendido y no se movi�. �l era su puto y nada pod�a hacer para remediarlo. Le dol�a, pero ten�a la polla dura como una piedra. El placer y el dolor, tan entrelazados. No pod�a tener uno sin el otro.</p><p>Ella gem�a y se retorc�a, a punto de volver a correrse. Si se corr�a parar�a, y �l no tendr�a su alivio. A ella nunca le importaba �l. Todo era para <emphasis>ella. </emphasis>Siempre para ella.</p><p>Imagin� que lanzaba a La Puta al suelo y luego le met�a el consolador por el culo. Se imagin� golpe�ndola hasta dejarla sin sentido o hasta que le suplicara que parara. No le costaba imagin�rsela con dos tornillos en las tetas, las tetas que nunca le dejaba tocar.</p><p>La imagen lo llev� al orgasmo y gimi� con el alivio.</p><p>Ella empuj� con tanta fuerza que su gemido de placer se convirti� en grito de dolor. Cuando le hizo da�o, ella se corri�, toda ella caliente y h�meda. Se dej� ir contra �l y le bes� las l�grimas.</p><p>��Eso, cari�o, ha sido por decir que no.</p><p><emphasis>Te odio.</emphasis></p><p>Se sali� bruscamente y le sac� el consolador. Se visti�, le dio un beso, un beso casi tierno, y le abri� las esposas.</p><p>��Volver� -dijo, con una gran sonrisa.</p><p>Bajo esa ternura falsa, era una puta malvada. �l la sigui� con la mirada hasta que sali�.</p><p>La odiaba. Pero estaba atrapado de por vida. Si intentaba matarla, fracasar�a. Quer�a desesperadamente cazarla y cortarle el cuello. Ver como su falsa sonrisa se convert�a en un gesto grotesco de dolor. Verla darse cuenta de que su creaci�n era su p�rdida.</p><p>Si �l se iba, ella lo encontrar�a. Si no pod�a encontrarlo, contar�a sus secretos. �l sab�a lo que ocurrir�a si ella iba a ver al sheriff. Todo l�grimas y ternura. Todo una mentira.</p><p>��<emphasis>No lo sab�a, sheriff, hasta que encontr� los carn�s de conducir�</emphasis></p><p>Una mentira. Siempre mentiras. Pero ellos creer�an a La Puta. Con sus l�grimas de cocodrilo y sus ojos enormes.</p><p>Nadie le creer�a a �l. Siempre le cre�an a <emphasis>ella.</emphasis></p><p>Era demasiado pronto, pero ten�a mucha rabia acumulada. El miedo lo enfurec�a todav�a m�s.</p><p>Demasiado pronto, pero �qu� pod�a hacer? La Puta hab�a empezado. Siempre ten�a ese aire como si estuviera al mando. Como si �l tuviera que escucharle y hacer todo lo que ella ordenara. Cuando ella ech� a volar a Penny de su nido de amor, lo hab�a obligado a cazar. A matar.</p><p>No era su intenci�n matar a Penny. S�lo la encerr� en la caba�a para hacerle entender que la amaba, que el tipo con que estaba saliendo la iba a traicionar. Quer�a saber por qu� le hab�a mentido</p><p>Nunca quiso matarla. Pero a veces la �nica manera de llegar a la verdad era haci�ndole da�o a la gente. As� lo hac�a su madre, y �l siempre dec�a la verdad.</p><p>Estuvo a punto de convencer a Penny. Todo lo que �l hab�a aprendido funcionaba. Ella dec�a lo que �l quer�a que dijera. Dejaba que la tocara sin gritar. Habr�an sido felices juntos para siempre, si �l hubiera tenido un poco m�s de tiempo para hacerla entrar en raz�n.</p><p>Pero La Puta no quer�a que �l fuera feliz. Una noche lo sigui� y le arrebat� la �nica mujer que amaba. Y solt� a Penny.</p><p>Penny ech� a correr. Corri� para alejarse de �l cuando �l le rogaba que se quedara. �l no quiso matar a Penny. S�lo quer�a que se quedara con �l.</p><p>Cuando la alcanz�, supo que todo lo que le hab�a dicho era mentira. Ella no lo amaba, ni quer�a quedarse con �l. �Mentiras y m�s mentiras!</p><p>Muri� de la manera m�s indolora posible. �l nunca hab�a querido hacerle da�o. Sin embargo, no pudo evitarlo; el impulso fue m�s fuerte que �l. Y ella le hab�a mentido. Era un justo castigo. Pero no quer�a que sufriera.</p><p>La Puta lo oblig� a matar esa primera vez. Pero cuando vio el cuerpo inerte de Penny, se sinti� envalentonado. Poderoso. Hab�a algo divino en �l: la capacidad de quitar una vida, o de darla.</p><p>Con la mujer peque�a de pelo negro (no sab�a que se llamaba Dora hasta que lo ley� en los peri�dicos), le pic� el gusanillo. Se la follaba cuando <emphasis>�l </emphasis>quer�a, no cuando quer�a <emphasis>ella. </emphasis>La alimentaba cuando <emphasis>�l </emphasis>quer�a, no cuando ella ten�a hambre. La solt� cuando �l quiso, y ella ech� a correr.</p><p>La emoci�n de la caza quedaba en segundo plano frente a la facultad de poder disponer de una vida.</p><p>�l siempre ganaba, con la excepci�n de aquella que hab�a escapado�</p><p>Se levant� de la cama cogiendo la s�bana y enroll�ndosela por el cuerpo. Fue hasta su escritorio y abri� un caj�n de un tir�n tan violento que el contenido se desparram� por el suelo. Furioso consigo mismo, pero sobre todo con La Puta, encendi� la l�mpara y se puso de rodillas en el suelo para recoger sus tesoros.</p><p>Hizo un mont�n con los carn�s de conducir de su colecci�n (veintiuno en total) y los dej� a un lado, con el de Rebecca encima del todo. Toc� la foto y se puso a pensar, no en el ritual de la muerte sino en la vida, en la vida que ella le daba al correr. La vida que le daba cuando le suplicaba piedad. Por cualquier cosa. �l mandaba. �l tomaba todas las decisiones y ella no ten�a nada que decir.</p><p>Rara vez hablaba con las mujeres. Ellas no eran nada.</p><p>Cogi� la libreta de tapas de cuero desgastado que conten�a su vida. Respir� sobre la tapa ajada, y se sinti� extra�amente en paz. Cuando empezaba a planear algo, le ocurr�a eso. La preparaci�n requer�a tiempo, concentraci�n, inteligencia.</p><p>Y �l ten�a las tres cosas. Hab�a llegado el momento de planear la pr�xima cacer�a. Cuanto antes, mejor.</p><p>Los huevos de Theron estar�an a punto de romperse. Y, desde luego, no quer�a perd�rselo.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359156">Cap�tulo 16</p></title><p><strong>ENCONTRADA LA GUARIDA DEL CARNICERO</strong></p><p><strong>La joven muerta ha sido identificada como la </strong></p><p><strong>alumna desaparecida de la Universidad de Montana State</strong></p><p><emphasis>Enviado Especial, Elijah Banks</emphasis></p><p>Miranda ten�a cogido el peri�dico con tanta fuerza que no pod�a ni leer las palabras. Pero las fotos eran inequ�vocas.</p><p>Por debajo del titular, una foto de la barraca donde Rebecca hab�a estado cautiva. Al lado, una foto de Rebecca copiada de la ficha universitaria, la misma que aparec�a en las octavillas distribuidas por toda la ciudad.</p><p>���Maldito sea!</p><p>Estaba a punto de tirar el peri�dico a un lado cuando algo familiar m�s abajo del pliego le llam� la atenci�n.</p><p>El breve desayuno que hab�a tomado se le revolvi� en el est�mago. Trag� bilis y murmur�:</p><p>���Qu� cabr�n!</p><p>En la parte de abajo hab�a otra foto. Una foto de ella. Apoyada contra el �rbol fuera de la barraca. Destacaba la palidez de su rostro, incluso en el grano grueso del papel. El pie de foto dec�a:</p><p><emphasis>Miranda Moore, jefa de la Unidad de B�squeda y Rescate y �nica superviviente del Carnicero de Bozeman, ayuda al FBI en la localizaci�n de la vieja caba�a.</emphasis></p><p>��Lo siento.</p><p>Ella dio un salto al o�r la voz.</p><p>��Quinn.</p><p>Hab�a llegado por el sendero de la hoster�a, pero ella estaba tan concentrada en el peri�dico que no lo oy�.</p><p>��Te lo habr�a ahorrado si pudiera.</p><p>Ella sacudi� la cabeza y alz� el ment�n.</p><p>��Estoy bien -insisti�, aunque la foto la hab�a desconcertado.</p><p>��Cuando uno reacciona enfad�ndose con estos montajes de Elijah Banks, se le concede todav�a m�s poder.</p><p>��No estoy enfadada. -Ment�a. Y era evidente, por su expresi�n, que Quinn lo sab�a.</p><p>��Vale, estoy enfadada, pero se me pasar�. -Guard� silencio y se lo qued� mirando detenidamente-. �Por qu� est�s aqu�?</p><p>��Esta ma�ana he hablado con Olivia.</p><p>���Y?</p><p>��Estar� en Helena esta noche.</p><p>���De verdad? Quiz� pueda venir hasta aqu�. No queda muy lejos. Me encantar�a verla.</p><p>��Tienes el n�mero de su celular. Ll�mala.</p><p>��Eso har� -dijo Miranda, y se propuso llamar�a al d�a siguiente.</p><p>��Voy a la universidad -dijo Quinn-, pero quer�a contarte lo de Olivia. Si hay algo en las pruebas�</p><p>��Ella lo encontrar� -dijo Miranda, terminando su frase.</p><p>��Eso. -Quinn subi� las escaleras y se detuvo en el borde del porche donde estaba Miranda. A ella se le aceler� el coraz�n al ver que �l se acercaba tanto, aunque sin llegar a tocarla.</p><p>��Miranda, tenemos que hablar. Acerca de lo de anoche. De lo que pas� en Quantico.</p><p>Ella trag� saliva. Ten�a tantas ganas de olvidar y perdonar, pero era incapaz de dejar de lado el nudo de la traici�n que llevaba en el alma.</p><p>��No hay nada de qu� hablar.</p><p>�l la mir� un rato largo, hasta que ella baj� la mirada.</p><p>��Miranda -murmur�. Y la bes�.</p><p>Un beso intenso, duro y r�pido, y luego se ech� atr�s. El beso la dej� sin aliento. Era incapaz de hablar.</p><p>��Hablaremos -dijo �l, firme-. Ve con cuidado cuando salgas hoy.</p><p>No esper� su respuesta, y se fue por donde hab�a venido.</p><p>Tener una placa de agente federal abr�a algunas puertas y cerraba otras. La nueva Ley de Privacidad de Datos exig�a que Quinn consiguiera una orden judicial antes de que la universidad le entregara la informaci�n que quer�a. Tard� toda la ma�ana en conseguirla.</p><p>No volvi� al campus hasta despu�s de la hora de comer. Por suerte, el rector ya le hab�a pedido a su secretaria que buscara los archivos necesarios. Estaban dentro de una caja y listos para que se los llevara.</p><p>Cuatro cajas. Ciento ochenta y nueve hombres.</p><p>Volviendo a la oficina del sheriff, pens� en algunas maneras de acortar la lista. S�lo necesitaba a unos cuantos colaboradores.</p><p>Nick le dej� a los agentes Booker y Janssen. Entre los seleccionados, hab�a alumnos que pon�an los estados de Montana o Idaho o Wyoming como lugar de residencia antes de venir a la universidad. El asesino ten�a un conocimiento exhaustivo de la zona, de modo que era l�gico pensar que vivir�a en o cerca del condado de Gallatin.</p><p>Quinn asign� a los agentes la tarea de revisar los nombres y eliminar a cualquiera que estuviera casado, se hubiera marchado del pa�s o estuviera muerto.</p><p>Se qued� mirando el tablero de los asesinatos en el despacho de Nick e intent� pensar como si �l fuera el asesino.</p><p>�Por qu� violaba? Control. Rabia.</p><p>�Por qu� necesitaba tener ese control? Porque no controlaba su propia vida, sobre todo de joven. �Habr�a pasado parte de su infancia en un hogar para ni�os? �Ser�a hu�rfano? �V�ctima de abusos sexuales? �Saldr�an los dos padres en la foto? �Alguno de ellos quiz�s habr�a abusado de �l de peque�o?</p><p>En general, los asesinos en serie han sido v�ctimas de abusos sexuales en su etapa preadolescente. Ese rasgo en com�n era utilizado por los abogados de la defensa para adulterar el sentido de la pena de muerte o para culpar a otros de los horribles cr�menes cometidos por sus clientes.</p><p>Pero la triste verdad era que aunque muchos ni�os sufr�an abusos sexuales, f�sicos y emocionales, la mayor�a no llegaban a convertirse en asesinos en serie. Quinn sent�a compasi�n por los ni�os maltratados que, con el tiempo, se convertir�an en asesinos, pero no albergaba el mismo tipo de sentimiento hacia ellos como adultos.</p><p>El Carnicero experimentaba un placer enfermizo torturando a sus v�ctimas antes de matarlas. Sin embargo, dos rasgos caracter�sticos lo distingu�an de la mayor�a de asesinos s�dicos. Por eso, consegu�a comprender el razonamiento del Carnicero, podr�a penetrar m�s profundamente en su pensamiento y, quiz�s, ayudar a identificar a alg�n sospechoso. Era una tarea dif�cil. Los asesinos en serie eran seres l�gicos dentro de sus propios c�lculos, pero entender esa l�gica era casi imposible si no se ten�an todas las piezas.</p><p>Por desgracia, a ellos todav�a les faltaban varias piezas cruciales.</p><p>El primer rasgo distintivo del Carnicero era que encerraba a sus v�ctimas. Eso indicaba una necesidad de control. Les hac�a da�o y, a la vez, cuidaba de ellas, si al hecho de alimentarlas con pan y agua se le pod�a llamar �cuidar�. Era un hombre parco en palabras y, cuando les hablaba, su tono era de desprecio. Las mujeres eran posesiones, objetos con los que pod�a hacer lo que le viniera en gana. Sus gritos no lo excitaban ni lo molestaban, eran irrelevantes. El solo hecho de tenerlas cautivas lo excitaba.</p><p>El segundo (y quiz�s �nico) rasgo distintivo era que soltaba a las mujeres para cazarlas. Siempre exist�a una posibilidad de que escaparan. Daba la impresi�n de que aquel juego era para �l un verdadero deleite, a�n cuando les diera un tiempo de huida antes de perseguirlas. Eso s�, no les daba demasiado. Y las mujeres ya estaban heridas y desmoralizadas antes de empezar.</p><p>A Quinn le extra�aba que el Carnicero no hubiera intentado atrapar a Miranda, pero tambi�n le sorprend�a que siguiera soltando y cazando a otras v�ctimas despu�s de su huida.</p><p>Quiz� ya no les diera tanto tiempo antes de empezar la cacer�a. Quiz� las debilitaba. O quiz� pensara que Miranda era una anomal�a y hubiera optado por demostrarse constantemente a s� mismo que todav�a pod�a cazar y triunfar, y que era capaz de un dominio y control absolutos. Quiz� dejaba que Miranda siguiera viva como recordatorio de su �nico fracaso.</p><p>Quinn sacudi� la cabeza. Estaba d�ndole vueltas a lo mismo. No ten�a ni idea de por qu� el asesino no hab�a perseguido a Miranda. Si �l fuera un violador s�dico que disfrutara cazando a mujeres como deporte, seguro que no dejar�a que se le escapara una. De alguna manera, no encajaba con el resto del personaje, y eso molestaba a Quinn.</p><p>A las cinco, sali� a encontrarse con Olivia en el aeropuerto, y dej� a los dos agentes con la criba de los sospechosos de la lista universitaria. Cuando volviera por la ma�ana, confiaba en tener una lista reducida de nombres.</p><p>Su instinto le dec�a que el Carnicero estar�a entre esos nombres.</p><p>Esa noche mientras cenaba en el comedor de la hoster�a, Miranda estuvo muy pendiente de que llegara Quinn, comiendo sin ganas de un plato que su padre le hab�a preparado. No quer�a que Bill se preocupara, pero la verdad era que no ten�a hambre.</p><p>En cambio, ten�a unas extra�as ganas de comer tarta de pacana.</p><p>Le dijo a su padre que ya pod�a retirarse a sus habitaciones a descansar, que ella se ocupar�a de los platos y cerrar�a la cocina. Necesitaba tener algo que hacer para dejar de pensar en el Carnicero.</p><p>Aunque no fuera m�s que una simple excusa para ver a Quinn cuando volviera.</p><p>Cuando acab� de limpiar los mostradores, oy� voces en el vest�bulo. Quinn. Sali� enseguida y se sorprendi� al ver a Nick que estaba hablando con Gray.</p><p>��Nick. �Pasa algo?</p><p>��No -dijo �l-. Pasaba por aqu� y se me ocurri� venir a saludaros.</p><p>��Har� un poco de caf� -dijo ella.</p><p>��No hace falta. Francamente, ya he ingerido suficiente cafe�na por hoy. �Qu� tal una copa?</p><p>Beber con Nick era lo �ltimo que quer�a hacer. No porque no le agradara su compa��a, sino porque resultaba raro estar ah� con un ex novio mientras el otro � Quinn- pod�a entrar en cualquier momento. En realidad, no se hab�a puesto a pensar en la relaci�n �ntima que hab�a tenido con esos dos hombres, y ahora se sent�a confundida.</p><p>Pero Nick era sobre todo un amigo, as� que sonri�.</p><p>��Claro. Gray, �quieres tomar una copa con nosotros?</p><p>��Yo estoy reventado -dijo �ste, negando con la cabeza. Ma�ana tengo que levantarme temprano para ir a buscar a unos jubilados que vienen de Los �ngeles. Se quedar�n unos cuantos d�as.</p><p>Gray les dio las buenas noches y se march�.</p><p>Miranda llev� a Nick a la barra y le se�al� un taburete. Pas� por debajo del mostrador y cogi� una botella de la cerveza preferida de Nick. Tambi�n abri� una para ella.</p><p>��Gracias.</p><p>��Salud. -Miranda inclin� la botella hacia �l y tom� un trago largo.</p><p>Siempre se hab�a divertido cuando sal�a con Nick. Antes de ser amantes, hab�an sido amigos. Ella confiaba en que todav�a ser�a as�, aunque las relaciones parec�an un poco tensas �ltimamente. Se hab�a sentido satisfecha con la relaci�n, hasta que Nick le pidi� que se fuera a vivir con �l. Le dijo que no. Y �l se march�.</p><p>A ella le bastaba con que fueran amigos y amantes. Nick quer�a m�s.</p><p>Algo m�s parecido a lo que hab�a entre ella y Quinn.</p><p>A�n as�, lo suyo hab�a sido una c�lida amistad, una buena relaci�n de trabajo. �Por qu� hab�a tenido tantas reticencias a irse a vivir con �l?</p><p>En pocas palabras, porque no lo amaba. Y cuando �l sugiri� que ser�a conveniente que no siguieran teniendo relaciones sexuales, le dijo que de acuerdo. Ahora, pensando en ello retrospectivamente, se preguntaba si Nick no hab�a esperado una protesta de su parte.</p><p>Al final, la ruptura fue un alivio.</p><p>���C�mo te ha ido con Quinn?</p><p>A Miranda le sorprendi� la pregunta.</p><p>��Bien -dijo, de manera mec�nica.</p><p>�l frunci� el ce�o.</p><p>Ella se sent�a inc�moda bajo esa mirada que la escudri�aba. Casi como si le debiera una explicaci�n.</p><p>��En serio, �l hace su trabajo y yo hago el m�o, y no hay m�s que eso.</p><p>Miranda no quer�a entrar en el tema. �Por qu� ten�a que explicar su relaci�n de trabajo con Quinn? Quiz� fuera porque llevaba a�os quej�ndose ante Nick de que Quinn le hab�a robado su carrera y estropeado sus planes de futuro.</p><p>Nunca le hab�a contado lo mucho que sufr�a.</p><p>��Tiene a un par de mis hombres revisando los archivos de la universidad -dijo Nick-. Todav�a estaban en el despacho cuando he llamado hace media hora.</p><p>��Me dijo que estaba revisando los archivos de los a�os de Penny en Bozeman. Pero en aquella �poca hab�a cientos de posibles sospechosos. No s� c�mo podremos reducir la lista si no tenemos m�s pruebas que nos digan por d�nde seguir.</p><p>��Quinn est� seguro de que este tipo todav�a es soltero y lleva una vida solitaria.</p><p>��Por cierto, �d�nde est� Quinn? -Quiso que su pregunta sonara despreocupada, pero no estaba segura de haberlo conseguido.</p><p>��En Helena. Ha ido al aeropuerto a buscar a esa amiga tuya, la t�cnico de laboratorio.</p><p>���Olivia? -Casi olvidaba que Quinn la hab�a llamado para pedirle su colaboraci�n.</p><p>Nick asinti� y tom� un trago de su cerveza.</p><p>��Volver� tarde o por la ma�ana -dijo, y guard� silencio. Luego a�adi�-: Os deseo a ti y a Quinn toda la suerte del mundo.</p><p>��No s� a qu� te refieres.</p><p>���No?</p><p>��No.</p><p>Nick suspir� y empez� a quitarle la etiqueta a la botella de cerveza.</p><p>��Es evidente que todav�a est�s enamorada de �l. Siempre has estado enamorada.</p><p>��Eso no es verdad. -�Estaba protestando demasiado? Intent� explicarse-. Ya sabes c�mo era todo por aquel entonces. Pero con todo lo que sucedi�, yo� y bah, ya ha acabado. Acab� hace mucho tiempo.</p><p>��El amor no se abre y cierra como un grifo, Miranda -dijo Nick, y sonaba irritado.</p><p>��Yo no he dicho eso. Yo� -dijo ella, y call� -. Nick, lo siento -. �Qu� otra cosa pod�a decir? Sab�a que Nick todav�a sent�a algo por ella, sentimientos que ella no pod�a corresponder. Lo �ltimo que quer�a era hacerle da�o a su mejor amigo.</p><p>�l despach� su disculpa y se incorpor�.</p><p>��S�lo quer�a ver c�mo te encontrabas, ya que estoy libre, como quien dice. -El sheriff nunca estaba de verdad �libre�. Cuando lo eligieron para el cargo, decir aquello se hab�a convertido en una broma entre ellos.</p><p>��No hay nada entre Quinn y yo -dijo ella, y se mordi� la lengua. �Por qu� era tan importante convencer a Nick de aquello?</p><p>�O quiz� lo �nico que pretend�a con sus protestas era convencerse a s� misma?</p><p>�l la mir� con una sonrisa ir�nica.</p><p>��Puedes creer lo que quieras, Miranda, pero la verdad es que tu coraz�n siempre ha estado con Quinn. Yo nunca tuve una oportunidad. Pero me acabo de dar cuenta ahora.</p><p>��T� me importas. Eres mi mejor amigo.</p><p>�l asinti� y ella supo que hab�a dicho lo que no deb�a. Nick estaba enamorado de ella y ella le dec�a que lo consideraba su mejor amigo.</p><p>�Por qu� siempre ten�a que meter la pata?</p><p>��Ya s� que me aprecias, Randy. Siempre has sido una buena amiga. Pero una novia mal�sima. Buenas noches.</p><p>Ella se lo qued� mirando, pregunt�ndose por qu� diablos habr�a pasado por la hoster�a esa noche. �Para ver si ella y Quinn estaban juntos? �Para convencerse de algo? Sacudi� la cabeza mientras acababa la cerveza y dejaba las botellas en el contenedor debajo del fregadero.</p><p>Nunca acabar�a de entender a los hombres.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359157">Cap�tulo 17</p></title><p>��Eres un imb�cil.</p><p>La Puta estaba furiosa, pero ahora mismo a �l no le importaba. Ella le har�a pagar m�s tarde por haber roto las reglas. Despu�s de la cacer�a. Pero ahora no pod�a hacer nada.</p><p>�l vio el brillo de la excitaci�n en sus ojos.</p><p>Segu�a odi�ndola, pero la odiaba menos las noches que sal�an a cazar juntos.</p><p>Sin embargo, su falta de paciencia lo irritaba.</p><p>���Por qu� no �sa? -gimi� ella, se�alando a una chica de pelo casta�o que acababa de llegar a la gasolinera.</p><p>��No.</p><p>���Por qu� no?</p><p>��Esta vez quiero a una rubia.</p><p>��Acabas de tener una rubia.</p><p>��No me importa. Quiero otra.</p><p>Ella suspir� y tamborile� sobre el volante.</p><p>��No quiero pasarme toda la noche aqu�.</p><p>��Nunca he tardado m�s de un par de horas. Maldita sea, �ten un poco de paciencia! � La Puta nunca ten�a paciencia. A �l lo consideraba un tipo raro porque era capaz de quedarse en medio del bosque durante d�as escribiendo cosas sobre sus p�jaros.</p><p>A �l no le importaba lo que ella pensara de �l. Ahora mismo era una ayuda. Aunque la mayor parte del tiempo s�lo pensaba en estrangularla.</p><p>No se atrev�a ni a tocarle el cuello.</p><p>La chica arranc� despu�s de poner gasolina. Eran casi las once de la noche. Llevaban dos horas esperando. El tr�fico hab�a disminuido considerablemente despu�s de las diez.</p><p>Dej� los prism�ticos sobre sus rodillas y esper� a que llegara el pr�ximo coche al centro comercial junto a la autopista. Estaban situados en un buen punto de observaci�n, bien oculto, en el camino que daba a la gasolinera, estacionados en una entrada privada. Conoc�a a la due�a de la casa, una anciana sorda como una tapia que se acostaba al ponerse el sol.</p><p>Hab�a elegido ese lugar porque era una parada habitual de las alumnas de la universidad. Entre la gasolinera, la pizzer�a y el peque�o bar, sab�a que encontrar�a a la persona adecuada.</p><p>No es que fuera un capricho. Simplemente quer�a otra rubia.</p><p>En una ocasi�n, hab�a comenzado la caza en ese mismo lugar. Como regla, nunca utilizaba dos veces el mismo lugar. Por si acaso. Sin embargo, ya hac�a tiempo de eso. En ese lugar hab�a raptado a otra rubia, unos doce a�os antes.</p><p>Ojal� no hubiera viajado con esa amiga suya.</p><p>La Puta nunca lo hab�a dejado ir a por Miranda Moore. A �l la idea lo persegu�a constantemente. Pero La Puta cre�a que Moore se merec�a vivir porque hab�a escapado. Siempre pensaba en ella, le restregaba su fracaso en toda la cara. La odiaba. Las odiaba a las dos.</p><p>Alg�n d�a les har�a pagar. Eran como dos perras de una misma camada, lo provocaban, lo ridiculizaban.</p><p>Sin embargo, por ahora no pod�a tocar a Miranda Moore. La Puta le hab�a dicho que lo delatar�a. Y �l le cre�a.</p><p>��Mataremos a Miranda Moore si se convierte en una amenaza, pero ahora no lo es -dec�a La Puta una y otra vez -. Ella te venci�, cari�o, y quiero que siempre lo recuerdes.</p><p>Como si con sus constantes comentarios �l pudiera olvidarlo.</p><p>Por la entrada principal entr� un Honda Civic. Pas� sin parar por la gasolinera y fue directo hacia la pizzer�a. �l cogi� los prism�ticos.</p><p>Del lado del conductor baj� una rubia. Sinti� que se le hinchaba el coraz�n y empezaba a latirle con fuerza.</p><p>Era ella.</p><p>Lo supo de inmediato, como lo sab�a cada vez que sal�a a cazar mujeres. Ella era la llamada, y �l la tendr�a.</p><p>��Me voy -dijo.</p><p>��Espera.</p><p>��Y ahora, �qu�?</p><p>��Mira.</p><p>�l miro con desgana. Se abri� la puerta del pasajero y baj� una pelirroja. Juntas, la rubia y ella entraron en la pizzer�a.</p><p>��Espera -dijo La Puta.</p><p>��No.</p><p>��He dicho que se acabaron las parejas. Es demasiado arriesgado.</p><p>��De acuerdo.</p><p>Ella se relaj� y �l abri� la puerta de su lado.</p><p>���A d�nde vas? -pregunt� ella, y casi dio un salto en el asiento para cogerlo.</p><p>�l se ech� atr�s y se meti� la botella de melaza en el bolsillo.</p><p>��Voy a ocuparme del coche.</p><p>��Has dicho que estabas de acuerdo.</p><p>��Nada de parejas, conf�a en m�. S�lo me ocupar� de una.</p><p>Ella no le crey�, pero no le importaba. No ten�a nada que hacer con la pelirroja. Esta vez, s�lo quer�a a la rubia.</p><p>Primero tendr�a que matar a la pelirroja.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359158">Cap�tulo 18</p></title><p>Al acercarse, las luces de la camioneta de Nick iluminaron el Honda Civic azul por detr�s, a unos diez metros de la hipot�tica escena del crimen. Dej� los faros encendidos y baj�. Se acerc� al agente que estaba a cargo, Brad Jessup.</p><p>���C�mo est� la chica?</p><p>��El m�dico de urgencias dice que su estado es cr�tico. Ya se la han llevado al hospital. -Jessup mir� sus notas -. Seg�n el carn� de conducir, se trata de JoBeth Anderson. Ten�a un carn� de la Universidad de Montana State en la cartera y veintitr�s d�lares.</p><p>���Qu� ha pasado? �Le ha dado otro coche y ha huido? -inquiri� Nick</p><p>��No parece que el veh�culo haya sufrido da�os, se�or.</p><p>���Qui�n llam� para dar el aviso?</p><p>��Red Tucker, se�or.</p><p>Todos conoc�an al viejo Red. Era el due�o del bar que quedaba a quince minutos por el camino del cruce de la 191/85 y se dec�a de �l que era el habitante m�s viejo del condado de Gallatin.</p><p>���D�nde est� ahora?</p><p>��Lo tengo ah� sentado en mi todoterreno, se�or.</p><p>Red estaba sentado de lado en el asiento del pasajero del coche Patrulla de Jessup, con la puerta abierta y los pies colgando hacia fuera. Su abundante cabellera blanca necesitaba un buen corte de pelo, y en su cara curtida se cruzaban tantas arrugas que hac�a pensar en un mapa de los senderos de Yellowstone.</p><p>���C�mo te va, Red? -pregunt� Nick, al acercarse.</p><p>��He estado mejor. �C�mo est� la chica?</p><p>��En estado cr�tico. Si consigue salir, te lo deber� a t�. -Nick agach� junto a �l y sac� su libreta-. �Te importar�a contarme qu� pas�?</p><p>���ltimamente cierro el bar m�s o menos a las once. Necesito dormir m�s que antes. Vi el coche al lado del camino y pas� despacio, pensando que quiz�s alguien ten�a problemas, que se hab�a quedado sin gasolina o algo as�. No vi a nadie, as� que pens� que se habr�a averiado y que los ocupantes habr�an partido a pie hasta el cruce, o seguido por el camino unos cuantos kil�metros. Iba a pasar de largo cuando vi algo delante del coche. Pens� que pod�a ser un animal, que quiz�s el conductor hab�a atropellado a un osezno, o algo por el estilo. As� que par�.</p><p>Red sacudi� la cabeza.</p><p>��No pod�a creer que fuera una chica. Estaba tendida ah�, con medio cuerpo en el camino. Es un milagro que no le pasara por encima uno de esos grandes remolques.</p><p>���Viste alguna otra cosa? �Alguna otra persona?</p><p>��No, todo estaba en silencio. No tengo tel�fono m�vil, pero no quer�a dejarla ah�, as� que decid� esperar a que pasara alguien. Y entonces vi un tel�fono cerca de ella, como si lo hubiera querido usar antes de que la atropellaran. As� que lo us�. �Cree que est� bien que hiciera eso?</p><p>��Has hecho lo correcto. �Has tocado algo dentro del coche? �El contacto? �El cap�? �Algo?</p><p>��Hmmm, quiz� el techo cuando me inclin� para mirar dentro. Quer�a ver si hab�a alguien m�s en el veh�culo. T� no crees que ha sido un accidente, �no? �Alguien que haya chocado y huido? �Crees que podr�a ser ese asesino de nuevo?</p><p>Nick sinti� que el mundo daba un vuelco. Aunque quer�a creer que las heridas de JoBeth Anderson se deb�an a algo m�s inofensivo que un asesino en serie, en cuanto los faros de su camioneta iluminaron la escena, se sinti� transportado doce a�os hacia el pasado.</p><p>Encontraron el peque�o escarabajo Volkswagen de Sharon Lewis a unos tres kil�metros de ah�. En el mismo camino.</p><p>��Lo averiguar� -dijo Nick. Se incorpor� y sinti� que le cruj�an las rodillas -. �Puede esperar aqu� unos minutos?</p><p>��No podr�a dormir ni aunque quisiera -dijo Red, asintiendo con<emphasis/>la cabeza.</p><p>Nick se subi� el cuello del anorak, ahora que el viento soplaba con m�s fuerza. Era casi medianoche y la temperatura hab�a bajado bruscamente. Esa noche har�a menos de diez grados.</p><p>Nick rogaba que no se tratara del Carnicero. A Rebecca la hab�an encontrado hac�a s�lo tres d�as. Nick no recordaba que el asesino hubiera vuelto a atacar tras un intervalo tan breve.</p><p>Hab�a una manera muy f�cil de saberlo.</p><p>Los pies le pesaban como el plomo y ten�a el coraz�n encogido cuando se acerc� al coche.</p><p>���Jessup! -llam�.</p><p>��S�, se�or.</p><p>���Tenemos los datos del coche y la matr�cula?</p><p>��El coche pertenece a Ashley van Auden, veinti�n a�os. Aqu� dice que su lugar de residencia est� en San Diego, California, y su direcci�n postal corresponde al campus de la universidad.</p><p>���D�nde estaba Ashley?</p><p>Nick fue a la parte trasera del coche y busc� el dep�sito de gasolina. Sac� una linterna e ilumin� la tapa. El coche ten�a un mecanismo de apertura en el suelo, junto al asiento del conductor, para abrir el dep�sito. Sin embargo, en general la gente no cerraba el coche con llave cuando se deten�a a poner gasolina o a comer, ni siquiera cuando aparcaban frente a su propia casa.</p><p>Y aunque cerraran el coche, era f�cil abrir una puerta si uno sab�a lo que hac�a.</p><p>Se inclin� para mirar m�s de cerca y la luz de la linterna ilumin� una leve huella de algo espeso junto a la tapa de la gasolina. Aspir�. El aroma dulz�n de la melaza se volvi� amargo en cuanto supo que el Carnicero hab�a vuelto a golpear.</p><p>Nick tuvo ganas de darle una patada a algo.</p><p>��Jessup! -grit�-. �Llama a los t�cnicos del laboratorio! �Quiero a todo el mundo aqu�, completamente equipados, sin excepciones!</p><p>���Se�or?</p><p>Ignorando la pregunta impl�cita de Jessup, Nick sac� su tel�fono m�vil y tecle� un n�mero.</p><p>��Aqu� Peterson.</p><p>��Quinn, el Carnicero ha cogido a otra mujer. �A qu� hora piensas volver?</p><p>��Ya estoy en camino. �D�nde est�s t�? Tardar� menos de una hora en llegar.</p><p>Ashley van Auden ten�a resaca, como aquella vez que se hab�a pasado bebiendo champ�n en la boda de su t�a Sherry. Ten�a la cabeza espesa, pesada, le martilleaba en los o�dos.</p><p>Tirit� y se dio cuenta de que se hab�a despertado a causa del fr�o. Nunca se hab�a acostumbrado al clima fr�o de Montana. En su soleado San Diego, lo normal era el calor, la diversi�n y las playas bonitas. No le gustaba Montana, pero la universidad de Montana State contaba con un excelente programa de biolog�a de la fauna salvaje. A ella le ven�a bien, ya que quer�a trabajar con las cabras monteses en peligro de extinci�n en el sur de California.</p><p>Pero ese fr�o era peor que el fr�o. Estaba helada hasta la m�dula de los huesos. Sent�a la piel desnuda y expuesta. Ninguna manta para cubrirse, ni una estufa para calentarse. Y aquel cuarto ol�a que apestaba. A podrido y moho. Ol�a como un animal muerto, como si una familia de ratas se hubiera metido en un rinc�n y llevaran muertos una semana.</p><p>Aquello no era su habitaci�n en el campus.</p><p>Un miedo horrible se apoder� de ella en cuanto se despert� del todo. No fue un aumento de las pulsaciones cardiacas ni una inquietud paulatina sino un terror inmediato y profundo. Cuando sinti� ese p�nico que le llegaba a la m�dula, intent� sentarse, pero se dio cuenta de que algo se lo imped�a. Se quem� la piel de las mu�ecas intentando liberarse. �Qu� hab�a pasado? �D�nde estaba? �D�nde estaba JoBeth?</p><p>Lo �ltimo que recordaba era que el coche se paraba. Sin m�s. Tras un par de estertores, mor�a del todo. Tuvo suerte de poder conducirlo a un lado del camino.</p><p>Jo le dijo que llamar�a a la gr�a y baj� del coche porque su m�vil no ten�a buena cobertura. Otra cosa que Ashley detestaba de las monta�as. Nunca ten�a problemas con su m�vil en San Diego.</p><p>Se inclin� para mirar el reproductor de CD y ver si ten�an bater�a para escuchar m�sica. Cuando volvi� a mirar, Jo hab�a desaparecido.</p><p>Baj� del coche y percibi� la figura de una mujer que caminaba hacia los �rboles al otro lado del camino. �Por qu� Jo cruzaba la carretera?</p><p>��Jo, �qu� haces all� al otro lado?</p><p>Y luego, nada. No recordaba nada m�s. �Por qu� no pod�a recordar? �Qu� hab�a ocurrido?</p><p>Estaba desnuda. Y atada. Algo le tapaba los ojos, algo ajustado. Muy apretado. No o�a nada excepto el p�nico como un martillo en los o�dos. Le temblaron los labios y dej� escapar un sollozo. Trag� saliva, intentando que el miedo no la dominara.</p><p><emphasis>Crac.</emphasis></p><p>�Qu� era eso? �Alguien ven�a? Dios, �qu� iba a hacerle?</p><p><emphasis>Rebecca Douglas.</emphasis></p><p>Sinti� que el p�nico la atenazaba, y que se desvanec�a de su alma hasta el �ltimo gramo de esperanza. Acababan de encontrar a esa chica de la universidad, Rebecca. El peri�dico dec�a que hab�a sido el Carnicero de Bozeman. El hombre que torturaba a las mujeres en el bosque y luego las cazaba como a animales. El Carnicero.</p><p><emphasis>�No! �NO! �NO! �NO!</emphasis></p><p><emphasis>Dios m�o, por favor, no dejes que me haga da�o.</emphasis></p><p>Sinti� la garganta apretada, el pecho tenso, y empez� a respirar desbocadamente, mientras luchaba contra sus ataduras. Lanzando patadas, tirando y empujando. No quer�a morir. �No pod�a morir! Ten�a toda la vida por delante. Sus amigos. Su familia. Su querido padre le hab�a dicho que tuviera cuidado. Que vigilara. Que tomara las debidas precauciones. Le dec�a que era demasiado amable, demasiado ingenua.</p><p>Ella cre�a que hac�a caso de sus advertencias. �Qu� hab�a hecho mal?</p><p>M�s que nada en el mundo, quer�a ahorrarle el dolor a su padre. Ella era su princesa. �Qu� har�a �l cuando se enterara de que hab�a desaparecido? �Cu�ndo la encontraran muerta? Torturada y� y <emphasis>violada.</emphasis></p><p>No. No. �NO! Aquello no pod�a estar ocurriendo.</p><p>�D�nde estaba JoBeth?</p><p>��Jo -murmur� en medio de aquella oscuridad. Se qued� escuchando, intentando tranquilizar su coraz�n galopante.</p><p>Nada.</p><p>Al cabo de un rato, volvi� a escuchar el mismo ruido. Algo. Afuera. Eran voces, susurrando en la oscuridad. Aguz� el o�do y capt� algunas palabras.</p><p>���Te dije que era demasiado pronto! -Era una voz grave, pero parec�a una voz de mujer.</p><p>��Vete. Vuelve la semana que viene. -La voz de un hombre. Una voz ronca.</p><p><emphasis>Chas.</emphasis></p><p>��Tengo que volver a casa. Es tarde. Volver� ma�ana.</p><p>Murmullos, algo que no pudo escuchar. <emphasis>Crac. </emphasis>Nada.</p><p>El silencio realzaba su miedo, con sus ruidos negros como la noche de sus ojos vendados. Y luego un crujido. El grito de una lechuza. Los ruidos de la noche estaban presentes desde el principio, pero hasta ese momento su terror le hab�a impedido o�rlos. Algo que se arrastraba, luego un chirrido, y silencio. Algo que se escabull�a por el tejado. De zinc. Era el ruido del zinc. Estaba en una especie de caba�a, y hac�a mucho fr�o.</p><p>Ashley supo que la puerta se abr�a, no por el ruido sino por el soplo de aire fr�o.</p><p>Y luego un ligero <emphasis>crac, </emphasis>dos trozos de madera que se rozaban. Una respiraci�n. Estaba ah� dentro. El estaba ah� dentro y ella tambi�n, salvo que ella nada pod�a hacer.</p><p>Un restallido sordo y repentino recorri� la habitaci�n, y Ashley enseguida sinti� un dolor penetrante en el interior del muslo que la hizo chillar. Un l�tigo.</p><p>Y luego �l estaba encima de ella. Un dolor intenso y agudo en la entrepierna le arrebat� lo que le quedaba de compostura y grit� hasta sentir que la garganta le quemaba.</p><p>Crey� o�r una risa distante. Y luego el silencio.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359159">Cap�tulo 19</p></title><p>Miranda se pase� de una punta a otra de la sala de espera de urgencias durante dos horas hasta que, finalmente, decidi� sentarse en una de las sillas de pl�stico verde alineadas junto a las paredes. No sab�a casi nada del estado de JoBeth Anderson. El hospital no consegu�a localizar a su familia en Minnesota, y por eso hab�an llamado a la universidad. Un administrativo se encargaba de encontrar a sus padres pero, dado que se trataba de una cuesti�n de vida o muerte, decidieron trasladar a JoBeth a cirug�a para intervenirla.</p><p>Cuando el tel�fono de Miranda son� a las dos de la madrugada, la sac� violentamente de una pesadilla, y se sinti� agradecida por la interrupci�n.</p><p>Era Nick. El Carnicero ten�a a otra v�ctima.</p><p>En ese momento, Miranda no se pregunt� por qu� el Carnicero habr�a dejado atr�s a JoBeth. Pero ahora no pod�a quit�rselo de la cabeza.</p><p>�Por qu� no se la hab�a llevado con Ashley?</p><p>�Por qu� el Carnicero hab�a intentado matarla para luego dejarla tirada a la orilla del camino?</p><p>Y �por qu� actuaba tan r�pidamente despu�s del asesinato de Rebecca Douglas? El interludio m�s breve que ten�an era de dos semanas. A Ashley se la hab�a llevado s�lo tres d�as despu�s.</p><p>Ten�a que hablar con Quinn y desentra�ar el significado de aquello. �Se iban acercando a �l? �Hab�a algo en la investigaci�n que le indicara algo? �O quiz� fuera obra de un imitador? Sin embargo, Nick y Quinn no estaban para que pudiera preguntarles. Estaban interrogando a posibles testigos en el Cruce, donde JoBeth y Ashley hab�an parado a comer.</p><p>Por la enfermera de turno, Miranda se enter� de que JoBeth hab�a recibido un golpe en la nuca que pod�a ser mortal. La hab�an golpeado tres veces lo bastante fuerte para romperle el cr�neo. Los m�dicos procuraban salvarle la vida pero aunque eso sucediera era probable que tuviera la columna rota. Las heridas eran graves. Los golpes asestados iban destinados a matar.</p><p>Es una superviviente. <emphasis>Igual que yo.</emphasis></p><p>JoBeth no se lo merec�a. Ahora yac�a casi inerte en la mesa de operaciones mientras los m�dicos luchaban por parar la hemorragia del cerebro.</p><p>Dentro de ese cerebro quiz�s hubiera algo que los condujera hasta el asesino. Quiz� JoBeth hubiera visto al Carnicero, quiz� lo conociera, �algo que les ayudara! Ten�an que encontrar una pista. Necesitaban que el asesino cometiera un error.</p><p>Miranda rogaba que JoBeth sobreviviera. Que recuperara la conciencia. Que dijera: �S�, lo vi, es��</p><p><emphasis>Por favor, JoBeth, t� puedes conseguirlo.</emphasis></p><p>Miranda segu�a sentada en la silla del hospital. Cuando asom� el alba, cerr� los ojos para descansar un momento.</p><p>JoBeth segu�a en la sala de operaciones cuando Quinn lleg� una hora despu�s.</p><p>No le sorprendi� ver a Miranda en la sala de espera de urgencias. Pero no se esperaba encontrarla estirada sobre un sill�n, durmiendo, con la mochila de almohada. Una manta de lana le cubr�a su cuerpo menudo. Ten�a los brazos cruzados sobre el pecho, con la manta cogida muy cerca de la cara. Como una ni�a. Inocente.</p><p>Su piel p�lida estaba relajada por el sue�o, al contrario de la tensi�n que se adivinaba en todo su cuerpo. Quinn se acerc� sin hacer ruido, dejando que la imagen le llegara al coraz�n. Bella, fuerte, vibrante, lista.</p><p>Apasionada. Inteligente. Aunque a veces era como una patada en la entrepierna de lo testaruda que se pon�a.</p><p>Se humedeci� los labios. Nunca volver�a a comer tarta de pacana sin acordarse de Miranda. De sus labios dulces, azucarados, al fundirse con los suyos. Sintiendo c�mo se amoldaban sus cuerpos, c�mo encajaban a la perfecci�n.</p><p>No pudo resistir la tentaci�n de inclinarse para apartarle un mech�n de pelo suelto detr�s de la oreja.</p><p>Miranda abri� los ojos y se incorpor� de un salto. La manta cay� al suelo y, en el instante antes de reconocerlo, su rostro qued� paralizado por el miedo. �l se sinti� mal por haberla asustado. Se sent� junto a ella y le toc� la mejilla. Ten�a una piel muy suave.</p><p>Ella no se apart�, pero tampoco se inclin� hacia �l para recibir su caricia. A esas alturas, �l se contentaba con lo que ella le diera. Desde luego, no quer�a poner en peligro lo poco que hab�a avanzado para conseguir que volviera a confiar en �l.</p><p>Como si no fuera un error haberla besado. Aunque en aquel momento no habr�a dicho que se trataba de un error.</p><p>��Lo siento, Miranda, no quer�a despertarte.</p><p>��Sent� que alguien me observaba -dijo, con la voz todav�a ronca del sue�o, o por la falta de sue�o. Miranda se aclar� la garganta, y ocult� el miedo en su mirada detr�s de sus tupidas pesta�as. Respir� hondo y lo mir� -. �Qu� ha pasado? �JoBeth? -Se incorpor� y, al sentarse, se tambale� levemente. �l la cogi� por el codo para estabilizarla y ella no le apart� la mano.</p><p>Otro peque�o paso.</p><p>��Acabo de llegar -dijo �l.</p><p>Ella mir� hacia la sala de enfermeras.</p><p>��Prometieron despertarme si hab�a alguna novedad. -Se gir� hacia la enfermera que estaba sola detr�s del mostrador.</p><p>���Se sabe algo? -pregunt� -. JoBeth Anderson, estaba en�</p><p>��Lo s� -asinti� con la cabeza la enfermera-. Ya ha salido de cirug�a y la han trasladado a la UCI hace treinta minutos.</p><p>���C�mo est�?</p><p>��Lo siento, se�orita Moore, no se lo puedo decir si no es familia de la paciente.</p><p>Miranda se puso tensa junto a Quinn y se mordi� el labio. �l la entend�a. Entendi� que Miranda se sintiera mal por Ashley y preocupada por JoBeth.</p><p>Quinn sac� la cartera y le ense�� la placa.</p><p>��Agente Especial Quincy Peterson, del FBI. Si fuera tan amable de buscar al m�dico de la se�orita Anderson, tengo que hablar con �l.</p><p>��S�, se�or. -La enfermera cogi� el tel�fono y Quinn volvi� con Miranda a la sala de espera, acompa��ndola con la mano en el codo.</p><p>Ella suspir� y se llev� una mano a la cabeza, ocultando sus ojos inyectados en sangre.</p><p>��Maldita sea, Quinn. �Por qu�?</p><p>No hac�a falta que le preguntara a qu� se refer�a.</p><p>��Hemos llevado el coche a la oficina del sheriff y lo est�n revisando con lupa. Buscan huellas dactilares, cabellos, cualquier cosa. Los t�cnicos de criminolog�a siguen all�, tomando muestras de todo lo que hay en las inmediaciones, hasta la �ltima piedra, la tierra y las hojas. Si hay alg�n desperdicio al borde del camino, lo enviar�n inmediatamente a Helena. Si ha cometido un solo error, Miranda, lo encontraremos.</p><p>Le cogi� el ment�n para obligarla a mirarlo de frente. El coraz�n se le encogi� de la pena de ver el dolor en sus grandes ojos azules.</p><p>��Lo prometo. No pienso irme hasta que obtengamos respuestas concretas.</p><p>Ella asinti� con un gesto casi imperceptible y luego se hundi� en una silla de pl�stico con la cabeza entre las manos. �l se sent� a su lado y le toc� el hombro. Era tan agradable poder tocar de nuevo a Miranda sin que ella hiciera muecas. Quinn se frot� los m�sculos.</p><p>���Tenemos alguna posibilidad de encontrarlo antes de que Ashley muera?</p><p>�Qu� pod�a decir �l a eso?</p><p>��Siempre hay una posibilidad.</p><p>Ella se volvi� para mirarlo. Irradiaba tensi�n en ondas invisibles, con todos los tendones del cuello estirados. Deb�a tener una jaqueca horrible y, conociendo a Miranda, se limitar�a a sufrirla en silencio. En una ocasi�n le hab�a contado que el dolor le recordaba que estaba viva. �l pens� que era un castigo que ella misma se inflig�a por la culpa de haber sobrevivido, mientras que Sharon mor�a.</p><p>��Es como si pudiera verla, Quinn -murmur� Miranda, con voz temblorosa-. Ashley. En la oscuridad. Con fr�o, desnuda y asustada. Aterrada. Peor de lo que estaba yo.</p><p>��Miranda, no hagas eso�</p><p>Ella sacudi� la cabeza y se inclin� hacia �l, como rog�ndole que comprendiera. Quinn le rode� el hombro con un brazo y la apret� con ternura.</p><p>��No, no, tengo que centrarme en ella. Tengo que recordar. �No ves que para ella es peor? Ella lo sabe. Ella sabe que ha sido el Carnicero. A Rebecca la mataron hace pocos d�as. Ashley estar� pensando que ella ser� la pr�xima. -Su voz se quebr�, como en un sollozo, pero no brotaron las l�grimas.</p><p>�l la estrech� en sus brazos y la abraz� suavemente. Le temblaba todo el cuerpo a pesar del esfuerzo para contener la emoci�n. Era un gran paso que dejara que la consolara, un paso que le daba esperanzas.</p><p>Y saber que hab�a esperanza lo impulsaba a abrir a�n m�s el coraz�n.</p><p>Ella respir� hondo y murmur� contra su pecho:</p><p>��He llamado a Charlie y al equipo de b�squeda -sigui� ella-. Comenzamos a las ocho.</p><p>��Tienes que dormir -dijo �l, frot�ndole la espalda.</p><p>Ella se ech� hacia atr�s y sacudi� la cabeza.</p><p>��No puedo dormir. Pensando que Ashley est� all�, perdida. Pero� maldita sea, no s� qu� hacer. Recorremos hect�reas y m�s hect�reas y nunca encontramos a las mujeres vivas. Pero no s� qu� otra cosa hacer. No puedo hacer nada.</p><p>Miranda nunca hab�a sido de las que se desentend�an del trabajo para dej�rselo a otros. Desde el comienzo, se lanzaba de cabeza a la tarea.</p><p>Antes de que �l pudiera decir alguna banalidad para intentar distraerla, vio que se acercaba un m�dico alto y delgado, de pelo entrecano.</p><p>���Agente Peterson? -dijo, tendi�ndole la mano y clavando en ella sus ojos negros. Luego lo mir� nuevamente a �l -. Doctor Sean O'Neal.</p><p>��Gracias por venir -dijo Quinn, estrech�ndole la mano-, �C�mo se encuentra la se�orita Anderson?</p><p>���Se pondr� bien? -pregunt� Miranda.</p><p>El doctor O'Neal suspir�, se quit� las gafas y se frot� los ojos. Volvi� a ponerse las gafas.</p><p>��No lo s�. Lo ten�a todo en contra cuando la trajeron, pero ha aguantado. Ahora que ha sobrevivido a la operaci�n, tiene un cincuenta por ciento de probabilidades. El sheriff Thomas se ha puesto en contacto con sus padres, que viven en otro estado, y yo acabo de hablar con ellos. Los golpes en la cabeza han sido fuertes. Por suerte, no le ha afectado la columna. Tem�amos que tuviera el nervio seccionado, pero est� en buen estado. Por otro lado, aunque se despierte, no se puede decir si el da�o cerebral ser� permanente� En pocas palabras -dijo el m�dico-, est� en coma.</p><p><emphasis>En coma. </emphasis>Su mejor testigo, su �nico testigo, estaba en coma. La suerte era una mierda.</p><p>Ryan Parker se despert� de golpe. El coraz�n le lat�a con fuerza en medio de la luz gris de su habitaci�n. Estaba mojado, y por un momento crey� que se hab�a orinado en la cama y luego se dio cuenta de que era sudor; un sudor que le daba fr�o.</p><p>Pero le daba todav�a m�s fr�o su pesadilla.</p><p>Mir� su reloj digital y vio que eran las 05:46.</p><p>Trag� saliva varias veces, con dificultad, porque ten�a la boca muy seca. Hab�a tenido pesadillas antes, pero ninguna le hab�a provocado miedo ni le hab�a parecido tan real como �sa. Porque esa pesadilla hab�a ocurrido en la realidad. A esa chica la hab�an matado de verdad, y �l hab�a visto su mirada vac�a en medio del bosque, acus�ndolo a �l. Estaba a punto de cerrarle los ojos debido a esa mirada, pero no quiso tocar el cad�ver.</p><p>Sin embargo, su pesadilla combinaba la realidad con lo imaginario. Ella no quer�a agarrarla en el bosque, se dijo una y otra vez.</p><p>Eso era un sue�o, algo que fabricaba su mente. Ryan tard� varios minutos en distinguir entre lo que hab�a visto de verdad la semana anterior y lo que hab�a so�ado.</p><p>Pero la mirada vac�a de Rebecca Douglas lo persegu�a, aunque no durmiera.</p><p>Se levant� en silencio de la cama y cruz� hasta su c�moda. Abri� con cuidado el �ltimo caj�n. Ah� dentro guardaba sus objetos especiales, uno de los pocos lugares de su habitaci�n donde no se met�a su madre. Piedras raras, el f�sil de un pez encontrado en Yellowstone, un trozo de madera petrificada, los cromos de b�isbol, los envoltorios de chicle con divertidas tiras c�micas.</p><p>Y la hebilla de cintur�n.</p><p>No recordaba toda la pesadilla, pero justo antes de que se despertara, se hab�a imaginado la hebilla, el ave con los ojos verdes que brillaban.</p><p>No encendi� las luces y busc� en el fondo del caj�n hasta que not� la textura fr�a del metal. Se qued� paralizado, sintiendo que algo pasaba, pero sin saber qu� era.</p><p>Deber�a hab�rselo ense�ado al tipo del FBI. Pero ahora era demasiado tarde.</p><p>Lo m�s probable es que no fuera nada, s�lo alg�n tipo meando en el bosque.</p><p><emphasis>No, no era eso.</emphasis></p><p>Apret� los dedos en torno al p�jaro de metal como si tuvieran voluntad propia. Y, en ese momento, supo lo que ten�a que hacer, a qui�n ten�a que ense�arle la hebilla.</p><p>Su padre no era la persona con que menos le costara hablar, pero era la persona m�s inteligente que conoc�a. �l era juez y sabr�a exactamente qu� hacer con la hebilla y qui�n deber�a qued�rsela.</p><p>Cuando se dirig�a a la habitaci�n de sus padres, le lleg� el olor a caf� desde abajo. Dio una vuelta por la cocina, esperando encontrarse con su padre.</p><p>Ah� estaba.</p><p>��Hola pap�.</p><p>��Qu� temprano te has levantado.</p><p>�l se encogi� de hombros, y jug� con la hebilla en una mano.</p><p>��Estaba pensando� porque� he encontrado algo y no s� muy bien qu� es. Se me ha ocurrido que quiz� t� puedas� -Qu� estupidez. El sab�a que se trataba de una hebilla, pero no quer�a contarle a su padre d�nde la hab�a encontrado.</p><p>��Claro, mu�stramelo.</p><p>��Aqu� lo tienes.</p><p>Ryan se sobresalt� al ver entrar a su madre, con la bata puesta. Ella frunci� el ce�o al verlo ah�.</p><p>��Delilah -dijo su padre-. Cre�a que estabas durmiendo.</p><p>��Me he despertado y no estabas en la cama. He ido a ver a Ryan y �l tampoco estaba.</p><p>��He ido a ver los caballos, que parec�an asustados y, como no pod�a volver a dormir, he preparado un poco de caf�. �Quieres una taza?</p><p>��Yo misma la coger� -dijo su madre.</p><p>Ryan no quer�a hablar estando su madre delante. Seguro que lo castigar�an por volver al lugar donde hab�an encontrado a la chica muerta. Por lo general, los castigos de su padre eran menos duros que los de su madre. Esa noche hablar�a con �l.</p><p>��Me voy a vestir para ir al cole -dijo.</p><p>���No quer�as ense�arme algo? -pregunt� su padre.</p><p>��No es nada importante. Te lo ense�ar� esta noche.</p><p>��De acuerdo.</p><p>Su madre se inclin� para besarlo, y �l apenas le roz� las mejillas con los labios, luego hizo lo mismo con su padre y subi� corriendo las escaleras.</p><p><emphasis>Le preguntar� a Pap� por la hebilla esta noche.</emphasis></p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359160">Cap�tulo 20</p></title><p>Antes de abandonar el hospital, Miranda ten�a que ver a JoBeth Anderson. No tuvo problemas para convencer al guardia. A veces, ten�a sus ventajas ser la ex novia de Nick.</p><p>JoBeth era una superviviente. No era Rebecca ni era ninguna de las otras chicas. Estaba viva. M�s que nada, Miranda quer�a que supiera que era una chica fuerte, que ten�a que luchar. Luchar para dar con el miserable que hab�a secuestrado a su amiga.</p><p>Puede que oculta en su mente hubiera alguna clave para averiguar la identidad del Carnicero. Una clave que ahora estar�a enterrada en su inconsciente.</p><p>JoBeth yac�a reclinada en una cama de hospital, tapada casi hasta el cuello con una s�bana blanca. Los monitores emit�an unos suaves pitidos siguiendo el ritmo de su coraz�n. Otros aparatos controlaban su respiraci�n. Su actividad cerebral. Su vida.</p><p>Estaba viva y respiraba por sus propios medios. Ten�a un gota a gota en el brazo para hidratarla. El recuerdo de la semana que ella misma hab�a pasado en ese hospital permanec�a muy vivo en Miranda. Entonces, lleg� a ansiar la hora de abandonarlo, y tampoco en ese momento quer�a estar ah�.</p><p>��Despi�rtate -murmur�. Si exist�a alguna posibilidad real de salvar a Ashley, JoBeth ten�a que recuperar la conciencia lo antes posible.</p><p>Ten�a gran parte de la cabeza vendada con una tira gruesa y blanca, que contrastaba con su pelo rojo y lacio. Su piel blanquecina parec�a casi trasl�cida, y Miranda se pregunt� si el tono de su cutis se deb�a al ataque sufrido o si era su color natural.</p><p>��JoBeth -dijo Miranda, con la voz enronquecida por las l�grimas que quer�a derramar. Estaba sentada en una silla junto a la chica. Trag� saliva. No quer�a que JoBeth percibiera, m�s all� de su estado inconsciente, que ella misma estaba asustada y preocupada. Quer�a que la chica se contagiara de su fuerza.</p><p>��Jo -dijo, con voz m�s firme-. Me llamo Miranda Moore. Creo que no nos conocemos.</p><p>�Qu� decir? No hab�a estado nunca con una v�ctima viva. Aunque eso, claro est�, no era del todo verdad. Hab�a conversado con v�ctimas de violaciones, o ayudado a excursionistas perdidos a recuperar la calma. Tambi�n trataba con padres hist�ricos y ni�os desconcertados.</p><p>Pero nunca lo hab�a hecho con una v�ctima del Carnicero. Excepto cuando se miraba en el espejo.</p><p>Ella pod�a conseguirlo. Ten�a que conseguirlo. Si JoBeth guardaba en su memoria un recuerdo cualquiera, algo que pudiera conducirlos hasta el hombre que le hab�a hecho da�o, Miranda ten�a que encontrar una manera de llegar a ella. Para salvar a Ashley.</p><p>��T� has sobrevivido, JoBeth. He o�do que las personas que est�n en coma pueden escuchar a quienes los rodean. Conc�ntrate en m�, JoBeth. Conc�ntrate. Si quieres salvar la vida de Ashley, conc�ntrate en lo que te digo.</p><p>�Era el enfoque correcto? �Quiz� no deber�a ni siquiera contarle que Ashley estaba en peligro? Y �si eso empeoraba las cosas? �Qu� pasar�a si la matara la culpa?</p><p><emphasis>Yo sobreviv�. Sharon muri�.</emphasis></p><p>Miranda cerr� los ojos con fuerza y respir� hondo.</p><p>��No s� por qu� no se te habr� llevado a ti tambi�n -dijo Miranda, sin quitarle los ojos de encima a la chica inconsciente-. Pero t� has tenido la suerte. T� has sobrevivido. Has llegado hasta aqu� y volver�s a estar entre nosotros. Tienes que hacerlo. Por Ashley. Porque en alguna parte de tu mente adormecida se encuentra la clave de la identidad del hombre que la ha secuestrado.</p><p>Miranda no se perdonaba por no recordar m�s cosas de sus d�as en cautiverio. Por no haber sido capaz de identificar a su agresor. Al hombre que mat� a Sharon. Pero recordaba su voz de las pocas veces en que le hab�a hablado.</p><p><emphasis>Puta.</emphasis></p><p><emphasis>�Qu� te parece esto?</emphasis></p><p><emphasis>Qu�date.</emphasis></p><p><emphasis>Corre. Tienes dos minutos.</emphasis></p><p>Ella repiti� esas palabras para los investigadores. Para el experto en perfiles del FBI. Para el psiquiatra que tuvo que visitar por obligaci�n. Aquellas palabras crueles, dichas con voz apagada, incluso neutra, no significaban nada para ella. El experto en perfiles, claro est�, hab�a dado que hablar con la versi�n de que el agresor hab�a sido v�ctima de los abusos sexuales de una mujer de peque�o, y que ahora �castigaba� a su verdugo, pero �de qu� serv�a eso a la investigaci�n? Miranda no lo sab�a. Desde luego, si tuvieran un sospechoso, ser�a de alguna utilidad. Pero la polic�a no ten�a pistas. El FBI tampoco.</p><p>Ella no les hab�a servido de nada.</p><p>Pero quiz� JoBeth s� podr�a servirles.</p><p>Miranda respir� trabajosamente.</p><p>��JoBeth, yo soy la que escap� -murmur� -. El Carnicero de Bozeman. Yo escap�. Pero mi mejor amiga muri�. Se llamaba Sharon y yo la quer�a. Como a una hermana. Lo compart�a todo con ella. Jam�s pens� bueno, jam�s pens� que nos pod�a suceder algo malo. Pero el Carnicero nos secuestr�.</p><p>�Por qu� el Carnicero no se hab�a llevado a JoBeth? Miranda no lo sab�a y Quinn y Nick s�lo pod�an especular. Quiz� no tuvo tiempo para meterla en su coche. Quiz� le vio la cara y tal vez lo conociera. Una especulaci�n que s�lo pod�a confirmar JoBeth Anderson.</p><p>��Jo, tienes que salir de esa nebulosa en que est�s metida. S� que te duele. Y s� que te doler�. Pero si no te despiertas pronto, el Carnicero matar� a Ashley -dijo, y trag� saliva-. Nada de esto es culpa tuya. Tienes que saberlo. Pero tambi�n tienes que despertarte y ayudarnos. Ayudar a la polic�a a encontrar al hombre que se llev� a Ashley. Antes de que le haga da�o. Antes de que la cace.</p><p>Nada. Ning�n movimiento, nada que le indicara a Miranda que JoBeth hubiera escuchado una sola de sus palabras. Miranda le apret� la mano y apoy� la frente sobre la cama, respirando profundamente.</p><p>Ten�a una misi�n que cumplir. Ten�a que encontrar a una mujer. Antes de que fuera demasiado tarde.</p><p>Al cabo de un momento, se incorpor�, sinti�ndose m�s fuerte y decidida. Le toc� el hombro a JoBeth y dijo:</p><p>��Espero que te pongas bien, Jo. Prom�teme que te pondr�s bien. Volver� para hablar contigo. Quiz� vuelva esta noche y, si no, vendr� sin falta ma�ana por la ma�ana, �vale?</p><p>No esperaba una respuesta. Y no la tuvo.</p><p>Quinn no pudo aparcar frente a la oficina del sheriff debido a que media docena de veh�culos de distintos medios de comunicaci�n ocupaban todo el espacio disponible. Frunci� el ce�o, aparc� a la vuelta de la esquina y camin� hasta el edificio, justo a tiempo para o�r a Nick que hablaba desde lo alto de la escalera.</p><p>��No tengo tiempo para m�s preguntas. Tengo que ocuparme de la investigaci�n.</p><p>Nick se volvi� para entrar en el edificio mientras los reporteros lanzaban todo tipo de preguntas.</p><p>Quinn se meti� por un callej�n para evitar a los reporteros y le mostr� su placa al agente que hac�a guardia en la entrada de atr�s. Se fue directo al despacho de Nick.</p><p>���Qu� ha pasado? -pregunt�, sirvi�ndose una taza de caf� de la cafetera en el aparador.</p><p>��Joder, no tengo ni idea, pero hay uno de la CNN que est� llamando al responsable de relaciones p�blicas para pedir una entrevista, y el tipo �se del programa de <emphasis>Los m�s buscados </emphasis>quiere venir este fin de semana a filmar unas secuencias sobre el Carnicero.</p><p>��No nos podr�a perjudicar. Esos programas los ve mucha gente. -Aunque dentro de una semana o diez d�as, Ashley ya estar� muerta.</p><p>���Has visto el peri�dico de esta ma�ana? -pregunt� Nick, mir�ndolo fijo.</p><p>��No.</p><p>Nick le lanz� la secci�n principal. Los titulares en la portada llamaban la atenci�n: <emphasis>El Carnicero vuelve a golpear.</emphasis></p><p>���C�mo ha conseguido meter esa noticia?</p><p>��Habr� parado las rotativas. Yo qu� s�. La mayor parte del reportaje se podr�a haber escrito antes del secuestro de Ashley van Auden. S�lo en el primero y el �ltimo p�rrafo se refieren a ella. -Nick hizo una pausa y tamborile� con los dedos sobre la mesa-. �T� has hablado con Banks?</p><p>Quinn ley� el art�culo por encima.</p><p>��No, la verdad es que no. Me lo encontr� ayer en la Universidad de Montana State, donde andaba metiendo las narices.</p><p>���Qu� le dijiste?</p><p>��Nada importante. �Por qu�? -pregunt� Quinn, alzando la mirada.</p><p>��Sigue leyendo.</p><p>Quinn sigui� leyendo. Un resumen del secuestro y muerte de Rebecca� Ryan Parker que encontraba el cuerpo� un refrito tras otro de noticias ya publicadas� Banks hablaba tambi�n de la llegada de una especialista del laboratorio de criminolog�a del FBI y a�ad�a la informaci�n de que el rectorado le hab�a entregado a Quinn 189 carpetas con antecedentes de estudiantes de la universidad. Se�alaba el art�culo: <emphasis>Los expedientes de los sospechosos de la desaparici�n de Penny Thompson hab�an sido devueltos a la universidad, lo que constituye un ejemplo evidente de la incompetencia y desorganizaci�n que caracterizan la investigaci�n.</emphasis></p><p>Banks tambi�n se ensa�aba con la oficina del sheriff y con Nick en particular: <emphasis>Una fuente an�nima cercana a la investigaci�n ha declarado: �La oficina del sheriff lo ha manejado todo mal desde el principio. Ya es hora de que alguien competente tome cartas en el asunto. Vivimos en un estado de miedo permanente y esto tiene que acabar�.</emphasis></p><p>El art�culo insinuaba que Quinn hab�a dicho que Nick era un incompetente sin citarlo abiertamente.</p><p>�Qu� co�azo!</p><p>��Yo no le cont� nada acerca de Olivia ni de los expedientes � dijo Quinn, lanz�ndole el peri�dico de vuelta a Nick-. S�lo intenta sacarte de tus casillas. Es una cita an�nima, Nick. No te lo tomes personalmente.</p><p>Por la expresi�n de su cara, Quinn supo que su amigo se hab�a tomado muy mal la cr�tica.</p><p>��Estamos haciendo todo lo que podemos -dijo Quinn-. Tenemos a los mejores de los mejores examinando las pruebas. Estamos buscando en todas las caba�as y barracas conocidas. Estamos desmontando el coche de Ashley y el de Rebecca tambi�n. Y he reducido la lista de hombres que habr�an conocido a Penny a unas cuantas docenas. Es bastante m�s abordable que los cientos de nombres que ten�amos hace doce a�os, y los casi doscientos de ayer. Sigamos con ello.</p><p>��Tengo unas cuantas cosas que hacer -dijo Nick, incorpor�ndose.</p><p>���Qu�?</p><p>��Nada importante. S�lo unas cuantas ideas.</p><p>��Aqu� estoy yo si quieres que nos pongamos con una tormenta de ideas. Barajemos las ideas que tengamos. -Nick ten�a aspecto de derrotado, algo que Quinn nunca habr�a esperado de su amigo.</p><p>��En serio, no es nada. Pero si sale algo de ello, te llamar�. Sigue con los amigos de Penny. Es probable que yo s�lo est� persiguiendo sombras.</p><p>Sali� antes de que Quinn pudiera hacerle m�s preguntas.</p><p>Quinn frunci� el ce�o. Nick estaba preocupado por algo, aunque quiz� s�lo fuera ese art�culo. A�n as�, quiz� deber�a acompa�arlo y ayudarle con lo que tuviera entre manos.</p><p>Mir� el enorme mont�n de carpetas que hab�a tra�do de la universidad el d�a anterior. Hab�an eliminado las de aquellos que ya no calzaban con el perfil. Quedaban cincuenta y dos posibles sospechosos. Ten�a que reducir a�n m�s la lista.</p><p>Cogi� el tel�fono y empez� a hacer llamadas.</p><empty-line/><p>Se sent�a relajada, como si no estuviera dentro de su propio cuerpo, como si s�lo estuviera mirando c�mo evolucionaba la escena, como en una pel�cula, sobre el suelo mugriento. Hab�a visto la escena muchas veces y nunca dejaba de excitarla y repelerle a la vez.</p><p>�l jadeaba encima de la chica, foll�ndola como si fuera una mu�eca. La chica estaba ah� s�lo porque estaba atada a una estaca en el suelo. �l nunca hab�a sido capaz de despertar el inter�s de una chica. Era como si, despu�s de una �nica cita, la posible novia hubiera percibido que �l albergaba oscuras fantas�as en las que ella no quer�a tomar parte. Nunca tuvo m�s citas despu�s de esa chica en Portland. Cuando ella le dijo que no, perdi� los estribos. Entr� en su casa y la viol�. La muy tonta.</p><p>S�lo ella entend�a sus necesidades. Un apetito insaciable de poder herv�a bajo su piel, quem�ndola desde adentro hacia fuera, buscando alivio. Verlo a �l satisfacer sus ansias le procuraba cierto grado de alivio. Pero �l era muy tonto. Cuando violaba a esas chicas, ellas segu�an teniendo poder. Porque �l las deseaba, las necesitaba, y ellas lo controlaban.</p><p>La chica hab�a llorado hasta el cansancio.</p><p>Era algo que, con el tiempo, acababa. Tardaba una hora. Un d�a. A veces m�s. Pero, finalmente, la chica se resignaba a su suerte y se quedaba quieta, sin resistirse ni gritar. S�lo unas l�grimas silenciosas que le corr�an por las mejillas.</p><p>Le dieron ganas de re�r ante todo ese absurdo. �l se portaba como una perra en celo, necesitaba que las mujeres saciaran su voraz apetito. Sin embargo, le costaba cada vez m�s sentir la misma satisfacci�n; ella lo constataba en sus abusos, cada vez m�s crueles. A la �ltima chica, antes de Rebecca Douglas, la hab�a golpeado hasta la muerte, sin siquiera darle la oportunidad de huir.</p><p>�l le daba de bofetadas a la chica, intentando que ella respondiera. El ruido de la piel contra la piel, agit�ndose, sol�a excitarla, pero ese d�a no estaba teniendo el efecto habitual.</p><p>Por primera vez en su vida adulta, sinti� el miedo como un estremecimiento que le recorr�a la espalda. Sali� de la barraca y respir� el aire fr�o y fresco de la ma�ana.</p><p>No tem�a tanto por ella como por �l. �l era responsabilidad suya, y su decisi�n precipitada de secuestrar a otra chica al cabo de tan poco tiempo de raptar a la anterior era una insensatez. Ella intent� disuadirlo, manipularlo para que abandonara la idea, pero �l se mostr� inflexible. Estaba decidido a coger a la chica con o sin ella</p><p>No pod�a permitir que lo hiciera solo. �l la necesitaba. Para vigilar. Para borrar sus huellas. Para protegerlo.</p><p>Las otras razones por las que decidi� quedarse con �l esta vez eran un poco m�s dif�ciles de discernir, incluso para ella. Sent�a la compulsi�n de mirar, aunque no soportara la idea de verlo a �l copulando con otra mujer sin participar. Si �l cre�a obtener la m�xima y m�s completa satisfacci�n cuando ella no estaba, empezar�a a buscar a otras mujeres solo. Cada vez que secuestraba a una, el riesgo de que los descubrieran aumentaba. Si �l se empe�aba en salir a buscarlas solo, dar�an con �l. Era s�lo cuesti�n de tiempo.</p><p>As� que lo proteg�a. Y no era que esas mujeres tuvieran algo que ella no ten�a. Claro que no. Lo �nico que ella hac�a era cuidar de �l, como siempre hab�a hecho.</p><p>�l pod�a tener a esas mujeres, pero s�lo si ella participaba en el asunto.</p><p>�l se paseaba por la vida atado a una correa invisible, y todas las mujeres en su vida hab�an tenido esa correa en la mano. Ella. Las chicas que violaba y mataba. Y, sobre todo, la que hab�a escapado.</p><p>Ella no lo dej� matar a Miranda Moore porque si Miranda viv�a, ella lo manten�a bajo su poder. Imb�cil. Era un imb�cil. Pero la necesitaba.</p><p>Ahora era como si las cosas se le escaparan de las manos. Tendr�an que dejar ese lugar y buscar otros parajes en donde cazar. Para protegerlo.</p><p>En cuanto acabaran con Ashley van Auden.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359161">Cap�tulo 21</p></title><p>Sentado en un rinc�n de la Oficina de Administraci�n y Registro de la Propiedad, una planta por encima de los despachos del juzgado, Nick estaba enfrascado en la revisi�n de casi un millar de mapas de las parcelas de la regi�n del condado donde cazaba el Carnicero.</p><p>Le hab�a dicho a Quinn que ten�a una idea, que en realidad s�lo era una corazonada. Nick sospechaba que, por alg�n motivo concreto, el Carnicero hab�a elegido esa regi�n del territorio para cazar. Quiz�s encontrar�a alguna pista revisando las transacciones de propiedades de los �ltimos quince a�os.</p><p>Podr�a haber asignado aquella tediosa tarea a un agente, pero despu�s del art�culo de Banks donde se cuestionaba su competencia y despu�s del desastre de la conferencia de prensa, era preferible no hacerse notar demasiado.</p><p>No pod�a creer que Quinn hubiese dicho que la oficina del sheriff era �incompetente�. Sin embargo, Nick se hab�a sentido herido en su amor propio al enterarse de que toda la ciudad estaba informada de la incapacidad del sheriff del condado de Gallatin en su b�squeda del Carnicero. Su mandato terminaba al a�o siguiente y, a estas alturas, ya no quer�a volver a presentarse. Sent�a c�mo lo vigilaba Sam Harris, criticando cada una de sus decisiones, y con Eli Banks en la ciudad, sigui�ndole cada paso, la presi�n empezaba a afectarle.</p><p>Nick se mostraba muy cr�tico con todas las decisiones que hab�a tomado en los �ltimos tres a�os. Aquello no le serv�a de nada. Sin embargo, la noche anterior, hab�a elaborado un inventario de los grandes giros de la investigaci�n sobre el Carnicero desde que �l era sheriff. No habr�a modificado ninguna de sus actuaciones. Todas las pistas investigadas eran l�gicas y segu�an el rastro de los pocos indicios que ten�an. Sin embargo, todas las pistas conduc�an a un callej�n sin salida y, en ese momento, �l no ve�a cambios.</p><p>Se alegraba de haber llamado a Quinn. Aunque algunos de sus agentes se mostraban reacios a aceptar la presencia de los federales en su jurisdicci�n, Nick estaba decidido a usar todos los recursos posibles para dar con el Carnicero. Y Quinn era un hombre discretamente seguro de s� mismo, ejerc�a un liderazgo natural y representaba la autoridad.</p><p>Nick no pod�a evitar sentirse como un poli de provincias, como un palurdo, junto al elegante agente de la gran ciudad.</p><p>Y luego estaba Miranda.</p><p>Hab�a ido a la hoster�a la noche anterior s�lo para confirmar lo que ya sospechaba. Que Quinn reclamaba el coraz�n de Miranda. Que no hab�a esperanza de que �l recuperara un lugar en su vida. M�s all� de lo que dijera Miranda, Nick la conoc�a bien. Su coraz�n siempre hab�a pertenecido a Quinn, y el tiempo que Miranda hab�a pasado con �l ten�a una importancia menor.</p><p>Le dol�a porque la amaba, pero ya lo superar�a. Lo �nico que de verdad quer�a era su felicidad y su tranquilidad. Si Quinn pod�a darle eso, �l estaba dispuesto a aceptarlo.</p><p>Ten�a que concentrarse en algo �til, algo que marcara un punto de inflexi�n en la investigaci�n. Estaba harto de aparecer en la prensa como un tonto. De cuestionar sus propias decisiones, no s�lo las tomadas desde que lo hab�an elegido sheriff sino desde que era polic�a.</p><p>Sab�a que era un buen poli. Sin embargo, los cr�menes horripilantes del Carnicero superaban todos los l�mites de su experiencia.</p><p>Hab�a mirado los registros de las propiedades en el pasado, pero s�lo para averiguar qui�n eran los actuales due�os. Las siete v�ctimas, incluida Rebecca, hab�an sido encontradas en tierras que pertenec�an a diferentes personas. A tres las localizaron en tierras de propiedad federal. �Cu�l ser�a la situaci�n diez a�os antes? �Veinte a�os antes? �Hab�a alg�n denominador com�n en los territorios de caza del Carnicero?</p><p>Nick llevaba consigo el mapa que �l mismo hab�a configurado y ahora se propuso dibujar una trama de los registros de propiedad. Busc� personalmente el historial de cada parcela porque no se fiaba de que los funcionarios de la oficina del Registro guardaran el secreto de sus pesquisas.</p><p>Y si aquello no arrojaba resultados, no quer�a volver a ver titulares redactados por Eli Banks aludiendo a uno m�s de sus fracasos.</p><p>Quinn quer�a saber qu� pensaba Miranda.</p><p>Se encontraron en la oficina central de la Unidad de B�squeda despu�s de la hora de cenar. No hab�an cenado y Quinn sugiri� que fueran a comer algo juntos. Ella estuvo a punto de decir que s�. �l lo percibi� en su mirada.</p><p>Pero ella le dijo que la esperaba su padre con alguna cosa que le habr�a preparado. Los dos pensaban ir a la universidad a primera hora de la ma�ana, y Quinn le pregunt� si quer�a volver a la hoster�a con �l. Se llev� una sorpresa cuando ella dijo que s� y subi� al coche.</p><p>Intent� hablar con Nick, pero no lo encontr� ni en su tel�fono m�vil ni en el busca. Aquello no le extra��. Al hablar con �l por la tarde, Nick parec�a seco e irritado. Aunque la presi�n de los medios de comunicaci�n era intensa, Quinn confiaba en que supiera ignorarla. En estas situaciones era el mejor remedio.</p><p>La prioridad era encontrar a Ashley van Auden.</p><p>Quinn consigui� reducir a cuarenta y tres individuos la lista de los hombres de la �poca universitaria de Penny. Los agentes Booker y Janssen trabajaban en comprobaciones preliminares de los antecedentes de todos y cada uno de ellos. Confiaba que por la ma�ana reducir�an a�n m�s la lista, a menos de treinta nombres. En cualquier caso, se repartir�an la lista entre �l, Nick y sus principales investigadores para el laborioso proceso de interrogar a cada hombre.</p><p>Aquello no llevaba a ninguna parte. Pero en ese momento de la coyuntura, a menos que Olivia encontrara algo en las pruebas que mostrara otra alternativa, carec�a de ideas.</p><p>No pod�a contar con que JoBeth Anderson saliera del coma. Y si se recuperaba, quiz� no fuera capaz de describir a su agresor. Quinn albergaba la esperanza de que s� podr�a, pero sab�a que los testigos que despiertan de un coma en el momento preciso para se�alar al asesino s�lo exist�an en el cine barato.</p><p>A�n as�, esperaba que se recuperara del todo y pudiera darles informaci�n �til para localizar a un sospechoso. Antes de que muriera Ashley van Auden.</p><p>Le lanz� una mirada a Miranda al girar y seguir por el largo camino pavimentado que llevaba a la hoster�a.</p><p>���Est�s bien?</p><p>��Han pasado veinticuatro horas desde que ha cogido a Ashley. Me siento como si estuvi�ramos en una cuenta atr�s. El tiempo corre en contra nuestro. No podemos cubrir todos los puntos del mapa.</p><p>A �l no le gustaba o�r ese tono de derrota en su voz.</p><p>��Miranda, no hables as�. No empieces a imaginarte lo peor.</p><p>��Cuesta no imagin�rselo, Quinn -murmur� ella-. Cuando estoy con el equipo de b�squeda, con Nick� y contigo� consigo mantener el tipo, pero cada vez que cierro los ojos, me imagino a Ashley encadenada y pasando fr�o.</p><p>Quinn se detuvo en el aparcamiento reservado para los empleados detr�s de la hoster�a y apag� el motor. Una luz de seguridad en la entrada de la cocina iluminaba el �rea circundante, pero ten�an un poco de intimidad.</p><p>�l la toc�. Miranda estaba r�gida.</p><p>��Miranda, quisiera que pudieras librarte de esas im�genes y sentimientos. Har�a cualquier cosa por borrar el dolor de tu coraz�n. Lo sabes, �no?</p><p>Ella lo mir�. La luz artificial se reflej� en sus ojos, d�ndoles un aire insondable. Quinn quer�a besarla, estrecharla, decirle que todo se arreglar�a, quer�a llevarla a la cama y protegerla de sus pesadillas.</p><p>Alarg� la mano y le toc� la mejilla.</p><p>��Nunca he dejado de amarte.</p><p>Miranda se qued� con los ojos clavados en �l, sintiendo que se le aceleraba el coraz�n. Sus palabras parec�an sinceras. Ella no sab�a qu� pensar. Su lado racional le dec�a que lo perdonara, que en muchos sentidos ten�a raz�n al haber actuado como lo hizo. Por otro lado, en el fondo de su coraz�n, sent�a que �l nunca hab�a confiado de<emphasis/>verdad en ella, que su fe en ella era fr�gil.</p><p>��Quinn, no veo que podamos volver al pasado.</p><p>�l parpade�, y una expresi�n de dolor le transform� el semblante. Ella no quer�a herirlo, pero tampoco sab�a qu� hacer.</p><p>Quinn le apart� un mech�n de pelo de la cara y se lo recogi� detr�s de la oreja. El gesto era tan �ntimo que ella baj� la mirada. Era exactamente el mismo gesto que Quinn sol�a hacer cuando eran pareja. Con ese simple contacto, se sinti� embargada por el recuerdo de lo mucho que lo hab�a amado, y luego llena de un sentimiento de calidez y, al final, de aprehensi�n.</p><p>Ahora no pod�an volver atr�s. Ella era una persona diferente de lo que hab�a sido diez a�os antes, cuando era una joven e ingenua aspirante al FBI.</p><p>Su leve caricia la sacudi� con un estremecimiento el�ctrico que no hab�a experimentado en mucho, mucho tiempo. Era como si Quinn pudiera leer en su mente, como si supiera que sufr�a interiormente y no pudiera expresarlo con palabras. Que a�oraba que �l volviera a abrazarla, que simplemente la estrechara sin hablar, sin explicaciones, sin sentirse inc�moda.</p><p>Se lo qued� mirando, deseando con toda el alma compartir sus sentimientos, que la abrazara, que hicieran el amor. Lenta y tiernamente, como la primera vez.</p><p>Volvi� sus labios hacia las manos de Quinn y las bes�. Era lo �nico que pod�a hacer para no entregarse a sus brazos.</p><p>Ten�a que pensar en esos sentimientos. Pensar en las repercusiones. �Pod�a confiar en �l? �Confiaba �l en ella?</p><p>Le dol�a no tener una respuesta a esas preguntas.</p><p>��Buenas noches -murmur�, y baj� r�pidamente del coche antes de que cambiara de opini�n.</p><p>Oy� que la puerta de Quinn se abr�a y cerraba.</p><p>��Te acompa�ar� hasta tu caba�a -dijo.</p><p>Ella sacudi� la cabeza.</p><p>��Pap� me est� esperando -dijo, se�alando las luces de la hoster�a con un gesto de la cabeza.</p><p>Sigui� caminando en el aire fresco de la noche y cruz� los pocos metros que la separaban de la puerta trasera. Sinti� la mirada de Quinn clavada en su espalda y se pregunt� qu� pasar�a si se giraba y le dijera que viniera con ella. Lo deseaba. Dios m�o, cu�nto lo deseaba.</p><p>Y �qu� pasar�a si �l se aprovechaba de su vulnerabilidad emocional? �Si la relevaba de la b�squeda, o del caso? Mientras lo pensaba, se dio cuenta de que Quinn la hab�a apoyado firmemente desde su llegada. Si ten�a dudas acerca de ella, se las reservaba muy bien.</p><p>Ella s� ten�a dudas. Llevaba diez a�os convencida de que Quinn le hab�a arrebatado todo lo compartido �ntimamente con �l a prop�sito de sus sentimientos, sus temores, su psique maltrecha, y que lo hab�a utilizado todo en su contra para que la expulsaran de Quantico. Sin embargo, esa experiencia ten�a tanto que ver con su propia inseguridad y su temor como con cualquier cosa que Quinn hubiera o no hubiera hecho.</p><p>Era preferible poner cierta distancia entre ella y Quinn. Ser�a mejor olvidar el pasado. Olvidar aquel beso en la cocina. Olvidar c�mo �l la tocaba con manos que la hac�an arder de deseo y volver a sentirse mujer.</p><p>A�n sent�a el contacto de su mano en la mejilla, y deseaba mucho m�s.</p><p>Cerr� la puerta de la caba�a y �l se qued� fuera. Sus emociones estaban demasiado vivas, demasiado a flor de piel. Ten�a que guardar sus distancias. Porque sab�a que Quinn pod�a volver a romperle el coraz�n con mucha facilidad.</p><p>Quinn marc� el n�mero de Olivia en cuanto entr� en su habitaci�n de la hoster�a. Pero no consegu�a sacarse a Miranda de la cabeza.</p><p>Lo estaba volviendo loco. No pod�a parar de pensar en ella, no quer�a parar. Ansiaba poder sentarse con ella y tener una larga conversaci�n. Pero Miranda no era el tipo de mujer que se entregara a conversaciones razonables. Actuaba por instinto y reaccionaba a partir de sus emociones.</p><p>�l le hab�a explicado con abundancia de detalles su actuaci�n en Quantico en una carta que ella le devolvi� sin abrir. Intent� hablar con ella. Ahora ten�a que encontrar una manera de que le escuchara. Si encontraba las palabras adecuadas, sab�a que ella le entender�a y lo perdonar�a. Pero tanto su propia decisi�n hace a�os, como la posterior reacci�n de Miranda, magnificada, hab�an tejido una enorme red de sentimientos complejos que �l no sabr�a desenmara�ar.</p><p>Quinn estaba muy orgulloso de todo lo que Miranda hab�a logrado en diez a�os, tanto profesional como personalmente. Sin embargo, la figura del Carnicero segu�a persigui�ndola, y ella no dejaba que nadie cruzara ese umbral para ayudarle.</p><p>Se pas� una mano por el pelo mientras paseaba por la amplia habitaci�n.</p><p>Hab�a que joderse. Vaya mujer. �Acaso no acababa de decirle que nunca dejar�a de amarla? Y ella se hab�a ido como si nada.</p><p>�Acaso no le cre�a? �l nunca le hab�a mentido aunque, considerando lo vivido en el pasado, quiz�s ella dudaba de su sinceridad. �C�mo pod�a convencerla?</p><p>Quiz�s hab�a cometido un gran error diez a�os antes, cuando le hab�a dejado todo el espacio que ped�a. La hab�a respetado demasiado. Deber�a haberla visitado en persona, explicarle sus razones con claridad y decirle cu�nto la amaba. Todas las veces que fuera necesario, hasta que ella le hubiera cre�do. Cuando no devolvi� las llamadas por tel�fono, pens� que su mejor alternativa era escribirle aquella carta.</p><p>Se equivoc�. La �nica manera de tratar con Miranda era cara a cara.</p><p>���Hola? Quinn, �eres t�? -La voz en el tel�fono lo sobresalt�. �l sacudi� la cabeza para despej�rsela.</p><p>��Lo siento, Liv, estaba so�ando despierto.</p><p>���Despierto? Son las once de la noche.</p><p>���Te he despertado?</p><p>��No, �te puedo ayudar en algo?</p><p>Olivia era siempre una mujer seria, seg�n dictaban las reglas. �l admiraba su inquebrantable devoci�n hacia su trabajo como t�cnico de laboratorio. No se le escapaba ning�n detalle de la investigaci�n forense.</p><p>���Has encontrado algo?</p><p>��S�lo llevo un d�a aqu�. Las pruebas de laboratorio tardan su tiempo. -Lo dijo como si �l debiera saberlo, y as� era. Pero, joder, �l quer�a toda la informaci�n <emphasis>ahora. </emphasis>�De qu� serv�a poder tirar ciertos hilos si esos hilos no rend�an un resultado inmediato?</p><p>��Lo siento -farfull� Quinn.</p><p>��Vale.</p><p>���Es un sarcasmo? -pregunt� �l, con tono jocoso.</p><p>��Estoy cansada. Aqu� en Virginia es la una de la madrugada.</p><p>��Se me ha olvidado. Te dejo.</p><p>��Hay una cosa.</p><p>Quinn dej� de pasearse.</p><p>���Qu�?</p><p>��Hay una muestra de tierra que parece� no s�, diferente.</p><p>���Tierra? �De d�nde?</p><p>��Espera un momento. -Quinn oy� un ruido de fondo, como si Olivia revisara unos papeles -. Aqu� lo tengo. Tenemos diez muestras de tierra tomadas de la barraca donde estuvo secuestrada Rebecca, cada una de un lugar diferente y de la zona inmediatamente circundante. Dos de las muestras del interior son diferentes de la muestra de tierra tomada fuera.</p><p>���Diferente? �En qu� sentido?</p><p>��Se ve a primera vista. En primer lugar, es roja. No recuerdo haber le�do que la tierra de Montana fuera roja. Y el hecho de que no coincidiera con la tierra del exterior me dispar� la alarma. Pero �sta no es mi especialidad. He mandado una muestra a Quantico para que la analicen.</p><p>���Roja? �C�mo rojo de sangre? �De cami�n de bomberos?</p><p>��No, m�s bien como rojo ladrillo.</p><p>���Ladrillo?</p><p>��Pero m�s ligera que la tierra.</p><p>��Me he perdido, Liv.</p><p>Ella se ech� a re�r y Quinn sonri�. Olivia no sol�a re�r, pero cuando re�a, su calidez alcanzaba a todo el que la escuchaba.</p><p>��Del color del ladrillo, pero con una textura m�s parecida a la arcilla que a la tierra. La arcilla es muy fina, pero cuando se moja las part�culas se unen.</p><p>���Como en la alfarer�a? -pregunt� �l frunciendo el ce�o, intentando imaginar lo que le explicaba Olivia.</p><p>��Es el mismo principio, pero �ste es un tipo de arcilla muy diferente.</p><p>���Cu�ndo lo sabr�s? �Puedes se�alar con precisi�n de d�nde pudo venir? -Estaba a punto de hacer otras diez preguntas cuando Olivia lo interrumpi�.</p><p>��Lo he mandado lo m�s r�pido posible, Quinn, pero la muestra est� en manos de Federal Express y mi gente no puede hacer nada hasta que la reciban.</p><p>��Lo siento. Pero da la impresi�n de que es la mejor pista que tenemos.</p><p>��Lo s�. He estado leyendo todos los expedientes que me dejaste -dijo, y guard� silencio un momento-. �C�mo est� Miranda?</p><p>��Est� bien.</p><p>���Y?</p><p>��Ya conoces a Miranda. Est� trabajando demasiado, no come lo suficiente. Pero es muy buena en su trabajo. S�lo quisiera que no sufriera tanto. -Se dej� caer en la cama y se qued� con la mirada clavada en los pies, pero viendo s�lo c�mo los ojos azul oscuro de Miranda se llenaban de todo el dolor del mundo.</p><p>���Quinn?</p><p>��S�.</p><p>��Todav�a la amas.</p><p>��Lo s�.</p><p>���Se lo has dicho?</p><p>��S�.</p><p>���Y?</p><p>��Le da igual. Le hice da�o, Liv. No quer�a, pero me vi obligado a hacerlo.</p><p>���Se lo puedes explicar a Miranda?</p><p>��Lo he intentado -dijo Quinn. Daba la impresi�n de estar a la defensiva.</p><p>��S�, recuerdo que lo intentaste entonces, cuando todo estaba en carne viva y era un asunto muy emocional. Y ahora, �qu�?</p><p>��Nada ha cambiado, Liv. He intentado hablar con ella dos veces, pero me reh�ye. No quiere escucharme.</p><p>��Obl�gala a escucharte.</p><p>��Maldita sea, lo he intentado.</p><p>��Int�ntalo de nuevo.</p><p>A pesar de que Nick hab�a trazado una meticulosa cuadr�cula en su mapa, casi se pas� del desv�o que llevaba a la caba�a del juez Parker.</p><p>Las ramas colgantes de unos �rboles gruesos rozaron el techo de su todoterreno cuando subi� por la empinada cuesta. Las luces de sus faros iluminaban justo el trozo de delante, pero el estrecho camino de grava estaba flanqueado por gruesos arbustos y enredaderas que rascaban ambos lados del coche al pasar.</p><p>Una hora antes, Nick hab�a estado sentado a la mesa de su cocina comiendo un plato de comida preparada mientras revisaba los mapas y los documentos de propiedad que hab�a copiado del Registro. Ten�a que situar los lindes de esa caba�a en concreto en el mapa. De pronto lo vio claro. Aquella propiedad estaba situada en el centro de un c�rculo de unos veinticinco kil�metros y destacaba como si fuera el blanco central. La caba�a era la �nica construcci�n accesible a pie a partir de las escenas de todos los cr�menes que hab�an descubierto. Si bien parte del terreno era peligroso y se pod�a tardar horas, un excursionista con experiencia pod�a conseguirlo.</p><p>Por su forma f�sica, el Carnicero pod�a permit�rselo.</p><p>Nick pisaba terreno peligroso. La caba�a era propiedad del juez Richard Parker.</p><p>Aunque su intuici�n fuera acertada y la caba�a fuera un punto de descanso para el Carnicero, eso no significaba que el Juez Parker estuviera enterado. Aquel hombre era due�o de una propiedad de cuatro mil hect�reas. Era imposible mantener una vigilancia que abarcara toda esa extensi�n.</p><p>Nick no se pod�a permitir que uno de los hombres m�s poderosos de Montana se volviera contra �l o contra la Oficina del Sheriff. Era preferible investigar la caba�a en secreto, y luego informar en caso de que descubriera algo.</p><p>Tampoco pensaba encontrarse con nadie. S�lo quer�a confirmar que exist�a y echar una mirada. Si encontraba pruebas de que hab�a intrusos o de que hubiera sido habitada recientemente, traer�a a un equipo de investigadores y hablar�a con Parker.</p><p>El juez no declaraba la propiedad como fuente de ingresos, pero eso no significaba gran cosa. Pod�a alquilarla a amigos los fines de semana, o quiz� la usara �l. La hab�a heredado de su padre, seg�n los registros patrimoniales. Aquella caba�a en concreto estaba situada en el culo del mundo, como muchas casas de vacaciones en el sudoeste de Montana.</p><p>Si Nick no se hubiera pasado cinco horas en el Registro de la Propiedad examinando todas las propiedades registradas en un radio de quince kil�metros del lugar donde hab�a aparecido cada v�ctima conocida, nunca se habr�a fijado en esa caba�a.</p><p>Llam� a Quinn cuando se acercaba al desv�o de la Hoster�a Gallar�n para saber si quer�a acompa�arlo. Pero contest� el buz�n de voz y Nick no dej� mensaje. Ir hasta Big Sky era un capricho, porque era probable que su corazonada no llevara a ninguna parte. Despu�s de pasar los �ltimos d�as zarandeado por la prensa, prefer�a que su hip�tesis fuera un secreto hasta tener alguna prueba.</p><p>Al final, descart� las dudas y continu� subiendo los tres kil�metros sinuosos que quedaban por el camino estrecho y lleno de arbustos.</p><p>Tras un giro brusco, desemboc� directamente en el garaje de la caba�a, y aunque Nick esperaba encontrarla de un momento a otro, lo cogi� por sorpresa. Fren� de golpe y apag� las luces al mismo tiempo.</p><p>Apag� el motor y baj� de la camioneta. Al sentir el aire fr�o se abrig� cerr�ndose el anorak. Desde que el sol se hab�a puesto, la temperatura rondaba los diez grados. La previsi�n del tiempo calculaba unas m�nimas de cinco. Se encogi� de fr�o pensando en Ashley van Auden.</p><p>En la �poca en que era pareja con Miranda, Nick se dio cuenta de que a ella le pasaba algo con el calor. Se daba unas duchas con agua que habr�an escaldado a cualquiera. Se abrigaba cuando hac�a buen tiempo. Siempre llevaba mantas y caf� caliente en el coche. Durante mucho tiempo, Nick lo hab�a visto como costumbres muy especiales. Nunca lo relacion� con la agresi�n del Carnicero hasta una noche, poco antes de que se separaran.</p><p><emphasis>Oye, Randy, vamos a dar un paseo por el lago Meyer.</emphasis></p><p><emphasis>Era verano y los term�metros todav�a rondaban los veintisiete grados, a pesar de que se acercaba la hora de ponerse el sol. Promet�a ser una noche deliciosa.</emphasis></p><p><emphasis>��No tengo ganas.</emphasis></p><p><emphasis>Nick frunci� el ce�o. Estaba acostumbrado a los cambios de humor de Miranda, pero ella sol�a ser muy espont�nea. Le fascinaba esquiar, bajar los r�pidos en balsa; era la �nica mujer que conoc�a que sent�a pasi�n por la vida al aire libre. Era una de las razones por las que se hab�a enamorado de ella.</emphasis></p><p><emphasis>El lago Meyer era uno de esos lugares donde iban las parejas a ba�arse desnudas.</emphasis></p><p><emphasis>Mierda, hab�a metido la pata.</emphasis></p><p><emphasis>��Lo siento, deber�a haber pensado�</emphasis></p><p><emphasis>Ella lo interrumpi�.</emphasis></p><p><emphasis>��No me importa que me vean, Nick.</emphasis></p><p><emphasis>��No se me ocurri� pensar -dijo �l, frunciendo el ce�o.</emphasis></p><p>��<emphasis>Esta noche har� unos quince grados. �l no le entendi�.</emphasis></p><p>��<emphasis>Te prometo que volveremos a casa antes de que haga tanto fr�o. </emphasis><emphasis>Ella lo mir�, desilusionada.</emphasis></p><p><emphasis>��No pienso ir a nadar a ning�n lugar de noche.</emphasis></p><p><emphasis>Acabaron qued�ndose en casa de Nick mirando una pel�cula. Nick cre�a que Miranda no quer�a que la vieran desnuda, con el cuerpo lleno de cicatrices, y se sinti� mal por haberlo sugerido.</emphasis></p><p>Ahora lo sab�a. No era el hecho de estar desnuda, sino de estar desnuda en el agua fr�a.</p><p>Nick se dio cuenta de que hab�a echado mano de la pistola de diez mil�metros que llevaba. Casi volvi� a enfundarla.</p><p>Pero, no. Decidi� permanecer alerta.</p><p>No hab�a luces encendidas en la caba�a. Parec�a desierta. Nick se relaj�.</p><p>La rode�. Era una estructura cl�sica en A, con una sala o salas grandes en la primera planta, apoyada sobre pilares. Y una especie de �tico en la parte superior.</p><p>Subi� las enclenques escaleras que llevaban al balc�n que la rodeaba. Era evidente que no hab�a nadie. Estaba oscuro. No hab�a veh�culos. Vac�a. A�n as�, Nick estaba tenso, con todos los sentidos alerta.</p><p>Mir� por la ventana, y la media luna le permiti� ver unas cuantas sombras. Algunos muebles, un sof�, una silla, una mesa. Nada de equipaje. Nada de comida en la mesa. Ninguna pistola, ni cuchillo ni mujer atada al suelo.</p><p>S�, hab�a sido una p�rdida de tiempo venir.</p><p>Enfund� la pistola, ech� una mirada por el balc�n. Hab�a dos sillas tumbonas apoyadas contra la pared de la casa. Cruz� al otro lado del balc�n y mir� hacia el lago, a unos cien metros, cuya superficie quieta reflejaba la luna.</p><p><emphasis>�Qu� voy a hacer ahora?</emphasis></p><p>Nadie sab�a que hab�a ido hasta all�. Volver a casa, dormir unas cuantas horas, contarle a Quinn que hab�a revisado los registros de propiedad con una corazonada que no dio resultado. Olvidarse de todo eso y concentrarse en la lista de cincuenta y pico hombres de la universidad.</p><p>Era lo que tendr�a que haber hecho ese d�a en lugar de andarse con corazonadas.</p><p>Al girarse se apoy� en la barandilla y vio un par de botas junto a la puerta.</p><p>Qu� raro.</p><p>Fue a desenfundar su pistola.</p><p>Antes de que pudiera sacarla, cay�, v�ctima de un golpe que le hizo perder el conocimiento.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359162">Cap�tulo 22</p></title><p>Miranda mir� su reloj. Ya eran las siete y media de la ma�ana y Quinn todav�a no aparec�a.</p><p>Ten�a el jeep en la universidad as� que depend�a de �l para volver a la ciudad. �Por qu� habr�a aceptado volver con �l la noche anterior?</p><p><emphasis>Estabas agotada. </emphasis>S�, tem�a quedarse dormida al volante. Llevaba casi dos semanas pr�cticamente sin dormir y la falta de sue�o empezaba a pasarle factura.</p><p>Sin embargo, le sorprendi� dormir tan bien la noche anterior. Nada de pesadillas ni interrupciones. Pero al despertar por la ma�ana, record� una conversaci�n con Quinn un a�o antes de ser admitida en Quantico. Pensando en ello, lleg� a la conclusi�n de que �l siempre hab�a tenido dudas, pero no a prop�sito de sus capacidades.</p><p>��<emphasis>Me marcho ma�ana por la ma�ana -dijo Quinn, ech�ndole a Miranda un mech�n de pelo detr�s de la oreja.</emphasis></p><p><emphasis>���Ma�ana? Pensaba que ten�as la semana libre.</emphasis></p><p>��<emphasis>As� es, pero ha pasado algo.</emphasis></p><p><emphasis>El tono de voz de Quinn le dio una clave acerca de la verdad.</emphasis></p><p>��<emphasis>Un asesinato. </emphasis></p><p><emphasis>��Preferir�as no saberlo.</emphasis></p><p>��<emphasis>Todo lo contrario. </emphasis></p><p><emphasis>��Miranda, �por qu� te haces esto?</emphasis></p><p><emphasis>Estaban sentados en el porche de la hoster�a. Era tarde por la noche y la mayor�a de los clientes se hab�an retirado o tomaban una �ltima copa antes de que el bar cerrara a las once.</emphasis></p><p><emphasis>��Pronto ser� agente del FBI, Quinn. Puedo enterarme de los detalles. -Miranda estaba matriculada en cursos de psicolog�a y criminolog�a. Ya hab�a obtenido su licenciatura compaginando sus estudios el a�o anterior. Habr�a ingresado a Quantico ese a�o, salvo que todav�a le quedaban diez meses para cumplir los veintitr�s a�os.</emphasis></p><p><emphasis>��No paras de hablar de ello.</emphasis></p><p><emphasis>��Ya te he contado mis planes.</emphasis></p><p><emphasis>��Es verdad. S�lo que pens� que cambiar�as de parecer.</emphasis></p><p><emphasis>���Por qu�? -�Acaso le hab�a dado a Quinn la impresi�n de que flaqueaba? Esperaba que no.</emphasis></p><p><emphasis>�l la mir� y en sus ojos hab�a tal carga de emoci�n que ella se sinti� maravillosa y completamente conquistada por �l.</emphasis></p><p><emphasis>��Hace un a�o que no paras de asombrarme, Miranda. Has sido todo un est�mulo para m� cuando el trabajo comenzaba a hastiarme. Cuando era incapaz de atrapar al cabr�n que te hizo da�o� � Trag� saliva y desvi� la mirada, pero ella alcanz� a captar el brillo h�medo en sus ojos.</emphasis></p><p><emphasis>��No es culpa tuya. Lo perseguiremos. Y alg�n d�a lo encontraremos.</emphasis></p><p><emphasis>Quinn se gir� lentamente hacia ella, le cogi� las manos y se las apret� con fuerza. Ella se abandon� en sus brazos, contenta y segura de s� misma y de su sexualidad por primera vez desde la primavera pasada.</emphasis></p><p><emphasis>��Est�s tan cerca. Creo� que eres lo bastante lista y est�s lo bastante motivada para convertirte en una excelente agente del FBI. Sin embargo, creo que la investigaci�n del Carnicero te motiva m�s que el hecho de querer ser agente. � Quinn suspir� y le acarici� el pelo-. No s� si tiene sentido lo que digo.</emphasis></p><p>��<emphasis>Ya te demostrar� que soy capaz. -�Hab�a hablado como si sintiera p�nico? No, s�lo quer�a ser enf�tica-. Dijiste que me dar�as una carta de recomendaci�n. Pero si no quieres d�rmela, puedo conseguir otras.</emphasis></p><p><emphasis>��Te promet� una carta y la tendr�s.</emphasis></p><p>��<emphasis>Adem�s, no ingresar� en la Academia hasta dentro de un a�o -dijo ella, e hizo una pausa</emphasis>-. <emphasis>No me has contado lo de tu caso.</emphasis></p><p><emphasis>�l la estrech� con fuerza y se quedaron mirando las sombras. Ella llevaba puestas cuatro capas de ropa y una manta alrededor de las piernas. Ah�, con Quinn a su lado, se sent�a segura.</emphasis></p><p><emphasis>��La v�ctima es un menor -dijo �l, con voz queda-. Son los peores casos.</emphasis></p><p>���Miranda?</p><p>Ella tuvo un sobresalto. Quinn estaba al pie de la escalera y la miraba con expresi�n intrigada.</p><p>���Vamos? -pregunt�.</p><p>��Vamos.</p><p>Ella deber�a haber le�do entre l�neas en aquel momento. Volviendo a pensar en aquella noche, se dio cuenta de que Quinn ten�a reservas desde el principio a prop�sito de su decisi�n. Le dio la carta de recomendaci�n porque se la hab�a prometido, pero no confiaba en que siguiera adelante. Miranda no sab�a si estaba m�s enfadada con �l por su preocupaci�n o consigo misma por no haberse dado cuenta de ello en su momento.</p><p>Estaba tan segura de que quer�a ingresar en el FBI. Hablando con Quinn de los casos en que hab�a trabajado y de los asesinos que hab�a puesto entre rejas, ella se sent�a inspirada y llena de esperanza de que tambi�n podr�a enfrentarse a los maleantes y al final triunfar.</p><p>Eso s�, s�lo hab�a un maleante que de verdad quer�a encontrar, que de verdad necesitaba derrotar. No era la primera vez que pensaba que quiz�s el psiquiatra tuviera raz�n. Su obsesi�n por atrapar al Carnicero era lo que la motivaba, lo que la hab�a llevado a presentarse al FBI. Ella no lo habr�a llamado obsesi�n, pero la verdad es que se concentraba en poca cosa m�s. �C�mo pod�a abandonar si �l segu�a cazando mujeres?</p><p>���Miranda? -dijo Quinn, cuando ya estaban en el coche.</p><p>���Qu�?</p><p>���Pasa algo malo?</p><p>��No. -�Tanto se le notaba? Mir� a Quinn y le sonri� -. La verdad es que anoche dorm� bastante bien.</p><p>��Me alegra saberlo. Lo necesitabas. -Hab�an salido a la carretera principal. Ella mir� el reloj del salpicadero. Las 7:50. Empez� a pensar en la planificaci�n de la b�squeda, y volvi� a revisar mentalmente la cuadr�cula que hab�an elaborado el d�a anterior, pregunt�ndose si mandar a sus hombres a inspeccionar alg�n otro lugar. Cualquier coordenada que escogiera era como un disparo al azar.</p><p>���Sirve de algo?-pregunt�.</p><p>���Perd�n?</p><p>No se hab�a dado cuenta de que pensaba en voz alta.</p><p>��Pensaba en la b�squeda. Cada vez que secuestran a una mujer, no hago caso de los l�mites y peinamos miles de hect�reas. Y �de qu� sirve? Nunca hemos encontrado a nadie a tiempo. No pudimos salvar a Rebecca. �Por qu� habr� pensado que pod�amos?</p><p>��Deja de criticarte as�, Miranda. Es lo que hac�a Nick ayer porque se sent�a presionado por la prensa. T� eres una especialista en b�squeda y rescate. He revisado tus m�todos y las rutas que has seguido y yo habr�a hecho exactamente lo mismo con el personal y los recursos que ten�as.</p><p>���S�?</p><p>��Absolutamente. Y si no fuera por lo met�dico de tus b�squedas, jam�s habr�amos encontrado algunos cuerpos.</p><p>��Pero era demasiado tarde. -Hab�an encontrado a las hermanas Croft cuatro semanas despu�s de que las mataran. Con Rebecca hab�an tardado menos de un d�a. Pero habr�an pasado varias semanas si el hijo del juez Parker no hubiera hallado accidentalmente el cad�ver.</p><p>��Anoche habl� con Olivia.</p><p>���Y? �Ha descubierto algo? No habr�a llamado si no tuviese noticias. �Qu� hay de nuevo?</p><p>��Fui yo quien la llam� -explic� Quinn-. Y no tiene nada definitivo. Pero ha mandado unas muestras de tierra al laboratorio del FBI en Virginia. �Sabes de alg�n lugar por aqu� donde haya tierra o arcilla roja?</p><p>���Roja? -Miranda revis� sus conocimientos de geolog�a-. No lo creo. En los alrededores, no. -Miranda se mordi� el labio-. �Arcilla roja? Podr�a hablar con alguien del departamento de geolog�a, quiz� sepan algo.</p><p>��Trata de hacerlo discretamente, �vale? Te dejar� en la universidad. Ir�a contigo, pero tengo que encontrarme con Nick para ver lo de los expedientes de la universidad. Vamos a repartirnos el trabajo con la lista que tenemos. Acabaremos con unas tres docenas de nombres en total, pero es lo �nico que tenemos por ahora hasta que Olivia nos d� alg�n resultado definitivo.</p><p>Miranda mir� a Quinn de reojo. �Quer�a que investigara aquello? No esperaba que la incluyera en sus planes, a la luz de lo ocurrido en el pasado. Saber que �l confiaba en ella para encontrar respuestas, aunque fuera s�lo un peque�o aspecto de la investigaci�n, significaba mucho.</p><p>��Gracias -dijo.</p><p>���Por qu�?</p><p>��Por confiar en m�.</p><p>��S�lo te pido que tengas cuidado -dijo �l, finalmente.</p><p>La Puta iba a despellejarlo vivo.</p><p>Pero �qu� se supon�a que ten�a que hacer �l? Ese jodido poli hab�a venido a meter las narices. �Qu� habr�a pasado si hubiera decidido saltarse todas las normas sobre inspecciones y b�squedas, si hubiera entrado en la caba�a?</p><p>�l no pod�a decirle nada a La Puta a prop�sito de eso. Ella no sab�a todo lo que �l guardaba. No lo habr�a entendido. �l <emphasis>necesitaba </emphasis>una conexi�n con las mujeres que hab�a cuidado. Manoseaba sus fotos y lo recordaba todo a prop�sito de ellas. La suavidad de su pelo. La belleza de los cuellos. Y sus pechos� sobre todo amaba sus pechos. Bellos, redondos, llenos.</p><p>No, ella no lo entender�a.</p><p>Pero ahora ten�a que deshacerse del jodido veh�culo del poli. Quiz� lanzarlo por la orilla del camino. O abandonarlo donde lo encontraran f�cilmente. �Era preferible esconderlo o dejar que lo descubrieran?</p><p>No lo sab�a. Por eso la hab�a llamado.</p><p>Ella subi� por el estrecho camino a m�s velocidad de lo que deb�a, y casi acab� empotrada en la parte de atr�s de la camioneta del sheriff. Baj� del coche a toda prisa, con su rubia cabellera rebotando sobre los hombros.</p><p>���Maldito imb�cil!</p><p>��Estaba husmeando por aqu�.</p><p>��Tenemos que irnos. -Ella subi� la escalera a grandes zancadas y se detuvo en la puerta-. �D�nde est�? �Qu� has hecho con el cuerpo? �Lo has enterrado?</p><p>��Est� con la chica.</p><p>Ella parpade� y lo mir� con ojos desmesuradamente abiertos.</p><p>���Por qu� habr�as de arrastrar el cuerpo a kil�metros de aqu�? �Por qu� no lo has enterrado aqu�?</p><p>��Creo que no est� muerto.</p><p>���Y eso, por qu� co�o?</p><p>�l se encogi� de hombros. No estaba en sus planes matarlo. S�lo lo hab�a dejado fuera de combate. Hab�a sangrado un poco, pero no cre�a haberlo matado. De hecho, tirado ah� en el balc�n, no le urg�a demasiado matarlo. �Qu� gracia ten�a matar a alguien que no sab�a lo que le esperaba?</p><p>En fin. �l no ten�a pensado dejar que el sheriff se largara. A la larga, morir�a de hambre.</p><p>��Eres un imb�cil. �Un gilipollas de mierda! Ahora tenemos que irnos, abandonar Montana. Me has arruinado la vida. �Maldito, maldito seas!</p><p>La Puta se paseaba a grandes zancadas, mes�ndose el pelo. El se encogi�, apoyado en la pared exterior de la casa. No hab�a manera de saber qu� era capaz de hacer en ese estado de �nimo.</p><p>La Puta sigui� farfullando y lanzando imprecaciones durante diez minutos antes de dirigirse a �l con el �ndice en alto.</p><p>��Haz el equipaje. Nos vamos. Vamos a dejar a la chica, y a Nick Thomas. Estar�n muertos antes de que los encuentren. Tengo algo de dinero guardado. Conseguiremos nuevas identidades, quiz� en California. S�, California estar�a bien. Los �ngeles es una ciudad grande, y nos quitaremos de en medio.</p><p>��No.</p><p>Ella dej� de pasearse de arriba abajo y se lo qued� mirando.</p><p>���Qu�?</p><p>��No pienso irme. Theron y Aglaia han puesto huevos. No me puedo ir hasta que los polluelos rompan el cascar�n.</p><p>���Piensas arriesgarlo todo por unos jodidos p�jaros de mierda?</p><p>�l se puso tenso.</p><p>��No son unos p�jaros de mierda.</p><p>��<emphasis>Son p�jaros. </emphasis>�No me dijiste en una ocasi�n que est�n por todas partes, que hasta construyen sus nidos en los tejados de los edificios en Los �ngeles? Si quieres ver a esos malditos bichos, ya puedes ir pensando en mirarlos desde la calle en lugar de andar perdiendo el tiempo en medio de la porquer�a en el culo del mundo. �Maldita sea, esto va en serio! �Has secuestrado al sheriff! No podemos quedarnos aqu�. Tenemos que irnos. Y t� vendr�s conmigo.</p><p>Lo irritaba el desprecio que La Puta demostraba por Theron y Aglaia. Entretanto, ella pensaba en lo que le dir�a a su marido, o en c�mo comprar�an nuevos carn�s de conducir, y cu�ndo se largar�an.</p><p>�l no se largar�a.</p><p>Ella ment�a, igual que todas las dem�s. Ella siempre le dec�a que se sent�a orgullosa de su trabajo, que admiraba su paciencia y su esmerado cuidado de los halcones. Pero ahora los llamaba p�jaros de mierda. �C�mo se atrev�a? �C�mo era posible que pensara eso de un animal tan elegante y veloz, tan libre y hermoso como Theron?</p><p>Sinti� que se iba acumulando aquella rabia tan familiar, pero esta vez era diferente. La furia crec�a por momentos, se hac�a m�s real. Sus propias necesidades ya no eran esenciales. La rabia no paraba de aumentar, hasta que lo super�.</p><p>Si �l no volv�a donde Theron, �qui�n se ocupar�a de �l? �Alg�n funcionario del Estado que identificaba a los p�jaros por su frecuencia de radio? Nunca. Theron ten�a una personalidad �nica. �l jam�s permitir�a que lo convirtieran en un simple n�mero, uno de tantos, es decir, en nada. Ahora que al halc�n peregrino ya no se le consideraba un ave en peligro de extinci�n, a nadie le importaba tanto como a �l.</p><p>Si �l se marchaba, �qu� les pasar�a? �Qui�n los vigilar�a? �Qui�n los seguir�a o proteger�a?</p><p>No, �l no pensaba irse. Y ella no pod�a obligarlo.</p><p>Adem�s, todav�a no hab�a acabado con la rubia que ten�a oculta. No pod�a marcharse antes de terminar con ella.</p><p><emphasis>�Flas!</emphasis></p><p>Se llev� una mano a la mejilla, mientras el calor del golpe le iba bajando de la cabeza al resto del cuerpo. Se la qued� mirando. Casi hab�a olvidado que ella estaba frente a �l, habl�ndole.</p><p>���No has escuchado ni una palabra de lo que te he dicho! �Joder, no eres m�s que un pobre imb�cil! Ve a buscar tus cosas. �Ahora!</p><p>��No.</p><p>Parec�a tranquilo. En realidad, se sent�a libre. Y le gustaba ese sabor de su desaf�o.</p><p>���Qu�? -Ella parec�a conmocionada. Bien.</p><p>��No me voy. Todav�a no -dijo, y dio un paso hacia ella. �l era quince cent�metros m�s alto que La Puta, pero nunca se hab�a sentido tan grande como en ese momento. Se irgui� cuan alto era y la mir� desde su altura.</p><p>Ella empez� por desviar la mirada. Luego dio un paso atr�s. �Era miedo lo que se le pintaba en la cara? S�, lo era. El conoc�a bien esa mirada, pero nunca pens� que llegar�a el d�a en que la viera en ella.</p><p>Durante a�os, ella lo hab�a mimado e ignorado. Lo hab�a amado y odiado, lo hab�a protegido y tambi�n herido.</p><p>Ahora ya no ten�a ning�n poder sobre �l. Los a�os no hab�an pasado en vano.</p><p>Ella mir� a derecha e izquierda, pero sonri�. Una sonrisa nerviosa.</p><p>Lo hab�a entendido.</p><p>��Cari�o -dijo, con esa voz melosa suya-. S� razonable.</p><p>��No pienso irme hasta que los polluelos rompan el cascar�n.</p><p>��Pero�</p><p>�l lanz� un manotazo y le dio en toda la cara. Ella trastabill� y se fue hacia atr�s.</p><p>�l no sab�a qui�n estaba m�s sorprendido, si �l o ella. Jam�s le hab�a levantado la mano. Jam�s lo hab�a pensado seriamente.</p><p>Pero ella nunca hab�a atacado a sus p�jaros antes.</p><p>�l se creci� ante el alcance del miedo de ella. La suerte se hab�a girado y ahora el poder estaba en sus manos.</p><p>��T� puedes hacer lo que te d� la maldita gana -avis� -. Yo no pienso irme.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359163">Cap�tulo 23</p></title><p>Nick recordaba su primera borrachera. No se trataba de una simple intoxicaci�n. No, se trataba de una borrachera en toda regla, con el cerebro embotado, con n�useas que le hicieron vomitarlo todo, arrastr�ndose por el suelo.</p><p>Ahora cambiar�a con gusto el dolor de cabeza por una resaca de tres d�as.</p><p>De sus labios resecos escap� un gemido, y el leve ruido empeor� su dolor de cabeza. Sent�a los p�rpados cubiertos y cerrados por la arena y un gran peso que le imped�a abrirlos. Con s�lo pensar en moverlos, redoblaba el dolor.</p><p>Sin embargo, estaba vivo. Al menos de eso estaba seguro. Era evidente que si te mor�as, no pod�as sentir dolor. A menos que existiera el infierno y �l hubiera hecho algo que lo hac�a merecedor de una maldici�n eterna. Tal como se sent�a ahora, quiz� prefer�a el infierno.</p><p>El fr�o se le colaba en el cuerpo, m�s all� del dolor en la cabeza. Se estremeci� y el dolor que sinti� al moverse le arranc� otro gemido. Ten�a los huesos helados, pero no estaba a la intemperie. Estaba tendido de lado sobre una superficie m�s dura que la tierra. Un suelo de madera. Olores. Moho, orina, animales muertos. El hedor penetrante de capas de tierra h�meda.</p><p>Intent� mover el brazo. Ten�a las manos entumecidas, pero no del dolor. Las ten�a atadas a la espalda. Respir� hondo y soport� una nueva ola de dolor al respirar. Sinti� que su aliento le volv�a de inmediato. Ten�a la cara tocando contra una pared.</p><p>�Qu� hab�a pasado? �l iba conduciendo� �A d�nde? Ahora recordaba. Iba a ver aquella caba�a con tejado de doble vertiente en el l�mite sur de la extensa propiedad del Juez Parker.</p><p>Al no ver nada sospechoso, decidi� que volver�a a casa. Ir a ese lugar hab�a sido una p�rdida de tiempo, y record� que se alegraba de no haber molestado a Quinn. Pero cuando se gir�, vio un par de botas y le pareci� raro que estuvieran ah�, junto a la puerta de una caba�a sin habitar.</p><p>Quiso coger la pistola pero alguien lo golpe� por detr�s. �l no oy� nada, s�lo sinti� un dolor muy agudo� y luego, nada.</p><p>Hasta ahora.</p><p>�Acaso su atacante lo hab�a observado tranquilamente protegido por la oscuridad de la caba�a mientras �l examinaba el per�metro? �Por qu�? �Se trataba de un ladr�n? �Alguien la ocupaba ilegalmente? �O eran conocidos de Parker?</p><p>�Ser�a acertada su teor�a de que el Carnicero la utilizaba como centro de operaciones?</p><p>Nick estaba seguro de que ahora no se encontraba en la caba�a de Parker. Esos olores pestilentes y el fr�o penetrante le hac�an pensar en una caba�a improvisada o una peque�a barraca.</p><p>Hac�a un fr�o que helaba el tu�tano. Miranda detestaba el fr�o a causa de lo que el Carnicero le hab�a hecho. Ahora, �l estaba en la misma situaci�n. Atado y tendido en un suelo de madera fr�o.</p><p>�Era posible que Richard Parker fuera el Carnicero?</p><p>Nick no pod�a imaginar al juez que conoc�a desde que era adulto torturando a esas mujeres. Sin embargo, de alg�n modo encajaba con el perfil, �no? Quiz� fuera un poco mayor. Por otro lado, estaba casado, y seguro que no era un solitario. Pero Parker era un hombre que estaba en buena forma f�sica y se hab�a criado cazando y pescando en el sudoeste de Montana. Desde luego, la prueba m�s flagrante era que a Nick lo hab�an atacado en su caba�a.</p><p>En el FBI a veces se equivocaban con los perfiles. A �l le vinieron n�useas de s�lo pensar que Parker pudiera ser el Carnicero. Record� todas las veces que hab�a acudido al juez para que le ayudara a obtener m�s recursos. Parker tiraba de los hilos y consegu�a que el condado asignara m�s dinero a unas b�squedas que siempre acababan sin resultados. Quiz� Parker se lo pasaba en grande mirando desde afuera mientras la polic�a se equivocaba en todos sus an�lisis. �Sentir�a un placer enfermizo viendo a Miranda buscar a las mujeres que �l ten�a cautivas?</p><p>No hab�a pruebas concretas de que Parker fuera el Carnicero. Quiz�s el asesino hab�a descubierto la caba�a y, tras ver que rara vez se usaba, la hab�a ocupado sin que pasara nada. Tambi�n exist�a la posibilidad de que Parker la hubiera alquilado o prestado a un amigo.</p><p>Mierda. Tendr�a que haber dejado el maldito mensaje en el buz�n de voz de Quinn. Ellos habr�an vigilado a Parker, o puesto a un equipo a seguir lo que pasaba en la casa, o habr�an investigado m�s en profundidad el pasado del juez.</p><p>Llevaba tanto tiempo dudando de s� mismo a lo largo de esa semana que no hab�a prestado atenci�n a su intuici�n. Y ahora estaba pagando el precio por ello.</p><p>Un leve ruido, el roce de algo, lo sobresalt�. �Roedores? �Un oso?</p><p>No, el ruido no ven�a de afuera.</p><p>No estaba solo.</p><p>Nick ignoraba c�mo lo sab�a, pero enseguida percibi� que alguien m�s compart�a con �l el aire de la habitaci�n. Y luego lo oy�. Un leve susurro.</p><p>El martilleo que sinti� en el cr�neo era tan fuerte que tard� un momento en entender las palabras.</p><p>���Qui�n es? �Qui�n es?</p><p>�l intent� hablar, pero de su boca s�lo escap� un gemido.</p><p>���Qui�n es? -Era un susurro de voz. Ronca. De mujer.</p><p>�l se humedeci� los labios.</p><p>��El sheriff -dijo, y el solo esfuerzo de hablar le doli�.</p><p>���Qui�n?</p><p>Joder, apenas consegu�a pensar, y mucho menos hablar. Hizo un esfuerzo por tragar saliva.</p><p>��El sheriff Thomas -dijo, pronunciando cada palabra con gran dificultad</p><p>���Sheriff?</p><p>Nick se dio cuenta de que aquella persona no susurraba. Ten�a la voz enronquecida, una voz que le record� a su hermano Steve cuando en los a�os del instituto hab�a padecido una laringitis.</p><p>O una garganta af�nica de tanto gritar.</p><p>���Ash�ley? -Le doli� articular esas dos s�labas, pero ten�a que superarlo. Estaba seguro de que estaba sufriendo el efecto de una conmoci�n. Y que ten�a alg�n problema con las piernas. Quiz� tambi�n las ten�a atadas, aunque no sent�a nada por debajo de la cintura. Ten�a todo el cuerpo fr�o y entumecido.</p><p>Pero estaba vivo. Y estaba decidido a seguir vivo. Y tambi�n a mantener con vida a Ashley van Auden. C�mo hacerlo era otra historia, del todo diferente. No sab�a d�nde estaba, qu� hora era, ni c�mo diantres salir de ah�.</p><p>��S� -dijo ella, con un hilo de voz que enseguida se quebr� en un sollozo. Estaba tan cerca que si Nick no estuviera atado, casi podr�a tocarla-. Nos matar�. Nos matar�. Es �l. Es el Carnicero. Nos va a matar, como ha matado a todas esas�</p><p>��Shh.</p><p>Ashley repet�a su mantra una y otra vez, hasta que a Nick le taladr� la cabeza. Intent� hacerla callar, pero no pudo, as� que procur� ignorarla. Tampoco tuvo m�s suerte.</p><p>��Ashley. Ashley. -Repiti� su nombre hasta que al final la chica dej� de sollozar.</p><p>���Qu�? -pregunt�, con un gemido.</p><p>��Tenemos que pensar en algo. Piensa. -�Pensar? Joder, �l apenas era capaz de sumar dos m�s dos.</p><p>��No quiero morir -solloz� ella.</p><p>�l tampoco quer�a morir.</p><p>��En alg�n momento te soltar�.</p><p>��Y �despu�s me matar�! S� lo que le hizo a Rebecca Douglas<strong>. </strong>La degoll�. La ma� la mat�.</p><p>��Ashley, basta. -Nick sinti� que la n�usea le llegaba a la garganta y, con el mareo, su mente perd�a asidero. Respir� lo m�s hondo que pudo y espir� lentamente. Respirar. Espirar. No pod�a volver a perder el conocimiento. Era demasiado peligroso para los dos.</p><p>���Sheriff?</p><p>Por el tono de preocupaci�n en la voz de Ashley, Nick pens� que se habr�a desmayado o se hab�a quedado inconsciente por un momento.</p><p>��Estoy aqu�.</p><p>��No me ha contestado.</p><p>��Lo siento -dijo �l, y espir�-. �Sabes d�nde est�s?</p><p>��No. Tengo los ojos vendados. No veo nada.</p><p>���Viste a alguien cuando te secuestraron?</p><p>��No -dijo ella, volviendo a sollozar-. A nadie. Dios m�o. Y Jo. No est� aqu�, no me ha contestado. Est� muerta, �verdad? -Ashley empez� a sollozar, hist�rica. Nick tard� varios minutos en calmarla. No le servir�a de nada a Ashley saber que su amiga estaba en coma, as� que minti�.</p><p>��JoBeth se pondr� bien. Est� en el hospital, pero se pondr� bien.</p><p>��Gracias a Dios, gracias a Dios.</p><p>�Sabr�a el Carnicero que �l conoc�a su identidad? Seguramente se sent�a amenazado y por eso lo hab�a atacado en la caba�a.</p><p>Si as� era, no hab�a ninguna posibilidad de que el Carnicero le diera a Nick una oportunidad de escapar. Si no encontraba una manera de salir de ah�, sus horas estaban contadas.</p><p>��Pase lo que pase, cuando salgas de aqu�, tienes que correr. No hagas lo que �l espera de ti. Borra tus huellas. Evita gritar o incluso respirar demasiado fuerte. Qu�date entre los �rboles. Si se hace de noche y no puedes seguir, enti�rrate bajo la hojarasca y esc�ndete. Pero, sobre todo, corre todo lo que puedas. -Nick trat� de componer en su mente un mapa de los lugares donde el Carnicero cazaba a las mujeres. El territorio quedaba al sur de la interestatal y al oeste de la autopista de Gallatin-. Dir�gete al noreste todo lo que puedas. Al final, en un d�a o dos, llegar�s al camino principal.</p><p>���C�mo lo sabe?</p><p>��Conozco sus territorios de caza.</p><p>��Y �qu� pasar� con usted?</p><p>��Me quedar� contigo, si puedo.</p><p>Ella no dijo nada. Quiz� supiera lo maltrecho que estaba. O quiz� pens� que a �l no lo soltar�a.</p><p>Pas� un buen rato, y Nick pens� que Ashley se hab�a quedado dormida.</p><p>��Me ha hecho da�o -dijo la chica. Su voz era d�bil. Suplicante, casi infantil.</p><p>��Lo s�, peque�a. Lo siento mucho. -Y c�mo lo sent�a. El secuestro de Ashley se deb�a, en parte, a su fracaso. No hab�a sido capaz de proteger a las mujeres de su ciudad del desequilibrado que las persegu�a.</p><p>Eso le provocaba un dolor casi peor que su cabeza.</p><p>Tendido ah�, sobre el suelo duro y fr�o, Nick sab�a que su situaci�n era grave. El Carnicero volver�a antes de que los encontraran. No importaba la cantidad de gente que los buscara, nunca conseguir�an cubrir todo el territorio.</p><p>Ten�a que pensar, idear un plan para salvar a Ashley y salvarse a s� mismo.</p><p>Pero tem�a que ya fuera demasiado tarde.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359164">Cap�tulo 24</p></title><p>Miranda llam� a la puerta del despacho del profesor Austin en el s�tano de las instalaciones de Traphagen Hall, en la Universidad de Montana. Nada hab�a cambiado en quince a�os, desde la �poca en que ella estaba matriculada en su asignatura. Las rocas eran los objetos de decoraci�n m�s importantes en aquel despacho atiborrado de objetos. Unos mapas topogr�ficos del oeste de Estados Unidos tapizaban las paredes, junto con gr�ficos deste�idos con comparaciones de piedras y tipos de tierra. Toda la sala ol�a a suciedad y papeles.</p><p>El profesor Austin ya era un hombre mayor cuando Miranda iba a sus clases, y no hab�a cambiado. Ten�a el mismo pelo canoso y en punta, y necesitaba recortarse un poco la barba. Sin embargo, en sus ojos de color esmeralda apareci� un brillo de reconocimiento cuando ella carraspe� para llamar su atenci�n.</p><p>��Pero �si es Miranda Moore! -Se qued� parado, sin darse cuenta, o sin importarle que un mont�n de papeles cayera al suelo y que algunos se deslizaran bajo la mesa. No era nada de raro que hubiera perdido los trabajos de mitad de curso en los tiempos en que ella era alumna, quince a�os antes.</p><p>��Hola, profesor -dijo Miranda, mientras �l la saludaba con una fuerte palmada en la espalda y una amable sonrisa.</p><p>���Tanto tiempo ha pasado que no te acuerdas de llamarme Glen?</p><p>��Lo siento. -Desde el primer d�a de clase, el profesor Austin insist�a en que todos lo llamaran por su nombre de pila. El problema era que realmente su aspecto era el de un profesor, y Miranda siempre se sinti� inc�moda llam�ndolo de manera tan informal. Quiz� si su nombre fuera Archibald�</p><p>���Qu� te trae por aqu� tan temprano?</p><p>��El asesinato de Rebecca Douglas.</p><p>��Pobre chica -dijo el profesor, con el semblante ensombrecido.</p><p>��En la investigaci�n han descubierto algo raro, y pens� que quiz� pudiera ayudarnos.</p><p>���Yo? -El profesor se sent� a su mesa y m�s papeles cayeron al suelo. Con un gesto, invit� a Miranda a sentarse en una silla.</p><p>Ella quit� una caja grande de libros de la silla antes de hacerlo.</p><p>��Han enviado una muestra de tierra al laboratorio del FBI en Quantico para que la examinen. Es roja. Como el ladrillo. La t�cnico del laboratorio cree que se trata de arcilla. A m� no se me ha ocurrido ning�n lugar en esta zona donde haya tierra o arcilla roja. Pens� que quiz�s usted conociera alg�n lugar.</p><p>��Hmmm. -El profesor Austin mir� m�s all� del hombro de Miranda, hacia la pared, perdido en sus reflexiones -. Hay un lugar en Three Forks a lo largo del Missouri, aunque yo no dir�a que es de color ladrillo. Tierra roja. Hmm. -Volvi� a pensar y, de pronto, dio un salto que hizo sobresaltarse a Miranda.</p><p>Se dirigi� a la estanter�a repleta de libros, sac� un tomo grueso y volvi� a su mesa. Asintiendo y murmurando para s�, hoje� el libro y se detuvo.</p><p>��La tierra roja, especialmente la arcilla, es un producto de la erosi�n muy com�n en las formaciones de piedra arenisca del paleozoico medio.</p><p>Miranda volvi� a sentirse como una alumna universitaria.</p><p>���Qu� son las formaciones del paleozoico medio?</p><p>��T� aprobaste mi asignatura, �no? -pregunt�, mir�ndola con el ce�o fruncido.</p><p>��S�, se�or. -Pero su cabeza ya no almacenaba esa informaci�n.</p><p>�l sacudi� la cabeza y suspir�.</p><p>��Las formaciones del paleozoico fueron creadas por los mares poco profundos que cubr�an la mayor parte del oeste de Estados Unidos, hace entre quinientos y doscientos cincuenta millones de a�os, sobre todo en los estados de las Cuatro Esquinas, es decir, Colorado, Utah, Arizona y Nuevo M�xico, as� como una buena parte de Nevada.</p><p>��Y �qu� hay del sudoeste de Montana?</p><p>��Y bien, como he dicho, hay arcillas y tierras finas a lo largo de todo el r�o Missouri. Los colores y texturas var�an, pero nada que pudiera considerarse rojo. A�n as� -dijo, y frunci� el ce�o-. Si veo la muestra, quiz� pueda deciros algo m�s.</p><p>��Gracias, profesor. Glen. -Miranda se incorpor� de su asiento-. Ver� si le puedo enviar a alguien con una muestra, pero se trata de una prueba, y no s� cu�nto habr�n conservado en el laboratorio.</p><p>��Espero que t� y el sheriff Thomas coj�is a ese tipo. Hace demasiado tiempo que tiene aterrorizadas a las mujeres de Bozeman.</p><p>��Gracias. -Miranda sali� con el coraz�n acelerado. Sac� el m�vil y llam� a Quinn.</p><p>��Peterson.</p><p>��Quinn, soy Miranda. Acabo de hablar con el profesor Austin sobre la muestra de tierra. Me ha dicho que hay una peque�a regi�n en el oeste de Montana donde podr�a haber algo parecido. Tambi�n se encuentra en Utah, Colorado, Arizona y Nuevo M�xico. Quiere saber si puede echarle una mirada a la muestra. Puede que nos d� m�s informaci�n.</p><p>��Llamar� a Olivia y preguntar� si alguien puede llevarle una muestra a la universidad.</p><p>��Gracias.</p><p>���Nick est� contigo?</p><p>���Conmigo? No. No lo he visto esta ma�ana.</p><p>��Hab�amos quedado aqu� hace media hora, en su despacho, y no est�. Lo he llamado a su casa y tambi�n a su m�vil, pero no contesta.</p><p>��Nick no suele hacer eso -dijo Miranda, frunciendo el ce�o.</p><p>��Espera un momento. -Miranda oy� la voz apagada de Quinn que, al cabo de un momento, volvi� a ponerse-. El agente Booker ha intentado encontrarlo, pero nadie ha sabido de �l desde ayer por la tarde, cuando llam� para consultar sus mensajes.</p><p>��Pasar� por su casa. Quiz�s est� enfermo -dijo Miranda. Sinti� un malestar en el vientre. Algo hab�a pasado.</p><p>��Ten cuidado -dijo Quinn-. Booker y yo llamaremos a unos cuantos sitios y averiguaremos qui�n habl� con �l ayer por la noche. Ll�mame en cuanto lo localices, �vale?</p><p>��Eso har�. -Miranda apag� el m�vil y cruz� el campus para llegar a su jeep.</p><p>Quince minutos m�s tarde se detuvo frente a una casa de estilo Victoriano en una calle tranquila del centro de Bozeman. Su todoterreno no estaba en la entrada.</p><p>Sinti� que se le erizaban los pelos de la nuca. La casa se ve�a vac�a.</p><p>Baj� del jeep y se acerc� cautelosamente. No sab�a por qu� sent�a tanta aprehensi�n. Al fin y al cabo, era media ma�ana en pleno centro de Bozeman. Calle abajo, un anciano regaba el c�sped. En la esquina, oy� a un grupo de chavales jugando a pilla-pilla; sus chillidos y risas llenaban el aire.</p><p>Pero Miranda hab�a advertido la preocupaci�n en la voz de Quinn. Nick no se hab�a presentado en el despacho por la ma�ana.</p><p>Subi� por las anchas escaleras que conduc�an a la puerta principal y se detuvo en el porche. Se qued� mirando el banco donde ella y Nick sol�an sentarse a conversar durante esos a�os de amistad. Le record� lo que hab�a perdido despu�s de la separaci�n. Antes de que fueran pareja, Miranda nunca se lo pensaba dos veces y paraba en su casa a comer una pizza y a tomar una cerveza, o simplemente para charlar un rato. Pero cuando dejaron de verse como pareja, nunca volvi� a sentirse c�moda con la idea de visitarlo.</p><p>Siempre hab�a pensado en Nick como su mejor amigo. Sin embargo, durante el �ltimo a�o su relaci�n era sobre todo de trabajo. La entristec�a pensar en eso.</p><p>Toc� el timbre y despu�s llam� a la puerta.</p><p>���Nick! Soy Miranda. Silencio.</p><p>Volvi� a llamar y mir� por la estrecha ventana junto a la puerta. No observ� movimiento.</p><p>Baj� del porche y sigui� por el lado del garaje hasta la parte de atr�s. Todo parec�a estar en su lugar. Ni ventanas rotas ni puertas abiertas.</p><p>Dio una vuelta alrededor de la casa y no observ� nada raro. Nick guardaba una llave en el cobertizo de la parte de atr�s de la casa. Miranda la encontr� y abri� la puerta trasera. El interior estaba demasiado fr�o, como si la noche anterior la calefacci�n no hubiera estado encendida.</p><p>Miranda, presa de cierto nerviosismo, desenfund� su pistola. Era una tonter�a, pens�, pero era preferible ser tonta que acabar muerta.</p><p>La cocina estaba impecable: s�lo un vaso de pl�stico grande de un restaurante de comida r�pida del vecindario. Estaba en el borde del mueble y ella lo cogi� con cuidado. Estaba medio lleno. Nick ten�a el cubo de la basura debajo del fregadero de la cocina. Miranda abri� la puerta del armario. Encima de todo hab�a una bolsa del mismo restaurante. Lo cogi� y mir� el <emphasis>ticket </emphasis>de la compra. La hora registrada eran las 20:04 del d�a anterior.</p><p>Devolvi� la basura a su lugar, mir� a su alrededor pero no vio nada m�s que le pareciera fuera de lugar. Subi� y se detuvo ante el cuarto de ba�o. Por naturaleza, Nick era una persona organizada. Cada cosa ten�a su lugar. En un armario ten�a una caja de p�ldoras con siete compartimentos, uno para cada d�a de la semana. Nick cre�a que una dosis diaria de vitaminas lo manten�a sano, y Miranda no recordaba que jam�s se hubiera ausentado del trabajo por enfermedad. Siempre tomaba las grageas por la ma�ana, justo despu�s de levantarse, para no olvidarse.</p><p>Miranda abri� el compartimento del <emphasis>Viernes.</emphasis></p><p>Las grageas todav�a estaban ah�.</p><p>Abri� los dem�s. Quiz� Nick ya no era tan meticuloso como antes.</p><p>Los compartimentos del domingo al jueves estaban vac�os. Nick no hab�a cambiado su costumbre.</p><p>Volvi� al jeep y llam� a Quinn.</p><p>��Nick no est� en casa.</p><p>��Mierda.</p><p>��Estuvo en casa anoche despu�s de las ocho, pero creo que m�s tarde volvi� a salir. -Miranda le explic� a Quinn lo del <emphasis>ticket </emphasis>del restaurante.</p><p>���Sabes en qu� andaba ayer?</p><p>��No, pensaba que t� s� lo sab�as.</p><p>��Ni idea.</p><p>���D�nde est�s?</p><p>��En el despacho de Nick.</p><p>��Voy enseguida. Todo esto me da muy mala espina.</p><p>��A m� tambi�n. -Quinn parec�a tan preocupado como la propia Miranda.</p><p>Quinn estaba revisando la mesa de Nick, intentando averiguar d�nde hab�a ido cuando Sam Harris, el ayudante del sheriff, entr� sin llamar.</p><p>Harris era un hombre bajito que caminaba muy erguido en un intento de parecer m�s alto. Quinn hab�a conocido a muchos hombres como Harris entre los guardianes de la ley; polis que disfrutaban del poder que les daba vestir de uniforme.</p><p>��Agente Peterson -dijo Harris, con un gesto de la cabeza.</p><p>���En qu� puedo ayudarle?</p><p>��Yo dir�a, m�s bien, �en qu� puedo ayudarle yo a usted? Al parecer, el sheriff ha desaparecido y eso me deja a m� al mando. Desde luego, me alegro de que el FBI este aqu� para ayudar a nuestra peque�a oficina.</p><p>��Hay que emitir una orden de b�squeda para localizar a Nick, si es que todav�a no lo han hecho. He pedido a dos agentes que le sigan el rastro para saber qu� hizo ayer. Sabemos que cen� en casa entre las ocho y las nueve. Llam� y dej� unos mensajes desde el tel�fono de su casa. Sin embargo, en alg�n momento volvi� a salir y no regres�.</p><p>��Eso est� hecho -dijo Harris.</p><p>��Gracias.</p><p>Quinn iba a preguntar si la camioneta de Nick ten�a GPS, ya que muchos departamentos de polic�a hab�an instalado el sistema en sus veh�culos, cuando Harris lo interrumpi�.</p><p>��Tengo que informar a la alcaldesa sobre la investigaci�n. No ha tenido noticias de Nick despu�s de la conferencia de prensa de ayer, y nos pidi� que le entreg�ramos un informe diario.</p><p>��Nick y yo decidimos que la alcaldesa, y tambi�n los medios de comunicaci�n, deben estar informados sin que eso perjudique a la seguridad de la investigaci�n. No hace falta recordarle que se trata de un caso muy delicado.</p><p>��Estoy totalmente de acuerdo -dijo Harris, con un tono que daba a entender que pensaba justo lo contrario-, pero la alcaldesa no est� contenta con la cobertura de los medios de comunicaci�n. La est�n sometiendo a un severo escrutinio, no s�lo en la prensa local sino tambi�n en las cadenas de televisi�n nacionales.</p><p>��Estamos todos bajo el ojo de la opini�n p�blica -dijo Quinn-. Se debe a la naturaleza de nuestros asuntos.</p><p>��Es verdad, es verdad -dijo Harris, con una media sonrisa-. Pero usted sabe que donde las dan las toman. La alcaldesa est� bajo presi�n, todos estamos bajo presi�n.</p><p>Incluso en las circunstancias m�s dif�ciles, Quinn sol�a manejarse bien con las cuestiones de pol�tica local. Pero este caso era personal. Primero, la experiencia de Miranda y, ahora, la desaparici�n de Nick.</p><p>��Ya entiendo -dijo Quinn, como conteni�ndose-. Conf�o en que le har� llegar la informaci�n pertinente a la alcaldesa.</p><p>Harris se lo qued� mirando.</p><p>��Perm�tame que le haga una pregunta, agente Peterson. Dejando de lado su amistad con el sheriff Thomas, d�game: �puede decir sinceramente que se ha hecho todo lo que se ten�a que hacer?</p><p>��No pienso quedarme aqu� emitiendo juicios sobre los procedimientos cuando tenemos a dos personas desaparecidas -dijo Quinn-. Le puedo asegurar que no he detectado fallo alguno en el quehacer de la oficina del sheriff del condado de Gallatin.</p><p>��No somos una oficina grande. No tenemos los recursos para manejar simult�neamente dos casos de desaparici�n. Quiz�s el sheriff simplemente necesitaba un poco de tiempo. Ha estado sometido a mucha presi�n. -Harris intentaba parecer comprensivo, pero era palpable la antipat�a latente en su tono de voz.</p><p>Quinn iba a responder cuando Harris lo interrumpi�.</p><p>��Quiz�s ha llegado el momento de que intervengan m�s hombres -dijo, con las manos detr�s de la espalda-. Ya que el sheriff no est� en condiciones de solicitar la ayuda en este momento, yo lo har�a con mucho gusto.</p><p>Era un comentario demasiado sutil para estar seguro, pero el tono de Harris le hizo entender a Quinn claramente la insinuaci�n de que Nick deber�a haber solicitado m�s ayuda al FBI.</p><p>Respir� hondo antes de contestar.</p><p>��Gracias -dijo, con talante diplom�tico-, pero ya tenemos un par de agentes que est�n en camino para colaborar en los interrogatorios. Llegar�n esta noche. De hecho, ahora mismo pensaba ponerme a ello.</p><p>Miranda entr� a toda prisa en el despacho y pregunt�, casi sin aliento:</p><p>��Quinn, �han encontrado a Nick?</p><p>Casi se dio de bruces con Sam Harris. En su rostro asom� espont�neamente una expresi�n de desagrado, pero supo ocultarla.</p><p>��Sam -salud�.</p><p>��Miranda -dijo �l, en el mismo tono formal, y luego mir� a Quinn-. Con mucho gusto hablar� de este asunto con la alcaldesa en su nombre, agente Peterson -dijo Harris, con gesto marcial.</p><p>���De qu� iba eso? -pregunt� Miranda al cerrar la puerta despu�s de que saliera el ayudante del sheriff.</p><p>��Y yo qu� s�. �Juegos de poder? -dijo Quinn, mes�ndose el pelo-. Lo �ltimo que necesitamos es que las ansias de protagonismo de algunos saboteen nuestro trabajo.</p><p>���No se ha sabido nada?</p><p>��Nada.</p><p>��Y Sam, �qu�? �Estaba haciendo su numerito de gilipollas de siempre? -pregunt�, entornando los ojos.</p><p>��M�s o menos. Harris tiene raz�n en una cosa.</p><p>���En qu�?</p><p>��No tenemos recursos suficientes para lidiar con dos casos de desaparici�n.</p><p>��No digas eso. Podemos manejarlos simult�neamente.</p><p>��Haremos lo que podamos, mientras podamos. Pero la prioridad en este momento es Ashley van Auden. -El tel�fono en la mesa de Nick emiti� un zumbido. Quinn lo cogi� y, al cabo de un momento, colg�.</p><p>��Era Jeanne Price, del Registro de la Propiedad. Por lo visto, Nick estuvo ah� cinco horas ayer por la tarde copiando mapas y registros de la propiedad.</p><p>���A qu� esperamos? Vamos.</p><p>Tres horas m�s tarde, Quinn y Miranda se encontraban en el Registro de la Propiedad mirando los montones de mapas y registros que hab�a consultado Nick.</p><p>Pero ninguno de los dos consegu�a darle un sentido a las miles de p�ginas de informaci�n. Cuando Miranda le pregunt� a Jeanne Price por las copias concretas que solicit� Nick, se enter� de que �l mismo las hab�a hecho.</p><p>���Crees que ten�a una pista y la estaba siguiendo? Y �que luego tuvo un accidente o se meti� en alg�n l�o? -Miranda no pod�a disimular su inquietud.</p><p>��Nick es demasiado listo como para salir sin apoyo -dijo Quinn, frunciendo el ce�o.</p><p>���Qu�? -pregunt� Miranda.</p><p>��Ayer se sent�a agobiado. Entre la prensa y la falta de pruebas, y con los medios de comunicaci�n nacionales amenazando con desembarcar en la ciudad� no lo s�. No me lo imagino haciendo nada por cuenta propia, pero quiz�s iba siguiendo una pista dif�cil.</p><p>��Una pista dif�cil. �Deber�a haberle dicho a alguien ad�nde iba! -Ella siempre estaba preparada para salir corriendo hacia donde fuera, y Nick le insist�a que cada vez que lo hiciera lo notificara. Al final, se hab�a convertido en una costumbre. �Por qu� entonces no hab�a seguido sus propias normas?</p><p>Suspir� y se mes� el pelo.</p><p>��Ni siquiera s� por d�nde comenzar. -Se qued� mirando el documento que consultaba-. Los registros de propiedad de algunas tierras se remontan a veinte a�os� mapas de todo el condado� seguro que se le habr� ocurrido algo, pero no consigo ver la conexi�n.</p><p>��No lo s� -dijo Quinn, cuando su m�vil empez� a sonar- Peterson. -Escuch� durante varios minutos y luego a�adi�-: Perfecto. Te veremos ah� en una hora.</p><p>���Qui�n era? -pregunt� Miranda, cuando �l guard� el m�vil.</p><p>��Olivia. Viene hacia aqu� con el director del laboratorio estatal para hablar con tu profesor. Han recibido los resultados preliminares sobre la arcilla roja. Tu profesor ten�a raz�n. El origen se encuentra en los estados de las Cuatro Esquinas y el analista se inclina por Utah. Olivia espera que pueda echar una mirada a la muestra y los datos t�cnicos para definir el origen con m�s precisi�n. De Quantico han llamado a un especialista del Departamento de Estudios Geol�gicos, si bien eso tardar� todav�a un d�a m�s.</p><p>��Y �qu� hay de estos mapas y registros? -inquiri� Miranda, mirando el enorme mont�n de documentos. Quinn parec�a frustrado e irritado.</p><p>��No s� en qu� diablos estar�a pensando Nick. Podr�amos pasarnos todo el d�a aqu� buscando y no encontrar nada. Y, francamente, sin algo concreto que nos permita continuar, no podemos seguir aqu� perdiendo el tiempo. -Se incorpor� -. Son las tres de la tarde y no has parado para correr.</p><p>��T� tampoco -replic� Miranda. No necesitaba que nadie cuidara de ella como si fuera su ni�era, pero en el fondo agradec�a que Quinn se diera cuenta.</p><p>��No me gru�e el est�mago tan fuerte como a ti.</p><p>��A m� el est�mago no me gru�e.</p><p>���Cu�nto te juegas?</p><p>��Compremos algo de camino al campus -dijo ella, que estaba a punto de echarse a re�r.</p><p>���Comida r�pida? -dijo �l, arrugando la nariz-. Si no hay m�s remedio.</p><p>��No hay m�s remedio -confirm� ella, provocadora. Era tan agradable y se sent�a tan a gusto estando ah� de nuevo, charlando con Quinn. Aunque la presi�n en torno a la investigaci�n del Carnicero, sumada a la reciente desaparici�n de Nick, bastaba para mantenerlos en un estado de tensi�n, Miranda se dio cuenta de que estaban cultivando una agradable camarader�a. Como en el pasado.</p><p>Ahora no quer�a que llegara a su fin.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359165">Cap�tulo 25</p></title><p>���Liv! -exclam� Miranda, en medio del patio de Traphagen Hall.</p><p>Miranda abraz� con fuerza a su amiga, Olivia St. Martin, aunque no fue un abrazo largo. A Olivia no le agradaban los abrazos ni el contacto f�sico amistoso, algo que Miranda nunca hab�a entendido pero que respetaba. Olivia siempre hab�a sido una mujer muy particular.</p><p>��Tienes buen aspecto -dijo Olivia, y se recogi� un mech�n de su pelo corto detr�s de la oreja-. Teniendo en cuenta que no has dormido demasiado -a�adi�, preocupada.</p><p>Miranda lanz� una mirada a Quinn y frunci� el ce�o.</p><p>��No creas todo lo que te digan.</p><p>��Quinn no me ha dicho nada. Yo te conozco -dijo, y le toc� suavemente el brazo -. �Te encuentras bien? S� que est�s pasando por un mal momento.</p><p>Miranda respir� hondo y asinti�.</p><p>��Estoy bien. De verdad. -Volvi� a mirar discretamente a Quinn, pero Olivia se dio cuenta.</p><p>���T� y Quinn hab�is arreglado vuestros asuntos?</p><p>��En realidad, no -dijo Miranda, encogi�ndose de hombros-. Pero las cosas van un poco mejor. Quinn ha sido un gran apoyo. -Quinn era siempre s�lido como una roca. Ahora se sent�a confundida al caer en la cuenta de que comenzaba nuevamente a contar con �l. No era que �l se hubiera convertido en su muleta, pero Miranda notaba que se encontraba m�s a gusto que irritada en su presencia.</p><p>�Cu�ndo hab�a ocurrido eso?</p><p>���C�mo te va a ti? -pregunt� Miranda, a su vez.</p><p>��Estoy bien.</p><p>���Cu�ndo se celebra la pr�xima vista sobre la libertad condicional?</p><p>Fue como si una nube cruzara por la mirada de Olivia.</p><p>��Dentro de tres semanas.</p><p>���Tan pronto? Han pasado menos de tres a�os desde la �ltima sesi�n.</p><p>Olivia hab�a declarado en varias ocasiones en contra de la libertad condicional para el asesino de su hermana. Afortunadamente, el jurado hab�a actuado con la sensatez suficiente para no dejar en libertad a ese malnacido. Sin embargo, cada vez que regresaba a California para enfrentarse a ese maldito cabr�n y contar su historia, se quedaba como vac�a. Miranda la admiraba por su perseverancia y ten�a a su amiga como modelo.</p><p>Si Olivia era capaz de estar sentada en la misma habitaci�n con el hombre que hab�a violado y matado a su hermana, sin duda Miranda pod�a enfrentarse al Carnicero cuando lo detuviera la polic�a. Sin embargo, la idea de ver a su agresor en persona, aunque fuera entre rejas, la aterrorizaba.</p><p>Quinn estaba conversando con el director del laboratorio estatal y ahora se acerc� con �l.</p><p>��Miranda, te presento al doctor Eric Fields, del laboratorio estatal.</p><p>��Mucho gusto, se�orita Moore. He o�do hablar mucho de usted. -El doctor Fields era un hombre peque�o y fibroso y llevaba gafas de marco plateado. Apenas parec�a tener edad suficiente para afeitarse.</p><p>Miranda dio medio paso atr�s y baj� la mirada. No le agradaba ser una celebridad, y menos a�n por las razones que la hab�an hecho famosa a ella.</p><p>Olivia rompi� el inc�modo silencio.</p><p>��El doctor Fields ha sido muy amable al facilitarme pleno acceso y, desde luego, tiene un laboratorio que funciona a la perfecci�n. Todav�a estamos analizando las pruebas. A�n no conocemos su posible validez ante un tribunal, pero estamos trabajando en una posible huella dactilar.</p><p>��Tenemos huellas parciales encontradas en un medall�n de una de las anteriores v�ctimas -dijo Quinn.</p><p>��S�, tambi�n tengo que revisar ese informe -dijo Olivia-. Me puedo quedar todo el tiempo que sea necesario. Pero creo que esta tierra os dar� la mejor pista.</p><p>��Hablemos con el profesor -sugiri� Miranda, y se dirigieron a su despacho.</p><p>Despu�s de las presentaciones, el profesor Austin examin� la tierra y ley� las conclusiones del informe. Miranda esperaba conteniendo la respiraci�n. Seguro que llegaban a algo. �l les dir�a exactamente de d�nde proven�a esa tierra o arcilla.</p><p>��Est� claro que no es de Montana -dijo el profesor, con total seguridad-. Tampoco es de Nuevo M�xico ni de Arizona. Me atrever�a a decir, por mi experiencia, que es de Utah. O, posiblemente, del oeste de Colorado.</p><p>Miranda herv�a de emoci�n.</p><p>��Estupendo. Ahora s�lo tenemos que comprobar si uno de los hombres de la lista ha viajado recientemente a Utah o a Colorado. Vamos.</p><p>Miranda se sent�a a la vez entusiasmada y aprensiva. �Hab�a llegado el momento! Ahora contaban con una pista de verdad. Algo tangible de su b�squeda en la barraca del bosque donde hab�a estado Rebecca. �Por qu� estaba tan nerviosa?</p><p>��Antes de que te vayas -dijo Olivia-, el doctor Fields y yo hemos analizado las muestras de las pruebas del asesinato de las hermanas Croft. Se encontr� la misma arcilla roja en el colch�n. Una peque�a cantidad, aunque las pruebas arrojan una coincidencia del ochenta y siete por ciento. La he enviado a Quantico para que vuelvan a analizarla, pero al menos es algo concreto que se puede relacionar con el homicidio de Rebecca Douglas.</p><p>���De modo que buscamos a alguien que ha estado en Utah o en Colorado recientemente y tambi�n hace tres a�os? -inquiri� Miranda.</p><p>��Exactamente -dijo Quinn-. Tenemos que volver al despacho. Si conseguimos definir mejor la lista de nombres, podremos empezar hoy mismo con los interrogatorios.</p><p>El profesor Austin busc� entre los papeles de su mesa y sac� un mapa de Estados Unidos. Miranda se qued� asombrada ante la cantidad de documentos que ten�a al alcance de la mano y que no perdiera ni uno en medio de tanto desorden.</p><p>��Perm�tame que delimite la regi�n. -Con un bol�grafo rojo, marc� un territorio que inclu�a la mayor parte de Utah y la regi�n del noroeste de Colorado.</p><p>��Gracias, profesor -dijo Quinn, cogiendo el mapa.</p><p>��Glen. Me llamo Glen.</p><p>��Gracias, Glen. Esto nos ayudar� enormemente. -Pleg� el mapa y se lo guard� en el bolsillo, justo cuando sonaba su m�vil.</p><p>��Perd�n -dijo, y se apart� unos metros.</p><p>Miranda escuchaba a medias a Olivia y al doctor Fields mientras observaba que la expresi�n de Quinn se endurec�a. �ste apag� el m�vil con un gesto seco y cruz� una mirada con ella.</p><p>��Han encontrado la camioneta de Nick -dijo, intentando contener la emoci�n.</p><p>��Y �Nick? -pregunt� Miranda, que ya conoc�a la respuesta.</p><p>��A �l todav�a no.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359166">Cap�tulo 26</p></title><p>El doctor Eric Fields se ofreci� para colaborar con la recogida de pruebas en la escena del crimen, as� que �l y Olivia siguieron a Quinn y a Miranda hasta la carretera donde hab�an encontrado el veh�culo de Nick. Cuando llegaron, ya hab�a una docena de coches de la oficina del sheriff aparcados al borde del camino. Dos agentes dirig�an el escaso tr�fico y alrededor de la camioneta de Nick hab�an desplegado la cinta policial.</p><p>Quinn dudaba que Nick estuviera todav�a con vida, pero no se lo dijo a Miranda.</p><p>Se preguntaba qu� andar�a buscando. �Acaso investigaba una corazonada? �Por qu� hab�a salido sin apoyo o sin dejar que al menos alguien supiera d�nde iba? �O es que quiz� se hab�a encontrado en el lugar equivocado en el momento equivocado?</p><p>Sam Harris ladraba �rdenes a sus subordinados cuando vio que Quinn y Miranda bajaban del jeep.</p><p>��Lo tengo todo bajo control -dijo el ayudante del sheriff al verlos llegar.</p><p>��Estoy seguro que as� es -dijo Quinn.</p><p>El doctor Fields se acerc�.</p><p>��Sam, me alegro de volver a verte -dijo, y le tendi� la mano.</p><p>��Doctor Fields. No sab�a que hab�a venido. -Harris parec�a algo nervioso e impresionado por la presencia del director del laboratorio.</p><p>��He acompa�ado a la doctora St. Martin por otro caso cuando nos hemos enterado de la desaparici�n del sheriff Thomas he venido para ver si puedo ayudar en algo. Volveremos a Helena en cuanto terminemos aqu� y me encargar� de acelerar el an�lisis d las pruebas. �Crees que esto tiene algo que ver con la investigaci�n del Carnicero?</p><p>A Quinn no le agradaban demasiado las concesiones que Fields hac�a a la vanidad de Harris, pero entonces cruz� una mirada con Fields. El doctor lo mir� con una leve sonrisa y Quinn tuvo que reconocer sus dotes de diplom�tico. En seguida dedujo que Fields era mayor, y m�s sabio, de lo que aparentaba.</p><p>��En este momento, no queremos precipitarnos en las conclusiones, doctor Fields -dijo Harris -. Puede que el sheriff Thomas estuviese investigando alguna pista del caso van Auden. Todav�a estamos reconstruyendo su itinerario durante el d�a de ayer.</p><p>���Puedo echarle un vistazo a su veh�culo?</p><p>��Por supuesto que s�. Ahora mismo tengo a los t�cnicos del laboratorio trabajando en ello. Estoy seguro de que estar�n agradecidos de que usted pueda supervisarlos. -Harris acompa�� a Fields hasta la camioneta de Nick.</p><p>Quinn no pudo evitar una sonrisa.</p><p>��No pens� que Fields pudiera manipular a Harris de esa manera. Parece tan� Doogie Hauser.</p><p>Olivia ri�.</p><p>��Eric tiene un curriculum impresionante y, entre otras cosas, ha dirigido el laboratorio de criminolog�a de Oklahoma City. Trabaj� en estrecha colaboraci�n con nuestra gente despu�s del atentado de mil novecientos noventa y cinco y se siente muy afortunado de contar con nuestra ayuda en su laboratorio. No es habitual que nos acojan con tanta amabilidad.</p><p>��Harris es como una piedra en el zapato -dijo Quinn.</p><p>��Cuando Nick lo nombr� primer ayudante, le dije que tendr�a problemas -a�adi� Miranda-. Harris fue su rival en las elecciones.</p><p>��Eso lo explica todo.</p><p>Los ojos de Miranda se llenaron de l�grimas que no lleg� a derramar cuando mir� por el camino hacia la camioneta de Nick.</p><p>��Quinn, Nick est� muerto, �no?</p><p>��Eso no lo sabemos -dijo Quinn. Lo embargaba la tristeza al verla en ese estado. Le toc� el brazo -. Todav�a no sabemos gran cosa. Piensa en positivo.</p><p>Ella lo mir�, mordi�ndose el labio.</p><p>���Me siento tan impotente!</p><p>��Pues no tienes porqu�. Tenemos a dos agentes revisando los archivos en este mismo momento, bas�ndonos en la informaci�n que nos ha dado el profesor Austin. Una lista que quedar� reducida a unos cuantos nombres. Y dos agentes m�s que llegan esta noche. M�s temprano que tarde, tendremos noticias. Nos estamos acercando, Miranda. Vamos a atrapar a este t�o. Lo presiento.</p><p>���Antes de que mate a Ashley?</p><p>��Dios m�o, eso espero.</p><p>Veinte minutos m�s tarde, el doctor Fields llam� a Quinn. Se acercaron al coche de Fields.</p><p>���Han encontrado algo? -pregunt� Quinn.</p><p>El director del laboratorio dio un golpecito a la bolsa que llevaba.</p><p>��Voy a encargarme de las pruebas. Han limpiado el interior a fondo.</p><p>���No hay huellas dactilares?</p><p>��En el volante no hay huellas de Nick ni de nadie m�s. Ni en el salpicadero ni en las puertas. Harris ha dicho que ten�a un testigo, un camionero, el hombre que inform� sobre el veh�culo abandonado.</p><p>���Testigo? -Quinn estaba que echaba humo. Harris estaba reteniendo informaci�n valiosa. Si se obcecaba en esa actitud, Quinn estaba preparado para asumir la autoridad y detener a ese imb�cil por obstrucci�n a la justicia.</p><p>��El testigo no vio a nadie dentro ni alrededor del coche. Ven�a por este camino a la una y media de esta tarde, sigui� en direcci�n sur por la ciento noventa y uno y se detuvo a comer y echar gasolina, a unos cinco kil�metros de aqu�. Lo tiene todo registrado en su libro de viaje. Sali� del restaurante a las tres y el todoterreno del sheriff estaba aqu�. Dice que casi choc� con �l despu�s de tornar la curva. Llam� enseguida para avisar.</p><p>��Eso nos da una referencia en el tiempo. Bien. -Quinn intentaba darle un sentido a esa informaci�n-. Alguien dej� aqu� el coche de Nick. �Por qu�? Porque quer�a que lo encontraran. Lo podr�an haber dejado en un mill�n de lugares para que nadie lo viera en d�as, o qui�n sabe cu�ndo. Lo han hecho para distraer -dijo, respondiendo a su propia pregunta.</p><p>��A m� me parece razonable -dijo Fields -. Una cosa m�s. A pesar de que limpiaron el coche, he podido recoger unas muestras de tierra del acanalado del pedal de freno. A primera vista, parece el mismo tipo de arcilla que encontramos en el asesinato de Douglas. Es una muestra peque�a, menos de un gramo. No puedo decir con seguridad si son id�nticas hasta hacer unas pruebas, pero creo que por cautela deber�amos suponer que proviene del mismo lugar.</p><p>��Lo cual significa que el Carnicero tiene a Nick.</p><p>Olivia y el doctor Fields dejaron la escena junto al camino para volver a Helena. Quinn y Miranda volvieron al despacho del sheriff y, cuando llegaron, el agente Booker les pidi� que fueran a verlo.</p><p>��Tenemos cuatro posibles sospechosos -dijo; sus ojos claros saltaban de un lado a otro, emocionado -. No puedo creer que de todos esos nombres hayamos llegado a esto tan r�pido.</p><p>��Hay que seguir el rastro de las pruebas -dijo Quinn-. Todos los detalles sirven. -Cogi� la lista de manos de Booker, sabiendo que Miranda miraba por encima de su hombro.</p><p>��El primer t�o -dijo Booker- todav�a trabaja en el campus. Mitch Groggins. Es cocinero en la cafeter�a. Lleva diecisiete a�os ah�. Tiene cuarenta a�os. Su madre vive en Green River, Utah.</p><p>Quinn asinti�, con todo el cuerpo vibrando de expectaci�n. �sa era la lista. El asesino era uno de esos nombres. Lo intu�a.</p><p>���Hab�is hablado con su madre? �O averiguado si estuvo de visita recientemente?</p><p>Booker neg� con la cabeza.</p><p>��Hemos estado ocupados reduciendo la lista. No hemos tenido tiempo. Lo siento�</p><p>Quinn alz� una mano.</p><p>��Hab�is hecho lo correcto -dijo, y anot� algo en su libreta.</p><p>��El pr�ximo en la lista se licenci� un a�o despu�s de que desapareci� Penny Thompson. S�lo hac�a una asignatura con ella, de biolog�a avanzada, y no viv�a en una de las residencias universitarias. Se llama David Larsen. Abandon� la ciudad despu�s de licenciarse y aprob� un m�ster en biolog�a de la fauna salvaje en la Universidad de Denver. He mirado su expediente y est� en n�mina en la universidad.</p><p>Denver� aquello estaba en el centro de Colorado. Quinn consult� el mapa que les hab�a dejado el profesor Austin. Denver quedaba fuera de la regi�n. A�n as�, era probable que un bi�logo especializado en fauna salvaje realizara parte de su trabajo al aire libre. Se justificaba un seguimiento para averiguar si hac�a trabajo de campo.</p><p>���Qu� edad tiene? -pregunt� Quinn, buscando las hojas de datos en la carpeta elaborada por Booker.</p><p>��Treinta y siete.</p><p>��Vale. �El siguiente?</p><p>��Bryce Younger. Treinta y cinco a�os. Estaba en el primer curso cuando desapareci� Penny. Viv�an en el mismo edificio del campus, en North Hedges. La Universidad de Montana ten�a dormitorios mixtos; ya sabes, los chicos en una planta, las chicas en otra.</p><p>��Lo s� -dijo Quinn.</p><p>��As� que �l estaba una planta por debajo de Penny. Se conoc�an. Segu�an una asignatura juntos. Y luego, mira esto, es originario de Utah. Volvi� all� despu�s de licenciarse y trabaja en la construcci�n. No est� casado, no tiene hijos.</p><p>En la construcci�n. Significaba que estar�a en buena forma, capaz de neutralizar f�sicamente a una mujer.</p><p>���Hay algo que indique que haya venido a Montana recientemente?</p><p>��Su empresa de construcci�n es muy grande, tienen proyectos por todo el oeste de Estados Unidos, entre ellos la construcci�n del nuevo edificio de ciencias, en Missoula.</p><p>La Universidad de Montana en Missoula quedaba a unas dos horas al noroeste de Bozeman.</p><p>��El �ltimo tipo de la lista tiene cuarenta y cinco a�os; es un poco mayor que los dem�s. Brad Palmer. Trabajaba como auxiliar en una de las asignaturas de Penny y se march� poco despu�s de que ella desapareciera. Hab�an salido juntos. Tiene pinta de jugador de rugby. Por lo visto, consigui� una beca deportiva para jugar en Stanford, pero se lesion� la rodilla. Se gradu�, trabaj� de entrenador en el equipo de un instituto. Vino aqu� para hacer una licenciatura en ingenier�a mec�nica. Seg�n el expediente, lo interrogaron varias veces, pero no pudieron acusarlo de nada.</p><p>��Pero, mira esto -a�adi� Booker-. Vive en Grand Junction, Colorado.</p><p>Quinn mir� su mapa. Ah� estaba, Grand Junction, justo en la l�nea dibujada por el profesor Austin.</p><empty-line/><p>Miranda escuchaba c�mo Quinn tomaba el mando. Ten�a que reconocer que sab�a hacerlo.</p><p>Mir� las fotos de los cuatro hombres. Cualquiera de ellos pod�a ser el Carnicero. Sinti� que se le pon�a la carne de gallina.</p><p>Se qued� sentada en un rinc�n, absorbiendo las �rdenes de Quinn en lugar de escucharlas. Llam� a los dos agentes que esperaban esa noche y los desvi� hacia Colorado. Primero a Grand Junction, para comprobar lo del ex novio, y luego a Denver, a investigar al bi�logo.</p><p>Quinn tambi�n llam� a la polic�a de St. George; les inform� de la investigaci�n en curso y les pidi� que averiguaran algo sobre Bryce Younger. Mand� a Booker y Zachary a Missouri a investigar al propietario de la empresa de construcci�n y para saber si Younger hab�a viajado a Montana en las �ltimas tres semanas. Quinn no dejaba el tel�fono, mientras despachaba a los agentes y se preocupaba de mimar la vanidad de Sam Harris, todo a la vez.</p><p>Miranda percib�a todo aquello desde la periferia. Se concentr� en las fotos de la universidad de los cuatro hombres. Se los imagin�, uno tras otro, dispar�ndole a Sharon por la espalda. No pod�a quitarse de la cabeza la imagen de cada uno de ellos at�ndola, viol�ndola. Y luego aliment�ndola con pan y agua, como si fuera un p�jaro herido.</p><p>No hab�a querido volver a ese recuerdo pero, en realidad, ya estaba en �l. Intent� sustraerse al dolor pero, una vez rotas las barreras, �ste la arrasaba con toda su fuerza.</p><p>En el fondo, quer�a volver a casa y dejar a Quinn hacer su trabajo. �Qu� har�a ella en medio de todo aquello? Trabajaba para la oficina del sheriff, pero no era poli. Buscaba a personas perdidas. A veces las encontraba. Pero nunca olvidar�a a todas las mujeres que no hab�a encontrado, o a las que hab�a descubierto demasiado tarde.</p><p>Ahora, aunque corriera a ocultarse en la comodidad de sus mantas, el Carnicero seguir�a rondando. Ashley van Auden seguir�a atada al suelo, padeciendo fr�o y adolorida, segura de que iba a morir y de que no le importaba a nadie, despu�s de llegar a la conclusi�n de que nadie la salvar�a. Nick seguir�a desaparecido. �Estar�a muerto? <emphasis>Por favor, no.</emphasis></p><p>Pero �c�mo pod�a estar vivo? �Para qu� lo mantendr�a con vida el Carnicero? No lo har�a. Lo matar�a y abandonar�a su cuerpo. Puede que no lo encontraran hasta mucho despu�s de desenmascarar a ese asesino.</p><p>Siempre se hab�a preguntado si ser�a capaz de enfrentarse al hombre que la hab�a atacado. Despu�s de todos esos a�os, de las pesadillas y los sacrificios, quiz� finalmente estaban a punto de echarle el guante.</p><p>��Vamos -le dijo Quinn a Miranda.</p><p>Ella alz� la mirada. No se hab�a dado cuenta de que la sala se hab�a vaciado, ni de que Quinn estaba ante ella en actitud de espera.</p><p>���A d�nde?</p><p>��A la universidad. A hablar con Mitch Groggins. -Quinn mir� su reloj -. Acabo de hablar con el encargado de la cafeter�a. Groggins est� de turno hasta las nueve de la noche. Deber�amos poder hablar con �l.</p><p>���Yo? -pregunt� ella, parpadeando. �Acaso le estaba pidiendo que lo acompa�ara? �Qu� se acercara a s�lo unos metros del hombre que pod�a ser el Carnicero?</p><p>Quinn se la qued� mirando. Su rostro era inexpresivo, pero sus ojos le preguntaban: ��No has prestado atenci�n en los �ltimos diez minutos?�</p><p>��Supongo que estaba distra�da. No s� de qu� te servir�a.</p><p>Miranda quer�a ir, quer�a desesperadamente enfrentarse a los cuatro hombres y o�rlos hablar. Cerrar los ojos y escuchar la cadencia de sus voces. Sabr�a qui�n era el Carnicero porque o�a su voz en sus pesadillas.</p><p>Quiz�s hab�a llegado el momento. Si Mitch Groggins era el Carnicero, lo tendr�an entre rejas hoy mismo. �Por qu� vacilaba?</p><p>Quinn se sent� a su lado y le cogi� las manos. Estaban solos. Todos los dem�s se hab�an marchado a cumplir con las tareas asignadas. Miranda no quer�a sentirse tan in�til, tan asustada, pero no pod�a evitarlo.</p><p>��Est�s temblando -dijo Quinn, con voz queda.</p><p>���Qu� pasar� si es Groggins? Yo� -dijo, y guard� silencio-. Quiz� t� ten�as raz�n.</p><p>���Perd�n?</p><p>��Acerca de m�. No estoy hecha para trabajar en el FBI. No s� c�mo podr� enfrentarme a �l sin ponerme a gritar o sin intentar arrancarle los ojos. Siempre hab�a pensado que cuando me enterara de qui�n era el Carnicero, cuando estuviera entre rejas, podr�a ponerme delante y escupirle a la cara, decirle que le iban a inyectar veneno y que morir�a y se ir�a al infierno. Y que, de alguna manera, eso me har�a sentirme entera de nuevo.</p><p>��Miranda, yo�</p><p>��Pero -interrumpi� ella, porque no quer�a o�r disculpas ni mentiras piadosas que la aliviaran-, ahora que de verdad estamos cerca, ahora que creo por primera vez en doce a�os que lo vamos a detener, no s� si podr� mirarlo a los ojos despu�s de lo que me hizo. � La voz se le quebr� y se apart� de Quinn-. Hiciste bien en no dejar que me aceptaran en la Academia.</p><p>Quinn le cogi� el ment�n, la oblig� a mirarlo. Ella intent� contener las l�grimas, esperando ver en �l una mirada de <emphasis>ya te lo hab�a dicho yo. </emphasis>Pero, por el contrario, lo que ten�a era la mand�bula apretada y su mirada era de rabia.</p><p>��Eres capaz de hacer cualquier cosa que te propongas, Miranda. Nunca he dudado de tu fuerza ni de tu habilidad. Habr�as sido una excelente agente del FBI. S�lo que en ese momento pens� que quer�as serlo por motivos equivocados. Que nunca te habr�as contentado con que te destinaran a Florida ni a trabajar en la investigaci�n de atracos de bancos o en los casos de corrupci�n pol�tica en Washington D.C. Pensaba que s�lo te sentir�as satisfecha si fueras una agente permanente aqu�, en Montana, trabajando en esta investigaci�n.</p><p>�Quer�a que te tomaras un a�o para que pensaras seriamente en lo que necesitabas en tu carrera. Estabas tan convencida de que podr�as dar con el Carnicero en cuanto tuvieras la placa, que todas tus decisiones part�an de �l, no de ti. Yo estaba muy orgulloso de lo que hab�as conseguido en la Academia. Y t� tambi�n deber�as estar orgullosa. No s�lo fuiste una alumna excepcional all�, sino que has sido un pilar fundamental de la oficina del sheriff aqu�.</p><p>��Todo lo que he hecho, todo aquello en que me he convertido, ha sido a causa de �l. No s� qui�n soy. -Miranda intent� girarse, pero Quinn no la dej�.</p><p><emphasis>Nunca he dejado de amarte.</emphasis></p><p>Ella no merec�a estar con Quinn. Llevaba m�s de diez a�os culp�ndolo a �l de lo sucedido en la Academia, cuando lo �nico que ten�a que hacer era mirarse en un espejo para ver a la verdadera culpable.</p><p>Los ojos de Quinn se llenaron de emoci�n.</p><p>��S� muy bien qui�n eres. Y nunca he admirado a nadie tanto como a ti.</p><p>��Yo no�</p><p>��Tenemos que irnos. T� puedes hacerlo. Yo estar� ah� contigo. No dejar� que <emphasis>jam�s </emphasis>vuelva a hacerte da�o.</p><p>Miranda se dio cuenta de que asent�a. No sab�a si pod�a creer en �l, pero �l ten�a fe en ella.</p><p>Se prometi� a s� misma que no lo decepcionar�a. Ni tampoco a s� misma.</p><empty-line/><p>Mitch Groggins no era el Carnicero.</p><p>Si bien era de una estatura aproximada a su agresor, que Miranda hab�a calculado vagamente entre un metro ochenta y un metro ochenta y ocho, dato que era com�n a la mitad de los hombres mayores de dieciocho a�os, Groggins era un hombre delgado. Y no ten�a la misma constituci�n f�sica.</p><p>Sin embargo, hab�an pasado doce a�os desde que ella viera su silueta.</p><p>En cuanto escuch� su voz, un tono agudo y nasal, supo m�s all� de toda sospecha que no era el Carnicero. No supo si sentir alivio o miedo.</p><p>Por otro lado, lo hab�a conseguido. Se hab�a enfrentado a un sospechoso y no le hab�a gritado ni arrancado los ojos. Estaba aterrorizada, pero se plant� ante �l y se sinti� m�s fuerte por ello, aunque Groggins fuera inocente.</p><p>Quinn estaba preocupado por Miranda mientras conduc�a su <emphasis>jeep </emphasis>de vuelta a la hoster�a. No hac�a falta que le dijera que estaba cansada, f�sica y emocionalmente. Despu�s de haberse preparado para enfrentar a Groggins como si fuera el Carnicero, y luego descubrir que no lo era, Miranda se sent�a vac�a. Quinn deseaba ayudarla a recomponerse, estrecharla en sus brazos, ayudarle a encontrar su entereza.</p><p>�l sab�a que la valent�a no la hab�a abandonado. Ten�a la esperanza de que ella tambi�n se diera cuenta. Conocer a Groggins era el primer paso.</p><p>La polic�a de St. George, Utah, llam� a Quinn a su celular cuando estaban a medio camino de la hoster�a. Younger, el due�o de la empresa de construcci�n, se hab�a mostrado beligerante. Sin embargo, el hecho de que estuviera en Utah en ese momento lo situaba al final de la lista, si es que no lo descartaba del todo. Declar� que estaba en su despacho todo el d�a y la polic�a local se encargar�a de comprobar su coartada.</p><p>La �nica manera de que Younger pudiera volver a Utah desde Montana despu�s de que encontraran la camioneta de Nick era volando. Quinn llam� al FBI y encarg� a alguien que buscara en los vuelos con destino o salida desde Las Vegas, el aeropuerto m�s cercano, a St. George, y que hiciera lo mismo en los peque�os aeropuertos locales.</p><p>Volvi� a llamar a Colleen Thorne, su compa�era de trabajo ocasional, que ya estaba en Grand Junction para ir a ver a Palmer, el novio de Penny Thompson en el momento de su desaparici�n.</p><p>��Ahora Palmer encabeza la lista -dijo, cuando Colleen respondi� a la llamada. Le cont� lo de Groggins y Younger-. Procura actuar con cautela.</p><p>��Eso har�, pero �no crees que si es el Carnicero no estar� en casa?</p><p>��Grand Junction no queda demasiado lejos de Bozeman. Unas diez horas, quiz�. Habr� vuelto para no levantar sospechas. Pero si no est�, pondremos una orden de b�squeda para interrogarlo.</p><p>��Te contar� qu� pasa. Estamos a punto de llegar a su casa. Tambi�n he podido con el rector de la Universidad de Denver -dijo.</p><p>���Y?</p><p>��Est� muy dispuesto a echar una mano. Se pondr� en contacto con el director del departamento de biolog�a de la fauna salvaje para averiguar en qu� proyectos trabaja Larsen. Seguramente hablaremos con el director y con Larsen ma�ana por la ma�ana. Era tarde, as� que nos ha costado un poco dar con ellos. Pero tengo la direcci�n de Larsen, que tiene un peque�o piso cerca de la universidad, y una foto actualizada de su carn� de empleado. �Quieres que te la mande?</p><p>���Ahora?</p><p>��Lo tengo en mi <emphasis>Blackberry.</emphasis></p><p>Quinn sonri� y sacudi� la cabeza. </p><p>��Vaya, tecnolog�a punta. Claro, m�ndamelo a m� correo. Me lo bajar� en cuanto llegue a la hoster�a.</p><p>Colg� y dobl� por el camino de la entrada de la hoster�a. Al mirar de reojo, le pareci� que Miranda estaba dormida, aunque sab�a que no del todo.</p><p>Lo que hab�a dicho en la oficina del sheriff iba en serio, pero sab�a que ella no le cre�a. En realidad, no pod�a culparla. Miranda llevaba diez a�os elucubrando las peores fantas�as sobre por qu� Quinn hab�a hecho lo que hizo. �l intent� explic�rselo entonces pero deber�a haber perseverado. La amaba, y no deber�a haber renunciado a ella ni pensado que entrar�a en raz�n por s� sola.</p><p>Ella tuvo miedo, y estaba preocupada y enfadada. Aunque hubiese visto la verdad en aquel momento, era demasiado testaruda como para reconocerlo.</p><p>Sin embargo, parte de su fuerza resid�a en esa tenacidad. Su inquebrantable determinaci�n le ayudaba a sobrevivir. Era la base de su car�cter, la motivaci�n necesaria para seguir adelante cuando lo ten�a casi todo en contra.</p><p>A �l le fascinaba ese rasgo de ella.</p><p>Al mismo tiempo, Miranda era una mujer insegura en lo que se refer�a a sus propios puntos fuertes y sus temores, y tambi�n, en cuanto a que el miedo le ganara la partida. �C�mo convencerla de que sabr�a perseverar? �C�mo explicarle que ser un agente del FBI no anular�a su miedo?</p><p>Quinn se detuvo en la entrada y quit� la llave del contacto.</p><p>���Miranda?</p><p>���S�? -pregunt� con voz cansina.</p><p>���Has o�do mi conversaci�n con Colleen?</p><p>��S�.</p><p>���Quieres que hablemos de ello? �Tienes alguna pregunta?</p><p>��Ninguna pregunta. -Miranda call� y abri� los ojos -. Espero que sea uno de ellos, Quinn. Si no, habremos vuelto al comienzo.</p><p>��Es uno de ellos.</p><p>���Es la voz de la experiencia la que habla? -pregunt� ella, con un amago de sonrisa.</p><p>��No, es mi intuici�n. Escucha la tuya.</p><p>��De acuerdo -dijo ella, y fue a abrir la puerta.</p><p>��Deja que te acompa�e hasta tu caba�a -dijo �l.</p><p>Ella asinti� y lo bes� suavemente en la mejilla.</p><p>��Gracias.</p><empty-line/><p>Santo Dios, �cu�ndo acabar�a aquello?</p><p>Mucho rato despu�s de que el sol se llevara el poco calor que proyectaba sobre esa barraca oscura y h�meda y se hubiera retirado por la noche. Mucho despu�s de que el primer aullido de un coyote cortara la profunda quietud. Mucho despu�s de que Ashley dejara de llorar en su sue�o, Nick permanec�a despierto, esperando.</p><p>El Carnicero volver�a. Y �l nada pod�a hacer para proteger a Ashley.</p><p>Nunca habr�a imaginado que la noche pudiera ser tan insoportable.</p><p>Cada vez que intentaba aflojar las cuerdas de las manos, �stas se tensaban m�s y tiraban de los pies, a los que estaban atadas. Nick estaba aplastado contra la pared, y Ashley segu�a en el centro de la peque�a habitaci�n. Por fin dorm�a, por fin ten�a un poco de paz despu�s de un d�a de angustias que no cesaban.</p><p>Cuando se le despej� un poco la cabeza, Nick le pidi� a Ashley que se arrastrara hasta �l e intentara deshacerle los nudos. Pero ella estaba encadenada al suelo y no pod�a moverse. Y cada vez que �l intentaba acercarse, las ataduras se apretaban.</p><p>Nick intentaba asegurarle que encontrar�an una manera de salir. Quer�a convencerla de que sus hombres y el FBI estaban a punto de descubrir la identidad del asesino.</p><p>Pero �c�mo sabr�an d�nde mirar? Nick no sab�a qui�n era el Carnicero, s�lo que merodeaba por la propiedad de los Parker. Pod�a ser un amigo, un inquilino o un empleado de Richard Parker. O, quiz�s, un intruso. O el propio Richard Parker.</p><p>�Seguir�a Quinn sus huellas? �Ver�a lo que �l hab�a visto? No era demasiado probable. Mientras sub�a hacia las tierras de Parker, �l mismo cre�a que se hab�a lanzado tras una pista falsa. El hecho de haber nacido y crecido en el sudoeste de Montana le permit�a entender algunas cosas sobre las tierras y los registros de propiedad, pero m�s gracias a la perspectiva de la historia y de la experiencia que al seguimiento de pruebas s�lidas.</p><p>Saber que ten�a buena intuici�n no lo hac�a sentirse mejor. Iba a morir. Y Ashley tendr�a que soportar las horribles vejaciones, y luego ser�a cazada y degollada.</p><p>Ten�a que encontrar una manera de salir de ah�.</p><p>Las criaturas de la noche de repente se callaron, como si de pronto se percataran de la presencia de un depredador m�s grande y peligroso. Nick aguz� los o�dos. Alguien se acercaba a la barraca.</p><p>Al cabo de un momento, se gir� la cadena de la puerta y resonaron los eslabones. Nick sinti� que Ashley se despertaba de golpe.</p><p>��No -gimi�-. Otra vez, no.</p><p>��Tranquila -dijo �l, con voz ronca.</p><p>��No, �tranquila, no! �No puedo estar tranquila!</p><p>En la barraca hac�a un fr�o penetrante, pero cuando la puerta se abri� y el viento de la noche lleg� hasta �l como un manto g�lido, se estremeci�. Por primera vez, se dio cuenta de lo helada que deb�a estar Ashley.</p><p>La puerta se cerr�. El Carnicero no dijo palabra.</p><p>Nick oy� el claqueteo de algo met�lico, y Ashley lanz� un grito de dolor.</p><p>���Basta! �No le hagas da�o!</p><p>Nick le hablaba al violador mientras intentaba zafarse de sus cuerdas. Ashley no paraba de gritar, y luego comenz� a sollozar, hasta que un grito horrible rasg� el silencio de la noche.</p><p>El violador hablaba, tal como hab�a dicho Miranda. Alguna palabra suelta� <emphasis>m�a, para siempre�, </emphasis>con gru�idos y el ruido de un gran esfuerzo.</p><p>A Nick se le saltaron las l�grimas. De puro odio. Rabia. Impotencia. Oy� el entrechocar de las carnes desnudas mientras el Carnicero violaba a Ashley y usaba algo met�lico para pincharla. Sus pechos.</p><p>�l hab�a visto las cicatrices de Miranda. Ahora sab�a c�mo le hab�a infligido las heridas.</p><p>�C�mo hab�a sobrevivido Miranda a una tortura tan brutal? �Para luego convertirse en la mujer fuerte y valiente que era? La venda que no lo dejaba ver hab�a ca�do. Entendi� que Miranda era m�s que una v�ctima, m�s que una superviviente.</p><p>Era la vencedora.</p><p>Ashley volvi� a gritar y a sollozar. El silencio casi absoluto del Carnicero era m�s desconcertante que si lo hubiera o�do gritar obscenidades. Como si al guardar silencio se quisiera demostrar algo a s� mismo.</p><p>Nick no supo cu�nto tiempo el Carnicero sigui� torturando a Ashley. Era como si no se percatara de la presencia de �l. Ignor� todas sus s�plicas, maldiciones y acusaciones. Al final, sali�. Y cerr� la puerta con la cadena. Ashley permanec�a en silencio.</p><p>�La habr�a matado?</p><p>No, no har�a eso. La necesitaba para la caza. Quiz� se hubiera desmayado. Escuch� aguantando el aliento hasta que tuvo la seguridad de que respiraba.</p><p>Nick quer�a consolar a la chica, pero no sab�a qu� decir. �Qu� pod�a decir �l para borrar el dolor y la humillaci�n de lo que Ashley acababa de vivir?</p><p>Decidi� prepararse mentalmente para la huida. Quiz�s el Carnicero viera como un desaf�o cazar al sheriff. Nick ten�a que idear alg�n tipo de manipulaci�n psicol�gica para convencerlo de que lo soltara.</p><p><emphasis>Disparas a mujeres j�venes por la espalda. �No eres lo bastante bueno para cazar a un hombre?</emphasis></p><p><emphasis>Las mujeres son f�ciles. Lloran y tropiezan y te suplican misericordia. �Qu� hay de deportivo en eso? Si me sueltas, no podr�s alcanzarme. As� veremos si das la talla.</emphasis></p><p>Si pod�a provocar al Carnicero para que se decidiera a cazarlo, quiz� le diera a Ashley una verdadera oportunidad para escapar. Ten�a que convencerla para que corriera en la direcci�n contraria.</p><p>Y que no mirara atr�s.</p><empty-line/><p>La Puta le advirti� que no usara m�s la caba�a en caso de que el poli le hubiera contado a alguien a d�nde se dirig�a. La Puta cre�a que segu�a mandando.</p><p>A �l no le importaba dormir al aire libre. Ten�a un saco de dormir para bajas temperaturas, una manta t�rmica y caf� caliente que hab�a comprado en una gasolinera despu�s de dejar a su chica.</p><p>Era dif�cil concentrarse en ella con ese maldito poli al lado que no callaba. Pens� en matarlo y acabar de una vez� Igual, al final lo matar�a. Aunque la idea de cazar a un poli lo entusiasmaba. Ser�a una presa dif�cil. Incluso puede que tratara de atacarlo.</p><p>Pero el poli perder�a, desde luego.</p><p><emphasis>Estoy en la mejor forma posible.</emphasis></p><p>Se puso a cavilar sobre c�mo atar algunos cabos sueltos. La Puta le dijo que no pod�a tener a Miranda Moore. Eso cambiar�a. La Puta ya no mandaba.</p><p>Matar�a a la que consigui� escapar. Qu� duro hab�a sido. Lo persegu�a hasta en sus sue�os. Ah� donde ve�a su foto, hab�a una pesadilla en ciernes. �l no recordaba toda la pesadilla, s�lo que se despertaba empapado en sudor, todav�a viva la imagen de ella cort�ndole el coraz�n de un tajo para luego devorarlo, mientras �l miraba.</p><p>Y entonces se transformaba en su madre.</p><p>Se dio cuenta de que luchaba contra su saco de dormir. Se oblig� a relajarse. No pienses en <emphasis>ella. </emphasis>Ella estaba muerta, acabada. Eso estaba bien. �Por qu� habr�a de pensar en su madre?</p><p>Era Miranda. Ella era la culpable de que volvieran los malos recuerdos. La que se hab�a escapado.</p><p>La Puta no dejar�a que la matara, pero a �l ya no le importaba. Si insist�a, tambi�n le cortar�a el cuello.</p><p>Quiz� lo hiciera de todas maneras.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359167">Cap�tulo 27</p></title><p>Se<emphasis/>quedaron sentados meci�ndose en el sill�n del porche, tomando una copa de vino, mirando las sombras y escuchando los ruidos de la noche. Era casi como antes. Antes de que ella se marchara a Quantico y renunciara a su sue�o.</p><p>�Hab�a sido realmente su sue�o? �O es que hu�a de algo?</p><p>Miranda estaba convencida de que convertirse en agente activa y trabajar en labores policiales (concretamente, se trataba de convertirse en agente del FBI), le dar�a la fuerza que necesitaba para vencer sus demonios. Cre�a que si ten�a la placa, tendr�a el valor. Y que sus pesadillas se desvanecer�an.</p><p>Semanas despu�s del secuestro, tem�a que el Carnicero viniera a por ella. Que la matara mientras dorm�a. Que volviera a llev�rsela a ese lugar perdido y a perseguirla para cazarla como a una bestia. Sol�a despertarse con un grito ahogado en la garganta y dando patadas como si corriera.</p><p>Esa pesadilla se desvaneci�, pero otras la reemplazaron. Llamaba a mujeres que hab�an desaparecido. Gritaba hasta que no le quedaba voz y sent�a los pies cansados. Ca�a en una tumba sin fondo. Ca�a y ca�a� hasta que se despertaba ba�ada en un sudor fr�o.</p><p>No era su seguridad f�sica lo que le preocupaba, sino su estado mental. Mientras el Carnicero siguiera acosando a las mujeres, se adue�ar�a de sus sue�os.</p><p>���Qu� pasar� si el Carnicero no es Palmer ni Larsen? -le pregunt� a Quinn.</p><p>��Tendremos que ampliar la b�squeda. Camioneros, viajantes de comercio, o quiz�s hemos pasado por alto a alguien de la lista de la universidad. Revisaremos cada interrogatorio, cada nota, volveremos a interrogar a las personas. Olivia est� trabajando muy a fondo con esas pruebas, lo han fijado como prioridad. Si hay restos de ADN en una piedra, ella los encontrar�.</p><p>��Pero necesitamos el ADN de un sospechoso para compararlo.</p><p>��Comprendo lo duro que ser� todo esto para ti.</p><p>��Siento que ahora mismo deber�a estar all�, en el bosque. Buscando a Ashley. Y a Nick.</p><p>A Miranda le ard�an los ojos y le dol�a la cabeza de tanto mirar mapas y registros de propiedad, intentando desentra�ar qu� hab�a descubierto Nick y d�nde hab�a ido.</p><p>��Escucha, no quiero que te hagas ilusiones con la suerte de Nick -dijo Quinn, con voz temblorosa. Estaba tan preocupado por la desaparici�n de Nick como ella.</p><p>��No puedo dejar de pensar que est� vivo. �Si no, por qu� el Carnicero dejar�a abandonado el coche? Si Nick hubiera muerto, �por qu� no dejar tambi�n el cuerpo? -No lo s�. Quiz� temiera que recogi�ramos pruebas tras un an�lisis del cad�ver. Si hubo lucha, quiz� quedaran en Nick restos de la piel o la sangre del agresor. En ese caso, ser�a preferible abandonar el cuerpo donde nadie pudiera encontrarlo.</p><p>��Y entonces, �por qu� dejar el veh�culo abandonado junto al camino?</p><p>��Para distraernos. Nos obliga a dividir nuestros recursos. Si nos centramos en buscar a Nick, ya no estamos buscando a Ashley. Y si encontramos a Ashley, llegaremos al Carnicero -dijo, y se pas� una mano por el pelo-. Pero son s�lo especulaciones. Aunque el Carnicero nunca ha pretendido burlarse de la polic�a, quiz� sea su manera de decirnos que es m�s listo que nosotros. �Fijaos. Puedo matar al sheriff y no sois capaces de cogerme.�</p><p>Son� el m�vil de Quinn y Miranda se puso tensa. Las noticias a esa hora de la noche nunca eran buenas.</p><p>�l le apret� la mano y no la solt�. Ella hizo lo mismo.</p><p>��Peterson.</p><p>Miranda estaba lo bastante cerca para o�r la voz de una mujer.</p><p>��Soy Colleen. Toby y yo acabamos de visitar a Palmer. Dir�a que las probabilidades de que sea nuestro hombre son pr�cticamente nulas. El tipo tiene que comer papilla. Se queda sin aliento con s�lo caminar del sill�n hasta la nevera.</p><p>��Mierda.</p><p>��Tengo los datos del contacto en su empleo. Palmer dice que lleva varias semanas sin ausentarse ni un d�a. Est� bastante amargado por lo que le sucedi� a su novia y no le gusta la polic�a, pero creo que es inofensivo.</p><p>��Me f�o de tu intuici�n. �D�nde est�s ahora?</p><p>��Estamos de camino a Denver. Nos quedan unas dos horas. Por la ma�ana hablaremos con la jefa de departamento de Larsen. Me llam� ella directamente. Dice que Larsen ha salido a hacer trabajo de campo, pero que puede mandar a alguien a buscarlo.</p><p>���Trabajo de campo? �Qu� tipo de trabajo?</p><p>��El tipo es un especialista en� -dijo, como buscando entre sus notas-�eh, en halcones, creo. Les sigue la pista, hace seguimientos de la reproducci�n, cosas as�. Las instalaciones de investigaci�n est�n en Craig, pero Larsen trabaja cerca del Monumento Nacional Dinosaur.</p><p>���D�nde est� eso?</p><p>��Yo s� d�nde est� -dijo Miranda.</p><p>��Espera un momento, Colleen. � Quinn se volvi� hacia Miranda.</p><p>��Est� en el noroeste de Colorado. A menos de ocho horas en coche de Bozeman. Y cae de lleno en el mapa del profesor Austin.</p><p>Miranda no pod�a dormir. Llevaba horas d�ndose vueltas y vueltas.</p><p>��Esto es rid�culo -farfull�, para s�. Ech� a un lado el edred�n y se calz� las botas.</p><p>Quinn hab�a salido a medianoche despu�s de recibir una llamada de Olivia avis�ndole que la tierra encontrada en la camioneta de Nick coincid�a con la tierra de la barraca donde estuvo Rebecca. Adem�s, ten�an una huella de pie entera, talla cuarenta y tres, del suelo del veh�culo. Nick calzaba un cuarenta y cuatro.</p><p>Quinn le hab�a dicho que durmiera un poco. Le hac�a falta, y lo deseaba, pero ten�a la cabeza hecha un torbellino. Cada vez que cerraba los ojos, le ven�a el recuerdo de la peque�a foto de Larsen en su expediente universitario.</p><p>La sensaci�n era de irrealidad. Ponerle rostro al Carnicero. �Ser�a Larsen? No lo sab�a. Ahora le hab�a visto la cara, pero no pod�a decir con certeza que era <emphasis>�l.</emphasis></p><p>Casi le hab�a pedido a Quinn que se quedara a pasar la noche. Se pregunt� si acaso �l esperaba que ella se lo propusiera. Ahora deseaba haberlo hecho.</p><p>La rabia que cultiv� durante tanto tiempo parec�a haberse disipado en los �ltimos d�as. Al ver a Quinn la primera vez, se sinti� muy irritada, asombrada y preocupada de que �l viera qu� ocultaba ella detr�s de su fachada de mujer dura. Tem�a que fuera a cuestionar cada una de sus decisiones, o a censurar todo lo que dijera o hiciera.</p><p>Sin embargo, al despertarse esa ma�ana, no tem�a lo que �l pudiera decir al verla debatirse bajo la tensi�n de la investigaci�n. Al contrario, ten�a ganas de verlo.</p><p>Se puso el anorak grueso, enfund� la pistola y abandon� el calor de su caba�a. Se detuvo en el porche, respirando el aire fr�o. A pesar de estar bien abrigada, se ech� a temblar. Esa noche har�a unos siete grados. No bastaba para que la pobre Ashley se congelara, pero seguro que desear�a estar muerta.</p><p>Miranda lo hab�a deseado.</p><p>Lleg� a medio trote hasta la entrada de los empleados de la hoster�a. No se permiti� a s� misma dudar de su decisi�n. Subi� directamente por las escaleras hasta su habitaci�n y llam� a la puerta.</p><p>Quinn abri�. Llevaba unos pantalones de ch�ndal grises y nada m�s. Miranda se qued� sin aliento al ver su pecho desnudo. Cre�a haber olvidado lo guapo que era, pero no. Recordaba cada uno de los m�sculos bien definidos de su cuerpo. Ni un gramo de grasa.</p><p>Era tan perfecto ahora como lo hab�a sido a los treinta a�os.</p><p>��No pod�a dormir -dijo, con la respiraci�n un poco acelerada. El coraz�n le martilleaba, expectante. Al venir, ella sab�a lo que pasar�a. Lo que esperaba que sucediera.</p><p>Lo necesitaba. Quinn espantar�a sus demonios y la har�a sentirse protegida. Deseable. M�s como mujer y menos como v�ctima.</p><p>��Miranda�</p><p>Ella entr� y cerr� la puerta. Quinn le cogi� la mano y tir� de ella.</p><p>��No me hab�a dado cuenta de lo mucho que te a�oraba -dijo Miranda, con una voz ronca que no parec�a la suya.</p><p>��Dios m�o, c�mo te he echado de menos, Miranda -dijo �l. Y la bes�.</p><p>Esta vez, no hab�a nada de timidez en el beso. Quinn le cogi� la cara y se entreg� a ella. Ella se sinti� como si hubiera vuelto a casa.</p><p>Nunca hab�a dejado de amarlo. Quinn hab�a tenido una paciencia ejemplar con ella, y le hab�a prestado un apoyo incre�ble. Le ayud� en todo, incluyendo la recomendaci�n para la Academia a�n cuando pensara que no estaba preparada.</p><p>Los sentimientos de traici�n y miedo que experimentaba Miranda fueron barridos por ese c�lido beso. Estall� el calor. Ella no quedar�a satisfecha con un solo beso. Quer�a m�s. Lo quer�a todo.</p><p>Quer�a que �l volviera.</p><p>Quinn se apart�, la mir� y frunci� el ce�o.</p><p>���Qu� pasa? -pregunt�.</p><p>���Qu� pasa? Nada.</p><p>���Y esto? -dijo, y le sec� las l�grimas de la mejilla. Ella no se hab�a dado cuenta. Quinn se bes� los dedos h�medos, y luego la bes� en la mejilla.</p><p>��Miranda, llevo tanto tiempo deseando que vuelvas a m�.</p><p>Ella le cogi� la mano, le bes� la palma y la guard� cerca de su boca.</p><p>��Me he dado cuenta de una cosa estos �ltimos d�as. T� ten�as raz�n. Yo quer�a ingresar en el FBI por motivos equivocados. Cre�a que la placa me dar�a el valor necesario. Que ser�a un escudo contra el miedo con que viv�a cada d�a.</p><p>��Miranda, eres la persona m�s valiente que he conocido. Nunca has necesitado una placa para confirmarlo.</p><p>��Eso lo entiendo ahora. Pero no s� si ma�ana tendr� el valor si t� no est�s. Si Larsen es de verdad el Carnicero, no s� c�mo voy a enfrentarme a �l.</p><p>��No tienes que hacerlo.</p><p>Ella asinti�.</p><p>��S� que tengo que hacerlo. Iba a decir que no s� c�mo voy a enfrentarme a �l, pero lo har�. Me demostrar� a m� misma que puedo hacerlo. Pero ser� m�s f�cil si te tengo a mi lado.</p><p>Quinn la atrajo lo m�s cerca posible, envuelta como estaba en sus capas de ropa.</p><p>��Miranda, estar� ah� en todo momento.</p><p>���Me puedo quitar el anorak?</p><p>Quinn sonri� y la bes� en la frente al tiempo que le ayudaba a quitarse la chaqueta. Y el jersey. Y la blusa, hasta que se qued� en camiseta y vaqueros. Era evidente que Quinn quer�a com�rsela. Ella se sinti� arder bajo su mirada.</p><p>Se apoy� en la punta de los pies y lo bes�.</p><p>�l le sostuvo la cara con las manos y la bes� una y otra vez, como queriendo compensar todos los besos que se hab�an perdido a lo largo de los a�os. �C�mo era posible que ella hubiera renunciado a todo ese afecto? Con cada beso, volv�a a sentir esa c�lida intimidad que hab�an compartido, adem�s de la paciencia de Quinn, su apoyo. Y la primera vez que hicieron el amor.</p><p>De sus labios escap� un gemido y �l la llev� suavemente hasta la cama.</p><p>��Eres muy bella, Randy -murmur�, y sus labios le dejaron un reguero de besos en el cuello, hacia abajo y luego hacia arriba. Ella se estremeci�, como sacudida por ligeras descargas el�ctricas que le recorr�an la columna.</p><p>Miranda lo atrajo, tirando de �l, para besarlo con todas sus ganas, pero �l se demor� con ligeras caricias, paseando los dedos lentamente por sus brazos, por encima de sus pechos, y luego de vuelta. Una sensaci�n tan seductora que a ella le entraron ganas de quitarle el pantal�n del ch�ndal.</p><p>Pero estaba disfrutando de cada delicioso instante. Hab�a pasado mucho tiempo, demasiado tiempo.</p><p>Ella se estir� y le acarici� la espalda. �l la mir� con sus ojos oscuros, y le tembl� la mand�bula, tal era su deseo contenido.</p><p>��Miranda, �est�s segura?</p><p>Ella asinti�, se irgui� a medias y lo bes�.</p><p>Quinn quer�a hacerle el amor. Ahora.</p><p>Hab�an pasado m�s de diez a�os desde la primera vez y, en aquella ocasi�n, �l sab�a que ella no lo hab�a disfrutado. Miranda quer�a acabar lo m�s r�pido posible, como si quisiera demostrarse algo a s� misma. Que ella le confiara su cuerpo y alma convirti� aquello en una experiencia vibrante, y �l nunca la presion�. Pero a medida que evolucionaba la relaci�n y Miranda se encontraba m�s c�moda con �l en la cama, sus sesiones de amor se volvieron apasionadas y calientes.</p><p>Ahora, el contacto de sus dedos despertaba en �l el mismo fogoso deseo. Y, a juzgar por c�mo ella se acoplaba a �l, la estaba tocando justo donde m�s le gustaba.</p><p>Quinn le quit� los vaqueros y la delgada camiseta.</p><p>La primera vez que vio las cicatrices que el Carnicero le hab�a dejado en los pechos, no pudo disimular una rabia animal. Miranda lo interpret� como una se�al de rechazo, y �l tard� d�as en hacerle entender que no era eso.</p><p>Miranda era bella, con sus cicatrices y todo. �l la hab�a convencido de su sinceridad y su amor, pero cada vez que dejaba ver sus pechos, se pon�a tensa.</p><p>�l los bes�. Suavemente. Amorosamente. No se detuvo demasiado en su torso, sabiendo que ella no se sent�a del todo c�moda. Lo recordaba todo de Miranda. Estaba m�s delgada y se le notaban las costillas. Ojal� hubiera estado a su lado para asegurar que comiera lo debido y se mantuviera sana. Sin embargo, sus m�sculos eran duros y fibrosos. Ten�a mejor forma f�sica ahora que cuando quiso ingresar en la Academia, pero eso no lo sorprendi�.</p><p>Quinn estaba orgulloso de ella. De que hubiera trabajado tanto para llegar donde estaba. Y �ella cre�a que le faltaba valor? Miranda era la encarnaci�n misma del valor.</p><p>Miranda aguant� la respiraci�n mientras Quinn le pasaba la lengua, demor�ndose en el vientre, y sinti� las ondas maravillosas que le recorr�an el cuerpo, calent�ndola desde el interior. Quinn le mordi� las braguitas con los dientes y tir� de ellas hacia abajo, de modo que su lengua pod�a jugar con ella y provocarla, acerc�ndose cada vez m�s, sin tocarla, a aquel rinc�n donde ella anhelaba sentirlo explorar. Con manos firmes, Quinn la desnud�, acarici�ndola con la mirada.</p><p>��Eres muy bella -repiti�, y volvi� a inclinarse para besarle el muslo.</p><p>��Hazme el amor -dijo ella, con tono apremiante. Lo quer�a <emphasis>ahora.</emphasis></p><p>M�s que o�rlo, sinti� un chasquido de su boca en el interior del muslo, y la boca de Quinn baj� hasta su rodilla, su gemelo, dejando una huella de besos y calor.</p><p>Le bes� los pies y ella tembl�. Sinti� lenguas de fuego que comenzaban a arder en su centro. En m�s de un sentido, la paciencia de Quinn era admirable, pero en ese momento ella lo quer�a dentro. Haci�ndole el amor.</p><p>���Quinn! -dijo, en un susurro ahogado.</p><p>�l sigui� bes�ndole las piernas, dejando hilos de fuego. Miranda jam�s ten�a fr�o en los brazos de Quinn. Estaba caliente, se convert�a en material combustible.</p><p>Alarg� una mano hacia abajo, intentando atraerlo hasta su boca, donde pudiera hundirse en �l, convertirse en un todo con �l. Pero Quinn le separ� las piernas y con los pulgares dibuj� peque�os c�rculos por todas partes, excepto <emphasis>ah�, </emphasis>en el lugar preciso donde ella lo anhelaba.</p><p>��Quinn, estoy preparada -dijo, gimiendo y arqueando la espalda.</p><p>��Lo s� -murmur� �l, pero no hizo nada para acelerar sus primeras caricias.</p><p>Era como si quisiera volver a reconocerla por entero. Hab�a pasado tanto tiempo en el pasado tocando, acariciando y besando cada cent�metro de su piel. Ella echaba en falta esa atenci�n, su tierno afecto y su fogosa pasi�n. Mientras Quinn exploraba su cuerpo, le volvi� un alud de recuerdos de todo lo bueno que hab�an compartido. �l acept� su cuerpo maltrecho y la ayud� a volver a quererse. La hac�a sentirse c�moda consigo misma.</p><p>Quinn se acercaba, m�s� y m�s� hasta que ella se arque�, expectante. �l no la decepcion�. En cuanto acerc� la boca a su entrepierna, ella se dej� ir en un orgasmo. Una purga caliente y r�pida que la dej� jadeando como si le faltara el aire. �l le acarici� los muslos, la espalda, haci�ndola subir, luego bajar.</p><p>Le bes� el interior de los muslos, el ombligo, el vientre, los pechos, hasta llegar al cuello.</p><p>Ella se desliz� por encima de �l hasta quedar a horcajadas.</p><p>���Qu�? -pregunt� �l. Su sonrisa maliciosa qued� iluminada por el fulgor de la l�mpara en la mesa. Sin embargo, su actitud relajada contradec�a la de su cuerpo, r�gido, temblando bajo ella. Quinn la deseaba a ella tanto como ella a �l.</p><p><emphasis>Lo necesito.</emphasis></p><p>Miranda dej� de lado sus necesidades. No sab�a qu� pasar�a despu�s de esa noche. No quer�a pensar en el amanecer y en la dura realidad que traer�a consigo. No quer�a pensar en Quinn volviendo a marcharse, ni en ella volviendo a quedarse sola. Lejos de �l.</p><p>Hab�a que aprovechar el tiempo que ten�an ahora. Volver a descubrir una peque�a fracci�n de lo compartido en el pasado. Fingir que nada hab�a sucedido en los �ltimos diez a�os que pudiera separarlos.</p><p>Miranda lo bes�, y sus manos lo acariciaron como �l la hab�a tocado a ella. Quinn la estrech� con fuerza, hasta que los cuerpos se acoplaron el uno al otro. Ella se apart� un momento y le quit� los pantalones. <emphasis>Esto </emphasis>era lo que ella quer�a. Una uni�n completa.</p><p>La paciencia de Quinn empezaba a agotarse. Deseaba desesperadamente hacerle el amor. Ah� donde el sexo y el amor se funden en un todo. La mir� bajo la luz tenue de la l�mpara, con su pelo largo y oscuro cay�ndole por la cara. Parec�a una mujer salvaje de ojos grandes y luminosos. Su satisfacci�n despu�s de darle placer se convirti� r�pidamente en urgencia, y ahora gimi� cuando ella le acarici� la entrepierna y apret� con suavidad.</p><p>��Espera -dijo �l. No quer�a perder el control enseguida. Quer�a hacerle el amor, sostenerla. Tom�rselo con parsimonia. Pero si ella lo cog�a as�, no ser�a capaz de controlarse.</p><p>��Creo que no -dijo ella, con una sonrisa levemente provocadora.</p><p>�l cometi� el error de mirar y la vio inclin�ndose entre sus piernas para cogerlo en su boca en toda su plenitud. Sus labios carnosos lo rodearon y la combinaci�n de verla y sentir su boca caliente y su lengua h�meda chup�ndolo le hizo temblar la polla y lo excit� hasta el punto de no retorno.</p><p><emphasis>��Miranda.</emphasis></p><p>La levant� lentamente hasta que pudo besarla en la boca.</p><p>��Quiero hacer el amor contigo -susurr�.</p><p>��Si -respondi� ella, respirando junto a su oreja.</p><p>Quinn llevaba diez a�os so�ando con esto. Estrechar a Miranda en sus brazos, hacerle el amor. Casi parec�a un sue�o. Jam�s hab�a pensado que podr�an recuperar lo perdido.</p><p>No quer�a dejarla nunca. No quer�a seguir perdiendo el tiempo.</p><p>Dej� que ella llevara el ritmo. Igual que la primera vez, dej� que ella decidiera cu�ndo y hasta d�nde y con qu� cadencia.</p><p>Ya tendr�an tiempo para m�s en el futuro.</p><p>Qu� incre�blemente sexy era Miranda cuando abri� las piernas y lenta, casi dolorosamente, lo dej� hundirse en ella. Ten�a el pelo convertido en una melena de rizos salvajes, los p�rpados semi ca�dos y la boca entreabierta. Era una maravilla. Quinn resisti� las ganas de aumentar el ritmo al que se mov�an y acabar al instante, aunque tambi�n quer�a seguir para siempre.</p><p>Miranda respiraba entre jadeos, dejando que Quinn la penetrara hasta el fondo. Hab�a pasado mucho tiempo desde la �ltima vez que hiciera el amor, pero su primer orgasmo ya hab�a allanado el camino.</p><p>���Est�s bien? -murmur�.</p><p>Ella lo mir� desde arriba, deleit�ndose con el afecto profundo que ve�a en su expresi�n. �l estir� la mano y le acarici� los brazos.</p><p>��S� -dijo ella-. Llevo mucho tiempo esper�ndote.</p><p>Sin prisas, ella se movi� encima de �l. Arriba y abajo, disfrutando de cada sensaci�n, ascendiendo juntos hacia el orgasmo final. Ella lo sinti� tensarse por debajo, mientras segu�an movi�ndose, cada vez m�s excitados. El puro goce de fundirse nuevamente con Quinn la llev� al cl�max.</p><p>��Dios m�o, c�mo te amo -dijo Quinn, con la voz ronca, te�ida por la emoci�n y la lujuria-. C�rrete conmigo.</p><p>Aquellas dos palabras la excitaron tanto y le provocaron un orgasmo tan intenso como el contacto de sus cuerpos. A �l se le endurecieron los m�sculos, tir� de ella hacia abajo y se convirtieron en uno solo, unidos en un v�nculo que el tiempo hab�a vuelto tan fr�gil. Sin embargo, al igual que una goma el�stica, recuperaron su elasticidad en cuanto volvieron a encontrarse.</p><p>Ella no quer�a que Quinn se marchara de nuevo.</p><p>Se dej� caer contra su pecho, sinti�ndose m�s relajada que despu�s de una hora de ba�o caliente. Sus extremidades se hab�an vuelto l�quidas, y se acurruc� en el hueco de su hombro. �l la envolvi� en sus brazos, la acarici� y ella se abandon� a su calidez y su fuerza.</p><p>��Te amo, Miranda.</p><p>Plegada contra �l, apoyando la cabeza sobre su hombro, Miranda suspir�. Ella tambi�n lo amaba. Ten�a ganas de dec�rselo. Quer�a recuperar todo lo que ten�an antes de Quantico. Ojal� no hubiera viajado nunca a la Academia. Si se hubiera quedado en Montana, las cosas habr�an sido muy diferentes. Miranda habr�a vivido los �ltimos diez a�os sinti�ndose amada y protegida, como se sent�a en ese momento.</p><p>Quiz� fuera un sinsentido pensar as�. Pero a lo mejor podr�an reconstruir lo suyo. Cuando atraparan y condenaran a David Larsen, tal vez pudiera volver a compartir algo con Quinn.</p><p>Deseaba intentarlo. Pero ahora� estaba tan cansada� Se le escap� un bostezo.</p><p>Quinn se dio cuenta de que Miranda se hab�a quedado dormida al sentir que todo su cuerpo se fund�a enteramente con �l.</p><p>Tir� del edred�n para abrigarse y se la qued� mirando mientras dorm�a. Parec�a estar en paz, y �l se alegr� de poder darle una noche de sue�os serenos.</p><p>Apenas le toc� el pelo, le acarici� la mejilla. Ay, c�mo amaba a esa mujer.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359168">Cap�tulo 28</p></title><p>Cuando son� el m�vil �ste se sent� de golpe y, por la calidad de la luz, enseguida se dio cuenta de que se hab�a quedado dormido. Una r�pida mirada al reloj despertador lo confirm�: 07:45.</p><p>A su lado, Miranda se desperez�. Con el pelo derram�ndose sobre la almohada y su largo cuello incit�ndole a besarla, Quinn no quer�a otra cosa que volver a hacer el amor con ella.</p><p>El m�vil volvi� a emitir su gorjeo. La llamada del deber.</p><p>��Peterson -contest�.</p><p>��Soy Colleen. Tengo un mal presentimiento acerca de Larsen<strong>.</strong></p><p>���Qu� ha pasado?</p><p>��La directora del departamento de biolog�a de la fauna salvaje, Sarah Tyne, ha llamado al laboratorio de la universidad en Craig. Eso queda en el noroeste de Colorado. Quer�a informarse sobre los horarios de Larsen. La �ltima vez que se present� fue el lunes.</p><p>��El d�a despu�s de que encontramos el cuerpo de Rebecca.</p><p>��As� es. Dijo que pensaba volver para el seguimiento de unos halcones peregrinos. Es su especialidad. As� que uno del equipo de investigaci�n sali� hacia all� esta ma�ana.</p><p>��Y no estaba en su puesto -aventur� Quinn, sintiendo un cosquilleo en el est�mago.</p><p>��No. Adem�s de su piso en Denver, que est� vac�o, tiene una caravana perdida en alguna parte. Encontraron sus provisiones para el trabajo de campo, pero nada de Larsen. Intentaron llamarlo por radio, porque se supone que los investigadores tienen que tenerla encendida en todo momento cuando salen fuera. No hubo respuesta.</p><p>���Hab�is averiguado qu� tipo de coche o camioneta conduc�a? �Lo hab�is encontrado? -Quinn sac� su libreta y anot� un par de datos.</p><p>��Conduce una camioneta pero no tenemos los detalles. No lleva la caravana.</p><p>��Comprobar� con los registros vehiculares. Ac�rcate al lugar y veamos qu� encuentras. Si aparece, detenedlo. Lanzar� una orden de busca y captura. S�lo para interrogarlo. No quiero que se asuste. Y hacedlo discretamente. No quiero que le entre el p�nico y mate a Ashley van Auden. S�lo la ha tenido dos d�as. Es probable que todav�a est� viva.</p><p>��Vale.</p><p>��Si lo encuentras, Colleen, d�jamelo a m� -dijo Quinn, y cerr� el m�vil.</p><p>��David Larsen -dijo Miranda, con voz apagada-. Parece un nombre tan normal.</p><p>El se inclin� y, tras apartarle un mech�n de pelo, la bes� en la frente. Quer�a aliviarla del dolor, robarle sus recuerdos para que jam�s volviera a pensar en David Larsen o en las mujeres que hab�a matado. Quinn tendr�a que hablarle a Miranda de montones de buenos recuerdos para reemplazar a los malos. Ya se hab�an puesto a ello la noche anterior, pero era s�lo el comienzo.</p><p>���Est�s bien? -pregunt�.</p><p>��Estar� bien.</p><p>No sonaba como la Miranda de siempre, pero �l no insisti�. Lo har�a m�s tarde.</p><p>Volvi� a besarla y se levant� de la cama.</p><p>��Voy a la oficina del sheriff. �Quieres que te deje en la universidad?</p><p>��S�, tengo que ver c�mo le va a mi gente.</p><p>��No vayas a ninguna parte sola. <emphasis>A ninguna parte. </emphasis></p><p>��No lo har� -dijo. Sonaba distante.</p><p>��Miranda, lo encontraremos. No te pondr� la mano encima. Y, por primera vez, creo que podremos atraparlo. Antes de que muera Ashley.</p><p>��Pienso como t� -dijo ella-. Y no hay nada que quiera m�s, excepto� -dijo, y call� -. Nick. Puede que Ashley est� viva, pero �qu� sabemos de Nick? -Call� porque no pod�a seguir. Se levant� de la cama y se visti� -. Me voy a duchar y me reunir� contigo en el coche, dentro de veinte minutos.</p><p>Quinn la detuvo antes de que saliera.</p><p>��Pagar� por haber matado a Nick.</p><p>��Lo s�. Pero es como si con eso no bastara.</p><empty-line/><p>En la oficina del sheriff, lo primero que hizo Quinn fue hablar con Lance Booker.</p><p>��Booker, te tengo que pedir un favor.</p><p>��Lo que usted diga.</p><p>Buen muchacho. A Quinn no le extra�aba que a Nick le cayera bien.</p><p>���Podr�as acompa�ar a Miranda a la universidad? A cualquier lado adonde vaya, quiero que est�s cerca y le sirvas de escolta.</p><p>���Ha ocurrido algo?</p><p>��Tenemos un sospechoso. David Larsen.</p><p>���El bi�logo?</p><p>��No est� en su puesto, ha tenido una oportunidad para estar en la escena del crimen y hemos descartado a los otros tres sospechosos de la lista. Mi gente est� llevando a cabo una comprobaci�n de su historial en este momento. Te llamar� en cuanto tenga m�s informaci�n. Pero si se siente presionado de alguna manera, puede que haga algo impredecible. Y no quiero que Miranda est� a su alcance.</p><p>��No me mover� de su lado.</p><p><emphasis>Tampoco te acerques tanto, </emphasis>pens� Quinn.</p><p>��Booker, no divulgues esta informaci�n. Miranda lo sabe, pero no quiero que la prensa se entere todav�a. Hasta que tengamos m�s informaci�n.</p><p>��De acuerdo -dijo Booker, y sali�.</p><p>Quinn entr� en el despacho de Nick y no se sorprendi� demasiado al ver que Sam Harris se hab�a adue�ado de la mesa. Estaba hablando por tel�fono y le�a un fax. Quinn reconoci� el logo.</p><p>Bur� Federal de Investigaciones. Seattle. Era su oficina.</p><p>Arranc� el papel de manos del ayudante del sheriff. Era la informaci�n solicitada sobre David Larsen.</p><p><emphasis>Camioneta� modelo reciente, todoterreno. Potente. Licenciado por la Universidad de Montana� doctorado en Colorado� bi�logo especializado en fauna salvaje� </emphasis>Muy pocos detalles. Cosas que �l ya sab�a.</p><p><emphasis>Padres� fallecidos. Hermanos� una hermana. </emphasis>�Una hermana? �Qu� dec�a de su nombre, residencia, estado civil?</p><p>Harris colg� el tel�fono de golpe.</p><p>��Este fax est� dirigido a m�.</p><p>��Ha llegado a mi despacho.</p><p>��Estaba dirigido a m� -repiti� Quinn, que empezaba a perder la paciencia.</p><p>Harris se incorpor� y rode� la mesa.</p><p>��Agente Peterson, no me hab�a dicho que ten�a un sospechoso. �Qu� clase de respeto tiene usted por mi oficina?</p><p>Quinn se pas� la mano por el pelo.</p><p>��Usted sab�a que est�bamos trabajando en la lista. Acabo de recibir esta llamada sobre David Larsen, apenas hace una hora.</p><p>��Si el sheriff estuviera aqu�, lo primero que habr�a hecho es llamarlo a �l.</p><p>Era verdad. Quinn ni siquiera pens� en llamar a Sam Harris. Estaba demasiado ocupado intentando contactar con sus superiores para que le concedieran acceso inmediato a recursos e informaci�n.</p><p>��De acuerdo. Disc�lpeme.</p><p>A Harris le temblaba la mand�bula. Se puso rojo.</p><p>��Vosotros, los federales, cre�is saberlo todo. De acuerdo. Resuelva el caso sin m�. Pero lo lamentar�.</p><p>Quinn crey� que le hab�a o�do mal.</p><p>���Qu� significa eso?</p><p>��Nada -dijo Harris rotundo, y sali�.</p><p>Mierda, s�lo faltaba que se le mosqueara el poli.</p><p>��Y se supone que t� eres el diplom�tico -dijo para s�.</p><p>Quinn se acerc� a la mesa de Nick y busc� entre todos los papeles para ver si Harris se hab�a quedado con alg�n otro documento enviado por fax. No encontr� nada. Llam� al peque�o despacho de Helena y pidi� un par de agentes para los dos d�as siguientes. Necesitaba ayuda y no ten�a reparos en pedirla.</p><p>Sobre todo si estaba en juego la vida de una chica.</p><p>Su mirada se pos� sobre una peque�a foto medio oculta bajo el secante y la sac�. De hecho, era una serie de cuatro fotos. Miranda y Nick en un fotomat�n. Miranda sonre�a en todas las fotos, un poco pendiente de su aspecto, aunque era probable que nadie m�s que ella y Nick vieran jam�s esas fotos.</p><p>Por su parte, Nick estaba m�s animado. Primero con una ancha sonrisa, luego con una expresi�n jocosa y, en la tercera, poni�ndole orejas de burro a Miranda.</p><p>En la �ltima foto, �l la miraba a ella. Por la intensidad de esa mirada, Quinn supo que Nick la hab�a amado.</p><p>Todos los celos que en su momento sinti� por la relaci�n amorosa y la amistad de Nick con Miranda se desvanecieron. Lo embarg� una emoci�n que le dej� un nudo en la garganta al pensar que su amigo tal vez habr�a muerto.</p><p>Un solo error y Nick hab�a pagado con su vida. No era justo, y Quinn se jur� que har�a pagar a Larsen, no s�lo por las mujeres que hab�a matado y lo que le hab�a hecho a Miranda sino tambi�n por Nick.</p><p>Se guard� las fotos en la cartera, para entreg�rselas a Miranda, y entonces sali� a hablar con los agentes y asignar las tareas.</p><p>Hab�a mucho terreno que cubrir y poco tiempo.</p><empty-line/><p>Miranda ten�a seis agentes asignados a la Unidad de B�squeda y Rescate, y mand� a uno de ellos con dos voluntarios a la zona al sur de la autopista de Gallatin. Quinn ya estaba ah� y hab�a informado a todos a prop�sito de David Larsen, recalcando que deb�an proceder con cautela. <emphasis>No hay que perseguirlo. </emphasis>Su misi�n consist�a en encontrar con vida a Ashley y rescatarla, no en detener a un sospechoso.</p><p>Tambi�n insisti� en que buscaban a Larsen para interrogarlo aunque todos sab�an lo que eso significaba.</p><p>Era el primer sospechoso que ten�an en doce a�os.</p><p>Miranda no ten�a grandes esperanzas de que su equipo encontrara a Ashley, pero cumplir con lo requerido le ayudaba a olvidar que conoc�a la identidad del Carnicero. Cuando todos salieron y se encontr� sola, se dej� caer en una silla y cerr� los ojos.</p><p>Y vio su imagen.</p><p>S�lo hab�a visto esa foto de Larsen, pero le resultaba f�cil trasladarla al hombre sin cara que la hab�a torturado. Al hombre que le hab�a disparado a Sharon por la espalda.</p><p><emphasis>Corred. �Corred!</emphasis></p><p>Nunca hab�a visto a David Larsen. Recordar�a su cara. Pero conoc�a su voz, ese tono hueco, cruel en su ausencia absoluta de emoci�n. Sus palabras y sus actos no se correspond�an con ese tono distante, casi aburrido.</p><p>Estaba segura de que nunca lo hab�a visto porque un coraz�n despreciable como el suyo no pasar�a desapercibido. Ten�a la cara marcada por el odio hacia las mujeres.</p><p>Sin embargo, en la foto, David Larsen no parec�a un individuo perverso ni consumido por el odio. Ten�a la cara de un hombre normal y corriente. Superficialmente agradable. <emphasis>Normal.</emphasis></p><p>El Carnicero era cualquier cosa menos normal.</p><p>Record� una lecci�n b�blica de su padre. Que el mal pod�a ocultarse en la belleza, que los corazones negros a veces se revest�an de compasi�n. El mal no anunciaba con tarjetas su visita inminente. El mal iba y ven�a con una sonrisa, sonriendo a las vidas destruidas que dejaba en su estela. La serpiente que hab�a seducido a Eva para que probara del fruto prohibido no pod�a haber sido una criatura repulsiva porque ella habr�a huido aterrorizada. No, la serpiente ten�a que haber sido un ser hermoso, algo que se ganaba f�cilmente la confianza de todos. No te f�es de las apariencias.</p><p>El mal se esconde bajo la superficie.</p><p>���Miranda?</p><p>Miranda peg� un salto y se llev� la mano al arma, todo al mismo tiempo.</p><p>Era el agente Booker.</p><p>��Mierda, Lance.</p><p>��No era mi intenci�n asustarla.</p><p>��No me has asustado. -La hab�a aterrorizado. Sentada ah� sola, pensando en el Carnicero. Y en David Larsen y en Sharon� � �En qu� puedo ayudarte?</p><p>��El agente Peterson me ha pedido que hoy me quede con usted. Ya sabe, como no han encontrado a Larsen, ni nada.</p><p>La semana anterior, la habr�a enfurecido la protecci�n de Quinn. Ella no s�lo era capaz de defenderse sola del Carnicero, sino de defenderlos a todos, del Carnicero y de cualquier otro mal que se atreviera a poner un pie en sus tierras de Montana.</p><p>Pero aunque supiera defensa personal, y entrenara a un grupo de mujeres en la universidad, se mantuviera en buena forma f�sica y pudiera orientarse en cualquier punto del condado, la sola idea de enfrentarse a David Larsen en persona la paralizaba.</p><p>��Gracias, Lance -dijo.</p><p>Cruz� hasta el mapa en la pared y se qued� mirando, haciendo acopio de valor para superar las horas que quedaban del d�a. Si encontraban a Larsen, �los llevar�a hasta Ashley? �Les dir�a d�nde estaba Nick? �Si estaba vivo o muerto?</p><p>�Qu� buscaba Nick en la oficina del Registro de la Propiedad? Hab�a consultado los t�tulos de propiedad de todas las tierras de la regi�n. Incluyendo la de su padre, seg�n observ� cuando ella y Quinn los revisaban. Nada le llam� la atenci�n. �Qu� le habr�a llamado tanto la atenci�n como para que arriesgara la vida en su investigaci�n? Tiene que haber pensado que no era peligroso, o no habr�a acudido solo.</p><p>A�oraba a Nick. Ojal� le hubiera dicho que lamentaba que las cosas no hubieran funcionado entre ellos. Ella nunca dese� hacerle da�o. �l se port� muy bien con ella. Le dio todo el espacio que necesitaba, la dej� seguir con su trabajo y la apoy� en todo lo que hac�a. El problema era que ella no lo hab�a amado como �l a ella.</p><p>Como ella amaba a Quinn.</p><p>Sinti� una especie de calorcillo al recordar c�mo la tocaba. Con ternura. Lentamente. No hab�a olvidado d�nde le gustaba que la tocara. Tampoco hab�a olvidado lo sensible que era ella con las cicatrices de sus pechos, c�mo le gustaba ponerse encima, todos esos peque�os detalles que se hab�an ido forjando desde el terror que le infundiera aquel desequilibrado. Un terror que hab�a durado una semana.</p><p>Con Quinn se relajaba y se entregaba tal cual era, de buena gana y con alegr�a. Cuando hac�an el amor, eran compa�eros.</p><p>Hab�a estado a punto de decirle que lo amaba. Ten�a toda la intenci�n. Pero no le sal�an las palabras. Una parte de ella se resist�a y Miranda no sab�a por qu�.</p><p>Quinn dec�a que la conoc�a. �C�mo era posible que la conociera tan bien si ella todav�a luchaba por conocerse a s� misma? As� que se mordi� la lengua y guard� silencio, aunque sus palabras fueran sinceras y aunque quisiera pedirle a Quinn que nunca volviera a marcharse.</p><p>Quiz�s, al final, �se fuera su mayor temor, que �l volviera a dejarla. No era nada f�cil convivir con ella, eso lo sab�a, y a veces se mostraba deliberadamente conflictiva para que la gente no se le acercara demasiado. Era m�s f�cil mantener a las personas a cierta distancia que mostrar la propia vulnerabilidad.</p><p>La gente perec�a de muertes violentas. La lucha de su madre contra el c�ncer. El asesinato de Sharon. Y, ahora, la probable desaparici�n de Nick. Todos muertos.</p><p>�Qu� har�a ella si algo le pasaba a Quinn?</p><p>Quinn llam� a su despacho en Seattle para hablar con Bonnie Blair, una especialista en investigaci�n de antecedentes. Si hab�a algo que descubrir sobre David Larsen, Bonnie lo encontrar�a.</p><p>��Hola, Bonnie. He recibido tu informe. No hay gran cosa. �Qu� te parece si echas mano de tus procedimientos m�gicos para encontrar alguna otra cosa?</p><p>Sigui� un largo silencio.</p><p>���Qu� m�s quieres? -Bonnie sonaba un poco irritada.</p><p>��Bueno, para empezar quisiera saber el nombre de los padres, su hermana, d�nde naci�</p><p>Bonnie lo interrumpi�.</p><p>��Todo eso estaba en mi informe. Te he mandado diecis�is p�ginas.</p><p>���Diecis�is? Yo recib� una. � Sam Harris. Ten�a que haberlas cogido �l. Pero �por qu�?</p><p>�Habr�a algo en esas p�ginas de fax que Harris quisiera ocultar? �O quer�a proteger a alguien?</p><p>��Lo siento, Bonnie. �Te importar�a mand�rmelo de nuevo? Me quedar� aqu�, esperando junto al fax.</p><p>��Lo har� por ti. Pero que sepas que aqu� estar�, esperando una caja de bombones en mi mesa cuando vuelvas.</p><p>��Vale.</p><p>Abri� la puerta y le hizo se�as al sargento de guardia para que viniera al despacho de Nick.</p><p>��Sargento, por favor, localice a Sam Harris y d�gale que vuelva a la comisar�a, <emphasis>inmediatamente.</emphasis></p><p>El sargento frunci� el ce�o pero no dijo nada. Fue hasta la mesa principal y cogi� el tel�fono.</p><p>Quinn ya estaba de vuelta en el despacho de Nick cuando empez� a llegar la primera p�gina del fax. Era la p�gina que �l ya ten�a.</p><p>Siguieron otras quince. A medida que fueron saliendo del fax, Quinn vio c�mo se configuraba ante �l la vida de un asesino en serie.</p><p>Nacido y crecido en Portland, Oreg�n. El padre, Kyle Larsen, abandon� a la familia cuando David ten�a tres a�os y, al parecer, dej� de tener contacto con ellos. Muri� nueve a�os m�s tarde en una trifulca por drogas que acab� mal.</p><p>Madre maltratadora� Los Servicios de Protecci�n del Menor tuvieron que sacar a David de su casa en dos ocasiones, pero las dos veces lo hab�an devuelto. Bonnie se�alaba que tendr�an que pedir los expedientes a los tribunales.</p><p>Dos delitos cometidos en la adolescencia. De eso tambi�n tendr�an que pedir los expedientes.</p><p>Una detenci�n por violaci�n a los dieciocho a�os. Interesante, David cursaba primer a�o en la universidad Lewis and Clark, en Oreg�n. Lo detuvieron por violaci�n, pero la v�ctima se retract�. �l se aferr� a la coartada de que hab�a pasado la noche en casa de su hermana, dato que su hermana confirm�. �Acaso la v�ctima qued� tan traumatizada que renunci� a llevar el juicio adelante?</p><p>Un detalle le llam� la atenci�n a Nick. Los pechos de la v�ctima quedaron marcados de por vida con un cuchillo.</p><p>Todo encajaba. Un hogar sin padre, una madre maltratadora, que probablemente abusaba sexualmente de �l. Tendr�a que ver los archivos de los Servicios de Protecci�n del Menor. Crece en un ambiente dominado por mujeres. La madre lo acosa. Los pechos son a la vez un objeto sexual y un objeto maternal. David se ensa�aba con los pechos de sus v�ctimas como hubiera querido hacer con su madre.</p><p>Su hermana mayor se convirti� en su tutora despu�s de la muerte de su madre. Se defini� oficialmente la causa de la muerte como �accidental�. Su hermana le sirvi� de coartada ante la acusaci�n de violaci�n. O la hermana lo proteg�a o David la ten�a aterrorizada. O ambas cosas a la vez.</p><p>La hermana� hermana. Quinn sigui� hojeando el expediente.</p><p><emphasis>Delilah Larsen.</emphasis></p><p>Delilah. �D�nde hab�a o�do ese nombre recientemente? Richard Parker. Su mujer se llamaba Delilah. El nombre era tan poco com�n que ten�a que ser ella. Desde luego, Delilah Parker no parec�a una v�ctima, aunque Quinn sab�a que las apariencias pod�an enga�ar. S�lo la hab�a visto esa �nica vez, y la habr�a definido como meticulosa, organizada e inteligente.</p><p>Sin embargo, hasta las mujeres m�s distinguidas pod�an ser v�ctimas de abusos y manipulaciones por parte de una persona a la que amaban o tem�an. Quinn tendr�a que proceder con cuidado con los Parker.</p><p>Si Delilah Parker no sospechaba que su hermano era peligroso, quiz�s era porque no quer�a reconocerlo, y puede que intentara advertirle de la investigaci�n. Quinn conoc�a varios casos en que un pariente cercano, un amigo o amante no cre�an que alguien en quien ellos confiaban pod�a ser un asesino.</p><p>Por otro lado, si estaba al corriente de lo que David Larsen hac�a con esas mujeres, estaban ante una din�mica del todo diferente. Era evidente que no hab�a acudido a la polic�a a denunciar sus sospechas. Quiz�s �l abusara de ella y la manipulara, y luego quiz�s la convenciera para que lo protegiera. O quiz�s fuera c�mplice de sus actividades.</p><p>Hab�a que vigilar de cerca a Delilah Parker.</p><p>Quinn ley� el resto del informe y encontr� la confirmaci�n que necesitaba.</p><p>Despu�s de que se retirara la acusaci�n de violaci�n, David Larsen ingres� en la Universidad de Montana y se fue a vivir con su hermana, que cogi� un empleo como secretaria en el despacho de la Junta de Supervisores.</p><p>Richard Parker era supervisor durante la �poca en que ella estaba ah�.</p><p>Sam Harris se hab�a llevado el informe para prevenir a Parker a prop�sito de su cu�ado. Parker era un juez influyente, pero �en qu� estar�a pensando Harris? Poner en peligro toda la investigaci�n s�lo por salvar el prestigio pol�tico de alguien?</p><p>A menos que su intenci�n fuera averiguar el paradero de David Larsen gracias a su hermana, creyendo que �l solo ser�a capaz de atraparlo.</p><p>�El muy imb�cil!</p><p>Quinn dio un salto. Llam� al sargento de guardia.</p><p>���Ha encontrado a Harris?</p><p>��No, se�or.</p><p>��Siga intent�ndolo. �Qui�n est� libre ahora para acompa�arme en una salida?</p><p>��Estamos muy escasos de personal, se�or -dijo el sargento, mirando su hoja-. Puedo llamar a Jorgensen. Hoy est� en tr�fico.</p><p>��Ll�melo.</p><p>Ryan Parker estaba jugando con un videojuego en el sal�n despu�s de comer cuando lleg� un coche de la oficina del sheriff y estacion� en la entrada. Al cabo de un rato, entr� su madre.</p><p>��Ryan, por favor, recoge y vete a tu habitaci�n. Tenemos visita. Ryan apag� el videojuego, aunque estaba a punto de derrotar a Darth Maul.</p><p>��S�lo es Sam -dijo su padre, desde su mesa frente a los grandes ventanales.</p><p>��Richard -fue lo �nico que dijo su madre, pero le lanz� <emphasis>la</emphasis><emphasis>mirada. </emphasis>Esa mirada que dec�a <emphasis>no discutas conmigo </emphasis>y que Ryan conoc�a muy bien.</p><p>Ryan guard� el videojuego, cerr� los armarios y subi�. Abri� y cerr� la puerta de su habitaci�n, para que su madre pensara que la hab�a obedecido. Pero en lugar de quedarse en su habitaci�n, volvi� de puntillas hasta lo alto de la escalera donde pod�a o�r sin que lo vieran.</p><p>El chico se enteraba de muchas cosas con ese sistema.</p><p>��Me gustar�a haber venido en circunstancias m�s agradables � dijo Sam Harris.</p><p>���Algo relacionado con la chica que fue asesinada? -pregunt� su padre.</p><p>��No es nada f�cil decir esto, y por eso le he pedido a mi agente que se quede en el coche. Creo que conviene que puedan pensar en c�mo est�n las cosas, sin nadie por en medio que quiera usar la informaci�n para perjudicarle en su carrera, juez.</p><p>���Qu� intenta decirme?</p><p>Ryan reconoci� ese tono de irritaci�n. A su padre no le gustaban los �lameculos�, como �l los llamaba. Se refer�a a esa gente que intentaba ser su amigo por lo que �l hac�a, no por lo que era. Como su padre era juez, una posici�n importante, dec�a que mucha gente intentaba lamerle el culo, y �l los despreciaba por eso.</p><p>��Ir� directamente al grano -dijo Sam-. El FBI viene hacia aqu� para interrogar a su cu�ado, David Larsen. Es el principal sospechoso en la investigaci�n del Carnicero.</p><p>���Davy? No me lo puedo creer -dijo su padre.</p><p>�El t�o Davy? <emphasis>�El Carnicero? </emphasis>Ryan se dej� caer contra la pared. Eso significaba que hab�a matado a esa chica universitaria que �l encontr� la semana anterior, la chica que no lo dejaba tranquilo en sus sue�os, mir�ndolo fijo con su cara de ciervo muerto.</p><p>El t�o Davy, no. Le llevaba a pescar todos los veranos. Mam� los acompa�aba a la caba�a del lago Big Sky, aunque a ella no le gustaba pescar. El t�o Davy lo sab�a todo sobre los p�jaros, los �rboles y los animales. Le hab�a ense�ado a distinguir entre las bayas comestibles y las que pod�an matarlo.</p><p>El t�o Davy lo escuchaba, y lo escuchaba de verdad. Ryan no pod�a hablar con nadie acerca de sus padres, sobre todo de su madre. Ryan pensaba que ella no lo quer�a de verdad. Bueno, seguro que lo quer�a (todas las madres quieren a sus hijos), pero todo lo que ella hac�a por �l, desde las galletas al horno hasta lavarle la ropa o reunirse con su profesor, eran cosas que hac�a por obligaci�n. Como si tuviera una lista de �C�mo ser una buena mam�.</p><p>Su t�o lo entend�a todo.</p><p><emphasis>��A Delilah no le cae bien nadie -le confes� a Ryan en una ocasi�n. </emphasis>Y cuando se lo dijo, �l supo que era verdad.</p><p>Ryan se perdi� una parte de la conversaci�n en la planta baja, y aguz� el o�do. Su madre dec�a algo, pero en voz tan baja que �l no consigui� entender.</p><p>��Lo lamento de verdad, se�ora Parker. S� que se habr� llevado una sorpresa desagradable, y por eso quer�a que lo supiera antes de que se entere la prensa. Intento mantenerlo en secreto todo lo que puedo, pero usted ya sabe c�mo son los federales. No son m�s que una jaur�a de lobos a la caza de la fama medi�tica, y s�lo quieren salir en la foto. Y si para eso tienen que perjudicar a personas respetables como usted, les importa un comino.</p><p>��Estar� en contacto con mi abogado. Davy tendr� una buena defensa con mis abogados, Sam.</p><p>��Ya entiendo.</p><p>El agente sali� y, al principio, Ryan s�lo oy� voces apagadas.</p><p>���T� lo sab�as? -Su padre levant� la voz. Su padre nunca le hablaba a su madre en ese tono.</p><p>��No -dijo su madre-. Davy no tiene nada que ver con lo que ocurri� con esas chicas.</p><p>��Mierda, Delilah, esto es un problema gordo.</p><p>��Ya sabes c�mo es el FBI. Siempre intentando colgarle el sambenito a alguien.</p><p>��Eso no te lo crees ni t�.</p><p>��Davy no tiene nada que ver con esto.</p><p>��Me gustar�a creerte. Tengo que ponerme en contacto con mis abogados.</p><p>Ryan baj� por las escaleras de atr�s y sali� por la puerta de la cocina, cuidando de cerrar suavemente. Ech� a correr hacia el establo y no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que las l�grimas le nublaron la vista.</p><p>�Por qu� habr�a de pensar la polic�a que el t�o Davy hab�a matado a esas personas si no era verdad?</p><p>�l hab�a visto al t�o Davy la noche anterior, acampando en el prado trasero de la finca. Aquello no le extra��, porque sab�a que a su t�o le gustaba dormir al aire libre. Sol�a venir a menudo, y acampaba o se quedaba en la caba�a. Pero Davy sol�a enterarse de antemano cuando el t�o Davy los visitaba.</p><p>Su madre no hab�a avisado la noche anterior que ven�a. Quiz� no lo supiera.</p><p>Ryan ensill� a Ranger en silencio y sali� con �l del establo caminando hasta alejarse de casa, y s�lo entonces lo mont�.</p><p>No sab�a qu� hacer. Quer�a prevenir al t�o Davy y decirle que la polic�a se equivocaba.</p><p>Y �si no se equivocaba?</p><p>El campamento quedaba a un kil�metro y medio de la casa. El t�o Davy ya hab�a acampado ah� en otras ocasiones, as� que Ryan sab�a exactamente d�nde estaba. Pero al acercarse no vio a nadie.</p><p>Vio que ten�a material guardado, disimulado cuidadosamente en el interior de un tronco podrido de un pino ponderosa. Ryan frunci� el ce�o. �Por qu� su t�o no hab�a venido a casa a desayunar como sol�a hacer cuando acampaba? �D�nde estaba ahora?</p><p>Vio las huellas de unas botas que se dirig�an hacia abajo, donde la quebrada conformaba el l�mite occidental de la finca de los Parker. A Ryan le ten�an prohibido ir all� abajo, pero lo hab�a hecho muchas veces. Hab�a una tartera muy guapa. �l, Sean y Timmy sol�an ir cuando cre�an que no se enterar�an sus madres. Sin embargo, las laderas empinadas y las abruptas depresiones del terreno lo convert�an en un lugar peligroso, sobre todo para Ranger.</p><p>A�n as�, �l sab�a d�nde pisaba. Tendr�a cuidado.</p><p>Estaba a punto de desmontar cuando el ruido de un movimiento lo detuvo. Alguien sub�a por la escarpada ladera.</p><p>���T�o Davy?</p><p>Su t�o apareci� al mismo tiempo que cog�a el rifle que llevaba en bandolera.</p><p>Fue entonces cuando Ryan se fij� en la hebilla del cintur�n de su t�o. �Por qu� le parec�a tan rara?</p><p>Entonces comprendi�. El t�o Davy siempre llevaba la hebilla con el p�jaro. Igual a la que hab�a encontrado en el bosque cerca de la chica muerta. S�lo que ahora la hebilla del cintur�n hab�a desaparecido.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359169">Cap�tulo 29</p></title><p>Quinn llam� a Miranda mientras conduc�a de Bozeman al rancho de Parker. Tamborileaba sobre el volante, ansioso de llegar cuanto antes, con la inquietante sensaci�n de que el camino se le estaba haciendo eterno. Hab�a mucho terreno que cubrir bajo el �Big Sky�. Le inform� sobre las conexiones familiares de David Larsen. Ella no dijo palabra durante un rato largo.</p><p>���Est�s seguro? -pregunt� finalmente.</p><p>��S�.</p><p>��Y �ellos no lo sab�an? -inquiri� ella, con voz temblorosa.</p><p>���l no vive con ellos. Es muy probable que no sepan nada de sus andanzas. Pero� -�Cu�nto m�s deb�a contarle?</p><p>��Pero �qu�?</p><p>Ten�a que confiar en ella y contarle la verdad. Tarde o temprano, todo se acabar�a sabiendo.</p><p>��Larsen fue detenido por violaci�n a los dieciocho a�os. Se levantaron los cargos en su contra porque la v�ctima se neg� a declarar. La hermana de Larsen, Delilah, fue su coartada.</p><p>��Y �t� crees que era culpable?</p><p>�l respondi� con un suspiro largo.</p><p>��S�, lo creo. -Le dijo por qu�-. La chica ten�a los pechos cortados.</p><p>��Y �su hermana minti� por �l?</p><p>��No sabemos qu� ocurri� en ese momento. Puede que �l la haya amenazado, o manipulado. Quiz� su hermana minti� porque lo cre�a inocente y �l no ten�a una buena coartada. No podremos saberlo hasta que haya hablado con ella. Y es lo que voy a hacer ahora mismo.</p><p>��No puedo creer que una mujer acceda a proteger a un violador. Tendr�a que estar enferma, igual que �l.</p><p>���Todav�a est�s en la universidad?</p><p>��No. Booker me ha tra�do a la hoster�a hace una hora. Me estaba volviendo loca de impaciencia. Hemos salido a investigar una zona que queda al sur de aqu�. Tengo que hacer algo.</p><p>��Puedes comunicarte con todos los equipos de rescate, �no?</p><p>��Tenemos una frecuencia para nosotros.</p><p>��Vale. Si logro averiguar algo con los Parker acerca del lugar d�nde Larsen podr�a tener oculta a Ashley, cambiaremos de direcci�n y reuniremos a todo el mundo. Qu�date en la hoster�a un rato m�s, �vale?</p><p>Ella guard� silencio.</p><p>���No quieres que salga?</p><p>��No es porque crea que no puedes hacer el trabajo, Miranda, sino porque tengo que ponerme en contacto contigo.</p><p>��Tienes raz�n. Lo siento.</p><p>��No digas nada sobre la conexi�n con los Parker todav�a. Es probable que Sam Harris ya lo haya contado todo, pero lo intentar� de todas formas.</p><p>���Harris! �Qu� ha hecho?</p><p>Quinn le cont� lo del fax.</p><p>��No contesta a las llamadas del buz�n de voz y he dado �rdenes de detenerlo a todos los polic�as o perder�n la placa. Harris est� obstruyendo la justicia y no lo dejar� salirse con la suya.</p><p>A Miranda no le extra�aba que Harris intentara actuar en solitario. Siempre hab�a sido una bala perdida. Ojal� Nick tuviera un ayudante mejor.</p><p>Puso a Booker al corriente de los detalles mientras caminaban del restaurante de la hoster�a a su caba�a. Estaba demasiado nerviosa para quedarse quieta, y esperaba que Quinn la llamara pronto.</p><p>Oy� el galope de un caballo en el camino que ven�a recto hacia ella. Se gir� y vio a un chico en una montura exhausta.</p><p>Ryan Parker.</p><p>���Anda! -dijo Booker.</p><p>Ryan se detuvo y desmont�. Jadeaba casi tanto como el pobre animal.</p><p>���Qu� pasa? -pregunt� Miranda. La enorme propiedad de los Parker casi rodeaba la totalidad de las tierras de los Moore, pero el rancho mismo quedaba a varios kil�metros hacia el sur-. �Has venido hasta aqu� desde tu casa?</p><p>��Mi� mi t�o.</p><p>El t�o de Ryan era David Larsen.</p><p>���Qu� pasa con tu t�o? -Miranda se sorprendi� al ver que su voz sonaba normal.</p><p>��Lo supe�, lo supe -repet�a Ryan-, en cuanto vi la hebilla de su cintur�n.</p><p>��Espera un momento. -Miranda hurg� en su mochila y sac� una botella de agua, que le tendi� al muchacho-. Echa un trago de agua.</p><p>�l obedeci�, tosi� y bebi� otro poco. Se sent� en una peque�a roca al lado del camino y se vaci� el resto de la botella sobre la cabeza. Miranda se sent� a su lado.</p><p>���Qu� ha pasado, Ryan?</p><p>��Lo he o�do todo. Sam Harris les ha contado a mis padres que el t�o Davy es el Carnicero. Pero yo no le cre�a. Quiero decir, �l es mi amigo.</p><p>Miranda se compadeci� del pobre chico. El mundo se le ven�a abajo, como le hab�a sucedido a ella.</p><p>��Anoche vi al t�o Davy. Est� acampando en el prado del sur. A veces hace eso. O usa la caba�a.</p><p>���La caba�a?</p><p>��Tenemos una caba�a, justo al lado del lago Big Sky. Salimos a pescar y cosas as�. El t�o Davy se aloja all�.</p><p>���Sabes d�nde queda?</p><p>��Claro -dijo �l, y les dio las coordenadas del lugar.</p><p>��Quiz�s est� ah� -le dijo Miranda a Booker-. Tenemos que llamar a Quinn.</p><p>Ryan neg� en�rgicamente con un gesto de la cabeza.</p><p>��No, no est� ah�. Yo lo he visto. Y la hebilla.</p><p>���Qu� hebilla?</p><p>��Me pareci� que la hab�a visto antes. El p�jaro. Pero no recordaba d�nde. Y entonces lo vi a �l, que ven�a de la quebrada y, no s� c�mo, pero enseguida lo supe. Le mir� el cintur�n y ya no la ten�a. Llevaba un caballo o algo as�, no el p�jaro de siempre. -Ryan sac� una hebilla de cintur�n rota de su bolsillo -. Como �ste.</p><p>Miranda estaba confundida.</p><p>���T� le has cogido esto a tu t�o? �Por qu�?</p><p>Ryan se mir� las manos e hizo girar el trozo de metal una y otra vez.</p><p>��No se lo cog�. Lo encontr� cerca del cad�ver de esa chica que mataron. Al d�a siguiente volv� y estuve mirando como buscabais.</p><p>Su voz se volv�a m�s ronca con las l�grimas, que ahora se sec� con el dorso de la mano.</p><p>��Lo siento. No lo sab�a. Yo no quer�a cogerla. Pero me la encontr�. Quer�a cont�rselo a mi padre, pero pens� que se enfadar�a conmigo si le dec�a que hab�a vuelto a ese lugar. As� que la escond� en mi habitaci�n. Pero hoy vi a mi t�o y ahora s� que la hebilla era suya. Fui a casa a buscarla -dijo, y sorbi� sus l�grimas-. Estaba muy raro. No estaba contento de verme. Llevaba su rifle. Y su cuchillo. Creo que �l la mat�.</p><p>Miranda sinti� que el vientre se le apretaba.</p><p>���D�nde est� ahora? -pregunt�.</p><p>��No lo s�. Le dije que pasaba por ah� y que vi su equipo de camping y que ten�a que volver a casa. Mi madre y mi padre estaban peleando, as� que he venido hasta aqu�, que era lo m�s cerca.</p><p>��Has hecho bien, Ryan -dijo ella, y se incorpor�-. �Puedes llevarnos hasta donde viste a tu t�o?</p><p>Ryan asinti� con un gesto.</p><p>��Se puede conducir casi hasta arriba del todo.</p><p>��Bien. -Miranda sac� su m�vil y marc� el n�mero de Quinn.</p><p>Quinn contest� pero la comunicaci�n se cort�.</p><p>���Maldita sea! -Volvi� a intentarlo, y esta vez le contest� el buz�n de voz-. Quinn, ll�mame. Estoy con Ryan Parker, y sabe d�nde est� Larsen. -Le lanz� una mirada a Ryan-. �D�nde?</p><p>��En el prado del sur, a un kil�metro y medio, por la parte de atr�s de la casa. Hay un sendero.</p><p>��El prado del sur, detr�s de la casa de los Parker. Yo voy hacia all� ahora. Encu�ntrate conmigo all�, Quinn -dijo, y cerr� el m�vil-. Ryan, s� d�nde queda eso. No quiero que vengas. Es demasiado peligroso.</p><p>��Pero�</p><p>��No. Qu�date aqu�. Te llevar� adonde est� Gray y podr�s ocuparte de tu caballo. -Miranda lo observ� detenidamente-. �Hay algo m�s que quieras decirme?</p><p>El chico asinti� con un gesto.</p><p>��El t�o Davy ven�a de la quebrada, desde el otro lado del prado. Al final, hay muchas piedras y un arroyo.</p><p>��He estado ah�.</p><p>��No s� por qu� ir�a all� abajo -dijo el chico.</p><p>Miranda s� lo sab�a.</p><p>Sentado en el sal�n de los Parker, Quinn Peterson le explicaba al juez Parker su teor�a sobre David Larsen.</p><p>��Pero �por qu� ten�is que hablar con Delilah? Vemos a Davy durante las vacaciones y, a veces, cuando salimos a pescar, pero Delilah nunca habla de su hermano. Tuvieron una infancia dif�cil y no tienen una relaci�n muy estrecha.</p><p>���Delilah le ha contado alguna vez que su hermano fue detenido por violaci�n?</p><p>Richard lo mir� como si acabaran de darle un mazazo.</p><p>��No.</p><p>��Hace diecis�is a�os, en Oreg�n. Se retir� la acusaci�n por que la v�ctima se neg� a declarar y Larsen ten�a una coartada. Su hermana.</p><p>��Entonces seguro que Davy no habr� tenido nada que ver.</p><p>��A la mujer le cortaron los pechos.</p><p>Quinn se dio cuenta de que Parker comenzaba a entender.</p><p>��Pero� �Delilah? �Lo protegi�? Es que� no lo entiendo. Mi mujer no es una persona muy afectuosa, se�or Peterson. Cuesta acercarse a ella. No me la imagino mintiendo por alguien, ni siquiera por su hermano.</p><p>��Y �si trata de protegerse a s� misma?</p><p>���Perd�n? -El tono de Parker era una mezcla de irritaci�n y confusi�n.</p><p>Mientras se dirig�a al rancho de Parker, Quinn hab�a hablado con Hans Vigo, el especialista en perfiles del FBI. Vigo ten�a la corazonada de que Delilah no s�lo hab�a protegido a su hermano cuando lo acusaron de violaci�n en Oreg�n, sino que tambi�n estaba al corriente de sus cr�menes en Montana.</p><p>���l viene a cazar al pueblo de su hermana, aunque viva a horas de Bozeman -le dijo Quinn a Parker, repitiendo lo que le hab�a dicho Vigo -. O lo hace para atormentarla, como amenaza para que no hable, o porque �sta es su casa. Si su mujer no est� al corriente, es evidente que habr� sospechado algo desde el principio.</p><p>Parker ocult� la cara entre las manos.</p><p>��Mi hijo� Dej� que mi hijo fuera a pescar con ese cabr�n. �Lo he dejado comer en mi mesa y dormir en mi casa! Le prest� una caba�a donde pudiera quedarse, pagu� su educaci�n, cuid� de �l como de un hermano. -Dio un pu�etazo en la mesa del caf� con tanta fuerza que hizo saltar los objetos que hab�a encima.</p><p>Quinn se centr� en un detalle importante.</p><p>��Juez, �dice que le facilit� una caba�a?</p><p>��A treinta minutos de aqu�, hacia el sur. Casi al llegar a Yellowstone.</p><p>��Tengo que verla. �Me puede llevar?</p><p>��Desde luego. Cualquier cosa con tal de ayudar.</p><p>En ese momento, son� el m�vil de Quinn.</p><p>��Peterson.</p><p>���l� anda.</p><p>���Miranda? Hay mala cobertura -alcanz� a decir,<strong/>y la comunicaci�n se cort�.</p><p>��Es la casa -dijo Parker-. Afuera tendr� cobertura.</p><p>���D�nde est� su mujer ahora?</p><p>��Sali� despu�s de que se fuera Sam Harris. Estaba muy turbada con este asunto de Davy.</p><p>���Sam Harris ha venido a verlo?</p><p>Y Quinn se enter� de lo que Sam Harris le hab�a contado a Parker.</p><p>��Lo siento, juez, pero tengo que detenerla. O tiene informaci�n que necesitamos acerca del paradero de su hermano, o tenemos que protegerla. No puedo dejar que ande sola por ah�. Hasta que detengamos a su hermano.</p><p>Quinn sali� de la casa y llam� al despacho para ordenar la busca y captura de Delilah Parker, y para preguntar si Sam Harris se hab�a presentado. No se hab�a presentado. Maldita sea. Pidi� al agente al tel�fono que informara a todos los polic�as relacionados con el caso que Harris estaba oficialmente destituido de la investigaci�n y que se le buscaba por obstrucci�n a la justicia. Quinn no pod�a permitir que Harris siguiera perjudicando la b�squeda de Larsen.</p><p>El juez Parker sali� con �l.</p><p>���Vamos? -le pregunt� Quinn al juez.</p><p>��Venga, lo llevar�. -Subieron al todoterreno de la polic�a. El agente Jorgensen iba al volante. Parker le dio las instrucciones para llegar.</p><p>��D�game exactamente d�nde. Voy a llamar a un equipo para que se re�na con nosotros. -Quinn necesitaba a todos los hombres disponibles.</p><p>Diez minutos m�s tarde, acab� todas las llamadas, incluyendo una a su jefe para informarle de lo ocurrido. Cuando cerr� el m�vil de un golpe, son� su buz�n de voz. Llam� y escuch�.</p><p>��Demos media vuelta -le dijo a Parker, con la voz tensa.</p><p>���Qu�? �Por qu�?</p><p>��Volvemos a su casa. Acelera, Jorgensen -orden� Quinn, y se volvi� hacia Parker-. Su hijo ha visto a David Larsen ah�, hace menos de una hora.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359170">Cap�tulo 30</p></title><p>Davy Larsen observaba desde una ventana de la planta superior mientras Miranda Moore y un poli rodeaban la casa. Al cabo de un rato, se fueron.</p><p>Pero no volvieron a la entrada. Al contrario, bajaron en direcci�n al prado.</p><p>Ryan, uno de su propia sangre, lo hab�a delatado.</p><p>�C�mo pod�a hacerle eso? �Acaso no lo hab�a amado como un hermano mayor? La vida de Ryan era perfecta, la vida que �l nunca hab�a tenido. Pero no importaba. No era que estuviera celoso ni nada por el estilo. No.</p><p>�Por qu� iba a verla a <emphasis>ella, a Miranda Moore? </emphasis>�Para decirle d�nde encontrarlo?</p><p>Eso no estaba nada bien. No permitir�a que le quitaran a esa chica. Ashley le pertenec�a, y todav�a no hab�a acabado con ella.</p><p>La Puta se marchaba. Al cuerno. No la necesitaba.</p><p>Ella nunca hab�a entendido. Se quedaba ah� mirando, se excitaba y se agitaba, y nunca lo molestaba cuando �l era due�o de la escena. Pero disfrutaba y hac�a comentarios en clave.</p><p>���Te sientes mejor ahora, Davy? -preguntaba despu�s, como si le hablara a un ni�o.</p><p>�l habr�a querido borrarle de la cara esa expresi�n de engre�da, esa sonrisa de suficiencia. Como si supiera algo que �l ignoraba. Le hab�a llegado a robar incluso eso, sus mujeres. Cuando ella miraba, reclamaba una parte de ellas, como si ella fuera la core�grafa y �l una simple marioneta.</p><p>Y bien, �l hab�a decidido cortar los hilos del titiritero. Finalmente hab�a quedado en reunirse con ella en Missoula esa noche, y de ah� se ir�an a cualquier parte. �l tuvo que decir que s�. Si le hubiera contado lo que iba a hacer, ella no se habr�a separado de su lado.</p><p>No, esa noche ser�a la caza. Esa noche ser�a libre. Reclamar�a su premio y seguir�a su camino. Mientras durara el verano, podr�a vivir durante meses de la tierra. Era capaz de caminar incluso hasta California si hac�a falta.</p><p>Ella nunca lo encontrar�a. Por fin ser�a libre.</p><p>Y sus cacer�as y sus mujeres por fin ser�an suyas, s�lo suyas.</p><p>Sali� de la casa tomando todas las precauciones y se dirigi� al prado por el camino m�s largo. Sab�a c�mo llegar hasta la chica por un desv�o.</p><p>Lo primero era lo primero. Seguir�a a Miranda Moore. El placer de cortarle el cuello ser�a sublime. Quiso matarla justo despu�s de que ella escapara, pero La Puta le dijo que no. Como si se alegrara de que una de sus presas hubiera escapado. Se hab�a mofado de �l, lo hab�a provocado, y �l so�aba con cogerla por el cuello con las dos manos, romp�rselo como quien le rompe el pescuezo a un pollo. <emphasis>Crac. </emphasis>Dejarla a la orilla del camino y que los pumas dieran cuenta de ella, mientras los bichos se paseaban por su boca. Se lo ten�a bien merecido.</p><p>Pero, claro, no hizo nada. En ese momento, no. Siempre hab�a cre�do que sin ella �l no ser�a nada. Sin ella, �l habr�a muerto hace a�os. Ella lo hab�a salvado m�s veces de las que pod�a contar. Y �l le estaba agradecido. �l la amaba.</p><p>Ahora la odiaba. Y aquel odio aniquilaba cualquier sentimiento de amor que hubiera albergado por ella.</p><p>Se qued� mirando por la cuesta, hacia el barranco m�s abajo, pensando en el momento de la ejecuci�n. Primero, Miranda Moore y los polis. Despu�s, su chica.</p><p>Y luego, su puta hermana.</p><p>Desde m�s abajo en la quebrada lleg� el ruido de dos disparos. <emphasis>Su chica. </emphasis>Le estaban robando la chica.</p><p>�La muy puta lo pagar�a caro!</p><p>Baj� la ladera de la monta�a a grandes zancadas. La caza hab�a comenzado.</p><empty-line/><p>��No podemos esperar a Quinn -le dijo Miranda a Booker.</p><p>Hab�an ido directamente al campo del sur con su jeep. Cuando Miranda no vio a Quinn, siguieron hasta la casa.</p><p>Nadie abri�.</p><p>Intent� nuevamente ponerse en contacto con Quinn, y volvi� a salir el buz�n de voz. Maldito sea, �acaso no ten�a llamada en espera?</p><p>Miranda respir� hondo. En la monta�a la cobertura de la telefon�a m�vil era un desastre. Ella ten�a llamada en espera y la mitad de las llamadas iban directamente al buz�n de voz porque las torres de repetici�n recib�an se�ales confusas. Tampoco ayudaba en nada el hecho de que el tiempo estuviera empeorando. La ma�ana clara y luminosa se hab�a convertido en una palidez gris�cea que cubr�a toda la faz de la monta�a. Esperaban una tormenta fuerte, pero el mal tiempo no deb�a empezar hasta la noche. Miranda confiaba que as� fuera.</p><p>Quinn no tardar�a en llegar. Ella sab�a que vendr�a. Pero �era una buena idea esperar? Entre el tiempo que empeoraba y el hecho de ignorar el paradero de David Larsen, estaba en juego la suerte de Ashley.</p><p>Miranda intu�a que estaba cerca. Ten�a que intentarlo. Si Ashley mor�a ese d�a en la parte de la quebrada llamada Barranco de la Roca, sin que ella echara una mirada, nunca se lo perdonar�a.</p><p>Adem�s, Lance Booker estaba con ella. Era un buen poli y, adem�s, un hombre fuerte. Eran dos contra uno. Y Larsen no sab�a que la polic�a le ven�a pisando los talones. El elemento sorpresa era una ventaja a�adida.</p><p>��Ashley est� all� abajo. Lo s� -dijo Miranda-. Pero si �l siente la presi�n de la polic�a, podr�a matarla y huir. Ahora mismo.</p><p>Tenemos que llegar a ella antes de que eso suceda. No podemos esperar a Quinn ni a mi unidad. -Miranda hab�a llamado para que todos los efectivos suspendieran la b�squeda en su zona y acudieran a ese punto, no sin antes advertirles que deb�an tener cuidado.</p><p>��Tienes raz�n -concedi� Booker.</p><p>Ella respir� lentamente. No estaba segura de lo que habr�a hecho si Booker no hubiera querido acompa�arla en su descenso del Barranco de la Roca. Pero quer�an seguirle los pasos a Larsen, ten�an que hacerlo mientras a�n tuvieran luz de d�a.</p><p>Sac� su mapa topogr�fico y lo pleg� hasta tener el Barranco de la Roca y el �rea circundante a la vista. Se lo meti� en el bolsillo y mir� por la pendiente del monte. Vio las hojas revueltas y la tierra por donde Larsen hab�a subido y saludado a Ryan.</p><p>��Aqu� -le se�al� a Booker; el coraz�n le lat�a con tanta fuerza que tem�a que el agente oyera su miedo.</p><p>�Era capaz de hacerlo? �Sabiendo que pod�a encontrarse cara a cara con su agresor?</p><p>�C�mo no iba a ser capaz? Si esperaba aunque no fueran m�s que diez minutos, Larsen podr�a llegar antes donde estaba Ashley y asesinarla.</p><p>Y �si Ashley ya hab�a muerto? Pero no, Miranda intu�a que segu�a viva. Era demasiado temprano para salir a cazarla. Larsen era un engre�do. Le gustaba tenerlas el tiempo suficiente para quebrarlas. Para debilitarlas, de manera que no tuvieran ni una posibilidad de sobrevivir a la caza.</p><p>A Miranda no la hab�a quebrado. No la hab�a matado. Ella hab�a escapado, y ahora iba a robarle su presa. Ashley.</p><p>Llam� a Charlie, el jefe de su unidad.</p><p>��Booker y yo vamos a rescatar a Ashley.</p><p>Sigui� las huellas de Larsen. �ste hab�a subido en zigzag para no correr el riesgo de caer. Algunas partes eran peligrosas. Si comenzaba a resbalar, no podr�a parar hasta chocar contra un �rbol.</p><p>El Barranco de la Roca era una quebrada estrecha de unas ochocientas hect�reas que cortaba la monta�a con un arroyo estacional. Las formaciones rocosas eran un fen�meno geol�gico incre�ble. Miranda lo hab�a visto en sus visitas con la clase del profesor Austin. El descenso era peligroso, aunque ellos esa vez escogieron una zona m�s f�cil para bajar, en la cara este m�s distante de la quebrada. Pero para llegar all�, tendr�an que dar un rodeo de casi una hora en coche.</p><p>Bajar por ese lado era la manera m�s r�pida de llegar al fondo de la quebrada.</p><p>Llevaban unos quince minutos bajando la ladera sin ayuda de cuerdas. Ni ella ni Booker cruzaron palabra porque no pod�an. Miranda ya hab�a llegado a la conclusi�n de que, en su estado actual, a Ashley le ser�a imposible escalar esa ladera. Eso las obligar�a a salir por el camino m�s largo, lo cual significaba varios kil�metros por el lecho del r�o durante muchas horas.</p><p>Quiz� corriendo.</p><p>Ahora ve�a el fondo de la quebrada.</p><p>��Booker -dijo, y se�al� hacia abajo -. Tenemos que encontrar otra manera de bajar.</p><p>��El ha pasado por aqu� -dijo Booker.</p><p>��Pero �l ven�a subiendo. Pod�a usar su impulso para subir, asi�ndose de los �rboles. Son casi cien metros hasta abajo. Y los �ltimos quince metros son todo roca. Es demasiado peligroso. -A lo largo de los a�os Miranda hab�a visto a varios miembros de su equipo lesionarse intentando subir y bajar superficies planas.</p><p>A Booker no se le ve�a muy contento.</p><p>��Puede que tengamos que alejarnos mucho para encontrar un lugar mejor.</p><p>��Parece m�s f�cil por all�. Luego volveremos hacia atr�s al llegar abajo. Pero tenemos que darnos prisa. No sabemos cu�ndo va a volver.</p><p>Miranda se gir� y comenz� a caminar en paralelo a la quebrada. La tierra mojada debajo de la gruesa capa de pinaza hac�a dif�cil avanzar. M�s abajo, el aire estaba m�s fr�o, y no ayudaba en nada que ahora se hubiera nublado. Casi como si esperara esa se�al, una gota gorda de lluvia le cay� en la cara.</p><p>��Vigila -le dijo a Booker-. La pinaza se vuelve resbaladiza con la lluvia.</p><p>��Miranda, he vivido aqu� toda mi vida. Conozco la monta�a.</p><p>��Perd�n -farfull� ella.</p><p>Booker la mir� sonriendo.</p><p>��Bajemos por aqu� -dijo, se�alando una pared que no parec�a mucho m�s f�cil que el trozo que acababan de dejar atr�s. Mucha pinaza, unos pocos �rboles ca�dos, rocas que sobresal�an aqu� y all�. Y una bajada abrupta.</p><p>���Est�s seguro? -pregunt� ella, mirando hacia donde se dirig�an. No se ve�a ning�n lugar mejor.</p><p>��Totalmente. �Ves c�mo al final la pendiente es m�s suave? S�lo hay quince o veinte metros dif�ciles.</p><p>��De acuerdo -. Miranda no estaba tan segura, pero entonces le cay� otra gota en la cara. Se les estaba acabando el tiempo.</p><p>Booker baj� primero. Ella pon�a el pie donde �l pisaba, con el cuerpo casi pegado contra la pared para no perder el equilibrio.</p><p>De pronto, Booker empez� a resbalar al ceder el terreno bajo sus pies. Capas y capas de tierra suelta incapaz de soportar su peso. La semana seca despu�s de las lluvias hab�a dejado el suelo h�medo, pero suelto.</p><p>���Lance! -exclam�. Booker intent� controlar la ca�da pero cada vez resbalaba m�s r�pido, hasta que empez� a rodar.</p><p>Y cay� al fondo de la quebrada. Medio cubierto de ramas y polvo, se qued� inm�vil.</p><p>Miranda baj� el monte arrastr�ndose lo m�s r�pido posible. Era m�s f�cil ahora que ya no quedaba tierra suelta.</p><p>��Lance, �te encuentras bien?</p><p>Vio que se giraba, pero cuando lleg� al fondo del barranco, jadeando, era evidente que estaba mal.</p><p>���Qu� ha pasado?</p><p>��Creo que me he fracturado una costilla. Podr�a estar rota.</p><p>Miranda sinti� los latidos del coraz�n con tal fuerza que pens� que le estallar�a el pecho. Estaban en el fondo del barranco. Solos. Y el Carnicero volver�a a alguna hora de esa noche.</p><p>Ten�a que sacar a Booker de ah�, pero no hab�a manera de subir la ladera. Y quedaban unos ocho kil�metros por la quebrada hasta el otro lado. Quiz� lo conseguir�an, si paraban de vez en cuando.</p><p>Y �qu� pasar�a con Ashley? �C�mo pod�a abandonarla estando tan cerca? El Carnicero iba a volver.</p><p>��Ve a buscarla -dijo Booker, como si le leyera el pensamiento-. Yo estar� bien.</p><p>��No voy a dejarte solo. Es una de mis reglas� Cuando tu compa�ero cae, te quedas hasta que llega la ayuda.</p><p>���stas son circunstancias especiales. -Booker se sent�, haciendo una mueca de dolor-. Ir� contigo hasta que encuentre un lugar donde esconderme.</p><p>Miranda lo ayud� a incorporarse, imitando sin darse cuenta su mueca de dolor.</p><p>��Te pondr�s bien, Lance. Pero si te cuesta respirar, no te muevas. Puede que tengas una costilla rota, y un movimiento repentino te podr�a perforar el pulm�n.</p><p>��Ahora me duele un poco menos.</p><p>Empezaron a retroceder siguiendo el lecho rocoso del r�o hasta que volvieron a encontrar las huellas de Larsen. Sin embargo, con las rocas era dif�cil ver de d�nde hab�a venido antes de empezar a subir la ladera.</p><p>��Mira a tu alrededor, Lance. �Ves algo que indique por d�nde pas�? -Las gotas de lluvia eran ahora una llovizna nebulosa. Era agradable, pero pronto empeorar�a la visibilidad.</p><p>��All� -dijo Booker, se�alando hacia el otro lado del arroyo, donde esa parte de la quebrada estaba flanqueada por espesos matorrales.</p><p>En efecto, vieron un arbolillo quebrado.</p><p>Podr�a haber sido un oso o un puma. Pero era el �nico rastro que ten�an, y lo siguieron. Por las huellas de las pisadas que vieron al adentrarse en el bosque, era evidente que por ah� hab�a pasado un depredador b�pedo.</p><p>���Vas bien?</p><p>��Por ahora, s�.</p><p>A�n as�, avanzaban m�s lentamente de lo que Miranda hubiera querido. Sac� su radio y llam� a Charlie para comunicarle su situaci�n. Charlie llevaba diez a�os trabajando en la unidad de b�squeda y ten�a m�s experiencia que Miranda. Aunque distorsionada por la est�tica, era agradable o�r su voz. El equipo de Charlie estaba a diez minutos del rancho de los Parker.</p><p>Eso significaba que tardar�an al menos una hora en llegar al fondo de la quebrada.</p><p>��Charlie, cambio y fuera.</p><p>��Entendido, toma�</p><p>��Espera.</p><p>La hab�a visto. La barraca.</p><p>���Miranda?</p><p>��Est� aqu�. Creo que he encontrado a Ashley. Voy a comprobarlo.</p><p>��Hazlo con precauci�n.</p><p>��Eso har� -dijo ella, y trag� saliva-. Fuera.</p><p>La destartalada construcci�n de madera estaba como combada por el paso del tiempo y por los inviernos fr�os y h�medos de Montana. El techo de zinc ten�a trozos oxidados pero, a diferencia de la barraca de Rebecca, �sta ten�a al menos una ventana.</p><p>Miranda gritaba en silencio por todos los poros de su cuerpo.</p><p>���Ten cuidado! -Podr�a estar ah�. David Larsen, el Carnicero.</p><p>��Miranda -susurr� Booker. Estaba justo detr�s de ella. Hab�a palidecido y sudaba copiosamente.</p><p>��Tienes que sentarte -dijo ella, en voz baja.</p><p>��No puedo. �Qu� hacemos si est� adentro?</p><p>��Me servir�s de apoyo.</p><p>Desenfundaron sus armas. A Miranda no le temblaban las manos, y eso la sorprendi�, aunque ten�a erizados todos los pelos de la nuca.</p><p>Sosteniendo el arma con ambas manos, se acerc� con cautela a la barraca. Booker le hizo una se�al para que fuera por un lado mientras �l iba por el otro. Ella se�al� la ventana. �l asinti� con un gesto de la cabeza y ella se situ� por debajo, intentando controlar su respiraci�n. Estaba casi jadeando, sintiendo un miedo desbocado y a flor de piel.</p><p>Ahora no. Por favor, ahora no. La vida de Ashley depend�a de ella. Si fallaba�</p><p>No. No pod�a fallar. Y no fallar�a.</p><p>Lentamente, se asom� para mirar dentro del cuartucho. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad del interior, vio a una mujer desnuda atada sobre un colch�n inmundo en medio del suelo. Su pelo rubio parec�a negro de suciedad y sangre.</p><p><emphasis>Sharon.</emphasis></p><p>El dolor, la rabia y la humillaci�n volvieron como una ola que la sacudi� y la hizo caer de rodillas. Oh, Dios m�o, �por qu�? �Por qu� has creado a este monstruo?</p><p>Pero aquella chica no era Sharon. Era Ashley. Y Ashley la necesitaba.</p><p>Y �si ya estaba muerta?</p><p>Miranda respir� hondo y se incorpor�. Volvi� a mirar por la ventana. Mientras escudri�aba la oscuridad, vio que el pecho de la mujer sub�a y bajaba. Estaba viva. Quiz�s hab�a un Dios, despu�s de todo.</p><p>Y entonces Miranda vio que Ashley no estaba sola.</p><p>Estaba a punto de disparar al hombre a trav�s de la ventana. Se encontraba tendido junto a Ashley, como disfrutando de la violaci�n reci�n consumada. Le disparar�a, le cortar�a los huevos y se los meter�a hasta la garganta. Dominada por el odio y la rabia, levant� la pistola.</p><p>Se detuvo cuando vio brillar algo met�lico. Intent� verle la cara, pero era imposible. Estaba inmovilizado, atado con cuerdas, con las manos y los pies detr�s de la espalda.</p><p>Era un cuerpo familiar. Pelo oscuro, camisa beige.</p><p>�Era Nick!</p><p>Y �estaba vivo!</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359171">Cap�tulo 31</p></title><p>Miranda se apresur� a rodear la barraca. Maldita sea, la puerta estaba cerrada con una cadena.</p><p>Empez� a dar golpes en la puerta.</p><p>���Nick! �Nick, soy Miranda! Voy a dispararle al candado y a sacaros de aqu�.</p><p>Le respondi� una voz apagada, pero Miranda no entendi� lo que dec�a. Ashley lanz� un grito, entre adolorido y jubiloso.</p><p>���Booker! �D�nde est�s? -Miranda mir� a ambos lados, pero no lo vio.</p><p>��Aqu�. -La voz ven�a del otro lado de la barraca, y se notaba d�bil. Miranda temi� que su herida fuera m�s grave de lo que daba a entender.</p><p>��Nick est� dentro de la barraca con Ashley. Voy a sacarlos. No veo a Larsen por ninguna parte, pero mant�n los ojos bien abiertos.</p><p>Silencio.</p><p>���Lance? �Est�s bien?</p><p>��Estar� bien. S�lo necesito un minuto.</p><p>Joder. Ahora ten�a a dos polis gravemente heridos y a una chica. Lo primero era lo primero, ten�a que liberar a Ashley, y luego pensar�a en una manera de sacarlos a todos de ah�.</p><p>Miranda apunt� al candado. Necesit� dos balas para abrirlo, y luego dio una patada a la puerta.</p><p>El hedor a sangre, a sexo violento y a desechos humanos le dio de lleno, asqueroso y familiar. Tuvo un amago de arcada y gir� la cabeza. Ella y Sharon hab�an vivido en una suciedad igual a �sa.</p><p>Se qued� paralizada. Quer�a entrar y comprobar que Nick se encontraba bien. Pero sent�a los pies cargados de plomo, como si los tuviera calzados en cemento. Cuanto m�s intentaba moverlos, m�s pesados se volv�an.</p><p>Comenz� a temblar. Con s�lo pensar en cruzar el umbral de aquel espacio que ya empezaba a encogerse, sinti� que se le entumec�a todo el cuerpo. Su visi�n perif�rica comenz� a reducirse lentamente.</p><p><emphasis>No. Ahora, no. Por favor.</emphasis></p><p>Cay� de rodillas. <emphasis>Puedo hacerlo. Puedo entrar. Salvarlos.</emphasis></p><p><emphasis>No, no puedo. Soy d�bil. Me ha vencido. Volver� y acabar� lo que empez�. Mat� a Sharon y yo escap�. No pude salvarla. Ahora ni siquiera puedo salvarme a m� misma. </emphasis></p><p>���Miranda?</p><p>Era la voz de Nick. Ronca y pastosa.</p><p>���Miranda! -Segu�a siendo pastosa, pero en son de orden.</p><p>��Nick, yo� -Respir� hondo. Si no se tranquilizaba, acabar�a sufriendo un ataque de nervios.</p><p>��Te necesito. Ashley te necesita. Entra de una vez. Ese tipo est� a punto de volver.</p><p>Despu�s de tantos a�os, el Carnicero conseguir�a vencerla. El la hab�a convertido en una claustrof�bica. �l le hab�a inoculado el miedo.</p><p>��Yo� no puedo.</p><p>��S� que puedes, Miranda. Yo s� que puedes. Conf�o en ti. Respira hondo. -Nick balbuce� algo y tosi�, esforz�ndose para pronunciar cada palabra-. T� puedes -dijo, finalmente, con aliento entrecortado.</p><p>Ella pod�a, �no? Pod�a vencer su miedo. Ten�a que vencerlo. Por Nick. Por todo lo que �l hab�a hecho por ella, por su apoyo y su valor y su amistad. No hab�a llegado hasta all� para fallarle.</p><p>Y, adem�s, amaba a Nick. Ahora ve�a con gran claridad la diferencia entre Nick y Quinn. Los amaba a los dos. Nunca se hab�a dado cuenta de eso. Pero pod�a amar a dos hombres. A uno como amante, al otro como hermano.</p><p><emphasis>Respira. Espira. Respira. Espira.</emphasis></p><p>Volvi� a respirar hondo y se oblig� a entrar en la habitaci�n que no paraba de encogerse. Las paredes empezaron a combarse hacia dentro, y a cada paso que daba se estrechaban m�s. Sinti� el pecho totalmente apretado. No le quedaba aire.</p><p><emphasis>Ahora no, no.</emphasis></p><p>Temblando, cogi� la cuerda que ataba a Nick. Sus dedos intentaron deshacer los elaborados nudos. Las paredes se le acercaron, como queriendo cogerla.</p><p>��Miranda -dijo Nick, con voz ronca.</p><p>��Te sacar� de aqu�. -Su voz sonaba d�bil y temblaba de pies a cabeza. Se concentr� en los nudos. Si se ocupaba en desatarlos, se olvidar�a de las paredes que se estrechaban, de la fetidez, de los recuerdos de la violencia. Ten�a que olvidarlo. Por Nick. Por Ashley.</p><p>Por s� misma.</p><p>��Olv�date de m�. Saca a Ashley de aqu�. Luego env�as a alguien a buscarme.</p><p>��No puedo, Nick. El Carnicero es David Larsen, el hermano de Delilah Parker. La polic�a no puede encontrarlo, pero lo han visto cerca de aqu�. No te puedo dejar. Vendr� por la noche. -O incluso antes.</p><p>��No creo que pueda salir de aqu� -dijo Nick, con un hilo de voz.</p><p>��No te abandonar�. -Miranda tuvo que tragarse el miedo y la verg�enza ante la posibilidad de fallar, y sigui� concentrada en los nudos para no pensar en lo peque�a que se hab�a vuelto la choza desde que hab�a entrado-. Pens�bamos que hab�as muerto.</p><p>��Comet� un error.</p><p>��Ya me lo contar�s -dijo ella.</p><p>�Maldita sea, los nudos eran complicados y estaban demasiado apretados! Su cuchillo. �Por qu� no se le hab�a ocurrido antes? No las ten�a todas consigo. La habitaci�n la estaba ahogando y ahora sudaba, como saturada por su propio p�nico.</p><p>Si no se adue�aba de la situaci�n, Ashley y Nick morir�an. Y si no encontraba una manera de salir de ah�, ella y Lance Booker acabar�an haci�ndoles compa��a.</p><p>Sin embargo, los n�meros daban cierta seguridad. Cuatro contra uno, aunque tres estuvieran en condiciones menos que aceptables.</p><p>Sac� su cuchillo y cort� con cuidado las cuerdas para no hacerle da�o a Nick. Tard� un minuto y lo consigui�. Luego se puso a desatar a Ashley.</p><p>��Nos va a matar -sollozaba la chica.</p><p>��No, no lo dejar� -dijo Miranda, y<emphasis/>le quit� la apretada venda de los ojos. La chica intent� abrirlos, pero no pudo-. No te esfuerces. Espera un minuto.</p><p>���No! �Vendr�! �Y me coger�!</p><p>��Yo escap� de sus manos una vez. Volveremos a hacerlo, t� y yo. -Miranda deseaba estar tan segura como sonaba-. Y luego pagar� por lo que te ha hecho.</p><p>Y por lo que me ha hecho a m� tambi�n, a�adi� para s�. Ashley era tan menuda que Miranda pudo levantarla.</p><p>���No! �No! -grit�.</p><p>��Tengo que sacarte de aqu�, Ashley. Tienes que moverte. Miranda la llev� hasta la puerta y la dej� en el lado de afuera. La chica, que no paraba de sollozar, estaba toda cubierta de sangre reseca y heridas. Era como mirar en un espejo de hac�a doce a�os. Miranda trag� con dificultad y en sus ojos brotaron l�grimas. La chica se cubri� los pechos con el brazo, pero Miranda no ten�a para qu� ver el da�o que hab�a sufrido. Baj� la mirada y se dio cuenta de que ella tambi�n se cubr�a los pechos. Dej� caer las manos como si �stos la quemaran.</p><p>Quer�a decirle a Ashley que estuviera callada, que �l las oir�a. Pero la verdad es que ignoraba cuan lejos o cuan cerca de la choza se encontraba David Larsen. Si iba a acudir esa noche� o en ese mismo momento.</p><p>Se desprendi� de la mochila, la abri� y sac� el jersey que llevaba dentro. Se lo puso a la chica. Despu�s, le pas� una botella de agua.</p><p>��Bebe, despacio -dijo.</p><p>Ashley la cogi�, sin dejar de sollozar, acurrucada dentro del jersey demasiado grande.</p><p>Miranda cogi� dos pares de calcetines gruesos y se arrodill� junto a Ashley.</p><p>��Tienes que cubrirte los pies para recuperar el calor.</p><p>���No me toques!</p><p>��Vale -dijo, y le dio los calcetines. Como un animal espantado, Ashley los cogi� con un gesto r�pido y se los llev� al pecho-. P�ntelos. Los dos pares.</p><p>Busc� a Booker con la mirada y no lo vio.</p><p>���Lance! -llam�, con voz tensa.</p><p>��Aqu� estoy -oy� una respuesta apagada. La voz ven�a de un lado de la barraca. No se hab�a movido desde que Miranda hab�a entrado. Miranda llev� a Ashley hasta donde estaba Booker apoyado contra la pared de la barraca. Dej� a la chica en el suelo y se gir� hacia �l.</p><p>���Por qu� no me has dicho que estabas tan mal? -pregunt�, y le levant� la camisa. Vio que ten�a el pecho herido e hinchado. Le toc� apenas las costillas y �l se mordi� los labios para no gritar, con el rostro contorsionado por el dolor.</p><p>��Tienes al menos una costilla rota.</p><p>A Lance le costaba respirar, y a Miranda le preocupaba que tuviera un pulm�n perforado.</p><p>��Nick, no podemos dejarlo aqu�.</p><p>���Se encuentra bien? -pregunt� Booker.</p><p>Miranda mir� por encima del hombro y frunci� el ce�o. Pensaba que Nick hab�a salido detr�s de ella.</p><p>��No lo s�. -Se gir� hacia Lance-. Llama por radio, transmite las coordenadas y pregunta a qu� hora aproximadamente llegar�n los refuerzos. Diles que necesitamos trasladar a heridos totalmente inmovilizados. Voy a sacar a Nick -dijo, y volvi� a la entrada.</p><p>Nick segu�a tirado en el suelo. Miranda no se hab�a dado cuenta de lo malherido que estaba. Respir� hondo, vacil� un momento y volvi� al interior de aquel espacio asfixiante. Se arrodill� junto a �l.</p><p>��Nick, lev�ntate.</p><p>��No puedo. La cabeza. No veo nada.</p><p>��Te sacar� de aqu�, pero tendr�s que echarme una mano. �Puedes caminar?</p><p>��Supongo que algo.</p><p>Tardaron varios minutos, un tiempo precioso, en salir con Nick de la barraca. Miranda lo dej� sentado junto a Booker.</p><p>Nick ten�a la cabeza cubierta de sangre reseca. Estaba caliente al tacto. Demasiado caliente. Ten�a la mirada desenfocada. Le hab�an dado un fuerte golpe en la cabeza. Era probable que fueran los s�ntomas de una infecci�n.</p><p>No hab�a manera de que pudiera salir de la quebrada por su propio pie.</p><p>Necesitaba urgentemente ayuda m�dica.</p><p>��Miranda, vete. Coge a Ashley y vete de aqu� antes de que vuelva.</p><p>��No puedo irme y dejarte aqu� solo. Te matar�. -Pero no ve�a otra soluci�n.</p><p>��Te estoy dando una orden, Miranda.</p><p>���No me vengas con tus �rdenes! -exclam� ella. Apoy� la cabeza en las manos y respir� hondo -. Joder, Nick, pens� que hab�as muerto, estaba destrozada. No me hagas esto. Ni se te ocurra hacer alguna tonter�a.</p><p>�l cerr� los ojos y suspir�.</p><p>��No podr� salir de aqu� caminando, Miranda.</p><p>Ella le toc� la cabeza ah� donde ten�a una herida reseca<strong>, </strong>profunda y ensangrentada.</p><p>��Nick, tienes fiebre. Necesitas un m�dico.</p><p>��Pues llama a uno cuando vuelvas a la ciudad.</p><p>��Lance, �con qui�n has hablado? �A qu� hora llegar�n?</p><p>��He hablado con Charlie. Tardar�n entre cuarenta y cuarenta y cinco minutos.</p><p>�Qu� pod�a hacer ella? �Cargar con dos hombres a lo largo de unos cuantos kil�metros de terreno rocoso y abierto? Y �Ashley?</p><p>Quiz� David Larsen estuviera a punto de llegar. No pod�an quedarse ah� sentados esperando un equipo de rescate. �l los coger�a uno a uno. Y ella no estaba dispuesta a dejar a nadie atr�s. Cuando volviera con ayuda, ser�a demasiado tarde.</p><p>Lanz� una mirada a la chica, que segu�a acurrucada, cogi�ndose las rodillas, meci�ndose sin parar. El jersey verde oscuro que Miranda le hab�a pasado para abrigarse y taparse la cubr�a entera.</p><p>Ten�a la cara llena de moretones, el pelo inmundo y enredado. Ol�a a su propia mierda. Los cortes y heridas en todo el cuerpo quedaban ocultos, pero Miranda los hab�a visto y sab�a que Ashley estaba emocional y f�sicamente destrozada. Miranda conoc�a ese infierno donde ella hab�a estado. Sin embargo, con el tiempo, sus heridas se hab�an desvanecido, todas y cada una de ellas.</p><p>Ashley le dio fuerzas. Aquella chica la necesitaba. No pod�an quedarse sentadas esperando que llegara alguien a ayudarles. Sobre todo si no sab�an d�nde estaba Larsen.</p><p>Se mordi� el labio y mir� a su alrededor. La barraca estaba en el extremo cerrado de la quebrada. A unos veinticinco metros de donde se encontraban, se estrechaba, y no ser�a f�cil salir. Hacia el otro lado, se encontraban se ensanchaba hasta cientos de metros, en algunas partes, y se estrechaba a menos de diez metros en otras. Sin embargo, ella sab�a perfectamente d�nde desembocaba. Ah� mismo, hab�a pocos lugares donde ocultarse. Desde luego, no hab�a lugar para cuatro personas adultas.</p><p>Miranda no pod�a dejar ah� a los hombres heridos y a Ashley mientras buscaba un buen escondrijo hasta que llegaran refuerzos. Nick y Lance no llegar�an muy lejos.</p><p>Se volvi� hacia Nick.</p><p>��Toma -dijo, y le paso su segunda pistola.</p><p>��No quiero quedarme con tu arma.</p><p>��Tengo otra, Nick, y no me ir� si no la coges. -Le cogi� la mano y lo oblig� a empu�arla. �l la mantuvo as�.</p><p>Miranda meti� su mapa en un sobre de pl�stico para impedir que la lluvia lo empapara y le indic� a Booker la ruta que seguir�a.</p><p>��Voy hacia el este siguiendo la quebrada. Aqu� dobla hacia el sur. Son muchos kil�metros, hasta llegar cerca de Big Sky, pero yo conozco un atajo en el recodo que nos llevar� hasta� -se�al�-� aqu�. -Mir� de Lance a Nick-. Seguir� el curso del lecho rocoso todo lo posible, pero para ocultar nuestro paso quiz� tengamos que subir por alguna ladera. Llevo la radio, pero la fijar� en sesenta y cuatro. �Vale? �Eso significa silencio? Nada de hablar. Lo mejor que pod�is hacer es seguir con vida.</p><p>Miranda mir� a su alrededor y se�al� a unos quince metros monte arriba.</p><p>��Lance, �ves esas rocas de m�s arriba? �l sigui� la direcci�n de su dedo.</p><p>��S�.</p><p>���Puedes llevar a Nick hasta all� arriba?</p><p>��Creo que s�.</p><p>��Tienes que hacerlo. Aqu� los dos sois un blanco perfecto. Subid hasta all� y esconderos. Llama a Charlie y le cuentas el plan. Si veis a Larsen, llamad a mi frecuencia y decidme cu�nto tiempo tengo. -Se ajust� la radio -. Si os ve� disparad a matar.</p><p>No era el mejor plan, pero se les acababa el tiempo.</p><p>���Est�s bien? -le pregunt� a Nick, apret�ndole la mano.</p><p>��Bien.</p><p>Miranda mir� su reloj, y se sec� la llovizna de la cara. Las 16:35. Hac�a s�lo quince minutos que hab�a divisado la caba�a. Parec�a una eternidad.</p><p>Ten�an casi cinco kil�metros que recorrer antes de que se pusiera el sol. No llegar�an antes de esa hora, aunque corrieran todo el camino.</p><p>��Ashley, tenemos que irnos.</p><p>��No puedo. D�jame quedarme con ellos.</p><p>���l te buscar�. -Adem�s, apenas hab�a sitio suficiente en esas rocas para esconder a dos hombres.</p><p>Miranda pudo enfrentarse a su miedo en la barraca y vencer. Si ella pod�a con su claustrofobia, era evidente que pod�a liberar a Ashley. Pero s�lo si la chica colaboraba.</p><p>��Vamos -dijo.</p><p>��No puedo -dijo Ashley, sin parar de llorar, con las l�grimas ba��ndole las mejillas.</p><p>��S� que puedes. No dejes que �l gane.</p><p>��Eres m�s fuerte de lo que crees, Ashley -dijo Nick.</p><p>Algo en su tono de voz hizo que Miranda se volviera. Nick ten�a los ojos cerrados, pero ella vio por su expresi�n que estaba preocupado. Y m�s que preocupado. Era como un mudo entendimiento. �l sab�a. Hab�a estado ah� tendido, hab�a sido testigo de la violaci�n de Ashley. Miranda aborrec�a que hubiera tenido que pasar por eso.</p><p>Sin embargo, por primera vez en su vida, no se detuvo a pensar en ese pasado tan lejano. Hab�a escapado del Carnicero entonces, y ahora volver�a a burlarlo.</p><p>��Tenemos que irnos -repiti�-. Lance, no te olvides de llamar a Charlie en cuanto os hay�is escondido en la ladera.</p><p>��Descuida.</p><p>Ashley gem�a y se sacud�a con cada sollozo. Pero parec�a resignada a irse con Miranda cuando se incorpor� penosamente, con los brazos todav�a cruzados sobre el pecho.</p><p>Miranda se gir� por �ltima vez para mirar a Nick y ponerse la mochila.</p><p>��Espero encontrarte vivo cuando llegue al final de esta quebrada.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359172">Cap�tulo 32</p></title><p>Quinn inspeccion� la residencia de los Parker con el agente Jorgensen, mientras otros dos polis buscaban en los alrededores</p><p>��Despejado -avis�.</p><p>Richard Parker ten�a un aspecto fantasmal, con la cara demacrada, cuando Quinn volvi� a salir al porche.</p><p>��Podr�a haber matado a Ryan. Podr�a haber matado a Delilah.</p><p>��Ryan est� a salvo -le record� Quinn-. He enviado un agente a casa de Bill Moore para cuidar de �l. Todos los dem�s han salido a buscar a Delilah y a David.</p><p>��Ella no sab�a. No puede haber sabido.</p><p>Parker no paraba de repetir aquella cantinela en el coche hasta que a Quinn le dieron ganas de darle un pu�etazo.</p><p>���Agente Peterson!</p><p>Uno de los agentes de Nick se acerc� corriendo. -Est�bamos investigando en el campo del sur como usted dijo y hemos escuchado disparos a lo lejos en la quebrada.</p><p>���D�nde?</p><p>��Resulta dif�cil saberlo por el eco, pero lo m�s seguro es que sea all� abajo, en el fondo. Se ve que varias personas han bajado por la ladera; se nota en la tierra removida y en la vegetaci�n. -El agente se sec� la frente. La llovizna aumentaba sin parar, aunque todav�a no era una lluvia en toda regla.</p><p>Se acercaron unos cuantos todoterrenos por el camino de entrada. Quinn reconoci� al conductor del primero. Era Charlie. No esper� a que bajara, y fue a reunirse con �l junto al establo.</p><p>��Acabo de hablar con Lance Booker -dijo Charlie-. Han encontrado a la chica. Y, �qu� te parece? Nick est� con ella.</p><p>Quinn dio un pu�etazo sobre el cap� de la camioneta de Charlie. �C�mo se le hab�a ocurrido a Miranda bajar sola a esa quebrada? Le daba igual que un agente la acompa�ara. Miranda no era ni poli ni agente federal. �Por qu� hab�a bajado?</p><p>Y, de pronto, entendi�. Quer�a salvar a Ashley.�l habr�a hecho lo mismo.</p><p>��Vamos al campo. Yo ir� contigo. Necesitaremos el cuatro por cuatro si la lluvia empeora.</p><p>��Empeorar� -avis� Charlie.</p><p>El trayecto fue breve pero accidentado. En cuanto se detuvieron, son� la radio de Charlie.</p><p>��UBR, UBR, �hay alguien ah�? � UBR eran las siglas de Unidad de B�squeda y Rescate, la unidad de Miranda.</p><p>Charlie contest�.</p><p>��Recibido. Aqu�, Charlie Daniels.</p><p>��Charlie, soy Lance Booker. Te llamo para darte coordenadas. �Puedes anotarlas?</p><p>��Adelante -dijo Charlie, con l�piz y una libreta en la mano. Booker transmiti� las coordenadas. Cuando acab�, Quinn cogi� la radio.</p><p>��Booker, soy el agente Peterson. Ponme con Miranda.</p><p>��No puedo, se�or.</p><p>���Por qu� diablos?</p><p>��No hab�a suficiente lugar para escondernos todos aqu� y se ha llevado a Ashley quebrada abajo.</p><p>��Expl�cate.</p><p>Quinn cerr� los ojos cuando acab� de hablar por radio con Lance Booker. Maldita sea. Miranda no ten�a otra alternativa. Tampoco hab�a d�nde elegir. Pero huir con una mujer herida y asustada�</p><p>��Vamos. Booker dice que tardaremos unos cuarenta y cinco minutos en llegar a la quebrada.</p><p>��Acortaremos ese tiempo por la mitad. �Alguna vez has hecho rappel?</p><p>Davy se qued� mirando la puerta abierta. Una furia roja explot� en su pecho, llenando hasta el �ltimo vaso sangu�neo de un odio poderoso.</p><p>Esa puta le hab�a robado a su chica.</p><p>�D�nde hab�an ido?</p><p>Era una puta lista. No subir�a por la quebrada. El terreno ah� se volv�a m�s escarpado y estrecho. Era una trampa. No hab�a ca�do en sus trampas antes. Siguiendo por el Barranco de la Roca hacia abajo llegar�an cerca de Big Sky. Era dif�cil caminar por las rocas, y tendr�an que cruzar varios arroyos. Con las lluvias de la semana anterior, �stos bajaban cargados. Por lo menos les llegar�a a la cintura. Eso las har�a perder tiempo.</p><p>Ella no podr�a cargar con la chica monta�a arriba. Era demasiado escarpado. �l hab�a escogido ese lugar porque cualquiera que fuera hacia el oeste se ver�a atrapado. Quer�a acorralar a esa chica. Mirarla a los ojos cuando viera que no hab�a escapatoria. �Correr�a hacia �l? �O se encoger�a de miedo ante la monta�a que nunca podr�a escalar?</p><p>Al contrario, la puta ten�a que haberla llevado barranco abajo, lo cual le quitaba su atractivo deportivo. �Qu� m�rito ten�a dispararles a campo abierto? Ya lo hab�a hecho antes.</p><p>Ahora quer�a algo nuevo.</p><p>Aquella puta pagar�a por lo que hab�a hecho. Deber�a haber matado a Miranda Moore hac�a doce a�os.</p><p>La obligar�a a suplicar misericordia antes de que le arrancara el coraz�n.</p><p>Miranda hizo una mueca al escuchar la radio. Le hab�a bajado el volumen, pero se oy� igual.</p><p>��Aqu�, Moore -dijo, esperando que el aparato no emitiera eco. La lluvia ca�a con fuerza y ayudaba a amortiguar el ruido, aunque si el Carnicero le segu�a los pasos tendr�a que tomar todas las precauciones. Avanzaban pegadas a la ladera derecha para no mostrarse en terreno abierto, pero la lluvia convert�a la tierra en un lodazal. Miranda llevaba botas de escalar y, a�n as�, cay� una vez. Tuvo que recoger a Ashley m�s veces de las que pod�a contar. En su opini�n, no avanzaban lo bastante r�pido.</p><p>��Soy Booker. El Carnicero ha venido y se ha ido, hace unos noventa segundos, a paso r�pido. No se le ve�a contento.</p><p>La voz de Booker llegaba distorsionada.</p><p>��Recibido.</p><p>��Iba a dispararle, pero no encontr� el �ngulo.</p><p>��Es preferible mantenerse escondido. Si hubieras errado el primer disparo, habr�a sabido d�nde estabais. �C�mo est� Nick?</p><p>��Pasa ratos consciente y luego se desmaya. Estaba hablando con �l para mantenerlo despierto, hasta que vi a Larsen y tuve que guardar silencio. Despu�s se ha desmayado.</p><p>Joder. Nick necesitaba atenci�n m�dica, ya.</p><p>��He hablado con Peterson -sigui� Booker-. Ahora est�n bajando.</p><p>Bien. Al menos ten�a refuerzos.</p><p>��Voy a apagar mi radio -dijo ella-. No quiero ruidos. Cambio y fuera.</p><p>Mir� a Ashley. Aquella chica no sab�a el significado de la palabra silencio. Cada vez que tropezaba, se pon�a a gritar y luego empezaba a llorar como si se fuera a morir.</p><p>Miranda no pod�a culparla. Ashley estaba muerta de miedo. Sab�a qu� suerte hab�an corrido las dem�s v�ctimas del Carnicero. Ella misma hab�a sufrido sus perversiones en carne propia los dos �ltimos d�as.</p><p>Sin embargo, ten�a que explicarle las cosas de la vida -y la muerte- a Ashley van Auden.</p><p>Apag� la radio y se la meti� en el bolsillo. Ashley se par� sobre una roca cortante y cay� de rodillas.</p><p>���Auch! -exclam�, sollozando con la cara apoyada en el suelo.</p><p>Miranda levant� a Ashley, con todos los m�sculos tensados al m�ximo. Aunque Ashley era varios cent�metros m�s peque�a y unos cuatro kilos m�s ligera que ella, estaba empapada. Con el peso de la mochila y el agua, Miranda se sent�a torpe y lenta.</p><p>La lluvia hab�a lavado el cuerpo de Ashley, eliminando as� la sangre y el olor corporal, dejando s�lo el olor del jersey de lana mojado y del miedo. Porque el miedo que desped�a era palpable.</p><p>�O acaso era su propio terror?</p><p>Miranda llev� a la chica hasta un grueso pino ponderosa y la afirm� contra el tronco.</p><p>��Esc�chame, Ashley -dijo, con su voz m�s severa.</p><p>��Nos matar� -la interrumpi� Ashley-. T� lo sabes. Sabes que nos perseguir�. Lo he o�do. Lo he o�do en tu radio. Lo dijo ese poli. Viene a matarnos. Vamos a mo� a morir.</p><p>Miranda cogi� a Ashley por los brazos y la sacudi� con firmeza.</p><p>��C�llate. -No quer�a perder la paciencia, pero el coraz�n le lat�a desbocado. No ten�an tiempo. Larsen estar�a cubriendo el terreno que los separaba tres o cuatro veces m�s r�pido que ellas. Aunque contaran con esa ventaja inicial de veinte minutos, ya no les quedar�an m�s de diez. Y s�lo si segu�an avanzando.</p><p>Si corr�an.</p><p>No. Nada de seguir corriendo. Acabar�a aqu� y ahora.</p><p>La lluvia arreciaba. Miranda ech� una mirada a su alrededor. Pod�an aprovecharse del terreno.</p><p>Se encontraban en una parte ancha de la quebrada. Las rocas estaban como amontonadas en el centro, y un arroyo escu�lido corr�a por el lado norte y sur de las rocas. Aunque la ladera sur era m�s escarpada, hab�a m�s �rboles ca�dos. Mejores sitios donde esconderse.</p><p>���Ashley!</p><p>���Por qu� me tratas tan mal? No me entiendes -dijo la joven. -En sus labios malheridos se dibuj� un puchero y las l�grimas le rodaron por las mejillas -. T� no sabes nada. �Su�ltame!</p><p>Miranda no la solt�.</p><p>���Sabes qui�n soy?</p><p>��Miranda -dijo Ashley, con voz temblorosa.</p><p>��Soy <emphasis>Miranda Moore. </emphasis>En una ocasi�n, escap� de ese cabr�n. No dejar� que me mate. Ni a m� ni a ti.</p><p>Miranda qued� sorprendida de lo contundente que sonaba. Interiormente, estaba hecha un l�o. No ten�a idea de qu� pasar�a cuando viera a Larsen. No sab�a si se quedar�a paralizada, si le entrar�a el p�nico o si chillar�a enfurecida.</p><p>Pero s� sab�a una cosa: que no pod�an ir m�s r�pido que �l. Y que, esta vez, ella ten�a un arma y estaba f�sicamente en forma y, lo m�s importante, que ten�a el factor sorpresa a su favor.</p><p>No volver�a a ser la v�ctima.</p><p>Ashley parpade�, insensible a los hilillos de lluvia que le corr�an por la cara. Temblaba de fr�o pero, al parecer, no se daba cuenta.</p><p>���Lo prometes? -pregunt�, con una vocecilla infantil.</p><p>��Que Dios me ayude, pero tendr� que matarme a m� antes de que lo deje tocarte. Pero tienes que hacer exactamente lo que te digo. <emphasis>Exactamente.</emphasis></p><p>Ashley asinti� con la cabeza, lentamente.</p><p>��Vale.</p><p>Diez minutos. Ten�a diez minutos para ver si su plan funcionaba.</p><p>O Quinn la encontrar�a muerta.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359173">Cap�tulo 33</p></title><p>Quinn ayud� a Charlie a sacar los equipos de monta�ismo de las camionetas en lo alto de la monta�a. Bajar�an directamente haciendo rappel, con lo cual se ahorrar�an mucho tiempo en llegar al fondo. S�lo ten�an dos cuerdas lo bastante largas, as� que Quinn y Charlie bajar�an primero, seguidos por otros agentes.</p><p>��Diez minutos, como m�ximo -dijo Charlie.</p><p>Estaban a punto de empezar a bajar cuando son� la radio de Charlie.</p><p>��Aqu� Charlie.</p><p>��Soy el agente Booker. Larsen acaba de pasar por la barraca y ha seguido en la misma direcci�n que Miranda. Ya le he avisado. Ahora tiene la radio apagada.</p><p>Mierda. Quinn quer�a hablar con ella, saber exactamente d�nde se encontraba. Enterarse de c�mo estaba aguantando. Decirle que se cubriera las espaldas. Comunicarle confianza en su fuerza y perseverancia.</p><p>Sobre todo quer�a o�r su voz.</p><p>��El sheriff Thomas est� mal -dijo Booker-. Necesita un m�dico.</p><p>��Mandaremos al param�dico enseguida despu�s de nosotros -dijo Charlie-. Veinte minutos.</p><p>��Recibido.</p><p>Charlie se volvi� a Quinn.</p><p>��Vamos.</p><p>Quinn estaba en buena forma f�sica, pero bajar por una pared haciendo rappel requer�a el uso de unos m�sculos que �l ignoraba tener preparados. Cuando llegaron abajo, estaba sin aliento.</p><p>Pero no pod�an detenerse. Ech� un vistazo al paisaje de la quebrada. �D�nde estaba Miranda?</p><p>�D�nde estaba Larsen?</p><p>Charlie llam� a Booker, y supo que �l y Nick se encontraban a unos trescientos metros hacia el oeste.</p><p>��Vale, Booker. Aguanta. El equipo m�dico est� a punto de llegar.</p><p>Charlie se gir� hacia Quinn y se�al� el suelo.</p><p>��Mira.</p><p>La lluvia ca�a cada vez con m�s fuerza, y Quinn apenas pod�a ver sus pies. Y entonces vio lo mismo que Charlie.</p><p>Unas huellas profundas entre las hojas que se dirig�an al lecho rocoso.</p><p>��Por aqu� -dijo Quinn.</p><p>Miranda intuy� la presencia del cazador antes de verlo.</p><p>No sab�a exactamente <emphasis>c�mo </emphasis>se hab�a dado cuenta de que no estaban solas en esa parte del bosque, pero de pronto el aire h�medo se volvi� el�ctrico, la cortina gris de la lluvia se hizo m�s tupida y sus o�dos captaron todos los ruidos. El de la lluvia que golpeteaba sobre las rocas en el arroyo m�s abajo, cuyo caudal segu�a creciendo; y los gemidos suaves de los �rboles meci�ndose en la tormenta.</p><p>Su propio aliento entrecortado.</p><p>Hab�a intentado cubrir sus huellas, pero era casi imposible con el limitado tiempo del que dispon�a para llevar su plan a la pr�ctica. Esperaba que Ashley guardara silencio. Era lo �nico que ten�a que hacer. Esconderse y estarse callada.</p><p>Doce a�os antes, Miranda se hab�a enfadado con Sharon mientras hu�an del Carnicero. Cada vez que Sharon gritaba, ella se encog�a de terror, temiendo que su amiga atraer�a al Carnicero directo hacia ellas. Que �l las alcanzar�a y las matar�a.</p><p>Era lo que Sharon hab�a hecho.</p><p>Los tiempos hab�an cambiado. A pesar de que Miranda hac�a una mueca cada vez que Ashley gem�a, ahora lo entend�a. �C�mo pod�a juzgarla con tanta dureza por su miedo?</p><p>Era el mismo miedo que se apoderaba de ella, que le reptaba por la espalda, paso a paso, minando su determinaci�n.</p><p>Tendr�a que haber seguido. A la larga, Larsen las habr�a alcanzado. Pero quiz� no. Ella tendr�a que haberse quedado con Nick. Si hubiera mirado m�s detenidamente, quiz�s habr�a encontrado un lugar mejor donde ocultarse. O se habr�a quedado en la barraca, esperando a que �l entrara.</p><p>Ten�a que dejar de dudar de s� misma. Su miedo aumentaba porque <emphasis>�l </emphasis>se acercaba.</p><p>Maldita sea, �d�nde estaba? Ya tendr�a que haber aparecido.</p><p>Seguro que no cometer�a el error de pasearse por el centro de la quebrada. No, seguir�a sus huellas, se mantendr�a cerca de los �rboles para contar siempre con el elemento sorpresa. Miranda hab�a sembrado de huellas falsas en el lado norte de la quebrada, en la ribera opuesta a donde se escond�a ahora.</p><p>Supon�a que, gracias a su camuflaje, Larsen se confundir�a con la vegetaci�n. Con todos los m�sculos endurecidos por la tensi�n, esper�, sin dejar de escudri�ar.</p><p>All�.</p><p>Un movimiento a su izquierda. Leve. Justo frente al escondrijo de Ashley. Mir� y no vio nada. Quiz�s era la lluvia la que distorsionaba su visi�n perif�rica.</p><p>La luz estaba a punto de desvanecerse del todo bajo los cielos grises. La visibilidad era m�nima. La trampa era una mala idea. No lograr�a distinguirlo.</p><p>Pero quiz� funcionar�a. �l pasar�a de largo, y ella y Ashley se quedar�an quietas hasta que llegara Quinn.</p><p>S�. Eso ser�a lo mejor.</p><p>Lejos, a su izquierda, percibi� un movimiento. Joder. �Ashley! Baja la cabeza. Qu�date quieta. �Acaso no hab�a escuchado sus instrucciones? <emphasis>No te muevas. Qu�date agachada. Ni siquiera mires.</emphasis></p><p>Justo delante de ella, a unos doce metros, lo vio. Estaba totalmente quieto. Ella hab�a dejado una huella que segu�a unos sesenta metros m�s all� de su escondrijo, antes de volver atr�s. �Por qu� se hab�a detenido ah�? �Hab�a o�do algo? �Olido algo?</p><p>�Hab�a visto a Ashley en el interior del �rbol podrido <strong>donde </strong>Miranda la hab�a escondido?</p><p>Mierda. �Qu� lo hab�a alertado?</p><p>Empez� a entrarle el p�nico. Era imposible que supiera d�nde estaban escondidas. Ni ella ni Ashley.</p><p><emphasis>Por favor, Ashley, no te levantes. No hagas ruido, por favor. </emphasis>Larsen escuchaba. Estaba tan quieto que si Miranda no hubiera sabido que se encontraba ah�, se habr�a preguntado si no se lo hab�a imaginado. Pero lo hab�a visto por un instante y, si enfocaba, distingu�a su silueta.</p><p><emphasis>�Corred! �Corred!</emphasis></p><p>No, esta vez no echar�a a correr. Se quedar�a ah� mismo, detr�s de las rocas m�s bajas. Estaba tendida sobre el vientre, mirando desde arriba. Observando, con la mira puesta en el Carnicero. Estaba demasiado lejos para tenerlo como blanco seguro. Y no pod�a permitirse errar. Un solo disparo perdido y �l dar�a media vuelta y vendr�a a por ellas. Sabiendo d�nde estaban.</p><p><emphasis>Sigue adelante, Larsen. Sigue.</emphasis></p><p>Su plan era volver sobre sus pasos una vez que Larsen pasara. En los diez minutos que hab�a tenido para planearlo, decidi� que la mejor trampa consist�a en no dejarse atrapar. Que �l pasara y entonces ellas volver�an lo m�s r�pido posible adonde estaba Nick. En alg�n momento, antes de llegar a �l, se encontrar�an con Quinn y los dem�s.</p><p>Su primera responsabilidad era proteger a Ashley, no capturar al Carnicero. Sin embargo, a pesar de ese miedo, quer�a detenerlo. Ahora. No darle ninguna oportunidad m�s de hacerle da�o a una mujer.</p><p>Pero su trabajo le exig�a que sacara a Ashley del monte y la pusiera a salvo, y ella se lo tomaba muy en serio.</p><p><emphasis>Sigue adelante. �Venga, venga! �A qu� esperas!</emphasis></p><p>�l se qued� quieto, sin mover ni un m�sculo. �Por qu�?</p><p>Aunque no ve�a a Ashley, Miranda percib�a su p�nico.</p><p>Todo ocurri� como a c�mara lenta. Ashley asom� la cabeza fuera del tronco. Y volvi� a ocultarse.</p><p>Larsen se gir� completamente y se qued� mirando el tronco. Levant� el rifle.</p><p>Ashley grit� y sali� arrastr�ndose del �rbol muerto. Miranda apunt� con su pistola a Larsen. �ste puso una rodilla en tierra y gir� su rifle hacia Ashley.</p><p>Miranda dispar� una, dos, tres veces.</p><p>Larsen cay� al suelo. �Le hab�a dado?</p><p>Ashley volvi� a gritar y Larsen se arrastr� por el suelo apoy�ndose en los antebrazos. Hizo girar el rifle y le dispar� a Ashley.</p><p>���Ashley, ag�chate! -grit� Miranda, al tiempo que disparaba tres veces m�s contra Larsen. Pero �l ya se hab�a echado a rodar, lejos de su alcance y desapareci� detr�s de una roca.</p><p>�Mierda! �D�nde se hab�a metido?</p><p>Ashley lleg� dando tropezones al punto donde se escond�a Miranda.</p><p>��Lo siento, lo siento. Cre� que me hab�a visto. Y que ten�a que correr. Lo siento.</p><p>��Shh. Calla.</p><p>��Lo siento.</p><p>��C�llate -orden� Miranda. Ten�a que pensar. Se qued� mirando la roca, a unos doce metros. La visibilidad era tan escasa que no pod�a ver m�s all�. �Se hab�a parapetado al otro lado? �Intentar�a cogerlas por la derecha? �Por la izquierda? �Por atr�s?</p><p>�l ten�a que saber d�nde estaban. Pero Miranda no se atrev�a a moverse.</p><p>Lo esperar�a. No ten�a otra alternativa</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359174">Cap�tulo 34</p></title><p>Pas� un minuto.</p><p>Miranda no se movi�. Apenas se atrev�a a respirar. El �nico ruido que o�a aparte del golpeteo constante de la lluvia eran los temblores de Ashley.</p><p>Barri� el bosque con la mirada. Alerta a cualquier movimiento. A algo que le dijera d�nde se hab�a metido.</p><p>Nada.</p><p>Pas� otro minuto.</p><p>Sinti� el miedo en la boca, un sabor repugnante que le dio ganas de escupir. Pero no se atrevi� a abrirla. El pecho se le iba encogiendo mientras sus ojos iban de un lado a otro, sin parar.</p><p>Se sent�a como un animal paralizado por un terror at�vico. Incapaz de moverse, incapaz de salvarse. Finalmente morir�a ah�, como un cordero esperando al matarife. Impotente.</p><p><emphasis>No. No morir�s sin pelear.</emphasis></p><p>��Ashley -murmur� al o�do de la chica-, bajar� arrastr�ndome hasta el arroyo.</p><p>���No!</p><p>��Shh. -�Maldita sea! �Qu� le pasaba a esa chica? �Acaso no entend�a que la presa deb�a guardar silencio? Sobre todo, silencio.</p><p>Miranda empezaba a perder la sangre fr�a. <emphasis>Contr�late.</emphasis></p><p>��Voy a�</p><p>Oy� la descarga seca de un rifle al mismo tiempo que un trozo de la roca donde se escond�a se hizo a�icos junto a su cara. Ella pudo ahogar un grito, pero Ashley no.</p><p>���No! -chill� Miranda cuando Ashley se incorpor� de un salto y comenz� a correr ladera abajo.</p><p><emphasis>�Chas, chas!</emphasis></p><p>Ashley tropez� y rod� por el suelo.</p><p><emphasis>�La ha matado! �Dios m�o, no!</emphasis></p><p>Miranda comenz� a arrastrarse cerro abajo sobre el vientre, reduciendo el tama�o del blanco, y vio que Ashley se mov�a. No estaba muerta. La ca�da le hab�a salvado la vida. Por el rabillo del ojo, percibi� un movimiento. Se gir� y apunt� hacia abajo. �l estaba en parte cubierto por las rocas, as� que tambi�n estaba tendido.</p><p>Ahora levant� el rifle.</p><p>Ashley se incorpor� y ech� a correr.</p><p>Miranda dispar� una vez para distraer a Larsen. <strong>La bala </strong>rebot� justo a sus pies, pero �l ni se inmut�.</p><p>Iba a disparar a Ashley por la espalda. <strong>Tal como hab�a hecho </strong>con Sharon.</p><p>Se incorpor� de un salto.</p><p>���David Larsen! -grit�, a todo pulm�n.</p><p>Aquello s� lo distrajo. Gir� el rifle hacia ella <strong>al tiempo que </strong>se separaba de la roca que lo escudaba.</p><p>Los dos dispararon al mismo tiempo.</p><p>Miranda se volvi� hacia la izquierda y la bala le pas� tan cerca que sinti� el calor del roce contra su mejilla.</p><p>Larsen dej� escapar un gru�ido. �Le hab�a dado? �D�nde? No se atrevi� a mirar. Miranda se escabull� y, al abrigo de un pino, encontr� una relativa seguridad.</p><p>Pero no pod�a verlo.</p><p>Pas� otro largo minuto. Miranda expuls� el cargador vac�o de su pistola, lo reemplaz� por uno lleno y meti� una bala en la rec�mara. Ya no pod�a ver a Ashley, lo cual significaba que �l tampoco la ve�a. A menos que hubiera salido en su busca.</p><p>Ten�a que distraerlo.</p><p>���S� qui�n eres! -grit�-. Todos saben qui�n eres, David.</p><p>Oy� el sonido caracter�stico del mecanismo de un rifle al ser cargado. Mucho m�s cerca de lo que se hab�a esperado. Larsen guardaba silencio.</p><p>Nunca hab�a sido hombre de muchas palabras.</p><p>��El FBI est� por todas partes. He hablado con ellos por radio. Saben exactamente d�nde est�s. Nunca saldr�s de esta quebrada.</p><p>Sinti� su aliento en el cuello. Una descarga helada le recorri� la columna desde la nuca hasta la cintura. Ni siquiera lo hab�a o�do acercarse.</p><p>�l solt� una risilla apagada.</p><p>��Corre.</p><p>Ella se gir� r�pidamente a la izquierda y lanz� la pierna derecha con fuerza hacia arriba. El golpe lo hizo soltar el rifle.</p><p>Larsen emiti� un gru�ido e intent� cogerlo por la culata. Ella le dio una patada en la entrepierna y, aprovechando el impulso, lo hizo caer, al tiempo que rodaba para apartarse. Pero dio con la mu�eca en una roca y el golpe le hizo soltar la pistola.</p><p>�l la agarr� por la pierna cuando ella intent� coger la pistola, que qued� justo un palmo m�s all� de su alcance.</p><p>Larsen tir� de ella, intentando montarse encima. No para violarla sino para matarla. Dej� escapar un gru�ido al cogerla por la cintura y quedar encima de ella.</p><p><emphasis>�No! Otra vez, no. Nunca, nunca m�s.</emphasis></p><p>Miranda aprovech� la pendiente y la gravedad para rodar hacia la izquierda, desprendi�ndose de su peso. �l le asest� un golpe en el ri��n derecho y ella grit� de dolor.</p><p>Pero toc� el ca��n de su rifle con la punta de los dedos.</p><p>Miranda se gir� con el rifle en la mano y, con la culata le propin� un golpe en la cabeza justo cuando se abalanzaba sobre ella. Larsen cay� al suelo, atontado. Ella se incorpor� y lo apunt� con el rifle.</p><p>���Qu� te parece ahora? T� eres el cazado.</p><p>Miranda respiraba entrecortadamente, casi asfixiada por el torrente de adrenalina. Un solo disparo en la cabeza y todo habr�a acabado. Apunt�. Y apret� el gatillo.</p><p><emphasis>Clic.</emphasis></p><p>Miranda se qued� mirando el rifle. No hab�a bala en la rec�mara.</p><p>�l no vacil� ni un instante y cogi� el rifle por el ca��n. Ella intent� resistirse pero �l se lo arranc� de las manos de un tir�n. Y entonces resbal�, y dej� ir el rifle que rod� cuesta abajo.</p><p>Miranda vio el brillo de un pu�al en su cintura. Hab�a llegado el momento. No ser�a capaz de vencerlo en un combate cuerpo a cuerpo. Larsen era delgado, pero alto y mucho m�s fuerte de lo que parec�a.</p><p>Con sus ojos azul claro, el Carnicero le lanz� una mirada llena de odio. Y luego sonri� con un gesto grotesco.</p><p>��Hoy vas a morir.</p><p>Y de un salto se abalanz� sobre ella.</p><p>Quinn oy� disparos. Estaban muy cerca, pero �qu� pasar�a si fuera demasiado tarde?</p><p>Corri� a todo meter, tropezando entre las rocas y salpicando agua al cruzar el arroyo.</p><p>Oy� un grito de sorpresa. Miranda. No pod�a verla, pero no estaba demasiado lejos. Corri� m�s r�pido, desesperado por llamarla, pero consciente de que alertar�a a Larsen.</p><p>Lleg� a un claro y se detuvo a tiempo para evitar caer por una roca. Justo un poco m�s abajo, Larsen ten�a clavada en el suelo a Miranda. Y en la mano ten�a un cuchillo.</p><p>Quinn desenfund� su pistola.</p><p>Miranda sent�a el coraz�n sali�ndosele del pecho y las venas saturadas de adrenalina. Era como si su visi�n se hubiera agudizado, y su o�do afinado.</p><p>Larsen la ten�a clavada con todo su peso, y con el brazo izquierdo le presion� con fuerza la garganta. El cuchillo en su mano derecha lanz� un destello, mientras el agua ca�a de la hoja hacia su cara.</p><p>Su mayor temor era quedarse paralizada. Que no fuera capaz de defenderse cuando su vida estuviera en juego. Que los a�os de clases de defensa personal, como alumna y como profesora, m�s el ejercicio, la determinaci�n y todo eso no le sirvieran de nada.</p><p>Porque, al final, vencer�a �l.</p><p><emphasis>Ha llegado el d�a. El d�a de mi muerte.</emphasis></p><p><emphasis>No. �NO!</emphasis></p><p>Estir� la mano izquierda y le hundi� los dedos en los ojos hasta donde pudo. �l lanz� un rugido de dolor y se apart� de ella. Alz� el brazo derecho por encima de la cabeza, y Miranda vio la hoja afilada por ambos lados del pu�al de caza que ahora ca�a�</p><p>Miranda arque� la espalda y se sirvi� del precario equilibrio de Larsen para quit�rselo de encima.</p><p>No esper� a ver c�mo ca�a. Se incorpor� de un salto, pero �l la cogi� por el pie y volvi� a tirar de ella. Qued� tendida sobre el vientre, la peor posici�n posible. Sinti� una quemadura en la pierna cuando �l asest� la primera pu�alada. El calor escap� de su cuerpo y la tela del pantal�n, empapada de sangre, se le peg� a la pierna.</p><p>La hab�a apu�alado.</p><p>Miranda oy� que alguien gritaba. El Carnicero se qued� quieto, y disminuy� la presi�n de su peso.</p><p>Justo lo suficiente.</p><p>Miranda se levant� apoy�ndose en los brazos y le lanz� una patada con la pierna herida. La descarga de dolor le recorri� todo el cuerpo y se tambale�, presa del v�rtigo, pero no perdi� el control.</p><p>Larsen tropez� y, al caer, dej� ir el pu�al. Los dos se lanzaron a por �l al mismo tiempo.</p><p>Miranda sinti� que su mano se cerraba sobre el metal c�lido y pegajoso, con su propia sangre.</p><p>De pronto, lo mir�, y sus ojos quedaron fijos.</p><p>Los ojos sin alma de Larsen le dijeron a Miranda todo lo que ten�a que saber acerca de �l.</p><p>Mataba porque pod�a. El objeto de su pasi�n era la caza.</p><p>La cacer�a hab�a llegado a su fin.</p><p>Larsen se abalanz� hacia el pu�al que ella sosten�a. Sin vacilar, y con un movimiento certero, Miranda se lo clav� en el pecho. Su sangre le manch� las manos y Larsen quiso cogerla. Ella se encogi�, pero no solt� el pu�al.</p><p>�l abri� la boca, pero jadeando sin respirar. Intentaba decir algo.</p><p>Sonaba como <emphasis>Theron.</emphasis></p><p>Miranda no entendi� la referencia a la diosa griega, si es que se trataba de eso.</p><p>Lo vio morir, mir�ndolo directamente a la cara por primera vez.</p><p>No ten�a aspecto de hombre malvado.</p><p>Aquel tipo la hab�a violado. Le hab�a dejado heridas por todo el cuerpo y cicatrices en los pechos. Aquel hombre hab�a matado a sangre fr�a a su mejor amiga y al menos a otras seis mujeres. Hab�a aterrorizado a las mujeres del sudoeste de Montana durante doce a�os, hasta el punto que ya no se atrev�an a ir solas por la calle. Ni a conducir solas. Ni siquiera se sent�an seguras acompa�adas.</p><p>Aunque ahora estuviera muriendo, nadie olvidar�a jam�s su reinado de terror.</p><p>Sin embargo, no ten�a aspecto de monstruo. Parec�a m�s bien un chico asustado. De su boca brot� sangre y sus ojos miraron al cielo.</p><p>��The-ron.</p><p>Miranda solt� el cuchillo y se ech� hacia atr�s, trastabillando. Larsen se derrumb� sobre ella, cogiendo con las dos manos el pu�al que segu�a clavado en su pecho.</p><p>Miranda se dej� caer al suelo, con la pierna dolorida y el coraz�n disparado. Ten�a la cabeza hecha una nebulosa.</p><p>Acababa de matar a alguien. No a un hombre cualquiera, sino al Carnicero.</p><p>Las l�grimas rodaron por sus mejillas y respir� como si hubiera estado horas sin tragar ox�geno. Se qued� mirando a David Larsen, mientras la sangre se derramaba sobre la tierra. Los ojos vidriosos y muertos.</p><p>Lo vio agonizar hasta morir.</p><p>��Dios m�o, Miranda.</p><p>��Quinn. -Su voz sonaba rara, distante. No consegu�a enfocar la vista. Ahora que la adrenalina disminu�a, empez� a caer en un estado de <emphasis>shock.</emphasis></p><p>Unos brazos la cogieron. Unos brazos fuertes que la estrecharon.</p><p>��Miranda, pens� que� -Quinn no acab� la frase.</p><p>Ella se gir� en su pecho c�lido y respir� de su olor reconfortante, deseando que jam�s la dejara. Se aferr� a �l como si se estuviera hundiendo, sepultando sus sollozos en sus brazos. Y �l la sostuvo. No hizo m�s que sostenerla.</p><p>Su serenidad, profunda y tranquila, la apacigu�.</p><p>��Todo ha acabado, cari�o. Por fin ha acabado.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359175">Cap�tulo 35</p></title><p>Cuando Quinn volvi� con Miranda a la hoster�a ya era pasada la medianoche. Miranda estaba inusualmente callada, y Quinn la entend�a. Acababa de volver a vivir una experiencia traum�tica en el bosque.</p><p>Los param�dicos hab�an tardado casi dos horas en transportar a Nick, Lance Booker y Ashley desde la quebrada hasta el rancho de los Parker, donde esperaban las ambulancias. Un m�dico le vend� la pierna a Miranda mientras esperaba en un refugio provisional. Le fijaron un entablillado y la subieron lentamente por la monta�a despu�s de los otros.</p><p>Miranda hab�a querido volver enseguida a casa, pero Quinn la llev� al hospital para que le suturaran la herida. No estaba dispuesto a perderla de vista, y no le solt� la mano durante toda la visita.</p><p>Aunque David Larsen hab�a muerto, lo �nico en que Quinn atinaba a pensar era que hab�a estado a punto de volver a perder a Miranda.</p><p>Bill y Gray esperaban en el bar. Bill se apresur� a ir hacia su hija en cuanto �sta entr� cojeando con la ayuda de Quinn.</p><p>��Randy -dijo, con la voz ahogada por la emoci�n.</p><p>��Estoy bien.</p><p>Estaba mejor que bien. Miranda era una superviviente nata. Era algo que Quinn ya daba por sabida, y ella hab�a demostrado su valor enfrent�ndose cara a cara con el mal.</p><p>Esperaba que ahora creyera en s� misma. Nada de dudas sobre su persona, nada de �qu� pasar�a si�. Se hab�a convertido en una mujer que, Quinn lo sab�a, volv�a a ser due�a de s� misma.</p><p>��Sentaos -dijo Bill, y arrim� un par de sillas.</p><p>Se hundieron en sus asientos mientras �l les preparaba un whisky doble de su mejor botella.</p><p>��Espera un momento, si tomas analg�sicos, no puedes beber -dijo, reteniendo el vaso de Miranda.</p><p>��D�melo, pap� -dijo ella, estirando la mano-. No me he tomado las p�ldoras. Sabes que detesto los f�rmacos.</p><p>�l le pas� el vaso y se sent� a su lado.</p><p>��Todo ha acabado. Est�s a salvo.</p><p>Quinn apenas pod�a hablar. Todav�a estaba anonadado por el corte que Larsen le hab�a infligido a Miranda.</p><p>La mayor�a de las personas jam�s viv�an la experiencia traum�tica de enfrentarse a un asesino en serie. Y menos a�n dos veces.</p><p>Quinn le cont� a Bill la versi�n abreviada de lo sucedido.</p><p>��No puedo creer que el hermano de Delilah Parker� Y el pobre de Ryan, enterarse de esa manera -dijo Bill, sacudiendo la cabeza.</p><p>Miranda habl� por primera vez.</p><p>��Ryan es valiente. No s� por qu� Larsen no lo mat�. Tiene que haber intuido que Ryan lo sab�a.</p><p>��Por lo que s� de los asesinos en serie -dijo Quinn-, tienen sus propios sistemas de valores.</p><p>���Valores! -dijo Bill, indignado.</p><p>��Quiz� �reglas� sea una palabra m�s adecuada -explic� Quinn-. Por ejemplo, algunos asesinos no hacen da�o a los animales. Larsen era bi�logo especializado en la fauna salvaje y, seg�n todos los que hablaron con mi compa�era en Denver, amaba a las aves que cuidaba. Incluso les pon�a nombres.</p><p>��Theron -murmur� Miranda.</p><p>Quinn se gir� para mirarla. De pronto, se sinti� nuevamente desbordado por vivas emociones al pensar en lo cerca que Miranda hab�a estado de la muerte.</p><p>��Perd�n, �has dicho Theron?</p><p>Ella asinti� con un gesto de la cabeza.</p><p>��Al morir, dijo �Theron�. No entend� lo que significaba.</p><p>��Podr�a ser uno de sus p�jaros. -Quinn se volvi� hacia Bill y le apret� la mano a Miranda-. Puede que Larsen sintiera ese v�nculo de sangre con su sobrino. Iban a pescar juntos. Ryan pensaba que su t�o era una persona que sab�a escuchar. Puede que a Larsen ni se le hubiera pasado por la cabeza hacerle da�o, pero quiz� tampoco creyera que Ryan lo delatar�a.</p><p>��Pero �por qu� no se march�, sencillamente? �Por qu� no desapareci�?</p><p>��Ten�a que acabar lo que hab�a comenzado.</p><p>��Le he dejado a Richard un par de habitaciones -dijo Bill-. �l y Ryan se quedar�n unos d�as. Richard est� preocupado por Delilah. Cree que Larsen la ha matado.</p><p>��Es posible -dijo Quinn, aunque no lograba entender en qu� momento hab�a sucedido eso. Richard y Delilah estaban juntos cuando Sam Harris los visit�. Richard dijo que ella sali� poco despu�s, y que parec�a muy turbada. Ryan se encontr� con Larsen m�s o menos a la misma hora en que Delilah sali� del rancho.</p><p>Hab�a una hora en las andanzas de Larsen todav�a por explicar, el tiempo que Ryan hab�a tardado en llegar a la hoster�a a caballo.</p><p>Por las pruebas halladas en el rancho de Parker, Larsen hab�a entrado en la casa en alg�n momento, pero Quinn no sab�a a qu� hora.</p><p>�Hab�a vuelto Delilah Parker durante el breve rato que Quinn y el juez Parker hab�an salido? �Acaso hab�a tenido un altercado con Parker? No hab�a signos de violencia en la casa. No hab�an llevado a cabo una b�squeda por toda la propiedad debido a la operaci�n de rescate en la quebrada. Al d�a siguiente acudir�a un equipo completo para inspeccionarla, y lo mismo har�an en la caba�a de Parker en Big Sky, donde Nick hab�a tropezado con el escondrijo de Larsen.</p><p>O quiz� Delilah tem�a que su hermano fuera a por ella y se hab�a escondido. Entonces volver�a al d�a siguiente, cuando se enterara de su muerte.</p><p>O puede que huyera porque se sent�a culpable. Porque conoc�a las andanzas de su hermano y no hab�a hecho nada para impedirlo.</p><p>Quinn no lo sab�a con certeza, pero no le gustaban esos cabos sueltos, y el papel de Delilah Parker en la vida de su hermano era bastante oscuro.</p><p>Nick segu�a inconsciente. Ten�a una herida grave en la cabeza y una infecci�n que deber�an tratar. Quinn rogaba a Dios para que sobreviviera.</p><p>Por lo visto, JoBeth Anderson se recuperar�a. Y los padres de Ashley se hab�an trasladado desde San Diego. A la joven le dar�an el alta hospitalaria en un par de d�as, y ya hab�a decidido volver a California.</p><p>���Qu� pas� con Sam Harris? -pregunt� Miranda, disimulando un bostezo.</p><p>Quinn se puso tenso.</p><p>��Acab� volviendo a la oficina del sheriff y el telefonista le comunic� que lo hab�an relevado de sus funciones. Sali� de la comisar�a, al parecer, bastante furioso. Ma�ana me encargar� de �l.</p><p>En realidad, no sab�a qu� har�a con Harris. Hab�a puesto en peligro toda la investigaci�n y nada le gustar�a m�s a Quinn que aplicarle una sanci�n ejemplar. A�n as�, pens� que deber�a dejar la situaci�n en manos de Nick una vez que se recuperara del todo. Le escribir�a un informe formal al sheriff en cuanto hubiesen atado los cabos sueltos de la investigaci�n.</p><p>Por ejemplo, �d�nde estaba Delilah Parker? �Estaba viva o muerta?</p><p>Miranda bostez�, y Bill le dijo a Quinn que la llevara de vuelta a su caba�a.</p><p>��Cuida de ella, Peterson -dijo el viejo. Quinn no dej� de captar el doble sentido.</p><p>Bill abraz� a su hija.</p><p>��Te quiero, Randy -murmur� en su o�do, con la voz enronquecida por las l�grimas.</p><p>��Yo tambi�n te quiero, pap�.</p><empty-line/><p>A Miranda no le agradaba que se ocuparan demasiado de ella, y Quinn se estaba pasando de la raya. No paraba de asegurarse de que estuviera c�moda en la cama, con la pierna elevada, de preparar sus analg�sicos y una botella de agua en su mesita de noche, aunque ella insist�a en que no se tomar�a las grageas. Quinn encendi� un fuego en la cocina de le�a para combatir el fr�o que dominaba al ponerse el sol, y le ofreci� algo de comer, otra copa, agua. Le dijo que era tarde y que ten�a que dormir.</p><p>A pesar de todo, eso s�, era muy tierno.</p><p>��Quinn, si�ntate -dijo ella, dando unos golpecitos en la cama.</p><p>��No quiero hacerte da�o en la pierna.</p><p>��No me har�s da�o. Por favor -pidi�, y le tendi� la mano. �l la cogi�.</p><p>Quinn se sent� y Miranda adivin� el cansancio en sus vivos ojos color chocolate. Cansancio, preocupaci�n y alivio.</p><p>Y amor.</p><p>En sus ojos asomaron unas l�grimas, pero no de dolor ni de tristeza.</p><p>Por primera vez desde que el Carnicero hab�a cambiado el curso de su vida, se sent�a verdadera y maravillosamente viva.</p><p>Quer�a compartirlo todo con Quinn.</p><p>�l se inclin� y le acarici� la mejilla. Ella apoy� toda la cara en su mano, suspir� y cerr� los ojos.</p><p>��Te quiero Miranda.</p><p>Ella abri� los ojos. Lo vio a �l buscando su respuesta. Hab�a sido incapaz de decirlo antes. No porque no sintiera algo profundo por �l sino porque ten�a miedo. No soportaba la idea de volver a perderlo, y no sab�a qu� har�a para vencer su resentimiento y su sensaci�n de traici�n.</p><p>Sin embargo, junto con la confusi�n, hab�a desaparecido el miedo. El pasado era precisamente eso, pasado.</p><p>��Yo tambi�n te quiero -dijo con voz temblorosa-. Quinn, he sido una tonta. Me sent� tan herida hace a�os que nunca entend� qu� hiciste y por qu� lo hiciste. No s� si ten�as raz�n, pero ya no tiene importancia. Se impusieron mi orgullo y mi testarudez. Cre� que t� dudabas de m�, y eso me doli� m�s que cualquier otra cosa.</p><p>��Lamento haberte hecho da�o -dijo �l, y unas l�grimas brillaron en sus ojos-. Pero nunca dud� de ti. Espero que me creas.</p><p>��Te creo. Yo tambi�n te her�. Dije cosas crueles de las que me arrepiento -dijo Miranda, y guard� silencio. Le costaba tanto abrir su coraz�n, incluso a Quinn, en cuyo rostro resplandec�a el amor que sent�a por ella.</p><p>Miranda respir� hondo y pidi� lo que quer�a, lo que necesitaba. A �l.</p><p>���Podemos recuperar lo que ten�amos?</p><p>El se inclin� hacia delante y la bes� ligeramente.</p><p>��Randy, no podemos volver atr�s. No somos los mismos. Pero� -dijo, y volvi� a besarla-, podemos seguir adelante.</p><p>Una esperanza renaci� en el coraz�n de Miranda. Pero ten�a que o�rlo. Con toda exactitud.</p><p>���Qu� quieres decir? �Qu� deseas t�?</p><p>��Te necesito a ti. Te quiero a ti. Mi vida ha estado vac�a sin ti. Jam�s me he enamorado de nadie m�s que de ti, y te he llevado siempre en mi coraz�n. Deber�a haber vuelto antes, pero me perdi� mi propia testarudez.- Quinn sacudi� la cabeza y le recogi� un mech�n de pelo detr�s de la oreja.</p><p>��Estaba seguro de que, despu�s de un tiempo, llamar�as -dijo-. Que quiz� me gritar�as pero que, al final, dir�as que me quer�as y preguntar�as cu�ndo ir�a a verte.</p><p>��Y bien, creo que si algo queda claro es que somos dos personas muy testarudas.</p><p>�l le apret� suavemente la mano y la sostuvo contra su pecho.</p><p>��Randy, eres incre�ble. Has sido capaz de vencer a tus demonios mediante la pura voluntad. Cada vez que te observaba, pensaba que no encontrar�as la fuerza interior, que te dejar�as vencer por tus dudas. No pod�a estar siempre repiti�ndote que eras valiente y aguerrida. Ten�as que demostr�rtelo a ti misma.</p><p>Dicho eso, la bes�. Suave, c�lida y dulcemente.</p><p>��Y te lo has demostrado.</p><p>��Tem�a que nunca ser�a capaz de enfrentarme a ese monstruo que me hab�a quitado tantas cosas.</p><p>Se llev� las manos a los pechos. Unas l�grimas asomaron en sus ojos. Siempre estar�a marcada, siempre llevar�a en su cuerpo las huellas de un asesino.</p><p>��Cari�o, yo no veo las cicatrices. Te veo a ti. S� que est�n ah�, igual que t�, pero es algo exterior. Las cicatrices interiores han sanado. Y har� todo lo que est� en mi poder para que nunca vuelvan a abrirse.</p><p>Unas l�grimas rodaron por sus mejillas y �l se las sec�. La bes�, apretando los labios contra su boca. Ella se inclin� hacia adelante, queriendo algo m�s que una leve caricia. Lo deseaba a �l, entero y para siempre.</p><p>�l se retir�, como si temiera hacerle da�o.</p><p>��No -dijo ella, y volvi� a tirar de �l.</p><p>Los labios estaban separados s�lo por unos cent�metros, y Quinn ten�a sus ojos clavados en ella, las miradas entrelazadas en un abrazo invisible. Ella aguant� la respiraci�n.</p><p>��C�sate conmigo, Miranda. Te amo. Y esta vez no te dejar� marchar.</p><p>Ella asinti�, con el coraz�n lati�ndole a cien.</p><p>��Oh, s�. Si consigues aguantarme. -Intent� re�r pero fue casi un sollozo -. A veces soy un poco� bueno, bastante obsesiva con ciertas cosas. -Intentaba que su comentario fuera ligero, pero era verdad. Cuando le importaba algo, se concentraba en ello. Intensamente.</p><p>��S�lo con las cosas que importan -dijo Quinn-. Y nosotros importamos.</p><p>��S�, nosotros importamos</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359176">Cap�tulo 36</p></title><p>Quinn se reuni� con la agente especial Colleen Thorne y su compa�ero de trabajo, Toby Wilkes, temprano por la ma�ana, en la caba�a de pesca de Richard Parker, cerca de Big Sky. La peque�a casa en forma de A ten�a un balc�n que la rodeaba y una vista del lago m�s abajo.</p><p>Aunque hab�a dejado de llover en alg�n momento durante la noche, el aire estaba pesado y h�medo y, a ras de suelo, flotaba una niebla gris�cea.</p><p>Dos agentes hab�an pasado la noche custodiando la caba�a, apostados afuera, y otros dos hab�an llegado un poco antes que Quinn. Se hicieron las presentaciones y son� el m�vil de Quinn. Era el agente Zachary, notificando que iba a relevar a los polis apostados al exterior de la caba�a de Miranda. Colg� y Colleen lo mir� frunciendo el ce�o.</p><p>���Tienes a un poli vigilando la hoster�a? �Por qu�?</p><p>��En realidad, tengo a m�s de un poli. Tengo un coche afuera, un agente en la hoster�a y otro afuera de la caba�a de Miranda.</p><p>��Me dijiste que Larsen hab�a muerto.</p><p>Quinn se removi�, intranquilo. Colleen era una agente que cre�a en los hechos y la l�gica, y era endemoniadamente buena. Al contrario, la inquietud de �l ten�a que ver con los sentimientos.</p><p>��Es Delilah Parker. Puede que sea inofensiva, pero� -No acab� la frase. �C�mo pod�a explicar esa sensaci�n extra�a de que Delilah Parker siempre hab�a sabido qu� tramaba su hermano?- Fue su coartada por la violaci�n en Oreg�n. Hasta que averig�e por qu�, pienso tratarla como si fuera una amenaza.</p><p>��Es probable que, en este caso, se justifique la cautela. �Preparado? -pregunt�, asintiendo con la cabeza hacia la puerta.</p><p>Quinn rompi� la cerradura de la puerta mientras Wilkes echaba un vistazo al terreno.</p><p>���C�mo est� Miranda? -pregunt� Colleen.</p><p>��Es una mujer sumamente resistente.</p><p>���Os hab�is reconciliado?</p><p>El sonri�.</p><p>��La �nica pregunta es cu�nto tardaremos en llegar al altar.</p><p>��Me alegro -dijo Colleen, sonriendo.</p><p>En la caba�a se percib�a algo oscuro, fr�o y vac�o. La puerta principal daba a una sala grande, con el sal�n a la izquierda, la cocina y el comedor a la derecha. La puerta de la cocina daba al balc�n trasero, y otras dos puertas daban al cuarto de ba�o y a una alacena llena de latas de comida y aparejos de pesca.</p><p>La planta baja era un espacio vac�o y funcional. S�lidos sillones de pino con cojines oscuros. Una mesa redonda y grande con seis sillas y, en un rinc�n, una estufa que calentar�a f�cilmente aquel peque�o espacio.</p><p>No encontraron objetos personales en la planta baja, nada que indicara que alguien habitaba el lugar, excepto una solitaria taza en el fregadero. Quinn tom� nota y la guard� como prueba.</p><p>Una escalera de caracol llevaba a un <emphasis>loft. </emphasis>Aunque los agentes ya hab�an asegurado la casa, Quinn subi� con cautela.</p><p>A primera vista, la habitaci�n parec�a deshabitada. La cama estaba hecha, y en la c�moda no hab�a objetos personales. No hab�a ropa en el suelo y el cesto del rinc�n estaba vac�o.</p><p>Desde una ventana se ve�a un peque�o prado y la ladera de un monte de pinos. Podr�a haber sido un sitio rom�ntico como refugio de una pareja de amantes.</p><p>Bajo la ventana hab�a una mesa. Sencilla, con un solo caj�n largo y estrecho. Una silla de madera estaba arrimada a ella para escribir.</p><p>Con manos enguantadas, Quinn abri� el caj�n. Teniendo en cuenta que la casa estaba vac�a, no esperaba encontrar nada.</p><p>En el interior hab�a bol�grafos, papel suelto, clips y otros chismes. Entre todos aquellos objetos hab�a una caja, de aquellas que sirven para guardar sobres y hojas.</p><p>Quinn sinti� que algo en el pecho se le tensaba y se puso instintivamente en alerta. Sac� la caja con cuidado y la dej� sobre la mesa.</p><p>���Qu� es eso? -pregunt� Colleen, mirando por encima del hombro de Quinn.</p><p>En lugar de contestar, �l levant� la tapa.</p><p>Era una especie de diario. El forro de piel estaba desgastado y bru�ido de tanto manoseo. Lo sac� con cuidado de la caja.</p><p>Sobre la mesa cayeron varias tarjetas de visita. No, no eran tarjetas de visita�</p><p>Eran carn�s de conducir.</p><p>Con el coraz�n en la mano, recogi� una, la gir� y vio la foto del carn� de conducir de Penny Thompson.</p><p>Sinti� que tragaba bilis mientras cont� los veintid�s carn�s de conducir. Veintid�s v�ctimas en quince a�os. Sharon Lewis. Elaine Croft. Rebecca Douglas. Le tembl� la mano cuando lleg� al carn� de una joven Miranda Moore.</p><p>Abri� el diario.</p><p><emphasis>Ella me minti�. Me dijo que no sal�a con ese t�o. Pero yo los vi. Sus labios que no se separaban. Yo sab�a lo que �l quer�a hacerle a Penny. Quer�a foll�rsela. Quer�a sus pechos�</emphasis></p><p>Con un sentimiento de horror parecido al v�rtigo, Quinn pas� las p�ginas.</p><p><emphasis>La Puta</emphasis><emphasis>la dej� ir. No me quedaba otra alternativa que matar a Penny. �Acaso Dee no entend�a que Penny se habr�a quedado si yo le hubiera dedicado m�s tiempo? �M�s tiempo para convencerla de cu�nto la amo? �De qu� yo pod�a cuidar de ella?</emphasis></p><p>�Dee? �Delilah?</p><p>Quinn pas� por encima del secuestro de Miranda y Sharon y la cr�nica de las violaciones. No pod�a leerlo en ese momento. Deber�a haberlo puesto todo en manos de Colleen. Estaba demasiado involucrado personalmente.</p><p>Pero no lo hizo. Larsen hab�a muerto.</p><p><emphasis>Dee no me dej� matarla.</emphasis></p><p><emphasis>Me dijo que la puta Moore era demasiado fuerte para m�. Que ella hab�a ganado y que yo deb�a aceptar mi derrota.</emphasis></p><p><emphasis>Odio a Dee. Finge amarme pero me odia. Igual que mam�. Siempre como mam�. Babean su amabilidad de la boca para afuera, mientras sus manos y sus pechos me atormentan.</emphasis></p><p>Quinn sinti� que se le erizaban los pelos de la nuca al leer unas p�ginas m�s all�.</p><p><emphasis>Casi he matado a la puta Moore. Iba sola. Caminando. A ese campo donde siempre va, cerca de su casa. La ten�a en la mira. Podr�a haber recuperado lo que me hab�an robado.</emphasis></p><p><emphasis>Pero ella gan� con todas las de la ley. Dee dijo que no podr�a cobrar ese trofeo.</emphasis></p><p><emphasis>Las odio. La odio a ella. �La odio, la odio, la odio, la odio!</emphasis></p><p><emphasis>Pero Dee tiene raz�n. Esta vez no me merezco mi presa. No fui lo bastante r�pido. Fall�. No fallar� la pr�xima vez.</emphasis></p><p><emphasis>Ya he encontrado a la pr�xima. Es muy bella. Tambi�n mentir�. Todas mienten�</emphasis></p><p><emphasis>La odio. La odio, la odio, la odio.</emphasis></p><empty-line/><p>La letra se deterioraba a lo largo de la p�gina porque el boli se hincaba en el papel hasta rasgarlo en dos trozos. Quinn no sab�a si Larsen odiaba a Delilah o a Miranda, o a las dos. Volvi� la p�gina y encontr� una nueva entrada, fechada una semana m�s tarde. Pod�a ser una iron�a del destino, pero era la misma semana que Miranda hab�a viajado a Quantico. La letra volv�a a ser pulida y ordenada.</p><p><emphasis>Tengo a una en la vieja barraca de Carson. No cre� que se sostuviera en pie, pero Dee dice que est� bien para nuestro juego.</emphasis></p><p>Quinn cerr� el libro de un golpe y se lo pas� a Colleen antes de que hiciera una estupidez, como, por ejemplo, romperlo en pedazos.</p><p>��Lanzad una orden de busca y captura de Delilah Parker. Se la debe considerar peligrosa.</p><p>Todo era culpa de Miranda Moore.</p><p>Delilah lloraba por Davy. Su hermano peque�o estaba muerto. Ella llor� al o�r las noticias mientras se escond�a en la casa de vacaciones de la familia Vought. Sab�a que no vendr�an de California hasta que sus hijos hubieran acabado el colegio el mes siguiente.</p><p>Se podr�a quedar hasta el viernes, cuando viniera el cuidador a abrir la casa y limpiarla, aunque tambi�n tem�a que la polic�a decidiera investigar todas las residencias secundarias en la zona.</p><p>Delilah supon�a que la polic�a lo sab�a todo. Ella no ir�a a prisi�n. Encerrada como una bestia. No, ella no era un animal. Hab�a hecho todo lo posible. �Acaso nadie lo entend�a? �Hab�a hecho todo lo posible!</p><p>Las noticias de la televisi�n eran vagas, s�lo dec�an que el Carnicero de Bozeman hab�a sido identificado como David Larsen y que hab�a ingresado cad�ver en el hospital de Deaconess.</p><p>Sinti� que las entra�as se le revolv�an. Se supon�a que ella ten�a que proteger a Davy, asegurarse de que nunca le hicieran da�o, de que nunca lo capturaran.</p><p>Lo odiaba.</p><p>El dolor le martilleaba la cabeza. No odiaba a su hermano. No, �l la necesitaba. Ella s�lo odiaba la atenci�n que �l recib�a cuando los dos eran peque�os.</p><p>Al crecer, Davy se volvi� t�mido y callado. Hasta que fueron a la universidad, Davy era delgado como un chaval desnutrido y ni siquiera era m�s alto que ella. Sin embargo, cuando su madre se mat� en un accidente de coche, fue como si floreciera. Creci� quince cent�metros y comenz� a hacer ejercicio y a convertirse en un hombre.</p><p>A Delilah eso no le gust�. No le gust� nada. Davy le pertenec�a a <emphasis>ella. </emphasis>Ella lo controlaba. Ella lo manipulaba. Ella le dec�a qu� hacer y qu� no hacer. �l siempre le hac�a caso. Y siempre hab�a hecho lo que ella dec�a. Y ella lo proteg�a lo mejor que pod�a. Bueno, puede que no lo <emphasis>mejor. </emphasis>Por ejemplo, �qu� pod�a hacer para que su madre dejara de meterle mano?</p><p>En una ocasi�n, cuando ten�a catorce a�os, se escondi� en el armario. Mir� a trav�s de la celos�a y vio c�mo su madre le tocaba las partes a Davy. Y a �l parec�a gustarle. Su pene se pon�a duro y chorreaba esperma sobre los pechos de su madre.</p><p>Ella sab�a que eso que su madre le obligaba a hacer a Davy estaba mal. Pero �a qui�n se lo dir�a? �Qui�n le creer�a? Y, en cualquier caso, Delilah ten�a sus propios problemas. Por ejemplo, c�mo meter una serpiente en la taquilla de Mary Sue Mitchell sin que la pillaran.</p><p>Una serpiente venenosa. Al fin y al cabo, Mary Sue le hab�a tomado la mano a Matt Drake en la asamblea escolar de la semana anterior. �Acaso la muy puta cre�a que ella no se dar�a cuenta?</p><p>Davy siempre gozaba de todas las atenciones de mam�. Delilah era la hija no deseada. A veces prefer�a la libertad de no ser deseada. El resto del tiempo alternaba entre odiar a Davy y a su madre.</p><p>Sin embargo, interven�a a menudo para detener los duros golpes de su madre, y estaba dispuesta a ganarse una paliza con tal de evitar que golpeara a Davy. Si no amara a su hermano, �acaso habr�a aguantado esas palizas por �l?</p><p>Pero �l no era normal. Ella se dio cuenta a una edad muy temprana. �C�mo pod�a ser normal si su propia madre lo violaba?</p><p><emphasis>T� tambi�n lo violabas.</emphasis></p><p><emphasis>No, yo lo quer�a. �l me quer�a a m�. Siempre volv�a, �no? Siempre dec�a que me necesitaba.</emphasis></p><p><emphasis>T� le hiciste da�o.</emphasis></p><p><emphasis>�No! Nada de lo que yo le hice lo marc�. �l entend�a� dolor y placer. Era </emphasis><emphasis>ella.</emphasis><emphasis>Miranda Moore. Ella lo mat�. Lo apu�al�. Ten�a las manos manchadas con la sangre de Davy.</emphasis></p><p><emphasis>M�tala.</emphasis></p><p>Despu�s de diecis�is a�os de matrimonio, Delilah estaba sorprendida de no sentir nada m�s que irritaci�n hacia su marido. �l no la amaba. Ella lo hab�a dado todo por �l; hab�a cuidado de su casa y de su mocoso, cocinado y limpiado y asistido a sus est�pidos actos. Hab�a sido la mujer perfecta.</p><p>Y �l la miraba como si fuera una extra�a.</p><p>La �nica otra cosa que la molestaba, y la molestaba mucho, era Ryan. �C�mo si ella fuera capaz de hacerle da�o a su propio hijo! Ella no era su madre. Evitaba deliberadamente tocar a Ryan para no caer en la tentaci�n. Tampoco se pod�a decir que sintiera la tentaci�n.</p><p><emphasis>Ella no era su madre.</emphasis></p><p>Ella no hab�a querido descendencia, desde luego, un hijo, no. Pero cuando supo que estaba embarazada (�de qu� serv�an los anticonceptivos si no funcionaban?) <emphasis>estaba segura </emphasis>de que el beb� ser�a una ni�a.</p><p>Tener una ni�a para educarla como se debe educar a una hija. Para colmarla de atenciones, vestirla con ropa bonita, llevarla a restaurantes elegantes, organizarle una gran fiesta para su puesta de largo.</p><p>Solt� una risa amarga.</p><p>Hab�a tenido un ni�o. Otro Davy.</p><p>Sin embargo, era una buena madre, �maldita sea! Lo hac�a todo por �l. Le horneaba las jodidas galletas, le limpiaba su jodida habitaci�n. Asist�a a todas las jodidas reuniones de padres y obras de teatro y partidos de f�tbol.</p><p>�Qu� m�s quer�a? �Su sangre? �Con eso quedar�a satisfecho? �Acaso quedar�a alguien satisfecho?</p><p>Respir� hondo para relajarse. No serv�a de nada perder el control. Su sangre fr�a la hab�a salvado de muchas imprudencias.</p><p>Como la noche en que casi hab�a ahogado a Rory en su cuna. En el �ltimo momento, le quit� la almohada de la cara. Richard se habr�a enterado, y a ella la habr�an metido en la c�rcel.</p><p>O la vez que amenaz� con contarle a la polic�a lo de la chica en Portland. Estuvo a punto de no servirle de coartada a Davy. �El est�pido, imb�cil! Quer�a dejarlo todo por una zorra rica de la hermandad de mujeres del Delta de los cojones.</p><p>Sin embargo, al final, le procur� la coartada y fue muy convincente. Porque, sin Davy, su vida se habr�a venido abajo. Ella lo necesitaba a �l tanto como �l a ella.</p><p>Juntos eran m�s fuertes.</p><p>Ahora �l estaba muerto.</p><p>Todo era culpa de Miranda Moore. La muy puta lo pagar�a caro.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359177">Cap�tulo 37</p></title><p>Miranda se despert� tarde. La luz ba�aba los tragaluces. M�s abajo, en el valle, se hab�a acumulado una niebla gris, pero no tardar�a en despejarse.</p><p>Promet�a ser un d�a espl�ndido.</p><p>Se dio media vuelta, esperando encontrar a Quinn a su lado. En su lugar, encontr� una nota.</p><p><emphasis>Miranda,</emphasis></p><p><emphasis>No quer�a molestarte. Me reunir� con Colleen en Big Sky para llevar a cabo un registro r�pido de la caba�a. Deber�a estar de vuelta hacia mediod�a, o llamar� si me retraso.</emphasis></p><p><emphasis>He llamado al hospital. Nick sigue igual, lo cual es m�s o menos una buena noticia. JoBeth Anderson est� despierta y consciente. Ashley ha pedido hablar contigo. Se pondr� bien, gracias a ti.</emphasis></p><p><emphasis>Qu�date en la hoster�a. Tengo a cuatro agentes vigilando el lugar. Hasta que no sepa qu� pasa con Delilah Parker, preferir�a tom�rmelo con cautela.</emphasis></p><p><emphasis>Te quiero.</emphasis></p><p><emphasis>Q.</emphasis></p><p><emphasis>P.S. No camines con la pierna mala. Si tienes que ducharte, que sea<strong/>r�pido.</emphasis></p><empty-line/><p>Miranda sonri�. La semana anterior, sin ir m�s lejos, habr�a pensado que la protecci�n policial era una exageraci�n. Pero ese d�a estaba dispuesta a permitirle a Quinn su paranoia.</p><p>Su sonrisa se convirti� en un ce�o fruncido. No pod�a ni imaginarse lo que estaba viviendo Delilah Parker en ese momento, despu�s de enterarse de que su propio hermano era el Carnicero, un violador. Miranda estaba segura de que los temores de Quinn no ten�an fundamento. �C�mo pod�a participar una mujer, aunque s�lo fuera callando, en la violaci�n y tortura de otra mujer?</p><p>Era una perversi�n. Una perversi�n casi tan indigna como la de David Larsen.</p><p>Sali� trabajosamente de la cama y se puso de pie. Ten�a la pierna herida r�gida y le dol�a, pero pod�a caminar sin muletas si iba lentamente. Moverse era el mejor remedio. En realidad, la pierna no le dol�a m�s que la terrible magulladura en el hombro, que se hizo al chocar contra la roca.</p><p>Necesitaba una ducha. Se hab�a duchado en el hospital, pero el agua era tibia.</p><p>Abri� el grifo y esper� a que el agua se calentara. Deseaba que Quinn estuviera ah�. Se quit� el pijama y se mir� en el espejo.</p><p>Ten�a diecinueve cortes en los pechos, todos de unos tres cent�metros de largo. Los hab�a contado. Una y otra vez. Hab�a perdido gran parte de la sensibilidad de los pezones, puesto que los nervios hab�an sido da�ados para siempre. Cerr� los ojos. Sinti�, como siempre, una profunda indignaci�n ante el reflejo de su escarificaci�n. Las cicatrices que conservaba en tobillos y mu�ecas por haber estado encadenada, o el corte grande que ten�a en el interior del muslo, no le incomodaban ni la mitad que sus pechos heridos.</p><p>Se oblig� a mirar de nuevo, hasta que la condensaci�n en el espejo ya no le dej� ver su reflejo.</p><p>Ahora las cicatrices eran parte de ella. Ten�a que dejar de compadecerse de s� misma. Quinn nunca hab�a sentido el rechazo que ella misma sent�a. Rabia, s�. Miranda hab�a visto el destello de rabia en sus ojos.</p><p>La rabia no le molestaba. La compasi�n, s�.</p><p>�Se hab�an acabado los �qu� pasar�a si�! Ella se sent�a cada d�a m�s c�moda consigo misma. El Carnicero hab�a muerto. Miranda ten�a que enterrar su autocompasi�n y su rabia. Ten�a toda una vida por delante, con Quinn.</p><p>Y �l la amaba tal como ella era.</p><p>Se meti� en la ducha caliente y pens� en c�mo ser�a la vida casada con Quinn. Divertida. Un desaf�o. Emocionante. Frustrante. Ella era una testaruda, y �l tambi�n. Sin embargo, reconciliarse era parte de la diversi�n de pelearse, �no?</p><p>Hab�an tardado a�os en volver a encontrarse, y Miranda no quer�a perder ni un minuto. La boda ser�a lo m�s pronto posible. Cuando Quinn volviera a Seattle, ella volver�a con �l. Seguro que encontrar�a un empleo en una Unidad de B�squeda y Rescate en el estado de Washington. En Seattle hab�a r�os y cursos de agua, y las Monta�as Cascade. Ella ten�a experiencia en todo tipo de terrenos.</p><p>Y, por primera vez en m�s de diez a�os, pens� en tener un hijo.</p><p>Con Quinn.</p><p>Cerr� el grifo y busc� la toalla que colgaba del gancho fuera de la ducha. No la encontr�. Qu� raro. Estaba segura de haberla dejado ah�. Habr�a ca�do al suelo. Abri� la puerta del todo y sali�.</p><p>Y se encontr� frente a frente con el ca��n de una nueve mil�metros semiautom�tica.</p><p>Mir� a los ojos fr�os y desquiciados de Delilah Parker, que no se parec�a en nada a la elegante dama de sociedad que hab�a conocido en el pasado.</p><p>���Qu� hac�as? �Lavarte las manos de la sangre de mi hermano?</p><p>Cuando en la caba�a de Miranda no contestaron, Quinn utiliz� la radio para hablar con los agentes que custodiaban la hoster�a.</p><p>��He emitido una orden de busca y captura de Delilah Parker -dijo-. Seguro que va armada y es peligrosa. Hay serias pruebas de que ha ayudado a su hermano, David Larsen, a secuestrar a las v�ctimas.</p><p>��Dios m�o -dijo uno de los agentes.</p><p>��Pasemos revista. Decid nombre y ubicaci�n. -Jorgensen, entrada principal y comprobaci�n del per�metro cada<strong/>veinte minutos.</p><p>��Zachary, entrada principal e interior, aqu�.</p><p>��Ressler, senderos, granero, aparcamiento, todo despejado.</p><p>Silencio. Hasta que habl� Jorgensen.</p><p>��Walters, reporta tu posici�n.</p><p>Silencio.</p><p>Quinn sinti� que el coraz�n se le sub�a a la garganta.</p><p>���Ressler, t� y Jorgensen, iros a la caba�a de Miranda, ya! Llamad a todos los hu�spedes y empleados al comedor y mantenedlos ah� hasta que os den aviso. Traer� refuerzos. Llegar� en unos diez minutos.</p><p>Dio un golpe a la radio.</p><p>���Maldita sea! -�Por qu� la hab�a dejado sola? Crey� que estar�a a salvo. Cuatro polis protegiendo la hoster�a. Eran pocos los criminales que se atrev�an a cargarse a un poli sin m�s. M�s bien, esperaban una oportunidad para colarse sin ser vistos.</p><p>Sin embargo, se hab�a cargado a Walters. Delilah Parker hab�a llegado hasta Miranda.</p><p>Quinn aceler� la camioneta, tomando las peligrosas curvas a toda velocidad.</p><p>�l y Miranda por fin se hab�an reencontrado. Esta vez no estaba dispuesto a perderla.</p><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359178">Cap�tulo 38</p></title><p>��Si<emphasis/>te atreves aunque no sea m�s que a abrir la boca, te matar�. Lentamente. Y luego matar� a tu amante.</p><p>Miranda se crey� la amenaza de Delilah. No quer�a morir. No ahora, que hab�a puesto sus demonios a buen recaudo. No soportaba la idea de que Quinn la encontrara muerta.</p><p>Delilah Parker era una mujer enferma.</p><p>Con las manos atadas detr�s de la espalda, Miranda sinti� la carne de gallina en la piel todav�a h�meda. Llevaba puesta una delgada bata de algod�n y nada m�s.</p><p>Temblando y descalza, Miranda avanz� a trompicones por el sendero, sintiendo la pierna adolorida. No ten�a ni idea de a d�nde la llevaba Delilah, pero todav�a no estaba muerta. Ya encontrar�a una oportunidad para escapar.</p><p>���Por qu� haces esto? -pregunt� Miranda.</p><p>��Porque quiero -dijo Delilah, como una ni�a mimada-. Venga, sigue caminando.</p><p>Ten�a que seguir habl�ndole. Miranda lo recordaba de sus clases de psicolog�a criminal.</p><p>���Por qu� ayudabas a tu hermano a secuestrar mujeres? Eres una mujer. Supongo que sentir�as alguna simpat�a por ellas.</p><p>Delilah se encogi� de hombros.</p><p>��Era interesante.</p><p><emphasis>�Interesante? </emphasis>�Delilah pensaba que violar y disparar a mujeres por la espalda era <emphasis>interesante!</emphasis></p><p>���Nos entregabas a nosotras, las mujeres, y luego te marchabas sin m�s? �Sabiendo lo que �l iba a hacer?</p><p>��Habla m�s bajo -advirti� Delilah, con un silbido de voz.</p><p>Miranda no pod�a creer lo que estaba oyendo. Sigui� caminando, aunque hablando en un murmullo, consciente de la pistola que le apuntaba por detr�s.</p><p>���C�mo pod�as hacer eso? �Simplemente darles la espalda?</p><p>��No les daba la espalda. No soy una cobarde. No soy como David.</p><p>Miranda tropez� al o�r esas palabras. Delilah la enca�on� para que se levantara.</p><p>��Venga, sigue caminando.</p><p>��Mi pierna.</p><p>��Y �a qui�n le importa una mierda tu pierna? Davy ha muerto.</p><p>Miranda se mordi� la lengua y unas l�grimas asomaron en sus ojos. -�T� lo sab�as? �T� mirabas?</p><p>��Quer�a mirar. Quer�a ver qu� hac�a falta para quebrar a alguien. Davy insist�a en que si encontraba a la chica adecuada, ella querr�a quedarse con �l para siempre. Yo le dec�a que era una tonter�a. Y ten�a raz�n.</p><p>�C�mo pod�a ignorar esos gritos que no paraban? �Ella miraba mientras su hermano violaba y torturaba a las mujeres y lo encontraba <emphasis>interesante? </emphasis>�Para ver c�mo se quebraba a un ser humano? Miranda sinti� que se le revolv�a el est�mago y la bilis le lleg� a la boca de la garganta. Se oblig� a tragar, y la sensaci�n de quemaz�n le arranc� una mueca.</p><p>�Delilah era una criatura tan retorcida como su hermano!</p><p>��Sabr�s que no es culpa m�a -sigui� Delilah-. Davy cogi� a esa primera chica sin dec�rmelo. �Te lo puedes creer? Fue, la secuestr� y la viol�. Cre�a que si la chica se enteraba de cu�nto la <emphasis>quer�a </emphasis>-dijo Delilah, entornando los ojos-, se quedar�a junto a �l.</p><p>��Penny -dijo Miranda, como si hablara sola.</p><p>��Se supon�a que no deb�a tocar a otras mujeres sin mi permiso. Pero yo sab�a, como una mujer sabe que su marido la enga�a, yo sab�a que �l ten�a otra mujer. Lo segu�. Y ah� estaba, atada en el suelo inmundo de alguna caba�a abandonada. Vi a Davy a trav�s de la ventana. Rog�ndole que le dijera que lo amaba, bla, bla, bla.</p><p>��Davy sali� una hora m�s tarde y yo la solt�. Le dije c�mo ten�a que bajar desde la monta�a. Me rog� que la llevara conmigo. Como si yo quisiera ayudarla. La acompa�� hasta la entrada de la quebrada y alcanc� a Davy antes de que subiera a su todoterreno. -Delilah ri�, un gesto sorprendentemente ligero teniendo en cuenta su escalofriante relato.</p><p>��Le dije que ten�a que matarla. Si no la mataba, ella lo entregar�a a la polic�a -dijo, y sacudi� la cabeza-. Lo esper�. No tard� demasiado.</p><p>Delilah empuj� a Miranda para que avanzara. Miranda tropez� sobre una ra�z y cay� de rodillas. Los puntos de sutura se tensaron y un hilillo de sangre le corri� por la pierna. Delilah le propin� una patada.</p><p>���Lev�ntate!</p><p>Miranda se incorpor� apoy�ndose en las pantorrillas y con las piernas hacia fuera para mantener el equilibrio, mientras sent�a la rabia acumul�ndose en ella. Le aterraba pensar en lo que era capaz de hacer Delilah. Aquella mujer demostraba una total y absoluta indiferencia al dolor y el sufrimiento ajenos.</p><p>��Est�s enferma, Delilah. Te parec�a emocionante ver c�mo tu hermano violaba a las mujeres.</p><p>Miranda se prepar� para un golpe que no lleg�. Delilah guard� silencio, y Miranda entendi� en ese momento hacia d�nde se dirig�an. A su campo. A aquel prado especial donde ella iba a pensar, a relajarse y a celebrar las cosas buenas de la vida.</p><p>�Acaso Delilah la hab�a mirado mientras ella reflexionaba sentada en ese amplio espacio abierto? �Acaso la segu�a? �La acechaba? Y �el enfermo de su hermano? �Hab�a hecho lo mismo?</p><p>En los lindes del claro, Delilah oblig� a Miranda a sentarse de un empuj�n. �sta tropez�, y no pudo evitar golpearse la cara contra el suelo. De sus ojos brotaron l�grimas, m�s por la indignaci�n y el miedo que de dolor.</p><p>Delilah parec�a una mujer delicada, pero era fuerte. Empuj� a Miranda contra un �rbol y la oblig� a sentarse. Miranda sinti� las piedras y las afiladas agujas de pino hinc�ndosele en las nalgas y las piernas, pero se resisti� al impulso de gritar. No le dar�a a esa perra la satisfacci�n de verla llorar. Delilah le quit� las ataduras de las manos.</p><p>Era su oportunidad.</p><p>Miranda intent� darle con ambos brazos. Anticip�ndose a su movimiento, Delilah le asest� un golpe en la sien con la culata de su pistola. Miranda se derrumb�, jadeando de dolor. Apret� con fuerza los dientes para soportar el dolor y las n�useas, y Delilah volvi� a empujarla para que se sentara contra el �rbol. Le at� las manos por detr�s y alrededor del tronco. Delilah tir� con fuerza de ambos brazos y Miranda lanz� un grito.</p><p>���Qu� haces? -consigui� preguntar.</p><p>��Esperando.</p><p>���A qu�?</p><p>��A que aparezca tu amante.</p><p>��No lograr�s salirte con la tuya. -�Era una estupidez decir eso! Adem�s, Miranda tem�a que Delilah estuviera lo bastante desesperada para hacer cualquier cosa.</p><p>Miranda imagin� diversos escenarios. Pod�a gritar, pero Delilah sencillamente la dejar�a inconsciente de un golpe. Pod�a lanzar una patada para hacerle soltar la pistola pero, atada al �rbol, Miranda no ten�a ninguna posibilidad de hacerse con ella. La mejor oportunidad que tendr�a ser�a avisar a Quinn cuando estuviera lo bastante cerca. Advertirle que se trataba de una trampa. S�lo pod�a esperar que �l se percatara antes de que fuera demasiado tarde.</p><p>��Te vi a ti y a ese poli -sigui� Delilah-. La otra noche, que estabais follando.</p><p>�Ella estaba ah�? �Hab�a estado tan cerca y ellos sin saberlo? Miranda se sent�a como manchada al enterarse de que el momento m�s �ntimo de su reuni�n con Quinn hubiera sido observado por aquella mujer retorcida y enferma.</p><p>��Cuando era peque�a, nunca entend�a qu� hab�a de tan extraordinario en el sexo. Parec�a tan complicado. Los cuerpos sudando y todo eso. Sol�a mirar a mi madre, despu�s de que mi padre nos dej�. Miraba lo que hac�a con los hombres. Lo que hac�a con Davy.</p><p>Miranda aguz� el o�do. �Su madre hab�a abusado de su propio hijo? Toda la familia estaba enferma. Una leve chispa de compasi�n asom� en el alma de Miranda, pero algo en ella la reprimi�. <emphasis>Todos tenemos la capacidad de elecci�n. Ellos eligieron ser perversos.</emphasis></p><p>Delilah guard� silencio un momento largo. Y luego volvi� a hablar.</p><p>��Yo odiaba a Davy. Mam� lo quer�a m�s. Lo abrazaba. Lo besaba. Yo era la hija no deseada. Pap� me quer�a, pero nos dej� y nunca volvi�. Nunca, ni siquiera una vez. Simplemente se fue. -Respir� hondo y su tono de voz dej� de ser infantil-. Pero mam� quer�a m�s a Davy, y lo met�a en su cama. Hac�a todo por �l. Y yo lo odiaba. Claro que cuando supe que se lo estaba follando, el pobre chaval me dio un poco de pena. �l se quedaba ah� tendido y lloraba. Era pat�tico. �Por qu� no se resist�a? �Por qu� no se iba? -pregunt�, sacudiendo la cabeza-. No dej� que te matara -dijo, al final.</p><p>Miranda prefiri� tragarse su respuesta. No era el momento de contradecir a Delilah.</p><p>��Despu�s de que te escapaste, quer�a matarte, pero t� luchaste. Yo admiraba eso. Y mira c�mo me has pagado. �Te di la vida y ahora has matado a mi hermano! -exclam�, y le dio a Miranda en toda la cara, aplast�ndole la cabeza contra el �rbol. Miranda literalmente vio estrellas y lanz� un grito de dolor.</p><p>���Eres una perra enferma!</p><p>��Nada de palabrotas -dijo Delilah. Sac� un pa�uelo de su bolsillo y se lo meti� a Miranda en la boca. Luego, le at� un trozo de cuerda para mantener la mordaza en su lugar.</p><p>Ahora no podr�a advertir a Quinn. Miranda sinti� que el est�mago se le revolv�a. Por favor, por favor, no vengas.</p><p><emphasis>No soportar�a verte morir.</emphasis></p><p>El agente Dick Walters estaba muerto. De un disparo en la cabeza. Y Miranda hab�a desaparecido.</p><p>Quinn dej� el cuerpo del poli en el peque�o porche de Miranda y dio �rdenes a la media docena de agentes del sheriff que ya hab�an llegado. Los dem�s ven�an en camino, junto con otros agentes del FBI, pero el tiempo apremiaba. Quinn no pod�a esperar a que llegara m�s ayuda.</p><p>Delilah incluso no hab�a intentado disimular sus huellas. Esperaba que la siguieran. Quer�a que la siguieran.</p><p>�Qu� pretend�a? Ten�a a Miranda, supuestamente viva, ya que no hab�an encontrado sangre en el interior de la caba�a. Pero �por qu� mantenerla con vida?</p><p>Delilah quer�a a alguien o algo, y un reh�n le dar�a algo con qu� negociar.</p><p>Quinn odiaba las negociaciones con rehenes. La enorme tensi�n de ser responsable de las vidas de personas inocentes hab�a destruido a algunos de los mejores agentes con que hab�a trabajado. Pero era peor cuando el reh�n era alguien que uno conoc�a.</p><p>O alguien a quien uno amaba.</p><p>��Hay que ir con cuidado -le dijo a los agentes, y envi� a dos por la derecha y a otros dos por la izquierda, adem�s de los dos que lo segu�an por el camino que hab�a tomado Delilah.</p><p>Se dieron prisa, manteni�ndose pegados a los �rboles, por si fuera una trampa. No caminaron, ni siquiera doscientos metros, antes de que el sendero desembocara en un prado, oculto por una densa cortina de �rboles.</p><p>Quinn no pod�a equivocarse. La bata blanca de Miranda casi brillaba en el fondo verde y marr�n de los �rboles en el l�mite del prado, como un faro que anunciaba su presencia. Estaba sentada al pie de un �rbol. Quinn sac� sus prism�ticos y mir�.</p><p>Estaba atada al �rbol y amordazada. Llevaba el pelo mojado y aquella sencilla bata. Sin embargo, el fr�o era un problema menor para ella en ese momento.</p><p>Quinn no ve�a a Delilah por ning�n lado. Algo le dec�a que aquello era una trampa.</p><p>Le dieron ganas de correr hasta donde estaba Miranda, pero dio un paso atr�s. No les servir�a a ninguno de los dos si a �l lo mataban.</p><p>Habl� por radio, en voz baja.</p><p>��Parece una trampa. No entr�is, repito, no entr�is en el claro.</p><p>Se gir� hacia Jorgensen.</p><p>��El meg�fono -pidi�, y �ste se lo pas�.</p><p>Quinn respir� hondo. Era el momento clave.</p><p>��Delilah Parker -dijo, con el meg�fono en alto, la voz a todo volumen y con un retint�n met�lico-. Delilah, soy el Agente Especial Quincy Peterson, del FBI. Puede que te acuerdes de m�. Tuviste la amabilidad de ofrecerme limonada con pastel de pl�tano el d�a que llegu� a la ciudad.</p><p>Quinn dijo lo primero que se le vino a la cabeza, pero parec�a lo correcto. Hizo un gesto a los hombres para que se abrieran por ambos lados y no se dejaran ver. Mir� a Jorgensen, le hizo una se�al y �ste dio media vuelta y se dirigi� a la hoster�a. El plan B era un �ltimo recurso.</p><p>Quinn tem�a que fuera su �nica opci�n.</p><p>Delilah Parker ten�a una obsesi�n por el control y la imagen. Quinn record� lo que Nick le hab�a dicho acerca de su necesidad de ser una buena anfitriona, y que nunca hab�a que rechazar una copa o una comida de la se�ora Parker.</p><p>Ten�a que apelar a esa parte suya.</p><p>No a la parte que miraba mientras el hermano violaba a casi dos docenas de mujeres.</p><p>���Delilah? �Puedes asomarte para que hablemos?</p><p>���No! �Lo est� haciendo mal!</p><p>Delilah estaba enfadada, y Miranda la mir� a ella y luego a Quinn, a casi cien metros de distancia. Delilah se hab�a escondido detr�s de un �rbol podrido y hueco. Su intenci�n era matar a Quinn cuando viniera a rescatar a Miranda. Para que �sta lo viera morir.</p><p>Pero Quinn no estaba jugando su juego, y eso la enfurec�a. Dio una patada en el suelo e hizo un puchero.</p><p>��Delilah, ahora esto es entre t� y yo -dijo Quinn por el meg�fono-. Nadie m�s. T� me dices lo que quieres y yo ver� c�mo te lo conseguimos. �De acuerdo?</p><p>���No! -De un brinco, Delilah sali� de su escondite y se acerc� a Miranda a grandes zancadas. Le apoy� el ca��n del arma en la cabeza. Miranda no pod�a parar de temblar. Hab�a visto el cuerpo de Dick Walters. A ella tambi�n la matar�a.</p><p>Y matar�a a Quinn si ten�a la oportunidad.</p><p>��Baja el arma para que podamos hablar -dijo Quinn. Empez� a caminar por el lado m�s angosto del prado. Daba la impresi�n de que se alejaba, pero Miranda sab�a qu� estaba haciendo. Intentaba acercarse. Intentaba distraer a Miranda de todo lo que estaba pasando. Miranda solo ve�a un poli entre los �rboles. Seguro que hab�a m�s.</p><p>���No, no, no! -Delilah dio patadas en el suelo-. �Es que no lo ves? -grit�-. Ella tiene que morir. Pero eso no tiene ninguna gracia si antes no te ve morir a ti. Ella mat� a Davy. Ahora tiene que sufrir por hab�rselo cargado. �No lo entiendes?</p><p>��Delilah, comprendo lo que debes estar viviendo -dijo Quinn-. El dolor es una emoci�n poderosa.</p><p>��T� no sabes nada del dolor.</p><p>��Ponme a prueba.</p><p>��No. S�lo quieres ganar tiempo. �Qu� vas a hacer? Traer a una unidad de las SWAT para que vengan y me disparen. Pues, te dir� una cosa, y es que tu amiguita tambi�n morir�.</p><p>A Delilah no le temblaba la mano, pero sudaba copiosamente. No dejaba de mirar a uno y otro lado, con ojos de roedor asustado. Miranda esperaba una oportunidad para hacer algo, pero no ten�a ni idea de qu� pod�a ser. Miraba a Quinn en busca de una se�al, pero �l no reparaba en ella. Ten�a la mirada fija en Delilah.</p><p>Sigui� acerc�ndose.</p><p>��Delilah, t� no quieres hacer eso. Has tomado algunas decisiones equivocadas, pero t� no mataste a esas chicas, �no?</p><p>���A qui�n le importa? A nadie le import� cuando les cont� lo que mi madre hac�a con Davy. No me creyeron.</p><p>��Yo te creo, Delilah.</p><p>��No soy tonta, Agente Especial Peterson -grit�-. S� lo que intentas hacer. Quieres que me rinda por remordimiento, que diga que lo siento. Pues, no lo siento. Lo �nico que lamento es no haber dejado que Davy matara a esta puta -dijo, y le dio a Miranda una patada en el costado-, cuando escap�.</p><p>Miranda empez� a cerrar los ojos, esperando la descarga y el dolor del impacto de la bala, cuando vio que Quinn le hac�a una se�al con la mano. Lenguaje de signos. Era una de las cosas que ten�an que aprender en la Academia.</p><p><emphasis>Ag�chate.</emphasis></p><p>Desde el otro lado del campo, se oy� una voz.</p><p>���Mam�! �No!</p><p>Miranda se gir� y la pistola dej� de apuntar a la cabeza de Miranda. �sta se agach� todo lo que pudo.</p><p>���Ryan? �T� tambi�n piensas traicionarme? -Delilah gir� la pistola hacia su hijo.</p><p>Y se sucedieron las descargas.</p><p>�Bang! �Bang bang bang bang bang bang!</p><p>Con el impacto de los disparos, Delilah trastabill� hacia atr�s contra el �rbol. Cay� sobre el regazo de Miranda, y sus ojos quedaron clavados en ella.</p><p>��Paz -dijo, en un �ltimo borboteo.</p><p>Delilah se sacudi� y espir� su �ltimo aliento. Miranda se qued� mirando el cuerpo inerte sobre sus rodillas.</p><p>Quinn se arrodill� a su lado, ech� el cuerpo de Delilah a un lado y le quit� la mordaza. Mientras la desataba, le entraron ganas de abrazarla.</p><p>Le quit� las ataduras de las manos. Ella le ech� los brazos al cuello, apret�ndolo con fuerza, mientras unas l�grimas silenciosas le corr�an por la cara. �l la levant� y la llev� hacia los �rboles, lejos de la muerte.</p><p>La bes� y la estrech� en sus brazos.</p><p>��Siento haber tenido que traer a Ryan, pero s�lo lo hice como �ltimo recurso.</p><p>��Lo s�.</p><p>��Ahora, Miranda, todo ha acabado de verdad.</p><empty-line/><p><a type="note" l:href="#_Toc168359139"/></p></section><section><title><p id="_Toc168359179">Cap�tulo 39</p></title><p>El primer d�a de junio amaneci� con cielos azules y despejados y una temperatura agradable poco habitual en esa �poca del a�o. El vestido de Miranda era un sencillo crepe, con un gran escote por detr�s y unos finos tirantes, un canes� con vuelos, y una falda ligeramente acampanada hasta los pies. Elegante y cl�sica, sin parecer fuera de lugar para aquel asunto informal. Se alegraba de haberse cogido la masa de rizos y, por una vez, haberse maquillado con algo m�s que un poco de r�mel. La mirada de orgullo y agradecimiento de Quinn era evidente. Ella se sent�a como una adolescente nerviosa y radiante con su primer amor.</p><p>Quinn era su primer amor. El primero y el �ltimo.</p><p>Se mir� al espejo y sonri�. Una sonrisa verdadera, aut�ntica. Ten�a la impresi�n de que en lugar de caminar, flotaba, un cambio radical en ella. Pero cuando de pronto el mundo se abre y el coraz�n se desprende del peso del miedo, la sensaci�n es de una gran ligereza.</p><p>Alguien llam� a la puerta de su caba�a y su momento de soledad lleg� a su fin. Quinn hab�a salido antes de que ella se vistiera (Miranda conoc�a la tradici�n de que el novio y la novia no deb�an verse, pero aquello era una regla absurda que estaba dispuesta a romper alegremente).</p><p>��Adelante -dijo, desde su habitaci�n-. �No has podido ausentarte m�s de diez minutos?</p><p>��Imagina lo que son diez a�os.</p><p>Miranda dej� caer el pincel del maquillaje y sali� corriendo de la habitaci�n.</p><p>���Rowan! -exclam�, y abraz� con fuerza a su amiga-. �No puedo creer que hayas venido!</p><p>Con Olivia, Rowan hab�a sido su compa�era de habitaci�n en la Academia diez a�os antes, pero hab�a dejado el FBI despu�s de escribir su primera novela polic�aca. Acababa de sobrevivir a su propia pesadilla, con un asesino despiadado y obsesionado con la recreaci�n de sus asesinatos ficticios, un hombre que se dedicaba a mandarle horribles recuerdos de sus cr�menes.</p><p>Ahora que todo eso hab�a quedado atr�s, Rowan parec�a tan feliz como Miranda.</p><p>��Quinn me llam� -dijo Rowan, con mirada risue�a-. �Crees que me perder�a veros en este ritual final a ti y al gran testarudo �se?</p><p>��Yo sab�a que as� ser�a -dijo Olivia, que acababa de entrar. Miranda la cogi� de la mano y le dio un apret�n.</p><p>��Cre� que hab�as vuelto a Virginia.</p><p>��Eso hab�a hecho. He llegado a Montana anoche -dijo sonriendo-. Se te ve muy contenta.</p><p>��Lo estoy -dijo Miranda, echando un vistazo alrededor-. Rowan, �has venido con tu amigo? Quinn me habl� de �l �Se llama John, no?</p><p>��Est� charlando con Quinn y tu padre en la hoster�a. Nos han pedido que vengamos a buscarte. -Rowan parec�a tranquila, como si se hubiera sacado de encima una enorme carga. Miranda sab�a exactamente c�mo se sent�a. Sin embargo, Rowan caminaba como si todav�a le doliera. Cuando se sent� para aliviarse, estaba p�lida.</p><p>���Qu� tienes? Quinn me dijo que estabas bien.</p><p>��Es que ha sido un d�a largo y ya no soy tan fuerte como antes. Cuando ese atracador de bancos me dispar� hace ocho a�os, s�lo tard� dos semanas en recuperarme -dijo, y ri�-. Me estoy haciendo vieja.</p><p>��Oye, eso a m� no me gusta nada -dijo Liv, cruz�ndose de brazos -. Soy cinco a�os mayor que t�.</p><p>��Y pareces cinco a�os menor -dijo Rowan.</p><p>Miranda vio las dos bolsas de una tienda de ropa de Bozeman y arrug� la nariz. Adoraba su sencillo vestido blanco de novia, pero no ten�a intenci�n de ponerse otra cosa que unos vaqueros despu�s de la ceremonia.</p><p>���Qu� ten�is aqu�?</p><p>��Somos tus damas de honor -explic� Liv, con una gran sonrisa.</p><p>��No me lo puedo creer.</p><p>Rowan se encogi� de hombros.</p><p>��No sab�a que Quinn tuviese una vena rom�ntica, pero todo ha sido idea suya -dijo Rowan, encogi�ndose de hombros. Se levant� trabajosamente de la silla-. Ser� mejor que nos cambiemos, Liv -dijo.</p><p>Miranda estaba a punto de seguirlas hacia la habitaci�n cuando se abri� la puerta de su caba�a y el amor de su vida apareci� en el umbral.</p><p>���No se supone que hay una regla de que no puedes ver a la novia antes de la boda? -pregunt�, sonriendo.</p><p>Quinn cruz� la sala y la estrech� en sus brazos.</p><p>��Est�s preciosa. Creo que nunca te hab�a visto con un vestido.</p><p>��No te acostumbres.</p><p>Miranda lo bes�, y sinti� las manos de Quinn bajando por su cuello hasta sus hombros, y la expectaci�n la hizo estremecerse.</p><p>��Te amo, Miranda.</p><p>��Lo s� -dijo ella, con sonrisa provocadora, y entonces se dio cuenta de que �l no sonre�a.</p><p>���Qu� te pasa?</p><p>��Casi te he perdido. No es algo que vaya a olvidar muy f�cilmente.</p><p>��Estoy bien.</p><p>���S�? �De verdad? Porque yo no -dijo, y se pas� la mano por el pelo, nervioso.</p><p>��Estoy bien, en serio. Por primera vez desde el secuestro, me siento libre. Me enfrent� a David Larsen y no me entr� el p�nico, ni sal� huyendo. Hice lo mejor que pude con lo que ten�a.</p><p>��Seguro que s�. Pero tambi�n pienso en lo que sucedi� hace diez a�os.</p><p>��Te lo he dicho, el pasado es el pasado. -�Por qu� volv�a ahora al mismo tema? �Qu� pretend�a conseguir con ello?</p><p>��Lo que sucedi� entonces nos alej� el uno del otro.</p><p>��Fue m�s culpa m�a que tuya. -Miranda lo cre�a de verdad-. Podr�a haber vuelto. Y, quiz�s, en circunstancias diferentes, habr�a vuelto. -Hizo una pausa, intentando encontrar una manera de explicar sus sentimientos, ideas que hab�an empezado a cobrar cuerpo en las �ltimas dos semanas, despu�s de la muerte de David Larsen y Delilah Parker.</p><p>��Nunca entender� el destino. Por qu� muri� Sharon. Pero creo que hay un motivo por el que no volv� a Quantico. En aquel momento, era f�cil echarte la culpa a ti, al psiquiatra y a mis propios temores. Pero cuando pienso retrospectivamente en esa decisi�n, me doy cuenta de que hice bien. Quiz� no lo pens� as� entonces, pero ahora se puede decir que si no hubiese estado aqu�, quiz�s habr�an tardado demasiado en encontrar a Ashley y a Nick.</p><p>��No puedo minimizar mi contribuci�n en esta investigaci�n, pero tambi�n s� que si no hubieras vuelto para ayudar, quiz� las cosas hubieran acabado de manera muy distinta. As� que creo que todo sucedi� como sucedi� porque as� ten�a que ser. Y no me lamentar� de mis decisiones, aunque las haya tomado por razones equivocadas.</p><p>Quinn la cogi� por la cintura y la bes�. Un beso largo, lento y c�lido. Aqu�l era precisamente el lugar donde ella ten�a que estar.</p><p>��Y �te parece bien tener que aplazar la luna de miel?</p><p>��Ay, por favor. -Por alg�n motivo, Quinn lamentaba no poder disfrutar de la luna de miel hasta septiembre. Hab�a pedido las �ltimas dos semanas para ocuparse de los preparativos de la boda-. Hemos disfrutado de la luna de miel antes de la boda -dijo Miranda, y ri�.</p><p>��Ya lo creo que s� -dijo �l, sonriendo.</p><p>��Te amo, Quincy Peterson. Y ahora te has quedado conmigo, con todas mis imperfecciones.</p><p>���Qu� imperfecciones? -Quinn sonri� y le bes� la oreja, demor�ndose en el l�bulo.</p><p>��Para o llegaremos tarde a nuestra boda.</p><p>���Y? -murmur� �l-. No pueden celebrar una boda sin la novia y el novio.</p><p>Miranda ri�. Hab�a re�do m�s en las �ltimas dos semanas que en los �ltimos diez a�os. Pensando en el futuro, le esperaban a�os de risas con el hombre que amaba.</p><empty-line/><p>Fue una ceremonia discreta y reservada s�lo a los amigos m�s cercanos de la hoster�a. Los padres de Quinn hab�an tomado un vuelo y llegado por la ma�ana y luego se hab�an unido al grupo de invitados compuesto por el padre de Miranda, Gray, Nick, un par de agentes de polic�a y a la Unidad de B�squeda y Rescate de Miranda.</p><p>��Buenas tardes, se�ora Peterson.</p><p>Quinn sonri� y la bes� ligeramente.</p><p>Ella arque� las cejas.</p><p>���Se�ora Peterson? Cre� que conservar�a mi apellido.</p><p>��Como usted quiera, se�orita Moore.</p><p>Ella ri� y le ech� los brazos al cuello.</p><p>��Creo que se�ora Peterson suena perfecto.</p><p>�l la hizo girar y ella volvi� a re�r. �Cu�ndo era la �ltima vez que se hab�a sentido tan libre?</p><p>Por el rabillo del ojo, vio acercarse a Nick. Le apret� el hombro a Quinn, y �ste la solt�.</p><p>��Nick, me alegro tanto de que hayas venido. �C�mo est�s?</p><p>�l asinti�, con expresi�n neutra. A Miranda se le encogi� el coraz�n con s�lo ver a su amigo. Nick no hab�a recuperado del todo la vista y las gafas no correg�an el problema completamente. La infecci�n hab�a seguido su curso, dej�ndolo delgado y vac�o. Aunque no hablara de ello, Miranda sab�a que la decisi�n de haber acudido solo a la caba�a de Richard Parker lo persegu�a como una pesadilla.</p><p>Le dio un fuerte abrazo. Nick hab�a sido un gran amigo cuando ella lo hab�a necesitado.</p><p>��Ha acabado, por fin, Nick. Lo cogimos.</p><p>��Fue parte de mi vida durante a�os. -Nick la mir� directamente-. De la tuya tambi�n. -Mir� a Quinn-. Me alegro de que lo hay�is superado. Lo digo de todo coraz�n.</p><p>��Cuando quieras hablar de lo que sea, ll�mame. Sabes que har�a lo que fuera por ti.</p><p>��Lo s�. Pero os vais a vivir a Seattle.</p><p>��Ya sabes que en Seattle tienen tel�fonos.</p><p>��Es verdad -dijo Nick, con una sonrisa desganada-. Estar� bien.</p><p>Miranda asinti�, aunque Nick segu�a preocup�ndole. No se hab�a recuperado con la rapidez que ella esperaba, y hab�a comenzado a decir que no se presentar�a a la reelecci�n como sheriff. Miranda esperaba que cambiara de parecer, sobre todo despu�s de haber decidido no relevar a Harris como primer ayudante.</p><p>��Cuida de ella -le dijo a Quinn con una mirada muy seria.</p><p>��Eso har�. -Quinn abraz� a Miranda por el hombro y le dio un suave apret�n, al tiempo que le tend�a la mano a Nick. Se saludaron y se march�.</p><p>��Me preocupa -dijo Miranda, dejando de mirar a Nick que se iba y deteni�ndose en los ojos profundos color chocolate de Quinn.</p><p>��Lo s�. Se pondr� bien. S�lo necesita bucear un poco en su propia alma. � Quinn bes� a su mujer-. Sabes que te amo.</p><p>Ella sonri� y asinti� con la cabeza.</p><p>��Yo tambi�n te amo.</p><p>���Crees que podremos escaparnos a tu caba�a? -murmur� �l en su oreja. Ella se estremeci� cuando Quinn le roz� el cuello con un beso.</p><p>��Hmmm. No me tientes.</p><p>���Por qu� no? -Quinn le bes� la oreja.</p><p>��Tu madre est� mirando.</p><p>���Y qu�?</p><p>���Quinn!</p><p>�l ri� y la estrech� en sus brazos.</p><p>��Una hora, como m�ximo. Despu�s te llevar� a la cama.</p><p>��No s� si podr� esperar una hora. -Nada deseaba m�s <strong>que </strong>llevarse a Quinn a la cama. Ya.</p><p>�l sonri�.</p><p>��Creo que podremos escabullirnos en unos diez minutos.</p><p>��Te tomar� la palabra.</p><p>Y eso hizo.</p></section><section><title><p>Allison Brennan</p></title><image l:href="#1"/><p>Allison naci� y creci� en San Carlos, California (en la pen�nsula de San Francisco). Acudi� a escuelas p�blicas hasta que gan� una beca para asistir a la Menlo School, un instituto de preparaci�n para la universidad en Atherton. Tras eso estudi� en la Universidad de Santa Cruz por la belleza del campus y su cercan�a a la playa.</p><p>Allison inici� sus estudios en la facultad en la especialidad de Literatura porque quer�a ser profesora de ingl�s, y ocasionalmente escribir libros. Despu�s de llegar a ser la editora en jefe de uno de los peri�dicos independientes del campus, cambi� su especialidad por la de Ciencias econ�micas y pol�ticas. Dos a�os despu�s dej� la facultad para trabajar en una campa�a pol�tica en Sacramento.</p><p>Mientras se labraba una carrera en pol�tica, Allison trabaj� en toda una gama de trabajos, desde barman hasta a recepcionista en un club de campo, o asistente administrativo para una compa��a de software mucho antes del boom de las <emphasis>puntocom</emphasis>. En una ocasi�n mantuvo tres trabajos, lo que le sirvi� como preparaci�n para su probable carrera como madre/consultora legislativa/escritora.</p><p>A principios de los �90, cruz� todo el pa�s para mudarse al �rea de Washington DC para trabajar con un equipo p�blico de especialistas en pol�tica, pero la nostalgia pudo con ella y acab� conduciendo de vuelta a California cuatro meses despu�s.</p><p>Afortunadamente, le cost� poco tiempo encontrar trabajo, sin embargo tuvo que mudarse al sur de California. Trabaj� para un funcionario electo en Glendale y acab� conociendo a su futuro marido, Dan Brennan, quien en ese momento era contable en una compa��a m�dica. Se casaron un a�o despu�s y se mudaron a Chatsworth en el valle de San Fernando, y aguantaron el terremoto de Northridge cinco d�as despu�s del nacimiento de su primera hija.</p><p>Un a�o despu�s, Allison y Dan decidieron mudarse a Sacramento para conseguir sus objetivos dentro de la carrera pol�tica. Viven all� desde entonces -a�adiendo cuatro ni�os, un perro y dos gatos a su familia.</p><p>En enero de 2005, Allison dej� su carrera de treinta a�os en la asamblea legislativa del estado de California y se centr� en dedicarse por completo a su familia y a la escritura.</p><p>Allison forma parte de las asociaciones: Romance Writers of America, Mystery Writers of America, e International Thriller Writers. Su trilog�a de debut en el suspense rom�ntico, THE PREY (La presa), THE HUNT (La caza) y THE KILL, han sido editados a principios de 2006 por Ballantine.</p><empty-line/><p><strong>Centrada en la escritura</strong></p><p>Desde que era peque�a, escribir era por diversi�n. Un pasatiempo. Seguro, quer�a escribir un libro y publicarlo, pero como nunca lograba terminar nada no sent�a la presi�n de intentarlo y que me publicaran.</p><p>Poco tiempo despu�s del nacimiento de mi tercer hijo, intent� encontrar un modo de estar en casa con mis hijos. Puesto que me encantaba escribir historias, me compromet� a terminar uno de los m�ltiples libros que hab�a empezado, y entonces buscar que lo editaran. Pensaba que terminar el libro ser�a la parte m�s dura, pero logr� terminar cinco libros en menos de dos a�os. �Comprender los detalles del negocio editorial es una experiencia a�n en curso!</p><p>Los dos a�os entre mi compromiso con la escritura y la comercializaci�n de mi primer libro fue una experiencia de aprendizaje crucial. Cuando complet� mi quinto libro, yo cre�a que era as�, interrogu� a un pu�ado de agentes. Encontr� a la agente de mis sue�os, Kimberly Whalen en Trident Media Group, quien procedi� a vender mi suspense rom�ntico, ahora conocido como La Presa, una semana despu�s de que se lo enviara.</p><p>A pesar de que dejar mi trabajo era un riesgo, di un salto de fe. Con cinco ni�os, �los gastos en guarder�a eran mayores que nuestra hipoteca! Tambi�n ayud� que mi marido Dan tuviera un buen puesto con beneficios m�dicos.</p><p>Una cosa que aprend� r�pido: ser una madre ama de casa/escritora a tiempo completo es f�sicamente m�s cansado que trabajar a tiempo completo fuera de casa.</p><empty-line/><p><strong>Por qu� suspense rom�ntico</strong></p><p>Como la mayor�a de escritores, soy una �vida lectora. Empec� suave -Encyclopedia Brown, Trixie Belden, Nancy Drew � pero cuando ten�a doce a�os, descubr� las vastas colecciones de Agatha Christie y Ed McBain de mi madre.</p><p>Dos cosas ocurrieron en mi camino para convertirme en escritora de misterio.</p><p>Primero, descubr� a Stephen King.</p><p>Como una fan�tica lectora desde los trece a�os, aprend� pronto lo que era una historia absorbente.</p><p>Durante la secundaria, me sumerg� en los cl�sicos porque cre�a que quer�a ser una profesora de literatura. Le� un mont�n de Poe, Hawthorne, Twain y Steinbeck, entre otros. Quer�a escribir la pr�xima Gran Novela Americana.</p><p>Pero Stephen King continuaba atray�ndome, y lleg� a fascinarme con cr�menes verdaderos como los de Vincent Bugliosi. Le� <emphasis>A sangre fr�a</emphasis> de Truman Capote, completamente absorbida por la horrible verdad que hab�a detr�s de la historia. Igualmente le� mucha ciencia ficci�n, y hasta hoy, <emphasis>El ruido de un trueno </emphasis>de Ray Bradbury e <emphasis>Y construy� una extra�a casa</emphasis> de Robert A. Heinlein me hechizan.</p><p>De vuelta a casa despu�s de la facultad por unos meses (el tiempo entre trabajos es territorio com�n entre los idealistas universitarios fallidos que creen que pueden cambiar el mundo), empec� a leer las novelas rom�nticas de mi madre, que no me hab�an atra�do como adolescente pero que ahora como una mujer "madura" de veinti�n a�os, encontr� subyugantes.</p><p>Nora Roberts, entre otras, me introdujo en las novelas contempor�neas que no concern�an a asesinatos, desmembramientos, o individuos locos viviendo en las alcantarillas.</p><p>Empec� a leerlo todo.</p><p>Alrededor de la siguiente d�cada, constru� mi carrera en la asamblea legislativa del estado de California, me cas�, tuve cinco hijos, pero nunca dej� de leer. Encontr� una maravillosa mezcla de suspense y romance en las novelas de suspense rom�ntico de Linda Howard, Tami Hoag e Iris Johansen; los misterios forenses de Patricia Cornwell y los thrillers m�dicos de Tess Gerritsen; la profunda oscuridad de Dean Koontz; y el humor de Jennifer Crusie y Janet Evanovich.</p><p>Y entonces ocurri� la segunda cosa importante.</p><p>Me enamor� del romance� entre el peligro. Suspense rom�ntico. Lo mejor de los dos mundos. Dos personas destinadas a estar juntas, separadas por el malo, malo que no s�lo quiere destruir su relaci�n, sino sus vidas.</p><empty-line/><p><strong>Stephen King conoce a Nora Roberts</strong></p><p>Adoro la novela rom�ntica porque yo quiero un final feliz. El amor verdadero debe vencer por encima de las adversidades. Si el h�roe y la hero�na lo merecen. Tienen que gan�rselo, porque nada conseguido f�cilmente es apreciado realmente.</p><p>Pero tambi�n adoro el horror y el suspense, porque el temor f�sico hace que el cuerpo entero reaccione, martilleo de coraz�n, latido en la cabeza, temblor de manos.</p><p>Juntar romance y suspense es algo natural. Proporciona la satisfacci�n de ver a dos personas merecedoras triunfar sobre un malvado muy real con el prop�sito de vivir felices para siempre, con ellos mismos y con el otro.</p><p>En el suspense rom�ntico debe haber un final feliz -es lo que la historia promete-pero el peligro debe ser real. Debe haber dudas. Debe parecer que quiz� el bueno o quiz� el malo pueden ganar. Hasta el triste final, se ha de temer que el h�roe o la hero�na pueden fallar. Morir. Que el villano puede ganar.</p><p>Si no es real, no es suspense. Si t� no dudas, te encoges, te preocupas, temes, no es suspense. El suspense es personal. Puede ocurrir. Puede ocurrirte a ti. Incluso en el suspense paranormal, en el mundo construido por el autor, la amenaza es muy real.</p><p>Cuando est�s enamorado, todo tiene mayor importancia. Cuando la vida de tu amado est� en peligro, haces cosas de las que nunca te cre�ste capaz. Porque cuanto mayores sean las dificultades, el "felices para siempre" ser� el m�s dulce.</p><empty-line/><subtitle>***</subtitle><empty-line/><image l:href="#2"/></section></body><binary id="0" 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