<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>detective</genre><author><first-name>Sara</first-name><last-name>Paretsky</last-name></author><book-title>Punto Muerto</book-title><annotation><p>El jugador de los halcones Negros de Chicago, Boom Boom Warshawski, fue una leyenda del hockey. M�s de mil personas asisten a su funeral, consternados al enterarse de que ha resbalado en un muelle y se ha ahogado. La polic�a se apresura a declarar que ha sido un accidente. Y no les gusta la idea de que V.I. Warshawski, meta su nariz femenina en un caso tan evidente. Pero entre atentados contra su propia vida y tragos de scotch, la intr�pida e ingeniosa detective, se abre camino a trav�s de un mundo de silos de cereal y cargueros de mil toneladas. Se introducir� en una senda que le har� descubrir si se est� tomando las cosas de un modo demasiado personal o si su adorado Boom Boom fue en realidad asesinado�</p></annotation><date/><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang></title-info><document-info><author><first-name/><last-name/></author><program-used>Fiction Book Designer, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2009-10-19">19.10.2009</date><src-url/><src-ocr/><id>FBD-23CB1A-A0A6-134F-7EB0-32F0-8CEC-C99EE9</id><version>1.0</version></document-info><publish-info/></description><body><image l:href="#cover"/><title><p>Sara Paretsky</p><empty-line/><p>Punto Muerto</p></title><section><p><strong>T�tulo original:</strong> Deadlock</p></section><section><epigraph><p><emphasis>Para Lucelia Wieser, una dama que naveg� por estos mares con inteligencia y gran valor durante m�s de ciento seis a�os.</emphasis></p></epigraph><empty-line/><p>La Canad� Steamship Line me permiti� muy generosamente examinar de cerca un carguero de los Grandes Lagos en el transcurso de sus operaciones durante el oto�o de 1980. El capit�n Bowman, al mando de su buque autodescargador de 219 metros, el <emphasis>W. McGiffin, </emphasis>me invit� a navegar con �l desde Thunder Bay a trav�s de las esclusas del Soo hasta �l canal de Welland. Me ofreci� hacer un recorrido completo del barco, desde el puente a la bodega. El jefe de m�quinas Thomas Taylor me acompa�� a visitar las m�quinas y me explic� las interioridades del descargador. Me gustar�a haber transmitido su humor y su amor hacia las m�quinas en esta historia. Sin embargo, no hay ninguna semejanza entre cualquiera de los integrantes de la tripulaci�n y los oficiales del <emphasis>McGiffin </emphasis>y aquellos que aparecen en mi novela. Tampoco la hay entre las maniobras de la Grafalk Steamship ni la Pole Star Line y las de la Canad� Steamship Line en modo alguno.</p><p>Una persona que trabaja en el sector naval y que me inform� acerca de las leyes mar�timas, los barcos y las aduanas, tiene tambi�n mi m�s profundo agradecimiento.</p></section><section><title><p>1</p></title><subtitle>Muerte de un h�roe.</subtitle><empty-line/><p>M�s de un millar de personas asisti� al funeral de Boom Boom. Muchos eran ni�os, fans de los suburbios y de la Gold Coast. Un pu�ado vino del deprimido sur de Chicago, donde Boom Boom hab�a aprendido a luchar y a patinar. Era extremo en los Halcones Negros hasta que se destroz� el tobillo izquierdo al caerse patinando tres a�os antes. Y antes de que apareciese Wayne Gretzky hab�a sido el mayor �dolo del juego desde los tiempos de Bobby Hull.</p><p>Sufri� tres operaciones de tobillo, neg�ndose a admitir que no iba a poder patinar nunca m�s. Sus m�dicos no quer�an haberle hecho ya la tercera operaci�n, pero Boom Boom no se rindi� a la evidencia hasta que se dio cuenta de que no encontrar�a a nadie que le realizara la cuarta. Despu�s de aquello cambi� varias veces de trabajo. Mucha gente estaba deseosa de ofrecerle un sueldo con tal de atraer a la clientela pero Boom Boom era el tipo de persona a la que le gustaba hacer bien las cosas, que se empleaba a fondo fuera en lo que fuese.</p><p>Acab� en la Compa��a de Grano Eudora, en donde su padre hab�a trabajado como estibador en los a�os treinta y cuarenta. Fue su vicepresidente regional, Clayton Phillips, el que encontr� el cuerpo de Boom Boom flotando cerca del muelle el pasado martes. Phillips intent� llamarme, pues el formulario que Boom Boom hab�a rellenado para entrar en el trabajo me se�alaba como su pariente m�s pr�xima. Pero yo estaba en Peona, en un caso que me hizo permanecer tres semanas fuera de la ciudad. En el momento en que la polic�a me localiz�, una de las numerosas hermanas de la madre de Boom Boom hab�a identificado ya el cad�ver y comenzado a organizar un funeral polaco.</p><p>El padre de Boom Boom y el m�o eran hermanos, y nosotros crecimos juntos en el sur de Chicago. Ambos �ramos hijos �nicos y est�bamos m�s unidos que muchos hermanos. Mi t�a Marie, una buena cat�lica polaca, hab�a parido innumerables beb�s, muriendo al duod�cimo intento. Boom Boom era el cuarto, y el �nico que vivi� m�s de tres d�as.</p><p>Creci� jugando al hockey. No s� de d�nde sac� la afici�n ni la habilidad, pero, a pesar de los temores de Marie, se pas� la mayor parte de su infancia pensando en modos de poder jugar sin que ella se enterase. Muchos de aquellos modos ten�an que ver conmigo. Yo viv�a seis manzanas m�s all�, y una visita a la prima Vic era a menudo una buena excusa para pasarse unas cuantas horas preciosas con el disco. En aquellos d�as, todos los ni�os locos por el hockey idolatraban a Boom-Boom Geoffrion. Mi primo copi� fielmente sus tiros; para complacerle los dem�s chicos se pusieron a llamarle �Boom Boom�, y el apodo permaneci�. De hecho, cuando la polic�a de Chicago me localiz� en Peor�a y me preguntaron si yo era la prima de Bernard Warshawski, tard� unos instantes en darme cuenta de a qui�n se refer�an.</p><p>Ahora estaba sentada en primera fila en la iglesia de San Wenceslao con los llorosos e irreconocibles primos y t�as de Boom Boom. Todos de luto, se ofendieron ante mi traje azul marino de lana. Varios se tomaron la molestia de dec�rmelo con fuertes susurros durante el introito.</p><p>Fij� la vista en las vidrieras Tiffany de imitaci�n que describ�an con colores chillones los momentos cumbres de la vida de San Wenceslao, as� como la Crucifixi�n y las Bodas de Cana. Quien dise�� las ventanas hab�a mezclado perspectivas chinas con una especie de seudocubismo. Como resultado, jarras de agua surg�an de las cabezas de la gente y largos brazos se estiraban amenazadores desde detr�s de la cruz. Me entretuve uniendo a las personas con sus miembros y deduciendo qui�n estaba haciendo qu� a qui�n durante todo el servicio, lo que me dio, espero, un aspecto de la m�s piadosa concentraci�n.</p><p>Mis padres no hab�an sido religiosos. Mi madre, italiana, era medio jud�a; mi padre, polaco, proced�a de una larga tradici�n de esc�pticos. Decidieron no inculcarme ning�n tipo de fe, aunque mi madre siempre me preparaba <emphasis>oreccbi d'Aman </emphasis>en Purim. La violenta religiosidad de la madre de Boom Boom y los santos de escayola barata de su casa siempre me hab�an aterrorizado cuando era ni�a.</p><p>Por m� se hubiese celebrado s�lo una ceremonia tranquila en una capilla no confesional, y los antiguos compa�eros de equipo de Boom Boom habr�an tenido la ocasi�n de pronunciar un peque�o discurso. Es lo que hab�an pedido, pero las t�as se negaron. Yo no hubiese escogido desde luego aquella iglesia tan vulgar en el viejo vecindario, presidida por un cura que no conoc�a a mi primo, que hablaba de �l con obsequiosidad hip�crita.</p><p>En cualquier caso, dej� que las t�as organizasen el funeral. Mi primo me hab�a nombrado su albacea, tarea que seguramente requerir�a gran cantidad de energ�a. Sab�a que a �l no le hubiese importado d�nde lo enterrasen, mientras que las escasas emociones de la vida de sus t�as proven�an de las bodas y los funerales. Ellas se aseguraron de que pas�semos all� unas cuantas horas en una verdadera misa mortuoria seguida de una interminable procesi�n hasta el cementerio del Sagrado Coraz�n, en el extremo sur de la ciudad.</p><p>Despu�s del entierro, Bobby Mallory se abri� paso a trav�s de la multitud hasta llegar a m� con su uniforme de teniente. Yo me dirig�a a casa de la t�a Helen, o quiz� a la de la t�a Sarah, para pasar una tarde comiendo alb�ndigas y <emphasis>piroshkis. </emphasis>Me alegr� de que Bobby hubiese venido: era un viejo amigo de mi padre, del Departamento de Polic�a de Chicago, y la primera persona del viejo vecindario a quien yo deseaba ver de verdad.</p><p>��He sentido mucho lo de Boom Boom, Vicki. S� lo unidos que estabais.</p><p>Bobby es a la �nica persona a la que permito que me llame Vicki.</p><p>��Gracias, Bobby. Ha sido triste. Me alegro de que hayas venido.</p><p>Un helado viento abrile�o me revolvi� el pelo y me hizo estremecer dentro del traje de lana. Me hubiera gustado haber tra�do el abrigo. Mallory camin� conmigo hasta las limusinas que llevar�an a los cincuenta y tres miembros inmediatos de la familia. El funeral iba a llevarse seguramente unos quince mil d�lares de la herencia, pero a m� no me importaba nada.</p><p>���Vas a la fiesta? �Puedo ir contigo? No me echar�n de menos entre la multitud.</p><p>Mallory accedi� de buena gana y me ayud� a entrar en el asiento de atr�s de la limusina de la polic�a que se hab�a tra�do. Me present� al conductor.</p><p>��Vicki, el oficial Cuthbert era uno de los admiradores de Boom Boom.</p><p>��S�, se�orita. Sent� mucho que Boom� perdone, que su primo dejase de jugar. Creo que habr�a podido batir f�cilmente el r�cord de Gretzky.</p><p>��No se preocupe; ll�mele Boom Boom -dije-. A �l le gustaba el nombre y todo el mundo le llamaba as� Bobby, no pude conseguir ninguna informaci�n del tipo de la compa��a de grano cuando llam�. �C�mo muri� Boom Boom?</p><p>Me mir� severo.</p><p>���De verdad necesitas saberlo, Vicki? S� que piensas que eres muy fuerte, pero creo que preferir�as recordar a Boom Boom sobre el hielo.</p><p>Apret� los labios; no iba a perder los nervios en el funeral de Boom Boom.</p><p>��No me estoy dejando llevar por el gusto por la sangre, Bobby. Quiero saber lo que le ocurri� a mi primo. Era un atleta; me cuesta imagin�rmelo resbalando y cay�ndose as�.</p><p>La expresi�n de Bobby se suaviz� un poco.</p><p>��No creer�s que se ahogase adrede, �verdad?</p><p>Mov� las manos indecisa.</p><p>��Me dej� un mensaje urgente en el contestador. He estado fuera de la ciudad, ya sabes. Me pregunto si se sentir�a desesperado.</p><p>Bobby sacudi� la cabeza.</p><p>��Tu primo no era la clase de persona que se tira debajo de un barco. Deber�as saberlo tan bien como yo.</p><p>No quer�a o�r un serm�n acerca de la cobard�a del suicidio.</p><p>���Es eso lo que ocurri�?</p><p>��Si la compa��a de grano no te lo ha dicho, es que tendr�n alguna raz�n. Pero no puedes aceptarlo, �verdad? -suspir�-. Seguramente te meter�s all� de cabeza si no te lo digo. Hab�a un barco amarrado en el malec�n y Boom Boom cay� bajo la h�lice cuando �ste se alejaba. Le hizo papilla.</p><p>��Ya veo. -Volv� la cabeza para mirar la autopista Eisenhower y las casas sin pintar que la bordeaban.</p><p>��Era un d�a h�medo, Vicki. Es un muelle de madera vieja� Se ponen muy escurridizos cuando llueve. Le� yo mismo el informe del forense. Creo que resbal� y se cay�. No creo que se tirase.</p><p>Asent� y le palme� la mano. El hockey lo hab�a sido todo en la vida de Boom Boom y no se hab�a tomado nada bien el tener que retirarse a la fuerza. Admit� con Bobby que mi primo no hab�a sido una persona que escurriese el bulto, pero durante el �ltimo a�o estuvo muy ap�tico. �Lo bastante ap�tico como para caerse debajo de la h�lice de un barco?</p><p>Intent� quitarme la idea de la cabeza mientras nos deten�amos frente a la esmerada casa tipo rancho de ladrillo donde viv�a la t�a de Boom Boom, Helen. Ella hab�a seguido a una serie de polacos del sur de Chicago hasta Elmwood Park. Creo que deb�a tener un marido por alguna parte, un trabajador del acero ya retirado, pero como todos los hombres de la familia Wojcik se manten�a en segundo plano.</p><p>Cuthbert nos dej� delante de la casa y se march� a aparcar la limusina tras una larga fila de cadillac. Bobby me acompa�� hasta la puerta, pero en seguida le perd� de vista entre la multitud.</p><p>Las dos horas siguientes casi acaban con mi paciencia. Diversos parientes dijeron que era una pena que Bernard insistiera en jugar al hockey sabiendo lo mucho que lo detestaba la pobre Marie. Otros dijeron que era una pena que yo me hubiera divorciado de Dick y que no tuviese una familia que me mantuviera ocupada; no hab�a m�s que ver los ni�os de Cheryl, de Martha y de Betty. La casa era un hervidero de ni�os: todos los Wojcik eran de lo m�s prol�fico.</p><p>Era una l�stima que la boda de Boom Boom no hubiese durado m�s que tres semanas; pero entonces, no habr�a jugado al hockey. �Por qu� estaba trabajando en la Compa��a Eudora, sin embargo? Tragar polvo de grano durante toda su vida era lo que hab�a matado a su padre. De todos modos, los Warshawski nunca hab�an tenido mucha energ�a.</p><p>La peque�a casa estaba llena de humo de cigarrillos, de olor a fuerte comida polaca, de gritos de ni�os. Pas� de largo junto a una t�a que dijo que esperaba que yo ayudase a lavar los platos, ya que no hab�a aportado nada a los preparativos. Me hab�a jurado a m� misma no decir nada durante la comida que no fuera �S��, �No� y �No s�, pero se me estaba haciendo cada vez m�s dif�cil.</p><p>Luego, la abuela Wojcik, de ochenta y dos a�os, gorda, vestida de negro brillante, me agarr� el brazo con mano policial. Me mir� con lega�osos ojos azules. Apestando a cebolla, me dijo:</p><p>��Las chicas est�n hablando de Bernard.</p><p>Las chicas eran las t�as, claro.</p><p>��Dicen que ten�a problemas en el silo. Dicen que se tir� al barco para que no lo arrestaran.</p><p>���Qui�n le ha contado eso? -pregunt�.</p><p>��Helen y Sarah Cheryl dice que Pete dice que salt� al agua cuando nadie miraba. Ning�n Wojcik se hab�a suicidado antes. Pero los Warshawski� esos jud�os. Se lo advert� a Marie una y otra vez.</p><p>Arranqu� sus dedos de mi brazo. El humo, el ruido y el olor a repollo me llenaban el cerebro. Baj� la cabeza para mirarle a los ojos, empec� a decirle algo desagradable y luego me lo pens� mejor. Me abr� paso a trav�s del humo, tropezando con varios ni�os, y encontr� a los hombres reunidos alrededor de una mesa llena de salchichas y <emphasis>sauerkraut </emphasis>que hab�a en una esquina. Si sus mentes estuvieran tan repletas como sus est�magos, podr�an haber salvado a Am�rica.</p><p>���Qui�n sois vosotros para decir que Boom Boom salt� del muelle? Y en cualquier caso, �c�mo demonios lo sab�is?</p><p>Pete, el marido de Cheryl, me mir� con sus est�pidos ojos azules.</p><p>��Eh, no pierdas los papeles, Vic. Lo o� en el embarcadero.</p><p>���Qu� problemas ten�a en el silo? La abuela Wojcik dice que le est�is contando a todo el mundo que ten�a problemas all�.</p><p>Pete se cambi� el vaso de cerveza de una mano a la otra.</p><p>��No son m�s que cosas que se dicen, Vic. No se llevaba bien con su jefe. Alguien dijo que hab�a robado unos papeles. Yo no lo creo. Boom Boom no necesitaba robar.</p><p>Se me nublaron los ojos y sent� que me zumbaba la cabeza.</p><p>���No es verdad, maldita sea! Boom Boom no hizo nada rastrero en su vida, ni cuando era pobre.</p><p>Los dem�s me miraron inc�modos.</p><p>��Tranquil�zate, Vic -dijo uno de ellos-. A todos nos ca�a bien Boom Boom. Pete ha dicho que �l no lo cre�a. No te pongas as�.</p><p>Ten�a raz�n. �Pero qu� estaba haciendo yo, montando una escena en el funeral? Sacud� la cabeza, como un perro saliendo del agua, y volv� a abrirme paso hasta la sala. Pas� junto a un Sagrado Coraz�n de Mar�a que adornaba exquisitamente la puerta principal y sal� al aire helado de la primavera.</p><p>Me desabroch� la chaqueta para que el aire fr�o soplase a trav�s m�o y me limpiase. Quer�a volver a casa, pero ten�a el coche en mi apartamento, en la parte norte de Chicago. Mir� por la calle: como me tem�a, Cuthbert y Mallory ya hac�a rato que hab�an desaparecido. Mientras miraba dudosa a mi alrededor, pregunt�ndome si podr�a encontrar un taxi o caminar hasta una estaci�n de metro con los tacones, una joven se uni� a m�. Era bajita y aseada, con cabello oscuro recto justo hasta debajo de las orejas y ojos color miel. Llevaba un traje de <emphasis>shantung </emphasis>de seda gris p�lido de falda y bolero con grandes botones de n�car. Su aspecto me result� elegante, perfecto y ligeramente familiar</p><p>��Est� donde est� Boom Boom, estoy segura de que ser� un lugar mejor que �ste -movi� la <emphasis>cabeza, </emphasis>hacia la casa y me ech� una sonrisa r�pida y sard�nica.</p><p>��Yo tambi�n.</p><p>��Eres su prima, �verdad? Yo soy Paige Carrington.</p><p>��Me parec�a haberte reconocido. Te he visto unas cuantas veces, pero s�lo en escena. -Carrington era una bailarina que hab�a creado un espect�culo c�mico para una sola actriz con el Windy City Ballet works.</p><p>Me ech� la sonrisa triangular que encantaba a su p�blico.</p><p>��Vi mucho a tu primo durante los �ltimos meses. Lo mantuvimos en secreto porque no quer�amos que ni Herguth ni Greta lo sacasen en las columnas de cotilleos. Tu primo era noticia incluso cuando dej� de patinar.</p><p>Ten�a raz�n. Yo no hac�a m�s que ver el nombre de mi primo en letras de imprenta. Es gracioso conocer de cerca a alguien famoso. Lees muchas cosas acerca de �l, pero la persona que sale en los papeles nunca es la que t� conoces en realidad.</p><p>��Creo que t� le importabas m�s a Boom Boom que ninguna otra persona -frunci� las cejas, pensando en lo que hab�a dicho. Incluso su ce�o era perfecto; le daba un aspecto absorto y pensativo. Luego sonri�, un poco melanc�lica-. Creo que est�bamos enamorados. Ahora nunca podr� estar segura.</p><p>Murmur� algo tranquilizador.</p><p>��Ten�a ganas de conocerte. Boom Boom hablaba de ti todo el tiempo. Te quer�a mucho. Siento que no nos presentase nunca.</p><p>��S�. Hace unos meses que no le ve�a� �Vuelves a la ciudad? �Me puedes llevar? Tuve que salir con la procesi�n y tengo el coche en la parte norte.</p><p>Tir� hacia atr�s del pu�o blanco de seda que sobresal�a de la manga de su chaqueta y mir� el reloj.</p><p>��Tengo que estar en un ensayo dentro de una hora. �Te parece bien que te deje en el centro?</p><p>��Estupendo. Me siento como el Hermano Conejo aqu� en las afueras. Tengo que volver a mi refugio de las zarzas.</p><p>Se ri�.</p><p>��Ya s� lo que quieres decir. Yo crec� en Lake Bluff. Pero ahora, cuando voy all� de visita, siento como si me faltara el ox�geno.</p><p>Mir� hacia la casa, pregunt�ndome si tendr�a que despedirme formalmente. Sin duda lo exig�an los buenos modales, pero no quer�a llevarme un serm�n de quince minutos acerca de c�mo deber�a fregar tanto los platos como mi vida. Me encog� de hombros y segu� a Paige Carrington calle abajo.</p><p>Llevaba un Audi 5000 plateado. O en Windy City Balletworks pagaban mejor que la media de los teatros de batalla, o la conexi�n de Lake Bluff suministraba dinero para trajes de <emphasis>shantung </emphasis>y coches deportivos de importaci�n.</p><p>Paige condujo con la gracia r�pida y precisa que caracterizaba su forma de bailar. Como ninguna de las dos conoc�a la zona, hizo una serie de giros equivocados junto a hileras id�nticas de casas antes de encontrar la rampa de acceso a la autopista Eisenhower.</p><p>No habl� mucho durante el viaje de vuelta a la ciudad. Yo tambi�n estaba callada, pensando en mi primo y sinti�ndome melanc�lica� y culpable. Me di cuenta de que por eso hab�a tenido una rabieta con aquellos primos tan est�pidos y gordos. Le hab�a fallado a Boom Boom. Sab�a que estaba deprimido, pero no me hab�a mantenido en contacto con �l. �Si hubiese dejado mi n�mero de Peor�a en mi contestador�! �Estar�a desesperado? Puede que pensara que el amor le iba a curar y no hab�a sido as�. O quiz� fue el rumor de los muelles de que hab�a robado ciertos papeles� Pensar�a que yo pod�a ayudarle a combatirlo, como tantas batallas que hab�amos entablado juntos. Pero yo no estaba con �l.</p><p>Con su muerte, perd�a a toda mi familia. Es verdad que mi madre ten�a una t�a en Melrose Park. Pero rara vez iba a verla, y ni ella ni su orgulloso y gordo hijo me parec�an verdaderos parientes. Pero Boom Boom y yo hab�amos jugado y luchado, nos hab�amos protegido el uno al otro. Aunque no hubi�ramos estado juntos muchas veces en los �ltimos diez a�os, siempre hab�amos contado con que el otro estar�a cerca para ayudar. Y yo no le hab�a ayudado.</p><p>Cuando nos acerc�bamos al cruce 190/94, la lluvia comenz� a salpicar el parabrisas, interrumpiendo mis in�tiles pensamientos. Me di cuenta de que Paige me miraba especulativa. Me volv� hacia ella con las cejas alzadas.</p><p>��Eres la albacea de Boom Boom, �verdad?</p><p>Asent�. Tamborile� con los dedos en el volante.</p><p>��Boom Boom y yo nunca llegamos a la fase de intercambiarnos las llaves de nuestros pisos -me ech� una sonrisa algo violenta-. Me gustar�a ir a su casa a buscar algunas cosas que dej� all�.</p><p>��Claro. Pensaba ir ma�ana por la tarde para echar un vistazo preliminar a sus papeles. �Quedamos all� a las dos?</p><p>��Gracias. Eres un encanto� �Te importa que te llame Vic? Boom Boom hablaba tanto de ti que siento como si ya te conociera de antes.</p><p>Pas�bamos bajo la oficina de correos, donde han excavado los cimientos para crear seis carriles. Paige asinti� satisfecha.</p><p>��Y t� ll�mame Paige. -Cambi� de carril, sorte� un cami�n de basura y gir� a la izquierda por Wabash. Me dej� ante mi oficina: el edificio Pulteney en la esquina de Wabash y Monroe.</p><p>Por encima de nosotras reson� un tren.</p><p>��Adi�s -grit� por encima del estr�pito-. Te veo ma�ana a las dos.</p></section><section><title><p>2</p></title><subtitle>Vanas penas de amor .</subtitle><empty-line/><p>Los Halcones hab�an pagado mucho dinero a Boom Boom por jugar al hockey. �l se gast� buena parte en un piso de un satinado edificio de cristal en la avenida Lake Shore, al norte de la calle Chestnut. Desde que lo compr�, unos cinco a�os antes, yo hab�a estado all� unas cuantas veces, a menudo con un mont�n de amigos jugadores borrachos.</p><p>Gerald Simonds, el abogado de Boom Boom, me dio las llaves del edificio junto con las del Jaguar de mi primo. Nos pasamos la ma�ana repasando el testamento de Boom Boom, un documento que levantar�a m�s ampollas entre las t�as. Mi primo dejaba el grueso de sus propiedades a varias obras ben�ficas y a la Fundaci�n de Pensiones de Viudas de Jugadores de Hockey. No se hablaba de t�as para nada. A m� me dejaba algo de dinero con la recomendaci�n de no gastarlo todo en Black Label. Simonds frunci� las cejas con desaprobaci�n cuando yo me re�. Me explic� que hab�a intentado convencer a su cliente de que no incluyese aquella cl�usula, pero el se�or Warshawski se mantuvo inconmovible.</p><p>Eran cerca de las doce cuando acabamos. Hab�a un par de cosas que pod�a haber hecho en el distrito financiero para uno de mis clientes, pero no me sent�a con �nimos de trabajar. No ten�a ning�n caso interesante en aquel momento, s�lo un par de procesos que atender. Tambi�n andaba detr�s de las huellas de un hombre que hab�a desaparecido con la mitad de los bienes de una sociedad, incluido un yate de cuarenta pies. Todo aquello pod�a esperar. Recuper� mi coche, un Mercury Lynx verde, del aparcamiento de la sociedad Dearborn y me dirig� hacia la Gold Coast.</p><p>Como todos los lugares elegantes, el edificio en el que hab�a vivido Boom Boom ten�a un portero. Un hombrecillo blanco, gordito, de mediana edad, que cuando yo llegu� ayudaba a una vieja dama a salir de un Seville. Rebusqu� entre las llaves para dar con la que abr�a la puerta interior.</p><p>Dentro del vest�bulo, una mujer sali� del ascensor con un caniche min�sculo que llevaba su mullido pelo blanco lleno de lacitos azules. Abri� la puerta de fuera y yo entr�, echando al perrito una mirada conmiserativa. El perro tir� de su correa tachonada de falsos diamantes para olisquearme la pierna.</p><p>��Vamos, Fif� -dijo la mujer tirando del caniche hasta volver a ponerlo a su lado. Se supone que los perros as� no deben oler cosas ni hacer nada que recuerde a sus due�os que son animales.</p><p>El vest�bulo interior no era grande. Conten�a unos cuantos �rboles en macetas, dos sof�s de color hueso donde los residentes pod�an sentarse a charlar, y un tapiz muy grande. Ese tipo de tapices se ven por todas partes, al menos en esa clase de edificios: est�n tejidos generalmente con grandes nudos de lana pegados aqu� y all� y hay unas cuantas tiras largas de lana que cuelgan del centro. Mientras esperaba el ascensor estudi� aqu�l sin entusiasmo. Cubr�a el muro oeste y estaba compuesto por diferentes tonos de verde y mostaza. Me alegr� de vivir en un edificio de tres pisos sin vecinos, como la due�a de Fif�, que pudiesen decidir lo que ten�a que colgar del vest�bulo.</p><p>El ascensor se abri� silencioso detr�s de m�. Una mujer de mi edad sali� vestida para correr, seguida de dos mujeres m�s mayores en direcci�n a Saks, discutiendo sobre si comer�an en Water Tower por el camino. Mir� mi reloj: las doce cuarenta y cinco. �C�mo es que no estaban trabajando si era martes? Quiz� eran, como yo, investigadores privados aprovechando un rato para ocuparse de las propiedades de un pariente. Apret� el veintid�s y el ascensor me transport� r�pido y en silencio.</p><p>Cada una de las plantas de aquel edificio de treinta pisos ten�a cuatro viviendas. Boom Boom hab�a pagado un cuarto de mill�n para conseguir uno en la esquina noreste. Ten�a unos ciento cuarenta metros cuadrados: tres dormitorios, tres ba�os incluyendo uno con ba�era a ras del suelo junto al dormitorio principal, y una magn�fica vista del lago por el norte y por el este.</p><p>Abr� la puerta del 22 C y atraves� el recibidor hasta llegar al sal�n. Mis pies no hac�an el menor ruido sobre las espesas alfombras que llegaban hasta las paredes. Las cortinas de dibujos azules estaban descorridas a los lados del muro de cristal que formaba el lado este de la habitaci�n. La vista panor�mica me atrajo: el lago y el cielo compon�an una gigantesca bola verde gris�cea. Dej� que el espacio me absorbiera hasta que me sent� completamente en paz. Llevaba as� un buen rato cuando me di cuenta de que no estaba sola en el apartamento. No estaba segura de lo que me alert�; me concentr� unos minutos y o� un ligero ruido rasposo. Rozamiento de papeles.</p><p>Volv� al recibidor. �ste conduc�a a un pasillo a la derecha al que se abr�an los tres dormitorios y el ba�o principal. Al comedor y a la cocina se pasaba por otro pasillo m�s peque�o que estaba a la izquierda. El roce proven�a de la derecha, del lado de los dormitorios.</p><p>Yo me hab�a puesto un traje y tacones para ir a ver a Simonds, ropa totalmente inadecuada para enfrentarse a un intruso. Abr� con mucho cuidado la puerta principal para prepararme una v�a de escape, me quit� los zapatos y dej� el bolso junto a un revistero que estaba en el vest�bulo.</p><p>Volv� al sal�n, escuch� atentamente y busqu� algo que pudiera servirme de arma. Un trofeo de bronce sobre la repisa de la chimenea, un tributo a Boom Boom como el mejor jugador de la Copa Stanley. Lo cog� en silencio y me dirig� cautelosa hacia el pasillo que conduc�a a los dormitorios.</p><p>Todas las puertas estaban abiertas. Me acerqu� de puntillas a la habitaci�n m�s pr�xima, que Boom Boom utilizaba como estudio. Apret�ndome contra la pared, sujetando el pesado trofeo con el brazo izquierdo, met� la cabeza lentamente por el hueco de la puerta.</p><p>De espaldas a m�, Paige Carrington estaba sentada ante el escritorio de Boom Boom, revisando unos papeles. Me sent� rid�cula y furiosa a la vez. Volv� al vest�bulo, dej� el trofeo sobre el revistero y me puse los zapatos. Me dirig� de nuevo al estudio.</p><p>��Has llegado pronto. �C�mo entraste?</p><p>Ella salt� en su silla y dej� caer los papeles que sujetaba. El color p�rpura le subi� al rostro desde el cuello abierto de la camisa hasta las ra�ces de su oscuro pelo.</p><p>���Oh! No te esperaba hasta las dos.</p><p>��Yo a ti tampoco. Cre� que hab�as dicho que no ten�as llave.</p><p>��Por favor, no te enfades, Vic. Nos han puesto un ensayo de m�s a las dos y ten�a mucho inter�s en encontrar las cartas. As� que convenc� a Hinckley, el portero; le convenc� de que subiera y me dejara entrar. -Durante un minuto me pareci� ver l�grimas en sus ojos color miel, pero se pas� el dorso de la mano por ellos y sonri� con aire culpable-. Esperaba haberme marchado antes de que aparecieses. Estas cartas son de lo m�s personal y no resistir�a que nadie, ni siquiera t�, las vieses.</p><p>Frunc� las cejas.</p><p>���Has encontrado algo?</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>��Puede que no las guardase.</p><p>Se inclin� para recoger los papeles que hab�a dejado caer al entrar yo. Me arrodill� para ayudarla. Parec�an un mont�n de cartas de negocios. Vi el nombre de Myron Fackley un par de veces. Hab�a sido el agente de Boom Boom.</p><p>��No he mirado m�s que dos cajones y hay otros seis con papeles dentro. Lo guardaba todo, creo� Uno de los cajones est� lleno de cartas de admiradores.</p><p>Mir� la habitaci�n con ojos amargos. Ocho cajones llenos de papeles. En ordenar y limpiar siempre he sacado las puntuaciones m�s bajas en las pruebas de aptitud.</p><p>Me sent� en el escritorio y palme� el hombro de Paige.</p><p>��Mira. Revisar todo esto va a ser aburrid�simo. Voy a tener que examinar incluso lo que t� has mirado, porque necesito ver todo lo que pueda tener relaci�n con los bienes. As� que, �por qu� no me lo dejas a m�? Te prometo que si encuentro cartas personales a Boom Boom no las leer�. Te las meter� en un sobre.</p><p>Me mir� y sonri�, pero la sonrisa tembl�.</p><p>��Puede que est� siendo presuntuosa, pero si guard� todas estas cartas de chicos a los que no conoc�a, creo que debi� guardar las que le escrib� yo -mir� hacia otro lado.</p><p>Le cog� el hombro un instante.</p><p>��No te preocupes, Paige. Estoy segura de que aparecer�n.</p><p>Dio un suspirito elegante.</p><p>��Creo que me estoy obsesionando con ellas porque as� no pienso: �S�, se ha ido� de verdad.�</p><p>��S�. Por eso le estoy maldiciendo yo por haber acumulado semejante cantidad de cosas. Y ni siquiera puedo devolv�rselo haciendo que <emphasis>�l </emphasis>sea mi albacea.</p><p>Se ri� un poco.</p><p>��Me he tra�do una maleta. Puedo llevarme la ropa y las cosas de arreglarme que hab�a dejado aqu� y marcharme.</p><p>Se fue al dormitorio principal a recoger sus cosas. Yo me puse a rondar por all� sin ganas, tratando de sacar algo en claro de mi tarea. Paige ten�a raz�n: Boom Boom lo guardaba todo. Cada pulgada de pared estaba cubierta de fotograf�as de hockey, empezando por el min�sculo equipo al que mi primo perteneci� cuando estaba en segundo grado. Hab�a fotos de grupo con los Halcones Negros, fotos de vestuario llenas de champ�n tras los triunfos en la Copa Stanley, fotos de Boom Boom solo realizando jugadas dif�ciles, fotos dedicadas de Esposito, Howe, Hull� incluso una de Boom-Boom Geoffrion con la leyenda �Al peque�o ca��n�.</p><p>En medio de la colecci�n, incongruente, hab�a una foto m�a vestida con la toga recibiendo mi t�tulo de graduada en leyes de la Universidad de Chicago. El sol brillaba tras de m� y yo sonre�a a la c�mara. Mi primo nunca hab�a ido a la universidad y ten�a un respeto desmesurado por mi educaci�n. Frunc� las cejas ante aquella joven y feliz V. I. Warshawski y me dirig� al dormitorio principal por si Paige necesitaba ayuda.</p><p>La maleta yac�a abierta sobre la cama, con la ropa doblada cuidadosamente. Cuando entr� estaba revolviendo un caj�n del que sac� un jersey rojo brillante.</p><p>���Vas a mirar toda esta ropa y todo lo dem�s? Creo que yo ya he sacado todas mis cosas, pero dime si encuentras algo m�s. Las tallas seis ser�n m�as seguramente, no suyas. -Entr� en el ba�o y la o� abrir los armarios.</p><p>El dormitorio era masculino pero acogedor. Una cama muy grande dominaba el centro de la habitaci�n, cubierta con un edred�n blanco y negro. Las cortinas hasta el suelo, de una pesada tela cruda, estaban corridas mostrando el lago. El palo de hockey de Boom Boom colgaba sobre el severo escritorio de nogal. Un cuadro morado y rojo suministraba la nota de color, y un par de alfombras repet�an el mismo rojo. Hab�a evitado los espejos que tantos solteros creen que completan los dormitorios de las personas solas.</p><p>En una mesilla de noche hab�a unas cuantas revistas. Me sent� en la cama para ver lo que le�a mi primo antes de irse a dormir: <emphasis>Deportes Ilustrados, El Mundo del Hockey, </emphasis>y un peri�dico densamente ilustrado llamado <emphasis>Noticias del Cereal. </emphasis>Lo mir� con inter�s. Publicado en Kansas City, estaba lleno de informaci�n acerca de cereales, el tama�o de las diversas cosechas, los precios de diferentes opciones de la lonja, las tarifas de transportes por tren y barco, los contratos adjudicados a los diferentes transportistas. Era de lo m�s interesante si te importaban algo los cereales.</p><p>���Es algo de particular?</p><p>Estaba tan absorta que no me di cuenta de que Paige hab�a salido del cuarto de ba�o para acabar de recoger sus cosas. Dud� y luego le dije:</p><p>��He estado pensando si Boom Boom no caer�a debajo de la h�lice� deliberadamente. Esto -agit� el peri�dico ante ella- informa de todo lo que puedas querer saber acerca de los cereales y su transporte. Parece ser que sale dos veces al mes, semanalmente durante la cosecha. Si Boom Boom estaba lo bastante unido a la Compa��a de Grano Eudora como para leerse algo como esto, me siento m�s tranquila.</p><p>Paige me mir� con atenci�n. Cogi� <emphasis>Noticias del Cereal </emphasis>y lo hoje�. Mirando las p�ginas, dijo:</p><p>��S� que haber dejado el hockey le trastorn�. Me imagino c�mo me sentir�a yo si tuviese que dejar de bailar, y eso que yo no soy tan buena bailarina como �l jugador. Pero creo que su relaci�n conmigo� le imped�a sentirse demasiado deprimido. Espero que esto no te ofenda.</p><p>��En absoluto. Si es verdad, me alegro de o�rlo.</p><p>Sus finas cejas dibujadas se alzaron.</p><p>���Si es verdad? �Te importa explic�rmelo?</p><p>��No hay nada que explicar, Paige. No ve�a a Boom Boom desde enero. Por entonces segu�a luchando con su melancol�a. Si supiera que t� le hab�as ayudado a salir de las tinieblas, me alegrar�a� En el funeral hubo comentarios acerca de que ten�a problemas en la Compa��a Eudora. Creo que circula el rumor de que hab�a robado ciertos papeles. �Te dijo a ti algo de esto?</p><p>Los ojos color miel se abrieron mucho.</p><p>��No. Ni una palabra. Si la gente hablaba de ello, �l no debi� sentirse lo bastante molesto como para mencionarlo; cenamos juntos el d�a antes de que muriera. En cualquier caso, yo no lo creo.</p><p>���Sabes de qu� quer�a hablar conmigo?</p><p>Pareci� desconcertada.</p><p>���Estaba intentando ponerse en contacto contigo?</p><p>��Me dej� un mensaje urgente en el contestador, pero no dijo lo que quer�a. Me pregunto si no necesitar�a mi ayuda profesional porque estuviese pasando algo raro en los muelles.</p><p>Sacudi� la cabeza, jugueteando con la cremallera de su bolso.</p><p>��No lo s�. Estaba perfectamente el lunes por la noche. Mira, voy a tener que irme. Siento haberte asustado antes, pero ahora tengo que irme corriendo.</p><p>Volv� hacia la puerta de entrada con ella y cerr� cuando sali�. Me hab�a olvidado de cerrar cuando vine la vez anterior a buscar mis zapatos. Corr� adem�s el cerrojo. Estar�a bueno que el portero volviera a dejar entrar a alguien sin dec�rmelo� al menos, mientras yo estuviera dentro del apartamento.</p><p>Antes de volver a enfrascarme en la deprimente tarea de ordenar los papeles de mi primo, di un r�pido vistazo a mi alrededor. Al contrario que yo, �l era -hab�a sido- sumamente pulcro. Si yo llevase muerta una semana y alguien viniese a mi casa, se encontrar�a unas cuantas sorpresas desagradables en el fregadero y una buena capa de polvo, por no hablar del mont�n de ropa y papeles en el dormitorio.</p><p>La cocina de Boom Boom estaba impecable. La nevera, tan limpia por dentro como por fuera. La revis� y saqu� las verduras que se estaban estropeando. Dos litros de leche se fueron fregadero abajo; supongo que nunca perdi� la costumbre de beber�a, incluso cuando hab�a dejado de entrenarse. Limpio, limpio. A menudo se lo dec�a a Boom Boom por meterme con �l. Recordar aquellas palabras hizo que el est�mago se me encogiera, como si lo estuvieran succionando por debajo. Eso es lo que pasa cuando muere alguien a quien quieres. He pasado por eso con mis padres tambi�n. Hay peque�as cosas que no dejan de record�rtelos y tiene que pasar un cierto tiempo antes de que el dolor f�sico desaparezca de la memoria.</p><p>Volv� al estudio y organic� el ataque a los cajones. De izquierda a derecha, de arriba abajo. Si tienes que hacerlo, hazlo de manera organizada para que no tengas que volver atr�s y perder m�s tiempo. Afortunadamente, mi primo no era s�lo una hormiguita guardando cosas; tambi�n era muy organizado. Los ocho cajones ten�an todos archivadores primorosamente etiquetados.</p><p>El de arriba de la izquierda conten�a correo de admiradores. Dado el gent�o que hab�a en el funeral, no deb�a haberme sorprendido de la cantidad de cartas que la gente le mandaba. Segu�a recibiendo tres o cuatro a la semana, escritas con una elaborada caligraf�a infantil:</p><p>Querido Boom Boom Warshawski:</p><p>Creo que eres el mejor jugador de hockey del universo. Por favor, m�ndame tu foto.</p><p>Tu amigo, Alan Palmerlee</p><p>P.D.: Te mando una foto m�a jugando como ala del Algonquin Maple Leafs.</p><p>Al rev�s de cada carta estaba escrita cuidadosamente la fecha y la respuesta: �26 de marzo; enviada foto firmada�, o �Llamado Myron. Pedido que concertase una cita personal�. Escuelas secundarias le ped�an que hablase en el discurso de graduaci�n o en banquetes deportivos.</p><p>El siguiente caj�n conten�a material relativo a la aprobaci�n de los contratos de Boom Boom. Tendr�a que revisarlos con Fackley y Simonds. Mi primo hab�a hecho una serie de anuncios para la Asociaci�n de Lecheros Americanos. Quiz� aquello explicase lo de la leche: si anuncias leche, tienes que tom�rtela. Tambi�n estaba el palo de hockey de Warshawski, un jersey de calentamiento y un seguro de patinador.</p><p>A las cinco, remolone� por la impoluta cocina y encontr� un bote de caf� y una cafetera el�ctrica. Me hice una taza y me la llev� conmigo al estudio. A las ocho y media descubr� las provisiones de licor de Boom Boom en una c�moda china labrada, en el comedor, y me serv� un Chivas. No es mi whisky preferido, pero es un sustituto adecuado para el Black Label.</p><p>Hacia las diez estaba rodeada de montones de papeles, de los cuales un mont�n era para Fackley, el agente. Uno para el abogado, Simonds. Unos pocos para la basura. Unas cuantas cosas que ten�an valor sentimental para m�. Una o dos que podr�an interesar a Paige. Unos cuantos recuerdos para el Hockey Hall of Fame en Eveleth, Minnesota, y otras cosas para los Halcones Negros.</p><p>Estaba cansada. Mi blusa de color verde oliva ten�a un manch�n de polvo grasiento por todo el delantero. Las medias estaban llenas de carreras. Ten�a hambre. No hab�a encontrado las cartas de Paige. Puede que me sintiese mejor despu�s de comer algo. En cualquier caso, hab�a examinado todos los cajones, incluyendo los del escritorio. �Qu� es lo que en realidad esperaba encontrar?</p><p>Me puse de pie bruscamente y apart� los montones de papeles para alcanzar el tel�fono. Marqu� un n�mero que conoc�a de memoria y sent� alivio al o�r que contestaban a la tercera se�al.</p><p>��Al habla la doctora Herschel.</p><p>��Lotty, soy Vic. He estado ordenando los papeles de mi primo y estoy de lo m�s deprimida. �Has cenado?</p><p>Hac�a horas que hab�a cenado, pero accedi� a encontrarse conmigo en el hotel Chesterton para tomar un caf� mientras yo com�a algo.</p><p>Me lav� un poco en el ba�o principal, mirando con pena hacia la ba�era a ras del suelo con su mecanismo de burbujas. Alivio para el deshecho tobillo de mi primo. Me pregunt� si se habr�a comprado el piso por la ba�era. Ser�a muy propio de Boom Boom, escrupuloso pero no muy pr�ctico.</p><p>De salida, me detuve para hablar con el portero, Hinckley. Hac�a rato que se hab�a marchado ya. El hombre de turno en aquel momento era m�s bien una especie de guardia de seguridad. Estaba sentado tras un escritorio con una pantalla de televisi�n encima; pod�a ver la calle o el garaje o mirar en cualquiera de los treinta pisos. Un hombre negro mayor y cansado, al que vi sus peque�as arruguillas s�lo cuando me acerqu� a �l. Me mir� impasible mientras le explicaba qui�n era yo. Le ense�� el poder de Simonds y le dije que seguir�a viniendo hasta que las cosas de mi primo estuviesen totalmente arregladas y se vendiera el piso.</p><p>No dijo nada. Ni parpade� ni movi� la cabeza; no hizo m�s que mirarme sin expresi�n con sus ojos marrones, cuyos iris estaban moteados de amarillo por la edad.</p><p>Me di cuenta de que alzaba la voz y me contuve.</p><p>��El hombre que estaba de guardia esta tarde dej� entrar a una persona al apartamento. �Podr�a usted asegurase de que no entra nadie m�s a menos que yo le acompa�e?</p><p>Sigui� mir�ndome sin parpadear. Me volv� y le dej� all� sentado bajo el tapiz color mostaza.</p></section><section><title><p>3</p></title><subtitle>Reflejos</subtitle><empty-line/><p>���Qu� estabas buscando? -Lotty se hallaba sentada bebiendo caf�, con sus ojos negros sonde�ndome, pero con afecto.</p><p>Di un mordisquito a mi sandwich.</p><p>��No lo s�. Supongo que llevo demasiado tiempo siendo detective. Siempre espero encontrar secretos en los escritorios de la gente.</p><p>Est�bamos sentadas en el restaurante Dortmunder, en los bajos del hotel Chesterton. Yo hab�a cogido media botella de Pomerol de los estantes de vino que cubr�an las paredes y me lo estaba bebiendo con el sandwich -queso emmental entre dos finas rebanadas de pan de centeno-. El servicio es lento en el Dortmunder. Est�n acostumbrados a las damas ancianas que viven en el hotel y pasan la tarde con una taza de caf� y un solo pastel.</p><p>��Querida m�a, no quiero presionarte si no quieres pensar en ello. Pero t� nunca ordenas papeles. Incluso en el caso de tu primo, se que se lo<emphasis/>habr�as dado al abogado a menos que estuvieses buscando algo concreto. As� que lo que estabas buscando era muy importante, �verdad?</p><p>Lotty es austr�aca. Aprendi� ingl�s en Inglaterra, donde pas� su adolescencia, y le queda un rastro de acento vienes en su habla inglesa de agudas y r�pidas palabras. Hace mucho que somos amigas.</p><p>Me acab� el sandwich y beb� un poco m�s de vino. Luego sostuve el vaso d�ndole vueltas para atrapar la luz. Contempl� el brillo color rub� y me qued� pensando. Finalmente, puse el vaso en la mesa.</p><p>��Boom Boom me dej� un mensaje urgente en el contestador. No se si estar�a muy deprimido o si tendr�a problemas en la Compa��a Eudora, pero nunca me hab�a dejado un mensaje as� antes -volv� a mirar el vino-. Lotty, estaba buscando una carta que dijese: �Querida Vic, me han acusado de robar ciertos papeles. Entre eso y lo de mi tobillo, estoy tan deprimido que no puedo resistir m�s.� O �Querida Vic, estoy enamorado de Paige Carrington y la vida es bella�. Ella dice que lo estaba y puede que fuese as�, pero es tan� bueno, tan sofisticada, no s�. O tan perfecta. Me cuesta creer que estuviese enamorado de ella. Le gustaban las mujeres m�s humanas.</p><p>Lotty dej� su taza de caf� y puso sus dedos fuertes y cuadrados sobre los m�os.</p><p>���Es posible que est�s celosa?</p><p>��Oh, un poco. Pero no tanto como para deformar mis razonamientos. Puede que sea egocentrismo. No le llamaba desde hac�a dos meses. No se me quita de la cabeza. A menudo estuvimos meses sin saber nada el uno del otro. Pero no puedo dejar de tener la sensaci�n de que le fall�.</p><p>La presi�n sobre mis dedos aument�.</p><p>��Boom Boom sab�a que pod�a contar contigo, Vic. Puedes recordar un sinn�mero de veces en que as� fue. Te llam�. Y sab�a que t� aparecer�as, aunque tardases unos d�as.</p><p>Me solt� la mano izquierda y cog� el vaso de vino. Di un trago y la tirantez de mi garganta se relaj�. Mir� a Lotty. Ella me ech� una mirada picara.</p><p>��Eres detective, Vic. Si de verdad quieres estar absolutamente segura acerca de lo que le ocurri� a Boom Boom, puedes intentar averiguarlo.</p></section><section><title><p>4</p></title><subtitle>En los muelles</subtitle><empty-line/><p>Los silos de la Compa��a de Grano Eudora se encuentran en el laberinto que configura el puerto de Chicago. El puerto se extiende durante seis millas a lo largo del r�o Calumet, que se retuerce hacia el sur y el oeste desde su desembocadura junto a la calle 95. Cada silo o planta a lo largo del r�o tiene su propia carretera de acceso, y ninguna de ellas est� debidamente se�alizada.</p><p>Recorr� las veinte millas desde mi apartamento de la zona norte hasta la calle 130 en poco tiempo, llegando a la salida hacia las ocho. Despu�s me perd� intentando abrirme camino m�s all� del r�o Calumet, de unas cuantas plantas de acero y de una planta de montaje de la Ford. Eran las nueve y media cuando encontr� la oficina regional de Eudora.</p><p>Los cuarteles generales de la regi�n estaban en un edificio moderno, de un solo piso, junto a un silo gigantesco en el r�o. El silo dominaba el edificio desde atr�s, dos secciones de tubos imponentes, cada una conteniendo quiz� una centena de cilindros de diez pisos de alto. Las secciones estaban divididas por una grada en la que pod�a amarrarse un barco. A la derecha, unos ra�les corr�an a meterse en un almac�n. En aquel momento hab�a all� unos cuantos vagones tolva y un grupito de hombres con casco, colocaban uno en una gr�a. Me qued� mirando, fascinada: el vag�n desapareci� dentro del silo. A la izquierda vi el extremo de un barco asomando: por lo visto, alguien estaba metiendo una carga de grano.</p><p>El edificio ten�a un moderno vest�bulo con amplias ventanas abiertas hacia el r�o. Cuadros de cosechas -segadoras barriendo cientos de acres de trigo dorado, versiones m�s peque�as del elefanti�sico silo de afuera, trenes cargando su dorada provisi�n, barcos descargando- cubr�an las paredes. Ech� un r�pido vistazo a mi alrededor y me acerqu� a una recepcionista que se encontraba tras un mostrador de m�rmol colocado en el centro de la habitaci�n. Era joven y colaboradora. Tras un humor�stico intercambio con su secretaria, localiz� al vicepresidente local, Clayton Phillips. �ste sali� a mi encuentro al recibidor.</p><p>Phillips era un hombre s�lido, de unos cuarenta y pocos a�os, con pelo pajizo y p�lidos ojos marrones. Me desagrad� inmediatamente, quiz� porque olvid� darme el p�same por Boom Boom, incluso aunque me present� como su pariente m�s pr�xima.</p><p>Phillips se puso nervioso ante la idea de que yo fuese haciendo preguntas por el silo. Pero no consegu�a decirme que no, sin embargo, yo no le ayud�. Ten�a la irritante costumbre de dirigir los ojos hacia toda la habitaci�n cuando yo le hac�a una pregunta, en lugar de mirarme a m�. Yo me preguntaba si encontrar�a inspiraci�n en las fotograf�as que rodeaban la chimenea.</p><p>��No necesito robarle m�s tiempo, se�or Phillips -le dije al fin-. Puedo manejarme sola por el silo y hacer las preguntas que quiero.</p><p>��Ir� con usted, eh� eh� -mir� mi tarjeta, frunciendo el ce�o.</p><p>��Se�orita Warshawski -le dije, servicial.</p><p>��Se�orita Warshawski. Al capataz no le gustar�a que apareciese usted sin ser presentada. -Su voz era profunda pero tirante, la voz de un hombre tenso hablando con las cuerdas vocales en lugar de con los conductos nasales.</p><p>Pete Margolis, el capataz del silo, no pareci� alegrarse al vernos. Sin embargo, me di cuenta en seguida de que su incomodidad era m�s bien debida a Phillips que a m�. Phillips me present� simplemente como �una joven interesada en el silo�. Cuando le dije a Margolis mi nombre y le cont� que era prima de Boom Boom, sus modales cambiaron bruscamente. Se limpi� una sucia manaza en el costado de su mono y me estrech� la mano, me dijo lo que hab�a sentido el accidente de mi primo, lo mucho que le apreciaba y lo que la compa��a le echar�a de menos. Rebusc� entre un mont�n de papeles en su min�scula oficina y sac� un casco para m�.</p><p>Prestando muy poca atenci�n a Phillips, me llev� a hacer un largo y detallado recorrido, mostr�ndome el lugar en que los vagones tolva entraban a volcar su carga y c�mo manejar la gr�a autom�tica que los sub�a hasta el coraz�n del silo. Phillips se arrastraba detr�s, haciendo comentarios sin importancia. Ten�a su propio casco con el nombre escrito claramente encima, pero su veraniego traje gris de seda estaba totalmente fuera de lugar en la sucia planta.</p><p>Margolis nos condujo por un largo tramo de escaleras que llevaban al interior del silo, quiz� hasta una altura de tres pisos. Abri� una puerta de incendios en el extremo y el ruido retumb� en mis t�mpanos.</p><p>El polvo lo cubr�a todo. Revoloteaba por el aire, pos�ndose en capas sobre las altas vigas de acero, creando una pel�cula chirriante sobre el suelo de metal. Sent� r�pidamente los dedos de los pies grasientos dentro de los gruesos calcetines de algod�n. Las zapatillas de correr patinaban sobre el suelo polvoriento. Bajo el pesado casco, que me quedaba mal, el pelo se me estaba poniendo mate y pegajoso.</p><p>Nos quedamos en una pasarela mirando hacia abajo, al suelo de cemento del silo. S�lo una estrecha barandilla a la altura de la cintura me separaba de una desagradable ca�da sobre las cintas transportadoras de all� abajo. Si me ca�a, tendr�an que cambiar el cartel colocado en la puerta de entrada: 9.640 horas de trabajo sin un accidente.</p><p>Pete Margolis estaba a mi derecha. Me agarraba el brazo y gesticulaba con la mano libre. Yo asent�a. Se inclin� sobre mi oreja derecha.</p><p>��Por aqu� entra -vocifer�-. Traen los furgones hasta aqu� y los vuelcan. Luego todo pasa a las cintas transportadoras.</p><p>Asent�. Una serie de cintas eran las responsables de la mayor parte del ruido estremecedor, pero la gr�a que levantaba los furgones a noventa pies de alto como si fueran juguetes contribu�a tambi�n lo suyo al estr�pito. Las cintas transportaban el grano de las torres donde los furgones lo volcaban en rampas que lo vert�an en las bodegas de los barcos amarrados fuera. Gran cantidad de polvo de grano se escapaba en el proceso. La mayor�a de los hombres del piso de abajo llevaban m�scaras, pero muy pocos parec�an llevar alg�n tipo de protecci�n para los o�dos.</p><p>���Trigo? -chill� en la oreja de Margolis.</p><p>��Cebada. Unas treinta y cinco medidas la tonelada.</p><p>Le grit� algo a Phillips y salimos afuera, a un estrecho pasillo que bordeaba el agua. Di un respingo al sentir el fr�o aire de abril y dej� que mis o�dos se acostumbrasen al relativo silencio.</p><p>A nuestro lado se encontraba un viejo barco sucio atado al muelle con una serie de cables. Sobresal�a por encima de su l�nea de flotaci�n normal, donde la pintura negra del casco daba paso bruscamente a un descascarillado color verdoso. En el muelle, varios hombres con casco y monos sucios guiaban tres enormes rampas de grano con cuerdas, llenando las bodegas a trav�s de unas doce o catorce aberturas en el muelle. Junto a cada abertura yac�a su tapadera; �escotillas�, me dijo Phillips. Una masa de cuerdas enrolladas descansaba junto al extremo trasero, nuestro extremo, donde se encontraba la cabina. Me sent� ligeramente mareada. Yo he crecido en la zona sur de Chicago, donde las f�bricas de acero salpican el lago, as� que he visto montones de cargueros de los Grandes Lagos de cerca, pero siempre tengo el mismo sentimiento: el est�mago encogido y escalofr�os por la columna. Algo que tiene que ver con el casco abri�ndose paso invisible por las negras aguas.</p><p>Un viento helado soplaba alrededor del lago. El agua estaba all� demasiado resguardada para formar olas, pero el polvo de grano volaba hasta nosotros mezclado con envoltorios de cigarrillos y bolsas de patatas fritas. Tos� y volv� la cabeza hacia otro lado.</p><p>��Su primo se encontraba en la popa -segu� la direcci�n que se�alaba el dedo de Phillips-. Incluso aunque alguien se hubiese asomado, no habr�a podido verle desde aqu�.</p><p>Yo lo intent�, pero la esquina del silo interrump�a la visi�n m�s all� de la cabina del barco.</p><p>���Y qu� pasa con toda la gente de cubierta? Y hay un par de personas ah�, en tierra.</p><p>Phillips se trag� una sonrisa de superioridad.</p><p>��El <emphasis>O. R. Daley </emphasis>est� en este momento amarrado y cargando. Cuando un barco est� desamarrando, toda la gente del silo se ha ido ya y cada uno de los que trabajan en el barco tiene su tarea que realizar. No prestar�an mucha atenci�n a un tipo que estuviese en el muelle.</p><p>��Alguien tiene que haberle visto -dije obstinada-. �Qu� le parece, se�or Margolis? �Le importa que hable con los hombres del silo?</p><p>Margolis se encogi� de hombros.</p><p>��Todo el mundo apreciaba a su primo, se�orita Warshawski. Si hubiesen visto algo, ya lo habr�an dicho� Pero si usted cree que puede serle de alguna utilidad, a m� no me importa. Hacen una pausa para comer en dos turnos que empieza dentro de veinticinco minutos.</p><p>Pase� la mirada por el muelle.</p><p>��Quiz� pudiera indicarme exactamente el lugar desde el que cay� mi primo.</p><p>��No lo sabemos en realidad -contest� Phillips, con su profunda voz intentando esconder la impaciencia-. Pero si le va a hacer sentirse mejor� Pete, quiz� pueda usted llevar a la se�orita Warshawski abajo.</p><p>Margolis mir� hacia el silo, dud� y luego acept� de mala gana.</p><p>��Este no es el barco que estaba aqu�, �verdad?</p><p>��No, claro que no -dijo Phillips.</p><p>���Sabe cu�l era?</p><p>��No hay modo de saberlo -dijo Phillips, en el mismo momento en que Margolis dec�a:</p><p>El <emphasis>Bertha Krupnik.</emphasis></p><p>��Bueno, puede que tenga raz�n -Phillips lanz� una sonrisa tensa-. Olvidaba que Pete conoc�a los detalles diarios de aquella operaci�n al dedillo.</p><p>��Ya. Ten�a que haber sido el <emphasis>Lucelia Wieser. </emphasis>Tuvo aquel accidente� agua en las bodegas, o algo as�; y mandaron tres ba�eras viejas para llevarse su carga. El <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>fue el �ltimo. El piloto es un viejo amigo m�o. Vaya disgusto se llev� cuando se enter� de lo de Boom Boom� su primo, quiero decir. Es un aficionado al hockey.</p><p>���D�nde est� ahora el <emphasis>Bertha Krupnik?</emphasis></p><p>Margolis sacudi� la cabeza.</p><p>��Es imposible saberlo. Es uno de los de Grafalk. Puede preguntarles a ellos. El expedidor se lo podr� decir -dud� un momento-. Puede que quiera hablar con los del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Estaba amarrado all� -se�al� m�s all� del viejo barco amarrado a nuestros pies hacia otro muelle que estaba a unas doscientas yardas-. Lo quitaron de en medio mientras le limpiaban las bodegas. Fue ayer o anteayer -sacudi� la cabeza-. Pero no creo que nadie pueda decirle nada. Ya sabe c�mo es la gente. Si hubiesen visto caer a su primo, lo hubieran dicho en seguida.</p><p>A menos que se sintiesen culpables por no haber hecho nada.</p><p>���D�nde est�n las oficinas de Grafalk?</p><p>���De verdad quiere ir all�, se�orita Warshawski? -pregunt� Phillips-. No es la clase de lugar al que pueda usted ir sin credenciales o alguna justificaci�n.</p><p>��Tengo una credencial. -Rebusqu� en la cartera mi licencia de investigador privado-. He hecho un mont�n de preguntas a un mont�n de gente gracias a esto.</p><p>Su expresi�n p�trea no cambi�, pero se puso rojo hasta las ra�ces de su p�lido pelo rubio.</p><p>��Creo que deber�a ir con usted y presentarle a la persona adecuada.</p><p>���Quiere acompa�arla tambi�n al <emphasis>Lucelia, </emphasis>Phillips? -pregunt� Margolis.</p><p>��No especialmente. Ya voy retrasado. Tendr� que volver a su oficina, Pete, y llamar a Rodr�guez desde all�.</p><p>��Mire, se�or Phillips -interrump�-, puedo cuidarme sola. No necesito que modifique usted sus planes de trabajo para pasearme.</p><p>Me asegur� que no era ning�n problema, que de verdad quer�a hacerlo si yo cre�a que ser�a de alguna utilidad. Se me ocurri� que pod�a preocuparle que yo encontrase a alg�n testigo de que la Compa��a Eudora hab�a sido negligente. En cualquier caso, pod�a facilitar mi entrada en Grafalk, as� que no me import� que se viniese.</p><p>Mientras �l volv�a al silo para telefonear, Margolis me condujo por una estrecha escalera de hierro hasta el muelle de abajo. De cerca, el barco parec�a a�n m�s sucio. Pesados cables se tend�an desde la cubierta y lo amarraban a los grandes pivotes que emerg�an del cemento. Al igual que el barco, los cables eran viejos, gastados y nada limpios. Mientras Margolis me conduc�a junto a la parte trasera del O. <emphasis>R. Daley, </emphasis>me di cuenta de lo levantada que estaba la pintura por debajo de la l�nea de flotaci�n. El nombre �O. <emphasis>R. Daley. </emphasis>Grafalk Steamship Line. Chicago� aparec�a pintado con letras descascarilladas blancas cerca de la popa.</p><p>��Su primo deb�a estar aqu�. -El cemento acababa, sustituido por tablones descoloridos de madera-. El d�a estaba muy h�medo. Ten�amos que dejar de cargar cada varias horas, cubrir las escotillas y esperar a que dejase de llover. Un trabajo pesado. En cualquier caso, la madera as�, vieja de verdad, ya sabe, se pone muy resbaladiza cuando se moja. Si Boom Boom, quiero decir su primo, se inclin� hacia delante para ver algo, puede haberse escurrido y ca�do. Ten�a la pierna enferma.</p><p>��Pero, �qu� pod�a haber querido mirar?</p><p>��Cualquier cosa. Era un tipo muy inquisitivo. Muy interesado por todo y en todo lo que se refer�a a barcos y al negocio. Entre usted y yo, le pon�a a Phillips los nervios un poco de punta -escupi�, experto, al agua-. Pero, por lo que he o�do, Argus le consigui� el trabajo y a Phillips no le gustaba tener que soportarlo.</p><p>David Argus era presidente de la Compa��a Eudora. Hab�a volado desde Eudora, Kansas, para asistir al funeral de Boom Boom y hab�a hecho un donativo de mil d�lares a un hogar infantil en nombre de Boom Boom. No asisti� al festejo posfunerario -vaya suerte- pero me hab�a estrechado la mano brevemente tras la ceremonia; un hombre bajo, macizo, de unos sesenta a�os, que exhalaba una personalidad de alto horno. Si hab�a sido el protector de mi primo, Boom Boom estaba bien protegido en la organizaci�n. Pero no cre�a que Boom Boom hubiese abusado de aquella relaci�n y as� lo dije.</p><p>��No, nada de ese estilo. Pero a Phillips no le gustaba tener por all� a un jovencito al que tener que cuidar. No, Boom Boom trabajaba de verdad, no ped�a favores especiales, como pod�a haber hecho, siendo una estrella y todo eso. Yo dir�a que los chicos le apreciaban de verdad.</p><p>��Alguien me ha dicho que se habl� mucho por aqu� acerca de mi primo. Que pod�a haberse suicidado. -Mir� fijamente al capataz.</p><p>Hizo una mueca de sorpresa.</p><p>��No que yo sepa. Yo no he o�do nada. Puede usted hablar con los muchachos. Pero ya le digo, yo no he o�do nada.</p><p>Phillips caminaba hacia nosotros sacudi�ndose el polvo de las manos.</p><p>���Se va con �l? �Quiere volver m�s tarde a hablar con los muchachos?</p><p>Quedamos a las diez a la ma�ana siguiente, hora de descanso de la ma�ana. Margolis dijo que les preguntar�a antes, pero pensaba de verdad que si alguien hubiera sabido algo, lo habr�a dicho en seguida.</p><p>��Un accidente siempre trae consigo muchas habladur�as. Y siendo Warshawski, como era, una celebridad y tal, si alguien hubiera sabido algo, lo habr�a largado en seguida: No creo que encuentre nada.</p><p>Phillips lleg� junto a nosotros.</p><p>���Est� lista? He hablado con el expedidor de Grafalk. Se resiste a informarle de d�nde est� el <emphasis>Bertha Krupnik, </emphasis>pero hablar� con usted si yo la llevo. -Mir� t�midamente su reloj.</p><p>Le estrech� la mano a Margolis, le dije que le ver�a a la ma�ana siguiente y segu� a Phillips a lo largo del embarcadero y por detr�s del silo. Nos abrimos paso a trav�s del deteriorado patio, pasando por encima de listones de metal oxidados hasta donde estaba el Alfa verde de Phillips, esbelto y fuera de lugar entre un viejo Impala y una ro�osa camioneta. Puso con cuidado el casco en el asiento trasero y mont� un numerito arrancando el coche, d�ndole marcha atr�s entre los baches y acerc�ndose a la entrada del patio. Una vez hubimos girado por la calle 130, y mientras nos mov�amos entre el tr�fico, dije:</p><p>��Est� claro que le molesta a usted tener que pasearme por el puerto. A m� no me importa abordar a las personas sin acompa�ante; ya lo hice con usted esta ma�ana. �Por qu� cree que tiene que venir conmigo?</p><p>Me lanz� una mirada r�pida. Me di cuenta de que sus manos se agarraban al volante tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos. No dijo nada durante unos minutos, y yo cre� que iba a ignorarme. Finalmente dijo, con su voz profunda y tensa:</p><p>���Qui�n le pidi� que viniera al puerto?</p><p>��Nadie; vine por mi cuenta. Boom Boom Warshawski era mi primo y me siento en la obligaci�n de averiguar las circunstancias que rodearon su muerte.</p><p>��Argus vino al funeral. �Le sugiri� �l que hab�a algo extra�o?</p><p>���Qu� intenta decirme, Phillips? �Hay alguna raz�n para pensar que la muerte de mi primo no fuera un accidente?</p><p>��No, no -repiti� r�pidamente. Sonri� y de pronto pareci� m�s humano-. Vino aqu� el jueves, Argus, me refiero, y nos ech� una perorata acerca de la seguridad en el silo. Se tomaba un inter�s personal por su primo y le afect� mucho su muerte. S�lo me preguntaba si no le habr�a pedido a usted que investigara esto como parte de sus funciones profesionales, m�s que como prima de Warshawski.</p><p>��Ya veo� Bueno, pues el se�or Argus no me contrat�. Me temo que me he contratado yo misma. -Pens� en explicarle mis preocupaciones, pero la experiencia como detective me hac�a ser cautelosa. La regla n�mero uno nosecuantos u otra: no contar nunca nada a nadie a menos que consigas algo mejor a cambio. Puede que un d�a escriba el <emphasis>Manual del detective ne�fito.</emphasis></p><p>�bamos pasando junto a los silos, a lo largo del r�o Calumet y ante la entrada del puerto principal. Grandes barcos surg�an por todas partes, asomando las chimeneas negras por entre grises columnas de silos de cemento y grano. Unos arbolitos luchaban por vivir en retazos de tierra entre v�as de tren, montones de escoria y terraplenes agujereados. Pasamos junto a una f�brica de acero cerrada, un macizo conjunto de edificios rojo ladrillo y v�as de tren empalmadas. La gran verja estaba cerrada con candado: la recesi�n hab�a causado su impacto y la planta estaba cerrada.</p><p>La oficina central del puerto de Chicago fue totalmente reconstruida unos a�os antes. Con los nuevos edificios, los modernos muelles y una carretera bien pavimentada, el lugar ten�a un aspecto moderno y eficaz. Phillips se detuvo ante la garita de un guardia, donde un polic�a comprob� su documentaci�n y le dej� pasar. El Alfa ronrone� sobre el suave asfalto y nos detuvimos en un hueco con el cartel de COMPA��A DE GRANO EUDORA. Cerramos las puertas y segu� a Phillips hacia una fila de edificios modernos.</p><p>All� todo estaba construido a escala gigante. Una serie de gr�as dominaba los embarcaderos. Dientes gigantes se cern�an sobre un gran nav�o y alzaban f�cilmente la parte de atr�s de un cami�n remolque de cincuenta toneladas y lo colocaban en un vag�n. Unos diez barcos estaban amarrados all�, en el recinto principal, enarbolando las banderas de muchos pa�ses.</p><p>Todos los edificios del puerto est�n construidos del mismo ladrillo y son de dos pisos. Las oficinas de la Grafalk Steamship Line ocupan uno de los bloques m�s grandes a medio camino del muelle. Una recepcionista agradable de mediana edad reconoci� a Phillips al verle y nos mand� a la parte trasera a ver a Percy MacKelvy, el expedidor.</p><p>Se notaba que Phillips era un visitante frecuente. Saludando a varias personas por su nombre, me condujo por un estrecho pasillo que cruzaba un par de habitaciones peque�as. Encontramos al expedidor en una oficina repleta de papeles. Los gr�ficos cubr�an las paredes y montones de papeles imped�an ver el escritorio, tres sillas y buena parte del suelo. MacKelvy era un hombre malhumorado de cuarenta y tantos a�os, con una camisa blanca que llevaba tiempo arrugada. Cuando entr�, estaba hablando por tel�fono. Se sac� un cigarro de la boca el tiempo suficiente para decir hola.</p><p>Gru��a al tel�fono, mov�a una chincheta roja por un mapa del lago que estaba a su derecha, tecleaba una pregunta al ordenador que ten�a junto al tel�fono y volv�a a gru�ir. Finalmente dijo:</p><p>��Seis ochenta y tres la tonelada. T�malo o d�jalo� Recogerlo el cuatro, seis ochenta y dos� No lo puedo bajar m�s� �No hay trato? Quiz� la pr�xima vez. -Colg�, a�adi� unos cuantos n�meros al ordenador y agarr� un segundo tel�fono que hab�a empezado a sonar-. Esto es un zoo -me dijo, solt�ndose m�s la corbata-. Mackelvy� S�, s�. -Le mir� mientras practicaba una secuencia similar con el mapa, la chincheta y el ordenador.</p><p>Cuando colg�, dijo:</p><p>��Hola, Clayton. �Esta es la se�ora que dijiste?</p><p>��Hola -dije-. Soy V. I. Warshawski. Mi primo Bernard Warshawski muri� el martes pasado al caer bajo la h�lice del <emphasis>Bertha Krupnik.</emphasis></p><p>El tel�fono sonaba de nuevo�</p><p>���S�? MacKelvy al habla. S�, espere un segundo� �Cree usted que el <emphasis>Bertha </emphasis>tuvo la culpa de algo?</p><p>��No. Tengo ciertas preocupaciones personales como albacea de mi primo. Me gustar�a saber si alguien vio el accidente. Phillips dice que usted puede decirme cu�ndo esperan que llegue el <emphasis>Bertha, </emphasis>ya sea aqu� o a alg�n puerto al que yo pueda ir a hablar con la tripulaci�n.</p><p>��Hola, Duff -hablaba al tel�fono-. �Azufre de Buffalo? Tres ochenta y ocho la tonelada, recogida el seis, entrega en Chicago el ocho. Eso. -Colg�-. �Cu�l es el tema, Clayton? �Quiere demandarnos?</p><p>Phillips estaba tan alejado del escritorio como le era posible en la atestada habitaci�n. Se hallaba muy tieso, como para sentirse tanto f�sica como psicol�gicamente remoto. Se encogi� de hombros.</p><p>��David ha mostrado cierto inter�s.</p><p>���Qu� pasa con Niels?</p><p>��No lo he hablado con �l.</p><p>Puse las manos en la masa de papeles y me inclin� sobre el escritorio mientras el tel�fono sonaba de nuevo.</p><p>��Aqu� MacKelvy� Qu� hay, Gumboldt, espera un momento, �quieres?</p><p>��Se�or MacKelvy, no soy una viuda hist�rica intentando sacar provecho financiero de la fuente m�s f�cil. Estoy intentando encontrar a alguien que pueda haber visto a mi primo en los �ltimos minutos de su vida. Estamos hablando de un muelle abierto a las diez de la ma�ana. No puedo creer que no hubiera alma viviente para verle. Quiero hablar con la tripulaci�n del <emphasis>Bertha </emphasis>para asegurarme.</p><p>���S�, Gum? Si� s� �En Toledo el diecis�is? �Qu� tal el diecisiete? No puedo hacer nada, t�o. �La noche del diecis�is? �Y a las dos o las tres de la ma�ana?� Vale, t�o, otra vez ser� -sacudi� la cabeza preocupado-. El negocio est� podrido. La ca�da del acero nos mata y tambi�n los barcos de mil pies. Gracias a Dios que Eudora sigue trabajando con nosotros.</p><p>Las constantes interrupciones me estaban poniendo los nervios de punta.</p><p>��Estoy segura que puedo encontrar al <emphasis>Bertha Krupnik, </emphasis>se�or MacKelvy. Soy investigadora privada y estoy acostumbrada a encontrar cosas. Un barco en activo en los Grandes Lagos no puede ser tan dif�cil de localizar. No hago m�s que pedirle que me facilite las cosas.</p><p>MacKelvy se encogi� de hombros.</p><p>��Tendr� que hablar con Niels. Vuelve aqu� a comer, se�orita� �c�mo ha dicho?� y lo comprobar� con �l entonces. Vuelva por aqu� hacia las dos. �Vale, Clayton?</p><p>El tel�fono volvi� a sonar.</p><p>���Qui�n es Niels? -pregunt� a Phillips cuando sal�amos de la oficina.</p><p>��Niels Grafalk. Es el propietario de Grafalk Steamship.</p><p>���Quiere llevarme de vuelta a su oficina? Podr� coger all� mi coche y dejarle a usted con sus reuniones.</p><p>Sus ojos p�lidos se dirig�an a todos los lados del vest�bulo, como si estuviera buscando a alguien o intentase conseguir ayuda de alguna parte.</p><p>��Eh� claro.</p><p>Est�bamos en la oficina de la entrada y Phillips dec�a adi�s a la recepcionista, cuando o�mos un ruido tremendo. Sent� un estremecimiento a trav�s del cemento del suelo y luego el ruido de cristales rotos y metal chimando. La recepcionista salt� de su silla, sobresaltada.</p><p>���Qu� ha sido eso?</p><p>Un par de personas que ven�an del interior del edificio entraron en la recepci�n.</p><p>���Un terremoto?</p><p>��Suena como un choque de coches.</p><p>���Ha afectado al edificio?</p><p>���Se est� cayendo el edificio?</p><p>Fui a la puerta de entrada. �Un choque de autom�viles? Puede ser, pero deb�a ser un coche enorme. �Puede que fuera uno de esos trailers que estaban cargando?</p><p>En el exterior se estaba reuniendo un gran gent�o. Una sirena en la distancia se o�a cada vez m�s alta. Y en el extremo norte del embarcadero se ve�a un carguero con el morro encajado en el costado del muelle. Grandes trozos de cemento se hab�an partido ante �l como un separador met�lico de la carretera ante un coche a toda velocidad. Fragmentos de cristal roto ca�an de los costados del barco mientras yo me acercaba con la multitud a mirar. Una elevada gr�a que estaba en el extremo del muelle gir� y cay� lentamente, pleg�ndose sobre s� misma como un cisne moribundo.</p><p>Dos coches de polic�a, con las luces azules centelleando, frenaron chirriando tan cerca del desastre como les fue posible. Salt� a un lado para evitar a una ambulancia que aullaba tras de m�. La multitud que ten�a delante se abri� para dejarla pasar. Yo la segu� r�pidamente y me acerqu� a la cat�strofe.</p><p>Una gr�a y un par de carretillas elevadoras hab�an estado esperando junto al malec�n. Las tres estaban completamente aplastadas por el carguero. La polic�a ayud� al conductor de la ambulancia a sacar al conductor de una de las carretillas entre el amasijo de hierros. Una visi�n desagradable. La multitud -estibadores, conductores, tripulaci�n- miraba �vidamente.</p><p>Me volv� y encontr� a un hombre con un mono blanco sucio que me observaba. Ten�a la cara quemada por el sol de un rojo amarronado oscuro y los ojos de un brillante azul profundo.</p><p>���Qu� ocurri�? -pregunt�.</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>��El barco arremeti� contra el malec�n. Me imagino que lo deb�an estar dirigiendo desde la sala de m�quinas y alguien lo puso todo a proa en lugar de todo a popa.</p><p>��Perdone, soy una extra�a aqu�. �Me lo traduce?</p><p>���Sabe algo de c�mo se conduce un barco?</p><p>Sacud� la cabeza.</p><p>��Oh. Bueno, es dif�cil de explicar sin mostrarle los controles. Pero b�sicamente tiene usted dos palancas, una para cada direcci�n. Si est� usted fuera, en el mar, utiliza el tim�n para dirigir. Pero si est� junto al muelle, usa las palancas. Poniendo una todo a proa y la otra todo a popa, o sea, hacia atr�s, ir� usted hacia la derecha o hacia la izquierda, depende de cu�l mueva y hacia d�nde. Poner las dos todo a popa es como meter la marcha atr�s en un coche. Disminuye la velocidad del barco y le acerca suavemente hasta el muelle. Parece como si alg�n pobre bastardo hubiera puesto la palanca en todo a proa en lugar de todo a popa.</p><p>��Ya veo. Parece mentira que una tonter�a as� pueda causar un desastre semejante.</p><p>��Bueno, si usted fuese conduciendo su coche hacia el muelle, suponiendo que pudiese ir por el agua, se aplastar�a y las paredes de cemento se reir�an de usted. Pero su coche� �cu�l tiene?, �pesa una tonelada y tiene un centenar de caballos? Este chisme tiene doce mil caballos y pesa unas diez mil toneladas. Hicieron el equivalente a pisarle el acelerador y este es el resultado.</p><p>Alguien hab�a colocado una escalerilla en la parte delantera del barco. Un par de miembros de la tripulaci�n, bastante conmocionados, bajaron hasta el muelle. Sent� una mano en el hombro y me volv� de un salto. Un hombre alto con la cara quemada por el sol y una magn�fica mata de pelo blanco me empuj� y pas� a mi lado.</p><p>��Perd�n. Abran paso, por favor.</p><p>La polic�a, que manten�a a todo el mundo alejado de las carretillas elevadoras y la escalera, dej� pasar al hombre de pelo blanco sin hacer preguntas.</p><p>���Qui�n es �se? -pregunt� a mi reci�n conocido informador-. Parece un vikingo.</p><p>��Es un vikingo. Es Niels Grafalk. Es el due�o de ese triste mont�n de chatarra� �Pobre diablo!</p><p>Niels Grafalk. No pens� que el momento no era el m�s oportuno para trepar por la escalerilla detr�s de �l en busca del <emphasis>Bertha Krupnik. </emphasis>A menos que�</p><p>���Es �se el <emphasis>Bertha Krupni�</emphasis></p><p>��No -me contest� mi amigo-. Es el <emphasis>Leif Ericsson. </emphasis>�Tiene un inter�s especial por el <emphasis>Berthc�</emphasis></p><p>��S�, intento averiguar d�nde est�. No consigo que MacKelvy, �lo conoce?, me suelte la informaci�n sin el consentimiento de Grafalk. Usted no lo sabr�, �verdad?</p><p>Cuando mi amigo quiso saber la raz�n, sent� el impulso de callarme y marcharme a casa. No se me ocurr�a nada m�s est�pido que mi obsesi�n por Boom Boom y su accidente. Era obvio que, a juzgar por el gent�o que se estaba reuniendo all�, el desastre hab�a tra�do un mont�n de gente al escenario de la cat�strofe. Margolis ten�a raz�n: si los hombres del silo hubiesen sabido algo acerca de la muerte de Boom Boom, habr�an hablado de ello. Deb�a ser ya hora de volver a Chicago a entregar unas cuantas citaciones a sus reticentes receptores.</p><p>Mi compa�ero observ� mis dudas.</p><p>��Mire, es hora de comer. �Por qu� no me deja invitarla a la Salle de la Mer? Es el club privado para los funcionarios y propietarios de por aqu�. S�lo tengo que quitarme este mono y coger la chaqueta.</p><p>Mir� mis vaqueros y las zapatillas de correr.</p><p>��No voy muy bien vestida para un club privado.</p><p>Me asegur� que no les importaba c�mo iban vestidas las mujeres; s�lo los hombres ten�an que observar reglas de vestuario en el moderno restaurante. Me dej� contemplando la debacle del muelle durante unos minutos mientras iba a cambiarse. Me preguntaba vagamente qu� le habr�a ocurrido a Phillips, cuando le vi intentando abrirse camino entre la multitud hasta llegar al <emphasis>Leif Ericsson. </emphasis>Algo en sus modales dubitativos me irritaba profundamente.</p></section><section><title><p>5</p></title><subtitle>Un vaso en la mano</subtitle><empty-line/><p>��Soy Mike Sheridan, maquinista jefe del <emphasis>Lucelia Wieser.</emphasis></p><p>��Y yo soy V. I. Warshawski, investigadora privada.</p><p>El camarero nos trajo las bebidas, vino blanco para m� y vodka con t�nica para Sheridan.</p><p>��Tiene algo que ver con Boom Boom Warshawski, �verdad?</p><p>��Soy su prima� �Estaba usted en el <emphasis>Lucelia Wieser </emphasis>cuando cruz� el <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>y �l cay� bajo su h�lice la semana pasada?</p><p>Asinti� y yo coment� con entusiasmo lo peque�o que era el mundo.</p><p>��He estado intentando encontrar a alguien que pudiera haber visto morir a mi primo. Para decirle la verdad, creo que no tengo muchas posibilidades, a juzgar por la multitud que el choque de antes ha reunido. -Le expliqu� mis pesquisas y por qu� el <emphasis>Lucelia Wieser </emphasis>estaba incluido en ellas.</p><p>Sheridan bebi� un poco de vodka.</p><p>��Tengo que admitir que sab�a qui�n era usted cuando estaba en el muelle. Alguien lo dijo y yo quise hablar con usted -sonri� disculp�ndose-. La gente cotillea mucho en un lugar como este� Su primo iba a venir a hablar con John Bemis, el capit�n del <emphasis>Lucelia, </emphasis>aquella tarde. Dec�a saber algo acerca de un acto de vandalismo que nos impidi� cargar durante una semana. De hecho, esa es la raz�n por la que est�bamos amarrados all� en medio: se supon�a que ten�amos que recoger grano del silo de Eudora, pero acabamos con agua en las bodegas. Tuvimos que secarlas y volver a sacar un permiso antes de poder cargar.</p><p>���Quiere decir que alguien meti� agua deliberadamente en sus bodegas?</p><p>Asinti�.</p><p>��Supusimos que lo hizo un miembro descontento de la tripulaci�n. Le pedimos que dejase el barco. No organiz� un esc�ndalo por ello, as� que creo que ten�amos raz�n. Pero su primo parec�a hablar en serio y, naturalmente, Bemis quer�a hablar con �l. No sabr� usted lo que ten�a en la cabeza, �verdad?</p><p>Sacud� la cabeza.</p><p>��Eso es parte de mi problema. No hab�a visto a Boom Boom desde dos o tres meses antes de que muriera. Para decirle la verdad, estaba muy preocupada de que hubiera podido� bueno, dejarse caer deliberadamente porque estuviese muy deprimido por no poder patinar ni jugar m�s al hockey. Pero por lo que est� usted diciendo y lo que dijo Pete Margolis en el silo, deb�a estar muy implicado en lo que estaba sucediendo aqu�, no deprimido ni nada. Sin embargo, me encantar�a saber si alguien del <emphasis>Bertha </emphasis>o del <emphasis>Lucelia </emphasis>vio en persona el accidente.</p><p>Sheridan sacudi� la cabeza.</p><p>��Es cierto que est�bamos amarrados all�, pero el <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>se encontraba entre nosotros y el muelle. No creo que nadie del <emphasis>Lucelia </emphasis>pudiese ver nada.</p><p>El camarero volvi� a tomar nota; le dijimos que necesit�bamos unos minutos para estudiar el men�. Volvi� a los treinta segundos, tosiendo para disculparse.</p><p>��El se�or Grafalk pregunta si la se�ora y usted no querr�an reunirse con �l y el se�or Phillips en su mesa.</p><p>Sheridan y yo nos miramos sorprendidos. Yo no me hab�a dado cuenta de que hubiese entrado ninguno de los dos. Seguimos al camarero por la alfombra rosa y violeta hasta una mesa en una esquina al otro extremo. Grafalk se levant� para estrecharle la mano a Sheridan.</p><p>��Gracias por interrumpir la comida para unirte a nosotros, Mike. -Para m� a�adi�-: Soy Niels Grafalk.</p><p>��Encantada, se�or Grafalk. Soy V. I. Warshawski.</p><p>Grafalk llevaba una chaqueta de suave <emphasis>tweed </emphasis>hecha a medida y una camisa blanca con el cuello abierto. No hac�a falta que me dijeran que hab�a nacido con dinero para saber que era un hombre acostumbrado a controlar las cosas que pasaban a su alrededor. Exhalaba un aire marinero con su pelo blanqueado y la cara roja de viento y sol.</p><p>��Phillips me ha dicho que estuvo usted haciendo unas preguntas a Percy MacKelvy. Ya que estoy yo aqu�, puede que quiera usted decirme por qu� est� interesada en la Grafalk Steamship.</p><p>Me embarqu� en una historia que ya parec�a un poco trillada.</p><p>��El se�or MacKelvy pens� que tendr�a que preguntarle a usted antes de decirme d�nde est� el <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>-termin�.</p><p>��Ya veo -Grafalk me observ� con mirada penetrante-. Phillips me ha dicho que era usted investigadora privada. Pens� que tal vez hubiera decidido andar fisgoneando un poco por mi compa��a.</p><p>��Cuando la gente se encuentra con un polic�a inesperadamente, a menudo se sienten culpables: cr�menes innombrables aparecen para enfrentarse a ellos. Cuando se encuentran con un investigador privado, suelen ponerse a la defensiva: no venga a meter las narices en mis asuntos. Estoy acostumbrada -dije.</p><p>Grafalk ech� la cabeza hacia atr�s y dej� o�r un estallido de risa. Sheridan me ech� una sonrisa sard�nica, pero Phillips parec�a tan tenso como siempre.</p><p>��Si tiene usted un minuto libre despu�s de comer, acomp��eme de vuelta a la oficina. Pedir� a Percy que investigue las andanzas del <emphasis>Bertha </emphasis>para usted.</p><p>El camarero vino a tomar nota. Ped� una alcachofa rellena de gambas. Grafalk pidi� trucha del lago a la plancha, igual que Phillips. Sheridan pidi� un filete.</p><p>��Cuando te pasas nueve meses del a�o en el agua, la carne tiene un atractivo s�lido y terrenal.</p><p>��As� que d�game: �Qu� hace una joven como usted metida a detective? �Trabaja para una compa��a o para usted misma?</p><p>��Llevo unos seis a�os trabajando por mi cuenta. Antes era abogado en la oficina del fiscal del Estado en Cook County. Me cans� de ver a pobres tipos inocentes yendo a parar a Stateville porque la polic�a no iba a continuar sus investigaciones y encontrar a los verdaderos responsables. Y me cans� a�n m�s de ver a listos culpables sinverg�enzas salir libres porque pod�an permitirse pagar a abogados que sab�an c�mo saltarse las leyes a la torera. As� que pens�, quiz� a la Do�a Quijote, que iba a ver lo que pod�a hacer yo por mejorar la situaci�n.</p><p>Grafalk sonre�a divertido por encima de un vaso de Niersteiner gutes Domthal.</p><p>���Qui�n suele contratarla?</p><p>��Hago bastante trabajo de investigaci�n sobre delitos financieros. Es mi especialidad. La Compa��a Transicon; ese asunto del a�o pasado con Seguros Ajax y los afiladores� Acabo de terminar un trabajo que ten�a que ver con un fraude por ordenador en transferencias telegr�ficas en un peque�o banco en Peor�a. Relleno los huecos buscando a testigos desaparecidos y entregando citaciones a gente que no quiere perder un d�a en el juzgado.</p><p>Grafalk segu�a mir�ndome con la misma sonrisa divertida: un hombre rico disfrutando de las debilidades de la gente de clase media. �Qu� hace la gente normal cuando no posee una compa��a naviera? La sonrisa se volvi� r�gida. Estaba mirando a alguien que estaba detr�s de m� al que aparentemente no quer�a ver. Me volv� cuando un hombre s�lido con un serio traje gris se acerc� a la mesa.</p><p>��Hola, Martin.</p><p>��Hola, Niels� Qu� hay, Sheridan. �Niels est� intentando conseguir que le ayudes con el <emphasis>Ericsson?</emphasis></p><p>��Qu� hay, Martin. Esta es V. I. Warshawski. Es la prima de Boom Boom Warshawski. Anda por aqu� haci�ndonos algunas preguntas acerca de la muerte de su primo -dijo Sheridan.</p><p>��Encantado, se�orita Warshawski. Sent� mucho el accidente de su primo. Ninguno de nosotros le conoc�a bien, pero todos le admir�bamos como jugador de hockey.</p><p>��Gracias -dije.</p><p>Me lo presentaron como Martin Bledsoe, propietario de la Pole Start Line, que pose�a el <emphasis>Lucelia Wieser. </emphasis>Cogi� una silla libre que hab�a entre Sheridan y Phillips, preguntando a Grafalk si no le importaba que se sentase con nosotros.</p><p>��Encantado de tenerte aqu�, Martin -dijo el vikingo con calor. Me deb�a haber imaginado la tensi�n en su sonrisa unos minutos antes.</p><p>��Siento lo del <emphasis>Ericsson, </emphasis>Niels. Vaya jaleo que hay all�. �Sab�is lo que pas�?</p><p>��Parece que se estrell� contra el muelle, Martin. Pero lo sabremos con seguridad cuando se haga una investigaci�n completa.</p><p>Me pregunt� de pronto qu� estaba haciendo all� Grafalk, comiendo tranquilamente, cuando fuera le esperaban unos da�os por valor de unos cuantos cientos de miles de d�lares.</p><p>���Qu� ocurre en un caso as�? -pregunt�-. �Tienen un seguro que cubra los da�os del casco?</p><p>��S� -Grafalk hizo una mueca-. Tenemos cobertura para todo. Pero esto va a aumentar un mont�n mi prima� Prefiero no pensar en ello ahora, si no le importa.</p><p>Cambi� de tema haci�ndole algunas preguntas generales acerca del transporte por barco. Su familia pose�a la compa��a m�s antigua que a�n trabajaba en los Grandes Lagos. Era tambi�n la m�s importante. Un antepasado noruego la hab�a fundado en 1838 con un cl�per que llevaba pieles y mineral de hierro de Chicago a Buffalo. Grafalk se entusiasm� bastante, recordando algunos de los barcos m�s grandes y de los hundimientos de la flota familiar, y luego se disculp�:</p><p>��Perdone, soy un fan�tico de la historia naval� Hace tanto tiempo que mi familia est� metida en ello� Bueno, pues mi yate se llama <emphasis>Brynulf Nordemark </emphasis>en memoria del capit�n que se hundi� tan galantemente en 1857.</p><p>��Grafalk es un marino fant�stico por derecho propio -apunt� Phillips-. Maneja dos barcos: el viejo yate de su abuelo y un barco de carreras. Corres la Mackinac todos los a�os, �verdad, Niels?</p><p>��S�lo me he perdido dos desde que me gradu� en la universidad. Cosa que seguramente sucedi� antes de que usted naciera, se�orita Warshawski.</p><p>Hab�a ido a Northwestern, otra tradici�n familiar. Yo recordaba vagamente un Edificio Grafalk en el <emphasis>campus </emphasis>de Northwestern y el Museo Mar�timo Grafalk junto al acuario Shedd.</p><p>���Y la Pole Star Line? -pregunt� a Bledsoe-. �Es tambi�n una vieja compa��a familiar?</p><p>��Martin es un reci�n llegado -dijo Grafalk alegremente-. �Cu�ntos a�os tiene la PSL actualmente? �Ocho?</p><p>��Antes ten�a el trabajo de Percy MacKelvy -dijo Bledsoe-. As� que Niels recuerda cada uno de los d�as que pasaron desde mi deserci�n.</p><p>��Bueno, Martin, t� eras el mejor expedidor del negocio. Me sent� abandonado cuando quisiste hacerte de la competencia� Por cierto, he o�do algo acerca de un sabotaje en el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Eso tiene mala pinta. �Fue uno de los miembros de tu tripulaci�n?</p><p>Los camareros nos trajeron la comida. Aunque deslizaban los platos frente a nosotros sin apenas mover el aire, fue distracci�n suficiente para que me perdiera la expresi�n de Bledsoe.</p><p>��Bueno, los da�os fueron cosa de poco, al final -dijo. -En el momento me puse furioso, pero al menos el barco est� intacto; habr�a sido una putada tener que pasarse la mayor parte de la temporada arreglando el casco del <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>��Es verdad -admiti� Grafalk-. Tienes dos barcos m�s peque�os adem�s, �verdad? -me sonri� amablemente-. Nosotros tenemos sesenta y tres nav�os m�s para solucionar cualquier trastorno que el accidente del <emphasis>Ericsson </emphasis>haya podido causar.</p><p>Yo me preguntaba qu� demonios estaba pasando all�. Phillips estaba sentado muy r�gido, sin hacer la menor intenci�n de comer nada, mientras que Sheridan parec�a pensar para encontrar algo que decir. Grafalk comi� unas verduras picadas y Bledsoe atac� su pez espada a la plancha con apetito.</p><p>��Y aunque mi jefe de m�quinas la jod�ese all�, estoy convencido de que el chaval deb�a estar demasiado nervioso y de que cometi� un error. No es lo mismo que tener vandalismo deliberado entre la tripulaci�n.</p><p>��Tienes raz�n -dijo Bledsoe-. Me preguntaba si esto era parte de tu programa para desechar tus barcos de 360 pies.</p><p>Grafalk dej� caer el tenedor. Un camarero se acerc� y coloc� uno nuevo en la mesa.</p><p>��Estamos satisfechos con lo que hemos conseguido -dijo Grafalk-. Pero espero que t� hayas podido localizar <emphasis>tu </emphasis>problema, sin embargo, Martin.</p><p>��Yo tambi�n lo espero -dijo Bledsoe educado, cogiendo su vaso de vino.</p><p>��Es tan molesto que no te puedas fiar de alguien de tu propia empresa� -insisti� Grafalk.</p><p>��Yo no ir�a tan lejos -respondi� Bledsoe-, pero es que nunca he compartido tu visi�n hobbesiana del contrato social.</p><p>Grafalk sonri�.</p><p>��Tienes que explicarme eso, Martin. -Se volvi� hacia m� de nuevo-. En el colegio de Martin se aprend�an muchas cosas de memoria. A m� me fue m�s f�cil, ya que era un caballero: no se esperaba de nosotros que lo supi�semos todo.</p><p>Empezaba a re�rme cuando o� un ruido de un vaso al romperse. Me volv� con los dem�s para mirar a Bledsoe. Hab�a aplastado el vaso de vino con la mano y los fragmentos transparentes que sal�an de su palma se estaban volviendo rojos r�pidamente. Mientras me pon�a de pie de un salto para llamar a un m�dico, me pregunt� qu� ser�a lo que hab�a pasado all�. De todos los comentarios de Grafalk, el �ltimo hab�a sido el menos ofensivo. �Por qu� habr�a producido tan extraordinaria reacci�n?</p><p>Mand� al preocupad�simo <emphasis>maitre d'h�tel </emphasis>a llamar a una ambulancia. Me confes� en un momento de p�nico muy poco profesional que no deb�a haber permitido nunca que el se�or Bledsoe se uniese al se�or Grafalk. Es que� el se�or Bledsoe no era un caballero, no ten�a sensibilidad, no se pod�a impedir que anduviese meti�ndose en lugares a los que no pertenec�a.</p><p>Un p�nico silencioso dominaba nuestra mesa. Los hombres miraban impotentes el charco rojo que iba creciendo sobre el mantel, sobre el pu�o de la camisa de Bledsoe, sobre su regazo. Le dije que una ambulancia estaba al llegar y que mientras tanto deber�amos ir sacando todos los cristales posibles de su mano. Mand� a los camareros por otro cubo de hielo y empec� a envolver la mano de Bledsoe con hielo y unas cuantas servilletas.</p><p>A Bledsoe le dol�a, pero no corr�a peligro de desvanecerse. Se maldec�a a s� mismo por su estupidez.</p><p>��Tiene raz�n -le dije-. Ha sido una solemne estupidez. De hecho, no s� si he visto alguna vez algo igual. Pero lamentarse no va a arreglar nada, as� que �por qu� no se concentra en el presente?</p><p>Sonri� un poco y me dio las gracias por mi ayuda.</p><p>Ech� una r�pida mirada a Grafalk. Nos miraba con una expresi�n extra�a. No era piedad ni era satisfacci�n. Era una expresi�n especulativa. Pero, �sobre qu�?</p></section><section><title><p>6</p></title><subtitle>Un barco importante</subtitle><empty-line/><p>Despu�s de que la ambulancia se llevase a Bledsoe, todo el mundo volvi� a concentrarse en su comida de un modo algo furtivo, como si comer fuera de mal gusto. El jefe de camareros limpi� el sitio de Bledsoe con alivio palpable y le trajo a Grafalk una botella nueva de Niersteiner gutes Domthal, �de nuestra parte, se�or�.</p><p>��No les gusta su jefe aqu� -le dije a Sheridan.</p><p>El jefe de m�quinas se encogi� de hombros.</p><p>��El <emphasis>ma�tre d'h�tel </emphasis>es un esnob. Martin se ha hecho a s� mismo y eso le ofende. Niels da un toque de clase al lugar. Martin se destroza la mano y a Niels le traen una botella de vino para que no se ofenda y no se borre del club.</p><p>Grafalk ri�.</p><p>��Tienes raz�n. Los esnobs m�s insufribles son los que se pegan a los ricos. Si perdemos nuestro encanto, ellos pierden la raz�n de su existencia.</p><p>Mientras habl�bamos, Phillips no dejaba de lanzar miradas a su reloj y susurrar:</p><p>��Esto, Niels�-con su tensa voz.</p><p>Me recordar�a a un ni�o tirando de las faldas de su madre mientras ella est� absorta en una conversaci�n. Grafalk le hac�a aproximadamente el mismo caso. Finalmente, Phillips se puso de pie.</p><p>��Esto, Niels. Me voy a tener que ir. Tengo una reuni�n con, esto, con Rodr�guez.</p><p>Grafalk mir� su reloj.</p><p>��Creo que ser� mejor que nos vayamos todos. Se�orita Warshawski, perm�tame llevarla a la oficina de Percy MacKelvy para que le localice al <emphasis>Bertha Krupnik</emphasis></p><p>Pidi� la cuenta al camarero y la firm� sin mirar la cantidad, esperando educadamente a que yo acabase. Extraje el coraz�n de mi alcachofa y lo part� en cuatro trozos, saboreando cada uno de ellos antes de colocar a un lado mi servilleta y levantarme.</p><p>Phillips permanec�a con nosotros junto a la puerta, a pesar de su reuni�n. Parec�a estar esperando alguna se�al de Grafalk, el reconocimiento de qui�n era, quiz�, que le permitiese poder marcharse en paz. El poder que tienen los ricos para conceder una raz�n de ser a la gente parec�a funcionar muy bien con Phillips.</p><p>���No tienes una reuni�n, Clayton? -pregunt� Grafalk.</p><p>��Esto, s�, s�. -Phillips se dio la vuelta entonces y se dirigi� por el asfalto hasta su Alfa.</p><p>Sheridan me acompa�� hasta la oficina de Grafalk.</p><p>��Quiero que vuelva al <emphasis>Lucelia </emphasis>y hable con el capit�n Bemis cuando haya acabado aqu� -dijo-. Necesitamos saber si puede usted contarnos algo acerca de lo que su primo quer�a decirnos.</p><p>Yo no pod�a, claro, pero quer�a saber lo que pod�an contarme ellos de Boom Boom, as� que acced�.</p><p>Nuestra visita a la oficina de Grafalk fue interrumpida por los periodistas, un equipo de televisi�n y una ansiosa llamada telef�nica del presidente de Seguros Ajax, que aseguraba a la Grafalk Steamship.</p><p>Grafalk manej� todo aquello con genial habilidad. Trat�ndome como a un hu�sped de lujo, pidi� al equipo de la NBC que esperasen mientras contestaba a una pregunta m�a. Cogi� la llamada del presidente de Ajax, Gordon Firth, en la oficina de MacKelvy.</p><p>��Un minuto, Gordon. Tengo aqu� a una atractiva joven que necesita informaci�n. -Dej� un momento el tel�fono y le pidi� a MacKelvy que buscase la localizaci�n del <emphasis>Bertha. </emphasis>�ste estaba dando una vuelta a los Grandes Lagos, recogiendo carb�n en Cleveland para dejarlo en Detroit, y luego encamin�ndose a Thunder Bay. Volver�a a Chicago dentro de dos semanas. MacKelvy recibi� instrucciones de que el capit�n y la tripulaci�n se pusieran a mi disposici�n. Grafalk rechaz� mis expresiones de agradecimiento: Boom Boom hab�a sido un joven muy valioso, justo el tipo de persona que la industria naviera necesitaba. Fuera lo que fuese lo que pudieran hacer para ayudarme, no ten�a m�s que dec�rselo. Volvi� a hablar con Firth y yo busqu� sola el camino de salida.</p><p>Sheridan me estaba esperando fuera, lejos de los periodistas y el equipo de televisi�n. Cuando sal�a, un c�mara me puso un micr�fono en las narices. Que si hab�a visto el desastre, que qu� me parec�a� todas las preguntas vac�as que los periodistas de televisi�n hacen cuando acaba de ocurrir un desastre.</p><p>��Tragedia sin igual -dije-. El se�or Grafalk les dar� los detalles.</p><p>Sheridan hizo una mueca divertida cuando yo me alej� del micr�fono.</p><p>��Es usted m�s r�pida que yo. No se me ocurre una respuesta r�pida as�, sin pensar.</p><p>Caminamos por el muelle hasta el aparcamiento donde se encontraba su Capri. Mientras lo conduc�a marcha atr�s para salir, me pregunt� si Grafalk me hab�a dicho lo que yo quer�a saber.</p><p>��S�. Estuvo muy amable. -Abrumadoramente amable. Me preguntaba si no estar�a tratando de borrar algunas ideas desfavorables que yo pudiera haber tenido tras su encuentro con Bledsoe-. �Por qu� el comentario de Grafalk sobre el colegio de Bledsoe le alter� tanto? -pregunt� bruscamente.</p><p>���Fue eso lo que le alter�? No me acordaba.</p><p>��Grafalk dijo: �En el colegio de Martin ten�an que aprenderse muchas cosas de memoria.� Luego, algo acerca de que �l era un caballero y no necesitaba saber nada. Incluso si Bledsoe hubiera ido a alg�n lugar repugnante como West Schaumburg Tech., no me parece una raz�n suficiente como para destrozar un vaso de vino con la mano.</p><p>Sheridan fren� ante un sem�foro en la esquina de la calle 103 y Torrence. Un restaurante Howard Johnson que hab�a a nuestra izquierda luchaba por sobrevivir, sin resultado, entre hierbajos y un dep�sito de chatarra. Sheridan torci� a la derecha.</p><p>��No creo que Martin fuese a la escuela en absoluto. Creci� en Cleveland y empez� a navegar cuando ten�a diecis�is a�os, mintiendo acerca de su edad. Puede que no le guste que un hombre de Northwestern le recuerde que es un autodidacta.</p><p>Aquello no ten�a sentido. La gente autodidacta suele estar orgullosa de ello.</p><p>Bien, y �por qu� hay tanta animosidad entre �l y Grafalk?</p><p>��Oh, eso es f�cil de explicar. Niels ve la Grafalk Steamship como un feudo. Es asquerosamente rico, posee otras muchas compa��as, pero la naviera es lo �nico que le importa. Si trabajas para �l, piensa que es un contrato vitalicio, como un se�or feudal jurando lealtad a Guillermo el Conquistador, o algo as�. Lo s� bien. Empec� mi carrera en Grafalk. Se lo llevaban los demonios cuando me fui. Lo mismo que John Bemis, el capit�n del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Pero nuestra marcha nunca le alter� tanto como la de Martin. Vio aquello como una traici�n suprema, puede que porque Martin era el mejor expedidor de los lagos. Por eso le ha ido tan bien a la Pole Star. Martin tiene ese sexto sentido que le dice qu� fracci�n de d�lar puede ofrecer para hacer la oferta m�s baja y conseguir a�n beneficios.</p><p>Est�bamos entrando en el patio de otro silo. Sheridan traquete� con el coche por entre los baches y aparc� tras un cobertizo muy maltratado por la intemperie. Cuatro vagones tolva maniobraban entre los camiones frente a nosotros y se met�an en el montacargas del silo. Nos abrimos paso rode�ndolos, atravesamos la planta baja del gigantesco edificio y salimos al muelle.</p><p>El <emphasis>Lucelia </emphasis>se ergu�a ante nosotros. Su pintura roja era pulida y brillante. Hac�a parecer a los dem�s barcos que hab�a visto aquel d�a como ba�eras decr�pitas. De un millar de pies de largo, su casco gigantesco tapaba el horizonte. Sent� el familiar nudo en el est�mago y cerr� los ojos un instante antes de seguir a Sheridan por la escalerilla adosada a su costado.</p><p>�l trep� �gilmente. Yo le segu� deprisa, intentando no pensar en las negras profundidades que ten�a debajo, en el casco hendiendo invisible las l�bregas aguas; en el mar, vivo y amenazador.</p><p>Encontramos al capit�n Bemis en el puente de caoba, encaramado encima de la cabina. A trav�s de las ventanas de cristal que rodeaban el puente, ve�amos la cubierta alej�ndose de nosotros. Hombres con impermeables amarillos lavaban las bodegas con mangueras de alta presi�n.</p><p>El capit�n Bemis era un hombre robusto y bajo, casi de mi altura. Ten�a firmes ojos grises y modales pausados, sin duda �tiles en alta mar. Habl� con cubierta por un <emphasis>walkie-talkie </emphasis>y dijo a su piloto que se uniera a nosotros. Una figura con impermeable amarillo se destac� del grupo de cubierta y desapareci� en la cabina.</p><p>��Estamos muy preocupados por el acto vand�lico contra el <emphasis>Lucelia </emphasis>-me dijo Bemis-. Sentimos mucho que el joven Warshawski muriera. Tambi�n nos gustar�a saber qu� es lo que ten�a que decirnos.</p><p>Sacud� la cabeza.</p><p>��Yo no lo s�. No hablaba con Boom Boom desde hac�a unos meses� Esperaba que pudiese haberle dicho a usted algo que me diese una pista acerca de su estado de �nimo.</p><p>Bemis hizo un gesto de frustraci�n.</p><p>��Quer�a hablarnos del asunto aquel de las bodegas. �Se lo ha contado Sheridan? Bien, pues Warshawski pregunt� si hab�amos encontrado al culpable. Le dije que s�. �l dijo que cre�a que pod�a haber algo m�s que un marinero insatisfecho. Ten�a que hacer a�n ciertas comprobaciones, pero quer�a hablar conmigo al d�a siguiente.</p><p>El piloto vino al puente y Bemis dej� de hablar para present�rmelo. Su nombre era Keith Winstein. Un joven fibroso, de unos treinta a�os, de pelo rizado y negro.</p><p>��Le estoy contando lo del joven Warshawski -le explic� Bemis al piloto-. De todas formas, Keith y yo le esperamos en el puente hasta las cinco el martes, con la idea de poder hablar con �l. Luego nos enteramos de que hab�a muerto.</p><p>���As� que nadie le vio caer! -exclam�.</p><p>El piloto sacudi� la cabeza con tristeza.</p><p>��Lo siento, pero ni siquiera nos dimos cuenta de que hab�a habido un accidente. Est�bamos amarrados en medio, pero ninguno de nuestros hombres estaba en el muelle cuando lleg� la ambulancia.</p><p>Sent� un pinchazo de des�nimo. Me parec�a tan� tan injusto que Boom Boom hubiese podido perder la vida sin que nadie le viese� Intent� concentrarme en el capit�n y su problema, pero ninguna de las dos cosas me parec�an importantes. Me sent� est�pida, como si hubiese desperdiciado el d�a. �Qu� es lo que hab�a esperado encontrar, de todos modos? Dando vueltas por el muelle, jugando a los detectives, para tener que admitir al final que mi primo hab�a muerto.</p><p>Suger� a Bemis y a Winstein que localizasen al hombre que hab�an despedido y le interrogasen m�s a fondo, luego pretext� una reuni�n en el Loop y ped� al jefe de m�quinas que me llevase de vuelta al aparcamiento de la Eudora. Cog� mi Lynx y me dirig� hacia el norte.</p></section><section><title><p>7</p></title><subtitle>Vigilante, cu�ntanos c�mo va la noche</subtitle><empty-line/><p>Mi apartamento es el �ltimo piso de un edificio barato de tres plantas en Halsted, al norte de Belmont. Todos los a�os los j�venes profesionales modernos de Lincoln Park se van mudando un poco m�s cerca, amenaz�ndome con echarme m�s al norte con sus casas adosadas, sus bares de vinos y sus ropas de correr de dise�o. De momento, Diversey, dos manzanas m�s al sur, se ha convertido en la l�nea divisoria, pero puede cambiar cualquier d�a.</p><p>Llegu� a casa alrededor de las siete, exhausta y confusa. Por el largo camino de vuelta a casa, inmersa en el tr�fico diario durante dos horas, luch� con mi depresi�n. Cuando al fin aparqu� frente a mi edificio de piedra gris, el mal humor se hab�a despejado un poco. Empec� a preguntarme cosas acerca de algunas conductas extra�as que hab�a advertido en el puerto.</p><p>Me serv� unos buenos dos dedos de Black Label y abr� los grifos de la ba�era. Al pensar en ello, me pareci� muy extra�o que Boom Boom hubiera llamado al capit�n, concertase con �l una cita para hablar de vandalismo y luego muriera. No se me hab�a ocurrido preguntar a Bemis ni a Winstein acerca de los papeles que Boom Boom hubiera podido robar.</p><p>Sonaba como si Boom Boom hubiese estado jugando a los detectives. Puede que por eso me llamara; no por desesperaci�n, sino para pedirme una opini�n profesional. �Qu� habr�a descubierto? �Algo que mereciese la pena que yo tambi�n encontrara? �Segu�a yo buscando algo m�s importante que un simple accidente con respecto a su muerte, o habr�a algo que debiera saber?</p><p>Di un sorbo a mi whisky. No pod�a aclarar lo bastante mis sentimientos como para saberlo. Me resultaba incre�ble que alguien hubiese matado a Boom Boom para impedirle hablar con Bemis. Adem�s, �qu� pasaba con la tensi�n existente entre Grafalk y Bledsoe? �Y el que la muerte de Boom Boom siguiese tan de cerca a su llamada a Bemis? �Y el accidente de hoy en el muelle?</p><p>Sal� de la ba�era, me envolv� en una toalla de ba�o roja y me serv� otro trago de whisky. Pasaban suficientes cosas raras por el puerto como para que mereciese la pena que hiciese unas cuantas preguntas m�s. En cualquier caso, pens�, trag�ndome el whisky, �qu� pasaba si me pon�a a trabajar por mi cuenta llevando a cabo una investigaci�n? �Es eso m�s est�pido que emborracharme o hacer cualquiera de las cosas que hace la gente cuando muere un ser querido?</p><p>Me puse unos vaqueros limpios y una camiseta y me dirig� a la cocina. Un panorama desolador: las sartenes amontonadas en el fregadero, migas sobre la mesa, un trozo viejo de papel de aluminio, queso petrificado en el horno, de un plato de pasta primavera que hab�a hecho hac�a unos d�as. Me puse a fregar; hay d�as que el desorden te afecta tanto que no puedes resistirlo.</p><p>La nevera no ten�a gran cosa de inter�s dentro. El reloj de madera de la puerta trasera marcaba las nueve. Demasiado tarde para salir a cenar, con lo cansada que estaba, as� que me decid� por una lata de sopa de guisantes y unas tostadas.</p><p>Con otro whisky en la mano vi el final de una deprimente derrota de los Cubs en Nueva York: la octava de la serie. La Nueva Tradici�n toma el relevo, pens� l�gubremente, y me fui a la cama.</p><p>Me despert� alrededor de las seis en otro d�a fr�o y nuboso. La primera semana de mayo, y parec�a noviembre. Me puse los pantalones largos de correr e hice concienzudamente cinco millas alrededor de Belmont Harbor y vuelta. Estaba utilizando la muerte de Boom Boom como excusa para la pereza y la carrera me dej� m�s agotada de lo que debiera.</p><p>Beb� zumo de naranja, me duch� y tom� un poco de caf� reci�n molido con un panecillo y queso. Eran las seis y media. Ten�a que estar en Eudora tres horas m�s tarde para hablar con el personal. Mientras tanto pod�a acercarme a echar un vistazo a las pertenencias de Boom Boom. Hab�a buscado algo personal en mi anterior visita, algo que pudiera indicarme su estado de �nimo. Esta vez me concentrar�a en algo que pudiera indicar un crimen.</p><p>Un grupito de abogados y m�dicos hechos un brazo de mar surgieron del n�mero 210 de East Chestnut. Ten�an los rostros poco saludables de las personas que comen y beben demasiado la mayor parte del tiempo pero se mantienen en su peso con dietas severas y sesiones de raqueta entre medias. Uno de ellos me sujet� la puerta sin fijarse realmente en m�.</p><p>Al llegar al piso de Boom Boom, me qued� una vez m�s mirando al lago unos minutos. El lago levantaba olitas sobre el agua verde. Un puntito rojo se mov�a en el horizonte: un carguero de viaje al otro extremo de los lagos. Me qued� mirando largo tiempo antes de abrazarme los hombros y encaminarme al estudio.</p><p>Me encontr� un panorama tremendo. Los papeles que hab�a dejado en ocho ordenados montones estaban tirados de cualquier manera por toda la habitaci�n. Los cajones estaban abiertos del todo, los cuadros arrancados de la pared, las almohadas de una cama auxiliar que hab�a en el rinc�n hechas pedazos y la ropa de cama toda revuelta.</p><p>El zafarrancho era tan confuso y tan violento que me sent� embargada por la mayor indignaci�n durante unos segundos. Un cuerpo yac�a encogido en la esquina m�s alejada del escritorio.</p><p>Camin� r�pidamente entre el l�o de papeles, intentando no tocar el caos en el que pudiera encontrarse alguna prueba. El hombre estaba muerto. Llevaba una pistola en la mano, una Smith &amp; Wesson 358, pero no hab�a podido utilizarla. Ten�a el cuello roto, por lo que pude deducir sin tocar el cuerpo. No vi heridas.</p><p>Le levant� la cabeza con suavidad. El rostro me miraba impasible, el mismo rostro inexpresivo que me hab�a mirado dos noches antes en el vest�bulo. Era el viejo negro que estaba de turno de noche. Dej� otra vez su cabeza en el suelo con cuidado y sal� disparada hacia el desproporcionado cuarto de ba�o de Boom Boom.</p><p>Me beb� un vaso de agua del grifo de la ba�era y el est�mago se me seren� un poco. Al usar el tel�fono junto a la gran cama para llamar a la polic�a, me di cuenta de que el dormitorio tambi�n hab�a sufrido ciertos disturbios menores. El cuadro rojo y morado de la pared estaba en el suelo y las revistas tiradas. Los cajones de la pulida c�moda de nogal estaban abiertos y la ropa interior por el suelo.</p><p>Examin� el resto del apartamento. Estaba claro que alguien hab�a estado buscando algo. Pero �qu�?</p><p>El nombre del vigilante nocturno era Henry Kelvin. La se�ora Kelvin lleg� con la polic�a a identificar el cuerpo. Una mujer sombr�a, digna, cuyo dolor era m�s impresionante a causa del dominio que ejerc�a sobre �l.</p><p>Los polis que aparecieron insistieron en tom�rselo como un asalto cualquiera. La muerte de Boom Boom hab�a sido ampliamente difundida. Cualquier ladr�n emprendedor se aprovech� sin duda de la situaci�n; fue lamentable que Kelvin le sorprendiese <emphasis>in fraganti. </emphasis>No dej� de decirles que no hab�a desaparecido nada de valor, pero ellos insistieron en que la muerte de Kelvin hab�a asustado a los intrusos y les habr�a hecho huir. Acab� por dejarlo.</p><p>Llam� a Margolis, el capataz del silo, para explicarle que me retrasar�a, quiz� hasta el d�a siguiente. A medio d�a la polic�a termin� conmigo y se llev� el cuerpo en una camilla. Iban a sellar el apartamento hasta que acabasen de tomar huellas y de analizarlo todo.</p><p>Ech� un �ltimo vistazo. O los intrusos hab�an encontrado lo que hab�an venido a buscar, o mi primo hab�a escondido lo que buscaban en otra parte, o no hab�a nada que encontrar y ellos huyeron asustados. Mi mente vol� hacia Paige Carrington. �Cartas de amor? �Cuan cercana hab�a estado ella a Boom Boom en realidad? Ten�a que volver a hablar con ella. Puede que tambi�n con alguno de los amigos de mi primo.</p><p>La se�ora Kelvin estaba sentada muy r�gida en el borde de uno de los mullidos sof�s blancos del portal. Cuando sal� del ascensor, vino hacia m�.</p><p>��Tengo que hablar con usted. -Su voz era ronca, la voz de alguien que quiere llorar y en lugar de ello se pone furiosa.</p><p>��Muy bien, tengo un despacho en el centro. �Le parece bien?</p><p>Mir� a su alrededor, en el poco �ntimo portal, a los vecinos que la miraban al salir y entrar del ascensor, y asinti�. Me sigui� en silencio afuera y fue detr�s de m� hasta Delaware, donde hab�a encontrado un sitio donde aparcar mi peque�o Mercury. Alg�n d�a tendr� dinero para comprarme algo bueno de verdad, como un Audi Quattro, por ejemplo. Pero mientras tanto compro cosas americanas.</p><p>La se�ora Kelvin no dijo nada de camino al centro. Aparqu� el coche en un garaje enfrente del edificio Pulteney. No se dign� echar ni una mirada al suelo de mosaico sucio ni a las paredes de m�rmol lleno de agujeros. Por suerte, el fatigado ascensor funcionaba. Baj� crujiendo hasta la planta baja y me evit� el sofoco de tener que pedirle que subiera andando los cuatro pisos hasta mi oficina.</p><p>Nos encaminamos hacia el extremo este del pasillo, donde mi oficina domina la avenida Wabash, del lado en el que los alquileres baratos lo son mas a�n debido al ruido que hay. Un tren chirriaba al pasar cuando abr� la puerta y la conduje hasta el sill�n que guardo para las visitas.</p><p>Me sent� tras el escritorio, un gran mueble de madera que consegu� en una subasta de la polic�a. Mi escritorio est� frente a la pared, as� que entre mis clientes y yo no hay m�s que un espacio abierto. Nunca me gust� utilizar los muebles para esconderme o intimidar a nadie.</p><p>La se�ora Kelvin se sent� muy tiesa en el sill�n, con el bolso negro recto sobre el regazo. Su pelo negro estaba muy estirado y retirado de la cara por medio de ondas severamente dominadas. No llevaba m�s maquillaje que un l�piz de labios naranja oscuro.</p><p>��Habl� usted con mi marido el martes por la noche, �verdad? -dijo finalmente.</p><p>��S�, as� es. -Mantuve una voz neutra. La gente habla m�s si te conviertes en parte de su decorado.</p><p>Asinti� para s�.</p><p>��Vino a casa y me lo cont�. Su trabajo le resultaba aburrid�simo, as� que cualquier cosa fuera de lo corriente que pasase me la contaba -volvi� a asentir-. Usted es la albacea del joven Warshawski o algo por el estilo, �no?</p><p>��Soy su prima y su albacea. Me llamo V. I. Warshawski.</p><p>��Mi marido no era aficionado al hockey, pero le gustaba el joven Warshawski. El caso es que volvi� a casa el martes por la noche, o sea, ayer por la ma�ana, y me dijo que una engre�da joven blanca le hab�a dicho que ten�a que vigilar el apartamento del chico. Era usted.</p><p>Volvi� a asentir. Yo no dije nada.</p><p>��Pues a Henry no le hac�a falta que nadie le dijese lo que ten�a que hacer -dio medio sollozo enfadado y de nuevo se control�-. Pero le dijo usted especialmente que no dejase entrar a nadie en su apartamento. As� que ten�a usted que saber que iba a ocurrir algo raro, �no?</p><p>La mir� con firmeza y negu� con la cabeza.</p><p>��El portero de d�a, Hinckley, hab�a dejado entrar a alguien en el apartamento sin que yo lo supiese con anterioridad. Hab�a all� cosas que cualquier fan�tico chiflado pod�a haber encontrado de valor; su palo de hockey y cosas as�; y documentos legales. No quer�a que nadie anduviese por all�.</p><p>���No sab�a usted que alguien iba a asaltar el piso?</p><p>��No, se�ora Kelvin. Si hubiese tenido alguna sospecha de ese tipo, hubiese tomado mayores precauciones.</p><p>Apret� los labios.</p><p>��Dice usted que no ten�a sospechas. Y aun as� tuvo que decirle a mi marido lo que ten�a que hacer.</p><p>��Yo no conoc�a a su marido, se�ora Kelvin. Nunca le hab�a visto antes. As� que no pod�a saber si era la clase de persona que se toma su trabajo en serio. No trataba de decirle cu�l era su deber, sino que intentaba salvaguardar los intereses de mi primo.</p><p>��Bueno, �l me cont�, me dijo: �No s� qui�n creer� esa chica, usted, que se va a meter all�. Pero no voy a quitarle la vista de encima.� As� que se hizo el h�roe y le mataron.</p><p>��Lo siento -dije.</p><p>��Sentirlo no le devolver� la vida.</p><p>Despu�s de que se hubo marchado me qued� un buen rato sentada sin hacer nada. En cierto modo ten�a la sensaci�n de haber enviado al viejo a la muerte. Me hab�a fastidiado el martes, haci�ndome sentir como si estuviese hablando con la puerta del ascensor o algo as�. Pero se hab�a tomado lo que le hab�a dicho muy en serio: m�s que yo misma. Deb�a haber estado vigilando sin parar la puerta del piso veintid�s desde su pantalla de TV y ver�a entrar a alguien en el piso de mi primo. Entonces habr�a subido tras �l. El resto estaba desagradablemente claro.</p><p>Era verdad que yo no ten�a raz�n alguna para pensar que nadie fuese a entrar en el piso de Boom Boom, y menos a�n alguien tan desesperado por encontrar algo que pudiese matar por ello. Pero hab�a ocurrido y yo me sent�a responsable. Me sent�a en la obligaci�n de investigar la muerte de aquel hombre.</p><p>El contestador de Paige Carrington tom� nota de mi llamada. No dej� ning�n mensaje, pero cog� la direcci�n del Windy City Balletworks: 5400 N. Clark. Me detuve por el camino para tomar un sandwich y una Coca.</p><p>Balletworks ten�a su sede en un viejo almac�n, entre un restaurante coreano y una tienda de art�culos de embalaje. El almac�n estaba muy deslucido por fuera, pero por dentro lo hab�an arreglado. Un vest�bulo vac�o con una taquilla de tablillas estaba cubierto de fotos de las bailarinas del Windy City en diversos papeles. La compa��a ten�a varias obras de siempre, incluyendo unas cuantas de Balanchine, pero tambi�n experimentaba con sus propias coreograf�as. Paige estaba sobre la pared vestida de vaquera en <emphasis>Rodeo, </emphasis>de Bianca en <emphasis>La fiercilla domada, </emphasis>y en su propio papel c�mico en <emphasis>Fantas�a de la calle Clark. </emphasis>Yo hab�a visto aquella funci�n dos veces.</p><p>El auditorio estaba a la izquierda. Un cartelito que hab�a fuera se�alaba que estaba teniendo lugar un ensayo. Me deslic� dentro silenciosamente y me un� a un grupo de personas sentadas en la sala. En el escenario, alguien daba palmadas y ped�a silencio.</p><p>��Empezamos otra vez desde la entrada del <emphasis>scherzo. </emphasis>Karl, t� entras un segundo despu�s del redoble. Y t�, Paige, tienes que quedarte en la parte delantera hasta el <emphasis>grand jet�. </emphasis>A vuestros sitios, por favor.</p><p>Los bailarines vest�an una abigarrada colecci�n de ropas, con las piernas cubiertas de gruesos calentadores para prevenir los calambres. Paige llevaba una malla color bronce con calentadores a juego. Llevaba el oscuro pelo sujeto en una cola de caballo. Parec�a tener diecis�is a�os, desde el lugar en el que me sentaba. Alguien manipulaba un aparato de m�sica delante del escenario. La m�sica comenz�. La pieza era muy moderna y la coreograf�a hac�a juego con ella. Era un baile acerca de la depravaci�n de la moderna vida urbana. Karl, entrando con lo que parec�a ser el <emphasis>scherzo </emphasis>-aunque era dif�cil decirlo con tanto gemido y ruidos diversos-, parec�a estar muri�ndose de una sobredosis de hero�na. Paige llegaba a escena unos segundos antes que el yonqui, le ve�a morir y se marchaba. No lo entend� a la primera, pero tuve que verlo seis veces antes de que la directora estuviese satisfecha.</p><p>Un poco despu�s de las cinco, la directora dej� libre a la compa��a, record�ndoles que ten�an ensayo al d�a siguiente a las diez y una representaci�n a las ocho la noche siguiente. Me march� con el resto de los miembros del p�blico. Seguimos a los bailarines por entre bastidores; nadie nos pregunt� qu� derecho ten�amos a estar all�.</p><p>Guiada por el sonido de las voces, met� la cabeza en un vestuario. Una joven quit�ndose unas mallas de su pecoso cuerpo me pregunt� qu� quer�a. Le dije que estaba buscando a Paige.</p><p>��Oh, Paige� Est� en el vestuario de los solistas, tres puertas m�s all�, a la izquierda.</p><p>El vestuario de los solistas estaba cerrado. Llam� y entr�. Hab�a dos mujeres dentro. Una me dijo que Paige se estaba duchando y me pidi� que esperase en el vest�bulo. No hab�a ni media pulgada libre en la habitaci�n.</p><p>Finalmente, la propia Paige baj� al vestuario desde la ducha, envuelta en un albornoz blanco, con una gran toalla blanca enrollada alrededor de la cabeza.</p><p>���Vic! �Qu� est�s haciendo aqu�?</p><p>��Hola, Paige. He venido a hablar contigo. Cuando te vistas. Te invito a tomar un caf� o una ginebra o lo que tomes a estas horas.</p><p>Los ojos color miel se abrieron un poco; no estaba acostumbrada a recibir �rdenes, aunque fuesen dadas de modo tan sutil.</p><p>��No s� si tendr� tiempo.</p><p>��Entonces hablar� contigo mientras te vistes.</p><p>���Tan importante es?</p><p>��Es sumamente importante.</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>��Esp�rame aqu�. Tardar� s�lo unos pocos minutos.</p><p>Los pocos minutos se convirtieron en cuarenta antes de que volviese a aparecer. Las otras dos mujeres salieron juntas, manteniendo una apasionada conversaci�n acerca de alguien llamado Larry. Me miraron y una de ellas se interrumpi� para decirme al pasar:</p><p>��Est� a medio maquillar.</p><p>Paige apareci� al fin con una blusa de seda color oro y una falda blanca lisa. Llevaba un par de finas cadenas doradas al cuello con diamantitos. Su maquillaje era perfecto: tonos cobrizos que parec�an el delicado rubor de la madre naturaleza; y el pelo le enmarcaba la cara como un dulce paje.</p><p>��Siento haberte hecho esperar. Siempre tardo m�s de lo que creo, y cuanta m�s prisa trato de darme, m�s tardo.</p><p>��Sud�is de lo lindo. �Qu� es lo que estabais ensayando esta tarde? Parec�a muy terrible.</p><p>��Es uno de los inventos de Ann. Ann Bidermyer, la directora, ya sabes. <emphasis>Pavana para un camello. </emphasis>No es del mejor gusto, pero el papel es bueno. Tambi�n para Karl. A ambos nos da buenas oportunidades de lucirnos. Lo estrenamos ma�ana. �Quieres venir a verlo? Les dir� que te dejen una entrada en la taquilla.</p><p>��Gracias� �Hay alg�n sitio por aqu� para que podamos hablar, o nos vamos m�s hacia el sur?</p><p>Lo pens� un momento.</p><p>��Hay un peque�o caf� a la vuelta de la esquina, en Victoria. Es un agujerito, pero tienen buen <emphasis>cappuccino.</emphasis></p><p>Salimos a la fresca tarde primaveral. En el caf� no cab�an m�s que seis personas en mesitas redondas y largas sillas de hierro. Vend�an caf� tostado, un amplio surtido de t�s y unos cuantos pasteles caseros. Ped� un <emphasis>espresso </emphasis>y Paige tom� t� English Breakfast. Nos trajeron ambas cosas en gruesas tazas de porcelana.</p><p>���Qu� es lo que buscabas en el apartamento de mi primo?</p><p>Paige se irgui� en su silla.</p><p>��Mis cartas, Vic. Ya te lo dije.</p><p>��No me pareces el tipo de persona que se angustia f�cilmente. No te imagino tom�ndote todo ese trabajo por unas cartas, aunque fuesen personales� Y pens�ndolo bien, �por qu� dos personas que viven en la misma ciudad se escriben?</p><p>Enrojeci� debajo del colorete.</p><p>��Est�bamos de <emphasis>tourn�e.</emphasis></p><p>���C�mo conociste a Boom Boom?</p><p>��En una fiesta. Un hombre que yo conoc�a estaba pensando en comprar una participaci�n de los Halcones Negros, y Guy Odinflute invit� a algunos de los jugadores. Boom Boom fue. -Su voz era fr�a.</p><p>Odinflute era un potentado de la costa norte con olfato para los negocios deportivos. Era la persona ideal para reunir a compradores y vendedores en el caso de los Halcones Negros.</p><p>���Cu�ndo fue eso?</p><p>��En Navidad, Vic, si quieres saberlo.</p><p>Hab�a visto a Boom Boom un par de veces durante el invierno y nunca mencion� a Paige. Pero, �era tan raro? Yo tampoco le dec�a nunca cu�ndo estaba saliendo con alguien. Cuando se cas�, a los veinticuatro a�os, conoc� a su mujer semanas despu�s de la boda. Aquello era algo distinto; estaba un poco avergonzado de presentarme a Connie. Cuando ella le dej� tres semanas m�s tarde y �l recibi� la anulaci�n, se emborrach� gloriosamente conmigo, pero en realidad seguimos sin hablar de ello. Manten�a su vida privada muy privada.</p><p>���Qu� est�s pensando, Vic? Pareces muy hostil y lo siento.</p><p>���De verdad? Mataron a Henry Kelvin anoche, cuando alguien entr� por la fuerza en el apartamento de Boom Boom. Se lo cargaron. Quiero saber si buscaban lo mismo que t�. Y si es as�, �qu� era?</p><p>���Henry? �El portero de noche? Oh, <emphasis>cu�nto </emphasis>lo siento, Vic. Tambi�n siento haberme enfadado contigo. Si me lo hubieras dicho, en lugar de dar tantos rodeos� �Robaron algo? �Puede haber sido un robo?</p><p>��No se llevaron nada, pero desde luego destrozaron el sitio. Creo que ya hab�a visto todo lo que Boom Boom ten�a en sus archivos y no me imagino qu� pudiese tener valor, a no ser como recuerdo para un coleccionista.</p><p>Sacudi� la cabeza, preocupada.</p><p>��Yo tampoco puedo imaginarlo. A menos que fuese un robo. S� que guardaba all� algunas acciones, aunque yo siempre le dec�a que las guardase en una caja de seguridad. Pero no le gustaba que le diesen la lata con ese tipo de cosas. �Desaparecieron las acciones?</p><p>��No las vi cuando estuve all� el martes. Puede que las llevase al banco. -Otra cuesti�n que comprobar con el abogado Simonds.</p><p>��Deb�an ser las cosas de m�s valor que hab�a en la casa, aparte de la antigua c�moda que estaba en el comedor. �Por qu� no intentas localizarlas? -me puso la mano en el brazo-. Ya s� que suena muy raro lo de las cartas. Pero es verdad. Te voy a ense�ar una que tu primo me escribi� cuando est�bamos de viaje, si es que eso te convence -rebusc� en su gran bolso y abri� la cremallera de un departamento lateral. Sac� una carta, a�n dentro de su sobre escrito a m�quina, dirigida a ella en el Royal York Hotel de Toronto. Paige desdobl� la carta. Reconoc� la peque�a y primorosa letra de mi primo en seguida. Comenzaba �Hermosa Paige��. No me pareci� que debiera leer el resto.</p><p>��Ya veo -dije-. Lo siento.</p><p>Los ojos color miel me miraron llenos de reproche y con un atisbo de frialdad.</p><p>��Yo tambi�n lo siento. Siento que no pudieses fiarte de lo que te hab�a dicho.</p><p>Yo no dije nada. No dudaba que Boom Boom hubiese mandado la carta -su letra era inconfundible-, pero, �por qu� la andaba ella paseando en el bolso, lista para ense��rsela a cualquiera?</p><p>��Espero que no est�s celosa de m� por haber sido la amante de Boom Boom.</p><p>Hice una mueca.</p><p>��Yo tambi�n lo espero, Paige. -Naturalmente, aquello explicar�a mis sospechas. Por lo menos a Paige.</p><p>Nos marchamos poco despu�s. Paige hacia un destino desconocido, y yo a casa. Qu� d�a m�s desalentador. Kelvin muerto, el encuentro con la se�ora Kelvin y una nada satisfactoria reuni�n con Paige. Puede que estuviese una pizquita celosa. Si ten�as que enamorarte, primo, �por qu� tuvo que ser de alguien tan perfecto?</p><p>No pod�a imaginarme d�nde habr�a guardado Boom Boom sus papeles m�s privados. No ten�a caja de seguridad. Simonds, su abogado, no ten�a documentos secretos. Myron Fackley, su agente, tampoco. Ni yo. Si Paige ten�a raz�n acerca de las acciones, �d�nde estaban? �En qui�n confiaba Boom Boom aparte de m�? Quiz� en sus antiguos compa�eros de equipo. Llamar�a a Fackley al d�a siguiente y ver�a si pod�a ponerme en contacto con Pierre Bouchard, el tipo al que Boom Boom estaba m�s pr�ximo.</p><p>Me llev� a m� misma a cenar al Gypsy, un restaurante agradable y tranquilo un poco m�s al sur, en Clark. Tras el d�a frustrante que hab�a tenido, me merec�a un poco de paz y tranquilidad. Ante un h�gado de ternera con salsa de mostaza y media botella de Barolo, hice una lista de las cosas que deb�a hacer. Encontrar algo acerca del pasado de Paige Carrington. Que Fackley me diera el tel�fono de Pierre Bouchard. Y volver al puerto de Chicago. Si la muerte de Henry Kelvin y la de Boom Boom ten�an algo que ver, la relaci�n estaba en algo que mi primo hab�a descubierto all�.</p><p>Era una de esas raras ocasiones en que deseaba tener un socio, alguien que pudiera hurgar en el pasado de Paige mientras yo me disfrazaba de cargamento de trigo y me infiltraba en la Eudora.</p><p>Pagu� la cuenta y me fui a casa para poder telefonear con tranquilidad. Con relativa tranquilidad. Murray Ryerson, periodista de sucesos del <emphasis>Herald Star, </emphasis>se hab�a marchado ya. Me cogieron el recado en la secci�n ciudadana. Tambi�n dej� mi nombre y mi n�mero en el contestador de Fackley. No hab�a nada m�s que pudiera hacer aquella noche, as� que me fui a la cama. Una vida de emociones sin fin.</p></section><section><title><p>8</p></title><subtitle>Aprendiendo el negocio.</subtitle><empty-line/><p>Intent� localizar de nuevo a Murray la ma�ana siguiente a mi aventura. Me estaba levantando muy temprano �ltimamente: el periodista estrella no hab�a llegado a trabajar a�n. Dej� otro recado y me vest�: pantalones de lino azul marino, una camisa blanca y chaqueta Chanel azul marino. Un pa�uelo p�rpura y mocasines azul marino completaban el conjunto. Fuerte pero elegante, la imagen que quer�a dar para pasarme por la compa��a Eudora. Ech� una camiseta grande y las zapatillas de correr a la parte de atr�s del coche para pon�rmelas en el silo, No quer�a echar a perder mi ropa all�.</p><p>Margolis me estaba esperando. Mientras los hombres dejaban su turno para hacer la pausa de media ma�ana, habl� con ellos en plan informal en el patio. La mayor�a se mostraron muy cooperadores: el ver a un detective, aunque fuera una mujer detective, romp�a la monoton�a de la jornada. Ninguno de ellos hab�a visto nada referente a la muerte de mi primo, sin embargo. Uno de ellos me sugiri� que hablase con los hombres del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Otro dijo que deber�a hablar con Phillips.</p><p>���Andaba por aqu�? No lo recuerdo -dijo un tipo bajo con enormes antebrazos.</p><p>��S�. Estaba aqu�. Vino con Warshawski y le dijo a Dubcek que se pusiese las orejeras.</p><p>Discutieron el asunto y finalmente se pusieron de acuerdo en que el que hab�a hablado ten�a raz�n.</p><p>��Estaba muy cerca de Warshawski. No s� si le echar�a de menos ah� fuera en el muelle. Creo que estaba dentro con Margolis.</p><p>Pregunt� acerca de los papeles que Boom Boom pod�a haber robado. Estuvieron reticentes, pero al final les saqu� la informaci�n de que Phillips y Boom Boom hab�an tenido una discusi�n horrorosa sobre unos papeles. �Que Phillips hab�a acusado a mi primo de robar?, pregunt�. No, dijo alguien, era m�s bien al rev�s. Warshawski hab�a acusado a Phillips. En realidad ninguno de ellos hab�a o�do la discusi�n. No era m�s que un rumor.</p><p>Ese parec�a ser el asunto. Volv� a comprobarlo con Margolis. Phillips hab�a estado con �l en lo que debi� ser el momento cr�tico. Cuando el <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>sali�, �l pregunt� impaciente por Warshawski y sali� al muelle para encontr�rselo flotando en el agua. Izaron a Boom Boom en seguida y le suministraron los primeros auxilios, pero llevaba muerto unos veinte minutos o m�s.</p><p>���Sabe algo de lo del agua en las bodegas del <emphasis>Lucelia?</emphasis></p><p>Margolis se encongi� de hombros.</p><p>��Creo que encontraron al tipo que lo hizo. Estaba amarrado aqu� esperando la carga cuando ocurri�. Quitaron las escotillas y comenzaron a echar el grano dentro de la bodega central cuando alguien vio que all� hab�a agua. As� que tuvieron que retirarlo y limpiarlo. Bastante jaleo; ya hab�an metido unas setecientas toneladas.</p><p>���Mi primo no le habl� de ello?</p><p>Margolis sacudi� la cabeza.</p><p>��La verdad es que no habl�bamos mucho. Me preguntaba cosas sobre la carga y charl�bamos acerca de las posibilidades de los Halcones, pero eso era todo.</p><p>No dejaba de mirar al silo y me di cuenta de que le estaba apartando de su trabajo. No se me ocurr�a nadie m�s a quien preguntar. Le di las gracias por su inter�s y me dirig� a las oficinas centrales de la Eudora.</p><p>La recepcionista me recordaba vagamente de la otra vez y me sonri�. Le record� qui�n era y le dije que hab�a venido a revisar los papeles de mi primo para ver si hab�a quedado algo personal entre ellos.</p><p>Me habl� entre llamada y llamada de tel�fono.</p><p>��Vaya, por supuesto. El se�or Warshawski nos gustaba mucho a todos. Fue terrible lo que le ocurri�. Le dir� a su secretaria que venga y se los traiga� Espero que no quiera usted ver al se�or Phillips, porque no est� en su oficina en este momento� Janet, la prima del se�or Warshawski est� aqu�. Quiere echar un vistazo a sus papeles. �Vienes a buscarla?� Buenos d�as, Compa��a Eudora. Un momento, por favor� Buenos d�as, Compa��a Eudora� �Quiere sentarse, se�orita Warshawski? Janet viene en seguida. -Volvi� a sus llamadas pendientes y yo me puse a hojear el <emphasis>Wall Street Journal </emphasis>que estaba en una mesita en la sala de espera.</p><p>Janet result� ser una mujer unos veinte a�os mayor que yo. Era silenciosa y llevaba un sencillo vestido camisero y zapatos de lona. No llevaba maquillaje ni medias; en el puerto la gente no se viste tanto como en el Loop. Me dijo que hab�a asistido al funeral y que sent�a no haber hablado conmigo entonces, pero que ya sab�a lo que pasaba en los funerales: ya tiene uno bastante con los parientes como para tener que aguantar a un mont�n de extra�os molest�ndote.</p><p>Me llev� a la oficina de Boom Boom, un cub�culo en realidad, cuyas paredes eran de cristal desde media altura. Al igual que la oficina del expedidor de la Grafalk, MacKelvy, ten�a planos de los lagos cubriendo las paredes. Pero al rev�s que la de MacKelvy, aquello estaba impecable.</p><p>Hoje� unos cuantos informes que estaban sobre su escritorio.</p><p>���Puede decirme lo que estaba haciendo Boom Boom?</p><p>Estaba en la puerta. Le indiqu� con un gesto una de las sillas forradas de pl�stico. Tras un minuto de duda, se volvi� hacia una mujer que estaba en el espacio abierto detr�s de nosotras.</p><p>���Puedes coger mis llamadas, Effie?</p><p>Se sent�.</p><p>��El se�or Argus le trajo aqu� s�lo por simpat�a personal al principio. Pero despu�s de unos meses todo el mundo se dio cuenta de que su primo era majo de verdad. As� que el se�or Argus mand� al se�or Phillips que lo entrenase. La idea era que se hiciese cargo de una de las oficinas regionales dentro de un a�o m�s o menos; Toledo probablemente, donde el viejo se�or Cagney est� a punto de retirarse.</p><p>Las secretarias siempre saben lo que pasa en una oficina.</p><p>���Sab�a Phillips que iban a promocionar a Boom Boom? �Qu� pensaba de ello?</p><p>Me mir� pensativa.</p><p>��No se parece usted mucho a su primo, si se me permite dec�rselo.</p><p>��No. Nuestros padres eran hermanos, pero Boom Boom y yo salimos a nuestras madres.</p><p>��Pero s� se parece alrededor de los ojos� Es dif�cil decir lo que opina el se�or Phillips acerca de cualquier cosa. Pero yo dir�a que se alegraba de quitarse de encima a su primo en poco tiempo.</p><p>���Se peleaban?</p><p>��Oh, no. Al menos no como para que nadie se enterase. Pero su primo era una persona impaciente en muchos sentidos. Puede que el ser jugador de hockey le hiciese ser m�s r�pido que el se�or Phillips. �l se piensa m�s las cosas.</p><p>Dud� y a m� se me encogi� el est�mago: iba a decirme algo importante, si no fuera porque pensaba que pod�a ser indiscreta. Intent� que mis ojos se pareciesen a los de Boom Boom.</p><p>��El caso es que el se�or Phillips no quer�a que tuviese mucho que ver con los contratos de transporte. Cada vicepresidente regional posee en cierto modo sus propios contratos y el se�or Phillips parec�a pensar que si el se�or Warshawski se relacionaba demasiado con los clientes, pod�a llevarse a algunos a Toledo con �l.</p><p>���As� que discutieron acerca de los contratos? �O quiz� de los clientes?</p><p>��Si le digo esto, no me gustar�a tener problemas con el se�or Phillips.</p><p>Le promet� que su secreto estar�a a salvo.</p><p>��Ver�: Lois, la secretaria del se�or Phillips, no quiere que nadie toque los archivos de los contratos -mir� por encima de su hombro, como si Lois pudiese estar all� escuchando-. La verdad es que es una tonter�a, pues todos los vendedores tienen que utilizarlos. Tenemos que estar entrando y saliendo todo el d�a con ellos. Pero ella act�a como si fuesen� diamantes o algo as�. As� que si los coges, se supone que hay que dejar una nota encima de su escritorio diciendo los que has cogido y cu�ndo los vas a devolver.</p><p>La secretaria del jefe tiene mucho poder en la oficina y a menudo lo practica con peque�as tiran�as de ese tipo. Murmur� algo para darle �nimos.</p><p>��El se�or Warshawski pensaba que ese tipo de reglas eran una estupidez. As� que las ignoraba sin m�s. Lois no pod�a aguantarle porque �l no le hac�a ni caso.</p><p>Sonri� brevemente, una sonrisa tierna y divertida, no rencorosa. Boom Boom deb�a de haber animado bastante aquel lugar. Los ganadores de la Copa Stanley no prestan una atenci�n demasiado escrupulosa a las reglas. El estilo mezquino de Lois deb�a haberle chocado como si fuese un castigo pasado de moda.</p><p>��El caso es que una semana antes de morir, el se�or Warshawski sac� los contratos de varios meses, creo que todos los del verano, y se los llev� a casa. Si Lois lo descubre, voy a tener problemas, porque �l se ha ido y yo era su secretaria y alguien tiene que llevarse las culpas.</p><p>��No se preocupe; yo no le voy a decir a nadie que me lo dijo. �Qu� hizo con ellos?</p><p>��Yo no lo s�. Pero s� que se llev� un par de ellos para verlos con el se�or Phillips el lunes por la noche.</p><p>���Se pelearon?</p><p>Se encogi� de hombros indefensa.</p><p>��No lo s�. Todos nos est�bamos marchando ya cuando �l entr�. Incluso Lois. Aunque no es que lo fuese a decir si lo supiera.</p><p>Me rasqu� la cabeza. �se deb�a ser el origen de los rumores de que Boom Boom hab�a robado unos papeles y se pele� con Phillips. Puede que mi primo pensase que Phillips estuviese atray�ndose a los clientes del viejo se�or Cagney en Toledo. O que Phillips no le estuviese diciendo todo lo que ten�a que saber. Me preguntaba si ser�a capaz de comprender un contrato de transporte si lo tuviese delante.</p><p>���Hay alguna posibilidad de que vea las carpetas que mi primo se llev� con �l a casa?</p><p>Quiso saber por qu�. Mir� su rostro amable, de mediana edad. Hab�a tenido afecto a Boom Boom, su joven jefe.</p><p>��No estoy satisfecha con lo que me han contado sobre la muerte de mi primo. Era un atleta, �sabe usted?, a pesar de su tobillo enfermo. Har�a falta algo m�s que un embarcadero resbaladizo para mandarle de cabeza al lago. Si se hubiese peleado con Phillips a causa de algo importante, pudo haberse puesto lo bastante furioso como para descuidarse. Ten�a bastante genio, pero no pod�a pelearse con Phillips con los pu�os o los palos de hockey, como pod�a hacer con los Islanders.</p><p>Frunci� los labios, pensando.</p><p>��No creo que estuviera furioso la ma�ana que muri�. Vino aqu� antes de ir al silo, �sabe?, y yo dir�a que estaba� excitado. Me recordaba a mi ni�o cuando acaba de hacer una proeza en su bicicleta vieja.</p><p>��La otra cuesti�n que me planteo es si no le empujar�a alguien.</p><p>Trag� saliva una o dos veces al o�r esto. �Por qu� iba nadie a empujar a una persona tan agradable como el joven Warshawski? Yo no lo sab�a, le dije, pero era posible que aquellas carpetas pudiesen darme alg�n tipo de pista. Le expliqu� que era investigadora privada de profesi�n. Aquello pareci� satisfacerla: me prometi� consegu�rmelas mientras Lois estaba comiendo.</p><p>Le pregunt� si hab�a alguien m�s en la oficina con quien Boom Boom pudiera haberse peleado. O, si no era as�, alguien a quien estuviese muy cercano.</p><p>��La gente con la que m�s trabajaba era con los representantes. Ellos hacen todo el trabajo de compra y venta. Y naturalmente, con el se�or Quinchley, que maneja la C�mara de Comercio en su ordenador.</p><p>Me dio los nombres de las personas con mayores probabilidades y volvi� a su escritorio. Yo sal� afuera a ver si pod�a encontrar a Brimford o a Ashton, dos de los representantes con los que Boom Boom sol�a trabajar. Ambos estaban al tel�fono, as� que deambul� un poco, recibiendo miradas disimuladas. Hab�a una media docena de mecan�grafas ocup�ndose de la correspondencia, las facturas, los contratos, los albaranes y sabe Dios qu� m�s. A lo largo de las ventanas hab�a unos cuantos cub�culos similares al de Boom Boom. Uno de ellos albergaba a un hombre sentado ante una terminal de ordenador: Quinchley, muy ocupado con la C�mara de Comercio.</p><p>La oficina de Phillips estaba en la esquina m�s alejada. Su secretaria, una mujer m�s o menos de mi edad, con un gran cardado que no hab�a visto desde que estaba en s�ptimo grado, interrogaba a Janet. �Qu� quiere saber la prima �sa de Warshawski? Sonre� para mis adentros.</p><p>Ashton colg� el tel�fono. Le detuve cuando se dispon�a a marcar de nuevo y le pregunt� si le importar�a hablar conmigo unos minutos. Era un hombre pesado de cuarenta y tantos a�os; me sigui� de buena gana hasta el cub�culo de Boom Boom. Le expliqu� de nuevo qui�n era yo y que estaba intentando averiguar algo m�s acerca del trabajo de Boom Boom y de si estaba en l�os con alguien en la organizaci�n.</p><p>Ashton era amistoso, pero no quer�a comprometerse. Al menos, no con una mujer desconocida. Coincidi� con Janet al describir el trabajo de mi primo. Le gustaba Boom Boom; hab�a animado bastante el lugar, y adem�s era un buen tipo. No se aprovechaba de sus relaciones con Argus. Pero acerca de si se hab�a peleado con alguien� no lo cre�a as�, aunque tendr�a que pregunt�rselo a Phillips. �Que qu� tal se llevaban Boom Boom y Phillips? De nuevo tendr�a que pregunt�rselo a Phillips, y de ah� no le sacaba.</p><p>Cuando terminamos, el otro tipo, Brimford, ya se hab�a ido. Me encog� de hombros. No cre� que hablar con �l me fuese a servir de nada. Al examinar los ordenados cajones de Boom Boom, percib� r�pidamente que pod�a tener una docena de documentos peligrosos relacionados con la industria de la navegaci�n y yo no me habr�a dado cuenta. Ten�a listas de granjeros que prove�an a la Compa��a Eudora, listas de los transportistas de los Grandes Lagos, listas de transportistas por ferrocarril y sus intermediarios, albaranes de embarque, informes de cargamentos, informes meteorol�gicos, copias antiguas de <emphasis>Noticias del Cereal� </emphasis>Ech� una mirada en tres cajones con carpetas perfectamente etiquetadas. Estaban todas organizadas por temas pero ninguno significaba nada para m�, excepto que Boom Boom se hab�a metido de cabeza en un negocio muy complicado.</p><p>Cerr� los cajones y revolv� la parte superior del escritorio, donde encontr� cuadernos llenos de la pulcra escritura de Boom Boom. Al verla, sent� de repente deseos de llorar. Notitas que se hab�a escrito a s� mismo para recordarse lo que hab�a aprendido o lo que ten�a que hacer. Boom Boom lo planeaba todo con mucho cuidado. Puede que aquello le diera la energ�a necesaria para ser tan salvaje sobre el hielo: sab�a que ten�a la mejor parte de su vida detr�s de �l.</p><p>La agenda de su escritorio estaba llena de citas. Copi� los nombres que hab�a escrito. Vi el nombre de Paige el s�bado y otra vez el lunes por la noche. Para el martes 27 de abril hab�a escrito el nombre de John Bemis y el de Argus con una interrogaci�n. �Querr�a hablar con Bemis en el <emphasis>Lucelia </emphasis>y despu�s -dependiendo de lo que se dijera- llamar a Argus? Aquello era interesante.</p><p>Hojeando las p�ginas, me di cuenta de que se hab�a dedicado a rodear con un c�rculo ciertas fechas. Me enderec� en la silla y me puse a mirar la agenda p�gina por p�gina. Nada en enero, febrero ni marzo, pero en abril tres fechas se�aladas: el veintitr�s, el diecis�is y el quince. Volv� a la primera p�gina, donde se ve�a un calendario de 1981 y otro de 1983, adem�s del de 1982, en un solo vistazo. Hab�a marcado veintitr�s d�as en 1981 y tres en 1982. En 1981 hab�a empezado con el 28 de marzo y acabado con el 13 de noviembre. Me met� la agenda en el bolso y mir� a mi alrededor por toda la oficina.</p><p>Ya hab�a mirado m�s o menos todo lo que hab�a all� -menos cada hoja de papel una por una- cuando Janet reapareci�.</p><p>��Ha venido el se�or Phillips y quiere verla. -Hizo una pausa-. Le dejar� aqu� las carpetas antes de que se vaya� No le dir� nada a �l, �verdad?</p><p>La tranquilic� y me fui hasta el despacho del rinc�n. Era un despacho de verdad: el coraz�n del castillo, guardado por un celador de hielo. Lois alz� brevemente la cabeza de su m�quina. La eficiencia personificada.</p><p>��Le est� esperando. Entre.</p><p>Phillips estaba al tel�fono cuando entr�. Cubri� el auricular el tiempo suficiente para decirme que me sentara y sigui� con su conversaci�n. Su despacho contrastaba con el mobiliario utilitario del resto del edificio. No es que estuviese recargado, pero los muebles eran de buena calidad, de madera de verdad, quiz� nogal, no conglomerado cubierto de pl�stico. Una gruesa moqueta gris cubr�a el suelo y un reloj antiguo adornaba la pared frente al escritorio. Unas pesadas cortinas cubr�an piadosamente la vista del aparcamiento.</p><p>El propio Phillips estaba muy guapo, aunque una pizca r�gido y pesado, con un traje de lana azul p�lido. Una camisa azul m�s oscuro con sus iniciales en el bolsillo conjuntaba con el traje y su pelo rubio a la perfecci�n. Deb�a ganar una pasta: la forma en que se vest�a, el Alfa -un coche de catorce mil d�lares, y nuevo adem�s-, el reloj antiguo.</p><p>Phillips se libr� de la llamada de tel�fono. Sonri� tenso y dijo:</p><p>��Me ha sorprendido un poco verla por aqu� esta ma�ana. Cre� que hab�amos respondido a sus preguntas el otro d�a.</p><p>��Me temo que no. Mis preguntas son como las cabezas de Hidra; cuantas m�s corta usted, m�s tengo que preguntar yo.</p><p>��Bueno, esto� he o�do que anda usted por ah� molestando a la gente. Chicas como Janet tienen un trabajo que hacer. Si tiene usted preguntas, �quiere hacer el favor de hac�rmelas a m�? Me gustar�a que lo hiciera, as� no tendr� que interrumpir el trabajo de los dem�s.</p><p>Me pareci� que se estaba pasando. Aquello no pegaba con su aspecto perfecto ni con su voz profunda y tirante.</p><p>��Vale. �Por qu� estaba mi primo discutiendo con usted los contratos del verano pasado?</p><p>Una ola de rubor le barri� la cara y cedi� de repente, dejando una fila de pecas destacando sobre sus p�mulos. No las hab�a advertido antes.</p><p>���Los contratos? �No discutimos!</p><p>Cruc� las piernas.</p><p>��Boom Boom lo anot� en su agenda -ment�-. Era muy meticuloso, �sabe? Tomaba nota de todo lo que hac�a.</p><p>��Puede que los discutiera conmigo en alg�n momento. No me acuerdo de todo lo que hablamos. Est�bamos mucho tiempo juntos. Yo le estaba entrenando, ya sabe.</p><p>��Puede que recuerde lo que discuti� con usted la noche antes de que muriese, si eran los contratos. Tengo entendido que se qued� hasta tarde para verle a usted -no dijo nada-. Fue el lunes por la noche, si lo ha olvidado. El 26 de abril.</p><p>��No he olvidado cu�ndo muri� su primo. Pero la �nica raz�n por la que nos quedamos hasta m�s tarde fue para revisar unas cuestiones de rutina que no hab�amos tenido tiempo de ver durante el d�a. En mi posici�n, estoy muy ocupado a menudo. Lois intenta ayudarme a mantener mi calendario al d�a, pero no siempre es posible. As� que Warshawski y yo nos qued�bamos hasta tarde para resolver cuestiones que no pod�amos solucionar antes.</p><p>��Ya veo. -Le promet� a Janet que no la meter�a en l�os, as� que no pod�a decirle que ten�a un testigo que hab�a visto a Boom Boom con las carpetas. Era la �nica persona que pod�a hab�rmelo dicho; Lois se lo imaginar�a inmediatamente.</p><p>Phillips parec�a m�s relajado. Se meti� un dedo cauteloso por el cuello de la camisa y afloj� un poco su corbata.</p><p>���Algo m�s?</p><p>���Sus representantes de ventas van a comisi�n?</p><p>��Desde luego. Es el mejor modo de mantenerlos activos.</p><p>���Y usted?</p><p>��Bueno, los directivos no tienen acceso a las ventas directas, as� que no ser�a un sistema muy justo.</p><p>��Pero el sueldo es bueno.</p><p>Me mir� perplejo: los americanos bien educados no hablan de sus sueldos.</p><p>��Bueno, tiene usted un buen coche, buena ropa, un buen reloj� No hac�a m�s que pregunt�rmelo.</p><p>���Y a usted qu� le importa! Si no tiene nada m�s que decirme, tengo mucho trabajo y necesito ponerme a ello.</p><p>Me levant�.</p><p>��Me llevar� las cosas personales de mi primo conmigo.</p><p>Empez� a marcar un n�mero de tel�fono.</p><p>��No dej� nada, as� que espero que no se lleve usted nada.</p><p>���Ya revis� usted su escritorio, Phillips? �O lo hizo la eficiente Lois?</p><p>Dej� de marcar y volvi� a ponerse muy rojo. No dijo nada durante un segundo, revolviendo los claros ojos marrones hacia todos los rincones de la habitaci�n. Luego dijo, pretendiendo ser muy natural:</p><p>��Claro que revisamos sus papeles. No sab�amos si ten�a entre manos algo muy importante de lo que hubiese que hacerse cargo.</p><p>��Ya veo.</p><p>Volv� al cub�culo de Boom Boom. No hab�a nadie en el piso. Un reloj blanco y negro sobre la entrada marcaba las doce y media. Deb�an estar todos comiendo. Janet hab�a dejado un paquete muy pulcro sobre el escritorio con mi nombre escrito o, m�s bien, como hab�a olvidado mi nombre, pon�a: �La prima del se�or Warshawski�. Debajo hab�a escrito: �Por favor (muy subrayado), devu�lvalo lo antes posible.� Lo agarr� y me encamin� a la puerta. Phillips no intent� detenerme.</p></section><section><title><p>9</p></title><subtitle>Un negro muerto m�s</subtitle><empty-line/><p>La Interestatal 94, de vuelta a la ciudad, iba muy tranquila a aquella hora del d�a. Llegu� a mi oficina alrededor de la una y media y puse el contestador autom�tico. Murray me hab�a llamado. Le volv� a llamar inmediatamente.</p><p>���Qu� pasa, Vic? �Has sabido algo de la muerte de Kelvin que me pueda interesar?</p><p>��Nada de nada. Pero espero que seas cort�s con una dama y pongas a tu gente de ecos sociales a hacerme una averiguaci�n.</p><p>��Vic, cada vez que quieres una cosa de ese tipo, siempre es una tapadera para una historia importante que no nos cuentas hasta que ha pasado.</p><p>���Murray! �Qu� cosas dices! �Y qu� pas� con Anita McGraw? �Y con Edward Purcell? �Y con John Cotton? �No eran buenas historias?</p><p>��S�, lo eran. Pero me hiciste andar en c�rculos al principio. �Sabes algo jugoso de Kelvin?</p><p>��Bueno, puede que en cierto modo s�. Quiero saber cosas del pasado de Paige Carrington.</p><p>���Qui�n es?</p><p>��Una bailarina que andaba con mi primo antes de que muriera. Estaba buscando unas cartas de amor en su piso el otro d�a. Entonces mataron a Kelvin. El que lo hizo revis� el piso a conciencia. Me puso nerviosa. Me gustar�a saber algo acerca de su pasado y me preguntaba tambi�n si alguien de tu gente de cotilleos, Greta Sim�n, por ejemplo, no se habr�a olido la relaci�n entre ella y Boom Boom.</p><p>��Oh, s�. Boom Boom Warshawski era tu primo. Ten�a que haberlo adivinado. Sois los dos �nicos Warshawski de los que o�do hablar.</p><p>Sent� saber que hab�a muerto: le admiraba mucho� No habr� nada raro en su muerte, �no?</p><p>��No que yo sepa, Murray. Parece que resbal� en unas tablas mojadas y cay� bajo la h�lice de un carguero.</p><p>��Jes�s, qu� horror! Es dif�cil imaginar que a alguien tan �gil como Boom Boom le ocurriese algo as� Mira, como antiguo admirador suyo, te ayudar� encantado. Pero te cobro si se descubre algo. Paige Carrington� �C�mo se llama su padre?</p><p>��No lo s�. Dijo algo acerca de haber crecido en Lake Bluff.</p><p>��Vale, Vic. Te llamo dentro de dos o tres d�as.</p><p>Desenvolv� el pulcro paquete de Janet y saqu� los papeles. Tres grandes carpetas de acorde�n marcadas �Junio�, �Julio� y �Agosto� estaban llenas de cientos de copias de hojas de ordenador. Antes de revisarlas baj� a Johnnie's Steak Joynt, donde me tom� una Fresca y un sandwich griego. Hojeando el <emphasis>Herald Star </emphasis>vi una noticia acerca del velatorio de Kelvin. Era hoy, empezaba a las cuatro, en una capilla funeraria de la parte sur. Deber�a ir.</p><p>De vuelta a mi oficina limpi� el escritorio a base de ponerlo todo en el caj�n de abajo, y extend� las carpetas ante m�. Eran informes de ordenador, todos colocados en un cierto orden. Cada uno mostraba la fecha de una transacci�n, un lugar de origen, un destino, un transportista, el volumen, peso, tipo, costo por peso y fecha de llegada. Reflejaban los env�os de cereal de la Compa��a Eudora durante un per�odo de tres meses. No eran documentos legales sino registros de transacciones legales. Cada registro ten�a el t�tulo de �Formulario de Verificaci�n de Contrato�.</p><p>Me rasqu� la cabeza pero empec� a leer. Algunos indicaban m�s de un transportista, muchos tres o cuatro. Por ejemplo, encontr� Thunder Bay a Santa Catalina el 15 de junio v�a GSL, cancelado, v�a PSL, cancelado, y finalmente realizado por un tercer transportista con otra cotizaci�n. Ten�a que haberme tra�do la lista de mi primo de las l�neas mar�timas de los Grandes Lagos. Frunc� las cejas. PSL deb�a ser la compa��a de Bledsoe, la Pole Star. GSL era quiz� la Grafalk Steamship. Pero hab�a docenas de iniciales. Necesitaba un gu�a.</p><p>Mir� la agenda de Boom Boom y saqu� los formularios que coincid�an con las fechas marcadas en el verano anterior. Hab�a catorce de aquellos d�as. Como los formularios estaban por orden de fechas, fue f�cil encontrar las que quer�a, aunque a menudo hab�a m�s de un registro para cada fecha. Hab�a treinta y dos registros juntos. Veintiuno eran env�os con contratos m�ltiples, ocho de los cuales acababan con GSL. De los otros once, cinco eran de GSL. �Qu� significaba aquello? Si GSL era la compa��a de Grafalk, la Eudora hac�a muchos negocios con ellos. Pero Grafalk me hab�a dicho que era la mayor compa��a de los lagos, as� que no era de extra�ar. PSL hab�a perdido siete env�os a favor de GSL pero hab�a conseguido dos en agosto. Sus tarifas de agosto eran m�s bajas que las de junio; puede que aqu�lla fuera la raz�n.</p><p>Mir� mi reloj. Eran casi las tres. Si iba a ir al velatorio de Kelvin, tendr�a que pasar por casa a ponerme un vestido. Reun� todas las carpetas y las llev� a una agencia que hay en el quinto piso de mi edificio, donde hacen servicios de secretariado para personas como yo que trabajan solas. Les ped� que me hiciesen una copia de cada uno de los formularios y los volviesen a archivar en orden de fecha. El hombre que estaba tras el mostrador pareci� encantado, pero en la trastienda alguien gru��.</p><p>Conduje hasta casa y me cambi� r�pidamente. Me puse el traje azul marino que me hab�a puesto en el funeral de Boom Boom. Tard� muy poco en llegar al sur. No eran m�s que las cuatro y media cuando llegu� a la capilla funeraria. Un <emphasis>bungalow </emphasis>de ladrillo oscuro entre la 71 y Damen, con un c�sped impecable en una pulgada de terreno, hab�a sido convertido en capilla funeraria. Una parcela vac�a junto al lado sur estaba repleta de coches. Encontr� un lugar para el Lynx en la 71 y entr� en la capilla. Era la �nica persona blanca que hab�a all�.</p><p>El cuerpo de Kelvin estaba extendido en un ata�d abierto rodeado de lirios de cera y velas. Hice la parada obligatoria para mirar. Yac�a vestido con su mejor traje; su rostro reposaba con el mismo aspecto inexpresivo con el que me hab�a topado el martes por la noche.</p><p>Me volv� para dar mis condolencias a la familia. La se�ora Kelvin estaba muy digna, envuelta en un vestido de lana negra y rodeada de sus hijos. Estrech� la mano de una mujer de mi edad con traje negro y collar de perlas, de dos hombres m�s j�venes y de la se�ora Kelvin.</p><p>��Gracias por haber venido, se�orita Warshawski -dijo la viuda con su voz profunda-. Estos son mis hijos y mis nietos. -Me dijo sus nombres y yo les dije lo mucho que lo sent�a.</p><p>La peque�a habitaci�n estaba llena de amigos y parientes, mujeres de gran busto estrujando sus pa�uelos, hombres con traje oscuro y ni�os ins�litamente callados. Se acercaron un poco m�s a la familia en duelo mientras yo estaba con ellos: protecci�n contra la mujer blanca que condujo a Kelvin a la muerte.</p><p>��Ayer le habl� de un modo desconsiderado -dijo la se�ora Kelvin-. Cre�a que usted deb�a saber algo de lo que iba a pasar en el apartamento.</p><p>Hubo un ligero murmullo de asentimiento en el grupo que estaba detr�s de m�.</p><p>��A�n creo que usted deb�a saber algo de lo que iba a pasar. Pero culpar a la gente no devolver� la vida a mi esposo -sonri� apenas-. Era un hombre muy terco. Pod�a haber pedido ayuda si se dio cuenta de que alguien estaba entrando en el piso. Deb�a haber pedido ayuda, haber llamado a la polic�a -de nuevo el murmullo de asentimiento de la gente que estaba a su alrededor-. Pero una vez que supo que alguien estaba atracando, quiso solucionarlo todo �l solo. Y eso no es culpa de usted.</p><p>���Tiene la polic�a alguna pista? -pregunt�.</p><p>La joven de negro sonri� amargamente. Hija o nuera; no lo recordaba.</p><p>��No van a hacer nada. Tienen las fotos, la pel�cula de la c�mara oculta que estaba mirando pap�, pero los asesinos llevaban las manos y las caras cubiertas. As� que la polic�a dice que si nadie puede reconocerlos, no hay nada que hacer.</p><p>La se�ora Kelvin habl� tristemente:</p><p>��No dejamos de decirles que all� pasaba algo; que usted lo sab�a. Pero no van a hacer nada. Se lo toman como un asesinato m�s de un negro y no van a mover un dedo.</p><p>Mir� hacia el grupo. La gente me miraba fijamente. No con hostilidad; m�s bien como si fuera un bicho raro, quiz� un �bice.</p><p>��Ya sabe que mi primo muri� la semana pasada, se�ora Kelvin. Cay� desde un muelle bajo la h�lice de un carguero. No hubo testigos. Estoy intentando averiguar si se cay� o fue empujado. Si lo descubro, y descubro qui�n lo hizo, ser�n con toda probabilidad los mismos que mataron al se�or Kelvin. Ya s� que atrapar al asesino es magro consuelo en medio de su gran dolor, pero es lo mejor que puedo ofrecer, tanto para usted como para m�.</p><p>��La ni�ita blanca triunfar� all� donde la polic�a ha fallado -la persona que estaba detr�s de m� hablaba suavemente pero en alta voz y unos cuantos se rieron.</p><p>��iAmelia! -la se�ora Kelvin fue muy rotunda-. No es necesario ser grosera. Ella no quiere m�s que ser amable.</p><p>Mir� a mi alrededor fr�amente.</p><p>��Soy detective y he conseguido muy buenos resultados -me volv� de nuevo hacia la se�ora Kelvin-: Le har� saber lo que voy descubriendo.</p><p>Le estrech� la mano y me march�, dirigi�ndome hacia la Dan Ryan y el Loop. Ya eran las cinco pasadas y el tr�fico apenas se mov�a. Catorce carriles y todos parachoques con parachoques entre altos muros de cemento. El humo de los camiones se mezclaba con el aire quieto y h�medo. Cerr� las ventanillas y consegu� quitarme la chaqueta. A la orilla del lago hac�a mucho fr�o, pero en la hondonada de la autopista el aire era sofocante.</p><p>Avanc� pulgada a pulgada hasta el centro y me sal� de la autopista en Roosevelt Road. Las oficinas centrales de la polic�a est�n entre State y Roosevelt, buen sitio, muy cerca de la delincuencia. Quer�a ver si alguien me daba informaci�n sobre Kelvin.</p><p>Mi padre hab�a sido sargento, y trabajaba sobre todo fuera del distrito veinticinco, en la parte sur. El edificio de ladrillo de la calle 12 me trajo una punzada de nostalgia. All� segu�a el mismo lin�leo, los mismos muros cenicientos con pintura amarilla descascarillada. Unos pocos hombres agobiados y gordos tras los escritorios atend�an a todo el mundo, desde los conductores que pagaban una fianza por su carnet hasta mujeres que intentaban ver a hombres detenidos por asalto. Esper� mi turno en la cola.</p><p>El oficial de turno con el que al fin habl� llam� por un micr�fono:</p><p>��Sargento McGonnigal, aqu� una se�ora que quiere verle referente al caso Kelvin.</p><p>McGonnigal sali� unos minutos m�s tarde, grande, musculoso, vistiendo una camisa blanca arrugada y pantalones marrones. Nos hab�amos conocido un par de a�os antes, cuando �l estaba en la parte sur, y me reconoci� inmediatamente.</p><p>���Se�orita Warshawski! Me alegro de verla. -Me condujo por los pasillos de lin�leo hasta una diminuta habitaci�n que compart�a con otros tres hombres.</p><p>��Encantada de verle, sargento. �Cu�ndo le destinaron al centro?</p><p>��Hace seis o siete meses. Me asignaron el caso Kelvin anoche.</p><p>Le expliqu� que el asesinato hab�a tenido lugar en el apartamento de mi primo y que quer�a saber cu�ndo podr�a volver y ordenar sus papeles. McGonnigal expres� las condolencias habituales por la muerte de Boom Boom. Era admirador suyo, etc., y dijo que casi hab�an acabado de revisar el apartamento.</p><p>���Ha encontrado algo? Creo que en las filmaciones aparecen dos hombres entrando. �Hay huellas?</p><p>Hizo una mueca.</p><p>��Eran demasiado listos para eso. Encontramos la huella de un zapato en los papeles. Uno de ellos lleva botas de monta�a Arroyo del n�mero doce. Pero eso no nos dice gran cosa.</p><p>���De qu� muri� Kelvin? No le dispararon, �verdad?</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>��Alguien le dio un golpe fort�simo en la mand�bula y le rompi� el cuello. Puede que s�lo quisieran dejarle inconsciente. �Dios! �Vaya pu�o! No coincide con ninguno de nuestros fichados.</p><p>���Cree que es un vulgar atraco?</p><p>���Qu� otra cosa podr�a ser, se�orita Warshawski?</p><p>��No se llevaron nada de valor. Boom Boom ten�a un est�reo, algunos gemelos de fantas�a y otras cosas, y todo segu�a all�.</p><p>��Bueno, suponga que Kelvin sorprendi� a los chicos. Luego se dieron cuenta de que le hab�an matado en lugar de dejarle sin sentido, como pretend�an. As� que se pusieron nerviosos y se marcharon. No sab�an si iba a venir alguien m�s a buscar al tipo si �l no bajaba en un cierto tiempo.</p><p>Entend�a lo que quer�a decir. Puede que estuviese haciendo una monta�a de un grano de arena. Puede que estuviese trastornada por la muerte de mi primo y quisiera convertirla en algo m�s que un accidente.</p><p>��No estar� usted pensando en meterse en esto, �verdad?</p><p>��Estoy metida, sargento: ocurri� en el apartamento de mi primo.</p><p>��Al teniente no le va a gustar si se entera de que est� usted revolviendo el caso. Ya lo sabe.</p><p>Lo sab�a. El teniente era Bobby Mallory, y a �l no le gustaba que me metiese en el trabajo de la polic�a, sobre todo en los casos de asesinato.</p><p>Sonre�.</p><p>��Si me encuentro con cualquier cosa rebuscando entre los papeles de mi primo, no creo que le moleste mucho.</p><p>��D�nos al menos la oportunidad de hacer nuestro trabajo, se�orita Warshaswki.</p><p>��Habl� con la familia de Kelvin esta tarde. Ellos no est�n muy seguros de que ustedes se est�n molestando demasiado.</p><p>Dio una palmada sobre su escritorio. Los otros tres hombres de la habitaci�n hicieron como que segu�an trabajando.</p><p>���Por qu� demonios fue usted a hablar con ellos? Uno de los hijos vino por aqu� a meterse conmigo. Hacemos lo que podemos. �Pero, por Dios, no tenemos ni una maldita cosa para empezar m�s que dos fotos que nadie puede identificar y una bota de la talla doce!</p><p>Sac� de mala manera una carpeta de un mont�n de papeles de encima de su escritorio, cogi� una fotograf�a y me la tendi�. Yo la cog�. Era una foto fija de la pel�cula de TV, con los dos hombres entrando en casa de Boom Boom. Dos hombres, uno con vaqueros y el otro con pantalones de trabajo. Ambos llevaban cazadoras de cuero y pasamonta�as sobre la cara. McGonnigal me tendi� otras dos fotos fijas. En una se les ve�a saliendo del ascensor, de espaldas. Otra les mostraba caminando por el pasillo, encogidos para disimular su altura. Se les ve�an muy bien las manos: llevaban guantes de cirujano.</p><p>Devolv� las fotos a McGonnigal.</p><p>��Buena suerte, sargento. Se lo har� saber si me encuentro con algo� �Cu�ndo puedo recuperar las llaves de la casa?</p><p>Dijo que el viernes por la ma�ana y me advirti� que fuese muy, muy prudente. La polic�a siempre me est� diciendo lo mismo.</p></section><section><title><p>10</p></title><subtitle>Por las escotillas</subtitle><empty-line/><p>Desde mi apartamento intent� llamar de nuevo al agente de Boom Boom, aunque ya eran las seis pasadas. Igual que yo, Fackley trabajaba a horas poco corrientes. Estaba, y contest� �l mismo al tel�fono. Le dije que quer�a ponerme en contacto con Pierre Bouchard, estrella de los Halcones y cliente suyo. Fackley me dijo que estaba en su ciudad natal, Quebec, jugando el Coeur d'Argent, un torneo de exhibici�n de hockey. Fackley me dio su n�mero de tel�fono de Chicago y acord� verme el mi�rcoles siguiente para revisar los papeles de Boom Boom.</p><p>Intent� llamar a la Pole Star pero nadie contest�. No hab�a mucho m�s que pudiese hacer aquella noche. Llam� a Lotty y nos fuimos a cenar juntas y luego a ver <emphasis>Carros de fuego.</emphasis></p><p>Las fotocopias de los contratos de embarque de la Eudora estaban listas a las diez de la ma�ana siguiente. Las met� en un bolso grande de lona. Envolv� los originales en papel marr�n fuerte y les puse cinta adhesiva. Al ponerme a escribir el nombre de Janet encima, me di cuenta de que no sab�a su apellido. Las mujeres no tienen m�s que nombres en el mundo de los negocios. Lois, Janet, el se�or Phillips, el se�or Warshawski. Por eso uso yo mis iniciales.</p><p>Llegu� al puerto antes de comer y le dej� el paquete a la recepcionista de la Eudora. Luego me fui hasta la entrada principal, donde Grafalk y Bledsoe ten�an sus oficinas. El guarda me dio un poco la lata porque no ten�a pase, pero le convenc� de que ten�a que hablar con alguien de la Pole Star, y �l me dio un permiso de dos horas.</p><p>La Pole Star Line ocupaba s�lo dos habitaciones en uno de los edificios de color arena que estaban al final del embarcadero. Aunque eran mucho m�s peque�as que las de la Grafalk, sus oficinas ten�an el mismo caos organizado de ordenadores, mapas y tel�fonos. Los manipulaba todos en una sinfon�a electr�nica una atareada pero amistosa joven que se desprendi� del tel�fono el tiempo suficiente para decirme que Bledsoe estaba en el silo 9, con el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Me dio unas someras indicaciones -estaba unas cuantas millas r�o Calumet abajo- y volvi� a su fren�tica actividad telef�nica.</p><p>Phillips sal�a del edificio de Grafalk cuando yo iba hacia mi coche. No estaba seguro de haberme reconocido, as� que resolv� el problema dici�ndole adi�s con la mano.</p><p>���Qu� est� usted haciendo aqu�? -pregunt�.</p><p>��Apunt�ndome a una clase de ballet acu�tico.</p><p>Se puso rojo otra vez.</p><p>��Supongo que sigue usted haciendo preguntas sobre su primo. �M�s cabezas de Hidra?</p><p>Me sorprendi� comprobar que pod�a ser ir�nico.</p><p>��No quiero dejar cabos sueltos. Tengo que hablar a�n con la tripulaci�n del <emphasis>Lucelia </emphasis>antes de que zarpe.</p><p>��Bueno, se dar� usted cuenta de que ha desperdiciado mucha energ�a en algo que no merece la pena. Esperemos que lo descubra pronto.</p><p>��Me muevo tan r�pido como puedo. Supongo que el ballet acu�tico me servir� de algo.</p><p>Resopl� y se encamin� a su Alfa verde. Cuando yo me sub�a al Lynx, le o� pasar rugiendo, escupiendo gravilla.</p><p>El silo 9 no era uno de los de la Eudora, sino que pertenec�a a la Cooperativa Tri State. Una verja de malla separaba el patio del silo de la carretera. Camiones oruga entraban y sal�an por una abertura, y hab�a una garita peque�a a la entrada con un hombre grueso de cara enrojecida que le�a el <emphasis>Sunday Times. </emphasis>El Lynx lleg� traqueteando sobre los baches hasta la garita, donde Cararroja dej� su peri�dico de mala gana y me pregunt� qu� quer�a.</p><p>��Necesito hablar con Martin Bledsoe o John Bemis.</p><p>Me dej� pasar. No me parec�a gran cosa como sistema de seguridad. Fui sorteando los baches y entr� en un patio de grava. Un par de furgones se mov�an lentamente por los ra�les laterales y yo me qued� un instante mirando c�mo la gr�a los met�a en el silo y los descargaba. Asombroso proceso, en verdad. Entend�a por qu� a mi primo le intrigaba tanto.</p><p>Rode� el silo para llegar al muelle donde se encontraba el <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>Era un barco enorme y me embarg� una sensaci�n de misterio y temor. El gigante estaba moment�neamente tranquilo, sujeto por cables de acero de tres pulgadas de grosor: una enorme ara�a anfibia inm�vil atrapada en su propia tela. Pero cuando empezara a moverse, �qu� revolver�a en las profundidades tan gigantesca quilla? Mir� al agua negra lamiendo el casco y me sent� mareada y algo confusa.</p><p>Part�culas de polvo de cereal flotaban en el aire y me alcanzaron cuando estaba contempl�ndolo. Nadie sab�a que estaba all�. Empec� a comprender c�mo Boom Boom pudo haberse ca�do sin que nadie se diera cuenta. Me estremec� y me dirig� al escenario de la acci�n.</p><p>Una escalera extensible estaba adosada a la parte alta del barco, con las patas en el muelle. Parec�a robusta y olvid� el agua oscura de debajo mientras trepaba por ella.</p><p>Excepto por un d�bil sonido que ven�a del silo y las pajitas que se me met�an en los ojos, no advert� ninguna actividad en el muelle. En cubierta era otra cosa. No hacen falta m�s que unas veinte personas para llenar un carguero, pero �stas est�n sumamente ocupadas.</p><p>Cinco enormes tolvas estaban dirigidas a unas aberturas en la cubierta. Guiadas por tres hombres que tiraban de ellas con cuerdas, derramaban el grano en las bodegas en una serie de cascadas. No ve�a el final del barco de mil pies. Una nube de polvo de grano sub�a y me imped�a ver la proa.</p><p>Me puse en el extremo de una m�quina gigantesca que parec�a ser una gran cinta transportadora sobre una especie de pivote, como la torreta de un tanque, y me qued� mirando. M�s all� hab�a un cartel en el que dec�a: PROHIBIDO EL PASO SIN CASCO.</p><p>Nadie advirti� mi presencia durante unos minutos. Luego, una figura blanquecina con mono azul se acerc� a m�. Se quit� el casco y reconoc� al piloto, Keith Winstein. Su pelo negro rizado estaba blanqueado por el polvo del cereal hasta una l�nea que marcaba el casco.</p><p>��Hola, se�or Winstein. Soy V. I. Warshawski. Nos conocimos el otro d�a. Estoy buscando al se�or Bledsoe.</p><p>��S�, ya la recuerdo. Bledsoe est� arriba con el capit�n, en el puente. �Quiere que la acompa�e? �O quiere ver todo esto antes?</p><p>Sac� un casco viejo de un cuarto de herramientas que estaba tras la torreta del tanque: �descargador autom�tico�, me explic�. Estaba unido a una serie de cintas transportadoras que hab�a en las bodegas y pod�a descargar el barco entero en menos de veinticuatro horas.</p><p>Winstein me condujo a lo largo del puerto, lejos de la actividad de las tolvas. Las bodegas estaban medio llenas, dijo; estar�an llenas del todo dentro de unas doce horas m�s o menos.</p><p>��Llevamos esta carga hasta la entrada del canal de Welland y la descargamos all� en barcos que cruzan el oc�ano. Somas demasiado grandes para el Welland. Los barcos m�s grandes son los de setecientos cuarenta pies.</p><p>El <emphasis>Lucelia </emphasis>ten�a cinco bodegas de carga en la parte de abajo, con unas treinta y cinco escotillas abiertas en ellas. Las tolvas se mov�an entre las escotillas, distribuyendo la carga de manera regular. Adem�s de los hombres que guiaban las tolvas, otro hombre vigilaba el flujo de grano en cada bodega y dirig�a a los de las cuerdas hacia las diferentes aberturas. Winstein se dio una vuelta comprobando c�mo iba el trabajo y luego me acompa�� al puente.</p><p>Bledsoe y el capit�n estaban de pie en la parte delantera de la cabina de cristales que dominaba la cubierta. Bemis se apoyaba sobre el tim�n, una pieza de caoba tan alta como yo. Ninguno de los dos se volvi� hasta que Winstein anunci� al capit�n que tra�a a una visita.</p><p>��Hola, se�orita Warshawski -el capit�n se acerc� tranquilamente-. �Viene a ver el aspecto de un carguero en acci�n?</p><p>��Es impresionante� Tengo que hacerle un par de preguntas, se�or Bledsoe, si tiene tiempo.</p><p>La mano derecha de Bledsoe estaba cubierta de vendas. Le pregunt� qu� tal estaba. Me asegur� que se estaba curando bien.</p><p>��No hay tendones cortados� �Qu� quiere de m�?</p><p>Bemis se llev� a Winstein a un rinc�n para preguntarle qu� tal iban las cosas abajo. Bledsoe y yo nos sentamos en un par de taburetes altos de madera detr�s de una mesa de trabajo cubierta con planos de navegaci�n. Saqu� las fotocopias de los formularios de mi bolso de lona, sacudiendo unos trocitos de paja que se les hab�an pegado. Colocando los papeles sobre la mesa, los hoje� hasta encontrar el del 17 de julio, una de las fechas marcadas por Boom Boom.</p><p>Bledsoe cogi� el mont�n de papeles y lo agit�.</p><p>��Es una relaci�n de los contratos de transporte de la Eudora. �C�mo los ha conseguido?</p><p>��Me los ha prestado una de las secretarias. El capit�n Bemis me ha dicho que era usted la persona de por aqu� que m�s entend�a de estas cosas. Yo no los entiendo. Esperaba que pudiera usted explic�rmelos.</p><p>���Por qu� no se lo pregunta a Phillips?</p><p>��Oh, quer�a que lo hiciese un experto.</p><p>Sus ojos grises eran inteligentes. Sonri� con iron�a.</p><p>��Bueno, no hay mucho misterio. Se empieza con una carga en el punto A y se traslada al punto B. Nosotros, los transportistas, llevamos cualquier tipo de carga, pero la Eudora se dedica principalmente al cereal, aunque puede que ahora tengan un poco de madera y carb�n. As� que estamos hablando de cereal. Bueno. En �ste, el encargo se hizo al principio el diecisiete de julio, as� que es la fecha de transacci�n inicial.</p><p>Estudi� el documento unos minutos.</p><p>��Tenemos cien toneladas de semillas de soja en Peor�a y queremos trasladarlas a Buffalo. La Hansel Baltic compra la carga all� y all� es donde acaba nuestra responsabilidad. As� que el representante de Phillips empieza a corretear por ah� para encontrar a alguien que lleve el cargamento. Empiezan aqu�: GLSL (Great Lakes Shipping Line). Cobran cuatro d�lares y treinta y dos centavos la tonelada por llevarlo de Chicago a Buffalo, y necesitan cinco navios. Con una carga tan grande, normalmente se necesitan varios transportistas. Creo que el representante andaba un poco perezoso en este contrato. Phillips tuvo que traerlo desde Peor�a por tren el veinticuatro de julio y lo recogieron en Buffalo el treinta uno o antes. En nuestro negocio, los contratos se hacen y se cancelan de manera rutinaria. Por eso parece todo tan confuso, y por eso la diferencia de unos pocos centavos es tan importante. Mire, aqu�, m�s tarde, el diecisiete, ofrecemos llevar la carga por cuatro veintinueve la tonelada. Eso fue antes de que tuvi�semos el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Ahora podemos rebajar los precios antiguos porque los barcos de mil pies son mucho m�s baratos de manejar. En cualquier caso, llega Grafalk el dieciocho ofreciendo cuatro treinta d�lares por tonelada, pero promete llegar el veintinueve. Hilando muy fino, la verdad. Me pregunto si mantuvo su promesa.</p><p>���As� que no hay nada fuera de lo corriente aqu�?</p><p>Bledsoe se lo pens� bien.</p><p>��No que yo sepa. �Qu� es lo que le hace pensar que lo haya?</p><p>El jefe de m�quinas lleg� en aquel momento.</p><p>��Oh, hola. �Qu� hay?</p><p>��Hola, Sheridan. La se�orita Warshawski est� estudiando los contratos de transporte de la Eudora. Cree que puede haber algo incorrecto en ellos.</p><p>��No, no es eso. S�lo necesitaba comprenderlos. Estoy intentando imaginarme lo que mi primo sab�a y quer�a decirle al capit�n Bemis. As� que estuve revisando sus papeles ayer en la Eudora y me enter� de que se hab�a mostrado muy interesado en estos documentos justo antes de morir. Me preguntaba si el hecho de que todos estos contratos con la Pole Star acabasen con Grafalk no ser�a importante.</p><p>Bledsoe volvi� a mirar los documentos.</p><p>��No especialmente. O bien ellos ofrec�an una tarifa menor, o promet�an una fecha de entrega m�s pr�xima.</p><p>��La otra pregunta era por qu� Boom Boom estaba especialmente interesado en unas fechas determinadas de esta primavera.</p><p>���Qu� fechas? -pregunt� Bledsoe.</p><p>��Una era el veintitr�s de abril. No recuerdo las otras de memoria. -Ten�a la agenda en el bolso, pero no quer�a ense��rsela a ninguno de ellos.</p><p>Bledsoe y Sheridan se miraron el uno al otro pensativos. Finalmente, Bledsoe dijo:</p><p>��El veintitr�s fue la fecha en la que se supon�a que deb�amos cargar el <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>���Se refiere al d�a en el que encontraron agua en las bodegas?</p><p>Sheridan asinti�.</p><p>��Puede que las otras fechas tengan tambi�n relaci�n con accidentes en labores de carga. �Hay un registro de esas cosas?</p><p>La cara de Bledsoe se retorci� de tanto pensar. Sacudi� la cabeza.</p><p>��Eso es mucho pedir. �Hay tantas l�neas de barcos y tantos puertos! El <emphasis>Suscriptor de los Grandes Lagos </emphasis>habla de ello si ha habido da�os en la carga o en el casco. Es lo mejor para empezar. En lo que se refiere a fechas recientes, cualquiera de nosotros podr�a ayudar.</p><p>Me estaba empezando a cansar de todo aquel trabajo que no llevaba a ninguna parte. Supon�a que pod�a buscar en el <emphasis>Suscriptor de los Grandes Lagos </emphasis>y ver si encontraba accidentes de barcos, pero �qu� me indicar�a eso? �Boom Boom habr�a descubierto una banda criminal que saboteaba cargueros? Saber que tales accidentes hab�an ocurrido no me indicar�a nada.</p><p>Winstein hab�a vuelto a cubierta y el capit�n Bemis daba vueltas para unirse a nuestro grupo.</p><p>��A este barco no van a ocurrirle m�s accidentes. Hemos contratado a una patrulla de seguridad sobre cubierta para cuando acaben de cargar hoy.</p><p>Bledsoe asinti�.</p><p>��He estado pensando si me ir� contigo de viaje -sonri�-. No me voy a meter en el gobierno del barco, John, pero el <emphasis>Lucelia </emphasis>es demasiado precioso para todos nosotros. Me gustar�a ver c�mo hace llegar su carga hasta Santa Catalina.</p><p>��No hay problema, Martin. Le dir� al cocinero que prepare el camarote.</p><p>��No tenemos gente como camareros a bordo de los cargueros -me explic� Bledsoe-. El jefe de cocinas se ocupa de la zona del capit�n y los invitados. Los dem�s se ocupan de s� mismos� �A qu� hora tienes previsto zarpar, John?</p><p>El capit�n mir� su reloj.</p><p>��Tenemos que seguir cargando durante unas once horas m�s, y la Tri State no quiere pagar m�s que una o dos horas extras. As� que a cualquier hora a partir de las siete de la tarde ma�ana.</p><p>Bledsoe se ofreci� a darme una vuelta por el barco, si a Bemis no le importaba. El capit�n le dio permiso con una sonrisa tolerante. Sheridan nos sigui� por la estrecha escalerilla de madera.</p><p>��Yo soy el que tengo que ense�ar la sala de m�quinas -explic�.</p><p>El puente estaba encaramado sobre la cabina. Hab�a cuatro niveles sobre la cubierta, cada uno m�s peque�o que el que estaba debajo. El capit�n y el jefe de m�quinas ten�an sus cuartos en el tercer piso, justo debajo del puente. Sheridan abri� su puerta para que yo pudiese echar un vistazo r�pido al interior.</p><p>Qued� sorprendida.</p><p>��Pens� que todo el mundo dorm�a en estrechas literas y ten�a un lavabo min�sculo. -El jefe de m�quinas ten�a un apartamento de tres habitaciones, con una cama enorme en el dormitorio y una oficina repleta de papeles y herramientas.</p><p>Bledsoe ri�.</p><p>��Eso era as� en los tiempos de Dana, pero las cosas han cambiado. Los de la tripulaci�n duermen seis en cada camarote, pero tienen una gran sala de recreo. Tienen incluso una mesa de ping-pong, que proporciona muchos momentos de entretenimiento cuando navegan.</p><p>Los dem�s oficiales y el cocinero compart�an el segundo piso con el camarote privado. La cocina y los comedores -el del capit�n y el de la tripulaci�n- estaban en el piso del puente, y los camarotes de la tripulaci�n en el primer piso debajo de la cubierta.</p><p>��Ten�amos que haber puesto los camarotes de los oficiales sobre la proa -le dijo Sheridan a Bledsoe cuando baj�bamos por debajo del nivel del mar hacia la sala de m�quinas-. Incluso arriba, donde estamos John y yo, las m�quinas hacen much�simo ruido durante toda la noche. No me imagino por qu� les dejamos construirlas junto a la cabina del piloto.</p><p>Trepamos por estrechos pelda�os empotrados en la pared hasta el vientre del barco, donde se encontraba la sala de m�quinas. Bledsoe desapareci� en aquella fase de la visita.</p><p>��Cuando el jefe se dispara con lo de las m�quinas, puede pasarse hablando un mes o dos. La ver� en cubierta antes de que se vaya.</p><p>�La sala de m�quinas� era un nombre muy poco adecuado. Las m�quinas propiamente dichas estaban en el fondo del barco y cada una era del tama�o de un edificio peque�o, como un garaje, por ejemplo. Las piezas mec�nicas estaban instaladas alrededor en tres niveles: motores de propulsi�n de dos pies de di�metro, pistones de un pie, v�lvulas gigantes� Todo se controlaba desde un peque�o cuarto a la entrada de las bodegas. Un panel de unos seis pies de ancho y tres de alto estaba cubierto de botones e interruptores. Los transformadores, la depuraci�n de aguas residuales, el lastre y las propias m�quinas se operaban desde all�.</p><p>Sheridan me mostr� los controles que se utilizaban para mover el barco.</p><p>���Recuerda cuando el <emphasis>Leif Ericsson </emphasis>se estrell� contra el malec�n el otro d�a le estuve hablando de los controles de la sala de m�quinas. �ste es para la m�quina de babor, �ste para la de estribor, con marcas muy claras: �Todo a proa, Medio a proa, Todo a popa, Medio a popa.�</p><p>Mir� su reloj y se ri�. Eran las cinco pasadas.</p><p>��Martin tiene raz�n. Me quedar�a aqu� el d�a entero. Me olvido de que no todo el mundo comparte mi amor por las piezas mec�nicas.</p><p>Le asegur� que lo encontraba fascinante. Era dif�cil enterarse de todo en una sola visita, pero era interesante. Las m�quinas ten�an todas las piezas a la vista, como el motor de un coche gigante, para poder acceder a cada una r�pidamente. Si uno fuera liliputiense, podr�a subir y bajar por el motor de un coche del mismo modo. Cada pieza podr�a encontrarse f�cilmente, pero era imposible moverlas.</p><p>Volv� al puente a recoger mis papeles. Mientras est�bamos abajo, en la sala de m�quinas, detuvieron el trabajo de carga por aquel d�a. Vi c�mo un par de gr�as peque�as pon�an unas puertas sobre las escotillas.</p><p>��No queremos dejarlas as� como as� -dijo Bemis-. Se supone que har� una noche clara. No quiero correr ning�n riesgo con cuatro millones de d�lares de centeno.</p><p>Bledsoe se acerc� a nosotros.</p><p>��Oh, aqu� est�n ustedes� Mire, creo que le debo una disculpa por echar a perder su comida el otro d�a. Me preguntaba si no podr�a convencerla de que se viniese a cenar conmigo. Hay un buen restaurante a unos veinte minutos de aqu�, en Crown Point, Indiana.</p><p>Llevaba un traje de cuero negro aquel d�a y estaba cubierta de finas part�culas de centeno. Bledsoe vio c�mo me miraba, dudosa.</p><p>��No es un sitio formal� y tiene que haber alg�n cepillo en el camarote para que se cepille la ropa. De todas formas, tiene usted un aspecto estupendo.</p></section><section><title><p>11</p></title><subtitle>Encallada</subtitle><empty-line/><p>La cena en el Louis Retaillou's Bon App�tit fue estupenda. El restaurante ocupaba la planta baja de una vieja casa victoriana. Los de la familia, que ten�an cada uno un papel en la preparaci�n y presentaci�n de las comidas, viv�an en el piso de arriba. Era jueves, una noche tranquila con muy pocas mesas ocupadas, y Louis se acerc� a hablar con Bledsoe, que era un cliente habitual. Tom� el mejor pato que hab�a tomado en mi vida y compartimos un respetable St. Estephe.</p><p>Bledsoe result� ser un compa�ero de lo m�s ameno. Cuando llegamos a los c�cteles de champ�n, nos hab�amos convertido en �Martin� y �Vic�. Me entretuvo con historias de navegaci�n mientras yo intentaba hurgar discretamente en su pasado. Le cont� algo de mi infancia en el sur de Chicago y algunas de las aventuras que corr� con Boom Boom. El contraatac� con historias de la vida a la orilla del agua en Cleveland. Le habl� de que hab�a sido estudiante durante los turbulentos a�os de Vietnam y le pregunt� por su educaci�n. Se hab�a puesto a trabajar nada m�s salir del colegio. �Con la Grafalk Steamship? S�, con la Grafalk Steamship, lo que le hac�a recordar la primera vez que estuvo en un barco cuando se desat� una gran tormenta. Y as� seguimos.</p><p>Eran las diez y media cuando Bledsoe me dej� junto al <emphasis>Lucelia </emphasis>para que recogiese mi coche. El guarda dej� pasar a Bledsoe sin quitar los ojos de un aparato de televisi�n encaramado en un estante m�s alto que �l.</p><p>��Menos mal que ten�is una patrulla en el barco. Cualquiera puede col�rsele a este tipo -coment�.</p><p>Bledsoe asinti�, con su rostro cuadrado en la sombra.</p><p>��Buque -dijo ausente-. Un barco es algo que se iza a bordo de un buque.</p><p>Me acompa�� al coche. Volv�a al <emphasis>Lucelia </emphasis>para echar un �ltimo vistazo. El silo y el barco -buque- que estaba detr�s se cern�an como formas gigantes sobre el poco iluminado patio. Me estremec� ligeramente dentro de mi cazadora de cuero.</p><p>��Gracias por ense�arme ese restaurante tan bueno, Martin. Me encant�. La pr�xima vez te llevar� a un italiano fuera de los circuitos habituales en la parte oeste.</p><p>��Gracias, Vic, me gustar�a. -Me estrech� la mano en la oscuridad y comenz� a andar hacia el barco; luego se dio la vuelta, se inclin� hacia el coche y me bes�. Fue un buen beso, firme y nada mojado, y yo le prest� la atenci�n que merec�a. Murmur� algo de que me llamar�a cuando volviese a la ciudad y se march�.</p><p>Saqu� el Lynx marcha atr�s del patio hacia la calle 130. Pocos coches andaban por all� y volv� f�cilmente a la 1-94. El tr�fico era m�s intenso pero fluido: camiones remolque transportando sus cargas a setenta millas por hora bajo el manto de la oscuridad y el cansado flujo de personas que siempre est�n fuera haciendo recados sin nombre en la gran ciudad.</p><p>La noche era clara, como la predicci�n del tiempo hab�a prometido a Bemis, pero el aire estaba muy fr�o para la estaci�n. Mantuve la ventanilla del coche cerrada mientras conduc�a hacia el norte, pasando junto a escombreras y remolques que se api�aban bajo la sombra de la autopista y las f�bricas de acero. En la calle 103 la autopista conflu�a con la Dan Ryan. Estaba de vuelta en la ciudad, la carretera elevada Dan Ryan a mi izquierda y una empinada pendiente de hierba a mi derecha. Encima hab�a peque�os <emphasis>bungalows </emphasis>y tiendas de licores. Una apacible vista urbana, pero no un lugar en el que pararse en mitad de la noche. Varios turistas confiados hab�an sido atacados en las cercan�as de la Dan Ryan.</p><p>Me estaba acercando a la salida de la Universidad de Chicago cuando o� un ruido en el motor, como si un abrelatas gigante estuviese llev�ndose un trozo del bloque del motor. Pis� el freno a fondo. El coche no disminuy� su velocidad. Los frenos no respond�an. Apret� de nuevo. Nada. Los frenos fallaban. Mov� el volante para dirigirme hacia la salida. Lo sent� flojo entre las manos. No hab�a direcci�n. No hab�a frenos. En el retrovisor vi las luces de un cami�n ilumin�ndome. Otro cami�n me cerraba el paso por la derecha.</p><p>Se me encogi� el est�mago. Pis� suavemente los frenos y sent� cierta respuesta. Poco a poco, poco a poco. Encend� los intermitentes de aviso, puse el coche en punto muerto y toqu� la bocina. El Lynx se iba hacia la derecha y yo no pod�a detenerlo. Contuve el aliento. El cami�n a mi derecha se quit� de mi camino, pero el que iba detr�s aceleraba y tocaba la bocina.</p><p>���Maldita sea, qu�tate de ah�! -le grit�. La aguja del veloc�metro hab�a bajado a treinta; �l iba por lo menos a setenta. Yo segu�a desliz�ndome hacia el carril de la derecha.</p><p>En el �ltimo segundo el cami�n que iba detr�s de m� gir� bruscamente a la izquierda. O� un crujido espantoso de cristales y metal contra metal. Un coche fue dando vueltas delante de m� hasta el arc�n.</p><p>Pis� el freno, pero no quedaba nada en �l. No pod�a hacer nada. En los �ltimos segundos, mientras el coche que ten�a delante sal�a volando, yo me encog� y cruc� las manos sobre la cara.</p><p>Metal contra metal. Tremendas sacudidas. Cristal haci�ndose trizas en la calle. Un violento golpe en el hombro, un charco de humedad caliente sobre el brazo. Luz y ruido penetraron de golpe en mi cabeza; luego, silencio.</p><p>Me estallaba la cabeza. Los ojos me doler�an terriblemente si los abr�a. Ten�a el sarampi�n. Eso es lo que dijo mam�. Pronto iba a estar bien. Intent� llamarla; me sali� un ruido gorgoteante y sent� su mano sobre mi mu�eca, seca y fresca.</p><p>��Se est� moviendo.</p><p>No era la voz de Gabriella. Claro, si estaba muerta. Y si estaba muerta, yo no pod�a tener ocho a�os y estar con el sarampi�n. Me hac�a da�o pensar.</p><p>��El volante -gem�, y me obligu� a abrir los ojos.</p><p>Una mancha de figuras blancas se cern�an sobre m�. Sent�a la luz como pu�ales en los ojos. Los cerr�.</p><p>��Apague las luces de la cabecera. -Era la voz de una mujer. La conoc�a y luch� por volver a abrir los ojos.</p><p>���Lotty?</p><p>Se inclin� sobre m�.</p><p>��Bueno, <emphasis>Liebchen. </emphasis>Nos has hecho pasar un mal rato pero ahora ya est�s bien.</p><p>���Qu� ocurri�? -Apenas pod�a hablar; las palabras se me atragantaban.</p><p>��Te lo dir� en seguida. Ahora quiero que duermas. Est�s en el hospital Billings.</p><p>La Universidad de Chicago. Sent� un pinchazo en un lado y me dorm�.</p><p>Cuando me despert� de nuevo, la habitaci�n estaba vac�a. El dolor de cabeza segu�a all�, pero m�s tolerable. Intent� sentarme. Al moverme, el dolor se extendi� como una oleada. Me sent� muy mal y volv� a tumbarme, jadeando. Tras un intervalo, volv� a abrir los ojos. Ten�a el brazo izquierdo atado al techo con una polea. Lo mir� so�adora. Mov� los dedos de la mano derecha hasta el brazo y encontr� esparadrapo grueso y una escayola. Me toqu� el hombro alrededor de los extremos de la escayola y di un grito de dolor imprevisto. Ten�a el hombro dislocado o roto.</p><p>�Qu� me hab�a hecho en el hombro? Frunc� las cejas al concentrarme, haciendo que el dolor de cabeza empeorase. Pero record�. El coche. Los frenos fallando. �Un sed�n volcando delante de m�? S�. No pod�a recordar el resto. Me deb�a de haber empotrado en �l, sin embargo. Menos mal que llevaba el cintur�n. �Habr�a sobrevivido alguien en el sed�n despu�s de aquello?</p><p>Empec� a sentirme furiosa. Necesitaba ver a la polic�a. Necesitaba hablar con todo el mundo. Phillips, Bledsoe, Bemis, el guarda del silo de la Tri State.</p><p>Una enfermera entr� muy animada en la habitaci�n.</p><p>��Oh, ya est� despierta. Eso est� muy bien. Vamos a tomarle la temperatura.</p><p>���No quiero que me tomen la temperatura! �Quiero ver a la polic�a!</p><p>Me ech� una sonrisa brillante y me ignor�.</p><p>��P�ngaselo debajo de la lengua -apuntaba con un term�metro envuelto en pl�stico a mi boca.</p><p>Mi furia crec�a, aumentaba por la indefensi�n de estar all� tendida, atada al techo, mientras me ignoraban ol�mpicamente.</p><p>��Puedo decirle la temperatura que tengo: sube segundo a segundo. �Querr�a tener la bondad de mandar a alguien a que, llame a la polic�a?</p><p>��Ahora vamos a calmarnos. No querr� usted excitarse: tiene una conmoci�n -me meti� el term�metro en la boca a la fuerza y empez� a tomarme el pulso-. La doctora Herschel vendr� m�s tarde y, si cree que es prudente que empiece usted a hablar con gente, nos lo dir�.</p><p>���Ha habido otros supervivientes? -le pregunt� por encima del term�metro.</p><p>��La doctora Herschel le dir� lo que tiene que saber.</p><p>Cerr� los ojos mientras ella anotaba solemnemente mis constantes vitales en un gr�fico. La paciente sigue respirando. El coraz�n funciona.</p><p>���Qu� temperatura tengo?</p><p>Me ignor�.</p><p>Abr� los ojos.</p><p>���Qu� pulso tengo? -Nada-. Venga, maldita sea, es mi cuerpo. D�game lo que pasa.</p><p>Se march� a difundir la noticia de que la paciente estaba viva y era una desagradable. Cerr� los ojos y me puse a echar humo. Mi cuerpo segu�a d�bil. Me volv� a dormir.</p><p>Cuando me despert� por tercera vez, ten�a la mente m�s clara. Me sent� en la cama, despacio y a�n con dolor, y repas� mi cuerpo. Un hombro mal. Las rodillas cubiertas de gasa, sin duda completamente raspadas. Heridas en el brazo derecho. Hab�a una mesa junto a la cama con un espejo. Tambi�n un tel�fono. Si me hubiese dedicado a pensar en lugar de chillar antes, me hubiese podido dar cuenta. Me mir� la cara en el espejo. Un vendaje impresionante me cubr�a la cabeza. Heridas en el cuero cabelludo: �sa deb�a ser la causa del dolor de cabeza, aunque no recordaba hab�rmela golpeado. Los ojos estaban inyectados en sangre, pero la cara estaba intacta, gracias a Dios. Seguir�a siendo hermosa a los cuarenta.</p><p>Cog� el tel�fono y me lo met� debajo de la barbilla. Tuve que levantar la cama para hacerlo, pues no pod�a colocarme el auricular contra el hombro derecho mientras estaba acostada con el izquierdo atado al techo. Una oleada de dolor se extendi� por el hombro izquierdo, pero la ignor�. Marqu� el n�mero de la oficina de Mallory. No ten�a ni idea de la hora que era, pero ten�a la suerte de mi parte: el teniente estaba.</p><p>��Vicky, ser� mejor que no me llames para tonter�as. McGonnigal me ha dicho que te est�s metiendo en la investigaci�n de Kelvin. Quiero que salgas. F-U-E-R-A. Vaya mala suerte que pasase en el apartamento de Boom Boom.</p><p>Ah, Bobby. Me hac�a bien o�rle refunfu�ar.</p><p>��Bobby, no vas a creerlo, pero estoy en el hospital.</p><p>Se hizo el silencio al otro lado mientras Mallory pensaba lo que le estaba diciendo.</p><p>��S�. En Billings� Alguien m�s quer�a que dejara el caso, y me fastidi� los frenos y el volante mientras estaba ayer en el puerto. Si es que era ayer. �Qu� d�a es hoy?</p><p>Bobby ignor� la pregunta.</p><p>��Venga, Vicky. No te r�as de m�. �Qu� ocurri�?</p><p>��Por eso te llamo. Espero que t� puedas descubrirlo. Volv�a a casa alrededor de las diez y media u once cuando perd� el control del volante y luego de los frenos, y acab� estrell�ndome contra un sed�n. Creo que un cami�n Mack le golpe� y lo lanz� a mi carril.</p><p>��Oh, demonios, Vicki. �Por qu� no puedes quedarte en casa a educar a una familia y mantenerte apartada de este tipo de l�os? -Bobby es contrario a la idea de utilizar tacos ante mujeres y ni�os. Y aunque yo me niegue a hacer el papel de una mujer en casa, para �l cuento como mujer.</p><p>��No puedo evitarlo, Bobby; los problemas me persiguen.</p><p>Hubo un resoplido al otro lado.</p><p>��Estoy aqu� tendida con un hombro dislocado y conmoci�n -dije quejumbrosa-. No puedo hacer nada, ni meterme en l�os ni educar a una familia; al menos de momento. Pero me gustar�a saber lo que le hicieron a mi coche. �Puedes averiguar lo que me lanz� fuera de la Dan Ryan y asegurarte de que examinen mi coche?</p><p>Bobby respir� fuerte durante unos instantes.</p><p>��S�, supongo que puedo hacer eso. �En Billings, dices? �Cu�l es el n�mero?</p><p>Mir� el tel�fono y se lo le�. Volv� a preguntarle qu� d�a era. Era viernes; las seis de la tarde.</p><p>Lotty deb�a haber vuelto a su cl�nica de la parte norte. Es la persona a la que yo llamar�a en caso de emergencia y supongo que tambi�n puedo decir que es mi m�dico. Me pregunt� si podr�a convencerla de que me soltase. Necesitaba marcharme.</p><p>Una enfermera de mediana edad meti� la cabeza por la puerta.</p><p>���C�mo vamos?</p><p>��Unos mejor que otros. �Sabe cu�ndo vuelve la doctora Herschel?</p><p>��Probablemente hacia las siete. -La enfermera entr� a tomarme el pulso. Si no tienen nada mejor que hacer, se aseguran de que el coraz�n del paciente late a�n. Sus ojos grises brillaban con una alegr�a sin sentido en su cara roja- Bueno, desde luego, estamos m�s fuertes que hace unas horas. �Nos duele el hombro?</p><p>La mir� amargamente.</p><p>��Bueno, a m� no. A usted, no s�. -No quer�a que nadie me metiese code�na ni Darvon. En aquel momento me dol�a lo suyo.</p><p>Cuando se march�, utilic� el tel�fono para llamar a la Pole Star y preguntar por Bledsoe. La eficiente empleada de su oficina me dijo que estaba en el <emphasis>Lucelia, </emphasis>que ten�a una l�nea directa con la costa. Me dio el n�mero y me dijo c�mo conseguir que un operador me pusiera con ellos. Iba a ser complicado. Tendr�a que facturarlo al tel�fono de mi oficina.</p><p>Estaba d�ndole al operador las instrucciones para que marcase el n�mero y a d�nde lo ten�a que cargar cuando mi enfermera de mediana edad volvi�.</p><p>��Bueno, no vamos a hacer nada de esto hasta que la doctora diga que podamos hacerlo.</p><p>La ignor�.</p><p>��Lo siento, se�orita Warshawski; no podemos permitirle que haga nada que la excite -arranc� el tel�fono de mi ofendido pu�o-. �Hola? Aqu� el hospital Billings. Su interlocutor no podr� terminar su llamada por el momento.</p><p>���C�mo se atreve? �C�mo se atreve a decidir por m� si puedo hablar o no por tel�fono? Soy una persona, no una bolsa de ropa del hospital ah� tirada.</p><p>Me mir� severamente.</p><p>��El hospital tiene ciertas reglas. Una de ellas es mantener a los pacientes con conmoci�n y a las v�ctimas de accidentes tranquilos. La doctora Herschel nos har� saber si ya est� usted preparada para empezar a llamar a la gente por tel�fono.</p><p>Yo estaba ciega de rabia. Empec� a salir de la cama para arrebatarle el tel�fono, pero la dichosa polea me manten�a atada.</p><p>���Tranquila! -grit�-. �Qui�n me est� sacando de quicio? �Usted, llev�ndose ese tel�fono!</p><p>Ella lo desenchuf� de la pared y se march� con �l. Me tumb� en la cama jadeando de cansancio y furia. Una cosa estaba clara: no pod�a esperar a Lotty. Cuando la respiraci�n volvi� a ser normal, me levant� de nuevo y examin� la polea. Sujetaba firmemente mi brazo. Volv� a inspeccionarla con el brazo derecho, con m�s cuidado esta vez. La escayola era fuerte. Aunque tuviese el hombro roto, lo mantendr�a en su lugar sin tirar. No hab�a raz�n para que no me pudiese ir a casa si iba con cuidado.</p><p>Solt� los alambres con la mano derecha. El hombro izquierdo se relaj� contra la cama con un espasmo de dolor tan fuerte que las l�grimas me cayeron por las mejillas. Tras muchos intentos vanos de luchar con las s�banas, consegu� volver a poner el brazo izquierdo hacia delante. Pero la indefensi�n se combinaba con la frustraci�n y me sent� con ganas de abandonar la lucha. Cerr� los ojos y descans� diez minutos. Un cabestrillo me solucionar�a el problema. Mir� a mi alrededor dudando y al final encontr� un pa�o blanco en el estante de abajo de la mesilla de noche. Me cost� much�simo darme la vuelta y acab� roja y jadeante cuando al fin consegu� ponerme de lado, alcanzar el pa�o y subirlo hasta la cama.</p><p>Tras un corto descanso, me puse un pico del pa�o en la boca y lo pas� alrededor de mi cuello. Usando los dientes y la mano derecha consegu� hacerme un cabestrillo decente.</p><p>Me baj� de la cama tambale�ndome, intentando no mover el hombro izquierdo m�s de lo necesario, y abr� los estrechos armarios que estaban junto a la entrada. Mi ropa estaba en el segundo. Los pantalones negros estaban rotos por las rodillas y la chaqueta tiesa por la sangre seca. Mierda. Uno de mis trajes favoritos. Saqu� los pantalones con una mano, ignorando la ropa interior, y estaba tratando de pensar qu� hacer con ellos cuando entr� Lotty.</p><p>��Me alegra ver que te encuentras ya mejor, querida -dijo secamente.</p><p>��La enfermera dijo que no deb�a excitarme. Como estaba poni�ndome hist�rica pens� que ser�a mucho mejor que me fuese a casa, donde puedo descansar.</p><p>La boca de Lotty se torci� en una sonrisa ir�nica. Me cogi� por el codo derecho y me gui� hasta la cama.</p><p>��Vic, tienes que quedarte aqu� un d�a o dos m�s. Te has dislocado el hombro. Tienes que mantenerlo inm�vil para minimizar el da�o en los m�sculos. Es un punto de tracci�n. Y te golpeaste la cabeza con la puerta cuando el coche volc�. Tienes un corte feo y estuviste inconsciente durante seis horas. No voy a dejar que juegues con tu salud.</p><p>Me sent� en la cama.</p><p>��Pero Lotty, tengo que hablar con mucha gente. Y el <emphasis>Lucelia </emphasis>zarpa a las siete� Lo perder� si no me pongo en contacto con �l pronto.</p><p>��Me temo que ya son pasadas las siete. Te volver� a traer el tel�fono y podr�s llamar. Pero francamente, Vic, incluso con tu constituci�n, tienes que mantener ese hombro inm�vil un par de d�as m�s. Venga.</p><p>Se me llenaron los ojos de l�grimas de frustraci�n. Me lat�a la cabeza. Me recost� en la cama y dej� que Lotty me desvistiera y volviera a atarme el brazo a la polea. Odiaba tener que admitirlo, pero me alegraba de volver a estar acostada.</p><p>Fue al puesto de enfermeras y volvi� con el tel�fono. Cuando me vio haciendo malabarismos con el auricular, lo cogi� y marc� el n�mero ella misma. Pero el <emphasis>Lucelia </emphasis>ya hab�a zarpado.</p></section><section><title><p>12</p></title><subtitle>Cuentos para dormir</subtitle><empty-line/><p>Al d�a siguiente recib� un flujo constante de visitas. Charles McCormick, sargento de la Divisi�n de Tr�fico, vino a informarme del accidente y a que le contara mi versi�n de los hechos. Le cont� todo lo que recordaba. Como sospechaba, el cami�n que iba detr�s de m� hab�a golpeado a un coche cuando se desplazaba hacia el carril de la izquierda. El conductor del sed�n se hab�a precipitado hacia el parabrisas y hab�a muerto. Dos pasajeros estaban en estado cr�tico, uno con lesiones en la espina dorsal. Mi aspecto debi� dejar traslucir el horror y la culpabilidad que sent�a, porque intent� tranquilizarme:</p><p>��No llevaban puestos los cinturones. No voy a decir que eso les hubiese salvado, pero puede que les hubiera ayudado. Desde luego, le salv� a usted la vida cuando su coche volc�. Hemos detenido al conductor del cami�n. No tiene ni un rasgu�o, claro. Le acusamos de conducci�n imprudente y homicidio involuntario.</p><p>���Han revisado mi coche?</p><p>Me mir� con curiosidad.</p><p>��Vaciaron el l�quido de frenos. Y cortaron los cables de la direcci�n. Hab�an dejado lo suficiente como para ponerse en marcha, pero al mover el volante, los cables se rompieron del todo.</p><p>���C�mo pude parar en el sem�foro de la calle 130?</p><p>��Si frenaba usted con suavidad, deb�a quedar l�quido suficiente como para poder hacerlo. Pero si pisaba el freno a fondo, no le servir�a de nada� �Qui�n pudo hacer una cosa as�? �D�nde hab�a aparcado el coche?</p><p>Se lo dije. Sacudi� la cabeza.</p><p>��Hay muchos v�ndalos en el puerto. Tiene suerte de haber salido viva de esto.</p><p>��Es una pobre excusa para el guarda que est� en la Tri State. Deber�a mandar a alguien a hablar con �l y comprobar si advirti� algo.</p><p>McCormick dijo que lo pensar�a. Me hizo unas cuantas preguntas m�s y se march�.</p><p>Alguien meti� en la habitaci�n un enorme ramo de flores primaverales. La nota dec�a:</p><p>Vic:</p><p>Siento much�simo lo de tu accidente. Recup�rate pronto.</p><p>Paige.</p><p>Muy amable. La esposa de Bobby Mallory mand� una planta. Murray Ryerson vino en persona trayendo un cactus. Le parecer�a gracioso.</p><p>���Vic! Eres como los gatos. A nadie le aplasta un cami�n y vive para contarlo.</p><p>Murray es un chico grandote con pelo rojizo rizado. Parece una especie de Elliott Gould sueco. Su voz c�lida y sus hombros de cuarenta y seis pulgadas redujeron la habitaci�n del hospital a la mitad.</p><p>��Hola, Murray. Lees demasiados peri�dicos sensacionalistas. No me golpe� un cami�n: di con otro pobre bastardo al que alcanz� por detr�s el cami�n.</p><p>Agarr� una silla forrada de pl�stico, la acerc� a la cama y se sent� en ella del rev�s.</p><p>���Qu� ocurri�?</p><p>���Es una entrevista o una visita a un enfermo? -le pregunt�, mosca.</p><p>���Qu� tal si me concedieses una entrevista a cambio de la historia de Paige? �O ya no te interesa?</p><p>Me anim� considerablemente.</p><p>���Qu� has descubierto?</p><p>��La se�orita Carrington es una ch�vala muy trabajadora� Perd�n, una joven. Tiene una hermana mayor, pero no hermanos. Sac� un diploma del American Ballet Theater a los quince a�os, pero a la larga no sirvi�. Vive en un apartamento en Astor Place. El padre muri�. La madre vive en Park Forest South. Su familia no tiene mucho dinero que digamos. Puede que un amigo rico la ayude, o que el ballet le pague muy bien; tendr�s que buscarte un detective para que lo averig�e con seguridad. En cualquier caso, lleva viviendo en el mismo sitio desde hace varios a�os.</p><p>Frunc� la cara.</p><p>���Park Forest South? Me dijo que hab�a crecido en Lake Bluff.</p><p>��Puede que lo hiciera. El otro es s�lo el lugar en el que vive su madre� En lo que se refiere a ella y a tu primo, se habl� de ellos un mes m�s o menos antes de que �l muriera. No iban a ninguno de los lugares m�s conocidos, as� que a Greta le cost� un poco descubrirlo, pero alguien la vio con �l en el Stadium en marzo. Si iban en serio, lo llevaban con mucha discreci�n. Habl� con alguno de los dem�s jugadores. Les parece que ella le persegu�a; �l no estaba tan implicado.</p><p>Al o�r eso sent� un innoble estremecimiento de placer.</p><p>��Tu turno. -Los ojos azules de Murray brillaban divertidos. Le dije todo lo que sab�a del accidente.</p><p>���Qui�n te vaci� el l�quido de frenos?</p><p>��La polic�a dice que unos v�ndalos del puerto.</p><p>���Y qu� dices t�?</p><p>��Yo digo que fue el que empuj� a mi primo bajo el <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>-pero eso me lo dije a m� misma-. Ni idea, Murray. No me lo puedo imaginar.</p><p>��Vic, se lo creer�a a cualquier otro. Pero a ti no. Has sacado de quicio a alguien que te rompi� la direcci�n. Dime: �qui�n?</p><p>Cerr� los ojos.</p><p>��Puede que haya sido el teniente Mallory. Quiere que me mantenga apartada del caso Kelvin.</p><p>��Alguien del puerto.</p><p>��Soy una inv�lida, Murray.</p><p>��Alguien relacionado con Kelvin.</p><p>��Sin comentarios.</p><p>��Te voy a seguir de cerca, Vic. Quiero ver lo que ocurre antes de que ocurra.</p><p>��Murray, si no sales de aqu� ahora mismo, voy a decir a las enfermeras que te echen. Las de este hospital son malvadas.</p><p>Se ri� y me alborot� el pelo.</p><p>��Ponte bien en seguida, Vic. Te voy a echar de menos si te vas a tu novena vida� Aunque s�lo sea en broma, voy a ir a hablar con tu guarda de la cara roja en la Compa��a Tri State.</p><p>Abr� los ojos.</p><p>��Si descubres algo, ser� mejor que me lo digas.</p><p>��L�elo en el <emphasis>Star, </emphasis>Vic. -Se ri� y se fue antes de que pudiese pensar en una r�plica ingeniosa.</p><p>Cuando se march� rein� la tranquilidad durante un rato. Alc� la cabecera de la cama y luch� con la mesilla para colocarla de modo que pudiera escribir. Nunca me hab�a roto un brazo antes y no me hab�a dado cuenta de lo dif�cil que era hacer las cosas con una sola mano. Menos mal que hay coches autom�ticos, pens�, y luego record� que no ten�a coche. Llam� a mi agente de seguros para informar de la p�rdida. Esperaba que mi p�liza cubriese el vandalismo.</p><p>Hice unos garabatos en una hoja de papel barato del hospital: un carguero en alta mar, unos cuantos cocodrilos. Cualquiera de los del puerto pod�a haberme saboteado el coche. Phillips sab�a que estaba all�, me hab�a visto fuera de las oficinas de la Pole Star. Se lo pod�a haber dicho a Grafalk o a cualquiera de los de Grafalk, el expedidor, por ejemplo.</p><p>A�ad� un tibur�n con muchas filas de feroces dientes y unas mand�bulas lo bastante grandes como para tragarse al carguero. Todos los del <emphasis>Lucelia </emphasis>sab�an que yo estaba all�. Aquello inclu�a a Bledsoe. El problema era que Bledsoe besaba muy bien. �Puede alguien que bese bien ser lo bastante canalla como para hacer perder el control a mi coche? Adem�s, en el <emphasis>Lucelia </emphasis>no estaba todo el personal de m�quinas en la sala. Sheridan o Winstein -incluso Bemis- pod�an haberse ocupado de mi coche mientras Bledsoe me llevaba a cenar.</p><p>Luego estaba Phillips. Se comportaba de modo extra�o cada vez que hablaba con �l. Puede que se hubiera enamorado de m� y no pudiera expresarlo, pero no me parec�a. Adem�s, Boom Boom y �l hab�an discutido a causa de los contratos el d�a antes del accidente de mi primo.</p><p>Dibuj� una bola redonda y a�ad� un mech�n de pelo. Se supon�a que era Phillips. Le puse el nombre por si acaso alguna de las enfermeras quer�a conservar el dibujo para sus nietos. La verdad es que iba a tener que hablar con todos ellos: Grafalk, Phillips, Bemis, Sheridan y Bledsoe, y pronto.</p><p>Me mir� t�tricamente el brazo izquierdo. No pod�a hacer gran cosa mientras yac�a all� atada a mi polea. Pero, �qu� pasaba con aquellos contratos de embarque de la Eudora? Alguien habr�a recogido mi bolsa de lona de los restos del Lynx. En aquel momento, yac�a en el estante de abajo de mi mesilla.</p><p>Baj� la cama, torc� la cabeza hacia el costado para pescar la agenda en el bolso, volv� a levantar la cama y mir� fijamente las fechas marcadas en la primera p�gina del libro. Yo suelo seguirles la pista a mis per�odos marcando las fechas en que los tengo en el calendario del escritorio, pero eso no val�a en el caso de mi primo. Sonre� por dentro, imaginando la reacci�n de Boom Boom si le hubiese sugerido algo parecido.</p><p>Las fechas puede que no siguiesen la pista del ciclo menstrual de Boom Boom, pero ten�an que indicar alg�n otro hecho peri�dico. Las copi� todas en una hoja de papel. Algunas difer�an en dos d�as, otras en diecisiete, once, cinco; todos n�meros primos� no, seis, tres, cuatro, de nuevo dos. Empezaban a principios de marzo y acababan en noviembre; luego volv�an a empezar en abril.</p><p>Aquello significaba la estaci�n de embarques en los Grandes Lagos. Elemental, querida Warshawski. Empezaba a finales de marzo o a principios de abril y acababa alrededor de A�o Nuevo, cuando el hielo de la parte alta de los lagos se volv�a demasiado espeso como para que nadie anduviese por all� rompi�ndolo.</p><p>La Eudora trabajaba durante todo el a�o, claro, pero s�lo mandaban las cargas por barco nueve meses al a�o. As� que la pelea con Phillips hab�a tenido algo que ver con los contratos de embarque. Pero �qu�?</p><p>Mi cabeza empezaba a sentirse peor; beb� un poco de agua y baj� la cama para descansar. Dorm� durante un rato. Cuando me despert�, un joven estaba sentado en la silla de los visitantes mir�ndome con preocupaci�n. Su rostro suave y redondo, de nariz rota y ojos casta�os perrunos, me parec�a vagamente familiar. Trat� de recordar.</p><p>���Pierre Bouchard! Me alegro de verte. Myron me dijo que estabas fuera.</p><p>Sonri� y me result� mucho m�s familiar. Nunca le hab�a visto junto a Boom Boom sin una sonrisa.</p><p>��S�, bueno, volv� ayer por la noche. Y Anna vio lo de tu accidente en el peri�dico -sacudi� la cabeza con tristeza-. Lo siento much�simo, Vic. Primero lo de Boom Boom y ahora esto.</p><p>Sonre� con embarazo.</p><p>��Mi hombro se curar�; no te preocupar�s por un simple hombro dislocado cuando t� has tenido una pierna escayolada durante semanas y te has roto la nariz tres veces�</p><p>��Cuatro -me corrigi� con un gui�o.</p><p>���As� que Myron te dijo que quer�a verte?</p><p>���Myron? No. �C�mo habr�a podido dec�rmelo si acabo de volver a Chicago? No, Vic, vine s�lo por ti -cogi� un paquete del suelo y me lo tendi�.</p><p>Lo abr�. En su interior hab�a una foca tallada en la esteatita que usan los esquimales. Me sent� muy emocionada y se lo dije.</p><p>��Bueno, en el hospital se cansa uno de tantas flores. Lo s� bien. Esta peque�a fue tallada por los esquimales hace dos o trescientos a�os. Espero que te traiga suerte.</p><p>��Gracias, Pierre. Yo tambi�n lo espero. Y espero que me ayude a recordarte para siempre.</p><p>Resplandeci�.</p><p>���Bueno, bueno! Pero que Anna no te oiga decir eso -se detuvo un minuto-. Vine adem�s a darte un recado de Boom Boom. Yo hab�a estado dos semanas en Quebeq, vine para el funeral, �sabes?, y volv� all� otra vez. Bueno, pues cuando llegu� a casa anoche ten�a una carta suya esper�ndome. La hab�a echado al correo el d�a antes de morir. -Rebusc� en el bolsillo de arriba de su chaqueta de <emphasis>tweed </emphasis>marr�n, sac� la carta y me la tendi�.</p><p>Boom Boom me persegu�a desde la tumba con sus cartas. Todo el mundo me tra�a su correspondencia personal. �Por qu� nunca me escribi� a m�? Saqu� la hoja blanca del sobre y le� en su letra peque�a y cuidada:</p><p>Pierre:</p><p>Anna me dice que est�s jugando en el Coeur d'Argent. R�mpeles la cabeza por m�, amigo. Creo que vi el otro d�a a Howard en extra�as circunstancias. Intent� llamarle, pero Elsie me dijo que estaba en Quebeq contigo. Ll�mame cuando vuelvas y d�melo.</p><p>Boom Boom</p><p>���Qui�n es Howard? �Howard Mattingly?</p><p>Pierre asinti�. Mattingly era un ala suplente.</p><p>��Elsie es su mujer. Pobre chica. Si �l le dice que va al Coeur d'Argent, ella le cree, aunque s�lo sea para no saber d�nde est� de verdad.</p><p>���As� que no estaba en Quebec contigo?</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>��Mattingly siempre est� con una nueva chica. A Boom Boom nunca le interes�. Ni siquiera es buen jugador. Y es un fanfarr�n, �sabes?</p><p>El imperdonable pecado masculino: fanfarronear acerca de tus triunfos con las chicas y sobre el hielo; sobre todo cuando en ninguna de las dos cosas eres muy brillante.</p><p>Volv� a mirar la carta, dudosa. Parec�a no tener nada que ver con el jaleo que estaba intentando aclarar. Pero era lo bastante importante como para que mi primo llamase y luego escribiese a Bouchard. Ten�a que significar algo. Deb�a al menos intentar descubrir qu� era lo que hab�a estado haciendo Boom Boom los �ltimos d�as antes de morir. La carta ten�a fecha del veintis�is. �l muri� el veintisiete, eso significaba retroceder al menos hasta el veintitr�s, cuando entr� agua en las bodegas del <emphasis>Lucelia. </emphasis>�Pod�a haber estado Mattingly mezclado en aquello? Comenc� a sentirme sobrepasada por la enorme cantidad de trabajo que iba a tener que hacer y mir� desesperanzada mi brazo atado al techo.</p><p>���Tienes alguna foto buena de Mattingly?</p><p>Bouchard se rasc� la barbilla.</p><p>��Una foto publicitaria. Myron puede darme una.</p><p>���Podr�as conseguirme media docena de copias? Quiero ver si alguien puede identificarle en cualquier lugar raro que se me ocurra.</p><p>��Claro. En seguida -se levant� muy animado. Acci�n. Eso es lo que les gusta a los jugadores de hockey-. �Quieres que yo las ense�e mientras t� est�s ah� tendida?</p><p>��D�jame pensarlo� Yo s� con qui�n tengo que hablar y t� quiz� no puedas llegar a ellos.</p><p>Se march� entre una nube de antis�ptico. Volv� a mirar el calendario de mi primo. El veintitr�s hab�a visto a Margolis. La mayor�a deb�a haber estado en el silo. El veinticuatro, un s�bado, estuvo con Paige. No anot� ninguna otra de sus citas. El lunes habl� con MacKelvy, el expedidor de la Grafalk, y con dos personas m�s cuyos nombres no reconoc�. Le ense�ar�a la foto de Mattingly a Margolis. Puede que mandase a Pierre a hacerlo.</p><p>Mir� el reloj, abrochado tontamente a mi mu�eca derecha. Las cuatro y media. Paige deb�a estar en el teatro. La llam�, me contest� el contestador y le dej� un mensaje.</p><p>Lotty lleg� alrededor de las cinco, observando el desorden de papeles y s�banas con sus espesas cejas negras alzadas.</p><p>��Eres una paciente terrible, cari�o. Me dicen que rechazas toda la medicaci�n� No me importa que no te quieras tomar las p�ldoras para el dolor; eso es cosa tuya. Pero tienes que tomarte los antibi�ticos. No quiero infecciones secundarias en el brazo.</p><p>Orden� el l�o que hab�a alrededor de la cama con unos cuantos movimientos eficientes. Me encanta contemplar a Lotty; �es tan concisa y aseada! Una enfermera que tra�a la bandeja de la cena frunci� los labios con desaprobaci�n. No se sienta uno en las camas, pero los m�dicos son sacrosantos.</p><p>Lotty mir� la comida.</p><p>��Todo est� hervido� Bien, no tendr�s problemas digestivos -sonri� perversa.</p><p>��Pizza -gru��-. Pasta. Vino.</p><p>Se ri�.</p><p>��Todo est� saliendo muy bien. Si puedes aguantar un d�a m�s te llevar� a casa el lunes. Puede que pases unos d�as conmigo mientras te recuperas, �de acuerdo?</p><p>La mir� con los ojos semicerrados.</p><p>��Tengo cosas que hacer, Lotty. No voy a quedarme en la cama durante dos semanas esperando que se me cure el hombro.</p><p>��No me amenaces, Vic no soy una de esas enfermeras tontas. �Cu�ndo he tratado de impedir que hicieras tu trabajo, incluso cuando te portas como un perro de pelea?</p><p>���Un perro de pelea, Lotty? �Un perro de pelea! �Qu� demonios quieres decir?</p><p>��Un perro que tiene que tirarse al ring y pelear con todo el mundo, incluso con sus malditos amigos.</p><p>Me volv� a acostar.</p><p>��Tienes raz�n, Lotty. Perdona. Es muy amable por tu parte invitarme a tu casa. Me encantar�.</p><p>Me dio un ligero beso en la mejilla y desapareci� durante un rato, volviendo con una pizza de cebollas y anchoas. Mi favorita.</p><p>��Nada de vino mientras est�s tomando antibi�ticos.</p><p>Nos comimos la pizza y jugamos al <emphasis>gin rummy. </emphasis>Gan� Lotty. Se hab�a pasado mucho tiempo durante la Segunda Guerra Mundial en los refugios antia�reos de Londres jugando al <emphasis>gin rummy </emphasis>con la familia que la hab�a acogido. Casi siempre me gana.</p><p>El domingo por la ma�ana intent� localizar a Paige pero segu�a sin estar en casa. De todos modos, alrededor de las doce, apareci� en persona, muy guapa, con una blusa verde fruncida y una falda guatemalteca negra y verde. Entr� muy boyante en la habitaci�n, oliendo ligeramente a primavera, y me bes� en la frente.</p><p>���Paige! Me alegro de verte. Muchas gracias por las flores; animan much�simo el lugar, como ves.</p><p>��Vic, sent� mucho lo del accidente. Pero me alegro de que no est�s gravemente herida. O� en el contestador que quer�as ponerte en contacto conmigo. Pens� que era mejor venir en persona para ver qu� tal ibas.</p><p>Le pregunt� qu� tal la <emphasis>Pavana para un camello </emphasis>y ella ri� y me habl� de la representaci�n. Charlamos unos minutos y luego le expliqu� que estaba tratando de averiguar los movimientos de mi primo los �ltimos d�as antes de morir.</p><p>Sus cejas arqueadas se unieron en un gesto de irritaci�n moment�nea.</p><p>���Sigues con eso? �No crees que ya es tiempo de dejar descansar a los muertos?</p><p>Sonre� con toda la calma que pude, sinti�ndome en desventaja, con el pelo sucio y vestida con la bata del hospital.</p><p>��Le estoy haciendo un favor a un viejo amigo de Boom Boom: Pierre Bouchard.</p><p>S�, conoc�a a Pierre. Un encanto. �Que quer�a saber?</p><p>��Si has visto �ltimamente a Howard Mattingly.</p><p>Una expresi�n indefinible cruz� por su rostro.</p><p>��No s� qui�n es.</p><p>��Es uno de los jugadores suplentes. A Boom Boom no le gustaba, as� que puede que nunca te lo presentase� �A d�nde fuisteis el s�bado pasado? �A alg�n lugar donde �l hubiera podido ver a este tipo?</p><p>Se encogi� de hombros y me ech� una mirada desde�osa, destinada a hacerme sentir como una profanadora de tumbas. Yo esper�.</p><p>��Te est�s poniendo de lo m�s vulgar, Vic. Ese fue mi �ltimo d�a a solas con Boom Boom. Me gustar�a guardarlo para m�.</p><p>���No le viste el lunes por la noche?</p><p>Se puso roja.</p><p>���Vic! Ya s� que eres detective, pero esto es demasiado. Tienes un inter�s morboso en tu primo que es muy poco sano. �Creo que no puedes soportar el hecho de que estuviese pr�ximo a otra mujer que no fueras t�!</p><p>��Paige, no quiero que me cuentes qu� clase de amante era Boom Boom ni que me describas ning�n episodio �ntimo de vuestras vidas. S�lo quiero saber lo que hicisteis el s�bado y si le viste el lunes� Mira, no quiero convertir esto en un torneo. Me caes bien. No querr�s que empiece a llamar a Ann Bidermyer y a tu madre y a todo el mundo que conozcas para que no te pierdan de vista. Te lo pregunto a ti.</p><p>Los ojos color miel se llenaron de l�grimas.</p><p>��Tu tambi�n me gustabas, Vic. Me recordabas a Boom Boom. Pero �l nunca era agresivo, aunque fuese jugador de hockey. Fuimos a navegar el s�bado. Volvimos a las cuatro para que yo pudiera ensayar. Puede que se quedase en Lake Bluff con el barco. No lo s�. El lunes por la noche fuimos a cenar a Gypsy. No volv� a verle. �Est�s satisfecha? �Te aclara eso algo? �O sigues queriendo llamar a mi madre y a todo el mundo que yo conozca?</p><p>Se dio la vuelta y se march�. Me dol�a otra vez la cabeza.</p></section><section><title><p>13</p></title><subtitle>Jerez en el Valhala</subtitle><empty-line/><p>El lunes por la ma�ana Lotty me quit� la escayola, dijo que hab�a bajado la inflamaci�n y que la curaci�n iba bien, y me liber� del vendaje. Salimos en direcci�n norte hacia su pulcro apartamento.</p><p>Lotty conduce su Datsun verde de manera muy imprudente, segura de que los dem�s coches se apartar�n de su camino. Una abolladura en la aleta derecha y un largo ara�azo en la puerta testimonian el �xito de sus planteamientos. Abr� los ojos en Addison: un error, pues tuve tiempo de verla dar un viraje frente a un autob�s CTA para girar a la derecha hacia Sheffield.</p><p>��Lotty, si vas a conducir as�, cons�guete un cami�n. El tipo responsable de que yo lleve el brazo en cabestrillo anda por ah� sin un ara�azo.</p><p>Lotty par� el motor y salt� del coche.</p><p>��La firmeza es necesaria, Vic. Firmeza, o los dem�s te echar�n de la calle.</p><p>Era in�til; me encog� de hombros de forma asim�trica.</p><p>Hab�amos parado en mi apartamento para recoger algo de ropa y una botella de Black Label. Lotty no tiene whisky en casa. Tambi�n cog� mi Smith &amp; Wesson de una caja fuerte que est� dentro del armario del dormitorio. Alguien hab�a intentado hacerme trocitos en la Dan Ryan. No me apetec�a andar por la calle desprotegida.</p><p>Lotty se fue a la cl�nica cercana en la que trabaja. Yo me instal� en la sala con el tel�fono. Iba a hablar con todo el mundo que pudiera haber tenido la oportunidad de hacerme una faena. La rabia hab�a ido desapareciendo a medida que la herida de la cabeza se me curaba, pero mi determinaci�n hab�a crecido.</p><p>La amable joven administradora de la oficina de la Pole Star se puso al tercer timbrazo. Las noticias que me dio no eran alentadoras. El <emphasis>Lucelia Wieser hab�a, </emphasis>descargado en Buffalo y se dirig�a a Erie a recoger carb�n para Detroit. Despu�s estaba contratado en los lagos del norte durante cierto tiempo. No esperaban que volviese a Chicago hasta mediados de junio. Pod�an ayudarme a conseguir una conversaci�n por radio si era urgente. No me ve�a haciendo las preguntas que ten�a que hacer por radio. Ten�a que hablar con el personal de la Pole Star frente a frente.</p><p>Atascada as�, llam� a la oficina de la Eudora y pregunt� por Janet. Se puso al tel�fono y me dijo que sent�a mucho lo de mi accidente y se alegraba de que estuviese mejor. Le pregunt� si sab�a d�nde viv�a Phillips; puede que hiciese una visita sorpresa a su esposa para averiguar a qu� hora hab�a vuelto a casa su marido la noche de mi accidente.</p><p>Janet no lo sab�a. Era por alg�n sitio del norte. Si era importante, pod�a preguntar y averiguarlo. Era importante, le dije, y le di el n�mero de Lotty.</p><p>Mientras esperaba, consegu� el n�mero de Howard Mattingly a trav�s de Myron Fackley. Boom Boom le dijo a Pierre que hab�a visto a Mattingly en un lugar extra�o. Me apostaba a que Mattingly andaba merodeando por Lake Bluff cuando Boom Boom sali� a navegar con Paige el s�bado antes de morir. Quer�a saberlo.</p><p>Mattingly no estaba en casa, pero s� su esposa Elsie la ansiosa. Le record� que nos hab�amos visto en varios partidos de hockey. Ah, s�, suspir�, me recordaba.</p><p>��Boom Boom me dijo que hab�a visto a tu marido navegando el veinticuatro. �Fuiste con �l?</p><p>No hab�a ido con Howard aquel d�a. Estaba embarazada y se cansaba en seguida. No sab�a si habr�a ido a navegar o no; desde luego, �l no hab�a dicho nada. S�, le dir�a a Howard que me llamase. Colg� sin preguntarme para qu� quer�a saberlo.</p><p>Lotty vino a casa a la hora de la comida. Yo puse unas sardinas sobre tostadas con pepino y tomate y Lotty hizo una jarra del fuerte caf� vienes que le permite sobrevivir. Si yo bebiera tanto caf� como ella, andar�a dando saltos hasta el techo. Me tom� un zumo de naranja y medio sandwich. La cabeza segu�a molest�ndome y no ten�a mucho apetito.</p><p>Janet llam� desde la Eudora despu�s de comer. Hab�a birlado los archivos de personal cuando todo el mundo estaba comiendo y hab�a conseguido la direcci�n de Phillips: Harbor Road, en Lake Bluff. Le di las gracias distra�da. Parec�an pasar muchas cosas en Lake Bluff. Grafalk. Paige hab�a crecido all�. Phillips viv�a all�. Y Paige y Boom Boom hab�an estado navegando all� el veinticuatro de abril. Me di cuenta de que Janet hab�a colgado y yo segu�a agarrada al auricular.</p><p>Colgu� y me fui a la habitaci�n de invitados para vestirme para una excursi�n a los alrededores de la zona norte. Era la segunda semana de mayo y el aire segu�a fresco. Mi padre sol�a decir que en Chicago hay dos estaciones: el invierno y agosto. Segu�a siendo invierno.</p><p>Me puse la chaqueta Chanel azul con una camisa blanca y pantalones blancos de lana. El efecto era elegante y profesional. Lotty me hab�a hecho un cabestrillo de tela para no tener que hacer esfuerzos con el hombro. Me lo pondr�a en el coche y me lo quitar�a al llegar a la casa de Phillips.</p><p>La habitaci�n de invitados de Lotty le sirve tambi�n de estudio, y rebusqu� en el escritorio para encontrar papel y bol�grafos. Encontr� tambi�n un malet�n de cuero. Puse dentro la Smith &amp; Wesson, junto al material de escribir. Lista para cualquier cosa.</p><p>Mientras me hac�an efectivo el cheque por los da�os, la Compa��a de Seguros Ajax me suministr� un Chevette con el volante m�s duro que hab�a visto en mi vida. Pens� en utilizar el Jaguar de Boom Boom, pero andar luchando con la palanca de cambios con una sola mano me pareci� imposible. Estaba intentando que la Ajax me cambiase el Chevette por algo m�s manejable. Mientras tanto, me ser�a dif�cil andar por ah�.</p><p>Subir por Edens hasta Lake Bluff me cost� lo suyo. Cada giro del volante me oprim�a el hombro a�n no curado y me pon�a tensos los m�sculos del cuello, d�biles tambi�n a causa del accidente. Para cuando sal�a de la autopista de peaje Tri State hacia la carretera 137, me dol�a toda la espalda y ten�a los sobacos de mi profesional blusa blanca empapados.</p><p>A las dos y media de un d�a de diario, Lake Bluff estaba muy tranquilo. Al sur la Escuela de Adiestramiento Naval de los Grandes Lagos, en el lago Michigan, la ciudad es un peque�o reducto de riqueza. Tambi�n hay peque�as parcelas y casas de ocho habitaciones, pero predominan las mansiones impresionantes. Un d�bil sol primaveral brillaba sobre los c�spedes nacientes y los �rboles, que luc�an sus primeros atisbos verde p�lido.</p><p>Gir� hacia el sur por Green Bay Road y fui dando vueltas y vueltas hasta que encontr� Harbor Road. Como me imagin�, dominaba el lago. Pas� junto a una enorme residencia de ladrillo rojo en un gran terreno, quiz� diez acres, con pistas de tenis visibles por entre los arbustos florecientes. En verano estar�an completamente ocultas por el follaje. Tres parcelas m�s adelante, llegu� a la casa de los Phillips.</p><p>La suya no era una casa impresionante, pero el lugar era muy hermoso. Mientras met�a el Chevette por el camino de entrada pude ver el lago Michigan extendi�ndose tras la casa. Era un edificio de dos plantas, cubierto por esas �speras tablillas que la gente cree que imitan a la paja. Pintada de blanco, con un ribete plateado alrededor de las ventanas, parec�a tener unas diez habitaciones: un lugar muy grande para mantenerlo sin ayuda si ella (o �l) no trabajaba fuera de casa.</p><p>Un gran Olds 88 azul marino, nuevo, se encontraba fuera del garaje de tres plazas. Al parecer, la se�ora estaba en casa.</p><p>Llam� al timbre de la puerta principal. Despu�s de esperar un poco, la puerta se abri�. Una mujer de cuarenta y pocos, pelo oscuro cortado en un sitio caro para que le cayera alrededor de las orejas, apareci� all� con un sencillo vestido camisero; de Massandrea, creo. Sus buenos doscientos cincuenta d�lares en Charles A. Stevens. Aunque fuese lunes por la tarde y estuviera en casa, su maquillaje era perfecto, listo para recibir a cualquier visitante inesperado. Gotas de diamantes ca�an de una filigrana de oro sujeta a sus orejas.</p><p>Me mir� fr�amente.</p><p>���S�?</p><p>��Buenas tardes, se�ora Phillips. Soy Ellen Edwards, de Investigaciones Tristate. Estamos haciendo una encuesta entre las esposas de los ejecutivos importantes y quisiera hablar con usted. �Dispondr�a de unos minutos esta tarde, o podemos concertar una cita para un momento m�s conveniente?</p><p>Me mir� sin pesta�ear durante unos segundos.</p><p>���Qui�n la env�a?</p><p>��Tri State. Oh, �quiere decir que c�mo conseguimos su nombre? Pues revisando las mayores compa��as de la zona de Chicago, o divisiones de las grandes compa��as, como la Eudora, y seleccionando los nombres de sus directivos.</p><p>���Lo van a publicar en alguna parte?</p><p>��No utilizaremos su nombre, se�ora Phillips. Estamos entrevistando a unas quinientas mujeres y no haremos m�s que un perfil medio.<strikethrough/></p><p>Se lo pens� y decidi� finalmente, a rega�adientes, que hablar�a conmigo. Me hizo pasar dentro de la casa, a una habitaci�n trasera con una hermosa vista del lago Michigan. Por la ventana vi a un joven musculoso y bronceado luchando con un barquito atado a un embarcadero a unas veinte yardas de la orilla.</p><p>Nos sentamos en butacas de orejas cubiertas con escenas bordadas en naranja, azul y verde. La se�ora Phillips encendi� un Kent. No me ofreci� uno a m�. No es que fume, pero habr�a sido de buena educaci�n.</p><p>���Navega usted, se�ora Phillips?</p><p>��No, nunca me preocup� por aprender. Ese es mi hijo Paul. Acaba de volver a casa de Claremont para pasar el verano.</p><p>���Tiene m�s hijos?</p><p>Ten�an dos hijas, ambas en la escuela superior. �Cu�les eran sus aficiones? El bordado, naturalmente -las feas fundas de las butacas eran un ejemplo de sus obras-, y el tenis. Adoraba el tenis. Ahora que pertenec�a al Club N�utico Mar�timo pod�a jugar durante todo el a�o con buenos profesionales.</p><p>�Hac�a mucho que viv�a en Lake Bluff? Cinco a�os. Antes viv�an en Park Forest South. Mucho m�s cerca del puerto, claro, pero Lake Bluff era un lugar maravilloso para vivir. Muy buen sitio para las ni�as, y para ella, claro.</p><p>Le dije las cosas que nos interesaba saber acerca de las ventajas y desventajas de ser una esposa de ejecutivo. As� pues, entre las ventajas se inclu�a el estilo de vida, �verdad? A menos que ella, o �l, tuviesen medios independientes para mantenerlo�</p><p>Solt� una risita t�mida.</p><p>��No, no somos como� como algunas de las familias que viven por aqu�. Clayton gana cada penique que gastamos. No es que algunas de las personas de por aqu� no est�n descubriendo ahora lo que es tener que luchar un poco. -Parec�a querer extenderse en el tema, pero se lo pens� mejor.</p><p>��La mayor�a de las mujeres con las que hablamos piensan que los horarios de sus maridos son una de las mayores desventajas. Significan tener que educar solas a sus familias y pasar solas mucho tiempo. Me imagino que un ejecutivo como su marido tiene que trabajar muchas horas; adem�s, hay un buen trecho de aqu� al puerto.</p><p>La autopista Tri State pod�a ser un paseo, pero �l ten�a que recorrerla con tr�fico hasta el Loop de ida y desde el Loop de vuelta. Puede que tardase noventa minutos.</p><p>���A qu� hora suele llegar a casa?</p><p>��Depende, pero generalmente hacia las siete.</p><p>Paul hab�a izado las velas y estaba desatando el bote. Parec�a muy grande para una sola persona, pero la se�ora Phillips no se preocupaba. Ni siquiera mir� cuando el bote se meti� en el lago. Puede que tuviese total confianza en la habilidad de su hijo para manejar el bote. Puede que no le importase lo que hac�a.</p><p>Le dije que tom�semos un d�a cualquiera de sus vidas y lo repas�semos; por ejemplo, el jueves pasado. �A qu� hora se hab�a levantado, qu� hab�an desayunado, qu� hab�a hecho ella? �A qu� hora volvi� su marido del trabajo? O� los tediosos detalles de una vida sin objetivos, las horas pasadas en el club de tenis, en el sal�n de belleza, en el centro comercial Edens Plaza, antes de conseguir la informaci�n que hab�a venido a buscar. Aquella noche, Clayton no hab�a llegado a casa hasta despu�s de las nueve. Lo recordaba porque hab�a preparado un asado y al final ella y las ni�as se lo comieron sin esperarle. No recordaba si parec�a preocupado o cansado ni si llevaba la ropa cubierta de grasa.</p><p>���Cubierta de grasa? -repiti� con asombro-. �Qu� puede importarle a su empresa de investigaci�n una cuesti�n como esa?</p><p>Hab�a olvidado qui�n se supon�a que era yo durante un minuto.</p><p>��Me preguntaba si lava usted misma la ropa o si la manda fuera, o si tiene una doncella que lo haga.</p><p>��La mandamos fuera. No podemos permitirnos una doncella -sonri� amargamente-. El a�o que viene, quiz�.</p><p>��Bien, muchas gracias por su tiempo, se�ora Phillips. Le enviaremos una copia del informe cuando lo completemos. Esperamos tenerlo acabado a finales del verano.</p><p>Me condujo de vuelta hacia la puerta. Los muebles eran caros pero no muy atractivos. Alguien con m�s dinero que gusto los escogi�; ella o Phillips o los dos a la vez. Mientras me desped�a, pregunt� distra�damente qui�n viv�a en la gran casa de ladrillo calle arriba, la de las pistas de tenis.</p><p>Una expresi�n mezcla de temor y envidia le cruz� el bien maquillado rostro.</p><p>��Es de los Grafalk. Tendr�a que hablar usted con ella. Su marido posee una de las mayores compa��as de la ciudad: barcos. Tienen doncellas y un ch�fer.</p><p>���Les ve mucho?</p><p>��Oh, bueno, ellos viven su vida y nosotros la nuestra. Nos avalaron para que entr�semos en el Club N�utico, y Niels se lleva a Paul y a Clayton a navegar con �l algunas veces. Pero ella es muy distante. Si uno no pertenece a la Sociedad Sinf�nica, no vale nada a sus ojos. -Parec�a pensar que hab�a dicho demasiado, pues cambi� r�pidamente de tema y se despidi�.</p><p>Saqu� el Chevette marcha atr�s a Harbor Road y pas� delante de la casa de los Grafalk. As� que all� viv�a el vikingo. Buen sitio. Detuve el coche y me qued� mir�ndolo, medio tentada de parar y contarle mi rollo a la se�ora Grafalk. Mientras estaba all� sentada, un Bentley asom� el morro por la verja y sali� a la carretera. Una mujer delgada de mediana edad con pelo negro canoso iba al volante. No me mir� al salir; puede que estuviese acostumbrada a los mirones. O quiz� no fuese la due�a sino una simple visitante, una cofrade de la Sociedad Sinf�nica.</p><p>Harbor Road giraba hacia el oeste hacia Sheridan unas cien yardas m�s all� de la propiedad de los Grafalk. El Bentley desapareci� por la esquina a gran velocidad. Puse el Chevette en marcha y estaba a punto de seguirle cuando un coche deportivo azul entr� por la curva. A cincuenta m�s o menos, el conductor gir� a la izquierda por mi lado. Fren� bruscamente y evit� una colisi�n por pulgadas. El coche, un Ferrari, se meti� entre las columnas de ladrillo que bordeaban el camino, deteni�ndose con un gran chirrido al lado de la carretera.</p><p>Niels Grafalk se acerc� al Chevette antes de que yo tuviese tiempo de desaparecer. No pod�a enga�arle con una historia cualquiera acerca de sondeos de opini�n. Llevaba una chaqueta de <emphasis>tweed </emphasis>marr�n y una camisa blanca de cuello abierto, y su cara brillaba de ira.</p><p>���Qu� demonios se cree que est� haciendo? -explot� ante el Chevette.</p><p>��Me gustar�a hacerle la misma pregunta. �Alguna vez pone el intermitente antes de torcer?</p><p>���Pero qu� est� haciendo delante de mi casa? -La ira le dificultaba la visi�n y no se dio cuenta de qui�n era yo al principio; ahora, el reconocimiento se mezclaba con la ira-. Oh, es usted, la dama detective. �Qu� est� haciendo? �Tratar de descubrirnos a mi esposa o a m� en actitudes indiscretas?</p><p>��S�lo estaba admirando el panorama. No sab�a que necesitaba un seguro de vida para venir a los barrios del norte.</p><p>Intent� dirigirme una vez m�s a Harbor Road, pero �l meti� una mano por la ventanilla abierta y me agarr� el brazo izquierdo. �ste estaba pegado al hombro dislocado y la presi�n me provoc� un estremecimiento de dolor por el brazo y el hombro. Detuve el coche de nuevo.</p><p>��Bueno, no se dedica usted a divorcios, �verdad? -sus oscuros ojos azules estaban llenos de emoci�n: ira, nerviosismo, era dif�cil de decir.</p><p>Alc� los dedos para frotarme el hombro, pero los dej� caer. Que no supiese que me hab�a hecho da�o. Sal� del coche, casi en contra de mi voluntad, arrastrada por la fuerza de su energ�a. Eso es lo que se llama tener una personalidad magn�tica.</p><p>��Se ha cruzado usted con su esposa.</p><p>��Ya lo s�; la vi en la carretera. Ahora quiero saber por qu� est� espiando en mis propiedades.</p><p>��Palabra de honor, se�or Grafalk, no estaba espiando. Si as� fuera no estar�a aqu�, delante de su puerta. Me habr�a ocultado y usted nunca habr�a sabido que yo estaba aqu�.</p><p>La niebla se disip� un poco en los ojos azules y ri�.</p><p>���Qu� est� haciendo aqu� entonces?</p><p>��No hac�a m�s que pasar. Alguien me dijo que viv�a usted aqu� y yo estaba echando un vistazo. Vaya sitio.</p><p>��No encontr� a Clayton en casa, �verdad?</p><p>���Clayton? Oh, Clayton Phillips. No, supongo que tendr�a que estar trabajando un lunes por la tarde, �verdad? -No servir�a de nada negar que hab�a ido a casa de los Phillips. Aunque hab�a usado un nombre falso, Grafalk podr�a averiguarlo f�cilmente.</p><p>��Habl� con Jeannine, entonces. �Qu� le pareci�?</p><p>���Le va a ofrecer trabajo?</p><p>���Qu�? -pareci� desconcertado y luego secretamente divertido-. �Qu� le parece una copa? �O los detectives no beben cuando est�n de servicio?</p><p>Mir� el reloj. Eran casi las cuatro y media.</p><p>��D�jeme quitar el Chevette de en medio de los peligros de Lake Bluff. No es m�o y no me gustar�a que le pasase algo.</p><p>A Grafalk se le hab�a pasado la furia, o al menos la hab�a enterrado bajo la civilizada urbanidad que hab�a desplegado en el puerto la semana anterior. Se apoy� sobre una de las columnas de ladrillo mientras yo luchaba con el r�gido volante y met�a el coche en el arc�n de hierba. En el interior de la verja, �l me rode� con el brazo para guiarme por el camino. Yo me solt� suavemente.</p><p>La casa, hecha del mismo ladrillo que las columnas, se encontraba a unas doscientas yardas de la carretera. Los �rboles la bordeaban por los lados, por lo que no se pod�a saber su verdadero tama�o hasta que te acercabas.</p><p>El c�sped estaba casi completamente verde. Una semana m�s y tendr�an que darle la primera siega de la temporada. A los �rboles les estaban saliendo las hojas. Tulipanes y narcisos pon�an una nota de color en las esquinas de la casa. Los p�jaros gorjeaban con el apremio de la primavera. Hac�an sus nidos en una de las propiedades m�s caras de todo Chicago, pero seguro que no se sent�an superiores a los gorriones de mi vecindario. Felicit� a Grafalk por la casa.</p><p>��Mi padre la construy� all� por los a�os veinte. Es un poco barroca para los gustos de hoy, pero a mi esposa le gusta, as� que no he hecho cambios.</p><p>Entramos por una puerta lateral hacia la parte de atr�s y llegamos a un porche cubierto de cristal que dominaba el lago Michigan. El c�sped bajaba en una pronunciada pendiente hasta una playa de arena en la que hab�a una peque�a caba�a y dos parasoles. Una balsa estaba anclada a unas treinta yardas de la orilla, pero no vi ning�n barco.</p><p>���No tiene aqu� su barco?</p><p>Grafalk solt� su risita de hombre rico. No compart�a la indiferencia social de sus p�jaros.</p><p>��Aqu� las playas tienen muy poca pendiente. No se puede tener nada de m�s de cuatro pies junto a la orilla.</p><p>���Hay pues un puerto deportivo en Lake Bluff?</p><p>��El puerto p�blico m�s cercano est� en Waukegan. Pero est� muy contaminado. No, el comandante de la Escuela de Adiestramiento Naval de los Grandes Lagos, el contraalmirante Jergensen, es un amigo personal. Amarro all� mi barco.</p><p>Aquello estaba muy a mano. La Escuela de Adiestramiento de los Grandes Lagos estaba en el extremo norte de Lake Bluff. �D�nde amarrar�a su barco Grafalk cuando Jergensen se jubilase? Los problemas a los que se enfrentan los muy ricos son bastante diferentes de los suyos y los m�os.</p><p>Me sent� en una tumbona de bamb�. Grafalk abri� una ventana. Se puso a manipular con hielo y unos vasos en un bar empotrado en los paneles de teca de la habitaci�n. Me decid� por jerez. Mike Hammer es el �nico detective que conozco que puede pensar y moverse mientras est� bebiendo whisky. Al menos moverse. Puede que el secreto de Mike sea que nunca trata de pensar.</p><p>A�n de espaldas a m�, Grafalk habl�:</p><p>��Si no estaba espi�ndome, tiene que haber estado espiando a Clayton. �Qu� ha descubierto?</p><p>Coloqu� los pies sobre el coj�n de flores rojas cosido al bamb�.</p><p>��Vamos a ver. Quiere saber qu� opino de Jeannine y qu� he descubierto de Clayton. Si me dedicara a divorcios, sospechar�a que usted se acuesta con Jeannine y me preguntar�a lo que sabe Phillips acerca de ello. Pero no me pega que sea usted de los que se preocupan de lo que piensen algunos hombres por el hecho de que est� usted retozando con su esposa.</p><p>Grafalk ech� hacia atr�s su cabeza blanqueada por el sol y solt� una risotada. Me trajo una copa alargada llena de un l�quido pajizo. Di un sorbo. El jerez era tan suave como el oro l�quido. Deber�a haber pedido un whisky. El whisky de un millonario deb�a ser algo �nico.</p><p>Grafalk se sent� frente a m� en un sill�n tapizado de chintz.</p><p>��Creo que estoy siendo muy sutil, se�orita Warshawski. S� que ha estado haciendo preguntas por el puerto. Cuando la encontr� aqu�, pens� que habr�a descubierto algo acerca de Phillips. Transportamos mucho cereal para la Eudora. Me gustar�a saber si hay algo en sus oficinas de Chicago que nosotros debi�ramos saber.</p><p>Di otro sorbo al jerez y puse el vaso en una mesa de azulejos a mi derecha. El suelo estaba cubierto de azulejos italianos pintados a mano en rojos, verdes y amarillos brillantes, y la mesa hac�a juego.</p><p>��Si hay problemas en la Compa��a Eudora que usted deba saber, preg�ntele a David Argus. Mi mayor preocupaci�n se refiere a qui�n intent� matarme el jueves por la noche.</p><p>���Matarla? -las espesas cejas de Grafalk se arquearon-. No me parece usted de tipo hist�rico, pero �sa es una acusaci�n muy seria.</p><p>��Alguien me averi� los frenos y el volante el pasado jueves. Fue una suerte que no me empotrase en un cami�n en la Dan Ryan.</p><p>Grafalk se acab� lo que fuera que estaba bebiendo. Parec�a un martini. Un hombre de negocios al viejo estilo; nada de Perrier o vino blanco.</p><p>���Tiene usted alguna raz�n para pensar que pudiera haberlo hecho Clayton?</p><p>��Bueno, desde luego, tuvo la oportunidad. Pero motivos� no. No m�s que usted, o Martin Bledsoe, o Mike Sheridan.</p><p>Grafalk se detuvo camino al bar y me mir�.</p><p>���Tambi�n sospecha de ellos? �Est� segura de que la� eh� aver�a se produjo en el puerto? �No podr�an haber sido unos gamberros?</p><p>Tragu� un poco m�s de jerez.</p><p>��S�, s�, es posible, aunque yo no lo creo. Es verdad que cualquiera puede vaciar el l�quido de los frenos con un poco de habilidad. Pero, �qu� gamberros andan por ah� con una llave de trinquete y un soplete s�lo por si encuentran un coche al que mutilar? Es mucho m�s probable que pinchen neum�ticos, roben tapacubos o rompan las ventanillas. O las tres cosas.</p><p>Grafalk trajo la botella de jerez y me llen� el vaso. Intent� hacer como que beb�a aquello a diario y no consegu� leer la etiqueta. Nunca podr�a permitirme aquel jerez; de todas formas, �qu� pod�a importarme el nombre entonces?</p><p>Volvi� a sentarse con un martini nuevo y me mir� intensamente. Algo le daba vueltas en la cabeza.</p><p>���Qu� es lo que sabe acerca de Martin Bledsoe?</p><p>Yo me puse r�gida.</p><p>��Le he visto unas cuantas veces. �Por qu�?</p><p>���No le cont� nada sobre su pasado cuando salieron el jueves a cenar?</p><p>Puse el caro vaso sobre la mesa de azulejos con un golpe seco.</p><p>���Qui�n esp�a a qui�n, se�or Grafalk?</p><p>Volvi� a re�r.</p><p>��El puerto es una comunidad peque�a, se�orita Warshawski, y los rumores acerca de los armadores circulan muy deprisa. Martin no le hab�a pedido a ninguna mujer que saliese con �l a cenar desde que muri� su mujer, hace seis a�os. Todo el mundo hablaba de ello. Y de su accidente. Sab�a que estaba usted en el hospital pero no que hab�an saboteado su coche.</p><p>��El <emphasis>Herald Star </emphasis>me sac� en la portada. Una foto de mi pobre Lynx sin morro y dem�s� Los rumores acerca del pasado de Bledsoe deben estar bien enterrados. Nadie me sugiri� nada que pudiese parecer turbio, como usted insin�a.</p><p>��Est� bien enterrado. Nunca le habl� a nadie de ello, incluso cuando Martin me dej� y me puse lo bastante furioso como para querer herirle de verdad. Pero si se ha cometido un delito, si se ha atentado contra su vida, usted debe saberlo.</p><p>Yo no dije nada. Fuera, la casa proyectaba una sombra cada vez m�s larga sobre la playa.</p><p>��Martin creci� en Cleveland. Bledsoe es el nombre de soltera de su madre. Nunca supo qui�n era su padre. Pudo haber sido cualquiera de los muchos marineros borrachos que rondan por el puerto de Cleveland.</p><p>��Eso no es un crimen, se�or Grafalk. Ni culpa suya.</p><p>��Es cierto. No lo digo m�s que por darle una idea de lo que fue su hogar. Se march� cuando ten�a quince a�os, minti� acerca de su edad y se enrol� para trabajar en los Grandes Lagos. En aquellos d�as no se necesitaba el aprendizaje que hace falta hoy, y por supuesto hab�a muchos m�s embarques. No hab�a que rondar por los locales de los sindicatos esperando a que te llamasen para trabajar. Cualquier tipo fuerte que pudiese tirar de una cuerda y levantar doscientas libras val�a. Y Martin era fuerte para su edad -hizo una pausa para dar un trago a su bebida-. Bien, pues era un buen chico y llam� la atenci�n de uno de mis marineros. Un hombre al que le gustaba ayudar a los j�venes a su cargo, no aplastarles. Cuando ten�a diecinueve a�os, Martin fue a parar a nuestras oficinas de Toledo. Era evidente que ten�a demasiado cerebro como para no hacer algo m�s que trabajos de fuerza que cualquier polaco est�pido podr�a hacer.</p><p>��Ya veo -murmur�-. Quiz� pueda encontrarme algo en uno de sus barcos si el trabajo de detective me falla.</p><p>Se me qued� mirando durante un momento.</p><p>��Oh, Warshawski. Claro. No me ense�e los dientes; no merece la pena. El puerto est� lleno de polacos fuertes como bueyes pero sin cerebro.</p><p>Pens� en los primos de Boom Boom y no quise discutir.</p><p>��En fin, para hacer corta una historia larga, Martin se estaba desenvolviendo en un medio que pod�a comprender intelectualmente pero no socialmente. Nunca tuvo una educaci�n formal y no hab�a aprendido el sentido de la �tica ni de la moralidad. Manejaba mucho dinero y se qued� con una parte. Perd� una discusi�n con mi padre para que no lo denunciase. Yo le hab�a descubierto, le hab�a empujado� no ten�a m�s que treinta a�os por aquella �poca. Quer�a darle una segunda oportunidad. Pap� se neg� y Martin pas� dos a�os en la prisi�n de Cantonville. Mi padre muri� un mes despu�s de que lo soltaran y le contrat� de nuevo inmediatamente. Nunca volvi� a hacer nada delictivo que yo supiera. Pero si hay problemas entre la Pole Star y la Eudora, o dentro de la Eudora, que est�n relacionados con dinero, debe usted conocer los antecedentes de Martin. Cuento con su discreci�n. No quiero que Argus ni Clayton sepan nada de eso si resulta que no pasa nada.</p><p>Me acab� el jerez.</p><p>��As� que a eso se refer�a usted el otro d�a en la comida. Bledsoe se educ� en la c�rcel y usted le insinuaba que pod�a cont�rselo a la gente si quer�a.</p><p>��No cre� que usted lo entendiera.</p><p>��Incluso un polaco <emphasis>cabeza </emphasis>hueca es capaz de entenderlo� La semana pasada estaba usted amenaz�ndole; y hoy le protege� o algo as�. �Qu� es todo esto?</p><p>Un asomo de ira cruz� el rostro de Grafalk y desapareci� r�pidamente.</p><p>��Martin y yo tenemos� un acuerdo t�cito. No se mete con mi flota y yo no le hablo a la gente de su turbio pasado. Se estaba burlando de la Grafalk Line. Yo le devolv�a la burla.</p><p>���Qu� cree usted que est� pasando en la Eudora?</p><p>���Qu� quiere decir?</p><p>��Ha sacado usted un par de conclusiones basadas en mis investigaciones por el puerto. Cree usted que debe de haber all� alg�n problema financiero. Est� lo bastante preocupado como para revelar una verdad bien escondida acerca de Bledsoe. Ni siquiera los oficiales de sus barcos la conocen, y si la conocen son lo bastante leales como para no traicionarle. Debe usted pensar que pasa algo grave de verdad.</p><p>Grafalk sacudi� la cabeza y sonri� de manera condescendiente.</p><p>��Ahora es usted la que saca conclusiones, se�orita Warshawski. Todo el mundo sabe que ha estado investigando la muerte de su primo. Y saben que Phillips y usted han tenido unas palabras. No se pueden guardar secretos en una comunidad cerrada como �sa. Si pasa algo en la Eudora, tiene que tener algo que ver con el dinero. Ninguna otra cosa importante puede estar sucediendo all� -revolvi� la aceituna en su vaso-. No es asunto m�o; pero peri�dicamente me pregunto de d�nde saca Clayton Phillips el dinero.</p><p>Le mir� con fijeza.</p><p>��Argus le paga bien. Lo hered�. Lo hered� su mujer. �Hay alguna raz�n para que ninguna de estas posibilidades sea la correcta?</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>��Soy un hombre muy rico, se�orita Warshawski. Crec� con un mont�n de dinero y estoy acostumbrado a vivir con �l. Hay mucha gente sin dinero que se encuentra perfectamente a gusto con �l y alrededor de �l. Martin es uno de ellos, y el almirante Jergensen otro. Pero Clayton y Jeannine no. Si lo heredaron, fue un suceso inesperado que les lleg� tarde.</p><p>��Sigue siendo una posibilidad. No tienen por qu� ser de su clase para permitirse la casa y todo lo dem�s. Quiz� una abuela gru�ona lo fue acumulando para poder privar a los dem�s del mayor placer posible. Esto ocurre al menos tan a menudo como la malversaci�n.</p><p>���Malversaci�n?</p><p>��Eso es lo que sugiere usted, �verdad?</p><p>��Yo no estoy sugiriendo nada. S�lo pregunto.</p><p>��Bueno, les apadrin� usted para que entrasen en el Club N�utico. Eso es algo imposible para los nuevos ricos, por lo que he le�do. No es bastante ganar un cuarto de mill�n al a�o para entrar en ese lugar. Tiene que tener uno antepasados entre los Palmer y los McCormick. Pero usted consigui� que entrasen. Tiene que saber usted algo de ellos.</p><p>��Eso fue cosa de mi mujer. A veces se mete en extra�as caridades. Jeannine fue una que m�s tarde lament�.</p><p>Son� un tel�fono en un alg�n lugar de la casa, seguido de cerca por un zumbido en un aparato que no hab�a advertido antes, colocado en una alacena junto al bar. Grafalk contest�.</p><p>���S�? S�, coger� la llamada� �Me perdona un momento, se�orita Warshawski?</p><p>Me levant� educadamente y me fui hacia el vest�bulo, yendo en direcci�n opuesta al lugar por donde entramos. Camin� hasta llegar a un comedor en el que una gruesa dama de mediana edad con blusa blanca y falda azul estaba poniendo una mesa para diez. Colocaba cuatro tenedores y tres cucharas en cada lugar. Yo estaba impresionada. Imag�nate, tener setenta tenedores y cucharas a juego. Tambi�n hab�a un par de cuchillos por persona.</p><p>��Apuesto a que a�n tienen m�s.</p><p>���Me habla a m�, se�orita?</p><p>��No, estaba hablando sola. �Recuerda a qu� hora lleg� el se�or Grafalk a casa el jueves por la noche?</p><p>Levant� la mirada al o�r esto.</p><p>��Si no se siente bien, se�orita, hay un tocador en el vest�bulo, a su izquierda.</p><p>Me pregunt� si ser�a el jerez. Puede que Grafalk hubiese echado algo dentro, o quiz� era demasiado fino para mi paladar embrutecido por el scotch.</p><p>��Me siento muy bien, gracias. S�lo quer�a saber si el jueves el se�or Grafalk lleg� tarde a casa.</p><p>��Me temo que no puedo dec�rselo. -Volvi� a ocuparse de la plata. Me estaba preguntando si podr�a obligarla a hablar peg�ndole con el brazo sano, pero me pareci� que no iba a merecer la pena. Grafalk lleg� por detr�s.</p><p>��Oh, aqu� est�. �Todo va bien, Karen?</p><p>��S�, se�or. La se�ora Grafalk dej� dicho que volver�a hacia las siete.</p><p>��Me temo que voy a tener que pedirle que se marche ahora, se�orita Warshawski. Esperamos a unos invitados y tengo que hacer un par de cosas antes de que lleguen.</p><p>Me condujo hasta la puerta y se qued� mirando hasta que sal� por entre las columnas de ladrillo y entr� en el Chevette. Eran las seis. No es que estuviese borracha, ni siquiera ligeramente ebria. S�lo lo bastante animada como para olvidarme de mi hombro dolorido, no como para perder mi consumado dominio del manejo de aquel r�gido volante.</p></section><section><title><p>14</p></title><subtitle>Lo que haya</subtitle><empty-line/><p>Mientras me dirig�a hacia Edens y la pobreza, me sent� como si alguien me estuviera dando vueltas en una silla giratoria. El jerez de Grafalk y la historia de Grafalk me hab�an sido suministrados claramente con un prop�sito. �Pero cu�l? Cuando llegu� a casa de Lotty, se me hab�a pasado el efecto del jerez y me dol�a el hombro.</p><p>La calle de Lotty est� incluso m�s decr�pita que el rinc�n de Halsted donde yo vivo. Las botellas se mezclaban con vasos arrugados de papel en la alcantarilla. Un Impala del 72 ca�a hacia delante; alguien le hab�a quitado la rueda delantera. Una mujer obesa deambulaba con cinco ni�os peque�os, todos cargados con una pesada bolsa de la compra. Les grit� en un espa�ol chill�n. Yo no lo hablo, pero se parece lo bastante al italiano como para darme cuenta de que les hablaba de buen talante, no rega��ndoles.</p><p>Alguien hab�a dejado una lata de cerveza en las escaleras de Lotty. La recog� y me la llev�. Lotty crea una peque�a isla saludable y limpia en la calle y yo quer�a ayudar a mantenerla.</p><p>Ol�a a <emphasis>pot-au-feu </emphasis>cuando abr� la puerta. Me sent� de pronto muy a gusto all�, a punto de comer un guiso casero en lugar de una comida de siete platos en Lake Bluff. Lotty estaba sentada en la impecable cocina, leyendo. Puso un marcador en el libro, se quit� las gafas de montura negra y coloc� ambas cosas en una esquina de la tabla de picar.</p><p>���Qu� bien huele! �Quieres que haga algo�? Lotty, �has tenido alguna vez una cuberter�a de setenta tenedores y cucharas?</p><p>Sus ojos oscuros brillaron divertidos.</p><p>��No, querida, pero mi abuela s�. Por lo menos setenta. Yo ten�a que pulirlos todos los viernes por la tarde cuando ten�a ocho a�os. �D�nde has estado que tuvieran setenta tenedores y cucharas?</p><p>Le cont� mis averiguaciones de la tarde mientras ella terminaba de hacer el guiso y lo serv�a. Lo comimos con pan vienes de corteza gruesa.</p><p>��El problema es que voy en demasiadas direcciones diferentes. Necesito saber lo de Bledsoe. Necesito saber lo de mi coche. Necesito saber lo del dinero de Phillips. Necesito saber qui�n entr� en el apartamento de Boom Boom y mat� a Henry Kelvin. �Qu� es lo que estar�an buscando? Revis� todos sus papeles y no ten�a nada que me pareciese alto secreto -empuj� una cebolla por mi plato, rumiando-. Y, naturalmente, lo principal: �qui�n empuj� a Boom Boom al lago Michigan?</p><p>��Bueno, �qu� tareas podr�as dejar a los dem�s? A la polic�a, por ejemplo, o a Pierre Bouchard. Quiere ayudarte.</p><p>��S�, la polic�a. Seg�n la familia de Kelvin, no est�n haciendo nada de nada para localizar a los asesinos. Comprendo el punto de vista del sargento McGonnigal, claro. No tienen ninguna pista aut�ntica. El problema est� en que se niegan a relacionar a Kelvin con Boom Boom. Si lo hicieran, podr�an meterse m�s a fondo y conseguir aut�ntica informaci�n en el puerto. Pero creen que Boom Boom muri� de manera accidental. Y lo mismo opinan de mi accidente. Dicen que seguramente fueran gamberros -juguete� con la cuchara. Era de acero inoxidable y hac�a juego con el cuchillo y el tenedor. Lotty tiene estilo.</p><p>��Se me ocurre una idea loca. Quiero ir a buscar al <emphasis>Lucelia </emphasis>al pr�ximo puerto en que atraque y hablar claro con Bledsoe. Descubrir en qu� ha estado metido y si Grafalk est� diciendo la verdad, y si el jefe de m�quinas o el capit�n pudieron haber manipulado mi coche. S� que all� puedo hacer algo. Pero tendr�a que esperar tres o cuatro d�as. Y quiero hablar con esos tipos <emphasis>ahora.</emphasis></p><p>Lotty frunci� los labios, con los ojos alerta.</p><p>���Por qu� no, despu�s de todo? No volver�n antes de� �cu�nto dijiste? �Siete semanas? No puedes esperar tanto tiempo. Se les habr� olvidado todo.</p><p>��El modo de hacerlo es seguirles la pista a trav�s de <emphasis>Noticias del Cereal. </emphasis>Publica los embarques y cu�ndo y d�nde se recogen los env�os. De ese modo, la oficina de Bledsoe no podr� avisarle de que voy a ir: me gusta coger a la gente <emphasis>au naturel.</emphasis></p><p>Me levant� y puse los platos en el fregadero, dejando correr el grifo del agua caliente.</p><p>���Qu� es esto? -pregunt� Lotty-. La herida de tu cabeza debe ser peor de lo que cre�a.</p><p>La mir� suspicaz.</p><p>���Desde cu�ndo lavas los platos antes de que hayan pasado dos d�as despu�s de usarlos?</p><p>La golpe� con el pa�o y segu� pensando. La idea sonaba bien. Pod�a poner a mi esp�a asociada, Janet, a averiguar lo que ganaba Phillips. Puede que incluso pudiese echarle una mirada a su talonario, aunque seguramente Lois lo guardaba con su fiero aliento de drag�n. Si Bouchard estaba en la ciudad, podr�a enterarse de qui�n era el tipo que quer�a comprar una participaci�n de los Halcones Negros. Era la persona que hab�a presentado a Paige y a Boom Boom las Navidades pasadas.</p><p>Lotty me aplic� Myoflex en el hombro antes de que me fuera a la cama y me puso un cabestrillo para evitar que moviese la articulaci�n mientras dorm�a. A pesar de todo, a la ma�ana siguiente apenas pod�a mover el brazo izquierdo. No iba a poder conducir aquel maldito coche, y hab�a pensado ir al apartamento de mi primo a mirar sus ejemplares de <emphasis>Noticias del Cereal. </emphasis>La polic�a ya hab�a acabado all�; tan pronto como recogiera las llaves, podr�a ir.</p><p>Lotty me ofreci� su coche, pero no me ve�a conduciendo con una sola mano un coche con palanca de cambios. Me puse a dar vueltas por el apartamento, disfrutando de una rabieta en primer grado.</p><p>Cuando sali� hacia la cl�nica, Lotty dijo secamente:</p><p>��No quisiera intervenir, pero �qu� problemas crees que vas a resolver con tu rabia? �No puedes ir haciendo algo por tel�fono?</p><p>Me puse r�gida un momento y luego me relaj�.</p><p>��Vale, Lotty. Perro-de-presa Warshawski est� de momento fuera de juego.</p><p>Me lanz� un beso y se march�. Yo llam� a Janet a la Eudora para ver si pod�a averiguarme lo que ganaba Phillips.</p><p>��No creo que pueda hacerlo, se�orita Warshawski. La informaci�n acerca de los sueldos es confidencial.</p><p>��Janet, �no le gustar�a que atrapasen al asesino de Boom Boom?</p><p>��Bueno, he estado pensando en ello. No veo c�mo pudieron asesinarle. Adem�s, �qui�n iba a querer hacerlo?</p><p>Cont� hasta diez en italiano.</p><p>���Le ha estado preguntando alguien acerca de la informaci�n que me dio?</p><p>No exactamente, me explic�, pero Lois hab�a empezado a hacerle preguntas acerca de lo que hac�a en la oficina cuando los dem�s estaban comiendo. Ayer lleg� segundos despu�s de que Janet cerrara el caj�n donde estaba archivada la direcci�n del se�or Phillips.</p><p>��Si hoy me quedo hasta m�s tarde, seguro que andar� por all� espi�ndome.</p><p>Me di unos golpecitos en los dientes con un l�piz, intentando pensar un modo en que pudiera averiguar el salario de Phillips sin meterse en l�os. No se me ocurri� nada.</p><p>���Cada cu�nto les pagan?</p><p>��Cada dos semanas. Nuestra pr�xima paga es el viernes.</p><p>���Habr�a alguna posibilidad de que mirarse usted en su papelera al final del d�a? Mucha gente tira la copia de la n�mina; quiz� �l lo haga.</p><p>��Lo intentar� -dijo dudando.</p><p>��Eso es -le dije anim�ndola-. S�lo una cosa m�s. �Podr�a llamar a la Pole Star y preguntar d�nde estar� el <emphasis>Lucelia Wieser </emphasis>los dos pr�ximos d�as?</p><p>Pareci� menos dispuesta que nunca, pero tom� nota y dijo que me llamar�a.</p><p>Bouchard estaba fuera; le dej� un mensaje a su mujer. Despu�s de aquello, no ten�a nada m�s que hacer que dar paseos por la habitaci�n. No quer�a marcharme del apartamento y dejar escapar la llamada de Janet. Al final, para pasar el tiempo, me puse a hacer ejercicios vocales. Mi madre era cantante y me educ� para la m�sica, esperando que pudiese llevar a cabo la carrera oper�stica que le arrebataron Hitler y Mussolini. Aquello nunca funcion�, pero conozco muchos ejercicios respiratorios y puedo cantar todas las arias de <emphasis>Iphig�nie en Tauride, </emphasis>la �nica �pera que mi madre cant� como profesional antes de dejar Italia en 1938.</p><p>Estaba a la mitad de la entrada de Ingenia en el segundo acto, chirriando como un acorde�n, cuando Janet volvi� a telefonear. El <emphasis>Lucelia </emphasis>estar�a en Thunder Bay el jueves y el viernes. Descargaba carb�n en Detroit hoy y se marchar�a esta tarde.</p><p>��Y, la verdad, se�orita Warshawski, ya no puedo ayudarla m�s. La estoy llamando desde un tel�fono p�blico, pero Lois estuvo encima de m� mientras llamaba a la Pole Star. Ahora que el se�or Warshawski se fue, estoy de nuevo en el equipo de mecan�grafas y no hay ninguna raz�n para que yo haga ese tipo de cosas, �sabe?</p><p>��Ya s�. Bien, Janet, me ha ayudado mucho y se lo agradezco -dud� un segundo-. Pero h�game un favor: si oye algo sospechoso, ll�meme desde casa. �Podr�a hacerlo?</p><p>��Supongo -dijo dudando-. Aunque no s� en realidad qu� es lo que podr�a o�r.</p><p>��Probablemente nada. S�lo por si acaso -le dije con paciencia. Colgamos y me frot� el dolorido hombro izquierdo. En alguna parte entre los cientos de libros que cubr�an los muros de Lotty deber�a haber un atlas. Empec� por la sala y segu� mi recorrido. Encontr� un mapa de Austria anterior a la Segunda Guerra Mundial, una gu�a del metro de Londres de 1941 y un viejo atlas de los Estados Unidos. Ninguno de ellos mostraba un lugar en los Grandes Lagos llamado Thunder Bay. �Qu� gran ayuda!</p><p>Al final llam� a una agencia de viajes y pregunt� si hab�a vuelos entre Chicago y Thunder Bay. Air Canad� ten�a un vuelo diario, que sal�a de Toronto a las 18,20, llegando a las 22,12 de la noche. Ten�a que coger el vuelo de las 15,15 a Toronto.</p><p>���A cu�nto est� de aqu�, de todas formas? -pregunt�.</p><p>Eran siete horas de viaje. El de la agencia no lo sab�a. �D�nde estaba Thunder Bay? En Ontario. El de la agencia no sab�a nada m�s pero accedi� a reservarme una plaza en el vuelo del d�a siguiente. Doscientos cincuenta d�lares para pasar siete horas en un avi�n; tendr�an que pagarme a m�. Lo cargu� a mi cuenta de la American Express y le dije que recoger�a los billetes al d�a siguiente en O'Hare.</p><p>Busqu� Thunder Bay en el lado canadiense de los Grandes Lagos, pero segu�a sin encontrarlo. Ya sabr�a d�nde estaba cuando llegase.</p><p>Pas� el resto del d�a en un ba�o de burbujas en Irving Park Y, el gimnasio de las personas pobres. Pago noventa d�lares al a�o para usar el ba�o y la sala de aparatos Nautilus. Las �nicas personas que van all� aparte de m� son aplicados j�venes decididos a construirse b�ceps perfectos o a jugar al baloncesto. No hay pistas de juegos de pelota, ni bares, ni discoteca <emphasis>light </emphasis>ni mallas rosa fuerte de firma.</p></section><section><title><p>15</p></title><subtitle>El norte helado</subtitle><empty-line/><p>El empleado de Air Canad� me dijo que Thunder Bay era el puerto m�s occidental de Canad� en los Grandes Lagos. Le pregunt� por qu� no sal�a en mi plano y se encogi� de hombros con indiferencia. Una de las azafatas fue m�s colaboradora. De camino a Toronto me explic� que la ciudad se llamaba antes Port Arthur; le hab�an cambiado el nombre hac�a unos diez a�os. Hice la promesa mental de regalarle a Lotty un atlas moderno como muestra de agradecimiento.</p><p>Factur� mi bolsa de lona en Chicago, pues conten�a mi Smith &amp; Wesson (desarmada, de acuerdo con las leyes federales sobre armas de fuego). Llevaba poco equipaje, ya que no iba a quedarme m�s de un d�a o dos: s�lo vaqueros, camisas, un jersey gordo y ropa interior. No llevaba ni bolso; me met� la cartera en el bolsillo de los vaqueros.</p><p>Tras una escala de una hora en el modern�simo aeropuerto de Toronto, sub� al avi�n de Ontario de Air Canad�. Nos detuvimos cinco veces en el camino a Thunder Bay, en diminutas pistas de aterrizaje que surg�an en medio del campo para recibirnos. Al salir y entrar, la gente cambiaba saludos y conversaciones cortas. Me record� un viaje en autob�s por la Louisiana rural en los d�as de la marcha por la libertad; tambi�n me miraban de reojo.</p><p>En Thunder Bay, las quince personas que llegamos al final del trayecto bajamos por la escalerilla hacia la clara y fr�a noche. Est�bamos a unas seiscientas millas al norte de Chicago, una diferencia de latitud suficiente como para que el invierno no hubiese acabado todav�a.</p><p>La mayor�a de mis compa�eros iban envueltos en abrigos de invierno. Yo temblaba por la pista con una camisa de algod�n y la cazadora de cuero, pensando por qu� no me habr�a tra�do conmigo el jersey en lugar de facturarlo. Un fornido joven de mejillas enrojecidas por el viento nos segu�a de cerca con el equipaje. Cog� mi bolsa de lona y me puse a buscar alojamiento donde pasar la noche. En Thunder Bay hab�a un Holiday Inn. Me pareci� suficiente. Ten�an muchas habitaciones libres. Reserv� una para dos noches.</p><p>Me dijeron que me mandar�an un coche a buscarme; su camioneta estaba averiada. Esper� durante cuarenta y cinco minutos en el interior de la min�scula terminal, bebiendo una taza de caf� amargo que saqu� de una m�quina para entretenerme. Cuando al fin lleg� la limusina, result� ser un coche viejo que casi no vi. Ya se iba cuando le� THUNDER BAY HOLIDAY INN en un lateral. Sal� corriendo detr�s, gritando fren�tica, con la bolsa golpe�ndome la pierna. Echaba de menos la gigantesca e impersonal eficacia de O'Hare, con sus filas de taxistas hoscos y analfabetos.</p><p>El coche se detuvo a cincuenta pies de m� y esper� hasta que llegu� jadeando. El chofer era un hombre robusto vestido con un jersey blanco gris�ceo. Cuando se volvi� para mirarme, un potente olor a cerveza rancia me alcanz�. Se deb�a haber pasado en el bar los cuarenta y cinco minutos que me tuvo esperando. Pero si intentaba coger un taxi, podr�a pasarme all� toda la noche. Le dije que me llevara al Holiday Inn y me inclin� hacia atr�s en el asiento con los ojos cerrados y agarrada a la correa. No podr�a ser peor que ir con Lotty sobria, pero el recuerdo de mi propio accidente estaba demasiado reciente como para no ponerme nerviosa. Avanzamos a gran velocidad, ignorando los bocinazos de los dem�s.</p><p>Eran bien pasadas las once cuando mi chofer me deposit� en el hotel intacta, y no pude encontrar ning�n lugar cercano a�n abierto para cenar. El restaurante del motel estaba cerrado, as� como un peque�o establecimiento chino al otro lado de la calle. Acab� por coger una manzana de una cesta del vest�bulo y me fui hambrienta a la cama. Me dol�a el hombro y estaba agotada por el largo vuelo. Dorm� profundamente y me despert� pasadas las nueve.</p><p>Por la noche se me recuper� el hombro; la rigidez hab�a desaparecido casi completamente. Me vest� m�s f�cilmente que hac�a d�as, sintiendo s�lo un pinchazo cuando tir� del grueso jersey de lana para met�rmelo por la cabeza. Antes de bajar a desayunar volv� a armar la Smith &amp; Wesson y la cargu�. No esperaba que Bledsoe se me echase encima delante de toda la tripulaci�n del <emphasis>Lucelia Wieser, </emphasis>pero si lo hac�a no me iban a servir de mucho el tambor y el martillo cada uno por su lado.</p><p>No hab�a tenido mucho apetito mientras me dol�a el hombro y pesaba unos tres kilos menos. Aquella ma�ana me sent�a mejor y me tom� unos barquillos de nueces, salchichas, fresas y caf�.</p><p>Me hab�a rezagado en el peque�o restaurante y la camarera de mediana edad ten�a tiempo para charlar. Mientras me serv�a la segunda taza de caf� le pregunt� d�nde pod�a alquilar un coche. Hab�a un Avis en la ciudad, me dijo, pero uno de sus hijos ten�a un par de coches viejos que alquilaba si es que no necesitaba algo muy elegante. Le dije que ser�a perfecto siempre que el coche tuviese cambio autom�tico, y ella se march� a avisar a su hijo.</p><p>Se llamaba Roland Graham y hablaba con acento canadiense, un hablar arrastrado y cantar�n que parece ocultar algo de escoc�s. Su coche era un Ford Fairmont del 75, viejo pero limpio y respetable. Le dije que s�lo lo necesitar�a hasta la ma�ana siguiente. La tarifa, pagada por adelantado en efectivo, era de treinta d�lares.</p><p>El Holiday Inn estaba en el coraz�n de la ciudad. Al otro lado de la calle estaba la mayor iglesia presbiteriana que hab�a visto en mi vida. Un moderno ayuntamiento se encontraba frente al hotel, pero en la calle de atr�s hab�a muchas tiendas cerradas y lugares para alquilar. Mientras bajaba hacia el puerto las tiendas se iban convirtiendo r�pidamente en bares y sitios de chicas. A menudo me he preguntado si los marinos tienen de verdad los primitivos apetitos que las ciudades portuarias les atribuyen o si van a esos sitios tan s�rdidos porque no hay nada m�s.</p><p>Encontrar al <emphasis>Lucelia </emphasis>fue un problema mayor de lo previsto. Thunder Bay es un puerto enorme, aunque la ciudad no tenga m�s de cien mil habitantes. Pero la mayor parte del cereal transportado por barco en Norteam�rica pasa por este puerto al dirigirse al este y al sur, y la orilla del lago tiene millas y millas de imponentes silos.</p><p>Lo primero que pens� fue detenerme en cada silo para ver si el <emphasis>Lucelia </emphasis>se encontraba all�, pero las millas de torres que ten�a a la vista me hicieron desistir. Entr� en el patio del primero al que llegu�. Tras andar dando tumbos por los baches llenos de barro, encontr� una oficina min�scula con las paredes verdes. Pero un agobiado hombrecillo que hab�a en su interior hablando por tel�fono me dijo que no ten�a ni pu�etera idea de d�nde pod�a estar el <emphasis>Lucelia; </emphasis>s�lo sab�a que no estaba all�.</p><p>Volv� a la ciudad y busqu� un peri�dico local. Como esperaba, publicaba una lista de los barcos que estaban en el puerto y d�nde se encontraban. El <emphasis>Lucelia </emphasis>estaba amarrado en el silo 67, la Cooperativa de Cereales Manitoba.</p><p>Los silos no parec�an estar en un orden num�rico l�gico. Me encontraba junto al 11, pero pas� junto al 90 sin ver el de Manitoba y perd� el tiempo retrocediendo. Al final lo encontr� dos millas m�s abajo por la carretera, bien pasada la ciudad.</p><p>Met� el Ford en el patio de grava, con el coraz�n lati�ndome de ansiedad. El silo de Manitoba era enorme, como doscientos rollos gigantes de papel de cocina puestos unos encima de otros. A pesar de lo grande que era, el barco amarrado en su extremo este no parec�a m�s peque�o. El casco rojo del <emphasis>Lucelia </emphasis>brillaba lustroso al sol tard�o de la ma�ana. Por encima de �l, como cubriendo y descubriendo el monte Everest, se cern�a una masa de humo blanco. Polvo de grano. El <emphasis>Lucelia </emphasis>estaba cargando.</p><p>El patio era un pantano de grava y barro. En las esquinas del silo, fuera del alcance del sol, residuos blancuzcos del invierno no hab�an acabado a�n de derretirse. Aparqu� fuera de los baches m�s visibles y me abr� paso a trav�s del barro, los trozos de metal, los cartones y los montones de grano que formaban el ya familiar escenario de un silo.</p><p>La Smith &amp; Wesson me pesaba en el costado mientras trepaba por la escalerilla del <emphasis>Lucelia </emphasis>hasta la cubierta principal. Me detuve un minuto al borde del lugar en que era obligatorio el casco, para vigilar la atareada escena, y pas� un dedo subrepticiamente bajo la funda de cuero que se me clavaba en el diafragma. Entrecerr� los ojos y mir� hacia las figuras blanquecinas. No pude averiguar si entre ellos estaba alguno de los que me interesaban. Pens� que podr�a reconocer la figura robusta de Bledsoe, pero en aquel momento no estaba segura.</p><p>Me encamin� hacia la cabina y sub� los cuatro pisos hasta el puente de caoba. S�lo el piloto, Keith Winstein, estaba all�. Levant� la vista sorprendido cuando entr�. Me reconoci� en seguida.</p><p>���Se�orita Warshawski! �Vaya! �La est� esperando el capit�n Bemis?</p><p>��No creo. �Est� por aqu�? �Y el jefe de m�quinas y Martin Bledsoe? -Hubiese sido una verdadera lata que Bledsoe hubiera vuelto a Chicago.</p><p>��Esta ma�ana est�n todos en Thunder Bay. Han ido al banco y a hacer esa clase de recados. No volver�n hasta �ltima hora de la tarde. Hasta que estemos a punto de zarpar, me temo.</p><p>���Se van hoy? -me sent� en uno de los taburetes de caoba-. En su oficina dicen que se van ma�ana.</p><p>��No, llegamos muy pronto desde Detroit. Llegamos aqu� un d�a antes. En este negocio, el tiempo es oro, as� que empezamos a cargar ayer por la noche. Acabaremos hacia las cuatro y zarparemos a las cinco.</p><p>���Tiene idea de d�nde puedo encontrar a Bledsoe o a Sheridan?</p><p>Sacudi� la cabeza con pesar.</p><p>��Todo el mundo tiene cuentas bancadas en Thunder Bay, porque venimos aqu� a menudo. Aprovechamos para poner nuestros asuntos en orden. Yo mismo me ir� un rato en cuanto el segundo vuelva.</p><p>Me frot� la frente, exasperada.</p><p>���A d�nde van desde aqu�?</p><p>Winstein estaba empezando a irritarse.</p><p>��Llevamos esta carga a Santa Catalina, al otro lado de los lagos. �Por qu� lo pregunta?</p><p>���Cu�l es su ruta? Es decir, �se detienen en alguna parte del camino en la que yo me pueda bajar?</p><p>El piloto me mir� de un modo extra�o.</p><p>��Si est� pensando en zarpar con nosotros, se�orita Warshawski, tendr� que aclararlo con el capit�n.</p><p>��S�, s�, bueno, supongamos que me da permiso. �Cu�l es el puerto siguiente en que yo podr�a desembarcar?</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>��No hay sitio a bordo para que duerma usted. El se�or Bledsoe ocupa el camarote.</p><p>Empec� a impacientarme.</p><p>��No estoy pidiendo un sitio para dormir. Por eso quiero desembarcar en el lugar m�s cercano posible.</p><p>��Supongo que ser� Sault Ste. Marie -dijo dubitativo-. Puede desembarcar cuando estemos al extremo de la esclusa. Pero no llegaremos all� hasta las tres de la tarde de ma�ana, como pronto. Sigue teniendo que buscar un sitio en el que pasar la noche.</p><p>��Oh, no se preocupe por eso -dije impaciente-. Me acostar� en el sof�, aqu� en el puente si es preciso. Pero tengo que hablar como sea con el capit�n y con Bledsoe. Y con Sheridan. Y maldita sea si voy a estar volando por todo el pa�s para ver si me los encuentro.</p><p>��La verdad es que no puedo decidirlo yo -dijo Winstein tranquilamente-. Tendr� que hablar con el capit�n Bemis. -Volvi� a sus papeles y se march� del puente.</p></section><section><title><p>16</p></title><subtitle>Poliz�n</subtitle><empty-line/><p>Cog� el Fairmont para volver al Holiday Inn, cantando <emphasis>A capital shipfor an ocean trip </emphasis>y <emphasis>The Barbary Pirates. </emphasis>Met� las cosas en la bolsa de lona y sal� del hotel, dejando una nota para Roland Graham con las llaves del Ford en el mostrador. Era la una. Si el <emphasis>Lucelia </emphasis>no zarpaba hasta las cinco, me daba tiempo a tomar algo de comer.</p><p>Despu�s de comer y encontrar un taxi que me llevara hasta el silo 67, pasaban ya de las tres y media. El sol del mediod�a calentaba el aire lo suficiente como para poder quitarme el jersey y meterlo en mi bolsa de lona antes de trepar una vez m�s por la escalerilla que conduc�a a la cubierta del <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>Hab�an terminado de cargar. Las pesadas rampas se metieron en el silo desde arriba. Bajo la direcci�n del segundo de a bordo, los hombres comenzaron a manipular dos peque�as gr�as para colocar las tapas de las escotillas en las aberturas de las bodegas. Un hombre manejaba cada gr�a utilizando los controles frente a un peque�o asiento a estribor. Levantaba la tapadera mientras dos marineros la sujetaban por cada lado. Eran cubiertas de acero muy grandes e inestables. Luego bajaba la tapadera mientras los otros dos la ajustaban con veinte o treinta tuercas. Los tres se desplazaban hacia la tapadera siguiente mientras un cuarto hombre les segu�a con una enorme llave inglesa, apretando las tuercas.</p><p>Cuando estaba all� mirando, sent� vibrar el barco. Las m�quinas se hab�an puesto en marcha. Pronto el aire se llen� de ruido. Un rastro de humo negro de diesel se alz� por la gigantesca chimenea. Yo no sab�a el tiempo que las m�quinas ten�an que estar en marcha antes de que el barco se pusiese a navegar, pero advert� a un par de marineros en tierra sujetando las amarras, listos para soltarlas. Hab�a llegado por los pelos.</p><p>Me sent� muy emocionada. Sab�a que estaba perdiendo tiempo all� en la cubierta cuando deber�a estar en el puente enfrent�ndome a los que hubieran vuelto, pero estaba demasiado nerviosa y no sab�a qu� decir cuando estuviera arriba. Desde mi puesto de observaci�n cre� ver a una persona nadando, alej�ndose del muelle y acerc�ndose al barco. Me mov� tan r�pido como pude por entre aquella confusi�n, pero no vi nada. Me qued� mirando el agua reluciente con fijeza y al final vi a una figura saliendo a la superficie a unas veinte yardas, cerca de la orilla.</p><p>Cuando me di la vuelta, Bledsoe sub�a al barco. Se detuvo a hablar con el segundo de a bordo y luego se dirigi� al puente sin verme. Estaba a punto de seguirle cuando se me ocurri� que tal vez debiera mantenerme aparte y presentarme despu�s de zarpar. As� pues, fui hacia la parte trasera de la cabina, donde una serie de grandes bidones de petr�leo serv�an tanto de cubos de basura como de escudo ante los que estaban en el puente. Me sent� sobre una caja de metal, apoy� la bolsa en un rollo de cuerda y me recost� para disfrutar del panorama.</p><p>Me hab�a olvidado de la persona que vi, pero ahora le -o la- volv� a ver saliendo del agua a unas cincuenta yardas de all�, al otro lado del patio del silo. Un grupo de �rboles la ocult� en seguida de mi vista. Despu�s de aquello no ocurri� nada durante unos cuarenta y cinco minutos. Luego, la sirena del <emphasis>Lucelia </emphasis>son� dos veces y el barco se separ� lentamente del muelle.</p><p>Dos grandes surcos gris verdoso se abrieron a mis pies: el despertar de las h�lices gigantes. La distancia entre el barco y el muelle empez� a agrandarse r�pidamente. Pero el barco no parec�a moverse, m�s bien parec�a que la costa se alejase de nosotros. Esper� diez minutos m�s hasta que nos alejamos una milla o dos de tierra y no hubiera nadie dispuesto a volver para dejarme en tierra.</p><p>Dejando mi bolsa junto al rollo de cuerda, camin� hasta el puente. Saqu� la pistola de su funda y le quit� el seguro. Por lo que yo sab�a, iba a enfrentarme a uno o m�s asesinos. Unos cuantos miembros de la tripulaci�n se cruzaron conmigo mientras sub�a. Me miraron con curiosidad, pero no cuestionaron mi derecho a estar all�. Con el coraz�n latiendo a toda prisa, abr� la puerta que conduc�a al puente.</p><p>Sub� el tramo de estrechos escalones de madera. Un murmullo de voces en lo alto. La escena mostraba a unas personas muy atareadas: Winstein estudiaba unos planos sobre la mesa de trabajo. Un hombre pelirrojo y fornido con dos pulgadas de cigarro en la boca estaba al tim�n siguiendo las indicaciones del capit�n Bemis. �Pasando la segunda isla del puerto�, dec�a Bemis. �Pasando la segunda isla del puerto�, repet�a el timonel, girando el tim�n lentamente hacia la izquierda.</p><p>Bledsoe estaba detr�s. Ni �l ni el capit�n advirtieron mi entrada, pero Winstein levant� la vista de los planos y me vio.</p><p>��Ah� est� -dijo en voz baja.</p><p>El capit�n se volvi�.</p><p>��Ah, se�orita Warshawski. El piloto me dijo que iba usted a aparecer por aqu�.</p><p>��T�cnicamente eres un poliz�n, Vic -Bledsoe insinu� una sonrisa-. Podr�amos encerrarte en las bodegas hasta que lleg�semos a Sault Ste. Marie.</p><p>Me sent� ante la mesa redonda. Ahora que estaba all�, la tensi�n nerviosa cedi�; me sent�a tranquila y dominando la situaci�n.</p><p>��No tengo m�s que unos conocimientos rudimentarios de las leyes mar�timas. Creo que el capit�n es el amo absoluto del barco; que puede juzgar los delitos cometidos bajo su jurisdicci�n, �es as�?</p><p>Bemis me mir� muy serio.</p><p>��T�cnicamente, s�, mientras el barco est� en el mar. Si se comete alg�n delito a bordo, lo que har�a ser�a retener a la persona en cuesti�n y entregarla a las autoridades del puerto al que arrib�ramos.</p><p>Se volvi� a Winstein y le dijo que fuera al puente durante unos minutos. El piloto acab� de dibujar una l�nea sobre el plano y subi� a acompa�ar al timonel. �bamos por un canal salpicado de islitas: trocitos de tierra con uno o dos �rboles o un arbusto flacucho pegados a ellas. El sol se reflejaba en el agua gris verdosa. Detr�s de nosotros, Thunder Bay era a�n visible con su fila de silos.</p><p>Bledsoe y Bemis se unieron a m� en la mesa.</p><p>��Se supone que no se debe subir a bordo sin permiso del capit�n -Bemis estaba serio pero no enfadado-. No me parece usted una persona frivola y dudo que lo haya hecho frivolamente, pero sigue siendo una infracci�n de las leyes mar�timas. No es un delito en s�, pero no creo que sea eso a lo que se ref�er�a usted, �no?</p><p>��No, lo que en realidad quer�a saber es esto: suponga que lleva usted alguien a bordo que haya cometido un crimen mientras estaba en tierra. Lo descubre cuando est� a bordo. �Qu� hace con esa persona?</p><p>��Depender�a en parte de la clase de delito que sea.</p><p>��Intento de homicidio.</p><p>Bledsoe frunci� las cejas.</p><p>��Supongo que eso no ser� una hip�tesis, Vic. �Crees que alguno de los de esta tripulaci�n intent� matar a alguien? �Qui�n y por qu�?</p><p>Le mir� con firmeza.</p><p>��Yo deb�a ser la v�ctima. Estoy intentando descubrir si alguien de este barco no querr�a matarme.</p><p>Durante diez segundos no se oy� m�s sonido en el cuarto que el d�bil ruido de las m�quinas. El timonel manten�a la vista al frente, pero su espalda se mov�a. La mand�bula de Bemis se tens�.</p><p>��Tendr� que explicarnos eso, se�orita Warshawski.</p><p>��Encantada. El jueves por la noche, el se�or Bledsoe me llev� a cenar. Dej� mi coche en el patio del silo. Mientras est�bamos fuera, alguien me rompi� la direcci�n y vaci� el l�quido de frenos. Fue un milagro que cuando mi coche se estrell� en la Dan Ryan yo saliese con heridas leves. Un conductor inocente muri�, sin embargo, y uno de los pasajeros est� paralizado para el resto de su vida. Eso es asesinato, asalto y un mont�n de cosas feas m�s.</p><p>Bledsoe solt� una exclamaci�n.</p><p>���Dios m�o, Vic! -mir� a su alrededor para encontrar algo m�s que decir, pero hizo varios intentos en falso antes de poder decir algo coherente. Le mir� fijamente. La sorpresa es un sentimiento f�cil de fingir. Parec�a sincero, pero�</p><p>El capit�n me mir� con los ojos semicerrados.</p><p>��Parece usted muy tranquila.</p><p>���Ser�a m�s cre�ble si me tirase al suelo y chillase?</p><p>Bemis hizo un gesto de fastidio.</p><p>��Supongo que puedo llamar a Chicago por radio y comprobarlo.</p><p>Le se�al� la radio.</p><p>��Por supuesto. El teniente Robert Mallory le dar� todos los detalles que quiera saber.</p><p>���Puedes decirnos algo m�s acerca de lo que pas�?</p><p>Les cont� todo lo que pod�a recordar del accidente.</p><p>���Y qu� es lo que te hace pensar que alguien del <emphasis>Lucelia </emphasis>puede estar envuelto en ello?</p><p>��Hay un n�mero limitado de personas que puede haberlo hecho -expliqu�-. Pocas personas sab�an que yo estaba all�. Y muy pocas pod�an identificar mi coche.</p><p>���C�mo lo sabe? -era de nuevo el capit�n-. Hay muchos gamberros en el puerto, y la verdad es que eso suena a gamberrismo.</p><p>��Capit�n, no s� si ha tenido usted que ver con muchos gamberros, pero yo s�. No conozco a ning�n gamberro que vaya por ah� con un soplete y una rueda de trinquete para averiar coches. Es un proceso muy largo con muchas probabilidades de que te cojan. Sobre todo en un lugar como el silo, al que es dif�cil acceder.</p><p>Las cejas de Bemis se arrugaron.</p><p>���Cree usted que s�lo porque el <emphasis>Lucelia </emphasis>estuviera all� amarrado, nosotros estamos implicados de alg�n modo?</p><p>��Ustedes y Clayton Phillips eran los �nicos que sab�an que yo estaba all� Capit�n, estoy segura de que a mi primo le empujaron por la borda el mes pasado� o bajo la borda, para ser exactos. Y s� que han matado a alguien m�s que ten�a relaci�n con los asuntos de mi primo. Lo que yo pienso es que el asesino tiene que ver, o bien con este barco, o bien con la Eudora. Tiene usted una gran sala de m�quinas aqu�. Estoy segura de que tendr� alg�n soplete por ah� rodando�</p><p>���No! -explot� Bemis-. �No es posible de ninguna manera que Mike Sheridan est� envuelto en esto!</p><p>���Cu�nto hace que lo conoce?</p><p>��Veinte a�os. Al menos veinte a�os. Hemos navegado mucho tiempo juntos. Conozco a ese hombre mejor que� a mi mujer. A �l le veo m�s.</p><p>��Adem�s -terci� Bledsoe-, no hay ninguna raz�n para que Mike, o cualquiera de nosotros, quisi�ramos matarte.</p><p>Me frot� la frente con cansancio.</p><p>��Ah, s�. La raz�n. Ese es el gran obst�culo. Si supiera lo que mi primo hab�a descubierto, sabr�a qui�n hab�a cometido los asesinatos. Creo que tiene que ver con esos contratos de embarque, Martin, pero t� me aseguras que son perfectamente legales. Pero, �y si tuviese algo que ver con el sabotaje de tus bodegas? Me dijiste que Boom Boom os hab�a llamado por eso.</p><p>��S�, pero, Vic, nosotros necesitamos tener este barco funcionando para ganarnos la vida. �Por qu� �bamos a detenerlo?</p><p>��S�, bueno, yo tambi�n pens� eso -me mir� las manos y luego mir� a Bledsoe-. �Y si alguien te estuviese chantajeando� algo como �Contar� tu secreto si no abandonas esa carga�?</p><p>El rostro de Bledsoe empalideci� bajo el bronceado.</p><p>���C�mo te atreves!</p><p>���C�mo me atrevo a qu�? �A sugerir una cosa semejante? �O a sacar tu pasado a relucir?</p><p>��Las dos cosas -dio un pu�etazo en la mesa-. Si tengo un pasado as�, un secreto, �qui�n te lo cont�?</p><p>Bemis se volvi� sorprendido hacia Bledsoe.</p><p>��Martin, �de qu� est�is hablando? �Tienes una esposa loca oculta en Cleveland de la que nunca he o�do hablar?</p><p>Bledsoe se recobr�.</p><p>��Tendr�s que preguntarle a la se�orita Warshawski. Ella es la que est� contando la historia.</p><p>Hasta aquel momento no estuve segura de que Grafalk me hubiera contado la verdad. Pero si no, �l no habr�a tenido semejante reacci�n. Sacud� la cabeza.</p><p>��No es m�s que una hip�tesis, capit�n. Y si hay algo en el pasado de Bledsoe� bueno, lo ha guardado para s� durante mucho tiempo. No creo que en este momento le resulte muy interesante a nadie.</p><p>���No lo crees? -salt� Bledsoe-. Entonces, �por qu� iba a querer nadie chantajearme?</p><p>��Oh, <emphasis>yo </emphasis>no creo que sea muy interesante. Pero est� claro que t� s�. Me lo demuestra tu reacci�n. Lo que me hizo preguntarme cosas fue que rompieses un vaso de vino s�lo porque Grafalk hizo una broma acerca de d�nde hab�as ido al colegio.</p><p>��Ya veo -Bledsoe solt� una corta risa-. No eres tan tonta, �verdad?</p><p>��Me las arreglo� De todos modos, me gustar�a hacerte una pregunta en privado.</p><p>Bemis se levant� cort�s.</p><p>��Tengo que ver c�mo van las cosas, de todos modos� Por cierto, Martin ocupa nuestro �nico camarote. Le pondremos una hamaca en mi comedor.</p><p>Le di las gracias. Bledsoe me mir� especulativamente. Yo me inclin� hacia adelante y dije en voz baja:</p><p>��Quiero estar segura de que no mandaste a Sheridan a sabotear mi coche mientras est�bamos cenando aquella noche.</p><p>En su mand�bula empez� a latir una vena.</p><p>��Cr�eme. Detesto tener que pregunt�rtelo. Detesto incluso pensarlo. Pero fue una experiencia horrorosa. Destruy� mi confianza en la naturaleza humana.</p><p>Bledsoe ech� hacia atr�s su silla con la suficiente fuerza como para tirarla al suelo.</p><p>���Preg�ntaselo a �l! �Maldita sea si sigo hablando de todo esto!</p><p>Se march� furioso escaleras abajo y el puente retumb� con el portazo. Bemis me mir� fr�amente.</p><p>��Dirijo un barco, se�orita Warshawski, no una comedia de enredo.</p><p>Sent� un furor repentino.</p><p>���Ah, s�? �Han matado a mi primo y han querido matarme a m�! �Hasta que no est� convencida de que no fue nadie de su tripulaci�n, est� seguro de que va a vivir metido en mi comedia de enredo y va a tener que aguantarse!</p><p>Bemis dej� el tim�n y se acerc� a la mesa para inclinarse sobre mi cara.</p><p>��No la culpo por estar preocupada. Ha perdido a su primo. Le han hecho da�o. Pero creo que est� convirtiendo dos tristes accidentes en una conspiraci�n y no quiero que trastorne usted la marcha de mi barco mientras tanto.</p><p>Me lat�an las sienes. Consegu� controlarme lo suficiente como para no soltar amenazas demasiado grandilocuentes.</p><p>��Muy bien -dije conteni�ndome, con las cuerdas vocales tirantes-. No trastornar� la marcha de su barco. Quiero hablar con el jefe de m�quinas mientras estoy a bordo, de todos modos.</p><p>Bemis se�al� con la cabeza a Winstein.</p><p>��Cons�gale a la se�orita un casco, marinero -se volvi� hacia m�-. Puede interrogar al jefe. Sin embargo, no quiero que hable usted con la tripulaci�n a menos que el piloto o yo estemos presentes. �l le dar� instrucciones al segundo para estar seguro de que sea as�.</p><p>��Gracias -le dije r�gidamente. Mientras esperaba que Winstein me trajese el casco, me qued� mirando pensativa por la parte trasera del puente. El sol se estaba poniendo y la l�nea de la costa aparec�a como una lejana cu�a p�rpura frente a �l. Cerca del puerto vi unos cuantos trozos de hielo. El invierno duraba largo tiempo por aquellos parajes.</p><p>Estaba haciendo un trabajo realmente fabuloso. De momento no sab�a ni una maldita cosa m�s de lo que sab�a tres semanas antes, como no fuera el modo de llenar de cereal un carguero de los Grandes Lagos. En mi cabeza o�a a mi madre decirme que no me dejase llevar por la autocompas��n. �Cualquier cosa menos eso, Victoria. Mejor romper los platos que quedarte ah� tirada sintiendo pena por ti misma.� Ten�a raz�n. Estaba afectada por las secuelas de mi accidente. Pero eso, a ojos de Gabriela, era la raz�n, no la excusa. No hab�a excusa v�lida para quedarse ah� sentada lament�ndose.</p><p>Me rehice. El piloto estaba esper�ndome para acompa�arme desde el puente. Bajamos por la estrecha escalera, yo muy pegada a �l. Me dio un casco con su nombre escrito en la parte delantera con letras negras muy gastadas; me explic� que era el suyo de repuesto y que podr�a utilizarlo mientras estuviese a bordo.</p><p>��Si quiere hablar con el jefe de m�quinas, �por qu� no espera hasta la hora de cenar? El jefe come en el comedor del capit�n y puede hablar all� con �l. No podr�n o�rse con las m�quinas ahora.</p><p>Le mir� a rega�adientes, pregunt�ndome si no querr�a mantenerme apartada de Sheridan el tiempo suficiente como para que Bledsoe le contase su versi�n de la historia.</p><p>���D�nde est� el comedor del capit�n? -pregunt�.</p><p>Winstein me llev�. Era una habitaci�n peque�a y formal a estribor de la cubierta principal. Colgaban cortinas de flores de los ojos de buey y una enorme foto de la botadura del <emphasis>Lucelia </emphasis>decoraba la pared delantera. El comedor de la tripulaci�n estaba en la puerta de al lado. La misma cocina serv�a a los dos, pero al capit�n le atend�an los cocineros en su mesa, mientras que la tripulaci�n se serv�a como en un autoservicio. Los cocineros serv�an la cena entre cinco y media y siete y media, me dijo Winstein. Pod�a desayunar all� entre las seis y las ocho de la ma�ana.</p><p>Winstein me acompa�� de vuelta al puente. Esper� hasta que se perdi� de vista y baj� a la sala de m�quinas. Me acordaba vagamente del camino por mi visita anterior. Se pasaba por un cuarto auxiliar con una lavadora y una secadora y despu�s se bajaba por un tramo de escaleras cubiertas de lin�leo hasta llegar a la entrada de la sala de m�quinas.</p><p>Winstein ten�a raz�n sobre lo del ruido. Era ensordecedor. Me llen� cada una de las pulgadas de mi cuerpo y me hizo casta�etear los dientes. Un joven con mono grasiento estaba en la cabina de control que ocultaba la entrada hacia los motores. Le rug� por encima del ruido; tras unos cuantos intentos, entendi� mi pregunta y me dijo que encontrar�a al jefe de m�quinas en el nivel dos inspeccionando los cojinetes. Aparentemente, s�lo un idiota no sabr�a lo que eran los cojinetes. Desistiendo de recibir alguna explicaci�n m�s, baj� por una escalerilla de metal hasta el nivel inferior.</p><p>Los motores ocupaban mucho sitio y tuve que andar un poco antes de encontrar a nadie. Al fin descubr� un par de figuras con casco detr�s de un amasijo de tuber�as y me abr� paso hasta ellos. Uno era el jefe de m�quinas, Sheridan. El otro, un tipo joven que no hab�a visto antes. No supe si alegrarme o preocuparme al no ver a Bledsoe con Sheridan. Todo estar�a m�s claro si les hubiera visto juntos.</p><p>El jefe y el otro estaban totalmente absortos inspeccionando la v�lvula de una tuber�a que corr�a al nivel de los ojos frente a ellos. No se volvieron cuando me acerqu�; siguieron con su trabajo.</p><p>El m�s joven desenrosc� la parte de abajo de una tuber�a que sal�a del suelo perpendicular a la tuber�a superior y se un�a a ella. Meti� un tubo de acero en la abertura, mir� su reloj y sac� de nuevo el tubo. Estaba cubierta de aceite, lo que pareci� satisfacer a ambos. Encajaron de nuevo las tuber�as y se limpiaron las manos en los monos sucios.</p><p>En aquel momento se dieron cuenta de que yo estaba all�, o quiz� s�lo se dieron cuenta de que yo no era un miembro de la tripulaci�n. Sheridan hizo bocina con las manos para gritarme una pregunta. Yo le grit� a mi vez. Era evidente que no pod�a mantenerse una conversaci�n por encima del rugir de los motores. Le chill� en la oreja que hablar�a con �l en el cena; no estaba segura de que me hubiera o�do, pero me di la vuelta y sub� de nuevo a cubierta.</p><p>Una vez fuera, aspir� agradecida el aire del atardecer. Ya est�bamos muy lejos de la costa y hac�a fr�o. Record� que mi bolsa estaba apoyada en unos rollos de cuerda detr�s de la cabina y me fui a por ella para sacar el jersey gordo y pon�rmelo. Tambi�n saqu� una boina y me tap� las orejas.</p><p>Los motores temblaban a mis pies, menos fuerte pero a�n evidentes. Agua arremolinada sub�a la popa r�tmicamente, balanceando el barco.</p><p>Buscando un poco de tranquilidad me fui a la proa. No hab�a nadie m�s fuera. Mientras caminaba a lo largo del barco, casi un cuarto de milla, el ruido fue disminuyendo poco a poco. Cuando llegu� a proa, el extremo delantero del barco, no o�a m�s ruido que el del agua rompiendo contra el casco. El sol poni�ndose tras nosotros dibujaba la larga sombra del puente sobre la cubierta.</p><p>No hab�a barandilla entre la cubierta y el agua. Dos gruesos cables paralelos, separados unos dos pies uno del otro, daban la vuelta al barco fijados a postes cada seis pies m�s o menos. Ser�a de lo m�s f�cil escurrirse entre ellos e irse al agua.</p><p>Hab�a un banquito atornillado en la proa. Se pod�a uno sentar y apoyarse en un peque�o ba�l de herramientas y mirar al agua. La superficie era verde negruzca, pero en el lugar en el que el barco cortaba el agua se ve�a un espejeo de colores que iban desde el blanco lavanda al verde azulado y del verde al negro. Como dejar caer tinta negra sobre papel h�medo y ver c�mo se separaba en sus diferentes matices.</p><p>Un cambio en la luz detr�s de m� me hizo tensarme. Cog� la Smith &amp; Wesson mientras Bledsoe llegaba junto a m�.</p><p>��Ser�a f�cil empujarte ahora y decir luego que te hab�as ca�do.</p><p>���Es una amenaza o una observaci�n? -saqu� la pistola y le quit� el seguro.</p><p>Pareci� asombrado.</p><p>��Quita esa maldita cosa de ah�. He salido para hablar contigo.</p><p>Volv� a poner el seguro y met� la pistola en su funda. No me iba a servir de mucho tan de cerca, de todos modos. La verdad es que la hab�a tra�do para impresionar.</p><p>Bledsoe llevaba una chaqueta gruesa de <emphasis>tweed </emphasis>sobre un jersey de cachemir azul p�lido. Ten�a un aspecto marinero y confortable. Yo sent�a fr�o en mi hombro izquierdo; me hab�a empezado a doler mientras estaba all� sentada mirando al agua.</p><p>��Exploto en seguida -dijo de pronto-. Pero no necesitas una pistola para mantenerme a raya, demonio.</p><p>��Muy bien. -Mantuve los pies en tensi�n para poder saltar a un lado.</p><p>��No hagas las cosas tan jodidamente dif�ciles -solt�.</p><p>No me mov�, pero tampoco me relaj�. El luchaba consigo mismo, no sab�a si marcharse ofendido o si decir algo que le rondaba por la cabeza. Gan� la segunda posibilidad.</p><p>���Fue Grafalk el que te cont� mi desventura juvenil?</p><p>��S�.</p><p>Asinti� para s�.</p><p>��No creo que nadie m�s sepa� o a�n le importe. Yo ten�a diecinueve a�os. Hab�a crecido en los arrabales del puerto. Cuando �l me llev� a la oficina de Toledo, acab� manejando muchas transacciones en efectivo. Su error fue que nunca deber�a haber puesto a alguien tan joven delante de tanto dinero. Yo no lo rob�. Bueno, es decir, s� lo rob�. Lo que quiero decir es que no estaba pensando en guardarme el bot�n y huir a la Argentina. S�lo quer�a vivir a lo grande. Me compr� un coche -sonri� al recordar-. Un Packard dos plazas rojo. En aquellos d�as era dif�cil conseguirse un coche y a m� me parec�a ser el m�s elegante del puerto.</p><p>La sonrisa desapareci� de su rostro.</p><p>��El caso es que era joven y alocado y me gast� la pasta abiertamente, deseando que me cogieran. Niels fue a verme y me contrat� inmediatamente despu�s de que me soltaran de Cantonville. Nunca lo mencion� en veinte a�os, pero se tom� como una ofensa personal el que yo fundara la Pole Star en el 74. Y empez� a ech�rmelo en cara: que sab�a que en el fondo era un delincuente y que no me hab�a quedado con �l m�s que para aprender los secretos de su organizaci�n y luego marcharme.</p><p>���Por qu� te marchaste?</p><p>��Hac�a a�os que quer�a tener mi propio negocio. Mi mujer estaba enferma, ten�a la enfermedad de Hodgkin, y no ten�amos hijos. Supongo que canalic� toda mi energ�a hacia la navegaci�n. Adem�s, despu�s de que Niels se negase a construir otro barco de mil pies, yo quer�a tener un barco as� -palme� afectuosamente los cabos-. Es un hermoso barco. Tardaron cuatro a�os en construirlo. Yo tard� tres en conseguir la financiaci�n. Pero merece la pena. Estos chismes funcionan con un tercio del coste de un viejo quinientos pies. El espacio para la carga ocupa casi la longitud total. Puedo transportar siete veces la carga de un navio de quinientos pies� El caso es que lo deseaba con locura y para conseguirlo tuve que poner en marcha mi propia compa��a.</p><p>�Con cu�nta locura?, me pregunt�. �La suficiente como para hacer una chapuza mayor de la que hab�a hecho treinta a�os antes y conseguir el capital suficiente?</p><p>���Cu�nto cuesta construir un barco como �ste?</p><p>��El <emphasis>Lucelia </emphasis>vale casi cincuenta millones.</p><p>���C�mo lo financiaste?</p><p>��Hicimos un poco de todo. Sheridan y Bemis aportaron sus ahorros y yo los m�os. El Fort Dearborn Trust posee la mayor parte y acabamos consiguiendo una serie de pr�stamos con otros diez bancos. Otras personas aportaron su propio dinero. Es una inversi�n enorme y quiero estar seguro de que transporta cargas todos los d�as entre el veintiocho de marzo y enero para que podamos pagar la deuda.</p><p>Se sent� junto a m� en el banquito y me mir�, sonde�ndome con sus ojos grises.</p><p>��Pero no es eso lo que vine a decirte. Quiero saber por qu� Niels sac� a la luz la historia de mi pasado. Ni Bemis ni Sheridan la conocen, y si se hubiese sabido hace tres a�os, nunca hubiera podido construir esta hermosura. Si Niels quer�a herirme, pod�a haberlo hecho entonces. As� que, �por qu� te lo dijo ahora?</p><p>Era una buena pregunta. Mir� el agua revuelta, intentando recordar mi conversaci�n con Grafalk. Puede que quisiese ventilar parte de su amargura oculta contra Bledsoe. No pod�a ser un deseo de proteger a Phillips. Tambi�n hab�a sugerido historias acerca de Phillips.</p><p>���Qu� sabes de la relaci�n entre Grafalk y Clayton Phillips?</p><p>���Phillips? No mucho. Niels le acogi� bajo su ala en la �poca en que yo fund� la Pole Star. Como �l y yo no nos hab�amos separado amistosamente que digamos, no le ve�a mucho. No s� cu�l fue el trato. A Niels le gusta promocionar a j�venes. Yo fui probablemente el primero y hubo muchos otros a lo largo de los a�os -arrug� la frente-. En general, todos eran m�s competentes que Phillips. No s� c�mo consigue mantener la oficina en marcha.</p><p>Le mir� fijamente.</p><p>���Qu� quieres decir?</p><p>Bledsoe se encogi� de hombros.</p><p>��Es tan� tan melindroso. No, no es �sa la palabra. Tiene cerebro, pero se l�a. Tiene representantes de ventas que se supone deber�an manejar los contratos de embarque, pero no es capaz de dejarles a ellos que lo hagan. Siempre se inmiscuye en las negociaciones. Como no est� al d�a de los mercados, a menudo echa a perder buenos negocios y carga a la Eudora con contratos demasiado caros. Me di cuenta cuando era expedidor de Niels, hace diez a�os, y lo veo ahora que llevo mi propio negocio.</p><p>Aquello no sonaba delictivo; s�lo est�pido. Lo dije y Bledsoe ri�.</p><p>���Buscas un delito para mantener animado el negocio o qu�?</p><p>��No necesito mantener animado el negocio. Tengo much�simo que hacer en Chicago si alguna vez consigo aclarar este asunto.</p><p>Me levant�. Viajar de poliz�n en el <emphasis>Lucelia </emphasis>hab�a sido una de mis ideas m�s est�pidas. Ninguno de ellos me dir�a nada y yo no sab�a c�mo separar la lealtad l�gica hacia el barco y la lealtad mutua del ocultamiento de un delito.</p><p>��Pero lo voy a descubrir -dije en voz alta sin darme cuenta.</p><p>��Vic, no te enfades tanto. Nadie de este barco intent� matarte. Ni siquiera estoy seguro de que nadie intentara matarte en absoluto -levant� una mano cuando yo iba a decir algo-. Ya s� que sabotearon tu coche. Pero seguramente lo hicieron un par de gamberros que no te hab�an visto en su vida.</p><p>Sacud� la cabeza, cansada.</p><p>��Hay demasiadas coincidencias, Martin. No puedo creer que el que Boom Boom y el vigilante de su edificio murieran y casi me matasen a m� no sean m�s que una serie de coincidencias. No puedo creerlo. Y empiezo a preguntarme por qu� t� y el capit�n est�is tan empe�ados en que lo crea.</p><p>Se meti� las manos en el bolsillo y se puso a silbar en silencio.</p><p>���Por qu� no me explicas tus razonamientos? No te digo que me vayas a convencer, pero dame una oportunidad.</p><p>Tom� aire. Si era responsable, lo sabr�a todo de cualquier forma. Y si no lo era, no importaba que lo supiese todo. Le expliqu� lo de la muerte de Boom Boom, la pelea con Phillips, el asalto al apartamento de mi primo, la muerte de Henry Kelvin.</p><p>��Tiene que haber una raz�n para todo ello, y la raz�n est� en el puerto. Tiene que estar. Me dijiste que aquellas �rdenes de embarco que te ense�� la semana pasada son perfectamente legales. As� que no s� d�nde m�s mirar. Si Phillips estaba ama�ando deliberadamente los contratos y produciendo p�rdidas a la Eudora, tiene que haber una raz�n. Aunque creo que Argus deber�a tener la mosca detr�s de la oreja hace tiempo, sobre todo si lleva haciendo esto desde hace diez a�os -me ech� la boina hacia atr�s y me frot� la frente-. Esperaba que estuviese en las �rdenes de embarco, ya que por eso discut�an Boom Boom y Phillips un d�a antes de que muriera.</p><p>Bledsoe me mir� muy serio.</p><p>��Si de verdad quieres estar segura, tendr�s que mirar las facturas. Los contratos parecen ser correctos, pero tienes que ver lo que Phillips pag� por las �rdenes. �Qu� sabes del modo en que funciona una oficina as�?</p><p>Sacud� la cabeza.</p><p>��No mucho.</p><p>��Bien, el trabajo principal de Phillips consiste en actuar como controlador. Deber�a dejar las ventas a sus representantes, pero no lo hace. Maneja todo el cotarro financiero. Tambi�n es cosa suya conocer los precios y c�mo va el mercado, para que cuando tenga que pagar, pueda asegurarse con sus representantes de que est�n consiguiendo los mejores precios. Pero se supone que tendr�a que mantenerse al margen de las ventas. �l maneja el dinero.</p><p>Frunc� las cejas. El hombre que manejaba el dinero merec�a una investigaci�n m�s a fondo. El problema estaba en que, en este maldito caso, todo merec�a una investigaci�n m�s a fondo y yo no llegaba a ninguna parte. Me frot� el hombro entumecido, intentando rechazar mi frustraci�n.</p><p>Bledsoe segu�a hablando; me perd� parte de lo que dec�a.</p><p>���Desembarcas en Sault Ste. Marie? Te llevar� hasta Chicago; tengo all� mi avi�n y pensaba volver esta semana a la oficina.</p><p>Nos levantamos al mismo tiempo y emprendimos el camino de vuelta por la larga cubierta. El sol se hab�a puesto y el cielo estaba cambiando de p�rpura a gris negro. Encima de nosotros, las primeras estrellas aparec�an: destellos de luz en la oscura cortina. Tendr�a que volver afuera cuando fuese completamente de noche. En la ciudad no se ven muchas estrellas.</p></section><section><title><p>17</p></title><subtitle>Punto muerto</subtitle><empty-line/><p>Bledsoe y yo nos unimos al jefe m�quinas en el comedor del capit�n, donde estaba comiendo rosbif y pur� de patata. Bemis segu�a en el puente. Bledsoe explic� que el capit�n se quedar�a all� hasta que el barco hubiese salido de un canal muy traidor y se encontrase en medio del lago Superior. Nosotros tres �ramos los �nicos que est�bamos en el comedor. Los dem�s oficiales com�an con la tripulaci�n. Unos men�s escritos a mano ante nuestros platos ofrec�an dos segundos, verdura y postre. Ante un pollo guisado con br�col le habl� a Sheridan de mi accidente.</p><p>El jefe admiti� que ten�a sopletes de diferentes tama�os a bordo, as� como gran variedad de llaves inglesas.</p><p>��Pero si me pregunta si alguno de ellos se utiliz� el jueves pasado, no puedo dec�rselo. No guardamos las herramientas bajo llave; ser�a una p�rdida de tiempo -unt� un bollo de mantequilla y le dio un mordisco-. Tenemos a ocho personas en la sala de m�quinas cuando el barco est� navegando y todos necesitan poder coger las herramientas. Nunca hemos tenido ning�n problema y, mientras no lo tengamos, pienso seguir dejando libre acceso a ellas.</p><p>No se permit�a ning�n licor en el barco, as� que beb� caf� con la comida. El caf� era flojo y le ech� un buen chorro de crema para darle algo de sabor.</p><p>���Podr�a haber entrado alguien en el barco, haber cogido herramientas y hab�rselas llevado sin que nadie se diera cuenta?</p><p>Sheridan se qued� pensando.</p><p>��Supongo que s� -dijo de mala gana-. Esto no es la Marina, donde siempre hay alguien de guardia. Nadie tiene que quedarse a bordo cuando estamos en puerto y la gente entra y sale sin que nadie se fije. En teor�a, cualquiera podr�a haberse metido en la sala de m�quinas sin que le vieran, suponiendo que supiese d�nde estaban las herramientas. Tendr�a que haber tenido suerte y no encontrarse con nadie por sorpresa� En cualquier caso, creer�a eso m�s f�cilmente que no que cualquiera de mis hombres estuviera implicado en el asunto.</p><p>���Podr�a haberlo hecho alguno de sus hombres?</p><p>De nuevo, era una posibilidad, pero �por qu�? Suger� que alguien -Phillips, por ejemplo- hubiese contratado a uno de la tripulaci�n para que le hiciese el trabajo sucio. Bledsoe y Sheridan se opusieron a esto con energ�a. Ambos estaban convencidos de que se hab�an deshecho de la manzana podrida cuando echaron al hombre que les hab�a metido agua en las bodegas el mes pasado.</p><p>Sheridan ten�a gran confianza en los hombres que estaban a su mando.</p><p>��S� que puedo estar equivocado, pero no soy capaz de imaginarme a ninguno de esos chicos saboteando deliberadamente el coche de nadie.</p><p>Seguimos hablando hasta mucho despu�s de que uno de los ayudantes de la cocinera hubiera quitado la mesa y limpiado la cocina. Finalmente, el jefe de m�quinas se excus� para volver a su trabajo. Dijo que preguntar�a a los dem�s mec�nicos y a los cuatro fogoneros, pero no cre�a que me fuese a servir de nada.</p><p>Mientras sal�a por la puerta, yo dije como por casualidad:</p><p>���Estaba usted en la sala de m�quinas aquella noche?</p><p>Se dio la vuelta y me mir� directamente a los ojos.</p><p>��S� estaba. Y Yalmouth, mi mec�nico jefe, estaba conmigo. Est�bamos preparando las m�quinas para ponerlas en marcha al d�a siguiente.</p><p>���No se perdieron de vista en toda la noche?</p><p>��No lo bastante como para andar manipulando un coche.</p><p>Sali� por la puerta. Bledsoe dijo:</p><p>���Satisfecha, Vic? �Est� la Pole Star limpia a tus ojos?</p><p>Me encog� de hombros irritada.</p><p>��Supongo. Como no emprenda una investigaci�n a fondo de todos vuestros movimientos el jueves pasado, no hay mucho m�s que pueda hacer. -Se me ocurri� una cosa-. Ten�as unos guardias de seguridad a bordo aquella noche, �no? Puede que Bemis sepa darme sus nombres; sabr�n si alguien anduvo entrando y saliendo con herramientas.</p><p>Mi villano pod�a haber convencido a un guardia de que pertenec�a a la tripulaci�n: no hubiera sido dif�cil. Pero un guardia recordar�a si alguien hab�a salido del barco con un soplete y una llave de trinquete. Naturalmente, si Bledsoe estaba detr�s de todo esto, pod�a haber sobornado a los guardias de todos modos.</p><p>Beb� un poco de caf� fr�o, mirando a Bledsoe por encima del borde de la taza.</p><p>��Todo se reduce a un asunto de dinero, mucho dinero. Est� en los contratos de la Eudora, pero no s�lo all�.</p><p>��Es verdad -admiti� Bledsoe-. Tambi�n hay mucho en el negocio de los cargueros, y est� la cantidad que tengo que pagar para amortizar el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Puede que timara a Niels para pagar mi buque justo antes de dejar la Grafalk Steamship.</p><p>��S�, y si �l lo sospecha, pero no puede probarlo, querr� advertirme de la posibilidad.</p><p>Bledsoe sonri�.</p><p>��Ya veo. Tendr�s que investigar mis finanzas tanto como las de Phillips. Le dir� a mi secretaria que te d� acceso a mis archivos cuando volvamos a Chicago.</p><p>Le di las gracias educadamente. Todo lo que aquella oferta significaba era que, si ten�a algo que esconder, lo hab�a ocultado en otro sitio y no en los libros de la Pole Star.</p><p>Pasamos el resto de la velada hablando de �pera. Ten�an una colecci�n de libretos en la biblioteca de la prisi�n de Cantonville y �l los hab�a le�do todos. Cuando sali� de la c�rcel empez� a ir a la �pera de Cleveland.</p><p>��Ahora vuelo a Nueva York cinco o seis veces al a�o para ir al Met y consigo abonos para el Lyric� Me produce una extra�a sensaci�n hablar con alguien sobre Cantonville. Mi mujer era la �nica persona que lo sab�a, con excepci�n de Niels, claro. Y ninguno de los dos lo mencionaba nunca. Me siento casi culpable al recordarlo ahora.</p><p>Alrededor de las diez y media, dos de los miembros de la tripulaci�n entraron con una colchoneta y unas mantas. Hicieron la estrecha cama que estaba bajo los ojos de buey en la pared de estribor, arrim�ndola al costado para que no se deslizase con el movimiento del barco.</p><p>Cuando se fueron, Bledsoe se qued� jugueteando con unas monedas en el bolsillo con la torpeza de un hombre que quiere dar un paso hacia adelante pero no sabe c�mo ser� recibido. No le ayud�. Me gustaba su modo de besar. Pero no soy la clase de detective que salta alegremente de una cama o otra: cuando alguien est� intentando matarme, me enfr�a el entusiasmo. Y a�n no ten�a entera confianza en la honradez de Bledsoe.</p><p>��Ya es hora de que me acueste -dije vivamente-. Te ver� ma�ana por la ma�ana.</p><p>Dud� a�n unos segundos, buscando �nimos en mi expresi�n, y luego se volvi� y subi� a la cabina. Puse la Smith &amp; Wesson bajo la peque�a almohada y me met� entre las s�banas con los vaqueros y la camiseta puestos. A pesar del ruido de las m�quinas y el balanceo del barco, me dorm� inmediatamente y tuve un sue�o muy profundo durante toda la noche.</p><p>Los cocineros me despertaron a la ma�ana siguiente antes de las seis, cuando empezaron a hacer ruido en la cocina junto al comedor del capit�n. Intent� taparme los o�dos con las mantas, pero el ruido era demasiado persistente. Al final me levant� y sal� dando tumbos hasta el piso siguiente, donde estaba el cuarto de ba�o. Me cambi� la ropa interior y la camiseta y me lav� los dientes.</p><p>Era demasiado temprano como para tener hambre, aunque el desayuno estuviera ya preparado, as� que sub� a cubierta a ver el d�a. El sol acababa de salir: una bola de l�quido naranja asomando por el lado este del cielo. Se ve�a una l�nea de tierra p�rpura a una milla m�s o menos a nuestra izquierda. Est�bamos pasando junto a uno m�s de los peque�os grupos de islas que salpicaban el canal cuando salimos de Thunder Bay.</p><p>En el desayuno, el capit�n Bemis, el jefe de m�quinas y Bledsoe estaban todos de buen humor. Quiz� el hecho de que fuese a dejarles en seguida les alegraba. En cualquier caso, incluso el capit�n estuvo muy simp�tico, explic�ndome nuestro recorrido. Est�bamos llegando a la costa sureste del lago Superior, hacia el canal de St. Mary.</p><p>��All� es donde se hundi� el <emphasis>Edmund Fitzgerald </emphasis>en 1975 -dijo-. Es el mejor modo de aproximarse al St. Mary, pero no deja de ser una ruta muy poco profunda. En algunos lugares no hay m�s que treinta pies.</p><p>���Qu� le ocurri� al <emphasis>Edmund Fitzgemld?</emphasis></p><p>��Todo el mundo tiene su propia teor�a. No creo que se sepa nunca con seguridad. Cuando se sumergieron para verlo, descubrieron que estaba limpiamente cortado en tres trozos. Se hundi� inmediatamente. Yo siempre culp� a la Guardia Costera por no mantener las marcas del canal en buenas condiciones. Aquella noche, las olas ten�an treinta pies de alto; una de ellas debi� empujar al <emphasis>Fitzgerald </emphasis>dentro de un hoyo, se roz� la parte de abajo y se parti�. Si hubiesen marcado el canal como es debido, el capit�n McSorley hubiera evitado los lugares menos profundos.</p><p>��El asunto es -a�adi� el jefe de m�quinas- que ese tipo de barcos no tiene mucha resistencia en el centro. Son bodegas flotantes. Si se les ponen muchas vigas a lo largo de las bodegas, se desaprovecha mucho espacio. As� que las olas de veinte o treinta pies cogen al barco por cada extremo. El centro no tiene resistencia y se parte. Te hundes muy deprisa.</p><p>La cocinera jefa, una gruesa polaca de unos cincuenta y tantos a�os, estaba sirvi�ndole el caf� al capit�n. Mientras el jefe hablaba dej� caer la taza al suelo.</p><p>��No deber�a hablar as�, jefe de m�quinas. Trae muy mala suerte.</p><p>Llam� a sus ayudantes para que limpiaran lo que hab�a tirado.</p><p>Sheridan se encogi� de hombros.</p><p>��Es de lo que hablan los hombres cuando hay tormenta. Los desastres navales son como el c�ncer: s�lo les ocurren a los dem�s. -De todos modos se disculp� con la cocinera y cambi� de tema.</p><p>Bemis me dijo que entrar�amos en las esclusas del Soo alrededor de las tres. Me sugiri� que fuese a mirar desde el puente para poder ver la aproximaci�n del barco y el modo en que �ste entraba por el canal. Despu�s de comer met� mis cosas en la bolsa de lona para marcharme r�pidamente: Bledsoe me dijo que tendr�amos unos dos minutos para salir del <emphasis>Lucelia </emphasis>y desembarcar antes de que abrieran las puertas de la esclusa y el barco se metiese en el lago Hur�n.</p><p>Comprob� que llevaba las tarjetas de cr�dito y el dinero en el bolsillo delantero de mis vaqueros y puse la Smith &amp; Wesson en la bolsa. No me parec�a muy pr�ctico andar llev�ndola en la cartuchera mientras iba a bordo. Dej� la bolsa junto a la cabina mientras sub�a al puente a mirar c�mo el <emphasis>Lucelia </emphasis>entraba en la esclusa. Est�bamos ya bien dentro del canal del r�o St. Mary, siguiendo una lenta procesi�n.</p><p>��La posici�n en la esclusa se determina por la posici�n que tienes cuando llegas a la boca del canal -explic� Bemis-. Por eso aqu� se hacen aut�nticas carreras para entrar en primer lugar en el canal. Esta ma�ana adelantamos a un par de barcos de quinientos pies. No puedo amarrar aqu�; todo el mundo se aburre y se pone nervioso.</p><p>��Es muy caro amarrar un barco -dijo Bledsoe secamente-. Manejar este barco cuesta diez mil d�lares diarios. Hay que aprovechar cada minuto.</p><p>Alc� las cejas, tratando de calcular los costes en mi cabeza. Bledsoe me mir� enfadado.</p><p>��S�, otra raz�n financiera, Vic.</p><p>Me encog� de hombros y camin� hacia donde el timonel, Red, manejaba el tim�n. Dos pulgadas de cigarro sobresal�an de su rostro rechoncho. Sorte� varias marcas sin mirar siquiera a la ca�a del tim�n. El enorme barco se mov�a con facilidad entre sus manos.</p><p>Cuando nos acerc�bamos a la esclusa, los guardacostas comenzaron a hablar con Bemis por radio. El capit�n les dio el nombre del barco, la longitud y el peso. De las cuatro esclusas que cubren la diferencia de altura de veinticuatro pies que separan el lago Superior del lago Hur�n, s�lo la Poe era lo bastante grande como para contener a los cargueros de mil pies. Ser�amos el segundo barco en entrar a la Poe, detr�s de otro navio.</p><p>Bemis puso los motores diesel a la velocidad m�s baja. Llam� a la sala de m�quinas y les orden� poner los motores en punto muerto. Detr�s de nosotros vi a otros tres o cuatro cargueros esperando en el canal. Los que estaban m�s alejados amarraron a la orilla mientras esperaban.</p><p>Por debajo de nosotros el muelle se iba separando. Vimos c�mo el piloto, Winstein, hablaba con un grupo de marineros que iban a colocar escalerillas a los costados del barco y a amarrarlo. El suyo era un trabajo que requer�a mucha fuerza f�sica. Ten�an que mantener la tensi�n de los cabos mientras el barco se hund�a y las amarras se aflojaban. Luego, justo antes de que las compuertas se abriesen hacia el lago Hur�n, ten�an que soltar las amarras y volver a subir a bordo.</p><p>Esperamos a una media milla de la esclusa. El sol brillaba sobre el agua y dibujaba el sucio horizonte de las ciudades gemelas. Sault Ste. Marie, en Canad�, quedaba a la izquierda, dominada por la gigantesca f�brica Algoma Steelworks, en la costa. De hecho, para llegar al lugar al que est�bamos, el capit�n se hab�a guiado por diferentes partes de la f�brica Algoma: a estribor de la segunda chimenea, a estribor del primer mont�n de carb�n, etc.</p><p>Tras una espera de cuarenta y cinco minutos, la Guardia Costera dio permiso a Bemis para que avanzara. Mientras los motores aumentaban sus revoluciones poco a poco, un carguero gigante nos adelant�, dando un largo pitido con la sirena.</p><p>Bemis apret� un bot�n y el <emphasis>Lucelia </emphasis>respondi� con un pitido igualmente largo comenzando a moverse hacia delante. Unos minutos m�s tarde, est�bamos entrando en la esclusa.</p><p>La esclusa Poe no tiene m�s que 110 pies de ancho; el <emphasis>Lucelia, </emphasis>105. Aquello no le dejaba a Red m�s que dos pies y medio por cada lado. No cab�a mucho error. Nos deslizamos lentamente hacia adelante acortando la distancia y deteni�ndonos a unos veinte pies de la compuerta sur. Red no mir� ni una vez al tim�n.</p><p>Las compuertas eran estructuras enormes de madera reforzadas con gruesos puntales de acero. Me volv� para verlas cerrarse tras nosotros, manejadas el�ctricamente desde la orilla.</p><p>Tan pronto como las compuertas se cerraron, nuestra tripulaci�n coloc� las escalerillas y baj� a la orilla. Le di las gracias a Bemis por haberme permitido utilizar su barco y darme la ocasi�n de hablar con algunas de las personas de su tripulaci�n, y me volv� para bajar con Bledsoe al muelle.</p><p>La mayor parte de la tripulaci�n sali� a cubierta al pasar a trav�s del Soo. Estrech� la mano de la cocinera, Anna, d�ndole las gracias con el poco polaco que sab�a por su comida. Encantada, solt� un torrente de sonrientes palabras polacas sobre m�, de las que escap� tan amablemente como pude.</p><p>La esclusa no tarda m�s de quince minutos en vaciar dos millones de galones de agua en el lago Hur�n. �bamos bajando r�pidamente mientras los hombres tiraban de las amarras a los lados. Tan pronto como el <emphasis>Lucelia </emphasis>estuviera al nivel de la esclusa, Bledsoe y yo podr�amos saltar a tierra. Ten�amos unos treinta segundos antes de que se abriesen las compuertas.</p><p>Una torre de control en el lado americano permite a los turistas ver c�mo los barcos suben y bajan entre los dos lagos. El d�a de mayo era a�n bastante fr�o y hab�a poca gente fuera. Les mir� distra�damente a trav�s de la esclusa MacArthur y me fij� un segundo en un hombre que estaba en el segundo nivel. Ten�a una mata de pelo rojo poco corriente en un adulto. El pelo me record� a alguien, pero no sab�a a qui�n, sobre todo a una distancia de unas treinta o cuarenta yardas. Mientras miraba por encima del agua, �l cogi� un enorme par de prism�ticos y nos enfoc�. Me dio un escalofr�o y mir� hacia abajo, a la distancia que hab�a entre el <emphasis>Lucelia </emphasis>y el muelle, por donde hu�a el agua f�tida. El muelle estaba ahora casi a nuestro nivel. Bledsoe me toc� en el brazo y yo fui hacia la cabina para recoger mi bolsa.</p><p>Cuando casi hab�a llegado, ca� al suelo. Aterric� con un golpe seco en cubierta y me qued� sin aire. Pens� al principio que me hab�an pegado y mir� a la defensiva a mi alrededor intentando respirar. Pero, cuando trat� de ponerme de pie, me di cuenta de que la cubierta temblaba por debajo de m�. Todo el mundo estaba patas arriba, como empujado por un tremendo golpe.</p><p>La cocinera vacilaba al borde del barco, tratando de agarrarse a los cables de acero. Quise ir en su ayuda, pero la cubierta era demasiado inestable; intent� acercarme a ella y ca� de nuevo al suelo. Vi con horror c�mo perd�a el equilibrio y ca�a por el costado. Sus gritos se ahogaron en un rugido que tap� todos los dem�s sonidos.</p><p>Volv�amos a enderezarnos. No ten�amos la flotabilidad de un barco en el agua, sino que nos balance�bamos como mecidos en el aire. El comentario de Sheridan en el desayuno me vino a la mente: el <emphasis>Fitzgerald </emphasis>levantado en el aire y partido en dos. No entend�a lo que estaba ocurriendo, por qu� nos alz�bamos, por qu� no hab�a agua que nos empujase hacia arriba, pero me sent�a muy mal.</p><p>Bledsoe estaba de pie junto a m� con la cara gris. Me agarr� al auto descargador para sujetarme y me levant� por segunda vez. La tripulaci�n se arrastraba alej�ndose de los lados abiertos del barco hacia la cabina del piloto, pero no pod�amos ayudarnos unos a otros. El barco era demasiado inestable.</p><p>Mientras sub�amos, se alzaban a nuestro lado chorros de agua, como geiseres gigantes entre los costados del barco y la esclusa. Se levantaban hacia el cielo como cortinas que nos separaban de la tierra y luego del cielo. A unos cien pies por encima de nosotros el agua corr�a antes de caer como un torrente sobre la cubierta, volviendo a golpearme, golpeando a todo el mundo. O� gritar a algunos de los hombres que estaban junto a m�.</p><p>Mir� est�pidamente a trav�s de la cortina de agua, intentando ver a los hombres de los costados con los cables. No pod�an estar sujet�ndolos, no pod�an retener al barco mientras se alzaba dando bandazos, sacudi�ndose hacia delante y hacia atr�s entre sus l�mites de cemento.</p><p>Agarrada al autodescargador, consegu� ponerme de rodillas. Un muro de agua golpeaba la compuerta delantera, arranc�ndole trozos. Grandes pedazos de madera volaban por el aire y desaparec�an entre las cortinas de agua que a�n se alzaban a los lados del barco.</p><p>Quise cerrar los ojos, borrar el desastre, pero no pod�a dejar de mirar estremecida de horror. Era como un viaje de marihuana. Trozos de la esclusa ca�an a c�mara lenta. Los ve�a todos, cada uno de los fragmentos, cada gota de agua, sabiendo al mismo tiempo que la escena se estaba desarrollando muy deprisa.</p><p>Cuando ya parec�a que nada podr�a impedir que nos hundi�ramos hacia adelante y nos estrell�ramos contra las rocas en los r�pidos que estaban ante nosotros, se oy� un profundo grito por encima del rugido, como el grito de un mill�n de mujeres sollozando de angustia, un grito inhumano. La cubierta se parti� ante mi vista.</p><p>La gente intentaba gritarse unos a otros que aguantasen, pero nadie pod�a o�r a nadie por encima de aquellos chillidos mientras las vigas se retorc�an y romp�an y el barco se part�a en dos. Los geiseres de agua cesaron repentinamente. Volvimos a caer a la esclusa, movi�ndonos hacia adelante y hacia atr�s a gran velocidad, embistiendo las compuertas de atr�s y el fondo con un impacto como de huesos. La cubierta de una escotilla se solt� y golpe� a uno de los hombres de la tripulaci�n. Empez� a salir centeno mojado, cubriendo a todo el mundo con un p�lido barro dorado. La cubierta se inclinaba hacia la rotura y yo me as� con todas mis fuerzas al autodescargador para no caer al centro. El gigante roto se qued� quieto.</p></section><section><title><p>18</p></title><subtitle>El largo viaje a casa</subtitle><empty-line/><p>Tras el rugido de la explosi�n y los gritos del barco, el aire qued� en calma; todos los dem�s sonidos pasaban a trav�s de �l. La gente chillaba, tanto en el <emphasis>Lucelia </emphasis>como en tierra. A lo lejos se empezaban a o�r las sirenas. Cada pocos segundos, otro trozo de la cubierta se romp�a y ca�a por el plano inclinado hacia la abertura del centro.</p><p>Me temblaban las piernas. Me solt� del autodescargador y me frot� los m�sculos de mi hombro dolorido. Bledsoe segu�a de pie junto a m� con los ojos vidriosos y la cara gris. Quise decirle algo, pero no me sal�an las palabras. Una explosi�n. Alguien hab�a hecho explotar un barco de sesenta mil toneladas. Sesenta mil toneladas. Sesenta mil toneladas. Las palabras zumbaban sin sentido en mi cerebro.</p><p>La cubierta flotaba arriba y abajo ante m�; cre� que volv�a a alzarme. Mis temblorosas piernas se doblaron y me desmay�. S�lo me desvanec� unos pocos segundos, pero me qued� tumbada en la cubierta hasta que se me pas� el mareo y luego me obligu� a ponerme en pie. Bledsoe segu�a all� junto a m�.</p><p>Vi al capit�n Bemis tambale�ndose a la entrada de la cabina. Red, el timonel, le segu�a con las dos pulgadas de cigarro a�n en la boca. Camin� pesadamente hacia babor. Le o� dando arcadas detr�s de m�.</p><p>���Martin! �Nuestro barco! �Nuestro barco! �Qu� ha pasado? -Era el capit�n Bemis.</p><p>��Han puesto explosivos en su casco, capit�n. -Las palabras ven�an de lejos. Bemis me miraba de un modo extra�o. Me di cuenta de que era yo la que hab�a hablado.</p><p>Sacudi� la cabeza como un mu�eco de muelle; no pod�a dejar de sacudirla.</p><p>��No. En mi barco no. Tiene que haber sido en la esclusa.</p><p>��No puede ser -intent� ponerme a discutir con �l, pero el cerebro se me abland�. Quer�a dormir. Flotaban im�genes sin sentido en la niebla gris de mi mente. Los geiseres de agua alz�ndose sobre el barco. El agua cambiando de color cuando el <emphasis>Lucelia </emphasis>se abr�a paso a trav�s de ella. Los surcos que la h�lice abr�a en el agua cuando sal�amos de Thunder Bay. Una figura oscura con traje de buceador que sal�a del agua.</p><p>La figura con traje de buceador. Aquello significaba algo. Me esforc� por concentrarme en ello. Esa era la persona que puso los explosivos. Lo hicieron ayer. En Thunder Bay.</p><p>Abr� la boca para soltarlo, pero me tragu� las palabras. Nadie estaba en estado de asimilar semejantes noticias.</p><p>Keith Winstein se abri� paso hasta nosotros. Su rostro estaba surcado de l�grimas y barro.</p><p>��Karpansky y Bittenberg. Los dos� los dos han muerto, se�or. Estaban en la orilla con los cables. Deben� deben de haberse estrellado contra el costado. -Trag� saliva y se estremeci�.</p><p>���Qui�n m�s? -pregunt� Bemis.</p><p>��Arma. Se cay� por la borda. Se� qued� aplastada. No tuvo la menor oportunidad. Vergil se cay� a la bodega. �Dios m�o! Se cay� en la bodega y se ahog� en el centeno -empez� a re�r y llorar como un loco-. �Ahogado en centeno! �Oh, Dios! -grit�-. �Ahogado en centeno!</p><p>La concentraci�n y la energ�a volvieron al rostro del capit�n Bemis. Se enderez� y cogi� a Winstein por los hombros, sacudi�ndole fuerte.</p><p>��Escucha, piloto. Los que quedan siguen estando bajo tu responsabilidad. Re�nelos. Mira a ver qui�n necesita cuidados m�dicos. Llama por radio a la Guardia Costera para que manden un helic�ptero.</p><p>El piloto asinti�. Dej� de sollozar, dio unos cuantos suspiros m�s y se volvi� hacia la tripulaci�n aturdida.</p><p>��Martin tambi�n necesita ayuda -dije-. �Puede obligarle a sentarse? -Yo necesitaba apartarme de la multitud de cubierta. En alguna parte, fuera del alcance de mi mente, flotaba cierta informaci�n importante. Si pudiera irme, permanecer despierta, obligarme a concentrarme� Comenc� a retroceder hacia la cabina.</p><p>Al ir hacia all� me cruc� con el jefe de m�quinas. Estaba cubierto de barro y aceite. Parec�a un minero despu�s de llevar tres semanas en el pozo. Sus ojos azules miraban con horror a trav�s de su m�scara negra.</p><p>���D�nde est� el capit�n? -me pregunt� con sequedad.</p><p>��En cubierta. �C�mo est�n las cosas abajo?</p><p>��Tenemos un hombre con una pierna rota. Es el �nico herido, gracias a Dios. Pero hay agua por todas partes. El motor de babor ha desaparecido� Era una bomba, �sabe? Cargas de profundidad. Deben de haberla puesto justo en la viga central� Activada a distancia. Pero �por qu�?</p><p>Sacud� la cabeza, impotente, pero sus palabras sacudieron mi mente. Si fue activada por control remoto, tuvo que ser alguien que estaba en la orilla. Mirando. El hombre de pelo rojo y un par de prism�ticos. Howard Mattingly, el jugador suplente de hockey, ten�a el pelo as�. Boom Boom le hab�a visto en alg�n sitio en el que no deb�a estar hac�a tres semanas. Y ahora estaba en el muelle mirando con unos prism�ticos cuando el <emphasis>Lucelia </emphasis>salt� por los aires.</p><p>Olvid� el dolor de mi hombro izquierdo. Necesitaba encontrar a Mattingly. Inmediatamente. Antes de que se marchase. Me volv� bruscamente ante Sheridan y retroced� por la cubierta. Mi pistola. No iba a abordar a Mattingly sin mi Smith &amp; Wesson. Fui al lugar en el que la hab�a dejado, donde estaban Bledsoe y el capit�n.</p><p>La bolsa no estaba. La busqu� durante un rato, pero sab�a que era in�til. Dos camisetas, un jersey, un par de vaqueros y una Smith &amp; Wesson de trescientos d�lares yac�an junto con Vergil en cincuenta mil toneladas de centeno.</p><p>��Me voy -le dije al capit�n-. Tengo una idea y necesito ponerla en pr�ctica. Mejor ser� que mande a uno de sus cocineros a prepararle t� caliente con mucho az�car. No est� bien -se�al� con el dedo hacia Bledsoe. No esper� la respuesta de Bemis y me march�.</p><p>No fue dif�cil salir del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Estaba en el fondo de la esclusa, con la cubierta a la altura del muelle. Colg�ndome de los cables del costado, salt� con facilidad los dos pies que separaban la popa alzada y el lado de la esclusa. Mientras me abr�a paso por la estrecha banda de tierra que me separaba de la esclusa MacArthur, pas� junto a un equipo de salvamento de la Guardia Costera y del Cuerpo de Ingenieros Navales. Hombres con trajes verdes, m�dicos, una camilla; una solemne procesi�n preparada para un gran desastre. Detr�s, naturalmente, llegaba un equipo de la televisi�n. Fueron los �nicos que se fijaron en m�. Uno de ellos me meti� un micr�fono bajo la nariz y me pregunt� si ven�a del barco y si sab�a lo que hab�a pasado.</p><p>Me encog� de hombros confusa y dije en italiano que no hablaba ingl�s. Desilusionado, el c�mara sigui� su camino detr�s de la Guardia Costera.</p><p>La encrucijada se extend�a ante m�: dos tiras de cemento bordeando un trozo de c�sped. El viento helado me da�aba el hombro. Quise correr pero no pude. Ten�a las piernas como columnas de plomo y no quer�an llevarme. Llegu� a las compuertas cerradas ante la esclusa MacArthur y me abr� paso a trav�s del estrecho sendero que pasaba por encima. Debajo de m� yac�an las rocas que bordean el canal que conduce al lago Hur�n. Hab�a sido una suerte que las compuertas aguantaran.</p><p>Una enorme multitud se hab�a reunido en el muelle. Me hizo falta tiempo y. energ�a para abrirme paso entre la gente. Mattingly ya no estaba all�.</p><p>Antes de seguir avanzando a codazos, contempl� el <emphasis>Lucelia </emphasis>durante un minuto. Era una visi�n aterradora. La proa y la popa, ambas alzadas sobre la esclusa en �ngulos dentados. Varios cables se hab�an soltado del autodescargador y colgaban absurdos sobre los restos de la cubierta. Centeno mojado surg�a de las bodegas abiertas en una mancha amarilla sobre las partes visibles de las cubiertas rotas. Mir� fijamente a las figuras que hab�a a bordo y supuse que Bledsoe se habr�a metido dentro por fin. Un helic�ptero hab�a aterrizado junto a la proa, y de �l sal�an hombres con camillas.</p><p>La multitud disfrutaba del espect�culo. Los desastres en directo son atracciones maravillosas cuando est�s a salvo al otro lado. Mientras mir�bamos, -la Guardia Costera pesc� un cuerpo muerto del agua y un estremecimiento de placer recorri� el muelle. Me di la vuelta, me abr� paso escaleras abajo y cruc� la calle para entrar en un peque�o caf�.</p><p>Ped� una taza de chocolate caliente. Como Bledsoe y la tripulaci�n, yo tambi�n hab�a recibido un choque y necesitaba l�quido caliente y az�car. El chocolate era lamentable, hecho con polvos y agua, pero estaba dulce y el calor se fue extendiendo gradualmente por el interior de mis dedos entumecidos.</p><p>Ped� otro y una hamburguesa con patatas fritas. No s� qu� instinto me dijo que las calor�as en semejantes circunstancias me sentar�an bien. Apret� la taza de pl�stico contra mi cansada frente. As� que Mattingly ya se hab�a ido. De vuelta a Chicago en coche, a menos que tuviese un avi�n privado esper�ndole en el peque�o aeropuerto de Sault Ste. Marie.</p><p>Me com� la hamburguesa, un mazacote negro y grasiento, de unos cuantos bocados. Lo mejor que pod�a hacer era llamar a Bobby Mallory y decirle que vigilase a Mattingly cuando llegase a Chicago. Despu�s de todo, yo no pod�a perseguirle.</p><p>Tan pronto como me termin� las patatas fritas, me fui en busca de un tel�fono p�blico. Hab�a uno en la parte de fuera de la cabina de observaci�n, pero hab�a ocho personas haciendo cola fuera para utilizarlo. Finalmente encontr� otro tres manzanas m�s all�, frente a un hotel incendiado. Llam� al aeropuerto de Sault Ste. Marie. El �nico vuelo a Chicago sal�a dos horas m�s tarde. Reserv� una plaza y busqu� una compa��a de taxis para que me mandase un coche que me llevase al aeropuerto.</p><p>Sault Ste. Marie es a�n m�s peque�o que Thunder Bay. El aeropuerto era un hangar y una caba�a, ambos muy castigados por los elementos. Unos cuantos aviones privados, Cessnas y cosas as�, se encontraban en el extremo del campo. No vi nada que pareciese un avi�n comercial. Tampoco ve�a gente. Finalmente, despu�s de caminar por all� durante diez minutos mirando por los rincones, encontr� a un hombre tumbado de espaldas bajo un avi�n min�sculo.</p><p>Sali� a rega�adientes en respuesta a mis gritos.</p><p>��Estoy buscando el avi�n de Chicago.</p><p>Se pas� una mano grasienta por la cara ya sucia.</p><p>��Aqu� no est�n los aviones de Chicago. Este lugar s�lo lo usan unos cuantos aviones privados.</p><p>��Pero si acabo de llamar. Hice una reserva.</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>��El aeropuerto comercial est� a veinte millas carretera abajo. Es mejor que vaya usted all�.</p><p>Sent� un peso sobre los hombros. No sab�a de d�nde sacar la energ�a para recorrer otras veinte millas. Suspir�.</p><p>���Tiene alg�n tel�fono desde el que pueda llamar a un taxi?</p><p>Se�al� con un gesto el extremo m�s alejado del polvoriento edificio y volvi� a meterse debajo del aeroplano.</p><p>Se me ocurri� una cosa.</p><p>���Martin Bledsoe guarda su avi�n aqu� o en el otro aeropuerto?</p><p>El hombre volvi� a mirarme.</p><p>��Estaba aqu�. Cappy se fue en �l hace unos veinte minutos.</p><p>���Cappy?</p><p>��Su piloto. Un tipo lleg� y dijo que Bledsoe quer�a que le llevase a Chicago.</p><p>Estaba demasiado cansada para sentir nada m�s: sorpresa, asombro o rabia. Mis emociones estaban lejos.</p><p>���Un tipo con el pelo muy rojo? �Con una cicatriz en el lado izquierdo de la cara?</p><p>El mec�nico se encogi� de hombros.</p><p>��No me fij� en la cicatriz. Desde luego que ten�a el pelo rojo.</p><p>Cappy le hab�a estado esperando. Bledsoe le hab�a telefoneado y se lo hab�a dicho la noche anterior. Todo lo que sab�a el mec�nico era que le hab�a encargado a Cappy un viaje a Chicago. El tiempo segu�a siendo bueno sobre el lago Michigan. Estar�an all� alrededor de las seis. Volvi� a meterse bajo el aparato.</p><p>Me fui tambaleante y encontr� un tel�fono, un viejo cacharro negro del tipo de los que a la compa��a de tel�fonos le averg�enza vender hoy en d�a. La compa��a de taxis accedi� a mandarme un coche para que me llevase al otro aeropuerto a tiempo para coger el avi�n.</p><p>Me encog� en la acera frente al hangar mientras esperaba, demasiado cansada como para permanecer de pie, luchando contra el sue�o. Me preguntaba entre sue�os qu� har�a si el taxi no me llevaba a tiempo al otro aeropuerto.</p><p>Esper� largo tiempo. La bocina del taxi me despert� de mi ensue�o y me puse de pie. Me volv� a dormir por el camino. Llegamos al Aeropuerto Internacional de Chippewa County con diez minutos de margen. Otra terminal min�scula, donde un gordo amistoso me vendi� el billete y nos ayud� a m� y a otros dos pasajeros a subir a bordo del avi�n de h�lice.</p><p>Pens� que dormir�a durante todo el vuelo, pero no dej� de darle vueltas a la cabeza in�tilmente durante el viaje interminable. El avi�n se detuvo en tres peque�as ciudades de Michigan. Soport� el viaje con la pasividad producida por tantas emociones. �Por qu� habr�a hecho volar Bledsoe su propio barco? �Qu� m�s har�a Mattingly para �l? Bledsoe me hab�a invitado d�cilmente a echar un vistazo a sus papeles financieros. Y aquello significaba que los papeles realmente importantes estaban en otra parte y los libros falsos estaban a disposici�n de los banqueros y los detectives. Pero hab�a sufrido un aut�ntico choque cuando el <emphasis>Lucelia </emphasis>explot�. Aquella cara gris no era fingida. Bien, puede que s�lo quisiera averiarlo ligeramente para poder cobrar el seguro y acabar con sus obligaciones financieras. No querr�a que su orgullo saltase en pedacitos por el aire, pero quiz� Mattingly utiliz� un explosivo equivocado. O demasiado potente. En cualquier caso, se hab�a pasado.</p><p>�Por qu� me hab�a ofrecido Bledsoe llevarme a Chicago si iba a llevar a Mattingly? Puede que supiera que no iba a tener que cumplir con su ofrecimiento. O, si esperaba que los da�os en el <emphasis>Lucelia </emphasis>fueran leves, pod�a haberse marchado. Pero entonces, �c�mo me habr�a explicado la presencia de Mattingly?</p><p>Daba vueltas y vueltas con aquellas especulaciones in�tiles sin conseguir m�s que un dolor de cabeza. En el fondo sent�a gran amargura. Parec�a que Bledsoe, que me hab�a hablado de manera tan encantadora la noche anterior acerca de <emphasis>Peter Grimes, </emphasis>me hab�a enga�ado. Puede que pensase que yo iba a ser un testigo imparcial de su sorpresa ante el desastre. No me gustaba que hiriesen mi ego. Bueno, al menos no me hab�a ido a la cama con �l.</p><p>En O'Hare busqu� a Mattingly en el list�n telef�nico. Viv�a cerca de Logan Square. A pesar de que era tarde, exhausta, con la cabeza estallando y la ropa hecha un asco, cog� un coche y me fui derecha all� desde el aeropuerto. Eran las nueve y media cuando llam� al timbre de un coqueto <emphasis>bungalow </emphasis>en el 3600 de Pulaski.</p><p>Me abri� la puerta casi inmediatamente la joven e indefensa esposa de Mattingly, Elsie. Andaba a vueltas con los �ltimos momentos de su embarazo y se qued� boquiabierta cuando me vio. Me di cuenta de que deb�a tener un aspecto de lo m�s chocante.</p><p>��Hola, Elsie -dije, entrando en un peque�o vest�bulo-, soy V. I. Warshawski, la prima de Boom Boom. Nos hemos visto un par de veces en fiestas del equipo, �recuerdas? Necesito hablar con Howard.</p><p>��Yo� S�, me acuerdo. Howard� Howard no est� aqu�.</p><p>���No? �Est�s segura de que no est� arriba durmiendo en la cama o algo as�?</p><p>Las l�grimas comenzaron a caer por sus mejillas redondas e infantiles.</p><p>��No est� aqu�. No est�. Pierre� Pierre ha llamado tres veces y la �ltima vez le amenaz�. Pero, la verdad, no s� d�nde est�. Cre� cre� que en el Coeur d'Argent con Pierre. Pero no estaba all� y yo no s� d�nde est� y el ni�o est� a punto de venir �y estoy tan asustada! -ahora lloraba de verdad.</p><p>La conduje hasta la sala de estar y la sent� en un sof� azul brillante cubierto de pl�stico. Una labor de punto cuidadosamente doblada yac�a sobre la mesilla de caf�. Evidentemente llenaba sus d�as solitarios y asustados haciendo ropa para el beb�. Le frot� las manos y le habl� para tranquilizarla. Cuando me pareci� algo m�s calmada, me fui hasta la cocina y le prepar� un taz�n de leche humeante. Mirando a mi alrededor encontr� un poco de ginebra bajo el fregadero. Me serv� un buen chorro con un poco de zumo de naranja y llev� las dos bebidas a la sala. Mi brazo izquierdo protestaba incluso ante aquella carga tan ligera.</p><p>��Vamos; bebe esto. Te har� sentir un poco mejor� Venga, as�. �Cu�ndo viste a Howard por �ltima vez?</p><p>Se hab�a marchado el lunes con un peque�o neceser, diciendo que estar�a de vuelta el mi�rcoles. Ya era viernes. �D�nde estaba? No, no hab�a dicho a d�nde iba. �Le sonaba de algo Thunder Bay? Se encogi� de hombros indefensa, con l�grimas bail�ndole en los ojos azules. �Sault Ste. Marie? Se limit� a sacudir la cabeza llorando en silencio, sin decir nada.</p><p>���Dijo algo Howard acerca de la gente con la que iba a ir?</p><p>��No -hip�-. Y cuando le dije que t� hab�as preguntado, se� se puso como loco. Me� me peg� y me dijo que no le hablase de nuestros asuntos a� a nadie. Y luego hizo la maleta y dijo que mejor no me dec�a a d�nde� a d�nde iba, porque� porque yo iba a contarlo todo por ah�.</p><p>Hice una mueca, agradeciendo a Boom Boom en silencio las veces que Pierre y �l le hab�an dado una paliza a Howard. -�Qu� me dices del dinero? �Ten�a dinero Howard �ltimamente?</p><p>Se anim� al o�r esto. S�, gan� mucho dinero esta primavera y le hab�a dado doscientos d�lares para comprar una cuna bonita de verdad y todo lo dem�s para el beb�. Estaba muy orgullosa y divag� un rato acerca de ello. Era lo �nico de lo que pod�a hablar.</p><p>Le pregunt� si no ten�a una madre o una hermana o alguien con quien pudiera quedarse. Se encogi� indefensa de nuevo y dijo que toda su familia viv�a en Oklahoma. La mir� impaciente. No era el tipo de persona abandonada a la que yo quisiese adoptar. Si lo hac�a una vez, se me colgar�a para siempre. En lugar de eso, le dije que llamase a los bomberos si se pon�a de parto de repente y no sab�a qu� hacer. Mandar�an personal sanitario para que se ocupasen de ella.</p><p>Cuando me levantaba para irme, le ped� que me llamase si Howard aparec�a.</p><p>��Y por amor de Dios, no le digas que me lo has dicho. S�lo conseguir�s que te vuelva a pegar. Ve a la tienda de la esquina y utiliza su tel�fono. De verdad necesito hablar con �l.</p><p>Volvi� sus ojos melanc�licos hacia m�. Dud� que me hubiera o�do. Deb�a estar por encima de sus posibilidades enga�ar a su dominante esposo, aunque s�lo fuera para llamar por tel�fono. Sent� una punzada de culpabilidad por dejarla all�, pero la fatiga la hizo desaparecer en cuanto llegu� a la esquina de Addison y Pulaski.</p><p>Llam� un taxi que pasaba para que me llevase al otro lado de la ciudad, a casa de Lotty. Cinco millas por las calles de la ciudad es un viaje largo y me volv� a dormir en el desvencijado veh�culo cuando cruz�bamos Milwaukee Avenue. El movimiento del taxi me hizo creer que estaba de nuevo a bordo del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Bledsoe estaba de pie junto a m�, agarrado al autodescargador. Me miraba con fijeza con sus apremiantes ojos grises, repitiendo: �Vic: yo no iba en el avi�n, yo no iba en el avi�n.�</p><p>Me despert� sobresaltada cuando giramos por Sheffield y el taxista me pregunt� el n�mero del apartamento de Lotty. Mientras le pagaba y sub�a cansada hasta el segundo piso, el sue�o me pareci� muy real. Conten�a un mensaje importante de Bledsoe, pero no consegu�a adivinar en qu� consist�a.</p></section><section><title><p>19</p></title><subtitle>Pavana para un jugador de hockey muerto</subtitle><empty-line/><p>Lotty me recibi� con un suspiro de alivio muy poco usual en ella.</p><p>���Dios m�o, Vic, eres t�! �Has vuelto! -Me abraz� con fuerza.</p><p>��Lotty, pero �qu� ocurre? �Cre�as que no me ibas a volver a ver?</p><p>Me apart� con el brazo, me mir� de arriba abajo, me volvi� a besar y luego puso una cara m�s de Lotty.</p><p>��El barco en el que estabas, Vic. Lo vi en las noticias. La explosi�n y todo lo dem�s. Cuatro muertos, dijeron, uno de ellos una mujer, pero no daban nombres hasta que las familias estuvieran enteradas. Estaba asustada, querida, asustada de que fueras la �nica mujer a bordo. En aquel momento se dio cuenta de mi lamentable estado. Me empuj� al cuarto de ba�o y me sent� en un agua humeante en su anticuada ba�era de porcelana. Se son� la nariz y sali� a poner un pollo a hervir; luego volvi� con dos vasos de mi whisky. Lotty bebe muy rara vez; deb�a estar francamente trastornada.</p><p>Se encaram� en un taburete de tres patas mientras yo pon�a a remojo mi hombro dolorido y le contaba mis aventuras.</p><p>��No puedo creer que Bledsoe contratase a Mattingly -conclu�-. No creo que me equivoque tanto al juzgar a las personas. Bledsoe y su capit�n me pusieron furiosa. Pero me gustan. -Continu� cont�ndole las ideas que me hab�an atormentado durante mi viaje de cuatro horas desde el Soo-. Creo que tendr� que dejar a un lado mis prejuicios e ir a echar un vistazo a las p�lizas de seguros de la Pole Star y al estado de sus finanzas en general.</p><p>��Cons�ltalo con la almohada -me aconsej� Lotty-. Tienes muchos caminos que recorrer. Por la ma�ana uno de ellos te parecer� el m�s adecuado. Puede que Phillips. Despu�s de todo, es el que tiene mayor relaci�n con Boom Boom.</p><p>Envuelta en un largo albornoz de felpa, me sent� con ella en la cocina a comer el pollo, sintiendo el bienestar asent�ndose en los lugares m�s gastados de mi mente. Despu�s de cenar, Lotty me frot� con Myonex los brazos y la espalda. Me dio un relajante muscular y me sum� en un sue�o profundo, con olores de menta.</p><p>El tel�fono me sac� de las profundidades unas diez horas m�s tarde. Lotty entr� y me toc� el brazo con suavidad. Abr� los ojos so�olientos.</p><p>��Es para ti, querida. Janet nosequ�. Era la secretaria de Boom Boom.</p><p>Sacud� la cabeza aturdida y me sent� para coger el tel�fono en la habitaci�n de invitados.</p><p>La voz familiar de Janet me despert� completamente. Estaba trastornada.</p><p>��Se�orita Warshawski, me han echado. El se�or Phillips me ha dicho que era porque ya no ten�an trabajo para m�, ahora que ya no est� el se�or Warshawski. Pero creo que ha sido por haber mirado en los archivos. No creo que me hubieran echado si no lo hubiese hecho. Quiero decir que antes siempre hab�a bastante trabajo�</p><p>Cort� el flujo repetitivo de palabras.</p><p>���Cu�ndo ha sido?</p><p>��Anoche. Anoche me qued� despu�s del trabajo para ver si pod�a encontrar la n�mina del se�or Phillips, ya sabe, como usted me pidi�. Lo estuve pensando y pens� que, la verdad, si el se�or Warshawski fue asesinado como dijo usted y que si eso iba a servir de algo, tendr�a que encontrarla. Pero vino Lois a ver lo que estaba haciendo. Creo que estaba dispuesta a espiarme si me quedaba a la hora de comer o despu�s del trabajo, y entonces llam� al se�or Phillips. Bueno, todav�a no estaba en casa, claro. Pero sigui� llam�ndole y a eso de las diez �l me llam� y me dijo que no me necesitaban m�s y que me mandar�a dos semanas de salario. Y, la verdad, no me parece justo.</p><p>��No, no lo es -admit� con calor-. �Qu� le dijo usted que estaba haciendo?</p><p>���A qui�n?</p><p>��A Lois -le dije con paciencia-. Cuando entr� y le pregunt� lo que estaba haciendo usted, �qu� le dijo?</p><p>���Oh! Le dije que hab�a escrito una carta personal y no pod�a encontrarla, as� que estaba mirando a ver si la hab�a tirado.</p><p>Me pareci� que hab�a reaccionado muy r�pido y as� se lo dije.</p><p>Se ri� un poco, encantada con el cumplido, pero a�adi� desanimada:</p><p>��No me crey�, porque no hab�a ninguna raz�n para que estuviera en la papelera del se�or Phillips.</p><p>��Bueno, Janet, no s� qu� decirle. Hizo usted lo que pudo. Siento much�simo que haya perdido su empleo para nada, pero�</p><p>��No fue para nada -interrumpi�-. Encontr� la copia de su n�mina, como usted me dijo.</p><p>���Oh! -me qued� mirando el auricular incr�dula. Por una vez, algo en aquella investigaci�n disparatada hab�a funcionado de la manera que yo quer�a-. �Y a cu�nto asciende?</p><p>��Cobra tres mil quinientos cuarenta y seis d�lares y quince centavos cada dos semanas.</p><p>Intent� multiplicar mentalmente, pero a�n estaba demasiado aturdida.</p><p>��Lo calcul� anoche con la calculadora. Eso supone noventa y dos mil d�lares al a�o -hizo una pausa, pensativa-. Es mucho dinero. Yo no ganaba m�s que siete mil doscientos. Y ahora, ni eso.</p><p>��Mire, Janet. �Querr�a usted trabajar en el centro? Puedo conseguirle algunas entrevistas: en la Compa��a de Seguros Ajax y en un par de sitios m�s.</p><p>Me dijo que lo pensar�a, pero preferir�a encontrar algo en su vecindario. Si aquello no funcionaba, me llamar�a para que le concertase una entrevista. Le di las gracias profusamente y colgu�.</p><p>Me tumb� en la cama y me puse a pensar. Noventa y dos mil d�lares eran mucho dinero. Para m� o para Janet. Pero, �para Phillips? Digamos que tuviese pocas deducciones y un buen asesor. Pero aun as�, no podr�a llevarse m�s de sesenta mil m�s o menos a casa. Los impuestos sobre su propiedad deb�an ser unos tres mil. Una hipoteca, puede que otros mil quinientos. La cuota del Club N�utico y las clases de tenis, veinticinco mil. La ense�anza, etc., en Claremont. El barco. El Alfa. La comida. Los vestidos de Massandrea para Jeannine. Puede que los comprase en una tienda de segunda mano, o se los diese la se�ora Grafalk. De todos modos, necesitar�a unos cien mil para cubrir todos los gastos.</p><p>Despu�s de desayunar, camin� la milla que separa el apartamento de Lotty del m�o en Halsted. Estaba perdiendo la forma de tanto andar tumbada por ah�, pero no estaba segura de poder correr todav�a, y sab�a que no podr�a levantar mis pesas de diez libras.</p><p>El buz�n estaba rebosante. Recibo el <emphasis>Wall Street Journal </emphasis>todos los d�as. Cinco n�meros se amontonaban con las cartas y un paquetito en el suelo. Lo cog� todo con los dos brazos y sub� los tres pisos hasta mi apartamento.</p><p>��Nada como el hogar -murmur� para m�, mirando con ojos amargados el polvo, las revistas tiradas por la sala y la cama, que llevaba ya m�s de dos semanas sin hacer. Dej� el correo a un lado y me lanc� a uno de mis raros ataques de limpieza hogare�a, pasando la aspiradora, limpiando el polvo y colgando la ropa. Como me hab�a cargado un traje, un par de vaqueros, un jersey y una blusa desde que me march� de casa, hab�a menos que recoger.</p><p>Resplandeciente de virtud, me sent� con una taza de caf� para mirar el correo. La mayor�a eran facturas, que tir� sin abrir. �Para qu� mirarlas si lo �nico que iba a conseguir era deprimirme? Un sobre conten�a un cheque de tres mil quinientos d�lares de la Ajax para comprarme un nuevo coche. Agradec� al servicio postal de los Estados Unidos sus cuidados. Me hab�an dejado el cheque en el suelo del vest�bulo, para que cualquier drogadicto de Halsted se lo encontrara. Tambi�n, metidas en una cajita, estaban las llaves del apartamento de Boom Boom con una nota del sargento McGonnigal diciendo que la polic�a hab�a acabado su investigaci�n y que pod�a utilizarlo cuando quisiera.</p><p>Me serv� m�s caf� y pens� en lo que tendr�a que hacer. El primero en la lista era Mattingly. Llam� a Pierre Bouchard y le pregunt� d�nde podr�a encontrar a Mattingly si estaba en la ciudad pero no en casa.</p><p>Chasque� la lengua.</p><p>��No s� decirte, Vic. Siempre he evitado a ese hombre. Pero preguntar� por ah� y ver� qu� puedo averiguar.</p><p>Le dije que Elsie estaba a punto de dar a luz y volvi� a chasquear la lengua.</p><p>���Ese hombre! �Menudo tipejo!</p><p>��Por cierto, Pierre, �sabes si Howard sabe bucear?</p><p>���Bucear? -repiti�-. No, Vic, ya te digo que no le conozco bien. No conozco sus costumbres personales. Pero preguntar� Ah, no cuelgues. Tengo el nombre �se para ti.</p><p>���Qu� nombre?</p><p>���No llamaste a Anna antes de marcharte? Quer�as saber el nombre del hombre que conocimos en Navidad, cuando Boom Boom conoci� a Paige Carrington.</p><p>��Ah, s�. -Me hab�a olvidado completamente. El hombre que estaba interesado en comprar unas acciones de los Halcones Negros, el hombre para el que Odinflute hab�a organizado aquella fiesta.</p><p>��Se llama Niels Grafalk. Myron dice que decidi� no comprar al final.</p><p>��Ya -dije d�bilmente. No dije nada m�s y, despu�s de un momento, Bouchard dijo:</p><p>���Vic? �Vic? �Sigues ah�?</p><p>���Qu�? Ah, s�, Pierre� Av�same si sabes algo de Mattingly.</p><p>Aunque distra�da, me fui con mi cheque a Humboldt Olds, donde compr� un Omega, un modelo rojo de 1981 con cincuenta mil millas y direcci�n y frenos hidr�ulicos. Tuve que firmar un contrato de financiaci�n de ochocientos d�lares, pero no me resultar�a imposible de pagar. No ten�a m�s que alquilar el apartamento de Boom Boom por una buena cantidad en cuanto todo el l�o estuviese aclarado. Si es que se aclaraba alguna vez.</p><p>As� que Niels Grafalk estuvo interesado en los Halcones Negros. Y Paige hab�a ido a la misma fiesta. �Y a qui�n conoc�a ella? �Qui�n la hab�a llevado? Era una coincidencia interesante. Me preguntaba si me lo dir�a si la llamaba.</p><p>Conduje en un estado de semiinconsciencia y llegu� al apartamento de Boom Boom a las tres y media, aparcando el Olds frente a una se�al de PROHIBIDO APARCAR entre Chestnut y S�neca. Despu�s de dos semanas de abandono, incluyendo un robo y una investigaci�n policial, el lugar ten�a un aspecto mucho peor que el que ten�a el m�o aquella ma�ana. El polvo gris de los detectores de huellas cubr�a todos los papeles. La tiza blanca marcaba a�n el contorno del cuerpo de Henry Kelvin junto al escritorio.</p><p>Me serv� un vaso de Chivas. Estaba lista si iba a hacer dos limpiezas en un mismo d�a. En lugar de ello, hice un intento de reordenar los papeles por categor�as. Contratar�a a un equipo de limpieza y un pasante para hacer el resto del trabajo. Francamente, estaba harta de aquel lugar.</p><p>Di una vuelta al apartamento para recoger cosas que me interesaran: el primer y el �ltimo palo de hockey de Boom Boom, un t�tem de Nueva Guinea del sal�n y varias fotos suyas en diversas posturas de hockey que cog� de la habitaci�n de invitados. Una vez m�s, mi foto vestida de toga en la escuela de leyes me sonri� tontamente desde la pared. La cog� y la a�ad� al mont�n que llevaba bajo el brazo.</p><p>Una vez que el pasante repartiera los papeles entre las personas a las que pertenec�an y los de la limpieza hubiesen eliminado el polvo grasiento, pondr�a el apartamento y el resto de sus posesiones a la venta. Con un poco de suerte, nunca tendr�a que volver a visitar aquel lugar. Met� las cosas en el maletero y me march�. No me hab�an puesto una multa. Puede que mi suerte hubiese empezado a cambiar.</p><p>Pr�xima parada: las oficinas de la Eudora. Me mor�a de ganas de hablar con Bledsoe y preguntarle por qu� Mattingly se hab�a ido de Sault Ste. Marie en su aeroplano, pero segu�a pensando que las finanzas de Phillips merec�an toda mi atenci�n de momento.</p><p>La �ltima hora de la tarde del s�bado era un curioso momento para visitar el puerto de Chicago. No hab�a gran actividad en los silos. Los grandes barcos parec�an gigantes dormidos, preparados para entrar en fren�tica actividad si los despertaban. Met� el Omega en el aparcamiento de la oficina regional de la Eudora y me encontr� andando de puntillas por el asfalto hasta llegar a una puerta lateral.</p><p>Hab�a una campanilla en el muro con un cartelito que dec�a: �PARA DEJAR MERCANC�A, LLAMEN�. Llam� varias veces y esper� cinco minutos. No vino nadie. Si hab�a vigilante nocturno, no estaba por all�. Saqu� del bolsillo de atr�s un juego de ganz�as de ladr�n y me dispuse a abrir la puerta met�dicamente.</p><p>Diez minutos m�s tarde, me encontraba dentro del despacho de Phillips. �l o la eficiente Lois se cuidaban de que los archivos quedaran cerrados con llave. Con un suspiro de resignaci�n, volv� a sacar mis ganz�as y abr� los cajones de aquella habitaci�n y los tres del escritorio de Lois que estaba fuera. Llam� a Lotty, le dije que no ir�a a cenar y me puse a trabajar. Si lo hubiera pensado antes, me habr�a llevado unos sandwiches y un termo de caf�.</p><p>Phillips guardaba un curioso mont�n de porquer�as en el caj�n de arriba de su escritorio. Tres clases diferentes de anti�cidos; agendas de hac�a seis a�os, la mayor�a sin usar; gotas para la nariz; un viejo par de chanclos; dos calculadoras rotas y extra�os trozos de papel. Los cog�, los alis� con cuidado y los le�. La mayor�a eran mensajes telef�nicos que hab�a arrugado y echado al caj�n. Un par de Grafalk, uno de Argus. Los otros eran nombres que no reconoc�, pero los anot� por si avanzaba tanto que necesitara comprobarlos.</p><p>Los libros estaban en un archivador de nogal junto a la ventana. Los saqu� con prontitud. Eran papeles de ordenador, impresos una vez al mes, verificados con las sumas del a�o y comparados con los a�os anteriores. Despu�s de llevar un rato mirando, encontr� el informe A36000059-G, los pagos a los transportistas. Todo lo que necesitaba era mi lista de contratos y podr�a comparar las fechas y ver si el: total coincid�a.</p><p>Al menos eso pens�. Fui a ver en los cajones de Lois y encontr� los originales de los contratos que Janet me hab�a fotocopiado. Me los llev� al despacho de Phillips para compararlos con el informe A36000059-G. Entonces me di cuenta de que los libros estaban archivados por n�mero de factura, no por fecha de contrato. Al principio pens� que podr�a comparar los totales de los pedidos de compra individuales del libro; saqu� las de la Pole Star como ejemplo.</p><p>Desgraciadamente, los transportistas al parecer met�an m�s de un servicio en cada factura. Los totales de las facturas eran mucho mayores que las transacciones individuales y el n�mero total de facturas pagadas mucho menor, y me pareci� que aqu�lla era la �nica explicaci�n.</p><p>Sum� y rest�, comparando los n�meros de todas las maneras que se me ocurrieron, pero me vi forzada a reconocer que no era capaz de sacar ninguna conclusi�n sin tener las facturas parciales. Y no las encontraba por ninguna parte. Ni una. Revis� todos los dem�s cajones de Phillips y los de Lois y finalmente los archivadores. No encontr� ni una sola factura all�.</p><p>Antes de dar por terminada la velada, mir� en la secci�n de n�minas de las carpetas. All� estaba en primer lugar el sueldo de Phillips, tal como Janet me hab�a dicho. Si hubiese sabido que iba a meterme en aquel lugar, nunca le hubiera pedido que mirase en la papelera y se arriesgara a que la echasen.</p><p>Me golpe� ligeramente los dientes con un l�piz. Si Phillips estaba sacando dinero extra de la Eudora, no era por medio de su n�mina. Adem�s, los libros se imprim�an en los ordenadores de la Eudora, en Kansas. Si estaba manipulando las cuentas ten�a que ser m�s sutil.</p><p>Me encog� de hombros y mir� el reloj. Eran pasadas las nueve. Estaba cansada. Muy hambrienta. Y me dol�a el hombro. Me merec�a una buena cena, un largo ba�o y un sue�o profundo, pero a�n me quedaba un recado por hacer en la agenda del d�a.</p><p>De vuelta en mi apartamento, ech� un poco de pasta congelada en una olla con tomates y albahaca y abr� el grifo del ba�o. Enchuf� el tel�fono en el cuarto de ba�o y llam� a la casa de Phillips en Lake Bluff. No estaba, pero su hijo pregunt� amablemente si quer�a dejar alg�n mensaje.</p><p>Saqu� la pierna derecha del agua y me frot� con la esponja llena de jab�n mientras me lo pensaba.</p><p>��Soy V. I. Warshawski -dije, deletre�ndoselo-. D�gale que los auditores del se�or Argus querr�n saber d�nde est�n las facturas que faltan.</p><p>El chico me repiti� el mensaje, dudoso.</p><p>��Eso es.</p><p>Le di mi n�mero y el de Lotty y colgu�.</p><p>La pasta herv�a con un ruido agradable y me la llev� conmigo al dormitorio mientras me vest�a: pantalones de terciopelo negro con una blusa de cuello alto y una torera ajustada de terciopelo roja y negra. Tacones y grandes pendientes. Lista para una velada en el teatro. O para el final de una velada en el teatro. Por alg�n extra�o milagro, no me ech� tomate en la blusa blanca. Desde luego, me estaba cambiando la suerte.</p><p>Llegu� a Windy City Balletworks a las diez y media en punto. Una aburrida joven en mallas y falda envolvente me dijo que la obra acabar�a dentro de diez minutos. Me dio un programa y me dej� entrar sin pagar.</p><p>El peque�o teatro estaba a rebosar y no me molest� en encontrar un sitio en la penumbra. Me apoy� contra la pared de atr�s, quit�ndome los zapatos y qued�ndome en medias junto a las salidas. Se estaba representando un vigoroso <emphasis>pas de deux </emphasis>de un ballet cl�sico. Paige no era la bailarina. Fuera quien fuese, parec�a t�cnicamente buena, pero le faltaba la chispa que Paige pon�a en sus actuaciones. Toda la compa��a apareci� en el escenario en un complicado final y se acab� el espect�culo.</p><p>Cuando se encendieron las luces, mir� parpadeando el programa para asegurarme de que Paige bailaba aquel d�a. S�, <emphasis>Pavana para un camello </emphasis>se hab�a representado justo antes del segundo acto de <emphasis>Giselle </emphasis>que acababa de ver.</p><p>Volv� al vest�bulo y segu� a un peque�o grupo de personas hacia la puerta que llevaba directamente a los vestuarios. En lugar de abordar a Paige en su vestuario compartido, me sent� fuera a esperarla en una silla plegable. Los bailarines empezaron a salir en grupos de dos o de tres, sin dignarse echarme ni una mirada. Hab�a ido provista de una novela, recordando los cuarenta y cinco minutos de la vez anterior, y pas� las p�ginas, levantando la vista en vano cada vez que la puerta se abr�a.</p><p>Pasaron cincuenta minutos. En el momento en que me convenc�a de que se habr�a ido al acabar la <emphasis>Pavana, </emphasis>sali�. Como siempre, su exquisito aspecto me hizo sentir un poco deprimida. Aquella noche llevaba un abrigo de piel plateado, posiblemente zorro, que le hac�a parecerse a Geraldine Chaplin en <emphasis>Doctor Zhivago.</emphasis></p><p>��Hola, Paige. Me temo que llegu� demasiado tarde para ver la <emphasis>Pavana. </emphasis>Puede que la vea ma�ana en la sesi�n de tarde.</p><p>Se dio un ligero susto y luego sonri� con cautela.</p><p>��Hola, Vic. �Qu� preguntas impertinentes has venido a hacerme? Espero que sean pocas, porque llego tarde a una cita para cenar.</p><p>���Tratando de ahogar tus penas?</p><p>Me lanz� una mirada indignada.</p><p>��La vida sigue, Vic. Tendr�as que aprenderlo.</p><p>��As� es, Paige. Siento tener que hacerte volver a un pasado que est�s tratando de olvidar, pero me gustar�a saber qui�n te llev� a la fiesta de Guy Odinflute.</p><p>���Qui�n� qu�?</p><p>���Recuerdas la fiesta de Navidad en la que conociste a Boom Boom? Niels Grafalk quer�a conocer a algunos jugadores de hockey para decidir si invert�a en los Halcones Negros, y Odinflute le organiz� una fiesta. �O has decidido borrar eso de tu mente junto con todo el pasado reciente?</p><p>Sus ojos se pusieron repentinamente oscuros y enrojeci�. Sin una palabra, levant� la mano para abofetearme. Le cog� la mu�eca y con suavidad le baj� la mano hasta el costado.</p><p>��No me pegues, Paige. He aprendido a pelear en la calle y no me gustar�a perder la paciencia y hacerte da�o� �Qui�n te llev� a la fiesta de Odinflute?</p><p>���A ti qu� te importa! Y ahora, �quieres hacer el favor de largarte del teatro antes de que llame al guarda y le diga que me est�s molestando? Y, por favor, no vuelvas nunca. Me pondr�a enferma que estuvieses contempl�ndome mientras bailo.</p><p>Se march� andando con airoso furor por el vest�bulo y sali�. La segu� a tiempo de verla meterse en un sed�n oscuro. Conduc�a un hombre, pero no pude verle la cara en la d�bil luz.</p><p>No me sent�a de humor para tener compa��a, ni siquiera la de Lotty. La llam� desde mi apartamento para decirle que no se preocupase. Normalmente no lo hac�a, pero sab�a que se hab�a preocupado mucho cuando la destrucci�n del <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>Por la ma�ana baj� a la esquina a comprar el <emphasis>Herald Star </emphasis>del domingo y unos croissants. Mientras ca�a el caf� en mi cafetera de porcelana, intent� localizar a Mattingly. Nadie contest�. Me preguntaba si Elsie habr�a ido ya al hospital. Llam� a Phillips, pero tampoco contestaron. Eran casi las once. Puede que tuvieran que hacer una aparici�n ritual en la iglesia presbiteriana de Lake Bluff.</p><p>Apoy� el peri�dico contra la cafetera y me sent� a leerlo. Una vez le dije a Murray que la �nica raz�n por la que compraba el <emphasis>Herald Star </emphasis>era porque ten�a m�s historietas que todos los dem�s peri�dicos de la ciudad. Tambi�n es el que mejor informa de los delitos. Pero siempre leo antes las historietas.</p><p>Iba por la segunda taza cuando me encontr� una noticia sobre Mattingly. Casi no me doy cuenta. El titular de una p�gina interior dec�a: V�ctima de un atropello en Kosciuszko Park, pero me fij� en su nombre y le� la noticia entera:</p><p>�El cuerpo de un hombre identificado como Howard Mattingly fue encontrado la noche pasada en Kosciuszko Park. V�ctor Golun, de veintitr�s a�os, con domicilio en North Central Avenue, corr�a por el parque a las diez de la pasada noche, cuando se encontr� el cuerpo de Mattingly escondido detr�s de un �rbol en uno de los senderos para corredores. Mattingly, de treinta y tres a�os, era un ala suplente de los Halcones Negros de Chicago. La polic�a dice que lo atropello un coche y que le trasladaron al parque a que muriera. Estiman que llevaba muerto unas veinte horas cuando Golun lo encontr�. Mattingly deja esposa, Elsie, de veinte a�os, dos hermanos y madre.�</p><p>Hice c�lculos mentales. Hab�a muerto hacia las dos de la ma�ana del s�bado como muy tarde, atropellado seguramente la noche del viernes, quiz� nada m�s volver de Sault Ste. Marie. Sab�a que tendr�a que llamar a Bobby Mallory y decirle que reconstruyese los movimientos de Mattingly desde que sali� del avi�n de Bledsoe la noche del viernes. Pero antes quer�a hablar yo con Bledsoe y averiguar por qu� Mattingly hab�a volado de vuelta a casa en su avi�n.</p><p>El tel�fono de la casa de Bledsoe no aparec�a en ninguno de los listines telef�nicos urbanos ni suburbanos de Chicago. Por probar, llam� a la Pole Star, pero naturalmente no hab�a nadie en domingo.</p><p>Llam� a Bobby Mallory para saber si hab�a algo nuevo acerca de la muerte de Henry Kelvin.</p><p>��Recog� las llaves y fui all�. El lugar estaba hecho un asco. �Hab�is detenido ya a alguien?</p><p>���Te tienen en n�mina o qu�? Esa familia no hace m�s que darnos la lata todo el d�a. No solucionamos antes los cr�menes porque nos est�n fastidiando continuamente.</p><p>Depende de qui�n est� fastidiando, pens�. Pero me guard� el comentario. Quer�a informaci�n, no o�r a Bobby grit�ndome. As� que solt� un chasquido comprensivo.</p><p>��He le�do sobre el caso de atropello de Kosciuszko Park. Ese Mattingly jugaba con Boom Boom en los Halcones Negros. Espero que los Halcones tengan m�s gente. El equipo parece estar desintegr�ndose.</p><p>��Ya sabes que no me gusta que me llames y te pongas a charlar conmigo de cr�menes, Vicki. Y espero que no lo hagas s�lo por fastidiarme. As� que tienes que tener un inter�s especial en el caso, �no?</p><p>��No, no es eso -dije r�pidamente-. Pero conozco a su mujer. Es muy fr�gil, no es m�s que una ni�a, la verdad, y no creo que pueda encajar muy bien este golpe. Va a tener su primer hijo de un momento a otro.</p><p>��S�, lo ha tenido esta ma�ana. Entre t� y yo, ha tenido suerte de librarse de ese tipejo. Era un peque�o sobornador, ten�a la mano metida en el bolsillo de todo el mundo. Tambi�n jugaba. Si hubiese sido arbitro, habr�a andado ama�ando partidos.</p><p>���Crees que alguno de sus acreedores se cansar�a de esperar y fue a por �l?</p><p>��No creo nada que te interese. Ya te lo he dicho mil veces. Deja de meter las narices en la delincuencia. S�lo vas a conseguir hacerte da�o. D�jaselo�</p><p>���a la polic�a. Les pagan para eso -acab� a coro con �l-. Me lo has dicho m�s bien un mill�n de veces, Bobby. Gracias. Dale recuerdos a Eileen -a�ad� cuando me colgaba.</p><p>Luego llam� a Murray Ryerson. No estaba en el <emphasis>Star </emphasis>pero le encontr� en casa, saliendo a rastras de la cama.</p><p>���V. I. qu�? -gru��-. No son m�s que las once de la ma�ana.</p><p>��Arriba, arriba. Quiero hablar contigo.</p><p>��Vic, sabes cu�nto tiempo llevo esperando o�rte decir esas palabras. Mi madre siempre me dice: �Murray, no hace m�s que utilizarte.No quiere m�s que sacarte informaci�n.� Pero en el fondo, yo sigo teniendo esperanzas de que un d�a mi ardiente pasi�n sea mutua.</p><p>��Murray, tu ardiente pasi�n, aparte de la cerveza, es una buena historia. A m� me pasa igual. �Por qu� no vienes y vamos a ver a los pobres Cubs pas�ndolo fatal con el m�ximo ganador y yo te doy la exclusiva del naufragio del <emphasis>Lucelia?</emphasis></p><p>���Qu� sabes de eso? -me pregunt� con viveza.</p><p>��Estaba all�, fui testigo presencial. Vi c�mo ocurr�a todo. Puede que viera incluso al hombre, o a la mujer, que puso las cargas de profundidad.</p><p>��Dios m�o, Vic, no me lo creo. No me creo que caigas del cielo y me cuentes eso. �Qui�n era? �D�nde lo viste? �Estaba en la esclusa? �Va en serio?</p><p>��Desde luego -le dije virtuosamente-. �Quedamos?</p><p>��D�jame llevar a Mike Silchuck con la c�mara para que te haga una foto. Ahora vamos a empezar por el principio. �Por qu� estabas en el <emphasis>Lucelia?</emphasis></p><p>���Vas a venir conmigo al partido o no?</p><p>��Oh, est� bien. Pero no me va a resultar muy alegre ver c�mo Atlanta masacra a nuestros honestos chicos de azul.</p><p>Acordamos vernos en las gradas a las doce cuarenta y cinco. Justo antes de colgar, dijo:</p><p>���Qu� quieres de m�, Vic? �Por qu� esta puesta en escena tan elaborada?</p><p>��Te veo en el partido, Murray -me re�, y colgu�.</p><p>Antes de marcharme volv� a intentar hablar con Phillips. Contest� Jeannine.</p><p>��Hola, se�ora Phillips. Soy V. I. Warshawski. Soy socia de su marido. �Puedo hablar con �l, por favor?</p><p>No estaba en casa. No sab�a cu�ndo iba a volver. Me pareci� que ment�a. Bajo su altivez se la o�a asustada. Intent� sondearla un poco, pero no consegu� nada. Al final le pregunt� a qu� hora se hab�a marchado. Me colg�.</p></section><section><title><p>20</p></title><subtitle>Descargando</subtitle><empty-line/><p>Los Braves dieron una paliza a los Cubs. S�lo Keith Moreland, golpeando con un porcentaje del 35 por 100, hizo algo que mereciese la pena, mandando la pelota a las manos de un ni�o muy animado de unos nueve a�os sentado delante de m�. De todos modos, el d�a era soleado, aunque fr�o, la multitud entusiasta y Murray y yo disfrutamos de unos cuantos perritos calientes. Dej� que �l bebiese la cerveza; a m� no me gusta.</p><p>Mike Silchuck me hab�a hecho una docena de fotos ante la taquilla. Por desgracia, todas mis cicatrices estaban en lugares que no quer�a airear en pleno Addison, as� que tuvieron que contentarse con un aspecto de noble valent�a. Murray me hizo preguntas sin parar durante los tres primeros <emphasis>innings, </emphasis>y se pas� el cuarto hablando por tel�fono cont�ndole la exclusiva al <emphasis>Herald Star.</emphasis></p><p>En medio del sexto, mientras los Braves hac�an cinco carreras, le pregunt� a Murray por Mattingly.</p><p>��Es un rufiancillo, Vic. �Qu� quieres saber de �l?</p><p>���Qui�n le mat�?</p><p>Como Mallory, supuso inmediatamente que Mattingly o su esposa-madre-hermanos eran mis clientes. Le cont� lo mismo que le hab�a contado a Bobby.</p><p>��Adem�s, aunque creo que Boom Boom le odiaba, sent�a l�stima por la peque�a Elsie. S� que sol�a pasarle unos cuantos d�lares para estirar su econom�a dom�stica, mientras que Mattingly le escatimaba el dinero porque lo necesitaba para sus deudas de juego.</p><p>���Por qu� segu�a con �l? -pregunt� Murray irritado.</p><p>��Oh, Murray, espabila. �Por qu� cualquiera sigue con cualquiera? Es una ni�a, un beb�. No deb�a tener ni dieciocho a�os cuando se cas� con �l, y toda su familia est� en Oklahoma� Bueno, no nos metamos en la psicolog�a del matrimonio. Dime s�lo si hay pistas en su asesinato.</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>��Llevaba tres o cuatro d�as fuera de la ciudad. Elsie no sabe a d�nde hab�a ido ni c�mo lleg� hasta all�, y la polic�a no ha encontrado a nadie que pueda ayudar. Han interrogado a todo el equipo de hockey, claro, pero, que yo sepa, todos sienten del mismo modo que tu primo.</p><p>As� que la conexi�n con Bledsoe segu�a oculta. O al menos, la conexi�n con su avi�n.</p><p>���Llevaba por casualidad unas botas Arroyo talla doce?</p><p>Murray me mir� de un modo extra�o.</p><p>���La huella que hab�a en el apartamento de Boom Boom? No lo s�, pero lo averiguar�.</p><p>Me concentr� en el partido. A mi h�roe, Bill Buckner, le eliminaron. As� es la vida. Me imaginaba lo que sent�a.</p><p>Despu�s del partido, Murray me acompa�� paseando hasta casa para tomar algo m�s s�lido que un perrito caliente. Rebusqu� en mi vac�a despensa y aparec� con at�n, tallarines congelados y aceitunas. Nos bebimos una botella de Barolo y dejamos a un lado la delincuencia durante unas cuantas horas, en las que descubr� la cantidad de ejercicio que mi hombro dislocado era capaz de hacer.</p><p>Murray y yo hemos sido rivales en las escenas del crimen, amigos y amantes ocasionales desde hace varios a�os. Pero, no s� por qu�, nuestra relaci�n no acaba de desarrollarse. Puede que nuestra rivalidad en la investigaci�n criminal se meta por medio siempre.</p><p>Alrededor de medianoche, el <emphasis>Star </emphasis>le llam� a trav�s de su busca personas y se march� a ocuparse de un tiroteo de la Mafia en River Forest. Los buscapersonas son uno de los inventos m�s in�tiles del siglo veinte. �Qu� diferencia hay en que tu oficina te encuentre ahora o una hora m�s tarde? �Por qu� no concederte un descanso?</p><p>Se lo pregunt� a Murray mientras se estiraba la camiseta sobre los rizos cobrizos de su pecho.</p><p>��Si no supieran d�nde encontrarme, el <emphasis>Sun Times </emphasis>o el <emphasis>Trib </emphasis>me pisar�an la informaci�n -murmur� a trav�s de la tela.</p><p>��S� -gru��, tumb�ndome en la cama-. Los americanos temen que si se desconectan de sus juguetes electr�nicos durante cinco minutos van a perd�rselo� todo. La vida. Imagina que no hubiera televisi�n, ni tel�fonos, ni buscapersonas, ni ordenadores durante tres minutos. Te morir�as. Ser�as como una ballena varada en la playa.</p><p>Me estaba lanzando en una apasionada cr�tica contra los aparatos de los que dependemos y Murray me tir� una almohada a la cara.</p><p>��Hablas demasiado, Vic.</p><p>��Eso es lo que le pas� a la chica de <emphasis>Buscando a Mr. Goodbar </emphasis>-me tambale� desnuda detr�s de �l hasta el vest�bulo para correr los cerrojos cuando se fuera-. Se lleva al chico a casa y �l la ahoga con su propia almohada� Espero que escribas la cr�nica definitiva sobre la Mafia en Chicago y consigas echarlos de la ciudad.</p><p>Cuando Murray se march�, no pude volver a dormir. Nos hab�amos acostado temprano, alrededor de las siete y media, y hab�amos dormido un par de horas. En aquel momento sent�a los cabos sueltos d�ndome vueltas en la cabeza como tiras de tallarines. No sab�a d�nde encontrar a Bledsoe. Era demasiado tarde para llamar a casa de los Phillips de nuevo. Demasiado tarde para llamar a Grafalk y averiguar si hab�a ido solo a aquella fiesta de Navidad. Ya me hab�a colado en las oficinas de la Eudora. Incluso hab�a limpiado mi apartamento. A menos que quisiera ponerme a lavar platos por segunda vez en veinticuatro horas, no ten�a nada que hacer m�s que ir y venir.</p><p>Alrededor de la una y media las paredes empezaron a ca�rseme encima. Me vest� y cog� uno de los pendientes de diamantes de mi madre de la caja fuerte de mi armario. Sal� a Halsted, desierta a aquellas horas de la ma�ana, excepto por unos cuantos borrachos. Entr� en el Omega y me dirig� a Lake Shore Drive. Fui hacia el sur durante unas cuantas millas, atraves� el Loop y me met� por Meigs Field, el peque�o aeropuerto de Chicago que est� a la orilla del lago.</p><p>Las luces azules de aterrizaje no iluminaban nada en la densa oscuridad. Parec�an como puntos sin sentido, no parec�an formar parte de una organizaci�n humana. Tras la peque�a pista de aterrizaje se ve�a el lago �Michigan, una presencia oscura�. Ni siquiera un buscapersonas me un�a al resto del mundo.</p><p>Cruc� la pista y pase� por las rocas llenas de algas hasta llegar al borde del agua, temblando ante la amenaza innombrable del agua negra. El agua que bat�a a mis pies parec�a atraerme hacia ella. Todas las cosas oscuras que uno teme son fascinantes. No pienses en ahogarte, en Boom Boom jadeando y luchando por respirar. Piensa en el descanso infinito, sin responsabilidades, sin necesidad de control. S�lo el descanso perfecto.</p><p>El rugido de un motor me devolvi� a la realidad. Un avi�n biplaza estaba aterrizando. Parec�a una criatura viviente, con sus luces destellando alegres y las alas batiendo al descender, como un insecto ruidoso pos�ndose para descansar un poco.</p><p>Volv� por encima de las rocas hasta la peque�a terminal. No hab�a nadie en la sala de espera. Volv� a salir y segu� a los dos hombres que acababan de llegar hasta una oficina. All�, un joven delgado con pelo color paja y nariz muy puntiaguada se puso a ver con ellos sus hojas de vuelo. Hablaban de cierto viento que les hab�a cogido cerca de Galena y los tres se enzarzaron en animada discusi�n acerca de lo que pod�a haberlo provocado. Aquello continu� durante unos diez minutos m�s, mientras yo vagaba por la habitaci�n mirando diversas fotograf�as a�reas de la ciudad y el campo circundante.</p><p>Por fin, el joven delgado se separ� a rega�adientes del mapa meteorol�gico y me pregunt� si pod�a servirme en algo.</p><p>La lanc� mi sonrisa m�s zalamera: Lauren Bacall intentando convencer a Sam Spade de que le hiciera el trabajo sucio.</p><p>��Vine en el avi�n del se�or Bledsoe el viernes pasado por la noche y creo que he perdido all� un pendiente -saqu� el diamante de mi madre del bolsillo de la cazadora-. Es como �ste. Debi� salirse el cierre.</p><p>El joven frunci� las cejas.</p><p>���Cu�ndo lleg� usted?</p><p>��El viernes. Creo que fue alrededor de las cinco.</p><p>���Qu� avi�n tiene Bledsoe?</p><p>Me encog� de hombros, femenina e indefensa.</p><p>��No s�. Tiene seis plazas, creo. Es nuevo -a�ad� para colaborar-. La pintura es nueva y brillante�</p><p>El joven cambi� una mirada masculina de entendimiento con los otros dos. Las mujeres son tan est�pidas� Sac� un diario de vuelo de un cuaderno y pas� el dedo por las notas.</p><p>��Bledsoe. Ah, s�. Un Piper Cub. Lleg� el viernes a las cinco y veinte. S�lo iba un pasajero. El piloto no dijo nada de una mujer.</p><p>��Bueno, le ped� que no lo hiciera. No quer�a que nadie supiese que iba en el aparato. Pero ahora que he perdido el pendiente� No s� qu� har� �Va a venir Cappy esta ma�ana? �Podr�a pedirle que me lo busque?</p><p>��S�lo viene cuando Bledsoe necesita volar.</p><p>��Bueno, �y no tiene su n�mero de tel�fono?</p><p>Despu�s de un rato de carraspeos y vacilaciones, durante los cuales los otros dos estuvieron haci�ndose gui�os a escondidas, el joven me dio el n�mero de Cappy. Le di las gracias efusivamente y me march�. El fin justifica los medios.</p><p>De vuelta a casa me acord� de los recuerdos que me hab�a llevado del apartamento de Boom Boom y los saqu� del maletero. Mi brazo izquierdo segu�a cur�ndose a pesar de que no hac�a m�s que abusar de �l, y el peso no me produjo m�s que unos tirones de poca monta. Con todo metido bajo el brazo derecho, abr� la cerradura del portal con la izquierda. El t�tem de Nueva Guinea empez� a tambalearse. Luch� por impedir que cayera y las fotos se estrellaron contra el suelo. Jur� entre dientes, lo puse todo en el suelo, abr� la puerta con las dos manos, la empuj� de una patada y met� las cosas como es debido dentro del edificio.</p><p>Hab�a conseguido salvar el t�tem, pero los cristales de las fotos estaban rotos. Los puse sobre la mesita de caf� y separ� los marcos, tirando los cristales a una papelera.</p><p>Mi foto con la toga estaba muy ajustada al marco. Boom Boom deb�a de haber puesto muchas hojas de cart�n dentro para que la parte de atr�s estuviese bien encajada.</p><p>�No ten�as que haberme comprado un marco tan barato, Boom Boom�, murmur� para m�. Finalmente me fui a la cocina a por un par de guantes del horno. Con ellos puestos, consegu� sacar el marco de la parte de atr�s, lanzando vidrios por todos lados. Entre la foto y la parte de atr�s hab�a un fajo de papeles blancos muy doblados. Por eso la foto estaba tan apretada.</p><p>Desdobl� el fajo. Resultaron ser dos papeles. Uno era una factura de la Grafalk-Steamship Line a la Compa��a de Grano Eudora. Condiciones: diez d�as, dos por ciento, treinta d�as, neto, sesenta d�as, dieciocho por ciento de inter�s. Reflejaba cargas por barco, fecha de embarque y fecha de llegada. La segunda hoja, escrita por la meticulosa mano de Boom Boom, era una nota de seis fechas en las que la Pole Star hab�a perdido embarques a favor de la Grafalk.</p><p>Boom Boom tambi�n hab�a anotado las ofertas. En cuatro casos, la Pole Star era el postor m�s bajo. Me puse a buscar por todo el apartamento la bolsa con las copias de los contratos y luego me acord� de que las hab�a dejado en casa de Lotty. Ni siquiera a Lotty pod�a levantarla a las tres de la ma�ana para recoger unos papeles.</p><p>Me serv� un buen whisky y me qued� junto a la ventana de la sala para beb�rmelo. Miraba el tr�fico nocturno que pasaba por Halsted. Boom Boom hab�a intentado llamarme para contarme lo que hab�a descubierto. Al no localizarme, meti� los papeles detr�s de mi fotograf�a. No para que yo los encontrase, sino para ocultarlos de otros. Pens� que los recuperar�a y podr�a d�rmelos; por eso no me hab�a dejado ning�n mensaje. Un espasmo de dolor me contrajo el pecho. Echaba much�simo de menos a Boom Boom. Quer�a llorar, pero no me sal�an las l�grimas.</p><p>Por fin me alej� de la ventana y me fui a la cama. No dorm� mucho, y cuando dorm� lo hice atormentada por sue�os en los que Boom Boom estiraba sus brazos en un lago fr�o y negro mientras yo estaba all� sin poder hacer nada. A las siete abandon� todo intento de descansar y me di un ba�o. Esper� hasta las ocho y llam� al piloto de Bledsoe, Cappy. Lo cogi� su esposa, que fue a avisarle al patio de atr�s, donde estaba plantando petunias.</p><p>���Se�or Cappy? -dije.</p><p>��Capstone. La gente me llama Cappy.</p><p>��<emphasis>Ya� </emphasis>Se�or Capstone, me llamo Warshawski. Soy detective y estoy investigando la muerte de Howard Mattingly.</p><p>��No he o�do nunca hablar de �l.</p><p>���No era �l el pasajero que llev� desde Sault Ste. Marie el viernes por la noche?</p><p>��No. No era �se.</p><p>���No ten�a el pelo rojo brillante? �Y una cicatriz a la izquierda de la cara? �Muy robusto?</p><p>Dijo que parec�a ser la misma persona.</p><p>��Bien, creemos que viajaba bajo nombre supuesto. Apareci� muerto la noche pasada. Lo que estoy intentando averiguar es a d�nde fue cuando se march� del aeropuerto.</p><p>��Ni idea. S�lo s� que le esperaba un coche en Meigs. Se meti� dentro y se larg�. Yo estaba rellenando el diario de vuelo y ni me fij�.</p><p>No hab�a visto al conductor. No, no pod�a decir qu� marca de coche era. Era grande, no una limusina, pero pod�a haber sido un Cadillac o un Oldsmobile.</p><p>���C�mo es que trajo a ese hombre de vuelta a casa? Cre� que iba usted a llevar al se�or Bledsoe, pero se march� antes de que el <emphasis>Lucelia </emphasis>entrase en la esclusa.</p><p>��S�, bueno, es que el se�or Bledsoe me llam� y me dijo que no iba a volar conmigo. Me dijo que llevase al tipo �se. Dijo que se llamaba Oleson y eso es lo que puse en el diario de vuelo.</p><p>���Cu�ndo le llam� Bledsoe? Estuvo a bordo del barco durante todo el viernes.</p><p>Le hab�a llamado el jueves por la tarde. No, Cappy no pod�a asegurar que fuese Bledsoe. De hecho, el propio Bledsoe le hab�a llamado para hacerle la misma pregunta. Pero �l no aceptaba �rdenes de nadie m�s que del due�o del avi�n, as� que, �qu� otro pod�a haber sido?</p><p>La l�gica de tal argumento se me escapaba. Le pregunt� para qui�n m�s volaba, pero se pic� y dijo que la lista de sus clientes era confidencial.</p><p>Al colgar, lentamente, me volv� a preguntar si no ser�a hora de darle mi informaci�n acerca de Mattingly a Bobby Mallory. La polic�a podr�a poner su maquinaria investigadora en movimiento y preguntar a todo el mundo que hubiera estado en Meigs Field el viernes por la noche hasta que encontrase a alguien que identificara el coche. Mir� los documentos de Boom Boom que estaban en la mesa junto al tel�fono. La respuesta a todo aquel jaleo se encontraba en aquellos papeles. Me daba veinticuatro horas m�s, y luego iba a ver a Bobby.</p><p>Intent� llamar a la Pole Star. La l�nea estaba ocupada. Llam� a la Eudora. La recepcionista me dijo que el se�or Phillips no hab�a llegado a�n. �Le esperaban? Que ella supiese, s�. Llam� a su casa de Lake Bluff. La se�ora Phillips me dijo secamente que su esposo se hab�a marchado a trabajar. �As� que hab�a ido a casa la noche anterior? Me colg� otra vez.</p><p>Me hice un caf� y una tostada y me vest� para la acci�n: zapatillas de correr, vaqueros, una camiseta de algod�n gris y chaqueta vaquera. Echaba de menos ni Smith &amp; Wesson, que estar�a en alg�n lugar del fondo de la esclusa Poe. Quiz� cuando sacasen el <emphasis>Lucelia </emphasis>pudiesen buscar mi pistola entre el fangoso centeno y devolv�rmela.</p><p>Antes de marcharme son� el timbre de abajo. Apret� el bot�n de apertura del portal y baj� a ver qui�n era. Result� ser una persona que entregaba citaciones -un estudiante-, me entreg� una para que fuese al Tribunal de Investigaciones de Sault Ste. Marie el lunes siguiente. El joven pareci� muy aliviado al ver que lo aceptaba con tanta calma, limit�ndome a met�rmelo en el bolso. Yo entrego muchas citaciones y los receptores suelen oscilar entre la irritaci�n y la violencia.</p><p>Me par� en la esquina para comprarle a Lotty un ramo de lirios y crisantemos, y me acerqu� a su apartamento en el Omega. Como mi bolsa estaba tambi�n enterrada con cincuenta mil toneladas de centeno en Sault Ste. Marie, met� mis cosas en una bolsa de la compra. Puse las flores en la mesa de la cocina con una nota:</p><p>Querida Lotty:</p><p>Gracias por cuidarme. Estoy en el buen camino. Te traer� las llaves esta noche o ma�ana por la ma�ana.</p><p>Vic</p><p>Ten�a que quedarme las llaves para poder cerrar el apartamento al marcharme.</p><p>Me sent� en la mesa de su cocina con mi mont�n de contratos y me puse a revisarlos hasta que encontr� el que correspond�a a la factura que ten�a en la mano. Se refer�a a tres millones de medidas de semillas de soja que iban de Chicago a Buffalo el 24 de julio de 1981. El precio del contrato era de 0,33 d�lares la medida. En la factura se pagaba a 0,35 d�lares. Dos centavos por medida en tres millones hac�an sesenta mil d�lares.</p><p>Grafalk hab�a sido la oferta m�s baja en aquel env�o. Otro hab�a ofrecido 0,335 y un tercero 0,34. Grafalk se llev� la mercanc�a por su oferta de 0,33 y la cobr� a 0,35 d�lares.</p><p>La lista de Boom Boom de los contratos perdidos por la Pole Star se revel� a�n m�s asombrosa. En los formularios que me hab�a dado Janet, Grafalk era el m�s barato. Pero las notas de Boom Boom mostraban a la Pole Star como la oferta m�s baja. O Phillips se hab�a equivocado con los contratos, o las facturas a las que hac�a referencia Boom Boom estaban mal.</p><p>Ya era hora de ir a pedir explicaciones a aquellos payasos. Estaba cansada de que se escurriesen cada vez que les ped�a informaci�n. Met� de nuevo todos los papeles en la bolsa de tela y me fui al puerto.</p><p>Eran cerca de las doce cuando sal� de la 194 por la calle 130. La amable recepcionista de la Eudora hablaba por tel�fono y me salud� con la <emphasis>cabeza </emphasis>al reconocerme cuando pas� junto a ella y entr� en la zona de despachos. Los representantes de ventas estaban colgando sus tel�fonos, ajust�ndose las corbatas y prepar�ndose para salir a comer. Delante de la oficina de Phillips se encontraba Lois, con su cardado lleno de laca bien en su sitio. Ten�a el tel�fono sujeto bajo la barbilla y hac�a como que miraba unos papeles. Estaba hablando del modo intenso y susurrante en el que hablan las personas que pretenden aparentar que no est�n haciendo una llamada personal.</p><p>Levant� los ojos un momento hacia m� cuando me acercaba, pero no interrumpi� su conversaci�n.</p><p>���D�nde est� Phillips? -le pregunt�.</p><p>Murmur� algo al tel�fono y puso la mano sobre el auricular.</p><p>���Tiene cita?</p><p>Le sonre�.</p><p>���Est� hoy aqu�? No parece estar en casa.</p><p>��Me temo que ha tenido que salir de la oficina para unos asuntos. �Quiere concertar una cita?</p><p>��No, gracias -dije-. Volver�. -Di la vuelta alrededor de ella y mir� en el despacho de Phillips. No hab�a se�ales de que nadie hubiese estado all� despu�s del s�bado por la noche: ni malet�n, ni chaqueta, ni cigarros a medio fumar. No cre� que estuviera fuera mirando hacia la ventana desde el aparcamiento, pero me acerqu� a ella a mirar por detr�s de las cortinas.</p><p>Mi asalto a la oficina de su jefe atrajo a Lois chillando a la guarida. Yo volv� a sonre�rle.</p><p>��Perdone por interrumpir su conservaci�n. D�gale a su madre que no volver� a ocurrir. �O era su hermana?</p><p>Se puso roja y volvi� precipitadamente a su escritorio. Yo me march� encantada conmigo misma.</p><p>Me dirig� a la zona principal del puerto. Grafalk no estaba, no ven�a al puerto todos los d�as, me dijo la recepcionista. Estuve dudando si ir a hablar con Percy Mackelvy, el expedidor, pero decid� que era mejor hablar directamente con Crafalk.</p><p>Fui andando hasta la peque�a oficina de la Pole Star. La directora de la oficina estaba agobiada, pero trataba de mantener la calma. Mientras hablaba con ella, recibi� una llamada del <emphasis>Sun </emphasis>de Toronto para preguntarle por el accidente del <emphasis>Lucelia, </emphasis>y otra de KLWN Radio de Lawrence, Kansas.</p><p>��Llevo as� toda la ma�ana. Me gustar�a desconectar el tel�fono, pero hemos de mantenernos en contacto con nuestros abogados y tenemos otros barcos trabajando. No queremos dejar escapar ning�n encargo.</p><p>��Cre� que el <emphasis>Lucelia </emphasis>era el �nico barco que pose�an ustedes.</p><p>��Es el �nico grande -me explic�-. Pero alquilamos otros. De hecho Martin se ha hartado tanto de los peri�dicos que se ha ido a la Plymouth Iron and Steel a ver c�mo descargan el <emphasis>Gertrude Ruttan. </emphasis>Es un autodescargador de setecientos pies. Se lo alquilamos a la Triage, que es una gran compa��a naviera. Como la Fruehauf en camiones. Ellos no suelen hacer transportes, sino que alquilan los barcos.</p><p>Le ped� la direcci�n de la Plymouth y ella me la dio amablemente. Estaba a unas diez millas m�s all� por la orilla del lago, hacia el este. Era una joven muy colaborada: incluso me dio un pase para que pudiera entrar en la Plymouth.</p><p>Est�bamos en pleno mayo y el aire segu�a siendo bastante fr�o. Me preguntaba si no ir�amos hacia una nueva glaciaci�n. No son los inviernos fr�os los que las provocan, sino los veranos frescos en los que la nieve no se derrite. Me abroch� la chaqueta hasta la barbilla y avanc� con las ventanillas subidas hasta llegar all�.</p><p>Mientras me iba metiendo en los territorios del acero, el aire azul se fue oscureciendo y volvi�ndose rojinegro. Me sent�a como si cada movimiento que me acercaba a las f�bricas me llevase hacia atr�s en el tiempo, a las sucias calles del sur de Chicago en las que crec�. Las mujeres de las calles ten�an el mismo aspecto cansado y triste mientras met�an prisa a sus ni�os. Una tienda de ultramarinos en una esquina me record� el lugar, entre la calle 91 y la Comercial, en el que sol�a comprarme un bollo de camino a la escuela, y detuve el coche para comprarme alguna cosa en vez de parar a comer. Casi esperaba que el viejo se�or Kowolsky saliese de detr�s del mostrador, pero, en su lugar, un en�rgico joven mexicano me pes� una manzana y envolvi� con cuidado un envase de yogur de ar�ndanos.</p><p>Me explic� detalladamente c�mo llegar a la entrada de la f�brica, mir�ndome con entusiasmo imparcial mientras lo hac�a. Me sent� ligeramente animada por su abierta admiraci�n y me dirig� hacia la planta de acero comi�ndome el yogur con la mano izquierda mientras conduc�a con la derecha.</p><p>Eran las dos en punto. En la planta estaban cambiando los turnos, con lo que el m�o era el �nico coche que pasaba junto a la garita del guardia por la puerta principal. Un hombre de aspecto bovino revis� el pase que me hab�an dado en la Pole Star.</p><p>���Sabe c�mo encontrar al <emphasis>Gertrude!</emphasis></p><p>Sacud� la cabeza.</p><p>��Gire por la curva a la izquierda. Pasar� junto a los hornos de carb�n y un mont�n de escoria. Desde all� ya ver� el barco.</p><p>Segu� sus instrucciones, pasando junto a un largo edificio en el interior del cual bailaban unas llamas, visibles a trav�s de unas puertas correderas abiertas para dejar entrar el aire fresco. La escoria formaba una monta�a a mi izquierda. Copos de ceniza llegaron volando hasta el parabrisas del Omega. Mirando a trav�s de �l hacia la carretera llena de baches que estaba ante m�, continu� junto a los hornos hasta que vi al <emphasis>Gertrude </emphasis>surgiendo ante m�.</p><p>Grandes colinas de carb�n enmarcaban la orilla del lago. El <emphasis>Gertrude </emphasis>se dispon�a a verter su carga sobre una de ellas. Hombres con mono y casco hab�an amarrado el barco. Cuando sal� del coche y me abr� camino por el agujereado patio, les vi dirigir los eslabones giratorios del descargador autom�tico para colocarlo encima de uno de los montones de carb�n m�s peque�os.</p><p>Bledsoe estaba en tierra hablando con un hombre que llevaba un mono gris sucio. No hablaban cuando llegu� hasta ellos, s�lo miraban la actividad que se desarrollaba sobre sus cabezas.</p><p>Bledsoe hab�a perdido peso en los tres d�as que llevaba sin verle. Se le notaba mucho; deb�a de haber perdido diez libras. Su chaqueta de <emphasis>tweed </emphasis>le colgaba sobre los hombros en lugar de apretarle como si estuviera conteniendo su monumental energ�a.</p><p>��Martin -dije-. Me alegro de verte.</p><p>Sonri� con genuino placer.</p><p>���Vic! �Qu� te trae por aqu�?</p><p>Se lo expliqu� y �l me present� al hombre que estaba con �l, el capataz de turno. Mientras habl�bamos, se empez� a o�r un gran tumulto y el carb�n comenz� a caer por la cinta transportadora hasta el mont�n que estaba debajo.</p><p>��El autodescargador es una m�quina estupenda. Tendr�as que verla en acci�n.-Fue hasta su coche y sac� otro casco del maletero para m�. Nos subimos por una escalerilla hasta la popa del barco, lejos del autodescargador, y me llev� a ver el carb�n que sal�a de una gran cinta en forma de ocho desde las bodegas.</p><p>El carb�n sal�a bastante deprisa, en grandes pedazos. Se tardaba unas ocho horas en descargar las bodegas con un autodescargador, en comparaci�n con los dos d�as que se tardaba haci�ndolo manualmente.</p><p>Era evidente que Bledsoe estaba tenso. Andaba por all�, hablando a ratos con la tripulaci�n, cruzando y descruzando los dedos. No pod�a estarse quieto. En cierto momento, me vio c�mo le miraba y dijo:</p><p>��No estar� tranquilo hasta que esta carga est� completamente descargada. A partir de ahora, cada vez que mueva una carga, no podr� dormir hasta que sepa que el barco ha salido con ella y la ha llevado a puerto a salvo.</p><p>���Qu� es lo que pas� con el <emphasis>Lucelia?</emphasis></p><p>Hizo una mueca.</p><p>��La Guardia Costera, el Cuerpo de Ingenieros y el FBI han organizado una investigaci�n a gran escala. El problema es que hasta que no lo saquen de la esclusa no podr�n saber siquiera el tipo de explosivo que se utiliz�.</p><p>���Cu�nto tiempo tardar�n?</p><p>��Sus buenos diez meses. La esclusa tiene que estar cerrada durante todo el verano y les llevar� la mayor parte del a�o que viene el reparar las compuertas.</p><p>���Podr�s salvar el barco?</p><p>��Oh, s�, creo que s�. Mike ha estado all� con los chicos del astillero Costain, la gente que lo construy�. Lo van a sacar por secciones, mandarlo a Toledo y volverlo a montar. Tendr�a que estar de nuevo en funcionamiento el verano que viene.</p><p>���Qui�n pagar� las reparaciones de la esclusa?</p><p>��No lo s�. Pero yo no soy responsable de esa maldita explosi�n. La Armada tendr� que decidirlo. A menos que el Tribunal de Investigaciones determine que yo tengo responsabilidades. Pero la verdad es que no hay manera humana de que lo hagan.</p><p>Habl�bamos casi a gritos para podernos o�r por encima del jaleo de las cintas transportadoras. Parte de la vieja energ�a estaba de vuelta en Bledsoe. Empezaba a especular con su posici�n legal, golpeando con el pu�o derecho su palma izquierda, cuando o�mos un silbido penetrante.</p><p>El ruido se detuvo bruscamente. La cinta transportadora se par� y con ella el alboroto que armaba. Una figura autoritaria se movi� hacia la abertura de la bodega y pregunt� cu�l era la causa de que la cinta se hubiera detenido.</p><p>��Probablemente ser� una sobrecarga en una de las cintas laterales -murmur� Bledsoe, con aspecto muy preocupado.</p><p>O�mos un ruido ahogado proveniente de la bodega y un hombre joven, con el rostro sucio y un mono azul manchado, subi� corriendo por la escalerilla hasta la cubierta. Ten�a la cara verdosa por debajo del polvo de carb�n y casi no le dio tiempo de llegar a la borda para vomitar.</p><p>���Qu� pasa? -grit� el hombre autoritario.</p><p>Hubo m�s gritos en la bodega. Echando una mirada a Bledsoe, comenc� a bajar por la escalerilla por la que acababa de subir el joven mec�nico. Bledsoe me sigui� de cerca.</p><p>Baj� de un salto los tres �ltimos pelda�os y aterric� en el suelo de acero de abajo. Seis o siete figuras con casco se amontonaban sobre la cinta en forma de ocho en el lugar en que se un�a a las cintas laterales que la alimentaban desde la bodega. Corr� hasta ellos y les empuj� a un lado, con Bledsoe mirando por encima de mi hombro.</p><p>Clayton Phillips me estaba mirando. Su cuerpo estaba cubierto de carb�n. Los p�lidos ojos marrones estaban abiertos y la mand�bula apretada. Ten�a sangre seca en las pecosas mejillas. Apart� a los hombres y me inclin� para ver su cabeza m�s de cerca. El carb�n hab�a llenado casi por completo un agujero grande que ten�a en la parte izquierda. Se mezclaba con la sangre coagulada en un repugnante grumo rojinegro.</p><p>��Es Phillips -dijo Bledsoe con voz estrangulada.</p><p>��S�. Mejor ser� que llamemos a la polic�a. T� y yo tenemos que hablar de algunas cosas, Martin. -Me volv� hacia el grupo de hombres-. �Qui�n es el encargado aqu�?</p><p>Un hombre de mediana edad con mejillas colgantes dijo que �l era el jefe.</p><p>��Aseg�rese de que nadie toca el cuerpo ni ninguna otra cosa. Vamos a traer aqu� a la polic�a.</p><p>Bledsoe me sigui� obedientemente escalerilla arriba hasta que llegamos a la cubierta y salimos del barco.</p><p>��Ha habido un accidente ah� abajo -le dije al capataz de la Plymouth-. Vamos a buscar a la polic�a. No seguir�n descargando carb�n durante un rato. -El capataz nos llev� hasta una peque�a oficina que estaba junto a un largo hangar. Us� el tel�fono para llamar a la polic�a del estado de Indiana.</p><p>Bledsoe entr� conmigo en el Omega. Salimos del lugar en silencio. Conduje hasta la carretera interestatal y segu� avanzando las pocas millas que quedaban hasta el parque Indiana Dunes. En un d�a de semana por la tarde, a principios de la primavera, el lugar estaba casi desierto. Trepamos por la arena hasta la playa. Las �nicas personas que all� hab�a eran un hombre con barba y una mujer de aspecto deportivo con un sabueso de pelo dorado. El perro nadaba por las aguas espumosas detr�s de un gran palo.</p><p>��Tienes muchas cosas que explicar, Martin.</p><p>Me mir� furioso.</p><p>���T� me debes un mont�n de explicaciones! �C�mo se meti� Phillips en ese barco? �Qui�n hizo saltar al <emphasis>Lucelia? </emphasis>�Y c�mo es que siempre apareces tan r�pidamente cada vez que un desastre est� a punto de ocurrirle a la Pole Star?</p><p>���C�mo es que Mattingly volvi� a Chicago en tu avi�n?</p><p>���Qui�n demonios es Mattingly?</p><p>Respir� profundamente.</p><p>���No lo sabes? �De verdad?</p><p>Neg� con la cabeza.</p><p>��Entonces, �a qui�n mandaste de vuelta a Chicago en tu avi�n?</p><p>��No mand� a nadie -hizo un gesto de exasperaci�n-. Llam� a Cappy tan pronto como llegu� a la ciudad y le pregunt� lo mismo. Insiste en que le llam� desde Thunder Bay y le dije que se trajese a ese extra�o tipo. Dijo que su nombre era Oleson. Era obvio que alguien me estaba suplantando. Pero �qui�n y por qu�? Y como est� bien claro que t� s� sabes qui�n es, haz el favor de dec�rmelo.</p><p>Mir� hacia el agua azul verdosa.</p><p>��Howard Mattingly era un ala suplente de los Halcones Negros de Chicago. Le mataron el s�bado por la ma�ana. Le atropello un coche y le dejaron morir en un parque del noroeste de Chicago. Estaba en el Soo el viernes. Coincide con la descripci�n del tipo que Cappy se trajo a Chicago. Fue el que hizo detonar las cargas del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Le vi hacerlo.</p><p>Bledsoe se volvi� hacia m� y me agarr� el brazo en un gesto de furia espont�nea.</p><p>���Maldita sea! Si le viste hacerlo, �c�mo es que no le dijiste nada a nadie? Me he estado rompiendo la cabeza hablando con el FBI y el Cuerpo de Ingenieros durante dos d�as y t�� t� estabas ah� sentada con toda la informaci�n.</p><p>Me solt� y le dije fr�amente:</p><p>��S�lo me di cuenta de lo que Mattingly estaba haciendo despu�s. No le reconoc� inmediatamente. Cuando nos acerc�bamos al fondo de la esclusa, levant� lo que parec�a un enorme par de prism�ticos. Ten�an que ser los controles de un detonador. Lo vi todo claro despu�s de que el <emphasis>Lucelia </emphasis>saltase por los aires� Te acordar�s de que estabas en estado de shock. No te encontrabas como para escuchar a nadie. Pens� que ser�a mejor marcharme y ver si pod�a seguirle.</p><p>���Pero despu�s?, �por qu� no hablaste con la polic�a despu�s?</p><p>��Ah. Eso fue porque, cuando llegu� al aeropuerto de Sault Ste. Marie, descubr� que Mattingly hab�a vuelto a Chicago en tu avi�n, aparentemente por orden tuya. Eso me molest� de verdad. Me hizo sentirme ridicula; pensaba que me hab�a equivocado al juzgarte. Quer�a hablar antes contigo y luego dec�rselo a la polic�a.</p><p>El perro se acerc� dando saltos a nosotros, salpicando agua de su pelo dorado. Era una perra vieja. Olisque� a Martin con su hocico blanco. La mujer la llam� y la perra volvi� a marcharse saltando.</p><p>���Y ahora? -pregunt�.</p><p>��Y ahora me gustar�a saber c�mo lleg� Clayton Phillips al autodescargador del barco que t� tienes alquilado.</p><p>Dio una patada en el suelo a mi lado.</p><p>��D�melo t�, Vic. T� eres la gran detective. T� eres la que apareces siempre cuando est� a punto de cometerse un crimen en mi flota� A menos que hayas decidido que un hombre con mi pasado es capaz de cualquier cosa� capaz de destruir sus propios sue�os, capaz de asesinar.</p><p>Ignor� su �ltimo comentario.</p><p>��Phillips hab�a desaparecido ayer por la ma�ana. �D�nde estabas ayer por la ma�ana?</p><p>Sus ojos eran oscuros puntos de rabia en medio de su rostro.</p><p>���C�mo te atreves? -chill�.</p><p>��Martin, esc�chame. La polic�a va a pregunt�rtelo y t� tendr�s que responder.</p><p>Apret� los labios y luch� consigo mismo. Al final decidi� dominarse.</p><p>��Estuve encerrado con mi representante de la Lloyds en el Soo hasta ayer por la noche. Gordon Firth, el presidente de Ajax, vol� con �l en el avi�n de la Ajax, y luego me trajeron a Chicago alrededor de las diez de la noche de ayer.</p><p>���D�nde estaba el <emphasis>Gertrude Ruttan?</emphasis></p><p>��Amarrado en el puerto. Entr� el s�bado por la tarde y tuvo que estar amarrado todo el fin de semana hasta que pudi�ramos descargarlo. Alguna maldita norma sindical.</p><p>As� que cualquiera pod�a haberse metido en el puerto, haber hecho el agujero en la cabeza de Phillips y haberlo metido en las bodegas. Hab�a ca�do en la carga y hab�a aparecido con el resto de ella cuando sal�a por la cinta transportadora. Muy limpio.</p><p>���Qui�n sab�a que el <emphasis>Gertrucle Ruttan </emphasis>iba a estar all� todo el fin de semana?</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>��Cualquiera que sepa algo de las entradas y salidas de los barcos en el puerto.</p><p>��Eso elimina a mucha gente -dije sarc�sticamente-. Igual que el que manipul� mi coche, el que mat� a Boom Boom. Me imaginaba que era Phillips el que lo hab�a hecho, pero ahora tambi�n est� muerto. As� que s�lo quedan las personas que estaban por all� en aquel momento. Grafalk. Bemis. Sheridan. T�.</p><p>��Yo estuve ayer en el Soo durante todo el d�a.</p><p>��S�, pero pod�as haber contratado a alguien.</p><p>��Igual que Niels -se�al�-. No estar�s trabajando para �l, �no, Vic? �Te contrat� para que acabaras conmigo?</p><p>Negu� con la cabeza.</p><p>���Para qui�n trabajas entonces, Warshawski?</p><p>��Para mi primo.</p><p>���Boom Boom? Est� muerto.</p><p>��Ya lo s�. Por eso trabajo para �l. Boom Boom y yo ten�amos un pacto. Cuid�bamos el uno del otro. Alguien le empuj� debajo del <emphasis>Bertha Krupnik. </emphasis>Me dej� pruebas de la raz�n por la que pudieron haberlo hecho, y las encontr� anoche. Parte de esas pruebas te implican a ti, Martin. Quiero saber por qu� dejas a Grafalk tantos de tus contratos con la Eudora.</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>��Ya vi esos contratos. No hay nada raro en ellos.</p><p>��No hab�a nada malo en ellos, excepto que t� dejabas que Grafalk se llevara muchas de las �rdenes cuando t� eras el m�s barato. Ahora vas a decirme por qu� o tendr� que ir a la Pole Star e interrogar a tu personal, revisar tus libros y repetir todo el aburrido proceso.</p><p>Suspir�.</p><p>��Yo no mat� a tu primo, Warshawski. Si alguien lo hizo, �se fue Grafalk. �Por qu� no te concentras en �l y descubres por qu� vol� mi barco y te olvidas de esos contratos?</p><p>��Martin, t� no eres tonto. Pi�nsalo. Parece como si t� y Grafalk estuvieseis compinchados en esas �rdenes de embarco. Mattingly vuelve a Chicago en <emphasis>tu </emphasis>avi�n y el cuerpo de Phillips aparece en <emphasis>tu </emphasis>barco. Si yo fuera poli, no ir�a a buscar m�s lejos. Si es que tuviera toda esa informaci�n.</p><p>Hizo un gesto de dolor con el brazo derecho. Frustraci�n.</p><p>��Muy bien. Es verdad -grit�-. Dej� que Niels se llevara alguna de mis �rdenes. �Vas a mandarme a la c�rcel por eso?</p><p>Yo no dije nada.</p><p>Despu�s de una breve pausa sigui�, m�s calmado:</p><p>��Estaba intentando conseguir financiaci�n para el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Niels necesitaba �rdenes desesperadamente. La ca�da del acero afectaba a todo el mundo, pero a Grafalk m�s, a causa de esos barcos tan peque�os que tiene. Me dijo que contar�a la historia de mi dichoso pasado por toda la comunidad financiera si no le proporcionaba alguna de mis �rdenes.</p><p>���Podr�a eso haberte hecho da�o?</p><p>Sonri� ir�nicamente.</p><p>��No quise averiguarlo. Intentaba hacer frente a cincuenta millones de d�lares. No ve�a al Fort Dearborn Trust d�ndome un c�ntimo m�s si se enteraba de que hab�a cumplido dos a�os por estafa.</p><p>��Ya veo. �Y entonces?</p><p>��Oh, tan pronto como el <emphasis>Lucelia </emphasis>fue botado, le dije a Niels que lo hiciera p�blico y se fuese al infierno. Mientras est� ganando mi propio dinero, a nadie le van a importar un bledo mis haza�as. Cuando necesitas dinero, te hacen firmar una garant�a antes de d�rtelo. Cuando lo consigues, ya no les importa de d�nde lo sacas. Pero Niels estaba furioso.</p><p>��Pero es un gran salto el pasar de forzarte a darle unas cuantas �rdenes a volarte el barco, de todos modos.</p><p>Insisti� con cabezoner�a que a ning�n otro podr�a importarle. Hablamos de ello durante otra media hora a�n, pero �l no cedi�. Le dije finalmente que investigar�a tambi�n a Niels.</p><p>El sabueso de pelo dorado ya se hab�a marchado con su gente cuando nos pusimos de pie y trepamos de nuevo por las dunas arenosas hasta el aparcamiento. Unos cuantos ni�os nos miraron sin curiosidad, esperando que los mayores se marcharan antes de lanzarse a realizar sus imprudentes haza�as.</p><p>Llev� a Bledsoe de vuelta a la f�brica de acero, atestada ahora de polic�as de Chicago e Indiana. El turno de las cuatro estaba llegando y le dej� junto a las verjas. Los polis podr�an querer hablar conmigo m�s tarde como testigo presencial, pero tendr�an que encontrarme antes. Ten�a otras cosas que hacer.</p></section><section><title><p>21</p></title><subtitle>Excursi�n de pesca</subtitle><empty-line/><p>Es m�s f�cil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para una investigadora privada en vaqueros ver al presidente de una de las grandes compa��as de los Estados Unidos. Llegu� al cuartel general de Seguros Ajax, en la parte sur del Loop, un poco despu�s de las cinco. Hab�a mucho tr�fico hacia el centro de la ciudad. Pensaba que llegar�a lo bastante tarde como para evitar la avalancha de secretarias que impiden la entrada a una oficina de ese tipo, pero hab�a olvidado el sistema de seguridad de la Ajax.</p><p>Los guardias que estaban en el vest�bulo de m�rmol del rascacielos de sesenta pisos me pidieron una tarjeta de identificaci�n como empleada. Evidentemente, no la ten�a. Quisieron saber a qui�n iba a visitar; me dar�an un pase de visitante si la persona a la que quer�a ver aceptaba mi visita.</p><p>Cuando les dije que a Gordon Firth, se quedaron at�nitos. Ten�an una lista de los visitantes del presidente. Yo no estaba entre ellos, y sospechaban que pudiera ser una asesina de Aetna, contratada para eliminar a la competencia.</p><p>��Soy investigadora privada -expliqu�, sacando la fotocopia de mi licencia de la cartera para ense��rsela-. Estoy investigando una p�rdida de cincuenta millones de d�lares a la que la Ajax tuvo que hacer frente la semana pasada. Es cierto que no tengo una cita con Gordon Firth, pero es muy importante que lo vea a �l o al que �l haya designado para ocuparse del caso. Puede que afecte a la responsabilidad final de la Ajax.</p><p>Discut� con ellos un poco m�s y al final les convenc� de que si la Ajax pagaba las p�rdidas del casco del <emphasis>Lucelia </emphasis>porque no hab�an querido dejarme pasar a la oficina de Firth, recordar�a sus nombres y me asegurar�a de que el dinero saliese de sus bolsillos.</p><p>Aquellos argumentos no me llevaron hasta Firth -como digo, es m�s f�cil que un camello pase por el ojo de una aguja-, pero s� me llevaron hasta un hombre que trabajaba en el Departamento de Riesgos Especiales, que era el que se ocupaba de aquel caso. Su nombre era Jack Hogarth, y baj� al vest�bulo a buscarme.</p><p>Camin� con viveza hasta el mostrador de los guardias para encontrarse conmigo, con las mangas subidas y la corbata floja. Ten�a unos treinta y cinco o cuarenta a�os, era moreno, delgado, y sus inteligentes ojos negros estaban rodeados de espesas sombras.</p><p>��V. I. Warshawski, �verdad? -pregunt� estudiando mi tarjeta-. Suba conmigo. Si tiene informaci�n acerca del <emphasis>Lucelia, </emphasis>es usted m�s bienvenida que una ola de calor en enero.</p><p>Tuve que correr para mantenerme junto a �l hasta que llegamos al ascensor. Llegamos en seguida al piso cincuenta y tres. Tuve que bostezar un par de veces para destaponarme los o�dos. �l apenas esper� a que el ascensor se abriese para salir corriendo por el pasillo, a trav�s de unas puertas de cristal que cerraban el recinto del ascensor, y entrar a una zona color nogal y p�rpura en la esquina sureste del edificio.</p><p>Hab�a papeles extendidos por encima de un escritorio tama�o ejecutivo de nogal. Una fotograf�a del <emphasis>Lucelia </emphasis>partido en dos en la esclusa Poe cubr�a uno de los lados de la mesa y una fotograf�a recortada del casco de un carguero estaba clavada a la pared de madera del lado oeste.</p><p>Me detuve a mirar la fotograf�a, ampliada hasta una medida de tres pies por dos pies, y me estremec� al recordar el choque. Varias escotillas m�s saltaron despu�s de que yo viese el barco por �ltima vez y sus superficies abultadas estaban cubiertas por una gruesa mancha de centeno h�medo.</p><p>Mientras lo examinaba, un hombre muy alto se puso de pie y camin� hasta situarse a mi lado. No lo hav�a visto cuando entr� en la habitaci�n; estaba sentado en un rinc�n detr�s de la puerta.</p><p>��Asombroso, �verdad? -dijo con fuerte acento ingl�s.</p><p>��Mucho. Fue m�s asombroso a�n cuando ocurri�.</p><p>��Oh, estaba usted all�, �no es verdad?</p><p>��S� -contest� simplemente-. Soy V. I. Warshawski, investigadora privada. �Y usted?</p><p>Era Roger Ferrant, de la firma inglesa Scupperfield y Plouder, los principales garantes del seguro del casco y el cargamento del <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>��Roger es probablemente el hombre que m�s sabe en el mundo acerca del transporte por barco en los Grandes Lagos, aunque trabaje en Londres -me dijo Hogarth. A�adi� para Ferrant-: La se�orita Warshawski podr�a saber algo acerca de nuestras responsabilidades en el caso del <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>Me sent� en un sill�n junto a la ventana desde donde pod�a ver el sol poniente pintando Buckingham Fountain de un rosa p�lido dorado.</p><p>��Estoy investigando el accidente del <emphasis>Lucelia </emphasis>como parte de una investigaci�n de un asesinato. Por el momento, tengo dos cr�menes distintos: el asesinato de un joven relacionado con la Compa��a de Grano Eudora, y la destrucci�n del <emphasis>Lucelia. </emphasis>No estoy segura de que est�n conectados entre s�. Sin embargo, yo iba a bordo del <emphasis>Lucelia </emphasis>llevando a cabo mi investigaci�n cuando revent�, y eso me ha hecho interesarme de modo personal en la explosi�n.</p><p>���Qui�n es su cliente? -pregunt� Hogarth.</p><p>��Es un particular; nadie que conozcan ustedes� �Cu�nto se tarda en aclarar una reclamaci�n como �sta?</p><p>��A�os -dijeron Ferrant y Hogarth a coro.</p><p>El ingl�s a�adi�:</p><p>��Francamente, se�orita Warshawski: lleva much�simo tiempo -vacil� un poco al pronunciar mi nombre, no como Hogarth, que lo cogi� a la primera.</p><p>��Bueno, �qui�n paga los gastos de Bledsoe hasta que consiga poner al <emphasis>Lucelia </emphasis>en marcha?</p><p>��Nosotros -dijo Hogarth-. Ferrant se ocupa de los da�os del casco. Nosotros pagamos el cargamento destruido y la interrupci�n del negocio: los cargamentos que Bledsoe no puede transportar por tener el barco en el fondo de la esclusa.</p><p>���Adelantan ustedes una suma para cubrir los gastos de reparaci�n del barco?</p><p>��No -dijo Ferrant-. Pagamos las cuentas del astillero seg�n van llegando.</p><p>���Y su p�liza cubre a la Pole Star aunque est� claro que alguien hiciese volar el barco, que no es que se rompiese a causa de una manipulaci�n incorrecta?</p><p>Ferrant cruz� una pierna de cig�e�a sobre la otra.</p><p>��Esa es una de las primeras preguntas que nos hicimos. Que nosotros sepamos, no fue volado como acto de guerra. Hay otras excepciones en la p�liza, pero �sa es la principal� A menos que Bledsoe destruyese �l mismo el barco.</p><p>��Tendr�a que tener para �l considerables ventajas financieras hacerlo -se�al�-. Si re�ne el valor del casco y puede invertirlo mientras reconstruye el barco, podr�a interesarle, pero de otro modo no creo que sea as�.</p><p>��No -dijo Hogarth impaciente-. No tiene ning�n sentido cargarse un barco nuevo como el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Si hubiera sido uno de esos viejos cacharros que resultan m�s caros de manejar que lo que se saca de ellos, no me extra�ar�a, pero no en el caso de un autodescargador de mil pies.</p><p>��Como los de Grafalk, quiere usted decir -dije, recordando el accidente del <emphasis>Leif Ericsson </emphasis>estrell�ndose contra el malec�n el primer d�a que estuve en el puerto-. �Es m�s ventajoso para �l cobrar el seguro que utilizar los barcos?</p><p>��No necesariamente -dijo Hogarth inc�modo-. Depende de la extensi�n de los da�os. Est� usted pensando en el <emphasis>Leif Ericsson, </emphasis>�verdad? El tendr� que pagar los da�os en el malec�n. Eso le va a suponer m�s dinero que el coste de la reparaci�n del casco del <emphasis>Ericsson.</emphasis></p><p>Bledsoe me hab�a dicho que no era responsable de los da�os en la esclusa. Se lo pregunt� a Hogarth. Hizo una mueca.</p><p>��Esa es otra cosa que tendr� ocupados a los abogados durante una d�cada o dos. Si Bledsoe es responsable de los da�os del barco, que dieron como resultado los da�os en la esclusa, s� es responsable. Si encontramos al verdadero culpable, �l ser�a el responsable. Eso es lo que nos gustar�a poder hacer: encontrar al que hizo saltar el barco para poder proceder contra �l� o ella.</p><p>Se me ocurri� una pregunta.</p><p>��Proceder� es decir, que nos pague los da�os de lo que tengamos que pagarle nosotros a Bledsoe. Y si no encontramos al verdadero culpable, su pudiente T�o Sam tendr� que pagar la esclusa. De todos modos, seguramente tendr� que acabar haci�ndolo. Nadie puede afrontar semejante gasto. No pueden m�s que procesar al culpable y meterle en la c�rcel durante veinte a�os. Si lo encuentran. -El tel�fono son� y �l contest�. La que llamaba parec�a ser su esposa: le dijo apaciguador que saldr�a de la oficina dentro de veinte minutos y que por favor le guardase la cena.</p><p>Se volvi� hacia m� con expresi�n agraviada.</p><p>��Cre� que hab�a venido usted porque ten�a cierta informaci�n acerca del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Y, por ahora, todo lo que hemos hecho es contestar a sus preguntas.</p><p>Me re�.</p><p>��No tengo informaci�n para ustedes todav�a. Pero creo que la tendr� dentro de un d�a o dos. Me han dado unas cuantas ideas que quiero poner antes en pr�ctica. -Dud� y luego decid� seguir adelante y contarles lo de Mattingly. De todos modos, iba camino de la polic�a para cont�rselo-. El caso es que el tipo que probablemente hizo volar el barco fue asesinado. Si la polic�a descubre qui�n le mat�, encontrar�n seguramente a la persona que le pag� para hacer saltar el barco. Estoy segura de que le mataron para impedir que fuera hablando por ah�. Era una persona muy desagradable a la que le gustaba fanfarronear acerca de las cosas despreciables que hac�a.</p><p>O�r la historia de Mattingly anim� mucho a Hogarth y a Ferrant, aunque no sirviese de gran cosa en sus investigaciones acerca de las responsabilidades de la empresa. Se pusieron las chaquetas de sus trajes y salieron conmigo de la oficina.</p><p>��La cosa es -dijo Ferrant confidencialmente con su acento ingl�s- que nos alegra saber que realmente pudo haber un malhechor all�.</p><p>��S� -dije mientras sal�amos al vest�bulo desierto-, pero �y si descubren ustedes que trabajaba para otro de sus asegurados?</p><p>��No debe decir esas cosas -dijo Ferrant-. De verdad que no. Es la primera vez que tengo ganas de comer desde que o� lo del <emphasis>Lucelia </emphasis>el s�bado pasado. No quiero que me estropee la cena con sugerencias tan espantosas.</p><p>Hogarth se march� hacia la estaci�n del Noroeste a coger un tren a Schaumburg. Ferrant se quedaba en el apartamento de Scupperfield y Plouder en el Edificio Hancock. Le ofrec� llevarle en mi Omega, que estaba aparcado en un garaje subterr�neo cercano.</p><p>Antes de arrancar abr� el cap�, mir� el aceite, el l�quido de frenos y el radiador. Cuando Ferrant me pregunt� qu� estaba haciendo, le expliqu� que hab�a tenido un accidente hac�a poco y que eso me hab�a hecho ser m�s cautelosa con mi coche. Todo parec�a estar en orden.</p><p>Durante el corto viaje por Michigan Avenue hasta el Hancock, le pregunt� si Scupperfield y Plouder hab�an asegurado tambi�n al <emphasis>Leif Ericsson. </emphasis>S�; ten�an asegurada a la Grafalk Line entera.</p><p>��Por eso vino Bledsoe con nosotros; nos conoc�a de trabajar con Grafalk.</p><p>��Ya. -Le pregunt� qu� opini�n le merec�a Bledsoe.</p><p>��Una de las mejores personas del negocio hoy en d�a. No es buen momento para estar metido en el negocio de los transportes de los Grandes Lagos, al menos para los transportistas estadounidenses. Su gobierno concede ventajas considerables a los barcos extranjeros antes que a los americanos. Adem�s, las viejas firmas como Grafalk tienen ventajas legales especiales que hacen dif�cil a los reci�n llegados trabajar en este medio. Pero si alguien puede hacerlo, �se es Bledsoe. S�lo espero que el naufragio del <emphasis>Lucelia </emphasis>no acabe con la Pole Star.</p><p>Me invit� a cenar con �l, pero pens� que ser�a mejor ir a la polic�a con mis noticias acerca de Mattingly. Le hab�a contado mi historia a Bledsoe y ahora a los del seguro. Aunque no le hubiera dado a Murray Ryerson el nombre del tipo con prism�ticos que hab�a visto en el Soo, �l no era tonto; r�pidamente lo relacionar�a con mi inter�s por Mattingly. Bobby Mallory no iba a mirarme con muy buenos ojos si le�a la historia en el <emphasis>Herald Star </emphasis>antes de que yo se la contase.</p><p>Me sent�a inc�moda mientras avanzaba con el coche por la avenida Lake Shore. Mi vida se hab�a visto amenazada hac�a dos semanas. Phillips estaba muerto, tal vez a causa de la velada amenaza que le hab�a dejado a su hijo el s�bado por la noche. Puede que le entrase el p�nico, que amenazase con contar lo que sab�a, y le mataron. Mattingly estaba muerto, probablemente para impedir que largase en el vestuario que hab�a volado un barco. Boom Boom estaba muerto porque sab�a que Phillips estaba manipulando las facturas. �Por qu� segu�a yo a�n con vida? Puede que creyesen que iba a morir m�s gente cuando explotase el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Puede que hubiesen confiado en deshacerse de m� y estuviesen discurriendo alg�n otro accidente en ese momento. O quiz� pensaban que yo no sab�a nada importante.</p><p>Intent� consolarme con aquella idea durante el resto del camino hasta llegar a casa, pero la verdad es que a�n sab�a menos cuando sabotearon mi coche diez d�as antes. Mientras sal�a por Belmont, se me ocurri� que aquel caso estaba formado por una especie de sucesi�n de accidentes. Boom Boom se hab�a ca�do al agua; Mattingly fue atropellado por un coche, Phillips destrozado por un autodescargador. Si me hubiese matado en el coche, como se supon�a que deb�a haber hecho, no creo que nadie se hubiera preocupado mucho por averiguar si la direcci�n estaba ama�ada.</p><p>No hab�a sido capaz de convencer a la polic�a de que pod�a haber una conexi�n entre la muerte del vigilante nocturno y la de Boom Boom. Quer�an ver el accidente de mi coche como un acto de vandalismo. En otras palabras, el asesino hab�a calculado perfectamente la psicolog�a de la situaci�n. Ahora que estaba dispuesta a contarles todo lo que sab�a acerca de Mattingly, �qu� posibilidades ten�a de que la polic�a lo relacionase con Kelvin y Boom Boom? No muchas.</p><p>Me sent� tentada a guardarme la historia para m�. Pero la polic�a tiene una buena maquinaria para abrirse paso a trav�s de un gran n�mero de testigos. Si hac�an caso de mis informaciones podr�an descubrir mucho m�s deprisa que yo qui�n recogi� a Mattingly en Meigs el viernes.</p><p>Mientras aparcaba el coche, escogiendo cuidadosamente un lugar delante de un restaurante para que los posibles atacantes tuviesen que hacer frente al mayor n�mero posible de testigos, decid� guardarme para m� la historia de Mattingly y sus prism�ticos. S�lo dir�a que hab�a vuelto en el avi�n de Bledsoe.</p></section><section><title><p>22</p></title><subtitle>Estafador nocturno</subtitle><empty-line/><p>Cuando llegu� a mi apartamento, me di cuenta de que iba a tener que inventarme una historia r�pidamente. El sargento McGonnigal me estaba esperando en un Dodge marr�n sin identificaci�n policial. Sali� cuando me vio subir los escalones de la puerta de entrada.</p><p>��Buenas noches, se�orita Warshawski. �Le importar�a acompa�arme al centro? El teniente Mallory quiere hacerle unas preguntas.</p><p>���Acerca de qu�? -pregunt� sacando las llaves y meti�ndolas en la cerradura.</p><p>McGonnigal sacudi� la cabeza.</p><p>��No lo s�. S�lo me dijo que la llevara.</p><p>��El teniente Mallory cree que deber�a vivir en Melrose Park con un marido y seis ni�os. Sospecho que las preguntas que quiere hacerme se refieren a lo cerca que estoy de alcanzar mi meta. D�gale que me mande un <emphasis>christmas.</emphasis></p><p>El que fuese a ir a hablar con la polic�a voluntariamennte no quer�a decir que quisiera ir cuando ellos viniesen a buscarme.</p><p>McGonnigal convirti� su hermosa boca en una l�nea delgada.</p><p>��No es usted tan graciosa como cree, se�orita Warshawski. Se han encontrado sus huellas en la oficina de Clayton Phillips. Si fuera usted otra persona, conseguir�amos una orden de detenci�n y nos la llevar�amos como testigo presencial. Como el teniente Mallory fue amigo de su padre, quiere que venga usted por voluntad propia y conteste a algunas preguntas.</p><p>Iba a tener que empezar a ponerme guantes si quer�a convertirme en ladr�n.</p><p>��Muy bien. Voy por voluntad propia -abr� la puerta del portal-. Tengo que comer algo antes. �Quiere subir conmigo y asegurarse de que no me trago una pastilla de cianuro?</p><p>McGonnigal puso un gesto de enfado y me dijo que esperar�a en el coche. Sub� corriendo los tres pisos hasta mi apartamento. La despensa segu�a vac�a; a�n no hab�a encontrado tiempo para ir a la tienda. Me hice un bocadillo de mantequilla de cacahuete con las dos �ltimas rebanadas de pan que hab�a en la nevera y tom� caf� recalentado del desayuno. Mientras com�a, cog� los documentos de Boom Boom y los pegu� dentro de un par de viejos ejemplares de <emphasis>Fortune.</emphasis></p><p>Me fui al cuarto de ba�o a lavarme los dientes y la cara. Necesitaba sentirme fresca y alerta para tener una conversaci�n con Bobby. Baj� corriendo las escaleras hasta el coche de McGonnigal. El hombro ya no me daba m�s que d�biles tirones. Me di cuenta sombr�a de que iba a poder empezar a correr de nuevo a la ma�ana siguiente.</p><p>McGonnigal ten�a el motor en marcha. Sali� con un ostentoso chirrido de goma antes de que cerrase la puerta. Me puse el cintur�n.</p><p>��Tendr�a que ponerse el suyo si va a conducir as� -le dije-. Los de los seguros y la polic�a son las personas que m�s accidentes ven, y nunca llevan el cintur�n de seguridad puesto.</p><p>McGonnigal no contest�. De hecho, la conversaci�n decay� en el camino hacia el centro. Intent� que se interesara en las oportunidades de los Cubs ahora que ten�an a Lee Elia y Dallas Green. No quiso hablar de ello.</p><p>��Espero que no sea usted hincha de los Yankees, sargento. Si es as�, tendr� que detenerme para que me meta en un coche con usted.</p><p>Su �nica respuesta fue conducir m�s deprisa. Mantuve un mon�logo acerca de la perfidia de los Yankees hasta que llegamos a la calle 12, absteni�ndome de comentar el hecho de que iba demasiado deprisa para una carretera en condiciones normales. Aparc� el coche a medio metro del bordillo y sali� dando un portazo. Le segu� por la puerta trasera de la comisar�a de la calle 12.</p><p>��Por cierto, sargento, �han encontrado a alguien relacionado con la muerte de Kelvin?</p><p>��Sigue abierto -dijo lac�nicamente.</p><p>Mallory dispon�a de un peque�o despacho en el laberinto de la divisi�n de homicidios. La pared trasera estaba cubierta con un plano de la ciudad, con los l�mites de su zona subrayados con una gruesa l�nea negra y las zonas conflictivas marcadas en rojo. Mallory hablaba por tel�fono cuando entramos. Me acerqu� a mirar a mi vecindario.</p><p>Ten�amos una tasa de homicidios muy alta. Tambi�n hab�a muchas violaciones. Puede que hiciera mejor march�ndome a Melrose Park con seis ni�os.</p><p>Bobby colg� el tel�fono y cogi� un mont�n de papeles. Se puso las gafas de montura de alambre y empez� a leer unos informes.</p><p>��Ven aqu� y si�ntate, Vicki.</p><p>Me sent� al extremo de su escritorio de metal mientras �l segu�a leyendo.</p><p>��Estabas en la Plymouth Steel esta ma�ana cuando se descubri� el cuerpo de Clayton Phillips.</p><p>Yo no dije nada y �l dijo con viveza:</p><p>��Estabas all�, �no?</p><p>��Cre� que estabas haciendo una afirmaci�n, no una pregunta. Claro que estaba all�. Yo llam� a la polic�a y en ning�n momento ocult� qui�n era.</p><p>��No te hagas la lista conmigo. �Qu� estabas haciendo all�?</p><p>��Puse el cuerpo de Phillips en la bodega el domingo por la ma�ana y quer�a ver la cara de la gente cuando apareciera en la cinta transportadora.</p><p>Bobby golpe� la superficie del escritorio con la mano abierta.</p><p>��Vicki, est�s a punto de ir a la c�rcel como testigo presencial -acerc� el pulgar al �ndice para indicar una distancia muy peque�a-. Dime lo que estabas haciendo all�.</p><p>��Hab�a ido a buscar a Martin Bledsoe. Es el due�o de la Pole Star Line.</p><p>Bobby se relaj� un poco.</p><p>���Por qu�?</p><p>��Yo estaba a bordo del <emphasis>Lucelia </emphasis>cuando salt� por los aires la semana pasada. El barco es suyo. Alguien puso cargas de profundidad bajo su casco el viernes en Sault Ste. Marie y�</p><p>��S�, ya s� todo eso. �Para qu� quer�as ver a Bledsoe?</p><p>��Se me hab�a ca�do la bolsa en el fondo del barco. Quer�a saber si la hab�an recuperado.</p><p>Mallory se puso rojo al o�r esto.</p><p>��No vas a ir a molestar al due�o de una l�nea naviera por semejante tonter�a. Corta el rollo y dime la verdad.</p><p>Sacud� la cabeza con formalidad.</p><p>��Te estoy diciendo la verdad. Nadie sab�a nada de ello, por eso fui a verle a �l. Mi Smith &amp; Wesson estaba en la bolsa. Me cost� trescientos d�lares y no podr� comprarme otra.</p><p>Sab�a que aquello iba a distraer la atenci�n de Bobby. No le gusta la idea de que yo vaya por ah� con pistola. Sabe que mi padre me ense�� c�mo usarla. Tony cre�a que la mayor�a de los accidentes con armas de fuego ocurr�an porque las manejaban ni�os que no sab�an utilizarlas. Como ten�a que guardar su rev�lver de polic�a en casa algunas veces, me ense�o c�mo limpiarlo, cargarlo y dispararlo. A pesar de todo, la idea de una mujer andando por ah� con una Smith &amp; Wesson es contraria a cualquier noci�n de Bobby de lo que debe ser el comportamiento de una dama. Salt� al o�r aquello, pregunt�ndome por qu� llevaba la pistola en el barco y qu� estaba haciendo de cualquier modo a bordo del <emphasis>Lucelia.</emphasis></p><p>Ese era un terreno m�s f�cil. Le record� mi accidente de coche.</p><p>��Vosotros os empe�asteis en decir que fueron gamberros. Yo cre�a que era alguien relacionado con el puerto. Fui hasta Thunder Bay para hablar con el capit�n y el jefe de m�quinas del <emphasis>Lucelia. </emphasis>Como pod�a haber sido uno de ellos el que quiso matarme, me llev� la pistola.</p><p>Hablamos de ello durante un rato. Insist� en mi convencimiento de que a Boom Boom le hab�an empujado bajo el <emphasis>Bertha Krupnik. </emphasis>Le dije que pensaba que Henry Kelvin, el vigilante nocturno de su edificio, hab�a sido asesinado cuando sorprendi� a unos intrusos que buscaban pruebas del asesinato de Boom Boom. Bobby segu�a sin estar convencido. Por lo que a �l le concern�a, Boom Boom se hab�a ca�do accidentalmente, yo hab�a sido v�ctima de unos gamberros y Kelvin hab�a interrumpido un asalto rutinario. En aquel punto me domin� una decisi�n inquebrantable de guardarme toda la informaci�n que ten�a. Si iban a ser tan cabezas cuadradas, yo lo ser�a tambi�n.</p><p>Cuando Bobby volvi� sobre lo de mis huellas en el despacho de Phillips, me fui por otro lado.</p><p>���Por qu� estabais tomando las huellas de la oficina de ese hombre?</p><p>��Le asesinaron, Vicki -dijo Bobby sarc�sticamente-. Tom�bamos huellas de su oficina y hac�amos todo lo que pod�amos por averiguar si lo asesinaron all�.</p><p>���Y?</p><p>Mallory dibuj� un garabato en su cuaderno.</p><p>��Muri� ahogado en la bodega del barco. No sabemos d�nde le hicieron la herida de la cabeza. Habr�a muerto de eso de todas formas si no se hubiese asfixiado.</p><p>Se me revolvi� el est�mago. �Qu� muerte m�s horrible! No me gustaba Phillips, pero no le hubiera deseado un final as�. Aunque si era �l el que empuj� a Boom Boom�</p><p>���Cu�ndo creen que ocurri�?</p><p>��A eso de las seis de la ma�ana del domingo. Unas horas m�s o menos. Y ahora, Vicki, quiero saber lo que estabas haciendo en la oficina de ese hombre. Y cu�ndo lo estabas haciendo.</p><p>��A eso de las seis de la ma�ana del domingo fui all� a hablar con �l de la muerte de mi primo. Cuando se neg� a contestar a mis preguntas, me enfurec� y le pegu� en la cabeza con un objeto de bronce que ten�a en el escritorio.</p><p>Bobby me ech� una mirada tan furiosa que volv� a sentir el est�mago revuelto. Llam� a McGonnigal, que esperaba fuera.</p><p>��Toma nota de todo lo que diga. Si vuelve a hacerse la lista, enci�rrala como testigo presencial. Me estoy hartando de todo esto. -Se volvi� hacia m�-. �Cu�ndo estuviste all�?</p><p>Me mir� las u�as de la mano derecha. Ten�a que hacerme la manicura. La izquierda no estaba mucho mejor.</p><p>��El s�bado por la noche.</p><p>���Y qu� estabas haciendo all�?</p><p>��Si hubiera ido a robar, habr�a sido lo bastante espabilada como para ponerme guantes. No fui a robar. Buscaba informaci�n que pudiera demostrarme que Phillips llevaba una vida delictiva.</p><p>Hablamos de ello durante un rato. Segu�a pensando en Boom Boom como mi cliente, pero no pensaba dec�rselo a Bobby por nada del mundo. Antes me dejaba encerrar.</p><p>��No puedes llevar un cuerpo a rastras al puerto sin que nadie se d� cuenta -dije en un momento dado-. Hay un polic�a de guardia en la verja. �Le hab�is preguntado los nombres de las personas que fueron al puerto el domingo por la ma�ana temprano?</p><p>Mallory me ech� una mirada fulminante.</p><p>��Las cosas facilitas tambi�n se nos ocurren a nosotros. En este momento estamos interrogando a esas personas.</p><p>���Es Niels Grafalk uno de ellos?</p><p>Bobby me mir� con agudeza.</p><p>��No. Nuestro hombre no le vio. �Por qu�?</p><p>��S�lo por curiosidad.</p><p>Bobby sigui� pregunt�ndome qu� hac�a en la oficina de Phillips, qu� informaci�n esperaba encontrar, etc.</p><p>Al final dije:</p><p>��Bobby, t� crees que la muerte de Boom Boom fue un accidente. Yo creo que fue un asesinato. Estaba buscando algo que relacionase a la Compa��a Eudora con su muerte, porque tuvo lugar en su silo despu�s de que �l hubiera discutido con Phillips.</p><p>Mallory hizo un ordenado mont�n con los papeles de su escritorio. Se quit� las gafas y las coloc� encima. Aqu�lla era la se�al de que el interrogatorio hab�a acabado.</p><p>��Vicki, s� lo mucho que quer�as a Boom Boom. Creo que eso te hace darle demasiada importancia a su muerte. Vemos muchos casos como �se aqu�, �sabes? Alguien pierde a su hijo, a su mujer o a su padre en un accidente terrible. No pueden creer que haya ocurrido y dicen que fue un asesinato. Les resulta m�s f�cil enfrentarse a su muerte si ha habido una conspiraci�n. Su ser amado era lo bastante importante como para que alguien quisiera matarlo. Lo has pasado muy mal �ltimamente, Vicki. Tu primo muri� y t� casi te matas en un accidente. Vete a pasar unas semanas fuera, a alg�n sitio c�lido, y t�mbate al sol durante un tiempo. Necesitas darte la oportunidad de recobrarte de todo esto.</p><p>Despu�s de aquello, naturalmente, no le dije nada de lo de los documentos de Boom Boom ni de que Mattingly volase a Chicago en el avi�n de Bledsoe. McGonnigal se ofreci� a llevarme a casa, pero, siguiendo con mi esp�ritu de perversidad, le dije que pod�a ir yo sola. Me levant� entumecida; hab�amos estado, hablando durante m�s de dos horas. Eran cerca de las diez cuando me sub� al metro en Roosevelt Road. Llegu� hasta la esquina de Clark y Divisi�n y all� cog� el autob�s 22, que me acerc� a Belmont con Broadway. Pod�a caminar la �ltima media milla hasta casa.</p><p>Estaba muy cansada. Me volv�a a doler el hombro, quiz� por haber estado tanto tiempo sentada en la misma postura. Camin� tan r�pido como pude por Belmont hasta llegar a Halsted. Lincoln Avenue la atraviesa en diagonal all�, y en un gran tri�ngulo que queda en la parte sur de la calle hay un descampado pedregoso. Agarr� las llaves entre los dedos, acechando las sombras de los arbustos. En la puerta de mi edificio mir� a mi alrededor por si ve�a algo fuera de lo normal. No quer�a ser la cuarta v�ctima de un asesino tan eficiente.</p><p>Tres estudiantes de DePaul comparten el apartamento del seg�ndo piso. Mientras sub�a por las escaleras, una de ellas sac� la cabeza por la puerta.</p><p>��Oh, eres t� -dijo.</p><p>Sali� a la escalera seguida por sus dos compa�eros, un chico y una chica. En excitado tr�o me contaron que alguien hab�a intentado asaltar mi apartamento m�s o menos una hora antes. Un hombre hab�a llamado a su timbre en el portero autom�tico. Cuando le abrieron, pas� de largo ante su puerta y subi� al tercer piso.</p><p>��Le dijimos que no estabas en casa -dijo una de las chicas-, pero subi� de todos modos. Despu�s de un rato o�mos c�mo intentaba apalancar la puerta. As� que cogimos el cuchillo del pan y subimos a por �l.</p><p>���Dios m�o! -dije-. Pod�a haberos matado. �Por qu� no llamasteis a la polic�a?</p><p>La que hab�a hablado primero encogi� los delgados hombros cubiertos por una camiseta de Blue Demon.</p><p>���ramos tres contra uno. Adem�s, ya sabes c�mo es la polic�a. Nunca llegan a tiempo en este vecindario.</p><p>Les pregunt� si pod�an describirme al intruso. Era delgado y parec�a fuerte. Llevaba un pasamonta�as, lo que les asust� m�s que el incidente en s�. Cuando vio que sub�an las escaleras, dej� caer la ganz�a, les empuj� y corri� escaleras abajo hasta llegar a Halsted. No intentaron perseguirle, cosa que les agradec�; no necesitaba sus heridas sobre mi conciencia.</p><p>Me dieron la ganz�a, una cara herramienta marca Sorby. Les di las gracias profusamente y les invit� a los tres a tomar la �ltima copa en mi apartamento. Sent�an curiosidad por m� y subieron encantados. Les serv� Martell en las copas de cristal rojo veneciano de mi madre y contest� sus preguntas entusiastas acerca de mi vida de investigadora privada. Me parec�a un precio muy peque�o a pagar por haber salvado mi apartamento, y quiz� a m�, de un tard�o intruso nocturno.</p></section><section><title><p>23</p></title><subtitle>La casa de luto</subtitle><empty-line/><p>Me despert� temprano a la ma�ana siguiente. Mi posible intruso me convenci� de que no ten�a mucho tiempo antes de que otro accidente acabase conmigo. Segu�a enfadada con Bobby: no quise denunciar el incidente. Despu�s de todo, la polic�a se lo iba a tomar como un asalto cualquiera. Resolver�a los cr�menes yo misma; despu�s se arrepentir�an de no haberme escuchado.</p><p>Me sent�a decididamente poco heroica mientras corr�a despacio hasta Belmont Harbor y vuelta. S�lo hice dos millas en lugar de las cinco habituales, y aun as� acab� sudando y con el hombro izquierdo doli�ndome de nuevo. Me di una larga ducha y me frot� un poco de linimento en los m�sculos doloridos.</p><p>Revis� el Omega con cuidado extremo. Todo parec�a funcionar bien, nadie me hab�a atado un cartucho de dinamita al cable de la bater�a. Incluso despu�s de haberme tomado un tiempo para hacer ejercicios y desayunar como es debido, a las nueve ya estaba en ruta. Iba silbando <emphasis>Apr�s un r�ve </emphasis>de Faur� para mis adentros mientras me met�a por el Loop. La primera parada fue en el Registro de la Propiedad del Ayuntamiento. Encontr� un lugar vac�o con parqu�metro en la calle Madison y met� un cuarto de d�lar. Media hora ser�a suficiente para lo que quer�a hacer.</p><p>La oficina del Registro de la Propiedad es donde se registran las propiedades de los edificios de Chicago. Quiz� de todo Cook County. Al igual que otras oficinas municipales, �sta estaba llena de funcionarios. Henry Ford podr�a estudiar las oficinas municipales y aprender lo que es de verdad la divisi�n del trabajo. Una persona me dio un formulario para que lo rellenase. Lo rellen�, copiando la direcci�n de Paige Carrington en la calle Astor de la agenda de Boom Boom. El formulario relleno pas� a un segundo funcionario que le puso un sello con fecha y se lo dio a un grueso hombre negro sentado tras una ventanilla. �l a su vez destin� el formulario a uno de los numerosos empleados, cuya funci�n consist�a en localizar el nombre de los libros y llev�rselos a los contribuyentes que estaban esperando.</p><p>Me qued� tras un ara�ado mostrador de madera junto con otros buscadores de propiedades, esperando que el empleado me trajera el importante volumen.</p><p>El hombre al que acab� correspondiendo mi encargo result� ser sorprendentemente servicial. Los funcionarios municipales suelen estar empe�ados en ganar un concurso que consiste en ver qui�n fastidia m�s al p�blico. Me encontr� la secci�n en el grueso libro y me explic� c�mo leerla.</p><p>Paige ocupaba un piso en un edificio de apartamentos reconvertido, un viejo edificio de cinco plantas construido en 1923. Las notas indicaban que hab�a habido alg�n tipo de vivienda en aquel lugar al menos desde 1854. El Harris Bank posey� el edificio hasta 1978, cuando se convirti� en edificio de apartamentos. Jay Feldspar, un conocido promotor de Chicago, lo adquiri� entonces y lo rehabilit�. El piso de Paige, el n�mero 2, lo ten�a arrendado el Fort Dearbom Trust. N�mero 1123785-G.</p><p>Cada vez m�s curioso o Paige pose�a y disfrutaba del lugar como parte de un arriendo, o alguien era due�o de �l y se lo dejaba a ella. Mir� el reloj. Ya llevaba all� cuarenta minutos; daba igual que me quedara un poco m�s y me arriesgase a que me pusieran una multa. Anot� el n�mero del dep�sito en un trozo de papel, me lo met� en el bolso, di las gracias al empleado por su ayuda y sal� a buscar un tel�fono. Hab�a ido a la universidad con una mujer que ahora era abogado en el Fort Dearbom. Ella y yo nunca hab�amos sido amigas; nuestras aspiraciones eran demasiado diferentes. Tampoco fuimos nunca enemigas, de todos modos. Pens� que pod�a llamarla y recordarle los viejos tiempos.</p><p>Me llev� cierto tiempo convencerla. Los documentos de arriendo eran confidenciales, y pod�an expulsarla del colegio de abogados, hasta despedirla del banco. Finalmente la convenc� de que conseguir�a que el <emphasis>Herald Star </emphasis>fuese y sobornase a todo el cuerpo de oficinas si no me encontraba el nombre de la persona que estaba tras el arriendo.</p><p>��La verdad es que no has cambiado nada, Vic. Recuerdo c�mo tiranizabas a todo el mundo durante los debates del �ltimo a�o de carrera.</p><p>Me re�.</p><p>��No lo dije como un cumplido -dijo enfadada, pero accedi� a llamarme a casa por la noche con la informaci�n.</p><p>Mientras desperdiciaba monedas y aumentaba el riesgo de que me pusieran una multa, llam� a mi contestador. Hab�an llamado Murray Ryerson y Pierre Bouchard.</p><p>Llam� primero a Murray.</p><p>��Vic, si hubieses vividio hace doscientos a�os, te habr�an quemado en la hoguera.</p><p>���De qu� est�s hablando?</p><p>��De las botas deportivas Arroyo. Mattingly las llevaba puestas cuando muri�, y estamos pr�cticamente seguros de que coinciden con la huella que la polic�a encontr� en casa de Boom Boom. Sacamos la historia en primera p�gina en la pr�xima edici�n. �Tienes m�s datos?</p><p>��No, esperaba que tuvieses algo para m�.</p><p>Bouchard quer�a contarme que hab�a estado averiguando cosas de Mattingly con los compa�eros de equipo. No cre�a que Howard supiese bucear. Oh, y Elsie hab�a tenido un ni�o de nueve libras hac�a dos d�as. Le iba a llamar Howard, igual que aquella serpiente despreciable. Los miembros del equipo estaban haciendo una colecta para ella, pues Howard hab�a muerto sin pensi�n y su seguro de vida era muy peque�o. �No querr�a aportar algo en nombre de Boom Boom? Pierre sab�a que a mi primo le hubiera gustado participar.</p><p>Desde luego, le dije, y le di las gracias por sus servicios.</p><p>���Has hecho alg�n progreso? -pregunt�.</p><p>��Bueno, Mattingly ha muerto. Han matado el domingo al tipo que creo que empuj� a Boom Boom al agua. Otras cuantas semanas as� y creo que la �nica persona que quedar� viva ser� el asesino. Supongo que eso es progreso.</p><p>Se ri�.</p><p>��S� que lo lograr�s. Boom Boom me cont� muchas veces lo lista que eras. Pero si necesitas trabajo de fuerza, d�melo. Soy bueno luchando.</p><p>Lo admit� de buen grado. Le hab�a visto muchas veces abri�ndole la cabeza a la gente sobre el hielo con entusiasmo.</p><p>Volv� corriendo a mi coche, pero era demasiado tarde. Una guardia me estaba poniente una multa. La met� en el bolso y me abr� camino poco a poco a trav�s del Loop hasta la calle Ontario, la entrada m�s cercana a la autopista Kennedy.</p><p>El tiempo hab�a mejorado al fin un poco. Bajo un claro cielo azul, los �rboles que bordeaban la autopista alzaban t�midas hojas verde p�lido hacia el sol. La hierba estaba mucho m�s oscura que hac�a una semana. Comenc� a cantar canciones de amor isabelinas. Se adecuaban mejor al clima y a los p�jaros que gorjeaban que la melancol�a de Faur�. Sal� de la Kennedy hacia Edens, pas� los tristemente limpios <emphasis>bungalows </emphasis>de la parte noroeste, donde la gente hace equilibrios con su sueldo, sub� por los parques industriales que bordean los suburbios de clase media de Lincolnwood y Skokie, y me met� por la autopista Tri State y los enrarecidos dominios norte�os de los muy ricos.</p><p>���Los dulces amantes aman la primavera� -cant�, girando por la carretera 137. Me dirig� a Green Bay Road, meti�ndome por el desv�o hacia Harbor Road sin equivocarme ni una sola vez. Segu� hasta pasar delante de la residencia de los Phillips y aparqu� el Omega en la calle, en la esquina de abajo, lejos de la casa. Llevaba mi traje de pantal�n azul marino de Evan Picone, una cosa intermedia entre la comodidad y la necesidad de parecer respetable en una casa de luto.</p><p>Camin� r�pidamente por el c�sped hasta la casa de los Phillips con mis mocasines de tac�n bajo y las piernas un poco doloridas a causa de la carrera de la ma�ana.</p><p>Una vez en el camino de entrada a la casa, dej� de cantar. Hubiese sido indecoroso. Hab�a tres coches aparcados detr�s del Oldsmobile 88 azul. El Alfa verde de Phillips. �As� que no hab�a ido �l mismo al puerto el domingo por la ma�ana? �O habr�an devuelto el coche? Ten�a que preguntarlo. Un Monte Carlo rojo, de unos dos a�os y no tan bien cuidado como requer�a el vecindario. Y un Audi 5000 plateado. Al ver el Audi, se me quit� cualquier deseo de cantar que hubiera tenido antes.</p><p>Una adolescente p�lida con vaqueros de Calvin Klein y camiseta de Izod me abri� la puerta. Ten�a el cabello oscuro corto y rizado de permanente en toda la cabeza. Me ech� una mirada poco amistosa.</p><p>���Qu�? -dijo antip�tica.</p><p>��Me llamo V. I. Warshawski. He venido a ver a tu madre.</p><p>��Bueno, no esperes que pronuncie ese nombre -se dio la vuelta, agarrando a�n el pomo de la puerta-. Madre -chill�-. Aqu� hay una se�ora que quiere verte. Me voy a dar una vuelta en bici.</p><p>��Terri, no puedes hacer eso -la voz de Jeannine lleg� flotando desde la parte de atr�s.</p><p>Terri prest� toda su atenci�n a su madre. Se puso las manos en las caderas y grit� por el vest�bulo:</p><p>��Has dejado que Paul se marchase en el barco. Si �l puede llevarse el barco, �por qu� yo no puedo ir a dar una est�pida vuelta en bici? No voy a pasarme el d�a aqu� sentada hablando contigo y con la abuela.</p><p>��Encantador -coment�-. �Lo has le�do en <emphasis>Cosmopolitan </emphasis>o lo aprendiste viendo <emphasis>Dallas?</emphasis></p><p>Volvi� su rostro iracundo hacia m�.</p><p>���Qui�n te ha preguntado a ti? Est� por ah� atr�s -lanz� el brazo hacia la parte de atr�s del vest�bulo y se march� dando un portazo.</p><p>Una mujer mayor de pelo cuidadosamente te�ido entr� en el vest�bulo.</p><p>��Oh, vaya. �Se ha ido Terri? �Es usted amiga de Jeannine? Est� sentada en el cuarto de atr�s. Qu� amable por su parte venir a verla.</p><p>La piel alrededor de su boca hab�a perdido la tersura, pero los claros ojos me recordaron a los de su hija. Llevaba un vestido beige de manga larga, de buen gusto pero no del nivel de precio de la ropa de su hija.</p><p>La segu� a trav�s de la sala azul p�lido y entr� en el cuarto de estar de la parte de atr�s en el que hab�a entrevistado a Jeannine la vez anterior.</p><p>��Jeannine, querida, alguien ha venido a visitarte.</p><p>Jeannine estaba sentada en uno de los sillones de orejas junto a la ventana desde la que se ve�a el lago Michigan. Su rostro estaba cuidadosamente maquillado y era dif�cil saber lo que sent�a por la muerte de su esposo.</p><p>Al otro lado de la habitaci�n, acurrucada sobre sus pies en un sill�n, estaba Paige Carrington. Puso de golpe su taza de t� en una mesilla de cristal a su izquierda. Era la primera cosa que le ve�a hacer sin elegancia.</p><p>��Me pareci� reconocer tu Audi ah� fuera -le dije.</p><p>���V�c! -su voz sali� sibilante-. No me lo puedo creer. �Me est�s siguiendo a todas partes?</p><p>Al mismo tiempo, Jeannine dijo:</p><p>��No, tendr� que irse. No voy a contestar ninguna pregunta ahora. Mi� mi esposo muri� ayer.</p><p>Paige se volvi� hacia ella.</p><p>���Tambi�n ha estado contigo?</p><p>��Si. Vino aqu� la semana pasada a hacerme un mont�n de preguntas acerca de mi vida como esposa de un ejecutivo. �De qu� hablaba contigo?</p><p>��De mi vida privada. -Los ojos color miel de Paige se movieron hacia m� con cautela.</p><p>��No te he seguido hasta aqu�, Paige. Vine a ver a la se�ora Phillips. Pero puedo empezar por ti. Me muero de curiosidad por saber qui�n est� pagando los plazos mensuales de Astor Place. Son setecientos u ochocientos d�lares al mes, sin la hipoteca.</p><p>El rostro de Paige se volvi� blanco bajo el maquillaje tostado. Sus ojos se oscurecieron de emoci�n.</p><p>��Supongo que lo dir�s en broma, Vic. Si sigues molest�ndome, llamar� a la polic�a.</p><p>��No te estoy molestando en absoluto. Como dije, vine a ver a la se�ora Phillips� Necesito hablar con usted, se�ora Phillips. En privado.</p><p>���Para qu�? -Jeannine estaba desconcertada-. Ya contest� a todas sus preguntas la semana pasada. Y la verdad, ahora no tengo ganas de hablar con nadie.</p><p>��Muy bien, querida -dijo su madre. Se volvi� hacia m�-. �Por qu� no se marcha? Mi hija est� deshecha. La muerte de su marido ha sido un gran golpe.</p><p>��Me lo imagino -dije educadamente-. Espero que hubiera pagado su seguro de vida.</p><p>Jeannine trag� aire. Paige dijo:</p><p>���Qu� observaci�n de m�s mal gusto, incluso viniendo de ti!</p><p>La ignor�.</p><p>��Se�ora Phillips, me temo que la semana pasada habl� con usted bajo un aspecto supuesto. No pertenezco a una compa��a de encuestas. Soy detective e intentaba averiguar si su marido hab�a podido tratar de asesinarme dos semanas antes.</p><p>Su apretada mand�bula se solt� de repente por la sorpresa.</p><p>��Mis investigaciones me han demostrado que su marido ten�a sustanciales fuentes de ingresos aparte de su salario. Me gustar�a hablar en privado con usted acerca de esto. A menos que quiera usted que su madre y la se�orita Carrington lo oigan.</p><p>En aquel momento perdi� la compostura.</p><p>���l me prometi� que nadie lo sabr�a nunca -las l�grimas dibujaron dos surcos en el maquillaje de sus mejillas. Su madre lleg� corriendo con una caja de pa�uelos de papel, dici�ndole de modo algo confuso que aprovechase y se desahogara llorando.</p><p>Yo segu�a de pie.</p><p>��Creo que es mejor que sigamos esta conversaci�n a solas. �Podemos ir a alguna otra habitaci�n, se�ora Phillips?</p><p>���De qu� est� usted hablando? Clayton ten�a un buen sueldo en la Compa��a Eudora. Cuando le hicieron directivo hace cinco a�os, �l y Jeannine compraron esta casa.</p><p>��Est� bien, mam� -Jeannine palme� la mano de su madre-. Creo que ser� mejor que hable con esta mujer. -Se volvi� hacia Paige y dijo con odio repentino-: Supongo que <emphasis>t� </emphasis>ya lo sabes todo.</p><p>Paige nos obsequi� con su sonrisa triangular.</p><p>��S� algo -levant� sus esbeltos hombros-. Pero �qui�n soy yo para tirar la primera piedra? -recogi� un jersey que estaba en la mesa, junto a ella-. Mejor ser� que hables con Vic, Jeannine. Si no lo haces, asaltar� la casa para revisar tus libros -se acerc� a la silla de Jeannine y dio un beso al aire, cerca de su mejilla-. Vuelvo a la ciudad. Te ver� en el funeral ma�ana por la tarde, a menos que quieras que venga antes.</p><p>��No, querida, no hace falta -dijo la madre de Jeannine-. Nos las arreglamos perfectamente. -Sali� al vest�bulo detr�s de la elegante joven.</p><p>Me qued� mir�ndolas confundida. Al principio hab�a pensado que Paige pod�a haber conocido a Jeannine en alguna reuni�n de la Compa��a Eudora, cuando sal�a con Boom Boom. Pero aquel �ltimo comentario me sonaba como si su relaci�n fuera mucho m�s estrecha.</p><p>���De qu� conoce a Paige? -pregunt�.</p><p>Jeannine volvi� su rostro surcado por las l�grimas hacia m� por primera vez desde que mencion� las facturas.</p><p>���Que de qu� la conozco? �Es mi hermana! �Por qu� no iba a conocerla?</p><p>���Su hermana! -parec�amos un par de loros chiflados-. Ya entiendo. Hermanas. -La verdad es que no entend�a nada. Me sent�-. �Fue usted la que la llev� a la fiesta en que conoci� a mi primo?</p><p>Pareci� sorprendida.</p><p>���De qu� fiesta habla?</p><p>��No s� qui�n la dio. Probablemente, Guy Odinflute. Vive cerca de aqu�, �no es verdad? Niels Grafalk estaba interesado en comprar unas acciones de los Halcones Negros. Mi primo fue con algunos de los otros jugadores. Paige estaba all� y conoci� a mi primo. Quiero saber qui�n la llev�.</p><p>Jeannine disimul� una sonrisa astuta.</p><p>��<emphasis>Aquella </emphasis>fiesta. No, nosotros no fuimos.</p><p>���Pero estaban invitados?</p><p>��Puede que el se�or Odinflute nos lo dijera� Nos invitaron a muchas fiestas estas Navidades. Si quiere saber con qui�n fue Paige, creo que deber�a pregunt�rselo a ella.</p><p>La mir� fijamente; lo sab�a, pero no me lo iba a decir. Me concentr� en el asunto del dinero.</p><p>��H�bleme de las facturas, Jeannine.</p><p>��No s� de qu� est� hablando.</p><p>��Desde luego que s�. Acaba de decir que �l le prometi� que nadie se enterar�a. Les llam� para hablar de ello el s�bado por la noche. Contest� su hijo Paul. �Qu� es lo que su marido hizo a continuaci�n?</p><p>Solt� unas cuantas l�grimas m�s, pero al final result� que no lo sab�a. Hab�an vuelto tarde. Paul dej� el mensaje junto al tel�fono de la cocina. Cuando Clayton lo vio, se fue a su estudio y cerr� la puerta. Hizo una llamada telef�nica y se march� unos minutos m�s tarde. No, en el Alfa no. �Le hab�a recogido alguien? No lo sab�a. Estaba muy alterado y le hab�a dicho que le dejase en paz. Era sobre la una y media de la madrugada del domingo cuando se march�. Fue la �ltima vez que le hab�a visto.</p><p>��H�bleme ahora de las facturas, Jeannine. Las estaba abultando, �verdad?</p><p>Ella no contest�.</p><p>��La gente le hac�a ofertas para los cargamentos de la Eudora y �l anotaba las �rdenes a un precio y las facturaba a otro. �No es eso?</p><p>Se puso a llorar de nuevo.</p><p>��No lo s�, no lo s�.</p><p>��No sabe c�mo lo hac�a, pero sabe que lo hac�a, �verdad?</p><p>��No se lo preguntaba, mientras pudiese pagar las cuentas -sollozaba cada vez m�s fuerte.</p><p>Yo estaba empezando a perder la paciencia.</p><p>���Sabe cu�l era el sueldo de su marido?</p><p>��Claro que sab�a lo que ganaba Clayton -sus l�grimas se detuvieron el tiempo suficiente como para que se me quedase mirando.</p><p>��Claro que lo sab�a. Y sab�a que noventa y dos mil d�lares, aunque est� bien, comparado con lo que ten�an las otras chicas de Park Forest South High, o de donde demonios fuese, no era bastante para pagar el barco. Y esta casa. Y la ropa de firma. Y el colegio. Y los coches caros. Y las camisetas de Izod que lleva la peque�a Terri. Las mensualidades del Club N�utico. Por cierto, s�lo por curiosidad, �cu�nto vale el Club N�utico al a�o? Yo dir�a que unos veinticinco mil.</p><p>���Usted no entiende nada! -se enderez� y me mir� con ojos orgullosos y airados-. No sabe lo que es tener que aguantar que todas las dem�s chicas tengan todo lo que quieren y que una tenga que seguir con la ropa del a�o pasado.</p><p>Eso me son� fatal.</p><p>��Tiene raz�n; no lo s�. En mi colegio la mayor�a de las chicas ten�amos un par de vestidos cuando empez�bamos y a�n los llev�bamos al graduarnos. Park Forest South es un poco m�s fino que el sur de Chicago� pero no mucho.</p><p>���Park Forest South! Mi madre se mud� all� m�s tarde. Nosotras crecimos aqu�, en Lake Bluff. Ten�amos caballos. Mi padre ten�a un barco. Viv�amos cerca de aqu�. Luego �l lo perdi� todo. Todo. Yo estaba en primero de la universidad. Paige s�lo ten�a ocho a�os. Ella es demasiado joven para acordarse de la humillaci�n. El modo en que la gente nos miraba en la escuela. Mam� vendi� la plata. Sus propias joyas. Pero no sirvi� de nada. Mi padre se suicid� dispar�ndose un tiro y nos mudamos. Mi madre no pod�a soportar la piedad que la gente como la vieja se�ora Grafalk nos dispensaba en el club de campo. Y yo tuve que ir a Roosevelt en lugar de ir a Northwestern.</p><p>��As� que decidi� usted venirse a vivir aqu�, costara lo que costase. �Y su marido? �Tambi�n es un exiliado de Lake Bluff que volvi�?</p><p>��Clayton vino de Toledo. La Compa��a Eudora le trajo aqu� cuando ten�a veinticinco a�os. Alquil� un apartamento en Park Forest y all� nos conocimos.</p><p>��Y usted pens� que ten�a posibilidades, que pod�a abrirse camino para usted. �Cu�ndo descubri� que eso no iba a ocurrir?</p><p>��Cuando naci� Terri. Segu�amos viviendo en aquella casa cochambrosa de tres dormitorios -estaba chillando-. Terri y Ann ten�an que compartir una habitaci�n. Yo me compraba toda la ropa en Wieboldt. �No pod�a soportarlo! No pod�a soportarlo m�s. Y adem�s estaba Paige. No ten�a m�s que dieciocho a�os, pero ya sab�a� ya sab�a�</p><p>���Qu� sab�a, Jeannine?</p><p>Recuper� en parte su control.</p><p>��Sab�a c�mo conseguir que la ayudasen otros -dijo tranquilamente.</p><p>��Ya. Y no quer�a que Paige la vistiera. As� que presion� usted a su marido para que trajese m�s dinero a casa. �l sab�a que nunca iba a tener bastante si se limitaba a manejarse con su sueldo. As� que decidi� sacarse alguna cosa antes de que llegase a los libros de la Eudora. �Manipul� algo m�s que las facturas?</p><p>��No, fueron s�lo las facturas. Pod�a sacar� unos cien mil d�lares extra al a�o con ellas. No� no lo hac�a con todas las �rdenes de compra, s�lo con el diez por ciento m�s o menos. Y pagaba impuestos sobre ello.</p><p>���Impuestos? -repet� incr�dula.</p><p>��S�. No quer�amos� no quer�amos correr los riesgos de una auditor�a. Lo llam�bamos comisiones. Los de Hacienda no saben c�mo es este trabajo. No sab�an si pod�a cobrar comisiones o no.</p><p>��Y entonces mi primo lo descubri�. Estaba revisando los papeles para ver lo que ten�a que hacer un director regional en una oficina as�, y acab� comparando algunas facturas con las �rdenes de venta originales.</p><p>��Fue terrible -suspir�-. Le amenaz� con cont�rselo a David Argus. Aquello habr�a significado el fin de� de la carrera de Clayton. Le hubieran echado. Habr�amos tenido que vender la casa. Habr�a sido�</p><p>��Ah�rremelo -dije, bruscamente. Me lat�a la sien izquierda-. Hab�a que escoger entre el Club N�utico y la vida de mi primo.</p><p>Ella no dijo nada. La agarr� por los hombros y la sacud�.</p><p>���Cont�steme, maldita sea! Decidieron que mi primo ten�a que morir para que usted pudiese seguir llevando sus vestidos de Massandrea. �Es eso lo que ocurri�? �Es eso?</p><p>De rabia la hab�a levantado del sill�n y la estaba sacudiendo. La se�ora Carrington entr� corriendo en el sal�n.</p><p>���Qu� est� pasando aqu�? -pregunt� detr�s de m�. Yo estaba a�n grit�ndole a Jeannine. La se�ora Carrington me agarr� por el brazo-. Creo que ser� mejor que se vaya. Mi hija no puede soportar m�s disgustos. Si no se marcha, llamar� a la polic�a.</p><p>De alg�n modo su voz rasposa penetr� en m�.</p><p>��Tiene usted raz�n. Lo siento, se�ora Carrington. Me temo que me he dejado llevar por mi trabajo. -Me volv� hacia Jeannine-. S�lo una pregunta m�s antes de que la deje con su luto. �Cu�l era el papel de Paige en todo esto?</p><p>���Paige? -susurr�, frot�ndose los hombros por donde yo la hab�a agarrado. Sonri� del modo astuto en que lo hab�a hecho antes-. Oh, se supon�a que Paige deb�a averiguar lo que Boom Boom sab�a. Pero ser� mejor que hable con ella. Ella no ha desvelado mis secretos y yo no voy a desvelar los suyos.</p><p>��Muy bien -dijo la se�ora Carrington-. Vosotras, chicas, deb�is ser leales la una con la otra. Despu�s de todo, es todo lo que ten�is.</p><p>��Aparte de un barco y un apartamento en Astor Place -dije.</p></section><section><title><p>24</p></title><subtitle>Cuesti�n de principios</subtitle><empty-line/><p>Vomit� al borde de la carretera tan pronto como sal� del camino de entrada. Terri se acercaba con su bicicleta, una Peugeot de diez marchas, advert�, mientras me limpiaba la boca con un Kleenex. Boom Boom, tu muerte no fue en vano: permitiste que esta jovencita disfrutase de una bicicleta francesa de carreras.</p><p>Camin� lentamente por la calle hasta el Omega y me qued� sentada en �l durante largo tiempo sin ponerlo en marcha. Me dol�a el hombro por el esfuerzo de agarrar a Jeannine y levantarla.</p><p>Hab�a descubierto c�mo hab�a muerto Boom Boom. O, en cualquier caso, me hab�a demostrado a m� misma lo que ven�a sospechando hac�a d�as. Sent� un dolor agudo en el diafragma, como si alguien hubiese clavado una agujita en �l y me pinchase cada vez que respiraba. Eso es lo que quiere decir la gente cuando dice que le duele el coraz�n. Quieren decir el diafragma. Sent�a la cara h�meda. Me pas� una mano por los ojos, esperando encontrar sangre. Estaba llorando.</p><p>Despu�s de un rato mir� el reloj. Era la una. Me mir� la cara en el retrovisor. Estaba muy p�lida y mis ojos grises parec�an muy oscuros por contraste. Hab�a tenido mejores d�as, pero no pod�a evitarlo. Arranqu� el motor y conduje lentamente por la estrecha calle. Sent�a los brazos como si fuesen de plomo, tan pesados que apenas pod�a levantarlos hasta el volante. Habr�a sido muy agradable seguir los consejos de Bobby e ir a alg�n lugar c�lido durante unas cuantas semanas. Pero en lugar de ello, segu� por la calle pasando ante la casa de los Phillips y me fui a la de los Grafalk.</p><p>El garaje estaba detr�s de la casa, a la izquierda; no ve�a los coches y, por tanto, no sab�a si estaban en casa. Sub� el ancho y bajo escal�n del porche delantero y llam� a la puerta. Pasaron un minuto o dos; iba a volver a llamar cuando la gruesa doncella, Karen, abri� la puerta. Me mir� de mala gana. Recordaba el inter�s vulgar que yo hab�a mostrado por los movimientos del se�or Grafalk la semana pasada.</p><p>Le di mi tarjeta.</p><p>���Est� la se�ora Grafalk, por favor?</p><p>���La est� esperando?</p><p>��No, soy detective. Quiero hablar con ella acerca de Clayton Phillips.</p><p>No parec�a estar muy segura de qu� hacer con mi tarjeta. Yo estaba demasiado agotada tras mi encuentro con Jeannine como para luchar. Mientras est�bamos all� sin hacer nada, una voz alta y contenida pregunt� a Karen que qui�n era.</p><p>La doncella se volvi�.</p><p>��Es una detective, se�ora Grafalk. Dice que quiere hablar con usted acerca del se�or Phillips.</p><p>La se�ora Grafalk entr� en el vest�bulo. Su pelo canoso estaba peinado de modo que hac�a destacar sus altos p�mulos, que acentuaba a�n m�s con un colorete rojo oscuro. Estaba vestida para salir, con un traje de seda color salm�n con falda de vuelo y chaqueta fruncida. Sus ojos eran penetrantes, pero no antip�ticos. Le cogi� la tarjeta a Karen, que se coloc� protectora entre nosotras.</p><p>���Se�orita Warshawski? Me temo que no tengo mucho tiempo. Me voy a una reuni�n de Ravinia. �De qu� quiere hablarme?</p><p>��De Clayton y Jeannine Phillips.</p><p>Una expresi�n de disgusto cruz� por su rostro.</p><p>��No le puedo decir gran cosa de ellos. Clayton es, era, debo decir, socio de mi marido en los negocios. Por razones que nunca pude entender, Niels siempre insisti� en que cultiv�semos su amistad, incluso que los recomend�semos para el Club N�utico. Intent� interesar a Jeannine en alguna de las cosas que hago, especialmente en el trabajo con la comunidad pobre de inmigrantes de Waukegan. Me temo que es muy dif�cil interesarla por nada que no sea su ropa.</p><p>Hablaba r�pidamente, deteni�ndose apenas para tomar aliento tras cada frase.</p><p>��Perd�neme, se�ora Grafalk, pero su marido insinu� que Jeannine era una protegida suya y que usted quer�a que ella entrase en el Club N�utico.</p><p>Alz� sus cejas negras maquilladas y abri� mucho los ojos.</p><p>���Por qu� dir�a eso Niels? Supongo que Clayton debi� hacer con �l alg�n negocio ventajoso y Niels le recomend� en el club como agradecimiento. Estoy completamente segura de que eso fue lo que pas�. Niels se guarda para s� lo que hace en la Grafalk Steamship, as� que nunca supe cu�l fue el acuerdo. La verdad es que ni me interesa. Siento que Clayton muriera, pero era un arribista insufrible, y Jeannine igual� �Responde esto a su pregunta? Me temo que tengo que marcharme.</p><p>Se dirigi� a la puerta, abroch�ndose un par de guantes color salm�n p�lido. No conoc�a a nadie que llevase guantes todav�a. Sali� por la puerta conmigo, andando a buena marcha con sus zapatos de tac�n de aguja. Una mujer con menos personalidad habr�a parecido absurda con un aspecto semejante. La se�ora Grafalk estaba elegante.</p><p>Mientras entraba en el Omega, alguien le sac� el Bentley a la calle. Un hombre delgado con el pelo color arena sali� de �l, la ayud� a entrar en el coche y volvi� al garaje que estaba detr�s de la casa.</p><p>Conduciendo lentamente de vuelta a Chicago, me puse a pensar en los comentarios de la se�ora Grafalk. El negocio ventajoso deb�a tener algo que ver con las facturas de embarque de la Eudora. �Y si Phillips compart�a las ganancias con Grafalk? Digamos que hubiera conseguido noventa mil d�lares m�s sobre el precio registrado en el ordenador por el embarque y le hubiera dado a Grafalk cuarenta y cinco mil. Pero aquello no ten�a sentido. Grafalk era el principal transportista de los lagos. �Para qu� quer�a una miseria como aqu�lla? Si Grafalk estaba por medio, el dinero en juego ten�a que ser mucho m�s. Claro que Grafalk manejaba aquellos barcos tan viejos. Le costaba m�s transportar los cargamentos. La cantidad se�alada en las facturas deb�a ser el verdadero precio que Grafalk cobraba por los transportes. Si era as�, Phillips estaba robando realmente a Eudora; no s�lo embols�ndose la diferencia entre lo que marcaba el contrato y el precio final, sino perdiendo dinero de la Eudora en cada transporte que hac�a con Grafalk. Lo que Grafalk sacaba de todo ello eran m�s transportes en un mercado en baja, en el que ten�a dificultades compitiendo debido a su flota vieja e ineficaz.</p><p>De pronto lo vi todo claro. O casi todo. Me sent� como si hubiese tenido delante la verdad desde el d�a que entr� en la oficina de Percy Mackelvy en la Grafalk Steamship, all� en el puerto. Record� haberle o�do concertar �rdenes al tel�fono, y mi frustraci�n mientras estuvimos hablando. La reacci�n de Grafalk con Bledsoe durante la comida. Las veces que hab�a o�do durante la semana anterior lo mucho m�s eficaces que eran los barcos de mil pies� Incluso ten�a una idea de por qu� fue asesinado Clayton Phillips y c�mo hab�an llevado su cuerpo hasta el <emphasis>Gertrude Ruttan </emphasis>sin que nadie se diese cuenta.</p><p>Un cami�n con remolque de setenta toneladas toc� la bocina detr�s de m�. Di un salto en el asiento y me di cuenta de que casi hab�a parado el Omega en el carril de en medio de la Kennedy. No necesitaba que nadie me preparase accidentes sofisticados: me iba a matar yo s�lita sin ayuda de nadie. Aceler� r�pidamente y me met� por el Loop. Necesitaba hablar con el hombre de la Lloyds.</p><p>Eran las tres de la tarde y no hab�a comido a�n. Tras dejar el coche en el garaje subterr�neo de Grant Park, me met� en el Spot, un peque�o bar y asador detr�s de la Ajax, a tomarme un sandwich de pavo. Para celebrar la ocasi�n, me tom� tambi�n un plato de patatas fritas y una Coca-Cola. Mi bebida no alcoh�lica favorita, pero no suelo tomarla por eso de las calor�as.</p><p>Cruc� Adams para llegar al Edificio Ajax cantando �Todo va mejor con Coca-Cola� para mis adentros. Le dije al guardia que quer�a ver a Roger Ferrant -el hombre de la Lloyds- que estaba en la oficina de Riesgos Especiales. Tras hacerme esperar un poco -no encontraban el n�mero de tel�fono de Riesgos Especiales-, consiguieron dar con Ferrant. Le encantar�a verme.</p><p>Con mi tarjeta de visitante prendida a la solapa sub� hasta el piso cincuenta y tres. Ferrant sali� del despacho de nogal a mi encuentro. Un mech�n de pelo casta�o le flotaba ante los ojos y se iba ajustando la corbata mientras se acercaba.</p><p>��Tiene noticias para nosotros, �verdad? -me pregunt� ansioso.</p><p>��Me temo que a�n no. Tengo que hacerles unas cuantas preguntas m�s que no se me hab�an ocurrido ayer.</p><p>Se le cay� la cara, pero dijo alegremente:</p><p>��Me imagino que no debo esperar milagros. Y �por qu� iba usted a tener �xito donde han fallado el FBI, el Guardia Costera de los Estados Unidos y el Cuerpo de Ingenieros de la Armada?</p><p>Me condujo amablemente al despacho, que estaba a�n m�s revuelto que el d�a anterior.</p><p>��Me quedo en la ciudad hasta que se haga la encuesta en el Soo el lunes que viene y luego vuelvo a Londres. �Cree que habr� solucionado el problema para entonces?</p><p>Hablaba en broma, pero yo dije:</p><p>��Tendr� la respuesta dentro de veinticuatro horas. Pero no creo que le vaya a gustar.</p><p>Vio que estaba muy seria. Me creyera o no, dej� de re�rse y me pregunt� lo que pod�a hacer para ayudarme.</p><p>��Hogarth dijo ayer que era usted la persona que m�s sab�a en el mundo acerca de los transportes en los Grandes Lagos. Quiero saber qu� es lo que va a ocurrir ahora que esa esclusa est� averiada.</p><p>���Puede explicarme lo que quiere decir, por favor?</p><p>��El accidente de la esclusa debe de haber causado un gran impacto, �no? �O pueden seguir pasando los barcos a trav�s de ella?</p><p>��Oh� bueno, los transportes no se han inmovilizado totalmente. Han cerrado las esclusas McArthur y Davis durante unos d�as mientras limpian los destrozos y las verifican, pero a�n se puede utilizar la esclusa Sabin. Es la que est� en la parte canadiense. Naturalmente, los barcos m�s grandes no podr�n navegar por los lagos durante un a�o, o el tiempo que les lleve reparar la esclusa Poe. La Poe era la �nica en la que cab�an los cargueros de mil pies.</p><p>���Es eso muy importante? �Tiene un gran impacto financiero?</p><p>Se retir� el pelo de los ojos y volvi� a aflojarse la corbata.</p><p>��La mayor�a de los transportes se hacen entre Duluth y Thunder Bay y puertos m�s al sur. El sesenta por ciento de los cereales de Norteam�rica pasa por esos dos grandes puertos en cargueros. Es una barbaridad de cereal, �sabe?, cuando uno piensa en todo lo que se produce en Manitoba y en la parte alta del Medio Oeste� Puede que unos setecientos millones de toneladas. Y luego est� toda la producci�n de Duluth -frunci� los labios al pensar en ello-. Por las esclusas del Soo pasan al a�o m�s cargamentos que por Panam� y Suez juntos, y s�lo est�n abiertas nueve meses al a�o en lugar de todo el a�o, como los otros dos. As� que f�jese si habr� impacto financiero.</p><p>��Los cargamentos seguir�n saliendo, pero los barcos peque�os tendr�n ventajas, �no es as�? -insist�.</p><p>Sonri�.</p><p>��S�lo hasta que vuelvan a poner la esclusa Poe en marcha. Ha habido mucho desconcierto, tanto en el mercado del cereal como entre los transportistas de los Grandes Lagos desde que la esclusa explot�. Volver�n a tranquilizarse dentro de unas semanas, cuando se den cuenta de que la mayor�a del tr�fico no se ver� afectado.</p><p>��Excepto para los transportistas que trabajan principalmente con barcos de mil pies.</p><p>��S�, pero de esos no hay muchos. Naturalmente, los que trabajan con cereal, como la Eudora, est�n buscando para encontrar qui�n les lleve sus cargamentos en barcos peque�os, aunque sean barcos de 740 pies. Grafalk est� consiguiendo muchas �rdenes. No han aumentado las tarifas, de todos modos, cosa que est� haciendo gente menos escrupulosa.</p><p>���Es Grafalk una empresa rentable?</p><p>Me mir� sorprendido.</p><p>��Son los transportistas m�s importantes de los lagos.</p><p>Sonre�.</p><p>��Ya lo s�. No hacen m�s que dec�rmelo. Pero, �ganan dinero? Tengo entendido que los barcos peque�os no son rentables, y son los que componen el total de su flota.</p><p>Ferrant se encogi� de hombros.</p><p>��Nosotros aseguramos el casco. No s� decirle qu� cantidad de mercanc�as transportan. Recuerde, sin embargo, que la rentabilidad es una cuesti�n relativa. Puede que Grafalk no gane tanto como una firma como American Marine, pero eso no quiere decir que no sea rentable.</p><p>Hogarth entr� mientras habl�bamos.</p><p>���Por qu� quiere saberlo, se�orita Warshawski?</p><p>��No es curiosidad malsana solamente. �Saben? Nadie va a reivindicar la explosi�n; ni el FALN, ni los armenios. Si no es un acto cualquiera de terrorismo, tendr�a que tener una raz�n. Estoy tratando de encontrar la raz�n, aunque �sta sea conseguir los cargamentos de los grandes navios para los barcos peque�os como los que tiene Grafalk.</p><p>Hogarth parec�a asombrado.</p><p>��Grafalk no, se lo aseguro, se�orita Warshawski. Niels Grafalk procede de una vieja familia de navieros. Est� dedicado a su flota, a sus negocios� y es un caballero.</p><p>��Eso es muy bonito -dije-. Le honra a usted. Pero han hecho saltar por los aires un barco de cincuenta millones de d�lares, la industria naviera americana se ha conmocionado, aunque sea temporalmente, y se han interrumpido muchos negocios. No s� c�mo interpretar�an los tribunales una cosa as�, pero alguien va a tener que pagar por estos trastornos. Resulta que Grafalk gana mucho con el accidente. Quiero saber el estado en que se encuentra su negocio. Si le va bien, entonces no tiene motivos.</p><p>Ferrant parec�a divertido.</p><p>��Desde luego, busca usted el lado menos agradable de la naturaleza humana� Jack, t� sabes algo de c�mo le van los negocios, �no? Busca en tus ficheros, mira c�mo ha asegurado sus cargamentos y cu�l es el seguro de indemnizaci�n de sus trabajadores.</p><p>Hogarth dijo tercamente que ten�a que ir a una reuni�n y que eso le parec�a una p�rdida de tiempo.</p><p>��Entonces lo har� yo -dijo Ferrant-. No tienes m�s que decirme d�nde est�n los ficheros y ya lo miro yo. La verdad es que creo que la se�orita Warshawski ha tenido una idea interesante. Tendremos que comprobarlo.</p><p>Hogarth acab� llamando a su secretaria por el intercomunicador y le pidi� que trajese los archivos pertenecientes a los �ltimos cinco a�os de la Grafalk Steamship.</p><p>��Pero no dejes que el chico se entere que lo has hecho. Se pone muy quisquilloso cuando est� en juego el nombre de su familia.</p><p>Hogarth se march� a su reuni�n y Ferrant hizo unas cuantas llamadas telef�nicas mientras yo contemplaba los barcos sobre el lago Michigan. Monroe Harbor se estaba llenando r�pidamente con su flota veraniega de barcos deportivos. Mucha gente aprovechaba el hermoso tiempo que estaba haciendo; el horizonte estaba lleno de velas blancas.</p><p>Despu�s de unos veinte minutos de espera, una mujer de mediana edad vestida con un traje sastre austero, entr� en la oficina empujando un carrito lleno de archivadores.</p><p>��Estos son los archivos de Grafalk Steamship que pidi� el se�or Hogarth -dijo ella, dejando el carrito en medio de la habitaci�n.</p><p>Ferrant estaba entusiasmado.</p><p>��Ahora veremos si el negocio est� en buena forma. No se puede deducir del seguro del casco, que es todo lo que hago yo para la Grafalk.</p><p>Cinco a�os de historia de la Grafalk formaban un mont�n de papeles considerable. Estaban las p�lizas de indemnizaci�n a los trabajadores, que ocupaban unas cien p�ginas cada a�o, describiendo el tipo de empleados, las condiciones de la p�liza, las carencias y las primas. Hab�a una p�liza por interrupci�n de negocio para cada a�o, cobertura para los cargamentos, que estaba suscrita en base a cada transporte, y los riesgos en tierra, para cubrir las responsabilidades de la Grafalk una vez que la carga hubiese sido desembarcada.</p><p>Ferrant se desenvolv�a entre los papeles con mirada experta.</p><p>��Sabe, los cargamentos y las p�lizas nos lo dir�n todo. Veremos el valor de la carga que est� transportando y a cu�nta gente emplea para hacerlo. Se suman las p�lizas de indemnizaci�n de los trabajadores, se comprueban los extractos finales y eso le dir� cu�nta gente tiene trabajando para �l cada a�o. Voy a comprobar estas p�lizas de cargamentos.</p><p>Me sent� ante una mesa redonda de madera y me un� a �l, amontonando los papeles que cubr�an el suelo.</p><p>��Pero cre� que todo el sector naval estaba en recesi�n. Si no hace muchos transportes, �qu� va a descubrirnos eso, si no es que la industria est� en recesi�n?</p><p>��Buena observaci�n, muy buena. -Ferrant coloc� un mont�n de p�lizas de indemnizaci�n de trabajadores frente a m�-. Tenemos ciertas estad�sticas de la industria: lo que un transportista medio se lleva como porcentaje de su tonelaje disponible; cosas as�. No tenemos m�s que compararlas. Me temo que es un c�lculo muy aproximado. Lo otro es que, sin embargo, sabemos lo que cuesta al d�a poseer una de esas viejas ba�eras. Entonces, si no est� transportando una carga, tiene que estar amarrada en alguna parte. A menos que el barco est� entre naftalina, lo que tambi�n supone un coste diario, tiene que tener una tripulaci�n m�nima a bordo. Necesita ser capaz de poder mover el barco r�pidamente y llevarlo al lugar en el que le est� esperando un cargamento. As� que podemos hacer una aproximaci�n bastante exacta de sus costos y mirar luego sus cargamentos y comprobar lo que est� ganando.</p><p>Aquello parec�a un modo de trabajar razonable. Empec� con mi parte del trabajo, secretamente encantada con el entusiasmo de Ferrant por el proyecto. No ten�a los mismos sentimientos personales que Hogarth hacia el asegurado.</p><p>La primera p�gina de la p�liza de 1977 explicaba que la Grafalk Steamship era una compa��a muy bien llevada, cuya direcci�n principal era el 132 de la calle North La Salle en Chicago. El sumario de la cobertura en la p�gina de declaraciones mostraba que la Grafalk ten�a mil quinientos empleados en ocho estados. Esto inclu�a marineros, secretarias, estibadores, descargadores, conductores de camiones y oficinistas. Los directivos y oficiales estaban excluidos de la cobertura. La prima total para 1977 era de cuatro millones ochocientos mil d�lares. Silb� para mis adentros. Cu�nto dinero.</p><p>Hoje� las p�ginas hasta llegar al final, donde se inclu�a la revisi�n de la prima. Esta secci�n se completaba al final del a�o. Mostraba cu�nta gente trabajaba en ese momento cada d�a por clases de trabajo, y el dinero que la Grafalk deb�a en concepto de primas a la Ajax en 1977. La reducci�n era sustancial: tres millones de d�lares menos. En lugar de tres millones de horas de trabajo, los empleados de la Grafalk hab�an reducido dos millones en el a�o que all� terminaba.</p><p>Le mostr� el resultado a Ferrant. El asinti� y volvi� a las p�lizas de los cargamentos. Acab� con las de compensaciones, escribiendo los resultados totales en una hoja de papel. Ferrant me tendi� un mont�n de p�lizas de cargamentos. Las estaba comprobando fecha a fecha, el valor total del contrato y el navio utilizado. Las comparar�amos m�s tarde con el tonelaje declarado de cada uno de los barcos.</p><p>Hogarth lleg� cuando est�bamos acabando con los montones de papeles. Mir� el reloj. Eran casi las seis.</p><p>���Ha habido suerte?</p><p>Ferrant hizo una mueca; el pelo volv�a a caerle sobre los ojos.</p><p>��Bueno, ahora tenemos que sumar todo lo que hemos encontrado. Pero me parece que no tiene buena pinta. Oye, Hogarth, s� buen chico y �chanos una mano. No pongas esa cara. Piensa en ello como si fuera un problema intelectual.</p><p>Hogarth neg� con la cabeza.</p><p>��No cont�is conmigo. Le dije a Madeleine que estar�a en casa pronto al menos una vez, y ya llego tarde. Quiero coger el tren de las seis treinta y cinco.</p><p>Se march�, y Ferrant y yo seguimos con nuestro trabajo, aburrido y tedioso. Al final, sin embargo, qued� claro que Grafalk hab�a estado utilizando s�lo cuarenta de sus sesenta y tres buques durante los �ltimos cinco a�os. De hecho, hab�a vendido tres barcos a mediados de 1979.</p><p>��Tendr�a que haber vendido m�s -dijo Ferrant sombr�o.</p><p>��Puede que lo intentase y no se vendieran.</p><p>Hacia las ocho y media hab�amos terminado un somero an�lisis del estado de las finanzas de Grafalk. Mantener sus barcos costaba aproximadamente dos mil d�lares al d�a cuando no estaban navegando, y unos mil d�lares diarios cuando s� lo estaban. As� que el gasto total de Grafalk para mantener en marcha la compa��a era de unos ciento veinte millones al a�o. Y el valor total de los cargamentos que transport� resultaba ser de cien millones de d�lares en 1977. Las cosas le fueron un poco mejor en el 78 y 79, pero no hab�an mejorado en los �ltimos dos a�os.</p><p>��Esto contesta perfectamente a su pregunta -dijo Ferrant-. El chico est� perdiendo dinero sin duda. -Orden� sus montones de notas-. Es sorprendente, la cantidad de cargamentos que ha transportado para la Eudora en los �ltimos cinco a�os. Casi el veinte por ciento de su volumen total.</p><p>��S� que es raro -dije-. Naturalmente, la Eudora es importante� �De d�nde saca Grafalk el dinero para cubrir sus p�rdidas? Son bastante preocupantes.</p><p>��La compa��a naviera no es lo �nico que posee -Ferrant estaba metiendo las p�lizas de nuevo en sus carpetas-. Tiene una rentable compa��a ferroviaria que conecta el puerto de Buffalo con Baltimore: puede descargar all� y transportar los cargamentos por tren hasta los barcos transoce�nicos en Baltimore. Eso le viene muy bien. Su familia posee muchas acciones de Hansen Electronic, la empresa de ordenadores. Tendr�a usted que conseguir que su <emphasis>broker </emphasis>le dijera si ha estado vendiendo acciones �ltimamente para pagar todo esto. Est� metido en muchas otras cosas. Creo que tambi�n su mujer tiene dinero. Pero la compa��a naviera ha sido siempre su gran amor.</p><p>Volvimos a colocar las p�lizas en el carrito y las dejamos en el pasillo para que alguien las recogiese por la ma�ana. Bostec�, me estir� e invit� a Ferrant a una copa.</p></section><section><title><p>25</p></title><subtitle>La conspiraci�n de la chica</subtitle><empty-line/><p>Camin� junto a m� hasta el Golden Glow, que est� en la esquina de Jackson y Federal. Es un lugar para gente que bebe en serio; no tiene quiche ni palitos de apio para seducir a los bebedores de vino blanco que van de camino a los trenes de cercan�as. Sal, la imponente mujer negra due�a del lugar, tiene una barra de caoba en forma de herradura, reliquia de una vieja mansi�n de Cyrus McCormick, y siete min�sculos compartimentos embutidos en un lugar encajonado entre un banco y una compa��a de seguros.</p><p>Llevaba varias semanas sin ir por all� y ella vino hasta nuestro compartimento en persona a tomar nota. Ped� lo de costumbre, un Johnnie Walker etiqueta negra, y Ferrant un martini con ginebra. Le ped� a Sal el tel�fono y ella trajo uno a la mesa.</p><p>En mi contestador ten�a un mensaje de Adrienne Gallagher, la mujer que conoc�a en el Fort Dearborn Trust. Hab�a dejado el n�mero de su casa y el recado de que pod�a llamarla antes de las diez.</p><p>Una ni�a peque�a contest� al tel�fono y llam� a su mam� con voz aguda.</p><p>��Hola, Vic, tengo la informaci�n que quer�as.</p><p>��Espero que no te vayan a echar del trabajo ni del colegio de abogados por eso.</p><p>Solt� una risita.</p><p>��No, pero me debes un poco de trabajo detectivesco gratis. Bien, el caso es que el apartamento es propiedad de Niels Grafalk� �Vic? �Est�s ah�? �Hola?</p><p>��Gracias, Adrienne -dije mec�nicamente-. Av�same cuando necesites ese trabajo detectivesco.</p><p>Colgu� y llam� al Windy City Balletworks para ver si ten�an funci�n aquella noche. Una voz grabada me dijo que las representaciones ten�an lugar de mi�rcoles a s�bado a las ocho; los domingos, a las tres. Hoy era martes: Paige deb�a estar en casa.</p><p>Ferrant me mir� cort�smente.</p><p>���Alg�n problema?</p><p>Hice un gesto de disgusto.</p><p>��Nada que no sospechase desde esta ma�ana. Pero de todos modos es muy desagradable. Grafalk posee pisos, aparte de todo lo dem�s.</p><p>���Sabe, se�orita War�? �No tiene usted un nombre de pila? No consigo pronunciar su apellido sin hacerme un nudo en la lengua� Vic, se est� comportando usted de un modo muy misterioso. Me parece entender que cree que Grafalk est� detr�s de los da�os a la esclusa Poe, ya que nos hemos pasado la tarde tratando de demostrar que pierde dinero. �Le importar�a contarme qu� est� pasando?</p><p>��En otro momento. Tengo que hablar con una persona esta misma noche. Lo siento, ya s� que es una groser�a abandonarle as�, pero tengo que verla.</p><p>���A d�nde va? -pregunt� Ferrant.</p><p>��A la Gold Coast.</p><p>Me dijo que se ven�a conmigo. Me encog� de hombros y me dirig� a la puerta. Ferrant trat� de poner algo de dinero sobre la mesa, pero Sal se lo impidi�.</p><p>��Ya me pagar� Vic cuando tenga dinero -dijo.</p><p>Llam� a un taxi en Dearborn. Ferrant entr� conmigo, preguntando a�n qu� estaba pasando.</p><p>��Se lo dir� m�s tarde -dije-. Es una historia demasiado larga como para empezar a contarla dentro de un taxi.</p><p>Nos detuvimos ante un macizo edificio de ladrillo rosa p�lido con esquinas de cemento blanco y contraventanas lacadas en blanco. Ya era de noche, pero las farolas de hierro forjado iluminaban la fachada del edificio.</p><p>Ferrant se ofreci� a acompa�arrme dentro, pero le dije que era algo que ten�a que hacer sola. Se qued� mir�ndome mientras llamaba a la campanilla, colocada en una caja de cobre iluminada en el exterior de la puerta. Un tel�fono interior se encontraba tambi�n dentro de la caja para comunicarse con los inquilinos. Cuando la voz de Paige me lleg� met�lica a trav�s del micr�fono, puse una voz aguda y le dije que era Jeannine. Abri� la puerta de entrada desde arriba.</p><p>Las escaleras estaban alfombradas de azul con dibujo de rosas. Mis cansados pies se hundieron agradablemente en el pelo. Paige estaba esper�ndome en la puerta, en lo alto de las escaleras, vestida con su albornoz blanco, sin maquillar y con el pelo recogido con una toalla, como se lo hab�a visto despu�s de los ensayos.</p><p>���Qu� te trae por la ciudad, Jeannine? -estaba diciendo cuando me vio aparecer. El resto de la frase muri� en su garganta. Se qued� un segundo demasiado largo inm�vil por la sorpresa. Llegu� a la puerta cuando ella empezaba a cerrarla de golpe y la empuj� para entrar.</p><p>��Vamos a hablar, Paige. Una peque�a conversaci�n �ntima.</p><p>��No tengo nada que decirte. �Sal de aqu� antes de que llame a la polic�a! -La voz le sal�a en un ronco susurro.</p><p>��Est�s en tu casa. -Me sent� en un amplio sill�n tapizado de brocado color teja y contempl� la amplia y luminosa habitaci�n que ten�a a mi alrededor. Una alfombra persa cubr�a unos dos tercios del oscuro parquet. Cortinas de brocado dorado estaban recogidas a los lados de las ventanas que dominaban la calle Astor y bajo ellas colgaba una gasa transparente-. A la polic�a le va a interesar mucho tu papel en la muerte de Boom Boom. Ll�males, por favor.</p><p>��Piensan que fue un accidente.</p><p>��Pero �y t�, querida Paige? �Tambi�n t� lo piensas?</p><p>Volvi� la cara, mordi�ndose el labio.</p><p>��Jeannine me dijo esta ma�ana que tu funci�n consist�a en seguirle los pasos a mi primo y saber lo que iba averiguando. Pens� que se refer�a a ella y a Clayton. Pero no estaba hablando de ellos �verdad? No, le segu�as los pasos para Grafalk.</p><p>No dijo nada, pero se qued� mirando un cuadro de la pared oeste como si buscase inspiraci�n en �l. Parec�a una copia muy buena de Degas. Que yo supiese, pod�a ser un original. Incluso a pesar de las p�rdidas de la compa��a naviera, Niels Grafalk pod�a permitirse regalarle a su amante ese tipo de chucher�a.</p><p>���Cu�nto hace que eres amante de Grafalk?</p><p>Las mejillas se le colorearon de rojo.</p><p>��Qu� comentario m�s ofensivo. No tengo nada que decirte.</p><p>��Entonces te lo dir� yo. Corr�geme si me equivoco. Jeannine y Clayton se mudaron a Lake Bluff hace cinco a�os. Niels sab�a que Clayton estaba manipulando las facturas de la Eudora. Prometi� no decirle nada a Argus si Clayton empezaba a darle a Grafalk una posici�n preferente en las �rdenes de embarque.</p><p>��No s� nada acerca de la Grafalk Steamship Line.</p><p>��T� y tu hermana sois tan puras, Paige� No quer�is saber nada acerca de d�nde viene vuestro dinero con tal de que haya suficiente para gastar.</p><p>��Apenas conozco a Niels Grafalk, Vic. Le he conocido en alguna reuni�n en casa de mi hermana. Si �l y Clayton ten�an alg�n tipo de acuerdo financiero, yo ser�a la �ltima persona en enterarme.</p><p>��Y una mierda, Paige. Grafalk es el due�o de este apartamento.</p><p>���C�mo lo sabes? -pregunt�, sent�ndose de pronto en un sof� junto a m�-. �Te lo dijo Jeannine?</p><p>��No, Paige. Tu hermana ha guardado tu secreto. Pero los t�tulos de propiedad son p�blicos en Chicago. Ten�a curiosidad acerca de este lugar, ya que sospechaba que Windy City no pod�a permitirse pagarte tanto. Bueno, �por d�nde iba? Ah, s�. Grafalk consigui� que Clayton le diese trato preferente. A cambio, Grafalk le ayud� a abrirse camino en la sociedad de Lake Bluff cuando se mudaron all�. Les introdujo en el Club N�utico y todo lo dem�s. Bien, naturalmente no te gusta que Jeannine disfrute ella sola de las cosas buenas de la vida� y viceversa. As� que empezaste a pasearte con ella por el Club N�utico. La verdad es que la se�ora Grafalk es una mujer muy interesante, pero est� siempre ocupad�sima con sus caridades y Ravinia y la Sociedad Sinf�nica, y Niels te vio y pens� que eras la cosa m�s bonita que hab�a visto en su vida. T� viste all� tu oportunidad y hace tres a�os, cuando Feldspar rehabilit� este edificio, Niels te trajo aqu�. �Voy bien por ahora?</p><p>Paige habl� en voz muy baja:</p><p>��Eres totalmente insufrible, Vic. No entiendes absolutamente nada de todo esto, ni del tipo de vida que llevo.</p><p>La interrump�.</p><p>��Jeannine ya me ha dado todos los detalles conmovedores acerca de la ca�da de la familia Carrington por la pendiente de la pobreza y la consiguiente humillaci�n. Pero piensa que soy demasiado vulgar como para entender lo estremecedor que debe haber sido para vosotras dos. Lo que en realidad me importa es lo que pintaba mi primo en todo esto. Me dijiste hace unas semanas que os hab�ais enamorado. �Cre�ste que mi primo era una perspectiva mejor porque no estaba casado? No tanto dinero, pero podr�as llevarte la mayor�a.</p><p>��C�llate, Vic, c�llate. �Crees que no tengo sentimientos en absoluto? �Sabes lo que sent� cuando me enter� de que Boom Boom hab�a muerto? No ten�a elecci�n. �No ten�a elecci�n! -la �ltima frase la dijo alzando cada vez m�s la voz.</p><p>���Qu� quieres decir? -me controlaba con mayor dificultad cada vez-. Claro que ten�as elecci�n. Si hubieses amado de verdad a Boom Boom, podr�as no haber hecho un mont�n de cosas. Y �l no viv�a exactamente en la pobreza, incluso para la media de Lake Bluff.</p><p>Sus ojos color miel estaban llenos de l�grimas. Alz� una mano en actitud suplicante.</p><p>��Vic, Niels lo paga todo. Este sitio. Los muebles. Mis cuentas en Saks y a m�. Magnin me cuesta mil d�lares al mes. �l lo paga sin preguntar nada. Si quiero ir a Mallorca el mes de octubre, �l paga las facturas de American Express. Le debo mucho. Me parec�a muy poca cosa salir unas cuantas veces con tu primo y averiguar si sab�a algo de las facturas.</p><p>Me agarr� a los brazos del sill�n para no levantarme y estrangularla.</p><p>���Muy poca cosa! Nunca pensaste en Boom Boom como en una persona, con sentimientos o derecho a vivir, �verdad?</p><p>��Me gustaba Boom Boom, Vic. Por favor, tienes que creerme.</p><p>��No creo nada de lo que dices. Nada. �Te atreves a llamarme a m� insufrible! -me detuve y trat� de dominarme-. Dime lo que ocurri� el d�a que fuisteis a navegar. El s�bado antes de que asesinaran a mi primo.</p><p>Parpade�.</p><p>��No digas eso, Vic. Fue un accidente. Niels me asegur� que hab�a sido un accidente y la polic�a lo cree as�.</p><p>��S�, bueno, cu�ntame lo de la excursi�n a vela. Mattingly estaba all�, �verdad? Y Phillips. Grafalk, naturalmente. �Cu�l era el prop�sito?, �para qu� llevaste all� a Boom Boom?</p><p>��Mattingly no estaba, Vic. No hago m�s que repetirte que no le conozco. Me acusas de ser insensible, pero no lo soy. Cuando le cont� a Niels que Boom Boom� se hab�a acercado mucho a la verdad acerca de las facturas, quiso que Clayton se deshiciera de �l de inmediato. Pero yo le dije que no lo hiciera -levant� la barbilla y me mir� con orgullo-. Fuimos all� para ver si Niels consegu�a que Boom Boom viese las cosas a su modo. El s�bado parec�a como si aquello fuese posible. Pero al lunes siguiente tuvo una pelea tremenda con Clayton acerca del asunto y Niels dijo que no serv�a de nada hablar con �l y que ser�a mejor que hici�semos algo antes de que llamase a Argus. Pero entonces� entonces �l resbal� y se cay�, y se acab� el asunto. Me sent� muy aliviada. Me aterrorizaba la idea de que Niels pudiera hacer algo horrible.</p><p>Me tocaba a m� quedarme sin habla. No encontraba palabras para expresar mi horror y mi furia. Finalmente, solt�:</p><p>��Intentasteis sobornar a Boom Boom y no funcion�. Vosotros, la gentuza, no pod�is entenderlo. Le disteis la oportunidad de corromperse y �l la rechaz� �Y qu� hay del agua en las bodegas del <emphasis>Lucelia? </emphasis>�Qu� tiene eso que ver con Clayton y Niels?</p><p>Se qued� desconcertada.</p><p>��No s� de qu� est�s hablando.</p><p>��El <emphasis>Lucelia </emphasis>perdi� un cargamento de cereal porque alguien ech� agua en las bodegas. Boom Boom iba a hablar de ello con el capit�n antes de llamar a Argus� No importa. �Y qu� pas� con Clayton? �Estabas con Niels el domingo por la ma�ana, cuando le agujere� la cabeza a Clayton?</p><p>Me mir� con cierto reproche.</p><p>��No creo que debas hablarme as�, Vic. Puede que no apruebes mis relaciones con Niels, pero es mi amante.</p><p>Me dio un ataque de risa nerviosa.</p><p>���Que no apruebo�! Por Dios, Paige, eres una cosa rara. �Qu� me import�is a m� t� y Grafalk? Lo que me importa es lo que los dos hicisteis a mi primo. Por eso vuestras relaciones me apestan.</p><p>Paige mir� el reloj.</p><p>��Bien, bueno, no estoy de acuerdo contigo. Creo que ya te he explicado por qu� me siento obligada con Niels. Va a llegar dentro de unos minutos, adem�s, as� que, a menos que quieras encontrarte con �l, te sugiero que te vayas.</p><p>Me levant�.</p><p>��Una cosa m�s, Paige, querida. �Era la fotocopia de las facturas de la Grafalk lo que estabas buscando en el apartamento de Boom Boom el d�a despu�s del funeral? Si lo eran, yo las encontr�. Y en lo que se refiere a la carta que Boom Boom te escribi� �Hermosa Paige�, no creo que te la mandase al Royal York en Toronto en absoluto. Te escribi� el domingo antes de morir, �verdad? Para decirte que no quer�a volver a verte. La pusiste en un sobre viejo para demostrarme que os escrib�ais cartas de amor. Sab�as que no iba a mirar m�s que el encabezamiento y no iba a leer la carta -ahogu� un sollozo. Si segu�a all�, iba a perder los restos de autocontrol que a�n me quedaban.</p><p>Paige me mir� con ojos sombr�os y llenos de odio mientras avanzaba por la alfombra persa hacia la puerta. Por una vez, su aspecto exquisito la abandon�: le aparecieron arrugas alrededor de la boca y los ojos y pareci� m�s vieja.</p></section><section><title><p>26</p></title><subtitle>Noche de juerga</subtitle><empty-line/><p>Al salir me sent� en el portal, incapaz de ir m�s lejos. La fatiga me nublaba el cerebro. El d�a hab�a comenzado en casa de Jeannine con la confirmaci�n de que su marido hab�a empujado a Boom Boom bajo la h�lice del <emphasis>Bertha Krupnik. </emphasis>Ahora recib�a la noticia de que su hermana sal�a con Boom Boom s�lo por espiarle para Grafalk.</p><p>�Qu� bien pod�a hacerle a Boom Boom que yo probase la complicidad de Grafalk en su muerte, o siquiera en la destrucci�n del <emphasis>Lucelia </emphasis>y la esclusa Poe? La venganza aporta s�lo una satisfacci�n limitada, y no me sent�a lo bastante noble como para actuar s�lo por un sentido desinteresado de la justicia.</p><p>Me levant� y mir� a mi alrededor buscando un taxi. Una figura alta se destac� entre las sombras y cruz� la calle para unirse a m�.</p><p>���Un encuentro satisfactorio? -pregunt� Ferrant.</p><p>���Me estaba esperando? -dije-. �Y si me busca un taxi? Hablando como detective, supongo que fue satisfactorio. Pero, como ser humano, no puedo decir que me haya hecho feliz.</p><p>��Mire, �qu� tal si se viene a cenar y me lo cuenta?</p><p>��Roger, estoy demasiado cansada como para comer nada y no me apetece cont�rselo a nadie.</p><p>Camin� hasta la calle State y llam� a un taxi. Me ayud� a entrar y me sigui�.</p><p>��Mire, no hace falta que me hable de la entrevista, pero se sentir� mejor despu�s de comer algo caliente y tomar otra copa.</p><p>Finalmente me dej� convencer. Hab�a sido de lo m�s colaborador ayud�ndome a revisar los archivos de la Grafalk. Si quer�a o�r los detalles sangrientos del resto del caso, �por qu� no?</p><p>Fuimos al Filigree, un restaurante en el Hanover House Hotel que se parece a la idea que tengo de un club masculino: mesas discretas con cortinas color casta�o que separan las mesas, una chimenea con alta repisa de m�rmol y camareros ancianos que parecen rezumar un vago desprecio hacia las mujeres que cenan all�: �apreciar�n de verdad las exquisitas viejas reservas que est�n bebiendo?</p><p>Se va al Filigree por los filetes. Ante un grueso chulet�n y una botella de Ch�teau St. Georges de 1962, me sent� revivir.</p><p>��Esta tarde dijo que no estaba realmente preocupada por los cargueros ni por las esclusas; que se interesaba por todo esto desde un punto de vista personal. �Por qu�?</p><p>Le expliqu� a Ferrant lo de mi primo y los problemas de la Eudora.</p><p>��He estado viendo a la mujer con la que sali� los tres meses antes de morir. Se llama Paige Carrington. Es una bailarina de talento, puede que no de la calidad de una bailarina de Nueva York, pero buena en cualquier caso. Es exquisita; el tipo de mujer a la que se admira, pero demasiado perfecta como para tocarla. Parece que hace a�os que es la amante de Grafalk. �l prepar� una fiesta en la que ella pudiera conocer a mi primo; dijo que quer�a comprar una participaci�n de los Halcones Negros y le pidi� a Guy Odinflute que le organizase una fiesta para �l y para todo el equipo. Siempre inclu�an a Boom Boom en ese tipo de acontecimientos y Grafalk se asegur� de que invitasen tambi�n a Paige. Bien, mi primo era tan vulnerable como cualquiera. Cuando Paige le someti� a un asedio incansable, �l respondi�, seguramente con entusiasmo. Ella es de esa clase de personas. Y se pas� los tres o cuatro meses siguientes averiguando lo que �l hac�a en la Eudora. Cuando result� evidente que Boom Boom hab�a descubierto la magnitud del problema y planeaba irle con el soplo a Argus, el presidente de la Eudora, el tierno coraz�n de Paige se conmovi�: intent� que Phillips y Grafalk comprasen a mi primo. Pero en lugar de ello, se lo cargaron.</p><p>Beb� un poco m�s de vino y me reclin� en el asiento. No hab�a podido comerme m�s que la mitad de aquel excelente chulet�n.</p><p>Hice un adem�n con el vaso de vino en la mano.</p><p>��Todo el asunto de los cargueros y las esclusas parece ser algo aparte. Ni siquiera me habr�a interesado en ello si no hubiera parecido tener relaci�n con lo que le sucedi� a mi primo.</p><p>Acab� el vino y me serv� otro vaso. A ese paso, iba a acabar medio trompa; despu�s del d�a que hab�a tenido, me apetec�a. Ferrant pidi� otra botella.</p><p>��Ahora mismo tengo un par de problemas. Uno es que, aunque la propia Jeannine me dijera que su marido hab�a empujado a Boom Boom en el muelle, no tengo ninguna prueba. Y ella no va a ir y decirlo claramente, y nadie fue testigo del hecho. Tengo algunas pruebas de lo que estaba ocurriendo en la Eudora. Puedo mand�rselas a Argus, pero lo �nico que voy a conseguir es desacreditar a Phillips. Aunque pudiesen relacionarlo con lo de Grafalk, eso no demuestra nada m�s delictivo que el cobrar comisiones.</p><p>El camarero se llev� mi plato con una mirada desde�osa al filete sin terminar mientras el encargado del vino nos abr�a la segunda botella de St. �milion. Como muchos hombres sumamente delgados, Ferrant com�a much�simo. Se tom� un chulet�n de diecis�is onzas mientras habl�bamos, junto con unas ostras a la florentina, las patatas especiales Filigree y un plato de tomates. Pidi� tarta de queso y chocolate; yo pas� de postre y tom� un poco m�s de vino.</p><p>��Lo �nico de lo que podr�a acusar a Grafalk es de asesinar a Phillips.</p><p>Ferrant se enderez� en su silla.</p><p>���Vamos, Vic! �Grafalk, asesinar a Phillips?</p><p>��Se le vio vivo por �ltima vez el domingo a la una. La polic�a piensa que cay� a las bodegas y se ahog� hacia las ocho de la ma�ana como muy tarde. As� que, entre la una y las ocho, alguien le golpe� en la cabeza y le ech� a un carguero de los Grandes Lagos. La polic�a tiene a un guardia de servicio a la entrada del puerto. No entra mucha gente en el puerto a esas horas y tienen una lista de las personas que han entrado. Estoy segura de que deben de haber revisado a fondo los coches de esas personas. Si alguna de ellas hubiera llevado el cuerpo de Phillips al puerto, le habr�an detenido. Pero no han hecho ning�n arresto.</p><p>��Puede que lo llevase a bordo en una bolsa de pl�stico y el coche no se manchase de sangre� �Estuvo Grafalk en el puerto aquella noche?</p><p>��No fue conduciendo.</p><p>���Y c�mo iba a ir? �Volando?</p><p>��No creo. Un helic�ptero har�a mucho ruido�</p><p>���Entonces c�mo pudo ir all�?</p><p>��Por Dios, Roger, me averg�enzo de usted. Viene del pa�sisla famoso por sus cuatro centurias de proezas navales. Tendr�a que ser lo primero que se le viniese a la cabeza.</p><p>Alz� las cejas.</p><p>���Por barco? Debe estar de broma. -Se qued� pens�ndolo-. Supongo que pudo hacerlo. �Pero puede usted demostrarlo?</p><p>��No lo s�. Las pruebas son circunstanciales. Va a ser dif�cil convencer a la gente. Usted, por ejemplo. �Ve usted a Grafalk como criminal?</p><p>Sonri� a medias.</p><p>��No lo s�. Estuvimos viendo las cuentas de Grafalk esta tarde� y aun as�, no es lo mismo meter a una persona en un carguero para que muera� �Qu� hay de Bledsoe?</p><p>Negu� con la cabeza.</p><p>��Bledsoe estaba en el Soo y su avi�n estaba en Chicago. No s�lo eso; alguien hab�a mandado aqu� su avi�n para implicarlo en otro asesinato.</p><p>Me preguntaba qu� har�an los camareros si me acurrucaba en los blandos cojines de felpa y me dorm�a. Bostec�.</p><p>��Si no puedo convercerle a usted, que ha visto las pruebas financieras, s� que nunca podr� convencer a la poli de que manden una orden judicial. Ir a registrar el yate de un hombre muy rico es un paso dif�cil de dar. Tienen que estar convencidos de verdad antes de dar un paso semejante.</p><p>Me reclin� hacia atr�s en mi asiento y cerr� los ojos, sujetando a�n el vaso de vino.</p><p>��No puede escapar como si tal cosa -murmur� para m�. Pero me parec�a que s� iba a poder. Incluso aunque volase el <emphasis>Lucelia, </emphasis>porque nadie sabe de d�nde proven�an las cargas de profundidad. Si tuviese alguna prueba, alguien que hubiese visto a Grafalk y a Phillips en el barco el domingo por la ma�ana� o unas manchas de sangre en la cubierta del yate de Grafalk�</p><p>Abr� los ojos y mir� a Ferrant.</p><p>��Necesito una prueba. Y las circunstancias no van a estar siempre a su favor. No puede ser. Aunque sea tan rico como Rockefeller.</p><p>Tras esta dram�tica declaraci�n, me levant� de la mesa y camin� hacia la puerta con cuidada dignidad. El <emphasis>maitre d'h�tel </emphasis>me ech� una mirada desde�osa. Las mujeres no s�lo son incapaces de apreciar las grandes cosechas; adem�s, se las beben a grandes tragos y se ponen repugnantemente borrachas.</p><p>��Gracias, buen hombre -le dije mientras sujetaba la puerta para que saliese-. Su desprecio por las mujeres le proporcionar� m�s placer que cualquier miserable propina que yo pueda darle. Buenas noches.</p><p>En el vest�bulo del hotel hab�a un tel�fono p�blico. Me acerqu� a �l, sorteando con cuidado las columnas griegas distribuidas aqu� y all�, e intent� llamar a la Escuela de Adiestramiento Naval de los Grandes Lagos. La operadora y yo tuvimos nuestros m�s y nuestros menos hasta que consegu� hacerle entender lo que quer�a y me encontr� el n�mero. El tel�fono son� unas veinte veces, pero no contest� nadie. Un viejo reloj que estaba sobre la puerta de entrada mostraba que ya era cerca de la medianoche.</p><p>Ferrant se encontraba por all� cerca sujet�ndome el bolso, que me hab�a dejado en la mesa.</p><p>���Qui�n defiende el pa�s a medianoche? -le pregunt� mientras recog�a mi bolso-. Si nadie contesta al tel�fono, �c�mo van a saber si nos atacan los rusos?</p><p>Ferrant me cogi� por el brazo.</p><p>���Sabe, Vic? Creo que deber�a esperar hasta ma�ana para conseguir su prueba.</p><p>��Si espero hasta ma�ana, �l escapar� -protest� terca-. �P�dame un taxi! -le chill� al portero.</p><p>���A d�nde va? -pregunt� Ferrant.</p><p>��A mi coche. Y luego, al yate de Grafalk. Voy a por las pruebas.</p><p>El portero nos miraba dudando.</p><p>���Me est� buscando el taxi? -le dije. �l se encogi� de hombros y sali� con su silbato.</p><p>Ferrant me sigui� a la fr�a noche. Segu�a tratando de mantener agarrado mi brazo y yo intentando apartarle. Cuando lleg� el taxi, me met� dentro y le dije al taxista que me llevase a mi coche.</p><p>��S�, bueno, �y d�nde est� su coche?</p><p>��En el garaje -musit�, y me dorm�.</p></section><section><title><p>27</p></title><subtitle>A bordo del barco del drag�n</subtitle><empty-line/><p>Cuando me despert�, me zumbaba la cabeza y me sent�a fatal. La luz del sol entraba por una ventana y me cegaba. Aquello no ten�a sentido; duermo con las cortinas echadas. Alguien deb�a de haberse colado en mi casa mientras dorm�a y hab�a abierto las cortinas.</p><p>Sujet�ndome la cabeza con una mano, me sent�. Estaba en un sof�, en una habitaci�n desconocida. Mis zapatos, mi bolso y mi chaqueta se hallaban en una mesilla junto a m� con una nota.</p><p>Vic</p><p>No pude conseguir que se mantuviese despierta el tiempo suficiente como para que me dijese su direcci�n, as� que me la he tra�do al Hancock. Espero que se encuentre a gusto.</p><p>R. F.</p><p>Fui dando tumbos por la habitaci�n hasta salir a un pasillo enmoquetado, buscando el ba�o. Me tom� cuatro aspirinas de un bote que encontr� en el botiqu�n y me prepar� un ba�o caliente en la larga ba�era amarilla. No encontr� pa�os en los estantes, as� que moj� una toalla de manos y me la enroll� en la cabeza. Despu�s de media hora en el agua, empec� a sentirme m�s como si fuese yo misma y no una alfombra tras una limpieza primaveral. No pod�a creer que me hubiera emborrachado tanto con una sola botella de vino. Debieron ser dos.</p><p>Me envolv� en una bata que encontr� detr�s de la puerta del cuarto de ba�o y sal� por el pasillo a buscar la cocina, peque�a pero bien equipada, con sus cromados y blancas superficies brillando. Un reloj colgaba de la pared junto al frigor�fico. Cuando vi la hora, acerqu� la cara para ver si estaba funcionando. Las doce y media. No me extra�aba que Ferrant se hubiese marchado.</p><p>Dando vueltas por all� me encontr� una cafetera el�ctrica y caf� en una lata, y me hice una taza. Al beberlo solo, record� los acontecimientos de la noche anterior: el encuentro con Paige y la cena con Ferrant. Recordaba de modo confuso haber llamado a la Escuela Naval de los Grandes Lagos. Me acord� de la raz�n. Ahora que estaba sobria, segu�a pareci�ndome una buena idea.</p><p>Llam� a la escuela desde un tel�fono blanco que encontr� en la cocina. En esta ocasi�n me contest� un joven. Le dije que era detective, lo que interpret� como si fuera polic�a. Mucha gente lo cree y es mejor no desilusionarles.</p><p>��Niels Grafalk tiene su yate privado en la escuela -dije-. Quiero saber si se lo llev� el domingo de madrugada.</p><p>El joven marinero me puso con el muelle, para que hablara con el guarda.</p><p>��El se�or Grafalk maneja su barco en privado -me dijo el guarda-. Podemos preguntar y averiguarlo.</p><p>Le dije que ser�a estupendo y que volver�a a llamar dentro de una hora. Me puse la ropa de nuevo. Ya estaba un poco sucia por entonces. Hab�a perdido un traje pantal�n de cuero, vaqueros y dos camisetas a resultas de aquel caso. Puede que fuera hora de comprar ropa nueva. Me fui del apartamento de Ferrant, baj� en el ascensor y cruc� la calle hasta Water Tower Place, donde me regal� un nuevo par de vaqueros y una camisa roja con una raya amarilla en diagonal en Field's. M�s f�cil que volver a mi apartamento en aquel momento.</p><p>Me fui al Loop. No hab�a estado en la oficina desde la ma�ana en que habl� con la se�ora Kelvin, y el suelo junto a la puerta estaba cubierto de correo. Lo revis� r�pidamente. Facturas y publicidad. Ninguna solicitud de millonarias para que encontrase a sus maridos desaparecidos. Tir� el mont�n a la basura y telefone� de nuevo a la Escuela Naval.</p><p>El joven marinero estaba dispuesto a ser �til.</p><p>��Llam� a la oficina del almirante Jergensen, pero all� nadie sab�a nada del barco. Me dijeron que llamara al ch�fer del se�or Grafalk, que es el que suele ayudarle cuando el se�or Grafalk quiere salir en el barco. �l quiso saber por qu� lo pregunt�bamos, as� que le dije que la polic�a estaba interesada, y �l dijo que el barco no hab�a salido el s�bado por la noche.</p><p>Le di las gracias d�bilmente por su ayuda y colgu�. No hab�a previsto aquello. Llamaron a Grafalk. Por lo menos dijeron que era la polic�a y no dieron ni nombre, ya que no le hab�a dicho al marinero qui�n era. Pero si hab�a pruebas en el barco, se dar�an buena prisa en borrarlas.</p><p>Dud� en si llamar a Mallory, pero no ve�a el modo de convencerle de hacer un registro. Pens� en los posibles argumentos que pod�a utilizar. �l segu�a creyendo que Boom Boom y yo hab�amos sido v�ctimas de distintos accidentes. Nunca iba a poder convencerle de que Grafalk era un asesino. A menos que tuviese una muestra de la sangre de Phillips cogida en el yate de Grafalk.</p><p>Pues muy bien. Conseguir�a la muestra. Me dirig� a una caja fuerte empotrada en la pared de mi oficina. No soy Peter Wimsey y no dispongo de un laboratorio policial completo, pero poseo los rudimentos, como productos qu�micos que detectan la presencia de sangre. Y unas cuantas bolsas de pl�stico autoadhesivas para meter muestras. Tengo tambi�n all� dentro una navaja de la Armada, as� que la cog�. Con una hoja de tres pulgadas, no serv�a como arma, sino como herramienta. Su hoja afilad�sima era ideal para cortar un trocito de alfombra, de cubierta o de lo que fuera el sitio donde estuviese la prueba. Mis ganz�as y una lupa completaban el conjunto.</p><p>Vaci� el bolso, me puse el carnet de conducir y la licencia de detective en el bolsillo con algo de dinero y met� mi equipo de investigadora en el compartimento de cremallera. Fui a buscar mi coche a Grant Park, donde me cobraron cincuenta d�lares. No estaba segura de recordar todos mis gastos para pasarle una nota a los bienes de Boom Boom. Necesitaba ser m�s met�dica y anotarlos.</p><p>Eran m�s de las cuatro cuando llegu� a la autopista de Edens. Mantuve el veloc�metro a sesenta y cinco millas hasta llegar al peaje. El tr�fico era intenso, la primera tanda de ejecutivos que sal�an hacia el norte de la ciudad, y fui por el carril r�pido a la velocidad de los dem�s para no arriesgarme a que me pusieran una multa y al retraso que eso me producir�a.</p><p>A las cinco sal� hacia la carretera 137 y me dirig� hacia el lago. En lugar de girar por Green Bay hacia Lake Bluff, entr� por Sheridan Road y gir� a la izquierda, siguiendo la carretera que llevaba a la Escuela Naval de los Grandes Lagos.</p><p>Hab�a un guardia a la entrada de la base. Le ech� mi sonrisa m�s simp�tica, intentando con todas mis fuerzas no parecer una esp�a sovi�tica.</p><p>��Soy la sobrina de Niels Grafalk. Me est� esperando para asistir a una fiesta a bordo del <emphasis>Brynulf Nordemark.</emphasis></p><p>El guardia consult� una lista en un cuaderno.</p><p>��Oh, es el barco privado que el almirante permite tener aqu�. Pase.</p><p>��Me temo que es la primera vez que vengo. �Puede decirme por d�nde voy?</p><p>��Siga la carretera hasta los muelles. Luego gire a la izquierda. No tiene p�rdida. Es el �nico velero privado que tenemos aqu�.</p><p>Me dio un pase por si acaso alguien me hac�a preguntas. Dese� haber sido una esp�a sovi�tica; era un sitio muy f�cil de entrar.</p><p>Segu� la tortuosa carretera pasando junto a barracones desnudos. Los marineros paseaban en grupos de dos o tres. Tambi�n pas� junto a algunos ni�os. No sab�a que viv�an familias en la base.</p><p>La carretera llevaba hasta los muelles, como dijo el guardia. Antes de llegar al agua, vi los m�stiles de los barcos sobresaliendo. M�s peque�os que los cargueros, cubiertos de torretas y equipos de radar, los barcos de la Armada parec�an amenazadores incluso a la dorada luz de la tarde primaveral. Al conducir junto a ellos me estremec� y me concentr� en la carretera. Estaba llena de baches a causa de los veh�culos pesados que rutinariamente la utilizaban, y el Omega iba dando saltos de hoyo en hoyo.</p><p>Unas cien yardas m�s all�, en espl�ndido aislamiento, estaba el <emphasis>Brynulf Nordemark. </emphasis>Era un hermoso navio de dos m�stiles, con las velas cuidadosamente enrolladas. Pintado de blanco con una raya verde, era un barco esbelto que flotaba airoso tirando de las cuerdas que lo ataban al muelle, como un cisne o cualquier otro p�jaro acu�tico, natural y gr�cil.</p><p>Aparqu� el Omega al otro lado de la carretera y camin� hasta el peque�o embarcadero al que estaba amarrado el <emphasis>Brynulf. </emphasis>Tirando suavemente de uno de los cabos para acercarlo, me agarr� a la barandilla de madera y sub� a cubierta.</p><p>Todos los detalles eran de teca, barnizados y pulidos hasta brillar. La ca�a del tim�n ten�a una base de bronce resplandeciente y el panel de instrumentos, tambi�n de teca, conten�a una colecci�n de chismes a la �ltima: girocomp�s, anem�metro, sonda de profundidad y otros instrumentos que no conoc�a. Record� que el abuelo de Grafalk hab�a comprado el barco; Grafalk deb�a haber puesto al d�a el equipamiento.</p><p>Sinti�ndome como la caricatura de un detective, saqu� la lupa de mi bolso y empec� a examinar la cubierta de rodillas, como Sherlock Holmes. La exploraci�n me llev� algo de tiempo y no descubr� nada ni remotamente parecido a la sangre sobre la bien pulimentada cubierta. Segu� la inspecci�n por los costados. Justo cuando iba a abandonar la cubierta, me fij� en dos cabellos rubios enganchados en la barandilla de estribor. El pelo de Grafalk era blanco, el del ch�fer, color arena. Phillips hab�a sido rubio, y aqu�l era un buen sitio para que le golpeasen la cabeza cuando le arrastraban fuera del barco. Gru�endo de satisfacci�n, cog� un par de pinzas de depilar de mi bolso, pill� los cabellos y los met� en una bolsita de pl�stico.</p><p>Un corto tramo de escaleras junto al tim�n conduc�a a la cabina. Me detuve un minuto, con la mano en la rueda, para mirar por la cubierta antes de bajar. Nadie me miraba. Al empezar a bajar por las escaleras, me llam� la atenci�n un gran almac�n que estaba al otro lado de la carretera. Era un edificio de uralita ondulada, como los dem�s edificios de la base. Marcado con tri�ngulos rojos, ten�a un cartel muy claro sobre la entrada: DEP�SITO DE MUNICIONES, EXPLOSIVOS. PROHIBIDO FUMAR.</p><p>Ning�n guardia patrullaba ante el dep�sito. Evidentemente, si uno ten�a entrada libre a la base, no iba a llevarse las municiones. Grafalk pasaba ante el lugar cada vez que sal�a a navegar. Su ch�fer tendr�a seguramente herramientas para poder romper el candado de las puertas correderas. Como amigo del almirante, Grafalk podr�a incluso haber entrado con alguna excusa veros�mil. Me preguntaba si tendr�an un inventario de sus explosivos. �Sabr�an si les hab�an desaparecido cargas de profundidad suficientes como para volar un barco de mil pies?</p><p>Baj� por las escalerillas y llegu� a una puerta cerrada que conduc�a a las habitaciones. Eran m�s de las seis y el sol empezaba a ponerse. No entraba mucha luz por la caja de la escalera y tuve que actuar un rato con las ganz�as en las cerraduras antes de que la puerta se abriera. Un gancho en la pared se enlazaba con otro gancho en la puerta para que se mantuviera abierta.</p><p>Lo que se me hab�a olvidado era una linterna. Busqu� una luz y finalmente encontr� una cadena conectada a una l�mpara en el techo. Al tirar de ella vi que estaba en un peque�o pasillo enmoquetado de verde, a juego con la raya del barco. Una puerta cerrada a mi derecha se abr�a al dormitorio principal con una cama grande, paredes cubiertas de espejos y remates de teca. Una puerta de armario corredera se abr�a para mostrar una buena colecci�n de ropa de hombre y de mujer. Mir� dudando la ropa de mujer: Paige y la se�ora Grafalk eran las dos bajas y delgadas. La ropa pod�a haber sido de cualquiera de las dos.</p><p>El dormitorio principal ten�a un ba�o anexo con una ba�era y un lavabo de grifos dorados. No me parec�a probable que Grafalk y Phillips se hubiesen peleado all�.</p><p>Volv� al pasillo y encontr� otros dos dormitorios, menos lujosos, cada uno con cuatro camas, a babor. Un comedor con una vieja mesa de caoba atornillada al suelo y un juego completo de porcelana Wedgwood en un bonito aparador estaba junto a ellos, cerca ya de la popa. Al lado, en el extremo de la popa, hab�a una cocina muy bien equipada con hornillo de gas. Entre el dormitorio principal y la cocina, a estribor, hab�a una sala en la que los marineros pod�an leer o jugar al bridge o beber cuando hac�a mal tiempo. Un armario abierto poco profundo mostraba unos cuantos decantadores y una buena colecci�n de botellas. El whisky era JB. Me sent� decepcionada: la primera muestra de mal gusto por parte de Grafalk. Puede que Paige escogiera el whisky.</p><p>A menos que hubieran golpeado a Phillips en la cubierta, me parec�a que lo m�s probable era que lo hubiesen hecho en el comedor o en la sala. Empec� por la sala. Conten�a una mesa de juego cubierta de cuero y un escritorio, varias sillas, un sof� y una peque�a chimenea con fuego el�ctrico.</p><p>El suelo de la sala estaba cubierto con una alfombra verde gruesa. Mientras inspeccionaba la habitaci�n, intentando decidirme por el mejor sitio para empezar, me di cuenta de que la parte de alfombra de delante de la chimenea estaba reci�n cepillada y en otro sentido que el resto de la alfombra. Aquello parec�a prometedor. Fui hacia la parte cepillada y empec� a revisarla con mi lupa. Encontr� otro cabello rubio. Nada de sangre, pero s� un olor a un limpiador fuerte, tipo Top Job. La alfombra estaba ligeramente h�meda al tacto, aunque ya hab�an pasado tres d�as tras la muerte de Phillips. Olisque� otras partes de la alfombra, pero el olor a limpiador y la humedad estaban s�lo en la parte de delante de la chimenea.</p><p>Me puse de pie. Ahora el problema iba a ser conseguir que viniese la polic�a a hacer un registro m�s serio. Con su equipo pod�an detectar sangre en la alfombra en cantidades microsc�picas. Puede que lo que debiera hacer fuese cortar un pedazo de la alfombra y llevarlo para que lo examinasen. Si hab�a sangre en �l, ser�a m�s probable que quisieran ver de d�nde proven�a el pedazo. Utilizando mi navaja, cort� una peque�a secci�n de fibras del lugar donde hab�a encontrado el cabello rubio.</p><p>Al poner el trozo de tela en una de mis bolsitas de muestras, o� un golpe en la cubierta. Me sent� muy quieta y me puse a escuchar. La cabina estaba tan bien aislada que no se o�a gran cosa. Luego, otro golpe m�s suave. �Ni�os de la base jugando por los muelles?</p><p>Me met� la bolsa de muestras en el bolsillo. Agarrando firmemente la navaja, fui hacia la puerta y apagu� la luz. Esper� dentro de la habitaci�n, escuchando. Al otro lado del pasillo o�a un d�bil murmullo de voces masculinas. Eran personas mayores, no ni�os.</p><p>Los pasos avanzaban sobre m� hacia la proa. A popa, un motor se puso en marcha. El barco, que hab�a estado flotando sobre el agua, se puso a vibrar y empez� a moverse lentamente hacia atr�s.</p><p>Mir� a mi alrededor para encontrar un lugar en el que esconderme. No hab�a ninguno. La mesa de juego y el sof� no ofrec�an protecci�n alguna. A trav�s del ojo de buey de la sala vi un destructor desliz�ndose, luego el cemento gris de un rompeolas y finalmente una peque�a boya blanca, con una luz que lanzaba destellos verdes cuando pasamos junto a ella. Sal�amos del canal hacia aguas abiertas. Escuchando tras la puerta, o� el agudo sonido del viento al golpear contra la tela; estaban izando las velas. Luego, m�s voces, y finalmente unos pasos en la escalera enmoquetada.</p><p>��Espero que no se ponga a jugar al escondite conmigo, se�orita Warshawski. Conozco este barco mucho mejor que usted. -Era Grafalk.</p><p>El coraz�n me lat�a locamente. Se me estaba revolviendo el est�mago. Me qued� sin aliento y demasiado d�bil como para hablar.</p><p>��S� que est� aqu�. Vimos su coche en el embarcadero.</p><p>Hice varias respiraciones con el diafragma, exhalando el aire lentamente en una escala descendente, y sal� al pasillo.</p><p>��Buenas tardes, se�or Grafalk. -No era la frase m�s brillante del mundo, pero las palabras me salieron sin temblar. Me sent� muy contenta conmigo misma.</p><p>��Es usted una joven muy lista. Informada tambi�n. As� que no har� falta que le diga que se ha metido usted en una propiedad privada. Es una hermosa noche para navegar, pero creo que hablaremos m�s tranquilos aqu� abajo. Sandy podr� manejar el barco solo durante un rato ahora que las velas est�n desplegadas.</p><p>Me cogi� el brazo con una garra de acero y me llev� con �l hacia el interior de la sala, encendiendo la luz de nuevo con la otra mano.</p><p>��Si�ntese, se�orita Warshawski. �Sabe usted? Goza de mi m�s profunda admiraci�n. Es usted una dama llena de recursos y con buen instinto de supervivencia. Ya deber�a haber muerto varias veces. Y me ha impresionado la reconstrucci�n que hizo para Paige. Me ha impresionado mucho.</p><p>Llevaba ropa de noche, un traje negro ce�ido a sus anchos hombros y estrechas caderas. Estaba muy elegante con �l y ten�a una expresi�n de excitaci�n contenida que le hac�a parecer m�s joven.</p><p>Me solt� el brazo y me sent� en una de las sillas rectas de cuero junto a la mesa de juego.</p><p>��Gracias, se�or Grafalk. Tendr� que pedirle referencias la pr�xima vez que me las pida un cliente.</p><p>Se sent� frente a m�.</p><p>��Oh, me temo que sus clientes van a verse pronto privados de sus servicios, se�orita Warshawski. Una l�stima, ya que tiene usted capacidad para serle de ayuda a la gente. Por cierto, �para qui�n est� trabajando ahora? No ser� para Martin, espero.</p><p>��Trabajo para mi primo -dije.</p><p>��Qu� quijotesco por su parte. Vengando la memoria del fallecido Boom Boom. Paige dice que no cree usted que cayera bajo el <emphasis>Bertha Krupnik </emphasis>accidentalmente.</p><p>��Mis padres me contaron lo de Santa Claus a una edad muy temprana. Paige no me ha parecido nunca muy ingenua, de todos modos. S�lo quiere ver las cosas del modo menos molesto.</p><p>Grafalk sonri� un poco. Abri� el armario de los licores y sac� un decantador.</p><p>���Un poco de Armagnac, Vic? No le importar� que la llame as�, �verdad? Warshawski es un nombre muy dif�cil y tenemos ante nosotros una larga conversaci�n� No culpe a Paige, querida Vic. Es una persona muy especial, pero tiene unas fuertes necesidades materiales que proceden de su infancia. �Conoce la historia de su padre?</p><p>��Un cuento desgarrador -dije secamente-. Es sorprendente que ella y su hermana pudiesen seguir viviendo.</p><p>Volvi� a sonre�r.</p><p>��La pobreza es relativa. De cualquier modo, Paige no quiere arriesgar su actual modo de vida pensando en nada que sea� demasiado peligroso.</p><p>���Qu� opina la se�ora Grafalk de la situaci�n?</p><p>���Quiere decir con Paige? Claire es una mujer admirable. Ahora que nuestros dos hijos han acabado la universidad, ella est� absorbida por un sinn�mero de obras de caridad, todas muy respaldadas por Grafalk. Reclaman toda su atenci�n y est� encantada de saber que la m�a est� en otra parte. Por desgracia, nunca se interes� mucho por la Grafalk Steamship.</p><p>���Mientras que Paige se desvive por ella? No puedo imagin�rmelo.</p><p>���Est� segura de que no quiere un poco de Armagnac? Es muy bueno.</p><p>��Le creo. -Mi est�mago se resist�a a admitir m�s alcohol despu�s del St. �milion de la noche anterior.</p><p>Se sirvi� un poco m�s.</p><p>��Paige est� en una posici�n en la que se tiene que interesar por lo que me interesa a m�. No me importa saber que he comprado su atenci�n; es muy intensa y encantadora aunque sea comprada. Y me temo que la naviera es lo que m�s me importa de todo.</p><p>���Tanto que por ella mat� a Phillips y a Mattingly, oblig� a Phillips a empujar a mi primo del muelle e hizo saltar al <emphasis>Lucelia Wieser </emphasis>para protegerla? Ah, s�, me olvidaba de Henry Kelvin, el vigilante nocturno del edificio de Boom Boom.</p><p>Grafalk estir� las piernas e hizo dar vueltas al co�ac en su copa.</p><p>��T�cnicamente, Sandy fue el que hizo el trabajo sucio. Sandy es mi ch�fer y mi fact�tum. Puso las cargas de profundidad en el <emphasis>Lucelia; </emphasis>es muy buen buceador. Fue hombre rana en la Armada y sirvi� en mi barco en la Segunda Guerra Mundial. Cuando se licenci� le contrat�.</p><p>��Pero usted es el inductor. Ante la ley son igualmente responsables.</p><p>��La ley tendr�a que descubrirlo antes. Por ahora, no parece muy interesada por m�.</p><p>��Cuando tenga las pruebas de que Phillips recibi� aqu� la herida de su cabeza, su inter�s subir� mucho.</p><p>��S�, pero, �qui�n va a dec�rselo? Sandy no. Yo no. Y usted me temo, no estar� con nosotros cuando volvamos a puerto. As� que usted tampoco.</p><p>Estaba intentando asustarme y lo estaba consiguiendo.</p><p>��Phillips le llam� el s�bado por la noche despu�s d� recibir mi mensaje, �verdad?</p><p>��S�, me temo que Clayton se estaba viniendo abajo. Era un buen hombre a su estilo, pero se preocupaba demasiado por los detalles. Sab�a que si usted le contaba a Argus lo de las facturas, su carrera terminar�a. Quer�a que yo hiciese algo para ayudarle. Desgraciadamente, no hab�a mucho que yo pudiera hacer ya.</p><p>���Pero por qu� le mat�? �Qu� da�o pod�a hacerle que se supiera que hab�a estado usted mezclado en un asunto de comisiones en los cargamentos? Usted posee el control de las acciones de la Grafalk Steamship. Su consejo de direcci�n no puede forzarle a dimitir.</p><p>��Oh, estoy de acuerdo. Por desgracia, aunque no mezcl�semos a Clayton en el� percance del <emphasis>Lucelia, </emphasis>conoc�a demasiado bien mis sentimientos hacia Martin. Sospech� que yo era el responsable y me amenaz� con dec�rselo a la Guardia Costera si no le proteg�a ante Argus.</p><p>��As� que le hizo usted un agujero en la cabeza. �Qu� utiliz�? �Uno de esos morillos? Y lo llev� al puerto. Meterlo en el <emphasis>Gertrude Ruttan </emphasis>fue el toque macabro. �Qu� habr�a hecho si Bledsoe no hubiera tenido un barco en el puerto?</p><p>��Usar el de alg�n otro. Me pareci� m�s po�tico utilizar el de Martin. �C�mo se le ocurri�?</p><p>��No era tan dif�cil, Niels. La polic�a patrulla por esas instalaciones. Preguntaron a todo el mundo que hab�a estado en el puerto entre la medianoche y las seis de la ma�ana del domingo, inspeccionando tambi�n sus coches, estoy segura. As� que el que puso el cuerpo en las bodegas tuvo que entrar en el puerto sin pasar por el control de polic�a. Una vez que me di cuenta de eso, era evidente que lo ten�an que haber llevado en un barco. Un helic�ptero habr�a llamado mucho la atenci�n.</p><p>Se sinti� herido en su orgullo al ver que trataba su gran idea tan a la ligera.</p><p>��No correremos esos riesgos con usted, Vic. La dejaremos a un par de millas de la costa con un buen peso que la mantenga en el fondo.</p><p>Siempre he temido a la muerte por ahogamiento m�s que a ninguna otra: el agua oscura chup�ndome hacia dentro. Me temblaban ligeramente las manos. Las apret� contra mis costados para que Grafalk no las viera temblar.</p><p>��Fue la destrucci�n del <emphasis>Lucelia </emphasis>lo que no pude entender al principio. Sab�a que estaba usted enfadado con Bledsoe por haberle abandonado, pero no me daba cuenta de lo mucho que le odiaba. Adem�s, los contratos de embarque de la Eudora que vi me confundieron. Hab�a muchas �rdenes de embarco que la Pole Star hab�a cedido a la Grafalk Steamship. Durante un tiempo pens� que estaban de acuerdo, pero la explosi�n del <emphasis>Lucelia </emphasis>no significaba ninguna ventaja financiera para Bledsoe. M�s bien al contrario. Entonces �l me dijo, el lunes, que le hab�a presionado usted cuando buscaba financiaci�n para el <emphasis>Lucelia. </emphasis>Sab�a que nunca conseguir�a el dinero si se corr�a la voz de que hab�a estado en prisi�n por estafa. As� que prometi� usted no hablar si le daba algunos de sus contratos. Aquello explicaba tambi�n lo del agua en sus bodegas. Una vez que el <emphasis>Lucelia </emphasis>estuvo financiado, ya pod�a dec�rselo al mundo entero sin que a nadie le importara. Empez� a ofrecer condiciones m�s ventajosas, considerablemente, que usted, y usted mand� a Mattingly a sobornar a uno de sus marineros para que inundara sus bodegas. As� que perdi� la carga, y de un modo bastante caro.</p><p>Grafalk ya no estaba tan relajado. Alz� las piernas y las cruz�.</p><p>���C�mo sabe eso? -pregunt� �speramente.</p><p>��Boom Boom vio all� a Mattingly. Escribi� a Pierre Bouchard que hab�a visto a Mattingly en extra�as circunstancias. Pens� que habr�a sido aqu�, en el <emphasis>Brynulf, </emphasis>pero Paige me cont� que Mattingly no era de la partida. El �nico lugar extra�o aparte de �ste donde mi primo pod�a haber visto a Mattingly era en el puerto. Esto preocup� lo bastante a Boom Boom como para decirle a Bouchard que siguiera a Mattingly, y no lo hubiera hecho por algo trivial� Pero lo que en realidad quiero saber, Niels, es cu�nto tiempo hace que la Grafalk Steamship est� perdiendo dinero.</p><p>Se levant� con un movimiento repentino e hizo caer su copa de co�ac.</p><p>���Qui�n le ha dicho eso?</p><p>��Niels, es usted como un elefante furioso. Est� dejando un rastro de �rboles destrozados a su paso y cree usted que nadie los ve. No hac�a falta que me dijera que la Grafalk Steamship es la �nica cosa que de verdad le importa. Me pareci� obvio el d�a que le conoc�.</p><p>Despu�s, su furia con Bledsoe por haberle dejado era totalmente irracional. La gente deja el trabajo todos los d�as para buscar otro o para instalarse por su cuenta. Comprendo que se sintiese usted herido si fue el que le dio a Bledsoe su oportunidad. �Pero, por Dios! Se comport� usted como el rey Ricardo cuando uno de sus barones rompe el juramento de fidelidad. Bledsoe no trabajaba para Grafalk Steamship. Trabajaba para usted. Fue una ofensa personal cuando le dej�.</p><p>Grafalk volvi� a sentarse. Recogi� su vaso y se sirvi� m�s Armagnac; le temblaba la mano.</p><p>��Es usted un hombre bastante listo, y no necesita dinero. No personalmente. No hab�a raz�n alguna para que se mezclase en los asuntos de Clayton para su lucro personal. Pero su compa��a necesitaba ayuda.</p><p>El primer d�a que estuve en el puerto o� a su nuevo expedidor intentando conseguir �rdenes. No pod�a bajar las ofertas lo bastante. Trabaja usted con esa flota tan anticuada� Cuando el <emphasis>Leif Ericsson </emphasis>se estrell� contra el muelle, Martin Bledsoe pregunt� si as� era como pensaba usted deshacerse de sus viejos barcos. Fue cuando usted le aguijone� con lo de su pasado en prisi�n. �l reaccion� violentamente y la atenci�n de la gente se dispers�. Pero usted necesitaba deshacerse de sus viejos barcos. Martin no hab�a podido convencerle de que fabricase barcos de mil pies y usted estaba atrapado con aquellos viejos barcos poco rentables.</p><p>Barri� el decantador de la mesa con una violencia que lo mand� volando contra la pared de estribor. El decantador se rompi� y una lluvia de cristales y Armagnac me cay� por la espalda.</p><p>���Nunca pens� que fuesen rentables! -grit�-. Son demasiado grandes. No hay muchos puertos en los que puedan entrar. Estoy seguro de que son un capricho pasajero -cerr� los pu�os y su cara adquiri� una expresi�n iracunda y pensativa-. Pero entonces empec� a perder pedidos y no pod�a recuperarlos. �Y Martin! �Maldito sea! Le salv� de la c�rcel. Le devolv�a la vida. �Y c�mo me lo agradece? Construyendo ese maldito <emphasis>Lucelia Wieser </emphasis>y alardeando de �l bajo mis narices.</p><p>���Por qu� no construy� usted uno en aquel momento? -pregunt� enfadada.</p><p>Me ense�� los dientes.</p><p>��No pod�a permit�rmelo. Por entonces la compa��a ya estaba endeudada. Hab�a hipotecado muchas de mis otras empresas y no pod�a encontrar a nadie que me prestase tanto dinero. Entonces conoc� a Phillips y a su pat�tica esposa y vi la manera de conseguir al menos algunos pedidos. Pero el oto�o pasado su dichoso primo empez� a meter las narices por todas partes. Sab�a que, si descubr�a la verdad, tendr�amos problemas, as� que le mand� a Paige.</p><p>��Ya conozco esa parte. Ah�rremela; esas historias sentimentales me dan n�useas� �Por qu� hizo volar el <emphasis>Lucelia?</emphasis></p><p>��Aquella salida de Martin� Si hab�a lanzado el <emphasis>Ericsson </emphasis>deliberadamente contra el muelle� Al principio dese� poder hacer estallar la flota entera y cobrar el seguro. Luego tuve una idea mejor. Deshacerme del <emphasis>Lucelia </emphasis>y cerrar la parte alta de los lagos para los grandes barcos al mismo tiempo. No puedo mantener la esclusa Poe as� para siempre. Pero he conseguido que tres de esos bastardos se queden parados en Whitefish Bay. Tendr�n que darse pase�tos entre Thunder Bay y Duluth durante los pr�ximos doce meses y no hay sitio lo bastante grande para que amarren en invierno all�.</p><p>Ri� como un demente.</p><p>��Este verano podr� llevar mucha mercanc�a. Ir� a los astilleros la primavera pr�xima. Podr� empezar a invertir en nuevos cargueros el a�o que viene. Y barrer� a Martin.</p><p>��Ya. -Me sent�a cansada y deprimida. No se me ocurr�a ning�n modo de detenerle. No hab�a dejado a nadie pistas de mi investigaci�n. No le hab�a hablado a nadie de los documentos pegados en el interior de los ejemplares de <emphasis>Fortune.</emphasis></p><p>Como si me leyera el pensamiento, Grafalk a�adi�:</p><p>��Paige me dijo que ten�a usted las facturas con las que Boom Boom amenaz� a Clayton. Sandy fue a su casa esta ma�ana temprano; no hab�a por all� chicos con cuchillos del pan. Tuvo que destrozar un poco el sitio, pero las encontr�. Qu� l�stima que no estuviera usted all�. Nos pregunt�bamos d�nde estar�a.</p><p>La ira hab�a cedido en el rostro de Grafalk y volvi� la mirada de excitaci�n contenida.</p><p>��Y ahora, Vic, le toca a usted. Quiero que venga conmigo a cubierta.</p><p>Saqu� mi navaja del bolsillo de atr�s. Grafalk sonri� tolerante al verla.</p><p>��No ponga dificultades, Vic. Le aseguro que la mataremos antes de tirarla por la borda; no se va ahogar de manera desagradable.</p><p>Me lat�a el coraz�n m�s deprisa cada vez, pero ten�a las manos tranquilas. Record� un d�a de mucho tiempo atr�s, cuando Boom Boom y yo nos vimos atrapados por una pandilla de la parte sur. La excitaci�n en el rostro de Grafalk le hac�a parecerse a aquellos gamberros de doce a�os.</p><p>Grafalk empez� a rodear la mesa para atraparme. Le dej� seguirme hasta que �l estuvo detr�s de ella y yo de espaldas a la puerta. Me volv� y corr� por el pasillo hasta la proa, desgarr�ndome la manga de la camisa con la navaja al correr. Me cort� la piel del brazo y la sangre me cay� hasta la mano.</p><p>Grafalk esperaba que corriese hacia las escaleras y gan� unos segundos. En el comedor, tir� el armarito con la porcelana Wedgwood. El cristal sali� volando por toda la habitaci�n y las tazas y los platillos cayeron de sus ganchos con el balanceo del barco y se rompieron en el suelo. Corr� detr�s de la mesa y frot� mi brazo sangrante por las cortinas.</p><p>���Qu� est� haciendo? -chill� Grafalk.</p><p>��Dejando pistas -jade�. Ara�� con la navaja la mesa de caoba y frot� mi sangre por los ara�azos.</p><p>Grafalk se qued� moment�neamente paralizado mientras yo cortaba la tela de una silla. Abr� las puertas rotas del armario de la porcelana y barr� con el brazo el resto de los cacharros, ignorando los cristales que me cortaban. Grafalk se recobr� y corri� tras de m�. Yo le tir� una silla y me fui a la cocina.</p><p>El hornillo de gas estaba all� y a m� se me ocurri� una idea loca. Gir� un mando y apareci� una llama azul. Cuando Grafalk entr� tras de m�, arranqu� la cortina del ojo de buey y la acerqu� al quemador. Se prendi� inmediatamente. La agit� ante m� como si fuera una antorcha, la mov� hacia todos lados y prend� las otras cortinas de la cocina.</p><p>Grafalk se acerc� con un aparejo y yo me apart�. Cay� pesadamente y yo volv� corriendo con mi antorcha al comedor, donde incendi� las cortinas. Grafalk me persigui� con un extintor. Empez� a rociarme a m� y a las cortinas. La espuma qu�mica me entr� en los pulmones y me ceg� a medias. Sujet�ndome la camisa delante de la cara, corr� por el pasillo y las escaleras hasta la cubierta.</p><p>Grafalk me pisaba los talones utilizando el extintor.</p><p>���Detenla, Sandy, detenla!</p><p>El hombre de pelo color arena me mir� desde el tim�n. Me agarr� y se llev� un trozo de mi camisa nueva. Corr� hacia la popa. Era de noche y el agua estaba negra mientras el <emphasis>Brynulfh </emphasis>atravesaba. Las luces de otros barcos parpadeaban en la distancia y yo grit� in�tilmente pidiendo socorro.</p><p>Grafalk se precipit� en cubierta detr�s de m�, con el rostro convertido en una m�scara de man�aco y el extintor ante �l. Contuve el aliento y salt� por la borda.</p></section><section><title><p>28</p></title><subtitle>El barco de fuego de Od�n</subtitle><empty-line/><p>El agua negra estaba muy fr�a. Me lav� la espuma qu�mica del dolorido rostro y patale� en ella durante unos segundos, tosiendo para aclararme los pulmones. Durante un minuto sent� p�nico pensando en las profundidades que se extend�an debajo de m� y tragu� una bocanada de agua. Escupiendo y temblando me esforc� por relajarme, por respirar profundamente.</p><p>Me quit� las zapatillas deportivas de un puntapi�; luego me dobl� en el agua y me quit� los calcetines y la camisa. El <emphasis>Brynulf, </emphasis>con las velas desplegadas, se mov�a a gran velocidad y me hab�a sobrepasado unos treinta pies.</p><p>Estaba sola en el agua helada. Ten�a los dedos de los pies entumecidos y el agua me hac�a da�o en la cara. Pod�a durar veinte minutos; no lo bastante como para nadar hasta la orilla. Mir� por encima del hombro. El yate empez� a girar. La luz de las llamas se ve�a a trav�s de los ojos de buey de estribor. Una bengala ilumin� las aguas y Grafalk me localiz� en seguida. Yo trat� de no sentir p�nico, de respirar normalmente.</p><p>El barco segu�a acerc�ndose. Nadando de espaldas, vi a Grafalk en la proa con un rifle en la mano. Cuando el <emphasis>Brynulf estuvo </emphasis>junto a m�, tom� aire y me sumerg� bajo la quilla. Me fui empujando hasta que sal� por la parte de atr�s. El motor no estaba en marcha; cuchillas de h�lice no pod�an hacerme rodajas.</p><p>Algo me golpe� en la cara cuando sal� a la superficie. Uno de los cabos utilizados para amarrar el barco colgaba por el agua. Lo agarr� y me dej� arrastrar por el <emphasis>Brynulf </emphasis>hasta que Grafalk encendi� otra bengala para buscarme por el agua. Se volvi� hacia la popa. Su rostro apareci� por el costado. El rifle me apunt�. Yo estaba demasiado entumecida para sumergirme.</p><p>Vi un brillo cegador, pero no proven�a del rifle. El hornillo de gas deb�a de haber explotado. El golpe hizo que me soltara de la cuerda y desvi� el brazo de Grafalk. Una bala cay� en el agua junto a m� y el yate se alej�. Una escotilla revent� y una chispa rod� hasta el tim�n.</p><p>Trozos del yate volaron y pasaron junto a m�. Me agarr� a un tabl�n y me sub� en �l, pataleando como un perro. Me dol�a el hombro izquierdo a causa del fr�o.</p><p>El <emphasis>Brynulf </emphasis>sigui� alej�ndose de m� con las velas a�n al viento, mientras Sandy luchaba con ellas, abandon�ndolas al fin hasta que colgaron flaccidas. El yate flotaba en un peque�o c�rculo a unas quince yardas de m�, movido por el calor del fuego.</p><p>Grafalk apareci� junto a Sandy. Yo estaba lo bastante cerca como para ver su mata de pelo blanco. Discut�a con Sandy, lo agarraba. Lucharon a la luz parpadeante. Sandy se solt� y salt� por la borda.</p><p>Grafalk sacudi� los brazos, furioso. Caminando hasta la popa rifle en mano, busc� por el agua y me encontr�. Me apunt� con el rifle y se qued� as� durante un largo minuto, mir�ndome. Yo estaba demasiado helada como para sumergirme, demasiado helada como para hacer otra cosa que mover las piernas mec�nicamente arriba y abajo.</p><p>De pronto, dej� caer el rifle y alz� el brazo derecho en un saludo. Despacio, camin� hacia el tim�n en llamas. Hubo otra explosi�n que me sacudi� los brazos entumecidos. Debi� desfondar el casco, pues el barco comenz� a hundirse.</p><p>Cre� ver a Od�n, al que no le importan los cr�menes, viniendo a buscar a aquel vikingo intemporal para llev�rselo en su barcodrag�n de fuego. Cuando el barco desapareci�, una repentina r�faga incendi� una de las velas, que pas� sobre mi cabeza e ilumin� las tenebrosas aguas. Od�n me llamaba. Me agarr� a mi tabl�n, con los dientes casta�eteando.</p><p>Unas manos extra�as me sacaron del agua. Estaba agarrada al tabl�n con todas mis fuerzas. Balbuc�a cosas acerca de dioses y barcos en forma de dragones. No hab�a rastro del <emphasis>Brynulf.</emphasis></p></section><section><title><p>29</p></title><subtitle>El largo adi�s</subtitle><empty-line/><p>Est�bamos sentadas en una terraza que dominaba el lago Michigan. El agua, azul celeste bajo el cielo veraniego, lam�a suavemente la arena bajo nosotras. Un toldo verde de lona proteg�a nuestros rostros. El d�a de mayo era luminoso y claro, aunque el aire era fresco fuera de la luz solar directa. Me abroch� la chaqueta de sarga verde hasta la barbilla.</p><p>Claire Grafalk inspeccionaba el carrito de cobre y teca. Vi una botella de Taittinger asomando por el costado de un cubo de hielo. Un poco de salm�n, algo que parec�a un pato cortado en rodajas y vuelto a unir y una ensalada eran las �nicas cosas que pude identificar sin mirar con demasiadas ansias.</p><p>��Gracias, Karen. Nos serviremos nosotras mismas.</p><p>Cuando la s�lida doncella desapareci� por el sendero que conduc�a a la casa, la se�ora Grafalk descorch� con habilidad la botella de champ�n y lo sirvi� en una copa estrecha.</p><p>��Yo no bebo, pero me gusta servir champ�n. Espero que le guste �ste.</p><p>Murmur� algo apreciativo. Se sirvi� agua para ella y me tendi� un plato de porcelana color crema con sus iniciales entrelazadas en verde y oro. Llevaba un vestido camisero gris con un pa�uelo al cuello y una hilera de gruesas perlas. Sus altos p�mulos se cubr�an de unos c�rculos de rojo que parec�an un poco de mu�eca, aunque elegantes y atractivos.</p><p>Inclin� la cabeza como un p�jaro, hacia un lado, mir�ndome inquisitiva pero sin decir nada hasta que llen� mi plato. Di un sorbo al champ�n y com� un poco de pato fr�o. Ambos eran excelentes.</p><p>��Ahora tiene que contarme lo que pas�. Los peri�dicos no dan m�s que detalles someros. �Qu� le ocurri� al barco de Niels?</p><p>��Hubo un accidente en la cocina y el casco se prendi� fuego. -Fue la respuesta que le hab�a dado a la polic�a y a Murray Ryerson y no iba a cambiarla ahora.</p><p>La se�ora Grafalk sacudi� la cabeza vigorosamente.</p><p>��No, querida. Eso no vale. Gordon Firth, el presidente de Ajax, vino a visitarme hace dos d�as con una historia de lo m�s extraordinaria acerca de Niels. Tiene con �l a un chico ingl�s, Roger Ferrant. El se�or Ferrant dice que usted y �l descubrieron que Niels hab�a llevado a la Grafalk Steamship a la quiebra y que sospechaban que fue �l quien hizo saltar el barco de Martin.</p><p>Dej� la copa de champ�n.</p><p>���Y qu� quiere que le cuente yo?</p><p>Me mir� con agudeza.</p><p>��La verdad. Tengo que seguir ocup�ndome de este asunto. Soy la heredera de Niels; tendr� que organizar lo que queda de la Grafalk Steamship de un modo u otro. Martin Bledsoe ser�a la persona ideal para ocuparse de la compa��a. �l y yo� fuimos muy buenos amigos hace a�os y sigo teni�ndole mucho aprecio. Pero tengo que conocer la historia completa antes de hablar con �l o con mis abogados.</p><p>��No tengo ninguna prueba; s�lo una serie de hip�tesis. Seguramente no quiere usted o�r un mont�n de afirmaciones sin fundamento. La polic�a, el FBI y la Guardia Costera pueden encontrar pruebas de delito. Pero puede que no. �No preferir�a dejar descansar a los muertos?</p><p>��Se�orita Warshawski, voy a decirle algo que nadie, aparte de Karen, sabe. Espero que respete usted mi intimidad, pero, si no es as�, tampoco importa mucho. Niels y yo hemos vivido como vecinos desde hace m�s de una d�cada -agit� sus manos peque�as y cubiertas de anillos-. Nos fuimos apartando poco a poco. �l se obsesionaba caba vez m�s con la Grafalk Steamship. No pod�a pensar en otra cosa. Se sent�a amargamente decepcionado de que su hijo no se interesase por la compa��a: Peter es violoncelista. Nuestra hija es cirujano tor�cico. Cuando result� evidente que nadie con su nombre se iba a ocupar de Grafalk Steamship, Niels se march� emocionalmente del hogar. He prestado muy poca atenci�n a Niels durante los �ltimos a�os. De todos modos, ve�a claramente que cada vez se volv�a m�s exc�ntrico durante los ocho o nueve meses pasados. La he invitado a comer porque cuando hablamos el otro d�a, me pareci� usted inteligente y lista. Creo que puede usted decirme lo que estaba haciendo Niels. No es una amiga de mi esposo. No creo que fuese usted su amante�</p><p>Se detuvo para mirarme agudamente. No pude evitar el re�rme, pero negu� con la cabeza.</p><p>��S�. No lo parece usted. Y ahora quiero saber qu� estaba haciendo a bordo del barco de Niels y c�mo se incendi�.</p><p>Tom� otro trago de champ�n. Si alguien ten�a derecho a saber la verdad, era Claire Grafalk. Le cont� toda la historia, empezando por la muerte de Boom Boom y acabando con las heladas aguas del lago Michigan. Mir� hacia �l estremeci�ndome sin querer.</p><p>���Y c�mo sali� de all�? �La rescat� alguien?</p><p>��Lleg� otro velero. Fueron alertados por el fuego. No lo recuerdo con claridad.</p><p>���Y la prueba de la muerte de Clayton?</p><p>Sacud� la cabeza.</p><p>��Tengo a�n las bolsas de pl�stico con los cabellos y el trozo de alfombra. Creo que las guardo porque dan ciertos visos de realidad a toda la historia, no porque vaya a utilizarlas.</p><p>Su cabeza segu�a inclinada a un lado. Me recordaba a un petirrojo o a un gorri�n; no era cruel, s�lo indiferente.</p><p>���Pero no quiere usted entablar un juicio?</p><p>��Habl� con la se�ora Kelvin. Es la mujer negra cuyo marido fue asesinado en el apartamento de Boom Boom. Supongo que ella y yo somos las principales afectadas. Jeannine no cuenta. -Me qued� mirando al lago sin verlo, recordando la conversaci�n con la se�ora Kelvin. Pas� dos d�as en el hospital recobr�ndome del hecho de haberme casi ahogado; ella vino a verme a �ltima hora el segundo d�a. Hablamos durante un buen rato acerca de Boom Boom, de Henry Kelvin y del amor-. Niels y Sandy est�n muertos, as� que no hay nadie a quien juzgar. Una acci�n legal contra la herencia de su marido no nos producir�a ning�n placer, s�lo supondr�a empa�ar la memoria de dos nombres heroicos. No tenemos ning�n inter�s en ello.</p><p>No dijo nada, pero pellizc� con energ�a un pastelillo. Beb� un poco m�s de champ�n. La comida era excelente, pero recordar los momentos pasados en el lago Michigan me hac�a un nudo en el est�mago. Parec�a muy tranquilo ahora, bajo el sol de mayo, pero no es un lago domesticado.</p><p>��El gobierno de los Estados Unidos puede querer emprender un proceso contra la Grafalk Steamship. Depende de si pueden comprobar si su marido rob� las cargas de profundidad y todo lo dem�s. Ahora que Sandy y Howard Mattingly est�n muertos, no hay testigos. Y mientras el <emphasis>Lucelia </emphasis>pueda ser botado de nuevo, Martin no querr� llevar las cosas demasiado lejos. Creo que la investigaci�n seguir� durante alg�n tiempo, pero no conseguir�n encontrar a los culpables de haber puesto las cargas en el <emphasis>Lucelia. </emphasis>A menos que el almirante Jergensen decida declarar que su marido rob� los explosivos. No parece querer hacerlo.</p><p>Record� que Bledsoe hab�a ido a verme una o dos veces. Se imagin� casi toda la historia cuando ley� lo del accidente del <emphasis>Brynulf. </emphasis>Sal� a tomar una copa con �l una noche y le cont� el resto. Su forma de hacer el amor hac�a juego con su forma de besar. Aquello me ayud�, pero sab�a que las pesadillas a�n durar�an bastante tiempo.</p><p>Claire Grafalk mir� hacia otro lado y dijo con voz inexpresiva:</p><p>��Niels dej� a Paige Carrington un apartamento en Astor Place.</p><p>Di un respingo, Paige era el pinchazo que a�n dol�a, la agujita en el diafragma cada vez que me acordaba de ella.</p><p>��Me pregunto si podr� permit�rselo. Naturalmente, sigue teniendo que pagar los plazos. No son nada baratos.</p><p>La se�ora Grafalk segu�a sin mirarme.</p><p>��Ahora est� en Londres con Guy Odinflute.</p><p>���Le importa? -le dije suavemente.</p><p>Las l�grimas brillaron un segundo en sus ojos, pero sonri� forzadamente.</p><p>���Me importa? Hace muchos a�os que Niels muri� para m�. Pero una vez fue diferente. En honor al hombre que una vez am�, me hubiera gustado que ella llevase luto por �l.</p></section><section><title><p>Sara Paretsky</p></title><image l:href="#1"/><p>Sara Paretsky has a degree in finance and a PhD in history, and has worked as a conference manager and a promotion manager for a large insurance company. She is now a full time writer with seven Warshawski novels to her credit, including TOXIC SHOCK which won the CWA Silver Dagger Award.</p><empty-line/><subtitle>***</subtitle><empty-line/><image l:href="#2"/></section></body><binary id="cover" 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