<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf</genre><author><first-name>George</first-name><middle-name>R.R.</middle-name><last-name>Martin</last-name></author><book-title>Los viajes de Tuf</book-title><annotation><p>Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tama�o, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y adem�s es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la �nica superviviente del antiguo Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace m�s de mil a�os, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinf�n de problemas espaciales con la ayuda de la ingenier�a ecol�gica, una profesi�n que �l recupera y a la que a�ade la impronta de su personalidad, astucia e iron�a.</p></annotation><date>1988</date><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang><src-lang>en</src-lang><translator><first-name>Alberto</first-name><last-name>Soler</last-name></translator></title-info><src-title-info><genre>sf</genre><author><first-name>George</first-name><middle-name>R.R.</middle-name><last-name>Martin</last-name></author><book-title>Tuf Voyaging</book-title><date>1986</date><lang>en</lang></src-title-info><document-info><author><nickname>Verdi1</nickname></author><program-used>Fiction Book Designer, FictionBook Editor Release 2.6, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2011-08-26">26.08.2011</date><id>FBD-DC7D4B-2A25-7546-169B-5E59-268A-FBDC5C</id><version>1.0</version></document-info><publish-info><book-name>Los viajes de Tuf</book-name><publisher>Ediciones B</publisher><city>Barcelona</city><year>1988</year><isbn>84-406-0012-7</isbn><sequence name="NOVA ciencia ficci�n" number="6"/></publish-info></description><body><title><p>George R. R. Martin</p><p>Los viajes de Tuf</p></title><section><title><p>Pr�logo</p></title><cite><p>CAT�LOGO SEIS</p><p>ART�CULO N�MERO 37433-800912-5442894</p><p>CENTRO SHANDELLOR PARA EL PROGRESO DE LA CULTURA Y EL CONOCIMIENTO</p><p>DEPARTAMENTO XENOANTROPOL�GICO</p><p>Descripci�n art�culo: cristal codificado vocalmente</p><p>Art�culo encontrado en: H�Ro Brana (co/ords SQ19, V7715, 121)</p><p>Fecha aproximada: grabado unos 276 a�os normales antes de la actualidad</p><p>Clasificar en:</p><p>razas esclavas, Hranganos</p><p>leyendas y mitos, Hruun</p><p>medicina</p><p>�enfermedad, no identificada</p><p>bases comerciales abandonadas</p></cite><empty-line/><p>�Oiga? �Oiga?</p><p>S�, ya veo que funciona. Estupendo.</p><p>Soy Rarik Hortvenzy, agente no graduado, advirtiendo a quien pueda descubrir en el futuro mis palabras.</p><p>Est� anocheciendo y para m� este crep�sculo es el �ltimo, El sol se ha hundido tras los riscos occidentales, manchando la tierra con un color rojo sangre, y ahora la noche avanza hacia m�, devor�ndolo todo sin piedad. Las estrellas se asoman una a una, pero la �nica estrella que me importa arde d�a y noche, noche y d�a. Esa estrella siempre est� conmigo y es el objeto m�s brillante del cielo aparte del sol. Es la estrella de la plaga.</p><p>Hoy enterr� a Janeel. La enterr� con mis propias manos, cavando en el duro suelo rocoso desde el alba hasta la tarde, hasta que los brazos me ardieron a causa del dolor. Una vez terminada mi penosa labor, una vez hube arrojado sobre su cabeza la �ltima palada de este maldito polvo desconocido y hube colocado la �ltima piedra sobre su t�mulo, entonces me puse en pie y escup� sobre su tumba.</p><p>Todo ha sido culpa suya. Se lo dije no una sola vez, sino muchas, mientras agonizaba y, cuando al final estuvo muy cerca, acab� admitiendo su culpabilidad. Vinimos aqu� por su culpa y fue culpa suya que no nos march�ramos de aqu� cuando a�n pod�amos hacerlo, as� como que ahora est� muerta (s�, de eso no cabe duda alguna) y que yo vaya a pudrirme sin haber sido sepultado cuando llegue mi hora. Mi carne ser� un buen banquete para las bestias de la oscuridad, para los voladores y los cazadores nocturnos con los que en tiempos tuvimos la esperanza de comerciar.</p><p>La estrella de la plaga brilla con una blancura feroz iluminando toda esta tierra. Una vez le dije a Janeel que hab�a algo equivocado en su luz; que una estrella como �sa deber�a arder con una llama rojiza. Tendr�a que envolverse en velos de una fantasmag�rica luz escarlata y deber�a susurrar en la noche vagas historias de fuego y sangre. Pero esta pureza clara y blanca, �qu� relaci�n guarda con la plaga? Eso fue en los primeros d�as, cuando nuestra nave nos hab�a depositado aqu� para abrir nuestro peque�o y orgulloso centro de comercio, dej�ndonos luego para partir hacia nuevos destinos. Por aquel entonces, la estrella de la plaga era solamente una de las cincuenta estrellas de primera magnitud que brillaban en estos cielos ignotos, y resultaba incluso dif�cil distinguirla a primera vista. En esos d�as sonre�amos al contemplarla, nos re�amos de las supersticiones de los primitivos, de esas bestias atrasadas capaces de suponer que la enfermedad ca�a del cielo.</p><p>Y, sin embargo, la estrella de la plaga empez� a brillar m�s y m�s. A cada noche que pasaba su llama se hac�a m�s fuerte, hasta ser visible incluso de d�a. Pero mucho antes de que eso ocurriera la epidemia ya hab�a empezado.</p><p>Los voladores revolotean bajo el nublado cielo. En realidad su vuelo se reduce a un simple planeo y vistos desde lejos no carecen de belleza. Me recuerdan las gaviotas de sombra de mi hogar, del mar viviente que palpita en Budakhar, en el planeta Razyar. Pero aqu� no hay mar, s�lo cordilleras, colinas y desolaci�n reseca, y s� demasiado bien que vistos de cerca los voladores resultan muy poco hermosos. Son criaturas flacas y terribles, la mitad de altas que un hombre. Tienen la piel �spera como el cuero y sus tendones cubren una extra�a osamenta hueca. Sus alas son duras y secas como la piel de un tambor y sus garras son afiladas cual cuchillos. Bajo la gran cresta huesuda que nace como los dientes de una sierra en sus angostos cr�neos, arden ojos horribles y rojizos.</p><p>Jaleen me dijo que eran inteligentes. Dijo que pose�an un lenguaje. He o�do sus voces, esos gemidos tan agudos que parecen destrozarte los nervios. Nunca he aprendido a hablar su lenguaje y tampoco �aleen lo aprendi�. Dijo que ten�an sentimientos y que podr�amos comerciar con ellos, pero ellos no deseaban comerciar con nosotros. Sab�an lo bastante para robarnos, cierto, y ah� terminaba su inteligencia. y pese a todo, tanto ellos como nosotros tenemos algo en com�n: la muerte.</p><p>Los voladores mueren. Los cazadores nocturnos, con sus miembros enormes y retorcidos, con sus nudosas manos provistas de dos pulgares, con sus ojos que arden, en sus cr�neos llenos de protuberancias, como las ascuas de una hoguera agonizante. S�, tambi�n ellos mueren. Su fuerza es aterradora yesos ojos, tan enormes como extra�os, son capaces de ver en la negrura absoluta que reina cuando las nubes de tormenta cubren incluso el brillo de la estrella de la plaga. En sus cavernas los cazadores hablan en susurros de las grandes Mentes, los amos a los cuales sirvieron en la antig�edad, aquellos que un d�a volver�n para conducirles nuevamente a la guerra. Pero las Mentes no acuden y los cazadores nocturnos mueren, igual que los voladores, igual que esas razas m�s t�midas y furtivas cuyos cuerpos encontramos en las colinas de pedernal, igual que los animales desprovistos de toda inteligencia, igual que la hierba y los �rboles, igual que Janeel y que yo.</p><p>Janeel me dijo una vez que este mundo ser�a para nosotros un tesoro de oro y joyas, pero no ha sido m�s que un mundo de muerte. H�Ro Brana era su nombre en los viejos mapas, pero yo no pienso llamarlo as�. Ella conoc�a el nombre de todas sus razas pero yo s�lo recuerdo uno, Hruun. �se es el nombre aut�ntico de los cazadores nocturnos. Dijo que eran una raza esclava de los Hranganos, el gran enemigo ahora desaparecido, derrotado hace un millar de a�os y cuyos esclavos fueron quedando abandonados en esa larga decadencia. Dijo que este mundo era una colonia perdida, que ahora s�lo albergaba un pu�ado de seres inteligentes ansiosos de comerciar. Sab�a muchas cosas ya la vez muy pocas, pero hoy la he enterrado, he escupido sobre su tumba y conozco la verdad. Si fueron esclavos, estoy seguro de que no lo fueron demasiado buenos, pues sus amos hicieron caer sobre ellos el infierno y la cruel claridad de esta estrella enferma.</p><p>Nuestra �ltima nave de aprovisionamiento lleg� hace medio a�o. Podr�amos habernos marchado. Las plagas ya hab�an empezado. Los voladores se arrastraban sobre las cimas de los montes, desplom�ndose por los riscos. Fue all� donde les encontr�, con la piel ardiendo y rezumando un extra�o fluido, con el cuero de sus alas cubierto de enormes grietas. Los cazadores nocturnos acudieron a nosotros con el cuerpo lleno de heridas purulentas y nos compraron enormes cantidades de paraguas y lonas para protegerse de los rayos de la estrella. Cuando la nave aterriz� podr�amos habernos marchado, pero Janeel dijo que nos qued�ramos. Ten�a nombres para esas enfermedades que mataban a los voladores ya los cazadores nocturnos. Ten�a nombres para las drogas capaces de curarlas. Ella cre�a que cuando le das un nombre a una cosa eres capaz de comprenderla. Cre�a que pod�amos ser sus m�dicos, que pod�amos ganarnos su confianza de bestias y que de ese modo har�amos nuestra fortuna. Compr� todas las medicinas que ven�an en la nave y pidi� m�s, y entonces empezamos a tratar todas esas plagas a las cuales hab�a dado nombre.</p><p>Cuando lleg� la plaga siguiente tambi�n le dio nombre. Ya la siguiente, y a la siguiente, ya la siguiente� pero las plagas nunca cesaban. Primero se le acabaron las drogas y despu�s se le acabaron los nombres y esta ma�ana he cavado su tumba. Era delgada y nunca estaba quieta, pero durante su agon�a se le paralizaron los miembros y, al final, se hincharon hasta el doble de su tama�o normal. Le he dado un nombre a la cosa que la mat�: la llamo Plaga de Janeel. No soy demasiado bueno con los nombres. Mi plaga es distinta de la suya y carece de nombre. Cada vez que me muevo siento correr por mis huesos una llama que parece estar viva y mi piel se ha vuelto gris y quebradiza. Cada ma�ana, al despertarme, encuentro las ropas de la cama cubiertas con trozos de carne que se me han ca�do de los huesos, empapadas con la sangre de las heridas que han dejado al caer.</p><p>La estrella de la plaga, ahora enorme, brilla sobre m� y ahora comprendo la raz�n de que sea blanca. El blanco es el color de la pureza y la estrella est� purificando este lugar. Y, sin embargo, a su contacto todo se corrompe y muere. Debe haber una sutil iron�a en ello, �verdad?</p><p>Trajimos muchas armas y vendimos muy pocas. Los cazadores nocturnos y los voladores no pueden usar arma alguna contra lo que est� acabando con ellos y desde el principio han puesto m�s fe en la protecci�n de los paraguas que en los rayos l�ser. Yo he cogido un lanzallamas de nuestro almac�n y me he servido una copa de vino tinto.</p><p>Me quedar� aqu�, sentado, gozando del frescor, pensando en voz alta ante el cristal. Beber� mi vino y mirar� a los escasos voladores que a�n viven, girando y bailando, recortados contra el negro tel�n de la noche. Est�n tan lejos que me parece ver a las gaviotas de sombra cuando vuelan sobre mi mar viviente. Beber� mi vino y recordar� el sonido del mar cuando s�lo era un muchacho de Budakhar que so�aba con las estrellas, y cuando el vino se haya terminado usar� mi arma.</p><p>(un largo silencio)</p><p>No se me ocurre nada m�s que decir. Janeel conoc�a montones de palabras y de nombres pero esta ma�ana la enterr�.</p><p>(un largo silencio)</p><p>Si alguna vez mis palabras llegan a ser encontradas�</p><p>(una breve pausa)</p><p>Si esto es descubierto despu�s de que la estrella de la plaga haya palidecido otra vez, tal y como dicen los cazadores nocturnos que suceder�, no dej�is que os enga�e. Este mundo no es bueno, no est� hecho para vivir en �l. Aqu� s�lo hay muerte y plagas incontables. La estrella de la plaga arder� de nuevo.</p><p>(un largo silencio)</p><p>Se me ha terminado el vino.</p><p>(fin de la grabaci�n)</p></section><section><title><p>1 � LA ESTRELLA DE LA PLAGA</p></title><p>�No �dijo Kaj Nevis con voz firme�. Eso est� fuera de cuesti�n. Cometer�amos una maldita estupidez metiendo en esto a cualquiera de las grandes transcorps.</p><p>��Ni hablar! �le replic� secamente Celise Waan�. Debemos llegar hasta all�, �cierto? Por lo tanto, necesitamos una nave. Ya he ido en naves de Salto Estelar y son perfectamente adecuadas. Las tripulaciones son de lo m�s cort�s y la cocina supera en mucho a lo normal.</p><p>Nevis la fulmin� con la mirada. Su rostro parec�a haber sido construido para ello. Era todo aristas y �ngulos y su lisa cabellera, peinada hacia atr�s, realzaba la l�nea de su cr�neo. Ten�a una nariz grande y afilada como una cimitarra y sus ojillos negros brillaban medio ocultos por unas cejas igualmente negras y muy gruesas.</p><p>��Y para qu� fin fueron alquiladas esas naves?</p><p>�Pues para viajes de estudio, naturalmente �replic� Celise Waan. Cogi� otra bola de crema del plato que hab�a ante ella, sosteni�ndola delicadamente entre el �ndice y el pulgar, y se la meti� en la boca�. He supervisado muchas investigaciones importantes y el Centro se encarg� de proporcionar los fondos para ellas.</p><p>�Perm�teme indicarte algo tan obvio como la maldita nariz de tu cara �dijo Nevis�. �ste no es un viaje de estudios. No pensamos hurgar en las costumbres sexuales de alguna raza primitiva. No vamos a ir excavando por ah�, en busca de alg�n oscuro conocimiento al que ninguna persona cuerda so�ar�a en darle importancia, tal y como t� est�s acostumbrada a hacer. Nuestra peque�a conspiraci�n pretende ir en busca de un tesoro de valor inimaginable. Y, si lo encontramos, no pretendemos entreg�rselo a las autoridades competentes. Me necesitas para que disponga de �l, mediante canales no demasiado l�citos y t� conf�as tan poco en m� que no piensas decirme en qu� consiste todo este maldito embrollo hasta encontrarnos a medio camino, y Lion ha contratado una guardaespaldas. Magn�fico; todo eso me importa un comino. Pero entiendo tambi�n una cosa: no soy el �nico hombre poco digno de confianza que hay en ShanDellor. En este asunto puede haber grandes ganancias y mucho poder. Si piensas seguir parloteando sobre alta cocina, entonces me largo. Tengo cosas mucho mejores que hacer, en lugar de seguir aqu� sentado oyendo tus tonter�as.</p><p>Celise Waan lanz� un resoplido despectivo. El resoplido fue ronco y algo h�medo, como correspond�a a una mujer gorda, alta y de rostro encendido como ella.</p><p>�Salto Estelar es una firma de prestigio �dijo�. Por otra parte, las leyes de salvamento�</p><p>��no tienen el menor significado �dijo Nevis�. En ShanDellor tenemos un c�digo legal, otro en Kleronomas y un tercero en Maya, ninguno de los cuales sirve para lo m�s m�nimo. Y, caso de aplicarse la ley de ShanDellor, entonces s�lo obtendr�amos una cuarta parte del valor del hallazgo, y eso en caso de obtener algo. Suponiendo que esa estrella tuya de la plaga sea la que realmente Lion piensa que es, y suponiendo que todav�a sea capaz de funcionar, entonces quien la controle poseer� una abrumadora superioridad militar en el sector. Tanto Salto Estelar como todas las otras grandes transcorps son tan codiciosas e implacables como yo, eso estoy en condiciones de jurarlo. Lo que es m�s, son lo bastante grandes y poderosas como para que los gobiernos planetarios las tengan vigiladas constantemente, y perm�teme indicarte que somos cuatro� cinco, contando a tu adquisici�n �se�al� con la cabeza a Rica Danwstar y obtuvo por toda respuesta una g�lida sonrisa�. Una nave de lujo cuenta ya con m�s de cinco chefs para la reposter�a. Incluso en una nave peque�a la tripulaci�n nos superar�a en n�mero. Una vez hubieran comprendido lo que pose�amos, �crees que nos dejar�an conservarlo ni un segundo?.</p><p>�Si nos estafan les demandaremos �dijo la gruesa antrop�loga, con un leve matiz de petulancia en su voz, mientras cog�a la �ltima bola de crema.</p><p>Kaj Nevis se ri� de ella.</p><p>��Ante qu� tribunales? �En qu� planeta? Todo ello suponiendo que se nos permita seguir con vida, lo cual es francamente improbable dado el asunto del que hablamos. Creo que eres una mujer est�pida y fea.</p><p>Jefri Lion hab�a estado escuchando la discusi�n con aire de inquietud.</p><p>�Vamos, vamos� �dijo por fin, interrumpi�ndoles�. No empecemos con adjetivos desagradables, Nevis, no hace falta. Despu�s de todo, este asunto es cosa de todos �Lion, bajo y corpulento, vest�a una chaqueta militar de camuflaje adornada con abundantes condecoraciones de una campa�a ya olvidada. Con la penumbra del peque�o restaurante, la tela de la chaqueta hab�a adoptado un color gris sucio que armonizaba admirablemente con la barba incipiente que Lion luc�a en su rostro. Su frente, amplia y despejada, estaba cubierta por una leve capa de sudor. Kaj Nevis le pon�a nervioso. Despu�s de todo, ese hombre ten�a una reputaci�n. Lion mir� a los dem�s buscando apoyo.</p><p>Celise Waan frunci� los labios y clav� la mirada en el plato vac�o que ten�a delante, como si con ello pudiera conseguir que volviera a llenarse. Rica Danwstar (�la adquisici�n�, tal y como Nevis la llamaba) se reclin� en su asiento con un brillo de ir�nica diversi�n en sus ojos verde claro. Bajo el mono y la chaqueta de malla plateada que vest�a, su cuerpo esbelto y endurecido parec�a relajado, casi indolente. Si sus patronos pensaban pasarse el d�a y la noche discutiendo, no era problema suyo.</p><p>�Los insultos son in�tiles �dijo Anittas. Resultaba dif�cil adivinar lo que pensaba el cibertec. Su rostro se compon�a, por igual, de metal pulido, carne y pl�stico transl�cido, sin que llegara a resultar demasiado expresivo. Los dedos de su mano derecha, de un brillante acero azulado, contrastaban con la carne de su mano izquierda, en tanto que sus ojos de metal plateado estudiaban incesantemente a Nevis, movi�ndose en sus recept�culos de pl�stico negro�. Kaj Nevis ha planteado algunas objeciones v�lidas. Posee experiencia en estos asuntos y en esta zona, en tanto que nosotros carecemos de ella. �De qu� sirve haberle metido en este asunto si ahora no estamos dispuestos a escuchar sus consejos?</p><p>�Cierto, cierto �dijo Jefri Lion�. Entonces, Nevis, �qu� sugieres? Si debemos evitar el trato con las transcorps, �c�mo vamos a llegar hasta la estrella?</p><p>�Necesitamos una nave �dijo Celise Waan, proclamando estent�reamente lo que era obvio.</p><p>Kaj Nevis sonri�.</p><p>�Las transcorps no poseen ning�n monopolio sobre las naves. �sa fue la raz�n por la que suger� que nos reuni�ramos aqu� y no en la oficina de Lion. Este cuchitril se encuentra cerca del puerto y el hombre que necesitamos estar� aqu�, seguro�</p><p>Jefri Lion pareci� vacilar al o�rle.</p><p>��Un independiente? Algunos tienen una reputaci�n no muy agradable, �no es cierto?</p><p>�Igual que yo �le record� Nevis.</p><p>�Aun as�. He o�do rumores sobre contrabando e incluso sobre pirater�a. Nevis, �estamos dispuestos a correr esa clase de riesgos?</p><p>�No deseamos correr ninguna clase de riesgos �le dijo Kaj Nevis�, y no vamos a correrlos. Todo se reduce a conocer a la gente adecuada. Conozco a montones de gente. Gente adecuada y gente inadecuada. �Movi� levemente la cabeza�. Volviendo a nuestro problema, voy a referirme a una mujer morena que luce un mont�n de joyas negras. Se llama Jessamyn Caige es la due�a de la Libre Empresa. No tengo ninguna duda de que estar�a dispuesta a cedernos su nave a un precio muy razonable.</p><p>�Entonces, �ella es la persona adecuada? Espero que su nave tenga una rejilla gravitatoria: la falta de peso siempre me pone muy nerviosa.</p><p>��Cu�ndo piensas hablar con ella? �le pregunt� Jefri Lion.</p><p>�No soy yo quien le hablar� �replic� Kaj Nevis�. �Oh! de acuerdo, he utilizado antes a Jessamyn para una o dos cargas, pero no pienso correr el riesgo de viajar con ella y jam�s so�ar�a con meterla en algo tan enorme. La Libre Empresa tiene una tripulaci�n de nueve personas, m�s que suficientes para encargarse de m� y de la adquisici�n. No lo digo con �nimo de ofender, Lion, pero los dem�s, sencillamente, es como si no existierais.</p><p>�Desear�a hacerte saber que soy un soldado �dijo Jefri Lion con voz dolorida�. He estado en combate.</p><p>�Hace unos cien a�os �dijo Nevis�. Tal y como iba diciendo, los dem�s es como si no existierais y a Jessamyn le importar�a tanto matarnos como escupir en el suelo. �Sus diminutos ojos negros les contemplaron uno a uno�. �sa es la raz�n de que os haga falta. De no ser por m� ser�ais lo bastante ingenuos como para contratar a Jessamyn o a una de las transcorps.</p><p>�Mi sobrina est� trabajando con un comerciante independiente que tiene mucho �xito �dijo Celise Waan.</p><p>��De qui�n se trata? �inquiri� Kaj Nevis.</p><p>�Noah Wackerfuss �replic� ella�. �Su nave es la Mundo de Gangas.</p><p>Nevis asinti�.</p><p>�Noah, el Gordo. Resultar�a muy divertido, estoy seguro. Podr�a decir, para empezar, que su nave funciona constantemente en ingravidez. Una gravedad normal matar�a a ese viejo degenerado, aunque no se perder�a gran cosa. Es cierto que al menos Wackerfuss no es un tipo especialmente sediento de sangre. Hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que no acabar�a mat�ndonos. Sin embargo, es tan astuto y codicioso como todos los otros y, como m�nimo, buscar�a un modo de conseguir una parte del bot�n. En el peor de los casos, acabar�a qued�ndose con todo. Y en su nave hay veinte tripulantes, todos mujeres. �Has interrogado alguna vez a tu sobrina sobre la naturaleza exacta de sus obligaciones laborales?</p><p>Celise Waan se ruboriz�.</p><p>��Tengo que escuchar las insinuaciones de este hombre? �le pregunt� a Lion�. El descubrimiento lo hice yo y no pienso permitir que me insulte este rufi�n de tercera, Jefri.</p><p>Lion frunci� el ce�o con expresi�n lastimera.</p><p>�Bueno, realmente deber�amos dejar de discutir. Nevis, no es necesario que sigas presumiendo de ese modo. Estoy seguro de que todos decidimos contar contigo en este asunto a causa de tu capacidad como experto. Supongo que tendr�s alguna idea sobre qu� persona deber�amos contratar para que nos lleve a la estrella, �cierto?</p><p>�Por supuesto que s� �dijo Nevis.</p><p>��De qui�n se trata? �le pregunt� secamente Anittas.</p><p>�Se trata de un mercader independiente que no tiene demasiada suerte en su oficio. Adem�s, lleva medio a�o atascado en ShanDellor porque no ha encontrado ninguna mercanc�a, as� que debe estar empezando a desesperarse, al menos lo suficiente como para saltar de alegr�a ante la oportunidad que le ofrecemos. Tiene una nave peque�a, y en no muy buen estado, con un nombre tan largo como rid�culo. La nave no es muy lujosa, pero nos llevar� hasta all� y eso es lo importante. No hay ninguna tripulaci�n por la que preocuparse, s�lo �l. y �l� bueno, tambi�n es un poco rid�culo. No tendremos ning�n problema. Es un tipo grandote, pero es blando tanto por dentro como por fuera. He o�do decir que en su nave tiene algunos gatos. No le gusta mucho la gente. Bebe montones de cerveza y come demasiado. Dudo que lleve una sola arma encima. Seg�n mis informes se las arregla a duras penas para sobrevivir, volando de un mundo a otro y vendiendo baratijas absurdas que transporta en su vieja ba�era. Wackerfuss piensa que este tipo es una broma ambulante pero incluso si se equivoca, �qu� puede hacer un solo hombre contra nosotros? Si se atreve a decir que informar� a las autoridades, la adquisici�n y yo nos encargaremos de �l y le convertiremos en comida para sus gatos.</p><p>��Nevis, no pienso tolerar ese tipo de ideas! �protest� Jefri Lion�. No pienso permitir que se cometa ni un solo asesinato en este asunto.</p><p>��No? �dijo Nevis, se�alando levemente a Rica Danwstar�. Entonces, �por qu� contratarla? �En su sonrisa hab�a algo indefinible pero muy desagradable y la sonrisa con que ella respondi� a su gesto era una mueca de pura maldad�. De todos modos, sab�a que �ste era el lugar adecuado. Aqu� tenemos a nuestro hombre.</p><p>De entre todos ellos, s�lo Rica Danwstar estaba algo versada en las artes de la sutileza y la conspiraci�n por lo que tres pares de ojos se volvieron hacia la puerta y hacia el hombre que hab�a entrado por ella. Era muy alto, casi dos metros y medio, y su barriga sobresal�a sobre su delgado cintur�n met�lico. Ten�a las manos grandes y el rostro alargado y curiosamente inexpresivo: se mov�a de un modo algo envarado y su piel parec�a tan blanca como el hueso, al menos por lo que pod�a verse, y no ten�a ni el menor rastro de vello. Vest�a unos pantalones de un color azul brillante y una camiseta marr�n de mangas anchas, recogidas a la altura de los codos.</p><p>Debi� percibir que le observaban pues volvi� la cabeza y les mir�. Su p�lido rostro continu� tan inexpresivo como antes. y sigui� mir�ndoles. Celise Waan fue la primera en apartar los ojos, luego lo hizo Jefri Lion y finalmente Anittas.</p><p>��Qui�n es? �le pregunt� el ciborg a Kaj Nevis.</p><p>�Wackerfuss le llama Tuffy �dijo Nevis�. Seg�n me han dicho, su nombre aut�ntico es Haviland Tuf.</p><empty-line/><p>Haviland Tuf cogi� entre sus dedos la �ltima fortaleza estelar de color verde con tal delicadeza que, por unos instantes, pareci� menos corpulento de lo que era en realidad y luego se irgui� para contemplar el tablero con expresi�n satisfecha. El campo se hab�a vuelto totalmente rojo: cruceros, acorazados, fortalezas estelares, colonias� todo se hab�a vuelto rojo.</p><p>�Debo reclamar la victoria �dijo.</p><p>�Otra vez �dijo Rica Danwstar, estir�ndose para desentumecer los m�sculos, agarrotados por las largas horas de juego. En cada uno de sus movimientos hab�a la gracia letal de la leona y bajo su chaqueta plateada se adivinaba la forma del aguij�n que guardaba en una funda pegada al hombro.</p><p>�Quiz� pueda permitirme la osad�a de sugerir que lo intentemos de nuevo �dijo Haviland Tuf.</p><p>Danwstar ri�.</p><p>�No, gracias �dijo�. Eres demasiado bueno en esto. Llevo el juego en la sangre, pero contigo no hay juego posible. Me he cansado de quedar la segunda.</p><p>�En las partidas que hemos jugado hasta el momento he tenido mucha suerte �dijo Haviland Tuf. Es indudable que en estos momentos mi suerte estar� agot�ndose y que en su pr�xima intentona ser� incapaz de reducir a la nada mis pobres fuerzas.</p><p>�Oh, s�, es indudable �replic� Rica Danwstar sonriendo�, pero deber�s perdonarme si decido posponer la intentona hasta que sufra de un caso terminal de aburrimiento. Al menos soy mejor que Lion� �no es cierto, Jefri?</p><p>Jefri Lion estaba sentado en una esquina de la sala de control de la nave, examinando un mont�n de viejos textos militares. Su chaqueta de camuflaje hab�a adoptado la tonalidad marr�n del panel de madera artificial que ten�a detr�s.</p><p>�El juego no sigue aut�nticos principios militares �dijo, con cierto disgusto en la voz�. Emple� las mismas t�cticas que utiliz� Stephen Cobalt Nortbstar cuando la Decimotercera Flota de la Humanidad siti� Hrakkean. El contraataque de Tuf resultaba absolutamente err�neo dadas las circunstancias y, en caso de que las reglas hubieran estado redactadas de modo correcto, habr�a sufrido una derrota sin paliativos.</p><p>�Cierto �dijo Haviland Tuf�, en eso me veo absolutamente superado. Despu�s de todo, hab�is tenido la fortuna de ser historiador militar, en tanto que yo soy un sencillo y humilde comerciante, por lo que no estoy familiarizado con las grandes campa�as de la historia. De momento he tenido una suerte inmensa ya que las deficiencias del juego y mi buena estrella han conspirado para compensar mi ignorancia. Sin embargo, me encantar�a tener la ocasi�n de comprender mejor los principios militares. Si tuvierais la bondad de probar suerte una vez m�s con el juego, estudiar� cuidadosamente todas vuestras sutilezas estrat�gicas, esperando, de esa manera, incorporar a mi pobre forma de jugar un enfoque m�s s�lido y aut�ntico.</p><p>Jefri Lion, cuya flota plateada hab�a sido la primera en desaparecer del tablero en cada partida jugada durante la �ltima semana, carraspe� levemente con aire de incomodidad.</p><p>�S�, ya� esto, Tuf, yo� �empez� a decir.</p><p>Fue oportunamente salvado por un repentino chillido y un chorro de maldiciones que surgi� del compartimiento contiguo.</p><p>Haviland Tuf se puso en pie de inmediato y Rica Danwstar le imit� una fracci�n de segundo despu�s.</p><p>Salieron al pasillo justo cuando Celise Waan sal�a a la carrera de uno de los camarotes, persiguiendo a una veloz silueta blanca y negra que pas� junto a ellos como un rayo para meterse en la sala de control.</p><p>��Cogedle! �les grit� Celise Waan. Ten�a el rostro muy rojo e hinchado y parec�a furiosa.</p><p>La puerta era peque�a y Haviland Tuf muy grande.</p><p>��Se me permite inquirir para qu�? �pregunt�, bloqueando la entrada.</p><p>La antrop�loga extendi� la mano izquierda: en su palma hab�a tres ara�azos no muy largos pero s� bastante profundos, de los cuales empezaba a brotar la sangre.</p><p>��Mirad lo que me ha hecho! �grit�.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf�. Y a ella, �qu� le ha hecho?.</p><p>Kaj Nevis sali� del camarote con una sonrisa levemente sard�nica en los labios.</p><p>�La cogi� para arrojarla al otro lado de la habitaci�n �dijo.</p><p>��Estaba encima de mi cama! �dijo Celise Waan�. �Quer�a echarme un rato y esa condenada criatura estaba dormida en mi cama! �Gir� en redondo, encar�ndose con Nevis�. y t�, ser� mejor que borres esa sonrisita de tu cara. Ya es bastante malo vernos obligados a vivir uno encima de otro en esta nave tan miserable como angosta, pero a lo que sencillamente me niego es a compartir el escaso espacio existente con los sucios animalejos de este hombre imposible. Y todo esto es culpa tuya, Nevis. �Nos metimos en esta nave por tu causa! Ahora debes hacer algo: exijo que obligues a Tuf a que nos libre de esas sucias alima�as. Lo exijo, �me has o�do?</p><p>�Disc�lpame �dijo Rica Danwstar, que estaba inm�vil detr�s de Tuf. �l se volvi� a mirarla y se apart� un poco�. �Te refer�as quiz�s a una de estas alima�as? �pregunt� sonriente, mientras avanzaba por el pasillo. Con la mano izquierda sosten�a a un gato, mientras le acariciaba suavemente con la mano derecha. El gato era un animal bastante grande, de pelaje largo y gris�ceo. Sus ojos arrogantes brillaban con una leve luz amarilla. Deb�a pesar sus buenos diez kilos pero Rica lo sosten�a tan f�cilmente como si hubiera sido un gatito reci�n nacido�. �Qu� est�s proponiendo que haga Tuf con el viejo Champi��n, aqu� presente? �le pregunt� en tanto que el gato empezaba a ronronear estruendosamente.</p><p>�El que me hizo da�o fue el otro, el blanco y negro �dijo Celise Waan�, pero �se es igual de perverso. �Mirad mi cara! �Mirad lo que me han hecho! Casi no puedo respirar, estoy a punto de caer gravemente enferma y cada vez que intento reposar unos minutos, me despierto con uno de esos animales encima de mi pecho. Ayer estaba tomando un peque�o refrigerio; me distraje un momento y ese animal blanco y negro volc� mi plato y empez� a jugar con mis bollos sazonados por el suelo, �Como si fueran juguetes! Con estas bestias por aqu� nada est� a salvo. Ya he perdido dos l�pices luminosos y mi mejor anillo rosado. Y ahora esto, �este ataque! Realmente, esto ya es intolerable. Debo insistir en que esos condenados bichos sean encerrados inmediatamente en la bodega con las mercanc�as, inmediatamente, �me hab�is o�do?</p><p>�Por fortuna gozo de una audici�n perfecta �dijo Haviland Tuf�. Si los objetos que faltan no han aparecido al final del viaje, ser� un placer para m� reembolsarle su valor. La petici�n hecha en lo tocante a Champi��n y Desorden, sin embargo, debo rechazarla con todo mi sentimiento.</p><p>��Viajo como pasajera en esta rid�cula nave espacial! �le grit� Celise Waan.</p><p>��Debo consentir que se insulte tanto a mi inteligencia como a mis o�dos? �replic� Tuf�. Se�ora, vuestra condici�n de pasajera resulta de lo m�s obvio y no es necesario que me lo record�is. Sin embargo, espero que me sea permitido a mi vez recordar que esta peque�a nave que, con tanta libertad hab�is insultado, es mi hogar y mi medio de vida, por pobre que sea. Lo que es m�s, en tanto que sois una pasajera de esta nave y por ello ten�is derecho a gozar de ciertos derechos y prerrogativas, Champi��n y Desorden deben poseer l�gicamente unos derechos mucho m�s amplios y consistentes dado que la nave, por decirlo as�, constituye su morada habitual y permanente. No tengo por costumbre aceptar pasajeros a bordo de mi Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios y, como ya habr�is podido observar, el espacio disponible apenas si resulta adecuado para mis propias necesidades. Lamentablemente, en los �ltimos tiempos he sufrido varias vicisitudes profesionales y no me recato en confesar que mis recursos vitales se estaban aproximando a un punto muy poco satisfactorio cuando Kaj Nevis se puso en contacto conmigo. Me he esforzado al m�ximo para acomodarles a todos a bordo de esta nave tan injustamente despreciada, llegando al extremo de ceder mis camarotes para satisfacer ciertas necesidades colectivas y he instalado mi pobre lecho en la sala de control. Pese a mis innegables penurias econ�micas, estoy empezando a lamentar profundamente el est�pido impulso altruista que me hizo aceptar este viaje, especialmente teniendo en cuenta que el pago recibido apenas si ha bastado para la compra de combustible y provisiones para el viaje, as� como para el pago de las tasas portuarias de ShanDi. Empiezo a temer que os hab�is aprovechado maliciosamente de mi buena fe pero, con todo, soy hombre de palabra y har� cuanto est� en mi mano para haceros llegar a vuestro misterioso destino. Sin embargo, y durante el trayecto, me veo obligado a pedir que se tolere a Champi��n y Desorden al igual que yo tolero ciertas presencias a bordo.</p><p>��Bueno, pues no pienso hacerlo! �proclam� Celise Waan.</p><p>�No me cab�a duda alguna de que��dijo Haviland Tuf.</p><p>�No voy a soportar m�s tiempo esta situaci�n �le interrumpi� la antrop�loga�. No hay necesidad alguna de que estemos amontonados en un camarote como los soldados en un cuartel. Esta nave no parec�a tan peque�a desde el exterior. �Ad�nde conduce esa puerta? �pregunt�, extendiendo su rechoncho brazo.</p><p>�A las zonas de carga �dijo Haviland Tuf con voz inmutable�. Hay diecis�is y debo admitir que incluso la m�s peque�a de ellas es dos veces tan grande como mi austero aposento.</p><p>��Aj�! �dijo Celise Waan�. �y llevamos carga?</p><p>�El compartimiento diecis�is contiene reproducciones en pl�stico de m�scaras orgi�sticas Cooglish, que desgraciadamente fui incapaz de vender en ShanDellor, situaci�n que expuse con toda sinceridad a Noah Wackerfuss a la que respondi� ofreci�ndome un precio tan bajo que me dejaba sin el menor margen de beneficio. En el compartimiento doce guardo ciertos efectos personales, equipo de naturaleza variada, ciertas piezas de colecci�n y otros objetos heterog�neos. El resto de la nave se encuentra totalmente vac�o, se�ora.</p><p>��Excelente! �dijo Celise Waan�. En tal caso, vamos a convertir los compartimientos m�s peque�os en aposentos privados para cada uno de nosotros. Instalar camas no deber�a resultar demasiado complicado.</p><p>�Resultar�a de lo m�s sencillo �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Entonces, �que se haga! �replic� secamente Celise Waan.</p><p>�Como desee la se�ora �dijo Tuf�. �Desea tambi�n alquilarme un traje de presi�n?</p><p>��C�mo?</p><p>Rica Danwstar estaba sonriendo desde hac�a rato.</p><p>�Esos compartimientos no est�n incluidos dentro del sistema de apoyo vital �le dijo�. No hay aire, ni calor, ni presi�n, ni tan siquiera hay gravedad.</p><p>�Deber�as encontrarte muy a gusto ah� �dijo Kaj Nevis.</p><p>�Desde luego �dijo Haviland Tuf.</p><empty-line/><p>El d�a y la noche carec�an de significado a bordo de una nave espacial, pero los viejos ritmos del cuerpo humano segu�an con sus eternas exigencias y la tecnolog�a no hab�a tenido m�s remedio que amoldarse a ellas. Por ello la Cornucopia, como todas las naves espaciales, con excepci�n de las enormes naves de guerra que contaban con tres turnos de tripulaci�n y los cruceros de lujo de las transcorp, ten�a un ciclo de sue�o, un per�odo de oscuridad y de silencio.</p><p>Rica Danwstar se puso en pie y comprob� su aguij�n siguiendo lo que ya era una costumbre. Celise Waan roncaba ruidosamente; Jefri Lion se agitaba en su lecho, ganando batallas dentro de los confines de su cerebro, y Kaj Nevis vagaba por entre sue�os de riqueza y de poder. El cibertec tambi�n dorm�a, aunque el suyo era un sue�o m�s profundo que el de los dem�s. Para escapar al aburrimiento del viaje, Anittas se hab�a instalado en un catre, se hab�a conectado al computador de la nave y luego se hab�a apagado. Su mitad cibern�tica se encargaba de controlar y vigilar a su mitad biol�gica: su respiraci�n era tan lenta como el avance de un glaciar e igualmente mon�tona, en tanto que su temperatura corporal hab�a bajado y su consumo energ�tico se hab�a reducido pr�cticamente a cero. Pero los sensores de metal plateado que le serv�an de ojos de vez en cuando parec�an moverse levemente, como si estuvieran siguiendo el rastro de alguna imagen invisible para los dem�s.</p><p>Rica Danwstar avanz� silenciosamente por la habitaci�n. Haviland Tuf estaba solo en la c�mara de los controles. Su regazo estaba ocupado por el gato de pelo gris�ceo y sus manos, p�lidas y enormes, se mov�an sobre las teclas del computador. Desorden, la gata blanca y negra de menor tama�o, jugaba a sus pies. Rica hab�a cogido un l�piz luminoso y dirig�a el haz hacia el suelo, movi�ndolo de un lado a otro. Tuf no la hab�a o�do entrar, porque nadie o�a nunca moverse a Rica Danwstar si ella no lo quer�a.</p><p>�A�n levantado� �dijo ella desde la puerta, apoy�ndose en el umbral.</p><p>Tuf hizo girar su asiento y la contempl� con expresi�n impasible.</p><p>�Una deducci�n realmente extraordinaria �dijo�. Aqu� estoy yo, activo y atareado, atendiendo a las constantes demandas de mi nave y, gracias al testimonio de ojos y o�dos, es posible saltar, de modo fulgurante, a la conclusi�n de que no estoy dormido todav�a. Unos poderes de razonamiento que me dejan at�nito.</p><p>Rica Danwstar entr� en la sala de controles y se tendi� en el catre de Tuf, que a�n permanec�a intacto despu�s del �ltimo ciclo nocturno.</p><p>�Yo tambi�n estoy despierta �dijo sonriendo.</p><p>�Apenas si puedo creerlo �le contest� Haviland Tuf.</p><p>�Pues ser� mejor que lo creas �dijo Rica�. No duermo demasiado, Tuf, s�lo dos o tres horas cada noche. En mi profesi�n es algo muy �til.</p><p>�Sin duda �dijo Tuf.</p><p>�Claro que, a bordo de una nave espacial, es m�s bien un inconveniente. Me aburro, Tuf.</p><p>��Una partida, quiz�? Rica sonri�.</p><p>�Quiz�, pero de un juego distinto.</p><p>�Siempre estoy dispuesto a conocer un nuevo juego.</p><p>�Bien. Entonces, juguemos a las conspiraciones.</p><p>�No estoy familiarizado con sus reglas.</p><p>�Oh, son de lo m�s sencillo�</p><p>�Ya. Quiz� tenga la amabilidad de extenderse un poco m�s al respecto�</p><p>El rostro de Tuf segu�a tan inmutable como cuando Rica entr� en la habitaci�n.</p><p>�Nunca habr�as podido ganar esta �ltima partida, si Waan me hubiera apoyado en el instante en que se lo ped� �le dijo Rica con voz despreocupada�. Tuf, las alianzas pueden ser provechosas para todas las partes implicadas. A bordo de esta nave los �nicos que no tenemos aliados somos t� y yo: a los dos se nos paga un sueldo y si Lion est� en lo cierto respecto a la estrella de la plaga, los dem�s se repartir�n un tesoro tan vasto que resulta casi imposible de concebir, en tanto que nosotros dos s�lo recibiremos nuestros sueldos. Eso no me parece muy justo.</p><p>�La equidad suele resultar muy dif�cil de precisar y normalmente es a�n m�s dif�cil de lograr �dijo Haviland Tuf�. Quiz�s albergue el deseo de que mi compensaci�n sea m�s generosa pero, sin duda, muchos en mi lugar se quejar�an de lo mismo. Pese a todo, mi sueldo fue negociado y aceptado en su momento.</p><p>�Las negociaciones siempre pueden reanudarse �le sugiri� Rica Danwstar�. Nos necesitan. A los dos. Se me ha ocurrido que trabajando juntos quiz� pudi�ramos� bueno� insistir en unos t�rminos mejores. Digamos que una parte completa de un reparto a seis bandas. �Qu� piensas de ello?</p><p>�Una idea intrigante en favor de la cual hay muchos argumentos �dijo Tuf�. Algunos podr�an arriesgarse a sugerir que no resulta demasiado �tica, cierto, pero quienes gozan de una aut�ntica sofisticaci�n intelectual siempre poseen una notable flexibilidad �tica.</p><p>Rica Danwstar estudi� durante un momento el p�lido e inexpresivo rostro de Tuf y sonri�.</p><p>�No te gusta, �verdad, Tuf? En el fondo siempre juegas siguiendo las reglas.</p><p>�Las reglas son la esencia y el coraz�n de los juegos, si quiere decirlo as�. Le otorgan estructura y significado a nuestras peque�as competiciones.</p><p>�A veces es m�s divertido tirar el tablero al suelo de una patada �dijo Rica Danwstar�, y tambi�n puede resultar m�s efectivo.</p><p>Tuf form� un puente con sus manos ante la cara. �Aunque no me sienta demasiado satisfecho con mi escasa paga, he de cumplir mi contrato con Kaj Nevis. No deseo que en el futuro pueda hablar mal de m� o de la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios.</p><p>Rica se ri�. �Oh, Tuf, dudo que piense hablar mal de ti. De hecho, dudo que te nombre, ya sea para bien o para mal, una vez hayas cumplido tu funci�n y sea posible prescindir de ti. �Le gust� ver que sus palabras hab�an hecho pesta�ear a Tuf.</p><p>�Ya veo �dijo Tuf.</p><p>��Y no sientes ninguna curiosidad al respecto? �No te interesa saber ad�nde vamos? �No quieres conocer la raz�n por la que Lion y Waan han mantenido en secreto el destino final, hasta encontrarnos todos a bordo? �O la causa de que Lion contratara una guardaespaldas?</p><p>Haviland Tuf acarici� lentamente el largo pelaje de Champi��n, pero sus ojos no se apartaron ni un segundo del rostro de Rica.</p><p>�La curiosidad es mi gran vicio. Me temo que se ha dado cuenta de ello y ahora busca explotar mi debilidad.</p><p>�La curiosidad mat� al gato �dijo Rica.</p><p>�Una idea de lo m�s desagradable, pero que me parece tambi�n muy improbable teniendo en cuenta la situaci�n �coment� Tuf.</p><p>�Pero la satisfacci�n le hizo resucitar �a�adi� Rica�. Lion sabe que estamos metidos en un asunto de enormes dimensiones y altamente peligroso. Para conseguir sus fines necesitaban a Nevis o a una persona como �l. Ya hab�an decidido un reparto entre cuatro, pero Nevis tiene el tipo de reputaci�n que te hace dudar sobre si va a conformarse con ese reparto. �sa es la raz�n de mi presencia aqu�: debo ocuparme de que quede satisfecho con ello. �Rica se encogi� de hombros y pas� los dedos por la funda de su aguij�n�. Adem�s, constituyo un seguro de vida contra cualquier otro tipo de complicaciones que pueden presentarse.</p><p>��Puedo permitirme indicar que esa misma presencia representa una complicaci�n adicional?</p><p>Rica sonri� l�gubremente. �Ind�caselo a Lion �le dijo, poni�ndose en pie y desperez�ndose�. y piensa en todo eso, Tuf. Tal y como yo veo las cosas, Nevis te ha subestimado. Pero t� no debes subestimarle, y a m� tampoco. Nunca, nunca me subestimes. Quiz� llegue un momento en el que desees contar con un aliado y puede que ese momento llegue m�s pronto de lo que piensas.</p><p>Cuando faltaban tres d�as para la llegada, Celise Waan se quej� nuevamente de la comida. Tuf les hab�a servido una bruhaha de vegetales picantes al estilo de Halagreen: el plato resultaba ex�tico y sabroso, pero ya era la sexta vez que aparec�a en la mesa durante el viaje. La antrop�loga esparci� los vegetales por todo el plato, con una mueca de repugnancia, y dijo:</p><p>��Por qu� no podemos comer un poco de comida aut�ntica?</p><p>Tuf, en silencio, pinch� h�bilmente un gran hongo con su tenedor y lo alz� hasta tenerlo delante de la cara. Lo estuvo contemplando durante unos instantes, inclin� la cabeza a un lado para contemplarlo desde otro �ngulo, lo hizo girar examin�ndolo atentamente y por �ltimo lo toc� con la punta del dedo.</p><p>�No consigo entender por completo la naturaleza de su queja, se�ora �dijo por fin�. Debo decir que, para mis pobres sentidos, este hongo resulta francamente real, aunque debo confesar tambi�n que no es sino una peque�a muestra del plato en su conjunto. Es posible que el resto del bruhaha sea una mera ilusi�n, pero no lo creo.</p><p>�Ya sabes a qu� me refiero �dijo Celise Waan con voz aguda�. Quiero carne.</p><p>�Ah, ya �dijo Haviland Tuf�, y yo deseo ser inconmensurablemente rico. Es f�cil concebir tales fantas�as pero es mucho m�s dif�cil convertirlas en realidad.</p><p>��Estoy harta de esos condenados vegetales! �chill� Celise Waan�. �Pretendes decirme acaso que, en esta maldita nave, no hay ni un miserable trozo de carne?</p><p>Tuf entrelaz� los dedos formando un puente con ellos. �Ciertamente, no entraba en mis intenciones dar pie a un error tal �dijo�. Yo no como carne, pero no me importa admitir que a bordo de la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios hay cierta cantidad de carne, aunque no hay demasiada.</p><p>En el rostro de Celise Waan apareci� una furiosa satisfacci�n. Se volvi� sucesivamente a mirar a los dem�s ocupantes de la mesa y vio que Rica Danwstar intentaba ocultar una sonrisa. Kaj Nevis ni tan siquiera lo intentaba, mientras que Jefri Lion parec�a inquieto.</p><p>��Veis? �les dijo�. Estaba segura de que se estaba guardando toda la buena comida para �l �luego, con gestos lentos y cuidadosos, cogi� su plato y lo lanz� al otro extremo de la habitaci�n. El plato se estrell� ruidosamente en un mamparo met�lico, dejando caer su contenido de bruhaha picante sobre el lecho de Rica Danwstar. Rica sonri� dulcemente.</p><p>�Acabas de cambiar tu catre por el m�o, Waan �le dijo.</p><p>�No me importa �replic� Celise Waan�. Voy a conseguir una comida decente, aunque s�lo sea por una vez, y supongo que ahora los dem�s estar�is dispuestos a conseguir vuestra parte de ella tambi�n, �no?</p><p>Rica sonri�.</p><p>��Oh, no! Querida. Es toda tuya. �Termin� su bruhaha y limpi� el plato con una corteza de pan horneado con cebolla. Lion segu�a pareciendo algo inquieto y Kaj Nevis dijo:</p><p>�Si puedes conseguir que Tuf te d� esa carne, es tuya.</p><p>��Excelente! �proclam� ella�. �Tuf, tr�eme la carne!</p><p>Haviland Tuf la contempl� con expresi�n impasible.</p><p>�Cierto, el contrato que hice con Kaj Nevis requiere de m� la manutenci�n a lo largo de todo el viaje. Sin embargo, nada se dijo sobre la naturaleza de tal manutenci�n. Siempre acabo siendo el perdedor: ahora parece que debo plegarme a vuestros caprichos culinarios. Muy bien, �se es el pobre destino que me ha correspondido en la vida. Sin embargo, ahora me siento repentinamente dominado por un capricho particular. Ya que debo plegarme al vuestro, �no resultar�a equitativo el que se obrara de igual modo respecto al m�o?</p><p>Waan frunci� el ce�o con aire de sospecha.</p><p>��A qu� te refieres?</p><p>Tuf extendi� las manos ante �l.</p><p>�Oh, realmente no es nada importante. A cambio de la carne que tanto anhel�is pido s�lo un breve instante de indulgencia. En los �ltimos tiempos mi curiosidad ha aumentado hasta extremos alarmantes y me gustar�a satisfacerla. Rica Danwstar me ha advertido de que la curiosidad insatisfecha terminar� seguramente matando a mis gatos.</p><p>�Estoy a favor de eso �dijo la gorda antrop�loga.</p><p>�Ya� �replic� Tuf�. Sin embargo, debo insistir. Ofrezco un trato: comida del tipo que tan melodram�ticamente me ha sido exigida a cambio de un peque�o dato carente de valor y que nada os ha de costar proporcionarme. No tardaremos en llegar al sistema de H�Ro Brana, el destino previsto para el viaje. Me gustar�a saber la raz�n de dicho viaje y qu� esper�is encontrar en esa estrella de la plaga sobre la cual os he o�do hablar.</p><p>Celise Waan se volvi� nuevamente hacia los otros.</p><p>�Hemos pagado adecuadamente para ser bien alimentados �dijo�, y ahora se me somete a chantaje. Jefri, �termina con todo esto!</p><p>�Bueno� �dijo Jefri Lion�. Celise, la verdad es que no veo ning�n mal en que lo sepa y, de todos modos, acabar� descubri�ndolo en cuanto lleguemos. Quiz� sea el momento de hablar.</p><p>�Nevis �dijo ella�, �es que no piensas hacer nada?</p><p>��Por qu�? �le pregunt� �l�. No cambia nada del asunto. D�selo y obtendr�s tu carne. O quiz� no. A m� me da igual.</p><p>Waan clav� ferozmente los ojos en Kaj Nevis y luego con una ferocidad a�n mayor su mirada se desvi� hacia el p�lido e inmutable rostro de Haviland Tuf. Acab� cruz�ndose de brazos y dijo:</p><p>�Muy bien, si no queda otro remedio, cantar� para obtener mi cena.</p><p>�Un tono de conversaci�n normal resultar� perfectamente aceptable �dijo Tuf�. Celise Waan le ignor�.</p><p>�Voy a ser breve y concisa. El descubrimiento de la estrella de la plaga es mi mayor triunfo y el punto culminante de mi carrera, pero ninguno de vosotros posee la inteligencia o la cortes�a necesarias para apreciar el trabajo �mprobo que me represent�. Soy antrop�loga en el Centro ShanDellor para el Progreso de la Cultura y el Conocimiento. Mi especialidad acad�mica es el estudio de un tipo peculiar de culturas primitivas: las de los mundos coloniales que fueron dejados de lado en su aislamiento y que retrocedieron tecnol�gicamente despu�s de la Gran Guerra. Naturalmente, muchos mundos humanos resultaron tambi�n afectados por ella y unos cuantos han sido estudiados de modo bastante amplio, pero yo trabajaba en campos menos conocidos: investigaba culturas no humanas y en particular las de los antiguos mundos esclavos de los Hranganos. Uno de los mundos que estudi� fue H�Ro Brana: en tiempos era una colonia floreciente y un buen terreno de cr�a para los Hruun, los dactiloides y algunas otras razas esclavas menores de los Hranganos, pero hoy en d�a es un desierto a efectos pr�cticos. Las formas de vida que siguen encontr�ndose all� tienen existencias cortas y poco agradables, no estando muy por encima del nivel de las bestias aunque, como casi todas las culturas que han descendido a su estado actual, poseen historias sobre una edad de oro desaparecida. Pero lo m�s interesante de H�Ro Brana es una leyenda, una leyenda absolutamente �nica: La estrella de la plaga.</p><p>�Espero que se me permita recalcar el hecho de que la desolaci�n que reina en H�Ro Brana es pr�cticamente total y que la poblaci�n es muy escasa, a pesar de que el ambiente en principio no resulte de una dureza fuera de lo com�n. �Por qu�? Bien, los descendientes degenerados, tanto de los Hruun como de los colonizadores dactiloides, poseen culturas muy dispares y son francamente hostiles unos a otros, pero poseen una respuesta com�n a esa pregunta: se debe a la estrella. Cada tres generaciones, cada vez que est�n saliendo un poco de su miserable estado habitual, a medida que la poblaci�n vuelve a subir de n�mero� entonces la estrella de la plaga aumenta su brillo m�s y m�s hasta iluminar el cielo por la noche. Cuando la estrella se convierte en el objeto m�s brillante del cielo, empiezan las plagas. Las epidemias barren toda H�Ro Brana y cada una es peor que la precedente. Nadie puede curarlas. Las cosechas se marchitan y los animales mueren. Tres cuartas partes de la poblaci�n inteligente del planeta muere tambi�n. Los que sobreviven se ven de nuevo arrojados a una existencia brutal, y luego la estrella va palideciendo. Al menguar la luz se van las plagas de H�Ro Brana durante otras tres generaciones. �sa es la leyenda.�</p><p>El rostro de Haviland Tuf hab�a permanecido inmutable mientras escuchaba el relato de Celise Waan.</p><p>�Interesante �dijo por fin�. Sin embargo, me veo obligado a suponer que nuestra expedici�n actual no ha sido puesta en pie s�lo para que vuestra carrera se vea beneficiada con la investigaci�n de ese pasmoso mito folkl�rico.</p><p>�No �admiti� Celise Waan�. Es cierto que en un principio tuve esa intenci�n. La leyenda me pareci� un tema excelente para una monograf�a e intent� obtener fondos del Centro para una investigaci�n, pero mi petici�n fue rechazada. Eso me disgust� en grado sumo y creo que ten�a raz�n para ello. Esos imb�ciles y su estrechez de miras� Luego, mencion� mi disgusto y la causa de �l a mi colega, Jefri Lion.</p><p>Lion carraspe� antes de hablar.</p><p>�S�, cierto. Como ya es sabido, mi campo de estudios se centra en la historia militar. Naturalmente, la leyenda me intrig� y estuve un tiempo investigando en los bancos de datos del Centro. Nuestros archivos no son tan completos como los de Avalon y Newholme, pero no hab�a tiempo para una investigaci�n m�s completa. Deb�amos obrar con rapidez. Mi teor�a� bueno, en realidad es m�s que una teor�a. De hecho, estoy pr�cticamente seguro de saber en qu� consiste esa estrella de la plaga. �No es ninguna leyenda, Tuf! Es real. Admito que debe estar abandonada, s�, pero debe seguir en condiciones de operar y sus programas deben hallarse intactos m�s de mil a�os despu�s del Derrumbe. �No te das cuenta? �No consigues adivinar de qu� se trata?</p><p>�Debo admitir que me falta la familiaridad necesaria con el tema �dijo Tuf.</p><p>�Es una nave de guerra, Tuf, una nave que se encuentra en una gran �rbita el�ptica alrededor de H�Ro Brana. Se trata de una de las armas m�s devastadoras que la Vieja Tierra lanz� a los espacios, en la guerra contra los Hranganos y, a su modo, deb�a ser tan temible como esa m�tica flota infernal de la que se habla durante los �ltimos tiempos anteriores al Derrumbe. �Pero su potencial para el bien es tan enorme como el que posee para el mal! Es el almac�n de la ciencia biogen�tica m�s avanzada del Imperio Federal y un artefacto, en condiciones de operar, repleto de secretos que el resto de la humanidad ha perdido.</p><p>�Ya entiendo �dijo Tuf.</p><p>�Es una sembradora �dijo Jefri Lion�, una sembradora de guerra biol�gica del Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica.</p><p>�Y es nuestra �dijo Kaj Nevis, con una mueca sarc�stica.</p><p>Haviland Tuf clav� los ojos durante un breve instante en Nevis, movi� la cabeza y se levant�.</p><p>�Mi curiosidad ha sido satisfecha �anunci�. Ahora debo cumplir con mi parte del trato.</p><p>��Ah! �exclam� Celise Waan�. Mi carne.</p><p>�La cantidad es abundante �dijo Haviland Tuf�, aunque debo admitir que la variedad disponible no resulta muy amplia. La preparaci�n de la carne, para que resulte lo m�s placentera posible al paladar, es algo que dejo a la elecci�n de la se�ora. �Se acerc� a un compartimiento, tecle� un c�digo y sac� de �l una caja no muy grande que llev� hasta la mesa, sosteni�ndola bajo el brazo�. �sta es la �nica carne existente a bordo de mi nave. No puedo garantizar nada en lo tocante a su sabor o calidad, pero debo decir igualmente que jam�s he recibido la menor queja al respecto.</p><p>Rica Danwstar se ech� a re�r estruendosamente y Kaj Nevis lo hizo de modo m�s comedido. Haviland Tuf, con gestos lentos y met�dicos, sac� de la caja una docena de latas con alimento para gatos y las coloc� ante Celise Waan. Desorden salt� a la mesa y empez� a ronronear.</p><empty-line/><p>�No es tan grande como esperaba �dijo Celise Waan con voz tan petulante como de costumbre.</p><p>�Se�ora �dijo Haviland Tuf�, los ojos enga�an con mucha frecuencia. Admito que mi pantalla principal es m�s bien modesta y que s�lo posee un metro de di�metro, con lo cual, naturalmente, el tama�o de los objetos que aparecen en ella resulta disminuido. En cuanto a la nave, sus dimensiones son considerables.</p><p>��Cu�les son esas dimensiones? �dijo Kaj Nevis acerc�ndose a la pantalla.</p><p>Tuf cruz� las manos sobre su voluminoso est�mago.</p><p>�No puedo decirlo con precisi�n. La Cornucopia no es m�s que una modesta nave mercante y su instrumental sensor no es todo lo delicado que yo desear�a.</p><p>�Pues, entonces, d�galo de un modo aproximado �replic� Kaj Nevis con voz cortante.</p><p>�Aproximado� �repiti� Tuf�. Desde el �ngulo en que ahora lo muestra mi pantalla y tomando el eje m�s grande como �longitud�, yo dir�a que la nave a la que nos estamos acercando tiene unos treinta kil�metros de largo y aproximadamente unos tres de ancho, dejando aparte la secci�n de la c�pula en la parte central, la cual es un poco m�s grande, y la torre delantera que yo dir�a tiene aproximadamente un kil�metro m�s que la cubierta sobre la cual se encuentra situada.</p><p>Todos se hab�an reunido en la sala de control, incluido Anittas, a quien la computadora hab�a despertado de su sopor controlado cuando emergieron del hiperimpulso. Todos se quedaron callados contemplando la imagen y, por unos breves instantes, ni Celise Waan encontr� nada que decir. Sus ojos parec�an fascinados por la gran forma oscura que flotaba, recort�ndose contra las estrellas, y en la cual brillaban de vez en cuando d�biles chispazos de luz, como si aquella silueta inmensa latiera con energ�as invisibles.</p><p>�Ten�a raz�n �musit� por fin Jefri Lion rompiendo el silencio�. Una sembradora. �una sembradora del CIE! �Ninguna otra nave podr�a ser tan enorme!</p><p>Kaj Nevis sonri�.</p><p>��Maldici�n! �dijo en voz baja y casi reverente.</p><p>�El sistema debe ser muy vasto �dijo Anittas�. Los Imperiales de la Tierra pose�an una ciencia mucho m�s sofisticada que nosotros. Probablemente se trate de una Inteligencia Artificial.</p><p>�Somos ricos �barbot� Celise Waan, olvidando por unos instantes sus muchos y variados agravios. Cogi� a Jefri Lion por las manos y empez� a bailar con �l en c�rculos fren�ticos, que parec�an hacer rebotar su gorda figura en el suelo a cada paso de baile�. �Somos ricos, ricos, ricos! �Somos ricos y famosos! �Todos somos muy ricos!</p><p>�Eso no es totalmente correcto �dijo Haviland Tuf�. No dudo, ciertamente, que todos ustedes lleguen a ser ricos en un futuro muy pr�ximo; por el momento, sin embargo, en sus bolsillos no hay m�s dinero que hace un instante. Adem�s, ni Rica Danwstar ni yo compartimos sus futuras perspectivas de mejora econ�mica.</p><p>Nevis clav� en �l una mirada impasible.</p><p>��Quejas, Tuf?</p><p>�Lejos de m� la intenci�n de plantear objeciones �dijo Tuf con voz grave. Estaba sencillamente corrigiendo el error de Celise Waan.</p><p>Kaj Nevis asinti�.</p><p>�Estupendo �dijo�. Ahora, antes de que ninguno de nosotros se enriquezca, debemos abordar esa cosa y ver en qu� estado se encuentra. Incluso un pecio vac�o deber�a proporcionarnos una buena tarifa de salvamento, pero si esta nave se encuentra en condiciones de operar no hay l�mite alguno a nuestras posibles ganancias.</p><p>�Est� claro que puede funcionar �dijo Jefri Lion�. Ha estado haciendo llover plagas sobre H�Ro Brana cada tres generaciones, desde hace mil a�os est�ndar.</p><p>�Ya �dijo Nevis�, bueno, s�, es cierto, pero no es todo lo que importa. Ahora se encuentra en una �rbita muerta. �Qu� pasa con los motores? �y con la biblioteca celular y los computadores? Tenemos muchas cosas que comprobar. �C�mo podemos abordarla, Lion?</p><p>�Supongo que ser�a posible efectuar un contacto con sus escotillas �dijo Jefri Lion�. Tuf, esa c�pula� �la ves? �Se�al� con el dedo.</p><p>�Mi visi�n no sufre el menor problema.</p><p>�S�, ya� bueno, creo que debajo de ella se encuentra la cubierta de atraque y es tan grande como un campo de aterrizaje medio. Si podemos hacer que esa c�pula se abra, entonces se puede meter la nave justo dentro de ella.</p><p>�S� �dijo Haviland Tuf�. Una palabra pre�ada de dificultades. Tan breve ya menudo tan cargada de frustraciones y disgustos futuros. �Como para subrayar sus palabras en ese mismo instante una peque�a luz roja se encendi� bajo la pantalla principal. Tuf alz� un dedo tan p�lido como delgado�. �Atenci�n! �dijo.</p><p>��Qu� es? �le pregunt� Nevis.</p><p>�Una comunicaci�n �proclam� Tuf con voz solemne. Se inclin� hacia adelante y apret� un bot�n bastante gastado del comunicador l�ser.</p><p>La estrella de la plaga se desvaneci� de la pantalla y en su lugar apareci� un rostro de aspecto cansado y macilento. Era un hombre de edad mediana sentado en una sala de comunicaciones. Su frente estaba surcada por hondas arrugas y ten�a las mejillas algo hundidas. Su cabello era negro y espeso, sus ojos de un azul gris�ceo. Vest�a un atuendo militar que parec�a reci�n salido de una cinta hist�rica y sobre su cabeza hab�a una gorra verde en la cual se ve�a brillar una dorada letra theta.</p><p>�Aqu� el Arca �anunci�. Acaban de penetrar en nuestra esfera defensiva. Identif�quense o se abrir� fuego sobre ustedes. �sta es nuestra primera advertencia.</p><p>Haviland Tuf apret� su bot�n de EMISI�N.</p><p>�Aqu� la Cornucopia �anunci� con voz clara y tranquila�. Haviland Tuf al mando. Arca, somos comerciantes totalmente inofensivos y sin armas. Venimos de ShanDellor. �Podr�amos solicitar permiso para el atraque?</p><p>Celise Waan parec�a totalmente perpleja.</p><p>�Hay tripulaci�n� �dijo�. �La tripulaci�n sigue viva!</p><p>�Totalmente fascinante e inesperado �dijo Jefri Lion d�ndose leves tirones de la barba�. Quiz� sea un descendiente de la tripulaci�n original del CIE. �O quiz�s utilizaron el cronobucle! Con �l habr�an podido deformar la textura del tiempo para acelerarlo o mantenerlo casi inm�vil. S�, habr�a sido posible hacer incluso eso. �EI cronobucle!, pensad en lo que significa.</p><p>Kaj Nevis lanz� un gru�ido.</p><p>��Han pasado mil malditos a�os y piensas decirme que siguen vivos? �C�mo demonios se supone que vamos a entend�rnoslas con ellos?</p><p>La imagen de la pantalla vacil� como si estuviera a punto de esfumarse y luego se aclar� de nuevo mostrando al mismo hombre de antes, con el uniforme de los Imperiales de la Tierra.</p><p>�Aqu� el Arca. Su ID no est� en el c�digo adecuado. Est�n avanzando en nuestra esfera defensiva. Identif�quense o se abrir� fuego contra ustedes. �sta es nuestra segunda advertencia.</p><p>��Se�or, debo protestar por ello! �dijo Haviland Tuf�. No llevamos armas y carecemos de protecci�n. Nuestras intenciones no son ofensivas ni peligrosas. Somos pac�ficos comerciantes, simples estudiosos de la misma raza que usted: la humana. Nuestras intenciones no son hostiles y, lo que es m�s, no tenemos a nuestro alcance medio alguno para causarle da�o a un nav�o tan formidable como su Arca. �Debemos ser recibidos con beligerancia?</p><p>La pantalla vacil� por segunda vez y volvi� a estabilizarse.</p><p>�Aqu� el Arca. Han penetrado en nuestra esfera defensiva. Identif�quense de inmediato o ser�n destruidos. �sta es nuestra tercera y �ltima advertencia.</p><p>�Grabaciones �dijo Kaj Nevis con voz casi entusiasta�. �Eso es! Nada de hibernaci�n, ning�n condenado campo de �xtasis temporal. Ah� dentro no hay nadie. Un ordenador est� emitiendo grabaciones para nosotros.</p><p>�Me temo que eso es lo correcto �dijo Haviland Tuf�. Pero se plantea una pregunta: si el computador est� programado para dirigir mensajes ya grabados, a las naves que se le aproximen, �qu� otra cosa puede estar programado para hacer?</p><p>Jefri Lion le interrumpi�. ��Los c�digos! �dijo�. �En mis archivos tengo un mont�n de c�digos y secuencias de identificaci�n del Imperio Federal recogidas en cristales! Ir� a por ellos.</p><p>�Un plan excelente �dijo Haviland Tuf�, pero en �l hay una deficiencia de lo m�s obvio, la cual consiste en el tiempo que ser� necesario para localizar y poder usar luego esos cristales en c�digo. Si hubiera sido posible disponer del tiempo necesario para ponerla en pr�ctica, habr�a aplaudido dicha sugerencia pero, �ay!, me temo que ser� imposible. El Arca nos ha disparado hace un instante �Haviland Tuf se inclin� sobre los controles�. Voy a hacer que entremos en hiperimpulso �anunci�, pero, justo cuando sus largos y p�lidos dedos tocaban ya las teclas, toda la Cornucopia tembl� violentamente. Celise Waan cay� al suelo lanzando un alarido; Jefri Lion tropez� con Anittas e incluso Rica Danwstar se vio obligada a cogerse al asiento de Tuf para no perder el equilibrio. Entonces todas las luces se apagaron y en la oscuridad se oy� la voz de Haviland Tuf�. Me temo que habl� demasiado pronto �dijo�, o quiz�, siendo m�s preciso, que actu� demasiado tarde.</p><p>Por un instante que pareci� interminable se encontraron sumidos en el silencio y en la oscuridad, llenos de terror, esperando el segundo disparo que significar�a el final para todos ellos.</p><p>Y entonces, gradualmente, la oscuridad pareci� hacerse algo menos densa. En las consolas que les rodeaban fueron apareciendo d�biles luces, como si los instrumentos de la Cornucopia despertaran a una vacilante semivida.</p><p>�No estamos totalmente inutilizados �proclam� Haviland Tuf desde su asiento, con el cuerpo r�gido como un palo. Sus enormes manos parec�an cubrir todas las teclas del ordenador al mismo tiempo�. Voy a conseguir un informe de aver�as y quiz�s a�n nos resulte posible retirarnos de aqu�.</p><p>Celise Waan empez� entonces a emitir un sollozo hist�rico, leve al principio pero que fue progresivamente agudiz�ndose hasta lo insoportable. Segu�a ca�da en el suelo y no hac�a intentos de levantarse. Kaj Nevis se volvi� hacia ella.</p><p>��C�llate ya, maldita vaca! �le dijo secamente, d�ndole una patada. El sollozo se convirti� en un gimoteo apagado�. Si nos quedamos aqu� inm�viles vamos a ser muy pronto un buen mont�n de carne muerta �dijo Nevis en voz alta y dominante�. El pr�ximo disparo nos har� pedacitos. �Maldita sea, Tuf, mueve este trasto!</p><p>�Nuestro movimiento no ha variado en lo m�s m�nimo �le replic� Tuf�. El disparo que nos acert� no tuvo por efecto eliminar la velocidad de nuestro avance, pero nos ha desviado un tanto de la trayectoria previa que segu�amos con rumbo al Arca �Tuf se inclin� sobre los controles estudiando los diagramas de un verde claro que se un�an y separaban en una de las pantallas peque�as�. Temo que mi nave ha sufrido ciertos da�os. No resultar�a demasiado aconsejable entrar ahora en hiperimpulso, dado que la tensi�n nos reducir�a indudablemente a fragmentos. Nuestros sistemas de apoyo vital han sufrido tambi�n da�os y los c�lculos indican que se nos acabar� el ox�geno aproximadamente dentro de nueve horas.</p><p>Kaj Nevis lanz� una maldici�n y Celise Waan empez� a golpear la cubierta con los pu�os.</p><p>�Puedo conservar un poco el ox�geno, desconect�ndome otra vez �dijo en tono dubitativo Anittas, pero nadie le hizo caso.</p><p>�:Podr�amos matar a los gatos �sugiri� Celise Waan.</p><p>��Podemos avanzar todav�a? �pregunt� Rica Danwstar.</p><p>�Los motores principales siguen en condiciones de funcionar �dijo Tuf�, pero sin poder conectar el hiperimpulso tardar�amos aproximadamente dos a�os de ShanDish para llegar tan s�lo a H�Ro Brana. Cuatro de nosotros pueden utilizar los trajes presurizados. Las unidades virales son capaces de regenerar el aire indefinidamente.</p><p>�Me niego a vivir dos a�os en un traje presurizado �dijo Celise Waan sin demasiada convicci�n.</p><p>�Estupendo �dijo Tuf�. Dado que s�lo tengo cuatro trajes y nosotros somos seis tal decisi�n resulta de gran ayuda. Se�ora, vuestro noble auto sacrificio ser� recordado largo tiempo. Sin embargo, creo que antes de poner en ejecuci�n este plan deber�amos tomar en consideraci�n otra posibilidad.</p><p>��De qu� se trata? �dijo Nevis.</p><p>Tuf hizo girar su asiento y les contempl� durante unos instantes en la penumbra de la sala de control.</p><p>�Debemos mantener la esperanza de que los cristales de Jefri Lion contengan realmente el c�digo de acceso adecuado y que ello nos permita abordar el Arca sin convertirnos en el blanco de su viejo armamento.</p><p>��Los cristales! �dijo Lion. Resultaba bastante dif�cil distinguirle ya que su traje de camuflaje, sometido a la oscuridad, se hab�a vuelto de un negro total�. �Ir� a por ellos! �Y sali� corriendo de la sala de control con rumbo a su camarote.</p><p>Champi��n entr� sin hacer ning�n ruido en la sala y, de un salto, se acomod� en el regazo de Tuf. �ste empez� a pasarle la mano por el lomo y el gato se puso a ronronear ruidosamente. De un modo inexplicable, el sonido resultaba casi tranquilizador. Quiz�, despu�s de todo, a�n tuvieran una oportunidad.</p><p>Pero Jefri Lion llevaba demasiado tiempo fuera de la sala de control.</p><p>Cuando por fin le oyeron volver, el sonido de sus pasos parec�a cansino y derrotado.</p><p>��Y bien? �dijo Nevis�, �D�nde est�n?</p><p>�No est�n �dijo Lion�. He mirado por todas partes y no est�n. Habr�a jurado que los ten�a a bordo. �Mis archivos! Kaj, te juro que ten�a la intenci�n de cogerlos. No pod�a traerlo todo conmigo, claro est�, pero dupliqu� casi todas las grabaciones importantes y todo lo que pens� que pod�a resultar �til: el material sobre la guerra y el CIE, algunas leyendas del sector. La maleta gris, ya sabes a cu�l me refiero. Dentro estaba mi peque�o ordenador y m�s de treinta cristales. �Recuerdas que la noche anterior estuve repasando unos cuantos antes de dormir? Estaba examinando el material sobre las sembradoras, al menos lo poco que sabemos de ellas, y entonces me dijiste que no te dejaba dormir. S� que ten�a un cristal entero lleno de viejos c�digos y ten�a la intenci�n de traerlo en este viaje. Pero no est�. �Se acerc� a ellos y pudieron ver que en sus manos sosten�a el ordenador casi como una ofrenda�. Lo estuve repasando todo cuatro veces y tambi�n mir� todos los cristales que ten�a sobre la cama, en la mesa, en todas partes. Pero no est� aqu�. Lo siento. A menos que� a menos que alguien lo haya cogido �Jefri Lion les mir� pero nadie dijo nada�. Debo haberlos olvidado en ShanDellor �a�adi�. Nos tuvimos que marchar tan de prisa que�</p><p>��Viejo est�pido! �Idiota senil! �dijo Kaj Nevis�. Tendr�a que matarte ahora mismo y ahorrar de ese modo un poco de aire para los dem�s.</p><p>��Estamos muertos! �gimote� Celise Waan�. �Muertos!, �muertos!, �muertos!</p><p>�Se�ora �le replic� Haviland Tuf acariciando todav�a a Champi��n�, sigue usted pecando de precipitada en sus palabras. No est� usted m�s muerta ahora de lo que se aproximaba a la riqueza hace un rato.</p><p>Nevis se volvi� hacia �l.</p><p>��Oh, s�? �Alguna idea, Tuf? �Ciertamente �dijo �ste.</p><p>��Y bien? �le apremi� Nevis.</p><p>�El Arca es nuestra �nica salvaci�n �dijo Tuf. Debemos entrar en ella. Sin el cristal de c�digos de Jefri Lion no podemos acercarnos m�s para el atraque por el temor de que se nos dispare de nuevo, esto me parece obvio. Pero se me ha ocurrido una idea interesante. �Levant� un dedo�. Quiz�s el Arca no despliegue tanta hostilidad contra un blanco m�s peque�o, �digamos que contra un hombre dentro de un traje presurizado e impulsado por cohetes de aire comprimido!</p><p>Kaj Nevis no pareci� demasiado convencido.</p><p>��Y cuando ese hombre llegue hasta el Arca� qu�? �Se supone quiz� que debe llamar dando golpecitos en el casco?</p><p>�No ser�a muy pr�ctico �admiti� Haviland Tuf�, pero creo que poseo un m�todo mejor para solucionar dicho problema.</p><p>Todos esperaron en tanto que Tuf acariciaba a Champi��n.</p><p>�Adelante �acab� diciendo Kaj Nevis con impaciencia.</p><p>Tuf pesta�e�.</p><p>��Adelante? Desde luego. Me temo que debo pedir un poco de indulgencia ya que mi cerebro se encuentra muy trastornado en estos instantes. Mi pobre nave ha sufrido da�os de suma consideraci�n. Mi modesto medio de vida yace ante m� hecho ruinas y ahora, �qui�n pagar� las reparaciones necesarias? �Lo har� quiz� Kaj Nevis, quien pronto va a disfrutar de tales riquezas? �Pensar� tal vez inundarme generosamente con parte de ellas? Ah, lo dudo. �Me comprar�n, quiz�, Jefri Lion o Anittas una nave? Es improbable. �Querr� la estimada Celise Waan concederme graciosamente un extra no previsto en mi tarifa original para compensar de tal modo mi gran p�rdida? Ya me ha prometido que buscar� compensaciones legales en mi contra, que piensa confiscar mi pobre nave y hacer que me revoquen mi licencia de aterrizaje. Entonces, �c�mo podr� arregl�rmelas? �Qui�n me socorrer�?</p><p>��Eso no importa! �grit� Kaj Nevis�. �C�mo podemos entrar en el Arca? �Dijiste que ten�as un m�todo!</p><p>��Lo dije acaso? �le replic� Haviland Tuf�. Bien, se�or, creo que est�is en lo correcto y sin embargo me temo igualmente que el peso de mis infortunios acaba de hacer que mi pobre y trastornada mente olvide esa idea. Se me ha escapado y ahora soy incapaz de pensar en nada, aparte de mi lamentable apuro econ�mico.</p><p>Rica Danwstar ri� y le dio una sonora palmada a Tuf en la espalda.</p><p>Tuf alz� la cabeza y la mir�.</p><p>�Y ahora, adem�s, soy ferozmente golpeado por la temible Rica Danwstar. Por favor, se�ora, no me toqu�is.</p><p>�Esto es un chantaje �grazn� Celise Waan�. �Habr� que meterle en prisi�n por esto!</p><p>�Y ahora se pone en duda mi integridad y se deja caer sobre m� un diluvio de amenazas. Champi��n, �te parece acaso extra�o que me sea imposible pensar?</p><p>Kaj Nevis lanz� un bufido.</p><p>�Est� bien, Tuf, has ganado. �Mir� a los dem�s�. �Hay alguna objeci�n a que hagamos de Tuffy un participante con todos los derechos en nuestra empresa? �Un reparto entre cinco?</p><p>Jefri Lion tosi� levemente.</p><p>�Creo que se merece como m�nimo eso, si su plan funciona.</p><p>Nevis asinti�.</p><p>�Ya eres parte del negocio, Tuf.</p><p>Haviland Tuf se puso en pie con movimientos lentos y cargados de dignidad, apartando a Champi��n de su regazo con la mano.</p><p>��Mi memoria vuelve! �proclam�. En el compartimiento hay cuatro trajes presurizados. Si uno de los presentes es tan amable como para vestirse con uno de ellos y prestarme su ayuda, creo que iremos en busca de un aparato de enorme utilidad que se encuentra en el almac�n n�mero doce.</p><p>��Qu� diablos�? �exclam� Rica Danwstar cuando estuvieron de vuelta con su trofeo en la sala de control. Luego se ri�.</p><p>��De qu� se trata? �pregunt� Celise Waan.</p><p>Haviland Tuf, que parec�a inmenso con su traje azul plateado, puso los pies en el suelo y ayud� a Kaj Nevis a enderezar el objeto. Luego se quit� el casco y lo examin� con aire satisfecho.</p><p>�Es un traje espacial, se�ora �dijo�. Pensaba que ser�a obvio.</p><p>Desde luego, era un traje espacial, pero no se parec�a en nada a los que hab�an visto antes y estaba muy claro que, fuera quien fuera su constructor, no hab�a pensado en los seres humanos al hacerlo. Era tan alto que ni tan siquiera Tuf pod�a tocar el complejo adorno que coronaba su casco, el cual estar�a situado a unos buenos tres metros de la cubierta, rozando casi el mamparo superior. Los brazos del traje pose�an dobles articulaciones y hab�a dos pares de ellos: los de abajo terminaban en unas pinzas relucientes provistas de dientes de sierra, en tanto que las piernas del traje habr�an bastado para contener el tronco de un �rbol mediano y terminaban en grandes discos circulares. En la espalda del traje, de forma abombada, se ve�an cuatro enormes tanques y del hombro derecho brotaba una antena de radar. El duro metal negro, con el que hab�a sido construido, mostraba en toda la superficie intrincadas filigranas de colores rojo y oro. El traje se alzaba entre ellos como un gigante vestido con una armadura de la antig�edad.</p><p>Kaj Nevis lo se�al� con el pulgar.</p><p>�Aqu� lo tenemos �dijo�. �Y qu�? �De qu� modo nos ayudar� esta monstruosidad? �Mene� la cabeza�. Yo creo que es s�lo un viejo cacharro in�til.</p><p>�Por favor �dijo Tuf�, este mecanismo, al que de tal modo despreci�is, es una pieza cargada de historia. Adquir� este fascinante artefacto alien�gena a un precio nada m�dico en Unqi, durante un viaje por el sector. Se trata de un aut�ntico traje de combate Unqi, se�or, y se supone que pertenece a la �poca de la dinast�a Hamerin, la cual fue depuesta hace unos mil quinientos a�os, mucho antes de que la humanidad alcanzara las estrellas de los Unqi. Ha sido totalmente restaurado.</p><p>��Qu� puede hacer, Tuf? �dijo Rica Danwstar, siempre dispuesta a ir al grano.</p><p>Tuf pesta�e�.</p><p>�Sus capacidades son tan amplias como variadas y hay dos que guardan estrecha relaci�n con nuestro problema actual. Posee un exoesqueleto multiplicador que cuando funciona a plena carga es capaz de aumentar la fuerza de quien lo ocupe en un factor aproximado de diez. Adem�s, su equipo incluye un excelente cortador l�ser que ha sido concebido para penetrar aleaciones especiales de hasta medio metro de grosor, pudiendo llegar a penetrar placas mucho m�s considerables si �stas son de simple acero, siempre que se aplique directamente sobre el metal. Resumiendo, este viejo traje de combate ser� nuestro medio para entrar en esa antigua nave de guerra, que se cierne all� en la lejan�a como �nica salvaci�n.</p><p>��Espl�ndido! �dijo Jefri Lion, aplaudiendo.</p><p>�Puede que funcione �se limit� a comentar Kaj Nevis�. �C�mo se impulsa?</p><p>�Debo admitir que el equipo presenta ciertas deficiencias en lo tocante a las maniobras en el espacio �replic� Tuf�. Nuestros recursos incluyen cuatro trajes presurizados del tipo habitual pero s�lo dos propulsores de aire. Me alegra informar de que el traje Unqi posee sus propios medios de propulsi�n y el plan que propongo es el siguiente. Me introducir� en el traje de combate y saldr� de nuestra nave acompa�ado por Rica Danwstar y Anittas en sus trajes presurizados con los propulsores de aire. Nos dirigiremos hacia el Arca tan r�pido como nos sea posible y, caso de que la trayectoria concluya sin problemas, utilizaremos las inigualables capacidades de dicho traje para penetrar por una escotilla. Se me ha dicho que Anittas es todo un experto en cuanto a los viejos sistemas cibern�ticos y los ordenadores de modelos anticuados. Bien, una vez dentro sin duda no tendr� demasiados problemas para hacerse con el control del Arca y podr� eliminar los programas hostiles que ahora la controlan. En ese momento Kaj Nevis ser� capaz de hacer que mi maltrecha nave se acerque al Arca para atracar en ella y todos nosotros nos encontraremos sanos y salvos.</p><p>Celise Waan se puso de un color rojo oscuro.</p><p>��Nos abandona para que muramos! �chill�. �Nevis, Lion, debemos detenerles!�una vez que est�n en el Arca nos har�n pedazos! No podemos confiar en ellos.</p><p>Haviland Tuf pesta�e�. ��Por qu� debe verse mi moralidad constantemente en entredicho por este tipo de acusaciones? �pregunt�. Soy un hombre de honor y el plan que acaba de ser sugerido ahora jam�s me ha pasado por la cabeza.</p><p>�Es un buen plan �dijo Kaj Nevis, sonriendo y empezando a quitar los sellos de su traje presurizado�. Anittas, mercenario, a vestirse.</p><p>��Piensas permitir que nos abandonen aqu�? �le pregunt� Celise Waan a Jefri Lion.</p><p>�Estoy seguro de que no pretenden causarnos da�o alguno �dijo Lion, d�ndose leves tirones de la barba�, y aunque lo pretendieran, Celise� �c�mo quieres que les detenga?</p><p>�Llevemos el traje de combate hasta la escotilla principal �le dijo Haviland Tuf a Kaj Nevis mientras que Danwstar y el cibertec se vest�an. Nevis asinti�, se quit� su traje con una contorsi�n y se uni� a Tuf.</p><p>No sin ciertas dificultades lograron transportar el enorme traje Unqi hasta la escotilla principal. Tuf se quit� el traje presurizado que a�n llevaba y abri� los seguros de la escotilla, luego cogi� una escalerilla port�til y emprendi� la dif�cil tarea de subir al traje Unqi.</p><p>�Un momento, Tuffy �dijo Kaj Nevis, cogi�ndole por el hombro.</p><p>�Se�or �dijo Haviland Tuf�, no me gusta ser tocado. Su�lteme. �Se volvi� a mirarle y la sorpresa le hizo pesta�ear. Kaj Nevis bland�a un vibrocuchillo. La delgada hoja que produc�a un agudo zumbido y que era capaz de cortar acero s�lido se mov�a con tal celeridad que resultaba invisible y estaba menos de un cent�metro de la nariz de Tuf.</p><p>�Un buen plan �dijo Nevis�, pero debe hacerse un peque�o cambio en �l�. Yo ir� en el supertraje acompa�ando a la peque�a Rica y al cibertec. T� vas a quedarte aqu� a morir.</p><p>�No apruebo la sustituci�n �dijo Haviland Tuf�. Me apena enormemente ver c�mo tambi�n aqu� se sospecha sin el menor motivo de mis actos. Puedo asegurar, del mismo modo que se lo he asegurado antes a Celise Waan, que jam�s ha pasado por mi cabeza ni la m�s m�nima idea de traici�n.</p><p>�Qu� extra�o �dijo Kaj Nevis�. Por la m�a s�, y me pareci� una idea excelente.</p><p>Haviland Tuf asumi� su mejor aspecto de dignidad herida.</p><p>�Sus bajos planes han sido reducidos a la nada, se�or �anunci�. Anittas y Rica Danwstar est�n detr�s de usted. De todos es sabido que Rica Danwstar fue contratada justamente para evitar tal tipo de conducta por parte suya. Le aconsejo que se rinda ahora mismo y todo ser� m�s f�cil para usted.</p><p>Kaj Nevis sonri�.</p><p>Rica llevaba el casco bajo el brazo. Estuvo examinando el cuadro que formaban Tuf y Nevis, mene� levemente su linda cabeza y suspir�.</p><p>�Tendr�as que haber aceptado mi oferta, Tuf. Te dije que llegar�a un momento en el cual lamentar�as no contar con una aliada. �Se puso el casco, cerr� los sellos y tom� uno de los propulsores de aire comprimido�. V�monos, Nevis.</p><p>El rollizo rostro de Celise Waan se ilumin� finalmente con algo parecido a la comprensi�n de lo que ocurr�a y en su honor debe decirse que esta vez no sucumbi� a la histeria. Mir� a su alrededor en busca de un arma y al no encontrar nada obvio, acab� agarrando a Champi��n, que estaba junto a ella observando los acontecimientos con curiosidad.</p><p>��T�, t�� t�! �grit�, lanzando el gato al otro extremo de la habitaci�n. Kaj Nevis, se agach�. Champi��n lanz� un sonoro aullido y se estrell� contra Anittas.</p><p>�Tenga la amabilidad de no molestar m�s a mis gatos �dijo Haviland Tuf.</p><p>Nevis, ya recobrado de la sorpresa, agit� el vibrocuchillo ante Tuf de un modo m�s bien desagradable y Tuf retrocedi� lentamente. Nevis se detuvo un instante a recoger el traje presurizado de Tuf y lo convirti� en unos segundos en unas cuantas tiras de tejido azul y plata. Luego trep� cuidadosamente hasta el interior del traje Unqi y Rica Danwstar se encargo de cerrarlo. Nevis necesit� cierto tiempo para entender los sistemas de control del traje alien�gena, pero unos cinco minutos despu�s el visor del casco empez� a brillar con un apagado resplandor rojo sangre y los pesados miembros superiores se movieron lentamente. Nevis movi� con precauci�n los brazos provistos de pinzas en tanto que Anittas abr�a la parte interior de la doble escotilla. Kaj Nevis se meti� dentro de ella caminando pesadamente y haciendo chasquear sus pinzas, seguido primero por el cibertec y luego por Rica Danwstar.</p><p>�Lo siento, amigos �anunci� ella mientras la puerta se cerraba�. No es nada personal, solamente aritm�tica.</p><p>�Muy cierto �dijo Haviland Tuf�. Sustracci�n.</p><p>Haviland Tuf estaba sentado ante los controles, inm�vil y silencioso en la oscuridad, observando el leve brillo de los instrumentos. Champi��n, altamente ofendido en su dignidad, se hab�a instalado de nuevo en el regazo de Tuf y le permit�a ben�volamente que le acariciara para calmarle.</p><p>�El Arca no est� disparando sobre nuestros antiguos compa�eros �le dijo a Jefri Lion y Celise Waan.</p><p>�Todo ha sido culpa m�a �replic� Jefri Lion.</p><p>�No �dijo Celise Waan�. La culpa es de �l. �Y su gordo pulgar se�al� a Tuf.</p><p>�No es usted precisamente un dechado de amabilidad y de discernimiento femenino �observ� Haviland Tuf.</p><p>��Discernimiento? �Qu� se supone que debo discernir? �dijo ella enfadada.</p><p>Tuf cruz� las manos ante su rostro.</p><p>�No carecemos de recursos. Para empezar, Kaj Nevis nos dej� un traje presurizado en buenas condiciones �dijo Tuf se�alando hacia el traje intacto.</p><p>�Y ning�n sistema de propulsi�n.</p><p>�Nuestro aire durar� el doble de tiempo, ahora que nuestro n�mero ha disminuido �dijo Tuf.</p><p>�Pero seguir� acab�ndose dentro de ese cierto tiempo �le replic� secamente Celise Waan.</p><p>�Kaj Nevis y sus acompa�antes no utilizaron el traje de combate Unqi para destruir la Cornucopia, despu�s de abandonarla, como muy bien podr�an haber hecho.</p><p>�Nevis prefiri� dejarnos abandonados para que muri�ramos lentamente �replic� la antrop�loga.</p><p>�No lo creo. De hecho, tengo la impresi�n de que muy probablemente deseaba preservar esta nave como �ltimo refugio para el caso de que su plan de abordar el Arca terminara mal �Tuf se call� durante unos segundos como si estuviera pensando�. Mientras tanto tenemos refugio, provisiones y posibilidad de maniobra, aunque �sta resulte algo limitada.</p><p>�Lo �nico que tenemos es una nave averiada a la cual se le est� terminando r�pidamente el aire �dijo Celise Waan. Iba a decir algo m�s pero en ese mismo instante Desorden entr� dando saltos en la sala de control como una bola llena de energ�a y decisi�n. Ven�a entusiasmada persiguiendo una peque�a joya que ella misma impulsaba a zarpazos por la cubierta. La joya aterriz� a los pies de Celise Waan y Desorden se lanz� sobre ella mand�ndola al otro extremo, con un no demasiado decidido golpe de zarpa. Celise Waan dio un alarido�. �Mi anillo de piedra azul! �Lo he estado buscando! Condenado animal ladr�n. �Se agach� y extendi� la mano hacia el anillo. Desorden se acerc� a la mano y recibi� un fuerte golpe de Celise Waan, que nunca lleg� a su destino. Las garras de la gata fueron m�s certeras y Celise Waan lanz� un nuevo alarido.</p><p>Haviland Tuf se hab�a puesto en pie. Cogi� a la gata y al anillo, coloc� a Desorden bajo la protecci�n de su brazo y le extendi� el anillo con un gesto m�s bien despectivo a su ensangrentada propietaria.</p><p>�Esto es de su propiedad �dijo.</p><p>�Antes de que muera, juro que coger� a ese animal por el rabo y le reventar� lo sesos en una pared, si es que los tiene.</p><p>�No aprecia en grado suficiente las virtudes de los felinos �dijo Tuf, retir�ndose de nuevo a su sill�n y acariciando a Desorden hasta tranquilizarla igual que antes hab�a hecho con Champi��n�. Los gatos son animales muy inteligentes y de hecho es bien sabido que todos ellos poseen ciertas facultades extrasensoriales. Los pueblos primitivos de la Vieja Tierra llegaron a considerarles dioses en algunos casos.</p><p>�He estudiado pueblos primitivos que adoraban la materia fecal �dijo tozudamente la antrop�loga�. �Ese animal es una bestia sucia y repugnante!</p><p>�Los felinos son casi excesivamente limpios y remilgados �le replic� Tuf con voz tranquila�. Desorden no ha salido todav�a de la ni�ez, pr�cticamente, y su af�n de jugar y su temperamento ca�tico no han remitido todav�a. Es muy tozuda, pero eso es s�lo una parte de su encanto pues, curiosamente, es tambi�n un animal de costumbres. �A qui�n no podr�a acabar conmovi�ndole la alegr�a que despliega al jugar con los peque�os objetos que encuentra? �Qui�n no es capaz de divertirse ante la conmovedora frecuencia con que extrav�a sus juguetes bajo las consolas de esta misma sala? Ciertamente, s�lo las personas m�s amargadas y provistas de corazones de piedra� �Tuf pesta�e� r�pidamente, una, dos, tres veces. En su p�lido e inmutable rostro el efecto fue el de una aut�ntica tormenta emocional�. Fuera, Desorden �dijo, apartando delicadamente a la gata de su regazo. Se puso en pie y luego se arrodill� con envarada dignidad. A cuatro patas, Haviland Tuf empez� a reptar por la sala de control tanteando bajo las consolas del instrumental.</p><p>��Qu� hace? �le pregunt� Celise Waan.</p><p>�Estoy buscando los juguetes perdidos por Desorden �dijo Haviland Tuf.</p><p>��Yo estoy sangrando, se nos acaba el aire y ahora busca juguetes de gato! �chill� exasperada.</p><p>�Creo que esto es exactamente lo que he dicho �replic� Tuf. Sac� un pu�ado de peque�os objetos que hab�a bajo la consola y luego un segundo pu�ado. Tras meter el brazo con todo lo que pudo y examinar sistem�ticamente el espacio de esa rendija recogi� sus hallazgos, se puso en pie y, tras quitarse el polvo, empez� a limpiar lo que hab�a encontrado.</p><p>�Interesante �dijo.</p><p>��Qu�? �le pregunt� ella.</p><p>�Esto le pertenece �le dijo a Celise Waan, extendi�ndole otro anillo y dos l�pices luminosos�.</p><p>Esto es m�o �dijo, poniendo a un lado otros dos l�pices, tres cruceros rojos, un acorazado amarillo y una fortaleza estelar plateada�.</p><p>Y esto creo que es suyo �dijo, ofreci�ndole a Jefri Lion un cristal que tendr�a el tama�o de la u�a del pulgar.</p><p>Lion estuvo a punto de dar un salto.</p><p>��El c�digo!</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf.</p><empty-line/><p>Despu�s de que Tuf enviara por l�ser la petici�n de atraque hubo un instante de tensi�n que pareci� durar eternamente. En el centro de la gran c�pula negra apareci� una rendija y luego otra, perpendicular a la primera. Despu�s hubo una tercera, una cuarta y finalmente una multitud de ellas. La c�pula se hab�a partido en un centenar de angostas cu�as que recordaban las porciones de un pastel y que acabaron desapareciendo en el casco del Arca.</p><p>Jefri Lion dej� escapar el aliento que hab�a contenido. �Funciona �dijo, y en su voz hab�a tanto asombro como gratitud.</p><p>�Llegu� a esa misma conclusi�n ya hace cierto tiempo �dijo Tuf�, cuando logramos penetrar sin problemas en la esfera defensiva y no recibimos ning�n disparo. Esto no es m�s que una confirmaci�n.</p><p>Estuvieron observando lo que ocurr�a en la pantalla y vieron c�mo bajo la c�pula aparec�a una cubierta de aterrizaje, tan grande como muchos campos de atraque de planetas de poca importancia. En la cubierta hab�a una serie de marcas circulares indicando lugares prefijados para posarse y varias de ellas estaban ocupadas. Mientras esperaban, vieron encenderse un anillo blanco azulado en una de las que estaban vac�as.</p><p>�Muy lejos de m� la idea de indicarles la conducta a seguir �dijo Haviland Tuf, con los ojos en los instrumentos y moviendo las manos con gestos tan cuidadosos como met�dicos�. Sin embargo, me permito aconsejar que se instalen en los asientos y se pongan los cinturones. Estoy extendiendo los soportes de aterrizaje y programando la nave para posarnos en la marca indicada, pero no estoy seguro del da�o que hayan podido sufrir los soportes. De hecho, no estoy muy seguro de si a�n tenemos los tres soportes originales de la nave. Por lo tanto, recomiendo precauci�n.</p><p>La cubierta de aterrizaje se extend�a bajo ellos como un oc�ano negro y la nave empez� a hundirse lentamente en sus abismos. El anillo iluminado se fue haciendo m�s y m�s grande en una de las pantallas, en tanto que en la otra se ve�a la p�lida luz azul de los motores gravitatorios de la Cornucopia iluminando fugazmente lejanos muros met�licos y las siluetas de otras naves. En una tercera pantalla vieron c�mo la c�pula se estaba cerrando de nuevo. Doce afilados dientes met�licos se confundieron en una sola superficie, como si hubieran sido engullidos por un gigantesco animal del espacio.</p><p>El impacto fue sorprendente mente suave y, de pronto, con un zumbido, un siseo casi inaudible y una lev�sima sacudida, se encontraron posados en el �rea indicada. Haviland Tuf desconect� los motores y estudi� durante unos segundos el instrumental y lo que se ve�a en las pantallas. Luego se volvi� hacia sus dos pasajeros.</p><p>�Hemos atracado �anunci�, y ha llegado el momento de hacer planes.</p><p>Celise Waan estaba muy ocupada liber�ndose del cintur�n de seguridad.</p><p>�Quiero salir de aqu� �dijo�, quiero encontrar a Nevis ya esa ramera de Rica y quiero darles lo que se merecen. Al menos, lo que yo pienso que�</p><p>�Parte de lo que usted piensa, me temo, bien podr�a considerarse una tonter�a �dijo Haviland Tuf�, y opino que dicho curso de acci�n ser�a extremadamente poco inteligente. Nuestros antiguos colegas ahora deben ser considerados nuestros rivales. Dado que nos abandonaron para que muri�ramos, no dudo de que sentir�n un gran disgusto al descubrirnos a�n con vida. y muy bien podr�an tomar medidas para rectificar tal contradicci�n l�gica.</p><p>�Tuf tiene raz�n �dijo Jefri Lion mientras iba de una pantalla a otra, contempl�ndolas todas con id�ntica fascinaci�n. La vieja sembradora parec�a haberle devuelto los �nimos al igual que la imaginaci�n y ahora todo �l irradiaba energ�a�. Somos nosotros contra ellos, Celise. Esto es la guerra. Si pueden nos matar�n, no te quepa la menor duda. Debemos ser tan implacables como ellos y ha llegado el momento de utilizar t�cticas inteligentes.</p><p>�Me inclino ante su experiencia marcial �dijo Tuf�. �Qu� estrategia sugiere?</p><p>Jefri Lion se tir� de la barba. �Bien, �dijo�, bien, dejad me pensar. �Cu�l es la situaci�n aqu�? Tienen al cibertec y Anittas es, en s� mismo, ya medio ordenador. Una vez entre en contacto con los sistemas de la nave deber�a ser capaz de averiguar qu� partes del Arca siguen en condiciones de funcionar y es muy posible que sea igualmente capaz de ejercer cierto control sobre ellas. Eso podr�a ser peligroso. Puede que ahora mismo lo est� intentando. Sabemos que llegaron aqu� antes que nosotros y puede que conozcan nuestra presencia a bordo, o puede que no. �Quiz� tengamos de nuestro lado la ventaja de la sorpresa!</p><p>�Ellos tienen la ventaja de todo el armamento �dijo Haviland Tuf.</p><p>��Eso no es problema! �dijo Jefri Lion, frot�ndose las manos con entusiasmo�. Despu�s de todo, esta sembradora es una nave de guerra. Ciertamente, el CIE estaba especializado en la guerra biol�gica pero, siendo una nave militar, estoy seguro de que la tripulaci�n deb�a poseer armas port�tiles, fusiles, todo ese tipo de cosas. Debe existir una armer�a en alg�n lugar y lo �nico que debemos hacer es encontrarla.</p><p>�Sin duda �dijo Haviland Tuf. Lion parec�a ahora absolutamente entusiasmado con su perorata.</p><p>�Nuestra gran ventaja� bueno, no querr�a pecar de inmodestia, pero nuestra gran ventaja es que yo est� aqu�. Aparte de lo que Anittas pueda descubrir en los ordenadores tendr�n que ir tanteando a ciegas, pero yo he estudiado las naves del viejo Imperio Federal. Lo s� todo sobre ellas �frunci� el ce�o�. Bueno, al menos todo lo que no se ha perdido o estaba clasificado como alto secreto, pero tengo una cierta idea sobre la disposici�n general de estas sembradoras. Primero necesitamos encontrar el arsenal, que no deber�a estar demasiado lejos de aqu�. El procesamiento seguido habitualmente consist�a en almacenar el armamento cerca de la cubierta de atraque para que estuviera f�cilmente a disposici�n de los grupos que sal�an de la nave en misiones especiales. Despu�s de que nos hayamos armado deber�amos buscar� hmmmm, dejad que piense� Bueno, s�, deber�amos buscar la biblioteca celular; eso es crucial. Las sembradoras pose�an enormes bibliotecas celulares, copias cl�nicas de material procedente de miles de mundos, conservadas en un campo de �xtasis. �Debemos averiguar si las c�lulas siguen estando en condiciones de reproducirse! Si el campo se ha estropeado y las muestras celulares se han echado a perder, todo lo que habremos conseguido ser� una nave enorme, pero si los sistemas se encuentran todav�a en condiciones de operar, �entonces el Arca realmente no tiene precio!</p><p>�Aunque no dejo de apreciar lo importante que es la biblioteca celular �dijo Tuf�, pienso que quiz� resulte de prioridad m�s inmediata el localizar el puente. Si nos guiamos por la quiz�s arriesgada pero indudablemente atractiva hip�tesis de que ning�n miembro de la tripulaci�n original del Arca sigue vivo, transcurridos ya mil a�os, entonces nos encontramos solos en esta nave, con nuestros amigos por �nica compa��a.</p><p>Quien consiga controlar primero las funciones de la nave gozar� de una ventaja formidable.</p><p>��Buena idea, Tuf! �exclam� Lion�. Bueno, pong�monos en marcha.</p><p>�De acuerdo �dijo Celise Waan�. Quiero salir cuanto antes de esta trampa para gatos.</p><p>Haviland Tuf levant� un dedo. �Un momento, por favor. Hay un problema a considerar. Somos tres y s�lo poseemos un traje presurizado.</p><p>�Estamos dentro de una nave �dijo Celise Waan con voz francamente sarc�stica�. �Para qu� necesitamos trajes?</p><p>�Quiz� para nada �admiti� Tuf�. Es cierto que el campo de aterrizaje parece funcionar como una enorme escotilla y mis instrumentos indican que ahora nos encontramos rodeados por una atm�sfera de ox�geno y nitr�geno, totalmente respirable, que fue bombeada al interior una vez se hubo completado el proceso de cerrar la c�pula.</p><p>�Entonces, Tuf, �d�nde est� el problema? �Sin duda me estoy excediendo en la cautela �dijo Haviland Tuf�, pero debo confesar que siento cierta inquietud. El Arca, a pesar de hallarse abandonada ya la deriva, sigue indudablemente cumpliendo ciertas funciones y de ello dan prueba las plagas que regularmente asolan H�Ro Brana al igual que la eficiencia con la que supo defenderse al aproximamos. Todav�a no tenemos ninguna idea de por qu� fue abandonada y tampoco sabemos qu� le sucedi� a la tripulaci�n, pero me parece claro que su intenci�n era hacer que el Arca siguiera con vida. Quiz� la esfera defensiva exterior no fuera sino la primera de una serie de l�neas defensivas automatizadas.</p><p>�Una idea de lo m�s intrigante �dijo Jefri Lion�. �Trampas?</p><p>�De tipos bastante especiales. La atm�sfera que nos aguarda ah� fuera puede estar literalmente repleta de plagas desconocidas o de epidemias propagables por contagio biogen�tico. �Podemos atrevemos a correr ese riesgo? Me sentir�a mucho mejor dentro de un traje presurizado aunque cada uno de nosotros es libre de tomar su propia decisi�n.</p><p>Celise Waan parec�a inquieta. �El traje deber�a llevarlo yo �dijo�. S�lo tenemos uno y creo que se me debe esa consideraci�n despu�s de la brutalidad y escasa educaci�n con que se me ha tratado.</p><p>�Se�ora, no es necesario que nos metamos de nuevo en esa discusi�n �dijo Tuf�. Nos encontramos en una cubierta de aterrizaje ya nuestro alrededor veo otras nueve espacionaves de dise�os variados. Una de ellas es un caza Hruun, otra un mercante Rian�s y veo dos cuyo dise�o no me resulta nada familiar. y cinco son claramente alg�n tipo de lanzaderas, ya que son todas iguales. Su tama�o es superior al de mi pobre nave aqu� presente y sin duda son parte del equipo original del Arca. Dada mi experiencia pasada doy por sentado que estas lanzaderas poseer�n trajes presurizados y por lo tanto tengo la intenci�n de utilizar el �nico traje que nos queda y registrar esas naves que tenemos tan cerca, hasta haber encontrado trajes para los otros dos.</p><p>�No me gusta �replic� secamente Celise Waan�. Tuf sale fuera en tanto que nosotros seguimos aqu� dentro, atrapados.</p><p>�La vida est� repleta de vicisitudes similares �dijo Tuf�, y en un instante u otro, todos debemos aceptar algo que no nos gusta.</p><empty-line/><p>Tuvieron ciertos problemas con la escotilla. Se trataba de una peque�a compuerta de emergencia y ten�a controles manuales. El hacer funcionar la puerta exterior, atravesarla y dejarla luego cerrada fue f�cil, pero la puerta interior era un asunto totalmente distinto y no tan sencillo de resolver.</p><p>Apenas la puerta exterior qued� cerrada la gran rec�mara se llen� nuevamente de aire, pero la puerta interior parec�a atascada. Rica Danwstar lo intent� en primer lugar pero la gran rueda met�lica se neg� a girar y la palanca no ced�a.</p><p>��FUERA DE MI CAMINO! �dijo Kaj Nevis, con su voz convertida en un ronco graznido por los circuitos comunicadores del traje de combate Unqi, y elevada a un nivel casi insoportable por los altavoces externos del mismo. Avanz� pesadamente hacia la puerta con sus enormes pies en forma de disco resonando en el metal de la cubierta y los grandes brazos superiores del traje de combate aferraron la rueda para hacerla girar. La rueda se resisti� durante un momento y luego empez� a torcerse con un chirrido para acabar solt�ndose de la puerta.</p><empty-line/><p>�Buen trabajo �dijo Rica y se ri�. Kaj Nevis gru�� algo que result� ininteligible, pero que reson� como un trueno en la gran estancia. Agarr� la palanca e intent� moverla pero lo �nico que consigui� fue partirla.</p><p>Anittas se acerc� a los resistentes mecanismos de la puerta.</p><p>�Hay unos botones de c�digo �dijo se�alando hacia ellos�. Si conoci�ramos la secuencia del c�digo adecuado sin duda nos dejar�a entrar autom�ticamente. Tambi�n hay una conexi�n para ordenador. Si puedo conectar con �l, quiz� logre extraer el c�digo correcto del sistema.</p><p>��ENTONCES A QU� ESPERAS? �le pregunt� Kaj Nevis en tanto que el visor de su casco ard�a con un l�gubre resplandor rojizo.</p><p>Anittas alz� los brazos y extendi� las manos en un adem�n de impotencia. Con las partes m�s obviamente org�nicas de su cuerpo cubiertas por el tejido azul y plata de su traje presurizado y sus ojos plateados visibles al otro lado del pl�stico parec�a m�s que nunca un robot. Kaj Nevis, domin�ndole con su gran talla, parec�a un robot mucho m�s enorme.</p><p>�Este traje no ha sido dise�ado correctamente �dijo Anittas�. No puedo conectar con el ordenador si no me lo quito.</p><p>��ENTONCES, HAZLO! �dijo Nevis. ��Ser� seguro hacerlo? �pregunt� Anittas�. No estoy totalmente�</p><p>�Aqu� dentro hay aire �dijo Rica Danwstar, indicando con un gesto los controles de la pared.</p><p>�Ninguno de los dos os hab�is quitado el traje �replic� Anittas�. Si cometo un error y abro la puerta exterior, en vez de la interior, puedo morir antes de que me sea posible cerrar otra vez.</p><p>��PUES NO COMETAS NING�N ERROR! �retumb� la voz de Kaj Nevis.</p><p>Anittas se cruz� de brazos. �Puede que el aire no sea seguro, Kaj Nevis. Esta nave lleva mil a�os a la deriva, abandonada. Incluso el sistema m�s sofisticado puede fallar en todo o en parte con el paso del tiempo. No estoy dispuesto a poner en peligro mi persona.</p><p>��AH!, �NO? �tron� Kaj Nevis. Se oy� un chirrido y uno de los brazos inferiores se alz� lentamente. La pinza met�lica se abri�, cogiendo al cibertec por la cintura y apret�ndole contra la pared m�s cercana. Anittas s�lo logr� lanzar un chillido de protesta antes de que uno de los brazos superiores del traje Unqi se acercara a �l. Una mano colosal recubierta de metal negro aferr� el cierre de su traje y dio un tir�n. El casco y toda la parte superior de su traje cedieron con un crujido, Anittas estuvo a punto de perder la cabeza junto con la mitad de su traje�. �DEBO CONFESAR QUE ME GUSTA ESTE TRAJE! �proclam� Kaj Nevis y le dio una leve sacudida al cibertec con la pinza. Otra parte del traje se rompi� y por debajo de la tela metal izada empez� a brotar la sangre�. �ESTAS RESPIRANDO!, �NO?</p><p>De hecho Anittas estaba pr�cticamente hiperventil�ndose. Logr� mover la cabeza, asintiendo.</p><p>El traje de combate le derrib� al suelo de un empuj�n. ��ENTONCES!, �AL TRABAJO! �le dijo Nevis.</p><p>�En ese instante fue cuando Rica Danwstar empez� a ponerse nerviosa. Retrocedi� unos pasos con disimulo y se apoy� en la puerta exterior, alej�ndose de Kaj Nevis todo lo posible y, mientras Anittas se quitaba los guantes y los restos de su traje hecho pedazos, intent� analizar la situaci�n. Anittas desliz� su mano derecha, la met�lica, dentro de la conexi�n del ordenador. Rica hab�a colocado la funda de su arma sobre el traje por lo que el aguij�n le resultaba accesible pero de repente su presencia no le result� tranquilizadora como de costumbre. Examin� el grueso metal de la armadura Unqi y se pregunt� si no habr�a cometido una idiotez al escoger su aliado. Estaba claro que una tercera parte del bot�n era algo mucho m�s ventajoso que la peque�a tarifa de Jefri Lion pero� �y si Nevis hab�a decidido que el reparto no iba a ser entre tres?</p><p>Oyeron un ruido repentino y agudo y la puerta interior empez� a deslizarse a un lado. Detr�s de ella hab�a un pasillo no muy ancho que se perd�a en la oscuridad. Kaj Nevis avanz� hasta el umbral y examin� el pasillo en tanto que su visor lanzaba reflejos escarlata sobre las paredes. Luego se volvi� lentamente hacia ellos.</p><p>��T�, MERCENARIA! �le dijo a Rica Danwstar�. VE A EXPLORAR.</p><p>Rica tom� una r�pida decisi�n. �Vale, vale, jefe �contest�. Sac� su arma y avanz� r�pidamente hacia la puerta, cruz�ndola y meti�ndose en el corredor, sigui�ndolo durante unos diez metros hasta llegar a una encrucijada. Una vez all� se detuvo y se volvi� a mirar. Nevis, con su enorme coraza met�lica, llenaba pr�cticamente todo el hueco de la puerta. Anittas permanec�a inm�vil a su lado. El cibertec, normalmente tan callado, tranquilo y eficiente, temblaba un poco�, No os mov�is de ah� �les grit� Rica�. �No parece seguro! �Luego se volvi�, escogi� una direcci�n al azar y ech� a correr como si la persiguiera el diablo.</p><empty-line/><p>Haviland Tuf tard� mucho m�s de lo que hab�a previsto en localizar los trajes. La nave m�s pr�xima era el caza Hruun, una m�quina de color verde literalmente repleta de armamento que parec�a perfectamente cerrada desde dentro y aunque Tuf la rode� varias veces, estudiando los instrumentos que le parecieron tener como funci�n la de permitir la entrada a la nave, no logr� obtener el resultado que deseaba por mucho que los manipul�. Finalmente tuvo que ceder en sus intentos y sigui� hacia otra nave.</p><p>La segunda nave, que era una de las desconocidas, result� estar totalmente abierta y Tuf la recorri� con cierta fascinaci�n intelectual. Su interior era un laberinto de angostos pasillos cuyos muros eran tan irregulares y rugosos como los de una caverna, pero que resultaban blandos al tacto. El instrumental resultaba imposible de entender. Una vez encontr� los trajes presurizados, �stos le parecieron en condiciones de funcionar, pero totalmente in�tiles para cualquier ser cuya estructura superase el metro y fuera de simetr�a bilateral.</p><p>La tercera, el mercante Rian�s, hab�a sido pr�cticamente desguazado y Tuf no logr� encontrar nada �til.</p><p>Finalmente no le qued� m�s remedio que dirigirse hacia una de las cinco lanzaderas que estaban algo m�s lejos, alineadas en sus soportes de lanzamiento. Eran grandes, m�s que su nave, y sus cascos de color negro estaban llenos de desperfectos, pero, a pesar de ello y de las extra�as alas que ten�an en la cola, estaba claro que hab�an sido construidas por seres humanos y parec�an hallarse en buen estado. Tuf logr� finalmente entrar en una de ellas: en un soporte hab�a una placa met�lica con la silueta de alg�n animal legendario grabada en ella y debajo una leyenda proclamando que el nombre de la nave era El Grifo. Los trajes se encontraban donde �l hab�a esperado encontrarlos y su estado era notablemente bueno teniendo en cuenta que ten�an como m�nimo mil a�os de edad. Eran bastante abigarrados y su color dorado y en el pecho de cada traje hab�a una letra theta de oro. Tuf escogi� dos trajes y cruz� nuevamente con ellos la llanura sumida en penumbra de la zona de aterrizaje, dirigi�ndose hacia la bola met�lica, ennegrecida y m�s bien maltrecha, que se alzaba sobre sus tres soportes de aterrizaje.</p><p>Cuando lleg� a la base de la rampa que ascend�a hasta la escotilla principal de su nave, estuvo a punto de tropezar con Champi��n.</p><p>El gato estaba sentado en el suelo y al ver a Tuf se acerc� a �l, emitiendo un maullido quejumbroso y frot�ndose contra su bota.</p><p>Haviland Tuf se qued� inm�vil por un instante y contempl� a su gato. Luego se inclin� con cierta dificultad, lo cogi� en brazos y lo estuvo acariciando durante uno o dos minutos. Cuando subi� por la rampa hasta la escotilla, Champi��n fue detr�s de �l y Tuf se vio obligado a impedirle la entrada. Tuf pas� por las compuertas llevando un traje en cada mano.</p><p>�Ya era hora �dijo Celise Waan al entrar Tuf. �Yate dije que Tuf no nos hab�a abandonado �a�adi� Jefri Lion.</p><p>Haviland Tuf dej� caer los trajes presurizados al suelo donde se quedaron formando un confuso mont�n de tela verde y oro.</p><p>�Champi��n est� fuera �dijo Tuf con voz totalmente desprovista de inflexiones.</p><p>�Bueno, pues s� �dijo Celise Waan�, lo est�. �Cogi� uno de los trajes y empez� a pon�rselo. Le ven�a algo estrecho por la cintura, ya que al parecer los miembros del Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica no hab�an sido tan abundantes en carnes como ella�. �No hab�a una talla m�s grande? �dijo con voz quejosa�. �Est� seguro de que todav�a funcionan?</p><p>�Parecen s�lidos �dijo Tuf�. Ser� necesario introducir en los tanques de aire las bacterias vivientes que a�n quedan en los cultivos de la nave. �C�mo pudo salir champi��n?</p><p>Jefri Lion carraspe� con expresi�n algo preocupada. �Esto� s� �dijo�. Celise ten�a miedo de que no fueras a volver, Tuf. Llevabas tanto tiempo fuera� Pens� que nos hab�as dejado abandonados aqu�.</p><p>�Una sospecha francamente baja e infundada �dijo Tuf.</p><p>�Ya, claro� �dijo Lion, apartando la mirada y tendiendo la mano hacia el otro traje.</p><p>Celise Wala se puso una bota y cerr� los sellos de protecci�n.</p><p>�Todo es culpa tuya �le dijo a Tuf�. Si no hubieras tardado tanto tiempo en volver, no me habr�a puesto nerviosa.</p><p>�Cierto �dijo Tuf�. �Y puedo arriesgarme a preguntar qu� relaci�n hay entre su nerviosismo y la situaci�n de Champi��n?</p><p>�Bien, pues pensaba que no ibas a volver y deb�amos salir de aqu� �dijo la antrop�loga, sellando su segunda bota�. Pero con tanto hablar de plagas me hab�as puesto muy nerviosa y por eso met� al gato en la escotilla y la abr�. Intent� coger a ese condenado animal blanco y negro pero no par� de correr y adem�s me solt� un bufido. Ese otro en cambio se dej� coger. Lo dej� ah� fuera y hemos estado observ�ndolo por las pantallas. Imagin� que as� podr�amos ver si se pon�a enfermo o no. Si no hab�a ning�n tipo de s�ntomas� bueno, entonces probablemente pod�amos correr el riesgo de salir ah� fuera.</p><p>�Me parece comprender el principio te�rico �dijo Haviland Tuf.</p><p>Desorden entr� dando brincos en la estancia, jugando con algo. Vio a Tuf y se dirigi� hacia �l, balance�ndose como si fuera un cachorro.</p><p>�Jefri Lion, por favor �dijo Tuf�, coja a Desorden y ll�vela a los camarotes y d�jela confinada all�.</p><p>�Yo� s�, claro �dijo Lion y cogi� a Desorden, que en ese instante jugueteaba a su lado�. �Por qu�?</p><p>�De ahora en adelante prefiero tener a Desorden a salvo y bien lejos de Celise Waan �dijo Tuf.</p><p>Celise Waan, con el casco bajo el brazo, lanz� un resoplido despectivo.</p><p>�Oh, tonter�as. Ese animal de color gris se encuentra perfectamente.</p><p>�Perm�tame mencionar un concepto con el cual quiz� no se halle convenientemente familiarizada �dijo Haviland Tuf�. Se lo suele denominar periodo de incubaci�n.</p><empty-line/><p>��Matar� a esa perra! �dijo Kaj Nevis en tono amenazador mientras �l y Anittas se abr�an paso por una gran habitaci�n en tinieblas�. �Maldita sea! ya no se puede conseguir una mercenaria medianamente decente� �La enorme cabeza del traje de combate se volvi� hacia el cibertec con el visor brillando levemente�. �Date prisa!</p><p>�No puedo dar zancadas tan largas como t� con ese traje �dijo Anittas apresurando el paso. Le dol�an los costados por el esfuerzo de mantener el ritmo de Nevis. Su mitad cibern�tica era tan fuerte como el metal con el que estaba hecha y tan r�pida como sus circuitos electr�nicos, pero su mitad biol�gica no era sino pobre carne cansada y herida. De los cortes que le hab�an causado Nevis en la cintura todav�a manaba un poco de sangre. Adem�s, ten�a mucho calor y se encontraba algo mareado�. Ya no est� muy lejos �dijo�. Por este pasillo y luego a la izquierda, la tercera puerta. Es una subestaci�n de relativa importancia, lo not� a! conectarme. All� podr� unirme a! sistema principal. �y descansar�, pens�. Se encontraba incre�blemente cansado y su mitad biol�gica palpitaba dolorosamente.</p><p>��QUIERO LAS MALDITAS LUCES ENCENDIDAS! �orden� Nevis�. y LUEGO QUIERO QUE LA ENCUENTRES, �ME HAS ENTENDIDO?</p><p>Anittas asinti� y trat� de caminar un poco m�s r�pido. Ya hac�a rato que dos puntos de luz roja ard�an en sus mejillas sin que sus ojos met�licos pudieran percibirlos. Sinti� que su visi�n se nublaba y oy� un fuerte zumbido en los o�dos. Anittas se detuvo.</p><p>��QU� SUCEDE AHORA? �le pregunt� Nevis.</p><p>�Estoy experimentando ciertas p�rdidas funcionales �dijo Anittas�. Debo llegar hasta la sala del ordenador y comprobar mis sistemas. �Se dispuso a reemprender la marcha y vacil�. Entonces su sentido del equilibrio le traicion� por completo y se sinti� caer.</p><empty-line/><p>Rica Danwstar estaba segura de haberles despistado. Kaj Nevis resultaba muy impresionante con su gigantesco traje met�lico, sin duda, pero no resultaba precisamente silencioso al moverse. Rica ten�a una visi�n tan buena como los gatos de Tuf, lo cual resultaba otra ventaja en su profesi�n. Donde pod�a ver, corr�a, y en aquellos lugares que estaba totalmente a oscuras, tanteaba las paredes tan r�pida y silenciosamente como pod�a. Esta parte del Arca era un laberinto de pasillos y compartimientos. Rica se fue abriendo paso a trav�s de �l, girando y desvi�ndose, volviendo a veces sobre sus pasos y escuchando siempre cautelosamente el estruendo met�lico producido por los pasos de Nevis, que fue haci�ndose m�s y m�s d�bil hasta terminar por desvanecerse.</p><p>S�lo entonces, una vez supo que se encontraba a salvo, empez� a explorar el lugar en el cual se hallaba. En los muros hab�a placas luminosas. Algunas respondieron a su contacto, pero otras no. Siempre que le result� posible fue encendi�ndolas. La primera secci�n que atraves� hab�a sido claramente destinada para alojamientos. Consist�a en peque�as habitaciones dispuestas a lo largo de pasillos no muy amplios y en cada una de ellas hab�a una cama, un escritorio, una consola de ordenador y una pantalla. Algunas habitaciones estaban vac�as y muy limpias pero en otras encontr� camas por hacer y ropas esparcidas por el suelo, pero incluso �sas parec�an bastante limpias.</p><p>O los ocupantes se hab�an marchado la noche anterior o el Arca hab�a mantenido toda esta parte de la nave cerrada, inaccesible y en perfecto estado, hasta que su presencia la hab�a activado de alg�n modo desconocido.</p><p>La secci�n siguiente no hab�a sido tan afortunada. Aqu� las habitaciones estaban llenas de polvo y escombros. En una de ellas encontr� un esqueleto de mujer, acostado todav�a en un lecho que hac�a siglos se hab�a convertido en una desnuda armaz�n met�lica. Rica pens� que un poco de aire pod�a provocar grandes diferencias.</p><p>Los pasillos acababan desembocando en otros pasillos bastante m�s amplios. Rica examin� brevemente las salas de almacenaje, algunas llenas de equipo y otras en las que s�lo hab�a cajas vac�as. Vio tambi�n laboratorios de un blanco impoluto, en una sucesi�n aparentemente interminable, a ambos lados de un pasillo tan grande como los bulevares de Shandicity. El pasillo acab� conduci�ndola a un cruce con otro a�n mayor. Rica vacil� durante unos segundos y sac� su arma. Por aqu� se debe llegar a la sala de control, pens�. Al menos, se debe llegar a alg�n sitio importante. Una vez en el pasillo de mayor anchura vio algo en un rinc�n, unas siluetas borrosas que estaban medio ocultas en peque�as hornacinas de la pared. Rica avanz� hacia ellas cautelosamente.</p><p>Cuando estuvo m�s cerca se ri� y guard� el arma. Las siluetas eran solamente una hilera de veh�culos no muy grandes, cada uno de los cuales ten�a dos asientos y tres grandes ruedas tipo bal�n. Las hornacinas de los muros parec�an ser los lugares donde se efectuaba la recarga.</p><p>Rica sac� uno de los veh�culos y se instal� de un �gil salto en el asiento, conectando el interruptor. Por los indicadores parec�a que el veh�culo estaba cargado al m�ximo; incluso ten�a un faro y �ste resultaba una bendici�n capaz de hacer retroceder las tinieblas delante de ella. Sonriendo, Rica enfil� el gran corredor. No iba muy de prisa, desde luego, pero� �qu� diablos!, al menos, iba por fin a un sitio concreto.</p><empty-line/><p>Jefri Lion les condujo hasta el arsenal y all� Haviland Tuf mat� a Champi��n. Lion bland�a una linterna y su haz luminoso iba de un lado a otro por las paredes, revelando los montones de fusiles l�ser, lanzagranadas, pistolas ultras�nicas y granadas de luz, mientras Lion lanzaba exclamaciones de nerviosismo y emoci�n a cada nuevo descubrimiento. Celise Waan se estaba quejando de que no se encontraba familiarizada con las armas y que no se cre�a capaz de matar a nadie. Despu�s de todo, era una cient�fica y no un soldado y todo esto le parec�a francamente digno de b�rbaros.</p><p>Haviland Tuf sosten�a a Champi��n en su brazos. Cuando Tuf sali� nuevamente de la Cornucopia y le cogi�, el enorme gato hab�a ronroneado estruendosamente pero ahora estaba muy callado, s�lo de vez en cuando emit�a un ruidito lamentable, mezcla de maullido y jadeo ahogado. Cuando Tuf intent� acariciarlo se le quedaron entre los dedos mechones del suave pelaje gris�ceo. Champi��n lanz� un gemido. Tuf vio que algo le estaba creciendo dentro de la boca. Era una telara�a formada por finos cabellos negros que brotaban de una masa oscura y aspecto de hongo. Champi��n lanz� un nuevo gemido, esta vez m�s fuerte, y se debati� entre los brazos de Tuf, ara�ando in�tilmente con sus garras la tela metalizada del traje. Sus grandes ojos amarillos estaban velados por una pel�cula acuosa.</p><p>Los otros dos no se hab�an dado cuenta, ten�an la cabeza muy ocupada con asuntos mucho m�s importantes que el gato junto al que Tul hab�a viajado durante toda su vida. Jefri Lion y Celise Waan estaban discutiendo. Tuf apret� el cuerpo de Champi��n, inmoviliz�ndolo pese a sus esfuerzos por liberarse. Le acarici� por �ltima vez y le habl� con voz suave y tranquila� Luego, con un gesto r�pido y seguro, le rompi� el cuello.</p><p>�Nevis ya ha intentado matarnos �estaba dici�ndole Jefri Lion a Celise Waan�. No me importa lo mucho que pienses quejarte, pero debes cumplir con la parte de trabajo que te corresponde. No puedes esperar que Tuf y yo llevemos todo el peso de nuestra defensa. �Tras el espeso pl�stico de su visor, Lion la mir�, frunciendo el ce�o�. Ojal� supiera algo m�s sobre ese traje de combate que lleva Nevis �dijo Lion�. Tuf, �un l�ser puede penetrar esa armadura Unqi? �O resultar�a m�s efectivo alg�n tipo de proyectil explosivo? Yo dir�a que un l�ser� �Tuf? �Se dio la vuelta y con el movimiento, el haz luminoso de la linterna hizo oscilar violentamente miles de sombras en las paredes�. �D�nde est�s, Tuf?</p><p>Pero Haviland Tuf se hab�a ido.</p><p>La puerta que daba a la sala del ordenador se negaba a ceder. Kaj Nevis le dio una patada y el metal se aboll� por el centro mientras que la parte superior quedaba separada del marco. Nevis la pate� una y otra vez, estrellando su enorme pie acorazado con una fuerza incre�ble contra el metal de la puerta que, comparativamente, era m�s delgada. Luego�;� apart� a un lado los destrozados fragmentos de la puerta y entr� en la sala, llevando el cuerpo de Anittas en sus brazos inferiores.</p><p>��ME GUSTA ESTE MALDITO TRAJE! �dijo. Anittas lanz� un gemido.</p><p>La subestaci�n vibraba con un leve zumbido subs�nico, como un siseo de inquietud animal. Luces de colores se encend�an y apagaban en los controles como enjambres de luci�rnagas.</p><p>�En el circuito �dijo Anittas, moviendo d�bilmente la mano, en lo que tanto pod�a ser una se�al como un espasmo�. Ll�vame al circuito �repiti�. Las partes de su cuerpo que segu�an siendo org�nicas ten�an un aspecto horrible. Su piel estaba cubierta por un sudor negruzco y de cada poro rezumaban gotitas de l�quido negro como el �bano. De la nariz le chorreaba un continuo flujo de mucosidad y su �nico o�do org�nico sangraba abundantemente. No pod�a mantenerse en pie ni caminar y tambi�n parec�a estar perdiendo la capacidad de hablar. El apagado resplandor rojo del casco te��a su piel con una tonalidad carmes� que empeoraba todav�a m�s su aspecto general�. De prisa �le dijo a Nevis�. El circuito, por favor, ll�vame hasta el circuito�</p><p>��CALLA O TE DEJAR� CAER AHORA MISMO! �le respondi� Nevis. Anittas se estremeci� como si la voz amplificada del traje fuera una agresi�n f�sica. Nevis examin� la sala hasta encontrar la consola de conexi�n y fue hasta ella dejando al cibertec en una silla de pl�stico blanco que parec�a fundirse con la consola y el suelo met�lico. Anittas grit� �C�LLATE! �repiti� Nevis. Cogi� torpemente el brazo del cibertec, casi arranc�ndoselo del hombro. Resultaba bastante dif�cil calibrar adecuadamente su fuerza dentro del maldito traje y manipular objetos peque�os era a�n m�s dif�cil, pero no pensaba quit�rselo. Le gustaba el traje, s�, le gustaba mucho. Anittas grit� de nuevo pero Nevis no le hizo caso. Finalmente logr� hacer que los dedos met�licos del cibertec quedaran extendidos y los meti� dentro del circuito�. �yA EST�! �dijo, retrocediendo un par de pasos.</p><empty-line/><p>Anittas se derrumb� hacia adelante y su cabeza se estrell� contra la consola de metal y pl�stico. Ten�a la boca abierta en �un rictus de agon�a y por ella empez� a brotar sangre mezclada con un fluido muy espeso que se parec�a bastante al aceite. Nevis le contempl� con el ce�o fruncido. �Habr�a llegado demasiado tarde a la sala del ordenador? �Se habr�a muerto ya el maldito cibertec, dej�ndole abandonado cuando m�s falta le hac�a?</p><p>Entonces las luces empezaron a encenderse por hileras y el zumbido se hizo a�n m�s fuerte. Luego las luces empezaron a encenderse y apagarse cada vez m�s de prisa. Anittas estaba dentro del circuito.</p><p>Rica Danwstar avanzaba por el gran pasillo y, pese a las circunstancias, en esos instantes estaba casi alegre. De pronto la oscuridad que hab�a ante ella se convirti� en luz. Los paneles del techo fueron saliendo uno por uno de su largo sue�o y, a lo largo de kil�metros y kil�metros de nave, el negro de la noche cedi� ante un d�a tan brillante que durante un instante tuvo que cerrar los ojos.</p><p>Fren� el veh�culo, sorprendida, y observ� c�mo la ola de luz se prolongaba a lo lejos. Se volvi� hacia atr�s y vio que el pasillo de donde hab�a venido segu�a sumido en las tinieblas.</p><p>Entonces se dio cuenta de algo que, antes, en la oscuridad, no hab�a resultado tan obvio. En el suelo hab�a seis delgadas l�neas paralelas. Estaban hechas de pl�stico trasl�cido y sus colores eran rojo, azul, amarillo, verde, plateado y p�rpura. Sin duda, cada l�nea deber�a llevar a un sitio distinto. El �nico problema era que ignoraba ad�nde.</p><p>Pero mientras observaba las l�neas, la de color plateado empez� a brillar como iluminada desde dentro hasta que ante su veh�culo palpit� una delgada cinta de luminosidad plateada. Al mismo tiempo el panel que ten�a sobre su cabeza se oscureci�. Rica frunci� el ce�o y, poniendo en marcha el veh�culo, avanz� un par de metros, abandonando las sombras y volviendo a la luz. Pero cuando se detuvo el panel se apag� igual que el anterior. La cinta plateada del suelo segu�a palpitando r�tmicamente.</p><p>�De acuerdo �dijo Rica�, lo haremos a tu modo.</p><p>Puso nuevamente en marcha el veh�culo y avanz� por el corredor, dejando tras de ella otra vez la oscuridad.</p><empty-line/><p>��Viene! �chill� Celise Waan al iluminarse el pasillo, dando casi un salto en el aire.</p><p>Jefri Lion se qued� inm�vil con el ce�o fruncido. En las manos sosten�a un rifle l�ser y en la cintura llevaba un lanzador de dardos explosivos y una pistola ultras�nica. Atado a la espalda en un arn�s, ten�a un enorme ca��n de plasma. Adem�s, una cartuchera de bombas mentales colgaba de su hombro derecho, en tanto que del izquierdo pend�a otra con granadas luminosas y en el muslo se hab�a atado una vaina con un enorme vibrocuchillo. En el interior de su casco dorado Lion sonre�a sintiendo el nervioso latir de su sangre. Estaba dispuesto a todo. No se hab�a encontrado tan bien desde hac�a un siglo, cuando estuvo por �ltima vez en mitad de la acci�n con los Voluntarios de Skaeglay, enfrent�ndose a los �ngeles Negros. Al diablo todo ese polvoriento saber acad�mico: Jefri Lion era un hombre de acci�n y ahora volv�a a sentirse joven.</p><p>�Silencio, Celise �dijo�. No viene nadie. Somos solamente nosotros. Se han encendido las luces yeso es todo.</p><p>Celise Waan no pareci� demasiado convencida. Tambi�n ella iba armada, pero su rifle l�ser colgaba flojamente de sus manos rozando el suelo porque ella aseguraba que pesaba demasiado. Jefri Lion no estaba demasiado tranquilo pensando en lo que pod�a suceder si intentaba utilizar una de sus granadas luminosas.</p><p>�Mira �dijo ella se�alando hacia adelante�, �qu� es? Jefri Lion vio que en el suelo hab�a dos cintas de pl�stico, una negra y la otra anaranjada, que se encendi� un segundo despu�s.</p><p>�Debe ser alg�n tipo de gu�a manejada por el ordenador �dijo�. Sig�mosla.</p><p>�No �dijo Celise Waan. Jefri Lion la mir� con expresi�n malhumorada. �Oye, Celise, yo estoy al mando y har�s todo lo que yo te diga. Podemos enfrentarnos a cualquier cosas que se nos ponga por delante, as� que en marcha.</p><p>��No! �replic� tozudamente Celise Waan�. Estoy cansada y este lugar no me parece nada seguro, as� que no pienso seguir avanzando.</p><p>�Es una orden clara y directa �dijo Jefri Lion con impaciencia.</p><p>�Oh, �ni hablar! No puedes darme �rdenes. Tengo sabidur�a completa y t� eres s�lo un Erudito Asociado.</p><p>�No estamos en el Centro �le replic� Lion irritado�. �Piensas venir?</p><p>�No �dijo ella, sent�ndose en el suelo en mitad del pasillo y cruz�ndose de brazos.</p><p>�Entonces, muy bien. Que tengas buena suerte. �Jefri Lion le dio la espalda y empez� a seguir la cinta de color naranja. Detr�s de �l, inm�vil, su ej�rcito sigui� con los brazos cruzados y le contempl� marchar en tozudo silencio.</p><empty-line/><p>Haviland Tuf hab�a llegado a un lugar muy extra�o. Hab�a recorrido interminables corredores en tinieblas llevando en brazos el fl�cido cuerpo de Champi��n, sin apenas pensar, sin tener ning�n plan ni destino concretos. Finalmente, uno de los angostos corredores le hab�a llevado a lo que parec�a ser una gran caverna cuyas paredes quedaban muy lejos de �l. De pronto se sinti� engullido por el vac�o y la oscuridad y cada paso de sus botas despertaba un sinf�n de ecos en las paredes distantes. Hab�a ruidos en la oscuridad. Primero un leve zumbido que apenas si pod�a o�rse haciendo un gran esfuerzo y luego un ruido de l�quido, como el incansable movimiento de alg�n oc�ano subterr�neo que careciere de l�mites. Pero, como se record� a s� mismo Haviland Tuf, ahora no se encontraba bajo tierra. Estaba perdido en una vieja nave espacial, llamada el Arca, rodeado de personas malvadas, con Champi��n en brazos, muerto por sus propias manos.</p><p>Sigui� caminando durante un tiempo imposible de precisar. Sus pisadas resonaban en la oscuridad. El suelo era liso y perfectamente llano, como si fuera a continuar eternamente. Mucho tiempo despu�s tropez� con algo en la oscuridad. No iba muy de prisa y no se hizo da�o, pero con el golpe dej� caer a Champi��n. Extendi� las manos, decidido a saber con qu� objeto hab�a chocado, pero le resultaba dif�cil saberlo llevando los espesos guantes del traje. Al menos se pudo dar cuenta de que ten�a gran tama�o y era de forma curva.</p><p>Entonces se encendieron las luces. Para Haviland Tuf no fue ninguna explosi�n cegadora. En este lugar la luz era d�bil y no muy brillante. Al proyectarse desde el techo hasta el suelo, arrojaba por todas partes ominosas sombras negras y las �reas iluminadas cobraban una curiosa tonalidad verdosa, como si estuvieran cubiertas con alguna especie de musgo fosforescente.</p><p>Tuf contempl� lo que le rodeaba y le pareci� que m�s que una caverna era como un t�nel. Pens� que deb�a haber recorrido casi un kil�metro de un lado a otro pero su anchura no resultaba nada comparada con su longitud: deb�a ir a lo largo de todo el eje principal de la nave, pues parec�a perderse en el infinito en ambas direcciones de dicho eje. El techo era una confusi�n de sombras verdosas y, muy por encima de �l, resonaban los d�biles ecos met�licos de cada sonido al chocar con sus curvas casi invisibles. Hab�a m�quinas, muchas m�quinas. En las paredes hab�a subestaciones del ordenador, extra�os aparatos que no se parec�an a nada visto antes por Haviland Tuf, as� como mesas de trabajo con toda clase de servomecanismos que iban de lo enorme a lo diminuto.</p><p>Pero el rasgo principal de aquel grandioso lugar eran las cubas.</p><p>Hab�a cubas por todas partes. A lo largo de las paredes hab�a hileras interminables de ellas y en el techo se ve�an asomar tambi�n sus rechonchas siluetas. Algunas eran inmensas y sus muros trasl�cidos habr�an bastado para cobijar a la Cornucopia, y en todos los espacios disponibles se ve�an celdillas tan grandes como la mano de un hombre, miles y miles de ellas, subiendo del suelo al techo como colmenas de pl�stico. Los ordenadores y las estaciones de trabajo palidec�an insignificantes en comparaci�n con ellas, y era f�cil pasar por alto los peque�os detalles de la estancia. Haviland Tuf se dio cuenta por fin de donde proced�a el ruido l�quido que hab�a estado oyendo. La luz verdosa le permiti� ver que casi todas las cubas estaban vac�as, pero hab�a algunas (una aqu�, dos algo m�s lejos) que parec�an estar repletas de l�quidos coloreados que herv�an o eran agitados por los leves movimientos de siluetas borrosas contenidas en su interior.</p><p>Haviland Tuf permaneci� un largo tiempo inm�vil contemplando aquel paisaje colosal, sinti�ndose muy diminuto en comparaci�n. Finalmente dej� de mirar y se inclin� para recoger nuevamente a Champi��n. Al hacerlo se dio cuenta de lo que le hab�a hecho tropezar en la oscuridad: era una cuba de tama�o mediano cuyas paredes transparentes se curvaban alej�ndose de �l. Estaba llena de un espeso fluido amarillento en el interior del cual se agitaban, de vez en cuando, chorros de otro color rojo vivo. Tuf oy� un leve gorgoteo y sinti� una d�bil vibraci�n, como si en el interior de la cuba algo se moviera. Se acerc� a ella y, alzando la cabeza, mir� en su interior.</p><p>Dentro de la cuba, flotando en el l�quido, sin haber nacido pero vivo, el tirano saurio le devolvi� su mirada.</p><empty-line/><p>En el circuito no hab�a dolor. En el circuito se carec�a de cuerpo. En el circuito era s�lo mente, una mente pura y blanca, y era parte de algo mucho m�s grande y poderoso que �l o que cualquiera de los otros. En el circuito era m�s que humano y m�s que una m�quina, m�s que un simple organismo cibern�tico. En el circuito era algo parecido a un dios. El tiempo no era nada dentro del circuito, pues �l era tan veloz como el pensamiento, como los circuitos de silicio que se abr�an y cerraban, como los mensajes que iban y ven�an por sus tendones superconductores o como el destello de los micro l�ser que tej�an sus telara�as invisibles en la matriz central. En el circuito ten�a mil ojos y mil o�dos, mil manos que pod�an convertirse en pu�os para golpear con ellos. En el circuito pod�a estar al mismo tiempo en todas partes.</p><p>Era Anittas. Era el Arca. Era un cibertec. Era m�s de quinientas estaciones y monitores sat�lite, era veinte 7400 Imperiales gobernando los veinte sectores de la nave desde veinte subestaciones repartidas por ella, era Maestre de Combate, Descifrador de C�digos, Astrogador, Doctor de Motores, Centro M�dico, Archivo de la Nave, Biblioteca, bio-biblioteca, Microcirujano, Encargado de los Clones, Mantenimiento y Reparaciones, Comunicaciones y Defensa. Era todos los programas de la nave y todos sus ordenadores, todos los sistemas de apoyo principal y todos los sistemas de apoyo secundario y terciario. Ten�a mil doscientos a�os de edad y med�a treinta kil�metros de largo y su Coraz�n era la matriz central, que apenas si ten�a dos metros cuadrados, pero que, al mismo tiempo, era pr�cticamente infinita. Pod�a tocar cualquier lugar de la nave y todos a la vez y su conciencia era capaz de cabalgar a lo largo de los circuitos, bailando y ramific�ndose, fluyendo por los l�ser. La sabidur�a le inundaba Como un feroz torrente, Como un gran r�o que hubiera enloquecido Con toda la fr�a, dulce, blanca y tranquila potencia de un cable de alto voltaje. Era el Arca. Era Anittas. y se estaba muriendo.</p><p>En lo m�s hondo de sus entra�as, en los intestinos de la nave, en la subestaci�n diecisiete junto a la Compuerta nueva, Anittas dej� que sus ojos de metal plateado se enfocaran en Kaj Nevis. Sonri�. La expresi�n resultaba grotesca en su mitad de rostro humana. Sus dientes eran de acero al cromo.</p><p>�Est�pido �le dijo a Nevis. El traje de combate dio un paso amenazador hacia �l. Una pinza se levant� Como por voluntad propia Con un chirrido met�lico, abri�ndose y cerr�ndose.</p><p>��TEN MUCHO CUIDADO CON LO QUE DICES! �He dicho est�pido yeso es lo que eres �replic� Anittas. Su risa era un sonido horrible, porque estaba llena de dolor y ecos met�licos y sus labios sangraban abundantemente, dejando h�medas manchas rojizas sobre la plata brillante de la dentadura�. Has sido la causa de mi muerte, Nevis, y todo ha sido en vano por pura impaciencia. Te lo podr�a haber dado todo. La nave est� vac�a, Nevis. Est� vac�a y todos han muerto. y el sistema tambi�n est� vac�o. Estoy solo aqu� dentro. No hay ninguna otra mente en los circuitos. La nave es una idiota, Kaj Nevis. El Arca es una gigantesca idiota. LoS Imperiales de la Tierra ten�an miedo. Lograron crear una aut�ntica Inteligencia Artificial. Oh, s�, pose�an sus grandes naves de guerra provistas de IA y ten�an sus flotas robot; pero las lA ten�an mentes propias y hubo algunos incidentes. Todo est� en las cr�nicas. Primero fue Kandabaer y lo que ocurri� junto a Lear, y luego las rebeliones de la Afecto y del Gofem. Las sembradoras eran demasiado potentes y eso ya lo sab�an muy bien cuando las construyeron. El Arca pod�a albergar a doscientos tripulantes, entre estrategas y cient�ficos, eco-ingenieros y oficiales o marineros, y adem�s era capaz de transportar a m�s de mil soldados y pod�a alimentarles a todos, operando a plena capacidad, y era capaz de asolar mundos enteros, �oh, s�! y todo funcionaba mediante el sistema, Nevis, pero el sistema es muy seguro y es muy grande, es un sistema muy sofisticado, un sistema que puede repararse y defenderse a s� mismo y hacer mil cosas a la vez. �Ah!, si pudiera cont�rtelo todo. Los doscientos tripulantes ser�an para que funcionara con toda eficiencia, pero podr�as haber hecho funcionar la nave con s�lo uno de ellos, Nevis. No habr�a funcionado de un modo muy eficiente y no se habr�a acercado ni de lejos a lo que pod�a dar de s�, pero es posible. y no puede funcionar por s� sola, carece de cerebro, no hay ninguna IA, est� esperando �rdenes, pero bastar�a con un solo hombre para decirles lo que debe hacer. jun hombre! �Habr�a sido tan f�cil para m�! Pero Kaj Nevis se impacient� y por ello voy a morir.</p><p>Nevis se acerc� a �l. �NO PARECES A PUNTO DE MORIR �dijo abriendo y cerrando sus pinzas con un chasquido amenazador.</p><p>�Pero voy a morir �dijo Anittas�. Estoy absorbiendo energ�a del sistema para reforzar mi mitad cibern�tica y con ello puedo hablar de nuevo. Pero me estoy muriendo. Las plagas, Nevis. En sus �ltimos d�as la nave apenas si ten�a tripulaci�n, s�lo quedaban treinta y dos, y entonces hubo un ataque, un ataque Hruun. Descifraron el c�digo, abrieron la c�pula y lograron aterrizar. Eran m�s de cien y avanzaron por la nave como una tormenta destructora. Estaban venciendo, iban a conquistar la nave. Los defensores retrocedieron luchando a cada paso. Sellaron secciones enteras del Arca, dej�ndolas vac�as de atm�sfera, desconectando toda la energ�a. De ese modo lograron matar a unos cuantos de los Hruum. Tendieron emboscadas y lucharon metro a metro. A�n sigue habiendo lugares de la nave en los que nada funciona, calcinados por la batalla, lugares que ni el potencial del Arca puede reparar. Dejaron sueltas en la atm�sfera plagas, epidemias y par�sitos, y de sus tanques de cultivo hicieron emerger sus pesadillas preferidas. y lucharon y murieron y vencieron. Cuando todo hubo terminado los Hruum hab�an muerto. Y, �sabes una cosa, Kaj Nevis? S�lo quedaban cuatro defensores. Uno de ellos estaba muy malherido, otros dos estaban enfermos y el �ltimo estaba ya agonizando. �Te gustar�a conocer sus nombres? No, ya pensaba que no. Careces de curiosidad, Kaj Nevis. A Tuf le gustar�a conocerlos, al igual que le habr�a gustado al viejo Lion.</p><p>��TUF? �LION? �DE QU� ESTAS HABLANDO? LOS DOS HAN MUERTO.</p><p>�Incorrecto �dijo Anittas�. Se encuentran ahora mismo a bordo del Arca. Lion ha descubierto la armer�a. Se ha convertido en un arsenal ambulante y viene a por ti. Tuf ha encontrado algo todav�a m�s importante. Rica Danwstar est� siguiendo la cinta plateada que terminar� llev�ndola hasta la sala de control y el asiento del capit�n. Ya ves, Kaj Nevis, toda la vieja pandilla est� a bordo. He despertado todas las partes del Arca que siguen en funcionamiento y les estoy guiando pr�cticamente a cada paso del camino.</p><p>�ENTONCES, �DETENLES! �orden� Nevis. Sin vacilar, la enorme pinza met�lica se extendi� y rode� la garganta biomet�lica de Anittas. Una leve presi�n y la pinza se cubri� de un espeso fluido negruzco�. �DETENLA AHORA MISMO!</p><p>�A�n no he terminado mi historia, Kaj Nevis �dijo el cibertec, con su boca convertida en una masa sanguinolenta�. Los �ltimos Imperiales sab�an que les ser�a imposible continuar. Cerraron la nave, entreg�ndola al vac�o, al silencio ya la nada estelar. Tem�an otro ataque de los Hruum o quiz�, con el tiempo, de seres desconocidos. Convirtieron la nave en un pecio, aunque no estuviera completamente abandonado. Le dijeron al Arca que se defendiera, �comprendes? Dejaron montados el ca��n de plasma y los l�ser exteriores y mantuvieron en funcionamiento la esfera defensiva, como bien tuvimos que aprender a nuestra costa. y programaron la nave para que se vengara de un modo terrible en su nombre, para que volviera una vez y otra a H�Ro Brana, de donde hab�an llegado los Hruun. Para que soltara sobre ese planeta su regalo de plaga, muerte y epidemias. Para evitar que los Hruun pudieran volverse inmunes a ellas, sometieron sus tanques de plaga a una radiaci�n continua con la cual consiguieron mutaciones incesantes y establecieron un programa de manipulaci�n gen �tica autom�tica, con el cual se iban creando continuamente virus nuevos y cada vez m�s letales.</p><p>�TODO ESTO NO ME IMPORTA �dijo Kaj Nevis�. �HAS DETENIDO A LOS DEM�S? �PUEDES MATARLES? TE LO ADVIERTO, HAZLO AHORA MISMO O MORIR�S.</p><p>�Ya estoy muerto de todos modos, Kaj Nevis �dijo Anittas�, eso ya te lo he explicado. Las plagas� dejaron tambi�n una l�nea secundaria para el interior de la nave. Por si alguien entraba de nuevo en ella, el Arca hab�a sido programada para despertar por s� misma y llenar los corredores de atm�sfera. �Oh, s�! Pero de una atm�sfera emponzo�ada con doce portadores de plagas distintas. Los tanques de la plaga han estado funcionando durante mil a�os, Kaj Nevis, hirviendo incesantemente, efectuando mutaciones continuas. La enfermedad que he contra�do carece de nombre. Creo que es alg�n tipo de espora. Hay ant�genos, medicinas, vacunas. El Arca se ha encargado de irlas manufacturando, pero es demasiado tarde para m�, es demasiado tarde. La he respirado y ahora est� devorando mi parte biol�gica. Mi parte cibern�tica no puede ser devorada. Podr�a haberte entregado la nave, Kaj Nevis. T� y yo juntos habr�amos podido tener el poder de un dios. En lugar de eso, moriremos.</p><p>�TU MORIR�S �le corrigi� Nevis�: y LA NAVE ES MIA.</p><p>�Creo que no. Kaj Nevis, le he propinado unas buenas patadas a esta gigantesca idiota dormida, y ahora vuelve a estar consciente. Sigue siendo una idiota, cierto, pero est� despierta y preparada para recibir �rdenes. Pero t� no posees, ni el conocimiento ni la capacidad para darlas. Estoy conduciendo a Jefri Lion directamente hacia aqu� y Rica Danwstar est� a punto de llegar a la sala principal de controles. Lo que es mas�</p><p>��BASTA YA! �dijo lac�nicamente Nevis. La pinza aplast� el metal y el hueso, separando la cabeza del cibernet con un seco chasquido. La cabeza rebot� en el pecho de Nevis y luego cay� al suelo, rodando un par de metros. Un chorro de sangre brot� del cuello y un grueso cable que emerg�a de �l emiti� un �ltimo e in�til zumbido, despidiendo un chispazo blanco azulado antes de que el cuerpo de Anittas se derrumbara nuevamente sobre la consola del ordenador. Kaj Nevis apart� el brazo y gir� en redondo, golpeando una y otra vez la consola hasta convertirla en una ruina, dispersando los fragmentos de pl�stico y metal por el suelo de la habitaci�n.</p><p>Entonces se oy� un agudo zumbido met�lico. Kaj Nevis se volvi� con el visor reluciendo, buscando la fuente del sonido.</p><p>Y en el suelo vio la cabeza, mir�ndole. Los ojos, esos ojos de metal plateado, giraron en sus �rbitas, enfoc�ndole. La boca se movi� en una sonrisa ensangrentada.</p><p>�Y lo que es m�s, Kaj Nevis �le dijo la cabeza�. He activado la �ltima l�nea defensiva programada por esos Imperiales. El campo de estasis ha cedido. Las pesadillas est�n despertando. Los guardianes van a ir en tu busca, para destruirte.</p><p>��MALDITO SEAS! �grit� Nevis. Su enorme pie cay� sobre la cabeza del cibertec con todo el peso del traje de combate. El acero y el hueso se partieron bajo el impacto y Nevis movi� el pie de un lado a otro durante unos segundos interminables, movi�ndolo hasta que bajo el metal del traje no hubo nada sino una pasta roja gris�cea en la que se distingu�an part�culas de metal plateado.</p><p>Y entonces, por fin, logr� que el silencio reinara en la habitaci�n.</p><empty-line/><p>Durante unos dos kil�metros, o puede que a�n m�s, las seis cintas corr�an paralelas entre s�, aunque s�lo la cinta plateada estaba iluminada. La primera en separarse fue la roja, desvi�ndose hacia la derecha en una encrucijada. La cinta p�rpura terminaba un kil�metro despu�s, ante una gran puerta que result� ser la entrada a un inmaculado complejo de cocinas y comedores automatizados. Rica Danwstar sinti� la tentaci�n de hacer una pausa, y explorarlo, pero la cinta plateada no dejaba de parpadear y las luces del techo se estaban apagando una a una, como inst�ndola a continuar por el pasillo principal.</p><p>Finalmente, el pasillo termin�. Se curv� gradualmente hacia la izquierda y desemboc� en otro pasillo igual de grande. El punto de reuni�n era una rotonda colosal de la que part�an media docena de corredores no tan grandes y dispuestos en forma radial. El techo quedaba a gran distancia por encima de su cabeza. Rica mir� hacia arriba y vio como m�nimo tres niveles m�s, conectados unos con otros mediante puentes, pasarelas y grandes balconadas circulares. En el centro de la rotonda hab�a un gran tubo que iba desde el suelo hasta el techo. Estaba claro que era alg�n tipo de ascensor.</p><p>La cinta azul segu�a uno de los radios, en tanto que la amarilla segu�a por otro y la verde por un tercero. La cinta plateada llevaba en l�nea recta a las puertas del ascensor, que se abrieron al acercarse ella. Rica condujo su veh�culo hasta dejarlo pegado al tubo del ascensor, lo par� y baj� de �l. Durante un segundo no supo qu� hacer. Las puertas del ascensor parec�an invitarla a que entrara, pero ah� dentro tuvo la impresi�n de que se encontrar�a indefensa, como encerrada en una trampa.</p><p>Su vacilaci�n dur� demasiado tiempo. Todas las luces se apagaron.</p><p>S�lo la cinta plateada segu�a brillando, delgada como un dedo que indicara hacia adelante. Y el ascensor tampoco se hab�a apagado.</p><p>Rica Danwstar frunci� el ce�o, desenfund� su arma y se meti� dentro.</p><p>�Arriba, por favor �dijo en voz alta. Las puertas se cerraron y el ascensor se puso en movimiento.</p><empty-line/><p>Jefri Lion, aunque cargado de armas, iba andando con paso bastante r�pido. Se encontraba a�n mejor desde que hab�a dejado atr�s a Celise Waan. De todos modos, aquella mujer no era m�s que una molestia y dudaba que tuviera alguna utilidad en un combate. Hab�a estado pensando en si resultar�a m�s conveniente avanzar con cautela, pero decidi� que no. No ten�a miedo de Kaj Nevis ni de su traje de combate. Oh, s�, no le cab�a duda de que la armadura era formidable, pero despu�s de todo hab�a sido fabricada por alien�genas y Lion iba ahora armado con los ingenios mort�feros de los Imperiales de la Tierra, los frutos de la tecnolog�a militar del Imperio Federal de la Vieja Tierra, en su momento m�s sofisticado antes del Derrumbe. Nunca hab�a o�do hablar de los Unqi, por lo que no deb�an ser muy buenos como fabricantes de armas. Sin duda, no eran m�s que una oscura raza esclava de los Hranganos. Si encontraba a Nevis, le ajustar�a las cuentas en un momento y tambi�n se encargar�a de esa traidora, Rica Danwstar. De ella y de su est�pido aguij�n. Le gustar�a ver c�mo se las arreglaba con su aguij�n para enfrentarse a un ca��n de plasma. S�, le gustar�a mucho verlo.</p><p>Lion se pregunt� qu� planes estar�a haciendo Nevis y los suyos respecto al Arca. Sin duda, deb�a tratarse de algo ilegal o inmoral. Bueno, no importaba demasiado porque iba a ser �l quien se apoderase de la nave: �l, Jefri Lion, Erudito Asociado en Historia Militar en el Centro ShanDellor, anta�o Segundo Analista T�ctico de la Ala Tercera de los Voluntarios de Skaeglay. Iba a capturar una sembradora del CIE, con la ayuda de Tuf, si es que le encontraba, pero iba a capturarla fuera como fuera. Y, despu�s, nada de vender la nave para conseguir un mezquino provecho personal. No, llevar�a la nave hasta Avalon, a la gran Academia del Conocimiento Humano, y se la entregar�a con la �nica condici�n de que �l iba a ser el encargado de estudiarla. El proyecto era tan colosal que muy bien pod�a ocuparle todo el resto de su vida y cuando hubiera terminado, el nombre de Jefri Lion, erudito y soldado, ser�a pronunciado con voz tan respetuosa como el del mism�simo Kleronomas, que hab�a creado la Academia y hecho de ella lo que era ahora.</p><p>Lion iba andando por e! centro de! pasillo con la cabeza hacia atr�s, siguiendo la cinta de color naranja, y mientras caminaba empez� a silbar una canci�n de marcha que hab�a aprendido en los Voluntarios de Skaeglay, unos cuarenta a�os antes. Silbaba y caminaba, caminaba y silbaba.</p><p>Hasta que la cinta se apag�.</p><empty-line/><p>Celise Waan permaneci� largo rato sentada en el suelo con los brazos apretado fuertemente contra el pecho y el rostro paralizado en una mueca de malhumor. Sigui� sentada hasta que ya no pudo o�r el ruido de las pisadas de Lion. Sigui� sentada y medit� sobre todos los insultos y humillaciones que se hab�a visto obligada a soportar. Todos eran unos imb�ciles maleducados, del primero al �ltimo. Hab�a cometido un grave error al comprometerse con una tripulaci�n tan indigna e irrespetuosa. Anittas era m�s una m�quina que un hombre, Rica Danwstar era una mocosa insolente, Kaj Nevis era pura y simplemente un criminal y para Haviland Tuf, no exist�a ning�n t�rmino adecuado. Al final, incluso su colega Jefri Lion hab�a resultado no ser digno de confianza. La estrella de la plaga era su descubrimiento y era ella quien se lo hab�a revelado y, �qu� hab�a obtenido a cambio? Incomodidad, malos tratos y, finalmente, que la abandonaran. Bueno, pues Celise Waan no pensaba soportarlo por m�s tiempo. Hab�a decidido que no compartir�a la nave con ninguno de ellos. El descubrimiento era suyo y volver�a a Shandicity para reclamarlo, acogi�ndose a las leyes de salvamento de ShanDellor, tal y como era su derecho, y si alguno de sus desgraciados excompa�eros ten�a alguna queja al respecto tendr�an que llevarla a los tribunales. Mientras tanto, no pensaba dirigirles nunca m�s la palabra. No, nunca m�s.</p><p>Estaba empezando a dolerle el trasero y sent�a que se le iban a dormir las piernas. Llevaba demasiado tiempo sentada en la misma postura. Adem�s, le dol�a la espalda y ten�a hambre. Se pregunt� si en esta nave abandonada habr�a alg�n sitio donde pudiera obtener una comida decente. Quiz� lo hubiera. Los ordenadores parec�an funcionar, as� como los sistemas defensivos; incluso las luces funcionaban. Por lo tanto, era muy posible que las despensas estuvieran tambi�n en condiciones de operar. Se puso en pie y decidi� ir a echar una mirada.</p><empty-line/><p>Celise Waan permaneci� largo rato sentada en el suelo con los brazos apretados fuertemente contra el pecho y el rostro paralizado en una mueca de malhumor. Sigui� sentada hasta que ya no pudo o�r el ruido de las pisadas de Lion. Si Haviland Tuf ten�a claro que estaba ocurriendo algo. El nivel de ruido en la gran estancia estaba subiendo de modo lento pero apreciable. Ahora resultar�a f�cil distinguir un zumbido grave y los gorgoteos se hab�an echo tambi�n m�s perceptibles. Y en la cuba del tiranosaurio el fluido de suspensi�n parec�a estar volvi�ndose menos espeso y sus colores hab�an cambiado. El l�quido rojo se hab�a esfumado, quiz�s absorbido por alguna bomba, y el l�quido amarillo se volv�a m�s transparente a cada segundo que pasaba. Tuf vio c�mo un servomecanismo empezaba a desplegarse en un costado de la cuba. Aparentemente, le estaba dando una inyecci�n al reptil aunque Tuf tuvo cierta dificultad en observar los detalles dada la poca luz.</p><p>Haviland Tuf decidi� que hab�a llegado el instante de efectuar una retirada estrat�gica. Empez� a moverse, alej�ndose de la cuba que conten�a al dinosaurio, y cuando no llevaba recorrida a�n gran parte de la estancia pas� ante una de las zonas con terminales de ordenador y mesas de trabajo que hab�a observado antes. Tuf se detuvo ante ella.</p><p>No le hab�a costado mucho comprender la naturaleza y el prop�sito de la estancia a la cual hab�a ido a parar por casualidad. El coraz�n del Arca conten�a una vasta biblioteca de c�lulas en la que hab�a muestras de tejido procedentes de millones de animales y plantas distintos, as� como virus procedentes de una incontable serie de mundos, tal y como le hab�a dicho Jefri Lion. Esas muestras eran reproducidas por clonaci�n cuando los t�cticos y los eco-ingenieros de la nave lo cre�an apropiado: de ese modo el Arca y sus naves hermanas, ya convertidas en polvo, pod�an crear enfermedades capaces de diezmar la poblaci�n de planetas enteros; insectos con los que destruir sus cosechas; ej�rcitos de animales capaces de reproducirse velozmente, para sembrar el caos en la cadena ecol�gica y alimenticia, o incluso terribles depredadores alien�genas con los cuales aterrorizar al enemigo. Pero todo deb�a empezar mediante el proceso de clonaci�n.</p><p>Tuf hab�a descubierto la sala donde se realizaba dicho proceso. Las zonas de trabajo inclu�an equipo claramente destinado a las complejas manipulaciones de la microcirug�a, en tanto que las cubas, indudablemente, eran el lugar donde las muestras celulares eran cuidadas hasta alcanzar la madurez. Lion le hab�a hablado tambi�n del campo temporal, ese perdido secreto de los Imperiales de la Tierra, un campo magn�tico capaz de afectar a la textura del mism�simo tiempo, aunque s�lo en una zona muy reducida y con un gran coste energ�tico. De ese modo, los clones pod�an alcanzar la madurez en cuesti�n de horas o ser mantenidos, vivos e inmutables, durante milenios.</p><p>Haviland Tuf contempl� pensativo los ordenadores, y bancos de trabajo y luego sus ojos se posaron en el cad�ver de Champi��n, a�n entre sus manos.</p><p>El proceso de clonaci�n empezaba con una sola c�lula� Las t�cnicas deb�an estar sin duda almacenadas en el computador y quiz�s hubiera incluso un programa de instrucciones. �Ciertamente�, se dijo a s� mismo Haviland Tuf. Parec�a lo m�s l�gico. Naturalmente, �l no era un cibertec pero s� era un hombre inteligente que hab�a pasado pr�cticamente toda su vida de adulto manipulando los m�s variados tipos de ordenadores.</p><p>Haviland Tuf se acerc� al banco de trabajo y deposit� con delicadeza a Champi��n bajo la micropantalla, conectando luego la consola. Al principio los controles le resultaron ininteligibles pero sigui� estudi�ndolos con insistencia.</p><p>Despu�s de unos minutos estaba totalmente concentrado en ellos, tan absorto que no se dio cuenta del gorgoteo que empez� a o�rse detr�s de �l, cuando el fluido amarillo de la cuba que conten�a al dinosaurio, aspirado por una bomba, fue bajando lentamente de nivel.</p><empty-line/><p>Kaj Nevis se abri� paso a trav�s de la subestaci�n buscando algo que matar.</p><p>Estaba enfadado, enfadado consigo mismo por haber sido tan impaciente y tan poco cuidadoso. Anittas pod�a haber sido �til y Nevis ni tan siquiera hab�a pensado en la posibilidad de que el aire de la nave estuviera lleno de plagas. Naturalmente, habr�a tenido que acabar matando al maldito cibertec, pero eso no habr�a resultado dif�cil. Ahora, todo se estaba complicando. Nevis ten�a la sensaci�n de estar a salvo dentro del traje, pero no se encontraba tranquilo. No le hab�a gustado nada enterarse de que Tuf y los otros hab�an logrado abordar la nave. Tuf sab�a mucho m�s sobre el condenado traje que �l, despu�s de todo, y quiz� tambi�n conociera cu�les eran sus puntos d�biles.</p><p>Kaj Nevis ya hab�a logrado localizar sin ayuda uno de esos puntos d�biles: el aire estaba empezando a terminarse. Un traje presurizado moderno, como el de Tuf, llevaba en sus filtros unas bacterias que convert�an el di �xido de carbono en ox�geno, tan r�pidamente como un ser humano pod�a convertir el ox�geno en di �xido de carbono, con lo cual no hab�a ning�n peligro de que el aire se terminara a menos que los malditos bichos microsc�picos se murieran. Pero este traje de combate era primitivo. Su provisi�n de aire era bastante grande pero no resultaba ilimitada. Los cuatro tanques en la espalda del gran traje pose�an una buena capacidad, pero el indicador del casco, si lo hab�a interpretado correctamente, le dec�a que uno de los tanques ya estaba vac�o. A�n le quedaban tres, cierto, y con eso deb�a tener tiempo m�s que suficiente para librarse de los dem�s, siempre que lograra encontrarles. De todos modos, Nevis no estaba tranquilo. El aire que le rodeaba era perfectamente respirable, cierto, pero no pensaba quitarse el casco ni un segundo, despu�s de lo que le hab�a ocurrido al cibertec. La parte org�nica de Anittas se hab�a corrompido con una rapidez que Nevis todav�a encontraba dif�cil de creer y la gelatina negra que hab�a devorado al cibertec desde el interior era lo m�s horrible que Kaj hab�a visto en toda su existencia, aunque en ella hab�a presenciado bastantes cosas nada agradables. Kaj Nevis hab�a llegado a la decisi�n de que prefer�a morir de asfixia antes de quitarse el traje.</p><p>Pero ese peligro pod�a ser eliminado. Si la maldita Arca hab�a podido ser contaminada tambi�n pod�a ser limpiada. Encontrar�a la sala de control y se las ingeniar�a para conseguirlo, bastar�a con un solo sector limpio. Naturalmente, Anittas hab�a dicho que Rica Danwstar se encontraba ya en la sala de control, pero Nevis no pensaba dejarse asustar por ello. De hecho, sent�a cierto entusiasmo ante la idea de encontrarse con ella.</p><p>Escogi� una direcci�n al azar y se puso en marcha, mientras sus pies met�licos retumbaban sobre el suelo. Que le oyeran, no le importaba. Le gustaba este traje.</p><empty-line/><p>Rica Danwstar se hab�a instalado en el asiento del capit�n y estaba examinando las lecturas que hab�a logrado proyectar en la pantalla principal. El asiento, grande y cubierto de un pl�stico muy c�modo, le daba la sensaci�n de estar en un trono. Era un buen sitio para descansar, pero el problema era que lo �nico que pod�a hacer era descansar. Resultaba claro que el puente hab�a sido dise�ado para que el capit�n se mantuviera en su trono y les diera �rdenes a los dem�s oficiales. En el puente superior hab�a nueve estaciones de control y en el pozo inferior hab�a otras doce y ser�an esos oficiales los encargados de efectuar la programaci�n de los aparatos y de oprimir todos los botones necesarios. Como no hab�a sido lo bastante previsora para hacer que la acompa�aran nueve subordinados, Rica no ten�a otro remedio que ir de un lado a otro del puente y de una estaci�n a otra para intentar que el Arca se pusiera de nuevo en funcionamiento.</p><p>El trabajo era tedioso y prolongado. Cada vez que introduc�a sus �rdenes en una subestaci�n equivocada no se produc�a ning�n resultado �til, pero a medida que iba avanzando, paso a paso, estaba logrando entender el funcionamiento del puente. Al menos, eso le parec�a.</p><p>Y, al menos, estaba a salvo. �se hab�a sido su primer objetivo, dejar cerrado el ascensor para que nadie m�s pudiera utilizarlo y sorprenderla. Mientras estuviera aqu� arriba y ellos estuvieran abajo, Rica ten�a la carta ganadora en sus manos. Cada sector de la nave ten�a su propia subestaci�n y cada una de las funciones especializadas, desde la defensa hasta la clonaci�n pasando por la propulsi�n y el almacenamiento de datos, ten�a su propia sub conexi�n y su puesto de mando. Pero, desde aqu� arriba, pod�a controlarlo todo y dejar sin efecto las �rdenes que otra persona pudiera introducir en los sistemas. Siempre que se diera cuenta de ello, claro, y siempre que lograra averiguar c�mo hacerlo� �se era el problema. S�lo pod�a encargarse de una estaci�n cada vez y s�lo pod�a hacerla funcionar cuando lograba entender al fin la secuencia de �rdenes adecuada. Cierto, lo estaba consiguiendo a base de pruebas y errores, pero su avance resultaba lento y m�s bien torpe.</p><p>Se dej� caer en su trono acolchado y examin� la pantalla, sinti�ndose orgullosa de s� misma. Al parecer hab�a logrado obtener un informe completo sobre la situaci�n de la nave. El Arca ya le hab�a dado un informe de aver�as en los sectores y sistemas que hab�an permanecido sin funcionar durante mil a�os, esperando unas reparaciones que se encontraban m�s all� de la capacidad de la nave. Ahora le estaba explicando cu�l era la programaci�n actual en curso.</p><p>El listado biodefensivo resultaba especialmente aterrador y no parec�a terminar nunca. Rica no hab�a o�do hablar en su vida de casi ninguna de las enfermedades a las que se hab�a dado rienda suelta para recibirles, pero todas ellas parec�an muy desagradables a �juzgar por sus nombres. Anittas, de ello no cab�a duda, deb�a formar parte en esos instantes del gran programa que estaba m�s all� del universo. Su siguiente objetivo, el m�s obvio, deb�a ser el incomunicar el puente con el resto de la nave, someterlo a radiaci�n, desinfectar lo y buscar un medio para introducir en �l aire no contaminado. De lo contrario, dentro de uno o dos d�as como mucho, su traje iba a resultarle m�s bien inc�modo.</p><p>En la pantalla apareci� un mensaje:</p><cite><p>BIODEFENSA FASE UNO (MICRO)</p><p>INFORME COMPLETO</p><p>BIODEFENSA FASE DOS (MACRO)</p><p>INFORME EN CURSO</p></cite><p>Rica frunci� el ce�o. �Macro? �Qu� diablos quer�a decir eso? �Plagas enormes?</p><cite><p>BIOARMAS PREPARADAS y DISPONIBLES: 47</p></cite><p>A continuaci�n la pantalla mostr� una cr�ptica informaci�n consistente en una larga serie de especies indicadas por sus n�meros. La lista resultaba aburrida y Rica se inclin� nuevamente en el trono del capit�n. Cuando la lista hubo terminado en la pantalla aparecieron m�s mensajes.</p><cite><p>TODOS LOS PROCEDIMIENTOS DE</p><p>CLONACION TERMINADOS</p><p>AVER�AS EN CUBAS: 671,3312,3379</p><p>TODAS LAS AVER�AS HAN SIDO REPARADAS</p><p>CAMPO DE ESTASIS DESCONECTADO</p><p>CICLO DE APERTURA EN CURSO</p></cite><p>Rica no estuvo muy segura de que ese mensaje le hubiera gustado. Ciclo de apertura, pens�. �Qu� iba a salir de all� una vez abierto? Por otro lado, Kaj Nevis segu�a andando suelto por ah� y si este dispositivo defensivo de segunda fase era capaz de causarle molestias, distraerle o acabar con �l, todo ello redundar�a en beneficio suyo. Por otra parte, ten�a por delante la pesada tarea de buscar la forma de librarse de todas las plagas actuales y no le hac�an falta m�s problemas. Los informes empezaron a desfilar por la pantalla a un ritmo m�s veloz.</p><cite><p>ESPECIE # 22-743.88639-04090</p><p>MUNDO NATAL: VILKAKIS</p><p>NOMBRE COM�N: DRACULA ENCAPUCHADO</p></cite><p>Rica se irgui� en su asiento. Hab�a o�do hablar de Vilkakis y de los dr�culas encapuchados: unas criaturas muy desagradables. Crey� recordar que se trataba de alguna especie de chupador de sangre provisto de alas y con h�bitos nocturnos. Era m�s bien est�pido, pero pose�a una incre�ble sensibilidad al sonido y su agresividad rayaba en lo irracional. El mensaje desapareci� y en su lugar apareci� otro.</p><cite><p>INICIANDO APERTURA</p></cite><p>Un instante despu�s fue reemplazado por otra l�nea de caracteres que se encendi� y apag� tres veces, para luego esfumarse.</p><cite><p>TERMINADA</p></cite><p>Veamos, �como iba a poder desayunarse un dr�cula encapuchado a Kaj Nevis? Rica pens� que era algo m�s bien improbable, al menos mientras llevara ese rid�culo traje acorazado.</p><p>��Magn�fico! �dijo en voz alta. Ella no dispon�a de ning�n traje similar yeso significaba que por el momento los problemas que estaba creando el Arca eran para ella y no para Nevis.</p><cite><p>ESPECIE # 13.612.71425.88812</p><p>MUNDO NATAL: MATADERO</p><p>NOMBRE COM�N: GATOS DEL INFIERNO</p></cite><p>Rica no ten�a ni la menor idea de lo que pod�a ser un gato del infierno, pero no sent�a tampoco ning�n deseo especial de averiguarlo. Hab�a o�do hablar de Matadero, por supuesto, un mundo peque�o y bastante raro que hab�a engullido a tres oleadas sucesivas de colonizadores y cuyas formas de vida se cre�a que eran muy poco agradables. Pero, �ser�an lo bastante desagradables para abrise paso a dentelladas por el traje met�lico de Nevis? Le parec�a dudoso.</p><cite><p>INICIANDO APERTURA</p></cite><p>�Cu�ntas criaturas pensaba escupir la nave? Unas cuarenta y algo, record�.</p><p>�Maravilloso �dijo con voz apagada. La nave se iba a llenar con m�s de cuarenta monstruos fam�licos, cualquiera de ellos perfectamente capaz de comerse a la hija favorita de su madre para desayunar. No, esto no iba a ser nada �til. Rica se levant� y examin� el puente. �A qu� estaci�n deb�a acudir para ponerle fin a esta mascarada?</p><cite><p>TERMINADA</p></cite><p>Rica se dirigi� con paso decidido a la zona que antes hab�a identificado como la estaci�n encargada de los procedimientos defensivos y le indic� que cancelara su programaci�n actual.</p><cite><p>ESPECIE # 76.102.95994-12965</p><p>MUNDO NATAL: JAYDEN DOS</p><p>NOMBRE COM�N: TELARA�A AMBULANTE</p></cite><p>Ante ella parpade� una hilera de luces y la peque�a pantalla de la consola le indic� que la esfera defensiva exterior del Arca estaba desconectada. Pero, mientras tanto, en la pantalla principal segu�an desfilando los mensajes.</p><cite><p>INICIANDO APERTURA</p></cite><p>Rica dej� escapar un chorro de maldiciones. Sus dedos se movieron velozmente sobre la consola intentando distinguir el sistema que no controlaba la esfera defensiva exterior (la cual, por otra parte, deseaba siguiera conectada) y que dirig�a la fase dos de la biodefensa. La m�quina no parec�a comprenderla muy bien.</p><cite><p>TERMINADA</p></cite><p>Finalmente logr� obtener una respuesta del tablero: estaba en la consola equivocada. Torci� el gesto y se dio la vuelta. Naturalmente. Esta consola controlaba la defensa exterior y los sistemas de armamento. Tendr�a que haber alguna estaci�n encargada del biocontrol.</p><cite><p>ESPECIE # 54.749.37377.84921</p><p>MUNDO NATAL: PSC92, TSC749, SIN NOMBRE</p><p>NOMBRE COM�N: ARIETE RODANTE</p></cite><p>Rica se dirigi� a la estaci�n contigua.</p><cite><p>INICIANDO APERTURA</p></cite><p>El sistema respondi� a su petici�n de que cancelara los procedimientos con una pregunta algo perpleja. No hab�a ning�n procedimiento activado en este subsistema.</p><cite><p>TERMINADA</p></cite><p>Cuatro, pens� Rica con amargura. �Ya es suficiente �dijo en voz alta. Se dirigi� hacia la siguiente estaci�n y tecle� en ella una orden de cancelaci�n. Luego, sin esperar a que se produjera o no alg�n efecto, fue a la consola siguiente y tecle� otra orden de cancelaci�n, acto seguido corri� a la siguiente.</p><cite><p>ESPECIE # 67-001-00342-10078</p><p>MUNDO NATAL: TIERRA (EXTINGUIDO)</p><p>NOMBRE COM�N: TlRANOSAURUS REX</p></cite><p>Ahora estaba corriendo. Carrera, teclear la orden, carrera, teclear la orden, carrera�</p><cite><p>INICIANDO APERTURA</p></cite><p>Dio la vuelta a todo el puente tan r�pidamente como le fue posible. Cuando hubo terminado no estaba segura de qu� orden y de qu� estaci�n hab�an sido las buenas, pero en la pantalla se le�a el siguiente mensaje:</p><cite><p>CICLO DE APERTURA CANCELADO</p><p>BIOARMAS ABORTADAS: 3</p><p>BIOARMAS LIBERADAS: 5</p><p>BIOARMAS PREPARADAS y DISPONIBLES: 39</p><p>BIODEFENSA FASE DOS (MACRO)</p><p>INFORME TERMINADO</p></cite><p>Rica Danwstar permaneci� inm�vil con los brazos en jarras y el ce�o fruncido. Cinco sueltos. No estaba demasiado mal, despu�s de todo. Crey� que lo hab�a conseguido cuando s�lo iban cuatro, pero deb�a haber tardado una fracci�n de segundo m�s de la cuenta. Oh, bueno, de todos modos, �qu� diablos era un tiranosaurus rex?</p><p>Al menos, ah� fuera no hab�a nadie m�s que Nevis.</p><empty-line/><p>Sin la cinta para guiarle, Jefri Lion no hab�a tardado demasiado en perderse a trav�s del laberinto de corredores interconectados. Hab�a acabado adoptando una pol�tica muy sencilla: escoger los m�s anchos con preferencia a los dem�s, girar a la derecha si los corredores ten�an el mismo tama�o y bajar siempre que resultara posible. De momento, parec�a funcionar. Ya hab�a o�do un ruido.</p><p>Se peg� a la pared m�s pr�xima, aunque su intento de ocultarse result� algo comprometido por el inc�modo bulto del ca��n de plasma que llevaba a la espalda, y escuch�. S�, estaba claro que era un ruido y que estaba por delante de �l. Pisadas. Pisadas bastante ruidosas aunque todav�a algo lejanas y que ven�an en su direcci�n. Deb�a de ser Kaj Nevis dentro de su traje de combate.</p><p>Sonriendo con satisfacci�n, Jefri Lion quit� el ca��n de plasma del soporte y empez� a montar su tr�pode.</p><p>El tiranosaurio lanz� un rugido. Haviland Tuf pens� que el sonido era francamente aterrador. Apret� los labios con firmeza en una mueca de disgusto y logr� meterse, otro medio metro m�s, hacia el interior del nicho. Decididamente, no estaba nada c�modo. Tuf era un hombre de gran tama�o y aqu� dentro no hab�a mucho sitio. Estaba sentado con las piernas dificultosamente dobladas bajo el cuerpo, ten�a la espalda tan retorcida que empezaba a dolerle y cada vez que mov�a la cabeza se golpeaba con la parte superior del nicho. Sin embargo, no le parec�a la peor de las situaciones posibles. El lugar era peque�o, cierto, pero le hab�a ofrecido refugio y hab�a logrado ser lo bastante r�pido como para llegar hasta �l. Tambi�n hab�a sido una suerte que el banco de trabajo, con todos sus servomecanismos, su terminal de ordenador y su microvisor, estuviera dispuesto sobre una mesa de metal muy gruesa que iba s�lidamente sujeta al suelo ya la pared, no siendo la fr�gil pieza de mobiliario habitual que habr�a podido ser f�cilmente barrida a un lado.</p><p>De todos modos, Haviland Tuf no estaba del todo complacido consigo mismo. Ten�a la sensaci�n de estar haciendo el rid�culo y de que su dignidad hab�a sido seriamente puesta a prueba. No cab�a duda de que su habilidad para concentrarse en lo que ten�a entre manos, en un momento dado, resultaba digna de elogio pero, con todo, dicho grado de concentraci�n bien pod�a considerarse como un defecto si le permit�a a un reptil carn�voro de siete metros de alto acerc�rsele sin ser advertido.</p><p>El tiranosaurio lanz� otro rugido. Tuf pudo sentir c�mo la pared vibraba por encima de su cabeza y de pronto las enormes fauces del dinosaurio aparecieron unos dos metros por delante de su rostro al inclinarse la bestia hacia �l, apoy�ndose en su gruesa cola para no perder el equilibrio e intentando cogerle. Por fortuna la cabeza del reptil era demasiado grande y el nicho demasiado peque�o. El tiranosaurio se apart� y lanz� un alarido de frustraci�n que hizo rebotar un sinf�n de ecos por toda la estancia. Su cola se agit� nerviosamente estrell�ndose contra la mesa de trabajo y haci�ndola temblar. Algo se hizo pedazos en lo alto de la mesa y Tuf frunci� el ce�o.</p><p>�Vete �dijo con toda la firmeza de que fue capaz, apoyando las manos sobre su est�mago e intentando que su expresi�n fuera de lo m�s inmutable.</p><p>El tirano saurio no le hizo el menor caso. �Tus vigorosos esfuerzos no te servir�n de nada �le indic� Tuf�. Eres demasiado grande y la mesa es demasiado resistente, como ya habr�as comprendido si tuvieras el cerebro algo mayor que una seta. Lo que es m�s, indudablemente eres un clon, producido mediante el registro gen �tico contenido dentro de un f�sil y, por lo tanto, podr�a decirse que yo tengo m�s derecho a la vida que t�, dado que t� eres un ser extinguido y deber�as seguir en tal estado. �Largo de aqu�!</p><p>La r�plica del tirano saurio fue un furioso empell�n hacia adelante y un resoplido que tuvo como efecto lanzar sobre Tuf un peque�o diluvio de saliva. Su cola golpe� una vez m�s el suelo.</p><empty-line/><p>Cuando percibi� por primera vez un movimiento por el rabillo del ojo Celise Waan lanz� un chillido de p�nico.</p><p>Dio un paso hacia atr�s y gir� en redondo para enfrentarse� �a qu�? Ah� no hab�a nada. Pero ella estaba segura de haber visto algo cerca de esa puerta abierta. Sin embargo, �qu� hab�a sido? Nerviosa, desenfund� su pistola de dardos. Hab�a dejado en el suelo su rifle l�ser hac�a ya un rato. Pesaba mucho y era inc�modo de llevar. El esfuerzo de cargar con �l hab�a empezado a resultarle agotador y adem�s dudaba mucho de que fuera capaz de acertar algo con �l. La pistola le hab�a parecido mucho m�s adecuada. Tal y como le hab�a explicado Jefri Lion lanzaba dardos de explosivo pl�stico, por �o cual no le ser�a necesario dar realmente en el blanco y bastar�a con acercarse a �l.</p><p>Avanz� cautelosamente hacia la puerta y se detuvo junto a ella, levantando la pistola. Quit� el seguro y se arriesg� a echar un r�pido vistazo en el interior.</p><p>No hab�a nadie. Se dio cuenta de que deb�a ser alg�n tipo de almac�n. Estaba lleno de equipo sellado con pl�stico protector y dispuesto en enormes pilas sobre flotadores. Examin� el lugar, cada vez m�s nerviosa, pensando que quiz� �o hubiera imaginado todo� pero no. Cuando ya iba a darse la vuelta lo vio de nuevo, una silueta no muy grande pero si muy veloz que apareci� en el l�mite de su campo visual y se esfum� antes de que pudiera distinguirla con claridad.</p><p>Pero esta vez hab�a logrado ver d�nde se escond�a. Celise Waan se lanz� en su persecuci�n, sinti�ndose ahora algo m�s reconfortada, despu�s de todo, la silueta era realmente peque�a.</p><p>Dio la vuelta a una pila de equipo y se dio cuenta de que la ten�a acorralada. Pero, �qu� era? Celise Waan avanz� un par de pasos sosteniendo en alto su arma.</p><p>Era un gato. Un gato que la contemplaba fijamente, agitando la cola a un lado ya otro. Aunque como gato resultaba algo extra�o, desde luego: era muy peque�o, casi parec�a un cachorro. Ten�a el cuerpo de un blanco muy p�lido con brillantes rayas escarlatas, la cabeza resultaba de un tama�o algo superior al normal y en ella ard�an dos asombrosos ojos carmes�es.</p><p>Otro gato, pens� Celise Waan. justo lo que necesitaba: otro gato.</p><p>El gato dio un bufido. Celise Waan retrocedi�, levemente sobresaltada. Los gatos de Tuf se le hab�an enfrentado de vez en cuando, especialmente esa desagradable criatura blanquinegra. Pero no as�. Ese bufido hab�a resultado m�s parecido a un siseo, casi propio de un reptil. No estaba muy segura del porqu�, pero le hab�a dado miedo. y su lengua� parec�a tener una lengua muy larga y bastante peculiar. El gato lanz� otro bufido. �Ven, gatito �le dijo ella�. Ven aqu�, gatito. El animal la contempl� sin moverse y sin pesta�ear, imp�vido. Luego arque� el cuerpo hacia atr�s y le escupi�. El escupitajo dio de lleno en el centro de su visor. Era una espesa materia verdosa que le impidi� ver durante unos segundos hasta que se limpi� el visor con el dorso de la mano.</p><p>Celise Waan decidi� que ya hab�a tenido suficiente gatos que soportar.</p><p>�Gatito bonito, ven hasta aqu� �dijo�. Tengo un regalo para ti.</p><p>El gato laz� otro bufido y arque� el lomo prepar�ndose para escupir de nuevo.</p><p>Celise Waan, con un gru�ido, le hizo volar en mil fragmentos.</p><empty-line/><p>El ca��n de plasma le ajustar�a perfectamente las cuentas a Kaj Nevis. De eso Jefri Lion no ten�a la menor duda. La resistencia del metal con que estaba hecho el traje alien�gena era un factor conocido, claro, pero si era comparable a la de los trajes acorazados que llevaban las tropas de asalto del Imperio Federal durante la Guerra de los Mil A�os, quiz� pudiera repeler el disparo de un l�ser, soportar peque�as explosiones o resistir sin problemas un ataque s�nico, pero un ca��n de plasma era capaz de fundir cinco metros del m�s s�lido acero de un solo disparo. Una buena bola de plasma era capaz de convertir al instante cualquier tipo de armadura personal en metal fundido y Nevis habr�a quedado incinerado antes de tener tiempo suficiente como para entender qu� le hab�a pasado.</p><p>La dificultad radicaba en el tama�o del ca��n. Era grande y dif�cil de llevar y la versi�n te�ricamente port�til, con su peque�a pila energ�tica, precisaba casi un minuto entero despu�s de cada disparo para generar otra bola de plasma en su c�mara de fuerza. Jefri Lion era consciente de que si su primer disparo fallaba era muy improbable que tuviera tiempo de hacer un segundo intento. Peor a�n, incluso con su tr�pode, el ca��n de plasma resultaba dif�cil de manejar y �l llevaba muchos a�os sin haber pisado un campo de batalla e incluso durante su servicio activo el punto fuerte de Lion hab�a radicado en su mente y en su sentido t�ctico, no en sus reflejos. Despu�s de haber pasado tantas d�cadas en el Centro ShanDellor no ten�a mucha confianza en la coordinaci�n que pudiera haber en un momento dado entre sus ojos y sus manos.</p><p>As� pues, Jefri Lion prepar� un plan. Por suerte, los ca�ones de plasma hab�an sido empleados con frecuencia para per�metros automatizados y �ste pose�a la secuencia de fuego autom�tico y la minimente de los modelos habituales. Jefri Lion dispuso el tr�pode en el centro de un pasillo bastante ancho, aproximadamente a unos veinte metros de una encrucijada. Lo program� con un campo de tiro muy angosto y luego calibr� el cubo de fijaci�n de blancos con toda la precisi�n que pudo conseguir. Despu�s, puso en marcha la secuencia de fuego autom�tico y retrocedi� unos pasos con satisfacci�n. En el interior de la pila vio c�mo empezaba a formarse la bola de plasma, haci�ndose cada vez m�s y m�s brillante. Un minuto despu�s se encendi� la luz que indicaba que el ca��n estaba listo para disparar. Una vez dispuesta, la minimente del arma era mucho m�s veloz y pose�a una precisi�n infinitamente superior a la que Lion pod�a esperar si utilizaba el arma en posici�n manual. El blanco programado era el centro de la intersecci�n de pasillos que ten�a delante, pero s�lo disparar�a contra objetos cuyas dimensiones excedieran los l�mites preprogramados.</p><p>Por lo tanto, Jefri Lion pod�a meterse en pleno centro del campo de tiro del arma sin ning�n temor, pero Kaj Nevis, dentro de su colosal traje de combate, se iba a encontrar con una sorpresa muy caliente. Ahora lo �nico que deb�a hacer era llevar a Nevis a las posici�n adecuada.</p><p>La idea era digna de un genio t�ctico como el de Napole�n, de Chin Wu o incluso de Stephan Cobalt Northstar. Jefri Lion estaba infinitamente complacido de s� mismo.</p><p>Mientras Lion hab�a estado esperando el ca��n de plasma el ruido de las pisadas se hab�a ido haciendo m�s fuerte, pero en el �ltimo minuto, aproximadamente, se hab�an ido debilitando de nuevo. Estaba claro que Nevis hab�a cambiado de rumbo y que no iba a presentarse en la posici�n adecuada por voluntad propia. Muy bien, pens� Jefri Lion: �l se encargar�a de llevarle hasta all�.</p><empty-line/><p>En la gran pantalla de forma curva, el Arca iba girando sobre s� misma en una secci�n tridimensional.</p><p>Rica Danwstar, que hab�a abandonado el trono del capit�n por una posici�n no tan c�moda pero m�s eficiente en una de las estaciones del puente, estudi� atentamente la imagen y los datos que iban apareciendo bajo ella con cierto disgusto en la expresi�n. Al parecer, ten�a m�s compa��a de la que hab�a cre�do.</p><p>El sistema representaba a las formas de vida dentro de la nave como puntos de un brillante color rojo. Hab�a seis puntos. Uno de ellos se encontraba en el puente y dado que Rica se encontraba obviamente sola, era ella. Pero, �cinco m�s? Aunque Anittas siguiera con vida, s�lo habr�an debido verse en la imagen otros dos puntos. La imagen no ten�a sentido.</p><p>Quiz� el Arca no fuera realmente un pecio abandonado, despu�s de todo. Quiz� todav�a hubiera alguien a bordo. A no ser por el hecho de que el sistema afirmaba representar al personal autorizado del Arca como puntos verdes, de los cuales no se ve�a ninguno en la pantalla.</p><p>�M�s ladrones de cad�veres? No parec�a muy probable. El �nico significado posible de lo que ve�a era que Tuf, Lion y Waan hab�an logrado abordar la nave, despu�s de todo, aunque no supiera c�mo. Adem�s, seg�n los sistemas de la nave hab�a algo vivo en la cubierta de aterrizaje.</p><p>Muy bien, eso s� encajaba. Seis puntos rojos quer�an decir ella, Nevis y Anittas (�c�mo hab�a logrado sobrevivir a las malditas plagas? Los sistemas insist�an en que la imagen mostraba s�lo organismos vivos) m�s Tuf, Waan y Lion. Uno de ellos segu�a a bordo de la Cornucopia en tanto que los dem�s�</p><p>Era f�cil localizar a Kaj Nevis. Los sistemas mostraban tambi�n a las fuentes de energ�a como peque�as estrellas amarillentas y s�lo uno de los puntos rojos estaba rodeado por un halo de tales estrellas. Ten�a que ser Nevis dentro de su traje de combate.</p><p>Pero, �qu� era ese segundo punto amarillo de mucho mayor tama�o que ard�a en uno de los pasillos vac�os de la cubierta seis? Deb�a de tratarse de una fuente energ�tica condenadamente fuerte pero, �qu� era? Rica no lo entend�a. junto a ella hab�a visto antes otro punto rojo, pero se hab�a alejado y ahora daba la impresi�n de estar siguiendo a Nevis, del cual estaba cada vez m�s cerca.</p><p>Mientras tanto, tambi�n hab�a puntos negros: las bioarmas del Arca. El gran eje central que atravesaba de un extremo a otro el cilindro asim�trico de la nave estaba pr�cticamente atestado de puntos negros, pero al menos estos permanec�an inm�viles. Otros puntos negros, que deb�an ser los animales liberados de las cubas, avanzaban por los corredores. S�lo que� hab�a m�s de cinco. Hab�a, por ejemplo, todo un grupo de puntos negros, quiz� treinta o m�s organismos individuales, fluyendo como un borr�n de tinta a trav�s de la pantalla, emitiendo de vez en cuando prolongaciones fugaces. Una de esas prolongaciones se hab�a acercado a un punto rojo y se hab�a apagado de golpe.</p><p>Tambi�n hab�a un punto rojo en el �rea del eje central. Rica pidi� una imagen de ese sector y la pantalla que no paraba de moverse, como si se tratara de alg�n combate, pens� Rica, mientras estudiaba las letras que aparec�an bajo la imagen. Ese punto negro en particular era la especie #67001-00342-10078, el tiranosaurus rex. No cab�a duda de que era grande, desde luego.</p><p>Se dio cuenta, con cierto inter�s, de que una luz roja y uno de los puntos negros se estaban acercando a Kaj Nevis. Eso iba a resultar interesante. Aparentemente, iba a perderse toda la diversi�n, porque ah� abajo estaba a punto de armarse un aut�ntico infierno.</p><p>y ella estaba aqu� sentada, sana y salva en la sala de control. Rica Danwstar sonri�.</p><empty-line/><p>Kaj Nevis andaba por un corredor, sinti�ndose m�s irritado a cada segundo que pasaba, cuando de repente el mundo entero pareci� explotar sobre su nuca. En el interior del casco el sonido resultante fue espantoso. La fuerza del golpe le hizo caer hacia adelante y el traje se estrell� de bruces en el suelo. Sus reflejos hab�an sido demasiado lentos para permitirle absorber parte del impacto con los brazos.</p><p>Pero al menos se hab�a encargado de casi toda la fuerza del choque y Nevis se encontraba ileso. Mientras segu�a tendido en el suelo, hizo u�a r�pida comprobaci�n de sus indicado res y luego sonri� con una mueca lobuna: el traje de combate no hab�a sufrido el menor da�o y no ten�a ninguna brecha. Rodando sobre s� mismo, logr� ponerse trabajosamente en pie.</p><p>A veinte metros de distancia, en la encrucijada de los dos corredores, vio a un hombre con un traje presurizado verde y oro, armado como si acabara de saquear un museo militar, que sosten�a una pistola en su mano enguantada.</p><p>��Volveremos a encontrarnos, guardia negro! �grit� la figura a trav�s de los altavoces de su casco.</p><p>�CIERTO, LION �replic� Nevis�. ME ALEGRA MUCHO VERTE. VEN AQU� y TE DAR� UN BUEN APRET�N DE MANOS. �Nevis hizo chasquear las pinzas del traje. La pinza derecha segu�a manchada a�n con la sangre del cibertec y Nevis esper� que Lion no se hubiese dado cuenta de ello. Era una l�stima que su l�ser tuviera un alcance tan limitado, pero no importaba. Lo �nico que deb�a hacer era coger a Lion, quitarle sus juguetes y luego entretenerse un ratito con �l, quiz� arrancarle las piernas, haciendo luego un agujero en su traje y dejando que la condenada atm�sfera de la nave se encargara del resto. Kaj Nevis dio un paso hacia adelante. Jefri Lion sigui� inm�vil, alz� su pistola de dardos, apunt�ndola cuidadosamente con las dos manos, y dispar�.</p><p>El dardo le dio a Nevis de lleno en el pecho. La explosi�n fue estruendosa pero esta vez estaba preparado para el impacto. Sinti� un cierto dolor en los o�dos pero apenas si se movi�. Algunas zonas de la intrincada filigrana del traje se hab�an ennegrecido pero �se era el �nico da�o sufrido.</p><p>�VAS A PERDER, VIEJO �dijo Nevis�. ME GUSTA ESTE TRAJE.</p><p>Jefri Lion no le respondi�. Con gestos r�pidos y met�dicos enfund� nuevamente su pistola de dardos, cogi� el rifle l�ser y se lo llev� al hombro, apuntando y disparando.</p><p>El haz luminoso rebot� en el hombro de Nevis y dio en una pared, abriendo en ella un peque�o agujero chamuscado.</p><p>�Una microcapa reflectante �dijo Lion, colg�ndose de nuevo el rifle a la espalda.</p><p>Nevis hab�a cubierto ya m�s de tres cuartas partes de la distancia que les separaba con sus potentes zancadas y Jefri Lion pareci� darse cuenta por fin del peligro que corr�a. Con un gesto de p�nico se dio la vuelta y ech� a correr por uno de los pasillos, desapareciendo del campo visual de Nevis.</p><p>Kaj Nevis aceler� el paso y se lanz� tras �l.</p><empty-line/><p>Haviland Tuf era la paciencia personificada.</p><p>Estaba sentado tranquilamente con las manos cruzadas sobre su gran estomago y soportando el dolor de cabeza que le hab�an producido los repetidos golpes dados por el tiranosaurio sobre la mesa que le proteg�a. Estaba haciendo todo lo posible por ignorar el continuo martilleo que abollaba lentamente el metal por encima de su cabeza, haciendo su situaci�n todav�a m�s inc�moda, as� como los escalofriantes rugidos del animal y las tan melodram�ticas como excesivas muestras de apetito carn�voro que, de vez en cuando, impulsaban al tiranosaurio a inclinarse por encima de la mesa y chasquear fut�lmente sus abundantes colmillos frente al refugio de Tuf. Para conseguirlo, Tuf intentaba concentrarse en un buen plato de moras rodelianas cubiertas con miel de abeja y mantequilla, procuraba recordar qu� planeta en particular pose�a la cerveza m�s fuerte y arom�tica y planeaba una estrategia tan nueva como soberbia con la cual dejar hecho pedazos a Jefri Lion en su siguiente partida, si es que llegaba a darse tal ocasi�n.</p><p>Por fin sus planes acabaron dando fruto. El reptil, enfurecido, aburrido y frustrado, se march�. Haviland Tuf esper� hasta no o�r el menor ruido en el exterior de su refugio y luego, retorci�ndose con dificultad, se qued� por unos instantes tendido en el suelo hasta que las agujas al rojo vivo que le atormentaban las piernas fueron calm�ndose un poco. Despu�s, reptando cautelosamente, asom� la cabeza al exterior.</p><p>Una tenue luz verdosa, un leve zumbido y lejanos ruidos de gorgoteo.</p><p>Ni el menor movimiento en ning�n sitio. Haviland Tuf sali� con grandes precauciones de su refugio.</p><p>El dinosaurio hab�a golpeado numerosas veces los restos del diminuto cad�ver de Champi��n con su enorme cola y el espect�culo hizo que Tuf sintiera un dolor inconmensurable y una feroz amargura. El banco de trabajo estaba irremisiblemente destrozado.</p><p>Pero hab�a muchos otros y lo �nico que precisaba era una c�lula.</p><p>Haviland Tuf tom� una muestra de tejido y se dirigi� con paso cansino hacia el siguiente banco de trabajo. Esta vez se cuid� mucho de permanecer atento por si se produc�a un eventual ruido de pisadas que indicaran la vuelta del dinosaurio.</p><empty-line/><p>Celise Waan estaba contenta. No cab�a duda de que hab�a actuado con decisi�n y eficacia. Esa repugnante criatura parecida a un cachorro de gato no volver�a a causarle molestias. Ten�a el visor todav�a un poco sucio all� donde lo hab�a alcanzado el escupitajo del animal pero, aparte de ello, el encuentro se hab�a saldado con un excelente resultado. Enfund� el arma con una floritura no del todo necesaria y volvi� al pasillo.</p><p>La mancha de su visor la molestaba un poco. Estaba casi a la altura de sus ojos y oscurec�a su campo visual. La frot� con el dorso de la mano, pero eso s�lo pareci� lograr que el visor se ensuciara todav�a m�s. Agua, eso era lo que hac�a falta. Bien, de todos modos hab�a salido en busca de comida y donde hay comida siempre se encuentra tambi�n agua.</p><p>Camin� con paso vivo por el pasillo, dio la vuelta a una esquina y se detuvo como fulminada por un rayo.</p><p>A menos de un metro delante de ella hab�a otra de esas condenadas criaturas de aspecto felino, contempl�ndola con aire insolente.</p><p>Esta vez Celise Waan actu� desde el principio con decisi�n. Su mano fue en busca de su pistola, pero tuvo algunos problemas para desenfundar la y su primer disparo no acert� del todo al repugnante animal, haciendo explotar en mil pedazos la puerta de una habitaci�n cercana. La explosi�n fue ensordecedora. El gato lanz� un bufido, arque� el lomo, escupi� igual que hab�a hecho el primero y sali� corriendo.</p><p>Celise Waan recibi� este segundo escupitajo en el hombro izquierdo. Intent� apuntar mejor pero el visor cubierto de suciedad lo hac�a bastante dif�cil.</p><p>��Narices! �dijo en voz alta e irritada. Cada vez le resultaba m�s dif�cil ver. El pl�stico que ten�a delante de los ojos parec�a estarse cubriendo de niebla y aunque los bordes de su visor segu�an despejados, cuando miraba hacia adelante lo ve�a todo borroso y distorsionado. Necesitaba realmente limpiar el casco.</p><p>Avanz� en la direcci�n por la que hab�a parecido ver huir al animal, movi�ndose lentamente para no tropezar, mientras intentaba o�r algo. Le pareci� percibir un leve sonido de garras como si el animal estuviera cerca de ella, pero resultaba imposible estar segura.</p><p>El visor se estaba poniendo cada vez en peor estado y en esos momentos mirar a trav�s de �l era ya como hacerlo por un cristal esmerilado. Todo hab�a cobrado un color blanquecino y s�lo ve�a vagas siluetas. No puedo seguir as�, pens� Celise Waan, no puedo seguir as� ni un instante m�s. �C�mo pod�a cazar a esa repulsiva criatura felina si estaba medio ciega? Y, lo que era a�n peor, �c�mo saber ad�nde se dirig�a? No hab�a forma de evitarlo, tendr�a que quitarse ese maldito casco.</p><p>Pero entonces record� a Tuf y sus l�gubres advertencias sobre la posibilidad de que la atm�sfera de la nave estuviera contaminada. �Claro que Tuf era un hombre rid�culo y un est�pido! �Acaso hab�a visto alguna prueba de esa contaminaci�n? No, ninguna en absoluto. Hab�a sacado de Cornucopia a ese enorme gato gris y, desde luego, el animal no hab�a parecido sufrir lo m�s m�nimo con la experiencia. La �ltima vez que lo hab�a visto, Tuf lo llevaba en brazos. Naturalmente, hab�a estado discurseando pomposamente sobre per�odos de incubaci�n, pero lo m�s probable era que s�lo estuviera intentando asustarla. Por el modo en que obraba con ella parec�a gozar cada vez que ofend�a su delicada sensibilidad, como por ejemplo al gastarle aquella broma repugnante con la comida para gatos. Sin duda le parecer�a perversamente divertido el que hubiera logrado asustarla lo suficiente como para hacerla permanecer durante semanas en ese traje inc�modo y apestoso que, adem�s, le ven�a estrecho.</p><p>De pronto se le ocurri� que muy probablemente esas criaturas parecidas a gatos que la estaban atormentando eran obra de Tuf y esa sola idea hizo enfurecer enormemente a Celise Waan. �Ese hombre era un b�rbaro!</p><p>Ya casi no pod�a ver nada. El centro del visor se hab�a vuelto completamente opaco.</p><p>Tan decidida como irritada, Celise Waan quit� los sellos protectores del casco y lo arroj� tan lejos como pudo.</p><p>Aspir� hondo. El aire de la nave era ligeramente fr�o y hab�a en �l una cierta sequedad no del todo agradable, pero al menos no estaba tan rancio como el reciclado por su traje. �Vaya, si era bueno! Celise Waan sonri�. En el aire no hab�a nada pernicioso. Ya ten�a ganas de encontrar a Tuf y ajustarle las cuentas como se merec�a, aunque s�lo fuera de palabra.</p><p>Entonces mir� hacia abajo y se qued� at�nita. Su guante, el dorso de la mano izquierda, la mano que hab�a usado para limpiarse el escupitajo del gato. En el tejido de color dorado hab�a ahora un gran agujero e incluso el entramado met�lico que hab�a bajo la superficie parec�a, bueno, �corro�do!</p><p>�Ese gato, ese condenado gato! Si ese escupitajo hubiera llegado a darle en la piel habr�a� habr�a� De pronto record� que ahora ya no llevaba casco. En el otro extremo del pasillo hubo un movimiento fugaz y otro animal parecido a un gato emergi� de una puerta abierta.</p><p>Celise Waan lanz� un chillido, blandi� su pistola y dispar� tres veces en r�pida sucesi�n. Pero el animal era demasiado veloz para ella y en una fracci�n de segundo hab�a vuelto a esfumarse.</p><p>No estar�a a salvo hasta que esa pestilente criatura hubiera sido liquidada, pens�. Si dejaba que huyera pod�a saltar sobre ella en cualquier momento cuando estuviera desprevenida, tal y como le gustaba tanto hacerlo a ese molesto cachorro blanco y negro de Tuf. Celise Waan puso un nuevo cargador de dardos explosivos en su pistola y avanz� cautelosamente en persecuci�n del animal.</p><empty-line/><p>El coraz�n de Jefri Lion lat�a como no lo hab�a hecho durante a�os. Le dol�an las piernas y su respiraci�n se hab�a convertido en un ronco jadeo. Su organismo rebosaba de adrenalina. Intent� correr a�n m�s r�pido. Ya s�lo faltaba un poco, este pasillo, dar la vuelta a la esquina y luego quiz� veinte metros hasta la pr�xima intersecci�n.</p><p>El suelo temblaba cada vez que Kaj Nevis plantaba en �l uno de los pesados discos met�licos que le serv�an de pies y en una o dos ocasiones Jefri Lion estuvo a punto de tropezar, pero el peligro parec�a aumentar todav�a m�s la emoci�n que sent�a. Estaba corriendo como si a�n fuera joven y ni tan siquiera las zancadas de Nevis, monstruosamente aumentadas por el traje, eran capaces de alcanzarle, por el momento. Aunque sab�a que su perseguidor acabar�a atrap�ndole si la persecuci�n se prolongaba demasiado.</p><p>Mientras corr�a cogi� una granada luminosa de su bandolera y cuando oy� una de las malditas pinzas de Kaj Nevis chasquear a un metro escaso de su espalda Jefri Lion le quit� el seguro y la arroj� por encima del hombro, apretando a�n m�s el paso y dando la vuelta, por fin, a la �ltima esquina.</p><p>Al doblarla se volvi� �justo a tiempo para ver c�mo una silenciosa flor de cegadora luz blanco azulada se abr�a en el corredor que hab�a dejado apenas hac�a un segundo. S�lo la luz reflejada por los muros bast� para dejar deslumbrado a Jefri Lion durante unos instantes. Retrocedi� cautelosamente, observando la intersecci�n de pasillos. La granada tendr�a que haberle quemado las retinas a Nevis y la radiaci�n bastaba para matarle en unos segundos.</p><p>La �nica se�al que hab�a de Nevis era una enorme sombra, de una negrura absoluta, que se proyectaba m�s all� de la intersecci�n de los corredores.</p><p>Jefri Lion se bati� en retirada, jadeando. y Kaj Nevis, andando muy despacio, apareci� en la esquina. Su visor estaba tan oscurecido que parec�a casi negro pero, mientras Lion le observaba, el brillo rojo volvi� a encenderse lentamente hasta alcanzar su intensidad habitual.</p><p>��MALDITO SEAS T� y TODOS TUS JUGUETES EST�PIDOS! �retumb� la voz de Nevis.</p><p>Bueno, pens� Jefri Lion, no importaba. El ca��n de plasma se encargar�a de �l, no cab�a duda de eso, y ahora s�lo estaba a unos diez metros de la zona de fuego.</p><p>��Abandonas, Nevis? �le desafi�, avanzando sin prisas hacia la zona de fuego�. �Quiz�s el viejo soldado ha resultado demasiado r�pido para ti?</p><p>Pero Kaj Nevis no se movi�. Por un momento Jefri Lion se qued� perplejo. �Le habr�a logrado alcanzar la radiaci�n, despu�s de todo, a pesar de su traje? No, era imposible. Pero Nevis no pod�a abandonar ahora la cacer�a, no cuando Lion le hab�a logrado llevar con tanto trabajo hasta la zona de fuego y su sorpresa en forma bola de plasma. Nevis se ri�. Estaba mirando por encima de la cabeza de Lion. Jefri Lion alz� los ojos justo a tiempo de ver c�mo algo abandonaba su escondite en el techo y se lanzaba aleteando sobre �l. La criatura era negra como la pez y se impulsaba con unas oscuras y enormes alas de murci�lago. Tuvo una fugaz visi�n de unos ojos rasgados de color amarillo en los cuales ard�an dos angostas pupilas rojizas. Luego la oscuridad le envolvi� como una capa y una carne, h�meda y rugosa como el cuero, tap� su boca ahogando su grito de sorpresa y pavor.</p><empty-line/><p>Rica Danwstar pens� que, de momento, todo era muy interesante.</p><p>Una vez se hab�a logrado dominar el sistema y comprenderlos mandos, se pod�a descubrir un mont�n de cosas. Por ejemplo, se pod�a descubrir la masa aproximada y la configuraci�n corporal de todas esas lucecitas que se mov�an en la pantalla. El ordenador era incluso capaz de preparar una simulaci�n tridimensional siempre que se le pidiera educadamente, cosa que Rica hizo.</p><p>Ahora todo estaba empezando a encajar. As� que, despu�s de todo, Anittas hab�a desaparecido de la escena. El sexto intruso, el de Cornucopia, era solamente uno de los gatos de Tuf.</p><p>Kaj Nevis y su supertraje andaban persiguiendo a Jefri Lion por la nave. Pero uno de los puntos negros, un dr�cula encapuchado, acababa de caer sobre Lion.</p><p>El punto rojo que representaba a Celise Waan hab�a dejado de moverse aunque no se hab�a apagado. La gran masa negra de puntos se estaba acercando a ella.</p><p>Haviland Tuf estaba solo en el eje central, metiendo algo dentro de una cuba cl�nica e intentando pedirle al sistema que activara el campo temporal. Rica dej� que la orden siguiera su curso.</p><p>Y el resto de las bioarmas andaban sueltas por los corredores.</p><p>Rica decidi� que lo mejor ser�a dejar que las cosas se aclararan un poco por s� mismas antes de que ella interviniera.</p><p>Mientras tanto, hab�a logrado desenterrar el programa necesario para limpiar de plaga el interior de la nave. Primero tendr�a que cerrar todos los sellos de emergencia, clausurando cada sector de modo individual. Luego podr�a dar principio al proceso: evacuaci�n de atm�sfera, filtraci�n, irradiaci�n con un factor de redundancia masiva, incorporado en pro de la seguridad y finalmente, cuando la atm�sfera nueva llenara la nave, instalaci�n en ella de los ant�genos adecuados. Complicado y largo, pero efectivo.</p><p>Y Rica no ten�a ninguna prisa.</p><empty-line/><p>Lo primero que le hab�a fallado fueron las piernas. Celise Waan estaba tendida en el centro del pasillo, en el que hab�a ca�do, con la garganta oprimida por el terror. Todo hab�a ocurrido tan de repente. En un momento dado hab�a estado corriendo por el pasillo persiguiendo al maldito gato y de pronto hab�a sufrido un terrible mareo que la hab�a dejado excesivamente d�bil como para continuar. Hab�a decidido descansar un instante para recuperar el aliento y se hab�a sentado en el suelo, pero no hab�a notado un gran alivio. Luego, al querer levantarse porque se notaba cada vez peor, as piernas se le doblaron cual si estuvieran hechas de goma y Celise Waan se derrumb� de bruces en el suelo.</p><p>Despu�s de eso sus piernas se hab�an negado a moverse y ya ni tan siquiera pod�a sentirlas. De hecho, no ten�a sensaci�n alguna por debajo de la cintura y la par�lisis estaba trepando lentamente por su cuerpo. A�n pod�a mover los brazos, pero cuando lo hac�a notaba un agudo dolor y sus movimientos eran tan torpes como lentos.</p><p>Ten�a la mejilla apretada contra el suelo. Intent� alzar la cabeza y no lo consigui�. De pronto todo su torso se estremeci� con una insoportable punzada de dolor.</p><p>A dos metros de distancia uno de los animales parecidos a gatos asom� por una esquina y clav� en ella sus enormes y aterradores ojos. Su boca se abri� en un lento bufido.</p><p>Celise Waan intent� no chillar. A�n ten�a la pistola en la mano. Lenta y temblorosamente la fue arrastrando hasta que estuvo delante de su rostro. Cada movimiento era una agon�a. Luego apunt� tan bien como pudo, bizqueando para distinguir el punto de mira, y dispar�.</p><p>El dardo dio en el blanco. y Celise Waan recibi� un diluvio de fragmentos de animal. Uno de ellos, h�medo y repugnante, aterriz� sobre su mejilla.</p><p>Se sinti� un poco mejor. Al menos hab�a logrado matar al animal que la atormentaba y estaba a salvo de eso. Segu�a enferma e indefensa, claro, y quiz� lo mejor ser�a descansar. S�, dormir�a un poco y despu�s se encontrar�a mejor. Otro animal apareci� de un salto en el pasillo. Celise Waan intent� moverse y vio que el esfuerzo era in�til. Cada vez le pesaban m�s los brazos.</p><p>Al primer animal le sigui� un segundo. Celise arrastr� nuevamente su arma hasta tenerla junto a la mejilla e intent� apuntar. Un tercer animal apareci� junto a los otros dos, distray�ndola, y el dardo err� el blanco, explotando inofensivamente a lo lejos.</p><p>Uno de los gatos le lanz� un escupitajo. Le dio de lleno entre los ojos.</p><p>El dolor resultaba absolutamente incre�ble. Si hubiera podido moverse, se habr�a arrancado los ojos de las cuencas y habr�a rodado por el suelo, dando alaridos y ara��ndose la piel. Pero no pod�a moverse. Lanz� un chillido casi inaudible.</p><empty-line/><p>Su visi�n se convirti� en una borrosa mancha de color y luego se esfum�.</p><p>Oy� patas. Ruido de patas acolchadas, leve y sigiloso. Patas de gato.</p><p>�Cu�ntos hab�a? Celise sinti� un peso en la espalda. y luego otro, y otro. Algo golpe� su paralizada pierna derecha y sinti� vagamente c�mo se desplazaba por encima de ella.</p><p>Sinti� el ruido de un escupitajo y su mejilla se incendi�. Estaban por todas partes, encima de ella, arrastr�ndose a su alrededor. Pod�a notar su duro pelaje en una mano. Algo le mordi� la nuca. Grit� pero el mordisco continu� y se hizo m�s hondo, peque�os dientes puntiagudos que se afianzaron en su carne y empezaron a tirar de ella.</p><p>Otro mordisco en un dedo. Sin saber c�mo, el dolor le dio fuerzas y logr� mover la mano. Al hacerlo se alz� una cacofon�a de bufidos a su alrededor, las irritadas protestas de los animales. Sinti� que le mord�an la cara, la garganta, los ojos. Algo estaba intentando meterse dentro de su traje.</p><p>Movi� la mano lenta y torpemente. Apart� cuerpos de animales, recibi� mordiscos y sigui� movi�ndola. Tante� su cintur�n y por �ltimo sinti� el objeto duro y redondo entre sus dedos. Lo sac� del cintur�n y lo acerc� a su rostro, sosteni�ndolo con toda la fuerza que le quedaba.</p><p>�D�nde estaba el gatillo para armarla? Su pulgar recorri� el objeto, buscando. Ah�. Le dio media vuelta y luego lo apret� tal y como Lion le hab�a dicho.</p><p>Cinco, recit� en silencio, cuatro, tres, dos, uno. y! en su �ltimo instante, Celise Waan vio la luz.</p><p>Kaj Nevis se hab�a re�do mucho contemplando el espect�culo.</p><p>No sab�a qu� demonios era esa condenada cosa, pero hab�a resultado m�s que suficiente para entend�rselas con Jefri Lion. Cuando cay� sobre �l le rode� con las alas y durante unos cuantos minutos Lion luch� y se debati�, rodando por el suelo con la criatura tap�ndole la cabeza y los hombros. Parec�a un hombre luchando con un paraguas y el resultado era de una irresistible comicidad.</p><p>Finalmente Lion acab� qued�ndose inm�vil. S�lo sus piernas se agitaban de vez en cuando d�bilmente. Sus gritos cesaron y en el corredor se oy� un r�tmico sonido de succi�n.</p><p>Nevis estaba tan divertido como contento de lo que hab�a pasado, pero se imagin� que lo mejor ser�a no dejar ning�n cabo suelto. La criatura estaba absorta aliment�ndose de Lion, y Nevis se acerc� a ella tan silenciosamente como pudo, lo cual no era gran cosa, y la agarr�. Cuando la arranc� de los restos de Jefri Lion se oy� un ruido parecido al que hace una botella al ser descorchada.</p><p>Maldici�n, pens� Nevis, un trabajo de todos los diablos. Toda la parte frontal del casco de Lion estaba reventada. La criatura pose�a una especie de pico para chupar, de una consistencia cercana a la del hueso, y lo hab�a clavado directamente en el visor de Lion, absorbi�ndole despu�s la mayor parte del rostro. Un espect�culo bastante feo, a decir verdad. La carne parec�a casi derretida y en algunas zonas asomaba el hueso.</p><p>El monstruo aleteaba locamente en sus brazos y emit�a un chillido bastante desagradable, a medio camino entre el gimoteo y el zumbido. Kaj Nevis extendi� su brazo, apart�ndolo tanto como pudo, y dej� que aleteara mientras lo estudiaba. La criatura atac� su brazo, una y otra vez, pero no consigui� resultado alguno. Le gustaban esos ojos. Eran realmente malignos y aterradores. Pens� que la criatura pod�a resultar �til y se imagin� lo que pasar�a una noche si soltaba de golpe doscientas cosas de su especie en Shandicity. �Oh, s�! estar�an dispuestos a pagar el precio que pidiera. Le dar�an lo que pidiera, fuera lo que fuera: dinero, mujeres, poder, incluso el condenado planeta entero si eso era lo que deseaban. Iba a ser muy divertido poseer semejante nave.</p><p>Mientras tanto, sin embargo, esta criatura en concreto pod�a acabar siendo m�s bien una molestia.</p><p>Kaj Nevis agarr� un ala con cada mano y la parti� en dos. Luego, sonriendo, regres� por donde hab�a venido.</p><empty-line/><p>Haviland Tuf comprob� de nuevo los instrumentos y ajust� delicadamente el flujo del l�quido. Una vez satisfecho, cruz� las manos sobre el est�mago y se acerc� a la cuba en cuyo interior giraba un l�quido opaco de un color entre el rojo y el negro. Al contemplarlo Tuf sinti� algo parecido al v�rtigo, pero sab�a que eso era s�lo un efecto colateral del campo de estasis. En ese peque�o tanque, tan diminuto que casi pod�a rodearlo con las dos manos, se estaban desplegando vastas energ�as primigenias e incluso el tiempo se aceleraba para cumplir sus �rdenes. Verlo le produc�a una extra�a sensaci�n de reverencia y temor.</p><p>El ba�o nutritivo se fue aclarando gradualmente hasta volverse casi trasl�cido y en su interior a Tuf le pareci� por un segundo que pod�a distinguir ya una silueta oscura que cobraba forma, creciendo y creciendo visiblemente. Todo el proceso ontogen�tico se desarrollaba ante sus mismos ojos. Cuatro patas, s�, ya pod�a verlas. y una cola. Tuf lleg� a la conclusi�n de que eso s�lo pod�a ser una cola.</p><p>Regres� a los controles. No deseaba que su creaci�n fuera vulnerable a las plagas que hab�an acabado con Champi��n. Record� la inoculaci�n que el tirano saurio hab�a recibido muy poco antes de su inesperada y m�s bien molesta liberaci�n. Sin duda ten�a que existir un modo para administrar los ant�genos y la profilaxis adecuada antes de completar el proceso de nacimiento. Haviland Tuf empez� a buscar cu�l era exactamente ese modo.</p><empty-line/><p>El Arca estaba casi limpia. Rica hab�a sellado ya las barreras en tres cuartas partes de la nave y el programa de esterilizaci�n segu�a su curso, con la l�gica automatizada e inexorable que le era propia. La cubierta de aterrizaje, la secci�n de ingenier�a, la sala de m�quinas, la torre de control, el puente y nueve sectores m�s aparec�an ahora con un p�lido y limpio color azul en la imagen de la gran pantalla. S�lo el gran eje central, los corredores principales y las �reas de laboratorios cercanas a �l segu�an te�idas por ese rojo casi corrosivo que indicaba una atm�sfera repleta de enfermedades y muerte en una miriada de formas distintas.</p><p>Eso era justamente lo que Rica Danwstar deseaba. En esos sectores centrales, conectados entre s�, estaba teniendo lugar otro tipo de proceso que pose�a una l�gica igualmente implacable. La ecuaci�n final de ese proceso, no le cab�a duda, la dejar�a como �nica due�a y se�ora de la sembradora y de todo su conocimiento, poder y riqueza.</p><p>Dado que el puente ya estaba limpio, Rica se hab�a quitado el casco y daba gracias de haber podido hacerlo. Tambi�n hab�a pedido un poco de comida. En concreto, una gruesa tajada prote�nica, obtenida de una criatura llamada bestia de carne, que el Arca hab�a mantenido en un suculento estasis durante mil a�os, y que hab�a engullido acompa�ada por un gran vaso de agua dulce y helada que sab�a ligeramente a miel de Milidia. Mientras observaba los informes que flu�an en la pantalla, hab�a ido comiendo y bebiendo, disfrutando enormemente a cada bocado.</p><p>Las cosas se hab�an simplificado considerablemente ah� abajo. Jefri Lion hab�a salido de escena y en cierto modo le parec�a lamentable. Era un hombre inofensivo, aunque su ingenuidad resultara a veces insoportable. Celise Waan estaba tambi�n fuera de juego y, por sorprendente que pareciera, se las hab�a arreglado para llevarse consigo a los gatos del infierno. Kaj Nevis se hab�a encargado del dr�cula encapuchado.</p><p>S�lo quedaban Nevis, Tuf y ella.</p><empty-line/><p>Rica sonri�. Tuf no representaba ning�n problema. Estaba muy ocupado fabricando un gato y siempre hab�a un modo sencillo y r�pido para eliminarle. No, el �nico obst�culo real que se interpon�a a�n entre Rica y el trofeo final era Kaj Nevis y el traje de combate Unqi. Lo m�s probable era que en esos instantes Kaj se encontrara realmente confiado yeso era bueno. Que siguiera as�, pens� Rica.</p><p>Termin� de comer y se lami� los dedos. Pensaba que ya hab�a llegado el momento de su lecci�n zool�gica. Pidi� los informes existentes sobre las tres bioarmas que todav�a vagaban por la nave y pens� que si alguna de ellas resultaba adecuada no deb�a preocuparse. Despu�s de todo, le quedaban a�n treinta y nueve m�s en el campo de estasis, esperando el momento de la liberaci�n. Pod�a escoger a su verdugo sin ning�n tipo de problemas.</p><p>�Un traje de combate? Lo que ten�a a su disposici�n era mejor que cien trajes de combate.</p><p>Una vez hubo terminado de leer los perfiles zool�gicos Rica Danwstar sonre�a ampliamente.</p><p>Basta de reservas y precauciones. El �nico problema era hacer las presentaciones del modo adecuado. Comprob� la geograf�a de la zona en la gran pantalla y trat� de pensar en lo tortuosa que pod�a llegar a ser, en �ltimo extremo, la mente del viejo Kaj Nevis.</p><p>Rica sospechaba que no lo suficiente.</p><empty-line/><p>Los malditos pasillos segu�an interminablemente y nunca parec�an llevar a ning�n sitio que no fueran m�s pasillos. Sus indicadores mostraban que ya estaba usando el aire del tercer tanque. Kaj Nevis sab�a que era imprescindible encontrar r�pidamente a los dem�s y quitarles de enmedio para poder dedicarse luego a resolver el problema de c�mo demonios funcionaba aquella condenada nave.</p><p>Estaba recorriendo un pasillo especialmente largo y amplio cuando, de repente, una especie de cinta pl�stica incrustada en el suelo empez� a relucir bajo sus pies.</p><p>Nevis se detuvo y frunci� el ce�o. La cinta reluc�a casi como si intentara indicarle algo. Iba en l�nea recta hacia adelante y luego torc�a por la siguiente intersecci�n de pasillos penetrando en el de la derecha.</p><p>Nevis dio un paso hacia adelante y la parte de cinta que ten�a a la espalda se apag�.</p><p>Le estaban indicando que fuera hacia alg�n sitio. Anittas hab�a dicho algo respecto a que estaba conduciendo a varias personas dentro de la nave justo antes de recibir su peque�o corte de pelo. �As� que lo hac�a de ese modo? �Ser�a quiz� posible que el cibertec gozara todav�a de alg�n tipo de vida dentro del ordenador del Arca? Nevis lo dudaba. Anittas le hab�a dado la impresi�n de estar muerto y bien muerto y Kaj ten�a mucha experiencia en cuanto a c�mo hacer que alguien se muriera. Entonces, �de qui�n se trataba ahora? Rica Danwstar, por supuesto. Ten�a que ser ella. El cibertec dijo que la hab�a conducido hasta la sala de control.</p><p>Entonces, �a d�nde estaba intentando llevarle? Kaj Nevis lo estuvo meditando durante unos instantes. Dentro de su traje de combate ten�a la sensaci�n de que era invulnerable a casi todo pero, �por qu� correr riesgos? Adem�s, Danwstar era una perra traicionera y entraba perfectamente dentro de lo posible que estuviera pensando en hacerle dar vueltas y vueltas sin rumbo hasta que se le terminara el aire.</p><p>Se dio la vuelta con adem�n decidido y parti� en direcci�n opuesta a la indicada por la seductora cinta plateada.</p><p>Al llegar a la siguiente encrucijada una cinta verde se encendi� de repente, se�alando hacia su izquierda.</p><p>Kaj Nevis gir� hacia la derecha. El pasillo terminaba abruptamente ante dos ascensores en forma de espiral. Cuando Nevis se detuvo, uno de los ascensores empez� a subir, movi�ndose como un sacacorchos. Nevis torci� el gesto y se dirigi� hacia el que no se hab�a movido.</p><p>Baj� tres niveles y, al llegar al fondo, se encontr� en un pasillo angosto y oscuro. Antes de que Nevis pudiera decidirse por una de las dos direcciones posibles oy� un chirrido met�lico y de la pared emergi� un panel que cerr� la entrada por la derecha.</p><p>As� que la perra segu�a intent�ndolo, pens� con furia, y se volvi� hacia la izquierda. El corredor parec�a irse ensanchando pero se volv�a todav�a m�s oscuro. De vez en cuando se distingu�an confusamente enormes masas de viejas m�quinas. A Nevis no le gust� nada su aspecto.</p><p>Si Danwstar pensaba que iba a poderle conducir como una oveja a su trampa, s�lo con cerrar unas cuantas puertas, pronto se dar�a cuenta de cu�n equivocada estaba. Nevis se volvi� hacia la parte del pasillo que hab�a quedado cerrada por el panel, levant� el pie y le dio una buena patada. El ruido fue ensordecedor. Sigui� d�ndole patadas y luego empez� a usar tambi�n los pu�os, empleando toda la fuerza aumentada que le daba el exoesqueleto del traje.</p><p>Luego, sonriendo, pas� sobre los restos del panel destrozado y entr� en el oscuro pasillo que Danwstar hab�a intentado dejar fuera de su alcance. El suelo era de metal y las paredes casi le rozaban los hombros. Nevis pens� que deb�a tratarse de alg�n tipo de acceso para reparaciones, pero quiz�s acabara llev�ndole hasta un lugar importante. �Demonios!, ten�a que conducir a un lugar importante. De lo contrario, �por qu� hab�a querido impedirle la entrada en �l?</p><p>Sigui� andando, haciendo resonar sus pies sobre las placas met�licas del suelo. El pasillo se hac�a cada vez m�s oscuro, pero Kaj Nevis estaba decidido a llegar hasta el final. En un punto del trayecto el pasillo giraba hacia la derecha y se estrechaba hasta tal punto que tuvo que retraer los brazos dentro del traje y esforzarse mucho para poder pasar.</p><p>Una vez lo hubo conseguido vio delante suyo un peque�o cuadrado luminoso. Nevis se dirigi� hacia �l pero se detuvo en seco un instante despu�s. �Qu� era aquello?</p><p>Ante �l, flotando en el aire, hab�a lo que parec�a una especie de mancha negra.</p><p>Kaj Nevis avanz� hacia ella cautelosamente. La mancha negra no era muy grande y ten�a forma redondeada, bastante parecida al pu�o de un hombre. Nevis se mantuvo a un metro de distancia y la estudi�. Parec�a otra criatura tan condenadamente fea como la que se hab�a tomado a Jefri Lion de cena, pero a�n m�s extra�a. Vista de cerca ten�a un color marr�n oscuro y su piel parec�a estar echa de rocas. De echo, casi parec�a ser una roca. La �nica raz�n para que Nevis la creyera dotada de vida era su boca, un h�medo agujero negro que se abr�a en la piel rocosa de la criatura. El interior de la boca era de un color verdoso y no paraba de palpitar. Nevis distingui� unos dientes o algo que se les parec�a mucho, pero que estaban hechos de metal. Le pareci� ver que hab�a tres hileras de ellos, medio escondidos por una carne verde de aspecto gomoso que lat�a lenta y r�tmicamente.</p><p>Lo m�s extra�o e incre�ble de la criatura era su movilidad. Al principio Nevis pens� que flotaba en el aire pero, al acercarse un poco m�s, vio que se hab�a equivocado. Estaba suspendida en el centro de una telara�a incre�blemente fina cuyas hebras eran tan delgadas que resultaban pr�cticamente invisibles. De hecho, las terminaciones de las hebras eran invisibles. Nevis logr� ver las partes m�s gruesas y cercanas a la criatura, pero la telara�a parec�a hacerse m�s y m�s fina a medida que se iba extendiendo y, al final, resultaba imposible ver los puntos en que se pegaba a las paredes, el suelo o el techo, por mucho que intentara encontrarlos.</p><p>Entonces, era una ara�a. y muy rara. Su aspecto rocoso le hizo pensar que deb�a tratarse de una forma de vida basada en el silicio. Hab�a o�do hablar de cosas parecidas en sus viajes, pero resultaban condenadamente raras. As� que estaba ante una especie de ara�a de silicio. Estupendo.</p><p>Kaj Nevis se acerc� un poco m�s. Maldici�n, pens�. La telara�a o lo que hab�a cre�do que era la telara�a, no era tal. �Maldita sea!, esa condenada cosa no estaba sentada en el centro de la telara�a. Era parte de ella. Se dio cuenta de que las delgadas hebras brillantes crec�an de su cuerpo, aunque apenas si pudo distinguir las uniones con �ste. y hab�a m�s de las que hab�a cre�do en un principio� Hab�a centenares, quiz� millares incluso, la mayor parte demasiado delgadas para que se las pudiera distinguir desde lejos, pero si se las miraba desde el �ngulo adecuado se pod�a percibir el reflejo plateado de la luz de ellas.</p><p>Nevis retrocedi� un paso, algo intranquilo pese a la seguridad que le daba su traje acorazado y sin tener realmente una buena raz�n para ello. Detr�s de la ara�a de silicio se ve�a brillar la luz al final del pasillo. Ah� deb�a encontrarse algo importante y por eso hab�a intentado con tal empe�o Rica Danwstar mantenerle alejado.</p><p>Eso es, pens� con satisfacci�n. Probablemente ah� deb�a estar la maldita sala de control y en su interior deb�a estar Rica agazapada, y esa est�pida ara�a era su �ltima l�nea defensiva. S�lo de verla le entraban escalofr�os pero, �qu� demonios pod�a hacerle?</p><p>Kaj Nevis alz� su pinza derecha disponi�ndose a partir la telara�a.</p><p>Las pinzas met�licas, manchadas a�n de sangre, se cerraron sin ning�n problema sobre la hebra m�s cercana. y un instante despu�s fragmentos de metal Unqui manchados de sangre se estrellaron sobre las placas del suelo.</p><p>La telara�a empez� a vibrar. Kaj Nevis contemplo at�nito su brazo inferior derecho. Le faltaba la mitad de la pinza, limpiamente cortada. Sinti� en su garganta el sabor amargo de la bilis y retrocedi� primero un paso, luego otro y otro m�s, poniendo m�s distancia entre �l y la cosa del pasillo.</p><p>Mil hebras delgad�simas se convirtieron en un millar de patas. Al moverse dejaron mil agujeros en el metal de las paredes y bast� con que tocaran el suelo para que lo perforasen.</p><p>Nevis ech� a correr. Logr� mantenerse por delante de la criatura hasta llegar al estrechamiento del pasillo que hab�a cruzado antes.</p><p>A�n estaba retrayendo los enormes brazos del traje y debati�ndose con furor cuando la telara�a ambulante le atrap�. Nevis la vio avanzar hacia �l oscilando sobre una multitud de patas invisibles, con su boca palpitante. Nevis grit� aterrado, y mil brazos de silicona mononuclear le envolvieron.</p><p>Nevis alz� uno de los enormes brazos del traje para aferrar la cabeza de la criatura y reducirla a pulpa, pero las patas estaban por todas partes a la vez, ondulando l�nguidamente a su alrededor hasta encerrarle. Se lanz� contra ellas y las patas atravesaron f�cilmente el metal, la carne y el hueso. Un chorro de sangre brot� de su brazo amputado y Nevis apenas si tuvo tiempo para gritar.</p><p>Un segundo despu�s, la telara�a ambulante se cerr� sobre �l.</p><empty-line/><p>Una grieta fina como un cabello apareci� en el pl�stico de la cuba vac�a y el gatito la golpe� con una pata. La grieta se hizo un poco m�s grande. Haviland Tuf se inclin� sobre �l y cogi� al gatito con una mano, acerc�ndolo luego a su rostro. No era muy grande y parec�a algo d�bil. Quiz�s hab�a empezado demasiado pronto el proceso de nacimiento. Tendr�a m�s cuidado en su pr�ximo intento, pero por esta vez la inseguridad de su posici�n y el tener que vigilar constantemente para que un tiranosaurio inquieto no interrumpiera su trabajo, hab�an dado como resultado, al parecer, una prisa excesiva.</p><p>De todos modos, le pareci� que hab�a tenido bastante �xito. El gatito maull� y Haviland Tuf pens� que ser�a necesario alimentarle con un biber�n de leche, tarea que le pareci� f�cilmente realizable. El gatito apenas si pod�a abrir los ojos y su largo pelaje gris estaba todav�a mojado a causa de los fluidos en los que hab�a estado sumergido hasta hacia muy poco. �Habr�a sido alguna vez Champi��n realmente tan peque�o?</p><p>�No puedo llamarte Champi��n �le dijo solemnemente a su nuevo compa�ero�. Es cierto que gen�ticamente t� y �l sois iguales, pero Champi��n era Champi��n, en tanto que t� eres t� y no me gustar�a empezar a crearte confusiones. Te llamar� Caos, con lo que resultar�s un compa�ero muy adecuado para Desorden. �El gatito se agit� en la palma de su mano y le gui�� un ojo como si le hubiera entendido. Claro que, como bien sab�a Tuf, todos los felinos poseen ciertas cualidades extrasensoriales.</p><p>Ya no le quedaba nada por hacer all�. Quiz�s hab�a llegado el momento de buscar a sus anteriores y poco fiables compa�eros para intentar alcanzar con ellos cierto arreglo que resultara mutuamente beneficioso. Sosteniendo a Caos junto a su cuerpo, Haviland Tuf se puso en marcha dispuesto a encontrarlos.</p><empty-line/><p>Cuando la luz roja que representaba a Nevis desapareci� de la pantalla, Rica Danwstar pens� que casi todo estaba listo. Ya s�lo quedaban ella y Tuf, lo cual, a efectos pr�cticos, significaba que era due�a y se�ora del Arca.</p><p>�Qu� diablos iba a hacer con ella? Resultaba dif�cil responder a esa pregunta. �Venderla a un consorcio de armamentos o al mundo que ofreciera el precio m�s alto? Dudoso. No confiaba en nadie que poseyera tanto poder. Despu�s de todo, el poder corrompe. Quiz� debiera conservarla en sus manos, pero vivir dentro de ese cementerio iba a resultar espantosamente solitario por mucho que su propia corrupci�n la hiciera inmune a las tentaciones del poder. Siempre pod�a buscar una tripulaci�n, claro. Llenar la nave de amigos, amantes y subordinados. S�lo que, �c�mo confiar en ellos? Rica frunci� el ce�o. Bueno, el problema era bastante espinoso, pero ten�a mucho tiempo para resolverlo. Ya pensar�a en ello despu�s.</p><p>En esos instantes ten�a un problema m�s urgente a considerar. Tuf hab�a salido ahora mismo de la c�mara central de clonaci�n y se hab�a metido en los pasillos. �Qu� hacer con el?</p><p>Rica estudi� la pantalla. La telara�a segu�a en su cubil, caliente y c�modo, probablemente aliment�ndose todav�a con Nevis. Las cuatro toneladas del ariete rodante se encontraban en el corredor principal de la cubierta seis, movi�ndose de un lado a otro como una gigantesca bola de ca��n viviente y no muy lista, rebotando en las paredes y buscando vanamente algo org�nico sobre lo que rodar, aplast�ndolo, para luego digerirlo.</p><p>El tiranosaurio se encontraba en el nivel adecuado. �Qu� estar�a haciendo? Rica tecle� los controles pidiendo informaci�n m�s detallada y sonri�. Si pod�a fiarse de los informes estaba comiendo. �Comiendo qu�? Por unos momentos no supo qu� pensar y de pronto lo comprendi�. Deb�a de estar engullendo los restos de Jefri Lion y el dr�cula encapuchado, ya que el lugar donde se encontraba parec�a el mismo donde hab�an muerto.</p><p>Pens�ndolo bien, estaba bastante cerca de Tuf. Por desgracia, cuando se puso otra vez en marcha lo hizo en la direcci�n err�nea. Quiz� pudiera prepararle una cita.</p><p>Claro que no deb�a subestimar a Tuf. Ya hab�a logrado escapar por una vez al reptil y quiz� pudiera escapar de nuevo. Incluso si le atra�a al nivel en que se encontraba el ariete tendr�a el mismo tipo de problema. Tuf pose�a cierta astucia animal e innata. jam�s lograr�a enga�arle de un modo tan tosco como al viejo Nevis, ya que era demasiado sutil. Record� las partidas que hab�an disputado a bordo de la Cornucopia y la forma en que Tuf las hab�a ganado todas.</p><p>�Soltar quiz� unas cuantas bioarmas m�s? Ser�a f�cil hacerlo.</p><p>Rica Danwstar vacil� unos instantes. Ah, qu� diablos, pens�, hay un modo m�s sencillo de hacerlo. Ya iba siendo hora de ponerse manos a la obra personalmente.</p><p>En uno de los brazos del trono del capit�n hab�a una delgada diadema de metal iridiscente que Rica hab�a sacado antes de un compartimiento. La cogi� y la hizo pasar brevemente por un lector para comprobar los circuitos, poni�ndosela luego en la cabeza con una inclinaci�n algo osada. Despu�s se puso el casco, sell� su traje y tom� su arma. Una vez m�s en la brecha�</p><empty-line/><p>Recorriendo los pasillos del Arca, Haviland Tuf encontr� una especie de veh�culo consistente en una peque�a plataforma descubierta provista de tres ruedas. Llevaba cierto tiempo de pie y antes de ello hab�a estado escondi�ndose bajo una mesa por lo cual agradeci� sumamente la ocasi�n de sentarse. Puso en marcha el veh�culo, ajustando la velocidad para que no fuera demasiado aprisa, se reclin� en el asiento y mir� hacia adelante. Caos iba c�modamente instalado en su regazo.</p><p>Tuf recorri� varios kil�metros de pasillo. Como conductor, era met�dico y cauteloso. Se deten�a en cada encrucijada, miraba a derecha e izquierda y sopesaba las posibles opciones antes de actuar. Se desvi� por dos veces, en parte obedeciendo a la l�gica y en parte al m�s puro capricho, pero, normalmente, iba por los pasillos m�s anchos. En una ocasi�n detuvo el veh�culo y baj� de �l para explorar una hilera de puertas que le parecieron interesantes. No vio nada digno de menci�n y no encontr� a nadie. De vez en cuando, Caos se remov�a en su regazo.</p><p>Y de pronto vio a Rica Danwstar.</p><p>Haviland Tuf detuvo su veh�culo en el centro de una gran intersecci�n. Mir� a la derecha y pesta�e� varias veces. Mir� a la izquierda y luego, con las manos sobre el est�mago, se qued� quieto viendo c�mo ella se le acercaba lentamente.</p><p>Rica se detuvo a unos cinco metros de distancia. ��Dando un paseo? �le dijo. En la mano derecha llevaba su ya familiar aguij�n y en la izquierda una serie de tiras que llegaban hasta el suelo.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. He estado muy ocupado durante un tiempo. �D�nde se encuentran los dem�s?</p><p>�Muertos �dijo Rica Danwstar�. Fallecidos. Se han ido. Han sido eliminados del juego y nosotros dos somos los �ltimos, Tuf. La partida se acaba.</p><p>�Una situaci�n muy familiar �dijo Tuf con voz �tona. ��sta es la �ltima partida, Tuf �dijo Rica Danwstar�.</p><p>No habr� otra. Y esta vez gano yo. Tuf acarici� a Caos y no le respondi�. �Tuf �dijo ella con voz amistosa�, en todo este asunto t� eres el �nico inocente. No tengo nada contra ti. Coge tu nave y m�rchate.</p><p>�Si con ello se hace referencia a la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios �dijo Haviland Tuf�, �me est� permitido mencionar que sufri� graves da�os y que a�n no han sido reparados?</p><p>�Entonces, coge alguna otra nave. �Creo que no lo har� �dijo Tuf�. Mi reclamaci�n en cuanto a la propiedad del Arca quiz� no sea tan fundada como la de Celise Waan, Jefri Lion, Kaj Nevis y Anittas. Pero si me dices que todos ellos han fallecido, tengo la seguridad de que resulta tan fundada, al menos, como la tuya.</p><p>�No del todo �dijo Rica Danwstar, alzando su arma�. Esto le da ventaja a la m�a.</p><p>Haviland Tuf contempl� al gatito que ten�a en el regazo. �Que �sta sea tu primera lecci�n sobre la dureza del universo �le dijo en voz alta�. �De qu� sirve la justicia y el juego limpio cuando uno de los bandos tiene un arma, en tanto que el otro no? La violencia brutal lo gobierna todo y la inteligencia y las buenas intenciones son pisoteadas sin piedad. �Mir� a Rica Danwstar y dijo. Se�ora, debo reconocer su ventaja, pero me veo obligado igualmente a protestar. Los miembros de nuestro grupo ya fallecidos me admitieron en esta empresa, d�ndome el derecho a una parte igual de los beneficios, antes de que abord�ramos el Arca. Que yo sepa, nunca se hizo una proposici�n similar en lo tocante a su persona y ello me otorga una ventaja legal. �Alz� un dedo�. Lo que es m�s, pienso argumentar que la propiedad es algo que viene con el uso y con la habilidad para ejercer dicho uso. Para proceder del modo m�s adecuado posible, el Arca deber�a estar al mando de la persona que ha demostrado el talento, el intelecto y la voluntad de utilizar lo m�s efectivamente posible sus m�ltiples capacidades. Afirmo que yo soy tal persona.</p><p>Rica Danwstar se ri�. �Oh, �de veras?</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf, cogiendo a Caos y levant�ndole para que Rica pudiera verlo�. Contemplad mi prueba. He explorado esta nave y he logrado dominar los secretos de la t�cnica de clonaci�n de los desaparecidos Imperiales de la Tierra. Result� ser una experiencia tan impresionante como embriagadora y estoy impaciente por repetirla. De hecho, he decidido abandonar la grosera llamada de la profesi�n mercantil, por la m�s noble de ingeniero ecol�gico. Tengo la esperanza de que no teng�is la intenci�n de interponeros en mi camino. Tened la seguridad, se�ora, de que os devolver� a ShanDellor y me ocupar� personalmente de que se os abone hasta la �ltima fracci�n de la paga prometida por Jefri Lion y por los dem�s.</p><p>Rica Danwstar mene� la cabeza con incredulidad. �Tuffy, no tienes precio �dijo. Dio un paso hacia adelante, haciendo girar el aguij�n en su dedo�. �Crees entonces que tienes derecho a poseer la nave porque puedes usarla y yo no?</p><p>��sa es exactamente la raz�n de mi teor�a �dijo Tuf aprobadoramente.</p><p>Rica ri� de nuevo. �Ten, no me hace falta esto �le dijo con voz alegre, y le arroj� el arma.</p><p>Tuf extendi� la mano y la cogi� al vuelo. �Al parecer mi reclamaci�n acaba de verse fortalecida, tan inesperada como decisivamente. Ahora me es posible amenazar con el uso de este arma.</p><p>�No lo har�s �replic� ella�. Reglas, Tuf. T� siempre juegas siguiendo las reglas. Yo soy la que siempre prefiere darle una patada al tablero de juego �extendi� la mano en la que llevaba el manojo de tiras�. �Sabes qu� he estado haciendo mientras que t� creabas un gatito cl�nico?</p><p>�Obviamente, no �dijo Haviland Tuf. �Obviamente �repiti� Rica con voz sard�nica�. He estado en el puente, Tuf, jugando con el ordenador y aprendiendo pr�cticamente todo lo que necesito saber sobre el ClE y su Arca.</p><p>�Ya �pesta�e� Tuf. �Ah� arriba hay una gran pantalla �dijo ella�. Puedes considerarla como un gran tablero de juego, Tuf. He estado observando cada movimiento. Las piezas rojas erais t� y los dem�s. Tambi�n yo era una pieza roja. y las piezas negras, las bioarmas, como gusta de llamarlas el sistema, aunque yo prefiero llamarlas monstruos. Es m�s corto y no tan pomposo.</p><p>�Sin embargo, es una palabra cargada de connotaciones �dijo Tuf.</p><p>�Oh, ciertamente. Pero vayamos al asunto principal. Atravesamos la esfera defensiva e incluso logramos manejar la defensa de plagas, pero Anittas logr� que le mataran y decidi� vengarse un poco, por lo cual dej� sueltos a los monstruos utilizados para la segunda l�nea defensiva. y yo me qued� sentada ah� arriba y estuve viendo c�mo las piezas negras y las rojas se persegu�an mutuamente. Pero faltaba algo, Tuf. �Sabes qu� era?</p><p>�Sospecho que se trata de una pregunta ret�rica �dijo Tuf.</p><p>�Ciertamente �le imit� Rica Danwstar y se ri�. �Faltaban las piezas verdes, Tuf! El sistema estaba programado para representar a los intrusos en rojo, a sus propias bioarmas en negro y al personal autorizado del Arca en verde. Naturalmente, no hab�a puntos verdes yeso me hizo empezar a meditar, Tuf. Estaba claro que los monstruos eran una defensa a utilizar en �ltimo extremo, claro, pero� �hab�a sido concebida para utilizarla s�lo cuando la nave era un pecio abandonado?</p><p>Tuf cruz� las manos sobre su vientre. �Pienso que no. La existencia de esa pantalla y sus capacidades de informaci�n, implican la existencia de alguien que pudiera observarla. A�n m�s, si el sistema estaba codificado para mostrar al personal de la nave, a los intrusos ya los defensores monstruosos, de forma simult�nea y en varios colores, entonces debe tomarse en consideraci�n la posibilidad de que los tres grupos mencionados estuvieran a bordo y en acci�n al mismo tiempo.</p><p>�S� �dijo Rica�. y ahora, la pregunta clave.</p><p>Haviland Tuf vio que algo se mov�a detr�s de ella en el corredor.</p><p>�Mis disculpas pero� �empez� a decir.</p><p>Rica le indic� que callara con un gesto impaciente.</p><p>�Si estaban dispuestos a soltar esos horrores enjaulados que pose�an para repeler a un ataque en una situaci�n de emergencia, �c�mo pod�an evitar que sus propios hombres murieran ante ellos?</p><p>�Un dilema interesante �admiti� Tuf�. Siento grandes deseos de conocer la respuesta a dicho enigma, pero me temo que deber� posponer tal placer. �Se aclar� la garganta y a�adi�. No siento el menor deseo de interrumpir tan fascinante discursos pero con todo me siento obligado a se�alar que�</p><p>El suelo se estremeci�.</p><p>�S� �dijo Rica sonriendo.</p><p>�Me siento obligado a se�alar �repiti� Tuf�, que un dinosaurio carn�voro de m�s bien gran tama�o acaba de aparecer en el corredor y que en estos momentos intenta sorprendernos, aunque no lo hace demasiado bien.</p><p>El tiranosaurio lanz� un rugido.</p><empty-line/><p>Rica Danwstar no se inmut�. ��De veras? �dijo y se ri�. No esperar�s realmente que me deje sorprender por el viejo truco de �hay un dinosaurio a tu espalda�. Esperaba algo mejor de ti, la verdad.</p><p>��Protesto! Soy totalmente sincero �Tuf puso en marcha el motor de su veh�culo�. De ello da fe la rapidez con que he activado este aparato para huir del avance de la criatura. �C�mo es posible tanta suspicacia, Rica Danwstar? Estoy seguro de que el estruendoso caminar de la bestia y su rugido deben resultar perfectamente audibles.</p><p>��Qu� rugido? �dijo Rica�. No, Tuf, seamos serios. Te estaba explicando algo muy importante. La respuesta es que olvidamos una peque�a pieza del rompecabezas total.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. El tirano saurio se abalanzaba sobre ellos a una velocidad alarmante. Estaba de bastante mal humor y sus rugidos hac�an dif�cil o�r las palabras de Rica Danwstar.</p><p>�El Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica era algo m�s que una f�brica de clones, Tuf. Eran cient�ficos y militares, as� como ingenieros gen �ticos de primera categor�a. Pod�an recrear las formas de vida de centenares de mundos y darles la chispa vital en sus cubas, pero eso no era todo lo que pod�an hacer. Tambi�n pod�an juguetear con el DNA, cambiar esas formas de vida, �dise�arlas nuevamente para que se adecuaran a sus prop�sitos!</p><p>�Por supuesto �dijo Tuf�. Pido excusa pero me temo que debo salir huyendo de este dinosaurio. �El reptil se encontraba ahora a unos diez metros detr�s de Rica y de pronto se detuvo. Su cola golpe� la pared y el veh�culo de Tuf se estremeci� ante el impacto. De sus fauces brotaban chorros de saliva y sus peque�as patas delanteras ara�aban el aire con frenes�.</p><p>�Ser�a una grave descortes�a �dijo Rica�. Ver�s, Tuf, ah� est� la respuesta. Esas bioarmas, esos monstruos, fueron mantenidos en estasis durante mil a�os y puede que a�n m�s tiempo. Pero no eran monstruos normales. Hab�an sido clonados para un prop�sito especial, para defender a la nave contra los intrusos, y hab�an sido manipulados gen�ticamente para ello y s�lo para ello. �El tiranosaurio dio un paso y luego otros dos. Ahora se encontraba justo detr�s de ella y su sombra cubr�a por entero el cuerpo de Rica, sumi�ndolo en las tinieblas.</p><p>�Manipulados, �de qu� modo? �le pregunt� Haviland�</p><p>�Pensaba que jam�s me har�as esa pregunta �dijo Rica Danwstar. El tirano saurio se inclin� hacia adelante, rugi� y luego, abriendo su enorme boca, rode� con sus fauces la cabeza de Rica�. Psi�nica �dijo ella desde el interior de la boca del reptil.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf. �Una simple capacidad psi�nica �anunci� Rica desde el interior de la boca del tiranosaurio. Extendi� la mano y le quit� algo de entre los dientes, emitiendo un leve ruido de repugnancia�. Algunos de esos monstruos carec�an pr�cticamente de cerebro, eran todo instinto. Se les dio una aversi�n instintiva b�sica ya los monstruos m�s complicados se les hizo controlables mediante la psi�nica. Los instrumentos de control eran simples identificadores psi: unos aparatos peque�os y muy lindos parecidos a diademas. Lo �nico que hace es obligar a ciertos monstruos a que me rehuyan ya otros a que me obedezcan. �Sac� la cabeza de la boca del dinosaurio y le dio una Sonora palmada en la mand�bula�. Abajo, chico �le dijo.</p><p>El tiranosaurio rugi� de nuevo y agach� la cabeza. Rica Danwstar desenred� cuidadosamente el manojo de tiras y �ste result� ser un arn�s que empez� a colocar encima del dinosaurio.</p><p>�Le he estado controlando durante toda nuestra Conversaci�n �le dijo a Tuf en tono despreocupado�. Yo le llam� para que viniera. Tiene hambre. Se ha comido a Lion, pero Lion era m�s bien peque�o, ya estaba muerto y no ha comido nada m�s desde hace mil a�os.</p><p>Haviland Tuf mir� el aguij�n que ten�a en la mano. En esos momentos le pareci� a�n peor que in�til y, adem�s, no era un buen tirador.</p><p>�Me encantar�a fabricar para �l un clon de estegosaurio. �No, gracias �dijo Rica mientras terminaba de ajustar el arn�s�, ahora no se puede dejar la partida. Quer�as jugar, Tuffy, pero me temo que has perdido. Tendr�as que haberte ido cuando te ofrec� esa oportunidad. Vamos a examinar nuevamente tu reclamaci�n, �quieres? Lion, Nevis y loS dem�s te ofrecieron una parte, s�, pero �de qu�? Me temo que ahora vas a recibir una parte completa, lo quieras o no. Una parte completa de lo mismo que consiguieron ellos. As� queda liquidado tu argumento legal y en cuanto a tu pretensi�n basada en la utilidad superior �le dio otra palmada al dinosaurio y sonri�, creo haber demostrado que puedo utilizar el Arca de un modo m�s efectivo que t�. Baja un poquito m�s. �El reptil se inclin� todav�a m�s y Rica Danwstar se instal� en la silla de montar que hab�a sujetado a su cuello. �Arriba! �le orden� secamente y el reptil se incorpor�.</p><p>�Por lo tanto, dejamos a un lado moralidad y legalidad, volviendo nuevamente a la violencia �dijo Tuf.</p><p>�Me temo que as� es �dijo Rica desde lo alto de su tirano lagarto. El reptil avanz� lentamente, como si ella estuviera probando un mecanismo a�n no muy familiar�. No digas que no he jugado limpiamente, Tuf. Tengo al dinosaurio pero t� tienes mi aguij�n. Puede que, con suerte, consigas dar en el blanco. De ese modo, los dos estamos armados. �Se ri�. S�lo que yo estoy armada, bueno, hasta los dientes.</p><p>Haviland Tuf, sin moverse, le arroj� su arma. Fue un buen lanzamiento y Rica, con un peque�o esfuerzo, pudo cogerla.</p><p>��Qu� sucede? �le dijo�. Te rindes. �Tantos escr�pulos sobre el juego limpio me han impresionado �dijo Tuf�. No deseo jugar con ventajas de ning�n tipo. Dado que la argumentaci�n expuesta tiene su fuerza, me inclino ante ella. Ah� hay un animal �acarici� a su gatito�, y aqu�, en mis manos, tambi�n hay uno. Ahora ya tienes un arma. �Puso en marcha su veh�culo y sali� de marcha atr�s de la intersecci�n de pasillos, rodando velozmente por el que ten�a detr�s suyo, a la m�xima aceleraci�n de la que era capaz el motor yendo en aquel sentido.</p><p>�Como desees �dijo Rica Danwstar. El juego hab�a terminado y ahora sent�a una cierta tristeza. Tuf estaba haciendo girar su veh�culo para huir normalmente y no marcha atr�s. El tirano saurio abri� su enorme boca y la saliva fluy� sobre sus dientes de medio metro de longitud. Su rugido nac�a de un hambre feroz, que hab�a empezado por primera vez hac�a un mill�n de a�os y, rugiendo, el reptil se lanz� sobre Tuf.</p><p>Y, rugiendo, recorri� el trecho de pasillo que le separaba de la intersecci�n.</p><p>Veinte metros m�s lejos, la minimente del ca��n de plasma tom� conocimiento de que algo superior en tama�o a las dimensiones de su blanco programado hab�a entrado en la zona de fuego. Hubo un chasquido casi inaudible.</p><p>Haviland Tuf no estaba de cara al resplandor. Su cuerpo se interpuso entre Caos y la espantosa ola de calor y de ruido. Por fortuna, �sta dur� s�lo un instante, aunque aquel lugar oler�a a reptil quemado durante a�os y har�a falta cambiar amplias secciones del suelo y las paredes.</p><p>�Yo tambi�n ten�a un arma �le dijo Haviland Tuf a su gatito.</p><empty-line/><p>Mucho tiempo despu�s, cuando el Arca ya estaba limpia y tanto �l como Caos y Desorden estaban c�modamente instalados en la suite del capit�n, a la cual hab�a trasladado todos sus efectos personales despu�s de haber dispuesto de los cad�veres, hecho las reparaciones posibles e imaginado un medio de calmar a la incre�blemente ruidosa criatura que viv�a en la cubierta seis, Haviland Tuf empez� a registrar met�dicamente la nave. Al segundo d�a logr� encontrar ropas, pero tanto los hombres como las mujeres del CIE hab�an sido m�s bajos que �l y considerablemente m�s delgados, por lo cual ninguno de los uniformes le iba bien.</p><p>Pese a todo, logr� encontrar algo que s� fue de su agrado. Se trataba de una gorra verde que encajaba perfectamente en su calva y algo blanquecina cabeza. En la parte delantera de la gorra, en oro, se ve�a la letra theta que hab�a sido la insignia del cuerpo.</p><p>�Haviland Tuf �le dijo a su imagen en el espejo�, ingeniero ecol�gico.</p><p>No sonaba mal del todo, pens�.</p></section><section><title><p>2 � LOS PANES Y LOS PECES</p></title><p>Se llamaba Tolly Mune, pero le hab�an llamado montones de cosas.</p><p>Quienes entraban por primera vez en su dominio utilizaban su t�tulo con cierta deferencia. Hab�a sido Maestre de Puerto durante m�s de cuarenta a�os y antes de eso hab�a sido Ayudante del Maestre de Puerto, un puesto ex�tico y pintoresco, en la gran comunidad orbita! conocida oficialmente como el Puerto de S�uthlam. En el planeta, ese cargo era s�lo otra casilla m�s, dentro de los organigramas burocr�ticos, pero en su �rbita el Maestre de Puerto era a la vez el juez, el jefe ejecutivo, el alcalde, el legislador, el jefe de mec�nicos, el �rbitro y el jefe de polic�a, todo en uno. Por lo tanto, se refer�an a ella como la M. P.</p><p>El Puerto hab�a empezado siendo peque�o y hab�a ido creciendo a lo largo de los siglos, a medida que la poblaci�n en aumento de S�uthlam convert�a el planeta en un mercado de importancia cada vez mayor y una encrucijada clave en la red del comercio interestelar dentro del sector. En el centro del puerto se hallaba la estaci�n, un asteroide hueco de unos diecis�is kil�metros de di�metro, con sus zonas de estacionamiento, talleres, dormitorios, laboratorios y comercios. Seis estaciones la hab�an precedido, cada una mayor que la anterior y cada una envejecida y finalmente superada por el paso del tiempo. La m�s antigua hab�a sido construida hac�a tres siglos, no era m�s grande que una nave espacial de tama�o medio y estaba unida a la Casa de la Ara�a como un grueso brote met�lico emergiendo de una patata de piedra.</p><p>El nombre que recib�a ahora era el de Casa de la Ara�a ya que se encontraba en el centro de una intrincada telara�a de metal plateado que resplandec�a en la oscuridad del espacio. Irradiando de la estaci�n en todas direcciones hab�a diecis�is grandes ejes: el m�s nuevo ten�a cuatro kil�metros de largo y a�n estaba en construcci�n. Siete de los originales (el octavo hab�a sido destruido en una explosi�n) extend�an sus doce muelles como afiladas cuchillas en el espacio. Dentro de los grandes tubos estaba la industria del Puerto: almacenes, factor�as, astilleros, aduanas y centros de embarque, adem�s de todas las instalaciones de carga, descarga y reparaciones concebibles para todos los tipos de naves espaciales conocidas en el sector. Largos trenes neum�ticos corr�an por el centro de los tubos, transportando carga y pasajeros de una puerta a otra as� como a la ruidosa y abarrotada conexi�n de la Casa de la Ara�a ya los ascensores que hab�a bajo ella.</p><p>De esos tubos brotaban otros de menos tama�o; y de ellos, otros a�n menores que se entre cruzaban a trav�s del vac�o, uni�ndolo todo en una ret�cula cuya complejidad iba aumentando, de a�o en a�o, a medida que se le iban haciendo m�s y m�s adiciones.</p><p>Y entre las hebras de esa telara�a se encontraban las moscas: lanzaderas que aterrizaban y despegaban de la superficie de S�uthlam, con cargas demasiado grandes o vol�tiles para los ascensores; naves mineras que tra�an mineral o hielo de los Abismos; cargueros con alimentos de los asteroides granjeros terraformados, situados m�s al interior del sistema, a los que se conoc�a colectivamente como la Despensa. Y todo tipo de tr�fico interestelar, desde los lujosos cruceros de placer de las Transcorp hasta los mercantes que proced�an de mundos tan cercanos como Vandeen o tan lejanos como Caissa y Newholme, pasando por las flotas mercantes de Kimdiss, las naves de combate de Basti�n y Ciudadela e incluso las naves alien�genas de los Hruun Libres, los Raheemai, los Getsoides y otras especies todav�a m�s extra�as. Todos acud�an al Puerto de S�uthlam y todos eran bienvenidos a �l.</p><empty-line/><p>Quienes viv�an en la Casa de la Ara�a, los que trabajaban en los bares y restaurantes, los encargados de transportar las cargas, de venderlas y comprarlas as� como de reparar y proveer de combustible a las naves, se llamaban a s� mismos, honor�ficamente, hiladores. Para ellos y para las moscas que iban all�, con la frecuencia suficiente como para ser consideradas habituales, Tolly Mune era Mam� Ara�a: irascible, mal hablada y normalmente malhumorada, aterradoramente competente, ubicua e indestructible, tan grande como una fuerza de la naturaleza y dos veces peor que ella. Algunos de ellos, los que se hab�an atravesado en su camino cuando no deb�an hacerlo o los que se hab�an ganado su odio, no la apreciaban ni pizca y, para ellos, la Maestre de Puerto era la Viuda de Acero.</p><p>Era una mujer de huesos grandes y buena musculatura, no demasiado atractiva y tan delgada como cualquier s�uthlam�s aut�ntico, pero al mismo tiempo tan alta {casi dos metros) y tan corpulenta {esas espaldas�) que en la superficie hab�an llegado a considerarla casi como un fen�meno de circo. Su rostro estaba tan surcado de arrugas como un viejo y confortable asiento de cuero desgastado por el tiempo. Ten�a cuarenta y tres a�os locales, lo que se aproximaba a los noventa a�os est�ndar, pero no parec�a haber cumplido ni una hora m�s de los sesenta, lo cual atribu�a a una vida entera en �rbita. �La gravedad es lo que te envejece�, dec�a siempre. Con la excepci�n de algunos balnearios de lujo, los hospitales y los hoteles para turistas situados en la Casa de la Ara�a, as� como los grandes cruceros que pose�an rejillas gravitatorias, el Puerto giraba en una eterna carencia de peso y la ca�da libre era el �mbito natural de Tolly Mune.</p><p>Ten�a el cabello de un color gris acerado y cuando trabajaba se lo recog�a en un apretado mo�o. Pero cuando estaba libre lo dejaba fluir tras ella como la cola de un cometa, agit�ndose a cada uno de sus movimientos. y se mov�a mucho. Su cuerpo, grande, enjuto, desgarbado y huesudo era tan firme como gr�cil. Pod�a nadar a trav�s de los radios de la telara�a y los corredores, estancias y parques de la Casa de la Ara�a con la fluidez de un tibur�n en el agua, agitando sus largos brazos y sus piernas, delgadas pero musculosas, en un continuo tocar y empujar que la llevaban siempre adonde quer�a. Nunca llevaba calzado y sus pies eran casi tan h�biles como sus manos.</p><p>Incluso en el espacio, all� donde los m�s veteranos hiladores llevaban trajes inc�modos y se mov�an torpemente a lo largo de sus cables de seguridad, Tolly Mune escog�a siempre la movilidad y los dermotrajes ajustados al cuerpo. La protecci�n que �stos ofrec�an contra las radiaciones duras de S�ulstar era m�nima, pero Tolly parec�a encontrar un orgullo enfermizo en el azul oscuro de su piel y cada ma�ana tragaba p�ldoras anticancer�genas a pu�ados para no tener que someterse a la lenta y poco �gil seguridad. Una vez se hallaba bajo la brillante negrura enmarcada por la telara�a era la se�ora de todo. Llevaba propulsores de aire en la mu�eca y en el tobillo y no hab�a nadie m�s experto que ella en su manejo. Volaba libremente de una mosca a otra, haciendo una comprobaci�n aqu� y una visita all�, asistiendo a todas las reuniones, supervisando el trabajo, dando la bienvenida a las moscas m�s importantes, contratando, despidiendo y, en general, resolviendo cualquier tipo de problema que pudiera presentarse.</p><p>Una vez en el centro de su telara�a, la Maestre de Puerto, Tolly Mune, Mam� Ara�a, la Viuda de Acero, era todo aquello que siempre hab�a deseado ser.</p><p>No hab�a tarea alguna que pudiera resist�rsele y estaba orgullosa de c�mo hab�a utilizado las cartas que se le repartieron en el juego de la vida.</p><p>Durante uno de los ciclos nocturnos, la despert� de su profundo sue�o el zumbido de llamada del comunicador. Era su Ayudante.</p><p>�Ser� mejor que se trate de algo condenadamente importante �dijo, clavando su dura mirada en la imagen de la videopantalla.</p><p>�Ser� mejor que vayas al Control �le respondi� �l. ��Por qu�?</p><p>�Se acerca una mosca �dijo�. Una mosca grande. Tolly Mune frunci� el ce�o.</p><p>�No te habr�as atrevido a despertarme por una tonter�a. Su�ltalo.</p><p>�Una mosca realmente muy grande �recalc� �l�. Tienes que verlo. Es la mosca m�s condenadamente enorme que he visto jam�s. Mam�, no estoy bromeando, esta cosa debe tener unos treinta k as de largo.</p><p>�Infierno, infierno �dijo ella en el �ltimo momento carente de complicaciones de toda su vida: a�n no hab�a conocido a Haviland Tuf.</p><p>Se trag� un pu�ado de p�ldoras anticancer�genas, de un vivo color azulado, haci�ndolas pasar con un buen sorbo de cerveza, y estudi� la holoimagen que se alzaba ante ella.</p><p>�Una nave realmente grande �dijo en tono despreocupado�. �Qu� diablos es?</p><p>�El Arca es una sembradora de bioguerra del Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica �replic� Haviland Tuf.</p><p>��El CIE? �dijo ella�. �En serio? ��Debo repetir mis palabras, Maestre de Puerto Mune? ��El Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica del viejo Imperio Federal� ahora? �le pregunt� ella�. �El que ten�a su base en Prometeo? �Los especialistas en clonaci�n y bioguerra, los que pod�an fabricar todo tipo de cat�strofes ecol�gicas a medida? �Mientras pronunciaba esas palabras estudiaba atentamente el rostro de Tuf. Su figura dominaba el centro de su peque�a, atestada, revuelta y normalmente demasiado concurrida oficina en la Casa de la Ara�a. Su proyecci�n hologr�fica se alzaba entre el amasijo de objetos en ingravidez, como una especie de inmenso fantasma blanco. De vez en cuando una bola de papel arrugado flotaba a trav�s de �l.</p><p>Tuf era grande. Tolly Mune se hab�a encontrado moscas a las cuales les encantaba aumentar sus holos para dar la impresi�n de que eran m�s altos de lo que eran en realidad. Quiz� Haviland Tuf estuviera haciendo exactamente eso pero, sin saber muy bien porqu�, le parec�a que no era tal el caso. No le daba la impresi�n de ser esa clase de hombre. y ello quer�a decir que en realidad med�a como unos dos metros y medio de talla, con lo cual superaba en m�s de medio metro al hilador m�s alto que hab�a visto en su vida y la estatura de �ste ya era tan fenomenal como la de la propia Tolly. Los s�uthlameses eran un pueblo de baja estatura debido a sus genes ya su alimentaci�n.</p><p>El rostro de Tuf era absolutamente indescifrable. Lenta y tranquilamente cruz� sus largos dedos sobre el bulto de su est�mago.</p><p>�Exactamente �le dijo�. Una erudici�n hist�rica digna de envidia.</p><p>�Vaya, gracias �replic� ella amistosamente�. Si me equivoco corr�jame pero, aun contando con mi erudici�n hist�rica, me parece recordar que el Imperio Federal se derrumb� hace� bueno, unos mil a�os. y el CIE se esfum� tambi�n. Lo dispersaron, lo hicieron volver a Prometeo o a la Vieja Tierra, fue destruido en combate, abandon� el espacio humano� lo que sea. Por supuesto, y seg�n se dice, los naturales de Prometeo siguen poseyendo una buena parte de la vieja t�cnica biol�gica, pero no suelen venir mucho por aqu� y no estoy segura de ello. Pero s� he o�do decir que son muy celosos en cuanto a compartir sus conocimientos. Por lo tanto veamos si he entendido bien: ah� est� una sembradora del viejo CIE, que sigue en funcionamiento y que usted ha encontrado por pura casualidad, siendo tambi�n la �nica persona que se encuentra a bordo.</p><p>�Correcto �dijo Haviland Tuf. Tolly sonri�.</p><p>�Y yo soy la Emperatriz de la Nebulosa del Cangrejo. El rostro de Tuf no se movi� ni un mil�metro.</p><p>�Me temo que en tal caso se me ha puesto en comunicaci�n con la persona equivocada. Yo deseaba hablar con la Maestre de Puerto de S�uthlam.</p><p>Tolly tom� otro sorbo de cerveza. �Yo soy la condenada Maestre de Puerto �le replic� secamente�. Tuf, ya basta de tonter�as. Est� usted sentado ah�, dentro de una nave que se parece muy sospechosamente a una nave de guerra y que, casualmente, es treinta veces m�s grande que nuestro mayor acorazado de la flotilla defensiva planetaria, y est� poniendo extremadamente nervioso a un mont�n muy grande de gente. La mitad de los gusanos de tierra de los grandes hoteles creen que se trata de una nave alien�gena venida para robarnos el aire y comerse a nuestros ni�os, y la otra mitad est� segura de que se trata s�lo de un efecto especial amablemente previsto por nosotros para su diversi�n. En estos mismos instantes centenares de ellos est�n alquilando trajes y trineos de vac�o y dentro de un par de horas estar�n reptando por encima de su casco. y mi gente tampoco tiene ni la menor idea de qu� hacer. Por lo tanto, Tuf, vayamos al condenado meollo del asunto. �Qu� quiere?</p><p>�Me siento decepcionado �dijo Tuf�. He llegado hasta aqu� a costa de grandes dificultades para consultar con los cibertecs e hiladores de Puerto S�uthlam, cuyas capacidades son famosas muy lejos de aqu� y cuya reputaci�n por su conducta �tica y honesta no es superada en ning�n otro lugar. No pensaba encontrarme con esta inesperada agresividad y con tales sospechas infundadas. No pido nada m�s que ciertas alteraciones y algunos arreglos. Tolly Mune le escuchaba s�lo a medias. Estaba contemplando los pies de la proyecci�n hologr�fica, junto a los cuales acababa de aparecer una criatura peque�a y cubierta de pelo blanco y negro.</p><p>�Tuf �dijo, sintiendo la garganta algo reseca�, disc�lpeme, pero hay alguna condenada especie de alima�a, frot�ndose contra su pierna. �Dio otro sorbo a su cerveza. Haviland Tuf se agach� y cogi� al animal.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �dijo�, los gatos no pueden ser calificados de alima�as sin cometer un grave error. A decir verdad, el felino es un enemigo implacable de casi todos los par�sitos y plagas, pero �ste no es sino uno de los muchos atributos fascinantes y ben�ficos de esta admirable especie. �Sabe que en tiempos lejanos la humanidad les ador� como dioses? �sta es Desorden. La gata empez� a emitir una especie de ronquido ahogado, al acunarla Tuf en el hueco de uno de sus enormes brazos y empezar a pasarle lenta y sosegadamente la mano por su pelaje.</p><p>�Oh �dijo ella�. Un� un animal dom�stico, �se dice as�? Los �nicos animales existentes en S�uthlam son los que nos comemos, pero de vez en cuando recibimos visitantes que poseen animales dom�sticos. No deje que su� �felino?</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. �Bueno, no le deje salir de la nave. Recuerdo que cuando era ayudante de M.P. en una ocasi�n tuve un �aleo absolutamente espantoso. Una mosca que deb�a tener el cerebro estropeado perdi� a su maldito animal, justo cuando ten�amos de visita a ese enviado alien�gena y nuestras patrullas de seguridad les confundieron. Le resultar�a casi imposible creer lo nervioso que se puso todo el mundo. �La gente suele excitarse en demas�a muchas veces �dijo Haviland Tuf.</p><p>��De qu� clase de reparaciones y cambios me hablaba? Tuf respondi� con un encogimiento de hombros.</p><p>�Peque�as cosas que sin duda ser�n f�cilmente realizables para expertos tan eficientes como los suyos. Tal y como he se�alado, el Arca es ciertamente una nave muy antigua y las vicisitudes de la guerra y la falta de cuidados han dejado sus marcas en ella. Hay cubiertas enteras y sectores a oscuras y sin funcionar que han sido da�ados incluso m�s all� de las admirables capacidades de autorreparaci�n que posee el nav�o. Deseo que tales partes sean reparadas y puestas de nuevo en pleno funcionamiento.</p><p>�Por otra parte, como quiz� ya sepa por sus estudios hist�ricos, el Arca ten�a una tripulaci�n de doscientos hombres. Se encuentra lo suficientemente automatizada como para que me haya resultado posible hacerla funcionar yo solo, pero no sin ciertos inconvenientes, debo admitirlo. El centro de mando, localizado en la torre del puente, representa un agotador viaje diario desde mis aposentos y, adem�s, he descubierto que el puente no ha sido adecuadamente dise�ado para satisfacer mis necesidades. Tengo que ir constantemente de una estaci�n de control a otra para ejecutar la multitud de complejas tareas requeridas para el manejo de la nave. Existen tambi�n otras funciones para las cuales debo abandonar el puente y viajar de un lado a otro de esta inmensa nave. y hay tareas que me ha resultado imposible llevar a cabo pues, al parecer, requerir�an mi presencia simult�nea en dos o m�s lugares separados por kil�metros de distancia y situados en cubiertas distintas. Cerca de mis aposentos se encuentra una peque�a pero c�moda sala de comunicaciones auxiliares, que parece estar en perfecto funcionamiento. Me gustar�a que sus cibertecs reprogramaran y dise�aran otra vez los sistemas de mando para que en el futuro me resulte posible llevar a cabo todo lo que necesite desde aqu�, sin necesidad de realizar el agotador viaje diario hasta el puente. A decir verdad, sin que ni tan siquiera deba levantarme de mi asiento.</p><p>�Aparte de esas tareas de mayor importancia tengo en mente unas pocas alteraciones m�s. Puede que alguna modernizaci�n, incluso. Me gustar�a a�adir un cocina con todas las especias y condimentos posibles, as� como una biblioteca de recetas para que pueda tomar unas colaciones m�s variadas e interesantes al paladar que los nada atractivos aunque nutritivos men�s militares que el Arca est� ahora programada para servir. Una amplia provisi�n de vinos y cervezas, los mecanismos necesarios para que, en el futuro, pueda fermentar mis propios licores durante los prolongados viajes espaciales y tambi�n aumentar mis posibilidades recreativas adquiriendo algunos libros, hologramas y cristales musicales de este �ltimo milenio. Ah, tambi�n algunos nuevos programas de seguridad y unos cuantos cambios de poca importancia y complejidad. Ya le dar� una lista completa.</p><p>Tolly Mune le hab�a estado escuchando con asombro creciente.</p><p>�Maldici�n �dijo al terminar Tuf�. Entonces, �realmente tiene una nave sembradora del CIE?</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf, con un tono de voz que a ella le pareci� algo envarado.</p><p>Tolly sonri�. �Mis disculpas. Voy a reunir una cuadrilla de cibertecs especializados y les mandar� all�, a gritos si hace falta, para que echen un vistazo, con lo cual podr�n darle una valoraci�n. De todos modos, no se haga ilusiones. Con una nave tan grande, har� falta bastante tiempo antes de que empiecen a solucionarlo todo. Ser� mejor que disponga tambi�n alg�n tipo de patrulla de seguridad o tendr� a todo tipo de mirones y curiosos andando por la nave y rob�ndole recuerdos de ella. �Sus ojos recorrieron pensativos de arriba a abajo su holograma. Le necesitar� para que hable con mi cuadrilla y les indique d�nde est�n las cosas, pero despu�s ser� mejor que no se meta en su camino y les deje a su aire. No puede meter esa condenada monstruosidad en la telara�a, es infernalmente grande. �Tiene alg�n modo de salir de ah�?</p><p>�El Arca se encuentra equipada con todas las lanzaderas necesarias y todas ellas funcionan �dijo Haviland Tuf�, pero no tengo grandes deseos de abandonar la comodidad de mis aposentos. Mi nave es realmente lo bastante grande como para que mi presencia no resulte un serio inconveniente durante los trabajos.</p><p>�Demonios, usted y yo lo sabemos, pero ellos trabajan mejor si no creen tener a alguien mirando por encima de sus espaldas �dijo Tolly Mune�. Por otra parte, hab�a pensado que le gustar�a airearse un poco fuera de esa lata. �Cu�nto tiempo ha estado encerrado en ella?</p><p>�Varios meses �admiti� Tuf�, aunque no me encuentro lo que se dice estrictamente solo. He gozado de la compa��a de mis gatos y me he ocupado muy placenteramente aprendiendo lo que el Arca es capaz de hacer y aumentando mis conocimientos de ingenier�a ecol�gica. Con todo, admitir� que quiz� se imponga ahora un poco de diversi�n. La oportunidad de catar una nueva cocina es siempre apreciable.</p><p>��Espere a probar la cerveza de S�uthlam! Y el Puerto posee tambi�n otras diversiones, como gimnasios y deportes, hoteles, salones de droga, sensorias, casas de sexo y apuestas, teatro en vivo.</p><p>�Poseo cierta peque�a habilidad en algunos juegos �dijo Tuf.</p><p>�Y tambi�n est� el turismo �dijo Tolly Mune�. Puede coger el tubotr�n por el ascensor hasta la superficie y todos los distritos de S�uthlam ser�n suyos para que los explore.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. Ha conseguido intrigarme Maestre de Puerto Mune. Me temo que soy curioso por naturaleza. Es mi gran debilidad. Por desgracia, mis fondos excluyen la posibilidad de una estancia prolongada.</p><p>�No se preocupe por ello �le replic� ella sonriendo�. Lo pondremos todo en la factura de reparaciones y luego ya nos arreglaremos. Ahora, m�tase en su condenada lanzadera y venga hasta� veamos� ahora tenemos vac�a la cubierta nueve-once. Vea primero la Casa de la Ara�a y luego coja el tren hacia abajo. Deber�a resultarle condenadamente interesante: ya est� en las noticias, por si quiere saberlo. Los gusanos de tierra y las moscas van a caer sobre usted como una plaga.</p><p>�Quiz�s esa perspectiva le resultara atrayente a un pedazo de carne en descomposici�n �dijo Haviland Tuf�, pero a m� no.</p><p>�Bueno �dijo la Maestre de Puerto�, entonces vaya de inc�gnito.</p><empty-line/><p>El camarero del tubotr�n apareci� con una bandeja de bebidas, un poco despu�s de que Haviland Tuf se hubiera abrochado el cintur�n, disponi�ndose para el descanso. Tuf hab�a probado la cerveza de S�uthlam en los restaurantes de la Casa de la Ara�a, y la hab�a encontrado aguada, con poco cuerpo y notablemente desprovista de sabor.</p><p>�Quiz�s entre sus ofertas se incluyan algunos productos destilados fuera del planeta, destilados de malta �dijo�. De ser �se el caso, me alegrar�a adquirir uno.</p><p>�Por supuesto �dijo el camarero y extrajo de su bandeja una ampolla llena de un l�quido marr�n oscuro en la cual hab�a una etiqueta en letras cursivas que Tuf reconoci� como la escritura de ShanDellor. Le ofreci� una peque�a tarjeta placa y Tuf marc� en ella su n�mero de c�digo. La moneda de S�uthlam era la calor�a y el precio del recipiente era unas cuatro veces y media el contenido cal�rico de la cerveza.</p><empty-line/><p>�La importaci�n �le explic� el camarero. Tuf sorbi� su bebida con r�gida dignidad, mientras el tubotr�n iba cayendo por el ascensor hacia la superficie del planeta. El viaje no era demasiado c�modo. Haviland Tuf hab�a descubierto que el precio de los pasajes en la clase estelar resultaba prohibitivo y, por lo tanto, se hab�a instalado en clase especial, que ven�a en segundo lugar despu�s de la clase estrella, s�lo para descubrirse, encajado casi a presi�n, en un asiento aparentemente dise�ado para un ni�o de S�uthlam (un ni�o, adem�s, no demasiado crecido), situado en una hilera de ocho asientos similares divididos por un angosto pasillo central.</p><p>Por fortuna, la casualidad le hab�a deparado el asiento del pasillo pues, de no ser por ello, el trayecto le hubiera resultado dif�cilmente soportable. Incluso en ese asiento resultaba imposible moverse sin rozar el delgado y desnudo brazo de la mujer que ten�a a su izquierda, un contacto que Tuf encontraba extremadamente repulsivo. Cuando se irgui� en su asiento, tal y como sol�a hacer, su coronilla golpe� el techo, con lo cual se vio obligado a inclinarse y, como resultado de ello, a aguantar una rigidez creciente y muy molesta en su cuello. Tuf pens� que en la parte trasera del tubotr�n deb�an encontrarse las plazas de primera, segunda y tercera clase y se decidi� a evitar, al precio que fuera, sus dudosas comodidades.</p><p>Una vez empez� el descenso, la mayor parte de los pasajeros cubrieron sus cabezas con capuchones para asegurar la intimidad y escogieron la diversi�n que m�s les apetec�a. Haviland Tuf vio que las ofertas inclu�an tres programas musicales distintos, un drama hist�rico, dos bobinas de fantas�a er�tica, una conexi�n de negocios, algo que se defin�a en la lista como �pavana geom�trica� y estimulaci�n sensorial directa del centro del placer. Tuf estuvo pensando en investigar la pavana geom�trica, pero descubri� que la capucha de intimidad resultaba demasiado peque�a para su cabeza, dado que la longitud y anchura de su cr�neo exced�an en mucho las dimensiones normales en S�uthlam.</p><p>��Es usted la gran mosca? �pregunt� una voz desde el otro lado del pasillo.</p><p>Tuf alz� la mirada. Los dem�s pasajeros estaban sumidos en silencioso aislamiento con las cabezas envueltas por sus oscuros cascos desprovistos de toda abertura. Aparte de los camareros, que se encontraban en la parte trasera del vag�n, el �nico pasajero que segu�a en el mundo real era el hombre sentado junto al pasillo, una fila m�s atr�s que Tuf. Ten�a el cabello largo y recogido en trencillas, la piel de color cobrizo y unas mejillas m�s bien fofas que le etiquetaban como no perteneciente a este mundo, de un modo tan claro como el mismo Tuf.</p><p>�La gran mosca, �no? �Soy Haviland Tuf, ingeniero ecol�gico. �Sab�a que era usted una mosca �dijo el hombre�. Yo tambi�n lo soy. Me llamo Ratch Norren y soy de Vandeen. �Extendi� su mano hacia Tuf.</p><p>Haviland Tuf le mir�. �Estoy familiarizado con el viejo ritual del estrechamiento de manos, se�or. Me he dado cuenta de que no lleva usted armas. Tengo entendido que esta costumbre fue establecida, en sus inicios, para dejar bien claro tal hecho. Yo tambi�n me encuentro desarmado. Ya puede usted retirar la mano, si es tan amable.</p><p>Ratch Norren la retir� con una sonrisa. �Como una cabra, �eh? �dijo.</p><p>�Se�or �dijo Haviland Tuf�, no soy una cabra ni soy una mosca grande. Hab�a pensado que tal hecho le resultar�a evidente a cualquier persona de una inteligencia normal. Quiz�s en Vandeen los promedios intelectuales var�an.</p><p>Ratch Norren alz� la mano y se dio un pellizco en la mejilla. La mejilla era muy carnosa y rosada y estaba cubierta por un polvo rojizo. El pellizco que le propin� parec�a bastante fuerte. Tuf decidi� que o se trataba de un tic particularmente psicop�tico o era un gesto t�pico de Vandeen, cuyo significado se le escapaba por completo.</p><p>�Todo eso de las moscas �dijo el hombre�, es el modo de hablar en este sitio. Es un idioma. A los que no son de aqu� les llaman moscas.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf.</p><p>�Usted ha llegado en la gran nave de guerra, �no? �La que sal�a en todas las noticias? �Norren no esper� a que le respondiera�. �Por qu� lleva esa peluca?</p><p>�Estoy viajando de inc�gnito �dijo Haviland Tuf�, aunque al parecer usted ha logrado descubrir mi disfraz.</p><p>Norren se pellizc� nuevamente la mejilla.</p><p>�Ll�mame Ratch �dijo, examinando atentamente a Tuf�, El disfraz no me parece especialmente bueno. Con peluca o sin ella, sigue siendo un enorme gigant�n grueso y con cara de hongo.</p><p>�En el futuro emplear� el maquillaje �dijo Tuf�. Por fortuna, ninguno de los nativos de aqu� ha sido capaz de tanta perspicacia como usted.</p><p>�Son demasiado corteses para mencionarlo. La gente de S�uthlam es as�. Hay tantos� La mayor parte de ellos no pueden permitirse ning�n tipo de aut�ntica intimidad y por eso respetan mucho a los dem�s. En p�blico, har�n como si no le vieran y no le dir�n nada, a no ser que usted deje claro que as� lo desea.</p><p>�Los habitantes de Puerto S�uthlam con los que me he encontrado hasta ahora no me parecieron excesivamente reticentes, ni tampoco sobrecargados por el peso de una elaborada etiqueta �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Oh, los hilado res son diferentes �replic� con un gesto despreocupado Ratch Norren�. Ah� arriba todo es m�s relajado. Oiga, �Puedo darle un peque�o consejo? No venda aqu� esa nave suya, Tuf. Ll�vela a Vandeen. Le daremos un precio mucho mejor por ella.</p><p>�No entra en mis intenciones vender el Arca �replic� Tuf.</p><p>�Venga, no hace falta que se ande con tapujos conmigo �dijo Norren�. De todos modos, no tengo la autoridad necesaria para comprarla, ni tampoco los medios. Ojal� los tuviera. �Ri� en voz alta. Lo �nico que debe hacer es ir a Vandeen y ponerse en contacto con nuestra junta de Coordinadores. No lo lamentar�. �Mir� a su alrededor, como si estuviera asegur�ndose de que los camareros segu�an bien lejos y que los dem�s pasajeros a�n so�aban bajo sus cascos. Luego baj� a�n m�s la voz hasta convertirla en un murmullo de conspirador�. Adem�s, incluso si el precio no fuera un factor a considerar, he o�do decir que esa nave suya tiene un poder francamente terror�fico, �no? No querr� entregarle a S�uthlam un poder tal. No miento, cr�ame, les aprecio, realmente les aprecio. Vengo aqu� regularmente por negocios y son buena gente, si se les toma en peque�os grupos pero� Tuffer, hay tantos y lo �nico que hacen es reproducirse y reproducirse como si fueran unos malditos roedores. Ya ver�, ya. Hace un par de siglos hubo una gran guerra local justo por eso. Los sutis estaban metiendo colonias por todas partes y comprando todas las propiedades que se les pon�an a tiro y si resultaba que ya hab�a alguien viviendo ah� lo �nico que deb�an hacer era reproducirse hasta superarles en n�mero. Al final tuvimos que acabar con ello.</p><p>��Tuvimos? �dijo Haviland Tuf. �Vandeen, Skrymir, el Mundo de Henry y Jazbo, oficialmente, pero nos ayudaron un mont�n de neutrales, �comprende? El tratado de paz dej� a los nativos de S�uthlam dentro de su propio sistema solar. Pero si les da esa nave infernal suya, Tuf, puede que logren escapar de �l.</p><p>�Ten�a entendido que se trataba de un pueblo singularmente honorable y dotado de un gran sentido �tico. Ratch Norren se pellizc� nuevamente la mejilla. �Honorables, �ticos� claro, claro. Son estupendos para hacer negocios con ellos y las chavalas conocen unos cuantos trucos er�ticos de esos que te hacen quedar sin aliento. Ya se lo digo yo, tengo cien amigos sutis y les aprecio mucho a todos, pero entre mis cien amigos deben tener como unos mil cr�os. Esta gente no para de reproducirse, Tuf, �se es el problema, si quiere hacer caso de Ratch. Son unos vitaleros, �me entiende?</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. Y, si se me permite preguntarlo, �qu� es un vitalero?</p><p>�Los vitaleros �replic� Norren con impaciencia�, son antientr�picos, adoradores de los ni�os, devotos de la doble h�lice y gente a quien le encanta chapotear en el gran estanque gen �tico. Son fan�ticos religiosos, Tuffer, est�n locos por la religi�n. �Habr�a seguido hablando, pero el camarero estaba volviendo por el pasillo con las bebidas y Norren se reclin� nuevamente en su asiento.</p><p>Haviland Tuf alz� un largo y c�lido dedo para detener el avance del camarero.</p><p>�Otra ampolla, por favor �dijo. Durante el resto del viaje permaneci� encogido en silencio, sorbiendo pensativamente su cerveza.</p><empty-line/><p>Tolly Mune flotaba en su abarrotada habitaci�n, bebiendo y pensando. Una de las paredes era una enorme pantalla de v�deo, de seis metros de largo y tres de alto. Normalmente, Tolly la preparaba para que mostrara grandes panoramas. Le gustaba el efecto producido por una ventana sobre las grandes monta�as heladas de Skrymir o los ca�ones resecos de Vandeen, con sus veloces torrentes de aguas blancas, as� como tambi�n el de las interminables ciudades iluminadas de la propia S�uthlam, extendi�ndose a trav�s de la noche, con la brillante torre plateada que era la base del ascensor subiendo hasta perderse en el oscuro cielo sin luna, rozando y superando a las casastorre de clase estelar que ten�an cuatro kas de alto.</p><p>Pero esta noche, en su pared se ve�an las estrellas y, enmarcada por ellas, la austera majestad met�lica de la inmensa nave estelar llamada el Arca. Incluso en una pantalla tan grande como la suya, una de las prebendas de su poder como Maestre de Puerto, el verdadero tama�o de la nave resultaba imposible de apreciar.</p><p>y lo que representaba, tanto en sus esperanzas como en sus amenazas, bien lo sab�a Tolly Mune, era a�n mayor que la misma Arca.</p><p>Oy� el zumbido del comunicador en un lado de la habitaci�n. Sabiendo que el ordenador no la habr�a molestado de no ser �sa la llamada que estaba esperando, dijo:</p><p>�La recibir� �las estrellas se volvieron borrosas y el Arca se disolvi�. La pantalla mostr� por unos instantes un torbellino de colores l�quidos antes de que �stos se convirtieran en el rostro del Primer Consejero Josen Rael, el l�der de la mayor�a en el Gran Consejo Planetario.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �dijo �l. Con los implacables poderes de aumento de la pantalla, Tolly pudo percibir claramente la tensi�n que hab�a en su largo cuello, lo apretados que estaban sus flacos labios y el duro brillo de sus ojos marr�n oscuro. Se hab�a empolvado la coronilla, de la que empezaba a caerle el pelo, pero a pesar de ello ya se le ve�an algunas gotitas de sudor.</p><p>�Consejero Rael �replic� ella�. Es muy amable al llamarme. �Ha examinado los informes?</p><p>�S�. �Esta llamada cuenta con escudos protectores? �Desde luego �dijo ella�. Hable con toda libertad. Josen Rael lanz� un suspiro. Llevaba ya diez a�os siendo una parte imprescindible de la pol�tica planetaria. Primero hab�a accedido a los noticiarios como consejero de guerra, luego hab�a ascendido al cargo de consejero de agricultura y, durante cuatro a�os est�ndar hab�a sido el l�der de la facci�n que ten�a la mayor�a en el consejo de los tecn�cratas, lo cual lo convert�a en el hombre m�s poderoso de S�uthlam. El poder hab�a acabado por darle un aspecto cansado y viejo y Tolly Mune jam�s le hab�a visto tan mal como ahora.</p><p>�Entonces, �est� segura de los datos? �dijo�. �Sus cuadrillas no han cometido ning�n error? No necesito decirle que este asunto es demasiado crucial y no quiero errores. �Es realmente una sembradora del CIE?</p><p>�Es una maldita sembradora �dijo Tolly Mune�. Tiene aver�as y le hace falta un buen mont�n de reparaciones, pero ese condenado trasto sigue m�s o menos en condiciones de funcionar y la biblioteca celular est� intacta. Lo hemos verificado.</p><p>Rael se pas� sus largos dedos de puntas achatadas por su rala cabellera blanca.</p><p>�Supongo que deber�a sentirme jubiloso. Cuando todo esto haya terminado tendr� que fingirlo para las noticias, pero, en estos momentos, no puedo pensar en otra cosa que no sea el peligro. Hemos tenido una reuni�n del consejo a puerta cerrada. No podemos correr el riesgo de que haya filtraciones hasta que todo se haya solventado. El consejo estuvo ampliamente de acuerdo: tecn�cratas, expansionistas, ceros, el partido eclesi�stico, las facciones extremistas� �Se ri�. Jam�s hab�a visto tal unanimidad en toda mi carrera. Maestre de Puerto Mune, necesitamos esa nave.</p><p>Tolly Mune hab�a previsto que dir�a eso. No llevaba tantos a�os siendo Maestre de Puerto para no haber comprendido el funcionamiento pol�tico de la sociedad que se agitaba en la superficie del planeta. S�uthlam llevaba ya toda la vida de Tolly sumida en una crisis interminable.</p><p>�Intentar� comprarla �dijo�. En sus comienzos, antes de encontrar el Arca, ese tal Haviland Tuf era un mercader independiente. Mis cuadrillas descubrieron su vieja nave en la cubierta de aterrizaje, en p�simo estado. Los mercaderes son todos unos abortos codiciosos yeso deber�a trabajar en favor nuestro.</p><p>�Ofr�zcale lo que sea �dijo Josen Rael�. �Me ha entendido, Maestre de Puerto? Tiene usted una disponibilidad presupuestaria ilimitada.</p><p>�Comprendido �dijo Tolly Mune. Pero a�n le quedaba otra pregunta por hacer�. Y� �y si no quiere venderla?</p><p>Josen Rael vacil�. �Ser�a muy dif�cil �murmur�. Debe venderla. Una negativa resultar�a tr�gica. No para �l. Quiz� para nosotros.</p><p>�Si no quiere venderla �repiti� Tolly Mune�, necesito saber qu� alternativas de acci�n hay.</p><p>�Debemos tener la nave �le dijo Rael�. Si ese Tuf no piensa atender a razones entonces no tendremos elecci�n. El Gran Consejo ejercer� su derecho de dominio eminente y la confiscar�. A �l se le compensar� adecuadamente, claro.</p><p>��Maldici�n! Est� hablando de apoderarnos por la fuerza de la nave.!</p><p>�No �dijo Josen Rael�. Todo se har�a del modo m�s correcto, ya lo he comprobado. En una emergencia, el bien de la mayor�a est� por encima de los derechos de la propiedad privada.</p><p>�Oh, infiernos y maldiciones, Josen, eso no es m�s que condenada ret�rica �dijo Mune�. Ten�a m�s sentido com�n cuando estaba aqu� arriba. �Qu� le han hecho ah� abajo?</p><p>Josen torci� el gesto y, por unos instantes, se pareci� un poco al joven que hab�a trabajado con ella, durante un a�o, cuando era ayudante del Maestre y �l tercer administrador ayudante para el comercio interestelar. Luego sacudi� la cabeza y el pol�tico viejo y cansado apareci� de nuevo.</p><p>�No me gusta nada todo esto, Mam� �dijo�, pero, �qu� otra opci�n nos queda? He visto los c�lculos. Tendremos muchedumbres hambrientas dentro de veintisiete a�os a menos que se haga alg�n avance cient�fico decisivo, y no hay ninguno a la vista. Antes de eso los expansionistas conseguir�n de nuevo el poder y puede que tengamos otra guerra. Pase lo que pase, morir�n millones, quiz� miles de millones. Contra todo eso, �qu� son los derechos de un solo hombre?</p><p>�No pienso discutir, Josen, aunque ya sabes que hay quienes estar�an dispuestos a ello. Pero no importa. Quieres ser pr�ctico, �no? Pues te dar� algunas malditas cosas pr�cticas en las que ir pensando. Incluso si compramos legalmente la nave de Tuf, habr� un �aleo de mil infiernos con Vandeen y Skrymir y el resto de los aliados, pero dudo de que vayan a intentar algo. Si nos apoderamos de ella por la fuerza, las coordenadas son muy distintas y nos llevan a un lugar tambi�n muy distinto, un lugar bastante feo. Puede que hablen de pirater�a. Pueden definir el Arca como una nave militar, cosa que era, dicho sea de paso, y condenadamente capaz de liquidar mundos enteros. Entonces dir�n que estamos violando el tratado y vendr�n nuevamente a por nosotros.</p><p>�Yo hablar� con sus enviados personalmente �dijo Josen Rael con voz cansada�. Les asegurar� que mientras los tecn�cratas ocupen el poder, el programa de colonizaci�n no volver� a ponerse en marcha.</p><p>��y aceptar�n tu condenada palabra de honor? y un maldito infierno cornudo lo har�n. �Piensas asegurarles que los tecn�cratas no perder�n nunca el poder y que nunca deber�n entend�rselas con los expansionistas? �C�mo lograr�s eso? �Est�s planeando utilizar el Arca para establecer una dictadura ben�vola?</p><p>El consejero apret� los labios y en su morena nuca apareci� un leve rubor.</p><p>�Me conoces lo suficiente como para decir eso. De acuerdo, hay riesgos. Pero la nave es un recurso militar formidable, eso no debemos olvidarlo. Si los aliados se movilizan contra nosotros, tendremos la carta ganadora.</p><p>�Tonter�as �dijo Tolly Mune�. Le hacen falta reparaciones y tenemos que aprender a dominarla. La tecnolog�a que supone esa nave lleva mil a�os perdida. Nos pasaremos meses estudi�ndola, puede que a�os, antes de que podamos realmente utilizar ese maldito aparato. Pero no tendremos esa oportunidad. La flota vandeeni llegar� en cuesti�n de semanas para quit�rnosla de entre las manos y las dem�s flotas no tardar�n mucho en seguirla.</p><p>�Nada de todo esto es asunto suyo, Maestre de Puerto �dijo Josen Rael fr�amente�. El Gran Consejo lo ha discutido todo largamente.</p><p>�No intentes asustarme con el rango, Josen. A m�, no. �Recuerdas cuando se te fue la mano con los narcos y decidiste salir al espacio para ver lo de prisa que cristalizaba la orina fuera? Yo te convenc� para que no se te congelara el aparato, querido Primer Consejero. Ahora, l�mpiate tus condenadas orejas y esc�chame. Puede que la guerra no sea asunto m�o, pero el comercio s� lo es. El Puerto es nuestro cord�n umbilical. En estos mismos instantes tenemos que importar ya el treinta por ciento de nuestras calor�as brutas�</p><p>�El treinta y cuatro por ciento �le corrigi� Rael. �El treinta y cuatro por ciento �concedi� Tolly Mune�. y los dos sabemos que esa cifra no har� sino ir subiendo. Pagamos por esa comida con nuestra tecnolog�a, tanto en bienes manufacturados como en los servicios que prestamos en el Puerto. Damos servicio y reparaciones a m�s naves espaciales que cualquiera de los otros cuatro mundos del sector, por no hablar de las que construimos. �y sabes por qu�? Porque me han salido callos en mi condenado culo para dejar bien claro que somos los mejores. El mismo Tuf lo dijo. Vino aqu� para las reparaciones, porque tenemos una reputaci�n. Una reputaci�n de ser honestos, de jugar limpio y de tener �tica, al mismo tiempo que una gran competencia t�cnica. �Qu� va a ser de esa reputaci�n si confiscamos su maldita nave? �Cu�ntos comerciantes m�s van a venir aqu� tray�ndonos sus naves, para que las reparemos, si nos sentimos con la libertad de tomar lo que nos venga en gana? �Qu� va a ser de mi condenado Puerto?</p><p>�Es cierto que eso tendr�a un efecto adverso �admiti� Josen Rael.</p><p>Tolly Mune le mir� fijamente y emiti� un sonido tan potente como grosero.</p><p>�Nuestra econom�a quedar�a en ruinas �dijo en voz �tona.</p><p>Ahora Rael estaba sudando profusamente y peque�os r�os de l�quido corr�an por su ancha frente. Sac� un pa�uelo del bolsillo y se limpi� el sudor.</p><p>�Entonces, Maestre de Puerto Mune, es f�cil ver que eso no debe ocurrir. Debe impedir que se llegue a tal extremo.</p><p>��C�mo?</p><p>�Compre el Arca �dijo�. Delego en usted plena autoridad, dado que parece entender tan bien la situaci�n. Haga que este Tuf vea la luz. La responsabilidad es suya. �Movi� la cabeza y la pantalla qued� en blanco.</p><empty-line/><p>Haviland Tuf estaba en S�uthlam jugando al turista. Resultaba imposible negar que, a su modo, el planeta era impresionante. Durante sus a�os de mercader, saltando de una estrella a otra en la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios, Haviland Tuf hab�a visitado m�s mundos de los que pod�a recordar en un momento dado, pero le parec�a muy improbable que S�uthlam fuera a borrarse demasiado pronto de su memoria.</p><p>Hab�a presenciado buena cantidad de espect�culos capaces de quitar el aliento: las torres cristalinas de Aval�n, las telara�as celestes de Aracne, los mares eternamente en movimiento de Viejo Poseid�n y las monta�as de basalto negro de Clegg. Pero la ciudad de S�uthlam (ya que los viejos nombres se hab�an convertido en simples distritos y barrios y las viejas ciudades se hab�an unido en una monstruosa megal�polis hac�a ya siglos) pod�a rivalizar con cualquiera de esos lugares.</p><p>A Tuf siempre le hab�an gustado de modo especial los edificios altos y ahora, tanto de d�a como de noche, no se cansaba de observar el paisaje ciudadano desde las plataformas situadas a grandes alturas, de un kil�metro y hasta nueve. No importaba lo alto que subiera: las luces parec�an infinitas, extendi�ndose en todas direcciones hasta perderse en la distancia, sin un solo lugar oscuro que rompiera su interminable sucesi�n. Edificios de cuarenta y de cincuenta pisos, que parec�an cajas sin ning�n rasgo distintivo, se alzaban casi pegados unos a otros en hileras interminables, viviendo en la perpetua semioscuridad de las torres cristalinas que las superaban en altura para beber el sol. Los nuevos niveles se constru�an sobre niveles que a su vez se alzaban sobre niveles a�n m�s antiguos. Las aceras m�viles se un�an y se alejaban unas de otras formando dibujos tan intrincados como laberintos y bajo la superficie flu�a una red de gigantescas carreteras subterr�neas donde los turbotrenes y las c�psulas de entrega se lanzaban como proyectiles a trav�s de las tinieblas, a cientos de k as por hora. y bajo esas carreteras hab�a s�tanos y subs�tanos y t�neles y pasadizos. Toda una ciudad duplicada que alcanzaba bajo el suelo las mismas profundidades que su gemela de cristal ara�aba en las alturas.</p><p>Tuf hab�a visto las luces de la metr�polis a bordo del Arca y desde su �rbita la ciudad ya le hab�a parecido engullir medio continente. Vista desde la superficie parec�a lo bastante grande como para tragarse galaxias enteras. Hab�a otros continentes y ellos tambi�n ard�an por la noche con las luces de la civilizaci�n. En el mar luminoso no hab�a zonas de tinieblas. Los habitantes de S�uthlam no ten�an espacio para malgastar en lujos, como parques o jardines. Tuf no lo desaprobaba. Siempre hab�a pensado que los parques eran una instituci�n malsana, dise�ada b�sicamente para recordarle a la humanidad civilizada cu�n tosca, inc�moda y feroz hab�a sido la vida, cuando no hab�a m�s remedio que vivirla en plena naturaleza.</p><p>Haviland Tuf hab�a estado en muchas culturas durante sus viajes y, a su juicio, la cultura de S�uthlam no era inferior a ninguna de las que hab�a visto. El planeta estaba lleno de variedad y asombrosas posibilidades, y su riqueza era tal que hac�a pensar al mismo tiempo en la vitalidad y en la decadencia. S�uthlam era un mundo cosmopolita, perfectamente insertado en la red que un�a una estrella con otra, y saqueaba a su capricho la m�sica, el drama y los sensoria importados de otros planetas. Utilizaba esos constantes est�mulos para transformar incesantemente su propia matriz cultural. La ciudad ofrec�a m�s variedades de diversi�n y entretenimiento de lo que Tuf hab�a encontrado antes en un solo lugar. Si un turista deseara experimentarlos todos, tendr�a que estar ocupado durante varios a�os.</p><p>A lo largo de sus a�os como viajero, Tuf hab�a visto la avanzada ciencia y la magia tecnol�gica de Avalon y Newholme, Tober-en-el-Velo, Viejo Poseid�n, Baldur, Aracne y una docena de planetas m�s que marcaban la primera l�nea del progreso humano. La tecnolog�a que ve�a ahora en S�uthlam rivalizaba con cualquiera de ellas. Para empezar, el ascensor orbital ya era una haza�a impresionante. Se supon�a que la Vieja Tierra hab�a construido obras semejantes en los lejanos d�as anteriores al Derrumbe y Newholme hab�a erigido uno en el pasado, solamente para verlo caer durante la guerra. Pero, en ning�n otro lugar hab�a presenciado Tuf una obra de ingenier�a tan colosal, ni siquiera en la mism�sima,Avalon, donde se hab�a estudiado la posibilidad de ascensores como �se y hab�an terminado por rechazarse debido a razones econ�micas. y tanto las aceras m�viles como los tubotrenes o las factor�as eran modernos y eficientes. Hasta el gobierno parec�a funcionar.</p><p>S�uthlam era un mundo de maravillas. Haviland Tuf lo observ� y viaj� por �l y examin� sus maravillas durante tres d�as antes de volver a su habitaci�n peque�a e inc�moda, aunque de primera clase, en el piso n�mero setenta y nueve de una torre hotelera. Cuando estuvo all�, hizo venir al encargado.</p><p>�Deseo hacer los arreglos precisos para volver de inmediato a mi nave �dijo, sentado en la estrecha cama que hab�a hecho brotar de la pared, ya que las sillas le resultaban inc�modas y demasiado peque�as. Luego cruz� pl�cidamente sus grandes y p�lidas manos sobre su vientre.</p><p>El encargado, un hombrecillo que apenas si tendr�a la mitad de la talla de Tuf, pareci� algo preocupado.</p><p>�Ten�a entendido que su estancia iba a prolongarse durante diez d�as m�s �dijo.</p><p>�Correcto �replic� Tuf�. Sin embargo, en la misma naturaleza de todo plan ya entra su mutabilidad. Deseo volver a mi nave en �rbita tan pronto como sea posible. Le guardar�a una extremada gratitud si se encargara de todos los tr�mites, se�or.</p><p>��Hay tanto que a�n no ha visto! �Ciertamente. Con todo, pienso que lo visto hasta ahora, aunque tomado como muestra representativa de todo un planeta puede resultar peque�a, ya es suficiente.</p><p>��No le gusta S�uthlam? �Padece de un exceso de s�uthlameses �replic� Haviland Tuf�. Podr�a mencionar tambi�n algunos otros defectos. �Alz� un dedo tan largo como lechoso. La comida es nauseabunda y en su mayor parte ha sido reciclada qu�micamente a partir de una materia prima b�sicamente desagradable y repleta de colores tan lejos de lo normal como de lo agradable. Lo que es m�s, las raciones no son en lo m�s m�nimo convincentes. Quiz� pudiera arriesgarme a mencionar tambi�n la constante y molesta presencia de los reporteros. He aprendido a identificarles por las c�maras multifoco que llevan en el centro de la frente, igual que un tercer ojo. Puede que usted mismo los haya visto acechando en sus pasillos, en el sensorio o en el restaurante. Por lo que he podido calcular, me parece que su n�mero asciende a la veintena.</p><p>�Usted es una celebridad �dijo el encargado�, una figura p�blica. Toda S�uthlam desea saber m�s sobre usted. Pero estoy seguro de que si su deseo era no conceder entrevistas, los fisgones no habr�n osado entrometerse en su intimidad, ya que la �tica de su profesi�n�</p><p>�No dudo de que la han observado al pie de la letra �concluy� Haviland Tuf�, tal y como debo admitir que han mantenido su distancia. Sin embargo, al volver cada noche a esta habitaci�n francamente insuficiente, he visto los noticiarios y he sido acogido con escenas en las que figuraba yo mismo, contemplando la ciudad, comiendo alimentos que parec�an de goma y visitando algunas atracciones t�picas, por no hablar de ciertas entradas en instalaciones sanitarias. Debo confesar que la vanidad es uno de mis grandes defectos. Pero a�n as�, los atractivos de la fama no han tardado en marchitarse para m�. Lo que es m�s, casi todos los �ngulos con que han sido grabadas dichas escenas me han parecido muy poco halagadores y el humor de los comentaristas de esos noticiarios me ha parecido rayano en lo ofensivo.</p><p>�Eso es f�cil de resolver �dijo el encargado�. Tendr�a que haber acudido a m� antes de hoy. Podemos alquilarle un escudo de intimidad. Se abrocha el cintur�n y si cualquier mir�n se le acerca a menos de veinte metros el aparato se encargar� de paralizar su tercer ojo y adem�s le proporcionar� una terrible jaqueca.</p><p>�Pero hay algo que no resulta tan f�cil de solucionar �observ� Tuf con el rostro impasible�. La absoluta falta de vida animal que he observado durante estos d�as.</p><p>��Alima�as? �dijo el anfitri�n, aterrado�. �Est� preocupado porque no tenemos alima�as?</p><p>�No todos los animales entran en esa categor�a �dijo Haviland Tuf�. Hay muchos planetas en los cuales los p�jaros, los perros y otras especies son animales dom�sticos, queridos y mimados. Por ejemplo, yo adoro a los gatos. Un mundo realmente civilizado siempre mantiene un lugar para los felinos. Pero, en S�uthlam, al parecer, el populacho no sabr�a distinguirlos de los piojos y de las sanguijuelas. Cuando hice los arreglos para mi visita a este mundo, la Maestre de Puerto Tolly Mune me asegur� que sus hombres se encargar�an de mis gatos y acept� sus palabras al respecto. Sin embargo, dado que ning�n nativo de este mundo se ha encontrado jam�s ante ning�n animal de una especie que no sea la humana, me parece que tengo razones para interrogarme sobre el tipo de cuidados que est�n recibiendo actualmente.</p><p>�Tenemos animales �protest� el encargado�. Est�n en las agrofactor�as. Hay muchos animales, los he visto en las cintas.</p><p>�No lo pongo en duda �dijo Tuf�. Pese a todo, una cinta de un gato y un gato son dos cosas muy distintas y requieren un trato tambi�n distinto. Las cintas pueden guardarse en una estanter�a, pero los gatos no �levant� un dedo y apunt� con �l al encargado�. Sin embargo, todo ello no es realmente asunto grave y entra en la categor�a de las peque�as quejas. El meollo del asunto, tal y como he mencionado antes, se encuentra m�s en el n�mero de los s�uthlameses y no en sus maneras. Caballero, aqu� hay demasiada gente. He recibido empujones desde que he llegado hasta hoy mismo.</p><p>En los establecimientos dedicados a la restauraci�n, las mesas se encuentran demasiado cerca unas de otras, las sillas no bastan para contenerme y m�s de una vez alg�n desconocido se ha sentado junto a m� clav�ndome rudamente el codo en el est�mago. Los asientos de los teatros y los sensorios resultan angostos e inc�modos. Las aceras est�n repletas de gente, los pasillos se encuentran siempre atestados, los tubos rebosan. En todas partes hay gente que me toca sin mi permiso y sin mi consentimiento.</p><p>El encargado esgrimi� una sonrisa profesional. ��Ah, la humanidad! �dijo con s�bita elocuencia�. �La gloria de S�uthlam! �Las masas que se agitan, el mar de rostros, el interminable desfile, el drama de la vida! �Hay acaso algo tan tonificante como el contacto con nuestro pr�jimo?</p><p>�Puede que no �dijo Haviland Tuf secamente�. Con todo, creo que ya me he tonificado lo suficiente. A�n m�s, perm�tame decir que el s�uthlam�s medio es demasiado bajo para llegarme al hombro y por lo tanto se ha visto obligado u obligada a contactar con mis brazos, mis piernas o mi est�mago.</p><p>La sonrisa del encargado se desvaneci�. �Caballero, su actitud no me parece la m�s adecuada. Para apreciar bien nuestro mundo, debe aprender a verlo con los ojos de un s�uthlam�s.</p><p>�No siento grandes deseos de ir caminando sobre mis rodillas �dijo Haviland Tuf.</p><p>�No se opondr� usted a la vida, �cierto? �No, ciertamente �replic� Haviland Tuf�. La vida me parece infinitamente preferible a su alternativa. Sin embargo, y dadas mis experiencias, creo que todas las buenas cosas pueden ser llevadas hasta extremos desagradables y tal me parece ser el caso de S�uthlam �alz� una mano pidiendo silencio antes de que el encargado pudiera contestarle�. Siendo m�s preciso �prosigui� Tuf�, he llegado a sentir algo parecido a la fobia, aunque sin duda sea algo excesivo y precipitado, respecto a ciertos espec�menes vivos con los que el azar me ha deparado encuentros durante mis viajes. Algunos de ellos han expresado una abierta hostilidad hacia mi persona, dirigi�ndome ep�tetos claramente insultantes en cuanto a mi masa y mi talla.</p><p>�Bueno �dijo el encargado, ruboriz�ndose�, lo siento pero usted� bueno, usted es bastante� quiero decir, bastante grande, y en S�uthlam no entra dentro de lo socialmente aceptable el� bueno, el exceso de peso.</p><p>�Caballero, el peso no es sino una funci�n de la gravedad y, por lo tanto, resulta extremadamente d�ctil. Lo que es m�s, no me siento dispuesto a concederle la m�s m�nima autoridad para que emita juicios sobre mi peso, tanto si es para calificarlo de excesivo como de adecuado a la media o inferior a ella, dado que siempre estamos tratando con criterios subjetivos. La est�tica var�a de un mundo a otro, al igual que los genotipos y la predisposici�n hereditaria. Caballero, me encuentro perfectamente satisfecho con mi masa actual y para volver al asunto que nos ocupa, deseo terminar mi estancia aqu� mismo.</p><p>�Muy bien �dijo el encargado�. Le reservar� un pasaje en el primer tubotr�n de ma�ana por la ma�ana.</p><p>�No me parece satisfactorio. Desear�a marcharme de inmediato. He examinado los horarios y he descubierto que dentro de tres horas sale un tren.</p><p>�Est� completo �le replic� con cierta sequedad el encargado�. En �se s�lo quedan plazas de segunda y tercera clase.</p><p>�Lo soportar� tan bien como pueda �dijo Haviland Tuf�. No tengo la menor duda de que un contacto tan apretado, con tales cantidades de pr�jimo, me dejar� altamente tonificado y revigorizado cuando abandone mi tren.</p><empty-line/><p>Tolly Mune flotaba, en el centro de su oficina, en la posici�n del loto, contemplando desde lo alto a Haviland Tuf.</p><p>Ten�a una silla especial para las moscas y los gusanos de tierra que no estaban acostumbrados a la carencia de gravedad. No resultaba una silla demasiado c�moda, a decir verdad, pero estaba clavada en el suelo y pose�a un arn�s de red que manten�a a su ocupante en el sitio. Tuf hab�a logrado instalarse en ella con una algo torpe dignidad y se hab�a colocado el arn�s, abroch�ndolo con el m�ximo cuidado, en tanto que ella se hab�a puesto c�moda, aproximadamente a la altura de su cabeza. Un hombre del tama�o y estatura de Tuf no deb�a estar nada acostumbrado a tener que mirar hacia arriba en una conversaci�n y Tolly Mune pensaba que con eso pod�a obtener cierta ventaja psicol�gica.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �dijo Tuf, que no parec�a en lo m�s m�nimo incomodado por su posici�n respecto a ella�, debo protestar. Comprendo que las repetidas referencias que se han hecho de mi persona, calific�ndome de mosca, son meramente un efecto del pintoresco argot local y que no contienen ning�n tipo de oprobio. Sin embargo, no puedo sino sentirme un tanto molesto ante lo que es un intento muy claro de� digamos de arrancarme las alas.</p><p>Tolly Mune sonri�. �Lo siento, Tuf �dijo�. Nuestro precio no sufrir� ninguna variaci�n.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. Variaci�n, una palabra de lo m�s interesante. Si no me encontrara algo impresionado ante la presencia de un personaje de su categor�a y no me inquietara la posibilidad de resultar ofensivo, podr�a llegar incluso al extremo de sugerir que esa falta de variaci�n se aproxima a la rigidez. La cortes�a me proh�be hablar de codicia, avaricia o pirater�a espacial, para definir la opini�n que me est�n mereciendo estas negociaciones un tanto espinosas. Sin embargo, me permito se�alar que la suma de cincuenta millones de unidades b�sicas es varias veces mayor que el producto planetario bruto de una buena cantidad de mundos.</p><p>�Son mundos peque�os �dijo Tolly Mune�, y �ste ha de ser un trabajo muy grande. Ah� fuera hay una nave absolutamente enorme.</p><p>Tuf permaneci� impasible. �Concedo que el Arca es realmente una gran nave, pero me temo que ello no tiene relaci�n con el asunto que nos ocupa. A no ser que sea costumbre suya el utilizar tarifas por metro cuadrado y no por hora de trabajo.</p><p>Tolly Mune se ri�. �Oh, no estamos hablando de equipar a un viejo carguero con unos cuantos anillos de pulsaci�n nuevos o de reprogramar su navegador de vuelo. Estamos hablando de miles de horas de trabajo, incluso contando con tres cuadrillas completas trabajando un turno triple; estamos hablando de un enorme trabajo de sistemas, realizado por los mejores cibertecs que poseemos, y de fabricar repuestos y piezas de maquinaria que no se han utilizado desde hace cientos de a�os. Yeso s�lo para empezar. Tendremos que examinar esa condenada pieza de museo suya, antes de empezar a ponerla patas arriba o puede que de lo contrario nunca seamos capaces de volver a montarla� Tendremos que traer a unos cuantos especialistas del planeta para que vengan por el ascensor. Puede que incluso tengamos que acudir a gente de fuera del sistema. Piense en la energ�a, el tiempo y las calor�as necesarias. Para empezar, calcule solamente las tasas de puerto, Tuf. Esa cosa tiene treinta kil�metros de largo. No puede entrar en la telara�a. Tendremos que construir un muelle especial a su alrededor e incluso entonces ocupar�, por s� sola, los diques que habr�amos podido utilizar para trescientas naves normales. Tuf, no tenga ning�n deseo de saber lo que puede costar eso� �Hizo algunos r�pidos c�lculos en su ordenador de pulsera y mene� la cabeza. Si est� aqu� durante un mes local, lo que es una hip�tesis realmente optimista, s�lo las tasas de puerto son ya un mill�n de calor�as, aproximadamente; m�s de trescientas mil unidades b�sicas en su moneda.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf. Tolly Mune extendi� las manos en un gesto de impotencia.</p><p>�Si no le gusta nuestro precio, naturalmente siempre puede acudir a alg�n otro sitio.</p><p>�La sugerencia me parece poco pr�ctica �dijo Haviland Tuf�. Por desgracia, y por sencillas que sean mis demandas, al parecer tan s�lo un pu�ado de mundos poseen la capacidad necesaria para darles satisfacci�n, lo cual no me parece un comentario muy halag�e�o sobre el estado actual de las proezas tecnol�gicas de la raza humana.</p><p>��S�lo un pu�ado? �Tolly Mune alz� levemente una de las comisuras de su boca�. Quiz� hemos puesto un precio demasiado bajo a nuestros servicios.</p><p>�Se�ora �dijo Haviland Tuf�, tengo la seguridad de que no ser� usted capaz de aprovecharse groseramente de mi ingenua franqueza.</p><p>�No �replic� ella�. Tal y como ya dije, nuestro precio no va a sufrir variaci�n alguna.</p><p>�Al parecer hemos llegado a un callej�n sin salida, tan inc�modo como espinoso. Usted tiene su precio pero yo, desgraciadamente, no tengo la suma de dinero precisa para satisfacerlo.</p><p>�Jam�s lo habr�a imaginado. Con una nave como la suya, pensaba que tendr�a calor�as para quemar, si as� lo deseaba.</p><p>�Sin duda pronto emprender� una lucrativa carrera en el campo de la ingenier�a ecol�gica �dijo Haviland Tuf�. Por desgracia, a�n no he empezado a practicarla y, en mis anteriores actividades comerciales, sufr� recientemente ciertos inexplicables reveses financieros. Quiz� le interesen algunas excelentes reproducciones pl�sticas de las m�scaras para org�a de Cooglish. Colgadas en una pared representan una decoraci�n tan estimulante como inhabitual y se dice tambi�n que poseen ciertas propiedades m�sticas y afrodis�acas.</p><p>�Me temo que no me interesan �dijo Tolly Mune�, pero, Tuf, �sabe una cosa? Hoy es su d�a de suerte.</p><p>�Temo que se me est� haciendo objeto de una broma �dijo Haviland Tuf�. A�n en el caso de que me vaya a decir que existe un precio especial reducido a la mitad o una oferta del tipo dos por uno en cuanto a los servicios ofrecidos, no me encuentro en la posici�n m�s �ptima para aprovecharla. Voy a ser brutal y amargamente sincero, Maestre de Puerto Mune, y admitir� que en estos momentos sufro una disfunci�n temporal de fondos.</p><p>�Tengo una soluci�n �dijo Tolly Mune. ��De veras? �dijo Tuf.</p><p>�Tuf, usted es un comerciante. No le hace falta realmente una nave tan grande como el Arca, �verdad que no? y no sabe nada sobre ingenier�a ecol�gica. Ese pecio que ha encontrado no puede servirle de nada, pero posee un considerable valor tasado como salvamento �sonri� con c�lida amabilidad�. He hablado con la gente de ah� abajo y el Gran Consejo tiene la impresi�n de que su mejor opci�n consiste en vendernos la nave.</p><p>�Su preocupaci�n por m� es conmovedora �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Le pagaremos una tarifa de salvamento muy generosa �dijo ella�. El treinta por ciento del valor estimado de la nave.</p><p>�Dicha estimaci�n ser� hecha por ustedes �dijo Tuf con voz �tona.</p><p>�S�, pero eso no es todo. Adem�s, pensamos a�adir a la tarifa un mill�n de unidades base en efectivo y le daremos una nueva nave. Una Salto Largo Nueve totalmente por estrenar. Es nuestro carguero m�s grande y posee una cocina totalmente automatizada. Puede llevar seis pasajeros perfectamente acomodados, tiene rejilla gravitatoria, dos lanzaderas, sus bodegas son lo bastante grandes como para soportar perfectamente la comparaci�n con las grandes naves mercantes de Avalon y Kimdissi, posee triple redundancia, y un ordenador �ltimo modelo de la serie Chico Listo activado por voz, e incluso la posibilidad de ir armado si ello es lo que usted desea. Ser� el mercader independiente mejor equipado de todo el sector.</p><p>�Muy lejos de m� el despreciar semejante generosidad �dijo Tuf�. S�lo el pensar en la oferta hace que me d� vueltas la cabeza, pero aunque no me cabe ni la menor duda de que me encontrar�a mucho m�s c�modo a bordo de la nueva espacionave que me ofrece, he llegado a sentir cierto est�pido y sentimental afecto por el Arca. Por muy arruinada e in�til que se encuentre, lo cierto es que sigue siendo la �ltima sembradora del Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica que existe. Y, habiendo desaparecido ya dicho cuerpo, es un pedazo vivo de la historia, un monumento a su valor ya su genio que, despu�s de todo, no carece tampoco de ciertos usos insignificantes. Hace alg�n tiempo, cuando viajaba en solitario por el espacio, sent� de pronto el fant�stico capricho de abandonar la incierta vida del comerciante, para abrazar, en vez de ella, la profesi�n de ingeniero ecol�gico. Por muy falta de racionalidad y muy ignorante que fuera esta decisi�n, sigue pareci�ndome provista de atractivo y temo que poseo el gran vicio de la tozudez. Por lo tanto, Maestre de Puerto Mune, debo rechazar su oferta con gran sentimiento. Me quedar� con el Arca.</p><p>Tolly Mune efectu� una peque�a contorsi�n que la hizo girar en redondo y luego se impuls� levemente en el techo, quedando de tal modo justo ante la cara de Tuf y en la posici�n adecuada para amenazarle con un dedo.</p><p>��Maldici�n! �dijo�, no tengo la paciencia suficiente como para ir regateando cada una de estas condenadas calor�as, Tuf. Soy una mujer muy ocupada y no tengo ni el tiempo ni la energ�a precisos para sus juegos de mercader. Vender� la nave. Usted lo sabe y yo tambi�n, as� que terminemos de una vez. Diga el precio. �Le golpe� suavemente la nariz con el dedo. Diga �golpecito� el �golpecito� precio.</p><p>Haviland Tuf se desabroch� bruscamente del arn�s y con una patada sali� despedido de la silla. Era tan enorme que la hizo sentir peque�a, a ella, que hab�a sido considerada gigantesca durante la mitad de su vida.</p><p>�Tenga la amabilidad de no agredir m�s mi pobre persona �dijo�, ya que ello no puede tener ni el menor efecto positivo sobre mi decisi�n. Me temo que se ha formado usted una opini�n tremendamente err�nea de m�, Maestre de Puerto Mune. Es cierto que he sido comerciante, s�, pero siempre fui pobre. Quiz� porque nunca llegu� a dominar esas artes del cambalache y regateo del que tan injustamente me acaba de atribuir. He puesto perfectamente en claro cu�l es mi posici�n. El Arca no est� en venta.</p><empty-line/><p>�Siento cierto afecto hacia usted a causa de los a�os que pas� ah� arriba �dijo con voz m�s bien fr�a Josen Rael en el comunicador�, y no puedo negar que su historia como Maestre de Puerto ha sido ejemplar. De no ser as�, ahora mismo le quitar�a ese cargo. �Le ha dejado volver a su nave? �C�mo ha podido hacerlo? La consideraba dotada de m�s sentido com�n�</p><p>�Y yo te consideraba un pol�tico �dijo Tolly Mune con voz algo despectiva�. Josen, piensa en las condenadas ramificaciones que habr�a tenido el asunto si hubiera hecho que los de seguridad se lanzaran sobre �l en mitad de la Casa de la Ara�a! Tuf no es exactamente lo que se dice f�cil de esconder, ni tan siquiera cuando se pone esa rid�cula peluca y pretende ir de inc�gnito. Este lugar est� atestado de nativos de Vandeen, Jazbo, el Mundo de Henry� Di cualquier planeta que se te ocurra y habr� alguien procedente de all� y todos est�n vigilando a Tuf y vigilando el Arca, esperando a ver qu� haremos. Ya ha sido contactado por un maldito agente de Vandeen. Se les vio conversar en el tubotr�n.</p><p>�Ya lo s� �dijo el Consejero con expresi�n de disgusto�. De todos modos, se tendr�a que� �no habr�a alg�n modo de cogerle sin que nadie se diera cuenta?</p><p>��y luego qu� hago con �l? �dijo Tolly Mune�. �Le mato y le echo por una escotilla al exterior? No soy capaz de hacer eso, Josen, y ni tan siquiera se me ocurrir�a la idea de encarg�rselo a otra persona. y si lo intentas te denunciar� a los noticiarios y har� que toda la condenada casa te caiga encima.</p><p>Josen Rael se limpi� el sudor de la frente. �Tambi�n otras personas tienen principios. No eres la �nica �dijo como a la defensiva�. Ni se me ocurrir�a tal idea. Pero debemos conseguir esa nave y, ahora que Tuf est� otra vez dentro de ella, nuestra tarea se ha vuelto todav�a m�s dif�cil. El Arca posee unas defensas formidables. He estado haciendo preparar algunos planes de estimaci�n y dicen que quiz� pudiera resistir un ataque de toda nuestra Flota Defensiva Planetaria.</p><p>�Oh, �Por todos los infiernos!, Josen, ahora se encuentra a unos cinco k as del final del tubo nueve. jun maldito ataque a toda escala de cualquiera, probablemente destruir�a el Puerto y har�a que el ascensor se derrumbara encima de tu condenada cabeza! No te pongas nervioso, mant�n la cremallera bien cerrada y deja que yo me encargue de esto. Lograr� que venda y lo har� legalmente.</p><p>�Muy bien �replic� el Consejero�. Te dar� un poco m�s de tiempo pero te advierto que el Gran Consejo est� siguiendo todo este asunto muy de cerca y se est�n empezando a impacientar. Tienes tres d�as. Si para entonces Tuf no ha puesto la huella de su pulgar en el documento de transferencia, tendr� que enviar ah� arriba a las tropas de asalto.</p><p>�No te preocupes �dijo Tolly Mune�, tengo un plan.</p><empty-line/><p>La sala de comunicaciones del Arca era larga y m�s bien estrecha, Sus paredes estaban cubiertas con largas hileras de pantallas, a oscuras en esos momentos, Desorden, la revoltosa gata de pelaje blanquinegro, estaba durmiendo enroscada sobre las piernas de Haviland Tuf, en tanto que Caos, el gato de color gris, apenas salido de su infancia, iba y venia sobre los anchos hombros de Tuf, frot�ndose en su cuello y ronroneando estruendosamente. Tuf hab�a cruzado las manos pacientemente sobre su est�mago, mientras varios ordenadores examinaban y revisaban su programa, transmiti�ndolo, comprob�ndolo, transfiri�ndolo y someti�ndolo a todas las pruebas imaginables.</p><p>Ya llevaba cierto tiempo esperando. Una vez que la pavana geom�trica de la pantalla hubo llegado a su conclusi�n, aparecieron ante �l los rasgos de una mujer s�uthlamesa de edad ya avanzada.</p><p>�Encargada �anunci� ella�. Bancos de Datos del Consejo.</p><p>�Soy Haviland Tuf, de la nave espacial Arca �anunci� �l a su vez.</p><p>Ella sonri�. �Le he reconocido gracias a los noticiarios. �En qu� puedo ayudarle? �Pesta�e�, sorprendida�. �Aj!, hay algo en su cuello�</p><p>�Es un gatito, se�ora �dijo �l�, y es muy amistoso. �Alz� la mano y rasc� a Caos debajo de la mand�bula. Pido su ayuda en cierto asunto de escasa importancia. Dado que soy un desesperado esclavo de mi propia curiosidad y siempre ardo en deseos de aumentar mis magros conocimientos, me he estado entreteniendo �ltimamente en estudiar la historia de su planeta, as� como sus costumbres, folklore, pol�tica, h�bitos sociales, etc�tera. Por supuesto, ya me he procurado los textos b�sicos al respecto, as� como los servicios de datos populares, pero existe una informaci�n en particular que hasta ahora no he conseguido obtener. No dudo de que es una nader�a presumiblemente f�cil de encontrar, si hubiera tenido la sabidur�a suficiente para saber d�nde deb�a buscarla, pero sin embargo se encuentra inexplicablemente ausente de todas las referencias de datos que he comprobado hasta el momento. Persiguiendo este peque�o dato me he puesto en contacto con el Centro de Procesado Educacional S�uthlam�s y la mayor biblioteca de su planeta y ambos me han indicado que acudiera a usted. Por lo tanto, aqu� estoy.</p><p>El rostro de la Encargada hab�a adoptado un aire reservado e indescifrable.</p><p>�Ya entiendo. Los bancos de datos de! consejo no se encuentran generalmente abiertos al p�blico, pero quiz� me sea posible hacer una excepci�n. �Qu� anda buscando?</p><p>Tuf levant� el dedo. �Tal y como ya he dicho, se trata de una insignificante brizna de informaci�n, pero le quedar�a enormemente agradecido si tuviera la bondad de responder a mi pregunta, apaciguando con ello el fuego de mi curiosidad. �Cu�l es, con toda precisi�n, la poblaci�n actual de S�uthlam?</p><p>El rostro de la mujer se hizo m�s fr�o y grave. �Esa informaci�n no es de libre acceso �dijo con voz inexpresiva y la pantalla qued� en blanco.</p><p>Haviland Tuf permaneci� inm�vil durante unos segundos antes de llamar de nuevo al servicio de datos que hab�a estado utilizando.</p><p>�Me interesa una descripci�n general de la religi�n en S�uthlam �le dijo al programa de b�squeda�, y en particular sobre las creencias y sistemas �ticos de la Iglesia de la Vida en Evoluci�n.</p><p>Unas cuantas horas despu�s, Tuf estaba totalmente absorto en su texto, jugueteando distra�damente con Desorden, la cual se hab�a despertado con hambre y ganas de pelea, cuando recibi� una llamada de Tolly Mune. Guard� la informaci�n que hab�a estado examinando e hizo aparecer su rostro en otra de las pantallas de la sala.</p><p>�Maestre de Puerto� �dijo. �He o�do decir que intenta meter la nariz en los altos secretos planetarios, Tuf �dijo ella, sonri�ndole.</p><p>�Le aseguro que no era �sa mi intenci�n �replic� Tuf�, pero en cualquier caso soy un esp�a de muy poca efectividad, dado que mi intentona acab� en un absoluto fracaso.</p><p>�Cenemos juntos �dijo Tolly Mune�, y quiz� pueda responderle a esa pregunta sin importancia.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. En tal caso, Maestre de Puerto, perm�tame que la invite a cenar en el Arca. Mi cocina, aunque no resulte excepcional, s� es mucho m�s sabrosa y abundante que el t�rmino medio disponible en su Puerto, puedo asegurarlo.</p><p>�Me temo que no puede ser �dijo Tolly Mune�. Tengo demasiadas malditas cosas que atender, Tuf, y no puedo abandonar mi sitio. De todos modos, no deje que le empiecen a rugir las tripas. Acaba de llegar un gran carguero de la Despensa, nuestros asteroides granja, que se encuentran a poca distancia de aqu�, formados de tierra y condenadamente f�rtiles. La M.P. siempre tiene derecho de pernada sobre las calor�as reci�n llegadas: ensalada de neohierba fresca, �amones de cerdo de t�nel con salsa de az�car cande, vainas picantes, pan de hongos, fruta con aut�ntica crema de cala. mar y cerveza �sonri�. Cerveza importada.</p><p>��Pan de hongos? �dijo Haviland Tuf�. No consumo carne animal, pero el resto de su men� me ha parecido altamente atractivo. Me alegrar� sumamente aceptar su amable invitaci�n. Si tiene la bondad de disponer de un muelle para mi llegada, me desplazar� hasta ah� en la Mant�cora.</p><p>�Use el cuatro �dijo ella�. Est� muy cerca de la Casa de la Ara�a. ��se es Caos o Desorden?</p><p>�Desorden �replic� Tuf�. Caos ha partido para entregarse a sus misteriosas ocupaciones, tal y como suelen hacer los gatos.</p><p>�Nunca he visto un animal vivo �dijo Tolly Mune con cierta animaci�n.</p><p>�Entonces, traer� a Desorden conmigo para contribuir de esta manera a su ilustraci�n.</p><p>�Hasta pronto �y Tolly Mune cerr� la comunicaci�n.</p><empty-line/><p>Cenaron con un cuarto de gravedad. La Sala de Cristal estaba pegada a la Casa de la Ara�a y su parte exterior era una c�pula de plastiacero transparente como un cristal. M�s all� de las invisibles paredes de la c�pula, les rodeaba la negra claridad del espacio con sus fr�os y limpios campos de estrellas y el intrincado dibujo de la telara�a. Debajo estaba el exterior rocoso de la estaci�n con los tubos de transporte que se entrelazaban de un lado a otro de la superficie, las redondas hinchazones de los habit�culos que se aferraban al punto de conexi�n, los minaretes tallados y las brillantes flechas de las torres de los hoteles clase estelar que se alzaban hacia la fr�a oscuridad. justo por encima de ellos se cern�a el inmenso globo del planeta S�uthlam, de un azul p�lido con zonas marrones en las que giraban las nubes. El ascensor se lanzaba hacia �l como un proyectil, cada vez m�s arriba, hasta que el gigantesco tubo se convert�a en una delgada hebra reluciente que terminaba por perderse de vista. Las perspectivas del paisaje eran asombrosas y en algunos momentos pod�an resultar incluso inquietantes.</p><p>La estancia sol�a utilizarse s�lo para ocasiones de importancia y la �ltima hab�a sido hac�a tres a�os, cuando Josen Rael hab�a subido al Puerto para atender a un dignatario en visita oficial. Pero Tolly Mune estaba decidida a todo. La comida hab�a sido preparada por un chef de un crucero de lujo de la Transcorp, que hab�a tomado prestado durante una noche; la cerveza se la hab�a proporcionado un comerciante que iba al Mundo de Henry; la vajilla era una valiosa antig�edad procedente del Museo de Historia Planetaria; la gran mesa de �bano de fuego, una reluciente madera negra cruzada por vetas escarlatas, bastaba para acoger a doce comensales, y del servicio se encargaba una tan silenciosa como discreta falange de camareros vestidos con librea oro y negro.</p><p>Tuf entr� con su gato en brazos, examin� el esplendor de la mesa y luego alz� la mirada hacia las estrellas y la telara�a.</p><p>�Se puede ver el Arca �le dijo a Tolly Mune�. Est� ah�, ese punto brillante de la telara�a, arriba a la izquierda.</p><p>Tuf mir� donde le indicaba. ��Se trata de un efecto conseguido mediante proyecci�n tridimensional? �pregunt� acariciando al gato.</p><p>�No, diablos. Esto es totalmente real, Tuf. �Sonri�. No se preocupe, est� a salvo. Ese plastiacero tiene tres capas de grosor y no es probable que se nos caigan encima ni el planeta ni el ascensor y la posibilidades de que nos acierte un meteoro son astron�micamente bajas.</p><p>�Percibo una gran cantidad de tr�fico �dijo Haviland Tuf�. �Cu�les son las posibilidades de que la c�pula sea golpeada por un turista pilotando un trineo de vac�o alquilado, alg�n trazador de circuitos perdido o un anillo de pulsaci�n quemado?</p><p>�M�s elevadas �admiti� Tolly Mune�. Pero si ocurriera eso, todas las compuertas quedar�an selladas autom�ticamente, sonar�an alarmas y se abrir�a un refugio de emergencia. Es obligatorio en toda construcci�n cercana al vac�o. Son reglas del Puerto. Por lo tanto y en el improbable caso de que eso suceda, tendremos dermotrajes, aparatos respiratorios e incluso una antorcha l�ser por si queremos intentar arreglar el da�o antes de que las cuadrillas lleguen aqu�. Pero s�lo ha ocurrido dos o tres veces en todos los a�os de existencia del Puerto, as� que disfrute del paisaje y no se ponga demasiado nervioso.</p><p>�Se�ora �dijo Haviland Tuf con gran dignidad�, no estaba nervioso, s�lo sent�a curiosidad.</p><p>�Claro �dijo ella y le indic� su asiento con un gesto. Tuf se instal� r�gidamente en �l y permaneci� absolutamente inm�vil, acariciando lentamente el pelaje blanquinegro de su gata, en tanto que los camareros empezaban a traer las bandejas del aperitivo y las cestillas con el pan de hongos a�n caliente. Hab�a dos tipos b�sicos de aperitivo: pastelillos rellenos de queso picante y pat� de hongos y lo que parec�an ser peque�as serpientes o quiz� gusanos grandes, hervidos en una arom�tica salsa de color anaranjado. Tuf le dio dos de estos �ltimos a Desorden y fueron devorados con entusiasmo. Luego tom� un pastelillo, lo oli� y le dio un delicado mordisco. Despu�s de tragarlo movi� la cabeza.</p><p>�Excelente �proclam�. �As� que eso es un felino �dijo Tolly Mune. �Ciertamente �replic� Tuf cogiendo un poco de pan de hongos. Al romper en dos la barra, de su interior se alz� una nubecilla de vapor. Luego se dedic� a untarlo met�dicamente con una gruesa capa de mantequilla.</p><p>Tolly Mune cogi� tambi�n un poco de pan y se quem� los dedos con la corteza. Pero no lo dej� ver, no pensaba mostrar la m�s m�nima debilidad teniendo a Tuf delante.</p><p>�Muy bueno �dijo despu�s del primer bocado�. Sabe, Tuf, la comida de la cual vamos a disfrutar� bueno, la mayor�a de los s�uthlameses no comen nunca tan bien.</p><p>�Ese hecho no se me hab�a escapado, en efecto �dijo Tuf, alzando otra serpiente entre el �ndice y el pulgar y sosteni�ndola ante Desorden, que trep� por su brazo para cogerla.</p><p>�De hecho �dijo Tolly Mune�, el contenido en calor�as de esta comida se aproxima al que un ciudadano medio consume en toda una semana.</p><p>�Por lo concentrado de los sabores y por el pan, me aventurar�a a sugerir que nuestros placeres gustativos han superado ya a los de un s�uthlam�s medio durante toda su vida �dijo Tuf con el rostro impasible.</p><p>La ensalada fue colocada sobre la mesa. Tuf la prob� y declar� que era buena. Tolly Mune se dedic� a ir removiendo la comida que ten�a en el plato y esper� a que los camareros se hubieran retirado a sus lugares, junto a las paredes.</p><p>�Tuf �dijo�, creo que ten�a una pregunta para hacerme. Haviland Tuf alz� la mirada del plato y la contempl� fijamente. Su largo y p�lido rostro segu�a tan inm�vil e inexpresivo como antes.</p><p>�Correcto �dijo. Tambi�n Desorden la estaba mirando y sus pupilas rasgadas eran tan verdes como la neohierba de sus ensaladas.</p><p>�Treinta y nueve mil millones �dijo Tolly Mune con voz seca y tranquila.</p><p>Tuf pesta�e�. �Vaya �dijo. ��S�lo ese comentario? �dijo Tolly sonriendo. Tuf contempl� el gran globo de S�uthlam que flotaba sobre sus cabezas.</p><p>�Dado que solicita mi opini�n, Maestre de Puerto, me arriesgar� a decir que pese al formidable tama�o del planeta que tenemos sobre nosotros, no puedo sino interrogarme sobre su capacidad m�xima. Sin pretender con ello hacer la m�s m�nima censura a sus costumbres, cultura y civilizaci�n, se me ocurre la idea de que una poblaci�n de treinta y nueve mil millones de personas podr�a ser considerada como un tanto excesiva.</p><p>Tolly Mune sonri�. ��De veras? �se apoy� en el respaldo, llam� a un camarero y pidi� que trajeran bebidas. La cerveza era de un color amarronado, espumosa y fuerte. Se sirvi� en grandes jarras de cristal tallado, para manejar las cuales hac�an falta las dos manos. Tolly levant� la suya con cierta dificultad viendo c�mo el l�quido se remov�a dentro de la jarra�. Es lo �nico de la gravedad a lo que nunca podr� acostumbrarme �dijo�. Los l�quidos deber�an estar siempre dentro de ampollas para apretar, maldita sea. Estos trastos me parecen condenadamente inc�modos, como un accidente esperando siempre a desencadenarse. �Tom� un sorbo y, al levantar de nuevo la cabeza, luc�a un bigote de espuma. Pese a todo, es buena �a�adi�, limpi�ndose la boca con el dorso de la mano�. Bueno, Tuf, ya es hora de que dejemos este maldito juego de esgrima �sigui� diciendo, mientras depositaba la jarra en la mesa, con el excesivo lujo de precauciones de quien no estaba acostumbrada ni tan siquiera a la escasa gravedad actual�. Es obvio que ya sospecha que padecemos un problema de poblaci�n o jam�s se le habr�a ocurrido hacer preguntas al respecto. Y, adem�s, ha estado buscando montones de datos e informaciones de todo tipo. �Con qu� fin?</p><p>�Se�ora, la curiosidad es mi m�s triste aflicci�n �dijo Tuf�, y s�lo intentaba resolver el enigma de S�uthlam, teniendo quiz�s adem�s una lev�sima esperanza de que, en el curso de mi estudio, topara con alg�n medio para resolver el callej�n sin salida en el que nos encontramos actualmente.</p><p>��Y? �dijo Tolly Mune. �Acaba usted de confirmar la teor�a que yo hab�a construido sobre su exceso de poblaci�n. Con ese dato en su sitio todo se vuelve muy claro. Esas ciudades inmensas trepan hacia lo alto, porque deben proporcionar sitio donde vivir a una poblaci�n siempre creciente, al mismo tiempo que luchan fut�lmente para preservar sus �reas agr�colas de ser engullidas por las ciudades. Su orgulloso Puerto est� impresionantemente atareado y su gran ascensor no para de moverse, porque no poseen la capacidad suficiente para dar de comer a su propia poblaci�n y por lo tanto deben importar alimentos de otros planetas. Se les teme y puede que incluso se les odie, pues hace siglos intentaron exportar su problema de poblaci�n mediante la emigraci�n y la anexi�n de sus vecinos, hasta que se les detuvo violentamente mediante la guerra. Su pueblo no tiene animales dom�sticos, porque S�uthlam carece de espacio para cualquier especie que no sea la humana o no constituya un eslab�n directo, eficiente y necesario de la cadena alimenticia. Como promedio, los individuos de su pueblo son claramente m�s peque�os de lo que es corriente en el ser humano, debido a los rigores sufridos durante siglos de privaciones alimenticias y un racionamiento, disimulado pero real, puesto en vigor mediante el uso de la fuerza. De ese modo una generaci�n sucede a otra, cada vez de menor talla y m�s delgada que la anterior, luchando por subsistir con unos recursos en constante disminuci�n. Todas esas calamidades se deben directamente a su exceso de poblaci�n.</p><p>�No parece usted aprobar todo eso, Tuf �dijo Tolly Mune.</p><p>�No pretend�a hacer ninguna cr�tica. Su pueblo no carece de virtudes. Son industriosos, saben cooperar entre s�, poseen un alto sentido de la �tica, son civilizados e ingeniosos, en tanto que su tecnolog�a, su sociedad y especialmente su ritmo de avance intelectual son dignos de admiraci�n.</p><p>�Nuestra tecnolog�a �dijo Tolly Mune secamente�, es la �nica cosa que por el momento ha salvado nuestros condenados traseros. Importamos el treinta y cuatro por ciento de nuestras calor�as brutas. Producimos puede que otro veinte por ciento con el cultivo de la tierra susceptible de uso agr�cola que todav�a nos queda. El resto de nuestra comida viene de las factor�as alimenticias y es procesada a partir de sustancias petroqu�micas. Ese porcentaje sube cada a�o y no puede sino subir. S�lo las factor�as de alimentos pueden mantener el ritmo necesario para que la curva de poblaci�n no las deje atr�s. Sin embargo, hay un condenado problema.</p><p>�Se les est� terminando el petr�leo �aventur� Haviland Tuf.</p><p>�S�, se nos est� terminando el maldito petr�leo �dijo Tolly Mune�. Un recurso no renovable y todas esas cosas, Tuf.</p><p>�Indudablemente, sus clases gobernantes deben saber aproximadamente en qu� momento llegar� el hambre.</p><p>�Dentro de veintisiete a�os normales �dijo ella�, m�s o menos. La fecha cambia constantemente con las alteraciones que sufren una serie de factores. Puede que tengamos una guerra antes de que llegue el hambre, o eso creen algunos de nuestros expertos. O puede que tengamos una guerra y adem�s hambre. En cualquiera de los dos casos tendremos montones de muertos. Somos un pueblo civilizado, Tuf, tal y como usted mismo ha dicho. Somos tan condenadamente civilizados que le resultar�a dif�cil creerlo. Somos cooperativos, tenemos �tica, nos gusta afirmar continuamente la vida y todo ese parloteo, pero incluso eso est� empezando a romperse en mil pedazos. Las condiciones en las ciudades subterr�neas est�n empeorando y llevan ya generaciones empeorando y algunos de nuestros l�deres han llegado ya al extremo de afirmar que ah� abajo est�n retrocediendo evolutivamente, que se est�n convirtiendo en una maldita especie de alima�as. Asesinatos, violaciones, todo tipo de cr�menes en los que interviene la violencia y los �ndices aumentan cada a�o. En los �ltimos dieciocho meses hemos tenido dos casos de canibalismo y todo eso se volver� a�n peor en los a�os venideros. Ir� aumentando con la condenada curva de poblaci�n. �Est�s recibiendo mi transmisi�n, Tuf?</p><p>�Ciertamente �dijo �l con voz impasible. Los camareros volvieron con nuevos platos. Esta vez se trataba de una bandeja repleta de carne que a�n humeaba a causa del horno y hab�a tambi�n disponibles cuatro clases de vegetales distintos. Haviland Tuf permiti� que le llenaran el plato hasta rebosar de vainas picantes, ra�z dulce y nueces de manteca. Luego, le pidi� al camarero que cortara unas peque�as tajadas de carne para Desorden. Tolly Mune se sirvi� un grueso pedazo de carne que sumergi� con una salsa marr�n, pero, despu�s del primer bocado, descubri� repentinamente que no ten�a apetito y se dedic� a ver c�mo Tuf iba engullendo el contenido de su plato.</p><p>��Y bien? �acab� dici�ndole. �Quiz� pueda prestarles un peque�o servicio en relaci�n con su problema �dijo Tuf, mientras pinchaba expertamente con su tenedor un buen pu�ado de vainas.</p><p>�Puede prestarlo �dijo Tolly Mune�. V�ndanos el Arca. Es la �nica soluci�n existente, Tuf. Lo s�. Diga usted qu� precio desea. Estoy apelando a su condenado sentido de la moral. Venda y salvar� millones de vidas, puede que miles de millones. No solamente ser� rico, sino que tambi�n ser� un h�roe. Diga esa palabra y bautizaremos nuestro maldito planeta con su nombre.</p><p>�Una idea interesante �dijo Tuf�. Sin embargo, ya pesar de mi vanidad, me temo que sobreestima grandemente las proezas del perdido Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica. En todo caso el Arca no se encuentra en venta, tal y como ya le he informado. Pero, �Puedo arriesgarme quiz�s a sugerir una soluci�n bastante obvia a sus dificultades? Si resulta eficaz me encantar�a permitir que se bautizara una ciudad o un peque�o asteroide con mi nombre.</p><p>Tolly Mune ri� y bebi� un considerable trago de cerveza. Lo necesitaba.</p><p>�Adelante, Tuf. D�galo. D�game cu�l es la soluci�n obvia y f�cil.</p><p>�Acuden a mi cerebro toda una pl�tora de t�rminos �dijo Tuf�. El meollo del concepto es el control de la poblaci�n, que puede ser conseguido mediante el control de los nacimientos por sistemas bioqu�micos o mec�nicos, la abstinencia sexual, el condicionamiento cultural o las prohibiciones legales. Los mecanismos pueden variar, pero el resultado final debe ser el mismo. Los s�uthlameses deben procrear menos.</p><p>�Imposible �dijo Tolly Mune. �En lo m�s m�nimo �dijo Tuf�. Hay otros mundos mucho m�s antiguos y menos avanzados que S�uthlam y lo han conseguido.</p><p>�Eso no importa, �maldici�n! �dijo Tolly Mune. Hizo un gesto brusco con su jarra y un poco de cerveza cay� sobre la mesa, pero no le hizo caso�. No va a ganar ning�n premio por su original idea, Tuf. La idea no resulta nueva ni mucho menos. De hecho tenemos una fracci�n pol�tica que lleva propugn�ndola desde hace� �diablos!, desde hace cientos de a�os. Les llamamos los ceros. Quieren reducir a cero la tasa de aumento de la curva de poblaci�n. Yo dir�a que quiz�s un siete o un ocho por ciento de los ciudadanos les apoya.</p><p>�Es indudable que el hambre masiva aumentar� el n�mero de partidarios de su causa �observ� Tuf, levantando su tenedor repleto de ra�z dulce. Desorden lanz� un maullido aprobatorio.</p><p>�Para entonces ya ser� condenada mente tarde yeso lo sabe usted muy bien, �maldici�n! El problema es que nuestras ingentes masas de poblaci�n no creen realmente que vaya a pasar todo eso, no importa lo que digan los pol�ticos o las horribles predicciones que puedan o�r en las noticias. Ya hemos o�do todo eso antes, dicen, y que me cuelguen si no es cierto. La abuela y el abuelo oyeron predicciones similares sobre el hambre que se avecinaba, pero S�uthlam siempre ha podido evitar la cat�strofe, hasta ahora. Los tecn�cratas se han mantenido en la cima del poder durante siglos gracias a que han estado perpetuamente aplazando el d�a del derrumbe. Siempre encuentran una soluci�n. La mayor�a de los ciudadanos tienen absoluta confianza en que siempre encontrar�n una soluci�n.</p><p>�Las soluciones a que se refiere son, por naturaleza propia, meros aplazamientos �coment� Haviland Tuf�. Estoy seguro que de ello debe resultar obvio. La �nica soluci�n verdadera es el control de la poblaci�n.</p><p>�No nos comprende, Tuf. Las restricciones sobre los nacimientos son un anatema para la inmensa mayor�a de los s�uthlameses. jam�s conseguir� que un n�mero realmente significativo de gente las acepte y, desde luego, no conseguir� que lo hagan s�lo para evitar una maldita cat�strofe irreal en la que, de todos modos, ninguno de ellos cree. Unos cuantos pol�ticos excepcionalmente est�pidos e idealistas lo han intentado y se les hizo caer de la noche a la ma�ana, denunci�ndoles como personas inmorales y opuestas a la vida.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf�. Maestre de Puerto Mune, �es usted una mujer de fuertes convicciones religiosas?</p><p>Ella torci� el gesto y bebi� un poco m�s de cerveza. ��Diablos, no! Supongo que soy agn�stica. No lo s�, no pienso demasiado en ello. Pero tambi�n pertenezco a los cero, aunque es algo que no admitir� nunca ah� abajo. Muchos hilado res son de los cero. En un sistema tan peque�o y cerrado como el Puerto, los efectos de una procreaci�n incontrolada se har�an muy pronto condenada mente aparentes y ser�an condenadamente terribles. Ah� abajo, �maldici�n!, la cosa no esta tan clara. y la Iglesia� �est� familiarizado con la Iglesia de la Vida en Evoluci�n?</p><p>�Tengo cierta familiaridad sucinta con sus preceptos �dijo Tuf�, aunque debo admitir que la he adquirido muy recientemente.</p><p>�S�uthlam fue colonizada por los ancianos de la Iglesia de la Vida en Evoluci�n �dijo Tolly Mune�. Ven�an huyendo de la persecuci�n religiosa en Tara y se les persegu�a a causa de que procreaban tan condenada mente aprisa que estaban amenazando con apoderarse del planeta por su simple n�mero, cosa que al resto de nativos no les gustaba ni pizca.</p><p>�Un sentimiento muy comprensible �dijo Tuf. �Eso fue lo mismo que termin� con el programa de colonizaci�n, lanzado por los expansionistas hace unos cuantos siglos. La Iglesia� bueno, su creencia b�sica es que el destino de la vida consciente es llenar todo el universo, que la vida es el bien definitivo y �ltimo. La antivida es el mal definitivo. La Iglesia cree que la vida y la antivida mantienen una especie de carrera entre s�. La Iglesia dice que debemos evolucionar a trav�s de estados cada vez m�s elevados, en conciencia y genio, hasta llegar a una especie de eventual divinidad y que debemos conseguir tal divinidad a tiempo de evitar la muerte cal�rica del universo. Dado que la evoluci�n trabaja mediante el mecanismo biol�gico de la procreaci�n, lo que debemos hacer es procrear, expandiendo y enriqueciendo continuamente el estanque gen �tico y llevando nuestra semilla hasta los astros. Restringir los nacimientos� si lo hacemos, quiz�s estuvi�ramos interfiriendo con el siguiente paso en la evoluci�n humana, quiz�s estuvi�ramos abortando a un genio, a un protodi�s, al portador de un cromosoma mutante que ser�a capaz de hacer ascender a la raza ese pelda�o siguiente de la escalera, tan cargado de trascendencia.</p><p>�Creo haber comprendido lo esencial de su credo �dijo Tuf.</p><p>�Somos un pueblo libre, Tuf �dijo Tolly Mune�. Hay diversidad religiosa, libertad de culto y todo eso. Tenemos adem�s Erikaners, Cristeros Viejos y Ni�o del So�ador. Tenemos bastiones de los �ngeles de Acero y comunas del Crisol, lo que se le ocurra. Pero m�s del ochenta por ciento de la poblaci�n sigue perteneciendo a la Iglesia de la Vida en Evoluci�n y sus creencias son m�s fuertes ahora que en ning�n otro momento. Miran a su alrededor y ven los frutos obvios de las ense�anzas de la Iglesia. Cuando se tiene a miles de millones de personas se tiene a millones de genios y se tiene, adem�s, el est�mulo de una virulenta fertilizaci�n cruzada, de una competici�n salvaje en busca del progreso y de unas necesidades incre�bles. Por lo tanto, �maldici�n!, es muy l�gico que S�uthlam haya conseguido llevar a cabo avances tecnol�gicos casi milagrosos. Ven nuestras ciudades y el ascensor, ven a los visitantes que acuden de un centenar de mundos para estudiar aqu�, ven c�mo estamos eclipsando a todos nuestros vecinos. No ven una cat�strofe y los l�deres de la Iglesia no paran de repetir que todo ir� estupendamente, �Por qu� demonios van a permitir que a la gente se le impida procrear! �Le dio un fuerte golpe a la mesa y se volvi� hacia un camarero�. �T�! �le dijo secamente�. M�s cerveza y r�pido. �Luego se volvi� hacia Tuf�. Por lo tanto, no me suelte esas ingenuas sugerencias. Las restricciones de nacimientos son impracticables dada nuestra situaci�n. Es imposible. �Lo ha entendido, Tuf?</p><p>�No hay ninguna necesidad de impugnar mi inteligencia �dijo Haviland Tuf y acarici� a Desorden, que se hab�a instalado de nuevo en su regazo despu�s de haberse atracado de carne�. El apuro en que se encuentra S�uthlam me ha llegado al coraz�n. Har� todo lo que est� en mi mano para aliviar las calamidades de su planeta.</p><p>�Entonces, �nos vender� el Arca? �le pregunt� ella secamente.</p><p>��sa es una hip�tesis carente de base �replic� Tuf�. Sin embargo, har� ciertamente cuanto se encuentre dentro de mis capacidades como ingeniero ecol�gico antes de partir rumbo a otros mundos.</p><p>Los camareros estaban trayendo ya el postre: grandes frutas jugosas de color verde azulado que nadaban en cuencos de espesa crema. Desorden oli� la crema y salt� sobre la mesa para emprender una investigaci�n m�s concienzuda, en tanto que Haviland Tuf alzaba la fina cuchara de plata que hab�an puesto ante �l.</p><p>Tolly Mune mene� la cabeza. �Ll�venselo �dijo bruscamente�, es demasiado condenadamente espesa para m�. S�lo quiero una cerveza.</p><p>Tuf la mir� y levant� un dedo. �jun instante! No servir�a de nada permitir que su raci�n de este delicioso postre se desperdiciara. Estoy seguro de que a Desorden le encantar�.</p><p>La Maestre de Puerto tom� un sorbo de su nueva jarra y frunci� el ce�o.</p><p>�Se me han terminado las palabras, Tuf. Estamos ante una crisis. Necesitamos esa nave. �sta es su �ltima oportunidad. �Quiere venderla?</p><p>Tuf la mir� y Desorden avanz� r�pidamente hacia el cuenco del postre.</p><p>�Mi posici�n no ha variado.</p><p>�Entonces, lo siento �dijo Tolly Mune�. No quer�a verme obligada a hacer esto. �Chasque� los dedos. En el silencio que sigui� a ese instante, durante el cual s�lo se hab�a o�do el ruido de la gata lamiendo la crema, el chasquido reson� como un disparo. A lo largo de los muros cristalinos los altos y serviciales camareros metieron la mano bajo sus elegantes libreas negro y oro sacando de ellas pistolas neurales.</p><p>Tuf parpade� y movi� la cabeza, primero a la derecha y luego a la izquierda, estudiando por turno a cada uno de los hombres, mientras Desorden empezaba con la fruta.</p><p>��Traici�n! �dijo con voz �tona�. Me encuentro gravemente decepcionado. Mi confianza y mi buena disposici�n natural han sido cruelmente utilizadas en mi contra. �Tuf, condenado est�pido, usted me oblig� a� �Tal abuso del rango no hace sino exacerbar la traici�n en lugar de justificarla �dijo Tuf con la cuchara en la mano�. �Voy a ser ahora, por ventura, asesinado en secreto y con la peor de las villan�as?</p><p>�Somos gente civilizada �dijo Tolly Mune con voz irritada, enfadada con Tuf, con Josen Rael, con la condenada Iglesia de la Vida en Evoluci�n y, por encima de todo, con ella misma por haber llegado a tal extremo�. No, nada de eso. Ni tan siquiera vamos a robar esa maldita nave suya por la que tanto se preocupa. Todo esto es legal, Tuf. Se encuentra arrestado.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf�. Por favor, acepte mi rendici�n. Siempre estoy entusi�sticamente dispuesto a cumplir con las leyes locales. �Cu�les son los cargos por los que voy a ser juzgado?</p><p>Tolly Mune sonri� sin ning�n entusiasmo, sabiendo muy bien que esta noche en la Casa de la Ara�a su nombre volver�a a ser la Viuda de Acero. Luego se�al� hacia el otro extremo de la mesa, en el cual Desorden estaba sentada lami�ndose cuidadosamente los bigotes llenos de crema.</p><p>�Importaci�n ilegal de alima�as dentro del Puerto de S�uthlam �dijo.</p><p>Tuf deposit� cuidadosamente su cuchara en la mesa y pleg� las manos sobre el vientre.</p><p>�Me parece recordar que traje aqu� a Desorden a resultas de una clara invitaci�n por su parte.</p><p>Tolly Mune sacudi� la cabeza. �No servir� de nada, Tuf. Tengo grabada toda nuestra conversaci�n. Es cierto que dije no haber visto jam�s un animal vivo, pero eso es simplemente una afirmaci�n y ning�n tribunal podr�a llegar a considerarla como una incitaci�n para que cometiera una violaci�n criminal de nuestros reglamentos sanitarios. Al menos, ninguno de nuestros tribunales. �En su sonrisa hab�a cierto matiz de disculpa.</p><p>�Ya veo �dijo Tuf�. En tal caso, pasemos por alto las siempre engorrosas y lentas maquinaciones legales. Me declaro culpable y estoy dispuesto a pagar la multa que corresponda a esta leve infracci�n.</p><p>�Muy bien �dijo Tolly Mune�. La multa es de cincuenta unidades base. �Hizo un gesto y uno de los camareros avanz� hacia la mesa y se apoder� de la gata�. Naturalmente �concluy� Tolly�, la alima�a debe ser destruida.</p><p>�Odio la gravedad �le dijo Tolly Mune a un sonriente Josen Rael una vez hubo terminado su informe sobre la cena�. Me agota y odio pensar en lo que toda esa condenada tensi�n le hace a mis m�sculos y �rganos internos. �C�mo pod�is vivir los gusanos de ese modo, d�a tras d�a? �Y toda esa condenada comida! La engull�a de una forma casi obscena y todos esos olores�</p><p>�Maestre de Puerto, tenemos asuntos m�s importantes que discutir �dijo Rael�. �Est� todo listo? �Le hemos cogido?</p><p>�Tenemos a su gata �dijo ella con voz l�gubre�. Para ser m�s exactos, tengo a su gata. �Como si hubiera estado esperando esas palabras Desorden lanz� un maullido y peg� la cabeza a la rejilla de plastiacero de la jaula que los hombres de seguridad hab�an erigido en uno de los rincones de su habitaci�n. Desorden maullaba much�simo. Estaba claro que la ingravidez no le resultaba nada c�moda y cada vez que intentaba moverse empezaba a girar sobre s� misma sin lograr controlarse. Cada vez que la gata se golpeaba con la rejilla, Tolly Mune no pod�a reprimir un leve pinchazo de culpabilidad. Estaba segura de que �l habr�a sellado el documento de transferencia s�lo para salvar a ese condenado animal.</p><p>Josen Rael no parec�a muy alegre. �La verdad es que su plan no me parece demasiado bueno, Maestre de Puerto. En el nombre de la vida, �por qu� iba alguien a entregar un tesoro de la magnitud del Arca para preservar un esp�cimen animal? y menos a�n cuando, seg�n me ha dicho, posee otras alima�as del mismo tipo a bordo de su nave.</p><p>�Porque est� emocionalmente muy unido a esta alima�a en particular �dijo Tolly Mune con un suspiro�. Pero Tuf es mucho m�s tozudo de lo que pensaba. Se dio cuenta de que yo estaba fanfarroneando.</p><p>�Entonces, destruya al animal. Demu�strele que estamos hablando en serio. ��Oh, Josen, un poco de cordura! �replic� ella con impaciencia�. �Y d�nde estar�amos entonces? Si llevo adelante el plan y mato a esa maldita bestia, entonces me quedo sin nada. Tuf lo sabe y sabe que yo lo s� y sabe que yo s� que �l lo sabe. Al menos ahora tenemos algo que �l desea. Estamos en tablas.</p><p>�Cambiaremos las leyes �sugiri� Josen Rael�. A ver, s�. �La pena por introducir alima�as en el Puerto deber�a incluir la confiscaci�n de la nave usada para dicho acto de contrabando!</p><p>�Condenadamente genial �dijo Tolly Mune�. Es una pena que est�n prohibidas las leyes con efectos retroactivos. �Todav�a no he o�do ning�n plan mejor por su parte.</p><p>�Josen, ello se debe a que todav�a no tengo ninguno. Pero ya lo tendr�. Discutir� con �l, le enga�ar�, no lo s�. Conocemos SUS debilidades: la comida, sus gatos. Puede que haya algo m�s y que podamos utilizarlo. Conciencia, libido, una debilidad hacia el juego o la bebida� �se qued� callada y empez� a pensar�. El juego �repiti�, claro� Le gusta jugar. Apunt� con un dedo hacia la pantalla�. No se meta en esto. Me dio tres d�as y mi tiempo todav�a no se ha terminado. Mantenga bien firme la cremallera. �Con un gesto hizo esfumarse sus rasgos de la gran pantalla y en su lugar puso la oscuridad del espacio, con el Arca flotando ante un tel�n de estrellas inm�viles.</p><p>La gata pareci� reconocer la imagen de la pantalla y emiti� un maullido quejumbroso. Tolly Mune la mir� con el ce�o fruncido y pidi� que la pusieran en comunicaci�n con su encargada de seguridad.</p><p>�Tuf �ladr�, �d�nde est� ahora?</p><p>�Est� en el Hotel Panorama del Mundo, en su sala de juegos clase estelar, Mam� �respondi� la encargada de ese turno.</p><p>��El Panorama del Mundo? �gimi� ella�. �As� que ha acabado eligiendo un maldito palacio para gusanos, eh? �Qu� tienen ah�, gravedad completa? Oh, infiernos, no importa. Cuida de que no se mueva de ah�. Ahora bajo.</p><empty-line/><p>Le encontr� jugando a la canasta a cinco. Ten�a delante una pareja de gusanos de tierra ya mayores; un cibertec al que hab�an suspendido de empleo y sueldo por saquear sistemas, unas cuantas semanas antes, y un negociador comercial, m�s bien obeso y paliducho, de Jazbo. De guiarse por el mont�n de fichas que hab�a ante �l, Tuf estaba ganando bastante. Tolly hizo chasquear los dedos y la camarera se acerc� r�pidamente con una silla. Tolly Mune se instal� junto a Tuf y le toc� suavemente el brazo.</p><p>�Tuf �dijo. �l volvi� la cabeza y se apart� un poco de ella.�Tenga la amabilidad de no ponerme las manos encima, Maestre de Puerto Mune.</p><p>Ella retir� la mano. ��Qu� est� haciendo, Tuf? �Por el momento estoy poniendo a prueba una estratagema, tan nueva como interesante, reci�n inventada por m� en contra del Negociador Dez. Me temo que quiz�s acabe resultando que carece de fundamento cient�fico, pero el tiempo lo dir�. Hablando en un sentido m�s amplio, estoy esforz�ndome por ganar una magra cantidad de unidades base mediante la aplicaci�n del an�lisis estad�stico y la psicolog�a pr�ctica. Debo decir que S�uthlam no resulta nada barata, Maestre de Puerto Mune.</p><p>El jazbo�ta, con su larga cabellera empapada con aceites irisados y su obeso rostro lleno de cicatrices, ri� roncamente, exhibiendo con ello una pulida dentadura negra en la que hab�a incrustadas diminutas joyas carmes�.</p><p>�Hago un desaf�o, Tuf �dijo, tocando un bot�n que hab�a junto a su puesto y que hizo centellear brevemente sus cartas sobre la superficie iluminada de la mesa.</p><p>Tuf se inclin� por un segundo hacia adelante. �Ciertamente �replic�. Un dedo p�lido y muy largo se movi� en el gesto preciso y su propia jugada se encendi� dentro del c�rculo�. Me temo que ha perdido, se�or. Mi experimento ha resultado triunfante, aunque no dudo de que ello se ha debido a un mero capricho de la fortuna.</p><p>��Maldito sea usted y su condenada fortuna! �dijo el jazbo�ta, poni�ndose en pie con cierta dificultad. Unas cuantas fichas m�s cambiaron de manos.</p><p>�As� que sabe jugar �dijo Tolly Mune�. Pero eso no le servir� de nada, Tuf. En estos lugares los juegos siempre est�n ama�ados a favor de la casa. jugando, nunca lograr� ganar todo el dinero que le hace falta.</p><p>�No soy totalmente consciente de tal realidad �dijo Tuf.</p><p>�Hablemos. �Ya lo estamos haciendo. �Hablemos en privado �dijo ella subiendo un poco el tono de voz.</p><p>�Durante nuestra �ltima discusi�n en privado fui atacado por hombres provistos de pistolas neur�nicas, se me agredi� verbalmente, fui cruelmente enga�ado, se me priv� de una compa��a muy querida y, como remate, se me impidi� gozar de mi postre. No me encuentro muy favorablemente predispuesto a nuevas invitaciones de dicho tipo.</p><p>�Le invito a una copa �dijo Tolly Mune. �Muy bien �replic� Tuf. Se levant� con r�gida dignidad, recogi� sus fichas y se despidi� de los dem�s jugadores. Tolly y Tuf se dirigieron a un reservado situado al otro extremo de la sala de juegos. Tolly Mune jadeaba un poco a causa del esfuerzo que le impon�a la gravedad. Una vez dentro de �l se derrumb� sobre los almohadones, pidi� dos narcos helados y cerr� la cortina a continuaci�n.</p><p>�El ingerir bebidas narc�ticas tendr� un efecto muy escaso sobre mis capacidades decisorias, Maestre de Puerto Mune �dijo Haviland Tuf�, y aunque me encuentro perfectamente dispuesto a recibir su generosa oferta e invitaci�n, como justa compensaci�n a su anterior falta de hospitalidad civilizada, mi posici�n sigue sin haber variado.</p><p>��Qu� quiere, Tuf? �le dijo ella con voz agotada despu�s de que llegaron las bebidas. Los grandes vasos estaban cubiertos de escarcha y en su interior el licor azul cobalto ard�a con un g�lido resplandor.</p><p>�Al igual que todos los seres humanos tengo muchos deseos. Por el momento, lo que deseo con mayor urgencia es tener de nuevo junto a m�, sana y salva, a Desorden.</p><p>�Ya le propuse que cambi�ramos el animal por la nave. �Ya hemos discutido dicha propuesta y la he rechazado por ser muy poco equitativa. �Debemos volver otra vez a discutir el asunto?</p><p>�Tengo un nuevo argumento �dijo ella. ��De veras? �Tuf prob� su bebida.</p><p>�Consideremos el asunto de la propiedad, Tuf. �Cu�l es su derecho para considerarse due�o del Arca? �Acaso la ha construido? �Tuvo alg�n papel en su creaci�n? No, �demonios!</p><p>�La encontr� �dijo Tuf�. Es cierto que tal descubrimiento lo hice acompa�ado por cinco personas m�s y no puedo negar que sus t�tulos sobre dicha propiedad resultaban, en ciertos casos, superiores al m�o. Sin embargo, ellos han muerto y yo sigo vivo, lo cual fortalece considerablemente mi posici�n. Lo que es m�s, actualmente me encuentro en posesi�n de dicha nave y en muchos sistemas �ticos la posesi�n es la clave y, en m�s de una ocasi�n, el factor determinante en cuanto respecta a la propiedad.</p><p>�Hay mundos en los que todos los objetos de valor pertenecen al estado y en ellos su maldita nave habr�a sido requisada de inmediato.</p><p>�Me doy cuenta de ello, cr�ame, y tengo gran cuidado de evitar dichos mundos cuando elijo mi destino �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Tuf, si quisi�ramos, podr�amos apoderarnos de su maldita nave por la fuerza. Quiz� sea el poder lo que da la propiedad, �no?</p><p>�Es cierto que a sus �rdenes se encuentra la feroz lealtad de ingentes masas de lacayos armados con l�sers y pistolas neur�nicas, en tanto que yo me encuentro totalmente solo. No soy sino un humilde comerciante y un ingeniero ecol�gico que no ha superado el rango de ne�fito y como �nica compa��a tengo la de mis inofensivos felinos. Sin embargo, no carezco de ciertos recursos propios. Entra dentro de mis posibilidades te�ricas el haber programado ciertas defensas en el Arca susceptibles de hacer dicho asalto mucho m�s dif�cil de lo que pudiera creerse en un principio. Por supuesto que dicha idea es una pura teor�a, pero har�a bien en prestarle la debida consideraci�n. En cualquier caso, una acci�n militar brutal ser�a il�cita seg�n la jurisprudencia de S�uthlam.</p><p>Tolly Mune suspir�. �Ciertas culturas opinan que la propiedad viene dada por la capacidad de usar el bien pose�do. Otras optan por la necesidad de usarlo.</p><p>�Estoy levemente familiarizado con dichas doctrinas. �Bien. S�uthlam necesita el Arca m�s que usted, Tuf.</p><p>�Incorrecto. Necesito el Arca para practicar la profesi�n que he escogido y para ganarme la vida. Lo que su mundo precisa en estos momentos no es tanto la nave en s� como la ingenier�a ecol�gica. Por dicha raz�n le ofrec� mis servicios y me encontr� con que mi generosa oferta era despreciada y tildada de insuficiente.</p><p>�La utilidad �le interrumpi� Tolly Mune�. Tenemos todo un maldito mundo lleno de brillantes cient�ficos. Usted mismo admite que es s�lo un comerciante. Podemos usar el Arca mejor que usted.</p><p>�Sus brillantes cient�ficos son casi todos especialistas en f�sica, qu�mica, cibern�tica y otros campos semejantes. S�uthlam no se encuentra particularmente avanzada en �reas como la biolog�a, la gen �tica o la ecolog�a. Esto es algo que me parece doblemente obvio. Si poseyeran expertos, como parece usted afirmar, en primer lugar no les resultar�a tan urgente la necesidad de poseer el Arca y, en segundo lugar, sus problemas ecol�gicos no habr�an sido dejados de lado, como lo han sido hasta alcanzar las proporciones actuales, francamente ominosas. Por lo tanto, pongo en duda su afirmaci�n en cuanto a que su pueblo sea capaz de utilizar la nave de modo m�s eficiente. Desde que he llegado a poseer el Arca, y durante todo mi viaje hasta aqu�, no he parado de consagrarme al estudio y, por lo tanto, creo que puedo atreverme a sugerir que ahora soy el �nico ingeniero ecol�gico dotado de ciertas cualificaciones existentes en el espacio humano, excluyendo posiblemente a Prometeo.</p><p>El largo y p�lido rostro de Haviland Tuf no hab�a variado de expresi�n. Cada una de sus frases era articulada cuidadosamente y luego disparadas en g�lidas e interminables salvas. A pesar de ello, Tolly Mune tuvo la sensaci�n de que tras la impenetrable fachada de Tuf hab�a una debilidad: el orgullo, el ego, una vanidad que pod�a utilizar para sus propios fines. Tolly alz� un dedo y lo blandi� ante �l.</p><p>�Palabras, Tuf, nada m�s que malditas palabras. Puede hacerse llamar ingeniero ecol�gico, si le place, pero eso no quiere decir nada en absoluto. Puede hacerse llamar mel�n de agua, si le parece, �Pero tendr�a un aspecto condenadamente rid�culo sentado en un cuenco lleno de crema!</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. �Le hago una apuesta �dijo ella, disponi�ndose a jugarse el todo por el todo�. Apuesto a que no tiene ni maldita idea sobre qu� hacer con esa condenada nave.</p><p>Haviland Tuf pesta�e� y form� un puente con sus manos sobre la mesa.</p><p>�Una proposici�n interesante �dijo�. Prosiga. Tolly Mune sonri�.</p><p>�Su gata contra su nave �dijo�. Ya he explicado cu�l es nuestro problema. Resu�lvalo y tendr� de vuelta a Desorden sana y salva. Fracase y nos quedaremos con el Arca.</p><p>Tuf levant� un dedo. �En el plan hay un defecto b�sico. Aunque se me impone una tarea formidable no siento repugnancia ante la idea de aceptar tal desaf�o, pero sugiero que los premios se encuentran muy desequilibrados. El Arca y Desorden me pertenecen, aunque me haya sido robada la posesi�n de esta �ltima de un modo legal, si bien nada escrupuloso. Por lo tanto, de ello se desprende que, si gano, lo �nico que consigo es recuperar la posesi�n de algo que, al empezar, ya era justamente m�o, en tanto que el posible premio de la otra parte es mucho mayor. No me parece equitativo y tengo una contraoferta preparada. Vine a S�uthlam para conseguir ciertas reparaciones y cambios en mi nave. En el caso de que triunfe, quiero que dichos trabajos se lleven a cabo sin coste alguno para m�.</p><p>Tolly Mune se llev� el vaso a la boca a fin de conseguir un instante para considerar la oferta de Tuf. El hielo hab�a empezado a derretirse, pero el narco a�n conservaba su potente sabor.</p><p>��Cincuenta millones de unidades base regaladas? Eso es condenadamente excesivo.</p><p>�Tal era tambi�n mi opini�n �dijo Tuf. Tolly sonri�.</p><p>�Puede que la gata fuera suya en un principio �dijo�, pero ahora es nuestra. En cuanto a las reparaciones, Tuf, har� una cosa: le dar� cr�dito.</p><p>��En qu� t�rminos y con qu� �ndice de inter�s? �pregunt� Tuf.</p><p>�Empezaremos inmediatamente los trabajos �dijo ella, a�n sonriendo�. Si gana, cosa que no va a suceder, tendr� a la gata de vuelta y le daremos un pr�stamo libre de intereses por el coste de la factura. Puede pagarnos con el dinero que vaya ganando ah� fuera.�agit� vagamente la mano se�alando al resto del universo�, trabajando en su maldita ingenier�a ecol�gica. Pero tendremos una especie de hipoteca sobre el Arca y si no ha pagado la mitad del dinero en cinco a�os, o su totalidad en diez, entonces la nave ser� nuestra.</p><p>�La cifra original de cincuenta millones era excesiva �dijo Tuf�, y resulta claro que hab�a sido hinchada con el �nico y exclusivo prop�sito de obligarme a la venta de mi nave. Sugiero que nos pongamos de acuerdo en una suma de veinte millones como base para el acuerdo.</p><p>�Rid�culo �respondi� ella secamente�. Por ese precio ni tan siquiera podr�amos llegar a pintar su condenada nave. Pero har� una rebaja: cuarenta y cinco.</p><p>�Veinticinco millones �sugiri� Tuf�. Dado que me encuentro solo a bordo del Arca no es necesario que todas las cubiertas y sistemas funcionen a un nivel �ptimo. Que algunas de las cubiertas m�s lejanas no est�n en condiciones de operar, no resulta de una importancia decisiva. Afinar� mi lista inicial de peticiones para que incluya tan s�lo las reparaciones que deben hacerse para mi seguridad, comodidad y conveniencia.</p><p>�Me parece justo �dijo ella�. Bajar� a cuarenta millones.</p><p>�Treinta �insisti� Tuf�, me parece una cifra ampliamente satisfactoria.</p><p>�No regateemos por unos cuantos millones �dijo Tolly Mune�. Va a perder, por lo que todo esto no tiene ninguna importancia.</p><p>�Mi punto de vista al respecto difiere un tanto del suyo. Treinta millones.</p><p>�Treinta y siete �dijo ella.</p><p>�Treinta y dos �replic� Tuf.</p><p>�Est� claro que vamos a ponernos de acuerdo en los treinta y cinco, �no? �Hecho! �dijo Tolly extendiendo la mano.</p><p>Tuf la mir� fr�amente.</p><p>�Treinta y cuatro �dijo con voz tranquila. Tolly Mune se ri�, apart� la mano y dijo: ��Qu� importa? Treinta y cuatro. Haviland Tuf se puso en pie.</p><p>�T�mese otra copa �dijo ella abriendo los brazos�. Para festejar nuestra peque�a apuesta.</p><p>�Me temo que debo rechazar la invitaci�n �dijo Tuf�. Ya har� ese festejo una vez haya ganado la apuesta. Por el momento, tengo mucho trabajo que hacer.</p><p>�No puedo creerlo �dijo Josen Rael en un tono de voz m�s bien estridente. Tolly Mune hab�a puesto el volumen de su comunicador bastante alto para ahogar de ese modo las constantes e irritantes protestas de su prisionera felina.</p><p>�Josen, conc�deme al menos un poco de inteligencia �dijo ella con voz quejosa�. Mi idea es condenadamente brillante.</p><p>��Apostar con el futuro de nuestro mundo! �Miles de millones de vidas! �Est�s esperando seriamente que sancione ese rid�culo pacto que hab�is concluido?</p><p>Tolly Mune dio un sorbo a su ampolla de cerveza y suspir�. Luego, con una voz id�ntica a la que habr�a utilizado para explicarle algo a un ni�o especialmente duro de mollera, dijo:</p><p>�No podemos perder, Josen. Pi�nsalo un poco, si es que esa cosa que tienes dentro del cr�neo no est� demasiado atrofiada por la gravedad, como les ocurre a todos los gusanos, y sigue siendo capaz de tener ideas. �Para qu� demonios quer�amos el Arca? Para alimentarnos, naturalmente; para evitar el hambre, para resolver el problema y para llevar a cabo un condenado milagro biol�gico. Para multiplicar los panes y los peces.</p><p>��Panes y peces? �dijo el Primer Consejero, a�n perplejo.</p><p>�Un n�mero infinito de veces. Es una alusi�n cl�sica, Josen; creo que cristiana. Tuf va a intentar hacer bocadillos de pescado para treinta mil millones de personas. Yo pienso que s�lo conseguir� llenarse la cara de harina y atragantarse con una espina, pero eso no importa. Si fracasa conseguiremos su maldita sembradora de un modo limpio y legal. Si triunfa ya no vamos a necesitar el Arca nunca m�s. En ambos casos habremos ganado y tal como lo he planteado la apuesta, incluso si Tuf gana nos seguir� debiendo treinta y cuatro millones. Si por alg�n milagro consigue salir con bien de todo esto, seguimos teniendo bastantes posibilidades de acabar teniendo la nave, porque no podr� cumplir los t�rminos de pago de su condenada factura. �Bebi� un poco m�s de cerveza y le sonri�. Josen, tienes mucha suerte de que no desee tu puesto. �Se te ha ocurrido alguna vez que soy mucho m�s lista que t�?</p><p>�Mam�, tambi�n eres mucho menos pol�tica �dijo �l�, y dudo que fueras a durar ni un solo d�a en mi puesto. De todos modos me resulta imposible negar que te las apa�as muy bien en el tuyo. Supongo que tu plan es viable.</p><p>��Supones? �replic� ella. �Hay realidades pol�ticas a considerar. Los expansionistas quieren la nave; debes entenderlo� como una especie de seguro para el d�a en que recobren el poder. Por suerte est�n en minor�a. En la votaci�n conseguiremos superarles.</p><p>�Cuida de que ocurra as�, Josen �dijo Tolly Mune. Cerr� la conexi�n y se qued� flotando en la penumbra de su habitaci�n. En la pantalla apareci� nuevamente la imagen del Arca. Sus cuadrillas estaban trabajando ahora a su alrededor, preparando un muelle temporal. Luego ya vendr�a algo m�s permanente. Esperaba que el Arca estuviera por ah� durante unos cuantos siglos, as� que les har�a falta un sitio para guardar ese condenado artefacto e, incluso en el caso de que alg�n fant�stico capricho de la suerte hiciera que Tuf se saliera con la suya, hac�a ya alg�n tiempo que la telara�a deb�a haberse ampliado y, con ello, conseguir�an alojar a centenares de naves. Con Tuf pagando la factura, le hab�a parecido una estupidez retrasar por m�s tiempo la construcci�n. En esos instantes estaban montando un largo tubo de plastiacero trasl�cido, pieza a pieza. El tubo unir�a la enorme sembradora al extremo del muelle principal de modo que, tanto los cargamentos de piezas como las cuadrillas de trabajo, pudieran llegar hasta ella con mayor facilidad. En el interior de la nave ya hab�a unos cuantos cibertec, conectados al sistema de ordenadores, reprogram�ndolo para acomodar los programas a las demandas de Tuf y, de paso, desmantelando cualquier tipo de trampa o defensa interna que pudiera haber dejado instalada. Eso eran �rdenes secretas emanadas directamente de la Viuda de Acero; algo que Tuf ignoraba por completo. Se trataba de una simple precauci�n suplementaria. por si resultaba ser un mal perdedor. No quer�a monstruos o plagas emergiendo de su regalo una vez que abriera la caja. En cuanto a Tuf, sus fuentes le hab�an dicho que tras abandonar la sala de juegos del hotel apenas s� hab�a salido de su sala de ordenadores. Avalada por su autoridad como Maestre de Puerto, los bancos de datos del consejo hab�an accedido finalmente a darle toda la informaci�n que precisara y, por lo que Tolly sab�a, precisaba grandes cantidades de ella. Los ordenadores del Arca se encontraban tambi�n atareados trabajando en amplias series de c�lculos y simulaciones.</p><p>Tolly Mune se ve�a obligada a reconocer eso en favor de Tuf: lo estaba intentado con todo entusiasmo.</p><p>La jaula del rinc�n se estremeci� levemente al estrellarse Desorden contra uno de sus lados. La gata emiti� un leve maullido de dolor y Tolly sinti� pena por ella. Tambi�n Tuf le daba pena. Quiz�, cuando hubiera fracasado, pudiera encargarse de que le entregaran esa nave que le hab�a ofrecido en un principio.</p><p>Pasaron cuarenta y siete d�as. Durante ese tiempo, las cuadrillas trabajaron en series de tres turnos, de tal modo que la actividad alrededor del Arca era tan constante e incansable como fren�tica. La telara�a se extendi� hacia la sembradora y acab� sumergi�ndola. Los cables serpentearon a su alrededor como lianas en la selva y una red de tubos neum�ticos entraba y sal�a de sus escotillas como si fuera un moribundo cuidadosamente atendido en el mejor de los centros m�dicos. De su casco brotaron las burbujas de plastiacero como si fueran enormes verrugas plateadas; tent�culos de acero y aleaciones especiales se entrecruzaron por ella como venas y los trineos de vac�o zumbaban junto a su inmensa silueta como insectos con aguijones de fuego. Por todo el lugar, tanto dentro como fuera de la nave, se ve�a el incesante ir y venir de las cuadrillas de trabajadores. Pasaron cuarenta y siete d�as. El Arca fue reparada, modernizada, abastecida y mejorada. Pasaron cuarenta y siete d�as sin que Haviland Tuf saliera ni un solo minuto de su nave. Al principio estuvo viviendo en su sala de ordenadores, seg�n informaron las cuadrillas, con las simulaciones funcionando d�a y noche y torrentes de datos rugiendo a su alrededor. Durante las �ltimas semanas se le hab�a visto con cierta frecuencia en su peque�o veh�culo de tres ruedas recorriendo el eje central de la nave, de treinta kil�metros de longitud, con una gorra verde en la cabeza y un peque�o gato de pelaje gris�ceo en su regazo. Apenas si parec�a fijarse en los s�uthlameses que trabajaban en la nave pero, de vez en cuando, se dedicaba a calibrar los instrumentos de una subestaci�n cualquiera o comprobaba las interminables series de cubas, tanto grandes como peque�as, que se alineaban junto a esos muros cicl�peos. Los cibertec se dieron cuenta de que hab�a en curso ciertos programas de clonaci�n y de que el cronobucle estaba funcionando y consum�a enormes cantidades de energ�a. Cuarenta y siete d�as pasaron con Tuf viviendo en una soledad casi total, trabajando incesantemente con la �nica compa��a de Caos. Durante esos cuarenta y siete d�as Tolly Mune no habl� ni con Tuf ni con el Primer Consejero Josen Rael. Sus deberes como Maestre de Puerto, descuidados por completo durante la crisis del Arca, fueron m�s que suficientes para mantenerla ocupada. Ten�a disputas que escuchar y resolver, ascensos que revisar, construcciones por supervisar, diplom�ticos llenos de condecoraciones a los que agasajar antes de facturarlos v�a ascensor, presupuestos que dise�ar y muchas n�minas que sellar con su pulgar. y tambi�n ten�a que entend�rselas con una gata.</p><p>Al principio Tolly Mune temi� lo peor. Desorden se negaba a comer, parec�a incapaz de llegar a un arreglo con la falta de peso, ensuciaba la atm�sfera de los aposentos de la Maestre de Puerto con sus deyecciones e insist�a en emitir los sonidos m�s lamentables y penosos que la Maestre de Puerto hab�a tenido jam�s la desgracia de o�r. Lleg� a preocuparse tanto que hizo venir a su jefe de alima�as. �ste le asegur� que la jaula resultaba lo bastante grande y que las porciones de pasta prote�nica eran m�s que adecuadas para la gata. Pero ella no estuvo de acuerdo y sigui� poni�ndose enferma, maullando y bufando hasta que Tolly Mune estuvo segura de que la locura, ya fuera humana o felina, estaba a la vuelta de la esquina.</p><p>Finalmente, se decidi� a tomar algunas medidas urgentes. Primero descart� la pasta prote�nica y empez� a darle de comer a la gata la carne que Tuf hab�a enviado del Arca. La ferocidad con que fueron atacados los pedazos de carne por Desorden, nada m�s introducirlos entre los barrotes de la jaula, le result� bastante tranquilizadora. Despu�s de consumir uno de ellos en un tiempo r�cord, lleg� a lamerle los dedos a Tolly Mune. La sensaci�n le result� muy extra�a, pero no del todo desagradable. Adem�s, la gata empez� a frotarse contra los costados de la caja, como si deseara ser tocada. Tolly as� lo hizo, no muy decidida, y como recompensa obtuvo un sonido mucho m�s agradable que todos los emitidos anteriormente por Desorden. El tacto de su pelaje blanquinegro le pareci� casi sensual.</p><p>Ocho d�as despu�s la dej� salir de su jaula. Pens� que el recinto de la oficina, mucho m�s amplio, bastar�a como prisi�n. Apenas Tolly Mune abri� la puerta, Desorden sali� de ella dando un salto, pero cuando el salto la hizo cruzar la habitaci�n como un cohete fuera de control, empez� a emitir salvajes bufidos de miedo e incomodidad. Tolly parti� en su busca impuls�ndose de una patada y logr� cogerla, pero la gata se debati� ferozmente en sus manos, trazando largos ara�azos en su piel. Despu�s de que el meditec hubiera curado sus heridas, Tolly Mune hizo una llamada a seguridad.</p><p>�Que requisen una habitaci�n en el Panorama del Mundo �dijo�, una que tenga control gravitatorio. Quiero que pongan la rejilla a un cuarto de gravedad.</p><p>��Qui�n es el invitado? �le preguntaron. �Una prisionera del Puerto �respondi� ella secamente�, armada y peligrosa.</p><p>Despu�s del traslado, visitaba el hotel cada d�a al terminar su �ornada, al principio estrictamente para alimentar a su reh�n y comprobar su bienestar. A los quince d�as, sin embargo, ya se estaba quedando el tiempo suficiente para aumentar su dieta en unas cuantas calor�as y darle a la gata el contacto personal que tanto parec�a anhelar. La personalidad del animal hab�a cambiado de un modo espectacular. Cuando Tolly abr�a la puerta para su inspecci�n diaria emit�a ruidos de placer (aunque segu�a intentando escapar a cada ocasi�n), se frotaba contra su pierna sin la menor provocaci�n, nunca sacaba las u�as e incluso daba la impresi�n de estar engordando. Cada vez que Tolly Mune se permit�a sentarse, Desorden saltaba instant�neamente a su regazo. La vig�sima �ornada del nuevo cautiverio, Tolly se qued� a dormir all� y seis d�as despu�s traslad� temporalmente su residencia al hotel.</p><p>Pasaron cuarenta y siete d�as y, para entonces, Desorden ya se hab�a acostumbrado a dormir junto a ella, enroscada sobre la almohada, rozando con su pelaje blanquinegro la mejilla de Tolly Mune.</p><p>El d�a n�mero cuarenta y ocho Haviland Tuf llam�. Si le sorprendi� ver a su gata en el regazo de la Maestre de Puerto, no dio la menor muestra de ello.</p><p>�Maestre de Puerto Mune� �dijo. ��A�n no se ha rendido? �le pregunt� ella. �En lo m�s m�nimo �replic� Tuf�. De hecho, estoy preparado para reclamar el precio de mi victoria.</p><empty-line/><p>La reuni�n era demasiado importante para ser celebrada mediante enlaces de v�deo por muy protegidos que estuvieran contra todo tipo de indiscreci�n. Josen Rael hab�a llegado a la conclusi�n de que quiz� Vandeen tuviera medios para traspasar los escudos. Al mismo tiempo, dado que Tolly Mune hab�a llevado directamente todos los tratos con Tuf y quiz� pudiera comprender sus reacciones mucho mejor que el Consejo, resultaba imperativo que estuviera presente y su aversi�n por la gravedad fue considerada carente de importancia. De ese modo, Tolly Mune cogi� el ascensor para dirigirse a la superficie, por primera vez en m�s a�os de los que le gustaba recordar, y fue transportada en un taxi a�reo a la c�mara m�s elevada de la torre del consejo.</p><p>La enorme estancia pose�a cierta dignidad espartana. Se encontraba dominada por una colosal mesa de conferencias cuya brillante superficie era toda ella un inmenso monitor. Josen Rael estaba sentado en el sitio m�s importante, ocupando un sill�n negro en el cual se distingu�a el globo de S�uthlam en relieve tridimensional.</p><p>�Maestre de Puerto Mune� �la salud� mientras ella avanzaba penosamente hasta un asiento libre situado al otro extremo de la mesa.</p><p>La estancia se hallaba repleta de poder: el consejo interno, la �lite de la facci�n tecnocr�tica, los bur�cratas situados en los puestos clave. Media vida hab�a pasado para Tolly Mune desde su �ltima visita a la superficie, pero ve�a los noticiarios y pudo reconocer a muchos de ellos, como el joven canciller de agricultura rodeado por sus secretarios, sus ayudantes para la investigaci�n bot�nica y el desarrollo oce�nico, ya los encargados del procesado alimenticio. Tambi�n se encontraban presentes el consejero de guerra y su ayudante ciborg; el administrador de transportes; la encargada de los bancos de datos y su jefe de analistas; los consejeros de seguridad interna, ciencia y tecnolog�a, relaciones interestelares e industria; el comandante de la Flotilla Defensiva; el oficial m�s antiguo de la polic�a mundial. Todos movieron la cabeza y la contemplaron con rostros desprovistos de expresi�n.</p><p>En favor suyo, debe decirse que Josen Rael prescindi� de toda formalidad.</p><p>�Han dispuesto de una semana para estudiar las cifras de Tuf, as� como las semillas y muestras que nos ha proporcionado �pregunt�. �Y bien?</p><p>�Es dif�cil emitir un juicio preciso �dijo el jefe de analistas�. Puede que sus cifras den en el blanco o puede que est�n totalmente equivocadas por basarse en unas suposiciones iniciales err�neas. No podr� emitir un juicio preciso hasta que� bueno, digamos que har�n falta varias cosechas y varios a�os como m�nimo. Todas las cosas que Tuf ha clonado para nosotros, tanto las plantas como los animales, son desconocidas en S�uthlam. Hasta que no las hayamos sometido a duras experiencias para decidir c�mo van a comportarse bajo condiciones s�uthlamesas, no podemos estar seguros de la diferencia que van a suponer en el estado actual de las cosas.</p><p>�Si es que van a suponer alguna �dijo la consejera de seguridad interna, una mujer tan baja como fornida.</p><p>�Cierto �admiti� el analista. �Creo que se muestran demasiado conservadores �les interrumpi� el consejero de agricultura. Era el miembro m�s joven del consejo y como tal sol�a hablar de un modo algo impetuoso. En ese momento sonre�a tan ampliamente que su flaco rostro daba la impresi�n de ir a partirse en dos mitades�. Mis informes son claramente brillantes. �Ante �l hab�a un mont�n de cristales de datos. Los extendi� como si fueran fichas de juego y, escogiendo uno, lo introdujo en su terminal. Bajo la cristalina superficie de la mesa empezaron a desplegarse l�neas de cifras y letras�. Aqu� est� nuestro an�lisis de lo que �l llama omnigrano �dijo el consejero�. Incre�ble, realmente incre�ble. Un h�brido creado mediante cirug�a gen �tica y totalmente comestible. Totalmente comestible, se�ores consejeros, todas y cada una de sus partes. El tallo tiene una altura semejante a la de la neohierba, es muy alto en contenido de carbohidratos y posee una textura algo crujiente que no resulta nada desagradable, si se ali�a un poco, pero su utilidad b�sica es la de forraje para el ganado. Las mazorcas proporcionan un grano excelente con una relaci�n entre materia comestible y partes secas superior a la del nanotrigo o la del arroz. La cosecha es f�cil de transportar, puede almacenarse y conservarse casi para siempre sin necesidad de refrigeraci�n, es imposible que sufra da�os y posee un alto contenido prote�nico. �Y las ra�ces son tub�rculos comestibles! No s�lo eso: adem�s crece tan condenadamente r�pido que nos dar� un n�mero de cosechas por temporada doble al actual. Estoy meramente avanzando hip�tesis, claro est�, pero he calculado que si plantamos omnigrano en nuestras zonas dedicadas actualmente al nanotrigo, neohierba y arroz recogeremos tres o cuatro veces m�s calor�as que ahora.</p><p>�Debe tener algunas desventajas �protest� Josen Rael�. Parece demasiado bueno para ser cierto. Si este omnigrano es tan perfecto, �por qu� no hemos o�do hablar de �l con anterioridad? Lo cierto es que Tuf no puede haberlo creado en estos �ltimos d�as por s� solo.</p><p>�Claro que no. Hace siglos que existe. Encontr� una referencia a �l en nuestros bancos de datos, lo crean o no. Fue creado por el CIE durante la guerra para proveer a las necesidades militares. Crece de prisa, que es lo ideal cuando uno no est� demasiado seguro de si podr� recoger las cosechas que siembra o de si va a terminar convertido en� bueno, en abono para ellas. Pero nunca fue adaptado a los usos civiles ya que su sabor se consideraba demasiado inferior a lo normal. No es que resulte horrible o ni tan siquiera desagradable, compr�ndanme, s�lo se le consideraba inferior al de los cereales ya existentes. Adem�s, agota el suelo de cultivo en un plazo muy breve.</p><p>�Aj� �dijo la consejera de seguridad interna�. As� que en realidad ese pretendido regalo es una trampa, �no?</p><p>�Considerado por s� mismo, cierto. Puede que tengan cinco a�os o m�s de cosechas soberbias y luego vendr�a el desastre. Pero Tuf nos ha enviado tambi�n unos cuantos animales� unas criaturas incre�bles, supergusanos y otro tipo de aireadores del suelo, as� como un simbionte, una especie de levadura capaz de crecer all� donde se cultive el omnigrano sin hacerle da�o, viviendo de� y esc�chenme bien ahora, por favor, viviendo de la poluci�n del aire y de algunos tipos de sustancias petroqu�micas obtenidas como subproductos in�tiles en nuestras factor�as. Puede usar todo esto para restaurar el suelo y fertilizarlo. �Extendi� las manos hacia ellos. �Es un descubrimiento incre�ble! Si nuestros investigadores hubieran descubierto algo as� ya habr�amos declarado el d�a de fiesta planetario para conmemorarlo.</p><p>��y lo dem�s? �pregunt� secamente Josen Rael. En el rostro del primer consejero no se reflejaba ni una m�nima fracci�n del entusiasmo que iluminaba el de su joven subordinado.</p><p>�Casi igual de incre�ble �fue su r�plica�. Los oc�anos� nunca hemos podido obtener una cosecha cal�rica medianamente decente de ellos, teniendo en cuenta su tama�o y nuestra �ltima administraci�n casi acab� con ellos gracias a la pesca masiva practicada por sus barredoras. Tuf nos proporciona casi una docena de peces nuevos y de crecimiento muy r�pido, as� como abundancia de plancton �rebusc� en el mont�n de cristales que ten�a delante, cogi� otro y lo insert� en su terminal�. Vean, por ejemplo, esta variedad de plancton. Est� claro que recubrir� casi todo el mar, haci�ndolo impracticable, pero el noventa por ciento de nuestro comercio se hace por v�a subterr�nea o a�rea, as� que no importa. Los peces se alimentar�n de �l hasta alcanzar cantidades incre�bles y, en condiciones adecuadas, el plancton aumentar� hasta cubrir el mar con una enorme alfombra verde gris�cea que tendr� unos tres metros de promedio.</p><p>�Una perspectiva alarmante �dijo el consejero de guerra�. �Es comestible? Quiero decir si es comestible para los seres humanos.</p><p>�No �dijo el consejero de agricultura con una sonrisa�. Pero cuando se pudra ser� una admirable materia prima para nuestras factor�as alimenticias sustituyendo a ese petr�leo que est� a punto de agotarse.</p><p>En el otro extremo de la mesa Tolly Mune se ech� a re�r estruendosamente. Todos se volvieron a mirarla.</p><p>��Que me condenen! �dijo�. Despu�s de todo, nos ha dado los panes y los peces.</p><p>�El plancton no es realmente un pez �replic� el consejero.</p><p>�Si vive en el maldito oc�ano es un condenado pez, al menos para m�.</p><p>��Panes y peces? �pregunt� el consejero de industria. �Siga con su informe �dijo Josen Rael con cierta impaciencia�. �Hab�a algo m�s?</p><p>Lo hab�a. Por ejemplo, un liquen comestible capaz de crecer en las monta�as m�s altas y otro que era capaz de sobrevivir incluso sin aire y sometido a la m�s dura radiaci�n.</p><p>�M�s asteroides para la Despensa �proclam� el consejero de agricultura�, sin necesidad de pasar d�cadas terraform�ndolos y sin tener que gastar miles de millones de calor�as para ello.</p><p>Hab�a tambi�n lianas par�sitas capaces de infestar todos los pantanos ecuatoriales de S�uthlam hasta sumergirlos por completo desplazando de ellos a las arom�ticas pero venenosas formas de vida nativas que ahora crec�an all� en lujuriante profusi�n. Hab�a una gram�nea llamada habas de nieve que pod�a crecer en el hielo de la tundra, as� como los tub�rculos de t�nel capaces de perforar incluso la tierra escondida bajo un glaciar con enormes conductos provistos del aire que ser�a retenido por las nueces marrones, de consistencia carnosa y leve sabor a mantequilla. Hab�a ganado, cerdos, aves y peces mejorados gen�ticamente (entre ellos un p�jaro que, seg�n proclamaba Tuf, era capaz de eliminar la enfermedad que m�s preocupaba en esos momentos a la agricultura de S�uthlam), as� como setenta y nueve variedades de hongos y setas comestibles, totalmente desconocidas, que pod�an cultivarse en la oscuridad de las ciudades subterr�neas y alimentarse con los desperdicios humanos producidos por �stas.</p><p>Cuando el consejero hubo terminado su informe, en la gran c�mara rein� un profundo silencio.</p><p>�Ha ganado �dijo Tolly Mune, sonriendo. El resto de la mesa estaba contemplando a Josen Rael, como esperando su decisi�n, pero ella no ten�a la menor intenci�n de quedarse sentada en silencio y jugar a la alta pol�tica�. �Que me condenen! Tuf lo ha logrado.</p><p>�Eso a�n no lo sabemos �dijo la encargada de los bancos de datos.</p><p>�Pasar�n a�os antes de que tengamos estad�sticas realmente significativas dijo el analista.</p><p>�Puede que haya alguna trampa �dijo el consejero de la guerra�. Debemos ser cautelosos.</p><p>��Oh! �AI infierno con todo eso! �exclam� Tolly Mune�. Tuf ha probado que�</p><p>�Maestre de Puerto �le interrumpi� Josen Rael con voz seca.</p><p>Tolly Mune cerr� la boca. jam�s le hab�a o�do utilizar ese tono con anterioridad. El resto de la mesa le estaba mirando tambi�n con cierta sorpresa.</p><p>Josen Rael sac� un pa�uelo y se limpi� el sudor de la ente.</p><p>�Lo que ha probado con todo esto Haviland Tuf, sin lugar a duda alguna, es que el Arca es demasiado valiosa para nosotros y que no podemos ni so�ar en perderla. Ahora discutiremos el mejor modo de apoderarnos de ella y de reducir al m�nimo las p�rdidas humanas y las repercusiones diplom�ticas. �A continuaci�n le hizo una se�a a la consejera de seguridad interna.</p><p>La Maestre de Puerto Tolly Mune permaneci� sentada en silencio oyendo su informe y luego aguant� en id�ntico mutismo la hora de discusi�n que sigui� al informe: en ella se habl� de t�cticas, de la posici�n diplom�tica m�s adecuada a tomar, de c�mo se pod�a utilizar con mayor eficiencia la sembradora, de qu� departamento deb�a encargarse de ella y de cu�les ser�an las declaraciones efectuadas a los noticiarios. La discusi�n parec�a destinada a durar como m�nimo la mitad de la noche, pero Josen Rael dijo con firmeza que no se levantar�a la sesi�n hasta que todo hubiera quedado resuelto a la perfecci�n. Se pidi� comida, se enviaron a buscar diferentes informes, se hizo llamar y se despidi� luego a subordinados y especialistas. Josen Rael dio �rdenes de que no se les interrumpiera bajo ning�n pretexto. Tolly Mune escuch� en silencio y, finalmente, se puso en pie con cierta dificultad.</p><p>�Lo siento �se disculp�, es� es la condenada gravedad. No estoy acostumbrada a ella. �D�nde est� el� el sanitario mas?</p><p>�Por supuesto, Maestre de Puerto �dijo Josen Rael�. Est� fuera, en el cuarto pasillo, la cuarta puerta al final. �Gracias �respondi� ella. Apenas Tolly Mune hubo salido tambale�ndose de la estancia se reanud� la discusi�n. A trav�s de la puerta cerrada parec�a el zumbido de una colmena muy atareada. Haci�ndole una apresurada se�a al polic�a de guardia se alej� r�pidamente y torci� a la derecha.</p><p>Una vez fuera del campo visual del polic�a, ech� a correr.</p><empty-line/><p>Cuando lleg� al tejado pidi� un taxi a�reo.</p><p>�Al ascensor �le orden� secamente�, y echando chispas.�Luego le ense�� su tarjeta de prioridad.</p><p>Un tren estaba a punto de salir, pero iba completo. Tolly Mune exigi� un asiento de clase estelar.</p><p>�Una emergencia en la telara�a �dijo�. Tengo que volver a casa a toda prisa. �El trayecto de subida se hizo a una velocidad r�cord, ya que despu�s de todo, ella era Mam� Ara�a, y cuando lleg� a la Casa de la Ara�a ya ten�a esper�ndola un transporte listo para llevarla a sus habitaciones.</p><p>Apenas estuvo dentro de ellas, cerr� la puerta y conect� el comunicador, tecleando el c�digo adecuado para que en la transmisi�n apareciera el rostro de su ayudante. Luego intent� comunicarse con Josen Rael.</p><p>�Lo lamento �dijo el computador con su mayor simpat�a cibern�tica�, pero en estos instantes se encuentra reunido y no se le puede molestar. �Desea dejar un mensaje?</p><p>�No dijo ella. Luego envi� su propia imagen, dirigiendo esta vez la llamada al encargado de los trabajos en el Arca�. �Qu� tal va todo, Frakker?</p><p>Parec�a cansado pero logro dirigirle una sonrisa. �Lo estamos haciendo a la perfecci�n, Mam� �dijo�. Creo que ya hemos terminado con un noventa por ciento del trabajo, m�s o menos. Dentro de seis o siete d�as todo estar� listo y no quedar� m�s que la limpieza por hacer.</p><p>�El trabajo ya ha terminado �dijo Tolly Mune. ��C�mo? �replic� �l con su expresi�n de sorpresa. �Tuf nos ha estado mintiendo �dijo ella, intentando parecer lo m�s sincera y enfadada posible�. Es un tramposo, un condenado aborto y no pienso dejar que las cuadrillas trabajen ni un segundo m�s para �l.</p><p>�No comprendo �dijo el cibertec. �Lo siento, Frakker, pero el resto de los detalles son alto secreto. Ya sabes c�mo funcionan este tipo de asuntos. Sal del Arca ahora mismo, salid todos, cibertecs, obreros, hombres de seguridad. Todos. Os doy una hora y luego ir� all� en persona y si encuentro alguien a bordo de ese condenado pecio que no sea Tuf o su bicho de todos los demonios, pienso mandar sus culos a la Despensa m�s de prisa de lo que t� podr�as pronunciar Viuda de Acero, �me has entendido?</p><p>�Esto� s�. ��He dicho ya! �grit� Tolly Mune�. Mu�vete, Frakker. Apag� la pantalla, conect� el escudo de m�xima seguridad e hizo una �ltima llamada. Haviland Tuf, siguiendo sus irritantes costumbres, hab�a dado instrucciones al Arca de que no recibiera ninguna comunicaci�n mientras dorm�a y le hicieron falta quince preciosos minutos para encontrar la frase adecuada con la cual convencer a la est�pida maquinaria de que se trataba de una aut�ntica emergencia.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �respondi� Tuf al materializarse finalmente su imagen ante ella, ataviado con un albornoz rid�culamente lanudo ce�ido por una amplia tira de tela alrededor de su enorme vientre�. �A qu� debo el singular placer de esta llamada?</p><p>�El trabajo est� hecho en un noventa por ciento �dijo Tolly Mune�. Todo lo importante est� arreglado y tendr� que apa��rselas con lo que no hayamos tenido tiempo de arreglar. Estoy sacando a mi gente de ah� a toda prisa. Se habr�n ido todos dentro de� unos cuarenta minutos. Cuando haya transcurrido ese plazo, Tuf, quiero verle fuera de mi Puerto.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf. �Puede navegar perfectamente por el espacio �dijo ella�, he visto los c�lculos y los informes. Har� pedazos el muelle pero no hay tiempo para desmontarlo y me parece que de todos modos resulta un precio peque�o a cambio de lo que nos ha dado. Conecte el impulso espacial y salga del sistema. No se le ocurra mirar detr�s de usted, a menos que quiera convertirse en una maldita estatua de sal.</p><p>�Me temo que no he logrado comprenderla �dijo Haviland Tuf.</p><p>Tolly Mune suspir�. �Yo tampoco lo entiendo, Tuf, yo tampoco� No discuta conmigo y prep�rese para la salida.</p><p>��Debo suponer acaso que su Gran Consejo encontr� mi humilde oferta satisfactoria en cuanto soluci�n a su crisis, por lo cual he resultado vencedor de nuestra peque�a apuesta?</p><p>Tolly Mune lanz� un gemido desesperado. �S�. Ya que le hace tanta ilusi�n o�rlo se lo dir�: nos ha entregado unas especies soberbias, el omnigrano les volvi� locos, la levadura fue un aut�ntico golpe de genio� Ha ganado, es usted soberbio, es maravilloso. Ahora, salga pitando de ah�, Tuf, antes de que alguien tenga la idea de hacerle una pregunta sin importancia a la vieja y achacosa Maestre de Puerto y descubran que me he largado de su reuni�n.</p><p>�Debo decir que tal apresuramiento no me gusta demasiado �replic� Haviland Tuf, cruzando las manos con toda la calma sobre su vientre y contempl�ndola fijamente.</p><p>�Tuf �dijo Tolly Mune, pr�cticamente rechinando los dientes�!Ha ganado su condenada apuesta, pero perder� su nave si no despierta de una vez y aprende r�pidamente este nuevo baile. �En marcha! �Quiere que se lo deletree, maldici�n? Le han traicionado, Tuf. Violencia. Perfidia. En este mismo instante el Gran Consejo de S�uthlam est� discutiendo los �ltimos detalles de c�mo apoderarse de su persona y del Arca, as� como del tipo de perfume m�s adecuado para hacer que ese feo asunto no huela tan mal. �Me ha entendido ahora? Apenas hayan terminado de hablar y no creo que tarden mucho, empezar�n a dar �rdenes y entonces la gente de seguridad caer� sobre usted con sus trineos de vac�o y sus pistolas neur�nicas. La Flota Defensiva Planetaria tiene ahora mismo, dentro de la telara�a, cuatro nav�os del tipo protector y dos acorazados y si les dan la alerta puede que ni siquiera tenga usted tiempo de empezar a moverse. No quiero ninguna condenada batalla espacial haciendo pedazos mi Puerto y matando a los m�os�</p><p>�Una repugnancia de lo m�s comprensible �dijo Tuf�. Ahora mismo iniciar� los preparativos para la programaci�n de la salida. Sin embargo, a�n nos queda por resolver una peque�a dificultad.</p><p>��Cu�l? �dijo ella, con los nervios de punta. �Desorden sigue hall�ndose bajo su custodia. No puedo abandonar S�uthlam hasta que no me haya sido devuelta sana y salva.</p><p>��Olvide a ese condenado animal! �Entre mis abundantes dones no se halla el de la memoria selectiva �dijo Tuf�. He cumplido mi parte de nuestro acuerdo. Debe entregarme a Desorden o habr� infringido nuestro contrato. �No puedo �le replic� Tolly Mune irritada�. Todas las moscas, gusanos e hiladores de la estaci�n saben que esa maldita bestia es nuestra reh�n. Si tomo un tren con Desorden bajo el brazo, se dar�n cuenta de ello y alguien empezar� a preguntar por ah�. Si espera el tiempo necesario para que le devuelva esa gata lo pondr� en peligro todo.</p><p>�Pese a ello �dijo Haviland Tuf�,debo insistir. ��Maldito sea! �grit� la Maestre de Puerto, desconectando la pantalla con un furioso golpe.</p><empty-line/><p>Nada m�s llegar al gran atrio del hotel el encargado la recibi� con una brillante sonrisa.</p><p>��Maestre de Puerto! �le dijo con expresi�n de felicidad�. Qu� alegr�a verla� Ya sabr� que la est�n buscando. Si quiere recibir la llamada en mi oficina particular�</p><p>�Lo siento �dijo ella�, tengo asuntos muy urgentes que atender. La recibir� en mi habitaci�n. �Pas� junto a �l casi corriendo y fue hacia los ascensores.</p><p>En el exterior de la habitaci�n se encontraban los centinelas que ella misma hab�a colocado ah�.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �dijo el de la izquierda�. Nos dijeron que si aparec�a por aqu�, deb�a llamar inmediatamente a la oficina de seguridad.</p><p>�Claro, claro �replic� ella�. Bajen ahora mismo al atrio y no pierdan ni un segundo.</p><p>��Hay alg�n problema? �Uno bastante gordo. Se est�n peleando. No creo que el personal del hotel sea capaz de controlar las cosas por s� solo.</p><p>�Nos ocuparemos de ellos, Mam� �dijeron, echando a correr.</p><p>Tolly Mune entr� en la habitaci�n sintiendo el alivio que representaba su gravedad reducida a un cuarto comparada con la gravedad completa de los pasillos y del atrio. M�s all� de las tres capas de plastiacero transparente de la ventana, se distingu�a el enorme globo de S�uthlam, la superficie rocosa de la Casa de la Ara�a y el resplandor de la telara�a. Incluso pod�a ver la brillante l�nea del Arca, iluminada por la luz amarilla de S�ulstar.</p><p>Desorden estaba dormida sobre la almohada flotante que hab�a ante la ventana, pero nada m�s entrar la gata despert� y, de un salto, estuvo en el suelo, ronroneando estruendosamente y corriendo hacia ella.</p><p>�Yo tambi�n me alegro de verte �dijo Tolly Mune, cogiendo al animal�, pero debo sacarte de aqu� sin perder ni un segundo. �Mir� a su alrededor buscando algo que fuera lo bastante grande como para ocultar a su reh�n.</p><p>La unidad de comunicaciones empez� a zumbar pero no le hizo el menor caso y sigui� buscando.</p><p>��Maldici�n! �dijo, furiosa. Ten�a que esconder a esa condenada gata pero, �c�mo? Intent� envolverla en una toalla, pero a Desorden la idea no pareci� gustarle en lo m�s m�nimo.</p><p>La pantalla se ilumin�, sin duda obedeciendo a un c�digo de alta seguridad, y Tolly Mune se encontr� contemplando la cabeza del jefe de seguridad del Puerto.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �le dijo, todav�a con cierta deferencia. Tolly se pregunt� cu�nto tiempo iba a durar ese trato una vez hubiera entendido la situaci�n�. Al fin la encuentro. El Primer Consejero parece creer que tiene usted alg�n tipo de dificultades. �Alg�n problema?</p><p>�En absoluto �dijo ella�. �Hay alguna otra raz�n para molestarme, Danja?</p><p>El jefe de seguridad pareci� encogerse visiblemente. �Mis disculpas, Mam�. Las �rdenes� Nos dieron instrucciones de localizarla sin perder ni un instante e informar de su paradero.</p><p>�Pues c�mplalas �dijo ella. Danja volvi� a disculparse y la pantalla se oscureci�. Estaba claro que nadie le hab�a informado todav�a sobre lo que ocurr�a en el Arca. Bueno, al menos eso le daba un poco m�s de tiempo. Tolly Mune registr� met�dicamente una vez m�s la habitaci�n, tardando sus buenos diez minutos para ponerla patas arriba intentando encontrar algo que pudiera servirle para esconder a Desorden y finalmente decidi� que era una causa perdida. Tendr�a que salir con ella de la habitaci�n, dirigirse a los muelles y requisar un trineo de vac�o, dermotrajes y un recept�culo para la gata. Fue hacia la puerta, la abri�, sali� al pasillo�</p><p>�y vi� a los guardias corriendo hacia ella. Retrocedi� de un salto y volvi� a meterse en la habitaci�n. Desorden emiti� un maullido de protesta. Tolly Mune le ech� todos los cerrojos a la puerta y conect� el escudo de intimidad, aunque ello no pareci� intimidar a los guardias, que empezaron a golpear la puerta.</p><p>�Maestre de Puerto Mune �dijo uno de ellos al otro lado de la puerta�, no hab�a ninguna pelea. Abra, por favor, tenemos que hablar.</p><p>�Largo �replic� ella secamente�. Es una orden. �Lo siento, Mam� �dijo el guardia�, quieren que llevemos a esa bestia abajo. Dicen que son instrucciones directas del consejo.</p><p>La unidad de comunicaciones comenz� a zumbar y unos segundos despu�s la pantalla se ilumin�. Esta vez era la consejera de seguridad interna en persona.</p><p>�Tolly Mune �le dijo�, se la busca para someterla a interrogatorio. R�ndase de inmediato.</p><p>�Aqu� me tiene �le respondi� Tolly Mune con id�ntica sequedad a la empleada por ella�. H�game sus malditas preguntas. �Los guardias segu�an golpeando la puerta.</p><p>�Explique las razones de que haya vuelto ah� �dijo la consejera.</p><p>�Trabajo aqu� �le replic� Tolly Mune con voz melosa. �Sus acciones se encuentran en grave desacuerdo con la pol�tica decidida por el consejo y no han sido aprobadas por �ste.</p><p>�Tampoco las decisiones del Gran Consejo han sido aprobadas por m� �dijo la Maestre de Puerto. Desorden mir� la pantalla y le buf�.</p><p>�Tenga la amabilidad de considerarse bajo arresto. �No pienso hacerlo. �Cogi� una gruesa mesita que hab�a junto a la pantalla {algo que resultaba bastante f�cil con un cuarto de gravedad) y se la arroj�. Los rechonchos rasgos de la consejera se desintegraron en un diluvio de chispas y pedazos de cristal.</p><p>Mientras tanto los guardias hab�an estado manipulando los circuitos de la puerta usando un c�digo de seguridad. Tolly lo contrarrest�, apelando a su prioridad como Maestre de Puerto, y oy� c�mo uno de ellos maldec�a.</p><p>�Mam� �dijo el otro�, todo esto no servir� de nada. Abra ahora mismo. No podr� salir de aqu� y en diez o veinte minutos habremos logrado cancelar su orden de prioridad.</p><p>Tolly Mune se dio cuenta de que ten�a raz�n. Estaba encerrada en la habitaci�n y cuando hubieran conseguido abrir la puerta todo habr�a terminado. Mir� a su alrededor, desesperada, buscando un arma, un modo de huir� algo. Pero no hab�a nada.</p><p>Muy lejos, en uno de los extremos de la telara�a, el Arca brillaba iluminada por el sol de S�uthlam. Ahora ya deb�a encontrarse a salvo. Tolly esperaba que Tuf hubiera tenido el suficiente sentido com�n como para cerrar la nave una vez hubiera salido de ella el �ltimo obrero. Pero, �ser�a capaz de irse sin Desorden? Baj� la cabeza y le acarici� la espalda.</p><p>�Tantos problemas por tu culpa �dijo. Desorden ronrone�. Tolly Mune mir� de nuevo al Arca y luego a la puerta.</p><p>�Podr�amos bombear gas ah� dentro �dec�a uno de los guardias�. Despu�s de todo, esa habitaci�n no es herm�tica.</p><p>Tolly Mune sonri�. Dej� nuevamente a Desorden sobre la almohada, se subi� a una silla y quit� la tapa del sensor de emergencia. Llevaba mucho tiempo sin hacer ning�n trabajo as� y le cost� unos cuantos segundos encontrar los circuitos y unos cuantos m�s imaginar un modo con el cual convencer al sensor de que hab�a una fuga de aire en la ventana.</p><p>Una vez lo hubo conseguido la sirena empez� a gemir estruendosamente casi junto a su o�do. Se oy� un repentino siseo y las �ambas de la puerta se cubrieron de espuma al activarse los sellos de seguridad. La gravedad se desconect� unos segundos antes de que lo hiciera el flujo de aire y al otro extremo de la habitaci�n se descorri� un panel, revelando el hueco donde se guardaba el equipo de emergencia.</p><p>Tolly Mune no perdi� ni un segundo. Dentro de! hueco hab�a equipos de respiraci�n, propulsores de aire y media docena de paquetes con dermotrajes. Se visti� con uno de ellos y cerr� los sellos.</p><p>�Ven aqu� �le dijo a Desorden. Al parecer, a la gata no le gustaba el ruido�. Ten cuidado, no rompas la tela con esas u�as. �Meti� a Desorden dentro de un casco, conect�ndolo luego a un dermotraje vac�o ya un equipo de respiraci�n que puso a m�ximo funcionamiento, m�s all� del l�mite de presi�n recomendado. El dermotraje se infl� como un globo. La gata ara�� in�tilmente el interior metalizado del casco y lanz� un maullido lastimero. Lo siento �dijo Tolly Mune, dejando flotar a Desorden en el centro de la habitaci�n mientras quitaba la antorcha l�ser de los soportes�. �Qui�n dijo que era una maldita falsa alarma? �proclam�, impuls�ndose de una patada hacia la ventana, antorcha en ristre.</p><p>�Quiz� desee tomar un poco de vino especiado con hongos �dijo Haviland Tuf. Desorden estaba frot�ndose en su pierna y Caos se hab�a subido a su hombro, agitando su larga cola gris de un lado a otro y contemplando fijamente a la gata blanquinegra como si estuviera intentando recordar de qui�n se trataba exactamente�. Parece estar cansada.</p><p>��Cansada? �dijo Tolly Mune y se ri�. Acabo de quemar la ventana de un hotel clase estelar, he cruzado kil�metros de vac�o con s�lo propulsores de aire como motor, utilizando las piernas para llevar a remolque una gata metida en un dermotraje inflado. Tuve que dejar atr�s a la primera escuadra de seguridad que soltaron de la sala de guardia del muelle y luego tuve que utilizar mi antorcha l�ser para averiar el trineo del segundo grupo que mandaron en mi busca, esquivando durante todo ese tiempo sus trampas y sin dejar de remolcar a su condenada bestia. Luego tuve que pasar media hora arrastr�ndome por el casco del Arca, dando golpes en �l como si se me hubiera derretido el cerebro y viendo durante todo ese tiempo como mi Puerto se volv�a loco. Perd� dos veces a la gata y tuve que ir en su busca antes de que cayera hacia S�uthlam y cada vez que se me iba la mano con uno de los propulsores las dos sal�amos despedidas hacia el infinito. Luego se me ech� encima un maldito acorazado y pude gozar de unos maravillosos instantes de tensa emoci�n, pregunt�ndome cu�ndo diablos pensaba conectar su esfera defensiva y luego pude contemplar el asombroso espect�culo de fuegos artificiales que tuvo lugar cuando la flota decidi� poner a prueba sus pantallas. Tuve mucho tiempo durante el cual pensar si iban a localizarme mientras me arrastraba como un insecto sobre la piel de un condenado animal y despu�s Desorden y yo mantuvimos una soberbia e interesante conversaci�n cuyo tema era qu� har�amos si se les ocurr�a mandar una oleada de trineos contra nosotras. Acabamos decidiendo que yo les echar�a un solemne serm�n y que ella les sacar�a los ojos a zarpazos. y entonces, por fin, nos localiz� y tuvo la bondad de meternos dentro del Arca justo cuando la maldita flota empezaba a soltar sus andanadas de torpedos. �C�mo se le ha ocurrido decir que puedo estar cansada?</p><p>�No hace falta emplear el sarcasmo �dijo Haviland Tuf.</p><p>Tolly Mune lanz� un resoplido. ��Tiene alg�n trineo de vac�o? �Sus hombres dejaron abandonados cuatro en su prisa por marcharse.</p><p>�Estupendo. Coger� uno de ellos. Una mirada a los instrumentos le indic� que Tuf hab�a puesto finalmente la sembradora en movimiento.</p><p>��Qu� est� pasando ah� fuera? �La flota sigue persigui�ndonos �dijo Tuf�. Los acorazados Doble H�lice y Charles Darwin encabezaban el cortejo con sus escoltas protectoras no muy lejos y hay toda una cacofon�a de comandantes que profieren las m�s rudas amenazas, declamando frases marciales y prometiendo pactos que no me parecen demasiado sinceros. De todos modos sus esfuerzos no dar�n resultado alguno. Mis pantallas defensivas, soberbiamente restauradas por sus cuadrillas hasta alcanzar su plena potencia, son m�s que suficientes para detener cualquier arma que pueda hallarse en el arsenal de S�uthlam.</p><p>�No las someta a pruebas excesivas �dijo Tolly Mune con cierta amargura�. Lim�tese a conectar el impulso espacial apenas me haya largado y desaparezca de aqu�.</p><p>�Me parece un consejo excelente �dijo Haviland Tuf. Tolly Mune se volvi� hacia las hileras de videopantallas que colmaban las paredes de la larga y angosta sala de comunicaciones, ahora convertida en centro de control para Tuf. Encogida en su silla y algo aplastada por la gravedad, hab�a adquirido de pronto el aspecto correspondiente a sus a�os y, adem�s, los notaba.</p><p>��Qu� ser� de usted? �le pregunt� Haviland Tuf. Ella le mir�.</p><p>�Oh, una pregunta realmente interesante. Caer� en desgracia y ser� arrestada. Se me despojar� de mi cargo, puede que se me juzgue por alta traici�n. No se preocupe, no me ejecutar�n. Eso ser�a una actitud antivital. Supongo que terminar� en una granja penal de la Despensa. �Suspir�.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf�. Quiz� desee ahora considerar de nuevo mi oferta en cuanto a transporte fuera del sistema s�uthlam�s. Ser�a para m� un placer llevarla a Skrymir o al Mundo de Henry. Caso de que deseara apartarse a�n m�s del lugar en que ha cometido sus aparentes delitos, tengo entendido que Vagabundo es un lugar de lo m�s encantador durante sus Largas Primaveras.</p><p>�Me est� sentenciando a pasar una vida bajo el peso de la gravedad �dijo ella�. No, Tuf, gracias. �ste es mi mundo. y �sta es mi maldita gente, volver� con ella y aceptar� lo que me caiga encima. Adem�s, tampoco usted va a salir tan bien librado del asunto. �Le apunt� con un dedo. Est� en deuda conmigo, Tuf.</p><p>�Creo recordar que la deuda asciende a treinta y cuatro millones �dijo Tuf.</p><p>Tolly Mune sonri�. �Se�ora �dijo Tuf�, si puedo atreverme a preguntar� �No lo hice por usted �se apresur� a contestar ella.</p><p>Haviland Tuf pesta�e�. �Le pido excusas si aparentemente demuestro una curiosidad excesiva en lo tocante a sus motivos, ya que no es tal mi intenci�n. Temo que un d�a u otro la curiosidad va a ser la causa de mi perdici�n pero no puedo sino preguntar, �por qu� lo hizo?</p><p>Tolly Mune, Maestre de Puerto, se encogi� de hombros. �Cr�alo o no, lo hice por Josen Rael.</p><p>��El Primer Consejero? �y Tuf pesta�e� de nuevo. �Por �l y por los dem�s. Conoc� a Josen cuando estaba comenzando. No es malo, Tuf. No lo es. Ninguno de ellos es malo. Son hombres y mujeres decentes que act�an siguiendo lo que piensan que es su deber. S�lo quieren alimentar a sus hijos.</p><p>�No comprendo de! todo su l�gica �dijo Haviland Tuf. �Yo asist� a la reuni�n, Tuf. Estuve ah� sentada, le o� hablar lo que e! Arca les hab�a hecho. Eran gente honesta, dotada de �tica y sentido de! honor pero el Arca ya les hab�a convertido en una pandilla de estafadores y embusteros. Creen en la paz y ya estaban hablando de la guerra que quiz� se ver�an obligados a librar para no perder la maldita nave suya. Todo su credo se basa en la sacra santidad de la vida humana y estaban discutiendo como unos est�pidos la cantidad de muertes que pod�an llegar a ser precisas para ello, empezando por la suya. �Ha estudiado alguna vez historia, Tuf?</p><p>�No puedo pretender ser un gran experto en ella, pero tampoco puedo alegar una absoluta ignorancia de lo sucedido en tiempos pret�ritos.</p><p>�Hay un proverbio de la Vieja Tierra, Tuf. Dice que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe de un modo absoluto e irremisible.</p><p>Haviland Tuf guard� silencio. Desorden se instal� de un salto en sus rodillas, haci�ndose una bola. Tuf empez� a pasar su enorme y p�lida mano por el lomo de la gata.</p><p>�El sue�o del Arca ya hab�a empezado a corromper mi mundo �dijo Tolly Mune�. �Qu� infiernos habr�a ocurrido cuando su posesi�n fuera una realidad para nosotros? No querr�a encontrar la respuesta a esa pregunta.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf�. y de esa pregunta creo que surge inmediatamente otra.</p><p>��Cu�l?</p><p>�Yo controlo el Arca �dijo Tuf�, y por lo tanto tengo en mis manos algo que se aproxima al poder absoluto.</p><p>�Oh, s� �dijo Tolly Mune. Tuf aguard� en silencio.</p><p>Tolly Mune sacudi� la cabeza. �No lo s� �dijo�. No he pensado lo suficiente en todo esto. Quiz�s estaba tomando las decisiones a cada momento, sin meditar sobre ellas. Puede que sea la mayor imb�cil en a�os luz a la redonda�</p><p>�No me parece que lo crea seriamente �dijo Tuf. �Quiz�s haya pensado que era mejor que se corrompiera usted y no los m�os. Quiz�s haya pensado que Haviland Tuf era s�lo un ingenuo inofensivo. O quiz� me haya guiado por el instinto �lanz� un suspiro�. Ignoro si existe un hombre incorruptible pero caso de existir, bueno, Tuf, caso de existir creo que es usted. El �ltimo y maldito inocente. Estaba dispuesto a perderlo todo por ella �se�al� a Desorden�. Por una gata, una maldita alima�a de todos los diablos �pero al decir eso estaba sonriendo.</p><p>�Ya entiendo �dijo Haviland Tuf.</p><p>La Maestre de Puerto se incorpor� con un gesto de cansancio.</p><p>�Ahora ha llegado el momento de volver y soltarle ese discurso a un p�blico no tan dispuesto al aplauso �dijo�. Ind�queme d�nde est�n los trineos y av�seles de que voy a salir.</p><p>�Muy bien �dijo Tuf y alz� un dedo�. S�lo queda un punto m�s por aclarar. Dado que sus cuadrillas no completaron el total del trabajo preestablecido, no me parece equitativo que se me imponga la factura en su totalidad de treinta y cuatro millones. Sugiero hacer un peque�o ajuste. �Le parecer�an aceptables treinta y tres millones quinientos mil?</p><p>Tolly Mune le contempl� durante unos segundos.</p><p>��Qu� importa? �acab� diciendo�. Nunca volver�. �No estoy de acuerdo en esa afirmaci�n �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Intentamos robar su nave �replic� ella.</p><p>�Cierto. Quiz� resultara m�s justa entonces la suma de treinta y tres millones y se pudiera considerar el resto como una especie de multa.</p><p>��Est� planeando realmente volver? �dijo Tolly Mune. �Dentro de cinco a�os vencer� el primer pago del pr�stamo �dijo Tuf�. Lo que es m�s, en ese instante se podr� juzgar el efecto que mis peque�as contribuciones han tenido sobre su crisis de alimentos, si es que lo han tenido. Puede que para entonces resulte necesario ejercer un poco m�s la ingenier�a ecol�gica.</p><p>�No puedo creerle �dijo ella, at�nita.</p><p>Haviland Tuf levant� la mano hasta su hombro y rasc� a Caos justo detr�s de la oreja.</p><p>��Ah! �dijo en tono de reproche �por qu� siempre se pone en duda lo que decimos?</p><p>Pero el gato no le contest�.</p></section><section><title><p>3 � GUARDIANES</p></title><p>A Haviland Tuf la Exposici�n Bioagr�cola de los Seis Mundos le hab�a decepcionado enormemente.</p><p>Hab�a pasado un d�a tan largo como agotador en Brazelourn, recorriendo de un lado a otro las cavernosas salas de exhibici�n, deteni�ndose en algunos lugares para inspeccionar brevemente un nuevo h�brido de cereal o un insecto mejorado gen�ticamente. Aunque en la biblioteca celular del Arca hab�a material de clonaci�n para literalmente millones de especies vegetales y animales procedentes de incontables planetas, Haviland Tuf siempre estaba dispuesto a aprovechar cualquier ocasi�n de mejorar y aumentar dicho surtido.</p><p>Pero muy poco de lo expuesto en Brazelourn le hab�a parecido prometedor y, a medida que transcurr�an las horas, Tuf sinti� que le iba invadiendo el aburrimiento y la incomodidad, perdido entre aquellas multitudes que vagaban con aire indiferente por el lugar. Hab�a gente por todas partes: granjeros de los t�neles de Vagabundo, con sus pieles de un color marr�n oscuro; terratenientes de Areeni, cubiertos de plumas y perfumes; los sombr�os habitantes del lado nocturno de Nueva �ano, code�ndose con los abigarrados nativos de su eterno ecuador y, naturalmente, montones de nativos. Todos hablaban demasiado alto y miraban con molesta curiosidad a Tuf. Algunos hab�an llegado al extremo de tocarle, haciendo aparecer un fruncimiento de ce�o en su p�lido rostro.</p><p>Por �ltimo, decidido a apartarse de la muchedumbre, Tuf pens� que ten�a hambre. Se abri� paso a trav�s de los visitantes Con una digna expresi�n de incomodidad y acab� emergiendo en la gran sala de exposici�n de Ptolan, una c�pula de cinco pisos de altura. En el exterior de la sala hab�a cientos de vendedores que hab�an instalado sus puestos entre los enormes edificios y, de entre los m�s pr�ximos, el que parec�a menos ocupado era el que vend�a pasteles de cebolla. Por ello, Tuf decidi� que en esoS momentos un pastel de cebolla convendr�a admirablemente a sus deseos.</p><p>�Caballero �le dijo al vendedor�, desear�a un pastel. El vendedor de pasteles era m�s bien entrado en carnes, ten�a las mejillas rosadas y luc�a un grasiento delantal. Abri� su caja t�rmica, meti� la mano en su interior, protegi�ndola antes Con un guante, y extrajo de ella un pastel humeante. Lo puso en el mostrador ante Tuf y le mir� por primera vez.</p><p>�Oh, es usted uno de los grandes �dijo. �Ciertamente, se�or �le contest� Haviland Tuf. Cogi� el pastel y le dio un mordisco Con expresi�n inmutable.</p><p>�No es del planeta �observ� el vendedor de pasteles�. y tampoCo creo que venga de ning�n Sitio cercano.</p><p>Tuf termin� su pastel con tres preciosos mordiscos m�s y se limpi� loS dedos cubiertos de grasa Con una servilleta.</p><p>�Ha logrado usted dar Con lo obvio, se�or �dijo, extendiendo un dedo largo y calloso�. Otro �pidi�.</p><p>El vendedor sac� otro pastel sin dirigirle la palabra y con cierta cara de enfado, dejando que Tuf lo comiera en relativa tranquilidad. Mientras iba saboreando la crujiente corteza y el arom�tico interior del pastel, Tuf se dedic� a observar las multitudes que iban y ven�an por entre las hileras de puestos, as� Como las cinco grandes salas que se levantaban una sobre otra. Cuando hubo terminado de Comer se volvi� hacia el vendedor de pasteles Con su rostro tan vac�o de expresi�n Como de costumbre.</p><p>�Caballero, por favor, desear�a hacerle una pregunta. ��Cu�l? �dijo el vendedor sin demasiada amabilidad. �He visto cinco salas de exposici�n que he ido visitando por turno. �Las se�al� Con el dedo. Brazelourn, Valle Areen, Nueva �ano, Vagabundo y ahora, aqu�, Ptolan. �Tuf cruz� las manos sobre su enorme est�mago. Cinco, se�or m�o. Cinco salas, cinco mundos. Sin duda, dado que Soy forastero, no me encuentro lo suficientemente familiarizado con alg�n punto muy sutil de las costumbres locales y ello es el motivo de mi presente perplejidad. En los lugares que he visitado antes, durante mis viajes, un acontecimiento que se hiciera llamar a s� mismo Exhibici�n Bioagr�cola de los Seis Mundos deber�a incluir muestras procedentes de seis mundos. No sucede tal cosa aqu�. �Podr�a usted aclararme las razones de ello?</p><p>�De Namor no vino nadie. �Ya veo �dijo Haviland Tuf. �Por los recientes problemas que hubo, naturalmente �a�adi� el vendedor.</p><p>�Ahora todo me resulta claro �dijo Tuf�. O, si no todo, al menos una parte. Quiz� tuviera usted la amabilidad de servirme otro pastel y explicarme cu�l era la naturaleza de dichos problemas. Soy curioso, se�or. Es mi gran vicio, siempre lo he tenido.</p><p>El vendedor de pasteles se puso nuevamente el guante y abri� la caja t�rmica.</p><p>Ya sabe lo que suelen decir: la curiosidad te da apetito. �Ciertamente �dijo Tuf�, aunque debo confesar que jam�s hab�a o�do este refr�n con anterioridad. El vendedor frunci� el ce�o.</p><p>�No, lo he dicho mal. El apetito te vuelve curioso, eso es� No importa. Mis pasteles le quitaran el hambre.</p><p>�Ah �dijo Tuf, cogiendo el pastel�. Siga, por favor. y el vendedor de pasteles le explic�, con bastante lentitud y abundantes digresiones, los problemas que hab�a sufrido recientemente el planeta Namor.</p><p>�Como puede ver �concluy� finalmente�, es comprensible que no acudieran a la feria con tanto �aleo. No ten�an gran cosa que exhibir.</p><p>�Por supuesto �dijo Haviland Tuf, limpi�ndose los labios�. Los monstruos marinos pueden resultar muy molestos.</p><empty-line/><p>Namor era un planeta de color verde oscuro. Carec�a de lunas y estaba rodeado por un cintur�n de nubes doradas no demasiado espeso. El Arca sali� con un �ltimo estremecimiento del hiperimpulso y se instal� majestuosamente en �rbita a su alrededor. Haviland Tuf fue de un asiento a otro en el interior de su larga y angosta sala de comunicaciones, estudiando el planeta en una docena de los centenares de pantallas que colmaban la estancia. Haci�ndole compa��a ten�a a tres gatitos de pelaje gris�ceo, que saltaban por encima de las consolas e instrumentos, deteni�ndose �nicamente el tiempo necesario para propinarse juguetones zarpazos entre ellos. Tuf no les prestaba la menor atenci�n.</p><p>Al ser un planeta predominantemente acu�tico, Namor s�lo pose�a una masa de tierra lo bastante grande como para ser visible desde la �rbita del Arca. No era demasiado grande pero, una vez aumentada por las pantallas, result� consistir en miles de islas dispersas a lo largo de interminables archipi�lagos que parec�an crecientes lunares sembrados sobre los profundos oc�anos verdosos, como un collar roto que tachonara las aguas con su esplendor. En otras pantallas se distingu�an las luces de las ciudades y pueblos del lado nocturno y puntos intermitentes de energ�a indicaban las instalaciones iluminadas por el sol.</p><p>Tuf lo estuvo contemplando todo y luego se instal� ante otra pantalla, la conect� y empez� a jugar una partida de un juego de estrategia con el ordenador. Un gatito subi� de un salto a su regazo y se qued� dormido. Tuf puso mucho cuidado en no despertarle y unos minutos despu�s un segundo gatito salt� sobre �l y empez� a morderle, por lo que Tuf los puso a los dos en el suelo.</p><p>Hizo falta a�n m�s tiempo del que hab�a previsto Tuf pero, finalmente, el desaf�o lleg�, tal y como hab�a sabido que llegar�a.</p><p>�Nave en �rbita �dec�a el mensaje�, nave en �rbita. Aqu� el control de Namor. Diga cu�l es su nombre y el motivo de su viaje. Diga cu�l es su nombre y el motivo de su viaje, por favor. Hemos enviado naves interceptoras. Diga cu�l es su nombre y el motivo de su viaje.</p><p>La transmisi�n proced�a de la masa de tierra principal y Tuf puso las coordenadas de origen en el ordenador. Mientras tanto, el Arca se hab�a encargado de localizar a la nave que se les estaba aproximando (pues s�lo parec�a haber una) y su imagen apareci� en otra pantalla.</p><p>�Soy el Arca �le dijo Tuf al Control de Namor.</p><p>El Control de Namor era una mujer de rostro m�s bien rechoncho y rala cabellera marr�n, sentada ante una consola y vestida con un uniforme verde oscuro con algunas cintas doradas. Frunci� el ce�o y desvi� por un segundo la mirada, sin duda hacia alg�n superior instalado en otra consola.</p><p>�Arca �le dijo�, indique cu�l es el mundo de su origen. Por favor, indique cu�l es su mundo de origen y el motivo de su viaje.</p><p>El ordenador le indic� que la otra nave se estaba comunicando con el planeta y otras dos pantallas se encendieron. En una de ellas se ve�a a una mujer joven y delgada con la nariz bastante prominente. Estaba en el puente de mando de una nave. En la otra se ve�a a un hombre de edad ya avanzada ante una consola. Los dos vest�an uniformes de color verde y estaban conversando r�pidamente en c�digo. El ordenador necesit� menos de un minuto para descifrarlo y despu�s de ello Tuf pudo o�r la conversaci�n.</p><p>que me cuelguen si s� qui�n es �estaba diciendo la mujer de la nave�. Nunca he visto una nave tan enorme. Dios m�o, m�rela� �Lo est�n recibiendo todo? �Ha contestado?</p><p>�Arca �segu�a diciendo la mujer regordeta�, diga cual es su mundo de origen y el motivo de su viaje, por favor. Aqu� el Control de Namor.</p><p>Haviland Tuf intercept� la otra conversaci�n e hizo los arreglos necesarios para hablar con todos a la vez.</p><p>�Aqu� el Arca �dijo�. No tengo mundo de origen, estimados se�ores, y mis intenciones son totalmente pac�ficas. Pretendo dedicarme al comercio y atender las consultas que se me hagan. Me he enterado de sus tr�gicas dificultades y, conmovido ante sus apuros, he acudido para ofrecerles mis servicios.</p><p>La mujer de la nave pareci� sorprendida. ��Qu� diablos es usted�? �empez� a decir y se call� a mitad de la frase. El hombre parec�a igualmente perplejo pero no dijo nada, limit�ndose a contemplar boquiabierto el p�lido e inexpresivo rostro de Tuf.</p><p>�Arca, aqu� el Control de Namor �dijo la mujer regordeta�. No estamos abiertos al comercio. Repito, no estamos abiertos al comercio. Nos encontramos bajo la ley marcial.</p><p>Para entonces la mujer de la nave ya hab�a logrado dominarse un poco.</p><p>�Arca, aqu� la Guardiana Kefira Qay, comandante de la Navaja Solar. Estamos armados, Arca: expl�quese mejor. Es mil veces mayor que cualquier comerciante que hayamos visto nunca. Arca, expl�quese o disparamos.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�, aunque las amenazas no le servir�n de gran cosa, Guardiana. Me siento profundamente ofendido y vejado. He venido hasta aqu� desde la distante Brazelourn para ofrecerles mi ayuda y mi consuelo y ahora soy recibido con amenazas y hostilidad �un gatito se instal� de un salto en su regazo y Tuf lo cogi� con una de sus manazas y lo deposit� sobre la consola que ten�a delante, de forma que el visor pudiera captarlo. Luego contempl� con ojos doloridos�. Ya no queda confianza en el g�nero humano �le dijo al gatito.</p><p>�No dispare, Navaja Solar �dijo el hombre de edad avanzada�. Arca, caso de que sus intenciones sean realmente pac�ficas ser� mejor que se explique. �Qu� es? No tenemos mucho tiempo, Arca, y Namor es un planeta peque�o y escasamente desarrollado. Nunca hemos visto una nave semejante. Expl�quese, por favor.</p><p>Haviland Tuf acarici� al gatito. �Ah, siempre debo enfrentarme a la suspicacia �le dijo�. Tienen mucha suerte de que mi coraz�n sea bondadoso y amable o de lo contrario me limitar�a a partir, dej�ndoles abandonados a su destino. �Luego clav� sus ojos directamente en el visor y dijo: Caballero, soy el Arca y mi nombre es Haviland Tuf. Soy el amo, el capit�n y toda la tripulaci�n de esta nave. Me han dicho que enormes monstruos surgidos de los abismos marinos de su planeta les causan graves problemas. Muy bien. Les librar� de ellos.</p><p>�Arca; aqu� la Navaja Solar. �C�mo se propone conseguirlo?</p><p>�El Arca es una sembradora del Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica �dijo Haviland Tuf con envarada formalidad�. Soy ingeniero ecol�gico y especialista en guerra biol�gica.</p><p>�Imposible �dijo el hombre�. El CIE fue barrido hace un millar de a�os junto con el Imperio Federal. Ya no existe ninguna de sus sembradoras.</p><p>��Cu�n lamentable! �dijo Haviland Tuf�, hete aqu� que me encuentro sentado sobre un espejismo. Sin duda y ahora que me ha informado de la inexistencia de mi nave, me hundir� a trav�s del casco para caer en su atm�sfera, dentro de la cual arder� hasta consumirme.</p><p>�Guardi�n �dijo Kefira Qay desde la Navaja Solar�, puede que esas sembradoras ya no existan, pero me estoy acercando bastante de prisa a un objeto que seg�n me indican mis sensores tiene unos treinta kil�metros de largo. No parece ser ninguna ilusi�n.</p><p>�De momento a�n no he empezado a caer �admiti� Haviland Tuf.</p><p>��Realmente puede ayudarnos? �le pregunt� la mujer sentada en el Control de Namor.</p><p>��Por qu� siempre deben ser puestas en duda mis afirmaciones? �le pregunt� Tuf al gatito.</p><p>�Jefe de Guardianes, debemos darle la oportunidad de probar lo que dice �insisti� el Control de Namor.</p><p>Tuf alz� la mirada. �Pese a que se me ha insultado, amenazado y puesto en duda, sigo conmovido por su situaci�n actual y ello me impulsa a quedarme. Quiz� pueda permitirme el sugerir que la Navaja Solar� Bien, digamos que me utilice de muelle. La Guardiana Qay podr�a subir a bordo, cenar�a conmigo y mantendr�amos una peque�a conversaci�n. Estoy seguro de que sus sospechas no pueden extenderse a la conversaci�n, el m�s civilizado de todos los pasatiempos humanos.</p><p>Los tres Guardianes conferenciaron apresuradamente entre s� y luego con una persona o personas que no aparec�an en la pantalla, en tanto que Haviland Tuf segu�a sentado y jugaba con el gatito.</p><p>�Te llamar� Sospecha �le dijo�, para de tal modo conmemorar mi recepci�n en este planeta. Tus dem�s compa�eros de camada ser�n Duda, Hostilidad, Ingratitud y Estupidez.</p><p>�Aceptamos su propuesta, Haviland Tuf �dijo la Guardiana Kefira Qay desde el puente de la Navaja Solar�. Prep�rese para ser abordado.</p><p>�Ciertamente �respondi� Tuf�. �Le gustan las setas? La cubierta de lanzaderas del Arca eran tan grande como un campo de aterrizaje de primera clase y parec�a casi un almac�n de espacionaves averiadas. Las lanzaderas del Arca se encontraban pulcramente dispuestas en sus soportes. Eran cinco naves negras e id�nticas, de perfiles angulosos y cortas alas triangulares que se arqueaban hacia atr�s, dise�adas para el vuelo atmosf�rico y todav�a en buen estado. Pero hab�a algunas otras naves no tan impresionantes. Un nav�o mercante de Avalon, en forma de l�grima, parec�a a punto de hacerse pedazos sobre sus tres soportes. A su lado hab�a un caza cubierto de las cicatrices del combate y una nave-le�n de Kaaleo cuyos complicados adornos hac�a bastante tiempo que se hab�an oscurecido. Alrededor de ellas se alzaban montones de naves a�n m�s extra�as y dif�ciles de identificar.</p><p>La gran c�pula que se alzaba sobre la cubierta se dividi� en un centenar de segmentos parecidos a las porciones de un pastel y revel� un peque�o sol amarillo rodeado de estrellas y una nave en forma de mantarraya, de un apagado color verdoso y que tendr�a m�s o menos el tama�o de una de las lanzaderas. La Navaja Solar se pos� en la cubierta y la c�pula se cerr� tras ella. Una vez las estrellas hubieron quedado nuevamente ocultas, la cubierta se llen� de atm�sfera y Haviland Tuf apareci� unos instantes despu�s.</p><p>Kefira Qay emergi� de su nave apretando firmemente los labios, pero ning�n control, por f�rreo que fuera, pod�a ocultar del todo el pasmo que ard�a en sus ojos. Dos hombres armados, con monos de color oro y verde la segu�an.</p><p>Haviland Tuf se dirigi� hacia ellos en su veh�culo de tres ruedas.</p><p>�Me temo que la invitaci�n a cenar inclu�a s�lo a una persona, Guardiana Qay �dijo al ver a la escolta�. Lamento cualquier posible malentendido, pero debo insistir al respecto.</p><p>�Muy bien �dijo ella, volvi�ndose hacia la escolta�. Esperad aqu�, ya ten�is las �rdenes pertinentes. �Una vez se hubo sentado junto a Tuf a�adi�: La Navaja solar har� pedazos su nave, si no vuelvo sana y salva dentro de dos horas.</p><p>Haviland Tuf la mir� y pesta�e�. �Espantoso �dijo�. All� donde voy mi c�lida hospitalidad es recibida con desconfianza y amenazas de violencia �puso el veh�culo en marcha.</p><p>Avanzaron en silencio por un laberinto de salas y corredores interconectados y acabaron entrando en un gigantesco t�nel en penumbra que parec�a extenderse en ambas direcciones a lo largo de toda la nave. Cubas transparentes de cien tama�os distintos cubr�an las paredes y el techo hasta perderse de vista. La mayor�a estaban vac�as y cubiertas de polvo, pero en unas cuantas hab�a l�quidos multicolores dentro de los cuales se remov�an siluetas confusas. No hab�a el menor sonido a excepci�n de un lento gotear que parec�a venir de muy lejos. Kefira Qay lo examinaba todo, pero guardaba silencio. Recorrieron unos tres kil�metros a lo largo del t�nel. Finalmente Tuf se desvi� hacia una pared que se abri� ante ellos. Unos instantes despu�s fren� el veh�culo y bajaron de �l.</p><p>Tuf escolt� a la Guardiana Kefira Qay hasta una habitaci�n peque�a y austera en la cual se hab�a dispuesto una suntuosa cena. Empezaron tomando sopa helada, dulce, picante y negra como el carb�n. Continuando despu�s con ensalada de neohierba ali�ada con jengibre. El plato principal era un.�enorme hongo asado que casi rebosaba de la gran bandeja en que estaba servido y al que rodeaban un docena de vegetales distintos con variadas salsas. La Guardiana pareci� disfrutar enormemente de la cena.</p><p>�Al parecer mi humilde cocina ha sido de su gusto �observ� Haviland Tuf.</p><p>�Hac�a mucho tiempo que no com�a bien �replic� Kefira Qay�. En Namor siempre hemos dependido del mar para nuestro sustento. Normalmente el mar se ha mostrado generoso, pero desde que empezaron nuestros problemas� �alz� el tenedor en el cual hab�a pinchado un vegetal os. curo y m�s bien rugoso cubierto de una salsa marr�n amarillenta�. �Qu� estoy comiendo? Es delicioso.</p><p>�Ra�z de pecador de Rhiannon, con salsa de mostaza �dijo Haviland Tuf.</p><p>Qay la comi� y dej� el tenedor sobre la mesa.</p><p>�Pero Rhiannon est� muy lejos� �C�mo ha podido� �no complet� la frase.</p><p>�Por supuesto �dijo Tuf, apoyando el ment�n en las manos y estudiando su rostro�. Todo esto ha sido obtenido en el Arca aunque su origen podr�a remontarse a una docena de planetas distintos. �Le gustar�a tomar un poco m�s de leche sazonada?</p><p>�No �murmur� ella, contemplando los platos vac�os�. Entonces, no ment�a. Es usted lo que dice ser y esta nave es una sembradora de� �c�mo les llam�?</p><p>�El Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica, del largamente difunto Imperio Federal. No hab�a demasiadas y todas, salvo una, fueron destruidas durante las vicisitudes de la guerra. S�lo el Arca sobrevivi�, vac�a y abandonada durante todo un milenio. Pero no debe usted preocuparse por los detalles. Baste con decir que la encontr� y la puse en funcionamiento.</p><p>��La encontr�? �Tengo la impresi�n de que �sas han sido exactamente mis palabras y espero que en el futuro me preste mayor atenci�n cuando hablo. No siento la menor inclinaci�n ni deseo de repetirme. Antes de encontrar el Arca me ganaba humildemente la vida con el comercio. Mi antigua nave sigue todav�a en la cubierta y es posible que la viera.</p><p>�Entonces, es realmente un mercader� ��Por favor! �dijo Tuf con voz indignada�. Soy un ingeniero ecol�gico y el Arca es capaz de remodelar planetas enteros, Guardiana. Cierto que estoy solo y que en sus tiempos esta nave cont� con doscientos tripulantes y que me falta el largo entrenamiento que se les daba siglos antes a quienes ostentaban la letra de oro, el sello de los Ingenieros Ecol�gicos. Pero, a mi modesta manera, no me va del todo mal. Si Namor desea hacer uso de mis servicios no dudo que podr� ayudarles.</p><p>��Por qu�? �le pregunt� con ciertas suspicacia la Guardiana�. �Por qu� se muestra tan ansioso de ayudarnos?</p><p>Haviland Tuf extendi� sus p�lidas y enormes manos en un gesto de impotencia.</p><p>�S� muy bien que puedo dar la impresi�n de ser un est�pido, pero no puedo evitarlo. Mi naturaleza es generosa y siempre la conmueven las calamidades y el sufrimiento. Me resultar�a tan imposible abandonar a su pueblo, en su presente apuro, como hacerle da�o a uno de mis gatos. Me temo que los Ingenieros Ecol�gicos estaban hechos de un material m�s duro que yo, pero no puedo cambiar mi naturaleza sentimental. Por ello, aqu� estoy ahora, sentado ante usted, dispuesto para hacer todo lo que pueda.</p><p>��No quiere nada a cambio? �Trabajar� sin ninguna recompensa �dijo Tuf�. Naturalmente, tendr� gastos y por ello debo imponer una peque�a tarifa para satisfacerlos. Digamos� tres millones de unidades. �Le parece justo?</p><p>�Justo� �dijo ella con sarcasmo�. Yo dir�a que es un precio bastante elevado. Ya hemos visto antes otros como usted, Tuf. Mercaderes armados y aventureros que han venido para enriquecerse con nuestra miseria.</p><p>�Guardiana �le dijo Tuf con cierto reproche en el tono�, me juzga usted tremendamente mal. Mi provecho personal es min�sculo. El Arca es muy grande y costosa. �Bastar�a quiz� con dos millones? No puedo creer que sea capaz de negarme esa miserable suma de dinero. �Acaso su planeta no vale tanto?</p><p>Kefira Qay suspir� y en su delgado rostro apareci� por primera vez el cansancio.</p><p>�No �acab� admitiendo�, no si puede hacer lo que promete. Claro que no somos ricos y que deber� consultar con mis superiores, ya que la decisi�n no me corresponde s�lo a m� �se puso en pie con cierta brusquedad�. �Puedo usar su sistema de comunicaciones?</p><p>�Cruce la puerta y siga por la izquierda. Por el pasillo azul. La quinta puerta a la derecha �Tuf se levant� con pesada dignidad y empez� a despejar la mesa, mientras la Guardiana sal�a de la habitaci�n.</p><p>Una vez de regreso, se encontr� con que Tuf hab�a abierto una botella de licor de un v�vido color escarlata y ahora estaba acariciando un gato blanco y negro que se hab�a aposentado sobre la mesa.</p><p>�Est� contratado, Tuf �dijo Kefyra Qay, sent�ndose de nuevo�. Dos millones. Despu�s de que haya ganado esta guerra.</p><p>�De acuerdo �dijo Tuf�. Discutamos su situaci�n mientras tomamos unas copas de esta deliciosa bebida.</p><p>��Es alcoh�lica? �Levemente narc�tica. �Una Guardiana no utiliza jam�s estimulantes o depresores. Somos un gremio de combatientes. Sustancias como �sa ensucian el cuerpo y disminuyen los reflejos. Debemos mantenernos siempre vigilantes, pues �sa es nuestra misi�n: vigilar y proteger.</p><p>�Muy loable �dijo Haviland Tuf al mismo tiempo que llenaba su copa.</p><p>�La Navaja Solar no sirve de nada aqu� y el control de Namor ha dicho que necesitamos sus capacidades combativas ah� abajo.</p><p>�Entonces har� todo lo posible por acelerar su partida. �y usted?</p><p>�Se me ha relevado de la nave �dijo ella torciendo el gesto�. Vamos a esperar a que nos env�en los datos de la situaci�n actual y yo me quedar� con usted para ayudarle y actuar como oficial de enlace.</p><empty-line/><p>El agua, tranquila e inm�vil, parec�a un pl�cido espejo verde que se extend�a hasta el horizonte.</p><p>Hac�a calor. La brillante luz del sol se derramaba a trav�s de una tenue capa de nubes doradas. La nave permanec�a inm�vil en el agua con sus costados met�licos brillando con un resplandor azul plata. Su cubierta se hab�a convertido en una peque�a isla de actividad dentro del pac�fico oc�ano. Hombres y mujeres que parec�an insectos se atareaban con las redes y dragas, medio desnudos a causa del calor. Una gran garra met�lica llena de fango y algas emergi� goteando de las aguas y fue vaciada por una escotilla. En toda la cubierta se ve�an recipientes con gigantescos peces de un blanco lechoso calent�ndose bajo el sol.</p><p>De pronto, sin raz�n aparente, muchos empezaron a correr. Algunos se detuvieron abandonando sus tareas y miraron a su alrededor, confundidos, en tanto que otros, sin darse cuenta de nada, segu�an trabajando. La gran garra met�lica, ahora abierta y vac�a, gir� coloc�ndose nuevamente sobre el agua y se sumergi� justo cuando otra garra emerg�a en el lado opuesto de la nave. Ahora hab�a m�s gente corriendo. Dos hombres chocaron entre s� y cayeron al suelo.</p><p>Entonces el primer tent�culo apareci� junto a la nave. El tent�culo subi� y subi�. Era mucho m�s largo que las garras empleadas para ara�ar el fondo marino y su grosor era como el de un hombre corpulento, estrech�ndose en la punta hasta el tama�o de un brazo. El tent�culo era blanco, pero su blancura parec�a vagamente sucia y lechosa. En su parte inferior se ve�an unos c�rculos rosados tan grandes como platos, c�rculos que temblaban y lat�an a medida que el tent�culo se iba enroscando sobre la enorme nave cosechadora. All� donde terminaba, el tent�culo se convert�a en un confuso haz de tent�culos m�s peque�os, oscuros como serpientes, que no paraban de moverse.</p><p>El tent�culo sigui� subiendo y luego baj� de nuevo, apresando a la nave. Algo se movi� al otro lado, algo p�lido que se agitaba bajo la superficie verdosa del agua, y un segundo tent�culo emergi� del mar. Luego aparecieron un tercero y un cuarto. Uno de ellos se debat�a alrededor de la draga y otro estaba envuelto con los restos de una red como si hubiera llevado encima un velo, pero aquello no parec�a estorbarle en lo m�s m�nimo. Ahora todo el mundo corr�a, todos, salvo quienes hab�an sido apresados por los tent�culos. Uno de ellos se hab�a enroscado alrededor de una mujer que ten�a un hacha con la que golpeaba fren�ticamente, debati�ndose bajo la presa de aquel p�lido miembro, hasta que de pronto se estremeci� en una violenta convulsi�n y qued� inm�vil. El tent�culo la dej� caer y se apoder� de otra v�ctima, en tanto que de las peque�as heridas dejadas por el hacha flu�a lentamente un l�quido blanco.</p><p>Veinte tent�culos hab�an surgido del mar cuando la nave escor� violentamente hacia estribor. Los supervivientes resbalaron por la cubierta cayendo al mar. La nave sigui� inclin�ndose m�s y m�s. Algo estaba tirando de ella, haci�ndola hundirse. El agua inund� la cubierta y penetr� por las escotillas. Unos instantes despu�s, la nave empez� a partirse en dos.</p><p>Haviland Tuf congel� la imagen en la gran pantalla: el mar verdoso y el sol color oro, el nav�o hundido y los p�lidos tent�culos que lo rodeaban.</p><p>��Fue el primer ataque? �pregunt�. �S� y no �contest� Kefira Qay�. Antes hubo otra cosechadora y dos hidroplanos de pasajeros que desaparecieron misteriosamente. Hicimos investigaciones, pero no pudimos encontrar la causa. En este caso, por azar, hab�a un equipo de noticias bastante cerca. Estaban haciendo una grabaci�n con fines educativos. Se encontraron con mucho m�s de lo que hab�an esperado grabar.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. �Por suerte iban en un transporte a�reo. La retransmisi�n de esa noche estuvo a punto de causar un p�nico colectivo, pero las cosas no empezaron a ponerse realmente serias hasta que se perdi� otra nave. Entonces los guardianes empezaron a comprender hasta d�nde llegaba el problema.</p><p>Haviland Tuf segu�a contemplando la pantalla con el rostro totalmente impasible e inexpresivo, las manos apoyadas en la consola. Un gatito blanco y negro empez� a juguetear con sus dedos.</p><p>�Vete, Estupidez �dijo, cogiendo al gatito y deposit�ndolo suavemente en el suelo.</p><p>�Aumente una porci�n de tent�culo. Uno cualquiera bastar� �le sugiri� la Guardiana, todav�a inm�vil a su espalda.</p><p>Sin decir palabra Tuf hizo lo que le ped�a. Una segunda pantalla se encendi�, mostrando un plano tomado m�s de cerca y algo granuloso, en el que se ve�a un gran cilindro de tejido p�lido curv�ndose sobre la cubierta.</p><p>��chele una buena mirada a las ventosas �dijo Qay�. �Distingue las zonas rosadas?</p><p>�La tercera empezando desde el extremo tiene la parte interior m�s oscura. Y, aparentemente, dentro de ella hay dientes.</p><p>�S� �dijo Kefira Qay�. Ocurre en todos los tent�culos. Las partes exteriores de esas ventosas est�n hechas de una especie de tend�n cartilaginoso. Cuando se extienden sobre algo, crean una zona de vac�o tan fuerte que es pr�cticamente imposible desprenderlas del objeto que han agarrado. Al mismo tiempo, cada una de ellas es una boca. Dentro de ese tend�n se encuentra una parte m�s suave de carne rosada que puede moverse dejando al descubierto los dientes, tres hileras de dientes en forma de sierra, mucho m�s afilados de lo que parece. Ahora, mueva la imagen hacia los anillos del extremo.</p><p>Tuf manipul� los mandos e hizo aparecer otra imagen aumentada en una tercera pantalla. Ahora se distingu�an claramente los tent�culos m�s peque�os.</p><p>�Ojos �dijo Kefira Qay�. Al extremo de cada uno de los anillos hay veinte ojos. Los tent�culos no tienen que andar tanteando a ciegas. Pueden ver lo que est�n haciendo perfectamente.</p><p>�Fascinante �dijo Haviland Tuf�. �Qu� hay bajo el agua? �Cu�l es la fuente de esos brazos terribles?</p><p>�Despu�s ver� disecciones y fotos de espec�menes muertos, as� como alguna simulaci�n por computador. La mayor parte de los espec�menes que hemos logrado obtener no se encontraban en muy buen estado. El cuerpo de esas bestias se parece a una copa invertida, algo as� como una vejiga a medio inflar, y est� rodeado por un gran anillo de hueso y m�sculos que sirve de ancla a esos tent�culos. La vejiga se llena de agua y puede vaciarse a voluntad permiti�ndole subir a la superficie o descender hasta lo m�s hondo de los oc�anos. El principio es id�ntico al de los submarinos. Aunque es sorprendentemente fuerte, el animal no pesa demasiado. Lo que hace es vaciar su vejiga para subir a la superficie, agarr�ndose a lo que encuentra y empezando a llenarla de nuevo. La capacidad de esa vejiga es sorprendente y, tal como puede ver, el animal es enorme. Si llega a ser necesario puede llenar de agua los tent�culos y expelerla a presi�n por sus bocas, con lo cual le resulta posible inundar la nave y acelerar el proceso. As� pues, los tent�culos son a la vez brazos, bocas, ojos y mangueras vivientes.</p><p>��Y dice que su gente no hab�a visto nunca a esas criaturas hasta que fueron atacados?</p><p>�As� es. Existe un primo de esa cosa. Al menos era bien conocido en los primeros tiempos de la colonizaci�n. Se trataba de un cruce entre la medusa y el pulpo y ten�a veinte tent�culos. Muchas especies del planeta est�n construidas de un modo similar: poseen una vejiga central, un cuerpo o una concha quitinosa con veinte piernas y zarcillos o tent�culos dispuestos en anillo. El que he mencionado era carn�voro al igual que estos monstruos, pero ten�a un anillo de ojos en el cuerpo central, en lugar de tenerlo al final de los tent�culos. Adem�s, sus tent�culos no pod�an funcionar como mangueras y eran mucho m�s peque�os, aproximadamente como un ser humano. Sol�an emerger a la superficie en la plataforma continental, especialmente en las zonas fangosas donde abundaban los peces. �stos eran su presa habitual, aunque m�s de un nadador tuvo una muerte horrible entre sus tent�culos.</p><p>��Puedo preguntar qu� fue de ellos? �dijo Tuf. �Eran una verdadera molestia. Sus terrenos de caza coincid�an con las �reas que m�s falta nos hac�an. Zonas del mar poco hondas en las que abundaban los peces, la hierba de mar y las algas frutales, as� como los fangales donde se cr�an las almejas camale�n y los balancines. Antes de que fuera posible pescar o cosechar las riquezas del mar de un modo seguro, tuvimos que limpiarlo de esas bestias. Lo hicimos. �Oh! a�n quedan unos cuantos, pero son bastante raros.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf�. y esta formidable criatura, este submarino viviente devorador de naves que constituye tan tremenda plaga para su mundo �tiene alg�n nombre?</p><p>�Acorazado namoriano �dijo Kefira Qay�. Cuando apareci� por primera vez nuestra teor�a fue que se trataba de un habitante de la grandes simas que de alg�n modo hab�a llegado a la superficie. Despu�s de todo, Namor s�lo lleva habitada un centenar escaso de a�os. Apenas si hemos empezado a explorar las zonas m�s profundas del mar y no sabemos demasiado sobre los posibles habitantes de las simas. Pero, a medida que m�s y m�s barcos eran atacados y hundidos lleg� a ser obvio que nos est�bamos enfrentando a todo un ej�rcito de esos malditos acorazados.</p><p>�Una flota �le corrigi� Haviland Tuf. Kefira Qay frunci� el ce�o.</p><p>�Lo que sea, a un mont�n de ellos y no a un solo esp�cimen. En ese punto la teor�a fue que alguna inimaginable cat�strofe hab�a tenido lugar en lo m�s hondo del oc�ano y que les hab�a obligado a huir de ah�.</p><p>�No parece usted dar mucho cr�dito a tal teor�a �dijo Tuf.</p><p>�Nadie cree en ella, ya que se ha probado que es imposible. Los acorazados no podr�an resistir las presiones de tales abismos y por lo tanto en el momento actual ignoramos de d�nde vienen. S�lo sabemos que aqu� est�n �concluy� con una mueca de disgusto.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. Sin duda debieron adoptar medidas contra ellos.</p><p>�Claro Pero es un juego en el que llevamos las de perder. Namor es un planeta joven y carece de la poblaci�n o los recursos necesarios para enfrentarse al tipo de combate en el que nos hemos visto metidos. Tres millones de namorianos viven esparcidos en nuestros oc�anos, en algo as� como diecisiete mil islas de mayor o menor tama�o. Otro mill�n vive en Nueva Atl�ntida, nuestro �nico continente. La mayor�a de nuestra gente vive de la pesca o del cultivo marino. Cuando todo esto empez� hab�a apenas cincuenta mil Guardianes. Nuestro gremio naci� en las tripulaciones de las naves que trajeron a los colonos de Vieja Poseid�n y Acuario hasta aqu�. Siempre les hemos protegido pero, antes de que llegaran los acorazados, nuestra labor era bastante simple. Tenemos un planeta pacifico en el cual hay pocos conflictos verdaderamente importantes. Exist�a cierta rivalidad �tnica entre los poseidonitas y los acuarianos, pero no pasaba a mayores. Los Guardianes se encargaban de la defensa planetaria con la Navaja Solar y otras dos naves del mismo tipo, pero casi todo nuestro trabajo estaba relacionado Con loS incendios y el control de inundaciones, la ayuda en caso de cat�strofes naturales, las funciones policiales y ese tipo de cosas. Ten�amos unos cien hidrodeslizadores armados Como patrulleras y los usamos durante un tiempo para escoltar a las naves de pesca, logrando algunas victorias Pero, en realidad, no son rivales adecuados para loS acorazados. Muy pronto lleg� a quedar claro que, de todos modos, hab�a m�s acorazados que patrulleras.</p><p>�Lo que es m�s, las patrulleras no se reproducen en tanto que estos acorazados imagino que si deben hacerlo �dijo Tuf. Estupidez y Duda jugueteaban en su regazo.</p><p>�Exactamente. Lo intentamos, pese a todo. Dejamos caer cargas de profundidad sobre elloS cada vez que pod�amos detectarlos bajo el mar y cuando sal�an a la superficie les atac�bamos Con torpedos. Matamos a centenares. Pero quedaban muchos centenares m�s, y cada patrullera que perd�amos era imposible de reemplazar. Namor carece de una base tecnol�gica digna de tal nombre. Cuando las Cosas iban mejor, import�bamos lo que nos hacia falta de Brazelourn y Valle Areen. Nuestra gente cree que la vida debe ser sencilla y, de todos modos, el planeta es incapaz de mantener una industria importante. Es pobre en metales pesados y pr�cticamente carece de combustibles f�siles.</p><p>��Cu�ntas patrulleras les quedan a los Guardianes? �le pregunt� Haviland Tuf.</p><p>�Puede que unas treinta. Ya no nos atrevemos a utilizarlas. Un a�o despu�s del primer ataque los acorazados dominaban completamente nuestras rutas mar�timas. Todas las grandes naves cosechadoras se hab�an perdido, centenares de peque�as explotaciones hab�an sido abandonadas o destruidas, la mitad de nuestros pescadores independientes hab�an muerto y la otra mitad se acurrucaba asustada en los muelles. En estos momentos, pr�cticamente nada que sea humano se atreve a surcar los mares de Namor.</p><p>��Sus islas quedaron aisladas unas de otras? No del todo �replic� Kefira Qay�. Los Guardianes ten�an veinte transportes a�reos con armamento y exist�a aproximadamente otro centenar de ellos sin armas, contando con los peque�os veh�culos en manos privadas. Los requisamos todos y los armamos tan bien como nos fue posible. Tambi�n estaban los dirigibles, claro. Los transportes a�reos son dif�ciles de conservar en buenas condiciones aqu� y su mantenimiento resulta caro. Todas las piezas de repuesto deben llegar de fuera y no tenemos muchos t�cnicos bien entrenados, por lo cual casi todo el tr�fico a�reo, antes de los problemas con los acorazados, se realizaban mediante los dirigibles. Son bastante grandes, est�n propulsados por energ�a solar y contienen helio. La flota de dirigibles era bastante grande, casi un millar. Ellos se encargaron de aprovisionar las islas peque�as, donde hab�a una mayor amenaza de hambre inminente. Otros dirigibles, as� como las naves de los Guardianes, se encargaron de continuar el combate. A salvo en el aire, dejamos caer sobre los acorazados productos qu�micos, venenos y explosivos. Con eso logramos destruir a miles de ellos, aunque e) precio result� tremendo. Su n�mero era mayor all� donde se encontraban nuestras zonas de pesca m�s f�rtiles y los lechos fangosos de escasa profundidad, con lo cual nos vimos obligados a destruir y envenenar precisamente las zonas de mar que m�s desesperadamente necesit�bamos. Pero no ten�amos otra elecci�n y, durante un tiempo, cre�amos estar venciendo. Incluso hubo algunas naves peque�as que salieron de pesca y consiguieron volver sanas y salvas, gracias a la escolta a�rea de los Guardianes.</p><p>�Resulta obvio que no fue �se el resultado final del conflicto �dijo Haviland Tuf�, o no estar�amos aqu� sentados hablando. �Duda le propin� un buen zarpazo a Estupidez, d�ndole en plena cabeza. El gatito resbal� por la rodilla de Tuf y cay� al suelo. Tuf se inclin� y le cogi�. Tenga �dijo, entreg�ndoselo a Kefira Qay�, h�game el favor de sostenerlo un rato. Su peque�a guerra me est� distrayendo de la nuestra.</p><p>�Yo� s�, claro. �La Guardiana cogi� al gatito blanco y negro en su mano con cierta cautela y �ste se acurruc� entre sus dedos.�Qu� es? �le pregunt�.</p><p>�Un gato �dijo Tuf�. Pero si sigue sosteni�ndolo como si fuera una fruta podrida, acabar� saltando de su mano. Tenga la amabilidad de ponerlo en su regazo. Le aseguro que es totalmente inofensivo.</p><p>Kefira Qay, todav�a no muy segura de ello, medio puso, medio dej� caer, al gatito sobre sus rodillas. Estupidez lanz� un maullido y estuvo a punto de resbalar pero logr� clavar sus diminutas u�as en la tela del uniforme y sostenerse.</p><p>��Oh! �dijo Kefira Qay�. Tiene espolones. �Son zarpas o garras �dijo Tuf, corrigi�ndola�. Son peque�as y resultan incapaces de hacer el menor da�o.</p><p>�No estar�n envenenadas, �verdad? �No lo creo �dijo Tuf�. Acar�cielo, empezando por la cabeza y siguiendo hacia atr�s. Eso le calmar�.</p><p>Kefira Qay toc� la cabeza del gatito con gesto inseguro. �Por favor �dijo Tuf�. Me refer�a a que lo acariciase, no a que le diera golpecitos.</p><p>La Guardiana hizo como le dec�a y Estupidez empez� inmediatamente a ronronear. Kefira Qay se qued� paralizada y mir� a Tuf con expresi�n de horror.</p><p>�Est� temblando �dijo�, y hace un ruido. �Dicho tipo de respuesta suele considerarse favorable �la tranquiliz� Tuf�. Le suplico que contin�e con sus caricias y con lo que me estaba diciendo, si tiene la bondad.</p><p>�Por supuesto �dijo la Guardiana, acariciando de nuevo a Estupidez. El gatito se removi� en su rodilla y acab� adoptando una postura m�s c�moda�. Si quiere poner la otra cinta continuar� �le dijo.</p><p>Tuf hizo desaparecer de la pantalla a la nave partida en dos, as� como al acorazado, y en su lugar apareci� otra escena: un d�a de invierno, ventoso y muy fr�o, al parecer. El agua ten�a un color oscuro y estaba bastante revuelta. El viento la agitaba levantando peque�os remolinos de espuma blanca. Un acorazado flotaba en el mar con sus enormes tent�culos extendidos a su alrededor, d�ndole el aspecto de una enorme flor monstruosamente hinchada, a la deriva sobre el oleaje. La c�mara que tomaba la imagen pas� sobre �l y dos brazos, rodeados por su corola de serpientes, se alzaron d�bilmente del agua, pero el aparato se encontraba demasiado lejos para correr peligro. Por lo que se ve�a en los bordes de la imagen se encontraban en la g�ndola de un gran dirigible plateado y la c�mara estaba filmando a trav�s de una portilla de cristal bastante grueso. La c�mara cambi� de �ngulo y Tuf vio que su dirigible formaba parte de un convoy de tres, desplaz�ndose con majestuosa indiferencia sobre un enfurecido oleaje.</p><p>�El Esp�ritu de Acuario, el Lila D. y el Sombra del Cielo �dijo Kefira Qay�. Se dirig�an hacia un grupo de peque�as islas situado al Norte, en el cual el hambre ha estado haciendo estragos. Piensan evacuar a los supervivientes para llevarlos a Nueva Atl�ntida �en su voz hab�a una sombra de tensi�n�. Esta grabaci�n fue realizada por el Sombra del Cielo, el �nico dirigible que sobrevivi�. Mire atentamente la pantalla.</p><p>Los dirigibles avanzaban invencibles y serenos por el aire. De pronto, justo delante de la silueta azul plateada del Esp�ritu de Acuario se distingui� un movimiento bajo las aguas, como si algo se removiera bajo el velo verde oscuro del mar. Era algo grande, pero no se trataba de un acorazado ya que su color era oscuro y no p�lido. El agua se fue haciendo m�s y m�s negra y de pronto pareci� saltar en un inmenso surtidor hacia el cielo. En la imagen apareci� una gigantesca c�pula, oscura como el �bano, que fue haci�ndose m�s grande, como si fuera una isla que emergiera de los abismos, hasta concretare en una silueta negra y de piel rugosa como el cuero, rodeada de veinte largos tent�culos negros. La silueta crec�a segundo a segundo hasta que dej� de tocar las aguas. Sus tent�culos colgaban fl�ccidamente bajo ella, dejando caer chorros de agua, a medida que ascend�a. De pronto empezaron a extenderse y Tuf vio que la criatura era tan grande como el dirigible que avanzaba hacia ella. Cuando tuvo lugar el encuentro fue como si dos inmensos leviatanes del cielo hubieran decidido aparearse. La inmensidad negra se situ� encima del dirigible y sus brazos lo rodearon en un mort�fero abrazo. La cubierta exterior del dirigible fue desgarrada y las celdillas de helio se arrugaron m�s y m�s hasta reventar. El Esp�ritu de Acuario se retorci� cual un ser vivo, marchit�ndose en el negro abrazo de su amante. Cuando todo hubo terminado la cosa negra dej� caer sus restos al mar.</p><p>Tuf congel� la imagen, clavando sus solemnes ojos en las figurillas que saltaban de la g�ndola a una muerte segura.</p><p>�Otra de esas cosas destruy� el Lila D. en el trayecto de vuelta �dijo Kefira Qay�. La Sombra del Cielo sobrevivi� para narrar la historia, pero en su siguiente misi�n tambi�n fue destruido. M�s de un centenar de dirigibles y doce naves se perdieron en la primera semana despu�s de que aparecieran los globos de fuego.</p><p>��Globos de fuego? �pregunt� Haviland Tuf, acariciando a Duda, instalado sobre la consola�. No vi ning�n fuego.</p><p>�El nombre fue acu�ado cuando destruimos por primea vez una de esas malditas criaturas. Una nave de los Guardianes logr� acertarle con un proyectil de alto poder explosivo y la bestia estall� como una bomba. Luego se desinfl� y cay� ardiendo al mar. Son extremadamente inflamables. Basta con un l�ser y se encienden como la yesca. �Hidr�geno �dijo Haviland Tuf. �Exactamente �confirm� la Guardiana�. Nunca hemos logrado capturar uno entero, pero logramos adivinarlo a partir de los trozos rescatados. Esas cosas pueden generar corriente el�ctrica en su interior. Toman agua y luego realizan una especie de electr�lisis biol�gica. Expelen el ox�geno en el agua o el aire yeso les ayuda a moverse. Podr�a decirse que son una especie de reactores movidos por aire. El hidr�geno llena unos sacos en forma de globos y les ayuda a subir. Cuando desean retirarse de nuevo al agua, abren una especie de pliegues en su parte superior� F�jese, ah� est�. Entonces, todo el gas escapa y el globo de fuego vuelve a bajar hacia el oc�ano. La piel externa es parecida al cuero y muy resistente. No son muy r�pidos, pero s� bastante inteligentes. A veces se esconden en los bancos de nubes y se apoderan de las naves que pasan volando bajo ellos sin las debidas precauciones. y no tardamos en descubrir, para nuestra desesperaci�n, que se reproducen tan r�pido como los acorazados.</p><p>�Muy intrigante �dijo Haviland Tuf�. Me arriesgo a sostener la hip�tesis de que con la aparici�n de los globos de fuego perdieron el dominio del aire, igual que ya hab�an perdido el del mar.</p><p>�As� fue, m�s o menos �admiti� Kefira Qay�. Nuestros dirigibles eran demasiado lentos como para correr el riesgo de enfrentarse a ellos. Intentamos mantener las cosas en funcionamiento, mand�ndolos en convoyes escoltados por naves de los Guardianes, pero incluso eso acab� fracasando. El d�a del Alba de Fuego, yo estaba ah�, al mando de una nave armada con ocho ca�ones. Fue terrible�</p><p>�Siga �dijo Tuf. �El Alba de Fuego �murmur� con voz cansada la Guardiana�. Est�bamos� ten�amos treinta dirigibles, treinta. Un convoy enorme, protegido por doce naves armadas. El viaje era largo. Ten�amos que ir de Nueva Atl�ntida hasta Mano Rota, un grupo de islas bastante importante. Cuando estaba amaneciendo el segundo d�a de viaje, justo cuando el Este empezaba a enrojecer, el mar empez� a� a hervir bajo nosotros. Era como una marmita de sopa que ha llegado a subir. Hab�a miles, Tuf, miles. Las aguas enloquecieron en un remolino de espuma y las criaturas fueron subiendo hacia el cielo, una multitud de gigantescas sombras oscuras que se nos ven�an encima desde todas las direcciones. Las atac�bamos con nuestros l�ser, con proyectiles explosivos, con todo lo que ten�amos. Era como si el mism�simo cielo estuviera en llamas. Todas esas cosas estaban llenas a reventar de hidr�geno y el aire estaba tan enriquecido por el ox�geno que hab�an secretado, que casi mareaba el respirarlo. Despu�s llamamos a ese d�a, el Alba de Fuego. Fue terrible. Se o�an gritos por todas partes, hab�a globos ardiendo en todo el cielo, nuestros dirigibles se hac�an pedazos a nuestro alrededor, con sus tripulaciones en llamas. En el mar esperaban los acorazados. Les vi apoderarse de quienes hab�an ca�do de los dirigibles, vi c�mo esos p�lidos tent�culos se enroscaban a su alrededor, arrastr�ndoles hacia los abismos. Cuatro dirigibles sobrevivieron a esa batalla, cuatro. Perdimos todas las naves con todas sus tripulaciones.</p><p>�Una historia espantosa �dijo Tuf. En los ojos de Kefira Qay ard�a un brillo de locura. Estaba acariciando a Estupidez con un ritmo ciego y mec�nico, con los labios muy apretados y los ojos clavados en la pantalla, all� donde el primer globo de fuego segu�a flotando inm�vil por encima del cad�ver retorcido del Esp�ritu de Acuario.</p><p>�Desde entonces �dijo por �ltimo�, nuestra vida se ha convertido en una continua pesadilla. Hemos perdido los mares y en las tres cuartas partes de Namor reina la escasez. En algunos sitios la gente muere de hambre. S�lo Nueva Atl�ntida sigue teniendo los alimentos suficientes, ya que s�lo all� se practica con cierta extensi�n la agricultura. Los Guardianes han seguido luchando. La Navaja Solar y nuestras otras dos naves espaciales han sido puestas en servicio. Efect�an bombardeos en zonas determinadas, dejan caer veneno y evacuan algunas de las islas de menor tama�o. Con el resto de las naves a�reas que nos queda, hemos logrado mantener cierto contacto con las islas m�s alejadas. Y, naturalmente, tenemos la radio. Pero estamos a punto de perder la guerra. En el �ltimo a�o m�s de veinte islas han dejado de comunicar. En media docena de esos casos mandamos patrullas para investigar y las que volvieron dieron siempre el mismo informe. Cad�veres por doquier, pudri�ndose al sol. Los edificios aplastados, convertidos en ruinas. Las alima�as y los gusanos d�ndose un fest�n con los cuerpos. y en una de esas islas encontraron otra cosa, algo a�n m�s aterrador. Fue en la isla Estrella de Mar. All� viv�an casi cuarenta mil personas y antes de que el comercio se interrumpiera, contaba con un espaciopuerto de buen tama�o. Cuando Estrella de Mar ces� de emitir fue un rudo golpe para nosotros. Cambie la imagen, Tuf, c�mbiela.</p><p>Tuf apret� una hilera de mandos en la consola.</p><p>En la playa hab�a algo muerto, pudri�ndose sobre la arena color �ndigo.</p><p>Esta vez no se trataba de una cinta sino de una foto. Haviland Tuf y la Guardiana Kefira Qay tuvieron tiempo m�s que suficiente para estudiar el objeto que yac�a inm�vil sobre la arena, rodeado por un reguero de cad�veres humanos cuya proximidad serv�a para hacerse una buena idea de su aut�ntico tama�o. Ten�a la forma de un cuenco invertido y era tan grande como una casa. Su piel semejante al cuero estaba cubierta de grietas, por las que rezumaba un fluido purulento. Era de un color gris con manchones verdes. Como los radios que brotan del cubo de una rueda, el cuerpo central de la cosa estaba rodeado de ap�ndices: diez tent�culos verdosos salpicados de bocas de un blanco rosado y, alternando con ellos, diez miembros de un aspecto m�s duro y r�gido, negros y obviamente provistos de articulaciones.</p><p>�Patas �dijo Kefira Qay con voz amarga�. Era capaz de caminar, Tuf. Al menos, antes de que acabaran con �l. S�lo hemos descubierto ese ejemplar, pero fue suficiente. Ahora ya sabemos la raz�n de que nuestras islas vayan quedando silenciosas, Tuf. Vienen del mar. Son criaturas como �sa, puede que m�s grandes o m�s peque�as, caminando sobre sus diez patas como ara�as y cogiendo a sus presas para devorarlas con los otros diez tent�culos. El caparaz�n es grueso y muy resistente. No basta con un l�ser o un proyectil explosivo para matarlo, como ocurre con los globos de fuego. Ahora supongo que ya lo comprende todo: Primero el mar, luego el cielo y ahora, tambi�n la tierra. La tierra. Emergen del agua a millares, derram�ndose sobre la arena como una marea horrenda. La semana pasada perdimos otras dos islas. Quieren barremos del planeta. Sin duda, algunos podr�n sobrevivir en Nueva Atl�ntida, en lo m�s alto de las monta�as, pero ser� una vida dura, cruel y breve. Hasta que Namor nos arroje alguna nueva especie de pesadilla para terminar con nosotros. �En su voz se percib�a ahora el agudo filo de la histeria.</p><p>Haviland Tuf desconect� su consola y todas las pantallas se oscurecieron.</p><p>�C�lmese, Guardiana �le dijo, volvi�ndose hacia ella�. Sus temores me resultan comprensibles, pero son innecesarios. Ahora comprendo mucho mejor la naturaleza de su apuro y estoy de acuerdo en que resulta tr�gico, s�, pero no es desesperado.</p><p>��Sigue creyendo que puede ayudarnos? �dijo ella�. �Solo? �Usted y esta nave? Oh, no piense que estoy intentando desanimarle. Nos aferraremos a cualquier brizna de salvaci�n pero�</p><p>�Pero no me cree �dijo Tuf, en tanto que de sus labios brotaba un leve suspiro�. Duda �le dijo al gatito gris, alz�ndolo en su blanca manaza�, realmente has sido bautizado con toda propiedad. �Se volvi� nuevamente hacia Kefira Qay. No soy hombre rencoroso y han pasado ustedes por crueles penalidades, as� que no pienso prestar la menor atenci�n al modo despectivo en que se me considera tanto a m� como a las habilidades que poseo. y ahora, si tiene la bondad de excusarme, tengo mucho que hacer. Su gente me ha enviado gran cantidad de informes detallados sobre esas criaturas, as� como un resumen general de la ecolog�a namoriana. Le doy las gracias por sus informaciones.</p><p>Kefira Qay frunci� el ce�o, levant� a Estupidez de su rodilla y lo dej� en el suelo, poni�ndose luego en pie.</p><p>�Muy bien �dijo�. �Cu�ndo estar� preparado? �No puedo responder a tal pregunta con precisi�n �replic� Tuf�, a menos que me sea posible empezar a trabajar inmediatamente con mis simulaciones de datos. Puede que dentro de un d�a sea posible empezar. Puede que haga falta un mes o puede que requiera m�s tiempo.</p><p>�Si tarda usted demasiado, le resultar� dif�cil cobrar luego sus dos millones �le contest� ella con sequedad�. Todos habremos muerto.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf�. Pero luchar� para evitar que los acontecimientos tomen tal rumbo. Ahora, si tiene la bondad de marcharse, empezar� a trabajar y ya hablaremos nuevamente durante la cena. Pienso servir estofado vegetal al estilo de Arion, con un aperitivo previo de hongos de fuego, naturales de Thorite, para ir despertando el hambre.</p><p>Qay lanz� un ruidoso suspiro. ��Otra vez hongos? �se quej�. Hoy ya hemos tomado setas fritas con pimientos y luego setas con crema �cida.</p><p>�Me encantan las setas �dijo Haviland Tuf. �Yo estoy harta de ellas �dijo Kefira Qay. Estupidez empez� a frotarse en su pierna y ella le mir� Con el ce�o fruncido�. �No podr�amos tomar algo de carne o de pescado? �Su rostro cobr� una expresi�n pensativa y algo nost�lgica�. Llevo a�os sin comer una concha de fango, incluso sue�o Con ella de vez en cuando. Basta Con abrirla y luego se echa mantequilla dentro. La carne se come Con cuchara, es blanda. �No se puede imaginar lo delicado de su sabor! O un poco de aleta de sabre. �Ah, ser�a capaz de matar por un poco de aleta de sabre acompa�ada de neohierba.</p><p>Haviland Tuf no se inmut� en lo m�s m�nimo. �En esta nave no se comen animales �dijo, empezando a trabajar sin prestarle m�s atenci�n. Kefira Qay se march� y Estupidez sali� corriendo tras ella�. Muy adecuado �murmur� Tuf�, ciertamente muy adecuado.</p><empty-line/><p>Cuatro d�as y muchas setas despu�s, Kefira Qay empez� a mostrarse apremiante y le pidi� resultados a Haviland Tuf.</p><p>��Qu� est� haciendo? �le pregunt� durante la cena�. �Cu�ndo piensa actuar? Usted sigue encerrado en su cuarto y, cada d�a, las condiciones en Namor van empeorando. Hace una hora habl� con el jefe de Guardianes mientras usted se entreten�a con sus ordenadores. Peque�a Acuario y las Hermanas que Bailan se han perdido en el tiempo que usted y yo llevamos aqu� sin hacer nada productivo, Tuf.</p><p>��Sin hacer nada productivo? �dijo Haviland Tuf�. Guardiana, no me estoy entregando a la ociosidad. Nunca lo hice y no pretendo empezar ahora. Estoy trabajando. Tengo una enorme masa de informaci�n por digerir.</p><p>Kefira Qay dio un resoplido. �Supongo que se referir� a una gran masa de hongos por digerir �dijo. Se puso en pie, apartando a Estupidez de su regazo. El gatito y ella se hab�an convertido, �ltimamente, en compa�eros casi inseparables�. En Peque�a Acuario viv�an doce mil personas �a�adi�, y pr�cticamente otras tantas en las Hermanas que Bailan. Piense en ello mientras hace la digesti�n, Tuf.</p><p>Gir� en redondo y sali� de la habitaci�n.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf, concentr�ndose de nuevo en su pastel de flor dulce.</p><p>Pas� una semana antes de que se produjera otro enfrentamiento.</p><p>��y bien? �le pregunt� la Guardiana en el pasillo, plant�ndose ante Tuf cuando �ste se dirig�a con su pesada dignidad hacia su cuarto de trabajo.</p><p>�Perfectamente �replic� �l�. Buenos d�as, Guardiana Qay.</p><p>�No tienen nada de buenos �dijo ella con voz irritada�. El Control de Namor me ha informado de que las Islas del Amanecer han dejado de emitir. Las hemos perdido y con ellas se han perdido tambi�n doce naves, junto con todos los barcos que se encontraban en sus puertos. �Qu� dice de eso?</p><p>�Un acontecimiento muy tr�gico y lamentable �dijo Tuf.</p><p>��Cu�ndo estar� listo? Tuf se encogi� de hombros. �No puedo contestar a tal pregunta. No me he impuesto una tarea precisamente sencilla, cr�ame. El problema es complicado, muy complicado. S�, ciertamente, �sa es la palabra adecuada. Quiz� podr�a arriesgarme a calificarlo de aut�ntico enigma, pero le aseguro que del mismo modo que los tristes apuros de Namor han despertado toda mi simpat�a, este problema al que me enfrento tiene movilizado por completo a mi intelecto.</p><p>�Eso es todo lo que le parece a usted, Tuf, �verdad? �Un problema?</p><p>Haviland Tuf frunci� levemente el ce�o y cruz� las manos ante �l, apoy�ndolas luego sobre el prominente bulto de su est�mago.</p><p>�Ciertamente, es un problema �dijo. �No. Es algo m�s que eso. No estamos jugando. Ah� abajo muere gente, gente de verdad. Mueren porque los Guardianes no son capaces de enfrentarse a ese desaf�o y porque usted no est� haciendo nada. Nada.</p><p>�C�lmese. Tiene mi garant�a personal de que estoy trabajando incesantemente en pro de su bienestar. Debe pensar que mi tarea no es tan sencilla como la suya. Est� muy bien dejar caer bombas sobre los acorazados o disparar con un alto explosivo a un globo de fuego para ver c�mo se incendia, pero esos m�todos tan simples como espectaculares no les han servido de nada, Guardiana, o de muy poco. La ingenier�a ecol�gica exige un esfuerzo muy superior. Estoy analizando los informes de sus l�deres, de sus bi�logos marinos y de sus historiadores. Reflexiono y estudio. Hago planes con los que encarar la situaci�n y luego efect�o simulaciones en los grandes ordenadores del Arca. M�s tarde o m�s temprano hallar� la respuesta.</p><p>�Que sea pronto �dijo Kefira Qay con dureza�. Namor quiere resultados y yo estoy de acuerdo con ellos. El Consejo de Guardiana se est� impacientando. Que sea pronto, Tuf, no tarde. Se lo advierto �se hizo a un lado y le dej� pasar.</p><p>Kefira Qay pas� la siguiente semana y media evitando a Tuf, tanto como le era posible. Cada d�a iba a la sala de comunicaciones y manten�a en su interior largas discusiones con sus superiores en el planeta, durante las cuales se le comunicaban las �ltimas noticias. Todas las noticias eran malas.</p><p>Finalmente lleg� el momento en que fue incapaz de aguantar m�s y con el rostro l�vido de furor irrumpi� en la habitaci�n, siempre medio a oscuras, que Tuf llamaba su �sala de guerra�, le encontr� sentado ante una consola de ordenador, contemplando las pantallas en las que se ve�a un fren�tico despliegue de l�neas rojas y azules atrapadas en una rejilla.</p><p>��Tuf! �rugi�. �l apag� la pantalla y gir� para enfrentarse a ella, apartando de su regazo a Ingratitud. Medio oculto por las sombras, Haviland Tuf la contempl� con expresi�n inmutable�. El Consejo de Guardianes me ha dado una orden �le dijo.</p><p>�Muy afortunado para usted �replic� Tuf�. He observado que la reciente inactividad la ha estado poniendo cada vez m�s inquieta.</p><p>�El Consejo quiere acci�n inmediata, Tuf. Inmediata. Hoy. �Lo ha entendido?</p><p>Tuf cruz� las manos y apoy� el ment�n sobre ellas, en una actitud muy parecida a la de la plegaria.</p><p>��Acaso debo tolerar no tan s�lo la hostilidad y la impaciencia, sino tambi�n el insulto a mi inteligencia? Ya he comprendido todo lo que me hace falta comprender en cuanto a sus Guardianes, puedo asegur�rselo. Lo �nico que no comprendo es la tan peculiar como obstinada ecolog�a de Namor. Hasta que no haya logrado tal comprensi�n, no puedo actuar.</p><p>�Actuar� �dijo Kefira Qay y de pronto en su mano pareci� brotar un l�ser que apuntaba directamente al vasto est�mago de Tuf�. Actuar� ahora mismo.</p><p>Haviland Tuf no hizo el menor movimiento. �Violencia �dijo, en un tono de leve reproche�. Quiz� fuera posible, antes de que me agujeree, condenando con ello tanto a su propia persona como a su mundo, que se me conceda una oportunidad para explicarme, �no?</p><p>�Adelante �dijo ella�, le escuchar�. Durante un tiempo.</p><p>�Excelente �dijo Haviland Tuf�. Guardiana, en Namor est� ocurriendo algo muy extra�o.</p><p>�Vaya, se ha dado cuenta �dijo ella secamente, sin que el l�ser se moviera ni un mil�metro.</p><p>�Ciertamente. Est�n siendo destruidos por una plaga de lo que, a falta de un t�rmino mejor, debemos llamar colectivamente monstruos marinos. En menos de doce a�os han aparecido tres especies y cada una de ellas parece ser nueva o, al menos desconocida. Eso me parece altamente improbable. Su gente lleva en Namor cien a�os y sin embargo s�lo recientemente han trabado conocimiento con esas criaturas a las que llaman acorazados, globos de fuego o caminantes. Es como si algo tenebrosamente an�logo a mi Arca estuviera librando contra ustedes una guerra biol�gica, pero resulta claro que no es as�. Nuevos o no, estos monstruos son nativos de Namor y son producto de la evoluci�n local. Sus parientes cercanos llenan los mares, desde las conchas de fango hasta las medusas danzarinas. Por lo tanto, �d�nde nos lleva todo eso?</p><p>�No lo s� �dijo Kefira Qay. �Yo tampoco �dijo Tuf�. Sigamos pensando. Esos monstruos marinos procrean de modo incre�ble. El mar est� repleto de ellos, llenan el aire y son capaces de conquistar islas de considerable poblaci�n. Matan. Pero no se matan entre ellos y al parecer no tienen ning�n otro enemigo natural. Los crueles frenos de todo ecosistema normal no se aplican en este caso. He estudiado con gran inter�s los informes de sus cient�ficos y casi todo lo referente a esos monstruos marinos es fascinante, pero quiz� lo m�s misterioso e intrigante sea el hecho de que no saben nada sobre ellos excepto en su forma adulta. Enormes acorazados surcan los mares hundiendo los barcos de pesca, monstruosos globos de fuego revolotean por sus cielos. D�nde, si puedo hacer tal pregunta, �d�nde se encuentran los peque�os acorazados y las cr�as de los globos de fuego? S�, �d�nde est�n?</p><p>�En las profundidades del mar. �Quiz�, Guardiana, quiz�. No puede asegurarlo y yo tampoco puedo hacerlo. Esos monstruos son criaturas realmente formidables y, sin embargo, he visto predadores igual de formidables en otros mundos, pero su n�mero no llega ni a centenares ni a millares. �Por qu�? Ah, porque los j�venes, o los huevos, o los alevines son mucho menos formidables que sus progenitores y la mayor parte de ellos mueren antes de alcanzar su temible madurez. Aparentemente, ello no sucede en Namor, no sucede en lo m�s m�nimo. �Cu�l puede ser el significado de todo esto? S�, ciertamente, �cu�l puede ser? �Tuf se encogi� de hombros�. No puedo decirlo, pero sigo trabajando en ello y pienso seguir esforz�ndome hasta haber resuelto el enigma de ese mar excesivamente prol�fico que existe en su mundo.</p><p>Kefira Qay no parec�a demasiado convencida. �Y mientras tanto, nuestra gente muere. Muere ya usted no le importa.</p><p>�Protesto ante� �empez� a decir Tuf. ��Silencio! �dijo ella moviendo el arma�. Hablar� con Namor y les transmitir� su peque�o discurso. Hoy hemos perdido contacto con Mano Rota. Cuarenta y tres islas, Tuf. No me atrevo ni a pensar en cu�nta gente quiere decir ese n�mero. Todas han desaparecido en un solo d�a. Hubo unas cuantas transmisiones de radio casi ininteligibles, histeria y luego el silencio. y mientras tanto usted se queda sentado hablando de acertijos y enigmas. Basta ya. Queremos que act�e, ahora mismo. Insisto en ello o, si lo prefiere, se trata de una amenaza. Luego ya nos encargaremos de resolver los c�mos y los porqu�s de todo este asunto pero, por el momento, vamos a terminar con ellos sin perder el tiempo haci�ndonos tantas preguntas.</p><p>�En tiempos �dijo Haviland Tuf�, existi� un mundo absolutamente id�lico con la excepci�n de un peque�o defecto, un insecto que ten�a el tama�o de una mota de polvo. Era una criatura decididamente inofensiva, pero se la encontraba por doquier ya que se alimentaba con las esporas microsc�picas de un hongo que flotaba en el aire. La gente de ese mundo odiaba al min�sculo insecto que, a veces, volaba en nubes tan espesas que llegaban a tapar el sol. Cada vez que los ciudadanos de ese planeta sal�an al exterior los insectos aterrizaban sobre ellos a miles, cubriendo sus cuerpos con un sudario viviente. Por lo tanto, alguien que proclamaba ser ingeniero ecol�gico se ofreci� a resolver su problema. Introdujo en el planeta un insecto procedente de otro mundo muy lejano, m�s grande, capaz de alimentarse con esas motas de polvo viviente. El plan funcion� de modo admirable. Los nuevos insectos se multiplicaron y se multiplicaron, careciendo de enemigos naturales dentro del ecosistema, hasta barrer completamente de �l a la especie nativa. Fue un gran triunfo. Por desgracia, hubo efectos colaterales imprevistos. El invasor, habiendo destruido una forma de vida, se dirigi� hacia otros objetivos m�s beneficiosos para el planeta. Muchos insectos nativos del planeta se extinguieron. Los equivalentes locales de los p�jaros, privados de sus presas habituales e incapaces de digerir al insecto alien�gena, tambi�n sufrieron enormes p�rdidas. Las plantas fueron incapaces de realizar la polinizaci�n como antes. Bosques y selvas enteras se marchitaron y empobrecieron y las esporas del hongo que hab�a sido el alimento del molesto insecto original proliferaron libres de todo control natural. El hongo empez� a crecer en todas partes, sobre los edificios, sobre las cosechas, incluso sobre los animales vivos. Para decirlo brevemente, todo el ecosistema fue puesto patas arriba de modo irremisible. Si hoy decidiera visitar ese mundo no encontrar�a m�s que un p�ramo de muerte, con la �nica excepci�n de ese terrible hongo. Tales son los frutos de la acci�n precipitada y del estudio insuficiente. Si se obra sin comprender adecuadamente las cosas, pueden correrse graves riesgos.</p><p>�Y se corre el peligro de ser destruido irremisiblemente caso de no hacer nada �dijo Kefira Qay con expresi�n obstinada�. No, Tuf. Sabe contar historias realmente aterradoras, pero estamos desesperados. LoS Guardianes aceptar�n los riesgos, sean cuales sean. Tengo mis �rdenes y a menos que decida actuar, usar� esto. �Movi� la cabeza se�alando a su l�ser.</p><p>Haviland Tuf se cruz� de brazos. �Si utiliza el arma �dijo�, estar� obrando Como una est�pida. Sin duda podr�an llegar a comprender el funcionamiento del Arca, con tiempo. La tarea les llevar�a a�os y usted misma acaba de admitir que no disponen de esos a�os. Trabajar� para ustedes, pero actuar� solamente cuando me considere preparado para hacerlo. Soy ingeniero ecol�gico y Como tal tengo una integridad profesional, aparte de la personal. y debo indicarle que sin mis servicios no tienen ustedes la m�s m�nima esperanza. Ni la m�s m�nima. Por lo tanto, dado que usted lo sabe y que yo lo s� tambi�n, prescindamos de m�s dramas. No va a usar el arma.</p><p>Durante unos segundos Kefyra Qay pareci� a punto de echarse a llorar.</p><p>�Usted� �dijo, aturdida. Su l�ser vacil� unos mil�metros y luego su expresi�n volvi� a endurecerse�. Se equivoca, Tuf �dijo�. Lo usar�.</p><p>Haviland Tuf permaneci� en silencio. No lo usar� con usted �a�adi� Kefyra Qay�. Lo usar� con sus gatos. Matar� a uno de ellos cada d�a, hasta que se decida a obrar. �Movi� ligeramente la mu�eca y el arma dej� de apuntar a Tuf. Ahora apuntaba a la peque�a silueta de Ingratitud, que iba y ven�a de un lado a otro de la estancia, husmeando entre las sombras�. Empezar� con �se �dijo la Guardiana�. Cuando cuente tres, disparar�.</p><p>El rostro de Tuf segu�a perfectamente impasible.</p><p>�Uno �dijo Kefyra Qay.</p><p>Tuf sigui� sentado sin hacer el menor movimiento.</p><p>�Dos �dijo ella.</p><p>Tuf frunci� el ce�o y en su frente blanca Como la tiza aparecieron unas diminutas arrugas.</p><p>�Tres �balbuce� Kefyra Qay.</p><p>�No �se apresur� a decir Tuf�. No dispare. Har� lo que me ha pedido. Puedo empezar el proceso de clonaci�n dentro de una hora.</p><p>La Guardiana guard� nuevamente el l�ser en su funda.</p><empty-line/><p>De ese modo, a rega�adientes, Haviland Tuf emprendi� su guerra particular.</p><p>Durante el primer d�a estuvo sentado en su sala de guerra, con los labios apretados y sin decir palabra, accionando los mandos de su gran consola, pulsando botones resplandecientes y teclas que hac�an brotar de la nada fantasmag�ricos hologramas. En el interior del Arca l�quidos espesos de casi todos los colores imaginables gorgoteaban y herv�an dentro de las cubas, hasta ahora vac�as, que colmaban la penumbra el eje principal, en tanto que muchos espec�menes de la enorme biblioteca celular eran sacados de su sitio, rociados y manipulados por min�sculos servomecanismos, tan sensibles como las manos del mejor cirujano concebible. Tuf no estuvo presente en ninguno de esos procesos. Sentado ante sus mandos, iba dando las �rdenes que hac�an nacer un clon tras otro.</p><p>Durante el segundo d�a actu� exactamente igual. Al tercer d�a se puso en pie y recorri� lentamente los kil�metros del eje principal a lo largo de los cuales empezaban a crecer sus hijos, ahora ya bajo la forma de confusas siluetas que se remov�an d�bilmente o permanec�an inm�viles en los tanques de l�quido trasl�cido. Algunos de los tanques eran tan grandes como la cubierta de aterrizaje del Arca, en tanto que otros eran tan peque�os como la u�a de su me�ique. Haviland Tuf se detuvo ante cada uno de ellos, estudiando los diales, los medidores y las mirillas relucientes con tranquila concentraci�n, haciendo peque�os ajustes de vez en cuando. El d�a estaba ya terminado para cuando lleg� a la parte central de la hilera de tanques.</p><p>Durante el cuarto d�a complet� su inspecci�n. Al quinto d�a puso en funcionamiento el cronobucle. �El tiempo es su esclavo �le dijo a Kefyra Qay cuando �sta la interrog� sobre dicho aparato�. Puede hacer que vaya muy despacio o puede obligarle a que corra como el rayo. Vamos a hacer que corra y de ese modo los guerreros que estoy creando podr�n alcanzar su madurez mucho m�s r�pidamente de lo que ser�a posible siguiendo el curso natural de las cosas.</p><p>Durante el sexto d�a estuvo muy ocupado en la cubierta de aterrizaje, modificando dos lanzaderas para que fueran capaces de transportar a las criaturas que estaba fabricando, instalando en su interior tanques de varios tama�os y llen�ndolos luego de agua.</p><p>A la ma�ana del s�ptimo d�a se reuni� con Kefyra Qay cuando �sta desayunaba y le dijo:</p><p>�Guardiana, estamos listos para empezar. Ella pareci� algo sorprendida. ��Tan pronto?</p><p>�No todas mis criaturas han llegado ya a su plena madurez, pero no importa. Algunas son monstruosamente grandes y deben ser trasladadas antes de que lleguen a su tama�o adulto. El proceso de clonaci�n continuar�, por supuesto. Debemos poseer un n�mero suficiente de criaturas que asegure su viabilidad, pero en estos momentos ya hemos llegado a un estadio en el cual resulta posible empezar la siembra de los oc�anos de Namor.</p><p>��Cu�l es su estrategia? �le pregunt� Kefyra Qay. Haviland Tuf apart� su plato a un lado y frunci� los labios.</p><p>�Guardiana, mi estrategia actual es tan tosca como prematura y se basa en unos conocimientos m�s bien insuficientes. No aceptar� ninguna responsabilidad en lo tocante a su �xito o fracaso. Sus crueles amenazas me han impulsado a obrar con una premura muy poco conveniente.</p><p>�De todos modos �le replic� ella secamente�, �qu� est� haciendo?</p><p>Tuf cruz� las manos sobre el vientre. �El armamento biol�gico, como todos los dem�s tipos de armamento, presenta muchas formas y tama�os. El modo m�s adecuado de acabar con un enemigo humanoide es darle con un l�ser en el centro de la cabeza. En t�rminos biol�gicos, el equivalente podr�a ser un enemigo natural o un predador adecuado, o una plaga que atacara solamente a dicha especie. Dado que me faltaba el tiempo necesario, no he tenido la oportunidad de preparar una soluci�n tan econ�mica.</p><p>�Existen otros m�todos menos satisfactorios. Podr�a introducir en su mundo una enfermedad capaz de liquidar a los acorazados, los globos de fuego y los caminantes, por ejemplo. Existen varios candidatos posibles para tal papel pero sus monstruos marinos tienen parientes pr�ximos en muchas especies de vida marina, con lo cual dichos t�os y primos tambi�n sufrir�an tal enfermedad. Mis proyecciones indican que pr�cticamente tres cuartas partes de la vida marina de Namor ser�an vulnerables a un ataque de ese tipo. Como otra alternativa, tengo a mi disposici�n hongos de crecimiento muy veloz y animales microsc�picos que ser�an capaces de colmar literalmente sus oc�anos eliminando de ellos todo tipo de vida. Claro que dicha elecci�n me ha parecido igualmente insatisfactoria ya que su resultado final ser�a imposibilitar la vida de los seres humanos en Namor. Continuando con mi analog�a de hace unos instantes, esos m�todos son el equivalente biol�gico de matar a un individuo de la especie humana, haciendo explotar un ingenio termonuclear de baja potencia sobre la ciudad en la cual reside habitualmente, y por dicha raz�n he terminado descart�ndolos.</p><p>�En vez de ello he acabado optando por lo que podr�a denominarse como una estrategia de fuego a discreci�n, introduciendo muchas especies nuevas en la ecolog�a namoriana con la esperanza de que algunas de ellas puedan acabar resultando enemigos naturales efectivos y capaces de ir diezmando las filas de sus monstruos marinos. Algunos de mis guerreros son animales tan grandes como letales y son lo bastante formidables como para encontrar presa f�cil incluso a sus temibles acorazados. Otros son peque�os pero veloces, cazadores semiocasionales que forman jaur�as y se reproducen a gran velocidad. Hay otros que son casi invisibles y tengo la esperanza de que encuentren a esos monstruos de pesadilla en sus etapas m�s j�venes y menos potentes, reduciendo de tal modo su n�mero. Por lo tanto y como ya habr� comprendido, mi estrategia es m�ltiple y variada. Estoy usando toda la baraja y no limit�ndome a una sola carta. Dado su tajante ultim�tum, era mi �nica opci�n posible �Tuf le dirigi� una seca inclinaci�n de cabeza�. Tengo la esperanza de que se encuentre satisfecha, Guardiana Qay.</p><p>Ella frunci� el ce�o, pero no le respondi�.</p><p>�Bien, caso de que haya terminado con esas deliciosas gachas de hongos �dijo Tuf�, podemos empezar. No deseo que saque la impresi�n de que estoy perdiendo el tiempo de. liberadamente. Doy por sentado que posee usted un perfecto entrenamiento como piloto, �no?</p><p>�S� �le replic� ella con brusquedad. ��Excelente! �dijo Tuf�. Entonces, le dar� instrucciones en cuanto a la peculiar idiosincrasia de mi lanzadera. Dentro de una hora ya habr� sido cargada hasta los topes y podr� empezar su primer viaje. Seguiremos largas trayectorias rectil�neas sobre sus mares e iremos descargado nuestra carga en sus revueltas aguas. Yo me encargar� de pilotar el Basilisco en el hemisferio norte y usted se encargar� de la Mant�cora en el sur. Si este plan le parece aceptable, dirij�monos hacia las rutas que he planeado �y Haviland Tuf se levant� con envarada dignidad.</p><empty-line/><p>Durante los veinte d�as siguientes Haviland Tuf y Kefyra Qay cruzaron de un extremo a otro los peligrosos cielos de Namor, trazando con sus viajes una lenta rejilla sobre el oc�ano y sembr�ndolo con su carga. La Guardiana sent�a una extra�a alegr�a durante esos viajes. Era agradable estar de nuevo en acci�n y, adem�s, lo que hac�a le daba cierta esperanza. Ahora los acorazados, los globos de fuego y los caminantes tendr�an que v�rselas con sus propias pesadillas, recogidas al azar de una cincuentena de planetas.</p><p>De Viejo Poseid�n llegaron la anguilas vampiro, las nessies y las enmara�adas masas de las telara�as de hierba, afiladas como navajas e igualmente mort�feras.</p><p>De Acuario, Tuf hab�a clonado los cuervos negros, los a�n m�s veloces cuervos escarlata, las bolas de algod�n venenoso y la tan fragante como carn�vora hierba de la dama.</p><p>Del Mundo de Jamison, las cubas hab�an hecho surgir a los dragones de arena, a los dreerantes y una docena m�s de especies ofidias, tanto grandes como peque�as, de casi todos los colores imaginables.</p><p>Y de la Vieja Tierra la biblioteca celular hab�a rebuscado hasta encontrar a los gigantescos tiburones blancos, las barracudas, los pulpos gigantes y las orcas, dotadas de tal astucia que se las pod�a calificar de medio inteligentes.</p><p>Sembraron Namor con el monstruoso kraken gris de Lissador y el kraken azul de Ance, no tan grande como el otro; con las colonias de medusas de Noborn; con los l�tigos giratorios de Daronian y el encaje sangriento de Cathaday, as� como los peces fortaleza de Dam Tullian, la pseudoballena de Gulliver y el ghrin�da de Hruun-2, al mismo tiempo que utilizaban miniaturas como las navajas de Avalon, los par�sitos caesni de Ananda y las mort�feras avispas acu�ticas de Deirdran, que se reproduc�an por huevos y eran capaces de construir nidos enormes. Para que se encargaran de los globos de fuego hab�an tra�do una incontable variedad de especies capaces de surcar el aire: mantas de aguij�n, las alas-navaja de un brillante rojo anaranjado, reba�os enteros de los aulladores semi acu�ticos. y una criatura espantosa, de un p�lido color azulado, medio planta y medio animal, pr�cticamente sin peso y capaz de flotar en el viento, acechando dentro de las nubes como una telara�a viviente y dotada de un hambre feroz. Tuf la llamaba la-hierba-que-llora-y-suspira y le aconsej� a Kefyra Qay que, en lo sucesivo, no volara nunca a trav�s de las nubes.</p><p>Plantas y animales, engendros que no eran ni una cosa ni otra, depredadores y par�sitos, criaturas negras como la noche o de brillante colorido junto a otras que eran casi invisibles por su total ausencia de color, seres extra�os y tan hermosos que resultaba imposible describirlos o tan horribles que su aspecto era inconcebible, nativos de mundos cuyos nombres ard�an con un fuego imperecedero en la historia del hombre, en tanto que algunos otros eran casi desconocidos. Un infinito repertorio de especies. D�a tras d�a el Basilisco y la Mant�cora cruzaron como rayos los mares de Namor, demasiado veloces y mort�feros para los globos de fuego que vagaban al acecho de su presa, dejando caer sus armas vivientes con toda impunidad. Despu�s de cada viaje al Arca y, una vez en ella, Haviland Tuf y uno o m�s de sus gatos, buscaban la soledad en tanto que Kefyra Qay sol�a llevarse con ella a Estupidez y se encerraba en la sala de comunicaciones para enterarse de las �ltimas noticias.</p><p>�El Guardi�n Smitt informa haber avistado seres extra�os en el Estrecho Naranja. No hay ninguna se�al de acorazados.</p><p>�Un acorazado avistado en Batthern, combatiendo encarnizadamente con una cosa provista de tent�culos que le doblaba en tama�o. �Dice que es un kraken gris? Muy bien. Tendremos que ir aprendiendo todos esos nombres, Guardiana Qay.</p><p>La Franja de Mullidor informa que una familia de mantas de aguij�n ha instalado su residencia en los acantilados. La Guardiana Horn dice que cortan a los globos de fuego como si fueran cuchillos vivientes. Dice que los globos se agitan indefensos y que luego se deshinchan para caer al mar sin poder defenderse. �Magn�fico!</p><p>�Hoy hemos tenido noticias de Playa �ndigo, Guardiana Qay. Una historia muy extra�a. Tres caminantes emergieron a toda prisa del agua, pero no se trataba de ning�n ataque. Estaban como enloquecidos e iban de un lado a otro aparentemente sufriendo enormes dolores, y de todas sus articulaciones colgaban una especie de sogas p�lidas y pegajosas. �Qu� era?</p><p>�En la costa de Nueva Atl�ntida ha encallado hoy un acorazado muerto. La Navaja Solar avist� otro esp�cimen muerto en su patrulla occidental. Estaba pudri�ndose en el agua. Varias especies desconocidas lo estaban haciendo pedazos.</p><p>�La Espada Estelar se desplaz� ayer a las Cumbres de Fuego y no vio m�s de media docena de Globos de Fuego. El Consejo de Guardianes est� pensando en reanudar los vuelos a�reos en trayectos no muy largos, empezando con las Perlas de la Concha, como prueba. �Qu� opina de ello, Guardiana Qay? �Cree aconsejable que corramos el riesgo o le parece prematuro?</p><p>Cada d�a llegaban nuevos informes ya cada nuevo vuelo de la Mant�cora Kefyra Qay sonre�a m�s ampliamente. Pero Haviland Tuf segu�a callado e impasible.</p><p>Cuando ya llevaban treinta y cuatro d�as de guerra, el jefe de Guardianes Lysan habl� con ella.</p><p>�Bueno, hoy se ha encontrado otro acorazado muerto. Debi� ser toda una batalla. Nuestros cient�ficos han estado analizando los restos contenidos en su est�mago y al parecer se hab�a estado alimentando exclusivamente de orcas y kraken azules.</p><p>Kefyra Qay torci� levemente el gesto y luego se encogi� de hombros.</p><p>�En Boreen encall� hoy un kraken gris �le dijo unos cuantos d�as despu�s el jefe de Guardianes Moen�. Los habitantes se quejan del olor e informan que presenta huellas gigantescas de mordiscos circulares. Es obvio que se trata de un acorazado, pero debe ser mucho m�s grande de lo habitual. �Qay se removi� inc�moda al o�r esa noticia.</p><p>�Todos los tiburones parecen haberse esfumado del Mar Ambarino. Nuestros bi�logos no encuentran ninguna explicaci�n v�lida para ello. �Qu� opina? Preg�ntele a Tuf, �quiere? �Kefyra Qay escuchaba en silencio, sintiendo algo parecido al temor.</p><p>�Una noticia muy extra�a para ustedes. Se ha visto algo movi�ndose por la Fosa Coterina. Tenemos informes tanto de la Navaja Solar como del Cuchillo Celeste y tambi�n varias confirmaciones de patrullas a�reas. Dicen que es algo enorme, una aut�ntica isla viviente, que se lo lleva todo a su paso. �Es algo suyo? Si lo es, puede que hayan cometido un error de c�lculo. Dicen que se est� comiendo a las barracudas, a las agujas terrestres ya las navajas a millares. �Kefyra Qay no supo qu� responder.</p><p>�Otra vez se han visto globos de fuego en las cercan�as de Playa Mullidor, a centenares. No s� si debo creer en los informes pero dicen que las mantas de aguij�n pasan junto a ellos sin hacerles caso. �Creen que�?</p><p>�Hemos vuelto a divisar parientes de los acorazados, �incre�ble, no? Cre�amos que se hab�an extinguido. Hay montones y se est�n comiendo a las especies m�s peque�as de Tuf como si nada. Tienen que�</p><p>�Se han divisado acorazados utilizando sus chorros de agua para derribar del cielo a los aulladores�</p><p>�Algo nuevo, Kefira, un volador� bueno, quiz� ser�a mejor decir una especie de planeador. Hay enjambres enteros de ellos y remontan el vuelo desde la espalda de los globos de fuego. Ya han derribado tres naves y las mantas no pueden competir con ellos�</p><p>��se acab�, se lo repito, ya no queda ni una, esas cosas que se escond�an entre las nubes han muerto todas. Los globos las est�n haciendo pedazos, el �cido no les afecta, est�n viniendo a montones�</p><p>��m�s avispas acu�ticas muertas, centenares de ellas, miles, d�nde est�n�</p><p>��otra vez caminantes. Castillo del Alba ya no emite, creo que ha sido destruida por ellos. No podemos entenderlo. La isla estaba rodeada de encaje sangriento y colonias de medusas. Tendr�a que haber resistido, a menos que�</p><p>�Playa �ndigo lleva una semana sin emitir� treinta, cuarenta globos de fuego en los alrededores de Cabben. El Consejo teme que�</p><p>��no hay noticias de Lobbadoon� un pez fortaleza muerto, tan grande como media isla� los acorazados se metieron dentro del puerto y�</p><p>��caminantes� Guardiana Qay, hemos perdido a la Espada Estelar, creemos que ha sido encima del Mar �rtico. La �ltima transmisi�n era muy confusa pero pensamos�</p><p>Kefyra Qay se puso en pie, casi temblando, y gir� en redondo para huir de la sala de comunicaciones y de todas sus pantallas que balbuceaban informes de muerte, destrucci�n y derrota. Haviland Tuf estaba inm�vil ante ella, su rostro p�lido e impasible, con Ingratitud pl�cidamente sentada en su hombro izquierdo.</p><p>��Qu� est� pasando? �le pregunt� la Guardiana. �Guardiana, hab�a cre�do que le resultar�a obvio a cualquier persona de una inteligencia normal. Estamos perdiendo. Puede que ya nos hayan derrotado.</p><p>Kefyra Qay luch� heroica mente para no gritar. ��No piensa hacer nada? �No piensa contraatacar? Todo es culpa suya, Tuf. No es un ingeniero ecol�gico. Es un simple comerciante que ni tan siquiera sabe lo que est� haciendo. Esa es la raz�n de que�</p><p>Haviland Tuf alz� la mano pidiendo silencio. �Por favor �dijo�, ya he tolerado considerables vejaciones por su parte y no deseo ser a�n m�s insultado. Soy un hombre tranquilo, de �nimo benevolente y amable, pero incluso yo puedo acabar cediendo a la ira si la provocaci�n es suficiente para ello. En estos momentos se est� acercando a dicho punto. Guardiana, no pienso aceptar ninguna responsabilidad en lo tocante a este desafortunado rumbo de los acontecimientos. Esta apresurada guerra biol�gica en la cual nos hemos comprometido no fue idea m�a. Fue su poco civilizado ultim�tum el que me oblig� a cometer ciertos actos, no muy inteligentes, para aplacarla con ellos. Por suerte, mientras usted ha pasado las noches regocij�ndose ante victorias tan ficticias como pasajeras, yo he continuado mi trabajo. He trazado el mapa de su mundo en mis ordenadores y en ese gr�fico he ido observando las m�ltiples etapas por las cuales ha pasado dicha guerra. He duplicado su biosfera en uno de mis tanques de mayor tama�o y he sembrado en �l muestras de vida namoriana clonadas a partir de espec�menes muertos, un pedazo de tent�culo por aqu� y un fragmento de caparaz�n por all�. He observado lo que ocurr�a, lo he analizado y por �ltimo he logrado llegar a ciertas conclusiones. Por supuesto que siguen siendo provisionales pero lo que ahora est� ocurriendo en Namor tiende a confirmar mi hip�tesis. Por todo ello, Guardiana, le pido que cese en sus intentos difamatorios.</p><p>Tras una refrescante noche de sue�o bajaremos a Namor y una vez all� intentar� poner fin a su guerra.</p><p>Kefyra Qay se le qued� mirando sin apenas atreverse a creer que sus temores pudieran ceder nuevamente paso a la esperanza.</p><p>�Entonces, �tiene la respuesta? �Ciertamente. �No ha quedado claro por mis palabras anteriores?</p><p>��De qu� se trata? �le pregunt� ella�. �Algunas criaturas nuevas? Quiero decir� ha estado clonando algo, �no? �Es alguna plaga? �Alg�n monstruo?</p><p>Haviland Tuf alz� nuevamente la mano. �Paciencia. Antes debo estar seguro. Se ha burlado de m� y no ha dejado de acosarme con tan constante vigor que dudo, una vez llegado el momento, antes de exponerme nuevamente al rid�culo por confiarle mis planes. Primero quiero probar su validez. Ma�ana hablaremos de todo. No habr� vuelo guerrero con la Mant�cora. En lugar de ello, quiero que vaya a Nueva Atl�ntida y arregle una sesi�n plenaria del Consejo de los Guardianes. Por favor, enc�rguese de transportar a quienes se encuentren en islas demasiado alejadas.</p><p>��y usted? �le pregunt� Kefyra Qay. �Yo me reunir� con el consejo llegado el momento. Antes debo llevar tanto mis planes como mi criatura a Namor para una misi�n particular. Creo que iremos en el F�nix, s�, creo que el F�nix ser� perfectamente adecuado para conmemorar el resurgimiento de su planeta de entre las cenizas. Es cierto que se trata de cenizas algo h�medas, pero son cenizas de todos modos.</p><empty-line/><p>Kefyra Qay se reuni� con Haviland Tuf en la cubierta de aterrizaje unos instantes antes de la hora fijada para el despegue. La Mant�cora y el F�nix se encontraban en sus soportes de lanzamiento rodeadas por una confusa multitud de naves medio destruidas. Haviland Tuf estaba tecleando con rapidez en un mi ni ordenador que llevaba abrochado a la mu�eca. Iba cubierto con una especie de gab�n hecho de vinil gris, provisto de numerosos bolsillos y unas hombreras m�s bien aparatosas. Una gorra marr�n y verde, en la que brillaba la insignia de los Ingenieros Ecol�gicos, cubr�a con una algo pretenciosa inclinaci�n su calva cabeza.</p><p>�Ya he hablado con el Control de Namor y el Cuartel General de los Guardianes �le dijo Kefyra Qay�. El Consejo est� reuni�ndose. Me encargar� de transportar una media docena de jefes de Guardianes, procedentes de los distritos m�s alejados, con lo cual todos estar�n presentes. �y usted, Tuf? �Est� preparado? �Se encuentra ya a bordo su misteriosa criatura?</p><p>�Pronto lo estar� �dijo Haviland Tuf con un pesta�eo. Pero Kefyra Qay no se dio cuenta de ese gesto, pues no le estaba mirando a la cara sino m�s abajo. �Tuf �dijo�, hay algo en su bolsillo. y se mueve. �Con expresi�n de incredulidad, Kefyra Qay vio como algo reptaba bajo el vini gris, formando arrugas en el tejido.</p><p>�Ah �dijo Tuf�, ciertamente. �y entonces la cabeza emergi� de su bolsillo, contemplando los alrededores con franca curiosidad. La cabeza pertenec�a a un gatito negro como el azabache y provisto de unos brillantes ojos amarillos.</p><p>�Un gato �murmur� con cierta amargura Kefyra Qay. �Posee usted una capacidad perceptiva rayana en lo incre�ble �dijo Haviland Tuf. Sac� nuevamente al gatito de su bolsillo y lo sostuvo en su blanca manaza, mientras le rascaba detr�s de la oreja�. Este es Dax �dijo con voz solemne. Dax ten�a apenas la mitad del tama�o de sus cong�neres a�n no adultos y se parec�a mucho a una bolita de pelo negro, aunque ten�a un aspecto curiosamente fl�cido e indolente.</p><p>�Maravilloso �replic� la Guardiana�. �Dax, eh? �De d�nde ha salido �ste�? No, no es preciso que me responda, ya puedo adivinarlo. Tuf, �no tenemos por hacer cosas mucho m�s importantes que ir jugando con gatos?</p><p>�No me lo parece �dijo Haviland Tuf�. Guardiana, no aprecia usted a los gatos en la medida suficiente. Son las m�s civilizadas de todas las criaturas y no puede llamarse aut�nticamente civilizado a un mundo sin gatos. �Ya sabe usted que desde �pocas inmemoriales todos los gatos han pose�do ciertos poderes ps�quicos. �Sab�a que ciertas culturas de la Vieja Tierra los adoraban como a dioses?</p><p>�Por favor �le dijo ella con irritaci�n�. No tenemos tiempo para una discusi�n sobre gatos. �Piensa llevar con usted a esa pobre criatura hasta Namor?</p><p>Tuf pesta�e�. �Ciertamente. Esta pobre criatura, tal y como usted la ha calificado despectivamente, es la salvaci�n de Namor y creo que, dadas las circunstancias, quiz� se imponga tenerle un cierto respeto.</p><p>Kefyra Qay le mir� como si se hubiera vuelto loco. ��Qu�? �Eso? ��l? Quiero decir� �Dax? �Est� hablando seriamente? Debe ser una broma, �no? Deber ser una broma de mal gusto, una locura. Debe tener algo dentro del F�nix, alg�n inmenso leviat�n capaz de limpiar el mar de esos acorazados, algo, cualquier cosa, no s�. Pero no puede referirse a� no puede referirse a� a eso.</p><p>�Pues s�, me refiero a �l �dijo Haviland Tuf�. Guardiana, me resulta francamente agotador verme obligado una y otra vez a proclamar lo obvio. Dada su insistencia les proporcion� krakens, mantas de aguij�n y encaje sangriento, pero no han resultado eficaces. Por lo tanto, y despu�s de haberlo meditado mucho, he clonado a Dax.</p><p>�Un gatito �dijo ella�. Piensa utilizar un gatito contra los acorazados, los globos de fuego y los caminantes. jun min�sculo gatito!</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf. La contempl� durante unos segundos con el ce�o fruncido, confin� nuevamente a Dax en el interior de su inmenso bolsillo y le dio la espalda, dirigi�ndose hacia el F�nix que permanec�a esper�ndole.</p><empty-line/><p>Kefyra Qay se estaba poniendo muy nerviosa. Los veinticinco jefes Guardianes que dirig�an la defensa de todo Namor, estaban tambi�n empezando a inquietarse despu�s de largas horas de espera en la Torre del Rompeolas, en Nueva Atl�ntida. De hecho, algunos llevaban ya todo el d�a en las estancias del consejo. La gran mesa de conferencias estaba atestada de listados, comunicadores personales y vasos de agua vac�os. Ya se hab�an servido dos comidas y luego se hab�an eliminado sus restos. El jefe Alis estaba hablando con voz apremiante y altiva al jefe Lysan, delgado y de expresi�n austera, junto a la gran ventana curva que dominaba el extremo m�s alejado de la estancia. Ambos comenzaron a mirar de vez en cuando a Kefyra Qay en forma bastante significativa. A su espalda el sol empezaba a ocultarse y la gran ensenada se te��a de escarlata. La escena era tan bella que resultaba dif�cil prestar atenci�n a los puntitos brillantes, cada uno de los cuales correspond�a a una de las naves de los Guardianes, que patrullaban incesantemente.</p><p>Ya casi era de noche, los miembros del consejo se remov�an con gru�idos de impaciencia en sus grandes sillones acolchados y Haviland Tuf no hab�a hecho a�n acto de presencia.</p><p>��Cu�ndo dijo que estar�a aqu�? �le pregunt� por quinta vez el jefe Khem.</p><p>�No fue demasiado preciso al respecto, jefe de Guardianes �le replic� con cierta inquietud, tambi�n por quinta vez, Kefyra Qay.</p><p>Khem frunci� el ce�o y tosi� levemente.</p><p>De pronto uno de los comunicadores empez� a zumbar y el jefe Lysan lo cogi� sin perder ni un segundo.</p><p>��S�? �dijo�. Entiendo. Muy bien. Esc�ltenle hasta aqu� �dej� nuevamente el comunicador sobre la mesa y golpe� levemente el borde con la mano, pidiendo silencio. Los dem�s miembros del consejo ocuparon sus asientos, interrumpieron sus conversaciones y se irguieron para prestar atenci�n. En la gran estancia rein� el silencio m�s completo�. Era la patrulla. La nave de Tuf ha sido divisada. Me alegra poder informarles de que ya viene �y, mirando a Kefyra Qay, a�adi�: Por fin.</p><p>La Guardiana se sinti� todav�a m�s nerviosa. Ya resultaba bastante malo que Tuf les hubiera hecho esperar, pero empezaba a temer horrores al instante de su entrada en la sala con Dax asomando de su bolsillo. Qay no hab�a logrado encontrar palabras con las que informar a sus superiores de que Tuf se propon�a salvar Namor con un gatito negro. Se removi� en su asiento, acarici�ndose con nerviosismo las prominentes aristas de su nariz. Ten�a la impresi�n de que iba a pasar un mal rato.</p><p>La cosa fue mucho peor de lo que se hab�a imaginado. Todos los jefes de Guardianes esperaban, r�gidos y silenciosos, con la mirada fija en las puertas. Estas se abrieron y Haviland Tuf cruz� el umbral, escoltado por cuatro guardias armados que vest�an monos dorados. Ten�a un aspecto lamentable. Al caminar sus botas emit�an h�medos ruidos de succi�n y su gab�n estaba cubierto de barro. Tal y como hab�a pensado, Dax asomaba de su bolsillo izquierdo con las patas fuera y sus grandes ojos examinando cuanto le rodeaba. Pero los jefes de Guardianes no estaban mirando al gatito. Bajo el otro brazo, Haviland Tuf llevaba una roca fangosa que tendr�a el tama�o aproximado de una cabeza humana. La roca estaba cubierta por una gruesa capa de barro marr�n verdoso y un reguero de agua flu�a de ella para caer sobre la lujosa alfombra.</p><p>Sin decir palabra Tuf se encamin� directamente hacia la mesa de conferencias y dej� la roca en su centro. En ese momento Kefira Qay distingui� los tent�culos, p�lidos y delgados como hilos, y se dio cuenta de que no era una roza, despu�s de todo.</p><p>��Una concha de fango! �dijo en voz alta, sorprendida. No resultaba extra�o que hubiera sido incapaz de reconocerla al principio. Hab�a visto muchas con anterioridad; pero no hasta despu�s de ser lavadas y hervidas y de que les hubieran quitado los anillos. Normalmente se las serv�a con un martillo y un cincel para abrir el caparaz�n, que ten�a una consistencia parecida a la del hueso, acompa��ndolas con mantequilla derretida y especias.</p><p>Los jefes Guardianes contemplaron el objeto con asombro durante unos instantes y luego empezaron a hablar todos a la vez, con lo que la c�mara del consejo se convirti� en una ininteligible confusi�n de voces superpuestas.</p><p>��es una concha de fango, no comprendo� ��Qu� significa todo esto?</p><p>�Nos hace esperar todo el d�a y luego se presenta ante nosotros cubierto de barro y porquer�a. La dignidad del consejo est�</p><p>��oh, debe hacer unos dos a�os que no he comido� es imposible que �se sea el hombre que va a salvarnos�</p><p>��est� loco, no hace falta m�s que� tiene algo en el bolsillo, �qu� es? �Mirad! �Dios m�o, se ha movido! Os digo que est� vivo, vi c�mo�</p><p>��Silencio! �Las voz de Lysan atraves� el tumulto como un cuchillo. La estancia fue acall�ndose a medida que los jefes de Guardianes se volv�an hacia �l, uno a uno�. Nos hemos reunido atendiendo a su petici�n �le dijo Lysan con cierto sarcasmo a Tuf�. Esper�bamos que nos traer�a una respuesta y en vez de eso, aparentemente, nos ha tra�do la cena.</p><p>Alguien se ri� al otro extremo de la mesa. Haviland Tuf contempl� con el ce�o fruncido sus manos embarradas y luego se las limpi� con gestos lentos y delicados en su gab�n. Sac� a Dax de su bolsillo y deposit� el aletargado cachorro negro sobre la mesa. Dax bostez�, se estir� minuciosamente y luego fue hacia el jefe de Guardianes m�s pr�ximo, el cual le contempl� con ojos horrorizados y se apresur� a retirar lo m�s posible su asiento de la mesa. Tuf, mientras tanto, se hab�a quitado su enorme gab�n, que chorreaba de agua y fango y, tras buscar un sitio donde guardarlo, acab� colg�ndolo del rifle l�ser de uno de sus guardianes. S�lo entonces se volvi� hacia la mesa de conferencias.</p><p>�Estimados jefes de Guardianes �dijo�, lo que contemplan ante ustedes no es precisamente la cena y en esa misma actitud es donde se encuentra la ra�z de todos sus problemas. Es el embajador de la raza que comparte Namor con ustedes y su nombre, lamentablemente, est� mucho m�s all� de mis miserables capacidades. Su gente se enfadar�a much�simo si se lo comieran.</p><empty-line/><p>Finalmente alguien le trajo un mazo a Lysan y �ste lo emple� durante el tiempo necesario y con tal contundencia que logr� atraer la atenci�n de todos y el tumulto fue acall�ndose lentamente. Haviland Tuf hab�a permanecido impasible durante el griter�o, con los brazos cruzados sobre el pecho y el rostro totalmente carente de expresi�n. S�lo una vez restaurado el silencio abri� nuevamente la boca.</p><p>�Quiz� deba explicarme �dijo. �Est� loco �exclam� el jefe Harvan, mirando alternativamente a Tuf ya la concha de barro�, est� loco de remate.</p><p>Haviland Tuf cogi� a Dax de la mesa, se lo puso encima del brazo y empez� a pasarle la mano por el lomo.</p><p>�Incluso en nuestro momento de triunfo debemos vernos insultados y sometidos al escarnio �le dijo al gatito.</p><p>�Tuf �dijo Lysan desde la cabecera de la mesa�, lo que sugiere es imposible. Hemos explorado Namor con bastante detalle en el siglo que llevamos aqu� y estamos seguros de que no hay en �l razas inteligentes. No hay ciudades, no hay caminos, no hay se�ales de ninguna civilizaci�n ni tecnolog�a anterior a la nuestra, no hay ruinas ni artefactos. No hay nada, ni encima del mar ni debajo de �l.</p><p>�Lo que es m�s �dijo una mujer entrada en carnes y de cara rojiza�, es imposible que las conchas de fango sean inteligentes. Concedo que poseen cerebros del tama�o de un ser humano, pero eso es todo lo que tienen. Carecen de ojos, orejas y narices, no tienen pr�cticamente ning�n equipo sensorial salvo el necesario para el tacto. Lo �nico que poseen como �rganos para la manipulaci�n son esos anillos y son tan d�biles que, apenas si bastar�an para levantar un guijarro. De hecho, s�lo sirven para anclar sus cuerpos en el lecho marino. Son hermafroditas y francamente poco evolucionadas, siendo capaces de movimiento s�lo durante su primer mes de vida, antes de que su caparaz�n se endurezca y adquiera el peso de la etapa adulta. Una vez que se enra�zan en el fondo y se cubren de barro no vuelven a moverse nunca m�s. Se quedan en el mismo sitio durante cientos de a�os.</p><p>�Durante millares �dijo Haviland Tuf�, pues son criaturas de una longevidad m�s que notable. Todo lo que ha dicho es indudablemente correcto, pero las conclusiones que saca de tales hechos son err�neas. Han dejado que les cegara la belicosidad y el temor. Si hubieran intentado no dejarse arrastrar por su situaci�n personal y se hubieran tomado el tiempo necesario para pensar lo suficiente, tal y como hice yo, no tengo ni la menor duda de que incluso para sus mentes militares habr�a resultado obvio que no se hallaban ante una cat�strofe natural. S�lo las maquinaciones de alguna inteligencia hostil pod�an explicar de un modo satisfactorio el tr�gico curso de los acontecimientos en Namor.</p><p>�No pretender� hacernos creer que� �empez� a decir alguien.</p><p>�Caballeros �le interrumpi� Haviland Tuf�, tengo la esperanza de que me escuchen y si dejan de hablar a la vez se lo explicar� todo. Entonces podr�n escoger entre creerme o no, seg�n sea su capricho. En tal caso, tomar� lo que se me debe y partir� �Tuf mir� a Dax�. Idiotas, Dax. Estamos rodeados de idiotas vayamos, adonde vayamos �luego se gir� hacia los jefes de Guardianes y prosigui�. Tal y como ya he dicho, estaba claro que alguna inteligencia se encontraba detr�s de todo esto y la dificultad era encontrar de qu� inteligencia se trataba. Estuve examinando el trabajo de sus bi�logos, tanto vivos como ya fallecidos; le� todo lo que pude hallar sobre su flora y fauna y recre� a bordo del Arca bastantes formas de vida nativa. No me pareci� que entre ellas se encontrara ning�n candidato a dicho papel, ya que las se�ales t�picas de la vida inteligente incluyen un cerebro m�s bien grande, sofisticados sensores biol�gicos, movilidad y alg�n tipo de �rgano manipulador, tal como el pulgar oponible. En ning�n lugar de Namor me resultaba posible hallar una criatura de tales caracter�sticas y, pese a ello, mi hip�tesis era correcta. Por lo tanto, y dada la carencia de candidatos probables, tuve que concentrarme en los improbables.</p><p>�Con tal fin estudi� la historia de los problemas actuales y de inmediato hice varios descubrimientos interesantes. Cre�an que sus monstruos marinos hab�an emergido de las simas tenebrosas del mar pero, �cu�l fue el lugar de sus primeras apariciones? En las zonas cercanas a la costa y de poca profundidad, aquellas en las que se practicaba extensamente la pesca y la agricultura mar�tima. �Qu� hab�a en com�n en tales zonas? Ciertamente, y ello debe admitirse, una abundancia desacostumbrada de vida, pero no la misma vida. Los peces que pueblan las aguas de Nueva Atl�ntida no frecuentan las de Mano Rota. Pero logr� encontrar dos excepciones interesantes, dos especies que pod�an hallarse virtualmente por doquier. Las conchas de fango, yaciendo inm�viles en sus lechos marinos durante el lento paso de los siglos y, en un principio, esos lejanos antepasados de los acorazados actuales. La vieja raza nativa de Namor tiene otro nombre para ellos: les llaman guardianes.</p><p>�Una vez hube llegado a tal punto, s�lo era cuesti�n de trabajar en ciertos detalles y confirmar mis sospechas. Podr�a haber llegado a estas mismas conclusiones mucho antes, de no haber sido por las groseras interrupciones de la oficial de enlace Kefira Qay, quien no dejaba de perturbar mi concentraci�n en el estudio y que acab� oblig�ndome a perder el tiempo, mediante modos refinadamente crueles, en la creaci�n de los kraken grises, las navajas y multitud de criaturas semejantes. En el futuro tendr� gran cuidado de rehuir dicho tipo de relaciones en mi trabajo.</p><p>�Sin embargo, el experimento no careci� por completo de utilidad, pues confirm� mi teor�a sobre cu�l era la verdadera situaci�n de Namor y ello me espole� a seguir adelante. Los estudios geogr�ficos me mostraron que la mayor concentraci�n de monstruos se daba en las zonas donde hab�a conchas de fango y los combates m�s encarnizados se hab�an dado en tales lugares. Estaba claro que esas criaturas, que tan deliciosamente comestibles le parecen a su gente, eran sus misteriosos enemigos. M�s, �c�mo era posible? Esas criaturas ten�an grandes cerebros, cierto, pero les faltaban todos los dem�s rasgos que asociamos a la inteligencia tal y como la conocemos. �Y �se era el centro del enigma! Estaba claro que su inteligencia no era como la que nos es conocida y familiar, pues, �qu� clase de ser inteligente podr�a vivir bajo el mar, inm�vil, ciego, sordo y desprovisto de cualquier clase de estimulaci�n sensorial? Estuve meditando en ello y, caballeros, la respuesta es obvia. Una inteligencia como �sa deb�a poseer medios de contacto con el mundo, que nosotros no tenemos y deb�a poseer igualmente sus propias formas de sentir y comunicar. Una inteligencia de tal tipo deb�a ser telep�tica, ciertamente. Cuanto m�s lo pensaba m�s obvio me parec�a.</p><p>�Por lo tanto, ya s�lo quedaba poner a prueba mis conclusiones. Con dicho fin engendr� a Dax. Caballeros, todos los felinos poseen ciertas trazas de habilidades psi�nicas. Hace muchos siglos, en los d�as de la Gran Guerra, los soldados del Imperio Federal combatieron a enemigos dotados de terribles poderes psi: las Mentes Hranganas y los sobrealmas githyanki. Para luchar contra enemigos tan formidables, los ingenieros gen �ticos tuvieron que acudir a los felinos, aumentando y aguzando enormemente sus habilidades psi�nicas y haci�ndoles capaces de comunicar extrasensorialmente con los seres humanos. Dax pertenece a ese tipo tan especial de felinos.�</p><p>��Quiere decir que esa cosa nos est� leyendo la mente? �le pregunt� secamente Lysan.</p><p>�S�, al menos si hay algo que valga la pena leer en ella �dijo Haviland Tuf�. Pero lo m�s importante de todo es que, mediante Dax, pude establecer contacto con esa vieja raza, a la que ustedes han bautizado ignominiosamente como conchas de fango. Una raza totalmente telep�tica.</p><p>�Durante un n�mero incontable de milenios su raza vivi� en paz y tranquilidad bajo los mares de este mundo. Son una raza lenta y filos�fica y su n�mero se contaba en miles de millones, estando cada individuo unido a los dem�s, siendo cada uno parte del gran todo racial y, al mismo tiempo, una personalidad propia. En cierto sentido eran inmortales, pues todos compart�an las experiencias de todos y la muerte de uno solo no era nada para el todo. Sin embargo, las experiencias no eran algo que abundara demasiado en el mar inmutable y, durante la mayor parte de sus vidas, los individuos de la raza se consagraban al pensamiento abstracto, a la filosof�a ya extra�as meditaciones oce�nicas que ni ustedes ni yo podemos realmente comprender. Se les podr�a calificar de m�sicos silenciosos ya que su raza ha tejido enormes sinfon�as de sue�os, canciones que nunca tendr�n final.</p><p>�Antes de que la humanidad llegara a Namor, pasaron millones de a�os sin tener aut�nticos enemigos, aunque no siempre hab�a sido as�. En los inicios de este h�medo planeta, los oc�anos estaban llenos a rebosar de seres a los cuales el sabor de los so�adores les parec�a tan placentero como a ustedes. Pero, incluso entonces, la raza ya comprend�a los principios de la gen�tica y la evoluci�n. Con su gran red de mentes unidas entre s�, fueron capaces de manipular la textura b�sica de la vida, con mucha m�s habilidad que cualquier ingeniero gen �tico. y de ese modo acabaron creando a sus guardianes, formidables predadores con el imperativo biol�gico de proteger a los seres que ustedes llaman conchas de fango. Eran los antepasados lejanos de los actuales acorazados y, desde el momento de su creaci�n, se encargaron de guardar los lechos de la raza, en tanto que los so�adores volv�an a componer sus sinfon�as de pensamientos.</p><p>�Entonces llegaron los colonos de Acuario y Viejo Poseid�n. Perdidos en sus meditaciones los so�adores no se enteraron realmente de tal llegada durante muchos a�os. Durante este tiempo, los colonos pescaron, cosecharon el mar y descubrieron el sabor de las conchas de fango. jefes de Guardianes!, deben pensar por unos instantes en lo que represent� su descubrimiento para ellos. Cada vez que un miembro de la raza era sumergido en agua hirviente todos compart�an sus sensaciones. Para los so�adores fue como si de pronto hubiera evolucionado un predador tan terrible como nuevo, surgiendo de la nada, en un lugar que a ellos les interesaba muy poco. El continente. No ten�an ni la menor idea de que pudieran ser inteligentes, ya que no pod�an concebir una inteligencia capaz de comunicarse por telepat�a, del mismo modo que a ustedes les resultaba inconcebible una inteligencia ciega, sorda, inm�vil y comestible. Para ellos, las cosas que se mov�an y que eran capaces de manipular los objetos, aliment�ndose de carne, eran meros animales y no pod�an ser otra cosa.</p><p>�El resto ya lo saben o pueden imagin�rselo. Los so�adores son una raza lenta, perdida en sus inmensas canciones y su respuesta fue igualmente lenta. Primero se limitaron a ignorarles, creyendo que el ecosistema se encargar�a de poner coto a sus rapi�as. Pero no sucedi� as� y pronto les pareci� que estos nuevos depredadores carec�an de enemigos naturales. Se reproduc�an de un modo constante y veloz y muchos millares de mentes de la raza cayeron en el silencio. Finalmente tuvieron que volver a los saberes casi olvidados de su lejano pasado y despertaron para protegerse a s� mismos. Aceleraron la reproducci�n de sus guardianes, hasta que encima de sus lechos marinos hubo aut�nticos enjambres de sus protectores, pero esos seres, que en el pasado tan admirablemente se hab�an bastado para defenderles de sus enemigos, no era un rival adecuado para ustedes. y de ese modo no les qued� m�s remedio que tomar nuevas medidas. Sus mentes dejaron a un lado la gran sinfon�a y, formando un todo, examinaron la situaci�n y la comprendieron. Despu�s empezaron a crear nuevos guardianes, guardianes lo bastante temibles como para protegerles de esta nueva y terrible n�mesis. As� empez� todo. Cuando el Arca lleg� a su planeta, Kefira Qay me oblig� a desencadenar sobre su pac�fico dominio una multitud de nuevas amenazas y los so�adores se vieron obligados a retroceder. Pero la lucha les hab�a hecho m�s r�pidos y su respuesta no tard� en llegar. En un corto lapso de tiempo empezaron a so�ar nuevos guardianes y los enviaron al combate contra las criaturas que yo hab�a dejado sueltas en Namor. Incluso ahora, cuando les estoy hablando en esta imponente torre del Consejo, una terrible multitud de nuevas especies se agita bajo los oc�anos y no tardar�n en turbar su descanso durante los a�os venideros. A no ser, naturalmente, que se firme la paz. Esa decisi�n es totalmente suya. Yo no soy m�s que un humilde ingeniero ecol�gico y no se me ocurrir�a, ni en sue�os, imponerles una cosa u otra. Sin embargo, �sa es mi sugerencia, y la hago con todo el fervor y la convicci�n de que soy capaz. Aqu� tienen al embajador que yo personalmente he sacado del mar y bien podr�a a�adir que al precio de bastantes incomodidades. Los so�adores se encuentran ahora m�s bien inquietos, pues cuando sintieron a Dax entre ellos, mediante su mente, entraron en contacto con la m�a, su universo se hizo repentinamente un mill�n de veces m�s grande. Hoy mismo han descubierto las estrellas y, a�n m�s, que no se encuentran solos en el cosmos.</p><p>Creo que se mostrar�n razonables, dado que la tierra no les sirve de nada y el pescado no les parece un alimento digno de tal nombre, con Dax y conmigo aqu� presentes, �Podemos empezar la conferencia?</p><p>Pero cuando Haviland Tuf se call� hubo un largo intervalo de silencio. Los jefes de Guardianes permanec�an inm�viles, con el rostro l�vido y aturdido. Uno a uno fueron desviando la mirada de los impasibles rasgos de Tuf y acabaron pos�ndola en el caparaz�n fangoso, en el ser que reposaba sobre la mesa.</p><p>Y, finalmente, Kefira Qay logr� hablar. ��Qu� quieren? �pregunt� con voz temblorosa. �Principalmente �dijo Haviland Tuf�, quieren dejar de ser considerados como alimento, lo cual me parece una proposici�n francamente muy comprensible. �Qu� contestan a ello?</p><p>�Dos millones no es suficiente �dijo Haviland Tuf cierto tiempo despu�s, sentado en la sala de comunicaciones del Arca. Dax estaba tranquilamente instalado en su regazo, aunque le faltaba la acostumbrada y fren�tica energ�a de los dem�s gatitos. En un rinc�n de la estancia, Sospecha y Hostilidad se persegu�an velozmente entre ellos.</p><p>En la pantalla los rasgos de Kefira Qay se torcieron en una mueca de suspicacia.</p><p>��A qu� se refiere? Tuf, �se fue el precio que acordamos. Si est� intentando enga�arnos�</p><p>��Enga�arles? �Tuf suspir�. �La has o�do, Dax? Despu�s de todo lo que hemos hecho, se nos sigue agrediendo despreocupadamente con ese tipo de acusaciones desagradables. S�, desagradables e infundadas, por extra�a que parezca esa palabra aplicada a mis acciones. �Mir� nuevamente hacia la pantalla. Guardiana Qay, recuerdo perfectamente cu�l fue el precio acordado. Por dos millones de unidades base, me encargu� de resolver sus dificultades. Analic�, medit� y acab� dando con la teor�a capaz de proporcionarles el traductor que tan urgentemente necesitaban. He llegado al extremo de entregarles veinticinco gatos tel�patas, cada uno conectado a uno de sus jefes de Guardianes, para facilitar las comunicaciones que deban tener lugar despu�s de mi marcha. Tambi�n ello se encuentra incluido en los t�rminos de nuestro acuerdo inicial, ya que resultaba necesario para resolver el problema. Y, dado que en el fondo de mi coraz�n soy m�s bien un fil�ntropo que un negociante, por no mencionar mi profunda comprensi�n de los sentimientos humanos, incluso le he permitido que se quedara con Estupidez, dado que �ste lleg� a encari�arse de modo claramente exagerado con usted por razones que me resultan totalmente incomprensibles. Tampoco pienso exigir precio alguno por ello.</p><p>�Entonces, �por qu� pide tres millones m�s? �le pregunt� Kefira Qay.</p><p>�Por un trabajo innecesario que me vi cruelmente obligado a realizar �replic� Tuf�. �Desea que le haga una descripci�n m�s detallada de dicho trabajo?</p><p>�S�, me gustar�a mucho que me la hiciera �dijo ella. �Muy bien. Por los tiburones, las barracudas y los pulpos gigantes. Por las orcas, los kraken grises y los kraken azules; por el encaje sangriento y las medusas. Veinte mil unidades por cada uno. Por los peces fortaleza, cuarenta mil. Por la hierba-que-llora-y-susurra, ochenta� �y as� continu� durante un tiempo muy, muy largo.</p><p>Una vez hubo terminado Kefira Qay apret� los labios con firmeza y dijo:</p><p>�Someter� su factura al Consejo de los Guardianes. Pero puedo decirle ahora mismo que sus peticiones me parecen injustas y desorbitadas y que nuestra balanza comercial no es lo suficientemente buena como para permitir semejante salida de divisas fuertes. Puede esperar en �rbita durante un centenar de a�os, Tuf, pero no conseguir� cinco millones.</p><p>Haviland Tuf alz� las manos en un adem�n de rendici�n.</p><p>�Ah� �dijo�. De modo que una vez m�s, por culpa de mi natural confianza en los otros, debo sufrir una p�rdida� entonces, �no recibir� mi paga?</p><p>�Dos millones �dijo la Guardiana�. Tal y como fue acordado.</p><p>�Supongo que pod�a resignarme a esta decisi�n, tan cruel como falta de �tica, y aceptarla como una de las duras lecciones de la vida. Muy bien, as� sea. �Acarici� lentamente a Dax�. Se ha dicho una y otra vez que quienes no saben aprender de la historia est�n condenados a repetirla y el �nico culpable de este desdichado giro de los acontecimientos soy yo mismo. Vaya, pero si hace tan s�lo unos cuantos meses estuve contemplando un drama hist�rico sobre una situaci�n an�loga a la actual. En el drama se ve�a a una sembradora como la m�a que libraba a un peque�o planeta de una molest�sima plaga, s�lo para computar que el ingrato gobierno de dicho planeta se negaba a pagar. Si hubiera sido m�s inteligente, eso me habr�a ense�ado a exigir mi pago por adelantado. �Suspir�. Pero no fui inteligente y por ello ahora debo sufrir las consecuencias �acarici� nuevamente a Dax y guard� silencio durante unos instantes�. Puede que a su Consejo de Guardianes le interese contemplar dicha cinta por razones de pura y simple distracci�n. Se trata de un holograma totalmente dramatizado. La interpretaci�n es buena y adem�s proporciona fascinantes perspectivas sobre el poder y las capacidades de una nave como �sta. Me pareci� altamente educativo. Su t�tulo es La sembradora de Hamelin.</p><empty-line/><p>Naturalmente, le pagaron.</p></section><section><title><p>4 � UNA SEGUNDA RACION</p></title><p>Era m�s una costumbre que una afici�n y, desde luego, no se trataba de algo adquirido deliberadamente o por pura malicia. Sin embargo, lo indudable era que Haviland Tuf no pod�a librarse ya de ese rasgo de su car�cter. Coleccionaba naves espaciales.</p><p>Quiz�s hubiera resultado m�s preciso decir que acumulaba naves espaciales. Lo innegable era que el sitio para ello no le faltaba. Cuando Tuf puso por primera vez el pie en el Arca encontr� en su interior cinco lanzaderas negras con alas triangulares; el casco medio destrozado de un mercante de Rhiannon, con su t�pico vientre protuberante, y tres naves alien�genas: un caza Hruun, fuertemente armado y otras dos naves mucho m�s extra�as, cuyas historias y constructores segu�an siendo un enigma para �l. A esa abigarrada flota se hab�a a�adido el estropeado nav�o mercante del propio Tuf, la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios.</p><p>Eso fue solamente el principio. En sus viajes, Tuf no tard� en descubrir que las naves se iban acumulando en su cubierta de aterrizaje, al igual que el polvo se acumula bajo la consola de un ordenador y los papeles parecen reproducirse sobre el escritorio de un bur�crata.</p><p>En Puerto Libre el monoplaza del negociador hab�a resultado tan estropeado por el fuego del enemigo, al forzar el bloqueo impuesto, que Tuf no tuvo otro remedio que transportarlo, durante el regreso, en su lanzadera Mant�cora. Naturalmente, lo hizo una vez hubo concluido el contrato. De ese modo adquiri� otra nave.</p><p>En Gonesh los sacerdotes del dios elefante jam�s hab�an visto un elefante. Tuf se encarg� de clonar para ellos unos cuantos reba�os y, para luchar contra la monoton�a, incluy� en su entrega unos cuantos mastodontes, un mamut lanudo y un colmillos de trompeta de Trigya. Los goneshi, que deseaban no tener ning�n contacto comercial con el resto de la humanidad, hab�an pagado su factura con la flota de viejas espacionaves, en las que sus antepasados hab�an llegado para colonizar el planeta. Tuf hab�a logrado vender dos de las naves a los museos y el resto de la flota hab�a ido a parar al desguace pero, siguiendo un capricho moment�neo, se qued� con una.</p><p>En Karaleo hab�a logrado vencer al Se�or del Orgullo Dorado Calcinado por la Llama en una apuesta consistente en beber m�s que el contrario y hab�a ganado una lujosa nave-le�n como premio a sus esfuerzos, aunque el perdedor hab�a tenido el poco generoso detalle de quitar casi todos los adornos de oro s�lido que hab�a en el casco antes de entreg�rsela.</p><p>Los Art�fices de Mhure, que se enorgullec�an desusadamente de sus obras, hab�an quedado complacidos con las astutas dragoneras, que Tuf les hab�a entregado para poner freno a su plaga de ratas aladas, y le entregaron una lanzadera de hierro y plata en forma de drag�n con enormes alas de murci�lago.</p><p>Los Caballeros de San Crist�bal, cuyo mundo sede hab�a perdido gran parte de sus encantos, debido a las depredaciones infligidas en �l por enormes saurios volantes a los que llamaba dragones (en parte por lo solemne de tal nombre y en parte debido a una aut�ntica falta de imaginaci�n), hab�an acabado igualmente complacidos cuando Tuf les proporcion� a los jorges, unos diminutos simios sin vello a quienes nada les gustaba m�s que atracarse con huevos de drag�n. Por lo tanto, los caballeros le hab�an entregado una nave que se parec�a a un huevo hecho de piedra y madera. Dentro de la yema hab�a unos c�modos asientos recubiertos con cuero de drag�n pulido al aceite, cien fant�sticas palancas de lat�n y un mosaico de cristales esmerilados all� donde habr�a debido encontrarse la telepantalla. Los muros de madera estaban adornados con ricos tapices hechos a mano, representando grandes haza�as de los caballeros. Naturalmente, la nave jam�s podr�a funcionar. En la pantalla no pod�a verse nada, las palancas no produc�an el menor efecto si se las mov�a y los sistemas de apoyo vital eran incapaces de cumplir dicha misi�n. Sin embargo, Tuf la acept�.</p><p>Y, de este modo, hab�a ido recogiendo una nave aqu� y otra all� hasta que su cubierta de aterrizaje empez� a parecer un basurero estelar. Por ello, cuando Haviland Tuf decidi� volver a S�uthlam, pudo escoger entre una amplia gama de naves.</p><p>Hac�a mucho tiempo que hab�a llegado a la conclusi�n de que volver en el Arca no resultar�a muy inteligente. Despu�s de todo, cuando hab�a salido del sistema S�uthlam�s lo hab�a hecho con la Flota Defensiva Planetaria detr�s de �l, francamente decidida a confiscar su sembradora. Los s�uthlameses eran un pueblo altamente avanzado y provisto de una tecnolog�a muy sofisticada que, sin duda alguna, habr�an conseguido hacer sus naves de guerra mucho m�s veloces y peligrosas en los cinco a�os que Tuf llevaba sin visitarles. Por lo tanto, parec�a imponerse una discreta exploraci�n inicial y, afortunadamente, Haviland Tuf se ten�a por un verdadero maestro del disfraz.</p><p>Desconect� el hiperimpulso del Arca en la fr�a oscuridad del espacio interestelar, a un a�o luz de S�ulstar, y baj� a la cubierta de aterrizaje para inspeccionar su flota. Acab� decidi�ndose por la nave-le�n. Era grande y r�pida, tanto su sistema de impulso estelar como los de apoyo vital estaban en buenas condiciones y Karaleo se encontraba lo bastante lejos de S�uthlam como para hacer improbable el comercio entre dos mundos, con lo cual los posibles fallos que cometiera en el curso de su impostura pasar�an seguramente inadvertidos. Antes de partir, Haviland Tuf ti�� su lechosa piel barba rojo dorada y una desordenada melena del mismo color, peg� sobre sus ojos unas cejas de aire m�s bien feroz y envolvi� su ventrudo e imponente corpach�n con todo tipo de pieles multicolores {sint�ticas) y cadenas de oro {que en realidad eran meras imitaciones de lat�n) hasta llegar a parecerse, como una gota de agua a otra, a un noble de Karaleo. La mayor parte de sus gatos permanecieron sanos y salvos en el Arca, pero se llev� a Dax, el gatito tel�pata de color negro e inmensos ojos dorados, meti�ndolo en uno de sus profundos bolsillos. Le dio a su nave un nombre veros�mil y adecuado, la llen� hasta los topes con hongos estofados, que antes hab�a liofilizado, escogi� dos barriles de la espesa Malta de San Crist�bal, program� el ordenador con algunos de sus juegos favoritos y emprendi� el viaje.</p><p>Cuando apareci� en el espacio normal cerca del globo de S�uthlam y sus enormes muelles orbitales, Tuf fue interpelado de inmediato. En la enorme pantalla de la sala de control (a la cual se le hab�a dado la forma de un gran ojo, otra interesante afectaci�n t�pica de Karaleo) aparecieron los rasgos de un hombrecillo con aire de cansancio.</p><p>�Aqu� Control de la Casa de la Ara�a, Puerto de S�uthlam �dijo a modo de identificaci�n�. Le tenemos en pantalla, mosca. Identificaci�n, por favor.</p><p>Haviland Tuf extendi� la mano activando su comunicador.</p><p>�Aqu� el Feroz Rugidor del Veldt �dijo con voz impasible y carente de toda inflexi�n�. Deseo que se me asegure permiso para atracar.</p><p>�Menuda sorpresa �dijo el encargado de control con aburrido sarcasmo�. Muelle cuatro-treinta-siete. Corto. �Su rostro fue reemplazado por un diagrama en el cual se indicaba la posici�n del muelle en relaci�n al resto de la estaci�n orbital. Luego la transmisi�n se interrumpi�.</p><p>Una vez hubo atracado, un equipo de aduanas subi� a bordo. Una mujer inspeccion� sus bodegas vac�as, efectu� luego una tan r�pida como rutinaria comprobaci�n de que su rara nave no iba a explotar, a fundirse o a causar cualquier otro tipo de da�o a la estaci�n y recorri� r�pidamente los pasillos en busca de alima�as. Mientras tanto Tuf fue largamente interrogado sobre su punto de origen, su destino, el negocio que le tra�a a S�uthlam y otros dos detalles particulares de su viaje. Sus respuestas, todas ellas falsas, fueron introducidas en un ordenador de bolsillo. Ya casi hab�an terminado, cuando Dax emergi� con aire adormilado del bolsillo de Tuf y clav� sus ojos en la inspectora de aduanas.</p><p>��Qu�? �dijo ella, sobresaltada, poni�ndose en pie tan abruptamente que casi dej� caer el ordenador.</p><p>El gatito (que en realidad era ya casi un gato pero segu�a siendo el m�s joven de todos los que Tuf pose�a) ten�a un largo y sedoso pelaje, tan negro como los abismos del espacio, unos brillantes ojos dorados y una curiosa indolencia en todos sus movimientos. Tuf lo sac� del bolsillo, lo puso sobre su brazo y le acarici�.</p><p>�Es Dax �le dijo a la inspectora. Los s�uthlameses ten�an la desconcertante costumbre de considerar a todos los animales como alima�as y Tuf no deseaba que la inspectora actuara de modo precipitado al respecto�. Es totalmente inofensivo, se�ora.</p><p>�Ya s� lo que es �le respondi� ella secamente�. Mant�ngalo bien lejos de m�. Si decide lanzarse a mi cuello se meter� en un buen apuro, mosca.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. Har� cuanto est� en mi mano para controlar su ferocidad.</p><p>La inspectora pareci� algo aliviada. ��No es m�s que un gato peque�o, verdad? �C�mo se les llama� gatines?</p><p>�Posee usted un astuto conocimiento de la zoolog�a �replic� Tuf.</p><p>�No tengo ni idea de zoolog�a �dijo la inspectora de aduanas, apoyando la espalda en su asiento y aparentemente m�s tranquila�, pero de vez en cuando miro los programas de v�deo.</p><p>�Entonces, no me cabe duda de que habr� visto alg�n programa educativo �dijo Tuf.</p><p>�Qu� va �replic� la mujer�, nada de eso, mosca. Me gustan m�s los de aventuras y romances.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf�. y supongo que en uno de tales dramas deb�a figurar un felino, �verdad?</p><p>Ella asinti� y en ese mismo instante su colega emergi� por la escotilla.</p><p>�Todo limpio �dijo la otra inspectora. Entonces vio a Dax, instalado c�modamente en los brazos de Tuf, y sonri�. Vaya, una alima�a gato �dijo con voz despreocupada�. Es bastante gracioso, �verdad?</p><p>�No dejes que te enga�e �dijo la primera inspectora de aduanas, advirti�ndola�. Se muestran amables y suaves y en un abrir y cerrar de ojos te pueden arrancar los pulmones a zarpazos.</p><p>�Parece bastante peque�o para eso �dijo su compa�era.</p><p>��Ja! Recuerda el que sal�a en Tuf y Mune.</p><p>�Tuf y Mune �repiti� Haviland Tufsin el menor asomo de expresi�n en su voz.</p><p>La segunda inspectora tom� asiento junto a la primera. �El Pirata y la Maestre del Puerto �a�adi�.</p><p>��l era el implacable se�or de la vida y de la muerte y viajaba en una nave tan grande como el sol. Ella era la reina ara�a, desgarrada entre el amor y la lealtad. juntos cambiaron el mundo �dijo la primera inspectora.</p><p>�Si le gustan ese tipo de cosas puede alquilarlo en la Casa de la Ara�a �le explic� la segunda inspectora�. Adem�s, sale un gato.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf, pesta�eando. Dax empez� a ronronear.</p><empty-line/><p>Su dique se encontraba a cinco kil�metros del eje del muelle, por lo que Haviland Tuf se vio obligado a utilizar un tubotr�n neum�tico para dirigirse al centro de! Puerto.</p><p>Fue implacablemente oprimido por todos lados. En el tren no hab�a asientos de ninguna clase y tuvo que soportar que un extra�o le clavara rudamente el codo en las costillas, la fr�a m�scara de plastiacero de un cibertec, a unos pocos mil�metros de su cara y el resbaladizo caparaz�n de alg�n alien�gena, roz�ndole la espalda cada vez que el tren reduc�a la velocidad. Cuando desembarc� fue como si el vag�n hubiera decidido vomitar la sobrecarga de seres humanos que hab�a ingerido. La plataforma era un caos de ruido y confusi�n, en tanto que a su alrededor se apelotonaba un tropel de gente que iba y ven�a en todas direcciones. Una joven, de baja estatura y rasgos afilados como la hoja de un estilete, agarr� sus pieles sin ning�n tipo de invitaci�n previa y le sugiri� que se dirigieran a un sal�n sexual. Apenas hab�a logrado Tuf deshacerse de ella cuando se encontr� pr�cticamente encima a un reportero de los noticiarios, equipado con un tercer ojo en forma de c�mara, y fue informado de que �ste se hallaba realizando un art�culo sobre moscas m�s extra�as de lo habitual y deseaba entrevistarle.</p><p>Tuf le apart� de un empuj�n y se dirigi� con ciertas dificultades hacia un puesto que vend�a escudos de intimidad. Adquiri� uno y lo colg� de su cintur�n, consiguiendo con ello un cierto respiro. Cuando le ve�an los s�uthlameses desviaban cort�smente la mirada al darse cuenta de que tal era su deseo y con ello tuvo libertad para abrirse paso a trav�s del gent�o sin ser apenas molestado.</p><p>Su primera parada fue en un establecimiento de v�deos. Pidi� una habitaci�n con div�n, orden� que le trajeran una ampolla de, la m�s bien acuosa, cerveza de S�uthlam y alquil� una copia de Tuf y Mune.</p><p>Su segunda parada fue en la oficina principal del Puerto. �Caballero �le dijo al hombre sentado tras la consola de recepci�n�, espero que tenga la amabilidad de contestar a una pregunta. �Sigue ocupando Tolly Mune el cargo de Maestre del Puerto en S�uthlam?</p><p>El secretario le mir� de arriba abajo y lanz� un suspiro. �Moscas� �dijo con voz algo cansada�. Naturalmente, �qui�n iba a estar si no?</p><p>�Ciertamente, qui�n si no �replic� Haviland Tuf�. Es de la mayor importancia que le vea de inmediato.</p><p>��Ah, s�? Lo ser� para usted, pero tambi�n lo es para mil personas m�s. �Su nombre?</p><p>�Me llaman Weemowet. Vengo de Karaleo y soy propietario de Feroz Rugido del Veldt.</p><p>El secretario torci� levemente el gesto e introdujo los datos en la consola. Luego se volvi� a reclinar en su silla flotante, esperando, y unos instantes despu�s mene� la cabeza.</p><p>�Lo siento, Weemowet �dijo�. Mam� est� muy ocupada y el ordenador nunca ha o�do hablar de usted, su nave o su planeta. Puedo conseguirle una cita para dentro de una semana m�s o menos, siempre que me diga el motivo de la misma.</p><p>�No me parece demasiado satisfactorio. Mi asunto es de naturaleza muy personal y preferir�a ver a la Maestre de Puerto inmediatamente.</p><p>El secretario se encogi� de hombros.</p><p>�Canta o l�rgate, mosca. No se puede hacer otra cosa. Haviland Tuf reflexion� durante unos instantes y luego se llev� la mano hasta su peluca y dio un tir�n. La peluca abandon� su cr�neo con un leve ruido de succi�n y fue seguida prontamente por la barba.</p><p>��Observe bien! �dijo�. No soy realmente Weemowet. Soy Haviland Tuf disfrazado. �y arroj� peluca y barba sobre la consola.</p><p>��Haviland Tuf? �dijo el secretario. �Correcto.</p><p>El secretario se ri�.</p><p>�Ya he visto ese dram�n, mosca. Si usted es Tuf, yo soy Stephan Cobalt Northstar.</p><p>��l lleva muerto m�s de un milenio. Sin embargo, soy Haviland Tuf.</p><p>�Pues no se le parece en nada �dijo el secretario. �Viajo de inc�gnito, disfrazado bajo la identidad de un noble de Karaleo.</p><p>�Oh, claro, lo hab�a olvidado.</p><p>�Parece usted tener una memoria muy flaca. �Le dir� a la Maestre de Puerto Mune que Haviland Tuf ha vuelto a S�uthlam y desea hablar con ella inmediatamente?</p><p>�No �le replic� con cierta sequedad al secretario�, pero tenga por seguro que esta noche se lo contar� a todos mis amigos durante la org�a.</p><p>�Deseo entregarle la cantidad de diecis�is millones quinientas mil unidades base �dijo Tuf.</p><p>��Diecis�is millones quinientas mil unidades base? �dijo el secretario, impresionado�. Eso es un mont�n de dinero.</p><p>�Posee usted una aguda percepci�n de lo obvio �dijo Tuf con voz impasible�. He descubierto que la ingenier�a eco l�gica es una profesi�n altamente lucrativa.</p><p>�Me alegro por usted �dijo el secretario y se inclin� hacia adelante�. Bueno, Tuf, Weemowet o como quiera que se llame, todo esto me ha divertido mucho, pero tengo cosas que hacer. Si no recoge su peluca y desaparece de mi vista dentro de unos segundos, tendr� que llamar a los de seguridad. �Estaba a punto de extenderse algo m�s sobre dicho tema pero, de pronto, su consola emiti� un zumbido�. �S�? �dijo por el comunicador que llevaba en la cabeza, frunciendo el ce�o�. �Ah, s�, claro, Mam�. Bueno, es alto, muy alto, como unos dos metros y medio y tiene tanta barriga que resulta casi obsceno verle. Hmmmm� No, un mont�n de pelo� bueno, al menos ten�a un mont�n hasta que se lo arranc� y lo tir� sobre mi consola. No. Dice que est� disfrazado. S�. Dice que tiene diecis�is millones que darle.</p><p>�Diecis�is millones y quinientas mil unidades base �le corrigi� Tuf, siempre amante de la precisi�n.</p><p>�Claro. Ahora mismo, Mam�. �Cerr� la conexi�n y mir� a Tuf con franco asombro�. Quiere verle. �Extendi� la mano y a�adi�. Por esa puerta. Con cuidado, en su oficina no hay gravedad.</p><p>�Conozco la aversi�n que siente la Maestre de Puerto hacia la gravedad �dijo Haviland Tuf. Recogi� su peluca, ahora in�til, se la meti� bajo el brazo, avanz� con tiesa dignidad hacia la puerta que le hab�an indicado y �sta se abri� para recibirle.</p><empty-line/><p>Estaba esper�ndole en su oficina, flotando en el centro de un revuelto mont�n de objetos, con las piernas cruzadas y su larga cabellera, color plata y hierro, ondulando perezosamente alrededor de su delgado y franco rostro como una guirnalda de humo.</p><p>�As� que ha vuelto �le dijo al aparecer Tuf en su campo visual como un globo a la deriva.</p><p>Haviland Tuf no se encontraba nada c�modo con la ausencia de gravedad. Con cierta dificultad logr� aproximarse a la silla para los visitantes, la cual estaba firmemente anclada a lo que habr�a debido ser el suelo de la oficina, y se at� a ella, cruzando luego sus manos sobre la amplia curva de su est�mago. Su peluca, ahora abandonada, empez� a flotar siguiendo las corrientes de aire.</p><p>�Su secretario se neg� a transmitir mi mensaje �le dijo�. �C�mo lleg� a sospechar que pod�a tratarse de m�?</p><p>Tolly Mune sonri�. ��Qu� otra persona era capaz de llamar a su nave Feroz Rugido del Veldt? �dijo�. Adem�s, hoy est� a punto de cumplirse el plazo de los cinco a�os y ten�a la sensaci�n de que pertenec�a usted a ese tipo de personas que siempre son puntuales, Tuf.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf. Con deliberada dignidad meti� la mano en el interior de sus pieles sint�ticas, abri� el cierre de su bolsillo interior y sac� de �l una cartera de vinilo en la que se ve�an encajadas, las hileras de cristales de datos�. Se�ora, es para m� un sumo placer entregarle la suma de diecis�is millones quinientas mil unidades base, como pago de la primera mitad de la deuda que tengo con el Puerto de S�uthlam en concepto de restauraci�n y aprovisionamiento del Arca. Descubrir� que los fondos se hallan sanos y salvos en los m�s adecuados dep�sitos financieros de Osiris, ShanDellor, Viejo Poseid�n, Ptolan, Lyss y Nuevo Budapest. Los cristales le permitir�n acceder a ellos.</p><p>�Gracias �dijo ella. Cogi� la cartera, la abri�, examinando durante unos segundos su interior y luego la solt�. La cartera ascendi� por el aire hasta reunirse con la peluca abandonada�. No sab�a muy bien c�mo, pero estaba segura de que encontrar�a usted ese dinero, Tuf.</p><p>�Su fe en mi agudeza como negociante me resulta de los m�s tranquilizadora �dijo Haviland Tuf�. y ahora, pasando a ese v�deo�</p><p>��Tuf y Mune? �As� que lo ha visto? �Ciertamente �dijo Tuf.</p><p>��Maldici�n! �dijo Tolly Mune con una sonrisa algo torcida�. y bien, Tuf� �qu� le ha parecido?</p><p>�Me siento obligado a confesar que, por razones bastante obvias evoc� en m� cierta fascinaci�n enfermiza. La idea de un drama como �se posee un innegable atractivo para mi vanidad, pero su ejecuci�n material dejaba mucho que desear.</p><p>Tolly Mune se ri�. ��Qu� le molest� m�s? Tuf alz� uno de sus largos dedos. �Para resumirlo en una sola palabra, la falta de precisi�n.</p><p>Ella asinti�. �Bueno, el Tuf del v�deo pesa m�s o menos la mitad que usted, dir�a yo. Adem�s, su rostro posee una movilidad mucho mayor, su modo de hablar no era, ni de lejos, tan envarado y pose�a la musculatura de un hilador joven, as� como la coordinaci�n de un acr�bata, pero al menos le afeitaron la cabeza para aumentar la autenticidad del espect�culo.</p><p>�Llevaba bigote �dijo Haviland Tuf�, en tanto que yo no.</p><p>�Pensaron que eso le daba un aire m�s gallardo y aventurero. Si tanto le preocupa, piense en lo que hicieron conmigo. No me importa que le quitaran cincuenta a�os a mi edad y tampoco que realzaran mi aspecto hasta hacerme parecer una princesa de Vandeen. Pero, �esos condenados pechos!</p><p>�Sin duda deseaban resaltar al m�ximo la certeza de que pertenec�a usted al reino de los mam�feros �dijo Tuf�. Todo ello podr�a considerarse como alteraciones menores dirigidas a presentar un espect�culo de mayor inter�s est�tico, pero me molestan mucho las salvajes libertades que fueron tomadas en cuanto a mis opiniones ya mi filosof�a de la vida, lo cual considero asunto mucho m�s serio. En particular me molesta y debo discrepar en cuanto a mi discurso final, en el cual opino que el genio de la humanidad, en continua evoluci�n, ser� capaz de resolver todos los problemas y que eso ser� efectivamente lo que pase en el futuro, de la misma forma en que la ingenier�a ecol�gica ha liberado a los s�uthlameses, para que, al fin, puedan multiplicarse sin temor ni l�mite alguno evolucionando hasta lograr la grandeza final de la divinidad. Ello se encuentra en absoluta contradicci�n, con las opiniones de las cuales le hice part�cipe por aquel entonces, Maestre de Puerto Mune. Si es capaz de recordar nuestras conversaciones le dije muy claramente que cualquier soluci�n a su problema alimenticio, ya fuera de naturaleza ecol�gica o tecnol�gica, deb�a acabar ineludiblemente no siendo m�s que un parche moment�neo, caso de que su pueblo siguiera sin practicar alg�n control de la reproducci�n.</p><p>�Usted era el h�roe �dijo Tolly Mune�. No pod�an consentir que pareciera hablar en contra de la vida, �verdad?</p><p>�Tambi�n he encontrado otros defectos en el argumento. Quienes hayan tenido el infortunio de asistir a la emisi�n de dicho v�deo, habr�n recibido una imagen salvajemente distorsionada de lo que sucedi� hace cinco a�os.</p><p>Desorden es una gata inofensiva, aunque algo juguetona, cuyos antepasados llevan siendo animales dom�sticos desde el amanecer de la historia humana y creo recordar que cuando usted se apoder� traidoramente de ella utilizando un tecnicismo legal y forjando con �l un artero plan para obligarme a entregar el Arca, tanto ella como yo nos rendimos pac�ficamente. No hubo nunca hombre alguno de los servicios de seguridad que fuera hecho pedazos por sus garras y, por descontado, mucho menos seis de ellos.</p><p>�Me ara�� una vez en la mano �dijo Tolly Mune�. �Alguna cosa m�s?</p><p>�S�lo puedo sentir aprobaci�n hacia la pol�tica y conducta de Josen Rael y el Alto Consejo de S�uthlam �dijo Tuf�. Es cierto que dicho Consejo y en particular el Primer Consejero Real actuaron de modo poco �tico y falto de escr�pulos pero debo proclamar que en ning�n momento orden� Josen Rael que se me sometiera a tortura y que tampoco mat� a ninguno de mis felinos para doblegar mi voluntad.</p><p>�Tampoco sudaba tanto �dijo Tolly Mune�, jam�s lleg� a babear. La verdad es que era un hombre bastante decente. �Suspir�. Pobre Josen�</p><p>�Y, finalmente, llegamos al meollo de la cuesti�n. S�, ciertamente, el meollo, el punto crucial. Una palabra extra�a si uno se toma el tiempo necesario para paladearla, pero totalmente adecuada a la discusi�n actual. El meollo, Maestre de Puerto Mune, era y es la naturaleza de nuestra apuesta. Cuando traje aqu� a mi nave para que fuera reparada y aprovisionada, su Consejo decidi� apoderarse de ella. Me negu� a venderla y dado que no ten�an ning�n pretexto legal para confiscar el Arca, confisc� a Desorden en tanto que alima�a y luego amenaz� con destruirla a menos que yo sellara con mi pulgar el documento de transferencia. �Le parece esencialmente correcto todo lo anterior?</p><p>�Me lo parece �dijo Tolly Mune con una sonrisa amistosa. �Logramos resolver este callej�n sin salida mediante una apuesta. Yo intentar�a solventar la crisis alimenticia sufrida por S�uthlam mediante la ingenier�a ecol�gica, impidiendo con ello la hambruna inminente que les amenazaba. Si fracasaba, el Arca era suya. Si ten�a �xito se me devolver�a a Desorden y adem�s se llevar�an a cabo todas mis peticiones anteriores concernientes a la nave y se me conceder�an diez a�os para pagar la factura.</p><p>�Cierto �dijo ella. �Por lo que yo recuerdo, en ning�n momento se incluy� el conocimiento carnal de su cuerpo en los t�rminos de dicho pacto, Maestre de Puerto Mune. Yo ser�a desde luego el �ltimo en negar la bravura que demostr� en los momentos de adversidad, cuando el Consejo cerr� los tubos neum�ticos y clausur� los muelles. Puso en peligro tanto su carrera como su persona; hizo pedazos una ventana de plastiacero; vol� a trav�s de kil�metros de inh�spito vac�o, llevando s�lo un dermotraje y contando como �nico medio de locomoci�n con unos propulsores de aire; logr� esquivar a las patrullas de seguridad durante todo el trayecto y, finalmente, escap� por un escaso margen a la destrucci�n cuando su Flota Defensiva Planetaria me atac�. Incluso un hombre tan sencillo y desprovisto de fantas�a como yo, debo admitir que dichos actos poseen cierta cualidad heroica. E, incluso, rom�ntica, y en los tiempos de la antig�edad podr�an haber acabado originando una leyenda. Sin embargo, el prop�sito de ese tan melodram�tico como osado viaje era devolver a Desorden sana y salva a mi custodia, tal y como hab�a sido estipulado en nuestro acuerdo, y no el entregar su cuerpo, Maestre Mune, a mis� �Tuf pesta�e� �a mis afanes concupiscentes. Lo que es m�s, usted dej� perfectamente claro entonces que sus actos fueron motivados por el sentido del honor y el miedo a que la influencia corruptora del Arca contaminara a sus l�deres. Tal y como yo lo recuerdo, ni la pasi�n f�sica ni el amor rom�ntico jugaron parte alguna en sus c�lculos.</p><p>La Maestre de Puerto Tolly Mune sonri�. �M�renos, Tuf. Somos una pareja m�s bien improbable de amantes que se encontraron entre las estrellas. Pero debo admitir que de ese modo la historia gana mucho.</p><p>El largo y p�lido rostro de Tuf segu�a inm�vil e inexpresivo.</p><p>�Estoy seguro de que no pensar� usted defender ese v�deo, tan grosero como falto de exactitud �le dijo con voz �tona.</p><p>La Maestre de Puerto volvi� a re�r.</p><p>��Defenderla? �Infiernos y maldici�n! Yo lo escrib�. Haviland Tuf pesta�e� seis veces seguidas.</p><p>Antes de que hubiera logrado articular una contestaci�n la puerta de desliz� a un lado y los mirones de los noticiarios entraron en la oficina como un enjambre enloquecido. Habr�a como m�nimo dos docenas de ellos y todos hablaban a la vez haciendo preguntas, m�s bien impertinentes, que se confund�an entre s�. En el centro de cada frente se ve�a el r�pido gui�ar del tercer ojo y se o�a su leve zumbido.</p><p>�Oiga, Tuf, p�ngase de perfil y sonr�a.</p><p>��Tiene alg�n gato aqu�?</p><p>�Maestre de Puerto, �piensa aceptar un contrato de matrimonio?</p><p>��D�nde est� el Arca?</p><p>��Eh! �Que se abracen bien fuerte!</p><p>�Oiga, mercader, �d�nde se ha puesto tan moreno? ��y el bigote?</p><p>��Tiene usted alguna opini�n sobre Tuf y Mune, Ciudadano Tuf?.��Qu� tal anda Desorden estos d�as?</p><p>Inm�vil en su silla provista de arneses, Haviland Tuf, mir� primero hacia arriba y luego hacia abajo. Luego, moviendo la cabeza en una larga serie de gestos tan r�pidos como precisos, examin� el enjambre de mirones que le rodeaba. Pesta�e� y sigui� callado. El torrente de preguntas no se interrumpi� hasta que la Maestre de Puerto Tolly Mune se abri� paso nadando sin el menor esfuerzo a trav�s de la jaur�a, apartando a los mirones con ambas manos, y se instal� junto a Tuf. Luego pas� un brazo por debajo del suyo y le bes� levemente en la mejilla.</p><p>��Infiernos y maldici�n! �dijo�. Mantengan quietas sus dichosas cremalleras, acaba de llegar �levant� la mano�. Lo siento, nada de preguntas. Invocamos al derecho de intimidad. Despu�s de todo, han pasado cinco a�os. Deben concedernos un poco de tiempo para que volvamos a conocernos mutuamente.</p><p>��Ir�n juntos al Arca? �pregunt� uno de los reporteros m�s agresivos, flotando a medio metro de la cara de Tuf, mientras su tercer ojo zumbaba incesantemente.</p><p>�Por supuesto �dijo Tolly Mune�.�D�nde si no?</p><p>Cuando el Feroz Rugido del Veldt se encontraba ya bien lejos de la telara�a y dirigi�ndose hacia el Arca, Haviland Tuf se dign� hacer una visita al camarote que le hab�a asignado a Tolly Mune. Hab�a tomado una ducha y se hab�a frotado hasta liminar todos los restos de su disfraz. Su rostro parec�a una hoja de papel blanco y resultaba tan indescifrable como �sta. Vest�a un mono de color gris, sin ning�n adorno, que poco hac�a para ocultar su formidable tripa y una gorra de color verde, con la insignia dorada de los Ingenieros Ecol�gicos, cubr�a su calva.</p><p>Tolly Mune estaba tomando una ampolla de Malta de San Crist�bal pero, al verle entrar, se levant� con una sonrisa.</p><p>�Una cerveza condenadamente buena �dijo�. Vaya, �qui�n es? Veo que no es Desorden.</p><p>�Desorden se halla sana y salva en el Arca junto con su compa�ero y sus gatitos, aunque, a decir verdad, ya no se les puede calificar con mucha precisi�n de tales. La poblaci�n felina de mi nave ha crecido tanto desde mi �ltima visita a S�uthlam, aunque no de forma tan precipitada como parece inclinada a hacerlo la poblaci�n humana de S�uthlam �con gestos algo envarados, Haviland Tuf ocup� un asiento�. Le presento a Dax. Aunque naturalmente, cada felino es especial, bien podr�a decirse, sin faltar a la verdad, que Dax entra en lo extraordinario. Es bien sabido que todos los gatos poseen ciertos poderes ps�quicos pero, debido a unas circunstancias m�s bien fuera de lo corriente, con las que me top� en el planeta conocido como Namor, inici� un programa para expandir y hacer m�s potente esa habilidad innata en los felinos. Dax es el resultado final de dicho programa, se�ora m�a. Compartimos un cierto lazo muy peculiar y Dax posee una habilidad ps�quica que se encuentra muy lejos de lo rudimentario.</p><p>�Siendo breves �dijo Tolly Mune�, acab� clonando un gato capaz de leer mentes.</p><p>�Su perspicacia sigue siendo tan aguda como siempre, Maestre de Puerto �replic� Tuf, cruzando luego las manos�. Tenemos mucho por discutir. Quiz� tenga la amabilidad de explicamos por qu� me ha pedido que traiga nuevamente el Arca a S�uthlam, la raz�n de que haya insistido en acompa�arme y, lo m�s crucial de todo, por qu� se me ha enredado en este enga�o tan extra�o como pintoresco, llegando al extremo de tomarse ciertas libertades f�sicas con mi persona.</p><p>Tolly Mune suspir�. �Tuf, �recuerda c�mo estaban las cosas cuando nos despedimos hace cinco a�os?</p><p>�Mi memoria no ha sufrido ninguna merma �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Estupendo. Entonces, recordar� que me dej� metida en un l�o de mil diablos.</p><p>�Preve�a usted la inmediata deposici�n de su cargo como Maestre de Puerto, el juicio, acusada de alta traici�n, y la condena de reclusi�n en una granja penal en la Despensa �dijo Tuf�. Pese a ello, rechaz� mi oferta de llevarla gratuitamente a cualquier otro sistema estelar de su elecci�n, prefiriendo, en vez de ello, volver para enfrentarse a la prisi�n ya la ca�da en desgracia.</p><p>�No s� qu� diablos soy, pero soy s�uthlamesa �dijo ella�. Tuf, son mi gente. Puede que a veces se porten como unos condenados idiotas, pero, �maldici�n!, siguen siendo mi gente.</p><p>�Su lealtad me parece sin duda encomiable. Dado que sigue siendo Maestre de Puerto, asumo que las circunstancias han cambiado.</p><p>�Yo las cambi� �dijo Tolly Mune.</p><p>�Ya veo.</p><p>�Tuve que hacerlo. De lo contrario hubiera pasado el resto de mi vida conduciendo una cosechadora a trav�s de la neohierba mientras la gravedad me iba haciendo pedacitos �torci� el gesto�. Apenas volv� al Puerto, los de seguridad me hicieron prisionera. Hab�a desafiado al Consejo, roto las leyes, causado da�os en abundantes propiedades, y le hab�a ayudado a huir con una nave que deseaban confiscar. Condenadamente dram�tico, �no le parece?</p><p>�Mi opini�n carece de toda relevancia en este asunto. �Tan dram�tico, de hecho, que deb�a considerarse un crimen de enorme magnitud o un acto de enorme heroicidad. Josen no sab�a qu� hacer. Nos hab�amos llevado siempre muy bien y ya le he dicho que, en el fondo, no era un mal hombre. Pero era Primer Consejero y sab�a cu�l era su obligaci�n. Deb�a juzgarme por traici�n. y yo tampoco soy est�pida, Tuf. Sab�a lo que deb�a hacer. �Se inclin� hacia adelante, acerc�ndose a �l�. No estaba muy contenta con las cartas que me hab�an correspondido, pero deb�a jugarlas o retirarme. Para salvar mi algo huesudo trasero, deb�a destruir a Josen, deb�a desacreditarle a �l ya la mayor parte del Consejo. Ten�a que convertirme en una hero�na ya �l en un villano, en t�rminos que estuvieran perfectamente claros para el peor retrasado mental de las ciudades subterr�neas.</p><p>�Ya entiendo �dijo Tuf. Dax estaba ronroneando. La Maestre de Puerto dec�a la m�s pura verdad�. De ah� el hinchado melodrama que fue llamado Tuf y Mune.</p><p>�Necesitaba calor�as para los gastos legales �dijo ella�. Eso era muy cierto, �maldici�n!, pero adem�s lo utilic� como excusa para venderle mi historia de los hechos a una de las grandes redes. Digamos que� bueno, que sazon� un poco la historia. Estaban tan entusiasmados que decidieron emitir una versi�n dramatizada despu�s de haber conseguido la exclusividad de las noticias. Para m� fue un aut�ntico placer proporcionarles el argumento. Tuve un colaborador, claro est�, pero yo fui dictando lo que deb�a escribir. Josen nunca lleg� a entender lo que estaba pasando. No era un pol�tico tan astuto como cre�a y, adem�s, el oficio nunca le gust� lo suficiente. y tuve ayuda.</p><p>��De qu� fuente? �inquiri� Tuf. �B�sicamente de un joven llamado Cregor Blaxon. �Su nombre me resulta desconocido.</p><p>�Estaba en el Consejo, ocupando el cargo de consejero para agricultura. Un puesto de lo m�s crucial, Tuf, y Blaxon era su ocupante m�s joven en toda la historia de S�uthlam. Adem�s, era el miembro m�s joven del Consejo. Usted pensar� que �l estaba satisfecho con eso, �no?</p><p>�Por favor, no cometa la presunci�n de intentar adivinarme el pensamiento a menos que durante mi ausencia haya logrado desarrollar habilidades psi�nicas. No se me ocurrir�a pensar tal cosa, se�ora. He descubierto que se comete un gran error creyendo que los seres humanos son capaces de alcanzar tarde o temprano los l�mites de su satisfacci�n.</p><p>�Cregor Blaxon era, y es, un hombre muy ambicioso �dijo Tolly Mune�. Formaba parte de la administraci�n de Josen: los dos eran tecn�cratas, pero Blaxon aspiraba a ocupar el asiento de Primer Consejero y all� era donde Josen Rael hab�a plantado sus posaderas.</p><p>�Creo que entiendo sus motivos. �Blaxon se convirti� en mi aliado. Para empezar, ya estaba realmente impresionado con todo lo que usted nos hab�a entregado. El omnigrano, los peces y el plancton, las levaduras, todos esos malditos hongos� y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Us� todo su poder para abreviar las pruebas biol�gicas y plantar directamente sus productos en las cosechas, pasando por alto todas las prioridades y aplastando a los imb�ciles que intentaron frenar las cosas. Josen Rael estaba demasiado preocupado para enterarse de ello.</p><p>�El pol�tico inteligente y eficaz es una especie virtualmente desconocida en la galaxia �dijo Haviland Tuf�. Quiz� deber�a conseguir una muestra celular de Cregor Blaxon para la biblioteca del Arca.</p><p>�Se est� adelantando un poco. �El final de la historia me resulta obvio. Aunque pueda parecer que hablo impulsado por la vanidad, me aventur� a suponer que mi peque�o esfuerzo en el dominio de la ingenier�a eco l�gica fue considerado todo un �xito y que los en�rgicos pasos dados por Cregor Blaxon para poner en pr�ctica mis soluciones hicieron aumentar grandemente su fama y buen cr�dito.</p><p>�Lo llam� el Florecimiento de Tuf �dijo Tolly Mune con una leve sonrisa sarc�stica�. Los noticiarios aceptaron en seguida el t�rmino: el Florecimiento de Tuf, una nueva edad de oro para S�uthlam. Muy pronto tuvimos hongos comestibles creciendo en las paredes de nuestras cloacas y pusimos en funcionamiento colosales granjas de setas en cada ciudad subterr�nea. Inmensas alfombras de chales de Neptuno cubrieron la superficie de nuestros mares y en sus profundidades los peces que nos hab�a proporcionado empezaron a multiplicarse a un ritmo asombroso. Plantamos su omnigrano en vez de la neo hierba y el nanotrigo y la primera cosecha nos dio casi el triple de calor�as. Su trabajo de ingenier�a ecol�gica puede clasificarse como de clase nova, Tuf.</p><p>�Tomo nota de dicho cumplido con la debida satisfacci�n �dijo Tuf.</p><p>�Afortunadamente para m�, el Florecimiento se hallaba ya en plena eclosi�n cuando Tul y Mune empez� a ser exhibido y a�n faltaba bastante para que fuera sometida a juicio. Creg no paraba de alabar cada d�a su brillantez ante los noticiarios y le dec�a a un p�blico de miles de millones que nuestra crisis alimenticia estaba resuelta, solucionada, que todo hab�a terminado bien �la Maestre de Puerto se encogi� de hombros�. De ese modo y por razones particulares le convirti� en un h�roe. Era necesario si deseaba ocupar el sitio de Josen. Yeso ayud� a convertirme en una hero�na. Todo fue encajando perfectamente hasta formar un maldito y enorme nudo. Fue el �aleo m�s endemoniadamente grande que pueda llegar a imaginarse, pero le ahorrar� el resto de los detalles. Al final del �aleo, Tolly Mune fue absuelta y se le devolvi� nuevamente el cargo con todos los honores posibles. Josen Rael cay� en desgracia, fue abandonado por sus seguidores y se vio obligado a dimitir. La mitad del Consejo dimiti� con �l. Cregor Blaxon se convirti� en el nuevo l�der tecnocr�tico y gan� las siguientes elecciones. Ahora es el Primer Consejero. El pobre Josen muri� hace dos a�os. y usted y yo nos hemos convertido en seres legendarios, Tuf, los amantes m�s famosos y celebrados desde� �Oh! �infiernos!, desde todas esas parejas rom�nticas de los viejos tiempos. Ya sabe, Romeo y Julieta, Sans�n y Dalia, Sodoma y Gomorra o Marx y Lenin.</p><p>En el hombro de Tuf, Dax se agit� levemente y empez� a emitir un ronco gru�ido de temor. Peque�as garras atravesaron la tela del mono que vest�a Tuf y se clavaron en su carne. Haviland Tuf pesta�e�, alz� la mano y acarici� al gatito en un adem�n tranquilizador.</p><p>�Maestre de Puerto Mune, veo que sonr�e ampliamente y sus noticias no parecen indicar nada, aparte del sobado y sin embargo eternamente popular final feliz, pero Dax se ha asustado, como si bajo tan pl�cida superficie hirviera un torbellino de emociones. Puede que est� pasando por alto una parte crucial de la historia.</p><p>�S�lo una nota a pie de p�gina, Tuf �dijo la Maestre de Puerto.</p><p>�Ciertamente. �En qu� podr�a consistir dicha nota? �Veintisiete a�os, Tuf. �Hace sonar eso alguna sirena de alarma en su cabeza?</p><p>�Ciertamente. Antes de que se embarcara en mi programa de ingenier�a ecol�gica sus c�lculos indicaban que S�uthlam se hallaba a veintisiete a�os de la hambruna, dado el alarmante crecimiento de la poblaci�n y los cada vez menores recursos alimenticios.</p><p>�Eso era hace cinco a�os �dijo Tolly Mune. �Ciertamente.</p><p>�Veintisiete menos cinco. �Veintid�s �replic� Tuf�. Supongo que debe haber alguna finalidad oculta en este ejercicio de aritm�tica elemental.</p><p>�Faltan veintid�s a�os �dijo la Maestre de Puerto Tolly Mune�. Pero, claro, eso fue antes del Arca, antes de que el genial ec�logo Tuf y la osada hilandera Mune lo arreglaran todo, antes de que tuviera lugar el milagro de los panes y los peces, antes de que el valeroso joven llamado Cregor Blaxon recogiera los frutos del Florecimiento de Tuf.</p><p>Haviland Tuf volvi� la cabeza hacia el gatito que ten�a en el hombro.</p><p>�Detecto cierta nota de sarcasmo en su voz �le dijo a Dax.</p><p>Tolly Mune suspir�, meti� la mano en el bolsillo y sac� de �l un estuche de cristales de datos.</p><p>�Ah� tienes, querido m�o �dijo, lanz�ndolos al aire. Tuf alarg� la mano y pill� al vuelo el estuche con su p�lida manaza sin decir palabra.</p><p>�Todo lo necesario est� ah�. Sacado directamente de los bancos de datos del Consejo. Naturalmente, forma parte de los archivos clasificados como supersecreto. Todos los informes, proyecciones y an�lisis, exclusivamente para ser vistos por personas de la mayor confianza. �Lo entiende? �sa es la raz�n de que me mostrara tan condenadamente misteriosa y de que nos dirigi�ramos al Arca. Creg y el Consejo estimaron que nuestro romance iba a ser una pantalla magn�fica. Que los incontables espectadores de noticiarios pensaran que est�bamos haciendo el amor apasionadamente, sin enterarnos de nada m�s. Mientras tengan la cabeza llena de rom�nticas im�genes del pirata y la Maestre de Puerto abri�ndose paso entre las llamas de nuevas fronteras sexuales, no se detendr�n a pensar en qu� estamos haciendo realmente y todo podr� hacerse con la cautela necesaria. Queremos panes y peces, Tuf, pero esta vez los queremos servidos en una fuente bien tapada, �lo entiende? �sas son mis instrucciones.</p><p>��Cu�l es la previsi�n m�s reciente? �dijo Haviland Tuf con voz �tona.</p><p>Dax se irgui� repentinamente en su hombro, lanzando un bufido de alarma.</p><p>Tolly Mune tom� un poco de cerveza y se dej� caer cansinamente en su sill�n. Cerr� los ojos y dijo:</p><p>�Dieciocho a�os. �Ahora parec�a realmente la mujer de cien a�os de edad que era y no una joven de sesenta a�os. En su voz hab�a un agotamiento infinito�. Dieciocho a�os �repiti�, y sigue bajando.</p><empty-line/><p>Tolly Mune pod�a ser muchas cosas, pero no era una provinciana. Habiendo pasado la vida en S�uthlam, con sus ciudades tan vastas como continentes y sus miles de millones de habitantes, sus torres que se alzaban diez kas hasta el cielo, sus enormes carreteras subterr�neas a gran distancia de la superficie y su gran ascensor orbital, no se dejaba impresionar f�cilmente por el tama�o de algo. Pero en el Arca la invad�a una sensaci�n indefinible.</p><p>Lo hab�a notado desde que lleg�, cuando la enorme c�pula de la cubierta de aterrizaje se abri� bajo ellos y Tuf hizo descender el Feroz Rugido del Veldt en las tinieblas, pos�ndolo finalmente entre sus lanzaderas y sus naves espaciales en ruinas, justo en el centro del tenue anillo azulado que ard�a con una luz apagada en una especie de bienvenida. La c�pula se cerr� nuevamente sobre ellos y la atm�sfera fue bombeada en la cubierta. Para llenar un espacio tan grande, en el corto espacio de tiempo empleado, el aire tuvo que fluir a su alrededor con la fuerza de una galerna, aullando y gimiendo. Finalmente, Tuf abri� la escotilla y la precedi� por una barroca escalinata que brotaba de la boca de la nave-le�n como una lengua dorada. En la cubierta les esperaba un peque�o veh�culo de tres ruedas. Tuf pas� de largo junto a las naves muertas y abandonadas, algunas mucho m�s extra�as e incomprensibles de lo que nunca hab�a visto Tolly Mune anteriormente. Tuf conduc�a en silencio, sin mirar ni a derecha ni a izquierda. Dax parec�a una fl�cida bola de piel sin huesos que alguien hubiera dejado sobre sus rodillas, ronroneando sin cesar.</p><p>Tuf le asign� toda una cubierta para ella. Centenares de literas, terminales de ordenador, laboratorios, pasillos, ba�os y sanitarios, salas de recreo, cocinas y ning�n ocupante salvo ella. En S�uthlam un espacio tan grande habr�a albergado a mil personas en apartamentos m�s diminutos que los armarios utilizados en el Arca para guardar el equipo. Tuf desconect� la rejilla gravitatoria en ese nivel, sabiendo que ella prefer�a moverse sin gravedad.</p><p>�Si me necesita, me encontrar� en mis aposentos de la cubierta superior. All� hay gravedad normal �le dijo�. Tengo la intenci�n de consagrar todas mis energ�as a los problemas de S�uthlam. No le pido ni su consejo ni su asistencia. Maestre de Puerto, le aseguro que no pretendo ofenderla con mis palabras, pero he tenido la amarga experiencia de que tales relaciones dan mucho m�s problemas que soluciones y s�lo servir�n para distraerme. Si hay una respuesta a su tremendo apuro, llegar� a ella m�s pronto mediante mis propios medios y sin que se me moleste continuamente. Programar� un rumbo sin demasiadas prisas hacia S�uthlam y su telara�a y tengo la esperanza de que cuando lleguemos me encontrar� en condiciones de resolver sus dificultades.</p><p>�Si no puede hacerlo �le record� ella con cierta sequedad�, nos quedaremos con la nave, �sos eran los t�rminos del acuerdo.</p><p>�Soy plenamente consciente de ellos �dijo Haviland Tuf�. Por si se diera el caso de que acabara cans�ndose del encierro, el Arca puede ofrecerle una gama muy completa de ocupaciones, entretenimientos y diversiones. Deseo igualmente que utilice con toda libertad los equipos autom�ticos de cocina. Sus capacidades no igualan a mis men�s personales, pero estoy seguro de que saldr�n muy bien librados de toda posible comparaci�n con lo que se come habitualmente en S�uthlam. Puede usted hacer todas las colaciones que desee durante el d�a, pero me complacer�a que cenara conmigo cada noche a las dieciocho horas, tiempo de la nave. Tenga la bondad de ser puntual �y, con estas �ltimas palabras, se march�.</p><p>El sistema de ordenadores que gobernaba la nave, observaba rigurosamente los ciclos del d�a y de la noche para simular de tal modo las condiciones de un planeta normal. Tolly Mune se pas� noches enteras ante un monitor hologr�fico, contemplando dramas que ten�an varios milenios de antig�edad y que hab�an sido grabados en mundos convertidos ya en leyenda. Los d�as transcurr�an dedicados a la exploraci�n: primero la cubierta que Tuf le hab�a cedido y luego el resto de la nave. Cuanto m�s ve�a y aprend�a, m�s at�nita e inquieta se iba sintiendo Tolly Mune.</p><p>Pas� d�as enteros sentada en el puesto del capit�n, situado en la torre de control, que Tuf hab�a abandonado por no ser demasiado conveniente para sus necesidades, contemplando secciones en el cuaderno de bit�cora escogidas al azar y proyectadas luego en la gran pantalla.</p><p>Camin� por un laberinto de pasillos y cubiertas, descubri� tres esqueletos en zonas apartadas del Arca {s�lo dos de ellos eran humanos) y le sorprendi� encontrar un cruce de pasillos donde los resistentes mamparos de acero especial estaban ennegrecidos y algo resquebrajados, como si hubieran soportado los efectos de un intenso calor.</p><p>Pas� horas en una librer�a que hab�a hallado, tocando los viejos libros y sosteniendo en sus manos los tomos compuestos por delgadas hojas de metal o pl�stico y maravill�ndose al descubrir algunos fabricados con papel aut�ntico.</p><p>Volvi� a la cubierta de aterrizaje y estuvo inspeccionando alguna de las naves en ruinas que Tuf hab�a ido amontonando en ella. Fue a la armer�a y contempl� una aterradora colecci�n de armas, algunas de ellas tan viejas que ya no funcionaban, otras imposibles de reconocer, varias absolutamente prohibidas en todos los mundos civilizados.</p><p>Recorri� la inmensa penumbra del eje central, que perforaba la nave de un extremo al otro, y el eco de sus pisadas reson� en el techo a lo largo de sus treinta kas de extensi�n, respirando algo agitadamente al final del trayecto. A su alrededor hab�a cubas de clonaci�n, tanques de crecimiento, aparatos de microcirug�a y una asombrosa profusi�n de terminales de ordenador. El noventa por ciento de los tanques estaban vac�os pero, de vez en cuando, la Maestre de Puerto encontr� vida en su interior. Peg� la nariz al cristal polvoriento y mucho m�s grueso de lo normal, distinguiendo en el fluido trasl�cido tenues siluetas de criaturas que estaban vivas, algunas tan peque�as como su mano y otras tan grandes como un tubotr�n. Todo aquello la hizo estremecer.</p><p>A decir verdad, toda la nave parec�a algo m�s fr�a de lo normal y, sin saber exactamente por qu�, Tolly Mune empez� a tenerle cierto miedo.</p><p>El �nico sitio verdaderamente c�lido era la peque�a parte de cubierta superior en la cual Haviland Tuf pasaba sus d�as y sus noches. La angosta sala de comunicaciones que hab�a hecho convertir en su centro de control era c�moda y acogedora. Sus aposentos estaban sobrecargados de muebles barrocos y m�s bien viejos, as� como el asombroso surtido de objetos abigarrados que hab�a ido acumulando a lo largo de sus viajes. La atm�sfera ol�a a cerveza ya alimentos, el eco de sus pisadas resultaba casi inaudible y all� hab�a luz, ruido y vida. Tambi�n hab�a gatos.</p><p>Los gatos de Tuf eran libres para moverse a su antojo por casi toda la nave, pero aparentemente, la mayor�a prefer�an no alejarse mucho de �l. Ahora ten�a siete. Caos, un gato de imponente talla y largo pelaje gris con ojos imperiosos y un indolente aire de mando, era el se�or de aquellos lugares. La mayor parte del tiempo se le pod�a encontrar sobre la con. sola principal de Tuf, en la sala de control, agitando de un lado a otro su grueso rabo como si fuera un metr�nomo. Desorden hab�a perdido algo de energ�a y ganado bastante peso en cinco a�os. Al principio no pareci� reconocer a la Maestre de Puerto, pero despu�s de unos cuantos d�as se impuso de nuevo la vieja familiaridad, Desorden pareci� reanudar su relaci�n en el mismo punto anterior a su interrupci�n, acompa�aba algunas veces a Tolly en sus vagabundeos.</p><p>Y despu�s estaban Ingratitud, Duda, Hostilidad y Sospecha.</p><p>�Los gatitos �dec�a Tuf siempre que se refer�a a ellos, aunque en realidad ahora ya eran gatos adultos�, nacieron de Caos y Desorden, se�ora. En principio la camada contaba con cinco cr�as, pero dej� a Estupidez en Namor.</p><p>�Siempre es mejor dejar atr�s a la estupidez �dijo ella�. Aunque jam�s habr�a imaginado que fuera posible para Haviland Tuf separarse de un gato.</p><p>�Estupidez acab� sintiendo un inexplicable cari�o por una joven, tan molesta como impredecible en sus reacciones, que era natural de dicho planeta �replic� �l�. Dado que yo ten�a muchos gatos y ella ninguno, me pareci� un gesto adecuado. Aunque el felino es una criatura tan espl�ndida como admirable, por desgracia sigue siendo relativamente escasa en nuestra tristemente moderna galaxia. Por ello, mi innata generosidad y mi sentido del deber para con mi pr�jimo, me impuls� a ofrecer el regalo de la especie felina a un mundo como Namor. Una cultura con gatos es m�s rica y humana que otra privada de esa compa��a absolutamente incomparable a cualquier otra.</p><p>�Cierto �dijo Tolly Mune con una sonrisa. Hostilidad estaba cerca de ella y la Maestre de Puerto la cogi� cuidadosamente, se la puso en el regazo y empez� a pasarle la mano por el lomo. Ten�a un pelaje incre�blemente suave�. Les ha dado nombres m�s bien raros.</p><p>�Quiz� resulten m�s adecuados a la naturaleza humana que a la felina �dijo Tuf, mostr�ndose de acuerdo�. Se los di movido por un capricho moment�neo.</p><p>Ingratitud, Duda y Sospecha eran grises, como su padre, en tanto que Hostilidad era blanco y negro, como Desorden. Duda era estrepitoso y m�s bien gordo, Hostilidad agresivo y de genio f�cil, Sospecha era muy t�mido y adoraba esconderse bajo el asiento de Tuf. Pero, a todos les encantaba jugar entre s� y parec�an considerar a Tolly Mune como una fuente interminable de sorpresas fascinantes. Cada vez que visitaba a Tuf empezaban a sub�rsele por encima. A veces aparec�an en los sitios m�s improbables. Un d�a Hostilidad aterriz� sobre su hombro, mientras sub�a por una escalera m�vil y la sorpresa la dej� sin aliento y un tanto aturdida. Acab� acostumbr�ndose a la presencia de Duda en su regazo, durante las comidas, mendigando siempre trocitos de comida.</p><p>Y tambi�n estaba el s�ptimo gato: Dax. Dax ten�a el pelo negro como la noche y ojos que parec�an peque�as lamparillas de oro. Dax era la alima�a m�s dormilona que hab�a visto en toda su vida y prefer�a que le llevaran en brazos que caminar. Dax andaba siempre asomando por el bolsillo de Tuf o por debajo de su gorra, cuando no estaba instalado en sus rodillas o apostado en su hombro. Dax nunca jugaba con los otros gatos, casi nunca hac�a ruido y su mirada de oro era capaz de hacer mover incluso la se�orial masa de Caos del asiento, que en, un momento dado, era codiciado por los dos. El gatito negro estaba siempre con Tuf.</p><p>�Es como su sombra �le dijo Tolly Mune durante una sobremesa, cuando ya llevaba a bordo del Arca casi veinte d�as, se�al�ndole con un cuchillo�. Eso le convierte a usted en� �qu� palabra era la utilizada?</p><p>�Hab�a varias �replic� Tuf�. Brujo, mago, hechicero. Creo que dicha nomenclatura deriva de los mitos de la Vieja Tierra.</p><p>�Le va muy bien �dijo Tolly Mune�. A veces tengo la sensaci�n de que estoy en una nave encantada.</p><p>�Con ello, Maestre de Puerto, no hace sino sugerirme a�n m�s la conveniencia de confiar en mi intelecto por encima de las sensaciones. Acepte mi m�s profunda seguridad de que si existieran fantasmas u otro tipo de entidades sobrenaturales, estar�an representadas a bordo del Arca bajo la forma de muestras celulares para que fuera posible su clonaci�n. Nunca he encontrado tales muestras. Mi repertorio de mercanc�as incluye especies tales como los dr�culas encapuchados, los espectros del viento, los lic�ntropos, los vampiros, la hierba de la bruja, las g�rgolas ogro y otras de nombres an�logos, pero no se trata de art�culos m�ticos, siento confesarlo.</p><p>Tolly Mune sonri�. �Mejor.</p><p>��Un poco m�s de vino? Pertenece a una excelente cosecha de Rhiannon.</p><p>�Estupenda idea �dijo ella, sirvi�ndose un poco m�s en la copa. Habr�a preferido una ampolla, ya que los l�quidos al descubierto eran objetos traicioneros, siempre aguardando la ocasi�n de esparcirse, pero empezaba a tolerar su presencia�. Tengo la garganta reseca. No le hacen falta monstruos, Tuf. Su nave puede destruir mundos enteros sin recurrir a ellos.</p><p>�Por desgracia los milagros pertenecen al mismo terreno m�tico de los fantasmas y los duendes y en mis mangas no guardo otra cosa que mis brazos. Sin embargo, el intelecto humano sigue siendo capaz de tener ideas que desmerecen muy poco de los milagros. �Se puso en pie lentamente hasta el m�ximo de su imponente talla�. Si ha terminado ya su pastel de cebolla y su vino quiz� tenga la bondad de acompa�arme a la sala del ordenador. He estado trabajando con suma diligencia en su problema y he logrado alcanzar ciertas conclusiones al respecto.</p><p>Tolly Mune se apresur� a levantarse.</p><p>�Vaya delante �le dijo.</p><p>�Es obvio �dijo Tuf�. y resulta igualmente obvio que es capaz de salvarlos.</p><p>��Como en nuestro caso? �Tiene un segundo milagro guardado en la manga, Tuf?</p><p>�F�jese bien �dijo Haviland Tuf. Oprimi� una tecla y en una pantalla apareci� un gr�fico.</p><p>��Qu� es? �le pregunt� Tolly Mune. �Los c�lculos de hace cinco a�os �contest� �l. Dax subi� de un salto a su regazo. Tuf extendi� la mano y acarici� al gatito negro�. Los par�metros usados entonces eran las cifras correspondientes a la poblaci�n s�uthlamesa de aquellos momentos y el crecimiento predecible por aquel entonces. Mi an�lisis indicaba que los recursos alimenticios adicionales introducidos en su sociedad, mediante lo que Cregor Blaxon tuvo la amabilidad de bautizar como el Florecimiento de Tuf, tendr�an que haberles proporcionado como m�nimo noventa y cuatro a�os antes de que el espectro del hambre, a escala planetaria, amenazara nuevamente a S�uthlam.</p><p>�Bueno, ese c�lculo en concreto ha demostrado no tener m�s valor que una cazuela de alima�as hervidas �dijo Tolly Mune con cierta sequedad.</p><p>Tuf levant� el dedo. �Un hombre menos firme que yo podr�a sentirse levemente herido ante lo que esas palabras pueden llegar a implicar en cuanto a errores en mis c�lculos. Por fortuna soy de naturaleza fr�a y tolerante y debo decirle que incurre usted en un grave error, Maestre de Puerto Mune. Mis predicciones eran todo lo precisas y correctas que era posible en ese momento.</p><p>�Entonces, �est� dici�ndome que no tenemos el desastre y el hambre contempl�ndonos a dieciocho a�os de distancia? Que tenemos, �cu�nto ha dicho?, casi un siglo. �Mene� la cabeza�. Me gustar�a creerle, pero�</p><p>�No he dicho tal cosa, Maestre de Puerto. Dentro de los m�rgenes tolerables de error, los �ltimos c�lculos hechos en S�uthlam me han parecido perfectamente correctos, al menos por lo que he sido capaz de comprobar.</p><p>�No es posible que las dos predicciones sean correctas �dijo ella�. Es imposible, Tuf.</p><p>�Se�ora m�a, se equivoca. Durante los cinco a�os transcurridos los par�metros han cambiado. Espere un segundo. �Extendi� la mano y oprimi� otro bot�n. Una nueva l�nea de aguda curvatura brot� en la pantalla�. Esta l�nea representa el incremento actual de la poblaci�n en S�uthlam. F�jese en su ascenso, Maestre de Puerto: la constante es asombrosa. Si fuera m�s inclinado a la poes�a incluso me atrever�a a decir que se remonta como una flecha hacia los cielos. Por fortuna no soy de temperamento propenso a tales debilidades. Soy un hombre incapaz de andarse con rodeos y siempre hablo en calidad de tal �levant� un dedo�. Antes de que sea posible tener la esperanza de rectificar su situaci�n actual, es necesario entender c�mo ha llegado a su estado presente. Estos c�lculos resultan perfectamente claros. Hace cinco a�os emple� los recursos del Arca y, si se me permite la osad�a de no hablar por una vez con mi habitual modestia, logr� proporcionarles un servicio extraordinariamente eficiente. Los s�uthlameses no perdieron el tiempo y en seguida se dedicaron a deshacer todo lo que yo hab�a conseguido. Perm�tame expresarlo de un modo sucinto, Maestre de Puerto. Apenas el Florecimiento hubo empezado a echar ra�ces, por as� decirlo, su pueblo volvi� corriendo a sus aposentos privados y dio rienda suelta a sus afanes de paternidad ya sus impulsos concupiscentes, empezando a reproducirse m�s aprisa que nunca. El tama�o medio de las familias es mayor ahora que hace cinco a�os en 0,0072 personas, y su ciudadano promedio se convierte en padre 0,0102 a�os antes que en mi primera visita. Quiz� sue�e usted con protestar, diciendo que los cambios son muy peque�os, pero cuando ese factor se introduce en la colosal poblaci�n de su mundo y es modificado adem�s por todo el resto de par�metros relevantes, la diferencia resultante es dram�tica. La diferencia, para ser exactos, que va de noventa y cuatro a�os a dieciocho.</p><p>Tolly Mune contempl� durante unos segundos las l�neas que se entrecruzaban en la pantalla.</p><p>��Infiernos y maldici�n! �murmur�. Tendr�a que haberlo imaginado, maldita sea. Por razones obvias esta informaci�n se considera como alto secreto pero, de todos modos, deb�a haberlo supuesto antes �apret� las manos hasta convertirlas en pu�os�. �Maldici�n e infierno! �repiti�. Creg convirti� ese condenado Florecimiento en un verdadero carnaval mediante los noticiarios y no me extra�a que haya acabado pasando esto. �Por qu� no tener hijos, ahora que el problema alimenticio ha sido resuelto? El maldito Primer Consejero lo ha dicho. Al fin han llegado los buenos tiempos, �no? Todos los malditos ceros han resultado ser, una vez m�s, unos malditos alarmistas antivida, los tecn�cratas han logrado hacer otro milagro. �C�mo se puede dudar de que lo conseguir�n una vez y otra y otra y otra�? Oh, s�. Por lo tanto, s� un buen miembro de la Iglesia, ten m�s hijos, ayuda a la humanidad para que evolucione hasta convertirse en un ente divino y culmine as� su destino. �Eh? �Por qu� no? �emiti� un bufido asqueado�. Tuf, �por qu� la gente act�a siempre como si fuera est�pida?</p><p>�Esa inc�gnita me resulta a�n m�s indescifrable que el dilema de S�uthlam �dijo Tuf�, y me temo no estar preparado para resolverla. Mientras tanto y ya que se ha dedicado a repartir culpabilidades, Maestre de Puerto, creo que bien podr�a asignarse una parte. Fueran cuales fueran las enga�osas impresiones transmitidas por el Primer Consejero, Cregor Blaxon, lo cierto es que para la mente colectiva de su pueblo fueron confirmadas por esa desgraciada frase final, puesta en boca del actor que me representaba en Tuf y Mune.</p><p>�De acuerdo, �maldita sea! Soy culpable, yo ayud� para que se llegara al embrollo actual. Pero todo eso queda en el pasado y la pregunta es, �qu� podemos hacer ahora?</p><p>�Me temo que poca cosa �dijo Haviland Tuf con el rostro impasible�. Al menos usted.</p><p>��Y usted? Logr� hacer una vez el milagro de los panes y los peces. �No puede servirnos una segunda raci�n de panes y peces, Tuf?</p><p>Haviland Tuf pesta�e�.</p><p>�Ahora soy un ingeniero ecol�gico mucho m�s experimentado de lo que era en mi primer intento de lidiar con el problema de S�uthlam. Me encuentro m�s familiarizado con la gama de especies contenidas en la biblioteca celular del Arca y el efecto de cada una sobre los ecosistemas individuales. Incluso he sido capaz de aumentar levemente mi gama de muestras durante el curso de mis viajes y, ciertamente, puedo ayudarles �apag� las pantallas y cruz� las manos sobre el est�mago�. Pero habr� un precio.</p><p>��Un precio? Ya le pagamos su maldito precio, �recuerda? Mis cuadrillas se encargaron de reparar su condenada nave.</p><p>�Lo hicieron, ciertamente, al igual que yo repar� su ecolog�a. No estoy pidiendo nuevas reparaciones ni suministros para el Arca esta vez. Sin embargo parece que su gente ha estropeado nuevamente su ecolog�a de tal modo que necesitan otra vez mis servicios y, por lo tanto, me parece igualmente equitativo que se me compense por los esfuerzos a realizar. Tengo muchos gastos y el principal de ellos sigue siendo mi formidable deuda al Puerto de S�uthlam. Mediante una incansable y agotadora labor, en mundos tan numerosos como dispersos, he logrado reunir la primera mitad de los treinta y tres millones de unidades base que se me impusieron como factura, pero a�n me queda por pagar otra mitad y s�lo tengo otros cinco a�os para conseguirla. �Puedo afirmar acaso que me resultar� posible hacerlo? Quiz� la pr�xima docena de mundos que visite gocen de ecolog�as sin tacha o quiz� se hallen tan empobrecidos que me vea obligado a concederles fuertes descuentos, si es que pretendo ofrecerles mis servicios. D�a y noche me atormenta mi inmensa deuda y, a menudo, interfiere en la claridad y precisi�n de mis pensamientos, haci�ndome de ese modo menos efectivo en el ejercicio de mi profesi�n. A decir verdad, acabo de tener la repentina intuici�n de que si debo luchar con el vasto desaf�o representado por el actual problema de S�uthlam, podr�a actuar mucho mejor si mi mente estuviera despejada y libre de problemas.</p><p>Tolly Mune hab�a estado esperando algo parecido. Ya se lo hab�a mencionado a Creg y �ste le hab�a dicho que gozaba de libertad presupuestaria, dentro de ciertos l�mites. Pese a todo, Tolly Mune frunci� el ce�o.</p><p>��Cu�nto quiere, Tuf? �Me viene a la mente, como un rayo, la suma de diez millones �dijo �l�. Dado que se trata de una cifra redonda podr�a ser f�cilmente sustra�da de mi factura sin plantear peliagudos problemas aritm�ticos.</p><p>�Es demasiado, �maldici�n! �dijo ella�. Quiz� pudiera lograr que el Consejo estuviera de acuerdo en una reducci�n digamos que de� dos millones. No m�s.</p><p>�Pong�monos de acuerdo mejor en nueve millones �dijo Tuf. Uno de sus largos dedos rasc� a Dax tras su diminuta oreja negra y el gato volvi� silenciosamente sus ojos dorados hacia Tolly Mune.</p><p>�Nueve no me parece un compromiso demasiado equitativo entre diez y dos �dijo ella secamente.</p><p>�Soy mejor como ingeniero ecol�gico que como matem�tico �dijo Tuf�. �Quiz�s ocho?</p><p>�Cuatro y ni uno m�s. Cregor me matar� por esto. Tuf clav� en ella sus ojos impasibles y no dijo nada. Su rostro segu�a fr�o, inm�vil e inexpresivo.</p><p>�Cuatro y medio �dijo ella vacilando bajo el peso de su mirada. Sent�a tambi�n los ojos de Dax clavados en ella y de pronto se pregunt� si ese maldito gato no estar�a ley�ndole la mente�. �Maldita sea! �dijo, se�al�ndole con el dedo�, ese peque�o bastardo negro, sabe hasta donde estoy autorizada para llegar, �no?</p><p>�Una idea muy interesante �dijo Tuf�. Siete millones podr�an parecerme una suma aceptable. Me encuentro bastante generoso hoy.</p><p>�Cinco y medio �escupi� ella. �De qu� servia continuar as�?</p><p>Dax empez� a ronronear estruendosamente. �Lo cual deja una limpia y manejable cantidad de once millones de unidades base a pagar dentro de cinco a�os �dijo Tuf�. Aceptado, Maestre de Puerto Mune, con una condici�n m�s.</p><p>��De qu� se trata? �le pregunt� ella con cierta suspicacia.</p><p>�Le presentar� mi soluci�n a usted y al Primer Consejero Cregor Blaxon en una conferencia p�blica que debe ser presenciada igualmente por c�maras de todas las redes existentes en S�uthlam, y difundida en directo a todo el planeta.</p><p>Tolly Mune se ri�.</p><p>��Imposible! �dijo�. Creg nunca estar� de acuerdo, ya puede ir olvidando esa idea.</p><p>Haviland Tuf permaneci� sentado, acariciando a Dax, sin decir palabra.</p><p>�Tuf, no comprende las dificultades. La situaci�n es� �maldita sea!, la situaci�n es explosiva. Tiene que ceder en eso.</p><p>Tuf sigui� en silencio. ��Infiernos y maldici�n! �exclam� ella�. Le har� una propuesta: escriba lo que pretende decir en la conferencia y deje que le echemos un vistazo. Si no dice nada que pueda causar problemas, supongo que ser� posible aceptarlo.</p><p>�Prefiero que mis palabras en ese momento resulten espont�neas �dijo Tuf.</p><p>�Podr�amos grabar la conferencia y emitirla luego, despu�s de haberla pulido un poco si hiciera falta �replic� ella.</p><p>Haviland Tuf sigui� callado. Dax la contemplaba sin pesta�ear.</p><p>Tolly Mune clav� durante unos segundos la mirada en aquellos ojos dorados que parec�an saberlo todo y acab� lanzando un suspiro.</p><p>�De acuerdo, ha ganado �dijo�. Cregor se pondr� furioso, pero yo soy una maldita hero�na y Haviland Tuf un conquistador que ha regresado al escenario de sus victorias. As� que supongo que podr� hacerle tragar la idea. Pero, Tuf, �por qu�?</p><p>�Un capricho �dijo Haviland Tuf�, algo que suele ocurrirme con gran frecuencia. Quiz� deseo saborear unos instantes bajo los focos de la publicidad y gozar de mi papel como salvador o quiz� deseo meramente demostrarle a todos los s�uthlameses que no llevo bigote.</p><p>�Creer� antes en ogros y duendes que en ese mont�n de mentiras �dijo Tolly Mune�. Tuf, ya sabe que hay muchas razones por las cuales debe mantenerse en secreto el tama�o de nuestra poblaci�n y la gravedad de la crisis alimenticia, �no? Razones pol�ticas y� �no estar� pensando en abrir la caja de esos secretos y dejar suelta alguna alima�a en particular, verdad?</p><p>�Una idea de lo m�s interesante �dijo Tuf, pesta�eando, con su rostro desprovisto de toda expresi�n.</p><p>Dax ronrone�.</p><empty-line/><p>�Aunque no estoy acostumbrado a dirigirme al p�blico ni al cruel brillo de la publicidad �empez� diciendo Haviland Tuf�, he sentido, pese a todo, la necesidad y la responsabilidad de aparecer ante ustedes y explicarles ciertas cosas.</p><p>Se encontraba ante una pantalla de cuatro metros cuadrados situada en el sal�n de convenciones m�s grande de toda la Casa de la Ara�a. La capacidad de la estancia era de mil asientos y se encontraba llena hasta rebosar. Hab�a, para empezar, veinte filas de reporteros que hab�an aprovechado todo el espacio disponible y en la frente de cada uno de los cuales funcionaba una mini c�mara que registraba toda la escena. En la parte trasera se encontraban los curiosos: hiladores e hilanderas de todas las edades y profesiones, desde los cibertecs y los bur�cratas hasta los especialistas en erotismo y los poetas, as� como gusanos de tierra acomodados que hab�an utilizado el ascensor para no perderse el espect�culo y moscas de los m�s lejanos sistemas estelares que se encontraban en esos momentos por casualidad presentes en la telara�a. En la plataforma, y adem�s de Tuf, se encontraban la Maestre de Puerto Mune y el Primer Consejero Cregor Blaxon. La sonrisa de Blaxon parec�a algo forzada. Quiz�s estuviera recordando c�mo las c�maras de los reporteros hab�an grabado el largo e inc�modo momento durante el cual Tuf estuvo contemplando fijamente, sin hacer ni un solo movimiento, la mano extendida que Blaxon le hab�a ofrecido. Tambi�n Tolly Mune parec�a algo nerviosa.</p><p>Haviland Tuf, sin embargo, ten�a un aspecto impresionante. Superaba en estatura a cualquier hombre o mujer de la estancia. Vest�a su gab�n de vinilo gris, que casi rozaba el suelo, y se cubr�a la cabeza con su gorra verde del CIE en la que brillaba la insignia dorada del cuerpo.</p><p>�Primero �dijo�, perm�taseme recalcar que no llevo bigote. �La afirmaci�n provoc� una carcajada general.</p><p>Tambi�n deseo recalcar que su estimada Maestre de Puerto y yo jam�s hemos mantenido relaciones �ntimas, pese a todo lo que puedan afirmar sus v�deos, aunque no tengo ni la menor raz�n para dudar que es una h�bil practicante de las artes er�ticas, cuyos favores ser�an tenidos en alto aprecio por cualquiera capaz de entregarse a dicho tipo de diversi�n �la horda de reporteros, como una bestia de cien cabezas, se volvi� para clavar sus ojos c�mara en Tolly Mune. La Maestre de Puerto, estaba medio encogida en su asiento y se frotaba las sienes con una mano. El suspiro que lanz� pudo ser o�do en la cuarta fila de asientos�. Dichos datos son de naturaleza relativamente poco grave �prosigui� Tuf�, y se los ofrezco �nicamente en inter�s de la veracidad. La raz�n principal de que haya insistido en esta reuni�n, sin embargo, es profesional m�s que personal. No tengo ni la menor duda de que todos los espectadores de esta emisi�n conocen el fen�meno que su Consejo llam� el Florecimiento de Tuf. Cregor Blaxon sonri� y asinti� con la cabeza. �Me veo obligado a pensar, sin embargo, que no son conscientes de la inminencia de lo que, con cierta osad�a, llamar� el Marchitamiento de S�uthlam. Al o�r dichas palabras la sonrisa del Primer Consejero se marchit� inmediatamente y la Maestre de Puerto Tolly Mune no pudo reprimir una mueca. Los reporteros giraron nuevamente en masa para enfocar a Tuf. �Son ustedes realmente afortunados. Soy un hombre que sabe hacer honor a sus deudas y obligaciones y por ello mi oportuno regreso a S�uthlam me ha permitido intervenir una vez m�s en su ayuda. Sus l�deres no han sido francos al respecto y no les han dicho toda la verdad. De no ser por la ayuda que voy a prestarles, su mundo se enfrentar�a al hambre masiva en el breve plazo de dieciocho a�os. A ello sigui� un instante de silencio asombrado y luego, en el interior de la estancia, estall� el desorden. Finalmente, se consigui� restaurar el orden echando por la fuerza a varias personas, pero Tuf pareci� no enterarse de ello. �En mi �ltima visita puse en marcha un programa de ingenier�a ecol�gica que produjo espectaculares aumentos en sus provisiones alimenticias, utilizando para ello medios relativamente convencionales, como la introducci�n de nuevas especies de plantas y animales dise�adas para maximizar su productividad agr�cola sin alterar seriamente su ecolog�a. Es indudable que todav�a es posible hacer alg�n esfuerzo en tal direcci�n, pero me temo que ya se ha rebasado, con mucho, el punto en que los beneficios obtenidos no ser�an suficientes y en que dicho tipo de planes resultar�an de escasa utilidad para S�uthlam. Por lo tanto, esta vez, he aceptado como fundamental la necesidad de hacer alteraciones radicales tanto en su ecosistema como en su cadena alimenticia. Puede que algunos de ustedes encuentren mis sugerencias desagradables, pero les aseguro que las dem�s opciones a las que se enfrentan (entre las cuales podr�a citar el hambre, las plagas o la guerra) ser�an m�s desagradables. Por supuesto, la elecci�n sigue siendo suya y ni en sue�os se me ocurrir�a la posibilidad de arrogarme tal decisi�n.</p><p>La atm�sfera de la estancia se hab�a vuelto tan g�lida como la de un almac�n criog�nico y en ella reinaba un silencio completo, s�lo interrumpido por el leve zumbido de las mini c�maras. Haviland Tuf levant� un dedo.</p><p>�N�mero uno �dijo. La pantalla que ten�a detr�s se ilumin� con una imagen emitida directamente por los ordenadores del Arca. La imagen correspond�a a una monstruosa e hinchada criatura, grande como una monta�a, de piel aceitosa y reluciente. El inmenso corpach�n de la criatura parec�a brillar como si estuviera hecho de una gelatina rosada�. La bestia de carne �dijo Haviland Tuf�. Una parte bastante significativa de sus zonas agr�colas se encuentra dedicada a criar reba�os de animales que proporcionan carne. Dicha carne es el deleite de una peque�a y acomodada minor�a de s�uthlameses que pueden permitirse tal lujo y gozan consumiendo materia animal previamente cocinada. El sistema resulta extremadamente falto de eficiencia. Esos animales consumen muchas m�s calor�as de las que proporcionan una vez sacrificados y, al ser producto de la evoluci�n natural, la mayor parte de su masa corporal no resulta comestible. Por lo tanto, sugiero que eliminen dichas especies de su mundo sin perder m�s tiempo.</p><p>�Las bestias de carne, como la aqu� representada, se encuentran entre los triunfos m�s notables de la ingenier�a gen �tica. Con excepci�n de un peque�o n�cleo, dichas criaturas son una masa indiferenciada de c�lulas en perpetua reproducci�n y en ellas no hay ning�n desperdicio de masa corporal como el representado por rasgos no esenciales. No pueden moverse, carecen de nervios y tambi�n de �rganos sensoriales. Si se decidiera utilizar una met�fora para referirse a ellas, la m�s adecuada ser�a la de c�nceres gigantes comestibles. La carne de dichas criaturas contiene todos los elementos esenciales para el ser humano y posee un alto �ndice de prote�nas, vitaminas y minerales. Una bestia de carne adulta, creciendo en el s�tano de una torre de apartamentos s�uthlamesa, puede proporcionar en un a�o tanta carne comestible como dos de sus reba�os actuales y los pastos ahora empleados para criar dichos reba�os se encontrar�an as� liberados para el cultivo agr�cola.</p><p>��Ya qu� saben esas condenadas cosas? �grit� alguien en la parte trasera de la sala.</p><p>Haviland Tuf desvi� ligeramente la cabeza para mirar a quien le hab�a interpelado.</p><p>�Como no consumo carne animal, me es imposible responder a dicha pregunta bas�ndome en mi experiencia personal. Sin embargo, me imagino que la bestia de carne le resultar�a francamente sabrosa a cualquiera que estuviera muri�ndose de hambre �levant� la mano y dijo�. Continuemos �la imagen que hab�a tras �l cambi�, mostrando ahora una planicie iluminada por dos soles que no parec�a tener fin. La planicie estaba repleta de plantas tan altas como el mismo Tuf. Ten�an los tallos y las hojas de un negro aceitoso y la parte superior de los tallos se inclinaba bajo el peso de unas vainas blancas e hinchadas de las cuales goteaba un espeso fluido lechoso. Su aspecto era francamente repulsivo.</p><p>�Se las llama, por razones que ignoro, vainas jersi �dijo Tuf�. Hace cinco a�os les entregu� el omnigrano, cuya producci�n cal�rica por metro cuadrado es muy superior a la del nanotrigo, la neohierba y todos los dem�s tipos de vegetales alimenticios que hab�an estado cultivando hasta dicho momento. He visto durante mi estancia que han plantado el omnigrano de forma extensiva y que han cosechado abundantes beneficios de �l. Tambi�n s� que han continuado plantando nanotrigo, neohierba, vainas picantes y muchos otros tipos de frutas y vegetales, sin duda en pro de la variedad y el placer culinario. Todo eso debe cesar. La variedad culinaria es un lujo que los s�uthlameses ya no pueden permitirse y, a partir de ahora, su norte debe ser la eficiencia cal�rica. Cada metro cuadrado de tierra agr�cola de S�uthlam y de esos asteroides que llaman la Despensa debe ser inmediatamente entregado a las vainas jersi.</p><p>��Qu� es el jugo que gotea de las vainas? �pregunt� alguien.</p><p>��Esa cosa es una fruta o un vegetal? �inquiri� uno de los reporteros.</p><p>��Se puede hacer pan con ellas? �pregunt� otro. �La vaina jersi �replic� Tuf�, no es comestible. Al momento se desencaden� un estruendoso griter�o. Cien personas distintas agitaban la mano, chillaban, hac�an preguntas y pretend�an hablar a gritos.</p><p>Haviland Tuf esper� tranquilamente hasta que de nuevo se hizo el silencio.</p><p>�Cada a�o �dijo�, tal y como podr�a explicar el Primer Consejero aqu� presente, caso de que sintiera la inclinaci�n de hacerlo, sus tierras agr�colas entregan un porcentaje cada vez menor de las necesidades cal�ricas requeridas por la creciente poblaci�n de S�uthlam. La diferencia la compensan la cada vez mayor producci�n de sus factor�as alimenticias, donde las sustancias petroqu�micas son procesadas y convertidas en galletas, pastas y todo tipo de productos alimenticios cuidadosamente concebidos. Por desgracia, el petr�leo es un recurso de renovaci�n imposible y est� empezando a terminarse. Dicho proceso puede ser retrasado, pero su desenlace es inexorable. Sin duda es posible importar una parte de otros mundos, pero dicho oleoducto interestelar no es ilimitado. Hace cinco a�os introduje en sus oc�anos una variedad de plancton llamado chal de Neptuno, colonias del cual est�n ahora mismo empezando a llenar sus playas ya flotar sobre el oleaje de las plataforma continentales. Una vez muerto y en putrefacci�n, el chal de Neptuno puede servir como sustituto a las sustancias petroqu�micas utilizadas por dichas factor�as.</p><p>�Las vainas de jersi podr�an ser consideradas una analog�a, no acu�tica, a dicho plancton. Producen un fluido que posee ciertas semejanzas bioqu�micas con el petr�leo no refinado. Es lo bastante parecido a �ste como para que sus factor�as alimenticias, despu�s de un cierto proceso de puesta a punto que ser� f�cil de realizar en un planeta de su indudable capacidad tecnol�gica, puedan usarlo de modo eficiente y procesarlo hasta su transformaci�n en material alimenticio. Debo recalcar, sin embargo, que no es posible plantar una cierta cantidad de dichas vainas aqu� y all� como suplemento a sus cosechas actuales. Para obtener el m�ximo beneficio, deben ser plantadas por doquier, sustituyendo completamente el omnigrano, la neohierba y el resto de flora en la que hasta ahora se ha confiado para la satisfacci�n de sus necesidades alimenticias.</p><p>En la parte trasera de la estancia una mujer m�s bien delgada se subi� al asiento para que fuera posible distinguirla pese a la multitud.</p><p>�Tuf, �qui�n es usted para decirnos ahora que debemos prescindir de todos los alimentos aut�nticos? �grit� con voz iracunda.</p><p>��yo, se�ora? No soy m�s que un humilde ingeniero ecol�gico que practica su profesi�n y no es m�a la tarea de tomar decisiones. Mi tarea, que obviamente no va a recibir ninguna gratitud, consiste en presentarles los hechos y sugerirles ciertos remedios posibles que podr�an resultar eficaces aunque poco agradables. Despu�s ser�n el gobierno y el pueblo de S�uthlam quienes deban tomar la decisi�n final en cuanto a qu� rumbo seguir �el p�blico estaba empezando a ponerse nuevamente inquieto. Tuf levant� un dedo�. Silencio, por favor. No tardar� en concluir con mi discurso. La imagen de la pantalla cambi� una vez m�s. �Ciertas especies y t�cticas ecol�gicas que introduje hace cinco a�os, utilizadas entonces por primera vez en S�uthlam, pueden y deben seguir siendo empleadas. Las granjas de setas y hongos existentes bajo las ciudades subterr�neas deber�an ser mantenidas y ampliadas. Poseo algunas variedades nuevas de hongos que ense�ar. Es ciertamente posible utilizar m�todos m�s eficientes para la cosecha mar�tima y, entre ellos, se incluye el uso tanto del lecho oce�nico, como el de su contenido l�quido. El crecimiento del chal de Neptuno puede ser estimulado y aumentado hasta que cubra cada metro cuadrado de la superficie acu�tica de S�uthlam.</p><empty-line/><p>Las habas de nieve y las patatas de t�nel, que ya poseen, siguen siendo especies �ptimas para las regiones polares. Sus desiertos han sido obligados a florecer en tanto que sus pantanos han sido desecados y convertidos en zonas productivas. Todo lo que resultaba posible hacer en la tierra o en el mar est� ya siendo puesto en v�as de realizaci�n, por lo cual nos resta el aire. Por lo tanto, propongo la introducci�n de todo un ecosistema viviente en las zonas m�s altas de su atm�sfera.</p><p>�Detr�s de m� pueden ver en la pantalla el �ltimo eslab�n de esta nueva cadena alimenticia que me propongo forjar para S�uthlam. Esta enorme criatura oscura con sus alas negras de forma triangular es un jinete del viento, natural de Claremont, llamado tambi�n arara, pariente lejano de especies mejor conocidas como el banshee negro de Alto Kavalaan o la manta l�tigo de Remador. Es un predador de la zona m�s alta de la atm�sfera, un cazador capaz de vuelo planeado que vive siempre en soledad, una criatura de los vientos que nace y muere en ellos sin tocar nunca la tierra o el mar. Los jinetes del viento no tardan en morir si aterrizan, ya que les resulta imposible remontar nuevamente el vuelo. En Claremont la especie es m�s bien peque�a y su peso leve, siendo los informes, en cuanto a su carne, acordes en calificarla de dura y parecida al cuero. Consume cualquier p�jaro que tenga la desgracia de aventurarse en sus zonas de presa y tambi�n varias clases de microorganismos que se hallan en el aire, tales como hongos volantes y levaduras que nacen en la atm�sfera. Tambi�n me propongo introducirlos en la atm�sfera de S�uthlam. Mediante la ingenier�a gen �tica he producido un jinete del viento a la medida de S�uthlam, que tiene veinte metros de punta de un ala a la otra. Posee tambi�n la capacidad de bajar casi hasta la altura de un �rbol medio y su masa corporal es aproximadamente unas seis veces la de su modelo original. Un peque�o saco de hidr�geno situado tras sus �rganos sensoriales le permitir� mantenerse en vuelo pese a dicho peso superior. Con todos los veh�culos a�reos que S�uthlam tiene a su disposici�n no les resultar� dif�cil cazarlos, encontrando en ellos una excelente fuente de prote�nas.</p><p>�Para ser completamente sincero y honesto, debo a�adir que esta modificaci�n ecol�gica tiene cierto precio. Los microorganismos, los hongos y las levaduras se reproducir�n muy r�pidamente en los cielos de S�uthlam, ya que no tienen enemigos naturales. Las partes m�s elevadas de sus torres residenciales se ver�n cubiertas de levadura y hongos, con lo cual se har� necesario aumentar la frecuencia con que sean limpiados. La mayor parte de las especies de aves s�uthlamesas y las que han sido introducidas en este mundo procedentes de Tara y Vieja Tierra morir�n, desplazadas por este nuevo ecosistema a�reo. Cuando todo haya sido hecho, los cielos se oscurecer�n, con lo cual se recibir� una cantidad de radiaci�n solar apreciablemente menor, sufri�ndose tambi�n ciertos cambios permanentes de clima. Sin embargo, seg�n mis c�lculos, ello no tendr� lugar hasta dentro de unos trescientos a�os. Dado que en un plazo mucho m�s breve el desastre se har� ineludible de no tomar medidas inmediatas, sigo recomendando el rumbo de acci�n que acabo de exponer.</p><p>Los reporteros se levantaron de un salto y empezaron a formular preguntas a voz en grito. Tolly Mune segu�a derrumbada en su asiento con el ce�o fruncido. El Primer Consejero, Cregor Blaxon, estaba muy tieso e inm�vil, con los ojos clavados hacia adelante, contemplando el vac�o y con una r�gida sonrisa en su flaco rostro.</p><p>�Un instante, por favor �dijo Haviland Tuf encar�ndose al torbellino de voces y gritos�. Estoy a punto de terminar. Ya han o�do mis recomendaciones y ya han visto las especies con las cuales pretendo redise�ar su ecolog�a. Ahora, esperen un momento. Suponiendo que su Consejo decida poner en marcha el uso de la bestia de carne, las vainas jersi y el ororo tal y como yo he indicado, los ordenadores del Arca han calculado que se producir� una significativa mejora en su crisis alimenticia. Tengan la bondad de mirar.</p><p>Todos los ojos fueron hacia la pantalla. Incluso Tolly Mune gir� la cabeza y el Primer Consejero, Cregor Blaxon, con la sonrisa a�n en los labios, se levant� de su asiento para enfrentarse valerosamente a ella, con los pulgares metidos como garfios en los bolsillos de su traje. En la pantalla apareci� una cuadr�cula y luego una l�nea roja y otra verde, a medida que los datos se alineaban sobre un eje y las cifras de poblaci�n en el otro.</p><p>El tumulto se calm�.</p><p>El silencio invadi� nuevamente la gran sala.</p><p>Incluso en la parte m�s alejada de la plataforma oyeron.</p><p>�Eh, Tuf, esto� �dijo �debe tratarse de un error. �Caballero �dijo Haviland Tuf�, le aseguro que no lo es.</p><p>�Es� ah� Bueno, �es el antes, no? No puede ser el despu�s� �se�al� con el dedo hacia la pantalla�. Quiero decir que� mire, toda esa ingenier�a ecol�gica, el no cultivar nada salvo las vainas, nuestro mares cubiertos con chal de Neptuno, los cielos oscureci�ndose a causa de todo ese alimento que vuela, las monta�as de carne en cada s�tano.</p><p>�Bestias de carne �le corrigi� Tuf�, aunque debo conceder que el referirse a ellas como �monta�as de carne� posee cierta potencia evocadora. Primer Consejero, al parecer posee usted el don de emplear el lenguaje con vigor y de encontrar t�rminos f�ciles de recordar.</p><p>�Todo eso �dijo Blaxon sin dejarse amilanar�, es francamente radical, Tuf. Yo me atrever�a a decir que tenemos derecho a esperar una mejora igualmente radical de las condiciones, �no?</p><p>Algunos partidarios suyos empezaron a lanzar gritos, vitore�ndole.</p><p>�Pero esto �termin� de hablar el Primer Consejero�, este c�lculo dice que� bueno, quiz� lo estoy interpretando mal.</p><p>�Primer Consejero �dijo Haviland Tuf�, y pueblo de S�uthlam, lo est� interpretando correctamente. Si adoptan todas y cada una de mis sugerencias lo cierto es que conseguir�n posponer el d�a de su catastr�fico ajuste de cuentas con el hambre. Lo pospondr�n, caballero, no lo eliminar�n. Tendr�n falta de alimentos en dieciocho a�os, tal y como indican sus c�lculos actuales, o dentro de ciento nueve, como indica este c�lculo, pero estoy absolutamente seguro de que acabar�n teni�ndola �levant� un dedo�. La �nica soluci�n aut�ntica y permanente no puede hallarse a bordo de mi Arca sino en las mentes y en las gl�ndulas de cada ciudadano s�uthlam�s. Deben imponerse inmediatamente un control de nacimientos. �Deben detener de inmediato su incontenible e indiscriminada reproducci�n!</p><p>�Oh, no �gimi� Tolly Mune. Pero, habiendo previsto desde hac�a rato esas palabras, se puso en pie como un rayo y avanz� hacia Haviland Tuf, pidiendo a gritos que intervinieran los hombres de seguridad antes de que en la sala se desencadenara el infierno.</p><p>�El rescatarle se est� convirtiendo en una maldita costumbre �dijo Tolly Mune mucho tiempo despu�s, cuando ya estaban de nuevo en el seguro refugio del F�nix, anclado en su dique del muelle seis. Dos pelotones completos de seguridad, armados con pistolas neur�nicas y enredaderas, montaban guardia fuera de la nave, manteniendo a distancia suficiente la furia de la multitud�. �Tiene algo de cerveza? �le pregunt�. �Infiernos y maldici�n!, no me ir�a nada mal una �el regreso a la nave hab�a sido m�s bien agotador incluso con los guardias flanque�ndoles. Tuf corr�a con un extra�o galope poco gr�cil, pero Tolly Mune se hab�a visto obligada a reconocer que era capaz de una sorprendente velocidad�. �Qu� tal se encuentra? �le pregunt�.</p><p>�Una concienzuda sesi�n de limpieza ha podido eliminar de mi persona casi todos los salivazos �dijo Haviland Tuf, instal�ndose con r�gida dignidad en su asiento�. Encontrar� cerveza en el compartimiento refrigerado que hay bajo el tablero de juegos. S�rvase cuanta le apetezca, naturalmente �Dax empez� a trepar por la pierna de Tuf clavando sus diminutas garras en la tela del mono azul claro que se hab�a puesto despu�s de llegar a la nave. Tuf extendi� una p�lida manaza y le ayud� a subir�. En el futuro �le dijo al gato�, me acompa�ar�s en todo momento y con ello tendr� aviso suficiente de cuando vayan a desencadenarse semejantes exhibiciones de emotividad.</p><p>�Esta vez el aviso ya hab�a sido m�s que suficiente �le dijo Tolly Mune cogiendo una cerveza�, y a�n lo habr�a sido m�s si me hubiera dicho que pensaba condenar nuestras creencias, nuestra Iglesia y todo nuestro maldito modo de vida. �Esperaba que le dieran una medalla?</p><p>�Me habr�a conformado con una salva de aplausos. �Se lo advert� hace mucho tiempo, Tuf. En S�uthlam no resulta muy popular mostrarse contrario a la vida.</p><p>Me niego a que se me imponga tal etiqueta �dijo Tuf, pues me alineo firmemente al lado de �sta. A decir verdad cada d�a la estoy creando en mis cubas. Siento una decidida repugnancia personal hacia la muerte, me disgusta en grado sumo la entrop�a y caso de que fuera invitado a la muerte cal�rica del universo puedo asegurar que cambiar�a inmediatamente de planes �alz� un dedo�. Sin embargo, Maestre de Puerto Mune, dije lo que deb�a ser dicho. La procreaci�n ilimitada tal y como la predica su Iglesia de la Vida en Evoluci�n y tal como la practica la mayor parte de S�uthlam, excluyendo a su misma persona ya! resto de ceros, es tan irresponsable como est�pida ya que produce un incremento geom�trico de la poblaci�n que terminar� sin duda alguna haciendo derrumbarse a la orgullosa civilizaci�n de S�uthlam.</p><p>Haviland Tuf, el profeta del apocalipsis �dijo la Maestre de Puerto con un suspiro. Creo que les gustaba m�s cuando era un intr�pido ecologista y un gallardo amante.</p><p>En todos los lugares que he visitado he descubierto que los h�roes son una especie en peligro. Puede que resulte m�s agradable est�ticamente cuando profiero tranquilizadoras falsedades a trav�s de un filtro de pelos faciales, en v�deos melodram�ticos que apestan a falso optimismo y complacencia postcoito. Ello no me parece sino otro s�ntoma m�s de la gran enfermedad s�uthlamesa, el ciego afecto que sienten hacia las cosas tal y como les gustar�a que fueran y no hacia las cosas tal y como son. Ha llegado el momento de que su mundo contemple la verdad sin afeites, ya sea la de mi rostro carente de vello o la pr�ctica certeza de que el hambre est� muy cerca de su planeta.</p><p>Tolly Mune sorbi� un poco de cerveza y le mir�. Tuf dijo �recuerda mis palabras de hace cinco a�os:</p><p>�Me parece recordar que en aquel entonces habl� usted bastante.</p><p>�Al final �dijo ella con cierta impaciencia�, cuando decid� ayudarle a huir con el Arca, en vez de ayudar a que Josen Rael se la quitara. Me pregunt� el porqu� lo hab�a hecho y yo le expliqu� mis razones.</p><p>�Dijo �cit� Tuf con voz solemne�, que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe de modo irremisible, que el Arca ya hab�a corrompido al Primer Consejero Josen Rael ya sus hombres y que yo me encontraba mejor equipado para estar en posesi�n de la sembradora, ya que era incorruptible.</p><p>Tolly Mune le sonri� sin mucho entusiasmo. �No del todo, Tuf. Dije que no cre�a en la existencia de un hombre totalmente incorruptible pero que, si exist�a, usted se acercaba mucho a �l.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf acariciando a Dax�. Admito la correcci�n.</p><p>�Ahora est� consiguiendo que empiece a tener dudas �dijo ella�. �Sabe lo que hizo durante esa conferencia? Para empezar, ha conseguido derribar otro gobierno. Creg no podr� sobrevivir a esto. Le dijo al planeta entero que es un mentiroso. Puede que sea cierto y que resulte justo. Usted le hizo y ahora le ha destruido. Los Primeros Consejeros no parecen durar demasiado en cuanto aparece usted, �verdad? Pero eso no importa en realidad. Tambi�n le dijo a unos� bueno, aproximadamente a treinta mil millones de miembros de la Iglesia de la Vida en Evoluci�n que sus m�s apreciadas creencias religiosas son tan v�lidas como un dolor de tripas. Dijo tambi�n que toda la base de la filosof�a tecnocr�tica que ha dominado la pol�tica del Consejo durante siglos estaba equivocada. Tendremos suerte si las pr�ximas elecciones no nos devuelven a los expansionistas y, si ello ocurre, tendremos guerra. Vandeen, Jazbo y el resto de los aliados no consentir�n otro gobierno expansionista. Es probable que me haya arruinado, otra vez. Siempre, claro est�, que no aprenda a recuperarme del revolc�n, m�s r�pidamente que hace cinco a�os. En vez de una amante interestelar, ahora soy la t�pica bur�crata vieja y retorcida a la cual le gusta mentir sobre sus escapadas sexuales y adem�s he ayudado a un ciudadano antivida �suspir�. Parece decidido a causar mi desgracia, Tuf, pero eso no es nada. S� cuidar de mi persona. Lo principal es que ha decidido cargar con el peso de imponerle la pol�tica a seguir a una poblaci�n superior a los cuarenta mil millones de personas con s�lo una muy vaga noci�n de las posibles consecuencias. �Cu�l es su autoridad? �Qui�n le dio ese derecho?</p><p>�Podr�a sostener que todo ser humano tiene el derecho a proclamar la verdad.</p><p>��y tambi�n el derecho de exigir que esa verdad sea transmitida a todo el planeta mediante las redes de noticias y v�deo? �De d�nde vino ese condenado derecho? �replic� ella�. Hay varios millones de personas en S�uthlam que pertenecen a la facci�n de los cero, incluida yo misma. No dijo nada que no llevemos a�os repitiendo. Sencillamente, lo dijo mucho m�s alto.</p><p>�Soy consciente de ello. Pero tengo la esperanza de que mis palabras de esta noche, sin importar cu�n amargamente hayan sido recibidas, tengan finalmente un efecto beneficioso sobre la pol�tica y la sociedad s�uthlamesa. Puede que Cregor Blaxon y sus tecn�cratas comprendan finalmente que no puede existir una aut�ntica salvaci�n en lo que �l llama el Florecimiento de Tuf y que usted una vez calific� como el milagro de los panes y los peces. Es posible que, a partir del punto actual, pueda darse en cambio tanto en la pol�tica como en la opini�n, y quiz� pueda darse el caso de que sus ceros triunfen en las pr�ximas elecciones.</p><p>Tolly Mune torci� el gesto. �Eso es condenadamente improbable y usted deber�a saberlo muy bien. Incluso si los ceros ganaran sigue planteada la pregunta de qu� diablos podr�amos hacer �se inclin� hacia adelante�. �Tendr�amos quiz�s el derecho a imponer por la fuerza el control de poblaci�n? Tengo mis dudas, pero eso tampoco importa demasiado. Lo que intento dejar claro es que Haviland Tuf no posee ning�n maldito monopolio sobre la verdad y que cualquier cero habr�a sido capaz de soltar su maldito discurso. �Infiernos!, la mitad de esos condenados tecn�cratas conoce perfectamente la situaci�n. Creg no es ning�n idiota y tampoco lo era el pobre Josen. Lo que le ha permitido actuar de ese modo era el poder, Tuf, el poder del Arca, la ayuda que est� en su mano concedernos o negarnos seg�n le venga en gana.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf y pesta�e�. No puedo discutirlo ya que la historia ha confirmado ampliamente la triste verdad de que las masas irracionales siempre se han alineado detr�s del poderoso y no del sabio.</p><p>��Cu�l de los dos es usted, Tuf?</p><p>�No soy m�s que un humilde� �S�, s� �le interrumpi� ella malhumorada�. Ya lo s�, es un condenadamente humilde ingeniero ecol�gico, un humilde ingeniero ecol�gico que ha decidido jugar a profeta. Un humilde ingeniero ecol�gico que ha visitado S�uthlam exactamente dos veces en toda su vida, durante un total de quiz� cien d�as y que, pese a ello, se considera competente para derribar nuestro gobierno, desacreditar nuestra religi�n y leerle la cartilla a unos cuarenta mil millones de perfectos desconocidos, sobre el n�mero de ni�os que deber�an tener. Puede que mi gente sea idiota, puede que no sepan ver m�s all� de sus narices y puede que est�n ciegos pero, Tuf, siguen siendo mi gente. No puedo aprobar el modo en que ha llegado aqu� y ha intentado remodelarnos siguiendo sus ilustrados valores personales.</p><p>�Niego tal acusaci�n, se�ora. Sean cuales sean mis opiniones personales no estoy buscando impon�rselas a S�uthlam. Sencillamente, me he impuesto la tarea de aclarar ciertas verdades y hacer que su poblaci�n tome conciencia de ciertas fr�as y duras ecuaciones matem�ticas, cuya suma final da como resultado el desastre y que no pueden ser cambiadas por creencias, oraciones o romances melodram�ticos emitidos por sus redes de v�deo.</p><p>�Se le est� pagando por� �empez� a decir Tolly Mune. �Una cantidad insuficiente �le interrumpi� Tuf.</p><p>Tolly Mune no pudo evitar una leve sonrisa. �Se le est� pagando por su trabajo como ingeniero ecol�gico, Tuf, no para que nos instruya en cuanto a pol�tica o religi�n. No, gracias.</p><p>�De nada, Maestre de Puerto Mune, de nada �Tuf cruz� las manos formando un puente�. Ecolog�a �dijo�. Considere lentamente la palabra, si es tan amable. Medite sobre su significado. Un ecosistema puede ser comparado a una gran m�quina biol�gica, creo yo, y caso de que dicha analog�a se desarrolle l�gicamente, la humanidad debe ser vista como parte de tal m�quina. No pongo en duda que es una parte muy importante, quiz�s un motor o un circuito clave, pero en ning�n caso se encuentra separada del mecanismo, tal y como muy a menudo se piensa falazmente. Por lo tanto, cuando una persona como yo cambia la ingenier�a de un sistema ecol�gico debe necesariamente remodelar a los seres humanos que viven dentro de �l.</p><p>�Tuf, me est� empezando a dar miedo. Lleva demasiado tiempo solo en esta nave.</p><p>�No comparto dicha opini�n �replic� Tuf. �La gente no es como los anillos de pulsaci�n gastados y no se la puede recalibrar como a una vieja tobera, supongo que lo sabe.</p><p>�La gente es mucho m�s compleja y recalcitrante que cualquier componente mec�nico, electr�nico o bioqu�mico �dijo Tuf en tono conciliador.</p><p>�No me refer�a a eso. �y los s�uthlameses son particularmente dif�ciles �a�adi� Tuf.</p><p>Tolly Mune sacudi� la cabeza. �Recuerde lo que he dicho, Tuf. El poder corrompe. �Ciertamente �dijo �l, pero dado el contexto de su conversaci�n, Tolly Mune no logr� entender muy bien a qu� estaba asintiendo con tal palabra. Haviland Tuf se puso en pie�. Mi estancia aqu� est� llegando a su fin �dijo�. En este mismo instante el cronobucle del Arca se encuentra acelerando el crecimiento de los organismos contenidos en mis tanques de clonaci�n. El Basilisco y la Mant�cora se est�n preparando para efectuar la entrega, dando por sentado que Cregor Blaxon o quien le suceda acabar�n aceptando mis recomendaciones. Yo dir�a que dentro de diez d�as, S�uthlam tendr� sus bestias de carne, sus vainas jersi, sus ororos y todo lo necesario. En ese momento partir�, Maestre de Puerto Mune.</p><p>�Y una vez m�s ser� abandonada por mi amante, que se marcha a las estrellas �dijo Tolly Mune con tono burl�n�. Puede que consiga sacar algo de eso, qui�n sabe�</p><p>Tuf mir� a Dax. �Ligereza de �nimo �dijo�, mezclada con algo de amargura para darle sabor �alz� nuevamente la mirada y pesta�e�. Creo que le he prestado un gran servicio a S�uthlam �dijo�. Lamento cualquier molestia personal que haya podido ser causada por mis m�todos, Maestre de Puerto. No era mi intenci�n. Perm�tame que intente compensarla con una minucia.</p><p>Ella lade� la cabeza y le mir� fijamente. ��C�mo piensa hacerlo, Tufi?</p><p>�Una nader�a �dijo Tuf�. Estando a bordo del Arca no pude sino percatarme del afecto con el cual trataba a los gatitos, y tambi�n me di cuenta de que dicho afecto no carec�a de retribuci�n. Me gustar�a entregarle mis dos gatos como muestra de estimaci�n y aprecio.</p><p>Tolly Mune lanz� un bufido.</p><p>��Tiene quiz� la esperanza de que el pavor causado por ellos impedir� que los hombres de seguridad me arresten apenas vuelva? No, Tuf, aprecio la oferta y me siento tentada a decir que s� pero, realmente, debe recordar que las alima�as son ilegales en la telara�a. No podr�a tenerlos conmigo.</p><p>�Como Maestre de Puerto de S�uthlam posee la autoridad necesaria para cambiar las reglas pertinentes.</p><p>�Oh, claro, �resultar�a muy bonito, no? Antivida y encima corrompida. Ser�a realmente lo que se dice toda una personalidad popular.</p><p>�Sarcasmo �le inform� Tuf a Dax.</p><p>��y qu� pasar�a cuando me quitaran el cargo de Maestre de Puerto? �dijo ella.</p><p>�Tengo una fe absoluta en que ser� capaz de sobrevivir a esta tempestad pol�tica, de igual modo que supo capear la anterior �dijo Tuf.</p><p>Tolly Mune lanz� una carcajada algo rencorosa.</p><p>�Pues me alegro por usted pero, realmente, no, gracias, no funcionar�a.</p><p>Haviland Tuf permanec�a en silencio con el rostro inmutable. Despu�s de un tiempo alz� la mano.</p><p>�He logrado dar con una soluci�n �dijo�. Adem�s de mis dos gatitos le entregar� una nave estelar. Ya sabr� que tengo cierto exceso de ellas. Puede conservar los gatitos en la nave y t�cnicamente se encontrar�n fuera de la jurisdicci�n del Puerto. Llegar� al extremo de entregarle comida suficiente para cinco a�os y con ello nadie podr� decir que les est� dando a esas supuestas alima�as calor�as necesitadas por seres humanos que pasan hambre. Para reforzar un poco m�s su vapuleada imagen p�blica puede decirle a los noticiarios que esos dos felinos son rehenes con los cuales garantiza mi prometido regreso a S�uthlam dentro de cinco a�os.</p><p>Tolly Mune dej� un sonrisa algo tortuosa fuera abri�ndose paso por sus austeros rasgos.</p><p>�Eso podr�a funcionar, �maldita sea! Est� haciendo la oferta muy dif�cil de rechazar. �Ha dicho tambi�n una nave?</p><p>�Ciertamente.</p><p>Tolly Mune sonri�, ya sin reservas.</p><p>�Es demasiado convincente, Tuf. De acuerdo. �Cu�les ser�n los dos gatos?</p><p>�Duda �dijo Haviland Tuf�, e Ingratitud.</p><p>�Estoy segura de que ah� hay encerrada alguna alusi�n �dijo ella�, pero no pienso romperme la cabeza intentando encontrarla. �Y comida para cinco a�os?</p><p>�Comida suficiente hasta el d�a en que hayan transcurrido cinco a�os y vuelva nuevamente para pagar el resto de mi factura.</p><p>Tolly Mune le mir�, recorriendo con sus ojos el p�lido e inexpresivo rostro de Tuf, sus blancas manos cruzadas sobre su prominente est�mago, la gorra que cubr�a su calva cabeza y el gatito negro que reposaba en su regazo. Le mir� durante un largo espacio de tiempo y de pronto, sin que pudiera atribuirlo a ninguna raz�n en particular, su mano tembl� levemente haci�ndole derramar un poco de cerveza que le moj� la manga. Sinti� el fr�o del l�quido penetrando la tela y el min�sculo riachuelo que iba bajando hacia su cintura.</p><p>��Oh, que alegr�a! �dijo�. Tuf, Tuf y siempre Tuf. no s� si podr� esperar.</p></section><section><title><p>5 � UNA BESTIA PARA NORN</p></title><p>Cuando el hombre delgado le encontr�, Haviland Tuf, estaba sentado, sin compa��a alguna, en el rinc�n m�s oscuro de una cervecer�a de Tamber. Ten�a los codos apoyados en la mesa y su calva coronilla casi rozaba la viga de madera pulida que sosten�a el techo. En la mesa hab�a ya cuatro jarras vac�as, con el interior estriado por c�rculos de espuma, en tanto que una quinta jarra, medio llena, casi desaparec�a entre sus enormes manos.</p><p>Si Tuf era consciente de las miradas curiosas que, de vez en cuando, le dedicaban los dem�s clientes, no daba se�al alguna de ello. Sorb�a su cerveza met�dica y lentamente con el rostro absolutamente impasible. Su solitaria presencia en el rinc�n del reservado resultaba m�s bien extra�a.</p><p>Pero no estaba totalmente solo. Dax dorm�a sobre la mesa, junto a �l, convertido en un ovillo de pelo oscuro. De vez en cuando, Tuf dejaba su jarra de cerveza y acariciaba distra�damente a su inm�vil compa�ero, pero Dax no abandonaba por ello su c�moda posici�n entre las jarras vac�as. Comparado con el promedio de la especie felina, Dax era tan grande como Haviland Tuf lo era comparado con los dem�s hombres.</p><p>Cuando el hombre delgado entr� en el reservado de Tuf, �ste no abri� la boca. Lo �nico que hizo fue alzar la mirada hacia �l, pesta�ear y aguardar a que fuera el reci�n llegado quien diera comienzo a la conversaci�n.</p><p>�Usted es Haviland Tuf, el vendedor de animales �dijo el hombre delgado. Estaba tan flaco que impresionaba verle.</p><p>Vest�a de negro y gris y tanto el cuero como las pieles parec�an colgar sobre su cuerpo formando bolsas y arrugas aqu� y all�. Pese a ello, resultaba claro que era hombre acomodado, ya que llevaba una delgada diadema de bronce medio escondida por su abundante cabellera negra y sus dedos estaban adornados con multitud de anillos.</p><p>Tuf rasc� a Dax detr�s de una oreja. �No basta con que nuestra soledad deba sufrir esta intromisi�n repentina �le dijo al animal. En su retumbante voz de bajo no hab�a ni pizca de inflexi�n�. No es suficiente con que se viole nuestro dolor. Tambi�n debemos soportar las calumnias y los insultos, a lo que parece �alz� nuevamente la mirada hacia el hombre delgado y a�adi�. Caballero, ciertamente soy Haviland Tuf y quiz� pudiera llegar a decirse que mi comercio tiene algo que ver con los animales, pero quiz� tambi�n sea posible que no me tenga por un mero vendedor de animales. Quiz� me considere un ingeniero ecol�gico.</p><p>El hombre delgado movi� la mano con cierta irritaci�n y, sin esperar a que le invitaran, tom� asiento frente a Tuf.</p><p>�Tengo entendido que posee una vieja sembradora del CIE, pero eso no le convierte en ingeniero ecol�gico, Tuf. Todos los ingenieros ecol�gicos han muerto y de eso ya hace algunos siglos. Pero si prefiere que le llamen as�, a m� no me importa. Necesito sus servicios. Quiero adquirir un monstruo, una bestia enorme y feroz.</p><p>�Ah �dijo Tuf, dirigi�ndose de nuevo al gato�. Desea comprar un monstruo. El desconocido que se ha instalado en mi mesa, sin que le haya invitado, desea comprar un monstruo �Tuf pesta�e�. Lamento informarle de que su viaje ha resultado in�til. Los monstruos, se�or m�o, pertenecen por entero al reino de lo mitol�gico, al igual que los esp�ritus, los hombres-bestia y los bur�cratas competentes. M�s a�n, en estos momentos no me dedico a la venta de animales, ni a ninguno de los variados aspectos de mi profesi�n. En este momento me encuentro consumiendo la excelente cerveza de Tamberkin y llorando una muerte.</p><p>��Llorando una muerte? �dijo el hombre delgado�. �Qu� muerte? �No parec�a muy dispuesto a irse.</p><p>�La muerte de una gata �dijo Haviland Tuf�. Se llamaba Desorden y llevaba largos a�os siendo mi compa�era, se�or m�o. Ha muerto hace muy poco tiempo en un mundo llamado Alyssar, al cual la mala fortuna me llev� para hacerme caer en manos de un pr�ncipe b�rbaro notablemente repulsivo �sus ojos se clavaron en la diadema�. Caballero, �no ser� usted por casualidad un pr�ncipe b�rbaro?</p><p>�Claro que no. �Tiene usted suerte, entonces �dijo Tuf. �Bueno, Tuf, lamento lo de su gata. Ya s� lo que siente actualmente, s�, cr�ame. Yo he pasado mil veces por ello.</p><p>�Mil veces �repiti� Tuf con voz �tona�. �Considera quiz�s excesivo el esfuerzo de cuidar adecuadamente a sus animales dom�sticos?</p><p>El hombre delgado se encogi� de hombros. �Los animales se mueren, ya se sabe. Es imposible evitarlo. La garra, el colmillo y todo eso, s�, claro, es su destino. Me he acostumbrado a ver c�mo mis mejores animales mor�an ante mis ojos y� Pero �se es justamente el motivo de que desee hablar con usted, Tuf.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf. �Me llamo Herold Norn. Soy el Maestro de Animales de mi Casa, una de las Doce Grandes Casas de Lyronica.</p><p>�Lyronica �repiti� Tuf�. El nombre no me resulta del todo desconocido. Un planeta peque�o y de poca poblaci�n, seg�n creo recordar, y de costumbres m�s bien salvajes. Puede que ello explique sus repetidas transgresiones de las maneras civilizadas.</p><p>��Salvaje? �dijo Norn�. Eso son tonter�as de Tamberkin, Tuf. Un mont�n de condenados granjeros� Lyronica es la joya del sector. �Ha o�do hablar de nuestros pozos de juego?</p><p>Haviland Tuf rasc� nuevamente a Dax detr�s de la oreja, siguiendo un ritmo bastante peculiar, y el enorme gato se desenrosc� con mucha lentitud, bostezando. Luego abri� los ojos y clav� en el hombre delgado dos enormes pupilas doradas, ronroneando suavemente.</p><p>�Durante mis viajes he ido recogiendo por azar algunas briznas de informaci�n �dijo Tuf�, pero quiz� tenga usted la bondad de ser m�s preciso, Herold Norn, para que as�, Dax y yo, podamos considerar su proposici�n.</p><p>Herold Norn se frot� las manos y movi� la cabeza en un gesto de asentimiento.</p><p>��Dax? �dijo�. Claro, claro. Un animal muy bonito, aunque personalmente nunca me han gustado demasiado los animales incapaces de pelear. Siempre he afirmado que, s�lo en la capacidad para matar se encuentra la aut�ntica belleza.</p><p>�Una actitud muy peculiar �comenz� Tuf. �No, no �dijo Norn�, en lo m�s m�nimo. Tengo la esperanza de que los trabajos realizados aqu� no le hayan hecho contagiarse con los rid�culos prejuicios de Tamber.</p><p>Tuf sorbi� el resto de su cerveza en silencio y luego hizo una se�a pidiendo otras dos jarras. El camarero se las trajo r�pidamente.</p><p>�Gracias �dijo Norn, una vez tuvo delante una jarra llena hasta los bordes de l�quido dorado y espumante.</p><p>�Contin�e, por favor. �S�, s�. Bien, las Doce Grandes Casas de Lyronica compiten en los pozos de juego. Todo empez� �Oh!, hace siglos de ello. Antes de tales competiciones las Casas luchaban entre ellas, pero el modo actual resulta mucho mejor. El honor de la familia se mantiene intacto, se hacen fortunas en cada competici�n y nadie resulta herido. Ver�, cada una de las Casas controla grandes residencias que se encuentran esparcidas por el planeta y, dado que la tierra apenas si est� poblada, la vida animal prolifera de un modo espl�ndido. Hace muchos a�os, los Se�ores de las Grandes Casas empezaron a divertirse con peleas de animales aprovechando una �poca de paz. Se trataba de un entretenimiento muy agradable y hondamente enraizado en la historia. Puede que ya conozca usted la vieja costumbre de las peleas de gallos y ese pueblo de la Vieja Tierra llamado romano, que sol�a enfrentar entre s� en un gran anfiteatro a todo tipo de bestias.</p><p>Norn se call� para tomar un sorbo de cerveza, esperando una respuesta. Tuf sigui� callado, acariciando a Dax.</p><p>�No importa �acab� diciendo el flaco lyronicano, limpi�ndose la espuma de los labios con el dorso de la mano�. �se fue el inicio de los juegos actuales. Cada Casa tiene sus propias tierras y animales. La Casa de Varcour, por ejemplo, tiene sus dominios en las zonas pantanosas del Sur y les encanta enviar sus enormes lagartos-leones a los pozos de juego.</p><empty-line/><p>Feridian, una tierra monta�osa, ha logrado labrar su fortuna actual con una especie de simio de las rocas al cual, naturalmente, llamamos jerzdian. Mi casa, Norn, se encuentra en las llanuras herbosas del continente Norte. Hemos enviado cien bestias diferentes a los combates, pero se nos conoce principalmente por nuestros colmillos de hierro.</p><p>�Colmillos de hierro �dijo Tuf�. Un nombre de lo m�s sugestivo.</p><p>Norn le sonri� con cierto orgullo. �S� �dijo�. En mi calidad de Maestre de Animales he entrenado a miles de ellos. �Oh, son unos animales preciosos! Son tan altos como usted, tienen el pelo de un soberbio color negro azulado y resultan tan feroces como implacables.</p><p>��Puedo aventurar la hip�tesis de que sus colmillos de hierro tengan ciertos antepasados caninos?</p><p>�S�, pero� �qu� caninos! �Y, sin embargo, me pide usted un monstruo. Norn bebi� m�s cerveza.</p><p>�Cierto, cierto. Los habitantes de muchos mundos cercanos viajan a Lyronica para ver c�mo las bestias luchan en los pozos y hacen apuestas en cuanto a los resultados. La Arena de Bronce, que lleva seiscientos a�os situada en la Ciudad de Todas las Casas, es particularmente concurrida y all� es donde se celebran los mayores combates. La riqueza de nuestras Casas y de nuestro planeta ha llegado a depender de ellos y, sin dicha riqueza, la opulenta Lyronica ser�a tan pobre como los granjeros de Tamber.</p><p>�S� �dijo Tuf. �Debe comprender que esa riqueza afluye a las Casas seg�n el honor que hayan ganado mediante sus victorias. La Casa de Arneth se ha vuelto muy grande y poderosa, porque en sus tierras, que abarcan una gran variedad de climas, hay muchas bestias mort�feras, y las dem�s la siguen seg�n sus fortunas y tanteos en la Arena de Bronce.</p><p>Tuf pesta�e�. �La Casa de Norn ocupa el �ltimo lugar entre las Doce Grandes Casas de Lyronica �dijo. Dax ronrone� m�s fuerte.</p><p>��Lo sab�a? �Caballero, eso resulta obvio. Sin embargo, se me ocurre una posible objeci�n. Teniendo en cuenta las reglas de su Arena de Bronce, �no podr�a acaso considerarse falto de �tica comprar e introducir en ella una especie no nativa de su fabuloso mundo?</p><p>�Ya hay precedentes. Hace unos setenta a�os un jugador volvi� de la mism�sima Vieja Tierra, con una criatura llamada lobo del bosque, entrenada por �l mismo. La Casa de Colin le apoyo siguiendo un impulso enloquecido. Su pobre animal tuvo por oponente a un colmillo de hierro y demostr� no estar precisamente a la altura de su misi�n. Hay otros casos.</p><p>�Por desgracia, nuestros colmillos de hierro se han reproducido muy mal en los �ltimos a�os. Los espec�menes salvajes han desaparecido pr�cticamente de todos los lugares, excepto de alguna llanura, y los pocos que a�n subsisten se han vuelto cautelosos y esquivos, siendo muy dif�ciles de capturar. Los animales que criamos en cautiverio parecen haberse ablandado, pese a mis esfuerzos ya los de mis predecesores en el cargo. Norn ha conseguido muy pocas victorias �ltimamente y no seguir� ostentando mi posici�n durante mucho tiempo, si no se hace algo para evitarlo. Nos estamos empobreciendo. Cuando me enter� de que su Arca hab�a llegado a Tamber decid� ir en su busca. Con su ayuda podr� dar inicio a una nueva era de gloria para Norn.</p><p>Haviland Tuf sigui� sentado sin mover ni un m�sculo. �Comprendo el dilema al que se enfrenta, pero debo informarle que no estoy acostumbrado a vender monstruos. El Arca es una antigua sembradora dise�ada por los Imperiales de la Tierra hace miles de a�os con el fin de diezmar a los Hranganos mediante la bioguerra. Puedo desencadenar un aut�ntico diluvio de enfermedades y plagas y en mi biblioteca celular se almacena material con el que clonar un incre�ble n�mero de especies, procedentes de m�s de mil mundos, pero los monstruos aut�nticos, del tipo que usted ha dado a entender que necesita, no son tan abundantes.</p><p>Herold Norn le mir� con expresi�n abatida. �Entonces, �no tiene nada?</p><p>�No han sido tales mis palabras �dijo Haviland Tuf�. Los hombres y mujeres del ya desaparecido Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica, utilizaron, de vez en cuando, especies que gentes supersticiosas o mal informadas podr�an etiquetar como monstruos, por razones tanto ecol�gicas como psicol�gicas. A decir verdad, en mi repertorio figuran algunos animales de tal tipo, si bien no en n�mero demasiado abundante. Puede que unos miles y con toda seguridad no m�s de diez mil. Si tuviera que precisar la cifra, deber�a consultar con mis ordenadores.</p><p>��Unos miles de monstruos! �Norn parec�a otra vez animado�. �ESO es m�s que suficiente! �Estoy seguro de que entre todos ellos ser� posible hallar una bestia para Norn!</p><p>�Quiz� s� �dijo Tuf�, o quiz� no. Existen las dos posibilidades �estudi� durante unos segundos a Norn con expresi�n tan fr�a como desapasionada�. Debo confesar que Lyronica ha logrado despertar un cierto inter�s en m� y, dado que en estos momentos carezco de Compromisos profesionales tras haberles entregado a los naturales de Tamber un p�jaro capaz de poner Coto a la plaga de gusanos que ataca sus ra�ces de �rboles frutales, siento cierta inclinaci�n a visitar su mundo y estudiar el asunto de cerca. Vuelva a Norn, se�or m�o. Ir� con el Arca a Lyronica, ver� sus pozos de juego y entonces decidiremos lo que puede hacerse al respecto.</p><p>Norn sonri�.</p><p>�Excelente �dijo�. Entonces, yo me encargo de la siguiente ronda.</p><p>Dax empez� a ronronear tan estruendosamente como una lanzadera entrando en la atm�sfera.</p><empty-line/><p>La Arena de Bronce alzaba su masa cuadrada en el centro de la Ciudad de Todas las Casas, justo en el punto donde los sectores dominados por las Doce Grandes Casas se un�an como las rebanadas de un enorme pastel. Cada enclave de la p�trea ciudad estaba rodeado de murallas, en cada uno ondeaba el estandarte de sus colores distintivos y cada uno de ellos pose�a su ambiente y estilo propios, pero todos se fund�an en la Arena de Bronce.</p><p>A decir verdad, la Arena no estaba hecha de bronce, s� no b�sicamente de piedra negra y madera pulida por el tiempo. Era m�s alta que casi todos los dem�s edificios de la ciudad, con excepci�n de algunas torres y minaretes, y estaba coronada por una reluciente c�pula de bronce que ahora brillaba con los rayos anaranjados de un sol a punto de ocultarse. Desde sus angostas ventanas atisbaban las g�rgolas talladas en piedra y recubiertas luego con bronce y hierro labrado. Las grandes puertas, que permit�an franquear los muros de piedra negra eran tambi�n met�licas y su n�mero ascend�a a doce, cada una de ellas encarada a un sector distinto de la ciudad. Los colores y las tallas de cada puerta hac�an referencia a la historia y tradiciones de su casa titular.</p><p>El sol de Lyronica era apenas un pu�ado de llamas rojizas, que te��an el horizonte occidental, cuando Herold Norn y Haviland Tuf asistieron a los juegos. Unos segundos antes, los encargados hab�an encendido las antorchas de gas, unos obeliscos met�licos que brotaban como dientes enormes en un anillo alrededor de la Arena, el gigantesco edificio qued� rodeado por las vacilantes llamas azules y anaranjadas. Tuf sigui� a Herold Norn, entre una multitud de apostadores y hombres de las Casas, desde las medio desiertas callejas de los suburbios n�rdicos hasta un sendero de grava. Pasaron por entre doce colmillos de hierro reproducidos en bronce y situados a ambos lados de la calle, y cruzaron, por fin, la gran Puerta de Norn, en cuyo intrincado dise�o se mezclaban el �bano y el bronce. Los guardias uniformados, que llevaban atuendos de cuero negro y piel gris id�nticos a los de Harold Norn, reconocieron al Maestre de Animales y le permitieron la entrada, en tanto que otros, no tan afortunados, deb�an detenerse a pagarla con monedas de oro y hierro.</p><p>La Arena conten�a el mayor de todos los pozos de juego. Se trataba realmente de un pozo. El suelo arenoso, donde ten�a lugar el combate, se encontraba muy por debajo del nivel del suelo y estaba rodeado por muros de piedra que tendr�an unos cuatro metros de altura. M�s all� de los muros empezaban los asientos y �stos iban rodeando la arena, en niveles cada vez m�s altos, hasta llegar a las puertas. Norn le dijo, con voz orgullosa, que hab�a sitio para treinta mil personas sentadas. Aunque Tuf not� que, en la parte superior, la visibilidad resultar�a casi nula, en tanto que algunos asientos desaparec�an tras grandes pilares de hierro. Dispersas por todo el edificio se ve�an garitas para apostar.</p><p>Herold Norn condujo a Tuf hasta los mejores asientos de la secci�n correspondiente a Norn, con s�lo un parapeto de piedra separ�ndoles del lugar para el combate, situado cuatro metros m�s abajo. Aqu�, los asientos no estaban hechos de madera y hierro, como en la parte m�s elevada, sino que eran verdaderos tronos de cuero, tan grandes que incluso la considerable masa corporal de Tuf pudo encajar en ellos sin dificultad. Al sentarse, Tuf descubri� que los asientos no s�lo eran imponentes, sino tambi�n muy c�modos.</p><p>�Cada uno de estos asientos ha sido recubierto con la piel de una bestia, que ha muerto noblemente ah� abajo �le dijo Herold Norn, una vez instalados.</p><p>Bajo ellos, una cuadrilla de hombres vestidos con monos azules estaba arrastrando hacia una portilla los despojos de un flaco animal cubierto de plumas.</p><p>�Un ave de combate de la Casa de la Colina de Wrai �le explic� Norn�. El Maestre de Wrai lo envi� para enfrentarse a un lagarto-le�n de Varcour y la elecci�n no ha resultado particularmente afortunada.</p><p>Haviland Tuf no le respondi�. Estaba sentado con el cuerpo muy tieso y vest�a un gab�n de vinilo gris que le llegaba a los tobillos, con unas hombreras algo aparatosas. En la cabeza luc�a una gorra de color verde en cuya visera brillaba la insignia dorada de los Ingenieros Ecol�gicos. Sus p�lidas y enormes manos reposaban entrelazadas sobre su enorme vientre, mientras Herold Norn hablaba y hablaba sin parar.</p><p>De pronto a su alrededor retumb� desde los amplificadores la voz del locutor de la Arena.</p><p>�Quinto combate �dijo�. De la Casa de Norn, un colmillos de hierro macho, dos a�os de edad y 2,6 quintales de peso, entrenado por el Aspirante a Maestre Kers Norn. Es su primer combate en la Arena de Bronce �un instante despu�s se oy� un �spero rechinar met�lico a sus pies y una criatura de pesadilla entr� dando saltos en el pozo. El colmillos de hierro era un gigante peludo con los ojos hundidos en el cr�neo y una doble hilera de dientes, de los cuales goteaba un reguero de baba. Recordaba a un lobo que hubiera crecido m�s all� de toda proporci�n imaginable y al cual hubieran cruzado con un tigre dientes de sable. Ten�a las piernas tan gruesas como un �rbol mediano y su veloz gracia asesina s�lo era disimulada en parte por el pelaje negro azulado que no permit�a ver bien sus enormes m�sculos en incesante movimiento. El colmillos de hierro gru�� y la arena reson� con el eco de su gru�ido. Grupos dispersos de espectadores empezaron a lanzar v�tores. Herold Norn sonri�. �Kers es primo m�o y uno de nuestros j�venes m�s prometedores. Me ha contado que este animal puede hacer que nos sintamos orgullosos de �l. S�, s�, me gusta su aspecto, �no le parece?</p><p>�Dado que visito por primera vez Lyronica y su Arena de Bronce, no puedo hacer comparaciones demasiado fundadas �dijo Tuf con voz �tona.</p><p>El altavoz retumb� nuevamente �De la Casa de Arneth-en-el-Bosque-Dorado, un mono estrangulador, seis a�os de edad y 3,1 quintales de peso, entrenado por el Maestre de Animales Danel Leigh Arneth. Veterano por tres veces de la Arena de Bronce y por tres veces superviviente en el combate.</p><p>En el otro extremo del pozo se abri� una portilla, pintada de escarlata y oro, y unos instantes despu�s la segunda bestia apareci� en la arena caminando erguida sobre dos gruesas patas y mirando todo lo que le rodeaba. El mono era de baja estatura, pero sus hombros eran de una anchura incre�ble. Ten�a el torso triangular y la cabeza en forma de bala, con los ojos apenas visibles bajo una gruesa prominencia �sea. Sus brazos, musculosos y provistos de dos articulaciones, eran tan largos que rozaban la arena del pozo al andar. El animal carec�a de vello con la excepci�n de algunos mechones de un pelo rojo oscuro bajo los brazos. Su piel era de un blanco sucio. Y ol�a. A�n encontr�ndose al otro extremo del pozo, Haviland Tuf pudo distinguir el hedor almizclado que exhalaba.</p><p>�Est� sudando �le explic� Norn. Danel Leigh lo ha hecho enloquecer de rabia antes de soltarlo en la arena. Debe comprender que su animal posee la ventaja de la experiencia y el mono estrangulador es una criatura salvaje. A diferencia de su primo, el feridian monta��s, es por naturaleza un carn�voro y no le hace falta mucho entrenamiento. Pero el colmillos de hierro de Norn es m�s joven, as� que el combate deber�a resultar interesante �el Maestre de Animales de Norn se inclin� hacia adelante, en tanto que Tuf permanec�a tranquilo e inm�vil.</p><empty-line/><p>El mono fue dando vueltas por la arena gru�endo roncamente. El colmillos de hierro se dirig�a ya hacia �l, rugiendo, su silueta convertida en un confuso manch�n negroazulado que lanzaba chorros de arena a cada lado de su veloz curso. El mono estrangulador le esper� sin moverse, abriendo al m�ximo sus grandes brazos y Tuf distingui� confusamente c�mo el enorme asesino de Norn sal�a despedido del suelo en un tremendo salto. Un instante despu�s los dos animales se convirtieron en una masa oscura, que rodaba sobre la arena en tanto que el aire se llenaba con una sinfon�a de rugidos.</p><p>�El cuello �gritaba Norn�. ��brele el cuello! ��brele el cuello a mordiscos!</p><p>Los dos animales se apartaron el uno del otro con la misma velocidad con que se hab�an enzarzado. El colmillos de hierro empez� a moverse en lentos c�rculos y Tuf vio que una de sus patas delanteras estaba rota. Cojeaba, con s�lo tres miembros �tiles, pero segu�a movi�ndose alrededor de su enemigo. El mono estrangulador giraba constantemente para impedir que le cogiera por sorpresa. En su potente torso hab�a largas heridas sangrientas fruto de los sables del animal de Norn, pero el mono parec�a muy poco afectado por ellas. Herold Norn hab�a empezado a murmurar en voz baja.</p><p>Cada vez m�s impaciente a causa de la inactividad de los dos animales, el p�blico de la Arena de Bronce empez� a entonar un canto r�tmico, una especie de pulsaci�n carente de palabras que fue subiendo de tono a medida que un mayor n�mero de voces nuevas se un�an al coro. Tuf not� inmediatamente que el sonido afectaba a los animales. Empezaron a gru�ir y bufar, emitiendo salvajes rugidos que parec�an gritos de batalla. El mono estrangulador se balanceaba alternativamente, primero sobre una pata y luego sobre otra, como en un baile macabro. Mientras, de las fauces del colmillos de hierro, flu�a un torrente de baba sanguinolenta.</p><p>El c�ntico asesino sub�a y bajaba, haci�ndose cada vez m�s poderoso hasta que la c�pula pareci� retumbar lentamente. Los animales enloquecieron. El colmillos de hierro se lanz� nuevamente a la carga y los largos brazos del mono se extendieron para recibir el feroz impacto de su salto. El golpe hizo caer al mono de espaldas, pero Tuf vio que los dientes del colmillos de hierro se hab�an cerrado sobre el vac�o y que, en cambio, las manos del simio hab�an logrado apresar la garganta negroazulada. El colmillos de hierro se debati� locamente y los dos animales rodaron sobre la arena. Entonces se oy� un horrible chasquido y la criatura parecida a un lobo se convirti� en un fl�ccido amasijo de pieles, cuya cabeza colgaba grotescamente a un lado. Los espectadores interrumpieron su c�ntico y empezaron a silbar y aplaudir. Unos instantes despu�s la puerta escarlata y oro se abri� nuevamente y el mono estrangulador se fue por donde hab�a venido. Cuatro hombres vestidos con los colores de Norn se encargaron de llevarse el cad�ver del colmillos de hierro.</p><p>Herold Norn parec�a algo abatido.</p><p>�Otra derrota. Hablar� con Kers. Su animal no supo encontrar la garganta.</p><p>��Qu� se har� del cuerpo? �le pregunt� Tuf.</p><p>�Lo despellejar�n y luego lo har�n pedazos �murmur� Herold Norn�. La Casa de Arneth utilizar� su piel para tapizar un asiento en su parte de la arena. La carne ser� repartida entre los mendigos que ahora est�n lanzando v�tores junto a su puerta. Las Grandes Casas siempre han sido caritativas.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf, levant�ndose de su asiento con lenta dignidad�. Bien, ya he contemplado su Arena de Bronce.</p><p>��Se marcha? �le pregunt� Norn con ansiedad�. �No debe irse tan pronto! A�n faltan cinco combates m�s y en el siguiente un feridian gigante combatir� contra un escorpi�n acu�tico de la Isla de Amar.</p><p>�S�lo deseaba ver, si todo lo que hab�a o�do comentar sobre la afamada Arena de Bronce de Lyronica era cierto. Ya he visto que lo es y, por lo tanto, no hay necesidad de que permanezca m�s tiempo aqu�. No es necesario consumir todo el contenido de una botella para juzgar si la cosecha resulta agradable o no.</p><p>Herold Norn se puso en pie. �Bien �dijo�, entonces acomp��eme a la Casa de Norn. Le ense�ar� los cubiles y los pozos de entrenamiento. �Le daremos un banquete como jam�s ha visto antes!</p><p>�No es necesario �dijo Haviland Tuf�. Habiendo visto ya su Arena de Bronce conf�o en mi imaginaci�n y mis poderes deductivos para que me proporcionen una imagen adecuada de sus cubiles y pozos de entrenamiento. Volver� al Arca sin perder ni un instante m�s.</p><p>Norn extendi� una mano, temblorosa hacia el brazo de Tuf para detenerle.</p><p>�Entonces, �nos vender� un monstruo? Ya ha visto la situaci�n en la que estamos�</p><p>Tuf esquiv� la mano del Maestre de Animales con una habilidad que parec�a imposible en un corpach�n de su talla.</p><p>�Caballero, no pierda el control, se lo ruego �cuando Norn hubo apartado la mano, Tuf inclin� la cabeza para mirarle�. No me cabe duda alguna de que en Lyronica hay un problema y quiz�s un hombre m�s pr�ctico que yo podr�a juzgar que dicho problema no le concierne, pero dado que, en el fondo de mi coraz�n, soy un altruista, no soy capaz de abandonarle en su situaci�n actual. Meditar� sobre lo que he visto y me encargar� de poner en pr�ctica las necesarias medidas correctoras. Puede llamarme al Arca dentro de tres d�as y quiz� para ese tiempo se me hayan ocurrido una o dos ideas, de las cuales pueda hacerle part�cipe.</p><p>Y, sin decir ni una palabra m�s, Haviland Tuf le dio la espalda y abandon� la Arena de Bronce para volver al espaciopuerto de la Ciudad de Todas las Casas, donde le aguardaba su lanzadera, el Basilisco.</p><empty-line/><p>Obviamente, Herold Norn no estaba preparado para ver el Arca.</p><p>Emergi� de su peque�a lanzadera gris y negra, que no ten�a demasiado buen aspecto, para encontrarse con la inmensidad de la cubierta de aterrizaje y se qued� paralizado, con la boca abierta, inclinando la cabeza a un lado ya otro para contemplar la oscuridad llena de ecos que ten�a encima, las gigantescas naves alien�genas y aquel objeto que parec�a un inmenso drag�n met�lico y que casi se confund�a con las sombras lejanas. Cuando Haviland Tuf apareci� en su veh�culo para recibirle, el Maestre de Animales no hizo esfuerzo alguno por ocultar su sorpresa.</p><p>�Tendr�a que haberlo imaginado �repet�a una y otra vez�. El tama�o de esta nave, su tama�o� Pero, naturalmente, tendr�a que haberlo imaginado.</p><p>Haviland Tuf permaneci� inm�vil durante unos segundos, sosteniendo a Dax en un brazo y acarici�ndolo con gestos lentos y mesurados.</p><p>�Quiz�s haya quien encuentre al Arca excesivamente grande y algunos pueden llegar al extremo de considerar sus amplios recintos inquietantes, pero yo me encuentro muy c�modo en ella �dijo con voz impasible�. Las viejas sembradoras del CIE ten�an en su tiempo unos doscientos tripulantes y la �nica teor�a que puedo avanzar al respecto es que compart�an mi repugnancia a los lugares peque�os.</p><p>Herold Norn se instal� junto a Tuf. ��Cu�ntos hombres tiene en su tripulaci�n? �le pregunt� mientras que Tuf pon�a en marcha el veh�culo de tres ruedas.</p><p>�Uno o cinco, seg�n se quiera contar a los miembros de la especie felina o solamente a los humanoides.</p><p>��Usted es el �nico tripulante? �dijo Norn. Dax se irgui� repentinamente en el regazo de Tuf, con el largo pelaje negro totalmente erizado.</p><p>�La poblaci�n del Arca est� formada por mi humilde persona, Dax y otros tres gatos, llamados Caos, Hostilidad y Sospecha. Por favor, Maestre de Animales Norn, le ruego que no se deje alarmar por sus nombres. Son criaturas amables e inofensivas.</p><p>�Un hombre y cuatro gatos �dijo Herold Norn con expresi�n pensativa�. Una tripulaci�n muy peque�a para una nave tan grande, s�, s�</p><p>Dax lanz� un bufido. Tuf, que conduc�a el veh�culo con una sola mano, utiliz� la otra para acariciar al gato, que pareci� calmarse un poco.</p><p>�Claro que tambi�n podr�a mencionar a los durmientes, dado que parece haber desarrollado, repentinamente, un agudo inter�s por los habitantes del Arca.</p><p>��Los durmientes? �dijo Herold Norn�. �Qu� son? �Se trata de organismos vivos, cuyo tama�o va desde lo microsc�pico hasta lo monstruoso, cuyo proceso de clonaci�n ya ha terminado, pero a los que se mantiene en estado de coma gracias a la estasis perpetua que reina en las cubas del Arca. Aunque siento un cari�o bastante acusado hacia los animales de todo tipo, en el caso de los durmientes, le he permitido sabiamente a mi intelecto que dominara mis emociones y, por lo tanto, no he tomado ninguna medida para poner fin a su largo sopor no turbado por los sue�os. Tras haber investigado la naturaleza de dichas especies, decid�, hace largo tiempo, que resultar�an mucho menos agradables como compa�eros de viaje que mis gatos y debo admitir que en algunos momentos he llegado a considerarles como una molestia. A intervalos regulares debo cumplir la pesada tarea de introducir cierta orden secreta en los ordenadores del Arca para que su largo sue�o no se interrumpa. Mi gran temor es que un d�a olvide dicha labor, sea por la raz�n que sea, y que mi nave se vea repentinamente inundada de plagas extra�as y carn�voros babeantes, con lo cual se me impondr�a la necesidad de perder mucho tiempo y tomarme grandes molestias en la subsiguiente labor de limpieza. Qui�n sabe si incluso podr�a llegar a sufrir alg�n da�o personal, por no mencionar a mis felinos.</p><p>Herold Norn estudi� durante unos segundos el rostro inmutable de Tuf y luego el de su enorme y hostil felino.</p><p>�Ah �dijo por fin�. S�, s�, parece peligroso, desde luego, Tuf. Quiz� deber�a� bueno, abortar o poner fin a esos durmientes. Entonces se encontrar�a m�s seguro.</p><p>Dax le mir� y volvi� a echar un bufido. �Una idea interesante �replic� Tuf�. Sin duda fueron las vicisitudes de la guerra las culpables de que los hombres y mujeres del CIE se vieran dominados por todo tipo de ideas paranoicas y acabaran sintiendo la obligaci�n de programar tan temibles defensas biol�gicas. Siendo por naturaleza m�s confiado y honesto que ellos, algunas veces he pensado en deshacerme de los durmientes pero, a decir verdad, no me siento capaz de abolir mediante una decisi�n unilateral una pr�ctica que ha sido mantenida durante m�s de un milenio y ha llegado a ser hist�rica. �sa es la raz�n de que les permita continuar su sue�o y que me esfuerce al m�ximo para recordar constantemente las contra�rdenes secretas.</p><p>�Claro, claro �dijo Herold Norn torciendo el gesto. Dax se dej� caer nuevamente en el regazo de Tuf y empez� a ronronear.</p><p>��Ha tenido alguna idea? �le pregunt� Norn.</p><p>�Mis esfuerzos no han sido enteramente en vano �le respondi� Tuf con cierta sequedad, mientras emerg�an de un gran pasillo para desembocar en el enorme eje central del Arca. Herold Norn qued� nuevamente boquiabierto. Rode�ndoles en todas direcciones, hasta perderse en la oscuridad, se encontraba una interminable sucesi�n de cubas de todos los tama�os y formas imaginables. En algunas, generalmente de tama�o intermedio, se ve�an confusas siluetas que se agitaban dentro de bolsas trasl�cidas.</p><p>�Durmientes �murmur� Norn. �Ciertamente �dijo Haviland Tuf, mientras segu�a conduciendo con la mirada fija y Dax estaba hecho una bola en su regazo. Norn iba mirando a un lado ya otro con asombro.</p><p>Un rato despu�s salieron del gran eje en penumbra, cruzaron un pasillo m�s angosto y, tras abandonar el veh�culo, entraron en una gran habitaci�n blanca. En las cuatro esquinas de la habitaci�n se ve�an cuatro grandes asientos acolchados, con paneles de control en sus gruesos brazos. En el centro del suelo hab�a una placa circular de metal azulado. Haviland Tuf deposit� a Dax en uno de los asientos y se instal� luego en otro. Norn mir� alrededor y acab� escogiendo el asiento diagonalmente opuesto a Tuf.</p><p>�Hay varias cosas de las cuales debo informarle �dijo Tuf.</p><p>�S�, s� �replic� Norn. �Los monstruos son caros �dijo Tuf�. Mi precio son cien mil unidades.</p><p>��C�mo? jun precio escandaloso! Ya le dije que Norn era una casa pobre.</p><p>�Muy bien. Entonces quiz�s una Casa m�s rica, sea capaz de satisfacer el precio requerido. El Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica desapareci� hace siglos, caballero. No hay ninguna sembradora en condiciones de operar con la excepci�n del Arca y su ciencia ha sido olvidada. Las t�cnicas de la ingenier�a gen �tica y la clonaci�n, tal y como eran practicadas en aquel entonces, existen s�lo en el lejano mundo de Prometeo y puede que en la Vieja Tierra, pero �sta resulta inaccesible y los habitantes de Prometeo protegen sus secretos biol�gicos con celoso fervor �Tuf mir� a Dax. Y, sin embargo, a Herold Norn mi precio le parece excesivo.</p><p>�Cincuenta mil unidades �dijo Norn�, y nos resultar� dif�cil pagar esa suma.</p><p>Haviland Tuf guard� silencio. ��Entonces, ochenta mil! No puedo subir m�s el precio. �La Casa de Norn ir� a la quiebra! �Har�n pedazos nuestras estatuas de bronce y sellar�n la Puerta de Norn!</p><p>Haviland Tuf sigui� callado. ��Maldici�n! Cien mil unidades, s�, s�, pero s�lo en caso de que el monstruo luche tal como queremos.</p><p>�La suma total ser� pagada en el momento de la entrega. ��Imposible!</p><p>Tuf no despeg� los labios. Herold Norn intent� superarle a base de paciencia. Mir� lo que le rodeaba con fingida despreocupaci�n. Tuf segu�a mir�ndole. Se pas� los dedos por el pelo. Tuf segu�a mir�ndole. Se removi� en el asiento. Tuf segu�a mir�ndole.</p><p>��Oh, est� bien! �dijo Norn, finalmente derrotado. �En cuanto a la bestia �dijo Tuf�, he estudiado muy atentamente sus necesidades y he consultado con mis ordenadores. En la biblioteca celular del Arca hay muestras de miles y miles de depredadores procedentes de una incre�ble cantidad de planetas, incluyendo muestras de tejido f�sil. Dentro de tales muestras pueden encontrarse los modelos gen �ticos de seres legendarios, seres que llevan mucho tiempo extinguidos en sus mundos natales, y ello me permite obtener duplicados de tales especies. Por lo tanto, hay una amplia gama de elecci�n y, para simplificar el asunto he tomado en cuenta varios criterios adicionales, aparte de la simple ferocidad de los animales. Por ejemplo, me he limitado a las especies que respiran ox�geno y posteriormente a las que pueden encontrarse c�modas en una clima como el reinante en las praderas de la Casa de Norn.</p><p>�Una idea excelente �dijo Herold Norn�. De vez en cuando hemos intentado criar lagartos le�n y feridians, as� como otros animales de las Doce Casas, pero el resultado siempre ha sido p�simo. El clima, la vegetaci�n� �movi� la mano en un adem�n enfadado.</p><p>�Exactamente �dijo Haviland Tuf�. Veo que comprende las abundantes y pesadas dificultades que he debido afrontar en mi b�squeda.</p><p>�S�, s�, pero vayamos al grano. �Que ha encontrado? �Cu�l ha sido el monstruo elegido entre todos esos millares?</p><p>�Le ofrezco mi selecci�n final �dijo Tuf�, efectuada entre unas treinta especies. jun segundo!</p><p>Apret� un bot�n que reluc�a en el brazo de su asiento y de pronto en la placa de metal azulado apareci� una bestia agazapada. Tendr�a unos dos metros de alto y su piel era de un color gris rosado, con un aspecto ligeramente gomoso y un ralo pelaje blanco. La bestia apenas si ten�a frente y su hocico era parecido al de un cerdo. Estaba provista de unos cuernos curvados, de aspecto m�s bien inquietante, y ten�a afiladas garras en las patas.</p><p>�No pienso abrumarle con nomenclaturas formales, dado que ya me he dado cuenta de cu�n poco se sigue tal regla en la Arena de Bronce �dijo Haviland Tuf�. Tenemos aqu� al llamado cerdo vagabundo de Heydey, que habita tanto en el bosque como en la llanura. Es b�sicamente un devorador de carro�a, pero se han dado casos en que consume carne fresca y cuando se le ataca es capaz de luchar ferozmente. Seg�n los informes m�s dignos de confianza, posee una considerable inteligencia pero es imposible domesticarle. Se reproduce con gran facilidad y en n�mero muy abundante. Los colonos procedentes de Gulliver acabaron abandonando sus posiciones en Heydey a causa de este animal. Ello ocurri� hace unos mil doscientos a�os.</p><p>Herold Norn se rasc� la cabeza por entre su oscura cabellera y su diadema de bronce.</p><p>�No. Es demasiado delgado y pesa muy poco. �Mire ese cuello! Piense en lo que un feridian podr�a hacerle. �Agit� la cabeza violentamente�. Adem�s, es horrible. y me siento algo ofendido ante la presentaci�n de este carro�ero, sin importar lo feroz que pueda llegar a ser. �La Casa de Norn necesita combatientes orgullosos y siempre ha criado bestias capaces de matar a sus presas por s� solas!</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. Apret� nuevamente el bot�n y el cerdo vagabundo se desvaneci�. En su lugar apareci� una enorme bola de carne acorazada de un color gris�ceo y tan carente de rasgos distintivos como el blindaje de una nave de combate. Era tan grande que apenas si cab�a dentro de la placa met�lica.</p><p>�El �rido planeta natal de esta criatura jam�s ha sido bautizado y nunca fue utilizado para la colonizaci�n, pero un grupo de exploradores de Viejo Poseid�n trazaron un mapa de �l y lo reclamaron como propiedad, obteniendo muestras celulares. Durante un breve tiempo hubo algunos espec�menes en ciertos zoos, pero no subsistieron. El animal fue conocido como ariete rodante y los adultos pesan aproximadamente unas seis toneladas m�tricas. En las llanuras de su mundo natal los arietes rodantes pueden lograr una velocidad superior a los cincuenta kil�metros por hora, aplastando a sus presas bajo ellos. En cierto sentido, dicha bestia es toda ella una boca y cualquier parte de su piel es capaz de exudar enzimas digestivas, con lo cual s�lo debe posarse sobre su presa, quedarse inm�vil y esperar hasta que la carne haya sido absorbida. Puedo dar fe de la irracional hostilidad t�pica de la especie, pues en una ocasi�n, por una serie bastante rara de circunstancias en las cuales no hace falta detenerse, un ariete rodante qued� libre en una de mis cubiertas y logr� causar una sorprendente cantidad de da�os en mis mamparas e instrumentos antes de acabar muriendo de modo f�til a causa de su misma ferocidad. Su car�cter implacable era incre�ble y cada vez que penetr� en sus dominios para alimentarle, se lanz� contra m� para aplastarme.</p><p>Herold Norn, medio sumergido en los confines del enorme holograma, parec�a francamente impresionado.</p><p>�Ah, s�. Mejor, mucho mejor. Una criatura imponente. Quiz� �de pronto su tono cambi�. No, es imposible que sirva. Una criatura que pese seis toneladas y sea capaz de rodar tan aprisa podr�a escapar de la Arena de Bronce y matar a centenares de personas. Adem�s, �qui�n pagar�a dinero para ver c�mo esta cosa aplasta a un lagarto-le�n o a un estrangulador? No, resultar�a muy poco deportivo. Su ariete rodante es demasiado monstruoso, Tuf.</p><p>Tuf, impasible, oprimi� nuevamente el bot�n y la enorme criatura gris�cea desapareci�, cedi�ndole el sitio a un felino esbelto y de aire feroz, tan grande como un colmillos de hierro, con los ojos amarillos y potentes m�sculos recubiertos por un pelaje negro azulado. El pelaje cambiaba de color formando dibujos en los flancos y largas l�neas de un color plateado iban de la cabeza del animal hasta sus patas traseras.</p><p>�Ahhhhh� �dijo Norn�. Una verdadera belleza, cierto, cierto.</p><p>�La pantera cobalto del Mundo de Celia �dijo Tuf�, muchas veces conocida como gato de cobalto. Uno de los grandes felinos m�s mort�feros que existe. Este animal es un cazador insuperable y sus sentidos son aut�nticos milagros de ingenier�a biol�gica. Puede ver en la gama infrarroja para cazar de noche y sus orejas� observe su tama�o y la forma en que se abren hacia fuera, Maestre de Animales� sus orejas son extremadamente sensibles. Dado que pertenece a la familia de los felinos, el gato de cobalto, tiene habilidades psi�nicas, pero en su caso dichas habilidades se encuentran mucho m�s desarrolladas de lo normal. El miedo, el hambre y la sed de matar act�an siempre como desencadenantes y en dicho momento el gato de cobalto se convierte en un lector de mentes.</p><p>Norn alz� la cabeza, sobresaltado.</p><p>��C�mo?</p><p>�Psi�nica, caballero. Supongo que conocer� usted tal concepto. El gato de cobalto es un asesino perfecto, porque sabe lo que har� su antagonista antes de que act�e. �Me comprende?</p><p>�S�, s� �dijo Norn con voz nerviosa. Tuf mir� a Dax y el gran gato negro, al cual no hab�a afectado en lo m�s m�nimo el desfile de espectros inodoros que hab�a estado encendi�ndose y apag�ndose en la placa met�lica, pesta�e� un par de veces y se estir� con voluptuosidad�. �Perfecto, perfecto! Casi estoy seguro de que podr�amos entrenar a esos animales como hacemos ahora con los colmillos de hierro, �eh? �Y adem�s lectores de mentes! Perfecto. Incluso los colores son los adecuados� azul oscuro, ya sabe, igual que nuestros colmillos de hierro. �Esos gatos ser�n un perfecto emblema para Norn, s�, s�!</p><p>Tuf apret� el bot�n y el gato de cobalto se desvaneci�. �Ciertamente. Bien, entonces doy por sentado que no hace falta continuar con la exhibici�n. Empezar� el proceso de clonaci�n inmediatamente despu�s de su marcha y la entrega se realizar� dentro de tres semanas. Espero que no tenga inconvenientes al respecto. En cuanto a la cantidad, por la suma acordada les entregar� tres parejas. Dos de edad no muy avanzada que deber�an ser liberadas en sus tierras salvajes para que se reproduzcan y una pareja ya plenamente adulta que puede ser inmediatamente enviada a la Arena de Bronce.</p><p>�Qu� pronto �empez� a decir Norn�. Me parece estupendo, pero�</p><p>�Utilizo un cronobucle, Maestre de Animales. Es cierto que necesita un vasto consumo energ�tico, pero posee el poder de acelerar el paso del tiempo, produciendo en el tanque una distorsi�n cronol�gica que me permite llevar aceleradamente el clon a la madurez. Quiz� resulte prudente a�adir que, aunque le entregar� a Norn seis animales, en realidad s�lo existir�n tres individuos aut�nticos. El Arca posee en sus archivos una c�lula triple de gato de cobalto. Clonar� a cada esp�cimen dos veces, en macho y en hembra, esperando que la mezcla gen �tica resultante sea adecuada para su posterior reproducci�n en Lyronica.</p><p>�Estupendo, estupendo, lo que usted diga �replic� Norn�. Enviar� las naves para recoger a los animales sin perder ni un segundo y luego le pagaremos.</p><p>Dax lanz� un suave maullido. �Caballero �dijo Tuf�, se me ha ocurrido una idea mejor. Pueden pagarme la suma total antes de la entrega de los animales.</p><p>��Pero usted dijo que pagar�amos a la entrega! �Lo admito. Pero soy por naturaleza proclive a seguir mis impulsos y el impulso me dice, ahora, que cobre primero.</p><p>�Oh, muy bien �dijo Norn�, aunque encuentro sus demandas tan arbitrarias, como excesivas. Con esos gatos de cobalto no tardaremos en recuperar la suma entregada �empez� a levantarse.</p><p>Haviland Tuf alz� un dedo. �Un instante m�s. No me ha informado usted demasiado sobre la ecolog�a de Lyronica, ni sobre las tierras que pertenecen a la Casa de Norn. Puede que existan presas adecuadas, pero debo advertirle, sin embargo, que los gatos de cobalto son cazadores natos y que por lo tanto necesitan presas adecuadas.</p><p>�S�, s�, naturalmente. �Por fortuna, estoy en condiciones de ayudarle. A cambio de cinco mil unidades m�s, puedo clonar para usted unos excelentes saltadores celianos. Se trata de unos deliciosos herb�voros, cubiertos de pelo, que son muy apreciados en m�s de una docena de planetas por la suculencia de su carne y que constituyen uno de los platos favoritos de los amantes de la buena mesa.</p><p>Herold Norn frunci� el ce�o. �Deber�a usted entreg�rnoslos gratis, Tuf. Ya nos ha sacado el dinero suficiente.</p><p>Tuf se puso en pie y se encogi� lentamente de hombros. �Dax, este hombre pretende humillarme �le dijo a su gato�. �Qu� debo hacer? Yo no busco sino un medio honesto de ganarme la vida y por doquiera que voy se aprovechan de m� �Mir� a Norn�. Siento un nuevo impulso. Tengo la sensaci�n de que no ceder� en su postura, ni tan siquiera en el caso de que le ofreciera un soberbio descuento. Por lo tanto, me rendir�. Los saltadores son suyos sin ning�n tipo de recargo.</p><p>�Bien, excelente �Norn se volvi� hacia la puerta.� Los recogeremos junto con los gatos de cobalto y los dejaremos sueltos en nuestras tierras.</p><p>Haviland Tuf y Dax le siguieron abandonando la estancia y luego, en silencio, los tres volvieron a la nave de Norn.</p><empty-line/><p>La Casa de Norn mand� el dinero un d�a antes de la entrega. A la tarde siguiente una docena de hombres, vestidos de negro y gris, se presentaron en el Arca y se llevaron a seis gatos de cobalto narcotizados procedentes de los tanques de clonaci�n, de Haviland Tuf, despu�s de introducirlos en las jaulas que esperaban en su lanzadera. Tuf les despidi� con el rostro impasible y no tuvo m�s noticias de Herold Norn. Pero mantuvo el Arca en �rbita sobre Lyronica.</p><p>Menos de tres d�as de Lyronica, m�s breves que los d�as est�ndar, transcurrieron antes de que Tuf viera que sus clientes hab�an programado una pelea en la Arena de Bronce, con uno de sus gatos de cobalto.</p><p>Cuando lleg� la tarde del combate, Tuf, se disfraz� mediante una falsa barba y una larga peluca pelirroja, a�adiendo a su camuflaje un holgado traje de color amarillo chill�n y un turbante recubierto de pieles. Luego baj� en su lanzadera a la Ciudad de Todas las Casas, esperando pasar desapercibido. Cuando se anunci� el combate en los altavoces, estaba sentado en la parte superior de la Arena, con un muro de piedra rugosa a la espalda y un angosto asiento de madera luchando por soportar su peso. Hab�a pagado unas cuantas monedas de hierro para ser admitido, pero hab�a logrado evitar las taquillas donde se vend�an las entradas.</p><p>�Tercer combate �exclam� el locutor mientras las cuadrillas se encargaban de retirar los pedazos de carne sanguinolenta, en que se hab�a convertido el perdedor del segundo combate�. De la Casa de Varcour, una hembra de lagarto-le�n, de nueve meses de edad y 1,4 quintales de peso, entre. nada por el Aspirante a Maestre Ammari y Varcour Otheni. Veterana y superviviente, por una vez, en la Arena de Bronce.</p><p>Los espectadores m�s cercanos a Tuf empezaron a lanzar v�tores y agitar las manos salvajemente, como era de esperar. Hab�a elegido entrar esta vez por la Puerta de Varcour, recorriendo antes un sendero de cemento verde y pasando por la gigantesca boca de un monstruoso lagarto dorado, por lo cual se hallaba rodeado por los partidarios de esta casa. En las profundidades del pozo se abri� una gran puerta esmaltada en verde y oro. Tuf alz� los binoculares que hab�a alquilado y vio c�mo el lagarto-le�n sal�a por ella. Eran dos metros de escamoso reptil verde, con una cola delgada como un l�tigo, que tendr�a tres veces su longitud, y el largo morro t�pico de los cocodrilos de la Vieja Tierra. Sus mand�bulas se abr�an y cerraban sin hacer el menor ruido, dejando entrever una impresionante hilera de dientes.</p><p>�De la Casa de Norn, importada a este planeta para entretenimiento del p�blico, una hembra de gato de cobalto. Edad� �el locutor hizo una pausa ah, tres a�os de edad y 2,3 quintales de peso, entrenada por el Maestre de Animales Herold Norn. Nueva en la Arena de Bronce �la c�pula met�lica que cubr�a el edificio se estremeci� con los v�tores procedentes del sector de Norn. Herold Norn hab�a hecho acudir a la Arena de Bronce a todos sus partidarios, vestidos con los colores de la Casa y dispuestos a celebrar la victoria.</p><p>La gata de cobalto sali� lentamente de la oscuridad movi�ndose con una gracia cautelosa y sus grandes ojos dorados barrieron la arena. Era en todo, tal y como Tuf hab�a prometido: una masa de m�sculos letales y movimientos congelados a la espera del salto, con su pelo negro azulado cruzado por las rayas plateadas. Su gru�ido apenas era audible, ya que Tuf se encontraba muy lejos del pozo, pero a trav�s de sus binoculares vio moverse las fauces de la gata.</p><p>Tambi�n el lagarto-le�n la vio y avanz� hacia ella con sus cortas patas escamosas levantando peque�os chorros de arena en tanto que su cola, de una longitud casi incre�ble, se arqueaba sobre su cuerpo, como el aguij�n de un escorpi�n ofidio. Cuando la gata de cobalto volvi� sus l�quidos ojos hacia el enemigo, el lagarto-le�n dej� caer su cola con inmensa fuerza, pero, antes de que hubiera podido dar en su blanco, la gata de cobalto ya se hab�a movido �gilmente a un lado y las �nicas v�ctimas del impacto fueron la arena y el aire.</p><p>La gata empez� a moverse en c�rculos, gru�endo sordamente. El lagarto-le�n, implacable, se volvi� levantando de nuevo su cola, abri� las fauces y se lanz� hacia adelante. La gata de cobalto evit�, tanto el l�tigo de la cola, como sus dientes. La cola chasque� una y otra vez, pero la gata era demasiado r�pida. Entre el p�blico empez� a sonar el c�ntico de la muerte y gradualmente fue acogido por m�s y m�s espectadores. Tuf gir� sus binoculares y vio que la gente se balanceaba r�tmicamente en las gradas de Norn. El lagarto-le�n hizo entrechocar sus fauces con frenes�, estrellando su cola en una de las puertas de la arena, movi�ndose cada vez con mayor nerviosismo. La gata, sintiendo su oportunidad, se coloc� tras su enemigo, con un gr�cil salto, inmovilizando al enorme lagarto con una gran zarpa azul y desgarrando ferozmente sus flancos y su vientre, no protegidos por las escamas. Despu�s de unos segundos y de unos cuantos f�tiles chasquidos de cola, que s�lo consiguieron distraer moment�nea. mente a la gata, el lagarto-le�n se qued� inm�vil.</p><p>Los partidarios de Norn gritaban a pleno pulm�n. Haviland Tuf, con sus p�lidos rasgos medio ocultos por la barba, se puso en pie y abandon� la Arena y su inc�modo asiento.</p><p>Pasaron semanas y el Arca permaneci� en �rbita alrededor de Lyronica. Haviland Tuf observaba cuidadosamente los resultados de la Arena de Bronce y vio que los gatos de Norn venc�an un combate tras otro. Herold Norn sigui� perdiendo, de vez en cuando, si usaba un colmillos de hierro, pero esas derrotas eran f�cilmente contrapesadas, por una cada vez m�s larga lista de victorias.</p><p>Tuf se dedic� a conversar con Dax, jug� con sus dem�s gatos, se entretuvo con los holodramas que hab�a comprado recientemente, someti� numerosas y detalladas proyecciones eco l�gicas al juicio de sus ordenadores, bebi� incontables jarras de la negra cerveza de Tamber, se decidi� a envejecer cuidadosamente su vino de hongos y esper�.</p><p>Unas tres semanas despu�s de que los gatos hubieran hecho su debut en los combates, recibi� las llamadas que hab�a previsto.</p><empty-line/><p>Su esbelta lanzadera estaba pintada de verde y oro y los tripulantes vest�an una imponente armadura de esmalte verde y placas de oro. Cuando Tuf acudi� a recibirles, se encontr� a tres visitantes aguard�ndole inm�viles y algo envarados al pie de la nave. El cuarto visitante, un hombre corpulento y de aire algo pomposo, llevaba un casco dorado, con un penacho verde brillante, para ocultar una cabeza tan calva como la de Tuf y, dando un paso hacia adelante, le ofreci� la mano.</p><p>�Aprecio su intenci�n �dijo Tuf, manteniendo sus dos manos imp�vidamente cruzadas sobre Dax�, y ya me be dado cuenta de que no blande usted arma alguna �Puedo preguntarle cu�l es su nombre y su ocupaci�n, caballero?</p><p>�Morho y Varcour Otheni �empez� a decir el l�der de los visitantes.</p><p>�Ya �dijo Tuf alzando una mano�. y ocupa el cargo de Maestre de Animales de la Casa de Varcour y ha venido a comprar un monstruo. Debo confesar que este reciente giro de los acontecimientos no me resulta del todo sorprendente.</p><p>Los gruesos labios del Maestre de Animales se abrieron formando una �O� de asombro.</p><p>�Sus acompa�antes deben quedarse aqu� �dijo Tuf. Suba al veh�culo y haremos lo necesario.</p><p>Haviland Tuf apenas si dej� que Norho y Varcour Othe ni pronunciara una palabra, hasta que se encontraron solos en la misma habitaci�n a la cual hab�a llevado antes a Herold Norn, ocupando asientos diagonalmente opuestos.</p><p>�Obviamente �dijo entonces Tuf�, habr� o�do mi nombre en boca de Norn.</p><p>Norho sonri� con cierto disgusto. �Pues s�. Un hombre de Norn fue persuadido para que revelara el origen de sus gatos de cobalto y para nuestro gran deleite result� que el Arca a�n se hallaba en �rbita. �Ha encontrado Lyronica divertida?</p><p>�La diversi�n no es el meollo del asunto �dijo Tuf�. Cuando hay problemas mi orgullo profesional me exige prestar todos los servicios que est�n en mi mano, por peque�os que sean. Y, por desgracia, Lyronica est� repleta de problemas. Por ejemplo, ah� est� su dificultad actual. Varcour es ahora, estoy casi seguro de ello, la �ltima y menos considerada de las Doce Grandes Casas. Un hombre m�s dado a la cr�tica que yo podr�a llegar incluso a observar que sus lagartos-leones, no son gran cosa como monstruos y sabiendo, como s� que sus tierras son en su mayor parte pantanosas, su gama de elecci�n para los combatientes de la arena debe resultar un tanto limitada. �He adivinado la esencia de sus quejas?</p><empty-line/><p>��Hum� s�, ciertamente! Se me ha adelantado usted, caballero, pero ha dado en el blanco. NoS iba todo bastante bien hasta su interferencia y desde entonces� bueno, no hemos conseguido ganar a Norn ni una sola vez y antes eran nuestras v�ctimas habituales. Unas cuantas victorias mis�rrimas sobre la Colina de Wrai y la Isla de Amar, un golpe de suerte contra Feridian y un par de triunfos en el �ltimo segundo sobre Arneth y Sin Doon. ESo ha sido todo lo que hemos conseguido durante el �ltimo mes. �Bah!, as� no podremos sobrevivir. Me har�n cuidador de reba�os y me enviar�n de vuelta a nuestras tierras, a menos que act�e.</p><p>Tuf acarici� a Dax y levant� la mano para calmar a Morho.</p><p>�No es preciso que sigamos discutiendo tales asuntos. Me he dado cuenta de cu�l es su problema y desde mis tratos con Harold Norn he tenido la fortuna de poder consagrar abundantes ratos a la ociosidad. Por lo tanto, y para ejercitar mi cerebro, me he podido dedicar a los problemas de las Grandes Casas, una por una. No es preciso que sigamos malgastando un tiempo precioso. Puedo resolver sus actuales dificultades, aunque habr� ciertos gastos, claro.</p><p>Morho sonri�. �He venido preparado. Ya o� hablar de su precio. Es alto, no hay discusi�n posible al respecto, pero estamos dispuestos a pagar siempre que pueda�</p><p>�Caballero �dijo Tuf�, soy hombre caritativo. Norn era una Casa pobre y su Maestre de Animales pr�cticamente un mendigo. Por compasi�n le fij� un precio bajo, pero los dominios de Varcour son m�s ricos, sus historiales m�s brillantes y sus victorias han sido ampliamente celebradas. El precio que debo fijarles es de doscientas setenta y cinco mil unidades� De esta forma, compensar� las p�rdidas que sufr� al tratar tan generosamente a la casa de Norn.</p><p>Morho emiti� una especie de balbuceo at�nito y las escamas de su traje tintinearon al removerse en su asiento.</p><p>�Demasiado, demasiado� �protest�. Se lo imploro. Es cierto que nuestra gloria supera a la de Norn, pero, a�n as�, no es tan grande como piensa. Para pagar su precio nos veremos obligados a pasar hambre. Los lagartos-leones atacar�n nuestras moradas y nuestras ciudades lacustres se hundir�an sobre sus soportes, hasta quedar cubiertas por el barro, en el que se ahogar�an nuestras criaturas�</p><p>Dax se agit� en el regazo de Tuf y emiti� un leve maullido.</p><p>�Ya entiendo �dijo Tuf�, y me apenar�a pensar que puedo llegar a causar tales sufrimientos. Quiz�s un precio de doscientas mi! unidades resultar�a m�s equitativo.</p><p>Morho y Varcour Otheni empez� a protestar e implorar de nuevo, pero esta vez Tuf se limit� a esperar en silencio, cruzado de brazos, hasta que el Maestre de Animales, con el rostro enrojecido y sudoroso, se qued� finalmente sin argumentos y accedi� a pagar el precio.</p><p>Tuf oprimi� un bot�n situado en el brazo de su asiento. La imagen de un saurio, tan enorme como musculoso, se materializ� entre �l y Morho. Ten�a dos metros de alto, estaba cubierto de escamas grises y verdes y se sosten�a sobre cuatro patas cortas y achaparradas, tan gruesas como troncos de �rbol. Ten�a una cabeza muy grande, protegida por una gruesa placa de hueso amarillento, que se prolongaba hacia adelante, como el espol�n de una antigua nave de guerra, y en cuya parte superior hab�a dos cuernos. El cuello de la criatura era corto y grueso y bajo su frente acorazada asomaban dos ojillos de color amarillento. Situado entre los dos ojos, justo en el centro de la cabeza se distingu�a un oscuro agujero que atravesaba el hueso del cr�neo.</p><p>Morho trag� saliva.</p><p>�Oh �dijo�. S�. Muy� esto� muy grande. Pero parece� �no tendr�a originalmente un tercer cuerno en la frente, verdad? Parece como si se lo hubieran� bueno, que se lo hubieran quitado. Tuf, nuestros espec�menes deben encontrarse en perfecto estado�</p><p>�El tris neryei; del Aterrizaje de Cable �dijo Tuf�. Al menos, �se fue el nombre que le dieron los Fyndii, cuyos colonos precedieron a la humanidad en ese mundo, con una ventaja de varios milenios. No le falta ning�n cuerno, caballero, y la traducci�n literal del t�rmino es �cuchillo viviente� �un largo dedo se movi� con suave precisi�n sobre los controles y el tris neryei gir� su inmensa cabeza hacia el Maestre de Animales de Varcour, el cual se apresur� a inclinarse hacia adelante, con cierta torpeza, para estudiarla m�s de cerca.</p><p>Al aproximarse hacia el fantasma, en el grueso cuello del animal se movieron unos potentes tendones y una afilada cuchilla de hueso, tan gruesa como el antebrazo de Tuf y de un metro de longitud, brot� del agujero con una velocidad incre�ble. Morho y Varcour Otheni lanz� un chillido asustado y se volvi� l�vido al verse atravesado por aquel cuerno, que le empal� en el asiento. Un olor m�s bien repulsivo invadi� la estancia.</p><p>Tuf sigui� sin decir palabra. Morho, farfullando, baj� la vista hacia el punto de su est�mago que hab�a sido atravesado por la cuchilla de hueso y por su expresi�n parec�a a punto de vomitar. Le cost� un largo y m�s bien horrible minuto darse cuenta de que no hab�a sangre, de que no sent�a dolor alguno y que el monstruo era solamente un holograma. Su boca se abri� formando una �O� silenciosa, pero fue incapaz de emitir sonido alguno, hasta que no hubo tragado saliva un par de veces.</p><p>�Muy� eh� muy dram�tico �le dijo a Tuf. El final de la cuchilla de un p�lido color hueso estaba estrechamente sostenido por anillos y fibras de un m�sculo negro azulado que lat�a lentamente. Poco a poco, la cuchilla fue siendo absorbida en el interior del cr�neo.</p><p>�La bayoneta, si puedo atreverme a llamarla as�, se encuentra escondida en una vaina recubierta de mucosidad que va a lo largo del cuello de la criatura, y los anillos de musculatura que la rodean, son capaces de proyectarla a una velocidad aproximada de setenta kil�metros por hora, con una fuerza en relaci�n a la velocidad que he citado. El h�bitat nativo de esta especie es bastante parecido al de las zonas de Lyronica que se hallan bajo� el control de la Casa de Varcour.</p><p>Morho se removi� en el asiento haci�ndolo crujir bajo su peso. Dax ronrone� estruendosamente.</p><p>��Magn�fico! �dijo el Maestre de Animales�. Aunque el nombre me parece un poco� bien, un poco extra�o. Le llamaremos� a ver, d�jeme pensar� �ah, s�, le llamaremos lancero! �S�!</p><p>�Ll�mele como quiera �dijo Tuf�, ya que dicho asunto no me concierne en lo m�s m�nimo. Estos saurios poseen muchas ventajas obvias para la Casa de Varcour y pienso que deber�a optar por ellos. Adem�s, y sin ning�n recargo adicional, les entregar� unas cuantas babosas arb�reas de Cathadayn. Descubrir�n que�</p><empty-line/><p>Tuf sigui� con toda diligencia las nuevas que llegaban de la Arena de Bronce, aunque no se arriesg� nuevamente a pisar el suelo de Lyronica. Los gatos de cobalto segu�an barriendo a todos sus enemigos y, en el �ltimo combate transmitido, una de las bestias de Norn hab�a logrado destruir a un mono estrangulador de primera clase de Arneth ya una rana carnosa de la Isla de Amar durante un combate triple.</p><p>Pero la fortuna de Varcour empezaba tambi�n a seguir un rumbo ascendente. Los reci�n introducidos lanceros hab�an resultado ser una aut�ntica sensaci�n en la Arena de Bronce. Sus retumbantes gritos, su pesado andar y el r�pido e implacable golpe con que sus gigantescas bayonetas �seas impart�an la muerte a sus enemigos estaban causando furor.</p><p>En los tres combates celebrados, un enorme feridian, un escorpi�n acu�tico y un gato-ara�a de Gnethin, se hab�an revelado como incapaces de competir con el saurio de Varcour. Morho y Varcour Otheni ten�a un aspecto radiante. A la semana siguiente, un gato de cobalto se enfrentar�a a un lancero en un combate, por la supremac�a de la Arena y ya se afirmaba que no habr�a ni un asiento libre.</p><p>Herold Norn llam� una vez al Arca, poco tiempo despu�s de que los lanceros hubieran conseguido su primera victoria.</p><p>��Tuf! �dijo secamente. Le ha vendido un monstruo a Varcour. No aprobamos dicha venta.</p><p>�No me hab�a dado cuenta de que su aprobaci�n fuera necesaria �replic� Tuf�. Trabajo seg�n la idea de que soy un agente libre, al igual que lo son los se�ores y los Maestres de todas las Grandes Casas de Lyronica.</p><p>�S�, s� �grit� Herold Norn�, pero no pensamos dejar que nos estafe, �me ha o�do?</p><p>Haviland Tuf permaneci� tranquilamente inm�vil, contemplando el ce�o fruncido de Norn mientras acariciaba a Dax.</p><p>�Me tomo grandes trabajos para ser siempre justo, en los negocios que concluyo �le dijo�. De haber insistido en la concesi�n exclusiva de los monstruos para Lyronica quiz�s hubi�ramos llegado a discutir tal posibilidad, pero por lo que yo recuerdo esto no se lleg� ni tan siquiera a sugerir. Naturalmente, me habr�a resultado muy dif�cil concederle tales privilegios exclusivos a la Casa de Norn sin un precio adecuado, ya que tal acto me habr�a indudablemente privado luego de una fuente de ingresos muy necesaria. De todos modos, me temo que esta discusi�n carece de utilidad, pues, mi transacci�n con la Casa de Varcour ya ha sido completada y ser�a para m� un acto totalmente desprovisto de �tica y pr�cticamente imposible, si me negara ahora a satisfacer sus peticiones.</p><p>�Esto no me gusta, Tuf �dijo Norn. �No llego a ver que haya causa leg�tima para quejarse. Sus monstruos se est�n portando tal y como esperaba y no me parece demasiado generoso por su parte irritarse sencillamente porque otra Casa comparte ahora la buena fortuna de Norn.</p><p>�S�. No. Es decir� bueno, dej�moslo. Supongo que no podr� detenerle. Si otras Casas llegan a conseguir animales capaces de vencer a nuestros gatos, sin embargo, espero que nos proveer� con algo capaz de vencer a los que les haya vendido, sea lo que sea. �Me ha entendido?</p><p>�La idea es f�cil de comprender �Tuf mir� a Dax�. Le he dado a la Casa de Norn una serie de victorias sin precedentes y pese a ello Herold Norn arroja ahora dudas sobre mi honestidad y mis capacidades intelectivas. Me temo que no se nos aprecia en lo que valemos.</p><p>Herold Norn torci� el gesto. �S�, s� Bien, cuando necesitemos m�s monstruos supongo que nuestras victorias nos habr�n permitido afrontar los espantosos precios que sin duda alguna tendr� entonces la pretensi�n de imponernos.</p><p>�Conf�o en que por lo dem�s todo vaya bien �dijo Tuf. �Bueno, s� y no. En la Arena, s�, s�, decididamente s�.</p><p>Pero en cuanto a lo dem�s� bueno, �sa es la raz�n de mi llamada. Los cuatro gatos j�venes no parecen demasiado interesados en reproducirse y no sabemos por qu� y nuestros cuidadores se quejan de que est�n adelgazando mucho: Quiz�s est�n enfermos. No puedo decirlo con toda seguridad, ya que me encuentro en la Ciudad y los animales est�n ahora en las llanuras de Norn, pero, al parecer, hay motivos para preocuparse. Los gatos se encuentran en libertad, naturalmente, pero tenemos sensores que nos dicen�</p><p>Tuf cruz� las manos formando un puente con ellas. �Es indudable que su temporada de celo a�n no ha empezado y mi consejo al respecto es que tenga paciencia. Todas las criaturas vivientes se dedican tarde o temprano a reproducirse, algunas incluso en exceso, y puedo asegurarle que, cuando las hembras empiecen su fase de estro, todo ir� con la debida rapidez.</p><p>�Ah, s�, parece sensato. Entonces, supongo que todo es cuesti�n de tiempo. La otra pregunta que ten�a preparada se refiere a esos saltadores que nos entreg�. Les soltamos en la llanura y no han tenido ninguna dificultad a la hora de reproducirse. De hecho, los viejos pastizal es de la Casa han sido destruidos, lo cual resulta muy molesto; Andan por todas partes dando saltos de un lado a otro. �Qu� podemos hacer?</p><p>�Ese problema se resolver� igualmente cuando los gatos empiecen a reproducirse �dijo Tuf�. Las panteras cobalto son voraces y eficientes depredadoras y se encuentran perfectamente equipadas para poner coto a su plaga de saltadores.</p><p>Herold Norn pareci� no quedar demasiado contento con la respuesta.</p><p>�S�, s� �dijo�, pero� Tuf se puso en pie.</p><p>�Me temo que debo poner punto final a nuestra charla �dijo�. Una lanzadera acaba de ponerse en �rbita de entrada alrededor del Arca. Quiz�s usted sea capaz de reconocerla. Es de un color azul acero y tiene grandes alas triangulares de color gris.</p><p>��La Casa de la Colina de Wrai! �exclam� Norn. �Fascinante �dijo Tuf�. Buenos d�as.</p><empty-line/><p>El Maestre de Animales Denis Lon Wrai pag� doscientas treinta mil unidades por su monstruo, un potente ursoide pelirrojo procedente de las colinas de Vagabundo. Haviland Tuf sell� la transacci�n con una carga adicional de huevos de oruga saltarina.</p><p>A la semana siguiente cuatro hombres vestidos de seda anaranjada y cubiertos con largas capas de color rojo fuego visitaron el Arca. Volvieron a la Casa de Feridian doscientas cincuenta mil unidades m�s pobres y con un contrato que les garantizaba la entrega de seis gigantescos alces venenosos provistos de coraza, m�s el regalo de un buen reba�o de cerdos Hranganos.</p><p>El Maestre de Animales de Sin Doon recibi� una serpiente gigante y el emisario de la Isla de Amar qued� muy contento con su godzilla. Un comit� enviado por Dant, ataviado con capas blancas como la leche y cinturones de plata, se prend� inmediatamente de la babean te g�rgola-ogro, que Haviland Tuf les ofreci� con el regalo adicional de una bagatela Y, de ese modo, una a una, las Doce Grandes Casas de Lyronica fueron a comprar su monstruo, lo recibieron y pagaron un precio cada vez m�s elevado por �l.</p><p>Para aquel entonces los dos gatos de Norn hab�an muerto. El primero fue empalado por la bayoneta de un lancero de Varcour y el segundo fue aplastado entre las inmensas garras del ursoide de la Colina de Wrai (aunque tambi�n el ursoide muri� en dicho combate). Indudablemente, los grandes gatos hab�an percibido cu�l ser�a su destino final, pero, en los letales recintos de la Arena de Bronce, no hab�an logrado escapar a �l. Herold Norn llamaba diariamente al Arca, pero Tuf le hab�a dado instrucciones a su ordenador para que rechazara las llamadas.</p><p>Finalmente, cuando once Casas hubieron acudido para adquirir sus compras y llevarse los regalos incluidos en el precio inicial, Haviland Tuf se encontr� sentado ante Danel Leigh Arneth, Maestre de Animales de Arneth-en-el-Bosque-Dorado, en tiempos la m�s altiva y orgullosa de las Doce Grandes Casas de Lyronica y ahora la �ltima y m�s humillada de todas. Arneth era un hombre tan alto que pod�a contemplar a Tuf desde su mismo nivel, pero no ten�a ni pizca de la grasa de Tuf. Su piel era de color �bano, su cuerpo era todo m�sculos y su rostro parec�a tallado a golpes de hacha. Llevaba el pelo, de un color gris hierro, casi cortado al cero. El Maestre de Animales acudi� a la conferencia vestido de color oro, con un cintur�n escarlata, botas rojas y una peque�a boina igualmente roja en la cabeza. A modo de bast�n llevaba un enervador, utilizado por los entrenadores de animales.</p><p>Cuando Danel Leight Arneth emergi� de su nave, Dax se encresp� y cuando se instal� en el veh�culo alado de Tuf le ech� un par de bufidos. Siguiendo tales indicaciones, Haviland Tuf empez� de inmediato su interminable discurso sobre los durmientes. Arneth le contempl� en silencio, le escuch� atentamente y Dax acab� por calmarse de nuevo.</p><p>�La fuerza de Arneth ha reposado siempre en su variedad �empez� a decir Danel Leigh Arneth una vez concluido el discurso de Tuf�. Cuando las dem�s Casas de Lyronica confiaban toda su fortuna en una sola bestia, nuestros padres y abuelos trabajaban con docenas de ellas. A cada animal de sus Casas nosotros pod�amos oponerles una estrategia basada en la elecci�n �ptima. �sa ha sido nuestra grandeza y nuestro orgullo. Pero contra esas bestias demon�acas que ha tra�do usted, mercader, no tenemos ninguna estrategia posible. No importa cu�l de nuestros cien combatientes sea enviado a la arena. Cualquiera volver� muerto de ella. Nos ha obligado a tratar con usted.</p><p>�Debo oponerme a tal afirmaci�n �dijo Tuf�. �C�mo pod�a de mero vendedor de animales obligar al mayor Maestre de Animales de toda Lyronica a que hiciera algo en contra de sus deseos? Si es cierto que no quiere contratar mis servicios, por favor, le ruego que me crea si le digo que no me ofender� por ello. Podemos comer juntos, conversar durante un rato y luego olvidar todo este asunto.</p><p>�No juegue con las palabras, mercader �le replic� secamente Arneth�. Estoy aqu� solamente para hacer un negocio y no siento ning�n deseo de soportar su odiosa compa��a.</p><p>Haviland Tuf pesta�e�.</p><p>�Me encuentro realmente at�nito �dijo con voz inexpresiva�. Sin embargo, lejos de mi, el rechazar a un cliente, sea cual sea la opini�n que tenga de m�. Consid�rese totalmente libre de examinar mi repertorio y rebuscar, entre esas escasas y miserables especies, algo que pueda despertar su inter�s, sea por lo que sea. Quiz� la fortuna tenga a bien devolverle su libertad de opci�n estrat�gica �empez� a manipular los controles de su asiento, dirigiendo una sinfon�a de carne ficticia y de luces brillantes. Un desfile de monstruos apareci� ante los ojos del Maestre de Animales de Arneth, para desvanecerse luego. La colecci�n inclu�a criaturas cubiertas de pelo o de plumas, escamosas o protegidas por placas �seas, bestias de la colina, del bosque, el lago y la llanura, depredadores, carro�eros y herb�voros letales. Hab�a animales de todos los tama�os posibles.</p><p>Danel Leigh Arneth, con los labios firmemente apretados, acab� pidiendo cuatro ejemplares de las doce especies m�s grandes y mort�feras que hab�a visto, al precio de un mill�n de unidades base.</p><p>El final de la transacci�n (completada, al igual que hab�a ocurrido con las otras Casas, con el regalo de alg�n peque�o animal inofensivo) no pareci� suavizar demasiado el mal humor de Arneth.</p><p>�Tuf �dijo una vez cerrado el trato�, es usted un hombre listo y tortuoso, pero no me ha enga�ado.</p><p>Haviland Tuf guard� silencio.</p><p>�Ha logrado hacerse inmensamente rico y ha enga�ado a todos los que comerciaron con usted pensando sacar provecho de ello. La Casa de Norn, por ejemplo, sus gatos son in�tiles. Eran una casa pobre y su precio les llev� al borde de la quiebra, igual que ha hecho luego con todos nosotros. Pensaron recuperarse mediante las victorias. �Bah! �Ahora no habr� victorias para Norn! Cada una de las Casas que han acudido a usted adquiri� ventaja sobre las que le hab�an comprado antes sus monstruos y de este modo Arneth, la �ltima en comprar, sigue siendo la mayor de todas las Casas. Nuestros monstruos sembrar�n la destrucci�n y las arenas se oscurecer�n con la sangre de todas las bestias inferiores.</p><p>Tuf cruz� las manos sobre su prominente est�mago. Su rostro permanec�a pl�cido e inmutable.</p><p>��No ha cambiado nada! Las Grandes Casas permanecen como antes. Ameth es la m�s grande y Norn la �ltima de todas. Ha conseguido usted chuparnos la sangre, como buen mercader, hasta que cada se�or de Lyronica se ha visto obligado a luchar duramente para conseguir el dinero necesario. Ahora, nuestros rivales esperan la victoria, rezan por ella y s�lo pueden salvarse consigui�ndola, pero todas las victorias ser�n para Ameth. Somos los �nicos a los cuales no ha logrado enga�ar porque yo pens� en comprar el �ltimo y, de ese modo, compro lo mejor.</p><p>�Una agudeza y una previsi�n realmente admirables �dijo Haviland Tuf�. Resulta claro que ante un hombre tan sabio y astuto como usted, me encuentro en lamentable inferioridad de condiciones. De muy poco me servir�a cualquier intento de refutar o negar sus palabras, por no mencionar ni tan siquiera la posibilidad de superarle en ingenio. Un hombre tan inteligente seria capaz de penetrar inmediatamente en mis pobres planes y destruirlos. Quiz� seria mejor que guardara silencio.</p><p>�Puede hacer algo mejor que eso, Tuf �dijo Arneth�. Qu�dese callado y yo tampoco hablar�. �sta es su �ltima venta en Lyronica.</p><p>�Quiz� �dijo Tuf�, pero quiz� no sea as�. Pueden llegar a surgir ciertas circunstancias que impulsen a los Maestres de Animales de las dem�s Grandes Casas a dirigirse nuevamente en busca de mis servicios y mucho me temo entonces que no podr�a neg�rselos.</p><p>�Puede y lo har� �dijo con voz g�lida Danel Leigh Arneth�. Arneth ha hecho la �ltima compra y no consentiremos que alguien adquiera cartas mejores que las nuestras. Enc�rguese de la clonaci�n de nuestros animales y v�yase inmediatamente despu�s de hacer la entrega. De ese modo no har� ning�n otro negocio con las Grandes Casas. Dudo de que ese est�pido llamado Herold Norn pudiera pagar por segunda vez su precio, pero, incluso si encontrara el dinero preciso, no le vender� nada. �Me ha entendido? No pensamos andar dando vueltas eternamente, enredados en este f�til juego que se ha inventado, empobreci�ndonos m�s y m�s para comprar monstruos, perdi�ndolos y comprando m�s, sin llegar a conseguir nunca nada permanente. Estoy seguro de que ser�a capaz de vendernos monstruos hasta que en Lyronica no quedara ni una sola moneda, pero la Casa de Arneth se lo proh�be. Si ignora mi aviso quiz� pierda la vida, mercader. No soy hombre amante de perdonar.</p><p>�Creo que ha expresado con suma claridad su idea �dijo Tuf, rascando a Dax detr�s de la oreja�, aunque no siento demasiado agrado, ante la forma en que ha sido expresada. Con todo mientras que el acuerdo sugerido por usted de modo tan imperioso resultar�a indudablemente ben�fico para la Casa de Arneth, todas las dem�s Grandes Casas de Lyronica perder�an mucho y yo me ver�a obligado a sacrificar toda esperanza de futuras ganancias. Quiz� no haya entendido del todo bien lo que se me propon�a. Me distraigo con suma facilidad y es posible que no haya estado escuchando con la debida atenci�n, cuando me explic� los incentivos que se me ofrecer�an para acceder a su petici�n de que no haga negocios con las dem�s Grandes Casas de Lyronica.</p><p>�Estoy dispuesto a ofrecerle otro mill�n �dijo Arneth con los ojos echando fuego�. Me gustar�a met�rselo por la boca, si debo decir la verdad, pero a largo plazo resultar� m�s barato pagarle esa suma, que seguir jugando a su condenado tiovivo.</p><p>�Ya veo �dijo Tuf�. Por lo tanto, la elecci�n es m�a. Puedo aceptar un mill�n de unidades y partir o permanecer aqu� para enfrentarme a su ira ya sus tremendas amenazas. Debo admitir que me he enfrentado a decisiones mucho m�s dif�ciles. En cualquier caso, no soy el tipo de hombre inclinado a permanecer en un mundo donde ya no se desea mi presencia, y debo confesar que en los �ltimos tiempos he sentido cierto impulso de reanudar mis vagabundeos. Muy bien, me inclino ante su petici�n.</p><p>Danel Leigh Arneth sonri� con ferocidad y Dax empez� a ronronear.</p><empty-line/><p>La �ltima lanzadera de la flota de doce naves cubiertas de oro hab�a partido ya, transportando las adquisiciones de Danel Leigh Arneth con destino a Lyronica ya la Arena de Bronce, cuando Haviland Tuf condescendi� finalmente a recibir una llamada de Herold Norn.</p><p>El siempre delgado Maestre de Animales parec�a ahora un esqueleto.</p><p>��Tuf! �exclam�. Todo va mal� ��De veras? �dijo Tuf con voz impasible. Norn torci� los rasgos en una mueca m�s bien atroz. �No, esc�cheme. Los gatos han muerto en combate o est�n enfermos. Cuatro murieron en la Arena de Bronce. Sab�amos que la segunda pareja era demasiado joven, enti�ndame, pero cuando la primera fue derrotada no ten�amos otra opci�n. Era eso o volver a los colmillos de hierro. Ahora s�lo nos quedan dos. Apenas comen. Han capturado unos cuantos salteadores, pero muy pocos. y tampoco podemos entrenarles. Cuando el entrenador penetra en el cubil con su enervador, los malditos animales ya saben lo que pretende. Siempre se adelantan a sus gestos, �entiende? y en la arena se niegan a responder al c�ntico asesino. Es terrible. Lo peor de todo es que ni tan siquiera se reproducen. Necesitamos m�s. �Qu� vamos a presentar en los pozos de combate?</p><p>�La temporada de celo de los gatos no ha llegado todav�a �dijo Tuf�. Quiz� recuerde que ya hablamos de ello con anterioridad.</p><p>�S�, s� �Pero, cu�ndo es su temporada de celo? �Una pregunta fascinante �dijo Tuf�, y es una pena que no la formulara antes. Seg�n tengo entendido, la hembra entra en celo cada primavera, cuando los copos de nieve florecen en el Mundo de Celia. Tengo entendido que se trata de alg�n complicado tipo de respuesta biol�gica.</p><empty-line/><p>Herold Norn se rasc� la frente por debajo de la diadema.</p><p>�Pero� �dijo Lyronica no tiene esas cosas de nieve, que ha mencionado usted. Ahora supongo que pretender� cobrarnos una fortuna por las flores.</p><p>�Caballero, me est� insultando. Ni tan siquiera en sue�os pensar�a en aprovecharme de su infortunio. Si estuviera en mis manos, me encantar�a entregarles, sin costo alguno, los copos de nieve celianos necesarios, pero lo cierto es que he concluido ahora mismo un trato con Danel Leigh Arneth, para no hacer m�s negocios con las Grandes Casas de Lyronica �se encogi� lentamente de hombros.</p><p>�Ganamos muchas victorias con sus gatos �dijo Norn y en su voz hab�a una cierta desesperaci�n�. Nuestro tesoro ha estado creciendo y ahora tenemos algo as� como cuarenta mil unidades. Son suyas. V�ndanos las flores. O mejor a�n, un nuevo animal. Mayor, m�s fiero. Vi las g�rgolas-ogro de Dant, v�ndanos algo parecido. �No tenemos nada que presentar en la Arena de Bronce!</p><p>��Nada? �y sus colmillos de hierro? Me hab�a dicho que eran el orgullo de Norn. Herold Norn agit� la mano con impaciencia.</p><p>�Problemas, �me entiende?, hemos tenido muchos problemas. Esos saltadores suyos se lo est�n comiendo todo, son imposibles de controlar. Hay millares y millares de ellos, puede que sean millones, est�n por todas partes, se est�n comiendo la hierba, las cosechas, todo. �Lo que le han hecho a nuestra tierra cultivable! A los gatos de cobalto les encanta su carne, s�, pero no tenemos suficientes gatos. y los colmillos de hierro salvajes ni siquiera quieren tocarlos, supongo que no les gusta su sabor, pero realmente no estoy seguro de ello. Pero, enti�ndame, todas las dem�s especies han desaparecido, las han expulsado esos saltadores suyos, y los colmillos de hierro se fueron con ellas. No s� ad�nde han ido, pero se han esfumado, puede que se hayan ido a tierras sin amo, fuera de los dominios de Norn. A�n quedan unas cuantas aldeas de granjeros que odian a las Grandes Casas. En Tamber ni tan siquiera hab�a peleas de perros y es probable que intenten domesticar a los colmillos de hierro, por incre�ble que le parezca. Son el tipo de gente capaz de tener precisamente esa idea.</p><p>�Inconcebible �dijo Tuf con voz �tona�. Sin embargo, a�n les quedan sus cubiles, �no?</p><p>�Ya no �dijo Norn con la voz de un hombre acosado�. Orden� que los cerraran. Los colmillos de hierro estaban perdiendo todos los combates, especialmente despu�s de que usted empezara a tratar con las dem�s Casas y me pareci� una p�rdida in�til de tiempo y dinero mantener esos terrenos abiertos. Adem�s, el gasto� necesit�bamos cada moneda posible, nos hab�a dejado sin recursos. Ten�amos que pagar las tarifas de la Arena y adem�s, naturalmente, ten�amos que apostar, y en los �ltimos tiempos nos vimos obligados a comprarle provisiones a Tamber para alimentar a nuestros entrenadores y el resto del personal. Cr�ame, le resultar�a imposible imaginar lo que los saltadores han hecho con nuestra cosecha.</p><p>�Caballero �dijo Tuf�, tenga la bondad de confiar un poco en mi imaginaci�n. Soy ec�logo de profesi�n y s� muchas cosas sobre los saltadores y sus costumbres. �Debo entender, seg�n me dice, que ahora ya no les quedan tampoco colmillos de hierro?</p><p>�S�, s� Dejamos sueltas a esas criaturas in�tiles y ahora se han esfumado con el resto de las especies. �Qu� vamos a hacer? Los saltadores se est�n apoderando de las llanuras, los gatos no quieren aparearse y vamos a quedarnos sin dinero muy pronto, si debemos continuar importando alimentos y pagar las tarifas de la Arena sin la menor esperanza de conseguir victorias.</p><p>Tuf se cruz� de manos. �Ciertamente, veo que se enfrentan a una serie de problemas muy delicados. y soy el hombre adecuado para ayudarles a encontrar la soluci�n. Por desgracia, le he dado mi palabra a Danel Leigh Arneth y he aceptado su dinero empe�ando con ello mi buen nombre.</p><p>�Entonces, �no hay esperanza? Tuf, le estoy suplicando� Yo, todo un Maestre de Animales de la Casa de Norn. Muy pronto nos veremos obligados a abandonar los juegos por completo. No tendremos fondos para pagar las tarifas de la Arena y menos a�n para apostar y tampoco dispondremos de animales para presentar a los pozos. La desgracia ha ca�do sobre nosotros. En toda la historia de nuestro mundo jam�s hubo una Gran Casa que no pudiera presentar sus combatientes a los juegos, ni tan siquiera Feridian durante su Sequ�a de los Doce A�os. La verg�enza nos hundir�. La Casa de Norn manchar� su orgulloso linaje enviando a la arena animales de granja que ser�n ignominiosamente hechos jirones, por los inmensos animales que le ha vendido a las dem�s Casas.</p><p>�Caballero �dijo Tuf�, si me permite avanzar un t�mido pron�stico de cara al futuro, pienso que quiz� Norn no se encuentre sola en tan apurada situaci�n. Tengo el p�lpito� s�, p�lpito es la palabra m�s adecuada, y ahora que pienso en ella me doy cuenta de lo extra�a que resulta. S�, tengo el p�lpito, tal y como iba diciendo, de que esos monstruos, que tanto temor le inspiran, pueden ir escaseando a medida que pasen las semanas y que �stas se conviertan en meses. Por ejemplo, los espec�menes m�s j�venes de los ursoides procedentes de Vagabundo pueden entrar muy pronto en su fase de hibernaci�n. Debe entender que a�n no tienen ni un a�o de edad. Espero que los se�ores de la Colina de Wrai no queden muy desconcertados por ello, aunque me temo que tal vaya a ser su reacci�n. Vagabundo, como estoy seguro ya sabr�, traza una �rbita extremadamente irregular alrededor de su estrella primaria, con lo cual sus Largos Inviernos duran aproximadamente veinte a�os est�ndar. Los ursoides se encuentran adaptados a tal ciclo y muy pronto sus procesos corporales se har�n tan lentos, que un observador carente de experiencia podr�a llegar a darles por muertos. Me temo que resultar� muy dif�cil despertarles, aunque teniendo en consideraci�n el agudo intelecto que distingue a los entrenadores de la Colina de Wrai, puede que encuentren un medio adecuado para ello. Pero me siento fuertemente inclinado a sospechar que, la mayor parte de sus energ�as y fondos deber�n consagrarse a la alimentaci�n de su gente, dado el voraz apetito que caracteriza a las orugas saltarinas.</p><p>�Y, de forma bastante similar, los hombres de Varcour se ver�n obligados a entend�rselas con un aumento excepcional de sus labores arb�reas procedentes de Cathadayn. Las babosas arb�reas son criaturas especialmente fascinantes. Hay un momento de su ciclo vital durante el que se convierten en aut�nticas esponjas y su tama�o llega a doblarse. Un grupo de� ellas, lo bastante numeroso, es capaz de secar un pantano de tama�o medio �Tuf hizo una pausa y sus rechonchos dedos tamborilearon r�tmicamente sobre su est�mago. Mucho me temo que estoy divagando y es posible que le aburra. �Ha comprendido la idea que intento transmitirle? �Ha sentido su impacto?</p><p>Herold Norn ten�a un aspecto m�s bien cadav�rico. �Est� loco. Nos ha destruido. Nuestra econom�a, nuestra ecolog�a� dentro de cinco a�os habremos muerto de hambre.</p><p>�Es improbable �dijo Tuf�. Mi experiencia en tales asuntos me sugiere que Lyronica sufrir� ciertamente durante un tiempo de una grave inestabilidad ecol�gica y que de ello se derivar�n ciertas privaciones, pero la duraci�n del problema ser� muy limitada y no me cabe duda alguna de que, con el paso del tiempo, un nuevo ecosistema acabar� emergiendo. �Ay!, mucho me temo que la ecolog�a sucesora de la actual, no proveer� los �mbitos adecuados para albergar a grandes depredadores, pero, en cuanto a la calidad de la vida en Lyronica, me siento m�s bien optimista y tiendo a pensar que no sufrir� graves da�os.</p><p>��No habr� depredadores? Pero, entonces, los juegos, la arena� �nadie pagar� por ver a un saltador luchando con una babosa arb�rea! �C�mo podremos seguir celebrando los juegos? �Nadie podr� enviar combatientes a la Arena de Bronce!</p><p>Haviland Tuf pesta�e�. �Ciertamente �dijo�. Una idea muy intrigante. Tendr� que pensar en ella a fondo durante mucho tiempo. Desconect� la pantalla y empez� a hablar con Dax.</p></section><section><title><p>6 � LLAMADLE MOIS�S</p></title><p>Normalmente los rumores no preocupaban mucho a Haviland Tuf. Para empezar, casi nunca se enteraba de ellos. Tuf no sent�a demasiada repugnancia a moverse como turista por los mundos que visitaba, pero, incluso cuando se mezclaba con otras personas en los lugares p�blicos, siempre permanec�a un tanto distante e inalcanzable. Su piel blanca como la tiza y su total carencia de vello corporal le hac�an destacar entre los habitantes de los planetas que visitaba para ejercer su profesi�n e, incluso en las poco frecuentes ocasiones en que su complexi�n le habr�a permitido pasar desapercibido entre ellos, su talla le hac�a destacar. Por ello, aunque la gente pod�a quedarse mirando a Tuf y hacer comentarios sobre �l, donde quiera que fuese, eran muy pocos los que hablaban con �l, a menos que fuera por razones de negocios.</p><p>Dada su naturaleza, pues, no hay nada de particular en el hecho de que Haviland Tuf jam�s hubiera o�do hablar del hombre llamado Mois�s, hasta la tarde en que �l y Dax se vieron repentinamente asaltados por Jaime Kreen en un restaurante de K�theddion.</p><p>El local, poco amplio y m�s bien miserable, se encontraba junto al espaciopuerto. Tuf hab�a terminado con un plato de ra�ces ahumadas y neohierba y estaba empezando su tercer litro de vino de hongos, cuando, de pronto, Dax alz� la cabeza de la mesa. Tuf dej� caer un poco de vino sobre su manga y logr� mover la cabeza a un lado, con la rapidez suficiente para que la botella blandida por Kreen se hiciera pedazos en el respaldo del asiento, en vez de estrellarse sobre la coronilla de su calvo cr�neo. Hubo una explosi�n de cristal mezclado con el l�quido contenido en su interior (un licor local, m�s bien fuerte de aroma) que salpic� tanto a la silla y la mesa como al gato ya los dos hombres. Jaime Kreen, un joven delgado y rubio con los ojos azules algo embotados por el licor, permaneci� inm�vil, mir�ndole con expresi�n idiota y sosteniendo la botella rota en su pu�o ensangrentado.</p><p>Haviland Tuf se puso lentamente en pie con su largo y p�lido rostro singularmente impasible. Contempl� a su atacante, pesta�e� y luego recogi� a Dax, que estaba cubierto de l�quido y no parec�a nada feliz.</p><p>��Puedes entender este enigma, Dax? �dijo con su profunda voz de bajo�. Nos enfrentamos a un misterio de naturaleza m�s bien molesta. Me pregunto por qu� nos habr� atacado este extra�o desconocido. �Tienes alguna idea al respecto? �acarici� lentamente a Dax y s�lo cuando el gato empez� a ronronear mir� nuevamente a Jaime Kreen�. Caballero �le dijo�, quiz� fuera m�s inteligente por su parte soltar los fragmentos de esa botella. Tengo la impresi�n de que su mano est� cubierta de sangre, cristales y de un brebaje particularmente nocivo y tengo grandes dudas de que la combinaci�n resultante sea beneficiosa para su salud.</p><p>Al o�r tales palabras el at�nito Kreen pareci� recobrar un poco de vida. Sus delgados labios se fruncieron en una mueca de ira y arroj� los restos de la botella al otro extremo del local.</p><p>��Se burla de m�, criminal? �dijo con voz algo espesa y cargada de amenaza.</p><p>�Caballero� �dijo Haviland Tuf. En el restaurante no hab�a el menor movimiento. Los dem�s clientes permanec�an sentados contemplando la escena y el propietario se hab�a esfumado. La grave voz de Tuf pod�a o�rse en cualquier punto del local, tal era el silencio reinante�. Podr�a avanzar la hip�tesis de que la palabra �criminal� es m�s aplicable a usted que a m�, pero quiz�s �se no sea el punto a discutir por el momento. No, no me estoy burlando de usted. Aparentemente, se encuentra muy nervioso y trastornado y bajo tales condiciones ser�a una estupidez que me burlara. No soy hombre dado a cometer estupideces �coloc� nuevamente a Dax sobre la mesa y le rasc� detr�s de la oreja.</p><p>�Se est� burlando de m� �dijo Jaime Kreen�. �Pienso hacerle mucho da�o!</p><p>Haviland Tuf no dio muestra alguna de emoci�n. �No lo har�, caballero, aunque tengo la impresi�n de que est� pensando en atacarme por segunda vez. No apruebo la violencia, pero dado que su torpe conducta no me deja otra opci�n� �Y, con estas palabras, avanz� hacia �l y levant� en vi lo a Jaime Kreen antes de que el joven pudiera reaccionar. Luego, con gestos lentos y precisos, le rompi� los dos brazos.</p><empty-line/><p>Kreen emergi�, con el rostro l�vido y la mirada perdida, de la sepulcral oscuridad que reinaba en la Prisi�n de K�theddion, al resplandor de la calle. Llevaba los dos brazos en cabestrillo y parec�a tan cansado como aturdido.</p><p>Haviland Tuf le estaba esperando, sosteniendo con una mano a Dax, mientras le acariciaba con la otra. Al ver salir a Kreen alz� la mirada.</p><p>�Tengo la impresi�n de que ahora ya est� m�s tranquilo �coment� Tuf�. Adem�s, le encuentro mucho m�s sobrio.</p><p>��Usted! �Kreen pareci� m�s asombrado que nunca y su rostro se retorci� de tal modo que por unos instantes pareci� a punto de hacerse pedazos�. �Debo entender que usted pag� para que me pusieran en libertad?</p><p>�Un punto muy interesante �dijo Haviland Tuf�. Ciertamente, pagu� cierta suma, doscientas unidades, si debo ser preciso, y mediante ese pago se le ha permitido salir. Pese a ello, resulta incorrecto decir que he pagado por su libertad pues el meollo del asunto radica en que no es usted libre. Teniendo en cuenta la ley de K�theddion me pertenece en calidad de sirviente y puedo hacerle trabajar en lo que me parezca, hasta que haya pagado la totalidad de su deuda.</p><p>��Deuda?</p><p>�Le expongo mi sistema de c�lculo �dijo Haviland Tuf�. Doscientas unidades por la suma que le pagu� a las autoridades locales, para obtener el deleite de su presencia. Cien unidades por mi traje, que era aut�ntico algod�n de Lambereen y result� totalmente destruido. Cuarenta unidades por los da�os causados en el restaurante y que me vi obligado a pagar para cancelar la denuncia presentada por el propietario contra usted. Siete unidades por el delicioso vino de hongos que no me dio la oportunidad de paladear. El vino de hongos es uno de los motivos por los cuales se ha hecho famoso este planeta y aquella cosecha en particular era especialmente apreciada. Con todo ello obtenemos el total de trescientas cuarenta y siete unidades por los da�os causados. Y, lo que es m�s, su asalto sin provocaci�n alguna por mi parte convirti� a Dax ya mi persona en el centro de una escena francamente desagradable, causando los l�gicos inconvenientes a nuestra tranquilidad. Por todo ello estimo que debe imponerse la suma adicional de otras cincuenta y tres unidades, cantidad que me parece generosamente baja. Con ello, el total estimado se eleva a la redonda cifra de cuatrocientas unidades.</p><p>Jaime Kreen se ri� maliciosamente. �Pues, le va a costar lo Suyo obtener de m� ni siquiera la d�cima parte de esa cantidad, vendedor de animales �dijo�. No tengo dinero y no voy a servirle de mucho a la hora de trabajar. Ya sabr� que tengo los dos brazos rotos.</p><p>�Caballero �dijo Haviland Tuf�, si estuviera en posesi�n de alguna cantidad en efectivo, podr�a haber comprado usted mismo su libertad y, en tal caso, no le habr�a sido necesaria mi ayuda. y dado que fui yo mismo quien le rompi� los brazos, estoy igualmente al corriente de dicho particular. Tenga la bondad de no recalcar lo ya obvio con frases en las cuales no hay ninguna informaci�n pertinente. Pese a sus actuales menoscabos f�sicos, tengo la intenci�n de llevarle a mi nave y hacerle trabajar hasta que haya satisfecho la suma que me debe. Venga conmigo.</p><p>Haviland Tuf se dio la vuelta y empez� a andar por la calle. Cuando Kreen no hizo ning�n adem�n de seguirle, Tuf se detuvo y se volvi� a mirarle. Kreen estaba sonriendo.</p><p>�Si quiere que vaya a alg�n Sitio, ya puede empezar a llevarme �le dijo.</p><p>Tuf acarici� a Dax con expresi�n impasible. �No tengo ninguna intenci�n de llevarle a ninguna parte �dijo con Voz �tona�. Ya me oblig� a tocarle una vez y esa experiencia fue lo suficientemente desagradable como para disuadirme de repetirla. Si se niega a seguirme, volver� a las autoridades y contratar� dos guardias para que le lleven a la fuerza hasta donde yo quiera. Sus salarios se a�adir�n a la deuda. La elecci�n es suya �Tuf se dio nuevamente la vuelta y avanz� hacia el espaciopuerto.</p><p>Jaime Kreen le sigui� con repentina docilidad, mascullando entre dientes.</p><empty-line/><p>La nave que les esperaba en el Espaciopuerto de K�theddion era impresionante incluso para Kreen. Era bastante antigua y ten�a un aspecto m�s bien mort�fero, aumentado por sus peque�as alas triangulares de aire amenazador. Su altura era superior a la de las naves mercantes m�s modernas que la rodeaban con sus abultadas bodegas. Como sol�a ocurrirle a los no demasiado numerosos visitantes de Haviland Tuf (aunque no lo admiti�), Kreen se qued� todav�a m�s impresionado al descubrir que el Grifo no era sino una lanzadera y que el Arca les estaba aguardando en �rbita.</p><p>La cubierta del Arca ten�a dos veces el tama�o del campo de aterrizaje del Espaciopuerto de K�theddion y estaba repleta de naves. Entre ellas hab�a otras cuatro lanzaderas iguales al Grifo, una vieja nave mercante con el casco en forma de l�grima, t�pica de Avalon, reposando sobre sus algo torcidos soportes de aterrizaje; un caza militar de aspecto m�s bien maligno; una especie de barcaza de un tama�o absurdamente grande, recubierta de barrocos ornamentos dorados y con un primitivo ca��n de arpones montado encima; dos naves que parec�an de dise�o alien�gena y no inspiraban demasiada confianza y otra que aparentaba no ser sino una gran placa cuadrada con un pil�n en el centro.</p><p>��Colecciona naves espaciales? �le pregunt� Jaime Kreen una vez que Tuf hubo posado el Grifo y los dos hubieron bajado a la cubierta.</p><p>�Una idea interesante �replic� Tuf�, pero no es as�. Las cinco lanzaderas son parte del equipo original del Arca y conservo la vieja nave mercante por razones sentimentales, ya que fue mi primera propiedad. Las dem�s las he ido adquiriendo durante mis viajes. Quiz� deber�a ir pensando en limpiar un poco la cubierta, pero siempre existe la posibilidad de que alguna de tales naves pueda revelarse dotada de valor comercial, por lo que, hasta el momento, me he abstenido de hacerlo. Es un asunto en el cual debo meditar. Ahora, haga el favor de acompa�arme.</p><p>Avanzaron por una serie de salas de recepci�n y luego tomaron por varios corredores hasta llegar a un garaje en el que hab�a varios peque�os veh�culos de tres ruedas. Haviland Tuf le indic� a Kreen que subiera a uno, dej� a Dax en el espacio intermedio del asiento y luego lo puso en marcha, enfilando por un enorme t�nel lleno de ecos que parec�a tener muchos kil�metros de largo. El t�nel estaba ocupado a los lados por tanques de cristal de muchas formas y tama�os distintos, todos llenos de fluidos y l�quidos de variable consistencia. En algunas de las cubas se ve�an siluetas oscuras que se apilaban lentamente en el interior de bolsas trasl�cidas, y algunas de ellas daban la impresi�n de seguirles con la mirada al pasar. Kreen encontr� esos movimientos m�s bien terribles y espantosos, pero Tuf no pareci� prestarles la m�s m�nima atenci�n. Guiaba el veh�culo con los ojos clavados en la lejan�a.</p><p>Tuf acab� deteniendo el veh�culo en una habitaci�n id�ntica a la primera que hab�an visitado, recogi� a Dax y condujo a su prisionero, por otro pasillo, hasta una estancia algo polvorienta, pero de aspecto c�modo, que se encontraba atiborrada de muebles. Le indic� con una se�a a Kreen que tomara asiento y �l hizo lo mismo, depositando a Dax en un tercer asiento ya que, una vez sentado, Tuf se hab�a convertido en una masa esf�rica carente de regazo.</p><p>�Y ahora �dijo Haviland Tuf�, hablaremos. Las vastas dimensiones de la nave de Tuf hab�an logrado amansar un tanto a Jaime Kreen, pero al o�r esas palabras pareci� recobrar el �nimo.</p><p>�No tenemos nada de qu� hablar �replic�. ��Eso es lo que piensa? �dijo Haviland Tuf�. No estoy de acuerdo. No obr� por un simple impulso generoso cuando le rescat� de su ignominiosa prisi�n. Me ha planteado un misterio, tal y como le hice notar a Dax, cuando nos atac� por primera vez. Los misterios me ponen nervioso. Deseo algunas aclaraciones al respecto.</p><p>El delgado rostro de Jaime Kreen adopt� una expresi�n levemente calculadora.</p><p>��Qu� raz�n tengo para ayudarle? Sus falsas acusaciones me llevaron a la c�rcel y ahora me ha comprado en calidad de esclavo. �Adem�s, me rompi� los brazos! No le debo nada.</p><p>�Caballero �dijo Haviland Tuf, cruzando sus manazas sobre la inmensidad de su est�mago�, ya hemos dejado claramente sentado el hecho de que me debe cuatrocientas unidades. Estoy dispuesto a ser razonable. Le har� preguntas y usted me dar� respuestas. Por cada respuesta, deducir� una unidad de la deuda que tiene para conmigo.</p><p>��Una! Absurdo. No importa lo que desee saber. Sea lo que sea, ya vale m�s que eso. �Diez unidades por cada respuesta! �Ni una pizca menos!</p><p>�Le aseguro �dijo Haviland Tuf�, que sea cual sea la informaci�n que posee lo m�s probable es que no valga nada. S�lo siento curiosidad. Soy un esclavo de tal emoci�n. Es un defecto que soy incapaz de corregir y del cual ahora se encuentra usted en posici�n de sacar provecho. Pero no creo que deba intentar aprovechar excesivamente tal ventaja. Me niego a ser estafado. Dos unidades.</p><p>�Nueve �dijo Kreen. �Tres y no pienso subir m�s el precio. Me estoy impacientando �el rostro de Tuf permanec�a totalmente inexpresivo.</p><p>�Ocho �dijo Kreen�, y no intente jugar conmigo. Haviland Tuf no le respondi�. No hizo el menor gesto, pero sus ojos se volvieron hacia Dax. El enorme gato negro bostez� y se estir� voluptuosamente.</p><p>Despu�s de unos cinco minutos de silencio Kreen dijo: �Seis unidades y el precio es barato. S� muchas cosas importantes, cosas que Mois�s estar�a muy contento de conocer. Seis.</p><p>Haviland Tuf sigui� callado. Transcurrieron unos cuantos minutos m�s.</p><p>�Cinco �dijo Kreen frunciendo el ce�o. Haviland Tuf guard� silencio.</p><p>�De acuerdo �acab� diciendo Kreen�, tres unidades. Es usted un estafador y un canalla, aparte de un criminal. Carece de �tica.</p><p>�No pienso hacer caso alguno de sus desahogos verbales �dijo Haviland Tuf�. Entonces, la suma acordada es de tres unidades. Se me ha ocurrido la repentina idea de que quiz� sienta la tentaci�n de proporcionarme respuestas evasivas o que puedan inducirme a error, para con ello obligarme a formular muchas preguntas obteniendo una informaci�n insignificante. Le advierto que no consentir� tal tipo de estupideces y que tampoco pienso tolerar enga�o alguno. Por cada mentira que intente hacerme tragar a�adir� otras diez unidades a su deuda.</p><p>Kreen se ri�. �No tengo intenci�n alguna de mentir, Tuf. Pero incluso si lo hiciera, �c�mo podr�a saberlo? No soy tan transparente.</p><p>Haviland Tuf se permiti� entonces una peque�a sonrisa, pero era un fruncimiento tan imperceptible de labios que una vez desaparecido era imposible estar seguro de que hab�a existido.</p><p>�Caballero �dijo�, puedo asegurarle que lo sabr�a de inmediato. Dax me lo dir�a, del mismo modo que me indic� cuanto pensaba rebajar su absurda petici�n de diez unidades y me advirti� de su cobarde ataque en K�theddion. Dax pertenece a la especie felina, caballero, como no dudo de que, incluso usted, habr� sido capaz de notar. Todos los felinos poseen cierta habilidad psi�nica, como la humanidad ha sabido muy bien a lo largo de su historia, y Dax es el resultado final de generaciones de crianza dirigida y de manipulaci�n gen �tica que han fortalecido enormemente ese rasgo en �l. Por lo tanto, todos nos ahorraremos buena cantidad de tiempo y esfuerzos, si me da respuestas completas y honestas. En tanto que los talentos de Dax no alcanzan el grado suficiente de sofisticaci�n, como para discernir en su mente las siempre dif�ciles ideas abstractas, le aseguro que le resulta sumamente f�cil saber si miente o si est� reteniendo alguna informaci�n. Por lo tanto, y teniendo ello bien presente, �podemos empezar?</p><p>Jaime Kreen estaba mirando fijamente al enorme gato negro con expresi�n venenosa. Dax volvi� a bostezar.</p><p>�Adelante �acab� diciendo Kreen con s�bito des�nimo.</p><p>�Primero �dijo Tuf, tenemos el misterio de su ataque contra nosotros. No le conozco, caballero. Su persona me resulta totalmente desconocida. No soy m�s que un sencillo mercader y mis servicios benefician a todos los que me emplean. No le ofend� en nada y pese a ello me atac�. Con ello surgen varios interrogantes. �Por qu�? �Cu�l era su motivo? �Me conoce de algo? �Le ofend� acaso por alguna acci�n de la cual me he olvidado?</p><p>��Es una sola pregunta o son cuatro a la vez? �dijo Kreen.</p><p>Haviland Tuf cruz� nuevamente las manos sobre su est�mago.</p><p>Un buen tanto, se�or. Empecemos con �sta: �me conoce?</p><p>�No �dijo Kreen�, pero conozco su reputaci�n. Tanto usted como su Arca, Tuf, son �nicos y su fama es grande. y cuando le encontr� por casualidad en ese sucio restaurante, no me result� dif�cil reconocerle. Los gigantes gordinflones, p�lidos y sin un solo pelo, no resultan excepcionalmente comunes, ya podr� suponerlo.</p><p>�Tres unidades �dijo Tuf�. No pienso darme por enterado, ni de sus insultos ni de sus halagos. As� pues, no me conoc�a. �Por qu� me atac�?</p><p>�Estaba borracho. �No es suficiente. Es cierto que lo estaba, pero hab�a otros clientes en el local y cualquiera de ellos habr�a estado dispuesto a complacerle, caso de que sencillamente hubiera estado buscando pelea. No era as�. Me eligi� entre todos los dem�s. �Por qu�?</p><p>�No me gusta usted. Seg�n mi punto de vista, es un criminal.</p><p>�Los puntos de vista var�an, claro est�, seg�n la persona �replic� Tuf�. En algunos planetas, mi simple estatura ya ser�a un crimen. En otros mundos, el hecho de que sus botas est�n hechas con piel de vaca, podr�a proporcionarle una larga condena de prisi�n. As� pues y en dicho sentido, ambos somos criminales. Pero tengo la sensaci�n de que es injusto juzgar a un hombre por otras leyes distintas a las de la cultura en la cual vive o se encuentra en un momento dado. En dicho sentido no soy un criminal y su respuesta sigue siendo insuficiente. Explique mejor las razones de que no le gusta mi persona. �De qu� cr�menes me acusa?</p><p>�Soy caritano �dijo Kreen y tosi�. Quiz� deber�a decir que lo he sido. De hecho era administrador, aunque s�lo del sexto grado. Mois�s destruy� mi carrera. Mi acusaci�n criminal es que usted le ayud�. Eso es algo que todos saben y no deseo que me aburra con sus negativas.</p><p>Haviland Tul mir� a Dax. �Parece que me est� diciendo la verdad y su respuesta contiene una buena cantidad de informaci�n, aunque al mismo tiempo hace surgir nuevos interrogantes y dista mucho de resultar clara. Sin embargo, ser� bondadoso y la contar� como respuesta v�lida. As� pues, seis unidades. y mis siguientes preguntas ser�n muy sencillas. �Qui�n es Mois�s y qu� es un caritano?</p><p>Jaime Kreen le mir� con incredulidad. ��Pretende regalarme seis unidades? No finja, Tuf, porque no pienso tragarme eso. Sabe muy bien qui�n es Mois�s.</p><p>�Ciertamente, lo s�, aunque no del todo �replic� Tuf�. Mois�s es una figura m�tica, asociada a las diversas religiones ortodoxas cristianas, una figura que se supone vivi� en la Vieja Tierra en alg�n lejano momento del pasado. Creo que tiene cierta relaci�n con No�, de quien deriva el nombre de mi Arca, aunque no s� muy bien c�mo. Puede que fueran hermanos, no conozco bien los detalles. De cualquier modo, ambos se contaron entre los primeros practicantes de la guerra ecol�gica, campo con el cual me encuentro muy familiarizado. As� pues y en cierto sentido s� qui�n era Mois�s. Sin embargo, ese Mois�s lleva muerto un periodo de tiempo lo bastante prolongado, como para hacer sumamente improbable que fuera el causante de la destrucci�n de su carrera y a�n m�s improbable el que fuera a importarme un comino las informaciones que usted pudiera darme sobre �l. Por lo tanto, debo juzgar que me est� hablando de alg�n otro Mois�s al cual no conozco. y �se, caballero, era el punto hacia el cual pretend�a apuntar mi pregunta.</p><p>�Muy bien �dijo Kreen�. Si insiste en fingir ignorancia, seguir� su est�pido juego. Un caritano es un ciudadano de Caridad, como usted sabe perfectamente. Mois�s, tal y como se llama a s� mismo, es un demagogo religioso que dirige la Sacra Restauraci�n Altruista. Con su ayuda ha emprendido una devastadora campa�a de guerra ecol�gica, contra la Ciudad de Esperanza, nuestra �nica gran arcolog�a y el centro de la vida caritana.</p><p>�Doce unidades �dijo Tuf�. Ampl�e su explicaci�n. Kreen suspir� y se removi� en su asiento.</p><p>�Los Sacros Altruistas fueron hace siglos los colonizadores originales de Caridad. Abandonaron su planeta de origen al ver ofendidas sus sensibilidades religiosas por el avance tecnol�gico. La Sacra Iglesia Altruista ense�a que la salvaci�n se consigue viviendo de modo sencillo en la proximidad de la naturaleza, sufriendo y sacrific�ndose. Por lo tanto, los Altruistas decidieron buscar un planeta inh�spito, sufrir, sacrificarse y morir felizmente, cosa que hicieron durante unos cien a�os o m�s. Los reci�n llegados construyeron la arcolog�a que llamamos Ciudad de Esperanza, cultivaron la tierra con avanzada maquinaria robotizada, abrieron un espaciopuerto y pecaron en modos muy variados contra Dios. Lo que es a�n peor, unos cuantos a�os despu�s, los hijos de los Altruistas empezaron a huir en gran n�mero del desierto, para ir a la Ciudad y disfrutar un poco de la vida. En unas cuantas generaciones, de los Altruistas s�lo quedaba un pu�ado de viejos. Pero entonces apareci� Mois�s conduciendo el movimiento que llaman la Restauraci�n. Fue a la Ciudad de Esperanza, se enfrent� al consejo de los administradores y pidi� que dej�ramos marchar a su gente. Los administradores le explicaron que su gente no quer�a marcharse, pero Mois�s no se dej� impresionar por ello. Dijo que si no dej�bamos marchar a su gente, si no cerr�bamos el espaciopuerto y no desmantel�bamos la Ciudad de Esperanza, para vivir cerca de Dios, har�a caer plagas incontables sobre nosotros.</p><p>�Interesante �dijo Haviland Tuf�. Contin�e. �El dinero es suyo �replic� Jaime Kreen�. Bueno, los administradores le dieron a Mois�s una patada en su peludo trasero y todo el mundo se ri� mucho de �l. Pero tambi�n hicimos algunas comprobaciones, por si acaso. Todos hab�amos o�do viejas historias de horror sobre la guerra biol�gica, claro est�, pero d�bamos por sentado que sus secretos se hab�an perdido hac�a mucho tiempo, cosa que nuestros ordenadores confirmaron. Las t�cnicas de clonaci�n y manipulaci�n gen�tica empleadas por los Imperiales de la Tierra sobrevivieron s�lo en un pu�ado de planetas muy alejados unos de otros y el m�s cercano de los cuales estaba a siete a�os de nosotros, utilizando impulsores MRL.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf�. Pero no me cabe duda alguna de que tambi�n debieron o�r algo sobre las sembradoras del extinguido Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica del Imperio Federal.</p><p>�S�, algo o�mos �dijo Kreen con una sonrisa amarga�. No quedaba ya ninguna. Todas hab�an sido destruidas o se hab�an perdido hac�a siglos y no deb�amos preocuparnos por ellas. Al menos as� lo cre�mos hasta que el capit�n de una nave mercante, que hizo escala en Puerto Fe, nos trajo otras informaciones. Los rumores viajan, Tuf, aunque sea entre las estrellas. Su fama le precede y le condena. Nos lo cont� todo sobre usted y su Arca descubierta por casualidad, esa nave que estaba usando para llenarse los bolsillos de dinero y la tripa de grasa. Otras naves de otros mundos nos confirmaron su existencia y el hecho de que controlaba una sembradora del CIE todav�a en funcionamiento. Pero no ten�amos ni idea de que estuviera aliado a Mois�s, hasta que empezaron las plagas.</p><p>En la gigantesca frente de Haviland Tuf, blanca como el hueso, apareci� una diminuta arruga que se esfum� un instante despu�s.</p><p>Se puso en pie con un lento y majestuoso movimiento que hac�a pensar en las mareas y su inmensa estatura empeque�eci� a Jaime Kreen.</p><p>�Empiezo a entender cu�les son sus quejas contra mi �dijo�. Pondr� en su cuenta la suma de quince unidades.</p><p>Kreen emiti� un ruido bastante grosero. �S�lo tres unidades por todo eso, Tuf, es usted un� �Entonces que sean veinte con tal de silenciarle y hacer que reine de nuevo cierta tranquilidad en el Arca. Como puede ver, soy de naturaleza generosa. Ahora su deuda asciende a la cantidad de trescientas ochenta unidades. Voy a hacerle una pregunta m�s y le dar� la oportunidad de reducirla a trescientas setenta y siete.</p><p>�H�gala. ��Cu�les son las coordenadas de su mundo, de Cari dad?</p><p>Teniendo en cuenta lo que suelen ser las distancias interestelares, Caridad no se encontraba demasiado lejos de K�theddion y el viaje entre los dos planetas s�lo dur� tres semanas. Para Jaime Kreen fueron semanas muy ocupadas. Mientras el Arca iba devorando silenciosamente los a�os luz, Kreen trabajaba. En algunos de los pasillos m�s lejanos, el polvo llevaba siglos acumul�ndose. Haviland Tuf le entreg� una escoba y le dijo que lo limpiara.</p><p>Kreen empez� a quejarse y dijo que sus brazos rotos eran excusa m�s que suficiente para no hacer tal trabajo. Entonces Haviland Tuf le dio un sedante y le meti� en el cronobucle del Arca, el lugar donde las mismas e inmensas energ�as que deformaban la textura del espacio pod�an utilizarse para producir extra�os efectos sobre el tiempo. Tuf afirmaba que el cronobucle era el �ltimo y el mayor secreto de los Imperiales de la Tierra y que no se conservaba en ning�n otro lugar. Lo utilizaba para que sus clones llegaran a la madurez en cuesti�n de d�as y lo utiliz� para envejecer a Jaime Kreen y, de paso, hacer que sus brazos rotos curaran en cuesti�n de horas.</p><p>Y, con sus brazos ya arreglados, Jaime Kreen empez� a barrer la nave a raz�n de cinco unidades por hora de trabajo.</p><p>Barri� kil�metros de pasillos, m�s habitaciones de las que pod�a contar y toda clase de jaulas vac�as, en las cuales se hab�a acumulado algo m�s que polvo. Barri� hasta que le dolieron los brazos y cuando no ten�a la escoba entre las manos, Haviland Tuf, se encarg� de buscarle otras labores. A la hora de las comidas Kreen hac�a de mayordomo y le tra�a a Tuf las jarras de cerveza negra y las bandejas en las que se amontonaban humeantes vegetales de todas clases. Tuf lo aceptaba todo con aire impasible, en el gran sill�n acolchado, donde ten�a la costumbre de entretenerse leyendo. Kreen se vio obligado a servir igualmente a Dax, en ocasiones hasta tres o cuatro veces durante cada comida, pues el enorme gato negro era bastante melindroso en sus costumbres alimenticias y Tuf hab�a insistido en que todos sus caprichos deb�an verse satisfechos. S�lo cuando Dax estaba saciado, se le permit�a a Jaime Kreen ocuparse de su propia comida.</p><p>En una ocasi�n, a Kreen se le encarg� que hiciera una reparaci�n de poca importancia que la maquinaria del Arca, no se sab�a muy bien por qu�, hab�a pasado por alto, pero lo hizo tan mal que Haviland Tuf decidi� r�pidamente no asignarle en el futuro m�s labores de tal clase.</p><p>�La culpa es totalmente m�a, caballero �dijo Tuf al ver lo ocurrido�. Me hab�a olvidado de que es usted un bur�crata y que, como tal, no sirve pr�cticamente para nada.</p><p>Pese a todos sus laboriosos esfuerzos, la deuda de Jaime Kreen se iba reduciendo con penosa lentitud y algunas veces no se reduc�a en lo m�s m�nimo. Kreen no tard� mucho en descubrir que Haviland Tuf no regalaba absolutamente nada. Por arreglarle los brazos fracturados, Tuf a�adi� cien unidades en concepto de �servicios m�dicos� a la factura total y tambi�n le cobraba un d�cimo de unidad por cada litro de agua, medio por una jarra de cerveza y una unidad entera, al d�a, en concepto de aire. Las comidas eran bastante baratas. Si Kreen se limitaba a los platos m�s sencillos, s�lo dos unidades por cada una. Pero los platos sencillos consist�an �nicamente en una papilla m�s bien poco sabrosa por lo cual, bastante a menudo, Kreen acababa pagando precios m�s altos, por los sabrosos guisos de vegetales con los que el propio Tuf se regalaba. Habr�a estado dispuesto a pagar incluso m�s por comer carne, pero Tuf se negaba a ello. En la �nica ocasi�n en que le pidi� la clonaci�n de un buen bistec, el comerciante se le qued� mirando fijamente y dijo:</p><p>�Aqu� no se come carne de animales �dijo, y luego prosigui� su camino tan impert�rrito como siempre.</p><p>Durante su primer d�a en el Arca, Jaime Kreen le pregunt� a Haviland Tuf d�nde se encontraban los sanitarios. Tuf le cobr� tres unidades a cambio de la respuesta y luego un d�cimo de unidad m�s por utilizarlos.</p><p>De vez en cuando Kreen pensaba en el asesinato, pero incluso en sus instantes m�s homicidas, cuando estaba borracho como una cuba, la idea no le parec�a demasiado factible. Dax estaba siempre junto a Tuf, caminando por los pasillos al lado del gigante o cabalgando serenamente en sus brazos y Kreen estaba seguro de que su anfitri�n contaba tambi�n con otros aliados. Los hab�a distinguido fugazmente en sus desplazamientos por la nave. Oscuras siluetas aladas que giraban sobre su cabeza en las habitaciones m�s cavernosas y sombras furtivas, que se escurr�an entre la colosal maquinaria cuando eran sorprendidas. Nunca logr� verlas con claridad, pero estaba razonablemente seguro de que si intentaba agredir a Haviland Tuf, tendr�a la ocasi�n de echarles un buen vistazo.</p><p>En vez de ello, y esperando reducir su deuda un poco m�s aprisa, empez� a jugar.</p><p>Quiz� no fuera una idea muy inteligente, pero Jaime Kreen sent�a cierta debilidad por el juego y, cada noche, pasaban varias horas jugando a una estupidez que Tuf parec�a amar much�simo. Hab�a que tirar los dados e ir moviendo fichas situadas en un imaginario grupo de estrellas, comprando, vendiendo y cambiando unos planetas por otros, construyendo ciudades y arcolog�as y cobr�ndole a los dem�s viajeros estelares todo tipo de impuestos y tarifas por el aterrizaje. Desgraciadamente para Kreen, Tuf era mucho mejor en el juego que �l y el final m�s t�pico de las partidas consist�a en que Tuf le ganaba una buena parte de los salarios que le hab�a pagado a Kreen durante el d�a.</p><p>Cuando no se encontraban en la mesa de juego, Haviland Tuf apenas si le dirig�a la palabra a Kreen, excepto para indicarle los trabajos a realizar y regatear interminablemente sobre el dinero a cobrar ya descontar. Fueran cuales fueran sus intenciones hacia Caridad, lo cierto es que no le hab�a informado de ellas y Kreen no ten�a ninguna intenci�n de interrogarle, dado que cada pregunta a�ad�a tres unidades m�s al total de su deuda. Tampoco Tuf le hac�a ninguna pregunta que le pudiera orientar al respecto, limit�ndose a proseguir con sus h�bitos de solitario, trabajando en las salas de clonaci�n y en los laboratorios del Arca, leyendo polvorientos libros escritos en idiomas que Kreen no pod�a entender y sosteniendo largas conversaciones con Dax.</p><p>As� fue transcurriendo la vida hasta el d�a en que se colocaron en �rbita alrededor de Caridad y Haviland Tuf llam� a Kreen para que acudiera a la sala de comunicaciones.</p><empty-line/><p>La sala de comunicaciones era larga y m�s bien angosta. Sus paredes estaban cubiertas de pantallas, ahora apagadas, y consolas de instrumentos que brillaban con luces suaves. Haviland Tuf estaba sentado ante una de las pantallas apagadas, con Dax sobre la rodilla. Al o�r el ruido de la puerta deslizante hizo girar su asiento para encararse a ella.</p><p>�He intentado conseguir canales de comunicaci�n con Ciudad de Esperanza �le dijo�. Observe �y oprimi� un bot�n de su consola.</p><p>Jaime Kreen se instal� en un asiento vac�o y en ese mismo instante la pantalla que hab�a ante Tuf se ilumin� con un estallido luminoso que fue concret�ndose hasta formar el rostro de Mois�s, un hombre de edad algo avanzada, con rasgos regulares y casi apuestos, de ya algo escasa cabellera entre gris�cea y marr�n y ojos enga�osamente amables, color avellana.</p><p>�M�rchate, nave espacial �dijo la grabaci�n del l�der Altruista. Por �speras que fueran sus palabras, su voz era suave y m�s bien melosa�. Puerto Fe est� cerrado y Caridad se encuentra bajo un nuevo gobierno. La gente de este mundo no desea tener tr�fico alguno con los pecadores y no necesita los lujos que le traes. D�janos en paz �alz� la mano en un gesto que tanto podr�a querer indicar: �Bendici�n� como �Alto� y luego la pantalla se qued� en blanco.</p><p>�As� que ha ganado �dijo Jaime Kreen con voz cansada.</p><p>�Eso parece �dijo Haviland Tuf, rascando a Dax detr�s de la oreja y empezando luego a pasarle la mano por el lomo�. Su deuda actual asciende a la cantidad de doscientas ochenta y cuatro unidades, caballero.</p><p>�Ya �dijo Kreen con expresi�n suspicaz�. �Y qu�? �Deseo que realice una misi�n para m�. Bajar� en secreto a la superficie de Caridad, localizar� a los antiguos l�deres de su consejo de administradores y los traer� hasta aqu� para que hable con ellos. A cambio le deducir� cincuenta unidades de su deuda. Jaime Kreen se ri�. �No sea rid�culo, Tuf. La suma resulta absurdamente peque�a para una misi�n tan peligrosa y no lo har�a ni en el caso de que hiciera una oferta m�s justa, lo cual estoy seguro que no piensa hacer. Deber�a ser algo as� como cancelar la totalidad de mi deuda y pagarme, adem�s, digamos que doscientas unidades.</p><p>Haviland Tuf acarici� a Dax.</p><p>�Al parecer este hombre, Jaime Kreen, nos toma por imb�ciles sin remedio �le dijo a su gato�. Tengo la sospecha de que su siguiente petici�n ser� la entrega del Arca y quiz�s uno o dos planetas de tama�o mediano. Carece de todo sentido de la proporci�n �Dax emiti� un leve ronroneo que tanto pod�a significar algo como no. Tuf alz� nuevamente la cabeza hacia Jaime Kreen�. Hoy me siento de un humor desusadamente generoso y puede que por ello le permita que, por una vez, se aproveche de m�. Cien unidades, se�or, exactamente el doble de lo que vale esa peque�a tarea.</p><p>�Bah �replic� Kreen�. Estoy seguro de que Dax le est� diciendo lo que pienso de su oferta. Su plan es una estupidez. No tengo ni la menor idea de si los miembros del consejo est�n vivos o muertos y tampoco s� si los encontrar� en Ciudad de Esperanza o si estar�n en otro lugar, y menos si estar�n libres o prisioneros. No creo que vayan a cooperar conmigo, y menos cuando sepan que vengo a ellos con un mensaje de usted, un conocido aliado de Mois�s. y si Mois�s me captura, me pasar� el resto de mi vida cultivando lechugas. Lo m�s probable es que me capturen. �D�nde piensa dejarme? Puede que Mois�s tenga una grabaci�n para contestar a las naves espaciales que se acerquen a Caridad, pero estoy seguro de que tendr� centinelas alrededor de Puerto Fe para mantenerlo cerrado. �Piense en los riesgos, Tuf! �Es imposible que intente esa misi�n por algo que no sea, como m�nimo, la cancelaci�n total de mi deuda! �Toda ella! �Ni una sola unidad menos! �Me ha o�do? �cruz� los brazos encima del pecho con expresi�n tozuda�. D�selo, Dax. Ya sabes lo firmes que pueden llegar a ser mis decisiones.</p><p>Los rasgos de Tuf, blancos como el hueso, permanecieron impasibles pero, de sus labios se escap� un leve suspiro. Luego habl� con tono calmo.</p><p>�Caballero, ciertamente es usted un hombre cruel. Me hace lamentar el d�a en que incautamente le cont� que Dax era algo m�s que un felino corriente. Est� privando a un anciano de una muy �til herramienta de negocios y le chantajea inflexiblemente con su tozudez. Sin embargo, no tengo m�s opci�n que ceder. As� pues, doscientas ochenta y cuatro unidades, quedemos de acuerdo en ello.</p><p>Jaime Kreen sonri�.</p><p>�Por fin est� empezando a mostrarse razonable. Bien. Coger� el Grifo.</p><p>�No, caballero �dijo Haviland Tuf, no lo har�. Coger� la nave mercante que vio en la cubierta, la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios, la nave con la cual empec� mi carrera hace ya muchos a�os.</p><p>���sa! Decididamente no, Tuf. Esa nave est� averiada, es f�cil verlo. Tendr� que hacer un aterrizaje muy dif�cil en alguna zona salvaje, e insisto en tener una nave que pueda sobrevivir a cierta dosis de malos tratos. El Grifo, o alguna otra lanzadera.</p><p>�Dax �le dijo Tuf al silencioso gato�, estoy empezando a temer por nosotros. Nos encontramos presos, en este peque�o recinto, con un idiota cong�nito, un hombre que carece tanto de �tica y cortes�a como de comprensi�n. Debo explicarle todas y cada una de las m�s obvias ramificaciones de la tarea que le asigno, tarea que era, para empezar, de una sencillez rid�cula y casi infantil.</p><p>��C�mo? �Caballero �dijo Haviland Tuf�, el Grifo es una lanzadera. Su dise�o es �nico y carece de motores de impulso estelar. Si le atraparan aterrizando en tal nave, incluso una persona menos equipada intelectualmente que usted, ser�a capaz de suponer que una nave m�s grande, tal como el Arca, permanec�a en �rbita sobre el planeta, dado que las lanzaderas suelen necesitar algo desde lo cual lanzarse y, normalmente, no suelen materializarse en el vac�o espacial. La Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios, en cambio, es un modelo com�n de nave espacial fabricado en Avalon y posee impulsor espacial, aunque no se encuentre en condiciones de emplearlo. �Ha comprendido, caballero? �Ha logrado captar las diferencias esenciales existentes entre las dos naves?</p><p>�S�, Tuf. Pero dado que no tengo ni la menor intenci�n de ser capturado, la distinci�n sigue pareci�ndome acad�mica. Con todo, le complacer� en ello y por una cantidad adicional de cincuenta unidades m�s consentir� en usar su Cornucopia.</p><p>Haviland Tuf guard� silencio. Jaime Kreen se removi� en su asiento. �Dax le est� diciendo que si espera un tiempo ceder�, �verdad? Bueno, pues no es as�. No puede enga�arme m�s con ese truco, �me ha entendido? �cruz� los brazos, apret�ndolos con m�s fuerza que nunca�, Soy una roca. Estoy hecho de acero, Mi decisi�n al respecto es tan inquebrantable como un diamante.</p><p>Haviland Tuf acarici� a Dax y sigui� callado. �Espere cuanto quiera, Tuf �dijo Kreen�. Aunque s�lo sea por esta vez pienso enga�arle, Yo tambi�n puedo esperar, Esperaremos juntos. y nunca me rendir�. �Nunca! �Nunca! �Nunca!</p><empty-line/><p>Cuando la Cornucopia de Mercanc�as Excelentes a Bajos Precios volvi� de Caridad una semana y media despu�s, Jaime Kreen llevaba consigo a tres pasajeros, todos ellos antiguos administradores de Ciudad de Esperanza. Rej Laithor era una mujer de rostro afilado y cabellera gris met�lico que hab�a ocupado la presidencia del consejo, Desde que Mois�s hab�a tomado el poder, hab�a tenido que encargarse de manejar un telar. La acompa�aban una mujer m�s joven y un hombret�n que daba la impresi�n de haber sido gordo en alguna �poca pasada, aunque ahora la piel colgaba de su rostro en pliegues amarillentos.</p><p>Haviland Tuf les recibi� en la sala de conferencias. Cuando Kreen hizo pasar a los caritanos, estaba sentado a la cabecera de la mesa con las manos cruzadas sobre ella y Dax enroscado en una postura indolente sobre el pulido metal.</p><p>�Me complace que hayan podido acudir �dijo, mientras los antiguos administradores tomaban asiento�. Sin embargo, me dan la impresi�n de sentir hostilidad hacia m� y lo lamento. Perm�tanme empezar asegur�ndoles que no tuve el menor papel en todas sus vicisitudes.</p><p>Rej Laithor lanz� un bufido.</p><p>�Habl� con Kreen cuando me vino a buscar, Tuf, y �l me cont� todas sus protestas de inocencia. No las creo ahora, m�s de lo que cree �l en ellas. Nuestra ciudad y nuestra forma de vida fueron destruidas mediante la guerra ecol�gica y las plagas que Mois�s desencaden� sobre nosotros, Nuestros ordenadores nos indicaron que s�lo usted y esta nave son capaces de utilizar tal tipo de guerra.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�, pero quiz� pueda sugerir que si cometen errores de tal calibre con mucha frecuencia, piensen en irlos reprogramando.</p><p>�Ya no tenemos ordenadores �dijo con voz l�gubre el enflaquecido hombret�n�. Pero yo ocupaba el cargo de jefe de programaci�n y me duele ese ataque a mis capacidades profesionales.</p><p>�No deb�an ser muy buenas, Rikken, o de lo contrario, jam�s habr�as dejado que esos piojos se cebaran en los sistemas �dijo Rej Laithor�. Sin embargo, eso no hace que Tuf sea menos culpable. Los piojos eran suyos.</p><p>�No tengo monopolio alguno sobre los piojos �se limit� a responder Haviland Tuf y levant� una mano�. Creo que deber�amos dejar de insultarnos de este modo ya que as� no lograremos nada. En vez de ello, sugiero que discutamos la triste historia y el infortunio sufrido por Ciudad de Esperanza, y que hablemos de Mois�s y sus plagas. Puede que se encuentren familiarizados con el Mois�s original, el de la Vieja Tierra escogido como modelo por su antagonista actual. Ese viejo Mois�s no ten�a en su poder ninguna sembradora, ni las herramientas habituales de la guerra biol�gica. Sin embargo, ten�a un dios y ese dios acab� demostrando que era igualmente efectivo. Su gente se encontraba sometida al cautiverio y para liberarles envi� diez plagas contra sus enemigos. �Sigui� su Mois�s el mismo esquema en sus actos? �Soportaron las diez plagas?</p><p>�No le contesten, sin que les pague antes �dijo Jaime Kreen, apoyado en el quicio de la puerta.</p><p>Rej Laithor le mir� como si estuviera loco. �Ya comprobamos cu�l era la historia de ese Mois�s original �dijo volvi�ndose de nuevo hacia Tuf�, y cuando las plagas empezaron a llegar sab�amos lo que pod�a esperarse. Mois�s utiliz� las mismas plagas que en la historia original pero vari� un poco el orden y s�lo llegamos a sufrir seis de ellas. En ese momento el consejo cedi� ante las demandas de los Altruistas, cerr� Puerto Fe y evacu� la Ciudad de Esperanza �extendi� las manos hacia Tuf�. M�relas, f�jese en las ampollas y en las callosidades. Nos ha dispersado por sus podridas aldeas Altruistas y nos hace vivir como primitivos. y adem�s pasamos hambre. Est� loco.</p><p>�Primero Mois�s convirti� las aguas del r�o en sangre �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Fue repugnante �dijo la mujer m�s joven�. Toda el agua que hab�a en la arcolog�a, las fuentes, las piscinas, la que sal�a de los grifos. Si abr�as el grifo o te met�as en la ducha te encontrabas de repente cubierto de sangre. Hasta los lavabos se llenaron de sangre.</p><p>�No era sangre aut�ntica �a�adi� Jaime Kreen�. La analizamos y encontramos que al agua de la ciudad se le hab�a a�adido cierto veneno org�nico. Pero, fuera lo que fuera, el agua se volvi� m�s espesa, su color cambi� al rojo y adem�s resultaba imposible beberla. �C�mo lo hizo, Tuf?</p><p>Haviland Tuf no hizo caso de su pregunta. �La segunda plaga consist�a en ranas.</p><p>�En nuestros tanques de levadura, as� como en toda la secci�n hidrop�nica �dijo Kreen�. Yo estaba encargado de la supervisi�n y esa plaga me arruin�. Las ranas atacaron toda la maquinaria con sus cuerpos y luego empezaron a morirse, se pudrieron y estropearon toda la comida. Cuando fui incapaz de contenerlas Laithor me despidi�. �Como si todo hubiera sido culpa m�a! �Se volvi� hacia su antigua jefa torciendo el gesto�. Bueno, al menos no acab� trabajando como esclavo de Mois�s. Me march� a K�theddion cuando a�n era posible marcharse del planeta.</p><p>�En tercer lugar �dijo Haviland Tuf�, la plaga de los piojos.</p><p>�Estaban en todas partes �murmur� el hombre�, en todas partes. No pod�an vivir dentro del sistema, claro, y una vez all� se mor�an, pero eso ya era un buen problema por s� solo. El sistema acab� derrumb�ndose y los piojos siguieron viniendo. Todo el mundo ten�a piojos, era imposible librarse de ellos por mucho que te limpiaras.</p><p>�En cuarto lugar vino la plaga de las moscas. Todos los caritanos adoptaron una expresi�n peculiarmente l�gubre. Ninguno le contest�.</p><p>�En quinto lugar �prosigui� Haviland Tuf�, Mois�s desencaden� una peste que acab� con todo el ganado de sus enemigos.</p><p>��sa la pas� por alto �dijo Rej Laithor�. Ten�amos todo el ganado en las praderas, pero pusimos centinelas alrededor de �l y tambi�n en los s�tanos donde guard�bamos las bestias de carne. Lo est�bamos esperando, pero no sucedi� nada. Por suerte, tambi�n pas� por alto el granizo y las llagas, aunque me habr�a gustado ver c�mo consegu�a un buen granizo dentro de la arcolog�a. Pas� directamente a las langostas.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�, la octava plaga. �Sus campos fueron devorados por langostas?</p><p>�Las langostas no tocaron nuestros campos. Se metieron en la ciudad, dentro de los compartimientos sellados donde guard�bamos el grano. Tres a�os de cosechas desaparecieron en una noche.</p><p>�La novena plaga �dijo Haviland Tuf era la oscuridad.</p><p>�Me alegro de haberme perdido �sa �dijo Jaime Kreen. �Todas las luces de la ciudad se apagaron �dijo Rej Laithor�. Nuestras cuadrillas de reparaciones tuvieron que abrirse paso, a trav�s de montones de moscas muertas y langostas vivas, mientras se rascaban sin cesar las picaduras de los piojos. Pero ya era in�til, la gente se iba a millares. Orden� el abandono de la ciudad cuando descubrimos que incluso las estaciones energ�ticas de emergencia estaban llenas de bichos. Despu�s de eso, todo ocurri� muy aprisa. Una semana despu�s estaba viviendo en una caba�a sin calefacci�n, situada en las Colinas del Honesto Trabajo, y aprend�a a hacer funcionar un telar �en su voz hab�a una furia salvaje.</p><p>�Su destino me parece realmente digno de compasi�n �dijo Haviland Tuf con voz pl�cida�, pero no creo que deban desesperar todav�a. Cuando me enter� de sus apuros, por boca de Jaime Kreen, decid� inmediatamente ayudarles. y aqu� estoy.</p><p>Rej Laithor le mir� con suspicacia. ��Ayudarnos? �dijo.</p><p>�Les har� recuperar de nuevo la Ciudad de Esperanza �dijo Haviland Tuf�. Har� pedazos a Mois�s y su Sacra Restauraci�n Altruista. La liberar� de su telar y le devolver� su terminal de ordenador.</p><p>La joven y el hombret�n enflaquecido sonre�an con cierta incredulidad. Rej Laithor segu�a con el ce�o fruncido.</p><p>��Por qu�? �Rej Laithor me pregunta el porqu� �le dijo Haviland Tuf a Dax, acarici�ndole Con suavidad�. Mis motivos siempre son puestos en tela de juicio. En esta dura edad moderna que nos ha tocado vivir, Dax, la gente ha perdido la confianza �mir� nuevamente a la administradora�. Les ayudar� porque la situaci�n de Caridad me conmueve y porque es obvio que su gente est� atravesando grandes dolores y sufrimientos. Mois�s no es ning�n altruista aut�ntico, como bien sabemos los dos, pero ello no quiere decir que et impulso de la benevolencia y el autosacrificio haya perecido en la humanidad. Aborrezco a Mois�s ya sus t�cticas, el uso que hace de animales e insectos inocentes, de un modo totalmente antinatural, para imponer su voluntad sobre su pr�jimo. �Le parecen suficientes dichos motivos, Rej Laithor? Si no se lo parecen, basta con que me lo diga y me llevar� a mi Arca rumbo a otros lugares.</p><p>�No �dijo ella�, no lo haga. Aceptamos. Acepto en nombre de Ciudad de Esperanza. Si triunfa le construiremos una estatua y la colocaremos en lo alto de la ciudad para que sea visible a kil�metros de distancia.</p><p>�Los p�jaros que pasaran sobre ella muy probablemente la usar�an como blanco de sus deyecciones �dijo Haviland Tuf�. El viento la ir�a erosionando y estar�a en un lugar tan alto que nadie podr�a ver sus rasgos Con claridad. Quiz�s una estatua como �sa pudiera halagar mi vanidad pues, a pesar de mi talla, Soy un hombre insignificante al que le complacen ese tipo de cosas. Pero me gustar�a m�s verla colocada en su mayor plaza p�blica, donde estuviera a salvo de todos esos posibles da�os.</p><p>�Naturalmente �se apresur� a decir Laithor�, lo que quiera.</p><p>�Lo que quiera �dijo Haviland Tuf y no lo dijo como si fuera una pregunta�. Adem�s de la estatua, pedir� tambi�n la suma de cincuenta mil unidades.</p><p>El rostro de Rej Laithor se volvi� primero l�vido y luego de un subido color rojizo.</p><p>�Dijo� �su voz era un murmullo ahogado� usted� benevolencia� altruismo� nuestras necesidades� el telar�</p><p>�Debo hacer frente a mis gastos �dijo Haviland Tuf�. Estoy ciertamente dispuesto a sacrificar mi tiempo para este asunto, pero los recursos del Arca son demasiado valiosos para dilapidarlos sin compensaci�n. Debo comer. Estoy seguro de que los cofres de Ciudad de Esperanza ser�n lo bastante amplios como para satisfacer esa peque�a suma.</p><p>Rej Laithor emiti� un balbuceo ininteligible.</p><p>�Yo me encargar� de esto �dijo Jaime Kreen volvi�ndose hacia Tuf�. Diez mil unidades y ni una m�s. Nada que no sea diez mil unidades.</p><p>�Imposible �dijo Haviland Tuf�. Mis costes operacionales superar�n con toda seguridad las cuarenta mil unidades. Es posible que pueda conformarme con esa suma y hacer un peque�o sacrificio ya que su pueblo est� sufriendo.</p><p>�Quince mil �dijo Kreen. Haviland Tuf sigui� callado.</p><p>��Oh, infiernos! �dijo Jaime Kreen�. Entonces, que sean cuarenta mil y ojal� reviente ese maldito gato.</p><empty-line/><p>El hombre llamado Mois�s ten�a la costumbre de dar cada tarde un paseo por las toscas sendas labradas en las Colinas del Honesto Trabajo. Admiraba la belleza del crep�sculo y meditaba en soledad sobre los problemas del d�a que llegaba a su final. Andaba con largas zancadas que pocos hombres eran capaces de igualar, aun siendo m�s j�venes que �l, sosteniendo en una mano su largo y nudoso cayado. Mostraba una expresi�n apacible en el rostro y manten�a los ojos clavados en la lejan�a del horizonte. Muchas veces caminaba m�s de doce kil�metros antes de emprender nuevamente el camino de vuelta a su casa ya su lecho. Durante uno de esos paseos, apareci� ante �l la columna de fuego.</p><p>Acababa de subir a una peque�a elevaci�n del terreno y all� se la encontr�. Un ondulante embudo de llamas anaranjadas, a trav�s del cual ard�an fugaces chispas amarillas y azules, se mov�a por entre las rocas y el polvo, en l�nea recta hacia �l. Tendr�a unos treinta metros de alto y estaba coronada por una nubecilla gris, que se mov�a al mismo ritmo que la columna de llamas.</p><p>Mois�s se par� en lo alto de la colina, apoyado en su bast�n, y la observ�.</p><p>La columna de fuego se detuvo a unos cinco metros de �l, domin�ndole con su altura.</p><p>�Mois�s �dijo una voz de trueno que parec�a venir directamente del cielo�. Soy el Se�or, tu Dios, y has pecado contra m�. �Devu�lveme a mi pueblo!</p><p>Mois�s se ri� levemente.</p><p>��Muy bueno! �dijo con su dulce voz�. Realmente muy bueno.</p><p>La columna de fuego tembl� girando sobre s� misma. �Libera a la gente de la Ciudad de Esperanza de tu cruel tiran�a �exigi�, o mi ira har� llover las plagas sobre ti.</p><p>Mois�s frunci� el ce�o y apunt� con su cayado hacia la columna de fuego.</p><p>�Yo soy el �nico que se encarga de las plagas por aqu�, te agradecer�a que lo recordaras bien �en su voz hab�a una leve dureza, escondida por su habitual melosidad.</p><p>�Falsas plagas de un falso profeta, tal como t� y yo sabemos muy bien �retumb� la columna de fuego�. Todos tus torpes trucos y enga�os me son conocidos, pues yo soy el Dios cuyo nombre has profanado. �Entr�game a mi pueblo, o te enfrentar�s a la m�s aut�ntica y terrible de las pestes!</p><p>�Tonter�as �dijo Mois�s, empezando a bajar la cuesta en direcci�n a la columna de llamas�. �Qui�n eres?</p><p>�Yo soy el que soy �dijo la columna, retir�ndose apresuradamente ante el avance de Mois�s�. Soy Dios, tu Se�or.</p><p>�Eres una proyecci�n hologr�fica �dijo Mois�s�, que emana de esa rid�cula nube que tenemos encima. Soy un hombre santo, no un imb�cil. Largo.</p><p>La columna de fuego permaneci� inm�vil y emiti� un rugido amenazador. Mois�s camin� a trav�s de ella y luego sigui� bajando por la cuesta. La columna de fuego permaneci� girando y retorci�ndose, un largo tiempo despu�s de que Mois�s hubiera desaparecido.</p><p>�Ciertamente �retumb� su cavernosa voz, dirigi�ndose a la noche desierta. Luego tembl� levemente y se esfum�.</p><p>La nubecilla gris cruz� a toda velocidad las colinas y encontr� a Mois�s un kil�metro m�s lejos. La columna de fuego se materializ� nuevamente, chasqueando con un ominoso despliegue de energ�a. Mois�s dio la vuelta a su alrededor y la columna de fuego empez� a seguirle.</p><p>�Esa gente de tu ciudad empieza a cansarme �dijo Mois�s mientras caminaba�. Has seducido a mi pueblo con tus costumbres pecaminosas, llenas de pereza, y ahora interrumpes mis reflexiones vespertinas. He tenido un duro d�a de santo trabajo y te advierto que est�s empezando a provocarme. He prohibido todo manejo de la ciencia. Ll�vate tu nave y tu holograma y esf�mate antes de que haga llover las llagas sobre tu gente.</p><p>�Palabras vac�as, se�or �dijo la columna de fuego, casi pis�ndole los talones�. Las llagas se encuentran mucho m�s all� de vuestras limitadas artes. �O acaso es tan f�cil enga�arme a m� como lo fue enga�ar a ese reba�o de bur�cratas miopes?</p><p>Mois�s vacil� durante unos segundos y contempl� pensativo la columna de fuego por encima del hombro.</p><p>��Pones en duda los poderes de mi Dios? Hab�a cre�do que con mis demostraciones hab�a dado prueba m�s que suficiente de ellos.</p><p>�Ciertamente �dijo la columna de fuego�, pero lo �nico demostrado fueron las propias limitaciones de Mois�s y las de sus oponentes. Est� claro que los planes fueron trazados con inteligencia y a largo plazo, pero �se era el �nico poder que hab�a en ellos.</p><p>�Entonces, sin duda creer�s que las plagas que azotaron la Ciudad de Esperanza se deb�an a la casualidad y a la mala suerte.</p><p>�En absoluto, caballero, no me malinterpret�is. S� muy bien lo que eran, y en ninguna de ellas hab�a nada de sobrenatural. Durante generaciones, los m�s j�venes y los m�s incr�dulos Altruistas han ido emigrando a la Ciudad y habr� resultado muy sencillo disimular entre ellos esp�as, agentes y saboteadores. Ha sido muy astuto aguardar un a�o, dos o cinco hasta que cada uno de ellos fuera plenamente aceptado por la gente de la Ciudad, d�ndoseles posiciones de alta responsabilidad. Las ranas y los insectos son susceptibles de crianza, caballero, cosa que no presenta adem�s excesivas dificultades, ya sea en una caba�a situada en las Colinas del Honesto Trabajo o en un complejo de apartamentos situado en el interior de la Ciudad. Caso de que tales criaturas sean soltadas en la tierra bald�a, se disipar�n r�pidamente para morir ya que los elementos se encargar�n de acabar con ellas, sus enemigos naturales las perseguir�n y acabar�n pereciendo por falta de alimento. El complejo e implacable mecanismo de la ecolog�a las reducir� a su espacio natural. Pero, qu� diferente es todo en el interior de una arcolog�a, esa verdadera arquitectura ecol�gica que en realidad no es una ecolog�a real, pues carece de todo �mbito que no sea el de la humanidad y s�lo el de ella. El clima en su interior es siempre bueno y agradable, no hay especies que puedan presentar competencia alguna, ni hay depredadores enemigos y resulta muy sencillo encontrar la fuente adecuada de alimentos. Bajo tales condiciones, el resultado inevitable es la plaga, pero dicha plaga es falsa y s�lo puede adquirir proporciones amenazadoras dentro del recinto ciudadano. En el exterior esas peque�as plagas de ranas, piojos y moscas no ser�an nada ante los embates del viento, la lluvia y la tierra salvaje.</p><p>�Convert� su agua en sangre �insisti� Mois�s.</p><p>�Ciertamente, ya que vuestros agentes colocaron sustancias qu�micas en el dep�sito de agua de la Ciudad.</p><p>�Desencaden� la plaga de la oscuridad �dijo Mois�s, ahora ya claramente a la defensiva.</p><p>�Caballero �dijo la columna de fuego�, que no se insulte a mi inteligencia con algo tan obvio. Lo que se hizo fue apagar la luz.</p><p>Mois�s gir� en redondo para encararse a la columna llameante y alz� la mirada hacia su cima con expresi�n desafiante, el rostro enrojecido por los reflejos del fuego.</p><p>�Lo niego, lo niego todo. Soy un aut�ntico profeta.</p><p>�El aut�ntico Mois�s hizo llover sobre sus enemigos una terrible peste �retumb� la columna de fuego con voz tranquila al menos, tan tranquila como puede serlo una explosi�n. Aqu� no hubo ninguna. El aut�ntico Mois�s hizo que sus enemigos se cubrieran de llagas y ninguno pudo enfrentarse a �l. No las hubo tampoco. Caballero, esas omisiones le traicionan. La aut�ntica peste queda m�s all� de sus poderes. El aut�ntico Mois�s devast� las tierras de sus enemigos con un granizo que dur� todo el d�a y toda la noche. Tambi�n ese tipo de plaga queda m�s all� de sus limitadas capacidades, se�or m�o. Pero sus enemigos, enga�ados por tanto truco, le rindieron la Ciudad de Esperanza antes de la d�cima plaga, antes de la muerte de los primog�nitos, y creo que ah� hubo un aut�ntico golpe de suerte. Porque, si hubiera sido necesario llegar hasta dicha plaga, me parece que se habr�a enfrentado a considerables problemas.</p><p>Mois�s golpe� la columna de fuego con su cayado. No hubo ning�n efecto, ni en la columna ni en el cayado.</p><p>�Largo, vete �grit�. Seas quien seas, no eres mi Dios. Te desaf�o. �Haz lo que quieras! T� mismo lo has dicho: en la naturaleza las plagas no resultan tan f�ciles de manejar como dentro de una arcolog�a. Nos encontramos sanos y salvos en la vida sencilla de las Colinas del Honesto Trabajo, cerca de nuestro Dios, Estamos llenos de gracia y no podr�s hacernos da�o alguno.</p><p>�Ciertamente �retumb� la columna de fuego�, ciertamente que te equivocas, Mois�s. �Devu�lveme a mi pueblo!</p><p>Pero Mois�s ya no estaba escuch�ndola. Atraves� nuevamente las llamas y, ahora claramente furioso, ech� a correr hacia la aldea.</p><p>��Cu�ndo piensa empezar? �le pregunt� un nervioso Jaime Kreen a Haviland Tuf una vez hubo vuelto al Arca. Tras haber llevado a los dem�s caritanos a la superficie del planeta se hab�a quedado a bordo pues, tal y como hab�a recalcado, Ciudad de Esperanza era inhabitable y en las aldeas y campos de trabajo de los Altruistas no hab�a lugar alguno para �l�. �Por qu� no hace nada? �Cu�ndo�?</p><p>�Caballero �dijo Haviland Tuf, sentado en su silla favorita y comiendo un cuenco de setas con crema y guisantes al lim�n. A su lado, sobre la mesa, hab�a una jarra de cerveza�, tenga la amabilidad de no darme �rdenes, a no ser que prefiera la hospitalidad de Mois�s a la m�a �tom� un sorbo de cerveza�. Todo lo que deb�a hacerse ha sido hecho. A diferencia de las suyas, mis manos no permanecieron totalmente ociosas durante nuestro viaje desde K�theddion.</p><p>�Pero eso fue antes de�</p><p>�Detalles �dijo Haviland Tuf�. Casi todo el proceso b�sico de clonaci�n ya ha sido realizado y los clones han tenido el tiempo suficiente para entretenerse. Mis tanques de cr�a est�n llenos �mir� a Kreen y pesta�e�. Perm�tame ocuparme de mi cena.</p><p>�Las plagas� �dijo Kreen �Cu�ndo empezar�n?</p><p>�La primera �le contest� Haviland Tuf�, ha empezado hace ya unas cuantas horas.</p><empty-line/><p>Al cruzar las Colinas del Honesto Trabajo, al pasar junto a las seis aldeas y a los campos rocosos de los Sacros Altruistas, as� como junto a las grandes extensiones de campos bald�os en los que se encontraban los refugiados, el lento y perezoso r�o, que los Altruistas llamaban la Gracia de Dios y el resto de caritanos el r�o del Sudor, segu�a su pausado camino. Cuando el alba empez� a despuntar en el lejano horizonte quienes hab�an acudido a �l para pescar, llenar sus recipientes o lavar la ropa, volvieron a las aldeas y a los campos de trabajo lanzando gritos de horror.</p><p>�Sangre �exclamaban�, el r�o se ha vuelto de sangre al igual que lo hicieron antes las aguas de la Ciudad.</p><p>Se llam� a Mois�s y �l acudi� al r�o con cierta desgana, arrugando la nariz ante el hedor que emanaba de los peces muertos y de los que a�n agonizaban, mezclado con el omnipresente olor de la sangre.</p><p>�Es un truco de los pecadores de la Ciudad de Esperanza �dijo al contemplar el lento curso de la corriente escarlata� Dios renueva el mundo natural. Rezar� y dentro de un d�a, el r�o volver� a estar limpio y fresco �permaneci� inm�vil en el fango con un charco ensangrentado lleno de peces muertos a los pies, extendi� su cayado sobre las aguas enfermas y se puso a rezar. Rez� durante un d�a y una noche, pero las aguas no se limpiaron.</p><p>Cuando lleg� el nuevo d�a, Mois�s se retir� a su caba�a, dio ciertas �rdenes y Rej Laithor junto con otros cinco administradores fueron separados de sus familias e interrogados con gran intensidad. Los interrogadores no lograron averiguar nada. Patrullas armadas de Altruistas ascendieron por el curso del r�o, en busca de los conspiradores que estaban arrojando sustancias contaminantes en sus aguas. No encontraron nada. Viajaron durante tres d�as y tres noches hasta llegar a la gran cascada de las Tierras Altas e, incluso all�, descubrieron que el gran salto de agua se hab�a convertido en sangre y nada m�s que sangre.</p><empty-line/><p>Mois�s rez� sin descanso d�a y noche hasta que, finalmente, se derrumb� inconsciente y sus subordinados le llevaron de nuevo hasta su austera caba�a. El r�o sigui� fluyendo escarlata.</p><p>�Est� vencido �dijo Jaime Kreen una semana despu�s, cuando Haviland Tuf volvi� de explorar la situaci�n en su barcaza a�rea �Porqu� sigue esperando?</p><p>�Espera a que el r�o se limpie por s� mismo �dijo Haviland Tuf�. Una cosa es contaminar el suministro de agua en un sistema cerrado como el de su arcolog�a, donde basta con una limitada cantidad de sustancia contaminante para lograr los fines deseados. Pero un r�o es una empresa de magnitud mucho mayor. Inyecte en sus aguas toda la cantidad de sustancia qu�mica que desee y m�s pronto o m�s tarde habr� fluido por su curso y el agua volver� a quedar limpia. Sin duda, Mois�s cree que pronto nos quedaremos sin sustancia contaminante.</p><p>�Entonces, �c�mo lo ha conseguido?</p><p>�Los microorganismos, a diferencia de las sustancias qu�micas, se multiplican y son capaces de renovarse a s� mismos �dijo Haviland Tuf. Hasta las aguas de la Vieja Tierra estaban sujetas de vez en cuando a tales mareas rojas, como nos cuentan los viejos registros del CIE. Hay un mundo llamado Scarne donde la forma de vida que las produce es tan virulenta que incluso los oc�anos est�n te�idos por ella y todas las dem�s formas de vida deben adaptarse o morir. Los constructores del Arca visitaron Scarne y tomaron un poco de material para someterlo a clonaci�n posteriormente.</p><p>Esa noche la columna de fuego apareci� ante la caba�a de Mois�s y asust� a los centinelas haci�ndoles huir.</p><p>��Devu�lveme a mi pueblo! �rugi�.</p><p>Mois�s fue tambale�ndose hacia la puerta y la abri� de par en par.</p><p>�Eres una ilusi�n obra de Sat�n �grit�, pero no me dejar� enga�ar. M�rchate. No beberemos m�s de ese r�o, creador de enga�os. Hay pozos muy hondos en los cuales podemos obtener agua y siempre podemos cavar otros.</p><p>La columna de fuego se retorci� emitiendo un diluvio de chispas.</p><p>�No lo dudo �observ�, pero con ello no se har� sino retrasar lo inevitable. S� la gente de Ciudad de Esperanza no es liberada, desencadenar� la plaga de las ranas.</p><p>�Me las comer� �chill� Mois�s. Ser�n un manjar delicioso.</p><p>�Estas ranas vendr�n del r�o �dijo la columna de fuego�, y ser�n mucho m�s terribles de lo que puedes imaginar.</p><p>�No hay nada capaz de vivir en esa cloaca envenenada �dijo Mois�s�, ya te has cuidado de ello t� mismo �luego cerr� la puerta de golpe e hizo o�dos sordos a las palabras de la columna de fuego.</p><empty-line/><p>Los centinelas que Mois�s envi� al r�o, a la ma�ana siguiente volvieron cubiertos de sangre y enloquecidos por el miedo.</p><p>�Ah� dentro hay cosas �dijo uno de ellos�, cosas que se agitan en los charcos de sangre. Son una especie de serpientes escarlata, largas como un dedo, pero tienen patas el doble de largas. Parec�an ranas rojas pero, cuando nos acercamos m�s, vimos que ten�an dientes y estaban haciendo pedazos a los peces muertos. Ya no quedaba casi ninguno y los pocos que hab�a estaban cubiertos de esas cosas que parecen ranas. Entonces Danel intent� coger una y la rana le mordi� en la mano y �l grit� y de repente el aire estaba lleno de esas malditas criaturas, saltando de un lado a otro, como si pudieran volar, mordi�ndonos e intentando hacernos trizas. Fue horrible. �C�mo se puede luchar con una rana? �La apu�alas, le pegas un tiro? �Qu� haces? �estaba temblando.</p><p>Mois�s envi� otro grupo al r�o, provisto con sacos, veneno y antorchas. Volvieron en total confusi�n, llevando a dos de los hombres heridos, incapaces de caminar. Uno de ellos muri� esa misma ma�ana, con el cuello desgarrado por una rana. Otro sucumbi� unas cuantas horas despu�s, a causa de la fiebre que hab�a atacado a casi todos los que hab�an sido mordidos.</p><p>Al llegar la noche los peces hab�an desaparecido y las ranas empezaron a salir del r�o y se dirigieron hacia las aldeas. Los Altruistas cavaron trincheras y las llenaron de agua, prendiendo fuego a la maleza. Las ranas saltaron sobre el agua y las llamas. Los Altruistas lucharon con porras y cuchillos, y llegaron a utilizar las armas modernas que les hab�an arrebatado a la gente de la ciudad. Al amanecer hab�a seis muertos m�s. Mois�s y sus seguidores se encerraron en sus caba�as.</p><p>�Nuestra gente no tiene refugio alguno �le dijo Jaime Kreen con cierto temor�. Las ranas entrar�n en los campos de trabajo y les matar�n.</p><p>�No �replic� Haviland Tuf�. Si Rej Laithor consigue mantenerles tranquilos e impide que se muevan no tienen nada que temer. Las ranas sangrientas de Scarnish comen b�sicamente carro�a, y s�lo atacan a criaturas de tama�o superior al suyo cuando se las ataca o cuando est�n asustadas.</p><p>Kreen pareci� algo incr�dulo y luego una lenta sonrisa fue abri�ndose paso por su rostro.</p><p>��Y Mois�s se oculta lleno de miedo! Estupendo, Tuf.</p><p>�Estupendo �dijo Haviland Tuf, pero, en su voz impasible, no hab�a nada que permitiera saber si se burlaba o s� estaba de acuerdo con Kreen, aunque ten�a a Dax en el regazo y de pronto Kreen se dio cuenta de que el gato permanec�a muy tieso y que su pelaje se iba encrespando lentamente.</p><empty-line/><p>Esa noche, la columna de fuego no acudi� al hombre llamado Mois�s sino a los refugiados de la Ciudad de Esperanza, que permanec�an acurrucados en su miserable campamento llenos de miedo, viendo c�mo las ranas iban y ven�an m�s all� de las trincheras que les separaban de los Altruistas.</p><p>�Rej Laithor �dijo la columna llameante�, vuestros enemigos est�n ahora aprisionados, por su propia voluntad, tras las puertas de sus caba�as. Sois libres. Marchaos, volved a la arcolog�a. Caminad lentamente, tened mucho cuidado de mirar por donde pis�is y no hag�is movimientos bruscos. Haced todo esto sin ning�n temor y las ranas no os har�n da�o. Limpiad y arreglad vuestra Ciudad de Esperanza e id preparando mis cuarenta mil unidades.</p><p>Rej Laithor, rodeada por sus administradores, alz� la mirada hacia las llamas que se retorc�an.</p><p>�Mois�s nos atacar� de nuevo apenas se haya ido, Tuf �grit�. Acabe con �l, suelte sus otras plagas.</p><p>La columna de fuego no respondi�. Durante interminables minutos permaneci� en silencio, dando vueltas sobre s� misma y emitiendo chispazos, y luego se esfum� por completo.</p><p>Con paso lento y cansino la gente de la Ciudad de Esperanza empez� a salir en fila india del campamento, teniendo gran cuidado de fijarse por donde pisaban.</p><empty-line/><p>�Los generadores funcionan de nuevo �le inform� Jaime Kreen dos semanas despu�s�, y la Ciudad no tardar� en estar como antes. Pero eso es s�lo la mitad de nuestro trato, Tuf. Mois�s y sus seguidores permanecen en sus aldeas. Las ranas sangrientas han muerto casi todas al haberse quedado sin otra carro�a que devorar que no fuera ellas mismas. Y el r�o da se�ales de que pronto se limpiar�. �Cu�ndo les va a soltar encima los piojos? �Y las moscas? Se merecen todos esos picores, Tuf.</p><p>�Coja el Grifo �le orden� Haviland Tuf�. Tr�igame a Mois�s, lo quiera �l o no. Haga lo que le digo y cien unidades procedentes de los fondos de su Ciudad le pertenecer�n.</p><p>Jaime Kreen pareci� asombrado.</p><p>��Mois�s? �Por qu�? Mois�s es nuestro enemigo. Si piensa que puede cambiar de chaqueta y hacer ahora un trato con �l, vendi�ndonos como esclavos por un precio mejor�</p><p>�Ponga freno a sus sospechas �replic� Tuf acariciando a Dax. La gente siempre piensa mal de nosotros, Dax, y quiz� nuestro triste destino consista en ser eternos sospechosos. �Se volvi� nuevamente hacia Kreen y le dijo�. S�lo deseo hablar con Mois�s. Haga lo que le he dicho.</p><p>�Ya no estoy en deuda con usted, Tuf �le contest� secamente Kreen�. Le sigo prestando ayuda s�lo en tanto que patriota caritano. Expl�queme cu�les son sus motivos y puede que haga lo que me pide. De lo contrario, tendr� que hacerlo usted mismo. Me niego �y se cruz� de brazos.</p><p>�Caballero �dijo Haviland Tuf�, �es usted consciente de cu�ntas veces ha comido y bebido cerveza en el Arca desde que nuestra deuda fue liquidada? �Se da cuenta de la cantidad de aire, propiedad m�a, que ha respirado y de cu�ntas veces ha usado mis instalaciones sanitarias? Yo s� me doy cuenta de ello, cr�ame. �Se da cuenta, adem�s, de que el pasaje m�s barato de K�theddion a Caridad suele ascender a unas trescientas setenta y nueve unidades? Me resultar�a muy sencillo a�adir tal cifra a su factura. Lo he pasado por alto, para mi gran desgracia financiera, solamente porque me ha prestado ciertos servicios de escasa cuant�a, pero ahora me doy cuenta de que he cometido un grave error siento tan tolerante. Creo que voy a rectificar todos los errores cometidos en mi contabilidad.</p><p>�No juegue conmigo, Tuf �le dijo Kreen con voz decidida. Estamos en paz y nos encontramos muy lejos de la Prisi�n de K�theddion. Cualquier tipo de pretensiones que pueda tener sobre mi persona, teniendo en cuenta sus absurdas leyes, carecen de valor en Caridad.</p><p>�Las leyes de K�theddion y las de Caridad tienen para m� id�ntica importancia, excepto cuando sirven a mis prop�sitos �le replic� Haviland Tuf sin alzar la voz y con el rostro inmutable�. Yo soy mi propia ley, Jaime Kreen. Y si decido convertirle en mi esclavo hasta que muera, ni Rej Laithor, ni Mois�s, ni sus fanfarronadas podr�n ayudarle en lo m�s m�nimo �Tuf habl� como siempre y en su lenta voz de bajo resultaba imposible detectar la menor inflexi�n emocional.</p><p>Pero de pronto Jaime Kreen tuvo la sensaci�n de que la temperatura ambiental hab�a bajado muchos grados. Y se apresur� a obrar tal y como le hab�an dicho.</p><p>Mois�s era alto y fuerte, pero Tuf le hab�a hablado a Jaime Kreen de sus meditaciones nocturnas y fue bastante f�cil esperarle una noche en las colinas que hab�a detr�s de la aldea, escondido en la espesura con tres hombres m�s, y apoderarse de �l cuando pasaba. Uno de los ayudantes de Kreen sugiri� que mataran all� mismo al l�der de los Altruistas, pero Kreen lo prohibi�. Transportaron a un inconsciente Mois�s hasta el Grifo, que les estaba esperando, y una vez all� Kreen despidi� a los dem�s.</p><p>Un tiempo despu�s, Kreen se lo entreg� a Haviland Tuf y se dio la vuelta dispuesto a marcharse.</p><p>�Qu�dese �dijo Tuf. Se encontraban en una habitaci�n que Kreen no hab�a visto nunca, una gran estancia llena de ecos, cuyas paredes y techo eran de un blanco impoluto. Tuf estaba sentado en el centro de la estancia, ante un panel de instrumentos en forma de herradura. Dax reposaba sobre la consola, con el aire de quien espera algo.</p><p>Mois�s a�n estaba algo aturdido.</p><p>��D�nde estoy? �pregunt�.</p><p>�Se encuentra a bordo de la sembradora llamada Arca, la �ltima nave destinada a la guerra biol�gica que todav�a funciona, creada por el Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica. Soy Haviland Tuf.</p><p>�Su voz� �dijo Mois�s.</p><p>�Soy el Se�or, tu Dios �dijo Haviland Tuf.</p><p>�S� �dijo Mois�s, incorpor�ndose de repente. Jaime Kreen, que estaba detr�s suyo, le cogi� por los hombros y le empuj� con bastante rudeza hacia el respaldo de su asiento. Mois�s protest� d�bilmente, pero no intent� incorporarse de nuevo�. �T� trajiste las plagas!, t� eras la voz de la columna de fuego, el diablo que fing�a ser Dios.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf�. Sin embargo, he sido malinterpretado. Mois�s, de todos los presentes el �nico que ha fingido algo es usted. Intent� presentarse como un profeta y pretendi� poseer vastos poderes sobrenaturales de los que carec�a. Us� muchos trucos y desencaden� una forma m�s bien primitiva de guerra ecol�gica. Yo, por contraste, no finjo. Soy Dios, tu Se�or.</p><p>Mois�s escupi�.</p><p>�Eres un hombre con una nave espacial y un ej�rcito de m�quinas. Has sabido jugar muy bien con las plagas, pero dos plagas no convierten a un hombre en Dios.</p><p>�Dos �dijo Haviland Tuf�. �Dudas acaso de las otras ocho? �Sus grandes manos se movieron sobre los instrumentos que ten�a delante y la estancia se oscureci� en tanto que la c�pula se encend�a, dando la impresi�n de estar en pleno espacio, con el planeta Caridad bajo ellos. Luego Haviland Tuf hizo algo m�s en sus instrumentos y los hologramas cambiaron. Ahora estaban entre las nubes, bajando con un rugido ensordecedor, hasta que las im�genes se aclararon de nuevo. Se encontraban flotando sobre las caba�as de los Sacros Altruistas, en las Colinas del Honesto Trabajo. Observe �le orden� Haviland Tuf�. Esto es una simulaci�n efectuada por el ordenador. Estas cosas no han ocurrido, pero habr�an podido hacerse verdad. Tengo la confianza de que todo esto le resultar� altamente educativo.</p><p>En la c�pula y en las paredes de la estancia, rode�ndoles, vieron las aldeas y a gentes de rostro sombr�o que iban por ellas. Echaban los cuerpos de las ranas muertas en las trincheras para incinerarlos. Vieron tambi�n el interior de las caba�as, donde los enfermos ard�an en las garras de la fiebre.</p><p>�Despu�s de la segunda plaga �anunci� Haviland Tuf�, la situaci�n actual. Las ranas sangrientas han desaparecido consumidas por su propia voracidad �sus manos bailaron sobre el panel. Los piojos �dijo.</p><p>Y entonces llegaron los piojos. El polvo pareci� hervir a causa de ellos y en unos segundos estuvieron por todas partes. En las im�genes, los Altruistas empezaron a rascarse fren�ticamente y Jaime Kreen (que se hab�a estado rascando durante cierto tiempo antes de partir para K�theddion) se ri� en voz baja. Unos instantes despu�s dej� de re�rse. Los piojos no ten�an el aspecto de los piojos corrientes. Los cuerpos de los Altruistas se cubrieron de heridas ensangrentadas y muchos tuvieron que guardar cama, aullando a causa de�horrible escozor que sent�an. Algunos llegaron a abrirse hondas heridas en la piel y se arrancaron las u�as en su furioso delirio.</p><p>�Las moscas �dijo Haviland Tuf Y vieron enjambres de moscas de todos los tama�os, desde las moscas de la Vieja Tierra con sus casi olvidadas enfermedades, hasta las hinchadas moscas con aguij�n de Dam Tullian, pasando por los moscardones grises de Gulliver y las lentas moscas de Pesadilla que depositan sus huevos en el tejido viviente. Las moscas cayeron como inmensos nubarrones sobre las aldeas y las Colinas del Honesto Trabajo y las cubrieron como si no fueran m�s que un estercolero algo m�s grande de lo normal, depositando sobre ellas una pestilente capa negra de cuerpos que se retorc�an zumbando.</p><p>�La peste �dijo Haviland Tuf Y vieron c�mo los reba�os mor�an a millares. Las gigantescas bestias de carne, que yac�an inm�viles bajo la Ciudad de Esperanza, se convirtieron en monta�as nauseabundas. Ni tan siquiera quemarlas sirvi� de nada. Muy pronto no hubo carne y los escasos sobrevivientes vagaron de un lado para otro como flacos espectros de mirada enloquecida. Haviland Tuf pronunci� algunos nombres: �ntrax, la enfermedad de Ryerson, la peste rosada, la calierosia.</p><p>�Las llagas �dijo Haviland Tuf Y de nuevo la enfermedad se hizo incontenible, pero esta vez sus v�ctimas eran los seres humanos y no los animales. Las v�ctimas sudaban y gem�an a medida que las llagas cubr�an sus rostros, sus manos y su pecho, hinch�ndose hasta reventar entre borbotones de sangre y pus. Las nuevas llagas crec�an apenas las viejas se hab�an esfumado. Los hombres y las mujeres andaban a tientas por las calles de las aldeas, ciegos y cubiertos de cicatrices, con los cuerpos repletos de llagas y costras, con el sudor corriendo sobre su piel como si fuera aceite. Cuando ca�an en el polvo, entre los piojos muertos y los restos del ganado cubierto de moscas, se pudr�an all� sin que hubiera nadie para darles sepultura.</p><p>�El granizo �dijo Haviland Tuf Y el granizo lleg� entre truenos y rel�mpagos, con gotas de hielo grandes como guijarros, lloviendo del cielo durante un d�a y una noche, a los que siguieron otro d�a y otra noche y luego otro y otro m�s, sin parar nunca. Y entre el granizo vino tambi�n el fuego. Los que salieron de sus caba�as murieron aplastados por el granizo y muchos de los que permanecieron dentro de ellas murieron, Cuando el granizo se detuvo por fin, apenas s� quedaba una caba�a en pie.</p><p>�Las langostas �dijo Haviland Tuf. Cubrieron la tierra y el cielo, en nubes a�n m�s inmensas que las formadas por las moscas. Aterrizaron por todas partes, arrastr�ndose, tanto sobre los vivos como sobre los muertos, devorando los escasos alimentos que a�n quedaban, hasta que no hubo nada que comer.</p><p>�La oscuridad �dijo Haviland Tuf Y la oscuridad avanz�, parecida a una espesa nube de gas negro que vagaba empujada por el viento. Era un l�quido que flu�a como un r�o de azabache reluciente. Era el silencio y era la noche y estaba vivo. Por donde iba no quedaba nada que alentara a su paso. Las malezas y la hierba se volv�an amarillentas y mor�an. El suelo se cubr�a de grietas negruzcas. La nube era m�s grande que las aldeas, m�s inmensa que las Colinas del Trabajo Honesto y a�n mayor que las anteriores nubes de langosta. Lo cubri� todo, y durante un d�a y una noche, nada se movi� bajo su manto. Despu�s, la oscuridad viviente se march� y tras ella s�lo quedaron el polvo y la tierra reseca.</p><p>Haviland Tuf toc� nuevamente sus instrumentos y las visiones se esfumaron. Las luces volvieron a encenderse iluminando la blancura de los muros.</p><p>�La d�cima plaga �dijo entonces Mois�s lentamente, con una voz que ya no parec�a tan dulce, ni tan segura como antes.� La muerte de los primog�nitos.</p><p>�S� admitir mis fracasos �dijo Haviland Tuf�, y soy incapaz de hacer tal tipo de distinciones. Sin embargo, me gustar�a indicar que en esas escenas, que nunca llegaron a ser realidad, todos los primog�nitos murieron, al igual que los nacidos en �ltimo lugar dentro de cada familia. Debo confesar que en cuanto a materias tan delicadas, soy un dios m�s bien torpe. Tengo que matarles a todos.</p><p>Mois�s ten�a el rostro l�vido, pero en su interior ard�a a�n una chispa de su indomable tozudez.</p><p>�No eres m�s que un hombre �susurr�.</p><p>�Un hombre �dijo Haviland Tuf con voz impasible. Su p�lida manaza segu�a acariciando a Dax. Nac� hombre y viv� durante largos a�os como tal, Mois�s. Pero luego encontr� el Arca y he dejado de ser hombre. Los poderes que tengo en mi mano superan a los de casi todos los dioses adorados por la humanidad. No hay hombre alguno a quien no pueda quitarle la vida. No hay mundo en el que me detenga, al cual no pueda destruir por completo o remodelar seg�n mi voluntad. Soy el Se�or, tu Dios, o al menos soy lo m�s parecido a �l que vas a encontrar en tu vida. Tienes mucha suerte de que sea por naturaleza bondadoso, ben�volo e inclinado a la piedad y de que me aburra con demasiada frecuencia. Para m� no sois m�s que fichas, peones y piezas de juego que habr�a dejado de jugar hace unas cuantas semanas si de m� hubiera dependido. Las plagas me parecieron un juego interesante y lo fueron durante un tiempo, pero no tardaron en hacerse aburridas. Bastaron dos plagas para dejar muy claro que no ten�a delante enemigo alguno y que Mois�s era incapaz de hacer nada que me sorprendiera. Mis objetivos se hab�an cumplido. Hab�a rescatado al pueblo de Ciudad de Esperanza y lo dem�s ser�a meramente un ritual carente de significado. Por ello, he preferido ponerle fin.</p><p>�M�rchate, Mois�s, deja de molestarme y de jugar con tu plagas. He terminado contigo.</p><p>�Y t�, Jaime Kreen, cuida de que tus caritanos no tomen venganza sobre �l. Ya hab�is tenido victorias suficientes. Dentro de una generaci�n, su cultura, su religi�n y su modo de vida habr�n muerto.</p><p>�Recordad qui�n soy y recordad que Dax es capaz de ver en vuestros pensamientos. Si el Arca volviera a estos lugares y me encontrara con que mis �rdenes no han sido cumplidas, todo ocurrir� tal y como os he mostrado. Las plagas barrer�n vuestro peque�o planeta hasta que nada aliente sobre �l.</p><empty-line/><p>Jaime Kreen utiliz� el Grifo para devolver a Mois�s al planeta y luego, siguiendo las instrucciones de Tuf, recogi� cuarenta mil unidades de Rej Laithor y se las llev� al Arca. Haviland Tuf le recibi� en la cubierta de aterrizaje, con Dax en brazos.</p><p>Acept� su paga con un leve pesta�eo que no habr�a desentonado en el rostro de un rey.</p><p>Jaime Kreen parec�a algo pensativo.</p><p>�Est� fanfarroneando, Tuf �le dijo�. No es ning�n dios. Lo que nos ense�� eran meramente simulaciones. jam�s podr�a haber logrado todo eso, pero a un ordenador se le puede programar para que muestre cualquier cosa.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Ciertamente �dijo Jaime Kreen, cada vez m�s irritado�. Consigui� darle un susto de muerte a Mois�s, pero a m� no me enga�� ni por un instante, a pesar de todas sus im�genes. El granizo fue la clave. Bacterias, enfermedades, pestilencia. Todo eso queda dentro de los confines de la guerra ecol�gica. Puede que incluso esa cosa oscura entre en ella, aunque creo que no era sino un invento. Pero el granizo es un fen�meno meteorol�gico y no tiene nada que ver con la biolog�a o la ecolog�a. Ah� dio un patinazo, Tuf. Pero el resultado final fue muy encomiable y espero que ayude a mantener la humildad de Mois�s en el futuro.</p><p>�Humildad, cierto �replic� Haviland Tuf. Tendr�a que haberme tomado un tiempo y trazar mis planes, con m�s cuidado, para enga�ar a un hombre dotado de su clarividente percepci�n, no me cabe duda de ello. Siempre consigue derrotar mis peque�os planes.</p><p>Jaime Kreen se ri�.</p><p>�Me debe cien unidades �le dijo�, a cambio de haber tra�do y llevado a Mois�s.</p><p>�Caballero �dijo Haviland Tuf�, jam�s olvidar�a tal deuda y no es necesario que me la recuerde con semejante brusquedad �abri� la caja que Kreen hab�a tra�do de Caridad y le entreg� cien unidades�. Encontrar� una escotilla del tama�o adecuado a su persona en la secci�n nueve, m�s all� de las puertas en las que se ve el letrero Control Clim�tico.</p><p>Jaime Kreen frunci� el ce�o.</p><p>��Escotilla? �A qu� se refiere?</p><p>Haviland Tuf lo mir� sin inmutarse.</p><p>�Caballero �dijo�, hab�a pensado que le resultar�a obvio. Me refiero a una escotilla, un ingenio mediante el cual podr� abandonar el Arca, sin que mi valiosa atm�sfera la abandone al mismo tiempo que usted. Dado que no posee nave espacial alguna, resultar�a est�pido utilizar una escotilla de mayor tama�o. Tal y como he dicho, en la secci�n nueve podr� encontrar una escotilla m�s peque�a y conveniente a su talla.</p><p>Kreen parec�a at�nito.</p><p>��Piensa expulsarme de la nave?</p><p>�No ha elegido usted del modo adecuado sus palabras �dijo Haviland Tuf�, y �sa debe ser la raz�n de que suenen tan mal al o�do. Pero no puedo mantenerle a bordo del Arca y si se marchara en una de mis lanzaderas, no habr�a nadie capaz de entreg�rmela de nuevo. No puedo permitirme sacrificar una valiosa parte de mi equipo para su conveniencia personal.</p><p>Kreen torci� el gesto.</p><p>Intent� replicar sin denotar inquietud.</p><p>�La soluci�n a su dilema es muy simple. Iremos los dos en el Grifo. Me llevar� hasta Puerto Fe y luego volver� a su nave.</p><p>Haviland Tuf acarici� a Dax.</p><p>�Interesante �dijo�, pero no creo que tal arreglo pudiera funcionar ya que, naturalmente, debe comprender que el viaje me supondr�a una grave molestia. Estoy totalmente seguro de que deber�a recibir cierta compensaci�n a cambio de dicho desplazamiento.</p><p>Jaime Kreen contempl� durante todo un minuto al p�lido e impasible rostro de Haviland Tuf. Luego, con un suspiro, le devolvi� las cien unidades.</p></section><section><title><p>7 � MAN� DEL CIELO</p></title><p>La flota s�uthlamesa patrullaba los l�mites del sistema solar, avanzando por la aterciopelada oscuridad del espacio con la callada y majestuosa gracia de un tigre al acecho, en un rumbo que la llevar�a directamente hacia el Arca.</p><p>Haviland Tuf estaba sentado ante su consola principal, observando las hileras de pantallas y los monitores del ordenador, con leves y cuidadosos giros de cabeza. La flota que ahora se estaba desviando para recibirle, parec�a m�s y m�s formidable a cada instante que pasaba. Sus instrumentos hab�an informado sobre unas catorce naves de gran tama�o y abundantes enjambres de cazas. Nueve globos, de un color blanco plateado, erizados con armamento que no le resultaba familiar, formaban las alas del despliegue. Cuatro largos acorazados de color negro iban en los flancos de la cu�a, con sus oscuros cascos emitiendo destellos de energ�a y la nave insignia, situada en el centro, era un colosal fuerte en forma de disco con un di�metro que los sensores de Tuf evaluaban en unos seis kil�metros. Era la nave espacial m�s grande que Haviland Tuf hab�a visto desde el d�a en que, diez a�os antes, hab�a encontrado el Arca a la deriva. Los cazas iban y ven�an alrededor del disco, como insectos furiosos dispuestos a utilizar su aguij�n.</p><p>El largo y p�lido rostro de Haviland Tuf segu�a tan inm�vil e indescifrable como siempre pero Dax, sentado en su regazo, emiti� un leve sonido de inquietud y Tuf junt� sus manos formando un puente con los dedos.</p><p>Una luz se encendi� indicando una comunicaci�n.</p><p>Haviland Tuf pesta�e�, extendi� la mano con tranquila decisi�n y conect� el receptor.</p><p>Hab�a esperado que en la pantalla se materializar�a un rostro, pero qued� decepcionado. Los rasgos de su interlocutor estaban ocultos por un visor de plastiacero negro formando parte de un traje de combate que reluc�a como un espejo. Una estilizada representaci�n del globo de S�uthlam adornaba la cresta met�lica que brotaba encima del casco y, detr�s del visor, grandes sensores rojizos ard�an dando la impresi�n de dos ojos. A Haviland Tuf la imagen le hizo acordarse de un hombre muy desagradable que hab�a conocido en el pasado.</p><p>�No resultaba necesario vestirse con tal formalidad por mi causa �dijo Haviland Tuf con voz �tona. A�n m�s, en tanto que el tama�o de la guardia de honor que han enviado para recibirme, halaga un poco mi vanidad, con un escuadr�n mucho m�s peque�o y no tan imponente habr�a sido m�s que suficiente. La formaci�n actual es tan grande y formidable que invita a pensar, y un hombre de naturaleza menos confiada que la m�a podr�a sentir la tentaci�n de malinterpretar su prop�sito y ver en ella alguna intenci�n intimidatoria.</p><p>�Aqu� Wald Ober, comandante de la Flota Defensiva Planetaria de S�uthlam, Ala Siete �dijo la imagen de la pantalla con una voz grave, electr�nicamente distorsionada.</p><p>�Ala Siete �repiti� Tuf. Ciertamente. Ello sugiere la posibilidad de que existan como m�nimo otros seis escuadrones igualmente dignos de temor. Al parecer las defensas planetarias de S�uthlam han aumentado un tanto desde mi �ltima visita.</p><p>Wald Ober no pareci� nada interesado en sus palabras.</p><p>�R�ndase de inmediato o ser� destruido �le dijo secamente.</p><p>Tuf pesta�e�.</p><p>�Me temo que existe un lamentable malentendido.</p><p>�Se ha declarado un estado de guerra entre la Rep�blica Cibern�tica de S�uthlam y la alianza de Vandeen, Jazbo, el Mundo de Henry, Skrymir, Roggandor y el Triuno Azur. Ha entrado en una zona restringida. R�ndase o ser� destruido.</p><p>�No me ha entendido usted, se�or �dijo Tuf�. En tan desgraciada confrontaci�n yo soy neutral, aunque no me hubiera dado cuenta de tal calidad hasta ahora mismo. No formo parte de facci�n, c�bala ni alianza alguna y s�lo me represento a m� mismo, un ingeniero ecol�gico con los motivos m�s benignos que imaginarse puedan. Por favor, no se alarme ante el tama�o de mi nave. Estoy seguro de que en el peque�o lapso de cinco a�os, los afamados trabajadores y cibertecs del Puerto de S�uthlam no pueden haber olvidado por completo mis previas visitas a su interesant�simo mundo. Soy Haviland.</p><p>�Sabemos qui�n es, Tuf �dijo Wald Ober�, Reconocimos el Arca apenas desconect� el hiperimpulso. La alianza no tiene acorazados que midan treinta kil�metros de largo, alabada sea la vida. Tengo �rdenes espec�ficas del Consejo, el cual me indic� que vigilara la zona esper�ndole.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf.</p><p>��Por qu� cree que nuestra ala le est� rodeando? �dijo Ober.</p><p>�Ten�a la esperanza de que fuera un gesto afectuoso de bienvenida �dijo Tuf�. Pensaba que pod�a tratarse de una escolta amistosa que me trajera sus saludos y cestillas de regalo consistentes en hongos frescos y suculentos, abundantemente sazonados. Pero veo que mis suposiciones carec�an de todo fundamento.</p><p>�Tuf, nuestra �ltima advertencia. Dentro de unos cuatro minutos nos encontraremos a la distancia de tiro. R�ndase ahora o ser� destruido.</p><p>�Caballero �dijo Tuf�, le ruego consulte con sus jefes antes de que cometa un lamentable error. Estoy seguro de que se ha dado alguna confusi�n en las comunicaciones y�</p><p>�Ha sido juzgado en ausencia y se le ha considerado culpable de ser un criminal, un hereje y un enemigo del pueblo de S�uthlam.</p><p>�He sido espantosamente malinterpretado �protest� Tuf.</p><p>�Hace diez a�os escap� a nuestra flota, Tuf No crea que podr� hacerlo de nuevo. La tecnolog�a s�uthlamesa no se ha quedado quieta y nuestras nuevas armas pueden hacer trizas sus anticuados escudos defensivos, se lo prometo. Nuestros mejores historiadores estudiaron esa pesada reliquia del CIE que tiene usted Y Yo mismo supervis� las simulaciones. Tenemos su bienvenida perfectamente preparada.</p><p>�No tengo el menor deseo de parecer poco agradecido, pero no era necesario tomarse tales molestias �dijo Tuf Volvi� la cabeza hacia las pantallas que hab�a a los dos lados de la angosta sala de comunicaciones y estudi� la falange de naves s�uthlamesas que se iba cerrando r�pidamente sobre el Arca�. Si esta hostilidad no provocada hunde sus ra�ces en mi cuantiosa deuda para con el Puerto de S�uthlam, puedo tranquilizarle y asegurarle que estoy dispuesto a efectuar su pago de forma inmediata.</p><p>�Dos minutos �dijo Wald Ober.</p><p>�Lo que es m�s, caso de que S�uthlam necesite m�s servicios de ingenier�a ecol�gica me siento repentinamente inclinado a ofrec�rselo por un precio sumamente reducido.</p><p>�Ya hemos tenido bastante con sus soluciones. Un minuto.</p><p>�Al parecer s�lo se me permite una opci�n viable �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Entonces, �se rinde? �le pregunt� con suspicacia el comandante.</p><p>�Creo que no �dijo Haviland Tuf Extendi� la mano y sus largos dedos bailaron sobre una serie de teclas hologr�ficas, levantando las viejas pantallas defensivas del Arca.</p><p>El rostro de Wald Ober no resultaba visible, pero en su voz era f�cilmente perceptible un matiz sarc�stico.</p><p>�Pantallas imperiales de la cuarta generaci�n, con triple redundancia y frecuencias superpuestas, con todas las fases de protecci�n coordinadas por los ordenadores de su nave. Su casco est� hecho con placas de aleaci�n especial. Le dije que hab�amos estado investigando.</p><p>�Su avidez de conocimientos me parece de lo m�s encomiable �dijo Tuf.</p><p>�Puede que su siguiente sarcasmo sea el �ltimo que profiera, mercader. As� que m�s le valdr�a intentar que, al menos, sea bueno. Lo que intento decirle es que conocemos a la perfecci�n todos sus recursos y sabemos, hasta el decimocuarto decimal, la cantidad de castigo que pueden absorber las defensas de una sembradora del CIE y que estamos preparados para darle m�s de lo que puede manejar �gir� la cabeza a un lado�. Listos para empezar el fuego �le orden� secamente a un subordinado invisible. Cuando el oscuro casco gir� nuevamente hacia Tuf, Ober a�adi�. Queremos el Arca y no podr� impedir que la consigamos. Treinta segundos.</p><p>�Me temo que no estoy de acuerdo con ello �dijo Tuf con voz tranquila.</p><p>�Har�n fuego cuando yo d� la orden �dijo Ober. Si insiste en ello, me encargar� de ir contando los �ltimos segundos de su vida. Veinte. Diecinueve. Dieciocho�</p><p>�Jam�s hab�a o�do contar con tal vigor �dijo Tuf�. Por favor, le ruego que no se deje distraer por mis malas noticias y no cometa ning�n error.</p><p>�� Catorce. Trece. Doce.</p><p>Tuf cruz� las manos sobre el est�mago.</p><p>�Once. Diez. Nueve �Ober mir� con cierta inquietud a un lado y luego nuevamente hacia la pantalla.</p><p>�Nueve �anunci� Tuf�, un n�mero precioso. Normalmente le sigue el ocho y luego el siete.</p><p>�Seis �dijo Ober, con voz algo vacilante�. Cinco.</p><p>Tuf aguard� en silencio.</p><p>�Cuatro. Tres �dej� de contar� �Qu� malas noticias? �rugi� s�bitamente encar�ndose con la pantalla.</p><p>�Caballero �dijo Tuf�, si piensa usted gritar, tenga la bondad de ajustar el volumen de su comunicaci�n �alz� un dedo. Las malas noticias son que el mero acto de abrir un agujero en las pantallas defensivas del Arca, lo cual no tengo duda alguna de que le resultar� f�cil conseguir, pondr� en funcionamiento un peque�o dispositivo termonuclear que he situado con anterioridad en la biblioteca celular de la nave, destruyendo con ello todo el material de clonaci�n que hacen del Arca una nave sin parang�n, de valor incalculable y ampliamente codiciada por todos.</p><p>Hubo un largo silencio. Los relucientes sensores escarlata que ard�an bajo el oscuro visor de Wald Ober parecieron arder a�n m�s ferozmente al clavarse en la pantalla que mostraba los impasibles rasgos de Tuf.</p><p>�Est� mintiendo �dijo por �ltimo el comandante.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf�, me ha descubierto. Qu� idiotez por mi parte el suponer que me resultar�a f�cil enga�ar a un hombre de su perspicacia con un enga�o tan clara mente infantil. Y ahora me temo que abrir� fuego contra m�, haciendo pedazos mis pobres y anticuadas defensas, con lo cual demostrar� que he mentido. Perm�tame un instante para despedirme de mis gatos �cruz� las manos lentamente sobre su gran est�mago y esper� a que el comandante le contestara. La flota de S�uthlam, seg�n indicaban sus instrumentos, se encontraba ahora a distancia de tiro.</p><p>��Eso es justamente lo que har�, condenado aborto! �grit� Wald Ober.</p><p>�Aguardar� con abatida resignaci�n �dijo Tuf sin moverse.</p><p>�Tiene veinte segundos �dijo Ober.</p><p>�Me temo que mis noticias le han confundido, ya que la cuenta anterior se hab�a detenido en el n�mero tres. Sin embargo, aprovechar� sin verg�enza alguna su error para saborear todos los instantes de vida que a�n me quedan.</p><p>Durante un tiempo que pareci� interminable se contemplaron en silencio. C�modamente instalado en el regazo de Tuf, Dax empez� a ronronear. Haviland Tuf movi� la mano y empez� a pasarla suavemente sobre su largo pelaje negro. Dax aument� el volumen de su ronroneo y empez� a clavar sus garras en las rodillas de Tuf.</p><p>��Oh! �V�yase al infierno, condenado aborto! �dijo Wald Ober se�alando con un dedo la pantalla. Puede que haya logrado detenernos por el momento, Tuf, pero le advierto que ni sue�e con la posibilidad de irse. Su biblioteca celular se perder�a igualmente para nosotros si escapara y caso de tener que elegir entre su huida y su muerte, me quedo con su muerte.</p><p>�Comprendo su posici�n �dijo Haviland Tuf�, aunque yo, por supuesto, optar�a por la huida. Sin embargo, tengo una deuda que saldar con el Puerto de S�uthlam y no puedo huir tal y como usted teme sin perder mi honor, con lo cual le ruego acepte mis garant�as de que tendr� todas las oportunidades del mundo para contemplar mi rostro, y yo su temible m�scara, mientras permanecemos atrapados en esta inc�moda situaci�n.</p><p>Wald Ober nunca tuvo la ocasi�n de replicar. Su m�scara de combate se esfum� de la pantalla y fue reemplazada por un rostro femenino, no demasiado agraciado. Ten�a labios anchos; una nariz que hab�a sido rota en m�s de una ocasi�n; una piel aparentemente dura como el cuero y con el tono entre azul y negro que es resultado de una prolongada exposici�n a las radiaciones duras y de muchas d�cadas consumiendo p�ldoras anticarcinoma, y unos ojos claros que brillaban entre una red de peque�as arrugas. Todo ello iba rodeado por una asombrosa aureola de cabellos grises.</p><p>�Eso es lo que pasa por hacernos los duros �dijo ella. Ha ganado, Tuf Ober, a partir de ahora es usted una escolta honor�fica. Cambie la formaci�n y acomp��ele a la telara�a, �maldici�n!</p><p>�Qu� amabilidad y consideraci�n �dijo Haviland Tuf�. Me complace informarle de que estoy en condiciones de efectuar el �ltimo pago que se le debe al Puerto de S�uthlam por las reparaciones del Arca.</p><p>�Espero que haya tra�do tambi�n un poco de comida para gatos �dijo secamente Tolly Mune. Ese te�rico suministro �para cinco a�os� que me dej�, se agot� hace ya dos �suspir�. Supongo que no sentir� deseos de retirarse y vendernos el Arca.</p><p>�No, ciertamente �replic� Tuf.</p><p>�Ya me lo pensaba. De acuerdo, Tufi vaya abriendo la cerveza. Hablar� con usted tan pronto llegue a la telara�a.</p><p>�Sin la menor intenci�n de ser irrespetuoso, debo confesar que en este momento no me encuentro en el estado an�mico m�s propicio para atender a una hu�sped tan distinguida. El comandante Ober me ha informado, hace muy poco, que fui juzgado y declarado criminal y hereje, concepto que me resultaba de lo m�s curioso dado que, ni soy ciudadano de S�uthlam, ni profeso su religi�n dominante, pero no por ello ha dejado de inquietarme. En estos momentos me encuentro dominado por el miedo y la preocupaci�n.</p><p>�Oh, eso �dijo ella�. Era s�lo una formalidad carente de todo significado pr�ctico.</p><p>�Ya veo �dijo Tuf.</p><p>��Infiernos y maldici�n! Tuf, si vamos a robar su nave necesitamos una buena excusa legal, �no? Somos un condenado gobierno. Se nos permite robar todo lo que nos venga en gana, siempre que podamos adornarlo con una reluciente cobertura legal.</p><p>�Rara vez durante mis viajes me he encontrado con un funcionario pol�tico dotado de una franqueza como la suya, debo admitirlo. La experiencia me resulta m�s bien refrescante. Con todo, y pese a encontrarme ahora algo m�s tranquilo, �qu� garant�as tengo de que no continuar� en sus esfuerzos por apoderarse del Arca una vez est� a bordo?</p><p>��Qui�n, yo? �dijo Tolly Mune. Vamos, �c�mo podr�a hacer algo semejante? No se preocupe, vendr� sola �sonri�. Bueno, casi sola. Espero que no tendr� objeci�n a que me acompa�e un gato, �verdad?</p><p>�Ciertamente que no �dijo Tuf�, y me complace saber que los felinos entregados a su custodia han prosperado durante mi ausencia. Estar� esperando ansiosamente su llegada, Maestre de Puerto Mune.</p><p>�Tuf, para usted ahora soy la Primera Consejera Mune �dijo ella con cierta irritaci�n antes de apagar la pantalla.</p><empty-line/><p>Nadie hab�a acusado en toda su vida a Haviland Tuf de ser un temerario. Escogi� una posici�n, doce kil�metros m�s all� del final de uno de los grandes muelles radiales que emanaban de la comunidad orbital conocida como el Puerto de S�uthlam, y mantuvo sus pantallas conectadas mientras aguardaba. Tolly Mune acudi� a la cita, en la peque�a nave espacial que Tuf le hab�a entregado cinco a�os antes con ocasi�n de su visita anterior a S�uthlam.</p><p>Tuf desconect� las pantallas para dejarla pasar y luego abri� la gran c�pula de la cubierta de aterrizaje para que pudiera posarse en ella. Los instrumentos del Arca indicaban que su nave estaba llena de formas vitales, s�lo una de las cuales era humana en tanto que el resto mostraban los par�metros correspondientes a la especie felina. Tuf fue a recibirla con uno de sus veh�culos de tres ruedas. Vest�a un traje de terciopelo verde oscuro que sujetaba con un cintur�n alrededor de su amplio est�mago. Sobre la cabeza llevaba una algo maltrecha gorra decorada con la insignia dorada del Cuerpo de Ingenier�a Ecol�gica. Dax le acompa�aba, tendido sobre las grandes rodillas de Tuf, como una enorme piel negra que alguien hubiera dejado olvidada.</p><p>Cuando la escotilla se abri� por fin, Tuf aceler� decididamente por entre el confuso mont�n de maltrechas naves espaciales que se hab�an ido acumulando durante los a�os en la cubierta y fue en l�nea recta la rampa de la nave reci�n llegada, por la cual ya estaba bajando Tolly Mune, la antigua Maestre del Puerto de S�uthlam.</p><p>Junto a ella ven�a un gato.</p><p>Dax se incorpor� al instante con su negro pelo erizado y su gorda cola tan hinchada como si acabara de introducirla en un enchufe. Su habitual aletargamiento se hab�a esfumado y de un salto abandon� el regazo de Tuf para subirse a la capota del veh�culo, con las orejas pegadas al cr�neo y bufando enfurecido.</p><p>�Vaya, Dax �dijo Tolly Mune�, ��se es modo de recibir a un condenado pariente? �sonri� y se agach� para acariciar al enorme animal que estaba a su lado.</p><p>�Hab�a esperado ver a Ingratitud o a Duda �dijo Haviland Tuf.</p><p>�Oh, se encuentran muy bien �dijo ella�, al igual que toda su maldita descendencia que ya se cuenta por varias generaciones. Tendr�a que haberlo supuesto cuando me entreg� una pareja. Un macho f�rtil y una hembra. Ahora tengo� �frunci� el ce�o, hizo unos r�pidos c�lculos con los dedos y a�adi� veamos, creo que tengo diecis�is. S�. Y dos embarazadas �se�al� con el pulgar la nave espacial que ten�a a la espalda�. Mi nave se ha convertido en un inmenso asilo de gatos. A la mayor�a la gravedad les preocupa tan poco como a m�. Han nacido y se han criado sin ella. Pero nunca entender� c�mo pueden estar llenos de gracia, en un momento dado, y al siguiente cometer las m�s hilarantes torpezas.</p><p>�La herencia felina abunda en contradicciones �dijo Tuf.</p><p>��ste es Blackjack �le cogi� en brazos y luego se incorpor� con �l�. Maldici�n, pesa. Eso es algo que nunca se nota en gravedad cero.</p><p>Dax mir� fijamente al otro felino y le ech� un bufido.</p><p>Blackjack, pegado al viejo y algo maltrecho dermotraje de Tolly Mune, baj� la vista hacia el gran gato negro, con desinteresada altivez.</p><p>Haviland Tuf ten�a dos metros y medio de alto y su corpulencia corr�a pareja a su talla, en tanto que, comparado cor los dem�s gatos, Dax era tan grande como Tuf lo era, en relaci�n a los dem�s hombres.</p><p>Blackjack lo era m�s a�n.</p><p>Ten�a el pelo largo y sedoso, gris en la parte superior y de un leve tono plateado en los flancos. Sus ojos eran tambi�n de un gris plateado y al mirarlos daba la impresi�n de que se contemplaban dos inmensos lagos sin fondo, llenos de serenidad, pero algo inquietantes al mismo tiempo. Era el animal m�s incre�blemente hermoso que existir�a jam�s en el Universo, por mucho que �ste se expandiera, y lo sab�a. Ten�a los modales de un pr�ncipe de la realeza.</p><p>Tolly Mune se instal� con cierta torpeza en el asiento contiguo al de Tuf.</p><p>�Tambi�n es telep�tico �le dijo con voz alegre�, igual que el suyo.</p><p>�Ya veo �dijo Haviland Tuf Dax hab�a vuelto a su regazo, pero segu�a tenso e irritado y no paraba de bufar.</p><p>�Jack me dio el modo de salvar a los dem�s gatos �dijo Tolly Mune y en su rostro apareci� una expresi�n de reproches�. Dijo que me dejaba comida para cinco a�os.</p><p>�Para dos gatos, se�ora �dijo Tuf�. Es obvio que diecis�is felinos consumen bastante m�s que Duda e Ingratitud por s� solos �Dax se acerc� un poco m�s al reci�n llegado, le ense�� los dientes y volvi� a bufar.</p><p>�Tuve bastantes problemas cuando se termin� la comida. Dada nuestra eterna falta de provisiones, me resultaba bastante dif�cil justificar que estuviera malgastando calor�as en unas alima�as.</p><p>�Quiz� pudiera haber considerado la posibilidad de poner ciertos frenos a la reproducci�n de sus felinos �dijo Tuf�. Opino que dicha estrategia habr�a dado indudablemente sus resultados y de ese modo su hogar podr�a haberse convertido en un microcosmos educativo de los problemas s�uthlameses y de sus posibles soluciones.</p><p>��Esterilizaci�n? �dijo Tolly Mune�. Tuf, eso va contra la vida. Descartado. Tuve una idea mejor. Les describ� c�mo era Dax a ciertos amigos, t�cnicos en biolog�a y cibertecs, ya sabe y me fabricaron mi propio ejemplar, a partir de c�lulas de Ingratitud.</p><p>�Cu�n adecuado �replic� Tuf.</p><p>Tolly Mune sonri�.</p><p>�Blackjack ya casi tiene dos a�os. Me ha sido tan �til que me ha permitido conseguir un permiso alimenticio para los otros. Adem�s, ha sido una preciosa ayuda en mi carrera pol�tica.</p><p>�No lo pongo en duda �dijo Tuf�. Me doy cuenta de que no parece incomodado por la gravedad.</p><p>�A Blackjack no le molesta. En los �ltimos tiempos me necesitan abajo con mucha m�s frecuencia que antes y Jack siempre me acompa�a. A todas partes.</p><p>Dax buf� nuevamente y emiti� un sordo y amenazador gru�ido. Hizo un amago de lanzarse sobre Blackjack y luego retrocedi� bruscamente, bufando despectivo.</p><p>�Ser� mejor que le controle, Tuf �dijo Tolly Mune.</p><p>�Los felinos a veces demuestran una compulsi�n biol�gica hacia el combate para establecer de tal modo sus �rdenes de importancia �dijo Tuf�, y ello es particularmente acentuado en los machos. Dax, indudablemente ayudado por sus grandes capacidades psi�nicas, dej� establecida hace tiempo su indiscutible supremac�a sobre Caos y los dem�s gatos. No me cabe duda de que ahora siente su posici�n amenazada, pero no creo que debamos preocuparnos seriamente por ello, Primera Consejera Mune.</p><p>�Dax s� deber�a preocuparse �dijo ella al acercarse un poco m�s el gato negro a Blackjack que, instalado en su regazo, contemplaba a su rival con un aburrimiento infinito.</p><p>�No acabo de entenderla �dijo Tuf.</p><p>�Blackjack tambi�n posee esas capacidades psi�nicas �replic� Tolly Mune�. Y unas cuantas� bueno, unas cuantas ventajas m�s. Por ejemplo, unas garras de aleaci�n especial tan afiladas como unas malditas navajas y ocultas en fundas especiales situadas en sus garras. Tambi�n posee una red de plastiacero antial�rgico, implantada bajo la piel, que le hace terriblemente resistente a las heridas, y sus reflejos han sido gen�ticamente acelerados para hacerle dos veces m�s r�pido y diestro que un gato normal. Su umbral de resistencia al dolor es muy elevado. No me gustar�a ser descort�s, pero si se enfada Blackjack, convertir� a Dax en peque�as bolas de pelo y sangre.</p><p>Haviland Tuf pesta�e� y empuj� la palanca de direcci�n hacia Tolly Mune.</p><p>Quiz� ser� mejor que conduzca usted �extendi� la mano, cogi� a su irritado gato por la piel de�cuello y lo deposit�, bufando y gru�endo, sobre su regazo, encarg�ndose a partir de entonces de que no hiciera el menor movimiento�. Vaya en esa direcci�n �dijo extendiendo un largo y p�lido dedo.</p><p>�Al parecer �dijo Haviland Tuf, formando un puente con los dedos y medio hundido en un gigantesco sill�n�, las circunstancias han cambiado un tanto desde mi �ltima visita a S�uthlam.</p><p>Tolly Mune le hab�a examinado con gran atenci�n. Su est�mago era a�n m�s prominente que antes y su largo rostro segu�a tan desnudo de expresi�n como al principio, pero sin Dax en su regazo, Haviland Tuf parec�a casi desnudo. Tuf hab�a encerrado al gran gato negro en una cubierta inferior para mantenerle lejos de Blackjack. Dado que la vieja sembradora ten�a treinta kil�metros de largo y que en dicha cubierta hab�a tambi�n algunos de los dem�s gatos de Tuf, era dif�cil que a Dax le faltaran el espacio o la compa��a pero, de todos modos, deb�a encontrarse perplejo y algo inquieto. El gatazo psi�nico hab�a sido el constante e inseparable compa�ero de Tuf durante a�os y cuando era s�lo un cachorro hab�a ido a todas partes en sus grandes bolsillos. Tolly Mune sent�a cierta tristeza por todo ello.</p><p>Pero no demasiada. Dax hab�a sido la carta maestra de Tuf y ella hab�a logrado quit�rsela. Sonri� y pas� los dedos por entre el espeso pelaje gris plateado de Blackjack, desencadenando con ello otra ensordecedora explosi�n de ronroneos.</p><p>�Cuanto m�s cambian las cosas, m�s iguales siguen �dijo en respuesta al comentario de Tuf.</p><p>��se es uno de los muchos refranes venerables que se derrumban sometidos a un examen l�gico �dijo Tuf�, dado que enfrentados a �l se revelan como obviamente contradictorios por s� mismos. Si las cosas han cambiado realmente sobre S�uthlam, es obvio que no pueden haber seguido igual. En cuanto a m�, viniendo como vengo de una gran distancia, son los cambios lo que me resulta m�s notable. Empezando por esta guerra y por su ascenso al cargo que ahora ocupa, que me parece una promoci�n tan considerable como dif�cil de prever.</p><p>�Y adem�s es un trabajo condenadamente horrible �dijo Tolly Mune torciendo el gesto�. Si pudiera, volver�a en seguida al cargo de Maestre de Puerto.</p><p>�No estamos discutiendo ahora las satisfacciones que le proporciona su cargo �dijo Tuf, y a�adi�. Tambi�n debo recalcar que mi bienvenida a S�uthlam fue mucho menos cordial que la recibida en ocasi�n de mi visita anterior, lo cual me apena, y m�s teniendo en cuenta que por dos veces me he interpuesto entre S�uthlam y el hambre, la peste, el canibalismo, el derrumbe de su sociedad y otros acontecimientos tan desagradables como molestos. Lo que es m�s, incluso las razas m�s toscas y salvajes suelen observar cierta etiqueta rudimentaria hacia alguien que les traiga once millones de unidades, suma que recordar�, es el resto de mi deuda para con el Puerto de S�uthlam. Por lo tanto, ten�a abundantes razones para esperar una bienvenida de naturaleza muy diferente.</p><p>�Se equivocaba �dijo ella.</p><p>�Ciertamente �replic� Tuf. Y ahora, habi�ndome enterado de que ocupa usted el primer cargo pol�tico de S�uthlam, en lugar de una m�s bien indigna posici�n en una granja penal, me siento francamente m�s asombrado que nunca en cuanto a las razones por las que la Flota Defensiva Planetaria crey� necesario acogerme con amenazas tan feroces como pomposas, por no mencionar las agrias advertencias y las exclamaciones de hostilidad.</p><p>Tolly Mune le rasc� la oreja a Blackjack.</p><p>�Fueron �rdenes m�as, Tuf.</p><p>Tuf cruz� las manos sobre, el est�mago.</p><p>�Aguardo su explicaci�n.</p><p>�Cuanto m�s cambian las cosas� �empez� a decir ella.</p><p>Tuf la interrumpi�.</p><p>�Habiendo sido ya agredido con tal frase hecha, creo que ahora empiezo a encontrarme en condiciones de apreciar la peque�a iron�a que encierra, por lo cual no es necesario que me la repita una y otra vez, Primera Consejera Mune.</p><p>Si quiere ir a la esencia del asunto le quedar�a muy hondamente agradecido.</p><p>Ella suspir�.</p><p>�Ya conoce nuestra situaci�n.</p><p>�Ciertamente, la conozco en l�neas generales �admiti� Tuf�. S�uthlam sufre un exceso de humanidad y una escasez de alimentos. Por dos veces he realizado formidables haza�as de ingenier�a ecol�gica a fin de permitir que S�uthlam pudiera alejar el l�gubre espectro del hambre. Los detalles de su crisis alimenticia var�an de a�o en a�o, pero conf�o en que la esencia de la situaci�n siga siendo la que he descrito.</p><p>�Los �ltimos c�lculos son los peores de todos los realizados hasta hoy.</p><p>�Ya veo �dijo Tuf. Creo recordar que a S�uthlam le faltaban unos ciento nueve a�os para encontrarse con el hambre a escala planetaria y con el colapso de la sociedad, suponiendo que mis sugerencias y recomendaciones fueran puestas en pr�ctica.</p><p>Tolly Mune se crisp�.</p><p>�Lo intentaron, �maldita sea!, lo intentaron. Las bestias de carne, las vainas, los ororos, el chal de Neptuno todo est� en su sitio, pero el cambio obtenido fue s�lo parcial. Hab�a demasiada gente poderosa que no estaba dispuesta a renunciar a sus alimentos de lujo y, por lo tanto, sigue habiendo grandes extensiones de tierra cultivable, dedicada a mantener reba�os de animales, plantaciones enteras con neohierba, omnigrano y nanotrigo� ese tipo de cosas. Mientras tanto, la curva de la poblaci�n ha seguido subiendo m�s aprisa que nunca y la maldita Iglesia de la Vida en Evoluci�n predica la santidad de la vida y el papel dorado que tiene la reproducci�n en la evoluci�n de la humanidad hacia la trascendencia y la divinidad.</p><p>��Cu�les son los c�lculos actuales? �le pregunt� con cierta sequedad Tuf.</p><p>�Doce a�os �dijo Tolly Mune.</p><p>Tuf alz� un dedo.</p><p>�Para dramatizar un poco su situaci�n actual, creo que deber�a encargarle al comandante Wald Ober la tarea de ir contando el tiempo que les resta en las redes de v�deo. Tal demostraci�n podr�a poseer cierta austera urgencia, capaz de inspirar a los s�uthlameses, para que se enmendaran de una vez en sus costumbres.</p><p>Tolly Mune frunci� el ce�o.</p><p>�Tuf, ah�rreme sus chistes. Ahora soy Primera Consejera, �maldici�n!, y me encuentro contemplando el rostro feo y granujiento del desastre. La guerra y las restricciones alimenticias son s�lo parte de �l y no puede imaginarse los problemas que tengo.</p><p>�Quiz� no pueda imaginarios en detalle �dijo Tuf�, pero las l�neas generales me resultan f�ciles de discernir. No pretendo ser omnisciente, pero cualquier persona dotada de una inteligencia razonable puede observar ciertos hechos y hacer a partir de ellos ciertas deducciones. Quiz� las deducciones a que he llegado sean err�neas, y sin Dax no puedo estar seguro de ello, pero me siento inclinado a pensar que no es as�.</p><p>��Qu� condenados hechos? �Qu� deducciones?</p><p>�En primer lugar �dijo Tuf�, S�uthlam se encuentra en guerra con Vandeen y sus aliados. Ergo, puedo inferir que la facci�n tecnocr�tica, que en tiempos domin� la pol�tica s�uthlamesa, ha cedido al poder a sus rivales, los expansionistas.</p><p>�No del todo �dijo Tolly Mune�, pero la idea, en principio, es condenadamente acertada. Los expansionistas han ido ganando puestos en cada elecci�n desde que se fue, pero hemos logrado mantenerles fuera del poder mediante una serie de gobiernos de coalici�n. Los aliados dejaron bien claro, hace a�os, que un gobierno expansionista supondr�a la guerra. �Infiernos!, de momento no tenemos a�n a los expansionistas en el gobierno pero ya tenemos la condenada guerra �mene� la cabeza. En los �ltimos cinco a�os hemos tenido cinco Primeros Consejeros distintos. Yo soy la �ltima, pero probablemente vendr� alguien detr�s m�o.</p><p>�Sus �ltimos c�lculos parecen m�s bien sugerir que la guerra no ha tenido a�n efectos sobre la poblaci�n �dijo Tuf.</p><p>�No, gracias a la vida �dijo Tolly Mune�. Cuando la flota de guerra aliada lleg�, est�bamos preparados. Ten�amos nuevas naves y nuevos sistemas de armamento, todo construido en secreto. Cuando los aliados vieron lo que les aguardaba se retiraron sin hacer ni un disparo. Pero volver�n, �maldita sea!, s�lo es cuesti�n de tiempo. Y ya tenemos informes de que se preparan para un ataque en serio.</p><p>�Partiendo de su actitud general y de cierta desesperaci�n que se refleja en ella �dijo Tuf�, tambi�n podr�a deducir que las condiciones en la misma S�uthlam se est�n deteriorando con rapidez.</p><p>��C�mo diablos lo sabe?</p><p>�Es obvio �dijo Tuf�. Puede que sus c�lculos indiquen hambre de masas y el derrumbe para dentro de unos doce a�os, pero ello no quiere decir que la vida en S�uthlam vaya a permanecer agradable y tranquila hasta ese momento y que entonces vaya a o�rse un sonoro repique de campanas, durante el cual su mundo se haga pedazos. Tal idea es rid�cula. Dado que se encuentran muy cerca del punto crucial es l�gico y esperable que muchas de las calamidades, t�picas de una cultura en desintegraci�n sean ya presentes en su mundo.</p><p>�Las cosas est�n �Infiernos! �Por d�nde empiezo?</p><p>�Normalmente el principio es un buen lugar para hacerlo �dijo Tuf.</p><p>�Son mi gente, Tuf. El mundo que da vueltas ah� abajo es el m�o. Es un buen planeta, pero �ltimamente Si no estuviera mejor informada dir�a que la locura es contagiosa. El crimen ha subido un doscientos por cien desde su �ltima visita y los homicidios han subido un quinientos por cien, en tanto que el suicidio se ha multiplicado un dos mil por cien. Cada d�a fallan con mayor frecuencia los servicios b�sicos, hay apagones, fallos de sistemas, huelgas salvajes, vandalismo. Hemos tenido informes de canibalismo en lo m�s hondo de las ciudades subterr�neas. Y no casos aislados, sino realizados por malditas pandillas enteras. De hecho tenemos sociedades secretas de todo tipo. Un grupo se apoder� de una factor�a alimenticia, la mantuvo en su poder durante dos semanas y acab� librando una batalla campal con la polic�a. Hay otro grupo de chiflados que ha empezado a secuestrar mujeres embarazadas y� �Tolly Mune torci� el gesto y Blackjack lanz� un bufido�. Es dif�cil hablar de ello. Una mujer con un ni�o dentro es algo muy especial para nosotros, Tuf, pero esos me cuesta llamarles personas, Tuf. Estos monstruos han llegado al extremo de aficionarse al sabor de�</p><p>Haviland Tuf alz� la mano hacia ella.</p><p>�No diga m�s, ya lo he comprendido, Contin�e.</p><p>�Tambi�n tenemos montones de man�acos en solitario �dijo. Alguien dej� caer una sustancia altamente t�xica en los tanques de una factor�a alimenticia, hace dieciocho meses, y tuvimos m�s de doce mil muertos. La cultura de masas S�uthlam siempre ha sido tolerante, pero �ltimamente hay un infierno de cosas que tolerar, si es que me entiende. Tenemos una creciente obsesi�n hacia la muerte, la violencia y las mutilaciones. Hemos tenido varios episodios de resistencia masiva a nuestros intentos de remodelar el ecosistema siguiendo sus recomendaciones. Algunas bestias de carne fueron envenenadas, otras murieron en explosiones y se le ha prendido fuego a plantaciones enteras de vainas jersi. Bandas organizadas de buscadores de emociones se dedican a cazar a esos malditos jinetes del viento con arpones y planeadores especiales. No tiene sentido. El consenso religioso tenemos todo tipo de nuevos cultos raros. �Y la guerra! S�lo la vida puede saber cu�nta gente morir�, pero es tan popular como diablos, no lo s�. Creo que es m�s popular que el sexo.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. No me siento demasiado sorprendido. Doy por sentado que la cercan�a del desastre sigue siendo un secreto estrechamente guardado por el Consejo de S�uthlam, al igual que lo fue en el pasado.</p><p>�Por desgracia no �dijo Tolly Mune. Una de las consejeras de la minor�a decidi� que era incapaz de tener la boca cerrada, as� que llam� a los malditos fisgones y vomit� la noticia por todas las redes de v�deo. Quiz� quer�a ganar unos cuantos millones m�s de votos, creo yo. Pero funcion�. Adem�s, puso en marcha otro condenado esc�ndalo y oblig� a dimitir, una vez m�s, a otro Primer Consejero. Para aquel entonces ya no hab�a donde encontrar otra v�ctima propiciatoria salvo en lo alto y, �adivina a qui�n cogieron? A nuestra hero�na favorita del v�deo, a la bur�crata controvertida, a Mam� Ara�a, a m�. A �sa escogieron.</p><p>�Me hab�a resultado obvio que se refer�a a usted misma �dijo Tuf.</p><p>�Por aquel entonces ya nadie me odiaba demasiado. Ten�a una cierta reputaci�n de eficiencia, los restos de una imagen rom�ntica popular y resultaba m�nimamente aceptable para todas las grandes facciones del Consejo. De eso hace ya tres meses y de momento puedo decir que mi mandato ha sido un condenado infierno �su sonrisa parec�a algo forzada�. Tambi�n en Vandeen reciben nuestros noticiarios y, al mismo tiempo que ten�a lugar mi maldito ascenso, decidieron que S�uthlam era, y cito textualmente, una amenaza a la paz y a la estabilidad del sector. Fin de la cita. Luego reunieron a sus condenados aliados para decidir lo que deb�an hacer con nosotros. Acabaron d�ndonos un ultim�tum: o pon�amos en vigor, por la fuerza, el racionamiento inmediato y el control de nacimientos obligatorio o la alianza ocupar�a S�uthlam y lo har�a por nosotros.</p><p>�Una soluci�n viable, pero con muy poco tacto �coment� Tuf�. De ah� viene su guerra actual. Pero todo eso no explica la actitud con que se me ha recibido. Por dos veces he podido ayudar a su mundo y estoy seguro de que no pensar�n que voy a negarles mi asistencia profesional en una tercera ocasi�n.</p><p>�Yo pensaba que har�a cuanto pudiera �le se�al� con un dedo�. Pero siguiendo sus propios t�rminos, Tuf. Infiernos, nos ha ayudado, s�, pero siempre ha sido a su manera y todas sus soluciones han acabado resultando por desgracia poco duraderas.</p><p>�Le advert� repetidamente que todos mis esfuerzos eran s�lo meras dilaciones al problema b�sico �replic� Tuf.</p><p>�No hay calor�as en las advertencias, Tuf Lo siento pero no tenemos elecci�n. Esta vez no podemos permitirle que ponga un vendaje sobre nuestra hemorragia y que se marche. Cuando volviera para enterarse de qu� tal nos iban las cosas no encontrar�a ning�n condenado planeta al que volver. Necesitamos el Arca, Tuf, y la necesitamos de forma permanente. Estamos preparados para utilizarla. Hace diez a�os dijo que la biotecnolog�a y la ecolog�a no eran campos en los que fu�ramos muy expertos y entonces, ten�a raz�n. Pero los tiempos cambian. Somos uno de los mundos m�s avanzados de toda la civilizaci�n humana y durante una d�cada hemos estado consagrando casi todos nuestros esfuerzos educativos a la preparaci�n de ec�logos y bioespecialistas. Mis predecesores nos trajeron te�ricos de Avalon, Newholme y de una docena de mundos m�s. Eran gente muy brillante, algunos aut�nticos genios. Incluso logramos atraer unos cuantos brujos gen�ticos de Prometeo �acarici� a su gato y sonri�. Fueron de gran ayuda para crear a Blackjack.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf.</p><p>�Estamos listos para usar el Arca. No importa lo capaz que sea usted, Tuf, s�lo es un maldito hombre. Queremos tener su sembradora permanentemente en �rbita alrededor de S�uthlam, con una tripulaci�n continua de doscientos cient�ficos y expertos en gen�tica de lo mejorcito que poseemos, de modo que podamos tratar la crisis alimenticia d�a a d�a. Esta nave y su biblioteca celular, as� como todos los datos que hay perdidos en sus ordenadores, representan nuestra �ltima y mejor esperanza, estoy segura de que se da cuenta de ello. Cr�ame, Tuf, no le di �rdenes a Ober para que se apoderara de su nave, sin tomar antes en consideraci�n todas las malditas opciones que se me ocurrieron. Sab�a que jam�s querr� venderla, �maldici�n! �Qu� otra elecci�n tengo? No queremos enga�arle y yo personalmente habr�a insistido en que se le pagara un buen precio.</p><p>�Todo ello suponiendo que siguiera con vida despu�s del asalto �indic� Tuf. Lo que, en el mejor de los casos, me parece bastante dudoso.</p><p>�Ahora est� vivo y sigo dispuesta a comprarle esta maldita nave. Podr�a quedarse a bordo y trabajar con nuestra gente. Estoy preparada para ofrecerle un empleo vitalicio. Fije usted mismo su salario, lo que desee. �Quiere quedarse con esos once millones? Son suyos. �Quiere que le cambiemos el nombre al condenado planeta en su honor? D�galo y se har�.</p><p>�Se llamara Planeta S�uthlam o Planeta Tuf seguir�a estando igual de repleto �contest� Haviland Tuf�. Si me mostrara de acuerdo con esta oferta que me hace, es indudable que tienen ustedes la intenci�n de usar el Arca solamente para incrementar su productividad cal�rica y de ese modo poder alimentar a su gente.</p><p>�Por supuesto �dijo Tolly Mune.</p><p>El rostro de Tuf permanec�a inmutable y carente de toda expresi�n.</p><p>�Me complace saber que jam�s se le ha pasado por la cabeza, ni a usted, ni a ninguno de sus asociados del Consejo, que el Arca podr�a ser utilizada en su forma original, como instrumento de guerra biol�gica. Por desgracia yo he perdido tan refrescante inocencia, y me encuentro muy a menudo presa de visiones, tan c�nicas como poco caritativas, en las cuales el Arca es usada para desencadenar el caos ecol�gico sobre Vandeen, Skrytnir, Jazbe, y el resto de planetas de la alianza. Llego incluso a imaginar el genocidio que preparar�an en dichos mundos para la colonizaci�n en masa. Lo cual, creo recordar, es la pol�tica que propugna su siempre belicosa facci�n expansionista.</p><p>�Eso es ir demasiado lejos, �maldita sea! �le replic� secamente Tolly Mune, Tuf, la vida es sagrada para los s�uthlameses.</p><p>�Ciertamente. Sin embargo, dado que me encuentro irremisiblemente envenenado por el cinismo, no puedo evitar la sospecha de que los s�uthlameses acaben decidiendo que algunas vidas son m�s sagradas que otras.</p><p>�Tuf, usted me conoce �dijo ella con voz g�lida y tensa�. Nunca permitir�a algo as�.</p><p>�Y caso de que un plan semejante fuera puesto en marcha, pese a todas sus protestas, no me cabe ni la menor duda de que su carta de dimisi�n estar�a formulada en un lenguaje m�s bien cortante �dijo Tuf con voz �tona�. No me parece suficiente garant�a y siento el p�lpito s�, el p�lpito, de que los aliados pueden llegar a compartir mis sentimientos en cuanto a ese punto concreto del problema.</p><p>Tolly Mune acarici� a Blackjack bajo la barbilla. El gato empez� a gru�ir guturalmente. Lo dos observaban a Tuf.</p><p>�Tuf �dijo ella�, hay millones de vidas en juego, puede que miles de millones. Podr�a ense�arle cosas que le har�an erizar el cabello. Es decir, si es que tuviera alg�n condenado pelo, claro.</p><p>�Dado que no lo tengo, se trata de una obvia hip�rbole �dijo Tuf.</p><p>�Si consiente en ir en una lanzadera hasta la Casa de la Ara�a, podr�amos tomar los ascensores que llevan a la superficie de S�uthlam y�</p><p>�Creo que no lo har�. Me parecer�a un acto de lo m�s est�pido abandonar el Arca dej�ndola vac�a y sin defensas, en pleno clima de beligerancia y con la desconfianza que se ha apoderado ahora de toda S�uthlam. Lo que es m�s, aunque pueda tenerme por arbitrario y excesivamente remilgado, con el paso de los a�os he acabado perdiendo el grado de tolerancia que anta�o tuve hacia las multitudes, el vocer�o, las miradas groseras, las manos que no deseo tocar, la cerveza aguada y las porciones min�sculas de alimentos sin el menor sabor. Tal y como recuerdo, �sas eran las principales delicias que se pod�an hallar en S�uthlam.</p><p>�Tuf, no deseo amenazarle.</p><p>�Pero est� a punto de hacerlo.</p><p>�Me temo que no se le permitir� salir del sistema. No intente tomarme el pelo como se lo tom� a Ober. Todo eso de la bomba es un condenado invento y los dos lo sabemos.</p><p>�Me ha descubierto �dijo Tuf con rostro inexpresivo.</p><p>Blackjack le buf�.</p><p>Tolly Mune baj� la mirada hacia el gran gato, sobresaltada.</p><p>��Que no lo es? �dijo horrorizada �Oh! �Infiernos y maldici�n!</p><p>Tuf estaba manteniendo una silenciosa competici�n de miradas con el felino de pelo gris plateado. Ninguno de los dos pesta�eaba.</p><p>�No importa �dijo Tolly Mune. No puede moverse de aqu�. Res�gnese a ello. Nuestras nuevas naves pueden destruirle y lo har�n si intenta huir.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. Y, por mi parte, yo destruir� la biblioteca celular caso de que intenten abordar el Arca. Al parecer hemos llegado a una situaci�n de tablas, pero afortunadamente no es preciso que dure mucho tiempo. Mientras iba viajando de un lado a otro por la estrellada inmensidad del espacio, S�uthlam nunca ha estado demasiado lejos de mis pensamientos y, durante los periodos en los cuales carec�a de compromisos profesionales, he mantenido una met�dica serie de investigaciones para construir una soluci�n aut�ntica, justa y permanente de sus dificultades.</p><p>Blackjack se dej� caer nuevamente en el regazo de su due�a y empez� a ronronear.</p><p>��Lo ha conseguido? �dijo Tolly Mune con aire no muy convencido.</p><p>�Por dos veces S�uthlam ha venido a m� en busca de una salvaci�n milagrosa de las consecuencias de su propia locura reproductiva y de la rigidez de sus creencias religiosas �dijo Tuf�. Por dos veces se me ha llamado para que multiplicara los panes y los peces. Pero recientemente se me ocurri�, mientras estaba estudiando un libro que contiene casi todos los viejos mitos, de entre los cuales se ha sacado tal an�cdota, que se me estaba pidiendo un milagro equivocado. La simple multiplicaci�n es una r�plica poco adecuada a una continua progresi�n geom�trica y los panes y los peces, aunque sean muy abundantes y sabrosos, deben resultar en �ltima instancia insuficientes para sus necesidades.</p><p>��De qu� diablos est� hablando? �inquiri� Tolly Mune.</p><p>�Esta vez �dijo Tuf�, les ofrezco una respuesta duradera.</p><p>��Cu�l?</p><p>�Man� �dijo Tuf.</p><p>�Man� �dijo Tolly Mune.</p><p>�Un alimento realmente milagroso �dijo Haviland Tuf�, por cuyos detalles no debe preocuparse. Los revelar� todos, en el momento adecuado.</p><p>La Primera Consejera y su gato le contemplaron con suspicacia.</p><p>��El momento adecuado? �Y cuando ser� ese maldito momento?</p><p>Tuf �Cuando se haya hecho caso de mis condiciones �dijo.</p><p>��Qu� condiciones?</p><p>Primero �dijo Tuf�, teniendo en cuenta que no me atrae en lo m�s m�nimo la perspectiva de pasar el resto de mi vida en �rbita alrededor de S�uthlam, debe acordarse mi libertad para que pueda partir una vez completada mi labor aqu�.</p><p>�No puedo acceder a eso �dijo Tolly Mune�, y aunque lo hiciera el Consejo me echar�a del puesto en un maldito instante.</p><p>�Segundo �prosigui� Tuf�, la guerra debe terminar. Me temo que no ser� capaz de concentrarme adecuadamente en mi trabajo, cuando es muy probable que a mi alrededor estalle en cualquier momento una batalla espacial. Me distraen f�cilmente las espacionaves que explotan en pedazos, los dibujos formados por el fuego de los l�ser y los alaridos de los agonizantes. Lo que es m�s, no me parece muy �til esforzarme por convertir la ecolog�a de S�uthlam en un mecanismo nuevamente equilibrado y funcional cuando las flotas aliadas amenazan con soltar bombas de plasma encima de mi obra, deshaciendo de tal forma mis peque�os logros.</p><p>�Le pondr�a fin a esta guerra si pudiera �dijo Tolly Mune. Tuf, no es tan condenadamente f�cil. Me temo que me est� pidiendo un imposible.</p><p>�Si no se puede tratar de una paz permanente, al menos que sea una peque�a pausa en las hostilidades �dijo Tuf. Podr�a enviarle una embajada a las fuerzas aliadas y pedirles un armisticio temporal.</p><p>�Quiz� fuera posible �dijo Tolly Mune no muy segura. Pero, �por qu�? �Blackjack emiti� un maullido de inquietud. Est� tramando algo, �maldita sea!</p><p>�Su salvaci�n �admiti� Tuf. Le ruego me excuse si me entrometo en sus diligentes esfuerzos por animar a las mutaciones mediante la radiactividad.</p><p>��Nos estamos defendiendo! �No quer�amos la guerra!</p><p>�Estupendo. En tal caso, un leve retraso no les causar� ning�n inconveniente excesivo.</p><p>�Los aliados nunca estar�n de acuerdo y el Consejo tampoco.</p><p>�Lamentable �dijo Tuf�. Quiz� deber�amos darle a S�uthlam alg�n tiempo para meditar. Dentro de doce a�os puede que los supervivientes se muestren m�s flexibles en su actitud.</p><p>Tolly Mune extendi� la mano y rasc� a Blackjack detr�s de las orejas. Blackjack mir� fijamente a Tuf y un minuto despu�s emiti� un maullido extra�amente agudo. Cuando la Primera Consejera se puso bruscamente en pie, el inmenso gato gris plateado salt� melindrosamente de su regazo al suelo.</p><p>�Usted gana, Tuf �dijo. Ll�veme a un aparato de comunicaciones y arreglar� todo el maldito tinglado. Cada momento de retraso representa m�s muertes �hablaba con voz dura pero, en su interior, por primera vez en meses, Tolly Mune sinti� que algo de esperanza se hab�a mezclado a su inquietud. Quiz� pudiera poner fin a la guerra y solucionar la crisis. Quiz�s hubiera realmente una oportunidad, pero no permiti� que en su voz se filtrara ni una pizca de sus sentimientos. Extendi� un dedo hacia Tuf y dijo�. Pero no crea que voy a consentir ninguna broma de las suyas.</p><p>��Ay! �dijo Haviland Tuf�, el humor nunca ha sido mi gran virtud.</p><p>�Recuerde que tengo a Blackjack. Dax est� demasiado asustado como para servirle de algo y apenas empiece a pensar en traicionarnos, Jack me avisar�.</p><p>�Mis buenas intenciones siempre son recibidas con sospecha.</p><p>�Tuf, a partir de ahora Blackjack y yo vamos a ser sus condenadas sombras. No pienso irme de esta nave hasta que todo se haya solucionado y estar� observando con mucho cuidado todo lo que haga.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf.</p><p>�Intente no olvidarlo �dijo Tolly Mune�. Ahora soy la Primera Consejera. No tiene delante a Josen Rael ni a Cregor Blaxon, sino a m�. Cuando era Maestre de Puerto les gustaba llamarme la Viuda de Acero. Puede pasar una o dos horas meditando en c�mo llegu� a conseguir ese maldito nombre.</p><p>�Lo har�, no lo dude �dijo Tuf poni�ndose en pie �Le gustar�a recordarme alguna otra cosa, se�ora?</p><p>�S�lo una �dijo ella�, una escena de Tuf y Mune.</p><p>�He luchado con suma diligencia para expulsar esa ficci�n de mi recuerdo �dijo Tuf�. �Cu�l de sus detalles piensa obligarme a recordar?</p><p>�La escena en que la gata hace pedazos al centinela con sus garras �dijo Tolly Mune con una leve sonrisa llena de dulzura. Blackjack se frot� en su rodilla y luego alz� sus enigm�ticos ojos hacia Tuf, con su inmenso cuerpo estremecido por un sordo ronroneo.</p><empty-line/><p>Hicieron falta casi diez d�as para lograr el armisticio y otros tres para que los embajadores de los aliados llegaran a S�uthlam. Tolly Mune pas� ese tiempo recorriendo el Arca, dos pasos recelosamente detr�s de Tuf, pregunt�ndole por las razones de todos sus actos, mirando por encima de su hombro cuando trabajaba en su consola, acompa��ndole durante las rondas a sus tanques de clonaci�n y ayud�ndole a dar de comer a sus gatos (as� como a mantener apartado de Blackjack a un Dax cada vez m�s hostil). Tuf no intent� nada que le pareciera abiertamente sospechoso.</p><p>Cada d�a ten�a docenas de llamadas. Instal� una oficina en la sala de comunicaciones, para no estar nunca muy lejos de Tuf, y se encarg� de resolver los problemas que no pod�an esperar a su vuelta.</p><p>Cada d�a llegaban cientos de llamadas para Haviland Tuf y �ste le dio instrucciones a su ordenador para que las rechazara todas.</p><p>Cuando, por fin, lleg� el d�a, los enviados emergieron de sus amplias y lujosas lanzaderas diplom�ticas para contemplar la inmensa y cavernosa cubierta de aterrizaje del Arca y su flota de espacionaves en ruinas. Compon�an un grupo tan diverso como abigarrado. La mujer de Jazbo ten�a una cabellera. negro azulada que le llegaba hasta la cintura y que reluc�a por haber sido untada con aceites arom�ticos, sus mejillas estaban cubiertas por una intrincada serie de cicatrices indicativas de su rango. Skrymir hab�a enviado un hombre corpulento, con el rostro m�s bien cuadrado y rojizo, cuyo cabello ten�a el color del hielo. Sus ojos eran de un azul cristalino que armonizaba con el de su traje de placas met�licas. El enviado del Triuno Azur avanzaba por entre un borroso torbellino de proyecciones hologr�ficas y su casi indistinguible silueta no dejaba de cambiar mientras hablaba en un murmullo casi inaudible. El embajador ciborg de Roggandor era tan ancho como alto y estaba hecho con partes iguales de plastiacero, aleaciones inoxidables y carne de un rojo oscuro cubierta de pecas. Una mujer delgada y de aire delicado, ataviada con sedas transparentes de color pastel, representaba al Mundo de Henry. Ten�a el cuerpo asexuado de una adolescente y ojos escarlata que no parec�an tener edad. El grupo era dirigido por un hombret�n opulentamente vestido que proced�a de Vandeen. Su piel, arrugada por la edad, ten�a el color del cobre y su larga cabellera, anudada en multitud de trencillas, le cubr�a los hombros y parte de la espalda.</p><p>Haviland Tuf conduciendo un veh�culo articulado que cruz� la cubierta como una serpiente sobre ruedas, se detuvo justo ante los embajadores. El hombre de Vandeen dio un paso hacia adelante, sonri� ampliamente, alz� la mano y se pellizc� con entusiasta vigor la mejilla en tanto hac�a una reverencia.</p><p>�Le ofrecer�a mi mano, pero recuerdo su opini�n acerca de tal costumbre �dijo�. �Se acuerda de m�, mosca?</p><p>Haviland Tuf pesta�e�.</p><p>�Tengo el vago recuerdo de haberle encontrado en el tren que lleva a la superficie de S�uthlam, hace unos diez a�os �dijo.</p><p>�Ratch Norren �dijo el hombre. No soy lo que podr�a llamarse un diplom�tico de carrera, pero los Coordinadores creyeron mejor enviar alguien ya conocido por usted y que conociera tambi�n a los sutis.</p><p>�Norren, ese t�rmino es ofensivo �dijo Tolly Mune secamente.</p><p>�Igual que ustedes �replic� Ratch Norren.</p><p>�Y peligrosos �murmur� el enviado del Triuno Azur, desde el centro de su neblina hologr�fica.</p><p>�Aqu� los �nicos malditos agresores son ustedes� �empez� a decir Tolly Mune.</p><p>�Agresi�n defensiva �retumb� el ciborg de Roggandor.</p><p>�Recordamos la �ltima guerra �dijo el jazbo�ta�, y esta vez nos negamos a esperar hasta que sus malditos expansionistas estallen de nuevo, para intentar colonizar nuestros mundos.</p><p>�No tenemos ese tipo de planes �dijo Tolly Mune.</p><p>�Usted no los tiene, hilandera �dijo Ratch Norren�, pero m�reme con fijeza a los �pticos y d�game que sus expansionistas no mojan la cama, cada noche, so�ando con reproducirse por todo Vandeen.</p><p>�Y Skrymir.</p><p>�Roggandor no quiere que le toque parte alguna de sus basuras humanas.</p><p>�Nunca conseguir�n apoderarse del Triuno Azur.</p><p>��Qui�n infiernos querr�a el Triuno Azur para nada? �replic� secamente Tolly Mune. Blackjack ronrone� aprobatoriamente.</p><p>�Este primer vistazo a los mecanismos internos de la alta diplomacia interestelar ha sido muy ilustrativo �anunci� Haviland Tuf�. Sin embargo, tengo la impresi�n de que nos aguardan asuntos m�s apremiantes. Si los enviados tuvieran la bondad de subir a mi veh�culo, podr�amos dirigirnos sin m�s dilaci�n al lugar donde conferenciaremos.</p><p>Todav�a murmurando entre dientes, los embajadores aliados hicieron tal y como les hab�a pedido Tuf Una vez lleno el veh�culo, cruz� nuevamente la cubierta de aterrizaje serpenteando por entre la mir�ada de naves abandonadas. Una escotilla redonda, y tan oscura como la boca de un t�nel o como las fauces de una bestia insaciable, se abri� ante ellos para engullirles. Una vez la hubieron cruzado, el veh�culo se detuvo y la escotilla se cerr� detr�s de ellos, sumergiendo al grupo en la m�s absoluta oscuridad. Tuf no hizo caso alguno de los susurros de queja. A su alrededor se oy� un chirrido met�lico y el suelo empez� a bajar, Cuando hubieron bajado dos niveles se abri� otra puerta. Tuf conect� los faros del veh�culo y dirigi� �ste hacia un pasillo negro como la pez.</p><p>Atravesaron un laberinto de corredores sumidos en una g�lida penumbra, pasaron ante una incontable sucesi�n de puertas cerradas y Finalmente acabaron siguiendo una tenue cinta de color �ndigo que parpadeaba ante ellos, como un fantasma empotrado en el suelo cubierto de polvo. La �nica iluminaci�n era la que daban los faros del veh�culo y el d�bil brillo del panel de instrumentos que Tuf ten�a delante. Al principio los enviados hablaron entre ellos, pero las negras profundidades del Arca eran tan opresivas como claustrof�bicas y, uno a uno, los miembros de la delegaci�n fueron qued�ndose callados. Blackjack empez� a clavar r�tmicamente las garras en los pantalones de Tolly Mune.</p><p>Tras haber rodado un largo rato a trav�s del polvo, la oscuridad y el silencio, el veh�culo se encontr� ante un inmenso par de puertas que se abrieron con un silbido amenazador y se cerraron con un pesado golpe detr�s suyo. En el interior, la atm�sfera era m�s bien c�lida y estaba cargada de humedad. Haviland Tuf desconect� el motor y apag� las luces. Una tiniebla impenetrable les envolvi�.</p><p>��D�nde estamos? �inquiri� Tolly Mune. Su voz rebot� en un techo lejano aunque el eco pareci� curiosamente ahogado. Aunque negra como un pozo, era obvio que la estancia ten�a unas dimensiones muy grandes. Blackjack lanz� un bufido de inquietud, husme� el aire y luego emiti� un sordo maullido de preocupaci�n.</p><p>Tolly Mune oy� pisadas y, entonces, una luz no muy potente se encendi� a dos metros de distancia. Era Tuf, inclinado sobre una consola de instrumentos mientras observaba un monitor. Oprimi� una tecla de un tablero luminoso y se volvi� hac�a ellos. Un asiento flotante emergi�, con un leve zumbido, de la c�lida oscuridad. Tuf subi� a �l, como un rey ascendiendo a su trono, y manipul� el control que hab�a en uno de los brazos. El asiento empez� a relucir con una d�bil fosforescencia violeta.</p><p>�Tengan la amabilidad de seguirme �dijo Tuf El asiento flotante gir� en redondo y empez� a moverse.</p><p>��Infiernos y maldici�n! �murmur� Tolly Mune. Abandon� a toda prisa el veh�culo, con Blackjack en brazos, y parti� en pos del ya lejano trono de Tuf Los embajadores aliados la siguieron en masa, gimiendo y quej�ndose amargamente a cada paso que daban. Detr�s de ella resonaban las fuertes pisadas del ciborg. El asiento de Tuf se hab�a convertido en un puntito luminoso perdido en el mar de tinieblas que les rodeaba. Tolly Mune ech� a correr y tropez� con algo.</p><p>El repentino maullido la hizo retroceder tropezando con el pecho acorazado del ciborg. Confundida, Tolly Mune se arrodill�, extendiendo una mano e intentando sostener a Blackjack con su otro brazo. Sus dedos rozaron un pelaje suave. El gato se frot� entusi�sticamente contra sus dedos, ronroneando de placer. Apenas si pod�a verle, pero le pareci� que era peque�o, casi un cachorro. El gato rod� sobre si mismo, para permitirle que le rascara la barriga, y el jazbo�ta estuvo a punto de caer, al tropezar con ella. De pronto, Blackjack salt� al suelo y empez� a husmear al reci�n llegado, que le devolvi� el cumplido durante unos instantes para girar luego en redondo y desaparecer de un salto en las tinieblas. Blackjack vacil� durante unos segundos y luego, con un potente maullido, parti� en su busca.</p><p>��Maldito seas! �grit� Tolly Mune. Jack, maldici�n, no alejes tu condenado culo de m�! �su voz levant� una tempestad de ecos, pero el gato no volv���. El resto del grupo estaba cada vez m�s lejos. Tolly Mune lanz� una ristra de blasfemias y apret� el paso para alcanzarles.</p><p>Ante ella apareci� una isla de luz y cuando lleg� all�, se encontr� a los dem�s instalados en una hilera de asientos junto a una larga mesa met�lica. Haviland Tuf, en su trono flotante, se hallaba al otro lado de la mesa, con el rostro inmutable y las manos cruzadas sobre el est�mago.</p><p>Dax iba y ven�a por encima de sus hombros, ronroneando.</p><p>Tolly Mune se detuvo unos instantes para contemplarle fijamente y lanz� una maldici�n.</p><p>��V�yase al infierno! �le dijo a Tuf y luego gir� en redondo �Blackjack! �chill� con toda la potencia de que eran capaces sus pulmones. Los ecos parec�an extra�amente ahogados, como si la atm�sfera del lugar fuera m�s espesa de lo norma �Jack! �no obtuvo respuesta alguna.</p><p>�Espero que no hayamos recorrido toda esta distancia s�lo para contemplar c�mo la Primera Consejera de S�uthlam practica llamando a su animal �dijo el enviado de Skrymir.</p><p>�No, ciertamente �dijo Tuf�. Primera Consejera Mune, si tiene la amabilidad de ocupar su asiento, empezaremos de inmediato.</p><p>Ella frunci� el ce�o y se dej� caer en el �nico asiento que a�n estaba sin ocupar.</p><p>��D�nde diablos est� Blackjack?</p><p>�No me arriesgar�a a emitir ninguna teor�a al respecto �dijo Tuf con voz �tona. Despu�s de todo, es su gato.</p><p>�Sali� corriendo, detr�s de uno de los suyos �le replic� secamente Tolly Mune.</p><p>�Ya veo �dijo Tuf�. Muy interesante. Lo cierto es que, en estos momentos, una de mis hembras acaba de entrar en celo y puede que ello explique sus acciones. No tengo la menor duda de que se encuentra perfectamente a salvo, Primera Consejera.</p><p>��Quiero tenerle aqu�, durante esta maldita conferencia! �grit� ella.</p><p>��Ay! �dijo Tuf�, el Arca es una nave muy grande y es posible que se encuentren divirti�ndose en mil lugares distintos y, en cualquier caso, interferir en sus relaciones sexuales ser�a incuestionablemente un acto contrario a la vida, seg�n lai costumbres de S�uthlam. Me costar�a mucho decidirme a cometer tal violencia en contra de sus h�bitos culturales, m�s a�n cuando me ha recalcado usted misma, con insistencia, que el tiempo es vital, dado que se hallan en juego muchas vidas humanas. Por lo tanto, creo que lo mejor ser� empezar.</p><p>Tuf movi� la mano a un lado, para tocar un control, y una parte de la gran mesa empez� a hundirse hasta desaparecer. Un instante despu�s de su interior surgi� una planta, casi ante las narices de Tolly Mune.</p><p>�Contemplen el man� �dijo Tuf.</p><p>En la base de la planta hab�a una especie de amasijo de fibras verdosas que tendr�an casi un metro de alto y que parec�an un nudo gordiano s�bitamente dotado de vida. Los zarcillos no dejaban de moverse, a un lado y a otro, como si intentaran salir del recipiente que los conten�a. A lo largo de las fibras hab�a peque�os grupos de hojas tan peque�as como u�as humanas y en cuya p�lida superficie verdosa se distingu�a una delicada red de venas negras. Tolly Mune extendi� la mano y toc� cautelosamente la hoja m�s cercana, descubriendo que en su parte inferior hab�a una fina capa de polvo, que se desprendi� ante el roce, cubri�ndole las puntas de los dedos. Entre los grupos de hojas hab�a una especie de gruesas vainas blancas, que iban haci�ndose m�s grandes y cobraban un aspecto semejante al de heridas infectadas a medida que ascend�an por el tallo central. Tolly Mune vio una, medio escondida por un dosel de hojas, que era tan grande como la mano de un hombre.</p><p>�Una planta m�s bien repugnante �declar� Ratch Norren.</p><p>�No logro entender la necesidad de que haya sido preciso el armisticio y un viaje tan prolongado s�lo para contemplar una especie de monstruo de invernadero a medio pudrir �dijo el hombre de Skrymir.</p><p>�El Triuno Azur se est� impacientando �murmur� su enviado.</p><p>�Debe existir alg�n maldito motivo en toda esta locura �le dijo Tolly Mune a Tuf�, as� que, adelante. Man�, seg�n nos ha dicho. �De qu� se trata?</p><p>�Dar� de comer a los s�uthlameses �dijo Tuf Dax ronroneaba.</p><p>��Durante cu�ntos d�as? �pregunt� la mujer del Mundo de Henry, con una voz muy suave y empapada de sarcasmo.</p><p>�Primera Consejera, si tiene la bondad de arrancar una de esas vainas descubrir� que su sabor es tan suculento como nutritiva es la sustancia �dijo Tuf.</p><p>Tolly Mune mir� a su alrededor con el ce�o fruncido. Luego rode� con los dedos la vaina de mayor tama�o que pudo encontrar. Su tacto era suave y pulposo. Dio un tir�n y arranc� f�cilmente la vaina de un tallo. La abri� con cierta cautela y descubri� que ten�a la consistencia interior del pan reci�n hecho. En el centro de la vaina hab�a una especie de saco que conten�a un l�quido oscuro y viscoso que flu�a con una seductora lentitud. Sinti� de pronto un maravilloso aroma y la boca se le hizo agua. Vacil� durante unos segundos, pero el olor era demasiado bueno. Le dio un mordisco, mastic� y trag�, dando luego otro mordisco y luego otro m�s. Cuatro bocados bastaron para acabar con la vaina y Tolly Mune se encontr� lami�ndose los dedos.</p><p>�Pan de leche y miel �dijo ella. Algo espeso, pero muy bueno.</p><p>�El sabor no puede llegar a cansar nunca �anunci� Tuf�. Las secreciones generadas dentro de cada vaina son levemente narc�ticas. Cada esp�cimen de la planta man� produce su propia clase, y sus sabores, tan variados como sutiles, son un factor fruto de la composici�n qu�mica del suelo, en el cual ha enraizado la planta y de su propia herencia gen�tica. La gama de sabores es muy amplia y puede hacerse a�n m�s amplia cruzando las plantas entre s�.</p><p>�Espere un momento �dijo Ratch Norren. Se pellizc� la mejilla y frunci� el ce�o. As� que esta maldita fruta de pan y miel sabe muy bien ya, claro, claro. �Y qu�? Entonces los sutis tendr�n algo sabroso con que abrir el apetito, despu�s de haber fabricado unos cuantos peque�os sutis m�s. Ser� estupendo para hacerles olvidar el aburrimiento de conquistar Vandeen y llenarlo con su gente. Lo siento, amigos, pero Ratch no tiene por el momento demasiadas ganas de aplaudir.</p><p>Tolly Mune torci� el gesto.</p><p>�No es muy educado �dijo�, pero tiene raz�n. Ya nos ha dado antes plantas milagrosas, Tuf �Se acuerda del omnigrano? El chal de Neptuno, las vainas jersi. �Qu� diferencia va a suponer el man�?</p><p>�Supondr� una gran diferencia en varios aspectos �dijo Tuf�. Para empezar, mis esfuerzos anteriores iban dirigidos a incrementar la eficiencia de su ecolog�a, aumentando la producci�n cal�rica de las limitadas �reas de S�uthlam, dedicadas a la agricultura. Es decir, a obtener m�s de menos. Por desgracia, no hab�a tomado en consideraci�n la innata perversidad de la especie humana y tal como usted misma me ha dicho, la cadena alimenticia en S�uthlam se encuentra muy lejos de haber alcanzado una eficiencia m�xima. Aunque poseen las bestias de carne para obtener prote�nas, insisten en mantener y alimentar reba�os de animales que son un desperdicio, sencillamente porque algunos de sus carn�voros m�s acomodados prefieren el sabor de tal carne al de una tajada de las bestias. De modo similar, contin�an cultivando el omnigrano y el nanotrigo, obedeciendo a razones de sabor y variedad culinaria, en tanto que las vainas jersi les dar�an m�s calor�as por metro cuadrado. Para expresarlo de forma breve y sucinta, los s�uthlameses siguen insistiendo en preferir el hedonismo a la racionalidad. Que as� sea. Las propiedades adictivas y el sabor del man� son �nicos. Una vez que los s�uthlameses lo hayan probado, no encontrar�n la menor resistencia por razones de paladar.</p><p>�Quiz� �dijo Tolly Mune no muy convencida�, pero a�n as�.</p><p>�En segundo lugar �prosigui� Tuf�, el man� crece muy aprisa. Las dificultades extremas piden soluciones extremas y el man� representa tal soluci�n. Se trata de un h�brido artificial, una especie de complicado encaje, tejido con hebras del DNA, obtenidas en una docena de mundos y entre sus antepasados naturales se incluyen el arbusto de pan de Hafeer, la hierba nocturna de Nostos, los sacos de az�car de Gulliver y una variedad, muy especialmente manipulada, del kudzu procedente de la mism�sima Vieja Tierra. Descubrir�n que es resistente y que se extiende con suma rapidez, que le hace falta muy poco cuidado y que es capaz de transformar un ecosistema con sorprendente rapidez.</p><p>��Muy sorprendente? �le pregunt� con sequedad Tolly Mune.</p><p>Tuf movi� levemente el dedo oprimiendo una tecla que brillaba en el brazo de su asiento. Dax ronrone�.</p><p>Las luces se encendieron de repente.</p><p>Tolly Mune pesta�e� deslumbrada por la s�bita claridad. Estaban sentados en el centro de una inmensa sala circular que tendr�a como medio kil�metro de un extremo a otro. Su techo, en forma de c�pula, se curvaba por encima de sus cabezas a unos cien metros de distancia. De la pared que hab�a a espaldas de Tuf, emergieron una docena de grandes ecosferas hechas de plastiacero, cada una de las cuales estaba abierta por la parte superior y llena de tierra. Conten�an doce tipos distintos de suelo, cada uno de los cuales representaba un h�bitat distinto: arena blanca que parec�a polvo, espesa arcilla roja, gravilla de un azul cristalino, fango verde gris�ceo de un pantano, suelo de tundra pr�cticamente helado, tierra f�rtil cubierta de mantillo negro, de cada ecosfera brotaba una planta de man�.</p><p>Y �sta crec�a.</p><p>Y crec�a.</p><p>Y crec�a.</p><p>Las plantas del centro tendr�an unos cinco metros de alto y sus zarcillos exploratorios hab�an rebasado ya hac�a tiempo el borde de sus h�bitats. Las fibras vegetales se alargaban hacia el suelo y estaban a medio metro de Tuf, entrelaz�ndose y creciendo constantemente. Tres cuartas partes de los muros se hab�an cubierto con zarcillos de man� y �stos se aferraban precariamente al pulido techo de plastiacero, medio escondiendo los paneles luminosos de tal modo que la luz que llegaba al suelo parec�a filtrarse por entre una intrincada madeja de sombras selv�ticas. Hasta la luz parec�a haberse vuelto algo verdosa. Los frutos del man� crec�an por todas partes. De los zarcillos del techo colgaban vainas blancas tan grandes como cabezas humanas, abri�ndose paso a trav�s de las fibras en continuo progreso. Mientras las contemplaban, una de las vainas cay� al suelo con un sonido suave y viscoso. Ahora comprend�a la raz�n de que en la estancia, el eco sonara tan curiosamente ahogado.</p><p>�Estos espec�menes en particular �anunci� Haviland Tuf con voz impasible�, nacieron hace unos catorce d�as, de las esporas que us� un poco antes de mi primer encuentro con la estimada Primera Consejera. S�lo hizo falta una espora por h�bitat y durante todo ese tiempo no he tenido necesidad de regar, ni de abonar las plantas. De haberlo hecho, no ser�an tan peque�as y d�biles, como estos pobres ejemplos que ahora tienen delante.</p><empty-line/><p>Tolly Mune se puso en pie. Hab�a vivido durante muchos a�os en gravedad cero, por lo que incorporarse en un ambiente de gravedad normal le supon�a un cierto esfuerzo, pero ahora sent�a una opresi�n en el pecho y un extra�o mal sabor de boca, que le indicaban muy claramente la necesidad de aprovechar cualquier ventaja psicol�gica, incluso una tan min�scula y obvia como la de estar en pie mientras que los dem�s se encontraban sentados. Tuf la hab�a dejado sin aliento con su man� sacado de la manga, la superaban en n�mero y Blackjack se encontraba en alg�n lugar lejano, en tanto que Dax estaba sentado junto a la oreja de Tuf, ronroneando complacido y contempl�ndola con sus enormes ojos dorados que eran capaces de poner al descubierto cualquiera de sus malditos trucos.</p><p>�Muy impresionante �dijo.</p><p>�Me alegra que se lo haya parecido �dijo Tuf acariciando a Dax.</p><p>��Qu� est� proponiendo exactamente?</p><p>��sta es mi proposici�n: empezaremos inmediatamente la siembra de S�uthlam con man�. La entrega puede realizarse usando las lanzaderas del Arca. Me he tomado la libertad de llenar sus bodegas de carga con c�psulas de aire comprimido, cada una de las cuales contiene esporas de man�. Si se las libera en la atm�sfera, siguiendo una pauta predeterminada que ya he calculado, las esporas ser�n trasladadas por el viento y se distribuir�n por todo S�uthlam. El crecimiento empezar� de inmediato y los s�uthlameses no deber�n realizar ning�n esfuerzo subsiguiente, como no sea el de recoger las vainas y com�rselas �su rostro impasible se apart� de Tolly Mune para volverse hacia los enviados de los dem�s planetas. Caballeros �dijo�, sospecho que en el momento actual se est�n preguntando cu�l es la parte que les corresponde jugar en todo esto.</p><p>Ratch Norren se pellizc� la mejilla y habl� en nombre de todos.</p><p>�Correcto �dijo con voz algo inquieta�, y con eso volvemos a lo que he dicho antes. Esta planta dar� de comer a todos los sutis, pero eso a nosotros no nos importa en lo m�s m�nimo.</p><p>�Habr�a cre�do que las consecuencias ser�an obvias para todos ustedes �dijo Tuf. S�uthlam representa una amenaza a sus planetas, solamente porque su poblaci�n se encuentra perpetuamente a un paso de acabar con el suministro alimenticio de S�uthlam. Ello convierte su planeta, que por lo dem�s es pac�fico y civilizado, en una sociedad inestable por naturaleza. En tanto que los tecn�cratas se han mantenido en el poder y han logrado conservar la ecuaci�n en un equilibrio m�s o menos aproximado, S�uthlam ha sido un vecino �til y dispuesto a cooperar. Pero ese equilibrio, por mucho virtuosismo que se le aplique, acabar� haci�ndose pedazos y, con ese fracaso, es inevitable que los expansionistas tomen el poder y los s�uthlameses se conviertan en peligrosos agresores.</p><p>��Yo no soy una maldita expansionista! �dijo Tolly Mune con voz irritada.</p><p>�No pretend�a afirmar tal cosa �dijo Tuf�, y pese a sus obvias calificaciones para ello, la actual Primera Consejera tampoco mantiene una actitud totalmente pr�vida. La guerra est� ya muy cerca, por mucho que vaya a ser una guerra defensiva. Cuando pierda el poder y sea reemplazada por un expansionista, el conflicto se convertir� en una guerra de agresi�n. Con las circunstancias que los s�uthlameses han conseguido crear en su planeta, la guerra es algo tan seguro e ineludible como el hambre. Y no hay ning�n l�der, por competente y bien intencionado que sea, capaz de evitarla mediante su esfuerzo individual.</p><p>�Exactamente �dijo la joven procedente del Mundo de Henry, articulando cuidadosamente la palabra. En sus ojos ard�a un brillo de astucia que no encajaba demasiado bien con su cuerpo de adolescente. Y si la guerra es inevitable, entonces bien podemos librarla ahora, resolviendo el problema de una vez y para siempre.</p><p>�El Triuno Azur debe mostrar su acuerdo en ello �dijo en un susurro su enviado.</p><p>�Cierto �dijo Tuf�, siempre que demos por sentada su premisa inicial de que la guerra es inevitable.</p><p>�Acaba de afirmar usted mismo que los expansionistas empezar�an la guerra con toda seguridad, Tuf �se quej� Ratch Norren.</p><p>Tuf acarici� a su enorme gato negro con una p�lida manaza.</p><p>�Incorrecto, se�or m�o. Mis afirmaciones en cuanto a lo inevitable de la guerra y el hambre se basaban en el derrumbe final del inestable equilibrio mantenido entre la poblaci�n de S�uthlam y sus recursos alimenticios. Si esa fr�gil ecuaci�n pudiera ser reforzada, S�uthlam no representar�a ning�n tipo de amenaza a los dem�s planetas del sector. Bajo esas condiciones la guerra ser�a tanto innecesaria como moralmente reprobable, pienso yo.</p><p>��Y nos dice que esa sucia hierba de usted, puede conseguir todo eso? �replic� despectivamente la mujer de Jazbo.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf.</p><p>El embajador de Skrymir mene� la cabeza.</p><p>�No. Es un esfuerzo muy valioso, Tuf, y respeto su dedicaci�n al trabajo ecol�gico, pero no lo creo as�. Hablo en nombre de los aliados si le digo que no podemos confiar en otro avance tecnol�gico. S�uthlam ya ha pasado por unos cuantos florecimientos y revoluciones ecol�gicas con anterioridad, pero al final nada ha cambiado. Debemos terminar con el problema de una vez para siempre.</p><p>�Muy lejos de m� la intenci�n de ponerle trabas a su locura suicida �dijo Tuf, rascando a Dax detr�s de una oreja.</p><p>��Locura suicida? �dijo Ratch Norren�. �A qu� se refiere?</p><p>Tolly Mune, que lo hab�a estado escuchando todo atentamente, se volvi� hacia los aliados.</p><p>�Eso quiere decir que perder�an, Norren �afirm�.</p><p>Los enviados emitieron una amplia gama de sonidos que iban desde la risita cort�s de la mujer del Mundo de Henry hasta la clara carcajada del jazbo�ta, pasando por el rugido ensordecedor del ciborg.</p><p>�La arrogancia de los s�uthlameses jam�s dejar� de sorprenderme �dijo el hombre de Skrymir. No deje que la enga�e esta situaci�n de tablas temporales, Primera Consejera. Somos seis mundos unidos firmemente e, incluso con su nueva flota, les superamos en n�mero y en poder de fuego. Ya recordar� que les derrotamos una vez con anterioridad y volveremos a hacerlo.</p><p>�No lo har�n �dijo Haviland Tuf.</p><p>Los enviados se volvieron como una sola persona hacia �l.</p><p>�En los �ltimos d�as me he tomado la libertad de hacer una peque�a investigaci�n y ciertos hechos han llegado a resultarme obvios. En primer lugar, la �ltima guerra local tuvo lugar hace siglos. S�uthlam sufri� una derrota innegable, pero los aliados a�n se est�n recobrando de su victoria. Sin embargo, S�uthlam, con su mayor base de poblaci�n y su tecnolog�a m�s voraz, ha dejado atr�s ya hace mucho tiempo los efectos de la contienda. Durante ese lapso de tiempo la ciencia de S�uthlam ha crecido tan r�pidamente como el man�, si se me permite utilizar met�fora tan pintoresca, y los mundos de la alianza deben los peque�os avances de que pueden presumir al conocimiento y las t�cnicas importadas de S�uthlam. Es innegable que las flotas combinadas de los aliados son significativamente m�s numerosas que la Flota Defensiva Planetaria de S�uthlam, pero la mayor parte de su armada est� muy anticuada en comparaci�n a la sofisticada tecnolog�a y armamento que han sido incorporados a las nuevas espacionaves s�uthlamesas. Lo que es m�s, me parece un error de c�lculo muy grosero decir que los aliados superan realmente a S�uthlam en cualquier sentido num�rico. Es cierto que son seis mundos contra uno, pero las poblaciones combinadas de Vandeen, el Mundo de Henry, Jazbo, Roggandor, Skrymir y el Triuno Azur no llegan a los cuatro mil millones de personas. Apenas una d�cima parte de la poblaci�n existente en S�uthlam.</p><p>��Una d�cima parte? �grazn� el jazbo�ta�. Es un error, �verdad? Debe serlo.</p><p>�El Triuno Azur hab�a entendido que su poblaci�n era apenas unas seis veces la nuestra.</p><p>�Dos terceras partes de esa poblaci�n son mujeres y criaturas �se�al� r�pidamente el enviado de Skrymir.</p><p>�Nuestras mujeres tambi�n luchan �le replic� secamente Tolly Mune.</p><p>�Cuando encuentran un momento entre parto y, parto �coment� Ratch Norren�. Tuf, no pueden tener diez veces nuestra poblaci�n. Estoy de acuerdo en que son much�simos, cierto, pero seg�n nuestros mejores c�lculos�</p><p>�Caballero �dijo Tuf�, sus mejores c�lculos son err�neos. Contenga su pena. El secreto est� muy bien guardado y cuando se trata de contar tales multitudes, es muy f�cil sumar o restar equivocadamente mil millones m�s o menos. Sin embargo, los hechos son tal y como he afirmado. En este momento se mantiene un delicado equilibrio marcial. Las naves de los aliados son m�s numerosas, pero la flota de S�uthlam est� m�s avanzada y se encuentra mejor armada. El equilibrio, obviamente, no va a durar, ya que la tecnolog�a de S�uthlam le permite producir nuevas flotas de guerra m�s de prisa que cualquiera de los aliados. Me atrever�a a decir que en estos momentos, ya se est�n realizando esfuerzos en tal direcci�n �Tuf mir� a Tolly Mune.</p><p>�No �dijo ella.</p><p>Pero tambi�n Dax la estaba mirando.</p><p>�S� �le anunci� Tuf a los enviados, levantando un dedo. Por lo tanto, propongo que aprovechen la inestable igualdad del momento, para sacar partido de la oportunidad que les estoy ofreciendo de resolver el problema planteado por S�uthlam, sin recurrir al bombardeo nuclear y otras t�cticas igualmente desagradables. Mantengan el actual armisticio durante un a�o est�ndar y perm�tanme sembrar S�uthlam con man�. Cuando haya pasado ese plazo y si creen que S�uthlam sigue representando una amenaza para sus mundos natales, podr�n reanudar con toda libertad las hostilidades.</p><p>�Negativo, comerciante �dijo con voz grave el ciborg de Roggandor�. Es usted incre�blemente ingenuo. Dice que les demos un a�o y mientras tanto usted har� sus trucos. �Cu�ntas flotas nuevas construir�n en un a�o?</p><p>�Estamos dispuestos a firmar una moratoria en la construcci�n de nuevas armas, si sus planetas hacen lo mismo �dijo Tolly Mune.</p><p>�Eso es lo que usted dice. �Supone que vamos a confiar en ello? �replic� Ratch Norren con voz burlona�. �Al demonio con todo eso! Los sutis ya han demostrado lo poco dignos de confianza que son al haberse rearmado en secreto, violando el tratado. �Para que luego nos hablen de mala fe!</p><p>�Oh, claro! Habr�an preferido que estuvi�ramos indefensos cuando vinieran para ocuparnos. �Infiernos y maldici�n, qu� condenado hip�crita! �dijo con irritaci�n Tolly Mune.</p><p>�Ya es demasiado tarde para pactos �dijo el jazbo�ta.</p><p>�Usted mismo lo ha dejado claro, Tuf �a�adi� el skrymiriano�. Cuanto m�s consintamos en retrasar las cosas, peor ser� nuestra situaci�n. Por lo tanto, no tenemos m�s opci�n que desencadenar de inmediato el ataque sobre S�uthlam. Nunca tendremos una oportunidad mejor que ahora �Dax le buf� y Haviland Tuf pesta�e�, cruzando luego las manos sobre el est�mago.</p><p>�Quiz� reconsideren la postura a tomar si apelo a su amor por la paz y el horror que sienten hacia la guerra y hacia la destrucci�n, por no mencionar su calidad com�n de seres humanos �Ratch Norren emiti� un bufido despectivo. Uno a uno, los dem�s miembros de la delegaci�n apartaron la vista en silencio. En tal caso �dijo Tuf�, no me dejan opci�n �y se puso en pie.</p><p>El enviado de Vandeen frunci� el ce�o.</p><p>�Eh, �ad�nde va?</p><p>Tuf se encogi� de hombros.</p><p>�Dentro de unos segundos, a un sanitario �replic�, y luego a mi centro de control. Por favor, acepten mis garant�as de que no siento ning�n tipo de animosidad personal hacia ustedes, mas por desgracia tengo la impresi�n de que no me queda otro remedio que destruir inmediatamente sus planetas. Quiz� deseen echar a suertes cual ser� el primero.</p><empty-line/><p>La mujer de Jazbo, tosi�, se atragant� y emiti� un hilillo de saliva.</p><p>El enviado de Triuno Azur carraspe� levemente en el interior de su confusa nube de hologramas, pero el sonido resultante fue tan dif�cil de o�r como el de un insecto correteando sobre una hoja de papel.</p><p>�No se atrever� �dijo el ciborg de Roggandor.</p><p>El skrymiriano se cruz� de brazos en un g�lido silencio.</p><p>�Ah �dijo Ratch Norren�. Usted, ah de eso se trata. No lo har�. S�, pero naturalmente. Ah.</p><p>Tolly Mune les mir� a todos y se ri�.</p><p>��Oh!, lo dice en serio �afirm�, aunque estaba tan asombrada como todos ellos. Y adem�s, puede hacerlo. Mejor dicho, el Arca puede hacerlo. Adem�s, el comandante Ober se asegurar� de que no le falte una escolta armada.</p><p>�No hace falta tomar decisiones con tanta prisa �dijo la mujer del Mundo de Henry con voz clara y mesurada. Quiz� podr�amos pensar nuevamente en todo el asunto.</p><p>�Excelente �dijo Haviland Tuf, volvi�ndose a sentar. Actuaremos con decisi�n y celeridad �dijo. Se pondr� en vigor un armisticio de un a�o, tal y como ya he explicado, y sembrar� inmediatamente el man� en S�uthlam.</p><p>�No tan r�pido �protest� Tolly Mune. Ten�a la sensaci�n de que la victoria se le hab�a subido un poco a la cabeza. No sab�a muy bien c�mo, pero la guerra hab�a terminado. Tuf lo hab�a logrado, S�uthlam estaba a salvo, por lo menos durante un a�o m�s. Pero el alivio no le hab�a hecho perder totalmente el buen juicio. Todo esto suena muy bien, pero antes tendremos que hacer unos cuantos estudios sobre su planta del man�. Nuestros ec�logos y especialistas en biolog�a querr�n examinar esa condenada cosa, antes de sembrar sus esporas sobre S�uthlam. Creo que un mes ser�a suficiente. Y, naturalmente, Tuf, lo que dije antes sigue teniendo validez. No crea que va a soltar su man� sobre nosotros, march�ndose luego. Esta vez deber� quedarse mientras dure el armisticio y puede que a�n m�s tiempo, hasta que tengamos una buena idea de c�mo va a funcionar este nuevo milagro suyo.</p><p>��Ay! �dijo Tuf�, me temo que tengo urgentes compromisos en otros lugares de la galaxia. Una estancia de un a�o o m�s me resulta tan inaceptable como inconveniente, al igual que el retraso de un mes antes de empezar mi programa de siembra.</p><p>��Espere un maldito segundo! �dijo Tolly Mune. No puede.</p><p>�Tenga la seguridad de que s� puedo �dijo Tuf Sus ojos fueron de ella a los enviados y luego volvieron a Tolly Mune. Primera Consejera Mune, perm�tame que le indique lo que es obvio. Ahora existe un cierto equilibrio de fuerzas militares entre S�uthlam y sus adversarios. El Arca es un formidable instrumento de guerra capaz de aniquilar mundos enteros. Al igual que me es posible unirme a sus fuerzas y destruir cualquiera de los planetas aliados, tambi�n entra en el reino de lo posible, que haga todo lo contrario.</p><p>Tolly Mune sinti� de pronto como si la hubieran agredido f�sicamente y se qued� boquiabierta.</p><p>��Est�?� Tuf, �nos est� amenazando? No puedo creerlo. �Est� amenazando con usar el Arca contra S�uthlam?</p><p>�Sencillamente, estoy haci�ndole notar ciertas posibilidades de acci�n �dijo Haviland Tuf, con voz tan impasible como de costumbre.</p><p>Dax debi� sentir su rabia pues empez� a bufar. Tolly Mune permaneci� inm�vil, sin saber qu� hacer, y sus manos se fueron apretando gradualmente hasta convertirse en pu�os.</p><p>�No cobrar� tarifa alguna por mis labores como mediador e ingeniero ecol�gico �anunci� Tuf�, pero exigir� ciertas seguridades y concesiones, por las dos partes del acuerdo. Los mundos aliados me proporcionar�n lo que podr�a calificarse de una guardia personal, consistente en una flotilla de naves cuyo n�mero y armamento sea suficiente para proteger el Arca de los posibles ataques de la Flota Defensiva Planetaria de S�uthlam, y me escoltar�n luego hasta haber salido del sistema sano y salvo, cuando mi labor haya terminado. Los s�uthlameses, por su parte, permitir�n que dicha flota aliada permanezca dentro de su sistema natal con el objetivo de calmar mis temores. Si alguno de los dos bandos diera inicio a las hostilidades, durante el periodo del armisticio, lo har�n con pleno conocimiento de que dicho acto producir� en m� un incontrolable estallido de ira. No soy persona que se excite con facilidad, pero cuando mi ira escapa a todo control, hay ocasiones en que yo mismo me asusto de ella. Cuando haya pasado un a�o, har� ya mucho tiempo que habr� partido y, si tal es su decisi�n, podr�n continuar con su carnicer�a. Sin embargo, tengo la esperanza y creo que casi la seguridad, de que esta vez mis acciones se revelar�n tan eficaces que ninguno de los bandos se sentir� inclinado a reanudar las hostilidades �acarici� el espeso pelaje negro de Dax y el gato les fue mirando uno a uno con sus enormes ojos dorados, conociendo lo que pensaban y sopes�ndolo.</p><p>Tolly Mune sinti� de pronto un fr�o incre�ble.</p><p>�Nos est� imponiendo la paz �dijo.</p><p>�S�lo de forma temporal �dijo Tuf.</p><p>�Y nos est� imponiendo su soluci�n, queramos o no �dijo ella.</p><p>Tuf la mir� sin contestarle.</p><p>��Pero qui�n demonios se ha cre�do que es usted? �le grit�, soltando por fin todo el furor que se hab�a ido acumulando dentro de ella.</p><p>�Soy Haviland Tuf �le replic� �l sin alzar la voz�, y se me ha terminado la paciencia con S�uthlam y con los s�uthlameses, se�ora m�a.</p><empty-line/><p>Cuando la conferencia hubo terminado, Tuf condujo a los embajadores nuevamente hasta su lanzadera diplom�tica, pero Tolly Mune se neg� a ir con ellos.</p><p>Durante largas horas recorri� sin compa��a alguna el Arca, sintiendo cada vez m�s fr�o y cansancio, pero neg�ndose a ceder. ��Blackjack!�, gritaba a pleno pulm�n desde lo alto de las escaleras mec�nicas. �Ven, Blacky, ven�, canturreaba en el laberinto de los corredores. �Jack!�, grit� al o�r un sonido detr�s de una esquina, pero era s�lo una puerta abri�ndose o cerr�ndose, el zumbido de alguna m�quina repar�ndose o quiz�s un gato desconocido que se escurr�a furtivamente. ��Blaitaaaackjaaaaaack!�, grit� en las intersecciones, donde conflu�an una docena de pasillos, y su voz despert� ecos retumbantes en los muros lejanos, rebotando de unos a otros hasta volver a ella casi agonizantes.</p><p>Pero no hall� rastro alguno de su gato.</p><p>Finalmente, su vagabundeo la hizo ascender varios niveles y se encontr� en el oscuro eje central que perforaba de un extremo a otro la inmensa espacionave. Una gigantesca l�nea recta, de casi treinta kil�metros de largo, cuyo techo se perd�a entre las sombras y cuyas paredes estaban medio ocultas por cubas de todos los tama�os posibles. Escogi� una direcci�n al azar y camin�, camin� y camin� llamando en voz alta a Blackjack.</p><p>Y a lo lejos le pareci� o�r un leve maullido.</p><p>��Blackjack? �grit� �D�nde est�s?</p><p>De nuevo oy� el maullido. Ah�, delante de ella. Apret� el paso y luego, sin poder contenerse, ech� a correr.</p><p>Haviland Tuf surgi� de entre la sombra proyectada por un tanque de plastiacero que tendr�a unos veinte metros de alto. En sus brazos estaba Blackjack, ronroneando.</p><p>Tolly Mune dej� de correr.</p><p>�He encontrado a su gato �dijo Tuf.</p><p>�Ya lo veo �le contest� ella con cierta frialdad.</p><p>Tuf le entreg� delicadamente el gigantesco gato gris y, al cambiar de manos, sus dedos rozaron levemente los brazos de Tolly Mune.</p><p>�Descubrir� que no le ha pasado nada malo durante sus vagabundeos �afirm� Tuf. Me tom� la libertad de hacerle un examen m�dico completo, para asegurarme de que no hubiera tenido ning�n percance y de ese modo pude llegar a la conclusi�n de que se encuentra en un estado de salud perfecto. Podr� imaginar mi sorpresa cuando descubr� por casualidad, durante tal examen, que todas las mejoras bi�nicas de las cuales me hab�a informado, parec�an haberse esfumado de modo tan misterioso como inexplicable. No consigo imaginar c�mo ha sido posible.</p><p>Tolly Mune apret� el gato contra su pecho.</p><p>�Ment� �dijo. Es tel�pata, igual que Dax. Puede que no sea tan bueno como �l. Y eso es todo. No pod�a correr el riesgo de que se peleara con Dax. Quiz�s hubiera ganado, quiz� no. Pero no deseaba verle acobardado e in�til �mir� a Tuf, frunciendo el ce�o. As� que ha conseguido proporcionarle una buena aventura amorosa. �D�nde estaba?</p><p>�Abandon� la estancia del man�, mediante una salida secundaria, en busca de su amada y luego descubri� que las puertas hab�an sido programadas para negarle la entrada. As� pues, se vio obligado a pasar unas cuantas horas recorriendo el Arca y trabando amistad con algunas de las hembras de la especie felina que la pueblan.</p><p>��Cu�ntos gatos tiene? �le pregunt� ella.</p><p>�Menos que usted �dijo Tuf�, aunque ya me lo hab�a imaginado. Despu�s de todo, usted es nativa de S�uthlam.</p><p>La presencia de Blackjack en sus brazos le resultaba c�lida y reconfortante y de pronto Tolly Mune se dio cuenta de que Dax no estaba presente. Ahora ten�a nuevamente la ventaja. Rasc� suavemente a Jack detr�s de una oreja y gato clav� sus l�mpidos ojos gris plata en la figura de Tuf.</p><p>�No ha logrado enga�arme �dijo ella.</p><p>Me hab�a parecido altamente improbable conseguid �admiti� Tuf.</p><p>�El man� �dijo ella�. Es una trampa, �verdad? No ha soltado un mont�n de patra�as, confi�selo.</p><p>�Todo lo que les he dicho sobre el man� es cierto.</p><p>Blackjack lanz� un leve maullido.</p><p>�La verdad �dijo Tolly Mune�, �oh! �la condenada verdad! Eso quiere decir que se ha guardado unas cuantas cosas sobre el man�.</p><p>�El universo est� lleno de conocimientos. En �ltima instancia hay m�s cosas por conocer que seres humanos en condiciones de conocerlas, algo realmente asombroso teniendo en cuenta que la populosa S�uthlam figura incluida en las filas de la humanidad. Me resultar�a francamente dif�cil decirlo todo respecto a un tema, por limitado que �ste fuera.</p><p>Tolly Mune emiti� un bufido despectivo.</p><p>��Qu� pretende hacer con nosotros, Tuf.</p><p>�Voy a resolver sus crisis alimenticia �replic� �l con su voz eternamente impasible, pl�cida y fr�a como un lago sin fondo y, al igual que �ste, llena de secretos ocultos.</p><p>�Blackjack est� ronroneando �dijo ella�, as� que eso es cierto. Pero, Tuf, c�mo� �c�mo?</p><p>�El man� es mi instrumento.</p><p>��Y un dolor de tripas! �replic� ella�. Me importa una maldita verruga lo sabroso y adictivo que pueda ser su fruto o lo r�pido que pueda crecer esa condenada cosa, pero ninguna planta va a resolver nuestra crisis de poblaci�n. Ya lo intent� antes. Ya hemos recorrido todas esas coordenadas con el omnigrano, las vainas, los jinetes de�viento y las gran��as de hongos! Hay algo que no me est� contando. Su�ltelo, abra la boca de una vez.</p><p>Haviland Tuf la estuvo contemplando en silencio durante m�s de un minuto.</p><p>Sus ojos parec�an incapaces de apartarse de los suyos y, por un instante, tuvo la sensaci�n de que Tuf estaba mirando en lo m�s hondo de su ser, como s� tambi�n �l fuera capaz de leer la mente.</p><p>Quiz� fuera otra cosa lo que intentaba leer. Finalmente Tuf le respondi�.</p><p>�Una vez que la planta haya sido sembrada, nunca podr� llegar a ser eliminada por completo, sin importar la diligencia con que lo intenten. Dentro de ciertos par�metros clim�ticos se extender� con inexorable rapidez. El man� no ser� capaz de crecer por doquier, ya que el fr�o extremado puede matarlo y una temperatura baja constituye un freno efectivo a su desarrollo, pero lo cierto es que se extender� hasta cubrir las regiones tropical y subtropical de S�uthlam y eso ser� suficiente.</p><p>��Suficiente para qu�?</p><p>�El fruto del man� resulta extremadamente nutritivo. Durante los primeros a�os tendr� un efecto muy notable en cuanto a la mejora de su situaci�n cal�rica y, con ello, har� que las condicione! de vida en S�uthlam se mantengan estabilizadas. Luego, habiendo agotado el suelo con su vigoroso avance, las plantas empezar�n a morir y se ver�n obligados a utilizar una rotaci�n de cosechas, durante algunos a�os, antes de que el suelo sea nuevamente capaz de sostener al man�. Pero, mientras tanto, el man� habr� completado su aut�ntica labor, Primera Consejera Mune. El polvo que se acumula en la parte inferior de cada hoja es en realidad un microorganismo simbi�tico, vital para la polinizaci�n del man�, pero que posee al mismo tiempo otras propiedades. Transportado por el viento, por los animales y los seres humanos, se extender� hasta hallarse presente en toda la superficie de su planeta.</p><p>�El polvo �dijo ella. Cuando hab�a tocado la planta del man� lo hab�a sentido en sus dedos.</p><p>Blackjack gru�� de un modo tan leve que m�s que o�r el ruido lo sinti�.</p><p>Haviland Tuf cruz� las manos sobre su est�mago.</p><p>�El man� podr�a ser considerado como una especie de profil�ctico org�nico �dijo. Sus biot�cnicos descubrir�n que interfiere de un modo muy potente sobre la libido en el macho de la especie humana, as� como sobre la fertilidad de la hembra. Sus efectos son permanentes y no hace falta que se preocupe por el mecanismo concreto de funcionamiento.</p><p>Tolly Mune le mir� fijamente, abri� la boca, la volvi� a cerrar y pesta�e� para contener el llanto. �Llanto de rabia, quiz� desesperaci�n? No lo sab�a, pero no eran l�grimas de alegr�a. No iba a dejar que fueran l�grimas de alegr�a.</p><p>�Un genocidio lento �dijo, luchando consigo misma para obligarse a pronunciar las palabras. Notaba la garganta seca y su voz se hab�a vuelto ronca y gutural.</p><p>�No, en lo m�s m�nimo �dijo Tuf. Algunos s�uthlameses ser�n naturalmente inmunes a los efectos del polvo. Mis c�lculos indican que entre un 0,7 y un 1,1 por ciento de su poblaci�n b�sica no resultan afectados. Se reproducir�n naturalmente y, de este modo, la inmunidad pasar� a las generaciones futuras y en ellas ir� creciendo hasta volverse m�s abundante. Sin embargo, durante este a�o empezar� a darse una considerable implosi�n de sus efectivos humanos a medida que la curva de nacimientos deje de ascender y empiece a caer de golpe.</p><p>�No tiene ning�n derecho a� �dijo Tolly Mune con lentitud.</p><p>�La naturaleza del problema s�uthlam�s es tal que s�lo admite una soluci�n duradera y efectiva �dijo Tuf�, tal y como le he repetido una y otra vez desde que nos conocemos.</p><p>�Quiz� �dijo ella�. Pero, �qu� hay de la libertad, Tuf? �D�nde queda la opci�n del individuo? Puede que mi gente sea est�pida y ego�sta, pero siguen siendo personas, igual que usted. Tienen el derecho a decidir si van a tener ni�os y cu�ntos quieren. �Qui�n diablos le ha dado la autoridad para arrogarse esa decisi�n en su nombre? �Qui�n diablos le dijo que se pusiera en marcha para esterilizar nuestro mundo? �a cada palabra que pronunciaba, su ira iba haci�ndose m�s y m�s incontenible�. No es usted mejor que nosotros, Tuf, no es m�s que un ser humano. Estoy de acuerdo en que es un ser humano condenadamente fuera de lo normal, pero sigue siendo s�lo un ser humano, ni m�s ni menos. �Qu� le da el condenado derecho de jugar, con nuestro mundo y nuestras vidas como si fuera un dios?</p><p>�El Arca �se limit� a responder Haviland Tuf.</p><p>Blackjack se retorci� en� sus brazos, repentinamente inquieto. Tolly Mune le dej� saltar al suelo, sin apartar ni un segundo los ojos del p�lido e inmutable rostro de Tuf. De pronto, sent�a el agudo deseo de golpearle, de hacerle da�o, de herir esa m�scara de complaciente indiferencia, de marcar su piel y su cuerpo.</p><p>�Se lo advert�, Tuf �le dijo�. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe de un modo irremisible, �lo recuerda?</p><p>�Gozo de una memoria perfectamente sana.</p><p>�Es una l�stima que no pueda decir lo mismo en cuanto a su maldito sentido de la moral �le replic� con acidez Tolly Mune. Blackjack, a sus pies, emiti� un gru�ido como de contrapunto a sus palabras �Por qu� diablos le ayud� a conservar esta maldita nave? �Qu� condenada idiota he sido! Tuf, lleva demasiado tiempo viviendo sin compa��a en el interior de un delirio de poder. Cree que alguien le ha nombrado dios, �no es cierto?</p><p>�Se nombra a los bur�cratas �dijo. Los dioses, si es que existen, son elegidos mediante otros procedimientos. No hago ninguna afirmaci�n en cuanto a mi divinidad, en el sentido mitol�gico de la palabra, pero debo confesar que ciertamente tengo en mis manos el poder de un dios. Creo que usted misma se dio cuenta de ello hace mucho tiempo, cuando acudi� a m� en busca de los panes y los peces �Tolly Mune abri� la boca para contestarle, pero �l levant� la mano�. No, tenga la bondad de no interrumpirme. Intentar� ser breve. Usted y yo no somos tan distintos, Tolly Mune.</p><p>��No nos parecemos en nada, maldito sea! �le grit� ella.</p><p>�No somos tan distintos �repiti� Tuf con voz firme y tranquila�. Una vez me confes� que no era muy religiosa y yo no soy hombre propenso a la adoraci�n de mitos. Empec� mi vida como mercader pero, despu�s de encontrar esta nave llamada el Arca, a cada paso que daba me he visto perseguido por dioses, profetas y demonios. No� y su diluvio. Mois�s y sus plagas, los panes y los peces, el man�, columnas de fuego y mujeres convertidas en sal. Debo admitir que he llegado a familiarizarme con todo eso. Me est� desafiando para que me proclame como un dios, pero no es lo que pretendo. Y, sin embargo, debo decir que mi primer acto dentro de esta nave, hace ya muchos a�os, fue resucitar a los muertos �se�al� con gesto majestuoso hacia una subestaci�n que se encontraba a unos metros de distancia. �se es el lugar donde realic� el primero de mis milagros, Tolly Mune, y aparte de ello, lo cierto es que poseo poderes semejantes a los de la divinidad y que est� en mi mano la vida y la muerte de los planetas. Con lo mucho que me complacen esas habilidades casi divinas, �puedo, en justicia, negarme a cargar con la responsabilidad que las acompa�a, con el impresionante peso de su autoridad moral? No lo creo as�.</p><p>Ella deseaba contestarle, pero las palabras se negaban a brotar de sus labios. Est� loco, pens� Tolly Mune.</p><p>�M�s a�n �dijo Tuf�, la naturaleza de la crisis que sufre S�uthlam era tal que la �nica soluci�n admisible era la intervenci�n divina. Supongamos por unos momentos que consintiera en venderles el Arca, tal y como deseaba. �Supone realmente que unos ec�logos y t�cnicos en biolog�a, por expertos y entusiastas que fueran, habr�an sido capaces de dar con una soluci�n duradera? Creo que es usted demasiado inteligente para enga�arse de tal modo. No tengo ni la menor duda de que, con todos los recursos de esta sembradora a su disposici�n, tales hombres y mujeres, genios con intelectos y una educaci�n muy superiores a la m�a, podr�an y habr�an indudablemente dise�ado gran n�mero de ingeniosos trucos con los cuales permitir a los s�uthlameses que siguieran reproduci�ndose durante otro siglo, y puede que incluso durante dos, tres o cuatro centurias m�s. Pero, finalmente, tambi�n sus respuestas habr�an acabado siendo insuficientes, al igual que lo fueron mis peque�os intentos de hace cinco a�os y los que precedieron a esos intentos hace diez. Tolly Mune, no existe ninguna respuesta racional, equitativa, cient�fica, tecnol�gica o humana al dilema de una poblaci�n que aumenta siguiendo una enloquecida progresi�n geom�trica. Dicho dilema s�lo puede ser resuelto con milagros como el de los panes y los peces o el man� ca�do del cielo. Por dos veces he fracasado como ingeniero ecol�gico y ahora me propongo triunfar como un dios necesario a S�uthlam. Si intentara solucionar el problema una tercera vez, como simple ser humano, estoy seguro de que fracasar�a por tercera vez y entonces sus dificultades ser�an resueltas por dioses mucho m�s crueles que yo.</p><p>Los cuatro jinetes de mam�feros de la antigua leyenda, conocidos como peste, hambre, guerra y muerte. Por lo tanto, debo hacer a un lado mi humanidad y obrar como un dios �se qued� callado y la contempl�, pesta�eando.</p><p>�Hace ya mucho que se olvid� de su condenada humanidad �le replic� ella con voz rabiosa. Pero no es usted ning�n dios, Tuf Puede que sea un demonio y estoy segura de que es un maldito megal�mano. Puede que sea un monstruo. S�, es un condenado aborto. Un monstruo, pero no un dios.</p><p>�Un monstruo �dijo Tuf�, ciertamente �y pesta�e�. Hab�a tenido la esperanza de que una persona dotada de su indudable capacidad intelectual y competencia fuera capaz de mostrarse m�s comprensiva �pesta�e� de nuevo. Dos, tres veces. Su p�lido rostro segu�a tan inmutable como siempre, pero en la voz de Tuf hab�a algo muy extra�o que ella no hab�a o�do nunca anteriormente, algo que le dio miedo, que la asombr� y la inquiet�, algo que se parec�a a la emoci�n. Tolly, me ofende usted muy dolorosamente �protest� �l.</p><p>Blackjack emiti� un maullido quejumbroso.</p><p>�Su gato parece capaz de aprehender con mayor agudeza las fr�as ecuaciones de la realidad a la que nos enfrentamos �dijo Tuf. Quiz� deber�a explicarlo todo otra vez desde el principio.</p><p>��Monstruo! �dijo ella.</p><p>Tuf pesta�e�.</p><p>�Mis esfuerzos son eternamente pasados por alto y s�lo reciben calumnias inmerecidas.</p><p>��Monstruo! �repiti� ella.</p><p>La mano derecha de Tuf se convirti� por unos segundos en un pu�o que �l afloj� lentamente y con cierta dificultad.</p><p>�Al parecer alg�n tic cerebral ha reducido dram�ticamente su vocabulario, Primera Consejera.</p><p>�No �dijo ella�, pero �sa es la �nica palabra que puedo aplicarle, �maldici�n!</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf_. Y, en tal caso, el ser un monstruo hace que deba comportarme como tal. Vaya pensando en ello, si lo desea, mientras lucha por tomar una decisi�n, Primera Consejera.</p><p>Blackjack alz� la cabeza bruscamente y clav� sus ojos en Tuf, como si algo invisible estuviera revoloteando alrededor de su blanco rostro. Empez� a bufar y su espeso pelaje gris plateado, se fue poniendo de punta lentamente. El gato retrocedi�. Tolly Mune se inclin� y le cogi� en brazos, pero el gato temblaba y volvi� a bufar mirando a Tuf.</p><p>��Cu�l? �dijo ella con inquietud�. �Qu� decisi�n? Usted ha tomado todas las malditas decisiones. �De qu� infiernos est� hablando?</p><p>�Perm�tame indicar que, por el momento, ni una sola espora del man� ha sido liberada en la atm�sfera de S�uthlam �dijo Haviland Tuf.</p><p>Ella lanz� un resoplido despectivo.</p><p>��Y? Ya hemos accedido a su maldito trato. No tengo modo alguno de pararle los pies.</p><p>�Ciertamente, y es lamentable. Pero quiz� pueda ocurr�rsele alguno. Mientras tanto sugiero que volvamos a mis aposentos. Dax est� esperando su cena. He preparado una excelente crema de hongos, procedentes de mi propio suministro, y tambi�n hay cerveza helada de Moghoun, un brebaje lo bastante fuerte para complacer tanto a los dioses como a los monstruos. Y, por supuesto, mi equipo de comunicaciones se encuentra a su disposici�n, para el caso de que acabe descubriendo la necesidad de hablar con su gobierno.</p><p>Tolly Mune abri� la boca para replicarle de modo cortante, pero volvi� a cerrarla, asombrada.</p><p>��Quiere usted decir, lo que me parece que quiere decir? �pregunt�.</p><p>�Resulta dif�cil afirmarlo, se�ora �dijo Tuf�. Aqu� la �nica poseedora de un gato psi�nico es usted.</p><empty-line/><p>El camino hasta los aposentos de Tuf fue tan silencioso como interminable, al igual que la cena fue un tormento que parec�a no tener fin. Comieron en un rinc�n de la sala de comunicaciones, rodeados de consolas, pantallas y gatos. Tuf permaneci� muy inm�vil con Dax en el regazo y se dedic� a engullir su comida con met�dica concentraci�n. Al otro extremo de la mesa, Tolly Mune fue comiendo, sin enterarse muy bien de lo que hab�a en su plato. No ten�a apetito. Se encontraba muy cansada y ten�a la impresi�n de haber envejecido de golpe. Y estaba asustada.</p><p>Blackjack reflejaba su confusi�n. Con toda su anterior serenidad desaparecida, permanec�a acurrucado en su regazo, levantando de vez en cuando la cabeza, por encima de la mesa, para lanzar un gru�ido de advertencia al otro extremo, donde estaba sentado Tuf.</p><p>Y, finalmente, lleg� el momento, tal y como ella hab�a sabido que ocurrir�a. Un zumbido y una lucecita azul que se encendi� se�alando la llegada de una transmisi�n. Tolly Mune contempl� fijamente la luz y, con un gesto r�gido que hizo chirriar la silla sobre el suelo met�lico, se volvi� hacia la consola. Blackjack, asustado, abandon� de un salto su regazo. Tolly Mune empez� a levantarse, pero se qued� inm�vil, en una agon�a de indecisi�n.</p><p>�Est� programado seg�n mis instrucciones para que no se moleste mientras como �anunci� Tuf. Ergo, y siguiendo un l�gico proceso de eliminaci�n, la llamada es para usted.</p><p>La aguja de luz azul se encend�a y se apagaba, se encend�a y se apagaba, se encend�a y se apagaba.</p><p>�Usted no es un maldito dios �dijo Tolly Mune. Maldici�n, y yo tampoco lo soy. Tuf, no quiero aceptar esta condenada carga.</p><p>La luz segu�a encendi�ndose y apag�ndose.</p><p>�Quiz� sea el comandante Wald Ober �sugiri� Tuf�. Creo que deber�a recibir su llamada antes de que decida empezar la cuenta atr�s.</p><p>�Nadie tiene ese derecho, Tuf �dijo ella�. Ni usted ni yo.</p><p>Tuf se encogi� pesadamente de hombros.</p><p>La luz se encend�a y se apagaba.</p><p>Blackjack lanz� un maullido.</p><p>Tolly Mune dio dos pasos hacia la consola, se detuvo y se volvi� hacia Tuf.</p><p>�La creaci�n es parte de la divinidad �dijo con voz repentinamente segura�. Tuf, usted puede destruir, pero no puede crear, y eso es lo que le convierte en un monstruo y no en un dios.</p><p>�La creaci�n de vida en los tanques de clonaci�n es un elemento perfectamente normal y cotidiano de mi profesi�n �dijo Tuf.</p><p>La luz se encend�a y se apagaba sin cesar.</p><p>�No �dijo ella�, aqu� puede copiar la vida, pero no puede crearla. Esa vida tiene que haber existido ya en alg�n otro lugar y en alg�n otro tiempo, y necesita una c�lula de muestra, un f�sil, algo. De lo contrario no puede hacer nada. �S�, infiernos y maldici�n! �Oh!, de acuerdo, tiene el poder de la creaci�n, pero es el mismo maldito poder que tengo yo y cada hombre y mujer enterrado en una ciudad subterr�nea. La procreaci�n, Tuf Ah� est� su impresionante poder, �se es el �nico milagro existente. Lo �nico que hace de los seres humanos criaturas semejantes a los dioses y eso mismo es lo que usted se propone arrebatarle al noventa y nueve, coma, noventa y nueve por ciento de los s�uthlameses. �Al infierno con eso! No es usted un creador y no es ning�n dios.</p><p>�Ciertamente �dijo Haviland Tuf, impasible e inexpresivo.</p><p>�Por lo tanto no tiene derecho alguno a decidir como tal �dijo ella. Y yo tampoco lo tengo, �maldita sea!</p><p>�Avanz� hacia la consola con tres zancadas llenas de seguridad y oprimi� un bot�n. Una pantalla se ilumin� con un remolino de colores que acabaron formando la imagen de un casco de combate pulido cual un espejo y en cuyo penacho se ve�a un globo estilizado. Dos sensores escarlata ard�an bajo el oscuro visor de plastiacero�. Comandante Ober� �dijo ella.</p><p>�Primera Consejera Mune �replic� Wald Ober. Estaba algo preocupado. Los embajadores aliados est�n soltando unas tonter�as incre�bles delante de los reporteros. Algo sobre un tratado de paz y un nuevo florecimiento.</p><p>�Puede confirmar todo eso? �Qu� est� pasando? �Tiene problemas?</p><p>�S� �dijo ella�. Esc�cheme bien, Ober, y�</p><p>�Tolly Mune �dijo Tuf.</p><p>Ella gir� en redondo.</p><p>��Qu�?</p><p>�Si la procreaci�n es la se�al distintiva de la divinidad �dijo Tuf�, entonces creo que puedo argumentar que los gatos tambi�n son dioses, ya que tambi�n ellos se reproducen. Perm�tame indicarle que, en muy corto espacio de tiempo, hemos llegado a una situaci�n en la cual tiene usted m�s gatos que yo, pese a haber empezado con s�lo una pareja.</p><p>Ella frunci� el ce�o.</p><p>��Qu� est� diciendo? �quit� el sonido, para que las palabras de Tuf no fueran transmitidas.</p><p>Wald Ober gesticul� nerviosamente en un repentino silencio.</p><p>Haviland Tuf form� un puente con sus dedos sobre la mesa.</p><p>�Estoy meramente indicando que, pese a mi gran aprecio hacia las propiedades de los felinos, tomo medidas para controlar su reproducci�n. Llegu� a tal decisi�n tras haber meditado cuidadosamente en ello y sopesando todas las alternativas. En �ltimo extremo, tal y como usted misma descubrir�, s�lo hay dos opciones fundamentales. Debe reconciliarse con la idea de inhibir de alguna forma la fertilidad de sus felinos, y podr�a a�adir que, por supuesto, sin ning�n consentimiento por parte de ellos o, si no lo hace, le aseguro que alg�n d�a se encontrar� echando por su escotilla una bolsa repleta de gatitos reci�n nacidos al fr�o espacio. Caso de que no elija ya habr� elegido. El fracaso a la hora de tomar una decisi�n, bas�ndose en que no tiene derecho a ello, es por si mismo una decisi�n, Primera Consejera. Si se abstiene ya ha votado.</p><p>�Tuf �dijo ella con la voz llena de dolor�. �No! �No quiero este maldito poder!</p><p>Dax subi� de un salto a la mesa y sus ojos dorados se clavaron en ella.</p><p>�La divinidad es una profesi�n todav�a m�s exigente que la ecolog�a �dijo Tuf�, aunque podr�a decirse que ya conoc�a los riesgos de la profesi�n cuando decid� asumir esa carga.</p><p>�No �empez� a decir ella, balbuceando�, no puede decir que� Los gatitos y las criaturas humanas no son� Son gente, ellos tienen el poder de� eso es, mentes, mentes y corazones al igual que g�nadas. Son seres racionales, es su decisi�n, es suya, no m�a� No puedo decidir por ellos� por millones, por miles de millones.</p><p>�Ciertamente �dijo Tuf. Hab�a olvidado a la buena gente de S�uthlam y su larga historia de muy racionales decisiones. Indudablemente ver�n ante ellos la guerra, el hambre y la plaga y de pronto, por miles de millones, decidir�n cambiar su modo de vida y, de ese modo, evitar�n diestramente el oscuro abismo que amenaza con tragarse S�uthlam y sus altivas torres. Resulta muy extra�o que no me haya dado cuenta de ello anteriormente.</p><p>Tolly Mune y Haviland Tuf se contemplaron en silencio.</p><p>Dax empez� a ronronear y luego, apartando sus ojos de Tolly Mune, se acerc� al cuenco de Tuf para lamer la crema. Blackjack empez� a frotarse en su pierna, sin quitarle la vista de encima a Dax, al otro extremo de la estancia.</p><p>Tolly Mune se volvi� muy lentamente hacia la consola y ese giro le llev� todo un d�a� no, una semana, un a�o, una vida entera. Necesit� cuarenta mil millones de vidas para completarlo, pero una vez que lo hubo hecho, se dio cuenta de que s�lo hab�a necesitado un instante y que todas esas vidas hab�an desaparecido cual si no hubieran existido nunca.</p><p>Contempl� la fr�a y silenciosa m�scara que la miraba desde la pantalla y en el plastiacero negro y reluciente vio reflejarse todo el horror sin rostro de la guerra y detr�s de �l vio arder los implacables ojos febriles del hambre y de la enfermedad. Luego toc� un control y restableci� el sonido.</p><p>��Qu� est� pasando ah�? �preguntaba una y otra vez Wald Ober. Primera Consejera, no puedo o�rle. �Cu�les son sus �rdenes? �Me oye? �Qu� est� pasando ah�?</p><p>�Comandante Ober �dijo Tolly Mune, oblig�ndose a sonre�r.</p><p>��Qu� ocurre, algo anda mal?</p><p>Tolly Mune trag� saliva.</p><p>��Mal? Nada, nada en absoluto. �Infiernos y maldici�n! Todo anda incre�blemente bien. La guerra ha terminado y la crisis tambi�n, Comandante.</p><p>��Le est�n obligando a decir eso? �ladr� Wald Ober.</p><p>�No �se apresur� a responder ella�. �Por qu� piensa semejante cosa?</p><p>�L�grimas �replic� �l�. Veo sus l�grimas, Primera Consejera.</p><p>�Son de alegr�a, Comandante. Son l�grimas de alegr�a. Man�, Ober, as� le llama �l, man� del cielo �ri� en voz baja�. Comida de las estrellas. Tuf es un genio. A veces �se mordi� el labio con dureza, haci�ndose da�o�. A veces incluso pienso que quiz� sea.</p><p>��Qu�?</p><p>�Un dios �dijo ella. Apret� un bot�n y la pantalla se apag�.</p><p>Su nombre era Tolly Mune, pero en los libros de historia ha recibido muchos nombres distintos.</p><empty-line/><subtitle>FIN</subtitle></section><section><p>T�tulo original: Tuf voyaging</p><p>Traducci�n: Alberto Soler</p><p>� 1987 by George R. R. Martin</p><p>� 1988 Ediciones B S.A.</p><p>Rocafort 104 � Barcelona</p><p>ISBN: 84-406-0012-7</p><p>Edici�n digital: Akula</p></section></body><binary id="cover" 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