<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf_fantasy</genre><author><first-name>Terry</first-name><last-name>Pratchett</last-name></author><book-title>�Guardias! �Guardias?</book-title><annotation><p>En esta nueva e hilarante entrega de <emphasis>Mundodisco</emphasis>, Terry Pratchett nos presenta a un nuevo grupo de personajes que viven en Ankh-Morpork. Bueno, viven..., digamos que moran o habitan, que ya se sabe que en Ankh-Morpork el �nico que vive es el patricio� La guardia (turno de noche) est� formada por un grupo de hombres rudos, con alguna debilidad de car�cter, de acuerdo, que se entregan con aplomo a su trabajo y hacen frente sin temor a un c�mulo de situaciones peligrosas.</p><p>Pese a algunos contratiempos, los miembros de la guardia (turno de noche) se las ven�an apa�ando para mantener la ley y el orden� Hasta que empezaron los problemas� Varios a la vez.</p><p>El primero, de car�cter interno, lo constituy� la llegada del joven Zanahoria. Hab�a algo muy extra�o en ese chico, y no era s�lo su estatura o el hecho de que se hubiese ofrecido voluntario� Ten�a una extra�a fijaci�n con las ordenanzas, y no s�lo parec�a sab�rselas de memoria sino que se empe�aba en hacerlas cumplir al pie de la letra. As�, un buen d�a detiene al ilustre presidente del Gremio de Ladrones acus�ndole de ser, eso, el presidente del Gremio de Ladrones�</p><p>Por si fuera poco, Ankh-Morpork empieza a sufrir los ataques de un drag�n que nadie sabe de d�nde puede haber salido, pues esos feroces e inteligentes animales se cre�an extinguidos desde hac�a much�simo tiempo. (No, la variedad dom�stica de dragones del pantano no puede tenerse en cuenta aqu�.) Lo peor del caso es que no parece haber ning�n h�roe a mano que pueda encargarse del drag�n, y �a qui�n le va a tocar hacerse cargo de la situaci�n�?</p></annotation><date>1993</date><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang><src-lang>en</src-lang><translator><first-name>Cristina</first-name><last-name>Mac�a</last-name></translator><sequence name="Mundodisco" number="08"/></title-info><src-title-info><genre>sf</genre><author><first-name>Terry</first-name><last-name>Pratchett</last-name></author><book-title>Guards! Guards!</book-title><date>1989</date><lang>en</lang></src-title-info><document-info><author><nickname>Verdi1</nickname></author><program-used>Fiction Book Designer, FictionBook Editor Release 2.6, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2011-11-09">09.11.2011</date><id>FBD-DB0843-128B-3941-309D-AAE8-40AC-F1BC11</id><version>1.0</version></document-info><publish-info><book-name>�Guardias! �Guardias?</book-name><publisher>Mart�nez Roca</publisher><city>Madrid</city><year>1993</year><isbn>84-270-1720-0</isbn></publish-info></description><body><title><p>Terry Pratchett</p><p>�Guardias! �Guardias?</p></title><section><title><p><emphasis>Dedicatoria</emphasis></p></title><p><emphasis>Puede que los llamen �La Guardia de Palacio�, o �La Guardia de la Ciudad� o �La Patrulla�. Sea cual sea el nombre, su funci�n en cualquier obra de fantas�a heroica es siempre la misma: m�s o menos a la altura del cap�tulo Tres (o a los diez minutos de empezar la pel�cula) entran a saco en una habitaci�n, van atacando al h�roe de uno en uno, y mueren por orden. Nadie les pregunta nunca si es eso lo que quieren hacer.</emphasis></p><p><emphasis>Este libro lo dedico a esos abnegados hombres.</emphasis></p><p><emphasis>Y tambi�n a Mike Harrison, Mary Gentle, Neil Gaiman y a todos los dem�s que me ayudaron o se rieron con mi idea del Espacio-B; l�stima que ninguno seamos licenciados en f�sica�</emphasis></p></section><section><p>Aqu� es a donde fueron a parar los dragones.</p><p>Aqu� yacen�</p><p>No est�n muertos, no est�n dormidos. No aguardan, porque el hecho de aguardar implica una cierta expectaci�n. Posiblemente la palabra m�s adecuada sea�</p><p>� latentes.</p><p>Y aunque el espacio que ocupan no es como el espacio normal, est�n muy apretados. No hay ni un cent�metro c�bico que no est� ocupado por una garra, una /.arpa, una escama o la punta de una cola, de manera que la sensaci�n que da es como en esos dibujos enga�osos, hasta que por fin los ojos comprenden que el espacio que hay entre dragones es, de hecho, otro drag�n.</p><p>Podr�an recordar a una lata de sardinas, si uno imaginara sardinas enormes, con garras, orgullosas y arrogantes.</p><p>Y probablemente, en alg�n lugar, estar� la llave.</p><p>En otro espacio completamente diferente, la madrugada envolv�a Ankh-Morpork, la m�s antigua, grande y sucia de las ciudades. Una lluvia fina ca�a del cielo plomizo y perforaba las nieblas del r�o que serpenteaban entre las calles. Las ratas de diferentes especies se dedicaban a sus ocupaciones nocturnas: cobijados en la capa oscura de la noche, los asesinos asesinaban, los asaltantes asaltaban y las busconas buscaban. Etc�tera, etc�tera.</p><p>Ebrio, el capit�n Vimes, de la Guardia Nocturna, se tambale� calle abajo, se dej� caer suavemente en el canal�n junto a la Casa de la Guardia y se qued� all� tendido, mientras sobre �l unas extra�as letras hechas de luz chisporroteaban con la humedad, y cambiaban de color�</p><p>La ciudad era una�, una�, una cosa de �sas. Una mujer. Eso, una mujer. Una mujer vieja y eso. Te seduc�a, te dejaba que te eso, que te enamoraras, y luego te daba una buena patada en eso, en�, en la� cosa con d� en la dengua�, no, en los dientes. Eso, eso es lo que hac�a la muy�, la muy animal�, ya sabes, la mujer del bicho ese�, la zorra. Y entonces la odiabas, y justo cuando pensabas que ya la ten�as en un�, en un�, bueno, en un �se�, te abr�a su enorme coraz�n podrido y te cog�a de impra� impre� improviso. Eso. Nunca sab�as a qu� atentarte�, atontarte�, atenerte. Lo �nico que sab�as era que no pod�as soltarla. Porque era tuya, tuya hasta la �ltima alcantarilla�</p><p>La h�meda oscuridad envolv�a los venerables edificios de la Universidad Invisible, la principal escuela de magia. No hab�a m�s luz que un tenue parpadeo octarino en las peque�as ventanas del nuevo edificio de Magia de Alto Voltaje, donde los cerebros m�s experimentados estaban estudiando el tejido mismo del universo, tanto si le gustaba como si no.</p><p>Y claro, tambi�n hab�a luz en la biblioteca.</p><p>La biblioteca conten�a la mayor colecci�n de libros sobre magia de todo el multiverso. Miles de vol�menes de sabidur�a ocultista combaban los estantes.</p><empty-line/><p>Se dec�a que, como una gran cantidad de magia puede distorsionar seriamente el mundo cotidiano, la biblioteca no obedec�a las normas habituales de espacio y tiempo. Se dec�a que era infinita. Se dec�a que uno pod�a vagar d�as y d�as entre las estanter�as m�s lejanas, que hab�a tribus de estudiantes e investigadores perdidos, que en algunas zonas habitaban cosas extra�as, perseguidas por otras cosas a�n m�s extra�as<a l:href="#n_1" type="note">[1]</a>.</p><p>Los estudiantes inteligentes que se aventuraban a buscar alg�n libro alejado dejaban marcas de tiza en los estantes a medida que se adentraban en la oscuridad, y encargaban a sus amigos que los buscaran si no hab�an regresado para la hora de cenar.</p><p>Adem�s, como la magia s�lo se puede confinar hasta cierto punto, los libros de la biblioteca eran algo m�s que pulpa de madera en forma de papel.</p><p>Sus lomos chisporroteaban con energ�a m�gica, controlada s�lo por los hilos de cobre que colgaban de cada estanter�a a modo de toma de tierra. Unos leves rastros de fuego azul recorr�an los vol�menes, y se o�a un sonido, un susurro como de papel, como si hubiera una colonia de estorninos anidando entre ellos. En el silencio de la noche, los libros charlaban entre ellos.</p><p>Tambi�n se o�an ronquidos.</p><p>La luz procedente de las estanter�as no iluminaba la oscuridad, sino m�s bien la subrayaba, pero el parpadeo viol�ceo habr�a bastado para que cualquiera que pasara por all� localizara un viejo escritorio destartalado, bajo la c�pula principal.</p><p>Los ronquidos proven�an de debajo de �l, donde una manta desastrada apenas cubr�a lo que parec�a un mont�n de sacos de arena, pero eran de hecho un orangut�n macho adulto. Era el bibliotecario.</p><p>Ya quedaba poca gente que mencionara el hecho de que se trataba de un simio. El cambio lo hab�a provocado un accidente m�gico, cosa que siempre es un riesgo calculado cuando uno se encuentra en compa��a de tantos libros poderosos. Pero se lo hab�a tomado bastante bien. Al fin y al cabo, conservaba su forma en lo b�sico. Y le hab�an permitido que siguiera con su trabajo, que por cierto se le daba bastante bien, aunque la palabra �permitido� no era la m�s apropiada. Era mas bien por su manera de doblar hacia arriba el labio superior para dejar al descubierto m�s dientes incre�blemente amarillos de los que hab�a en cualquier boca que hubiera visto el Consejo de la Universidad. Por eso el tema nunca se hab�a tratado de manera oficial.</p><p>Pero ahora hab�a otro sonido, el sonido extra�o de una puerta al abrirse. Unos pasos resonaron por el sucio y se perdieron entre las estanter�as abarrotadas. Los libros crepitaron indignados ante la intromisi�n, y algunos de los grimorios m�s grandes sacudieron sus cadenas.</p><p>El bibliotecario sigui� durmiendo, arrullado por el susurro de la lluvia.</p><p>Al abrigo de su canal�n, el capit�n Vimes de la Guardia Nocturna abri� la boca y empez� a cantar.</p><empty-line/><p>Una figura envuelta en una capa negra recorr�a las calles nocturnas, pasando de portal a portal para ocultarse, hasta llegar a un portal�n sombr�o. Ning�n portalon puede llegar a ser tan sombr�o sin esfuerzo. Parec�a tomo si el arquitecto hubiera recibido instrucciones concretas. Queremos algo escalofriante en roble oscuro, le deb�an de haber dicho. As� que pon una g�rgola bien desagradable sobre el arco, que al cerrarse suene como la patada de un gigante�, en fin, que quede bien claro para cualquiera que la vea que no es una de esas puertas cuyos timbres hacen �ding-dong�.</p><p>La figura dio una serie de golpecitos a un complicado ritmo en la madera oscura. Se abri� una peque�a mirilla protegida por barrotes, y un ojo suspicaz escudri�� el exterior.</p><p>�El b�ho sensato ulula a medianoche �dijo el visitante, tratando de sacudirse la lluvia de la capa.</p><p>�Pero muchos se�ores grises contemplan con tristeza a los hombres sin amo �enton� la voz al otro lado de la rejilla.</p><p>�Hurra, hurra por la hija de la hermana de la soltera �replic� la figura empapada.</p><p>�Para el verdugo, todos tenemos la misma altura.</p><p>�S�, sin duda la rosa est� dentro de la espina.</p><p>�La buena madre prepara sopa de verduras para su hijo descarriado �sigui� la voz tras la puerta.</p><p>Hubo una pausa durante la cual s�lo se oy� el sonido de la lluvia.</p><p>��Qu�? �pregunt� al final el reci�n llegado.</p><p>�La buena madre prepara sopa de verduras para su hijo descarriado.</p><p>Otra pausa, esta vez m�s larga.</p><p>��Est�s seguro de que la torre mal construida no tiembla al paso de la mariposa? �insisti� la figura empapada.</p><p>�Qu� va. Es la sopa de verduras. Lo siento. La lluvia segu�a cayendo despiadada sobre el embarazoso silencio.</p><p>��Y la ballena enjaulada? �pregunt� el empapado visitante, tratando de arrebujarse en el escaso refugio que ofrec�a el temible portal.</p><p>��Qu� le pasa?</p><p>�Que no sabe nada sobre las grandes profundidades, para que te enteres.</p><p>�Ah, la ballena enjaulada. T� a los que buscas es, los Hermanos <emphasis>Esclarecidos </emphasis>de la Noche �bano. Es tres puertas m�s abajo.</p><p>��Y qui�nes sois vosotros?</p><p>�Somos los Iluminados y Antiqu�simos Hermanos de Ee.</p><p>�Cre�a que os reun�ais en la calle Melaza �se�alo el hombre empapado.</p><p>�S�, bueno, pero ya sabes c�mo van estas cosas. Los del taller de marroquiner�a usan la sala los martes, y nos hicimos un l�o.</p><p>�Ah. Bueno, pues gracias.</p><p>�No hay de qu�.</p><p>La puertecita de la mirilla se cerr�.</p><p>La figura envuelta en la capa se la qued� mirando un momento, y luego chapote� sobre los charcos, calle abajo. Era verdad, all� hab�a otro portal. El dise�ador no se hab�a molestado en variar mucho el estilo.</p><p>Llam� con los nudillos. La puertecita de la mirilla se abri�.</p><p>��S�?</p><p>�Oye, el b�ho sensato ulula a medianoche, �vale?</p><p>Pero muchos se�ores grises contemplan con tristeza a los hombres sin amo.</p><p>��Hurra, hurra por la hija de la hermana de la soltera, �te enteras?</p><p>Para el verdugo, todos tenemos la misma altura.</p><p>�S�, sin duda la rosa est� dentro de la espina. Aqu� est�n cayendo chuzos de punta, supongo que lo sabes.</p><p>�S� �replic� el otro con el tono de voz de quien, desde luego, lo sabe, pero no se est� mojando.</p><p>El visitante suspir�.</p><p>��La ballena enjaulada no sabe nada sobre las grandes profundidades, y vale ya.</p><p>�La torre mal construida tiembla al paso de la mariposa.</p><p>La figura empapada se aferr� a los barrotes de la mirilla y se alz� sobre las puntas de los pies.</p><p>�Venga, d�jame entrar, estoy calado �sise�. Hubo otra pausa llena de lluvia.</p><p>�Esas profundidades� �dijiste que eran grandes?</p><p>�S�, lo dije, y bien claro. Unas profundidades todo lo grandes que quieras. Soy yo, el Hermano Dedos.</p><p>�Pues no te lo o� decir �insisti� cauteloso el vigilante de la puerta.</p><p>�Oye, �quer�is el maldito libro o no? Nadie me obliga a hacer esto. Podr�a estar tranquilamente en mi cama, a ver si te enteras.</p><p>��Seguro que lo dijiste?</p><p>�Estoy completamente seguro de que son unas profundidades profund�simas �lo apremi� el Hermano Dedos�. Sab�a lo profundas que eran cuando t� no eras m�s que un ne�fito. �Ahora, haz el favor de abrir |� puerta!</p><p>�Bueno�, de acuerdo.</p><p>Sonaron varios cerrojos oxidados. Otra pausa.</p><p>��Te importa darle un empuj�n? �dijo la voz desde dentro�. La Puerta del Conocimiento que No Debe Traspasar el Ignorante se atranca en cuanto caen cuatro gotas.</p><p>El Hermano Dedos arrim� el hombro y empuj�. La puerta se abri�. Lanz� una mirada asesina al Hermano Portero, y se dirigi� hacia el interior.</p><p>Los dem�s le aguardaban en el Santuario Interior, de pie, con el aire desconcertado de los que no est�n acostumbrados a usar siniestras capas negras con capuchas. El Gran Maestro Supremo le hizo un gesto de saludo.</p><p>�Eres el Hermano Dedos, �verdad?</p><p>�S�, Gran Maestro Supremo.</p><p>��Traes aquello en pos de lo cual se te envi�? El Hermano Dedos se sac� un paquete de entre los pliegues de la capa.</p><p>�Estaba donde dije �afirm�. Ning�n problema.</p><p>�Bien hecho, Hermano Dedos.</p><p>�Gracias, Gran Maestro Supremo.</p><p>El Gran Maestro Supremo dio unos cuantos manotazos para pedir silencio. Todos los asistentes formaron una especie de c�rculo en torno a �l.</p><p>�Llamo al orden al �nico y Supremo Congreso di los Hermanos Esclarecidos �enton�. �Est� bien se liada la Puerta del Conocimiento, para impedir la entrada a herejes e ignorantes?</p><p>�A cal y canto �replic� el Hermano Portero�. Es por la humedad. La semana que viene traer� la lija, eso lo arreglo yo en un perique�</p><p>�De acuerdo, de acuerdo �lo interrumpi� el Gran Maestro Supremo�. Con un simple �s�� bastaba. �Se ha dibujado bien el triple c�rculo? �Est�n aqu� todos los que son, son todos los que est�n? �Ay del ignorante que se encontrara aqu�, pues ser�a expulsado de este lugar, sus charnelas desgarradas, sus ordinales esparcidos a los cuatro vientos, sus lipasas clavadas en una estaca! <emphasis>�qu� pasa ahora?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Disculpa, �has dicho Hermanos <emphasis>Esclarecidos! </emphasis>El Gran Maestro Supremo clav� la vista en la solitaria figura que levantaba la mano.</p><p>�S�, los Hermanos Esclarecidos, guardianes del sagrado conocimiento desde tiempos inmemoriales�</p><p>�Desde febrero �aport� el Hermano Portero, siempre dispuesto a cooperar.</p><p>El Gran Maestro Supremo ten�a la sensaci�n de que el Hermano Portero nunca acababa de entrar en el esp�ritu del asunto.</p><p>�Lo siento. Lo siento. Lo siento �dijo la figura, preocupada�. Me equivoqu� de sociedad. Cu�nto lo siento. Deb� de equivocarme de callej�n. Ya me voy, si me disculp�is, perdonad�</p><p>�Sus lipasas clavadas en una estaca �repiti� el Gran Maestro Supremo, alzando la voz para hacerse o�r por encima del estruendo que armaba el Hermano Portero tratando de abrir el temible portal atrancado�. �Estamos ya? �Hay alg�n otro ignorante que se haya equivocado de fiesta? �a�adi� con cierto sarcasmo�. bien. Estupendo. Supongo que ser� mucho pedir que alguien me informe de si las Cuatro Torres de Vigilancia est�n cerradas. Ah, perfecto. �Y el Pantal�n de Santidad alguien se ha molestado en confesarlo? Ah, t�. �Bien? Lo comprobar�, si no te importa� Vale. �Est�n todas las ventanas cerradas con los Cordones Rojos del Intelecto, como ordenan las antiguas leyes? Bien. Ahora, a lo mejor podemos seguir.</p><p>Con el ce�o ligeramente fruncido de quien acaba de pasar un dedo por el estante m�s alto de su nuera, y contra todo pron�stico ha descubierto que est� inmaculadamente limpio, el Gran Maestro prosigui�.</p><p>Qu� pandilla, pens�. Vaya pu�ado de incompetentes, en otra sociedad secreta no los tocar�an ni con un Cetro de Autoridad de tres metros de largo. Son de los que se dislocan los dedos hasta con el apret�n de manos secreto m�s sencillo.</p><p>Pero, pese a todo, son unos incompetentes con posibilidades. Que las otras sociedades se queden con los h�biles, los esperanzados, los ambiciosos, los inteligentes, �l prefer�a a los in�tiles resentidos, los que estaban llenos de bilis e ira, los que sab�an que podr�an hacer algo grande si se les diera la oportunidad. Prefer�a a Aquellos cuyas riadas de veneno y ansia de venganza solo estaban refrenadas por delgados muros de ineptitud y paranoia.</p><p>Y de estupidez, claro. Todos hab�an formulado el juramento, pero ni a uno se le hab�a ocurrido preguntar qu� era una lipasa.</p><p>�Hermanos �dijo�, esta noche tenemos que discutir asuntos de vital importancia: el buen gobierno�, no, qu� digo, el futuro mismo de Ankh-Morpork est� en nuestras manos.</p><p>Todos se inclinaron hacia adelante para o�r mejor. El Gran Maestro Supremo sinti� el cosquilleo de la vieja sensaci�n de poder. Estaban pendientes de sus palabras. S�lo por aquella sensaci�n gloriosa ya val�a la pena vestirse con esa est�pida capa.</p><p>��No sabemos bien que la ciudad est� bajo la zarpa de hombres corruptos, que se refocilan en sus tesoros mal ganados, mientras que hombres mejores tienen que sufrir el yugo de una esclavitud virtual?</p><p>��Y tanto que s�! �replic� el Hermano Portero con vehemencia, en cuanto tuvo tiempo de traducirlo mentalmente�. Sin ir m�s lejos, la semana pasada, en el Gremio de Panaderos, intent� decirle al Maestro Critchley que�</p><p>No fue por contacto visual, porque el Gran Maestro Supremo se hab�a asegurado bien de que las capuchas de la Hermandad ocultaran todos los rostros para darles un aire m�stico, pero aun as� consigui� hacer callar al Hermano Portero simplemente con un ejercicio de silencio puro, ultrajado.</p><p>�Pero no siempre fue as� �continu� el Gran Maestro Supremo�. Hubo en el pasado una era dorada, cuando aquellos dignos de poder y respeto recib�an su justa recompensa. Una era en la que Ankh-Morpork no era simplemente una ciudad grande, sino grandiosa. Una era caballeresca� �S�, Hermano Vigilatorre?</p><p>La corpulenta figura envuelta en su capa baj� la mano.</p><p>��Quieres decir cuando ten�amos reyes?</p><p>�Muy bien, Hermano �asinti� el Gran Maestro Supremo, algo molesto ante aquella inusual muestra de inteligencia�. Una era�</p><p>�Pero eso ya se acab� hace cientos de a�os �insisti� el Hermano Vigilatorre�. �No hubo una gran batalla, o algo por el estilo? Y desde entonces lo que hemos tenido han sido gobernantes como el patricio.</p><p>�S�, muy bien, Hermano Vigilatorre.</p><p>�Lo que intento decir es que eso de los reyes ya no existe �aclar� el aludido.</p><p>�Como dice el Hermano Vigilatorre, la estirpe de�</p><p>�Me di cuenta cuando mencionaste eso de la era caballeresca.</p><p>�M�s o menos, y�</p><p>�Eso es lo que pasa cuando hay reyes, que tambi�n hay caballeros �insisti� alegremente el Hermano Vigilatorre�. Y torneos. Y tambi�n ten�an�</p><p>�<emphasis>En cualquier caso �</emphasis>lo interrumpi� bruscamente el Gran Maestro Supremo�, es muy posible que la estirpe de los reyes de Ankh no est� tan extinta como hemos dado por supuesto, y que haya alg�n descendiente de esta estirpe a�n con vida. As� parecen indicarlo mis investigaciones de antiqu�simos pergaminos.</p><p>Los mir�, expectante. Pero sus palabras no hab�an surtido el efecto que �l esperaba. Probablemente habr�an entendido lo de �descendiente�, pens�, pero con lo de �estirpe� se me ha ido la mano.</p><p>El Hermano Vigilatorre levant� la mano de nuevo.</p><p>��S�?</p><p>��Est�s diciendo que puede haber por ah� alg�n heredero del trono?</p><p>�Es posible, s�.</p><p>�Claro. Es lo que suele pasar, ya se sabe �dijo el Hermano Vigilatorre con gesto de entendido�. Constantemente. Lo pone en los libros. Los llaman b�stagos. Se cr�an en pueblos perdidos, van pas�ndose una espada secreta y una marca de nacimiento de generaci�n en generaci�n, y todo eso. Entonces, justo cuando su antiguo reino los necesita, aparecen y echan a los usurpadores que haya por ah�. Y hay regocijo general. El Gran Maestro Supremo se qued� boquiabierto. No hab�a esperado que fuera tan sencillo.</p><p>�S�, muy bien �intervino una figura, que el Gran Maestro sab�a que era el Hermano Revocador�. Pero �qu� importa? Supongamos que aparece un b�stago de �sos, va al patricio y le dice, �Qu� tal, soy el rey de aqu�, tengo la marca de nacimiento y todo eso, ya te puedes largar.� �Qu� conseguir�? Una expectativa de vida de unos dos minutos, y eso con mucha suerte.</p><p>�Es que no te enteras �buf� el Hermano Vigila-torre�. La cosa es que el b�stago tiene que llegar cuando el reino est� en peligro, �no? As� todo el mundo se entera. Lo llevan en hombros al palacio, cura a unas cuantas personas, proclama medio d�a de fiesta, tira por ah� unas cuantas monedas del tesoro, y marchando.</p><p>�Tambi�n tiene que casarse con una princesa �se�al� el Hermano Portero�. Porque es un porquero. Todos le miraron.</p><p>��Qui�n ha dicho nada de que sea un porquero? �buf� el Hermano Vigilatorre�.Yo no he dicho que sea un porquero. �Por qu� va a ser un porquero, a ver?</p><p>�No le falta raz�n �intervino el Hermano Revocador�. El b�stago t�pico suele ser un porquero, o un campesino. Es por el no s� qu� �se, el cognito. Tiene que parecer que son de origen humilde.</p><p>�Pues los or�genes humildes no tienen nada de especial �dijo un Hermano muy menudo, que parec�a consistir enteramente en una t�nica negra con halitosis�. Yo tengo montones de or�genes humildes. En mi familia pens�bamos que los porqueros eran gente de elevada posici�n social.</p><p>�Pero tu familia no es de sangre real, Hermano Yonidea �dijo el Hermano Revocador.</p><p>�Pues no veo por qu� no �replic� el otro, malhumorado.</p><p>�Vale, como quieras �sigui� el Hermano Vigilatorre�. El caso es que, en el momento preciso, el rey de verdad se echa hacia atr�s la capucha y dice ��Aqu� estoy!�, y todos ven su majestad.</p><p>��C�mo, exactamente? �pregunt� el Hermano Portero.</p><p>�� <emphasis>no veo por qu� no voy a tener sangre de reyes �</emphasis>murmuraba el Hermano Yonidea�. <emphasis>No tiene derecho a. decir que no tengo sangre de�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Pues mira, porque la ven y basta! Se les nota en la cara, digo yo.</p><p>�Pero antes de eso, tiene que salvar al reino �dijo el Hermano Revocador.</p><p>�Ah, s�, claro �asinti� el Hermano Vigilatorre�. Es lo m�s importante.</p><p>��Y de qu�?</p><p>�� <emphasis>tengo tanto derecho como cualquiera a llevar sangre real�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Del patricio? �sugiri� el Hermano Portero.</p><p>El Hermano Vigilatorre, que de repente se hab�a convertido en una autoridad sobre temas de la realeza, sacudi� la cabeza.</p><p>�No creo que se pueda decir que el patricio sea una amenaza �respondi�. No es precisamente un tirano. Los hemos tenido bastante peores. Lo que quiero decir es que�, bueno, que no <emphasis>oprime.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Pues yo me paso el tiempo oprimido �replic� el Hermano Portero�. El Maestro Critchley, mi jefe, se pasa el d�a oprimi�ndome, me grita y todo eso. Y la mujer de la verduler�a�, �sa s� que me oprime.</p><p>�Es verdad �asinti� el Hermano Revocador�. Mi casero me oprime cosa mala. Se pasa el d�a llamando a la puerta, venga una y otra vez, por el alquiler que dice que le debo, cosa que es mentira, por supuesto. Y los vecinos de al lado me oprimen toda la noche. Les he dicho que me paso el d�a trabajando, y que un hombre necesita tiempo para aprender a tocar la tuba. Eso es opresi�n, desde luego. Me paso la vida oprimido.</p><p>�Hombre, visto as� �asinti� el Hermano Vigila-torre�. La verdad es que mi cu�ado es un aut�ntico opresor conmigo, con eso de que se ha comprado un caballo y un carro nuevos. Y yo no tengo. �Verdad que no es justo? Seguro que un rey no permitir�a que hubiera estas opresiones, que las esposas fueran oprimiendo a la gente con que por qu� no tenemos nosotros un carro nuevo como mi hermano Rodney, y todas esas cosas.</p><p>El Gran Maestro Supremo escuchaba todo con un ligero sentimiento de euforia. Era como si supiera que existen unas cosas llamadas avalanchas, pero jam�s hubiera imaginado la que se iba a armar cuando tir� la bolita de nieve desde la cima de la monta�a. Apenas se hab�a visto obligado a empujarlos en la direcci�n adecuada.</p><p>�Me apuesto lo que sea a que un rey les dir�a un par de verdades a los caseros �dijo el Hermano Revocador.</p><p>�Y prohibir�a que la gente tuviera carros tan ostentosos �asinti� el Hermano Vigilatorre�. Y comprados con dinero robado, seguro.</p><p>�Creo �intervino el Gran Maestro Supremo, para que las cosas no se exagerasen demasiado� que un rey sabio s�lo permitir�a que tuvieran coches ostentosos aquellos que lo merecieran.</p><p>Hubo una pausa en la conversaci�n, mientras los Hermanos reunidos divid�an mentalmente el universo en la categor�a de los merecedores y los no-merecedores, y se situaban en el lado apropiado.</p><p>�Ser�a justo �dijo al final el Hermano Vigilatorre�. Pero la verdad es que el Hermano Revocador tiene raz�n. No me imagino a un b�stago present�ndose aqu� s�lo porque el Hermano Portero cree que la dependienta de la verduler�a lo mira mal. Sin �nimo de ofender.</p><p>�Y encima siempre me enga�a en el peso �buf� el Hermano Portero�. Adem�s�</p><p>�S�, s�, s� �lo interrumpi� el Gran Maestro Supremo�. Sin duda, las buenas gentes de Ankh-Morpork est�n bajo la garra de muchos opresores. El caso es que los reyes suelen aparecer en circunstancias un poco m�s especiales. Como una guerra, por ejemplo.</p><p>Las cosas iban muy bien. Sin duda, pese a toda su estupidez, alguno tendr�a la inteligencia necesaria como para hacer la sugerencia correcta.</p><p>�Antes hab�a profec�as antiguas, o cosas por el estilo �dijo el Hermano Revocador�. Me lo dijo mi abuelo. �Le brillaban los ojos por el esfuerzo de recordar�. �Vendr� el rey, trayendo Ley y Justicia, de su boca s�lo saldr� la Verdad, para Proteger y Servir al Pueblo con su Espada.� No me mir�is as�, que no me lo estoy inventando.</p><p>�Bah, esa leyenda nos la sabemos todos. Para lo que sirve� �se burl� el Hermano Vigilatorre�. A ver, para empezar, �qu� hace ese tipo? �Llega a caballo con la Ley y la Verdad como si fueran los Cuatro Jinetes del Apocalipsis? �Hola a todos, soy el rey, y esa de ah� es la Verdad, que est� dando agua al caballo.� No parece muy sensato. Naa, uno no se puede fiar de esas leyendas antiguas.</p><p>��Por qu� no? �pregunt� el Hermano Yonidea.</p><p>�Porque son legendarias. Por eso �replic� el Hermano Vigilatorre.</p><p>�Pues a m� me gustan las de princesas durmientes �intervino el Hermano Revocador�. S�lo un aut�ntico rey puede despertarlas.</p><p>�No seas burro �lo reprendi� el Hermano Vigilatorre�. No tenemos ning�n rey, as� que tampoco puede haber princesas. Es de l�gica.</p><p>�Claro, que en los viejos tiempos era m�s sencillo �dijo el Hermano Portero.</p><p>��Por qu�?</p><p>�Lo �nico que ten�an que hacer era matar a un drag�n.</p><p>El Gran Maestro Supremo junt� las manos y ofreci� una plegaria silenciosa al dios que le hubiera estado escuchando. Hab�a estado en lo cierto sobre aquel pu�ado de imb�ciles. Tarde o temprano, sus cerebros atrofiados los guiaban hacia donde �l quer�a.</p><p>�Qu� idea tan interesante �aplaudi�.</p><p>�Pero no sirve de nada �replic� el Hermano Vigilatorre�. Ya no hay dragones grandes.</p><p>�Pero podr�a haberlos.</p><p>El Gran Maestro Supremo hizo crujir los nudillos.</p><p>��Volver�n? �se interes� el Hermano Vigilatorre.</p><p>�He dicho que es posible.</p><p>Desde las profundidades de la capucha del Hermano Vigilatorre se oy� una risita nerviosa.</p><p>��Los de verdad? �Los que tienen alas y triangulitos en el lomo?</p><p>�S�.</p><p>��Los que lanzan llamas por la boca?</p><p>�S�.</p><p>��Los que tienen esa especie de u�as largas en las patas?</p><p>��Garras? Oh, s�. Todas las que quieras.</p><p>��C�mo que tantas como quiera?</p><p>�Creo que est� bien claro, Hermano Vigilatorre. Si quieres dragones, puedes tener dragones. Puedes traer un drag�n aqu�. Ahora. A la ciudad.</p><p>��Yo?</p><p>�Todos vosotros. Es decir, nosotros �insisti� el Gran Maestro Supremo.</p><p>El Hermano Vigilatorre titube�.</p><p>�Pues la verdad, no s� si es buena idea�</p><p>�Y obedecer�a todas vuestras �rdenes.</p><p>Eso los hizo guardar silencio. Eso los hizo pensar. Eso cay� sobre sus diminutos cerebros como un buen trozo de carne en una perrera.</p><p>��Te importa repetirlo? �pidi� el Hermano Revocador.</p><p>�Pod�is controlarlo. Pod�is obligarlo a que haga lo que quer�is.</p><p>��A un drag�n de verdad?</p><p>En la intimidad de su capucha, el Gran Maestro Supremo puso los ojos en blanco.</p><p>�S�, uno de verdad. No uno de esos dragoncitos de pantano que la gente tiene en casa. Uno de verdad.</p><p>�Pero yo cre�a que eran�, ya sabes, ritos. El Gran Maestro Supremo se inclin� hacia adelante.</p><p>�Eran <emphasis>mitos, </emphasis>y eran reales �dijo en voz alta�. Onda y part�cula a la vez.</p><p>�Ah� me he perdido �se�al� el Hermano Revocador.</p><p>�En ese caso, os har� una demostraci�n. Por favor, Hermano Dedos, el libro. Gracias. Hermanos, debo deciros que, cuando aprend�a a los pies de los Maestros Secretos�</p><p>��De los qu�, Gran Maestro Supremo? �pregunt� el Hermano Revocador.</p><p>��Qu� te pasa, por qu� no escuchas nunca? �Ha dicho �Maestros Secretos�! �grit� el Hermano Vigilatorre�. Ya sabes, los venerables sabios que viven en no s� qu� monta�a, lo gobiernan todo en secreto, le ense�aron eso de la sabidur�a y pueden caminar sobre el fuego y esas cosas. Nos lo dijo la semana pasada. Nos va a ense�ar, �a que s�, Gran Maestro Supremo? �termin�, obsequioso.</p><p>�Ah, los Maestros Secretos �asinti� el Hermano Revocador�. Lo siento. Es por estas capuchas m�sticas. Lo siento. Secretos. Ya me acuerdo.</p><p>Cuando yo gobierne esta ciudad, se dijo para sus adentros el Gran Maestro Supremo, se acabar� todo esto. Fundar� una nueva sociedad secreta, llena de hombres astutos e inteligentes, aunque no demasiado inteligentes, claro, no demasiado inteligentes. Expulsaremos al tirano y habr� una nueva era de ilustraci�n, fraternidad y humanismo, y Ankh-Morpork ser� una Utop�a, y la gente como el Hermano Revocador arder� a fuego lento. Junto con sus lipasas.<a l:href="#n_2" type="note">[2]</a></p><p>�Como dec�a, cuando estaba aprendiendo a los pies de los Maestros Secretos� �continu�.</p><p>�Fue cuando te dijeron que caminaras sobre papel de arroz, �verdad? �lo interrumpi� el Hermano Vigilatorre, en tono coloquial�. Siempre me ha parecido un buen detalle. Desde que lo contaste la primera vez, guardo el papel que viene en las cajas de zapatos. Es realmente sorprendente. Puedo caminar sobre �l sin problemas. Eso demuestra lo mucho que te ayuda estar en una buena sociedad secreta.</p><p>El Hermano Revocador no arder� solo, pens� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�Tus pasos por el camino de la iluminaci�n son un ejemplo para todos nosotros, Hermano Vigilatorre �dijo�. De todos modos, si me permit�s proseguir, entre los muchos secretos que aprend�</p><p>�� sobre la esencia del ser� �aport� el Hermano Vigilatorre, aprobador.</p><p>�� sobre la esencia del ser, como dice el Hermano Vigilatorre, estaba la ubicaci�n exacta actual de los dragones nobles. Es err�neo pensar que todos murieron. Sencillamente, encontraron un nuevo camino de evoluci�n. Y podemos invocarlos. �Blandi� el libro�. Aqu� tenemos las instrucciones concretas.</p><p>��Y est�n en un libro, as� como si tal cosa? �se asombr� el Hermano Revocador.</p><p>�No es un libro cualquiera. Es el �nico ejemplar que existe. He tardado a�os en localizarlo �dijo el Gran Maestro Supremo�. Est� escrito del pu�o y letra de Tubal de Malaquita, un gran experto en el tema de los dragones. Es su propia caligraf�a. �l invocaba dragones de todos los tama�os, y vosotros pod�is hacer lo mismo.</p><p>Hubo otro largo silencio de asombro.</p><p>�Mmm �dijo al final el Hermano Portero.</p><p>�A m� es que eso me parece como�, bueno, ya sabes, cosa de magia �se�al� el Hermano Vigilatorre, con el tono nervioso de quien acaba de ver bajo qu� va-sito est� la bola, pero no quiere decirlo�. O sea, no quiero cuestionar tu sabidur�a suprema ni nada por el estilo�, pero�, no s�, eso de la magia�</p><p>Su voz se apag�.</p><p>�Exacto �asinti� el Hermano Revocador, inc�modo.</p><p>�Es�, es por los magos, �sabes? �intervino el Hermano Dedos�. A lo mejor no te enteraste porque estabas con los venerables venerados en esa monta�a, pero aqu� a los magos no les hace gracia que hagas nada m�gico, se te ponen en contra, y no es buena cosa.</p><p>�Dicen que es cuesti�n de profesionalidad �dijo el Hermano Revocador�. O sea, que yo no voy por ah� meti�ndome en asuntos m�sticos, y ellos no van por ah� haciendo revocados de fachadas.</p><p>�No comprendo cu�l es el problema �replic� el Gran Maestro Supremo.</p><p>En realidad, lo comprend�a perfectamente. Aqu�l era el �ltimo obst�culo. Si consegu�a que sus cerebros atrofiados lo saltaran, tendr�a el mundo en la palma de la mano. El ego�smo est�pido de aquellos hombres no lo hab�a decepcionado hasta entonces, y no lo har�a ahora�</p><p>Los Hermanos se removieron, inquietos, hasta que el Hermano Yonidea rompi� el silencio.</p><p>�Bah. Magos. �sos s� que no han dado golpe en su vida.</p><p>El Gran Maestro Supremo suspir�, aliviado.</p><p>El ambiente general de resentimiento se hab�a hecho casi palpable.</p><p>�Son unos vagos, desde luego �buf� el Hermano Dedos�. Siempre van por ah� con cara de ser mejores que nadie. Yo los ve�a a menudo cuando trabajaba en la Universidad. Unos fanfarrones, os lo digo yo. Nadie los ha visto hacer un trabajo honrado.</p><p>��Como robar, por ejemplo? �se�al� el Hermano Vigilatorre, al que no le ca�a demasiado bien el Hermano Dedos.</p><p>�Pero claro �sigui� el Hermano Dedos, haciendo caso omiso del comentario�, siempre te dicen que no puedes ir por ah� haciendo magia, por eso del equilibrio y la armon�a universal, y no s� qu� tonter�as m�s. A m� siempre me han parecido sandeces.</p><p>�Bueeeno� �titube� el Hermano Revocador�. La verdad, no s�. Quiero decir, si haces mal la mezcla, te pones hasta las rodillas de cemento. Pero si haces mal la magia, aunque sea s�lo un poquito mal, dicen que aparecen cosas horribles y se te llevan.</p><p>�S�, pero los que dicen eso son los magos �se�al� el Hermano Vigilatorre, pensativo�. Si os he de ser sincero, yo tampoco los he soportado nunca. A lo mejor es que tienen un buen secreto y no quieren que los dem�s nos enteremos. Al fin y al cabo, s�lo se trata de mover un poco los brazos y decir palabras raras.</p><p>Los Hermanos meditaron unos momentos. Parec�a plausible. Si <emphasis>ellos </emphasis>tuvieran un buen chollo, no querr�an que nadie m�s se metiera en el ajo.</p><p>El Gran Maestro Supremo decidi� que ya hab�a llegado la hora.</p><p>�Entonces, Hermanos, �estamos de acuerdo? �Est�is preparados para practicar la magia?</p><p>�Ah, <emphasis>practicar �</emphasis>suspir� el Hermano Revocador, ya m�s tranquilo�. Practicar no me importa. Mientras no la hagamos de verdad�</p><p>El Gran Maestro Supremo dio un golpe con el libro.</p><p>��Quiero decir que si est�is preparados para hacer aut�nticos hechizos! �Para devolver los buenos tiempos a la ciudad! �Para invocar un drag�n! �grit�.</p><p>Todos dieron un paso hacia atr�s�</p><p>�Y entonces� �titube� el Hermano Portero�. Si hacemos que venga el drag�n, �el rey leg�timo aparecer� aqu�, as�, sin m�s?</p><p>��Exacto! �exclam� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�Ya entiendo �lo apoy� el Hermano Vigilatorre-. Por el destino y esas cosas.</p><p>Hubo un momento de silencio, y luego un asentimiento general de capuchas. S�lo el Hermano Revocador parec�a algo descontento.</p><p>�Bueno� �dijo�. No se nos escapar� la cosa de las manos, �verdad?</p><p>�Te aseguro, Hermano, que podr�s dejarlo cuando quieras �lo tranquiliz� el Gran Maestro con la voz m�s dulce de que fue capaz.</p><p>�Vale�, entonces, bien �replic� el otro de mala gana�. Pero s�lo un poquito de magia. Lo justo para quemar algunas verduler�as opresoras, por poner un ejemplo.</p><p>Ahhh.</p><p>Hab�a ganado. Volver�a a haber dragones. Y volver�a a haber un rey. No como los reyes de anta�o, claro. Un rey a quien decirle lo que deb�a hacer.</p><p>�Eso �dijo con voz pausada� depende de hasta qu� punto colabores. Para empezar, necesitaremos todos los objetos m�gicos que pod�is conseguir.</p><p>Quiz� fuera m�s conveniente que no vieran que la �ltima mitad del libro de Malaquita estaba completamente quemada. Obviamente, el viejo Toc�n no hab�a estado a la altura de las circunstancias.</p><p>�l lo har�a mejor. Y nadie, absolutamente nadie, podr�a detenerlo.</p><p>El trueno retumb�</p><p>Se dice que los dioses juegan con las vidas de los hombres. Pero nadie sabe a qu� juegan, ni por qu�, ni qui�nes son los peones, ni cu�les son las reglas del juego.</p><p>Es mejor no especular.</p><p>El trueno retumb�.</p><p>Y volvi� a retumbar una y otra vez�</p><p>Ahora, salgamos por unos momentos de las lluviosas calles de Ankh-Morpork y viajemos por las nieblas matutinas del Disco para concentrarnos en un joven que se dirige hacia la ciudad con toda la inocencia, sinceridad y buena voluntad de un iceberg a la deriva hacia un yate de recreo.</p><p>El joven se llama Zanahoria. No es por causa de su pelo, que su padre le ha cortado al cepillo por motivos de Higiene. Es por causa de su forma.</p><p>Es esa forma que s�lo se obtiene con una vida sana, comida saludable y aire limpio de las monta�as a pulmones llenos. Cuando flexiona los m�sculos de los hombros, otros m�sculos tienen que apartarse antes para dejar paso.</p><p>Tambi�n lleva una espada, que le fue entregada en circunstancias misteriosas. En circunstancias muy misteriosas. Pero, por sorprendente que parezca, esta espada no tiene nada de inexplicable. No es m�gica. No tiene nombre. Cuando la esgrimes, no sientes una corriente de poder, s�lo agujetas. Es una espada tan usada que se ha convertido en la esencia de una espada: un trozo de metal muy largo, con bordes muy afilados. Y no tiene un destino escrito a lo largo de toda su hoja.</p><p>Es, desde luego, una espada �nica.</p><p>El trueno retumb�.</p><p>Las alcantarillas de la ciudad eructaron suavemente mientras los desperdicios de la noche corr�an por ellas, en algunos casos protestando d�bilmente.</p><p>Cuando la corriente lleg� a la figura tendida del capit�n Vimes, el agua se dividi� y fluy� en torno a �l en dos ramales. Vimes abri� los ojos. Tuvo un momento de paz vac�a hasta que los recuerdos lo golpearon como un martillazo.</p><p>Hab�a sido un mal d�a para la Guardia. Para empezar, asistieron al funeral de Herbert Gaskin. Pobre Gaskin, pobre. Hab�a violado una de las reglas fundamentales de los guardias. Y no era la clase de regla que alguien como Gaskin pudiera romper dos veces. As� que lo bajaron a la fr�a tierra embarrada, mientras la lluvia tamborileaba sobre su ata�d sin que nadie hubiera acudido a llorarlo aparte de los tres miembros supervivientes de la Guardia Nocturna, el grupo m�s despreciado de toda la ciudad.</p><p>El sargento Colon hab�a llorado a moco tendido. Pobre Gaskin, pobre.</p><p>Pobre Vimes, pobre, pens� Vimes. Pobre Vimes, pobre, tirado en un canal�n. Pero claro, ah� es donde empez�. Pobre Vimes, pobre, el agua le corr�a bajo la cota de mallas. Pobre Vimes, pobre, viendo pasar la basura del agua. Seguramente, hasta el pobre Gaskin, pobre, disfrutaba en aquellos momentos de una visi�n mejor.</p><p>A ver�, despu�s de salir del funeral, se hab�a emborrachado. No, no era exactamente eso, faltaba un adverbio. Se hab�a emborrachado <emphasis>m�s, </emphasis>eso era. Porque el mundo entero le daba vueltas, como si lo viera a trav�s de un cristal distorsionado, y s�lo consegu�a enfocarlo correctamente a trav�s del culo de una botella. Pero hab�a algo, algo que olvidaba. Ah, s�. Era de noche. Hora de entrar en servicio. Aunque Gaskin no estar�a de servicio. Necesitaba un nuevo compa�ero. Ya se lo hab�an enviado. Algo de una carta. Intent� recordar.</p><p>Pronto se rindi�, y se dej� caer de nuevo. El agua sigui� corriendo en torno a �l.</p><p>Arriba, las letras iluminadas chisporroteaban bajo la lluvia.</p><p>El aire puro de las monta�as no era lo �nico que hab�a proporcionado a Zanahoria su imponente f�sico. El hecho de criarse en una mina de oro explotada por enanos, y trabajar doce horas diarias empujando vagonetas hasta la superficie seguramente hab�a contribuido en algo.</p><p>Caminaba encorvado. Es lo que le pasa a uno cuando se cr�a en una mina de oro explotada por enanos que piensan que un metro cincuenta es una buena altura para un techo.</p><p>Siempre hab�a sabido que era diferente. Para empezar, siempre ten�a m�s chichones que nadie. Y un d�a su padre se acerc� a �l, o mejor dicho se acerc� a su cintura, y le dijo que, en realidad, no era como hab�a cre�do siempre, un enano.</p><p>Es terrible tener diecis�is a�os y descubrir que te has equivocado de especie.</p><p>�No hemos querido dec�rtelo antes, hijo �suspir� su padre�. Pensamos que crecer�as sin darte cuenta.</p><p>��Sin darme cuenta de qu�? �inquiri� Zanahoria.</p><p>�De que crec�as. Pero ahora tu madre opina�, bueno, los dos opinamos que ya es hora de que vayas a vivir entre los tuyos. Es decir, no nos parece justo tenerte aqu� acurrucado, privado para siempre de la compa��a de los de tu propia altura. �Su padre se retorci� la correa de cuero con que se sujetaba el casco, se�al inequ�voca de que estaba preocupado�. Eh� �a�adi�.</p><p>��Pero vosotros sois los m�os! �exclam� Zanahoria, a la desesperada.</p><p>�En cierto modo, s�, claro �asinti� su padre�. Pero en otro cierto modo, que por cierto es mucho m�s preciso, no. Es por cosas de eso de la gen�tica, �entiendes? As� que lo mejor ser�a que te marcharas a ver un poco el mundo.</p><p>��C�mo, para siempre?</p><p>��Oh, no! No. Claro que no. Vuelve a visitarnos siempre que quieras. Pero bueno, un chico de tu edad, metido aqu� abajo�, no est� bien. Ya sabes. O sea. Ya no eres un ni�o. Tienes que pasarte la mayor parte del tiempo de rodillas, y todo eso. No est� bien.</p><p>�Entonces, �cu�les son los m�os? �pregunt� Zanahoria.</p><p>El viejo enano respir� hondo.</p><p>�Eres humano �dijo.</p><p>��Qu�? �Como el se�or Varneshi?</p><p>El se�or Varneshi ten�a un carro de bueyes y sub�a por los caminos de la monta�a una vez a la semana para venderles cosas a cambio de su oro.</p><p>��Soy de la Gente Grande?</p><p>�Mides un metro ochenta, hijo. �l s�lo mide un metro cincuenta. �El enano volvi� a retorcerse la correa de cuero del casco�. Ya ves.</p><p>�Si, pero�, pero quiz� lo que pasa es que soy alto para mi altura �insisti� Zanahoria a la desesperada�. Al fin y al cabo, si hay humanos bajitos, �por qu� no puede haber enanos altos?</p><p>Su padre le dio unas palmaditas de consuelo en las rodillas.</p><p>�Tienes que enfrentarte a los hechos, hijo. Estar�s mucho mas c�modo arriba, en la superficie. Lo llevas en la sangre. Adem�s, el techo no est� tan bajo.</p><p>Bajo el cielo no te seguir�s dando esos golpes en la cabeza, a�adi� para sus adentros.</p><p>�Un momento �dijo Zanahoria, con su frente sincera fruncida ante el esfuerzo de sus c�lculos�. T� eres un enano, �no? Y mam� tambi�n es una enana. As� que yo deber�a ser un enano. Son hechos de la vida.</p><p>El enano suspir�. Hab�a albergado la esperanza de esquivar aquel tema, tal vez aplazarlo durante unos meses e �rselo insinuando poco a poco, pero se le hab�a acabado el tiempo.</p><p>�Si�ntate, hijo �indic� con amabilidad. Zanahoria se sent�.</p><p>�La cosa es que�, en fin� �tartamude� cuando el rostro grandote y sincero del chico estuvo un poco m�s cerca del suyo�. Te encontramos en el bosque un d�a. Gateabas cerca de uno de los senderos�, mmm�</p><p>La correa de cuero se solt�. El rey tom� aliento y sigui� hablando.</p><p>�O sea, que�, ver�s, hab�a unos carros. Como ardiendo, como si dij�ramos. Y gente muerta. Eso, mmm�, s�. Gente muy muerta. Por eso de los bandidos. Aquel invierno fue malo, y todos bajaban de las monta�as� As� que te recogimos, claro, y bueno, fue un invierno muy malo, y muy largo, ya te lo he dicho, y tu madre se acostumbr� a ti, y bueno, nunca nos decidimos a pedirle a Varneshi que hiciera averiguaciones. Eso es todo.</p><p>Zanahoria se lo tom� bastante bien, sobre todo porque no entendi� ni la mitad. Adem�s, que �l supiera, encontrar a los ni�os gateando junto a los senderos era el sistema normal de reproducci�n. A los enanos<a l:href="#n_3" type="note">[3]</a> no se los considera lo suficientemente mayores como para explicarles el proceso t�cnico hasta que no llegan a la pubertad<a l:href="#n_4" type="note">[4]</a>.</p><p>�Muy bien, pap� �suspir�, inclin�ndose hasta quedar a la altura de la oreja del enano�. Pero�, bueno yo y� �conoces a Minty Machacarrocas? Es preciosa, pap�, tiene una barba tan suave como�, como una cosa muy suave� y m�s o menos nos entendemos, y�</p><p>�S� �replic� el enano con voz fr�a�. Lo s�. Su padre ha hablado conmigo.</p><p>Y su madre con tu madre, a�adi� para sus adentros, y luego tu madre habl� conmigo. O m�s bien me habl� a m�.</p><p>�No es que no les gustes, eres un buen muchacho, y un gran trabajador, ser�as un estupendo yerno. <emphasis>Cuatro </emphasis>estupendos yernos. Eso es lo malo. Adem�s, la chica s�lo tiene sesenta a�os. No es correcto. No est� bien.</p><p>Hab�a o�do hablar de ni�os criados por lobos. Se pregunt� si el jefe de la manada se habr�a visto en una situaci�n tan violenta como aqu�lla. Quiz� ten�an que llevarse a los crios a alg�n claro tranquilo y decir, Mira, hijo, quiz� te hayas preguntado por qu� no eres tan peludo como los dem�s�</p><p>Lo hab�a discutido con Varneshi. Un buen tipo, el tal Varneshi. Tambi�n hab�a conocido a su padre. Y a su abuelo, ahora que lo pensaba. Los humanos no duraban mucho, probablemente era por el esfuerzo de tener que bombear la sangre tan arriba.</p><p>�Pues tienes un problema, rey<a l:href="#n_5" type="note">[5]</a>. Un buen problema �le hab�a dicho el anciano, mientras tomaban un trago en un banco junto a la boca del Pozo n�mero 2.</p><p>�<emphasis>Es </emphasis>un buen chico desde luego �suspir� el rey�. De car�cter tranquilo. Honrado. No es lo que se dice inteligente, pero le mandas que haga algo y no para hasta haber terminado. Obediente.</p><p>�Podr�ais cortarle las piernas �sugiri� Varneshi.</p><p>�Lo que nos causa problemas no son sus piernas �replic� el rey con voz sombr�a.</p><p>�Ah. Claro. Bueno, en ese caso podr�ais�</p><p>�No.</p><p>�No �asinti� Varneshi, pensativo�. Mmm. Bien, en ese caso quiz� deb�is enviarlo fuera una temporada. Que se junte un poco con los humanos. �Se acomod� en el banco�. Lo que ten�is aqu�, rey, es un pato �a�adi� con tono de entendido.</p><p>�No creo que deba decirle eso. Ni siquiera se quiere creer que es humano.</p><p>�Un pato criado entre gallinas. Un fen�meno cient�fico que se da en las granjas. Se encuentran con que no pueden picotear el suelo y ni siquiera saben lo que es nadar. �El rey escuch� con educaci�n. Los enanos no se interesan demasiado por la agricultura�. Pero lo mandas con los otros patos, dejas que se moje un poco, y ya no volver� a correr detr�s de los gallos. Te lo digo yo.</p><p>Varneshi se acomod� de nuevo, bastante satisfecho consigo mismo.</p><p>Cuando te pasas una gran parte de la vida bajo tierra, desarrollas una mentalidad un tanto literal. A los enanos no les sirven de nada las met�foras y los s�miles. Las rocas son duras y la oscuridad es oscura. Su lema es, si empiezas a liarte en descripciones como aqu�lla, te meter�s en apuros. Pero, tras doscientos a�os de hablar con humanos, el rey hab�a desarrollado m�s o menos un agotador instrumental mental que le iba bastante bien para comprenderlos.</p><p>�Claro que me lo dices t�, te acabo de o�r �se�al� con tono racional.</p><p>�Ya me entiendes.</p><p>Hubo una pausa, mientras el rey analizaba cuidadosamente las �ltimas frases.</p><p>�Lo que est�s diciendo �empez�, sopesando cada palabra� es que deber�amos hacer que Zanahoria saliera y fuera un pato entre los humanos, porque t� lo dices.</p><p>�Es un gran muchacho. Hay muchas posibilidades para un chico fuerte como �l �se�al� Varneshi.</p><p>�He o�do que muchos enanos se van a trabajar a la Gran Ciudad �asinti� el rey, inseguro�. Y desde all� env�an dinero a sus familias, cosa muy encomiable.</p><p>�Pues ah� lo tienes. B�scale un empleo en, en� �Varneshi se detuvo, buscando inspiraci�n�. En la Guardia, o algo as�. Mi bisabuelo estuvo en la Guardia, ya sabes. Es un buen trabajo para un chico, me lo dijo mi abuelo.</p><p>��Qu� es una Guardia? �quiso saber el rey.</p><p>�Oh �respondi� Varneshi, con la vaguedad de alguien cuya familia no ha viajado m�s de treinta kil�metros durante las tres �ltimas generaciones�, sirven para asegurarse de que la gente cumple las leyes y todo el mundo hace lo que le dicen que haga.</p><p>�Es una ocupaci�n muy apropiada �dijo el rey, que, como era el que dec�a lo que todos deb�an hacer, estaba a favor de que todo el mundo hiciera lo que le dec�an que hiciera.</p><p>�Claro que no aceptan a cualquiera �sigui� Varneshi mientras rebuscaba en las profundidades de sus recuerdos.</p><p>�Por supuesto, es un trabajo muy importante. Escribir� a su rey.</p><p>�Me parece que all� no tienen rey. S�lo alguien que les dice lo que tienen que hacer.</p><p>El rey de los enanos se lo tom� con tranquilidad, puesto que para �l el noventa y siete por ciento de ser rey consist�a en eso.</p><p>Zanahoria tambi�n se tom� la noticia con calma, igual que cuando le dec�an que hab�a que volver a abrir el Pozo n�mero 4 o cortar madera para hacer vagonetas. Todos los enanos son por naturaleza obedientes, serios, disciplinados y tranquilos, y su �nico defectillo es la tendencia, despu�s de la primera copa, de correr hacia los enemigos gritando ��Aaaaarrrrggg!� y cortarles las piernas por las rodillas de un hachazo. Zanahoria no ten�a motivos para ser diferente. Ir�a a esa ciudad, fuera lo que fuera una �ciudad�, y se har�a un hombre.</p><p>Seg�n hab�a dicho Varneshi, s�lo aceptaban a los mejores. Un guardia ten�a que ser buen luchador, recto de pensamiento, palabra y obra. Desde las profundidades de su anecdotario ancestral, el vendedor hab�a extra�do historias de persecuciones por los tejados a la luz de la luna, y terribles batallas contra felones a los cuales, por supuesto, su bisabuelo hab�a derrotado pese a que siempre lo superaban en n�mero.</p><p>Zanahoria se vio obligado a admitir que aquello parec�a mejor que trabajar en la mina.</p><p>Y, tras pensarlo bien, el rey escribi� al gobernante de Ankh-Morpork, preguntando respetuosamente si Zanahoria pod�a ocupar un lugar entre los guardianes de la ley de la ciudad.</p><p>En aquella mina, rara vez se escrib�an cartas. Se detuvieron todos los trabajos y el clan entero se sent� a su alrededor, guardando un respetuoso silencio, mientras el rey deslizaba la pluma por el pergamino. Hab�a enviado a su t�a a ver a Varneshi para que disculpara, pero a ver si pod�a prestarles lacre para sellar la carta. Tambi�n envi� a su hermana al pueblo para pedirle a la bruja Ajostiernos un hechizo de ortograf�a.</p><p>Luego, pasaron meses.</p><p>Y lleg� la respuesta. Estaba un tanto arrugada, puesto que en las Monta�as del Carnero el correo se suele entregar a cualquiera que vaya en la direcci�n adecuada o m�s o menos, y adem�s era muy breve. Dec�a que su solicitud hab�a sido aceptada y que deb�a presentarse ante su superior de inmediato.</p><p>��As�, sin m�s? �se asombr� Zanahoria�. Supon�a que habr�a ex�menes y esas cosas. Para ver si sirvo para el puesto.</p><p>�Eres mi hijo �replic� el rey�. Se lo dije, �sabes? Salta a la vista que vales para el puesto. Seguro que te ascienden a oficial enseguida.</p><p>Luego busc� un saco que ten�a bajo la silla, hurg� entre sus contenidos y entreg� a Zanahoria un objeto met�lico, m�s semejante a una espada que a una sierra, pero por poco.</p><p>�Puede que esto te pertenezca por derecho �dijo�. Cuando encontramos los�, los carros, esto era lo �nico que quedaba. Los bandidos, ya sabes. As�, entre t� y yo� �Hizo una se�al a Zanahoria para que se le acercara m�s�. Pedimos a una bruja que le echara un vistazo. Por si fuera m�gica. Pero no lo es. Dijo que sin lugar a dudas se trataba de la espada menos m�gica que hab�a visto en su vida. Todas tienen un poco de magia, ya sabes, por eso del magnetismo, supongo. En cambio, est� muy bien equilibrada.</p><p>Se la entreg� al chico, y sigui� buscando.</p><p>�Y luego tambi�n est� esto. �Mostr� una camisa�. Servir� para protegerte.</p><p>Zanahoria la cogi� con cuidado. Estaba confeccionada con la lana de las ovejas de aquellas monta�as, y era tan c�lida y suave como los pelos de un cerdo. Era uno de los legendarios chalecos de lana que usaban los enanos, esos chalecos que necesitan bisagras.</p><p>��De qu� me proteger�? �pregunt�.</p><p>�De los resfriados y esas cosas �respondi� el rey�. Tu madre dice que te la pongas. Ah, y� eso me recuerda algo. El se�or Varneshi dijo que te pasaras por su casa cuando bajaras. Tiene algo para ti.</p><p>Sus padres lo despidieron y se quedaron mir�ndolo hasta que se perdi� de vista. En cambio, Minty no. Qu� cosa tan rara. �ltimamente parec�a haberlo estado esquivando.</p><p>Hab�a guardado en la mochila la espada, bocadillos y una muda limpia, y ten�a el mundo a sus pies, o m�s o menos. Llevaba en el bolsillo la famosa carta del patricio, el hombre que gobernaba en la ciudad grande y hermosa de Ankh-Morpork.</p><p>Al menos as� lo hab�a llamado su madre. Desde luego, hab�a un dibujito impresionante en la parte de arriba, pero la firma dec�a algo as� como �Supino Garabato, p.o.�.</p><p>Aun as�, aunque no estuviera firmada por el patricio, sin duda la hab�a escrito alguien que trabajaba para �l. O al menos en el mismo edificio. Probablemente el patricio conoc�a la existencia de la carta. En t�rminos generales. No de esta carta en concreto, quiz�, pero seguramente sab�a que exist�an las cartas.</p><p>Zanahoria camin� con paso firme por los caminos que llevaban a la base de la monta�a, espantando con sus pisadas a los enjambres de abejorros. Tras un buen rato, desenfund� la espada y, a modo de experimento, lanz� unas cuantas estocadas contra criminales troncos de �rboles y asambleas ilegales de avisperos.</p><p>Varneshi estaba sentado junto a la puerta de su caba�a, enhebrando champi�ones secos en un cordel.</p><p>�Hola, Zanahoria �dijo, guiando al chico hacia el interior�. �A conquistar la gran ciudad?</p><p>Zanahoria medit� debidamente la pregunta.</p><p>�No �respondi� al final.</p><p>��C�mo, te lo has pensado mejor?</p><p>�No. La verdad es que no pienso muy bien mientras camino �replic� Zanahoria con sinceridad.</p><p>�Veo que tu padre te ha dado la espada �suspir� Varneshi, mientras rebuscaba en un sucio estante.</p><p>�S�. Y un chaleco de lana para protegerme de los resfriados�</p><p>�S�, tengo entendido que all� abajo el clima es muy h�medo. La protecci�n es muy importante. �Se dio la vuelta�. Esto perteneci� a mi bisabuelo �a�adi� con tono dram�tico.</p><p>Era un objeto extra�o, vagamente hemisf�rico, rodeado de tiras de cuero.</p><p>��Es una especie de honda? �pregunt� Zanahoria, tras examinarlo en educado silencio. Varneshi le dijo lo que era.</p><p>��Una rosquilla, como las que prepara mi madre? �se extra�� el chico.</p><p>�No. Es para las peleas �murmur� Varneshi�. Tienes que llevarla puesta siempre. Protege tus partes vitales.</p><p>Zanahoria se la puso.</p><p>�Es un poco peque�a, se�or Varneshi.</p><p>�Es que no se pone en la cabeza.</p><p>Varneshi le dio algunas explicaciones m�s al at�nito Zanahoria, que primero se asombr�, y segundo se horroriz�.</p><p>�Mi bisabuelo sol�a decir �termin� el vendedor� que, si no fuera por esto, yo no existir�a.</p><p><emphasis>�</emphasis>�Y qu� significa eso?</p><p>��Varneshi abri� y cerr� la boca unas cuantas veces.</p><p>�No tengo ni idea �se rindi� al final.</p><p>En cualquier caso, el humillante objeto reposaba ya en el fondo de la mochila de Zanahoria. Los enanos no ten�an cosas como aqu�lla. El asombroso protector era un primer indicio de un mundo tan extra�o como la cara oculta de la luna.</p><p>El se�or Varneshi le hab�a hecho otro regalo. Se trataba de un libro, peque�o pero grueso, encuadernado en un cuero que con el paso de los a�os hab�a cobrado la dureza de la madera.</p><p>Se titulaba <emphasis>Las Leyes y Ordenanzas de las Ciudades de Ankh y Morpork.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Esto tambi�n perteneci� a mi bisabuelo �le dijo al entreg�rselo�. Son instrucciones para los miembros de la Guardia. Tienes que aprenderte las leyes de memoria para ser un buen oficial �a�adi� con tono virtuoso.</p><p>Quiz� Varneshi habr�a hecho bien en recordar que a Zanahoria en toda su vida le hab�an mentido, ni le hab�an dado instrucciones que no tuviera que cumplir al pie de la letra. El chico hab�a aceptado el libro con solemnidad. Si iba a ser un oficial de la Guardia, ni se le pasaba por la cabeza ser un mal oficial.</p><p>Fue un viaje de ochocientos kil�metros y, por sorprendente que parezca, un viaje sin incidentes. Las personas que miden m�s de un metro ochenta y tienen los hombros de aproximadamente la misma envergadura suelen disfrutar de viajes sin incidentes. Hay gente que salta a su paso desde detr�s de las rocas, pero luego dicen �Oops, lo siento, me equivoqu�, lo confund� con un amigo m�o�.</p><p>Se hab�a pasado la mayor parte del trayecto leyendo.</p><p>Y, ahora, Ankh-Morpork se extend�a ante �l.</p><p>Era un poco decepcionante. Hab�a esperado ver altas torres blancas que dominaban el paisaje, y banderas, muchas banderas. Ankh-Morpork no dominaba nada. M�s bien parec�a estar a hurtadillas, aferrada al suelo como si temiera que alguien se lo robara. Y no hab�a banderas.</p><p>Ante la puerta encontr� a un guardia. Al menos, vest�a una cota de mallas y la cosa que esgrim�a parec�a una lanza. Ten�a que ser un guardia.</p><p>Zanahoria salud� y le mostr� la carta. El hombre la mir� un rato.</p><p>��Mmm? �dijo al final.</p><p>�Creo que tengo que ver a Supino Garabato p.o. �respondi� el chico.</p><p>��Qu� significa lo de p.o.? �pregunt� el guardia con gesto de sospecha.</p><p>��Pronto Operativo? �sugiri� Zanahoria, que tambi�n se lo hab�a estado preguntando.</p><p>�Pues no tengo ni idea de qui�n es �replic� el guardia�. A quien tienes que ver es al capit�n Vimes, de la Guardia Nocturna.</p><p>��D�nde se encuentran sus cuarteles? �pregunt� el chico con educaci�n.</p><p>�A estas horas del d�a, prueba en El Pu�ado de Uvas, en la Calle Tranquila. �Mir� a Zanahoria de arriba abajo�. Te unes a la guardia, �eh?</p><p>�Espero ser digno de ello, s�. El guardia le dedic� una mirada que se pod�a calificar de anticuada. Era pr�cticamente neol�tica.</p><p>��Qu� hiciste? �pregunt�.</p><p>��Disculpe?</p><p>�Debes de haber hecho algo.</p><p>�Mi padre escribi� una carta �respondi� Zanahoria con orgullo�. Soy voluntario.</p><p>�Infiernos �dijo el guardia.</p><empty-line/><p>Volv�a a ser de noche, y al otro lado del temible portal.</p><p>� �Han girado convenientemente las Ruedas del Tormento? �pregunt� el Gran Maestro Supremo. ---Los Hermanos Esclarecidos se removieron, nerviosos.</p><p>��Hermano Vigilatorre? �insisti� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�A m� no me toca hacer girar las Ruedas del Tormento �murmur� el aludido�. Al que le toca hacer girar las Ruedas del Tormento es al Hermano Revocador.</p><p>�Ah, no, ni lo sue�es, a m� lo que me toca es engrasar los Ejes del Lim�n Universal �replic� el Hermano Revocador, acalorado�. Siempre est�s diciendo que me toca a m�</p><p>El Gran Maestro Supremo suspir� en las profundidades de su capucha al ver que comenzaba la en�sima disputa. �Y con aquellos borricos pretend�a dar origen a una Era de Racionalidad?</p><p>��Os quer�is callar los dos? �rugi�. La verdad es que esta noche no necesitamos las Ruedas del Tormento. Callaos de una vez. A ver, Hermanos�, �hab�is tra�do los objetos que os indiqu�?</p><p>Hubo un murmullo general.</p><p>�Ponedlos en el centro del C�rculo de Conjuraci�n �orden� el Gran Maestro Supremo.</p><p>Era una colecci�n lamentable. Les hab�a dicho que trajeran objetos m�gicos. S�lo el Hermano Dedos hab�a presentado algo digno de tal nombre. Parec�a una especie de adorno de altar, y era mejor no preguntar de d�nde hab�a salido. El Gran Maestro Supremo dio un paso hacia adelante y toc� una de las otras cosas con el pie.</p><p>��Qu� es esto? �quiso saber.</p><p>�Un amuleto �murmur� el Hermano Yonidea�. Es muy poderoso. Se lo compr� a un tipo. Garantizado. Te protege contra las mordeduras de cocodrilo.</p><p>��Seguro que te puedes permitir prescindir de �l? �pregunt� el Gran Maestro Supremo.</p><p>El resto de los Hermanos, obedientemente, dejaron escapar unas risitas.</p><p>��Avergonzaos, Hermanos! �rugi�, girando sobre sus talones�. Os dije que trajerais objetos m�gicos, �no bisuter�a barata y chatarra! �Demonios, si esta ciudad est� podrida de magia! �Hurg� en el mont�n de objetos�. Maldita sea, �qu� es esto?</p><p>�Son piedras �respondi� el Hermano Revocador con voz titubeante.</p><p>�Eso ya lo veo. �Qu� tienen de m�gicas? El Hermano Revocador se ech� a temblar.</p><p>�Tienen agujeros, Gran Maestro Supremo. Todo el mundo sabe que las piedras con agujeros son m�gicas.</p><p>El Gran Maestro Supremo volvi� a su lugar en el c�rculo. Alz� los brazos.</p><p>�De acuerdo. De acuerdo, muy bien �dijo, cansado�. Si quer�is que lo hagamos as�, lo haremos as�. Si lo que obtenemos es un drag�n de un palmo de grande, todos sabremos a qu� se debe. �Verdad, Hermano Revocador? �Hermano Revocador? Lo siento, no he entendido lo que has dicho. �Qu� has dicho, Hermano Revocador?</p><p>�He dicho que s�, Gran Maestro Supremo �susurr� el aludido.</p><p>�Muy bien. Espero que todo haya quedado bien claro.</p><p>El Gran Maestro Supremo se volvi� y tom� el libro entre las manos.</p><p>�Y ahora �dijo�, si ya estamos preparados�</p><p>�Mmm. �EJ Hermano Vigilatorre alz� una mano con timidez�. �Preparados para qu�, Gran Maestro Supremo?</p><p>�Para la invocaci�n, por supuesto. �Diantres, deb� imaginar�!</p><p>�Pero es que no nos has dicho qu� tenemos que hacer, Gran Maestro Supremo �gimi� el Hermano Vigilatorre.</p><p>El Gran Maestro titube�. Era verdad, pero no estaba dispuesto a admitirlo.</p><p>�Claro, por supuesto �buf�. Porque es obvio. Ten�is que enfocar vuestra concentraci�n. Pensad en dragones �tradujo�. Todos a la vez.</p><p>��Y eso es todo, nada m�s? �pregunt� el Portero.</p><p>�S�.</p><p>��No tenemos que entonar ruinas m�sticas, ni nada por el estilo?</p><p>El Gran Maestro Supremo lo mir�. El Hermano Portero, ante la opresi�n, era tan desafiante como puede serlo una sombra an�nima oculta bajo una capucha negra. Si se hab�a unido a una sociedad secreta, quer�a entonar runas m�sticas. Era lo que m�s le hab�a atra�do.</p><p>�Bueno, entona lo que quieras �buf� el Gran Maestro Supremo�. Ahora quiero que� <emphasis>�s�, qu� pasa, Hermano Yonidea?</emphasis></p><p>El menudo Hermano baj� la mano.</p><p>�No me s� ninguna ruina, Gran Maestro. Y entonar, lo que se dice entonar�</p><p>��Silencio!</p><p>Abri� el libro.</p><p>Le sorprendi� bastante ver que, tras p�ginas <emphasis>y </emphasis>m�s p�ginas de aclaraciones m�sticas, la invocaci�n en s� no era m�s que una frase breve. No un c�ntico, ni siquiera una rima, sino unas cuantas s�labas sin sentido. De Malaquita dec�a que causaba pautas de interferencia en las ondas de la realidad, pero seguro que el viejo imb�cil se lo hab�a inventado sobre la marcha. Eso era lo malo de los magos, ten�an que hacer que todo pareciera dif�cil. En realidad, lo �nico que se necesitaba era fuerza de voluntad. Y los Hermanos ten�an de sobras. Una fuerza de voluntad irracional y vitri�lica, s�, cargada de maldad posiblemente, pero a su manera suficientemente poderosa�</p><p>Esta vez no intentar�an nada exagerado. Algo discretito�</p><p>En torno a �l, los Hermanos entonaban lo que cada uno consideraba, seg�n sus luces, algo m�stico. El efecto general no estaba nada mal, mientras no se prestara atenci�n a las palabras. Las palabras. Ah, s�-Bajo la vista y las pronunci� en voz alta. Nada sucedi�. Parpade�.</p><p>Cuando volvi� a abrir los ojos, se encontraba en un callej�n oscuro, ten�a el est�mago lleno de fuego y estaba muy furioso.</p><empty-line/><p>Iba a ser la peor noche en la vida de Zebbo Mooty, ladr�n de tercera clase, y no le habr�a consolado en absoluto saber que tambi�n ser�a la �ltima. La lluvia hac�a que la gente se quedara en sus casas, y �l a�n no hab�a cumplido el cupo. Por tanto, se mostr� un poco menos cauteloso de lo que habr�a sido en otras circunstancias.</p><p>Durante la noche, en las calles de Ankh-Morpork la precauci�n es un absoluto. No existe el concepto de �precauci�n moderada�. O eres muy precavido, o eres un cad�ver. Quiz� camines y respires, pero el caso es que eres un cad�ver.</p><p>Mooty oy� los sonidos amortiguados que le llegaban de un callej�n cercano, se sac� de la manga la cachiporra forrada de cuero, esper� a que su v�ctima estuviera a punto de doblar la esquina, salt�, exclam� ��Oh, mier�!�, y muri�.</p><p>Fue una muerte de lo m�s inusual. Nadie mor�a as� desde hac�a por lo menos un siglo.</p><p>El muro de piedra que hab�a a su espalda se puso al rojo vivo por el calor, y el brillo se fue fundiendo poco a poco con la oscuridad circundante.</p><p>Fue el primer ciudadano de Ankh-Morpork en ver al drag�n. Por desgracia, esto no lo consol� en absoluto, porque estaba muerto.</p><p>�� da�, dijo.</p><p>Su yo desencarnado contempl� el montoncito de cenizas que, esto lo supo con una certeza poco com�n, eran lo que quedaba de su cuerpo. Ver tus propios restos mortales es una sensaci�n extra�a. No le pareci� tan espantoso como habr�a dicho si se lo hubieran preguntado diez minutos antes. El hecho de descubrir que est�s muerto se compensa al descubrir que hay una parte de ti consciente que se da cuenta de que est�s muerto.</p><p>El callej�n volv�a a estar desierto.</p><p>�Pues s� que ha sido raro �se dijo Mooty.</p><p>EXTREMADAMENTE INUSUAL, DESDE LUEGO.</p><p>��Has visto eso? �Qu� era? �pregunt� el ladr�n a la oscura figura que sal�a de entre las sombras�. Y ya que estamos, �qui�n eres t�? �a�adi� con tono de sospecha.</p><p>ADIVINA �respondi� la voz.</p><p>Mooty escudri�� a la figura encapuchada.</p><p>��Vaya! �exclam�. No sab�a que acudieras a por la gente como yo.</p><p>ACUDO A POR <emphasis>TODOS.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Quiero decir en persona�, bueno, m�s o menos.</p><p>A VECES. EN OCASIONES ESPECIALES.</p><p>�S�, bueno �concedi� Mooty�. �Y �sta es una de ellas, sin duda! O sea, �era un jodido drag�n! �Qu� se supone que puede hacer uno? �Nadie espera encontrarse un drag�n a la vuelta de la esquina!</p><p>EN FIN, SI NO TE IMPORTA VENIR POR AQUͅ �indic� la Muerte, poniendo una mano esquel�tica en el hombro del ex ladr�n.</p><p>��Sabes una cosa? Una echadora de cartas me dijo que morir�a en la cama, rodeado de bisnietos llorosos �dijo Mooty a la alta figura�. �Qu� te parece, eh?</p><p>ME PARECE QUE ESTABA EQUIVOCADA.</p><p>�Un jodido drag�n �gru�� Mooty�. Y respiraba fuego, y todo. �Sufr� mucho?</p><p>NO. FUE PR�CTICAMENTE INSTANT�NEO.</p><p>�Menos mal. No me gustar�a pensar que sufr� mucho. �Mooty mir� a su alrededor�. �Qu� viene ahora? �pregunt�.</p><p>Tras �l, la lluvia convirti� en barro el montoncito de cenizas negras.</p><empty-line/><p>El Gran Maestro Supremo abri� los ojos. Estaba tendido de espaldas. El Hermano Yonidea se dispon�a a hacerle la respiraci�n boca a boca. La sola idea bastaba para despertar a cualquiera que se hubiera desmayado. Se sent� y trat� de librarse de la sensaci�n de que pesaba varias toneladas y estaba cubierto de escamas.</p><p>�Lo logramos �susurr�. �El drag�n! �Acudi�! �Lo he sentido!</p><p>Los Hermanos se miraron entre ellos.</p><p>�Pues nosotros no hemos visto nada �se�al� el Hermano Revocador.</p><p>�A m� me pareci� ver algo �dijo el Hermano Vigilatorre, lealmente.</p><p>�No, no estaba aqu� �buf� el Gran Maestro Supremo�. No esperar�ais que se materializara aqu� mismo, �verdad? Fue afuera, en la ciudad. S�lo unos segundos� �Se�al� con un dedo�. �Mirad!</p><p>Los Hermanos se volvieron r�pidamente, temerosos de encontrarse frente a frente con una bocanada de llamas.</p><p>En el centro del c�rculo, los objetos m�gicos se estaban convirtiendo en polvo. Ante sus ojos, el amuleto del Hermano Yonidea se deshizo.</p><p>�Se han quedado secos �susurr� el Hermano Dedos.</p><p>�Tres d�lares que me cost� ese amuleto, nada menos �murmur� el Hermano Yonidea.</p><p>�Pero eso demuestra que funciona �dijo el Gran Maestro Supremo�. �No lo veis, idiotas? �Funciona! �Podemos invocar dragones!</p><p>�Pero nos va a salir muy caro en objetos m�gicos �respondi� el Hermano Dedos, dubitativo.</p><p>�� <emphasis>tres d�lares, que no es ninguna tonter�a�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>El poder no es barato �rugi� el Gran Maestro.</p><p>�Muy cierto �asinti� el Hermano Vigilatorre�. No es barato. Muy cierto. �Volvi� a contemplar los restos agotados de los objetos�. Vaya �sigui�. �Lo hemos logrado, claro que s�! Nos pusimos a ello e hicimos magia, �verdad?</p><p>��Lo veis? �exclam� el Hermano Dedos�. �Os dije que no era peligroso!</p><p>�Todos lo hab�is hecho excepcionalmente bien �los anim� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�� <emphasis>quer�a cobrarme seis d�lares, pero me dijo que me lo dejaba en tres aunque iba a la ruina�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>S� �sigui� el Hermano Vigilatorre�. �Le hemos cogido el tranquillo enseguida! Y no ha dolido nada. �Hemos hecho magia de verdad! Adem�s, no han aparecido demonios, ni nada por el estilo, Hermano Revocador. No s� si te habr�s dado cuenta.</p><p>Los otros Hermanos asintieron. Magia de verdad.</p><p>Y no era para tanto. Que se fuera preparando todo el mundo.</p><p>�Alto ah�, un momento �intervino el Hermano Revocador�. �Adonde ha ido este drag�n? Es decir, �lo hemos invocado o no?</p><p>�Es muy propio de ti hacer preguntas tan est�pidas �replic� el Hermano Vigilatorre, algo inseguro.</p><p>El Gran Maestro Supremo se sacudi� el polvo de su capa m�stica.</p><p>�Lo invocamos �explic�, y acudi�. Pero s�lo mientras dur� la magia. Luego volvi� a marcharse. Si queremos que se quede m�s tiempo, necesitamos m�s magia, �comprend�is? Y la conseguiremos.</p><p>�� <emphasis>tres d�lares, que no se ganan as� como as�</emphasis></p><p>��C�llate!</p><empty-line/><cite><p>Querid�simo padre [escribi� Zanahoria]: Bueno, aqu� estoy, en Ankh-Morpork. Las cosas no son como en casa. Creo que todo ha cambiado un poco desde que estuvo aqu� el bisabuelo del se�or Varneshi. Me parece que la gente de esta ciudad no sabe diferenciar el Bien del Mal.</p><p>Encontr� al capit�n Vimes en una cervecer�a. Me acord� de lo que dec�as, que un enano decente no entraba en esos lugares, pero como �l no sal�a, pas� al interior. Lo vi tumbado con la cabeza en la mesa. Cuando le habl�, me dijo que arrimara un taburete y le pagara la siguiente. Creo que la bebida le hab�a afectado. Me dijo tambi�n que me buscara un sitio para dormir y luego me presentara al sargento Colon en la Casa de la Guardia, esa misma noche. Luego a�adi� que cualquiera que quisiera unirse a la guardia ten�a que hacerse mirar la cabeza.</p><p>El se�or Varneshi no mencion� esto. Quiz� lo hagan por motivos de Higiene.</p></cite><empty-line/><p>Fui a dar un paseo. Aqu� hay mucha gente. Encontr� un lugar que se llama Las Sombras. Luego vi que unos hombres intentaban robar a una Se�orita. Me enfrent� a ellos. No sab�an luchar bien, y uno de ellos intent� pegarme una patada en las Partes Vitales, pero yo llevaba el Protector, como me hab�an dicho, y el hombre se hizo da�o. Luego la Se�orita vino y me dijo que si quer�a una cama. Yo le dije que s�. Me llev� a donde viv�a, una especie de pensi�n, aunque lo llam� otra cosa que empieza por B, pero no me acuerdo. La dirige la se�ora Palma. La se�orita del Bolso se llama Reet, y le dijo, tendr�as que haberlo visto, eran 3, fue incre�ble. La se�ora Palma dijo, Corre por cuenta de la casa. Tambi�n me dijo, Qu� Protector tan grande. As� que sub� arriba y me qued� dormido, aunque era un lugar con mucho ruido. Reet me despert� una o dos veces para decirme que si quer�a algo, pero no ten�an manzanas. As� que me qued� dormido de pie, como dicen aqu�, aunque no lo entiendo muy bien, porque si te duermes de pie te caes, es de Sentido Com�n.</p><p>Desde luego, hay muchas cosas que hacer. Cuando fui a ver al sargento, me encontr� con un lugar que es ��el Gremio de Ladrones!! Pregunt� a la se�ora Palma y me dijo que claro. Me dijo que los jefes de los Ladrones de la Ciudad se re�nen all�. Fui a la Casa de la Guardia y conoc� al sargento Colon, que es un hombre muy gordo, y cuando le habl� del Gremio de Ladrones me dijo, No seas idiota. No creo que hablara en serio. Me dijo, No te preocupes por el Gremio de Ladrones, lo �nico que tienes que hacer es pasear por las Calles de Noche, gritando Las doce en punto y sereno. Y yo le pregunto, �Y si no todo est� sereno? Y �l me dijo que me fuera a buscar otra calle.</p><p>Esto no es Liderazgo.</p><p>Me han dado una especie de cota de mallas. Est� oxidada, y no muy bien hecha.</p><p>Te dan dinero por ser guardia. Son 20 d�lares al mes. Cuando los tenga te los enviar�.</p><p>Espero que est�is todos bien y que hay�is vuelto a abrir el Pozo n�mero 5. Esta tarde ir� a ver el Gremio de Ladrones. Es una verg�enza. Si hago algo al respecto, me apuntar� un Tanto. Ya empiezo a entender la manera de hablar de aqu�.</p><p>Tu hijo que te quiere, Zanahoria.</p><p>P.D. Por favor, dale recuerdos a Minty. La echo mucho de menos.</p><p>Lord Vetinari, el patricio de Ankh-Morpork, se pas� una mano por los ojos.</p><p>��Que hizo qu�?</p><p>��Me llev� <emphasis>arrestado </emphasis>por las calles! �exclam� Urdo van Pew, actual presidente del Gremio de Ladrones, Rateros y Profesiones Relacionadas�. �A plena luz del d�a! �Y con las manos atadas!</p><p>Dio unos pasos en direcci�n a la austera silla en el despacho del patricio, blandiendo un dedo.</p><p>�Sabes muy bien que nos hemos mantenido dentro de los m�rgenes de la Cuota �dijo�. �Y qu� humillaci�n!</p><p>�Me trat� como a un criminal com�n! M�s vale que reciba una disculpa en toda regla �a�adi� o tendr�s otra huelga. Nos veremos obligados, pese a nuestra natural responsabilidad c�vica �zanj�.</p><p>Fue lo del dedo. Lo del dedo fue un error. El patricio contemplaba con ojos fr�os el dedo. Van Pew sigui� la direcci�n de su mirada y baj� la mano r�pidamente. El patricio no era hombre ante el cual se pudiera blandir un dedo, a no ser que quisieras acabar contando s�lo hasta nueve.</p><p>��Y dices que fue una sola persona? �pregunt� lord Vetinari.</p><p>��S�! Exacto� �titube� Van Pew.</p><p>Ahora que lo narraba en voz alta, sonaba un tanto extra�o.</p><p>�En cambio, dentro hab�a cientos de vosotros �sigui� el patricio con tranquilidad�. Es una cueva de ladrones�, si me disculpas la expresi�n.</p><p>Van Pew abri� y cerr� la boca unas cuantas veces. La respuesta sincera habr�a sido: s�, y si alguien se hubiera colado a hurtadillas, lo habr�a pasado mal. Fue su manera de entrar, como si fuera el due�o del edificio, lo que enga�� a todo el mundo. Eso y el hecho de que no dej� de golpear a todo el mundo y de decirnos que Rectific�ramos.</p><p>El patricio asinti�.</p><p>�Me ocupar� de este asunto en un momento �dijo.</p><p>Era una buena frase. Siempre hac�a titubear a la gente. Nunca estaban seguros de si quer�a decir que se ocupar�a enseguida, o que se ocupar�a <emphasis>brevemente. </emphasis>Y nadie se atrev�a a preguntarle.</p><p>Van Pew recul�.</p><p>�Una disculpa en toda regla, te lo recuerdo. Tengo que proteger mi reputaci�n �insisti�.</p><p>�Gracias. No quiero entretenerte m�s �replic� el patricio, dando de nuevo su toque personal al idioma.</p><p>�Eso. Bien. Gracias. Muy bien �asinti� el ladr�n.</p><p>�Al fin y al cabo, tienes mucho trabajo �sigui� lord Vetinari.</p><p>�Por supuesto, por supuesto. El ladr�n titube�. La �ltima frase del patricio ten�a punta. Uno se encontraba a la espera de recibir el golpe.</p><p>�Ejem� �carraspe�, a la espera de recibir una pista.</p><p>�Lo digo por todo el trabajo que est�is haciendo, claro.</p><p>El p�nico se apoder� del rostro del ladr�n. Un sentimiento de culpabilidad sin rumbo fijo vag� por su mente. No se trataba de lo que hab�a hecho, se trataba de lo que el patricio hubiera averiguado al respecto. Aquel hombre ten�a ojos en todas partes, pero no hab�a par m�s aterrador que los g�lidos azules que brillaban sobre su nariz.</p><p>�Yo�, eh�, no acabo de comprender�</p><p>�Una selecci�n muy curiosa. �El patricio tom� una hoja de papel�. Por ejemplo, una bola de cristal perteneciente a una adivina de Calle Abrupta. Un peque�o adorno del templo de Offler, el Dios Cocodrilo. Y m�s cosas. Chatarra.</p><p>�La verdad es que no s� �tartamude� el jefe de los ladrones.</p><p>El patricio se inclin� hacia �l.</p><p>�No habr� ladrones <emphasis>sin licencia, </emphasis>claro �dijo.<a l:href="#n_6" type="note">[6]</a></p><p>��Investigar� ese asunto personalmente! �balbuci� el ladr�n�. �Puedes estar seguro! El patricio le dirigi� una dulce sonrisa.</p><p>�Lo s� �replic�. Gracias por venir a verme. No te entretengo m�s.</p><p>El ladr�n sali� lo m�s deprisa que pudo. Con el patricio siempre pasaba lo mismo, reflexion� amargamente. Acud�as a presentarle una queja de lo m�s razonable, y lo siguiente que sab�as era que te estabas retirando caminando de espaldas, haciendo reverencias y satisfecho de seguir con vida. Eso hab�a que conced�rselo al patricio, admiti� de mala gana. Porque, si no se lo conced�as, enviaba a sus hombres para que lo cogieran de todos modos.</p><p>Cuando se hubo marchado, lord Vetinari hizo sonar la campanita de bronce con la que llamaba a su secretario. Pese a su caligraf�a, el hombre se llamaba Lupine Wonse. Apareci� esgrimiendo ya la pluma.</p><p>La principal caracter�stica de Lupine Wonse era su limpieza. Siempre daba la impresi�n de estar reci�n hecho. Hasta su cabello era tan liso y engominado que parec�a pintado.</p><p>�Parece que la Guardia ha tenido algunos problemas con el Gremio de Ladrones �dijo el patricio�. Van Pew acaba de pasar para decirme que un guardia lo arrest�.</p><p>��Por qu�, se�or?</p><p>�Al parecer, por ser un ladr�n.</p><p>��Un miembro de la <emphasis>Guardia} �</emphasis>se asombr� el secretario.</p><p>�Lo s�, lo s�. Arr�glalo, por favor.</p><p>El patricio sonri� para sus adentros.</p><p>Siempre resultaba dif�cil entender el peculiar sentido del humor de lord Vetinari, pero no pod�a dejar de recordar al jefe de los ladrones, enrojecido y airado.</p><p>Una de las mejores contribuciones del patricio a las reformas de Ankh-Morpork hab�a sido legalizar el antiguo Gremio de Ladrones, al principio de su mandato. Siempre habr� crimen, razon�, y por tanto, si tenemos que soportarlo, al menos que sea crimen <emphasis>organizado.</emphasis></p><p>As� que hab�an persuadido al Gremio para que saliera de las sombras y construyera una gran casa de reuniones, ocupara su lugar en los banquetes de la ciudad y fundara una academia con cursillos acelerados, certificados de aprendizaje, libros de escolaridad y todo eso. A cambio d� la no intromisi�n de la Guardia, accedieron a mantener el nivel de criminalidad seg�n las cifras acordadas anualmente. De esa manera, dijo lord Vetinari, todo el mundo pod�a planear sus gastos por anticipado, y se eliminaban parte de las inseguridades del caos que es la vida.</p><p>As�, un poco m�s adelante, el patricio volvi� a reunir a los ladrones y les dijo, oh, por cierto, ahora que me acuerdo�, vaya, no s� qu� iba a decir� �ah, s�!</p><p>S� qui�nes sois, les dijo. S� d�nde viv�s. S� qu� clase de caballos ten�is. S� a qu� peluquer�a van vuestras esposas. S� los nombres de vuestros encantadores hijos, por cierto, �cu�ntos a�os tienen ya?, cielos, c�mo pasa el tiempo, y s� d�nde juegan. As� que no olvid�is nuestro acuerdo, �vale? Y sonri�.</p><p>Ellos tambi�n sonrieron, despu�s de tragar saliva.</p><p>Y la verdad es que todo funcion� muy satisfactoriamente para todo el mundo. El jefe de los ladrones tard� poco en echar barriga y en hacerse dise�ar escudos de armas, adem�s de buscar un edificio adecuado para las reuniones y olvidarse para siempre de los antros llenos de humo. Establecieron un complicado sistema de recibos y facturas mediante el cual, aunque todo el mundo pod�a recibir las atenciones del Gremio, nadie las recib�a en exceso, y la situaci�n era muy aceptable�, al menos para los ciudadanos suficientemente ricos como para pagar la razonable tarifa que el Gremio cobraba a cambio de una vida sin sobresaltos. Hab�a una extra�a expresi�n extranjera para denominar esto: <emphasis>palizas de canguros. </emphasis>Nadie sab�a exactamente qu� signific� en un principio, pero Ankh-Morpork la hab�a adoptado.</p><p>A la Guardia no le hizo gracia, pero los hechos demostraron que los ladrones controlaban el crimen mejor de lo que lo hab�an hecho ellos. Al fin y al cabo, la Guardia ten�a que trabajar el doble para hacer que el �ndice de criminalidad bajara, mientras que el Gremio lo �nico que ten�a que hacer era trabajar menos.</p><p>As�, la ciudad prosper�, y la Guardia se fue atrofiando como un ap�ndice in�til, convirti�ndose en una pandilla de in�tiles a los que nadie en su sano juicio tomaba en consideraci�n.</p><p>Y nadie quer�a que se les metiera en la cabeza combatir el crimen. Pero ver la humillaci�n del jefe de los ladrones hab�a valido la pena, en opini�n del patricio.</p><empty-line/><p>El capit�n Vimes llam� a la puerta con mucho cuidado, porque cada golpe le resonaba en el cr�neo.</p><p>�Adelante.</p><p>Vimes se quit� el casco, se lo puso bajo el brazo y empuj� la puerta para abrirla. El crujido fue como una sierra roma en la parte delantera de su cerebro.</p><p>Siempre se sent�a intranquilo en presencia de Lupine Wonse. En realidad, siempre se sent�a intranquilo en presencia de lord Vetinari, pero eso era diferente� era cuesti�n de <emphasis>posici�n. </emphasis>Un temor de lo m�s normal. Mientras que a Wonse lo conoc�a desde su infancia en las Sombras. El muchacho hab�a sido prometedor incluso entonces. Nunca fue un jefe de banda. No ten�a ni la fuerza ni la vitalidad necesarias. Adem�s, �de qu� serv�a ser jefe de una banda? Tras cada jefe de banda hay un par de tenientes en busca de un ascenso. Ser jefe de banda no es una ocupaci�n con muchas perspectivas. Pero en todas las bandas hay un jovencito p�lido al que se acepta porque siempre se le ocurren buenas ideas, generalmente relativas a ancianas y a tiendas mal cerradas; �se era el lugar de Wonse en el orden natural de las cosas.</p><p>Vimes hab�a estado en el pelot�n, la versi�n en falseto de la carne de ca��n. En su recuerdo, Wonse era un chaval flacucho, siempre caminando a saltitos para mantenerse al ritmo de los muchachos m�s corpulentos, y siempre con nuevas ideas para mantenerlos ocupados y que no se metieran con �l, que era la diversi�n habitual si no hab�a nada m�s interesante. Fue un entrenamiento excepcional para los rigores de la madurez, y Wonse adquiri� una experiencia envidiable.</p><p>S�, los dos hab�an empezado desde abajo. Pero Wonse hab�a ascendido, mientras que Vimes era el primero en admitir que �l se hab�a limitado a <emphasis>seguir. </emphasis>Cada vez que parec�a a punto de llegar a alguna parte, expresaba su opini�n, o dec�a lo que no deb�a. Generalmente, ambas cosas a la vez.</p><p>Eso era lo que hac�a que se encontrara inc�modo en presencia de Wonse: el sonido del brillante mecanismo de la ambici�n.</p><p>Vimes nunca hab�a dominado la ciencia de la ambici�n. Era algo que suced�a a los dem�s, no a �l.</p><p>�Ah, Vimes.</p><p>�Se�or �replic� Vimes, r�gido.</p><p>No intent� saludar por si acaso se ca�a de bruces. Dese� haber tenido tiempo para beber la cena antes de acudir.</p><p>Wonse rebusc� entre los papeles de su escritorio.</p><p>�Est�n pasando cosas extra�as, Vimes. Me temo que hay algunas quejas graves sobre ti �dijo.</p><p>El secretario no llevaba gafas. Si las hubiera llevado, habr�a mirado al capit�n por encima de ellas.</p><p>��Se�or?</p><p>�Uno de tus hombres de la Guardia Nocturna. Al parecer, arrest� al jefe del Gremio de Ladrones.</p><p>Vimes se tambale� y trat� de concentrar la vista con todas sus fuerzas. No hab�a acudido preparado para algo como aquello.</p><p>�Lo siento, se�or, no he comprendido bien.</p><p>�He dicho, Vimes, que uno de tus hombres arrest� al jefe del Gremio de Ladrones.</p><p>��Uno de mis hombres?</p><p><emphasis>�S�.</emphasis></p><p>Las c�lulas dispersas del cerebro de Vimes hicieron un valiente esfuerzo por reagruparse.</p><p>��Un miembro de la <emphasis>Guardia? �</emphasis>insisti�. Wonse le dirigi� una sonrisa desagradable.</p><p>�Lo at� y lo dej� delante del palacio. La cosa no est� muy clara. Tambi�n dej� una nota�, ah� aqu� est� �Este hombre ha sido arrestado acusado de Conspiraci�n para cometer Crimen, bajo la Secci�n 14 (iii) del Acta General de Felon�as, 1678, por m�, Zanahoria Fundidordehierroson.�</p><p>Vimes entrecerr� los ojos para ver mejor.</p><p>��Catorce i-i-i?</p><p>�Eso parece �asinti� Wonse.</p><p>��Qu� significa?</p><p>�La verdad es que no tengo ni la m�s remota idea �replic� el secretario con voz seca�. Y en cuanto a ese nombre� �Zanahoria?</p><p>��Pero nosotros no hacemos esas cosas! �exclam� Vimes�. No podemos ir por ah� arrestando a los ladrones del Gremio. �Nos pasar�amos la vida haci�ndolo!</p><p>�Por lo visto, el tal Zanahoria no opina lo mismo. El capit�n sacudi� la cabeza y volvi� a entrecerrar los ojos.</p><p>��Zanahoria? No me suena de nada.</p><p>El tono de seguridad resacosa fue suficiente hasta para Wonse, que qued� desconcertado por un momento.</p><p>�Fue bastante� �titube� el secretario�. Zanahoria, Zanahoria �repiti�. Yo conozco ese nombre. Lo he visto escrito. �Su rostro se ilumin�. �Ya recuerdo, el voluntario! �Te acuerdas de que te ense�� la carta?</p><p>Vimes lo mir�.</p><p>�S�, la enviaba� creo que un enano�</p><p>�Dec�a no s� qu� de mantener seguras las calles y servir a la comunidad, eso. Rogaba que se aceptara a su hijo en alg�n humilde puesto dentro de la Guardia.</p><p>El secretario estaba buscando entre sus archivos.</p><p>��Qu� ha hecho? �pregunt� Vimes.</p><p>�Nada. Absolutamente nada. Eso es lo raro. Vimes frunci� el ce�o mientras sus pensamientos daban forma a un concepto novedoso.</p><p>��Un <emphasis>voluntario? �</emphasis>pregunt�.</p><p>�S�.</p><p>��No lo obligaron a ingresar?</p><p>�<emphasis>Quiso </emphasis>ingresar. T� dijiste que deb�a de ser una broma, y yo te respond� que deb�amos tratar de admitir a m�s minor�as �tnicas en la Guardia. �Te acuerdas ahora?</p><p>Vimes lo intent�. No era f�cil. Ten�a el vago recuerdo de que hab�a bebido para olvidar. La cosa no ten�a mucho sentido, porque �ltimamente no consegu�a recordar lo que quer�a olvidar. Al final, resultaba que beb�a para olvidarse de que beb�a.</p><p>Una ristra de im�genes ca�ticas que no quiso dignificar d�ndoles el nombre de recuerdos pas� por su cabeza, sin darle ninguna pista.</p><p>�No �respondi�, impotente.</p><p>Wonse cruz� las manos sobre el escritorio.</p><p>�A ver si nos entendemos, capit�n �dijo�. Su se�or�a quiere una explicaci�n. Y yo no tengo ganas de decirle que el capit�n de la Guardia Nocturna no se entera de lo que hacen los hombres que est�n a sus �rdenes, si entendemos la palabra �rdenes en un sentido muy amplio. Este tipo de cosas s�lo traen problemas, se hacen preguntas, todo eso. Y no es lo que queremos, �verdad?</p><p>�No, se�or �murmur� Vimes.</p><p>El vago recuerdo de alguien que le hablaba respetuosamente en El Racimo de Uvas estaba haci�ndole cosquillas de culpabilidad desde el fondo de su consciente. No hab�a sido un enano, desde luego. No, a menos que los requisitos para ser un enano hubieran cambiado mucho en los �ltimos tiempos.</p><p>�Claro que no �asinti� Wonse�. Por los viejos tiempos y todo eso. As� que ya se me ocurrir� alguna explicaci�n para el patricio. Pero t�, capit�n, ded�cate a averiguar qu� est� sucediendo, para que todo vuelva al orden. Explica brevemente a ese enano para qu� son los guardias, �de acuerdo?</p><p>�Ja ja �ri� Vimes, obediente.</p><p>��C�mo?</p><p>�Oh. Pens� que hab�as hecho un chiste �tnico, se�or.</p><p>�Mira, Vimes, estoy siendo muy comprensivo. Dadas las circunstancias. Pero ahora, quiero que arregles esto. �Comprendido?</p><p>Vimes salud�. La negra depresi�n que siempre albergaba se aprovech� de su estado de sobriedad y traslad� su morada a la punta de la lengua.</p><p>�Tienes mucha raz�n, se�or secretario �respondi�. Me encargar� de que aprenda que arrestar a los ladrones va contra la ley.</p><p>Dese� no haberlo dicho. Si no dijera cosas como aqu�lla, ahora se encontrar�a en una posici�n mucho mejor, ser�a capit�n de la Guardia de Palacio, un hombre importante. Darle el puesto en la Guardia Nocturna hab�a sido un peque�o chiste por parte del patricio. Pero Wonse ya estaba leyendo un nuevo documento que hab�a cogido de su escritorio. Si hab�a advertido el sarcasmo, no lo demostraba.</p><p>�Muy bien �dijo.</p><empty-line/><cite><p>Querid�sima madre [escribi� Zanahoria]: hoy ha sido un d�a mucho mejor. Fui al Gremio de Ladrones y arrest� al jefe de los Criminales y lo llev� al Palacio del Patricio. Supongo que eso acabar� con sus problemas. Y la se�ora Palma me ha dicho que me puedo quedar en la cama de la buhardilla porque siempre viene bien tener un hombre cerca. Eso fue porque por la noche unos hombres afectados por la bebida armaron Jaleo en la habitaci�n de una de las chicas, y fui a hablar con ellos, pero intentaron Luchar y uno quiso golpearme con la rodilla, pero yo llevaba puesto el Protector y la se�ora Palma dice que se rompi� la R�tula, aunque no tendr� que pagarle una nueva.</p><p>No comprendo algunos deberes de la Guardia. Tengo un compa�ero, se llama Nobby. Dice que soy demasiado r�pido. Dice que tengo mucho que aprender. Creo que es verdad, porque s�lo he llegado a la P�gina 326 de Las Leyes y Ordenanzas de las Ciudades de Ankh y Morpork. Besos a todos. Tu hijo, Zanahoria.</p><p>P.D. Cari�os a Minty.</p></cite><empty-line/><p>No era s�lo la soledad, era la vida en general cuando se vive al rev�s. Aquello lo colmaba todo, en opini�n del capit�n Vimes.</p><p>La Guardia Nocturna se levantaba cuando el resto del mundo se iba a la cama, y se acostaba cuando el amanecer empezaba a ba�ar el paisaje. Te pasabas la vida entera en calles oscuras y h�medas, en un mundo de sombras. A la Guardia Nocturna s�lo se alistaban aquellos que, por un motivo u otro, prefer�an aquel modo de vida.</p><p>Lleg� a la Casa de la Guardia. Era un edificio antiguo y sorprendentemente grande, entre una curtidur�a y una sastrer�a que fabricaba sospechosas prendas de cuero. En el pasado sin duda fue imponente, pero ahora buena parte de �l era inhabitable, y s�lo lo patrullaban b�hos y ratas. Sobre la puerta, un lema escrito en la antigua lengua de la ciudad estaba casi erosionado por el tiempo, la humedad y el musgo, pero se pod�an distinguir las letras:</p><empty-line/><subtitle>FABRICATI DIEM, TIVS</subtitle><empty-line/><p>Seg�n el sargento Colon, que hab�a estado destinado en el Extranjero y se consideraba un experto en idiomas, significaba �Proteger y Servir�.</p><p>S�. En el pasado, ser guardia debi� de significar algo importante.</p><p>Al entrar tambaleante en la h�meda penumbra, pens� en el sargento Colon. A aquel hombre s� que le gustaba la oscuridad. Deb�a treinta a�os de feliz matrimonio al hecho de que la se�ora Colon trabajaba todo el d�a, y el sargento Colon trabajaba toda la noche. Se comunicaban por medio de notas. �l le preparaba el t� antes de salir por la noche, y ella le dejaba el desayuno listo y calientito en el horno por las ma�anas. Ten�an tres hijos ya mayorcitos, nacidos, seg�n opini�n de Vi-mes, como resultado de una caligraf�a extremadamente persuasiva.</p><p>El cabo Nobbs�, bueno, cualquiera con el aspecto de Nobby ten�a un n�mero infinito de motivos para no desear que lo vieran los dem�s. Para notarlo no hab�a que pensar demasiado. S�lo hab�a un motivo para no decir qu� Nobby estaba cerca del reino animal, y era que el reino animal se alejar�a a toda velocidad.</p><p>Y luego estaba �l mismo, claro. Un flaco mont�n de malas costumbres marinadas en alcohol. Eso era la Guardia Nocturna. S�lo tres personas. En el pasado hubo docenas, cientos. Y ahora� s�lo tres.</p><p>Vimes subi� las escaleras con paso inseguro, se abri� camino hacia su despacho, se dej� caer en un sill�n de cuero cuarteado cuyo relleno se sal�a por todas partes, rebusc� en el caj�n inferior, cogi� una botella, agarr� el corcho con los dientes, tir�, lo escupi� y bebi� un largo trago. Empezaba su d�a.</p><p>El mundo empez� a enfocarse.</p><p>La vida es igual que la qu�mica. Una gota por aqu�, una presi�n por all� y todo cambiaba. Engull�a unos decilitros de zumos fermentados y, de repente, empezaba a vivir unas horas m�s.</p><p>En el pasado, en los tiempos en que aqu�l hab�a sido un barrio respetable, el esperanzado propietario de una taberna en el portal contiguo pag� a un mago una considerable suma de dinero a cambio de un letrero luminoso en el que cada letra era de un color diferente. Ahora funcionaba de manera ca�tica, y a veces, con la humedad, se cortocircuitaba. En aquel momento la E era de un rosa enfermizo, y se encend�a y se apagaba al azar.</p><p>Vimes se hab�a acostumbrado a �l. Parec�a formar parte de la vida.</p><p>Contempl� durante un rato el vacilante juego de luces en la fachada semiderruida. Luego, levant� un pie metido en su sandalia y dio dos fuertes patadas en los tablones que formaban el suelo.</p><p>Tras unos pocos minutos, un sonido lejano indic� que el sargento Colon sub�a por las escaleras.</p><p>Vimes cont� en silencio. Colon siempre hac�a una pausa de seis segundos al final de los pelda�os para recuperar el aliento, al menos en parte.</p><p>Al s�ptimo segundo, la puerta se abri�. La cara del sargento apareci� por la ranura como una luna llena.</p><p>Se pod�a describir al sargento Colon de la siguiente manera: era el tipo de hombre que, si se decidiera por la carrera militar, gravitar�a autom�ticamente hasta el puesto de sargento. Nadie lo pod�a imaginar como cabo. Ni como capit�n, desde luego. Fuera del ej�rcito, parec�a hecho a medida para algo como fabricante de salchichas, para cualquier cosa que requiriese un rostro sonrosado y una terrible tendencia a sudar.</p><p>Salud� y, con mucho cuidado, puso una arrugada hoja de papel sobre el escritorio de Vimes. La alis� con las manos.</p><p>�Buenas noches, capit�n �dijo�. El informe de los incidentes de ayer y todo eso. Ah, se me olvidaba, debes cuatro peniques en el Club de T�.</p><p>��Qu� es eso de un enano, sargento? �le pregunt� Vimes bruscamente. Colon arque� las cejas.</p><p>��Qu� enano?</p><p>�El que se acaba de unir a la Guardia. Se llama�</p><p>�Vimes titube�. Zanahoria, o algo as�.</p><p>���se? �Colon se qued� boquiabierto�. �Es un <emphasis>enano? </emphasis>�Ya dec�a yo que no te puedes fiar de esos malditos! Me enga�� como a un tonto, capit�n, �el muy canalla debi� de mentir con respecto a su altura!</p><p>Colon se fijaba mucho en la altura, sobre todo en la de los que eran m�s bajos que �l.</p><p>��Sabes que arrest� al presidente del Gremio de Ladrones esta ma�ana?</p><p>��Por qu�?</p><p>�Al parecer, por ser presidente del Gremio de Ladrones.</p><p>El sargento lo mir�, asombrado.</p><p>��Y d�nde est� el crimen?</p><p>�Creo que lo mejor ser� que tenga una charla con el tal Zanahoria �suspir� Vimes.</p><p>��No lo viste, se�or? �se�al� Colon�. Dijo que se hab�a presentado ante ti.</p><p>�Yo, eh�, deb�a de estar muy ocupado en aquel momento. Con muchas cosas en la cabeza.</p><p>�Claro, se�or �respondi� Colon con educaci�n.</p><p>Vimes tuvo el suficiente orgullo como para apartar la vista y remover un poco los estratos de papeles que poblaban su escritorio.</p><p>�Tenemos que sacarlo de las calles lo antes posible �murmur�. �Lo pr�ximo que se le ocurrir� ser� detener al presidente del Gremio de Asesinos por matar a alguien! �D�nde est� ahora?</p><p>�Lo puse de compa�ero con el cabo Nobbs, capit�n. Dijo que le ense�ar�a los entresijos de la cosa, o algo por el estilo.</p><p><emphasis>�</emphasis>�Has enviado a un recluta con <emphasis>Nobby �</emphasis>casi grit� Vimes.</p><p>Colon trag� saliva.</p><p>�Bueno, se�or, es un hombre con experiencia. Pens� que el cabo Nobbs pod�a ense�arle muchas cosas�</p><p>�Esperemos que no aprenda demasiado deprisa �dijo el capit�n, al tiempo que se pon�a el casco de hierro�. Vamos.</p><p>Cuando salieron de la Casa de la Guardia, hab�a una escalera apoyada contra la pared de la taberna. Un hombre corpulento, subido a ella, maldec�a entre dientes mientras trajinaba con el letrero luminoso.</p><p>�La que no funciona bien es la E �le advirti� Vimes.</p><p>��Qu�?</p><p>�La E. Y la T chisporrotea cuando llueve. Ya era hora de que lo arreglaran.</p><p>��Arreglarlo? Ah. S�. Arreglarlo. Claro. Lo estoy arreglando.</p><p>Los guardias se alejaron chapoteando en los charcos. El Hermano Vigilatorre sacudi� la cabeza lentamente y volvi� a concentrarse en el destornillador.</p><empty-line/><p>En todas las fuerzas armadas hay hombres como el cabo Nobbs. Aunque su conocimiento de las reglas suele ser enciclop�dico, ponen buen cuidado en no ascender jam�s m�s all� de cabo, por ejemplo. Nobbs hablaba por la comisura de los labios. Fumaba sin cesar, pero lo que m�s extra�� a Zanahoria fue que, aunque todos los cigarrillos de Nobby se convert�an en colillas casi al instante, segu�an <emphasis>siendo </emphasis>colillas indefinidamente, o hasta que se las colocaba tras la oreja, que era una especie de Cementerio de los Elefantes para la nicotina. En las raras ocasiones en que se sacaba una de la boca, la manten�a en la mano como si la protegiera.</p><p>Era un hombre menudo, de piernas torcidas, con un cierto parecido al chimpanc� que no llega nunca a grabar anuncios divertidos de televisi�n.</p><p>Era de edad indeterminada. Pero por su cinismo y por su hast�o ante el mundo en general, que son algo as� como la prueba del carbono para la personalidad, deb�a de tener unos siete mil a�os.</p><p>�Esta ruta es coser y cantar �dijo mientras caminaban por una h�meda calle en el barrio de los comerciantes.</p><p>Gir� la manilla de una puerta. Estaba cerrada.</p><p>�T� sigue conmigo �a�adi�, y me encargar� de que te enteres de todo. Venga, prueba las puertas de la otra acera de la calle.</p><p>�Ah. Ya entiendo, cabo Nobbs. Es para saber si alguien se ha dejado la tienda abierta �dijo Zanahoria.</p><p>�Aprendes de prisa, hijo.</p><p>�Espero que podamos apresar al criminal durante el delito, se�or �a�adi� el chico, lleno de celo profesional.</p><p>�Eh�, claro �asinti� Nobby, inseguro.</p><p>�Pero, si encontramos alguna puerta abierta, supongo que deberemos llamar al propietario �sigui� Zanahoria�. Y uno de nosotros tendr� que quedarse para vigilar entretanto, �no?</p><p>��T� crees? �se anim� Nobby�. Yo me encargar� de eso, tranquilo. T� puedes ir a buscar a la v�ctima. Al propietario, quiero decir.</p><p>Prob� otra manilla. �sta gir�.</p><p>�En las monta�as, de donde yo vengo �se�al� Zanahoria�, si atrapaban a un ladr�n, lo colgaban por�</p><p>Se detuvo, tanteando una manilla.</p><p>Nobby lo mir�.</p><p>��Por d�nde? �pregunt� entre horrorizado y fascinado.</p><p>�Ahora no me acuerdo �respondi� el chico�. De todos modos, mi madre dec�a que se merec�an algo mucho peor. Robar est� Mal.</p><p>Nobby hab�a sobrevivido a muchas masacres gracias al hecho de no estar all�. Solt� la manilla y le dio una palmadita amistosa.</p><p>��Ya lo tengo! �exclam� Zanahoria. Nobby se sobresalt�.</p><p>��El qu�? �grit�.</p><p>�Ya me acuerdo de c�mo los colgaban.</p><p>�Oh �susurr� el cabo�. �Por d�nde?</p><p>�Por todo el muro de la ciudad �respondi� el chico�. A veces durante d�as enteros. No volv�an a hacerlo, se lo aseguro. Se lo digo yo �a�adi�.</p><p>Nobby apoy� la lanza contra la pared y rebusc� una colilla diminuta tras su oreja. Decidi� que hab�a que aclarar un par de cosas.</p><p>��Por qu� tuviste que hacerte guardia, muchacho? �le pregunt�.</p><p>�Todo el mundo me pregunta lo mismo �dijo Zanahoria�. No tuve que. Quise. As� me har� un Hombre.</p><p>Nobby nunca miraba directamente a los ojos. Contempl� asombrado la oreja derecha de Zanahoria.</p><p>��De verdad quieres decir que no est�s huyendo de nada?</p><p>��Por qu� iba a querer huir de algo? Nobby dio un par de vueltas al asunto.</p><p>�Ah� Siempre hay algo. Quiz�, quiz� se te acus� de algo que no hab�as hecho �sonri�. Quiz�, por ejemplo, faltaron cosas en las tiendas y te echaron la culpa injustamente. O aparecieron ciertas cosas en tu bolsa, y t� no tienes ni idea de c�mo llegaron all�. Ese tipo de asuntos. Se lo puedes decir al viejo Nobby.</p><p>O quiz� fue otra cosa� �Dio un codazo a Zanahoria�. Otra cosa, a lo mejor. <emphasis>Cherch� la femme, </emphasis>�eh? �Metiste en apuros a una chica?</p><p>�Yo� �empez� Zanahoria.</p><p>Y entonces se acord� de que uno deb�a decir la verdad incluso a gente tan rara como Nobby, quienes no parec�an saber lo que era eso. Y la verdad es que siempre estaba metiendo en apuros a Minty, aunque no sab�a muy bien c�mo ni por qu�. Pero cada vez que se marchaba tras visitarla en la cueva de los Machacarrocas, o�a los gritos de los padres de la chica. Siempre eran educados con �l, pero, por alg�n motivo que no entend�a, Minty se encontraba en apuros despu�s de cada una de sus visitas.</p><p>�S� �dijo al final.</p><p>�Ah. Suele suceder �asinti� Nobby con gesto de entendido.</p><p>�Constantemente �a�adi� Zanahoria�. La verdad es que casi todas las noches.</p><p>�Vaya. �Nobby estaba impresionado. Baj� la vista hacia el Protector�. �sa es la raz�n de que te hicieran ponerte eso, �verdad?</p><p>��Qu� quieres decir?</p><p>�Bueno, no te preocupes. Todo el mundo tiene su peque�o secreto. O su gran secreto, que todo es posible. Hasta el capit�n. Est� con nosotros porque fue Tra�do a Nado por una Mujer. Eso dice el sargento. Tra�do a Nado.</p><p>Aquello parec�a doloroso.</p><p>�Caray �se compadeci� Zanahoria.</p><p>�Pero a m� me da la sensaci�n de que es porque dice lo que piensa. Y lo dijo demasiado a menudo delante del patricio, que lo o� yo. Le dijo que los del Gremio de Ladrones no eran m�s que una pandilla de ladrones, o algo as�. Por eso est� con nosotros. La verdad, no s�. �Contempl� el pavimento con mucho inter�s�. �Y d�nde vives ahora, chico? �pregunt� al final.</p><p>�Hay una se�ora, la se�ora Palma� �empez� Zanahoria.</p><p>Nobby se atragant�, y el humo se le fue por otro camino.</p><p>��En Las Sombras? �aull�. �Est�s viviendo en Las Sombras?</p><p>�Oh, s�.</p><p>��Todas las <emphasis>noches</emphasis>?</p><p><emphasis>�</emphasis>Bueno, m�s bien todos los d�as, en realidad. S�.</p><p>��Y has venido aqu� para hacerte un hombre?</p><p>~�Si!</p><p>�No creo que me gustara vivir en tu tierra �suspir� el cabo.</p><p>�Mire �replic� Zanahoria, que no entend�a nada�, vine porque el se�or Varneshi dijo que era el mejor trabajo del mundo, con eso de defender la ley y lo dem�s. Porque es as�, �no?</p><p>�Bueno, eh� �vacil� Nobby�. En cuanto a eso�, lo de defender la ley, quiero decir�, o sea, antes s�, antes de que tuvi�ramos los Gremios y esas cosas� pero ahora, de la ley no es que quede mucho�, oh, bueno, no s�. Mira, lo que tienes que hacer es tocar la campana y agachar la cabeza por si acaso.</p><p>Nobby suspir�. Luego gru��, se sac� el reloj de arena del cintur�n y contempl� los granos de arena que ca�an r�pidamente. Lo devolvi� a su sitio, quit� la funda de piel con que cubr�a el badajo de su campanilla y la sacudi� un par de veces, no muy fuerte.</p><p>�Las doce en punto y sereno �murmur�.</p><p>��Y eso es todo? �pregunt� Zanahoria mientras mor�an los ecos.</p><p>Nobby dio una r�pida calada a la colilla.</p><p>�M�s o menos. M�s o menos.</p><p>��As�, sin m�s? �Nada de persecuciones por los tejados a la luz de la luna? �Nada de colgarnos de los candelabros del techo? �Nada por el estilo? �insisti� el chico.</p><p>�Ni se me ocurrir�a �replic� Nobby con fervor�. En mi vida he hecho cosas como �sas. �Lanz� una bocanada de humo�. Correr por los tejados, vaya idea, �uno se puede matar haciendo esas cosas! Si no te importa, yo sigo con la campanilla, gracias.</p><p>��Puedo probar yo?</p><p>Nobby empezaba a sentirse desconcertado. Por eso, y s�lo por eso, cometi� el error de entregar la campanilla a Zanahoria sin decir palabra.</p><p>Zanahoria la examin� unos instantes. Luego, la sacudi� vigorosamente por encima de su cabeza.</p><p>�<emphasis>�Las doce en punto y sereeeenoooo! �</emphasis>aull� a pleno pulm�n.</p><p>Los ecos resonaron en la calle, y al final los ahog� un silencio espeso, terrible. Varios perros ladraron en la noche. Un beb� empez� a llorar.</p><p>��Shhhh! �sise� Nobby.</p><p>�Bueno, es que todo est� sereno, �no? �insisti� Zanahoria.</p><p>��Pero dejar� de estarlo si sigues sacudiendo as� la maldita campana! �D�mela ahora mismo!</p><p>��No lo entiendo! �replic� el muchacho�. Mire, tengo este libro que me dio el se�or Varneshi�</p><p>Se rebusc� los bolsillos hasta dar con Las Leyes y Ordenanzas.</p><p>Nobby ech� un vistazo al volumen y se encogi� de hombros.</p><p>�Ni sab�a que existieran �dijo�. Ahora, sigamos con la ronda, pero en silencio. Nada de gritar tanto, puedes llamar la atenci�n de�, de cualquiera. Vamos, por aqu�.</p><p>Agarr� a Zanahoria por el brazo y lo arrastr� a lo largo de la calle.</p><p>��De cualquiera? �protest� el chico mientras se ve�a empujado con decisi�n.</p><p>�De cualquiera con malas intenciones �susurr� Nobby.</p><p>��Pero nosotros somos la Guardia!</p><p>��Exacto! �Por eso no queremos tener nada que ver con esa gente! �Recuerda lo que le sucedi� a Gaskin!</p><p>�No recuerdo lo que le sucedi� a Gaskin �se�al� Zanahoria, asombrado�. �Qui�n es Gaskin?</p><p>�Fue antes de que llegaras t� �murmur� Nobby, algo m�s calmado�. Pobre tipo. Podr�a habernos pasado a cualquiera. �Alz� la vista para mirar al muchacho�. Ahora, haz el favor de ir calladito. Me est�s poniendo los nervios de punta. �Persecuciones a la luz de la luna, nada menos!</p><p>Siguieron recorriendo la calle. El m�todo normal de locomoci�n de Nobby consist�a en una especie de mezcla entre deslizarse y esconderse, que le daba un aspecto extra�o, como el de un cangrejo cojo.</p><p>�Pero�, pero� �insisti� Zanahoria�. En este libro dice que�</p><p>�No quiero saber nada de ning�n libro �gru�� Nobby.</p><p>Zanahoria parec�a desconsolado.</p><p>�Pero es la Ley� �empez�.</p><p>Fue casi letalmente interrumpido por un hacha que sali� disparada por un portal bajo junto a �l, y fue a estrellarse contra la pared del otro lado. La siguieron los sonidos de la madera al quebrarse y el cristal al romperse.</p><p>��Eh, Nobby! �exclam� Zanahoria, apremiante�. �Eso es una pelea!</p><p>Nobby ech� un vistazo al portal.</p><p>�Pues claro �dijo�. Es un bar de enanos. No hay cosa peor. Ni se te ocurra acercarte, chico. Esos peque�os canallas te ponen la zancadilla y luego te echan de todo encima. T� qu�date con el viejo Nobby y�</p><p>Agarr� el brazo de Zanahoria, grueso como un tronco de �rbol. Fue como intentar arrastrar un edificio.</p><p>El chico se hab�a puesto p�lido.</p><p>��Enanos <emphasis>bebiendo! </emphasis>�Y <emphasis>peleando?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Puedes jurarlo �asinti� Nobby�. Lo hacen constantemente. Y tienen un vocabulario que yo no me atrever�a a usar ni con mi anciana madre. Ni se te ocurra mezclarte con ellos, son unos malditos�, <emphasis>�no entres ah�!</emphasis></p><empty-line/><p>Nadie sabe por qu� los enanos, que en sus monta�as natales llevan vidas tranquilas y ordenadas, se olvidan de todo eso en cuanto llegan a la gran ciudad. Hasta el m�s inocente extractor de hierro sufre una mutaci�n que lo obliga a usar cota de mallas constantemente, llevar siempre un hacha, cambiarse el nombre por el de Agarragargantas Machacatibias o algo semejante, y beber como una esponja.</p><p>Probablemente sea porque llevan vidas tan tranquilas y ordenadas en sus monta�as natales. Al fin y al cabo, con toda probabilidad, lo primero que quiere hacer un joven enano cuando llega a la gran ciudad tras setenta a�os de trabajar para su padre en el fondo de una mina sea echar un buen trago y luego golpear a alguien.</p><p>La pelea era una de esas encantadoras peleas de enanos, con unos cien participantes y unos ciento cincuenta bandos. Los gritos, maldiciones y el resonar de las hachas contra los cascos de hierro se mezclaban con los alaridos de un grupo de borrachos junto a la chimenea, quienes, siguiendo otra costumbre de los enanos, entonaban canciones relativas al oro.</p><p>Nobby se estrell� contra la espalda de Zanahoria, que contemplaba la escena horrorizado.</p><p>�Mira, esto es as� todas las noches �dijo, apremiante�. No te metas, son �rdenes del sargento. Dice que son sus costumbres folcl�ricas, o algo por el estilo. Y uno no tiene que entrometerse en las costumbres folcl�ricas de la gente.</p><p>�Pero�, pero� �tartamude� Zanahoria�. �Son mi gente! Bueno, m�s o menos. Es una verg�enza que se comporten as�. �Qu� debe de pensar la gente?</p><p>�Pensamos que son unos peque�os salvajes intratables �le inform� Nobby�. �Ahora, vamonos!</p><p>Pero el muchacho se hab�a lanzado ya hacia el tumulto. Se puso las manos junto a la boca para hacer bocina, y grit� algo en un idioma que Nobby no comprendi�. Casi cualquier idioma, incluido su idioma materno, habr�a encajado en esta descripci�n, pero en este caso concreto se trataba del lenguaje de los enanos.</p><p>�<emphasis>�Gr�duzk! �Gr�duzk! �aaK�zt ezem bur�k tze tzim?</emphasis><a l:href="#n_7" type="note">[7]</a> La lucha se detuvo. Un centenar de rostros barbudos alzaron la vista hacia la imponente figura de Zanahoria, con una mezcla de enfado y sorpresa.</p><p>Una desportillada jarra de cerveza rebot� contra su cota de mallas. Zanahoria se agach� y alz� en vilo, sin esfuerzo aparente, a un enano que se debat�a.</p><p>�<emphasis>J�uk, ydtruz-t�rud-eztuza, hudr�zd dezek drez�-huk, huzukmk�t b�tduz g�ke�k me�ek b�ttduz t�be�tk kce�drutk ke�bkt�d. �aaDb�thuk?</emphasis><a l:href="#n_8" type="note">[8]</a></p><p>Ning�n enano hab�a o�do tantas palabras de la Antigua Lengua en boca de alguien que midiera m�s de un metro veinte. Se quedaron at�nitos.</p><p>Zanahoria baj� al molesto enano al suelo. Ten�a los ojos llenos de l�grimas.</p><p>��Sois enanos! �dijo�. �Los enanos no deber�an comportarse as�! Miraos, �no os da verg�enza? Un centenar de bocas se abrieron de sorpresa.</p><p>��Mirad lo que est�is haciendo! �El chico sacudi� la cabeza�. �Os imagin�is lo que pensar�an si os vieran vuestras ancianas madres, que ahora se estar�n mesando sus barbas blancas y pregunt�ndose qu� har�n sus hijos esta noche? Vuestras pobres madres, las primeras que os ense�aron a blandir un hacha�</p><p>Nobby, que se hab�a quedado junto a la puerta paralizado por una mezcla de terror y asombro, se dio cuenta de que lo que se o�a all� era un coro de sollozos ahogados y ruido de narices al sonarse. Zanahoria segu�a hablando.</p><p>�� seguramente las ancianas estar�n pensando, seguro que mi hijo est� jugando tranquilamente al domin�, o algo por el estilo�</p><p>Un enano pr�ximo a �l, que llevaba el casco adornado con p�as de quince cent�metros de largo, se ech� a llorar silenciosamente sobre su cerveza.</p><p>�Y apuesto a que hace mucho tiempo que no le escrib�s una carta, y eso que prometisteis escribirle todas las semanas sin falta�</p><p>Distra�damente, Nobby se sac� un sucio pa�uelo del bolsillo y se lo tendi� a un enano que se hab�a apoyado contra la pared, estremecido por los sollozos.</p><p>�Vamos, vamos �sigui� Zanahoria con voz cari�osa�. No quiero ser duro con nadie, pero a partir de ahora pasar� por aqu� todas las noches, y espero encontrarme con un comportamiento propio de los enanos. S� lo que sent�s al estar tan lejos de casa, pero eso no justifica semejantes desmanes. �Se toc� el casco�. <emphasis>G�hruk, t�uk</emphasis><a l:href="#n_9" type="note">[9]</a>.</p><p>Les dirigi� una sonrisa luminosa y se dobl� por la cintura para volver a cruzar la puerta del bar. Cuando llegaron a la calle, Nobby lo agarr� bruscamente por el brazo.</p><p>��No se te ocurra volver a hacerme una cosa as�!</p><p>�rugi�. �Eres un Guardia de la Ciudad! �No quiero volver a o�r hablar de eso de las leyes!</p><p>��Pero son muy importantes! �se�al� Zanahoria con seriedad, siguiendo a su superior hacia una calle a�n m�s estrecha.</p><p>�No tan importantes como seguir vivo y entero �replic� Nobby�. �Bares de enanos! Si tienes algo de sentido com�n, chico, entrar�s aqu� conmigo. Y en silencio.</p><p>El muchacho alz� la vista hacia el edificio al que acababan de llegar. Estaba algo alejado del lodo de la calle. Los sonidos de una bebida seria llegaron hasta ellos. Sobre la puerta se ve�a un destartalado letrero con el dibujo de un tambor.</p><p>�Es una taberna, �no? �se�al� Zanahoria, pensativo�. �Abierta a estas horas?</p><p>�No veo por qu� no �replic� Nobby al tiempo que abr�a la puerta�. A m� me parece muy �til. Es el Tambor Remendado.</p><p>��Sirven bebidas alcoh�licas? �pregunt� el chico mientras buscaba por las p�ginas del libro.</p><p>�Espero que s� �asinti� Nobby. Hizo un gesto de saludo en direcci�n al troll contratado en el Tambor como asesin�n�.<a l:href="#n_10" type="note">[10]</a> Buenas noches, Detritus. Le estoy ense�ando el barrio al novato.</p><p>El troll gru�� y con un brazo imposiblemente sucio les hizo un gesto para que pasaran.</p><p>El interior del Tambor Remendado era ahora legendario y hab�a pasado a la historia como la famosa taberna de peor reputaci�n del Mundodisco, as� como punto de visita obligatorio en la ciudad. Tanto era as� que el nuevo propietario, tras hacer unas remodelaciones inevitables, se hab�a pasado d�as recreando la capa original de polvo, holl�n y otras sustancias menos identificables en las paredes. Incluso import� una tonelada de basura semipodrida para el suelo. Los clientes eran los habituales h�roes, asesinos, mercenarios, criminales y villanos, y s�lo un an�lisis microsc�pico habr�a podido diferenciar a unos de otros. Espesas espirales de humo reptaban hacia el techo, quiz� para no tocar las paredes.</p><p>La conversaci�n muri� un instante cuando entraron los dos guardias, pero luego volvi� a la normalidad. Un par de bebedores saludaron a Nobby.</p><p>�ste se dio cuenta de que Zanahoria estaba muy ocupado.</p><p>��Qu� haces? Oye, nada de hablar de madres aqu�, �entendido? �le advirti�.</p><p>�Estoy tomando notas �respondi� Zanahoria, sombr�o�. Tengo una libreta.</p><p>�As� me gusta �asinti� Nobby�. Ya ver�s c�mo te encanta este lugar. Yo vengo aqu� siempre a cenar.</p><p>��C�mo se escribe �infracci�n�? �pregunt� el chico al tiempo que pasaba una p�gina.</p><p>�Con un l�piz �replic� su superior, abri�ndose camino a codazos. Un raro impulso generoso se adue�� de su mente�. �Qu� quieres beber?</p><p>�No creo que sea apropiado �se�al� Zanahoria�. Adem�s, de la Bebida Nacen los Vicios.</p><p>Sinti� una mirada penetrante en la nuca, y se volvi� para encontrarse frente a frente con el rostro amable de un orangut�n.</p><p>Estaba sentado junto a la barra, con una jarra de cerveza y un platito de cacahuetes ante �l. Hizo un gesto amistoso con la jarra en direcci�n a Zanahoria, y luego bebi� ruidosamente, al parecer por el sistema de hacer que su labio inferior formara una especie de embudo prensil. Aquello sonaba como una ba�era al vaciarse.</p><p>Zanahoria dio un codazo a Nobby.</p><p>�Hay un mon� �empez�.</p><p>��No lo digas! �se apresur� a interrumpirlo su superior�. �No digas esa palabra! Es el bibliotecario. Trabaja en la Universidad. Siempre pasa por aqu� para tomarse una copa antes de acostarse.</p><p>��Y a la gente no le importa?</p><p>��Por qu� iba a importarles? Cuando le toca el turno, cede el taburete, como todo el mundo.</p><p>Zanahoria se volvi� y mir� al simio. Se le ocurr�an un mont�n de preguntas a la vez, por ejemplo: �D�nde guarda el dinero? El bibliotecario capt� su mirada, la malinterpret� y empuj� el platito de cacahuetes hacia �l.</p><p>Zanahoria se irgui� en toda su impresionante estatura y consult� su libreta de notas. La tarde que hab�a pasado leyendo Las Leyes y Ordenanzas hab�a cundido mucho.</p><p>��Qui�n es el propietario, arrendatario o�, a ver�, o encargado de estas instalaciones? �pregunt� a Nobby.</p><p>��El qu�? �se sorprendi� el menudo guardia�. �El encargado? Pues supongo que quien est� al cargo esta noche es Charley. �Por qu�? �pregunt� al tiempo que se�alaba a un hombret�n corpulento, cuyo rostro era una telara�a de cicatrices.</p><p>Este se detuvo en su tarea de extender la suciedad uniformemente por los vasos mediante el sistema de frotarlos con un pa�o h�medo, y dirigi� a Zanahoria un gui�o de complicidad.</p><p>�Charley, te presento a Zanahoria �dijo Nobby�. Est� durmiendo en casa de Rosie Palma.</p><p>��C�mo, todas las noches? �se asombr� Charley. Zanahoria se aclar� la garganta.</p><p>�Si usted es el encargado de este local �declam�, es mi deber informarle de que est� arrestado.</p><p>��Restado de qu�, hijo? �pregunt� Charley, todav�a limpiando los vasos.</p><p>�<emphasis>Arrestado �</emphasis>sigui� el muchacho�, a la espera de presentaci�n de cargos por los siguientes hechos, 1) (i) el 18 de grunio, en un local conocido como el Tambor Remendado, en la Calle Filigrana, usted a) sirvi� o b) permiti� que se sirvieran bebidas alcoh�licas despu�s de las 12 (doce) de la noche, contraviniendo las ordenanzas que legislan los locales p�blicos seg�n el Acta de 1678, y 1) (ii) el 18 de grunio, en un local conocido como el Tambor Remendado, en la Calle Filigrana, usted sirvi� o permiti� que se sirvieran bebidas alcoh�licas en recipientes que no cumplen las normas de tama�o y capacidad previstas en la citada Acta, y 2 (i) que el 18 de grunio, en un local conocido como el Tambor Remendado, en la Calle Filigrana, permiti� que los clientes llevaran sin fundas armas de filo cuya medida exced�a los 18 (dieciocho) cent�metros, contraviniendo la Secci�n Tres de la citada Acta y 2) (ii) el 18 de grunio, en un local conocido como el Tambor Remendado, en la Calle Filigrana, usted sirvi� o permiti� que se sirvieran bebidas alcoh�licas en un local que carece de la correspondiente licencia para la venta o consumici�n de dichas bebidas, contraviniendo la Secci�n Tres de dicha Acta.</p><p>Se hizo un silencio de muerte mientras Zanahoria pasaba una p�gina m�s y continuaba:</p><p>�Tambi�n es mi deber informarle de que tengo intenci�n de presentar pruebas ante la justicia para que se utilicen en el juicio por otros delitos contra el Acta de Juego P�blico, 1567, el Acta de Higiene en Locales P�blicos, 1433, 1456, 1463, 1465, eh�, y de la 1470 a la 1690, adem�s de� �Mir� de soslayo en direcci�n al bibliotecario, que sab�a que se avecinaban problemas y se estaba acabando su cerveza apresuradamente�. Contravenciones del Acta sobre Animales Dom�sticos y de Granja (Cuidado y Protecci�n), 1673.</p><p>El silencio que sigui� a sus palabras ten�a una rara cualidad de expectaci�n, de respiraci�n contenida, mientras los clientes de la taberna esperaban a ver qu� suced�a a continuaci�n.</p><p>Charley dej� cuidadosamente el vaso, cuyas manchas brillaban ahora, y baj� la vista hacia Nobby.</p><p>Nobby trataba de fingir que estaba completamente solo y que jam�s en su vida hab�a tenido relaci�n alguna con quienquiera que fuese el que estaba a su lado y por casualidad llevaba un uniforme id�ntico.</p><p>��Qu� dice �ste de la justicia? Aqu� no tenemos de eso.</p><p>El guardia, aterrorizado, se encogi� de hombros.</p><p>�Es nuevo, �verdad? �insisti� Charley.</p><p>�Tiene derecho a permanecer en silencio �sigui� Zanahoria.</p><p>�No es nada personal, espero que lo comprendas �dijo el encargado de la taberna a Nobby�. Es una comosellame. El otro d�a pas� por aqu� un mago que hablaba de eso. Una cosa torcida de la educaci�n, �sabes lo que quiero decir? �Pareci� meditar un instante�. Una curva de aprendizaje. Eso era. Es una curva de aprendizaje. Detritus, mueve ese trasero de piedra, ven aqu� un momento.</p><p>En instantes como �ste, alg�n cliente del Tambor Remendado deja caer siempre un vaso. Eso mismo fue lo que sucedi�.</p><p>El capit�n Vimes corri� por la Calle Corta (la m�s larga de la ciudad, una prueba del sentido del humor morporkiano, famoso por su sutileza) mientras el sargento Colon trataba de seguir su ritmo sin dejar de protestar. Nobby estaba junto a la puerta del Tambor, dando saltitos. En momentos de peligro, ten�a una manera de trasladarse de un lugar a otro sin al parecer moverse por el espacio intermedio, cosa que hubiera sido la envidia de cualquier medio de transporte de materia.</p><p>��Est� peleando ah� dentro! �tartamude�, agarrando al capit�n por un brazo.</p><p>���l solo? �se sorprendi� Vimes.</p><p>��No, con todo el mundo! �grit� Nobby sin dejar de dar saltitos.</p><p>�Oh.</p><p>La conciencia le dec�a: Somos tres. �l lleva el mismo uniforme. Es uno de tus <emphasis>hombres. </emphasis>Acu�rdate del pobre Gaskin.</p><p>Otra parte de su cerebro, la parte odiosa y despreciable que le hab�a permitido sobrevivir en la Guardia durante los diez �ltimos a�os, dijo: Es de mala educaci�n interrumpir a la gente. Esperaremos hasta que acabe, y luego le preguntaremos si quiere ayuda. Adem�s, la Guardia no debe intervenir en las peleas. Es mucho m�s sencillo entrar cuando han acabado y detener a los que queden en pie.</p><p>Se oy� un estr�pito cuando una ventana cercana se rompi� desde el interior y lanz� a uno de los camorristas hacia la acera contraria.</p><p>�Creo �dijo el capit�n con cautela� que debemos hacer algo r�pidamente.</p><p>�Es cierto �asinti� el sargento Colon�. Si seguimos aqu�, podr�an hacernos da�o.</p><p>Se deslizaron sigilosamente calle abajo, hasta llegar a un punto donde no se o�a tanto el crujido de la madera al romperse y el chasquido del cristal al quebrarse, y tuvieron buen cuidado de no mirarse entre ellos. En la taberna se o�a alg�n que otro grito, y tambi�n, a intervalos frecuentes, un misterioso sonido, como si alguien estuviera golpeando un gong con la rodilla.</p><p>Se quedaron all� de pie, envueltos en un silencio avergonzado.</p><p>��Has tenido ya vacaciones este a�o, sargento?</p><p>�S�, se�or. Envi� a mi esposa a Quirm el mes pasado, a ver a su t�a.</p><p>�Me han dicho que Quirm es muy bonito en esta �poca del a�o.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Que hay muchos geranios y todo eso. Una figura sali� despedida por una de las ventanas superiores y se estrell� contra el suelo.</p><p>�All� es donde tienen un reloj de flores, �no? �insisti� el capit�n a la desesperada.</p><p>�S�, se�or. Es muy bonito, se�or. Todo hecho de flores, se�or.</p><p>Se oy� un ruido que recordaba mucho al que hace algo al golpear algo repetidamente con algo de madera y muy pesado. Vimes cerr� los ojos.</p><p>�No creo que el pobre hubiera sido <emphasis>feliz </emphasis>en la Guardia, se�or �lo consol� el sargento.</p><p>La puerta del Tambor Remendado se hab�a roto tan a menudo durante las peleas que hac�a poco hab�an instalado unas bisagras especialmente resistentes, y el hecho de que el siguiente golpe terrible arrancara de la pared toda la puerta junto con el marco dec�a mucho en favor de su calidad. En el centro del caos, una figura trat� de incorporarse sobre los codos, dej� escapar un gemido y se derrumb� de nuevo.</p><p>�Bueno, parece que eso es todo� �empez� a decir el capit�n.</p><p>Nobby lo interrumpi� bruscamente.</p><p>��Es ese maldito troll!</p><p>��Qu�? �se sorprendi� Vimes.</p><p>��Es el troll! �El que tienen en la puerta!</p><p>Se acercaron con toda cautela.</p><p>Desde luego, era Detritus, el asesin�n.</p><p>Es muy dif�cil hacer da�o a una criatura que, la mires por donde la mires, est� hecha de piedra. Pero, al parecer, alguien lo hab�a logrado. La figura ca�da gem�a como si fuera un par de ladrillos entrechocando.</p><p>�Esto s� que es una novedad �dijo el sargento vagamente.</p><p>Los tres se dieron la vuelta y contemplaron el rect�ngulo de luz brillante que ocupaba el lugar donde hab�a estado la puerta. Desde luego, las cosas parec�an haberse calmado mucho en el interior.</p><p>�No pensar�is que va <emphasis>ganando, </emphasis>�verdad? �pregunt� el sargento.</p><p>El capit�n tens� la mand�bula.</p><p>�Lo averiguaremos �dijo�. Se lo debemos a nuestro camarada guardia.</p><p>Tras ellos, se escuch� un gemido. Se volvieron y vieron a Nobby, saltando a la pata coja y sujet�ndose el otro pie con ambas manos. � ��Qu� te pasa?</p><p>A modo de respuesta, Nobby sigui� gimoteando.</p><p>El sargento Colon lo comprendi� enseguida. Aunque el comportamiento de la Guardia se pod�a definir generalmente como una mezcla entre obsequioso y cauteloso, no hab�a ni uno solo de ellos que no hubiera catado en un momento u otro los pu�os de Detritus. Nobby se hab�a limitado a intentar resarcirse, siguiendo la tradici�n de los polic�as de cualquier lugar.</p><p>�Le ha dado una patada en las rocas, se�or �explic� Colon.</p><p>�Qu� verg�enza �replic� vagamente el capit�n. Titube� un instante�. No sab�a que los trolls <emphasis>tuvieran </emphasis>rocas� en ese sentido �se�al�.</p><p>�Puedes estar seguro, se�or.</p><p>�Qu� cosas. La naturaleza tiene caprichos extra�os �asinti� Vimes.</p><p>�Es verdad, se�or �respondi� el sargento, obediente.</p><p>�Y ahora, �adelante! �los anim� el capit�n al tiempo que desenvainaba su espada.</p><p>��S�, se�or!</p><p>�T� tambi�n, sargento.</p><p>�S�, se�or.</p><empty-line/><p>Era posiblemente el avance m�s discreto en la historia de las maniobras militares, al final de la escala en la que el primer puesto era para cosas del estilo de la Carga de la Brigada Ligera.</p><p>Echaron un cauteloso vistazo al otro lado de la puerta destrozada.</p><p>Hab�a muchos hombres tendidos sobre las mesas, o sobre lo que quedaba de las mesas. Los que a�n segu�an conscientes parec�an lamentarse de ello.</p><p>Zanahoria estaba de pie en el centro del local. Su oxidada cota de mallas estaba desgarrada, hab�a perdido el casco, las piernas no le sosten�an demasiado bien, y un ojo se le estaba poniendo morado, pero reconoci� al capit�n, solt� al cliente de la taberna, que protestaba d�bilmente bajo su brazo, y ensay� un saludo.</p><p>�Quisiera informar de treinta y un Esc�ndalos P�blicos, se�or, y de cincuenta y seis casos de Comportamiento Inc�vico, cuarenta y un delitos de Obstrucci�n a un Agente de la Ley en Cumplimiento del Deber, trece cargos de Agresi�n con Arma Homicida, seis delitos de Ataque Criminal y�, y�, el cabo Nobby ni siquiera ha empezado a ense�arme�</p><p>Se derrumb� de espaldas, destrozando una mesa.</p><p>El capit�n Vimes carraspe�. No estaba muy seguro de lo que deb�a hacer ahora. Que �l supiera, la Guardia nunca se hab�a visto en semejante situaci�n.</p><p>�Creo que deber�amos darle algo de beber, sargento �se�al�.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Y tr�eme una copa a m� tambi�n.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Ya que est�s en ello, ponte otra para ti.</p><p>�Y t�, cabo, �te importa�, <emphasis>qu� </emphasis>est�s haciendo?</p><p>�Registrandoloscuerpose�or �respondi� Nobby r�pidamente, al tiempo que se incorporaba�. En busca de pruebas incriminadoras y esas cosas.</p><p>��En las bolsas de monedas?</p><p>Nobby se escondi� las manos tras la espalda.</p><p>�Nunca se sabe, se�or.</p><p>El sargento hab�a localizado una botella de licor milagrosamente entera entre el caos, y oblig� a Zanahoria a ingerir parte de su contenido.</p><p>��Qu� hacemos con toda esta gentuza, capit�n? �pregunt� por encima del hombro.</p><p>�No tengo ni la menor idea �replic� Vimes al tiempo que se sentaba.</p><p>La c�rcel de la Guardia era tan peque�a que s�lo cab�an seis personas bajitas, las �nicas a las que sol�an detener. Y all� hab�a�</p><p>Mir� a su alrededor, desesperado. All� estaba Nork el Empalador, tendido bajo una mesa y emitiendo sonidos balbuceantes. Tambi�n vio a Henri el Gordo. En el local se encontraba tambi�n Simmons el Mat�n, uno de los camorristas taberneros m�s temidos de la ciudad. Era, en resumen, un mont�n de gente cerca de la cual no le gustar�a estar cuando se despertaran.</p><p>�Podr�amos cortarles las gargantas, se�or �sugiri� Nobby, veterano de cien campos de posbatalla.</p><p>Hab�a encontrado a un tipo inconsciente que parec�a de la talla adecuada, y le estaba quitando las botas, bastante nuevas y de su n�mero.</p><p>�Eso no estar�a bien �replic� Vimes. Adem�s, no sab�a cortar gargantas. Era la primera vez que se daban las circunstancias.</p><p>�No �sigui�. Creo que lo mejor ser� que los dejemos marchar con una amonestaci�n. Bajo uno de los bancos se oy� un gemido.</p><p>�Adem�s �a�adi� apresuradamente�, deber�amos poner a salvo a nuestro camarada ca�do. Lo antes posible.</p><p>�Bien pensado �asinti� el sargento.</p><p>Ech� un trago de licor para calmarse los nervios.</p><p>Entre los dos, consiguieron cargar con Zanahoria y arrastrar su cuerpo inerte escaleras arriba. Luego, Vimes se derrumb� por el esfuerzo, y mir� a su alrededor en busca de Nobby.</p><p>�Cabo Nobbs �jade�, �por qu� sigues dando patadas a la gente cuando est�n inconscientes?</p><p>�Porque as� es m�s seguro, se�or �respondi� Nobby.</p><p>Al cabo le hab�an hablado hac�a tiempo sobre las peleas limpias, y lo poco �tico que es golpear a un enemigo ca�do, y luego �l interpret� esas normas y pens� en c�mo aplicarlas a alguien que mide un metro veinte y tiene el tono muscular de una banda el�stica.</p><p>�Bueno, pues ya basta. Quiero que amoneste a estos infractores.</p><p>��C�mo, se�or?</p><p>�Bueno, pues�</p><p>El capit�n Vimes se detuvo. No ten�a la menor idea. Nunca lo hab�a hecho.</p><p>�Lim�tate a hacerlo �buf�. No querr�s que te lo explique todo, �verdad?</p><p>Nobby se qued� solo en la cima de las escaleras. Los murmullos y gemidos se o�an cada vez m�s, se�al inequ�voca de que los combatientes empezaban a despertar. El cabo pens� a toda velocidad. Sacudi� un dedo sin dirigirse a ninguno en concreto.</p><p>�Que os sirva de lecci�n �dijo�. <emphasis>No volv�is a hacerlo.</emphasis></p><p>Y ech� a correr como si le fuera la vida en ello.</p><p>Arriba, entre las vigas, el bibliotecario se rascaba la cabeza con gesto reflexivo. Desde luego, la vida estaba llena de sorpresas. Seguir�a los futuros acontecimientos con mucho inter�s. Pel� un cacahuete con los dedos del pie y se alej�, meci�ndose en la oscuridad.</p><empty-line/><p>El Gran Maestro Supremo alz� las manos.</p><p>��Han sido debidamente lustrados los Tur�bulos del Destino, de manera que los Pensamientos Malvados e Imp�os queden fuera del C�rculo Santificado?</p><p>�Y tanto.</p><p>El Gran Maestro Supremo baj� las manos.</p><p>��Y tanto? �repiti�.</p><p>�Y tanto �asinti� el Hermano Yonidea con gesto alegre�. Yo mismo lo he hecho.</p><p>�Se supone que debes responder, �S�, Oh Supremo� �rugi� el Gran Maestro�. Te lo he dicho un mill�n de veces, si no entras en el esp�ritu�</p><p>�Eso, escucha lo que te dice el Gran Maestro Supremo �lo secund� el Hermano Vigilatorre, clavando la vista en el infractor.</p><p>�Me pas� horas enteras lustrando los Tur�bulos �murmur� el Hermano Yonidea.</p><p>�Contin�a, Oh Gran Maestro Supremo �dijo el Hermano Vigilatorre.</p><p>�Bien, prosigamos �suspir� el aludido�. Esta noche vamos a probar otra invocaci�n experimental. Conf�o en que hay�is conseguido un material digno, Hermanos.</p><p>�� <emphasis>venga a frotar, venga a frotar, �y te dan las gracias? Noooo�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Todo est� aqu�, Gran Maestro Supremo �se�al� el Hermano Vigilatorre.</p><p>El Gran Maestro hubo de reconocer que se trataba de una colecci�n un poquito mejor. Obviamente, los Hermanos hab�an estado muy ocupados. El lugar de honor lo ocupaba un letrero luminoso de taberna, por cuya eliminaci�n, seg�n opini�n del Gran Maestro, deber�an conceder alguna recompensa c�vica. En aquel momento, la E era de color rosa, y se encend�a y se apagaba sin cesar.</p><p>�Lo he tra�do yo �dijo el Hermano Vigilatorre con orgullo�. Pensaron que lo estaba arreglando o algo as�, pero cog� el destornillador y�</p><p>�S�, s�, bien hecho �asinti� el Gran Maestro�. Demuestra que tienes iniciativa.</p><p>�� <emphasis>hasta me be despellejado los nudillos, tengo los dedos rojos y agrietados. Y encima no he recuperado los tres d�lares, y nadie dice nada�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Y ahora �dijo el Gran Maestro Supremo, tomando el libro�, empezaremos a comenzar. C�llate, Hermano Yonidea.</p><empty-line/><p>Todas las ciudades del multiverso tienen una zona que se parece a las Sombras de Ankh-Morpork. Suele ser la parte m�s antigua, cuyas callejuelas siguen fielmente el rumbo que marcaron las pezu�as de las vacas medievales al bajar al r�o, y tienen nombres como Calle Degolladero, Camino de las Rocas, Callej�n de las Gallinas�</p><p>La verdad es que la mayor parte de Ankh-Morpork encaja en esta descripci�n. Pero Las Sombras, m�s todav�a, es como un agujero negro de criminalidad dentro del mundo del crimen. Dig�moslo claramente, hasta a los criminales les da miedo caminar por sus calles. La Guardia no se arrimaba all� ni en sue�os.</p><p>Pero ahora se estaban arrimando, por casualidad. Eso s�, se arrimaban sin mucha seguridad. La noche hab�a sido dura, y se hab�an estado calmando los nervios. Se los hab�an calmado tanto que, ahora, los cuatro ten�an que confiar en los otros tres para caminar sin hacer eses.</p><p>El capit�n Vimes volvi� a pasarle la botella al sargento.</p><p>�Queverg�ennnsa �pens� nebulosamente�. Esh-toy borrasho delante de mish hombresh.�</p><p>El sargento intent� decir algo, pero s�lo le salieron una serie de eses.</p><p>�Ponte al manddo �indic� el capit�n Vimes, tropezando contra un muro. Fij� los ojos turbios en los ladrillos�. �Esta paaared me ha atacado! �declar�. �Ja! Te creesh que eresh dura, �eh? Puesh yo soy un ofi-sial de la�, de la�, de la Ley, avershitenterash, y a no-sotrosh nadie nos�, nadie nos�, nos�</p><p>Parpade� lentamente un par de veces.</p><p>��Qu� esh lo que a nosotros nadie nosh, sargento? �pregunt�.</p><p>��Respeta? �sugiri� Colon.</p><p>�No, no, no. Otra cosa. No importa. El casho esh que a nosotrosh nadie nos eso.</p><p>Por su mente circulaban vagas visiones, una habitaci�n llena de criminales, gente que se hab�a burlado de �l, gente cuya sola existencia le hab�a ofendido durante a�os�, todos tirados por el suelo, gimiendo. No ten�a muy claro c�mo hab�a sucedido, pero una parte casi olvidada de �l mismo, un Vimes mucho m�s joven con una cota de mallas reluciente y lleno de grandes esperanzas, un Vimes al que cre�a ahogado en alcohol desde hac�a mucho tiempo, estaba inquieto de repente.</p><p>��Te�, te�, te digo una cosa, shargento? �empez�.</p><p>��Se�or?</p><p>Los cuatro tropezaron suavemente contra otro muro, y comenzaron otro lento baile de cangrejo por el callej�n.</p><p>�Eshta ciudad. Eshta ciudad. Eshta ciudad, shargento. Esta ciudad es una, es una, es una Mujer, shargento. Eso. Una Mujer. Una vieja presiosidad, shargento. Peroshitenamorasdella, te�, te�, te pega una patada en losh dientesh�</p><p>��Una mujer? �se sorprendi� el sargento Colon. El esfuerzo de pensar hizo que la frente se le llenara de sudor�. Mide doce kil�metros de ancho, se�or. Y hay un r�o. Y montones de casas, montones de casas y cosas, se�or �razon�.</p><p>�Ah. Ah. Ah. �Vimes lo se�al� con un dedo inseguro�. Yo no he disho que fuera una mujer peque�a. �Eh? �Lo he disho?</p><p>Blandi� la botella. Otra r�faga de pensamientos aleatorios zumb� por su mente.</p><p>�Lesh dimosh una buena lecci�n, �eh? �a�adi� emocionado, mientras los cuatro emprend�an un viaje indirecto hacia el muro de la otra acera�. Lesh dimosh una buena lecci�n. Ash� aprender�n.</p><p>�Claro �asinti� el sargento, pero sin demasiado entusiasmo.</p><p>A�n segu�a meditando sobre la vida sexual que llevaba su superior. Pero el estado de �nimo de Vimes no era de esos que necesitan que los alienten.</p><p>��Ja! �grit� a los oscuros callejones�. �A que no osh gusht�, eh? �Ahora conoc�ish el sabor de vueshtra propia eso, vueshtra propia medicina! �Lanz� al aire la botella vac�a�. �Las dos en punto y shereeeenoooo! �aull�.</p><p>Eso s� que era una noticia sorprendente para las figuras oscuras que los hab�an seguido durante los �ltimos minutos. S�lo el asombro en su estado m�s puro hab�a impedido que los hicieran part�cipes de su inter�s. Estos tipos son guardias, obviamente, estaban pensando: llevan los cascos de guardias, y el uniforme de guardias, y aun as� est�n en Las Sombras. As� que los observaban con la misma fascinaci�n con que una manada de lobos se concentrar�a en un reba�o de ovejas que no s�lo hubieran entrado en el claro, sino que estuvieran jugando, saltando y balando alegremente. El resultado, por supuesto, ser�a el mismo al final, pero entretanto la curiosidad demoraba el desenlace. Zanahoria alz� la cabeza, aturdido.</p><p>��D�nde estamos? �gimi�.</p><p>�De camino a casa �respondi� el sargento. Alz� la vista hacia el cartel de la calle, comido por la carcoma y acribillado a pu�aladas�. Estamos�, estamos�, estamos� �Entrecerr� los ojos�. En la calle Coraz�n.</p><p>�La calle Coraz�n no est� de camino a casa �tartamude� Nobby�. No queremos ir por la calle Coraz�n, est� en Las Sombras. Por nada del mundo ir�a por la calle Coraz�n�</p><p>Se pararon de golpe. En un momento, la visi�n de la realidad cumpli� la misma funci�n que una noche entera de sue�o y varias tazas de caf� cargado. Los tres se arremolinaron en torno a Zanahoria sin haberse puesto de acuerdo.</p><p>��Qu� hacemos, capit�n? �pregunt� Colon.</p><p>�Eh�, podemos pedir ayuda �respondi� Vimes, con tono inseguro.</p><p>�<emphasis>�Aqu�?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Es cierto, es cierto.</p><p>�Debimos torcer a la izquierda en la calle Plata, en vez de a la derecha �gimote� Nobby.</p><p>�Bueno, no volveremos a cometer el mismo error �replic� el capit�n.</p><p>Al momento dese� haber elegido mejor las palabras.</p><p>Escucharon unas pisadas. A su izquierda, alguien se mov�a sigilosamente.</p><p>�Deber�amos formar un frente �se�al� el capit�n. Todos intentaron formar un punto.</p><p>��Eh! �Qu� ha sido eso? �pregunt� el sargento Colon.</p><p>��El qu�?</p><p>�Ahora se ha o�do otra vez. Un sonido como de cuero arrastrado por el suelo.</p><p>El capit�n Vimes trat� de no pensar en capuchas y pu�ales.</p><p>Sab�a que hab�a muchos dioses. Un dios para cada profesi�n. Exist�a el dios de los mendigos, el dios de las prostitutas, el dios de los ladrones�, probablemente, incluso el dios de los asesinos.</p><p>Se pregunt� si, en alg�n rinc�n de tan vasto pante�n, habr�a alg�n dios dedicado a proteger a los agentes de la ley en apuros y a punto de morir.</p><p>Seguramente no, pens� con amargura. Eso no es suficientemente <emphasis>sofisticado </emphasis>para un dios. �Acaso alguno se preocupaba por los pobres tipos que trabajaban duro para ganarse cuatro chavos al mes? Naaa, ni uno. En cambio, todos los dioses proteg�an a los bastardos listillos para los que el trabajo era robar el Ojo de Rub� del Rey Peluc�n de su mism�sima �rbita. Nunca a los desdichados sin imaginaci�n que se dedicaban a recorrer las calles, noche tras noche�</p><p>�M�s bien como de escamas resbaladizas �se corrigi� el sargento, a quien le gustaban este tipo de puntualizaciones intrascendentes.</p><p>Y entonces, oyeron otro ruido�</p><p>� quiz� un ruido volc�nico, o el de un geiser hirviente, pero en cualquier caso era un sonido largo, seco, semejante a un rugido, como el crepitar de las llamas en las forjas de los Titanes�</p><p>� pero no fue tan malo como la luz, de un color azul blanquecino, una <emphasis>de </emphasis>esas luces que te tat�an los vasos sangu�neos de los ojos en el fondo del cr�neo.</p><p>Tanto el sonido como la luz duraron unos cuantos siglos, y luego, de golpe, cesaron.</p><p>El oscuro momento que sigui� estuvo lleno de im�genes purp�reas y, una vez recuperaron el o�do, de un tenue cliqueteo.</p><p>Los guardias se quedaron perfectamente inm�viles durante alg�n tiempo.</p><p>�Vaya, vaya �dijo al final el capit�n, con voz d�bil. Tras una pausa, a�adi� con voz muy clara, cada consonante encajando perfectamente en su lugar�: Sargento, coge algunos hombres y ve a investigar.</p><p>��Investigar qu�, se�or? �pregunt� Colon.</p><p>Pero el capit�n ya se hab�a dado cuenta de que, si el sargento cog�a a unos cuantos hombres, �l, Vimes, se quedar�a solo.</p><p>�No, tengo una idea mejor. Iremos todos �dijo con firmeza.</p><p>Fueron todos.</p><p>Ahora que sus ojos se hab�an vuelto a acostumbrar a la oscuridad, pudieron ver un resplandor rojizo all� a lo lejos.</p><p>Result� que era una pared enfri�ndose r�pidamente. Los trocitos de ladrillo calcinado se iban desmoronando a medida que se contra�an, eran los que produc�an el cliqueteo contra el pavimento.</p><p>Pero eso no era lo peor. Lo peor era lo que hab�a en la pared.</p><p>Lo contemplaron.</p><p>Lo contemplaron largo rato.</p><p>A�n faltaba una hora o dos hasta el amanecer, pero ninguno sugiri� que trataran de buscar el camino de vuelta en la oscuridad. Aguardaron junto a la pared. Al menos, estaba calientita.</p><p>Trataron de no mirarla.</p><p>Al final, Colon se removi� intranquilo.</p><p>�An�mate, capit�n �dijo�. Podr�a haber sido peor.</p><p>Vimes apur� el contenido de la botella. No surti� el menor efecto. Hay ciertos tipos de sobriedad de los que no se puede escapar.</p><p>�S� �asinti�. Podr�a habernos pasado a nosotros.</p><empty-line/><p>El Gran Maestro Supremo abri� los ojos.</p><p>�Una vez m�s �dijo� hemos alcanzado un gran �xito.</p><p>Los Hermanos saltaron de alegr�a. Vigilatorre y Dedos se cogieron del brazo y empezaron a bailar entusiasmados en el c�rculo m�gico.</p><p>El Gran Maestro Supremo respir� hondo.</p><p>Primero la zanahoria, pens�, y ahora el palo. Le encantaba el palo.</p><p>��Silencio! �rugi�<sub>:</sub>. �Hermano Dedos, Hermano Vigilatorre, que cese al momento ese comportamiento vergonzante! �Y los dem�s, callaos!</p><p>Todos guardaron silencio, como ni�os revoltosos cuyo profesor acabara de entrar en el aula. Luego guardaron a�n m�s silencio, como ni�os revoltosos que se dieran cuenta de la <emphasis>expresi�n </emphasis>del profesor.</p><p>El Gran Maestro Supremo dej� que terminaran de hundirse, y luego camin� entre los humillados Hermanos.</p><p>�Supongo �empez� a decir, vocalizando con claridad� que creemos que hemos hecho magia, �eh? �Hermano Vigilatorre? �Mmm?</p><p>El Hermano Vigilatorre trag� saliva.</p><p>�Bueno, eh�, t� dijiste qu� s�, eh�, o sea�</p><p>�<emphasis>�A�n no hab�is hecho nada!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Bueno, eh�, no, eh� �tartamude� el Hermano Vigilatorre.</p><p>�� Crees que los magos de verdad, despu�s de cada hechizo sin importancia, empiezan a saltar por ah� y a cantar �qu� buenos somos, qu� buenos somos, qu� buenos somos�, Hermano Vigilatorre? �Mmm?</p><p>�Bueno, nosotros, m�s o menos�</p><p>El Gran Maestro Supremo gir� sobre s� mismo.</p><p>��Y crees que se quedan mirando las vigas con gesto de preocupaci�n, Hermano Revocador?</p><p>El Hermano Revocador sacudi� la cabeza. Pensaba que nadie se hab�a dado cuenta.</p><p>Cuando la tensi�n fue exagerada y, por tanto, satisfactoria, el Gran Maestro Supremo volvi� a su lugar.</p><p>�No s� para qu� me molesto �dijo con un suspiro de cocodrilo�. Podr�a haber elegido a cualquiera. Podr�a haber elegido a los mejores. Pero lo �nico que tengo aqu� es un mont�n de <emphasis>crios.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Bueno, eh� �lo interrumpi� el Hermano Vigilatorre�, hemos hecho un aut�ntico esfuerzo, o sea, nos hemos concentrado de verdad. �A que s�, muchachos?</p><p>�S� �respondieron a coro.</p><p>El Gran Maestro Supremo los mir� fijamente.</p><p>�En esta Hermandad no hay lugar para Hermanos que no nos apoyen al m�ximo �advirti�.</p><p>Con un alivio casi visible, los Hermanos, como corderillos aterrados que se ha abierto una puerta de salida en el matadero, galoparon hacia ella.</p><p>��La palabra clave es compromiso! �exclam� el Gran Maestro.</p><p>�La palabra clave. Eso �asinti� el Hermano Vigilatorre.</p><p>Dio un codazo al Hermano Revocador, cuyos ojos se hab�an desviado de nuevo hacia la carpinter�a.</p><p>��Qu�? Oh. S�, claro. La palabra clave. Por supuesto �se apresur� a declarar �ste.</p><p>�Y fe, y fraternidad �a�adi� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�Eso tambi�n, eso tambi�n �dijo el Hermano Dedos.</p><p>�De manera que, si alguno de los presentes no desea, mejor dicho, no <emphasis>ansia </emphasis>seguir adelante, que d� un paso al frente ahora mismo.</p><p>Nadie se movi�.</p><p>Los tengo atrapados, pens� el Gran Maestro Supremo. Dioses, qu� bien se me da esto. Puedo tocar sus sucios cerebros como si fueran un xil�fono. El poder de lo vulgar es incre�ble. � Qui�n habr�a pensado que la debilidad ser�a una energ�a mucho m�s poderosa que la fuerza? Pero hay que saber canalizarla. Y yo s�.</p><p>�Bien, muy bien �dijo en voz alta�. Ahora, repetiremos el juramento.</p><p>Gui� sus voces tartamudeantes, aterradas, a lo largo de la retahila, y advirti� con aprobaci�n la voz estrangulada con que dec�an �lipasa�. Adem�s, no perdi� de vista al Hermano Dedos.</p><p>Es un poco m�s inteligente que los dem�s, pens�. Quiz� un poco menos manejable. Tendr� que tener buen cuidado de ser siempre el �ltimo en salir. No quiero que a nadie se le ocurra seguirme hasta mi casa.</p><empty-line/><p>Hace falta una mentalidad muy especial para gobernar una ciudad como Ankh-Morpork, y lord Vetinari la ten�a. Pero claro, es que era una persona muy especial.</p><p>Desconcertaba y enfurec�a a los pr�ncipes menores, dedicados al comercio, hasta tal punto que hac�a mucho que hab�an cesado sus intentos de asesinarlo, y ahora se limitaban a buscarse una buena posici�n entre ellos. Adem�s, un asesino encargado de matar al patricio tendr�a problemas para encontrar suficiente carne en la que hincar la daga.</p><p>Mientras otros gobernantes com�an alondras rellenas con lenguas de pavo real, lord Vetinari consideraba que un vaso de agua hervida y media rodaja de pan seco era sobrio, elegante y suficiente.</p><p>Era desesperante. Al parecer, no ten�a ning�n vicio que se le pudiera descubrir. Cualquiera habr�a pensado que, con aquel rostro p�lido y equino, se sentir�a atra�do por diversiones consistentes en jovencitas, mazmorras y l�tigos. A los dem�s principales de Ankh-Morpork no les hubiera importado. Las agujas y las fustas no tienen nada de malo, si se usan con moderaci�n. Pero el patricio, al parecer, se pasaba las veladas estudiando informes o, en ocasiones especiales, si se sent�a capaz de soportar la excitaci�n, jugando al ajedrez.</p><p>Vest�a siempre de negro. No era un negro particularmente impresionante, como el de los mejores asesinos, sino el negro sobrio, algo ajado, de un hombre que no pierde tiempo por las ma�anas decidiendo qu� ponerse. Y hab�a que levantarse muy temprano por la ma�ana para adelantarse al patricio. De hecho, era mejor no acostarse.</p><p>Pero era popular, en cierto modo. Bajo su gobierno, por primera vez en mil a�os, Ankh-Morpork <emphasis>funcionaba. </emphasis>Quiz� no fuera una ciudad justa, ni moral, ni particularmente democr�tica, pero funcionaba. Cuidaba de la ciudad como si se tratara de un arbusto ornamental, potenciando el crecimiento por aqu�, podando alguna que otra ramita errante por all� Se dec�a que toleraba absolutamente cualquier cosa que no amenazara a la ciudad,<a l:href="#n_11" type="note">[11]</a> y aqu� ten�a un claro ejemplo.</p><p>Contempl� el muro da�ado durante largo rato, mientras la lluvia le resbalaba por la barbilla y le empapaba la ropa. Tras �l, Wonse se remov�a, nervioso.</p><p>Luego, una mano larga, delgada, surcada de venas azules, sigui� el perfil de las sombras en el muro.</p><p>Bueno, no eran exactamente sombras, sino m�s bien una serie de siluetas. Los perfiles eran clar�simos. Dentro de ellas, se ve�a el dibujo familiar de los ladrillos. Pero, fuera, algo hab�a fundido el muro hasta convertirlo en una especie de cer�mica, bastante bonita, que daba a la pared la textura de un espejo.</p><p>Las formas que se perfilaban sobre los ladrillos mostraban a seis hombres detenidos en actitud de sorpresa. Varias manos alzadas, obviamente, hab�an estado sosteniendo cuchillos y navajas.</p><p>El patricio contempl� en silencio el mont�n de cenizas que ten�a a los pies. Unas hebras de metal deforme por la fusi�n eran, quiz�, las armas tan eficazmente dibujadas en la pared.</p><p>�Mmm �dijo.</p><p>Con todo respeto, el capit�n Vimes lo gui� hasta el callej�n de la Suerte Veloz, donde le mostr� la Prueba A.</p><p>�Huellas �dijo�. Si es que se puede llamar huella a algo producido por una zarpa.</p><p>El patricio contempl� las impresiones en el barro. Su rostro no revelaba nada.</p><p>�Ya veo �dijo al final�. �Tienes por casualidad alguna opini�n sobre esto, capit�n?</p><p>El capit�n la ten�a. En las horas transcurridas hasta el amanecer, se hab�a planteado toda clase de opiniones, empezando por la de que hab�a cometido un terrible error al nacer.</p><p>Al final, la luz gris�cea se filtr� por el barrio de Las Sombras y �l segu�a vivo y crudo. Mir� a su alrededor con una est�pida expresi�n de alivio, y vio, a menos de un metro de distancia, aquellas huellas. No hab�a sido un buen momento para estar sobrio.</p><p>�Bueno, se�or �empez�, dubitativo�, s� que los dragones se extinguieron hace miles de a�os� El patricio entrecerr� los ojos.</p><p>�Prosigue.</p><p>Vimes se lanz� al vac�o.</p><p>�� pero quiz� ellos no lo sepan, se�or. El sargento Colon dice que oy� un sonido como de cuero o escamas justo antes de�, justo antes de�, del delito.</p><p>�De manera que piensas que un drag�n extinguido, y con toda probabilidad m�tico, vol� hasta esta ciudad, aterriz� en un callej�n estrecho, inciner� a un grupo de criminales y volvi� a marcharse �dijo el patricio�. Una criatura muy c�vica, desde luego.</p><p>�Bueno, puesto as�</p><p>�Si mal no recuerdo, los dragones de las leyendas eran animales rurales y solitarios, que rehu�an a la gente y habitaban en lugares a los que nadie iba nunca �se�al� el patricio�. No eran lo que se dice criaturas urbanas.</p><p>�No, se�or �respondi� el capit�n, conteni�ndose para no se�alarle que Las Sombras encajaba perfectamente en aquella descripci�n.</p><p>�Adem�s �sigui� lord Vetinari�, lo m�s probable es que alguien se hubiera dado cuenta, �no crees?</p><p>El capit�n hizo una se�al en direcci�n a la pared y a su horrible dibujo.</p><p>��Quieres decir aparte de ellos, se�or?</p><p>�En mi opini�n �dijo el patricio�, ha sido alguna pelea. Probablemente alguna banda rival ha contratado a un mago. Una peque�a refriega local.</p><p>�Puede que est� relacionada con los extra�os robos que ha habido �ltimamente, se�or �aport� Wonse.</p><p>�Pero tambi�n est� el asunto de las huellas �insisti� Vimes.</p><p>�Estamos cerca del r�o �replic� lord Vetinari�. Lo m�s probable es que fuera un ave zancuda de alg�n tipo. Simple coincidencia. Pero yo, en tu lugar, borrar�a las marcas �a�adi�. No ser�a bueno que la gente fuera por ah� imaginando cosas extra�as y sacando conclusiones tontas, �verdad?</p><p>Vimes se rindi�.</p><p>�Como desees, se�or �dijo con la vista fija en sus propias sandalias.</p><p>El patricio le dio una palmadita en el hombro.</p><p>�No importa �dijo�. Sigue as�. Me gustan los hombres con iniciativa. Patrullando en Las Sombras, nada menos� Bien hecho.</p><p>Se dio media vuelta, y casi choc� contra el muro de cota de mallas que era Zanahoria.</p><p>Espantado, el capit�n Vimes vio c�mo su m�s reciente recluta se�alaba educadamente el carruaje del patricio. Alrededor del veh�culo hab�a seis Guardias de Palacio armados hasta los dientes. Vimes los detestaba a muerte. Llevaban plumas en el casco. Detestaba a todo guardia con plumas en el casco.</p><p>�Disculpa, se�or, �es �se tu carruaje, se�or? �oy� decir a Zanahoria.</p><p>El patricio lo mir� de arriba abajo sin comprender.</p><p>�S�, lo es. �Qui�n eres t�, joven? Zanahoria salud� oficialmente.</p><p>�El guardia interino Zanahoria, se�or.</p><p>�Zanahoria, Zanahoria�, ese nombre me suena de algo.</p><p>Lupine Wonse, que no se apartaba de su espalda, susurr� algo al o�do del patricio. El rostro de �ste se ilumin�.</p><p>�Ah, el joven que detiene a los ladrones. Creo que fue un peque�o error, pero muy elogiable. Nadie est� por encima de la ley, �verdad?</p><p>�No, se�or �asinti� Zanahoria.</p><p>�Elogiable, elogiable �repiti� el patricio�. Y ahora, caballeros�</p><p>�En cuanto a su carruaje, se�or �insisti� Zanahoria�, he advertido que la rueda delantera derecha, contra lo que indican las normas de�</p><p>Va a arrestar al patricio, se dijo Vimes. La idea le perfor� la mente como un clavo de hielo. Va a arrestar al patricio. Al gobernante supremo. Va a arrestarlo. Lo va a hacer de verdad. Este chico no conoce la palabra �miedo�. De hecho, ojal� conociera la palabra �supervivencia�.</p><p>Y no consigo mover los m�sculos <emphasis>de </emphasis>la mand�bula.</p><p>Estamos todos muertos. O peor, estamos todos detenidos hasta que el patricio se d� por satisfecho. Y no es hombre que se d� por satisfecho f�cilmente.</p><p>En aquel preciso momento, el sargento Colon se gan� una medalla metaf�rica.</p><p>��Guardia interino Zanahoria! �rugi�. �Fiiiirmes! �Guardia interino Zanahoria, media vuelta a la derecha! �Guardia interino Zanahoria, paso ligero!</p><p>Zanahoria se puso firme como un granero alzado a fuerza de poleas y mir� al frente con feroz expresi�n de obediencia.</p><p>�Buena idea, buena idea �asinti� el patricio pensativo, mientras Zanahoria se alejaba�. Seguid as�, capit�n. Y corta de ra�z cualquier rumor est�pido sobre dragones, �de acuerdo?</p><p>�S�, se�or �respondi� el capit�n Vimes.</p><p>�Muy bien.</p><p>El carruaje se alej� traqueteando, seguido por los Guardias de Palacio.</p><p>Tras ellos, el capit�n Vimes fue vagamente consciente de que el sargento gritaba a Zanahoria que se detuviera.</p><p>Estaba pensando.</p><p>Contempl� las huellas en el barro. Us� su lanza reglamentaria, cuya medida sab�a que era de dos metros diez, para medir su tama�o y la distancia que las separaba. Silb� entre dientes. Despu�s, con toda la cautela del mundo, camin� por el callej�n hasta llegar a una esquina. Daba a una puerta peque�a, sucia, destartalada, perteneciente a un almac�n de maderas.</p><p>Aqu� hay algo que va muy mal, pens�.</p><p>Las huellas salen del callej�n, pero no entran. Y no se ven muchas aves zancudas en el Ankh, m�s que nada porque la contaminaci�n del r�o les corroer�a las patas, y adem�s les resultar�a m�s f�cil caminar por la superficie.</p><p>Alz� la vista. Una mir�ada de tendederos cruzaban el rectangulito de cielo con la eficacia de una red.</p><p>As� que, pens�, algo grande y fiero sali� de este callej�n, pero no entr�.</p><p>Y el patricio estaba muy preocupado al respecto.</p><p>Le hab�a ordenado que se olvidara del tema.</p><p>Vio algo al otro lado del callej�n. Se inclin� y recogi� una c�scara de cacahuete, muy reciente.</p><p>Jug� con ella pas�ndosela de mano en mano, con la vista fija en la nada.</p><p>En aquel momento, necesitaba una copa. Pero tendr�a que esperar.</p><empty-line/><p>El bibliotecario camin� arrastrando los nudillos por los oscuros pasillos entre las estanter�as abarrotadas.</p><p>Los tejados de la ciudad eran suyos. Oh, los asesinos y los ladrones los usaban, pero �l hab�a descubierto hac�a mucho que el bosque de chimeneas, g�rgolas, ca�er�as y alares era un sustituto muy satisfactorio de las calles.</p><p>Al menos, hasta ahora.</p><p>Le hab�a parecido muy divertido e instructivo seguir a la Guardia hasta Las Sombras, una selva urbana en la que no hab�a nada que pudiera atemorizar a un simio de ciento cincuenta kilos. Pero la pesadilla que hab�a presenciado mientras atajaba por un callej�n oscuro habr�a hecho que dudara de sus propios ojos, si hubiera sido humano.</p><p>Como simio, no albergaba la menor duda sobre sus ojos, y confiaba plenamente en ellos.</p><p>En aquel momento, quer�a concentrarlos lo antes posible en un libro que quiz� le proporcionara alg�n indicio. Se encontraba en una secci�n que nadie visitaba mucho �ltimamente: la de los libros que no eran m�gicos en s�. El polvo se extend�a en una capa acusadora por el suelo.</p><p>Polvo con huellas de pisadas.</p><p>��Oook? �se sorprendi� el bibliotecario en la c�lida penumbra.</p><p>Sigui� adelante, ahora con m�s cautela al darse cuenta con fatalismo de que las huellas llevaban su misma direcci�n.</p><p>Dobl� una esquina, y all� estaba.</p><p>La secci�n.</p><p>La estanter�a.</p><p>El estante.</p><p>El hueco.</p><p>Hay muchas visiones espantosas en el multiverso. Pero, para un alma sintonizada con los sutiles ritmos vitales de una biblioteca, pocas de ellas son peores que un hueco all� donde deber�a haber un volumen.</p><p>Alguien hab�a robado un libro.</p><empty-line/><p>En la intimidad del Despacho Oblongo, su refugio personal, el patricio paseaba de un lado a otro. Estaba dictando una serie de instrucciones.</p><p>�Y env�a a unos cuantos hombres para que pinten esa pared �concluy�.</p><p>Lupine Wonse arque� una ceja.</p><p>��Crees que es buena idea, se�or? �pregunt�.</p><p>��No te parece que un grabado de sombras fantasmales provocar� comentarios y especulaciones? �se�al� el patricio secamente.</p><p>�No tantos como una pared reci�n pintada en Las Sombras �respondi� Wonse con tranquilidad. El patricio titube� un instante.</p><p>�Bien pensado �asinti�. Env�a a unos cuantos hombres para que la derriben.</p><p>Lleg� al final de la habitaci�n, gir� sobre sus talones y la recorri� de nuevo. �Dragones! �Como si no tuviera bastantes cosas <emphasis>reales </emphasis>de las que ocuparse!</p><p>��Crees en los dragones? �pregunt�. Wonse sacudi� la cabeza.</p><p>�Son algo imposible, se�or.</p><p>�Eso tengo entendido �asinti� lord Vetinari. Lleg� a la pared de enfrente y dio media vuelta.</p><p>��Quieres que investigue m�s? �sugiri� Wonse.</p><p>�S�. S�, investiga.</p><p>�Me asegurar� tambi�n de que la Guardia tenga los ojos bien abiertos.</p><p>El patricio se detuvo.</p><p>��La Guardia? �La Guardia? Mi querido muchacho, la Guardia no es m�s que un pu�ado de incompetentes dirigidos por un borracho. He tardado a�os en conseguir que fuera as�. La Guardia es la menor de nuestras preocupaciones. �Medit� un instante�. �Has visto alguna vez un drag�n, Wonse? Uno de los grandes, quiero decir. Ah, ya me has dicho que son algo imposible.</p><p>�Son animales de leyenda. Simples supersticiones �le dijo.</p><p>�Mmm �asinti� el patricio�. Y ya se sabe que las leyendas son legendarias, claro.</p><p>�Exacto, se�or.</p><p>�Aun as� �El patricio se detuvo y mir� a su secretario durante largos instantes�. Oh, bueno �suspir� al final�. Ya me entiendes. No quiero ni o�r hablar de dragones. Es el tipo de rumor que pone nerviosa a la gente. Quiero que lo atajes de ra�z.</p><p>Cuando estuvo solo, se levant� y contempl� con gesto sombr�o las ciudades gemelas que se divisaban desde la ventana. Volv�a a lloviznar.</p><p>�Ankh-Morpork! �La ciudad donde viv�an cien mil almas! Repartidas entre un mill�n de personas, pens� el patricio para sus adentros. La lluvia fresca arrancaba destellos de las torres y tejados, inconsciente de lo sucio del mundo sobre el que se precipitaba. Hab�a lluvia afortunada, que ca�a sobre ovejas en los prados, o que se derramaba sobre los bosques, o se dirig�a incestuosa hacia el mar. En cambio, la lluvia que ca�a en Ankh-Morpork era lluvia en apuros. En las ciudades gemelas hac�an cosas terribles con el agua. Y beber�a era lo de menos.</p><p>Al patricio le gustaba sentir que estaba viendo una ciudad que funcionaba. No una ciudad bonita, ni una ciudad famosa, ni una ciudad con un buen alcantarillado, ni mucho menos una ciudad con un buen dise�o arquitect�nico. Hasta sus ciudadanos m�s entusiastas estar�an de acuerdo en que, desde un oteadero elevado, Ankh-Morpork parec�a como si alguien hubiera intentado construir con piedra y madera un gigantesco huevo frito.</p><p>Pero funcionaba. Sus engranajes giraban suavemente, como un giroscopio en perfecto equilibrio. Y esto, en opini�n del patricio, era porque nunca hab�a ning�n grupo tan poderoso como para imponerse a los dem�s. Mercaderes, ladrones, asesinos, magos�, todos compet�an con fervor en la carrera, sin darse cuenta de que, en realidad, aquello no ten�a por qu� ser una carrera, y desde luego sin confiar unos en otros el tiempo suficiente como para pararse a preguntarse qui�n marcaba el recorrido, qui�n daba la se�al de salida.</p><p>Al patricio no le gustaba la palabra �dictador�. Le parec�a insultante. El nunca le dec�a a nadie lo que ten�a que hacer. No era necesario, ah� estaba lo bueno. Una gran parte de su vida consist�a en asegurarse de que las cosas siguieran as�.</p><p>Por supuesto, muchos grupos quer�an derrocarlo, y aquello estaba muy bien, denotaba una sociedad saludable y vigorosa. En ese aspecto, nadie pod�a calificar al patricio de poco razonable. �Acaso no hab�a creado �l mismo la mayor�a de esos grupos? Y lo perfecto del asunto era que se pasaban casi todo su tiempo enfrent�ndose unos a otros.</p><p>Como siempre dec�a el gobernante de Ankh-Morpork, la naturaleza humana era algo maravilloso. Una vez sab�as bien d�nde estaban los interruptores y palancas.</p><p>Ten�a una desagradable premonici�n acerca de aquel asunto del drag�n. Si exist�an criaturas sin interruptores y palancas evidentes, eran los dragones. Hab�a que arreglar aquello como fuera.</p><p>El patricio no cre�a en la crueldad innecesaria<a l:href="#n_12" type="note">[12]</a>. No cre�a en la venganza in�til. En cambio, cre�a fervorosamente en arreglar las cosas. Como fuera.</p><empty-line/><p>Por extra�o que parezca, el capit�n Vimes estaba pensando en lo mismo. Se hab�a dado cuenta de que no le gustaba la idea de que los ciudadanos, ni siquiera los ciudadanos de Las Sombras, se convirtieran en pintura especial para cer�mica.</p><p>Y hab�a sucedido ante las narices de la Guardia, m�s o menos. Como si la Guardia no importara, como si la Guardia no fuera m�s que un detalle irrelevante. Eso era lo que peor le sentaba.</p><p>Aunque claro, era verdad. Y eso no hac�a m�s que empeorar las cosas.</p><p>Lo que le estaba poniendo m�s nervioso todav�a era el hecho de haber desobedecido �rdenes. Hab�a borrado las huellas, s�. Pero en el �ltimo caj�n de su viejo escritorio, oculta bajo un mont�n de botellas vac�as, hab�a una copia en escayola. Sent�a que le estaba mirando a trav�s de tres capas de madera.</p><p>No ten�a la menor idea de qu� se hab�a apoderado de �l y le hab�a obligado a hacerlo. Ahora, encima, iba a desobedecer todav�a m�s.</p><p>Pas� revista a sus hombres, a falta de una palabra mejor para denominarlos. Hab�a pedido a los dos m�s antiguos que se presentaran en ropa de calle. Eso significaba que el sargento Colon, que hab�a ido de uniforme toda su vida, parec�a congestionado e inc�modo con el traje que llevaba para los funerales. Mientras que Nobby�</p><p>�No s� si me expliqu� bien, dije �ropa de calle�</p><p>�suspir� el capit�n Vimes.</p><p>�Es lo que llevo cuando no estoy trabajando, t�o �replic� Nobby con tono de reproche.</p><p>�Se�or �le corrigi� el sargento Colon.</p><p>�Mi voz tambi�n lleva ropa de calle. Eso se llama �iniciativa�.</p><p>Vimes rode� al cabo, caminando con lentitud.</p><p>��Y tu ropa de calle no hace que se desmayen las ancianas, o que los ni�os te tiren piedras al pasar?</p><p>�pregunt�.</p><p>Nobby se removi�, inquieto. La iron�a no era lo suyo.</p><p>�No, se�or, t�o �dijo�. Es lo que se lleva, la �ltima moda.</p><p>Aquello ten�a parte de verdad. En Ankh-Morpork, lo �ltimo eran los sombreros con plumas, las gorgueras, los jubones ajustados con ribetes dorados, los pantalones amplios y las botas altas con punteras retorcidas. El problema, en opini�n de Vimes, era que los seguidores de esa moda sol�an tener un cuerpo que meter dentro de las prendas, mientras que con el cabo Nobbs lo �nico que se pod�a decir era que estaba all� dentro, en alguna parte.</p><p>Quiz� fuera una ventaja, al fin y al cabo. Cuando lo vieran por la calle, nadie pensar�a que era un miembro de la Guardia tratando de pasar desapercibido.</p><p>Vimes pens� que no sab�a absolutamente nada sobre Nobbs, fuera de las horas de trabajo. Ni siquiera recordaba d�nde viv�a. Conoc�a a aquel hombre desde hac�a a�os y a�os, y nunca se hab�a dado cuenta de que, en su vida privada, secreta, el cabo Nobbs ten�a un punto de pavo real. Un pavo real muy bajito, cierto, un pavo real al que probablemente hab�an golpeado muchas veces con algo pesado, pero pavo real al fin y al cabo. La gente depara estas sorpresas.</p><p>Volvi� a concentrarse en el asunto que le preocupaba.</p><p>�Quiero que los dos �dijo dirigi�ndose a Nobbs y a Colon� os mezcl�is discretamente con la gente, o indiscretamente en tu caso, cabo Nobbs. Esta noche, tratad de detectar cualquier cosa desacostumbrada.</p><p>��Desacostumbrada? �Por ejemplo?</p><p>Vimes titube�. El tampoco estaba muy seguro.</p><p>�Cualquier cosa pertinente �dijo al final.</p><p>�Ah. �El sargento asinti� con gesto de entendido�. Pertinente. Claro.</p><p>Hubo un silencio embarazoso.</p><p>�Quiz� la gente haya estado viendo cosas raras �insisti� el capit�n Vimes�. O puede que haya habido incendios inexplicables. O huellas. Ya sab�is �termin� a la desesperada�, rastros de dragones.</p><p>� �Por ejemplo, los montones de oro sobre los que duermen? � sugiri� el sargento.</p><p>� Y v�rgenes encadenadas a rocas � asinti� Nobby, el experto.</p><p>� Ya veo que conoc�is el tema � suspir� Vimes �. Bueno, haced lo que pod�is.</p><p>� Esto de mezclarse con la gente � dijo el sargento Colon �, �implica ir a las tabernas, beber y cosas de �sas?</p><p>� Hasta cierto punto � asinti� el capit�n.</p><p>� Ah � se alegr� el sargento.</p><p>� Con moderaci�n.</p><p>� Por supuesto, se�or.</p><p>� Y pagando de vuestro propio bolsillo.</p><p>�Oh.</p><p>� Pero, antes de marcharos, �conoc�is a alguien que sepa de dragones? � pregunt� Vimes �. Que sepa algo m�s que eso de que duermen sobre oro y lo de las jovencitas, claro.</p><p>� Los magos, seguro � sugiri� Nobby.</p><p>� Aparte de los magos � replic� el capit�n con firmeza.</p><p>No se pod�a confiar en los magos. Todo guardia sab�a que no se pod�a confiar en los magos. Eran todav�a peores que los civiles.</p><p>Colon medit� un instante.</p><p>� Siempre queda lady Ramkin � dijo �. Vive en la avenida Pastelito. Es criadora de dragones de pantano. Ya sabe, esos bichejos que la gente bien tiene como mascotas.</p><p>� Ah, �sa � asinti� Vimes, sombr�o �. Creo que la he visto por ah�. �La que lleva la pegatina de �Relincha si amas a los dragones� en la parte trasera del carruaje?</p><p>� �sa misma � respondi� el sargento Colon.</p><p>� �Qu� hago yo, capit�n? � pregunt� Zanahoria.</p><p>� Eh�, a ti te toca la labor m�s importante contest� Vimes apresuradamente�. Quiero que te quedes aqu� y vigiles el despacho.</p><p>El rostro de Zanahoria se ilumin� con una amplia sonrisa de incredulidad.</p><p>��Quiere decir que me quedo al mando, se�or?</p><p>�En cierto modo, en cierto modo �asinti� el capit�n�. Pero no se te permite arrestar a nadie, �entendido? �a�adi� r�pidamente.</p><p>��Aunque est�n quebrantando la ley, se�or?</p><p>�Ni siquiera en ese caso. Lim�tate a tomar nota.</p><p>�En ese caso, me dedicar� a leer el libro �le asegur� Zanahoria�. Y a sacarle brillo al casco.</p><p>�Buen muchacho �dijo Vimes.</p><p>As� no pasar� nada, pens�. Aqu� no viene nadie, ni siquiera a denunciar el extrav�o de un perro. Nadie piensa nunca en la Guardia. Hay que estar muy loco para pedir ayuda a la Guardia, pens� con amargura.</p><p>La avenida Pastelito era una calle ancha, bordeada de �rboles, en una zona incre�blemente selecta de Ankh, lo suficientemente elevada y lejos del r�o como para escapar de su penetrante olor. La gente de la avenida Pastelito ten�a dinero de generaciones, que, seg�n se dice, es mucho mejor que el dinero nuevecito, aunque el capit�n Vimes nunca hab�a tenido suficiente de ninguno de ellos como para analizar la diferencia. La gente de la avenida Pastelito ten�a guardaespaldas privados. La gente de la avenida Pastelito era tan orgullosa que, seg�n se dec�a, no hablaba ni con los dioses. Esto no era del todo cierto. Estar�an dispuestos a hablar con los dioses, siempre y cuando fueran dioses de alta posici�n y buena familia.</p><p>La casa de lady Ramkin no era dif�cil de encontrar. Ocupaba un promontorio desde donde se divisaba una magn�fica panor�mica de la ciudad, si es que a alguien le pod�a interesar eso. En la verja de la entrada hab�a dragoncitos de piedra, y los jardines ten�an un aspecto descuidado, con hierbajos crecidos por todas partes. Aqu� y all� se elevaban las estatuas de los Ramkin del pasado. La mayor parte de ellos esgrim�an espadas y estaban cubiertos de hiedra hasta el cuello.</p><p>Vimes tuvo la sensaci�n de que no era porque el propietario del jard�n fuera demasiado pobre como para arreglarlo, sino m�s bien porque el propietario del jard�n pensaba que hab�a cosas mucho m�s importantes que los antepasados, cosa que no dejaba de ser extra�a en un arist�crata.</p><p>Probablemente tambi�n pensaba que hab�a cosas mucho m�s importantes que las reparaciones dom�sticas. Cuando hizo sonar la campanilla de una puerta, bastante agradable por cierto, rodeada por un bosque de rododendros, le cayeron encima varios trocitos de la escayola de la fachada.</p><p>Eso pareci� ser lo �nico que consigui�, aparte de que, al otro extremo de la casa, algo empez� a aullar. Muchos algos.</p><p>Empezaba a llover otra vez. Tras un rato, Vimes reuni� toda la dignidad de su cargo y dio la vuelta al edificio con cautela, teniendo mucho cuidado de no provocar m�s derrumbamientos.</p><p>Lleg� hasta una pesada puerta de madera, en una pared tambi�n de madera. En contraste con el descuido generalizado del edificio y los jardines, aquello parec�a relativamente nuevo y s�lido.</p><p>Llam� a la puerta. Esto provoc� otra andanada de extra�os sonidos sibilantes.</p><p>La puerta se abri�. Algo terrible se irgui� ante �l.</p><p>�Ah, buen hombre �rugi�. �Sabe usted algo sobre apareamiento?</p><empty-line/><p>La Casa de la Guardia estaba tranquila y c�lida. Zanahoria escuch� el siseo de la arena en el reloj, y ech� aliento sobre la armadura pectoral. Siglos de barnices hab�an cedido ante su alegre ataque. Ahora, resplandec�a.</p><p>Con una armadura brillante, uno sab�a a qu� atenerse. Aquella ciudad tan extra�a, donde ten�an tantas leyes y se dedicaban con entusiasmo a quebrantarlas, era demasiado para �l. Pero una armadura bien abrillantada era siempre una armadura bien abrillantada.</p><p>La puerta se abri�. Ech� un vistazo por encima del viejo escritorio. All� no hab�a nadie.</p><p>Sigui� frotando industriosamente.</p><p>Oy� un vago sonido, como si alguien se estuviera hartando de esperar. Dos manos con u�as purp�reas se aferraron al borde del escritorio, y la cara del bibliotecario apareci� como un coco.</p><p>�Oook �dijo.</p><p>Zanahoria lo mir�. Le hab�an explicado detenidamente que, contrariamente a las apariencias, las leyes que gobernaban el reino animal no se aplicaban al bibliotecario. Por otra parte, el bibliotecario tampoco parec�a muy interesado en que se le aplicaran las leyes que gobernaban el reino humano. El simio era una de esas anomal�as que no se pueden eliminar, hay que construir alrededor.</p><p>�Hola �dijo Zanahoria, inseguro. (�No le llames �chico�, ni le des palmaditas en la cabeza, le sienta fatal.�)</p><p>�Oook.</p><p>El bibliotecario tamborile� sobre el escritorio con un largo dedo, de m�ltiples articulaciones.</p><p>��Qu�?</p><p>�<emphasis>Oook.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Perdona?</p><p>El bibliotecario puso los ojos en blanco. Ten�a la sensaci�n de que era muy extra�o que los perros, caballos o delfines denominados inteligentes nunca tuvieran problemas para comunicar a los humanos noticias vitales, por ejemplo, que hab�a tres ni�os perdidos en una cueva, o que el tren estaba a punto de desviarse por una v�a hacia un puente derrumbado, o cosas semejantes, mientras que a �l, a tan s�lo unos cromosomas de vestir chaleco, le parec�a dificil�simo convencer a un humano para que entrara de la calle si estaba lloviendo. Con algunas personas no se pod�a hablar.</p><p>�<emphasis>�Oook!�</emphasis>insisti�, haci�ndole gestos.</p><p>�No puedo marcharme de este despacho �le dijo Zanahoria�. Son �rdenes.</p><p>El labio superior del bibliotecario se desliz� hacia arriba como una persiana.</p><p>��Eso es una sonrisa? �pregunt� el chico. El bibliotecario sacudi� la cabeza.</p><p>�No se habr� cometido un crimen, �verdad?</p><p>�Oook.</p><p>��Un crimen muy grave?</p><p>��Oook!</p><p>��Como un asesinato?</p><p>�Eeek.</p><p>��Peor que un asesinato?</p><p><emphasis>��Eeek!</emphasis></p><p>El bibliotecario se dirigi� hacia la puerta y empez� a dar saltitos apremiantes.</p><p>Zanahoria trag� saliva. �rdenes eran �rdenes, claro, pero aquello era otra cosa. En semejante ciudad, la gente era capaz de todo.</p><p>Se puso la placa pectoral, se atornill� el resplandeciente casco a la cabeza y se dirigi� a zancadas hacia la puerta.</p><p>Entonces, record� sus responsabilidades. Volvi� al escritorio, busc� un trozo de papel y escribi� con dificultades: <emphasis>He salido a combatir el crimen. Por favor, vuelva m�s tarde. Gracias.</emphasis></p><p>Y as�, se lanz� a las calles, sin el menor asomo de miedo.</p><empty-line/><p>El Gran Maestro Supremo alz� los brazos.</p><p>�Hermanos �dijo�, comencemos�</p><p>Fue sencillo. Todo lo que hab�a que hacer era canalizar la inmensa reserva s�ptica de celos y resentimientos que albergaban los Hermanos, controlar su maldad cotidiana, que a su modo era a�n m�s poderoso que el mal en estado puro, y luego abrir tu propia mente�</p><p>� hacia el lugar adonde se hab�an ido los dragones.</p><p>Vimes se vio agarrado por un brazo y arrastrado hacia el interior del cobertizo. La pesada puerta se cerr� tras �l con un sonido intimidante.</p><p>�Se trata de lord Montealegre Escamagarra �gneo III de Ankh �dijo la aparici�n, que vest�a una armadura protectora de aspecto terrible�. La verdad, no creo que el pobre pueda levantarse.</p><p>��No podr�? �dijo Vimes d�bilmente.</p><p>�Se necesitan dos personas.</p><p>�Claro, claro �susurr� el capit�n, cuyos omoplatos intentaban abrirse camino a trav�s de la verja.</p><p>��Puede ayudarme? �retumb� la voz de la cosa.</p><p>��Qu�?</p><p>�Vamos, hombre, no sea cobardica. S�lo tiene que levantarlo. Yo har� el trabajo dif�cil. S� que parece una crueldad, pero si no lo hace esta noche, morir�. La supervivencia de los m�s aptos y todo eso, ya sabe.</p><p>El capit�n Vimes consigui� controlar sus nervios. Evidentemente, estaba en presencia de una ninf�mana, hasta donde se pod�a intuir su g�nero con tan extra�o atuendo, que planeaba un asesinato. Si no era una hembra, lo de �yo har� el trabajo dif�cil� suger�a im�genes que le costar�a mucho olvidar. Sab�a que los ricos hac�an las cosas de manera diferente, pero aquello era ir demasiado lejos.</p><p>�Se�ora �dijo fr�amente�, soy un oficial de la Guardia, y debo advertirle de que las acciones que est� sugiriendo contravienen las leyes de la ciudad. �Y las de muchos de los dioses m�s escrupulosos, a�adi� para sus adentros�. Por tanto, le ordeno que libere inmediatamente a su se�or�a, sin causarle da�o alguno�</p><p>La figura lo mir� con asombro.</p><p>��Por qu�? �pregunt�. Estamos hablando de mi drag�n.</p><empty-line/><p>��Quieres tomarte otra copa, no-cabo Nobby? �sugiri� el sargento Colon con voz insegura.</p><p>�Pues no me importar�a en absoluto, no-sargento Colon �asinti� Nobby.</p><p>Se estaban tomando su trabajo muy en serio, sobre todo lo de pasar desapercibidos. Eso implicaba no pasar por la mayor parte de las tabernas en la orilla Morpork del r�o, donde eran bien conocidos. Ahora se encontraban en un local bastante elegante, en el centro de Ankh, donde estaban siendo todo lo discretos que pod�an y sab�an. Los otros clientes pensaban que eran de alg�n grupo teatral.</p><p>�Estaba pensando �dijo el sargento Colon.</p><p>��En qu�?</p><p>�Si compramos una botella o dos, y nos las llevamos a casa, seguro que no llamamos la atenci�n. Nobby medit� un instante.</p><p>�Pero el capit�n dijo que prest�ramos atenci�n a todo �dijo�. Tenemos que detectar, o algo as�.</p><p>�Eso tambi�n lo podemos hacer en mi casa �insisti� el sargento Colon�. Prestar�amos atenci�n toda la noche. Mucha atenci�n.</p><p>�No es mala idea.</p><p>De hecho, cuantas m�s vueltas le daba, mejor idea le parec�a.</p><p>�Pero antes �anunci� tengo que ir a hacer una visita urgente.</p><p>�Yo tambi�n �asinti� el sargento�. Esto de detectar se hace pesado, �verdad?</p><p>Se tambalearon hacia el patio trasero de la taberna. Hab�a luna llena, pero unos cuantos jirones de nubes la ocultaban casi por completo. En la oscuridad, tropezaron el uno contra el otro.</p><p>��Eres t�, sargento detector Colon? �pregunt� Nobby.</p><p>��Claro! �Puedes detectar la puerta del retrete, detector cabo Nobbs? Seg�n la descripci�n, es una puerta peque�a, oscura y destartalada, ja ja ja.</p><p>Se oyeron un par de golpes y una maldici�n entrecortada cuando Nobby tropez� en el patio, seguidos por un aullido cuando un miembro de la enorme poblaci�n felina de Ankh-Morpork huy� entre sus piernas.</p><p>�Me pareci� ver un lindo gatito� �mascull� Nobby entre dientes.</p><p>�Bueno, la necesidad obliga �dijo el sargento Colon, poni�ndose de cara a una pared.</p><p>Sus murmullos se vieron interrumpidos por un gru�ido procedente del cabo.</p><p>��Est�s ah�, sargento?</p><p>�Sargento <emphasis>detector </emphasis>Nobby �se�al� Colon. El tono del cabo era apremiante y, de pronto, de lo m�s sobrio.</p><p>�No fastidies, sargento. �Acabo de ver un drag�n volador!</p><p>�He o�do hablar de peces voladores �replic� el sargento Colon con un suave hipido�. Incluso vi una vez una ardilla voladora. �Pero nunca he visto a un drag�n volar!</p><p>�Claro que s�, borrico �insisti� Nobby�. �Que va en serio! Ten�a alas, te lo juro, parec�an�, parec�an�, �bueno, parec�an alas grandes!</p><p>El sargento Colon se volvi� con gesto majestuoso. El rostro del cabo se hab�a puesto tan blanco que se ve�a en la oscuridad.</p><p>��De verdad, sargento!</p><p>Colon mir� hacia el cielo nuboso, en direcci�n a la luna.</p><p>�A ver, �por d�nde dices que estaba? Se oy� un sonido resbaladizo tras �l, y un par de tejas se estrellaron contra los adoquines de la calle.</p><p>Se dio la vuelta. All�, en el tejado, estaba el drag�n.</p><p>��Hay un drag�n en el tejado! �se atragant�. �Nobby, hay un drag�n en el tejado! �Qu� hago, Nobby? �Hay un drag�n en el tejado! �Me est� mirando, Nobby!</p><p>�Para empezar, podr�as subirte los pantalones �sugiri� el cabo desde detr�s del muro m�s cercano.</p><empty-line/><p>Incluso despojada de las capas y capas de ropa protectora, lady Sybil Ramkin era impresionantemente corpulenta. Vimes sab�a que los pueblos b�rbaros eje�os ten�an leyendas sobre doncellas gigantescas, vestidas con cotas de mallas, luciendo sujetadores blindados y montadas en carros, que descend�an sobre los campos de batalla y se llevaban a los guerreros muertos a otra vida de juergas gloriosas, mientras cantaban con agradables voces de mezzosoprano. Lady Ramkin podr�a haber sido una de ellas. Podr�a haber sido su jefa. Podr�a haber cargado sobre sus hombros a un batall�n de guerreros muertos. Cuando hablaba, cada una de sus palabras era como una palmada en la espalda, y ten�a la resonancia y la seguridad aristocr�tica de los que han sido de buena familia toda su vida.</p><p>Solamente los sonidos de las vocales hubieran cortado la madera.</p><p>Los plebeyos antepasados de Vimes estaban acostumbrados a voces como aqu�llas, que sol�an proceder de hombres bien armados (no como ellos), a lomos de corceles de guerra, que les explicaban por qu� ser�a una idea estupenda atacar al enemigo y masacrarlo. Sus piernas sintieron la tentaci�n de ponerse firmes.</p><p>Los pueblos prehist�ricos la habr�an adorado, y de hecho, por sorprendente que parezca, hab�an tallado estatuas suyas hac�a miles de a�os. Ten�a una incre�ble cascada de pelo casta�o. Una peluca, seg�n descubri� Vimes m�s adelante. Nadie que se relacionara con dragones conservaba su propio pelo durante mucho tiempo.</p><p>Adem�s, llevaba un dragoncito en el hombro. Le fue presentado como Escamagarra Vincent Maravilla de Quirm, Vinny para los amigos, y parec�a estar contribuyendo al inusual olor qu�mico que invad�a la casa. El olor lo impregnaba todo, incluso la generosa porci�n de pastel que lady Ramkin le ofreci� ten�a el mismo sabor.</p><p>�Eh�, el�, el hombro� es� muy bonito �dijo Vimes, en un desesperado intento de animar la conversaci�n.</p><p>�Tonter�as �buf� la dama�. Lo estoy entrenando s�lo porque los que se sientan en el hombro se cotizan al doble de precio.</p><p>El capit�n murmur� que a veces hab�a visto a damas de la alta sociedad con peque�os dragoncitos de vivos colores sobre el hombro, y siempre le hab�an parecido�, eh�, muy bonitos.</p><p>�La idea les parece bonita �replic� ella�. Desde luego. Pero al final se dan cuenta de que les clavan las garras en el traje, les chamuscan el pelo y les llenan el cuello de cenizas. Y lo de las garras puede hacer mucho da�o. Luego se dan cuenta de que el bicho se est� haciendo demasiado grande, de que huele raro, y lo siguiente que sabes es que el pobre animal est� en el Refugio Morpork para Dragones Perdidos, o en el r�o con una piedra al cuello, mis chiquitines. �Se acomod� en el asiento y se alis� una falda con la que se hubieran podido hacer velas para una peque�a flota�. Me ha dicho que era el capit�n Vimes, �no?</p><p>Vimes estaba desconcertado. Los Ramkin difuntos lo contemplaban desde sus ornamentados marcos, muy altos en las paredes sombr�as. Entre los retratos, alrededor y debajo de ellos, estaban las armas que seguramente hab�an utilizado. Las armaduras ocupaban todos los rincones. No pudo dejar de darse cuenta de que muchas de ellas luc�an enormes agujeros. El techo era un caos de banderas y pendones descoloridos y comidos por las polillas. No hac�a falta un examen forense para darse cuenta de que los antepasados de lady Ramkin nunca hab�an rehuido una buena pelea.</p><p>Era sorprendente que la mujer fuera capaz de hacer algo tan pac�fico como tomarse una taza de t�.</p><p>�Mis antepasados �dijo, siguiendo la mirada hipnotizada del capit�n�. �Sabe? Ni un solo Ramkin en los mil �ltimos a�os ha muerto en su cama.</p><p>�S�, se�ora.</p><p>�Es un orgullo para la familia.</p><p>�S�, se�ora.</p><p>�Aunque muchos han muerto en otras camas, claro. La taza del capit�n Vimes tembl� en el platito.</p><p>�S�, se�ora �suspir�.</p><p>�Capit�n� es un t�tulo muy atractivo, siempre me lo ha parecido. �Le dedic� una brillante sonrisa�. Quiero decir, los coroneles y esa gente son muy estirados, los mayores son pomposos, pero una tiene la sensaci�n de que los capitanes son deliciosamente <emphasis>peligrosos. </emphasis>�Qu� ha dicho que quer�a ense�arme?</p><p>Vimes se aferr� al envoltorio como si fuera un cintur�n de castidad.</p><p>�Quer�a saber� �tartamude�, qu� tama�o pueden alcanzar los dragones de pantano�, eh�</p><p>Se detuvo. En las zonas inferiores de su cuerpo estaba sucediendo algo horrible.</p><p>Lady Ramkin sigui� la direcci�n de su mirada.</p><p>�Oh, no le haga caso �dijo alegremente�. Si le molesta, d�le un golpecito con el coj�n.</p><p>Un peque�o drag�n viejo hab�a salido de debajo de la silla y apoyaba el morro en el regazo de Vimes. Alz� hacia �l unos expresivos ojos casta�os, y le babe� por las rodillas algo que, por lo que sinti�, era bastante corrosivo, adem�s de apestar como una probeta de �cido.</p><p>�Le presento a Gotoso Mabelline Escamagarra I �dijo la dama�. Campe�n y padre de campeones. Ya no le queda fuego, pobrecito m�o. Le gusta que le rasquen la barriga.</p><p>Vimes ensay� unos cuantos movimientos bruscos para sacudirse al viejo drag�n. El animal parpade� y lo mir� con dolidos ojitos reum�ticos, entreabri� la boca y dej� al descubierto unos colmillos ennegrecidos por el holl�n.</p><p>�Si le molesta, qu�teselo de encima �insisti� alegremente lady Ramkin�. D�game qu� quer�a saber.</p><p>�Le preguntaba qu� tama�o pueden alcanzar los dragones de pantano �dijo Vimes, cambiando de postura.</p><p>Se oy� un suave gru�ido.</p><p>��Y ha venido hasta aqu� para preguntar eso? A ver�, creo recordar que Corazonalegre Escamagarra de Ankh lleg� a medir tres pies y seis pulgadas de alto, de la cresta a las patas �le asegur� lady Ramkin.</p><p>�Eh�</p><p>�Aproximadamente, un metro con cinco �a�adi� amablemente.</p><p>��Nada m�s? �pregunt� Vimes, esperanzado. En su regazo, el viejo drag�n empez� a roncar con suavidad.</p><p>�Cielos, no. En realidad, fue una monstruosidad. La mayor�a de los dragones de pantano no llegan a medir m�s all� de dos pies.</p><p>El capit�n Vimes movi� los labios haciendo un c�lculo r�pido.</p><p>��Sesenta cent�metros? �aventur�.</p><p>�Bien hecho. Eso los compos, claro. Las comp�s suelen ser un poco m�s peque�as.</p><p>Vimes no ten�a intenci�n de rendirse.</p><p>��Un compo es un drag�n macho?</p><p>�S�lo a partir de los dos a�os �replic� lady Ramkin, triunfal�. Hasta los ocho meses, reciben el nombre de cerillas, luego son gallos hasta los catorce meses, y despu�s �gneos hasta�</p><p>El capit�n Vimes escuchaba como en trance, comiendo el horrible pastel, mientras la oleada de informaci�n lo dominaba. Se enter� de que los machos luchaban con llamaradas, pero que en la temporada de apareamiento s�lo las comp�s<a l:href="#n_13" type="note">[13]</a> respiraban fuego, por la combusti�n de complejos gases intestinales, para incubar los huevos, que necesitaban una temperatura incre�ble. En esta �poca, los machos se dedicaban a recolectar le�a. Un grupo de dragones de pantano recib�a el nombre de <emphasis>bandada o canallada; </emphasis>una hembra era capaz de poner hasta tres nidadas de cuatro huevos todos los a�os, muchos de los cuales se desperdiciaban cuando alg�n macho despistado los pisaba; supo tambi�n que los dragones de ambos sexos apenas se interesaban unos por otros (en realidad no les interesaba nada m�s que la le�a para quemarla), excepto en una ocasi�n m�s o menos cada dos meses, cuando se volv�an tan obsesivos como inspectores de hacienda.</p><p>No pudo hacer nada para impedir que lo llevara de nuevo a las instalaciones de la parte trasera, que lo vistiera de los pies a la cabeza con una armadura de cuero y planchas de acero, y que lo guiara hasta el lugar de donde hab�an salido los silbidos.</p><p>La temperatura era terrible, pero no tanto como el c�ctel de olores. Camin� inseguro entre las hileras de monstruitos en forma de pera y ojos relampagueantes, que le fueron presentados como �Lunallena Duquesa Mazap�n, que est� en celo en este momento�, y �Lunaniebla Escamagarra II, que gan� el Primer Premio de Pseud�polis el a�o pasado�. Llamitas de color verde claro chisporroteaban demasiado cerca de sus rodillas.</p><p>Muchos de los compartimientos luc�an lazos y certificados.</p><p>�Y �ste me temo que es Buenmuchacho Hatajo Plumapiedra de Quirm �dijo lady Ramkin, incansable.</p><p>Vimes, mareado ante tanto dato, contempl� por encima de la chamuscada madera la peque�a criatura acurrucada en el suelo. Se parec�a al resto de los dragones tanto como Nobby a los seres humanos en general. Alguno de sus antepasados le hab�a legado unas cejas casi tan grandes como sus alas atrofiadas, que no podr�an sostenerlo en el aire. Ten�a una cabeza deforme, como la de un oso hormiguero. Sus fosas nasales parec�an pozos sin fondo. Si alguna vez consegu�a alzar el vuelo, le servir�an como paraca�das.</p><p>Adem�s, estaba dirigiendo al capit�n Vimes la mirada m�s silenciosamente inteligente que el guardia hab�a visto en ning�n animal, incluido el cabo Nobbs.</p><p>�Sucede a veces �suspir� lady Ramkin con tristeza�. Son cosas de los genes, ya sabe.</p><p>���Si?</p><p>Sin saber c�mo ni por qu�, la criatura parec�a estar concentrando toda la energ�a que sus hermanos desperdiciaban en llamaradas y ruido, en una mirada que era como una lanza t�rmica. Vimes no pudo evitar recordar cu�nto hab�a deseado tener un perrito cuando era ni�o. Se mor�an de hambre, y cualquier cosa con carne les habr�a servido.</p><p>�Intento conseguir una buena calidad de llama, dibujo de la escama, colores correctos y todo eso �estaba diciendo la dama de los dragones�. De vez en cuando hay una anomal�a, como �ste.</p><p>El dragoncito clav� en Vimes una mirada que le hubiera servido para ganar el Premio del Jurado al M�s Probable Para Llevarse a Casa y Que Sirviera de Mechero Port�til.</p><p>Una anomal�a, pens� Vimes. No sab�a muy bien qu� significaba exactamente la palabra, pero se le ocurr�an varias posibilidades desagradables. Parec�a referirse a lo que queda de ti cuando te han quitado todo lo que tienes de valor. Como la Guardia, pens�. Todos eran anomal�as, del primero al �ltimo. Igual que �l. Era la historia de su vida.</p><p>�As� es la naturaleza �suspir� la dama�. Por supuesto, ni se me ocurrir�a emparejarlo. Adem�s, le resultar�a completamente imposible.</p><p>��Por qu�? �se interes� Vimes.</p><p>�Porque los dragones tienen que copular en el aire, y �ste jam�s podr�a volar con esas alas. Lamentar� mucho perder la estirpe, claro. Su madre fue Brenda Rodley Mordiscoalarbol Escamabrillante. �Conoci� a Brenda?</p><p>�Eh�, no �neg� el capit�n.</p><p>Lady Ramkin era una de esas personas que dan por supuesto que todo el mundo sabe lo que uno sabe.</p><p>�Una dragoncita preciosa. En fin, los hermanos y hermanas de �ste est�n muy bien.</p><p>Pobre tipejo, pens� Vimes. As� es la naturaleza. Siempre trata a patadas al �ltimo de la carnada.</p><p>No me extra�a que la llamen <emphasis>madre�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Dec�a usted que quer�a ense�arme algo �dijo lady Ramkin, interrumpiendo sus meditaciones.</p><p>Sin decir palabra, Vimes le tendi� el paquete. Ella se quit� los gruesos guantes y lo desenvolvi�.</p><p>�Una r�plica en yeso de una huella �dijo�. �Y?</p><p>��Le recuerda a algo?</p><p>�Podr�a ser un ave zancuda.</p><p>�Oh.</p><p>Vimes se qued� cabizbajo.</p><p>�O un drag�n muy grande. La ha sacado de alg�n museo, �verdad?</p><p>�No. La hice en una calle esta ma�ana.</p><p>��Eh? Alguien le ha gastado una broma pesada, amigo m�o.</p><p>�No� es una�, eh�, una prueba circunstancial. Se lo explic�. Ella le mir�.</p><p>�<emphasis>Draco nobilis �</emphasis>dijo con voz ronca.</p><p>��C�mo?</p><p>�<emphasis>Draco nobilis. </emphasis>Drag�n noble. Para diferenciarlos de estos peque�ajos. �Hizo un gesto se�alando las hileras de lagartos silbantes�. Son <emphasis>Draco vulgaris, </emphasis>del primero al �ltimo. Pero los grandes han desaparecido, no s� si lo sabe. Esto es una tonter�a. No cabe la menor duda, desaparecieron todos. Y eran seres hermos�simos. Pesaban toneladas. Eran lo m�s grande que ha surcado el cielo. Nadie sabe c�mo lo hac�an.</p><p>Entonces, se dieron cuenta.</p><p>De repente, todo estaba en silencio.</p><p>Los dragoncitos estaban callados, con los brillantes ojos fijos en el tejado.</p><empty-line/><p>Zanahoria mir� a su alrededor. Las estanter�as se extend�an en todas las direcciones. En los estantes hab�a libros. Aventur� una suposici�n.</p><p>�Esto es la biblioteca, �no?</p><p>El bibliotecario, que lo llevaba cogido por la mano, suave pero firmemente, lo gui� por el laberinto de pasillos.</p><p>��Hay un cad�ver? �se interes� Zanahoria.</p><p>Seguro que s�. �Algo peor que un asesinato! Un cad�ver en la biblioteca. Eso pod�a significar cualquier cosa.</p><p>Al final, el simio se detuvo ante una estanter�a que no parec�a diferenciarse en nada de los otros cientos de estanter�as. Algunos de los libros estaban encadenados. Hab�a un hueco. El bibliotecario se lo se�al�.</p><p>�Oook.</p><p>�Bueno, �y qu� pasa? Hay un hueco donde deber�a haber un libro.</p><p>�Oook.</p><p>�Se han llevado un libro. �Se han llevado un libro? �Zanahoria se irgui� con orgullo�. �Has llamado a la guardia porque alguien se ha llevado un <emphasis>libro </emphasis>�Y eso te parece peor que un asesinato?</p><p>El bibliotecario le dirigi� el tipo de mirada que otras personas reservan para quien dice cosas como �Pues no s� qu� tiene de malo el genocidio�.</p><p>�Hacer perder el tiempo a la Guardia es pr�cticamente un delito �sigui� Zanahoria�. �Por qu� no se lo has dicho al jefe de los magos, o a quien mande por aqu�?</p><p>�Oook.</p><p>El bibliotecario indic�, con una sorprendente econom�a de gestos, que la mayor�a de los magos no se encontrar�an ni sus propios traseros, y eso usando las dos manos.</p><p>�Pues la verdad, no s� qu� podemos hacer nosotros �suspir� Zanahoria�. �C�mo se titulaba el libro?</p><p>El bibliotecario se rasc� la cabeza. Aquello iba a ser dif�cil. Mir� al muchacho, puso las manos juntas y luego las abri�.</p><p>�Ya s� qu� es un libro. �C�mo se titula? El bibliotecario se prepar� mentalmente y alz� una mano.</p><p>��Cuatro palabras? �dijo Zanahoria�. Primera palabra.</p><p>El bibliotecario junt� el �ndice y el pulgar por las yemas.</p><p>�Una palabra cortita. Un. Una. El. La. Lo�</p><p>��Oook!</p><p>��La? La. Segunda palabra�, �tercera palabra? Otra palabra corta. Al. Por. Sin. De. Tr� �De? La algo De algo. Segunda palabra. �Qu�? Oh. Primera s�laba. Tu est�mago. Mi est�mago. La botella. Ah, dentro de algo. Dentro. Entre. Inte� �In? �In! Segunda s�laba. A ver�</p><p>El orangut�n gru�� y se tir� de una oreja peluda.</p><p>�Ah, que la segunda s�laba <emphasis>suena </emphasis>como algo. Dientes. Morro. Labios. �Boca? �Boca! La Inboca� �Invocar? �Invocante? �Invocaci�n? �Invocaci�n! �La Invocaci�n de Algo! Qu� divertido es esto, �verdad? Cuarta palabra. La palabra completa�</p><p>Observ� con atenci�n mientras el bibliotecario realizaba gestos misteriosos.</p><p>�Algo grande. Algo muy grande. Sacude los brazos. Algo muy grande que sacude los brazos. Dientes. Sopla. Tiene mal aliento. Algo muy grande que sacude los brazos y sopla mal aliento. �El sudor corr�a por la frente de Zanahoria mientras intentaba obedientemente comprender�. Te chupas los dedos. Una cosa que se chupa los dedos. Quemado. Caliente. Una cosa grande que sacude los brazos y se chupa los dedos quemados�</p><p>El bibliotecario puso los ojos en blanco. �Homo Sapiens? Para quien lo quisiera.</p><empty-line/><p>El gran drag�n maniobraba, giraba y surcaba el aire sobre la ciudad. Ten�a el color de la luz de la luna reflejado en sus escamas. A veces pod�a virar y planear con enga�osa velocidad sobre los tejados, por el puro placer de hacerlo, de existir.</p><p>Y aquello no pod�a ser, pens� Vimes. Parte de �l se maravillaba ante la belleza del espect�culo, pero un grupo de c�lulas cerebrales, insistentes y cobardicas, se empe�aban en llenarle las sinapsis de datos y recuerdos.</p><p>Es un lagarto grande, le gritaban. Debe de pesar toneladas. No hay nada tan grande que pueda volar, ni aunque tenga las alas tan bonitas. �Y qu� hace un lagarto tan grande, volando y con triangulitos en el lomo?</p><p>A ciento cincuenta metros por encima de �l, una llamarada azul y blanca surc� el cielo.</p><p>�No puede hacer <emphasis>eso! </emphasis>�Se achicharrar�a los labios!</p><p>junto a �l, lady Ramkin miraba con la boca abierta. Tras la dama, los dragoncitos enjaulados gimoteaban y se remov�an.</p><p>La gran bestia gir� en el aire y descendi� en picado sobre los tejados. Las llamas brotaron de nuevo. Aparecieron llamaradas amarillas. Todo se hizo con tanto silencio, con tanta clase, que Vimes tard� varios segundos en darse cuenta de que hab�a prendido fuego a unos cuantos edificios.</p><p>��Cielos! �exclam� lady Ramkin�. �Mire! �Est� liberando energ�a t�rmica! Por eso lanza fuego. �Se volvi� hacia Vimes, con los ojos brillantes�. �Se da cuenta de que estamos presenciando un espect�culo que nadie ha visto desde hace siglos?</p><p>��S�, un jodido lagarto volador est� incendiando mi ciudad! �grit� el capit�n.</p><p>Pero ella no le escuchaba.</p><p>�Debe de haber una colonia no muy lejos �dijo�. �Despu�s de tanto tiempo! �D�nde cree que vive?</p><p>Vimes no lo sab�a. Pero se prometi� a s� mismo que lo averiguar�a, y que le har�a unas cuantas preguntas muy en serio.</p><p>�Un huevo �suspir� la criadora�. Ojal� pudiera tener un solo huevo�</p><p>El capit�n la mir�, sinceramente asombrado. Comprendi� que era un hombre incapaz de apreciar determinado tipo de cosas.</p><p>Abajo, otro edificio empez� a arder.</p><p>��Qu� distancia exactamente pueden recorrer estas criaturas volando? �pregunt�, cuidando de vocalizar bien, como si hablara con un ni�o.</p><p>�Son animales muy territoriales �respondi� la dama�. Seg�n las leyendas�</p><p>Vimes comprendi� que estaba a punto de recibir otra lecci�n sobre la ciencia draconiana.</p><p>�Una respuesta concreta, se�ora, por favor �se impacient�.</p><p>�La verdad, no mucho �repuso ella, algo decepcionada.</p><p>�Gracias por todo, ha sido de una gran ayuda.</p><p>Se alej� a toda velocidad.</p><p>En alg�n lugar de la ciudad. No hab�a nada fuera de ella, s�lo kil�metros de campos descubiertos y pantanos. El drag�n viv�a en alg�n lugar de la ciudad.</p><p>Sus sandalias volaron sobre los adoquines, calle abajo. �En alg�n lugar de la ciudad! Cosa que era completamente imposible, claro. Imposible y rid�cula.</p><p>Vimes pens� que no se merec�a aquello. De todas las ciudades del mundo a las que pod�a volar el drag�n, hab�a elegido la suya�</p><p>Para cuando lleg� al r�o, el drag�n hab�a desaparecido. Pero una columna de humo se elevaba sobre las calles, y se hab�an formado varias cadenas humanas para pasar cubos con trozos del r�o hasta los edificios afectados.<a l:href="#n_14" type="note">[14]</a> El trabajo se ve�a considerablemente dificultado por la riada de gentes que invad�a las calles, transportando sus posesiones. La mayor parte de la ciudad era de madera y paja, y nadie quer�a correr riesgos.</p><p>De hecho, apenas hab�a habido da�os. S�, apenas. Cosa extra�a, si uno pensaba en ello.</p><p>En los �ltimos d�as, casi a hurtadillas, Vimes hab�a empezado a llevar una libreta de notas, y apunt� los da�os, como si escribi�ndolo todo pudiera comprender el caos en que se hab�a convertido el mundo.</p><p><emphasis>A saber: un cobertizo para carruajes (perteneciente a un inofensivo hombre de negocios, que ha visto arder su carro nuevo).</emphasis></p><p><emphasis>A saber: una peque�a verduler�a (incinerada con envidiable punter�a).</emphasis></p><p>Vimes estaba desconcertado. Hab�a comprado all� manzanas en un par de ocasiones, y nunca hab�a visto nada que pudiera ofender a un drag�n.</p><p>Aun as�, la bestia hab�a sido muy considerada, pens� mientras caminaba hacia la Casa de la Guardia. Cuando uno imagina la cantidad de henares, patios de maderer�as, cobertizos, techos de paja y tiendas de aceite, es asombroso que se las haya arreglado para aterrorizar a todo el mundo sin causar apenas da�os a la ciudad.</p><p>Los rayos de sol matutino taladraban ya los jirones de humo cuando abri� la puerta. Aquello era su hogar. No la peque�a habitaci�n sin apenas muebles encima de la cerer�a, en el callej�n Wixon, donde dorm�a, sino esta antip�tica habitaci�n oscura que ol�a a chimeneas atascadas, a la pipa del sargento Colon, al misterioso problema personal de Nobby y, �ltimamente, al abrillantador para armaduras de Zanahoria. S�, era casi como un hogar.</p><p>No hab�a nadie m�s en aquel momento. No se sorprendi�. Subi� a su despacho y se recost� en la silla, cuyo coj�n habr�a asqueado a un perro con incontinencia, se ech� el casco sobre los ojos y trat� de pensar.</p><p>Por el momento, no hab�a prisa. El drag�n hab�a desaparecido entre el humo y la confusi�n, tan repentinamente como hab�a llegado. Ya llegar�a, y pronto, la hora de correr. Lo importante ahora era averiguar hacia d�nde correr.</p><p>Hab�a estado en lo cierto. �Un ave palm�peda! Pero �por d�nde se empieza a buscar un maldito drag�n en una ciudad con un mill�n de habitantes ?</p><p>Se dio cuenta de que su mano derecha, con voluntad propia, hab�a abierto el �ltimo caj�n, y tres de sus dedos, actuando bajo �rdenes personales de su inconsciente, estaban sacando una botella. Era una de esas botellas que se vac�an solas. La raz�n le dec�a que a veces era obligatorio empezar alguna, romper el sello, ver el l�quido ambarino hasta el cuello� Sencillamente, no pod�a recordar la sensaci�n. Era como si las botellas le llegaran siempre con un tercio de su contenido.</p><p>Mir� la etiqueta. Al parecer, se trataba del Whiskey Selecto Sangre de Drag�n, de la casa Jimkin Abrazodeoso. Barato y potente, con �l se pod�an encender hog�eras y limpiar cucharas. No hab�a que beber mucho para emborracharse, justo lo que necesitaba.</p><p>Fue Nobby quien lo despert� con las noticias de que hab�a un drag�n en la ciudad, y que el sargento Colon estaba bastante afectado. Vimes se incorpor� y trat� de aclararse la vista mientras iba entendiendo las palabras una a una. Al parecer, el hecho de tener un lagarto que respira fuego a pocos metros de la zona posterior puede hacer que se tambalee hasta la m�s robusta de las constituciones. Una experiencia as� puede dejar marcada a una persona para siempre.</p><p>Vimes todav�a estaba digiriendo los datos cuando lleg� Zanahoria, con el bibliotecario balance�ndose a su lado.</p><p>��Lo han visto? �Lo han visto? �pregunt�.</p><p>�Todos lo hemos visto �asinti� el capit�n.</p><p>��Pues yo lo s� todo! �anunci� Zanahoria con gesto triunfal�. Alguien lo ha tra�do aqu� por medios m�gicos. Alguien ha robado un libro de la Biblioteca, �ya que no adivinan c�mo se titula?</p><p>�Me rindo �replic� Vimes d�bilmente.</p><p>��Se titula <emphasis>La invocaci�n de dragones!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Oook �confirm� el bibliotecario.</p><p>�Ah, �s�? �Y de qu� va? �pregunt� el capit�n. El bibliotecario puso los ojos en blanco.</p><p>�Es sobre c�mo invocar dragones. �Usando la magia!</p><p>�Oook.</p><p>��Y eso es ilegal! �termin� Zanahoria alegremente�. Llevar sueltas por la calle a fieras peligrosas, en contra de la Legislaci�n sobre Animales Salvajes (seg�n las leyes n�mero�</p><p>Vimes gimi�. Eso significaba que hab�a magos de por medio. Cuando hay magos de por medio, los problemas llueven al momento.</p><p>�Supongo �suspir�, que no habr� otro ejemplar del libro en la biblioteca, �verdad?</p><p>El bibliotecario sacudi� la cabeza.</p><p>�Oook.</p><p>�Y no sabr�s qu� pon�a en el libro, claro. �Vimes suspir� de nuevo�. �C�mo? Oh. Cuatro palabras. �Asinti�, cansado�. Primera palabra. Chupar algo. No, comer. T� comes. Ah, yo como. C�mo. Tercera palabra. Sacudes los brazos�, no, no, ya te entiendo. Me refiero a detalles un poco m�s concretos. �No sabes nada? Ya, claro. Lo imaginaba.</p><p>��Qu� vamos a hacer ahora, se�or? �pregunt� Zanahoria, ansioso.</p><p>�Est� ah� fuera �asegur� Nobby�. Parece que, durante las horas del d�a, no vuela. Debe de estar en su madriguera secreta, sobre un mont�n de oro, so�ando con cosas de antes del amanecer de los tiempos, aguardando a que caiga el velo de la noche y una vez m�s pueda remontarse� �Titube� un instante�, �Por qu� me mir�is todos de esa manera? �pregunt�.</p><p>�Eso que dices es muy po�tico �le asegur� Zanahoria.</p><p>�Bueno, todo el mundo sabe que los dragones de antes sol�an dormir sobre un lecho de oro �asegur� Nobby�. Es un mito popular muy conocido.</p><p>Vimes medit� sobre el futuro inmediato.</p><p>Por canalla que pareciera la actitud de Nobby, sin duda era un buen baremo de lo que estaba pasando por la cabeza del ciudadano medio. El cabo Nobbs pod�a ser una especie de rata de laboratorio para predecir lo que suceder�a en los d�as siguientes.</p><p>�Supongo que tendr�s un gran inter�s en averiguar d�nde est� ese oro sobre el que duerme el drag�n, claro �dijo, a modo de experimento.</p><p>Nobby parec�a a�n m�s inquieto que de costumbre.</p><p>�Bueno, capit�n, la verdad es que hab�a pensado echar un vistazo por ah�. Ya sabe. Fuera de horas de servicio �a�adi� con tono virtuoso.</p><p>�Oh, cielos �gimi� el capit�n Vimes. Cogi� la botella vac�a y, con mucho cuidado, volvi� a guardarla en el caj�n.</p><empty-line/><p>Los Hermanos Esclarecidos estaban nerviosos. Se hab�an contagiado el miedo unos a otros. Era el miedo de quien, despu�s de haber cargado la p�lvora alegremente, despu�s de meter la bala en la rec�mara, hab�a descubierto que el hecho de apretar el gatillo causaba un ruido de mil diablos, y sin duda pronto aparecer�a alguien dispuesto a averiguar qu� era todo ese jaleo.</p><p>Pero el Gran Maestro Supremo sab�a que los ten�a atrapados. Ovejas y corderos, ovejas y corderos. Como no pod�an hacer nada mucho peor de lo que ya hab�an hecho, tanto les daba seguir adelante y fingir que aquello era lo que hab�an buscado desde el principio. Era una sensaci�n tan, tan agradable�</p><p>S�lo el Hermano Revocador parec�a satisfecho de verdad.</p><p>�Que esto sirva de lecci�n para todas las verduleras opresoras �dec�a una y otra vez.</p><p>�S�, claro� �dud� el Hermano Portero�. Pero�, bueno, supongo que no hay ninguna posibilidad de que invoquemos <emphasis>aqu� </emphasis>al drag�n por accidente.</p><p>�Lo tengo�, quiero decir, lo tenemos perfectamente controlado �lo tranquiliz� el Gran Maestro Supremo�. El poder est� en nuestras manos, os lo aseguro.</p><p>Los Hermanos se animaron un poco.</p><p>�Y ahora �sigui� el Gran Maestro�, queda el peque�o asunto del rey.</p><p>Todos adoptaron una expresi�n solemne, excepto el Hermano Revocador.</p><p>��Lo hemos encontrado ya? �pregunt�. Vaya golpe de suerte.</p><p>��Es que nunca prestas atenci�n, o qu�? �le espet� el Hermano Vigilatorre�. Ya se explic� eso la semana pasada, no tenemos que ir a buscar a nadie. Tenemos que <emphasis>fabricar </emphasis>un rey.</p><p>�Yo cre� que aparecer�a por su cuenta. Por eso del destino.</p><p>El Hermano Vigilatorre chasque� la lengua, en tono burl�n.</p><p>�Bueno, vamos a echarle una manita al destino.</p><p>El Gran Maestro Supremo sonri� para los adentros de su capucha. Este asunto m�stico era una maravilla. Les cuentas una mentira, y cuando ya no la necesitas m�s les cuentas otra, y les dices que est�n progresando en el camino de la sabidur�a. Entonces, en vez de re�rse, te siguen todav�a m�s, con la esperanza de encontrar la verdad al final de todas las mentiras. Y as�, poco a poco, aceptan lo inaceptable. Sorprendente.</p><p>�Vaya, qu� buena idea �asinti� el Hermano Portero�. �Y c�mo se hace eso?</p><p>�Oye, el Gran Maestro Supremo ya lo explic�. Dijo que hab�a que dar con un chaval guapo, d�cil, que aceptara �rdenes, y que �l matar�a al drag�n. As� de f�cil. Es mucho m�s sensato que esperar a que aparezca un supuesto rey.</p><p>�Pero� �El Hermano Revocador parec�a preso en los tent�culos del pensamiento�. Si controlamos al drag�n� porque controlamos al drag�n, �verdad? Entonces, no hace falta que nadie lo mate, lo �nico que tenemos que hacer es dejar de invocarlo, y todo el mundo satisfecho, �verdad?</p><p>�Ah, estupendo �gru�� el Hermano Vigilatorre�. Me lo imagino perfectamente. Simplemente, salimos a la calle y decimos a la gente, �Hola, nosotros no volveremos a prender fuego a vuestras casas, qu� amables somos, �eh?�. Aqu� lo �nico que importa es el rey, que ser� una especie de�, una especie de�</p><p>�Innegable s�mbolo rom�ntico de autoridad absoluta �colabor� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�Eso es �asinti� el Hermano Vigilatorre�. Una autoridad absoluta.</p><p>�Ah, ya entiendo �dijo el Hermano Revocador�. Bueno, claro. Eso. Un rey.</p><p>�Exacto �asinti� el Hermano Vigilatorre.</p><p>�Nadie discutir� nada a una autoridad absoluta.</p><p>�Muy cierto.</p><p>�Pues ha sido toda una suerte dar con el rey leg�timo justo ahora �dijo el Hermano Revocador�. Una posibilidad entre un mill�n.</p><p>�No hemos dado con el rey leg�timo. �No necesitamos para nada al rey leg�timo! �insisti� el Gran Maestro Supremo con tono de cansancio�. �Lo digo por �ltima vez! He encontrado a un chaval que tiene buena pinta con la corona puesta, acepta �rdenes y sabe blandir la espada. Ahora, si no os importa, escuchad�</p><p>Lo de blandir la espada era importante, claro. No ten�a nada que ver con el hecho de saber usarla. En opini�n del Gran Maestro Supremo, usar la espada no era m�s que el sucio asunto de la cirug�a din�stica. No se trataba m�s que de acuchillar y cortar. En cambio, un rey ten�a que <emphasis>blandir�a. </emphasis>Ten�a que conseguir que la luz se reflejara en el �ngulo adecuado, para que a los espectadores no les cupiera la menor duda de que se trataba del Elegido del Destino. Le hab�a costado mucho preparar la espada y el escudo. Le hab�an salido bastante caros. El escudo brillaba como un espejo, pero la espada�, la espada era sencillamente magn�fica.</p><p>Era larga y deslumbrante. Parec�a obra de uno de esos genios de la forja que s�lo trabajan a la luz del amanecer y son capaces de convertir los candelabros de la abuela en algo con el filo de un bistur�. El herrero que la hubiera fabricado, sin duda se habr�a retirado lloroso acto seguido, seguro de que jam�s en su vida volver�a a conseguir semejante obra de arte. En la empu�adura hab�a tantas piedras preciosas que la funda ten�a que ser de terciopelo, y hab�a que mirarla con gafas de sol. S�lo con el hecho de tener aquella espada en la mano, uno ya parec�a un rey.</p><p>En cuanto al muchacho� era un primo lejano, altanero y vanidoso, y est�pido en un estilo aceptablemente aristocr�tico. En aquellos momentos lo ten�a a buen recaudo y vigilado en una granja lejana, con un buen suministro de bebida y jovencitas guapas, aunque al chico parec�an interesarle mucho m�s los espejos.</p><p>�Supongo �aventur� el Hermano Vigilatorre� que no ser� el aut�ntico heredero del trono, �verdad?</p><p>��Qu� quieres decir?�inquiri� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�Bueno, ya sabes c�mo son estas cosas. El Destino puede hacer de las suyas. Ja, ja. Ser�a de risa, �no? Si ese chico resultara ser el verdadero rey, con todo lo que nos ha costado�</p><p>�<emphasis>�Ya no hay un verdadero rey! �</emphasis>estall� el Gran Maestro�. �Qu� te imaginas, que hay gente que va por ah� vagando por los bosques durante cientos de a�os, transmiti�ndose de generaci�n en generaci�n una espada y una marca de nacimiento? �Una especie de magia?</p><p>�Casi escupi� la palabra. Hab�a hecho uso de la magia para sus propios fines, que seguramente justificaban los medios, pero de ah� a creer en ella, a creer que ten�a una especie de fuerza moral, como la l�gica, iba un abismo�. �Vamos, hombre, piensa por un momento! Incluso aunque quedara vivo alg�n miembro de la familia real, la sangre de la estirpe estar�a tan diluida que miles de personas podr�an aspirar al trono. Hasta�</p><p>�Intent� pensar en alguien absolutamente improbable�. Hasta el Hermano Yonidea. �Mir� a los Hermanos congregados�. Por cierto, no lo veo aqu� esta noche.</p><p>�S�, ha sido muy extra�o �asinti� el Hermano Vigilatorre, pensativo�. �No te has enterado?</p><p>��De qu�?</p><p>�Cuando volv�a a casa anoche, lo mordi� un cocodrilo. Pobre tipejo.</p><p><emphasis>��Qu�?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Una posibilidad entre un mill�n. Se hab�a escapado de un zool�gico, o algo por el estilo, y estaba en el patio trasero de su casa. �El Hermano Vigilatorre rebusc� entre los pliegues de su t�nica y sac� un arrugado sobre marr�n�. Estamos haciendo una colecta para comprarle unas flores, no s� si querr�s�, eh�</p><p>�Pondr� tres d�lares, ap�ntamelos a cuenta �asinti� el Gran Maestro Supremo. El Hermano Vigilatorre asinti�.</p><p>�Mira qu� cosas, ya lo hab�a hecho.</p><p>Unas cuantas noches m�s, pens� el Gran Maestro Supremo. Ma�ana, el pueblo estar� tan desesperado que coronar�a a un troll cojo con tal de que los librara del drag�n. As� que tendremos un rey, y el rey tendr� un consejero, un hombre de confianza, por supuesto, y estos imb�ciles podr�n irse a hacer g�rgaras. Se acabaron los disfraces, se acabaron los rituales.</p><p>Se acab� invocar al drag�n.</p><p>Puedo dejarlo, pens�. Puedo dejarlo cuando quiera.</p><empty-line/><p>Alrededor del palacio del patricio, las calles estaban abarrotadas. Hab�a un enloquecido ambiente de carnaval. Vimes recorri� con ojos de experto la multitud que se extend�a ante �l. Era la habitual turba de Ankh-Morpork en tiempos de crisis: la mitad de la gente estaba all� para quejarse, la cuarta parte para vigilar a esa mitad, y el resto para atracar, molestar o vender perritos calientes a los dem�s. Aunque tambi�n hab�a un buen n�mero de caras nuevas. Eran hombres sombr�os, con grandes espadas y l�tigos colgados de los cinturones, que paseaban a zancadas entre la gente.</p><p>�Las noticias corren deprisa, �verdad? �se�al� una voz familiar junto a su o�do�. Buenos d�as, capit�n.</p><p>Vimes contempl� el sonriente rostro cadav�rico de Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo.</p><p>�Buenos d�as, Ruina �asinti� Vimes, ausente�. �Qu� vendes hoy?</p><p>�Algo imprescindible, capit�n.</p><p>Ruina se inclin� hacia adelante. Era el tipo de persona que pod�a hacer que un �buenos d�as� sonara como una oferta irrepetible, �nica en la vida. Sus ojos se mov�an en las �rbitas, como dos roedores tratando de buscar una ruta de huida.</p><p>�Lo necesitar� �sise�. Crema antidragones. Con mi garant�a personal: si resulta incinerado, le devuelvo su dinero, sin hacer preguntas.</p><p>�Si lo he comprendido bien �dijo Vimes lentamente�, lo que est�s diciendo es que, si el drag�n me achicharra vivo, me devuelves el dinero, �no?</p><p>�Sin hacer preguntas �le asegur� Y-Voy-A-La-Ruina. Destap� un frasco de llamativo ung�ento verde, y lo puso bajo la nariz de Vimes�. Fabricado con m�s de cincuenta especias y hierbas, seg�n una receta que s�lo conocen los ancianos monjes que viven en no s� qu� monta�a aislada. A un d�lar el frasco, y voy a la ruina. Es un servicio p�blico �a�adi� generosamente.</p><p>�Hay que ver qu� monjes tan eficaces, qu� deprisa la han fabricado �se�al� el capit�n.</p><p>�Unos tipos muy listos �asinti� Y-Voy-A-La-Ruina�. Debe de ser por tanta meditaci�n y tanto yogur de yak.</p><p>�Bueno, �y qu� est� pasando aqu�, Ruina? �Qui�nes son todos esos tipos con las espadas?</p><p>�Cazadores de dragones, capit�n. El patricio ha ofrecido una recompensa de cincuenta mil d�lares al que le lleve la cabeza del drag�n. Pero no el resto del drag�n. Ese hombre no es ning�n tonto.</p><p>��Qu�?</p><p>�Como lo oye. Lo dice en los carteles que hay por todas partes.</p><p>��Cincuenta mil d�lares!</p><p>�No es moco de pavo, �eh?</p><p>�M�s bien moco de drag�n �suspir� Vimes. Aquello traer�a problemas, estaba seguro�. Me sorprende que no vayas t� tambi�n a cazarlo.</p><p>�Yo estoy m�s bien en el sector de los servicios, capit�n.</p><p>Ruina mir� a ambos lados con gesto de conspiraci�n, y luego pas� a Vimes un trozo de pergamino.</p><p>Dec�a as�:</p><empty-line/><cite><p>Escudos antidrag�n a 500 $</p><p>Detectores port�tiles de madrigueras a 250 $</p><p>Flechas antidrag�n a 100 $ la unidad</p><p>Picos a 5 $ Palas a 5 $ y Sacos a 1 $</p></cite><empty-line/><p>Vimes se lo devolvi�.</p><p>��Para qu� son los sacos? �quiso saber.</p><p>�Para llevar el oro.</p><p>�Ah, claro �asinti� el capit�n, sombr�o�. C�mo no se me habr� ocurrido.</p><p>�Le dir� una cosa �insisti� Ruina�, le dir� una cosa. Para nuestros muchachos de marr�n, un diez por ciento de descuento.</p><p>��Y vas a la ruina, Ruina?</p><p>��Quince por ciento para los oficiales! �lo apremi� el vendedor, mientras Vimes se alejaba.</p><p>El motivo del deje de p�nico que hab�a en su voz fue pronto evidente: ten�a mucha competencia.</p><empty-line/><p>Los habitantes de Ankh-Morpork no eran h�roes por naturaleza, pero s� vendedores por naturaleza. En el espacio de pocos metros, Vimes podr�a haber comprado un buen n�mero de armas m�gicas con sus correspondientes certificados de autenticidad, una capa de invisibilidad (buena idea, pens�, y le impresion� de verdad la manera en que el vendedor usaba un espejo sin cristal) y, por supuesto, galletitas en forma de drag�n, globos y molinillos. Los brazaletes de cobre que espantaban a los dragones tambi�n eran un buen golpe.</p><p>Parec�a haber tantos sacos y palas como espadas.</p><p>Oro. Lo importante era el oro.</p><p>�Cincuenta mil d�lares! Un oficial de la Guardia cobraba treinta d�lares al mes, y de ah� ten�a que pagar sus armas si se le mellaban.</p><p>Qu� no podr�a hacer �l con cincuenta mil d�lares�</p><p>Vimes medit� sobre eso un momento, y luego pens� en lo que <emphasis>s� </emphasis>podr�a hacer con cincuenta mil d�lares. Para empezar, eran muchas m�s cosas.</p><p>Casi tropez� con un grupo de hombres que se arremolinaban en torno a un cartel clavado a la pared. En �l, ciertamente, se dec�a que la cabeza del drag�n que hab�a aterrorizado a la ciudad valdr�a cincuenta mil d�lares para el valiente que la llevara al palacio.</p><p>Uno de los hombres que formaban un grupo, quien a juzgar por su corpulencia, armas y manera de seguir lentamente las letras con el dedo, era un h�roe importante, estaba leyendo en voz alta para los dem�s.</p><p>�� al pa� la� ci� o �concluy�.</p><p>�Cincuenta mil �reflexion� otro, frot�ndose la barbilla.</p><p>�No es mucho �replic� el intelectual�. Por debajo de los precios de mercado. Deber�a ser la mitad del reino y la mano de su hija en matrimonio.</p><p>�S�, pero es que no es un rey. Es un patricio.</p><p>�Bueno, pues la mitad de su patrimonio, o lo que sea. �C�mo es su hija?</p><p>Los cazarrecompensas reunidos no lo sab�an.</p><p>�No est� casado �los inform� Vimes�. Y no tiene hijas.</p><p>Se volvieron y lo miraron de arriba abajo. El capit�n ley� el desd�n en sus ojos. Probablemente mataban a docenas como �l todos los d�as.</p><p>��Ni una hija? �buf� uno�. �Quiere que la gente vaya por ah� matando dragones, y no tiene ni una hija?</p><p>Vimes se sinti� obligado a apoyar al gobernante de la ciudad.</p><p>�Pero tiene un perrito, lo quiere mucho �sugiri�.</p><p>�Vaya asco, ni una hija. �Y qu� se puede hacer con cincuenta mil d�lares hoy en d�a? Es lo que me gasto yo en redes.</p><p>�Y tanto �asinti� otro�. La gente cree que es una fortuna, pero no se dan cuenta de que no tenemos pensi�n, de que corremos con todos los gastos m�dicos, de que necesitamos comprar y reparar el equipo�</p><p>�� ropa para las v�rgenes que nos encontramos por ah�, que siempre est�n desnudas� �asinti� otro cazador, �ste gordito.</p><p>�Eso, y tambi�n�, �c�mo has dicho?</p><p>�Es que mi especialidad son los unicornios �le explic� con una sonrisita avergonzada.</p><p>�Ah, claro. �El que hab�a hablado en primer lugar parec�a morirse por preguntar algo�. Cre� que ya no quedaban.</p><p>�Casi han desaparecido, s�. Y tampoco se ven muchos unicornios.</p><p>Vimes tuvo la sensaci�n de que era el �nico chiste que el hombre sab�a hacer, y que lo repet�a hasta la saciedad.</p><p>�S�, claro �asinti� el primero�. Son malos tiempos.</p><p>�Y los monstruos son cada vez m�s descarados �intervino otro.</p><p>�Las hembras son las peores �asinti� uno�. Conoc� a una gorgona bizca, era un espanto. La pobre lo pasaba fatal, siempre ten�a la nariz convertida en piedra.</p><p>�Y siempre nos estamos jugando el pellejo �dijo el intelectual, tratando de volver a las ra�ces de la conversaci�n�. Ojal� tuviera un d�lar por cada caballo que me han devorado de debajo de las piernas.</p><p>�Y tanto. �Cincuenta mil d�lares? Que se los guarde.</p><p>�Eso.</p><p>�Taca�o, el t�o.</p><p>�Vamos a beber algo.</p><p>�Bien pensado.</p><p>Todos asintieron muy dignamente, y se alejaron en direcci�n al Tambor Remendado. Todos excepto el intelectual, que mir� a Vimes.</p><p>��Qu� clase de perro? �pregunt�.</p><p>��C�mo?</p><p>�Que qu� clase de perro.</p><p>�Un terrier peque�ito, creo �respondi� Vimes. El cazador medit� un momento.</p><p>�Naaa �dijo al final.</p><p>Se encamin� tambi�n hacia la taberna.</p><p>��Creo recordar que tiene una t�a en Pseud�polis!</p><p>�le grit� Vimes.</p><p>No obtuvo respuesta. El capit�n de la Guardia se encogi� de hombros y ech� a andar hacia el palacio del patricio�</p><empty-line/><p>� donde el patricio estaba teniendo un almuerzo muy dif�cil.</p><p>��Caballeros! �exclam�. Sinceramente, no s� qu� m�s se puede hacer.</p><p>Los l�deres civiles all� reunidos murmuraron entre ellos.</p><p>�En momentos como �ste, lo tradicional es que aparezca un h�roe �dijo el presidente del Gremio de Asesinos�. Un matador de dragones. �Y d�nde est�, quisiera yo saber? �Por qu� de nuestras academias no salen j�venes con el tipo de instrucci�n que requiere la sociedad?</p><p>�Cincuenta mil d�lares no parece mucho �se�al� el portavoz del Gremio de Ladrones.</p><p><emphasis>^-No </emphasis>te parecer� mucho a ti, amigo m�o, pero la ciudad no puede permitirse el lujo de pagar m�s �replic� el patricio con firmeza.</p><p>�Si no se permite el lujo de pagar m�s, mucho me temo que no habr� ciudad �replic� el ladr�n.</p><p>��Y qu� pasa con el comercio? �intervino el representante del Gremio de Mercaderes�. No nos van a enviar barcos con manjares ex�ticos para que los incinere ese drag�n.</p><p>��Caballeros! �Caballeros! �El patricio alz� los brazos en gesto conciliador�. Me parece �sigui�, aprovechando la breve pausa� que lo que tenemos aqu� es un fen�meno estrictamente m�gico. Me gustar�a o�r la opini�n de nuestro experto en la materia.</p><p>Alguien dio un codazo al archicanciller de la Universidad Invisible, que se hab�a adormilado.</p><p>��Eh? �Qu�?</p><p>�Nos pregunt�bamos �insisti� el patricio, en voz a�n m�s alta�, qu� piensas hacer con este drag�n tuyo.</p><p>El archicanciller era viejo, pero toda una vida de supervivencia en el competitivo mundo de la magia y la retorcida pol�tica en la Universidad Invisible lo hab�an preparado para salir con un argumento defensivo en una fracci�n de segundo. Si uno dejaba que ese tipo de afirmaciones ingeniosas pasaran sin respuesta, no duraba mucho tiempo como archicanciller.</p><p>�<emphasis>�Mi </emphasis>drag�n?</p><p>�Todo el mundo sabe que los grandes dragones se extinguieron �replic� el patricio con brusquedad�. Adem�s, su h�bitat era rural, siempre rural. As� que es obvio que �ste debe de tener un origen m�g�</p><p>�Con todo respeto, lord Vetinari �lo interrumpi� el archicanciller�, se ha <emphasis>dicho </emphasis>a menudo que los dragones se extinguieron, pero las pruebas que se nos han presentado, si me permites el atrevimiento, hacen que debamos dudar de esa teor�a. En cuanto a su h�bitat, lo que estamos viendo es un simple cambio en las pautas de comportamiento, ocasionado por la proliferaci�n de zonas urbanas y la progresiva degradaci�n del campo, que ha obligado a muchas criaturas a adoptar, incluso a abrazar, una forma de vida m�s municipal, y a aprovechar las oportunidades que les ofrece la urbe. Sin ir m�s lejos, cerca del cubo de basura de mi casa siempre hay alg�n zorro rondando.</p><p>Sonri� ampliamente. Se las hab�a arreglado para recitar todo el p�rrafo sin siquiera tener que pensar.</p><p>��Est�s sugiriendo que esta bestia es el primer drag�n <emphasis>urbano? �</emphasis>pregunt� el asesino.</p><p>�As� funciona la evoluci�n �asinti� alegremente el mago�. Adem�s, no le ir� nada mal �a�adi�. Tiene escondrijos de sobras, y un suministro de comida pr�cticamente inagotable.</p><p>La �ltima afirmaci�n fue acogida con un silencio, y fue el comerciante el que lo rompi�.</p><p>��Qu� es lo que comen, exactamente? El ladr�n se encogi� de hombros.</p><p>�Me parece recordar historias sobre v�rgenes encadenadas a grandes rocas �sugiri�.</p><p>�Pues por aqu� se morir� de hambre �se�al� el asesino�. No creo que quede ninguna.</p><p>�Antes tambi�n pasaban bastante hambre �aport� el ladr�n�. No s� si eso sirve de ayuda�</p><p>�En cualquier caso, parece que el problema vuelve a tus manos, se�or �dijo el jefe de los comerciantes, dirigi�ndose al patricio.</p><p>Cinco minutos m�s tarde, el patricio recorr�a una y otra vez el Despacho Oblongo, echando humo.</p><p>��Se estaban riendo de m�! �exclam�. �Lo not� perfectamente!</p><p>��Sugeriste la creaci�n de una comisi�n investigadora? �pregunt� Wonse.</p><p>��Por supuesto! Pero esta vez no tragaron. La verdad, estoy pensando seriamente en aumentar la recompensa.</p><p>�No creo que sirviera de nada, mi se�or. Cualquier matador de monstruos profesional conoce bien la tarifa que se paga por este tipo de trabajos.</p><p>��Ja! La mitad del reino �buf� el patricio.</p><p>�Y la mano de tu hija en matrimonio �a�adi� Wonse.</p><p>�Supongo que no valdr� con una t�a �sugiri� lord Vetinari, esperanzado.</p><p>�La tradici�n exige que sea una hija, mi se�or. El patricio asinti�, sombr�o.</p><p>�Quiz� podamos sobornarlo. �Son inteligentes los dragones?</p><p>�Creo que la palabra adecuada en este caso es �astutos�, mi se�or �se�al� Wonse�. Tambi�n tengo entendido que les gusta mucho el oro.</p><p>��De verdad? �Y en qu� lo gastan?</p><p>�Duermen sobre �l.</p><p>��C�mo, lo meten en un colch�n?</p><p>�No, mi se�or. Directamente sobre el oro. El patricio dio unas vueltas a la idea.</p><p>��No les resulta un poco duro?</p><p>�Supongo que s�, se�or. Pero no creo que nadie se lo haya preguntado nunca.</p><p>�Mmm. �Pueden hablar?</p><p>�Al parecer, se les da muy bien.</p><p>�Ah. Muy interesante.</p><p>El patricio estaba pensando: si el drag�n puede hablar, puede negociar. Si puede negociar, lo tendr� atrapado por los pelos�, bueno, por las escamas.</p><p>�Y se dice que son aduladores.</p><p>�Cada vez m�s interesante.</p><p>Se oyeron unas voces apagadas en el pasillo, y un criado hizo pasar a Vimes.</p><p>�Ah, capit�n �lo salud� el patricio�. �Hay alg�n progreso?</p><p>��C�mo dices, se�or? �replic� Vimes, mientras la lluvia le chorreaba de la capa.</p><p>�Que si has hecho alg�n progreso en direcci�n a la captura de este drag�n �insisti� lord Vetinari con firmeza.</p><p>��El ave zancuda?</p><p>�Sabes muy bien lo que quiero decir �insisti� el gobernante de Ankh-Morpork con brusquedad.</p><p>�Se est�n realizando investigaciones �respondi� Vimes de manera autom�tica. El patricio buf�.</p><p>�Lo �nico que tienes que hacer es encontrar su madriguera �dijo�. Una vez des con la madriguera, habr�s dado con el drag�n. Es evidente. La mitad de la ciudad la est� buscando.</p><p>�Si es que hay una madriguera �replic� Vimes. Wonse lo mir� con inter�s.</p><p>��Por qu� dices eso?</p><p>�Estamos analizando todas las posibilidades �insisti� el capit�n, reservado.</p><p>�Si no tiene madriguera, �d�nde se pasa los d�as? �pregunt� el patricio.</p><p>�Se est�n realizando investigaciones.</p><p>�Pues que se realicen deprisa. Y busca esa madriguera �orden� el patricio con brusquedad.</p><p>�S�, se�or. Permiso para retirarme, se�or.</p><p>�Claro, claro. Pero espero progresos para esta misma noche, �entendido?</p><p>A ver, �por qu� dudo de que tenga una madriguera?, pens� Vimes mientras sal�a a la luz del sol, a la plaza atestada de gente. Porque no parece real, por eso mismo. Y si no es real, no tiene por qu� hacer cosas l�gicas. �C�mo pudo salir de un callej�n sin haber entrado?</p><p>Una vez eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad. El problema estribaba en decidir qu� era lo imposible, claro. Eso era lo dif�cil.</p><p>Y claro, tambi�n estaba el curioso incidente del orangut�n durante la noche.</p><empty-line/><p>Durante el d�a, la biblioteca era un hervidero de actividad. Vimes camin� por ella, algo inseguro. Te�ricamente, pod�a ir a cualquier lugar de la ciudad, pero la Universidad siempre alegaba atenerse s�lo a las leyes taumat�rgicas, <emphasis>y </emphasis>al capit�n no le interesaba hacerse enemigos con los que uno tuviera suerte si acababa con la misma temperatura, por no mencionar la misma forma.</p><p>Encontr� al bibliotecario subido en su escritorio. El simio le dirigi� una mirada expectante.</p><p>�Lo siento, todav�a no lo hemos encontrado �le dijo Vimes�. Se est�n realizando investigaciones. Pero hay algo en lo que puedes ayudarme.</p><p>��Oook?</p><p>�Bueno, esto es una biblioteca m�gica, �no? O sea, estos libros tienen una especie de inteligencia, o algo as�. As� que he estado pensado: si yo entrara aqu� de noche, seguro que armar�an un buen jaleo, porque no me conocen. Pero, si me conocieran, no les importar�a.</p><p>O sea, que el que se llev� el libro tuvo que ser un mago, �no crees? O, como m�nimo, alguien que trabaja en la Universidad.</p><p>El bibliotecario mir� a derecha e izquierda, agarr� a Vimes por la mano y lo llev� hasta el refugio formado por un par de estanter�as. S�lo entonces asinti�.</p><p>��Alguien a quien conocen?</p><p>Un encogimiento de hombros, otro asentimiento.</p><p>�Por eso nos lo contaste a nosotros, �verdad?</p><p>�Oook.</p><p>�En vez de informar al Consejo de la Universidad.</p><p>�Oook.</p><p>��Se te ocurre qui�n pudo ser?</p><p>El bibliotecario se encogi� de hombros, un gesto de lo m�s expresivo en alguien cuyo cuerpo parec�a un saco colgado entre dos omoplatos.</p><p>�Bueno, en fin� Inf�rmame si sucede alguna otra cosa extra�a, �de acuerdo? �Vimes pase� la vista por las hileras de libros�. M�s extra�a de lo habitual, quiero decir.</p><p>�Oook.</p><p>�Gracias. Es un placer tratar con un ciudadano que considera su deber colaborar con la Guardia.</p><p>El bibliotecario le dio un pl�tano.</p><p>Vimes se sent�a curiosamente satisfecho al volver a las calles abarrotadas de gente. Desde luego, estaba ejerciendo como detective. Hab�a montones de cositas, como si fuera un puzzle. Ninguno de los detalles ten�a sentido en s�, pero todos juntos suger�an una imagen m�s grande. Lo �nico que necesitaba era encontrar una esquina, o quiz� un trozo del borde�</p><p>Pese a lo que pudiera pensar el bibliotecario, �l estaba convencido de que no se trataba de un mago. Al menos, no de un mago de los de siempre, un mago profesional. Aquel tipo de acciones no encajaban en su estilo.</p><p>Y luego, por supuesto, estaba el asunto de la madriguera. Lo m�s sensato ser�a esperar a ver si el drag�n aparec�a aquella noche, y averiguar d�nde. Eso implicaba situarse en un lugar alto. �Hab�a alguna manera de detectar a los dragones? Hab�a echado un vistazo a los �detectores� de Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo, que consist�an �nicamente en un trozo de madera fijado a una barra met�lica. Cuando la barra se fund�a, era que hab�as encontrado al drag�n. Al igual que la mayor�a de los artilugios de Y-Voy-A-La-Ruina, era absolutamente eficaz, y al mismo tiempo completamente in�til.</p><p>Ten�a que haber alguna manera de averiguarlo, alguna manera mejor que esperar hasta que se te quemaran los dedos hasta el hueso.</p><empty-line/><p>El sol poniente se extendi� por el horizonte como un huevo ligeramente escalfado.</p><p>Los tejados de Ankh-Morpork estaban siempre llenos de g�rgolas, pero ahora luc�an tambi�n un buen n�mero de caras humanas. Las caras iban pegadas a cuerpos que esgrim�an terribles armas caseras, transmitidas de generaci�n en generaci�n durante siglos, a veces a la fuerza.</p><p>Desde su oteadero en el tejado de la Casa de la Guardia, Vimes alcanzaba a ver a los magos en los techos de la Universidad, y las bandas de oportunistas buscadores de oro aguardando en las calles, con las palas preparadas. Si era verdad que el drag�n ten�a un lecho en alg�n lugar de la ciudad, pronto le tocar�a dormir en el suelo.</p><p>Desde alg�n lugar de la calle oy� los gritos de Y-Voy-A-La-Ruina, o alguno de sus colegas, vendiendo perritos calientes. Vimes sinti� una repentina oleada de orgullo c�vico. Algo de bueno deb�an de tener los ciudadanos cuando, en aquellos momentos en que se avecinaba la cat�strofe, pensaban en vender perritos calientes a sus convecinos.</p><p>La ciudad aguardaba. Aparecieron unas cuantas estrellas.</p><p>Colon, Nobby y Zanahoria estaban tambi�n en el tejado. Colon estaba de mal humor, porque Vimes le hab�a prohibido usar el arco y las flechas.</p><p>Eran ilegales en la ciudad, puesto que los arcos utilizados pod�an hacer que la flecha se clavara en un espectador inocente a cien metros de distancia, en vez de en el espectador inocente al que iba destinada.</p><p>�Es cierto �asinti� Zanahoria�. Lo dice el Acta de Armas Arrojadizas, seg�n la legislaci�n de seguridad ciudadana, Art�culo 1634.</p><p>�Deja ya de citar todas esas tonter�as �buf� Colon�. �Ya no tenemos esas leyes! �Son cosas de antes! Ahora todo es mucho m�s como se diga. Mucho m�s pragm�tico.</p><p>�Con ley o sin ley �intervino Vimes�, he dicho que guardes ese arco.</p><p>��Pero, capit�n, siempre se me dio muy bien manejarlo! �protest� Colon�. Adem�s �a�adi�, conciliador�, hay mucha gente que los lleva.</p><p>Eso era cierto. Los tejados contiguos estaban m�s erizados que un puercoesp�n. Si el maldito drag�n se presentaba, m�s le val�a no volar bajo. Casi inspiraba compasi�n.</p><p>�He dicho que lo guardes �replic� Vimes�. No quiero que mis guardias vayan por ah� disparando contra los ciudadanos. Fuera ese arco.</p><p>�Es cierto �lo apoy� Zanahoria�. Estamos aqu� para proteger y servir, �verdad, capit�n? Vimes lo mir� de soslayo.</p><p>�Eh� �titube�. S�. Eso. Es verdad. En el tejado de su casa de la colina, lady Ramkin situ� una sillita plegable un tanto inadecuada, mont� el telescopio, situ� la bandeja con bocadillos y el termo de caf� en la baranda ante ella, y se sent� a esperar. Ten�a una libreta de notas sobre las rodillas.</p><p>Transcurri� media hora. Andanadas de flechas saludaron a una nube, a varios murci�lagos desafortunados, y a la luna cuando sali�.</p><p>�Qu� asco de gentuza, qu� poca profesionalidad �dijo Nobby, al final�. Lo van a espantar. El sargento Colon baj� su lanza.</p><p>�Eso parece �asinti�.</p><p>�Adem�s, empieza a hacer fr�o �se�al� Zanahoria.</p><p>Dio un codazo educado al capit�n Vimes, que estaba apoyado en la chimenea y contemplaba absorto el cielo.</p><p>�Quiz� deber�amos bajar ya, se�or �a�adi�. La mayor�a de la gente se est� marchando.</p><p>��Mmm? �respondi� Vimes, sin apartar la vista de las nubes.</p><p>�Adem�s, parece que va a llover �insisti� el muchacho.</p><p>El capit�n no dijo nada. Durante algunos minutos, hab�a estado contemplando la Torre del. Arte, que era el centro de la Universidad Invisible y, seg�n se dec�a, el edificio m�s viejo de la ciudad. Desde luego, era el m�s alto. El tiempo, el clima y las reparaciones chapuceras le hab�an dado una apariencia desastrada, como un �rbol que hubiera soportado demasiadas tormentas.</p><p>Vimes estaba tratando de recordar la forma del edificio. Como suele suceder con muchas cosas que son completamente familiares, hac�a a�os que no miraba de verdad la torre. Ahora intentaba convencerse a s� mismo de que el bosque de torreones y almenas que hab�a en la cima ten�a exactamente el mismo aspecto que el d�a anterior.</p><p>Le estaba costando trabajo.</p><p>Sin apartar los ojos, cogi� al sargento Colon por el hombro y lo hizo mirar en la direcci�n que le interesaba.</p><p>��No ves nada extra�o en la cima de la torre? �le pregunt�.</p><p>Colon mir� fijamente hacia donde le indicaba, y al final dej� escapar una risita nerviosa.</p><p>�Bueno, parece que haya un drag�n sentado all�, �verdad?</p><p>�S�. Es lo que pensaba.</p><p>�Pero�, s�lo que� si lo miras bien, se nota que es una ilusi�n, por las sombras y la hiedra y todo eso. Atento, si entrecierras un ojo, parecen dos ancianas con una rueca.</p><p>Vimes lo intent�.</p><p>�No �dijo�. Me sigue pareciendo un drag�n. Un drag�n grande. Como acuclillado, y mirando hacia abajo. Mira, hasta se le ven las alas plegadas.</p><p>�No creo, se�or. Es un efecto causado por un torre�n en ruinas.</p><p>Siguieron mirando un rato.</p><p>�Dime, sargento �dijo Vimes al final�. Lo pregunto s�lo por saber, �qu� crees que causa el efecto de un par de alas enormes despleg�ndose?</p><p>Colon trag� saliva.</p><p>�Creo que est� causado por un par de alas enormes despleg�ndose, se�or.</p><p>�En el grano, sargento.</p><p>El drag�n emprendi� el vuelo. No tom� carrerilla, ni nada por el estilo. Se limit� a elevarse sobre la torre, para despu�s bajar en un picado, mitad ca�da y mitad vuelo, y desaparecer tras los edificios de la Universidad.</p><p>Vimes se descubri� esperando o�r el golpe.</p><p>Y entonces el drag�n volvi� a aparecer, se mov�a como una flecha, se mov�a como un cometa, se mov�a como algo que acaba de convertir una ca�da de diez metros por segundo en un ascenso de diez metros por segundo. Plane� sobre los tejados, un poco por encima de las cabezas de los espectadores, de una manera tanto m�s horrenda por lo silenciosa. Era como si estuviera hendiendo el aire con todo cuidado.</p><p>Los guardias se lanzaron de bruces al suelo. Vimes alcanz� a ver un breve atisbo de una cabeza, vagamente equina, cuando pas� sobre ellos.</p><p>�Mierda �exclam� Nobby, incrustado contra el alero.</p><p>Vimes se aferr� a la chimenea a�n con m�s fuerza, y se incorpor�.</p><p>�Est�s de uniforme, cabo Nobbs �dijo con una voz que apenas temblaba.</p><p>�Lo siento, capit�n. Mierda, <emphasis>se�or.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�D�nde est� el sargento Colon?</p><p>�Aqu� abajo, se�or. Agarrado a la ca�er�a, se�or.</p><p>�Oh, por todos los dioses. Ay�dame a subirlo, Zanahoria.</p><p>�Es incre�ble �exclam� el muchacho�. �Mirad eso!</p><p>Se pod�a deducir la posici�n del drag�n por las andanadas de flechas que se alzaban de la ciudad, y por los gritos de los que resultaban heridos cuando volv�an a caer.</p><p>��Y ni siquiera ha batido las alas todav�a! �grit� Zanahoria, tratando de subirse a la chimenea�. �Mirad c�mo vuela!</p><p>No tiene derecho a ser tan grande, se dijo Vimes, contemplando la gigantesca forma que sobrevolaba el r�o. �Es tan largo como una calle!</p><p>Se vio una humareda por encima de los muelles, y por un instante la criatura vol� ante la luna. Entonces, por fin, bati� las alas una vez, y fue como el sonido de las pieles h�medas de una manada de b�falos extendidas sobre un acantilado.</p><p>Describi� un c�rculo cerrado, bati� las alas un par de veces para cobrar velocidad, y volvi�.</p><p>Cuando pas� sobre la Casa de la Guardia, escupi� una columna de fuego. Las tejas no s�lo se fundieron, m�s bien estallaron en esquirlas al rojo vivo. La chimenea explot�, y los ladrillos llovieron por toda la calle.</p><p>Las vastas alas se sacudieron en el aire mientras la criatura trazaba c�rculos sobre el edificio en llamas. El incendio se extendi� r�pidamente. A los pocos momentos, cuando no qued� m�s que un charco de roca fundida con algunas venillas y burbujas interesantes, el drag�n volvi� a remontarse con un aleteo despectivo, y se alej� sobre la ciudad.</p><empty-line/><p>Lady Ramkin baj� el telescopio y sacudi� la cabeza lentamente.</p><p>�No es posible �susurr�. No es posible en absoluto. No deber�a ser capaz de hacer <emphasis>eso.</emphasis></p><p>Volvi� a levantar la lente y entrecerr� los ojos, tratando de distinguir el edificio incendiado. Abajo, en sus jaulas, los dragoncitos aullaban.</p><empty-line/><p>Por tradici�n, cuando uno despierta de una inconsciencia normal y corriente, pregunta: ��D�nde estoy?�. Seguramente es parte del subconsciente colectivo o algo por el estilo.</p><p>Vimes lo pregunt�.</p><p>La misma tradici�n ofrece un buen surtido d� segundas frases para elegir. Tambi�n sugiere que el interesado compruebe que todas las partes de su cuerpo est�n en el mismo sitio que el d�a anterior.</p><p>Vimes lo comprob�.</p><p>Luego viene lo malo. Ahora que la bola de nieve de la conciencia ha empezado a rodar, se trata de averiguar si est� despertando dentro de un cuerpo tirado en la calle con m�ltiples algo, el nombre que acompa�a al adjetivo �m�ltiples� no importa, nunca es nada bueno, o si ser� un simple caso de s�banas blancas, una mano tranquilizadora y una eficaz figura de blanco que abre las cortinas. En este �ltimo caso lo peor ha pasado, lo �nico malo que queda por delante es t� flojo, pur�s de verduras, breves paseos para revigorizar los m�sculos y posiblemente un corto romance plat�nico con una enfermera angelical. En el primero, quiz� no haya transcurrido m�s que un instante, y un bastardo con un hacha se est� precipitando hacia nosotros.</p><p>En este momento, viene muy bien un poco de est�mulo exterior. �Todo ir� bien� es una de las frases preferidas, mientras que ��Alguien ha apuntado la matr�cula?� significa que las cosas van mal. Pero cualquiera de las dos es mejor que �Vosotros dos, sujetadle las manos a la espalda�.</p><p>De hecho, alguien dijo:</p><p>�Ha estado a punto de palmarla, capit�n.</p><p>Las sensaciones de dolor, que hab�an aprovechado la inconsciencia de Vimes para salir a fumar un metaf�rico cigarrillo r�pido, volvieron precipitadamente.</p><p>�Arrrgh �dijo Vimes.</p><p>Abri� los ojos.</p><p>Hab�a un techo. Eso descartaba buen n�mero de opciones desagradables, y lo tranquiliz� un tanto. Su visi�n borrosa tambi�n hab�a descubierto al cabo Nobbs, que no era tan tranquilizador. El cabo Nobbs no demostraba nada: uno pod�a estar muerto y, aun as�, ver algo semejante al cabo Nobbs.</p><p>En Ankh-Morpork no hab�a muchos hospitales. Todos los Gremios ten�an sus propios sanatorios, y hab�a unos cuantos p�blicos, dirigidos por extra�as organizaciones religiosas, como los Monjes Equilibradores. Pero, en t�rminos generales, la atenci�n m�dica era inexistente, y la gente se ten�a que morir de una manera poco organizada, sin la ayuda de m�dicos. Todo el mundo daba por sentado que la existencia de medicamentos potenciaba la blandenguer�a, y en cualquier caso iba contra las leyes de la naturaleza.</p><p>��He preguntado ya que d�nde estoy? �insisti� Vimes d�bilmente.</p><p>�S�.</p><p>��He recibido una respuesta?</p><p>�No s� qu� lugar es �ste, capit�n. Pertenece a una dama de post�n. Dijo que te traj�ramos aqu� arriba.</p><p>Aunque la mente de Vimes parec�a llena de tent�culos rosados, consigui� atrapar al vuelo las dos pistas y hacerlas encajar. La combinaci�n de �post�n� y �aqu� arriba� significaba algo, al igual que el extra�o olor qu�mico en la habitaci�n, que dominaba incluso el aroma habitual y conocido de Nobby.</p><p>�No te referir�s a lady Ramkin, �verdad? �pregunt� con cautela.</p><p>�Pues puede que s�. Una tipa enorme. Anda loca por los dragones. �El rostro ratonil de Nobby se distendi� en la m�s espantosa sonrisa que Vimes hab�a visto�. Est�s en su cama �le inform�.</p><p>Vimes mir� a su alrededor, sintiendo c�mo le invad�an las primeras oleadas de p�nico. Porque, ahora que consegu�a concentrarse m�nimamente, captaba una cierta falta de virilidad en la habitaci�n. Para empezar, ol�a ligeramente a polvos de talco.</p><p>�Espera un momento, espera un momento �dijo�. Hab�a un drag�n. Estaba sobre nosotros�</p><p>El recuerdo lo inund� y lo golpe� como un zombi con mala leche.</p><p>��Te encuentras bien, capit�n? � las garras extendidas, tan abiertas como los brazos de un hombre; el retumbar de las alas, m�s sonoro que las velas de toda una flotilla; el hedor de s�lo los dioses sab�an qu� �cidos�</p><p>Le hab�a pasado tan cerca que casi pudo ver las peque�as escamas de sus patas y el brillo rojo de sus ojos. No eran simples ojos de reptiles. Eran ojos en los que uno pod�a ahogarse.</p><p>Y el aliento, tan ardiente que ni siquiera era fuego, sino algo casi s�lido, capaz no de quemar cosas, sino de hacerlas pedazos�</p><p>Por otra parte, �l estaba all�, vivo y coleando. Sent�a como si le hubieran golpeado el costado izquierdo con una barra de hierro, pero estaba vivo.</p><p>�� Qu� sucedi� ? �quiso saber.</p><p>�Fue el joven Zanahoria �le inform� Nobby�. Os cogi� al sargento y a ti, y salt� del tejado justo antes de que nos alcanzara.</p><p>�Me duele el costado. Creo que me dio de refil�n �le dijo Vimes.</p><p>�No, me parece que ah� es donde te golpeaste al chocar con el techo del excusado �le corrigi� Nobby�. Luego ca�ste rodando contra el dep�sito de agua.</p><p>��Y Colon? �Le pasa algo?, �est� herido?</p><p>�Herido, lo que se dice herido, no. Aterriz� sobre algo m�s blando. Como pesa tanto, atraves� el techo. Se peg� un buen ba�o en�</p><p>��Y qu� pas� luego?</p><p>�Bueno, pues te pusimos lo mejor que pudimos, y luego todos corrimos a buscar al sargento, llam�ndolo a gritos. Hasta que descubrimos d�nde estaba, claro, luego s�lo lo llamamos a gritos. Y luego lleg� esa mujer, y empez� a chillar �termin� Nobby.</p><p>��Te refieres a lady Ramkin? �replic� Vimes con frialdad.</p><p>Ahora las costillas le dol�an en todo su esplendor.</p><p>�S�, una t�a enorme �asinti� Nobby, inmutable�.</p><p>�Madre m�a, qu� manera de dar �rdenes a la gente! �Oh, pobre hombre, hay que llevarlo a mi casa ahora mismo.� As� que lo hicimos. Adem�s, es el mejor lugar. En la ciudad todo el mundo va corriendo como pollos sin cabeza.</p><p>��Ha causado muchos destrozos?</p><p>�Bueno, cuando te quedaste noqueado, los magos le lanzaron bolas de fuego. No le hizo gracia. El �nico efecto visible fue que le hicieron m�s fuerte y m�s furioso. Incendi� toda un ala de la Universidad.</p><p>��Y luego�?</p><p>�Eso es todo. Peg� fuego a unos cuantos edificios m�s, y luego se larg� volando entre el humo.</p><p>��Nadie vio adonde se fue?</p><p>�Si lo vieron, no nos lo quieren decir. �Nobby se acomod� en la silla�. Es un asco que la pobre viva en una habitaci�n as�. Tiene dinero a patadas, seg�n dice el sargento, no tiene por qu� vivir en una habitaci�n tan vulgar. �De qu� sirve no querer ser pobre si los ricos viven en habitaciones as�? Deber�a haber m�rmol por todas partes �buf�. Adem�s, me dijo que la llamara en cuanto te despertaras. Est� dando de comer a los dragones. Qu� bichejos tan raros, �verdad? Me extra�a que le permitan tenerlos.</p><p>��Qu� quieres decir?</p><p>�Te puedes imaginar. Que son de la misma especie que el otro, y todo eso.</p><p>Cuando Nobby sali� arrastrando los pies, Vimes ech� otro vistazo por la habitaci�n. Desde luego, carec�a de los panes de oro y m�rmoles que, seg�n Nobby, eran propios de la gente que ha llegado a la c�spide en la vida. Todos los muebles eran viejos, y los cuadros de las paredes, aunque indudablemente valiosos, eran del tipo de cuadros que uno cuelga en el dormitorio porque no se le ocurre otro sitio donde colgarlos. Hab�a tambi�n unas cuantas acuarelas de aficionado sobre dragones. En resumen, era el tipo de habitaci�n cuyo propietario no la ha compartido jam�s, y la ha moldeado distra�damente a su alrededor a lo largo de muchos a�os.</p><p>Era, desde luego, el dormitorio de una mujer, pero de una mujer que se hubiera dedicado alegremente a vivir su propia vida, pensando que eso de los romances era algo que les suced�a a otras personas.</p><p>La ropa de hogar que quedaba a la vista hab�a sido elegida por sus sensatas cualidades de resistencia al uso, seguramente por alguna generaci�n anterior, m�s que por su utilidad como artiller�a ligera en la guerra entre los sexos. Hab�a frascos y botes en la c�moda, pero una cierta austeridad en sus formas suger�a que las etiquetas dir�an algo como �frotar en la espalda por las noches�, en vez de �s�lo una gota tras las orejas�. Uno se pod�a imaginar que la ocupante de aquella habitaci�n hab�a dormido all� toda su vida, y que su padre la hab�a llamado �mi nenita� hasta que la pobre tuvo cuarenta a�os.</p><p>Hab�a un amplio y sensato camis�n azul colgado tras la puerta. Sin necesidad de comprobarlo, Vimes supo que habr�a un conejito de peluche en el bolsillo.</p><p>Era, en resumen, la habitaci�n de una mujer que nunca hab�a esperado que la viera un hombre.</p><p>En la mesilla de noche hab�a un mont�n de revistas y papeles. Sinti�ndose culpable, pero haci�ndolo de todos modos, Vimes ech� un vistazo.</p><p>Todos hablaban de dragones. Hab�a cartas del Comit� de Exhibiciones del Club Caverna, y de la Liga de Amigos de los Lanzallamas. Hab�a folletos y anuncios del Refugio para Dragones Enfermos (�El fuego del pobre VINNY casi se hab�a apagado tras cinco a�os de ser usado cruelmente para levantar pintura vieja, pero ahora��). Tambi�n vio peticiones de donativos, invitaciones a charlas y, en fin, cosas que delataban un coraz�n generoso en el que cab�a todo el mundo, o al menos la parte del mundo que ten�a alas, escamas y respiraba fuego.</p><p>Si uno dejaba que su mente se concentrara mucho en habitaciones como aqu�lla, pod�a acabar sinti�ndose extra�amente triste, lleno de una compasi�n abstracta que le llevar�a a pensar que lo mejor era acabar con la raza humana y empezar de cero, o como m�nimo desde las amebas.</p><p>Adem�s del mont�n de papeles, hab�a un libro. Vimes extendi� un brazo, no sin dolor, y ley� el t�tulo. Era <emphasis>Enfermedades de los dragones, </emphasis>por Sybil Deidre Olgivanna Ramkin.</p><p>Fue pasando las p�ginas con una mezcla de espanto y fascinaci�n. En ellas vio otro mundo, un mundo de problemas extra��simos. Garganta Seca. Placas en el Pulm�n. Inhalaci�n de Holl�n. Tras leer unos cuantos p�rrafos, empez� a pensar que era sorprendente que un drag�n de los pantanos viviera para contemplar un segundo amanecer. Hasta el hecho de cruzar una habitaci�n pod�a considerarse un triunfo biol�gico.</p><p>Apart� la vista de las ilustraciones, dibujadas trabajosamente. Hay un l�mite para el n�mero de entra�as que uno puede ver sin que lo afecten.</p><p>Alguien llam� a la puerta.</p><p>��Eh! �Est� usted visible?</p><p>Lady Ramkin entr� con una alegre sonrisa de oreja a oreja.</p><p>�Eh�</p><p>�Le he tra�do algo nutritivo.</p><p>Sin saber muy bien por qu�, Vimes imagin� que ser�a sopa. Pero no, se trataba de un plato lleno hasta los topes de beicon, patatas y huevos fritos. Casi pudo o�r los gritos de espanto de sus arterias al contemplarlo.</p><p>�Tambi�n he preparado un bud�n �a�adi� lady Ramkin�. La verdad, no suelo cocinar tanto para m� sola. Ya sabe, una acaba comiendo cualquier cosa.</p><p>Vimes pens� en las cosas que sol�a comer �l en su habitaci�n. La carne siempre era gris, y ten�a misteriosos tubitos.</p><p>�Eh� �repiti�. No estaba acostumbrado a hablar con las mujeres desde dentro de sus camas�. El cabo Nobby me ha dicho que usted�</p><p>��Qu� hombre tan pintoresco, ese Nobby! �asinti� lady Ramkin.</p><p>Vimes no estaba muy seguro de poder soportar aquello.</p><p>��Pintoresco? �inquiri� d�bilmente.</p><p>�Todo un personaje. Hemos congeniado de maravilla.</p><p>~�Si?</p><p>�Oh, y tanto. Cuenta unas an�cdotas gracios�simas.</p><p>�S�, eso es cierto. Se sabe muchas.</p><p>A Vimes nunca dejaba de sorprenderle lo bien que se llevaba Nobby con casi todo el mundo. Supuso que ten�a algo que ver con eso del com�n denominador. En el mundo de las matem�ticas, no pod�a haber un denominador m�s com�n que Nobby.</p><p>�Eh� �empez� por tercera vez, sin poder abandonar tan peculiar conversaci�n�, �no le parece que usa un lenguaje un poco�, eh�, fuerte?</p><p>�Popular �lo corrigi� alegremente lady Ramkin�. Tendr�a que haber o�do a mi padre cuando se enfadaba. En cualquier caso, hemos descubierto que tenemos muchas cosas en com�n. Es una coincidencia incre�ble, pero mi abuelo una vez hizo azotar a su abuelo por hurto.</p><p>Eso los convert�a pr�cticamente en miembros de la misma familia, pens� Vimes. Otra r�faga de dolor en el costado magullado le hizo cerrar los ojos.</p><p>�Tiene unas cuantas contusiones, y probablemente un par de costillas rotas �dijo la dama�. Si se da la vuelta, le pondr� un poco m�s de esto.</p><p>Exhibi� un tarro de ung�ento amarillo. El rostro de Vimes reflej� el p�nico. Instintivamente, se tap� con las s�banas hasta el cuello.</p><p>�No sea cr�o, capit�n �buf� ella�. No voy a ver nada que no haya visto antes. Todos los traseros son iguales. Lo que pasa es que los que yo veo a menudo suelen tener colas y escamas. Venga, d�se la vuelta y s�base la camisa. Era de mi abuelo, �sabe?</p><p>No hab�a manera de desobedecer a aquel tono de voz. Vimes pens� exigir que entrara Nobby para hacer de carabina, pero luego decidi� que eso ser�a a�n peor.</p><p>La crema quemaba como el hielo.</p><p>��De qu� es eso?</p><p>�De un mont�n de cosas. Aliviar� el dolor de las contusiones y ayudar� a que nazcan escamas sanas.</p><p>��Qu�?</p><p>�Lo siento. Probablemente no sean escamas. No ponga esa cara de miedo, estoy casi segura. Bueno, ya est�.</p><p>Le dio una palmadita en el trasero.</p><p>�Se�ora, soy el capit�n de la Guardia Nocturna �dijo Vimes, aun sabiendo que era una soberana estupidez.</p><p>�Y est� medio desnudo en la cama de una dama �replic� lady Ramkin, inamovible�. Ahora, si�ntese y t�mese el t�. Tenemos que hacer que se ponga fuerte. Los ojos de Vimes se llenaron de terror.</p><p>��Por qu�? �quiso saber.</p><p>Lady Ramkin busc� en el bolsillo de su ajada chaqueta de trabajo.</p><p>�Anoche tom� unas cuantas notas sobre el drag�n �dijo.</p><p>�Ah, el drag�n.</p><p>Vimes se relaj� un poco. En aquel momento, el drag�n le parec�a una perspectiva menos mala.</p><p>�Y tambi�n investigu� un poco. Le dir� una cosa, es una bestia muy extra�a. No deber�a haber podido remontar el vuelo.</p><p>�En eso tiene raz�n.</p><p>�Si su constituci�n es como la de los dragones de pantano, deb�a de pesar unas veinte toneladas. �Veinte toneladas! Es imposible. Todo se reduce a una correlaci�n entre peso y envergadura de alas, no s� si me entiende.</p><p>�Lo vi bajar en picado desde la torre.</p><p>�Ya lo s�. Por l�gica, se le deber�an de haber desgarrado las alas, todo lo que te�ricamente podr�a quedar de �l es un gran agujero en �l suelo �insisti� lady Ramkin con firmeza�. Uno no se puede tomar a risa la aerodin�mica. Una cosa grande no puede hacer lo mismo que una peque�a, y quedarse tan ancha. Es cuesti�n de potencia muscular y superficies de resistencia al viento.</p><p>�Ya sab�a yo que algo andaba mal �se anim� Vi-mes�. Y tambi�n lo de las llamas. No hay nada que pueda ir por ah� con tanto calor dentro. �C�mo se las arreglan los dragones de pantano?</p><p>�Ah, es una cuesti�n qu�mica �respondi� lady Ramkin, sin darle importancia�. De los alimentos que ingieren, destilan una sustancia inflamable, y la llama se enciende al salir por los conductos. Nunca tienen fuego <emphasis>dentro, </emphasis>a menos que padezcan de retroceso.</p><p>�Y si padecen de eso, �qu� sucede?</p><p>�Que hay que limpiar trocitos de drag�n de todas partes �explic� lady Ramkin, alegremente�. Me temo que los dragones no est�n muy bien dise�ados.</p><p>Vimes escuch�.</p><p>Era imposible que hubieran sobrevivido, s�lo lo lograron gracias a que sus lugares de nacimiento eran aislados y hab�a pocos depredadores. No es que los dragones fueran muy alimenticios, claro: una vez se eliminaba la piel y los enormes m�sculos que usaban para volar, lo que quedaba deb�a de ser como morder una f�brica de productos qu�micos mal procesados. No era de extra�ar que los dragones estuvieran siempre enfermos. la necesidad de producir combustible hac�a que tuvieran problemas estomacales. Dedicaban la mayor parte del cerebro a controlar las complejidades del sistema digestivo, capaces de producir elementos inflamables a partir de los ingredientes m�s imposibles. Incluso pod�an redistribuir sus conductos internos, en el lapso de una noche, para llevar a cabo los procesos m�s dif�ciles. Viv�an al borde de un abismo qu�mico. Un hipido fuera de lugar, y eran geograf�a.</p><p>Y cuando se trataba de elegir lugares para la puesta de huevos, las hembras ten�an tanto sentido com�n e instinto maternal como un ladrillo.</p><p>Vimes se pregunt� por qu� estar�a tan preocupada la gente con los dragones en los viejos tiempos. Si por casualidad hab�a alguno en una cueva cercana, lo �nico que ten�as que hacer era esperar hasta que se autoincendiara, explotara o muriera de indigesti�n aguda.</p><p>�Los ha estudiado a fondo, �verdad? �se�al�.</p><p>�Alguien ten�a que hacerlo.</p><p>�Pero �qu� sabe de los grandes?</p><p>�Dioses, s�. Son un gran misterio, �sabe? �asinti� la dama, repentinamente seria.</p><p>�S�, ya lo dijo.</p><p>�Son criaturas de leyenda. Al parecer, una subespecie de dragones empez� a crecer, y a crecer, y luego� sencillamente, desaparecieron.</p><p>��Quiere decir que murieron?</p><p>�No. De cuando en cuando volv�an a aparecer, sin que se supiera de d�nde ven�an. llenos de vida y vigor. Pero, de pronto, dejaron de volver. �Dirigi� a Vimes una mirada triunfal�. Creo que encontraron un lugar donde pod�an <emphasis>ser </emphasis>de verdad.</p><p>��Ser qu�?</p><p>�Dragones. Donde pod�an cumplir todo su potencial. Otra dimensi�n, o algo por el estilo. Donde la gravedad no fuera tan fuerte, y esas cosas.</p><p>�Eso pens� yo cuando lo vi �asinti� Vimes�. No puede haber algo que vuele y tenga escamas, y sea de ese tama�o.</p><p>Se miraron.</p><p>�Tenemos que encontrar su madriguera �dijo lady Ramkin.</p><p>�Ning�n maldito bicho pegar� fuego a <emphasis>mi </emphasis>ciudad �replic� Vimes.</p><p>�Imagine qu� gran contribuci�n al estudio de los dragones.</p><p>�Si alguien pega fuego a esta ciudad, ser� yo.</p><p>�Es una oportunidad incre�ble. Hay tantas preguntas�</p><p>�En eso tiene raz�n. �Le vino a la cabeza una de las frases de Zanahoria�. Puede ayudarnos en nuestras investigaciones �sugiri�.</p><p>�Pero eso ser� por la ma�ana �replic� lady Ramkin con firmeza.</p><p>La mirada decidida de Vimes se suaviz�.</p><p>�Yo dormir� abajo, en la cocina �sigui� la dama alegremente�. Siempre tengo all� un catre preparado en temporada de puesta. Algunas hembras pueden necesitar ayuda. No se preocupe por m�.</p><p>�Es usted muy amable �murmur� el capit�n.</p><p>�He enviado a Nobby a la ciudad, para que ayude a los otros a organizar su cuartel.</p><p>Vimes se hab�a olvidado por completo de la Casa de la Guardia.</p><p>�Debe de haber sufrido da�os importantes �aventur�.</p><p>�Destruido por completo �le corrigi� la dama�. No queda m�s que un charco de piedra fundida. As� que les voy a dejar un local en Pseud�polis Yard.</p><p>��C�mo dice?</p><p>�Oh, mi padre ten�a inmuebles por toda la ciudad �dijo�. La verdad es que a m� no me sirven para nada, as� que le dije a mi gestor que entregara al sargento Colon las llaves de la casa vieja de Pseud�polis Yard. No estar� nada mal que se ventile un poco.</p><p>�Pero esa zona�, quiero decir, las calles est�n pavimentadas de verdad�, el alquiler� O sea, no creo que lord Vetinari quiera�</p><p>�No se preocupe por eso �replic�, d�ndole una palmadita amistosa�. Venga, ahora tiene que dormir un poco.</p><p>Vimes se tendi� de nuevo, con el cerebro funcionando a toda velocidad. Pseud�polis Yard estaba en el lado Ankh del r�o, en uno de los mejores barrios de la ciudad. All�, el espect�culo de Nobby o el sargento Colon paseando por aquellas calles a plena luz del d�a tendr�a el mismo efecto que la inauguraci�n de un hospital para leprosos.</p><p>Se sumi� en un duermevela, y so�� con gigantescos dragones que lo persegu�an esgrimiendo frascos de ung�ento.</p><p>Y se despert� con los gritos de una turba.</p><p>Lady Ramkin erguida en toda su estatura no era una visi�n que se pudiera olvidar, aunque uno querr�a intentarlo. Era como ver la deriva continental pero al rev�s, mientras varios subcontinentes e islas se reunificaban para formar una gigantesca y furiosa protomujer.</p><p>La puerta rota del cobertizo de los dragones colgaba de sus bisagras. Los inquilinos, tan tensos ya como un arpa con anfetaminas, se estaban volviendo locos. Peque�as llamaradas se estrellaban contra las chapas met�licas, y los animalitos se revolv�an en sus jaulas.</p><p>��Qu� significa esto? �rugi� la dama.</p><p>Si alguna vez los Ramkin hab�an sido dados a la introspecci�n, ten�a que reconocer que no era una frase muy original. Pero s� �til. Funcionaba. La raz�n de que las frases hechas se conviertan en frases hechas, es que son los martillos y destornilladores en la caja de herramientas de la comunicaci�n.</p><p>La turba se arremolin� contra la puerta rota. Algunos hombres bland�an instrumentos afilados, con el movimiento t�pico de los que no pretenden nada bueno.</p><p>�Demonios �gru�� el que los guiaba�, ah� dentro hay dragones.</p><p>Se oy� un coro de murmullos de asentimiento.</p><p>��Y qu�? �buf� lady Ramkin.</p><p>�Demonios. Ha estado quemando la ciudad. Y no vuelan mucho. Usted tiene dragones aqu� dentro. Puede que haya sido uno de ellos.</p><p>�Eso.</p><p>�Claro.</p><p>�QED.<a l:href="#n_15" type="note">[15]</a></p><p>�As� que nos los vamos a cargar a todos.</p><p>�Eso.</p><p>�Claro.</p><p>�<emphasis>Pro bono publico.</emphasis></p><p>El pecho de lady Ramkin sub�a y bajaba como un pist�n. Extendi� el brazo y agarr� la horca de granja colgada de un gancho, en la pared.</p><p>�Os lo advierto, un paso m�s y lo lamentar�is �dijo.</p><p>El jefe mir� a los dragones fren�ticos, tras ella.</p><p>��S�? �replic�, burl�n�. �Qu� piensa hacernos, eh?</p><p>La mujer abri� y cerr� la boca un par de veces.</p><p>��Llamar� a la Guardia! �dijo al final.</p><p>La amenaza no surti� el efecto que hab�a esperado. Lady Ramkin nunca hab�a prestado demasiada atenci�n a los aspectos de la ciudad que no ten�an escamas.</p><p>�Vaya, qu� miedo �gimote� el jefe�. No sabe cu�nto nos preocupa eso. Mire, me est�n temblando las rodillas. �Se sac� un machete que llevaba colgado del cintur�n�. Y ahora, se�ora, ap�rtese, porque�</p><p>Una llamarada de fuego verde surgi� por la parte trasera del cobertizo, pas� por encima de las cabezas de los hombres all� reunidos, y dibuj� una marca chamuscada en la madera sobre la puerta.</p><p>Entonces, son� una voz que era un puro ronroneo de amenaza de muerte.</p><p>�<emphasis>�ste es lord Montealegre Colmilloveloz Inverno-cuarento IV, el drag�n m�s fogoso de la ciudad. Os puede achicharrar las cabezas hasta el cr�neo.</emphasis></p><p>El capit�n Vimes sali� cojeando de entre las sombras.</p><p>Llevaba firmemente sujeto bajo un brazo a un dragoncito dorado, muerto de miedo. Con la otra mano lo sujetaba por la cola.</p><p>Los hombres lo miraron, hipnotizados.</p><p>�Ya s� lo que est�is pensando �sigui� Vimes con voz amable�. Os preguntar�is si, despu�s de tantas emociones, a�n le queda fuego suficiente. Pues la verdad, yo tampoco estoy muy seguro�</p><p>Se inclin� hacia adelante y los mir� por entre las orejas del drag�n. Su voz era como una navaja afilada.</p><p>�Lo que deb�is preguntaros a vosotros mismos es: �Me acompa�a hoy la suerte?</p><p>Todos retrocedieron ante su avance.</p><p>��No respond�is nada? �insisti�. �Os acompa�a hoy la suerte?</p><p>Durante unos instantes, lo �nico que se oy� fue el ruido del est�mago de lord Montealegre Colmilloveloz Invernocuarento IV, el ominoso ronroneo del combustible acumul�ndose en las rec�maras �gneas.</p><p>�Oye, mira, eh� �tartamude� el jefe, sin poder despegar la vista de la cabeza del drag�n�. No hay necesidad de que nos pongamos tan�</p><p>�La verdad es que es posible que �l decida lanzar llamas por su cuenta �sigui� Vimes�. A veces no pueden evitarlo, sobre todo si se les acumulan dentro. Y eso sucede cuando est�n nerviosos. Tengo la sensaci�n de que los hab�is puesto <emphasis>muy </emphasis>nerviosos.</p><p>El dirigente de la turba hizo lo que esperaba fuera un gesto vagamente conciliador. Por desgracia, lo hizo con la mano con la que sosten�a un cuchillo.</p><p>�Suelta eso �le advirti� Vimes�, o no lo contar�s.</p><p>El cuchillo se estrell� contra las losas. Se oyeron pasos apresurados en las �ltimas filas, y de repente un buen n�mero de hombres estaban metaf�ricamente lejos y no sab�an nada de aquello.</p><p>�Pero antes de que los dem�s buenos ciudadanos se dispersen tranquilamente y vuelvan a ocuparse de sus asuntos �dijo el capit�n�, os sugiero que mir�is bien a estos dragones. �Os parece que alguno de ellos mide veinte metros de largo? �Cre�is que tienen treinta metros de envergadura de alas? �Qu� grado de temperatura debe de alcanzar su fuego?</p><p>�No s� �respondi� el jefe.</p><p>Vimes alz� ligeramente la cabeza del drag�n. El jefe cerr� los ojos.</p><p>�No s�, se�or �se corrigi�.</p><p>��Quer�is averiguarlo?</p><p>El jefe sacudi� la cabeza. Pese al miedo, encontr� de nuevo la voz.</p><p>��Qui�n eres t�? �pregunt�. Vimes se irgui�.</p><p>�El capit�n Vimes, de la Guardia de la Ciudad �dijo.</p><p>La afirmaci�n fue acogida con un silencio casi absoluto. La �nica excepci�n fue la voz alegre, al fondo de la multitud, que dijo:</p><p>�De la Guardia Nocturna, �no?</p><p>Vimes mir� hacia abajo, m�s all� de su camisa de dormir. Con las prisas por salir del lecho de enfermo, se hab�a puesto apresuradamente un par de zapatillas de lady Ramkin. Por primera vez, se dio cuenta de que estaban adornadas con pompones rosas.</p><p>Y �se fue el momento que lord Montealegre Colmilloveloz Invernocuarento IV eligi� para eructar.</p><p>No fue una llamarada rugiente. Fue, sencillamente, una bolita de fuego casi invisible que pas� entre la multitud y chamusc� unas cuantas cejas. Pero, desde luego, caus� una gran impresi�n.</p><p>Vimes se recuper� de maravilla. Nadie se dio cuenta del breve momento de terror que acababa de vivir.</p><p>�Y eso ha sido s�lo para llamaros la atenci�n �dijo con cara de p�quer�. La pr�xima vez, apuntar� m�s abajo.</p><p>�Eh� �tartamude� el jefe�, c�mo no. No hay problema. La verdad es que ya nos march�bamos. Aqu� no hay dragones grandes, desde luego. Lamentamos haberos molestado.</p><p>�Ah, no, ni hablar �lo interrumpi� lady Ramkin, con voz triunfal�. �No os vais a largar tan f�cilmente!</p><p>Extendi� la mano hacia un estante y sac� una caja de lat�n. Ten�a una ranura en la tapa, y tintineaba. En uno de los lados se le�a <emphasis>Refugio para dragones enfermos.</emphasis></p><p>La primera ronda dio como fruto cuatro d�lares y treinta y un peniques. Cuando el capit�n Vimes apunt� de nuevo con el drag�n, aparecieron como por arte de magia veinticinco d�lares y diecis�is peniques m�s. Luego, la turba huy�.</p><p>�Al menos, hemos salido ganando algo �dijo el oficial, cuando volvieron a estar solos.</p><p>��Ha sido usted muy valiente!</p><p>�Esperemos que esto no se repita �replic� Vimes, devolviendo suavemente al agotado dragoncito a su jaula.</p><p>Se sent�a curiosamente optimista.</p><p>Una vez m�s, fue consciente de que unos ojos lo miraban fijamente. Se dio la vuelta y vio la cabeza alargada y puntiaguda de Buenmuchacho Hatajo Plumapiedra. No hay mejor descripci�n para su postura que la de ��ltimo cachorrito en la tienda�.</p><p>Para su asombro, se descubri� a s� mismo rasc�ndolo entre las orejas, o al menos entre las cosas puntiagudas que ten�a a los lados de la cabeza y que deb�an de hacer las funciones de orejas. La respuesta del animal fue un extra�o ruido que parec�a como si se hubiera atascado una ca�er�a. Vimes apart� la mano apresuradamente.</p><p>�No pasa nada �dijo lady Ramkin�. Es que le est� gru�endo el est�mago. Eso significa que usted le gusta.</p><p>Para m�s asombro, Vimes se sinti� encantado ante la idea. Que �l recordara, ning�n animal lo hab�a considerado digno de un eructo.</p><p>�Cre� entender que se iba a�, ejem�, a deshacer de �l �dijo.</p><p>�Supongo que tendr� que hacerlo �suspir� la dama�. Pero ya sabe, es muy dif�cil. Te miran con esos ojos tan grandes, tan sentidos�</p><p>Hubo un breve silencio inc�modo.</p><p>��Ser�a posible que yo�?</p><p>��No querr�a usted por casualidad�? Ambos se detuvieron.</p><p>�Es lo menos que puedo hacer �dijo lady Ramkin.</p><p>��Pero si ya nos ha proporcionado cuarteles nuevos y todo!</p><p>�Eso era mi deber de ciudadana. Por favor, acepte a Buenmuchacho, como�, como regalo de <emphasis>amiga.</emphasis></p><p>Vimes tuvo la sensaci�n de que lo estaban haciendo caminar por un tabl�n al borde de un abismo.</p><p>�Ni siquiera s� qu� comen �dijo.</p><p>�La verdad es que son omn�voros. Comen de todo, excepto metal y rocas �gneas. Cuando uno vive en los pantanos, no puede ser muy selectivo con lo que se lleva a la boca.</p><p>�Pero �no har� falta que lo saque a pasear? O a volar, como sea.</p><p>�En realidad, se pasa la mayor parte del tiempo durmiendo. �Lady Ramkin rasc� la fea cabeza escamosa del bichejo�. Le garantizo que es el drag�n m�s tranquilo que he criado.</p><p>��Y qu� hay de�? Ya sabe�</p><p>Se�al� el rastrillo para recoger excrementos.</p><p>�Bueno, es sobre todo gas. Lo �nico que tiene que hacer es mantenerlo en un lugar bien ventilado. No tendr� alfombras valiosas, �verdad? Es mejor que no permita que le d� lametones en la cara, pero puede ense�arlo a controlar la llama. Le ser� muy �til para encender la chimenea.</p><p>Buenmuchacho Hatajo Plumapiedra se revolc�, en medio de un estruendo de ca�er�as atascadas.</p><p>Tienen ocho est�magos, record� Vimes; los dibujos del libro hab�an sido muy detallados. Y ah� dentro hay montones de cosas que parecen destiler�as en el laboratorio de un qu�mico loco.</p><p>Ning�n drag�n de pantano podr�a aterrorizar un reino, excepto por accidente. Vimes se pregunt� cu�ntos valientes h�roes habr�an dado muerte a los pobres animales. Era una crueldad hacer algo as� a unas criaturas cuyo �nico crimen era explotar distra�damente, y a los dragones les gustaba menos que a nadie. S�lo con pensarlo, se pon�a furioso. Los pobres dragones hab�an nacido para perder. Viv�an deprisa, mor�an en mil pedazos. Omn�voros o no, ten�an que pasarse la vida agitando apolog�ticamente las alas por un mundo que no los comprend�a, temerosos siempre de su propio sistema digestivo. Seguramente, la familia a�n no hab�a acabado de superar la explosi�n del padre, cuando alg�n imb�cil metido en una armadura llegaba al pantano para clavar su espada en una bolsa de entra�as que, encima, ya estaba a punto de autodestruirse sola.</p><p>Ja. Ya le habr�a gustado ver a los temibles matadores de dragones del pasado enfrentados al drag�n grande. �Armaduras? Mejor no usarlas. Al fin y al cabo, el resultado iba a ser el mismo, y por lo menos tus cenizas no estar�an preenvasadas en la lata.</p><p>Contempl� fijamente a la deforme criatura, y la idea que se hab�a ido forjando en su mente durante los �ltimos minutos consigui� entrar por fin. En Ankh-Morpork, todo el mundo quer�a encontrar la madriguera del drag�n. Al menos, quer�an encontrarla sin su ocupante. El sistema del trozo de madera no funcionar�a, de eso estaba seguro. Pero, como dec�a el refr�n, para atrapar a un ladr�n� <a l:href="#n_16" type="note">[16]</a></p><p>��Puede un drag�n encontrar a otro? �pregunt�. Ya sabe, seguir el olor del rastro, o algo as�.</p><empty-line/><cite><p>Querid�sima madre [escribi� Zanahoria]: para que hablen de los cambios de la suerte. Anoche el drag�n quem� nuestros cuarteles y mira por d�nde ahora tenemos unos mejores, que est�n en un lugar que se llama Pseud�polis Yard, enfrente del Edificio de la �pera. El sargento Colon dice que hemos Ascendido en la Vida, y tambi�n le dice a Nobby que no se le ocurra vender los muebles. Ascender en la Vida es una met�fora, que son cosas que estoy aprendiendo, como Mentir pero m�s decorativas. Hay alfombras adecuadas donde escupir. Hoy dos grupos han intentado buscar dragones en los s�tanos, es incre�ble. Van por ah� cavando en los retretes de la gente y buscando en los desvanes, es como una Fiebre. La gente ya no va ni a trabajar y el sargento Colon dice que a ver con qu� cara hacemos la Ronda y gritamos Las Doce en Punto y Sereno cuando hay un drag�n por ah� fundiendo la ciudad.</p><p>Me he ido de casa de la se�ora Palma porque aqu� hay docenas de camas. Me dio mucha pena y me hicieron un pastel de despedida, pero creo que es lo mejor, aunque la se�ora Palma nunca me cobr� el alquiler, muy amable por su parte considerando que tiene tantas hijas guapas y tiene que ahorrar para sus dotes y esas cosas.</p><p>Tambi�n me he hecho amigo de ese simio que viene por aqu� a menudo a ver si hemos encontrado ya su libro. Nobby dice que es un saco de pulgas pero eso es porque le gan� dieciocho d�lares jugando al Seisillo, que es un juego de azar con cartas, pero yo no juego y ya he hablado a Nobby del Acta de Regulaci�n del Juego, y �l me ha dicho que me vaya a Tomar por Culo, cosa que creo que es una violaci�n del Decreto de Comportamiento �tico en P�blico (1389), pero he decidido usar mi Discreci�n.</p><p>El capit�n Vimes est� enfermo y lo est� cuidando una Dama. Nobby dice que es una Exc�ntrica pero el sargento Colon cree que es porque vive en una casa grande con muchos dragones pero que tiene una fortuna y que ya era hora de que el capit�n dejara de poner los pies en la mesa. No entiendo qu� tiene que ver el mobiliario con esto. Esta ma�ana he ido a dar un paseo con Reet y le he ense�ado muchas muestras interesantes de arte en metal que se pueden encontrar en la ciudad. Ella dice que soy diferente de los dem�s. Tu hijo que te quiere, Zanahoria. XXX.</p><p>P.D. Si ves a Mindy sal�dala de mi parte.</p></cite><empty-line/><p>Dobl� el papel con cuidado y lo meti� dentro de un sobre.</p><p>�Se est� poniendo el sol �se�al� el sargento Colon.</p><p>Zanahoria alz� la vista de su sello de cera.</p><p>�Eso quiere decir que pronto ser� de noche �sigui� Colon, con exactitud.</p><p>�S�, sargento.</p><p>El sargento se pas� un dedo por el cuello. Ten�a la piel impresionantemente rosada, resultado de haberse pasado la ma�ana frot�ndosela. Aun as�, la gente se segu�a manteniendo a una distancia respetable.</p><p>Algunas personas han nacido para mandar. Otras personas llegan a mandar. Y a otras, el mando les cae encima. El sargento se encontraba ahora en esta �ltima categor�a, y no le hac�a la menor gracia.</p><p>Sab�a que, en cualquier momento, tendr�a que anunciar que ya era hora de salir de patrulla. Y �l no quer�a salir de patrulla. Lo que quer�a era encontrar un bonito subsolano en cualquier parte. Pero <emphasis>Nobbless Oblig� </emphasis>si estaba al mando, ten�a que hacerlo.</p><p>Lo que le preocupaba no era la soledad del mando. El problema era el ser-frito-vivo del mando.</p><p>Adem�s, estaba seguro de que, a menos que descubrieran pronto algo relativo al drag�n, el patricio no estar�a contento. Y cuando el patricio estaba descontento, se volv�a muy democr�tico. Buscaba maneras complicadas y dolorosas de compartir todo lo posible su descontento. En opini�n del sargento, la responsabilidad era algo terrible. Y ser torturado tambi�n era algo terrible. Desde su punto de vista, ambos hechos se acercaban a un punto en com�n a toda velocidad.</p><p>As� que se sinti� terriblemente aliviado cuando un peque�o carruaje se detuvo ante el Yard. Era muy viejo y destartalado. Hab�a un escudo de armas casi invisible ya en la puerta. En cambio, en la parte trasera, el cartel estaba casi reci�n pintado: <emphasis>Relincha si amas a los dragones.</emphasis></p><p>El capit�n Vimes se ape� del carruaje, no sin esfuerzo. Lo sigui� la mujer a la que el sargento llamaba Sybil Ramkin la Loca. Y por �ltimo, saltando obediente atado a su correa, ven�a un peque�o�</p><p>El sargento se puso demasiado nervioso como para caer en la cuenta de su tama�o real.</p><p>��Que me aspen! �exclam�. �Lo ha atrapado, capit�n!</p><p>Nobby alz� la vista por encima de la mesa, en el rinc�n donde segu�a tercamente sin querer comprender que es casi imposible jugar a algo que requiera ir de farol contra un adversario que no deja de sonre�r. El bibliotecario aprovech� la distracci�n para servirse un par de cartas de la parte de abajo del mazo.</p><p>�No seas imb�cil, es un simple drag�n de pantano �buf� Nobby�. Y ella es lady Sybil. Una aut�ntica dama.</p><p>Los otros dos guardias se volvieron para mirarlo. S�, el que hab�a hablado era Nobby.</p><p>��Quer�is dejar de mirarme con esas caras?</p><p>�dijo�. �Es que no puedo reconocer a una dama cuando la veo? Me dio un t� en una tacita m�s fina que el papel, y con una cucharilla de plata �sigui�, como quien ha echado un vistazo al estatus de la distinci�n social�. �Y se las devolv�, as� que dejad de mirarme as�!</p><p>��Qu� es lo que haces exactamente en tus noches libres? �pregunt� Colon.</p><p>�No es asunto tuyo.</p><p>��De verdad le devolviste la cucharilla? �quiso saber <emphasis>Zanahoria.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Por supuesto que s�, joder! �rugi� Nobby.</p><p>�Firmes, muchachos �orden� el sargento, rebosante de alivio.</p><p>Los otros dos entraron en la habitaci�n. Vimes dirigi� a sus hombres la habitual mirada de resignaci�n.</p><p>�Mis guardias �murmur�.</p><p>�Excelentes hombres �asinti� lady Ramkin�. Nuestros mejores muchachos, �eh?</p><p>�Nuestros muchachos, dej�moslo ah�.</p><p>Lady Ramkin sonri�, alentadora. Esto provoc� una extra�a agitaci�n entre los hombres. El sargento Colon, con un esfuerzo sobrehumano, consigui� que el pecho le sobresaliera m�s que el est�mago. <emphasis>Zanahoria. </emphasis>abandon� su habitual postura encorvada. Nobby se llen� de marcialidad, con los brazos estirados a los costados, los pulgares apuntando fieramente al frente y el pecho de palomo tan hinchado que corr�a peligro de separarse del suelo.</p><p>�Siempre he pensado que todos podemos dormir m�s tranquilos sabiendo que estos hombres tan valientes velan por nosotros �dijo lady Ramkin, caminando tranquilamente entre ellos como un gale�n impulsado por una suave brisa�. �Y qui�n es �ste?</p><p>Es dif�cil que un orangut�n se ponga firme. Su cuerpo puede dominar la t�cnica, pero no as� su piel. De cualquier manera, el bibliotecario hac�a lo que pod�a: era un respetuoso mont�n al final de la hilera, y manteniendo uno de esos complejos saludos que s�lo se puede hacer con un brazo de metro veinte.</p><p>�Va de paisano, se�ora �dijo Nobby r�pidamente�. Servicios Aut�nomos Simiescos.</p><p>�Gran idea. Gran idea, desde luego �asinti� lady Ramkin�. �Cu�nto tiempo hace que es usted un simio, buen hombre?</p><p>�Oook.</p><p>�Muy bien hecho.</p><p>Se volvi� hacia Vimes, que no daba cr�dito a lo que estaba viendo.</p><p>�Sin duda es m�rito suyo �dijo�. Un excelente grupo de hombres�</p><p>�Oook.</p><p>�� antropoides �se corrigi� lady Ramkin, sin apenas vacilaci�n.</p><p>Por un momento, los guardias se sintieron como si acabaran de volver de conquistar una provincia lejana ellos solos. Se sent�an enormemente animados, dignos y honorables, y eran sensaciones casi desconocidas para ellos. Hasta el bibliotecario se consider� halagado, y decidi� pasar por alto por una vez la expresi�n �buen hombre�.</p><p>Un tintineo y un fuerte olor a algo qu�mico los hizo mirar a su alrededor.</p><p>Buenmuchacho Hatajo Plumapiedra estaba <emphasis>agazapado </emphasis>con aire inocente junto a algo que no era tanto una mancha en la alfombra como un agujero en el suelo. De los bordes chamuscados se elevaban espirales de humo.</p><p>Lady Ramkin suspir�.</p><p>�No se preocupe, se�ora �sonri� Nobby�. Lo har� limpiar en un momento.</p><p>�Mucho me temo que estas cosas suceden a menudo, cuando se emocionan.</p><p>�Tiene usted un ejemplar precioso �sigui� Nobby, regocij�ndose en la experiencia reci�n descubierta de la cortes�a social.</p><p>�No es m�o �dijo�. Ahora pertenece al capit�n. O quiz� a todos ustedes. Una especie de mascota, o algo as�. Se llama Buenmuchacho Hatajo Plumapiedra.</p><p>Buenmuchacho Hatajo Plumapiedra soport� con estoicismo el peso de su nombre, y olisque� una pata de la mesa.</p><p>�Pues se parece a mi hermano Errol �dijo Nobby, jug�ndoselo todo a la carta del amante de los animales�. Tiene la misma nariz puntiaguda.</p><p>Vimes mir� a la criatura, que estaba investigando sus nuevos entornos, y supo que desde aquel momento, irrevocablemente, se llamaba Errol. El dragoncito lanz� un bocado experimental a la mesa, la mastic� unos segundos, la escupi�, se acurruc� y se ech� a dormir.</p><p>�No ir� a prender fuego a nada, �verdad? �pregunt� el sargento con ansiedad.</p><p>�No creo. Me parece que a�n no sabe muy bien para qu� son los conductos �gneos �explic� lady Ramkin.</p><p>�Pero le podemos ense�ar a relajarse �dijo el capit�n�. En fin, mis hombres y yo�</p><p>�Oook.</p><p>�No me refer�a a usted, caballero. Por cierto, �qu� hace aqu�?</p><p>�Eh� �titube� el sargento Colon�. Yo�, eh�, como t� no estabas, y and�bamos algo cortos de personal� Zanahoria dijo que se pod�a hacer sin contravenir ninguna ley� le tom� juramento, se�or. Al simio, se�or.</p><p>��Le tomaste juramento?</p><p>�Como agente especial, se�or. �Colon se puso rojo�. Ya sabe, se�or�, una especie de guardia civil. Vimes se llev� las manos a la cabeza.</p><p>��Especial? �M�s bien �nico!</p><p>El bibliotecario dirigi� al capit�n una amplia sonrisa.</p><p>�S�lo temporalmente, se�or. Mientras dure esta situaci�n �suplic� Colon�. Nos vendr�a muy bien la ayuda, se�or, y�, bueno, es el �nico que nos aprecia�</p><p>�A m� me parece una idea sensacional �intervino lady Ramkin�. Ese simio es todo un personaje.</p><p>Vimes se encogi� de hombros. El mundo ya estaba suficientemente loco, �qu� pod�a empeorarlo?</p><p>�De acuerdo �dijo�, �de acuerdo! Me rindo. �Muy bien! Dadle una placa, aunque que me aspen si s� d�nde se la va a poner. �Bien! �S�! �Por qu� no?</p><p>��Te encuentras bien, capit�n? �se interes� Colon, preocupado.</p><p>��Claro! �Perfectamente! �D�mosle la bienvenida a la guardia! �rugi� Vimes, recorriendo la habitaci�n a grandes zancadas�. �Genial! Al fin y al cabo, nos tratan como a animales, no s� por qu� no vamos a tener mon�</p><p>La mano del sargento tap� respetuosamente la boca de Vimes.</p><p>�Eh�, s�lo hay un problema, capit�n �dijo Colon con tono apremiante a los ojos at�nitos de Vimes�. No uses jam�s esa palabra que empieza por �M�. Se vuelve loco. No lo puede evitar, se�or, pierde el control. Es como un toro cuando ve un trapo rojo. Le puedes llamar �Simio�, pero no la palabra que empieza por �M�. Porque, cuando se enfada, no se limita a poner mala cara e irse a un rinc�n, se�or, no s� si me explico. Aparte de eso no da ning�n problema. De verdad. S�lo hay que tener cuidado de no decir mono. <emphasis>Oh mierda.</emphasis></p><empty-line/><p>Los Hermanos estaban nerviosos.</p><p>Los hab�a o�do hablar. Las cosas iban demasiado deprisa para ellos. Pensaba que los hab�a guiado a la conspiraci�n poco a poco, sin proporcionarles m�s verdad de la que sus diminutos cerebros pod�an soportar, pero era obvio que los hab�a sobreestimado. All� hac�a falta una mano firme. Firme, pero justa.</p><p>�Hermanos �dijo el Gran Maestro Supremo�, �est�n bien enfiladas las Gargantillas de la Veracidad?</p><p>��Qu�? �se sorprendi� el Hermano Vigilatorre�. Ah. Las Gargantillas. Enfiladas. Claro.</p><p>�Y los Mart�lleles de Solicitaci�n, �han sido adecuadamente entonados?</p><p>El Hermano Revocador se sobresalt� con gesto de culpabilidad.</p><p>��Yo? �Qu�? Ah. Bien, sin problemas. Entonados a tope. S�.</p><p>El Gran Maestro Supremo hizo una pausa.</p><p>�Hermanos �empez�, con suavidad�, estamos muy cerca. S�lo una vez m�s. S�lo unas pocas horas. Una vez m�s, y el mundo es nuestro. �Lo comprend�is, Hermanos?</p><p>El Hermano Revocador dio unas pataditas al suelo.</p><p>�Bueno� �dijo�. S�, claro. Por supuesto. No te preocupes por eso. Estamos contigo al ciento diez por ciento�</p><p>Va a decir <emphasis>pero, </emphasis>pens� el Gran Maestro Supremo.</p><p>�� pero� <emphasis>Ah.</emphasis></p><p><emphasis>�� </emphasis>yo�, es decir, nosotros, estamos algo� extra�os, de veras, te sientes muy raro despu�s de invocar a un drag�n, no s� si me entiendes, como�</p><p>�Como lavados �aport� el Hermano Revocador.</p><p>�S�, es como si� �El Hermano Vigilatorre pele� con las complicaciones de la comunicaci�n�. Como si nos estuviera sacando algo�</p><p>�Como si nos secara �dijo el Hermano Revocador.</p><p>�Eso, como ha dicho �ste, y nosotros�, bueno, quiz� sea un poco arriesgado�</p><p>�Nos sentimos como si las criaturas del m�s all� nos estuvieran sacando trozos del cerebro �concluy� el Hermano Revocador.</p><p>�A m� me da unas jaquecas terribles �asinti� impotente el Hermano Vigilatorre�. Y nos est�bamos preguntando, ya sabes, esas cosas sobre el equilibrio c�smico y todo eso, porque bueno, no s� si te acuerdas de lo que le pas� al pobre Yonidea. Quiz� fue una especie de venganza. No s�.</p><p>�No fue m�s que un cocodrilo rabioso que se escondi� en su cama �replic� el Gran Maestro Supremo�. Podr�a haberle pasado a cualquiera. Pero no os preocup�is, comprendo c�mo os sent�s.</p><p>�Ah, �s�? �se asombr� el Hermano Vigilatorre.</p><p>�S�. Es de lo m�s natural. Todos los grandes magos se sienten un poco inquietos despu�s de hacer una obra tan importante como �sta.</p><p>Los Hermanos se crecieron un poco. Grandes magos. Ellos eran grandes magos. Y tanto.</p><p>�Pero en pocas horas todo habr� terminado, y estoy seguro de que el rey nos recompensar� generosamente. Nos aguarda un futuro glorioso.</p><p>Aquello sol�a funcionar. Pero esta vez no parec�a suficiente.</p><p>�Pero el drag�n� �empez� el Hermano Vigilatorre.</p><p>��No habr� ning�n drag�n! �No lo necesitamos para nada! Mira �dijo el Gran Maestro Supremo�, todo es muy sencillo. El chico traer� una espada maravillosa. Todo el mundo sabe que los reyes tienen espadas maravillosas.</p><p>��Ser� esa espada maravillosa de la que nos has estado hablando? �lo interrumpi� el Hermano Revocador.</p><p>�En cuanto toque al drag�n �le asegur� el Gran Maestro Supremo�, �la bestia�<emphasis>.pumba!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>S�, es lo que suele pasar �asinti� el Hermano Portero�. Una vez, mi t�o dio una patada a un drag�n de pantano. Se lo encontr� mordisqueando sus calabazas. El maldito bicho casi le vol� las piernas.</p><p>El Gran Maestro Supremo suspir�. Unas cuantas horas m�s, s�, y se acabar�a todo aquello. Lo �nico que no hab�a decidido era si los dejar�a por su cuenta y riesgo (al fin y al cabo, �qui�n iba a creer lo que dijeran?) o si enviar�a a la Guardia a arrestarlos por ser irremediablemente imb�ciles.</p><p>�No �dijo con paciencia�. Quiero decir que el drag�n desaparecer�. Lo enviaremos de vuelta a su lugar. Se acabar� el drag�n.</p><p>��No sospechar� nada la gente? �pregunt� el Hermano Revocador�. �No esperar�n ver trocitos de drag�n por todas partes?</p><p>�No �replic� el Gran Maestro Supremo, triunfal�. �Porque un solo golpe de la Espada de la Verdad y la Justicia destruir� por completo al Engendro del Mal!</p><p>Los Hermanos lo miraron.</p><p>�Bueno, eso es lo que creer� la gente �a�adi�. Tambi�n podemos crear un poco de humo m�stico para ese momento.</p><p>�Claro, el humo m�stico est� tirado �asinti� el Hermano Dedos.</p><p>�Entonces, �no habr� trocitos? �quiso saber el Hermano Revocador, algo decepcionado. El Hermano Vigilatorre carraspe�.</p><p>�No s� si la gente se lo creer� �dijo�. Me parece demasiado limpio.</p><p>�Escuchad �rugi� el Gran Maestro Supremo�, �aceptar�n lo que sea! �Lo ver�n con sus propios ojos! La gente estar� tan deseosa de que el chico venza al drag�n, que ni siquiera lo pensar�n dos veces! �Pod�is estar seguros! Ahora� empecemos�</p><p>Se concentr�.</p><p>S�, era m�s f�cil. Cada vez era m�s f�cil. Pod�a sentir las escamas, la rabia del drag�n cuando lleg� <emphasis>al lugar a donde fueron los dragones </emphasis>y empez� a controlarlo.</p><p>Aquello era poder. Y le pertenec�a.</p><empty-line/><p>�Aay �gimi� el sargento Colon.</p><p>�No sea blandengue �replic� lady Ramkin alegremente, aplicando las vendas con las manos h�biles de muchas generaciones de se�oras Ramkin�. Si casi no le ha tocado.</p><p>�Adem�s, el pobre lo lamenta mucho �a�adi� Zanahoria�. Venga, dile al sargento cu�nto lo sientes. D�selo.</p><p>�Oook �dijo el bibliotecario, contrito.</p><p>��No dej�is que me d� un beso! �aull� Colon.</p><p>��Crees que coger a alguien por los tobillos y golpearle repetidamente la cabeza contra el suelo es una violaci�n de la regla sobre Agresiones a un Oficial Superior? �quiso saber Zanahoria.</p><p>�Yo, personalmente, no pienso presentar cargos �se apresur� a aclarar el sargento.</p><p>��Podemos continuar? �pregunt� Vimes, impaciente�. Queremos saber si Errol puede olfatear alg�n rastro y llevarnos hasta la madriguera del drag�n. Lady Ramkin dice que vale la pena intentarlo.</p><p>��Se refiere a que, para atrapar a un ladr�n, cava un agujero bien hondo y pone en el fondo estacas afiladas, minas explosivas, cuchillas giradoras propulsadas por agua, cristales rotos y escorpiones, capit�n? �titube� el sargento�. �Aay!</p><p>�S�, no nos interesa que desaparezca el rastro. Deje de ser cr�o, sargento.</p><p>�Perdone el atrevimiento, se�ora, pero me gustar�a felicitarla por la excelente idea de utilizar a Errol �dijo Nobby mientras el sargento se pon�a colorado bajo las vendas.</p><p>Vimes no sab�a cu�nto tiempo podr�a soportar al nuevo Nobby, el arribista social.</p><p>Zanahoria no dijo nada. Poco a poco, iba aceptando la idea de que no era un enano, pero la sangre de los enanos corr�a por sus venas siguiendo el famoso principio de la resonancia m�rfica, y sus genes prestados le estaban diciendo que las cosas no iban a ser tan sencillas. Dar con el tesoro de un drag�n era muy arriesgado, incluso aunque el drag�n no estuviera en casa. Adem�s, si hubiera un tesoro cerca, �l lo notar�a. La presencia de grandes cantidades de oro siempre hace que le cosquilleen las palmas de las manos a un enano, y a �l no le hac�an cosquillas.</p><p>�Empezaremos por aquel muro en Las Sombras �dijo el capit�n.</p><p>El sargento Colon mir� de reojo a lady Ramkin, y le result� imposible demostrar su cobard�a ante la admiradora de la Guardia.</p><p>��Cree que es buena idea, capit�n? �se limit� a decir.</p><p>�Claro que no. Si tuvi�ramos buenas ideas, no estar�amos en la Guardia.</p><p>��Caray, esto es de lo m�s emocionante! �exclam� lady Ramkin.</p><p>�Oh, la verdad es que usted no deber�a venir, se�ora�</p><p>�Sybil, por favor.</p><p>�Es un barrio de mala fama, compr�ndalo.</p><p>�Pero estoy segura de que, con sus hombres, estar� a salvo �replic� ella�. Seguro que los vagabundos se derriten al verlos.</p><p>Eso les pasa con los dragones, pens� Vimes. Se derriten cuando ven dragones, y no dejan m�s que sus sombras en la pared. Cada vez que notaba que empezaba a desinteresarse, que no prestaba toda su atenci�n al caso, recordaba aquellas sombras, y era como tener fuego l�quido en la espina dorsal. Ese tipo de cosas no deber�an suceder. Y menos en mi ciudad.</p><empty-line/><p>De hecho, Las Sombras no eran ning�n problema. La mayor parte de sus habitantes hab�an salido a buscar el tesoro, y los que quedaban no ten�an las menores ganas de andar agazap�ndose por callejones oscuros. Adem�s, los m�s sensatos comprendieron que lady Ramkin, en caso de que le tendieran una emboscada, les dir�a que se dejaran de tonter�as y se subieran los calcetines, con una voz tan habituada a dar �rdenes que probablemente la obedecer�an.</p><p>Los hombres del patricio a�n no hab�an derribado el muro, que todav�a luc�a su t�trico fresco. Errol olfate� el aire, dio un par de carreritas por el callej�n, y se ech� a dormir.</p><p>�No ha funcionado �se�al� el sargento Colon.</p><p>�Pero era una buena idea �replic� Nobby con lealtad.</p><p>�Seguro que ha sido por la lluvia, y por toda la gente que ha pasado por aqu� �dijo lady Ramkin.</p><p>Vimes recogi� al dragoncito. La verdad era que tampoco hab�a albergado demasiadas esperanzas, pero era mejor hacer algo que estarse de brazos cruzados.</p><p>�Ser� mejor que volvamos �dijo�. El sol se est� poniendo.</p><p>Regresaron en silencio. Vimes se dio cuenta de que la existencia del drag�n hab�a atemorizado a la gente incluso en Las Sombras. Era el due�o de la ciudad, incluso cuando no estaba presente. En cualquier momento, la gente empezar�a a encadenar v�rgenes a las rocas.</p><p>Un drag�n era toda una met�fora de la existencia humana. Y por si fuera poco, tambi�n era una cosa enorme que volaba y escup�a fuego.</p><p>Sac� la llave de los nuevos cuarteles. Mientras hurgaba en la cerradura, Errol se despert� y empez� a gru�ir.</p><p>�Ahora no �gimi� Vimes.</p><p>Le dol�a el costado. La noche no hab�a hecho m�s que empezar, y ya estaba agotado.</p><p>Una teja cay� de las alturas y se hizo a�icos contra el suelo, junto a �l.</p><p>�Capit�n �sise� el sargento Colon.</p><p>��Qu�?</p><p>�Est� en el tejado, capit�n.</p><p>Vimes se percat� de que hab�a algo extra�o en la voz del sargento. No estaba asustado. Era simplemente una voz �tona, cargada de terror.</p><p>Alz� la vista. Errol empez� a sacudirse bajo su brazo.</p><p>El drag�n <emphasis>(el </emphasis>drag�n) los miraba interesado desde el alero. S�lo su cabeza ya era m�s alta que un hombre. Sus ojos eran del tama�o de ojos enormes, con un color rojo fuego, llenos de una inteligencia que no ten�a nada que ver con los seres humanos. Para empezar, era mucho m�s antigua. Era una inteligencia que ya llevaba mucho tiempo sazonada de crueldad y marinada en astucia para cuando un grupo de seres semejantes a monos se empezaban a preguntar si caminar sobre dos patas ser�a en realidad un progreso. No era una inteligencia que comprendiera el arte de la diplomacia. No era una inteligencia que tuviera el menor inter�s por comprenderlo.</p><p>No jugar�a contigo, ni te plantear�a adivinanzas. Pero lo sab�a todo sobre la arrogancia, el poder y la crueldad. Si pod�a, te achicharrar�a la cabeza. Porque le daba la gana.</p><p>En aquel momento, estaba a�n m�s furioso que de costumbre. Sent�a que hab�a algo tras sus ojos. Una inteligencia peque�a, d�bil, pero <emphasis>ajena, </emphasis>embotada por el orgullo. Era muy molesta, como un picor en una zona que no te puedes rascar. Le estaba obligando a hacer cosas que no quer�a hacer� y le imped�a hacer cosas que deseaba con todas sus fuerzas hacer.</p><p>Por el momento, aquellos ojos estaban centrados en Errol, que se hab�a puesto fren�tico. Vimes comprendi� que, en aquel momento, lo �nico que se interpon�a entre �l y una temperatura de un mill�n de grados era el vago inter�s del drag�n en saber por qu� Vimes llevaba otro drag�n m�s peque�o debajo del brazo.</p><p>�No hagan movimientos repentinos �dijo la voz de lady Ramkin tras �l�. Y no demuestren miedo. Los dragones se dan cuenta de cu�ndo uno les tiene miedo.</p><p>��Nos puede dar alg�n otro consejo para este momento? �pregunt� Vimes en voz baja, intentando hablar sin mover los labios.</p><p>�Bueno, les gusta que los rasquen detr�s de las orejas.</p><p>�Oh �asinti� Vimes d�bilmente.</p><p>�Y si hacen algo m�s, se les grita ��no!�, y les apartas el plato de la comida.</p><p>�Ah.</p><p>�En casos <emphasis>extremos, </emphasis>yo les doy un golpecito en la nariz con un peri�dico enrollado.</p><p>En el desesperado mundo a c�mara lenta en el que viv�a Vimes en aquel momento, que parec�a girar en torno a las fosas nasales que ten�a a pocos metros, se oy� un suave sonido siseante.</p><p>El drag�n estaba tomando aliento.</p><p>La inhalaci�n ces�. Vimes mir� hacia la oscuridad de los conductos de fuego, y se pregunt� si ver�a algo, si habr�a alg�n chispazo blanco o algo por el estilo, antes de que el fuego lo consumiera.</p><p>En aquel momento, son� un cuerno.</p><p>El drag�n alz� la cabeza, desconcertado, y emiti� un sonido que parec�a vagamente interrogativo, aunque sin ser una palabra en modo alguno.</p><p>El cuerno son� de nuevo. Era un sonido compuesto de ecos con vida propia. Era un desaf�o. Y si no lo era, quienquiera que lo estuviera emitiendo estar�a en apuros pronto, porque el drag�n dirigi� a Vimes una mirada humeante, despleg� sus enormes alas, salt� pesadamente al aire y, contra todas las reglas de la aeron�utica, se alej� volando lentamente en direcci�n al sonido.</p><p>Ning�n ser del mundo deber�a ser capaz de volar as�. Las alas sub�an y bajaban con un retumbar atronador, pero el movimiento del drag�n era suave, parec�a deslizarse perezosamente por el aire. Era un movimiento que suger�a que, si cesaran los aleteos, la bestia simplemente planear�a hasta detenerse. M�s que volar, flotaba. Y eso, en un bicho del tama�o de un granero y con una piel m�s dura que el hierro, era un buen truco.</p><p>Pas� sobre sus cabezas como un barco, dirigi�ndose hacia la Plaza de las Lunas Rotas.</p><p>��Sig�moslo! �grit� lady Ramkin.</p><p>�No es normal, no puede volar as�. Estoy seguro de que uno de los Decretos sobre Hechicer�a lo prohibe �dijo Zanahoria, sacando su libreta de notas�. Y ha causado da�os en el tejado. Est� cometiendo un delito tras otro.</p><p>��Te encuentras bien, capit�n? �se interes� el sargento Colon.</p><p>�Le vi la nariz desde aqu� �dijo el capit�n Vimes, embobado. Consigui� enfocar la vista y mirar el rostro preocupado del sargento�. �Adonde ha ido? �quiso saber.</p><p>Colon se�al� hacia el otro lado de la calle.</p><p>Vimes contempl� la forma que se alejaba sobre los tejados.</p><p>��Sig�moslo! �orden�.</p><empty-line/><p>El cuerno son� de nuevo.</p><p>Hab�a m�s gente que corr�a hacia la plaza. El drag�n los preced�a como un tibur�n hacia su presa, moviendo la gigantesca cola de un lado a otro de la calle.</p><p>��Un chalado va a luchar contra el drag�n! �exclam� Nobby.</p><p>�Ya sab�a yo que alguien lo intentar�a tarde o temprano �suspir� Colon�. Pobre tipejo, lo va a asar dentro de su propia armadura.</p><p>La mayor parte de la multitud que bordeaba la plaza parec�a compartir esta opini�n. Los habitantes de Ankh-Morpork ten�an un excelente olfato para la diversi�n, y no se andaban con rodeos: aunque deseaban ver morir al drag�n, tambi�n se conformar�an con ver a alguien cocido vivo en su propia armadura. No todos los d�as se puede ver a alguien cocido vivo en su propia armadura. Ser�a algo para contar a los nietos.</p><p>Vimes recibi� los empujones de la multitud cuando m�s gente empez� a llegar a la plaza tras ellos.</p><p>El cuerno lanz� su tercer desaf�o.</p><p>�Es un cuerno de metal �explic� Colon con voz de entendido�. Como uno de rebato, pero el sonido es m�s profundo.</p><p>��Seguro? �dud� Nobby.</p><p>�S�.</p><p>��Y qu� bicho tiene cuernos de metal?</p><p>��Cacahuetes! �Higos! �Salchichas calientes! �aull� una voz tras ellos�. Hola, muchachos. �Hola, capit�n Vimes! A ver el espect�culo, �eh? Tome una salchicha. Invita la casa.</p><p>��Qu� est� pasando, Ruina? �dijo Vimes, apret�ndose contra la bandeja del vendedor cuando recibi� todav�a m�s empujones.</p><p>�Ha llegado un chico a caballo, y dice que va a matar al drag�n �explic� Y-Voy-A-La-Ruina�. Tambi�n dice que tiene una espada m�gica.</p><p>��Tiene una piel m�gica?</p><p>�Qu� poco rom�ntico, capit�n �replic� Ruina.</p><p>Sac� un tenedor extremadamente caliente de la sart�n que llevaba en la bandeja, y lo aplic� al trasero de una mujer muy corpulenta que ten�a delante.</p><p>�Ap�rtese, se�ora, el comercio es la vida de la ciudad. Gracias, muchas gracias. Por supuesto �continu�, para hacer las cosas como es debido, deber�a haber una doncella encadenada a una roca. Pero la t�a se neg�. Eso es lo malo de algunas personas, no respetan las tradiciones. Adem�s, ese chico dice que es el leg�timo aireadero del trono.</p><p>Vimes sacudi� la cabeza. Desde luego, el mundo se estaba volviendo loco a su alrededor.</p><p>�Ah� me he perdido �dijo.</p><p>�Aireadero �repiti� Ruina con paciencia�. Ya sabes, el aireadero del trono.</p><p>��Qu� trono?</p><p>�El trono de Ankh.</p><p>�<emphasis>� Qu� trono de Ankh?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Ya sabes, los reyes y todo eso. �Ruina parec�a preocupado�. Me gustar�a saber c�mo demonios se llama �dijo�. He hecho un pedido de jarras de coronaci�n a �gneo, el troll, y va a ser muy molesto tener que pintarles a todas el nombre al final. � Le reservo un par de ellas, capit�n? Por ser usted, a noventa peniques, y voy a la ruina.</p><p>Vimes se dio por vencido, y retrocedi� entre la multitud utilizando a Zanahoria como faro para orientarse. El muchacho sobresal�a entre la multitud, y el resto del grupo se hab�a aferrado a �l.</p><p>�Todo el mundo se ha vuelto loco �grit�. � Qu� est� pasando, Zanahoria?</p><p>�Hay un chico a caballo en el centro de la plaza �respondi� �ste�. Tiene una espada muy brillante. Pero, por ahora, no hace gran cosa.</p><p>Vimes se acerc� a lady Ramkin.</p><p>�Reyes �jade�. Reyes de Ankh. Y tronos. �Hay de eso?</p><p>��Qu�? Ah, s�. Bueno, los hubo �respondi� la dama�. �Por qu� lo pregunta?</p><p>��Ese chico dice que es el heredero del trono!</p><p>�Es cierto �asinti� Ruina, que hab�a seguido a Vimes con la esperanza de venderle algo�. Ha hecho un discurso diciendo que iba a matar al drag�n, expulsar a los usurpadores y desfacer todos los entuertos. Todo el mundo le aplaudi�. Salchichas calientes, dos por un d�lar, de puerco aut�ntico. �Por qu� no invitan a la se�ora?</p><p>��No querr� decir �cerdo�, amigo? �pregunt� Zanahoria, examinando los brillantes cilindros.</p><p>�Es una manera de hablar, es una manera de hablar �replic� Ruina r�pidamente�. Digamos que son derivados. Pero aut�nticos derivados.</p><p>�En esta ciudad todo el mundo aplaude a cualquiera que haga un discurso �gru�� Vimes�. �Eso no quiere decir absolutamente nada!</p><p>��Compren salchichas, cinco por dos d�lares!</p><p>�exclam� Ruina, que nunca permit�a que una conversaci�n se interpusiera en el camino de los negocios�. Puede que eso de la monarqu�a sea bueno para las ventas. �Salchichas de puerco! �Salchichas de puerco! �En panecillo! Y lo de desfacer los entuertos tambi�n parece buena idea. �Con cebollas!</p><p>��Puedo ofrecerle una salchicha caliente, se�ora?</p><p>�pregunt� Nobby.</p><p>Lady Ramkin mir� la bandeja que Ruina llevaba colgada del cuello. Miles de a�os de buena educaci�n acudieron en su ayuda, y s�lo hab�a un atisbo de espanto en su voz cuando respondi�.</p><p>�Vaya, tienen buena pinta. Qu� excelentes� alimentos.</p><p>��Las hacen los monjes de alguna monta�a m�stica? �quiso saber Zanahoria.</p><p>Ruina le dirigi� una mirada extra�ada.</p><p>�No �replic� con paciencia�. Las hacen puercos.</p><p>��Qu� entuertos? �lo apremi� Vimes�. Venga, expl�cate. �Qu� entuertos va a desfacer?</p><p>�Bueeeno� �titube� Ruina�. Yo creo que, por ejemplo, los impuestos. Eso est� mal, para empezar.</p><p>Tuvo la honradez de enrojecer un poco. En el mundo de Ruina, los impuestos eran algo que les suced�a a otras personas.</p><p>�Es verdad �intervino una mujer que estaba cerca�. Y el tejado de mi casa est� lleno de goteras, y el casero se niega a arreglarlo. Eso es un entuerto.</p><p>�Y la calvicie prematura �aport� el hombre que estaba ante ella�. Eso tambi�n es un entuerto. Vimes se qued� boquiabierto.</p><p>�Ah. Los reyes pueden curar eso, ya sab�is �dijo otro experto protomon�rquico.</p><p>�Pues ya que hablamos de eso �dijo Ruina mientras rebuscaba entre sus paquetes�, me queda un frasco de este asombroso ung�ento, hecho� �Mir� a Zanahoria�. Hecho por los monjes de una monta�a m�stica�</p><p>�Y no pueden responder, �sabes? �sigui� el mon�rquico�. En eso se les nota que son regios. Incapaces, como lo o�s. Tiene que ver con la regiedad.</p><p>�Qu� cosas �dijo la mujer de las goteras.</p><p>�Y est� lo del dinero. �El mon�rquico disfrutaba con tanta atenci�n�. Nunca llevan dinero. Por eso se sabe que son reyes.</p><p>��Por qu�? No pesa tanto �dijo el hombre cuyos restos de cabello se extend�an sobre la c�pula de su cabeza como los �ltimos soldados de un ej�rcito vencido�. Yo no puedo llevar encima cien d�lares sin problema.</p><p>�Debe de ser que a los reyes se les ponen d�biles los brazos �intervino la mujer, sensata�. De tanto saludar, digo yo.</p><p>�Siempre he pensado �sigui� el mon�rquico, que hab�a sacado una pipa y la estaba llenando con el aire serio de quien se dispone a dar una conferencia�, que uno de los peores problemas de ser rey es tener una hija que se pinche.</p><p>Hubo una pausa.</p><p>�Y se quede dormida cien a�os �a�adi�, impasible.</p><p>�Ah �suspiraron los dem�s, aliviados.</p><p>�Y tambi�n est� lo de dormirse encima de guisantes.</p><p>�Debe de ser muy molesto �dijo la mujer, insegura.</p><p>�Claro, y es que siempre tienen que poner guisantes en la cama.</p><p>�Debajo de cien colchones, que es lo peor.</p><p>�Seguro.</p><p>��De verdad? Yo se los podr�a vender a precio de f�brica �se interes� Ruina. Se volvi� hacia Vimes, que lo hab�a estado escuchando todo con creciente depresi�n�. �Ve, capit�n? Y usted pasar� a formar parte de la Guardia Real. Me juego lo que sea a que le pondr�n plumas en el casco y todo.</p><p>�Y la magnificencia �dijo el mon�rquico, blandiendo la pipa�. Es important�simo. Espect�culos a todas horas. Con montones de boatos.</p><p>��C�mo? �Gratis? �pregunt� Ruina.</p><p>�Los espect�culos, creo que s�, pero las boas se cobrar�n, digo yo. No hay tantas.</p><p>��Es que os hab�is vuelto locos todos? �grit� Vimes�. �No sab�is nada de �l, ni siquiera ha matado al drag�n todav�a!</p><p>�Es un mero formalismo �replic� la mujer.</p><p>��Ese drag�n respira fuego! �insisti� el capit�n, recordando las fosas nasales�. �Y �l no es m�s que un chaval a caballo, por todos los diablos!</p><p>Ruina le dio un golpecito en el pecho.</p><p>�No tiene alma, capit�n �dijo�. Cuando un forastero llega a una ciudad aterrorizada por un drag�n, y lo desaf�a con una espada deslumbrante� bueno, s�lo puede suceder una cosa, �no? Seguro que es cosa del destino.</p><p>��Aterrorizada? �grit� Vimes�. <emphasis>�Aterrorizada? </emphasis>�Maldito ladr�n, si ayer estabas vendiendo dragoncitos de peluche!</p><p>�Eso eran negocios, capit�n. No hace falta que se ponga as� �replic� Ruina con voz amable.</p><p>Vimes volvi� con sus hombres, rabioso. De la gente de Ankh-Morpork se pod�an decir muchas cosas, pero siempre hab�an sido independientes hasta la m�dula, no delegaban en nadie su derecho a robar, chantajear, hurtar y asesinar en igualdad de condiciones. A Vimes esto le parec�a perfecto. No hab�a ninguna diferencia entre el hombre m�s rico y el mendigo m�s pobre, excepto por el hecho de que el primero ten�a mucho dinero, comida, poder, buenas ropas y buena salud. Pero al menos no era <emphasis>mejor. </emphasis>S�lo m�s rico, m�s gordo, m�s poderoso, m�s sano y mejor vestido. Las cosas hab�an sido as� desde hac�a siglos.</p><p>�Y ahora, ven una capa con ribetes de armi�o y se vuelven locos �murmur�.</p><p>El drag�n estaba trazando lentos c�rculos sobre la plaza. Vimes se puso de puntillas y estir� el cuello para ver por encima de la gente.</p><p>De la misma manera que algunos depredadores tienen la silueta de su presa casi programada en los genes, posiblemente la forma de alguien a caballo y blandiendo una espada despertara algunos recuerdos en la mente del drag�n. Demostraba un vago inter�s.</p><p>Entre la multitud, Vimes se encogi� de hombros.</p><p>�Ni siquiera sab�a que esto hubiera sido un reino.</p><p>�Es que hace siglos que no lo es �explic� lady Ramkin�. Echamos a los reyes, y desde luego fue para bien. Eran una gentuza.</p><p>�Pero usted es de alta� de buena familia �respondi�. Imagin� que le gustar�a la idea de tener un rey.</p><p>�La verdad es que muchos de ellos fueron unos bestias �replic� la dama�. Ten�an esposas por todas partes, iban por ah� cort�ndole la cabeza a la gente, declarando guerras sin sentido, comiendo con los dedos y tirando por encima del hombro los muslos de pollo a medio morder. No eran nuestro tipo de gente.</p><p>La plaza qued� en silencio. El drag�n hab�a volado lentamente hasta el otro extremo, y estaba casi detenido en el aire, sin apenas batir las alas.</p><p>Vimes sinti� que algo se le aferraba suavemente a la espalda. Errol se hab�a posado sobre su hombro y se agarraba con las zarpas traseras. Sus alas atrofiadas se mov�an al mismo ritmo que las del esp�cimen m�s grande. Estaba siseando. Sus ojitos estaban clavados en la bestia voladora.</p><p>El caballo del muchacho relinch� nervioso sobre las losas de la plaza cuando �ste desmont�, alz� la espada y se volvi� hacia el enemigo distante.</p><p>Desde luego, parece confiado, se dijo Vimes. Pero, dados los tiempos que corren, � el hecho de matar dragones te capacita para ser rey?</p><p>Desde luego, era una espada muy brillante. Eso hab�a que reconocerlo.</p><empty-line/><p>Y ahora eran las dos de la madrugada siguiente. Todo sereno excepto el clima, llov�a otra vez.</p><p>Hay varias ciudades del multiverso que creen dominar la t�cnica de pasarlo bien. Lugares como Nueva Orle�ns o R�o, no s�lo tienen marcha, tambi�n pueden ir en autom�tico o poner la directa. Pero, comparadas con Ankh-Morpork cuando se desmelena, son como pueblos de Gales a las dos del mediod�a en un domingo lluvioso. Los fuegos artificiales chisporroteaban en el aire h�medo, sobre el turbio lodo que era el r�o Ankh. Por las calles, la gente asaba varios animales dom�sticos. Los bailarines de conga entraban y sal�an de las casas, muchas veces llev�ndose como recuerdo cualquier adorno que no estuviera pegado con cemento. Y hab�a ruido, mucho ruido. Gente que normalmente jam�s lo har�a, gritaba ��hurra!� a pleno pulm�n.</p><p>Vimes paseaba sombr�o por las animadas calles, sinti�ndose la �nica cebolla en vinagreta de toda la macedonia de frutas. Hab�a dado la noche libre a sus hombres.</p><p>No se sent�a nada mon�rquico. No es que tuviera nada en contra de los reyes como tales, pero el hecho de que los ankhmorporkianos estuvieran sacudiendo banderitas lo pon�a extra�amente nervioso. Eso era algo que s�lo hac�an algunos est�pidos, algunos <emphasis>subditos, </emphasis>en otros pa�ses. Adem�s, con s�lo pensar en que se tendr�a que poner plumas en el casco se le revolv�a el est�mago. Siempre hab�a detestado las plumas. Las plumas eran como si te compraran, como si te dijeran que no eras tu due�o y se�or. Adem�s, se sentir�a como un p�jaro. Eso era la �ltima gota.</p><p>Sus pasos errantes lo llevaron hasta el Yard. Al fin y al cabo, �a qu� otro sitio pod�a ir? Sus habitaciones eran deprimentes, y la casera se hab�a quejado de los agujeros que Errol, pese a todos los gritos, segu�a haciendo en la alfombra. Y del olor del drag�n. Adem�s, Vimes no pod�a ir a la taberna a beber aquella noche, porque ver�a cosas que lo molestar�an mucho m�s que las cosas que sol�a ver cuando se emborrachaba.</p><p>El edificio estaba agradablemente tranquilo, pese a que de vez en cuando le llegaban por la ventana los sonidos distantes de las juergas.</p><p>Errol se baj� de su hombro y empez� a comerse el carb�n de la chimenea.</p><p>Vimes se sent� y puso los pies en la mesa.</p><p>�Vaya d�a! �Vaya pelea! Los empujones, los pisotones, los gritos de la multitud, el chico que parec�a tan d�bil y desprotegido, el drag�n tomando aliento de una manera que ahora Vimes conoc�a muy bien�</p><p>Y no hubo llamaradas. Eso le sorprendi�. Eso sorprendi� a la multitud. Eso sorprendi�, desde luego, al drag�n, que hab�a intentado bizquear para mirarse la nariz, y se sacudi� unos zarpazos desesperados a los conductos de fuego para desatascarlos. Sigui� sorprendido hasta el momento en que el muchacho se le acerc� y le lanz� una estocada.</p><p>Y el sonido atronador.</p><p>Uno habr�a imaginado que quedar�an trocitos de drag�n, desde luego.</p><p>Vimes cogi� una hoja de papel. Examin� las notas que hab�a tomado el d�a anterior.</p><empty-line/><cite><p><emphasis>�tem: Drag�n pesado, pero vuela sin ning�n problema.</emphasis></p><p><emphasis>�tem: Es el fuego m�s caliente que haya lanzado cualquier ser vivo.</emphasis></p><p><emphasis>�tem: Los dragones de pantano son pobres bichos, esto es un monstruo.</emphasis></p><p><emphasis>�tem: Nadie sabe de d�nde viene, ni adonde va, ni d�nde est� en el intervalo.</emphasis></p><p><emphasis>�tem: �Por qu� quema cosas con tanta precisi�n?</emphasis></p></cite><empty-line/><p>Se acerc� la pluma y el tintero y, con caligraf�a redonda, lenta, a�adi�:</p><empty-line/><cite><p><emphasis>�tem: �Se puede destruir un drag�n sin que quede absolutamente ning�n rastro?</emphasis></p></cite><empty-line/><p>Medit� unos momentos y continu�:</p><empty-line/><cite><p><emphasis>�tem: �Por qu� explot� de manera que nadie vio nada, por mucho que buscamos?</emphasis></p></cite><empty-line/><p>Era todo un enigma. Lady Ramkin hab�a dicho que, cuando un drag�n de pantano explotaba, quedaban restos de drag�n por todas partes. Y aqu�l era un drag�n condenadamente grande. Sin duda sus entra�as eran una pesadilla alqu�mica, pero aun as� los ciudadanos de Ankh-Morpork deber�an haber tenido que pasarse la noche sacando paladas de drag�n de las calles. En cambio, a nadie parec�a preocuparle el tema. Quiz� porque el humo purp�reo hab�a resultado impresionante.</p><p>Errol termin� de comerse el carb�n y la emprendi� con los atizadores. Aquella noche se hab�a comido ya tres baldosas, un picaporte, algo inidentificable que hab�a encontrado en la calle y, para asombro de todos, tres de las salchichas de Y-Voy-A-La-Ruina, hechas con genuinos �rganos de cerdo. Los crujidos del atizador cuando lo engull� se mezclaron con el repiqueteo de la lluvia contra las ventanas.</p><p>Vimes volvi� a mirar el papel y escribi�:</p><empty-line/><cite><p><emphasis>�tem: � C�mo pueden surgir reyes de la nada?</emphasis></p></cite><empty-line/><p>Ni siquiera hab�a visto al chico de cerca. Parec�a suficientemente atractivo, no un intelectual, desde luego, pero ten�a el tipo de perfil que a uno no le importar�a ver en las monedas. La verdad es que, despu�s de matar al drag�n, tanto habr�a dado que fuera un duende bizco. La multitud lo hab�a llevado por los aires hasta el palacio del patricio.</p><p>Lord Vetinari fue encerrado en sus propias mazmorras. Al parecer, no opuso mucha resistencia. Se limit� a sonre�r a todo el mundo con tranquilidad.</p><p>Qu� maravillosa casualidad: justo cuando la ciudad necesitaba un campe�n que matara al drag�n, aparec�a un rey.</p><p>Vimes le dio unas cuantas vueltas a la idea. Luego la volvi� a poner del derecho. Humedeci� de nuevo la plumilla y a�adi�:</p><empty-line/><cite><p><emphasis>�tem: Qu� excelente casualidad para un chico que va a ser rey que se presente un drag�n para demostrar m�s all� de toda duda su legitimidad.</emphasis></p></cite><empty-line/><p>Aquello era mucho mejor que las marcas de nacimiento y las espadas, eso seguro.</p><p>Mordisque� la plumilla antes de seguir escribiendo:</p><empty-line/><cite><p><emphasis>�tem: El drag�n no era un objeto mec�nico, pero ning�n mago tiene poder suficiente como para crear una bestia de tal magg� magne� magna� tama�o.</emphasis></p><p><emphasis>�tem: �Por qu� no pudo lanzar llamas en el momento oportuno?</emphasis></p><p><emphasis>�tem: �De d�nde vino?</emphasis></p><p><emphasis>�tem: �Adonde fue?</emphasis></p></cite><empty-line/><p>La lluvia tamborileaba con m�s fuerza contra los cristales de la ventana. Los sonidos de las celebraciones le llegaban filtrados por la humedad, hasta que por fin se extinguieron. Se oy� el retumbar de un trueno.</p><p>Vimes subray� var�as veces el �fue�. Tras meditar unos instantes, a�adi� unos cuantos signos de interrogaci�n m�s.</p><p>Contempl� el efecto general durante un rato, y luego estruj� el papel para formar una bola y la lanz� a la chimenea. Errol se apoder� de ella y la devor�.</p><p>All� se hab�a cometido un delito. Unos sentidos que Vimes no sab�a ni que ten�a, antiguos sentidos detectivescos, hac�an que se le erizara el vello del cuello y le gritaban que se hab�a cometido un delito. Era un delito tan extra�o que seguramente ni siquiera figuraba en el libro de Zanahoria<emphasis>, </emphasis>pero se hab�a cometido, desde luego. Los asesinatos a temperatura extrema eran s�lo el principio. Lo descubrir�a, y le dar�a nombre.</p><p>Se levant�, descolg� la capa de su gancho tras la puerta y sali� a la ciudad desierta.</p><empty-line/><p>Aqu� es donde fueron a parar los dragones.</p><p>Aqu� yacen�</p><p>No est�n muertos, no est�n dormidos. No aguardan, porque el hecho de aguardar implica una cierta expectaci�n. Posiblemente la palabra m�s adecuada aqu� sea�</p><p>� furiosos.</p><p>El drag�n recordaba la sensaci�n del aire verdadero bajo sus alas, y el intenso placer de las llamas. Hab�a habido cielos limpios sobre �l, y un mundo interesante abajo, lleno de extra�as criaturas que corr�an. La existencia hab�a tenido una textura diferente. Una textura mejor.</p><p>Y, justo cuando estaba empezando a disfrutarla, lo hab�an dominado, le hab�an impedido <emphasis>lanzar </emphasis>llamas y le hab�an dado un cachete, como a alg�n mam�fero canino cubierto de pelo.</p><p>Le hab�an quitado el mundo.</p><p>En las sinapsis reptilianas de la mente del drag�n lat�a la idea de que, quiz�, pod�a recuperar aquel mundo. Lo hab�an invocado, y luego lo hab�an expulsado con desd�n. Pero quiz� quedara un rastro, un olor, un sendero para volver a aquellos cielos.</p><p>Quiz� hubiera un camino de pensamiento�</p><p>Record� que hab�a una mente. Una voz pat�ticamente dominante, convencida de su insignificante importancia, una mente muy semejante a la del drag�n, s�lo que a una escala muy peque�a.</p><p>Aja. As�. Extendi� las alas.</p><empty-line/><p>Lady Ramkin se prepar� una taza de chocolate y escuch� el sonido de la lluvia al correr por las canaletas del exterior.</p><p>Se quit� los odiosos zapatos de bailar, que hasta ella reconoc�a que eran como un par de canoas color rosa. Pero <emphasis>nobbless oblig, </emphasis>como dec�a aquel sargento peque�ito tan simp�tico, y, como �ltima representante de una de las familias m�s antiguas de Ankh-Morpork, tuvo que acudir al baile de la victoria para demostrar su buena voluntad.</p><p>Lord Vetinari rara vez organizaba bailes. De hecho, la gente hac�a comentarios sobre las muchas cosas que lord Vetinari no sol�a hacer. Pero ahora habr�a bailes constantemente.</p><p>Lady Ramkin no soportaba los bailes. No se divert�a ni la cent�sima parte que con sus dragones. Con los dragones una sab�a a qu� atenerse, y no estaba obligada a maquillarse, ni a comer estupideces pinchadas en palillos, ni a ponerse un vestido que le daba aspecto de globo relleno de querubines. A los dragoncitos les importaba un r�bano qu� aspecto tuvieras, siempre y cuando llevaras el cuenco de la comida entre las manos.</p><p>La verdad, era muy raro. Siempre hab�a pensado que se deb�a de tardar semanas, meses. Invitaciones, decoraci�n, salchichas en palillos, cremas raras que meter dentro del hojaldre� Pero aquello hab�a estado montado en cuesti�n de horas, como si alguien lo hubiera tenido todo preparado. Obviamente, uno de los milagros de las empresas de c�tering. Incluso hab�a bailado con el nuevo rey, a falta de una expresi�n mejor para describirlo. El chico le hab�a dicho unas cuantas frases educadas, aunque parec�a un poco aturdido.</p><p>Y al d�a siguiente ser�a la coronaci�n. Lady Ramkin habr�a pensado que se tardaba meses en preparar una cosa as�.</p><p>A�n estaba meditando sobre eso cuando se puso a preparar la cena de los dragones, una mezcla de rocas oleaginosas y turba, todo sazonado con azufre. No se molest� en quitarse el traje de fiesta, sino que se limit� a ponerse encima el grueso delantal, se coloc� los guantes y el casco, se cubri� los ojos con el visor, agarr� los cubos con el alimento y sali� a la lluvia, en direcci�n al cobertizo.</p><p>Lo supo en el momento en que abri� la puerta. Por lo general, la llegada de la comida se celebraba con silbidos y alegres llamaradas.</p><p>Era algo aterrador. Dej� los cubos en el suelo.</p><p>�Ya no ten�is por qu� tener miedo, el drag�n malo se ha ido �dijo alegremente�. �Venga, muchachos, a por la cena!</p><p>Uno o dos dragoncitos le dirigieron una breve mirada, y luego volvieron a su�</p><p>�A su qu�? No parec�an estar asustados. S�lo muy, muy atentos. Era como una vigilia. Esperaban a que sucediera algo.</p><p>El trueno retumb� de nuevo.</p><p>Un par de minutos m�s tarde, lady Ramkin parti� con rumbo a la ciudad.</p><empty-line/><p>Hay canciones que nunca se cantan estando sobrio. �Sal al balc�n� es una de ellas, al igual que todas las que empiecen diciendo �Iba yo paseando��. En Ankh-Morpork, una de las favoritas era �El cayado de un mago tiene un nudo en la punta�.</p><p>Los guardias estaban borrachos. Al menos, dos de los tres guardias estaban borrachos. Hab�an convencido a Zanahoria para que probara una cerveza con jengibre, y no le hab�a gustado mucho. Adem�s, no se sab�a las canciones, y los trozos que llegaba a aprender no los entend�a.</p><p>�Ah, ya entiendo �dec�a de cuando en cuando�. Es un juego de palabras, �no?</p><p>��Sabes? �empez� Colon, contemplando las nieblas espesas que casi cubr�an el Ankh�. En momentos como �ste es cuando me gustar�a que el pobre�</p><p>�No lo digas �le advirti� Nobby, con la lengua algo empastada�. T� estuviste de acuerdo en que no hablar�amos de eso, no sirve de nada.</p><p>�Esta era su canci�n favorita �suspir� Colon con tristeza�. Era un buen tenor.</p><p>�Vamos, sargento�</p><p>�Buen tipo, el pobre Gaskin.</p><p>�No pudimos evitarlo �dijo Nobby, ce�udo.</p><p>�S� que pudimos �replic� Colon�. Deber�amos haber corrido m�s.</p><p>��Qu� sucedi�? �quiso saber Zanahoria.</p><p>�Muri� en el cumplimiento de su deber �le explic� Nobby.</p><p>�Se lo dije �insisti� Colon, echando un trago de la botella que llevaban para que les hiciera compa��a�. Se lo dije. Ve m�s despacio, le dije. Te va a pasar algo, le dije. No s� qu� le dio para echar a correr de esa manera.</p><p>�Para m�, la culpa la tuvo el Gremio de Ladrones �dijo Nobby�. No se puede permitir que esa gente vaya por las calles�</p><p>�Fue ese tipo que vimos robando una noche �sigui� Colon con tristeza�. �Y ante nuestras propias narices! Y el capit�n Vimes dijo, Vamos, y echamos a correr, pero lo importante es no correr demasiado, claro. Si no, puedes alcanzar a la gente. Eso causa un mont�n de problemas.</p><p>�No les gusta �asinti� Nobby.</p><p>Se oy� un trueno. La lluvia segu�a cayendo.</p><p>�No les gusta �asinti� Colon�. Pero a Gaskin se le olvid�, ech� a correr, dobl� la esquina� y aquel tipo no estaba solo, iba con un par de amigos�</p><p>�Fue el coraz�n �suspir� Nobby.</p><p>�Bueno. Pues eso �dijo Colon�. El capit�n Vi-mes se qued� hecho polvo. En la Guardia no debes correr demasiado, chico �a�adi� dirigi�ndose a Zanahoria�. Se puede ser un guardia r�pido o un guardia viejo, pero no las dos cosas. Pobre Gaskin, pobre.</p><p>�Las cosas no deber�an ser as� �se�al� el muchacho. Colon bebi� otro trago de la botella.</p><p>�Pues son as� �dijo.</p><p>La lluvia le tamborileaba sobre el casco y le corr�a por el rostro.</p><p>�Pero no deber�an serlo.</p><p>�Pero lo son.</p><empty-line/><p>Hab�a otras mentes inquietas en la ciudad. Una de ellas pertenec�a al bibliotecario.</p><p>El sargento Colon le hab�a dado una placa. El bibliotecario se dedic� a darle vueltas y m�s vueltas entre sus manos grandes, gentiles.</p><p>No le molestaba que la ciudad tuviera un rey de repente. Los orangutanes son tradicionalistas por naturaleza, y no se puede tener nada m�s tradicional que un rey. Pero tambi�n les gustan las cosas claras y limpias, y aquello no era limpio. O quiz� era demasiado limpio. La verdad y la realidad nunca eran tan limpias. Los herederos del trono no crecen de los �rboles, y �l lo sab�a mejor que nadie.</p><p>Adem�s, nadie se dedicaba a buscar su libro. As� eran las prioridades humanas.</p><p>El libro era la clave de todo. De eso estaba seguro. Bueno, hab�a una manera de averiguar qu� pon�a en aquel libro. Era una manera peligrosa, pero el bibliotecario viv�a siempre al borde del peligro.</p><p>En el silencio de la biblioteca dormida, abri� su escritorio y sac� de uno de los rincones m�s remotos una peque�a l�mpara, cuidadosamente dise�ada para evitar que la llama quedara en ning�n momento al descubierto. Cuando hay tanto papel alrededor, todas las precauciones son pocas.</p><p>Cogi� tambi�n una bolsa de cacahuetes y, despu�s de pensarlo un momento, un gran rollo de cordel. Cort� un trozo de cordel y lo us� para colgarse la placa del cuello, a modo de talism�n. Luego, at� un extremo del ovillo a la pata del escritorio y, tras concentrarse un instante, ech� a andar entre las estanter�as, mientras el cordel se desenroscaba tras �l.</p><p><emphasis>El conocimiento equivale al poder�</emphasis></p><p>El cordel era muy importante. Tras un rato, el bibliotecario se detuvo. Concentr� todos los poderes de su profesi�n.</p><p><emphasis>El poder equivale a energ�a�</emphasis></p><p>A veces, la gente era idiota. Pensaban que la biblioteca era un lugar peligroso por culpa de los libros m�gicos, cosa que era cierta. Pero lo que la convert�a de verdad en uno de los lugares m�s peligrosos del mundo era el hecho de ser una biblioteca.</p><p><emphasis>La energ�a equivale a materia�</emphasis></p><p>Se meti� por el pasillo formado por dos estanter�as, que aparentemente no med�a m�s all� de un par de metros, y camin� por �l a buen paso durante media hora.</p><p><emphasis>La materia equivale a masa.</emphasis></p><p>Y la masa distorsiona el espacio. Lo distorsiona en un Espacio-B polifractal.</p><p>As� que, aunque el sistema Dewey tiene sus puntos elogiables, cuando buscas algo entre los pliegues multidimensionales del Espacio-B lo que de verdad necesitas es una bobina de cordel.</p><empty-line/><p>Ahora la lluvia se estaba empleando a fondo. Rebotaba contra las losas de la Plaza de las Lunas Rotas, se acumulaba aqu� y all�, corr�a arrastrando banderines y botellas rotas, as� como alguna que otra cena regurgitada. Segu�an sonando los truenos, y el aire ol�a a fresco, a verde. Unos cuantos jirones de niebla del Ankh rondaban por las calles. Pronto amanecer�a.</p><p>Las pisadas de Vimes resonaban h�medas contra los edificios circundantes cuando cruz� la plaza. El chico se hab�a bajado del caballo en aquel punto exacto.</p><p>Escudri�� los edificios entre la niebla para situarse mejor. As� que el drag�n hab�a planeado sobre este�, dio unos pasos� sobre este punto exacto.</p><p>�Y aqu� �murmur� Vimes�, es donde lo mat�.</p><p>Rebusc� algo en sus bolsillos. Llevaba todo tipo de cosas: llaves, trocitos de cuerda, corchos� Por fin, encontr� una tiza.</p><p>Se arrodill�. Errol se baj� de su hombro y empez� a inspeccionar los restos de la celebraci�n. Vimes hab�a advertido que siempre lo olfateaba todo antes de com�rselo. Era extra�o, porque al final se lo com�a, fuera lo que fuera.</p><p>La cabeza de la bestia hab�a estado, a ver, <emphasis>aqu�.</emphasis></p><p>Camin� hacia atr�s, dibujando con tiza sobre las losas, movi�ndose lentamente por la plaza desierta como si avanzara por un laberinto. Aqu� un ala, curv�ndose hacia atr�s en direcci�n a una cola que llegaba hasta <emphasis>aqu�, </emphasis>ahora el otro lado, el otro costado�</p><p>Cuando termin�, se situ� en el centro del dibujo y pas� las manos sobre las piedras. Se dio cuenta de que casi hab�a esperado notarlas calientes.</p><p>Deber�a haber quedado algo. No sab�a muy bien qu�, oh, quiz� algo de grasa, o por ejemplo unos trocitos de pulmones fritos de drag�n.</p><p>��Sabes lo que creo? �le dijo Vimes�. Creo que se fue a alguna parte.</p><p>El trueno retumb� de nuevo.</p><p>�Vale, vale �murmur�. No era m�s que una idea, nada tan teatral.</p><p>Errol se detuvo a medio mordisco.</p><p>Muy despacio, como si funcionara gracias a un engranaje perfectamente engrasado, el dragoncito gir� la cabeza hacia arriba.</p><p>Lo que contemplaba con tanta atenci�n era una zona de cielo desierto. No se pod�a decir mucho m�s.</p><p>Vimes se estremeci� bajo su capa. Aquello era una tonter�a.</p><p>�Oye, no pongas esa cara �dijo�. Ah� arriba no hay nada.</p><p>Errol empez� a temblar.</p><p>�No es m�s que la lluvia �insisti� Vimes�. Venga, term�nate la botella. Mmm, qu� botella tan rica, vamos, come.</p><p>El dragoncito emiti� un tenue sonido de preocupaci�n.</p><p>�Te lo demostrar� �suspir� Vimes.</p><p>Ech� un vistazo a su alrededor y vio una de las salchichas de Ruina, rechazada por un comprador hambriento quien de repente se hab�a dado cuenta de que nunca iba a estar <emphasis>tan </emphasis>hambriento como para comerse aquello. La recogi�.</p><p>�Mira �dijo, lanz�ndola hacia arriba.</p><p>Observando la trayectoria, Vimes estaba bastante seguro de que la salchicha deber�a haber ca�do de nuevo al suelo. No deber�a haber desaparecido, como si hubiera entrado en un t�nel invisible. Y, sobre todo, el t�nel no deber�a haber estado mir�ndolo.</p><p>Un rayo de un brillante color p�rpura rasg� el cielo desierto y se estrell� contra una de las casas cercanas a la plaza, atravesando las paredes antes de desaparecer repentinamente, como si hubiera recordado que quer�a pasar desapercibido.</p><p>Luego volvi� a brotar, esta vez volando la pared eje de la casa. La luz se extendi� como una telara�a de tent�culos por las piedras.</p><p>El tercer intento opt� por dirigirse hacia arriba, y form� una columna act�nica que alcanz� una altura de quince o veinte metros, pareci� estabilizarse y, por �ltimo, empez� a girar lentamente.</p><p>Vimes tuvo la sensaci�n de que aquello requer�a alg�n comentario.</p><p>�Arrrgh �dijo.</p><p>Al girar, la luz proyectaba rel�mpagos zigzagueantes, que recorr�an los tejados adyacentes. Como si <emphasis>buscaran </emphasis>algo.</p><p>Errol corri� hacia la espalda de Vimes y se le aferr� al hombro, todo garras. El agudo dolor record� a Vimes que deber�a estar haciendo algo al respecto. �Ser�a el momento de gritar de nuevo? Prob� con otro �Arrrgh�. No, probablemente no.</p><p>El aire empezaba a oler a lat�n quemado.</p><p>El carruaje de lady Ramkin entr� traqueteando en la plaza, con un ruido semejante al de una ruleta, y se dirigi� directamente hacia Vimes. Fren� tan bruscamente que derrap�, obligando a los caballos a elegir entre quedarse mir�ndose el uno al otro o descoyuntarse las patas. Un airada visi�n envuelta en un delantal de cuero, guantes, tiara y treinta metros de tul rosa se inclin� hacia Vimes.</p><p>��Haga el favor de subir de una vez, maldito idiota! �le grit�.</p><p>Un guante lo agarr� por debajo del brazo y lo iz� en volandas hasta el veh�culo.</p><p>��Y deje de gritar! �orden� el fantasma, concentrando generaciones de autoridad natural en tan s�lo seis s�labas.</p><p>Una orden m�s, y los caballos empezaron a galopar.</p><p>El carruaje volaba sobre las losas. Un tent�culo de luz exploradora acarici� las riendas por un momento, pero luego perdi� el inter�s.</p><p>�Supongo que no sabr� qu� est� sucediendo, �verdad? �grit� Vimes, tratando de hacerse o�r por encima del crepitar del fuego.</p><p>��Ni la menor idea!</p><p>Los rel�mpagos reptantes se extendieron por toda la ciudad como una red, haci�ndose m�s tenues a medida que se alejaban. Vimes los imagin� col�ndose por las ventanas, entrando por debajo de las puertas.</p><p>��Parece como si estuviera buscando algo! �grit�.</p><p>�En ese caso, ser�a una excelente idea que nos march�ramos antes de que lo encuentre, �no le parece?</p><p>Una lengua de fuego choc� contra la Torre del Arte, se desliz� ciegamente por sus costados cubiertos de hiedra, y desapareci� bajo la c�pula de la biblioteca de la Universidad Invisible.</p><p>Las otras l�neas se extinguieron.</p><p>Lady Ramkin detuvo el coche de caballos al otro lado de la plaza.</p><p>��Para qu� querr� entrar en la biblioteca? �se pregunt�, frunciendo el ce�o.</p><p>�Quiz� est� investigando algo.</p><p>�No diga tonter�as �replic� la dama�. Ah� no hay m�s que un mont�n de libros. �Qu� puede querer leer un rayo de luz?</p><p>��Algo muy breve?</p><p>�La verdad, podr�a tratar usted de ser un poco m�s serio.</p><p>La l�nea de luz explot� formando un arco entre la c�pula de la biblioteca y el centro de la plaza. El arco se qued� suspendido en el aire, era una banda luminosa de un metro de ancho.</p><p>Luego, con un repentino siseo, se convirti� en una esfera de fuego que creci� r�pidamente hasta ocupar casi toda la plaza. Luego, desapareci� y dej� la noche llena de sombras viol�ceas. Y la plaza llena de drag�n.</p><empty-line/><p>�Qui�n lo habr�a imaginado? Tanto poder, y tan al alcance de la mano. El drag�n sent�a c�mo la magia flu�a hacia �l, lo renovaba por momentos, desafiando todas las leyes f�sicas. Aquello no era el escaso sustento que le hab�an proporcionado hasta entonces. Aquello era comida de verdad. Con un poder semejante, no hab�a l�mite para lo que pod�a hacer.</p><p>Pero, para empezar, ten�a que presentar sus respetos a ciertas personas�</p><p>Olfate� el aire del amanecer. Estaba buscando el hedor de unas mentes.</p><p>Los dragones nobles no tienen amigos. Lo m�s parecido es un enemigo que todav�a sigue vivo.</p><empty-line/><p>El aire se qued� muy quieto, tan quieto que casi se pod�a o�r el ruido del polvo al posarse. El bibliotecario arrastr� los nudillos por entre las interminables estanter�as. A�n segu�a teniendo la c�pula de la biblioteca sobre su cabeza, pero claro, la verdad era que siempre estaba all�.</p><p>Al bibliotecario le parec�a evidente que, puesto que hab�a pasillos en los que las estanter�as estaban en la parte exterior, ten�a que haber otros pasillos entre los libros, creados a partir de ondulaciones cu�nticas por el peso de las palabras. Desde luego, desde el otro lado de algunos estantes le llegaban ruidos rar�simos, y el bibliotecario sab�a que, si sacaba discretamente un libro o dos, se encontrar�a mirando hacia diferentes bibliotecas, bajo diferentes cielos.</p><empty-line/><p>Los libros distorsionan el espacio y el tiempo. Uno de los motivos de que los propietarios de esas tiendecitas de segunda mano que mencionamos antes parezcan un poco de otro mundo, es que muchos de ellos lo son: llegaron a �ste tras perderse en sus librer�as, en mundos donde lo m�s normal es llevar zapatillas de felpa y abrir la tienda s�lo cuando te da la gana. Quien se aventura en el Espacio-B, sabe que corre peligro.</p><p>Pero los bibliotecarios m�s curtidos, una vez han demostrado ser dignos al llevar a cabo alguna valiente haza�a de bibliotecariedad, son aceptados en una orden secreta que les ense�a las artes de la supervivencia m�s all� de las Estanter�as Conocidas. El bibliotecario dominaba todas estas artes, pero lo que intentaba ahora no s�lo har�a que lo expulsaran de la Orden, sino, probablemente, tambi�n de la Vida.</p><p>Todas las bibliotecas que existen est�n conectadas en el Espacio-B. Y el bibliotecario, gui�ndose por los signos tallados en los libros por exploradores del pasado, gui�ndose por el olfato, gui�ndose incluso por los susurros de sirena de la nostalgia, se dirig�a a una muy concreta.</p><p>Le quedaba un consuelo. Si comet�a un error, nunca lo sabr�a.</p><p>Por alg�n motivo, el drag�n era todav�a peor en el suelo. En el aire era un ser elemental, armonioso incluso cuando trataba de quemarte hasta las botas. En el suelo no era m�s que un animal condenadamente grande.</p><p>La gigantesca cabeza gir� lentamente bajo la luz del amanecer.</p><p>Lady Ramkin y Vimes aventuraron un vistazo cauteloso desde detr�s de un dep�sito de agua. Vimes ten�a una mano sobre el hocico de Errol. El dragoncito gimoteaba como un cachorro apaleado, y trataba de escaparse.</p><p>�Es una bestia magn�fica �dijo lady Ramkin, en lo que ella deb�a de considerar un susurro.</p><p>�Me gustar�a que no volviera a decir eso �suspir� Vimes.</p><p>Se oy� un ruido chirriante cuando el drag�n se incorpor� sobre sus zarpas.</p><p>�Sab�a que no lo hab�a matado �gru�� el capit�n�. No hab�a restos por ninguna parte. Fue demasiado limpio. Lo enviaron a alguna parte, con magia o algo as�. M�relo. �Es imposible! �Necesita magia para seguir con vida!</p><p>��Qu� quiere decir? �pregunt� lady Ramkin, sin apartar la vista de las escamas blindadas.</p><p>�Qu� quer�a decir? �Qu� quer�a decir? Pens� a toda velocidad.</p><p>�Quiero decir que no es posible, f�sicamente posible �explic�. Un ser tan pesado no deber�a poder volar, ni respirar fuego de esa manera. Ya se lo dije.</p><p>�Pero parece muy real. O sea, uno imagina que las criaturas m�gicas son m�s�, no s�, m�s nebulosas.</p><p>�Oh, es real. Y tan real �suspir� Vimes con amargura�. Pero, suponiendo que necesite la magia como nosotros necesitamos la luz� o la comida�</p><p>��Quiere decir que es taum�voro?</p><p>�Lo que opino es que come magia, nada m�s �replic� el capit�n, que no hab�a recibido una educaci�n cl�sica�. Es decir, imagine que todos esos peque�os dragones de pantano, siempre al borde de la extinci�n, descubrieron en alg�n momento de la prehistoria a utilizar la magia.</p><p>�Antes hab�a mucha magia natural �asinti� lady Ramkin, pensativa.</p><p>�Pues ah� lo tiene. Al fin y al cabo, otras criaturas utilizan el aire, o el mar. Es decir, si existe una reserva natural de algo, tarde o temprano se utiliza, �no? As�, las malas digestiones, el peso y el tama�o de las alas dejar�an de ser un problema, porque la magia se encargar�a de todo. �Incre�ble!</p><p>Pero hac�a falta mucha magia, a�adi� para sus adentros. No sab�a muy bien cu�nta se necesitaba para cambiar el mundo lo suficiente como para permitir que toneladas de carne, dentro de una carcasa blindada, despegaran el vuelo, pero estaba seguro de que era mucha.</p><p>Y aquellos robos�, alguien hab�a estado alimentando al drag�n.</p><p>Mir� en direcci�n a la biblioteca de la Universidad Invisible, llena de libros m�gicos. Era la mayor acumulaci�n de poder m�gico de todo el Mundodisco.</p><p>Y ahora el drag�n hab�a aprendido a comer solo.</p><p>Horrorizado, se dio cuenta de que lady Ramkin ya no estaba a su lado: avanzaba a zancadas hacia el drag�n, con la mand�bula m�s tensa que un yunque.</p><p>��Qu� demonios hace? �susurr� a gritos.</p><p>�Si es un descendiente de los dragones de pantano, seguramente podr� controlarlo �replic�. Hay que mirarlos a los ojos y usar un tono de voz firme. No pueden soportar la severidad de la voz humana. No tienen suficiente fuerza de voluntad. Son unos blandengues.</p><p>Para su verg�enza, Vimes se dio cuenta de que sus piernas no pensaban cooperar en una loca carrera para arrastrarla de nuevo hacia el refugio. A su orgullo no le gust�, pero su cuerpo se�al� que no era el orgullo el que corr�a el riesgo de quedar convertido en una fina l�mina contra el edificio m�s cercano. A trav�s de unas orejas rojas por la verg�enza, la oy� gritar: ��Chico malo!�</p><p>Los ecos de tan severa amonestaci�n recorrieron la plaza.</p><p>Oh, dioses, pens� Vimes, �as� es como se entrena a un drag�n? �Le se�alas la zona fundida del suelo y le amenazas con frotarle el morro contra ella?</p><p>Se arriesg� a echar un vistazo por encima del dep�sito de agua.</p><p>La cabeza del drag�n estaba girando lentamente, como la barquilla de una gr�a. Le cost� algo de trabajo localizar a lady Ramkin, justo bajo �l. Vimes pudo ver c�mo los grandes ojos rojos se entrecerraban mientras la criatura trataba de mirar por encima de su propia nariz. Parec�a asombrada. No le sorprendi�.</p><p>��Si�ntate! �orden� lady Ramkin, en un tono tan firme que Vimes sinti� que las piernas se le doblaban involuntariamente�. Buen muchacho. Creo que debo de llevar alg�n trocito de carb�n�</p><p>Rebusc� en sus bolsillos.</p><p>Contacto visual. Eso era lo importante. Vimes pens� que la mujer no deber�a haber apartado la vista ni por un momento.</p><p>El drag�n alz� una zarpa y la derrib�, sujet�ndola contra el suelo.</p><p>Vimes se medio incorpor�, horrorizado. En aquel momento, Errol se le escap� y salt� a la plaza. Rebot� sobre las losas en una serie de arcos torpes que no se pod�an llamar revoloteos, con la boca abierta, emitiendo eructos siseantes, tratando de lanzar llamas.</p><p>La respuesta que recibi� fue una lengua de fuego blanco azulado que cre� una hilera de piedra fundida de varios metros de largo, aunque no <emphasis>alcanz� </emphasis>al desafiante. Era dif�cil acertarle en el aire, porque, evidentemente, ni el propio Errol sab�a d�nde iba a estar al momento siguiente, ni adonde ir�a cuando llegara. En aquel momento, su �nica esperanza era moverse, y rebotaba y giraba entre llamaradas cada vez m�s furiosas como una asustada pero decidida part�cula al azar.</p><p>El gran drag�n se incorpor�, con un ruido como si arrojaran una docena de cadenas de ancla a un rinc�n, y trat� de derribar a su agresor a zarpazos.</p><p>En aquel momento, las piernas de Vimes se rindieron y decidieron que pod�an permitirse el lujo de ser piernas heroicas durante un rato. Recorri� a toda velocidad el espacio que lo separaba de lady Ramkin, espada en ristre por simple rutina, la agarr� por un brazo y por un pu�ado de tul arrugado, y se la carg� al hombro.</p><p>Recorri� varios metros antes de darse cuenta de que hab�a cometido un error.</p><p>�Ungh.</p><p>Sus v�rtebras y rodillas trataban de fundirse en un solo bloque compacto. Ante sus ojos desfilaban puntitos color p�rpura. Y, por encima de todo, algo que no pod�a identificar pero que parec�a hecho de ballenas se le estaba clavando en la nuca.</p><p>El impulso que llevaba le permiti� dar unos pasos m�s, sabiendo que si se deten�a resultar�a aplastado. Los genes de los Ramkin no apostaban por la belleza, apostaban por la solidez y los huesos grandes, y a lo largo de los siglos se hab�an vuelto expertos en la materia.</p><p>Una r�faga de fuego blanco chisporrote� contra las losas, a pocos metros.</p><p>M�s adelante, se pregunt� si s�lo habr�a imaginado que saltaba a una altura de medio metro y recorr�a la distancia que le separaba del dep�sito de agua a toda velocidad. Quiz�, en casos extremos, todo el mundo aprende la t�cnica del movimiento instant�neo que era una segunda naturaleza para Nobby. En cualquier caso, el dep�sito de agua quedaba tras �l, y lady Ramkin estaba entre sus brazos, o m�s bien aplast�ndole los brazos contra el suelo. Consigui� liberarlos y trat� de masaje�rselos para devolverles un poco de vida. � Qu� deb�a hacer a continuaci�n? La mujer no <emphasis>parec�a, </emphasis>herida. Record� algo sobre que hab�a que aflojarle la ropa a la gente desmayada, pero en el caso de lady Ramkin ser�a peligroso si no se contaba con instrumental especializado.</p><p>Ella resolvi� el problema m�s inmediato incorpor�ndose, despierta.</p><p>��Muy bien! �dijo�. Pues vas a probar la zapatilla�</p><p>Sus ojos se enfocaron en Vimes por primera vez.</p><p>��Qu� demonios est�? �empez� de nuevo. Entonces, vio la escena que se desarrollaba tras ellos�. Oh, mierda �exclam�. Perdone mi klatchiano.</p><p>Errol se estaba quedando sin fuerzas. Las alas hipertrofiadas no eran capaces de volar, y el dragoncito permanec�a en el aire gracias a que no dejaba de aletear locamente, como un pollo. Las grandes zarpas hend�an el aire. Una de ellas tropez� con la fuente de la plaza y la demoli�.</p><p>La otra acert� a Errol.</p><p>Lo envi� volando por encima de la cabeza del capit�n, en una l�nea ascendente. Choc� contra un tejado tras ellos, y se desliz� hacia abajo.</p><p>��Tiene que cogerlo! �grit� lady Ramkin�. �Deprisa! �Es vital!</p><p>Vimes se la qued� mirando un instante, y luego se lanz� para atrapar el cuerpecito de Errol cuando se le acab� la pista del tejado y cay�. Era sorprendentemente pesado.</p><p>�Menos mal �suspir� lady Ramkin, tratando de ponerse en pie�. Explotan con tanta facilidad� Podr�a haber sido muy peligroso.</p><p>Recordaron al otro drag�n. No era de los que explotaban. Era de los que mataban gente. Se dieron la vuelta muy despacio.</p><p>La criatura los mir� desde arriba, olisque� el aire y luego, como si no tuvieran la menor importancia, se dio la vuelta. Salt� al aire y, con un solo movimiento de las alas, se remont� y abandon� la plaza para adentrarse en la niebla que cubr�a la ciudad.</p><p>En aquel momento, a Vimes le preocupaba mucho m�s el peque�o drag�n que ten�a entre las manos. El est�mago le rug�a de una manera alarmante. Dese� haber prestado m�s atenci�n al libro sobre dragones. Aquellos sonidos, �quer�an decir que estaba a punto de explotar, o el peligro empezar�a cuando cesaran?</p><p>��Tenemos que seguirlo! �grit� lady Ramkin�. �D�nde est� mi carruaje?</p><p>Vimes hizo un vago gesto en la direcci�n en la que, que �l supiera, se hab�an alejado los caballos desbocados por el p�nico.</p><p>Errol resopl� una nube de gas c�lido que ol�a peor que algo emparedado en los muros de un s�tano, dio unos d�biles zarpazos al aire, lami� el rostro de Vimes con una lengua que hubiera servido para gratinar, salt� de entre sus brazos y se alej� trotando.</p><p>��Adonde va? �quiso saber lady Ramkin, que en aquel momento volv�a de las nieblas arrastrando tras ella a los dos caballos.</p><p>Los animales no parec�an querer volver, sus cascos arrancaban chispas de las losas, pero luchaban en una batalla perdida.</p><p>��Todav�a intenta desafiar al drag�n! �exclam� Vimes�. Cualquiera habr�a dicho que se rendir�a, �no?</p><p>�Pelean como demonios �replic� la dama al tiempo que se sub�a al pescante�. Es cuesti�n de hacer que el adversario explote.</p><p>�Pens� que, en la naturaleza, el animal derrotado se limita a tumbarse de espaldas en gesto de sumisi�n, y que ah� acababa todo �dijo Vimes cuando el coche se puso en marcha tras los dragones.</p><p>�Con los dragones no funcionar�a el sistema �se�al� lady Ramkin�. Si alguna est�pida bestia se tumba de espaldas, le abres la barriga. Es lo que suelen hacer. Casi parecen humanos.</p><p>Las nubes encapotaban el cielo sobre Ankh-Morpork. Sobre ellas, empezaba a extenderse la luz dorada del sol del Mundodisco.</p><p>El drag�n brillaba al amanecer, mientras surcaba el aire haciendo giros y maniobras por el puro placer de hacerlas. Luego, record� que le esperaba un d�a muy ajetreado.</p><p>Hab�an tenido la desfachatez de invocarlo�</p><p>Bajo �l, la Guardia recorr�a la Calle de los Dioses Menores. Pese a la niebla, hab�a mucha gente.</p><p>��C�mo se llaman esos trastos con pelda�os? �pregunt� el sargento Colon.</p><p>�Escaleras �respondi� Zanahoria.</p><p>�Pues hay a montones por aqu� �dijo Nobby. Se acerc� a la m�s pr�xima y le dio una patada.</p><p>��Aaay!</p><p>Una figura cay� al suelo, medio enterrada en una ristra de banderas.</p><p>��Qu� est� pasando? �le pregunt� Nobby.</p><p>El portador de las banderas lo mir� de arriba abajo.</p><p>��Y a ti qu� te importa?</p><p>�Disculpe, nos importa mucho �dijo Zanahoria, surgiendo de entre la niebla como un iceberg. El hombre sonri�, aterrado.</p><p>�Bueno, es la coronaci�n, claro �dijo�. Tengo que preparar las calles para la coronaci�n. Hay que colgar las banderas nuevas. Y hay que quitar las viejas.</p><p>Nobby examin� las telas h�medas.</p><p>�Pues a m� no me parecen tan viejas, todav�a se podr�an aprovechar �se�al�. �Qu� son esas cosas gordas del escudo?</p><p>�Son los hipop�tamos reales de Ankh �respondi� el hombre con orgullo�. Recordatorios de nuestra noble herencia.</p><p>��Desde cu�ndo tenemos nosotros una noble herencia? �se sorprendi� Nobby.</p><p>�Desde ayer, claro.</p><p>�No se puede tener una herencia en un d�a �protest� Zanahoria�. Eso lleva tiempo.</p><p>�Si no la tenemos, me parece que pronto la habremos tenido �replic� el sargento Colon�. Mi esposa me dej� una nota ayer hablando de eso. Despu�s de tantos a�os, va y resulta que es una mon�rquica.</p><p>�Peg� una patada al suelo�. �Bah! �exclam�. Yo me mato durante treinta a�os para llevar algo de comida a casa, y ahora no sabe m�s que hablar de un chaval que llega a rey por trabajar cinco minutos. �Sab�is lo que me dej� de cena anoche? �Un bocadillo de carne en salsa!</p><p>Aquello no recibi� la respuesta que esperaba de los dos solteros.</p><p>��Vaya! �exclam� Nobby.</p><p>��Carne de verdad? �pregunt� Zanahoria�. �Carne asada, hecha ese mismo d�a, con grasita jugosa?</p><p>�Ya ni me acuerdo de cu�ndo fue la �ltima vez que vi un trozo de carne en salsa como debe ser �murmur� Nobby, en un mundo de enso�aciones gastron�micas�. Con una puntita de sal y pimienta, es una comida digna de un r�</p><p>�No lo digas �le advirti� Colon.</p><p>�Pero lo mejor es cuando metes el cuchillo y cortas la grasa, y luego untas la carne en la salsita �asinti� Zanahoria, so�ador�. Un momento as� es un placer de r�</p><p>��Callaos de una vez! �grit� Colon�. No sois m�s que un par de� <emphasis>� Qu� demonios es eso?</emphasis></p><p>Los tres sintieron la repentina corriente de aire, vieron c�mo la niebla sobre ellos se enroscaba y giraba. Una r�faga de viento fr�o recorri� la calle por un instante.</p><p>�Fue como si algo pasara volando por ah� arriba �dijo el sargento. Se call� de golpe�. No pensar�is que�</p><p>�Vimos c�mo mor�a, �no? �lo interrumpi� Nobby, nervioso.</p><p>�Vimos c�mo desaparec�a �lo corrigi� Zanahoria.</p><p>Se miraron unos a otros, solos y empapados en la calle envuelta en niebla. All� arriba pod�a haber cualquier cosa. Su imaginaci�n pobl� el aire h�medo de apariciones terribles. Y lo peor era el convencimiento de que la naturaleza pod�a tener mucha m�s imaginaci�n.</p><p>�Naaa �dijo Colon�. Seguramente no fue m�s que� alguna ave zancuda muy grande. O algo as�.</p><p>��No deber�amos hacer algo? �pregunt� Zanahoria.</p><p>�S� �asinti� Nobby�. Deber�amos marcharnos muy deprisa. Acordaos de Gaskin.</p><p>�Quiz� se trate de otro drag�n �insisti� el muchacho�. Ser� mejor que avisemos a la gente y�</p><p>��No! �replic� el sargento Colon con vehemencia�. Porque, a, nadie nos creer�a, y be, ahora tenemos un rey. Los dragones son cosa suya.</p><p>�Es verdad �asinti� Nobby�. Seguro que se enfadar�a un mont�n. Seguro que los dragones son animales de reyes, no s�, como los ciervos. Cuando hay rey, apuesto a que te sacan los triduos<a l:href="#n_17" type="note">[17]</a> s�lo por pensar en matar a un drag�n.</p><p>�Casi te hace alegrarte de ser un s�bito �asinti� Colon.</p><p>�Un subdito �le corrigi� Nobby.</p><p>�No me parece una actitud muy c�vica� �empez� Zanahoria.</p><p>No tuvieron que interrumpirlo. Lo hizo Errol. El peque�o drag�n lleg� trotando por el centro de la calle, con la deforme cola alta y los ojos clavados en las nubes. Pas� junto a los guardias sin prestarles la menor atenci�n.</p><p>��Qu� le pasar�? �se pregunt� Nobby.</p><p>Un traqueteo precedi� al carruaje de lady Ramkin.</p><p>��Mis hombres? �pregunt� Vimes titubeante, tratando de ver entre la niebla.</p><p>�Sin duda �replic� el sargento Colon.</p><p>��Hab�is visto pasar a un drag�n? Aparte de Errol, claro.</p><p>�Bueno� �empez� el sargento, mirando a los otros dos�. M�s o menos, se�or. Es posible. Probablemente.</p><p>��Pues no se queden ah� quietos como tontos! �exclam� lady Ramkin�. �Suban! �Hay mucho sitio dentro!</p><p>Lo hab�a. Cuando lo construyeron, el carruaje debi� de ser una aut�ntica maravilla, todo sedas, dorados y agarraderos repujados. El tiempo, el uso descuidado y las desgarraduras en los asientos producidas de tanto transportar dragones, se hab�an cobrado su precio, pero a�n ol�a a clase alta, a privilegios y, por supuesto, a dragones.</p><p>��Qu� demonios est�s haciendo? �pregunt� Colon mientras recorr�an las calles bajo la niebla.</p><p>�Saludar �respondi� Nobby, haciendo elegantes gestos a la gente de la calle.</p><p>�Repugnante, esto es repugnante �buf� el sargento Colon�. Que la gente vaya en carruajes como �ste, cuando hay quien ni siquiera tiene un techo bajo el que refugiarse�</p><p>�Es de lady Ramkin �replic� Nobby�. Es buena persona.</p><p>�Bueno, s�, pero� qu� hay de sus antepasados, �eh? Uno no consigue casas grandes y carruajes sin explotar un poco a los pobres.</p><p>�Lo que te pasa es que est�s enfadado porque tu se�ora se ha estado bordando coronas en la ropa interior.</p><p>�Eso no tiene nada que ver �dijo Colon, indignado�. Siempre he sido un firme defensor de los derechos del hombre.</p><p>�Y del enano �a�adi� Zanahoria.</p><p>�S�, claro �asinti� el sargento, no del todo seguro�. Pero todo este asunto de los reyes y los nobles� va contra la dignidad humana. Todos nacemos iguales. Me pone enfermo.</p><p>�Nunca te hab�a o�do hablar as�, Frederick �dijo Nobby.</p><p>�<emphasis>Sargento </emphasis>Colon para ti, Nobby.</p><p>�Lo siento, sargento.</p><p>La niebla llevaba camino de ser una aut�ntica pasta de guisantes<a l:href="#n_18" type="note">[18]</a> oto�al morporkiana. Vimes entrecerr� los ojos. Las gotas condensadas lo estaban calando hasta los huesos.</p><p>�Lo veo, con dificultades, pero lo veo �dijo�. Gire aqu� a la izquierda.</p><p>��Tiene idea de d�nde estamos? �pregunt� lady Ramkin.</p><p>�En el Barrio de los Negocios, pero no s� d�nde exactamente.</p><p>Errol iba cada vez m�s despacio. No dejaba de mirar hacia arriba y de gimotear.</p><p>�No se ve nada, maldita sea �dijo Vimes�. Me pregunto si�</p><p>Como si lo hubiera o�do, la niebla se despej� un poco. Floreci� ante ellos como un crisantemo, emitiendo un sonido semejante a un �Uuuumpfff�.</p><p>�Oh, no �gimi� Vimes�. �Otra vez, no!</p><empty-line/><p>��Han sido infundidas debidamente las Copas de la Integridad? �enton� el Hermano Vigilatorre.</p><p>�S�, est�n infundidas hasta los topes.</p><p>��Y las Aguas del Mundo, est�n abjuradas?</p><p>�Abjuradas del todo.</p><p>��Han sido los Demonios del Infinito encadenados con m�ltiples cadenas?</p><p>�Maldita sea �se quej� el Hermano Revocador�. Siempre se olvida algo.</p><p>El Hermano Vigilatorre suspir�.</p><p>�S�lo por una vez, ser�a estupendo que pudi�ramos llevar a cabo correctamente los antiguos rituales sacros, �no? Venga, hazlo de una vez.</p><p>��Y no crees que ser�a m�s r�pido, Hermano Vigilatorre, si la pr�xima vez lo hago dos veces? �sugiri� el Hermano Revocador.</p><p>El Hermano Vigilatorre medit� sobre la idea. Parec�a razonable.</p><p>�De acuerdo �asinti�. Bueno, baja ah� con los dem�s. Y me ten�is que llamar Gran Maestro Supremo en Funciones, �entendido?</p><p>Aquello no fue acogido con el debido entusiasmo que esperaba de los Hermanos.</p><p>�Aqu� nadie ha dicho que fueras el Gran Maestro Supremo en Funciones �refunfu�� el Hermano Portero.</p><p>�Pues m�s os vale haceros a la idea, porque lo soy. El Gran Maestro Supremo me dijo que abriera la Sesi�n, porque �l ten�a mucho trabajo con todo eso de la coronaci�n, y llegar�a un poco tarde �replic� el Hermano Vigilatorre�. Y eso me convierte en Gran Maestro Supremo en Funciones, porque lo digo yo, a ver qui�n es el guapo que protesta.</p><p>�Pues no entiendo por qu� �gru�� el Hermano Portero�. No tienes por qu� ponerte un t�tulo tan rimbombante. Podr�as ser simplemente algo como�, no s�, Monitor de Rituales, o una cosa as�.</p><p>�Eso �lo secund� el Hermano Revocador�. No entiendo por qu� vas a ir d�ndote aires. Ni siquiera has aprendido los antiguos misterios m�sticos a los pies de unos monjes, ni nada de eso.</p><p>�Hemos dedicado muchas horas a este asunto �intervino el Hermano Portero�. No est� bien, ya va siendo hora de que veamos alguna compensaci�n�</p><p>El Hermano Vigilatorre se dio cuenta de que estaba perdiendo el control de la situaci�n. Prob� con la diplomacia dilatoria.</p><p>�Estoy seguro de que el Gran Maestro Supremo llegar� enseguida �los tranquiliz�. No estropeemos ahora las cosas, �eh, muchachos? Hicimos un buen trabajo arreglando la pelea con el drag�n, y todo eso. Hemos hecho muchas cosas. Vale la pena esperar un poco m�s, �no?</p><p>El c�rculo de figuras encapuchadas asinti� al un�sono entre murmullos.</p><p>�Vale.</p><p>�Bien pensado.</p><p>�S�.</p><p>DESDE LUEGO.</p><p>�De acuerdo.</p><p>�Como te parezca.</p><p>El Hermano Vigilatorre empez� a tener la sensaci�n de que algo no andaba bien, pero no consegu�a concretar qu� era.</p><p>�Eh� �titube�. �Hermanos?</p><p>Todos parec�an intranquilos. Hab�a algo en la habitaci�n que los pon�a nerviosos. Se palpaba en el ambiente.</p><p>�Hermanos �repiti� el Hermano Vigilatorre, tratando de tranquilizarse�, estamos <emphasis>todos, </emphasis>�verdad?</p><p>�Claro que s�.</p><p>��Por qu� lo dices?</p><p>�S�.</p><p>SI.</p><p>�S�.</p><p>Ah� estaba otra vez, una sutil divergencia de la normalidad, algo a lo que no se le consegu�a echar el ojo, quiz� porque el ojo estaba demasiado asustado. Pero los atormentados pensamientos del Hermano Vigilatorre se vieron interrumpidos por un ruido en el tejado. Unos cuantos trozos de yeso cayeron dentro del c�rculo.</p><p>��Hermanos? �repiti� el Hermano Vigilatorre, nervioso.</p><p>Se oy� ahora uno de esos silencios sonoros, un silencio largo y siseante de concentraci�n absoluta y, posiblemente, de inhalaci�n de aire en unos pulmones grandes como caba�as. Las �ltimas ratas de la confianza del Hermano Vigilatorre abandonaron el barco naufragado de su valor.</p><p>�Hermano Portero, ten la amabilidad de quitar los cerrojos de la Puerta del Temor� �tartamude�.</p><p>Y hubo una luz.</p><p>Lo que no hubo fue dolor. No dio tiempo.</p><p>La Muerte arrebata muchas cosas, sobre todo cuando llega en forma de una temperatura lo suficientemente elevada como para vaporizar el hierro, y una de ellas son las ilusiones. Los restos inmortales del Hermano Vigilatorre vieron c�mo el drag�n se alejaba volando en la niebla, y luego miraron hacia abajo, hacia el charco de piedra, metal y extra�as mezcolanzas que era todo lo que quedaba de su cuartel secreto. Y de sus ocupantes, seg�n comprendi� con la falta de pasi�n que te da el estar muerto. Te pasas la vida trabajando y al final no eres m�s que una mancha semejante a la leche en el caf�. Jugaran a lo que jugaran los dioses, las reglas eran de lo m�s extra�o.</p><p>Mir� a la figura encapuchada que aguardaba junto a �l.</p><p>�No era esto lo que pretend�amos �dijo d�bilmente�. De verdad. No quer�amos hacer da�o a nadie. S�lo quer�amos obtener lo que merec�amos.</p><p>Una mano esquel�tica le dio una palmadita no exenta de amabilidad en el hombro.</p><p>Y la Muerte dijo, FELICIDADES.</p><empty-line/><p>Aparte del Gran Maestro Supremo, el �nico Hermano Esclarecido que no se encontraba en el cuartel cuando lleg� el drag�n era el Hermano Dedos. Lo hab�an enviado a buscar unas pizzas. El Hermano Dedos era siempre el encargado de ir a buscar la comida precocinada, porque as� les sal�a m�s barata. Nunca hab�a dominado el arte de pagar por lo que se llevaba.</p><p>Cuando los guardias llegaron, siguiendo a Errol, el Hermano Dedos estaba de pie con un mont�n de cajas de cart�n entre las manos y la boca abierta.</p><p>En el lugar donde hab�a estado el Portal del Temor, s�lo quedaba un charco de sustancias fundidas.</p><p>�Oh, dioses �dijo lady Ramkin. Vimes se baj� del carruaje y dio unos golpecitos en el hombro al Hermano Dedos.</p><p>�Disculpa, amigo �dijo�. �Has visto por casualidad que�?</p><p>Cuando el Hermano Dedos se volvi� hacia �l, su rostro era el de un hombre que acaba de pasar planeando ante las puertas del Infierno. Abr�a y cerraba la boca, pero sin emitir palabra alguna.</p><p>Vimes lo intent� de nuevo. El terror puro de la expresi�n del Hermano Dedos empezaba a contagi�rsele.</p><p>�Ten la amabilidad de acompa�arme al Yard �insisti�. Tengo motivos para creer que t��</p><p>Se detuvo. No sab�a muy bien qu� pod�a creer con los motivos que ten�a. Pero aquel hombre era culpable, evidentemente. Se ve�a a la legua con s�lo mirarlo. Quiz� no fuera culpable de nada concreto. Simplemente culpable, en t�rminos generales.</p><p>�Mmmmmmaaaa �dijo el Hermano Dedos. El sargento Colon levant� discretamente la tapa de una de las cajas.</p><p>��Qu� te parece, sargento? �pregunt� Vimes.</p><p>�Eh�, creo que pimientos klatchianos y anchoas, se�or �replic� el aludido con tono de experto.</p><p>�Me refiero a este hombre �suspir� el capit�n.</p><p>�Nnnnn �dijo el Hermano Dedos. Colon ech� un vistazo bajo la capucha.</p><p>�Oh, lo conozco bien, se�or �dijo�. Es Bengy �Piesligeros� Boggis. Un ladronzuelo de segunda, pertenece al Gremio. Lo conozco desde hace mucho. Esta sabandija trabajaba en la Universidad.</p><p>��Qu�? �Como mago? �se asombr� Vimes.</p><p>�Naa, haciendo de todo un poco. Jardinero, carpintero, esas cosas.</p><p>�Ah, �s�?</p><p>��No podemos hacer algo por el pobre hombre? �intervino lady Ramkin.</p><p>Nobby intent� complacerla.</p><p>�Si quiere, le dar� una patada en las esferas de su parte, se�ora.</p><p>�Drrrrr �dijo el Hermano Dedos, que empezaba a temblar incontrolablemente mientras lady Ramkin sonre�a con el gesto tenso de una dama de la alta sociedad decidida a no demostrar que ha entendido lo que le acaban de decir.</p><p>�Vosotros dos, metedlo en el carruaje �orden� Vimes�. Si no le importa, lady Ramkin�</p><p>�Sybil �le corrigi� la dama. Vimes se puso colorado.</p><p>�Si no le importa �sigui�, ser�a buena idea detenerlo. Acusado del robo de un libro, titulado <emphasis>La invocaci�n de dragones.</emphasis></p><p>�Bien pensado, se�or �asinti� el sargento Colon�. Adem�s, las pizzas se est�n quedando fr�as. Y ya se sabe, el queso se pone asqueroso cuando se enfr�a.</p><p>�Y nada de darle patadas �les advirti� Vimes�. Ni siquiera en lugares que no se ven. T� ven conmigo, Zanahoria.</p><p>�Ddddrrraaa �aport� el Hermano Dedos.</p><p>�Tr�ete a Errol �a�adi� Vimes�. Aqu� se est� poniendo como loco. El peque�o diablo ha seguido bien la pista, desde luego.</p><p>�Si uno lo piensa bien, es maravilloso �asinti� Colon.</p><p>Errol daba carreritas ante el edificio destruido, sin dejar de gimotear.</p><p>�Miradlo �se�al� Vimes�. Se muere por volver a perseguirlo.</p><p>Su mirada se alz� hacia las nubes de niebla, como si se la levantaran con cables.</p><p>Est� ah� arriba, en alguna parte, pens�.</p><p>��Qu� vamos a hacer ahora, se�or? �pregunt� Zanahoria mientras el carruaje se alejaba traqueteando.</p><p>�No estar�s nervioso, �verdad?</p><p>�No, se�or.</p><p>Su manera de decirlo espole� un recuerdo en la mente del capit�n.</p><p>�No �asinti�. No est�s nervioso. Supongo que es porque te criaron los enanos. No tienes imaginaci�n.</p><p>�Le aseguro que hago lo posible, se�or �replic� Zanahoria con firmeza.</p><p>��A�n le env�as toda la paga a tu madre a casa?</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Eres un buen muchacho.</p><p>�S�, se�or. �Qu� vamos a hacer ahora, capit�n Vimes? �repiti� el chico.</p><p>Vimes mir� a su alrededor. Dio unos cuantos pasos, sin rumbo fijo. Extendi� los brazos, y luego los dej� caer a sus costados.</p><p>��C�mo quieres que lo sepa? �suspir�. Avisar a la gente, supongo. Ser� mejor que vayamos al palacio del patricio. Y luego�</p><p>Se oyeron unas pisadas en la niebla. Vimes se tens�, se llev� un dedo a los labios y empuj� a Zanahoria hacia el refugio que ofrec�a un portal.</p><p>Una figura apareci� desde la oscuridad.</p><p>Es otro de ellos, pens� Vimes. Bueno, no hay ninguna ley que prohiba llevar t�nicas negras y capuchas sobre la cara. Debe de haber docenas de motivos completamente inocentes por los que esta persona lleva una t�nica negra, una capucha que le tapa la cara, y est� de pie de madrugada ante un edificio fundido.</p><p>Quiz� deber�a pedirle que me diera una, s�lo una.</p><p>�Disculpa, amigo� �empez�. La capucha se gir� hacia �l. Se oy� un grito ahogado de sorpresa.</p><p>�Si no te importa, me gustar�a saber� <emphasis>�a por �l, Zanahoria!</emphasis></p><p>La figura les llevaba una buena ventaja. Dobl� la esquina antes de que Vimes recorriera media calle. Lleg� al final justo a tiempo de ver c�mo la capa desaparec�a por otro callej�n.</p><p>Vimes se dio cuenta de que iba corriendo solo. Se detuvo jadeante y volvi� la vista atr�s. Zanahoria doblaba en aquel momento la esquina, con un trotecillo suave.</p><p>��Qu� pasa? �jade�.</p><p>�El sargento Colon me dijo que no deb�a correr �explic� el muchacho.</p><p>Vimes lo mir� sin comprender. Poco a poco, se fue haciendo la luz.</p><p>�Ah �asinti�. Ya�, ya veo. No creo que sea una instrucci�n aplicable a todas las circunstancias, muchacho. �Mir� hacia la niebla�. De todos modos, tampoco ten�amos muchas posibilidades de atraparlo.</p><p>�Quiz� fuera un espectador inocente, se�or �sugiri� Zanahoria.</p><p>��C�mo, en Ankh-Morpork?</p><p>�S�, se�or.</p><p>�En ese caso, deber�amos haberlo atrapado por su valor como esp�cimen irrepetible. �Dio una palmadita en el hombro al muchacho�. Venga, vamos al palacio del patricio.</p><p>�Al palacio del rey �lo corrigi� Zanahoria.</p><p>��Qu�? �dijo Vimes, cuyo hilo de pensamientos se hab�a enredado temporalmente.</p><p>�Ahora es el palacio del rey. El capit�n lo mir� de soslayo. Dej� escapar una risita amarga.</p><p>�S�, claro �asinti�. Nuestro rey matadragones. Nada menos. �Suspir�. Esto no les va a hacer ninguna gracia.</p><empty-line/><p>No les hizo gracia. Ninguna gracia.</p><p>El primer problema lo plante� la guardia de palacio.</p><p>A Vimes nunca le hab�an gustado. Y �l no les gustaba a ellos. De acuerdo, quiz� la guardia nocturna estuviera a un paso de ser el hazmerre�r de la ciudad, pero, seg�n la opini�n profesional de Vimes, la guardia de palacio estaba a un paso de ser la peor basura criminal que hab�a salido de la ciudad. A un paso por <emphasis>encima. </emphasis>Tendr�an que reformarse un poco antes de que los considerasen dignos de entrar en la Lista de los Diez M�s Odiados.</p><p>Eran rudos. Eran duros. No eran la basura de la ciudad, eran los restos que se quedan pegados al cubo una vez se ha tirado la basura. El patricio les hab�a pagado extremadamente bien, y era de suponer que ahora alguien les pagaba extremadamente bien, porque cuando Vimes se acerc� a las puertas una pareja de ellos dejaron de estar apoyados contra la pared y se irguieron, aunque mantuvieron la cantidad justa de relajaci�n psicol�gica para causar la m�xima ofensa posible.</p><p>�Capit�n Vimes �dijo Vimes, mirando directamente al frente�. A ver al rey. De la mayor importancia.</p><p>��S�? M�s vale que lo sea �replic� un guardia�. El capit�n Vinos, �no?</p><p>�Vimes �respondi� el capit�n con voz controlada�. Acabado en mes.</p><p>Uno de los guardias hizo un gesto a su compa�ero.</p><p>�Vimes �dijo�. Acabado en mes.</p><p>�Bonito nombre �a�adi� el otro.</p><p>�Es de la m�xima urgencia �dijo Vimes, tratando de mantener una expresi�n p�trea.</p><p>Intent� dar un paso hacia adelante. El primer guardia le bloque� el camino limpiamente y le dio un empuj�n en el pecho.</p><p>�Nadie va a ninguna parte �replic�. �rdenes del rey, �sabes? As� que vuelve a tu agujero, capit�n Vimes acabado en mes.</p><p>No fueron las palabras lo que hizo que Vimes tomara una decisi�n. Fue la risita burlona del otro guardia.</p><p>�Ap�rtate �orden�.</p><p>El guardia se inclin� hacia �l.</p><p>��Qui�n me va a obligar, poli? �replic�, d�ndole un golpecito en el casco.</p><p>Hay ocasiones en las que es un verdadero placer soltar la bomba.</p><p>�Agente Zanahoria, quiero que ataques a estos hombres �dijo Vimes. Zanahoria se puso firme.</p><p>�Muy bien, se�or �dijo.</p><p>Y ech� a correr en direcci�n contraria, por la calle por donde hab�an venido.</p><p>��Eh! �grit� Vimes cuando el chico desapareci� tras una esquina.</p><p>�Eso es lo que me gusta �le asegur� el primer guardia, apoy�ndose en la lanza�. Un joven con iniciativa, s� se�or. Un muchacho listo. No quiere quedarse aqu� para que le arranquen las orejas. Ese joven llegar� muy lejos, tiene lo que se dice sentido com�n.</p><p>�Es sensato, s� �asinti� el otro guardia. Apoy� la lanza contra la pared.</p><p>�Vosotros, los de la Guardia Nocturna, me dais ganas de vomitar �dijo con tono amable�. Siempre de aqu� para all�, sin dar ni golpe, d�ndoos aires como si tuvierais alguna importancia. As� que Clarence y yo te vamos a demostrar lo que hacen los guardias de verdad, �te parece bien?</p><p>Puedo encargarme de uno, pens� Vimes mientras daba unos pasos hacia atr�s. Al menos, si se pone de espaldas.</p><p>Clarence dej� la lanza contra la puerta y se escupi� en las manos.</p><p>Se oy� un aullido largo, aterrador. Vimes se sorprendi� al descubrir que no lo estaba lanzando �l.</p><p>Zanahoria apareci� doblando la esquina, corriendo a toda velocidad. Llevaba un hacha arrojadiza en cada mano.</p><p>Sus grandes sandalias de cuero volaban sobre las losas, acelerando a medida que se acercaba. Y sin dejar de lanzar aquel grito, <emphasis>matarmatarmatarmatarmatarmatar, </emphasis>como si se hubiera quedado atrapado en un eco interminable.</p><p>Los dos guardias de palacio se quedaron r�gidos de asombro.</p><p>�Yo en vuestro lugar me agachar�a �les advirti� Vimes, casi desde el nivel del suelo.</p><p>Las dos hachas abandonaron las manos de Zanahoria y silbaron como l�tigos por el aire. Una de ellas se estrell� contra la puerta del palacio y se clav� casi hasta el mango. La otra golpe� el mango de la primera y lo parti� en dos. Luego, lleg� Zanahoria.</p><p>Vimes se sent� un rato en un banco cercano, y se puso a liarse un cigarrillo.</p><p>�Creo que ya es suficiente, agente �dijo al final�. Ahora nos acompa�ar�n sin problemas.</p><p>�S�, se�or. �De qu� est�n acusados, se�or? �pregunt� Zanahoria, sosteniendo en cada mano un cuerpo inerte.</p><p>�De atacar a un oficial de la Guardia durante el cumplimiento de su deber y de�, ah, s�, y de resistencia al arresto.</p><p>��Seg�n la Secci�n (vii) del Acta de Orden P�blico de 1457?</p><p>�S� �asinti� Vimes con solemnidad�. S�. Supongo que s�.</p><p>�Pero no se resistieron demasiado, se�or �se�al� Zanahoria.</p><p>�Bueno, pero intentaron resistirse al arresto. Yo los dejar�a ah� apoyados contra la pared hasta que volvamos. Supongo que no querr�n ir a ninguna parte.</p><p>�Tiene raz�n, se�or.</p><p>�Pero no les hagas da�o. No se debe hacer da�o a los prisioneros.</p><p>�Es verdad, se�or �asinti� Zanahoria con seriedad�. Los prisioneros, una vez acusados, tienen Derechos, se�or. Lo dice el Acta sobre la Dignidad del Hombre (Derechos Civiles) de 1341. Siempre se lo recuerdo al cabo Nobbs. Tienen Derechos, le digo. Eso significa que no hay que Pegarles Patadas.</p><p>�Haces muy bien en dec�rselo. Zanahoria baj� la vista.</p><p>�Tienen derecho a permanecer en silencio �recit�. Tienen derecho a no producirse heridas al caer por las escaleras cuando los lleven a las celdas. Tienen derecho a no saltar por la ventana desde un piso alto. No est�n obligados a decir nada, claro, pero si dicen algo pues lo siento, tendr� que apuntarlo y podr� ser utilizado como prueba.</p><p>Sac� su libreta de notas y lami� la punta del l�piz. Se inclin� a�n m�s.</p><p>��Perd�n? �dijo. Mir� a Vimes�. �C�mo se escribe �Aaaay�, se�or?</p><p>�Con hache, creo.</p><p>�Gracias, se�or.</p><p>�Esto�, �agente?</p><p>��S�, se�or?</p><p>��Para qu� quenas las hachas?</p><p>�Ellos estaban armados, se�or. Las cog� de la herrer�a de la Calle del Mercado, se�or. Dije al due�o que usted las pagar�a luego.</p><p>��Y el aullido? �pregunt� Vimes d�bilmente.</p><p>�El grito de guerra de los enanos, se�or �replic� Zanahoria con orgullo.</p><p>�Es un grito muy bueno �dijo Vimes, eligiendo cuidadosamente las palabras�, pero te agradecer�a que, la pr�xima vez, me avisaras antes, �de acuerdo?</p><p>�Por supuesto, se�or.</p><p>�Mejor por escrito.</p><empty-line/><p>El bibliotecario sigui� avanzando. Lo hac�a lentamente, porque hab�a cosas con las que no quer�a tropezarse. Algunas criaturas evolucionaban hasta llenar todos los huecos, y muchas de las que se encontraban en la polvorienta inmensidad del Espacio-B eran poco recomendables. Eran mucho m�s inusuales que las criaturas inusuales habituales.</p><p>Por lo general, pod�a adelantarse a los acontecimientos s�lo con vigilar a las inofensivas ara�as que se arrastraban por el polvo. Cuando hu�an espantadas, era un buen momento para esconderse. En varias ocasiones tuvo que aplastarse contra los estantes como un diccionario gigantesco. Aguardaba con paciencia hasta que la manada de Criaturas pasaba de largo, devorando el contenido de libros selectos y dejando tras ellas montoncitos de delgados vol�menes de cr�tica literaria. Y hab�a otras cosas, cosas que esquivaba a toda velocidad y trataba de no mirar�</p><p>Por encima de todo, deb�a esquivar los t�picos.</p><p>Se termin� de comer los cacahuetes subido en una escalerilla de mano, que paseaba sin rumbo fijo por los estantes m�s elevados.</p><p>Aquel territorio le resultaba familiar, o al menos ten�a la sensaci�n de que tarde o temprano le resultar�a familiar. El tiempo no se mide de la misma manera en el Espacio-B.</p><p>Hab�a estanter�as cuyo perfil le parec�a reconocer. Los t�tulos de los libros, aunque segu�an siendo ilegibles, ten�an un tentador atisbo de legibilidad. Hasta le parec�a reconocer el olor del aire polvoriento.</p><p>Se meti� r�pidamente por un pasillo lateral, dobl� la esquina y, sin apenas desorientarse, entr� en el juego de dimensiones que la gente que no conoce otra cosa considera �normal�.</p><p>Notaba un terrible calor, y ten�a el espeso vello de punta mientras la energ�a temporal se descargaba gradualmente.</p><p>Estaba en la oscuridad.</p><p>Extendi� una mano y explor� los lomos de los libros que ten�a al lado. �h. Ahora sab�a d�nde estaba.</p><p>Estaba en casa.</p><p>Estaba en casa una semana antes.</p><p>Era esencial que no dejara huellas. Pero eso no era problema. Se subi� al estante m�s cercano y, bajo la luz que entraba por la c�pula, empez� a trepar.</p><p>Lupine Wonse alz� los ojos enrojecidos del mont�n de papeleo que se acumulaba sobre su escritorio. En la ciudad nadie sab�a nada sobre coronaciones. Hab�a tenido que inventarlo todo sobre la marcha. Al menos, sab�a que hab�a que agitar montones de cosas.</p><p>��S�? �dijo bruscamente.</p><p>�Eh�, un tal capit�n Vimes quiere ser recibido �dijo el criado.</p><p>��Vimes, de la Guardia?</p><p>�S�, se�or. Dice que es de la mayor importancia.</p><p>Wonse baj� la vista hacia la lista de otras cosas que tambi�n eran de la mayor importancia. Coronar al rey, por ejemplo. Los Sacerdotes Supremos de cincuenta y tres religiones reclamaban el honor. Iba a ser un caos. Y luego estaban las joyas de la corona.</p><p>Mejor dicho, <emphasis>no </emphasis>estaban las joyas de la corona. En alg�n momento de las generaciones anteriores, las joyas de la corona hab�an desaparecido. En aquellos instantes, un joyero de la calle de los Artesanos H�biles hac�a lo que pod�a en tan poco tiempo con cristalitos y brillantina.</p><p>Vimes pod�a esperar.</p><p>�Dile que vuelva otro d�a �replic� Wonse.</p><p>�Eres muy amable al recibirnos �dijo Vimes, apareciendo en la puerta. Wonse lo mir�.</p><p>�Ya que est�s aqu� �suspir�.</p><p>El capit�n dej� caer su casco sobre el escritorio de Wonse, con un gesto que el secretario consider� de lo m�s ofensivo, y se sent�.</p><p>�Si�ntate �sugiri� Wonse.</p><p>��Has desayunado ya? �pregunt� Vimes.</p><p>�A�n no�</p><p>�No te preocupes �lo interrumpi� el otro alegremente�. El agente Zanahoria ir� a ver qu� ten�is por la cocina. Este muchacho le mostrar� el camino.</p><p>Cuando hubieron salido, Wonse se inclin� sobre la marea de papeles.</p><p>�M�s vale que haya un buen motivo para�</p><p>�El drag�n ha vuelto �dijo Vimes. Wonse lo mir�. Vimes le devolvi� la mirada.</p><p>Los sentidos de Wonse volvieron del remoto rinc�n donde se hab�an refugiado.</p><p>�Has estado bebiendo, �verdad?</p><p>�No. El drag�n ha vuelto.</p><p>�Oye, mira�</p><p>�Yo lo he visto �se�al� Vimes con certidumbre.</p><p>��Has visto un drag�n? �Est�s seguro? Vimes se inclin� sobre el escritorio.</p><p>��No! �Puede que me haya equivocado como un imb�cil! �grit�. �Puede que haya visto alguna otra cosa gigantesca con zarpas enormes, alas cubiertas de escamas y aliento de fuego! �Debe de haber millones de bichos que respondan a esa descripci�n!</p><p>��Pero si vimos c�mo lo mataba! �exclam� Wonse.</p><p>�No s� qu� vimos �replic� Vimes�. Pero s� muy bien lo que vi yo.</p><p>Se ech� hacia atr�s, temblando. De repente, se sent�a muy, muy cansado.</p><p>�De cualquier manera �sigui�, tratando de controlar su tono de voz�, hay una casa quemada en la calle Casilimpia. Igual que las otras.</p><p>��Ha sobrevivido alguno?</p><p>Vimes apoy� la cabeza entre las manos. Se pregunt� cu�nto tiempo hac�a que no dorm�a, que no dorm�a bien, con s�banas. O cu�nto hac�a que no com�a bien. �Hab�a sido la noche anterior, o hac�a ya dos noches? Ahora que lo pensaba, �hab�a dormido bien alguna vez en toda su vida? Ten�a la sensaci�n de que no. Morfeo se hab�a arremangado y le estaba estrujando el cerebro. Pero algunas c�lulas grises se rebelaban �Que si hab�a sobrevivido�?</p><p>��Alguno? �pregunt�.</p><p>�Alguno de los habitantes que hubiera en la casa, por supuesto �dijo Wonse�. Es de suponer que habr�a gente dentro. Como es de noche�</p><p>��Eh? Ah. S�. No era una casa normal. Creo que se trataba de una sociedad secreta, o algo por el estilo �consigui� responder Vimes.</p><p>Algo le estaba cosquilleando al fondo de la mente, pero estaba demasiado cansado como para prestarle atenci�n.</p><p>��Magia, quieres decir?</p><p>�No s�. Es posible. Unos tipos vestidos con t�nicas. Me va a decir que he estado trabajando demasiado, pens�. Y encima tendr� <emphasis>raz�n.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Mira �dijo Wonse con amabilidad�, la gente que se dedica a trastear con la magia y no sabe controlarla�, bueno, puede volar por los aires y�</p><p>��Volar por los aires?</p><p>�Y t� llevas unos d�as muy ajetreados �sigui� Wonse, tranquilizador. Si a m� me hubiera derribado un drag�n, y hubiera estado a punto de achicharrarme, yo tambi�n los ver�a por todas partes.</p><p>Vimes lo mir� con la boca abierta. No se le ocurr�a nada que decir. La banda el�stica que lo hab�a mantenido en pie durante los �ltimos d�as se hab�a roto ya.</p><p>��No te parece que has estado trabajando demasiado ? �pregunt� Wonse.</p><p>Ah, pens� Vimes. Menos mal. Y se derrumb� hacia adelante.</p><empty-line/><p>El bibliotecario se inclin� cautelosamente para mirar los libros, y extendi� un brazo en la oscuridad.</p><p>All� estaba.</p><p>Sus gruesas u�as rascaron el lomo del libro. Lo sac� cuidadosamente del estante y lo levant�. Alz� la l�mpara para verlo.</p><p>No hab�a duda. <emphasis>La invocaci�n de dragones. </emphasis>Ejemplar �nico, primera edici�n, ligeramente maltratado por el tiempo y muy maltratado por los dragones.</p><p>Puso la l�mpara a un lado y empez� a leer por la primera p�gina.</p><empty-line/><p>��Mmm? �mascull� Vimes al despertarse.</p><p>�Te he tra�do una buena taza de t�, capit�n �dijo el sargento Colon�. Y un trozo de bizcocho. Vimes lo mir� sin comprender.</p><p>�Has estado durmiendo �le explic� el sargento Colon�. Cuando Zanahoria te trajo, no hab�a manera de despertarte.</p><p>Vimes mir� a su alrededor, observando el entorno ya familiar del Yard.</p><p>�Oh �dijo.</p><p>�Nobby y yo hemos estado detectando �sigui� Colon�. �Te acuerdas de esa casa que se fundi�? Bueno, pues all� no vive nadie. S�lo son habitaciones que se alquilan, as� que fuimos a buscar al due�o. Hay un encargado que va todas las noches a guardar las sillas y a echar la llave. No le hizo la menor gracia que se quemara. Ya sabes c�mo es esa gente.</p><p>Se irgui�, aguardando el aplauso.</p><p>�Bien hecho �lo complaci� Vimes al tiempo que mojaba el bizcocho en el t�.</p><p>�Hay tres sociedades que usan el local �sigui� Colon. Sac� la libreta de notas�. Son�, a ver�, La Sociedad Ankh-Morpork de Amantes del Buen Arte, ejem, ejem, el Club de Canciones y Bailes Populares de Morpork, y los Hermanos Esclarecidos de la Noche �bano.</p><p>��Por qu� ejem ejem? �se interes� Vimes.</p><p>�Bueno, ya sabes�, eso del �arte�. No son m�s que tipos que pintan cuadros de jovencitas al natural �explic� Colon, el entendido�. Me lo dijo el encargado. Algunos de ellos ni siquiera llegan a mojar los pinceles, es una aut�ntica verg�enza.</p><p>En esta ciudad debe de haber un mill�n de historias, pens� Vimes. Entonces, �por qu� siempre me toca escuchar las de este tipo?</p><p>��Cu�ndo se re�nen? �pregunt�.</p><p>�Los lunes a las siete y media, la entrada cuesta diez peniques �le inform� Colon r�pidamente�. En cuanto a los de los bailes populares�, bueno, eso no es problema. �Nunca te has preguntado qu� hac�a el cabo Nobbs en sus noches libres?</p><p>El rostro de Colon se abri� en una sonrisa como una raja de sand�a.</p><p>��No! �exclam� Vimes, incr�dulo�. �Nobby? �Imposible!</p><p>��Pues s�! �replic� el sargento, encantado ante el resultado de la informaci�n.</p><p>��Y va por ah� agitando panderetas con cascabeles y dando saltitos?</p><p>�Dice que es muy importante preservar las viejas tradiciones �explic� Colon.</p><p>��Nobby? �El se�or Patadas-a-la-entrepierna, S�lo-estaba-probando-el-picaporte-y-se-abri�?</p><p>��El mismo! Qu� mundo este, �eh? Le dio verg�enza que me enterara.</p><p>�Dioses �suspir� Vimes.</p><p>�Eso viene a demostrar que las apariencias enga�an �sigui� Colon�. En fin, sigamos con el tema. El encargado dijo que los Hermanos Esclarecidos siempre dejan el local hecho un asco. Marcas de tiza pisoteadas en el suelo, y todo eso. Y que nunca ordenan las sillas, ni lavan la urna del t�. �ltimamente se han estado reuniendo a menudo, seg�n �l. Los pintores de chicas desnudas tuvieron que buscarse otro local la semana pasada.</p><p>��Qu� hab�is hecho con nuestro sospechoso? �pregunt� Vimes.</p><p>���se? Oh�, se nos escap�, capit�n �respondi� el sargento, avergonzado.</p><p>��Por qu�? No parec�a en condiciones de ir muy lejos.</p><p>�Bueno, cuando llegamos aqu�, lo sentamos junto a la chimenea y le echamos una manta por encima, porque no paraba de tiritar �explic� Colon mientras Vimes se pon�a la cota de mallas.</p><p>�Espero que no os comierais sus pizzas.</p><p>�Se las comi� Errol. Es por lo del queso, se pone todo�</p><p>�Sigue.</p><p>�Pues eso �continu� Colon, titubeante�, no dejaba de temblar, de tintar, de gimotear cosas sobre dragones y todo eso. La verdad es que nos dio pena. Y entonces, peg� un salto y sali� huyendo, sin ning�n motivo.</p><p>Vimes clav� una mirada en el rostro abierto y deshonesto del sargento.</p><p>��Sin ning�n motivo?</p><p>�Bueeeno�, decidimos comer algo, as� que le dije a Nobby que fuera a la panader�a, �sabes?, y pensamos que al prisionero igual le apetec�a comer algo�</p><p>��S�? �lo alent� Vimes.</p><p>�Pues el caso es que Nobby le pregunt� que si quer�a algo asado, y entonces el tipo ese peg� un grito y sali� corriendo.</p><p>��Nada m�s? �se extra�� Vimes�. �No le amenazasteis con nada?</p><p>�Eso fue todo, capit�n. A m� tambi�n me parece un misterio. No dejaba de hablar sobre alguien llamado Gran Maestro Supremo.</p><p>�Mmm. �Vimes mir� por la ventana. Una penumbra gris envolv�a el mundo�. �Qu� hora es?</p><p>�pregunt�.</p><p>�Las cinco, se�or.</p><p>�Perfecto. Bueno, antes de que oscurezca� Colon carraspe�.</p><p>�De la ma�ana, se�or. Ya es ma�ana.</p><p>��Me hab�is dejado dormir todo el d�a?</p><p>�No tuvimos valor para despertarte. El drag�n no ha dado se�ales de vida, si es eso lo que te preocupa. La verdad es que no ha pasado nada.</p><p>Vimes se lo qued� mirando. Luego, abri� la ventana de par en par.</p><p>La niebla entr� como una catarata de bordes amarillentos.</p><p>�Suponemos que se habr� marchado �dijo Colon, detr�s de �l.</p><p>El capit�n alz� la vista hacia las espesas nubes.</p><p>�Espero que se despejen antes de la coronaci�n �sigui� Colon con voz preocupada�. �Est�s bien, capit�n?</p><p>No se ha marchado, pens� Vimes. �Por qu� iba a marcharse? No podemos hacerle da�o, y aqu� tiene todo lo que puede querer. Est� ah� arriba, en alguna parte.</p><p>��Est�s bien, capit�n? �repiti� Colon.</p><p>Tiene que estar ah� arriba, en alguna parte, entre la niebla. Hay montones de torres tras las que ocultarse.</p><p>��A qu� hora es la coronaci�n, sargento?</p><p>�Al mediod�a, se�or. Y el se�or Wonse envi� un mensaje, dice que tienes que estar con tu mejor armadura entre los ciudadanos destacados.</p><p>�Ah, �s�?</p><p>�Y el sargento Hummock dice que la guardia de d�a formar� a lo largo de la ruta.</p><p>��C�mo? �replic� Vimes vagamente, mirando el cielo.</p><p>�Pues poni�ndose firmes, supongo�</p><p>El capit�n asom� la cabeza para ver mejor el tejado.</p><p>��Mmm?</p><p>�He dicho que poni�ndose firmes, se�or �repiti� el sargento Colon.</p><p>�Est� ah� arriba, sargento �dijo Vimes�. Pr�cticamente puedo olerlo.</p><p>�S�, se�or �asinti� Colon, obediente.</p><p>�Est� decidiendo lo que va a hacer.</p><p>��S�, se�or?</p><p>�Tienen inteligencia, �sabes? Lo que pasa es que no piensan como nosotros.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�As� que al cuerno con lo de formar a lo largo de la ruta. Quiero que vosotros tres est�is en los tejados, �comprendido?</p><p>�S�, se� �qu�?</p><p>�En los tejados. En los m�s altos. Cuando aparezca, quiero que seamos los primeros en saberlo.</p><p>Colon trat� de indicar con la expresi�n de su rostro que �l <emphasis>no.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Crees que es buena idea, capit�n? �aventur�. Vimes lo mir�.</p><p>�S�, sargento, lo creo. Es una idea m�a �dijo fr�amente�. Ahora, ve a encargarte de todo.</p><p>Cuando se qued� solo, Vimes se lav� y se afeit� con agua fr�a, y luego busc� en su ba�l de campa�a hasta desenterrar la armadura ceremonial y la capa roja. Bueno, la capa hab�a sido roja en el pasado, y a�n lo era, en ciertos puntos, aunque la mayor parte de ella parec�a una red dise�ada para atrapar polillas que cumpliera perfectamente con su cometido. Tambi�n hab�a un casco, desafiante sin plumas, del que hac�a tiempo que hab�a desaparecido el chapado de oro del espesor de una mol�cula.</p><p>Recordaba haber empezado a ahorrar para una capa nueva. �Qu� hab�a pasado con el dinero?</p><p>En la sala de la guardia no quedaba nadie. Errol descansaba entre los restos del cuarto caj�n de fruta que Nobby hab�a rescatado de un basurero para �l. Lo que faltaba se lo hab�a comido, o lo hab�a disuelto.</p><p>En el c�lido silencio, los sempiternos rugidos de su est�mago sonaban a�n m�s fuertes. De cuando en cuando, gimoteaba.</p><p>Vimes le rasc� tras las orejas distra�damente.</p><p>��Qu� te pasa, muchacho? �pregunt�.</p><p>La puerta se abri� con un crujido. Zanahoria entr�, vio a Vimes acuclillado ante los restos de la caja, y salud�.</p><p>�Estamos un poco preocupados por �l, capit�n �le inform�. No se ha comido el carb�n. Se limita a estar ah� tumbado, temblando y lloriqueando todo el rato. �Cree que le sucede algo raro?</p><p>�Es posible �asinti� Vimes�. Pero es normal que a los dragones les sucedan cosas raras. Al final se les pasa, de una manera u otra.</p><p>Errol le dirigi� una mirada triste, y volvi� a cerrar los ojos. Vimes le ech� la zarrapastrosa manta por encima.</p><p>Se oy� un pitido. Busc� tras el cuerpecito tembloroso del drag�n, y sac� un peque�o hipop�tamo de goma. Lo mir�, sorprendido, y le dio un par de apretones experimentales.</p><p>�Pens� que a Errol le gustar�a jugar con algo, capit�n �explic� Zanahoria, algo avergonzado.</p><p>��Le has comprado un juguete?</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Qu� amable por tu parte.</p><p>Vimes esperaba que Zanahoria no hubiera visto la pelotita de goma escondida tras la caja. Le hab�a costado bastante cara.</p><p>Los dej� a los dos en la habitaci�n y sali� al mundo exterior.</p><p>Hab�a a�n m�s gente que de costumbre. Los ciudadanos empezaban a arremolinarse en las aceras de las calles principales, aunque a�n tendr�an que esperar varias horas. Aquello era deprimente.</p><p>Sinti� apetito, y por una vez supo que para satisfacerlo le har�a falta algo m�s que un par de copas. Fue a desayunar a la Casa de la Carne Harga, adonde iba desde hac�a a�os, y se llev� otra sorpresa desagradable. Por lo general, all� la �nica decoraci�n aparec�a en el chaleco de Sham Harga, y la comida era buena y s�lida para una ma�ana fr�a, todo calor�as, grasas, prote�nas y quiz� alguna vitamina lloriqueando porque estaba muy sola. Ahora la sala estaba llena de cadenetas de papel trabajosamente confeccionadas, y tuvo que enfrentarse a un men� en el que las palabras �Coronaci�n� y �Real� aparec�an en cada l�nea err�tica.</p><p>Vimes se�al� d�bilmente la primera parte.</p><p>��Qu� es esto? �quiso saber.</p><p>Harga mir� la pizarra. Estaban solos en la taberna.</p><p>�Dice �Por designio del rey�, capit�n �respondi�, orgulloso.</p><p>��Qu� quiere decir?</p><p>Harga se rasc� la cabeza con un tenedor.</p><p>�Quiere decir que, si el rey entra aqu�, le gustar� �explic�.</p><p>��Hay algo que no sea demasiado aristocr�tico para que me lo coma yo? �pregunt� Vimes con amargura.</p><p>Se decidi� por una rebanada de plebeyo pan y un proletario filete tan poco hecho que a�n se o�an sus mugidos. Comi� en la barra.</p><p>Un vago sonido de ara�azos interrumpi� su hilo de pensamientos.</p><p>��Qu� est�s haciendo? �pregunt�. Harga alz� la vista de su trabajo tras la barra, con gesto culpable.</p><p>�Nada, capit�n �respondi�.</p><p>Intent� ocultar las pruebas tras �l cuando Vimes se inclin� para ver por encima de la rayada barra de madera.</p><p>�Vamos, Sham. Me lo puedes ense�ar.</p><p>�S�lo estaba rascando la grasa de la sart�n �murmur� el otro.</p><p>�Ya. Oye, Sham, �cu�nto tiempo hace que nos conocemos? �pregunt� Vimes con terrible amabilidad.</p><p>�A�os, capit�n �respondi� Harga�. Vienes aqu� cada d�a, sin falta. Eres uno de mis mejores clientes.</p><p>Vimes se inclin� sobre la barra hasta que su nariz qued� a la altura del bulto aplastado en medio del rostro del tabernero.</p><p>�Y en todo ese tiempo, �has cambiado alguna vez la grasa de la sart�n? �exigi� saber. Harga trat� de retroceder.</p><p>�Bueno�</p><p>�Esa grasa ha sido como una amiga para m� �dijo Vimes�. Tiene trocitos negros que he llegado a conocer y a amar. Es un alimento por m�rito propio. Y tambi�n has limpiado la jarra de caf�, �verdad? Lo s�. Esto es un caf� novato, sin experiencia. El otro caf� ten�a personalidad.</p><p>�La verdad, pens� que ya era hora�</p><p>��Por qu�?</p><p>Harga dej� que la sart�n resbalara de entre sus dedos regordetes.</p><p>�Bueno, pens� que si el rey entraba por casualidad�</p><p>��Os hab�is vuelto locos todos!</p><p>�Pero, capit�n�</p><p>El dedo acusador de Vimes se enterr� en la segunda costura del amplio chaleco de Harga.</p><p>��Ni siquiera sab�is c�mo se llama ese tipejo! �grit�.</p><p>Harga aprovech� la oportunidad.</p><p>�Yo s� que lo s�, capit�n �tartamude�. Claro que lo s�. Lo he visto en los carteles y todo eso. Se llama Rex Vivat.</p><p>Poco a poco, sacudiendo la cabeza con desesperaci�n, llorando para sus adentros por lo servil de la humanidad, Vimes solt� al tabernero.</p><p>En otro tiempo, en otro lugar, el bibliotecario termin� de leer. Hab�a llegado al final del texto. No era el final del libro�, a�n quedaba mucho. Pero estaba chamuscado hasta resultar ilegible.</p><p>No era que las �ltimas p�ginas sin quemar le hubieran resultado f�ciles de leer. Al autor le hab�a temblado mucho la mano, hab�a escrito deprisa, y se le hab�a escapado m�s de un borr�n. Pero el bibliotecario estaba acostumbrado a luchar con textos aterradores en algunos de los peores libros jam�s encuadernados, con palabras que intentaban leerte al tiempo que t� las le�as a ellas, palabras que se retorc�an en las p�ginas. Al menos, las de este libro no eran as�. Eran, sencillamente, las palabras de un hombre muerto de miedo. De un hombre escribiendo una advertencia terrible.</p><p>Una de las p�ginas, cuando faltaba poco para llegar a las quemadas, hab�a llamado especialmente la atenci�n al bibliotecario. Se la qued� leyendo y releyendo largo rato.</p><p>Luego, contempl� la oscuridad.</p><p>Aqu�lla era su oscuridad. Estaba dormido all�, en alg�n lugar. Un ladr�n se dirig�a hacia aquella estanter�a, para robar aquel libro en concreto. Y luego alguien leer�a el libro, leer�a aquellas palabras, y har�a lo que ya hab�a hecho.</p><p>Le escoc�an las manos.</p><p>Lo �nico que ten�a que hacer era esconder el libro. O dejarse caer sobre la cabeza del ladr�n y desenrosc�rsela por las orejas.</p><p>Contempl� de nuevo la oscuridad�</p><p>Pero eso ser�a interferir en el rumbo de la historia. Pod�an pasar cosas horribles. El bibliotecario lo sab�a todo sobre esos asuntos, era parte de lo que te ense�an antes de permitirte entrar en el Espacio-B. Hab�a visto dibujos en libros antiguos. El tiempo pod�a bifurcarse, como unos pantalones. Pod�as acabar en la pernera equivocada, viviendo una vida que en realidad estaba sucediendo en la otra pernera, hablando con gente que no estaba en tu pernera, tropezando con paredes que ya no exist�an. La vida pod�a ser horrible en el pantal�n equivocado del Tiempo.</p><p>Adem�s, iba contra las normas de la biblioteca.<a l:href="#n_19" type="note">[19]</a> El Consejo de Bibliotecarios del Espaciotiempo se pondr�a m�s que serio si empezaba a trastear con la causalidad.</p><p>Cerr� el libro con cuidado y volvi� a colocarlo en el estante. Luego, fue saltando de estanter�a en estanter�a hasta llegar a la puerta. Por un momento, se detuvo y contempl� su propio cuerpo durmiente. Quiz� se pregunt� un instante si no deber�a despertarse, tener una peque�a charla, decirle que ten�a amigos y no deb�a preocuparse. Si se lo pregunt�, decidi� no hacerlo. Ese tipo de cosas no pod�an traer m�s que complicaciones.</p><p>En vez de eso, sali� por la puerta y, cobijado por las sombras, sigui� al ladr�n cuando sali� con el libro. Esper� bajo la lluvia junto al portal hasta que acab� la reuni�n de los Hermanos Esclarecidos y, cuando sali� el �ltimo de ellos, lo sigui� hasta su casa. Murmur� para sus adentros una antropoide exclamaci�n de sorpresa.</p><p>Corri� de vuelta a su biblioteca, y a los traicioneros caminos del Espacio-B.</p><empty-line/><p>A media ma�ana, las calles ya estaban atestadas, Vimes hab�a multado a Nobby con medio d�a de sueldo por agitar una banderita, y un ambiente ominoso se hab�a adue�ado del Yard, como si fuera una gran nube negra surcada por alg�n que otro rel�mpago.</p><p>��Subid a alg�n lugar alto� �refunfu�� Nobby�. Se dice f�cil.</p><p>�A m� me habr�a gustado formar a lo largo de la ruta �dijo Colon�. Lo ver�amos mejor que nadie.</p><p>�Anoche defend�as los privilegios y derechos del hombre �se�al� Nobby, acusador.</p><p>�S�, bueno, es que uno de los derechos y privilegios del hombre es ver las cosas mejor que nadie �replic� el sargento�. Es lo �nico que digo.</p><p>�Nunca hab�a visto al capit�n de tan mal humor �suspir� el cabo�. Me gustaba m�s cuando estaba borracho. La verdad es que se ha puesto�</p><p>�Creo que Errol est� muy enfermo �dijo Zanahoria.</p><p>Todos se volvieron hacia la caja de fruta.</p><p>�Est� muy caliente. Y le brilla mucho la piel.</p><p>��Cu�l es la temperatura normal para un drag�n?</p><p>�quiso saber Colon.</p><p>�Eso, �c�mo se le toma la temperatura? �asinti� Nobby.</p><p>�Quiz� deber�amos pedir a lady Ramkin que le echara un vistazo �dijo el muchacho�. Ella entiende de estas cosas.</p><p>�No, seguro que estar� prepar�ndose para la coronaci�n. No podemos ir a molestarla �replic� Colon. Extendi� una mano hacia el costado tembloroso de Errol�. Yo ten�a un perro que� �Arrrgh! �No est� caliente, est� hirviendo!</p><p>�Le he ofrecido agua montones de veces, y no quiere ni probarla. �Qu� hace con esa tetera, Nobby? Nobby le mir� con cara de inocencia.</p><p>�Bueno, he pensado que podr�amos prepararnos una taza de t� antes de salir. Es una pena desperdiciar�</p><p>��Ap�rtela de �l!</p><empty-line/><p>Lleg� el mediod�a. La niebla no se disip�, se limit� a aclararse un poco para permitir que se viera un tenue brillo amarillento all� donde deber�a haber estado el sol.</p><p>Aunque el paso de los a�os hab�a convertido el t�tulo de Capit�n de la Guardia en algo bastante poco respetado, a�n significaba que Vimes ten�a derecho a un asiento en los acontecimientos oficiales. Eso s�, los a�os s� hab�an afectado a la ubicaci�n del asiento, y estaba sentado en la fila m�s baja de la grada, entre el presidente de la Hermandad de Mendigos y el director del Gremio de Profesores. Eso no le importaba. Cualquier cosa era mejor que la fila m�s alta, entre los Asesinos, los Ladrones, los Comerciantes y todos los otros tipejos que hab�an logrado convertirse en la crema de la sociedad. Nunca sab�a de qu� hablar. Adem�s, el profesor era una compa��a poco agobiante, ya que no hac�a m�s que estrujarse las manos y sollozar.</p><p>��Te pasa algo en el cuello, capit�n? �le pregunt� educadamente el mendigo, mientras aguardaban la llegada de los carruajes.</p><p>��Qu�? �respondi� Vimes, distra�do.</p><p>�No haces m�s que mirar hacia arriba.</p><p>��Eh? Oh. No. No pasa nada �dijo.</p><p>El mendigo se arrebuj� en la capa de terciopelo.</p><p>��No podr�as darme por casualidad� �Hizo una pausa para calcular una suma acorde a su estatus�� unos trescientos d�lares para un banquete con un men� de doce platos?</p><p>�No.</p><p>�Claro. Claro �asinti� el jefe de los mendigos.</p><p>Suspir�. Ser mendigo en jefe era un trabajo poco agradecido. Para eso sirve el estatus. Los mendigos de baja categor�a pod�an ganarse la vida razonablemente bien a base de calderilla, pero la gente tiene tendencia a mirar para otro lado cuando les pides para alquilar una mansi�n de diecis�is habitaciones para pasar la noche.</p><p>Vimes reanud� su estudio del cielo.</p><p>En el estado donde se celebrar�a la ceremonia se encontraba ya el Sumo Sacerdote de lo el Ciego, quien la noche anterior, gracias a su convincente argumentaci�n ecum�nica y a un palo con clavos en la punta, se hab�a ganado el derecho a coronar al rey. En aquel momento estaba ocupad�simo con los preparativos. Junto al peque�o altar port�til para sacrificios, una cabra masticaba tranquilamente el bolo alimenticio, y probablemente pensaba en idioma cabra: qu� cabra tan afortunada soy, qu� bien lo voy a ver todo desde aqu�. Esto ser� algo digno de contar a los nietos.</p><p>Vimes volvi� a examinar los difusos perfiles de los edificios m�s cercanos.</p><p>Unas aclamaciones lejanas le informaron de que la comitiva ceremonial ya estaba en camino.</p><p>La actividad se redobl� en el estrado cuando Lupine Wonse orden� a unos cuantos criados que desenrollaran una alfombra p�rpura para cubrir las escaleras.</p><p>Al otro lado de la plaza, entre los miembros de la diluida aristocracia de Ankh-Morpork, lady Ramkin tambi�n miraba hacia el cielo.</p><p>Un buen n�mero de sacerdotes menores, algunos de ellos con heridas en la cabeza, se situaron r�pidamente junto al trono, fabricado a toda velocidad con madera y panes de oro.</p><p>Vimes se removi� en su asiento, consciente de los latidos de su propio coraz�n, y contempl� la neblina que cubr�a el r�o�</p><p>� y vio las alas.</p><empty-line/><cite><p>Queridos padres [escribi� Zanahoria, mientras cumpl�a con su deber de vigilar la niebla]: la ciudad est� haciendo la coronaci�n, que es m�s complicado que como lo hacemos nosotros, y yo estoy de servicio. Es una pena, porque iba a ir a la coronaci�n con Reet, pero no sirve de nada quejarse. Ahora tengo que dejaros porque estamos esperando que aparezca un drag�n de un momento a otro aunque la verdad es que no existe. Vuestro hijo que os quiere, Zanahoria.</p><p>P.D.: �Hab�is visto a Minty �ltimamente?</p></cite><empty-line/><p>��Imb�cil!</p><p>�Lo siento �dijo Vimes�. Lo siento.</p><p>La gente volv�a a subir a sus asientos, y muchos le lanzaban miradas airadas. Wonse estaba l�vido de furia.</p><p>��C�mo has podido ser tan idiota? �aull�. Vimes se mir� fijamente las u�as.</p><p>�Me pareci� ver� �empez�.</p><p>��Era un cuervo! �Sabes c�mo son los cuervos? �Porque en esta ciudad los hay a cientos!</p><p>�Ha sido por la niebla, oye, no era tan f�cil ver el tama�o� �murmur� Vimes.</p><p>��Y el pobre Maestro Saludo, tendr�as que haber sabido c�mo le afectan los ruidos!</p><p>Al jefe del Gremio de Profesores se lo hab�an tenido que llevar unos amables espectadores.</p><p>��Mira que gritar as�! �sigui� Wonse.</p><p>��Oye, ya he dicho que lo siento! �Fue un error!</p><p>��Hasta he tenido que detener la comitiva! Vimes no dijo nada. Notaba perfectamente los cientos de miradas divertidas y nada compasivas.</p><p>�Bueno �murmur�, ser� mejor que vuelva al Yard�</p><p>Wonse entrecerr� los ojos.</p><p>��No! �rugi�. Pero puedes marcharte a casa, si quieres. O a donde te d� la gana. �Dame tu placa!</p><p>��Eh?</p><p>Wonse extendi� la mano.</p><p>�Tu placa �repiti�.</p><p>��Mi placa?</p><p>�Eso es lo que he dicho. No quiero que te vuelvas a meter en apuros.</p><p>Vimes lo mir� at�nito.</p><p>��Pero si es <emphasis>mi </emphasis>placa!</p><p>�Y me la vas a dar �replic� Wonse con gesto torvo�. Por orden del rey.</p><p>Vimes oy� c�mo su propia voz se convert�a en un gemido.</p><p>��C�mo que por orden del rey? �Si ni siquiera lo sabe!</p><p>�Pero lo sabr� �buf� Wonse, burl�n�. Y supongo que ni siquiera se molestar� en nombrar a un sucesor.</p><p>Lentamente, Vimes se quit� el disco de cobre verde gris�ceo, lo sopes� en la mano y se lo tendi� a Wonse sin decir palabra.</p><p>Por un momento, pens� en suplicar, pero algo dentro de �l se rebel�. Dio media vuelta y ech� a andar, alej�ndose de la multitud.</p><empty-line/><p>As� que eso era todo.</p><p>Tan sencillo. Despu�s de media vida de servicio. Se acab� la Guardia de la Ciudad. Ja. Vimes dio una patada a una piedra. Seguro que ahora habr�a una Guardia Real, o algo por el estilo.</p><p>Con plumas en los malditos cascos.</p><p>Bien, pues �l ya estaba harto. Al fin y al cabo, trabajar en la Guardia�, eso no era vida. No conoc�as a la gente en su mejor momento. Deb�a de haber cientos de otras cosas que pod�a hacer, y si meditaba el tiempo suficiente, seguro que se le ocurrir�a alguna de ellas.</p><p>Pseud�polis Yard no entraba en la ruta de la comitiva y, cuando entr� tambaleante en la Casa de la Guardia, alcanz� a o�r las aclamaciones lejanas, m�s all� de los tejados. Por toda la ciudad resonaban los gongs de los templos.</p><p>Ahora hacen sonar los gongs, pens� Vimes, pero pronto�, pronto�, pronto no har�n sonar los gongs. No era lo que se dice un gran aforismo, pero pod�a mejorarlo. Ahora ten�a tiempo de sobras.</p><p>Vimes se fij� en el caos.</p><p>Errol hab�a vuelto a comer. Se hab�a comido la mayor parte de la mesa, la rejilla de la chimenea, el cubo del carb�n, varias l�mparas y el hipop�tamo de goma. Ahora volv�a a estar tumbado en su caja, temblando y gimoteando en sue�os.</p><p>�Menuda la has armado �dijo Vimes, enigm�ticamente.</p><p>Al menos, �l no tendr�a que limpiarlo.</p><p>Abri� el caj�n de su escritorio.</p><p>Alguien se hab�a comido tambi�n eso. Todo lo que quedaba era un pu�ado de cristales rotos.</p><empty-line/><p>El sargento Colon salt� la baranda que rodeaba el tejado del Templo de los Dioses Menores. Era demasiado viejo para aquel tipo de cosas. Se hab�a apuntado en la Guardia para tocar la campana, no para sentarse en los tejados esperando a que lo encontrara un drag�n. Recuper� el aliento, y escudri�� entre la niebla.</p><p>��Hay alguien humano todav�a aqu� arriba? �susurr�.</p><p>La voz de Zanahoria reson� �tona e irreconocible en el aire espeso.</p><p>�Estoy aqu�, sargento �dijo.</p><p>�S�lo quer�a comprobar si estabais todav�a aqu� �respondi� Colon.</p><p>�Estoy todav�a aqu�, sargento �repiti� Zanahoria, obediente.</p><p>Colon se reuni� con �l.</p><p>�S�lo quer�a comprobar que no te hab�a devorado �insisti�, tratando de sonre�r.</p><p>�No me ha devorado �le asegur� Zanahoria.</p><p>�Oh �dijo Colon�. Muy bien. Tamborile� los dedos sobre la piedra h�meda e intent� dejar bien claras sus intenciones.</p><p>�Asegurarme, nada m�s �repiti�. Es parte de mi deber. Ir por ah� y asegurarme de las cosas. No es que me d� miedo estar en los tejados solo, ya me entiendes. Oye, qu� niebla hay aqu� arriba, �verdad?</p><p>�S�, sargento.</p><p>��Va todo bien?</p><p>La voz amortiguada de Nobby se col� a trav�s de la niebla, seguida r�pidamente por su propietario.</p><p>�S�, cabo �asinti� Zanahoria.</p><p>��Qu� haces t� aqu� arriba? �pregunt� Colon.</p><p>�S�lo quer�a asegurarme de que el agente Zanahoria se encontraba bien �replic� Nobby con inocencia�. �Y qu� haces t�, sargento?</p><p>�Todos estamos perfectamente �sonri� Zanahoria�. Qu� bien, �no?</p><p>Los dos guardias se removieron inc�modos, y evitaron mirarse el uno al otro. Hab�a un largo trayecto de vuelta hasta sus puestos, por tejados h�medos, cubiertos de niebla y, sobre todo, <emphasis>expuestos. </emphasis>Colon tom� una decisi�n ejecutiva.</p><p>�A la mierda �dijo.</p><p>Se sent� sobre una estatua gigantesca. Nobby se sac� una h�meda colilla del cenicero indescriptible que era la parte trasera de su oreja.</p><p>�He o�do pasar a la comitiva �se�al�. Colon carg� la pipa y encendi� una cerilla contra la piedra sobre la que se sentaba.</p><p>�Si ese drag�n est� vivo �dijo, contribuyendo a enturbiar el ambiente con el humo�, habr� puesto pies en polvorosa, os lo digo yo. Una ciudad no es lugar para un drag�n �a�adi� como a quien le cuesta lo suyo convencerse de lo que est� diciendo�. Se habr� largado a alg�n sitio donde haya lugares elevados y comida en abundancia, seguro.</p><p>��Algo as� como esta ciudad? �pregunt� Zanahoria.</p><p>��C�llate! �le ordenaron los dos al un�sono.</p><p>�P�same las cerillas, sargento �pidi� Nobby.</p><p>Colon le lanz� la cajetilla por encima de las tejas. Nobby la atrap� y encendi� una, que se apag� al instante. La niebla lo rodeaba.</p><p>�Cada vez hay m�s viento �observ�.</p><p>�Estupendo. Ya no soporto esta niebla �replic� el sargento�. �Qu� iba diciendo?</p><p>�Ibas diciendo que el drag�n estar� ya a muchos kil�metros �le record� Nobby.</p><p>�Ah. Claro. A m� me parece l�gico, �no? O sea, si yo pudiera volar, no me quedar�a aqu� ni un minuto. Si pudiera volar, no estar�a sentado en un tejado, sobre una est�pida estatua. Si pudiera volar�</p><p>��Qu� estatua? �pregunt� Nobby, con el cigarrillo a medio camino de la boca.</p><p>�Esta �dijo Colon, dando unas palmaditas a la piedra�. Y no intentes meterme miedo, Nobby. Sabes de sobra que hay cientos de estatuas viejas en el tejado de los Dioses Menores.</p><p>�Pues no �replic� el cabo�. Lo que s� de sobra es que las derribaron todas el mes pasado, cuando pusieron las tejas nuevas. Ahora s�lo queda el tejado y la c�pula, nada m�s. Hay que fijarse en este tipo de cosas cuando uno va por ah� detectando �a�adi�.</p><p>En el h�medo silencio que sigui�, el sargento Colon baj� la vista hacia la piedra sobre la que estaba sentado. Ten�a forma afilada, un relieve de escamas y una indefinible sensaci�n de <emphasis>cola. </emphasis>La sigui� en toda su extensi�n, que se perd�a entre la niebla cada vez m�s escasa.</p><p>Sobre la c�pula de los Dioses Menores, el drag�n alz� la cabeza, bostez� y despleg� las alas.</p><p>El despliegue no era una operaci�n sencilla. Pareci� durar alg�n tiempo, mientras la compleja maquinaria biol�gica de costillas y membranas se extend�a. Luego, con las alas ya abiertas, el drag�n bostez� de nuevo, dio unos cuantos pasos hasta el borde del tejado y salt� al aire.</p><p>Tras unos momentos, una mano apareci� por el borde de la baranda. Se agit� con desesperaci�n hasta encontrar un asidero aceptable.</p><p>Se oy� un gru�ido. Zanahoria consigui� volver a subir al tejado, tirando de los otros dos. Todos se quedaron tendidos sobre las tejas, jadeando. El muchacho se fij� en que las zarpas del drag�n hab�an perforado profundos surcos en el metal del borde. Era de ese tipo de cosas en las que uno no puede dejar de fijarse.</p><p>��No ser�, no ser� mejor que avisemos a la gente? �jade�.</p><p>Colon se incorpor� lo justo como para divisar la ciudad en toda su extensi�n.</p><p>�No creo que haga falta �dijo�. Me parece que pronto se dar�n cuenta.</p><empty-line/><p>El Sumo Sacerdote de lo el Ciego recitaba las frases titubeante. Nunca hab�a habido una ceremonia de coronaci�n oficial en Ankh-Morpork, que �l supiera. Los reyes de la antig�edad se las hab�an arreglado de sobra con frases como �Nos tenemos la corona, y mataremos a cualquiera que intente quit�rnosla, por mil diablos�. Aparte de todo lo dem�s, era bastante breve. Se hab�a pasado mucho tiempo buscando algo m�s largo, m�s adecuado al esp�ritu de los tiempos, y ahora le costaba trabajo recordarlo.</p><p>Adem�s, le pon�a nervioso la cabra, que no dejaba de mirarlo con leal inter�s.</p><p>��Sigue de una vez! �sise� Wonse desde su lugar tras el trono.</p><p>�Todo a su debido tiempo �replic� el sumo sacerdote, tambi�n en un susurro�. Esto es una coronaci�n, por si no te has dado cuenta. A ver si mostramos un poco m�s de respeto.</p><p>��Ya estoy mostrando respeto! Ahora, sigue con� Se oy� un grito a su derecha. Wonse mir� hacia la multitud.</p><p>�Es esa tal Ramkin �dijo�. �Qu� pretende?</p><p>La gente que rodeaba a la dama estaba gritando. Todos los dedos se�alaban en la misma direcci�n, como un peque�o bosque. Se oyeron uno o dos alaridos, y luego la multitud se movi� como una marea.</p><p>Wonse mir� hacia el otro lado de la ancha calle de los Dioses Menores.</p><p>All� no hab�a un cuervo. Esta vez no.</p><empty-line/><p>El drag�n vol� lentamente, a tan s�lo unos metros por encima del suelo, con las amplias alas extendidas.</p><p>Las cadenetas de banderines que cruzaban la calle estaban en su camino. Las arranc� al pasar, y adornaron su lomo y su cola durante el vuelo.</p><p>Volaba con la cabeza y el cuello completamente extendidos, como si una barcaza tirase del enorme cuerpo. La gente de la calle gritaba y se empujaba, peleando por el refugio que ofrec�an los portales. El drag�n no les prest� atenci�n.</p><p>Deber�a haber llegado rugiendo, pero los �nicos sonidos que emit�a eran el batir de sus alas y el siseo de los banderines.</p><p>Deber�a haber llegado rugiendo. No as�, no de una manera tan lenta y deliberada, midiendo el tiempo para que el terror madurase. Deber�a haber llegado amenazando. No prometiendo.</p><p>Deber�a haber llegado rugiendo, no volando con gracilidad, con una ristra de banderitas en la cola.</p><empty-line/><p>Vimes abri� el otro caj�n de su escritorio, y mir� todo el papeleo acumulado en su interior. All� no hab�a gran cosa que pudiera considerar realmente suya. Un sobrecito de az�car a medias le record� que ahora deb�a seis peniques por diferentes t�s.</p><p>Qu� extra�o. A�n no estaba furioso. M�s tarde lo estar�a, por supuesto. Antes de que anocheciera, estar�a enfadado. Borracho y enfadado. Pero todav�a no. Todav�a no. Todav�a no lo hab�a asimilado, y sab�a que estaba haciendo todo aquello s�lo para evitar pensar.</p><p>Errol se desperez� en su caj�n, alz� la cabeza y gimote�.</p><p>��Qu� te pasa, muchacho? �pregunt� Vimes, acuclill�ndose junto a �l�. �Tienes el est�mago revuelto?</p><p>La piel del dragoncito se mov�a como si dentro de �l hubiera una f�brica de maquinaria pesada. En <emphasis>Enfermedades del drag�n </emphasis>no se hablaba de nada semejante a aquello. Del est�mago del animal surg�an ruidos como los de una complicada guerra en una zona de terremotos.</p><p>Sin duda, aquello no estaba bien. Sybil Ramkin dec�a que hab�a que prestar atenci�n a la dieta de los dragones, ya que cualquier molestia estomacal pod�a decorar las paredes y el techo con pat�ticos trocitos de piel escamosa. Pero, en los �ltimos d�as�, bueno, Errol hab�a engullido pizzas fr�as, y la ceniza de las espantosas colillas de Nobby, y, en t�rminos generales, lo que le hab�a apetecido. Todo le apetec�a, a juzgar por el aspecto de la habitaci�n. Por no mencionar el contenido del �ltimo caj�n.</p><p>�La verdad es que no te hemos cuidado muy bien, �eh? �suspir� Vimes�. Te hemos tratado como a un perro.</p><p>Se pregunt� qu� efectos tendr�an sobre la digesti�n de los dragones los hipop�tamos de goma.</p><p>Poco a poco, Vimes se dio cuenta de que las aclamaciones y aplausos que se o�an a lo lejos se hab�an transformado en gritos.</p><p>Mir� a Errol. Luego, esboz� una sonrisa incre�blemente mal�vola, y se levant�.</p><p>Se o�an sonidos de p�nico, y de gente huyendo a toda velocidad.</p><p>Se puso el abollado casco en la cabeza, y le dio un golpecito travieso. Despu�s, silbando una melod�a enloquecida, sali� del edificio.</p><p>Errol se qued� quieto un buen rato. Al final, con muchas dificultades, sali� de su caja, mitad arrastr�ndose mitad rodando. Le llegaban extra�os mensajes de la enorme parte de su cerebro que controlaba el aparato digestivo. Le exig�a ciertas cosas de las que no sab�a ni el nombre. Por suerte, las pod�a describir con todo lujo de detalles a los complejos receptores de sus fosas nasales. Someti� el aire de la habitaci�n a un examen minucioso. Gir� la cabeza en un movimiento de triangulaci�n.</p><p>Se arrastr� por el suelo y, con una expresi�n de disfrute absoluto, empez� a devorar la lata de abrillantador para armaduras de Zanahoria.</p><empty-line/><p>La gente pas� corriendo junto a Vimes cuando �ste recorri� la calle de los Dioses Menores. En la plaza de Lunas Rotas, el humo se elevaba hacia el cielo.</p><p>El drag�n estaba posado en el estrado de la coronaci�n, o lo que quedaba de �l. Ten�a una expresi�n de satisfacci�n absoluta.</p><p>No hab�a rastro del trono, ni de su ocupante, aunque quiz� un complicado examen forense del mont�n de cenizas que hab�a sobre la madera humeante pudiera aportar alguna pista definitiva.</p><p>Vimes se agarr� a una fuente ornamental para que la multitud no lo arrastrara en su estampida. Todas las calles que sal�an de la plaza estaban abarrotadas de gente que hu�a. Pero sin hacer demasiado ruido, seg�n advirti� Vimes. Nadie quer�a volver a desperdiciar el aliento chillando. Era, sencillamente, una s�lida determinaci�n de encontrarse en cualquier otra parte.</p><p>El drag�n extendi� las alas y las sacudi� sin prisas. Los ciudadanos que se encontraban m�s rezagados en la huida tomaron esto como una indicaci�n para subirse a las espaldas de los que ten�an delante, y escapar saltando de cabeza en cabeza.</p><p>A los pocos segundos, en la plaza no quedaba m�s que alg�n que otro imb�cil y los que padec�an un caso terminal de sorpresa aguda. Incluso los que hab�an resultado semiaplastados por la multitud se arrastraban valientemente hacia la salida m�s cercana.</p><p>Vimes mir� a su alrededor. Parec�a haber montones de banderas ca�das, y una cabra vieja se dedicaba a devorar algunas sin dar cr�dito a su suerte. A lo lejos pudo ver a Y-Voy-A-La-Ruina, a cuatro patas, tratando de recoger el contenido de su bandeja.</p><p>Al lado de Vimes, un ni�o peque�o agitaba una banderita titubeante y gritaba �Hurra�.</p><p>Luego, todo qued� en silencio.</p><p>Vimes se inclin� hacia el cr�o.</p><p>�Me parece que ser� mejor que te vayas a tu casa �dijo.</p><p>El ni�o lo mir�.</p><p>��Eres un guardia?</p><p>�No. Y s�.</p><p>��Qu� le ha pasado al rey, guardia?</p><p>�Eh�, creo que se ha ido a descansar.</p><p>�Mi t�a me ha dicho que no hable con los guardias �sigui� el mocoso.</p><p>�Entonces, lo mejor es que te vayas corriendo a tu casa a contarle lo obediente que has sido �replic� Vimes.</p><p>�Mi t�a me dice que, si soy malo, me pondr� en el tejado y llamar� al drag�n �dijo el ni�o sin darle gran importancia�. Mi t�a dice que te come empezando por las piernas, para que veas lo que te est� pasando.</p><p>��Por qu� no te vas a casa y le dices a tu t�a que es un gran ejemplo de la tradici�n educadora de Ankh-Morpork? �Venga, vete de una vez!</p><p>�Te machaca los huesos �a�adi� el ni�o alegremente�. Y cuando llega a la cabeza, te�</p><p>��Mira, est� ah� arriba! �grit� Vimes�. �Es el drag�n malo que te va a comer! �Vete a casa, corre!</p><p>El ni�o alz� la vista hacia la bestia que descansaba sobre los restos del estrado.</p><p>�A�n no lo he visto comerse a nadie �se quej�.</p><p>�L�rgate de una vez o te vas a enterar de lo que es una buena azotaina �dijo Vimes al final.</p><p>Aquello parec�a m�s adecuado. El ni�o comprendi� y asinti�.</p><p>�Vale. �Puedo gritar hurra otra vez?</p><p>�Si quieres�</p><p>�Hurra.</p><p>Bravo por la relaci�n entre polic�a-ciudadanos, pens� Vimes. Aventur� otra mirada desde detr�s de la fuente.</p><p>�Diga lo que quiera �retumb� una voz justo por encima de �l�, yo sigo pensando que es un esp�cimen magn�fico.</p><p>Vimes mir� hacia arriba, hacia el cuenco que formaba la c�spide de la fuente.</p><p>��Se ha dado cuenta de que, cada vez que nos vemos, aparece un drag�n? �dijo Sybil Ramkin, baj�ndose de la fuente y dej�ndose caer ante �l con una sonrisa de oreja a oreja�. Es casi como tener nuestra propia canci�n, o algo por el estilo.</p><p>�Est� ah�, sentado, no hace m�s que mirar a su alrededor. Como si esperase a que sucediera algo.</p><p>El drag�n parpade� con paciencia jur�sica.</p><p>Las calles que sal�an de la plaza estaban abarrotadas de gente. �se era el instinto de Ankh-Morpork, pens� Vimes. Huye, y luego te paras a ver si le est� sucediendo algo interesante a otras personas.</p><p>Algo se movi� entre los restos del estrado, cerca de la zarpa derecha del drag�n, y el Sumo Sacerdote de lo el Ciego se puso trabajosamente en pie. De su t�nica cay� una cascada de polvo y astillas. A�n ten�a el suced�neo de corona en una mano.</p><p>Vimes vio c�mo el anciano alzaba la vista hacia un par de ojos rojos brillantes como brasas, a varios metros por encima de �l.</p><p>��Los dragones pueden leer la mente? �susurr� a lady Ramkin.</p><p>�Yo estoy segura de que los m�os entienden cada palabra que les digo �sise� ella�. �Oh, no! �Ese viejo imb�cil le est� dando la corona!</p><p>��No le parece buena idea? A los dragones les gusta el oro. Es como tirarle un hueso a un perro, �no?</p><p>�Oh, dioses �suspir� Sybil Ramkin�. Puede que no. Los dragones tienen un paladar muy sensible.</p><p>El gran drag�n parpade� observando el peque�o aro de oro. Luego, con toda delicadeza, extendi� una u�a de un metro de largo y enganch� la cosa para cogerla de entre los dedos temblorosos del sacerdote.</p><p>��Qu� quiere decir con eso de sensible? �dijo Vi-mes, observando c�mo la u�a viajaba lentamente hacia la cabeza alargada, equina.</p><p>�Que tienen el sentido del gusto muy desarrollado. Probablemente sea una aptitud gen�tica.</p><p>��Quiere decir que puede saborear el oro? �susurr� Vimes cuando la corona recibi� un lamet�n.</p><p>�Sin duda alguna. Y olerlo.</p><p>Vimes se pregunt� qu� posibilidades habr�a de que la corona fuera de oro. Decidi� que pocas. Pan de oro sobre cobre, con suerte. Lo suficiente como para enga�ar a los seres humanos. Y luego se pregunt� c�mo reaccionar�a alguien si le ofrecieran az�car y, una vez hubiera puesto tres cucharadas en el caf�, resultara que era sal.</p><p>El drag�n se quit� la zarpa de la boca y, con un movimiento gr�cil, atrap� al sumo sacerdote, que trataba de escapar a hurtadillas, y lo lanz� por los aires. Cuando el hombre estuvo en la c�spide del arco, gritando, la gran boca de la bestia se abri� y�</p><p>��Dioses! �exclam� lady Ramkin. Los espectadores dejaron escapar un gemido colectivo.</p><p>��Qu� temperatura! �exclam� Vimes�. No ha quedado nada, �s�lo un jir�n de humo!</p><p>Hubo otro movimiento entre los restos del estrado. Se levant� una figura m�s.</p><p>Era Lupine Wonse, cubierto por una capa de cenizas.</p><p>Vimes lo vio alzar la mirada hacia un par de fosas nasales del tama�o de un paraguas.</p><p>Wonse ech� a correr. Vimes se pregunt� c�mo se sentir�a uno al huir de algo como aquello, esperando que en cualquier momento tu columna vertebral alcanzara durante unos instantes una temperatura pr�xima a la del punto de vaporizaci�n del hierro. Se lo imaginaba muy bien.</p><p>Wonse consigui� recorrer media plaza antes de que el drag�n saltara con una agilidad sorprendente para un ser de su tama�o, y lo atrapara. La zarpa que levant� a la figura que se debat�a se detuvo a pocos metros de los ojos del drag�n.</p><p>Pareci� examinar al hombre durante un rato, d�ndole vueltas para verlo mejor. Despu�s, movi�ndose con las tres patas libres y batiendo las alas de cuando en cuando para mantener el equilibrio, sali� de la plaza y se alej� en direcci�n a�, a lo que en el pasado hab�a sido el palacio del patricio. Y el palacio del rey, tambi�n en el pasado.</p><p>Hizo caso omiso de los espectadores que se apretaban contra las paredes. Derrib� el arco de entrada con los hombros, con una deprimente facilidad. Las puertas en s�, grandes, s�lidas, chapadas en hierro, aguantaron unos sorprendentes diez segundos antes de derrumbarse convertidas en un montoncito de cenizas brillantes.</p><p>El drag�n entr�.</p><p>Lady Ramkin se dio la vuelta, at�nita. Vimes se hab�a echado a re�r.</p><p>Era una risa enloquecida, le lloraban los ojos, pero era una risa, sin lugar a dudas. Ri� y ri�, dej�ndose resbalar por el costado de la fuente hasta quedar sentado junto a ella.</p><p>��Hurra, hurra, hurra! �re�a, casi atragant�ndose.</p><p>��Qu� demonios quiere decir? �inquiri� lady Ramkin.</p><p>��Que pongan m�s banderas! �Que suenen los cimbales, que golpeen los gongs! �Lo hemos coronado! �Al fin tenemos un rey! �Viva!</p><p>��Ha estado bebiendo? �rugi� la mujer.</p><p>��Todav�a no! �se atragant� Vimes�. �Todav�a no! �Pero lo har�!</p><p>Sigui� riendo. Sab�a que, cuando se detuviera, una negra depresi�n lo iba a aplastar como a un souffl�. Pero, cuando se imaginaba el futuro que aguardaba a la ciudad�</p><p>� al fin y al cabo, era <emphasis>noble. </emphasis>Y no llevaba dinero, y no ten�a que responder ante nadie. Seguro que pod�a hacer algo por los barrios pobres. Como achicharrarlos hasta los cimientos, por ejemplo.</p><p>Y lo haremos, pens�. Ese es el estilo de Ankh-Morpork. Si no puedes derrotarlo o corromperlo, haz como si hubiera sido idea tuya desde el principio.</p><p><emphasis>Vivat Draco.</emphasis></p><p>Se dio cuenta de que el ni�o hab�a vuelto a la plaza. Sacud�a la banderita suavemente.</p><p>��Puedo gritar hurra otra vez? �pregunt�.</p><p>��Por qu� no? �ri� Vimes�. Tarde o temprano, todo el mundo lo har�.</p><p>Desde el palacio le llegaron los sonidos de una complicada destrucci�n�</p><empty-line/><p>Errol empuj� una escoba por el suelo con la boca y, gimiendo por el esfuerzo, la puso de pie. Tras muchos m�s gemidos y varios intentos fallidos, consigui� poner una punta entre la pared y el gran frasco de aceite para l�mparas.</p><p>Hizo una pausa, respirando como un fuelle, y luego empuj�.</p><p>El frasco resisti� un momento, se movi� un poco, y luego cay� y se hizo a�icos contra el suelo. El aceite mal refinado se extendi� en un charco negro.</p><p>Las grandes fosas nasales de Errol vibraron. En alg�n lugar de las sinapsis m�s desconocidas de su cerebro se estaba transmitiendo un telegrama urgente. La informaci�n inexplicable se arremolin� en torno a sus fosas nasales, con datos sobre enlaces triples, elementos qu�micos e isomer�a geom�trica. Pero la mayor parte de ellos no pasaron por la peque�a parte del cerebro de Errol que se usaba para ser Errol.</p><p>Lo �nico que sab�a era que, de repente, ten�a mucha, mucha sed.</p><empty-line/><p>Algo importante estaba sucediendo en el palacio. De cuando en cuando, ca�a una pared o un suelo.</p><p>En su mazmorra llena de ratas, con m�s cerrojos que una ferreter�a, el patricio de Ankh-Morpork se tumb� en su catre y sonri� en la oscuridad.</p><p>En el exterior, las hogueras brillaban en el anochecer.</p><p>Ankh-Morpork estaba de fiesta. Nadie sab�a muy bien qu� se celebraba, pero la gente se hab�a preparado para tener una fiesta aquella noche, hab�an abierto barriles, hab�an ensartado animales para asarlos, cada ni�o ten�a un gorrito de papel y una jarra conmemorativa, y parec�a una pena desperdiciar tantos esfuerzos. Adem�s, hab�a sido un d�a muy interesante, y los ciudadanos de Ankh-Morpork eran aficionados a la diversi�n.</p><p>�Tal como yo lo veo �dijo uno de los festejantes por encima de un grasiento pedazo de carne a medio asar�, tener a un drag�n como rey no es tan mala idea. Si lo piensas bien, quiero decir.</p><p>�Desde luego, parec�a muy regio �asinti� una mujer a su derecha, como si saborease la idea�. Como muy�, como muy esbelto. Y nada chabacano, muy digno, orgulloso de s� mismo, s� se�or. �Mir� a algunos j�venes, al otro extremo de la mesa�. Lo malo de la gente de hoy en d�a es que no tiene dignidad �a�adi�.</p><p>�Y tambi�n est� el asunto de la pol�tica exterior, hay que pensar en eso �aport� un tercero, al tiempo que cog�a una costilla.</p><p>��A qu� te refieres?</p><p>�A la diplomacia �se�al� el comedor de costillas.</p><p>Meditaron sobre la idea. La analizaron de arriba abajo, y luego de abajo arriba, en un educado esfuerzo por sacar algo en limpio.</p><p>�No s� �dijo el experto mon�rquico con voz pausada�. Es que el drag�n, lo que se dice el drag�n en s�, tiene dos maneras de negociar, �no? O sea, o te achicharra o no te achicharra. Corregidme si me equivoco �a�adi�.</p><p>�A eso me refiero. O sea, pongamos que viene el embajador de Klatch, que ya sab�is lo arrogantes que son, y pongamos que dice: queremos esto, queremos aquello y queremos lo otro. Bueno �termin� con una sonrisa�, ahora nosotros vamos y le respondemos, o te callas o te devolvemos a tu casa en un frasquito.</p><p>Analizaron la idea un rato m�s. Desde luego, parec�a atractiva.</p><p>�Esos tipos de Klatch tienen una flota muy grande �se�al� el mon�rquico, inseguro�. Pero podr�a ser arriesgado fre�r vivo a un diplom�tico. A la gente le env�as a su embajador convertido en un montoncito de cenizas, y se lo toma muy mal.</p><p>��Y a nosotros qu�? O se callan, o les echamos al drag�n para que se enteren.</p><p>��Y de verdad podr�amos hacerlo?</p><p>��Por qu� no? Adem�s, que nos env�en tributos, que ya va siendo hora.</p><p>�Nunca me han gustado los klatchianos �dijo la mujer con firmeza�. �Esas porquer�as que comen�! Es un asco. Adem�s, hablan un idioma incomprensible.</p><p>Entre las sombras, se encendi� una cerilla.</p><p>Vimes protegi� la llama con las manos, dio una calada al cigarrillo, tir� la cerilla a un charco y se alej� por el callej�n.</p><p>Si hab�a algo que le deprim�a m�s que su propio cinismo, era que a menudo no era ni la mitad de c�nico que la vida real.</p><p>Siempre hemos llegado a un acuerdo con otros pueblos, desde hace siglos, pens�. Llegar a un acuerdo ha sido la base de nuestra pol�tica exterior. Ahora creo que acabo de o�r que vamos a declarar la guerra a una antigua civilizaci�n con la que siempre hab�amos llegado a acuerdos, aunque hablaran idiomas tan raros. Despu�s de eso, el mundo. Y lo peor es que, seguramente, ganaremos.</p><empty-line/><p>Aproximadamente las mismas ideas, pero vistas con una perspectiva diferente, cruzaban por las mentes de los l�deres civiles de Ankh-Morpork cuando, a la ma�ana siguiente, cada uno de ellos recibi� una nota invit�ndolos al palacio para un almuerzo de negocios. Por orden.</p><p>No dec�a por orden de qui�n. Ni para qui�n era el almuerzo, seg�n advirtieron.</p><p>Ahora estaban todos reunidos en la antec�mara.</p><p>All� hab�a habido cambios. El edificio nunca fue lo que se dice un palacio muy selecto. El patricio siempre hab�a sido de la opini�n de que, si la gente se encontraba c�moda all�, querr�a quedarse. El mobiliario consist�a en unas cuantas sillas viejas y, en las paredes, retratos de antiguos gobernantes de la ciudad, con pergaminos y otras cosas en las manos.</p><p>Las sillas segu�an all�. Los retratos, no. Mejor dicho, los lienzos agrietados y sucios estaban amontonados en un rinc�n, pero los marcos dorados hab�an desaparecido.</p><p>Los convocados trataron de no mirarse unos a otros, y se sentaron, tamborileando los dedos sobre las rodillas.</p><p>Por �ltimo, un par de criados con aspecto de preocupaci�n abrieron las puertas que daban a la sala principal. Lupine Wonse sali� a recibirlos.</p><p>La mayor parte de ellos se hab�an pasado la noche en vela, tratando de imaginar cu�les ser�an las ideas pol�ticas de un drag�n, pero Wonse ten�a aspecto de no haber dormido en a�os. Ten�a la cara del color de una bayeta fermentada. Nunca hab�a tenido una constituci�n muy aparente, pero ahora parec�a que acabara de salir de una pir�mide hecha a medida.</p><p>�Ah �dijo�. Bien. �Est�is todos? Entonces, pasad ya, por favor�</p><p>�Eh� �titube� el ladr�n jefe�, la nota mencionaba un almuerzo.</p><p>��S�? �lo anim� Wonse.</p><p>��Con un drag�n?</p><p>�Dioses, no pensar�ais que os iba a devorar, �verdad? �exclam� Wonse�. �Vaya idea!</p><p>�Ni siquiera se me hab�a pasado por la cabeza �replic� el ladr�n jefe, mientras el alivio le sal�a por las orejas como vapor a presi�n�. �Qu� idea! Ja ja.</p><p>�Ja ja �asinti� el mercader jefe.</p><p>�Jo jo �asinti� el presidente de los asesinos�. �Qu� idea!</p><p>�No, creo que est�is todos demasiado correosos �a�adi� Wonse�. Ja ja.</p><p>�Ja ja.</p><p>�Ja ja.</p><p>�Jo jo.</p><p>La temperatura descendi� varios grados.</p><p>�As� que, si ten�is la bondad de venir por aqu�</p><p>La gran sala hab�a cambiado. Para empezar, era mucho m�s grande. Se hab�an derribado las paredes de las habitaciones adyacentes y los suelos de las de encima. | El suelo estaba lleno de cascotes, excepto el centro, donde hab�a un mont�n de oro�</p><p>Bueno, de algo dorado. Parec�a como si alguien hubiera registrado todo el palacio en busca de cualquier cosa que brillara. All� estaban los marcos de los cuadros, y el hilo de oro de los tapices, la cuberter�a de plata y alguna que otra piedra preciosa. Tambi�n se ve�an soperas de la cocina, candelabros, calientacamas, trozos de espejo�, todo cosas brillantes.</p><p>Pero los invitados no estaban en condiciones de prestar mucha atenci�n a esto, por culpa de lo que colgaba sobre sus cabezas.</p><p>Parec�a el cigarro mal liado m�s grande del universo, siempre y cuando el cigarro mal liado m�s grande del universo tuviera la costumbre de colgarse cabeza abajo. Se divisaban dos garras aferradas a las oscuras vigas.</p><p>A medio camino entre el brillante mont�n y la puerta hab�an puesto una peque�a mesa. Los invitados no se sorprendieron demasiado al ver que faltaba el servicio de plata habitual que hab�an llegado a conocer. Hab�a platos de cer�mica, y parec�a que un carpintero hubiera tallado apresuradamente los cubiertos en madera. Wonse tom� asiento a la cabeza de la mesa, e hizo una se�al a los criados.</p><p>�Por favor, amigos, sentaos �dijo�. Siento que las cosas sean un poco� diferentes, pero el rey espera que lo toler�is hasta que todo se pueda organizar de una manera m�s adecuada.</p><p>�El�, eh� �dijo el mercader jefe.</p><p>�El rey �repiti� Wonse.</p><p>Su voz parec�a a un mil�metro de la locura.</p><p>�Ah. El rey. Claro �asinti� el mercader.</p><p>Desde donde estaba sentado se ve�a perfectamente la cosa que colgaba del techo. Le pareci� advertir alg�n movimiento, un temblor en los grandes pliegues que la envolv�an.</p><p>�Larga vida al rey �a�adi� r�pidamente.</p><p>El primer plato era sopa con tropezones. Wonse no la prob�. Los dem�s comieron en un silencio aterrorizado, quebrado s�lo por el sordo ruido de la madera contra la cer�mica.</p><p>�Hay ciertos decretos para los que el rey querr�a vuestra aprobaci�n �dijo Wonse al final�. Son simples formalismos, por supuesto, y lamento tener que molestaros por esos detalles sin importancia.</p><p>El gran fardo pareci� mecerse a la brisa.</p><p>�No es ninguna molestia �gimi� el ladr�n jefe.</p><p>�El rey desea que se sepa �sigui� Wonse�, que le complacer�a en grado sumo recibir regalos por la coronaci�n del pueblo en general. Nada complicado, por supuesto. Sencillamente, todos los metales preciosos o gemas que tengan y de las que puedan prescindir. Me gustar�a indicar que, por supuesto, esto no es en modo alguno obligatorio. La generosidad que espera es un acto completamente voluntario.</p><p>El presidente de los asesinos mir� con tristeza los anillos que llevaba en los dedos, y suspir�. El mercader jefe ya se estaba quitando con resignaci�n la cadena dorada que llevaba al cuello, s�mbolo de su cargo.</p><p>��Amigos, amigos! �dijo�. �Esto es de lo m�s inesperado!</p><p>�Ehhh� �empez� el archicanciller de la Universidad Invisible�. Supongo que estar�s al corriente�, es decir, supongo que el rey sabr� que la Universidad est� exenta de todos los impuestos de la ciudad�</p><p>Trat� de disimular un bostezo. Los magos se hab�an pasado la noche dirigiendo sus mejores hechizos contra el drag�n. Era como pegar pu�etazos a la niebla.</p><p>�Mi querido amigo, esto no es ning�n impuesto �protest� Wonse�. Espero no haber dicho nada que os haya hecho pensar semejante cosa. �Oh, no, en absoluto! Los tributos que se le hagan deben ser, como he dicho, completamente voluntarios. Espero que haya que-. dado claro.</p><p>�Como el agua �asinti� el presidente de los asesinos, mirando al viejo mago�. Y estos tributos completamente voluntarios ir�n a parar a�</p><p>�Al mont�n �se�al� Wonse.</p><p>�Ah.</p><p>�Aunque estoy completamente seguro de que los ciudadanos ser�n muy generosos en cuanto comprendan la situaci�n �intervino el mercader jefe�, estoy seguro de que el rey es consciente de que hay muy poco oro en Ankh-Morpork.</p><p>�Me alegra que lo menciones �asinti� Wonse�. El rey piensa que nuestros leg�timos intereses en Quirm, Sto Lat, Pseud�polis y Camis-Et han sido gravemente comprometidos durante los �ltimos siglos. Quiere solucionar esto lo antes posible, amigos, y os aseguro que los tesoros llegar�n a la ciudad, enviados por todos aquellos deseosos de disfrutar de la protecci�n del rey.</p><p>El presidente de los asesinos contempl� el mont�n. Ten�a una idea bastante concreta de adonde ir�an a parar todos esos tesoros. Era admirable el talento de los dragones para salirse con la suya. Casi parec�an humanos.</p><p>�Oh �dijo.</p><p>�Por supuesto, tambi�n se nos har� donaci�n de Otras cosas en forma de tierras, por ejemplo, y el rey desea comunicar que sus Consejeros Privados ser�n debidamente recompensados.</p><p>�Y�, eh� �dijo el presidente de los asesinos, que empezaba a sentir que entend�a perfectamente los procesos mentales del rey�. No hay duda de que estos�, eh�</p><p>�Consejeros Privados �le record� Wonse.</p><p>�No hay duda de que le responder�n con m�s generosidad todav�a. En forma de tesoros, por ejemplo.</p><p>�Estoy seguro de que tales consideraciones no han pasado por la mente del rey �le asegur� Wonse�. Pero tomo nota de tu sugerencia.</p><p>�Eso me parec�a a m�.</p><p>El segundo plato consist�a en carne de cerdo, alubias y patatas. Todo, como no pudieron dejar de advertir, comida que engordaba.</p><p>Lo �nico que tom� Wonse fue un vaso de agua.</p><p>�Lo que nos lleva a otro asunto bastante delicado, que estoy seguro de que unos caballeros de mente abierta y amplia cultura como vosotros podr�is aceptar sin dificultad �dijo.</p><p>La mano con la que sosten�a el vaso empezaba a temblar.</p><p>�Espero que tambi�n lo comprenda la poblaci�n en general, sobre todo dado que el rey podr� contribuir en gran medida al bienestar y protecci�n de la ciudad. Por ejemplo, estoy seguro de que la gente descansar� m�s tranquila por las noches sabiendo que el dr�, que el rey los protege incansablemente de todo mal. Pero puede que haya algunos� prejuicios rid�culos y anticuados� que s�lo se podr�n erradicar gracias al trabajo esforzado� por parte de todos los ciudadanos de buena voluntad.</p><p>Hizo una pausa y los mir�. El presidente de los asesinos dir�a m�s tarde que hab�a visto los ojos de muchos hombres que, obviamente, estaban llamando a las puertas de la muerte, pero que nunca hab�a visto unos ojos que le estuvieran mirando ya desde el otro lado.</p><p>Deseaba no tener que volver a ver algo como aquello nunca, nunca m�s.</p><p>�Me refiero �sigui� Wonse, con cada palabra aflorando como burbujas en unas arenas movedizas�, al asunto� de la�, de la dieta del rey.</p><p>Se hizo un silencio espantoso. Oyeron el tenue crujido de las alas sobre ellos, y las sombras en los rincones de la sala se hicieron m�s oscuras, parecieron acercarse m�s.</p><p>�La dieta �dijo el jefe de los ladrones con voz �tona.</p><p>�S� �asinti� Wonse.</p><p>Su voz era casi un gemido. El sudor le resbalaba por el rostro. El presidente de los asesinos hab�a o�do una vez la palabra �rictus�, pregunt�ndose cu�ndo se podr�a utilizar correctamente para describir la expresi�n de una persona. Ahora lo sab�a. En eso se hab�a convertido la cara de Wonse: era el rictus aterrado de alguien que intenta no o�r lo que est� diciendo su boca.</p><p>�Nosotros�, eh�, pens�bamos �empez� el presidente de los asesinos, eligiendo las palabras con toda cautela�, pens�bamos que el dr�, que el rey�, bueno, ya se las hab�a estado arreglando estas semanas�</p><p>�Ah, pero de mala manera. De mala manera. Animales perdidos y todo eso �replic� Wonse, con la vista clavada en la mesa�. Obviamente, como rey, esa situaci�n se ha vuelto inaceptable.</p><p>El silencio creci� hasta adquirir una textura. Los consejeros pensaron con todas sus fuerzas, sobre todo acerca de lo que acababan de comer. La llegada de un gran bud�n con montones de nata no hizo m�s que ayudarlos a concentrarse.</p><p>�Eh� �dijo al final el mercader jefe�, �cada cu�nto tiempo tiene hambre el rey?</p><p>�Constantemente �respondi� Wonse�. Pero s�lo come una vez al mes. En realidad, es una ocasi�n ceremonial.</p><p>�Por supuesto, por supuesto �asinti� el mercader.</p><p>�Y� esto� �intervino el asesino jefe�, �cu�ndo�, cu�ndo comi� el rey por �ltima vez?</p><p>�Lamento decir que no ha comido apropiadamente desde que lleg� �dijo Wonse.</p><p>�Oh.</p><p>�Deb�is comprenderlo �sigui� Wonse, jugueteando a la desesperada con los cubiertos de madera�. Ir por ah� matando a la gente como un vulgar asesino�</p><p>��Por favor! �protest� el asesino jefe.</p><p>�Como un vulgar criminal, quiero decir� No es� satisfactorio. La esencia misma de la alimentaci�n del rey es que debe ser un�, bueno, un acto de uni�n entre el rey y sus s�bditos. Es�, es una alegor�a viva. Refuerza los estrechos lazos que unen a la corona con la comunidad �a�adi�.</p><p>�La naturaleza exacta de la comida� �empez� el ladr�n jefe, casi atragant�ndose con las palabras�. �Estamos hablando de j�venes doncellas?</p><p>�Prejuicios, simples prejuicios �replic� Wonse�. La edad carece de importancia. Pero claro, el estado civil s� es vital. Y la clase social. Creo que tiene algo que ver con el sabor.</p><p>Se inclin� hacia adelante. Ahora su voz estaba llena de dolor, era apremiante. Todos pensaron que, por primera vez, era la suya propia.</p><p>��Por favor, pensadlo bien! �sise�. �Al fin y al cabo, s�lo ser� una al mes! �A cambio de tanto�! Las familias de las personas cercanas al rey, como los Consejeros Privados como vosotros, no entrar�n en este tema, por supuesto. E imaginad las alternativas.</p><p>No imaginaron todas las alternativas. Les bastaba y les sobraba con imaginar una sola.</p><p>Guardaron silencio mientras Wonse hablaba. Trataron de no mirarse unos a otros, por miedo a ver un reflejo de sus propios rostros. Cada uno pensaba: alguno de los otros dir� algo pronto, protestar�, y entonces yo murmurar� un asentimiento, sin <emphasis>decir </emphasis>nada, claro, que no estoy loco, pero murmurar� con toda firmeza, para que a los dem�s no les quede duda de que estoy en contra, porque en momentos como �ste todos los hombres decentes tienen que casi levantarse y casi hacerse o�r�</p><p>Pero nadie dijo nada. Qu� cobardes, pensaron todos.</p><p>Y nadie toc� el bud�n, ni las chocolatinas grandes como ladrillos que les sirvieron despu�s. Se limitaron a escuchar la voz �tona de Wonse sin decir palabra, y luego trataron de marcharse lo m�s separados posible para no tener que hablar unos con otros.</p><p>Excepto el mercader jefe, por cierto. Sali� del palacio con el presidente de los asesinos. Caminaron juntos un buen tramo, tratando de pensar a toda velocidad. El mercader jefe intentaba mirar el asunto por el lado bueno; era una de esas personas que siempre salen ganando incluso en la peor de las situaciones.</p><p>�Vaya, vaya �dijo�. As� que ahora somos consejeros privados. Qu� honor.</p><p>�Mmm �replic� el asesino.</p><p>��Cu�l ser� la diferencia entre ser consejeros normales como antes y ser consejeros privados? �se pregunt� el otro en voz alta.</p><p>El asesino le lanz� una mirada despectiva.</p><p>�Creo �dijo� que ahora esperan que comamos mierda.</p><p>Volvi� a concentrar la vista en sus pies. No pod�a dejar de pensar en la �ltima palabra de Wonse, mientras estrechaba la mano casi inerte del secretario. Se pregunt� si alguien m�s la habr�a o�do. No era probable�, hab�a sido m�s una forma que un sonido. Wonse se hab�a limitado a formularla con los labios mientras miraba fijamente el rostro bronceado por la luna del asesino.</p><p><emphasis>Ay�dame.</emphasis></p><p>El asesino se estremeci�. �Por qu� �l? Que �l supiera, s�lo estaba cualificado para proporcionar un tipo de ayuda, y eran muy pocas las personas que la solicitaban para ellas mismas. De hecho, sol�an pagar grandes cantidades para que les fuera obsequiada como regalo sorpresa a ciertos conocidos suyos. Se pregunt� qu� le estar�a pasando a Wonse para hacer que cualquier alternativa le pareciera mejor�</p><empty-line/><p>Wonse se sent� a solas en el oscuro sal�n semiderruido. Esperando.</p><p>Pod�a intentar huir. Pero lo encontrar�a de nuevo. Siempre hab�a sido capaz de encontrarle. Pod�a seguir el olor de su mente.</p><p>O lo achicharrar�a. Eso era peor. Igual que a los Hermanos. <emphasis>Quiz� </emphasis>fue una muerte instant�nea, <emphasis>parec�a </emphasis>una muerte instant�nea, pero Wonse se quedaba despierto por las noches pregunt�ndose si esos �ltimos microsegundos se extend�an hasta convertirse en una eternidad subjetiva al rojo blanco, mientras cada parte de tu cuerpo se convert�a en una simple mancha de plasma, y t� segu�as vivo en el centro de todo�</p><p><emphasis>A ti no. A ti no te quemar�.</emphasis></p><p>No era telepat�a. Por lo que Wonse sab�a, la telepat�a era como o�r una voz dentro de la cabeza.</p><p>Aquello era como o�r una voz dentro del cuerpo. Todo su sistema nervioso vibraba ante su sonido, como la cuerda de un arco.</p><p><emphasis>Lev�ntate.</emphasis></p><p>Wonse se puso en pie como pudo, volcando la silla y golpe�ndose las rodillas contra la mesa. Cuando aquella voz le hablaba, �l ten�a tanto control sobre su cuerpo como el agua sobre la gravedad.</p><p><emphasis>Ven.</emphasis></p><p>Wonse se tambale� en la direcci�n indicada.</p><p>Las alas se desplegaron lentamente, con alg�n que otro crujido, hasta que llenaron la sala de un extremo al otro. La punta de una de ellas destroz� una ventana y sali� al aire del atardecer.</p><p>Lenta, sensualmente, el drag�n estir� el cuello y bostez�. Cuando termin�, adelant� la cabeza hasta quedar a meros cent�metros del rostro de Wonse.</p><p><emphasis>�Qu� significa �voluntario�?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Eh�, quiere decir algo que haces por tu propia voluntad �explic� Wonse.</p><p><emphasis>�Pero ellos no tienen voluntad propia! �Contribuir�n con su oro, o los quemar� vivos!</emphasis></p><p>Wonse trag� saliva.</p><p>�S� �reconoci�, pero no debes� El silencioso rugido de furia lo envolvi�. <emphasis>�No hay nada que yo no �deba�!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�No, no, no! �gimi� Wonse, apret�ndose las sienes�. �No quer�a decir eso! �Cr�eme! �Pero as� es mejor, de verdad! �Es mejor, m�s seguro!</p><p><emphasis>�Nada puede hacerme da�o!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Desde luego, desde luego� <emphasis>�Nada puede controlarme!</emphasis></p><p>Wonse alz� las manos extendidas, en un gesto vagamente conciliador.</p><p>�Por supuesto �dijo�. Pero hay sistemas y sistemas, ya me entiendes. Sistemas y sistemas. Todo eso de los rugidos y las llamaradas� no lo necesitas, de verdad.</p><p><emphasis>�Simio ignorante! � C�mo si no puedo conseguir que hagan mi voluntad?</emphasis></p><p>Wonse se puso las manos a la espalda.</p><p>�Lo har�n por su propia voluntad �dijo�. Y, con el tiempo, llegar�n a pensar que a ellos fue a quienes se les ocurri� la idea. Ser� una tradici�n. Te lo digo yo. Los humanos somos criaturas muy adaptables. El drag�n le dirigi� una larga mirada.</p><p>�De hecho �sigui� Wonse, tratando de que no le temblara la voz�, antes de que pase mucho tiempo, si viene alguien y les dice que tener un rey drag�n no es buena idea, lo matar�n ellos mismos.</p><p>El drag�n parpade�.</p><p>Que Wonse supiera, era la primera vez que parec�a inseguro.</p><p>�Conozco a la gente �a�adi�.</p><p>El drag�n sigui� taladr�ndolo con su mirada.</p><p><emphasis>Si est�s mintiendo�, </emphasis>pens� al final.</p><p>�Sabes que a ti no te puedo mentir. <emphasis>�Y de verdad se comportan as�?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Oh, s�. Constantemente. Es una caracter�stica t�pica de los humanos.</p><p>Wonse sab�a que el drag�n pod�a leer su mente, al menos los niveles superiores. Estaban en una horrible armon�a. �l tambi�n pod�a ver los poderosos pensamientos tras los ojos que ten�a ante los suyos.</p><p>El drag�n estaba espantado.</p><p>�Lo siento �dijo el secretario d�bilmente�. As� es como somos. Creo que es una simple cuesti�n de supervivencia.</p><p><emphasis>�Nadie enviar� a poderosos guerreros para matarme?, </emphasis>pens�, casi quejumbroso.</p><p>�No, creo que no. <emphasis>�Ni a h�roes?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Ya no. Salen muy caros.</p><p><emphasis>�Pero voy a comer gente!</emphasis></p><p>A Wonse se le escap� un gemido.</p><p>Ten�a la sensaci�n de que el drag�n rebuscaba por su mente, tratando de dar con algo que le permitiera comprender. Notaba, m�s bien intu�a el paso de las im�genes al azar, de dragones, de la era m�tica de los reptiles y (aqu� sinti� el genuino asombro del drag�n) de los aspectos menos halagadores de la historia del hombre, que era de los que se compon�a casi en su totalidad. Despu�s del asombro, lleg� la ira. No hab�a nada que el drag�n pudiera hacer a los hombres que no hubieran probado ya unos con otros, tarde o temprano, y a menudo con entusiasmo.</p><p><emphasis>�C�mo ten�is la desfachatez de criticar lo que hago?, </emphasis>le pens�. <emphasis>Se supone que nosotros somos crueles, astutos, desalmados, terribles. Pero te dir� una cosa, simio� </emphasis>La gran cabeza se acerc� a�n m�s, de manera que Wonse se encontr� mirando las profundidades insondables de sus ojos. <emphasis>Nunca quemamos, torturamos o matamos a uno de los nuestros, y luego lo llamamos moralidad.</emphasis></p><p>El drag�n estir� las alas de nuevo, una o dos veces, y luego se dej� caer pesadamente sobre el variado surtido de cosas semivaliosas. Sus zarpas removieron el mont�n. Buf�, despectivo.</p><p><emphasis>Ni un lagarto de tres patas se tumbar�a en esta basura, </emphasis>pens�.</p><p>�Habr� cosas mejores �susurr� Wonse, temporalmente aliviado por el cambio de direcci�n.</p><p><emphasis>M�s vale.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Puedo�, puedo hacerte una pregunta? �tartamude� Wonse.</p><p><emphasis>Hazla.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Estoy seguro de que no <emphasis>necesitas </emphasis>comer gente. Porque, desde el punto de vista de los ciudadanos, va a ser el �nico problema �dijo a toda velocidad, antes de que le abandonara el valor�. El tesoro y lo dem�s ser� sencillo, pero si se trata de un asunto de�, bueno, de prote�nas, entonces sin duda a un cerebro privilegiado como el tuyo se le puede ocurrir alguna alternativa menos controvertida, como una vaca, o quiz�</p><p>El drag�n expeli� una llamarada horizontal que calcin� la pared que ten�a enfrente.</p><p><emphasis>�Necesitar? �Necesitar?, </emphasis>rugi� cuando el sonido se hubo apagado. <emphasis>�A m� me hablas de necesidades* �No dice la tradici�n que las mujeres m�s bellas sean entregadas al drag�n para asegurar la paz y la prosperidad?</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Pero es que� siempre hemos tenido una cierta paz, y una razonable prosperidad�</p><p><emphasis>�deseas que las cosas sigan as�?</emphasis></p><p>La fuerza del pensamiento hizo caer de rodillas a Wonse.</p><p>�Por supuesto �consigui� decir.</p><p>El drag�n estir� las zarpas como si se desperezara.</p><p><emphasis>En ese caso, no soy yo quien necesita nada, sois vosotros, </emphasis>pens�. <emphasis>Ahora, fuera de mi vista.</emphasis></p><p>Wonse se tambale� cuando el drag�n abandon� su mente.</p><p>El drag�n se levant� sobre el mont�n de baratijas, salt� al alf�izar de una de las grandes ventanas de la sala, y destroz� el vidrio multicolor con la cabeza. La imagen de un padre de la ciudad fue a reunirse en a�icos con los otros restos que poblaban el suelo.</p><p>El largo cuello se extendi� en el fresco aire del anochecer, y gir� como la aguja de un comp�s. Las luces brillaban por toda la ciudad. El sonido de las vidas de un mill�n de personas era como un sordo palpitar.</p><p>El drag�n tom� aliento, regocijado. Luego destroz� el resto del ventanal con los hombros, y salt� al cielo.</p><empty-line/><p>��Qu� es eso? �pregunt� Nobby.</p><p>Ten�a una forma vagamente redonda, textura como de madera, y cuando lo golpeaban emit�a un ruido como el de un ladrillo al caer desde una mesa.</p><p>El sargento Colon lo toc� de nuevo.</p><p>�Me rindo �dijo.</p><p>Zanahoria lo alz� con orgullo sobre los restos del paquete.</p><p>�Es un bizcocho �dijo, alzando la cosa con ambas manos para soportar el enorme peso�. Me lo env�a mi madre.</p><p>Consigui� depositarlo de nuevo sobre la mesa sin pillarse los dedos.</p><p>��Y puedes com�rtelo? �pregunt� Nobby�. Ha tardado meses en llegar aqu�. Seguro que se ha puesto rancio.</p><p>�Oh, es una receta especial de los enanos �replic� Zanahoria�. Los bizcochos de los enanos nunca se ponen rancios.</p><p>El sargento Colon le dio otro golpecito seco.</p><p>�No, supongo que no �concedi�.</p><p>�Es incre�blemente nutritivo �sigui� el muchacho�. Tiene ingredientes m�gicos. El secreto se ha ido transmitiendo de generaci�n en generaci�n de enanos durante siglos. Con s�lo comer un trocito de esto, no necesitar�s nada m�s en todo el d�a.</p><p>�Comida para llevar �dijo Colon.</p><p>�Un enano puede caminar cientos de kil�metros con un bizcocho como �ste en la mochila �a�adi� Zanahoria.</p><p>�Estoy seguro �asinti� Colon�. Y me apuesto lo que sea a que a cada paso estar� pensando, �Demonios, m�s vale que encuentre pronto cualquier cosa para comer, si no seguir� con la dieta de bizcocho�.</p><p>Zanahoria, que no hab�a o�do en su vida la palabra �iron�a�, cogi� el hacha y, tras un par de golpes impresionantes que rebotaron, consigui� cortar el bizcocho en aproximadamente cuatro partes.</p><p>�Ya est� �dijo alegremente�. Un trozo para cada uno de nosotros, y otro para el capit�n. �Entonces, se dio cuenta de lo que hab�a dicho�. Oh. Lo siento.</p><p>�S� �replic� Colon con voz �tona. Se quedaron en silencio un momento.</p><p>�Me ca�a bien �suspir� Zanahoria�. Siento que se haya marchado.</p><p>Hubo otro silencio, muy similar al anterior, pero a�n m�s profundo, y te�ido de depresi�n.</p><p>�Supongo que ahora t� ser�s capit�n �dijo Zanahoria.</p><p>Colon se sobresalt�.</p><p>��Yo? �Yo no quiero ser capit�n! No s� c�mo piensa un capit�n. Adem�s, no creo que valga la pena, s�lo por nueve d�lares m�s al mes.</p><p>Tamborile� los dedos sobre la mesa.</p><p>��S�lo cobraba eso? �se asombr� Nobby�. Yo pens� que los oficiales se forraban.</p><p>�Nueve d�lares m�s al mes �repiti� Colon�. Una vez vi las tarifas de salarios. Nueve d�lares al mes, y dos d�lares extra para plumas. S�lo que nunca quiso cobrar esos dos d�lares. Qu� cosa m�s rara, �no?</p><p>�No le iban las plumas �suspir� Nobby.</p><p>�Es verdad �asinti� Colon�. Lo que le pasa al capit�n es que�, bueno, una vez le� un libro, �sab�is que todos tenemos alcohol en el cuerpo, una especie de alcohol natural? Aunque no hayas bebido ni una gota en toda tu vida, el cuerpo lo produce. Pero el capit�n Vimes, no s�, debe de ser una de esas personas cuyo cuerpo no lo produce de manera natural. Es como si hubiera nacido con dos copas de menos.</p><p>�Caray �se sorprendi� Zanahoria.</p><p>�S�, as� que, cuando est� sobrio, est� <emphasis>demasiado </emphasis>sobrio. Es una resaca permanente. �Te acuerdas de c�mo te sent�as cuando te despertaste el otro d�a despu�s de beber tanto, Nobby? Bueno, pues el capit�n se encuentra as� constantemente.</p><p>�Pobre hombre �asinti� el cabo�. Nunca me di cuenta. No me extra�a que estuviera siempre tan sombr�o.</p><p>�As� que siempre est� intentando recuperar el nivel de alcohol. Lo que pasa es que nunca da con la dosis exacta. Y claro� �Colon mir� a Zanahoria�. Tambi�n fue tra�do a nado por una mujer. Creo que eso lo remat�.</p><p>�Bueno, sargento, �y qu� hacemos ahora? �quiso saber Nobby.</p><p>��Crees que le importar� si nos comemos su parte del bizcocho? �pregunt� Zanahoria, pensativo�. Ser�a una l�stima que se pusiera rancio.</p><p>Colon se encogi� de hombros.</p><p>Los guardias mayores se sentaron, en un deprimido silencio, mientras Zanahoria trituraba el bizcocho con dientes como apisonadoras. Aunque se hubiera tratado del m�s ligero de los souffl�s, ellos no habr�an tenido apetito.</p><p>Estaban imaginando c�mo ser�a la vida sin el capit�n. Deplorable, incluso aunque no hubiera dragones. La verdad es que hab�an apreciado al capit�n Vimes, era un hombre con clase. Una clase c�nica, agria, pero clase al fin y al cabo, algo de lo que ellos carec�an. Sab�a leer palabras largas y sumar. Hasta se emborrachaba con clase.</p><p>Hab�an intentado alargar los minutos, hacer que el tiempo se prolongara. Pero la noche hab�a llegado.</p><p>No les quedaba la menor esperanza.</p><p>Ten�an que salir a las calles.</p><p>Eran las seis en punto. Y nada sereno.</p><p>�Tambi�n echo de menos a Errol �suspir� Zanahoria.</p><p>�En realidad, era del capit�n �dijo Nobby�. Adem�s, lady Ramkin sabr� cuidarlo.</p><p>�Y no pod�amos dejar nada a su alcance �intent� consolarse Colon�. Ni siquiera el aceite de las l�mparas. Se beb�a hasta el aceite de las l�mparas.</p><p>�Y las bolas antipolillas �asinti� Nobby�. Una bolsa entera. �C�mo pod�a querer comerse una porquer�a semejante? Y la tetera. Y el az�car. El az�car lo volv�a loco.</p><p>�Pero era encantador �dijo Zanahoria�. Y nos quer�a.</p><p>�Eso es cierto, eso es cierto �asinti� Colon�. Aunque no me parece muy bien tener una mascota que te obliga a subirte a la mesa cada vez que tiene hipo.</p><p>�Echar� de menos su carita �suspir� el muchacho.</p><p>Nobby se son� la nariz.</p><p>El sonido tuvo como eco unos golpes en la puerta. Colon se incorpor� de un salto. Zanahoria se levant� y fue a abrir.</p><p>Un par de miembros de la Guardia de Palacio esperaban con arrogante impaciencia. Retrocedieron un paso al ver a Zanahoria, que hab�a tenido que agacharse para ver por debajo del dintel. Las malas noticias como Zanahoria viajaban muy deprisa.</p><p>�Os hemos tra�do un edicto �dijo uno de ellos�. Ten�is que�</p><p>��Qu� es esa pintura fresca que llevas en la armadura? �pregunt� Zanahoria con educaci�n.</p><p>Nobby y el sargento aventuraron una mirada desde detr�s de �l.</p><p>�Es un drag�n �respondi� el m�s joven de los guardias.</p><p>�<emphasis>El </emphasis>drag�n �le corrigi� su superior.</p><p>�Oye, yo te conozco �intervino Nobby�. Eres Cr�neo Maltoon. Antes viv�as en la calle Picadillo. Tu madre preparaba caramelos para la tos, �verdad?, pero se cay� en el puchero y muri�. Yo nunca prob� los caramelos, pero me acuerdo de tu madre.</p><p>�Hola, Nobby �salud� el guardia sin entusiasmo.</p><p>�Apuesto a que tu madre se sentir�a orgullosa de verte con un drag�n en el pecho �a�adi� el cabo con voz alegre.</p><p>El guardia le dirigi� una mirada de odio y verg�enza.</p><p>�Y adem�s, plumas nuevas en el casco �a�adi� Nobby con dulzura.</p><p>�<emphasis>Se os ha ordenado que le�is este edicto por las calles �</emphasis>dijo el guardia en voz demasiado alta�. Y que lo pegu�is en las esquinas de las calles. Por orden.</p><p>��De qui�n? �quiso saber el cabo. El sargento Colon agarr� el pergamino con el pu�o apretado.</p><p>�Por orden �ley� lentamente, siguiendo cada letra con un dedo titubeante�, por orden del De-Erre-A-Ge� del drag�n, Erre-E� rey de reyes y Ge-O-Be-E-Erre� y gobernante A-Be-Ese-O-Ele� gobernante absoluto, eso es, de�</p><p>Se detuvo en el atormentado silencio de la ignorancia, con el dedo temblando sobre el pergamino.</p><p>�No �dijo al final�. Esto no puede ser, �verdad? No se va a comer a nadie.</p><p>�Consumir �le corrigi� el guardia mayor.</p><p>�Es parte del�, del contrato social �asinti� su ayudante con voz tensa�. Seguro que estar�is de acuerdo en que es un peque�o precio a cambio de la segundad y protecci�n que recibir� la ciudad.</p><p>��Protecci�n? �De qu�? �pregunt� Nobby�. Nunca hemos tenido un enemigo al que no pudi�ramos sobornar o corromper.</p><p>�Hasta ahora �se�al� el sargento Colon.</p><p>�Lo hab�is entendido muy bien �replic� el guardia�. As� que leedlo por las calles.</p><p>Zanahoria mir� por encima del hombro de Colon.</p><p>��Qu� es una virgen? �quiso saber.</p><p>�Una chica que no est� casada �explic� Colon r�pidamente.</p><p>��Qu�? �Como mi amiga Reet? �pregunt� Zanahoria, horrorizado.</p><p>�Bueno, no exactamente.</p><p>�Pues no est� casada. Ninguna de las chicas de la se�ora Palma est� casada.</p><p>�M�s o menos �dijo Colon.</p><p>�Ni hablar �replic� Zanahoria con aire de decisi�n�. No vamos a tolerar ese tipo de cosas, �verdad?</p><p>�La gente se rebelar� �asinti� Colon�. Os lo digo yo.</p><p>Los guardias retrocedieron un paso para alejarse de la creciente ira de Zanahoria.</p><p>�Que hagan lo que quieran �dijo el mayor de los guardias�. Pero, si no le�is el edicto, tendr�is que dar explicaciones a Su Majestad.</p><p>Se alejaron a toda velocidad.</p><p>Nobby sali� a la calle, agitando un pu�o en alto.</p><p>��Un drag�n en tu armadura! �grit�. �Si tu anciana madre lo viera, se volver�a a caer en el puchero! �Mira que llevar un drag�n en la armadura�!</p><p>Colon volvi� hacia la mesa con paso inseguro, y extendi� el pergamino.</p><p>�Mal asunto �murmur�.</p><p>�Ya ha matado a mucha gente �dijo Zanahoria�. Ha violado diecis�is leyes de la ciudad.</p><p>�Bueno, s�. Pero eso era� en el calor de la situaci�n, no s� si me explico �dijo Colon�. No es que no estuviera mal, ya me entiendes, pero eso de que la gente participe, que le entreguen a una pobre chica y luego digan que es lo legal�, eso es mucho peor.</p><p>�Supongo que todo depende del punto de vista �dijo Nobby, pensativo.</p><p>��Qu� quieres decir?</p><p>�Bueno, desde el punto de vista de alguien achicharrado vivo, supongo que no tiene demasiada importancia �se�al� el cabo, filos�ficamente.</p><p>�La gente no lo tolerar�, os lo digo yo �replic� Colon, haciendo caso omiso de la afirmaci�n de Nobby�. Ya ver�is. Se manifestar�n ante el palacio, y a ver qu� hace entonces el drag�n.</p><p>�Quemarlos vivos �respondi� Nobby. Colon lo mir�, asombrado.</p><p>�No har� semejante cosa, �verdad? �dijo.</p><p>�No s� qui�n se lo va a impedir �replic� Nobby. Mir� hacia el exterior�. No era mal muchacho. Le hac�a recados a mi abuelo. �Qui�n habr�a imaginado que alg�n d�a ir�a por ah� con un drag�n en el pecho?</p><p>��Qu� vamos a hacer nosotros, sargento? �quiso saber Zanahoria.</p><p>�Yo no quiero que me quemen vivo �replic� Colon�. Menuda se pondr�a mi esposa. As� que tendremos que leer este comosellame, este edicto. Pero no te preocupes, muchacho �dijo dando unas palmaditas en el musculoso brazo de Zanahoria, y repitiendo lo que hab�a dicho antes, como si no se lo hubiera acabado de creer la primera vez�. No llegaremos a ese punto. La gente no lo consentir�.</p><empty-line/><p>Lady Ramkin pas� las manos por el cuerpecito de Errol.</p><p>�No tengo ni la menor idea de lo que est� pasando aqu� dentro �dijo. El dragoncito trat� de darle un lamet�n en la cara�. �Qu� ha comido �ltimamente?</p><p>�Lo �ltimo, que yo sepa, una tetera.</p><p>��Una tetera de qu�?</p><p>�No. Una tetera. Un cacharro negro con un asa y un pitorro. La olfate� durante un buen rato, y luego se la comi�.</p><p>Errol le dirigi� una d�bil mirada cari�osa, y luego eruct�. Ambos se tiraron de bruces al suelo.</p><p>�Ah, y tambi�n nos lo encontramos una vez comi�ndose la carbonilla de la chimenea �sigui� Vimes mientras volv�an a incorporarse.</p><p>Se inclinaron sobre el bunker blindado donde lady Ramkin cobijaba a los dragoncitos enfermos. El blindaje era imprescindible. Por lo general, una de las primeras cosas que perd�an las pobres bestias al enfermar era el control sobre su proceso digestivo.</p><p>�La verdad es que no parece enfermo �dijo la dama�. S�lo gordo.</p><p>�Se pasa el d�a gimiendo. Y se ve como si se le movieran cosas bajo la piel. �Sabe lo que pienso? �Recuerda que me dijo que pueden redistribuir su aparato digestivo?</p><p>�Ah, s�. Son capaces de distribuir sus est�magos y p�ncreas de diferentes maneras. Para aprovechar�</p><p>�Todo lo que encuentren y puedan utilizar como combustible �asinti� Vimes�. S�, creo que se est� preparando para lanzar una llama muy caliente. Quiere desafiar al drag�n grande. Cada vez que pasa volando, se pone a gimotear como un desesperado.</p><p>��Y no explota?</p><p>�Que yo sepa, no. Es decir, estoy seguro de que nos habr�amos dado cuenta.</p><p>��Simplemente, come de manera indiscriminada?</p><p>�Es dif�cil saberlo con seguridad. Lo olfatea todo y se come la mayor parte de las cosas. Dos litros de aceite para l�mparas, por ejemplo. De cualquier manera, no puedo dejarlo all�. No podr�amos cuidarlo bien. Adem�s, ya no nos hace falta para saber d�nde est� el drag�n grande �a�adi� con amargura.</p><p>�Creo que se est� comportando usted como un ni�o �replic� la dama, acompa��ndolo de vuelta a la casa.</p><p>��Como un ni�o? �Me despidieron delante de un mont�n de gente!</p><p>�S�, pero estoy segura de que no fue m�s que un malentendido.</p><p>��Yo lo entend� perfectamente!</p><p>�La verdad, creo que est� enfadado porque es usted impotente.</p><p>A Vimes se le saltaron los ojos de las �rbitas.</p><p>��Queeee�?</p><p>�Contra el drag�n �sigui� lady Ramkin, sin preocuparse lo m�s m�nimo�. No puede hacer nada.</p><p>�Empiezo a pensar que esta maldita ciudad y el drag�n se merecen mutuamente.</p><p>�La gente tiene miedo. No puede esperar gran cosa de unas personas tan asustadas.</p><p>Lo cogi� amablemente por el <emphasis>brazo. </emphasis>Era como ver un robot industrial manipulado expertamente para coger un huevo con suavidad.</p><p>�No todo el mundo es tan valiente como usted �a�adi� con timidez.</p><p>��Como yo?</p><p>�La semana pasada. Cuando les impidi� que mataran a mis dragones.</p><p>�Oh, aquello. Aquello no fue valent�a. Adem�s, no eran m�s que personas. Las personas son m�s f�ciles. Le voy a decir la verdad, no pienso volver a acercarme a ese drag�n ni de lejos. A veces tengo pesadillas pensando en aquello.</p><p>�Oh. �La dama pareci� decepcionada�. Bueno, si est� seguro� Tengo muchos amigos, �sabe? Si necesita cualquier tipo de ayuda, s�lo tiene que decirlo. S� que el duque de Sto Helit busca a un capit�n para su guardia. Le escribir� una carta. Son una pareja joven muy amable, le caer�n muy bien, estoy segura.</p><p>�A�n no s� muy bien qu� voy a hacer �replic� Vimes, con m�s brusquedad de la que pretend�a�. Estoy considerando un par de ofertas.</p><p>�Claro, claro. Usted sabr� lo que es mejor.</p><p>Vimes asinti�.</p><p>Lady Ramkin se dedic� a retorcer su pa�uelito entre las manos.</p><p>�Bueno �dijo.</p><p>�Bueno �dijo Vimes.</p><p>�Eh�, entonces, supongo que querr� marcharse.</p><p>�S�, supongo que debo marcharme.</p><p>Hubo una pausa. Luego, los dos hablaron a la vez.</p><p>�Ha sido muy�</p><p>�Me gustar�a decirle que�</p><p>�Lo siento.</p><p>�Lo siento.</p><p>�No, usted estaba hablando.</p><p>�No, lo siento, �qu� iba a decirme?</p><p>�Oh �titube� Vimes�. Bien, me voy.</p><p>�Ah. S�. �Lady Ramkin le dedic� una sonrisa desganada�. No puede dejar esperando a todas esas ofertas, �verdad? �a�adi�.</p><p>Le tendi� una mano. Vimes la estrech� con cautela.</p><p>�Bien, en ese caso, me voy �dijo.</p><p>�Venga a verme alguna vez �replic� lady Ramkin, con voz m�s fr�a�. Si pasa por aqu�. Estoy segura de que a Errol le gustar� verle.</p><p>�S�. Bien. Bueno, adi�s.</p><p>�Adi�s, capit�n Vimes.</p><p>Sali� por la puerta, y camin� apresuradamente por el oscuro sendero, cubierto de hierbajos descuidados. Pod�a sentir la mirada de la mujer en la nuca, o al menos le parec�a poder sentirla. Seguro que estaba de pie ante la puerta, bloqueando casi toda la luz. Mir�ndome. Pero no voy a mirar hacia atr�s, pens�. Eso ser�a una aut�ntica tonter�a. Es una persona encantadora, tiene sentido com�n a montones y una gran personalidad, pero la verdad�</p><p>No voy a mirar hacia atr�s, aunque se quede ah� hasta que yo llegue a la calle. A veces, para hacer lo mejor por alguien, hay que ser cruel.</p><p>As� que, cuando oy� cerrarse la puerta cuando s�lo estaba a medio camino hasta la calle, se sinti� de repente muy, muy furioso, como si le acabaran de robar algo.</p><p>Se qued� quieto, abriendo y cerrando los pu�os en la oscuridad. Ya no era el capit�n Vimes, era el ciudadano Vimes, lo que significaba que pod�a hacer cosas con las que jam�s hab�a so�ado. Quiz� romper a pedradas unas cuantas ventanas, por ejemplo.</p><p>No, eso no le servir�a de nada. Quer�a algo m�s. Quer�a librarse del maldito drag�n, recuperar su empleo, echarle las manos al cuello al causante de todo el caos, olvidarse de todas las ordenanzas por una vez y golpear a alguien hasta cansarse�</p><p>Mir� hacia la nada. All� abajo, la ciudad era una masa de humo y vapor. Pero tampoco estaba pensando en eso.</p><p>Estaba pensando en la manera de correr de un hombre. Y, entre las neblinas de los recuerdos, extrajo la imagen de un muchacho que corr�a para no quedarse atr�s.</p><p>��Ha sobrevivido alguno? �murmur� entre dientes.</p><empty-line/><p>El sargento Colon termin� de leer la proclama y mir� a la multitud hostil que lo rodeaba.</p><p>�A m� no me ech�is la culpa �advirti�. Yo me limito a leer las cosas, no las escribo.</p><p>�Eso son sacrificios humanos �replic� alguien.</p><p>�Eh, que los sacrificios humanos no tienen nada de malo �le advirti� un sacerdote.</p><p>�Ah, <emphasis>pers� �</emphasis>se apresur� a a�adir el primero�. Por razones religiosas, claro. Y con criminales conde nados a muerte.<a l:href="#n_20" type="note">[20]</a> Pero eso es diferente, aqu� se habla de echarle a alguien al drag�n cada vez que tenga hambre.</p><p>��Muy bien dicho! �exclam� el sargento Colon.</p><p>�Los impuestos son una cosa, pero comerse a la gente es otra muy diferente.</p><p>��As� se habla!</p><p>�Si todos nos unimos y nos negamos, �qu� puede hacer el drag�n?</p><p>Nobby abri� la boca. Colon se la tap� con una mano y alz� un pu�o en gesto triunfal.</p><p>��Es lo que digo yo! �exclam�. �El pueblo unido jam�s ser� consumido! Le aplaudieron.</p><p>�Espera un momento �dijo un hombrecillo lentamente�. Que sepamos, el drag�n s�lo hace una cosa: volar por toda la ciudad incinerando a la gente. Nada indica que lo que se est� sugiriendo aqu� vaya a imped�rselo.</p><p>�S�, pero si todos protestamos� �insisti� el primero, con la voz moderada por la inseguridad.</p><p>�No puede achicharrar a todo el mundo �dijo Colon. Decidi� jugarse de nuevo el as que acababa de descubrir�. �El pueblo unido jam�s ser� consumido! �a�adi� con orgullo.</p><p>Esta vez no fue tan coreado. La gente reservaba la energ�a para preocuparse.</p><p>�No estoy seguro de comprender por qu� no. �Por qu� no puede quemarnos a todos y marcharse a otra ciudad?</p><p>�Porque�</p><p>�El tesoro �dijo Colon�. Necesita gente que le d� tesoros.</p><p>�S�.</p><p>�Bueno, es posible, pero� �cu�nta, exactamente?</p><p>��-�Qu�?</p><p>��Cu�nta gente necesita? De la ciudad. Quiz� no quiera quemarla toda, s�lo algunas zonas. �Sabemos nosotros qu� zonas?</p><p>�Esto es una tonter�a �dijo el primero que hab�a hablado�. Si vamos por ah� poniendo pegas todo el rato, no haremos nada pr�ctico.</p><p>�Pues a m� me parece que lo mejor es pensar bien las cosas antes de actuar, es lo �nico que digo. Por ejemplo, �qu� pasar�a si por casualidad derrot�ramos al drag�n?</p><p>��Venga ya! �exclam� el sargento Colon.</p><p>�No, en serio. �Cu�l es la alternativa?</p><p>��Un ser humano, para empezar!</p><p>�Como quieras �replic� el hombrecillo�. Pero la verdad es que una persona al mes no est� nada mal Comparado con lo que hac�an otros gobernantes que hemos tenido. �Alguien se acuerda de Nersh el Lun�tico? �O de lord Picadillo y su Mazmorra-de-un-Minuto?</p><p>Se oyeron unos cuantos murmullos del tipo �Tiene parte de raz�n�.</p><p>��Pero fueron derrocados! �casi grit� Colon.</p><p>�No. Fueron asesinados.</p><p>�Tanto da. El caso es que nadie va a asesinar al drag�n �se�al� Colon�. Hace falta algo m�s que una noche oscura y un cuchillo afilado, os lo digo yo.</p><p>Ahora entiendo lo que quer�a decir el capit�n, pens�. No me extra�a que siempre se emborrachara antes de empezar a pensar sobre las cosas. Siempre nos derrotamos A nosotros mismos antes de empezar. Si le das un palo a un ciudadano de Ankh-Morpork, se matar� a golpes.</p><p>�Oye, t�, sapo inmundo �dijo el primer hombre, cogiendo al segundo por el cuello con una mano y formando un pu�o con la otra�. Da la casualidad de que yo tengo tres hijas, y no tengo ningunas ganas de que se coma a ninguna de ellas, muchas gracias.</p><p>�S�, y el pueblo unido� jam�s� ser�</p><p>Colon se qued� sin voz. Se acababa de dar cuenta de que el resto de los congregados estaban mirando hacia arriba.</p><p>El muy canalla, pens� mientras su racionalidad empezaba a hacer aguas. Ha debido de estar escuchando a hurtadillas.</p><p>El drag�n se movi� para cambiar de posici�n sobre el alero de la casa m�s cercana. Bati� las alas un par de veces, bostez� y extendi� el cuello para mirar hacia la calle.</p><p>El hombre que hab�a sido bendecido con tres hijas se irgui� con el pu�o alzado en el centro de un c�rculo de guijarros cada vez m�s amplio. El otro consigui� recuperar el uso de las piernas y se perdi� r�pidamente entre las sombras de la noche.</p><p>De repente, pareci� que no hab�a en todo el mundo un hombre m�s solo y falto de amigos.</p><p>�Ya veo �dijo con tranquilidad.</p><p>Mir� al inquisitivo reptil. La verdad era que no parec�a demasiado beligerante. Lo miraba con algo muy semejante al inter�s.</p><p>��No me importa! �grit�. Su voz reson� en el silencio, los ecos fueron su �nica respuesta�. �Te desafiamos! �Si me matas, tendr�s que matarnos a todos!</p><p>Hubo algunos movimientos amortiguados entre los sectores de la multitud que no pensaban que aquello fuera absolutamente axiom�tico.</p><p>��Podemos presentar resistencia! �rugi� el hombre�. �Verdad que s�, amigos? �C�mo era eso del pueblo unido, sargento?</p><p>�Eh� �titube� Colon, con la columna vertebral convertida en hielo.</p><p>�Te lo advierto, drag�n, el esp�ritu humano es�</p><p>Nunca llegaron a saber qu� era el esp�ritu humano, o al menos qu� pensaba que era, aunque probablemente, en las largas horas de las noches de insomnio, algunos recordar�an los acontecimientos siguientes y se formar�an una opini�n bien poco halag�e�a. Porque una de las cosas que se suelen olvidar del esp�ritu humano es que, aunque en las mejores condiciones puede ser noble, valiente y maravilloso, tambi�n es, cuando se examina a fondo el asunto, humano.</p><p>La llamarada del drag�n le acert� de pleno en el pecho. Por un momento, el hombre result� visible en forma de una silueta al rojo blanco, antes de que sus cenizas negras se depositaran sobre los guijarros fundidos de la calle.</p><p>La llama se desvaneci�.</p><p>Los espectadores se quedaron quietos como estatuas, sin saber qu� llamar�a m�s la atenci�n, si seguir all� o huir a toda velocidad.</p><p>El drag�n los observ� con curiosidad, queriendo saber qu� har�an a continuaci�n.</p><p>Colon pens� que, como �nico oficial de la ley all� presente, le tocaba a �l dominar la situaci�n. Carraspe� para aclararse la garganta.</p><p>�Muy bien �dijo, tratando de que su voz no se convirtiera en un gemido�. Despejen la zona, se�oras y se�ores. Aqu� no hay nada que ver.</p><p>Movi� los brazos en un vago gesto de autoridad, mientras todo el mundo se remov�a, nervioso. Por el rabillo del ojo vio las llamas rojas que brillaban por encima de los tejados, las chispas que sub�an en espiral y destacaban contra la negrura del cielo.</p><p>��Es que no tienen casa, o qu�? �gimi�.</p><empty-line/><p>El bibliotecario arrastr� los nudillos por la biblioteca del aqu� y el ahora. Cada pelo de su cuerpo estaba erizado de rabia.</p><p>Abri� de golpe la puerta y sali� a la ciudad asolada.</p><p>Alguien iba a descubrir que su peor pesadilla era un bibliotecario furioso.</p><p>Con una placa.</p><empty-line/><p>El drag�n plane� perezosamente sobre la ciudad nocturna, sin apenas aletear. No le hac�a falta. La energ�a t�rmica le proporcionaba todo el impulso que necesitaba.</p><p>Hab�a incendios por todo Ankh-Morpork. Se hab�an formado tantas cadenas de cubos entre el r�o y los diferentes edificios en llamas, que m�s de un cubo cambiaba de direcci�n por el camino. Aunque en realidad, no hac�a falta un cubo para sacar las turbias aguas del r�o Ankh, con una red habr�a bastado.</p><p>Corriente abajo, las hileras de gente manchada de humo trabajaban febrilmente para cerrar las enormes esclusas oxidadas bajo el Puente de Lat�n. Eran la �ltima defensa de Ankh-Morpork contra el fuego, ya que el Ankh se desbordar�a y la inundar�a hasta los muros. Bajo sus aguas uno no pod�a ahogarse, s�lo asfixiarse.</p><p>Los trabajadores del puente eran aquellos que no pod�an o no quer�an huir. Muchos otros escapaban por las puertas de la ciudad, dirigi�ndose hacia las g�lidas llanuras amortajadas por la niebla.</p><p>Pero no por mucho tiempo. El drag�n, sobrevolando gr�cilmente la devastaci�n, plane� por encima de la muralla. Unos segundos m�s tarde, los guardias vieron c�mo la llamarada blancoazulada perforaba las nieblas. La marea de humanidad fluy� de vuelta a la ciudad, con el drag�n vigil�ndolos como un perro pastor. Los edificios incendiados de la ciudad hac�an que la parte baja de sus alas brillara con los rojos reflejos.</p><p>��Alguna sugerencia sobre lo que debemos hacer ahora, sargento? �pregunt� Nobby.</p><p>Colon no respondi�. Ojal� estuviera aqu� el capi-, tan Vimes, pens�. �l tampoco habr�a sabido qu� hacer, pero tiene mucho m�s vocabulario para expresar su desconcierto.</p><p>Algunos de los incendios se apagaron cuando las aguas crecientes y las confusas cadenas de cubos empezaron a resultar eficaces. El drag�n no parec�a tener intenci�n de ir a provocar ninguno m�s. Ya hab�a dejado bien claro cu�les eran sus intenciones.</p><p>��Qui�n cre�is que ser�? �pregunt� Nobby.</p><p>��Qui�n qu�? �pregunt� Zanahoria.</p><p>�La elegida para el sacrificio.</p><p>�El sargento dijo que la gente no lo tolerar�a �replic� Zanahoria, estoico.</p><p>�S�, bueno. Pero m�ralo de esta manera: si le dices a la gente que qu� prefiere, que te quemen la casa o que le coman a una chica a la que seguramente ni conoces, bueno, pues se lo piensan. Es la naturaleza humana, ya sabes.</p><p>�Seguro que aparecer� alg�n h�roe �dijo Zanahoria�. Con un arma nueva o algo por el estilo. Y le sacudir� en su punto volublerable.</p><p>Se hizo el silencio que suele hacerse cuando alguien escucha con atenci�n.</p><p>��Qu� es eso? �pregunt� Nobby.</p><p>�Un punto. Donde es volublerable. Mi abuelo me contaba historias. Si le aciertas a un drag�n en los volublerables, lo matas.</p><p>��Es como pegarle una patada justo ah�? �pregunt� Nobby, interesado.</p><p>�No s�. Supongo que s�. Aunque ya te lo he dicho, Nobby, va contra la ley�</p><p>�Oye, �y d�nde est� ese punto?</p><p>�Oh, supongo que en un lugar diferente en cada drag�n. Esperas hasta que pase volando por encima de ti y dices, ah� est� el punto volublerable, y lo matas �explic� Zanahoria�. As� de f�cil.</p><p>El sargento Colon mir� al espacio con gesto inexpresivo.</p><p>�Mmm �murmur� Nobby.</p><p>Observaron el panorama de p�nico durante un rato.</p><p>��Est�s seguro de eso del punto volublerable?</p><p>�pregunt� al final el sargento Colon.</p><p>�S�, y tanto.</p><p>�Ojal� no lo estuvieras, hijo.</p><p>Volvieron a contemplar la ciudad aterrorizada.</p><p>��Sabes? �empez� Nobby�. Me acuerdo de que siempre dices que ganabas premios de tiro con arco cuando estabas en la academia, sargento. Me contaste que ten�as una flecha de la suerte, y que la llevabas siempre�</p><p>��De acuerdo! �De acuerdo! Pero no es lo mismo, �sabes? Adem�s, yo no soy un h�roe. �Por qu� voy a hacerlo?</p><p>�El capit�n Vimes nos paga treinta d�lares al mes �dijo Zanahoria.</p><p>�S� �asinti� Nobby, sonriente�, y t� adem�s tienes un extra de cinco d�lares por rango.</p><p>�Pero el capit�n Vimes ya no est� �dijo Colon, no sin raz�n.</p><p>Zanahoria lo mir� con tozudez.</p><p>�Estoy seguro de que, si estuviera, �l ser�a el primero en�</p><p>Colon le hizo callar.</p><p>�Todo eso est� muy bien �replic�. Pero �qu� pasar� si fallo?</p><p>�M�ralo por el lado bueno �se�al� Nobby�. Lo m�s probable es que ni lo llegues a saber.</p><p>La expresi�n del sargento Colon se transform� en una sonrisa mal�vola, desesperada.</p><p>�Querr�s decir que no lo llegaremos a saber �dijo.</p><p>��Qu�?</p><p>�Si crees que voy a subirme solo a no s� qu� tejado, est�s muy equivocado. Te ordeno que me acompa�es. Adem�s �a�adi�, a ti tambi�n te pagan un d�lar extra por los riesgos laborales.</p><p>El rostro de Nobby era una mueca de p�nico.</p><p>��Te equivocas! �gimi�. �El capit�n Vimes dijo que me lo retiraba durante cinco a�os porque soy una verg�enza para la especie!</p><p><emphasis>�</emphasis>Bueno, pues a lo mejor as� lo recuperas. Adem�s, t� eres el experto en puntos volublerables. Te he visto pelear m�s de una vez.</p><p>Zanahoria salud� marcialmente.</p><p>�Permiso para ofrecerme voluntario, se�or �dijo�. Y yo s�lo cobro veinte d�lares al mes en concepto de paga b�sica, y no me importa, se�or.</p><p>El sargento Colon carraspe�. Luego, se enderez� la placa pectoral. Era una de esas placas impresionantes, con el relieve de los m�sculos. Su pecho y su est�mago encajaban dentro igual que la gelatina en un molde.</p><p>�Qu� har�a en un momento as� el capit�n Vimes? : Bueno, beber�a algo, desde luego. Pero, si no pudiera beber, �qu� har�a?</p><p>�Lo que necesitamos �dijo lentamente�, es un Plan.</p><p>Aquello sonaba muy bien. S�lo la frase val�a ya la paga. Si uno tiene un Plan, ya ha recorrido medio camino.</p><p>Ya le parec�a o�r las aclamaciones de las multitudes. La gente bordeaba las calles en hileras, y le arrojaban | flores, y lo llevaban en comitiva triunfal por toda una � ciudad agradecida.</p><p>Lo malo del asunto era que sospechaba que lo llevaban en una urna.</p><empty-line/><p>Lupine Wonse recorri� los pasillos, por los que el viento circulaba ahora libremente, hasta el dormitorio del patricio. Nunca hab�a sido una habitaci�n suntuosa, no hab�a m�s que una cama estrecha y unos cuantos armarios destartalados. Pero ahora estaba a�n peor. Faltaba una pared. Si a uno le daba por caminar en sue�os, corr�a el riesgo de terminar en la vasta caverna que era la Sala Principal.</p><p>Aun as�, cerr� la puerta a su espalda, para obtener un simulacro de intimidad. Luego, cautelosamente, sin dejar de lanzar miradas nerviosas hacia el gran espacio que se abr�a m�s all�, se arrodill� en el centro de la habitaci�n y levant� un tabl�n del suelo.</p><p>Sac� del hueco una larga t�nica negra. Wonse sigui� rebuscando en el polvoriento espacio. Busc� m�s. Busc� mucho m�s. Luego se tendi� de bruces y meti� ambos brazos en el agujero, a la desesperada.</p><p>El libro se desliz� por el suelo de la habitaci�n y le golpe� en la nuca.</p><p>��Estabas buscando esto? �pregunt� Vimes.</p><p>Sali� de entre las sombras.</p><p>Wonse estaba all� de rodillas, abriendo y cerrando la boca como un pez.</p><p>�Qu� va a decir?, pens� Vimes. Quiz� lo de <emphasis>S� lo que est�s pensando, pero no es lo que parece. </emphasis>O a lo mejor <emphasis>Escucha, puedo explicarlo todo. </emphasis>Ojal� tuviera un drag�n cargado en las manos ahora mismo.</p><p>�Vaya. Has sido muy listo al adivinarlo �dijo Wonse.</p><p>Y siempre hay otras posibilidades, por supuesto, pens� Vimes.</p><p>�Bajo los tablones del suelo �dijo en voz alta�. Vaya tonter�a por tu parte, es el primer lugar en el que mirar�a cualquiera.</p><p>�Lo s�. Supongo que no se imaginaba que entrar�a alguien a buscar esto �dijo Wonse al tiempo que se pon�a en pie y se sacud�a el polvo.</p><p>��Disculpa? �sonri� Vimes con toda amabilidad.</p><p>�Vetinari. Ya sabes que se pasaba la vida con estas estratagemas. Estaba implicado en la mitad de los planes contra s� mismo, as� era c�mo dirig�a las cosas. Le encantaba. Es evidente que invoc� al drag�n y luego no pudo controlarlo. Se encontr� con un ser m�s astuto que �l mismo.</p><p>��Y qu� estabas haciendo t�? �quiso saber Vimes.</p><p>�Me preguntaba si ser�a posible invertir el hechizo. O quiz� llamar a otro drag�n. Seguramente pelear�an entre ellos, �no crees?</p><p>��Una especie de equilibrio de terror, quieres decir? �pregunt� Vimes.</p><p>�Vale la pena intentarlo �replic� Wonse, ansioso. Se acerc� unos pasos�. Mira, con respecto a tu puesto� s� que los dos est�bamos un poco nerviosos en aquel momento, y por supuesto, si quieres recuperarlo, puedo conseguirlo sin problemas�</p><p>�Debi� de ser terrible �lo interrumpi� Vimes�. Imagina lo que debi� de pasar por su mente. Lo invoc�, y luego se encontr� con que no era s�lo una especie de herramienta, sino un ser vivo con mente propia. Una mente igual que la suya, pero sin frenos. Seguro que al principio el pobre pensaba que lo estaba haciendo por el bien de la ciudad. Sin duda estaba loco. O acab� loco.</p><p>�S� �replic� Wonse con voz ronca�. Debi� de ser terrible para �l.</p><p>��S�, pero me gustar�a ponerle las manos encima! Con todos los a�os que hace que conozco a ese hombre, nunca me di cuenta de que�</p><p>Wonse no dijo nada.</p><p>�Corre �orden� Vimes con amabilidad.</p><p>��Qu�?</p><p>�Que corras. Quiero verte correr.</p><p>�No compren�</p><p>�Vi correr a alguien la noche en que el drag�n inciner� aquella casa. Recuerdo que, en aquel momento, pens� que se mov�a de una manera extra�a, como si rebotara, m�s que andar. Y el otro d�a te vi a ti huir del drag�n. Casi habr�a jurado que se trataba de la misma persona. Como si fuera alguien que no quiere quedarse atr�s. <emphasis>�Ha sobrevivido alguno, Wonse?</emphasis></p><p>Wonse sacudi� una mano, en un movimiento que debi� de considerar despreocupado.</p><p>�Eso es rid�culo, no tienes ninguna prueba �dijo con una risita.</p><p>�He visto que ahora duermes aqu� �sigui� Vi-mes�. Supongo que al rey le gusta tenerte cerca, �no?</p><p>�No tienes ninguna prueba �repiti� Wonse en un susurro.</p><p>�Claro que no. La manera de correr. Un tono de voz nervioso. Nada m�s. Pero eso no importa, �verdad? Porque no importar�a ni aunque tuviera pruebas. No hay nadie a quien pueda present�rselas. Y t� no me puedes devolver mi puesto de capit�n.</p><p>��S� que puedo! �grit� Wonse�. S� que puedo, y no tienes por qu� ser un simple capit�n�</p><p>�No puedes devolverme mi puesto de capit�n �repiti� Vimes�. Para empezar, nunca pudiste quit�rmelo. Nunca fui un agente de la ciudad, ni un agente del rey, ni un agente del patricio. Era un agente de la ley. Puede que fuera una ley corrupta e in�til, pero era una ley, m�s o menos. Ahora no hay m�s ley que la de �Si no tienes cuidado, te achicharro vivo�. �En d�nde entro yo en ese esquema de cosas?</p><p>Wonse se precipit� hacia �l y lo agarr� por el brazo.</p><p>��Pero t� puedes ayudarme! �dijo, apremiante� Quiz� haya una manera de destruir el drag�n, de verdad, o al menos podemos ayudar a la gente, canalizar las cosas para mitigar los da�os, buscar un t�rmino medio, un punto de acuerdo para que�</p><p>El golpe de Vimes acert� a Wonse en el p�mulo y lo derrib�.</p><p>��El drag�n est� aqu�! �rugi�. No lo puedes canalizar, ni persuadirlo, ni negociar con �l. Los dragones no conceden tregua a nadie. T� lo trajiste, y ahora tenemos que cargar con �l. Hijo de puta.</p><p>Wonse se apart� la mano de la brillante marca blanca que le hab�a quedado en la mejilla.</p><p>��Qu� vas a hacer? �pregunt�.</p><p>Vimes no lo sab�a. Se le hab�an ocurrido una docena de posibles desarrollos para la situaci�n en que se encontraba en aquel momento, pero ahora el �nico posible era matar a Wonse. Y, cara a cara, no se ve�a capaz de hacerlo.</p><p>�Eso es lo que tiene de malo la gente como t� �dijo Wonse mientras se pon�a en pie�. Siempre est�is en contra de cualquier cosa que se intente para obtener mejoras para la humanidad, pero nunca ten�is un plan alternativo que ofrecer. �Guardias! �Guardias!</p><p>Dirigi� a Vimes una sonrisa enloquecida.</p><p>�No te esperabas esto, �verdad? �dijo�. Aqu� todav�a tenemos guardias, �sabes? No son muchos, claro. No hay mucha gente que quiera venir a trabajar al palacio.</p><p>Se oyeron pisadas en el pasillo, y cuatro de los guardias del palacio abrieron la puerta y entraron con las espadas desenfundadas.</p><p>�Yo, en tu lugar, no opondr�a resistencia �sigui� Wonse�. Son hombres desesperados y muy nerviosos. Pero est�n muy bien pagados.</p><p>Vimes no dijo nada. Wonse era un fanfarr�n. Con los fanfarrones siempre hab�a una posibilidad. El viejo patricio nunca hab�a fanfarroneado, era una de sus cualidades. Si quer�a verte muerto, ni siquiera te enterabas antes de estarlo.</p><p>Con los fanfarrones, lo mejor es jugar seg�n las reglas establecidas.</p><p>�Nunca te saldr�s con la tuya �dijo.</p><p>�Tienes raz�n. Tienes toda la raz�n. Pero �nunca� es un plazo demasiado largo �replic� Wonse�. <emphasis>Ninguno </emphasis>de nosotros nos salimos con la nuestra durante tanto tiempo, �sabes? Tendr�s tiempo para reflexionar sobre esto �dijo, haciendo una se�al a los guardias�. Arrojadlo a la mazmorra especial. Y luego, haced ese otro encarguito que os he encomendado.</p><p>�Eh� �titube� el jefe de los guardias.</p><p>��Qu� pasa?</p><p>��Quieres�, eh�, que le ataquemos? �tartamude� el pobre hombre.</p><p>Aunque los guardias de palacio eran cuatro en aquel momento, eran tan conscientes como cualquiera de las convenciones, y cuando a los guardias se les ordena atacar a un hombre solo en circunstancias acaloradas, no es un buen momento. Seguro que el muy cerdo es un h�roe, estaban pensando. Y no les atra�a nada un futuro pr�ximo en el que se encontraran muertos.</p><p>��Claro que s�, idiota!</p><p>�Pero�, pero�, s�lo es uno �gimote� el capit�n de la guardia.</p><p>�Y est� sonriendo �se�al� uno de sus hombres, que se hab�a apresurado a colocarse tras �l.</p><p>�Seguro que se colgar� de la l�mpara en cualquier momento �a�adi� otro guardia�. Y voltear� la mesa de una patada, y todo eso.</p><p>��Ni siquiera est� armado! �chill� Wonse.</p><p>��sos son los peores �replic� uno de los guardias con gran estoicismo�. Son los que pegan un salto y agarran una de las espadas ornamentales que hay en la panoplia sobre la chimenea.</p><p>��Aqu� no hay ninguna chimenea! �Ni ninguna espada! �S�lo est� �l! �Cogedlo inmediatamente! �grit� Wonse.</p><p>Dos de los guardias agarraron a Vimes tentativamente por los hombros.</p><p>�No ir�s a hacer nada heroico, �verdad? �le susurr� uno de ellos.</p><p>�No sabr�a ni por d�nde empezar �lo tranquiliz�<emphasis>, </emphasis>Vimes.</p><p>�Ah. Bueno.</p><p>Mientras se lo llevaba, Vimes oy� la carcajada enloquecida de Wonse. Otra de las caracter�sticas t�picas de los fanfarrones.</p><p>Pero, en una cosa, hab�a dado en el clavo. Vimes no ten�a ning�n plan. No hab�a meditado gran cosa sobre lo que pod�a suceder a continuaci�n. Qu� idiota he sido, se dijo. �Pensar que, despu�s del enfrentamiento, se habr�a acabado el asunto�!</p><p>Tambi�n iba pensando en cu�l ser�a el otro encarguito de Wonse.</p><p>Los guardias de palacio no dec�an nada, se limitaban a caminar con la vista fija al frente y el paso firme por los pasillos semiderruidos, hasta llegar a otro corredor, hasta una puerta ominosa. La abrieron, lo empujaron hacia el interior y se alejaron de nuevo.</p><p>Y nadie, absolutamente nadie, advirti� el peque�o objeto, ligero como una hoja, que cay� de las sombras del techo meci�ndose suavemente como una semilla de sic�moro antes de posarse sobre la mara�a de objetos que compon�an el mont�n del tesoro.</p><p>Era una c�scara de cacahuete.</p><empty-line/><p>Fue el silencio lo que despert� a lady Ramkin. Su dormitorio daba al cobertizo de los dragones, y estaba acostumbrada a dormir con el susurro de las escamas contra los tablones, el ocasional rugido de un drag�n lanzando llamas en sue�os, y los lamentos de las hembras en celo. La ausencia de todo sonido era como la alarma de un reloj.</p><p>Hab�a llorado un poco antes de dormirse, pero no mucho, porque era in�til ponerse sentimental y dar vueltas a lo que no pod�a arreglar. Encendi� la l�mpara, se puso las botas de goma, cogi� un bast�n que pod�a ser todo lo que se interpusiera entre ella y una te�rica p�rdida de la virtud, y baj� apresuradamente hacia el cobertizo envuelto en las sombras de la noche. Al cruzar el h�medo c�sped, fue vagamente consciente de que en la ciudad estaba sucediendo algo, pero no le concedi� importancia en aquel momento. Los dragones eran m�s importantes.</p><p>Abri� la puerta.</p><p>Bueno, estaban all�. El familiar olor de los dragones de pantano, mezcla de lodo empantanado y de explosiones qu�micas, sali� como una r�faga a la noche.</p><p>Cada uno de los dragones estaba de pie sobre las patas traseras, en el centro de su compartimiento, con el cuello arqueado y mirando con feroz intensidad hacia el techo.</p><p>�Oh �dijo�. As� que otra vez est� volando por ah�, �eh? Exhibi�ndose. No os preocup�is, mis peque�ines, mam� est� con vosotros.</p><p>Puso la l�mpara en una estanter�a alta y se dirigi� hacia el compartimiento de Errol.</p><p>�Hola muchacho� �empez�.</p><p>Y se detuvo en seco.</p><p>Errol estaba tendido de costado. Una tenue nubecilla de humo gris brotaba de su boca, y su est�mago se contra�a y se expand�a como un acorde�n. Y su piel, desde la cabeza hasta la cola, era de un blanco casi puro.</p><p>�Creo que, si alguna vez hago una reedici�n de las <emphasis>Enfermedades, </emphasis>te dedicar� un cap�tulo entero a ti solito �dijo en voz baja, mientras abr�a el cerrojo de su compartimiento�. Veamos si te ha bajado esa temperatura tan mala, �eh?</p><p>Extendi� la mano para acariciarle la piel, y dej� escapar una exclamaci�n. La retir� r�pidamente mientras se le formaban ampollas en las puntas de los dedos.</p><p>Errol estaba tan fr�o que quemaba.</p><p>Mientras miraba al dragoncito, las peque�as marcas redondeadas que hab�a fundido su calor volvieron a transformarse en hielo.</p><p>Lady Ramkin se puso en cuclillas.</p><p>��Qu� clase de drag�n eres? �suspir�.</p><p>Oy�, muy lejos, el sonido distante de alguien llamando a la puerta principal de la casa. Titube� un instante, luego apag� la l�mpara de un soplido, recorri� el pasillo entre los compartimientos a toda velocidad, y apart� a un lado el trozo de tela de saco que cubr�a la ventana.</p><p>Las primeras luces del amanecer le revelaron la silueta de un guardia en las escaleras, con las plumas del casco que se agitaban por la brisa.</p><p>Se mordi� el labio inferior, cruz� la puerta a toda velocidad, cruz� el c�sped y se meti� corriendo en la casa, subiendo las escaleras de tres en tres.</p><p>�Est�pida, est�pida �murmur� al recordar que la l�mpara estaba en el piso de abajo.</p><p>Pero no hab�a tiempo para eso. Si se entreten�a en ir a cogerla, Vimes pod�a marcharse.</p><p>Por tacto y de memoria, en la penumbra, encontr� su mejor peluca y se la encasquet�. En alg�n lugar entre los ung�entos y pomadas para dragones que poblaban su c�moda hab�a algo que, si mal no recordaba, se llamaba <emphasis>Roc�o de la noche, </emphasis>o alguna otra cosa igualmente inapropiada, regalo de hac�a mucho tiempo de un sobrino en que no pensaba demasiado. Olisque� varios frascos hasta dar con algo que, por el aroma, era probablemente el que buscaba. Hasta alguien con un aparato olfativo que se hab�a cerrado hac�a mucho ante la brutalidad del olor de los dragones, tuvo que ver que era m�s�, bueno, m�s <emphasis>potente </emphasis>de lo que recordaba. Pero, al parecer, a los hombres les gustaban aquellas cosas. O eso hab�a le�do. Una aut�ntica tonter�a. Se tir� un poco de la costura del escote del camis�n, que de repente le parec�a demasiado sensato y c�modo, hasta colocarlo en una posici�n que esperaba que revelase sin llegar a exponer, y corri� a toda velocidad escaleras abajo.</p><p>Se detuvo ante la puerta principal, tom� aliento, gir� el picaporte y, mientras la puerta se abr�a, comprendi� que deber�a haberse quitado las botas de goma�</p><p>�Vaya, capit�n �dijo dulcemente�, qu� sorpresa tan� <emphasis>�qui�n demonios es usted?</emphasis></p><p>El jefe de la guardia de palacio retrocedi� unos cuantos pasos y, como proven�a de una familia de campesinos, hizo unos cuantos signos para espantar a los malos esp�ritus. Obviamente, no sirvieron de nada. Cuando volvi� a abrir los ojos, el monstruo segu�a all�, todav�a encendido de rabia, todav�a apestando a algo rancio y fermentado, todav�a coronado por una masa de rizos, todav�a refugiado tras unos pechos que hicieron que se le secara el paladar�</p><p>Hab�a o�do hablar de aquel tipo de fieras. Las llamaban arp�as. �Qu� habr�a hecho aqu�lla con lady Ramkin?</p><p>En cambio, la visi�n de las botas de goma lo desconcertaba un poco. Las leyendas sobre arp�as no inclu�an referencias a botas de goma.</p><p>�Hable de una vez, amigo �rugi� lady Ramkin, volviendo a subirse el escote hasta una altura m�s respetable�. �O piensa quedarse ah� toda la noche abriendo y cerrando la boca? �Qu� quiere?</p><p>��Lady Sybil Ramkin? �dijo el guardia, no con el tono educado de alguien que busca una simple confirmaci�n, sino con la voz incr�dula de quien encuentra muy dif�cil creer que la respuesta pueda ser �s��.</p><p>�Abra los ojos, joven. �Qui�n cree que soy? El guardia recuper� el control sobre s� mismo.</p><p>�Tengo una orden para lady Sybil Ramkin �dijo, todav�a inseguro.</p><p>La voz de la mujer temblaba.</p><p>��C�mo que una orden?</p><p>�Para que acuda al palacio.</p><p>�No s� para qu� se me puede requerir a estas horas de la madrugada �dijo al tiempo que intentaba cerrar la puerta de golpe.</p><p>Pero no se cerr�, porque el guardia meti� la punta de la espada en el �ltimo momento.</p><p>�Si no viene �dijo el guardia�, se me ha ordenado que tome medidas.</p><p>La puerta volvi� a abrirse bruscamente, y lady Ramkin presion� el rostro contra el del guardia, que casi se desmay� ante la peste a p�talos de rosa podridos.</p><p>�Si se ha cre�do que voy a dejar que me ponga la mano encima� �empez�.</p><p>La mirada del guardia se desvi� un instante, s�lo un instante, hacia el cobertizo de los dragones. Lady Ramkin se puso p�lida.</p><p>��No se atrever�! �sise�.</p><p>El guardia trag� saliva. La mujer era temible, pero humana al fin y al cabo. S�lo pod�a arrancarle la cabeza de un mordisco metaf�ricamente. Se record� que exist�an cosas mucho peores que lady Ramkin, aunque tambi�n hubo de admitir que no se encontraban en aquel momento a siete cent�metros de su nariz.</p><p>�Tomar medidas �repiti� en un gemido. Lady Ramkin se irgui�, y vio por primera vez a los guardias que hab�a m�s atr�s.</p><p>�Ya entiendo �dijo con voz g�lida�. As� se hacen ahora las cosas, �no? Ven�s seis a coger a una d�bil mujer. Muy bien. Supongo que, por lo menos, me permitir�is ponerme un abrigo. Hace fr�o.</p><p>Cerr� la puerta de golpe.</p><p>Los guardias de palacio dieron pataditas contra el suelo para sacudirse el fr�o, y trataron de no mirarse unos a otros. Obviamente, aqu�lla no era manera de ir arrestando a la gente. Para empezar, no los sol�an dejar esperando en la puerta, las cosas no funcionaban as�. Pero claro, la �nica alternativa era entrar y sacarla a rastras, y a ninguno de ellos le entusiasmaba la idea. Adem�s, el capit�n de la guardia no estaba muy seguro de que fueran suficientes como para llevarse a rastras a lady Ramkin. Har�an falta muchos m�s guardias, y troncos de madera.</p><p>La puerta cruji� al abrirse de nuevo, revelando s�lo la oscuridad polvorienta del vest�bulo.</p><p>�Bien, muchachos� �empez� el capit�n, inseguro.</p><p>Lady Ramkin apareci� ante ellos. El capit�n vio s�lo un atisbo borroso de la mujer cuando salt� por la puerta, gritando, y bien habr�a podido ser lo �ltimo que recordara si uno de los guardias no hubiera tenido la presencia de �nimo suficiente como para ponerle la zancadilla cuando baj� por las escaleras. Lady Ramkin cay� hacia adelante con una maldici�n, se precipit� contra el c�sped descuidado, y su cabeza fue a chocar contra la decr�pita estatua de un antiguo Ramkin. Se qued� inm�vil.</p><p>La enorme espada que hab�a esgrimido aterriz� junto a ella, y se clav� vibrante en el suelo.</p><p>Tras unos largos momentos, uno de los guardias avanz� de puntillas con cautela y prob� el filo con la yema de un dedo.</p><p>�Demonios �exclam� con una voz en la que se mezclaban el horror y el respeto�. �Y el drag�n quiere com�rsela?</p><p>�Re�ne todos los requisitos �dijo el capit�n�. Debe de ser la dama de m�s alta cuna de toda la ciudad. En cuanto a lo de la doncellez, ni idea �a�adi�, y en este momento, no me pienso poner a hacer especulaciones. Que alguien vaya a buscar una carreta.</p><p>Se pas� un dedo por la oreja, all� donde lo hab�a rozado la punta de la espada. Por naturaleza, no era un hombre cruel, pero en aquel momento estaba seguro de que preferir�a que hubiera todo un drag�n entre Sybil Ramkin y �l cuando la mujer despertara.</p><p>��No se supone que deb�amos matar a sus dragoncitos, se�or? �pregunt� otro guardia�. Cre� que el se�or Wonse nos hab�a dicho que acab�ramos con todos.</p><p>�Eso no era m�s que una amenaza por si se negaba a venir.</p><p>El guardia frunci� el ce�o.</p><p>��Seguro, se�or? Pens�</p><p>El capit�n ya estaba harto. Arp�as que gritaban, enormes espadas que hend�an el aire junto a �l con un sonido como el de la seda al rasgarse�, todo aquello hab�a acabado con su capacidad para ver las cosas desde el punto de vista de un camarada.</p><p>�Ah, con <emphasis>que pensabas, </emphasis>�eh? �se�al� con un rugido�. Ahora resulta que eres un pensador, �eh? �Piensas que har� bien en recomendarte para otro puesto? �Para la guardia de la ciudad, por ejemplo? Ah� hay pensadores a montones, te encantar�.</p><p>Los dem�s guardias parecieron bastante inc�modos ante la idea.</p><p>�Si hubieras <emphasis>pensado �</emphasis>a�adi� el capit�n, sarc�stico�, se te habr�a ocurrido que el rey no querr� que matemos a otros dragones, �verdad? Seguro que son parientes lejanos, o algo por el estilo. No puede desear que matemos a los de su propia especie.</p><p>�Pero se�or, la gente lo hace, se�or �replic� el guardia, amedrentado.</p><p>�Oh, bueno �dijo el capit�n�. Eso es diferente. �Se dio unas palmaditas pensativas en el casco�. Eso es porque somos inteligentes.</p><empty-line/><p>Vimes aterriz� sobre la paja h�meda, en una oscuridad de boca de lobo, aunque al poco rato sus ojos se acostumbraron a la penumbra y empez� a distinguir las paredes de la mazmorra.</p><p>No la hab�an construido para proporcionar comodidades, no era m�s que un espacio donde se encontraban las columnas y arcos que soportaban el palacio. En un extremo lejano, una rejilla en lo m�s alto de la pared dejaba entrar la mera sospecha de una luz mortecina de segunda mano.</p><p>Hab�a otro agujero cuadrado en el suelo. Tambi�n estaba cerrado con barrotes. Pero las barras de acero estaban bastante oxidadas. A Vimes se le ocurri� que, con un poco de paciencia, podr�a arrancarlos, y entonces s�lo le faltar�a adelgazar lo suficiente como para caber por un agujero de quince cent�metros.</p><p>Lo que <emphasis>no </emphasis>hab�a en las mazmorras eran ratas, escorpiones, cucarachas o serpientes. En el pasado hab�a habido serpientes, s�, porque las sandalias de Vimes aplastaron unos peque�os esqueletos alargados.</p><p>Se desliz� cautelosamente a lo largo de una pared h�meda, sin dejar de preguntarse de d�nde provendr�a aquel r�tmico sonido de ara�azos. Rode� una columna gruesa, y entonces lo descubri�.</p><p>El patricio se estaba afeitando, con los ojos entrecerrados, ante un trozo de espejo apoyado en una columna para que le diera la luz. No, Vimes comprendi� que no estaba apoyado. M�s bien sostenido. Por una rata. Era una rata grande, con ojos rojos.</p><p>El patricio le dirigi� un vago gesto de saludo, sin al parecer sorprenderse de verlo all�.</p><p>�Oh �dijo�. Vimes, �verdad? Me enter� de que ven�as para ac�. Vaya. Tendr�amos que haber dicho al personal de las cocinas� �En este punto, Vimes se dio cuenta de que el hombre estaba hablando con la rata�, de que �bamos a ser dos para comer. �Quieres una cerveza, Vimes?</p><p>��Qu�?</p><p>�Supongo que s�. Pero me temo que no tendr�s suerte. Los amigos de Skrp son listos, pero no se les da muy bien leer las etiquetas de las botellas.</p><p>Lord Vetinari se dio unas palmaditas en la cara con la toalla, y la dej� caer al suelo. Una forma gris sali� disparada de entre las sombras, la cogi� y se la llev� por la rejilla del suelo.</p><p>�Muy bien, Skrp �dijo al final�. Ya puedes marcharte.</p><p>La rata sacudi� los bigotes en gesto de saludo, apoy� el espejo contra la pared y se alej� trotando.</p><p>��Te sirven las ratas? �se asombr� Vimes.</p><p>�Hacen lo que pueden. La verdad es que las pobres no son muy eficaces. Es por las patas.</p><p>�Pero�, pero�, pero� �dijo Vimes�. Quiero decir�, �c�mo?</p><p>�Tengo la sospecha de que los amigos de Skrp han excavado t�neles que pasan por la Universidad �le explic� lord Vetinari�. Aunque supongo que ya eran bastante listos desde el principio.</p><p>Al menos Vimes s� que entend�a eso. Era bien sabido que las radiaciones taumat�rgicas afectaban a los animales que habitaban en el campus de la Universidad Invisible, convirti�ndolos a veces en r�plicas casi exactas de la civilizaci�n humana, o incluso mut�ndolos hasta convertirlos en especies completamente nuevas y especializadas, como la rata de biblioteca con archivadores incluidos, o la cabeza de b�falo que crec�a directamente de la pared. Y, como hab�a dicho el patricio, las ratas ya eran bastante listas de por s�.</p><p>�Pero �te est�n ayudando? �pregunt� Vimes.</p><p>�Es una ayuda mutua, es una ayuda mutua. Digamos que en pago por los servicios prestados �dijo el patricio, al tiempo que se sentaba en algo que, seg�n no pudo dejar de advertir Vimes, era un peque�o coj�n de terciopelo.</p><p>Tambi�n not� que, en un estante bajo, muy a mano, hab�a una libreta de notas y una hilera de libros bien ordenados.</p><p>��C�mo ayudas t� a las ratas, se�or? �dijo con voz d�bil.</p><p>�Con consejos. Les doy consejos. �El patricio se recost�. Eso es lo malo de las personas como Wonse �dijo�. Nunca saben cu�ndo detenerse. Ratas, serpientes y escorpiones. Cuando llegu� aqu�, esto era un campo de batalla. Las ratas se estaban llevando la peor parte.</p><p>Vimes tuvo la sensaci�n de que empezaba a comprender aquella locura.</p><p>��Y t� las entrenaste, o algo as�? �se�al�.</p><p>�Las aconsej�, s�lo las aconsej�. Se me da bastante bien �respondi� lord Vetinari con modestia.</p><p>Vimes se pregunt� qu� habr�an hecho. �Se aliaron las ratas con los escorpiones contra las serpientes, y luego, cuando hubieron derrotado a los reptiles, invitaron a los escorpiones a una cena para celebrar la victoria, y se los comieron? �O sobornaron a algunos escorpiones con grandes cantidades de�, oh, de lo que comieran los escorpiones, para que se filtraran de noche entre las filas de algunas serpientes escogidas y las mataran a picotazos?</p><p>Record� que alguien le hab�a contado la historia de un hombre que, estando encerrado en una celda durante a�os, entren� a pajarillos para crearse una especie de libertad. Y sab�a de viejos marineros, a los que las enfermedades y la edad hab�an apartado del mar, que se pasaban los d�as metiendo barcos en botellitas.</p><p>Luego pens� en el patricio, a quien hab�an arrebatado su ciudad, sentado en el suelo gris de una mazmorra sombr�a, y recre�ndola a su alrededor, alentando en miniatura todas las peque�as rivalidades, luchas de poderes y bandos diferentes. Se lo imagin� como una sombra, una estatua viva que se ergu�a entre el caos. Probablemente le resultaba m�s sencillo que gobernar Ankh, donde hab�a alima�as mucho m�s grandes, que no necesitaban ambas manos para transportar un cuchillo.</p><p>Se oy� un tintineo en la rejilla del desag�e. Aparecieron media docena de ratas que arrastraban algo envuelto en tela. La arrastraron por el suelo y, con gran esfuerzo, la depositaron a los pies del patricio. El anciano se inclin� y desat� el nudo.</p><p>�Parece que tenemos queso, muslos de pollo, cereales, un trozo de pan algo duro y una excelente botella de� oh, una excelente botella de la Salsa Tradicional Para Carnes y Pescados de Merckle y Aguij�n. Cerveza, Skrp, dije cerveza. �La jefa de las ratas movi� la nariz�. Lo siento mucho, Vimes, ya te lo dije, no saben leer. Al parecer no pueden ni comprender el concepto. Pero se les da muy bien escuchar. Me transmiten todas las noticias.</p><p>�Veo que est�s muy c�modo aqu� �suspir� Vimes.</p><p>�Nunca construyas una mazmorra en la que no querr�as pasar una noche �respondi� el patricio, al tiempo que extend�a la comida sobre la tela�. El mundo ser�a un lugar mucho m�s feliz si la gente recordara eso.</p><p>�Todos pens�bamos que hab�as hecho construir t�neles secretos, y esas cosas.</p><p>�Ni se me ocurri�, �para qu�? �replic� el patricio�. No podr�a dejar de huir jam�s. Qu� falta de eficacia. Mientras que, aqu�, estoy en el centro de las cosas. Espero que comprendas esto, Vimes: nunca conf�es en un gobernante que deposita su fe en t�neles, refugios y rutas de escape. Lo m�s probable es que no est� dedic�ndose de pleno a su trabajo.</p><p>�Oh.</p><p>Est� en una mazmorra de su propio palacio, con un loco rabioso al mando en el piso de arriba y un drag�n achicharrando la ciudad, y cree que todo est� saliendo como �l quiere. Debe de ser cosa de los altos cargos. Tanta altura vuelve loca a la gente.</p><p>�Eh�, no te importa si echo un vistazo por aqu�, �verdad? �pregunt�.</p><p>�Est�s en tu casa.</p><p>Vimes recorri� la mazmorra de punta a punta, y examin� la puerta. Los barrotes eran pesados, los cerrojos bien s�lidos y la puerta parec�a indestructible.</p><p>Luego, se dedic� a golpear las paredes en cualquier punto que pudiera sonar a hueco. Sin duda se trataba de una mazmorra bien construida. Era una de esas mazmorras que se alegran de que encierren en ellas a los criminales peligrosos. Y por supuesto, en esas circunstancias, es mejor que no haya trampillas, t�neles escondidos ni pasadizos secretos.</p><p>Pero no eran �sas las circunstancias. Era sorprendente lo que varios metros de roca s�lida pueden hacer con tu sentido de la perspectiva.</p><p>��Suelen venir aqu� los guardias? �pregunt�.</p><p>�Casi nunca �dijo el patricio mientras devoraba un muslo de pollo�. Es que no se molestan en darme de comer, �sabes? Creo que quieren matarme de hambre. De hecho �a�adi�, hasta hace poco, de vez en cuando iba a la puerta y gimoteaba un poco para que estuvieran satisfechos.</p><p>�Pero �tienen �rdenes de venir a comprobar c�mo est�n las cosas? �dijo Vimes, esperanzado.</p><p>�Oh, eso s� que no lo tolerar�amos �replic� el patricio.</p><p>��C�mo vas a imped�rselo?</p><p>Lord Vetinari le dirigi� una mirada ofendida.</p><p>�Mi querido Vimes �dijo�, pensaba que eras un hombre observador. �Has mirado bien la puerta?</p><p>�Por supuesto �dijo�. Se�or �a�adi� r�pidamente�. Es de lo m�s resistente.</p><p>�Quiz� deber�as echarle otro vistazo.</p><p>Vimes mir� boquiabierto al anciano, luego dio media vuelta y observ� de nuevo la puerta. Era de esas que <strong>se </strong>suelen considerar temibles, todo barrotes, cerrojos, bisagras y acero. Pero, por mucho que la mirase, no parec�a menos impresionante. La cerradura era uno de esos artilugios fabricados por los enanos, el dolor de cabeza de cualquier ladr�n. En definitiva, si alguien buscaba un s�mbolo de lo inamovible, no ten�a m�s que mirar aquella puerta.</p><p>El patricio apareci� junto a �l, con un sigilo estremecedor.</p><p>�Es que, �sabes? �empez�. Siempre que una ciudad es v�ctima de los des�rdenes civiles, el gobernante acaba en sus propias mazmorras. Para cierto tipo de mentalidades, eso es mucho m�s satisfactorio que una simple ejecuci�n.</p><p>�S�, bueno, pero no entiendo� �empez� Vimes.</p><p>�As� que miras esta puerta y no ves m�s que una puerta muy resistente, �verdad?</p><p>�Por supuesto. No hay m�s que mirar los cerrojos, y los barrotes, y�</p><p>�La verdad, me siento muy satisfecho �asinti� lord Vetinari con tranquilidad.</p><p>Vimes mir� la puerta hasta que le dolieron las cejas. Y entonces, al igual que las formas abstractas de las nubes, sin cambiar en absoluto, se transforma de repente en la cabeza de un caballo o en un barco velero, vio lo que hab�a tenido ante los ojos todo el tiempo.</p><p>Una admiraci�n abrumadora lo invadi�.</p><p>Se pregunt� c�mo ser�a la mente del patricio por dentro. Se la imaginaba fr�a y brillante, toda de acero azul, estalactitas y peque�as ruedecitas girando como los engranajes de un reloj. La clase de mente que pod�a prever su propia ca�da y tomar ventaja de ella.</p><p>Era una puerta de mazmorra absolutamente normal, pero todo depend�a del sentido de la perspectiva.</p><p>Tras la puerta de aquella mazmorra, el patricio pod�a encerrar al mundo.</p><p>En la parte exterior s�lo estaba la cerradura.</p><p>Los cerrojos y barrotes estaban por dentro.</p><empty-line/><p>Los guardias treparon torpemente por los tejados h�medos, mientras las nieblas de la ma�ana se fund�an ante el calor del sol. No. es que fuera a ser un d�a claro�, los espesos jirones de humo y el rancio olor a quemado envolv�an la ciudad y llenaban el ambiente con el triste aroma de las cenizas mojadas.</p><p>��D�nde estamos? �pregunt� Zanahoria, ayudando a subir a los dem�s.</p><p>El sargento Colon mir� a su alrededor, escudri�ando el bosque de chimeneas.</p><p>�Encima de la destiler�a de whisky de Jimmy Abrazodeoso �dijo�. En l�nea recta entre el palacio y la plaza. Seguro que pasar� volando por aqu�.</p><p>Nobby ech� un vistazo por un lado del edificio.</p><p>�Me parece que estuve aqu� una vez �dijo�. Comprob� la puerta una noche, y se abri�.</p><p>�Al cabo de un rato, supongo �se�al� Colon con tono amargo.</p><p>�Bueno, el caso es que tuve que entrar, para comprobar que no estuviera pasando nada malo. Es un lugar incre�ble. Est� lleno de ca�er�as y aparatos. �Y hay Un olor incre�ble!</p><p>��Cada botella envejece durante siete minutos� �cit� Colon�. �Una gota llenar� su d�a�, dice en la etiqueta. Y vaya si es verdad. Una vez prob� una gota, y me pas� el d�a lleno de resaca.</p><p>Se arrodill� y desenvolvi� un fardo de tela que hab�a estado transportando, con muchas dificultades, durante toda la escalada. Extrajo de �l un arco largo de dise�o antiguo, y un pu�ado de flechas.</p><p>Levant� el arco muy despacio, con gesto reverente, y lo acarici� con los pulgares regordetes.</p><p>��Sab�is? �dijo en voz baja�. Cuando era joven, lo manejaba de maravilla. El capit�n deber�a haberme dejado probar la otra noche.</p><p>�Eso dices t� �replic� Nobby, nada comprensivo.</p><p>�Pues gan� un mont�n de premios.</p><p>El sargento abri� la bolsita que conten�a la cuerda nueva para el arco, la enganch� en un extremo, se puso de pie, tir�, gru�� un poco�</p><p>�Eh� �Zanahoria? �dijo jadeante.</p><p>��S�, sargento?</p><p>��A ti se te da bien poner cuerdas en los arcos? Zanahoria cogi� el arco, lo curv� con facilidad y enganch� el otro extremo de la cuerda.</p><p>�Buen comienzo, sargento �se�al� Nobby.</p><p>��No seas sarc�stico conmigo, cabo! No es cuesti�n de fuerza, lo que importa es la agudeza de la vista y la firmeza de la mano. Venga, p�same una flecha. �No, �sa no!</p><p>Los dedos de Nobby se quedaron paralizados sobre el asta de una flecha.</p><p>���sa es mi flecha de la suerte! �rugi� Colon�. �Ni se os ocurra tocarla!</p><p>�Pues a m� me parece igual que todas las dem�s, sargento �se�al� Nobby.</p><p>��sa es la que utilizar� en el comosellame, en el momento de la verdad �replic� Colon�. Mi flecha de la suerte nunca me ha fallado, nunca. Si ese drag�n tiene alg�n volublerable, esta flecha lo encontrar�.</p><p>Eligi� una flecha de aspecto id�ntico a las dem�s, pero presumiblemente menos afortunada, y la coloc� en el arco. Luego, escudri�� los tejados circundantes con mirada especulativa.</p><p>�Ser� mejor que vaya haciendo mano �murmur�. Por supuesto, es una de esas cosas que cuando se aprenden no se olvidan nunca, como montar en�, montar en�, montar en algo de lo que no te puedes olvidar.</p><p>Tens� la cuerda del arco hasta que le lleg� hasta la oreja, y gimi�.</p><p>�Bien �dijo, mientras el brazo le temblaba por la tensi�n como un arbolillo durante un hurac�n�. �Veis el tejado del Gremio de Asesinos, all�?</p><p>Escudri�aron el aire turbio.</p><p>�Bien �a�adi� Colon�, �y esa veleta que hay en el tejado? �La veis?</p><p>Zanahoria mir� en direcci�n a la flecha, que giraba sobre s� misma al comp�s del viento.</p><p>�Est� muy lejos, sargento �se�al� Nobby con tono dubitativo.</p><p>�T� no te preocupes por m�, no apartes la vista de la veleta �gimi� el sargento.</p><p>Los dos asintieron. La veleta ten�a forma de hombre encorvado con una gran capa negra. La daga que empu�aba siempre apuntaba en la direcci�n del viento. Pero, desde tan lejos, era muy peque�a.</p><p>�De acuerdo �jade� Colon�. Ahora, �veis el ojo del hombre?</p><p>�Venga ya� �se burl� Nobby.</p><p>��C�llate, c�llate, c�llate! �gimi� Colon�. �He preguntado que si lo veis!</p><p>�A m� me parece verlo, sargento �respondi� Zanahoria lealmente.</p><p>�Bien. Bien �asinti� el sargento, tomando punter�a con mucho esfuerzo�. As� se habla. Buen muchacho. Estupendo. Ahora no lo pierdas de vista, �de acuerdo?</p><p>Con un �ltimo gemido, solt� la flecha.</p><p>Sucedieron varias cosas, tan deprisa que habr� que relatarlas en prosa a c�mara lenta. Probablemente, la primera fue que la cuerda del arco restall� contra la sensible cara interna de la mu�eca de Colon, haciendo que gritara y que soltara el arco. Esto no influenci� en modo alguno en la trayectoria de la flecha, que ya volaba sin titubeos en direcci�n a una g�rgola que adornaba el tejado de la casa de enfrente. Le dio en la oreja, rebot� contra una pared a dos metros de distancia, y volvi� de nuevo hacia Colon con una velocidad que parec�a incluso superior a la original. Pas� a un mil�metro de su sien con un silbido estremecedor.</p><p>Se perdi� rumbo a los muros de la ciudad.</p><p>Tras un rato, Nobby carraspe� y dirigi� una mirada inocente a Zanahoria.</p><p>�As�, m�s o menos, �cu�nto miden los volublerables de un drag�n?</p><p>�Oh, pueden ser un punto diminuto �respondi� Zanahoria, siempre deseoso de ayudar.</p><p>�Me imaginaba que dir�as eso �suspir� Nobby. Camin� hasta el borde del tejado y se�al� hacia abajo�. Estamos justo encima de un estanque �dijo�. Lo utilizan para refrigerar el agua. Tengo entendido que es bastante profundo, as� que, cuando el sargento dispare contra el drag�n, podemos saltar. �Qu� os parece?</p><p>�Oh, pero si no har� falta �se�al� Zanahoria�.</p><p>Porque la flecha de la suerte del sargento acertar� al drag�n en el punto exacto, y lo matar�, as� que no tendremos que preocuparnos por nada.</p><p>�Por supuesto, por supuesto �asinti� Nobby apresuradamente al ver el ce�o fruncido de Colon�. Es s�lo por si acaso, ya sab�is, hay que tener en cuenta que existe una posibilidad entre un mill�n de que falle� No es que vaya a fallar, claro, es que hay que considerar todas las eventualidades� Si, por un incre�ble golpe de mala suerte, no consigue darle en el volublerable, el drag�n se va a poner hecho una furia, y lo mejor ser� que no estemos cerca para verlo. Es una posibilidad muy remota, ya lo s�, pero hay que tenerlo todo en cuenta.</p><p>El sargento Colon se ajust� la armadura.</p><p>�Cuando menos las necesitas �dijo�, las posibilidades de una contra un mill�n crecen como hongos. Es un hecho cient�fico demostrado.</p><p>�El sargento tiene raz�n, Nobby �se�al� Zanahoria�. Ya sabes que, cuando s�lo hay una posibilidad de que algo funcione�, bueno, pues funciona. Si no, no habr�a� �Baj� la voz�. Quiero decir, que es obvio, si las �ltimas posibilidades a la desesperada no funcionan, no habr� El caso es que los dioses no lo permitir�an. Seguro.</p><p>Como un solo hombre, los tres se volvieron para mirar, a trav�s del aire turbio, en direcci�n al eje del Mundodisco, a miles de kil�metros de all�. Ahora el aire estaba te�ido de gris con el humo y la niebla, pero en los d�as despejados se pod�a ver el Cori Celesti, el hogar de los dioses. Al menos, el lugar donde estaba el hogar de los dioses. Viv�an en Dunmanifestin, el estucado Valhalla, donde afrontaban la eternidad con la mentalidad de quien no sabe qu� hacer para pasar la tarde. Se dec�a que jugaban con los destinos de los hombres, aunque nadie ten�a la menor idea de a qu� estaban jugando.</p><p>Pero, por supuesto, hab�a reglas. Todo el mundo sab�a que hab�a reglas. Y hab�a que cruzar los dedos para que los dioses lo supieran tambi�n.</p><p>�Tiene que funcionar �murmur� Colon�. Usar� mi flecha de la suerte y todo eso. Tienes raz�n. Las �ltimas posibilidades a la desesperada tienen que funcionar. Si no, nada tendr�a sentido. Tanto nos dar�a estar muertos.</p><p>Nobby volvi� a asomarse por el borde del tejado. Tras un titubeo, Colon se reuni� con �l. Ten�an las expresiones especulativas de los hombres que han visto muchas cosas, y sab�an que aunque se pod�a contar con los h�roes, los reyes y, en �ltima instancia, con los dioses, lo que de verdad no fallaba nunca era la gravedad y un estanque profundo.</p><p>�No es que lo vayamos a necesitar, claro �afirm� Colon.</p><p>�Con tu flecha de la suerte, por supuesto que no �asinti� Nobby.</p><p>�Exacto. Pero oye, por simple curiosidad, �a qu� distancia crees que est� el estanque de aqu�?</p><p>�Yo dir�a que a unos diez metros. M�s o menos.</p><p>�Diez metros. �Colon asinti� lentamente�. Es aproximadamente lo que calculaba yo. Y es bastante profundo, �no?</p><p>�Bastante, seg�n tengo entendido.</p><p>�Aceptar� tu palabra. Parece muy sucio. Detesto la idea de meterme ah�.</p><p>Zanahoria le dio una alegre palmada en la espalda, y casi lo tir�.</p><p>��Qu� pasa, sargento? �dijo�. �Acaso quiere vivir para siempre?</p><p>��Mmm? �musit� Colon, que parec�a inmerso en Un deprimente mundo propio.</p><p>�Quiero decir, menos mal que tenemos una posibilidad desesperada de uno contra un mill�n, �si no estar�amos en apuros!</p><p>�Oh, s� �asinti� Nobby con tristeza�. Qu� suerte tenemos.</p><empty-line/><p>El patricio se recost�. Un par de ratas le colocaron un coj�n bajo la cabeza.</p><p>�Creo que las cosas van bastante mal ah� fuera �dijo.</p><p>�S� �asinti� Vimes con amargura�. Tienes raz�n. Aqu� est�s m�s a salvo que nadie.</p><p>Insert� otro cuchillo en una hendidura entre las piedras, y escarb� con sumo cuidado, mientras lord Veterinari lo miraba con inter�s. Ya hab�a conseguido levantar las losas que rodeaban la rejilla.</p><p>Ahora empezaba a atacar el cemento que la sujetaba.</p><p>El patricio se entretuvo mir�ndolo un rato, y luego cogi� un libro del peque�o estante que ten�a al lado. Como las ratas no pod�an leer los t�tulos de la biblioteca, los libros que hab�an reunido eran un tanto variados, pero no era hombre que se cerrase a los nuevos conocimientos. Encontr� la se�al entre las p�ginas de <emphasis>El arte del encaje a lo largo de los siglos, y </emphasis>ley� unas cuantas p�ginas.</p><p>Tras un rato, se vio obligado a sacudir del libro unos pocos trochos de cemento, y alz� la vista.</p><p>��Est�s haciendo progresos? �pregunt� con educaci�n.</p><p>Vimes apret� los dientes y no dijo nada. Al otro lado de la rejilla hab�a un patio, apenas m�s luminoso que la celda. En un rinc�n hab�a un estercolero, pero en aquellos momentos parec�a muy atractivo. Al menos, m�s atractivo que la mazmorra. Un honrado estercolero era preferible a lo que era Ankh-Morpork en aquellos momentos. Seguro que era una alegor�a, o algo por el estilo.</p><p>Excav�, excav� y excav�. La hoja del cuchillo vibraba y le hac�a temblar la mano.</p><empty-line/><p>El bibliotecario se rasc� un sobaco con gesto pensativo. Ten�a muchos problemas.</p><p>Hab�a llegado all� lleno de rabia contra los ladrones de libros, y esa rabia no se hab�a apagado. Pero se le hab�a ocurrido que, aunque los cr�menes contra los libros eran los peores que pod�a perpetrar un hombre, quiz� ser�a mejor posponer la venganza.</p><p>Se le ocurri� que, aunque lo que los humanos hicieran unos con otros le importaba un r�bano, hab�a cierto tipo de actividades que conven�a cortar de ra�z, no fuera que a los perpetradores, confiados por el �xito, se les ocurriera empezar a hacer las mismas cosas con los libros.</p><p>El bibliotecario contempl� de nuevo su placa, y le dio un mordisquito con la optimista esperanza de que fuera comestible. No cab�a duda de que ten�a un deber para con el capit�n.</p><p>El capit�n siempre hab�a sido amable con �l. Y el capit�n tambi�n ten�a una placa.</p><p>S�.</p><p>Hay momentos en que un simio tiene que comportarse como un hombre�</p><p>El orangut�n hizo un complejo gesto de saludo y se alej� meci�ndose en la oscuridad.</p><empty-line/><p>El sol ascendi� por el cielo, entre la niebla y el humo rancio, como si fuera un globo perdido.</p><p>Los guardias se sentaron a la sombra de una chimenea, esperando y matando el tiempo de diversas maneras. Nobby sondeaba pensativo el contenido de una de sus fosas nasales, Zanahoria estaba escribiendo una carta a sus padres, y el sargento se estaba preocupando. Tras un rato, se removi� inseguro.</p><p>�Se me ocurre que puede haber un problema �dijo.</p><p>��Cu�l, sargento? �quiso saber Zanahoria. El sargento Colon parec�a desanimado.</p><p>�Bueeeno, �qu� pasar� si no se trata de una posibilidad de uno contra un mill�n? �pregunt�. Nobby se lo qued� mirando.</p><p>��Qu� quieres decir?</p><p>�Bueno, nada, las posibilidades desesperadas de uno contra un mill�n siempre funcionan, eso no es problema, pero�, bueno, eso es demasiado concreto, �no te parece?</p><p>�Expl�cate.</p><p>��Y si s�lo es una posibilidad de uno contra mil?</p><p>�pregunt� Colon, angustiado.</p><p>���Qu�?</p><p>��Alguien ha o�do hablar de una posibilidad de uno contra mil que haya funcionado? Zanahoria alz� la vista.</p><p>�No digas esas cosas, sargento �protest�. Nadie ha visto jam�s que funcionara una posibilidad de uno contra mil. Las posibilidades en contra son de�</p><p>�Calcul�, moviendo los labios en silencio�, de uno contra millones.</p><p>�Eso. Millones �asinti� Nobby.</p><p>�As� que s�lo funcionar� si la posibilidad es verdaderamente de uno contra un mill�n �termin� el sargento.</p><p>�Supongo que tienes raz�n �asinti� Nobby.</p><p>�As� que, uno contra 999.943, por ejemplo�</p><p>�empez� Colon.</p><p>Zanahoria sacudi� la cabeza.</p><p>�No tendr�amos ni una posibilidad. Nadie ha dicho nunca �Es una posibilidad de uno contra 999.943, pero puede funcionar�.</p><p>Contemplaron la ciudad en el silencio de un feroz c�lculo mental.</p><p>�Puede que tengamos todo un problema �dijo Colon al final.</p><p>Zanahoria empez� a escribir a toda velocidad. Cuando le preguntaron qu� hac�a, les explic� con todo lujo de detalles c�mo se calculaba la superficie total de Un drag�n, y luego intent� valorar las posibilidades de que una flecha acertara en un punto concreto.</p><p>�Apuntando, tenlo en cuenta �indic� el sargento Colon�. Yo estar� apuntando. Nobby carraspe�.</p><p>�En ese caso, la posibilidad no ser� de uno contra Un mill�n, ni mucho menos �asinti� Zanahoria�. Puede ser una posibilidad de uno contra cien. Y si el drag�n vuela despacio, y el punto es muy grande, puede ser casi una certeza.</p><p>Los labios de Colon se movieron en silencio formulando la frase <emphasis>Es una certeza, pero puede funcionar. </emphasis>Sacudi� la cabeza.</p><p>�Naaa �dijo.</p><p>�En ese caso, lo que tenemos que hacer �dijo Nobby con voz pausada� es ajustar las posibilidades�</p><empty-line/><p>Ahora hab�a un agujero en el cemento, cerca del barrote central. No era gran cosa, Vimes lo sab�a, pero al menos se trataba de un comienzo.</p><p>�No necesitas ayuda, �verdad? �sugiri� el patricio.</p><p>�No.</p><p>�Como gustes.</p><p>El cemento estaba medio podrido, pero los barrotes hab�an sido clavados profundamente en la roca. Bajo la gruesa capa de �xido hab�a a�n mucho hierro. Era un trabajo largo, pero al menos le proporcionaba algo que hacer, y requer�a una agradable falta de ejercicio intelectual. Nadie se lo pod�a arrebatar. Era un buen desaf�o, claro y limpio. Sab�a que, si segu�a excavando, eventualmente conseguir�a lo que se propon�a.</p><p>El problema estaba en lo de �eventualmente�. Eventualmente, Gran A�Tuin llegar�a al final del universo. Eventualmente, las estrellas se apagar�an. Eventualmente, Nobby se ba�ar�a, aunque para eso quiz� har�a falta un replanteamiento radical de la naturaleza del Tiempo.</p><p>Pero sigui� atacando el cemento. S�lo se detuvo cuando algo peque�o, de color claro, cay� por el exterior como una hoja seca.</p><p>��Una c�scara de cacahuete? �se sorprendi�.</p><p>El rostro del bibliotecario, rodeado por el vello y las orejas del bibliotecario, apareci� cabeza abajo ante la rejilla de barrotes, y le dirigi� una sonrisa que no resultaba menos terrible por el hecho de estar al rev�s.</p><p>��Oook?</p><p>El orangut�n descendi�, agarr� dos de los barrotes, y tir�. Los m�sculos de sus brazos se movieron, el pecho de barril se convirti� en una maquinaria esforzada. La boca de dientes amarillentos se contrajo en un gesto de silenciosa concentraci�n.</p><p>Se oyeron un par de �tangs� sordos cuando los barrotes cedieron y saltaron de su lecho de piedra. El simio los arroj� a un lado y el bibliotecario meti� medio cuerpo por el agujero. Luego, los brazos m�s largos de la ley agarraron al at�nito Vimes por debajo de los brazos, y lo sacaron sin el menor esfuerzo.</p><empty-line/><p>Los guardias supervisaron su obra.</p><p>�Vale �dijo Nobby�. Ahora, �cu�les son las posibilidades de que un hombre a la pata coja con el casco sobre los ojos y un pa�uelo en la boca acierte a un drag�n en los puntos volublerables?</p><p>�Mmmfff �dijo Colon.</p><p>�Escasas, muy escasas �asinti� Zanahoria�. Aunque tengo la sensaci�n de que el pa�uelo es un poco excesivo.</p><p>Colon lo escupi�.</p><p>�Decidios de una vez �dijo�. Se me est� durmiendo la pierna.</p><empty-line/><p>Vimes se puso en pie como pudo sobre las sucias losas, y mir� al bibliotecario. Estaba experimentando algo que hab�a conmocionado a otras muchas personas, generalmente en circunstancias m�s desagradables, como por ejemplo durante una pelea en el Tambor Remendado, cuando el simio deseaba un poco de paz y tranquilidad para reflexionar tom�ndose una cerveza, y era lo siguiente: el bibliotecario pod�a parecer un saco relleno, pero estaba relleno de m�sculos.</p><p>�Eso ha sido incre�ble �fue todo lo que pudo decir.</p><p>Baj� la vista hacia los barrotes retorcidos, y sinti� c�mo su mente se oscurec�a. Recogi� el metal retorcido.</p><p>�Supongo que no sabr�s d�nde est� Wonse, �verdad? �pregunt�.</p><p>��Eeek! �El bibliotecario le puso un trozo de pergamino arrugado bajo la nariz�. �Eeek!</p><p>Vimes ley� lo que dec�a.</p><p><emphasis>El rey�, complacido�, al sonar el mediod�a�, una doncella pura de alta cuna�, el s�mbolo de uni�n entre gobernante y gobernados�</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�En mi ciudad! �rugi�. �En mi ciudad! Agarr� al bibliotecario por dos pu�ados de vello del pecho y lo levant� hasta la altura de sus ojos.</p><p>��Qu� hora es? �aull�.</p><p>��Oook!</p><p>Un largo brazo cubierto de pelo rojo se extendi� hacia arriba. La mirada de Vimes sigui� su dedo. Desde luego, el sol ten�a todo el aspecto de un cuerpo celestial que se encontrara cerca de la c�spide de su �rbita, ansioso por la llegada de la cuesta abajo que desembocar�a en las mantas c�lidas del anochecer�</p><p>��No pienso tolerarlo ni por un momento, �comprendes?! �rugi� Vimes, sin dejar de sacudir al simio.</p><p>�Ook �se�al� el bibliotecario con paciencia.</p><p>��Qu�? Oh. Perdona.</p><p>Vimes lo dej� en el suelo. El simio eligi� sabiamente no llamarle la atenci�n sobre lo sucedido, porque cuando un hombre est� tan furioso como para levantar ciento cincuenta kilos de orangut�n sin darse cuenta, es que tiene muchas cosas en la cabeza.</p><p>Ahora estaba mirando el patio a su alrededor.</p><p>��Hay alguna manera de salir de aqu�? �pregunt�. Sin trepar por los muros, claro.</p><p>No esper� una respuesta, sino que examin� las paredes hasta dar con una puertecita destartalada. La abri� de una patada. No estaba cerrada, pero le dio lo mismo, la abri� de una patada. El bibliotecario lo sigui� arrastrando los nudillos.</p><p>Al otro lado de la puerta, la cocina estaba casi abandonada. El personal, por �ltimo, hab�a perdido la sangre fr�a, y hab�a decidido que los chefs prudentes nunca trabajaban en locales donde hubiera bocas m�s grandes que las suyas. S�lo hab�a una pareja de guardias de palacio, tomando un almuerzo fr�o.</p><p>�Bien �dijo Vimes al ver que se incorporaban�. No quisiera tener que�</p><p>Ellos no ten�an muchas ganas de escucharle. Uno se inclin� para recoger la ballesta.</p><p>�A la mierda �rugi� Vimes.</p><p>Agarr� un cuchillo de carnicero que hab�a sobre una tabla, y lo lanz�.</p><p>El arte de lanzar cuchillos es complicado, e incluso guando lo dominas hay que practicarlo con cuchillos muy especiales. Si no, el resultado es el mismo que en esta ocasi�n: no aciertas ni de lejos.</p><p>El guardia de la ballesta se inclin� de lado, luego se irgui�, y descubri� que una u�a purp�rea bloqueaba suavemente el mecanismo de disparo. Mir� a su alrededor. El bibliotecario le dio un golpe en todo el casco.</p><p>El otro guardia se encogi�, retrocedi� un paso y Agit� las manos, fren�tico.</p><p>��Nonono! �grit�. �Todo esto es un malentendido! �Qu� es lo que dec�as que no querr�as hacer?, �Mono bonito!</p><p>�Oh, oh �suspir� Vimes�. �Te equivocaste! Hizo caso omiso del aterrador grito, y rebusc� entre los cascotes que poblaban la cocina hasta dar con un cuchillo. Un cuchillo muy pesado. Un cuchillo con un objetivo. Quiz� las espadas tuvieran cierta nobleza, a no ser que pertenecieran a alguien como Nobby, por ejemplo, cuyo sable depend�a del �xido para mantenerse �ntegro. Pero en cambio un cuchillo ten�a una enorme habilidad para cortar las cosas.</p><p>Dio la espalda a la lecci�n de biolog�a (que en aquellos momentos explicaba que ning�n mono puede colgar a alguien por los tobillos), encontr� una puerta apropiada, y sali� por ella. Esto le llev� al exterior, al gran patio cubierto de guijarros que rodeaba el palacio. Ahora que hab�a recuperado el control sobre sus nervios, vio�</p><p>El aire sobre �l pareci� estallar. Un vendaval sopl� <emphasis>desde arriba, </emphasis>y lo derrib�.</p><p>El rey de Ankh-Morpork, con las alas extendidas, plane� bajo el cielo y se demor� un instante sobre los muros del palacio. Sus zarpas labraron profundos surcos sobre la tierra mientras recuperaba el equilibrio. El sol resplandeci� sobre su lomo arqueado cuando estir� el cuello, lanz� una llamarada perezosa y salt� de nuevo al aire.</p><p>Vimes dej� escapar un aullido animal (animal mam�fero) que le sali� de lo m�s profundo de la garganta, y ech� a correr por las calles desiertas.</p><empty-line/><p>El silencio poblaba la mansi�n ancestral de los Ramkin. La puerta delantera se abr�a y se cerraba sobre sus bisagras, permitiendo que un viento plebeyo y de baja crianza recorriera las habitaciones desiertas, mir�ndolo todo y buscando polvo en las estanter�as m�s altas. Sub�a por las escaleras y se colaba por la puerta del dormitorio de Sybil Ramkin, haciendo tintinear los frasquitos que hab�a sobre la c�moda y agitando las p�ginas de <emphasis>Enfermedades del drag�n.</emphasis></p><p>Un lector r�pido, pero que muy r�pido, podr�a haber aprendido los s�ntomas de todo, desde el Abatimiento de garganta hasta las Zarpas atrofiadas.</p><p>Y abajo, en el cobertizo c�lido y maloliente que albergaba a los dragones de pantano, parec�a que Errol las padec�a todas. Ahora estaba sentado en el centro de su cub�culo, meci�ndose y gimiendo suavemente. El humo blanco le sub�a en espirales, brotando de sus orejas y acumul�ndose a la altura del suelo. Desde alg�n lugar del interior de su est�mago vac�o se o�an complejos sonidos hidr�ulicoexplosivos, como si desesperados equipos de gnomos intentaran tender una tuber�a en un desfiladero durante una tormenta de truenos.</p><p>Las fosas nasales del dragoncito se abr�an y cerraban, casi por voluntad propia.</p><p>Los dem�s dragones echaban vistazos por encima de los separadores y lo observaban con cautela.</p><p>Se oy� otro rugido g�strico en su interior. Errol se retorci� de dolor.</p><p>Los dragones intercambiaron miradas. Luego, uno a uno, se tendieron en el suelo con sumo cuidado y se pusieron las zarpas sobre los ojos.</p><empty-line/><p>Nobby inclin� la cabeza a un lado, especulativo.</p><p>�Parece prometedor �dijo con tono cr�tico�. Puede que ya estemos cerca. Es de suponer que las posibilidades de que un hombre con la cara llena de holl�n, sacando la lengua, a la pata coja y cantando <emphasis>La canci�n del puercoesp�n </emphasis>acierte en los volublerables de un drag�n, son�, �cu�ntas calculas t�, Zanahoria?</p><p>�A mi parecer, de una contra un mill�n �concedi� el muchacho. Colon los mir�.</p><p>�Escuchad, muchachos �empez� Colon�, no me ir�is a dejar plantado, �verdad?</p><p>Zanahoria contempl� la plaza que se extend�a mucho m�s abajo.</p><p>�Oh, diablos �susurr� suavemente.</p><p>��Qu� pasa ahora? �se intranquiliz� Colon, mirando a su alrededor.</p><p>��Est�n encadenando a una mujer a una roca!</p><p>Los guardias miraron por encima de la baranda. La gran multitud silenciosa que rodeaba la plaza tambi�n contemplaba a la figura blanca que se debat�a entre media docena de guardias del palacio.</p><p>��De d�nde habr�n sacado esa roca? �se pregunt� Colon�. Esto es tierra arcillosa.</p><p>�Y no es blandengue la dama, sea quien sea �se�al� Nobby, aprobador, al ver c�mo uno de los guardias se doblaba por la cintura y ca�a al suelo�. Ese muchacho no sabr� qu� hacer por las noches durante una buena temporada. La chica tiene una rodilla de narices.</p><p>��Es alguien que conozcamos? �se interes� Colon.</p><p>Zanahoria entrecerr� los ojos para ver mejor.</p><p>��Es lady Ramkin! �exclam� boquiabierto.</p><p>��No!</p><p>��Y tanto que s�! �Va en camis�n! �asinti� Nobby.</p><p>��Esos malditos�! �Colon cogi� el arco y busc� a tientas una flecha�. �Les voy a dar a todos en los volublerables! �Una dama tan bienhablada como ella! �Qu� verg�enza!</p><p>�Eh� �empez� Zanahoria, a quien se le hab�a ocurrido echar un vistazo por encima del hombro�. �Sargento?</p><p>��Mira c�mo est�n las cosas! �rugi� Colon�. �Las mujeres decentes no pueden ni salir a la calle sin que las devoren! Muy bien, bastardos, sois�, �sois <emphasis>geograf�a*.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Sargento! �insisti� Zanahoria, apremiante.</p><p>�Se dice historia, no geograf�a �se�al� Nobby�. Eso es lo que se tiene que decir. Se dice ��Eres historia!�, no geograf�a.</p><p>�Bueno, lo que sea �rugi� Colon�. Ahora ver�n�</p><p>�<emphasis>�Sargento!</emphasis></p><p>Nobby tambi�n estaba mirando hacia atr�s.</p><p>�Oh, mierda �dijo.</p><p>�No puedo fallar �murmur� Colon, apuntando.</p><p>�<emphasis>�Sargento!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>�Callaos los dos, no puedo concentrarme si segu�s gritando as�!</p><p>��Sargento, <emphasis>ya viene</emphasis>!</p><empty-line/><p>El drag�n aceler�.</p><p>Los tejados tambaleantes de Ankh-Morpork eran a sus ojos un borr�n mientras volaba por encima, con las alas cortando el aire. Su cuello se estir�, las llamas piloto de sus fosas nasales centelleaban, el sonido de su vuelo rasgaba el silencio del cielo.</p><p>Las manos de Colon temblaban. El drag�n parec�a volar directamente hacia su garganta, y se mov�a deprisa, demasiado deprisa�</p><p>��Eso es! �exclam� Zanahoria. Mir� hacia el Eje, por si acaso alg�n dios se hab�a olvidado de cu�l era su misi�n, y a�adi� con voz clara, vocalizando bien�: �Es una posibilidad de uno contra un mill�n, pero puede funcionar!</p><p>��Dispara de una maldita vez! �rugi� Nobby.</p><p>�Estoy buscando el punto, amigo, estoy buscando el punto �tartamude� Colon�. Vosotros no os preocup�is, muchachos, ya os he dicho que �sta es mi flecha de la suerte. Es una flecha de primera, la tengo desde que era ni�o, no os creer�ais las cosas a las que he acertado con ella, as� que no os preocup�is.</p><p>Hizo una pausa mientras la pesadilla se cern�a sobre �l volando con alas de terror.</p><p>�Eh� �Zanahoria? �dijo d�bilmente.</p><p>��S�, sargento?</p><p>��Te dijo alguna vez tu abuelo qu� aspecto ten�a un punto volublerable?</p><p>Y, en aquel momento, el drag�n dej� de aproximarse: ya estaba all�, pasando a pocos metros por encima de ellos, un borroso mosaico de escamas y ruido que llenaba el cielo entero.</p><p>Colon dispar�.</p><p>Vieron c�mo la flecha ascend�a, directa.</p><empty-line/><p>Vimes corri� como pudo sobre los guijarros h�medos de las calles, sin aliento y sin tiempo.</p><p>No puede ser as�, pens� enloquecido. El h�roe llega siempre a tiempo. En el momento justo, pero a tiempo. Por los pelos, pero a tiempo. Pero lo m�s probable era que el momento de llegar a tiempo hubiera pasado hac�a cinco minutos.</p><p>Y yo no soy un h�roe. No estoy en forma, y necesito una copa, y necesito una paga de cien d�lares al mes sin extra para plumas. �sa no es la paga de un h�roe. El h�roe se lleva remos y princesas, y hace ejercicio a menudo, y cuando sonr�e la luz arranca destellos de sus dientes, <emphasis>ting. </emphasis>El muy hijo de puta.</p><p>El sudor le escoc�a en los ojos. La adrenalina que lo hab�a transportado desde el palacio se hab�a agotado, y ahora se estaba cobrando su parte.</p><p>Se detuvo tambaleante, y se apoy� contra una pared para mantenerse en pie mientras recuperaba el aliento. As� fue como vio a las figuras que se ergu�an sobre el tejado.</p><p>�Oh, no!, pens�. �Ellos tampoco son h�roes! �A qu� se creen que juegan?</p><empty-line/><p>Era una posibilidad de uno contra un mill�n. �Y qui�n puede decir que, en alguno de los millones de universos posibles, no habr�a funcionado?</p><p>�se era el tipo de cosas que encantaban a los dioses. Pero Azar, que a veces puede derrotar incluso a los dioses, ten�a 999.999 votos.</p><p>En este universo, por ejemplo, la flecha rebot� en una escama y se hizo a�icos.</p><p>Colon se qued� mirando la cola puntiaguda del drag�n que pasaba sobre ellos.</p><p>�He� fallado� �susurr�. �Pero si no pod�a fallar! �Mir� a los otros dos con ojos enrojecidos�. �Era la jodida posibilidad desesperada de uno contra un mill�n!</p><p>El drag�n movi� las alas, su enorme mole gir� sobre s� misma, y plane� sobre el tejado.</p><p>Zanahoria agarr� a Nobby por la cintura y puso una mano sobre el hombro de Colon.</p><p>El sargento lloraba de rabia y frustraci�n.</p><p>��La jodida posibilidad de uno contra un mill�n!</p><p>�Sargento�</p><p>El drag�n lanz� su llamarada.</p><p>Era una l�nea de plasma perfectamente controlada. Atraves� el tejado como si fuera de mantequilla.</p><p>Atraves� el piso superior.</p><p>Atraves� los viejos maderos del suelo y los retorci� como si fueran de papel. Perfor� las ca�er�as.</p><p>Atraves� piso tras piso, como el pu�o de un dios furioso, y, al final, alcanz� la gran cuba de cobre que conten�a miles de litros de whisky reci�n destilado.</p><p>Y tambi�n eso lo quem�.</p><p>Por fortuna, las posibilidades de que alguien sobreviviera a una explosi�n como la que sigui� eran de uno contra un mill�n.</p><p>La bola de fuego brot� como�, como�, bueno, brot�. Brot� gigantesca, anaranjada, con franjas amarillas. Se llev� el tejado por delante y se envolvi� en torno al at�nito drag�n, lanz�ndolo disparado por los aires en una nube hirviente de maderos astillados y trocitos de ca�er�a.</p><p>La multitud contempl� con admiraci�n la llama superardiente que ascendi� hacia el cielo, y apenas advirti� la presencia de Vimes que, jadeando y llorando, empujaba a todo el mundo al abrirse paso entre la marea de cuerpos.</p><p>Consigui� empujar tambi�n a los guardias de palacio, y se tambale� tan deprisa como pudo por la plaza. Nadie le prestaba demasiada atenci�n.</p><p>Se detuvo.</p><p>No era una roca, porque Ankh-Morpork se alzaba sobre terreno arcilloso. Era, sencillamente, un enorme cascote de cemento, sacado con toda probabilidad de algunos cimientos que contaban con cientos de a�os.</p><p>Ankh-Morpork era una ciudad tan antigua que, en su mayor�a, estaba construida sobre Ankh-Morpork.</p><p>Lo hab�an arrastrado hasta el centro de la plaza, y lady Sybil Ramkin estaba encadenada a �l. Parec�a vestida con un camis�n blanco y botas de goma. Su aspecto delataba que se hab�a visto involucrada en una pelea, y Vimes sinti� una punzada de compasi�n por los desgraciados que se hubieran enfrentado a ella. La mujer le dirigi� una mirada de furia en estado puro.</p><p>��Usted!</p><p><emphasis>��Usted!</emphasis></p><p>Vimes blandi� vagamente el cuchillo.</p><p>�Pero �qu� hace�? �empez�.</p><p>�Capit�n Vimes �le interrumpi� bruscamente la mujer�, h�game el favor de dejar de sacudir esa cosa ante mis narices, �y �sela para lo que tiene que usarla!</p><p>Pero �l no la estaba escuchando.</p><p>��Treinta d�lares al mes! �murmur�. �Por eso han muerto! �Por treinta d�lares! Y yo hasta le puse una multa a Nobby, le quit� parte de su sueldo. Pero ten�a que hacerlo, �ese hombre dejaba que se oxidaran hasta los melones!</p><p>��Capit�n Vimes!</p><p>Vimes consigui� concentrarse en el cuchillo.</p><p>�Oh �dijo�. S�. Claro.</p><p>Era un buen cuchillo de acero, y las cadenas eran de hierro viejo y bastante oxidado. Las cort� con facilidad, arrancando chispas del cemento.</p><p>La multitud observaba en silencio, pero varios guardias del palacio corrieron hacia �l.</p><p>��Qu� demonios haces? �pregunt� uno de ellos, que no ten�a mucha imaginaci�n.</p><p>��Qu� demonios cre�is que hac�is? �gru�� Vimes alzando la vista. Lo miraron.</p><p>��Qu�?</p><p>Vimes sigui� cortando las cadenas.</p><p>�Bien, t� lo has querido� �empez� uno de los guardias.</p><p>El codo de Vimes le acert� de pleno bajo la caja tor�cica. Antes de que se derrumbara, el pie de Vimes lo golpe� en las rodillas y lo oblig� a levantar la barbilla, prepar�ndolo para un segundo golpe con el codo.</p><p>�Bien �dijo, distra�do.</p><p>Se frot� el codo. Le dol�a a rabiar.</p><p>Se pas� el cuchillo a la otra mano y golpe� de nuevo las cadenas, consciente de que a sus espaldas se estaban reuniendo m�s guardias, pero corriendo con ese-paso especial que ten�an sus colegas. Lo conoc�a bien, era un paso apresurado que dec�a, somos una docena, que empiece otro. Dec�a, parece dispuesto a matar, a m� no me pagan tanto como para que me deje matar, puedo correr muy despacio y entonces se escapar�</p><p>No hab�a por qu� estropear un buen d�a atrapando a alguien.</p><p>Lady Ramkin se sacudi� los �ltimos restos de las cadenas. Empezaron a sonar aclamaciones, que fueron creciendo en volumen. Incluso en su estado de �nimo actual, el pueblo de Ankh-Morpork sab�a valorar una buena actuaci�n.</p><p>La mujer cogi� un buen trozo de cadena y se envolvi� con ella un pu�o regordete.</p><p>�Algunos de esos guardias no saben c�mo tratar��empez�.</p><p>�No hay tiempo para eso, ahora no �la interrumpi� Vimes, cogi�ndola por un brazo.</p><p>Era como tirar de una monta�a.</p><p>De repente, la multitud dej� de aplaudir.</p><p>Se oy� un ruido tras Vimes. No era un ruido particularmente fuerte. Pero ten�a esa peculiar cualidad desagradable. Era el sonido de cuatro garras pos�ndose sobre las losas al mismo tiempo.</p><p>Vimes mir� hacia atr�s. Luego, hacia arriba.</p><p>La piel del drag�n estaba cubierta de holl�n. Ten�a unos cuantos trozos de madera quemada todav�a humeantes clavados en la piel. Las magn�ficas escamas de bronce estaban manchadas de negro.</p><p>Baj� la cabeza hasta que Vimes estuvo a un metro de sus ojos, y trat� de concentrarse en �l.</p><p>Probablemente no vale la pena correr, se dijo Vimes. Ni aunque tuviera fuerzas para hacerlo.</p><p>Sinti� c�mo la mano de lady Ramkin envolv�a la suya.</p><p>�Buen trabajo �dijo la mujer�. Casi ha funcionado.</p><p>Los restos humeantes llovieron alrededor de la destiler�a. El estanque era un pantano de cascotes cubiertos por una capa de cenizas. La superficie se abri�, y de las aguas sali� el sargento Colon, chorreando lodo.</p><p>Consigui� llegar hasta la orilla y se puso en pie trabajosamente, como una criatura marina que quisiera recorrer la escala de la evoluci�n a marchas forzadas.</p><p>Nobby ya estaba all�, tendido como una rana, calado hasta los huesos.</p><p>��Eres t�, Nobby? �inquiri� el sargento Colon con ansiedad.</p><p>�Soy yo, sargento.</p><p>�Me alegro, Nobby �dijo Colon.</p><p>�Pues yo desear�a no ser yo, sargento. Colon vaci� el agua del casco, y entonces se qued� paralizado.</p><p>��D�nde est� el joven Zanahoria? �quiso saber. Los dos miraron las aguas turbias del estanque.</p><p>�Supongo que sabe nadar� �sigui� el sargento, titubeante.</p><p>�No s�. Nunca lo dijo. No debe de haber muchos sitios para nadar en las monta�as �dijo Nobby.</p><p>�Pero seguro que hab�a lagunas de claras aguas azules, y profundos arroyos de las monta�as �se�al� el sargento, esperanzado�. Y estanques helados en valles ocultos, todo eso. Por no hablar de los lagos subterr�neos. Seguro que aprendi� a nadar. Seguro que se pasaba el d�a en el agua.</p><p>Contemplaron la superficie gris.</p><p>�Probablemente fue el protector �dijo Nobby�. A lo mejor se le llen� de agua y lo arrastr� al fondo. Colon asinti�, sombr�o.</p><p>�Te guardar� el casco �sigui� Nobby tras unos instantes.</p><p>��Pero yo soy tu superior!</p><p>�S� �asinti� el cabo, con tono razonable� pero si te quedas atrapado ah� dentro, querr�s que tu mejor hombre est� aqu�, preparado para saltar al rescate, �no?</p><p>�Eso� parece l�gico �dijo Colon al final�. No te falta raz�n.</p><p>�Pues venga.</p><p>�Pero hay un inconveniente�</p><p>��Cu�l?</p><p>�� que no s� nadar �se�al� Colon.</p><p>�Entonces, �c�mo has salido de ah�?</p><p>Colon se encogi� de hombros.</p><p>�Soy un flotador de nacimiento.</p><p>Una vez m�s, contemplaron el lodo en que se hab�a transformado el estanque. Luego, Colon mir� n Nobby. Muy despacio, Colon se quit� el casco.</p><p>��Es que a�n queda alguien ah� dentro? �pregunt� Zanahoria.</p><p>Se dieron la vuelta. El muchacho se sac� un poco do barro de la oreja. A su espalda, los restos de la destiler�a segu�an humeando.</p><p>�Pens� que ser�a buena idea salir a echar un vistazo r�pido, a ver qu� estaba pasando �dijo con animaci�n, se�alando la verja que daba al patio.</p><p>La puerta de la verja colgaba de una sola bisagra.</p><p>�Ah �dijo Nobby d�bilmente�. Buena idea.</p><p>�Da a un callej�n �explic� Zanahoria.</p><p>�No hay dragones ah�, �verdad? �pregunt� el sargento Colon.</p><p>�Ni dragones ni humanos. No hay nadie �replic� Zanahoria con impaciencia. Desenfund� su espada�. �Vamos! �los apremi�.</p><p>��Adonde? �pregunt� Nobby.</p><p>Se acababa de sacar una colilla empapada de detr�s de la oreja, y la contemplaba con expresi�n de profundo dolor. Obviamente, ya no serv�a de gran cosa. Intent� encenderla pese a todo.</p><p>�Queremos luchar contra el drag�n, �no? �dijo Zanahoria.</p><p>Colon se removi�, inc�modo.</p><p>�S�, pero supongo que antes podemos ir a casa a cambiarnos de ropa, �no?</p><p>�Y a beber algo calientito �a�adi� Nobby.</p><p>�Y a comer algo �asinti� Colon�. Un buen plato de�</p><p>�Deber�a daros verg�enza �lo interrumpi� Zanahoria�. Hay una dama en apuros, hay que matar a un drag�n, �y a vosotros s�lo se os ocurre pensar en comer y en beber!</p><p>�Oh, no s�lo estoy pensando en comer y en beber �replic� Colon.</p><p>��Quiz� seamos todo lo que se interpone entre la ciudad y el desastre absoluto!</p><p>�S�, pero� �empez� Nobby. Zanahoria blandi� la espada por encima de la cabeza.</p><p>��El capit�n Vimes habr�a ido! �exclam�. �Todos para uno!</p><p>Los mir�, y sali� corriendo del patio. Colon dirigi� a Nobby una mirada triste.</p><p>�Estos j�venes de hoy� �suspir�.</p><p>��Todos para un qu�? �pregunt� Nobby. El sargento suspir� otra vez.</p><p>�Bueno, vamos all�.</p><p>�De acuerdo�</p><p>Salieron titubeantes al callej�n. Estaba desierto.</p><p>��Hacia d�nde ha ido? �quiso saber Nobby. Zanahoria sali� de entre las sombras, sonriendo de oreja a oreja.</p><p>�Sab�a que pod�a confiar en vosotros �dijo�.</p><p>�Seguidme!</p><p>�Ese chico tiene algo de extra�o �dijo Colon mientras cojeaban tras �l�. Siempre se las arregla para convencernos de que lo sigamos, �te has dado cuenta?</p><p>��Todos para un qu�?</p><p>�Supongo que tiene que ver con su voz.</p><p>�S�, pero �todos para un qu�?</p><empty-line/><p>El patricio suspir�, puso el marcap�ginas en el libro con todo cuidado, y lo dej� a un lado. A juzgar por el ruido, en el exterior deb�an de estar pasando montones de cosas emocionantes. As� la situaci�n, era harto improbable que quedaran guardias de palacio all�, cosa que le ven�a muy bien. Los guardias eran hombres muy bien entrenados, ser�a una pena malgastarlos.</p><p>Los necesitar�a m�s adelante.</p><p>Tante� la pared y empuj� una piedra que ten�a exactamente el mismo aspecto que todas las dem�s piedras. Pero, en cambio, ninguna otra peque�a piedra habr�a provocado que toda una losa de la pared se moviera pesadamente a un lado.</p><p>All� dentro hab�a toda una serie de cosas elegidas con sumo cuidado: raciones de supervivencia, ropa limpia, varios cofrecillos de metales preciosos, joyas, y algunas herramientas. Tambi�n hab�a una llave. Nunca construyas una mazmorra de la que no puedas salir.</p><p>El patricio cogi� la llave y se dirigi� hacia la puerta. Mientras las bisagras perfectamente engrasadas hac�an que se abriera, se pregunt� una vez m�s si no deber�a haber hablado a Vimes de la existencia de la llave. Pero el hombre parec�a tan satisfecho de abrirse camino� Sin duda le habr�a deprimido tener la llave de la puerta. Y, en el mejor de los casos, habr�a cambiado su manera de ver el mundo. El patricio necesitaba a Vimes y su manera de ver el mundo.</p><p>Lord Vetinari sali� por la puerta y, en silencio, recorri� las ruinas de su palacio.</p><p>Que temblaron cuando, por segunda vez en un par de minutos, la ciudad se estremeci�.</p><p>El cobertizo de los dragones explot�. Las ventanas volaron. La puerta dej� la pared entre una humareda negra, y sali� disparada por el aire, girando lentamente, hasta aterrizar entre los rododendros.</p><p>Algo muy energ�tico y caliente estaba sucediendo all� dentro. Brot� m�s humo espeso, aceitoso, s�lido. Una de las paredes se dobl� sobre s� misma, y otra se derrumb� sobre el h�medo c�sped.</p><p>Los dragones de pantano salieron de entre los restos como tapones del champ�n, sacudiendo las alas fren�ticos.</p><p>El humo segu�a ascendiendo hacia el cielo. Pero en �l hab�a algo, un punto de luz blanca que se elevaba con suavidad.</p><p>Desapareci� de la vista al atravesar una ventana destrozada, y luego, con un trozo de teja todav�a en la cabeza, Errol ascendi� sobre su propio humo y se remont� hasta los cielos de Ankh-Morpork.</p><p>La luz del sol arranc� reflejos de sus escamas plateadas antes de que alcanzara una altura de treinta metros y girase lentamente, conservando un equilibrio perfecto sobre sus propias llamas�</p><p>Vimes, que aguardaba la muerte en la plaza, se dio cuenta de que ten�a la boca abierta. La cerr�.</p><p>En la ciudad no se o�a absolutamente nada aparte del ascenso de Errol.</p><p>Pueden redistribuir sus �ca�er�as�, se dijo Vimes, asombrado. Para adecuarse a las circunstancias. Las est� haciendo funcionar marcha atr�s. Pero �sos como se llamen, los genes�, seguro que ya los ten�a medio preparados para algo semejante. No me extra�a que el bichejo tuviera las alas tan cortas. Su cuerpo deb�a c�o saber que no las iba a necesitar para nada m�s que para maniobrar.</p><p>Dioses. Estoy viendo al primer drag�n de la historia que lanza la llama hacia atr�s.</p><p>Se aventur� a lanzar una mirada hacia arriba, el gran drag�n estaba inm�vil, los inmensos ojos inyectados en sangre se concentraban en la peque�a criatura.</p><p>Con un desafiante rugido de llamas y un salto al aire, el rey de Ankh-Morpork se elev�, olvid�ndose por completo de los simples seres humanos.</p><p>Vimes se volvi� hacia lady Ramkin.</p><p>��C�mo pelean? �le pregunt�, apremiante�. �C�mo pelean los dragones?</p><p>�Yo�, bueno, o sea, no hacen m�s que aletear alrededor del rival y lanzar llamas �explic�. Pero eso son los dragones de pantano. Quiero decir, nadie ha visto luchar nunca a un drag�n noble. �Se dio unas palmaditas en el camis�n�. Tengo que tomar notas. Debo de llevar la libreta por alguna parte�</p><p>��En el camis�n?</p><p>�Es incre�ble c�mo se le ocurren a uno las ideas cuando est� en la cama, siempre lo he dicho.</p><p>Las llamas llegaron al punto donde se hab�a encontrado Errol. Pero ya no estaba all�. El rey trat� de girar en el aire. El peque�o drag�n traz� c�rculos humeantes por el cielo, en torno a su desconcertado adversario. M�s llamas, m�s largas y calientes, lo buscaron sin encontrarlo.</p><p>La multitud observaba en silencio, sin apenas atreverse a respirar.</p><p>��Hola, capit�n! �salud� una voz. Vimes baj� la vista. Un apestoso montoncito de lodo disfrazado de Nobby le sonri�.</p><p>��Pens� que estabais muertos! �exclam�.</p><p>�Pues no lo estamos �replic� Nobby.</p><p>�Ah. Qu� bien.</p><p>No parec�a haber mucho m�s que decir.</p><p>��Qu� te parece la pelea?</p><p>Vimes volvi� a mirar hacia arriba. Las espirales de humo sub�an por toda la ciudad.</p><p>�Me temo que no va a funcionar �suspir� lady Ramkin�. Oh, hola, Nobby.</p><p>�Buenas tardes, se�ora �dijo el cabo, llev�ndose la mano al barro que le cubr�a la sien.</p><p>��Qu� quiere decir con que no va a funcionar? �protest� Vimes�. �M�relo, mire c�mo pelea! �El drag�n todav�a no le ha dado ni una vez!</p><p>�S�, pero Errol le ha dado con su llama varias veces. Y no parece haber surtido el menor efecto. Mucho me temo que no es lo suficientemente caliente. S�, por ahora lo va esquivando� pero tiene que tener suerte siempre. Y al drag�n grande le basta con tener suerte una vez.</p><p>Vimes capt� la deprimente idea.</p><p>��Quiere decir que esto es s�lo un espect�culo? �Que no lo hace m�s que para impresionar?</p><p>�No es culpa suya �intervino Colon, materializ�ndose tras ellos�. Es como lo que hacen los perros, �a que s�? Al pobre peque�ajo ni se le ha ocurrido pensar que se enfrenta a uno tan grande. S�lo quiere exhibirse.</p><p>Ambos dragones parecieron darse cuenta de que aquella pelea estaba en tablas klatchianas. Con otro anillo de humo y una �ltima llamarada blanca, se separaron y se alejaron unos cientos de metros.</p><p>El rey se qued� planeando, sacudiendo las alas r�pidamente. Altura. Eso era lo m�s importante. Cuando un drag�n peleaba con otro drag�n, lo m�s importante siempre era la altura�</p><p>Errol recuper� el equilibrio sobre su llama. Parec�a estar pensando.</p><p>Luego, despreocupadamente, sacudi� las patas traseras como si los dragones hubieran dominado la t�cnica de volar sobre sus gases estomacales durante un mill�n de a�os, maniobr�, y se alej� volando. Durante un instante, se lo pudo ver en forma de estela plateada. Luego, pas� por encima de los muros de la ciudad y desapareci�.</p><p>Un gemido lo despidi�. Brotaba de diez mil gargantas.</p><p>Vimes alz� las manos.</p><p>�No te preocupes, jefe �se apresur� a tranquilizarlo Nobby�. Seguro que ha ido a�, no s�, a beber algo, o una cosa por el estilo. Quiz� sea el final del primer asalto. O una cosa por el estilo.</p><p>�Es verdad, se comi� nuestra tetera y todo eso �asinti� Colon, inseguro�. No va a huir despu�s de haberse comido una tetera. Es evidente. Alguien capaz de comerse una tetera no huye de nada.</p><p>�Y mi abrillantador para armaduras �asinti� Zanahoria�. Me cost� casi un d�lar la lata.</p><p>�Ah� lo tienes �dijo Colon�. Lo que dec�a yo.</p><p>�Mirad �replic� Vimes, reuniendo toda su paciencia�. Es un dragoncito encantador, yo lo apreciaba tanto como vosotros, un bicho simp�tico, pero acaba de hacer lo m�s sensato, dioses, no se va a dejar quemar vivo s�lo para salvarnos. La vida no es as�. M�s vale que os hag�is a la idea.</p><p>En el cielo, el gran drag�n surc� el aire e incendi� una torre cercana. Hab�a ganado.</p><p>�Nunca hab�a visto una cosa semejante �dijo lady Ramkin�. Lo normal es que los dragones luchen hasta la muerte.</p><p>�Pues ha criado usted uno muy sensato �se�al� Vimes con amargura�. Seamos sinceros: las posibilidades de que un drag�n del tama�o de Errol derrote a otro tan grande son de una contra un mill�n.</p><p>Hubo uno de esos silencios que se hacen despu�s de que alguien acaba de dar en el clavo de un asunto, y el mundo contiene la respiraci�n.</p><p>Los guardias se miraron unos a otros.</p><p>��De una contra un mill�n? �pregunt� Zanahoria como quien no quiere la cosa.</p><p>�Sin duda �asinti� Vimes�. De un mill�n contra una.</p><p>Los guardias volvieron a mirarse.</p><p>�De una contra un mill�n �dijo Colon.</p><p>�De una contra un mill�n �asinti� Nobby.</p><p>�Es verdad �repiti� Zanahoria�. De una contra un mill�n.</p><p>Se hizo otro silencio agudo. Los guardias se estaban preguntando qui�n iba a ser el primero en <emphasis>decirlo.</emphasis></p><p>El sargento Colon tom� aliento.</p><p>�Pero puede funcionar �termin�.</p><p>��De qu� est�is hablando? �buf� Vimes�. No hay manera de que�</p><p>Nobby le dio un codazo apremiante en las costillas, y se�al� hacia el extremo de las llanuras.</p><p>All� hab�a una columna de humo negro. Vimes entrecerr� los ojos. Por encima del humo, desplaz�ndose sobre un plant�o de cebollas y acerc�ndose a toda velocidad, hab�a una bala plateada.</p><p>El gran drag�n tambi�n lo hab�a visto. Lanz� una llamarada desafiante y se remont� para tener a�n m�s altura, batiendo el aire con sus enormes alas.</p><p>Ahora la llama de Errol era visible, tan caliente que parec�a casi azul. El paisaje se deslizaba bajo �l a una velocidad imposible, y el dragoncito todav�a segu�a acelerando.</p><p>Ante �l, el rey extendi� las zarpas. Casi parec�a sonre�r.</p><p>Errol va a golpearlo, pens� Vimes. Que los dioses nos ayuden, menuda explosi�n va a haber.</p><p>En los campos estaba sucediendo algo extra�o. Un poco por detr�s de Errol, la tierra parec�a estarse arando sola, lanzando al aire brotes de cebollas. Los matorrales saltaron en una lluvia de polvo�</p><p>Errol pas� silenciosamente por encima de los muros de la ciudad, con el morro alto, las alas plegadas a lo largo de los costados, el cuerpo convertido en un simple cono con una llamarada en un extremo. Su adversario le lanz� una lengua de fuego; Vimes vio c�mo Errol, con apenas un leve movimiento de las alas hipertrofiadas, lo esquivaba f�cilmente. Y luego desapareci� en direcci�n al mar, en el mismo silencio escalofriante.</p><p>�Ha falla� �empez� Nobby. El aire retumb�. Un trueno interminable recorri� toda la ciudad, destrozando tejas y derribando chimeneas. El rey se vio atrapado en el aire, golpeado y sacudido como una peonza en una centrifugadora s�nica. Vimes, con las manos sobre los o�dos, vio c�mo la criatura lanzaba llamas desesperadamente sin poder controlar su vuelo en el centro de una espiral de fuego enloquecido.</p><p>La magia chisporroteaba en sus alas. El drag�n lanz� un aullido penetrante. Luego, sacudiendo la cabeza, aturdido, empez� a planear en amplios c�rculos.</p><p>Vimes gimi�. La criatura acababa de sobrevivir a algo que destrozaba las piedras. �Qu� hab�a que hacer para derrotarla? No se la puede atacar, pens�. No se la puede quemar, no se la puede machacar. No se puede hacer nada con ella.</p><p>El drag�n aterriz�. No fue un aterrizaje perfecto. Un aterrizaje perfecto no habr�a derribado toda una hilera de casas. Fue lento, pareci� durar una eternidad y trazar un surco sobre una considerable extensi�n de la calle.</p><p>Sacudiendo torpemente las alas, moviendo el cuello y lanzando llamaradas al azar, fue a estrellarse contra un mont�n de cascotes y vigas. En su sendero de destrucci�n se produjeron varios incendios.</p><p>Por fin, se detuvo y qued� casi enterrado bajo los restos de lo que hab�a sido arquitectura.</p><p>El silencio que sigui� s�lo fue quebrado por los gritos de alguien que intentaba organizar la en�sima cadena de cubos entre el r�o y los incendios m�s recientes.</p><p>Luego, la gente empez� a moverse.</p><p>Desde el aire, Ankh-Morpork deb�a de parecer un hormiguero, lleno de hileras de figuras negras que avanzaban hacia el drag�n ca�do.</p><p>La mayor�a ten�an alguna arma.</p><p>Muchos ten�an lanzas.</p><p>Algunos ten�an espadas.</p><p>Todos ten�an una intenci�n.</p><p>��Sab�is una cosa? �dijo Vimes en voz alta�. Va a ser el primer drag�n del mundo democr�ticamente asesinado. �Un hombre, un pu�al!</p><p>��Pues tiene que detenerlos! �No puede permitir que lo maten! �exclam� lady Ramkin. Vimes se la qued� mirando.</p><p>��C�mo dice?</p><p>��Est� herido!</p><p>�Se�ora, de eso se trataba, �no? Adem�s, s�lo est� atontado �replic� Vimes.</p><p>�Quiero decir que no puede dejar que lo maten <emphasis>as� �</emphasis>insisti� lady Ramkin�. �Pobre cosita!</p><p>�Entonces, �qu� quiere hacer? �casi grit� Vimes, que estaba perdiendo la paciencia�. �Darle una friega con uno de sus ung�entos y ponerle un cesto delante de la estufa?</p><p>��Es una carnicer�a!</p><p>��Por m�, perfecto!</p><p>��Pero se trata de un drag�n! �No hac�a m�s que comportarse como un drag�n! Si lo hubieran dejado en paz, nunca habr�a venido aqu�.</p><p>Estaba a punto de com�rsela, pens� Vimes, y aun as� sigue pensando de la misma manera. Titube�. Quiz� eso le diera derecho a exponer su opini�n�</p><p>Se miraron, muy p�lidos. En aquel momento, el sargento Colon se acerc� a ellos, corriendo a saltitos nerviosos.</p><p>��Ser� mejor que vengas deprisa, capit�n! �exclam�. �Va a ser un asesinato!</p><p>Vimes hizo un gesto desde�oso.</p><p>�Por lo que a m� respecta �murmur�, esquivando la mirada de Sybil Ramkin�, se lo tiene bien ganado.</p><p>�No es eso �replic� Colon�. Se trata de Zanahoria. Ha arrestado al drag�n. Vimes trag� saliva.</p><p>��C�mo que lo ha arrestado? �consigui� decir�. No querr�s decir lo que creo que quieres decir, �verdad?</p><p>�Pues es posible, se�or �contest� Colon, inseguro�. Es posible. Se subi� a los cascotes a toda velocidad, se�or, agarr� al drag�n por un ala, y dijo �Te hemos trincado, t�o�. Ha sido incre�ble, se�or. Y lo que vino despu�s s� que no te lo vas a creer�</p><p>��El qu�?</p><p>El sargento dio otro saltito nervioso.</p><p>��Sabes aquello que nos dices de que no hay que maltratar a los prisioneros�?</p><p>Era una viga bastante grande y pesada, y cortaba el aire con cierta lentitud, pero cuando golpeaba a alguien, ese alguien ca�a de espaldas y quedaba bien golpeado.</p><p>�Escuchad bien �dijo Zanahoria, ech�ndose el casco hacia atr�s pero sin soltar la viga�. No quiero tener que volver a repetirlo, �entendido?</p><p>Vimes se abri� camino a codazos entre la densa multitud, con la vista fija en la musculosa figura que se alzaba sobre el mont�n de cascotes y de drag�n. Zanahoria se gir� lentamente, esgrimiendo la viga como si se tratara de un bast�n. Su mirada era como la luz de un faro. All� donde se posaba, la gente bajaba las armas y se quedaba silenciosa e inc�moda.</p><p>�He de advertiros �sigui� Zanahoria�, que interferir con un oficial en el cumplimiento de su deber es un delito muy grave. Y el pr�ximo que tire una piedra se va a enterar, os lo garantizo.</p><p>Una piedra se estrell� contra la parte trasera de su casco. Se oyeron varias carcajadas.</p><p>��Deja que le demos su merecido!</p><p>��Eso!</p><p>��No queremos que ning�n guardia vaya por ah� d�ndonos �rdenes!</p><p>��Qui�n guarda a los guardias?</p><p>��Eh? �Eso!</p><p>Vimes tir� del brazo del sargento.</p><p>�Ve a buscar cuerda. Mucha cuerda. Y lo m�s gruesa posible. Supongo que podemos�, yo qu� s�, atarle las alas al cuerpo, quiz�, y amarrarle las mand�bulas para que no pueda lanzar llamas.</p><p>Colon lo mir� fijamente.</p><p>��Lo est�s diciendo en serio, se�or? �De verdad lo vamos a arrestar?</p><p>��Hazlo!</p><p>Ya lo hemos arrestado, pens� mientras se adelantaba entre la gente. Personalmente, me habr�a gustado m�s que fuera a caer al mar, pero ya lo hemos arrestado, y tenemos que presentar cargos o dejarlo libre.</p><p>Sinti� que sus opiniones al respecto de la maldita criatura se evaporaban en presencia de la multitud. �Qu� pod�an hacer con el drag�n? Proporcionarle un juicio justo, pens�, y luego ejecutarlo. No matarlo. Eso es lo que hacen los h�roes en los lugares donde no hay i ley. Pero en las ciudades no se puede pensar as�. Mejor dicho, s� que se puede, pero si lo haces m�s vale que lo quemes todo y empieces de nuevo. Hay que hacerlo� seg�n las leyes.</p><p>(Eso es. Lo hemos intentado todo. Ahora s�lo nos queda probar con las leyes. Adem�s, a�adi� mentalmente, ese que est� ah� arriba es un guardia de la ciudad. Tenemos que apoyarnos mutuamente. Nadie puede meterse con nosotros.</p><p>Ante �l, un hombre corpulento alz� un brazo con el que sosten�a medio ladrillo.</p><p>�Si tiras ese ladrillo, eres hombre muerto �amenaz� Vimes.</p><p>Luego se agach� y se escurri� apresuradamente entre la gente, de manera que cuando el potencial lanzador de ladrillos mir� hacia atr�s no lo vio.</p><p>Zanahoria hab�a alzado la viga en gesto amenazador cuando Vimes consigui� trepar al mont�n de cascotes.</p><p>�Ah, hola, capit�n Vimes �dijo al tiempo que la bajaba�. Es mi deber informarle de que he arrestado a este�</p><p>�S�, ya lo veo �le interrumpi� Vimes�. �Se te ocurre alguna sugerencia sobre lo que podemos hacer ahora?</p><p>�Oh, por supuesto, se�or. Tengo que leerle sus derechos, se�or.</p><p>�Aparte de eso.</p><p>�La verdad es que no, se�or.</p><p>Vimes contempl� las partes del drag�n que resultaban visibles bajo los cascotes. �C�mo se pod�a matar a un monstruo as�? Tardar�an un d�a entero.</p><p>Un trozo de piedra rebot� contra su armadura.</p><p>��Qui�n ha sido?</p><p>La voz restall� como un l�tigo.</p><p>La multitud se qued� en silencio.</p><p>Sybil Ramkin subi� a los restos del edificio, con los ojos brillantes de ira, y dirigi� una mirada furiosa a la multitud.</p><p>��He preguntado que qui�n ha sido! �Si el que haya sido no lo confiesa, me voy a enfadar <emphasis>mucho! </emphasis>�Deber�a daros verg�enza a todos!</p><p>Hab�a conseguido que le prestaran atenci�n. Varios de los hombres que ten�an piedras y otras cosas las.dejaron caer disimuladamente.</p><p>La brisa agitaba los restos de su camis�n cuando la dama se dispuso a lanzar la arenga.</p><p>�El <emphasis>valeroso </emphasis>capit�n Vimes�</p><p>�Oh, dioses �gimi� Vimes entre dientes, ech�ndose el casco sobre los ojos.</p><p>�� y sus osados hombres, se han tomado la molestia de venir aqu�, a salvar vuestros�</p><p>Vimes agarr� a Zanahoria por el brazo, y consigui� guiarlo hasta el otro lado del mont�n de cascotes.</p><p>��Se encuentra bien, capit�n? �pregunt� el muchacho�. Se ha puesto todo rojo.</p><p>�No empieces t� tambi�n �le espet� Vimes�. Ya tengo bastante con aguantar las risitas de Nobby y del sargento.</p><p>Para su sorpresa inconmensurable, Zanahoria le dio unas amistosas palmaditas en la espalda.</p><p>�Le comprendo muy bien �dijo, comprensivo�. En las monta�as conoc�a a una chica que se llamaba Minty, y su padre�</p><p>�Oye, lo dir� por �ltima vez, no hay absolutamente nada entre� �empez� Vimes.</p><p>Se oy� un ruido tras ellos. Una peque�a avalancha de yeso y tejas cay� rodando. Los cascotes se movi� ron, y abrieron un ojo. Una enorme pupila negra flot� sobre una c�rnea inyectada en sangre, y trat� de con centrarse en ellos.</p><p>�Debemos de estar locos �suspir� Vimes.</p><p>�Oh, no, se�or �replic� Zanahoria�. Hay muchos precedentes. En 1135, una gallina fue arrestada por poner huevos el Jueves del Pastel Enamorado Y durante el r�gimen de lord Espasmo el psiconeurotico, se ejecut� a toda una colonia de murci�lagos por violaci�n persistente del toque de queda. Eso fue en 1401. En agosto, creo recordar. Eran grandes tiempos para la ley �sigui� el muchacho, so�ador�. En 1321, se juzg� a una peque�a nube por cubrir el sol en el momento m�s importante de la ceremonia de investidura del conde Hargath el Fren�tico.</p><p>�Espero que Colon se d� prisa con la� �Vimes se detuvo en seco. Ten�a que saberlo�. �C�mo? �pregunt�. �Qu� se le puede hacer a una nube?</p><p>�El conde la sentenci� a ser apedreada hasta la muerte �explic� Zanahoria�. Al parecer, murieron treinta y un ciudadanos.</p><p>Sac� la libreta de notas y mir� al drag�n.</p><p>��Cree que puede o�rnos? �pregunt�.</p><p>�Supongo que s�.</p><p>�Bien, en ese caso� �Zanahoria se aclar� la garganta y se volvi� hacia el aturdido reptil�. Es mi deber informarte de que se te ha detenido acusado de los siguientes cargos, a saber: Uno, (Uno) i, que el d�a 18 del pasado mes de grunio, en un lugar conocido como Calle Coraz�n, en el distrito de Las Sombras, encendiste fuego de manera ilegal y peligrosa para los residentes, contraviniendo la Cl�usula Siete del Acta de Procesos Industriales, 1508; Y QUE, Uno (Uno) ii, que el d�a 18 del pasado mes de grunio, en un lugar conocido como Calle Coraz�n, en el distrito de Las Sombras, mataste o provocaste la muerte de seis personas de identidad desconocida�</p><p>Vimes se pregunt� si los cascotes retendr�an a la criatura mucho tiempo. Porque iban a necesitar varias semanas, dado el n�mero de las acusaciones.</p><p>La multitud se hab�a quedado en silencio. Hasta Sybil Ramkin los miraba, at�nita.</p><p>��Qu� pasa? �dijo Vimes a los rostros que los observaban�. �No hab�is visto nunca c�mo se arresta a un drag�n?</p><p>�� Diecis�is (Tres) ii, que en la noche del 24 del pasado mes de grunio, incendiaste o provocaste el incendio de las instalaciones conocidas como Vieja Casa de la Guardia, en Ankh-Morpork, valoradas en doscientos d�lares; Y QUE, Diecis�is (Tres) iii, que en la noche del 24 del pasado mes de grunio, al ser requerido por un oficial de la Guardia durante el cumplimiento de su deber�</p><p>�Ser� mejor que nos demos prisa �le susurr� Vimes�. Se empieza a mover demasiado. �De verdad es necesario todo esto?</p><p>�Bueno, creo que se pueden resumir los cargos �asinti� Zanahoria�. En circunstancias excepcionales, seg�n las Normas Bregg para�</p><p>�Quiz� esto te sorprenda, pero las circunstancias <emphasis>son </emphasis>excepcionales, Zanahoria �replic� Vimes�. Y van a ser realmente <emphasis>irrepetibles </emphasis>si Colon no se da prisa con esa cuerda.</p><p>Se movieron m�s cascotes a medida que el drag�n : intentaba levantarse. Un golpe brusco reson� para subrayar la ca�da de una pesada viga. Los mirones echaron a correr.</p><p>Aqu�l fue el momento que Errol eligi� para volver i volando sobre los tejados, con una serie de peque�as ; explosiones y dejando tras �l un rastro de anillos de humo. Descendi�, plane� sobre la multitud e hizo que m�s de uno se tirara de bruces al suelo. Tambi�n �l aullaba.</p><p>Vimes agarr� a Zanahoria por el brazo y salt� del mont�n de cascotes mientras el rey se debat�a desesperadamente para liberarse.</p><p>��Ha vuelto para matarlo! �grit�. �Seguro que ha tardado todo este tiempo en frenar!</p><p>Ahora el dragoncito planeaba sobre el monstruo ca�do, con unos aullidos tan agudos que habr�an hecho a�icos la botella m�s gruesa.</p><p>El gran drag�n consigui� asomar la cabeza en medio de una cascada de polvo de yeso. Abri� la boca, pero en vez de la lanza de fuego blanco que Vimes esperaba con todos los nervios en tensi�n, se limit� a emitir un sonido semejante al de un gatito. Un gatito gritando dentro de una cuba de lat�n en el fondo de una cueva, s�, pero un gatito al fin y al cabo.</p><p>Los restos de ladrillos cayeron por toda la calle cuando la criatura se levant�, insegura. Las grandes alas se abrieron, dispersando a�n m�s el polvo y los trozos de teja. Algunos tintinearon contra el casco del sargento Colon, que hab�a vuelto a toda velocidad con lo que parec�a una cuerda de tender enrollada colgada del brazo. ��Est�s dejando que se eleve! �grit� Vimes al tiempo que empujaba al sargento para ponerlo a salvo�. �No tienes que dejar que se eleve, Errol! �No permitas que empiece a volar! Lady Ramkin frunci� el ce�o.</p><p>�Algo va mal �dijo�. Nunca pelean de esa manera. El vencedor suele matar al perdedor.</p><p>��Buena idea! �exclam� Nobby.</p><p>�Y luego, la mitad de las veces, �l tambi�n explota por la emoci�n.</p><p>��Escucha, soy yo! �grit� Vimes a Errol, que revoloteaba despreocupadamente sobre ellos�. �Yo te compr� la pelotita! �La que ten�a el cascabel dentro! �No nos puedes hacer esto!</p><p>�No, espere un momento �le interrumpi� lady Ramkin, poni�ndole una mano en el brazo�. Me parece que nos hemos equivocado de cabo a rabo�</p><p>El gran drag�n salt� al aire y bati� las alas con un <emphasis>zump </emphasis>que derrib� unos cuantos edificios m�s. La gran cabeza se meci�, los ojos inyectados en sangre se fijaron en Vimes.</p><p>Parec�a que, tras ellos, circulaba m�s de un pensamiento.</p><p>Errol describi� un r�pido arco en el cielo y se situ� ante el capit�n con gesto protector, enfrent�ndose al drag�n. Por un momento, pareci� que la bestia lo iba a convertir en una tostada voladora, y entonces baj� la vista, como avergonzada, y ech� a volar.</p><p>Ascendi� en una espiral amplia, acelerando progresivamente. Errol lo acompa��, en �rbita en torno al enorme cuerpo.</p><p>�Es�, es como si estuviera rond�ndolo� �titube� Vimes.</p><p>��Llega al final con ese bastardo! �grit� Nobby con entusiasmo.</p><p>�Querr�s decir que acabe con �l, Nobby �le corrigi� Colon.</p><p>Vimes sinti� la mirada de lady Ramkin clavada en la nuca. Mir� la expresi�n de la mujer.</p><p>Y comprendi�.</p><p>�Oh �dijo.</p><p>Lady Ramkin asinti�.</p><p>��De verdad? �pregunt� Vimes.</p><p>�S� �asinti� ella�. La verdad es que deber�a hab�rseme ocurrido antes. Era por la llama, por lo caliente que era, claro. Y adem�s, siempre son mucho m�s territoriales que los machos.</p><p>��Por qu� no peleas con ese hijo de puta? �grit� Nobby al dragoncito.</p><p>�Hija de puta, Nobby �dijo Vimes con tranquilidad�. No hijo de puta. Hija de puta.</p><p>��Por qu� no pe� qu�?</p><p>�Pertenece al g�nero femenino �explic� lady Ramkin.</p><p>��Qu�?</p><p>�Queremos decir que, si hubieras probado tu golpe favorito, no habr�a servido de nada, Nobby �se�al� Vimes.</p><p>�Es una chica �tradujo lady Ramkin.</p><p>��Pero si es jodidamente grande! �exclam� Nobby.</p><p>Vimes carraspe� en tono de advertencia. Los ojillos de roedor de Nobby miraron de soslayo a Sybil Ramkin, que hab�a enrojecido como una puesta de sol.</p><p>�Un perfecto esp�cimen de dragona, quiero decir �agreg� r�pidamente.</p><p>�S�, eh�, caderas amplias, buena criadora �aport� el sargento Colon.</p><p>�Estatutescas �a�adi� Nobby con fervor.</p><p>�Callaos �orden� Vimes.</p><p>Se sacudi� el polvo de los restos de su uniforme, se ajust� bien la placa pectoral, y se puso bien el casco, palme�ndolo con firmeza. Aquello no acababa all�, lo sab�a. Aquello no hab�a hecho m�s que empezar.</p><p>��Venid conmigo, muchachos! �Venga, deprisa! �Ahora que todo el mundo est� distra�do mirando a los dragones! �les orden�.</p><p>�Pero �qu� hacemos con el rey? �pregunt� Zanahoria�. �O con la reina? �O con lo que sea?</p><p>Vimes contempl� las formas que se empeque�ec�an con la distancia.</p><p>�La verdad es que no lo s� �respondi�. Supongo que ahora todo depende de Errol. Nosotros tenemos otras cosas que hacer, �vamos!</p><p>Colon se puso firme, todav�a luchando por recuperar el aliento.</p><p>��Adonde, se�or? �consigui� preguntar.</p><p>�Al palacio. �Alguno de vosotros tiene una espada?</p><p>�Le puedo prestar la m�a, capit�n �dijo Zanahoria.</p><p>Se la tendi�.</p><p>�Bien �asinti� Vimes con voz tranquila. Los mir�. Adelante.</p><empty-line/><p>Los guardias caminaron tras Vimes por las calles desoladas.</p><p>�l empez� a caminar m�s deprisa. Lo? guardias empezaron a trotar para mantenerse a su altura.</p><p>Vimes empez� a trotar para adelantarlos.</p><p>Los guardias aceleraron a�n m�s el paso.</p><p>Luego, como si les hubieran dado una orden muda, echaron a correr.</p><p>Luego, a galopar.</p><p>La gente se apartaba precipitadamente a su paso. Las enormes sandalias de Zanahoria golpeaban r�tmicas los guijarros del suelo. Las botas de Nobby les arrancaban chispas. Colon corr�a en silencio y, como todos los gordos cuando corren, con el rostro tenso en una mueca de concentraci�n.</p><p>Recorrieron la calle de los Artesanos H�biles, giraron por el callej�n del Lomo del Cerdo, salieron a la calle de los Dioses Menores y se dirigieron a toda velocidad hacia el palacio. Vimes apenas consegu�a mantenerse al frente, en su mente no hab�a nada m�s que la necesidad de correr, y correr, y correr.</p><p>Bueno, casi nada m�s. Pero la cabeza le zumbaba con ecos enloquecidos, los mismos que han o�do todos los guardias del mundo, todos los pies planos del multiverso que en una u otra ocasi�n han intentado hacer lo Correcto.</p><p>Muy por delante de ellos, unos cuantos guardias del palacio desenvainaron las espadas, se lo pensaron mejor, se volvieron a refugiar tras los muros exteriores y cerraron las puertas. Acababan de hacerlo en el momento en que llegaron Vimes y sus hombres.</p><p>�ste titube�, jadeante. Contempl� las enormes puertas mientras recuperaba el aliento. Las que hab�a quemado el drag�n hab�an sido sustituidas por otras a�n m�s imponentes. Desde detr�s de ellas le lleg� el sonido de los cerrojos al encajar.</p><p>No era momento para andarse con tonter�as. Era capit�n de la guardia, maldici�n. Todo un oficial. A los oficiales no les preocupaban las tonter�as como aqu�lla. Los oficiales ten�an un sistema infalible para resolver aquel tipo de problemas. Se llamaba �sargento�.</p><p>��Sargento Colon! �rugi�, con la mente todav�a llena de policiedad universal�. �Vuela ese cerrojo! El sargento titube�.</p><p>��C�mo, se�or? �Con un arco y una flecha?</p><p>�Quiero decir� �titube� Vimes�. �Quiero decir que abras la puerta!</p><p>��S�, se�or! �Colon salud�. Mir� las puertas un instante�. �Al momento! �rugi�. �Agente Zanahoria, un paso al frente! �Agente Zanahoria, firmes! �Agente Zanahoria, abre esa puerta al momento!</p><p>��S�, se�or!</p><p>Zanahoria dio un paso al frente, salud�, apret� una enorme mano hasta formar un pu�o, y llam� suavemente a la puerta.</p><p>��Abrid en nombre de la ley! �orden�.</p><p>Se oyeron susurros al otro lado de la muralla y, al final, una peque�a mirilla se abri� una fracci�n de mil�metro.</p><p>��Por qu�? �pregunt� una voz.</p><p>�Porque, si no lo hac�is, estar�is Interfiriendo con un Oficial de la Guardia en Cumplimiento de su Deber, delito castigado con una multa de no menos de treinta d�lares o un mes de prisi�n menor, as� como a permanecer en custodia para ulteriores interrogatorios y a media hora con un atizador al rojo vivo.</p><p>Se oyeron m�s susurros amortiguados, los cerrojos se deslizaron y las grandes puertas se entreabrieron.</p><p>Al otro lado no se ve�a a nadie.</p><p>Vimes se llev� un dedo a los labios. Se�al� a Zanahoria una de las puertas, y arrastr� a Nobby y a Colon hacia la otra.</p><p>�Empujad �susurr�.</p><p>Empujaron, y con todas sus fuerzas. Se oyeron gritos de dolor y maldiciones procedentes desde detr�s de la gruesa madera.</p><p>��Corramos! �grit� Colon.</p><p>��No! �replic� Vimes.</p><p>Dio la vuelta para mirar detr�s de la puerta. Cuatro guardias de palacio semiaplastados alzaron la vista hacia �l.</p><p>�No �repiti�. Se acab� el correr. Quiero que arrest�is a estos hombres.</p><p>�No os atrever�is �dijo uno de los hombres. Vimes lo mir�.</p><p>�Clarence, �verdad? �dijo�. Clarence acabado en ce. Pues a ver si te enteras bien de lo que te digo, Clarence acabado en ce. Puedes elegir entre enfrentarte a los cargos de Conspiraci�n y Complicidad o�</p><p>�Se inclin� m�s hacia �l y dirigi� a Zanahoria una mirada cargada de sentido�. O enfrentarte a un hacha.</p><p>��Ch�pate �sa, cretino! �exclam� Nobby, dando saltitos de venenosa excitaci�n.</p><p>Los ojillos de Clarence contemplaron la enorme mole que era Zanahoria, y luego el rostro de Vimes. All� no hab�a ni rastro de compasi�n. De mala gana, pareci� tomar una decisi�n.</p><p>�Muy bien �dijo Vimes�. Enci�rralos en la garita, sargento.</p><p>Colon desenfund� el arco e irgui� los hombros.</p><p>�Ya hab�is o�do al jefe �rugi�. Un solo movimiento en falso y sois�, y sois� �busc� una palabra<emphasis>, </emphasis>la desesperada�. �Y sois caradeverdes!</p><p>��Eso! �Que se enteren de lo que es bueno! �lo apoy� Nobby.</p><p>��De Conspiraci�n y Complicidad con quien, capit�n? �pregunt� Zanahoria, mientras los guardias desarmados segu�an adelante�. Hay que ser c�mplice de alguien.</p><p>�Creo que, en este caso, se trata de una complicidad en general �replic� Vimes�. Y de una conspiraci�n con el agravante de reincidencia.</p><p>�Eso �asinti� Nobby�. �No soporto a esos canallas de conspiradores!</p><p>Colon tendi� a Vimes la llave de la garita.</p><p>�No es un lugar muy seguro, capit�n �dijo�. Tarde o temprano, se las arreglar�n para salir.</p><p>�Eso espero �contest� Vimes�, porque quiero que tires esa llave al primer pozo que nos encontremos. �Estamos todos? Bien, seguidme.</p><empty-line/><p>Lupine Wonse recorri� los destrozados pasillos del palacio, con <emphasis>La invocaci�n de dragones </emphasis>bajo un brazo y la deslumbrante espada regia asida con la otra mano temblorosa.</p><p>Se detuvo, jadeante, ante una puerta.</p><p>No hab�a muchas zonas de su mente que se encontraran en situaci�n de albergar razonamientos l�gicos y cuerdos, pero la peque�a parte que segu�a funcionando no dejaba de insistir en que no pod�a haber visto y o�do lo que hab�a visto y o�do.</p><p>Alguien lo estaba siguiendo.</p><p>Y hab�a visto a Vetinari caminando por el palacio. <emphasis>Sab�a </emphasis>que el viejo patricio estaba encerrado. La cerradura de su celda era completamente indestructible. Recordaba muy bien que el mismo Vetinari se lo hab�a repetido hasta la saciedad cuando la instalaron.</p><p>Divis� un movimiento entre las sombras al final del pasillo. Wonse dej� escapar un gemido, gir� el picaporte de la puerta que ten�a m�s cerca, entr� a toda velocidad y cerr� de golpe. Se apoy� contra la pared y luch� por recuperar el aliento.</p><p>Abri� los ojos.</p><p>Estaba en la antigua sala de audiencias privadas. El patricio se encontraba sentado en su viejo sill�n, con las piernas cruzadas. Lo observaba con moderado inter�s.</p><p>�Ah, Wonse �dijo.</p><p>Wonse peg� un salto, se aferr� al picaporte, sali� precipitadamente al pasillo y no par� de correr hasta que no lleg� a la escalera principal, que ahora se alzaba entre las ruinas del centro del palacio como un extra�o sacacorchos. Escaleras�, altura�, terreno elevado�, defensa. Subi� los pelda�os de tres en tres.</p><p>Lo �nico que necesitaba eran unos minutos de paz. Luego, ya ver�an todos.</p><p>Los pisos superiores estaban a�n m�s llenos de sombras. Lo que les faltaba era resistencia estructural. Al construir su caverna, el drag�n hab�a derribado columnas y muros. Las habitaciones se abr�an de manera pat�tica al borde del abismo. Los restos de los tapices y las alfombras ondeaban al viento a trav�s de las ventanas destrozadas. El suelo temblaba como un trampol�n bajo los pies de Wonse, que consigui� llegar hasta la puerta m�s cercana, y la abri�.</p><p>�No ha estado nada mal, bastante r�pido �dijo el patricio, aprobador.</p><p>Wonse le cerr� la puerta en las narices, y corri� gritando pasillo abajo.</p><p>La cordura consigui� apoderarse de �l durante un instante. Se detuvo junto a una estatua. No se o�a sonido alguno, ni pisadas apresuradas, ni el chirrido de puertas secretas. Lanz� una mirada de sospecha a la es tat�a, y la pinch� con la punta de la espada.</p><p>Al ver que no se mov�a, se dirigi� hacia una puerta y la cerr� de golpe a su espalda, cogi� una silla y la uso para atrancar el picaporte. Era una de las salas de reuniones del piso superior, casi carente ahora de mobiliario, as� como de una de las paredes. El lugar que deber�a haber ocupado esta �ltima daba ahora a la caverna. El patricio sali� de entre las sombras.</p><p>�Bueno, si te has cansado ya de correr� �empez�. Wonse gir� sobre s� mismo, con la espada desenvainada y lista.</p><p>�No existes, no existes �dijo�. Eres� un fantasma, o algo as�.</p><p>�Me temo que no �replic� el patricio.</p><p>��No puedes detenerme! �A�n tengo algo de magia, a�n me queda el libro! �Wonse se sac� una bolsa de cuero marr�n del bolsillo�. �Invocar� a otro! �Ya ver�s!</p><p>�Yo no te lo recomendar�a �se�al� lord Vetinari con voz tranquila.</p><p>��Claro, te crees tan listo, tan controlado, tan tranquilo, s�lo porque yo tengo una espada y t� no! �Pues tengo mucho m�s que eso, para que te enteres! �exclam� Wonse, triunfal�. �S�! �Tengo a los guardias de palacio de mi parte! �Me obedecen a m�, no a ti! Nadie te aprecia, �nadie te ha apreciado nunca!</p><p>Movi� la espada de manera que la punta quedara a un palmo del fr�gil pecho del patricio.</p><p>�As� que volver�s a la celda �dijo�. Y esta vez, me asegurar� de que no salgas nunca. �Guardias! �Guardias!</p><p>Se oy� el ruido de unos pasos precipitados en el pasillo. La puerta se estremeci�, la silla se movi�. Hubo un momento de silencio. Despu�s, puerta y silla saltaron por los aires en un mill�n de astillas.</p><p>��Llev�oslo de aqu�! �grit� Wonse�. �Echad m�s escorpiones a la mazmorra! �Metedlo en�, <emphasis>vosotros no sois�!</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Baja esa espada �orden� Vimes, mientras, tras �l, Zanahoria se sacud�a los trocitos de puerta del pu�o.</p><p>��Eso! �lo apoy� Nobby, aventurando un vistazo desde detr�s del capit�n�. �Ponte contra la pared, y que yo te las vea bien, hijoputa!</p><p>��Eh? �susurr� el sargento Colon, con ansiedad�. �Qu� quieres verle?</p><p>Nobby se encogi� de hombros.</p><p>�Ni idea �dijo�. Supongo que todo. Hay que ir sobre seguro.</p><p>Wonse mir� a los guardias, incr�dulo.</p><p>�Ah, Vimes �dijo el patricio�. Haz el favor de�</p><p>�C�llate �replic� Vimes con tranquilidad�. �Agente Zanahoria?</p><p>��Se�or!</p><p>�L�ele sus derechos al prisionero.</p><p>�S�, se�or.</p><p>Zanahoria sac� su libreta de notas, se humedeci� el pulgar y empez� a pasar las p�ginas.</p><p>�Lupine Wonse �empez�, alias Supino Garabato P.O�</p><p>��Qu�? �se asombr� Wonse.</p><p>�� con domicilio actualmente en el lugar conocido como El Palacio, en Ankh-Morpork, es mi deber informarle de que se le arresta y ser� acusado de� �Zanahoria dirigi� una mirada desesperada a Vimes�. De varios cargos de asesinato utilizando como arma un drag�n, as� como de delitos de complicidad en general que ser�n detallados m�s adelante. Tiene derecho a permanecer en silencio. Tiene derecho a no ser arrojado sumariamente a un estanque de pira�as. Tiene derecho a un juicio por prueba de fuego. Tiene dere�</p><p>�Esto es una locura �intervino el patricio con voy calmada.</p><p>��Me parece que te he dicho que te calles! �rugi� Vimes, girando en redondo y sacudiendo un dedo tembloroso bajo la nariz del patricio.</p><p>�Dime, sargento �susurr� Nobby�, �crees que el pozo de los escorpiones ser� un lugar c�modo?</p><p>�� decir nada� eh, pero todo lo que diga ser� anotado aqu�, en mi libreta, y bueno, luego podr� ser utilizado como prueba�</p><p>La voz de Zanahoria se desvaneci�.</p><p>�Bueno, Vimes, si esta payasada te proporciona alg�n placer� �dijo el patricio al final�. Llevadlo abajo, a las celdas. Me encargar� de �l ma�ana por la ma�ana.</p><p>Wonse no los advirti�. No lanz� ning�n grito o aullido. Simplemente, corri� hacia el patricio blandiendo la espada.</p><p>Las opciones desfilaron por la mente de Vimes. En primer lugar apareci� la sugerencia de que ser�a un buen plan dejar que las cosas siguieran su curso, permitir que Wonse lo hiciera, desarmarlo luego y que la ciudad se limpiara, se renovara. S�. Buen plan.</p><p>Y, por tanto, nunca comprendi� por qu� eligi� lanzarse hacia adelante, y blandir la espada de Zanahoria para bloquear el golpe�</p><p>Quiz� tuviera que ver con eso de hacer las cosas seg�n la Ley.</p><p>Las espadas chocaron. Sin demasiado estr�pito. Vi-mes sinti� que algo brillante y plateado pasaba zumbando junto a su oreja para ir a estrellarse contra la pared de enfrente.</p><p>Wonse se qued� boquiabierto. Dej� caer lo que quedaba d� su espada y retrocedi� un paso, aferr�ndose a <emphasis>La invocaci�n.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>Lo lamentar�is �sise�. �No os imagin�is cu�nto lo vais a lamentar!</p><p>Empez� a balbucear entre dientes.</p><p>Vimes comenzaba a temblar. Estaba casi seguro de saber lo que hab�a pasado como una bala junto a su cabeza, y s�lo con pensarlo le corr�an sudores fr�os por la espalda. Hab�a acudido al palacio dispuesto a matar, y un minuto m�s tarde, tan s�lo un minuto m�s tarde, cuando por una vez en la vida todo parec�a funcionar bien y ten�a controlada la situaci�n�, lo �nico que deseaba era tomar una copa. Y dormir a pierna suelta una semana.</p><p>��D�jalo ya! �suspir�. �Vas a venir por las buenas, o no?</p><p>Los balbuceos continuaron. El aire de la habitaci�n empezaba a ser caliente y seco.</p><p>Vimes se encogi� de hombros.</p><p>�Como quieras � dijo, d�ndose la vuelta�. Zanahoria, que caiga sobre �l el peso de la ley.</p><p>�Inmediatamente, se�or.</p><p>Vimes lo record� demasiado tarde.</p><p>A los enanos se les daban muy mal las met�foras.</p><p>Y adem�s, ten�an una punter�a excelente.</p><p><emphasis>Las Leyes y Ordenanzas de Ankh y Morpork </emphasis>alcanz� de pleno al secretario en la frente. El hombre parpade�, se tambale� y dio un paso hacia atr�s.</p><p>Fue el paso m�s largo que pod�a dar. Entre otras cosas, dur� el resto de su vida.</p><p>Tras varios segundos, lo oyeron chocar contra el suelo, cinco pisos m�s abajo.</p><p>Tras varios segundos m�s, se asomaron por el borde del suelo destrozado.</p><p>�Qu� manera de morir �suspir� Colon.</p><p>�Desde luego �asinti� Nobby, busc�ndose una colilla detr�s de la oreja.</p><p>�Ha muerto por una comosellame, por una met�fora.</p><p>�No s� �replic� Nobby�, a m� me parece que ha sido por el suelo. �Tienes fuego, sargento?</p><p>�Era lo que deb�a hacer, �verdad, se�or? �pregunt� Zanahoria con ansiedad�. Usted me dijo�</p><p>�S�, s� �asinti� Vimes�. No te preocupes.</p><p>Baj� una mano temblorosa y recogi� la bolsa de cuero de Wonse. Dentro hab�a un mont�n de piedras, todas agujereadas. Se pregunt� para qu� las habr�a querido el secretario.</p><p>Un ruido met�lico a su espalda hizo que se diera la vuelta. El patricio hab�a recogido la espada regia. Ante los ojos del capit�n, el anciano arranc� de la pared el otro trozo. Hab�a sido una fractura limpia.</p><p>�Capit�n Vimes �dijo.</p><p>��Se�or?</p><p>��Me permites ver esa espada?</p><p>Vimes se la tendi�. En aquel momento, no se le ocurr�a qu� otra cosa hacer. Probablemente, hiciera lo que hiciera, acabar�a en el pozo de los escorpiones.</p><p>Lord Vetinari examin� detenidamente la antigua hoja.</p><p>��Cu�nto tiempo hace que la tienes, capit�n? �pregunt� amablemente.</p><p>�No es m�a, se�or. Pertenece al agente Zanahoria.</p><p>��El agen�?</p><p>�Yo, se�or, su se�or�a �dijo Zanahoria con un saludo marcial.</p><p>�Ah.</p><p>El patricio dio varias vueltas al arma, contempl�ndola con fascinaci�n. Vimes sinti� que el aire se espesaba a su alrededor, como si la historia se estuviera arremolinando en un momento concreto, pero no habr�a sabido decir por qu� aunque le hubiera ido la vida en ello. Era uno de esos instantes en los que los pantalones del tiempo se bifurcaban, y si uno no ten�a cuidado, pod�a acabar en la pernera equivocada�</p><p>Wonse se levant� en un mundo de sombras, con la mente llena de confusi�n g�lida. Pero, en aquel momento, no pod�a pensar m�s que en la alta figura encapuchada que se ergu�a a su lado.</p><p>�Cre� que estabais todos muertos �murmur�.</p><p>Aquel lugar era extra�amente tranquilo, los colores parec�an desva�dos, amortiguados. Algo iba mal, rematadamente mal.</p><p>��Eres t�, Hermano Portero? �aventur�. La figura se acerc� a�n m�s.</p><p>METAF�RICAMENTE �dijo.</p><empty-line/><p>� y el patricio tendi� la espada a Zanahoria.</p><p>�Muy bien hecho, joven �dijo�. Capit�n Vimes, sugiero que des el resto del d�a libre a tus hombres.</p><p>�Gracias, se�or �asinti� Vimes�. De acuerdo, muchachos, ya hab�is o�do a su se�or�a.</p><p>�Pero t� no, capit�n. Tenemos que hablar de algunas cosas.</p><p>��S�, se�or? �dijo con inocencia.</p><p>Los guardias se apresuraron a marcharse, no sin dirigir a Vimes una mirada triste y compasiva.</p><p>El patricio se acerc� hasta el borde del precipicio que se abr�a en el suelo, y mir� hacia abajo.</p><p>�Pobre Wonse �dijo.</p><p>Vimes se qued� contemplando la pared.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�La verdad, lo habr�a preferido vivo.</p><p>��Se�or?</p><p>�Estaba equivocado, quiz�, pero era un hombre muy �til. Su cabeza me habr�a sido de gran utilidad.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�El resto lo habr�amos tirado, claro.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Era un chiste, Vimes.</p><p>�S�, se�or.</p><p>�El pobre nunca entendi� el funcionamiento di-los pasadizos secretos, �sabes?</p><p>�No, se�or.</p><p>�Ese joven�, �has dicho que se llamaba Zanahoria?</p><p>�S�, se�or.</p><p>�Un buen muchacho. �Le gusta estar en la Guardia?</p><p>�S�, se�or. Se encuentra como en su casa, se�or.</p><p>�Me has salvado la vida.</p><p>��Se�or?</p><p>�Ven conmigo.</p><p>Ech� a andar entre las ruinas del palacio. Vimes lo sigui� hasta que llegaron al Despacho Oblongo. Estaba bastante limpio. La devastaci�n no lo hab�a afectado apenas, lo �nico anormal era la capa de polvo que lo cubr�a todo. El patricio se sent�, y de repente fue como si nunca se hubiera marchado. Vimes lleg� a preguntarse si hab�a salido de all� en alg�n momento.</p><p>El anciano cogi� un mont�n de papeles y les sacudi� el yeso de encima.</p><p>�Qu� l�stima �suspir�. Lupine era un hombre muy prolijo.</p><p>�S�, se�or.</p><p>El patricio entrelaz� los dedos de las manos y mir� a Vimes por encima de ellas.</p><p>�Permite que te d� algunos consejos, capit�n �dijo.</p><p>��S�, se�or?</p><p>�Quiz� eso te ayude a comprender el mundo.</p><p>�Se�or.</p><p>�Creo que la vida te resulta tan complicada porque piensas que hay gente buena y gente mala �empez� el hombre�. Pero te equivocas, desde luego. �nicamente hay gente mala, <emphasis>lo que pasa, es que algunas personas ocupan posiciones enfrentadas.</emphasis></p><p>Hizo un gesto en direcci�n a la ciudad, y se acerc� a una ventana.</p><p>�Es un inmenso mar de maldad �dijo, casi como hablar de una propiedad suya�. Poco profundo en algunas zonas, claro, pero enorme, terriblemente profundo en otras. Siempre hay gente como t� que construye fr�giles barquitas de normas e intenciones vagamente buenas, y dec�s que eso es lo bueno, lo que triunfar� al final. �Es incre�ble!</p><p>Dio una amable palmadita a Vimes en la espalda.</p><p>�Ah� abajo �sigui�, hay gente que seguir� a cualquier drag�n, que adorar� a cualquier dios, que cerrar� los ojos ante cualquier iniquidad. Aceptar�n toda maldad cotidiana. No es la maldad creativa, aguda, de los grandes pecadores, sino una especie de oscuridad masiva de las almas. Pecado sin originalidad, se podr�a decir. Aceptan el mal, no porque digan <emphasis>s�, </emphasis>sino porque no dicen <emphasis>no. </emphasis>Lo lamento si esto te ofende �a�adi�, dando unas palmaditas en el hombro del capit�n�, pero los que son como t� nos necesitan.</p><p>��S�, se�or?</p><p>�Oh, s�. Somos los �nicos que sabemos hacer funcionar las cosas. Ver�s, lo �nico que hacen bien las personas buenas es librarse de las malas. Eso lo hac�is de maravilla, desde luego. Pero lo malo es que es lo �nico que hac�is de maravilla. El primer d�a suenan las campanas porque ha ca�do el tirano, y al siguiente todo el mundo empieza a quejarse porque, desde que se fue el tirano, no funciona el servicio de recogida de basuras. Porque la gente mala sabe hacer planes. Se podr�a decir que es un requisito imprescindible para ser malo. Hasta el �ltimo tirano mal�volo ha tenido un plan para dominar el mundo. En cambio, la gente buena no parece comprender el concepto.</p><p>�Eso es posible. �Pero en lo dem�s, est�s equivoca do! �exclam� Vimes�. Lo que pasaba era que la te estaba asustada, aislada�</p><p>Se interrumpi�. Las frases le sonaban vac�as �l mismo.</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>�No son m�s que personas �termin�. Se comportan como personas, se�or.</p><p>Lord Vetinari le dirigi� una sonrisa amistosa.</p><p>�Por supuesto, por supuesto �dijo�. Lo comprendo, tienes que creer eso. Si no, te volver�as loco. Si no, empezar�as a pensar que te encuentras en un puente m�s delgado que una pluma sobre los abismos del infierno. Si no, la existencia no ser�a m�s que una agon�a oscura, y la �nica esperanza estar�a en que no hubiera otra vida tras la muerte. Lo comprendo, cr�eme. �Contempl� su escritorio y suspir�. Y ahora �sigui�, tengo mucho trabajo por delante. Me temo que el pobre Wonse era un buen sirviente, pero un amo poco eficaz. As� que puedes marcharte. Procura dormir bien esta noche. Ah, y ma�ana, ven con tus hombres. La ciudad debe demostrar su agradecimiento.</p><p>��Que debe qu�? �se sorprendi� Vimes.</p><p>El patricio contempl� un pergamino. Su voz ya volv�a a tener los matices lejanos <emphasis>y </emphasis>distantes del que organiza, y planea, y controla.</p><p>�Su gratitud �dijo�. Despu�s de cada victoria triunfal, tiene que haber h�roes. Es esencial. As� todo el mundo sabr� que las cosas han acabado bien y se puede volver a la normalidad.</p><p>Mir� a Vimes por encima del pergamino.</p><p>�Es parte del orden natural de las cosas �a�adi�. Tras unos momentos, hizo unas cuantas anotaciones en el papel que ten�a delante. Alz� la vista.</p><p>�Ya te puedes marchar �repiti�. Vimes se detuvo junto a la puerta.</p><p>��De verdad crees todo eso, se�or? �pregunt�. �Crees eso de la maldad y oscuridad infinitas?</p><p>�Desde luego, desde luego �asinti� el patricio al tiempo que pasaba una p�gina�. Es la �nica conclusi�n l�gica.</p><p>�Pero� te levantas de la cama todas las ma�anas, se�or.</p><p>��Mmm? Por supuesto. �Adonde quieres llegar?</p><p>�Se�or, s�lo me gustar�a saber <emphasis>por qu�.</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis>S� buen muchacho, Vimes, m�rchate ya.</p><p>En la oscura caverna llena de corrientes, excavada desde el coraz�n del palacio, el bibliotecario avanzaba por el suelo. Trep� por los restos del pat�tico mont�n de tesoro, y examin� interesado el cuerpo de Wonse.</p><p>Luego se agach� y, con sumo cuidado, extrajo <emphasis>La invocaci�n de dragones </emphasis>de entre los dedos r�gidos. Sopl� para quitarle el polvo. Lo acarici� con cari�o, como si se tratara de un ni�o asustado.</p><p>Se volvi� para trepar de nuevo al mont�n, y entonces se detuvo. Se inclin� otra vez y, con cautela, recogi� otro libro de entre los brillantes restos. No era uno de los suyos, excepto quiz� en el amplio sentido seg�n el cual todos los libros ca�an bajo su dominio. Pas� unas cuantas p�ginas.</p><p>�Qu�datelo �dijo Vimes, tras �l�. Ll�vatelo. Gu�rdalo en alguna parte.</p><p>El orangut�n dirigi� un gesto de saludo al capit�n, y empez� a descender por el mont�n. Dio un golpecito a Vimes en la rodilla, abri� <emphasis>La invocaci�n de dragonas, </emphasis>pas� las p�ginas maltratadas hasta que dio con la que estaba buscando, y le pas� el libro.</p><p>Vimes escudri�� la confusa caligraf�a.</p><p><emphasis>Pero los dragones no son como los unicornios, ni nunca lo fueron. Habitan en un reino definido por nuestra mente y voluntad; y por tanto, bien pudiera ser que aquel que los llamara, aquel que les proporcionara un camino hasta este mundo, estuviera llamando al drag�n de su propia mente.</emphasis></p><p><emphasis>Aun siendo as�, el puro de coraz�n puede llamar al drag�n del poder como fuerza del bien para su mundo, y en esa noche comenzar� la Gran Obra. Todo est� dispuesto. He trabajado duro para ser el digno invocador�</emphasis></p><p>Un reino de la mente, pens� Vimes. Entonces, ah� es a donde fueron. A nuestras imaginaciones. Y cuando los llamamos para que vuelvan, les damos forma, como si fueran masa de panadero metida en sus moldes. S�lo que no salen estrellitas y corazones, sale lo mismo que eres t�. Tu propia oscuridad que toma forma�</p><p>Vimes volvi� a leer los p�rrafos, y luego pas� las p�ginas siguientes.</p><p>No hab�a muchas m�s. El resto del libro estaba completamente quemado.</p><p>Vimes se lo devolvi� al simio.</p><p>��Qu� tipo de hombre era de Malachit�? �pregunt�.</p><p>El bibliotecario medit� un instante, como conven�a a una persona que se sab�a de memoria el <emphasis>Diccionario de biograf�as de la ciudad. </emphasis>Luego, se encogi� de hombros.</p><p>��Particularmente bueno? �quiso saber Vimes. El simio sacudi� la cabeza.</p><p>�Bueno, entonces, �rematadamente malo? El simio se encogi� de hombros y sacudi� la cabeza de nuevo.</p><p>�Si yo estuviera en tu lugar �dijo Vimes�, pondr�a ese libro en alg�n lugar seguro. Y tambi�n el libro de leyes. Son demasiado peligrosos.</p><p>�Oook.</p><p>Vimes se desperez�.</p><p>�Y ahora �dijo�, vamos a tomar una copa.</p><p>�Oook.</p><p>�Pero una peque�a, �eh? Nada m�s.</p><p>�Oook.</p><p>�Adem�s, invitas t�.</p><p>�Eeek.</p><p>Vimes se detuvo y baj� la vista hacia el gran rostro amable.</p><p>�Dime una cosa �pidi�. Siempre he querido saberlo�, �es <emphasis>mejor </emphasis>ser un simio?</p><p>El bibliotecario medit� un instante.</p><p>�Oook �dijo.</p><p>�Ah, �de veras? �dijo Vimes.</p><empty-line/><p>Lleg� el d�a siguiente. La habitaci�n estaba abarrotada de altos dignatarios de la ciudad. El patricio se sentaba en su austera silla, rodeado por los consejeros. Todos los presentes luc�an sonrisas de oreja a oreja.</p><p>Lady Sybil Ramkin estaba sentada a un lado, vestida con unos cuantos acres de terciopelo negro. Las joyas de la familia Ramkin brillaban en sus dedos, en su garganta y en los rizos negros de la peluca que llevaba aquel d�a. El efecto general era sobrecogedor, como un globo en el cielo.</p><p>Vimes encabez� el desfile de los guardias hasta el centro de la sala. Se detuvo en seco, como ordenaban las normas. Le hab�a sorprendido ver que hasta Nobby hab�a hecho un esfuerzo: su armadura ten�a puntos brillantes aqu� y all�. Y la expresi�n de Colon era de tanta satisfacci�n que parec�a a punto de derretirse. La armadura de Zanahoria centelleaba.</p><p>Colon salud� seg�n las normas por primera vez en toda su vida.</p><p>��Todos presentes, se�or! �ladr�.</p><p>�Muy bien, sargento �replic� Vimes fr�amente. Se volvi� hacia el patricio y arque� una ceja concienzudamente.</p><p>Lord Vetinari le hizo un gesto con la mano.</p><p>�Descansad, muchachos, o relajaos, o como lo quer�is llamar �dijo�. Creo que no necesitamos tanta ceremonia. �Qu� opinas t�, capit�n?</p><p>�Como desees, se�or �respondi� Vimes.</p><p>�Bien, se�ores �empez� el patricio, inclin�ndose hacia adelante�, han llegado a nuestros o�dos las noticias de las magn�ficas haza�as que hab�is llevado a cabo en defensa de la ciudad�</p><p>Vimes dej� vagar su mente mientras los dulces halagos les llov�an encima. Durante un rato, se divirti� bastante observando las caras de los miembros del Consejo. Reflejaban toda una secuencia de expresiones a medida que hablaba el patricio. Por supuesto, era de vital importancia que tuviera lugar una ceremonia como aqu�lla. As� todo el asunto quedar�a limpio y zanjado. Y olvidado. S�lo ser�a un cap�tulo m�s en la larga y emocionante historia de los etc�tera, etc�tera. A Ankh-Morpork se le daba muy bien empezar nuevos cap�tulos.</p><p>Su mirada errante cay� sobre lady Ramkin. Ella le gui�� un ojo. Vimes volvi� la vista al frente, con una expresi�n que de repente era m�s r�gida que un tabl�n.</p><p>�� muestra de nuestra gratitud �termin� el patricio, volviendo a sentarse.</p><p>Vimes se dio cuenta de que todo el mundo lo miraba.</p><p>��Perd�n?</p><p>�He dicho, capit�n Vimes, que hemos estado tratando de buscar alguna recompensa adecuada. Algunos ciudadanos relevantes� �Los ojos del patricio se posaron en los miembros del Consejo y en lady Ramkin�� y yo mismo, por supuesto, pensamos que se os debe conceder alg�n tipo de recompensa.</p><p>Vimes se qued� en blanco.</p><p>�� Recompensa ?</p><p>�Es lo habitual ante una muestra de comportamiento heroico �insisti� el patricio. Vimes volvi� a mirar al frente.</p><p>�Con sinceridad, no hab�a pensado en eso, se�or �dijo�. Aunque no puedo hablar por mis hombres, claro.</p><p>Se hizo un silencio tenso. Por el rabillo del ojo, Vimes vio c�mo Nobby daba un codazo en las costillas al sargento. Al final, Colon se anim� a dar un paso al frente, y ensay� otro saludo.</p><p>�Permiso para hablar, se�or �murmur�. El patricio asinti�.</p><p>El sargento carraspe�. Se quit� el casco y sac� de �l una hoja de papel.</p><p>�Eh� �empez�, bueno, como ha dicho su se�or�a, pensamos que eso, que hemos salvado a la ciudad y esas cosas, o sea que�, bueno, que la verdad, algunas cosas se podr�an mejorar� y vamos, que nos lo merecemos, creo yo. No s� si me explico.</p><p>Todos los presentes asintieron. As� era como deb�an ser las cosas.</p><p>�Prosigue �lo anim� el patricio.</p><p>�As� que, bueno, que nos dedicamos a pensar, y se nos ocurrieron un par de ideas �sigui� el sargento�. No s� si me�</p><p>�Por favor, sargento, adelante �pidi� el patricio�. No es necesario que hagas tantas pausas. Todos somos conscientes de la magnitud de vuestra haza�a. � �Bien, se�or. Bueno, se�or�, lo primero es la cosa de las pagas.</p><p>��Las pagas? �dijo lord Vetinari.</p><p>Mir� a Vimes, que mir� a la nada.</p><p>El sargento alz� la cabeza. Ten�a la expresi�n c�ndida de un hombre que quiere llegar al fondo do un asunto.</p><p>�S�, se�or �dijo�. Treinta d�lares al mes. No esta bien. Nosotros pensamos� �Se humedeci� los labios y mir� a su espalda, a los otros dos, que le hac�an vagas se�ales de aliento�. Nosotros pensamos que no estar�a mal que la paga base fuera de�, eh�, �treinta y cinco d�lares? �Al mes? �Vio la expresi�n p�trea del patricio�. Con incrementos seg�n rango� �de cinco d�lares?</p><p>Se humedeci� los labios de nuevo, desconcertado por la cara del patricio.</p><p>�No aceptaremos menos de cuatro �dijo�. Y es definitivo. Lo siento, se�or�a, pero as� est�n las cosas.</p><p>El patricio volvi� a mirar el rostro impasible de Vimes, luego clav� la vista en los guardias.</p><p>��Eso es todo? �pregunt�.</p><p>Nobby susurr� algo al o�do de Colon, y luego volvi� precipitadamente a su lugar. El sudoroso sargento se aferr� al casco como si fuera la �nica cosa real del mundo.</p><p>�Hay otra cosa, eminencia �dijo. El patricio sonri�, como quien sabe lo que le van a decir.</p><p>�Ah.</p><p>�Est� la cuesti�n de la tetera. No es que fuera muy buena, claro, pero Errol se la comi�. Costaba casi dos d�lares. �Trag� saliva�. Si a su se�or�a le da igual, nos vendr�a muy bien una tetera nueva.</p><p>El patricio se inclin� hacia adelante, agarr�ndose a los brazos de la silla.</p><p>�Me gustar�a que esto quedara claro �dijo con voz g�lida�. �Debemos entender que est�is pidiendo un peque�o aumento de sueldo y un utensilio dom�stico?</p><p>Zanahoria susurr� algo al otro o�do de Colon.</p><p>El sargento volvi� los ojos enrojecidos hacia los dignatarios. El borde de su casco estaba dando m�s vueltas que un molino.</p><p>�Bueno �empez�, lo que pasa es que algunas veces, cuando tenemos el rato de descanso para la cena, o cuando las cosas est�n tranquilas�, al final de la guardia, por ejemplo�, bueno, el caso es que nos apetece relajarnos un poco, descargar los nervios�</p><p>Su voz se desvaneci�.</p><p>��S�?</p><p>Colon tom� aliento.</p><p>�Supongo que un juego de dardos ser� mucho pedir�</p><p>El retumbante silencio que sigui� fue quebrado por un sonido desconcertante.</p><p>A Vimes se le cay� el casco de entre las manos temblorosas. La placa pectoral de la armadura tembl� cuando la risa contenida durante a�os brot� en oleadas irreprimibles. Se volvi� hacia la hilera de consejeros, y ri�, ri�, ri� hasta que se le saltaron las l�grimas.</p><p>Se ri� de su manera de levantarse, todos confusos y con cara de dignidad ultrajada.</p><p>Se ri� del mundo, del bien y del mal.</p><p>Se ri�, se ri�, se ri� hasta que se le saltaron las l�grimas.</p><p>Nobby se acerc� de nuevo al o�do de Colon.</p><p>�Ya te lo dije �sise�. Te dije que no colar�a. Sab�a que pedir un juego de dardos era pasarse. Ahora se han enfadado con nosotros.</p><empty-line/><p>Queridos padres [escribi� Zanahoria], no os lo vais a creer, pero s�lo llevo en la Guardia unas pocas semanas, y ya soy un agente de pleno derecho, no un aprendiz. El capit�n Vimes dice que el patricio en persona pidi� que me ascendieran, y tambi�n que esperaba que tuviera una larga trayectoria llena de �xitos en la guardia, que �l seguir�a con especial inter�s. Adem�s me han subido el sueldo diez d�lares y tambi�n hemos recibido una paga extra de veinte d�lares que el capit�n Vimes pag� de su bolsillo, me lo ha dicho el sargento Colon. Te adjunto el dinero. Me he guardado un poco porque fui a ver a Reet y la se�ora Palma me dijo que todas las chicas hab�an estado siguiendo mi trayectoria tambi�n con Gran Inter�s, y voy a ir a cenar con ellas en mi noche libre. El sargento Colon me ha explicado c�mo se hace la corte, es muy interesante y no tan complicado como parece. Arrest� a un drag�n pero si-escap�. Espero que el se�or Varneshi est� bien.</p><p>Soy muy feliz, de verdad.</p><p>Vuestro hijo, Zanahoria.</p><empty-line/><p>Vimes llam� a la puerta.</p><p>Advirti� que se hab�a hecho todo un esfuerzo por adecentar la mansi�n de los Ramkin. El c�sped descuidado hab�a sido arrancado de ra�z. Un anciano estaba subido en una escalera, arreglando el estucado de las paredes, mientras que otro, con una paleta, defin�a bastante arbitrariamente la l�nea donde acababa el c�sped y hab�an empezado los antiguos lechos de flores.</p><p>Vimes se coloc� el casco bajo el brazo, se ech� el pelo hacia atr�s, y llam� a la puerta. Hab�a pensado en pedir al sargento Colon que lo acompa�ara, pero desech� la idea r�pidamente. No habr�a soportado las risitas. Adem�s, �de qu� ten�a miedo? Hab�a estado ante las fauces de la muerte tres veces. Cuatro, si contaba lo de mandar callar a lord Vetinari.</p><p>Para su sorpresa, le abri� la puerta un mayordomo tan viejo que parec�a que acabara de resucitarlo al llamar.</p><p>��S�, se�or? �pregunt�.</p><p>�Soy el capit�n Vimes, de la Guardia de la ciudad �respondi�.</p><p>El hombre lo examin� de arriba abajo.</p><p>�Oh, s� �asinti�. La se�ora me avis� de su llegada. Creo que la se�ora est� con sus dragones. Si quiere esperar aqu�, ir� a�</p><p>�Ya conozco el camino �replic� Vimes.</p><p>Ech� a andar por el sendero.</p><p>Los cobertizos estaban hechos un desastre. Los troncos y los cajones astillados estaban dispersos por todas partes. Unos pocos dragones de pantano silbaron en tono de saludo tristemente.</p><p>Un par de mujeres se mov�an entre las cajas. Eran damas, desde luego. Iban demasiado descuidadas como para ser simples mujeres. Ninguna mujer normal habr�a so�ado con dejarse ver tan desali�ada: para llevar ropas como aqu�llas hac�a falta la confianza absoluta que da saber qui�n fue el tatarabuelo de tu tatarabuelo. Y eran, como no pudo dejar de advertir Vimes, ropas de una calidad incre�ble, o al menos lo hab�an sido en el pasado; ropas compradas por los padres, pero tan caras y de tanta calidad que nunca se las pon�an, e iban pasando de mano en mano, como la porcelana antigua y las cuberter�as de plata maciza.</p><p>Criadoras de dragones, pens�. Se nota a la legua. Tienen un algo especial. Es esa manera de llevar los pa�uelos de seda, las viejas chaquetas de mezclilla y las botas de montar de su abuelo. Y ese olor, claro.</p><p>Una mujer menuda, con un rostro que parec�a de cuero curtido, clav� la vista en �l.</p><p>�Ah �dijo�, usted debe de ser el valeroso capit�n. �Se remeti� un mech�n de pelo blanco bajo el pa�uelo de la cabeza, y extendi� una morena manecita surcada de venas�. Soy Brenda Rodley. Esa de ah� es Rosie Devant-Molei. Dirige el refugio para dragones, �sabe?</p><p>La otra mujer, que ten�a aspecto de poder levantar un carromato con una mano y cambiarle las ruedas con la otra, le dirigi� una amable sonrisa.</p><p>�Samuel Vimes �dijo Vimes d�bilmente.</p><p>�Mi padre tambi�n se llamaba Sam �asinti� Brenda�. �l dec�a que siempre se puede confiar en un Sam.�Hizo unos gestos a un drag�n para que volviera a su caja�. Estamos echando una mano a Sybil. Como viejas amigas, ya sabe. Su colecci�n est� dispersa, los peque�os monstruitos se han escapado por toda la ciudad. Pero seguro que vuelven en cuanto tengan hambre. Qu� estirpe, �eh?</p><p>��Perd�n?</p><p>�Sybil cree que fue una especie de mutaci�n, pero seguro que en dos o tres generaciones recuperamos la l�nea gen�tica. Mis t�cnicas son famosas, �sabe? �dijo�. Ser�a incre�ble. Toda una nueva subespecie de dragones.</p><p>Vimes imagin� cientos de balas blancas surcando los cielos.</p><p>�Eh� s�.</p><p>�Bueno, tenemos que seguir.</p><p>�Disculpe, �no est� lady Ramkin por aqu�? �pregunt� Vimes�. He recibido un mensaje que dec�a que era esencial que viniera urgentemente.</p><p>�Est� ah� dentro, no s� d�nde �dijo la se�orita Rodley�. Me parece que ten�a que hacer algo importante. �Oh, Rose, tontaina, ten cuidado con eso!</p><p>��Algo m�s importante que los dragones? �se extra�� Vimes.</p><p>�S�. No me imagino qu� podr� ser. �Brenda Rodley rebusc� en el bolsillo de su gigantesca chaqueta�. Encantada de haberlo conocido, capit�n. Siempre es grato conocer a nuestros valientes defensores de la ley. Pase a visitarme si alguna vez va por all�. Me encantar� ense�arle las instalaciones. �Extrajo una arrugada tarjeta y se la puso en la mano�. Tenemos que marcharnos, nos hemos enterado de que algunos de esos bichejos est�n intentando construir nidos en la torre de la Universidad. Eso no podemos consentirlo. Tenemos que bajarlos de all� antes de que oscurezca.</p><p>Vimes mir� la tarjeta mientras la mujer echaba a andar por el sendero, cargada de redes y cuerdas.</p><p>Dec�a: <emphasis>Brenda, lady Rodley. Gasa Dower, Castillo de Quirm, Quirm. </emphasis>Se dio cuenta de que eso significaba que la que bajaba por el sendero con ropas impresentables era la duquesa de Quirm, due�a de m�s tierras de las que se pod�a ver desde lo alto de una monta�a en un d�a muy claro. Nobby no lo habr�a aprobado. Al parecer, hab�a una clase especial de pobreza que s�lo los muy, muy ricos, pod�an permitirse.</p><p>As� era como se consegu�a el poder aut�ntico: lo �nico que hac�a falta era no pretenderlo, y nunca, nunca estar inseguro acerca de nada.</p><p>Volvi� a la casa. Hab�a una puerta abierta. Daba a un vest�bulo oscuro y con olor a cerrado. Arriba, en la penumbra, las cabezas de animales muertos poblaban las paredes. Al parecer los Ramkin hab�an puesto en peligro de extinci�n a m�s especies que la Era Glaciar.</p><p>Vimes camin� sin rumbo hasta llegar a un gran arco de caoba.</p><p>Era un comedor, en cuyo centro se encontraba una de esas mesas en las que los ocupantes de los extremos<emphasis>, </emphasis>se hallan en franjas horarias diferentes. Uno de los extremos estaba colonizado por candelabros de plata.</p><p>Hab�a un servicio para dos. Junto a cada plato se alineaba toda una bater�a de cubiertos. Los candelabros arrancaban destellos de las antiguas copas de vino.</p><p>En aquel momento, una terrible premonici�n se apoder� de Vimes cuando lo invadi� una vaharada de <emphasis>Seducci�n, </emphasis>el perfume m�s caro que se pod�a comprar en Ankh-Morpork.</p><p>�Ah, capit�n. Qu� amable ha sido al venir.</p><p>Vimes se volvi� muy despacio, sin que sus pies parecieran moverse.</p><p>Lady Ramkin se ergu�a all�, magn�fica, impresionante.</p><p>Vimes fue vagamente consciente de que llevaba un brillante vestido azul que brillaba a la luz de los candelabros. La peluca era una masa de rizos casta�os, y el rostro una m�scara de ansiedad que suger�a que todo un batall�n de h�biles pintores y decoradores acababan de desmantelar sus andamios. Un tenue crujido indicaba que, bajo las capas de tela, el cors� estaba sufriendo las presiones que s�lo se suelen encontrar en el coraz�n de estrellas muy grandes.</p><p>�Yo, eh� �tartamude�. Si me hubiera, eh�, si me hubiera dicho, eh� Me habr�a vestido de manera m�s apropiada, eh� Extremadamente� Muy�</p><p>La mujer se cerni� sobre �l como una deslumbrante gr�a.</p><p>En una especie de enso�aci�n, Vimes se dej� guiar hasta un asiento. Debi� de comer, porque los criados aparec�an de la nada con cosas rellenas de otras cosas, y luego regresaban para llevarse los platos. El mayordomo se reanimaba de cuando en cuando para llenar las copas de extra�os vinos. El calor de las velas habr�a bastado para cocinar. Y lady Ramkin no dej� de hablar constantemente� sobre el tama�o de la casa, las responsabilidades de una hacienda tan grande, la sensaci�n de que ya era hora de tomarse M�s en Serio su Posici�n en la Sociedad, mientras el sol poniente te��a la habitaci�n de rojo y a Vimes le empezaba a dar vueltas la cabeza.</p><p>La sociedad, consigui� pensar, no sab�a lo que estaba a punto de caerle encima. Los dragones no fueron mencionados ni una sola vez, aunque, a media cena, algo puso la cabeza en la rodilla de Vimes y empez� a babear.</p><p>No encontr� momento para intervenir en la conversaci�n. Estaba superado�por todos los flancos, derrotado antes de empezar. Hizo un solo intento de alcanzar terrenos m�s elevados, desde los cuales huir.</p><p>��Adonde cree que han ido? �pregunt�.</p><p>��Qui�n? �respondi� lady Ramkin, deteni�ndose por un momento.</p><p>�Los dragones. Ya sabe. Errol y su espo� y su pareja.</p><p>�Ah, a cualquier lugar rocoso y aislado, supongo �dijo la dama�. Es el lugar favorito de los dragones.</p><p>�Pero�, pero ella es una criatura m�gica �se�al� Vimes�. �Qu� suceder� cuando la magia se acabe? Lady Ramkin le dirigi� una sonrisa t�mida.</p><p>�La mayor�a de la gente se las arregla muy bien �dijo.</p><p>Extendi� la mano por encima de la mesa para tocar la del capit�n.</p><p>�Sus hombres creen que usted necesita alguien que le cuide �dijo.</p><p>�Ah, �s�?</p><p>�El sargento Colon me dijo que opinaba que nos llevar�amos como una <emphasis>maison en Flambe.</emphasis></p><p>�Ah, �s�?</p><p>�Y me dijo otra cosa �sigui� la dama�. �C�mo era exactamente? Ah, s� �Es una posibilidad entre un mill�n, pero puede funcionar�, me parece que fueron sus palabras exactas.</p><p>Lady Ramkin le sonri�.</p><p>Y entonces, de repente, Vimes se dio cuenta de- que-, en su categor�a especial, era hermosa; se trataba de la misma categor�a especial a la que pertenec�an todas las mujeres que se hab�an tomado la molestia de sonre�rle. Ella no pod�a hacerlo peor, pero claro, �l no pod�a hacerlo mejor. Quiz� hubiera una especie de equilibrio. Ya no era joven, pero �acaso era joven �l? Y ten�a clase, dinero, sentido com�n y seguridad en s� misma, todas las cosas de las que �l carec�a. Y ella le hab�a abierto su coraz�n: si se lo permit�a, lo podr�a envolver con �l. Aquella mujer era una ciudad.</p><p>Al final, bajo asedio, uno acababa por hacer lo que siempre hab�a hecho Ankh-Morpork: abrir las puertas, dejar entrar a los invasores e integrarse con ellos.</p><p>�Por d�nde empezar? La dama parec�a esperar algo.</p><p>Vimes se encogi� de hombros, cogi� la copa tic vino y busc� una frase adecuada.</p><p>�Va por ti, nena �fue lo primero que se le ocurr�o.</p><p>Los gongs de los templos dieron la medianoche.</p><p>(Y muy lejos, cerca del Eje, donde las Monta�as del Carnero se un�an a los imponentes picos del sistema central, donde extra�as criaturas peludas recorr�an las nieves perennes, donde las tempestades aullaban entre las cumbres, las luces de un lamasterio se apagaron. En el patio, un par de monjes con t�nicas amarillas cargaron la �ltima caja de botellitas verdes en un trineo para la primera parte del viaje incre�blemente dif�cil que har�an hasta las lejanas llanuras. La etiqueta de la caja dec�a, �Sr. Y.V.A.L.R. Escurridizo, Ankh-Morpork�.</p><p>��Sabes, Lobsang? �dijo uno de ellos�, no me puedo imaginar qu� hace con esto.)</p><empty-line/><p>El cabo Nobbs y el sargento Colon descansaban contra un muro entre las sombras cerca del Tambor Remendado, pero se irguieron cuando sali� Zanahoria con una bandeja. Detritus, el troll, le cedi� el paso respetuosamente.</p><p>�Aqu� ten�is, muchachos �dijo el joven�. Tres jarras de cerveza. Invita la casa.</p><p>�De maravilla, nunca pens� que lo lograras �respondi� Colon al tiempo que cog�a una por el asa�. �C�mo lo has convencido?</p><p>�S�lo tuve que explicarle que el deber de todos los buenos ciudadanos es ayudar a la guardia en cualquier momento �explic� Zanahoria con inocencia�. Y le di las gracias por su cooperaci�n.</p><p>�S�, y todo lo dem�s �se burl� Nobby.</p><p>�No, eso fue todo lo que le dije.</p><p>�Pues debes de tener un tono de voz muy convincente.</p><p>�Ah. Bueno, muchachos, disfrutad mientras dure �indic� Colon.</p><p>Bebieron con gesto pensativo. Era un momento de paz suprema, unos pocos minutos arrebatados a las realidades de la vida real. Era un mordisco a la fruta robada, y como tal lo disfrutaron. En toda la ciudad no parecia haber nadie peleando, apu�alando o armando broncas, y por el momento casi pod�an imaginar que aquella maravillosa situaci�n durar�a cierto tiempo.</p><p>Aunque no fuera as�, siempre les quedaban los recuerdos agradables. Recuerdos de correr y que la gente se apartara a su paso. Recuerdos de las expresiones horrorizadas de los guardias de palacio. Recuerdos de hab�an triunfado all� donde hab�an fracasado ladrones, h�roes y dioses. Recuerdos de haber hecho las cosas casi bien Nobby dej� la jarra en la repisa de una ventana, dando unas pataditas al suelo para que los pies le entraran en calor, y se ech� aliento a los dedos. S�lo tuvo que buscar unos instantes detr�s de su oreja para dar con un fragmento de cigarrillo.</p><p>�Qu� d�as, �eh? �suspir� Colon satisfecho, mientras la llama de una cerilla los iluminaba a los tres.</p><p>Los otros asintieron. El d�a anterior parec�a haber transcurrido un siglo antes. Pero cosas como aqu�llas no se pod�an olvidar, sucediera lo que sucediera en adelante.</p><p>�No quiero volver a ver un jodido rey en lo que me queda de vida �dijo Nobby.</p><p>�La verdad, no creo que fuera un rey �replic� Zanahoria.</p><p>�Ya no quedan reyes de verdad �dijo Colon, sin lamentarlo demasiado.</p><p>Diez d�lares m�s al mes estaban cambiando su vida. La se�ora Colon se comportaba de manera muy diferente con un hombre capaz de aportar al hogar diez d�lares m�s al mes. Las notas que le dejaba en la mesa de la cocina eran mucho m�s cari�osas.</p><p>�No, pero lo que quiero decir es que no hay nada de raro en tener una espada antigua �indic� Zanahoria�. Ni una marca de nacimiento. Yo mismo tengo una marca de nacimiento en el brazo.</p><p>�Mi hermano tambi�n tiene una �aport� Colon�. Parece un barco.</p><p>�La m�a parece m�s bien una corona �dijo Zanahoria.</p><p>�Ah, claro, y por eso eres un rey �sonri� Nobby�. Es evidente.</p><p>�No veo por qu�. Mi hermano no es almirante �razon� Colon.</p><p>�Y tambi�n tengo esta espada �sigui� el muchacho.</p><p>La desenfund�. Colon la cogi� de entre sus manos y la examin� a la luz que sal�a por la puerta del Tambor. La hoja era roma y corta, estaba mellada como una sierra. Parec�a muy bien hecha, y quiz� en el pasado hubiera lucido una inscripci�n, pero ahora el uso la hab�a vuelto indescifrable.</p><p>�Bonita espada �dijo, pensativo�. Tiene buen equilibrio.</p><p>�Pero no es una espada de rey �replic� Zanahoria�. Las espadas de los reyes son brillantes, m�gicas, tienen piedras preciosas y cuando las sostienes en alto reflejan la luz, <emphasis>ting.</emphasis></p><p><emphasis>�Ting �</emphasis>asinti� Colon�. S�. Supongo que s�.</p><p>�Lo que quiero decir, es que no se puede ir por ah� dando tronos a la gente s�lo por cosas como �sas �sigui� el muchacho�. Eso es lo que dijo el capit�n Vimes.</p><p>�Pero lo de ser rey es un buen empleo �indic� Nobby�. Se trabaja pocas horas.</p><p>��Mmm?</p><p>Por unos momentos, Colon se hab�a perdido en un peque�o mundo de especulaciones. Los reyes de verdad ten�an espadas brillantes, obviamente. Pero, pero, pero quiz� los reyes de verdad, en el pasado, prefer�an las espadas que no se andar�n con zarandajas de luces, sino que fueran condenadamente eficaces cortando cosas. Pero no era nada m�s que una idea.</p><p>�Dec�a que ser rey es un buen empleo, que se trabaja pocas horas �repiti� Nobby.</p><p>�S�, s�, pero tambi�n se vive pocos a�os �se�al� el sargento.</p><p>Mir� pensativo a Zanahoria.</p><p>�Ah. Claro, eso es verdad.</p><p>�En cualquier caso, mi padre dice que ser rey es un trabajo muy duro �intervino el muchacho�. Hay que supervisar montones de cosas. �Se acab� la cerveza�. No es un trabajo para gente como nosotros. Nosotros� �Alz� la vista con orgullo�. Nosotros somos guardias. �Te encuentras bien, sargento?</p><p>��Eh? �Qu�? Oh. S�.</p><p>Colon se encogi� de hombros. Al fin y al cabo, �qu� importaba? Quiz� las cosas se hubieran resuelto de la manera m�s conveniente. Apur� la jarra de cerveza.</p><p>�Ser� mejor que nos vayamos �dijo�. �Qu� hora es?</p><p>�Las doce en punto �contest� Zanahoria.</p><p>��Algo m�s?</p><p>El muchacho pens� un instante.</p><p>��Y sereno? �aventur�.</p><p>�Exacto. S�lo estaba haciendo una prueba.</p><p>��Sabes una cosa? �dijo Nobby�. Tal como t� lo dices, chico, uno casi se podr�a creer que es verdad.</p><empty-line/><p>Contemplemos la escena desde lejos, cada vez desde m�s lejos.</p><p>Esto es el Disco, mundo y espejo de mundos, que viaja por el espacio sobre los lomos de cuatro elefantes gigantescos, de pie a su vez sobre el caparaz�n de Gran A�Tuin, la Tortuga Celestial. Por toda la Periferia de este mundo, el oc�ano se derrama incesantemente hacia la noche. En su eje se alza la pica del Cori Celesti, en cuyas brillantes alturas los dioses juegan con los destinos de los hombres�</p><p>� aunque no se sabe cu�les son las reglas.</p><p>En un extremo del Disco, empezaba a salir el sol. La luz de la ma�ana fluy� por el puzzle de mares y continentes, pero muy despacio, porque la luz se demora cuando se encuentra con un campo de magia.</p><p>En el otro extremo, donde la vieja luz del ocaso apenas hab�a tenido tiempo de desaparecer de los valles m�s profundos, dos motas, una peque�a y otra grande, salieron volando de entre las sombras, planearon sobre las cataratas de la periferia, y se adentraron con decisi�n en las estrelladas profundidades del espacio.</p><p>Quiz� la magia perdurar�a. Quiz� no. Pero �acaso hay algo que dure para siempre?</p></section></body><body name="notes"><title><p>Notas</p></title><section id="n_1"><title><p>1</p></title><p>Todo esto era falso. La verdad es que hasta las colecciones grandes de libros normales distorsionan el espacio, como se puede comprobar f�cilmente entrando en cualquier librer�a de viejo, de esas que parecen dise�adas por M. Escher en un d�a malo y tienen m�s escaleras que estanter�as, con esas hileras de baldas que conducen a puertecitas diminutas, obviamente demasiado peque�as para <strong>que </strong>pase un ser humano. Cient�ficamente hablando, la ecuaci�n es la siguiente: Conocimiento = poder = energ�a = materia = masa; una buena librer�a es, en realidad, un discreto agujero negro que <strong>sabe leer.</strong></p></section><section id="n_2"><title><p>2</p></title><p>Seg�n el <emphasis>Diccionario de las palabras desternillantes, </emphasis>una lipasa es un �biocatalizador o enzima org�nica del grupo de las hidrolasas�. Al Gran Maestro Supremo le hubiera servido de gran ayuda este diccionario cuando se sent� a redactar los juramentos de la sociedad, ya que incluye otras palabras como osazonas (�compuestos caracterizados por el grupo divalente H2N.N:C.C:N.NH2�), chiscarra (�roca caliza de poca coherencia que se divide f�cilmente en fragmentos peque�os�) o pendolista (�persona de buena letra�).</p></section><section id="n_3"><title><p>3</p></title><p>Al decir �enanos�, se habla de ambos sexos. Todos los enanos tienen barba y visten unas doce prendas, unas sobre otras. El sexo es m�s o menos opcional.</p></section><section id="n_4"><title><p>4</p></title><p>Alrededor de los cincuenta y cinco a�os.</p></section><section id="n_5"><title><p>5</p></title><p>Literalmente, <emphasis>dezka-knik, </emphasis>�supervisor de la mina�.</p></section><section id="n_6"><title><p>6</p></title><p>Una de las m�s notables innovaciones introducidas por el patricio fue hacer que el Gremio de Ladrones fuera responsable de todo robo, con presupuesto y cuota anual, planificaci�n previa y, sobre todo, una fuerte protecci�n contra el intrusismo profesional. As�, a cambio de un nivel de crimen anual concertado, los mismos ladrones se encargaban de que sobre el crimen no autorizado cayera todo el peso de la injusticia, generalmente en forma de garrote con clavos en la punta.</p></section><section id="n_7"><title><p>7</p></title><p>Literalmente, ��Hola! �Hola! �Qu� es lo que est� pasando aqu� (en este lugar)?�.</p></section><section id="n_8"><title><p>8</p></title><p>�Oye, chato (literalmente, la nariz de aquel que tras haberse ca�do de bruces en la mina guarda reposo en el fondo de su caverna), no quiero partirle la cara a nadie, as� que si t� juegas B�tduz�<a l:href="#n_21" type="note">[21]</a> conmigo, yo juego B�tduz contigo, �okey?<a l:href="#n_22" type="note">[22]</a>�.</p></section><section id="n_9"><title><p>9</p></title><p>�Buenas noches.� (Literalmente, �Saludos a todos los presentes al concluir el d�a�.)</p></section><section id="n_10"><title><p>10</p></title><p>Como un mat�n, pero los trolls son m�s brutos.</p></section><section id="n_11"><title><p>11</p></title><p>Menos a los actores mimos. Era una aversi�n extra�a, pero son cosas que pasan. Cualquiera vestido con pantalones amplios y rostro blanco que intentara poner en pr�ctica su arte entre los derruidos muros de Ankh-Morpork, pod�a encontrarse muy pronto en un pozo de escorpiones, en uno de cuyos muros se le�a el consejo: APRENDE A HABLAR.</p></section><section id="n_12"><title><p>12</p></title><p>En cambio, por supuesto, era partidario de la crueldad necesaria.</p></section><section id="n_13"><title><p>13</p></title><p>S�lo hasta la tercera nidada, claro. Despu�s de eso, son pozas.</p></section><section id="n_14"><title><p>14</p></title><p>El patricio hab�a �legalizado al Gremio de Bomberos el a�o anterior, tras multitud de quejas. La cuesti�n era que, si firmabas un contrato y pagabas tu cuota al Gremio, tu casa quedaba protegida contra incendios. Por desgracia, la �tica general de Ankh-Morpork se adue�� de la situaci�n, y los bomberos sol�an visitar en grupos las casas de los posibles clientes, haciendo en voz alta comentarios como �Este lugar parece muy inflamable� y �Seguro que arde como la paja con una simple cerilla de alg�n descuidado, no s� si me entiendes�.</p></section><section id="n_15"><title><p>15</p></title><p>Hasta en las turbas hay intelectuales.</p></section><section id="n_16"><title><p>16</p></title><p>El dicho �Para atrapar a un ladr�n, lo mejor es otro ladr�n� hab�a sustituido, despu�s de m�ltiples quejas del Gremio de Ladrones, a otro proverbio mucho m�s antiguo y quintaesencialmente ankhmorporkiano, que dec�a �Para atrapar a un ladr�n, cava un agujero bien hondo y pon en el fondo estacas afiladas, minas explosivas, cuchillas giradoras propulsadas por agua, cristales rotos y escorpiones�.</p></section><section id="n_17"><title><p>17</p></title><p>Triduos: pr�ctica religiosa breve e innecesaria que llevan a cabo diariamente los Santos Derviches Equilibradores de Otroz, seg�n el <emphasis>Diccionario de las palabras desternillantes.</emphasis></p></section><section id="n_18"><title><p>18</p></title><p>Como el pur� de guisantes, s�lo que m�s espesa, m�s pegajosa, y habitada por cosas de las que es mejor no hablar.</p></section><section id="n_19"><title><p>19</p></title><p>Las tres normas de los Bibliotecarios del Espaciotiempo son: 1) silencio; 2) devolver el libro en la fecha indicada; y 3) no interferir con la naturaleza de la causalidad.</p></section><section id="n_20"><title><p>20</p></title><p>Un buen n�mero de las religiones de Ankh-Morpork segu�an practicando los sacrificios humanos, aunque la verdad es que ya no necesitaban practicarlos, porque se les daban muy bien. Las leyes de la ciudad dec�an que s�lo se pod�a utilizar a criminales condenados, pero eso no ten�a mayor importancia, porque en la mayor�a de las religiones el negarse a presentarse voluntario para el sacrificio era un crimen castigado con la muerte.</p></section><section id="n_21"><title><p>21</p></title><p>Juego popular de los enanos, en el que todos los participantes est�n de pie, separan las piernas ligeramente y se lanzan grandes piedras unos a otros, apuntando a la cabeza.</p></section><section id="n_22"><title><p>22</p></title><p>Literalmente, ��Me he explicado bien?�.</p></section></body><binary id="cover" 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