<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>detective</genre><author><first-name>Janet</first-name><last-name>Evanovich</last-name></author><book-title>Amor Comprado</book-title><annotation><p>Hank Mallone ten�a un pasado turbulento. Casarse con Maggie Toone era parte de un plan para mostrar a su padre -presidente de un banco- que hab�a decidido sentar cabeza y conseguir el pr�stamo que se negaba a concederle. Maggie se hab�a sentido demasiado intrigada por la propuesta como para rechazarla� y demasiado ansiosa por escapar de una vida poco feliz.</p><p>Ambos convinieron en que la relaci�n ser�a estrictamente comercial. Sin embargo, a su lado, Maggie se convirti� en un ser tan atractivo, simp�tico e irresistible, que Hank no pudo evitar enamorarse perdidamente de ella.</p><p>Hab�a querido comprar una esposa por un tiempo. Y ahora temblaba ante la posibilidad de perderla para siempre�</p></annotation><date/><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang></title-info><document-info><author><first-name/><last-name/></author><program-used>Fiction Book Designer, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2011-11-24">24.11.2011</date><src-url/><src-ocr/><id>FBD-215CED-9D1E-6747-A3BF-5B9F-0B85-0B497E</id><version>1.0</version></document-info><publish-info/></description><body><image l:href="#cover"/><title><p>Janet Evanovich</p><empty-line/><p>Amor Comprado</p></title><section><p>Wife for hire</p></section><section><title><p>CAP�TULO 1</p></title><p>A fines de siglo, la empresa Bigmount Brick contrat� a inmigrantes reci�n llegados de Europa oriental, para trabajar en las minas de arcilla de Nueva Jersey. Instalados en Bigmount, ciudad donde la compa��a ten�a su sede, y en otro pueblo aleda�o, llamado Riverside, construyeron modestas casas de ladrillos y de madera sobre lotes peque�os. Mantuvieron impecables las calles y las ventanas de sus viviendas; construyeron bares en cada esquina y distrajeron parte de su tiempo y de su dinero para edificar sus iglesias.</p><p>Cinco generaciones despu�s, la poblaci�n se hab�a americanizado hasta cierto punto, pero Riverside segu�a siendo un pueblo obrero de ventanas limpias. Las mujeres rusas ortodoxas conservaban siempre la costumbre de llevar el pan a la iglesia para ser bendecido, y las bodas todav�a se celebraban en el Sal�n Nacional Polaco.</p><p>Desde su infancia, Maggie Toone siempre hab�a so�ado con festejar la suya en el Sal�n Nacional Polaco. Si bien el club campestre de Jarnesburg era mucho m�s bonito y en la zona hab�a varios restaurantes m�s c�modos, el Sal�n Nacional Polaco contaba con una pista de baile encerada muy pulida, aunque bastante polvorienta, que susurraba con las melod�as suaves y retumbaba como un coraz�n agitado cada vez que las en�rgicas mujeres sal�an a bailar la polca. Era un lugar ideal para bodas, fiestas navide�as y aniversarios de plata; que formaba parte de la ni�ez de Maggie tanto como las trenzas, la sopa crema de tomates y el bullicio del tren de carga que despertaba al pueblo a medianoche.</p><p>Con el paso de los a�os, el Sal�n no perdi� para Maggie ninguno de sus encantos. Pero no pod�a decirse lo mismo respecto del matrimonio. Y no porque ella se opusiera a esa instituci�n, sino porque no ten�a el tiempo necesario para procur�rselo. Encontrar un marido era como padecer de tort�colis, especialmente en esos momentos en que su vida estaba en una encrucijada.</p><p>Sentada a la cabecera de la mesa del picnic, con los ojos fijos en el pastel de chocolate, Maggie dej� escapar un gemido ahogado. Julio reci�n empezaba y la temperatura ya ascend�a a casi treinta y tres grados. Las veintisiete velitas, m�s una para la buena suerte, convert�an el pastel en una hoguera; la cobertura de claras de huevo y az�car comenzaba a derretirse. La cera fundida de las velas resbalaba por la superficie del pastel en tibias corrientes rojas, amarillas y azules que se derramaban por los costados formando peque�as lagunas sobre la fuente que lo conten�a. Por lo general, a Maggie le encantaban las fiestas de cumplea�os, sobre todo si eran en su honor. Pero ese d�a en particular ten�a demasiadas cosas en qu� pensar. De modo que, inspir� profundamente y sopl� las velitas sin mucha ceremonia.</p><p><strong>��</strong>�No es hermoso? -dijo Mabel, la madre de Maggie<strong>-</strong>. Un d�a perfecto para un picnic de cumplea�os <strong>-</strong>La mujer hab�a comprado unos panecillos en la panader�a de la calle Ferry. Hab�a preparado ensalada de at�n, huevos rellenos y hasta hab�a cortado los rabanitos en forma de flores<strong>-</strong>. �Has formulado alg�n deseo, querida?</p><p><strong>��</strong>S�. Lo hice.</p><p><strong>��</strong>No habr�s pedido ninguna locura, �verdad?</p><p>Maggie sinti� que el ojo empezaba a latirle. Puso el dedo sobre el p�rpado para detener el tic y respondi� a su madre.</p><p><strong>��</strong>Por supuesto que mi deseo fue una locura. Jam�s lo decepcionar�a. Ni a t�a Marvina <strong>-</strong>Sonri� porque aqu�lla era una tradicional broma familiar. Su madre y t�a Marvina elevaron los ojos al cielo y suspiraron con gesto c�mplice, rito que repet�an invariablemente cada vez que Maggie bromeaba sobre sus locuras.</p><p>Era una ni�a conflictiva. Siempre lo hab�a sido y siempre lo ser�a. Aunque ese d�a cumpliera veintisiete a�os, nunca dejar�a de ser una constante frustraci�n para su familia, un trastorno para su ostentoso abuelo irland�s -el �nico irland�s en Riverside.</p><p>��Veintisiete a�os -dijo t�a Marvina-. �C�mo pasa el tiempo! Recuerdo todav�a cuando era una beba.</p><p>Mabel cort� el pastel.</p><p>��Incluso desde beb� fue muy independiente.</p><p>��Se negaba a comer arvejas -evoc� t�a Marvina-. �Te acuerdas?</p><p>Mabel mene� la cabeza.</p><p>��Lo de las arvejas es como una constante. No importa lo que le convenga, ella siempre har� lo que quiera.</p><p>T�a Marvina agit� su tenedor en el aire.</p><p>��Cuando Maggie ten�a nueve a�os, dije que jam�s se casar�a. �Era tan marimacho! �No ten�a raz�n? Dime �no ten�a raz�n?</p><p>��S�, ten�as raz�n. Debi� haberse casado con Larry Burlew, ese muchacho tan agradable. O con Jimmy Molnar. �se tambi�n se habr�a casado con ella -Mabel mir� fijo a su hija, que estaba sirvi�ndose caf� en la otra punta de la mesa -Ahora se le ha ocurrido renunciar a su empleo. �De qu� va a vivir, sin hombre y sin trabajo? Seis a�os de universidad. Un doctorado. �Para qu�? Dos a�os de docencia tirados a la basura.</p><p>El ojo de Maggie lat�a peor que nunca. Pens� que hab�a pasado demasiadas tardes con su madre y con t�a Marvina. Si escuchaba esa historia de las arvejas una vez m�s, se pondr�a a gritar como una loca. Y Larry Burlew era un baboso. Antes que casarse con �l, prefer�a enrolarse en la Legi�n Extranjera.</p><p>��Siempre ha sido muy obstinada -dijo Mabel-. Cuando se le mete una idea en la cabeza, no hay Cristo que se la quite. Entonces, dime -continu�, dirigi�ndose a su hija-. Dime porqu� no vas a seguir ense�ando este a�o.</p><p>Maggie se sirvi� una segunda porci�n de pastel.</p><p>��Voy a escribir un libro -contest�, levantando con el dedo la cera derretida de la vela, que se hab�a derramado sobre la cobertura del pastel-. Voy a escribir un libro basado en el diario de t�a Kitty.</p><p>Otra vez, Mabel y t�a Marvina alzaron los ojos al cielo.</p><p>��Esto es una locura -declar� t�a Marvina-. �De qu� vas a vivir? �C�mo har�s para pagar el alquiler?</p><p>��Estoy buscando un empleo que no sea tan exigente como la docencia. Tal vez un trabajo de media jornada, que me permita pasar la mayor parte del d�a escribiendo. De hecho, esta misma tarde tengo una entrevista.</p><p>Contempl� azorada su plato vac�o, pregunt�ndose c�mo hab�a hecho para devorarse esa segunda porci�n tan gigantesca. Hasta la cera de las velas hab�a desaparecido. Hizo sonar los nudillos de los dedos y carraspe�. Ten�a una curiosidad: �se dar�an cuenta si se serv�a una tercera porci�n?</p><p>���Qu� clase de empleo es? -pregunt� Mabel.</p><p>��Ser� un libro maravilloso -contest� Maggie-. El diario de t�a Kitty contiene mucha informaci�n�</p><p>Su madre no estaba dispuesta a permitir que le cambiara el tema.</p><p>��Te he preguntado por el puesto. �Qu� clase de trabajo es?</p><p>��Este almuerzo ha sido una excelente fiesta de cumplea�os. El pastel estuvo estupendo, pero debo irme de inmediato -Ya se hab�a puesto de pie. Ten�a el bolso colgado del hombro y los regalos apretados bajo el brazo. Bes� a su madre y dio un abrazo a su t�a.</p><p>��El empleo -insisti� la madre.</p><p>Maggie empez� a caminar rumbo a su auto.</p><p>��Nada de qu� preocuparse. Un hombre desea alquilar una esposa y yo debo reunirme con �l a las tres y media para tomar un caf� -Maggie ocup� su sitio al volante, cerr� la puerta abruptamente, la trab�, subi� la ventanilla y puso el acondicionador de aire al m�ximo. Insert� de un golpe un casete en la grabadora y volvi� la cabeza para mirar a su madre y a su t�a Marvina. Las vio articular los labios, pero no pudo descifrar ni una palabra de lo que dec�an. Se qued� observ�ndolas unos momentos mientras su tensi�n se disipaba. S�, hasta el tic se le hab�a aliviado. Sonri� con amabilidad y agit� la mano en el aire a modo de despedida. Con ese gesto, abandon� la casa.</p><p>Maggie pens� que deb�a proponerse firmemente dejar de beber tanto caf�. El coraz�n le lat�a a un ritmo tan vertiginoso que parec�a golpearse contra el pecho. Prefiri� no atribuir esa reacci�n al aspecto del hombre sentado frente a ella, dolorosamente apuesto. Tampoco quiso relacionarla con su voz suave y sensual, ni con sus c�lidos ojos color chocolate. Sin duda la causa estaba en la cafe�na. Demasiada. As� de simple. Apart� el pocillo para evitar la tentaci�n de otro sorbo, pero como la buena voluntad no era uno de sus atributos m�s descollantes, volvi� a acerc�rselo y bebi� un buen trago. Ahora que se hab�a decidido a asumir el rol de esposa, pens� esperanzada en el Sal�n Nacional Polaco.</p><p>���Cree que deber�amos organizar una fiesta? -pregunt� a Hank Mallone-. �Le parece bien una recepci�n despu�s de la boda?</p><p>El rostro de Mallone reflej� una expresi�n de aut�ntico espanto. Apenas si pod�a pagarse la hamburguesa que ten�a frente a s� como para so�ar con la descabellada idea de una fiesta de bodas. No ten�a ning�n par de zapatos negros; odiaba la pompa y las ceremonias; no sab�a bailar y, por sobre todas las cosas, Maggie Toone no reun�a ni remotamente los requisitos que �l exig�a en una candidata a esposa.</p><p>��No -contest� sin rodeos-. No me parece bien que organicemos una fiesta de bodas.</p><p>Maggie mir� a su alrededor como al pasar. El restaurante no era horrendo, pero tampoco de lo mejor. Apenas superior a cualquier bar de comidas r�pidas. Las plantas que colgaban del cielo raso eran naturales y el piso estaba relativamente limpio. Decidi� que todo pod�a haber sido peor. El hombre pod�a haberla invitado a lo de Jake el Grasiento a comer salchichas con chili.</p><p>��Fue s�lo una idea -sonri� ella-. Me encantan las fiestas.</p><p>Sorprendido al advertir que le correspond�a la sonrisa, Hank se oblig� a endurecer su expresi�n al instante. Supuestamente estaban compartiendo un almuerzo de negocios. Hab�a citado a esa mujer para alquilarla como esposa y ten�a ideas bien concretas al respecto. Hab�a solicitado a la agencia que la candidata fuera una fr�a rubia de ojos azules y largos cabellos lacios recogidos en un rodete sobre la nuca. Su esposa ideal tendr�a que ser sofisticada y recatada; la anfitriona perfecta para lucir un traje sastre o un modesto vestido negro. En s�ntesis, deb�a ser una mujer que le provocara un rechazo absoluto.</p><p>Pero Maggie Toone no reun�a una sola de esas condiciones. Se trataba de una muchacha endiabladamente bonita, de cabellos rojizos que flameaban rebeldes en apretados ricitos. Ten�a la nariz respingada, penetrantes ojos verdes y pecas por todas partes; adem�s, unos cuantos cent�metros menos que la escultural esposa que �l hab�a encargado. Su voz era demasiado ronca; la risa, contagiosa por dem�s.</p><p>��Lo lamento, se�orita Toone -le dijo-, pero me temo que usted no es exactamente lo que busco.</p><p>���Y qu� es lo que busca?</p><p>��Una rubia.</p><p>��Puedo ser rubia.</p><p>��S�, pero yo quer�a una mujer m�s alta.</p><p>��Puedo ser m�s alta.</p><p>��No es nada personal -insisti� �l-. Si yo me hubiera lanzado al mercado a buscar una esposa de verdad, usted ser�a la primera de la lista. Pero desgraciadamente, no creo que sirva para esposa ficticia. Necesito alguien diferente.</p><p>Maggie se inclin� hacia adelante, apoyando un codo sobre la mesa.</p><p>��Se�or Mallone, no s� c�mo decirle esto, pero me contrata a m� o a nadie. Soy el �nico recurso de la agencia. Ninguna mujer se ha desquiciado a tal punto como para aceptar un trabajo de esposa e irse a vivir a los quintos infiernos de Vermont durante seis meses.</p><p>���Me est� tomando el pelo? Este es un empleo maravilloso. Vermont es muy bonito. Le ofrezco casa y comida y, adem�s, le queda el sueldo limpio. Hasta he contratado una mucama -La estudi� con detenimiento-. Si es un trabajo tan denigrante, �c�mo es que usted se ha postulado? �Cu�l es su problema?</p><p>La pregunta la confundi� un poco, ya que, en el fondo, a ella la angustiaba la misma inquietud. �Cu�l era su problema? �Por qu� jam�s estaba a gusto con los convencionalismos? T�a Marvina sosten�a que Maggie se la pasaba haciendo locuras para llamar la atenci�n. Pero Maggie sab�a que no era cierto. Nunca le hab�a interesado la atenci�n de los dem�s. Simplemente, su escala de prioridades era diferente. Dej� de lado sus dudas y, desafiante, alz� apenas la nariz.</p><p>��Soy profesora de ingl�s en la escuela secundaria y me he tomado una licencia de un a�o para escribir un libro. Vermont ser�a un lugar ideal para m� -Cualquier ciudad que estuviera a m�s de trescientos kil�metros de Riverside lo ser�a, pens�. Amaba a su madre y a su t�a Marvina, pero necesitaba alejarse de aquel peque�o pueblo de casas de ladrillos, calles sinuosas y minas de arcilla.</p><p>Examin� a Hank Mallone y se pregunt� si estar�a haciendo lo correcto. Ten�a el pelo oscuro, casi negro y un tanto largo para ser el magnate que ella esperaba. En la agencia de empleos le hab�an dicho que era presidente del directorio de Mallone Enterprises, aunque m�s bien parec�a un modelo de alguna publicidad de cerveza. Espesas cejas negras enmarcaban sus ojos, armonizando con el bronceado de su tez. La nariz era recta; la boca, tierna y sensual; su cuerpo, perfecto; hombros anchos, caderas estrechas y una masa muscular cuyo volumen superaba con creces las expectativas de cualquier ejecutivo.</p><p>��En la agencia de empleos me informaron que usted es presidente del directorio de Mallone Enterprises. �Es as�?</p><p>El rostro de Hank se encendi�.</p><p>��Me temo que han exagerado un poco las cosas. Soy propietario de los Manzanares Mallone y de una peque�a f�brica. En realidad, no es una f�brica. La llamamos as� porque en Skogen, Vermont, no existe ninguna f�brica aut�ntica. En realidad, s�lo se trata de un gran galp�n de metal corrugado, donde la se�ora Moyer y las mellizas Smullen preparan las tartas. Luego las vendemos en la tienda de ramos generales de Mam� Irma.</p><p>La idea de alquilar una esposa le hab�a parecido magn�fica el d�a anterior, cuando se puso en contacto con la agencia de empleos. Pero ahora que ten�a a la candidata frente a frente, Hank Mallone se sent�a como un reverendo idiota. Los hombres normales e inteligentes no salen por all� a alquilar esposas. �C�mo pod�a explicar su imperiosa necesidad de procurarse un c�nyuge de inmediato sin aparecer como un infeliz? Lo �ltimo que necesitaba era ponerse en rid�culo ante la dama que ten�a frente a s�. En un primer momento, su intenci�n fue contratar una mujer a la que pudiera ignorar f�cilmente, pero termin� con una bomba pecosa que lo incitaba a pensar en los arreglos de alcoba. Sus planes se desbarataban. Si se llevaba a Maggie Toone a casa, su vida se convertir�a en un infierno. Vagamente, consider� la posibilidad de consultar con otra agencia, pero sab�a que ya era demasiado tarde. Estaba atrapado. Ignoraba la raz�n exacta, pero ten�a plena conciencia de que era incapaz de negar algo a aquella versi�n adulta de la Huerfanita Annie. Si ella deseaba instalarse en Vermont para escribir su libro, Hank remover�a cielo y tierra para darle el gusto. Apret� los labios con expresi�n de contrariedad.</p><p>���Y bien? �Qu� me dice? �Todav�a quiere el empleo?</p><p>Maggie ya lo hab�a decidido, pero pens� que no le vendr�a nada mal torturarlo un poco.</p><p>��En la agencia me informaron que usted s�lo deseaba una mujer que estuviera en la casa y de vez en cuando hiciera de anfitriona. �Correcto?</p><p>��S�.</p><p>���No me pedir�a nada m�s?</p><p>��No.</p><p>Maggie le dirigi� una prolongada y pensativa mirada. Si ese hombre estaba tan desesperado por conseguir una esposa, �por qu� simplemente no sal�a a buscarla y se enamoraba de verdad? Era un tanto sospechoso.</p><p>���Qu� problema tiene usted? �Es� raro?</p><p>El color reaviv� las mejillas de Hank.</p><p>���No, Dios santo!, necesito una esposa s�lo por algunos meses -Se llev� una mano al cabello-. Quiero reinvertir en mi empresa para expandirla, pero todos los bancos locales se niegan a otorgarme cr�dito. Desconf�an de mi estabilidad como ciudadano.</p><p>Maggie arque� las cejas.</p><p>���Y por qu�?</p><p>��Nac� en Skogen, pero me fui del pueblo no bien aprend� a descifrar un mapa. Como hab�a jugado hockey toda mi vida y lo hac�a bastante bien, decid� probar suerte en el �mbito profesional. Y estuve a punto de lograrlo -Hizo un adem�n con los dedos-. Siempre fui bastante bueno para dejarme llevar por la corriente, pero p�simo para tomar decisiones definitivas. Cuando lo del hockey no funcion�, estuve un tiempo vagando de aqu� para All�, tratando de encontrar algo que despertara mi inter�s. Supongo que para los habitantes de Skogen yo deb�a ser un individuo bastante informal. Por fin decid� seguir mis estudios. Me inscrib� en la universidad de Vermont, en la carrera de agricultura y comercializaci�n. Pero nunca me gradu� -La sonrisa que durante tanto tiempo hab�a estado reprimiendo, asom� por fin a sus labios-. Las fechas de ex�menes suelen coincidir con el comienzo de la temporada de pesca o con la �poca de mejor nieve en el monte Mansfield. No me parec�a correcto renunciar a la nieve s�lo para demostrar que sab�a algo sobre determinado tema.</p><p>Maggie asinti�, comprensiva. A menudo hab�a experimentado id�ntica sensaci�n.</p><p>��La mayor parte de la gente piensa que tengo actitudes irresponsables -dijo �l.</p><p>��Eso depende de lo que usted pretenda de la educaci�n. Si quiere tener los conocimientos, pero el t�tulo no le interesa, entonces puede darse el gusto de ir a esquiar en �pocas de ex�menes. Claro que yo jam�s aceptar�a semejante excusa por parte de uno de mis alumnos.</p><p>��Bueno, en realidad, no falt� a todos mis ex�menes. Durante los dos primeros a�os, llovi� bastante. De todas maneras, todos en Skogen pensaban que estaba perdiendo tiempo y dinero. Todos, excepto mi abuela Mallone. Era due�a de hect�reas y hect�reas de tierras a las que no se daba mucho uso. Ella me autoriz� a sembrar manzanos all�. Como a esos campos nunca se les hab�a aplicado pesticidas, los mantuve org�nicos. Ya s� que todo Skogen cree que nado contra la corriente, pero yo estoy convencido de que existe un mercado en potencia para los productos org�nicos -Se meti� en la boca unas cuantas papas fritas que hab�a pinchado con el tenedor-. Mi abuela Mallone falleci� el a�o pasado y yo hered� de ella la casa y los campos. Los manzanos por fin est�n madurando. Necesito construir un lagar para extraer el jugo de la fruta y una planta embotelladora. �Ah! y tambi�n un sitio m�s adecuado para hornear las tartas. Si logro elaborar una mayor cantidad de derivados, podr� aprovechar mejor la producci�n de manzanas de segunda selecci�n, que por lo general se desperdicia.</p><p>��La idea me parece maravillosa, pero no entiendo qu� tengo que ver yo con todo eso.</p><p>��Gracias a usted, mi imagen ser� respetable y entonces me otorgar�n el cr�dito que necesito para expandirme. Va a quitarme a Linda Sue Newcombe de encima. Y a Holly Brown. Y a Jill Snyder� -Advirti� que Maggie quedaba boquiabierta-. He tenido algunas man�as de soltero. Pero eso pertenece al pasado.</p><p>Maggie puso los ojos en blanco.</p><p>��Es un pueblo chico -explic� �l-. La gente es buena, pero un poco obstinada. Una vez que forman una opini�n con respecto a algo, no hay quien pueda modific�rselas. Me gusta cultivar manzanas y quiero ganarme la vida de ese modo, pero s� que todo va a derrumbarse si no consigo el dinero de alguna parte. Ya me han rechazado una solicitud de pr�stamo en una oportunidad, pero el banco se comprometi� a reconsiderar su posici�n despu�s de la cosecha de oto�o. Si usted me ayuda a aparentar que soy un hombre casado y asentado, yo la ayudar� a escribir su libro.</p><p>���Por qu� no se casa con Linda Sue Newcombe o con Holly Brown?</p><p>Hank suspir� y se repantig� en su silla.</p><p>��Porque no estoy enamorado de Linda Sue ni de Holly. Ni tampoco de Jill Snyder, ni de Mary Lee Keene, ni de Sandy Ross.</p><p>Maggie empezaba a inquietarse.</p><p>���Cu�ntas mujeres ha metido en casa de su abuelita?</p><p>Hank not� que la irritaci�n hac�a fruncir la nariz de la muchacha y en sus o�dos de solter�n las campanas de emergencia comenzaron a ta�er.</p><p>��No me diga que va a empezar a ladrar como una esposa de verdad.</p><p>��Escuche, Hank Mallone. No piense ni por un segundo que usted va a salir corriendo detr�s de cuanta falda se le cruce por Skogen, mientras yo hago el papel de la pobre esposa digna de l�stima. Como podr� imaginar, tengo mi orgullo.</p><p>S�, se�or. Decididamente, esa mujer convertir�a su vida en un infierno, pens� Hank. Dejar�a su sello personal estampado en todo lo relativo a esa locura de la esposa alquilada. Lo obligar�a a levantar la tapa del inodoro y le prohibir�a guardar los envases de leche vac�os en el refrigerador. Y, peor a�n, lo manejar�a con una rienda bien cortita. Se parar�a desnuda bajo su ducha, con un enorme cartel tatuado en su delicioso trasero que dijera: �Las manitas en los bolsillos�. Se presentar�a cada ma�ana a desayunar a su mesa, pavone�ndose con una camiseta, sin sost�n y Hank tendr�a que comerse los codos. La sola idea de haber tomado en cuenta una idea tan disparatada lo convert�a en un loco rematado.</p><p>��Una pregunta m�s -dijo Maggie-. �Por qu� ha venido a Nueva Jersey a buscar esposa?</p><p>��El a�o pasado asist� a un taller de entomolog�a que se dict� en Rutgers y dur� seis semanas. Supongo que el romance comenz� all�. Y ser� absolutamente franco con usted. Quiero alguien que venga de un pueblo lo bastante alejado del m�o, como para que no se convierta en una carga o un trastorno cuando este contrato llegue a su t�rmino.</p><p>��Qu� afortunada soy.</p><p>Rayos. Ahora la loca parec�a ella.</p><p>��No hay necesidad de tomarlo como algo personal.</p><p>Hundi� los dientes en su hamburguesa y mastic� vigorosamente. Detestaba que la encuadraran en la categor�a de posible carga o trastorno. Era como sugerir que se enamorar�a de �l, o que ser�a un buf�n social.</p><p>���Y por qu� presume que su esposa alquilada se convertir�a autom�ticamente en una carga o un trastorno?</p><p>��Tengo que medir todas las consecuencias. �sa ser�a la peor.</p><p>��Bueno, le aseguro que no ser� ni una carga ni un trastorno.</p><p>���Significa que a�n quiere hacer de esposa?</p><p>��Eso creo. Siempre y cuando no tenga obligaci�n de planchar.</p><p>��Ya le dije que he contratado a una mucama. Es un poco vieja, pero al parecer, todav�a sirve para esos menesteres. Se present� por un aviso que publiqu� en el peri�dico de Filadelfia.</p><p>Ahora que todo estaba arreglado, Maggie experiment� cierta ansiedad. Ir�a a vivir a Vermont y tendr�a tiempo para escribir su libro. El p�rpado pr�cticamente hab�a dejado de latir y los pies se le iban solos, ansiosos por ponerse en acci�n.</p><p>���Cu�ndo desea que comience con mis obligaciones conyugales?</p><p>���Cu�nto demorar� en empacar?</p><p>Examin� la pregunta un momento, calculando todos los asuntos que deb�a resolver: notificar a la empresa de servicios p�blicos, a la telef�nica y al repartidor de peri�dicos. Tal vez, deber�a invertir m�s tiempo en el subalquiler de su departamento, pero bien pod�a dejar todo en manos de alguna inmobiliaria.</p><p>��Una semana.</p><p>AL parecer, una semana era una eternidad para Hank. Maggie podr�a cambiar de opini�n en ese lapso; encontrar otro empleo; enamorarse de otro y casarse con �l.</p><p>��En realidad, tengo bastante prisa por procurarme una esposa -confes�-. �No cree posible acortar el plazo hasta ma�ana?</p><p>��Decididamente no.</p><p>��No ser� una de esas coloradas cabeza dura, �verdad?</p><p>Detestaba que la tacharan de colorada cabeza dura -sobre todo, porque era la pura verdad.</p><p>��No soy una colorada cabeza dura -replic�-. Pero mudarme ma�ana es totalmente irracional.</p><p>��Bueno. Pasado ma�ana.</p><p>��Necesito tres d�as como m�nimo.</p><p>��De acuerdo -acept� Hank-. Tres d�as.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 2</p></title><p>Llov�a cuando Maggie y Hank llegaron a la frontera del estado de Vermont, a las cuatro de la tarde. Dos horas despu�s, Hank abandon� la carretera principal que en excelentes condiciones viales corr�a de norte a sur, para tomar un camino secundario. �ste se estrech� casi de inmediato, abriendo un sinuoso paso en torno al pie de las colinas y atravesando el coraz�n de peque�os poblados y parques nacionales. El agua se escurr�a a los costados del camino, desprovisto totalmente de vallados protectores, mientras la lluvia descend�a en desprolijos remolinos por el parabrisas de la vieja camioneta roja. Con el rabillo del ojo, Maggie espiaba ansiosamente por las empa�adas ventanillas, tratando de asimilar cuanto pudiera del panorama que Vermont le ofrec�a. No Importaba que lloviera a baldes; ni que el cielo apareciera como una implacable coraza de plomo; ni que las vacas, reunidas en peque�as manadas, hubieran convertido las pasturas en un viscoso lodazal. Desde su �ptica, todo era nuevo y maravilloso. All� no exist�a la F�brica de Abrigos Markowitz, ni las casas de ladrillos con celos�as, ni los ojos chismosos pasmados entre cortinas semiabiertas, como testigos de la nueva locura de Maggie Toone.</p><p>���Falta macho? -grit� ella, tratando de tapar el bullicio del motor y el incesante tamborileo de la lluvia sobre el techo del veh�culo.</p><p>��Siguiendo tres kil�metros m�s por este mismo camino, llegaremos a Skogen. De all�, son s�lo unos cinco kil�metros m�s.</p><p>De pronto se toparon con un pozo en el camino y el barquinazo lanz� a Maggie contra el tablero.</p><p>��Creo que necesita amortiguadores nuevos.</p><p>��Hace un a�o que los necesito.</p><p>���Y no le parece que el motor hace un ruido raro?</p><p>��Son las v�lvulas -explic� �l-. Est�n gastadas.</p><p>��Deb� haber tra�do mi auto.</p><p>��Ya hemos discutido ese tema detenidamente. Usted tiene un auto deportivo. Nadie va a creer que me ha convertido en un modelo de virtud y en un trabajador ejemplar si la ven corriendo como un cohete en ese despampanante juguetito rojo.</p><p>A los lados del camino, las casas iban apareciendo con creciente regularidad. No bien pasaron junto a un horrendo edificio amarillo con un cartel que dec�a Escuela Primaria de Skogen, llegaron a Main Street, la calle principal, con sus espaciosas casas de blancos techos de madera y prolijos jardines. Era un t�pico pueblo de Nueva Inglaterra, donde dominaba la Iglesia Presbiteriana de Skogen, con su capitel blanco lanzado hacia el firmamento a trav�s de la espesura de la lluvia. La tienda de ramos generales de Mam� Irma se hallaba a la derecha, semioculta entre dos surtidores de gasolina y un cartel que publicitaba carnada viva y pasteles frescos. A continuaci�n aparecieron la inmobiliaria Keene, la peluquer�a de Betty, el bar de Skogen y el Primer Banco Nacional y Fiduciario de Skogen. En eso consist�a todo el pueblo. El distrito comercial termin� poco despu�s, a medida que la camioneta roja segu�a su rumbo. El terreno se present� m�s ondulante y comenzaron a asomar los primeros manzanos.</p><p>Hank tom� por un sendero privado que conduc�a hacia el manzanar.</p><p>��Desde aqu� no podr� ver la casa porque est� construida en un bajo. Pero se encuentra justo detr�s de esta colina que tenemos frente a nosotros.</p><p>Maggie se inclin� hacia adelante y desempa�� el parabrisas con la palma de una mano. Ech� un vistazo a trav�s del h�medo c�rculo que hab�a despejado y solt� una exclamaci�n de aprobaci�n cuando la gigantesca residencia blanca apareci� ante sus ojos. Era tal como la hab�a imaginado: techo de pizarra gris, resbaladizo por el agua de lluvia, dos pisos de maderamen, con muchas ventanas y una amplia galer�a que se extend�a alrededor de toda la casa. All� dorm�a un perro grande, negro. Cuando oy� que la camioneta ingresaba en la propiedad, levant� la cabeza. Maggie advirti� que su espesa cola iniciaba un r�tmico golpeteo sobre el piso de madera de la galer�a.</p><p>���se es Horacio -explic� Hank-. �Vaya, qu� alegr�a volver a casa!</p><p>Maggie apret� con m�s firmeza la jaula pl�stica que ten�a apoyada sobre la falda, en la que transportaba a su gata.</p><p>��No me hab�a hablado de Horacio.</p><p>��Somos compinches. Hacemos todo juntos.</p><p>��No cazar� gatos, �verdad?</p><p>��No, que yo sepa -Hab�a aterrado a m�s de un conejo, pens� Hank. Y una vez, hasta lleg� a atrapar una ardilla. Pero a su entender, Horacio jam�s se hab�a interesado por los gatos.</p><p>��Pomp�n siempre ha sido una gata de departamento -dijo Maggie-. Nunca ha visto un perro. Realmente, es un dulce.</p><p>De reojo, Hank ech� un r�pido vistazo a la jaula pl�stica que conten�a al animal. Pomp�n, la gata de departamento, maullaba con unos gemidos tan sobrenaturales que los pelos de la nuca se le erizaron.</p><p>��Parece� molesta.</p><p>��No te preocupes -dijo Maggie, hablando con la jaula-. Te sacaremos de aqu� enseguida. Te llevar� a la casa y te abrir� una deliciosa lata de alimento para gatos.</p><p>Cuando Hank detuvo la camioneta, Horacio mov�a la cola con tanto j�bilo que todo su cuerpo se sacud�a. Hank abri� la puerta y el animal sali� disparado a toda velocidad. Corri� hacia Hank y le plant� sus fuertes manazas sobre el pecho. Ambos cayeron al barro, con un chapoteo sordo y un improperio irreproducible.</p><p>Maggie los mir� y pregunt�-: �Se encuentra bien?</p><p>��S� -contest� Hank. Estaba completamente desparramado en el suelo, boca arriba, con la espalda enterrada unos quince cent�metros en el lodo. Horacio segu�a parado sobre su pecho-. Estoy hecho una preciosura.</p><p>Maggie trat� de salir con alguna ocurrencia positiva.</p><p>��Sin duda Horacio parece muy contento de volver a verlo.</p><p>�Y esto no es nada -pens� Hank-. Espera a que descubra a t� Pomp�n.�</p><p>���Puedo ayudar en algo?</p><p>La lluvia se hab�a intensificado, de modo que Maggie tuvo que gritar para que la oyera. Hank estaba empapado hasta los huesos y el agua mugrienta, chocolatosa, le ensopaba las piernas de los pantalones.</p><p>�sa deb�a ser una de las peores ideas que jam�s hab�a tenido, pens� Hank. �Podr�a llegar a ahogarse si se acostaba en el charco boca abajo?, se pregunt�. Por el momento, le pareci� la alternativa m�s atractiva. Mir� a Horacio y experiment� cierto alivio. Por lo menos su perro lo cre�a un ser maravilloso. Lo que Maggie Toone estaba pensando de �l escapaba a su imaginaci�n. Decididamente, �se no era uno de sus momentos gloriosos.</p><p>���Por qu� no entra con Pomp�n? Yo ir� luego. La puerta debe estar abierta.</p><p>Maggie asinti� y descendi� de la camioneta, apretando la jaula del animal. Corri� lo m�s r�pido que pudo, pero, de todas maneras, al llegar al porche estaba empapada. Las gotas de lluvia le ca�an desde la punta de la nariz y desde los rizos rojizos de su cabellera. Se quit� los zapatos y entr� en el vest�bulo.</p><p>��Hola -llam�, esperando encontrar a la mucama prometida. Pero la casa estaba oscura y solitaria. Sinti� un repentino temor. �Y si no hab�a ninguna mucama? �Si todo aquello no hubiera sido m�s que una trampa para una mujer sola? Vaya ridiculez, se dijo. La agencia de empleos hab�a investigado a fondo los antecedentes de Hank Mallone. Hab�a exigido un dep�sito de seis meses de sueldo y se aseguraron de que el hombre no ten�a antecedentes penales. Hank Mallone era exactamente la persona que aparentaba ser, se dijo, tratando de convencerse, aunque no estaba segura de que lograra serenarse.</p><p>Hank permaneci� un rato al pie de la escalinata de la galer�a para que la lluvia lavara lo grueso del lodo que se le hab�a quedado adherido. Luego busc� refugio bajo el techo del porche, se escurri� el agua de la cara y se sacudi� como un perro. Mir� a Maggie por la puerta de vidrio. No hab�a sido una buena bienvenida, pens�. La muchacha ten�a los ojos desorbitados y sus labios apretados denotaban una expresi�n de angustia. Hank no pod�a culparla si sent�a temor y comenzaba a arrepentirse de haber aceptado la propuesta. �l deb�a parecerle una bestia, un degenerado.</p><p>��No se preocupe -le dijo-. No soy tan est�pido como parezco. No podr�a serlo jam�s.</p><p>��No estoy preocupada -contest� ella, tratando de mantener firme el tono de su voz-. En realidad, tengo muchas agallas. Una vez recog� una serpiente con un palo.</p><p>Hank sinti� que una sonrisa nac�a en su est�mago y se expresaba ampliamente a nivel de los labios. Qu� linda se pon�a cuando trataba de mostrarse valiente.</p><p>��Esto es diferente -dijo �l, agitando las cejas-. Es una cuesti�n de relaci�n hombre mujer. Probablemente le preocupe el hecho de encontrarse aqu�, sola, con un sujeto tan inepto.</p><p>Maggie solt� una risita tonta. Por lo general, no ten�a por costumbre re�rse as�, pero la carcajada surgi� espont�neamente, consecuencia de su alivio y gratitud.</p><p>��Gracias. Supongo que necesitaba consuelo.</p><p>Inadvertidamente, los ojos de Hank se posaron en la camisa mojada de Maggie, perfectamente adherida a sus senos altos y voluptuosos. Una expresi�n de dolor embarg� su rostro.</p><p>��Bien. Ahora usted puede consolarme a m�. No soy ning�n pervertido sexual, �no? -Porque as� era como exactamente se sent�a. Ten�a barro en las orejas, los calzoncillos hechos sopa y sus zapatos chapoteaban cada vez que daba un paso. S�lo un degenerado podr�a excitarse en semejantes circunstancias, pens�. Y la camisa mojada de Maggie no fue la �nica culpable; tambi�n sus pesta�as, que, mojadas, parec�an espigadas y la fragancia de su champ�, revitalizada por la lluvia-. Qu� situaci�n extra�a -coment�-. Es la primera vez que aparento estar casado.</p><p>Se encontraba tan cerca, que ella pod�a percibir el calor de su cuerpo a pesar de que la lluvia le hab�a mojado la ropa. Su proximidad le produjo la misma embriaguez que una botella de whisky en un est�mago vac�o. El fuego corr�a por sus venas. Retrocedi� un paso, obedeciendo a un silencioso reproche que le recordaba que ya no era una adolescente como para dejarse impresionar de ese modo. �Las mujeres modernas e inteligentes no se babosean ni se derriten como manteca al sol s�lo porque un hombre atractivo invade el espacio f�sico que corresponde a los dos�, pens�. Palme� la mano de Hank en un gesto maternal y se esforz� por dar al momento la perspectiva correspondiente.</p><p>��No es nada importante. Se trata de un matrimonio postizo. Algo tempor�neo. S�lo me quedar� aqu� durante seis meses.</p><p>���Ah, s�? �Y qu� suceder� si se crea cierta dependencia conmigo? Supuestamente, la estad�a de Horacio en esta casa tambi�n fue temporaria. Mam� Irma me pregunt� si pod�a tenerlo en casa unos d�as, hasta que le encontrara un nuevo hogar. Eso fue hace tres a�os -Acarici� la satinada cabeza del perro-. Ahora, se enloquece cada vez que me ve. No me lo puedo despegar de los talones. Me sigue a dondequiera que vaya -Se inclin� un poco m�s en direcci�n a Maggie. Las comisuras de sus labios se elevaron en una simp�tica sonrisa-. Es capaz de cualquier cosa para que uno le rasque las orejas. �De cualquier cosa! �Sabe? Lo mismo podr�a pasarle a usted.</p><p>No hab�a duda de que ese hombre ten�a facilidad de recuperaci�n, pens� Maggie. En un momento estaba tendido de espaldas en el lodo y al minuto siguiente, hasta se daba el gusto de tomarle el pelo.</p><p>��Tratar� de controlarme -le asegur� Maggie-. Si de pronto, llegara a descubrir que me urge la necesidad de que me rasque las orejas, juro que me encerrar� en mi cuarto -Valientes palabras para una mujer que ya se sent�a m�s que atra�da por Hank Mallone. Valientes palabras para una mujer a quien ya le costaba demasiado controlar los latidos de su coraz�n s�lo porque �l hab�a avanzado otro paso y le sonre�a. Maggie permaneci� de pie, absolutamente inm�vil, pregunt�ndose si Hank iba a besarla. Seis meses pod�an significar una eternidad si la relaci�n se tornaba dif�cil. Y los antecedentes de Hank no eran para nada alentadores. En su pasado abundaban las mujeres usadas y abandonadas. Un estruendoso zumbido, que proven�a de la puerta abierta, interrumpi� sus cavilaciones.</p><p>Horacio levant� las orejas abruptamente y Hank se volvi� para mirar hacia afuera.</p><p>��Parece un auto.</p><p>��Pues, si lo es, suena muy diferente de todos los dem�s -contest� Maggie.</p><p>El ruido era grave y gutural, de alg�n motor potente, atragant�ndose con gasolina a trav�s de dobles carburadores. Su �ltimo aliento de vida resonaba en un sistema de escape de al menos treinta a�os de antig�edad. Se trataba de un Cadillac 1957, que estacion� justo detr�s de la camioneta de Hank.</p><p>��Parece una dama un poco mayor -inform� Maggie.</p><p>Hank sonri� al ver el Cadillac y a la mujer de cabellos canos que estaba tras el volante.</p><p>��No se trata de ninguna dama. Es mi mucama, Elsie Hawkins.</p><p>La mujer baj� de un salto de su Cadillac y aterriz� en medio del agua, que le llegaba hasta los tobillos. Sus exabruptos se oyeron hasta dentro de la casa y Maggie se ech� a re�r a carcajadas.</p><p>��Est� acertado. De dama, no tiene nada.</p><p>Elsie llevaba un paraguas en una mano y en la otra, una bolsa con provisiones, bien apretada contra el pecho.</p><p>��Siempre la misma historia -dijo-. Cada vez que uno se queda sin nada en la casa, llueven enanos de cabeza -Mir� a Hank y mene� la cabeza-. Qu� aspecto espantoso tiene. Parece como si se hubiera revolcado en el potrero de las vacas.</p><p>��Un peque�o percance -explic� Hank-. La se�orita es Maggie Toone. La he alquilado como esposa.</p><p>Elsie solt� una expresi�n de disgusto.</p><p>��Es la idea m�s tonta que jam�s escuch� en mi vida.</p><p>Hank desat� los cordones de su calzado deportivo.</p><p>��Estoy de acuerdo, pero necesito que el banco me otorgue el cr�dito.</p><p>��Ya le he dicho que en esto hay m�s de lo que se ve a simple vista -declar� Elsie-. Cualquiera puede darse cuenta de que su empresa es un buen negocio. Para m�, en ese banco hay gato encerrado.</p><p>��Simplemente, se manejan con cautela -Hank se quit� los calcetines y tom� la bolsa que Elsie ten�a en la mano-. Yo no he llevado una vida ejemplar, seg�n los par�metros de los habitantes de Skogen.</p><p>��A m� no me parece que haya sido tan mala -replic� Elsie, sigui�ndolo hasta la cocina-. Por la forma en que habla, cualquiera creer�a que en los �ltimos cinco a�os se ha dedicado a administrar esos antros de perdici�n que hay por all�.</p><p>La cocina era muy amplia y antigua, con alacenas de roble y una enorme mesa de grandes patas talladas a modo de garras exactamente en el medio del recinto. El amueblamiento armonizaba a la perfecci�n, aunque por cierto ten�a ya unos cuantos a�os. La cocina en s� daba una sensaci�n muy acogedora, de manera que a Maggie no le result� dif�cil imaginar las generaciones de Mallones comiendo alrededor de esa colosal mesa redonda. El ambiente inspiraba im�genes de ni�os robando crema de los pasteles, de madres y abuelas trabajando hombro a hombro para preparar los banquetes de las fiestas.</p><p>��En el refrigerador tengo ensalada de papas y pollo frito -anunci� Elsie-. Pueden servirse solos. Yo voy a quitarme estos zapatos.</p><p>��Y bien, �qu� prefiere? -pregunt� Hank a Maggie-. �Pollo frito o un buen ba�o caliente y ropa seca?</p><p>��Ni dudarlo. Estoy congelada. Por el momento, una ducha caliente me resulta m�s atractiva.</p><p>��Mientras la acompa�o hasta su cuarto, la llevar� a recorrer la casa. Abajo tenemos la sala de estar, el comedor, el tocador y la cocina. A la casa original se le ha hecho una extensi�n: un ala para parientes pol�ticos. Se edific� cuando mi abuela vino a vivir aqu� a la muerte de mi abuelo Sheridan. Ahora la he asignado a Elsie -Hank esquiv� los charcos de agua que hab�a en el piso y la condujo hacia las escaleras-. Arriba hay cuatro habitaciones. Yo ocupo la principal y he convertido otra de ellas en mi escritorio. De manera que a usted le quedan las dos habitaciones restantes. Si lo desea, puede sacar una de las camas a instalar un escritorio para su computadora.</p><p>La llev� a la mayor de las dos alcobas. Sus miradas se encontraron y durante un instante permanecieron fijas una en la otra. Hank sent�a necesidad de encoger los dedos de los pies. Maggie pose�a una energ�a revitalizante. Era una joven fresca, graciosa y condescendiente. Gracias a Dios por esa �ltima cualidad, pues Hank sospechaba que en los pr�ximos meses cometer�a muchas faltas que probablemente requerir�an del esp�ritu benevolente de Maggie.</p><p>��El cuarto de ba�o est� al final del pasillo. Av�seme si necesita ayuda -�Y ser� mejor que cierres la puerta con llave�, agreg� para sus adentros, porque en ese momento no hab�a otra cosa que deseara m�s que enjabonarle la espalda. Quer�a abrigarla, relajarla, y que su piel estuviera resbaladiza� lo suficiente como para recorrerla con sus manos hasta en los sitios m�s rec�nditos.</p><p>Instant�neamente se reprimi�. Se trataba de un matrimonio fraudulento. En la ficci�n, los maridos no gozan de ning�n privilegio en el interior de la tina de ba�o. Y los hombres decentes no se aprovechan de sus empleadas. La �nica cuesti�n que quedaba por resolver era su grado de decencia. Por lo general prefer�a considerarse una persona honorable, pero, en ese momento, su desesperaci�n hab�a llegado a un punto tal que ya no le importaba sacrificar unos pocos principios.</p><p>Maggie experiment� un cosquilleo en la boca del est�mago al o�r la inflexi�n aterciopelada que caracterizaba la voz de Hank.</p><p>���Ayuda?</p><p>La fugaz expresi�n de p�nico que embarg� su rostro no pas� inadvertida para Hank. �Estupendo, Mallone -se dijo-, otra vez lograste asustarla. Y no es algo para enorgullecerse.� Meti� las manos en los bolsillos, empapados tambi�n, y trat� de arreglar las cosas.</p><p>��S�, m�s toallas o champ�.</p><p>��Oh, s�. Gracias -Por Dios. �Qu� le estaba pasando? Si bien no era ninguna muchachita tonta e inexperta, tampoco era la clase de mujer que interpreta todo con doble sentido. Prefer�a tomarse la vida tal como se presentaba. De ese modo, era mucho m�s sencillo. Pero ese d�a en particular, parec�a leer insinuaciones sexuales en cada gesto y cada palabra de Hank Mallone. Y todo porque la excitaba. La virilidad era una cualidad que jam�s lo desertaba. Incluso con ese aspecto desgre�ado, era la personificaci�n del sexo fuerte.</p><p>Hank abandon� el cuarto de Maggie con la sensaci�n que experimenta un ni�o a quien lo han pescado con los dedos en la crema del pastel, consciente de esa sonrisa de pl�stico estampada en su rostro.</p><p>��Ir� por sus maletas, que quedaron en la parte de atr�s de la camioneta -anunci�-. Se las pondr� en su cuarto.</p><p>Se oy� la voz de Elsie desde el vest�bulo.</p><p>��Bueno, �y qu� mierda es esto? �Por el amor de Dios! �Un gato! �Qu� est�s haciendo aqu�, encerrado en esta jaula? Me parece que alguien se olvid� de soltarte.</p><p>Hank se volvi� abruptamente al o�r que se abr�a el seguro de la jaula.</p><p>���Elsie, no suelte a la gata si Horacio est� en la casa!</p><p>���A Horacio no le gustan los gatos? -grit� la mujer desde el pie de la escalera.</p><p>���No lo s�!</p><p>��Demasiado tarde -dijo Elsie-. El gato ya sali� y parece que no est� muy contento con todo esto.</p><p>Se oy� un fuerte ladrido y un ruido de u�as caninas luchando por agarrarse del resbaloso piso de la cocina.</p><p>���Pomp�n! -grit� Maggie, dando un empuj�n a Hank para llegar a la escalera-. �Pobre Pomp�n!</p><p>La gata sali� a toda carrera por la sala de estar y el comedor, hasta subirse a la ventana balc�n, trepando por las persianas. Y all� qued� agazapada con los ojos desorbitados que parec�an dos huevos fritos y la cola encrespada como las cerdas de un cepillo duro. Hank, Maggie y Horacio llegaron hasta el animal al mismo tiempo. El perro alcanz� a morderle la cola; Pomp�n reaccion� con el t�pico siseo felino y se catapult� hacia el pecho de Hank, clav�ndole las u�as.</p><p>���Ayyy! Caramba -gru�� Hank-. �Que alguien haga algo!</p><p>��Es por el perro -dijo Maggie, tratando de interponerse entre Hank y Horacio-. Pomp�n tiene terror a los perros.</p><p>Elsie manote� una presa de pollo frito del refrigerador y se la arroj� a Horacio. El perro se debati� en el dilema por medio segundo y abandon� la gata en favor de la pata de pollo.</p><p>��Miren este piso -se lament� Elsie-. Acabo de encerarlo y ahora est� todo rayado. �No! En esta casa no vale la pena tomarse tantas molestias.</p><p>Maggie murmuraba palabras dulces para serenar a su gata mientras, una por una, le desenganchaba las u�as del pecho de Hank.</p><p>��Realmente lo lamento mucho -se disculp� con Hank-. Pomp�n nunca hab�a reaccionado de esta manera.</p><p>��Est� vacunada contra la rabia, �verdad?</p><p>��Por supuesto. He completado todo su plan de vacunaci�n. Cuido mucho de ella -Una vez desprendida la �ltima garra, la acun� contra su pecho-. Me pareci� o�rle decir que Horacio no caza gatos.</p><p>��Dije que no sab�a si cazaba gatos. Adem�s, lo m�s probable es que Pomp�n lo haya provocado -Desabroch� los botones de la camisa para examinar los rasgu�os del pecho-. �Alguna vez investig� el linaje de su gata? �No encontr� nadie de apellido Cujo en su �rbol geneal�gico?</p><p>��Cujo era un perro.</p><p>��Es s�lo un tecnicismo.</p><p>Maggie advirti� algo as� como unos cordones cut�neos, rojos, que se hinchaban sobre los prominentes m�sculos de Hank y experiment� una sensaci�n nauseabunda. Ese magn�fico pecho parec�a un blanco de dardos y todo por culpa de ella. Olvid� a Pomp�n y se sent� con bastante impaciencia sobre la jaula del animal. Si hubiera recordado llevar la gata arriba, a su cuarto, eso jam�s habr�a sucedido.</p><p>���Le duele?</p><p>��Terriblemente. Suerte que soy tan robusto, tan fuerte y tan valiente.</p><p>��Mantendr� a Pomp�n en mi cuarto durante un par de d�as hasta que se aclimate.</p><p>Una hora despu�s, Maggie estaba sentada a la mesa de la cocina, a punto de atacar una monta�a de ensalada de papas, cuando apareci� Hank, reci�n ba�ado.</p><p>���Qu� tal su pecho?</p><p>��Como nuevo.</p><p>��No le creo.</p><p>Hank le sonri�.</p><p>���Me creer�a si le digo que est� casi como nuevo? -Tom� una bandeja de pollo de la heladera y se acomod� pesadamente en una de las sillas-. La lluvia est� amainando.</p><p>��Espero que no cese del todo. Me encanta dormirme escuchando el ruido de la lluvia sobre el techo.</p><p>��Yo prefiero la nieve -dijo �l-. La habitaci�n principal de la casa da al noreste y recibe de frente las tormentas de invierno. Cuando hay ventisca, el viento arrastra la nieve contra la ventana y se oye un ruido constante, �tic, tic, tic�� Me quedo acostado all� y vuelvo a sentirme como un ni�o, imaginando que, como la nieve sigue subiendo, no habr� clases y yo podr� salir a pasear en trineo todo el d�a.</p><p>���Todav�a usa su trineo?</p><p>Hank se ech� a re�r.</p><p>��Por supuesto.</p><p>En ese momento, a Maggie se le cruz� por la mente que era la primera vez que estaba sentada a la mesa de una cocina compartiendo una charla cotidiana con un hombre que a�n ten�a el pelo mojado. Le pareci� una experiencia agradable. Uno de aquellos peque�os rituales que tejen el telar de la vida conyugal y que brinda tanto bienestar� como una buena taza de caf� a primera hora de la ma�ana, o esos quince minutos para hojear el peri�dico y revisar la correspondencia. Maggie observ� al hombre que ten�a frente a s� y una grata emoci�n le anud� el est�mago. Ser�a f�cil creer que el matrimonio era aut�ntico, acostumbrarse a esa intimidad tan sencilla.</p><p>��Me gusta su casa -le dijo-. �Siempre perteneci� a su familia?</p><p>��La construy� mi bisabuelo Mallone. Hab�a instalado un tambo. Cuando mi abuelo se hizo cargo, compr� las tierras aleda�as y destin� parte de ellas al huerto. �l falleci� hace diez a�os. Mi padre no quer�a participar en ese negocio y mi abuela no pod�a administrarlo sola, de modo que casi dej� de atender los campos y se qued� con una sola vaca. Cuando yo volv� a casa al terminar los estudios, encontr� los �rboles en un estado lamentable.</p><p>���Sus padres viven en Skogen?</p><p>��Mis padres son la raz�n de su presencia aqu�. Mi padre es el presidente del Banco Nacional y Fiduciario de Skogen.</p><p>���Y su propio padre se niega a otorgarle el pr�stamo?</p><p>Hank se repantig� en su silla.</p><p>��Desde chico fui problem�tico.</p><p>Maggie no pod�a decidir si la noticia le resultaba divertida u horrenda.</p><p>���Pero sus padres no se dieron cuenta de que ya est� bastante crecidito?</p><p>��Mi madre piensa que, si yo estuviera bastante crecidito, ya me habr�a casado. Y mi padre piensa que, si yo estuviera bastante crecidito, no tendr�a delirios de grandeza ilusion�ndome con el cultivo de manzanas org�nicas.</p><p>La familia de Hank y la de Maggie compart�an ciertos rasgos perturbadoramente similares.</p><p>��Eso no es justo -asever� Maggie-. Una cosa es que usted tenga, tal vez, que afrontar la quiebra y el caos, y otra muy distinta que tenga los mismos problemas que yo tuve y que me obligaron a irme de Riverside. Acabo de pasar medio d�a en una carretera, tratando de alejarme de mi madre y de t�a Marvina, s�lo para descubrir que su madre est� extorsion�ndolo para que se case y que su padre cree que su elecci�n de vida es rid�cula. No tendr� que involucrarme en todo esto, �verdad?</p><p>��Un poco, tal vez. Mam� y pap� vendr�n a cenar ma�ana.</p><p>Maggie se puso de pie con tanto �mpetu que la silla se tumb� y cay� al piso.</p><p>���Qu�? De ninguna manera. No, no. Olv�delo. Apenas los conozco. �C�mo quiere que los convenza de que estamos casados?</p><p>��No hay problema. Tengo fama de impulsivo, obstinado y de maquinar planes descabellados. Mis padres pueden creer cualquier cosa de m�.</p><p>���Y qu� voy a ponerme? -No bien termin� de decir la frase, se arrepinti�. Era el lamento caracter�stico e invariable de todas las mujeres.</p><p>��Seguramente debe de haber algo en todas esas cajas que hemos subido a la camioneta.</p><p>��Ropa aburrida. Cl�sica. De docente.</p><p>��Excelente -dijo �l-. Es perfecto. Act�e como la t�pica maestra. A mi madre le encantar�.</p><p>Maggie hizo una mueca. �C�mo iba a darle la noticia? Siempre hab�a sido una buena docente, pero jam�s se hab�a comportado como la t�pica maestra. Le resultaba problem�tico respetar el programa de estudios y a veces sus clases se tornaban un tanto ca�ticas. Adem�s, no siempre ten�a paciencia para ser diplom�tica con los padres. En los �ltimos dos a�os hab�a pasado m�s tiempo en la rector�a que Leo Kulesza, el �nico muchacho en la historia de la Escuela Secundaria de Riverside que hab�a repetido cuatro veces el tercer a�o.</p><p>���Y qu� me dice de la comida? Disto bastante de ser la mejor cocinera del mundo.</p><p>Elsie se har� cargo del men�.</p><p>���Elsie sabe que su padre es el presidente del banco?</p><p>��Elsie lleg� el mismo d�a que yo me iba a la caza de esposa. No tuvimos demasiado tiempo para conversaciones inconsistentes -Baj� la voz-. Tal vez debamos esperar a que pase la cena para cont�rselo. El tacto no me parece una de sus mejores virtudes.</p><p>��No resultar�.</p><p>��Tiene que resultar. Necesito el pr�stamo. Y pronto.</p><p>���Y por qu� no lo solicita a otro banco?</p><p>��La comunidad bancaria local es muy reducida. Dudo que alguien se atreva a pasar por encima de mi padre. Y, a decir verdad, no soy en absoluto solvente. Ya he hipotecado la granja para ampliar los huertos. La concesi�n de un nuevo empr�stito a mi favor s�lo podr�a basarse en un acto de confianza. Para ser totalmente honesto, entiendo a mi padre. Si yo estuviera en su lugar, tambi�n dudar�a en prestar ese dinero. No tiene garant�as de que ser� capaz de cumplir con una obligaci�n a largo plazo. Me pidi� que primero contrajera otro compromiso de largo alcance, con el fin de demostrarle que soy capaz de cumplirlo; me dijo que ten�a que sentar cabeza y casarme.</p><p>���Qu� pasar� cuando yo me vaya?</p><p>Hank se encogi� de hombros.</p><p>��Tendr�n que soportarlo -�Como yo�, agreg� para s�, con amargura-. Tendr�n que aceptar tanto mis fracasos como mis �xitos. De todas maneras, lo �nico que realmente interesa es mi opini�n sobre m� mismo.</p><p>Maggie enderez� su silla. Tom� un trozo de papa y lo mastic�, pensativa. Hank no era ning�n tonto. Estaba llev�ndose agua para su molino. Podr�an acusarlo de buscar soluciones retorcidas para sus problemas, pero no de falta de car�cter. Y �sa era una cualidad imprescindible en todo marido.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 3</p></title><p>Sentada a su escritorio, Maggie ten�a la vista fija, somnolienta, en la ventana abierta. Ante ella se extend�a una vasta pradera donde asomaban los manzanos, con sus hojas verdes, dispuestos en hileras sobre las lomas. El aire transportaba una fragancia especial, en la que se confund�a el olor de las hierbas y el de la tierra. El cielo completamente despejado enmarcaba el escenario con un radiante color celeste. La pantalla de su computadora estaba en blanco, salvo por una frase: Hab�a una vez�</p><p>Elsie golpe� la puerta y asom� la cabeza.</p><p>��Hace horas que est� aqu� arriba. �Qu� est� haciendo?</p><p>��Miro c�mo crecen los manzanos.</p><p>���No se supone que tendr�a que estar escribiendo?</p><p>��Me estoy inspirando.</p><p>���Va a perder mucho tiempo m�s en esta cosa de la inspiraci�n? Los padres de Hank llegar�n dentro de media hora.</p><p>Maggie se tap� la boca con la mano.</p><p>���Me hab�a olvidado!</p><p>��Claro, cuando uno mira c�mo crecen los manzanos es capaz de olvidar cualquier cosa.</p><p>��Por supuesto. Sobre todo si ha vivido en una ciudad en la que s�lo se producen ladrillos -Apag� la computadora y sali� corriendo de la habitaci�n-. �C�mo viene la cena?</p><p>��Bueno, mis platos no son muy refinados pero tampoco matan a nadie.</p><p>��Con eso me basta -dijo Maggie.</p><p>Veinte minutos despu�s, mientras aplicaba maquillaje a sus pesta�as, decidi� que por mucho que se esforzara, su imagen no mejorar�a m�s de lo que estaba. Llevaba una camisa de seda rayada en blanco y negro, al mejor estilo cebra, que le quedaba holgada por dem�s. La falda blanca de lin�n le llegaba apenas unos dos o tres cent�metros por encima de la rodilla. Completaba el conjunto con un ancho cintur�n de cuero negro y zapatos de tac�n chato, tambi�n negros. Se detuvo un momento ante el espejo, donde tuvo tiempo de posar s�lo una vez, ya que oy� la llegada de un veh�culo y sali� corriendo de su cuarto. Casi se llev� a Hank por delante en el pasillo.</p><p>���Epa! -le dijo �l-. No tan a prisa -Se alej� de la muchacha poco m�s de medio metro con el fin de examinarla r�pidamente-. Conque �sta es su aburrida ropa de decente, �eh? -Una amplia sonrisa le ilumin� la cara. A su madre le dar�a un infarto cuando la viera con esa camisa de cebra y la falda tan corta. �l tambi�n pod�a llegar a infartarse, pero por otras razones-. Est� sensacional -declar� Hank.</p><p>���Realmente cree que esta ropa es adecuada para cenar con sus padres? Puedo cambiarme�</p><p>Las manos de Hank ya hab�an llegado a sus brazos, apenas por encima de los codos, fuertes como ligaduras de acero. De pronto, ella dese� desesperadamente su aprobaci�n.</p><p>��Est� perfecta, salvo por una cosa� -Meti� la mano en el bolsillo y extrajo un delgado anillo de bodas, de oro. Sosteni�ndolo entre el pulgar y el �ndice, lo estudi� un momento con cierta incomodidad. Record� su primer beso verdadero, el que hab�a compartido con Joanne Karwatt. Y otros momentos similares, igualmente perturbadores. Decidi� que ese momento tambi�n encabezaba la lista de los episodios seudorom�nticos m�s embarazosos que hab�a vivido. Tom� la mano de Maggie, inspir� profundamente y le coloc� el anillo en el dedo-. �C�mo se siente?</p><p>Maggie mir� el anillo y trag� saliva. Nada pod�a haberla preparado para ese momento. Apenas unos minutos antes se hab�a sentido la mujer m�s valiente del mundo y ahora la abrumaban las m�s extra�as emociones. Emociones cuya existencia ella ignoraba. Contempl� la sortija con cierta amargura, pues s�lo representaba una farsa.</p><p>��Algo rara.</p><p>Hank advirti� que la voz se le quebraba y se detest�. Esa trama le hab�a parecido muy simple un mes atr�s, muy inofensiva, pero ahora involucraba un enga�o a sus padres. Peor a�n: estaba enga�ando a Maggie. Tuvo impulsos de confesarle que ya no se trataba de una farsa, que se hab�a enamorado de ella de verdad. Pero Maggie jam�s lo habr�a cre�do. Hac�a muy poco que se conoc�an. De pronto, la tom� de los hombros, la acorral� contra la pared y la bes�. El beso se profundiz�. Sus manos recorrieron el cuello de Maggie, descendieron por los brazos hasta instalarse en la cintura. Disfrut� de su cuerpo de mujer a trav�s de la seda; se deleit� con la tensi�n que Maggie experiment� ante la sorpresa y con el modo en que luego se rindi� c�lidamente al abrazo. Pos� los labios sobre su cuello, en el sitio exacto donde pulsaban sus latidos, y supo que, por su causa, el ritmo de su coraz�n se hab�a acelerado. El descubrimiento lo excit�, lo alent�. Sab�a que deb�a detenerse, pero que no lo har�a. No a�n. Ya le hab�a dado el anillo; ahora era el momento de hacerle una advertencia. Sus manos se detuvieron en la cintura de Maggie, para atraerla con todas sus fuerzas hacia �l. Las bocas de ambos se fundieron en un beso intenso, salvaje. Hank tuvo un rapto de autocensura. �C�mo se retractar�a de su proceder? La respuesta fue muy clara: no ten�a la menor intenci�n de retractarse.</p><p>Cuando por fin la solt�, Maggie se recost� contra la pared. Con los pu�os apretaba firmemente la camisa de Hank. Sus labios estaban dispuestos a recibir otro beso. Los p�rpados le pesaban. Permanecieron mir�ndose fijamente el uno al otro, tratando de ordenar sus emociones. Cuando Maggie advirti� que a�n segu�a aferrada a su camisa, se oblig� a soltarlo.</p><p>���Por qu� me besaste?</p><p>���Por qu�? -Porque desde que se hab�an conocido, besarla se hab�a convertido en una obsesi�n para �l. Pero desgraciadamente, no pod�a decirle eso. Maggie interpretar�a err�neamente las razones por las que Hank la hab�a contratado en un primer momento. Y tendr�a raz�n-. Porque quer�a que te sintieras casada -Por lo menos, no le minti� del todo.</p><p>��Oh.</p><p>���Te sientes casada?</p><p>��No exactamente.</p><p>Hank volvi� a rodearle el cuello con la mano.</p><p>��Quiz� debamos avanzar un poquito m�s.</p><p>Ella lo empuj�.</p><p>���No! �Basta de besos! Estamos arrug�ndonos toda la ropa.</p><p>���Despu�s?</p><p>��No. Nada de despu�s. Se supone que �sta es una relaci�n netamente comercial. El besuqueo y el manoseo quedan excluidos del trato.</p><p>Hank entrecerr� ligeramente los ojos.</p><p>��Bueno, podr�amos renegociar, incluir ciertas modificaciones en las cl�usulas del contrato. Puedo ofrecerte seguro m�dico, contribuir con aportes jubilatorios�</p><p>���No!</p><p>��Est� bien. Te dar� adem�s todas las manzanas que puedas comer y un aumento de sueldo de diez d�lares por semana. Es mi �ltima oferta.</p><p>���Diez d�lares? �Crees que mis besos valen s�lo diez d�lares por semana?</p><p>Hank le sonri� mostrando todos los dientes.</p><p>���Cu�nto cobras, por lo general?</p><p>Maggie tuvo impulsos de patearle la canilla, pero se contuvo.</p><p>��Muy gracioso. Ya veremos qui�n r�e �ltimo y mejor, sobre todo cuando lleguen tus padres.</p><p>Diez minutos despu�s, estaban todos instalados en la sala de estar. Nadie re�a y mucho menos Hank.</p><p>��Ya nos casamos -dijo �l-. No quiero otra boda.</p><p>��Ser�a una reafirmaci�n de sus votos -replic� su madre. Era una mujer huesuda, de cabellos cortos y entrecanos. Se maquillaba con discreci�n y su calzado armonizaba perfectamente con su atuendo impecable, hecho a medida. A Maggie le cay� muy bien desde el primer momento. Se notaba que era una persona frontal y directa. Si hubiera sido una mujer d�bil de car�cter, probablemente se habr�a dado a la bebida, con todos los disgustos que su descarriado hijo le hab�a infligido. Pero, al parecer, hab�a logrado sobrevivir bastante bien a la situaci�n. Evidentemente, el matrimonio de su hijo significaba un gran alivio para ella, aunque tambi�n se ve�a a las claras que se sent�a decepcionada por no haber podido presenciar una ceremonia formal-. Y despu�s podr�amos organizar una fiesta en honor de ustedes, en casa. �No ser�a lindo?</p><p>Hank se despatarr� en su sill�n�</p><p>��Te agradezco mucho la intenci�n, pero no quiero reafirmar mis votos. Todav�a los tengo muy frescos en mi memoria. Adem�s, Maggie no es fan�tica de las fiestas. M�s bien, prefiere las cosas sencillas. Es muy hogare�a. �No es verdad, Caramelito?</p><p>Maggie advirti� que se hab�a quedado boquiabierta.</p><p>���Caramelito?</p><p>��As� soy yo. Muy hogare�a -confirm�.</p><p>Harry Mallone mir� a su flamante nuera.</p><p>��Hank me cont� que eres escritora.</p><p>Harry Mallone era tan distinto de Hank que no parec�an padre a hijo, pens� Maggie. Los a�os comenzaban a engrosar su ya robusta contextura f�sica. Usaba la camisa almidonada y reci�n planchada. La corbata a rayas luc�a un nudo perfecto y las punteras de los zapatos brillaban. Ten�a la cl�sica postura erguida de quien est� habituado a imponer su autoridad. Hombre preciso. Consistente. Cauteloso.</p><p>Por otra parte, dudaba que Hank tuviera una corbata. Y tampoco se caracterizaba por ser cauteloso. El afecto que un�a a ambos era tan evidente como la facilidad con la que se exacerbaban mutuamente.</p><p>Maggie asinti� con la cabeza.</p><p>��Hace dos a�os falleci� una t�a abuela m�a, Kitty Toone, y me dej� su diario. Su deseo era que alguien se basara en �l para escribir un libro, y como yo soy profesora de ingl�s, pens� que era la persona indicada para ello.</p><p>��Qu� encantador -dijo Helen Mallone.</p><p>Maggie se adelant� en su asiento.</p><p>��Es una historia maravillosa. Mi t�a Kitty era una mujer fascinante. He llevado a cabo una investigaci�n adicional y ya tengo un detallado bosquejo del tema. Ahora todo lo que tengo que hacer es escribir el libro -El s�lo pensar en el proyecto la entusiasmaba. Aunque tambi�n la aterraba. Ignoraba si podr�a alcanzar sus objetivos.</p><p>���Qu� clase de libro ser�? -pregunt� Helen-. �Una novela de amor? �Un libro de cocina? En una oportunidad conoc� a una mujer que anotaba recetas culinarias en su diario.</p><p>Maggie reflexion� unos minutos.</p><p>��No recuerdo haber visto ninguna receta. Mi t�a Kitty trabajaba. B�sicamente, el libro ser� un relato de su vida y sus negocios.</p><p>��Una mujer de negocios -coment� Helen-. Pero qu� interesante. �Y qu� clase de negocios hac�a?</p><p>Maggie sonri� y mir� a Harry directamente a los ojos.</p><p>��T�a Kitty era due�a de un prost�bulo.</p><p>Silencio.</p><p>���Alguien gusta una bolita de queso? -pregunt� Elsie, que entraba en la sala-. �Por qu� est�n tan callados? -cuestion� a Hank-. Parece que los ratones les hubieran comido la lengua. �Qu� pasa? �A nadie le gustan las bolitas de queso? Las hice con mis propias manos. Saqu� la receta de una de esas revistas de comidas raras.</p><p>Hank dirigi� una sonrisa forzada a su presunta esposa.</p><p>���Puedo hablar un momento a solas contigo en la cocina, Bu�uelito?</p><p>��Pens� que era Caramelito.</p><p>Hank apunt� su pulgar con vehemencia, en direcci�n a la cocina y emiti� un extra�o sonido gutural. Una vez all�, a puertas cerradas, se golpe� la frente con la mano abierta.</p><p>���Por qu� yo? �Qu� he hecho para merecer esto? �Con todas las mujeres que hay en Nueva Jersey tuve que ir a buscar a la �nica que est� escribiendo una historia porno!</p><p>Maggie se llev� las manos a las caderas y lo desafi�.</p><p>��No es ninguna historia porno.</p><p>���Cari�o, est�s escribiendo un libro cochino, con escenas de sexo baratas!</p><p>��Estoy escribiendo un libro sobre una mujer que desempe�� un papel dentro de una comunidad de inmigrantes. Cri� un hijo, se compr� uno de los primeros refrigeradores, convirti� su casa rodante en un garaje y vivi� lo suficiente como para ver a los Beatles por televisi�n.</p><p>���Vas a decirme que en ese libro no hay sexo?</p><p>��Por supuesto que habr� sexo, pero s�lo de naturaleza hist�rica. Ser�n escenas er�ticas de alta calidad.</p><p>��Eso es. Ah� est� la madre del borrego. Nunca conseguir� ese pr�stamo. Al banco le importar� un r�bano que la cosecha sea buena o no. En cuanto te vi, supe que me traer�as problemas.</p><p>��Ah, s�, �eh? Y si te diste cuenta enseguida, �por qu� me contrataste?</p><p>��Porque eras t� o nadie. No se hab�a postulado ninguna otra muchacha para el puesto.</p><p>Estaban parados frente a frente, pie con pie, nariz contra nariz, con las manos en las caderas y grit�ndose a voz en cuello.</p><p>��Bien. Renuncio. �Qu� me dices ahora? Ve a buscarte otra esposa.</p><p>��Ni loco que estuviera. Has hecho un trato y tendr�s que cumplirlo -La tom� de los hombros y la atrajo con fuerza hacia s� para besarla. La reacci�n fue tan impactante para ella como para �l, pero jam�s en la vida hab�a necesitado algo con tanta desesperaci�n como ese beso. Cuando la apart�, su coraz�n lat�a con un ritmo enloquecido.</p><p>Elsie entr� intempestivamente en la cocina, empujando las puertas vaiv�n.</p><p>���Qu� mierda est� pasando ac�? Los gritos de ustedes dos se oyen hasta la sala -De pronto, se interrumpi� y mene� la cabeza-. Primero, se gritan como si quisieran arrancarse los ojos y ahora est�n por convertir esta cocina en una caldera. Este pacto que hicieron se est� poniendo un poco raro, �no? Soy vieja. Tengo mis ideas formadas -Se encamin� hacia la cocina y levant� la tapa de la olla que hab�a sobre la hornalla-. Esta carne a la cacerola estar� sobre la mesa dentro de quince minutos. Ser� mejor que se apuren a comer sus bolitas de queso. Y en mi opini�n, no se les va a caer la corona si sirven a esa gente algo para beber. Hace tanto que est�n all� que deben de tener la boca seca.</p><p>Elsie cumpli� lo prometido al pie de la letra. A los quince minutos exactamente la carne a la cacerola estuvo servida, con galletas caseras de manteca, pur� de papas, zanahorias cocidas, salsa de manzanas casera y br�culis al vapor. Dej� la fuente sobre la mesa y se quit� el delantal.</p><p>��Est� por empezar un programa en la tele que quiero mirar -declar�-. En la cocina hay m�s papas y, de postre, tarta de manzanas.</p><p>��Gracias, Elsie -dijo Maggie-. De ahora en adelante, me encargo yo.</p><p>Elsie mir� la mesa por �ltima vez, evidentemente reacia a dejar sus manjares en manos de Maggie.</p><p>��Hay helado de vainilla para acompa�ar la tarta de manzanas. Y no se vaya a olvidar del caf�. Ya est� todo listo.</p><p>���Est� segura de que no quiere cenar con nosotros? Hay lugar�</p><p>��No. Gracias, de todos modos no soy tan sociable. Tengo cosas que hacer. Usted enc�rguese de que todo el mundo coma como corresponde y ojo con la porci�n de tarta que le d� a Hank: est� empezando a ensancharse.</p><p>Alguien llam� a la puerta y Elsie fue a atender.</p><p>��Es Linda Sue Newcombe -grit� desde el vest�bulo-. Viene a presentar una queja por el plant�n de anoche y exige explicaciones.</p><p>Hank pareci� sorprenderse.</p><p>��No recuerdo haber hecho ninguna cita.</p><p>Linda Sue, una muchacha baja y rubia, entr� estrepitosamente en el comedor. Estaba que se la llevaban los demonios.</p><p>��Prometiste que ir�amos a bailar a la granja. Hace dos meses que ten�amos todo arreglado -Sonri� t�midamente a los padres de Hank, a modo de saludo-. Disculpen -les dijo-, pero hasta me hab�a comprado un vestido nuevo para la ocasi�n.</p><p>Hank detestaba los bailes y ten�a serias dudas de que hubiera aceptado llevarla a �se en especial. Linda Sue tend�a a irse por las ramas cuando hablaba y �l prefer�a hacer o�dos sordos a sus delirios. Por lo tanto, probablemente se habr�a perdido alguna parte de la conversaci�n y de all� habr�a surgido el malentendido. Suerte que estaba casado, pens�. Su vida social se hab�a complicado m�s de la cuenta.</p><p>Linda Sue llorique� un poco y luego mir� a Hank con una ca�da de ojos.</p><p>��Tal vez puedas resarcirme por tu falta.</p><p>��No lo creo -declar� Hank-. Me cas� la semana pasada.</p><p>De pronto, Linda Sue abri� los ojos desorbitadamente.</p><p>���C�mo que te casaste?</p><p>Hank hizo un gesto con su galleta a medio comer.</p><p>���sta es Maggie, mi esposa.</p><p>Linda Sue ten�a las manos en las caderas.</p><p>���T� ibas a casarte conmigo!</p><p>Hank apret� los labios.</p><p>��Yo nunca he dicho que me casar�a contigo. Eras t� quien lo afirmaba.</p><p>���Quieres cenar con nosotros? -invit� Maggie-. Hay mucha comida.</p><p>Linda Sue mir� la carne a la cacerola.</p><p>��Huele bien. �Qu� hay de postre?</p><p>��Tarta de manzanas con helado de vainilla.</p><p>��Por supuesto. Me quedo -Tom� una silla que hab�a a un costado y la arrim� a la mesa a la rastra-. Cuando la abuela de Hank viv�a aqu�, yo sol�a quedarme a cenar muy a menudo. Ella siempre agregaba una papa m�s a la olla, por si ten�an alguna visita inesperada.</p><p>Maggie puso un plato m�s para Linda Sue.</p><p>���Vives cerca de aqu�?</p><p>��Viv�a en la colina, al final del camino. Mis padres a�n est�n all� -Se sirvi� una porci�n de carne.</p><p>Maggie esper� a que Linda Sue continuara con el relato, o que alguien sacara otro tema de conversaci�n. Pero la rubia estaba demasiado concentrada en el pur� de papas y los padres de Hank, por su parte, miraban por la ventana. Por �ltimo, Maggie no pudo resistirlo m�s.</p><p>���D�nde vives ahora? -le pregunt�.</p><p>��Actualmente vivo en los apartamentos de Glenview. Quedan en las afueras del pueblo, justo a la salida de la autopista interestatal que va a Burlington.</p><p>El timbre volvi� a sonar y Maggie se disculp� para ir a atender.</p><p>��Me llamo Holly Brown -se present� la mujer cuando Maggie le abri� la puerta-. �Hank est� aqu�?</p><p>��S�. En el comedor.</p><p>Holly Brown entr� en el comedor. Dirigi� una mirada desde�osa a Linda Sue Newcombe y salud� a Hank con un enorme y mojado beso. Sonri� al matrimonio mayor y tambi�n los salud�.</p><p>��Me enter� de que hab�as vuelto al pueblo -dijo Holly a Hank-. Pasaba por aqu� y decid� entrar a darte la bienvenida.</p><p>��Ah�rratela -intervino Linda Sue-. Se ha casado.</p><p>Holly resopl�, sin poder dar cr�dito a lo que acababa de o�r.</p><p>���Hank? �Casado?</p><p>Maggie acerc� otro plato y un cubierto e hizo lugar para Holly.</p><p>��Mi nombre es Maggie -anunci�-. Nos casamos la semana pasada. Te quedas a cenar, �verdad?</p><p>���Seguro que alcanza para todos?</p><p>��Sobra -contest� Maggie. Sab�a que era una rotunda ridiculez, pero �vaya si no estaba sufriendo toda la sintomatolog�a de una esposa aut�ntica! Se sent�a posesiva, celosa y malhumorada. Dirigi� una feroz mirada a su �marido�-. �Hay alguien m�s a quien debamos esperar?</p><p>Tal vez fuera una buena idea preparar algunas papas m�s.</p><p>Holly Brown colg� su bolso en el respaldo de la silla y se sent�.</p><p>��Esta boda ha sido muy repentina.</p><p>Hank se cort� una rodaja de carne.</p><p>��Maggie y yo nos conocimos el verano pasado, cuando fui a Rutgers.</p><p>Holly y Linda Sue intercambiaron miradas. Parec�an esc�pticas.</p><p>��De todas maneras, sigue pareci�ndome una boda muy repentina -repiti� Holly-. Toda la poblaci�n femenina de Skogen ha estado tras Hank durante a�os -dijo a Maggie-. Es m�s escurridizo que una ardilla. Nada personal, pero me llama sumamente la atenci�n que haya ido a Nueva Jersey y que haya vuelto casado.</p><p>��As� son las cosas -insisti� Maggie-. Amor a primera vista.</p><p>Holly dio vuelta la carne a la cacerola, buscando el extremo del trozo.</p><p>��Querida, con Hank siempre hay amor a primera vista. Pero nunca antes alguien hab�a logrado casarlo.</p><p>Linda Sue cubri� sus papas con m�s salsa.</p><p>��Esta casa s� que guarda recuerdos -dijo Holly-. Cuando yo era ni�a, mi padre trabajaba en la cooperativa y pasaba a recoger la leche de todos los tambos. A veces, en verano, me dejaba acompa�arlo. La abuela de Hank siempre me convidaba con masitas dulces y limonada. Si Hank estaba, me quedaba a jugar al Monopolio con �l, en la galer�a. Despu�s, creci� y� -Se detuvo en la mitad de la frase, carraspe� y se concentr� en cortar una rodaja de carne.</p><p>Linda Sue y los padres de Hank tambi�n carraspearon y se dedicaron de lleno a la comida.</p><p>Maggie miraba a Hank de reojo.</p><p>��El perro de Vern se comi� mi tablero de Monopolio -explic� Hank.</p><p>Linda Sue inclin� la cabeza en direcci�n a �l.</p><p>���Bubba sabe que te has casado?</p><p>��Todav�a no -Hank tom� otra galleta-. No lo he visto desde que volv�.</p><p>��A Bubba no va a gustarle esto -coment� Linda Sue-. Debiste hab�rselo dicho.</p><p>���Qui�n es Bubba? -pregunt� Maggie.</p><p>Todos, excepto Hank, parecieron impactados por la pregunta.</p><p>Helen fue la primera que reuni� las fuerzas suficientes para hablar.</p><p>��Bubba ha sido desde siempre el mejor amigo de Hank. Me sorprende que mi hijo no le haya hablado de �l.</p><p>Se oy� una abrupta frenada en la entrada para autos de la casa y Horacio comenz� a ladrar.</p><p>��Creo que es mi turno -dijo Hank. Un momento despu�s, reapareci� con dos mujeres de mediana edad.</p><p>Maggie se aferr� de la mesa para no caer redonda al suelo.</p><p>���Mam�! �T�a Marvina!</p><p>La madre dio un beso a su hija.</p><p>��Pas�bamos por aqu� y se nos ocurri� venir a ver c�mo iban las cosas.</p><p>���Que pasaban por aqu�? -Eran m�s de seis horas de viaje en auto. �C�lmate, Maggie -se dijo-. Las cosas no pueden ser tan negativas como parecen.�</p><p>��Todo est� en orden. �No es verdad, Hank?</p><p>��S�. Perfecto.</p><p>��Mam�, t�a Marvina, les presento a los padres de Hank, a Linda Sue y a Holly -Maggie puso otros dos platos m�s y Hank trajo sillas de la cocina-. Justamente, les cont�bamos a Linda Sue y a Holly c�mo nos conocimos Hank y yo el verano pasado, cuando estuvo en Rutgers.</p><p>Holly cort� una tajada de carne.</p><p>��En mi opini�n, esta boda ha sido demasiado precipitada.</p><p>Mabel Toone y t�a Marvina intercambiaron miradas.</p><p>��Exactamente lo mismo que pensamos nosotras -dijo Mabel a Holly-. Ni siquiera tuvimos tiempo de reservar el Sal�n Nacional Polaco -Se�al� a su hija agitando el dedo en el aire a modo de reproche, aunque se not� claramente que s�lo se trataba de un gesto afectuoso-. Siempre has sido una muchacha conflictiva.</p><p>��Cuando era peque�a, nunca quer�a comer arvejas -acot� t�a Marvina-. Siempre ha sido muy independiente. Hered� esa personalidad de su abuelo Toone. Fue el �nico irland�s en Riverside. Por cierto que era un diablo.</p><p>Hank se recost� contra el respaldo de su silla y vio que Maggie se retorc�a. Si bien esa situaci�n no favorec�a en absoluto sus planes, no pod�a rehusarse a disfrutarla plenamente. Estaba �vido de informaci�n.</p><p>��Maggie no me hab�a dicho que fuera una ni�a conflictiva. De hecho, no me ha contado muchas cosas sobre su infancia.</p><p>Mabel puso los ojos en blanco.</p><p>��Era el terror de Riverside. Desde peque�ita, los ni�os se enamoraban de su cabello rojizo. Ven�an a la puerta de mi casa en patota, pero Maggie no quer�a saber nada con ninguno -Mene� la cabeza-. No era femenina en absoluto. Si los muchachitos no aceptaban el �no� por las buenas, ella les daba un pu�etazo en la nariz, o les part�a la cabeza con su canasta para viandas. Al crecer, sus modales no se corrigieron mucho.</p><p>��Pens�bamos que jam�s se casar�a -dijo t�a Marvina.</p><p>��Y despu�s� �Recuerdas aquella vez, cuando Maggie ten�a nueve a�os -pregunt� Mabel- y escribi� esa palabrota horrenda en la puerta principal de la Escuela Campbell?</p><p>T�a Marvina se tap� la boca con la mano para no soltar una carcajada estruendosa.</p><p>��Eso fue espantoso -Mir� a Hank con los ojos arrugados por el recuerdo-. Nos sorprendi� que hubiera aprendido semejante palabra. Pero as� era ella; una caja de sorpresas.</p><p>��La escrib� porque me hab�an desafiado -explic� Maggie-. Pero despu�s la borr�.</p><p>Mabel unt� una galleta con manteca.</p><p>��Pero como no se borraba -aclar� a Hank-, hubo que pintar la puerta y por supuesto, nosotras tuvimos que pagar la pintura.</p><p>T�a Marvina ten�a raz�n. Maggie era una caja de sorpresas, pens� Hank. No le resultaba para nada dif�cil imaginarla como la marimacho del pueblo. Y al parecer, no hab�a cambiado mucho. Era posible que a�n se atreviera a golpear a los hombres en la nariz. Un detalle interesante para tener en cuenta.</p><p>���Y qu� m�s hac�a Maggie?</p><p>Maggie ech� una mirada de fuego a Hank y otra a su madre.</p><p>��Seguramente estas an�cdotas deben de aburrirlos.</p><p>��No a m� -respondi� Linda Sue.</p><p>Holly Brown bebi� un sorbo de agua.</p><p>��Quiero escuchar m�s historias.</p><p>��Qu� sabrosa est� la carne a la cacerola -encomi� Mabel-. Y el pur� de papas no tiene ni un grumo. �Ves? -Se volvi� hacia Marvina-. Lo �nico que le hac�a falta era casarse. Ahora, hasta cocina.</p><p>��Error -corrigi� Maggie-. Sigo sin cocinar. Tenemos una mucama. Cocin� ella.</p><p>��Una mucama -repiti� Mabel, obviamente impresionada-. Qu� suerte. �Pero qu� har�s todo el d�a si no tienes que limpiar ni cocinar?</p><p>��Ya te lo he dicho. Estoy escribiendo un libro sobre t�a Kitty.</p><p>Mabel elev� los ojos al cielo.</p><p>��Un libro sobre t�a Kitty. Es una locura. T�a Kitty era� ya lo sabes. �Que necesidad tienes de escribir un libro que est� cargado de sexo? �Con qu� cara voy a presentarme los mi�rcoles por la noche a jugar al bingo?</p><p>Las cejas de Linda Sue se arquearon repentinamente bajo su flequillo.</p><p>���Est�s escribiendo un libro cochino?</p><p>��Mi t�a abuela Kitty era due�a de un prost�bulo -explic� Maggie a Linda Sue y a Holly-. Al morir, me dej� su diario y yo estoy escribiendo un libro basado en �l.</p><p>���Vaya temita! -expres� Holly-. Despu�s de esto, Skogen figurar� en los mapas.</p><p>Las mejillas de Harry Mallone hab�an adquirido un marcado matiz bermell�n. Apretaba su tenedor con tanta fuerza que ten�a los nudillos blancos.</p><p>��Antes tendr�n que pasar sobre mi cad�ver -anunci�.</p><p>Helen Mallone palme� la mano de su esposo.</p><p>��Cuidado con la presi�n, Harry.</p><p>Maggie pens� que su presunta suegra no se mostraba demasiado preocupada por el diario de t�a Kitty. Helen Mallone era una mujer asombrosamente tranquila. Es m�s, su serenidad resultaba exacerbante.</p><p>Helen sorprendi� a Maggie contempl�ndola.</p><p>��He logrado sobrevivir a la adolescencia de Hank -explic� Helen-. De all� en adelante, cualquier cosa me pareci� un juego de ni�os. Ahora mi hijo es responsabilidad tuya, querida -Volvi� a acomodarse contra el respaldo de su asiento, con una expresi�n de placidez envidiable.</p><p>Hank esboz� una amplia sonrisa.</p><p>��No he sido tan malo.</p><p>Linda Sue se abanic� con su servilleta.</p><p>��Cari�o, siempre has sido el terror de Skogen.</p><p>El coraz�n de Maggie se sobresalt�. �El terror de Skogen? �Con qu� clase de hombre estaba viviendo? Muy sensual, decidi�. Demasiado. Pens� en el beso que le hab�a dado arriba, en el pasillo y se prometi� que jam�s se repetir�a. Hank era la clase de hombre que sol�a coleccionar mujeres con la misma facilidad con que las dem�s personas coleccionan estampillas o monedas. Dos de ellas estaban compartiendo su mesa en ese preciso momento. Tal vez, si se atreviera a asomarse a la puerta, encontrar�a cientos de muchachas acampando en el jard�n. Desgraciadamente, la evocaci�n de aquel beso provocaba en ella reacciones f�sicas. Sinti� que un intenso rubor le quemaba las mejillas. Mir� a Hank. �l estaba observ�ndola, sonriente. El terror de Skogen sab�a cu�ndo una mujer se sent�a atra�da hacia �l, pens�. Indudablemente, �sa era una de las razones por las que se hab�a ganado semejante fama. Respir� hondo, relaj� los hombros y obsequi� a su �marido� una c�lida sonrisa.</p><p>��Todo eso pertenece al pasado -dijo ella-. Hank es un hombre casado. Sus d�as negros han quedado atr�s. �No es cierto, Pastelito?</p><p>��Es cierto, Bombita de Crema -contest� Hank-. Ahora soy travieso s�lo en casa.</p><p>Maggie sinti� que su sonrisa cobraba una tensi�n m�s antinatural todav�a. Esos seis meses se transformar�an en una eternidad si ten�a que vivirlos esquivando las travesuras de Hank a diario. En Riverside, jam�s hab�a sido muy codiciada en el ambiente masculino, pero de todos modos a ella tampoco le hab�a interesado ning�n hombre en especial. Nadie hab�a sido capaz de moverle el piso con un simple beso. Nadie hasta que Hank apareci�. Le resultar�a una ardua tarea resistirse a los avances de un hombre que ten�a el potencial necesario para satisfacer todas las fantas�as con las que siempre hab�a so�ado.</p><p>Helen Mallone se dirigi� a la madre de Maggie.</p><p>��Parece que esta boda se hubiera celebrado en el cielo.</p><p>��S� -coincidi� Linda Sue-. Parecen cortados con la misma tijera.</p><p>Maggie no lo tom� como un elogio, precisamente.</p><p>��Santo Dios -exclam� Mabel, dirigi�ndose a Maggie-. Eres el calco de tu abuelo Toone cuando se te ponen los ojos h�medos y brillosos, como peque�os abalorios.</p><p>��Cierto -confirm� t�a Marvina-. Tu abuelo Toone ten�a muy pocas pulgas. Si alguien comet�a la estupidez de insultarlo, tomaba distancia y luego le daba semejante trompada que le cambiaba todas las facciones. �Qu� car�cter ten�a! �No es cierto, Mabel?</p><p>Linda Sue abri� los ojos desmesuradamente.</p><p>���Por Dios! -dijo a Maggie-. No andar�s por ah� golpeando a la gente como tu abuelo, �verdad?</p><p>��No te preocupes por Maggie -respondi� Hank en su lugar-. Hemos llegado a un acuerdo; ahora que es una mujer casada, ha aceptado dejar de lado la violencia. Hasta logr� que abandonara las luchas en el barro.</p><p>Holly se qued� boquiabierta.</p><p>���En verdad luchas en el barro?</p><p>��Maggie era la mejor -contest� Hank-. Fue la Reina de Lucha en el Barro de Jersey Central.</p><p>Maggie se levant� abruptamente de su asiento.</p><p>��Hank Mallone, quisiera hablar contigo unos minutos a solas, en la cocina, por favor.</p><p>��Ay, otra vez tiene esa cara� -coment� Linda Sue-. Apuesto a que va a golpearlo.</p><p>Avanzando con pasos iracundos, Maggie cortaba el aire con sonidos sibilantes. Cuando lleg� a la cocina, cerr� la puerta tras de s�.</p><p>���Lucha en el barro? ��Lucha en el barro?! �No crees que esta cena se nos ha ido de las manos m�s de lo necesario?</p><p>��Pens� que te agradar�a la ocurrencia. Les dije que eras la mejor.</p><p>Maggie lo aferr� por la camisa.</p><p>���Este asunto es muy serio! -gru��-. �Tus padres creen que soy una ex luchadora de barro regenerada!</p><p>��Tranquil�zatele -inst� �l-. He decidido que ser� mejor que mis padres crean que yo te regener�. As�, pensar�n que realmente he sentado cabeza -Le masaje� los hombros-. Tendr�s que aprender a relajarte. M�rate� est�s tan tensa.</p><p>Hank ten�a raz�n, pens� Maggie. Estaba muy tensa. Y, probablemente, hab�a exagerado su reacci�n. Nadie pod�a tomar en serio eso de que hab�a luchado en el barro. Era rid�culo.</p><p>��Tienes raz�n -le dijo-. Soy una tonta. Tal vez esta cena est� saliendo mucho mejor de lo que creo. El hecho de que tu padre no deje de estrujar su tenedor no es raz�n suficiente como para pensar que las cosas no est�n saliendo bien.</p><p>��Exactamente. Mi padre siempre tiene los nudillos blancos cuando come.</p><p>��Y en esta cena, hay muchas cosas positivas para enumerar -continu� Maggie-. Nadie se descompuso por la comida. Nadie ha sugerido la anulaci�n de nuestro matrimonio. Buena se�al, �no te parece?</p><p>��No podr�amos pretender m�s.</p><p>��Y mi madre ni siquiera trajo consigo esas fotograf�as m�as de cuando era una beba, en las que estoy aplast�ndome las arvejas en la cabeza. Tampoco mencion� a Larry Burlew, ni las dos semanas en las que tuve que quedarme despu�s de hora en la escuela por comer goma de mascar. No ha contado a nadie la an�cdota aquella de cuando me met� con el Buick en la laguna Dailey, ni aquella otra de cuando me qued� encerrada toda la noche en la tienda de Greenfield -Mir� por encima de su hombro la puerta cerrada de la cocina-. Claro que todav�a es muy temprano. Acaba de llegar -Se mordi� el labio inferior. Jam�s deb� haberme marchado del comedor. Eso, en Riverside, significa una invitaci�n abierta al caos. Te vas de una sala y los que quedan te despellejan.</p><p>Hank la estudi� de cerca.</p><p>���Te pasa algo en la ceja?</p><p>���Por qu� lo preguntas?</p><p>��Porque te est� latiendo.</p><p>���Oh, no! �Lo que me faltaba! -Se cachete� la mitad de la cara-. Ahora, adem�s de todo, tus padres van a pensar que tengo un tic nervioso. Dime la verdad. �Crees que esto empeorar�?</p><p>Aun en la cocina, oyeron la voz de t�a Marvina que retumbaba en el comedor.</p><p>���Ay, Dios m�o! �Es Pomp�n! Y parece tan asustada que busca esconderse en cuanto rinc�n encuentra.</p><p>���Pomp�n? -preguntaron Maggie y Hank al un�sono.</p><p>Maggie rezong�.</p><p>��Seguramente dej� abierta la puerta de mi cuarto -Volvi� a asir la camisa de Hank-. Horacio est� afuera, �no es verdad?</p><p>��Horacio est� debajo de la mesa del comedor.</p><p>Se oy� un aullido de gato, desgarrador. Hank y Maggie salieron corriendo hacia el comedor. Pomp�n estaba acurrucada en un rinc�n. Ten�a las orejas ca�das y ronroneaba por lo bajo, con un sonido que crispaba los nervios de cualquier criatura viviente� con excepci�n de Horacio. El perro se acerc� a Pomp�n a los saltos, ladr� divertido y la atrap� poni�ndole una pata encima. Se oy� otro aullido felino, acompa�ado de un r�pido zarpazo directo al hocico. Horacio se quej� de dolor y la gata aprovech� para huir, trep�ndose al primer objeto disponible: la r�gida espalda de Harry Mallone. Horacio sali� tras la gata, que salt� a la mesa no sin antes derribar un candelabro. En cuesti�n de segundos, el mantel blanco de lino qued� envuelto en llamas. Hank lo tom� de un extremo y tir� de �l, llev�ndolo a la rastra hacia la cocina, para sacarlo al patio por la puerta trasera de la casa. En el trayecto iba perdiendo restos de comida y trozos de vajilla.</p><p>Todos los invitados siguieron a Hank al patio y rodearon la peque�a hoguera de comida y mantel que ard�a sobre el c�sped, quem�ndolo tambi�n. Sus miradas quedaron fascinadas en el fuego y sus labios se sellaron en un est�pido silencio, mientras las galletas de manteca se consum�an una por una, luego las zanahorias, los br�culis y por �ltimo, un trozo de carne.</p><p>�De modo que a esto se ha reducido mi primera cena familiar -pens� Maggie-. A un grupo de personas alrededor de una burda fogata�. Sinti� el rid�culo impulso de ponerse a cantar canciones t�picas de campamento y mir� a los dem�s, para ver si al menos sonre�an. S�lo Hank lo hac�a. Su mirada se encontr� con la de ella y Maggie advirti� que los latidos de su coraz�n se aceleraban. No pod�a recordar que otro hombre la hubiera mirado de ese modo alguna vez. Sus labios dibujaban una sonrisa inocente, pero sus ojos se ve�an hambrientos y posesivos. Entre ellos se suscit� un momento de perfecta comprensi�n; un encuentro de ideas y emociones; un despertar al aut�ntico cari�o.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 4</p></title><p>Al cabo de un rato, la burda fogata se puso aburrida. Se hab�a consumido hasta quedar reducida a un mont�culo chamuscado, del tama�o de una pelota de b�isbol, aproximadamente, con la densidad de un meteorito y el color renegrido del carb�n.</p><p>��Bueno -dijo Maggie-. �Est�n listos para el postre?</p><p>��Yo paso -contest� Linda Sue-. Ya es hora de volver a casa.</p><p>Holly sigui� a Linda Sue, caminando en puntillas para esquivar los restos de pur� que hab�an quedado desparramados en la galer�a.</p><p>��Yo tambi�n. Todo ha estado estupendo, pero se hace tarde.</p><p>Harry Mallone apret� el hombro de su hijo. Fue un gesto de condolencia, muy com�n en las salas de espera de las cl�nicas, en los velatorios o al recibir un pago indemnizatorio por despido laboral.</p><p>Hank prefiri� ignorar lo obvio.</p><p>��En cuanto al cr�dito�</p><p>Helen Mallone abraz� a Maggie.</p><p>��Llevar� a Harry a casa. Y no te preocupes por el peque�o incendio, querida. Hank nunca ha sido muy afecto a las sobremesas. Tal vez todo esto haya sido para bien -agreg� con ternura.</p><p>Elsie se encontr� con Maggie en la cocina.</p><p>��Siento olor ha quemado. �Puede ser?</p><p>Maggie oli� el aire.</p><p>��Me temo que sea su carne a la cacerola. Pomp�n se subi� a la mesa, derrib� un candelabro y el mantel empez� a quemarse. Hank lo arrastr� hasta el patio, con todas las cosas que estaban sobre �l.</p><p>Elsie mir� por la puerta de vidrio y vio los restos de comida chamuscada.</p><p>��Bueno, no se ve tan mal. No se ha quemado nada importante. �Eso negro que se ve all� es la carne a la cacerola?</p><p>��S�.</p><p>��He comido cosas peores -dijo Elsie.</p><p>Media hora despu�s, las cenizas de la hoguera desaparecieron dentro de una bolsa de residuos. Los pisos estaban impecables nuevamente y la vajilla que logr� sobrevivir al caos, lavada y debidamente seca. Mabel, t�a Marvina, Hank, Maggie y Elsie se sentaron a la mesa de la cocina, a disfrutar de la tarta de manzanas y del helado.</p><p>��Recuerdo la primera cena que ofrec� cuando era reci�n casada -evoc� Mabel Toone-. Hac�a s�lo tres semanas que me hab�a casado y ten�a catorce invitados para la Nochebuena.</p><p>��Lo recuerdo como si fuera ayer -dijo t�a Marvina-. Yo me hab�a puesto ese vestido de terciopelo verde, con mostacillas de brillantes bordadas en el escote. Todo hab�a salido perfecto, salvo por t�a abuela Sophie, que hab�a bebido m�s de la cuenta y se cay� encima del pastel de anan�s. Se le hab�a resbalado el codo de la mesa -explic� Marvina- y se cay� de cabeza sobre la crema chantill�. Fue un verdadero desastre.</p><p>��No fue nuestra intenci�n inmiscuirnos en la cena -se excus� Mabel con Maggie-. Simplemente, est�bamos muy preocupadas por ti y quisimos venir a ver c�mo iban las cosas.</p><p>��Mam�, tengo veintisiete a�os y puedo cuidarme sola.</p><p>��Es que te fuiste tan apurada� Adem�s, la �nica explicaci�n que nos diste fue que te vendr�as a vivir a Vermont, con este hombre. Ni siquiera ten�amos la certeza de que te hubieras casado. Aqu� hay gato encerrado. �Est�s�?</p><p>Maggie se llev� el dedo a la ceja, que no dejaba de moverse.</p><p>��No, no estoy embarazada.</p><p>Mabel Toone mir� a Hank.</p><p>����l te ha forzado a hacer esto? �Se trata de un secuestro? Me parece muy pillo.</p><p>��Nadie me ha secuestrado -contest� Maggie-. Necesitaba un lugar tranquilo para escribir mi libro y apareci� Hank�</p><p>Mabel parec�a espantada.</p><p>���Quieres decir que te casaste s�lo para poder escribir tu libro?</p><p>��S�. �No! -No quer�a que su madre se preocupara por ella. Pero tampoco deseaba que la considerara una idiota-. Me cas� porque� quer�a.</p><p>Hank acerc� su silla a Maggie y le rode� los hombros con el brazo.</p><p>��Amor a primera vista -dijo a Mabel-. Lo descubrimos no bien nos conocimos -Dio a Maggie un sonoro beso en la cabeza-. Anda, Bu�uelito, di a mam� cu�nto me amas.</p><p>��Oh� te amo profundamente.</p><p>Mabel no parec�a muy convencida.</p><p>��No lo s�.</p><p>Hank dej� de apretar a Maggie con su abrazo. Apoy� el ment�n sobre la mara�a de rizos anaranjados que le ocultaban la oreja y habl� con un tono de voz m�s suave y serio.</p><p>��S� que esto debe de ser muy dif�cil para usted, se�ora Toone. Se preocupa por Maggie y no puedo culparla. No debimos haber mantenido nuestro romance en secreto, pero la verdad es que hasta a nosotros nos ha tomado de sorpresa. Creo que ser�a estupendo que usted y t�a Marvina se quedaran con nosotros algunos d�as. As�, podr�a aprovechar la oportunidad para conocerlas mejor -Mientras hablaba, jugueteaba con un rizo de Maggie entre los dedos. De pronto, lo abrum� una inmensa ternura hacia la encantadora mujer que ten�a entre sus brazos. La sensaci�n casi lo dej� sin aliento-. Amo a su hija -confes� a Mabel Toone-. Y es mi intenci�n cuidarla mucho, mucho.</p><p>��Creo que una madre no puede aspirar a m�s -dijo Mabel-. Tu invitaci�n ha sido un gesto muy amable, pero Marvina y yo hemos reservado una habitaci�n en una hoster�a cercana. Adem�s, tenemos que regresar a Riverside porque Marvina tiene turno en la peluquer�a para hacerse una permanente el jueves, y en casa no hay quien riegue mis plantas. Por otra parte -agreg� con una amplia sonrisa-, ya s� que los reci�n casados necesitan soledad.</p><p>Hank emiti� un sonido de agradecimiento que hizo eco en el o�do de Maggie. La hizo vibrar hasta en la fibra m�s �ntima de su ser y a pesar de su gran determinaci�n, sinti� que se relajaba contra su cuerpo. Pr�cticamente era imposible no sucumbir a los encantos de Hank Mallone. Pod�a ser mujeriego y calculador, pero tambi�n se caracterizaba por su sensibilidad y simpat�a, dos atributos suyos que la conmov�an. No s�lo calentaba su sangre, sino que tambi�n abrigaba su alma. Era agradable y desolador. La enfurec�a su habilidad para mentir con tanta naturalidad respecto de cuanto la amaba. Hank Mallone era un cretino, decidi�.</p><p>��Bueno -dijo Mabel-. Es hora de marcharnos. La tarta estuvo deliciosa -elogi� a Elsie. Bes� a su hija y abraz� a su yerno-. No se pierdan.</p><p>��Son adorables -dijo Hank a Maggie cuando por fin estuvieron solos en la galer�a de la entrada-. Se nota que se preocupan mucho por ti.</p><p>Maggie tom� el comentario como un gesto generoso por parte de Hank, pues bien pod�a haber dicho que sus parientas eran unas entremetidas.</p><p>���Crees que soy mala hija?</p><p>Hank se ri�.</p><p>��No. Creo que est�s luchando por lograr el equilibrio entre ser buena hija sin dejar de ser una adulta independiente. Y que tu madre tambi�n est� luchando por aceptar que ya eres una ni�a adulta.</p><p>Maggie se qued� pensativa unos instantes y luego pregunt�:</p><p>���Crees que tu padre te otorgar� el cr�dito?</p><p>��No lo s�. No parec�a muy contento cuando se fue -Tirone� de un rizo colorado-. No pensar�s seriamente en la posibilidad de quedar embarazada, �no?</p><p>��Lo dudo.</p><p>��Ah. S�lo quer�a confirmarlo.</p><empty-line/><p>Maggie estaba habituada a o�r el ruido de motores que se alejaban del estacionamiento a primera hora de la ma�ana; a los recolectores de basura vaciando los tarros, y la tos de fumador del viejo Kucharski cada vez que sal�a de su alcoba o del cuarto de ba�o, arrastrando los pies. Eran ruidos que ella siempre hab�a detestado y, por consiguiente, le llam� la atenci�n que ahora los estuviera echando de menos. Se levant� con gran esfuerzo y se puso una camiseta azul, muy gastada, y unos pantalones cortos de algod�n, de color gris. Camin� descalza hacia la cocina, hechizada por el aroma del caf� reci�n hecho.</p><p>Hank ya estaba sentado a la mesa. Levant� la vista y gimi�. Sus temores m�s nefastos y sus fantas�as m�s libertinas acababan de confirmarse. La ten�a all� mismo, frente a su nariz. Su presencia ser�a inexorable. Maggie Toone era el vivo retrato de la seducci�n matinal, con ese cabello revuelto y esa cara de dormida. Se sirvi� una taza de caf� y bebi� un sorbo de inmediato. Estuvo a punto de decir algo, pero el placer de ese primer sorbo borr� sus intenciones. En cambio, sonri� y suspir� satisfecha.</p><p>Elsie sac� del horno unos panecillos a la canela y los coloc� en una cesta forrada con una servilleta.</p><p>��No se ilusionen con que esto ser� cosa de todos los d�as -advirti� Elsie-. Simplemente, tuve antojo de comer panecillos a la canela.</p><p>Maggie los oli�.</p><p>���Qu� aroma estupendo!</p><p>��S�, parece que han salido bastante buenos -coment� Elsie-. Hay cereal en la alacena y jugo en el refrigerador. Supuestamente, usted es una mujer casada y por lo tanto debe arregl�rselas sola -Tom� un panecillo y empez� a trozarlo en un bol-. Para Horacio. Tiene debilidad por los dulces.</p><p>��S� -concedi� Hank-. Y usted lo que tiene d�bil es el coraz�n.</p><p>��Bueno -dijo Elsie-. Pero no lo divulgue. La gente a veces se aprovecha.</p><p>Un hombre robusto, casi tan grande como un oso, apareci� por la puerta de atr�s.</p><p>��Caramba -dijo-. Aqu� huele a panecillos a la canela. �Me encantan los panecillos a la canela!</p><p>Elsie mir� a Hank.</p><p>���Este tipo tiene algo que ver con usted?</p><p>��Eso me temo. Se llama Bubba y es mi mejor amigo.</p><p>Bubba concentr� su atenci�n en Maggie.</p><p>���Caracoles! -dijo suavemente-. No quiero mirarte en detalle, pero� �qu� pas� con el resto de tus pantalones?</p><p>Maggie tirone� de las cortas piernas de sus pantalones de algod�n.</p><p>��No esperaba visitas.</p><p>��Yo no soy ninguna visita -replic� �l-. Soy Bubba.</p><p>Bubba tom� un panecillo de canela y cort� un trozo bastante grande.</p><p>���C�mo es eso de que te has ido a otra parte para casarte? -pregunt� a su amigo-. Un d�a desapareces de repente, sin avisar, y todos pensamos que hab�as salido huyendo despavorido, por miedo a que te atrapara un marido celoso o algo por el estilo. Y resulta que, cuando vuelves, eres un hombre casado -Se apoy� en la mesa y baj� la voz-. �La has embarazado?</p><p>��No, no estoy embarazada -contest� ella, anticip�ndose-. �Quieres caf�?</p><p>���Los osos lo hacen en el bosque? -pregunt� Bubba, sonriente.</p><p>Maggie puso los ojos en blanco y sirvi� el caf�.</p><p>��Me gustar�a quedarme a conversar, pero tengo mucho que hacer -Tom� su panecillo a la canela, su taza de caf� y se march� de la cocina.</p><p>��Es bonita -la elogi� Bubba-, pero aun as�, no entiendo por qu� has tenido que casarte con ella.</p><p>��Porque me lo implor�, una y otra vez -le dijo Hank-. Me dio l�stima.</p><p>Maggie se detuvo en la mitad de la escalera y, por unos minutos, acarici� la posibilidad de volver a la cocina para estrangular a su supuesto marido. Hank ten�a un diab�lico sentido del humor. Le encantaba provocarla. Estrangularlo habr�a sido edificante, pero para eso tendr�a que tocarlo y probablemente lo mejor fuera evitar el contacto f�sico. Una vez que empezara, s�lo Dios sab�a en qu� pod�a terminar.</p><p>Alrededor de las diez y media, Maggie estaba muy adelantada con su primer cap�tulo. Bubba ya se hab�a marchado y Hank se hallaba en los manzanares, trabajando con una m�quina que hac�a �zanc, zanc, zanc�. El calor se filtraba por la ventana abierta mientras Maggie tipeaba una frase en su computadora. Se detuvo para releer lo que acababa de escribir. Supuso que mucha gente desaprobar�a la vida de su t�a Kitty, pero no le correspond�a a ella ponerse en jueza de nadie. T�a Kitty hab�a vivido hasta los noventa y tres a�os y ella ya la hab�a conocido vieja. Hab�a sido una mujer amable, inteligente, enamorada de la vida. Su diario conten�a numerosas trivialidades maravillosas, flores secas prensadas, im�genes rom�nticas y de vez en cuando confesiones sobre sus dudas y su arrepentimiento por haber vivido los mejores a�os de su vida como una persona de p�sima reputaci�n. La mayor parte del diario consist�a en una narraci�n detallada de lo que representaba administrar un burdel y para Maggie, eso era lo m�s fascinante: la cantidad de s�banas que hab�a que comprar, cu�nto se le pagaba al pianista, los portaligas que se encargaban a una tienda especial de Nueva Orleans, las facturas del hielo que se compraba, de los art�culos de almac�n y de la empresa de carb�n. Entre esas cosas, tambi�n aparec�an las descripciones de los clientes, an�cdotas graciosas y secretos comerciales que, en su gran mayor�a, eran irreproducibles.</p><p>Dos horas despu�s, Hank estaba de pie en la puerta abierta que daba al estudio de Maggie, contempl�ndola trabajar. Parec�a totalmente absorta en su tarea. Tipeaba con velocidad. Ocasionalmente se deten�a para consultar el anotador que ten�a junto al codo y otras veces, para leer en la pantalla lo que hab�a escrito. Mascull� algo entre dientes a hizo un gesto con la mano. Luego mene� la cabeza y comenz� a escribir nuevamente.</p><p>El deseo perme� la piel de Hank. Si no hubiera tenido el almuerzo en la mano, probablemente se habr�a metido en el recinto y habr�a cerrado la puerta con llave, para arriesgarse. Pero se qued� observ�ndola unos minutos m�s, tratando de comprender tanta determinaci�n por parte de Maggie. Le resultaba muy dif�cil creer que se tomara en serio ese proyecto de escribir un libro. Tal vez si hubiera escogido alguna novela de ciencia ficci�n, o un libro para ni�os� �Pero el diario de la propietaria de un burdel? A �l todo aquello le sonaba m�s a pasatiempo; a capricho quiz�, como indagar en el �rbol geneal�gico. Por otra parte, se le antojaba presuntuoso sentarse a escribir un libro porque s�. Supuestamente, hab�a que aprender ciertos secretos, desarrollar un estilo. Tal vez, no difer�a tanto de cultivar manzanos, pens�. Primero era necesario adquirir muchos conocimientos y despu�s, cometer muchos errores. Mientras tanto, Maggie se convertir�a en la comidilla de Skogen, arruinando la �ltima posibilidad que le quedaba de conseguir ese pr�stamo. Hank deber�a haber estado furioso. Pero no lo estaba. Entend�a lo que era tener una idea loca y sustituir el entusiasmo por experiencia. Por otra parte, estaba perdidamente enamorado de ella. Golpe� el marco de la puerta para atraer su atenci�n.</p><p>��Te traje algo para almorzar -le dijo.</p><p>Maggie se llev� la mano al pecho.</p><p>���Me asustaste!</p><p>��Mmmm. Te pones preciosa cuando te concentras en esto. �Qu� tal va?</p><p>���Estupendo! Hace dos a�os que investigo y planeo este libro, de modo que pr�cticamente se escribe solo. Lo tengo todo en la cabeza� -Mordi� su s�ndwich de ensalada de huevo-. Tal vez, a medida que avance, el proceso se torne m�s lento. Pero siempre he tenido muy claro lo que quer�a decir en este primer cap�tulo. Es tan satisfactorio poder verlo en pantalla por fin.</p><p>���Puedo leerlo?</p><p>��Cuando est� m�s adelantado -Devor� el s�ndwich, bebi� su leche y se limpi� la boca-. Estaba muy rico. Gracias. No me hab�a dado cuenta de que ten�a tanta hambre.</p><p>Hank tom� el plato y el vaso vac�o.</p><p>��Elsie va al pueblo. Quiere saber si necesitas algo.</p><p>��No. Estoy bien.</p><p>Hank detestaba tener que irse. Quer�a quedarse all� y conversar, para enterarse de todas las atrocidades que Maggie hab�a hecho cuando ni�a. Quer�a saber si alguna vez se hab�a sentido temerosa, sola o desalentada. Quer�a informarse sobre los hombres que se hab�an cruzado en su camino y lo que ella pensaba respecto de los beb�s. Busc� una excusa para prolongar el almuerzo.</p><p>���Deseas alg�n postre? Elsie horne� masitas con trocitos de chocolate esta ma�ana.</p><p>��Estoy absolutamente satisfecha. Tal vez m�s tarde.</p><p>��De acuerdo. Hasta luego.</p><empty-line/><p>Eran las seis de la tarde cuando Elsie comenz� a trabajar con ah�nco en la cocina.</p><p>��El men� para esta noche es sopa de pollo -dijo, golpeando platos y recipientes contra la mesa-. En el horno hay pan de ma�z y como postre, bud�n de chocolate en la heladera.</p><p>Hank mir� la mesa y se dio cuenta de que estaba preparada para dos comensales.</p><p>���No cenar� con nosotros? �Otra vez pasan algo bueno por televisi�n?</p><p>��Tengo una cita. Hoy, cuando fui al pueblo, conoc� a un joven encantador. Habr� cumplido los sesenta y cinco ayer, o antes de ayer a m�s tardar. Me invit� a comer una hamburguesa por ah� y luego a jugar bingo en Mount Davie.</p><p>Hank pas� revista mentalmente a todos los hombres mayores que conoc�a en el pueblo.</p><p>���Se trata de Ed Garber?</p><p>��Precisamente. Me ha dicho que fue jefe de la oficina de correos hasta que se retir� y que su esposa falleci� hace tres a�os.</p><p>��Ser� mejor que est� bien alerta -le aconsej� Hank-. Me han dicho que s�lo tiene una idea fija.</p><p>��Pues que Dios lo bendiga si es as�. �Y adem�s, le gusta jugar bingo! No se puede pretender mucho m�s de la vida -Elsie se quit� su delantal de cocina y lo guard� en un caj�n-. Hoy me encontr� con Linda Sue en el supermercado. Estaba pagando lo que hab�a comprado. Le aseguro que, si pusiera un peri�dico en este pueblo, amasar�a una fortuna. Estuvo desparramando por todas partes que usted se cas� con una escritora de libros pornogr�ficos. Si yo estuviera en su pellejo, no me quedar�a tan tranquilo. Por el cr�dito, digo. Su reputaci�n no pod�a haber ca�do m�s bajo.</p><p>��Pero Maggie no est� escribiendo un libro pornogr�fico. S�lo est� narrando la historia de su t�a Kitty.</p><p>Elsie se mostr� esc�ptica.</p><p>��No interprete mal mis palabras. A m� me cae muy bien Maggie. Tiene algo; no s�. Si yo fuera usted y tuviera que tomar una decisi�n, me llevar�a a esa muchacha a un lagar en cualquier momento.</p><p>Hank le sonri�.</p><p>��Usted es bastante astuta.</p><p>��No lo dude. Y para la edad que tengo, tampoco puedo quejarme de mi estado f�sico -Tom� su bolso, que estaba sobre la mesa, cuando Ed Garter llam� a la puerta-. Ser� mejor que suba a despegarle la nariz de esa computadora antes de que el pan de ma�z se enfr�e. Y no se va a morir si hace algo con ella despu�s de cenar. No es bueno estar sentada tanto tiempo. Se va a acalambrar hasta los dientes. Una vez conoc� a alguien que por estar as� aplastado todo el d�a, no pudo mover el intestino durante una semana. Despu�s va a tener que recurrir a la compota de ciruelas y a la leche de magnesia, cuando lo �nico que le hace falta es salir a caminar un rato para distenderse.</p><p>Ed Garber mir� a Hank.</p><p>��Buenas -salud�-. Lindo d�a, �no?</p><p>��S�. Buen tiempo para los manzanos.</p><p>���Todav�a sigues con tu sistema ecol�gico de cultivo? �No se te apestan?</p><p>��Bueno, tengo que trabajar en ello, pero hasta el momento est�n bastante bien -respondi� Hank.</p><p>��Alg�n d�a les echar� un vistazo para ver c�mo lo haces. Tengo un manzano en el jard�n de mi casa que est� deplorable.</p><p>Cuando Ed y Elsie se marcharon, Hank cerr� la puerta de vidrio y subi�.</p><p>��Elsie dice que debes bajar a cenar antes de que se enfr�e el pan de ma�z -dijo a Maggie-. Y tambi�n dice que te vas a acalambrar hasta los dientes por estar tanto tiempo sentada. Que despu�s no vas a poder mover el intestino y que tendr�s que comer compota de ciruelas.</p><p>Maggie termin� de escribir una frase y grab� su archivo.</p><p>��Tu consejo me suena a burla, pero Elsie tal vez tenga raz�n.</p><p>��Al parecer debo asegurarme de que ejercitas tus piernas.</p><p>Maggie apag� la computadora.</p><p>��Me vendr�a muy bien, para ser franca. Podr�amos salir a caminar despu�s de cenar.</p><p>���sa era mi segunda opci�n.</p><p>Pero Maggie no iba a darle el gusto de preguntarle cu�l era la primera.</p><p>���Da�ar�amos los �rboles si caminamos por los manzanares?</p><p>��No, porque el terreno est� marcado con l�neas cruzadas por las huellas del cami�n.</p><p>Ya en la cocina, Maggie tom� el cuchar�n para servir la sopa y sac� el pan de ma�z del horno. Se sentaron a la mesa, uno frente al otro y cenaron en ameno silencio.</p><p>��Qu� agradable es esto -dijo ella por fin-. Siempre he detestado tener que cenar sola. A veces pon�a la mesa para m� y hasta me preparaba alguna comida elaborada, aunque por lo general, recurr�a a alg�n s�ndwich congelado que calentaba en el horno de microondas y luego com�a de pie.</p><p>Hank le sonri�.</p><p>���Tu madre lo sabe?</p><p>Maggie ri�.</p><p>��Mi madre tiene miedo de preguntar. Y si su vecina, la se�ora Ciak, llegara a enterarse� -Maggie mene� la cabeza-. Mi madre caer�a en desgracia para siempre -Unt� con manteca otra rebanada de pan de ma�z-. En el barrio de mis padres nadie baja las persianas por la noche, pues eso significa que no quieres que miren hacia adentro de tu casa. La gente especular�a que es porque la tienes sucia. Todas las mujeres tienen secarropas, pero a�n conservan la costumbre de secar las s�banas al sol, para que no se pongan amarillas y los dem�s no las critiquen. S� que parece una estupidez, pero me hace sentir claustrof�bica. Todas esas reglas t�citas, esas comparaciones. Nunca pude formar parte de ese esquema riguroso que Riverside obedece ciegamente. Debe ser porque era muy obstinada.</p><p>��Veo que empleas el pasado. �Por qu�?</p><p>Maggie comi� su pan de ma�z.</p><p>��Porque he evolucionado -Hank arque� las cejas y Maggie ri�-. Tienes raz�n. Todav�a lo soy. Pero la obstinaci�n puede ser una ventaja cuando eres adulto. Ahora prefiero pensar que soy una mujer tenaz, con personalidad y s�lidas convicciones.</p><p>Hank se alej� de la mesa. Se dirigi� hacia el refrigerador y sac� dos budines. Entreg� uno a Maggie.</p><p>���Por eso quer�as venir a Vermont? �Para escapar de las s�banas blancas y de las ventanas abiertas?</p><p>��Quer�a empezar una nueva vida. Necesitaba pasar al anonimato.</p><p>Hank desvi� la mirada y hundi� la cuchara en el bud�n. En su opini�n, Maggie hab�a salido de la sart�n para caer en las brasas. Skogen era la capital del chisme del mundo libre. Estaba absolutamente convencido de que todo el pueblo ya estaba enterado de lo que Maggie se hab�a puesto la noche anterior, de lo que hab�a comido y de lo que hab�a dicho. Y con seguridad, tambi�n estar�an juzg�ndola. Riverside no era el �nico pueblo donde se secaban las s�banas al sol. Pero Hank no quer�a dec�rselo en ese momento. Pronto ella se dar�a cuenta por s� misma. Y si Maggie estaba dispuesta a dar una oportunidad a Skogen, descubrir�a que tambi�n ten�a ciertas cualidades redentoras.</p><p>Lavaron la vajilla y salieron a caminar. Horacio los segu�a de cerca, casi pis�ndoles los talones. Como a�n no hab�a oscurecido, Hank enfil� hacia el sur, por una huella que cruzaba la extensi�n m�s larga de sus tierras. Estaban en julio, de modo que las manzanas todav�a no hab�an madurado.</p><p>���Qu� pasar� con estas manzanas si no te otorgan el cr�dito? -pregunt� Maggie-. �Se echar�n a perder en la planta?</p><p>��No. En realidad, no es tan dr�stico. Como pertenezco a una cooperativa, puedo almacenarlas en un sitio climatizado o venderlas al por mayor.</p><p>��Oh -Por la expresi�n de Maggie, Hank se dio cuenta de que ella no ten�a la menor idea sobre el manejo del mercado de las manzanas.</p><p>��Hay tres maneras de comercializar las manzanas -explic� �l-. La comercializaci�n directa significa que vendes tus productos en la puerta de tu establecimiento. La comercializaci�n regional implica la venta dentro de la zona, como cuando yo entrego mi mercader�a a Mam� Irma. Y la tercera alternativa es la comercializaci�n al por mayor, en la que interviene un consignatario manzanero al que le vendes la producci�n por bulto. Cuando optas por esta �ltima posibilidad, obtienes m�rgenes m�s estrechos y corres un riesgo mayor. Mi intenci�n es desarrollar la comercializaci�n directa y regional de mis manzanas. Quiero abastecer a los turistas que vienen a esquiar y a los ricachones preocupados por la nutrici�n que migran desde Boston y Nueva York� Todav�a no he alcanzado una gran producci�n. S�lo dentro de diez a�os mis �rboles llegar�n a la madurez necesaria, pero por el momento, obtengo las manzanas imprescindibles para diversificar.</p><p>��De modo que no ir�s a la quiebra aunque no consigas el cr�dito.</p><p>Hank recogi� una piedra y la arroj� por el camino.</p><p>��No se trata de una cuesti�n meramente monetaria. Si tengo una buena cosecha, no ir� a la quiebra, pero tampoco progresar�. No pretendo ser millonario, pero s� tener algo propio. Alg�n �xito que sea producto de mi esfuerzo -La mir� para ver si lo comprend�a-. Siempre fui un muchacho que casi obtuvo las mejores calificaciones de la escuela; que casi logr� ser jugador de hockey profesional; que casi se gradu� en la universidad. Para m� es importante que este proyecto se concrete efectivamente. Aunque sea por �nica vez, quiero alcanzar el objetivo que me he fijado. Y no es ninguna locura, sino m�s bien, una meta muy accesible.</p><p>���Cu�l es tu urgencia para conseguir el dinero?</p><p>Hank mir� las manzanas que colgaban de los �rboles a su alrededor.</p><p>��Ayer habr�a sido una fecha maravillosa. La semana pasada, mejor todav�a -Advirti� la mirada ce�uda de la muchacha y le apart� el pelo de la cara. Supuestamente, deb�an estar caminando para ayudarla a mover el intestino pero, en cambio, se hab�an detenido a charlar sobre sus negocios-. No me prestes demasiada atenci�n. Soy muy impaciente. Tarde o temprano voy a conseguir ese dinero y todo saldr� de perillas. Siempre hay otra cosecha. Ya s� cu�l es exactamente el equipo que necesito. Incluso he dispuesto el terreno y todas las herramientas est�n listas.</p><p>���D�nde planeas construir?</p><p>��En el extremo oeste de la propiedad. Quiero que los edificios est�n lo m�s alejado posible del camino, detr�s de una plantaci�n de Paula Reds, para que no deterioren el paisaje. El suelo es bastante parejo y hay buen abastecimiento de agua. Es el sitio ideal para una planta embotelladora y una pasteler�a.</p><p>���Y la mano de obra?</p><p>���Te refieres a los obreros para la pasteler�a? Skogen es muy estable, pero no est� en un momento floreciente. Le vendr�a bien que yo generase impuestos y fuentes de trabajo.</p><p>��Cuesta creer que tu padre no est� dispuesto a invertir en esto.</p><p>��Mi padre nunca corre riesgos. Ni siquiera tiene corbatas de colores vistosos y dise�os alegres. Siempre las prefiere rayadas y de tonos discretos. Compra sus zapatos por cat�logo. Hace treinta y cinco a�os que usa el mismo modelo. Todas las ma�anas, desayuna doscientos cent�metros c�bicos de jugo de naranja, harina de avena y una taza de caf� negro. Jam�s se le ocurrir�a alternar con un poco de tocino o un vaso de jugo de uvas.</p><p>��Tal vez no deb� contarle lo de t�a Kitty.</p><p>Hank le tom� la mano y le bes� la yema de uno de los dedos.</p><p>��Has tenido raz�n en cont�rselo. No estar�a bien empezar nuestra vida de casados con mentiras, �verdad?</p><p>Maggie protest�. En parte porque lo que acababa de decir Hank era una ridiculez, pero, principalmente, por la sensaci�n que experiment� cuando �l la roz� con los labios. Maggie arranc� su mano de la de Hank y se la meti� en el bolsillo de sus shorts, para ahorrarse m�s problemas.</p><p>���De verdad eras el terror de Skogen?</p><p>��Bueno, a decir verdad, jam�s me he considerado en esos t�rminos, aunque debo admitir que he metido miedo en el coraz�n de unas cuantas madres.</p><p>A Maggie no le cost� creerle.</p><p>��F�sicamente, tuve una madurez precoz -le dijo, con una sonrisa-. La madurez emocional lleg� bastante despu�s. Tard� quince a�os m�s.</p><p>��De modo que crees que por fin la has alcanzado, �eh?</p><p>��Definitivamente. M�rame. �Si hasta me he casado y todo!</p><p>��No es mi intenci�n aguarte la fiesta, pero no te has casado. Aparentas estarlo. A criterio de cualquiera, �se no ser�a un s�ntoma de buena salud mental. Y no hay ning�n todo. Ni siquiera hay algo.</p><p>��Te equivocas -le dijo, acerc�ndose a ella y rode�ndole el cuello con la mano-. S� hay algo.</p><p>Maggie alz� una ceja con gesto airado.</p><p>Hank le acarici� la nuca con el pulgar.</p><p>��Anda, adm�telo. Hay algo, �no?</p><p>Maggie sinti� un estremecimiento delicioso.</p><p>��Podr�a haber algo.</p><p>��Pues claro, caramba -exclam� �l, haci�ndola volver abruptamente, para encerrarla en el c�rculo de sus brazos. Recorri� la espalda de la joven con sus manos, atray�ndola a s�. Su boca descendi� sobre la de ella, quebrantando con la lengua la fr�gil resistencia que hasta el momento Maggie hab�a opuesto. La oy� gemir suavemente de placer, rendirse a �l. De inmediato, los pantalones jeans le ajustaron m�s de la cuenta. Fue como un renacer a la pubertad, pens�. El control se le escapaba de las manos. Estaba enamorado. Y sufr�a. La apart� poco m�s de medio metro e inspir� hondo-. �Sabes? Podr�amos casarnos de verdad.</p><p>Si Hank se lo hubiera dicho en serio, Maggie se habr�a enfurecido. De hecho, la muchacha atribuy� la propuesta matrimonial a su negro sentido del humor y a su abstinencia obligada.</p><p>Hank apret� los labios. Se sent�a como un tonto.</p><p>��Veo que te he tomado por sorpresa.</p><p>��Estoy acostumbrada a las sorpresas. Pero en realidad, no hubo mucho de sorpresa. Era la testosterona la que hablaba, no t�.</p><p>Hank no pudo negarlo. Sin embargo, hab�a convivido con los ataques de testosterona durante unos cuantos a�os y jam�s se le hab�a ocurrido pedir a ninguna mujer que se casara con �l.</p><p>���Entonces qu� me contestas?</p><p>Maggie elev� los ojos al cielo.</p><p>��Creo que eso quiere decir que no.</p><p>���Te sientes aliviado?</p><p>Una t�mida sonrisa puso luz a su rostro.</p><p>��Un poco, tal vez -Desliz� las manos hasta llegar a las caderas de Maggie-. Pero no del todo. Me gusta tenerte en casa.</p><p>Maggie retrocedi�. Delicado, pens�. Hank sab�a hacer buenas movidas. Movidas que, indudablemente, hab�an apuntado a sorprenderla con la guardia baja. El secreto estaba en desarmar primero para conquistar despu�s. Hank era inteligente, de acuerdo; pero ella lo era m�s a�n. Maggie no confiaba en �l en absoluto.</p><p>��Creo que quieres eximirte de la caminata -le dijo-. Me parece que eres un holgaz�n.</p><p>La sonrisa de Hank se hizo m�s amplia.</p><p>��Mientes. En realidad, crees que tengo una sola cosa en mente y yo s�lo estoy habl�ndote con dulzura.</p><p>Maggie sinti� que el calor le sub�a a las mejillas.</p><p>��Bueno, ya no me caben dudas de que eres el terror de Skogen.</p><p>��Cierto. Pero he cambiado. Todo eso ha quedado atr�s. Hace a�os que abandon� esos h�bitos.</p><p>���Y qu� hay de Linda Sue y de Holly?</p><p>Linda Sue y Holly eran parte de la familia para Hank. Se hab�a criado con ellas. Actuaban como si fueran sus novias, pero para �l hac�a rato que hab�an perdido atractivo femenino. De hecho, desde la escuela secundaria. Y en esa �poca, cualquier cosa con faldas le resultaba excitante.</p><p>��Linda Sue y Holly son solamente amigas.</p><p>���Se lo has explicado recientemente?</p><p>��Linda Sue y Holly son excelentes para hablar, pero p�simas para escuchar.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 5</p></title><p>��Cu�ntame sobre las manzanas -dijo Maggie, siguiendo el sendero-. Quiero conocer c�mo funciona t� manzanar.</p><p>��Bien. Cultivo cinco variedades. El manzanar original era McIntosh pero yo he incorporado Paula Reds, Empire, Red Delicious y Northern Spy. As� pude extender la temporada de crecimiento y de paso, con la mezcla de variedades, lograr una sidra m�s interesante -Recogi� una peque�a manzana verde-. �sta es Northern Spy. Es el tipo de manzana que quiero emplear para hacer las tartas. Es muy buena para hornear, por su dureza. Madura a fines de temporada y se conserva bien -Arroj� la manzana hacia el camino y Horacio fue corriendo a recogerla.</p><p>�De modo que tiene que ponerse a prueba�, pens� Maggie. Ella experimentaba algo parecido. Su vida no compilaba �xitos estelares, precisamente. Apenas si hab�a logrado graduarse, mantener su cargo de docente y conservar la cordura en un pueblo como Riverside. Era una de esas mujeres que pon�a las s�banas en el secarropa porque sab�a perfectamente que no perder�an su blancura. Qu� curioso que su camino y el de Hank se hubieran encontrado. Dos desubicados que apuntaban a lograr el primer �xito aut�ntico de su vida. �Y con qu� medios? Hank quer�a fabricar tartas y ella estaba escribiendo un libro sobre la propietaria de un prost�bulo. Eran un desastre.</p><p>Caminaron hasta llegar a un arroyo.</p><p>��Goose Creek -anunci� �l-. Aqu� terminan mis tierras. Cuando era ni�o, sol�a pasar mucho tiempo en Goose Creek, pescando o nadando. Si sigues la corriente, ver�s que desemboca en una laguna grande y profunda.</p><p>Maggie se detuvo en la orilla, tupida de hierbas, y contempl� el agua. Los colores del suelo eran apagados. El cielo brillaba con la luz del atardecer y Goose Creek gorgoteaba al golpear contra las rocas. Maggie pens� que aqu�l ser�a un lugar ideal para un ni�o: Goose Creek, vacas, a hilera tras hilera de manzanos. Un verdadero sue�o dorado. Cuando t�a Kitty era una ni�a, hab�a chacras como �sa en las afueras de Riverside. Ahora se hab�an convertido en centros de compras, carreteras y viviendas. Infinidad de viviendas. E infinidad de gente. La gente desbordaba de las casas, atestando carreteras y g�ndolas de supermercados. Maggie sol�a formar fila para ir al cine, para cobrar un cheque y hasta para comprar un poco de pan. Y ahora estaba all� -s�lo ella, Hank y Goose Creek. Le parec�a extra�o. Todo lo que o�a era el murmullo de Goose Creek y el mugido de una vaca a la distancia. Una vaca. Qui�n lo creer�a.</p><p>��Creo que estoy pasando por un fuerte impacto cultural -dijo a Hank.</p><p>���Qu� sucede? �No hay vacas en Riverside? -Se acerc� a ella y le rode� los hombros con el brazo. Cuando not� que se pon�a tensa, apret� suavemente uno de ellos-. No te preocupes. Es s�lo un gesto de amistad. He decidido no hacer m�s avances contigo hasta que no hayas cambiado de opini�n con respecto a m�.</p><p>���Vaya! Gracias.</p><p>��Ni siquiera voy a volver a pedirte que te cases conmigo por un tiempo. Despu�s de todo, �qui�n querr�a casarse con el terror de Skogen?</p><p>Maggie advirti� cierta picard�a en su voz que le lleg� hasta lo m�s profundo de su ser. Mene� la cabeza y hasta sonri� con �l. Hank ten�a la capacidad de re�rse de s� mismo. Eso era positivo. Adem�s Maggie sospechaba que tambi�n sab�a c�mo manejar determinadas situaciones. Por lo tanto, ella tendr�a que andar con pie de plomo.</p><p>��Yo creo que debe de haber un gran n�mero de mujeres en el pueblo que estar�an m�s que felices de casarse contigo.</p><p>��S� -contest� �l-, pero s�lo me quieren por mis manzanas.</p><p>Antes de que regresaran a la casa, el manzanar hab�a quedado absolutamente inmerso en la oscuridad. Ni siquiera contaban con el apoyo de la luz de la luna. Por consiguiente, tuvieron que ir tanteando, lentamente, el camino de tierra que los conducir�a a destino.</p><p>���Est�s seguro de que sabes por d�nde vamos? -pregunt� Maggie.</p><p>��Por supuesto que s� a d�nde voy. No olvides que �ste es mi manzanar.</p><p>��No hay osos por aqu�, �verdad?</p><p>��Lo m�s parecido a un oso que tenemos aqu� es Bubba y puedo asegurarte que es bastante inofensivo. Claro que si tienes miedo, puedes abrazarme. Yo te proteger�.</p><p>��Pens� que no har�as m�s avances.</p><p>��Si mi respiraci�n no se altera, no vale contarlo como un avance -A ciegas, busc� la mano de Maggie en la oscuridad-. T�, dame la mano que yo me encargo de que llegues sana y salva a casa.</p><p>Ella le tendi� la mano. No porque tuviera miedo sino porque a pesar de que su fama dejaba mucho que desear, Hank le gustaba terriblemente. Era un hombre divertido. Era un placer estar con �l. Adem�s, Maggie disfrutaba del refugio que le proporcionaba su mano. Le daba la sensaci�n de que era el lugar ideal donde cobijar la suya. Como ya hab�a comenzado a a�orar todas aquellas cosas que sol�a detestar de Riverside, saber que al menos su mano estaba en el lugar correspondiente le serv�a de consuelo.</p><p>Llegaron a la cumbre de una colina y divisaron un puntito �nico de luz. Elsie hab�a encendido la galer�a antes de salir con su gal�n. Hank condujo a Maggie en direcci�n al porche de la entrada y abri� la puerta de vidrio.</p><p>��Hemos olvidado echar la llave a la puerta -dijo Maggie-. Ni siquiera cerramos la de la calle.</p><p>��No recuerdo cu�l fue la �ltima vez que ech� la llave a esta casa. Ni siquiera s� si tengo alguna.</p><p>��Dios m�o. �Podr�a meterse cualquiera!</p><p>��Supongo que es cierto. Pero jam�s ha sucedido. Salvo Bubba, claro. Y a �l le importar�a muy poco que la puerta estuviera cerrada con llave. Con un buen puntapi� superar�a el escollo.</p><p>���No existe la delincuencia en Skogen?</p><p>Hank encendi� la luz del vest�bulo.</p><p>��No, desde que promet� comportarme como es debido. Y eso fue hace bastante -Entr� en la cocina y mir� en la heladera-. Me apetece otro bud�n. �Y a ti?</p><p>Maggie extrajo dos cucharas del caj�n de los cubiertos.</p><p>��Mmmm. Qu� tentador -Se sent� a la mesa, frente a Hank, y hundi� la cuchara en su postre-. �Qu� clase de delitos comet�as antes de enmendarte?</p><p>��Las cosas t�picas de adolescentes. Tom� prestados un par de autos.</p><p>���Prestados?</p><p>��T�cnicamente, se dir�a que los rob�. Pero pertenec�an a mis padres. Y siempre tuve el buen tino de devolverlos con el tanque lleno.</p><p>���Algo m�s?</p><p>��Bueno� algunas multas por exceso de velocidad y tambi�n me pescaron una o dos veces comprando cerveza con documentaci�n falsa.</p><p>��Intuyo que te est�s reservando algo jugoso para el final.</p><p>��Ah� Tambi�n est� eso del granero de Bucky Weaver, pero, en realidad, no fue mi culpa.</p><p>Maggie arque� una ceja.</p><p>���Tendr� que comerme otro bud�n para escuchar el final de tus aventuras?</p><p>��Oh, no te har� da�o.</p><p>Maggie sac� los dos �ltimos budines que quedaban en el refrigerador y convid� con uno a Hank.</p><p>��Era un factor fundamental para decidir si ten�a que probarme para ingresar en el hockey profesional -dijo-. De hecho, ten�a dos alternativas: el hockey o el ej�rcito.</p><p>��Aj�.</p><p>Las mejillas de Hank se ruborizaron de golpe. En realidad, no le gustaba en absoluto la idea de contarle esas cosas, pero era preferible que Maggie se enterara por �l y no por terceros. Toda su infancia hab�a sido una lucha por ganarse su independencia. Mirada retrospectivamente, Hank consideraba que su ni�ez hab�a sido una lucha por sobrevivir. En la r�gida y esquem�tica existencia de su padre no hubo cabida para un ni�ito con la cara sucia de bud�n de chocolate. Su padre no ten�a paciencia para con un peque�o de siete a�os que no pod�a colorear sus dibujos sin sobrepasar los l�mites de las figuras, ni para un adolescente de catorce que no sab�a hacer el nudo de corbata Windsor a la perfecci�n, ni para un muchacho de diecisiete a quien por fin prescribieron clases de lectura terap�utica despu�s de descubrir, a esa altura de su vida, que padec�a de dislexia. Cada vez que Hank no lograba cumplir con las pautas establecidas por su padre, las reglas y restricciones se pon�an m�s severas. Y cuantas m�s reglas impon�a su padre, m�s se rebelaba Hank a obedecerlas. Si bien no pod�a lograr su aprobaci�n, de ese modo, al menos, atra�a su atenci�n. Despu�s de unos a�os de andar a los tumbos dentro del ambiente del hockey, creci� por fin, gracias a Dios. Ahora, era �l quien impon�a las pautas morales propias y las normas de conducta. La �nica aprobaci�n que necesitaba era la de s� mismo. Hasta que apareci� Maggie. Enamorarse, descubri�, implicaba un bagaje in�dito de necesidades y responsabilidades.</p><p>Mir� a Maggie, que segu�a sentada frente a �l, y suspir�.</p><p>��Una noche, cuando faltaba m�s o menos una semana para graduarme, convenc� a Jenny, la hija de Bucky, de que se encontrase conmigo en el granero que quedaba detr�s de su casa. Ten�amos una caja con seis cervezas. Est�bamos arriba y como no hab�a luz, encend� el farol de queros�n. Bucky, al ver la luz en el granero desde afuera, pens� que se le hab�a metido un ladr�n. No s� por qu� habr� pensado que alguien querr�a meterse all� para robar, pues en el granero no hab�a m�s que caca de palomas acumulada durante unos doce a�os. De todas maneras, tom� su rifle y dispar� hacia el granero. Aquello se convirti� en un caos.</p><p>���Alguien result� herido?</p><p>Hank sonri�, mostrando todos los dientes.</p><p>��No, pero le dio justo al farol a incendi� todo el granero.</p><p>Maggie se tap� la boca con la mano para no re�rse a carcajadas.</p><p>��Debi� de haber sido una tragedia -coment� finalmente.</p><p>Hank se sinti� aliviado al ver que Maggie hab�a sabido encontrar el tono humor�stico en el relato. Por aquel entonces, no hab�a sido nada gracioso. Todav�a a�os despu�s, cuando Hank regres� a Skogen, la chusma segu�a repitiendo la historia de aquella vez en que Bucky Weaver hab�a incendiado su granero.</p><p>��Eso marc� una vuelta de p�gina en mi existencia -dijo Hank-. Tuve que marcharme de Skogen y eso fue lo mejor que me ha pasado en la vida.</p><p>��Pero despu�s volviste.</p><p>Hank se encogi� de hombros.</p><p>��Es mi hogar.</p><p>Maggie no estaba muy segura de sentir lo mismo respecto de Riverside. Si bien hab�a nacido y se hab�a criado all�, no pod�a aseverar que ese pueblo fuera realmente su hogar, aunque ocasionalmente se sintiera un tanto nost�lgica.</p><p>���Tu hogar no podr�a estar en alguna otra parte? �No existe ning�n otro sitio en el que te gustar�a vivir?</p><p>Hank se qued� mirando las cuatro budineras vac�as. En realidad, no lo hab�a analizado en profundidad. Por lo menos, desde hac�a bastante tiempo. Su hogar siempre hab�a sido la casa de su abuela, incluso cuando era s�lo un ni�o. All� hab�a re�do, hab�a jugado y, tambi�n, hab�a buscado refugio. Cuando Hank se instal� en la casa, despu�s de la muerte de su abuela, se dio cuenta de que no era la casa en s� lo que �l consideraba su hogar. Hab�a sido su abuela. Y ahora Maggie le devolv�a su car�cter hogare�o. El significado verdadero de la palabra iba de la mano de Maggie y por eso, Hank supuso que el hogar podr�a estar en cualquier parte del mundo. Se qued� perplejo al descubrir que ese sentimiento lo inspiraba una mujer a quien hab�a conocido apenas una semana atr�s.</p><p>��Supongo que cualquier lugar da lo mismo -respondi�-, pero es muy dif�cil transportar casi cuarenta y cinco hect�reas de manzanos. �C�mo los empacar�a?</p><empty-line/><p>El cuarto de Maggie se hallaba a oscuras. La ventana estaba abierta, pero no hab�a brisa suficiente como para que agitara las cortinas; ni siquiera hab�a salido la luna para que dibujara su trazo plateado sobre el piso de la habitaci�n. Maggie se hab�a despertado asustada, con el coraz�n lati�ndole aceleradamente y la garganta hecha un nudo. Ten�a miedo de abrir los ojos, de moverse; de que alg�n intruso advirtiera su angustiosa respiraci�n. Trat� de pensar, pero su mente parec�a un callej�n sin salida, anulada por el p�nico. Hab�a alguien en su alcoba. Lo present�a. Sab�a que no estaba sola. Se oy� el crujido de la ropa y tambi�n, el de una madera del piso. Maggie abri� los ojos justo a tiempo para ver una sombra que se encaminaba hacia la puerta. Era un hombre. Lo primero que pens� fue que se trataba de Hank. �Ojal� que sea �l�, implor�.</p><p>La sombra desapareci� de prisa en la oscuridad del pasillo y Maggie oy� el gru�ido de Horacio, grave a intimidante. El perro se desplazaba con andar sigiloso, persiguiendo al intruso. Maggie ten�a la sensaci�n de que toda la casa estaba conteniendo la respiraci�n, hasta que por fin se desat� la hecatombe cuando Horacio sali� disparado como una flecha. El intruso baj� las escaleras estrepitosamente, a toda carrera; su �nica meta, eludir al perro.</p><p>Maggie se levant�. Corri� al pasillo y vio a Hank desaparecer tras Horacio. Desde el jard�n de entrada, se oy� un grito espeluznante. Luego son� la puerta de un auto cerr�ndose violentamente y el ruido de un veh�culo que abandonaba la finca.</p><p>Maggie se reuni� con Hank en el vest�bulo. Extendi� su mano temblorosa para tocarlo, pero no descubri� m�s que su piel tibia que le ofrec�a amparo. Hank s�lo hab�a atinado a ponerse a la ligera sus pantalones jeans. Ella, con su fino camis�n de hilo, se arroj� contra su pecho y ante su propia desaprobaci�n, se puso a llorar.</p><p>���Estaba en mi cuarto! �Me despert� y lo vi moverse por la habitaci�n! No s� qu� estaba haciendo, ni cu�nto tiempo estuvo all� -Maggie balbuc�a, pero no pod�a evitarlo. Era la primera vez en su vida que se hab�a sentido aut�nticamente presa del p�nico. La primera vez que se hab�a visto en peligro a indefensa. Ahora que todo hab�a terminado, temblaba como una hoja. Apret� los dientes para que no casta�etearan y presion� la frente contra el pecho de Hank. Estaba hist�rica, pens� y odiaba semejante reacci�n. Irgui� la espalda, se apart� de Hank a inspir� hondo repetidas veces-. Bueno-dijo-. Ya me siento mejor -Se enjug� las l�grimas con el dorso de la mano-. Pensar�s que soy una idiota por haberme puesto a llorar como una ni�ita malcriada.</p><p>Hank volvi� a atraerla hacia s�.</p><p>��Si hubiera sabido que por el miedo te lanzar�as sobre m� de ese modo, anoche mismo habr�a contratado a alguien para que irrumpiera en tu alcoba -Le bes� la cabeza y sigui� la curvatura de su columna con las manos, disfrutando de la calidez de su piel a trav�s del g�nero delgado. La abraz� con m�s fuerza, hasta que la muchacha estuvo bien apretada contra �l. Hank le hab�a contestado una tonter�a, pero en realidad, no hab�a tomado el episodio tan a la ligera. Estaba furioso porque alguien se hab�a atrevido a violar su propiedad y horrorizado porque el intruso hubiera elegido el cuarto de Maggie.</p><p>Maggie apoy� la mano abierta sobre su pecho.</p><p>��El coraz�n te late a toda velocidad.</p><p>��Es por tu camis�n.</p><p>Maggie le dio una bofetada en broma, pero �l se mantuvo serio.</p><p>��Todav�a no estoy dispuesto a soltarte -le dijo-. Si quieres que te sea totalmente franco, confieso que tal vez me haya asustado m�s que t�. Que un baboso se haya metido en tu habitaci�n me revuelve el est�mago -Hundi� la cara en la cabellera rojiza de Maggie y se jur� que no volver�a a repetirse. No bien amaneciera, instalar�a cerraduras en toda la casa. Adem�s, dispuso que, a partir de esa noche, Horacio durmiera en el cuarto de Maggie.</p><p>Elsie se present� en el vest�bulo refunfu�ando. Llevaba unas pantuflas azules enormes, bastante deterioradas y un bat�n largo, tambi�n azul. Se le hab�a parado la corta cabellera gris�cea, formando enmara�ados mechones electrizados.</p><p>���Pero qu� mierda pasa aqu�? Parece que alguien hubiera estado arrojando pelotas de plomo por la escalera. Hay hombres gritando afuera, perros ladrando. Yo ya estoy vieja. Necesito dormir bien.</p><p>��Alguien irrumpi� en la casa -explic� Maggie-. Estaba hurgando en mi cuarto y luego Horacio sali� por la escalera corriendo tras �l.</p><p>Elsie se qued� boquiabierta.</p><p>��Por todos los demonios -Entrecerr� los ojos y apret� los labios-. Bueno, me gustar�a pescarlo la pr�xima vez. A partir de hoy, estar� esper�ndolo. �Sabe? Yo s� c�mo protegerme.</p><p>���D�nde est� Horacio? -pregunt� Maggie-. �Se encuentra bien?</p><p>Hank mir� hacia afuera, por la puerta abierta.</p><p>��La �ltima vez que lo vi, iba persiguiendo un auto -Hank silb� entre dientes y Horacio vino brincando hasta la galer�a. Entr� en la casa al trote y arroj� un trozo de g�nero de algod�n a los pies de Hank.</p><p>Elsie recogi� el material rasgado.</p><p>��Aj� -dijo-. Esto es de un pu�o. Si yo fuera perro, le habr�a enterrado los dientes un poquito m�s arriba -Devolvi� el trapo a Horacio y le palme� la cabeza-. Buen perro. No eres un asesino, pero te defiendes bastante bien -Gir� sobre sus pantuflonas azules y se encamin� hacia su cuarto-. Me vuelvo a la cama. Av�senme si vuelve a suceder algo emocionante.</p><p>Hank cerr� la puerta principal y resopl� por la cerradura. Era vieja ya y no ten�a la llave. Tem�a que, si en alg�n momento lograba cerrarla, le resultar�a imposible volver a abrirla.</p><p>��La reparar� no bien abra la ferreter�a -dijo a Maggie-. �Tienes idea de qu� estaba haciendo ese tipo en tu cuarto?</p><p>Maggie mene� la cabeza.</p><p>��Cuando alcanc� a verlo, ya iba hacia la puerta.</p><p>Hank mir� el reloj de p�ndulo que hab�a en la pared del vest�bulo.</p><p>��Son las tres y media. �Por qu� no subes a tu habitaci�n? Mientras tanto, revisar� toda la casa para verificar si ha robado algo.</p><p>��Yo revisar� arriba.</p><p>Media hora despu�s, estaban sentados uno junto al otro sobre el borde de la cama de Maggie. Llegaron a la conclusi�n de que nada hab�a sido robado. El �nico cuarto en el que el intruso hab�a estado era el de Maggie, donde hab�a requisado los cajones de la c�moda, dejando un tremendo desorden.</p><p>��Esto no me cuadra -dijo Hank-. Ten�as casi cincuenta d�lares en billetes de a uno desparramados sobre la c�moda. Y los dej�. Tampoco se llev� tus aros de perlas, ni tu reloj ni tu grabadora. �Qu� rayos estaba buscando, entonces?</p><p>Una idea tonta se cruz� por la mente de Maggie. Rid�cula, a su juicio. �Me estoy poniendo paranoica�, pens�. Pero cuando mir� a Hank, se dio cuenta de que a �l se le hab�a ocurrido lo mismo.</p><p>��No creer�s que estaba buscando el diario, �no?</p><p>��Es dif�cil de creer. Estoy seguro de que muchos piensan que tiene un contenido bastante pesado, pero no me entra en la cabeza que alguien se meta en una casa s�lo para apoderarse de un libro porno.</p><p>Maggie arque� las cejas.</p><p>��De acuerdo. De acuerdo -dijo �l-. Admito que yo tambi�n lo he pensado, pero debes reconocer que no tiene ning�n sentido. No estamos hablando de la l�mpara de Aladino, sino de un viejo diario. Conozco a todos los habitantes de Skogen y no creo que nadie desee ese diario lo suficiente como para arriesgarse a irrumpir en mi casa de ese modo.</p><p>���Acaso son todos demasiado honestos?</p><p>��No. Pero todos los posibles candidatos son demasiado c�modos.</p><p>��Tal vez no sea ning�n habitante de Skogen -aventur� Maggie-. Quiz�s, el rumor se haya corrido en todo el estado; en todo el pa�s.</p><p>��Puede ser que alguien te haya seguido desde Nueva Jersey. Este asunto podr�a ponerse muy serio -concluy� Hank, ech�ndose hacia atr�s sobre la cama-. Ser� mejor que duerma aqu� esta noche, para asegurarme de que est�s bien protegida.</p><p>��Jam�s te rindes, �eh?</p><p>���sta es una situaci�n de emergencia.</p><p>Maggie lo vio despatarrado en su cama y trag� saliva. Era magn�fico. Suave, bronceado, esbelto, con un vientre chato y una sedosa l�nea de vello casta�o que desaparec�a bajo sus pantalones de jean. Se hab�a subido el cierre pero hab�a omitido abrochar el bot�n. �Menos mal que no soy una de �sas que pierde la cabeza por una masa perfecta de piel y m�sculos�, pens�. Aunque, en realidad, deb�a admitir que el control se le estaba yendo de las manos. Pasar el resto de la noche con �l ten�a cierto atractivo. Un atractivo que no se relacionaba en lo m�s m�nimo con su seguridad personal, pero que s� ten�a mucho que ver con la imperiosa r�faga que la envolvi� ante su presencia. La necesidad de tocarlo era casi devastadora. Si Maggie no hubiera tenido tanta experiencia, habr�a cedido a su impulso. Sin embargo, consider� la cuesti�n con curiosidad y tambi�n con cierta sorpresa. Nunca hab�a ansiado conocer a un hombre con tanto ah�nco. Nunca hab�a necesitado que la amaran. Se preguntaba si �l sentir�a lo mismo. Y al instante confirm� sus sospechas abruptamente� Hank era el mani�tico sexual de Skogen. Probablemente sentir�a eso por cada mujer que conoc�a. La decepci�n la golpe� con la fuerza de una bofetada en plena cara. Entrecerr� los ojos y frunci� la nariz.</p><p>��Te doy treinta segundos para que te largues de mi cama, mujeriego indiscriminado.</p><p>Maggie advirti� que Hank abandonaba su expresi�n relajada y afectuosa, para asumir otra de dolor y sorpresa; despu�s, de ira. Fue un golpe bajo, pens� ella, con desaz�n.</p><p>Se levant� y llam� a Horacio con un silbido. El perro entr� trotando en el cuarto de Maggie y mir� a su amo, expectante.</p><p>��Qu�date aqu� -le orden�. Sin molestarse siquiera en volver la vista atr�s, se retir� de la habitaci�n con pasos gigantescos y dio un portazo detr�s de s�.</p><p>Hank pensaba que Maggie hab�a aprendido a conocer al hombre que realmente se ocultaba tras esa mala reputaci�n. Hab�a sido honesto con ella en todo momento. Gir� sobre sus talones y regres� al cuarto de Maggie abriendo abruptamente la puerta.</p><p>���Hay que tener agallas para tacharme de mujeriego indiscriminado! Desde que llegaste, mi comportamiento no ha dado lugar a reproches.</p><p>���S�lo hace tres d�as que vivo en esta casa! -grit� ella-. �Pretendes impresionarme con s�lo tres d�as de abstinencia? Y, seg�n me han informado, has tenido ciertos encuentros furtivos por las noches y has incendiado graneros.</p><p>Hank sinti� que la sangre acud�a a su rostro en un incontenible torrente. Se march� a su habitaci�n hecho una furia y cerr� la puerta con violencia.</p><p>Maggie se levant� de la cama como un resorte.</p><p>���Y no vuelvas a meterte en mi habitaci�n sin llamar! -vocifer�. Tambi�n ella cerr� la puerta violentamente. Se arroj� sobre la cama y se tap� con el acolchado hasta el ment�n. Refunfu�� durante un rato y se dio vuelta, acomodando la cabeza en la almohada-. �Hombres! -mascull�-. �Puaj! -Sigui� dando vueltas y vueltas, hasta que las cobijas quedaron completamente enmara�adas. Se levant�, rehizo la cama y con m�s serenidad, se volvi� a acostar. Ten�a calor. Estaba cansada y arrepentida. No deb�a haberle refregado en la nariz lo del granero incendiado-. �Por qu� ser� tan testaruda? -pregunt�. Una l�grima rod� por su mejilla. Quer�a que Hank la amara. S�lo a ella. No quer�a ser otra m�s de su colecci�n; una conquista como cualquier otra. Pretend�a ser especial, en lugar de pasar a engrosar la lista de sus otras novias y correr id�ntico destino. No deseaba ser una admiradora de Hank Mallone.</p><empty-line/><p>Elsie golpe� ruidosamente sobre la mesa los recipientes con cereal.</p><p>��El que no coma esto aunque no le guste, cenar� h�gado esta noche.</p><p>Hank hac�a bulla con su peri�dico y Maggie tamborileaba la cuchara contra su taza de caf�.</p><p>��Me enferman esos golpecitos con la cuchara -protest� Elsie-. Hoy me levant� terriblemente fastidiosa. Casi no pegu� un ojo en toda la noche. Bastante con que hayamos tenido que soportar a un loco que se metiera a revolver la casa como para tener que aguantarlos a ustedes dos despu�s, con una batalla de gritos y portazos. Descansaba m�s cuando viv�a en el instituto geri�trico. Lo m�ximo que una escuchaba era el ruido de alguna taza de noche que se cayera. Ah, y aquella vez en que Helen Grote pis� la cola del gato con su bast�n -El recuerdo la hizo sonre�r-. Eso fue algo especial.</p><p>Hank dobl� el peri�dico y lo coloc� sobre la mesa, junto a su bol con avena. Mir� furioso a Maggie durante breves segundos y luego empap� sus cereales con leche.</p><p>Maggie lo mir� de la misma manera. Bien. Si Hank se empecinaba en su conducta infantil y quer�a guerra, guerra tendr�a. Por ella, no hab�a problema, pens�. Pod�a seguir enojada indefinidamente. Despu�s de todo, era la mujer m�s cabeza dura de Riverside. Pod�a ense�ar a Hank un par de cosas. El �nico problema era que no quer�a seguir enfadada. Quer�a acurrucarse contra Hank mientras com�a sus cereales, rodearle el cuello con los brazos y besarle la coronilla de la cabeza. Ten�a el cabello reci�n lavado, brillante, tentador al beso. Su mejilla ofrec�a la misma invitaci�n. Y su boca� Maggie suspir� ante la sola idea de poder besarlo en la boca.</p><p>El suspiro le hizo levantar la vista de su bol. Mir� a Maggie pero no le dijo nada. Parec�a molesto.</p><p>��Disculpa -gru�� ella entre dientes-. �Mi suspiro te ha molestado?</p><p>��No seas tan vanidosa. Necesitas mucho m�s que un suspiro para que repare en tu presencia.</p><p>Elsie solt� un gru�ido de desaprobaci�n y plant� una bandeja con torrijas sobre la mesa.</p><p>���Se puede saber por qu� cuernos est�n tan alterados ustedes dos? Este es el matrimonio falso m�s realista que he visto en toda mi vida. Si deciden casarse de verdad, un poco nada m�s, tendr�n que divorciarse.</p><p>Se abri� la puerta trasera y entr� Bubba.</p><p>��Por el olor, sab�a que hab�a torrijas.</p><p>Elsie se par� con las manos en las caderas.</p><p>���Cu�ntas piensa comer?</p><p>��Con una estar� bien -le contest� Bubba-. No se moleste.</p><p>Elsie sac� m�s huevos de la heladera.</p><p>���Usted no tiene casa? -pregunt�-. �Por qu� no se ha casado?</p><p>��Porque no soy de los que se casan -respondi� Bubba-. Adem�s, no estar�a bien atarme a una sola mujer. No ser�a justo para todas las otras muchachas que mueren por obtener mis atenciones.</p><p>Maggie se escondi� detr�s de su mitad de peri�dico e hizo un gesto burl�n.</p><p>��Es especialmente cr�tico que yo mantenga mi solter�a ahora que han sacado de circulaci�n a Hank -dijo Bubba-. Alguien tiene que hacer el trabajo duro -Mene� la cabeza-. Todas esas mujeres, con el coraz�n destrozado� -Suspir� y verti� abundante alm�bar sobre cuatro torrijas-. Esto casi me ha agotado.</p><p>Hank sonri� mostrando todos los dientes.</p><p>��Bubba ha noviado con la misma chica desde que est�bamos en la escuela secundaria. Si s�lo se atreviera a mirar a otra mujer, ella le clavar�a los zapatos al suelo y lo castrar�a con un cuchillo para cortar pan.</p><p>��Ay, hombre -se quej� Bubba-, siempre me echas tierra encima.</p><p>Maggie consideraba a Bubba la contrapartida del Dulce Ben. Y tal vez hasta podr�a ser casi tan inteligente como �l, pens�. Se sinti� mal consigo misma por ser sarc�stica con Bubba, pero no pod�a evitarlo. Bubba la fastidiaba.</p><p>Bubba se llev� una torrija a la boca, con el tenedor.</p><p>��Qu� bueno est� esto -dijo-. Ser�a capaz de contemplar seriamente la idea de casarme si consiguiera una mujer que cocine as� -Mir� a Elsie con expresi�n interrogante.</p><p>��Olv�delo -respondi� ella-. Soy demasiado vieja para usted. Adem�s, ni loca cocinar�a cosas tan elaboradas si no fuera a cambio de un sueldo.</p><p>��Qu� pena -dijo Bubba-. Peggy siempre insiste en que empiece una dieta. Para el desayuno me prepara media taza de esas cositas insignificantes, ba�adas en leche descremada. Se pierden como pulgas en una piscina.</p><p>��Tal vez no le viniera mal rebajar unos cuantos kilos -recomend� Elsie, mientras lo miraba engullir su torrija.</p><p>Bubba se mir�.</p><p>��El problema es que estoy todo el d�a sentado en una cargadora. No puedo hacer ejercicios f�sicos.</p><p>��Bubba tiene una retroexcavadora y una cargadora frontal -explic� Hank-. Se dedica a la construcci�n. Esta semana trabajar� en mis campos, en la planta embotelladora.</p><p>Bubba bebi� un sorbo de caf�.</p><p>���Y bien? �C�mo va ese libro? -pregunt� a Maggie-. He estado hablando con Elmo Feeley, en el almac�n y me cont� que esa historia est� repleta de sexo y ya has hecho contactos para que se filme una pel�cula basada en ella.</p><p>A Maggie se le resbal� el tenedor de la mano y cay� estruendosamente sobre su plato. Ten�a la boca abierta, aunque no pudo articular palabra. Y aunque hubiera podido hacerlo, no habr�a sabido qu� decir.</p><p>Hank apoy� la taza de caf� sobre la mesa y mir� a Maggie. Luego, a Bubba. Era la primera vez que alguien dejaba muda a Maggie y lo sabore�. Hab�a sido la primera en pensar lo peor de �l, record� Hank. Ahora �l ten�a inter�s en ver c�mo manejaba su presunta esposa una situaci�n de falsa notoriedad que la involucraba.</p><p>��S� ratific� Hank -sonriendo a Bubba-. Mi Caramelito se har� rica -Se acerc� m�s a su amigo y baj� la voz hasta convertirla en un susurro-. Por eso me he casado con ella, �sabes? Porque necesitaba el dinero para el lagar y para el equipo de pasteler�a.</p><p>Maggie inspir� profundamente y entrecerr� los ojos. �Otra vez lo mismo!</p><p>���Es verdad que el libro est� repleto de sexo? -pregunt� Bubba.</p><p>��Son de no creer, las cosas que han escrito en ese diario -dijo Hank-. Durante estas tres �ltimas noches, Maggie y yo lo hemos le�do p�gina por p�gina y he descubierto que hay cosas con las que jam�s habr�a fantaseado. Hemos puesto en pr�ctica cada una de ellas, para asegurarnos de que son humanamente posibles. Maggie jam�s incluir�a en su libro algo que no haya experimentado personalmente. Ya sabes, es como probar la comida antes de escribir un libro de recetas culinarias.</p><p>Bubba ri� con carcajadas entrecortadas y golpe� a Hank en el brazo.</p><p>��Qu� cochino eres.</p><p>Elsie golpe� a Hank en la cabeza con su cuchara de madera.</p><p>��Dios te va a castigar por eso -Se mordi� el labio para no re�rse a carcajadas y enseguida se volvi� en direcci�n a la cocina.</p><p>Maggie segu�a boquiabierta, asida a la mesa. Ten�a los nudillos blancos y los ojos destellantes y peque�os.</p><p>��Deber�as tomarte con calma todo eso del diario, por un tiempo al menos -murmur� Bubba a Hank-. Parece que se ha puesto un tanto nerviosa. �Me entiendes?</p><p>��As� es siempre -contest� Hank-. Hambrienta. Con s�lo mencionar el diario se convierte en una bestia. S�lo est� tratando de dominarse. Por eso se agarra as� de la mesa. Se resiste a arrancarme la ropa mientras desayunamos.</p><p>���Caracoles! -exclam� Bubba-. �Te encuentras bien? Me refiero a que esta mujer no estar� lastim�ndote ni nada por el estilo, �verdad?</p><p>Hank termin� su caf� y gui�� un ojo a Bubba.</p><p>��Puedo controlarla.</p><p>Bubba se ri� y volvi� a golpearle el brazo.</p><p>Hank se levant�. Bes� a Maggie en la cabeza y le oprimi� suavemente los hombros.</p><p>��S� que est�s desesperada, pero ahora debo irme a trabajar, Bu�uelito. Tal vez hayas descubierto nuevas t�cnicas para cuando vuelva a almorzar.</p><p>��Yo� te� -comenz� ella. Tom� un frasco de frutillas en conserva y lo arroj� hacia la puerta, pero Hank y Bubba ya hab�an desaparecido por la galer�a trasera de la casa. El frasco atraves� el vidrio de la puerta y se estrell� contra unos cajones de manzanas vac�os.</p><p>���Has o�do eso? Son� ha roto -dijo Bubba.</p><p>��No te preocupes -respondi� Hank-. A veces se pone violenta cuando la dejo sola.</p><p>��Est� loca por ti, �eh?</p></section><section><title><p>CAP�TULO 6</p></title><p>Maggie y Elsie se quedaron observando el agujero que se hab�a hecho en el vidrio de la puerta.</p><p>��No le ha errado por mucho -le dijo Elsie-. De no haber sido por esa puerta�</p><p>��En realidad, no fue mi intenci�n pegarle. S�lo quer�a arrojarle algo.</p><p>Elsie asinti�.</p><p>��Buen trabajo.</p><p>Maggie se ri�.</p><p>��Hank se habr�a decepcionado si yo no le hubiera arrojado algo. Adora provocarme.</p><p>���Quiere decir que no estaba enojada de verdad?</p><p>��Por supuesto que s�. Ese hombre me saca de quicio.</p><p>Elsie mene� la cabeza.</p><p>��Esto se complica demasiado para m�. Mejor voy a lavar la vajilla.</p><p>Maggie limpi� la galer�a trasera y subi� a trabajar. Pens� que ser�a otro d�a perfecto: cielo azul y una brisa muy tenue. A la distancia, se oy� el ruido de un motor. Maggie pens� que se tratar�a de la cargadora de Bubba. Reley� las notas que hab�a escrito a mano. Ten�a el diario a su derecha, abierto en el tres de diciembre de 1923. T�a Kitty hablaba del tiempo, de la tragedia del beb� de los Thorley, muerto de difteria, y de Johnny McGregor, quien, seg�n ella, era el hombre m�s apuesto que hab�a visto en su vida. El �diario�, en rigor de verdad, estaba constituido por varios diarios, que cubr�an un per�odo de treinta y dos a�os. Entre otras cosas, representaba una cr�nica de amor por John McGregor. Maggie decidi� dar a su libro un car�cter de ficci�n hist�rica. De ese modo, podr�a brindar un relato fehaciente, conforme a los deseos de su t�a Kitty, sin perjuicio de la privacidad de su familia. Al recordar que alguien hab�a violado la propiedad de Hank, quiz� con el fin de apoderarse de ese diario, Maggie sinti� escalofr�os. Ten�a que tratarse de un enfermo, porque t�a Kitty no hab�a sido una persona famosa. Por otra parte, el diario carec�a de valor pecuniario. Tal vez no valiera nada. M�s a�n, Maggie sospechaba que su libro, una vez terminado, tampoco iba a tener mucho valor. Su objetivo era simplemente publicar la historia de t�a Kitty. Para ella, eso representaba una tarea maravillosa.</p><p>Doce horas despu�s, apoyado sobre la mesada de la cocina, Hank beb�a leche y com�a galletas de avena.</p><p>��Todav�a est� arriba.</p><p>Elsie mene� la cabeza.</p><p>��Le digo que, para m�, esa mujer est� pose�da. No pude convencerla de que bajara, ni siquiera tent�ndola con una buena porci�n de carne.</p><p>��Tal vez si tirara el disyuntor�</p><p>��Si es eso lo que piensa, le convendr�a reforzar su p�liza de seguro como primera medida.</p><p>��Bueno. Entonces dejar� el disyuntor en paz. Tratar� de persuadirla de que salga de all� por las buenas -Se dirigi� al refrigerador y sac� una botella de Chablis-. Un poco de vino no le vendr� mal.</p><p>La puerta del estudio estaba cerrada. Hank llam� dos veces y, como respuesta, recibi� unas palabras ahogadas. Abri� la puerta y encontr� a Maggie con los brazos cruzados, apoyados sobre el escritorio y el rostro hundido entre ellos. Estaba hecha un mar de l�grimas y sollozaba con profunda angustia. Le temblaban los hombros y estrujaba algunos pa�uelos de papel en los pu�os. Hank corri� a su lado y le puso la mano en la nuca.</p><p>��Maggie, �qu� sucede?</p><p>La muchacha levant� la cabeza y lo mir�. Ten�a el rostro enrojecido y las mejillas ba�adas en l�grimas.</p><p>��Es tan ho� rri� ble� -solloz�. Su respiraci�n se entrecortaba.</p><p>Hank la sac� de la silla, ocup� su lugar y la sent� sobre su falda para abrazarla. Le apart� el cabello del rostro y esper� a que se sonara la nariz. Pens� que se le destrozar�a el coraz�n. No ten�a idea de por qu� estaba tan desesperada.</p><p>��Cu�ntamelo todo, cari�o. �Qu� es tan horrible?</p><p>��J� J� Johnny McGregor. Ella lo amaba con toda el alma. Era her� mo� so. Pero �l no pod�a casarse con ella.</p><p>���Ella?</p><p>��T�a Kitty. �l no pod�a casarse con ella, porque ten�a una esposa inv�lida y una hijita.</p><p>��D�jame entender esto claramente. �Est�s llorando a moco tendido s�lo porque Johnny McGregor no pudo casarse con t�a Kitty?</p><p>��Est� todo en el segundo cap�tulo. Acabo de terminarlo. Es m� m� maravilloso -Se sec� las l�grimas de los ojos y aspir� una gran bocanada de aire-. Eran novios, pero sus padres se opon�an a la boda. El padre de t�a Kitty la envi� a Boston a vivir con unos parientes y, una vez all�, ella descubri� que estaba embarazada. Entonces, los padres de �l la consideraron una mujerzuela. T�a Kitty y John se enviaban cartas, pero jam�s recibieron ni una, ninguno de los dos. T�a Kitty tuvo a su hijo en Boston, convencida de que John la hab�a abandonado. Johnny se cas� con su prima tercera, Marjorie.</p><p>Hank decidi� que, aunque viviera cien a�os, nunca entender�a a las mujeres.</p><p>��Cuando el padre de t�a Kitty muri�, ella volvi� al pueblo para asistir al funeral y all� se encontr� con Johnny, por la calle. Fue como si jam�s se hubieran separado. Todav�a se amaban, pero Johnny estaba casado; su esposa era muy fr�gil y ten�an una hija peque�a.</p><p>���l debi� haberla esperado -opin� Hank-. Debi� haber ido a buscarla. Para m�, ese McGregor fue un idiota.</p><p>Maggie sonri� entre sollozos. Hank era m�s luchador que Johnny McGregor. Hank se habr�a salido con la suya a espaldas de sus padres. No se habr�a quedado de brazos cruzados viendo c�mo el padre de su novia la alejaba de su lado.</p><p>���Y d�nde transcurri� todo eso? �En Riverside?</p><p>��No. T�a Kitty y Johnny vivieron en Easton, Pennsylvania. T�a Kitty decidi� quedarse all�, para estar cerca de Johnny, y, despu�s de �pocas muy duras, se hizo amiga de una mujer que ten�a un burdel. Una cosa fue llevando a la otra, hasta que por fin fue ella la que tom� las riendas del negocio. Se mud� a Riverside cuando ya era vieja.</p><p>��Y t� has escrito todo eso en tu libro, �eh?</p><p>��En el segundo cap�tulo -Suspir� por segunda vez y se levant� de la falda de Hank-. Fue muy emocionante.</p><p>��Ya veo -Llen� a medias una copa con el Chablis helado que hab�a tra�do y se la entreg� a Maggie.</p><p>La muchacha acept� la copa y la sostuvo en la mano un rato antes de beberla. Observ� a Hank mientras se serv�a vino en la suya y sonri� cuando las dos se chocaron en un brindis.</p><p>��Por t�a Kitty -dijo �l. Bebi� un sorbo de vino y apoy� la copa sobre el escritorio. Tom� el fr�gil libro con tapas de cuero, que Maggie hab�a dejado all�, abierto-. �Te importa si leo esto?</p><p>��Creo que a t�a Kitty no le habr�a importado. Es el primer volumen. Empez� a llevar el diario a los diecis�is.</p><p>Hank ley� la primera p�gina y bebi� un poco m�s de vino. Luego sigui� pasando las p�ginas, leyendo una que otra al azar.</p><p>��Realmente, esto es muy interesante.</p><p>��Pareces sorprendido.</p><p>��Siempre he cre�do que los diarios de las muchachas eran una cursiler�a; un compendio de mentiras y exageraciones que luego dejaban por all�, como al descuido, para que sus amigas los leyeran.</p><p>��En mi opini�n, los m�s interesantes son los diarios intermedios. All� detalla la contabilidad del burdel. Es un relato hist�rico sin precedentes.</p><p>Hank escogi� uno de los diarios intermedios y comenz� a leer. Abri� los ojos desmesuradamente y en sus labios se dibuj� una amplia sonrisa.</p><p>���Guau! Ten�as raz�n. Decididamente, esto es mucho m�s interesante. T�a Kitty ten�a un don especial para manejar las palabras.</p><p>���En qu� p�gina est�s?</p><p>��Cuarenta y dos. Donde habla de Eugenia y el vendedor de botones.</p><p>���Dame ese libro!</p><p>Hank se alej� de Maggie, levantando el diario bien alto, para que ella no pudiera alcanzarlo.</p><p>���Todos los meses, Eugenia esperaba que el vendedor de botones llegara al pueblo� -ley� Hank-. �Eugenia se pon�a su vestido rojo transparente y sus provocativas ligas rojas y negras�� -Maggie se abalanz� sobre el diario, pero Hank la acorral� contra la pared. Sus ojos danzaban, traviesos-. �T� usas ligas, Maggie?</p><p>���Est�s estruj�ndome!</p><p>��Basta de forcejeos. No� Pens�ndolo bien, creo que me gustan los forcejeos.</p><p>Autom�ticamente, la muchacha se qued� quieta.</p><p>��Voy a gritar para que venga Elsie.</p><p>��Gallina.</p><p>��Te apuesto lo que quieras.</p><p>Hank sigui� leyendo en voz alta-: �� y Eugenia usaba su mejor perfume franc�s, el m�s caro, que aplicaba estrat�gicamente en cada lugar de su cuerpo donde lat�an sus pulsaciones. En el cuello�� -Hank baj� la cabeza y bes� meticulosamente el cuello de Maggie, exactamente donde sinti� sus pulsaciones-. �� en las mu�ecas�� -La boca de Hank descendi� hacia la mu�eca de Maggie, lenta y apasionadamente-. �� en el ardiente valle de sus generosos pechos��.</p><p>Maggie sinti� que se quedaba sin aire. El pecho le ard�a. Las palabras de Hank hac�an eco en su mente; su voz, una melod�a dulce y resonante. El deseo se apoderaba de ella desde adentro, exterioriz�ndose en vibraciones que le aflojaban las piernas.</p><p>Hank le hab�a abierto la pechera de su camisa de algod�n. Maggie era consciente del atrevimiento, pero no pod�a hacer nada para detenerlo. Deseaba sentir aquellos labios sobre sus pechos y cuando los labios de Hank por fin rozaron la piel que desbordaba de su sost�n de encaje, Maggie se estremeci�.</p><p>���Debo continuar? -pregunt� �l.</p><p>��S� -Apenas pudo esbozar la respuesta. Apenas alcanz� a escucharla, por los potentes latidos de su coraz�n.</p><p>���Perfumaba sus pezones�� -ley�, improvisando. Cubri� el pecho de Maggie con su mano grande, molde�ndolo en su palma. Lo sinti� suave y voluptuoso y crey� que el amor que le inspiraba lo har�a estallar. Y si no explotaba de amor, seguramente lo har�a de pasi�n. Se adelant� con el pensamiento y concluy� que a la tal Eugenia s�lo le quedaba un maldito lugar que perfumar. Si Maggie le dejaba poner la mano ah�, ser�a el fin. Pens� en Elsie, atareada en la cocina, y se pregunt� por qu� demonios habr�a empezado todo eso.</p><p>Tambi�n Maggie se anticip� con los pensamientos.</p><p>��Basta -susurr�-. Detente ya mismo.</p><p>�l se dej� caer sobre ella.</p><p>���Alguna vez has visto llorar a un hombre grande?</p><p>De nervios, Maggie se puso a re�r tontamente.</p><p>��No ser� para tanto.</p><p>��Para ti es f�cil decirlo.</p><p>��Tenemos que hablar.</p><p>��Aj�.</p><p>Maggie apoy� ambas manos, bien abiertas, sobre el pecho de Hank, para alejarlo un poco. Pero �l se neg� a moverse.</p><p>��Ser� completamente honesta contigo. Me atraes mucho. No tardar�a mucho en enamorarme de ti y cometer una estupidez, como por ejemplo, acostarme contigo.</p><p>���Y por qu� ser�a una estupidez?</p><p>��Porque no soy como t�. Para m�, el amor es algo serio. Sufrir�a. Me destruir�a.</p><p>Hank frunci� el entrecejo.</p><p>���Y por qu� crees que el amor no es para m�?</p><p>��Porque me parece que t� concepto sobre la vida difiere mucho del m�o.</p><p>Hank la tom� por los hombros y la sacudi� suavemente.</p><p>��T� no tienes ni la m�s remota idea de cu�l es mi concepto sobre la vida. No sabes nada de m�. S�lo conoces algunas historias. Dame una oportunidad, Maggie. Compru�balo por tus propios medios.</p><p>��No quiero darte una oportunidad. A�n nos restan seis meses de convivencia. No quiero que la situaci�n se torne m�s engorrosa de lo que ya es hoy. Aunque fueras la persona correcta para m�, esto no resultar�a. Skogen es la r�plica de Riverside. Soy el tema del d�a de toda la chusma del pueblo. Otra vez me he transformado en la loca Maggie Toone. Y seguramente no habr� hombre ni mujer, ni ni�o, en un radio de setenta kil�metros, que no est� ansioso por enterarse de mi �ltima locura.</p><p>��Te equivocas. No eres la loca Maggie Toone, sino la loca Maggie Mallone.</p><p>��No quiero enamorarme de ti.</p><p>��Bien. Haz lo que creas necesario para impedirlo, pero no creo que te sirva de mucho -La solt� y retrocedi� un paso-. �Y qu� pasa conmigo? Para m� ya es demasiado tarde, Maggie, pues ya me he enamorado de ti.</p><p>La incredulidad r�pidamente reemplaz� la dicha inicial que Maggie hab�a experimentado.</p><p>��Supongo que �se es tu problema.</p><p>��Error. Es tu problema, porque har� todo lo que crea necesario para que t� tambi�n te enamores de m�.</p><p>���No fue anoche mismo que me dijiste que ya no har�as m�s avances conmigo?</p><p>��Cambi� de parecer.</p><p>���Y por qu�?</p><p>��Pues no lo s�. Cuando te vi llorando desconsolada, lo �nico que quise fue serenarte y termin� tratando de seducirte. Sin embargo, en la transici�n entre una cosa y la otra descubr� que no podr�a disimular mis� sentimientos.</p><p>Maggie sonri�.</p><p>��Cierto. Tus sentimientos fueron m�s que evidentes.</p><p>��Y est�s equivocada con respecto a Skogen. Es un lugar agradable para vivir. Creo que necesitas conocer a algunos habitantes de este pueblo. Adoran los chismes, pero sanamente. Para ellos el chisme constituye un juego recreativo. Como no tenemos cines, ni grandes centros de compras, la gente mata su tiempo intercambiando informaci�n falsa.</p><p>��No s� si deseo conocer a otros residentes de este pueblo -Sab�a que la suya no era una actitud positiva. Despu�s de todo, estaba obligada a asumir el papel de esposa-. De acuerdo. Retiro lo dicho. Quiero conocer a los habitantes de este pueblo. �Qu� ten�as pensado? Espero que no haya sido otra cena.</p><p>��El pr�ximo viernes habr� un baile en el rancho.</p><p>�Acababa de invitarla espont�neamente? �Si detestaba los bailes!</p><p>���Un baile? -El rostro de Maggie se ilumin�-. Me encantan los bailes. �Qu� clase de baile es?</p><p>�Y c�mo iba Hank a saberlo? Jam�s hab�a ido a ninguno.</p><p>��Un baile com�n y corriente, supongo. Elmo Feeley, Andy Snell y otros muchachos han formado una banda.</p><p>���Una banda en vivo? �Y la pista de baile es de madera?</p><p>��Puede ser.</p><empty-line/><p>Horas despu�s, Maggie estaba acostada, pero con los ojos muy abiertos. No pod�a conciliar el sue�o. Por supuesto que estaba enamorada. Y por supuesto que no lo admitir�a frente a Hank porque enamorarse de Hank Mallone implicaba una situaci�n en la que todos sal�an perdiendo. Sin embargo, era excitante; aunque tambi�n aterrador� No en el sentido negativo de la palabra. Esa clase de peligro nunca la hab�a perturbado. Aquello era terror aut�ntico; el terror que se anudaba en la boca de su est�mago; el terror que la abrumaba en cualquier momento del d�a, cuando estaba distra�da. Y eso era mucho m�s nocivo que escribir malas palabras en la puerta del colegio.</p><p>Se oyeron pasos sigilosos, como de alguien con pantuflas, en el pasillo. Maggie advirti� que alguien giraba el picaporte de su puerta, lentamente y con sumo cuidado. Su habitaci�n estaba a oscuras y tambi�n el corredor. Como no hab�a luz, Maggie no pudo discernir con claridad el rostro de la persona que hab�a abierto la puerta de su cuarto, pero tuvo el presentimiento de que se trataba de Elsie. Era la �nica que usaba pantuflas en la casa.</p><p>��No se mueva -susurr� Elsie-. Y tampoco hable. Hay un hombre que trata de subir hasta su ventana, desde afuera.</p><p>���Qu�?</p><p>���Shhh! Le dije que no hablara. Voy a dar una buena lecci�n a ese tipo. Cuando termine con �l, juro que no le van a quedar ganas de subirse a ninguna escalera por un largo tiempo.</p><p>Fue entonces cuando Maggie not� el brillo del ca�o de un arma entre las sombras. Elsie estaba precisamente a su lado. Sosten�a el arma entre ambas manos, al igual que los polic�as de las pel�culas que Maggie hab�a visto tantas veces.</p><p>��No se preocupe por nada -le dijo Elsie-. Ya he hecho esto anteriormente. S� d�nde tengo que apuntar.</p><p>Una silueta negra se dibuj� en la ventana, bastante alejada de la cama. La hoja de un cuchillo recorri� el per�metro de los cristales y Maggie pudo ver que se trataba de un hombre que llevaba algo sobre la cara. Una media de mujer, quiz�s. Tanto ella como Elsie hab�an buscado refugio en la oscuridad del cuarto, pero el intruso ten�a la luz de la luna como fondo. Se inclin� para entrar en la habitaci�n y Elsie accion� el gatillo.</p><p>Maggie tuvo la sensaci�n de estar parada junto a un ob�s. El estr�pito fue ensordecedor. El ca�o lanz� una llamarada. El olor a humo y a aceite lacer� sus fosas nasales. El hombre que estaba en la ventana grit� de miedo y desapareci�. Se oy� un golpe seco cuando su cuerpo dio contra el suelo, seguido del ruido met�lico de la escalera, que seguramente hab�a ca�do sobre �l.</p><p>���Caray! Me entusiasm� y dispar� demasiado pronto -se lament� Elsie-. Ni siquiera hab�a pasado la mitad del cuerpo por la ventana. Tal vez s�lo le haya dado en el coraz�n.</p><p>Hank entr� corriendo en la habitaci�n, subi�ndose el cierre de sus jeans.</p><p>���Qu� carajo fue eso?</p><p>��Elsie dispar� a un tipo que estaba trepando por una escalera -explic� Maggie-. Quer�a meterse en mi cuarto.</p><p>Hank se acerc� a la ventana y mir� por el vidrio roto.</p><p>��No creo que lo haya herido de gravedad. Lo veo alejarse entre los manzanos. Mejor dicho, no creo que haya dado en el blanco, porque en esta pared hay un agujero del tama�o de una uva. �Cu�ntas veces dispar�, Elsie?</p><p>��S�lo una. Ese sujeto se esfum� tan pronto que no me dio tiempo a dispararle por segunda vez.</p><p>���Alguna de las dos pudo verlo bien?</p><p>��El muy maric�n llevaba una media de mujer sobre la cabeza -dijo Elsie-. Casi no alcanc� a verlo.</p><p>��Yo tampoco pude verlo bien -agreg� Maggie-, pero me pareci� m�s robusto que el anterior. Creo que se trataba de otra persona. Hasta el grito fue distinto.</p><p>��Yo lo o� husmear por la casa -continu� Elsie-. Cuando logr� asomarme por una ventana, �l ya estaba trepado a la escalera. Por eso, tom� mi peque�o Leroy y sub� al cuarto de Maggie.</p><p>Con mucha cautela, Hank tom� el arma de las manos de Elsie y vaci� el cargador.</p><p>���El peque�o Leroy?</p><p>��Lo compr� cuando viv�a en Washington, en una de esas ventas de garajes. El hombre que me lo vendi� lo hab�a bautizado as� en honor a un amigo suyo, que tambi�n era aparatoso y muy rudo.</p><p>��Ser� mejor que deje al peque�o Leroy bajo mi custodia, por seguridad -aconsej� Hank.</p><p>Elsie se guard� el arma en el bolsillo de la bata.</p><p>��Nunca voy a ninguna parte sin mi peque�o Leroy. Las viejas tenemos que protegernos solas, �sabe? Ya no puedo reducir a un tipo con una toma de karate. No me muevo con la misma rapidez de antes. A veces, cuando est� por llover, me duele la rodilla, a causa de la artritis -Se volvi�, para bajar la escalera-. Voy a prepararme un s�ndwich de carne fr�a. Siempre se me despierta el apetito cuando me desvelo en mitad de la noche.</p><p>Hank cerr� las persianas y las cortinas de la ventana.</p><p>���D�nde est� Horacio? �No hemos convenido en que dormir�a aqu�?</p><p>��Se meti� debajo de la cama cuando Elsie tir� a ese pobre diablo de la escalera. Debe de seguir escondido all�.</p><p>��No puedo culparlo -dijo Hank-. No s� qu� es peor; si los intrusos que tratan de violar mi propiedad, o Elsie armada con ese artefacto.</p><p>��Tal vez debamos dar parte a la polic�a.</p><p>��Ya he hablado con Gordie Pickens sobre el primer incidente. �l es el comisario en esta jurisdicci�n del condado. Si lo llamo ahora, seguramente lo despertar�. Har� la denuncia ma�ana a primera hora -�Y ma�ana ir� al pueblo para ver qui�n camina cojeando -pens�-. Si bien no estaba herido de bala, por la ca�da tendr�a que haberse lesionado la pierna como m�nimo.�</p><p>��Demasiada coincidencia -dijo Maggie-. Alguien anda detr�s del diario.</p><p>���Lo guardaste en un sitio seguro?</p><p>��Entre el colch�n y el colch�n de resortes.</p><p>Hank se tendi� en la cama, bien estirado.</p><p>��Perfecto. Entonces podr� quedarme aqu� toda la noche, as� te protejo a ti y al diario al mismo tiempo.</p><p>Maggie le ech� una mirada de desaprobaci�n en la oscuridad.</p><p>���Y qui�n va a protegerme de ti?</p><p>��No necesitas que te protejan de m�. Esta noche ser� t� �ngel guardi�n. Me quedar� junto a ti para cuidarte.</p><p>��Para ser totalmente honesta, no creo correr un gran peligro. Esta gente no me parece muy inteligente. Dudo que estemos frente a delincuentes profesionales.</p><p>��Tienes raz�n. Sus destrezas f�sicas dejan mucho que desear.</p><p>���Crees que podr�a tratarse de alguna travesura? Me refiero a alguien que quiera jugarte una broma.</p><p>��Dif�cil. Aun en mis �pocas de mayor rebeld�a, jam�s se me habr�a ocurrido irrumpir en la casa de nadie. De todas maneras, cualesquiera sean los m�viles, creo que Elsie ha logrado asustarlos.</p><p>���Entonces por qu� te quedar�s a pasar la noche aqu�?</p><p>��No quiero desperdiciar la oportunidad de acostarme contigo -Se estir�, la tom� y la atrajo contra su cuerpo-. �Qu� te parece? �Est�s c�moda?</p><p>��En realidad�</p><p>��Estupendo -dijo �l, abraz�ndola-. Esto ser� una suerte de experimento. As� dormir�amos si fu�semos amantes de verdad, aunque por supuesto, completamente desnudos. Tendr�s que usar tu imaginaci�n en esto de la inexistencia de la ropa -murmur� sobre su pelo.</p><p>��No empieces.</p><p>��Se me ocurri� que era necesario que prestaras atenci�n a esto. Ya sabes, los detalles tienen su importancia.</p><p>��Aj�.</p><p>Hank pas� una pierna por encima del cuerpo de Maggie y cerr� la mano sobre sus costillas.</p><p>���Puedes imaginar c�mo sentir�as mi mano si estuvieras desnuda?</p><p>���Otra vez la misma historia! �Est�s tratando de seducirme!</p><p>��Lo s�. Soy una calamidad.</p><p>��Dijiste que esta noche s�lo te comportar�as como un �ngel guardi�n.</p><p>��Ay, por Dios. �Vas a obligarme a cumplir esa promesa? -Suspir� exageradamente-. De acuerdo. Tienes raz�n. Dije que har�a de �ngel guardi�n y eso har�. Pero quiero que sepas que me cuesta horrores asumir ese papel. Espero que tengas consideraci�n al respecto.</p><p>���Vas a dormir ahora?</p><p>��S�.</p><p>��Bien.</p><p>Permanecieron acostados en silencio por un tiempo. Horacio se hab�a estirado debajo de la cama; Pomp�n estaba acurrucado en una vieja mecedora. Abajo, el reloj de la repisa marcaba el paso de las horas. La oscuridad era densa, aterciopelada; el aire transportaba la fragancia de los manzanos que se filtraba por la ventana abierta. Maggie sinti� que Hank se relajaba y que su respiraci�n adquir�a un ritmo m�s pausado. Se hab�a quedado dormido. Decidi� que a eso tambi�n podr�a acostumbrarse f�cilmente. Le gustaba esa paz de dormir junto a un hombre; la calidez y la seguridad; la silenciosa compa��a. Maggie ten�a una personalidad extravagante, pero disfrutaba a pleno los peque�os placeres de la vida. Le agradaba ver c�mo se desperezaba su gata, lamer las paletas de la batidora cada vez que preparaba crema chantill� y el gesto posesivo con el que Hank la hab�a abrazado.</p><p>Maggie se qued� all� un rato m�s, saboreando el placer de la proximidad de Hank y poco a poco, la fue invadiendo otra clase de placer. Paulatinamente, el deseo eclips� al contento, quem�ndole la piel, las entra�as. Nunca hab�a experimentado una sensaci�n semejante; con esa urgencia desasosegada, por el simple hecho de estar junto a un hombre. Se le acerc� y presion� sus labios sobre uno de los pezones masculinos. Recorri� con la mano su fibroso abdomen y sus senos cayeron pesadamente sobre el pecho de Hank. Lo vio moverse y not� que se alteraba el ritmo de su respiraci�n.</p><p>��Hank� -murmur� ella en la oscuridad, descendiendo por su cuerpo con los labios-. En cuanto a �ngel guardi�n�</p><p>Hank gimi�.</p><p>Maggie ten�a la mano apoyada sobre su ombligo; los m�sculos abdominales se endurecieron bajo su palma. Su propio vientre respondi� con id�ntica contracci�n. �De modo que de esto se trata�, pens�. Antes, nunca lo hab�a entendido. Nunca hab�a sido una v�ctima del deseo; nunca hab�a sentido ese fuego interior.</p><p>Las manos de Hank se tornaron tensas en su espalda.</p><p>��Maggie, �qu� est�s haciendo?</p><p>��Creo que estoy tratando de seducirte. �Da resultado?</p><p>Otro gemido.</p><p>��En realidad, es la primera vez que seduzco a alguien.</p><p>��Ser� mejor que lo pienses bien.</p><p>��Ay, Dios. �Lo estoy haciendo mal?</p><p>���No! S�lo quiero asegurarme de que es esto lo que realmente quieres.</p><p>�Lo que ella quer�a? Ya no sab�a lo que quer�a. En ese momento, amar a Hank le resultaba crucial para su existencia; tan imprescindible como respirar. Le respondi� quit�ndose el camis�n y arroj�ndolo al piso.</p><p>Nadie se movi�. No se oy� palabra alguna. La respiraci�n de ambos era agitada, aunque silenciosa. Y luego, de repente, s�lo existi� la pasi�n. Hank se arranc� los pantalones y se dirigi� hacia ella con paso decidido, pues nunca hab�a deseado a otra mujer de ese modo. La bes� fervorosa y profundamente, hundiendo la lengua en su boca, recorriendo todo su cuerpo con las manos. Las palabras de amor y las tiernas demostraciones se postergaron para otro momento. En ese primer encuentro la urgencia y la ferocidad resultaban m�s excitantes que una pr�ctica pausada y serena. Maggie arque� la espalda y grit� de placer, bajo las imperiosas caricias de Hank. �Es m�a. Mi mujer, mi esposa, mi amor�, pens� �l mientras devolv�a as� la fiebre a aquel cuerpo femenino que, una vez m�s, clamaba por inmediata satisfacci�n. Hank no le daba tregua; la sent�a moverse y contraerse debajo de s�.</p><p>��Maggie -fue todo lo que logr� articular, porque el ardor lo consum�a, lo sofocaba. La presi�n lo comprim�a y pens� que el coraz�n saltar�a de su pecho. Por fin una explosi�n de pasi�n los dej� a ambos sin aliento. Cuando todo termin�, se quedaron abrazados, durante un momento, sin palabras.</p><p>De pronto Hank levant� a Maggie en sus temblorosos brazos y la condujo por el pasillo.</p><p>��Esta segunda vez ser� m�s tranquila, m�s completa -le susurr� �l, mientras se dirig�an hacia el dormitorio.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 7</p></title><p>Maggie se par� frente al espejo del cuarto de ba�o e hizo un breve inventario. Su cabello era una mara�a indescriptible; los ojos estaban irritados por falta de sue�o; ten�a las mejillas arrebatadas y, adem�s� una tonta sonrisa plastificada en sus labios. �Deja de sonre�r -se orden� en silencio-. �Pareces una idiota!� Cinco minutos despu�s, sali� de la ducha, mir� de soslayo el espejo empa�ado y levant� los ojos al cielo. Todav�a estaba sonriendo.</p><p>��Van a enterarse -murmur�-. Todos van a enterarse. Y se va a enterar �l.</p><p>Eso era lo peor. Hank Mallone iba a enterarse de que acababa de brindarle la mejor noche de su vida. Maggie no pod�a determinar exactamente por qu� eso la fastidiaba tanto, pero se sent�a como una gata lista para dar el zarpazo. Supuso que se trataba de una especie de mecanismo de defensa. Cuanto m�s se enamoraba de �l, mayor era su estado de alerta. Extra�o. Decididamente extra�o, concluy�. Pas� el peine por entre los rizos colorados de su cabellera, se puso una camiseta y unos pantalones cortos de seda negros, se mir� en el espejo por �ltima vez. La sonrisa segu�a plasmada all�.</p><p>Cuando Maggie entr� en la cocina, Hank estaba colocando un nuevo panel de vidrio en la puerta. Levant� la vista de su trabajo y empez� a re�rse al verla sonriente.</p><p>El calor le subi� desde el cuello de la remera hasta encenderle las mejillas. Maravilloso. Para colmo se ruborizaba. Lanz� un gemido de frustraci�n y extrajo un cart�n de jugo de naranjas del refrigerador.</p><p>Elsie puso una bandeja con huevos revueltos sobre la mesa. Retrocedi� unos pasos y mir� detenidamente a Maggie.</p><p>��Vaya sonrisa la que tiene hoy. Verg�enza deber�a darles. Apenas se conocen. En mis tiempos, una no se exhib�a por all� con esa sonrisa sino hasta que estaba casada de verdad.</p><p>��Es s�lo una sonrisa, por el amor de Dios -grit� Maggie.</p><p>��Bueno, por lo menos al fin se decidi� a hacer un poco de gimnasia -concluy� Elsie-. Creo que no hay que quitar m�ritos a las cosas.</p><p>Maggie mir� de reojo a Hank, que estaba apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa en el semblante m�s tonta a�n que la de ella. Maggie carraspe� y se concentr� en sus huevos.</p><p>Elsie sirvi� un panecillo a Maggie.</p><p>��Tengo que irme enseguida. Ped� un turno en la peluquer�a. Esta noche tengo una cita.</p><p>��Mmmm, parece serio -dijo Maggie-. Tenga cuidado. No vaya a ser cosa que una ma�ana de �stas se despierte sonriendo usted tambi�n.</p><p>��Para m� es diferente -respondi� Elsie-. No puedo darme el lujo de esperar. Los hombres de mi edad se mueren como moscas -Se alis� el vestido y tom� su bolso, que estaba sobre la mesada de la cocina.</p><p>��Qu� bonito bolso tiene. Grande -dijo Hank-. Parece pesado.</p><p>��No est� mal -coment� Elsie-. Me ayuda a mantenerme en forma. Los j�venes de hoy van a esos costosos centros deportivos, con esas m�quinas tan raras. Yo me las arreglo cargando bolsos grandes. Tengo los brazos tan musculosos que dan envidia a m�s de una mujer.</p><p>Hank se sirvi� una taza de caf� mientras escuchaba el Caddy de Elsie que se alejaba de la casa.</p><p>��Se me ocurre que s�lo hay una cosa que puede hacerle tanto peso en el bolso.</p><p>Maggie hizo una mueca.</p><p>��Has corroborado sus referencias, �verdad? Me refiero a que esta mujer no tendr� antecedentes penales ni nada por el estilo, �cierto?</p><p>Bubba abri� la puerta de vidrio, que Hank terminaba de reparar.</p><p>���Hola! -exclam�-. �Llego demasiado tarde para el desayuno?</p><p>Hank mir� el reloj de la cocina.</p><p>���Te quedaste dormido?</p><p>Bubba parti� seis huevos y los puso en la sart�n. Se sirvi� una taza de caf�.</p><p>��Hoy es s�bado. Fui a pescar. Ruben Smullen me dijo que en Goose Creek, debajo del puente de caballetes, hab�a buen pique. Por eso me levant� temprano.</p><p>���Has pescado algo?</p><p>��Unas cuantas truchas. Parec�a que hac�an fila para morder el anzuelo. Las guard� en una heladera port�til y la puse en la galer�a de atr�s -Sac� algunas rebanadas de carne fr�a que hab�an quedado en el refrigerador y las agreg� a la sart�n. Cuando los huevos estuvieron cocidos a su gusto y la carne bien caliente, sirvi� todo en un plato y lo cubri� con ketchup.</p><p>��Es un desayuno demasiado abundante -critic� Hank-. Hasta para ti.</p><p>��Oh, este pobre hombre tiene tantos problemas -se autocompadeci�-. El destino me niega las gratificaciones esenciales de la vida y me desquito con la comida.</p><p>���Te resulta?</p><p>��No.</p><p>���Cu�l es el problema?</p><p>��Peggy quiere casarse. Me ha dicho que no habr� m�s� bueno, t� sabes; que no habr� m�s hasta que no nos casemos. Y la culpa de todo esto es tuya. T� eres el responsable. Es como una enfermedad. Una epidemia. Una peste. Desde que te casaste, todas las mujeres del pueblo y sus alrededores est�n a la pesca de un anillo de bodas.</p><p>��Puede que te guste la vida de casado -dijo Hank-. T� y Peggy han sido novios durante a�os. Quiz� ya sea hora de formalizar. �Sabes? La juventud comienza a abandonarte.</p><p>��Pero no los kilos -agreg� Maggie, observ�ndolo devorar sus huevos.</p><p>��No lo s�. La idea me da escalofr�os -Mir� a Hank-. �A ti te agrada la vida de casado?</p><p>��S�.</p><p>Bubba mir� entonces a Maggie y sonri�.</p><p>��A ti s�, se te nota que la vida de casada te sienta -Gui�� un ojo a Hank y se inclin� hacia �l por encima de la mesa-. Hay s�lo una cosa que provoque esa clase de sonrisas en el rostro de una mujer.</p><p>Maggie se meti� un panecillo entero en la boca y empez� a masticarlo. Hab�a aceptado quedarse all� durante seis meses. Ya hab�an pasado cinco d�as, de modo que a�n quedaban ciento setenta y nueve. Ciento setenta y nueve desayunos con Bubba. Una perspectiva funesta. Trag� el panecillo y lo baj� con media taza de caf�.</p><p>��Debo irme a trabajar -dijo.</p><p>��Pero hoy es s�bado -le record� Hank-. �Por qu� no trabajas hasta el mediod�a y despu�s nos vamos a pasear? Te llevar� a la cumbre del monte Mansfield en el funicular.</p><p>Bubba levant� la vista de su carne.</p><p>��No puedes. Le prometiste a Bill Grisbe que revisar�as su Ford. Hank es un as de la mec�nica -explic� Bubba a Maggie-. Y despu�s tenemos una partida contra West Millerville.</p><p>��Softball -aclar� Hank-. Lo hab�a olvidado. Bueno, tal vez podamos ir ma�ana al monte Mansfield.</p><p>��Pens� que ma�ana ir�as a Burlington conmigo -dijo Bubba-. �bamos a ver el nuevo lagar que acaba de instalar Sam Inman.</p><p>��Oh, s�. Es un lagar estupendo -dijo a Maggie-. Es como el que yo quiero. Tiene una prensa de tela y rejilla hidr�ulica, de ochenta cent�metros, con una unidad de alimentaci�n sanitaria.</p><p>Maggie sinti� que su sonrisa se desvanec�a. Hank no ten�a tiempo ni deseos de tener una esposa de verdad. Por eso se hab�a alquilado una. Por Dios, qu� est�pida hab�a sido. Despu�s de la noche maravillosa que hab�an compartido, ahora pasaba a ser un plato de segunda mesa. �El Ford de Bill Grisbe llevaba las de ganar! �Hombres! Cerr� los ojos.</p><p>���Por favor!, no dejar�s plantado a Bill Grisbe, �no? -coment� ella con sarcasmo-. Y lo �ltimo que desear�a en la vida es que el equipo de Softball prescinda de t� presencia.</p><p>��Oh, oh -dijo Bubba a Hank-. Creo que se ha enfadado. Apuesto a que debe de tener guardada la vieja cadena con la bocha de hierro, lista para sujet�rtela a los tobillos.</p><p>�La vieja cadena con la bocha de hierro? Maggie sinti� que un potente fuego ard�a en su cuero cabelludo y que no pod�a contener su estallido.</p><p>��Escucha bien, se�or Lard. Lo que yo sujete o deje de sujetar en los tobillos de mi marido es un asunto m�o y t� no tienes por qu� inmiscuirte. Y para t� mayor informaci�n, tus desayunos en esta casa est�n contados. Si para el mi�rcoles no te has muerto por obstrucci�n arterial, tendr�s que buscarte otro surtidor donde cargar combustible -Entrecerr� los ojos y lo mir� furiosa-. �Est� clarito?</p><p>���Qu� manera de reaccionar! -dijo Bubba a Hank-. Debe de ser ese libro lo que la altera tanto.</p><p>Maggie cerr� los ojos. Gir� violentamente sobre sus talones y sali� de la cocina meneando la cabeza y rezongando por el camino.</p><p>Hank sonri� con aire de satisfacci�n.</p><p>��Le gusto -dijo-. Se niega a compartirme.</p><p>��Es una ciclot�mica� Por momentos es pura sonrisa, y al segundo te quiere arrancar los ojos con las u�as. Es muy inestable, Hank. Para m� que a esta mujer le falta un tornillo.</p><p>Maggie entr� irritada en su estudio y se encerr� all� con un portazo. No le faltaba ning�n tornillo y tampoco era inestable. Estaba enojada; sobre todo consigo misma. Se hab�a involucrado en esa situaci�n plenamente consciente de lo que suceder�a y ahora que las cosas resultaban como era de esperar, se angustiaba. Se arroj� sobre una silla y encendi� la computadora. �Ign�ralos -se aconsej�-. Conc�ntrate en t� trabajo. �A qui�n le importa un tonto paseo al monte Mansfield?�</p><p>�A ella! Hac�a cinco d�as que no sal�a de esa chacra y ya estaba enloqueciendo. Hizo sonar sus nudillos y mir� por la ventana. Manzanos y manzanos hasta donde le alcanzaba la vista. Aburridos y est�pidos manzanos. Siempre estaban igual. En el estacionamiento de Riverside hab�a por lo menos cierto movimiento; autos que entraban y sal�an; gente que sacaba la basura y, dos veces por semana, un enorme cami�n que pasaba a vaciar los tarros. Ahora, hasta eso le resultaba emocionante.</p><p>Con la vista fija en la pantalla de la computadora, reley� el �ltimo p�rrafo que hab�a escrito. Despu�s se golpe� la frente con un l�piz y apret� los labios.</p><p>���Y ahora qu�? -dijo-. �Y ahora qu�?</p><p>No lo sab�a. Hab�a perdido la concentraci�n. Hoje� el diario pero ya no ten�a la inspiraci�n. De modo que Kitty Toone se hab�a convertido en propietaria de un prost�bulo para poder costear los gastos de alimentos de su beb�. �Vaya negocio -pens� Maggie-. Todos tienen problemas. M�renme a m�. Yo tambi�n tengo problemas.�</p><p>Para las dos de la tarde, hab�a acomodado las gavetas con las medias y la ropa interior; hab�a escrito una carta a su madre; se hab�a depilado las piernas con el implemento de tortura destinado a ese fin; se hab�a pasado dos manos de esmalte para u�as rojo fuerte y se hab�a comido dos paquetes de papas fritas. Pero no hab�a logrado escribir una sola letra en su computadora.</p><p>Estaba tendida en el piso, totalmente despatarrada, supuestamente, tratando de pensar, aunque en realidad se hab�a quedado dormida, cuando oy� un auto que se deten�a frente a la casa. Se dirigi� a la ventana y vio que los padres de Hank bajaban del veh�culo y se encaminaban hacia la entrada. Una visita inesperada de sus suegros. Probablemente hab�an venido a controlar si no se habr�a incendiado algo m�s de la casa ancestral. Maggie ech� un r�pido vistazo a su aspecto y lleg� a la conclusi�n de que su estado era calamitoso; los shorts que ten�a puestos eran comod�simos, pero tambi�n los m�s viejos de su vestuario. Y esa remera� tan descolorida. No se hab�a vuelto a peinar desde el desayuno y tampoco recordaba d�nde hab�a dejado los zapatos. Pens� que tal vez pudiera esconderse en su alcoba. Quiz�s Elsie pudiera atender y decirles que Hank se hab�a ido con Bubba a reparar el auto de un vecino. Entonces, a lo mejor sus suegros decidieran irse. Cuando son� el timbre, oy� a Elsie dirigirse hacia la puerta y cruz� los dedos. A decir verdad, no quer�a enfrentarse con Harry Mallone.</p><p>Se oy� un murmullo de conversaciones en el vest�bulo y luego la voz de Elsie, que trep� estridente escaleras arriba:</p><p>��Maggie, son los Mallone. Han venido a saludar.</p><p>La muchacha protest�. Se pas� sin �xito la mano por el cabello a inspir� profundamente.</p><p>��Ah� va este cero a la izquierda -anunci�, abriendo la puerta del estudio.</p><p>Horacio entr� contento. Apoy� las patas delanteras en el pecho de Maggie y la salud� con un mojado leng�etazo en la cara. Cuando vio a Pomp�n sentada junto al teclado de la computadora, la salud� del mismo modo. Pomp�n reaccion� con una bofetada r�pida como un rel�mpago, que dio en un costado de la cabeza del perro. Horacio aull�. Se par� con firmeza, los pelos se le erizaron y comenz� a ladrar al hocico de la gata.</p><p>�Guau!</p><p>Pomp�n sali� corriendo despavorida, con el perro a la zaga.</p><p>Maggie baj� las escaleras detr�s de ellos, pero se detuvo en seco al llegar al vest�bulo. La gata se hab�a prendido de la camisa del padre de Hank.</p><p>El rostro de Harry Mallone estaba carmes�; apretada su blanca y regular dentadura, ligeramente desorbitados los ojos�</p><p>��Esta casa es un manicomio -declar�-. �Detesto a los gatos!</p><p>Helen Mallone palme� el brazo de su esposo.</p><p>��Sin embargo, cari�o, creo que a esta gata le simpatizas -le dijo-. Recuerda tu presi�n sangu�nea -Sonri� cordialmente a Maggie-. Salimos a pasear un rato en el auto y decidimos entrar a saludar.</p><p>Maggie desenganch� una por una las garras de la gata.</p><p>���Lo siento mucho!</p><p>Elsie a�n sosten�a la puerta abierta.</p><p>��Nunca he visto nada igual. Esa gata sali� volando por el aire para prenderse del pecho del viejo Harry. Debe de tener alguna cruza de ardilla. Vol� de verdad.</p><p>La camioneta de Hank entr� en la casa con su ruido caracter�stico hasta detenerse justo frente a la puerta. �l y Bubba se apearon y fueron al trote hasta la galer�a.</p><p>���Qu� sucede? -pregunt� Hank.</p><p>��Sus padres han venido de visita y la gata baj� directamente del infierno para atacar a su padre -respondi� Elsie.</p><p>��Esa gata es una asesina -protest� Harry Mallone-, una amenaza para la sociedad. Habr�a que encerrarla bajo siete llaves, ponerla a dormir y arrancarle las garras.</p><p>Maggie apret� al animal contra su pecho.</p><p>���Antes tendr�n que pasar por sobre mi cad�ver!</p><p>Harry no mir� con desd�n tal posibilidad. Arque� una ceja y gru�o sugestivamente.</p><p>Hank bes� a su madre en la mejilla.</p><p>��Es maravilloso verlos por aqu�. Me encantar�a quedarme a charlar con ustedes, pero ya estoy retrasado para el partido de Softball. Podr�an venir a la cancha as� me ven destruir a West Millerville.</p><p>��Ser�a fascinante -repuso Helen con dulzura-. Antes nos detendr�amos un momento en lo del doctor Pritchard para que d� a t� padre una vacuna antitet�nica y luego s�, podr�amos ir a ver un rato el partido.</p><p>Hank sac� sus botines del guardarropa que estaba en el pasillo, revolvi� el cabello de Maggie con gesto cari�oso y le bes� la nariz.</p><p>��Nos veremos para cenar. No olvides el baile de esta noche.</p><p>Bubba se qued� boquiabierto.</p><p>���Vas a llevarla a bailar al rancho? Si t� odias esas cosas.</p><p>��Yo tambi�n ir� a ese baile -anunci� Elsie-. Por lo que he o�do, todo el mundo se dar� cita all�. Todas las mujeres est�n en la peluquer�a.</p><p>��En el rancho se organizan dos bailes -explic� Bubba-. Uno para la inauguraci�n y otro para el cierre de la feria del condado. El de esta noche es el de cierre, que siempre es el mejor de los dos. All� se eligen el rey y la reina de la feria. Un a�o, Hank supuestamente iba a ser el que recibiera ese honor, pero jam�s se present� -Code� a su amigo-. �Te acuerdas?</p><p>El padre de Hank mene� la cabeza.</p><p>���Qu� tremendo era! -se quej� su madre-. Pero ahora se ha corregido. Se cas� con una muchacha encantadora y ya no tiene m�s esas ideas descabelladas. Gracias a Dios. Esto es un verdadero alivio para una madre.</p><p>Maggie se llev� el dedo a la ceja.</p><p>���Te pasa algo, querida? -le pregunt� Helen.</p><p>��A veces me late un poco. No es nada. El m�dico lo atribuye a un desorden nervioso, pero una no puede creer todas las cosas que dicen los m�dicos. Yo no soy nerviosa. En realidad, soy todo lo contrario. �No crees que soy muy tranquila, Hank?</p><p>��Te dije que a esta mujer le falta un tornillo -murmur� Bubba-. Ser� mejor que la vigiles, Hank. El viejo Bernie Grizzard empez� con un tic nervioso y ahora anda por all� hablando con los picaportes de las puertas.</p><p>Hank le rode� los hombros con el brazo.</p><p>��Por supuesto que eres tranquila, Pastelito. Pero has estado trabajando demasiado. Tal vez tengas la vista cansada por fijarla tantas horas en la pantalla de la computadora.</p><p>��Trabaja d�a y noche -agreg� Elsie dirigi�ndose a los padres de Hank-. No es bueno que uno est� sentado tanto tiempo frente a un aparato de esos. Con raz�n est� tan p�lida y llena de tics.</p><p>Maggie se qued� pasmada. �De verdad estaba tan p�lida y llena de tics? Tal vez tuvieran raz�n en eso de que hab�a estado trabajando demasiado.</p><p>Hank le palme� la cabeza.</p><p>��Pobre ni�ita. Tanto trabajo y tan poca diversi�n -Le obsequi� una sonrisa seductora-. Lo solucionaremos esta noche, �te parece?</p><p>Hubo un destello de picard�a en los ojos de Hank y Maggie supo que no le estaba destinada. �l sent�a afecto por todas esas personas y se mostraba tolerante con ellas. Sab�a encontrar el lado humor�stico de las situaciones que para Maggie eran un agravio. Por eso le gustaba. Y tambi�n por la silenciosa confianza que le inspiraba. Sus ojos le aseguraron que no estaba p�lida en absoluto, que su belleza superaba los l�mites de lo imaginable. Su sonrisa irradiaba una aterradora lascivia, produciendo un torrente de recuerdos inolvidables.</p><p>��Llegaremos tarde al partido -dijo Bubba-. Ser� mejor que nos vayamos.</p><p>Helen Mallone respondi� a su marido, que le hab�a tocado el codo.</p><p>��Nosotros tambi�n nos marchamos.</p><p>Maggie se despidi� de los Mallone y se qued� observando a Hank mientras segu�a a sus padres en su deste�ida Ford. El sol hab�a evaporado la humedad del camino de tierra y se levant� una nube de polvo marcando el avance de la camioneta. Maggie permaneci� de pie en el porche, hasta que ambos veh�culos se perdieron de vista y el polvo comenz� a asentarse. La excitaci�n revoloteaba en su pecho como un p�jaro. �Esa noche ir�a a bailar! �Con Hank! �C�mo hab�a podido olvidarlo? Muy simple. �ltimamente le fallaba bastante la memoria admiti�. Por ejemplo, hab�a olvidado que, en teor�a al menos, deb�a descartar a Hank como partido matrimonial. De hecho, hac�a muy poco que hab�a decidido que ni siquiera pod�a considerarlo como material potable para entablar una amistad. Y ahora, all� estaba, al borde de la euforia s�lo porque Hank la llevar�a a bailar. Se llev� la mano a la boca y advirti� que la sonrisa hab�a vuelto. No la sorprend�a.</p><p>��La vida no es f�cil -dijo a Pomp�n, al tiempo que la llevaba a la cocina para darle su alimento.</p><p>Elsie estaba un paso detr�s de ellas.</p><p>���Sabe? Si yo estuviera interesada en robarme esos diarios, vendr�a a la casa esta noche. No habr� nadie aqu� y podr�an llev�rselos f�cilmente. No los dejar� tirados por ah�, �no?</p><p>��Los tengo debajo del colch�n.</p><p>���se es lugar de aficionados. Tenemos que buscar un verdadero escondite para esos diarios, si queremos salir todos esta noche.</p><p>Maggie abri� una lata de at�n para gatos.</p><p>��Supongo que tiene raz�n. No bien termine con la comida de Pomp�n, buscar� un sitio m�s apropiado. �Alguna sugerencia?</p><p>��Una vez le� una novela de suspenso en la que escond�an unos diamantes en la heladera. Me pareci� una estupidez, porque todos los hombres que he conocido en la vida, lo primero que hacen es abrir la heladera. Deber�a ponerlos en algo al que un hombre jam�s se le ocurrir�a tocar. Por ejemplo, la cesta con la ropa para planchar. O tal vez pudi�ramos improvisar un doble fondo en el balde del lampazo.</p><p>��El diario es demasiado grande como para ocultarlo en el doble fondo de un balde. En realidad, comprende siete libros -Apoy� el plato con la comida para gatos en el piso-. Supongo que tambi�n debo ocultar los discos flexibles de la computadora.</p><p>��D�game la verdad -la inst� Elsie-. �Realmente vale la pena robarse esos libros? �Su t�a Kitty sab�a algo que los dem�s ignoraban? �Hay alg�n secreto comercial en esos diarios?</p><p>��Creo que hay unos cuantos, pero no tan valiosos como para que alguien quiera robarlos. Si quiere, puede leerlos.</p><p>���S�? Tal vez los lea. Tengo tiempo libre esta tarde. Quiz� dedique una o dos horas a mirarlos un poco. Luego buscaremos un escondite antes de irnos.</p><p>A las seis en punto, Elsie tuvo la cena lista sobre la mesa.</p><p>��No me interesa que no vengan a la mesa a aprovechar la comida que he preparado -dijo-. Si no quieren comer, que no coman. Pero aqu� no hay privilegios. La cena se sirve a las seis y el que quiera comer, ser� mejor que llegue puntualmente. No me importa si se le rompi� la camioneta o si un plato volador aterriz� en la cancha. No voy a servir la cena en distintos turnos.</p><p>Una hora despu�s, Hank arroj� sus botines en la galer�a de atr�s y se encamin� hacia la cocina.</p><p>��Mmmm, qu� olorcito, Elsie. Seguramente ha preparado un buen guisado con galletas caseras. Sent� el aroma no bien baj� de la camioneta -Le rode� los hombros con el brazo y la estrech� afectuosamente-. Perd�n por haber llegado tarde. Hubo entradas suplementarias en el partido.</p><p>Lo mir� enfadada, con los ojos entrecerrados.</p><p>���Gan�?</p><p>��S� -Le sonri� ampliamente y sac� una pelota de b�isbol de su bolsillo-. Y tambi�n le traje la pelota del partido como obsequio.</p><p>Elsie se guard� la pelota en el bolsillo del delantal.</p><p>��Tiene suerte de poder comprarme con tan poco. Por lo general, acostumbro a servir la cena una sola vez -Abri� la tapa de la cacerola que estaba sobre la hornalla y, tomando el cuchar�n, sirvi� una raci�n de guiso sobre el plato. Le agreg� unas galletas que hab�a mantenido calientes en el horno-. Como postre, tiene pastel relleno en la heladera. S�rvaselo solo, porque yo tengo cosas que hacer.</p><p>Maggie a�n estaba sentada a la mesa, dando vueltas con un vaso de caf� helado y su segunda porci�n de pastel.</p><p>���C�mo lo haces? -pregunt� a Hank cuando se sent� frente a ella.</p><p>���Hago qu�?</p><p>��Meterte en el bolsillo a todas las mujeres. Si yo hubiera llegado una hora tarde, me habr�a tenido que conformar con unas tostadas secas como cena.</p><p>��No es cierto. Elsie te habr�a guardado algo de comida. Es como una gallina clueca; por fuera, puro aspaviento, pero por dentro tiene un coraz�n muy tierno -Unt� una galleta con mantequilla-. Pero no estabas refiri�ndote s�lo a Elsie, �verdad?</p><p>��No. Me refer�a a toda una vida de envolver a las mujeres con palabras y tenerlas rendidas a tus pies. Incluso, tu madre y yo.</p><p>��No me hab�a dado cuenta de que te ten�a rendida a mis pies.</p><p>��Me resisto.</p><p>���Esta conversaci�n es seria?</p><p>��Lo suficiente -contest� Maggie.</p><p>��Entonces tenemos que encuadrar a todas esas mujeres en la categor�a que les corresponde. Mi madre no cuenta. Las madres malcr�an a sus hijos, por m�s traviesos que sean. Las muchachas que conoc� durante mis �pocas de estudiante secundario jam�s ca�an rendidas a mis pies. Cuando regres� al pueblo, era el mal tipo que volv�a a casa y por eso, todas las mujeres disponibles y muchas que ya no lo estaban quer�an corregirme para llevarse los laureles. Para ser franco, durante los �ltimos cinco a�os he permitido que me llevaran de la nariz, como si fuera el toro ganador del primer premio, porque era la actitud m�s f�cil de asumir. Mis �nicos compromisos eran en relaci�n con mi empresa. Y las �nicas promesas que he hecho fueron a m� mismo. He sido un buen compa�ero para unas cuantas mujeres que, por una raz�n a otra, no estaban listas para casarse -Termin� de comer su galleta y tom� otra-. Y por �ltimo quedas t�. Te sientes indefensa por haberte enamorado de m�.</p><p>���No lo estoy!</p><p>��Por supuesto que s�. Es natural. Enamorarse es una experiencia que lo susceptibiliza -Vaya si lo sab�a, pens� Hank. Maggie no ten�a m�s que sonre�rle para que �l se derritiera como manteca al sol.</p><p>���Y por qu� crees que me he enamorado de ti?</p><p>��Porque tienes todos los s�ntomas. Me has cedido el turno para que me duchara primero esta ma�ana. Luego, te quedaste parada en el porche, mir�ndome cuando me iba, hasta que me perd� de vista. Y lo m�s importante� esa sonrisa.</p><p>���Y te parece que basta como prueba irrefutable?</p><p>��Un hombre sabe de estas cosas.</p><p>Maggie lami� el �ltimo resto de crema que le hab�a quedado en el tenedor.</p><p>��De acuerdo. Reconozco que he perdido la cabeza por ti. Pero no ir� m�s lejos que eso.</p><p>��Con que resignada a poner el cuello en la horca, �eh?</p><p>Maggie quiso decirle que no ten�a intenciones de dejarse ahorcar por un hombre que prefer�a chapucear con un viejo Ford en lugar de atenderla un poco a ella. Pero luego decidi� que no era una comparaci�n halagadora. Llev� su plato al fregadero y lo enjuag�. Eso le dio el tiempo suficiente para aplacarse y reprimir sus nervios.</p><p>��No me provoques -le pidi�-. Quiero estar de buen humor para el baile de esta noche.</p><p>Una hora y media m�s tarde, Maggie estaba preocupada. Pensaba que se le hab�a ido la mano en eso de estar de buen humor. Extra�o en ella, se hab�a quedado demasiado tiempo bajo la ducha, dejando que el agua caliente recorriera en una cascada la desnudez de su cuerpo mientras fantaseaba con bailar abrazada a Hank. Ahora se sent�a de muy buen talante. Lo suficiente como para esmerarse en dar una imagen impactante. Puso especial cuidado en su cabello y en el maquillaje: un rubor suave, l�piz labial color damasco, un toque de sombra en los p�rpados y perfume en los puntos estrat�gicos. �Maggie, eres traviesa�, se dijo. Hab�a escogido un vestido negro de punto, ajustado en el talle, que resaltaba la voluptuosidad de sus pechos, con una falda vaporosa y un fino cintur�n. En su opini�n, era el vestido m�s rom�ntico que ten�a. En cualquier otra mujer, podr�a haber resultado insulso por sus l�neas cl�sicas y el cuello alto, pero a Maggie le sentaba de maravillas. La muchacha que se lo hab�a vendido, se hab�a quedado tan impresionada al v�rselo puesto que la hab�a elogiado sobremanera. A t�a Kitty le habr�a encantado.</p><p>Maggie estaba dando vueltas ante el espejo de su cuarto, estudiando el movimiento de la falda, cuando Hank llam� a la puerta.</p><p>���Maggie, est�s viva? Han pasado horas desde que saliste de la ducha.</p><p>��Qu� exagerado. S�lo han pasado cuarenta y cinco minutos -Le abri� la puerta y gir� por �ltima vez, buscando su aprobaci�n-. �Qu� opinas? �Qu� te parece este vestido?</p><p>La atenci�n de Hank se concentr� en el contorno de los senos que se marcaban bajo de la trama del tejido.</p><p>��Lindo vestido -susurr� mientras recorr�a con la mirada el cuerpo voluptuoso de la muchacha-. Pero no pienso exhibirte as� en p�blico.</p><p>Ella se sorprendi�.</p><p>��Ni loco voy al baile contigo si te dejas puesto ese vestido.</p><p>���Es mi favorito! -protest�.</p><p>��Es una amenaza para mi salud mental. Y mejor ni te cuento las ideas que se me est�n ocurriendo.</p><p>Maggie le dirigi� una sonrisa felina, a la que Hank respondi� arqueando las cejas.</p><p>��Maggie Toone Mallone, creo que est�s gozando con la situaci�n.</p><p>��Tonter�as -le asegur� ella-. Eso ser�a perverso de mi parte -Luego se ech� a re�r tontamente. Por supuesto que lo gozaba. Jam�s hab�a conocido un poder semejante. Ni tanta excitaci�n.</p><p>��Esas risitas pueden traerte muchos problemas, Maggie.</p><p>Maggie adoraba el modo en que Hank suavizaba la voz cada vez que sus ojos la miraban hambrientos. Pens� en el baile y, de pronto, le pareci� aburrido en comparaci�n con todas las actividades que ten�a al alcance de su mano. Pensamiento peligroso el suyo.</p><p>Hank recorri� lentamente su brazo desnudo.</p><p>��Elsie ya se fue.</p><p>��Hmmm. �Significa que estamos solos?</p><p>Hank no le respondi�, pero la mir� con tanta intensidad que la muchacha sinti� c�mo crec�a su pasi�n. En cuesti�n de segundos, el vestido cay� como una sombra negra a sus pies. Lo sigui� el diminuto sost�n de encaje rojo. Las manos de Hank temblaron al tocarle la cintura, pero sus labios permanecieron firmes. Firmes, calientes y voraces. La determinaci�n de Maggie por mantenerlo a una distancia prudencial se desvaneci�. La hizo retroceder hacia el interior del cuarto y cuando llegaron a la cama, �l se hab�a desvestido por completo.</p><p>��No creas que estoy jugando contigo, Maggie Toone Mallone. �ste es un acto de amor pleno, cabal -dijo-. De los que imponen compromiso -Con mucha suavidad, la tendi� sobre la cama y la cubri� con su cuerpo.</p><p>��Espero que hagas de m� un hombre honesto.</p><p>��Creo que es demasiado tarde -murmur� Maggie.</p><p>��Estoy hablando de matrimonio, Maggie.</p><p>���Matrimonio? Pens� que pretend�as que te convirtiera en un hombre honesto.</p><p>���Era s�lo una forma de hablar!</p><p>Hank no dejaba de acariciar el cuerpo de Maggie, y ella se preguntaba por qu� hablar�a tanto cuando ese fuego ard�a por sus venas.</p><p>���Tenemos que discutirlo ahora?</p><p>Aunque Hank bien sab�a que hablar de matrimonio en los momentos de pasi�n era jugar sucio, corr�an tiempos dif�ciles. Y �l estaba desesperado. Por lo tanto, se propuso perturbar a Maggie como nunca. Se mov�a lentamente, vali�ndose de su cuerpo para ejercer presi�n, atorment�ndola con las yemas de los dedos y murmur�ndole palabras de amor hasta enloquecerla y dejarla jadeante. Maggie estaba al borde del abismo y �l, de la insania. Tuvo que apretar los dientes para detener moment�neamente los avances de su propia pasi�n. Hab�a dicho en serio lo del compromiso. No quer�a hacerle el amor a una esposa ficticia. Quer�a que Maggie fuera suya. Para siempre. De verdad.</p><p>���Me amas, Maggie? -Ten�a que averiguarlo; escucharlo de sus labios.</p><p>Pero todo lo que la joven pudo hacer fue pesta�ear. Quer�a dec�rselo, gritar su amor a los cuatro vientos. Sin embargo las palabras se le atascaron en el nudo de la garganta. S�lo atin� a asentir con la cabeza.</p><p>���Te casar�s conmigo, Maggie?</p><p>���Casarnos de verdad? -Pregunt� la muchacha.</p><p>Hank advirti� una chispa de duda en sus ojos, la sinti� vacilar. La bes� lenta y profundamente; desliz� sus labios por el cuello de ella, y la colm� de sensuales caricias. Maggie gimi� y cerr� los ojos. Hank repiti� la pregunta.</p><p>���Te casar�s conmigo, Maggie?</p><p>��S�.</p><p>�Acaso no estaban casados ya? Viv�an bajo el mismo techo, compart�an la misma cama e intercambiaban sonrisas durante el desayuno. No era un simple papel, era un estado del coraz�n.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 8</p></title><p>Maggie supo que la sonrisa hab�a retornado. Cuando las estrellas dejaron de estallar, cuando su coraz�n recuper� el ritmo normal, cuando ese letargo caracter�stico del ep�logo de un acto carnal hubo penetrado en cada m�sculo de su cuerpo, Maggie sinti� que la sonrisa volv�a a instalarse en sus labios. Se qued� tendida junto a Hank, inm�vil, pregunt�ndose por qu� su cuerpo estaba tan euf�rico, cuando la confusi�n reinaba en su mente. Hank le hab�a propuesto matrimonio y ella hab�a aceptado. Todo parec�a un sue�o. Quince minutos antes, el matrimonio le hab�a parecido el estado civil perfecto, y ahora� no estaba tan segura. Casarse con Hank significaba casarse con Skogen. Aqu�l era un sitio perfecto para unas buenas vacaciones rom�nticas, pero Maggie ignoraba si podr�a soportar una vida entre manzanos. Tampoco sab�a si se sentir�a a gusto con esa gente. �Y si todos fueran igual que Bubba? Hank tambi�n estaba reconsiderando las cosas. Se sent�a culpable por haber forzado a Maggie a aceptar el matrimonio bajo circunstancias tan poco favorables para ella.</p><p>��En cuanto a lo de casarnos�</p><p>��Te has aprovechado de m�.</p><p>��S�. No te importa, �verdad?</p><p>���Por supuesto que me importa! -Maggie se incorpor� sobre un codo-. �Me lo has propuesto en serio?</p><p>��Absolutamente. Te amo. De hecho, vuelvo a pregunt�rtelo para oficializarlo. �Te casar�s conmigo?</p><p>��No te creo.</p><p>��Demasiado tarde -dijo Hank-. Ya dijiste que s�.</p><p>��Puedo cambiar de opini�n.</p><p>Hank pas� la pierna por encima de ella.</p><p>��Supongo que tendr� que agotarte nuevamente.</p><p>���Y qu� hay del baile?</p><p>���No prefieres que te seduzca?</p><p>���No!</p><p>Hank desliz� la mano sobre su vientre y le bes� el hombro desnudo.</p><p>��Mentirosa.</p><p>��Todo el mundo nos est� esperando all�. �Qu� pasar� con nuestra nueva imagen? �Y con la respetabilidad? �Y el lagar para extraer el jugo de las manzanas?</p><p>Hank protest�. Maggie ten�a raz�n. Necesitaba ese lagar.</p><p>��De acuerdo. Iremos a ese baile. Pero cuando regresemos, seguiremos con esto de la seducci�n.</p><p>Maggie se tom� la cabeza con las manos.</p><p>���C�mo tengo el pelo?</p><p>��Estupendo.</p><p>Maggie suspir� y se levant� para mirarse en el espejo.</p><p>��Oh, Dios m�o.</p><p>��No vas a pasarte otras tres horas en el ba�o, �no?</p><p>Media hora despu�s, Maggie se puso el vestido, pas�ndoselo por la cabeza. Esta vez se coloc� una enagua debajo y su cabello no estaba tan terrible como cuando se lo hab�a peinado la primera vez, pero pasaba. Las huellas de la pasi�n tend�an a perjudicarla en esos aspectos, admiti�. Baj� las escaleras detr�s de Hank y esper� pacientemente a que cerrara la puerta principal con llave.</p><p>Oscurec�a a toda velocidad. Ser�a noche cerrada cuando llegaran al rancho, pens� Maggie. Se sent� en la destartalada camioneta e hizo una mueca por la excitaci�n que le cosquilleaba en el pecho. �C�mo pod�a sentirse nerviosa y como entre nubes por el simple hecho de estar sentada junto al hombre con quien terminaba de hacer el amor salvajemente? Siempre hab�a cre�do que el amor apasionado generaba el aburrimiento. Sol�a comparar el romance con la caza al zorro; l�gicamente, despu�s de atraparlo, la cacer�a se tornaba aburrida. Por lo visto, todos esos a�os hab�a vivido equivocada. Ahora, para ella, las actividades rom�nticas pod�an compararse con comer man�; una vez que se empezaba, nunca se pod�a terminar.</p><p>�Tengo que ser fuerte�, se dijo. Ten�a que luchar contra esa enfermedad. Se sent� sumisamente en su butaca, resisti�ndose a la urgencia de acurrucarse junto a Hank cuando �l ocup� su lugar ante el volante. Maggie puso una mano sobre la otra, las apoy� sobre la falda y apunt� la nariz al frente. No era tan tonta como para creer que el amor todo lo pod�a. �No se�or! Se tomar�a su tiempo para decidir sobre un tema tan �lgido como el matrimonio. El hecho de que se sintiera casada y actuara como casada, no implicaba que fuera a estampar su firma en la l�nea de puntos. En eso se hab�a equivocado al aceptar la propuesta matrimonial de Hank. Ese documento formal, llamado certificado de matrimonio, significaba realmente una diferencia. Representaba una atadura legal y mental. �Aterrador!</p><p>��El rancho queda en las afueras del pueblo, junto a las v�as del ferrocarril y a los silos para granos -dijo Hank-. Espero que no te decepcione. S�lo se trata de un gran sal�n, situado en el extremo de la feria. Como es el �nico sitio disponible para celebrar fiestas de casamiento y reuniones populares, se le da mucho uso -Pas� junto a los silos para granos y al dep�sito refrigerante y se dirigi� hacia el estacionamiento del rancho. Como todos los sitios ya estaban ocupados con autos y otros veh�culos, tuvo que estacionar sobre el c�sped-. Espero que entiendas de estas cosas -dijo-. No soy buen bailar�n y es probable que te pise. Adem�s, los hombres se quedar�n mir�ndote como papanatas.</p><p>��Ya me las ingeniar�.</p><p>��Y tal vez tenga que bajar unos cuantos dientes y achatar otras tantas narices para que esos tipos no lleguen a ti ni a ese vestido que te has puesto.</p><p>Maggie se mir� el vestido.</p><p>��Ahora est� perfecto. Tengo una enagua debajo.</p><p>��Cari�o, para evitar que todos esos sujetos te coman con los ojos, tendr�a que haberte puesto una armadura de hierro, con cadenas y todo.</p><p>���Debo tomarlo como un cumplido?</p><p>��Tal vez. Pero sobre todo, t�malo como advertencia. No pretendas que reaccione como ser humano racional cuando Slick Newman trate de robarte una pieza.</p><empty-line/><p>Las puertas y ventanas del sal�n se hab�an abierto de par en par y el ritmo de la banda desbordaba en la oscuridad. La gente gritaba para poder o�rse a pesar de la m�sica y las risas se elevaban por encima de �sta y tambi�n de los gritos. Adentro, la luz era tenue, ideal para las melod�as rom�nticas, aunque iluminaba lo suficiente como para que se pudieran ver los detalles del nuevo vestido de Emily Palmer y los reflejos dorados que Laurinda Gardner se hab�a hecho en el pelo. Seg�n Laurinda, el tono era natural, pero Sandy Mae Barnes estaba en la peluquer�a en el momento en que a Laurinda le te��an el cabello. Sandy Mae se lo hab�a contado a Kathy Kutchka y �sta, a Iris Gilfillan, que era lo mismo que publicarlo en el peri�dico. Algunos ni�os bailaban aburridos con los adultos; otros beb�an gaseosas de a sorbitos, sentados en las sillas plegables de madera alineadas contra la pared que la casa funeraria hab�a donado. Tres ni�as con vestidos de fiesta persegu�an a un muchachito por la pista de baile. El muchachito estaba todo colorado y los extremos de su camisa blanca se hab�an zafado de la cintura de sus pantalones grises.</p><p>��Ese es el hijo de Mark Howser, Benji -dijo Hank-. Es un verdadero terror. Seguramente habr� metido alg�n sapo dentro del vestido de Alice Newfarmer.</p><p>���Los chicos siempre vienen a las fiestas?</p><p>��S�. Cada vez que hay una boda o un baile, todo el pueblo est� invitado. Nadie se atrever�a a quedarse en su casa; de lo contrario, hablar�an mal de �l a sus espaldas. Y como no hay ni�eras para que cuiden de los peque�os, ellos tambi�n asisten. La fiesta de Navidad es la mejor. Pap� Noel regala bastoncitos de caramelo y libros para colorear. Mam� Irma prepara su famoso ponche de leche y huevo. Cuando yo era chico, la fiesta de Navidad iluminaba mi vida.</p><p>Era el Sal�n Nacional Polaco transportado a Skogen, pens� Maggie. El mismo piso polvoriento de madera, la misma tarima para la banda y el mismo bar, separado del sal�n principal. Mesas plegables y bancos dispuestos en hilera a lo largo de una de las paredes; una puerta conduc�a a lo que supuestamente ser�a una cocina. Era la r�plica de Riverside. Peor todav�a, pues all�, ella era el t�pico sapo de otro pozo. Junto a Hank, permaneci� de pie en la puerta del rancho y autom�ticamente todas las cabezas se volvieron para mirarlos.</p><p>��Qu� suerte que me haya puesto la enagua -le dijo ella en voz baja.</p><p>�l le rode� los hombros con el brazo y le sonri� ampliamente.</p><p>���Te sientes conspicua?</p><p>��Exactamente. Como si estuviera totalmente desnuda, en medio de una carretera, a la hora pico.</p><p>��Es s�lo porque eres nueva y todo el pueblo est� un poco alborotado.</p><p>��No es s�lo porque soy nueva -se opuso ella-. Soy diferente. Vengo de Nueva Jersey. Hablo con el acento de Nueva Jersey. Camino como se camina en Nueva Jersey. �Y m�rame! �Hasta mi pelo es el t�pico de las mujeres de Nueva Jersey!</p><p>Hank se ri�.</p><p>��Dudo que Nueva Jersey tenga algo que ver con ese pelo. Yo creo que la �nica responsable de �l es Maggie -Se agach� y le bes� la cabeza-. Me encanta tu cabello.</p><p>���Crees que todas estas personas estar�n al tanto de t�a Kitty?</p><p>��Me juego la cabeza a que s�.</p><p>Maggie gru��.</p><p>��Culpable por asociaci�n il�cita. Seguramente pensar�n que te has casado con una loca.</p><p>Hank se abri� paso entre la gente y condujo a Maggie hacia el bar, forcejeando en un despliegue de fibrosos m�sculos frente a Andy White, y pisoteando sin piedad el empeine de Farley Boyd cuando �ste trat� de acercarse a su �esposa�.</p><p>��Como eres escritora, te consideran una especie de celebridad.</p><p>Henry Gooley, a los tumbos, se plant� frente a Maggie y le gui�� un ojo. Hank lo tom� de la corbata y lo levant� ocho cent�metros del suelo.</p><p>���Buscas algo, Henry?</p><p>��Glup.</p><p>���B�jalo! -orden� Maggie-. �Lo vas a ahogar!</p><p>Hank apoy� a Henry en el piso y le alis� la corbata.</p><p>��Yo s�lo quer�a saludar -dijo Henry, retrocediendo.</p><p>Maggie cerr� los ojos y cont� hasta diez.</p><p>��Creo que nunca en mi vida me he sentido tan abochornada como esta noche. Y es mucho decir, dada la clase de vida que he llevado. Te est�s comportando como el terrorista a sueldo del pueblo.</p><p>��S�. T� provocas a la bestia que hay en m�.</p><p>Elsie se abri� paso entre la multitud a los codazos, tratando de llegar hasta Maggie.</p><p>��Es una fiesta excelente; de lo mejorcito que tenemos. Hay gente que debe haber venido desde muy lejos; setenta a ochenta kil�metros tal vez. Apuesto a que esos tipos que se metieron en su casa tambi�n est�n aqu� -Palme� su gigantesco monedero de cuero negro-. He tra�do a Junior conmigo, por las dudas.</p><p>���No estar� cargado, verdad? -pregunt� Hank-. No me gustar�a verla envuelta en un tiroteo en el sal�n de baile.</p><p>��Por supuesto que est� cargado. Una mujer tiene que protegerse.</p><p>Slick Newman se par� junto a Maggie.</p><p>��Hola -la salud�-. Soy Slick Newman y me gustar�a bailar contigo.</p><p>Hank apret� el brazo de Maggie por encima del codo.</p><p>��Elsie, �podr�a prestarme su monedero de cuero un momento, por favor?</p><p>Maggie lo mir�, furiosa.</p><p>��Ni te atrevas a ped�rselo -Se volvi� hacia Slick-. Me encantar�a bailar.</p><p>��Oh, no -intervino Hank, sosteni�ndola a�n por el brazo-. Me has prometido la primera pieza -Sonri� a Slick con simpat�a-. Esta noche estoy un tanto tenso. Es la primera vez que estoy casado.</p><p>��Qu� pena -respondi� Slick, con una palmada comprensiva en el hombro de Hank-. T� tambi�n eras uno de los verdaderos grandes.</p><p>Hank condujo a Maggie a la pista de baile.</p><p>��Muy bien. Ah� vamos -anunci�, asumiendo una postura de baile. Respir� hondo y comenz� a balancearse ligeramente-. �Qu� tal voy?</p><p>��Buen comienzo -lo elogi� Maggie.</p><p>Hank la abraz� con m�s fuerza y sigui� balance�ndose.</p><p>��Despu�s de todo, bailar no es tan terrible. Creo que me agradar�.</p><p>��Ser�a m�s interesante si gir�semos un poco, as� nos desplazamos.</p><p>��No lo s� Eso de los giros suena complicado -Cuando la hizo avanzar, la pis�-. Huy, lo lamento.</p><p>��Ser� mejor que te esmeres en esto -le aconsej� Maggie-, porque no voy a casarme de verdad con un hombre que no sepa bailar.</p><p>��No hay problema. Es s�lo una cuesti�n de sincronizaci�n. Ay, lo siento -Con mucho cuidado, la hizo girar alrededor de Evelyn Judd y Ed Kritch-. �Con eso debo entender que, si aprendo a bailar, te casar�s conmigo?</p><p>��No. S�lo estaba buscando un tema de conversaci�n. Quer�a incentivarte de alguna manera. Fue una broma.</p><p>Evelyn Judd golpe� a Hank en el hombro.</p><p>���Qu� ven mis ojos? �Hank Mallone bailando? No lo creo. �Hace quince a�os, fuimos elegidos reyes de la feria y a este inepto no se le ocurri� nada mejor que faltar al baile de coronaci�n! S� que est�n reci�n casados, pero Hank me debe un baile.</p><p>Maggie se qued� boquiabierta al ver c�mo Evelyn Judd se acomodaba diestramente entre los brazos de Hank y se alejaba con �l. Luego la oy� quejarse mientras Hank dec�a-: Ay, lo lamento.</p><p>Entonces se sinti� un poco mejor.</p><p>��Supongo que tendremos que bailar nosotros tambi�n -dijo Ed Kritch.</p><p>Era alto y esbelto, con cabellos trigue�os que le ca�an sobre las orejas y la frente. Conduc�a a Maggie por la pista con naturalidad, sin apretarla, y la entreten�a con la trivial conversaci�n caracter�stica en esas circunstancias.</p><p>���Te gusta Skogen? -le pregunt�.</p><p>��Bastante -contest� ella.</p><p>��Esta semana el tiempo ha estado bastante seco -le record� �l.</p><p>Maggie coincidi� en el comentario.</p><p>Se produjo una pausa. Ambos sab�an que se estaba gestando la pregunta clave.</p><p>��Tengo entendido que eres escritora.</p><p>��As� es -afirm� ella.</p><p>���Es cierto que t� t�a te dej� un diario con� informaci�n personal?</p><p>��Mi t�a era propietaria de un prost�bulo y, si bien su diario contiene ciertas observaciones personales, la informaci�n es sobre todo de car�cter mundano.</p><p>Hab�an recorrido la mitad del sal�n y se encontraban a la sombra de una puerta abierta.</p><p>���Te importa si nos detenemos aqu�? -pregunt� Ed-. El aire fresco me parece delicioso.</p><p>Por un momento, Maggie dio la espalda a Ed y a la puerta abierta para buscar a Hank con la mirada.</p><p>��Lamento tener que hacer esto -se disculp� Ed-. Espero que tu peinado no se estropee -Repentinamente la empuj� hacia la puerta y le puso un saco de granos en la cabeza. Su grito qued� ahogado, pues una mano le cubri� la boca de inmediato. Empez� a patalear en el aire, pero unos fuertes brazos la levantaron del suelo, la transportaron una corta distancia y, finalmente, la arrojaron en el interior de un autom�vil. En el acto encendi� el motor y el veh�culo sali� de la playa de estacionamiento a tanta velocidad, que al tomar una curva Maggie perdi� el equilibrio. Despu�s, todo lo que se oy� fue el mon�tono zumbido del motor. Ed Kritch le quit� el saco para granos de la cabeza y se cobij� en el extremo del asiento posterior-. Ojal� que esto no empa�e nuestra amistad, ya que vivir�s en este pueblo por el resto de tus d�as. Adem�s, somos pr�cticamente vecinos y todo eso -continu�-. Tienes que entender. Un mill�n de d�lares es mucho dinero. Jam�s se me habr�a cruzado por la mente la idea de un secuestro, o de un robo. Por ejemplo, la semana pasada compr� un cuarto de aceite para autos en la tienda y Mam� Irma se equivoc� con la vuelta. Me dio de m�s, pero yo se lo devolv�. El problema radica en que el trabajo escasea mucho aqu� en Skogen. Lo �nico que consegu� fue un puesto en la estaci�n de servicio de Mam� Irma, para atender los surtidores de combustible. Pero el sueldo es muy bajo. No alcanza para mantener una familia. Y Evelyn y yo queremos casarnos.</p><p>Hab�a otros dos hombres en el asiento de adelante. El conductor se volvi� a medias y sonri� a Maggie.</p><p>��Yo soy Vern Walsh -se present�-. Un placer conocerte -Asinti� en direcci�n a su copiloto-. �l es Ox Olesen. Ed, Ox y yo vamos a dividir el mill�n entre los tres. Ox usar� su dinero para pagar la universidad. Quiere estudiar computaci�n. Y yo, con mi parte, comprar� un par de vacas para poder instalar un tambo. �Ves que no somos tan malos? Nuestras ra�ces est�n en este pueblo, pero aqu� no podemos ganar dinero. Hemos conversado el asunto y decidimos que, si tomamos prestado el diario de tu t�a, no haremos da�o a nadie.</p><p>Maggie mene� la cabeza. No pod�a creerlo. Su terror e ira iniciales pronto fueron desplazados por una devastadora curiosidad.</p><p>��Creo que me he perdido. �Qu� es eso del mill�n de d�lares?</p><p>��Alguien�, no creo que debamos decirte qui�n, ha ofrecido un mill�n de d�lares por el diario de tu t�a.</p><p>Maggie sinti� que se sofocaba.</p><p>���Un mill�n de d�lares? �Y por qu� rayos alguien iba a pagar un mill�n de d�lares por el diario de mi t�a Kitty? He le�do hasta la �ltima letra que est� escrita en �l y no vale un mill�n de d�lares.</p><p>��Ahora lo vale -la contradijo Ed-. Podr�amos compartir parte del dinero contigo, por habernos permitido que te sac�ramos del baile. No somos codiciosos. No necesitamos todo el mill�n. Podr�amos repartirlo entre cuatro en lugar de entre tres.</p><p>��No puedo entregar el diario de t�a Kitty -dijo Maggie-. Ella me lo confi� a m�. Yo promet� escribir un libro bas�ndome en �l.</p><p>��Caray -exclam� Ed Kritch-. No cont�bamos con eso.</p><p>��En mi opini�n-dijo Vern Walsh-, tu t�a Kitty era una buena tipa y seguramente habr�a estado dispuesta a ayudarnos a todos. Se habr�a alegrado de saber que su diario iba a servir para algo �til -Condujo el auto hacia el camino de ingreso a la casa de Hank-. Si no perdemos tiempo para ir a buscar ese diario, tal vez podamos regresar al baile justo a tiempo para ver la coronaci�n del rey y la reina.</p><p>Maggie se cruz� de brazos y entrecerr� los ojos.</p><p>��No voy a entregarles el diario. Est� escondido y ustedes jam�s lo encontrar�n. Por otra parte, �han pensado en las consecuencias por haberme secuestrado?</p><p>��Somos ciudadanos de primera -coment� Ed-. Nunca hemos hecho nada malo. Podemos mentir como los mejores y todo el pueblo creer�a en nosotros.</p><p>���Fueron ustedes los que irrumpieron en casa anoche y anteanoche? -pregunt� Maggie.</p><p>��No. Este es nuestro primer intento. Seg�n se dice, fue Lumpy Mooney el que trat� de robarse el diario anoche. Adem�s, se ha corrido la voz de que casi se rompe la espalda al caer de la escalera.</p><p>Todos, excepto Maggie, festejaron el comentario con risas.</p><p>Vern se detuvo a pocos metros de la casa. Hab�a dos autos estacionados a la entrada y todas las luces estaban encendidas.</p><p>���Miren eso! -grit�-. �se es el auto de Slick Newman. Y la basura que est� estacionada delante de �l pertenece a Naricita Purcell.</p><p>��Han venido por el diario -dijo Ed Kritch-. Esto apesta, viejo. Se han metido en la casa de la abuela de Hank. Si quieren mi opini�n, muchachos, este pueblo se est� yendo al demonio. Cuando yo era chico, uno jam�s ten�a que preocuparse por estas cosas. Ni loco se nos habr�a ocurrido cerrar la puerta de calle antes de salir.</p><p>���Entonces qu� les parece? -pregunt� Vern-. �Deber�amos dar parte al comisario?</p><p>Ed se mordi� el labio inferior mientras examinaba esa posibilidad moment�neamente.</p><p>��No -respondi� por fin-. La familia Purcell est� pasando por �pocas muy duras. Tienen siete hijos y el viejo Purcell ha quedado cojo desde que Maynard Beasley le dispar� en la rodilla al confundirlo con un ciervo. Mejor les decimos que no est� bien meterse en la casa de la gente sin permiso. Despu�s, buscamos el diario y repartimos el dinero. Total, hay para todos.</p><p>Un auto se estacion� detr�s de ellos. Todos se volvieron y tuvieron que entrecerrar los ojos encandilados por los faros.</p><p>��Tal vez sea Hank -dijo Maggie-. Ser� mejor que anden con pie de plomo. Cuando los atrape, les romper� hasta el �ltimo hueso.</p><p>��No -dijo Ed-. No es Hank. Hank conduce una camioneta y esos faros son demasiado bajos. Adem�s, es un buen tipo. Comprender�a nuestra necesidad de dinero.</p><p>Las luces se apagaron y varias figuras descendieron del veh�culo. Uno de los hombres tra�a un cuerpo cargado al hombro. Se acercaron a Ed Kritch y miraron por la ventanilla.</p><p>��Es Spike -dijo Ed, bajando la ventanilla-. Eh, Spike. �Qu� est�s haciendo aqu�?</p><p>��Tenemos un reh�n -respondi� Spike-. Hemos venido por el diario �y trajimos a alguien que sabe d�nde est�!</p><p>Ed abri� la puerta y Spike arroj� a Elsie sobre el asiento posterior, junto a Maggie.</p><p>��Nunca lo dir� -dijo Elsie-. Ni en un mill�n de a�os. Pueden torturarme si quieren, pero no dir� una palabra.</p><p>��No conocemos ning�n m�todo de tortura -dijo Spike-. Cont�bamos con su ayuda voluntaria.</p><p>��Me han envuelto como a un pavo para el d�a de Acci�n de Gracias -protest� Elsie-. Me han tra�do hasta aqu� en un saco para harina. �Se imagina? Despu�s que he gastado diecis�is d�lares en la peluquer�a para que me arreglasen el pelo.</p><p>��Est� bastante bien -dijo Spike-. Adem�s, nos hemos tomado la molestia de lavar el saco anoche, para no arruinarle el vestido. Hemos pensado en todo.</p><p>��Antes de pensar cualquier cosa tendr�an que hacerse un trasplante de cerebro -dijo Elsie.</p><p>Spike y Ed intercambiaron miradas de preocupaci�n.</p><p>���Y ahora qu� hacemos? -pregunt� Spike-. �C�mo nos apoderaremos de ese diario?</p><p>Ed se pas� la mano por el pelo.</p><p>��No lo s�, Vern. T� has estado en el ej�rcito. �Conoces alg�n m�todo de tortura aplicable a las damas?</p><p>��Nunca me han ense�ado a torturar damas -dijo Vern-. Debes estar en las fuerzas especiales para aprender esas cosas.</p><p>���Deber�a darles verg�enza por tratar de aterrorizar a un par de damas indefensas como nosotras! -coment� Elsie.</p><p>���Indefensas, eh! -gru�� Spike-. Por poco le quiebra la rodilla a Melvin Nielson cuando quiso ayudarme a meterla en el auto. Y adem�s, tiene una boca bastante sucia. La avergonzada deber�a ser usted por el repertorio que conoce.</p><p>Elsie se alis� prolijamente la falda sobre sus rodillas y coloc� en ella el monedero de cuero negro.</p><p>��Todo esto ha sido muy angustiante -dijo-. No les importa si saco un pa�uelito de mi monedero, �verdad?</p><p>��No, se�ora -dijo Ed-. Adelante. Busque su pa�uelo.</p><p>Elsie meti� la mano en su monedero y sac� la cuarenta y cinco.</p><p>���Ay carajo! -bram� Ed Kritch-. �Qu� mierda hace un rev�lver en su monedero? No estar� cargado, �cierto?</p><p>Elsie lo apunt�.</p><p>��Por supuesto que lo est�, tarado. Y no creas que soy incapaz de usar al beb� s�lo por mi vejez. Podr�a pelar las pesta�as de un perro a doce metros de distancia.</p><p>Ed ten�a la mano en el picaporte de la puerta.</p><p>��Guarde el arma, se�ora. No querr� lastimar a nadie, �no?</p><p>��Ser�a un homicidio en defensa propia -replic� Elsie, apuntando a Spike-. No pueden secuestrar a mujeres a intentar robar sus bienes personales impunemente. Todo tiene su precio. Adem�s, me han aguado la fiesta. Seguramente me perd� los trucos de magia. Creo que se merecen lo que venga.</p><p>Ed Kritch se abalanz� sobre Elsie, le torci� el brazo hacia un costado y en el forcejeo, el arma se dispar� involuntariamente. El ruido agit� al veh�culo y la bala agujere� el techo. Ed Kritch, Vern, Ox y Spike se quedaron sentados, imp�vidos e inm�viles por una d�cima de segundo. Luego, al un�sono, salieron corriendo a gritos, despavoridos. Se metieron todos en el auto de Spike y se alejaron de la casa.</p><p>��Qu� sarta de ineptos -dijo Elsie-. Por supuesto que no iba a dispararle a ninguno.</p><p>Maggie, con una mano temblorosa, se apart� el cabello de la frente.</p><p>��Lo sab�a. Sab�a que los har�a ensuciarse los pantalones de miedo -Inspir� profundamente y se llev� la mano al pecho, para asegurarse de que el coraz�n hubiera recuperado sus latidos-. �Qu� cree que debamos hacer con los sujetos que est�n dentro de la casa?</p><p>Elsie volvi� a guardar el arma en el monedero y lo cerr�.</p><p>��Nunca encontrar�n esos diarios, por m�s que pasen cien a�os busc�ndolos. Los hemos escondido muy bien. Propongo que regresemos al baile y si estos individuos hacen alg�n desastre en la casa, los obliguemos a volver ma�ana para limpiar y ordenar todo.</p><p>Maggie acept�, pues le pareci� una soluci�n mucho m�s atinada que enviar a Elsie adentro, con su pistola lista para iniciar la acci�n. Se sent� al volante a insert� la llave. Ahora s�lo tendr�a que inventar una excusa para Hank. Si hab�a estado dispuesto a estrangular a Henry Gooley s�lo por haberle gui�ado un ojo, no se tomar�a la noticia del secuestro con tranquilidad.</p><p>��Creo que esperar� un tiempo antes de contar a Hank todo este episodio -dijo Maggie a Elsie-. Tal vez se lo diga en el camino de regreso.</p><p>��Buena idea. No quiero echar a perder el resto de mi velada. Todav�a tengo que ponerme al d�a con todos los bailes que me he perdido. Adem�s, me dijeron que a medianoche servir�n pasteles y caf�.</p><p>Cuando llegaron a la playa de estacionamiento del rancho, Hank estaba aguard�ndolas.</p><p>���D�nde se metieron? -pregunt�-. �Y qu� est�n haciendo en el auto de Vern?</p><p>Maggie s�lo lo mir�. Ni remotamente se le ocurr�a un pretexto.</p><p>Elsie apoy� el peso de su cuerpo sobre uno y otro pie, en forma alternada.</p><p>��Todo fue por mi culpa -dijo-. No me he sentido muy bien.</p><p>Maggie asinti� con la cabeza.</p><p>��As� es. Elsie no se sent�a muy bien y me la llev� a casa. Como no pod�amos encontrarte, tom� prestado el auto de Vern.</p><p>��Pero cuando llegamos a la casa, me sent� mejor y decidimos volver al baile. �Me he perdido los trucos de magia?</p><p>��S� -respondi� Hank-. Se ha perdido los trucos de magia.</p><p>��Mierda. �Qu� hora es? No me habr� perdido tambi�n el caf� y los pasteles, �no?</p><p>��No. Todav�a es temprano. Eso se sirve a las doce -Esper� a que Elsie volviera al sal�n de baile y luego se dirigi� a Maggie-. �Ahora quieres contarme lo que ha sucedido realmente?</p><p>��No.</p><p>���No?</p><p>��Quiero ir a bailar. �Est�s de humor para gozar de una melod�a suave, mejilla contra mejilla?</p><p>��Estoy de humor para una explicaci�n.</p><p>��No puedo cont�rtelo -contest� Maggie.</p><p>�l entrecerr� los ojos.</p><p>���Por qu� no? �Qu� pasa?</p><p>��Si te lo cuento, te pondr�s fren�tico y echar�s a perder el baile. Elsie se decepcionar�, pues no ha hecho m�s que esperar los trucos de magia y el caf� con los pasteles. Yo me decepcionar� porque detesto la violencia y adem�s, no podemos olvidar lo de tu nueva imagen. Los ciudadanos estables de esta comunidad no andan por ah� buscando bulla ni destrozando ranchos.</p><p>���Por qu� est�s tan segura de que har�a semejante esc�ndalo?</p><p>��Conf�a en m�.</p><p>��Presumo que Vern tiene algo que ver en todo esto. No solo has regresado en su auto sino que �l est� en el bar, emborrach�ndose como si fuera la �ltima vez. Tal vez deba ir al sal�n y preguntar al viejo Vern de qu� se trata todo este misterio.</p><p>��De acuerdo. Yo te lo contar�, pero t� tendr�s que jurarme que no te pondr�s violento.</p><p>��De ninguna manera.</p><p>Maggie levant� ligeramente la nariz y alz� el ment�n.</p><p>��Entonces no te lo cuento.</p><p>Hank se mir� la puntera de la bota e insult� coloridamente.</p><p>��No juegues con la paciencia de un hombre.</p><p>��Tienes que jur�rmelo.</p><p>��Bien. Lo juro, pero contra mi voluntad.</p><p>��Resulta que medio pueblo est� tras de mi diario. Alguien ha ofrecido un mill�n de d�lares por �l.</p><p>���Vamos!</p><p>��Te lo juro con la mano sobre el coraz�n.</p><p>��Tiene que ser alguien de Nueva Jersey -dijo Hank-. Ning�n habitante de este pueblo tiene esa suma.</p><p>Maggie no se sent�a tan segura. Vern hab�a ocultado con demasiada vehemencia la identidad de la persona que hab�a ofrecido el dinero. Ella estaba convencida de que a Hank no le faltar�an recursos para hacer confesar a Vern. Tan convencida, como de que no quer�a estar presente cuando �l lo presionara.</p><p>��Ma�ana podr�s jugar al detective, si lo deseas -le dijo Maggie-, pero esta noche tendr�s que bailar conmigo.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 9</p></title><p>En el camino de regreso a su casa, Maggie se quit� los zapatos y trat� de mover los dedos de los pies.</p><p>��Se me han entumecido -se lament�-. Nunca volver�n a ser los de antes.</p><p>Hank se sent� c�modamente al volante.</p><p>��Es t� culpa. T� fuiste la que insisti� en que bailara contigo.</p><p>��S�lo trataba de mantenerte ocupado para que no te portaras de forma indebida.</p><p>��Creo que s�lo quer�as cobijarte en mis brazos.</p><p>En sus palabras hab�a cierta dosis de veracidad, admiti� Maggie. En realidad, no la hab�a pisado tanto y adem�s, hab�a experimentado una bella sensaci�n al mecerse en sus brazos al ritmo de la m�sica. De hecho, se habr�a dejado llevar del todo si no hubiera sido obvio que el pueblo entero observaba cada uno de sus movimientos.</p><p>��Bien. �Qu� opini�n te merecen los buenos habitantes de Skogen? -le pregunt� Hank.</p><p>��No me han deslumbrado -confes� ella, con total sinceridad-. Los hombres se han propuesto robarme el diario y las mujeres, a mi esposo. Mam� Irma me advirti� que ni se me ocurriera meter los dedos en su receta de pastel de manzanas. La se�ora Farnsworthme asegur� que mi vida ser�a una eterna maldici�n si no aprend�a a hacer manualidades y Clara� estornud� algo sobre mi pastel.</p><p>��Clara Whipple. Es al�rgica.</p><p>���Lo hizo a prop�sito!</p><p>��Cari�o, Clara Whipple estornuda sobre todo y todos.</p><p>Maggie se masaje� los dedos de los pies.</p><p>��Pues entonces deber�a usar un pa�uelo.</p><p>Hank tom� por 1a entrada de su casa y lanz� una mirada de soslayo a los pies de Maggie.</p><p>��Lamento mucho lo de tus dedos. De verdad he tratado de ser cuidadoso.</p><p>��No es culpa tuya. Casi no me has pisado. Pero �ltimamente me he acostumbrado tanto a caminar descalza que no soporto los zapatos.</p><p>Tres autom�viles que iban en direcci�n opuesta los pasaron por el angosto camino de tierra. El �ltimo fue el de Bubba. Se detuvo y baj� la ventanilla.</p><p>��No te preocupes -dijo Bubba a Hank-. Nos aseguramos de que dejaran todo en orden. Hasta hemos dejado encendida la luz del porche para cuando regresaras.</p><p>��Muy considerados -contest� Hank-. Alg�n d�a tendr� que compensarte con un buen gesto de mi parte -Se irgui� en su asiento y el rostro se le ilumin�, como si de repente se le hubiera ocurrido una idea brillante-. Ya s� �Qu� tal una invitaci�n a desayunar? �Por qu� no vienes a desayunar esta ma�ana?</p><p>��Pens� que no pod�a ir m�s a desayunar.</p><p>���sta es una ocasi�n especial -Dirigi� una mirada a Maggie-. No te importa, �verdad, Bu�uelito?</p><p>��No quiero derramamientos de sangre -respondi� ella-. Recuerdo haber vomitado cuando vi Rocky II.</p><p>Hank se despidi� de Bubba y sigui� camino.</p><p>��Pens� que a la gente de Nueva Jersey le gustaba esas cosas. �Y esa vez que golpeaste a aquel ni�o con tu canasto para viandas?</p><p>Maggie no le respondi�. Estaba pensando en los diarios, con la esperanza de que a�n estuvieran a salvo en su escondite. Al d�a siguiente, Hank presionar�a a Bubba para que revelara la identidad de la persona que ofrec�a el mill�n de d�lares. Ser�a el primer paso en direcci�n correcta. Podr�an recurrir a la justicia y presentar cargos, aunque el delito parec�a bastante impreciso. Tal vez, conspiraci�n con intento de apropiaci�n il�cita. Un mill�n de d�lares no era un juego de ni�os. Si uno deseaba algo con tanta desesperaci�n como para desembolsar semejante cantidad, era de esperar que no se diera por vencido tan f�cilmente. Si los habitantes del pueblo no lograban obtener las notas de Kitty, lo razonable era recurrir a profesionales. Y los profesionales no andan con medias tintas; est�n dispuestos a romper huesos y a disparar unos cuantos balazos si la gente no muestra predisposici�n a cooperar. De hecho, a Maggie no le entraba en la cabeza por qu� no los hab�an contratado desde un principio.</p><p>��Hank, �no te resulta sospechoso que alguien dispuesto a pagar un mill�n de d�lares proponga la idea a los inexpertos de los vi�edos de Skogen?</p><p>��Quiz�s esto no haya empezado en los vi�edos. Tal vez la propuesta se haya hecho a un individuo en forma privada, y �l no pudo mantener la bocaza cerrada. Ahora todo el mundo quiere meterse en mi casa para poder darse la buena vida -Estacion� la camioneta y camin� hacia el porche junto a Maggie. Intent� abrir la puerta pero la encontr� cerrada con llave-. Bueno, por lo menos tuvieron la delicadeza de echar llave antes de irse -Una p�lida sonrisa regres� a sus labios. S�lo en Skogen una pandilla de ladrones dejaba todo en orden y hasta la luz encendida para cuando el due�o volviera a su casa. �Y su mejor amigo, Bubba, hab�a sido uno de ellos! Obviamente, ning�n habitante del pueblo consideraba delito grave violar una propiedad y tratar de hurtar bienes ajenos. A decir verdad, para ellos revest�a m�s bien la importancia de una cacer�a de animales de carro�a o de un campeonato de pesca.</p><p>Hank se preguntaba por qu�. Los habitantes de Skogen no eran responsables en demas�a. Se enorgullec�an de su pueblo y cuidaban celosamente de lo suyo. Deb�a existir una raz�n para que ellos se creyeran con plena libertad y derecho de conseguir ese diario. La codicia era un fuerte motivo, pero Hank intu�a que hab�a algo m�s.</p><p>Maggie lo observ� mientras abr�a la puerta.</p><p>���C�mo entraron? Hemos cerrado puertas y ventanas antes de marcharnos.</p><p>��Esta ma�ana le ped� a Melvin Nielsen que hiciera duplicados de las llaves. Supongo que habr� hecho m�s de los que le ped� y que ahora los est� vendiendo.</p><p>��Oh, maravilloso. As� me siento realmente segura. �En este pueblo existe alguna persona a quien no se la pueda comprar?</p><p>Hank la hizo entrar en la casa oscura y cerr� la puerta detr�s de ambos.</p><p>��No temas. Horacio y yo te protegeremos. Y si fallamos, te quedan Elsie y esa gata infernal que tienes.</p><p>Maggie pens� que necesitaba m�s consuelo que protecci�n. En lo que a ella concern�a, toda la gente del pueblo estaba para el chaleco de fuerza. Demasiadas generaciones endog�micas, decidi�. Mir� a Hank y se pregunt� c�mo habr�a hecho �l para salvarse. Era una obra de arte de la gen�tica.</p><p>��Cu�ntame sobre los habitantes de este pueblo -le pidi� ella-. No son tan espantosos como parecen, �no es cierto?</p><p>Hank la estrech� en sus brazos.</p><p>��No son espantosos; s�lo exc�ntricos. Se me ocurre que aqu� damos demasiadas cosas por sentadas, porque somos pocos y nos conocemos mucho. Y adem�s, creo que la actitud relajada con la que esta gente ha irrumpido en mi casa tiene algo que ver con mi reputaci�n.</p><p>���Ojo por ojo?</p><p>��Algo por el estilo.</p><p>Sus palabras alborotaban el cabello de Maggie como una suave brisa. La muchacha sinti� que el deseo comenzaba a arderle en el est�mago. Deb�a admitir que prefer�a olvidar a Bubba, a Vern y a la se�ora Farnsworth, para subir y pasar el resto de la noche haciendo el amor con Hank. Si �l pudiera darle su palabra de caballero de que estar�a segura y feliz viviendo en Skogen ella ir�a corriendo a la habitaci�n, con �l. Y con toda franqueza, a esta altura de las circunstancias, ya no le importaba si �l le ment�a. Maggie estaba m�s que dispuesta a aprovechar cualquier excusa que le justificara otra noche de amor y sexo. Admiti� su debilidad; era la triste excepci�n a la regla de que las pelirrojas son mujeres de firmes convicciones.</p><p>��Dime la verdad. �Realmente crees que podr� ser feliz si vivo en Skogen durante los pr�ximos cien a�os?</p><p>Hank la consider� una pregunta espinosa. Ni siquiera sab�a si �l era capaz de hallar la felicidad en ese pueblo en los siguientes cien a�os.</p><p>��Un siglo me parece una cifra un poco exagerada. �Por qu� no empezamos por preocuparnos por el futuro en t�rminos m�s breves?</p><p>���Cu�nto de breves?</p><p>���Qu� tal si empezamos por lo que resta de esta noche? -La bes� debajo del l�bulo de la oreja-. Estoy pr�cticamente convencido de que puedo hacerte muy feliz por el resto de la noche.</p><empty-line/><p>Como era habitual, Maggie fue la �ltima en sentarse a la mesa del desayuno. A duras penas, hab�a logrado por fin levantarse de la cama de Hank, seducida por el aroma de caf� reci�n hecho y curiosa por unas voces que discut�an acaloradamente en la cocina. Si bien no hab�a dormido lo suficiente, se sent�a bien. Un poco perezosa, tal vez, como un gato con la panza llena, durmiendo al sol. Sali� al pasillo rumbo a su cuarto, en busca de ropa y un peine. Alguien golpeaba el piso de la cocina con los pies, gritando, pero no pod�an discernirse bien las palabras. Mientras se pon�a una camiseta de jugador de f�tbol americano y unos pantalones cortos, se dio cuenta de que Bubba ya hab�a llegado. Trat� de pasarse el peine por su rebelde cabellera, pero la ten�a tan enredada que la tarea le result� imposible. Abandon� el intento con un quejido impaciente y se consol� dici�ndose que, de todas maneras, prefer�a el estilo despeinado.</p><p>Cuando lleg� a la cocina, encontr� a Bubba y a Hank parados casi nariz con nariz.</p><p>��No voy a dec�rtelo -grit� Bubba-. No soy quien para hacerlo.</p><p>Hank lo tom� de la pechera de la camisa.</p><p>���Se supone que eres mi mejor amigo! �Yo confiaba en ti y t� has irrumpido en mi casa como el m�s vulgar de los ladrones!</p><p>��Si hubiera encontrado el diario, habr�a compartido el dinero contigo. Y no fue exactamente irrumpir. Slick ya hab�a abierto la puerta.</p><p>���Iban a robarme!</p><p>��Bueno, supongo que por una parte, pod�a parecer un robo. Pero por la otra, no parec�a robo, porque�</p><p>Hank lo apret� con m�s fuerza.</p><p>���Porque qu�?</p><p>��Oh, caramba -dijo Bubba-. De acuerdo. Te lo dir�. El que ofreci� el dinero por el diario fue tu padre.</p><p>��Mentira -dijo Hank-. Eso es imposible.</p><p>Bubba forceje� para liberarse.</p><p>��Es cierto. Dijo a Fred McDonough que pagar�a un mill�n de d�lares por apoderarse de ese diario.</p><p>��Mi padre no tiene ese dinero.</p><p>��Por supuesto que lo tiene -lo contradijo Bubba-. Es el presidente del banco; el hombre m�s rico del pueblo.</p><p>Ten�a sentido, pens� Hank. Por rid�culo que fuera, ten�a sentido. Era la �ltima pieza del rompecabezas. La gente se hab�a mostrado dispuesta a robar el diario porque no s�lo quedar�a en la familia sino porque confiaban en que su padre siempre hac�a lo debido. La reputaci�n de su padre era impecable. Aunque no imaginaba ni remotamente la raz�n por la que su padre deseaba apoderarse del diario. No le entraba en la cabeza que su padre hubiera hecho semejante oferta.</p><p>��Voy a aclarar todo esto ahora mismo -dijo Hank-. Ir� a visitar a mi padre.</p><p>Maggie se sirvi� una taza de caf�.</p><p>��Env�ale saludos de mi parte.</p><p>Hank la tom� de la mu�eca.</p><p>��T� formas parte de esta familia y, por lo tanto, vendr�s conmigo.</p><p>��Oh, no. No, no y no.</p><p>��S�, s�, s�. Es tu diario. Puedes beber tu caf� en la camioneta -Le sonri� y le estruj� la mano-. Parece que lo necesitas.</p><p>��He tenido una noche dura -contest�.</p><p>Bubba carraspe�.</p><p>��Creo que yo ir� a mi casa.</p><p>��De ninguna manera -se opuso Hank-. Ir�s a buscar a Fred y lo llevar�s a casa de mis padres.</p><p>��Oh, viejo. A Fred no va a gustarle nada. Su condici�n ya es deplorable pero despu�s de esto, pasar� a ser el �ltimo orej�n del tarro. No tiene ninguna mujer que lo mantenga a raya -explic� Bubba a Maggie-. Fred no es lo que podr�a decirse la sensaci�n del pueblo.</p><p>��No conoces a otro que sea capaz de venir a buscar el diario, �verdad? -le pregunt� Hank.</p><p>��No -respondi� Bubba-. Creo que no nos queda otra alternativa. De todas maneras, hemos buscado hasta en los sitios m�s rec�nditos y sin suerte. Algunos empezaron a creer que ese diario no existe. Y la mayor�a tiene terror de tu mucama -Abri� la puerta de su camioneta-. Me asegurar� de que Fred vaya a la casa de tus padres, pero despu�s tendr� que irme. Tengo que poner a punto el motor de mi camioneta. No suena bien. Y no olvides que hemos prometido ayudar a limpiar el rancho esta tarde. Adem�s, a la noche tenemos la partida de p�quer en casa de Vern.</p><p>��Est�s ocupad�simo con las actividades de este pueblo -coment� Maggie, ocupando su lugar en la camioneta, junto a Hank.</p><p>Hank la sent� sobre sus rodillas y la bes�.</p><p>��Tal vez tenga que reacomodar mis compromisos sociales, visto y considerando que ahora soy un hombre de familia -Introdujo furtivamente la mano por debajo de la camiseta de la muchacha y le acarici� un seno. Volvi� a besarla; con m�s ardor; con m�s pasi�n.</p><p>Maggie juguete� con el cierre de sus pantalones.</p><p>���Y qu� me dices de la reparaci�n que tienes que hacer al autom�vil de Bill Grisbe? -Desliz� la mano por el chato abdomen de Hank.</p><p>La respuesta de Hank fue un profundo suspiro de placer.</p><p>Quer�a acosarlo, asumir el papel de seductora, pero de pronto sinti� que su cuerpo respond�a con el divino ardor y el delicioso deseo que su proximidad siempre provocaba en ella. Maggie olvid� su papel de seductora; olvid� que estaban en el asiento de una camioneta; todo, excepto que estaba en compa��a de un hombre que la cubr�a con su cuerpo. Hank se hab�a convertido en un experto. Sab�a d�nde acariciarla. Conoc�a los ritmos de la pasi�n y todos sus secretos, todas sus preferencias. Con los dedos la acariciaba; con la boca, la devoraba. Cuando Maggie crey� estar en el l�mite, �l la transport� m�s all�. Mucho m�s all�.</p><p>Despu�s, permanecieron abrazados, maravillados ante el poder de su amor y pregunt�ndose c�mo hab�an sido capaces de hacer algo semejante a plena luz del d�a, en la puerta de su casa.</p><p>Hank fue el primero en levantar la cabeza, a la altura de la ventanilla.</p><p>��No hay moros en la costa -anunci�, con evidente alivio.</p><p>Maggie ri� tontamente. Experimentaba una regresi�n a la adolescencia. Con la �nica diferencia de que, en esa �poca, jam�s hab�a hecho algo as�.</p><p>Hank se sent� y se acomod� la ropa.</p><p>��Muy bien. Ahora s� estoy listo para ira ver a mi padre.</p><p>��Tal vez fuera conveniente que nos duch�ramos primero. Al menos tendr�a que peinarme.</p><p>Hank puso el motor en marcha y pis� a fondo el acelerador.</p><p>��No. Quiero llegar al meollo de la cuesti�n ahora mismo.</p><p>Quince minutos despu�s, los padres de Hank se mostraron sorprendidos por su visita.</p><p>��No sab�a que te levantabas tan temprano -coment� su madre.</p><p>��Mam�. Estoy a cargo de un establecimiento agr�cola. Todos los d�as me levanto al amanecer.</p><p>��S�, pero jam�s te levantabas tan temprano cuando viv�as en casa. �Ya desayunaste?</p><p>��S�. Ya he comido.</p><p>Helen Mallone mir� el cabello de Maggie.</p><p>���Una taza de caf�, quiz�s?</p><p>Maggie record� la taza de caf� que hab�a abandonado sobre la mesa de la cocina.</p><p>��Un caf� ser�a formidable.</p><p>Harry Mallone estaba sentado a la mesa, leyendo el peri�dico. Mir� por encima de sus medias gafas y arque� las cejas.</p><p>��No sab�a que eras tan madrugador -dijo a Hank-. �Sucede algo?</p><p>��Pap�, todos los d�as me levanto a esta hora. Soy productor agr�cola.</p><p>��Claro -murmur� Harry-. Esas manzanas ex�ticas.</p><p>Hank suspir� y se acomod� en una silla, frente a su padre.</p><p>��En realidad, s� sucede algo. La gente del pueblo ha estado violando mi propiedad.</p><p>��Me he enterado -respondi� su padre-. No lo entiendo. Nunca hemos tenido esa clase de delitos en Skogen.</p><p>Hank mir� fr�amente a su padre.</p><p>��Se ha corrido el rumor de que el motivo por el cual la gente se ha estado metiendo en mi casa eres t�. Me dijeron que has ofrecido un mill�n de d�lares a Fred McDonough por robar el diario de Maggie para ti.</p><p>La primera reacci�n de Harry fue de descreimiento. La segunda, una sonrisa que arrug� su rostro y produjo una grave carcajada, que le nac�a desde el pecho.</p><p>��No hablas en serio.</p><p>��Por supuesto que s�.</p><p>Harry lo mir�. La sonrisa se esfum�.</p><p>��S�, es as�.</p><p>��Por lo que he entendido, todo el pueblo se ha entregado a la tarea de trabajar arduamente para ganarse ese mill�n de d�lares.</p><p>Helen entreg� a Maggie una taza de caf� y se sent� a la mesa.</p><p>���Harry, t� has hecho eso?</p><p>��Por supuesto que no -se defendi� Harry-. �De d�nde sacar�a un mill�n de d�lares?</p><p>��Eres el presidente del banco -le record� Hank.</p><p>Harry pareci� perplejo.</p><p>���Me creen capaz de estafar al banco en un mill�n de d�lares?</p><p>Hank mene� la cabeza.</p><p>��No. Te creen rico.</p><p>Helen estir� la mano para palmear la de Maggie.</p><p>��La gente de este pueblo es muy buena -dijo-, pero, de inteligente, tienen muy poco.</p><p>Fred McDonough llam� a la puerta trasera.</p><p>Bubba ten�a raz�n, pens� Maggie. Fred McDonough, decididamente, hab�a llegado �ltimo al reparto de caras. Ten�a unas horrendas bolsas bajo los ojos y �stos, a medio abrir. Empezaba a crecerle la barba y, por debajo de ella, se le ve�a una tez cadav�ricamente macilenta.</p><p>Helen Mallone le abri� la puerta y con gesto gentil le ofreci� un jarro de caf� caliente.</p><p>��Preferir�a estar muerto -dijo McDonough.</p><p>Helen ri� comprensiva.</p><p>��No deber�a beber tanto.</p><p>McDonough la mir� como si hubiera sido una extraterrestre.</p><p>��Estamos tratando de aclarar este asunto del robo -explic� Hank-. �Mi padre te ha ofrecido un mill�n de d�lares para que robaras el diario de Maggie?</p><p>McDonough bebi� un largo sorbo del caf�. Estaba hirviendo, pero sin embargo, no pesta�e� ni una vez.</p><p>��S�, dijo que dar�a un mill�n de d�lares con tal de poder echar mano a ese diario. �sas fueron exactamente sus palabras. Yo tambi�n lo he intentado, pero ese maldito perro que tienes se comi� un pedazo de mis pantalones.</p><p>Harry Mallone se golpe� la frente con la mano.</p><p>��Ahora lo recuerdo. �Fue una forma de decir, idiota! Nunca quise pedir a nadie que se robara ese condenado libro. �S�lo me refer�a a que sent�a mucha curiosidad por leer su contenido!</p><p>Maggie apoy� la mano de plano sobre la mesa, para sostenerse. El alivio que experiment� fue tal, que la mare�. �Todo hab�a sido un malentendido! Su teor�a era que alguien quer�a ese diario para salvar su reputaci�n. Hab�a pensado en alg�n pariente deseoso de proteger a t�a Kitty. O tambi�n, que pod�a tratarse de alg�n ex cliente que no quer�a ver su nombre pisoteado en el fango. Maggie incluso lleg� a pensar que pod�a haber sido uno de esos ciudadanos ilustres, por descabellada que sonara la idea. Inhal� profundamente, para tranquilizarse, y bebi� su caf� antes de interrogar a Harry Mallone.</p><p>���Por qu� no me lo pidi� prestado?</p><p>Harry se encogi� de hombros.</p><p>��Son esas cosas que uno dice cuando est� conversando. En realidad, no tengo tiempo ni inter�s en leer sobre las actividades que se realizan en un burdel.</p><p>Maggie se sinti� insultada y se puso tensa.</p><p>��Qu� pena-dijo-. Es muy interesante.</p><p>Harry la mir� con severidad.</p><p>��No lo dudo.</p><p>��Bueno, aclaremos esto de una buena vez -se interpuso McDonough-. �Usted jam�s tuvo intenciones de que yo robase el diario?</p><p>Harry se quit� las gafas, dobl� las patillas, las guard� en el estuche y las dej� sobre la mesa.</p><p>��Correcto.</p><p>McDonough se qued� con la vista en blanco, tratando de digerir la noticia.</p><p>Helen Mallone mir� a su esposo con los labios muy apretados.</p><p>��Harry Mallote -lo encar�-. Has causado muchos problemas. No suelo incidir en tu relaci�n con Hank, pero esto se ha extralimitado. Debes disculparte con tu hijo y con Maggie, por lo menos.</p><p>��Ciertamente fue un honesto problema de comunicaci�n -se defendi� Harry.</p><p>��No -le dijo Helen-. Hubo mucho m�s que eso. No has sido abierto ni comprensivo con ellos. Mira, si hasta se levanta temprano y desayuna.</p><p>Harry no pareci� especialmente impresionado.</p><p>��Creo que deber�as otorgarle el pr�stamo -sugiri� Helen.</p><p>El color subi� instant�neamente a las mejillas de Harry.</p><p>La se�ora Mallone estaba sentada con las manos apoyadas en la mesa, una montada sobre la otra; los ojos y la boca, cerrados en implacable determinaci�n.</p><p>��Creo que es lo m�nimo que puedes hacer para compensar toda esta situaci�n.</p><p>Harry tamborile� los dedos sobre los posabrazos de su importante sill�n, sopesando la ira de su esposa.</p><p>��No tiene el aval suficiente.</p><p>��Pamplinas -respondi� Helen, manteniendo la iracunda mirada en direcci�n a su esposo.</p><p>Harry puso los ojos en blanco y alz� las manos al cielo.</p><p>Ante los ojos de cualquiera, su madre era una persona muy flexible, pens� Hank, pero cuando se le pon�a algo en la cabeza, no hab�a Cristo que la hiciera cambiar de opini�n. Hank sab�a que el �nico momento en que su padre alzaba las manos al cielo en se�al de capitulaci�n era cuando se ve�a obligado a someterse a la obstinaci�n de su esposa. Esos momentos pod�an contarse con los dedos de una mano: la vez que Helen hab�a insistido en ir a Ohio para pasar Navidad con su hermana; cuando decidi� remodelar la cocina, y en ocasi�n de la histerectom�a de t�a Tootie, en que Helen la invit� a ella y a su perro Snuffy a recuperarse en el cuarto de hu�spedes de su casa.</p><empty-line/><p>Maggie ya hab�a empacado la mitad de sus cosas cuando Hank regres� de limpiar y ordenar el rancho.</p><p>���Qu� es esto? -pregunt� �l-. �Por qu� est�s guardando toda tu ropa en estas cajas?</p><p>��Porque me marcho. Tu padre ya te ha otorgado el cr�dito, de modo que no hay raz�n para que siga qued�ndome aqu�.</p><p>Las espesas y renegridas cejas de Hank se unieron en una mirada ce�uda.</p><p>���Qu� quieres decir con eso de que ya no hay raz�n para quedarte? Te he pedido que te cases conmigo.</p><p>��No quiero casarme contigo.</p><p>���No me amas?</p><p>��No he dicho eso -Maggie amonton� una pila de remeras en su maleta-. Dije que no quiero casarme contigo. He pasado demasiados a�os de mi vida en entornos poco convenientes. Amo a mi madre pero no puedo vivir con ella. Y tampoco puedo vivir contigo.</p><p>���Qu� hay de malo en m�?</p><p>��En ti, nada. Lo negativo es todo lo que te rodea. Tu padre me desaprueba totalmente. Tu mejor amigo me guarda rencor, y tu perro es un malvado con mi gata.</p><p>���Eso es todo?</p><p>��No, no es todo. Me enloquezco sentada horas y horas, todos los d�as aqu� adentro, mirando los manzanares. No creo haber nacido para esta vida campestre. Si no voy a un centro comercial de inmediato, voy a asfixiarme. Echo de menos la contaminaci�n ambiental. Quiero hablar con alguien que no tenga ese horrendo acento campechano. Tengo antojo de hacer colas y de insultar a alguien. A�oro conducir por una carretera, rodeada por otros autos con conductores que me hagan gestos obscenos.</p><p>Hank le puso la mano en la frente.</p><p>���Tienes fiebre?</p><p>��Este pueblo est� lleno de exc�ntricos.</p><p>��S�, pero en su mayor parte es gente muy buena. Echar�as ra�ces en Skogen, si lo intentas al menos una vez.</p><p>���Nunca! -vocifer� Maggie-. Jam�s me arraigar� en Skogen. Voy a regresar a Riverside. Pedir� un empleo en lo de Jake el Grasiento y terminar� de escribir mi libro. Y despu�s me mudar� al Tibet.</p><p>��El Tibet ya no es el para�so que era -le record� Hank-. Tengo entendido que tambi�n tiene sus problemas.</p><p>Maggie meti� otra pila de ropa en la maleta.</p><p>���Uf! Nunca nadie me toma en serio.</p><p>��Mentira. Yo siempre te he tomado en serio� hasta ahora. Ahora no te tomo en serio -Aferr� la maleta de Maggie y vaci� todo su contenido sobre la cama-. Hemos hecho un trato que especificaba que ser�as mi esposa durante seis meses. Espero que cumplas tu palabra.</p><p>Maggie sinti� que las l�grimas ard�an en sus ojos y, furiosa, parpade� para hacerlas desaparecer. �Por qu� Hank le hac�a tan dif�cil las cosas? De por s�, ella no ten�a genuinas intenciones de marcharse. Lo amaba, aunque parte de lo que le hab�a dicho era cierto. Pensaba que, a largo plazo, ser�a desdichada en Skogen. Y muy probablemente Hank tambi�n lo ser�a. En consecuencia, formar�an una pareja infeliz. Y tal vez con hijos infelices. No, pens�, no quer�a prolongar lo inevitable. Lo mejor era marcharse de inmediato y empezar a olvidarlo. �Acaso Hank no comprend�a que cada minuto de su presencia era una agon�a para ella?</p><p>��No hay razones para que me quede. S�lo est�s dificultando las cosas.</p><p>Hank coloc� el ment�n en un �ngulo desafiante y obcecado.</p><p>��Hemos hecho un trato.</p><p>Los ojos de Maggie brillaron con renovada obstinaci�n.</p><p>��De acuerdo -dijo �l-. Vivir� afuera, en el granero, durante los pr�ximos cinco meses. Esos son mis t�rminos.</p><p>Maggie lade� la nariz, en gesto desafiante.</p><p>��Bien. Me quedar�. Pero no esperes que lo haga a gusto ni que me d� por vencida. Tengo intenciones de dedicar todo mi tiempo y energ�as a terminar mi libro. Cumplir� con todas las obligaciones sociales que solicites, pero no me impondr�s ninguna necesidad personal. �Est� claro?</p><p>��Como el agua.</p></section><section><title><p>CAP�TULO 10</p></title><p>Maggie colg� el tel�fono y se recost� contra el respaldo de su silla, mirando sin ver por la ventana de su estudio. Si bien eran las primeras horas de la tarde, el sol apenas iluminaba el d�a. El mundo se presentaba gris y sombr�o, tras una espesa cortina de nieve. Los manzanares se hab�an reducido a blancos mont�culos que el viento hab�a acumulado en la �ltima tormenta. Los �rboles soportaban el fr�o en silencio, como esqueletos perdidos, distantes del sonido de pisadas mudas y de puertas que se golpeaban al cerrarse, como �nicos testigos de la vida en la finca. Era la clase de nevada que, seg�n la experta opini�n del pueblo, iba para largo. Peque�os copos secos tamizados ca�an al suelo. Maggie hab�a aprendido mucho sobre las nevadas: nieve mojada, nieve seca, nevisca, nieve apta para esqu�, nieve para andar en trineo, nieve ideal para fabricar mu�ecos. En otros momentos m�s felices, la idea la habr�a extasiado, ya que ella ten�a un esp�ritu muy aventurero. Pero �sas no eran �pocas felices. Maggie se sent�a sola, a pesar de que la casa estaba llena de gente. Ella misma se lo hab�a impuesto, pues fue la �nica soluci�n. Durante cinco meses se hab�a recluido en su cuarto, trabajando d�a y noche en su libro sobre t�a Kitty. Hank hab�a respetado su aislamiento; Elsie, en cambio, hab�a refunfu�ado bastante. Ahora el suplicio estaba llegando a su fin. En enero se cumplir�an los seis meses y ella hab�a alcanzado su objetivo. Hab�a terminado su libro y hasta hab�a logrado venderlo. Acababa de hablar por tel�fono con su agente y se hab�a enterado de que era rica. Al parecer, no s�lo a ella le hab�a parecido interesante la vida de t�a Kitty.</p><p>Pero era una victoria sin gloria. La infelicidad la agobiaba. Poner punto final a su relaci�n con Hank la hab�a herido de tal modo que a veces cre�a estar muerta. Afortunadamente, el libro le hab�a demandado toda su dedicaci�n durante el d�a, pero ahora que lo hab�a terminado se sent�a vac�a. Tendr�a que encarar un nuevo proyecto, se dijo, pero nada le llamaba la atenci�n. Se mir� y not� que hab�a adelgazado.</p><p>��Pat�tica -coment� a Pomp�n, enrollada como una bolita en un rinc�n del escritorio.</p><p>Elsie llam� a la puerta y entr�.</p><p>��Pat�tico -pareci� hacer eco-. Todo el mundo est� abajo, podando el �rbol, y usted aqu� como un cad�ver.</p><p>Maggie sonri�. Cada vez que pasaba por uno de esos momentos de autocompasi�n, Elsie aparec�a para arrancarla de su pesadumbre. Era un poco brutal, pero efectiva. Durante los �ltimos meses, Elsie hab�a asumido un papel muy importante en su vida, entre reprimendas, abrazos y sopas calientes, se hab�a convertido en un puntal que la mantuvo firme en la lucha.</p><p>��Hoy es la fiesta de Navidad -dijo Elsie-. �Necesita que le planche el vestido?</p><p>Maggie mene� la cabeza. Su vestido estaba bien. Le quedaba un tanto holgado, pero el modelo permit�a esas concesiones. De todas maneras, no le importaba demasiado. Las risas retumbaban en las escaleras, mezcladas con el aroma del pino y de la sidra. Los padres de Hank, su t�a Tootie, Slick, Ox, Ed, Vern, Bubba y sus respectivas esposas y novias estaban abajo, ayudando con el �rbol. Si Maggie hubiera sido una buena esposa, tambi�n se habr�a hecho presente all�. Pero siempre echaba mano de la reiterada excusa -que ten�a mucho trabajo con su libro- para refugiarse en su alcoba. Nadie sab�a que el famoso libro ya estaba terminado y, mucho menos, que se hab�a vendido.</p><p>�Dios Santo! �Qu� hab�a pasado con ella? Pens� que era una cobarde, que era incapaz de enfrentar la felicidad de los otros. Especialmente en esa �poca en que estaban en v�speras de Navidad. Una �poca que reun�a a la familia; una �poca que invocaba al amor. Y Maggie estaba sin amor. Las l�grimas se agolparon en su garganta. Hormonas, se dijo, y trag� saliva.</p><p>Elsie mene� la cabeza y suspir�.</p><p>��Es tan exigente con usted misma -se�al�-. �Por qu� no se permite un poco de diversi�n?</p><p>Porque si ced�a aunque fuera un c�ntimo, su firme determinaci�n de marcharse se derrumbar�a como una casita de naipes, pens�. Skogen no cambiar�a. Bubba no cambiar�a. Al igual que su madre y t�a Marvina, que no cambiar�an. Y la verdad m�s dolorosa era que Maggie tampoco cambiar�a. Su lugar no estaba en Riverside ni en Skogen. Si pretend�a alcanzar la felicidad, tendr�a que ir a buscarla a otra parte. Ten�a que existir el sitio donde se sintiera c�moda y aceptada por el resto de la comunidad. Ten�a que existir una ciudad que ofreciera una cierta armon�a entre remolcadores y manzanos.</p><p>��Esta noche me voy a divertir -minti� Maggie-. S�lo trabajar� un rato m�s y dejar� por hoy.</p><p>��Todo el mundo la echa de menos -insisti� Elsie.</p><p>No la echaban de menos. Maggie lo sab�a a ciencia cierta. O�a sus risas y las charlas que burbujeaban entre viejos amigos y familiares que jam�s la inclu�an dentro del n�cleo. Hac�a meses ya que la vida transcurr�a en un establecimiento agr�cola del que ella no hab�a formado parte. Hank hab�a ido del equipo de b�isbol al de f�tbol americano y al de hockey. El lagar para extraer el jugo de las manzanas ya estaba en su finca y en actividad, y la pasteler�a, a punto de convertirse en realidad.</p><p>��Nadie me echa de menos -dijo Maggie-. La pasan de maravillas sin m�.</p><p>��Hank la echa de menos -insisti� Elsie-. Su estado es tan deplorable como el suyo. Se r�e, pero sus ojos dicen otra cosa. Usted tambi�n se dar�a cuenta, si no estuviera tan encerrada en su propia angustia.</p><p>Maggie se pregunt� si ser�a cierto lo que afirmaba Elsie. Parte de ella deseaba que as� fuera. Sab�a que a�n quedaba una llamita de esperanza que su determinaci�n no hab�a logrado apagar. Su amor por Hank hab�a echado profundas ra�ces en su alma. Le quemaba, constante y penosamente. Y no pod�a extinguirlo, por m�s que se esforzara. D�a a d�a, Maggie deb�a enfrentarse a la horrenda realidad de su predicci�n y echar mano del �ltimo gramo de disciplina que le quedaba para actuar conforme a lo que era mejor para ella y para Hank. No obstante, el sue�o segu�a plasmado all�. En el fondo de su coraz�n, sab�a que no hab�a cumplido con ese contrato de seis meses s�lo por una cuesti�n de honor a su palabra. Aquel est�pido sue�o era la verdadera raz�n que la hab�a atado a Vermont.</p><p>Hac�a semanas ya que Maggie se angustiaba pensando en la proximidad de la fiesta navide�a en el sal�n del rancho. Era el �nico evento social que no pod�a eludir bajo ninguna circunstancia. Ahora que pr�cticamente hab�a llegado el momento, se sent�a aturdida y agotada. �Y eso que la ordal�a no hab�a empezado a�n! Se sent� sobre el borde de la cama, envuelta en su bata de ba�o. Ten�a el cabello todav�a h�medo y los dedos de los pies enrojecidos por el agua caliente. Un letargo deprimente se hab�a apoderado de ella. Al menos, no estaba en uno de sus d�as emocionales, pens�. �ltimamente, hab�a tenido ataques de llanto. Nadie lo sab�a. Lloraba en silencio, con la boca apretada contra la almohada. Lloraba a altas horas de la noche, cuando todos dorm�an.</p><p>Se oy� que alguien llamaba suavemente a la puerta.</p><p>��Maggie, �puedo pasar?</p><p>Era Hank. Probablemente querr�a saber por qu� se demoraba tanto. Deb�a haber estado lista hac�a al menos media hora pero, por una raz�n u otra, no pod�a completar la tarea de vestirse.</p><p>��La puerta est� sin llave.</p><p>Hank llevaba un traje oscuro, camisa blanca y corbata roja. El extremo de un pa�uelo de seda, tambi�n rojo, asomaba con rebeld�a por encima del bolsillo delantero de la chaqueta. De solo verlo, Maggie sinti� que el coraz�n le pesaba como el plomo. A Hank Mallone jam�s le faltar�a la compa��a de una mujer, pens�. Una vez que ella quedara excluida de la escena, las mujeres se agolpar�an como jaur�a en el umbral de su puerta. Hank era pecaminosamente apuesto y, dentro de algunos a�os, tambi�n ser�a rico. Ya le estaban lloviendo contratos para comprar sus tartas de manzanas y su sidra. Skogen elevar�a su nivel de empleo al ciento por ciento gracias a �l.</p><p>Hank se sent� en la cama, junto a ella y pos� sobre su mano una peque�a cajita envuelta en papel.</p><p>��En la familia es tradicional hacer un regalo la noche de Navidad. Cuando yo era ni�o, mis padres siempre me hac�an un obsequio especial justo antes de salir. Generalmente era algo que pod�a llevarme a la fiesta. Una navaja, o alg�n par de calcetines colorados o tirantes navide�os. Y mi padre siempre obsequiaba alguna joya a mi madre. S� que cuesta creerlo pero en ese aspecto, mi padre es un verdadero rom�ntico.</p><p>Maggie no se lo esperaba; no estaba preparada. Durante los �ltimos dos meses, apenas si hab�an cruzado palabra. A tal punto, que Maggie hab�a albergado secretamente el temor de que Hank, por fin, deseaba que se marchara. Hab�a dejado de inventar temas de conversaci�n, de buscar excusas para tocarla y de agotar recursos para convencerla de que saliera de su cuarto. Y ahora le hac�a un regalo. Maggie no sab�a c�mo interpretarlo. Dej� la cajita sobre su falda, para que no se moviera y delatara el temblor de sus manos, pero fue casi en vano. Las emociones que hab�a controlado durante tanto tiempo afloraron como un torbellino, dificult�ndole el pensamiento y su determinaci�n de no sonre�r. Durante meses lo hab�a tratado como a un despojo humano. �Y c�mo respond�a Hank a sus malos tratos? �Con un regalo!</p><p>Hank se qued� sentado, en silencio, observando la confusi�n que exteriorizaba su rostro y el dolor que se amalgamaba con una repentina infusi�n de dicha inesperada. Hac�a meses que aguardaba ese momento, consciente de que, aunque su libro siguiera inconcluso, aunque sus sentimientos hacia �l hubieran desaparecido, Maggie le deb�a esa noche. Hank inspir� profundamente, con esfuerzo, mientras ella segu�a con la vista fija en la cajita. En principio, Hank ignoraba si ella aceptar�a el obsequio. Ni siquiera estaba seguro de que lo abriera. Pero ahora que ve�a ese torrente de emociones reflejadas en su rostro, se dio cuenta de que las cosas resultar�an como esperaba. La sent� sobre su falda y la abraz�.</p><p>��No he querido molestarte durante estos �ltimos meses. S� lo duro que has trabajado en ese libro.</p><p>Maggie pens� que le deb�a una respuesta sincera.</p><p>��Est� listo. Lo termin� hace poco m�s de un mes.</p><p>Hank comprendi� sus razones por haberlo tenido en secreto. Maggie se hab�a aferrado a su trabajo como excusa para aislarse. Hank lo hab�a imaginado, pues hac�a mucho que no escuchaba el teclado de la computadora. La verdad le doli�, pero luch� por disimularlo.</p><p>���Puedes adelantarme algo? �Qued� bien?</p><p>Maggie se ri�. Le pareci� una pregunta extra�a. Era lo mismo que preguntar a una madre si su primer hijo era feo.</p><p>��No estoy segura de que sea bueno, pero ya est� vendido. He podido cumplir mi promesa. El diario de t�a Kitty ser� publicado como libro.</p><p>Hank la estrech� en sus brazos.</p><p>��Siempre te cre� capaz de lograrlo.</p><p>A Maggie le encant� el tono de orgullo con el que Hank pronunci� esas palabras, un orgullo que tambi�n estimul� el suyo, despertando la primera emoci�n que experimentaba ante su �xito.</p><p>��Yo no estaba tan segura -dijo ella-. Todav�a no puedo creerlo.</p><p>Maggie sonre�a. Primero con los labios y luego con los ojos, hasta que por fin, hasta el �ltimo rastro de angustia desapareci�. Fue como si el sol hubiera asomado repentinamente, con todo su glorioso esplendor. Maggie Toone no era una mujer que se aficionara demasiado a la desdicha. Record� el obsequio y empez� a romper el papel.</p><p>���Me encantan los regalos! -exclam�-. �Me encantan las sorpresas! -Cuando abri� la cajita, encontr� un par de pendientes de diamantes-. �Oh!</p><p>Hank le enganch� un rizo detr�s de la oreja, para poder ver su rostro con mayor claridad.</p><p>���Te gustan?</p><p>���S�! Por supuesto que me gustan. Son hermosos, pero�</p><p>���Pero qu�?</p><p>Se apoy� pesadamente contra �l. Parte de su cansancio original retornaba.</p><p>��No puedo aceptarlos. No es la clase de presentes que uno entrega� -Busc� con desesperaci�n la palabra justa, pero no pudo hallar ni un solo t�rmino que definiera su relaci�n� una amiga concluy� por fin-. No es la clase de regalos que se hace a una amiga.</p><p>��Es la clase de presente que yo entrego a mi mejor amiga.</p><p>��Pens� que t� mejor amigo era Bubba.</p><p>Maggie crey� que le hab�a ganado la batalla, pero Hank s�lo estaba ganando tiempo. Ella tendr�a que apelar a la tenacidad y adem�s, deb�a admitir que estaba contenta. Su sue�o bailaba en el fondo de su coraz�n.</p><p>��No va a funcionar -dijo ella-. Skogen no ha cambiado.</p><p>Hank parec�a seguro.</p><p>��Funcionar�. Nunca hizo falta que Skogen cambiara. Todav�a no lo has visto. A�n no lo has imaginado.</p><p>��No entiendo a qu� te refieres.</p><p>��Yo era exactamente como t�. Ten�a que huir. Mi �nico inconveniente fue que, por alg�n tiempo, los problemas insist�an en perseguirme. Y eso es porque uno no puede escapar de sus problemas. Terminas en una ciudad distinta pero siempre con los mismos problemas. Entonces, un d�a, mientras me hallaba sentado en el cuarto de un hotel de mala muerte, en Baltimore, me di cuenta de que hab�a crecido. En alg�n punto del camino empec� a clasificar las cosas. Mi identidad dej� de depender de la gente que me rodeaba. Ya no necesit� de la atenci�n ni de la aprobaci�n de mis padres. Tampoco me fue imprescindible ser el payaso de la clase, ni el macho conquistador, ni la estrella del deporte. S�lo necesit� hacer aquellas cosas que me produjeran una satisfacci�n personal, como, por ejemplo, estudiar agricultura y mejorar los manzanares de mi abuela. Yo creo que t� te pareces un poco a m� en ese sentido; que necesitabas escapar para escribir tu libro. Y adem�s, tambi�n necesitabas estar un tiempo sola para reencontrarte con Maggie Toone.</p><p>La muchacha mene� la cabeza.</p><p>��No s� si la cuesti�n es tan simple. No s� si podr�a soportar el aislamiento de vivir en medio del campo.</p><p>��El aislamiento te lo impusiste t� misma. Hemos tra�do tu autito rojo y ni siquiera has salido a dar una vuelta en �l. No tienes m�s que tomar una carretera, insultar a un par de viejas, hacer algunos gestos groseros y meterte en alg�n centro comercial de vez en cuando.</p><p>���En Vermont hay centros comerciales?</p><p>��Bueno, en su mayor�a son centros peque�os -admiti�-. Pero tienen tantos negocios como los m�s complejos. En Burlington hasta hay una calle peatonal. �Eso no te aumenta la adrenalina?</p><p>�No tanto como estar sentada sobre sus rodillas�, pens� Maggie. Pero aun as�, bien val�a la pena comprobarlo.</p><p>��Y si quieres salir de casa en forma regular, puedes volver a la docencia.</p><p>��No. Lo dudo -contest� Maggie-. Creo que quiero escribir otro libro.</p><p>���Tienes alguna idea?</p><p>Maggie mene� la cabeza.</p><p>��Mi energ�a creativa no ha estado en su m�xima plenitud.</p><p>��Mi t�o Wilbur administr� el peri�dico del condado durante cuarenta a�os. Se retir� en 1901. En el s�tano de esta casa hay canastos y canastos de peri�dicos. El otro d�a baj� a inspeccionarlos. Se encuentran en un estado muy fr�gil, pero son perfectamente legibles. Tal vez puedas hallar una nueva historia en alguno de ellos.</p><p>El coraz�n de Maggie comenz� a latir a mayor velocidad. �Cuarenta a�os de informaci�n recopilada en peri�dicos en su propia casa! �Bien valdr�a la pena casarse con Hank, aunque s�lo fuera por sus peri�dicos! Un momento. Detengan los motores. Se estaba dejando llevar. Suponiendo que Vermont hubiera sido tocado con la varita m�gica y que en el s�tano de la casa de Hank hubiera una historia a la espera de ser publicada, �qu� pasar�a con todos esos habitantes de Skogen que tanto la detestaban? �Y con Bubba? �Y Vern? �Y qu� de la se�ora Farnsworth y sus benditas manualidades?</p><p>Hank le bes� la nariz y la hizo ponerse de pie.</p><p>��Tenemos que irnos. No querr�s perderte a Pap� Noel, �verdad? V�stete y ponte los pendientes mientras yo caliento el motor de la camioneta.</p><p>Diez minutos despu�s, Maggie estaba sentada junto a Hank, en la camioneta, examinando el brillo de sus pendientes de diamantes que se reflejaba en el espejo retrovisor. En realidad, no deb�a hab�rselos puesto, pens�. No hab�a sido �sa su intenci�n, pero, de alguna manera, como por propia voluntad, los pendientes se adosaron a sus orejas. No se los quedar�a, por supuesto. S�lo los lucir�a esa noche, para la fiesta, por pura cortes�a. Despu�s, una vez de regreso en casa, los enjuagar�a con alcohol y volver�a a guardarlos en su estuche. Si hubiera estado legalmente casada con Hank, ser�a distinto. Del mismo modo, si hubiera tenido la certeza de que realmente exist�a una calle comercial en Burlington, todo habr�a sido distinto. Aunque, pens�ndolo bien, ahora que Hank se lo hab�a confirmado, ya no le parec�a tan importante.</p><p>Cuando Hank se alej� por el camino, Maggie observ� los �ltimos manzanos que se perd�an en la distancia y pens� en lo bellos que se ve�an, envueltos en su manto blanco de nieve, plateados por la luz de la luna. Hasta el pueblo le pareci� bonito al pasar. Mam� Irma hab�a colocado luces en la entrada de su tienda; en la puerta del banco hab�an colgado una guirnalda verde; titilantes luces decoraban la fachada de la cafeter�a y del sal�n de belleza, y el abeto del patio de la inmobiliaria tambi�n estaba decorado con motivos alusivos.</p><p>���Ve m�s despacio! -se irrit� Maggie, achatando la nariz contra la ventanilla-. �No puedo ver las decoraciones si conduces a la carrera!</p><p>��S�lo voy a cuarenta kil�metros por hora. Si disminuyo la velocidad, iremos para atr�s.</p><p>Entonces Maggie decidi� que regresar�a al d�a siguiente para ver todo con m�s tranquilidad. Quer�a disfrutarlo a plena luz del d�a. Y pasar�a tambi�n por la tienda de Mam� Irma para comprar golosinas y enviarlas a Nueva Jersey.</p><p>En cuesti�n de minutos llegaron al sal�n del rancho. Bien podr�a haber pasado por el Sal�n Nacional Polaco. Maggie lleg� a la conclusi�n de que esos lugares eran id�nticos en cualquier parte del mundo. Estaba la misma pista de baile, maravillosa y polvorienta, el mismo pandemonio feliz de ni�os excitados y adultos joviales. Y como se trataba de una fiesta navide�a, rondaba en el ambiente una sensaci�n expectante. Pap� Noel aparecer�a en cualquier momento. Y despu�s de que hubiera repartido los bastoncitos de caramelo y los cuentos para colorear, se armar�a el baile. A continuaci�n, se servir�a la torta especial de caf�, obra de las mellizas Smullen. Maggie entreg� su abrigo a Hank y mir� la multitud presente.</p><p>��Oh, mira -dijo-. �Es Vern! �Con traje de etiqueta!</p><p>��S�. Vern siempre se pone el esmoquin para el baile de navidad. Lo ha heredado de su t�o Mo.</p><p>���Y qu� pas� con su t�o Mo?</p><p>��Muri� de un ataque card�aco -respondi� Hank-. Trabajaba como camarero en un lujoso restaurante de Burlington. De all� vino el esmoquin.</p><p>Vern gui�� un ojo a Maggie y ella lo salud� agitando la mano en el aire.</p><p>Ed Kritch se les acerc�.</p><p>��Ser� mejor que me reserves una pieza -dijo a Maggie.</p><p>Maggie lo mir� con suspicacia.</p><p>��No volver�s a raptarme, �verdad?</p><p>Ed ri�.</p><p>��No. No lo har�a. Qu� episodio aqu�l, �no? Les juro que por poco me desmayo cuando Elsie Hawkins sac� esa ametralladora de su cartera. S� se�or, esa historia pasar� de boca en boca. Creo que, como an�cdota, es tan buena como aquella vez que Bizcky Weaver incendi� su granero tratando de disparar a Hank.</p><p>Hank parec�a complacido.</p><p>��Antes de que t� llegaras al pueblo, yo era el �nico entretenimiento de esta gente -dijo a Maggie-. Es un verdadero placer compartir los laureles.</p><p>En el centro de la pista de baile, hab�an colocado el �rbol de Navidad. Los invitados comenzaron a formar una rueda a su alrededor. La banda comenz� a interpretar <emphasis>Aqu� llega Santa Claus</emphasis> y la ronda se meci� al comp�s de la melod�a. Hank y Maggie, tomados de la mano, tambi�n participaron, mirando hacia la puerta por encima del hombro, a la espera de que llegara Pap� Noel. La puerta se abri� y, cuando la esperada figura hizo su entrada triunfal, todos los ni�os soltaron un grito de alegr�a.</p><p>��Jo, jo, jo -exclam� Pap� Noel, reuni�ndose con el grupo-. �Todos se han portado bien este a�o?</p><p>��S� -respondieron al un�sono.</p><p>El baile continu� alrededor del �rbol y Pap� Noel se abri� paso cortando la cadena de manos, para entregar los libros de colores. Cuando lleg� al sitio donde estaba Maggie, se detuvo y le tom� la mano.</p><p>���Y Maggie se ha portado bien este a�o? -le pregunt�.</p><p>Maggie sinti� que las mejillas le ard�an como fuego. Pap� Noel no se hab�a dirigido a ning�n otro adulto.</p><p>Tom� un bastoncito de caramelo y un libro para colorear de su saco y los entreg� a Maggie.</p><p>��S�lo las mejores muchachas de Skogen se llevan este regalo -le dijo, gui��ndole el ojo.</p><p>Un murmullo de aprobaci�n estall� entre el p�blico.</p><p>El mundo se desdibuj� moment�neamente. Los pies de Maggie dejaron de moverse al comp�s de la m�sica. Mir� primero a Hank y luego los dem�s rostros que formaban la cadena. �Le ten�an simpat�a!, not�. Hasta el padre de Hank le sonre�a desde el otro extremo del sal�n. Maggie apret� el libro y el caramelo contra su pecho y agradeci� debidamente a Pap� Noel. Observ� con atenci�n al hombre que se escond�a detr�s de aquella barba blanca y ojos entrecerrados.</p><p>��S� que eres t�, Bubba -murmur� Maggie-. ��sta me la pagar�s!</p><p>Bubba sonri�, abraz� a Maggie y sigui� con su tarea.</p><p>Maggie tambi�n sonri�. Sonri� porque, de repente, aprendi� a querer mucho a Bubba. Y sonri� porque Pap� Noel la hab�a encontrado all�, en las ondulantes y nevadas tierras de Vermont, y, adem�s, porque le hab�a regalado un libro para colorear. Pesta�eaba fren�tica, pero, de todas maneras, las l�grimas ba�aron su rostro. Hundi� la cara en el pecho de Hank y resoll� sobre su corbata.</p><p>��Es qu� que me� me encantan los libros para colorear -solloz�.</p><p>Orville Mullen estaba al otro lado de Maggie.</p><p>��Tal vez est� embarazada -conjetur�, dirigi�ndose a Hank-. As� se ponen. Se largan a llorar por los libros para colorear, por los baberos y por los escarpines. Cuando mi Elaine estaba embarazada, no pod�amos caminar frente a los tarros de alimento para beb� de Acme porque se pon�a a llorar desconsolada.</p><p>La se�ora Farnsworth se acerc� y rode� los hombros de Maggie con el brazo.</p><p>��Es necesario que empieces a hacer manualidades -le aconsej�-. Tranquiliza los nervios y, adem�s, te enteras de algunos chismes.</p><p>��No s� -dijo Maggie, son�ndose la nariz en el pa�uelo de seda rojo de Hank.</p><p>��No te llevar� mucho tiempo -insisti� la se�ora Farnsworth-. Es s�lo una tarde de s�bado al mes y podr�s contarnos sobre el diario de tu t�a Kitty. Todos morimos por leer tu libro cuando se publique. No todos los d�as tenemos a una escritora aut�ntica caminando por las calles del pueblo. Tal vez, hasta podamos organizar una sesi�n de aut�grafos.</p><p>�Una sesi�n de aut�grafos? Maggie se tap� la boca con la mano para sofocar la carcajada. Ser�a famosa. No terriblemente famosa, por supuesto. Despu�s de todo, no era Elizabeth Taylor, pero aun as�, podr�a alcanzar algo de fama. Y el Club de Manualidades le organizar�a una sesi�n de aut�grafos. Maggie se mordi� el labio inferior. Ten�a un problema. Un problema con su nombre.</p><p>��Tendr�s que casarte conmigo lo antes posible -dijo a Hank-. Tengo un problema con el nombre. Cuando el Club de Manualidades organice la sesi�n de aut�grafos en mi honor, �con qu� nombre voy a firmar? Todos piensan que soy Maggie Mallone, cuando, en realidad, sigo siendo Maggie Toone. Como ver�s, esto podr�a prestarse a muchas confusiones, a menos que nos casemos de inmediato -Se mordi� el labio de nuevo-. S� que han pasado varios meses desde la �ltima vez que me pediste que me casara contigo. Tal vez hayas cambiado de opini�n. No podr�a culparte si es as�.</p><p>Hank le sonri� ampliamente.</p><p>��D�jame aclarar las cosas. �Quieres casarte conmigo para poder firmar aut�grafos en la sede del Club de Manualidades?</p><p>��S�.</p><p>Hank no pudo resistirse a seguir el juego.</p><p>��No s�. No es muy rom�ntico. No estoy seguro de que sea una buena raz�n para casarse. �Y qu� pasa con Skogen? �Est�s convencida de que puedes vivir aqu�?</p><p>���Por supuesto que puedo vivir aqu�! �Skogen es un sitio magn�fico para vivir! -Baj� la voz y asumi� un tono m�s serio-. Y te amo.</p><p>Hank la tom� entre sus brazos.</p><p>��Yo tambi�n te amo y ser� feliz al casarme contigo -Luego la bes� intensamente, frente a todo el mundo.</p><p>��Es una suerte saber que �l ya no lo hace en los graneros de los vecinos -dijo Gordie Pickens-. Qu� tremendo fue en su juventud, �verdad?</p><p>Bucky Weaver, el viejo Dan Butcher y Myron Stonehouse compartieron la opini�n.</p><p>Y la banda interpret� <emphasis>Rodolfo, el reno del hocico rojo</emphasis> por cuarta vez.</p></section><section><title><p>Janet Evanovich</p></title><image l:href="#1"/><empty-line/><subtitle>***</subtitle><empty-line/><image l:href="#2"/></section></body><binary id="cover" 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