<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf_fantasy</genre><author><first-name>Cassandra</first-name><last-name>Clare</last-name></author><book-title>Ciudad de los �ngeles ca�dos</book-title><annotation><p>Este libro, escrito por Cassandra Clare, es el cuarto de la colecci�n de Los Instrumentos Mortales. Es mucho m�s detallista que los anteriores y el final es espectacular pese a que hace visible que no es el �ltimo libro de la colecci�n. Tiene de todo y te engancha desde el principio hasta el final, y es segun mi punto de vista incluso mejor que los anteriores. Contiene mucho misterio, acci�n, emoci�n y sentimiento, y est� escrito de una manera que mezcla en uno la curiosidad y el sentimiento. Te hace sentir las cosas como si fueses uno de los protagonistas.</p><p>Jace y Clary sin duda vuelven a acaparar la atenci�n del lector, pero en ningun momento el libro se hace cansino o soso. Si os habeis leido los libros anteriores descubrireis que este es mucho mejor, y si os gusta os recomiendo que os leais "Shadow Web" de N.M. Browne. Son los dos libros escritos, sobre todo, para chicas j�venes y recomiendo fuertemente que sean leidos en su idioma original: el ingles. El t�tulo original de "Ciudad de �ngeles Caidos" es "City of Fallen Angels" y merece la pena leerlo (es uno de los mejores libros de su estilo), sobre todo en ingles aunque en espa�ol no le falta la emoci�n, etc, del original; pero en Espa�a saldr� dentro de, m�s o menos, un a�o. Espero que os guste ya que a mi me ha encantado.</p></annotation><date/><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang></title-info><document-info><author><first-name/><last-name/></author><program-used>Fiction Book Designer, Fiction Book Investigator, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2011-11-28">28.11.2011</date><src-url/><src-ocr/><id>FBD-F327AA-7EA2-244B-5BA9-E555-A298-571659</id><version>1.0</version></document-info><publish-info/></description><body><image l:href="#cover"/><title><p>Cassandra Clare</p><empty-line/><p>Ciudad de los �ngeles ca�dos</p></title><section><p>T�tulo original: City of fallen angels</p></section><section><epigraph><p><emphasis>Para Josh</emphasis></p></epigraph><epigraph><p>Sommes-nous les deux livres d�un m�me ouvrage?</p></epigraph><empty-line/></section><section><title><p>Primera parte. <emphasis>�ngeles exterminadores</emphasis></p></title><section><epigraph><p>Existen enfermedades que caminan en la oscuridad; y existen �ngeles exterminadores, que vuelan envueltos en los cortinajes de lo inmaterial y poseen una naturaleza carente de comunicaci�n; a los que no vemos, pero cuya fuerza sentimos y bajo cuya espada sucumbimos.</p><p>JEREMY TAYLOR, <emphasis>A Funeral Sermon</emphasis></p></epigraph><empty-line/></section><section><title><p>1 EL MAESTRO</p></title><p>��S�lo un caf�, por favor.</p><p>La camarera enarc� sus cejas, dibujadas a l�piz.</p><p>���No te apetece comer nada? -pregunt�. Ten�a un acento muy marcado, parec�a defraudada.</p><p>Simon Lewis no pod�a reprocharle nada, pues seguramente aquella mujer esperaba una propina mejor de la que iba a obtener por una simple taza de caf�. Pero �l no ten�a la culpa de que los vampiros no comiesen. A veces, cuando iba a un restaurante, ped�a comida con la �nica intenci�n de ofrecer una apariencia de normalidad, pero a �ltima hora de un martes por la noche, con el Vesalka pr�cticamente vac�o, le pareci� que no merec�a la pena tomarse la molestia.</p><p>��S�lo el caf�.</p><p>Encogi�ndose de hombros, la camarera recogi� el men� plastificado y se march� a preparar el pedido. Simon se recost� en la dura silla de pl�stico y mir� a su alrededor. El Vesalka, un restaurante situado en la esquina de la calle Nueve con la Segunda Avenida, era uno de sus lugares favoritos en el Lower East Side, un viejo restaurante de barrio empapelado con fotograf�as en blanco y negro, donde permit�an que alguien se pasara el d�a entero sentado siempre y cuando fuera pidiendo un caf� cada media hora. Serv�an adem�s la que hab�a sido su sopa rusa de remolacha preferida en una �poca que ahora le quedaba muy lejana.</p><p>Era mediados de octubre y acababan de instalar la decoraci�n t�pica de Halloween, entre la que destacaba un tambaleante cartel que rezaba ��Susto o sopa de remolacha!� y un recortable de cart�n que representaba a un vampiro llamado conde Blintzula. En otros tiempos, Simon y Clary hab�an encontrado de lo m�s graciosa aquella decoraci�n festiva de baratillo, pero el conde, con sus colmillos falsos y su capa negra, ahora no le hac�a ni pizca de gracia a Simon.</p><p>Simon mir� por la ventana. Era una noche g�lida y el viento levantaba las hojas que cubr�an el suelo de la Segunda Avenida como si fueran pu�ados de confeti. Se fij� en una chica que pasaba por la calle, una chica con una gabardina ce�ida por un cintur�n y melena negra agitada por el viento. La gente se volv�a a su paso para mirarla. En el pasado, Simon tambi�n se quedaba mirando a chicas como aqu�lla, pregunt�ndose ad�nde ir�an o con qui�n habr�an quedado. Nunca era con chicos como �l, eso lo sab�a con certeza.</p><p>Excepto que aqu�lla s�. La campanilla de la puerta del restaurante son� en el momento en que Isabelle Lightwood hac�a su entrada. Sonri� al ver a Simon y se dirigi� hacia �l, despoj�ndose de la gabardina y dobl�ndola sobre el respaldo de la silla antes de tomar asiento. Debajo de la gabardina luc�a lo que Clary calificar�a como �uno de los conjuntos t�picos de Isabelle�: un vestido corto y ce�ido de terciopelo, medias de redecilla y botas altas. En la parte superior de la bota izquierda llevaba un cuchillo escondido que s�lo Simon pod�a ver; pero aun as�, todos los presentes en el restaurante se quedaron mirando c�mo tomaba asiento y se echaba el pelo hacia atr�s. Isabelle llamaba la atenci�n como un espect�culo de fuegos artificiales.</p><p>La bella Isabelle Lightwood. Cuando Simon la conoci�, dio por sentado que una chica como aqu�lla nunca tendr�a tiempo para un tipo como �l. Y acert� casi del todo. A Isabelle le gustaban los chicos que sus padres desaprobaban, y en su universo eso significaba habitantes del mundo subterr�neo: hadas, hombres lobo y vampiros. Que llevaran los dos �ltimos meses saliendo le sorprend�a, por mucho que su relaci�n se limitase a encuentros puntuales como aqu�l. Y aun as�, no pod�a evitar preguntarse si estar�an saliendo si �l no se hubiese transformado en vampiro, si su vida no se hubiese visto alterada por completo.</p><p>Isabelle se retir� un mech�n de pelo de la cara y lo recogi� detr�s de la oreja con una resplandeciente sonrisa.</p><p>��Est�s guapo.</p><p>Simon observ� su imagen reflejada en el cristal de la ventana del restaurante. La influencia de Isabelle se hac�a evidente en los cambios que hab�a experimentado su aspecto desde que empezaron a salir. Isabelle le hab�a obligado a abandonar las sudaderas con capucha para sustituirlas por cazadoras de cuero y a cambiar las zapatillas deportivas por botas de dise�o. Que, por cierto, sal�an a trescientos d�lares el par. Adem�s, se hab�a dejado el pelo largo y ahora le llegaba casi a los ojos y le cubr�a la frente, aunque ese peinado era m�s por necesidad que por Isabelle.</p><p>Clary se burlaba de su nueva imagen; aunque, a decir verdad, todo lo relacionado con la vida amorosa de Simon lindaba con lo c�mico para Clary. Le costaba creer que estuviera saliendo en serio con Isabelle. Claro estaba que tambi�n le costaba creerse que estuviera saliendo a la vez, y con el mismo nivel de seriedad, con Maia Roberts, una amiga de ambos que result� ser una chica lobo. Y la verdad era que tampoco entend�a c�mo Simon a�n no le hab�a contado nada a la una sobre la existencia de la otra.</p><p>Simon no sab�a muy bien c�mo hab�a sucedido todo. A Maia le gustaba ir a su casa a jugar a la Xbox -en la comisar�a de polic�a abandonada donde viv�a la manada de seres lobo no ten�an ninguna de aquellas cosas-, y no fue hasta su tercera o cuarta visita que ella se despidi� de �l con un beso. Simon se hab�a quedado boquiabierto y hab�a llamado en seguida a Clary para consultarle si deb�a explicarle lo sucedido a Isabelle. �Primero acl�rate con respecto a lo que hay entre Isabelle y t� -le dijo-. Y despu�s cu�ntaselo.�</p><p>Pero result� ser un mal consejo. Hab�a transcurrido un mes y segu�a sin estar seguro sobre lo que hab�a entre Isabelle y �l y, en consecuencia, no le hab�a dicho nada. Y cuanto m�s tiempo pasaba, m�s complicado se le hac�a tener que cont�rselo. Hasta el momento le hab�a funcionado bien as�. Isabelle y Maia no eran amigas y apenas coincid�an. Pero por desgracia para �l, la situaci�n estaba a punto de cambiar. La madre de Clary y su eterno amigo, Luke, iban a casarse en cuesti�n de semanas, y tanto Isabelle como Maia estaban invitadas a la boda, un panorama que a Simon le resultaba m�s aterrador que la posibilidad de ser perseguido por las calles de Nueva York por una banda de furiosos cazadores de vampiros.</p><p>���Y bien? -dijo Isabelle, despert�ndolo de su ensue�o-. �Por qu� hemos quedado aqu� y no en Taki�s, donde podr�as tomarte una copa de sangre?</p><p>Simon se encogi� con desagrado ante el elevado volumen de la voz de Isabelle, que no era sutil en absoluto. Pero, por suerte, no la hab�a o�do nadie, ni siquiera la camarera que reapareci� en aquel momento, deposit� ruidosamente una taza de caf� delante de Simon, le ech� una ojeada a Izzy y se march� sin preguntarle qu� quer�a tomar.</p><p>��Me gusta este sitio -dijo �l-. Clary y yo sol�amos venir por aqu� cuando ella iba a clase en Tisch. Tienen una sopa de remolacha estupenda y buenos blinis, una especie de alb�ndigas dulces de queso, y adem�s est� abierto toda la noche.</p><p>Pero Isabelle no estaba escuchando nada de lo que le dec�a, sino que miraba m�s all� de donde estaba sentado Simon.</p><p>���Qu� es eso?</p><p>Simon sigui� la direcci�n de su mirada.</p><p>��Es el conde Blintzula.</p><p>���El conde Blintzula?</p><p>Simon se encogi� de hombros.</p><p>��Es la decoraci�n de Halloween. El conde Blintzula es un personaje infantil. Igual que el conde Chocula, o el vampiro de �Barrio S�samo�. -Sonri� al ver que la chica no sab�a de qu� le hablaba-. S�, el que ense�a a contar a los ni�os.</p><p>Isabelle movi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>���Me est�s diciendo que hay un programa de televisi�n en el que sale un vampiro que ense�a a contar a los ni�os?</p><p>��Lo entender�as si lo vieras -murmur� Simon.</p><p>��No, si la verdad es que, en realidad, tiene una base mitol�gica -dijo Isabelle, dispuesta a iniciar una disertaci�n t�pica de una cazadora de sombras-. Hay leyendas que afirman que los vampiros est�n obsesionados por contarlo todo, y que si derramas un pu�ado de granos de arroz delante de ellos, se ven obligados a dejar lo que quiera que est�n haciendo para ponerse a contarlos de uno en uno. No es verdad, claro est�, igual que todo ese asunto de los ajos. Pero los vampiros no tienen por qu� andar por ah� dando clases a ni�os. Los vampiros son terror�ficos.</p><p>��Gracias -dijo Simon-. Pero esto no va en serio, Isabelle. Es s�lo un conde. Y le gusta contar. La cosa es m�s o menos as�: ��Qu� ha comido hoy el conde, ni�os? Una galleta de chocolate, dos galletas de chocolate, tres galletas de chocolate��.</p><p>La puerta del restaurante se abri� y entr� una r�faga de aire fr�o, junto con un nuevo cliente. Isabelle se estremeci� y se envolvi� en su pa�uelo negro de seda.</p><p>��No me parece muy realista que digamos.</p><p>��Y qu� preferir�as, algo como ��Qu� ha comido hoy el conde, ni�os? Un pobre aldeano, dos pobres aldeanos, tres pobres aldeanos��.</p><p>��Calla. -Isabelle se anud� finalmente el pa�uelo al cuello, se inclin� hacia adelante y cogi� a Simon por la mu�eca. Sus enormes ojos oscuros cobraron vida de repente, esa vida que �nicamente cobraban cuando cazaba demonios o estaba pensando en ello-. Mira hacia all�.</p><p>Simon sigui� la direcci�n de su mirada. Hab�a dos hombres de pie junto a la vitrina de los productos de reposter�a: pastelitos recubiertos de az�car glas, bandejas repletas de <emphasis>rugelach</emphasis> y galletas danesas rellenas de crema. Pero ninguno de los dos parec�a interesado en la comida. Eran bajitos y su aspecto resultaba tan l�gubre que daba la impresi�n de que sus p�mulos sobresal�an como cuchillos de aquellos l�vidos rostros. Ambos ten�an el pelo gris y fino, ojos de color gris claro e iban vestidos con sendos abrigos de color pizarra, ce�idos con cintur�n, que arrastraban hasta el suelo.</p><p>���Qu� crees que son? -pregunt� Isabelle.</p><p>Simon entorn� los ojos para mirarlos. Y los dos hombres se quedaron mir�ndolo a su vez, con los ojos desprovistos de pesta�as, un par de agujeros huecos.</p><p>��Parecen malvados gnomos de la pradera.</p><p>��Son subyugados humanos -dijo Isabelle entre dientes-. Pertenecen a un vampiro.</p><p>���Cuando dices �pertenecen� te refieres a�?</p><p>Isabelle emiti� un bufido de impaciencia.</p><p>��Por el �ngel, no sabes nada de nada acerca de los de tu especie, �verdad? Ni siquiera sabes c�mo se crea un vampiro.</p><p>��Me imagino que cuando una mam� vampiro y un pap� vampiro se quieren�</p><p>Isabelle hizo una mueca.</p><p>��Venga, vamos, sabes de sobras que los vampiros no necesitan el sexo para reproducirse, pero me apuesto lo que quieras a que no tienes ni idea de c�mo funciona la cosa.</p><p>��Pues claro que lo s� -replic� Simon-. Soy vampiro porque beb� de la sangre de Raphael antes de morir. Si bebes su sangre y mueres te conviertes en vampiro.</p><p>��No exactamente -dijo Isabelle-. Eres vampiro porque bebiste de la sangre de Raphael, despu�s te mordieron otros vampiros y luego moriste. En alg�n momento del proceso tienen que morderte.</p><p>���Por qu�?</p><p>��La saliva de vampiro tiene� propiedades. Propiedades transformadoras.</p><p>��Qu� asco -dijo Simon.</p><p>��No me vengas ahora con ascos. Aqu� el que tiene la saliva m�gica eres t�. Los vampiros se rodean de humanos y se alimentan de ellos cuando van escasos de sangre� como si fueran m�quinas expendedoras andantes -coment� Izzy con repugnancia-. Cabr�a pensar que eso los debilitar�a por falta de sangre, pero la saliva de vampiro tiene propiedades curativas: aumenta su concentraci�n de gl�bulos rojos, los hace m�s fuertes y m�s sanos y los ayuda a vivir m�s tiempo. De ah� que no sea ilegal que los vampiros se alimenten de humanos. En realidad, no les hacen da�o. Aunque, claro est�, de vez en cuando los vampiros deciden que les apetece algo m�s que un simple tentempi�, que quieren un subyugado� y es entonces cuando empiezan a alimentar a los humanos que muerden con peque�as cantidades de sangre de vampiro, para mantenerlos d�ciles, para que se sientan conectados a su amo. Los subyugados adoran a sus amos y les encanta servirlos. Su �nico deseo es estar a su lado. Como cuando t� estabas en el Dumont. Te sent�as atra�do hacia los vampiros cuya sangre hab�as consumido.</p><p>��Raphael� -dijo Simon; su tono de voz era sombr�o-. Si quieres que te diga la verdad, ya no siento una necesidad apremiante de estar con �l.</p><p>��No, eso desaparece cuando te conviertes totalmente en vampiro. Los que veneran a sus amos y son incapaces de desobedecerlos son los subyugados. �No lo entiendes? Cuando volviste al Dumont, el clan de Raphael te vaci� por completo y moriste, y fue entonces cuando te convertiste en vampiro. Pero de no haberte vaciado, de haberte dado m�s sangre de vampiro, habr�as acabado convirti�ndote en un subyugado.</p><p>��Todo esto es muy interesante -dijo Simon-. Pero no explica por qu� �sos siguen ah� plantados mir�ndonos.</p><p>Isabelle les ech� un vistazo.</p><p>��Te miran a ti. Tal vez sea porque su amo ha muerto y andan buscando a otro vampiro que quiera hacerse cargo de ellos. Podr�as tener mascotas. -Sonri�.</p><p>��O -dijo Simon- tal vez hayan venido a comer unas patatas fritas.</p><p>��Los humanos subyugados no comen. Viven de una mezcla de sangre de vampiro y sangre de animal. Eso los mantiene en un estado de vida aplazada. No son inmortales, pero envejecen muy lentamente.</p><p>��Lo que es una verdadera l�stima -dijo Simon, observ�ndolos- es que cuiden tan poco su aspecto.</p><p>Isabelle se enderez� en su asiento.</p><p>��Vienen hacia aqu�. En seguida nos enteraremos de qu� es lo que quieren.</p><p>Los subyugados humanos avanzaban como si se desplazaran sobre ruedas. Era como si no dieran pasos, como si se deslizasen sin hacer ruido. Cruzaron el restaurante en cuesti�n de segundos y cuando llegaron a la mesa donde estaba sentado Simon, Isabelle hab�a extra�do ya de su bota un afilado estilete. Lo deposit� sobre la mesa, con la hoja brillando bajo la luz fluorescente del local. Era un cuchillo de s�lida plata oscura, con cruces grabadas a fuego a ambos lados de la empu�adura. Las armas dise�adas para repeler vampiros sol�an lucir cruces, partiendo del supuesto, se imaginaba Simon, de que la mayor�a de los vampiros eran cristianos. �Qui�n se habr�a imaginado que ser seguidor de una religi�n minoritaria pod�a resultar tan ventajoso?</p><p>��Ya os hab�is acercado demasiado -dijo Isabelle cuando los dos subyugados se detuvieron junto a la mesa, con los dedos a escasos cent�metros del cuchillo-. Decidnos qu� quer�is, pareja.</p><p>��Cazadora de sombras -dijo la criatura de la izquierda hablando con un sibilante susurro-. No te conoc�amos en esta situaci�n.</p><p>Isabelle enarc� una de sus delicadas cejas.</p><p>���Y qu� situaci�n es �sta?</p><p>El segundo subyugado se�al� a Simon con un dedo largo y gris�ceo. La u�a que lo remataba era afilada y amarillenta.</p><p>��Tenemos asuntos que tratar con el vampiro diurno.</p><p>��No, no es verdad -dijo Simon-. No tengo ni idea de qui�nes sois. No os hab�a visto nunca.</p><p>��Yo soy Walker -dijo la primera criatura-. Y �ste es Archer. Estamos al servicio del vampiro m�s poderoso de Nueva York. El jefe del clan m�s importante de Manhattan.</p><p>��Raphael Santiago -dijo Isabelle-. En cuyo caso deb�is saber ya que Simon no forma parte de ning�n clan. Es un agente libre.</p><p>Walker esboz� una l�vida sonrisa.</p><p>��Mi amo confiaba en que eso cambiara.</p><p>Simon mir� a Isabelle a los ojos. Y ella se encogi� de hombros.</p><p>���No os ha contado Raphael que desea mantenerse alejado del clan?</p><p>��Tal vez haya cambiado de opini�n -sugiri� Simon-. Ya sabes c�mo es. De humor variable. Voluble.</p><p>��No s�. La verdad es que no lo he vuelto a ver desde aquella vez en que le amenac� con matarlo con un candelabro. Y lo llev� bien. Ni siquiera se encogi�.</p><p>��Fant�stico -dijo Simon. Los dos subyugados segu�an mir�ndolo. Sus ojos eran de un color gris blanquecino, parecido al de la nieve sucia-. Si Raphael desea tenerme en el clan, es porque quiere algo de m�. Podr�ais empezar por explicarme de qu� se trata.</p><p>��No estamos al corriente de los planes de nuestro amo -dijo Archer empleando un tono arrogante.</p><p>��Entonces nada -dijo Simon-. No pienso ir.</p><p>��Si no deseas acompa�arnos, estamos autorizados a emplear la fuerza para obligarte -dijo Walker.</p><p>Fue como si el cuchillo cobrara vida y saltara hasta la mano de Isabelle; se hab�a hecho con �l sin apenas moverse. Se puso a juguetear con �l.</p><p>��Yo no lo har�a, de estar en vuestro lugar.</p><p>Archer le ense�� los dientes.</p><p>���Desde cu�ndo los hijos del �ngel se han convertido en guardaespaldas de los habitantes del mundo subterr�neo? Te imaginaba por encima de este tipo de negocios, Isabelle Lightwood.</p><p>��No soy su guardaespaldas -declar� Isabelle-. Soy su novia. Lo que me da derecho a darte una patada en el culo si lo molestas. As� es como est�n las cosas.</p><p>�Novia? Simon se qued� tan perplejo que la mir� sorprendido, pero Isabelle segu�a con la mirada fija en los dos subyugados; sus ojos echaban chispas. Por un lado, no recordaba que Isabelle se hubiera referido nunca a s� misma como su novia. Por otro, que aquello fuera lo que m�s le hab�a sorprendido aquella noche, mucho m�s que ser convocado a una reuni�n por el vampiro m�s poderoso de Nueva York, era sintom�tico de lo extra�a que se hab�a vuelto su vida.</p><p>��Mi amo -dijo Walker, en lo que probablemente consideraba un tono de voz tranquilizador- tiene una propuesta que hacerle al vampiro diurno.</p><p>��Se llama Simon. Simon Lewis.</p><p>��Al se�or Simon Lewis. Te prometo que, si te dignas acompa�arnos y escuchar a mi amo, encontrar�s una propuesta de lo m�s ventajosa. Juro por el honor de mi amo que no sufrir�s da�o alguno, vampiro diurno, y que si deseas rechazar la oferta de mi amo, ser�s libre de hacerlo.</p><p>�Mi amo, mi amo.� Walker pronunciaba aquellas palabras con una mezcla de adoraci�n y pavor reverencial. Simon se estremeci� por dentro. Deb�a de ser horrible estar vinculado a alguien de aquel modo y carecer de voluntad propia.</p><p>Isabelle estaba negando con la cabeza y le dec�a �no� moviendo s�lo los labios. Probablemente ten�a raz�n. Isabelle era una cazadora de sombras excelente. Llevaba desde los doce a�os cazando demonios y malvados habitantes del mundo subterr�neo -malignos vampiros, hechiceros practicantes de la magia negra, hombres lobo que hab�an entrado en estado salvaje y eran capaces de comerse a cualquiera- y con toda seguridad era mejor en su trabajo que cualquier otro cazador de sombras de su edad, con la excepci�n de su hermano Jace. Y de Sebastian, pens� Simon, que era mejor incluso que ellos. Pero estaba muerto.</p><p>��De acuerdo -dijo-. Ir�.</p><p>Isabelle abri� los ojos de par en par.</p><p>���Simon! -exclam� protestando.</p><p>Los dos subyugados se frotaron las manos, como los villanos de un c�mic. Aunque, en realidad, no era el gesto en s� lo que resultaba espeluznante, sino que lo hubieran hecho simult�neamente y de la misma manera, como marionetas cuyas cuerdas han sido manipuladas para sincronizarlas.</p><p>��Excelente -dijo Archer.</p><p>Isabelle dej� caer el cuchillo sobre la mesa con un golpe seco y se inclin� hacia adelante, y el brillante pelo negro roz� la superficie.</p><p>��Simon -dijo en un apremiante susurro-. No seas est�pido. No tienes por qu� ir con ellos. Raphael es un imb�cil.</p><p>��Raphael es un vampiro superior -dijo Simon-. Su sangre me convirti� en vampiro. Es mi� comoquiera que lo llamen.</p><p>��Se�or, creador, engendrador� Hay millones de nombres para eso -dijo Isabelle, rest�ndole importancia-. Y tal vez sea cierto que fue su sangre lo que te convirti� en vampiro. Pero no fue eso lo que te convirti� en un vampiro diurno. -Sus miradas se cruzaron por encima de la mesa. �Fue Jace quien te convirti� en un vampiro diurno.� Pero jam�s pensaba pronunciar aquello en voz alta; eran muy pocos los que conoc�an la verdad, la historia que hab�a convertido a Jace en lo que era, y tambi�n a Simon como consecuencia de ello-. No tienes por qu� hacer lo que �l te dice.</p><p>��Por supuesto que no -dijo Simon, bajando la voz-. Pero si me niego a ir, �crees que Raphael dejar� correr este asunto? No, no lo har�. Seguir�n viniendo a por m�. -Mir� de reojo a los subyugados, que daban la impresi�n de estar de acuerdo con sus palabras, aunque tal vez no fueran m�s que imaginaciones suyas-. Me acosar�n por todos lados. Cuando salga por ah�, en el colegio, en casa de Clary�</p><p>���Y qu�? �Acaso no podr�a apa��rselas Clary? -Isabelle levant� las manos-. De acuerdo. Pero al menos d�jame que vaya contigo.</p><p>��Eso s� que no -la interrumpi� Archer-. Esto no es apto para cazadores de sombras. Es un asunto exclusivo de los Hijos de la Noche.</p><p>��Yo no�</p><p>��La Ley nos da derecho a solucionar nuestros asuntos en privado -declar� Walker con frialdad-. Con los de nuestra propia especie.</p><p>Simon se qued� mir�ndolos.</p><p>��Concedednos unos minutos, por favor -dijo-. Me gustar�a hablar con Isabelle.</p><p>Se produjo un momento de silencio. La vida en el restaurante segu�a su curso habitual. Acababa de finalizar la sesi�n en el cine que hab�a una manzana m�s abajo y empezaban las prisas de �ltima hora, las camareras corriendo de un lado a otro, sirviendo humeantes platos de comida a la clientela; las parejas re�an y charlaban en las mesas; los cocineros preparaban los pedidos detr�s del mostrador. Nadie los estaba mirando a ellos ni se daba cuenta de que algo extra�o suced�a. Simon se hab�a acostumbrado ya a los hechizos, pero cuando estaba con Isabelle, segu�a sin poder evitar sentirse a veces como si estuviera atrapado detr�s de una pared invisible de cristal, apartado del resto de la humanidad y de sus quehaceres diarios.</p><p>��De acuerdo -dijo Walker, retir�ndose un poco-. Pero recuerda que a mi amo no le gusta que le hagan esperar.</p><p>Se situaron junto a la puerta, indiferentes a las r�fagas de aire fr�o que les azotaban cada vez que alguien entraba o sal�a, y all� permanecieron r�gidos como estatuas. Simon se volvi� hacia Isabelle.</p><p>��No pasar� nada -dijo-. No me har�n ning�n da�o. No pueden hacerme ning�n da�o. Raphael sabe lo de� -Hizo un gesto inc�modo se�al�ndose la frente-. Esto.</p><p>Isabelle extendi� la mano y le retir� el pelo de la frente, con una caricia m�s as�ptica que tierna. Frunci� el ce�o. Simon hab�a observado la Marca en el espejo en innumerables ocasiones, para conocer bien su aspecto. Era como si alguien hubiera cogido un pincel fino y hubiera dibujado un trazo muy simple en su frente, justo por encima del espacio que quedaba entre los ojos. La forma se alteraba de vez en cuando, como las im�genes en movimiento que crean las nubes, pero siempre era n�tida, negra y de apariencia peligrosa, como una se�al de advertencia escrita en otro idioma.</p><p>���Funciona� de verdad? -pregunt� Isabelle, casi en un susurro.</p><p>��Raphael cree que funciona -respondi� Simon-. Y no tengo motivos para pensar que no vaya a ser as�. -Le cogi� la mu�eca para apartarle la mano de la cara-. No pasar� nada, Isabelle.</p><p>Ella suspir�.</p><p>��Mi experiencia me dice que esto no es una buena idea.</p><p>Simon le apret� la mano.</p><p>��Vamos. �T� no sientes curiosidad por saber qu� puede querer Raphael?</p><p>Isabelle le dio unos golpecitos cari�osos en la mano y se recost� en su asiento.</p><p>��Av�same en cuanto regreses. Ll�mame a m� antes que a nadie.</p><p>��Lo har�. -Simon se levant� y cerr� la cremallera de su chaqueta-. Y hazme un favor, �quieres? Dos favores, de hecho.</p><p>Isabelle lo mir� con reserva.</p><p>���Cu�les?</p><p>��Clary mencion� que esta noche ir�a al Instituto. Si por casualidad te tropiezas con ella, no le digas ad�nde he ido. Se preocupar�a sin motivo.</p><p>Isabelle puso los ojos en blanco.</p><p>��Muy bien, de acuerdo. �Y el segundo favor?</p><p>Simon se inclin� y le dio un beso en la mejilla.</p><p>��Prueba la sopa de remolacha antes de irte. Es estupenda.</p><empty-line/><p>Walker y Archer no eran precisamente los compa�eros m�s habladores del mundo. Guiaron a Simon en silencio por las calles del Lower East Side, manteni�ndose en todo momento varios pasos por delante de �l con su curioso andar deslizante. Empezaba a ser tarde, pero las aceras de la ciudad segu�an llenas de gente que sal�a del trabajo y corr�a hacia su casa para cenar, cabizbajos, con el cuello del abrigo levantado para protegerse del g�lido aire. En St. Mark�s Place hab�a tenderetes donde vend�an de todo, desde calcetines baratos hasta bocetos a carboncillo de Nueva York, pasando por barritas de incienso. Las hojas cruj�an en el suelo como huesos secos. El ambiente ol�a al humo que desprend�an los tubos de escape mezclado con el aroma de la madera de s�ndalo y, por debajo de eso, a humanidad: piel y sangre.</p><p>A Simon se le encogi� el est�mago. Sol�a guardar en su habitaci�n unas cuantas botellas de sangre animal -hab�a instalado una neverita en el fondo del armario, en un lugar donde su madre no pod�a verla- por si en alg�n momento sent�a hambre. La sangre era asquerosa. Cre�a que acabar�a acostumbr�ndose a ella, incluso que llegar�a a apetecerle, pero a pesar de que le serv�a para aplacar sus ataques de hambre, no ten�a nada que ver con lo mucho que en su d�a hab�a disfrutado del chocolate, los burritos vegetarianos o el helado de caf�. Aquello no dejaba de ser sangre.</p><p>Pero tener hambre era peor. Tener hambre significaba oler cosas que no deseaba oler: la sal de la piel, el aroma dulce y maduro de la sangre exudando de los poros de desconocidos. Todo aquello le hac�a sentirse hambriento y tremendamente mal consigo mismo. Se encorv�, hundi� los pu�os en los bolsillos de la chaqueta e intent� respirar por la boca.</p><p>Al llegar a la Tercera Avenida giraron a la derecha y se detuvieron delante de un restaurante cuyo cartel rezaba: �CAF� DEL CLAUSTRO. JARD�N ABIERTO TODO EL A�O�. Simon pesta�e� al ver el cartel.</p><p>���Qu� estamos haciendo aqu�?</p><p>��Es el lugar de reuni�n que ha elegido nuestro amo -respondi� Walker, sin alterarse.</p><p>��Vaya. -Simon estaba perplejo-. Cre�a que el estilo de Raphael era m�s bien de concertar reuniones en lo alto de una catedral no consagrada o en el interior de una cripta repleta de huesos. Nunca me lo imagin� como un tipo aficionado a frecuentar restaurantes de moda.</p><p>Los dos subyugados se quedaron mir�ndolo.</p><p>���Alg�n problema con eso, vampiro diurno? -pregunt� Archer finalmente.</p><p>Simon tuvo la sensaci�n de que acababa de recibir una oscura reprimenda.</p><p>��No, ning�n problema.</p><p>El interior del restaurante era oscuro y una barra con encimera de m�rmol recorr�a una pared de un extremo al otro. Ni camareros ni personal de ning�n tipo se acerc� a ellos cuando atravesaron la sala en direcci�n a la puerta que hab�a al fondo, ni cuando cruzaron dicha puerta para salir al jard�n.</p><p>Muchos restaurantes de Nueva York ten�an jard�n, pero pocos permanec�an abiertos a aquellas alturas del a�o. En este caso, se trataba de un patio de manzana rodeado de edificios. Las paredes estaban decoradas con pinturas murales de efecto <emphasis>trompe l�oeil </emphasis>que evocaban floridos jardines italianos. Los �rboles, con el follaje oto�al rico en matices dorados y cobrizos, estaban adornados con ristras de luces blancas, mientras que las estufas de exterior repartidas entre las mesas desprend�an un resplandor rojizo. Una peque�a fuente situada en el centro del patio salpicaba melodiosamente su agua.</p><p>Hab�a una �nica mesa ocupada, y no por Raphael. En la mesa, pegada al muro, hab�a una mujer delgada tocada con un sombrero de ala ancha. Mientras Simon la observaba con perplejidad, la mujer levant� una mano para saludarlo. Simon se volvi� para mirar a sus espaldas y, naturalmente, no vio a nadie m�s. Walker y Archer se hab�an puesto de nuevo en movimiento; confuso, Simon los sigui�, atravesaron el patio y se detuvieron a escasa distancia de donde estaba sentada la mujer.</p><p>Walker la salud� con una profunda reverencia.</p><p>��Ama -dijo.</p><p>La mujer sonri�.</p><p>��Walker -dijo-. Y Archer. Muy bien. Gracias por traerme a Simon.</p><p>��Un momento -dijo Simon, mirando una y otra vez a la mujer y a los dos subyugados-. T� no eres Raphael.</p><p>��Pues claro que no. -La mujer se quit� el sombrero. Se derram� sobre sus hombros una abundante melena de cabello rubio plateado, brillante bajo el resplandor de las luces de Navidad. Su rostro era p�lido y ovalado, precioso, dominado por unos enormes ojos verde claro. Llevaba guantes largos de color negro, blusa negra de seda, falda de tubo y un pa�uelo negro anudado al cuello. Resultaba imposible adivinar su edad� o la edad que deb�a de tener cuando se hab�a convertido en vampira-. Soy Camille Belcourt. Encantada de conocerte.</p><p>Le tendi� una mano enguantada.</p><p>��Me hab�an dicho que iba a reunirme con Raphael -dijo Simon, sin aceptar el saludo-. �Trabajas para �l?</p><p>Camille Belcourt se ech� a re�r, una risa cantarina como la fuente.</p><p>���Naturalmente que no! Aunque hubo un tiempo en que �l s� trabajaba para m�.</p><p>Y Simon record� entonces. �Cre�a que el vampiro jefe era otro�, le hab�a dicho a Raphael en una ocasi�n, en Idris, hac�a ya una eternidad.</p><p>�Camille no ha regresado a�n con nosotros -le hab�a replicado Raphael-. Yo ejerzo sus funciones en su lugar.�</p><p>��Eres el vampiro jefe -dijo Simon-. Del clan de Manhattan. -Se volvi� hacia los subyugados-. Me hab�is enga�ado. Me dijisteis que iba a reunirme con Raphael.</p><p>��Te dijimos que ibas a reunirte con nuestro amo -dijo Walker. Ten�a los ojos enormes y vac�os, tan vac�os que Simon se pregunt� si de verdad aquellos dos tipos hab�an pretendido enga�arlo o simplemente estaban programados como robots para decir lo que su ama les hab�a dicho que dijeran y eran incapaces de salirse del gui�n-. Y aqu� la tienes.</p><p>��As� es. -Camille obsequi� a sus subyugados con una resplandeciente sonrisa-. Y ahora marchaos, Walker, Archer. Tengo que hablar a solas con Simon. -Algo hab�a en su forma de pronunciar aquellas palabras, tanto su nombre como la expresi�n �a solas�, que fue para Simon como recibir una caricia furtiva.</p><p>Los subyugados se retiraron despu�s de hacer una reverencia. Cuando Walker se volvi� para marcharse, Simon vio de refil�n una marca oscura en su cuello, con dos puntos m�s oscuros en su interior. Los puntos m�s oscuros eran pinchazos, rodeados por un pingajo de carne seca. Sinti� un escalofr�o.</p><p>��Por favor -dijo Camille, indic�ndole una silla a su lado-. Si�ntate. �Te apetece un poco de vino?</p><p>Inc�modo, Simon tom� asiento en el borde de la dura silla met�lica.</p><p>��La verdad es que no bebo.</p><p>��Claro -dijo ella, toda simpat�a-. Eres un novato, �no? No te preocupes. Con el tiempo aprender�s a consumir vino y otras bebidas. Hay incluso algunos, entre los m�s ancianos de nuestra especie, capaces de consumir comida humana con escasos efectos adversos.</p><p>�Escasos efectos adversos? La expresi�n no le gust� lo m�s m�nimo a Simon.</p><p>���Va a llevarnos mucho tiempo este asunto? -pregunt�, ech�ndole un vistazo a su tel�fono m�vil, que le dec�a que eran ya m�s de las diez y media-. Tengo que volver a casa.</p><p>�Porque mi madre est� esper�ndome.� Aunque, a decir verdad, aquella mujer no ten�a por qu� enterarse de ese detalle.</p><p>��Has interrumpido mi cita con mi chica -dijo Simon-. Me pregunto de qu� va esto tan importante.</p><p>��Sigues viviendo con tu madre, �verdad? -dijo ella, dejando la copa en la mesa-. �No te parece curioso que un vampiro tan poderoso como t� se niegue a abandonar el hogar para sumarse a un clan?</p><p>��De modo que has interrumpido mi cita para burlarte de m� porque sigo viviendo en casa. �No podr�as haber hecho eso una noche que no hubiese quedado con nadie? O sea, la mayor�a de las noches.</p><p>��No me r�o de ti, Simon. -Se pas� la lengua por el labio inferior, como si saboreara el vino que acababa de beber-. Quiero saber por qu� no has entrado a formar parte del clan de Raphael.</p><p>�Que es como decir tu clan, �no es eso?�</p><p>��Tuve la fuerte sensaci�n de que Raphael no quer�a que entrase -replic� Simon-. B�sicamente vino a decirme que me dejar�a tranquilo si yo lo dejaba tranquilo. De modo que decid� dejarlo tranquilo.</p><p>��Lo has hecho. -Sus ojos verdes reluc�an.</p><p>��Nunca quise ser vampiro -dijo Simon, pregunt�ndose por qu� estar�a cont�ndole todo aquello a esa desconocida-. Quer�a llevar una vida normal. Cuando descubr� que me hab�a convertido en un vampiro diurno, cre� que podr�a seguir con la misma vida. O como m�nimo, algo que se le asemejase. Puedo ir a la escuela, vivir en casa, ver a mi madre y a mi hermana�</p><p>��Siempre y cuando no comas delante de ellas -dijo Camille-. Siempre y cuando ocultes tu necesidad de sangre. Nunca te has alimentado de un humano, �verdad? S�lo consumes sangre de bolsa. Rancia. De animal. -Arrug� la nariz.</p><p>Simon pens� en Jace y alej� la idea de su cabeza.</p><p>��No, no lo he hecho nunca.</p><p>��Lo har�s. Y en cuanto lo hagas, ya no podr�s olvidarlo. -Se inclin� hacia adelante y su claro cabello le acarici� la mano-. No puedes ocultarte esta verdad eternamente.</p><p>���Dime qu� adolescente no miente a sus padres? -dijo Simon-. De todos modos, no entiendo qu� te importa a ti todo eso. De hecho, sigo sin comprender qu� hago aqu�.</p><p>Camille volvi� a inclinarse hacia adelante. Y al hacerlo, se abri� el escote de su blusa de seda negra. De haber seguido siendo humano, Simon se habr�a sonrojado.</p><p>���Me dejar�s verla?</p><p>Simon not� que los ojos se le sal�an literalmente de las �rbitas.</p><p>���Ver el qu�?</p><p>Camille sonri�.</p><p>��La Marca, ni�o est�pido. La Marca del Errante.</p><p>Simon abri� la boca y la cerr� acto seguido. ��C�mo lo sabe?� Eran muy pocos los que conoc�an la existencia de la Marca que Clary le hab�a hecho en Idris. Raphael le hab�a indicado que era una cuesti�n de m�ximo secreto y como tal la hab�a considerado Simon.</p><p>Pero la mirada de Camille era tremendamente verde y fija, y por alg�n motivo desconocido, Simon deseaba hacer lo que ella quer�a que hiciese. Su forma de mirarlo ten�a algo que ver con ello, la musicalidad de su voz. Levant� la mano y se retir� el pelo para que pudiese examinarle la frente.</p><p>Camille abri� los ojos de par en par, separ� los labios. Se acarici� levemente el cuello, como queriendo verificar con ese gesto la cadencia de un pulso inexistente.</p><p>��Oh -dijo-. Eres afortunado, Simon. Muy afortunado.</p><p>��Es un maleficio -dijo �l-. No una bendici�n. Lo sabes, �no es verdad?</p><p>Los ojos de ella centellearon.</p><p>���Y Ca�n le dijo al Se�or: mi culpa es demasiado grande para soportarla.� �Es m�s de lo que puedes soportar, Simon?</p><p>Simon se recost� en su asiento, dejando que el flequillo volviera a su lugar.</p><p>��Puedo soportarlo.</p><p>��Pero no quieres. -Recorri� el borde de la copa con un dedo enguantado sin despegar los ojos de Simon-. �Y si yo pudiera ofrecerte un modo de sacar provecho de lo que t� consideras un maleficio?</p><p>�Dir�a que por fin est�s llegando al motivo por el que me has hecho venir aqu�, lo cual ya es algo.�</p><p>Y Simon dijo en voz alta:</p><p>��Te escucho.</p><p>��Has reconocido mi nombre en cuanto lo has o�do, �verdad? -dijo Camille-. Raphael me mencion� en alguna ocasi�n, �no es as�? -Ten�a un acento muy d�bil, que Simon no consegu�a ubicar.</p><p>��Dijo que eras la jefa del clan y que �l ejerc�a tus funciones durante tu ausencia. Que actuaba en tu nombre� a modo de vicepresidente o algo por el estilo.</p><p>��Ah. -Se mordi� con delicadeza el labio inferior-. Aunque, de hecho, eso no es del todo cierto. Me gustar�a contarte la verdad, Simon. Me gustar�a hacerte una oferta. Pero primero tienes que darme tu palabra con respecto a una cosa.</p><p>���Con respecto a qu�?</p><p>��Con respecto a que todo lo que suceda aqu� esta noche permanecer� en secreto. Nadie puede saberlo. Ni siquiera Clary, tu amiguita pelirroja. Ni ninguna de tus otras amigas. Ninguno de los Lightwood. Nadie.</p><p>Simon se recost� de nuevo en su asiento.</p><p>���Y si no quiero promet�rtelo?</p><p>��Entonces puedes irte, si as� lo deseas -dijo ella-. Pero de hacerlo, nunca sabr�s lo que deseo contarte. Y ser� una p�rdida de la que te arrepentir�s.</p><p>��Siento curiosidad -dijo Simon-. Pero no estoy seguro de que mi curiosidad sea realmente tan grande.</p><p>Una chispa de sorpresa y simpat�a ilumin� los ojos de Camille y tal vez incluso, pens� Simon, tambi�n de cierto respeto.</p><p>��Nada de lo que tengo que decirte los ata�e a ellos. No afectar� ni a su seguridad ni a su bienestar. El secretismo es para mi propia protecci�n.</p><p>Simon la mir� con recelo. �Estar�a hablando en serio? Los vampiros no eran como las hadas, que no pod�an mentir. Pero ten�a que reconocer que sent�a curiosidad.</p><p>��De acuerdo. Te guardar� el secreto, a menos que piense que algo de lo que me cuentas podr�a poner en peligro a mis amigos. En ese caso, la cosa cambia, no habr�a trato.</p><p>La sonrisa de Camille era g�lida; era evidente que no le gustaba que desconfiasen de ella.</p><p>��Muy bien -dijo-. Me imagino que, necesitando tu ayuda como la necesito, pocas alternativas me quedan. -Se inclin� hacia adelante, su esbelta mano jugueteaba con el pie de la copa de vino-. He estado liderando el clan de Manhattan, sin problema alguno, hasta hace muy poco. Ten�amos unos cuarteles generales preciosos en un viejo edificio del Upper East Side anterior a la guerra, nada que ver con ese hotel que parece un nido de ratas donde Santiago tiene ahora encerrada a mi gente. Santiago (o Raphael, como t� lo llamas) era mi subcomandante. Mi compa�ero m�s fiel, o eso cre�a. Una noche descubr� que estaba asesinando humanos, que los conduc�a hasta un viejo hotel de la zona latina de Harlem y beb�a su sangre por puro divertimento. Dejaba sus huesos en el contenedor de la basura de fuera. Corr�a riesgos est�pidos, quebrantaba la Ley del Acuerdo. -Tom� un sorbo de vino-. Cuando decid� ponerle las cosas claras, comprend� que Santiago ya le hab�a contado a todo el clan que yo era la asesina, que la transgresora era yo. Me hab�a tendido una emboscada. Quer�a asesinarme para hacerse con el poder. Hu�, acompa�ada �nicamente por Walker y Archer a modo de guardaespaldas.</p><p>���Y durante todo este tiempo ha dicho que hac�a las veces de jefe s�lo hasta que t� regresaras?</p><p>Ella hizo una mueca.</p><p>��Santiago es un mentiroso redomado. Desea mi regreso, seguro� para asesinarme y hacerse de verdad con el poder del clan.</p><p>Simon no estaba muy seguro de lo que Camille deseaba o�r. No estaba acostumbrado a ver a mujeres adultas mir�ndolo con los ojos llenos de l�grimas y cont�ndole la historia de su vida.</p><p>��Lo siento -dijo por fin.</p><p>Ella se encogi� de hombros, un gesto muy expresivo que lo llev� a preguntarse si quiz� su acento era franc�s.</p><p>��Eso pertenece al pasado -dijo Camille-. He permanecido escondida en Londres todo este tiempo, buscando aliados, esperando el momento oportuno. Hasta que o� hablar de ti. -Levant� la mano-. No puedo explicarte c�mo fue, jur� guardar el secreto. Pero desde aquel momento supe que t� eras lo que hab�a estado esperando.</p><p>���Qu� es lo que yo era? �Qu� soy, vamos?</p><p>Se inclin� hacia adelante y le acarici� la mano.</p><p>��Raphael te teme, Simon, y as� tiene que ser. Eres uno de los suyos, un vampiro, pero no puede hacerte da�o ni matarte; no puede levantar un dedo contra ti sin que la ira de Dios caiga sobre su cabeza.</p><p>Se produjo un silencio. Simon o�a sobre sus cabezas el zumbido el�ctrico de las luces de Navidad, el agua salpicando en la fuente de piedra del centro del patio, el murmullo del sonido de la ciudad. Cuando habl�, lo hizo en voz baja.</p><p>��Lo has dicho.</p><p>���El qu�, Simon?</p><p>��Esa palabra. �La ira de�� -La palabra mord�a y quemaba su boca, como siempre suced�a.</p><p>��S�. �Dios.� -Retir� la mano, pero continu� mir�ndolo con calidez-. Nuestra especie tiene muchos secretos, y podr�a contarte y ense�arte muchos de ellos. Descubrir�s que no est�s condenado.</p><p>��Se�ora�</p><p>��Camille. Debes llamarme Camille.</p><p>��Sigo sin comprender qu� quieres de m�.</p><p>���No lo ves? -Neg� con la cabeza y su brillante melena bail� alrededor de su rostro-. Quiero que te unas a m�, Simon. Que te unas a m� contra Santiago. Irrumpiremos juntos en ese hotel plagado de ratas. En cuanto sus seguidores vean que est�s conmigo, lo abandonar�n y volver�n a m�. Estoy segura de que debajo de ese miedo que �l les inspira, siguen si�ndome fieles. En cuanto nos vean juntos, su miedo desaparecer� y volver�n a nuestro lado. El hombre no puede luchar contra lo divino.</p><p>��No s� -dijo Simon-. En la Biblia, Jacob luch� contra un �ngel y venci�.</p><p>Camille lo mir� levantando las cejas.</p><p>Simon se encogi� de hombros.</p><p>��Soy de escuela hebrea.</p><p>���Y Jacob le puso a aquel lugar el nombre de Peniel: porque he visto a Dios cara a cara.� Ya ves que no eres el �nico que conoce las Escrituras. -La seriedad de su mirada hab�a desaparecido y estaba sonri�ndole-. Tal vez no seas consciente de ello, vampiro diurno, pero mientras luzcas esa Marca, eres el brazo vengador del Cielo. Nadie puede plantarte cara. Y, a buen seguro, ning�n vampiro.</p><p>���Me tienes miedo? -pregunt� Simon.</p><p>Se arrepinti� casi al instante de su pregunta. Los ojos verdes de Camille se oscurecieron como nubarrones.</p><p>���Yo? �Miedo de ti? -Pero recobr� en seguida la calma, su rostro se tranquiliz�, su expresi�n se aplac�-. Por supuesto que no -dijo-. Eres un hombre inteligente. Estoy convencida de que entender�s la sabidur�a de mi propuesta y te unir�s a m�.</p><p>���Y en qu� consiste exactamente tu propuesta? Me refiero a que entiendo la parte en la que nos toca enfrentarnos a Raphael. Y despu�s de eso, �qu�? Porque la verdad es que no odio a Raphael, ni quiero quit�rmelo de encima por el mero hecho de quit�rmelo de encima. Me deja tranquilo. Es lo que siempre he querido.</p><p>Camille uni� las manos por delante de ella. En el dedo medio, por encima del tejido del guante, llevaba un anillo de plata con una piedra azul.</p><p>��Te parece que eso es lo que quieres, Simon. Crees que Raphael est� haci�ndote un favor dej�ndote tranquilo, como dices t�. Pero en realidad est� exili�ndote. En este momento crees que no necesitas a ninguno de los de tu especie. Te sientes satisfecho con tus amigos, humanos y cazadores de sombras. Te sientes satisfecho escondiendo botellas de sangre en tu habitaci�n y minti�ndole a tu madre respecto a tu verdadera identidad.</p><p>���C�mo sabes�?</p><p>Continu� hablando, ignor�ndolo por completo.</p><p>��Pero �qu� pasar� de aqu� a diez a�os, cuando supuestamente deber�as tener veintis�is? �Y de aqu� a veinte a�os? �O treinta? �Crees que nadie se dar� cuenta de que ellos envejecen y cambian y t� no?</p><p>Simon no dijo nada. No quer�a reconocer que no hab�a pensado en un futuro tan lejano. Que no quer�a pensar en un futuro tan lejano.</p><p>��Raphael te ha convencido de que los dem�s vampiros son como veneno para ti. Pero no tiene por qu� ser as�. La eternidad es demasiado larga como para pasarla solo, sin otros de tu misma especie. Sin otros que te comprendan. Eres amigo de los cazadores de sombras, pero nunca ser�s uno de ellos. Siempre ser�s distinto, un intruso. Pero puedes ser uno m�s de los nuestros. -Y cuando se inclin� otra vez hacia adelante, su anillo proyect� una luz blanca que taladr� los ojos de Simon-. Poseemos miles de a�os de sabidur�a que podr�amos compartir contigo, Simon. Podr�as aprender a guardar tu secreto; a comer y a beber, a pronunciar el nombre de Dios. Raphael te ha ocultado cruelmente esta informaci�n, te ha inducido incluso a creer que no existe. Pero existe. Y yo puedo ayudarte.</p><p>��Si yo te ayudo a ti antes -dijo Simon.</p><p>Camille sonri�, mostrando sus blancos y afilados dientes.</p><p>��Nos ayudaremos mutuamente.</p><p>Simon se ech� hacia atr�s. La silla de hierro era dura e inc�moda y de pronto se sinti� cansado. Baj� la vista hacia sus manos y vio que sus venas se hab�an oscurecido, que se abr�an como ara�as por encima de los nudillos. Necesitaba sangre. Necesitaba hablar con Clary. Necesitaba tiempo para pensar.</p><p>��Est�s conmocionado -dijo ella-. Lo s�. Son muchas cosas que digerir. Te conceder� todo el tiempo que necesites para tomar una decisi�n a este respecto, y respecto a m�. Pero no disponemos de mucho tiempo, Simon. Mientras yo siga en esta ciudad, soy un peligro para Raphael y sus secuaces.</p><p>���Secuaces? -A pesar de todo, Simon esboz� una leve sonrisa.</p><p>Camille se qued� perpleja.</p><p>���S�?</p><p>��Es s�lo que� �Secuaces� es como decir �malhechores� o �ac�litos�. -Ella sigui� mir�ndolo sin entender nada. Simon suspir�-. Lo siento. Seguramente no has visto tantas pel�culas malas como yo.</p><p>Camille frunci� el ce�o y apareci� en �l una fin�sima arruga.</p><p>��Me dijeron que eras un poco peculiar. Tal vez sea simplemente porque no conozco a muchos vampiros de tu generaci�n. Pero me da la sensaci�n de que estar con alguien tan� tan joven, ser� bueno para m�.</p><p>��Sangre nueva -dijo Simon.</p><p>Y al o�r aquello, Camille sonri�.</p><p>���Est�s dispuesto, entonces? �A aceptar mi oferta? �A empezar a trabajar juntos?</p><p>Simon levant� la vista hacia el cielo. Las ristras de luces blancas anulaban las estrellas.</p><p>��Mira -dijo-. Aprecio mucho tu oferta, de verdad. -�Mierda�, pens�. Ten�a que existir alguna manera de decir aquello sin parecer que estaba rechazando acompa�ar a una chica al baile de fin de curso. �En serio, me siento, muy adulado por tu propuesta, pero�� Camille, igual que suced�a con Raphael, hablaba con rigidez, con formalidad, como si fuera la protagonista de un cuento de hadas. Tal vez estar�a bien intentar hacer lo mismo. De modo que dijo-: Necesito algo de tiempo para tomar mi decisi�n. Estoy seguro de que lo entiendes.</p><p>Ella le sonri� con delicadeza, mostr�ndole tan s�lo la punta de los colmillos.</p><p>��Cinco d�as -dijo-. No m�s. -Extendi� hacia �l su mano enguantada. Algo brillaba en su interior. Era un peque�o vial de cristal, del tama�o de una muestra de perfume, aunque conten�a un polvo de un color marr�n indefinido-. Tierra de cementerio -le explic�-. Rompe esto y sabr� con ello que me convocas. Si no me convocas en cinco d�as, enviar� a Walker para que le des tu respuesta.</p><p>���Y si la respuesta es no? -pregunt� Simon.</p><p>��Me sentir� defraudada. Pero nos separaremos como amigos. -Apart� la copa de vino-. Adi�s, Simon.</p><p>Simon se levant�. La silla emiti� un chirriante sonido met�lico al ser arrastrada por el suelo, un sonido excesivo. Ten�a la impresi�n de que deb�a decir alguna cosa m�s, pero no sab�a qu�. Parec�a, de todas maneras, que aquello era una despedida. Y decidi� que prefer�a quedar como uno de esos siniestros vampiros modernos con malos modales que correr el riesgo de verse arrastrado de nuevo hacia la conversaci�n. Por lo tanto, se march� sin decir nada m�s.</p><p>Cuando cruz� el restaurante, pas� junto a Walker y Archer, que estaban apoyados en la barra de madera, con los hombros encorvados debajo de los largos abrigos grises. Sinti� la fuerza de sus miradas sobre �l y se despidi� de ellos moviendo los dedos de la mano, un gesto que oscilaba entre un saludo amistoso y una despedida vulgar. Archer le ense�� los dientes -dientes humanos normales y corrientes- y emprendi� camino hacia el jard�n, con Walker pis�ndole los talones. Simon observ� que ocupaban dos sillas enfrente de Camille, que no levant� la vista hasta que estuvieron instalados. Las luces blancas que hasta aquel momento iluminaban el jard�n se apagaron de repente -no de una en una, sino todas a la vez- y Simon se encontr� mirando un desorientador espacio oscuro, como si alguien hubiese desconectado las estrellas. Cuando los camareros se dieron cuenta y salieron corriendo a solucionar el problema, inundando de nuevo el jard�n con aquella luz clara, Camille y sus subyugados humanos hab�an desaparecido.</p><empty-line/><p>Simon abri� la puerta de su casa -una m�s de la larga hilera de casas id�nticas con fachada de ladrillo que flanqueaban su manzana en Brooklyn- y la empuj� un poco, forzando el o�do.</p><p>Le hab�a dicho a su madre que iba a ensayar con Eric y sus compa�eros de grupo para un bolo que ten�an el s�bado. En otra �poca, su madre se habr�a limitado a creerlo y all� habr�a terminado la cosa; Elaine Lewis siempre hab�a sido una madre permisiva y jam�s hab�a impuesto toques de queda ni a Simon ni a su hermana, ni hab�a insistido en que llegaran pronto a casa al salir del colegio. Simon estaba acostumbrado a estar rondando por ah� hasta las tantas con Clary, a entrar en casa con su propia llave y a desplomarse en la cama a las dos de la ma�ana, una conducta que no hab�a despertado excesivos comentarios por parte de su madre.</p><p>Pero la situaci�n hab�a cambiado. Hab�a estado casi dos semanas en Idris, el pa�s de origen de los cazadores de sombras. Se hab�a esfumado de casa sin ofrecer excusas ni explicaciones. Hab�a sido necesaria la intervenci�n del brujo Magnus Bane para realizarle a la madre de Simon un hechizo de memoria, de tal modo que ella no recordaba en absoluto aquellos d�as de ausencia. O, como m�nimo, no los recordaba de forma consciente. Porque su comportamiento hab�a cambiado. Se mostraba recelosa, revoloteaba a su alrededor, lo observaba en todo momento, insist�a en que estuviera de vuelta a casa a una determinada hora. La �ltima vez que hab�a regresado a casa despu�s de estar con Maia, Simon hab�a encontrado a Elaine en el recibidor, sentada en una silla de cara a la puerta, cruzada de brazos y con una expresi�n de rabia contenida.</p><p>Aquella noche oy� su respiraci�n incluso antes de verla. Pero ahora s�lo o�a el d�bil sonido de la televisi�n del sal�n. Deb�a de haber estado esper�ndolo levantada, viendo seguramente un marat�n de aquellos dramas hospitalarios que tanto le gustaban. Simon cerr� la puerta a sus espaldas y se apoy� en ella, intentando reunir la energ�a necesaria para mentir.</p><p>Resultaba muy duro no comer con la familia. Por suerte, su madre se iba temprano a trabajar y volv�a tarde, y Rebecca, que estudiaba en la Universidad de Nueva Jersey y s�lo aparec�a de vez en cuando por casa para hacer la colada, no andaba por all� lo suficiente como para haberse podido percatar de nada extra�o. Cuando �l se levantaba por la ma�ana, su madre ya se hab�a marchado, dejando en el mostrador de la cocina el desayuno y la comida que con tanto cari�o le preparaba. Simon la tiraba luego en cualquier papelera que encontrara de camino al colegio. Lo de la cena era m�s complicado. Las noches en las que coincid�a con su madre, daba vueltas a la comida en el plato y despu�s fing�a que no ten�a hambre o que quer�a llevarse la cena a su habitaci�n para comer mientras estudiaba. Un par de veces se hab�a obligado a comer para contentar a su madre, y despu�s hab�a pasado horas en el ba�o, sudando y vomitando hasta eliminarlo todo por completo de su organismo.</p><p>Odiaba tener que mentirle. Siempre hab�a sentido un poco de l�stima por Clary, por la tensa relaci�n que manten�a con Jocelyn, la madre m�s sobreprotectora que hab�a conocido. Pero ahora se hab�an cambiado las tornas. Desde la muerte de Valentine, Jocelyn hab�a relajado su control sobre Clary hasta el punto de convertirse en una madre casi normal. Sin embargo ahora, cuando Simon estaba en casa, sent�a en todo momento el peso de la mirada de su madre, como una acusaci�n que la segu�a a dondequiera que fuese.</p><p>Se enderez�, dej� caer el macuto de tela junto a la puerta y se encamin� al sal�n dispuesto a enfrentarse a lo que fuera. El televisor estaba encendido, el telediario bramando. Michael Garza, el presentador del canal local, informaba sobre una historia de inter�s humano: un beb� que hab�an encontrado abandonado en un callej�n junto a un hospital del centro de la ciudad. Simon se qued� sorprendido; su madre odiaba los telediarios. Los encontraba deprimentes. Mir� de reojo el sof� y la sorpresa se esfum�. Su madre se hab�a quedado dormida, las gafas sobre la mesita, un vaso medio vac�o en el suelo. Simon pod�a oler el contenido incluso desde aquella distancia, seguramente era whisky. Sinti� una punzada de dolor. Su madre casi nunca beb�a.</p><p>Simon entr� en el dormitorio de su madre y regres� con una colcha de ganchillo. Su madre continu� durmiendo, con la respiraci�n lenta y regular. Elaine Lewis era una mujer menuda como un pajarito, con una aureola de pelo rizado negro, pincelado de gris, que se negaba a te�ir. Trabajaba durante el d�a para una organizaci�n medioambiental sin �nimo de lucro y casi siempre vest�a prendas con motivos animales. Llevaba en aquel momento un vestido con un estampado de delfines y olas y un broche que en su d�a hab�a sido un pez de verdad, ba�ado en resina. Mientras cubr�a a su madre con la colcha, a Simon le dio la impresi�n de que su ojo lacado le lanzaba una mirada acusadora.</p><p>Su madre se agit� entonces, apartando la cabeza.</p><p>��Simon -susurr�-. Simon, �d�nde est�s?</p><p>Acongojado, Simon solt� la colcha y se incorpor�. Tal vez deber�a despertarla para que supiese que estaba bien. Pero entonces empezar�an las preguntas que no quer�a responder y ver�a aquella expresi�n de dolor en su rostro que no pod�a soportar. Dio media vuelta y se encamin� a su habitaci�n.</p><p>Se dej� caer sobre la cama y, sin siquiera pensarlo, cogi� el tel�fono de la mesita de noche y se dispuso a marcar el n�mero de Clary. Pero se detuvo un instante y se qued� escuchando el tono de marcaci�n. No pod�a contarle lo de Camille. Hab�a prometido mantener en secreto la oferta de la vampira y, pese a que no cre�a estar en deuda con Camille, si algo hab�a aprendido en el transcurso de los �ltimos meses, era que renegar de las promesas hechas a criaturas sobrenaturales no era en absoluto una buena idea. Pero deseaba escuchar la voz de Clary, igual que le suced�a siempre que ten�a un mal d�a. Tal vez pudiera lamentarse con ella sobre su vida amorosa, un asunto que hac�a re�r a m�s no poder a Clary. Se tumb� de nuevo en la cama, se acomod� sobre la almohada y marc� el n�mero de Clary.</p></section><section><title><p>2 CAYENDO</p></title><p>��As� �qu�? �Te has divertido esta noche con Isabelle? -Clary, con el tel�fono pegado a la oreja, avanzaba con cuidado de una larga barra de equilibrios a otra. Las barras de equilibrios estaban montadas a seis metros de altura, colgadas de las vigas de la buhardilla del Instituto, donde estaba instalada la sala de entrenamiento. El objetivo de aprender a caminar por las barras era dominar el sentido del equilibrio. Y Clary las odiaba. Su miedo a las alturas la pon�a enferma, a pesar de que llevaba atada a la cintura una cuerda flexible que supuestamente le impedir�a estamparse contra el suelo en caso de que se produjese una ca�da-. �Le has contado ya lo de Maia?</p><p>Simon respondi� con un d�bil sonido evasivo que Clary interpret� como un �no�. Se o�a m�sica de fondo y se lo imagin� tendido en la cama, con el equipo de m�sica a bajo volumen. Parec�a agotado, ese agotamiento que calaba en los huesos y que daba a entender que su tono de voz fr�volo no estaba en consonancia con su estado an�mico. Al principio de la conversaci�n, Clary le hab�a preguntado varias veces si se encontraba bien, pero �l se hab�a limitado a restarle importancia a su preocupaci�n.</p><p>Entonces ella le espet�:</p><p>��Est�s jugando con fuego, Simon. Conf�o en que lo sepas.</p><p>��Pues no lo s�. �De verdad te parece tan importante? -La voz de Simon son� entonces quejumbrosa-. En ning�n momento he hablado ni con Isabelle ni con Maia acerca de la exclusividad de nuestra relaci�n.</p><p>��D�jame decirte algo sobre las chicas en general. -Clary se sent� en la barra de equilibrios con las piernas colgando. Las ventanas en forma de media luna de la buhardilla estaban abiertas y entraba por ellas el g�lido aire nocturno, enfriando su piel sudada. Siempre hab�a pensado que los cazadores de sombras se entrenaban vestidos con su resistente equipo de cuero, pero result� que lo empleaban �nicamente para una formaci�n posterior, cuando ya practicaban con armas. Para el entrenamiento que estaba realizando -ejercicios destinados a aumentar su flexibilidad, velocidad y sentido del equilibrio-, Clary iba vestida con una simple camiseta de tirantes y un pantal�n con goma en la cintura que le recordaba la vestimenta que se utiliza en los quir�fanos-. Aunque no hay�is hablado sobre exclusividad, se volver�n locas si alg�n d�a llegan a descubrir que est�s saliendo con otra a la que, adem�s, ellas conocen, y no se lo has dicho. Es una regla b�sica para salir con chicas.</p><p>���Y por qu� se supone que yo deber�a conocer esta regla?</p><p>��Porque todo el mundo la conoce.</p><p>��Cre�a que estabas de mi lado.</p><p>���Y estoy de tu lado!</p><p>��Y entonces �por qu� no te muestras m�s comprensiva?</p><p>Clary cambi� el tel�fono de oreja y observ� las sombras que se abr�an por debajo de ella. �D�nde estaba Jace? Hab�a ido a buscar otra cuerda y hab�a dicho que volv�a en cinco minutos. Si la sorprend�a hablando por tel�fono all� arriba la matar�a, seguro. Jace supervisaba pocas veces su entrenamiento -lo hac�an normalmente Maryse, Robert o alguno de los otros miembros del C�nclave de Nueva York hasta que encontrasen un sustituto para el antiguo tutor del Instituto, Hodge-, pero cuando lo hac�a, se lo tomaba muy en serio.</p><p>��Porque -respondi�- tus problemas no son en realidad problemas. Est�s saliendo a la vez con dos chicas guapas. Pi�nsalo bien. Eso son� problemas t�picos de una estrella del rock.</p><p>��Tener los problemas t�picos de una estrella del rock ser� probablemente lo m�s cerca que pueda estar nunca de ser una estrella del rock de verdad.</p><p>��Nadie te dijo que bautizaras a tu banda con el nombre de Molde Jugoso, amigo m�o.</p><p>��Ahora nos llamamos Pelusa del Milenio -dijo Simon en tono de protesta.</p><p>��Mira, pi�nsatelo antes de la boda. Si ambas creen que van a asistir contigo a la boda y descubren que est�s saliendo a la vez con las dos, te matar�n. -Se levant�-. Y la boda de mi madre se ir� a paseo y entonces ser� ella quien te mate a ti. De modo que morir�s dos veces. Bueno, tres, ya que t�cnicamente�</p><p>���En ning�n momento le he dicho a ninguna de las dos que vaya a ir a la boda con ellas! -La voz de Simon son� presa del p�nico.</p><p>��Ya, pero est�n esperando a que se lo digas. Las chicas tienen novio para eso. Para tener a alguien que las lleve a actos aburridos. -Clary avanz� hasta el extremo de la barra de equilibrios con la mirada fija en las sombras que la luz m�gica proyectaba abajo. En el suelo hab�a un antiguo c�rculo de entrenamiento pintado con tiza; parec�a una diana-. En cualquier caso, ahora tengo que saltar de esta horrible barra y muy posiblemente abocarme a una muerte atroz. Hablamos ma�ana.</p><p>��Recuerda que tengo ensayo con la banda a las dos. Nos vemos all�.</p><p>��Hasta entonces. -Colg� y se guard� el tel�fono en el interior del sujetador; la ropa de entrenamiento era tan ligera que no ten�a bolsillos, �qu� otra soluci�n le quedaba?</p><p>���Tienes pensado quedarte toda la noche all� arriba? -Jace irrumpi� en el centro de la diana y levant� la vista hacia ella. Iba vestido con el equipo de lucha, no con la ropa de entrenamiento que llevaba Clary, y su cabello rubio destacaba en la negrura. Se hab�a oscurecido levemente desde finales de verano y hab�a adquirido un matiz de oro oscuro, algo que, en opini�n de Clary, le quedaba incluso mejor. Se sent�a absurdamente feliz de conocerlo ya lo bastante como para percatarse de aquellos sutiles cambios en su aspecto.</p><p>��Cre�a que ibas a subir -le grit� ella desde arriba-. �Cambio de planes?</p><p>��Es una larga historia -le respondi� �l, sonriente-. �Y bien? �Quieres practicar volteretas?</p><p>Clary suspir�. Practicar volteretas quer�a decir lanzarse al vac�o desde la barra y utilizar la cuerda flexible para sujetarse mientras se apoyaba en las paredes para empujarse y dar volteretas. Era el modo de aprender a dar vueltas sobre s� misma, lanzar patadas y esquivar golpes sin tener que preocuparse por la dureza del suelo y los moratones. Hab�a visto c�mo lo hac�a Jace, que parec�a un �ngel cuando volaba por los aires, girando sobre s� mismo y revolvi�ndose con la preciosa elegancia de un bailar�n cl�sico. Pero ella se retorc�a como un escarabajo de la patata en cuanto ve�a que se acercaba al suelo, y el hecho de que en su cabeza supiese que no iba a impactar contra �l, no serv�a de nada.</p><p>Empezaba a preguntarse si ten�a alguna importancia que hubiese nacido cazadora de sombras; tal vez era demasiado tarde para convertirse en una m�s de ellos, en una que fuera plenamente operativa. O tal vez fuera que el don que hab�a convertido a Jace y a ella en lo que eran estaba distribuido de forma desigual entre ellos, de tal modo que �l se hab�a quedado con todos los atributos f�sicos y ella con� bueno, con poca cosa.</p><p>��Vamos, Clary -dijo Jace-. Salta. -Clary cerr� los ojos y salt�. Se sinti� por un momento suspendida en el aire, libre de cualquier cosa. Pero acto seguido la gravedad se apoder� de ella y se precipit� hacia el suelo. Recogi� por instinto brazos y piernas y mantuvo los ojos cerrados con fuerza. La cuerda se tens� y Clary rebot� y subi� hacia arriba antes de volver a caer. No abri� los ojos hasta que la velocidad aminor� y se encontr� balance�ndose en el extremo de la cuerda, a un metro y medio por encima de Jace, que sonre�a.</p><p>��Bien -dijo Jace-. Tan elegante como la ca�da de un copo de nieve.</p><p>���He gritado? -pregunt� ella con franca curiosidad-. Mientras ca�a, quiero decir.</p><p>Jace movi� afirmativamente la cabeza.</p><p>��Por suerte no hay nadie en casa; cualquiera hubiera pensado que estaba asesin�ndote.</p><p>���Ja! Si ni siquiera puedes alcanzarme. -Lanz� una patada al aire y empez� a girar perezosamente en el mismo.</p><p>La mirada de Jace se ilumin�.</p><p>���Quieres apostarte algo?</p><p>Clary conoc�a aquella expresi�n.</p><p>��No -respondi� con rapidez-. Sea lo que sea lo que vayas a hacer�</p><p>Pero ya lo hab�a hecho. Cuando Jace actuaba con velocidad, sus movimientos eran pr�cticamente invisibles. Clary vio que se llevaba la mano al cintur�n y a continuaci�n s�lo vio el destello de alguna cosa. Y cuando la cuerda que ten�a por encima de la cabeza se parti�, oy� el sonido de un tejido rasg�ndose. Liberada y tan sorprendida que le resultaba imposible gritar, fue a parar directamente a los brazos de Jace. El peso ech� a Jace hacia atr�s y ambos cayeron sobre las colchonetas del suelo, Clary encima de �l. Jace le sonri�.</p><p>��Esto ha estado mucho mejor -dijo-. Ni un solo grito.</p><p>��No he tenido oportunidad. -Estaba sin aliento, y no s�lo por el impacto de la ca�da. Estar sentada a horcajadas encima de Jace, y sentir el cuerpo de �l contra el suyo, le provocaba sequedad en la boca y aceleraba el ritmo de sus pulsaciones. Hab�a pensado que su reacci�n f�sica a �l, las reacciones f�sicas del uno respecto al otro, se mitigar�an a medida que fueran conoci�ndose, pero no era as�. De hecho, la cosa iba a peor cuanto m�s tiempo pasaba con �l� o a mejor, supon�a, seg�n c�mo se mirase la cosa.</p><p>La estaba mirando con sus ojos de color oro oscuro; se pregunt� si aquel tono se hab�a intensificado desde su encuentro en Idris con Raziel, el �ngel, a orillas del lago Lyn. Pero no pod�a pregunt�rselo a nadie: aunque todo el mundo sab�a que Valentine hab�a invocado al �ngel, y que el �ngel hab�a curado a Jace de las heridas que Valentine le hab�a causado, s�lo Clary y Jace sab�an que Valentine hab�a hecho algo m�s que simplemente herir a su hijo adoptivo. Hab�a apu�alado a Jace en el coraz�n como parte de la ceremonia de invocaci�n� lo hab�a apu�alado y sujetado en sus brazos mientras mor�a. Por deseo de Clary, Raziel hab�a devuelto a Jace de la muerte. La enormidad de todo ello segu�a sorprendiendo a Clary y, se imaginaba ella, tambi�n a Jace. Hab�an acordado no contarle jam�s a nadie que Jace hab�a muerto, por breve que hubiese sido su muerte. Era su secreto.</p><p>Jace le retir� a Clary el pelo de la cara.</p><p>��Bromeo -dijo-. No lo haces tan mal. Lo conseguir�s. Deber�as haber visto las volteretas que daba Alec al principio. Me parece que una vez se dio incluso un buen golpe en la cabeza.</p><p>��Seguro que s� -dijo Clary-. Pero por entonces no tendr�a m�s de once a�os. -Lo mir� de reojo-. Me imagino que t� siempre has dominado a las mil maravillas estos temas.</p><p>��Es que yo ya nac� maravilloso. -Le acarici� la mejilla con la punta de los dedos, tan levemente que ella se estremeci�. Clary no dijo nada; Jace hablaba en broma, pero en cierto sentido era cierto. Jace hab�a nacido para ser lo que ahora era-. �Hasta qu� hora puedes quedarte esta noche?</p><p>Ella le sonri�.</p><p>���Hemos acabado el entrenamiento?</p><p>��Me gustar�a pensar que hemos terminado ya la parte obligatoria de la sesi�n. Aunque me apetecer�a practicar algunas cosas� -Se dispon�a a cambiar de posici�n cuando se abri� la puerta y entr� Isabelle, con los altos tacones de sus botas martilleando el suelo de madera.</p><p>Al ver a Jace y a Clary tumbados en el suelo, enarc� las cejas.</p><p>��Besuque�ndoos, por lo que veo. Se supon�a que estabais de entrenamiento.</p><p>��Nadie ha dicho que pudieras entrar sin llamar, Iz. -Jace no se movi�, sino que simplemente gir� la cabeza para quedarse mirando a Isabelle con una expresi�n que era una mezcla de enfado y cari�o. Clary, sin embargo, se levant� r�pidamente y empez� a alisarse la ropa.</p><p>��Esto es la sala de entrenamiento. Es un espacio p�blico. -Isabelle se estaba despojando de uno de sus guantes de terciopelo rojo-. Acabo de compr�rmelos en Trash and Vaudeville. De rebajas. �No los encontr�is preciosos? �No os gustar�a tener un par? -Movi� los dedos en direcci�n a ellos.</p><p>��No s� -respondi� Jace-. Creo que no pegar�an con mi atuendo.</p><p>Isabelle le dirigi� una mueca.</p><p>���Os hab�is enterado de lo del cazador de sombras que han encontrado muerto en Brooklyn? El cuerpo estaba destrozado, de modo que a�n no saben de qui�n se trata. Me imagino que es all� adonde han ido pap� y mam�.</p><p>��S� -dijo Jace, sent�ndose-. Reuni�n de la Clave. Me cruc� con ellos cuando sal�an.</p><p>��No me has comentado nada -dijo Clary-. �Es por eso que has tardado tanto en volver con la cuerda?</p><p>Jace asinti�.</p><p>��Lo siento. No quer�a asustarte.</p><p>��Lo que quiere decir -a�adi� Isabelle- es que no quer�a estropear esta atm�sfera tan rom�ntica. -Se mordi� el labio-. S�lo espero que no se trate de ning�n conocido.</p><p>��No lo creo. Dejaron el cuerpo en una f�brica abandonada� Llevaba varios d�as all�. De haberse tratado de alg�n conocido, nos habr�amos percatado de su desaparici�n. -Jace se recogi� el pelo detr�s de las orejas. Miraba a Isabelle con cierta impaciencia, pens� Clary, como si le molestase que hubiera sacado aquel tema a relucir. Le habr�a gustado que se lo hubiese comentado a ella nada m�s llegar, aunque con ello hubiese echado a perder el ambiente que reinaba entre los dos. Clary era consciente de que gran parte de lo que Jace hac�a, gran parte de lo que todos ellos hac�an, los pon�a con frecuencia en contacto con la realidad de la muerte. Los Lightwood estaban a�n, cada uno a su manera, llorando la desaparici�n de su hijo menor, Max, que hab�a muerto simplemente por estar en el lugar inapropiado en el momento inadecuado. Resultaba extra�o. Jace hab�a aceptado sin rechistar su decisi�n de dejar el Instituto y dedicarse a entrenar, pero evitaba comentar con ella los peligros que comportaba la vida de un cazador de sombras.</p><p>��Voy a vestirme -anunci�, y se encamin� hacia la puerta que daba acceso al peque�o vestuario adjunto a la sala de entrenamiento. Era muy sencillo: paredes de madera clara, un espejo, una ducha y perchas para la ropa. Junto a la puerta hab�a un banco con un mont�n de toallas. Clary se duch� r�pidamente y se visti� con su ropa de calle: medias, botas altas, una falda vaquera y un jersey nuevo de color rosa. Mir�ndose al espejo, se dio cuenta de que las medias ten�an un agujero y de que su cabello pelirrojo mojado estaba enmara�ado. Nunca tendr�a el aspecto perfecto y acicalado que luc�a siempre Isabelle, pero a Jace no parec�a importarle.</p><p>Cuando regres� a la sala de entrenamiento, Isabelle y Jace hab�an dejado de hablar sobre cazadores de sombras muertos para pasar a algo que, por lo que se ve�a, era a�n m�s horripilante a ojos de Jace: que Isabelle saliera con Simon.</p><p>��No puedo creerme que te llevara a un restaurante de verdad. -Jace estaba ya de pie, recogiendo las colchonetas y el material de entrenamiento, mientras Isabelle permanec�a apoyada a la pared jugando con sus guantes nuevos-. Me imaginaba que su concepto de cita pasaba por tenerte all� mirando c�mo juega a <emphasis>World of Warcraft</emphasis> con los idiotas de sus amigos.</p><p>��Yo soy una m�s de entre los idiotas de sus amigos -apunt� Clary-. Gracias.</p><p>Jace le sonri�.</p><p>��En realidad no era un restaurante. Era m�s bien un bar. Y serv�an una sopa de color rosa que quer�a que probase -dijo Isabelle, pensativa-. Se mostr� muy cari�oso.</p><p>En aquel momento, Clary se sinti� culpable por no haberle contado lo de Maia.</p><p>��Me ha dicho que os hab�ais divertido.</p><p>La mirada de Isabelle se traslad� r�pidamente hacia ella. Su expresi�n era especial, como si estuviese ocultando alguna cosa, pero aquel matiz desapareci� antes de que Clary pudiera estar del todo segura de haberlo visto.</p><p>���Has hablado con �l?</p><p>��S�, me ha llamado hace un momento. S�lo para ver c�mo estaba. -Clary hizo un gesto de indiferencia.</p><p>��Entiendo -dijo Isabelle, cuya voz sonaba de pronto en�rgica y fr�a-. Pues s�, como iba diciendo, se mostr� muy cari�oso. Aunque tal vez un poco demasiado cari�oso. Puede acabar resultando pesado. -Guard� los guantes en el bolsillo-. De todas maneras, no es nada permanente. No es m�s que un rollo, por ahora.</p><p>El sentido de culpabilidad de Clary se esfum�.</p><p>���Hab�is hablado sobre el tema de no salir con otros?</p><p>Isabelle se qued� horrorizada.</p><p>���Por supuesto que no! -Y a continuaci�n bostez�, estirando los brazos por encima de la cabeza, con gesto felino-. Me voy a la cama. Nos vemos, tortolitos.</p><p>Y se march�, dejando a su paso una calinosa bruma de perfume de jazm�n.</p><p>Jace mir� a Clary. Hab�a empezado a aflojarse las hebillas de su equipo, que se cerraba en las mu�ecas y en la espalda, formando un escudo protector por encima de sus prendas.</p><p>��Supongo que tienes que volver a casa.</p><p>Ella asinti� de mala gana. Conseguir que su madre accediera a que iniciara su formaci�n como cazadora de sombras hab�a generado de entrada una discusi�n larga y desagradable. Jocelyn se hab�a mantenido en sus trece, argumentando que se hab�a pasado la vida tratando de mantener a Clary alejada de la cultura de los cazadores de sombras, que consideraba, adem�s de violenta, peligrosa, aislacionista y cruel. Clary le hab�a explicado que la situaci�n hab�a cambiado desde que Jocelyn era joven y que, de todos modos, ten�a que aprender a defenderse.</p><p>��Espero que no sea s�lo por Jace -le hab�a dicho finalmente Jocelyn-. S� muy bien lo que es estar enamorada. Quieres estar all� donde est� tu amor y hacer lo mismo que �l hace, pero, Clary�</p><p>��Yo no soy t� -hab�a replicado Clary, luchando por controlar su rabia-, los cazadores de sombras no son el C�rculo, y Jace no es Valentine.</p><p>��Yo no he mencionado a Valentine.</p><p>��Pero es lo que est�s pensando -hab�a dicho Clary-. Por mucho que Valentine fuera quien criara a Jace, �ste no se le parece en nada.</p><p>��Espero que as� sea -hab�a dicho Jocelyn en voz baja-. Por el bien de todos. -Y al final hab�a cedido, aunque imponiendo algunas reglas.</p><p>Clary no vivir�a en el Instituto, sino con su madre en casa de Luke; Jocelyn recibir�a informes semanales por parte de Maryse que le garantizaran que Clary estaba aprendiendo y no solamente, supon�a Clary, comi�ndose con los ojos a Jace el d�a entero, o haciendo lo que fuera que preocupara tanto a su madre. Y Clary no pasar�a las noches en el Instituto, nunca jam�s.</p><p>��Nada de dormir en casa del novio -hab�a declarado con firmeza Jocelyn-. Y me da lo mismo que esa casa sea el Instituto. Ni hablar.</p><p>�Novio.� Segu�a sorprendi�ndole la menci�n de esa palabra. Durante mucho tiempo le hab�a parecido completamente imposible que Jace pudiera llegar a ser su novio, que pudieran ser otra cosa que no fuera hermano y hermana, y enfrentarse a eso hab�a resultado duro y terrible. No volver a verse m�s, hab�an decidido, habr�a sido mejor que aquello, y habr�a sido como morir. Pero despu�s, por obra y gracia de un milagro, hab�an quedado libres. Hab�an transcurrido ya seis semanas y Clary no se hab�a cansado a�n de aquella palabra.</p><p>��Tengo que volver a casa -dijo-. Son casi las once y mi madre se pone hist�rica si sigo aqu� pasadas las diez.</p><p>��De acuerdo. -Jace deposit� en la bancada su equipo, o mejor dicho, la parte superior del mismo. Debajo llevaba una camiseta fina y Clary vislumbr� las Marcas, como tinta difuminada bajo un papel mojado-. Te acompa�ar� hasta la puerta.</p><p>Atravesaron el silencioso Instituto. En aquel momento no hab�a hospedado en el edificio ning�n cazador de sombras procedente de otra ciudad, y con Hodge y Max desaparecidos para siempre, y Alec de viaje con Magnus, Clary ten�a la sensaci�n de que los Lightwood que quedaban all� eran como los ocupantes de un hotel pr�cticamente vac�o. Le gustar�a que los dem�s miembros del C�nclave frecuentaran m�s a menudo el lugar, pero se imaginaba que en aquellos momentos prefer�an concederles un poco de tiempo a los Lightwood. Tiempo para recordar a Max, y tiempo para olvidar.</p><p>���Has tenido �ltimamente noticias de Alec y de Magnus? -pregunt�-. �Se lo est�n pasando bien?</p><p>��Eso parece. -Jace sac� su tel�fono m�vil del bolsillo y se lo pas� a Clary-. Alec no para de enviarme fotos pesadas. Con comentarios del tipo: �Ojal� estuvieras aqu� pero no lo digo en serio�.</p><p>��No te lo tomes a mal. Se supone que tienen que ser unas vacaciones rom�nticas. -Fue pasando las fotograf�as guardadas en el tel�fono de Jace sin parar de re�r. Alec y Magnus delante de la Torre Eiffel, Alec con tejanos, como siempre, y Magnus con un jersey de rayas marineras, pantalones de cuero y la t�pica boina. En Florencia, en los jardines de Boboli, Alec de nuevo con sus tejanos y Magnus con una capa veneciana que le quedaba enorme y sombrero de gondolero en la cabeza. Parec�a el Fantasma de la �pera. Delante del Prado, Magnus con una brillante chaqueta torera y botas de plataforma, con Alec en el fondo d�ndole de comer tranquilamente a una paloma.</p><p>��Te lo quito antes de que llegues a la parte de la India -dijo Jace, recuperando el tel�fono-. Magnus envuelto en un sari. Hay cosas inolvidables.</p><p>Clary ri� con ganas. Hab�an llegado al ascensor, que abri� su estrepitosa puerta de reja despu�s de que Jace pulsara el bot�n. Clary entr�, con Jace pis�ndole los talones. En el instante en que el ascensor empez� a bajar -Clary pensaba que jam�s se acostumbrar�a al estremecedor bandazo que acompa�aba el inicio del descenso-, Jace se acerc� a Clary en la penumbra y la atrajo hacia �l. Ella le acarici� el torso, palpando la dura musculatura que ocultaba la camiseta, y el latido del coraz�n de Jace por debajo. El brillo de sus ojos destacaba a pesar de la tenue luz.</p><p>��Siento no poder quedarme -murmur�.</p><p>��No lo sientas. -El matiz quebrado de su voz la tom� por sorpresa-. Jocelyn no quiere que seas como yo. Y la comprendo.</p><p>��Jace -dijo ella, perpleja por la amargura de su voz-, �est�s bien?</p><p>Pero en lugar de responderle, la bes�, atray�ndola hacia �l. La empuj� contra la pared del ascensor, con el metal del fr�o espejo peg�ndose a la espalda de ella, las manos de �l rode�ndole la cintura, buscando debajo del jersey. A ella le encantaba c�mo la abrazaba. Con delicadeza, pero nunca con un exceso de suavidad que le hiciera sentir que controlaba la situaci�n m�s que ella. Ninguno de los dos era capaz de controlar sus sentimientos, y a Clary le gustaba eso, le gustaba sentir el coraz�n de Jace palpitando con fuerza junto al suyo, le gustaba c�mo murmuraba �l pegado a su boca cuando ella le devolv�a sus besos.</p><p>El ascensor se detuvo con un traqueteo y a continuaci�n la puerta se abri�. Clary contempl� la nave vac�a de la catedral, la luz tr�mula de una hilera de candelabros que recorr�a el pasillo central. Se abraz� a Jace, contenta de que la escasa luz del ascensor le impidiera ver su cara ardiente reflejada en el espejo.</p><p>��Tal vez podr�a quedarme -susurr�-. S�lo un poquito m�s.</p><p>�l no dijo nada. Clary not� la tensi�n en su cuerpo y tambi�n se tens�. Pero era algo m�s que la pura presi�n del deseo. Jace estaba temblando, su cuerpo entero se estremec�a cuando enterr� la cara en el hueco de su cuello.</p><p>��Jace -dijo ella.</p><p>Entonces �l la solt�, de repente, y dio un paso atr�s. Ten�a las mejillas encendidas, los ojos enfebrecidos.</p><p>��No -dijo �l-. No quiero darle a tu madre un motivo m�s para que me odie. Ya es bastante con que me considere casi la reencarnaci�n de mi padre�</p><p>Se interrumpi� antes de que Clary pudiera decirle: �Valentine no era tu padre�. Jace se cuidaba habitualmente mucho de referirse a Valentine Morgenstern por su nombre, y si alguna vez mencionaba a Valentine, nunca lo hac�a como �mi padre�. Era un tema que no sol�an tocar y Clary nunca hab�a reconocido ante Jace que lo que le preocupaba a su madre era que en el fondo fuera igual que Valentine, pues sab�a que s�lo suger�rselo le har�a mucho da�o. Clary hac�a todo lo posible para mantenerlos separados.</p><p>Se alej� de ella antes de que pudiera imped�rselo y abri� la puerta del ascensor.</p><p>��Te quiero, Clary -dijo sin mirarla. Ten�a la vista fija en la iglesia, en las hileras de velas encendidas, su brillo dorado reflejado en sus ojos-. M�s de lo que nunca� -Se interrumpi�-. Dios. M�s de lo que probablemente deber�a. Lo sabes, �verdad?</p><p>Clary sali� del ascensor y se situ� delante de Jace. Deseaba decirle miles de cosas, pero �l ya hab�a apartado la vista y pulsado el bot�n que devolver�a el ascensor a las plantas del Instituto. Empez� a protestar, pero el ascensor se mov�a ya despu�s de que las puertas se cerraran con su caracter�stico estr�pito. Clary se qued� mir�ndolas por un instante; en su superficie hab�a una imagen del �ngel, con las alas extendidas y los ojos mirando hacia arriba. El �ngel estaba pintado por todas partes.</p><p>La voz de Clary reson� en el espacio vac�o.</p><p>��Yo tambi�n te quiero -dijo.</p></section><section><title><p>3 SIETE VECES</p></title><p>���Sabes lo que es tremendo? -dijo Eric, depositando sus baquetas-. Tener un vampiro en la banda. Es lo que nos llevar� a la cima.</p><p>Kirk dej� a su vez el micr�fono y puso los ojos en blanco. Eric hablaba siempre de llegar a la cima con el grupo y hasta el momento todo se hab�a quedado en nada. Lo mejor que hab�an hecho era un bolo en la Knitting Factory� al que s�lo hab�an asistido cuatro personas. Y una de ellas era la madre de Simon.</p><p>��Pues ya me dir�s c�mo si no tenemos permiso para contarle a nadie que es un vampiro.</p><p>��Una l�stima -dijo Simon. Estaba sentado sobre uno de los altavoces, al lado de Clary, que estaba enfrascada envi�ndole un mensaje de texto a alguien, seguramente a Jace-. Aunque nadie te creer�a, de todos modos. Mira, aqu� me tienes, a plena luz de d�a. -Levant� los brazos para se�alar los rayos de sol que entraban a trav�s de los agujeros del tejado del garaje de Eric, su lugar de ensayo habitual.</p><p>��En cierto sentido, todo esto hace mella en nuestra credibilidad -dijo Matt, retir�ndose de los ojos un mech�n pelirrojo y mirando a Simon con los ojos entrecerrados-. Tal vez si te pusieras unos colmillos falsos�</p><p>��No necesita colmillos falsos -dijo Clary malhumorada, dejando el tel�fono-. Tiene colmillos de verdad. Ya los hab�is visto.</p><p>Y era cierto. Simon hab�a tenido que ense�ar los colmillos cuando le dio la noticia a la banda. Al principio pensaron que hab�a sufrido un golpe en la cabeza o una crisis nerviosa. Pero en cuanto les mostr� los colmillos, quedaron convencidos. Eric hab�a reconocido incluso que aquello no le sorprend�a especialmente.</p><p>��Siempre he sabido que los vampiros existen, colega -hab�a dicho-. Si no, �c�mo ser�a posible que haya gente conocida que siempre tenga la misma pinta, incluso cuando tienen, por ejemplo, cien a�os de edad, como David Bowie? Es porque son vampiros.</p><p>Simon hab�a dicho basta y no les hab�a contado que Clary e Isabelle eran cazadoras de sombras. No era �l quien deb�a revelar su secreto. Y tampoco sab�an que Maia era una chica lobo. Simplemente pensaban que Maia e Isabelle eran dos t�as buenas que inexplicablemente hab�an accedido a salir con Simon. Sus colegas lo achacaban a lo que Kirk denominaba su �embrujo de vampiro sexy�. A Simon le daba igual lo que sus amigos pudieran decir, siempre y cuando no metieran la pata y le comentaran a Maia o a Isabelle la existencia de la otra. Hasta el momento hab�a salido airoso invit�ndolas a bolos distintos, y nunca hab�an coincidido.</p><p>���Y si ense�aras los colmillos en escena? -sugiri� Eric-. S�lo una vez, t�o. Mu�straselos al p�blico.</p><p>��Si lo hiciera, el l�der del clan de vampiros de Nueva York os matar�a a todos -dijo Clary-. Lo sab�is, �no? -Movi� la cabeza en direcci�n a Simon-. No puedo creer que les hayas contado que eres un vampiro -a�adi�, bajando la voz para que s�lo pudiera o�rla Simon-. Son idiotas, por si no te hab�as dado cuenta.</p><p>��Son mis amigos -murmur� Simon.</p><p>��Son tus amigos, y son idiotas.</p><p>��Mi intenci�n es que la gente que me quiere conozca la verdad sobre m�.</p><p>���Ah s�? -dijo Clary, algo seca-. �Y cu�ndo piensas cont�rselo a tu madre?</p><p>Pero antes de que a Simon le diera tiempo a responder, alguien llam� con fuerza a la puerta del garaje, que se abri� un instante despu�s, con la luz del sol oto�al inundando el interior del espacio. Simon levant� la vista, pesta�eando. En realidad era un reflejo que le hab�a quedado de cuando era humano. Ahora, sus ojos necesitaban tan s�lo una d�cima de segundo para adaptarse a la oscuridad o a la luz.</p><p>En la entrada del garaje hab�a un chico; su silueta se perfilaba a contraluz. Ten�a un papel en la mano, que mir� con incertidumbre. A continuaci�n, levant� la vista en direcci�n a los miembros de la banda.</p><p>��Hola -dijo-. �Es aqu� donde ensaya el grupo Mancha Peligrosa?</p><p>��Ahora nos llamamos L�mur Dic�tomo -dijo Eric, dando un paso al frente-. �Y t� qui�n eres?</p><p>��Me llamo Kyle -respondi� el chico, agach�ndose para pasar por debajo de la puerta del garaje. Cuando se enderez�, se ech� hacia atr�s el mech�n de cabello casta�o que le ca�a sobre los ojos y le entreg� el papel a Eric-. He visto que andabais buscando un cantante.</p><p>���Jo! -exclam� Matt-. Ese anuncio lo publicamos har� cosa de un a�o. Lo hab�a olvidado por completo.</p><p>��S� -dijo Eric-. Por aquel entonces toc�bamos otro tipo de cosas. Ahora pr�cticamente no hacemos nada vocal. �Tienes experiencia?</p><p>Kyle -Simon se fij� que era muy alto, aunque en absoluto flacucho- se encogi� de hombros.</p><p>��La verdad es que no. Pero dicen que canto bien. -Ten�a un acento lento y un poco arrastrado, m�s t�pico de los surfistas que de un sure�o.</p><p>Los miembros de la banda se miraron dudando. Eric se rasc� la oreja.</p><p>���Nos concedes un segundo, t�o?</p><p>��Por supuesto. -Kyle sali� del garaje e hizo descender la puerta a sus espaldas. Simon oy� que se pon�a a silbar. Le pareci� que era <emphasis>She�ll Be Comin� Round the Mountain</emphasis>, aunque no sonaba del todo afinado.</p><p>��No s� -dijo Eric-. No estoy muy seguro de si alguien nuevo nos vendr�a bien ahora. Me refiero a que no podemos contarle lo del vampiro, �no cre�is?</p><p>��No -contest� Simon-. No pod�is.</p><p>��Pues vaya -dijo Matt-. Es una l�stima. Necesitamos un cantante. Kirk canta de pena. Lo digo sin �nimo de ofender, Kirk.</p><p>��Que te jodan -espet� Kirk-. Yo no canto de pena.</p><p>��S�, t�o -dijo Eric-. Das una pena que no veas�</p><p>��<emphasis>Pienso</emphasis> -opin� Clary interrumpi�ndolos y subiendo la voz-, que deber�ais hacerle una prueba.</p><p>Simon se qued� mir�ndola.</p><p>���Por qu�?</p><p>��Porque est� buen�simo -dijo Clary, sorprendiendo a Simon con el comentario. La verdad era que a �l no le hab�a llamado la atenci�n en absoluto, aunque quiz� no fuera el m�s indicado para juzgar la belleza masculina-. Y vuestra banda necesita un poco de sex appeal.</p><p>��Gracias -dijo Simon-. Muchas gracias en nombre de todos.</p><p>Clary buf� con impaciencia.</p><p>��S�, s�, todos sois muy guapos. Sobre todo t�, Simon. -Le dio unos golpecitos cari�osos en la mano-. Pero Kyle est� tremendo. Es lo �nico que digo. Mi opini�n objetiva como mujer es que si incorporaseis a Kyle a la banda, duplicar�ais vuestra cifra de admiradoras femeninas.</p><p>��Lo que significa que tendr�amos dos fans en vez de una sola -dijo Kirk.</p><p>���Y �sa qui�n es? -Matt sent�a una curiosidad genuina.</p><p>��La amiga del primo peque�o de Eric. �C�mo se llama? Aquella que est� loca por Simon. Viene a todos nuestros bolos y le cuenta a todo el mundo que es su novia.</p><p>Simon puso mala cara.</p><p>��Tiene trece a�os.</p><p>��No es m�s que un resultado de tu embrujo de vampiro sexy, t�o -dijo Matt-. Eres irresistible para las mujeres.</p><p>��Por el amor de Dios -dijo Clary-. Eso del embrujo de vampiro sexy no existe. -Se�al� a Eric-. Y no se te ocurra decir que Embrujo de Vampiro Sexy podr�a ser el nuevo nombre del grupo o te�</p><p>En aquel momento se abri� de nuevo la puerta del garaje.</p><p>���Chicos? -Volv�a a ser Kyle-. Mirad, si no quer�is hacerme una prueba, no pasa nada. Si hab�is cambiado vuestro sonido� basta con que me lo dig�is y me largo.</p><p>Eric lade� la cabeza.</p><p>��Pasa. Te echaremos un vistazo.</p><p>Kyle entr� en el garaje. Simon se qued� mir�ndolo, intentando calibrar qu� era lo que pod�a empujar a Clary a calificarlo de �t�o bueno�. Era alto, ancho de hombros y delgado, con p�mulos marcados, pelo negro y largo que le cubr�a la frente y se rizaba a la altura del cuello y una piel morena que no hab�a perdido a�n el bronceado veraniego. Sus largas y espesas pesta�as, que cubr�an unos alucinantes ojos verde avellana, le hac�an parecer una estrella de rock afeminada. Iba vestido con una camiseta ce�ida de color verde y pantal�n vaquero, y llevaba los brazos tatuados, no con Marcas, sino con tatuajes normales y corrientes. Era como si un pergamino escrito en su piel desapareciera en el interior de las mangas de la camiseta.</p><p>Simon se vio obligado a reconocerlo. No era horrendo.</p><p>���Sab�is qu�? -dijo por fin Kirk, rompiendo el silencio-. Es verdad. Est� muy bueno.</p><p>Kyle pesta�e� y se volvi� hacia Eric.</p><p>���Quer�is que cante o no?</p><p>Eric desenganch� el micr�fono del pie y se lo entreg�.</p><p>��Adelante -dijo-. Pru�balo.</p><empty-line/><p>��No ha estado nada mal -dijo Clary-. Cuando suger� lo de incluir a Kyle en el grupo lo dec�a en broma, pero la verdad es que sabe cantar.</p><p>Estaban andando por Kent Avenue, de camino a casa de Luke. El cielo se hab�a oscurecido para pasar de azul a gris, prepar�ndose para el crep�sculo, con las nubes pegadas a ambas orillas del East River. Clary recorr�a con su mano enguantada la valla con eslabones de cadena que los separaba del malec�n de hormig�n agrietado, haciendo vibrar el metal.</p><p>��Lo dices porque piensas que est� bueno -dijo Simon.</p><p>Clary se ri� y los caracter�sticos hoyuelos aparecieron en su cara.</p><p>��Tampoco es que est� tan bueno. No es precisamente el t�o m�s bueno que he visto en mi vida. -Que, imagin� Simon, deb�a de ser Jace, por mucho que Clary hubiera tenido el detalle de no mencionarlo-. Pero creo sinceramente que ser�a buena idea tenerlo en el grupo. Si Eric y los dem�s no pueden decirle que eres un vampiro, tampoco se lo dir�n a nadie m�s. Y con un poco de suerte, dejar�n correr esa idea est�pida. -Estaban a punto de llegar a casa de Luke; el edificio estaba al otro lado de la calle, las ventanas iluminadas contrastaban con la oscuridad incipiente. Clary se detuvo junto a un trozo roto de la valla-. �Te acuerdas cuando matamos aqu� mismo a un pu�ado de demonios raum?</p><p>��Jace y t� matasteis a unos cuantos demonios raum. Y yo casi vomito -record� Simon, aunque ten�a la cabeza en otra parte; estaba pensando en Camille, sentada enfrente de �l en aquel jard�n dici�ndole: �Eres amigo de los cazadores de sombras, pero nunca ser�s uno de ellos. Siempre ser�s distinto, un intruso�. Mir� de reojo a Clary, pregunt�ndose qu� dir�a si le explicase la reuni�n que hab�a mantenido con la vampira y la oferta que �sta le hab�a hecho. Lo m�s probable era que se quedara horrorizada. El hecho de que a Simon no pudieran hacerle da�o no hab�a impedido que Clary dejara de preocuparse por su seguridad.</p><p>��Ahora ya no te asustar�as -dijo ella en voz baja, como si estuviera ley�ndole los pensamientos-. Ahora tienes la Marca. -Sin despegarse de la valla, se volvi� para mirarlo-. �Se ha dado cuenta alguien de que tienes la Marca? �Te han hecho preguntas al respecto?</p><p>Simon neg� con la cabeza.</p><p>��Me la tapa el pelo y, adem�s, se ha borrado mucho. �Lo ves? -Se retir� el pelo de la frente.</p><p>Clary le toc� la frente y la Marca en forma curva all� trazada. Lo mir� con tristeza, igual que aquel d�a en el Sal�n de los Acuerdos en Alacante, cuando inscribi� en su piel el hechizo m�s antiguo del mundo.</p><p>���Te duele?</p><p>��No, qu� va. -�Y Ca�n le dijo al Se�or: Mi culpa es demasiado grande para soportarla�-. Ya sabes que no te culpo de nada, �verdad? Me salvaste la vida.</p><p>��Lo s�. -Ten�a los ojos brillantes. Retir� la mano de la frente de Simon y se pas� el dorso del guante por la cara-. Maldita sea. Odio llorar.</p><p>��Pues ser� mejor que vayas acostumbr�ndote -dijo �l. Y al ver que Clary abr�a los ojos como platos, a�adi� apresuradamente-: Lo digo por la boda. �Cu�ndo es? �El s�bado que viene? Todo el mundo llora en las bodas.</p><p>Ella ri�.</p><p>���Y qu� tal est�n tu madre y Luke?</p><p>��Asquerosamente enamorados. Es horrible. Bueno, da lo mismo� -Le dio a Simon una palmadita en el hombro-. Tengo que entrar. �Nos vemos ma�ana?</p><p>�l se lo confirm� con un gesto afirmativo.</p><p>��Por supuesto. Hasta ma�ana.</p><p>Se qued� vi�ndola cruzar la calle y subir la escalera que daba acceso a la puerta principal de casa de Luke. �Ma�ana.� Se pregunt� cu�nto tiempo hac�a que no pasaba varios d�as seguidos sin ver a Clary. Se pregunt� qu� deb�a de sentirse siendo un fugitivo y errando sobre la tierra, como Camille hab�a dicho. Como Raphael hab�a dicho. �La voz de la sangre de tu hermano me clama a m� desde la tierra.� �l no era Ca�n, que hab�a matado a su hermano, pero el maleficio cre�a que lo era. Resultaba extra�o estar siempre esperando perderlo todo, sin saber si acabar�a sucediendo, o no.</p><p>La puerta se cerr� detr�s de Clary. Simon sigui� bajando Kent Avenue en direcci�n a la parada de metro de Lorimer Street. Hab�a oscurecido casi por completo, el cielo era ahora una espiral de gris y negro. Simon oy� el chirriar de unos neum�ticos a su espalda, pero no se volvi�. A pesar de las grietas y las alcantarillas, los coches circulaban por la calle como locos. No fue hasta que la furgoneta azul se coloc� a su altura y rechin� cuando se detuvo, que se volvi� para mirar.</p><p>El conductor de la furgoneta arranc� las llaves del contacto, parando en seco el motor, y abri� la puerta. Era un hombre, un hombre alto vestido con un ch�ndal con capucha de color gris y zapatillas deportivas, la capucha bajada hasta tal punto que le ocultaba pr�cticamente toda la cara. Salt� del asiento del conductor y Simon vio que llevaba en la mano un cuchillo largo y reluciente.</p><p>Posteriormente, Simon pensar�a que deber�a haber echado a correr. Era un vampiro y, por lo tanto, m�s r�pido que cualquier humano. Pod�a dejar atr�s a cualquiera. Deber�a haber echado a correr, pero le pill� por sorpresa; se qued� inm�vil mientras el hombre, cuchillo en mano, se dirig�a hacia �l. El hombre dijo algo con un tono de voz grave y gutural, algo en un idioma que Simon no conoc�a.</p><p>Simon dio un paso atr�s.</p><p>��Mira -dijo, llev�ndose la mano al bolsillo-. Te doy mi cartera�</p><p>El hombre arremeti� contra Simon apuntando a su pecho con el cuchillo. Simon baj� la vista con incredulidad. Era como si todo sucediese a c�mara lenta, como si el tiempo se prolongase. Vio el extremo del cuchillo pegado a su pecho, la punta rasgando el cuero de su chaqueta� y despu�s desvi�ndose hacia un lado, como si alguien le hubiera agarrado la mano a su atacante y tirado de ella. El hombre grit� al verse lanzado por los aires como una marioneta. Simon mir� fren�ticamente a su alrededor, pues estaba seguro de que alguien ten�a que haber visto u o�do aquel alboroto, pero no apareci� nadie. El hombre segu�a gritando, retorci�ndose como un loco, y entonces su sudadera se rasg� por delante, como si una mano invisible hubiera tirado de ella.</p><p>Simon se qued� horrorizado. El torso de aquel hombre estaba llen�ndose de heridas enormes. Su cabeza cay� hacia atr�s y de su boca, como si fuera una fuente, empez� a brotar sangre. De pronto dej� de gritar� y cay�, como si la mano invisible lo hubiese soltado, liber�ndolo. Se estamp� contra el suelo, haci�ndose a�icos como el cristal, rompi�ndose en mil pedazos brillantes que inundaron la acera.</p><p>Simon cay� de rodillas. El cuchillo que pretend�a matarlo estaba all� mismo, a su alcance. Era todo lo que quedaba de su atacante, salvo el mont�n de relucientes cristales que el viento ya hab�a empezado a disipar. Toc� uno con cuidado.</p><p>Era sal. Se mir� las manos. Estaba temblando. Sab�a qu� hab�a pasado y por qu�.</p><p>�Y el Se�or le dijo: Quienquiera que matare a Cain, siete veces ser� castigado.�</p><p>Y aquello era siete veces un castigo.</p><p>Apenas consigui� llegar a la cuneta antes de doblegarse de dolor y empezar a vomitar sangre.</p><empty-line/><p>Simon supo que hab�a calculado mal en el mismo momento en que abri� la puerta. Cre�a que su madre ya estar�a dormida, pero result� que no. Estaba despierta, sentada en un sill�n de cara a la puerta, el tel�fono en la mesita a su lado, y en seguida se fij� en que llevaba la chaqueta manchada de sangre.</p><p>No grit�, para sorpresa suya, sino que se llev� la mano a la boca.</p><p>��Simon.</p><p>��No es sangre m�a -dijo �l en seguida-. Est�bamos en casa de Eric y Matt ha tenido una hemorragia nasal�</p><p>��No quiero escucharlo. -Rara vez utilizaba aquel tono tan cortante; le record� a Simon la manera de hablar de su madre durante los �ltimos meses de enfermedad de su padre, cuando la ansiedad cortaba su voz como un cuchillo-. No quiero escuchar m�s mentiras.</p><p>Simon dej� las llaves en la mesita que hab�a al lado de la puerta.</p><p>��Mam�</p><p>��No haces m�s que contarme mentiras. Estoy cansada del tema.</p><p>��Eso no es verdad -dijo �l, sinti�ndose fatal, consciente de que su madre estaba en lo cierto-. Pero en estos momentos est�n pas�ndome muchas cosas.</p><p>��Lo s�. -Su madre se levant�; siempre hab�a sido una mujer delgada, pero ahora estaba en los huesos, y su pelo oscuro, del mismo color que el de �l, con m�s canas que lo que �l recordaba-. Ven conmigo, jovencito. Ahora.</p><p>Perplejo, Simon la sigui� hacia la peque�a cocina decorada en luminosos tonos amarillos. Su madre se detuvo al entrar y se�al� en direcci�n a la encimera.</p><p>���Te importar�a explicarme esto?</p><p>Simon not� que se le quedaba la boca seca. Sobre la encimera, formadas como una fila de soldados de juguete, estaban las botellas de sangre que guardaba en la peque�a nevera que hab�a instalado en el fondo del armario. Una estaba medio vac�a; las dem�s, llenas del todo, el l�quido rojo del interior brillando como una acusaci�n. Su madre hab�a encontrado tambi�n las bolsas de sangre vac�as que Simon hab�a lavado y guardado en el interior de una bolsa de pl�stico para tirarlas a la basura. Y las hab�a dejado tambi�n all� encima, a modo de grotesca decoraci�n.</p><p>��Al principio pens� que era vino -dijo Elaine Lewis con voz temblorosa-. Despu�s encontr� las bolsas. De modo que abr� una de las botellas. Es sangre, �verdad?</p><p>Simon no dijo nada. Era como si se hubiese quedado sin voz.</p><p>���ltimamente te comportas de una forma muy rara -prosigui� su madre-. Est�s fuera a todas horas, no comes, apenas duermes, tienes amigos que no conozco, de los que jam�s he o�do hablar. �Te crees que no me entero cuando me mientes? Pues me entero, Simon. Pensaba que tal vez andabas metido en drogas.</p><p>Simon encontr� por fin su voz.</p><p>���Y por eso has registrado mi habitaci�n?</p><p>Su madre se sonroj�.</p><p>���Ten�a que hacerlo! Pensaba� pensaba que si encontraba drogas, podr�a ayudarte, meterte en un programa de rehabilitaci�n, pero �esto? -Gesticul� con energ�a en direcci�n a las botellas-. Ni siquiera s� qu� pensar sobre esto. �Qu� sucede, Simon? �Te has metido en alg�n tipo de secta?</p><p>Simon neg� con la cabeza.</p><p>��Entonces, cu�ntamelo -dijo su madre; sus labios temblaban-. Porque las �nicas explicaciones que se me ocurren son horribles y asquerosas. Simon, por favor�</p><p>��Soy un vampiro -dijo Simon. No ten�a ni idea de c�mo lo hab�a dicho, ni siquiera por qu�. Pero ya estaba dicho. Las palabras se quedaron colgando en el aire como un gas venenoso.</p><p>La madre de Simon sinti� que le fallaban las piernas y se derrumb� en una silla de la cocina.</p><p>���Qu� has dicho? -dijo en un suspiro.</p><p>��Soy un vampiro -repiti� Simon-. Hace cerca de dos meses que lo soy. Siento no hab�rtelo contado antes. No ten�a ni idea de c�mo hacerlo.</p><p>La cara de Elaine Lewis se hab�a quedado blanca como el papel.</p><p>��Los vampiros no existen, Simon.</p><p>��S�, mam� -dijo-. Existen. Mira, yo no ped� ser un vampiro. Fui atacado. No me qued� otra elecci�n. Lo cambiar�a todo si estuviera en mi mano hacerlo. -Pens� en el folleto que Clary le hab�a dado hac�a ya tanto tiempo, aquel en el que hablaba sobre c�mo cont�rselo a tus padres. Por aquel entonces le pareci� una analog�a graciosa; pero no lo era en absoluto.</p><p>��Crees que eres un vampiro -dijo aturdida la madre de Simon-. Crees que bebes sangre.</p><p>��Bebo sangre -dijo Simon-. Bebo sangre animal.</p><p>��Pero si eres vegetariano. -Su madre estaba a punto de echarse a llorar.</p><p>��Lo era. Pero ya no lo soy. No puedo serlo. Vivo de la sangre. -Simon notaba una fuerte tensi�n en la garganta-. Nunca le he hecho ning�n da�o a un humano. Nunca he bebido la sangre de nadie. Sigo siendo la misma persona. Sigo siendo yo.</p><p>Le daba la impresi�n de que su madre luchaba por controlarse.</p><p>��Y tus nuevos amigos� �son tambi�n vampiros?</p><p>Simon pens� en Isabelle, en Maia, en Jace. No pod�a hablarle a su madre sobre cazadores de sombras y seres lobo. Era demasiado.</p><p>��No. Pero� saben que yo lo soy.</p><p>���Te� te han dado drogas? �Te han hecho algo? �Algo que te produzca estas alucinaciones? -Parec�a como si no hubiera o�do su respuesta.</p><p>��No, mam�; todo esto es real.</p><p>��No es real -musit� ella-. T� crees que es real. Oh, Dios m�o. Simon. Lo siento mucho. Deber�a haberme dado cuenta. Conseguiremos ayuda. Encontraremos a alguien. Un m�dico. Da igual lo que cueste�</p><p>��No puedo ir a un m�dico, mam�.</p><p>��S�, claro que puedes. Necesitas que te ingresen en alguna parte. En un hospital, tal vez�</p><p>Extendi� el brazo hacia su madre.</p><p>��Intenta sentir mi pulso -le dijo.</p><p>Ella se qued� mir�ndolo, perpleja.</p><p>���Qu�?</p><p>��Que intentes sentir mi pulso -dijo-. Ven. Si lo encuentras, estupendo. Ir� contigo al hospital. De lo contrario, tendr�s que creerme.</p><p>La madre de Simon se sec� las l�grimas y le cogi� lentamente la mu�eca. Despu�s de tanto tiempo cuidando de su esposo durante su larga enfermedad, sab�a tomar el pulso tan bien como cualquier enfermera. Presion� el interior de la mu�eca con el dedo �ndice y esper�.</p><p>Simon observ� el cambio en la expresi�n de la cara de su madre, de la tristeza y la contrariedad a la confusi�n, y despu�s al terror. Elaine se levant�, le solt� la mano y se alej� de �l. Sus ojos oscuros se abrieron como platos.</p><p>���Qu� eres?</p><p>Simon sinti� n�useas.</p><p>��Ya te lo he dicho. Soy un vampiro.</p><p>��T� no eres mi hijo. T� no eres Simon. -Estaba temblando-. �Qu� tipo de ser viviente no tiene pulso? �Qu� tipo de monstruo eres? �Qu� le has hecho a mi hijo?</p><p>��Soy Simon� -Avanz� un paso hacia su madre.</p><p>Y su madre grit�. Nunca la hab�a o�do gritar de aquella manera, y no quer�a o�rla gritar as� nunca m�s. Fue un sonido horripilante.</p><p>��Ap�rtate de m�. -Su voz se quebr�-. No te acerques. -Y empez� a susurrar-: <emphasis>Barukh ata Adonai sho�me�a t�fila</emphasis>�</p><p>Estaba rezando, comprendi� Simon, sintiendo una sacudida. Sent�a tanto terror que estaba rezando para que se fuera, para que desapareciera. Y lo peor de todo era que �l pod�a sentirlo. El nombre de Dios se tens� en su est�mago y le provocaba un atroz dolor de garganta.</p><p>Pero su madre ten�a todo el derecho del mundo a rezar. �l estaba maldito. No pertenec�a a este mundo. �Qu� tipo de ser viviente no ten�a pulso?</p><p>��Mam� -musit�-. Para ya, mam�.</p><p>Ella se qued� mir�ndolo, con los ojos abiertos de par en par, y los labios sin parar de moverse.</p><p>��Mam�, no te enfades as�. -Oy� su propia voz como si sonara a lo lejos, c�lida y tranquilizadora, la voz de un desconocido. Habl� mirando fijamente a su madre a los ojos, capturando la mirada de ella como el gato capturar�a al rat�n-. No ha pasado nada. Te quedaste dormida en el sill�n de la sala de estar. Ten�as una pesadilla cuando llegu� a casa y yo te dec�a que era un vampiro. Pero es una locura. Eso no podr�a pasar nunca.</p><p>Su madre hab�a dejado de rezar. Pesta�e�.</p><p>��Estoy so�ando -repiti�.</p><p>��Es una pesadilla -dijo Simon. Se acerc� a ella y le pas� el brazo por encima del hombro. Ella no hizo ning�n adem�n de retirarse. Dej� caer la cabeza, como un ni�o agotado-. S�lo un sue�o. Nunca encontraste nada en mi habitaci�n. No ha pasado nada. Estabas durmiendo, eso es todo.</p><p>Le cogi� la mano a su madre. Ella dej� que la guiara hacia la sala de estar, donde la instal� en el sill�n. Sonri� cuando Simon la cubri� con una manta y luego cerr� los ojos.</p><p>Simon entr� de nuevo en la cocina y de manera r�pida y met�dica meti� las botellas y las bolsas de sangre en una bolsa de basura. La cerr� con un nudo y la llev� a su habitaci�n, donde cambi� la chaqueta manchada de sangre por otra y guard� r�pidamente algunas cosas en un petate. Apag� la luz y sali�, cerrando la puerta a sus espaldas.</p><p>Cuando pas� por la sala de estar, su madre ya se hab�a dormido. Le acarici� la mano.</p><p>��Estar� fuera unos d�as -susurr�-. Pero no estar�s preocupada. No esperar�s mi regreso. Creer�s que he ido a ver a Rebecca. No es necesario que llames. Todo va bien.</p><p>Retir� la mano. En la penumbra, su madre parec�a a la vez m�s mayor y m�s joven de lo habitual. Acurrucada bajo la manta, era menuda como una ni�a, pero observ� en su cara arrugas que no recordaba haber visto antes.</p><p>��Mam� -musit�.</p><p>Le acarici� la mano y ella se removi�. No quer�a despertarla, de modo que la solt� y avanz� sin hacer ruido hacia la puerta, cogiendo de paso las llaves que antes hab�a dejado en la mesa.</p><empty-line/><p>En el Instituto reinaba el silencio. �ltimamente siempre reinaba el silencio. Aquella noche, Jace hab�a decidido dejar la ventana abierta para o�r los sonidos del tr�fico, el gemido ocasional de las sirenas de las ambulancias y el graznido de las bocinas que circulaban por York Avenue. Pod�a o�r cosas que los mundanos no pod�an o�r, y aquellos sonidos se filtraban en la noche y penetraban sus sue�os� la r�faga de aire desplazada por la moto aerotransportada de un vampiro, la vibraci�n de una fantas�a alada, el aullido lejano de los lobos en noches de luna llena.</p><p>Ahora luc�a en cuarto creciente y proyectaba luz suficiente como para poder leer acostado en la cama. Ten�a la caja de plata de su padre abierta delante de �l y estaba repasando su contenido. All� segu�a una de las estelas de su padre, y una daga de caza con empu�adura de plata con las iniciales SWH grabadas en ella y -lo que resultaba m�s interesante para Jace- un mont�n de cartas.</p><p>En el transcurso de las �ltimas seis semanas, se hab�a impuesto la misi�n de intentar leer una carta cada noche para tratar de conocer al que fuera su padre biol�gico. Y poco a poco hab�a empezado a emerger una imagen, la de un joven pensativo con padres exigentes que se hab�a visto atra�do hacia Valentine y el C�rculo porque parec�an ofrecerle la oportunidad de poder destacar en el mundo. Hab�a seguido escribi�ndole a Amatis incluso despu�s de divorciarse, un hecho que ella nunca mencion�. En aquellas cartas quedaba patente su desencanto con respecto a Valentine y la repugnancia que le inspiraban las actividades del C�rculo, aunque rara vez, si es que exist�a alguna, mencionaba a la madre de Jace, C�line. Ten�a sentido -a Amatis no le apetecer�a o�r hablar de su sustituta-, pero aun as� Jace no pod�a evitar odiar un poco a su padre por ello. Si no quer�a a la madre de Jace, �por qu� se hab�a casado con ella? Y si tanto odiaba al C�rculo, �por qu� no lo hab�a abandonado? Valentine era un loco, pero como m�nimo se hab�a mantenido fiel a sus principios.</p><p>Y luego, claro est�, Jace se sent�a fatal por preferir a Valentine antes que a su padre de verdad. �Qu� tipo de persona deb�a de ser por ello?</p><p>Una llamada a la puerta le despert� de aquel ejercicio de autorrecriminaci�n. Se levant� para ir a abrir, esperando que fuera Isabelle que llegaba para pedirle alguna cosa o para quejarse de algo.</p><p>Pero no era Isabelle. Era Clary.</p><p>No iba vestida como siempre. Llevaba una camiseta de tirantes escotada de color negro, una blusa blanca abierta por encima y una falda corta, lo bastante corta como para mostrar las curvas de sus piernas hasta medio muslo. Se hab�a recogido en trenzas su pelirrojo cabello, dejando algunos rizos sueltos que le ca�an por las sienes, como si en el exterior lloviera levemente. Le sonri� al verlo y arque� las cejas. Eran cobrizas, igual que las delicadas pesta�as que enmarcaban sus ojos verdes.</p><p>���No piensas dejarme entrar?</p><p>Jace mir� hacia un lado y otro del pasillo. No hab�a nadie, afortunadamente. Cogi� a Clary por el brazo, tir� de ella hacia dentro y cerr� la puerta. Se apoy� en el umbral a continuaci�n y dijo:</p><p>���Qu� haces aqu�? �Va todo bien?</p><p>��Todo va bien. -Se quit� los zapatos y se sent� en la cama. La falda ascendi� con aquel gesto, mostrando una mayor superficie de sus muslos. Jace estaba perdiendo la concentraci�n-. Te echaba de menos. Y mi madre y Luke se han ido a dormir. No se dar�n cuenta de que he salido.</p><p>��No deber�as estar aqu�. -Aquellas palabras surgieron como una especie de gru�ido. Odiaba tener que pronunciarlas, pero sab�a que necesitaba decirlo, por razones que ella ni siquiera sab�a. Y que esperaba que nunca llegara a saber.</p><p>��De acuerdo, si quieres que me vaya, me ir�. -Se levant�. Sus ojos eran de un verde brillante. Dio un paso para acercarse a �l-. Pero ya que he venido hasta aqu�, por lo menos podr�as darme un beso de despedida.</p><p>La atrajo hacia �l y la bes�. Hab�a cosas que ten�an que hacerse, aunque no fuera buena idea hacerlas. Ella se dobleg� entre sus brazos como delicada seda. Le acarici� el pelo, deshaci�ndole las trenzas hasta que la melena cay� sobre los hombros de Clary, como a �l le gustaba. Record� que la primera vez que la vio ya quiso hacerle aquello, y que hab�a ignorado la ocurrencia por considerarla una locura. Ella era una mundana, una desconocida, y no ten�a ning�n sentido desearla. Y despu�s la bes� por primera vez, en el invernadero, y casi se volvi� loco. Hab�an bajado all� y hab�an sido interrumpidos por Simon, y jam�s en su vida hab�a deseado con tantas ganas matar a alguien como en aquel momento dese� matar a Simon, por mucho que su cabeza supiera que el pobre Simon no hab�a hecho nada malo. Pero lo que sent�a no ten�a nada que ver con el intelecto, y cuando se hab�a imaginado a Clary abandon�ndolo por Simon, se hab�a puesto enfermo y hab�a sentido m�s miedo del que nunca pudiera haberle inspirado un demonio.</p><p>Y despu�s Valentine les hab�a explicado que eran hermano y hermana, y Jace se hab�a dado cuenta de que exist�an cosas peores, cosas infinitamente peores, que el hecho de que Clary pudiera abandonarlo por otro: saber que la forma en que la amaba era c�smicamente err�nea; que lo que le parec�a la cosa m�s pura y m�s irreprochable de su vida se hab�a mancillado sin remedio. Record� que su padre le hab�a dicho que cuando ca�an los �ngeles, ca�an angustiados, porque hab�an visto en su d�a el rostro de Dios y jam�s volver�an a verlo. Y que hab�a pensado que comprend�a muy bien c�mo pod�an llegar a sentirse.</p><p>Pero todo aquello no le hab�a llevado a desearla menos; simplemente hab�a convertido su deseo en tortura. A veces, la sombra de aquella tortura ca�a sobre sus recuerdos cuando la besaba, como estaba sucediendo en aquel momento, y le llevaba a abrazarla a�n con m�s fuerza. Ella emiti� un sonido de sorpresa, pero no protest�, ni siquiera cuando �l la cogi� en brazos para llevarla hasta su cama.</p><p>Se tumbaron juntos sobre ella, arrugando algunas de las cartas. Jace apart� de un manotazo la caja para dejar espacio suficiente para los dos. El coraz�n le lat�a con fuerza contra sus costillas. Nunca antes hab�an estado juntos en la cama de aquella manera, realmente no. Hab�a habido aquella noche en la habitaci�n de ella en Idris, pero apenas se hab�an tocado. Jocelyn se encargaba de que nunca pasaran la noche juntos en casa de uno o del otro. Jace sospechaba que �l no era muy del agrado de la madre de Clary, y no la culpaba por ello. De estar en su lugar, probablemente �l habr�a pensado lo mismo.</p><p>��Te quiero -susurr� Clary. Le hab�a quitado la camisa y recorr�a con la punta de los dedos las cicatrices de la espalda de �l y la cicatriz en forma de estrella de su hombro, gemela a la de ella, una reliquia del �ngel cuya sangre ambos compart�an-. No quiero perderte nunca.</p><p>�l desliz� la mano hacia abajo para deshacer el nudo de la blusa de ella. Su otra mano, apoyada en el colch�n, toc� el fr�o metal del cuchillo de caza; deb�a de haberse ca�do en la cama junto con el resto del contenido de la caja.</p><p>��Eso no suceder� jam�s.</p><p>Ella lo mir� con ojos brillantes.</p><p>���C�mo puedes estar tan seguro?</p><p>Su mano apres� la empu�adura del cuchillo. La luz de la luna que entraba por la ventana ilumin� el filo.</p><p>��Estoy seguro -dijo, e hizo descender el cuchillo. La hoja rasg� su carne como si fuera papel, y cuando la boca de ella se abri� para formar una sorprendida �O� y la sangre empap� el frontal de su blusa blanca, Jace pens�: �Dios m�o, otra vez no�.</p><empty-line/><p>Despertarse de la pesadilla fue como estamparse contra un escaparate. Sus cortantes fragmentos segu�an taladrando a Jace incluso cuando consigui� liberarse, respirando con dificultad. Cay� de la cama, deseando instintivamente huir de aquello, y choc� contra el suelo de piedra con rodillas y manos. Por la ventana abierta entraba un aire helado, que le hac�a temblar pero que le despej� por fin, llev�ndose con �l los �ltimos vestigios del sue�o.</p><p>Se mir� las manos. Estaban limpias de sangre. La cama estaba hecha un l�o, las s�banas y las mantas convertidas en un amasijo como resultado de las vueltas y m�s vueltas que hab�a dado, pero la caja que conten�a las pertenencias de su padre segu�a en la mesita de noche, en el mismo lugar donde la hab�a dejado antes de echarse a dormir.</p><p>Las primeras veces que hab�a sufrido la pesadilla, se hab�a despertado y vomitado. Ahora trataba de no comer antes de irse a dormir y su cuerpo se vengaba atorment�ndolo con espasmos de mareo y fiebre. Y uno de aquellos espasmos lo sacudi� en aquel momento, se acurruc� y respir� con dificultad hasta que pas�.</p><p>Cuando hubo acabado, apoy� la frente en el fr�o suelo de piedra. El sudor empezaba a enfriarle el cuerpo, ten�a la camisa pegada a la piel y se pregunt� si aquellos sue�os acabar�an mat�ndolo. Lo hab�a intentado todo para acabar con ellos: pastillas y brebajes para dormir, runas de sue�o y runas de paz y curaci�n. Pero nada funcionaba. Los sue�os devoraban su mente como veneno y no pod�a hacer nada para aplacarlos.</p><p>Incluso despierto, le resultaba dif�cil mirar a Clary. Ella siempre lo hab�a comprendido mejor que nadie y no pod�a ni imaginarse qu� pensar�a si se enteraba del contenido de sus sue�os. Se puso de costado en el suelo y mir� la caja sobre la mesita de noche, iluminada por la luz de la luna. Y pens� en Valentine. Valentine, que hab�a torturado y encarcelado a la �nica mujer a la que hab�a amado, que hab�a ense�ado a su hijo -a sus hijos- que amar algo equivale a destruirlo para siempre.</p><p>Su cabeza daba vueltas sin parar mientras se repet�a aquellas palabras para sus adentros, una y otra vez. Se hab�an convertido para �l en una especie de c�ntico y, como sucede con cualquier c�ntico, las palabras hab�an empezado a perder su significado individual.</p><p>�No soy como Valentine. No quiero ser como �l. No ser� como �l. No.�</p><p>Vio a Sebastian -Jonathan, en realidad-, su casi hermano, que le sonre�a a trav�s de una mara�a de pelo blanco como la plata, con los negros ojos brillando con un j�bilo despiadado. Y vio su cuchillo clavarse en Jonathan y liberarse, y el cuerpo de Jonathan caer rodando en direcci�n al r�o, y su sangre mezcl�ndose con las malas hierbas y la vegetaci�n de la orilla.</p><p>�No soy como Valentine.�</p><p>No sent�a haber matado a Jonathan. De tener la oportunidad, volver�a a hacerlo.</p><p>�No ser� como �l.�</p><p>Evidentemente, no era normal matar a alguien -y mucho menos, a tu hermano adoptivo- y no sentirlo en absoluto.</p><p>�No ser� como �l.�</p><p>Pero su padre le hab�a ense�ado que matar sin piedad era una virtud, y tal vez fuera cierto que no es posible olvidar lo que los padres te ense�an. Por mucho que quieras olvidarlo.</p><p>�No ser� como �l.�</p><p>Tal vez la gente no pod�a cambiar nunca.</p><p>�No.�</p></section><section><title><p>4 EL ARTE DE LOS OCHO MIEMBROS</p></title><p>�AQU� SE CONSAGRA EL ANHELO DE LOS GRANDES CORAZONES Y DE LAS COSAS NOBLES QUE SE ALZAN POR ENCIMA DE LA MAREA, LA PALABRA M�GICA QUE INICIA A LA MARAVILLA ALADA, LA SABIDUR�A RECABADA QUE JAM�S HA MUERTO.�</p><p>Eran las palabras grabadas sobre las puertas principales de la Biblioteca P�blica de Brooklyn, en la Grand Army Plaza. Simon estaba sentado en la escalinata, contemplando la fachada. La inscripci�n resplandec�a con su pesado dorado sobre la piedra, las palabras cobraban vida por un instante cuando los faros de los coches las iluminaban.</p><p>La biblioteca hab�a sido uno de sus lugares favoritos cuando era peque�o. Por un lateral hab�a una entrada aparte para ni�os que, durante muchos a�os, fue su punto de reuni�n con Clary cada s�bado. Se hac�an con un mont�n de libros y se iban al Jard�n Bot�nico, que estaba justo al lado, y all� pod�an pasarse horas leyendo, tendidos en la hierba, y el sonido del tr�fico era tan s�lo un zumbido constante en la distancia.</p><p>No estaba seguro de c�mo hab�a ido a parar all� aquella noche. Hab�a huido de su casa lo m�s de prisa posible y se hab�a dado cuenta en seguida de que no ten�a ad�nde ir. No pod�a arriesgarse a ir a casa de Clary, pues se quedar�a horrorizada al enterarse de lo que hab�a hecho y querr�a que volviese a casa para solucionarlo. Eric y los dem�s chicos no entender�an nada. A Jace no le ca�a simp�tico y, adem�s, no pod�a entrar en el Instituto. Era una iglesia, y la raz�n por la que los nefilim viv�an all� era precisamente para evitar a criaturas como �l. Al final hab�a comprendido a qui�n pod�a acudir, pero la idea le resultaba tan desagradable que hab�a tardado un buen rato en armarse de valor para hacerlo.</p><p>Oy� el sonido de la moto antes incluso de verla, el rugido del motor avanzando entre el tr�fico fluido de Grand Army Plaza. La moto derrap� en el cruce y subi� a la acera, retrocedi� a continuaci�n y se lanz� escalera arriba. Simon se hizo a un lado cuando el veh�culo se plant� a su lado y Raphael solt� el manillar.</p><p>La moto se call� al instante. Las motos de los vampiros estaban impulsadas por esp�ritus demon�acos y respond�an como mascotas a los deseos de sus propietarios. A Simon le resultaban espeluznantes.</p><p>���Quer�as verme, vampiro diurno? -Raphael, tan elegante como siempre, con chaqueta negra y un pantal�n vaquero de aspecto caro, desmont� y dej� la moto apoyada en la barandilla de la escalera de acceso a la biblioteca-. Ser� mejor que tengas un buen motivo -a�adi�-. Espero no haber venido hasta Brooklyn por nada. A Raphael Santiago no le gustan los barrios de extrarradio.</p><p>��Estupendo. Veo que empiezas a hablar de ti mismo en tercera persona. �No es eso un s�ntoma de megaloman�a incipiente o algo as�?</p><p>Raphael se encogi� de hombros.</p><p>��O me cuentas lo que tengas que contarme, o me largo. De ti depende. -Mir� su reloj-. Dispones de treinta segundos.</p><p>��Le he dicho a mi madre que soy un vampiro.</p><p>Raphael levant� las cejas. Eran muy finas y muy oscuras. En momentos m�s cr�ticos, Simon hab�a llegado a preguntarse si se las dibujar�a a l�piz.</p><p>���Y qu� ha pasado?</p><p>��Me ha dicho que era un monstruo y ha intentado rezar contra m�. -El recuerdo le provoc� un regusto de sangre amarga en la garganta.</p><p>���Y despu�s?</p><p>��Y despu�s no estoy seguro del todo de lo que ha pasado. He empezado a hablarle con una voz extra�a y tranquilizadora, le he dicho que nada de aquello hab�a sucedido en realidad y que todo hab�a sido un sue�o.</p><p>��Y te ha cre�do.</p><p>��Me ha cre�do -confirm� Simon a rega�adientes.</p><p>��Por supuesto -dijo Raphael-. Porque eres un vampiro. Tenemos ese poder. El encanto. La fascinaci�n. El poder de la persuasi�n, podr�a llamarse. Puedes convencer a los humanos mundanos de casi todo. Si aprendes a utilizar tu habilidad como es debido.</p><p>��Pero yo no quer�a utilizarlo con ella. Es mi madre. �Existe alg�n modo de quitarle eso, alg�n modo de solucionarlo?</p><p>���Solucionarlo para que vuelva a odiarte? �Para que piense que eres un monstruo? Me parece una forma muy curiosa de solucionar un asunto.</p><p>��Me da lo mismo -replic� Simon-. �Hay alg�n modo?</p><p>��No -respondi� alegremente Raphael-. No lo hay. Y conocer�as ya todas estas respuestas de no haber desde�ado a tus semejantes como lo has hecho hasta ahora.</p><p>��Tienes raz�n. Ahora comp�rtate como si yo te hubiera rechazado. Como si no hubieras intentado matarme�</p><p>Raphael se encogi� de hombros.</p><p>��Era cuesti�n de pol�tica. Nada personal. -Se recost� en la barandilla y se cruz� de brazos. Llevaba guantes negros de motorista. Simon se vio obligado a reconocer que su aspecto era impresionante-. Dime, por favor, que no me has hecho venir hasta aqu� para contarme toda esta historia tan aburrida sobre tu hermana.</p><p>��Mi madre -le corrigi� Simon.</p><p>Raphael agit� la mano en un gesto que quer�a restarle importancia a su error.</p><p>��Da igual. Una de las mujeres de tu vida te ha rechazado. No ser� la �ltima vez, te lo aseguro. �Y por qu� me has molestado para cont�rmelo?</p><p>��Quer�a saber si pod�a instalarme en el Dumont -dijo Simon, pronunciando la frase a toda velocidad para no poder retractarse de lo dicho. Le costaba creer lo que estaba pidiendo. Sus recuerdos del hotel de los vampiros eran recuerdos de sangre, terror y dolor. Pero era un lugar adonde ir, un lugar donde instalarse y donde nadie ir�a a buscarlo, con lo que no se ver�a obligado a volver a casa. Era un vampiro. Tener miedo de un hotel lleno de otros vampiros era una estupidez-. No tengo ad�nde ir.</p><p>A Raphael le brillaron los ojos.</p><p>��Aj� -dijo, con un tono triunfante que no le agrad� mucho a Simon-. Veo que ahora quieres algo de m�.</p><p>��Eso imagino. Aunque me resulta espeluznante que eso te emocione tanto, Raphael.</p><p>Raphael resopl�.</p><p>��Si te instalas en el Dumont, no te dirigir�s a m� como Raphael, sino como Amo, Se�or o Gran L�der.</p><p>Simon se arm� de valor.</p><p>���Y Camille?</p><p>���A qu� te refieres? -dijo Raphael.</p><p>��Siempre me contaste que en realidad no eras el jefe de los vampiros -dijo Simon sin alterarse-. Y cuando estuvimos en Idris me mencionaste a una mujer llamada Camille. Dijiste que a�n no hab�a regresado a Nueva York. Pero me imagino que, cuando lo haga, ella ser� la ama, o como quieras llamarlo.</p><p>La mirada de Raphael se oscureci�.</p><p>��Me parece que tu l�nea de investigaci�n no me gusta, vampiro diurno.</p><p>��Tengo derecho a saber cosas.</p><p>��No -dijo Raphael-. No lo tienes. Has acudido a m� pregunt�ndome si puedes instalarte en mi hotel porque no tienes ad�nde ir. No porque quieras estar con los de tu especie. Nos reh�yes.</p><p>��Un hecho que, como ya te he mencionado, tiene que ver con aquella ocasi�n en la que intentaste matarme.</p><p>��El Dumont no es un centro de reinserci�n para vampiros reacios -prosigui� Raphael-. Vives entre humanos, te paseas a plena luz de d�a, tocas en un est�pido grupo� S�, no te creas que no s� todo eso. No aceptas lo que en realidad eres, en ning�n sentido. Y mientras eso siga as�, no ser�s bienvenido en el Dumont.</p><p>Simon record� cuando Camille le dijo: �En cuanto sus seguidores vean que est�s conmigo, lo abandonar�n y volver�n a m�. Estoy segura de que debajo de ese miedo que �l les inspira, siguen si�ndome fieles. En cuanto nos vean juntos, su miedo desaparecer� y volver�n a nuestro lado�.</p><p>���Sabes? -dijo-. He tenido otras ofertas.</p><p>Raphael lo mir� como si se hubiera vuelto loco.</p><p>���Ofertas de qu�?</p><p>��Ofertas� simplemente -dijo Simon con voz d�bil.</p><p>��Eres mal�simo en asuntos pol�ticos, Simon Lewis. Te sugiero que no vuelvas a intentarlo.</p><p>��De acuerdo -dijo Simon-. Vine aqu� para contarte algo y ahora no pienso hacerlo.</p><p>��Me imagino que adem�s piensas tirar el regalo de cumplea�os que me hab�as comprado -dijo Raphael-. Una tragedia. -Se acerc� a su moto y en cuanto pas� una pierna por encima del veh�culo para sentarse en �l, el motor cobr� vida. Del tubo de escape empezaron a salir chispas rojas-. Si vuelves a importunarme, vampiro diurno, que sea por un motivo mejor. O no te lo perdonar�.</p><p>Y con eso, la moto sali� disparada y empez� a volar. Simon ech� la cabeza hacia atr�s para ver c�mo Raphael, igual que el �ngel del que recib�a su nombre, se enfilaba hacia el cielo dejando tras de s� una estela de fuego.</p><empty-line/><p>Clary se sent� con su bloc de dibujo sobre las rodillas y mordisque� pensativa la punta del l�piz. Hab�a dibujado a Jace docenas de veces -se imaginaba que era su versi�n de los comentarios sobre el novio que hac�an la mayor�a de las chicas en su diario �ntimo-, pero nunca hab�a conseguido captarlo bien del todo. Para empezar, resultaba casi imposible que se estuviera quieto, por lo que hab�a pensado que ahora, mientras estaba dormido, ser�a el momento perfecto. Pero segu�a sin quedarle como ella quer�a. No parec�a �l.</p><p>Con un suspiro de exasperaci�n, tir� el bloc sobre la manta y dobl� las rodillas, atray�ndolas hacia su cuerpo. Se qued� mir�ndolo. No esperaba que se quedase dormido. Hab�an ido a Central Park para comer y entrenar al aire libre aprovechando que a�n hac�a buen tiempo. Hab�a hecho una de esas cosas. En la hierba, junto a la manta, hab�a diversas cajas de la comida para llevar que hab�an comprado en Taki�s. Jace hab�a comido poco; hab�a estado removiendo con desgana su caja de tallarines de s�samo y hab�a acabado dej�ndola en la hierba y tumb�ndose en la manta a contemplar el cielo. Clary se hab�a quedado sentada observ�ndolo, viendo c�mo las nubes se reflejaban en sus ojos, fij�ndose en el perfil de los m�sculos de los brazos que manten�a cruzados detr�s de la cabeza, en el fragmento de piel perfecta que quedaba al descubierto entre el extremo de su camiseta y el cintur�n de su vaquero. Hab�a deseado alargar el brazo y deslizar la mano por su vientre duro y plano; pero lo que hab�a acabado haciendo, en cambio, hab�a sido desviar la mirada y coger su bloc. Cuando se hab�a vuelto otra vez, l�piz en mano, �l ten�a los ojos cerrados y respiraba de forma suave y regular.</p><p>Iba ya por el tercer boceto y no hab�a conseguido ni un dibujo que le satisficiera. Mir�ndolo, se pregunt� por qu� demonios no conseguir�a dibujarlo. La luz era perfecta; la luminosidad suave y bronc�nea del mes de octubre depositaba un lustre dorado claro sobre su piel y su cabello, dorados ya de por s�. Sus p�rpados cerrados estaban rodeados de un tono m�s oscuro de oro que su pelo. Ten�a una mano doblada sobre el pecho, la otra abierta a su lado. Dormido, su rostro aparec�a relajado y vulnerable, m�s suave y menos anguloso que cuando estaba despierto. Tal vez fuera �se el problema. Era tan dif�cil verlo relajado y vulnerable, que se hac�a complicado capturar sus contornos cuando lo estaba. Resultaba� desconocido.</p><p>Jace se movi� en aquel preciso instante. Hab�a empezado a emitir peque�os jadeos en su sue�o, con los ojos corriendo de un lado a otro detr�s de los p�rpados. Su mano se estremeci�, se tens� sobre su pecho, y se sent�, tan de repente que casi tumb� a Clary al hacerlo. Abri� los ojos de golpe. Permaneci� aturdido por un instante; se hab�a quedado pasmosamente blanco.</p><p>���Jace? -Clary no logr� esconder su sorpresa.</p><p>�l se qued� con los ojos centrados en ella; un segundo despu�s la atra�a hacia �l sin el menor atisbo de su habitual delicadeza; la coloc� sobre su regazo y la bes� con pasi�n, con las manos enred�ndose entre el pelo de ella. Clary sinti� el fuerte martilleo del coraz�n de Jace y se sonroj�. Estaban en un parque p�blico y la gente estar�a mir�ndolos, pens�.</p><p>��Caray -dijo �l, retir�ndose, con una sonrisa en sus labios-. Lo siento. Supongo que no te lo esperabas.</p><p>��Ha sido una sorpresa agradable. -Su voz son� grave y ronca incluso en sus propios o�dos-. �Qu� so�abas?</p><p>��So�aba contigo. -Enroll� en un dedo un mech�n del cabello de ella-. Siempre sue�o contigo.</p><p>Sin despegarse de su regazo, las piernas entrelazadas con las de �l, Clary dijo:</p><p>���Ah, s�? Pues parec�a que tuvieras una pesadilla.</p><p>Jace lade� la cabeza para mirarla.</p><p>��A veces sue�o con que te has ido -dijo-. Sigo pregunt�ndome cu�ndo te dar�s cuenta de que podr�as estar mejor sin m� y me abandonar�s.</p><p>Clary le acarici� la cara con la punta de los dedos, desliz�ndolos con delicadeza por sus p�mulos, hasta alcanzar la forma curva de su boca. Jace nunca dec�a cosas as� a nadie, excepto a ella. Alec e Isabelle sab�an, porque viv�an con �l y lo quer�an, que debajo de su armadura protectora de humor y fingida arrogancia, segu�a sufriendo el dolor provocado por los hirientes fragmentos de los recuerdos de su infancia. Pero s�lo con ella lo expresaba en voz alta. Clary neg� con la cabeza; con el gesto, el pelo le cay� sobre la frente y se lo retir� con impaciencia.</p><p>��Me gustar�a poder hablar como lo haces t� -dijo-. Todo lo que dices, las palabras que eliges� son perfectas. Siempre encuentras la cita adecuada, o la frase correcta para que yo pueda creer que me quieres. Si no puedo convencerte de que nunca te abandonar�</p><p>�l le cogi� la mano.</p><p>��Rep�telo, simplemente.</p><p>��Nunca te abandonar� -dijo Clary.</p><p>���Pase lo que pase? �Haga lo que haga?</p><p>��Nunca dejar�a de creer en ti -dijo-. Jam�s. Lo que siento por ti� -Se atranc�-. Es lo m�s grande que he sentido en mi vida.</p><p>�Maldita sea�, pens�. Sonaba de lo m�s est�pido. Pero Jace no era de la misma opini�n; le sonri� con melancol�a y dijo:</p><p>��<emphasis>L�amor che move il sole e l�altre stelle</emphasis>.</p><p>���Es lat�n?</p><p>��Italiano -dijo �l-. Dante.</p><p>Clary le pas� el dedo por los labios y �l se estremeci�.</p><p>��No hablo italiano -dijo en voz baja.</p><p>��Significa -dijo �l- que el amor es la fuerza m�s poderosa del mundo. Que el amor puede conseguir cualquier cosa.</p><p>Clary retir� la mano, d�ndose cuenta entonces de que �l la miraba con los ojos entrecerrados. Uni� las manos por detr�s de la nuca de �l, se inclin� y roz� sus labios, no con un beso, sino con una simple caricia. Fue suficiente. Not� el pulso de Jace acelerarse y �l se inclin� hacia adelante, intentando robar un beso de su boca, pero ella neg� con la cabeza, mientras su cabello los rodeaba como una cortina que los escond�a de los ojos de todos los presentes en el parque.</p><p>��Si est�s cansado, podr�amos volver al Instituto -dijo ella en un susurro-. Echar la siesta. No hemos dormido juntos en la misma cama desde� desde Idris.</p><p>Sus miradas se encontraron, y ella supo que los dos estaban recordando lo mismo. La clara luz filtr�ndose por la ventana de la peque�a habitaci�n de invitados de Amatis, la desesperaci�n de su voz. �S�lo quiero acostarme a tu lado y despertarme a tu lado, s�lo una vez, aunque s�lo sea una vez en mi vida.� Aquella noche entera, acostados el uno junto al otro, s�lo sus manos toc�ndose. Desde aquella noche se hab�an tocado mucho m�s, pero nunca hab�an pasado la noche juntos. Jace sab�a que Clary estaba ofreci�ndole algo m�s que una siesta en una de las habitaciones vac�as del Instituto. Y ella estaba segura de que Jace pod�a leerlo en sus ojos, aunque ella no estuviera del todo segura de cu�nto estaba ofreci�ndole. Pero no importaba. Jace nunca le pedir�a nada que ella no quisiera darle.</p><p>��Quiero. -La pasi�n que vio en sus ojos, el matiz ronco de su voz, le dec�an que Jace no ment�a-. Pero� no podemos. -La cogi� con firmeza por las mu�ecas y las hizo descender, sujetando sus manos entre ellos, formando una barrera.</p><p>Clary abri� los ojos de par en par.</p><p>���Por qu� no?</p><p>Jace respir� hondo.</p><p>��Hemos venido aqu� para entrenar, y deber�amos hacerlo. Si pasamos d�ndonos el lote todo el tiempo que deber�amos estar entrenando, acabar�n por no permitirme que te entrene.</p><p>���Y no se supon�a, de todos modos, que iban a contratar a alguien para que se dedicase a tiempo completo a mi formaci�n?</p><p>��S� -respondi� �l, incorpor�ndose y tirando de ella para que se levantase-, y me preocupa que si coges la costumbre de pegarte el lote con tus instructores, acabes tambi�n peg�ndote el lote con �l.</p><p>��No seas sexista. Tal vez me encuentren una instructora.</p><p>��En ese caso, tienes mi permiso para pegarte el lote con ella, siempre y cuando pueda mirar.</p><p>��Estupendo. -Clary sonri�, agach�ndose para doblar la manta que hab�an llevado para sentarse-. Lo �nico que te preocupa es que contraten un instructor masculino y est� m�s bueno que t�.</p><p>Jace enarc� las cejas.</p><p>���M�s bueno que yo?</p><p>��Podr�a pasar -dijo Clary-. En teor�a, ya sabes.</p><p>��En teor�a, el planeta podr�a partirse ahora mismo por la mitad, dej�ndome a m� a un lado y a ti en el otro, separados tr�gicamente y para siempre, pero eso tampoco me preocupa. Hay cosas -dijo Jace, con su t�pica sonrisa torcida- que son demasiado improbables como para andar comi�ndose el tarro por ellas.</p><p>Le tendi� la mano; ella se la cogi� y juntos cruzaron el c�sped y se encaminaron hacia una arboleda situada al final del East Meadow que s�lo los cazadores de sombras parec�an conocer. Clary sospechaba que estaba encantada, ya que Jace y ella entrenaban a menudo all� y nadie los hab�a interrumpido nunca, a excepci�n de Isabelle o de Maryse.</p><p>En oto�o, Central Park era un bullicio de color. Los �rboles que rodeaban el prado luc�an sus colores m�s intensos y envolv�an el verde con abrasadores matices dorados, rojos, cobrizos y anaranjados. Hac�a un d�a precioso para dar un paseo rom�ntico por el parque y besarse en uno de sus puentes de piedra. Pero eso no iba a suceder. Era evidente que, por lo que a Jace se refer�a, el parque era una extensi�n al aire libre de la sala de entrenamiento del Instituto y que estaban all� para que Clary realizara diversos ejercicios que ten�an que ver con conocimiento del entorno, t�cnicas de huida y evasi�n, y matar cosas con las manos.</p><p>En condiciones normales, le habr�a apasionado la idea de aprender a matar cosas con las manos. Pero segu�a estando preocupada por Jace, por muy fr�volas que fueran sus bromas. No dorm�a bien y le daba la impresi�n de que evitaba encontrarse a solas con ella excepto para las sesiones de entrenamiento. No pod�a quitarse de encima la fastidiosa sensaci�n de que algo iba mal. Si al menos existiera una runa que le obligara a decirle lo que en realidad sent�a. Pero jam�s se le ocurrir�a crear una runa as�, se record� r�pidamente. No ser�a �tico utilizar su poder para intentar controlar a otra persona. Y adem�s, desde que hab�a creado en Idris la runa de alianza, su poder se hab�a quedado aparentemente aletargado. No sent�a ninguna necesidad de dibujar antiguas runas, ni hab�a tenido visiones de nuevas runas que poder crear. Maryse le hab�a comentado que en cuanto su formaci�n estuviese ya en marcha, intentar�an buscar un especialista en runas para que le diese clases particulares, pero hasta el momento nada de aquello se hab�a materializado. Ni le importaba mucho, la verdad. Ten�a que confesar que no estaba muy segura de si le importar�a que su poder desapareciese para siempre.</p><p>��Habr� ocasiones en las que te tropezar�s con un demonio y no dispondr�s de armas de combate -estaba dici�ndole Jace mientras paseaban por debajo de una hilera de �rboles cargados de hojas cuyos colores pasaban por toda la gama de verdes hasta alcanzar un resplandeciente tono dorado-. Si eso te sucede, que no cunda el p�nico. Tienes que recordar que el arma eres t�. En teor�a, cuando hayas terminado tu formaci�n, deber�as ser capaz de abrir un boquete en una pared de una patada y de noquear a un alce con un simple pu�etazo.</p><p>��Jam�s le dar�a un pu�etazo a un alce -dijo Clary-. Est�n en peligro de extinci�n.</p><p>Jace esboz� una leve sonrisa y se volvi� para mirarla. Hab�an llegado al claro de la arboleda, una peque�a �rea despejada rodeada de �rboles. En los troncos de los �rboles hab�a runas talladas, lo que lo se�alaba como lugar de los cazadores de sombras.</p><p>��Existe un antiguo estilo de lucha que se conoce como Muay Thai -dijo Jace-. �Has o�do hablar de �l?</p><p>Clary neg� con la cabeza. El sol brillaba con fuerza y casi ten�a calor con el pantal�n de ch�ndal y la sudadera. Jace se quit� la chaqueta y se volvi� hacia ella, flexionando sus esbeltas manos de pianista. Con la luz oto�al, sus ojos adquir�an un color oro intenso. Marcas de velocidad, agilidad y fuerza se emparraban por sus brazos, desde las mu�ecas hasta sus prominentes b�ceps, para desaparecer bajo las mangas de la camiseta. Clary se pregunt� por qu� se habr�a tomado la molestia de marcarse de aquella manera, como si ella fuera un enemigo al que tener en cuenta.</p><p>��He o�do el rumor de que el nuevo instructor que llegar� la semana que viene es maestro de Muay Thai -dijo �l-. Y de sambo, lethwei, tomoi, krav maga, jujitsu y otra cosa cuyo nombre francamente no recuerdo pero que va de matar a la gente con palos peque�os o algo por el estilo. Lo que quiero decir es que �l o ella no estar� acostumbrado a trabajar con alguien de tu edad y con tan poca experiencia, de modo que pienso que si te ense�o algunos puntos b�sicos, se mostrar� m�s generoso contigo. -Le puso las manos en las caderas-. Y ahora, ponte de cara a m�.</p><p>Clary hizo lo que le ped�a. Situados el uno frente al otro, la cabeza de ella le llegaba a la barbilla de �l. Dej� descansar las manos en los b�ceps de Jace.</p><p>��El Muay Thai se conoce como �el arte de los ocho miembros�. Y ello es debido a que como elementos de ataque no s�lo utilizas los pu�os y los pies, sino tambi�n las rodillas y los codos. Primero se trata de inmovilizar a tu oponente y despu�s, de golpearlo con todos y cada uno de tus elementos de ataque hasta tumbarlo.</p><p>���Y eso funciona con los demonios? -pregunt� Clary, levantando las cejas.</p><p>��Con los menores s�. -Jace se acerc� a ella-. Y muy bien. Extiende ahora el brazo y ag�rrame por la nuca.</p><p>Hacer lo que acababa de ordenarle era imposible si no se pon�a de puntillas. No por primera vez, Clary maldijo para sus adentros el hecho de ser tan bajita.</p><p>��Ahora levanta la otra mano y repite el movimiento, de tal modo que tus manos se entrelacen por detr�s de mi cuello.</p><p>Lo hizo. La nuca de Jace estaba caliente por efecto del sol y su suave cabello le hac�a cosquillas en los dedos. Con el cuerpo del uno pegado al otro, Clary sent�a el anillo que llevaba colgado de una cadena al cuello presionando entre ellos como un guijarro prisionero entre dos manos.</p><p>��En un combate de verdad, tendr�as que moverte mucho m�s r�pido -dijo Jace. A menos que fuesen imaginaciones de Clary, dir�a que su voz hab�a sonado algo insegura-. Tenerme cogido as� te sirve para hacer palanca. Ahora utilizar�s esa palanca para tirar hacia adelante y darles inercia a los golpes que des hacia arriba con la rodilla�</p><p>��Caramba, caramba -dijo una voz fr�a y con un tono que daba a entender que se lo estaba pasando en grande-. �S�lo seis semanas y ya and�is pele�ndoos? Con qu� rapidez se esfuma el amor entre los mortales.</p><p>Clary solt� a Jace y dio media vuelta, aunque ya sab�a qui�n era. La reina de la corte seelie apareci� bajo la sombra de dos �rboles. De no haber sabido Clary que estaba all�, se pregunt� si la habr�a detectado, aun incluso con la Visi�n. La reina iba vestida con un traje largo, verde como la hierba, y su cabello, que le ca�a por encima de los hombros, era del color de una hoja seca. Era tan bella y tan temible como una estaci�n moribunda. Clary nunca hab�a confiado en ella.</p><p>���Qu� hac�is aqu�? -Fue Jace quien habl�, entrecerrando los ojos-. Este lugar pertenece a los cazadores de sombras.</p><p>��Y yo tengo noticias de inter�s para los cazadores de sombras. -Cuando la reina dio un elegante paso al frente, los rayos de sol se filtraron entre los �rboles e iluminaron la diadema de frutos del bosque dorados que llevaba en la cabeza. Clary se preguntaba a veces si la reina planificaba con tiempo sus dram�ticas apariciones y, en caso de hacerlo, c�mo lo har�a-. Se ha producido otra muerte.</p><p>���Qu� tipo de muerte?</p><p>��Otro de los vuestros. Un nefilim muerto. -La verdad fue que la reina lo anunci� con cierto deleite-. Han encontrado el cuerpo bajo el Oak Bridge al amanecer. Como sab�is, el parque es dominio m�o. Un asesinato humano no es de mi incumbencia, pero no parece una muerte de origen mundano. Han llevado el cad�ver a la corte para que lo examinen mis forenses. Y han dictaminado que el mortal fallecido es uno de los vuestros.</p><p>Clary mir� en seguida a Jace, recordando la noticia sobre la muerte de otro cazador de sombras que hab�an recibido hac�a tan s�lo dos d�as. Adivin� que Jace estaba pensando lo mismo que ella; se hab�a quedado p�lido.</p><p>���D�nde est� el cuerpo? -pregunt�.</p><p>���Te preocupa mi hospitalidad? Est� esperando en mi corte, y os garantizo que le proporcionaremos todo el respeto que le ofrecer�amos a un cazador de sombras vivo. Ahora que uno de los m�os tiene un lugar en el Consejo al lado de los vuestros, no pod�is dudar ya de nuestra buena fe.</p><p>��Como siempre, la buena fe y milady van de la mano. -El sarcasmo de la voz de Jace era evidente, pero la reina se limit� a sonre�r. Le gustaba Jace, Clary siempre lo hab�a pensado, de ese modo con el que a las hadas les gustaban las cosas bonitas por el simple hecho de ser bonitas. Por otro lado, ella sab�a que no era del agrado de la reina, y el sentimiento era mutuo-. �Y por qu� nos dais el mensaje a nosotros y no a Maryse? La costumbre obliga a�</p><p>��Oh, las costumbres. -La reina reneg� de las costumbres con un gesto-. Vosotros estabais aqu�. Me ha parecido m�s oportuno.</p><p>Jace volvi� a mirarla entrecerrando los ojos y abri� su tel�fono m�vil. Con un gesto le indic� a Clary que se quedara donde estaba y se alej� un poco de all�. Clary le oy� que dec�a ��Maryse?� cuando le respondieron al tel�fono, pero luego su voz qued� amortiguada por los gritos de los terrenos de juego colindantes.</p><p>Con una sensaci�n de pavor fr�o, volvi� a mirar a la reina. No hab�a visto a la Dama de la corte de seelie desde su �ltima noche en Idris, y en aquella ocasi�n no pod�a decirse que Clary se hubiese mostrado precisamente educada con ella. Dudaba que la reina hubiese olvidado aquello o la hubiese perdonado por ello. ��De verdad rechazar�as un favor de la reina de la corte de seelie?�</p><p>��Me han dicho que Meliorn ha conseguido un esca�o en el Consejo -dijo Clary-. Deb�is de estar satisfecha.</p><p>��Lo estoy. -La reina la mir�, divertida-. Me siento cumplidamente encantada.</p><p>��Entonces -dijo Clary-, �nada de rencores?</p><p>La sonrisa de la reina se volvi� g�lida en las comisuras de su boca, como la escarcha que cubr�a la orilla del estanque.</p><p>��Supongo que te refieres a mi oferta, que tan groseramente rechazaste -dijo-. Como bien sabes, mi objetivo se cumpli� de todos modos; la que sali� perdiendo, y me imagino que la mayor�a estar�a de acuerdo conmigo, fuiste t�.</p><p>��Yo no quer�a aquel trato. -Clary intent�, sin conseguirlo, que su voz no sonara cortante-. La gente no puede hacer siempre lo que vos quer�is.</p><p>��No pretendas echarme un serm�n, ni�a. -La reina sigui� con la mirada a Jace, que deambulaba bajo los �rboles, tel�fono en mano-. Es bello -dijo-. Entiendo por qu� lo amas. Pero �te has preguntado alguna vez qu� es lo que le atrae a �l de ti?</p><p>Clary no respondi�; le pareci� que no ten�a nada que decir.</p><p>��Os une la sangre del Cielo -dijo la reina-. La sangre llama a la sangre, y eso corre por debajo de la piel. Pero amor y sangre no son la misma cosa.</p><p>��Acertijos -dijo Clary enfadada-. �De verdad quer�is decir alguna cosa cuando habl�is as�?</p><p>���l est� unido a ti -dijo la reina-. Pero �te ama?</p><p>Clary not� que se le retorc�an las manos. Deseaba poder probar con la reina alguno de los nuevos golpes de ataque que hab�a aprendido, pero sab�a que no era en absoluto una buena idea.</p><p>��S�.</p><p>���Y te desea? Porque amor y deseo no siempre van unidos.</p><p>��Eso no es de vuestra incumbencia -replic� Clary escuetamente, pero se dio cuenta de que la reina le clavaba los ojos como si fueran agujas.</p><p>��T� lo quieres como nunca has querido a nadie. Pero �siente �l lo mismo? -La suave voz de la reina era inexorable-. �l podr�a tener todo aquello o a todo aquel que le plazca. �No te preguntas por qu� te ha elegido a ti? �No te preguntas si se arrepiente de ello? �Ha cambiado con respecto a ti?</p><p>Clary not� las l�grimas escoci�ndole en los ojos.</p><p>��No, no ha cambiado. -Pero pens� en la cara de Jace en el ascensor la otra noche, y en c�mo le hab�a dicho que se marchara a su casa cuando ella le ofreci� quedarse.</p><p>��Me dijiste que no deseabas llegar a un pacto conmigo, porque nada hab�a que yo pudiera aportarte. Dijiste que no hab�a nada en este mundo que quisieras. -La reina ten�a los ojos brillantes-. �Sigues pensando lo mismo cuando te imaginas la vida sin �l?</p><p>��Por qu� me hac�is esto?�, deseaba gritar Clary, pero no dijo nada porque vio que la reina de las hadas miraba m�s all� de donde ella estaba, y acto seguido sonri� y dijo:</p><p>��S�cate las l�grimas porque ya vuelve. No le har� ning�n bien verte llorar.</p><p>Clary se frot� apresuradamente los ojos con el dorso de la mano y se volvi�. Jace se acercaba a ellas, con mala cara.</p><p>��Maryse y Robert ya van hacia los Tribunales -dijo-. �D�nde est� la reina?</p><p>Clary se qued� mir�ndolo, sorprendida.</p><p>��Est� aqu� -empez� a decir, pero al volverse se interrumpi�. Jace ten�a raz�n. La reina se hab�a ido y �nicamente un remolino de hojas a los pies de Clary indicaba el lugar donde se hab�a posado.</p><empty-line/><p>Simon, con su chaqueta acolchada bajo la cabeza a modo de almohada, estaba acostado contemplando el tejado plagado de agujeros del garaje de Eric, embargado por una sensaci�n de nefasta fatalidad. Ten�a a sus pies el macuto, el tel�fono pegado a la oreja. En aquel momento, la familiaridad de la voz de Clary en el otro lado de la l�nea era lo �nico que le imped�a derrumbarse por completo.</p><p>��Lo siento mucho, Simon. -Adivin� que estaba en alg�n lugar de la ciudad por el sonido del tr�fico amortiguando su voz-. �De verdad est�s en el garaje de Eric? �Lo sabe �l?</p><p>��No -respondi� Simon-. En este momento no hay nadie en casa y yo ten�a la llave del garaje. Me ha parecido un buen lugar. �Y t� d�nde est�s, por cierto?</p><p>��En la ciudad. -Para los habitantes de Brooklyn, Manhattan ser�a siempre �la ciudad�. No exist�a otra metr�polis-. Estaba entrenando con Jace, pero �l ha tenido que volver al Instituto para no s� qu� asunto de la Clave. Voy de camino a casa de Luke. -Se oy� el bocinazo de un coche-. �Quieres venir a casa? Podr�as dormir en el sof� de Luke.</p><p>Simon dud�. Ten�a buenos recuerdos de la casa de Luke. Desde que conoc�a a Clary, Luke siempre hab�a vivido en una vivienda destartalada pero simp�tica que ocupaba el piso superior de la librer�a. Clary ten�a una llave, y ella y Simon hab�an pasado all� horas agradables leyendo los libros que �cog�an prestados� de la tienda o viendo pel�culas antiguas en la tele.</p><p>Pero las cosas hab�an cambiado mucho.</p><p>��A lo mejor mi madre podr�a hablar con tu madre -dijo Clary, preocupada por el silencio de Simon-. Hacerle comprender.</p><p>���Hacerle comprender que soy un vampiro? Clary, creo que ya lo entiende, de un modo siniestro. Pero eso no significa que vaya a aceptarlo o que est� de acuerdo con ello.</p><p>��Pero tampoco puedes seguir haciendo que lo olvide, Simon -dijo Clary-. Esa soluci�n no te funcionar� eternamente.</p><p>���Por qu� no? -Sab�a que estaba mostr�ndose irrazonable, pero acostado en el duro suelo, rodeado de olor a gasolina y del susurro de las ara�as pase�ndose por sus telas en los rincones del garaje, sinti�ndose m�s solo que nunca, la raz�n le parec�a algo tremendamente remoto.</p><p>��Porque de lo contrario tu relaci�n con ella no ser�a m�s que una mentira. Nunca podr�as volver a casa�</p><p>���Por qu� no? -pregunt�, interrumpi�ndola con severidad-. Forma parte de la maldici�n, �verdad? �Fugitivo y errante ser�s.�</p><p>A pesar de los ruidos del tr�fico y del sonido de las conversaciones de la gente que ten�a a su alrededor, Simon oy� que Clary respiraba hondo.</p><p>���Piensas que eso tendr�a que cont�rselo tambi�n? -dijo-. �Que me se�alaste con la Marca de Ca�n? �Que soy, b�sicamente, una maldici�n andante? �Crees que va a querer eso en su casa?</p><p>Los sonidos de fondo se acallaron; Clary deb�a de haberse refugiado en el umbral de una casa. Se dio cuenta de que conten�a las l�grimas cuando le dijo:</p><p>��Lo siento mucho, Simon. Sabes que lo siento�</p><p>��No es culpa tuya. -De repente se sent�a extremadamente agotado. �Estupendo, primero aterrorizas a tu madre y luego haces llorar a tu mejor amiga. Un d�a de bandera para ti, Simon.�-. Mira, es evidente que en estos momentos no deber�a andar mezcl�ndome con gente. Voy a quedarme aqu� y ya me encontrar� con Eric cuando vuelva a su casa.</p><p>Clary emiti� un sonido parecido a una risa entre tantas l�grimas.</p><p>���Acaso Eric no cuenta como gente?</p><p>��Te mantendr� informada -dijo Simon, dudoso-. Te llamo ma�ana, �de acuerdo?</p><p>��Nos vemos ma�ana. Prometiste acompa�arme a probarme vestidos, �lo recuerdas?</p><p>��Caray -dijo-, eso es que debo de quererte de verdad.</p><p>��Lo s� -dijo ella-. Y yo tambi�n te quiero.</p><p>Simon apag� el tel�fono y se recost� en el suelo, con el aparato pegado a su pecho. Resultaba gracioso, pens�. Ahora pod�a decirle a Clary �Te quiero� despu�s de haber estado a�os luchando por pronunciar esas palabras y ser incapaz de que salieran de su boca. Y ahora que ya no ten�an la misma intenci�n, resultaba f�cil.</p><p>A veces se preguntaba qu� habr�a ocurrido de no haber existido nunca un Jace Wayland. Si Clary nunca hubiera descubierto que era una cazadora de sombras. Pero alej� aquel pensamiento de su cabeza, no ten�a sentido continuar por aquel camino. El pasado no pod�a cambiarse. S�lo le quedaba seguir adelante. Aunque no ten�a ni idea de qu� implicaba seguir adelante. No pod�a quedarse para siempre en el garaje de Eric. Incluso con su actual estado de humor, reconoc�a que aqu�l era un lugar miserable. No ten�a fr�o -de hecho, ya no sent�a ni el fr�o ni el calor-, pero el suelo estaba duro y estaba cost�ndole conciliar el sue�o. Ojal� pudiera embotar sus sentidos. El sonido del tr�fico le imped�a descansar, igual que el desagradable tufo a gasolina. Pero lo que m�s le corro�a era la preocupaci�n por lo que hacer a continuaci�n.</p><p>Hab�a tirado la mayor parte de sus reservas de sangre y llevaba el resto en su mochila; ten�a suficiente para unos cuantos d�as m�s, pero despu�s tendr�a problemas. Eric, dondequiera que estuviera, dejar�a a Simon quedarse en su casa, pero aquella soluci�n acabar�a con una llamada de los padres de Eric a la madre de Simon. Y teniendo en cuenta que su madre lo cre�a con su hermana, aquello no le har�a ning�n bien.</p><p>D�as, pens�. �sa era la cantidad de tiempo de la que dispon�a. Antes de quedarse sin sangre, antes de que su madre empezara a preguntarse d�nde estaba y llamase a Rebecca para interesarse por �l. Antes de que su madre empezara a recordar. Ahora era un vampiro. Supuestamente, la eternidad era suya. Pero dispon�a s�lo de d�as.</p><p>Hab�a ido con mucho cuidado. Hab�a intentado con todas sus fuerzas seguir con lo que consideraba una vida normal: colegio, amigos, su casa, su habitaci�n. Hab�a sido mucha tensi�n, pero la vida era eso. Las dem�s opciones le parec�an tan desapacibles y solitarias que no soportaba siquiera plante�rselas. La voz de Camille reson� entonces en su cabeza. �Pero �qu� pasar� de aqu� a diez a�os, cuando supuestamente deber�as tener veintis�is? �Y de aqu� a veinte a�os? �O treinta? �Crees que nadie se dar� cuenta de que ellos envejecen y cambian y t� no?�</p><p>La situaci�n que se hab�a creado, la que con tanto cuidado hab�a esculpido tomando como modelo su antigua vida, nunca habr�a podido ser permanente, pens� en aquel momento con una sensaci�n de ahogo en el pecho. Nunca hubiera funcionado. Se hab�a aferrado a sombras y recuerdos. Volvi� a pensar en Camille, en su oferta. Ahora le sonaba mucho mejor que antes. La oferta de una comunidad, por mucho que no fuera la comunidad que �l hubiera deseado. Dispon�a �nicamente de un d�a m�s antes de que ella reclamara su respuesta. �Y qu� le dir�a? Hasta aquel momento hab�a cre�do saberlo, pero ya no estaba tan seguro.</p><p>Un sonido rechinante lo despert� de su ensue�o. La puerta del garaje empezaba a levantarse y la luz ilumin� el oscuro interior. Simon se incorpor�, con el cuerpo de pronto en pleno estado de alerta.</p><p>���Eric?</p><p>��No. Soy yo, Kyle.</p><p>���Kyle? -dijo Simon sin entender nada, antes de empezar a recordar: el chico al que hab�an decidido incorporar como cantante solista. A punto estuvo Simon de dejarse caer de nuevo al suelo-. Oh, s�. Pero los chicos no est�n, si esperabas ensayar�</p><p>��No pasa nada. No es por eso que he venido. -Kyle entr� en el garaje, pesta�eando por la oscuridad, con las manos hundidas en los bolsillos traseros de su vaquero-. T� eres� comoquiera que te llames, el bajista, �no es eso?</p><p>Simon se levant�, sacudi�ndose el polvo de la ropa.</p><p>��Soy Simon.</p><p>Kyle mir� a su alrededor, frunciendo el ce�o con perplejidad.</p><p>��Creo que ayer me olvid� aqu� mis llaves. Las he buscado por todas partes. Mira, aqu� est�n. -Se agach� detr�s de la bater�a y sali� de all� un segundo despu�s, blandiendo triunfante un manojo de llaves. Iba vestido m�s o menos como el d�a anterior, con una camiseta azul debajo de una cazadora de cuero y una medalla dorada de alg�n santo colgada al cuello, con el pelo oscuro enredado-. Y bien -dijo Kyle, apoy�ndose en uno de los altavoces-. �Estabas durmiendo aqu�? �En el suelo?</p><p>Simon movi� afirmativamente la cabeza.</p><p>��Me han echado de casa. -No era exactamente cierto, pero fue lo �nico que se le ocurri�.</p><p>Kyle asinti�, comprendi�ndolo.</p><p>���Tu madre ha descubierto tu alijo de hierba? Eso jode.</p><p>��No, qu� va� nada de hierba. -Simon se encogi� de hombros-. Tenemos diferentes opiniones respecto a mi estilo de vida.</p><p>���Se ha enterado de lo de tus dos novias? -Kyle sonri�. Era guapo, hab�a que reconocerlo, pero a diferencia de Jace, que sab�a perfectamente lo guapo que era, Kyle daba la impresi�n de no haberse peinado en un mont�n de semanas. Su aspecto recordaba el de un cachorrillo simp�tico, y eso lo hac�a atractivo-. Me lo cont� Kirk. Mejor para ti, t�o. Yo� yo tampoco vivo en casa -sigui� Kyle-. Me march� har� cosa de dos a�os. -Se cruz� de brazos e inclin� la cabeza. Baj� la voz-. No he hablado con mis padres desde entonces. Me apa�o bien solo, pero� te entiendo.</p><p>��Esos tatuajes -dijo Simon, toc�ndose los brazos-. �Qu� significan?</p><p>Kyle extendi� los brazos.</p><p>��<emphasis>Shaantih shaantih shaantih</emphasis> -dijo-. Son mantras de las Upanishads. S�nscrito. Oraciones por la paz.</p><p>En condiciones normales, a Simon le habr�a parecido pretencioso tatuarse en s�nscrito. Pero ahora ya no.</p><p>��<emphasis>Shalom</emphasis> -dijo.</p><p>Kyle pesta�e�.</p><p>���Qu�?</p><p>��Significa paz -dijo Simon-. En hebreo. Se me ha ocurrido que sonaba similar.</p><p>Kyle se qued� mir�ndolo. Daba la impresi�n de que estaba deliberando. Dijo por fin:</p><p>��Tal vez te parezca una locura�</p><p>Simon se puso r�gido.</p><p>��Pues no s�. Mi definici�n de locura se ha vuelto bastante flexible en el transcurso de los �ltimos meses.</p><p>��� pero tengo un apartamento. En Alphabet City. Y mi compa�ero de piso acaba de dejarlo. Tiene dos habitaciones, podr�as acoplarte en la suya. Tiene una cama y todo lo necesario.</p><p>Simon dud�. Por un lado, no conoc�a en absoluto a Kyle, y trasladarse a vivir al apartamento de un perfecto desconocido le parec�a una maniobra est�pida y de proporciones �picas. A pesar de sus tatuajes pacifistas, Kyle pod�a ser un asesino en serie. Por otro lado, como no conoc�a en absoluto a Kyle, nadie lo buscar�a all�. �Y qu� pasar�a si Kyle resultase ser un asesino en serie?, pens� con amargura. Ser�a peor para Kyle que para �l, igual que lo hab�a sido para aquel atracador la otra noche.</p><p>���Sabes? -dijo-. Me parece que voy a tomarte la palabra, si te parece bien.</p><p>Kyle asinti�.</p><p>��Si quieres venir a la ciudad conmigo, tengo la furgoneta aparcada ah� fuera.</p><p>Simon se agach� para recoger su macuto y se lo colg� del hombro. Guard� el tel�fono m�vil en el bolsillo y abri� las manos, para indicar con el gesto que ya estaba listo.</p><p>��Cuando quieras.</p></section><section><title><p>5 EL INFIERNO LLAMA AL INFIERNO</p></title><p>El apartamento de Kyle result� ser una sorpresa agradable. Simon esperaba un mugriento piso sin ascensor en un bloque de la Avenida D, con cucarachas subiendo por las paredes y una cama construida con un colch�n de espuma y cartones de leche. Pero en realidad, el apartamento de Kyle era un aseado pisito de dos habitaciones con un peque�o sal�n, un mont�n de estanter�as y las paredes llenas de fotograf�as de famosas playas de surfistas. Y aunque Kyle cultivaba algunas plantas de marihuana en la escalera de incendios� no pod�a tenerse todo en esta vida.</p><p>La habitaci�n de Simon era como una caja vac�a. Quienquiera que la ocupara antes no hab�a dejado nada en ella excepto un fut�n. Ten�a las paredes desnudas, el suelo tambi�n estaba desnudo y hab�a una �nica ventana a trav�s de la cual Simon vio el cartel luminoso del restaurante chino de la acera de enfrente.</p><p>���Te gusta? -pregunt� Kyle desde el umbral de la puerta, sus ojos verdes muy abiertos y amistosos.</p><p>��Es estupenda -respondi� Simon sinceramente-. Justo lo que necesitaba.</p><p>El objeto m�s caro del apartamento era el televisor de pantalla plana del sal�n. Se dejaron caer en el sof� y se entretuvieron mirando programas malos mientras el sol se pon�a en el exterior. Kyle era un buen t�o, decidi� Simon. No se met�a en sus asuntos, no era curioso, no formulaba preguntas. No le hab�a pedido nada a cambio de la habitaci�n. Era simplemente un tipo simp�tico. Simon se pregunt� si habr�a olvidado ya c�mo eran los seres humanos normales y corrientes.</p><p>Despu�s de que Kyle se marchara a trabajar en un turno de noche, Simon entr� en su habitaci�n, se dej� caer en el colch�n y se qued� escuchando el tr�fico que circulaba por la Avenida B.</p><p>Hab�a estado obsesionado con im�genes de la cara de su madre desde que se hab�a ido: c�mo lo hab�a mirado con miedo y odio, como si fuera un intruso en su casa. Aun sin necesidad de respirar, pensar en aquello segu�a caus�ndole una sensaci�n de opresi�n en el pecho. Pero ahora�</p><p>De peque�o siempre le hab�a gustado viajar, porque visitar un lugar nuevo equival�a a estar lejos de todos sus problemas. Y ahora, incluso all�, con s�lo un r�o separ�ndolo de Brooklyn, los recuerdos que hab�an estado corroy�ndole como el �cido -la muerte del atracador, la reacci�n de su madre a la verdad de su condici�n- parec�an confusos y remotos.</p><p>Tal vez el secreto fuera �se, pens�. Moverse sin parar. Como un tibur�n. Ir a donde nadie pueda encontrarte. �Fugitivo y errante ser�s en la tierra.�</p><p>Pero eso s�lo funcionaba si no te importaba dejar atr�s a nadie.</p><p>Aquella noche durmi� a rachas. A pesar de ser un vampiro diurno, su necesidad natural era dormir de d�a, y estuvo combatiendo inquietud y pesadillas antes de despertarse tarde con los rayos de sol entrando por la ventana. Despu�s de vestirse con ropa limpia de su mochila, sali� de la habitaci�n y encontr� a Kyle en la cocina, friendo huevos con beicon en una sart�n de Tefl�n.</p><p>��Hola, compa�ero de piso -dijo Kyle, salud�ndolo alegremente-. �Te apetece desayunar?</p><p>Ver comida le provoc� n�useas a Simon.</p><p>��No, gracias. Tomar� s�lo caf�. -Se encaram� a uno de los taburetes, que estaba algo torcido.</p><p>Kyle empuj� hacia �l un taz�n descascarillado.</p><p>��El desayuno es la comida m�s importante del d�a, hermano. Aunque sea casi mediod�a.</p><p>Simon puso las manos alrededor del taz�n y not� el calor penetrando su fr�a piel. Busc� alg�n tema de conversaci�n, algo que no tuviera que ver con lo poco que com�a.</p><p>��No te lo pregunt� ayer: �C�mo te ganas la vida?</p><p>Kyle cogi� un trocito de beicon de la sart�n y le dio un mordisco. Simon se fij� en que la medalla dorada que llevaba colgada al cuello ten�a una cenefa de hojas y las palabras �<emphasis>Beati bellicosi</emphasis>�. <emphasis>Beati</emphasis>, sab�a Simon, era una palabra que ten�a algo que ver con los santos; Kyle deb�a de ser cat�lico.</p><p>��Mensajero en bicicleta -dijo, masticando-. Es incre�ble. Voy por toda la ciudad, lo veo todo, hablo con todo el mundo. Mucho mejor que el instituto.</p><p>���Dejaste los estudios?</p><p>��Acab� la secundaria. Prefiero la escuela de la vida. -A Simon le hubiera sonado rid�culo si no fuera porque Kyle dijo lo de �escuela de la vida� igual que dec�a cualquier otra cosa, con total sinceridad-. �Y t�? �Alg�n plan?</p><p>�Oh, ya sabes. Vagar por la tierra, sembrando la muerte y la destrucci�n entre inocentes. Tal vez beber un poco de sangre de vez en cuando. Vivir eternamente, aunque sin divertirme jam�s. S�lo lo normal.�</p><p>��En estos momentos funciono sobre la marcha.</p><p>���Te refieres a que no quieres ser m�sico? -pregunt� Kyle.</p><p>Para el alivio de Simon, su m�vil son� antes de que tuviera que responder aquella pregunta. Hurg� en su bolsillo y mir� la pantalla. Era Maia.</p><p>��Hola -dijo salud�ndola-. �Qu� tal?</p><p>���Piensas ir esta tarde con Clary a la prueba del vestido? -le pregunt�; su voz chisporroteaba en el otro extremo de la l�nea. Lo m�s probable era que llamara desde los cuarteles generales de su manada en Chinatown, donde la cobertura no era precisamente estupenda-. Me explic� que te hab�a pedido que la acompa�aras.</p><p>���Qu�? Oh, s�. S�. All� estar�. -Clary le hab�a pedido a Simon que la acompa�ara a la prueba de su vestido de dama de honor, para as� despu�s ir juntos a comprar c�mics y sentirse, seg�n sus propias palabras, �un poco menos ni�a cursi emperifollada�.</p><p>��Pues me apunto. Tengo que darle a Luke un mensaje para la manada y, adem�s, me da la impresi�n de que hace siglos que no te veo.</p><p>��Lo s�. Y lo siento de verdad�</p><p>��No pasa nada -dijo ella-. Pero tendr�s que decirme qu� piensas ponerte para ir a la boda, porque de lo contrario no pegaremos ni con cola.</p><p>Colg�, dejando a Simon mirando el tel�fono. Clary ten�a raz�n. El d�a de la boda ser�a el D�a-D, y estaba deplorablemente poco preparado para la batalla.</p><p>���Una de tus novias? -pregunt� Kyle con curiosidad-. La pelirroja del garaje, �era una de ellas? Era muy mona.</p><p>��No. �sa es Clary; es mi mejor amiga. -Simon se guard� el m�vil en el bolsillo-. Y tiene novio. Ella s� que tiene novio, de los de verdad. La bomba nuclear de los novios. Cr�eme.</p><p>Kyle sonri�.</p><p>��S�lo preguntaba. -Dej� la sart�n del beicon, vac�a, en el fregadero-. �Y c�mo son tus dos chicas?</p><p>��Son muy, muy� distintas. -En ciertos aspectos, pens� Simon, eran polos opuestos. Maia era tranquila y asentada; Isabelle viv�a las emociones al m�ximo. Maia era una luz firme y regular en la oscuridad; Isabelle era una estrella reluciente que giraba sin cesar en el vac�o-. Las dos son estupendas. Guapas e inteligentes�</p><p>���Y no se conocen? -Kyle se apoy� en la encimera-. �En absoluto?</p><p>Simon se encontr� dando explicaciones: c�mo despu�s de su regreso de Idris (aunque sin mencionar el nombre del lugar), las dos hab�an empezado a llamarlo porque quer�an salir con �l. Y que �l hab�a salido con ambas porque las dos le gustaban. Y que sin querer hab�a iniciado un romance con las dos, y que nunca encontraba el momento de explicarle a la una que se estaba viendo con la otra. Y que la cosa hab�a ido creciendo como una bola de nieve y ahora ah� estaba �l, sin querer hacerle da�o a ninguna, pero sin saber tampoco c�mo continuar.</p><p>��Pues si quieres mi opini�n -dijo Kyle, volvi�ndose para tirar al fregadero lo que le quedaba de caf�-, tendr�as que elegir a una de las dos y dejar de hacer el perro. Que conste que no es m�s que mi opini�n.</p><p>Como estaba de espaldas a �l, Simon no pod�a verle la cara y se pregunt� por un segundo si Kyle estar�a enfadado de verdad. Su voz sonaba extra�amente seria. Pero cuando Kyle se volvi�, su expresi�n era tan sincera y amigable como siempre. Simon pens� que ser�an imaginaciones suyas.</p><p>��Lo s� -dijo-. Tienes raz�n. -Mir� en direcci�n a su habitaci�n-. �Est�s seguro de que te va bien que me instale aqu�? Puedo largarme cuando quieras�</p><p>��Me va bien. Qu�date todo el tiempo que necesites. -Kyle abri� un caj�n de la cocina y hurg� en su interior hasta que encontr� lo que andaba buscando: un juego de llaves sujeto con una goma el�stica-. Un juego para ti. Eres totalmente bienvenido, �entendido? Tengo que ir a trabajar, pero puedes quedarte por aqu� si quieres. Juega al Halo o haz lo que te apetezca. �Estar�s aqu� cuando vuelva?</p><p>Simon se encogi� de hombros.</p><p>��Seguramente no. Tengo que ir a las tres a esa prueba del vestido.</p><p>��Estupendo -dijo Kyle, ech�ndose al hombro un macuto y dirigi�ndose a la puerta-. Diles que te confeccionen algo en rojo. Es tu color.</p><empty-line/><p>��Y bien -dijo Clary, saliendo del probador-. �Qu� opinas?</p><p>Gir� sobre s� misma para ver qu� tal. Simon, que manten�a el equilibrio en una de las inc�modas sillas blancas de Karyn�s, la tienda especializada en vestidos de novia, cambi� de postura, hizo una mueca y dijo:</p><p>��Est�s bien.</p><p>Estaba m�s que bien. Clary era la �nica dama de honor de su madre y gracias a ello hab�a podido elegir el vestido que m�s le gustase. Hab�a seleccionado uno muy sencillo, de seda color oro con tirantes finos que encajaba a la perfecci�n con su cuerpo menudo. La �nica joya que lucir�a ser�a el anillo de los Morgenstern, colgado al cuello mediante una cadenita. La cadena, de plata y muy sencilla, resaltaba la forma de su clav�cula y la curvatura de su cuello.</p><p>Hac�a tan s�lo unos meses, ver a Clary vestida para una boda habr�a conjurado en Simon una mezcla de sentimientos: oscura desesperaci�n -Clary nunca lo amar�a- y una excitaci�n tremenda -o tal vez s�, si consegu�a reunir el valor suficiente para declararle sus sentimientos-. Ahora, s�lo lo hac�a sentirse un poco nost�lgico.</p><p>���Bien? -repiti� Clary-. �Eso es todo? �No me lo puedo creer! -Se volvi� hacia Maia-. �Qu� opinas t�?</p><p>Maia hab�a dejado correr las inc�modas sillas y estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en una pared decorada con tiaras y largos velos de tul. Ten�a la videoconsola de Simon apoyada en una rodilla y estaba pr�cticamente absorta en su partida de Grand Theft Auto.</p><p>��A m� no me preguntes -dijo-. Odio los vestidos. Si pudiera, acudir�a a la boda con tejanos.</p><p>Y era cierto. Simon rara vez hab�a visto a Maia con otra cosa que no fuera una combinaci�n de vaqueros y camiseta. En este sentido, era todo lo contrario a Isabelle, que iba con vestido y tacones incluso en los momentos m�s inadecuados. (Aunque desde que la viera quitarse de encima a un demonio vermis con el tac�n de aguja de una bota, ya no le preocupaba tanto ese tema.)</p><p>Son� entonces la campanilla de la puerta del establecimiento y entr� Jocelyn, seguida de Luke. Ambos llegaban con humeantes tazas de caf� y Jocelyn miraba a Luke, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes. Simon record� que Clary hab�a comentado que estaban asquerosamente enamorados. �l no lo encontraba asqueroso, aunque a buen seguro se deb�a a que no eran sus padres. Se les ve�a muy felices y �l lo encontraba encantador.</p><p>Jocelyn abri� los ojos de par en par al ver a Clary.</p><p>���Cari�o, est�s preciosa!</p><p>���Claro, qu� vas a decir t�! Eres mi madre -dijo Clary, sonriendo de todos modos-. �Es eso un caf� solo por casualidad?</p><p>��S�. Consid�ralo un detalle para decirte que sentimos llegar tarde -dijo Luke, entreg�ndole la taza-. Nos liamos. Los temas del catering� -Salud� con un adem�n a Simon y Maia-. Hola, chicos.</p><p>Maia inclin� la cabeza. Luke era el jefe de la manada de lobos de la ciudad, de la que Maia era miembro. Pese a que �l hab�a dejado atr�s la costumbre de que lo llamasen �Amo� o �Se�or�, Maia segu�a mostr�ndose respetuosa en su presencia.</p><p>��Te traigo un mensaje de la manada -dijo Maia, dejando a un lado la videoconsola-. Tienen algunas preguntas sobre la fiesta de la Fundici�n�</p><p>Mientras Maia y Luke se enfrascaban en una conversaci�n sobre la fiesta que la manada de lobos celebrar�a en honor del matrimonio de su lobo principal, la propietaria de la tienda de vestidos de novia, una mujer alta que se hab�a dedicado a leer revistas detr�s del mostrador mientras los adolescentes charlaban, se percat� de que la gente que de verdad iba a pagar por los vestidos acababa de llegar y corri� a saludarlos.</p><p>��Acabo de recibir el vestido y tiene un aspecto maravilloso -dijo efusivamente, cogiendo a la madre de Clary por el brazo y gui�ndola hacia la trastienda-. Venga a prob�rselo. -Y viendo que Luke iba tras ellos, lo apunt� con un dedo amenazador-. Usted se queda aqu�.</p><p>Luke, al ver a su prometida desaparecer a trav�s de unas puertas basculantes blancas decoradas con motivos de campanas de boda, se qued� perplejo.</p><p>��Los mundanos piensan que el novio no debe ver el vestido de la novia antes de la ceremonia -le record� Clary-. Da mala suerte. Seguramente le parece extra�o que hayas venido a la prueba.</p><p>��Pero Jocelyn quer�a mi opini�n� -Luke se interrumpi� y movi� la cabeza hacia un lado y el otro-. La verdad es que las costumbres de los mundanos son de lo m�s peculiares. -Se dej� caer en una silla e hizo una mueca de dolor cuando se le clav� en la espalda una de las rosetas de su ornamentaci�n-. �Ay!</p><p>���Y las bodas de los cazadores de sombras? -pregunt� Maia con curiosidad-. �Tienen tambi�n sus propias costumbres?</p><p>��S� -respondi� Luke-, pero la nuestra no ser� la t�pica ceremonia de los cazadores de sombras. En �stas no se plantea la situaci�n en que uno de los contrayentes no sea un cazador de sombras.</p><p>���De verdad? -Maia estaba sorprendida-. No lo sab�a.</p><p>��En la ceremonia de matrimonio de los cazadores de sombras se trazan runas permanentes en el cuerpo de los contrayentes -dijo Luke. Manten�a un tono de voz sosegado, pero su mirada era triste-. Runas de amor y compromiso. Pero es evidente que los que no son cazadores de sombras no pueden llevar las runas del �ngel, por lo que Jocelyn y yo nos intercambiaremos anillos.</p><p>���Qu� fastidio! -declar� Maia.</p><p>Luke sonri� ante el comentario.</p><p>��No tanto. Casarme con Jocelyn es lo que siempre quise y las particularidades de la ceremonia en s� me dan lo mismo. Adem�s, los tiempos cambian. Los nuevos miembros del Consejo han hecho muchos progresos para convencer a la Clave de que tolere este tipo de�</p><p>���Clary! -Era Jocelyn desde la trastienda-. �Puedes venir un segundo?</p><p>���Un segundo! -grit� Clary, apurando su caf�-. Voy volando. Me da la impresi�n de que tenemos que solventar una urgencia de vestimenta.</p><p>��Buena suerte. -Maia se levant� y le devolvi� la consola a Simon antes de agacharse para darle un beso en la mejilla-. Tengo que irme. He quedado con unos amigos en La Luna del Cazador.</p><p>Ol�a agradablemente a vainilla. Pero bajo aquel olor, como siempre, Simon oli� el aroma salino de la sangre, mezclado con ese �cido matiz tan peculiar a lim�n de los seres lobo. La sangre de los subterr�neos ol�a distinta seg�n su especie: las hadas ol�an a flores muertas; los brujos, a cerilla quemada, y los vampiros, a metal.</p><p>En una ocasi�n, Clary le hab�a preguntado a qu� ol�an los cazadores de sombras.</p><p>��A la luz del sol -le hab�a respondido.</p><p>��Nos vemos, chico. -Maia se enderez�, le alborot� un poco el pelo a Simon y se march�. Cuando la puerta se cerr� a sus espaldas, Clary taladr� a Simon con la mirada.</p><p>��Debes solucionar tu vida amorosa antes del s�bado -dijo-. Hablo en serio, Simon. Si no se lo dices t� a ellas, lo har� yo.</p><p>Luke los mir� con perplejidad.</p><p>���Decirle a qui�n qu�?</p><p>Clary movi� la cabeza en direcci�n a Simon.</p><p>��Est�s jugando con fuego, Lewis. -Y despu�s de esa declaraci�n, dio media vuelta y ech� a andar, levant�ndose la falda de seda. A Simon le hizo gracia ver que debajo del vestido segu�a con sus zapatillas deportivas de color verde.</p><p>��Es evidente-dijo Luke- que aqu� pasa algo de lo que no estoy al corriente.</p><p>Simon lo mir�.</p><p>��A veces pienso que es el lema de mi vida.</p><p>Luke enarc� las cejas.</p><p>���Ha pasado algo?</p><p>Simon se qued� dudando. No pod�a contarle a Luke los detalles de su vida amorosa, pues Luke y Maia pertenec�an a la misma manada y los integrantes de las manadas de seres lobo guardaban entre ellos una fidelidad mayor a�n que la de los miembros de las bandas callejeras. Ser�a poner a Luke en una posici�n muy inc�moda. Aunque la verdad era que Luke pod�a ser tambi�n un recurso. Como l�der de la manada de lobos de Manhattan ten�a acceso a todo tipo de informaci�n y conoc�a a la perfecci�n la pol�tica de los subterr�neos.</p><p>���Has o�do hablar de una vampira llamada Camille?</p><p>Luke emiti� un prolongado silbido.</p><p>��S� qui�n es. Lo que me sorprende es que t� lo sepas tambi�n.</p><p>��Es la jefa del clan de los vampiros de Nueva York. Algo s� sobre ellos -dijo Simon, con cierta rigidez.</p><p>��No lo sab�a. Cre�a que quer�as vivir como un humano en la medida de lo posible. -La voz de Luke no trasluc�a enjuiciamiento, s�lo curiosidad-. Cuando el anterior l�der me pas� el mando de la manada de la ciudad, Camille hab�a delegado en Raphael. No creo que nadie supiera exactamente ad�nde se march� despu�s. Pero me parece que es m�s bien una leyenda. Una vampira extraordinariamente antigua, por lo que tengo entendido. Famosa por su crueldad y su ingenio. Podr�a darle incluso un buen ba�o a la comunidad de las hadas.</p><p>���La has visto alguna vez?</p><p>Luke neg� con la cabeza.</p><p>��Creo que no. �A qu� viene tanta curiosidad?</p><p>��Raphael la mencion� -respondi� Simon con cierta vaguedad.</p><p>Luke arrug� la frente.</p><p>���Has visto a Raphael �ltimamente?</p><p>Pero antes de que a Simon le diera tiempo a responder, son� de nuevo la campanilla de la puerta y, para sorpresa de Simon, apareci� Jace. Clary no hab�a mencionado que fuera a acudir all�.</p><p>De hecho, se dio cuenta entonces, Clary no hab�a mencionado mucho a Jace en los �ltimos tiempos.</p><p>Jace mir� a Luke primero, y a continuaci�n a Simon. Dio la impresi�n de que le sorprend�a un poco encontrarlos all�, aunque no era f�cil asegurarlo. Pese a que Simon se imaginaba que cuando estaba a solas con Clary Jace le ofrec�a una gama completa de expresiones faciales, la cara que pon�a siempre que estaba con gente era de una inexpresividad terrible.</p><p>��Parece -le hab�a comentado en una ocasi�n a Isabelle- como si estuviera pensando alguna cosa, pero que si fueras a preguntarle qu�, te atizar�a un pu�etazo en la cara.</p><p>��Pues no le preguntes -le hab�a dicho Isabelle, como si pensara que Simon dec�a una ridiculez-. Nadie ha dicho que teng�is que ser amigos.</p><p>���Est� Clary por aqu�? -pregunt� Jace, cerrando la puerta. Se le ve�a cansado. Ten�a ojeras y, a pesar de que el aire de oto�o era fresco, ni siquiera se hab�a molestado en ponerse una chaqueta. El fr�o ya no afectaba a Simon, pero ver a Jace con sus vaqueros y una camiseta t�rmica le produjo casi un escalofr�o.</p><p>��Est� ayudando a Jocelyn -le explic� Luke-. Pero puedes esperar aqu� con nosotros.</p><p>Jace observ� inquieto las paredes cargadas de velos, abanicos, tiaras y colas de vestidos de novia con perlas cultivadas incrustadas.</p><p>��Todo es� tan blanco.</p><p>��Pues claro que es blanco -dijo Simon-. Son cosas para bodas.</p><p>��Para los cazadores de sombras, el blanco es el color de los funerales -explic� Luke-. Pero para los mundanos, Jace, es el color de las bodas. Las novias visten de blanco para simbolizar su pureza.</p><p>��Cre�a que Jocelyn hab�a dicho que su vestido no ser�a blanco -apunt� Simon.</p><p>��Bueno -dijo Jace-, supongo que eso ya es agua pasada.</p><p>Luke se atragant� con el caf�. Pero antes de que pudiera decir -o hacer- nada, Clary apareci� de nuevo. Se hab�a recogido el pelo con unos pasadores de brillantitos, dejando algunos rizos sueltos alrededor de su rostro.</p><p>��No s� -estaba diciendo mientras se acercaba a ellos-. Karyn se ha ocupado de m� y me ha arreglado el pelo, pero no tengo muy claro lo de estos pasadores�</p><p>Se interrumpi� en cuanto vio a Jace. Su expresi�n dej� claro que tampoco ella lo esperaba. Abri� la boca, sorprendida, pero no dijo nada. Jace, por su lado, se hab�a quedado mir�ndola, y por una vez en su vida Simon fue capaz de leer como un libro abierto la expresi�n de la cara de Jace. Era como si el mundo entero hubiera desaparecido, excepto Clary y �l; la miraba con un anhelo y un deseo tan descarado que incluso incomod� a Simon, que ten�a la sensaci�n de haber interrumpido un momento de intimidad entre ellos.</p><p>Jace tosi� para aclararse la garganta.</p><p>��Est�s preciosa.</p><p>��Jace. -Clary estaba perpleja-. �Va todo bien? Ten�a entendido que no pod�as venir debido a la reuni�n del C�nclave.</p><p>��Es verdad -dijo Luke-. Me he enterado de lo del cuerpo del cazador de sombras que encontraron en el parque. �Hay alguna novedad?</p><p>Jace neg� con la cabeza, sin dejar de mirar a Clary.</p><p>��No. No es miembro del C�nclave de Nueva York, pero est� todav�a pendiente de identificaci�n. De hecho, no han identificado ninguno de los cuerpos. Los Hermanos Silenciosos est�n ahora examin�ndolos.</p><p>��Eso est� bien. Los Hermanos averiguar�n qui�nes son -dijo Luke.</p><p>Jace no contest� nada. Segu�a mirando a Clary, y era una mirada extra��sima, pens� Simon, la mirada que dedicar�as al ser amado que nunca, jam�s, podr�a llegar a ser tuyo. Se imaginaba que Jace pudo sentirse en su d�a as� respecto a Clary, pero �ahora?</p><p>���Jace? -dijo Clary, avanzando un paso hacia �l.</p><p>Jace apart� la mirada.</p><p>��La chaqueta que te prest� ayer en el parque -dijo �l-. �La tienes a�n?</p><p>M�s perpleja si cabe, Clary se�al� en direcci�n al respaldo de la silla donde estaba colgada la prenda en cuesti�n, una chaqueta de ante marr�n de lo m�s normal.</p><p>��Est� all�. Pensaba llev�rtela despu�s de�</p><p>��De acuerdo -dijo Jace, cogi�ndola e introduciendo r�pidamente los brazos en las mangas, como si de repente tuviera prisa-, ya no tendr�s que hacerlo.</p><p>��Jace -dijo Luke, con su caracter�stico tono de voz sosegado-, despu�s iremos a cenar a Park Slope. Nos encantar�a que nos acompa�aras.</p><p>��No puedo -replic� Jace, subi�ndose la cremallera-. Esta tarde tengo entrenamiento. Ser� mejor que vaya tirando.</p><p>���Entrenamiento? -repiti� Clary-. Pero si ya entrenamos ayer.</p><p>��Hay quien tiene que entrenar a diario, Clary. -Jace no lo dijo enfadado, pero s� con cierta dureza, y Clary se sonroj�-. Nos vemos luego -a�adi� sin mirarla y se encamin� casi corriendo hacia la puerta.</p><p>Cuando se cerr� a sus espaldas, Clary se arranc� enfadada los pasadores del pelo, que cay� en suaves ondas sobre sus hombros.</p><p>��Clary -dijo Luke cari�osamente. Se levant�-. Pero �qu� haces?</p><p>��Mi pelo. -Se arranc� el �ltimo pasador, con fuerza. Ten�a los ojos brillantes y Simon adivin� que estaba haciendo esfuerzos por no llorar-. No quiero llevarlo as�. Parezco una ni�a tonta.</p><p>��No, en absoluto. -Luke le cogi� los pasadores y los deposit� sobre una de las mesitas auxiliares blancas-. Mira, las bodas ponen nerviosos a los hombres. No le des importancia.</p><p>��De acuerdo. -Clary intent� sonre�r. A punto estuvo de conseguirlo, pero Simon sab�a que no cre�a lo que acababa de decirle Luke. Y no la culpaba por ello. Despu�s de la mirada que acababa de ver en la cara de Jace, Simon tampoco le creer�a.</p><empty-line/><p>A lo lejos, la iluminaci�n del restaurante de la Quinta Avenida recordaba una estrella destacando sobre los matices azulados del crep�sculo. Simon caminaba por la avenida al lado de Clary; Jocelyn y Luke iban unos pasos por delante de ellos. Olvidado ya el vestido, Clary volv�a a ir con sus habituales pantalones vaqueros y se hab�a abrigado con una gruesa bufanda blanca. De vez en cuando, se llevaba la mano al cuello para juguetear con el anillo que llevaba colgado de la cadenita, un gesto nervioso del que, como Simon sab�a, ni siquiera era consciente.</p><p>A la salida de la tienda, Simon le hab�a preguntado qu� le pasaba a Jace, pero ella no le hab�a respondido. Hab�a eludido el tema y le hab�a empezado a formular preguntas, sobre c�mo estaba, sobre si hab�a hablado ya con su madre y sobre c�mo llevaba lo de estar instalado en el garaje de Eric. Cuando le explic� que hab�a empezado a compartir piso con Kyle, se qued� sorprendida.</p><p>��Pero si apenas lo conoces -dijo-. Podr�a ser un asesino en serie.</p><p>��Eso mismo pens� yo. Inspeccion� todo el apartamento, y si tiene por alg�n lado un dep�sito lleno de armas, no lo he visto a�n. De todas maneras, me parece un tipo bastante sincero.</p><p>���Y c�mo es el apartamento?</p><p>��Est� muy bien para estar en Alphabet City. Tendr�as que pasarte luego a verlo.</p><p>��Esta noche no -dijo Clary, un poco ausente. Volv�a a juguetear con el anillo-. �Qu� te parece ma�ana?</p><p>��Vas a ir a ver a Jace?�, pens� Simon, pero no insisti� en el tema. Si Clary no quer�a hablar al respecto, no pensaba obligarla.</p><p>��Ya hemos llegado. -Le abri� la puerta del restaurante y les sorprendi� una oleada de c�lido aroma a <emphasis>souvlaki</emphasis>.</p><p>Encontraron sitio en un reservado junto a una de las pantallas planas de televisi�n que llenaban las paredes. Se apretujaron en �l mientras Jocelyn y Luke charlaban animados y sin parar sobre sus planes de boda. Al parecer, los miembros de la manada de Luke se hab�an sentido insultados por no haber sido invitados a la ceremonia -aun teniendo en cuenta que la lista de invitados era min�scula- e insist�an en llevar a cabo su propia celebraci�n en una f�brica reconvertida de Queens. Clary escuchaba, sin decir nada; lleg� la camarera y les entreg� unas cartas forradas con un pl�stico tan duro que podr�an servir perfectamente a modo de armas. Simon dej� la suya sobre la mesa y mir� por la ventana. En la acera de enfrente hab�a un gimnasio y a trav�s del cristal se ve�a a la gente haciendo ejercicio en el interior, en las cintas de correr, con los brazos balance�ndose de un lado a otro y los cascos pegados a las orejas. �Tanto correr para no llegar a ning�n lado -pens�-. La historia de mi vida.�</p><p>Intent� alejar sus pensamientos de aquellos rincones oscuros y casi lo consigui�. Estaba ante una de las escenas m�s frecuentes de su vida: un rinc�n tranquilo en un restaurante, �l con Clary y su familia. Luke siempre hab�a sido como de la familia, incluso antes de estar a punto de casarse con la madre de Clary. Simon tendr�a que haberse sentido como en casa. Intent� forzar una sonrisa, cuando se dio cuenta de que la madre de Clary acababa de preguntarle algo y �l ni la hab�a o�do. Los sentados a la mesa lo miraban con expectaci�n.</p><p>��Lo siento -dijo-. No� �Qu� has dicho?</p><p>Jocelyn esboz� una paciente sonrisa.</p><p>��Clary me ha contado que ten�is un nuevo miembro en el grupo.</p><p>Simon sab�a que se lo preguntaba por simple educaci�n. Educaci�n tal y como la entend�an los padres cuando fing�an tomarse en serio las aficiones de sus hijos. Con todo y con eso, la madre de Clary hab�a asistido a alguna de sus actuaciones, aunque fuera s�lo para llenar un poco el local. Se preocupaba por �l; siempre lo hab�a hecho. En los escondrijos m�s oscuros y rec�nditos de su mente, Simon sospechaba que Jocelyn siempre hab�a comprendido sus sentimientos hacia Clary y se pregunt� si no habr�a preferido que su hija se hubiese decantado por otro, por alguien a quien pudiera controlar. Sab�a que Jace no era del todo de su agrado. Quedaba patente incluso en su manera de pronunciar su nombre.</p><p>��S� -dijo-. Kyle. Es un tipo un poco raro, pero superagradable. -Invitado por Luke a ampliar el asunto de las rarezas de Kyle, Simon les explic� cosas sobre el apartamento de Kyle, obviando el detalle de que ahora era tambi�n su apartamento, sobre su trabajo como mensajero en bicicleta y sobre la gracia que le hab�a hecho descubrir que en el buz�n de correos de su casa s�lo pon�a �Kyle�, sin apellido, como si fuera tan famoso como Cher o Madonna-. Y cultiva plantas raras en el balc�n -a�adi�-. No es mar�a� lo he comprobado. Son unas plantas con hojas plateadas�</p><p>Luke frunci� el ce�o, pero antes de que le diera tiempo a decir nada, reapareci� la camarera con una enorme cafetera plateada. Era joven, con el cabello decolorado recogido en dos trenzas. Cuando se inclin� para llenar la taza de Simon, una de las trenzas le roz� a �l el brazo. Oli� su sudor, y por debajo, su sangre. Sangre humana, el aroma m�s dulce del mundo. Sinti� una tensi�n en el est�mago que empezaba a resultarle familiar. Y una sensaci�n g�lida se apoder� de �l. Estaba hambriento y lo �nico que ten�a en casa de Kyle era sangre a temperatura ambiente que ya empezaba a separarse del plasma, una perspectiva nauseabunda, incluso para un vampiro.</p><p>�Nunca te has alimentado de un humano, �verdad? Lo har�s. Y en cuanto lo hagas, ya no podr�s olvidarlo.�</p><p>Cerr� los ojos. Cuando volvi� a abrirlos, la camarera se hab�a ido y Clary lo miraba con curiosidad desde el otro lado de la mesa.</p><p>���Va todo bien?</p><p>��S�. -Cogi� la taza de caf�. Temblaba. Por encima de ellos, la televisi�n segu�a emitiendo el noticiario de la noche.</p><p>��Qu� asco -dijo Clary, mirando la pantalla-. �Lo est�is oyendo?</p><p>Simon sigui� su mirada. El reportero mostraba la expresi�n que los reporteros sol�an mostrar cuando informaban sobre algo especialmente l�gubre.</p><p>�Esta ma�ana ha sido encontrado un beb� abandonado en un callej�n adjunto al hospital Beth Israel -dec�a-. Se trata de un reci�n nacido de raza blanca, sano y de tres kilos de peso. Fue descubierto atado a una sillita de beb� para coche detr�s de un contenedor de basura -continu� el reportero-. Lo m�s perturbador del caso es la nota escrita a mano que ha sido hallada debajo de la mantita que cubr�a al ni�o suplicando a las autoridades hospitalarias que le realizaran la eutanasia al peque�o porque �no tengo fuerzas para hacerlo yo misma�. La polic�a informa de que es probable que la madre del beb� sea una vagabunda o una mujer mentalmente perturbada y afirma disponer ya de �pistas prometedoras�. Se ruega a quien pueda tener informaci�n sobre el beb�, se dirija al tel�fono de urgencias de la polic�a��</p><p>��Es horrible -dijo Clary, apartando la vista de la pantalla y estremeci�ndose-. No puedo entender c�mo hay gente capaz de tirar a sus hijos como si fueran basura�</p><p>��Jocelyn -dijo Luke, con la voz ronca de preocupaci�n. Simon mir� en direcci�n a la madre de Clary. Estaba blanca como el papel y daba la impresi�n de que estaba a punto de vomitar. Retir� el plato que ten�a delante, se levant� de la mesa y corri� hacia el ba�o. Al cabo de un instante, Luke dej� su servilleta en la mesa y corri� tras ella.</p><p>��Oh, mierda. -Clary se llev� la mano a la boca-. No puedo creer que haya dicho lo que acabo de decir. Soy una imb�cil.</p><p>Simon no entend�a nada.</p><p>���Qu� pasa?</p><p>Clary se hundi� en su asiento.</p><p>��Mi madre pensaba en Sebastian -dijo-. Quiero decir Jonathan. Mi hermano. Supongo que lo recuerdas.</p><p>Hablaba en tono sarc�stico. Ninguno de ellos olvidar�a jam�s a Sebastian, cuyo verdadero nombre era Jonathan, que hab�a asesinado a Hodge y a Max, y ayudado a Valentine a casi ganar una guerra que habr�a significado la destrucci�n de todos los cazadores de sombras. Jonathan, con sus abrasadores ojos negros y su sonrisa afilada como un cuchillo. Jonathan, cuya sangre sab�a como �cido de bater�a la vez que Simon lo mordi�. Y no se arrepent�a de ello.</p><p>��Pero tu madre no lo abandon� -dijo Simon-. Se empe�� en criarlo aun sabiendo que en su interior hab�a algo horrible y malvado.</p><p>��Pero lo odiaba -dijo Clary-. No creo que lo haya superado nunca. Imag�nate odiar a tu propio beb�. Antes, cada a�o, el d�a del cumplea�os del ni�o, sacaba una caja donde guardaba todas sus cosas de beb� y lloraba. Creo que lloraba por el hijo que habr�a tenido� si Valentine no hubiera hecho lo que hizo.</p><p>��Y t� habr�as tenido un hermano -dijo Simon-. Uno de verdad. No un psic�pata asesino.</p><p>A punto de echarse a llorar, Clary apart� el plato.</p><p>��Me encuentro mal -dijo-. �Sabes como cuando tienes hambre pero eres incapaz de comer?</p><p>Simon lanz� una mirada a la camarera del pelo decolorado; estaba apoyada en la barra del restaurante.</p><p>��S� -dijo-. Lo s�.</p><empty-line/><p>Luke acab� regresando a la mesa, pero s�lo para decirles a Clary y a Simon que iba a acompa�ar a Jocelyn a casa. Les dej� algo de dinero, que ellos utilizaron para pagar la cuenta antes de salir del restaurante y dirigirse a Galaxy Comics, en la S�ptima Avenida. Pero ni el uno ni el otro consiguieron concentrarse lo suficiente como para disfrutarlo, de modo que se separaron con la promesa de volver a verse al d�a siguiente.</p><p>Simon se adentr� en la ciudad con la capucha cubri�ndole la cabeza y su iPod retumbando en sus o�dos. La m�sica siempre hab�a sido su manera de aislarse de todo. Cuando lleg� a la Segunda Avenida y continu� Houston abajo, hab�a empezado a lloviznar y ten�a un nudo en el est�mago.</p><p>Tom� entonces First Street, que estaba pr�cticamente desierta, una franja de oscuridad entre las potentes luces de la Primera Avenida y la Avenida A. C�mo segu�a con el iPod en marcha, no los oy� acercarse por detr�s hasta que los tuvo casi encima. El primer indicio de que algo iba mal fue la visi�n de una sombra proyectada en la acera, superponi�ndose a la suya. Y a aqu�lla se le sum� otra sombra, �sta a su otro lado. Se volvi�</p><p>Y vio que ten�a a dos hombres detr�s. Ambos iban vestidos exactamente igual que el atracador que lo hab�a atacado la otra noche: ch�ndal gris con capucha gris ocult�ndoles la cara. Estaban tan pegados a �l que pod�an tocarlo sin el menor problema.</p><p>Simon salt� hacia atr�s, con una potencia que lo dej� sorprendido. Su fuerza de vampiro era tan reciente, que todav�a segu�a conmocion�ndolo. Cuando, un instante despu�s, se encontr� colgado en el p�rtico de entrada de una de aquellas t�picas casas de arenisca rojiza, a unos metros de distancia de los atracadores, se qued� tan asombrado de verse all� que no pudo ni moverse.</p><p>Los atracadores avanzaron hacia �l. Hablaban el mismo idioma gutural que el primer atracador que, Simon empezaba a sospechar, nunca fue en realidad un atracador. Los atracadores, por lo que sab�a, no trabajaban en bandas, y era poco probable que el primer atacante tuviera amigos criminales que hubieran decidido vengarse de la muerte de su compa�ero. Estaba claro que aquello era otra cosa.</p><p>Llegaron a la entrada, atrap�ndolo en la escalera. Simon se arranc� de las orejas los cascos del iPod y levant� r�pidamente los brazos.</p><p>��Mirad -dijo-, no s� de qu� va esto, pero ser� mejor que me dej�is tranquilo.</p><p>Los atracadores se limitaron a mirarlo. O, como m�nimo, Simon se imagin� que estar�an mir�ndolo. Bajo la sombra de sus capuchas resultaba imposible verles la cara.</p><p>��Tengo la sensaci�n de que alguien os ha enviado a por m� -dijo-. Pero es una misi�n suicida. En serio. No s� lo que os pagan, pero no es suficiente.</p><p>Una de las figuras vestidas de ch�ndal se ech� a re�r. La otra hab�a hundido la mano en el bolsillo y hab�a sacado algo. Algo que reluc�a en negro bajo la luz de las farolas.</p><p>Una arma.</p><p>��Oh, t�o -dijo Simon-. No lo hagas, de verdad te lo digo. Y no bromeo. -Dio un paso atr�s, ascendiendo un pelda�o. Tal vez si consegu�a alcanzar la altura necesaria, podr�a saltar por encima de ellos, o entre ellos. Cualquier cosa antes que permitir que lo atacasen. No se ve�a capaz de enfrentarse a lo que pod�a significar aquello. Otra vez no.</p><p>El hombre levant� el arma. Se oy� el clic del gatillo.</p><p>Simon se mordi� el labio. El p�nico hab�a provocado la aparici�n de sus colmillos. Una punzada de dolor recorri� su cuerpo.</p><p>��No�</p><p>Cay� del cielo un objeto oscuro. Al principio, Simon pens� que era algo que se hab�a precipitado desde las ventanas de arriba, un aparato de aire acondicionado que se hab�a desprendido o alguien tan perezoso que tiraba la basura a la calle desde su piso. Pero lo que cay� era una persona� una persona cayendo con punter�a, objetivo y elegancia. La persona aterriz� encima del atracador, aplast�ndolo contra el suelo. La pistola se desprendi� de su mano y el hombre grit�, un sonido tenue y agudo.</p><p>El segundo atacante se agach� para recoger el arma. Y antes de que a Simon le diese tiempo a reaccionar, el tipo hab�a apuntado y apretado el gatillo. La boca de la pistola se ilumin� con el resplandor de una chispa.</p><p>Y la pistola estall�. Estall� y el atracador explot� con ella, a tanta velocidad que ni siquiera pudo gritar. Buscaba una muerte r�pida para Simon, y lo que recibi� a cambio fue una muerte m�s r�pida si cabe. Se hizo a�icos como el cristal, como los colores de un caleidoscopio. La explosi�n fue amortiguada -el simple sonido del aire desplazado por el cuerpo- y despu�s no se oy� nada m�s, excepto una leve llovizna de sal cayendo como lluvia s�lida sobre la acera.</p><p>A Simon se le nubl� la vista y se derrumb� en la escalera. Sent�a un potente zumbido en los o�dos y not� entonces que alguien lo agarraba por las mu�ecas y lo zarandeaba.</p><p>���Simon! �Simon!</p><p>Levant� la vista. La persona que lo sujetaba y lo zarandeaba era Jace. No iba con su equipo de lucha, sino todav�a con vaqueros y con la chaqueta que le hab�a recogido antes a Clary. Estaba despeinado, y sus prendas y su cara manchadas con suciedad y holl�n. Ten�a el pelo mojado por la lluvia.</p><p>���Qu� demonios ha sido eso? -le pregunt� Jace.</p><p>Simon mir� hacia un lado y otro de la calle. Segu�a desierta. El asfalto brillaba, negro, mojado y vac�o. El otro atacante hab�a desaparecido.</p><p>��T� -dijo, todav�a un poco aturdido-. T� has saltado contra los atracadores�</p><p>��No eran atracadores. Estaban sigui�ndote desde que saliste del metro. Alguien los envi�. -Jace hablaba con completa seguridad.</p><p>���Y el otro? -pregunt� Simon-. �Qu� ha sido de �l?</p><p>��Se ha esfumado. -Jace chasque� los dedos-. Ha visto lo que le ha pasado a su amigo y ha desaparecido. No s� qu� eran exactamente. No eran demonios, pero tampoco humanos del todo.</p><p>��S�, eso ya me lo he imaginado, gracias.</p><p>Jace lo mir� fijamente.</p><p>��Eso� lo que le ha pasado al atracador, has sido t�, �verdad? Tu Marca. -Le se�al� la frente-. La vi ardiendo en color blanco antes de que ese tipo� se disolviese.</p><p>Simon no dijo nada.</p><p>��He visto muchas cosas -dijo Jace. Pero, para variar, no hab�a sarcasmo en su voz, ni burla-. Pero jam�s hab�a visto nada igual.</p><p>��Yo no lo he hecho -dijo Simon en voz baja-. Yo no he hecho nada.</p><p>��No has tenido por qu� hacerlo t� -dijo Jace. Sus ojos dorados destacaban brillantes en su rostro cubierto de holl�n-. �Porque escrito est�: m�a es la venganza. Yo pagar�, dice el Se�or.�</p></section><section><title><p>6 DESPERTAD A LOS MUERTOS</p></title><p>La habitaci�n de Jace estaba tan aseada como siempre: la cama perfectamente hecha, los libros de las estanter�as dispuestos en orden alfab�tico, notas y libros de texto cuidadosamente apilados sobre el escritorio. Incluso las armas, apoyadas contra la pared, estaban ordenadas por tama�o, desde un sable imponente hasta un peque�o conjunto de dagas.</p><p>Clary, en el umbral de la puerta, contuvo un suspiro. La pulcritud estaba muy bien. Se hab�a acostumbrado ya a ella. Era, siempre hab�a pensado, el modo que ten�a Jace de controlar los elementos de una vida que, de lo contrario, estar�a dominada por el caos. Hab�a vivido tanto tiempo sin saber qui�n -o incluso qu�- era en realidad, que no pod�a tomarse a mal que dispusiera en meticuloso orden alfab�tico su colecci�n de poes�a.</p><p>Pero pod�a tomarse a mal -y se lo tomaba a mal- el hecho de que �l no estuviese all�. Si al salir de la tienda de vestidos de novia no hab�a regresado a casa, �adonde hab�a ido? Una sensaci�n de irrealidad se apoder� de ella a medida que observaba la habitaci�n. Era imposible que aquello estuviera pasando, o eso cre�a. Sab�a c�mo iba lo de las rupturas porque hab�a o�do a otras chicas quejarse al respecto. Primero la separaci�n, el rechazo gradual a devolver las notas o las llamadas. Los mensajes vagos diciendo que nada iba mal, que su pareja s�lo quer�a un poco m�s de espacio personal. Despu�s el discurso de �No eres t�, soy yo�. Y finalmente las l�grimas.</p><p>Nunca hab�a pensado que nada de todo aquello pudiera aplicarse a ella y a Jace. Lo suyo no era normal, ni estaba sujeto a las reglas normales de las relaciones y las rupturas. Se pertenec�an por completo el uno al otro, y siempre ser�a as�, y eso era todo.</p><p>Pero �y si todo el mundo pensaba lo mismo? �Hasta el momento en que ca�an en la cuenta de que eran iguales que los dem�s y todo lo que cre�an real se hac�a a�icos?</p><p>Un resplandor plateado llam� su atenci�n. Era la caja que Amatis le hab�a entregado a Jace, decorada con su delicado dibujo con motivos de aves. Clary sab�a que Jace hab�a estado examinando su contenido, leyendo poco a poco las cartas, repasando notas y fotograf�as. No le hab�a comentado mucho al respecto y ella tampoco hab�a querido preguntar. Sab�a que los sentimientos que albergaba hacia su padre biol�gico eran algo con lo que s�lo �l mismo tendr�a que hacer las paces.</p><p>Pero se sinti� atra�da hacia la caja. Record� a Jace en Idris, sentado en la escalinata de acceso al Sal�n de los Acuerdos, con la caja en su regazo. �Si pudiera dejar de amarte�, le hab�a dicho. Acarici� la tapa de la caja y sus dedos localizaron el cierre, que se abri� sin dificultad. En su interior hab�a papeles, fotograf�as antiguas. Sac� una y se qued� mir�ndola, fascinada. En la fotograf�a aparec�an dos personas, una mujer y un hombre j�venes. Reconoci� de inmediato a la mujer como la hermana de Luke, Amatis. La chica contemplaba al joven irradiando la luz del primer amor. El chico era guapo, alto y rubio, aunque sus ojos eran azules, no dorados, y sus facciones, menos angulosas que las de Jace� pero aun as�, saber qui�n era -el padre de Jace- le produjo a Clary un nudo en el est�mago.</p><p>Dej� r�pidamente la fotograf�a de Stephen Herondale y estuvo a punto de cortarse el dedo con la hoja de un fino cuchillo de caza que estaba cruzado en el interior de la caja. Su empu�adura estaba decorada con motivos de aves. La hoja estaba manchada de �xido, o de lo que parec�a �xido. No debieron de limpiarla bien. Cerr� en seguida la caja y se fue; un sentimiento de culpa pesaba sobre sus hombros.</p><p>Hab�a pensado en dejar una nota, pero, despu�s de decidir que ser�a mejor esperar a poder hablar con Jace en persona, cerr� la puerta y recorri� el pasillo hasta llegar al ascensor. Antes hab�a llamado a la puerta de la habitaci�n de Isabelle, pero al parecer tampoco ella estaba en casa. Incluso las antorchas de luz m�gica de los pasillos parec�an alumbrar menos de lo habitual. Tremendamente deprimida, Clary fue a pulsar el bot�n del ascensor, y se dio cuenta entonces de que estaba iluminado. Alguien sub�a al Instituto desde la planta baja.</p><p>�Jace�, pens� de inmediato, y su pulso se aceler�. Pero, naturalmente, no pod�a ser �l. Ser�a Izzy, o Maryse, o�</p><p>���Luke? -dijo sorprendida en cuanto se abri� la puerta del ascensor-. �Qu� haces aqu�?</p><p>��Lo mismo podr�a preguntarte yo. -Sali� del ascensor y cerr� la puerta a sus espaldas. Llevaba una chaqueta de franela forrada de borrego que Jocelyn hab�a estado intentando que tirara desde que empezaron a salir. Estaba bien, pensaba Clary, que Luke no cambiara pr�cticamente en nada, pasara lo que pasara en su vida. Le gustaba lo que le gustaba, y eso era todo. Aunque fuera aquella vieja chaqueta de aspecto andrajoso-. Pero creo que ya s� la respuesta. �Est� por aqu�?</p><p>���Jace? No. -Clary se encogi� de hombros, tratando de no revelar su preocupaci�n-. No pasa nada. Ya nos veremos ma�ana.</p><p>Luke dud� un momento.</p><p>��Clary�</p><p>��Lucian. -La g�lida voz que se oy� a sus espaldas pertenec�a a Maryse-. Gracias por venir tan r�pidamente.</p><p>Luke se volvi� para saludarla.</p><p>��Maryse.</p><p>Maryse Lightwood acababa de aparecer en el umbral de la puerta, con la mano apoyada en el marco. Llevaba guantes, unos guantes de color gris claro a conjunto con su traje chaqueta gris. Clary se pregunt� si Maryse tendr�a pantalones vaqueros. Nunca hab�a visto a la madre de Isabelle y de Alec vestida con otra cosa que no fueran trajes chaqueta o ropa formal.</p><p>Clary not� que se le sub�an los colores. A Maryse no parec�an importarle sus idas y venidas, aunque en realidad Maryse nunca hab�a reconocido la relaci�n de Clary con Jace. Resultaba dif�cil culparla de ello. Maryse estaba tratando a�n de superar la muerte de Max, que se hab�a producido hac�a �nicamente seis semanas, y lo estaba haciendo sola, mientras Robert Lightwood segu�a en Idris. Ten�a en la cabeza cosas m�s importantes que la vida amorosa de Jace.</p><p>��Yo ya me iba -dijo Clary.</p><p>��Te acompa�ar� a casa en coche cuando haya acabado aqu� -dijo Luke, posando la mano en su hombro-. Maryse, �alg�n problema si Clary se queda con nosotros mientras hablamos? Porque preferir�a que se esperase.</p><p>Maryse neg� con la cabeza.</p><p>��Ning�n problema, supongo. -Suspir�, pas�ndose las manos por el cabello-. Cr�eme, no me apetec�a en absoluto molestarte. S� que en una semana te casas� Felicidades, por cierto. No s� si te hab�a felicitado ya.</p><p>��No lo hab�as hecho -dijo Luke-, y te lo agradezco. Muchas gracias.</p><p>��S�lo seis semanas. -Maryse esboz� una d�bil sonrisa-. Un noviazgo fugaz.</p><p>La mano de Luke se tens� sobre el hombro de Clary, la �nica muestra de su desaz�n.</p><p>��Me imagino que no me has hecho venir hasta aqu� para felicitarme por mi compromiso, �verdad?</p><p>Maryse neg� con la cabeza. Parec�a muy cansada, pens� Clary, y su pelo negro, recogido en un mo�o alto, mostraba matices grises que nunca antes le hab�a visto.</p><p>��No. Supongo que te has enterado de lo de los cuerpos que han encontrado a lo largo de la �ltima semana, �verdad?</p><p>��Los de los cazadores de sombras muertos, s�.</p><p>��Esta noche hemos encontrado otro. En el interior de un contenedor de basura cerca de Columbus Park. El territorio de tu manada.</p><p>Luke enarc� las cejas.</p><p>��S�, pero los dem�s�</p><p>��El primer cuerpo fue encontrado en Greenpoint. Territorio de los brujos. El segundo flotando en un estanque de Central Park. Dominio de los brujos clarividentes. Ahora en el territorio de los lobos. -Mir� fijamente a Luke-. �Qu� te hace pensar todo esto?</p><p>��Que alguien que no est� muy satisfecho con los nuevos Acuerdos intenta fomentar la discordia entre los subterr�neos -respondi� Luke-. Te aseguro que mi manada no ha tenido nada que ver con esto. No s� qui�n anda detr�s del tema, pero es una burda patra�a, si quieres conocer mi opini�n. Conf�o en que la Clave lo solucione y termine con ello.</p><p>��Y hay m�s -dijo Maryse-. Ya hemos identificado los dos primeros cad�veres. Ha llevado su tiempo, pues el primero estaba tan quemado que resultaba casi imposible reconocerlo y el segundo estaba en avanzado estado de descomposici�n. �Adivinas qui�nes eran?</p><p>��Maryse�</p><p>��Anson Pangborn -dijo ella- y Charles Freeman. De los cuales, deber�a destacar, no hab�amos o�do hablar desde la muerte de Valentine�</p><p>��Pero es imposible -la interrumpi� Clary-. Luke mat� a Pangborn en agosto� en casa de Renwick.</p><p>��Mat� a Emil Pangborn -dijo Maryse-. Anson era el hermano menor de Emil. Ambos estaban juntos en el C�rculo.</p><p>��Igual que Freeman -dijo Luke-. �As� que alguien anda matando no s�lo a cazadores de sombras, sino adem�s a antiguos miembros del C�rculo? �Y abandona sus cuerpos en territorio de los subterr�neos? -Movi� la cabeza de un lado a otro-. Es como si alguien estuviera tratando de reorganizar a algunos de los� miembros m�s recalcitrantes de la Clave. Para que se replanteen los nuevos Acuerdos, quiz�. Deber�amos haberlo previsto.</p><p>��Me imagino -dijo Maryse-. Ya me he reunido con la reina seelie y le he enviado un mensaje a Magnus. Dondequiera que est�. -Puso los ojos en blanco; de un modo sorprendente, Maryse y Robert hab�an aceptado con mucha elegancia la relaci�n de Alec con Magnus, pero Clary sab�a que Maryse, al menos, no se la tomaba muy en serio-. S�lo pensaba que tal vez� -Suspir�-. Estoy agotada �ltimamente. Tengo la sensaci�n de que ni siquiera soy capaz de pensar. Confiaba en que tuvieras alguna idea acerca de qui�n podr�a ser el autor de todo esto, alguna idea que no se me haya ocurrido a�n a m�.</p><p>Luke neg� con la cabeza.</p><p>��Alguien que le guarde rencor al nuevo sistema. Pero podr�a tratarse de cualquiera. Me imagino que en los cuerpos no se ha encontrado ning�n tipo de pista�</p><p>Maryse suspir�.</p><p>��Nada concluyente. Ojal� los muertos pudieran hablar, �verdad, Lucian?</p><p>Fue como si Maryse hubiera levantado una mano y corrido una cortina delante de la visi�n de Clary; todo se volvi� oscuro, excepto un �nico s�mbolo, que destac� como un cartel luminoso en un negro cielo nocturno.</p><p>Por lo que parec�a, su poder no hab�a desaparecido.</p><p>��Y si� -dijo lentamente, levantando la vista para mirar a Maryse-. �Y si pudieran hacerlo?</p><empty-line/><p>Mientras se miraba en el espejo del ba�o del peque�o apartamento de Kyle, Simon no pudo evitar preguntarse de d�nde hab�a salido aquel rollo de que los vampiros no pod�an verse reflejados en los espejos. �l se ve�a a la perfecci�n en la superficie abombada: pelo casta�o alborotado, grandes ojos marrones, piel blanca y sin cicatrices. Se hab�a limpiado la sangre del corte en el labio, aunque la herida hab�a cicatrizado ya por completo.</p><p>Sab�a, objetivamente, que convertirse en vampiro lo hab�a hecho m�s atractivo. Isabelle le hab�a explicado que sus movimientos se hab�an vuelto elegantes y que eso hac�a que lo que antes parec�a despeinado, resultara ahora atractivamente desgre�ado, como si acabara de salir de la cama. �De la cama de otra�, hab�a destacado ella, un detalle que, Simon le dijo, ya hab�a entendido, gracias.</p><p>Pero cuando �l se miraba no ve�a nada en absoluto de todo aquello. La transparente blancura de su piel le disgustaba, como hab�a sucedido siempre, igual que las venitas oscuras que se formaban como ara�as en sus sienes, una consecuencia m�s de no haber comido. Se ve�a extra�o y distinto a s� mismo. Tal vez el rollo ese de que cuando te convert�as en vampiro no pod�as verte en el espejo no fuera m�s que una vana ilusi�n. Tal vez fuera simplemente que dejabas de reconocer el reflejo que ten�as enfrente.</p><p>Una vez aseado, volvi� a la sala de estar, donde Jace estaba acostado en el sof� leyendo un maltrecho ejemplar de <emphasis>El se�or de los anillos</emphasis> que pertenec�a a Kyle. Lo dej� en la mesita en cuanto entr� Simon. Volv�a a tener el pelo mojado, como si se hubiera acercado al fregadero de la cocina para lavarse la cara.</p><p>��Entiendo que te guste estar aqu� -dijo, moviendo el brazo para hacer un gesto con el que abarcar la colecci�n de p�sters de pel�culas y libros de ciencia ficci�n de Kyle-. Se ve una fina capa de gilipollez cubri�ndolo todo.</p><p>��Gracias, te lo agradezco. -Simon le lanz� una mirada a Jace. De cerca, bajo la luz intensa de la bombilla pelada del techo, Jace parec�a� enfermo. Las ojeras que Simon hab�a visto bajo sus ojos eran mucho m�s pronunciadas y ten�a la piel tirante sobre los huesos. Observ� adem�s que le temblaba un poco la mano cuando se apart� el pelo de la frente, en un gesto t�pico de �l.</p><p>Simon sacudi� la cabeza como si con ello pretendiera despejar sus ideas. �Desde cu�ndo conoc�a tan bien a Jace como para identificar qu� gestos eran t�picos de �l? No eran precisamente amigos.</p><p>��Tienes una pinta horrible -dijo.</p><p>Jace pesta�e�.</p><p>��Me parece un momento curioso para iniciar un concurso de insultos, pero si insistes, seguramente se me ocurrir� algo mejor.</p><p>��No, lo digo en serio. No tienes buen aspecto.</p><p>��Y esto me lo dice un tipo que tiene el sex-appeal de un ping�ino. Mira, soy consciente de que tal vez sientes celos porque el Se�or no te trat� con la mano de escultor con la que me trat� a m�, pero eso no es motivo para que�</p><p>��No pretendo insultarte -le espet� Simon-. Te lo digo en serio: pareces enfermo. �Cu�nto hace que no comes nada?</p><p>Jace se qued� pensativo.</p><p>���Desde ayer?</p><p>���Est�s seguro?</p><p>Jace se encogi� de hombros.</p><p>��Bueno, no lo jurar�a sobre un mont�n de Biblias, pero creo que fue ayer.</p><p>Simon hab�a inspeccionado el contenido de la nevera de Kyle cuando examin� el apartamento y hab�a poca cosa que ver. En la nevera s�lo hab�a una lima seca, algunas latas de refresco, carne de ternera picada e, inexplicablemente, un �nico Pop Tart. Cogi� las llaves que hab�a dejado encima del mostrador de la cocina.</p><p>��Vamos -dijo-. En la esquina hay un supermercado. Iremos a comprar comida.</p><p>Jace puso cara de ir a llevarle la contraria, pero se encogi� de hombros.</p><p>��De acuerdo -dijo, con ese tono que emplea aquel a quien no le importa ad�nde ir o ad�nde lo lleven-. V�monos.</p><p>Ya en la escalera exterior, Simon cerr� la puerta con las llaves a las que a�n estaba acostumbr�ndose, mientras Jace examinaba la lista de nombres correspondientes en los timbres de los distintos pisos.</p><p>���se es el tuyo, �no? -pregunt�, se�alando el 3A-. �C�mo es que s�lo pone �Kyle�? �Acaso no tiene apellido?</p><p>��Kyle quiere ser una estrella de rock -dijo Simon, bajando ya la escalera-. Creo que le gusta eso de darse a conocer s�lo con el nombre. Como Rihanna.</p><p>Jace lo sigui�, encorvando un poco la espalda para protegerse del viento, aunque no hizo el menor movimiento para subirse la cremallera de la chaqueta de ante que le hab�a cogido a Clary.</p><p>��No s� de qu� me hablas.</p><p>��Seguro que no.</p><p>Cuando doblaron la esquina de la Avenida B, Simon mir� a Jace de reojo.</p><p>��Cu�ntame -dijo-. �Estabas sigui�ndome? �O ha sido s�lo una coincidencia asombrosa que estuvieras por casualidad en el tejado del edificio justo al lado de donde fui atacado?</p><p>Jace se detuvo en la esquina, a la espera de que cambiara el sem�foro. Por lo que se ve�a, incluso los cazadores de sombras estaban obligados a obedecer las leyes de tr�fico.</p><p>��Estaba sigui�ndote.</p><p>���Y ahora viene cuando me cuentas que est�s secretamente enamorado de m�? El encanto del vampiro ataca de nuevo.</p><p>��Eso del encanto del vampiro no existe -dijo Jace, repitiendo de forma turbadora el anterior comentario de Clary-. Y estaba siguiendo a Clary, pero se meti� en un taxi y no puedo seguir los taxis. De modo que di media vuelta y te segu� a ti. Por hacer algo.</p><p>���Que estabas siguiendo a Clary? -repiti� Simon-. Voy a darte un buen consejo: a las chicas no les gusta que las persigan.</p><p>��Se hab�a dejado el tel�fono en el bolsillo de mi chaqueta -replic� Jace, dando golpecitos al lado derecho de la prenda, donde, supuestamente, segu�a el tel�fono-. Pens� que si averiguaba ad�nde iba, podr�a dej�rselo para que lo encontrara.</p><p>��O -dijo Simon- pod�as haberla llamado a casa y decirle que ten�as su tel�fono y ella habr�a venido a recogerlo.</p><p>Jace no dijo nada. El sem�foro se puso verde y cruzaron la calle en direcci�n al supermercado. A�n estaba abierto. Los supermercados de Manhattan no cerraban nunca, pens� Simon, un buen cambio con respecto a Brooklyn. Manhattan era un buen lugar para un vampiro. Pod�a hacer las compras por la noche y nadie lo miraba mal.</p><p>��Est�s evitando a Clary -coment� Simon-. Me imagino que no querr�s explicarme por qu�.</p><p>��No, no quiero -dijo Jace-. Consid�rate afortunado por haber estado sigui�ndote, pues de lo contrario�</p><p>���De lo contrario, qu�? �Otro atracador muerto? -Simon capt� la amargura de su propia voz-. Ya viste lo que pas�.</p><p>��S�. Y vi tu mirada en ese momento. -El tono de voz de Jace se manten�a neutral-. No era la primera vez que te pasaba, �verdad?</p><p>Simon se encontr� explic�ndole a Jace lo de la figura en ch�ndal que lo hab�a atacado en Williamsburg y c�mo hab�a dado por sentado que se trataba de un simple atracador.</p><p>��Una vez muerto, se convirti� en sal -dijo para finalizar-. Igual que el segundo tipo. Supongo que ser� algo b�blico. Columnas de sal. Como la esposa de Lot.</p><p>Hab�an llegado al supermercado; Jace empuj� la puerta para abrirla y Simon lo sigui�, despu�s de coger un carrito plateado de la hilera que hab�a junto a la puerta. Lo empuj� por uno de los pasillos y Jace sigui� sus pasos, perdido en sus pensamientos.</p><p>��Me imagino que la pregunta a formular es la siguiente -dijo Jace-: �Tienes idea de qui�n podr�a querer matarte?</p><p>Simon se encogi� de hombros. Ver tanta comida le provocaba n�useas y recordaba lo hambriento que estaba, aunque nada de lo que vend�an all� saciar�a su hambre.</p><p>��Quiz� Raphael. Parece que me odia. Y ya me quer�a muerto antes de�</p><p>��No es Raphael -dijo Jace.</p><p>���C�mo puedes estar tan seguro?</p><p>��Porque Raphael sabe lo de tu Marca y no ser�a tan est�pido como para atacarte directamente de esa manera. Sabe muy bien lo que suceder�a. Quienquiera que te vaya detr�s, es alguien que te conoce lo bastante como para saber d�nde puedes estar, pero que desconoce la existencia de la Marca.</p><p>��De ser as�, podr�a ser cualquiera.</p><p>��Exactamente -dijo Jace, y sonri�. Por un momento, casi volvi� a ser �l.</p><p>Simon movi� la cabeza de lado a lado.</p><p>��Oye, t�, �sabes qu� quieres comer o simplemente esperas que siga empujando el carrito por los pasillos porque te divierte?</p><p>��Eso por un lado -dijo Jace-, y por el otro, es que no conozco muy bien lo que venden en las tiendas de alimentaci�n de los mundanos. Normalmente cocina Maryse o pedimos comida hecha. -Se encogi� de hombros y cogi� al azar una pieza de fruta-. �Esto qu� es?</p><p>��Un mango. -Simon se qued� mirando a Jace. A veces era como si los cazadores de sombras fueran de otro planeta.</p><p>��Me parece que nunca hab�a visto una cosa de �stas sin cortar -reflexion� Jace-. Me gustan los mangos.</p><p>Simon cogi� el mango y lo puso en el carrito.</p><p>��Estupendo. �Qu� m�s quieres?</p><p>Jace se lo pens� un momento.</p><p>��Sopa de tomate -dijo por fin.</p><p>���Sopa de tomate? �Quieres sopa de tomate y un mango para cenar?</p><p>Jace hizo un gesto de indiferencia.</p><p>��La verdad es que la comida me trae sin cuidado.</p><p>��De acuerdo. Lo que t� quieras. Esp�rame aqu�. Vuelvo en seguida.</p><p>�Cazadores de sombras�, remug� Simon para sus adentros mientras daba la vuelta a la esquina del pasillo de las latas de sopa. Eran como una estrafalaria amalgama de millonarios, gente que nunca ten�a que pensar en la parte material de la vida -como hacer la compra o utilizar las m�quinas expendedoras de billetes de metro- y soldados adem�s, con una autodisciplina r�gida y un entrenamiento constante. Tal vez les resultara m�s f�cil ir por la vida con orejeras, pens� mientras eleg�a una lata de sopa de la estanter�a. Tal vez les fuera m�s �til concentrarse �nica y exclusivamente en la imagen global, que, cuando su trabajo consist�a en tratar de mantener al mundo libre del mal, era una imagen global de tama�o considerable.</p><p>De regreso al pasillo donde hab�a dejado a Jace, empezando casi a sentirse comprensivo con su situaci�n, se detuvo en seco. Jace estaba apoyado en el carrito, jugando con algo entre sus manos. De lejos, Simon no pod�a distinguir qu� era, pero tampoco pod�a acercarse m�s porque dos adolescentes le bloqueaban el paso, paradas en medio del pasillo riendo y cuchicheando entre ellas como suelen hacer las chicas. Evidentemente, se hab�an vestido para parecer mayores de veinti�n a�os, con tacones altos, minifalda, sujetadores con relleno y sin chaquetas que las protegieran del fr�o.</p><p>Ol�an a l�piz de labios. A l�piz de labios, polvos de talco y sangre.</p><p>Naturalmente, a pesar de que hablaban bajito, �l pod�a o�rlas a la perfecci�n. Estaban hablando de Jace, de lo bueno que estaba, ret�ndose entre ellas a acercarse a hablar con �l. Y comentaban acerca de su pelo y tambi�n sus abdominales, aunque Simon no lograra entender c�mo pod�an verle los abdominales a trav�s de la camiseta. �Mierda -pens�-. Esto es rid�culo.� Estaba a punto de pedirles que lo dejaran pasar, cuando una de ellas, la m�s alta y con el pelo m�s oscuro de las dos, ech� a andar en direcci�n a Jace, tambale�ndose ligeramente sobre sus tacones de plataforma. Jace levant� la vista al notar que se le acercaban y la mir� con cautela. De repente, Simon cay� presa del p�nico al imaginarse que tal vez Jace la confund�a con una vampira o alg�n tipo de subterr�neo y sacaba all� mismo alguno de sus cuchillos serafines y acababan los dos arrestados.</p><p>Pero no tendr�a que haberse preocupado. Jace acababa de levantar una ceja. La chica le dijo algo, casi sin aliento; �l se encogi� de hombros con un gesto de indiferencia; ella le puso algo en la mano y sali� corriendo de nuevo hacia su amiga. Salieron tambale�ndose del establecimiento, riendo como tontuelas.</p><p>Simon se acerc� a Jace y dej� la lata de sopa en el carrito.</p><p>���De qu� iba todo esto?</p><p>��Creo -respondi� Jace- que me ha preguntado si pod�a tocar mi mango.</p><p>���Te ha dicho eso?</p><p>Jace se encogi� de hombros.</p><p>��S�, y despu�s me ha dado su tel�fono. -Con expresi�n de indiferencia, le ense�� a Simon el papel y lo tir� al carrito-. �Nos vamos ya?</p><p>��No pensar�s llamarla, �verdad?</p><p>Jace lo mir� como si se hubiese vuelto loco.</p><p>��Olvida lo que te he dicho -dijo Simon-. Siempre te pasan cosas de �stas, �no? �Que las chicas te aborden as�?</p><p>��S�lo cuando no estoy hechizado.</p><p>��S�, porque entonces las chicas no te ven, ya que eres invisible. -Simon movi� la cabeza-. Eres una amenaza p�blica. No deber�an dejarte salir solo.</p><p>��Los celos son una emoci�n muy fea, Lewis. -Jace esboz� aquella sonrisa torcida que en condiciones normales habr�a provocado en Simon el deseo de pegarle. Pero no esta vez. Acababa de ver el objeto con el que estaba jugando Jace, y al que segu�a dando vueltas entre sus dedos como si fuera algo precioso, peligroso, o ambas cosas a la vez. Era el tel�fono de Clary.</p><empty-line/><p>��Sigo sin estar seguro de que sea buena idea -dijo Luke.</p><p>Clary, con los brazos cruzados sobre su pecho para resguardarse del fr�o de la Ciudad Silenciosa, lo mir� de reojo.</p><p>��Tal deber�as haber dicho eso antes de venir hasta aqu�.</p><p>��Estoy seguro de haberlo dicho. Varias veces. -La voz de Luke reson� en los pilares de piedra que se elevaban por encima de sus cabezas, entrelistados con ristras de piedras semipreciosas: �nice negro, jade verde, cornalina rosa y lapisl�zuli. Las antorchas sujetas a los pilares desprend�an luz m�gica de color plata, iluminando los mausoleos que flanqueaban las paredes con una claridad blanca que resultaba casi dolorosa de mirar.</p><p>La Ciudad Silenciosa hab�a cambiado muy poco desde la �ltima vez que Clary hab�a estado en ella. Segu�a result�ndole ajena y extra�a, aunque ahora las runas que se extend�an por los suelos en forma de espirales y dibujos cincelados incitaban su mente con indicios de sus significados en lugar de resultarle totalmente incomprensibles. Despu�s de llegar all�, Maryse hab�a dejado a Clary y a Luke en aquella c�mara de recepci�n, pues prefer�a conferenciar a solas con los Hermanos Silenciosos. Nada garantizaba que fueran a permitir que los tres vieran los cuerpos, le hab�a advertido Maryse a Clary. Los muertos nefilim ca�an dentro de la competencia de los guardianes de la Ciudad de Hueso y nadie m�s ten�a jurisdicci�n sobre ellos.</p><p>Aunque pocos guardianes quedaban. Valentine los hab�a matado a casi todos durante su b�squeda de la Espada Mortal, dejando s�lo con vida a los pocos que no se encontraban en la Ciudad Silenciosa en aquel momento. Desde entonces, se hab�an sumado nuevos miembros a la orden, pero Clary dudaba de que en el mundo quedaran m�s de diez o quince Hermanos Silenciosos.</p><p>El discordante chasqueo de los tacones de Maryse sobre el suelo de piedra les avis� de su regreso antes de que ella hiciera su aparici�n; un togado Hermano Silencioso segu�a su estela.</p><p>��Est�is aqu� -dijo, como si Clary y Luke no estuvieran en el mismo lugar exacto donde los hab�a dejado-. �ste es el hermano Zachariah. Hermano Zachariah, �sta es la chica de la que te he hablado.</p><p>El Hermano Silencioso se retir� levemente la capucha de la cara. Clary reprimi� una expresi�n de sorpresa. Su aspecto no recordaba el del hermano Jeremiah, que ten�a los ojos huecos y la boca cosida. El hermano Zachariah ten�a los ojos cerrados y sus altos p�mulos marcados con la cicatriz de una �nica runa negra. Pero no ten�a la boca cosida y tampoco le pareci� que llevara la cabeza afeitada. Aunque, con la capucha, resultaba dif�cil discernir si lo que ve�a eran sombras o pelo oscuro.</p><p>Sinti� que su voz alcanzaba su mente.</p><p>��Crees de verdad que puedes hacer esto, hija de Valentine?�</p><p>Clary not� que se le sub�an los colores. Odiaba que le recordasen de qui�n era hija.</p><p>��Estoy seguro de que sus logros ya han llegado a tus o�dos -dijo Luke-. Su runa de alianza nos ayud� a finalizar la Guerra Mortal.</p><p>El hermano Zachariah se levant� la capucha para que le ocultase la cara.</p><p>�Venid conmigo al Ossuarium.�</p><p>Clary mir� a Luke, esperando ver en �l un gesto de asentimiento y apoyo, pero ten�a la mirada fija al frente y jugueteaba con sus gafas como sol�a hacer siempre que se sent�a ansioso. Con un suspiro, Clary ech� a andar detr�s de Maryse y del hermano Zachariah. El hermano avanzaba tan silencioso como la niebla, mientras que los tacones de Maryse sonaban como disparos sobre el suelo de m�rmol. Clary se pregunt� si el gusto de Isabelle por el calzado imposible tendr�a un origen gen�tico.</p><p>Realizaron un sinuoso recorrido entre los pilares y pasaron por la gigantesca plaza de las Estrellas Parlantes, donde los Hermanos Silenciosos le hab�an explicado en su d�a a Clary la relaci�n que �sta ten�a con Magnus Bane. M�s all� hab�a un portal abovedado con un par de enormes puertas de hierro. Sus superficies estaban decoradas con runas grabadas al fuego que Clary reconoci� como runas de paz y muerte. Encima de las puertas hab�a una inscripci�n en lat�n que le hizo desear haber pensado en coger sus apuntes. Iba deplorablemente retrasada en lat�n para ser una cazadora de sombras; en su mayor�a, lo hablaban como si fuera su segundo idioma.</p><p><emphasis>Taceant Colloquia. Effugiat risus. Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae. </emphasis></p><p>���Que la conversaci�n se detenga. Que la risa cese� -ley� en voz alta Luke-. ��ste es el lugar donde los muertos disfrutan ense�ando a los vivos.�</p><p>El hermano Zachariah apoy� una mano en la puerta.</p><p>�El fallecido asesinado m�s recientemente est� listo para vosotros. �Est�is preparados?�</p><p>Clary trag� saliva, pregunt�ndose en qu� se habr�a metido.</p><p>��Estoy preparada.</p><p>Se abrieron las puertas y entraron en fila. En el interior hab�a una sala grande y sin ventanas con paredes de impecable m�rmol blanco. Eran muros uniformes, a excepci�n de los ganchos de los que colgaban instrumentos de disecci�n plateados: relucientes escalpelos, objetos que parec�an martillos, serruchos para cortar huesos, y separadores de costillas. Y en las estanter�as hab�a utensilios m�s peculiares si cabe: herramientas que parec�an sacacorchos gigantescos, hojas de papel de lija y frascos con l�quidos de todos los colores, entre los cuales destacaba uno verdusco etiquetado como ��cido� y que parec�a hervir a borbotones.</p><p>En el centro de la estancia hab�a una hilera de mesas altas de m�rmol. En su mayor�a estaban vac�as. Pero tres de ellas estaban ocupadas, y sobre dos de estas tres Clary vio una forma humana cubierta por una s�bana blanca. En la tercera mesa hab�a otro cuerpo, con la s�bana bajada justo por debajo de las costillas. Desnudo de cintura para arriba, se ve�a un cuerpo claramente masculino y, casi con la misma claridad, se ve�a que era un cazador de sombras. La piel p�lida del cad�ver estaba totalmente cubierta de Marcas. Siguiendo la costumbre de los cazadores de sombras, los ojos del hombre estaban vendados con seda blanca.</p><p>Clary trag� saliva para reprimir la sensaci�n de n�useas y se acerc� al cad�ver. Luke la acompa��, pos�ndole una protectora mano en el hombro; Maryse se coloc� delante de ellos, observ�ndolo todo con sus curiosos ojos azules, del mismo color que los de Alec.</p><p>Clary extrajo del bolsillo su estela. La frialdad del m�rmol traspas� el tejido de su camisa cuando se inclin� sobre el muerto. De cerca, empez� a observar detalles: ten�a el cabello pelirrojo cobrizo y era como si una enorme garra le hubiese cortado la garganta a tiras.</p><p>El hermano Zachariah extendi� el brazo y retir� la seda que cubr�a los ojos del muerto. Estaban cerrados.</p><p>�Puedes empezar.�</p><p>Clary respir� hondo y acerc� la punta de la estela a la piel del brazo del cazador de sombras muerto. Record�, con la misma claridad que recordaba las letras de su nombre, la runa que hab�a visualizado antes, en la entrada del Instituto. Empez� a dibujar.</p><p>De la punta de su estela surgieron en espiral las l�neas negras de la Marca, como siempre� aunque notaba la mano pesada, la estela arrastr�ndose, como si estuviera escribiendo sobre barro en lugar de sobre piel. Era como si el utensilio se sintiera confuso, como si se moviera a veloces saltos sobre la superficie de la piel muerta, buscando el esp�ritu vivo del cazador de sombras que ya no estaba all�. Mientras dibujaba, a Clary se le revolvi� el est�mago, y cuando hubo terminado y retirado la estela, estaba sudando y mareada.</p><p>Pas� un largo rato sin que nada sucediera. Entonces, con una brusquedad terrible, el cazador de sombras muerto abri� de repente los ojos. Eran azules, el blanco salpicado por puntos rojos de sangre.</p><p>Maryse sofoc� un grito. Era evidente que en ning�n momento hab�a cre�do que la runa fuera a funcionar.</p><p>��Por el �ngel.</p><p>El muerto emiti� un sonido de respiraci�n parecido a un traqueteo, el sonido que emitir�a alguien que intentara respirar con el cuello cortado. La piel rasgada de su cuello vibr� como las agallas de un pez. Levant� el pecho y su boca se abri� para decir:</p><p>��Duele.</p><p>Luke maldijo para sus adentros y mir� a Zachariah, pero el Hermano Silencioso se mostraba impasible.</p><p>Maryse se acerc� m�s a la mesa, con la mirada de pronto afilada, casi predatoria.</p><p>��Cazador de sombras -dijo-. �Qui�n eres? Exijo saber tu nombre.</p><p>La cabeza del hombre se agit� de un lado al otro. Levant� las manos y las dej� caer, convulsion�ndose.</p><p>��El dolor� Haz que pare el dolor.</p><p>A Clary casi se le cay� la estela de la mano. Aquello era mucho m�s atroz de lo que se hab�a imaginado. Mir� a Luke, que se alejaba de la mesa, horrorizado.</p><p>��Cazador de sombras. -El tono de Maryse era imperioso-. �Qui�n te hizo esto?</p><p>��Por favor�</p><p>Luke daba vueltas por la sala, de espaldas a Clary. Por lo que parec�a, estaba buscando algo entre las herramientas de los Hermanos Silenciosos. Clary se qued� helada cuando vio la mano enguantada de gris de Maryse salir disparada hacia el hombro del cad�ver y clavarle los dedos.</p><p>���En nombre del �ngel, te ordeno que me respondas!</p><p>El cazador de sombras emiti� un sonido ahogado.</p><p>��Subterr�neo� vampiro�</p><p>���Qu� vampiro? -pregunt� Maryse.</p><p>��Camille. La vieja� -Sus palabras se interrumpieron cuando la boca del muerto derram� una gota de sangre negra coagulada.</p><p>Maryse se qued� sin aliento y retir� en seguida la mano. Y en aquel momento reapareci� Luke, con el frasco de l�quido �cido verde que Clary hab�a visto antes. Con un �nico gesto, levant� el tap�n y derram� el �cido por encima de la Marca del brazo del cad�ver, erradic�ndola por completo. El cad�ver emiti� un solo grito cuando la carne chisporrote� y volvi� a derrumbarse sobre la mesa, con la mirada fija y mirando lo que quiera que fuese que le hab�a animado durante aquel breve per�odo, evidentemente finalizado.</p><p>Luke deposit� el frasco vac�o sobre la mesa.</p><p>��Maryse -dijo con un matiz de reproche-. No es as� como tratamos a nuestros muertos.</p><p>Maryse estaba p�lida, y sus mejillas salpicadas de rojo.</p><p>��Tenemos un nombre. Tal vez podamos evitar m�s muertes.</p><p>��Hay cosas peores que la muerte. -Luke extendi� la mano hacia Clary, sin mirarla-. Ven, Clary. Creo que es hora de marcharnos.</p><empty-line/><p>���De verdad que no se te ocurre nadie m�s que pueda querer matarte? -pregunt� Jace, y no por primera vez. Hab�an repasado la lista varias veces y Simon empezaba a cansarse de que le formulara sin cesar la misma pregunta. Eso sin mencionar que sospechaba que Jace no le prestaba mucha atenci�n. Despu�s de haberse comido la sopa que Simon le hab�a comprado -fr�a, tal como iba en la lata, con una cuchara, algo que Simon no pod�a evitar pensar que deb�a de resultar asqueroso-, estaba apoyado en la ventana, la cortina un poco corrida para poder ver el tr�fico de la Avenida B y las ventanas iluminadas de los apartamentos de la acera de enfrente. Simon pod�a ver c�mo la gente cenaba, miraba la televisi�n y charlaba sentada a la mesa. Cosas normales que hac�a la gente normal. Le hac�a sentirse extra�amente vac�o.</p><p>��A diferencia de lo que pasa contigo -dijo Simon-, no hay mucha gente a la que yo no le caiga bien.</p><p>Jace ignor� el comentario.</p><p>��Creo que me est�s ocultando algo.</p><p>Simon suspir�. No hab�a querido decir nada sobre la oferta de Camille, pero en vista de que alguien estaba intentando matarlo, por poco efectivo que fuese, tal vez el secreto no fuera tan prioritario. Le explic�, pues, lo sucedido en su reuni�n con la mujer vampiro y entonces Jace s� lo observ� con atenci�n.</p><p>Cuando hubo terminado, Jace dijo:</p><p>��Interesante, pero tampoco es probable que sea ella quien intenta matarte. Para empezar, conoce la existencia de tu Marca. Y no estoy seguro de que fuera a gustarle mucho que la pillaran quebrantando los Acuerdos de esta manera. Cuando los subterr�neos llegan a esas edades, normalmente saben c�mo mantenerse alejados de cualquier problema. -Dej� la lata de sopa-. Podr�amos volver a salir -sugiri�-. Veamos si intentan atacarte una tercera vez. Si pudi�ramos capturar a uno de ellos, tal vez�</p><p>��No -dijo Simon-. �Por qu� siempre andas tratando de que te maten?</p><p>��Es mi trabajo.</p><p>��Es un riesgo impl�cito en tu trabajo. O lo es al menos para la mayor�a de los cazadores de sombras. Pero para ti es como si fuera el objetivo.</p><p>Jace hizo un gesto de indiferencia.</p><p>��Mi padre siempre dec�a� -Se interrumpi�; su expresi�n se endureci�-. Lo siento, quer�a decir Valentine. Por el �ngel. Cada vez que me refiero a �l de este modo, tengo la sensaci�n de estar traicionando a mi verdadero padre.</p><p>Simon, muy a pesar suyo, sinti� l�stima de Jace.</p><p>��Veamos, �durante cu�nto tiempo has cre�do que era tu padre? �Diecis�is a�os? Eso no desaparece en un d�a. Y tienes que tener en cuenta que nunca conociste al que fue tu verdadero padre. Que adem�s est� muerto. Por lo tanto, no lo traicionas para nada. Consid�rate, simplemente, como alguien que durante un tiempo ha tenido dos padres.</p><p>��No se pueden tener dos padres.</p><p>��Claro que s� -dijo Simon-. �Qui�n dice que no se pueda? Te compraremos un libro de esos que venden para los ni�os. <emphasis>Timmy tiene dos pap�s</emphasis>. Aunque no creo que tengan ninguno titulado <emphasis>Timmy tiene dos pap�s y uno de ellos era malo</emphasis>. Esa parte tendr�s que solucionarla t� solito.</p><p>Jace puso los ojos en blanco.</p><p>��Fascinante -dijo-. Conoces las palabras, sabes que est�n todas en ingl�s, pero cuando las unes para que formen frases, no tienen ning�n sentido. -Tir� ligeramente de la cortina de la ventana-. No pretend�a que lo entendieras.</p><p>��Mi padre est� muerto -dijo Simon.</p><p>Jace se volvi� hacia �l.</p><p>���Qu�?</p><p>��Ya me imaginaba que no lo sab�as -dijo Simon-. Y s� que no ibas a pregunt�rmelo, igual que tambi�n s� que no est�s especialmente interesado en nada que tenga que ver conmigo. Pero s�. Mi padre est� muerto. Ya ves, tenemos algo en com�n. -Agotado de repente, se recost� en el sof�. Se sent�a enfermo, mareado y cansado, un agotamiento profundo que le calaba en los huesos. Jace, por otro lado, parec�a pose�do por una energ�a inagotable que a Simon le resultaba un poco inquietante. Tampoco le hab�a resultado f�cil verle comer aquella sopa de tomate. Le recordaba demasiado a la sangre como para sentirse c�modo.</p><p>Jace se qued� mir�ndolo.</p><p>���Cu�nto tiempo hace que t� no� comes? Tienes mal aspecto.</p><p>Simon suspir�. No ten�a otra opci�n, despu�s de insistir tanto en que Jace comiera algo.</p><p>��Espera -dijo-. En seguida vuelvo.</p><p>Se levant� del sof�, entr� en su habitaci�n y cogi� la �ltima botella de sangre que le quedaba y que guardaba bajo la cama. Intent� no mirarla� la sangre separada del plasma daba asco. Agit� con fuerza la botella mientras volv�a a la sala, donde Jace segu�a mirando por la ventana.</p><p>Apoyado en la encimera de la cocina, Simon le quit� el tap�n a la botella de sangre y le dio un trago. En condiciones normales, nunca beb�a esa cosa delante de la gente, pero en ese caso se trataba de Jace, y le daba absolutamente igual lo que Jace opinara. Adem�s, Jace ya le hab�a visto beber sangre en otras ocasiones. Por suerte, Kyle no estaba en casa. Habr�a sido complicado explicarle aquello a su nuevo compa�ero de piso. A nadie le hac�a gracia un tipo que guardaba sangre en la nevera.</p><p>En aquel momento lo miraban dos Jace: uno, el Jace de verdad; el otro, su reflejo en el cristal de la ventana.</p><p>��No puedes saltarte comidas, �lo sab�as?</p><p>Simon se encogi� de hombros.</p><p>��Ya estoy comiendo.</p><p>��S� -dijo Jace-, pero eres un vampiro. Para ti, la sangre no es como comida. La sangre es� sangre.</p><p>��Muy ilustrativo. -Simon se dej� caer en el sill�n que hab�a delante del televisor; aunque en su d�a debi� de estar tapizado con un terciopelo dorado claro, el tejido hab�a acabado adquiriendo un sucio tono gris�ceo-. �Sueles tener m�s pensamientos profundos de este estilo? �La sangre es sangre? �Una tostadora es una tostadora? �Un Cubo Gelatinoso es un Cubo Gelatinoso?</p><p>Jace hizo un gesto de indiferencia.</p><p>��Est� bien. Ignora mi consejo. Ya te arrepentir�s de ello.</p><p>Pero antes de que Simon pudiera replicar, oy� que se abr�a la puerta de entrada. Fulmin� a Jace con la mirada.</p><p>��Es mi compa�ero de piso, Kyle. Comp�rtate.</p><p>Jace le lanz� una sonrisa encantadora.</p><p>��Yo siempre me comporto.</p><p>Simon no tuvo oportunidad de responderle como le habr�a gustado, pues un segundo despu�s, Kyle entraba en la sala de estar, entusiasmado y lleno de energ�a.</p><p>��T�o, hoy he estado dando vueltas por toda la ciudad -dijo-. Casi me pierdo, pero ya sabes lo que dicen. Bronx arriba, Battery abajo� -Mir� a Jace, d�ndose cuenta con retraso de que hab�a alguien m�s all�-. Oh, hola. No sab�a que estabas con un amigo. -Le tendi� la mano-. Me llamo Kyle.</p><p>Jace no respondi� de igual manera. Sorprendiendo a Simon, Jace se hab�a quedado completamente r�gido, con los ojos amarillo claro entrecerr�ndose, y el cuerpo entero exhibiendo aquel estado de vigilia de los cazadores de sombras que consegu�a transformarlo de un adolescente normal en algo completamente distinto.</p><p>��Interesante -dijo-. �Sabes? Simon no me hab�a mencionado que su nuevo compa�ero de piso fuera un hombre lobo.</p><empty-line/><p>Clary y Luke realizaron en silencio el viaje de regreso a Brooklyn en coche. Clary miraba por la ventanilla y ve�a Chinatown pasar de largo, y despu�s el puente de Williamsburg alumbrado como una cadena de diamantes destacando sobre el cielo nocturno. A lo lejos, por encima de las aguas negras del r�o, se ve�a Renwick�s, iluminado como siempre. Daba la impresi�n de estar de nuevo en ruinas, ventanas oscuras y vac�as como los huecos de los ojos en una calavera. La voz del cazador de sombras muerto susurraba en su cabeza:</p><p>�El dolor� Haz que pare el dolor�.</p><p>Se estremeci� y tir� de la chaqueta que llevaba sobre los hombros para cubrirse un poco m�s. Luke la mir� de reojo, pero no dijo nada. No fue hasta que detuvo el veh�culo delante de su casa y apag� el motor, que se volvi� hacia ella y le dijo:</p><p>��Clary. Lo que acabas de hacer�</p><p>��Ha estado mal -dijo ella-. S� que ha estado mal. Yo tambi�n estaba all�. -Se restreg� la cara con la manga de la chaqueta-. Adelante, �chame la bronca.</p><p>Luke mir� por la ventanilla.</p><p>��No pienso echarte ninguna bronca. No sab�as lo que iba a pasar. Joder, yo tambi�n cre�a que funcionar�a. No te habr�a acompa�ado de no haberlo cre�do.</p><p>Clary sab�a que aquellas palabras deber�an hacerle sentirse mejor, pero no fue as�.</p><p>��Si no le hubieses echado �cido a la runa�</p><p>��Pero lo hice.</p><p>��Ni siquiera sab�a que pod�a hacerse. Destruir una runa de ese modo.</p><p>��Si consigues desfigurarla lo suficiente, puedes llegar a minimizar o destruir su poder. A veces, en el transcurso de una batalla, el enemigo intenta quemar o rebanar la piel del cazador de sombras para privarle del poder de sus runas -dijo Luke, sin prestar mucha atenci�n a sus propias palabras.</p><p>Clary not� que le temblaban los labios y cerr� la boca con fuerza para detener el temblor. A veces olvidaba los aspectos m�s angustiosos de la vida del cazador de sombras: �Esta vida de cicatrices y muerte�, como Hodge hab�a dicho en una ocasi�n.</p><p>��No volver� a hacerlo -dijo.</p><p>���Qu� es lo que no volver�s a hacer? �Crear esa runa en particular? No me cabe la menor duda de que no volver�s a hacerlo, pero no estoy seguro de que eso solucione el problema. -Luke tamborile� con los dedos sobre el volante-. Posees un talento, Clary. Un talento enorme. Pero no tienes la menor idea de lo que ese talento significa. Careces por completo de formaci�n. No sabes apenas nada sobre la historia de las runas, ni sobre lo que han significado para los nefilim a lo largo de los siglos. Eres incapaz de diferenciar una runa concebida para el bien de otra concebida para el mal.</p><p>��Pues bien contento que estabas por dejarme utilizar mi poder cuando cre� la runa de alianza -dijo ella enfadada-. Entonces no me dijiste que no creara runas.</p><p>��No estoy dici�ndote que no puedas utilizar tu poder. De hecho, creo que el problema es m�s bien que rara vez lo empleas. No se trata tampoco de que uses tu poder para cambiarte el color del esmalte de u�as o para que llegue el metro cuando a ti te convenga. Hay que utilizarlo tan s�lo en estos ocasionales momentos de vida o muerte.</p><p>��Las runas s�lo vienen a m� en esos momentos.</p><p>��A lo mejor es as� porque nadie te ha ense�ado a�n c�mo funciona tu poder. Piensa en Magnus: su poder es una parte m�s de �l. T� ves el tuyo como algo ajeno a ti. Como algo que te sucede. Pero no es as�. Es una herramienta y tienes que aprender a utilizarla.</p><p>��Jace me dijo que Maryse quiere contratar a un experto en runas para que trabaje conmigo, pero parece que todav�a no lo ha encontrado.</p><p>��S� -dijo Luke-. Me imagino que Maryse tiene otras cosas en la cabeza. -Sac� la llave del contacto y permaneci� un momento en silencio-. Perder un hijo del modo en que perdi� a Max� -dijo-. Me cuesta imagin�rmelo. Tendr�a que perdonar su conducta. Si a ti te pasara algo, yo�</p><p>Se interrumpi�.</p><p>��Tengo ganas de que Robert regrese ya de Idris -dijo Clary-. No entiendo por qu� tiene que pasar todo este trago ella sola. Debe de ser horrible.</p><p>��Muchos matrimonios se rompen despu�s de la muerte de un hijo. La pareja no puede evitar echarse la culpa de lo sucedido, o echarle la culpa a uno de los dos. Me imagino que la ausencia de Robert se debe precisamente a que necesita espacio, o a que Maryse lo necesita.</p><p>��Pero ellos se quieren -dijo Clary, at�nita-. �No es eso el amor? �Estar all� para apoyar a tu pareja, pase lo que pase?</p><p>Luke mir� en direcci�n al r�o, a las aguas oscuras que avanzaban lentamente bajo la luz de la luna oto�al.</p><p>��A veces, Clary -dijo-, el amor no es suficiente.</p></section><section><title><p>7 <emphasis>PRAETOR LUPUS</emphasis></p></title><p>La botella se desliz� entre las manos de Simon y cay� al suelo, haci�ndose a�icos y proyectando fragmentos en todas direcciones.</p><p>���Que Kyle es un hombre lobo?</p><p>��Por supuesto que es un hombre lobo, retrasado -dijo Jace. Mir� entonces a Kyle-. �No es cierto?</p><p>Kyle no dijo nada. La expresi�n jovial y relajada se hab�a esfumado de su rostro. Sus ojos verdes parec�an duros y planos como el cristal.</p><p>���Qui�n me lo pregunta?</p><p>Jace se apart� de la ventana. No hab�a nada abiertamente hostil en su conducta, pero su imagen daba a entender una clara amenaza. Ten�a los brazos colgando en sus costados, pero Simon record� otras ocasiones en las que hab�a vista a Jace entrar de manera explosiva en acci�n sin que sucediera aparentemente nada entre pensamiento y respuesta.</p><p>��Jace Lightwood -respondi�-. Del Instituto Lightwood. �A qu� manada has prestado juramento?</p><p>���Dios! -exclam� Kyle-. �Eres un cazador de sombras? -Mir� a Simon-. Aquella pelirroja tan mona que estaba contigo en el garaje� tambi�n es cazadora de sombras, �verdad?</p><p>Simon, completamente desprevenido, asinti� con la cabeza.</p><p>��Hay quien piensa que los cazadores de sombras no son m�s que un mito. Como las momias y los genios -dijo Kyle, sonri�ndole a Jace-. �Puedes conceder deseos?</p><p>El hecho de que Kyle acabara de calificar de �mona� a Clary no sirvi� precisamente para que se granjeara la simpat�a de Jace, cuyo rostro se hab�a tensado de manera alarmante.</p><p>��Eso depende -dijo-. �Deseas un pu�etazo en la cara?</p><p>��Tranquilo, tranquilo -dijo Kyle-. Y yo que pensaba que �ltimamente estabais superentusiasmados por los Acuerdos�</p><p>��Los Acuerdos implican a vampiros y lic�ntropos con alianzas claras -lo interrumpi� Jace-. Dime a qu� manada has prestado juramento o, de lo contrario, tendr� que asumir que eres un mal bicho.</p><p>��De acuerdo, ya basta -dijo Simon-. Vosotros dos, dejad ya de actuar como si estuvierais a punto de pegaros. -Mir� a Kyle-. Tendr�as que haberme dicho que eras un hombre lobo.</p><p>��Vaya, no me hab�a percatado de que t� me hayas contado que eres un vampiro. Tal vez pensara que no era asunto tuyo.</p><p>Simon experiment� una sacudida de pura sorpresa.</p><p>���Qu�? -Baj� la vista hacia los cristales rotos y la sangre esparcida en el suelo-. Yo no� no�</p><p>��No te molestes -dijo Jace, sin alterarse-. Puede intuir que eres un vampiro. Igual que t� podr�s intuir a los hombres lobo y a otros subterr�neos cuando tengas un poco m�s de pr�ctica. Lo sabe desde que te conoci�. �Me equivoco? -Mir� a Kyle, fijando la vista en sus g�lidos ojos verdes. Kyle no dijo nada-. Y, por cierto, lo que cultiva en el balc�n� es uva lupina. Ahora ya lo sabes.</p><p>Simon se cruz� de brazos y mir� a Kyle.</p><p>���Qu� demonios es todo esto? �Alg�n tipo de emboscada? �Por qu� me pediste que viniera a vivir contigo? Los hombres lobo odian a los vampiros.</p><p>��Yo no -dijo Kyle-. Aunque a los de su especie no les tengo mucho cari�o. -Se�al� a Jace-. Se creen mejores que todos los dem�s.</p><p>��No -dijo Jace-. Yo me creo mejor que todos los dem�s. Una opini�n respaldada por evidencias suficientes.</p><p>Kyle mir� a Simon.</p><p>���Habla siempre as�?</p><p>��S�.</p><p>���Existe alguna cosa capaz de cerrarle la boca? Aparte de mandarlo a la mierda de una paliza, claro est�.</p><p>Jace se apart� de la ventana.</p><p>��Me encantar�a que lo intentaras.</p><p>Simon se interpuso entre ellos.</p><p>��No pienso permitir que os pel�is.</p><p>���Y qu� piensas hacer si�? Oh. -La mirada de Jace se fij� en la frente de Simon y sonri� a rega�adientes-. �De modo que me amenazas con convertirme en algo que poder echarles a las palomitas si no hago lo que me ordenas?</p><p>Kyle estaba perplejo.</p><p>���Qu� dices�?</p><p>��Simplemente pienso que vosotros dos deber�ais hablar -lo interrumpi� Simon-. Kyle es un hombre lobo. Yo soy un vampiro. Y t� tampoco puede decirse que seas exactamente el vecinito de al lado -a�adi�, dirigi�ndose a Jace-. Propongo comprender qu� sucede y continuar a partir de ah�.</p><p>��Tu idiotez no conoce l�mites -dijo Jace, pero se sent� en el alf�izar de la ventana y se cruz� de brazos. Kyle tom� tambi�n asiento, en el sof�. No paraban de mirarse. Pero permanec�an quietos, pens� Simon. Todo un avance.</p><p>��Muy bien -dijo Kyle-. Soy un hombre lobo que no forma parte de ninguna manada, pero tengo una alianza. �Hab�is o�do hablar del <emphasis>Praetor Lupus</emphasis>?</p><p>��He o�do hablar del lupus -dijo Simon-. �No es una enfermedad de alg�n tipo?</p><p>Jace le lanz� una mirada fulminante.</p><p>��<emphasis>Lupus</emphasis> significa lobo -le explic�-. Y los pretorianos eran una unidad de �lite de la milicia romana. Por lo que me imagino que la traducci�n debe de ser algo as� como �guardianes lobo�. -Hizo un gesto de indiferencia-. Los he o�do mencionar alguna vez, pero son una organizaci�n bastante secreta.</p><p>���Y acaso no lo son los cazadores de sombras? -dijo Kyle.</p><p>��Tenemos buenas razones para que as� sea.</p><p>��Y nosotros tambi�n. -Kyle se inclin� hacia adelante. Los m�sculos de sus brazos se flexionaron al apuntalar los codos sobre sus rodillas-. Existen dos tipos de seres lobos -explic�-. Los que nacen seres lobo, hijos de seres lobo, y los que se infectan de licantrop�a a trav�s de un mordisco. -Simon lo mir� sorprendido. Nunca habr�a pensado que Kyle, aquel remol�n mensajero en bicicleta, conociera la palabra �licantrop�a�, y mucho menos que supiera pronunciarla. Pero aqu�l era un Kyle muy distinto: centrado, resuelto y directo-. Para los que lo somos como consecuencia de un mordisco, los primeros a�os son clave. El linaje de demonios que causa la licantrop�a provoca un mont�n de cambios m�s: oleadas de agresividad incontrolable, incapacidad de controlar la rabia, c�lera suicida y desesperaci�n. La manada puede ser de ayuda en este sentido, pero muchos de los infectados no tienen la suerte de vivir en el seno de una manada. Viven por su propia cuenta, tratando de gestionar como pueden todos estos asuntos tan abrumadores para ellos, y muchos se vuelven violentos, contra los dem�s o contra ellos mismos. El �ndice de suicidios es muy elevado, igual que el �ndice de violencia dom�stica. -Mir� a Simon-. Lo mismo sucede con los vampiros, excepto que puede ser incluso peor. Un novato hu�rfano no tiene literalmente ni idea de lo que le ha sucedido. Sin orientaci�n, no sabe c�mo alimentarse como es debido, ni siquiera c�mo mantenerse a salvo de la luz del sol. Y ah� es donde aparecemos nosotros.</p><p>���Para hacer qu�? -pregunt� Simon.</p><p>��Realizamos un seguimiento de los subterr�neos �hu�rfanos�, de los vampiros y seres lobo que acaban de convertirse y no saben todav�a lo que son. A veces incluso de brujos, muchos de los cuales pasan a�os sin darse cuenta de que lo son. Nosotros intervenimos, intentamos incluirlos en una manada o en un clan, tratamos de ayudarlos a controlar sus poderes.</p><p>��Buenos samaritanos, eso es lo que sois. -A Jace le brillaban los ojos.</p><p>��S�, lo somos. -Kyle intentaba mantener su tono de voz neutral-. Intervenimos antes de que el nuevo subterr�neo se vuelva violento y se haga da�o a s� mismo o da�e a otros seres. S� perfectamente lo que me habr�a pasado de no haber sido por la Guardia. He hecho cosas malas. Malas de verdad.</p><p>���Malas hasta qu� punto? -pregunt� Jace-. �Malas por ilegales?</p><p>��C�llate, Jace -dijo Simon-. Est�s fuera de servicio, �entendido? Deja de ser un cazador de sombras por un segundo. -Se volvi� hacia Kyle-. �Y c�mo acabaste present�ndote a una audici�n para mi banda de mierda?</p><p>��No hab�a ca�do en la cuenta de que sab�as que era una banda de mierda.</p><p>��Lim�tate a responder a mi pregunta.</p><p>��Recibimos noticias de la existencia de un nuevo vampiro, un vampiro diurno que viv�a por su cuenta, no en el seno de un clan. Tu secreto no es tan secreto como crees. Los vampiros novatos sin un clan que los ayude pueden resultar muy peligrosos. Me enviaron para vigilarte.</p><p>���Lo que quieres decir, por lo tanto -dijo Simon-, es no s�lo que no quieres que me vaya a vivir a otro sitio ahora que s� que eres un hombre lobo, sino que adem�s no piensas dejar que me largue?</p><p>��Correcto -dijo Kyle-. Es decir, puedes irte a otra parte, pero yo ir� contigo.</p><p>��No es necesario -dijo Jace-. Yo puedo vigilar perfectamente a Simon, gracias. Es mi subterr�neo ne�fito, del que tengo que burlarme y mangonear, no el tuyo.</p><p>���Cerrad el pico! -grit� Simon-. Los dos. Ninguno de vosotros estaba presente cuando alguien intent� matarme hoy mismo�</p><p>��Estaba yo -dijo Jace-. Lo sabes.</p><p>Los ojos de Kyle brillaban como los ojos de un lobo en la oscuridad de la noche.</p><p>���Que alguien ha intentado matarte? �Qu� ha pasado?</p><p>Las miradas de Simon y de Jace se encontraron. Y entre ellos acordaron en silencio no mencionar nada sobre la Marca de Ca�n.</p><p>��Hace dos d�as, y tambi�n hoy, unos tipos en ch�ndal gris me siguieron y me atacaron.</p><p>���Humanos?</p><p>��No estamos seguros.</p><p>���Y no tienes ni idea de lo que quieren de ti?</p><p>��Me quieren muerto, eso est� claro -dijo Simon-. M�s all� de eso, la verdad es que no lo s�, no.</p><p>��Tenemos algunas pistas -dijo Jace-. A�n hemos de investigarlos.</p><p>Kyle movi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>��De acuerdo. Acabar� descubriendo lo que quiera que sea que no me est�is contando. -Se levant�-. Y ahora, estoy derrotado. Me voy a dormir. Te veo por la ma�ana -le dijo a Simon-. Y t� -le dijo a Jace-, me imagino que ya te ver� por aqu�. Eres el primer cazador de sombras que conozco.</p><p>��Pues es una pena -dijo Jace-, ya que todos los que conozcas a partir de ahora ser�n para ti una decepci�n terrible.</p><p>Kyle puso los ojos en blanco y se fue, cerrando de un portazo la puerta de su habitaci�n.</p><p>Simon mir� a Jace.</p><p>��No piensas volver al Instituto -dijo-, �verdad?</p><p>Jace neg� con la cabeza.</p><p>��Necesitas protecci�n. Qui�n sabe cu�ndo intentar�n matarte otra vez.</p><p>��Eso que te ha dado ahora por evitar a Clary ha tomado realmente un giro inesperado, �eh? -dijo Simon, levant�ndose-. �Piensas volver alg�n d�a a casa?</p><p>Jace se qued� mir�ndolo.</p><p>���Y t�?</p><p>Simon entr� en la cocina, cogi� una escoba y barri� los cristales de la botella rota. Era la �ltima que le quedaba. Tir� los fragmentos en la basura, pas� por delante de Jace y se fue a su peque�a habitaci�n, donde se quit� la chaqueta y los zapatos y se dej� caer en el colch�n.</p><p>Jace entr� en la habitaci�n un segundo despu�s. Mir� a su alrededor enarcando las cejas, con expresi�n divertida.</p><p>��Vaya ambiente has creado aqu�. Minimalista. Me gusta.</p><p>Simon se puso de lado y mir� con incredulidad a Jace.</p><p>��Dime, por favor, que no est�s pensando en instalarte en mi habitaci�n.</p><p>Jace se encaram� al alf�izar de la ventana y lo mir� desde all�.</p><p>��Me parece que no has entendido bien lo del guardaespaldas, �verdad?</p><p>��No pensaba siquiera que yo te gustase tanto -dijo Simon-. �Tiene todo esto algo que ver con eso que dicen de mantener a tus amigos cerca y a tus enemigos m�s cerca a�n?</p><p>��Cre�a que se trataba de mantener a tus amigos cerca para tener a alguien que te acompa�e en el coche cuando vayas a casa de tu enemigo a mearte en su buz�n.</p><p>��Estoy casi seguro de que no es as�. Y eso de protegerme es menos conmovedor que espeluznante, para que lo sepas. Estoy bien. Ya has visto lo que sucede cuando alguien intenta hacerme da�o.</p><p>��S�, ya lo he visto -dijo Jace-. Pero la persona que intenta matarte acabar� averiguando lo de la Marca de Ca�n. Y cuando llegue ese momento, lo dejar� correr o buscar� otra forma de acabar contigo. -Se apoy� en la ventana-. Y es por eso que estoy aqu�.</p><p>A pesar de su exasperaci�n, Simon no consegu�a encontrar fallos en su argumento o, como m�nimo, fallos lo bastante grandes como para preocuparse por ellos. Se puso bocabajo y se tap� la cara. Y en pocos minutos se qued� dormido.</p><empty-line/><p>�Ten�a mucha sed. Estaba caminando por el desierto, por arenas ardientes, pisando huesos que se estaban blanqueando bajo el sol. Nunca hab�a sentido tanta sed. Cuando trag� saliva, fue como si tuviera la boca llena de arena, la garganta revestida de cuchillos.�</p><p>El agudo zumbido del tel�fono m�vil despert� a Simon. Se puso boca arriba y tir� cansado de su chaqueta. Cuando consigui� sacar el tel�fono del bolsillo, ya hab�a dejado de sonar.</p><p>Mir� qui�n le hab�a llamado. Era Luke.</p><p>�Mierda. Seguro que mi madre ha llamado a casa de Clary busc�ndome�, pens�, incorpor�ndose. Ten�a la cabeza confusa y adormilada, y tard� un momento en recordar que cuando se hab�a quedado dormido, no estaba solo en su habitaci�n.</p><p>Mir� r�pidamente hacia la ventana. Jace segu�a all�, pero estaba dormido� Sentado, con la cabeza apoyada en el cristal de la ventana. La clara luz azul del amanecer se filtraba a trav�s de �l. Se le ve�a muy joven, pens� Simon. No hab�a ni rastro de su expresi�n burlona, ni actitud defensiva, ni sarcasmo. Casi pod�a llegar a imaginarse lo que Clary ve�a en �l.</p><p>Estaba claro que no se tomaba muy en serio sus deberes de guardaespaldas, pero eso hab�a sido evidente desde el principio. Simon se pregunt�, y no por primera vez, qu� demonios pasaba entre Clary y Jace.</p><p>Volvi� a sonar el tel�fono. Se levant� de un brinco, sali� a la sala de estar y respondi� justo antes de que la llamada saltara de nuevo al buz�n de voz.</p><p>���Luke?</p><p>��Siento despertarte, Simon. -Luke se mostr� indefectiblemente educado, como siempre.</p><p>��Estaba despierto de todos modos -dijo Simon mintiendo.</p><p>��Necesito quedar contigo. Nos vemos en Washington Square Park en media hora -dijo Luke-. Junto a la fuente.</p><p>Simon se alarm� de verdad.</p><p>���Va todo bien? �Est� bien Clary?</p><p>��Est� bien. No tiene que ver con ella. -Se oy� un sonido de fondo. Simon se imagin� que Luke estaba poniendo en marcha su furgoneta-. Nos vemos en el parque. Y ven solo.</p><p>Colg�.</p><empty-line/><p>El sonido de la furgoneta de Luke abandonando el camino de acceso a la casa despert� a Clary de sus inquietantes sue�os. Se sent� con una mueca de dolor. La cadena que llevaba colgada al cuello se le hab�a enredado con el pelo y se la pas� por la cabeza, liber�ndola con cuidado de aquel enredo.</p><p>Dej� caer el anillo en la palma de su mano, y la cadena lo sigui�, arremolin�ndose a su alrededor. Fue como si el peque�o aro de plata, con su motivo decorativo de estrellas, le gui�ara el ojo con mofa. Record� el d�a que Jace se lo hab�a dado, envuelto en la nota que hab�a dejado cuando parti� en busca de Jonathan. �A pesar de todo, no soporto la idea de que este anillo se pierda para siempre, igual que no soporto la idea de abandonarte para siempre.�</p><p>De aquello hac�a casi dos meses. Estaba segura de que �l la amaba, tan segura que ni la reina de la corte de seelie hab�a sido capaz de tentarla. �C�mo pod�a querer otra cosa, teniendo a Jace?</p><p>Aunque tal vez tener por completo a alguien fuera imposible. Tal vez, por mucho que ames a una persona, �sta puede deslizarse entre tus dedos como el agua sin que t� puedas evitarlo. Entend�a por qu� la gente hablaba de corazones �rotos�; en aquel momento, ten�a la sensaci�n de que el suyo estaba hecho de cristal rajado y que sus fragmentos eran como diminutos cuchillos que se clavaban en su pecho al respirar. �Imag�nate tu vida sin �l�, le hab�a dicho la reina seelie�</p><p>Son� el tel�fono, y por un instante Clary se sinti� aliviada al pensar que algo, lo que fuera, interrump�a moment�neamente su desgracia. Pero luego pens�: �Jace�. A lo mejor no pod�a contactar con ella a trav�s del m�vil y por eso la llamaba a casa. Dej� el anillo en la mesita y descolg� el auricular. Estaba a punto de decir algo, cuando se dio cuenta de que su madre ya hab�a respondido al tel�fono.</p><p>���Diga? -La voz de su madre sonaba ansiosa, y sorprendentemente despierta para ser tan temprano.</p><p>La voz que respondi� era desconocida, con un d�bil acento.</p><p>��Soy Catarina, del hospital Beth Israel. Quer�a hablar con Jocelyn.</p><p>Clary se qued� helada. �El hospital? �Habr�a pasado alguna cosa, tal vez a Luke? Hab�a arrancado a una velocidad de v�rtigo�</p><p>��Soy Jocelyn. -Su madre no parec�a asustada, sino m�s bien como si hubiera estado esperando la llamada-. Gracias por devolverme tan pronto la llamada.</p><p>��No hay de qu�. Me he alegrado mucho de saber de ti. No es muy frecuente que la gente se recupere de un maleficio como el que t� sufriste. -Claro, pens� Clary. Su madre hab�a sido ingresada en estado de coma en el Beth Israel como consecuencia de la p�cima que hab�a ingerido para impedir que Valentine la interrogara-. Y cualquier amiga de Magnus Bane es tambi�n amiga m�a.</p><p>Jocelyn habl� entonces en un tono tenso:</p><p>���Has comprendido lo que dec�a en mi mensaje? �Sabes por qu� te llamaba?</p><p>��Quer�as informaci�n sobre el ni�o -dijo la mujer del otro lado de la l�nea. Clary sab�a que deber�a colgar, pero no pod�a hacerlo. �Qu� ni�o? �Qu� pasaba all�?-. El que abandonaron.</p><p>La voz de Jocelyn son� entrecortada:</p><p>��S-s�. Pens� que�</p><p>��Siento comunic�rtelo, pero ha muerto. Muri� anoche.</p><p>Jocelyn se qued� un instante en silencio. Clary percibi� la conmoci�n de su madre al otro lado del tel�fono.</p><p>���Muerto? �C�mo?</p><p>��No lo entiendo muy bien ni yo misma. El sacerdote vino anoche para bautizar al peque�o y�</p><p>��Oh, Dios m�o. -A Jocelyn le temblaba la voz-. �Puedo� podr�a, por favor, ir a ver el cuerpo?</p><p>Se produjo un prolongado silencio. Al final, dijo la enfermera:</p><p>��No estoy segura. El cuerpo est� ya en la morgue, esperando el traslado a las dependencias del forense.</p><p>��Catarina, creo que s� lo que le sucedi� al ni�o. -Jocelyn habl� casi sin aliento-. Y de poder confirmarlo, tal vez podr�a evitar un nuevo caso.</p><p>��Jocelyn�</p><p>��Llego en seguida -dijo la madre de Clary, y colg� el tel�fono. Clary se qued� mirando el auricular con ojos vidriosos antes de colgar tambi�n. Se levant�, se cepill� el pelo, se puso unos vaqueros y un jersey y sali� de su habitaci�n justo a tiempo de pillar a su madre en el sal�n, garabateando una nota en la libretita que hab�a junto al tel�fono. Levant� la vista al ver entrar a Clary y adopt� una expresi�n de culpabilidad.</p><p>��Me iba corriendo -dijo-. Han salido algunos temas de �ltima hora relacionados con la boda y�</p><p>��No te molestes en mentirme -dijo Clary sin m�s pre�mbulos-. He estado escuchando por el tel�fono y s� exactamente ad�nde vas.</p><p>Jocelyn se qued� blanca. Dej� poco a poco el bol�grafo sobre la mesa.</p><p>��Clary�</p><p>��Tienes que dejar de intentar protegerme -dijo Clary-. Estoy segura de que tampoco le mencionaste nada a Luke sobre tu llamada al hospital.</p><p>Jocelyn se ech� el pelo hacia atr�s con nerviosismo.</p><p>��Me pareci� injusto de cara a �l. Con la boda al caer y todo�</p><p>��S�. La boda. Tienes una boda. �Y por qu�? Porque vosotros os cas�is. �No crees que ya va siendo hora de que empieces a confiar en Luke? �Y a confiar en m�?</p><p>��Conf�o en ti -dijo Jocelyn en voz baja.</p><p>��En ese caso, no te importar� que te acompa�e al hospital.</p><p>��Clary, no creo que�</p><p>��S� lo que piensas. Piensas que es lo mismo que le pas� a Sebastian� quiero decir, a Jonathan. Piensas que tal vez hay alguien por ah� haciendo a los beb�s lo mismo que Valentine le hizo a mi hermano.</p><p>A Jocelyn le tembl� la voz al replicar:</p><p>��Valentine ha muerto. Pero en el C�rculo hab�a gente que nunca lleg� a ser capturada.</p><p>�Y nunca encontraron el cuerpo de Jonathan.� A Clary no le gustaba en absoluto pensar en aquel tema. Adem�s, Isabelle estaba presente y siempre hab�a declarado con firmeza que Jace le hab�a partido la espalda a Jonathan con una daga y que Jonathan hab�a muerto como resultado de ello. Se hab�a metido en el agua para verificarlo, hab�a dicho. No hab�a pulso, ni latidos.</p><p>��Mam� -dijo Clary-. Era mi hermano. Tengo derecho a acompa�arte.</p><p>Jocelyn asinti� muy lentamente.</p><p>��Tienes raz�n. Supongo que s�. -Cogi� el bolso que ten�a colgado en una percha junto a la puerta-. Vamos entonces, y coge el abrigo. Han dicho en la tele que es muy probable que llueva.</p><empty-line/><p>Washington Square Park estaba pr�cticamente desierto a aquellas horas de la ma�ana. El aire era fresco y limpio, las hojas cubr�an el suelo con una mullida alfombra de rojos, dorados y verdes oscuros. Simon las apart� a patadas al pasar por debajo del arco de piedra que daba acceso al extremo sur del parque.</p><p>Hab�a poca gente: un par de vagabundos durmiendo en sendos bancos, envueltos en sacos de dormir o mantas ra�das, y algunos tipos vestidos con el uniforme verde de los basureros vaciando papeleras. Hab�a tambi�n un hombre empujando un carrito, vendiendo donuts, caf� y <emphasis>bagels</emphasis> cortados en rebanadas. Y en medio del parque, al lado de la grandiosa fuente circular, estaba Luke. Llevaba un cortavientos de color verde con cremallera y salud� a Simon con la mano en cuanto lo vio llegar.</p><p>Simon le respondi� de igual manera, con cierta indecisi�n. No estaba seguro a�n de si hab�a alg�n problema. La expresi�n de Luke, que Simon apreci� con m�s detalle a medida que fue acerc�ndose, no hizo m�s que intensificar su presentimiento. Luke parec�a cansado y tremendamente estresado. Miraba a Simon con expresi�n preocupada.</p><p>��Simon -dijo-. Gracias por venir.</p><p>��De nada. -Simon no ten�a fr�o, pero igualmente mantuvo las manos hundidas en el fondo de los bolsillos de su chaqueta, s�lo por hacer algo con ellas-. �Qu� es lo que va mal?</p><p>��No he dicho que algo vaya mal.</p><p>��No me sacar�as de la cama en pleno amanecer de no ir algo mal -apunt� Simon-. Si no es cosa de Clary, entonces�</p><p>��Ayer, en la tienda de vestidos de novia -dijo Luke- me preguntaste por alguien. Por Camille.</p><p>De entre los �rboles sali� volando una bandada de aves, graznando. Simon record� entonces una cancioncilla sobre las urracas que su madre sol�a cantarle. Era para aprender a contar, y dec�a: �Una para el dolor, dos para la alegr�a, tres para una boda, cuatro para un nacimiento; cinco para la plata, seis para el oro, siete para un secreto jam�s contado�.</p><p>��S� -dijo Simon. Ya hab�a perdido la cuenta de cu�ntas aves hab�a. Siete, cre�a. Un secreto jam�s contado. Fuera el que fuera.</p><p>��Est�s al corriente de que en el transcurso de la semana pasada han encontrado a varios cazadores de sombras asesinados en la ciudad -dijo Luke-, �no?</p><p>Simon asinti� lentamente. Ten�a un mal presentimiento sobre hacia d�nde iba el tema.</p><p>��Parece que la responsable podr�a ser Camille -dijo Luke-. No pude evitar recordar que t� me preguntaste por ella. O�r la menci�n de su nombre dos veces en el mismo d�a, despu�s de a�os sin haber o�do hablar de ella� me parece una curiosa coincidencia.</p><p>��Las coincidencias existen.</p><p>��De vez en cuando -dijo Luke-, pero no suelen ser la respuesta m�s probable. Esta noche, Maryse piensa convocar a Raphael para interrogarlo acerca del papel de Camille en estos asesinatos. Si sale a relucir que t� sab�as alguna cosa relacionada con Camille, que has tenido contacto con ella, no quiero que te coja por sorpresa, Simon.</p><p>��En ese caso ser�amos dos. -A Simon volv�a a retumbarle la cabeza. �Ser�a normal que los vampiros tuviesen dolor de cabeza? No recordaba la �ltima vez que hab�a sufrido uno, antes de los acontecimientos de los �ltimos d�as-. Vi a Camille -dijo-. Hace cuatro d�as. Cre�a que me hab�a convocado Raphael, pero result� ser ella. Me ofreci� un trato. Si trabajaba para ella, me convertir�a en el segundo vampiro m�s importante de la ciudad.</p><p>���Y por qu� quer�a que trabajases para ella? -pregunt� Luke con un tono de voz neutral.</p><p>��Sabe lo de mi Marca -respondi� Simon-. Me explic� que Raphael la hab�a traicionado y que podr�a utilizarme para recuperar el control del clan. Me dio la sensaci�n de que no sent�a precisamente un cari�o muy especial hacia Raphael.</p><p>��Todo esto es muy curioso -dijo Luke-. Seg�n mis informaciones, har� cosa de un a�o Camille tom� una baja indefinida de su puesto como directora del clan y nombr� a Raphael su sucesor temporal. Si lo eligi� para ejercer de jefe en su lugar, �por qu� querr�a sublevarse contra �l?</p><p>Simon se encogi� de hombros.</p><p>��No tengo ni idea. Te estoy contando simplemente lo que ella me dijo.</p><p>���Por qu� no nos lo comentaste, Simon? -pregunt� Luke en voz baja.</p><p>��Me dijo que no lo hiciera. -Simon se dio cuenta de que aquello sonaba como una aut�ntica estupidez-. Nunca hab�a conocido a un vampiro como ella -a�adi�-. S�lo conozco a Raphael y a los que viven en el Dumont. Resulta dif�cil explicar c�mo era. Deseaba creerme todo lo que me dec�a. Deseaba hacer todo lo que ella me ped�a que hiciese. Deseaba satisfacerla aun sabiendo que estaba jugando conmigo.</p><p>El hombre con el carrito de los caf�s y los donuts volvi� a pasar por su lado. Luke le compr� un caf� y una <emphasis>bagel </emphasis>y se sent� en la fuente. Simon se sent� a su lado.</p><p>��El hombre que me dio el nombre de Camille la calific� de �antigua� -dijo Luke-. Por lo que tengo entendido, es uno de los vampiros m�s antiguos de este mundo. Me imagino que es capaz de hacer sentir peque�o a cualquiera.</p><p>��Me hizo sentirme como un bichito -dijo Simon-. Me prometi� que si en cinco d�as decid�a que no quer�a trabajar para ella, no volver�a a molestarme nunca. De modo que le dije que me lo pensar�a.</p><p>���Y lo has hecho? �Te lo has pensado?</p><p>��Si se dedica a matar cazadores de sombras, no quiero tener nada que ver con ella -dijo Simon-. Eso ya te lo digo ahora.</p><p>��Estoy seguro de que Maryse se sentir� aliviada en cuanto oiga esto.</p><p>��Ahora no te pongas sarc�stico.</p><p>��No es mi intenci�n -dijo Luke, muy serio. Era en momentos como �se, que Simon pod�a dejar de lado sus recuerdos de Luke (casi un padrastro para Clary, el tipo que siempre rondaba por all�, el que en todo momento estaba dispuesto a acompa�arte en coche a casa al salir del colegio, o a prestarte diez pavos para comprar un libro o una entrada para el cine) y recordar que Luke lideraba la manada de lobos m�s importante de la ciudad, que era alguien a quien, en momentos cr�ticos, la Clave entera se hab�a sentado a escuchar-. Olvidas qui�n eres, Simon. Olvidas el poder que posees.</p><p>��Ojal� pudiera olvidarlo -dijo Simon con amargura-. Ojal� que se esfumara por completo si hiciese uso de �l.</p><p>Luke movi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>��El poder es como un im�n. Atrae a los que lo desean. Camille es una de ellos, pero habr� m�s. Hemos tenido suerte, en cierto sentido, de que haya tardado tanto tiempo. -Mir� a Simon-. �Crees que si vuelve a convocarte podr�s ponerte en contacto conmigo, o con la Clave, para decirnos d�nde encontrarla?</p><p>��S� -respondi� Simon-. Me dio una forma de entrar en contacto con ella. Pero no se trata precisamente de que vaya a aparecer si soplo un silbato m�gico. La otra vez que quiso hablar conmigo, hizo que sus secuaces me pillaran por sorpresa y me condujeran a ella. Por lo tanto, no va a funcionar que pongas gente a mi alrededor mientras intento contactar con ella. Tendr�s a sus subyugados, pero no la tendr�s a ella.</p><p>��Humm. -Luke reflexion�-. Tendremos que pensar en algo inteligente.</p><p>��Pues mejor que pienses r�pido. Dijo que me daba cinco d�as, lo que significa que ma�ana estar� esperando alg�n tipo de se�al por mi parte.</p><p>��Me lo imagino -dijo Luke-. De hecho, cuento con ello.</p><empty-line/><p>Simon abri� con cautela la puerta de entrada del apartamento de Kyle.</p><p>���Hola! -grit� al entrar en el recibidor y mientras colgaba la chaqueta-. �Hay alguien en casa?</p><p>No hubo respuesta, pero Simon oy� en la sala de estar los conocidos sonidos, <emphasis>zap-bang-crash</emphasis>, de un videojuego. Se encamin� hacia all�, portando como ofrenda de paz una bolsa blanca llena de <emphasis>bagels</emphasis> que hab�a comprado en Bagel Zone, en la Avenida A.</p><p>��Os he tra�do desayuno�</p><p>Se interrumpi�. No estaba seguro de lo que pod�a esperarse despu�s de que sus autonombrados guardaespaldas se hubieran dado cuenta de que hab�a salido del apartamento sin que se enteraran de ello. Se imaginaba una recepci�n con frases del tipo: �Vu�lvelo a intentar y te mataremos�. Pero jam�s se le habr�a pasado por la cabeza encontrarse a Kyle y a Jace sentados en el sof�, codo con codo, y comport�ndose como los mejores amigos del mundo ante los ojos de cualquiera. Kyle ten�a en las manos el mando del videojuego y Jace estaba inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas, observando con atenci�n el desarrollo del juego. Ni se dieron cuenta de que Simon acababa de entrar.</p><p>��Ese tipo de la esquina mira hacia el otro lado -coment� Jace, se�alando la pantalla del televisor-. Si le atizas una patada de rueca, lo mandar�s al carajo.</p><p>��En este juego no se pueden dar patadas. S�lo puedo disparar. �Lo ves? -Kyle machac� algunas teclas.</p><p>��Vaya estupidez. -Jace levant� la cabeza y fue entonces cuando vio a Simon-. Veo que est�s de vuelta de tu reuni�n del desayuno -dijo, sin que su tono de voz fuera precisamente de bienvenida-. Seguro que te crees muy listo por haberte escapado como lo has hecho.</p><p>��Medianamente listo -reconoci� Simon-. Una especie de cruce entre el George Clooney de <emphasis>Ocean�s Eleven</emphasis> y esos tipos de <emphasis>Los cazadores de mitos</emphasis>, aunque m�s guapo.</p><p>��No sabes lo que me alegro de no tener ni idea de esas tonter�as que hablas -dijo Jace-. Me llena de una profunda sensaci�n de paz y bienestar.</p><p>Kyle dej� el mando y la pantalla se qued� congelada en un primer plano en el que se ve�a una arma gigantesca con extremo afilado.</p><p>��Coger� un <emphasis>bagel</emphasis>.</p><p>Simon le lanz� uno y Kyle se fue a la cocina, que estaba separada de la sala mediante una barra larga, para tostar y untar con mantequilla su desayuno. Jace mir� la bolsa blanca e hizo un gesto de rechazo con la mano.</p><p>��No, gracias.</p><p>Simon se sent� en la mesita.</p><p>��Tendr�as que comer algo.</p><p>��Mira qui�n habla.</p><p>��En estos momentos no tengo sangre -dijo Simon-. A menos que te ofrezcas voluntario.</p><p>��No, gracias. Ya hemos ido por ese camino y creo que ser� mejor que sigamos s�lo como amigos. -El tono de Jace era casi tan sarc�stico como siempre, pero mir�ndolo de cerca, Simon se dio cuenta de lo p�lido que estaba y de que sus ojos estaban envueltos en sombras gris�ceas. Los huesos de su cara sobresal�an mucho m�s que antes.</p><p>��De verdad -dijo Simon, empujando la bolsa por encima de la mesita hacia donde estaba sentado Jace-. Deber�as comer algo. No bromeo.</p><p>Jace mir� la bolsa de comida y puso mala cara. Ten�a los p�rpados azulados de agotamiento.</p><p>��S�lo de pensarlo me entran n�useas, si te soy sincero.</p><p>��Anoche te quedaste dormido -dijo Simon-. Cuando supuestamente ten�as que vigilarme. S� que esto de ejercer de guardaespaldas es casi como un chiste para ti, pero aun as� �Cu�nto tiempo hac�a que no dorm�as?</p><p>���Toda la noche seguida? -Jace se puso a pensar-. Dos semanas. Quiz� tres.</p><p>Simon se qued� boquiabierto.</p><p>���Por qu�? �Qu� te pasa?</p><p>Jace le regal� una sonrisa fantasmag�rica.</p><p>���Podr�a estar encerrado en una c�scara de nuez y sentirme un rey del espacio infinito, de no ser por las pesadillas que sufro.�</p><p>���sa la conozco<emphasis>. Hamlet</emphasis>. �Quieres con esto decirme que no puedes dormir porque tienes pesadillas?</p><p>��Vampiro -dijo Jace, con una sensaci�n de cansada certidumbre-, no tienes ni idea.</p><p>��Ya estoy aqu�. -Kyle dio la vuelta a la barra y se dej� caer en el �spero sill�n-. �Qu� sucede?</p><p>��Me he reunido con Luke -dijo Simon, y les explic� lo sucedido al no ver motivos para escond�rselo. Obvi� mencionar que Camille lo quer�a no s�lo porque era un vampiro diurno, sino tambi�n por la Marca de Ca�n. Kyle movi� afirmativamente la cabeza en cuanto hubo terminado.</p><p>��Luke Garroway. Es el jefe de la manada de la ciudad. He o�do hablar de �l. Es un pez gordo.</p><p>��Su verdadero apellido no es Garroway -dijo Jace-. Hab�a sido cazador de sombras.</p><p>��Es verdad. Tambi�n lo hab�a o�do comentar. Y ha jugado un papel decisivo en todo el tema de los nuevos Acuerdos. -Kyle mir� a Simon-. Caray, conoces a gente importante.</p><p>��Conocer a gente importante implica tener muchos problemas -dijo Simon-. Camille, por ejemplo.</p><p>��En cuanto Luke le cuente a Maryse lo que sucede, la Clave se ocupar� de ella -dijo Jace-. Existen protocolos para tratar a los subterr�neos malvados. -Al o�r aquello, Kyle lo mir� de refil�n, pero Jace no se dio cuenta-. Ya te he dicho que no creo que sea ella la que intenta matarte. Sabe lo de� -Jace se call�-. Sabe que no le conviene.</p><p>��Y adem�s, quiere utilizarte -dijo Kyle.</p><p>��Buen punto -dijo Jace-. No hay por qu� eliminar un recurso valioso.</p><p>Simon se qued� mir�ndolos y sacudi� la cabeza.</p><p>���Desde cu�ndo sois tan colegas? Anoche no parabais de proclamar ��Soy el guerrero m�s poderoso!�, ��No, el guerrero m�s poderoso soy yo!�. Y hoy os encuentro jugando a <emphasis>Halo</emphasis> y apoy�ndoos el uno al otro con buenas ideas.</p><p>��Nos hemos dado cuenta de que tenemos algo en com�n -dijo Jace-. Nos fastidias a los dos.</p><p>��He tenido una idea en este sentido -dijo Simon-. Aunque me parece que a ninguno de los dos va a gustarle.</p><p>Kyle levant� las cejas.</p><p>��Su�ltala.</p><p>��El problema de que est�is vigil�ndome todo el tiempo -dijo Simon- es que si lo hac�is, los que intentan matarme no volver�n a intentarlo, y si no vuelven a intentarlo, no sabremos qui�nes son, y adem�s, tendr�is que vigilarme constantemente. Y me imagino que ten�is otras cosas que hacer. Bueno -a�adi� mirando a Jace-, posiblemente t� no.</p><p>���Y? -dijo Kyle-. �Qu� sugieres?</p><p>��Que les tendamos una trampa. Para que vuelvan a atacar. Que intentemos capturar a uno de ellos y averig�emos qui�n los env�a.</p><p>��Que yo recuerde -dijo Jace-, yo ya te propuse esa idea y no te gust� mucho.</p><p>��Estaba cansado -replic� Simon-. Pero lo he estado pensando. Y hasta el momento, por la experiencia que he tenido con malhechores, no se largan simplemente porque pases de ellos. Siguen acech�ndote de distintas maneras. Por lo tanto, o consigo que esos tipos vengan a m�, o me pasar� la vida esperando que vuelvan a atacarme.</p><p>��Me apunto -dijo Jace, aunque Kyle parec�a a�n dubitativo-. �De modo que quieres salir por ah� y empezar a dar vueltas hasta que vuelvan a aparecer?</p><p>��He pensado que se lo pondr� f�cil. Aparecer� en alg�n sitio donde cualquiera pueda imaginarse que voy a ir.</p><p>���Te refieres a�? -dijo Kyle.</p><p>Simon se�al� el cartel que hab�a pegado a la nevera. �PELUSA DEL MILENIO, 16 DE OCTUBRE, ALTO BAR, BROOKLYN, 21 HORAS.�</p><p>��Me refiero a la actuaci�n. �Por qu� no? -El dolor de cabeza segu�a ah�, en toda su plenitud; lo ignor�, tratando de no pensar en lo agotado que se sent�a o en c�mo se lo montar�a para tocar. Ten�a que conseguir m�s sangre. Ten�a que hacerlo.</p><p>A Jace le brillaban los ojos.</p><p>���Sabes? Es muy buena idea, vampiro.</p><p>���Quieres que te ataquen en el escenario? -pregunt� Kyle.</p><p>��Ser�a un espect�culo emocionante -dijo Simon, m�s fanfarr�n de lo que en realidad se sent�a. La idea de ser atacado otra vez era casi m�s de lo que pod�a soportar, por mucho que no temiera por su seguridad. No sab�a si ser�a capaz de soportar de nuevo ver la Marca de Ca�n realizando su trabajo.</p><p>Jace neg� con la cabeza.</p><p>��No atacan en p�blico. Esperar�n hasta despu�s de la actuaci�n. Y nosotros estaremos all� para ocuparnos de ellos.</p><p>Kyle neg� con la cabeza.</p><p>��No s�</p><p>Siguieron discutiendo el tema, Jace y Simon en un bando y Kyle en el otro. Simon se sent�a un poco culpable. Si Kyle conociera lo de la Marca, resultar�a mucho m�s f�cil convencerlo. Pero acab� claudicando bajo la presi�n y accediendo a rega�adientes a lo que �l continuaba considerando �un plan est�pido�.</p><p>��Pero -dijo al final, poni�ndose en pie y sacudi�ndose las migas de la camiseta-, lo hago �nicamente porque me doy cuenta de que lo har�is de todos modos, est� yo de acuerdo o no. Por lo tanto, prefiero acompa�aros. -Mir� a Simon-. �Qui�n habr�a pensado que protegerte iba a ser tan complicado?</p><p>��Podr�a hab�rtelo dicho yo -coment� Jace, cuando Kyle se puso la chaqueta y se dirigi� a la puerta. Ten�a que ir a trabajar, les hab�a explicado. Al parecer, trabajaba de verdad como mensajero en bicicleta; los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis>, por muy de puta madre que sonara su nombre, no pagaban nada bien. Se cerr� la puerta y Jace se volvi� hacia Simon-. La actuaci�n es a las nueve, �no? �Qu� hacemos durante el resto del d�a?</p><p>���Nosotros? -Simon lo mir� con incredulidad-. �No piensas volver nunca a casa?</p><p>���Qu� pasa? �Ya te has aburrido de mi compa��a?</p><p>��Deja que te pregunte una cosa -dijo Simon-. �Te resulta fascinante estar conmigo?</p><p>���Qu� ha sido eso? -dijo Jace-. Lo siento, creo que me he quedado dormido un momento. Vamos, contin�a con eso tan cautivador que estabas diciendo.</p><p>��Vale ya -dijo Simon-. Deja por un momento de ser sarc�stico. No comes, no duermes. �Y sabes qui�n tampoco lo hace? Clary. No s� lo que est� pasando entre vosotros dos, porque, francamente, ella no me ha comentado nada. Me imagino que tampoco quiere hablar del tema. Pero es evidente que est�is peleados. Y si piensas cortar con ella�</p><p>���Cortar con ella? -Jace se qued� mir�ndolo fijamente-. �Est�s loco?</p><p>��Si sigues evit�ndola -dijo Simon-, ser� ella la que cortar� contigo.</p><p>Jace se levant�. Su estado de relajaci�n hab�a desaparecido, era todo tensi�n, como un gato al acecho. Se acerc� a la ventana e, inquieto, empez� a juguetear con la tela de la cortina; la luz de �ltima hora de la ma�ana penetr� por la abertura, aclarando el color de sus ojos.</p><p>��Tengo motivos para hacer lo que hago -dijo por fin.</p><p>��Fenomenal -dijo Simon-. �Los conoce Clary?</p><p>Jace no dijo nada.</p><p>��Lo �nico que hace ella es quererte y confiar en ti -dijo Simon-. Se lo debes�</p><p>��Hay cosas m�s importantes que la honestidad -dijo Jace-. �Crees que me gusta hacerle da�o? �Crees que me gusta saber que estoy haci�ndola enfadar, haciendo incluso tal vez que me odie? �Por qu� te crees que estoy aqu�? -Mir� a Simon con una especie de rabia muy poco prometedora-. No puedo estar con ella -dijo-. Y si no puedo estar con ella, me da lo mismo d�nde estoy. Puedo estar contigo, porque si al menos ella se entera de que intento protegerte, se sentir� feliz.</p><p>��De modo que intentas hacerla feliz aun a pesar de que el motivo por el que, de entrada, se siente infeliz eres t� -dijo Simon, empleando un tono poco amable-. Parece una contradicci�n, �no?</p><p>��El amor es una contradicci�n -dijo Jace, y se volvi� hacia la ventana.</p></section><section><title><p>8 UN PASEO POR LA OSCURIDAD</p></title><p>Clary hab�a olvidado lo mucho que odiaba el olor a hospital hasta que cruz� las puertas del Beth Israel. A est�ril, a metal, a caf� rancio, y sin la cantidad suficiente de lej�a como para ocultar el hedor a enfermedad y desgracia. El recuerdo de la enfermedad de su madre, yaciendo inconsciente e inm�vil en su nido de tubos y cables, le golpe� como un bofet�n en la cara y cogi� aire, intentando no impregnarse de aquel ambiente.</p><p>���Te encuentras bien? -Jocelyn se baj� la capucha de su abrigo y mir� a Clary; sus ojos verdes parec�an ansiosos.</p><p>Clary asinti�, encorvando los hombros dentro de la chaqueta, y mir� a su alrededor. En el vest�bulo reinaba la frialdad del m�rmol, el metal y el pl�stico. Hab�a un mostrador de informaci�n muy grande detr�s del cual revoloteaban varias mujeres, probablemente enfermeras; diversos carteles indicaban el camino hacia la UCI, Rayos X, Oncolog�a quir�rgica, Pediatr�a, etc�tera. Estaba segura de poder encontrar, incluso dormida, el camino hasta la cafeter�a; le hab�a llevado a Luke desde all� tant�simas tazas de caf� tibio, que podr�a llenar con ellas el dep�sito entero de Central Park.</p><p>��Disculpen. -Era una enfermera delgada que empujaba a un anciano en silla de ruedas y que las adelantaba, atropell�ndole casi los pies a Clary. Clary se la qued� mirando� Hab�a habido algo� un resplandor�</p><p>��No mires, Clary -dijo Jocelyn en voz baja. Rode� a Clary por los hombros y ambas giraron hasta quedarse de cara a las puertas que daban acceso a la sala de espera del laboratorio de extracciones de sangre. En los cristales oscuros de las puertas, Clary vio reflejada la imagen de ella y de su madre juntas. Aunque su madre a�n le sacaba una cabeza, eran <emphasis>iguales</emphasis>, o eso cre�a. En el pasado, siempre hab�a restado importancia a los comentarios de la gente en este sentido. Jocelyn era guapa, y ella no. Pero la forma de sus ojos y su boca era la misma, y de igual modo compart�an el pelo rojo, los ojos verdes y las manos finas. Clary se preguntaba por qu� ser�a que hab�a sacado tan poco de Valentine, mientras que su hermano guardaba un gran parecido con su padre. Su hermano ten�a el pelo claro de su padre y sus sobrecogedores ojos oscuros. Aunque quiz�, pens�, observ�ndose con m�s detalle, ve�a tambi�n un poco de Valentine en el perfil terco de su propia mand�bula�</p><p>��Jocelyn. -Ambas se volvieron a la vez. Ten�an enfrente a la enfermera que antes empujaba al anciano con silla de ruedas. Era delgada, juvenil, de piel oscura y ojos oscuros� y entonces, mientras Clary la miraba, el <emphasis>glamour</emphasis> se esfum�. Segu�a siendo una mujer delgada y de aspecto juvenil, pero ahora su piel ten�a un tono azulado oscuro y su pelo, recogido en un mo�o en la nuca, era blanco como la nieve. El azul de su piel contrastaba de forma asombrosa con el uniforme de color rosa claro.</p><p>��Chis -dijo Jocelyn-. Te presento a Catarina Loss. Me cuid� cuando estuve ingresada aqu�. Tambi�n es amiga de Magnus.</p><p>��Eres una bruja. -Las palabras salieron de la boca de Clary sin que pudiera evitarlo.</p><p>��Shhh. -La bruja estaba horrorizada. Le lanz� una dura mirada a Jocelyn-. No recuerdo que mencionaras que ibas a venir con tu hija. No es m�s que una ni�a.</p><p>��Clarissa sabe comportarse. -Jocelyn mir� muy seria a Clary-. �Verdad?</p><p>Clary asinti�. Hab�a conocido a otros brujos, adem�s de Magnus, en la batalla de Idris. Todos los brujos pose�an alguna caracter�stica que los distingu�a como no humanos, como era el caso de los ojos de gato de Magnus. Otros ten�an alas, pies palmeados o espolones. Pero tener la piel completamente azul era algo dif�cil de esconder con lentes de contacto o ropa grande. Catarina Loss deb�a de necesitar echarse a diario un <emphasis>glamour</emphasis> para salir a la calle, sobre todo teniendo en cuenta que trabajaba en un hospital de mundanos.</p><p>La bruja se�al� con un dedo los ascensores.</p><p>��Vamos. Venid conmigo. Hag�moslo r�pido.</p><p>Clary y Jocelyn corrieron tras ella hacia el grupo de ascensores y entraron en el primero que abri� sus puertas. En cuanto las puertas se cerraron a sus espaldas con un siseo, Catarina puls� el bot�n marcado simplemente con una �M�. En la plancha met�lica hab�a una muesca que indicaba que a la planta M s�lo pod�a accederse mediante una llave especial, pero cuando Catarina toc� el bot�n, su dedo desprendi� una chispa azul y el bot�n se ilumin�. El ascensor empez� a descender.</p><p>Catarina habl� moviendo la cabeza de un lado a otro:</p><p>��De no ser amiga de Magnus Bane, Jocelyn Fairchild�</p><p>��Fray -dijo Jocelyn-. Ahora me hago llamar Jocelyn Fray.</p><p>���Se acabaron para ti los apellidos de cazadores de sombras? -Catarina esboz� una sonrisa socarrona; sus labios resultaban excepcionalmente rojos en contraste con el azul de su piel-. �Y t�, peque�a? �Vas a ser cazadora de sombras como tu pap�?</p><p>Clary intent� disimular su enfado.</p><p>��No -dijo-. Voy a ser cazadora de sombras, pero no voy a ser como mi padre. Y me llamo Clarissa, aunque puede llamarme Clary.</p><p>El ascensor se detuvo y se abrieron las puertas. La bruja pos� sus azules ojos en Clary por un instante.</p><p>��Oh, ya s� c�mo te llamas -dijo-. Clarissa Morgenstern. La ni�a que detuvo una gran guerra.</p><p>��Eso imagino. -Clary sali� del ascensor detr�s de Catarina; su madre les pisaba los talones-. �Y usted d�nde estaba? No recuerdo haberla visto.</p><p>��Catarina estaba aqu� -dijo Jocelyn, casi sin aliento para poder seguir su paso. Estaban andando por un pasillo sin ning�n rasgo distintivo; no hab�a ventanas ni puertas. Las paredes estaban pintadas de un verde claro nauseabundo-. Ayud� a Magnus a utilizar el Libro de lo Blanco para despertarme. Despu�s, cuando �l regres� a Idris, se qued� custodi�ndolo.</p><p>���Custodiando el libro?</p><p>��Es un libro muy importante -dijo Catarina; sus zapatos de suela de goma se pegaban al suelo mientras segu�a avanzando.</p><p>��Cre�a que lo que era muy importante era la guerra -murmur� Clary, casi para sus adentros.</p><p>Llegaron por fin a una puerta que ten�a un cuadrado de cristal esmerilado y la palabra �Morgue� pintada en grandes letras de color negro. Catarina se volvi� despu�s de posar la mano en el pomo, con expresi�n divertida, y mir� a Clary.</p><p>��En un momento muy temprano de mi vida, descubr� que ten�a un don para la curaci�n -dijo-. Es el tipo de magia que practico. Es por eso que trabajo aqu�, en este hospital, a cambio de un sueldo asqueroso, y hago lo que puedo para curar a mundanos que se echar�an a gritar si conociesen mi aut�ntico aspecto. Podr�a hacerme rica vendiendo mis habilidades a los cazadores de sombras y a los mundanos tontos que creen saber lo que es la magia, pero no pienso hacerlo. Trabajo aqu�. Por lo tanto, mi peque�a pelirroja, no vayas de chulita conmigo. No eres mejor que yo por el simple hecho de ser famosa.</p><p>Clary not� que le ard�an las mejillas. Nunca se hab�a considerado famosa.</p><p>��Tiene usted raz�n -dijo-. Lo siento.</p><p>Los ojos azules de la bruja se trasladaron a Jocelyn, que estaba blanca y tensa.</p><p>���Est�s lista?</p><p>Jocelyn asinti� y mir� a Clary, que asinti� a su vez. Catarina empuj� la puerta y la siguieron hacia el interior del dep�sito de cad�veres.</p><p>Lo primero que le choc� a Clary fue el fr�o que hac�a all�. La sala estaba helada y se subi� r�pidamente la cremallera de la chaqueta. Lo segundo fue el olor, el hedor acre de los productos de limpieza sobreponi�ndose al aroma dulz�n de la descomposici�n. Los fluorescentes del techo proyectaban una luz amarillenta. En el centro de la sala hab�a dos mesas de disecci�n, grandes y vac�as; hab�a adem�s un fregadero y una mesa met�lica con una b�scula para pesar �rganos. Una de las paredes estaba recubierta por una hilera de compartimentos de acero inoxidable, como las cajas de seguridad de un banco, pero mucho m�s grandes. Catarina atraves� la sala y se acerc� a uno de ellos, puso la mano en la empu�adura y tir� de ella; se desliz� sobre unas ruedecillas. En el interior, sobre una camilla met�lica, yac�a el cuerpo de un reci�n nacido.</p><p>Jocelyn emiti� un leve sonido gutural. Y un instante despu�s corri� al lado de Catarina; Clary la sigui� m�s despacio. Ya hab�a visto cad�veres en otras ocasiones: hab�a visto el cad�ver de Max Lightwood, y lo conoc�a. Ten�a s�lo nueve a�os. Pero un beb�</p><p>Jocelyn se llev� la mano a la boca. Sus ojos, grandes y oscuros, estaban fijos en el cuerpo del ni�o. Clary baj� la vista. La primera impresi�n era la de un beb�, var�n, normal y corriente. Ten�a los diez dedos de los pies y de las manos. Pero observ�ndolo con m�s detalle -observando como lo har�a si quisiese ver m�s all� de un <emphasis>glamour</emphasis>-, vio que los dedos de las manos del ni�o no eran dedos, sino garras, curvadas hacia dentro y muy afiladas. El ni�o ten�a la piel gris y sus ojos, abiertos y con la mirada fija, eran completamente negros, no s�lo el iris, sino tambi�n la parte en teor�a blanca.</p><p>Jocelyn susurr�:</p><p>��Jonathan ten�a los ojos as� cuando naci�: como dos t�neles negros. Luego cambiaron, para parecer m�s humanos, pero recuerdo�</p><p>Y estremeci�ndose, se volvi� y sali� corriendo de la sala; la puerta del dep�sito de cad�veres se cerr� a sus espaldas.</p><p>Clary mir� a Catarina, que se mostraba impasible.</p><p>���No dijeron nada los m�dicos? -pregunt�-. De los ojos� y de esas manos�</p><p>Catarina neg� con la cabeza.</p><p>��Ellos no ven lo que nosotros no queremos que vean -dijo con un gesto de indiferencia-. Estamos ante alg�n tipo de magia que no he visto con frecuencia. Magia demon�aca. Un mal asunto. -Sac� algo del bolsillo. Era un pedazo de tela en el interior de una bolsa de pl�stico con cierre herm�tico-. Es un retal de la tela en la que ven�a envuelto cuando lo trajeron. Apesta tambi�n a magia demon�aca. D�selo a tu madre. Dile que se lo ense�e a los Hermanos Silenciosos para ver si ellos pueden sacar alguna conclusi�n. Hay que averiguar qui�n lo hizo.</p><p>Clary lo cogi�, aturdida. Y cuando los dedos de su mano se cerraron en torno a la bolsa, surgi� una runa ante sus ojos: una matriz de l�neas y espirales, el susurro de una imagen que desapareci� en el instante en que desliz� la bolsa en el bolsillo de su chaqueta.</p><p>Pero el coraz�n le lat�a con fuerza.</p><p>�Esto no ir� todav�a a los Hermanos Silenciosos -pens�-. No hasta que vea qu� puede hacer esa runa con ello.�</p><p>���Hablar�s con Magnus? -le pregunt� Catarina-. Cu�ntale que le he ense�ado a tu madre lo que quer�a ver.</p><p>Clary asinti� de manera mec�nica. De pronto lo �nico que deseaba era salir de all�, salir de aquella sala con luz amarilla, alejarse del olor a muerte y de aquel diminuto cuerpo profanado que yac�a inm�vil sobre la camilla. Pens� en su madre, en que cada a�o, cuando se cumpl�a la fecha del nacimiento de Jonathan, sacaba aquella caja y lloraba contemplando su mech�n de pelo, lloraba por el hijo que deber�a haber tenido y que fue sustituido por una cosa como aqu�lla.</p><p>�No creo que fuera precisamente esto lo que quer�a ver -pens� Clary-. Creo que esperaba que esto fuera imposible.�</p><p>��Por supuesto -fue en cambio lo que dijo-. Se lo dir�.</p><empty-line/><p>El Alto Bar era el t�pico antro de jazz situado bajo el paso elevado de la l�nea de tren que enlazaba Brooklyn con Queens, en Greenpoint. Pero los jueves por la noche estaba abierto para gente de cualquier edad, y Eric era amigo del propietario. �se era el motivo por el que la banda de Simon pod�a tocar all� pr�cticamente todos los jueves que les apeteciera, por mucho que fueran cambiando el nombre del grupo y no consiguieran atraer a mucho p�blico.</p><p>Kyle y los dem�s miembros del grupo hab�an subido ya al escenario y estaban montando el equipo y verificando los �ltimos detalles. Simon hab�a accedido a quedarse entre bambalinas hasta que empezara el concierto, aliviando con su decisi�n el estr�s que sufr�a Kyle. En aquel momento, Simon asomaba la nariz entre la polvorienta cortina de terciopelo del tel�n, tratando de ver un poco qu� pasaba fuera.</p><p>El interior del bar luc�a la que en su d�a fuera una decoraci�n a la �ltima, con el techo y las paredes recubiertas de contrachapado de metal plateado, un recordatorio de la antigua taberna clandestina que hab�a sido, y un cristal esmerilado con motivos <emphasis>art deco</emphasis> detr�s de la barra. Aunque estaba mucho m�s cochambroso ahora que cuando lo inauguraron: las paredes se encontraban llenas de manchas de humo que no se iban de ninguna manera, y el suelo estaba cubierto de serr�n, aglomerado en zonas como resultado del derramamiento de cerveza y de otras cosas peores.</p><p>Hay que decir, en el lado positivo, que las mesas que flanqueaban las paredes estaban pr�cticamente llenas. Simon vio a Isabelle sentada sola a una mesa, con un vestido corto de una tela plateada que parec�a met�lica y recordaba una cota de malla, y sus botas de pisotear demonios. Con la ayuda de palillos plateados, se hab�a recogido el pelo en un mo�o suelto. Simon sab�a que aquellos palillos estaban afilad�simos y eran capaces de rasgar el metal e incluso el hueso. Llevaba los labios pintados de rojo, un tono que le recordaba la sangre fresca.</p><p>�Dom�nate -se dijo Simon-. Deja ya de pensar en sangre.�</p><p>Hab�a otras mesas ocupadas por amigos de los diversos miembros de la banda. Blythe y Kate, novias respectivamente de Kirk y de Matt, se hab�an sentado juntas a una mesa y compart�an un plato de nachos de aspecto ceniciento. Eric ten�a diversas novias repartidas en distintas mesas de la sala, y la mayor�a de sus amigos del colegio estaban tambi�n presentes, haciendo que el local se viese as� mucho m�s lleno. Sentada en un rinc�n, sola en una mesa, estaba Maureen, la �nica fan de Simon, una chica rubia y menuda con aspecto de ni�a abandonada que dec�a tener diecis�is a�os, pero que parec�a que tuviera doce. Simon se imaginaba que tendr�a unos catorce. Cuando le vio asomar la cabeza por detr�s del tel�n, la ni�a lo salud� con la mano y le sonri� con entusiasmo.</p><p>Simon escondi� la cabeza como una tortuga y cerr� en seguida la cortina.</p><p>��Oye, t� -dijo Jace, que estaba sentado encima de un altavoz, mirando su tel�fono m�vil-. �Quieres ver una foto de Alec y de Magnus en Berl�n?</p><p>��La verdad es que no -respondi� Simon.</p><p>��Magnus lleva esos pantalones de cuero t�picos que se llaman <emphasis>lederhosen</emphasis>.</p><p>��Aun as�, no, gracias.</p><p>Jace se guard� el tel�fono en el bolsillo y mir� a Simon, confuso.</p><p>���Est�s bien?</p><p>��S� -dijo Simon, pero no lo estaba. Se sent�a mareado, con n�useas y tenso, algo que achacaba a la presi�n y a la preocupaci�n por lo que pudiera suceder aquella noche. Y tampoco ayudaba en nada el hecho de que no hubiera comido; tendr�a que enfrentarse tarde o temprano a su situaci�n. Le habr�a gustado que Clary hubiese acudido, pero sab�a que no pod�a. Ten�a no s� qu� asunto relacionado con el pastel de la boda y ya le hab�a dicho hac�a d�as que no podr�a asistir. Se lo hab�a comentado a Jace antes de llegar. Y Jace se hab�a mostrado tristemente aliviado por un lado, y decepcionado por el otro, todo a la vez, algo impresionante.</p><p>��Atenci�n, atenci�n -dijo Kyle, asomando la cabeza por la cortina-. Estamos a punto de empezar. -Mir� a Simon-. �Est�s seguro de lo que vamos a hacer?</p><p>Simon mir� primero a Kyle y luego a Jace.</p><p>���Sab�ais que vais conjuntados?</p><p>Ambos se miraron, primero a ellos mismos y a continuaci�n el uno al otro. Los dos iban vestidos con pantal�n vaquero y camiseta negra de manga larga. Jace tir� de su camiseta con cierto sentido del rid�culo.</p><p>��Se la he pedido prestada a Kyle. La otra estaba un poco asquerosa.</p><p>���Ahora os intercambi�is hasta la ropa? Eso es lo que hacen los mejores amigos.</p><p>���Te sientes marginado? -dijo Kyle-. Si quieres te presto tambi�n una camiseta negra.</p><p>Simon no declar� lo evidente, que era que nada que le fuera bien de talla a Kyle o a Jace pod�a encajar en su flacucho cuerpo.</p><p>��Siempre y cuando cada uno lleve sus propios pantalones�</p><p>��Veo que llego en un momento fascinante de la conversaci�n. -Eric asom� la cabeza por la cortina-. Vamos. Es hora de empezar.</p><p>Cuando Kyle y Simon se encaminaron al escenario, Jace se levant�. Debajo de su camiseta prestada, Simon vislumbr� el filo brillante de una daga.</p><p>��Si te parten una pierna all� arriba -dijo Jace con una sonrisa maliciosa-, yo ir� corriendo a partir unas cuantas m�s.</p><empty-line/><p>Supuestamente, Raphael ten�a que llegar al anochecer, pero les hizo esperar casi tres horas antes de que su Proyecci�n apareciera en la biblioteca del Instituto.</p><p>�Pol�tica de vampiros�, pens� Luke escuetamente. El jefe del clan de vampiros de Nueva York acud�a, si deb�a hacerlo, cuando los cazadores de sombras lo llamaban; pero sin que lo convocaran, y sin puntualidad. Luke hab�a matado el tiempo durante las �ltimas horas repasando varios libros de la biblioteca; Maryse no ten�a ganas de hablar y hab�a estado pr�cticamente todo el rato mirando por la ventana, bebiendo vino tinto en una copa de cristal tallado y distray�ndose observando el ir y venir del tr�fico por York Avenue.</p><p>Maryse se volvi� en cuanto apareci� Raphael, como una tiza blanca dibujando su trazo en la oscuridad. Primero se hizo visible la palidez de su cara y de sus manos, y despu�s la oscuridad de sus ropajes y su cabello. Finalmente apareci�, al completo, una Proyecci�n de aspecto s�lido. Vio que Maryse corr�a hacia �l y dijo:</p><p>���Me has llamado, cazadora de sombras? -Se volvi� entonces, repasando a Luke con la mirada-. Veo que te acompa�a el lobo humano. �He sido convocado para una especie de Consejo?</p><p>��No exactamente. -Maryse dej� la copa sobre una mesa-. �Te has enterado de las recientes muertes, Raphael? �De los cad�veres de cazadores de sombras que han sido encontrados?</p><p>Raphael enarc� sus expresivas cejas.</p><p>��S�. Pero no le di importancia. Es un asunto que no tiene nada que ver con mi clan.</p><p>��Encontraron un cuerpo en territorio de los brujos, otro en territorio de los lobos y otro en territorio de las hadas -dijo Luke-. Me imagino que vosotros ser�is los siguientes. Parece un claro intento de fomentar la discordia entre los subterr�neos. Estoy aqu� de buena fe, para demostrarte que no creo que seas el responsable, Raphael.</p><p>��Qu� alivio -dijo Raphael, pero sus ojos eran oscuros y estaban en pleno estado de alerta-. �Acaso algo sugiere que pudiera serlo?</p><p>��Uno de los muertos logr� decirnos qui�n lo atac� -dijo Maryse con cautela-. Antes de� morir� nos comunic� que la persona responsable era Camille.</p><p>��Camille. -La voz de Raphael son� cautelosa, pero su expresi�n, antes de reconducirla a la impasibilidad, fue de ef�mera conmoci�n-. Eso es imposible.</p><p>���Por qu� es imposible, Raphael? -pregunt� Luke-. Es la jefa de tu clan. Es muy poderosa y la fama de crueldad la precede. Y por lo que parece ha desaparecido. No se desplaz� a Idris para combatir a tu lado en la guerra. Nunca mostr� su conformidad con los nuevos Acuerdos. Ning�n cazador de sombras la ha visto ni ha o�do hablar de ella desde hace meses� hasta ahora.</p><p>Raphael no dijo nada.</p><p>��Aqu� pasa algo -dijo Maryse-. Quer�amos darte la oportunidad de que te explicaras antes de mencionarle a la Clave la implicaci�n de Camille. Es una muestra de buena fe por nuestra parte.</p><p>��S� -dijo Raphael-. S�, veo que es una muestra.</p><p>��Raphael -dijo Luke, con amabilidad-. No tienes por qu� protegerla. Si la aprecias�</p><p>���Apreciarla? -Raphael se volvi� y escupi�, por mucha Proyecci�n que fuera, m�s por el espect�culo que por otra cosa-. La odio. La desprecio. Cada noche, cuando me levanto, deseo su muerte.</p><p>��Oh -dijo Maryse con delicadeza-. En este caso, quiz�</p><p>��Nos lider� durante a�os -dijo Raphael-. Era la jefa del clan cuando me convert� en vampiro, y de eso hace ya cincuenta a�os. Ven�a de Londres. Era una desconocida en la ciudad, pero lo bastante cruel como para escalar hasta el puesto de jefe del clan de Manhattan en cuesti�n de pocos meses. El a�o pasado me convert� en su segundo de a bordo. Despu�s, har� cuesti�n de meses, descubr� que hab�a estado matando a humanos. Mat�ndolos por pura diversi�n, y bebiendo su sangre. Quebrantando la Ley. Sucede a veces. Los vampiros se vuelven malvados y no se puede hacer nada para detenerlos. Pero que le suceda eso a un jefe de clan� cuando supuestamente tienen que ser los mejores. -Permanec�a inm�vil, con los oscuros ojos introspectivos, perdido en sus recuerdos-. No somos como los lobos, esos salvajes. Nosotros no matamos a nuestro l�der para sustituirlo por otro. Para un vampiro, levantar la mano contra otro vampiro es el peor de los cr�menes, por mucho que ese vampiro haya quebrantado la Ley. Y Camille tiene muchos aliados, muchos seguidores. No pod�a correr el riesgo de acabar con ella. Lo que hice, en cambio, fue abordarla y decirle que ten�a que abandonarnos, marcharse, porque de lo contrario yo pensaba acudir a la Clave. No quer�a hacerlo, claro est�, porque sab�a que si se descubr�a todo, ser�a la perdici�n para el clan. Desconfiar�an de nosotros, nos investigar�an. Nos ver�amos avergonzados y humillados delante de otros clanes.</p><p>Maryse emiti� un bufido de impaciencia.</p><p>��Hay cosas m�s importantes que la deshonra.</p><p>��Cuando eres vampiro, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. -Raphael baj� la voz-. Apost� porque me ver�a capaz de hacerlo, y lo hizo. Accedi� a marcharse. La mand� lejos, pero dej� atr�s un enigma. Yo no pod�a ocupar su puesto, porque ella no hab�a abdicado. Y tampoco pod�a explicar su partida sin revelar por qu� lo hab�a hecho. Tuve que plantearlo como una ausencia prolongada, una necesidad de viajar. La inquietud viajera es bastante com�n entre los de nuestra especie; aparece de vez en cuando. Cuando puedes vivir eternamente, permanecer siempre en un mismo lugar puede acabar convirti�ndose en una c�rcel despu�s de muchos a�os.</p><p>���Y cu�nto tiempo cre�as que podr�as mantener ese enga�o? -pregunt� Luke.</p><p>��El m�ximo posible -respondi� Raphael-. Hasta ahora, por lo que parece. -Apart� la vista y mir� hacia la ventana, contemplando la brillante noche a trav�s de ella.</p><p>Luke se apoy� en una de las estanter�as. Le hizo gracia cuando se fij� que hab�a elegido apoyarse precisamente en la secci�n dedicada a los cambiantes, llena de libros sobre seres lobo, naga, kitsunes y selkies.</p><p>��Te interesar� saber que ella anda contando m�s o menos la misma historia sobre ti -dijo, evitando mencionar a qui�n se lo hab�a contado.</p><p>��Ten�a entendido que se hab�a marchado de la ciudad.</p><p>��Tal vez lo hiciera, pero ha regresado -dijo Maryse-. Y por lo que parece, la sangre humana ya no basta para satisfacerla.</p><p>��No s� qu� deciros -dijo Raphael-. Yo intentaba proteger a mi clan. Si la Ley decide castigarme, aceptar� el castigo.</p><p>��No estamos interesados en castigarte, Raphael -dijo Luke-. No, a menos que te niegues a cooperar.</p><p>Raphael se volvi� hacia ellos, con los ojos encendidos.</p><p>���Cooperar en qu�?</p><p>��Nos gustar�a capturar a Camille. Viva -dijo Maryse-. Queremos interrogarla. Necesitamos saber por qu� anda matando a cazadores de sombras� y a esos cazadores de sombras en particular.</p><p>��Si de verdad esper�is conseguirlo, conf�o en que hay�is urdido un plan muy inteligente. -Raphael emple� un tono que era una mezcla de diversi�n y burla-. Camille es astuta incluso para los nuestros, y eso que somos tremendamente astutos.</p><p>��Tengo un plan -dijo Luke-. Tiene que ver con el vampiro diurno, Simon Lewis.</p><p>Raphael hizo una mueca.</p><p>��No me gusta ese chico -dijo-. Preferir�a no formar parte de un plan que se basa en su implicaci�n.</p><p>��Bien -dijo Luke-, no es tan malo para ti.</p><empty-line/><p>�Est�pida -pens� Clary-. Eres una est�pida por no haber cogido un paraguas.�</p><p>La llovizna que le hab�a anunciado su madre por la ma�ana se hab�a convertido ya en un buen aguacero cuando lleg� al Alto Bar de Lorimer Street. Se abri� pas� entre el corrillo de gente que estaba fumando en la acera y se sumergi� agradecida en el calor seco del interior del bar.</p><p>La Pelusa del Milenio estaba ya en el escenario, los chicos pas�ndoselo pipa con sus instrumentos, Kyle, delante de ellos, gru��ndole de forma sexy al micr�fono. Clary experiment� un instante de satisfacci�n. Era en gran parte gracias a ella que hab�an contratado a Kyle y la verdad era que lo hac�a bien.</p><p>Mir� a su alrededor, esperando ver a Maia o a Isabelle. Sab�a que las dos no coincidir�an, pues Simon ya se cuidaba de invitarlas alternando las actuaciones. Su mirada fue a parar a una figura delgada de pelo negro, y se acerc� a aquella mesa para detenerse a medio camino. No era Isabelle, sino una mujer mucho mayor, con los ojos fuertemente perfilados en negro. Iba vestida con un traje chaqueta y le�a un peri�dico, haciendo caso omiso a la m�sica.</p><p>���Clary! �Aqu�! -Clary se volvi� y vio a la aut�ntica Isabelle, sentada a una mesa pr�xima al escenario. Llevaba un vestido que brillaba como un faro plateado; Clary se dirigi� hacia all� y se acomod� en la silla situada delante de Izzy-. Por lo que veo, te ha pillado la lluvia -observ� Isabelle.</p><p>Clary se retir� el pelo mojado de la cara con una sonrisa compungida.</p><p>��Cuando apuestas contra la Madre Naturaleza, siempre acabas perdiendo.</p><p>Isabelle levant� sus oscuras cejas.</p><p>��Cre� que no ibas a venir esta noche. Simon ha dicho que ten�as que ocuparte de no s� qu� asunto de la boda. -Por lo que Clary sab�a, a Isabelle no le impresionaban las bodas ni la parafernalia relacionada con el amor rom�ntico.</p><p>��Mi madre no se encuentra bien -dijo Clary-. Y ha decidido cambiar la cita.</p><p>Era verdad, hasta cierto punto. Cuando llegaron a casa despu�s de su visita al hospital, Jocelyn hab�a ido directamente a su habitaci�n y hab�a cerrado la puerta. Clary, impotente y frustrada, la hab�a o�do llorar desde el otro lado de la puerta, pero su madre se hab�a negado a dejarla pasar o a hablar sobre el tema. Al final, Luke hab�a llegado a casa y Clary, agradecida, lo hab�a dejado encargado de velar por su madre. Despu�s, hab�a estado dando vueltas por la ciudad antes de acudir a la actuaci�n del grupo de Simon. Siempre intentaba acudir a sus bolos y, adem�s, pensaba que hablar con �l le servir�a para sentirse mejor.</p><p>��Vaya. -Isabelle no hizo m�s preguntas. A veces, su ausencia total de inter�s por los problemas de los dem�s era casi un alivio-. Estoy segura de que Simon se alegrar� de que hayas venido.</p><p>Clary ech� un vistazo al escenario.</p><p>���Qu� tal ha ido la actuaci�n hasta ahora?</p><p>��Bien. -Isabelle estaba masticando la pajita de su bebida, pensativa-. Ese nuevo cantante que tienen est� buen�simo. �Est� soltero? Me encantar�a cabalgarlo por la ciudad como un poni malo, muy malo�</p><p>���Isabelle!</p><p>���Qu� pasa? -Isabelle la mir� con un gesto de indiferencia-. Da lo mismo. Simon y yo no mantenemos una relaci�n exclusiva. Ya te lo dije.</p><p>Hab�a que reconocer, pens� Clary, que Simon no ten�a d�nde agarrarse en cuanto a esa situaci�n en concreto. Pero segu�a siendo su amigo. Estaba a punto de decir algo en su defensa cuando volvi� a mirar de reojo hacia el escenario, y algo le llam� la atenci�n. Una figura conocida que sal�a de la puerta del escenario. Lo habr�a reconocido en cualquier parte, en cualquier momento, por oscura que estuviera la sala o por muy inesperado que fuera verlo.</p><p>Jace. Iba vestido como un mundano: vaqueros, una camiseta negra ce�ida que dejaba entrever el movimiento de los m�sculos de sus hombros y su espalda. Su pelo brillaba bajo el resplandor de los focos del escenario. Miradas disimuladas se fijaron en �l cuando se acerc� a la pared para apoyarse en ella. Y all� se qued�, observando con detenimiento la sala. Clary not� que el coraz�n empezaba a latirle con fuerza. Era como si hiciese una eternidad que no lo ve�a, aunque sab�a que no hab�a pasado m�s de un d�a. Pero aun as�, al verlo le dio la impresi�n de estar mirando a alguien lejano, un desconocido. �Qu� hac�a all�? �Si Simon no le gustaba en absoluto! Nunca jam�s hab�a asistido a un concierto de su grupo.</p><p>���Clary! -La voz de Isabelle son� acusadora. Clary se volvi� y se dio cuenta de que hab�a golpeado sin querer el vaso de Isabelle y hab�a mojado con agua el precioso vestido plateado de la chica.</p><p>Isabelle, cogiendo una servilleta, le lanz� una misteriosa mirada.</p><p>��Habla con �l -le dijo-. Te mueres por hacerlo.</p><p>��Lo siento -dijo Clary.</p><p>Isabelle hizo un gesto, como queriendo ahuyentarla.</p><p>��Ve.</p><p>Clary se levant� y alis� su ropa. De haber sabido que Jace iba a estar all�, se habr�a puesto algo distinto a unas medias rojas, unas botas y un vestido <emphasis>vintage</emphasis> de Betsey Johnson que hab�a encontrado colgado en un armario trastero de casa de Luke. En su d�a pens� que los botones verdes en forma de flor que recorr�an la parte delantera del vestido de arriba abajo eran chul�simos, pero en aquel momento se sent�a simplemente menos arreglada y sofisticada que Isabelle.</p><p>Se abri� paso por la pista, que estaba ahora llena de gente bailando o tomando cerveza y movi�ndose al ritmo de la m�sica. No pudo evitar recordar la primera vez que vio a Jace. Hab�a sido en una discoteca: lo hab�a visto cruzando la pista, se hab�a fijado en su pelo brillante y en la postura arrogante de sus hombros. Lo hab�a encontrado guapo, pero en absoluto del estilo de chico que a ella le gustaba. No era el tipo de chico con el que saldr�a, hab�a pensado. Exist�a como algo aparte de ese mundo.</p><p>Jace no se dio cuenta de su presencia hasta que la tuvo casi delante. De cerca, Clary se fij� en que parec�a cansado, como si llevase d�as sin dormir. Ten�a la cara tensa de agotamiento, los huesos afilados bajo la piel. Estaba apoyado en la pared, los dedos engarzados en la hebilla del cintur�n y sus ojos de color oro claro en estado de alerta.</p><p>��Jace -dijo ella.</p><p>Jace tuvo un sobresalto y se volvi� para mirarla. Por un momento, su mirada se ilumin� como siempre que la ve�a, y ella sinti� en su pecho una oleada de esperanza.</p><p>Pero casi al instante, aquella luz se apag� y el poco color que le quedaba se esfum� de su cara.</p><p>��Cre�a� Simon ha dicho que no vendr�as.</p><p>Clary sinti� n�useas y extendi� el brazo para sujetarse a la pared.</p><p>���De modo que has venido porque pensabas que no me encontrar�as aqu�?</p><p>�l neg� con la cabeza.</p><p>��Yo�</p><p>���Ten�as pensado volver a hablarme? -Clary se dio cuenta de que alzaba la voz, y con un tremendo esfuerzo se oblig� a bajar de nuevo el volumen. Notaba las manos tensas en los costados, las u�as clav�ndosele en las palmas-. Si piensas cortar, lo m�nimo que podr�as hacer es dec�rmelo, no limitarte a no dirigirme m�s la palabra para que yo solita me haga a la idea.</p><p>���Por qu� todo el mundo no para de preguntarme si voy a cortar contigo? Primero Simon, y ahora�</p><p>���Que has hablado con Simon sobre nosotros? -Clary neg� con la cabeza-. �Por qu�? �Por qu� no lo hablas conmigo?</p><p>��Porque no puedo hablar contigo -dijo Jace-. No puedo hablar contigo, no puedo estar contigo, ni siquiera puedo mirarte.</p><p>Clary cogi� aire; fue como respirar �cido de bater�a.</p><p>���Qu�?</p><p>Jace se hab�a dado cuenta de lo que acababa de decir y cay� en un at�nito silencio. Por un momento, se limitaron a mirarse. Y despu�s, Clary dio media vuelta y desapareci� entre el gent�o, abri�ndose paso a codazos entre la multitud, sin ver nada y con el �nico prop�sito de llegar a la puerta lo m�s r�pidamente posible.</p><empty-line/><p>��Y ahora -grit� Eric al micr�fono-, vamos a interpretar una nueva canci�n, un tema que acabamos de componer. Est� dedicado a mi novia. Llevamos saliendo tres semanas y, joder� nuestro amor es verdadero. Vamos a estar juntos eternamente, peque�a. Se titula: <emphasis>Voy a darte como a la bater�a</emphasis>.</p><p>Hubo risas y aplausos del p�blico y la m�sica empez� a sonar, aunque Simon no estaba seguro del todo de si Eric era consciente de que cre�an que bromeaba, cuando no era as�. Eric siempre se enamoraba perdidamente de cualquier chica con la que empezaba a salir, y siempre les escrib�a tambi�n una canci�n. En condiciones normales, a Simon le hubiera dado lo mismo un bis, pero esta vez confiaba en terminar despu�s de la canci�n anterior. Se encontraba peor que nunca: mareado, pegajoso y empapado de sudor, con un sabor met�lico en la boca, como a sangre pasada.</p><p>La m�sica explotaba a su alrededor, era como si le clavaran u�as en los t�mpanos. Sus dedos se deslizaban sobre las cuerdas mientras tocaba, y vio que Kyle lo miraba con perplejidad. Se oblig� a centrarse, a concentrarse, pero era como tratar de poner en marcha un coche sin bater�a. En su cabeza hab�a un sonido rechinante y vac�o, pero no saltaba la chispa.</p><p>Observ� el local, buscando -sin saber muy bien por qu�- a Isabelle, pero lo �nico que ve�a era un mar de caras blancas vueltas hacia �l, y record� su primera noche en el Dumont y las caras de los vampiros mir�ndolo, como flores de papel blanco despleg�ndose sobre un oscuro vac�o. Sinti� una oleada de n�useas descontrolada, dolorosa. Se tambale� hacia atr�s, y sus manos se desprendieron de la guitarra. Era como si el suelo bajo sus pies no cesara de moverse. Los dem�s miembros de la banda, atrapados por la m�sica, no se daban cuenta de nada. Simon se pas� la correa de la guitarra por el hombro para quit�rsela y pas� junto a Matt en direcci�n a la cortina del fondo del escenario, desapareciendo justo a tiempo de poder caer de rodillas y tener una arcada.</p><p>No sali� nada. Sent�a un enorme vac�o en el est�mago. Se incorpor� y se apoy� en la pared, acerc�ndose las heladas manos a la cara. Llevaba semanas sin sentir ni fr�o ni calor, pero en aquel momento era como si tuviera fiebre� y miedo. �Qu� le pasaba?</p><p>Record� a Jace dici�ndole: �Eres un vampiro. Para ti, la sangre no es como comida. La sangre es� sangre�. �Ser�a el no haber comido el origen de todo aquello? No ten�a hambre, ni siquiera sed, en realidad. Pero se sent�a enfermo como si se estuviese muriendo. Tal vez lo hab�an envenenado. �Y si la Marca de Ca�n no lo proteg�a contra ese tipo de cosas?</p><p>Avanz� poco a poco hacia la salida de incendios que daba a la calle de la parte de atr�s del local. Quiz� el aire fresco lo ayudara a aclararse un poco las ideas. Quiz� era simplemente cuesti�n de agotamiento y nervios.</p><p>���Simon? -dijo una vocecita, como el gorjeo de un p�jaro. Baj� la vista con pavor y vio a Maureen, que le llegaba a la altura del codo. De cerca, parec�a a�n m�s diminuta: huesecillos de pajarito y abundante melena rubia que asomaba por debajo de un sombrerito rosa de lana. Llevaba unos guantes largos a rayas, con todos los colores del arco iris, y una camiseta blanca de manga corta estampada con un personaje de la serie de dibujos animados <emphasis>Tarta de Fresa</emphasis>. Simon refunfu�� para sus adentros.</p><p>��No es buen momento, de verdad -dijo.</p><p>��S�lo quiero hacerte una fotograf�a con la c�mara del m�vil -dijo ella, recogi�ndose con nerviosismo el pelo detr�s de las orejas-. Para poder ense��rsela a mis amigas, �te parece bien?</p><p>��De acuerdo. -El coraz�n le lat�a con fuerza. Aquello era rid�culo. Las fans no le sobraban, precisamente. Maureen era, en el sentido m�s literal, la �nica fan del grupo, que �l supiera, y era adem�s, amiga de la prima de Eric. No pod�a permitirse pasar de ella-. Adelante. Hazla.</p><p>Levant� ella el tel�fono y puls� la tecla, pero a continuaci�n hizo una mueca.</p><p>���Una de los dos juntos? -Se coloc� r�pidamente a su lado, presion�ndose contra �l. Ol�a a pintalabios de fresa y, por debajo de eso, ol�a a sudor salado y al aroma m�s salado si cabe de la sangre humana. La chiquilla lo mir�, sujetando en alto el tel�fono con la mano que le quedaba libre, y sonri�. Ten�a los dientes de arriba separados, y una vena azul en el cuello. Que lat�a cuando respiraba.</p><p>��Sonr�e -dijo Maureen.</p><p>Simon sinti� sendas sacudidas de dolor cuando sus colmillos asomaron, clav�ndosele en el labio. Escuch� el grito sofocado de Maureen y el tel�fono sali� volando cuando la agarr� y la hizo girar hacia �l para hundirle los caninos en el cuello.</p><p>La sangre explot� en su boca, un sabor sin igual. Era como si le hubiese faltado el aire y estuviese respirando por fin, inhalando gigantescas boqueadas de ox�geno fr�o y puro. Maureen se debat�a entre sus brazos y lo empujaba para liberarse, pero �l apenas se daba cuenta. Ni siquiera se dio cuenta cuando se qued� fl�cida, con el peso de su cabeza arrastr�ndolo hacia el suelo hasta quedarse �l encima de ella, sujet�ndola por los hombros, apret�ndola y solt�ndola mientras segu�a bebiendo.</p><p>�Nunca te has alimentado de un humano, �verdad? -le hab�a dicho Camille-. Lo har�s. Y en cuanto lo hagas, ya no podr�s olvidarlo.�</p></section><section><title><p>9 DEL FUEGO HACIA EL FUEGO</p></title><p>Clary lleg� a la puerta y emergi� al ambiente lluvioso de la noche. Llov�a ahora a raudales y se qued� empapada al instante. Sofocada entre la lluvia y las l�grimas, pas� corriendo por delante de la conocida furgoneta amarilla de Eric; la lluvia se deslizaba desde su techo hacia la alcantarilla, y estaba a punto de cruzar la calle con el sem�foro en rojo cuando una mano la agarr� y la oblig� a volverse.</p><p>Era Jace. Estaba tan empapado como ella, con la lluvia peg�ndole el pelo a la cabeza y emplast�ndole la camiseta al cuerpo como si fuese pintura negra.</p><p>��Clary, �no has o�do que te llamaba?</p><p>��Su�ltame. -Le temblaba la voz.</p><p>��No. No hasta que hables conmigo. -Jace mir� a su alrededor, a un lado y a otro de la calle, que estaba desierta, las gotas de lluvia estallaban contra el negro asfalto como plantas de floraci�n r�pida-. Vamos.</p><p>Sin soltarla del brazo, la arrastr� para rodear la furgoneta y adentrarse en un callej�n colindante con el Alto Bar. Las ventanas que se elevaban por encima de sus cabezas filtraban el sonido amortiguado de la m�sica que segu�a sonando en el interior del local. El callej�n ten�a las paredes de ladrillo y era a todas luces un vertedero de trastos y restos de equipos de m�sica. El suelo estaba lleno de amplificadores rotos y altavoces viejos, junto con jarras de cerveza hechas a�icos y colillas de cigarrillo.</p><p>Clary consigui� liberarse de la garra de Jace y se volvi� hacia �l.</p><p>��Si piensas pedirme disculpas, no te molestes. -Se apart� el pelo mojado de la cara-. No quiero o�rlas.</p><p>��Iba a explicarte que estaba intentando ayudar a Simon -dijo, las gotas de lluvia resbalando desde sus pesta�as hacia las mejillas como si fueran l�grimas-. He estado con �l durante los �ltimos�</p><p>���Y no pod�as cont�rmelo? �No pod�as mandarme un SMS de una sola l�nea dici�ndome d�nde estabas? Oh, espera. No pod�as, porque a�n tienes mi jodido tel�fono. D�melo.</p><p>En silencio, Jace lo busc� en el bolsillo de su vaquero y se lo entreg�. Estaba intacto. Clary lo guard� en el macuto antes de que la lluvia lo estropeara. Jace la observ� todo el rato, con la misma expresi�n que tendr�a si ella acabara de pegarle un bofet�n. Y aquello hizo rabiar a�n m�s a Clary. �Qu� derecho ten�a �l de sentirse herido?</p><p>��Creo -dijo Jace lentamente- que pensaba que lo m�s pr�ximo a estar contigo era estar con Simon. Cuidar de �l. Tuve la est�pida idea de que si te dabas cuenta de que lo hac�a por ti, me perdonar�as�</p><p>La rabia de Clary aflor� a la superficie, una marejada encendida e imparable.</p><p>���Ni siquiera s� qu� se supone que tengo que perdonarte! -vocifer�-. �Se supone que tengo que perdonarte por haber dejado de quererme? Porque si eso es lo que quieres, Jace Lightwood, t� sigue a lo tuyo y� -Retrocedi� un paso, sin mirar, y estuvo a punto de tropezar con un altavoz abandonado. Cuando extendi� la mano para mantener el equilibrio, le cay� la mochila al suelo, pero Jace ya estaba all�. Se adelant� para sujetar a Clary y sigui� avanzando, hasta que la espalda de ella choc� con la pared del callej�n y �l la tuvo entre sus brazos y empez� a besarla con pasi�n.</p><p>Clary sab�a que ten�a que imped�rselo; su cabeza le dec�a que era lo m�s sensato, pero el resto de su cuerpo ignoraba en aquel instante cualquier atisbo de sensatez. Era imposible mientras Jace la besaba como si creyese que ir�a al infierno por ello, pero merec�a la pena.</p><p>Clav� los dedos en los hombros de �l, en el tejido empapado de su camiseta, palpando la resistente musculatura que hab�a debajo, y le devolvi� los besos con la desesperaci�n acumulada durante aquellos �ltimos d�as cuando desconoc�a el paradero de Jace o en qu� estar�a pensando, sintiendo que parte de su coraz�n hab�a sido arrancado de su pecho y no pod�a ni respirar. Clav� los dedos con m�s fuerza, not� que �l hac�a una mueca de dolor, y no le import�.</p><p>��Dime -dijo ella pegada a su boca, entre beso y beso-. Dime qu� pasa� Oh. -Sofoc� un grito cuando �l la rode� por la cintura y la levant� para colocarla encima del altavoz roto, dej�ndola casi a su misma altura. Entonces �l puso las manos a ambos lados de su cara y se inclin� hacia adelante, de modo que sus cuerpos llegaron casi a tocarse� pero no del todo. Aquello resultaba exasperante. Clary percib�a el calor enfebrecido que desprend�a el cuerpo de �l; a�n ten�a las manos posadas en sus hombros, pero no era suficiente. Deseaba que la abrazase con fuerza-. �Por� por qu�? -jade�-. �Por qu� no puedes hablar conmigo? �Por qu� no puedes mirarme?</p><p>�l baj� la cabeza para mirarla a la cara. Sus ojos, rodeados por pesta�as oscurecidas por la lluvia, eran imposiblemente dorados.</p><p>��Porque te quiero.</p><p>Clary ya no pod�a m�s. Separ� las manos de sus hombros, clav� los dedos en los pasadores del cintur�n del pantal�n de Jace y lo atrajo hacia ella. �l le dej� hacer sin oponer resistencia, con las manos apoyadas contra la pared, doblando el cuerpo contra el de ella hasta que estuvieron encajados por todas partes -pecho, caderas, piernas- como las piezas de un rompecabezas. Desliz� las manos hasta su cintura y la bes�, un beso prolongado y lento que le hizo estremecerse.</p><p>Ella se apart�.</p><p>��Eso no tiene sentido�</p><p>��Ni esto -dijo �l con un abandono desesperante-, pero no me importa. Estoy harto de fingir que puedo vivir sin ti. �No lo entiendes? �No entiendes que est� mat�ndome?</p><p>Clary se qued� mir�ndolo. Ve�a que hablaba en serio, lo ve�a en sus ojos, que conoc�a tan bien como los suyos, en las oscuras ojeras, en el pulso que lat�a en su garganta. Su deseo de respuestas luchaba contra la parte m�s primaria de su cerebro, y perdi�.</p><p>��B�same, entonces -dijo, y presion� su boca contra la de ella, mientras sus corazones lat�an al un�sono a trav�s de las finas capas de tejido que los separaban. Y ella se dej� arrastrar por la sensaci�n de sus besos; de la lluvia por todas partes, en la boca, en las pesta�as; de dejar que sus manos se deslizasen libremente por el tejido empapado y arrugado de su vestido, que la lluvia hab�a afinado y pegado a su cuerpo. Era casi como tener sus manos sobre su piel desnuda, su pecho, su cintura, su vientre; cuando llegaron al dobladillo del vestido, le acarici� con fuerza los muslos, presion�ndola contra la pared, mientras ella le rodeaba la cintura con las piernas.</p><p>Jace emiti� un sonido de sorpresa, desde lo m�s profundo de su garganta, y clav� los dedos en el fino tejido de las medias. Se rompieron, como cab�a esperar, y sus dedos mojados se encontraron de pronto sobre la piel desnuda de sus piernas. Para no ser menos, ella desliz� las manos por debajo de la camisa empapada de �l y dej� que sus dedos exploraran libremente: la piel tensa y caliente que cubr�a sus costillas, las crestas de su abdomen, las cicatrices de su espalda, el �ngulo de sus caderas por encima de la cintura de sus vaqueros. Era un territorio inexplorado para ella, y �l se volv�a loco: gem�a suavemente junto a su boca, bes�ndola cada vez con m�s pasi�n, como si nunca tuviera suficiente, nunca suficiente�</p><p>De pronto, en los o�dos de Clary explot� un horrendo sonido met�lico que hizo pedazos su sue�o de besos y lluvia. Con un grito, apart� a Jace, con tanta fuerza que �l la solt� y ella se tambale� encima del altavoz hasta aterrizar en el suelo con cierto desequilibrio. Se arregl� apresuradamente el vestido, con el coraz�n aporre�ndole las costillas como un ariete; se sent�a mareada.</p><p>��Maldita sea. -Isabelle estaba en la entrada del callej�n, su mojado pelo negro parec�a una capa sobre sus hombros. Apart� de un puntapi� una lata de refresco que se cruzaba en su camino y ech� chispas por los ojos-. Oh, por el amor de Dios -dijo-. No puedo creer esto de vosotros dos. �Por qu�? �Qu� tienen de malo los dormitorios? �Y la privacidad?</p><p>Clary mir� a Jace. Estaba empapado, el agua chorreaba por todo su cuerpo, su pelo rubio pegado a la cabeza, casi plateado bajo el d�bil resplandor de las lejanas farolas. A Clary le entraron ganas de acariciarlo de nuevo con s�lo mirarlo, con Isabelle o sin Isabelle, era un deseo que resultaba casi doloroso. Jace miraba fijamente a Izzy con la expresi�n t�pica de alguien a quien acaban de despertar de repente de un sue�o: perplejidad, rabia y conciencia de la realidad.</p><p>��Buscaba a Simon -dijo Isabelle, poni�ndose a la defensiva al ver la cara de Jace-. Se ha marchado corriendo del escenario y no tengo ni idea de ad�nde ha ido. -Clary se dio cuenta entonces de que la m�sica hab�a cesado y que no lo hab�a percibido-. Da lo mismo, lo que est� claro es que no anda por aqu�. Vosotros volved a lo vuestro. Qu� sentido tiene desgastar una pared de ladrillo en perfecto estado cuando tienes a alguien a quien arrojar contra ella, es lo que yo siempre digo. -Y se march� de all�, para entrar de nuevo en el bar.</p><p>Clary mir� a Jace. En cualquier otro momento, el mal humor de Isabelle les habr�a hecho morirse de risa, pero la expresi�n de Jace era seria, y Clary supo de inmediato que lo que pudiera estar pasando entre ellos -lo que quiera que fuera que hab�a florecido en aquella moment�nea p�rdida del control- se hab�a esfumado. Notaba en la boca sabor de sangre, y no estaba segura de si era porque ella se hab�a mordido el labio o era �l quien se lo hab�a hecho.</p><p>��Jace� -Dio un paso hacia �l.</p><p>��No -dijo, con la voz muy ronca-. No puedo.</p><p>Y se fue, corriendo con aquella velocidad de la que s�lo �l era capaz, una figura desdibujada en la distancia que desapareci� antes de que ella pudiera coger aire para llamarlo de nuevo.</p><empty-line/><p>���Simon!</p><p>Aquella voz rabiosa explot� en los o�dos de Simon. Habr�a soltado a Maureen en aquel momento -o, como m�nimo, eso fue lo que se dijo que har�a-, pero no tuvo oportunidad. Unas manos fort�simas lo agarraron por los brazos, arranc�ndolo de ella. Kyle, blanco como el papel, desgre�ado y sudoroso despu�s de la actuaci�n que acababan de terminar, era quien hab�a tirado de �l.</p><p>��Qu� demonios, Simon. Qu� demonios�</p><p>��Yo no quer�a -dijo Simon, jadeando. Su voz sonaba poco clara incluso para sus propios o�dos; segu�a con los colmillos fuera y a�n no hab�a aprendido a hablar con aquellas jodidas cosas. En el suelo, m�s all� de Kyle, vio a Maureen acurrucada, terriblemente inm�vil-. Ha sucedido sin que�</p><p>��Te lo dije. Te lo dije. -Kyle subi� la voz y empuj� a Simon, con fuerza. Simon le devolvi� el empuj�n, con la frente ardiente, como si una mano invisible hubiera levantado a Kyle para proyectarlo contra la pared que ten�a detr�s. Choc� contra ella y cay�, aterrizando en el suelo como si fuese un lobo, a cuatro patas. Se incorpor� como pudo y mir� fijamente a Simon-. Por Dios, Simon�</p><p>Pero Simon estaba arrodillado al lado de Maureen, palp�ndole fren�ticamente el cuello en busca de pulso. Cuando not� la vibraci�n bajo sus dedos, d�bil pero regular, estuvo a punto de echarse a llorar de alivio.</p><p>��Ap�rtate de ella -dijo Kyle con voz tensa, acerc�ndose a Simon-. Lev�ntate y vete.</p><p>Simon se incorpor� a rega�adientes y se qued� mirando a Kyle, de pie sobre el cuerpo inm�vil de Maureen. Entre las cortinas que daban al escenario se filtraba un rayo de luz; oy� a los miembros del grupo, charlando entre ellos, empezando a desmontarlo ya todo. En cualquier momento aparecer�an por all�.</p><p>��Eso que acabas de hacer -dijo Kyle-. �Me has� empujado? No he visto que te movieras.</p><p>��Yo no quer�a -volvi� a decir Simon, acongojado. Ten�a la sensaci�n de que hac�a d�as que no dec�a otra cosa.</p><p>Kyle movi� la cabeza de un lado a otro, su pelo acompa�aba el gesto.</p><p>��Vete de aqu�. Espera en la furgoneta. Ya me ocupo yo de ella. -Se agach� y cogi� a Maureen en brazos. Era min�scula en comparaci�n con el volumen de Kyle, parec�a una mu�eca. Mir� fijamente a Simon y le dijo-: Vete. Y espero de verdad que te sientas horriblemente mal.</p><p>Simon se fue. Se dirigi� a la salida de incendios y abri� la puerta. No salt� ninguna alarma; la alarma llevaba meses sin funcionar. La puerta se cerr� de un portazo a sus espaldas y todo su cuerpo se ech� a temblar. No le qued� m�s remedio que apoyarse en la pared exterior del edificio para no caer.</p><p>La parte trasera del club daba a una calle estrecha flanqueada por almacenes de diverso tipo. En la acera de enfrente hab�a un solar cerrado con una valla met�lica completamente combada. Las malas hierbas crec�an en abundancia entre las grietas del pavimento. Segu�a lloviendo a c�ntaros, el agua empapaba la basura que cubr�a el suelo, la corriente empujaba las latas vac�as de cerveza hacia las alcantarillas llenas a rebosar.</p><p>Pero Simon pens� que era lo m�s bello que hab�a visto en su vida. Era como si la noche hubiese explotado con una luz prism�tica. La valla met�lica estaba hecha con resplandeciente alambre plateado, las gotas de lluvia convertidas en l�grimas de platino. La hierba que asomaba entre el resquebrajado asfalto eran flequillos de fuego dorado.</p><p>�Espero de verdad que te sientas horriblemente mal�, le hab�a dicho Kyle. Pero aquello era mucho peor. Se sent�a fant�sticamente, vivo como jam�s se hab�a sentido. Oleadas de energ�a recorr�an su cuerpo como una corriente el�ctrica. El dolor de cabeza y de est�mago hab�a desaparecido. Podr�a haber corrido veinte mil kil�metros.</p><p>Era horroroso.</p><p>��Hola, �te encuentras bien? -Le hablaba una voz educada, simp�tica; Simon se volvi� y vio a una mujer vestida con una gabardina larga de color negro y un paraguas amarillo abierto sobre su cabeza. Con su reci�n adquirida visi�n prism�tica, parec�a un girasol resplandeciente. La mujer era guapa -aunque, la verdad, en aquel momento todo le parec�a precioso-, con una brillante melena negra y los labios pintados de rojo. Le pareci� recordar haberla visto durante la actuaci�n del grupo ocupando una de las mesas.</p><p>Asinti�, pr�cticamente incapaz de hablar. Si incluso los desconocidos se le acercaban interes�ndose por su estado, era que deb�a de tener un aspecto de lo m�s traumatizado.</p><p>��Tal vez te hayas dado un golpe aqu�, en la cabeza -dijo la mujer, se�al�ndole la frente-. La magulladura es considerable. �De verdad no quieres que llame a nadie para que venga a por ti?</p><p>Simon corri� a taparse la frente con el pelo, para ocultar la Marca.</p><p>��Estoy bien. No es nada.</p><p>��De acuerdo. Si t� lo dices� -Parec�a dudosa. Introdujo la mano en el bolsillo de la gabardina, extrajo una tarjeta y se la entreg� a Simon. Hab�a un nombre: Satrina Kendall. Y debajo del nombre, un cargo, �PROMOTORA DE GRUPOS�, escrito en versalitas, un tel�fono y una direcci�n-. Soy yo -dijo-. Me ha gustado lo que hab�is hecho. Si os interesa algo a mayor escala, dadme un toque.</p><p>Y con eso, dio media vuelta y se march� contone�ndose, dejando a Simon mirando c�mo se iba. Estaba resultando una noche de lo m�s extra�a, se dijo Simon.</p><p>Moviendo la cabeza -un gesto con el que hizo volar gotas de lluvia en todas direcciones-, avanz� chapoteando hacia la esquina donde estaba aparcada la furgoneta. La puerta del bar estaba abierta y la gente continuaba saliendo. Todo segu�a pareci�ndole inusualmente brillante, pero la visi�n prism�tica empezaba a desvanecerse. La escena que ten�a delante le resultaba normal: el bar vaci�ndose, las puertas laterales abiertas y Mark, Kirk y varios de sus amigos cargando la furgoneta por la puerta trasera. Cuando Simon se acerc� un poco m�s, vio que Isabelle estaba apoyada en la furgoneta, con el tac�n de la bota apuntalado en el magullado lateral del veh�culo. Podr�a estar ayudando a desmontarlo todo, claro est� -Isabelle era m�s fuerte que cualquiera de los miembros del grupo, con la posible excepci�n de Kyle-, pero era evidente que no pensaba tomarse la molestia. Simon no hubiera esperado otra cosa de ella.</p><p>Isabelle levant� la vista al percibir que Simon se acercaba. La lluvia apuntaba a una tregua, pero era evidente que llevaba bastante tiempo all� fuera; su pelo era una tupida cortina mojada cubri�ndole la espalda.</p><p>��Hola -dijo apart�ndose de la furgoneta y acerc�ndose a �l-. �D�nde te hab�as metido? Has salido corriendo del escenario y�</p><p>��S� -dijo Simon-. No me encontraba muy bien. Lo siento.</p><p>��Espero que est�s mejor. -Le abraz� y le sonri�. Simon experiment� una profunda sensaci�n de alivio al ver que no sent�a necesidad de morderla. Y acto seguido se sinti� culpable al recordar por qu�.</p><p>���Has visto a Jace por alg�n lado? -pregunt�.</p><p>Isabelle puso los ojos en blanco.</p><p>��Me he tropezado con Clary y �l, estaban peg�ndose el lote -respondi�-. Aunque ya se habr�n ido, espero� a casa. Creo que necesitaban de verdad una cama.</p><p>��Cre�a que Clary no vendr�a -dijo Simon, aunque tampoco era tan extra�o; se imagin� que la cita para el pastel de bodas se habr�a cancelado, o algo por el estilo. Ni siquiera hab�a tenido la energ�a necesaria para molestarse por el pesado guardaespaldas que Jace hab�a resultado ser. Tampoco era que creyera que Jace fuera a tomarse tan en serio su seguridad personal. Simplemente confiaba en que Jace y Clary hubieran solucionado su problema, fuese el que fuese.</p><p>��Da igual -dijo Isabelle sonriendo-. Ya que estamos solos, �te apetece ir a alg�n lado y�?</p><p>Una voz -una voz muy conocida- reson� entre las sombras justo debajo de la farola m�s pr�xima.</p><p>���Simon?</p><p>�Oh, no, ahora no. Justo ahora no.�</p><p>Se volvi� lentamente. El brazo de Isabelle segu�a rode�ndole la cintura, pero Simon sab�a que no seguir�a mucho tiempo as�. No, si la persona que acababa de hablar era quien cre�a que era.</p><p>Y lo era.</p><p>���Maia? -dijo.</p><p>Maia estaba ya bajo la luz de la farola, mir�ndolo, con una expresi�n de incredulidad en su rostro. Su pelo, normalmente rizado, estaba pegado a la cabeza por la lluvia, sus ojos ambarinos abiertos de par en par, sus vaqueros y su chaqueta tejana empapados. Llevaba en la mano izquierda un papel enrollado.</p><p>Simon se dio cuenta de que los miembros del grupo hab�an ralentizado sus movimientos y contemplaban la escena como tontos.</p><p>���Simon? -dijo Maia, mir�ndolo-. �Qu� sucede? Me dijiste que hoy estabas liado. Pero esta ma�ana, alguien ha pasado este papel por debajo de la puerta de mi casa. -Desenroll� el papel para mostr�rselo, y Simon lo reconoci� al instante como uno de los folletos que anunciaba el concierto que el grupo iba a dar aquella noche.</p><p>Isabelle iba mirando a Simon y a Maia, comprendiendo poco a poco lo que pasaba.</p><p>��Espera un momento -dijo-. �Vosotros dos est�is saliendo?</p><p>Maia levant� la barbilla.</p><p>���Y vosotros?</p><p>��S� -respondi� Isabelle-. Hace ya unas semanas.</p><p>Maia entrecerr� los ojos.</p><p>��Nosotros tambi�n. Salimos desde septiembre.</p><p>��No puedo creerlo -dijo Isabelle. Y parec�a de verdad que no pod�a-. �Simon? -Se volvi� hacia �l, con las manos en las caderas-. �Puedes explicarte?</p><p>Los miembros del grupo, que por fin hab�an guardado en la furgoneta todo el equipo -la bater�a desmontada en el asiento de atr�s y las guitarras y los bajos en la zona del maletero-, remoloneaban junto a la puerta trasera del veh�culo, observando descaradamente la escena. Eric form� una especie de meg�fono con las manos.</p><p>��Se�oras, se�oras -enton�-. No es necesario pelearse. Ya tenemos bastante con Simon.</p><p>Isabelle se volvi� y le lanz� a Eric una mirada tan terrible que el chico se call� al instante. A continuaci�n, la puerta trasera de la furgoneta se cerr� con estr�pito y el veh�culo se puso en marcha. �Traidores�, pens� Simon, aunque para ser justo, lo m�s probable era que sus amigos pensaran que iba a volver a casa en el coche de Kyle, que estaba aparcado en la otra esquina. Suponiendo, claro estaba, que viviera lo suficiente para contarlo.</p><p>��No puedo creerlo, Simon -dijo Maia. Hab�a adoptado la misma posici�n que Isabelle, con las manos en las caderas-. �Qu� te pensabas? �Que pod�as mentirme as�?</p><p>��Yo no he mentido -protest� Simon-. �En ning�n momento dijimos que la nuestra fuera una relaci�n exclusiva! -Se volvi� hacia Isabelle-. �Ni nosotros! Y s� que tambi�n vosotras sal�s con m�s gente�</p><p>��No con gente que t� conozcas -dijo Isabelle con vehemencia-. No con amigos tuyos. �C�mo te sentir�as si te enterases de que estoy saliendo con Eric?</p><p>��Me quedar�a pasmado, la verdad -dijo Simon-. No es para nada tu tipo.</p><p>��No va por ah�, Simon. -Maia se hab�a acercado a Isabelle y las dos lo miraban, como una pared inamovible de rabia femenina. El bar ya estaba vac�o y, exceptuando ellos tres, la calle se hab�a quedado desierta. Simon se pregunt� por sus posibilidades si sal�a corriendo de all�, y lleg� a la conclusi�n de que no eran demasiado alentadoras. Los seres lobo eran r�pidos, e Isabelle era una cazadora de vampiros fenomenal.</p><p>��Lo siento de verdad -dijo Simon. La euforia provocada por la sangre que hab�a bebido empezaba a debilitarse, por suerte. El v�rtigo abrumador iba en descenso, pero sent�a m�s p�nico. Y para empeorar las cosas, su cabeza segu�a volviendo a Maureen, y a lo que le hab�a hecho, y a s� se encontrar�a bien. �Por favor, que se ponga bien.�-. Deber�a hab�roslo dicho. Es s�lo que� la verdad es que me gust�is las dos, y no quer�a herir los sentimientos de ninguna.</p><p>Y en el mismo momento de pronunciar aquellas palabras, se dio cuenta de que eran una estupidez. Un imb�cil m�s excus�ndose por su comportamiento imb�cil. Simon nunca se hab�a considerado una persona as�. Era un buen tipo, el t�pico chico que pasa desapercibido, al que ignoran el chico malo sexy y el artista torturado. Al que ignora el tipo que s�lo piensa en s� mismo y al que le da lo mismo salir con dos chicas a la vez, sin que por ello est� mintiendo exactamente acerca de lo que hace, aunque tampoco cont�ndoles la verdad a las dos.</p><p>��Caray -dijo, b�sicamente para sus adentros-. Soy un cabronazo enorme.</p><p>���sa es seguramente la primera verdad que dices desde que he llegado -dijo Maia.</p><p>��Am�n -dijo Isabelle-. Aunque si me lo preguntas, es poca cosa, demasiado tarde�</p><p>En aquel momento, se abri� la puerta lateral del bar y sali� alguien a la calle. Era Kyle. Simon experiment� una oleada de alivio. Kyle estaba serio, pero no tan serio como Simon se imaginaba que estar�a de haberle sucedido algo terrible a Maureen.</p><p>Empez� a bajar la escalera hacia ellos. Apenas ca�an ya cuatro gotas. Maia e Isabelle estaban de espaldas a �l, taladrando a Simon con una mirada de rabia afilada como un rayo l�ser.</p><p>��Me imagino que no esperar�s que ninguna de las dos vuelva a dirigirte la palabra -dijo Isabelle-. Y pienso tener una charla con Clary� una charla muy, pero que muy seria, sobre las amistades que frecuenta.</p><p>��Kyle -dijo Simon, incapaz de ocultar el alivio cuando vio que Kyle estaba ya a la distancia suficiente como para escucharlo-. Maureen� �est�?</p><p>No sab�a c�mo preguntar lo que quer�a preguntar sin que Maia e Isabelle se enteraran de lo sucedido, pero dio lo mismo, pues no consigui� articular el resto de la frase. Maia e Isabelle dieron media vuelta; Isabelle enfadada y Maia sorprendida, pregunt�ndose qui�n ser�a Kyle.</p><p>Pero en cuanto Maia pudo ver bien a Kyle, le cambi� la cara; abri� los ojos de par en par, se qued� blanca. Y Kyle, a su vez, se qued� mir�ndola con la expresi�n de quien acaba de despertarse de una pesadilla y descubre que es real y a�n contin�a. Movi� la boca, articulando las palabras, pero incapaz de emitir ning�n sonido.</p><p>��Caramba -dijo Isabelle, mir�ndolos a los dos-. �Os� conoc�is?</p><p>Maia abri� la boca. Segu�a mirando fijamente a Kyle. A Simon apenas le dio tiempo de pensar que a �l jam�s lo hab�a mirado con aquella intensidad, antes de que ella susurrara �Jordan� y se abalanzara sobre Kyle con sus afiladas garras y las hundiera en el cuello del chico.</p></section></section><section><title><p>Segunda parte. <emphasis>Por cada vida</emphasis></p></title><section><epigraph><p>Nada es gratis. Tenemos que pagar por todo. Si una cosa da beneficio, tenemos que pagar por otra. Por cada vida, una muerte. Incluso por tu m�sica, que tanto hemos escuchado, hemos tenido que pagar tambi�n. Pagaste tu m�sica con tu esposa. El infierno se siente ya satisfecho.</p><p>TED HUGHES, <emphasis>The Tiger�s Bones</emphasis></p></epigraph><empty-line/></section><section><title><p>10 232 RIVERSIDE DRIVE</p></title><p>Simon estaba sentado en el sill�n de la sala de estar de Kyle con la mirada fija en la imagen congelada del televisor situado en una esquina de la estancia. La pantalla estaba en pausa en una pantalla del juego al que Kyle hab�a estado jugando con Jace. En la imagen se ve�a un t�nel subterr�neo de aspecto fr�o y h�medo con una monta�a de cad�veres apilados y varios charcos de sangre, todo ello con un aspecto tremendamente realista. Resultaba perturbador, pero Simon no ten�a ni la energ�a ni las ganas para molestarse en apagarla. Las im�genes que llevaban dando vueltas en su cabeza toda la noche eran a�n peores.</p><p>La luz que entraba en la sala por las ventanas hab�a ido cobrando fuerza y hab�a pasado de la acuosa luminosidad del amanecer al claro resplandor de primera hora de la ma�ana sin que Simon se percatara apenas de ello. Segu�a viendo el cuerpo inerte de Maureen en el suelo, su pelo rubio manchado de sangre. Su avanzar tambaleante en plena noche, la sangre de la chica cantando en sus venas. Y despu�s a Maia abalanz�ndose sobre Kyle, arremetiendo contra �l con sus garras. Kyle se hab�a quedado tumbado en el suelo, sin siquiera levantar una mano para defenderse. Probablemente habr�a dejado que lo matara de no haber interferido Isabelle, apart�ndola de �l y aplast�ndola contra el suelo, sujet�ndola all� hasta que su rabia se transform� en l�grimas. Simon hab�a intentado acercarse a ella, pero Isabelle se lo hab�a impedido con una mirada furiosa, abrazando a la otra chica, levantando la mano para indicarle que no se acercara.</p><p>��Vete de aqu� -le hab�a dicho-. Y ll�vatelo contigo. No s� qu� le habr� hecho, pero debe de haber sido malo de verdad.</p><p>Y lo era. Simon conoc�a aquel nombre, Jordan. Hab�a salido a relucir en una ocasi�n, cuando �l le hab�a preguntado c�mo se hab�a convertido en chica lobo. Hab�a sido su ex novio, le hab�a contado. Hab�a sido un ataque salvaje y despiadado, y despu�s de aquello �l hab�a huido, abandon�ndola a merced de las consecuencias.</p><p>Y se llamaba Jordan.</p><p>Por eso Kyle s�lo ten�a un nombre en el timbre de la puerta. Porque era su apellido. Su nombre completo ten�a que ser Jordan Kyle, hab�a comprendido Simon finalmente. Hab�a sido un est�pido, incre�blemente est�pido, por no haberse dado cuenta antes. Una raz�n m�s para odiarse en aquel momento.</p><p>Kyle -o m�s bien dicho, Jordan- era un hombre lobo; se curaba con rapidez. Cuando Simon lo incorpor�, sin excesiva delicadeza, y lo condujo hacia el coche, los zarpazos profundos que hab�a sufrido en el cuello y bajo los harapos de su camisa ya hab�an cicatrizado. Simon le hab�a cogido las llaves y hab�an regresado a Manhattan casi en silencio, Jordan sentado pr�cticamente inm�vil en el asiento del acompa�ante, con la mirada fija en sus manos ensangrentadas.</p><p>��Maureen est� bien -hab�a dicho por fin mientras cruzaban el puente de Williamsburg-. Ten�a peor aspecto de lo que ha sido en realidad. A�n no eres muy bueno aliment�ndote de humanos, por eso ha perdido poca sangre. La he subido a un taxi. No recuerda nada. Piensa que se ha desmayado delante de ti, y se siente abochornada por ello.</p><p>Simon sab�a que deb�a darle las gracias a Jordan, pero no ten�a fuerzas para ello.</p><p>��Eres Jordan -dijo-. El antiguo novio de Maia. El que la convirti� en chica lobo.</p><p>Estaban ya en Kenmare; Simon gir� en direcci�n norte por la calle Bowery, con sus fonduchas y sus tiendas de iluminaci�n.</p><p>��S� -dijo Jordan por fin-. Kyle es mi apellido. Empec� a utilizarlo como nombre cuando me un� a los <emphasis>Praetor</emphasis>.</p><p>��Te habr�a matado de hab�rselo permitido Isabelle.</p><p>��Tiene todo el derecho a matarme si as� lo desea -dijo Jordan, y se qued� en silencio. No dijo nada m�s, pues Simon ya estaba aparcando y subieron en seguida a casa. Se hab�a metido en su habitaci�n sin despojarse de la chaqueta ensangrentada y hab�a cerrado de un portazo.</p><p>Simon hab�a guardado sus cosas en la mochila y estaba a punto de abandonar el apartamento, cuando lo inundaron las dudas. No estaba seguro de por qu�, ni siquiera ahora, pero en lugar de marcharse, hab�a dejado caer la bolsa al suelo, junto a la puerta, y se hab�a sentado en aquel sill�n, donde hab�a permanecido la noche entera.</p><p>Le habr�a gustado poder llamar a Clary, pero era demasiado temprano y, adem�s, Isabelle le hab�a dicho que ella y Jace se hab�an marchado juntos, y la idea de interrumpirles un momento especial no le resultaba en absoluto atractiva. Se pregunt� c�mo estar�a su madre. Si lo hubiera visto la pasada noche, con Maureen, habr�a pensado que, efectivamente, era el monstruo que le hab�a acusado de ser.</p><p>Tal vez lo era.</p><p>Vio en aquel momento que se abr�a la puerta de la habitaci�n de Jordan y que �ste hac�a su aparici�n. Iba descalzo, con la misma ropa del d�a anterior. Las cicatrices del cuello se hab�an convertido en simples l�neas rojizas. Mir� a Simon. Sus ojos verdes, normalmente tan brillantes y alegres, estaban rodeados de oscuras ojeras.</p><p>��Cre�a que te marchar�as -dijo.</p><p>��Iba a hacerlo -dijo Simon-. Pero despu�s pens� que ten�a que darte la oportunidad de explicarte.</p><p>��No hay nada que explicar. -Jordan entr� en la cocina y hurg� en el interior de un caj�n hasta que encontr� un filtro para la cafetera-. Sea lo que sea lo que Maia te haya contado de m�, estoy seguro de que es cierto.</p><p>��Dijo que la pegaste -le explic� Simon.</p><p>Jordan, en la cocina, se qued� muy quieto. Baj� la vista hacia el filtro como si ya no estuviese seguro de para qu� lo quer�a.</p><p>��Dijo que estuvisteis saliendo varios meses y que todo era estupendo -prosigui� Simon-. Que despu�s te volviste violento y celoso. Y que cuando te llam� la atenci�n al respecto, la pegaste. Ella cort� contigo y una noche, cuando regresaba a su casa, algo la atac� y estuvo a punto de matarla. Y t�� t� desapareciste de la ciudad. Sin disculparte de nada, sin dar explicaciones.</p><p>Jordan dej� el filtro en la encimera.</p><p>���C�mo lleg� hasta aqu�? �C�mo dio con la manada de Luke Garroway?</p><p>Simon movi� la cabeza.</p><p>��Cogi� un tren hacia Nueva York y los localiz�. Maia es una superviviente. Nunca permiti� que lo que le hiciste la hundiera. Mucha gente habr�a sucumbido.</p><p>���Te has quedado para esto? -pregunt� Jordan-. �Para decirme que soy un cabr�n? Porque eso ya lo s�.</p><p>��Me he quedado -dijo Simon- por lo que hice yo anoche. Si me hubiese enterado de todo esto antes de ayer, me habr�a marchado. Pero despu�s de lo que le hice a Maureen� -Se mordi� el labio-. Cre�a poder controlar lo que me pasaba y no es as�, y le hice da�o a una chica que no se lo merec�a. Es por eso por lo que me he quedado.</p><p>��Porque si yo no soy un monstruo, t� tampoco eres un monstruo.</p><p>��Porque quiero saber qu� tengo que hacer a partir de ahora, y tal vez t� puedas dec�rmelo. -Simon se inclin� hacia adelante-. Porque te has comportado conmigo como una buena persona desde que te conozco. En ning�n momento te he visto comportarte de forma mezquina o enfadarte. Y luego pens� en lo de la Guardia de los Lobos, y en que me contaste que te hab�as unido a ellos porque hab�as hecho cosas malas. Y pens� que tal vez lo de Maia fuera esa cosa mala que hab�as hecho y que est�s tratando compensar.</p><p>��Fue eso -dijo Jordan-. Es por Maia.</p><empty-line/><p>Clary estaba sentada detr�s del escritorio que ten�a en la habitaci�n de invitados de casa de Luke, con el trozo de tela que hab�a cogido del dep�sito de cad�veres del Beth Israel extendido delante de ella. Hab�a colocado unos l�pices a cada lado de la tela para mantenerla estirada y estaba mir�ndola fijamente, estela en mano, tratando de recordar la runa que se le hab�a aparecido en el hospital.</p><p>Concentrarse era complicado. No pod�a dejar de pensar en Jace, en la noche anterior. Ad�nde habr�a ido. En por qu� se sent�a tan infeliz. Hasta que lo vio anoche, no se hab�a dado cuenta de que se sent�a tan mal como ella, y aquello le hab�a partido el coraz�n. Deseaba llamarlo, pero se hab�a reprimido de hacerlo ya varias veces desde que hab�a llegado a casa. Si en alg�n momento Jace ten�a intenci�n de explicarle su problema, lo har�a sin necesidad de que ella se lo preguntase. Lo conoc�a lo bastante bien como para saberlo.</p><p>Cerr� los ojos e intent� obligarse a dibujar la runa. No era una runa de su invenci�n, eso lo sab�a seguro. Era una runa que ya exist�a, aunque no sab�a con certeza si la hab�a visto en el Libro Gris. Su forma le daba a entender menos una interpretaci�n que una relaci�n, un deseo de mostrar la forma de algo oculto bajo su superficie, de tener que retirar lentamente el polvo que la cubr�a para poder leer la inscripci�n que escond�a debajo�</p><p>La estela tembl� entre sus dedos y abri� los ojos para descubrir, sorprendida, que hab�a conseguido trazar un peque�o dibujo en un extremo de la tela. Parec�a casi una mancha, con raros fragmentos proyect�ndose en todas direcciones. Clary frunci� el ce�o y se pregunt� si estar�a perdiendo sus habilidades. Pero entonces el tejido empez� a relucir, como ese brillo neblinoso que produce el calor al desprenderse del asfalto ardiente. Y se qued� boquiabierta cuando vio unas palabras desplegarse sobre la tela, como si una mano invisible estuviera escribi�ndolas:</p><p>�Propiedad de la iglesia de Talto. 232 Riverside Drive.�</p><p>La recorri� un murmullo de excitaci�n. Era una pista, una pista de verdad. Y la hab�a encontrado ella sola, sin la ayuda de nadie.</p><p>232 Riverside Drive. Aquello ca�a por el Upper West Side, le parec�a, por los alrededores de Riverside Park, en el otro extremo de Nueva York. No muy lejos. La iglesia de Talto. Clary dej� la estela con expresi�n preocupada. Fuera lo que fuese, sonaba a malas noticias. Arrastr� la silla hasta el viejo ordenador de sobremesa de Luke y entr� en Internet. La verdad fue que no le sorprendi� que la b�squeda de �Iglesia de Talto� no produjera resultados entendibles. Lo que hab�a aparecido escrito en una esquina de la tela deb�a de estar en purg�tico, o cthoniano, o en cualquier otro idioma demon�aco.</p><p>De una cosa estaba segura: fuera lo que fuese la iglesia de Talto, era secreta, y probablemente mala. Si estaba involucrada en convertir a beb�s humanos en cosas con garras en lugar de manos, no pod�a ser una religi�n de verdad. Clary se pregunt� si la madre que hab�a tirado al beb� en el contenedor de basura pr�ximo al hospital ser�a miembro de esa iglesia y si antes de que naciera su hijo sabr�a en qu� se hab�a metido.</p><p>Cuando cogi� el tel�fono, sent�a fr�o en todo el cuerpo. Se detuvo con el aparato en la mano. Hab�a estado a punto de llamar a su madre, pero no pod�a llamar a Jocelyn y contarle aquello. Jocelyn hab�a dejado de llorar y hab�a accedido por fin a salir, con Luke, a mirar anillos. Y a pesar de que Clary consideraba a su madre lo bastante fuerte como para afrontar la verdad que resultara de todo aquello, sab�a sin la menor duda que tendr�a problemas con la Clave por haber llevado tan lejos su investigaci�n sin informarlos.</p><p>Luke. Pero Luke estaba con su madre. No pod�a llamarlo.</p><p>Maryse, quiz�. Pero la simple idea de llamarla le resultaba extra�a e intimidatoria. Adem�s, Clary sab�a -sin querer casi reconocer que era un factor a tener en cuenta- que si dejaba que la Clave se hiciera cargo del asunto, ella quedar�a completamente apartada del juego. Quedar�a al margen de un misterio que parec�a tremendamente personal. Eso sin mencionar que ser�a como traicionar a su madre frente a la Clave.</p><p>Pero ir por su propia cuenta, sin saber qu� pod�a encontrarse� Se hab�a entrenado, pero tampoco tanto. Y sab�a que ten�a tendencia a actuar primero y a pensar despu�s. A rega�adientes, se acerc� el tel�fono, dud� un instante� y envi� un r�pido mensaje de texto: �232 RIVERSIDE DRIVE. TENEMOS QUE ENCONTRARNOS ALL� EN SEGUIDA. ES IMPORTANTE�. Puls� la tecla de env�o y se sent� un segundo a esperar que la pantalla se iluminara con la respuesta: �OK�.</p><p>Con un suspiro, Clary dej� el tel�fono y fue a buscar sus armas.</p><empty-line/><p>��Quer�a a Maia -dijo Jordan. Se hab�a sentado en el sof� despu�s de haber conseguido por fin preparar caf�, aunque no hab�a bebido ni un sorbo. Sujetaba el taz�n con ambas manos, d�ndole vueltas y m�s vueltas mientras segu�a hablando-. Tienes que saberlo, antes de que te cuente cualquier cosa m�s. Ambos ven�amos de esa ciudad deprimente e infernal de Nueva Jersey, donde ella ten�a que soportar todo tipo de gilipolleces porque su padre era negro y su madre blanca. Ten�a adem�s un hermano, un psic�pata redomado. No s� si te hab�a hablado de �l, Daniel.</p><p>��No mucho -dijo Simon.</p><p>��Con todo eso, su vida era complicada, pero nunca se desanimaba. La conoc� en una tienda de m�sica, comprando discos viejos. Vinilos, s�. Empezamos a hablar y me di cuenta en seguida de que era la chica m�s estupenda en muchos kil�metros a la redonda. Guapa, adem�s. Y cari�osa. -Los ojos de Jordan reflejaban lejan�a-. Salimos, y fue fant�stico. Est�bamos locamente enamorados. Como s�lo puedes estarlo con diecis�is a�os. Entonces fue cuando me mordieron. Fue una noche en una discoteca, en el transcurso de una pelea. Sol�a meterme en muchas peleas. Estaba acostumbrado a que me dieran patadas y pu�etazos, pero �mordiscos? Pens� que el tipo que me lo hizo estaba loco, pero no. Fui al hospital, me pusieron puntos y me olvid� del tema.</p><p>�Unas tres semanas despu�s, empez� todo. Oleadas de rabia y enfados incontrolables. Me quedaba sin ver nada y no sab�a qu� pasaba. Destroc� el cristal de la ventana de la cocina de un pu�etazo s�lo porque no consegu�a abrir un caj�n. Estaba loco de celos con Maia, convencido de que se ve�a con otros chicos, convencido� ni siquiera s� qu� pensaba. S�lo s� que explot�. La pegu�. Me gustar�a decir que no recuerdo haberlo hecho, pero lo recuerdo. Y ella cort� conmigo� -Su voz se interrumpi�. Le dio un trago al caf�; parec�a enfermo, pens� Simon. Se imagin� que no habr�a contado muchas veces esa historia. O nunca-. Un par de noches despu�s, fui a una fiesta y ella estaba all�. Bailando con otro chico. Bes�ndolo como si con ello quisiera demostrarme que todo hab�a acabado. Eligi� una mala noche, aunque no ten�a modo de saberlo. Era la primera noche de luna llena despu�s de mi mordisco. -Ten�a los nudillos blancos de sujetar la taza con fuerza-. La primera vez que me transformaba. La transformaci�n destroz� mi cuerpo y me parti� la carne y los huesos. Fue una agon�a, y no s�lo por eso. La deseaba, quer�a que volviese conmigo, quer�a explic�rselo, pero lo �nico que pod�a hacer era aullar. Ech� a correr por las calles, y entonces fue cuando la vi, cruzando el parque al lado de su casa. Estaba a punto de entrar�</p><p>��Y la atacaste -dijo Simon-. Y la mordiste.</p><p>��S�. -Jordan estaba mirando ciegamente el pasado-. Cuando a la ma�ana siguiente me despert�, era consciente de lo que hab�a hecho. Intent� ir a su casa, explicarme. Estaba ya a medio camino de all� cuando un t�o enorme se interpuso en mi camino y se me qued� mirando. Sab�a qui�n era yo, lo sab�a todo de m�. Me explic� que era miembro de los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis> y que yo le hab�a sido asignado. No le gustaba en absoluto saber que hab�a llegado demasiado tarde, que yo ya hab�a mordido a alguien. No me permiti� acercarme a ella. Dijo que s�lo servir�a para empeorar las cosas. Me prometi� que la Guardia de los Lobos cuidar�a de ella. Me dijo que como ya hab�a mordido a un humano, algo que est� estrictamente prohibido, la �nica manera que ten�a de eludir el castigo era unirme a la Guardia y entrenarme para aprender a controlarme.</p><p>�No lo habr�a hecho. Le habr�a escupido y aceptado el castigo que les viniera en gana aplicarme. Hasta ese punto me odiaba. Pero cuando me explic� que podr�a ayudar a otra gente como yo, tal vez impedir que lo que me hab�a pasado a m� con Maia volviera a repetirse, fue como ver una luz en la oscuridad, en un futuro lejano. Como si quiz� hubiera una oportunidad de reparar lo que hab�a hecho.</p><p>��Entendido -dijo Simon despacio-. Pero �no te parece una extra�a coincidencia que acabaran asign�ndote a m�? �Al tipo que sal�a con la chica a la que en su d�a mordiste y convertiste en mujer lobo?</p><p>��No fue ninguna coincidencia -dijo Jordan-. Tu ficha estaba entre las varias que me entregaron. Te eleg� porque Maia aparec�a mencionada en las notas. Una chica lobo y un vampiro que salen juntos. �Vaya historia! Era la primera vez que comprend�a que se hab�a convertido en mujer lobo despu�s� despu�s de lo que yo le hice.</p><p>���Nunca te preocupaste por comprobarlo? Me parece un poco�</p><p>��Lo intent�. El <emphasis>Praetor</emphasis> no quer�a, pero hice todo lo posible para averiguar qu� hab�a sido de ella. Me enter� de que se hab�a marchado de casa, aunque como ya ten�a una vida familiar tan desastrosa, aquel hecho no me dio ninguna pista. Y la verdad es que no existe nada parecido a un registro nacional de seres lobo al que poder acudir. Yo s�lo� confiaba en que no se hubiese transformado.</p><p>���De manera que aceptaste esta misi�n por Maia?</p><p>Jordan se sonroj�.</p><p>��Pens� que a lo mejor, si te conoc�a, podr�a averiguar qu� hab�a sido de ella. Si estaba bien.</p><p>��Por eso me pegaste la bronca por ponerle los cuernos -dijo Simon, pensando en retrospectiva-. Quer�as protegerla.</p><p>Jordan lo mir� por encima del borde de la taza de caf�.</p><p>��S�, bueno, fue una estupidez.</p><p>��Y t� fuiste quien le pas� por debajo de la puerta el folleto con la actuaci�n del grupo, �verdad? -Simon movi� la cabeza-. Eso de meterte en mi vida amorosa, �formaba parte de la misi�n o era simplemente tu toque adicional personal?</p><p>��La dej� hecha polvo -dijo Jordan-. Y no quer�a verla otra vez hecha polvo por culpa de otro.</p><p>���Y no se te pas� por la cabeza que si se presentaba en la actuaci�n intentar�a arrancarte la cara? De no haber llegado tarde, es muy posible que incluso lo hubiera hecho estando t� en escena. Habr�a sido un detalle de lo m�s emocionante para el p�blico.</p><p>��No lo sab�a -dijo Jordan-. No era consciente de que me odiara tanto. Yo no odio al tipo que me convirti� a m�; puedo comprender que no se controlaba.</p><p>��S� -dijo Simon-, pero t� nunca amaste a ese tipo. Nunca tuviste una relaci�n con �l. Maia te quer�a. Cree que la mordiste y que luego la abandonaste y jam�s volviste a pensar en ella. Te odia tanto como en su d�a lleg� a quererte.</p><p>Pero antes de que a Jordan le diese tiempo a responder, son� el timbre de la puerta� No el timbre de abajo, sino el que s�lo pod�a tocarse desde el vest�bulo interior. Los chicos intercambiaron una mirada de sorpresa.</p><p>���Esperas a alguien? -pregunt� Simon.</p><p>Jordan neg� con la cabeza y dej� la taza de caf�. Fueron juntos hasta el recibidor. Jordan le indic� a Simon con un gesto que se quedara detr�s de �l antes de que abriese la puerta.</p><p>No hab�a nadie. Pero encontraron un papel en la alfombrilla de la entrada, sujeta por un pedrusco de s�lido aspecto. Jordan cogi� el papel y lo alis�, con mala cara.</p><p>��Es para ti -dijo, entreg�ndoselo a Simon.</p><p>Perplejo, Simon despleg� el papel. En letras may�sculas de aspecto infantil, estaba escrito el siguiente mensaje:</p><empty-line/><p>�SIMON LEWIS. TENEMOS A TU NOVIA. TIENES QUE PRESENTARTE HOY MISMO EN EL 232 DE RIVERSIDE DRIVE VEN ANTES DE QUE ANOCHEZCA O LE CORTAREMOS EL CUELLO�.</p><empty-line/><p>��Es una broma -dijo Simon, mirando pasmado el papel-. Tiene que serlo.</p><p>Sin decir palabra, Jordan agarr� a Simon del brazo y tir� de �l en direcci�n al sal�n. Cuando consigui� soltarse, busc� el tel�fono inal�mbrico hasta que dio con �l.</p><p>��Ll�mala -dijo, lanz�ndole el tel�fono a Simon-. Llama a Maia y aseg�rate de que est� bien.</p><p>��Pero quiz� no se trata de ella. -Simon se qued� mirando el tel�fono mientras el horror de la situaci�n empezaba a zumbar en su cerebro como un esp�ritu necr�fago ululando en las puertas de una casa, suplicando entrar. �Conc�ntrate�, se dijo, �que no cunda el p�nico�-. Podr�a ser Isabelle.</p><p>��Dios. -Jordan lo mir� encolerizado-. �Tienes m�s novias? �Hacemos primero una lista de nombres para ir llam�ndolas a todas?</p><p>Simon le arranc� el tel�fono y se volvi�, marcando el n�mero.</p><p>Maia respondi� al segundo ring.</p><p>���Diga?</p><p>��Maia, soy Simon.</p><p>La simpat�a de la voz de Maia desapareci� al instante.</p><p>��Ah. �Y qu� quieres?</p><p>��S�lo quer�a comprobar que estabas bien -dijo.</p><p>��Estoy bien -confirm� con sequedad-. Tampoco es que lo nuestro fuera muy serio. No me siento feliz, pero sobrevivir�. Pero t� sigues siendo un cabr�n.</p><p>��No -dijo Simon-. Me refiero a que quer�a comprobar si estabas bien.</p><p>���Tiene que ver Jordan con esto? -Simon percibi� una tensa rabia en su voz al pronunciar aquel nombre-. De acuerdo. Os largasteis juntos, �no? Sois amigos, o algo por el estilo, �no es verdad? Pues ya puedes decirle de mi parte que se mantenga bien lejos de m�. De hecho, eso va para los dos.</p><p>Colg�. El tono de marcaci�n empez� a zumbar en el tel�fono como una abeja enfadada.</p><p>Simon mir� a Jordan.</p><p>��Est� bien. Nos odia a los dos, pero aparte de eso, no me ha parecido que hubiese nada anormal.</p><p>��De acuerdo -dijo Jordan, muy tenso-. Ahora llama a Isabelle.</p><p>Necesit� dos intentos antes de que Isabelle cogiera el tel�fono; Simon hab�a ca�do casi presa del p�nico cuando su voz son� al otro lado de la l�nea, distra�da y molesta.</p><p>��Quienquiera que seas, mejor que sea para algo bueno.</p><p>Simon se sinti� aliviado.</p><p>��Isabelle. Soy Simon.</p><p>��Oh, por el amor de Dios. �Qu� quieres?</p><p>��S�lo quer�a asegurarme de que estabas bien�</p><p>��Oh, qu� �Se supone que tengo que estar destrozada porque eres un tramposo, un mentiroso, un cabr�n hijo de�?</p><p>��No. -Aquello empezaba a hacer mella en los nervios de Simon-. Me refiero a si est�s bien. �No te han secuestrado ni nada por el estilo?</p><p>Hubo un largo silencio.</p><p>��Simon -dijo Isabelle por fin-. Me parece, de verdad, en serio te lo digo, la excusa m�s est�pida que he o�do en mi vida para realizar una llamada quejumbrosa como �sta. �Qu� te pasa a ti?</p><p>��No estoy seguro -dijo Simon, y colg� antes de que ella pudiera colgarle. Le entreg� el tel�fono a Jordan-. Isabelle tambi�n est� bien.</p><p>��No lo entiendo. -Jordan estaba perplejo-. �A qui�n se le ocurrir� realizar una amenaza de este tipo que no se apoya sobre ninguna base? Es muy f�cil verificarlo y descubrir que se trata de una mentira.</p><p>��Deben de pensar que soy est�pido -empez� a decir Simon, pero hizo entonces una pausa, pues acababa de ocurr�rsele una idea terrible. Le arranc� el tel�fono a Jordan y empez� a marcar con los dedos entumecidos.</p><p>���Qui�n es? -dijo Jordan-. �A qui�n llamas?</p><empty-line/><p>El tel�fono de Clary empez� a sonar justo cuando llegaba a la esquina de la calle Noventa y Seis con Riverside Drive. Era como si la lluvia hubiese limpiado la suciedad habitual de la ciudad; el sol brillaba desde un cielo resplandeciente sobre la luminosa franja verde del parque que se extend�a a orillas del r�o, cuya agua parec�a ahora casi azul.</p><p>Hurg� en la mochila para localizar el tel�fono, lo encontr� y lo abri�.</p><p>���Diga?</p><p>Son� la voz de Simon.</p><p>��Oh, gracias a� -Se interrumpi�-. �Est�s bien? �No te han secuestrado ni nada?</p><p>���Secuestrado? -Clary iba mirando los n�meros de los edificios mientras avanzaba por la calle. 220, 224. No estaba del todo segura de qu� andaba buscando. �Tendr�a el aspe<emphasis>cto</emphasis> de una iglesia? �De otra cosa, con un <emphasis>glamour </emphasis>que lo hiciese parecer un solar abandonado?-. �Est�s borracho o qu�?</p><p>��Es un poco temprano para eso. -El alivio de su voz era evidente-. No, s�lo que� he recibido una nota extra�a. Alguien amenazando a mi novia.</p><p>���Cu�l de ellas?</p><p>��Muy graciosa. -Pero a Simon no le hab�a hecho ninguna gracia-. Ya he llamado a Maia y a Isabelle, y las dos est�n bien. Entonces he pensado en ti� Quiero decir, como pasamos tanto tiempo juntos. Tal vez quien sea est� confundido. Pero no s� qu� pensar.</p><p>��Yo tampoco. -232 Riverside Drive apareci� de repente delante de Clary, un gran edificio cuadrado de piedra con tejado puntiagudo. Podr�a haber sido una iglesia en su d�a, pens�, aunque ahora no lo parec�a.</p><p>��Maia e Isabelle coincidieron anoche, por cierto. No fue divertido -a�adi� Simon-. Ten�as raz�n en eso de que estaba jugando con fuego.</p><p>Clary examin� la fachada del n�mero 232. La mayor�a de los edificios de la zona eran apartamentos caros, con porteros vestidos con librea en su interior. Pero aqu�l, sin embargo, s�lo ten�a un par de grandes puertas de madera con formas curvil�neas en la parte superior y anticuados tiradores de metal en lugar de pomos.</p><p>��Oooh, lo siento, Simon. �Sigue habl�ndote alguna de ellas?</p><p>��La verdad es que no.</p><p>Pos� la mano en un tirador y empuj�. La puerta se abri� con un suave siseo. Clary baj� la voz.</p><p>��A lo mejor ha sido una de ellas la que te ha dejado la nota.</p><p>��No me parece muy de su estilo -dijo Simon, sinceramente perplejo-. �Piensas que podr�a haberlo hecho Jace?</p><p>O�r su nombre fue como un pu�etazo en el est�mago. Clary cogi� aire y dijo:</p><p>��La verdad es que creo que no, ni aunque estuviese muy enfadado. -Se alej� el tel�fono de la oreja. Fisg� por la puerta entreabierta y vio lo que parec�a el interior de una iglesia normal y corriente: un pasillo largo y luces parpadeantes, como si fueran velas. No le har�a ning�n da�o curiosear un poco m�s-. Tengo que irme, Simon -dijo-. Te llamo luego.</p><p>Cerr� el tel�fono y entr�.</p><empty-line/><p>���De verdad piensas que era una broma? -Jordan andaba de un lado a otro del apartamento como si fuera un tigre en la jaula del zool�gico-. No s�. Me parece una broma de muy mal gusto.</p><p>��No he dicho que no fuera de mal gusto. -Simon le ech� un nuevo vistazo a la nota; segu�a en la mesita de centro, las letras may�sculas eran claramente visibles incluso de lejos. El est�mago le dio un vuelco s�lo de mirarla, aun sabiendo que no ten�a sentido-. S�lo intento pensar en qui�n puede hab�rmela enviado. Y por qu�.</p><p>��Tal vez deber�a tomarme el d�a libre y vigilarla -dijo Jordan-. Por si acaso, ya sabes.</p><p>��Me imagino que te refieres a Maia -dijo Simon-. S� que tienes buenas intenciones, pero no creo que quiera verte revoloteando a su alrededor. En calidad de nada.</p><p>Jordan tens� la mand�bula.</p><p>��Lo har�a de tal modo que ella no me viera.</p><p>��Caray. Sigues yendo de culo por ella, �verdad?</p><p>��Es una cuesti�n de responsabilidad personal. -Jordan habl� muy serio-. Lo que yo pueda sentir carece de importancia.</p><p>��Haz lo que te apetezca -dijo Simon-. Pero creo que�</p><p>Son� de nuevo el timbre de la puerta. Los dos chicos intercambiaron una �nica mirada antes de echar a correr por el estrecho pasillo en direcci�n a la entrada. Jordan lleg� primero. Cogi� el perchero que hab�a en el recibidor, retir� todas las chaquetas y abri� la puerta de golpe, sujetando el perchero por encima de su cabeza como si fuese una jabalina.</p><p>Era Jace. Pesta�e� sorprendido.</p><p>���Es eso un perchero?</p><p>Jordan dej� caer el perchero en el suelo y suspir�.</p><p>��Si hubieras sido un vampiro, esto habr�a resultado mucho m�s �til.</p><p>��S� -replic� Jace-. O si hubiera sido alguien que estuviera cargado de abrigos.</p><p>Simon asom� la cabeza por detr�s de Jordan y dijo:</p><p>��Disculpa. Hemos tenido una ma�ana estresante.</p><p>��Bueno, s� -dijo Jace-. Y mucho m�s estresante que va a ser. Vengo para llevarte conmigo al Instituto, Simon. El C�nclave quiere verte y no les gusta tener que esperar.</p><empty-line/><p>En el instante en que la puerta de la iglesia Talto se cerr� a sus espaldas, Clary tuvo la sensaci�n de estar en otro mundo; el ruido y el alboroto de Nueva York se hab�an apagado por completo. El espacio interior del edificio era grande y encumbrado, con techos muy elevados. Hab�a un pasillo estrecho flanqueado por hileras de bancos, gruesas velas marrones ardiendo en candelabros sujetos a las paredes. El interior le pareci� a Clary escasamente iluminado, pero tal vez fuera porque estaba acostumbrada a la claridad de la luz m�gica.</p><p>Avanz� por el pasillo, las leves pisadas de sus zapatillas deportivas sobre el polvoriento suelo de piedra apenas hac�an ruido. Resultaba curioso, pens�, ver una iglesia sin ninguna ventana. Lleg� al �bside, situado al final del pasillo, donde un conjunto de pelda�os de piedra daba acceso al estrado que albergaba el altar. Lo mir� pesta�eando, percat�ndose de una rareza m�s: en aquella iglesia no hab�a cruces. Pero sobre el altar hab�a una l�pida de piedra coronada por una estatua que representaba una lechuza. En la l�pida pod�a leerse lo siguiente:</p><empty-line/><p>PORQUE SU CASA SE INCLINA HACIA LA MUERTE</p><p>Y SUS SENDEROS HACIA LOS MUERTOS</p><p>LOS QUE ENTREN EN ELLA NO PODR�N REGRESAR JAM�S</p><p>NI ARRAIGARSE A LOS SENDEROS DE LA VIDA.</p><empty-line/><p>Clary pesta�e�. No estaba muy familiarizada con la Biblia -la verdad era que sus conocimientos nada ten�an que ver con aquellos extensos pasajes de la misma que Jace se sab�a casi de memoria-, pero a pesar de que aquello sonaba a religioso, era un fragmento extra�o para figurar en una iglesia. Se estremeci� y se acerc� un poco m�s al altar, sobre el que hab�an dejado un libro de gran tama�o. Estaba cerrado, pero asomaba un marcador en una de las p�ginas; cuando Clary alarg� el brazo para abrir el libro, se dio cuenta de que lo que hab�a tomado por un punto de libro era en realidad una daga curva con empu�adura negra y s�mbolos ocultos grabados en ella. En algunos libros de texto, hab�a visto im�genes de armas similares. Era un <emphasis>athame</emphasis>, utilizado a menudo en rituales de invocaci�n demon�aca.</p><p>Not� una sensaci�n de fr�o en el est�mago, pero se inclin� de todos modos para examinar el contenido de la p�gina se�alada, decidida a enterarse de lo que fuera, pero descubri� que el texto estaba escrito con un trazo apretado y estilizado que habr�a resultado dif�cil de descifrar aunque hubiera estado escrito en ingl�s. Y no era el caso; se trataba de un alfabeto de caracteres afilados y puntiagudos que estaba segura de no haber visto en su vida. Las palabras aparec�an escritas debajo de una ilustraci�n que Clary identific� con un c�rculo de invocaci�n, similar al que los brujos trazaban en el suelo antes de pronunciar sus hechizos. El objetivo de aquellos c�rculos era atraer y concentrar el poder m�gico. La ilustraci�n, dibujada con tinta verde, estaba integrada por dos c�rculos conc�ntricos con un cuadrado en el centro. En el espacio comprendido entre ambos c�rculos, hab�a runas dibujadas. Clary no las reconoci�, pero percibi� en sus huesos el lenguaje de las runas y se estremeci�. Muerte y sangre.</p><p>Pas� r�pidamente la p�gina y se encontr� con un conjunto de ilustraciones que le cortaron la respiraci�n.</p><p>Se trataba de un grupo de im�genes que se iniciaba con la de una mujer con una ave posada en su hombro izquierdo. El ave, seguramente un cuervo, ten�a un aspecto siniestro y una mirada sagaz. En la segunda imagen, el ave hab�a desaparecido y la mujer estaba a todas luces embarazada. En la tercera imagen, la mujer aparec�a tendida sobre un altar muy similar al que Clary ten�a enfrente en aquel momento. Delante de ella, una figura vestida con t�nica portando en la mano una jeringa de aspecto chirriantemente moderno. La jeringa conten�a un l�quido de color rojo oscuro. Era evidente que la mujer sab�a que era la destinataria de aquella inyecci�n, pues estaba gritando.</p><p>En la �ltima imagen, la mujer aparec�a sentada con un beb� en su regazo. El beb� ten�a un aspecto casi normal, a excepci�n de sus ojos, que eran completamente negros, sin blanco. La mujer miraba a su hijo con expresi�n aterrorizada.</p><p>Clary not� que el vello de la nuca se le erizaba. Su madre ten�a raz�n. Alguien estaba intentando crear m�s beb�s como Jonathan. De hecho, ya lo hab�an hecho.</p><p>Se apart� del altar. Hasta el �ltimo nervio de su cuerpo gritaba dici�ndole que en aquel lugar hab�a algo tremendamente mal�volo. No se ve�a capaz de pasar ni un segundo m�s all�; mejor salir y esperar la llegada de la caballer�a. Por mucho que ella hubiera descubierto aquella pista por su cuenta, el resultado iba mucho m�s all� de lo que pod�a resolver por s� sola.</p><p>Y fue entonces cuando escuch� el sonido.</p><p>Un suave susurro, como el de la marea retir�ndose lentamente, que parec�a venir de alg�n lugar por encima de su cabeza. Levant� la vista, con el <emphasis>athame</emphasis> sujeto con fuerza en su mano. Y abri� los ojos de par en par. Las galer�as superiores estaban repletas de silenciosas figuras. Iban vestidas con lo que parec�an pantalones de ch�ndal de color gris, zapatillas deportivas, sudadera gris abrochada con cremallera y capucha cubri�ndoles la cabeza. Supuso que estaban mir�ndola. Las caras quedaban ocultas por completo por las sombras; ni siquiera pod�a afirmar si eran hombres o mujeres.</p><p>��Lo� lo siento -dijo. Su voz reson� en la sala de piedra-. No pretend�a entrometerme, ni�</p><p>No hubo respuesta, sino silencio. Un pesado silencio. El coraz�n de Clary empez� a acelerarse.</p><p>��Ya me marcho -dijo, tragando saliva. Dio un paso al frente, dej� el <emphasis>athame </emphasis>en el altar y se volvi� dispuesta a irse. Capt� entonces el olor en el ambiente, una d�cima de segundo antes de volverse� el conocido hedor a basura podrida. Entre ella y la puerta, alz�ndose como un muro, acababa de aparecer un espantoso revoltijo de piel escamosa, dientes como cuchillas y garras extendidas.</p><p>Durante las �ltimas siete semanas, Clary hab�a estado entren�ndose para enfrentarse en batalla a un demonio, incluso a un demonio gigantesco. Pero ahora que aquello iba en serio, lo �nico que pudo hacer fue ponerse a gritar.</p></section><section><title><p>11 LOS DE NUESTRA ESPECIE</p></title><p>El demonio se abalanz� sobre Clary y ella dej� de gritar de repente y salt� hacia atr�s, por encima del altar, con una voltereta perfecta, y por un extra�o instante dese� que Jace hubiera estado presente para verla. Cay� en cuclillas al suelo, justo en el momento en que algo se estampaba con fuerza contra el altar, provocando vibraciones en la piedra.</p><p>En la iglesia reson� un aullido. Clary se agazap� detr�s del altar y asom� la nariz para mirar. El demonio no era tan grande como se hab�a imaginado de entrada, pero tampoco era peque�o: m�s o menos del tama�o de una nevera, con tres cabezas sobre cimbreantes cuellos. Las cabezas eran ciegas, con enormes mand�bulas abiertas de las que colgaban hilos de baba verdosa. Al parecer, al intentar alcanzarla, el demonio se hab�a golpeado contra el altar con la cabeza situada m�s a la izquierda, pues estaba mene�ndola adelante y atr�s, como si intentara despejarse.</p><p>Clary mir� fren�ticamente hacia arriba, pero las figuras con ch�ndal segu�an en el mismo lugar. No se hab�an movido. Era como si estuvieran observando la escena con indiferencia. Se volvi� para mirar detr�s de ella pero, por lo que parec�a, no hab�a m�s salidas que la puerta por la que hab�a accedido a la iglesia, y el demonio le bloqueaba ese acceso. Percat�ndose de que estaba desperdiciando unos segundos preciosos, se incorpor� y decidi� hacerse con el <emphasis>athame</emphasis>. Lo arranc� del altar y volvi� a agazaparse justo en el momento en que el demonio se lanzaba de nuevo a por ella. Rod� hacia un lado cuando una de las cabezas, balance�ndose sobre su grueso cuello, sal�a proyectada por encima del altar, agitando su lengua gruesa y negra, busc�ndola. Con un grito, hundi� una vez el <emphasis>athame</emphasis> en el cuello de la criatura y lo extrajo a continuaci�n, saltando hacia atr�s para apartarse de su camino.</p><p>La cosa grit�, su cabeza ech�ndose hacia atr�s, y sangre negra manaba a borbotones de la herida que acababa de provocarle. Pero no hab�a sido un golpe mortal. Mientras Clary miraba, la herida empez� a cicatrizarse lentamente; la carne verde negruzca del demonio se un�a como si estuvieran cosiendo un tejido. El coraz�n le dio un vuelco. Claro. El motivo por el que los cazadores de sombras utilizaban armas preparadas con runas era porque las runas imped�an la curaci�n de los demonios.</p><p>Busc� con la mano izquierda la estela que llevaba en el cintur�n y consigui� liberarla de all� justo en el momento en que el demonio volv�a a abalanzarse contra ella. Se inclin� hacia un lado y se arroj� escalera abajo, magull�ndose, hasta que alcanz� la primera hilera de bancos. El demonio se volvi�, movi�ndose pesadamente, y arremeti� de nuevo contra ella. Percat�ndose de que ten�a en las manos tanto la estela como la daga -de hecho, se hab�a cortado con la daga al rodar por la escalera y en la parte frontal de la chaqueta hab�a aparecido una mancha de sangre-, pas� la daga a la mano izquierda, la estela a la derecha, y con una velocidad desesperada, traz� una runa <emphasis>enkeli</emphasis> en la empu�adura del <emphasis>athame</emphasis>.</p><p>Los dem�s s�mbolos de la empu�adura empezaron a fundirse y a esfumarse en cuanto la runa del poder angelical se apoder� del arma. Clary levant� la vista; ten�a el demonio pr�cticamente encima, sus tres cabezas cerni�ndose sobre ella con las bocas abiertas. Levant�ndose de un salto, ech� el brazo hacia atr�s y clav� la daga con todas sus fuerzas. Para su sorpresa, fue a parar en el centro del cr�neo de la cabeza intermedia, hundi�ndose en ella hasta la empu�adura. La cabeza empez� a dar sacudidas y el demonio grit� -Clary se sinti� animada- y, acto seguido, la cabeza cay� al suelo, golpe�ndolo con un repugnante ruido sordo. Pero el demonio segu�a igualmente avanzando hacia Clary, arrastrando la cabeza muerta colgada del cuello.</p><p>Se oyeron pasos arriba. Clary levant� la cabeza. Las figuras en ch�ndal hab�an desaparecido, la galer�a estaba vac�a. Una imagen en absoluto tranquilizadora. Con el coraz�n bailando un salvaje tango en el interior de su pecho, Clary dio media vuelta y ech� a correr hacia la puerta, pero el demonio era m�s r�pido que ella. Con un gru�ido forzado, se lanz� por encima de ella y aterrizo justo delante de la puerta, bloque�ndole el paso. Con un siseo, avanz� hacia Clary, con sus dos cabezas supervivientes balance�ndose, elev�ndose despu�s, alarg�ndose al m�ximo para atacarla�</p><p>Hubo un destello, una llamarada de oro plateado. Las cabezas del demonio giraron bruscamente y el siseo se transform� en chillido, pero era demasiado tarde: la cosa plateada que las envolv�a empez� a tensarse y, proyectando sangre negruzca, las dos cabezas restantes quedaron segadas. Clary intent� apartarse de la trayectoria de la sangre, que la salpicaba, chamusc�ndole la piel. Y tuvo que agachar la cabeza cuando el cuerpo decapitado empez� a tambalearse, cayendo sobre ella�</p><p>Y desapareci�. Con su ca�da, el demonio se esfum�, engullido por su dimensi�n de origen. Clary levant� la cabeza con cautela. Las puertas de la iglesia estaban abiertas y en la entrada vio a Isabelle, con botas y un vestido negro, y su l�tigo de oro blanco en la mano. Estaba enroll�ndolo lentamente en su mu�eca, estudiando entretanto la iglesia, con sus oscuras cejas unidas en una expresi�n de curiosidad. Y cuando su mirada fue a parar a Clary, sonri�.</p><p>��Maldita chica -dijo-. �En qu� jaleo te has metido ahora?</p><empty-line/><p>El contacto de las manos de los sirvientes de la vampira sobre la piel de Simon era fr�o y ligero, como la caricia de unas alas de hielo. Se estremeci� levemente cuando desenrollaron la venda que le envolv�a la cabeza, su piel marchita era �spera al contacto. Dieron entonces un paso atr�s y se retiraron con una reverencia.</p><p>Mir� a su alrededor, pesta�eando. Hac�a tan s�lo unos momentos se encontraba en la esquina de la calle Setenta y ocho con la Segunda Avenida, a una distancia del Instituto que hab�a considerado suficiente para poder utilizar la tierra del cementerio para contactar con Camille sin levantar sospechas. Y ahora estaba en una estancia escasamente iluminada, bastante grande, con suelo de m�rmol y elegantes pilares sosteniendo un elevado techo. La pared que quedaba a su izquierda ten�a una hilera de cub�culos con frente de cristal, todos ellos con una placa de lat�n en la que se le�a �CAJERO�. Otra placa de lat�n en la pared declaraba que aquello era el �DOUGLAS NATIONAL BANK�. Gruesas capas de polvo alfombraban tanto el suelo como los mostradores donde en su d�a la gente hab�a preparado sus talones o sus impresos para retirar dinero, y las l�mparas de lat�n que colgaban del techo estaban cubiertas de verd�n.</p><p>En el centro de la sala hab�a un sill�n alto, y Camille estaba sentada en �l. Llevaba suelta su melena rubia plateada, que le ca�a sobre los hombros como espumill�n. Su bello rostro estaba libre de maquillaje, aunque los labios segu�an siendo intensamente rojos. En la penumbra del banco eran, de hecho, el �nico color que Simon alcanzaba a ver.</p><p>��En circunstancias normales no acceder�a a una reuni�n a la luz del d�a, vampiro diurno -dijo-. Pero trat�ndose de ti, he hecho una excepci�n.</p><p>��Gracias. -Se dio cuenta de que no hab�a silla para �l, de modo que continu� de pie donde estaba, inc�modo. De haber seguido latiendo su coraz�n, se imagin� que lo habr�a hecho con fuerza. Cuando hab�a accedido a hacer aquello para el C�nclave, no recordaba el miedo que le inspiraba Camille. Tal vez fuera il�gico, pues en realidad, �qu� pod�a hacerle aquella mujer?; pero all� estaba.</p><p>��Me imagino que esto significa que has reflexionado sobre mi oferta -dijo Camille-. Y que la aceptas.</p><p>���Qu� te hace pensar que voy a aceptarla? -dijo Simon, esperando con ganas que no fuera a achacar la fatuidad de la pregunta al hecho de que intentase ganar tiempo.</p><p>Se la ve�a un poco impaciente.</p><p>��No creo que decidieras darme personalmente la noticia de que has decidido rechazarme. Temer�as mi car�cter.</p><p>���Deber�a temer tu temperamento?</p><p>Camille se recost� en el sill�n orejero, sonriendo. Era un sill�n de aspecto moderno y lujoso, a diferencia del resto del mobiliario del banco abandonado. Deb�an de haberlo llevado hasta all�, seguramente los sirvientes de Camille, que en aquel momento permanec�an escolt�ndola a ambos lados como un par de silenciosas estatuas.</p><p>��Muchos lo temen -dijo-. Pero t� no tienes motivos para ello. Me siento muy satisfecha contigo. Aunque hayas esperado hasta el �ltimo momento para ponerte en contacto conmigo, intuyo que has tomado la decisi�n correcta.</p><p>El tel�fono de Simon eligi� justo aquel momento para ponerse a sonar con insistencia. Dio un brinco, notando que un hilillo de sudor fr�o le ca�a por la espalda, y hurg� apresuradamente en el interior del bolsillo de su chaqueta.</p><p>��Lo siento -dijo, abri�ndolo-. El tel�fono.</p><p>Camille estaba horrorizada.</p><p>��No contestes.</p><p>Simon se acerc� el tel�fono al o�do. Y al hacerlo, consigui� pulsar varias veces la tecla de la c�mara.</p><p>��Ser� s�lo un segundo.</p><p>��Simon.</p><p>Puls� la tecla de env�o y cerr� r�pidamente el tel�fono.</p><p>��Lo siento. No lo he pensado.</p><p>El pecho de Camille, a pesar de que no respiraba, sub�a y bajaba de rabia.</p><p>��Exijo m�s respeto de mis servidores -dijo entre dientes-. No vuelvas nunca a hacer esto, de lo contrario�</p><p>���De lo contrario qu�? -dijo Simon-. No puedes hacerme da�o, no puedes hacerme m�s da�o que los dem�s. Y me dijiste que no ser�a tu servidor. Me dijiste que ser�a tu socio. -Hizo una pausa despu�s de dejar en su voz la nota justa de arrogancia-. Tal vez deber�a replantearme la aceptaci�n de tu oferta.</p><p>Los ojos de Camille se oscurecieron.</p><p>��Oh, por el amor de Dios. No seas tontito.</p><p>���C�mo es posible que puedas pronunciar esa palabra? -le pregunt� Simon.</p><p>Camille levant� sus delicadas cejas.</p><p>���Qu� palabra? �Te ha molestado que te llamara tonto?</p><p>��No. Bueno, s�, pero no me refer�a a eso. Has dicho: �Oh, por el amor de�� -Se interrumpi�; su voz se quebr�. No pod�a pronunciarlo. �Dios.�</p><p>��Porque no creo en �l, ni�o tonto -replic� Camille-. Y t� a�n s�. -Lade� la cabeza, mir�ndolo igual que un p�jaro observar�a el gusano que est� pensando en comerse-. Creo que quiz� ha llegado el momento de realizar un juramento de sangre.</p><p>���Un� juramento de sangre? -Simon se pregunt� si la habr�a o�do bien.</p><p>��Hab�a olvidado lo limitado de tus conocimientos sobre las costumbres de los de nuestra especie. -Camille movi� de un lado a otro su plateada cabeza-. Te har� firmar un juramento, con sangre, proclamando tu lealtad hacia m�. Servir� para impedir que me desobedezcas en el futuro. Consid�ralo una especie de� contrato prenupcial. -Sonri�, y Simon entrevi� el destello de sus colmillos-. Venid. -Chasque� los dedos de forma imperiosa, y sus ac�litos se acercaron a ella, con sus casposas cabezas inclinadas. El primero le entreg� algo que parec�a una pluma de cristal antigua, de aquellas que tienen la punta en forma de espiral para absorber y retener la tinta-. Tendr�s que hacerte un corte y extraer tu propia sangre -dijo Camille-. Normalmente lo har�a yo, pero la Marca me lo impide. Por lo tanto, debemos improvisar.</p><p>Simon dud�. Aquello era mala cosa. Muy mala. Conoc�a lo bastante el mundo sobrenatural como para saber lo que los juramentos significaban para los subterr�neos. No eran simples promesas vac�as susceptibles de romperse. Vinculaban de verdad al que la realizaba, eran como unas esposas virtuales. Si firmaba el juramento, tendr�a que serle fiel a Camille. Y posiblemente para siempre.</p><p>��Vamos -dijo Camile; un matiz de impaciencia asomaba en su voz-. No hay ninguna necesidad de entretenerse.</p><p>Simon trag� saliva y, a rega�adientes, dio un paso al frente, y otro a continuaci�n. Uno de los sirvientes se plant� delante de �l, bloque�ndole el paso. Le ofreci� un cuchillo a Simon, algo de aspecto peligroso con punta afilada. Simon lo cogi� y lo acerc� a su mu�eca. Lo hizo descender.</p><p>���Sabes? -dijo-. El dolor no me gusta nada. Y tampoco los cuchillos�</p><p>��Hazlo -rugi� Camille.</p><p>��Tiene que haber otra manera.</p><p>Camille se levant� de su asiento y Simon vio que ten�a los colmillos completamente extendidos. Estaba rabiosa de verdad.</p><p>��Si no dejas de hacerme perder el tiempo�</p><p>Se oy� una leve implosi�n, el sonido como de algo enorme parti�ndose por la mitad. En la pared de enfrente apareci� un gran panel brillante. Camille se volvi� hacia all� y abri� la boca sorprendida al ver de qu� se trataba. Simon se dio cuenta de que lo hab�a reconocido, igual que �l. S�lo pod�a ser una cosa.</p><p>Un Portal. Por el que estaban entrando una docena de cazadores de sombras.</p><empty-line/><p>��Muy bien -dijo Isabelle, guardando el botiqu�n de primeros auxilios con un gesto en�rgico. Estaban en una de las muchas habitaciones vac�as del Instituto, concebidas para albergar a los miembros de la Clave que estuvieran all� de visita. Todas estaban sencillamente equipadas con una cama, un tocador y un armario, y dispon�an de un peque�o ba�o. Y, claro estaba, todas ten�an un botiqu�n de primeros auxilios, con vendas, cataplasmas e incluso estelas de recambio-. Creo que ya tienes suficiente <emphasis>iratze</emphasis>, pero algunos de estos moratones tardar�n un poco en desaparecer. Aunque esto� -Pas� la mano por las marcas de quemaduras que Clary ten�a en el antebrazo, donde le hab�a salpicado la sangre de demonio-� seguramente no desaparecer� del todo hasta ma�ana. Si descansas, de todos modos, se curar�n m�s r�pido.</p><p>��No tiene importancia. Gracias, Isabelle. -Clary se mir� las manos; ten�a la derecha vendada y la camisa todav�a rasgada y manchada de sangre, aunque las runas de Izzy hab�an curado las heridas de debajo. Supon�a que podr�a haberse aplicado ella misma las <emphasis>iratzes</emphasis>, pero resultaba agradable tener a alguien que se ocupase de ella, e Izzy, a pesar de no ser la persona m�s cari�osa del mundo, pod�a ser muy aplicada y amable cuando se lo propon�a-. Y gracias por presentarte all� y salvarme la vida de lo que quiera que fuera aquello�</p><p>��Un demonio Hydra. Ya te lo he dicho. Tienen muchas cabezas, pero son bastante tontos. Y antes de que yo apareciese no lo hab�as hecho del todo mal. Me ha gustado lo que has hecho con el <emphasis>athame</emphasis>. Una buena idea estando bajo aquella presi�n. Eso forma parte de ser un cazador de sombras tanto como aprender a llenar de agujeros todo tipo de cosas. -Isabelle se dej� caer en la cama al lado de Clary y suspir�-. Seguramente me acerque a ver qu� encuentro sobre la iglesia de Talto antes de que regrese el C�nclave. Quiz� nos ayudar� a comprender de qu� va todo esto. Lo del hospital, los beb�s� -Se estremeci�-. No me gusta nada.</p><p>Clary le hab�a contado a Isabelle todo lo que pod�a sobre los motivos que la hab�an conducido a la iglesia, incluso lo del beb� demonio del hospital, aunque hab�a fingido ser s�lo ella la implicada y hab�a mantenido a su madre al margen de toda la historia. Isabelle hab�a puesto una cara de asco tremenda cuando Clary le hab�a explicado que el beb� parec�a un reci�n nacido normal y corriente excepto por aquellos ojos negros tan abiertos y las garras en lugar de manitas.</p><p>��Creo que estaban intentando crear otro beb� como� como mi hermano. Creo que experimentaron con una pobre mundana -dijo Clary-. Y que no fue capaz de asumirlo cuando el beb� naci� y se volvi� loca. Pero� �qui�n podr�a hacer una cosa as�? �Alguno de los seguidores de Valentine? �Tal vez alguno de los que no fueron capturados est� ahora intentando continuar su obra?</p><p>��Tal vez. O quiz� simplemente se trate de un culto de adoraci�n al demonio. Hay muchos cultos de ese tipo. Aunque me cuesta imaginarme por qu� alguien querr�a crear m�s criaturas como Sebastian. -Su voz cobr� un matiz de odio al pronunciar aquel nombre.</p><p>��En realidad se llamaba Jonathan�</p><p>��Jonathan es el nombre de Jace -dijo Isabelle muy tensa-. No pienso llamar a ese monstruo con el nombre de mi hermano. Para m� siempre ser� Sebastian.</p><p>Clary se vio obligada a reconocer que Isabelle ten�a cierta raz�n. Tambi�n a ella le hab�a costado pensar en �l como Jonathan. Supon�a que aquello era no hacerle justicia al verdadero Sebastian, pero nadie lo hab�a conocido. Resultaba mucho m�s f�cil asociar el nombre de un desconocido al malvado hijo de Valentine que llamarlo por un nombre que lo hac�a parecer m�s cercano a su familia, m�s cercano a su vida.</p><p>Isabelle continu� hablando despreocupadamente, aunque Clary sab�a que su cabeza no dejaba de funcionar, considerando varias posibilidades.</p><p>��Me alegro de que me enviaras aquel mensaje de texto. Adivin� por tu mensaje que algo iba mal y, francamente, estaba aburrida. Todo el mundo estaba fuera con esos asuntos secretos del C�nclave y yo no hab�a querido ir, porque Simon iba a estar presente y ahora lo odio.</p><p>���Que Simon est� con el C�nclave? -Clary se qued� pasmada. Al llegar al Instituto se hab�a dado cuenta de que estaba m�s vac�o de lo habitual. Jace, evidentemente, no estaba, aunque tampoco esperaba que estuviese� no sab�a por qu�-. He hablado con �l esta ma�ana y no me ha mencionado que fuera a hacer algo con ellos -a�adi� Clary.</p><p>Isabelle se encogi� de hombros.</p><p>��Se trata de algo relacionado con el politiqueo de los vampiros. Es lo �nico que s�.</p><p>���Crees que Simon estar� bien?</p><p>Isabelle respondi� exasperada:</p><p>��Ya no necesita tu protecci�n, Clary. Tiene la Marca de Ca�n. Por mucho que le peguen, le disparen, lo ahoguen y lo apu�alen, no le va a pasar nada. -Mir� fijamente a Clary-. Me he fijado en que no me has preguntado por qu� odio a Simon -declar�-. �Tengo que entender por ello que estabas al corriente de que me pon�a los cuernos?</p><p>��Lo estaba -reconoci� Clary-. Y lo siento.</p><p>Isabelle hizo caso omiso a su confesi�n.</p><p>��Eres su mejor amiga. Habr�a sido raro que no lo supieras.</p><p>��Deber�a hab�rtelo contado -dijo Clary-. Es s�lo que� que nunca tuve la sensaci�n de que fueras en serio con Simon, �me explico?</p><p>Isabelle puso mala cara.</p><p>��No iba en serio. Pero� lo que pasa es que me imaginaba que �l s� se lo tomaba en serio. Como yo estaba tan fuera de sus posibilidades� Supongo que esperaba de �l algo mejor de lo que suelo esperar de los dem�s t�os.</p><p>��A lo mejor-dijo Clary en voz baja-, Simon no deber�a andar saliendo con alguien que piensa que est� fuera de sus posibilidades. -Isabelle se qued� mir�ndola y Clary not� que se le sub�an los colores-. Lo siento. Vuestra relaci�n no es de mi incumbencia.</p><p>Isabelle estaba haci�ndose un mo�o con el pelo, un gesto que sol�a practicar cuando estaba tensa.</p><p>��No, no lo es. La verdad es que podr�a haberte preguntado por qu� me enviaste un SMS a m� pidi�ndome que acudiera a la iglesia a reunirme contigo y no se lo enviaste a Jace, pero no lo he hecho. No soy est�pida. S� que algo va mal entre vosotros dos, por mucho que vay�is peg�ndoos el lote en los callejones. -Mir� con inter�s a Clary-. �Os hab�is acostado ya?</p><p>Clary not� que se sonrojaba.</p><p>���Qu�? No, no nos hemos acostado, pero no entiendo qu� tiene que ver ese detalle con todo esto.</p><p>��No tiene absolutamente nada que ver -replic� Isabelle, rematando su mo�o-. No era m�s que curiosidad lasciva. �Y qu� es lo que te lo impide?</p><p>��Isabelle� -Clary recogi� las piernas, se abraz� las rodillas y suspir�-. Nada. Simplemente nos estamos tomando un tiempo. Yo nunca� ya sabes.</p><p>��Jace s� -dijo Isabelle-. Bueno, me imagino que s�. No lo s� seguro. Pero si alguna vez necesitas algo� -Dej� la frase suspendida en el aire.</p><p>���Necesito algo?</p><p>��Protecci�n. Ya sabes: tienes que ir con cuidado -dijo Isabelle. Su tono era igual de pr�ctico que si estuviese hablando sobre botones de recambio-. Cabr�a pensar que el �ngel fue lo bastante precavido como para darnos una runa para el control de la natalidad, pero ni por �sas.</p><p>��Por supuesto que ir�a con cuidado -farfull� Clary, con las mejillas encendidas-. Ya basta. Todo esto me resulta inc�modo.</p><p>��No es m�s que una conversaci�n de chicas -dijo Isabelle-. Te resulta inc�modo porque te has pasado toda la vida con Simon como �nico amigo. Y a �l no puedes hablarle de Jace. Eso s� que te resultar�a inc�modo.</p><p>���De verdad que Jace no te ha comentado nada? �Sobre lo que le preocupa? -dijo Clary sin apenas voz-. �Me lo prometes?</p><p>��No es necesario que lo haga -dijo Isabelle-. Viendo c�mo te comportas t�, y con Jace andando por ah� como si acabara de mor�rsele alguien, es normal que me haya dado cuenta de que algo va mal. Deber�as haber venido antes a hablar conmigo.</p><p>���Piensas, al menos, que �l est� bien? -pregunt� Clary, hablando muy despacio.</p><p>Isabelle se levant� de la cama y se la qued� mirando.</p><p>��No -respondi�-. No est� demasiado bien. �Y t�?</p><p>Clary neg� con la cabeza.</p><p>��Me parece que no -dijo Isabelle.</p><empty-line/><p>Para sorpresa de Simon, despu�s de que Camille viera aparecer a los cazadores de sombras, ni siquiera intent� mantenerse firme. Se ech� a gritar y corri� hacia la puerta, pero se qued� paralizada al ver que era de d�a y que salir del banco significar�a morir incinerada en cuesti�n de segundos. Sofoc� un grito y se agazap� contra la pared, con los colmillos al descubierto y un grave siseo emergiendo de su garganta.</p><p>Simon retrocedi� cuando los cazadores de sombras del C�nclave, vestidos de negro como una manada de cuervos, se api�aron a su alrededor; vio a Jace, su cara seria y p�lida como el m�rmol blanco, atravesar con un sable a uno de los sirvientes humanos cuando pas� por su lado, con la misma facilidad con la que cualquiera aplastar�a una mosca. Maryse avanz� con paso majestuoso; su melena negra al viento le record� a Simon la de Isabelle. Despach� al segundo y acobardado ac�lito con un movimiento zigzagueante de su cuchillo seraf�n y avanz� a continuaci�n en direcci�n a Camille, blandiendo su resplandeciente arma. Jace la flanqueaba por un lado y, por el otro, un cazador de sombras al que no conoc�a, un hombre alto con runas negras enroscadas como zarcillos dibujadas en su antebrazo.</p><p>El resto de los cazadores de sombras se hab�a dispersado para realizar una batida por todo el banco, examin�ndolo con aquellos raros artefactos que utilizaban -sensores- e inspeccionando hasta el �ltimo rinc�n en busca de actividad demon�aca. Hicieron caso omiso a los cad�veres de los sirvientes humanos de Camille, que yac�an inm�viles sobre charcos de sangre negruzca. Hicieron caso omiso a Simon. Podr�a perfectamente haber sido una columna m�s del edificio, por la escasa atenci�n que le prestaron.</p><p>��Camille Belcourt -dijo Maryse, y su voz reson� en las paredes de m�rmol-. Has quebrantado la Ley y est�s por ello sujeta a los castigos de la Ley. �Te rendir�s y vendr�s con nosotros, o luchar�s?</p><p>Camille estaba llorando, sin tratar de ocultar sus l�grimas, que estaban manchadas de sangre y resbalaban por su blanco rostro. Dijo entonces, con voz entrecortada:</p><p>��Walker� y mi Archer�</p><p>Maryse estaba perpleja. Se dirigi� al hombre que se encontraba a su izquierda:</p><p>��Pero �qu� dice, Kadir?</p><p>��Se refiere a sus sirvientes humanos -respondi� el hombre-. Creo que est� llorando su muerte.</p><p>Maryse movi� la mano con un gesto despreciativo.</p><p>��Tener sirvientes humanos va contra la Ley.</p><p>��Los convert� en mis sirvientes antes de que los subterr�neos estuvi�ramos sujetos a tus execrables leyes, mala bruja. Llevaban doscientos a�os conmigo. Eran como hijos para m�.</p><p>La mano de Maryse se tens� sobre la empu�adura de su espada.</p><p>���Qu� sabr�s t� de hijos? -susurr�-. �Qu� saben los tuyos de otra cosa que no sea destruir?</p><p>La cara cubierta de l�grimas de Camille destell� triunfante por un segundo.</p><p>��Lo sab�a -dijo-. Por mucho que digas, por muchas mentiras que cuentes, odias a los de nuestra especie. �No es as�?</p><p>El rostro de Maryse se puso tenso.</p><p>��Cogedla -dijo-. Llevadla al Santuario.</p><p>Jace se coloc� r�pidamente al lado de Camille y la cogi� por un brazo; Kadir por el otro. Y entre los dos la inmovilizaron.</p><p>��Camille Belcourt, se te acusa de asesinar a humanos -declar� Maryse-. Y de asesinar a cazadores de sombras. Ser�s conducida al Santuario, donde ser�s interrogada. La pena correspondiente al asesinato de cazadores de sombras es la muerte, pero es posible que si cooperas, se te perdone la vida. �Lo has entendido? -pregunt� a continuaci�n.</p><p>Camille hizo un gesto desafiante con la cabeza.</p><p>��S�lo responder� ante un hombre -dijo-. Si no lo tra�is ante m�, no os contar� nada. Puedes matarme, pero no te dir� nada.</p><p>��Muy bien -dijo Maryse-. �Y qu� hombre es �se?</p><p>Camille ense�� los colmillos.</p><p>��Magnus Bane.</p><p>���Magnus Bane? -Maryse se qued� at�nita-. �El gran brujo de Brooklyn? �Y por qu� quieres hablar con �l?</p><p>��Eso se lo responder� a �l -dijo Camille-. De lo contrario, no responder� a nadie.</p><p>Y eso fue todo. No articul� ni una palabra m�s. Simon la vio marcharse arrastrada por los dos cazadores de sombras. Pero no experiment� ning�n tipo de sensaci�n de triunfo, como se habr�a imaginado. Se sent�a vac�o, y curiosamente, con n�useas. Baj� la vista hacia los cuerpos de los sirvientes asesinados; no es que fueran muy de su agrado, pero en ning�n momento pidieron encontrarse donde estaban. En cierto sentido, quiz� tampoco lo hubiera pedido Camille. Pero para los nefilim era un monstruo. Y tal vez no s�lo porque hubiera matado a cazadores de sombras; sino tambi�n porque tal vez, en realidad, no ten�an manera de considerarla otra cosa.</p><p>Empujaron a Camille hacia el interior del Portal; Jace segu�a al otro lado, indic�ndole con impaciencia a Simon que lo siguiera.</p><p>����Vienes o no!? -le grit�.</p><p>�Por mucho que digas, por muchas mentiras que cuentes, odias a los de nuestra especie.�</p><p>��Voy -dijo Simon, y ech� a andar a rega�adientes.</p></section><section><title><p>12 SANTUARIO</p></title><p>���Por qu� crees que Camille querr� ver a Magnus? -pregunt� Simon.</p><p>�l y Jace estaban de pie junto a la parte trasera del Santuario, que era una sala enorme que se comunicaba mediante un estrecho pasillo con el edificio principal del Instituto. No formaba parte del Instituto per se; pues se hab�a dejado sin consagrar expresamente para poder ser utilizado como un espacio donde retener a demonios y a vampiros. Los Santuarios, seg�n hab�a informado Jace a Simon, hab�an pasado un poco de moda desde que se invent� la Proyecci�n, pero de vez en cuando el suyo les hab�a resultado �til. Y, por lo que se ve�a, �sta era una de esas ocasiones.</p><p>Era una sala grande, con paredes de piedra y columnas, con una entrada tambi�n de piedra a la que se acced�a a trav�s de unas puertas dobles; la entrada daba paso al corredor que conectaba la sala con el Instituto. Enormes marcas en el suelo de piedra dejaban constancia de que lo que fuera que hubiera estado encerrado all� hac�a a�os, debi� de haber sido bastante desagradable� y grande. Simon no pudo evitar preguntarse en cu�ntas salas enormes llenas de columnas como aqu�lla acabar�a teniendo que pasar su tiempo. Camille estaba de pie junto a una de las columnas, con las manos a la espalda, flanqueada por dos guerreros de los cazadores de sombras. Maryse deambulaba arriba y abajo, dialogando con Kadir, tratando, evidentemente, de elaborar un plan. La sala no ten�a ventanas, por razones obvias, pero estaba llena de antorchas con luz m�gica que otorgaban a la escena un peculiar resplandor blanquecino.</p><p>��No s� -dijo Jace-. A lo mejor quiere algunos consejos sobre moda.</p><p>���Ja! -dijo Simon-. Y ese tipo que est� con tu madre �qui�n es? Su cara me suena.</p><p>��Es Kadir -dijo Jace-. Seguramente conociste a su hermano. Malik. Muri� en el ataque contra el barco de Valentine. Kadir es la segunda persona en importancia del C�nclave, despu�s de mi madre. Ella conf�a mucho en �l.</p><p>Mientras Simon miraba, Kadir tir� de los brazos de Camille para que rodearan el pilar y la encaden� sujet�ndola por las mu�ecas. La vampira grit�.</p><p>��Metal bendecido -dijo Jace, sin el m�nimo atisbo de emoci�n-. Les quema.</p><p>�Les quema -pens� Simon-. Querr�s decir �os quema�. Yo soy como ella. Que t� me conozcas no me hace en absoluto distinto.�</p><p>Camille gimoteaba. Kadir retrocedi�, con su rostro impasible. Runas oscuras sobre su oscura piel recorr�an en espiral la totalidad de sus brazos y su cuello. Se volvi� para decirle alguna cosa a Maryse; Simon capt� las palabras �Magnus� y �mensaje de fuego�.</p><p>��Otra vez Magnus -dijo Simon-. Pero �no estaba de viaje?</p><p>��Magnus y Camille son viejos de verdad -dijo Jace-. Me imagino que no es tan raro que se conozcan. -Hizo un gesto de indiferencia, evidenciando con ello su falta de inter�s por el tema-. De todos modos, estoy seguro de que acabar�n convocando a Magnus. Maryse quiere informaci�n, y la quiere por encima de todo. Sabe que Camille no mat� a esos cazadores de sombras simplemente por su sangre. Existen formas m�s simples de conseguir sangre.</p><p>Simon pens� por un momento en Maureen y se sinti� enfermo.</p><p>��Bien -dijo, intentando mostrarse indiferente-. Supongo que esto significa que Alec volver� con �l. Eso est� bien, �no?</p><p>��Claro. -La voz de Jace son� ex�nime. No ten�a buen aspecto; la luz blanquecina de la sala otorgaba a los �ngulos de sus p�mulos un nuevo y afilado relieve, dejando claro que se hab�a adelgazado. Ten�a las u�as comidas y convertidas en sangrientos mu�ones y luc�a oscuras ojeras.</p><p>��Al menos tu plan ha funcionado -a�adi� Simon, tratando de inyectar un poco de alegr�a a las desgracias de Jace. Que Simon hiciera una foto con el tel�fono m�vil y la enviara al C�nclave hab�a sido idea de Jace. Y gracias a ello hab�an podido acceder mediante un Portal al lugar donde Simon se encontraba-. Fue una idea genial.</p><p>��Sab�a que funcionar�a. -Los cumplidos aburr�an a Jace. Levant� la vista al ver que se abr�an las puertas dobles que conectaban con el Instituto. Era Isabelle, con su oscuro cabello balance�ndose de un lado a otro. Ech� un vistazo a la sala, sin apenas prestar atenci�n a Camille y a los dem�s cazadores de sombras, y se encamin� hacia donde estaban Jace y Simon, con las botas repiqueteando contra el suelo de piedra.</p><p>���De qu� va todo eso de interrumpir las vacaciones de los pobres Magnus y Alec? -pregunt� Isabelle sin m�s pre�mbulos-. �Seguramente tienen entradas para la �pera!</p><p>Jace se lo explic�, mientras Isabelle permanec�a delante de ellos con las manos en las caderas, ignorando por completo a Simon.</p><p>��De acuerdo -dijo, cuando Jace hubo terminado-. Pero me parece rid�culo. Lo hace para perder tiempo. �Qu� podr�a tener que decirle a Magnus? -Mir� a Camille por encima del hombro. La vampira estaba no s�lo cautiva con esposas, sino que adem�s la hab�an sujetado a la columna con interminables cadenas de oro plateado. Cruzaban su cuerpo a la altura del pecho, las rodillas e incluso los tobillos, inmoviliz�ndola por completo-. �Es metal bendecido?</p><p>Jace asinti�.</p><p>��Las esposas est�n recubiertas para protegerle las mu�ecas, pero si se mueve demasiado� -Emiti� el sonido de un chisporroteo. Simon, recordando c�mo le hab�an quemado las manos cuando hab�a tocado la Estrella de David en la celda de Idris, c�mo su piel se hab�a cubierto de sangre, tuvo que reprimir las ganas de arrearle un bofet�n.</p><p>��Pues mientras vosotros estabais por ah� atrapando vampiros, yo estaba en las afueras combatiendo contra un demonio Hydra -dijo Isabelle-. Con Clary.</p><p>Jace, que hasta el momento hab�a evidenciado el m�nimo inter�s por cualquier cosa que sucediera a su alrededor, dio un brinco.</p><p>���Con Clary? �Que la has llevado a cazar demonios contigo? Isabelle�</p><p>��Por supuesto que no. Cuando llegu�, ella ya andaba m�s que metida en la pelea.</p><p>���Y c�mo supiste que�?</p><p>��Me envi� un SMS -dijo Isabelle-. Y por eso fui. -Se examin� las u�as que, como era habitual en ella, estaban en perfecto estado.</p><p>���Que te envi� a ti un SMS? -Jace agarr� a Isabelle por la mu�eca-. �Se encuentra bien? �Ha sufrido alg�n da�o?</p><p>Isabelle baj� la vista hacia la mano que la sujetaba por la mu�eca y luego volvi� a levantarla para mirar a Jace a la cara. Simon no supo adivinar si estaba haci�ndole da�o, pero aquella mirada era capaz incluso de cortar el cristal, igual que el sarcasmo de su voz.</p><p>��S�, est� desangr�ndose arriba, pero he pensado no dec�rtelo de entrada, ya que me gusta el suspense.</p><p>Jace, como si de repente se hubiera dado cuenta de lo que estaba haciendo, solt� la mu�eca de Isabelle.</p><p>���Est� aqu�?</p><p>��Est� arriba -dijo Isabelle-. Descansando�</p><p>Pero Jace ya hab�a salido corriendo hacia la puerta de acceso, que cruz� como un rayo antes de perderse de vista. Isabelle, mir�ndolo, sacudi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>��No te habr�as imaginado que fuera a hacer otra cosa -dijo Simon.</p><p>Isabelle permaneci� un momento sin decir nada. Simon se pregunt� si tendr�a pensado pasarse la eternidad entera ignorando cualquier cosa que �l dijera.</p><p>��Lo s� -dijo por fin-. Simplemente me gustar�a saber qu� les sucede.</p><p>��No estoy muy seguro de que lo sepan ni siquiera ellos.</p><p>Isabelle parec�a preocupada, estaba mordi�ndose el labio inferior. De repente, ten�a casi el aspecto de una ni�a, inmersa excepcionalmente en un conflicto. Algo le pasaba, era evidente, y Simon esper� sin decir nada mientras ella tomaba alg�n tipo de decisi�n.</p><p>��No quiero ser as� -dijo-. Vamos. Quiero hablar contigo. -Ech� a andar hacia las puertas del Instituto.</p><p>���De verdad? -Simon estaba at�nito.</p><p>Ella se dio la vuelta y lo mir�.</p><p>��En estos momentos s�. Pero no puedo prometerte cu�nto me durar�.</p><p>Simon levant� las manos.</p><p>��Quiero hablar contigo, Iz. Pero no puedo entrar en el Instituto.</p><p>Isabelle frunci� el ce�o.</p><p>���Por qu�? -Se interrumpi�, mirando a Simon primero y luego a las puertas, despu�s a Camille, y de nuevo a Simon-. Oh. Es verdad. �Y c�mo has entrado aqu�?</p><p>��A trav�s del Portal -respondi� Simon-. Pero Jace me ha contado que hay un pasillo que conduce hasta unas puertas que dan al exterior. Para que los vampiros puedan entrar aqu� por la noche. -Se�al� una estrecha puerta abierta en una pared a escasos metros de distancia de donde se encontraban. Estaba cerrada con un cerrojo de hierro oxidado, como si hiciese tiempo que nadie la utilizaba.</p><p>Isabelle se encogi� de hombros.</p><p>��De acuerdo.</p><p>El cerrojo chirri� cuando Isabelle lo desliz� hacia un lado, proyectando una fina lluvia de motas de �xido rojo. Detr�s de la puerta hab�a una peque�a sala con muros de piedra, parecida a la sacrist�a de una iglesia, y unas puertas que con toda seguridad daban al exterior. No hab�a ventanas, pero por debajo de las puertas pasaba aire fr�o, e Isabelle, que llevaba un vestido muy corto, se estremeci�.</p><p>��Mira, Isabelle -dijo Simon, imagin�ndose que sobre �l reca�a la responsabilidad de iniciar la conversaci�n-. Siento mucho lo que he hecho. No tengo excusa para�</p><p>��No, no la tienes -dijo Isabelle-. Y mientras tanto, podr�as contarme por qu� andas por ah� con el t�o que convirti� a Maia en chica lobo.</p><p>Simon le relat� la historia que Jordan le hab�a contado, intentando que su explicaci�n sonara lo m�s imparcial posible. Ten�a la sensaci�n de que era importante contarle a Isabelle que �l no sab�a al principio qui�n era Jordan y tambi�n que Jordan estaba arrepentido de lo que hab�a hecho en su d�a.</p><p>��No es que esto lo arregle todo -dijo para finalizar-. Pero, mira� -�Todos hemos hecho cosas malas.� Pero no ten�a valor para explicarle lo de Maureen. No en aquel momento.</p><p>��Lo s� -dijo Isabelle-. Y he o�do hablar de los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis>. Supongo que si est�n dispuestos a acogerlo como miembro, es que no es un fracasado total. -Mir� a Simon con m�s atenci�n-. Aunque no entiendo por qu� necesitas t� que alguien te proteja. Tienes� -Le se�al� la frente.</p><p>��No puedo pasarme el resto de la vida tropez�ndome a diario con gente y destroz�ndolos por culpa de la Marca -dijo Simon-. Necesito saber qui�n intenta matarme. Jordan est� ayud�ndome a averiguarlo. Y Jace tambi�n.</p><p>���De verdad piensas que Jordan est� ayud�ndote? Porque la Clave tiene influencias en los <emphasis>Praetor</emphasis>. Podr�amos pedir que lo reemplazasen.</p><p>Simon dud�.</p><p>��S� -dijo-. Creo de verdad que me est� ayudando. Y no siempre podr� recurrir a la Clave.</p><p>��De acuerdo.</p><p>Isabelle se apoy� en la pared.</p><p>���Te has preguntado alguna vez por qu� soy tan distinta de mis hermanos? -pregunt� sin m�s pre�mbulos-. �De Alec y de Jace?</p><p>Simon pesta�e�.</p><p>���Te refieres a algo aparte de que t� eres una chica y ellos� no lo son?</p><p>��No. No me refiero a eso, idiota. M�ralos a ellos dos. No tienen problemas para enamorarse. Los dos est�n enamorados. Para siempre, por lo que parece. Est�n acabados. Mira a Jace. Ama a Clary como� como si en el mundo no hubiera nada m�s y como si nunca pudiera haber otra cosa. Alec igual. Y Max� -Se le quebr� la voz-. No s� qu� habr�a sucedido en su caso. Pero confiaba en todo el mundo. Mientras que yo, como habr�s podido comprobar, no conf�o en nadie.</p><p>��Cada uno es distinto -dijo Simon, tratando de sonar comprensivo-. Todo esto no significa que ellos sean m�s felices que t��</p><p>��Seguro que s� -dijo Isabelle-. �Piensas que no lo s�? -Mir� fijamente a Simon-. Conoces a mis padres.</p><p>��No muy bien. -Nunca se hab�an mostrado muy dispuestos a conocer al novio vampiro de Isabelle, una situaci�n que no hab�a servido para mejorar la sensaci�n que ten�a Simon de no ser m�s que el �ltimo de una larga lista de pretendientes poco adecuados.</p><p>��Ya sabes que ambos estuvieron en el C�rculo. Pero te apuesto a que no sabes que todo fue idea de mi madre. La verdad es que mi padre nunca fue un gran entusiasta de Valentine y de todo lo que le rodeaba. Y despu�s, cuando sucedi� todo aquello y fueron desterrados, y se dieron cuenta de que pr�cticamente hab�an destrozado su vida, creo que mi padre culp� a mi madre de todo. Pero ya hab�an tenido a Alec e iban a tenerme a m�, de modo que se qued�, aunque pienso que �l quer�a largarse. Y despu�s, cuando Alec tendr�a unos nueve a�os, encontr� a otra persona.</p><p>��Joder -dijo Simon-. �Tu padre enga�aba a tu madre? Eso� eso es terrible.</p><p>��Ella me lo cont� -dijo Isabelle-. Yo ten�a entonces trece a�os. Me cont� que mi padre iba a abandonarla, pero que entonces se enteraron de que ella estaba embarazada de Max y siguieron juntos. �l rompi� con la otra mujer. Mi madre no me cont� qui�n era ella. Simplemente me explic� que no se puede confiar en los hombres. Y me dijo que no se lo contara a nadie.</p><p>���Y lo hiciste? �Lo de no cont�rselo a nadie?</p><p>��Hasta este momento -dijo Isabelle.</p><p>Simon pens� en Isabelle m�s joven, guardando el secreto, sin cont�rselo nunca a nadie, escondi�ndoselo a sus hermanos. Sabiendo cosas sobre su familia que ellos nunca sabr�an.</p><p>��No tendr�a que haberte pedido que hicieras eso -dijo Simon, repentinamente enfadado-. No fue justo.</p><p>��Tal vez -dijo Isabelle-. Pero yo cre� que era algo que me hac�a especial. No pens� en aquel momento c�mo pod�a influirme. Pero ahora veo a mis hermanos entregar su coraz�n y pienso: ��Sab�is lo qu� os hac�is?�. Los corazones se parten. Y aunque se curen, nunca vuelves a ser el de antes.</p><p>��Tal vez eres alguien mejor -dijo Simon-. Yo s� que soy mejor.</p><p>��Te refieres a Clary -dijo Isabelle-. Porque ella te parti� el coraz�n.</p><p>��En pedacitos. �Sabes? Cuando alguien prefiere a su propio hermano antes que a ti, no es precisamente algo que refuerce tu confianza en ti mismo. Pens� que tal vez cuando se diera cuenta de que nunca le funcionar�a con Jace, lo dejar�a correr y volver�a a m�. Pero al final comprend� que nunca dejar�a de querer a Jace, independientemente de que la cosa pudiera funcionar o no con �l. Y supe que si ten�a que estar conmigo s�lo porque no pod�a estar con �l, prefer�a estar solo, por eso lo termin�.</p><p>��No sab�a que hab�as sido t� quien cortaste con ella -dijo Isabelle-. Me imaginaba�</p><p>���Que yo no ten�a amor propio? -Simon esboz� una cautelosa sonrisa.</p><p>��Cre�a que segu�as enamorado de Clary -dijo Isabelle-. Y que por eso no pod�as salir en serio con nadie.</p><p>��Porque t� s�lo eliges a t�os que nunca ir�n en serio contigo -dijo Simon-. Para no tener que ir en serio con ellos.</p><p>Isabelle se lo qued� mirando con ojos brillantes, pero no dijo nada.</p><p>��Te tengo mucho cari�o -dijo Simon-. Siempre te lo he tenido.</p><p>Ella dio un paso hacia �l. Estaban muy juntos en aquella peque�a estancia y �l pod�a escuchar el sonido de su respiraci�n y, por debajo, el pulso m�s d�bil del latido de su coraz�n. Ol�a a champ� y a sudor y a perfume de gardenia y a sangre de cazador de sombras.</p><p>Pensar en sangre le record� a Maureen y su cuerpo se puso tenso. Isabelle se dio cuenta -claro que se dio cuenta, era una guerrera, sus sentidos captaban el m�s leve movimiento de cualquiera- y se retir� con su expresi�n m�s adusta.</p><p>��Muy bien -dijo-. Me alegro de que hayamos hablado.</p><p>��Isabelle�</p><p>Pero ya se hab�a ido. Corri� hacia el Santuario tras ella, pero Isabelle era veloz. Cuando la puerta de la sacrist�a se cerr� a sus espaldas, ella ya casi hab�a cruzado la sala. Simon lo dej� correr y la vio desaparecer por las dobles puertas hacia el Instituto, consciente de que no pod�a seguirla.</p><empty-line/><p>Clary se sent� y movi� la cabeza para salir de su estado de aturdimiento. Tard� un rato en recordar d�nde estaba: en un dormitorio del Instituto; la �nica luz de la habitaci�n entraba a trav�s de una solitaria ventana en lo alto. Era luz azulada, luz crepuscular. Estaba envuelta en una manta; sus pantalones, chaqueta y zapatos estaban apilados en una silla junto a la cama. Y a su lado estaba Jace, mir�ndola, como si so�ando con �l hubiera conjurado su presencia.</p><p>Estaba sentado a su lado en la cama, vestido con su equipo de combate, como si acabara de llegar de una batalla, con el pelo alborotado, la tenue luz que entraba por la ventana iluminando las sombras bajo sus ojos, sus sienes hundidas, los huesos de sus mejillas. Bajo aquella luz ten�a la belleza extrema y casi irreal de un cuadro de Modigliani, planos y �ngulos alargados.</p><p>Clary se restreg� los ojos para ahuyentar el sue�o.</p><p>���Qu� hora es? -pregunt�-. �Cu�nto tiempo�?</p><p>Jace la atrajo hacia �l y la bes�, y por un instante Clary se qued� inm�vil, consciente de repente de que lo �nico que llevaba encima era una camiseta fina y la ropa interior. Pero se deshizo de aquel pensamiento al sentirse pegada a �l. Era un beso prolongado de aquellos que la hac�an agua por dentro. El tipo de beso que pod�a llevarla a pensar que todo iba bien, que todo era como antes, y que �l simplemente se alegraba de verla. Pero cuando las manos de Jace fueron a levantar la camiseta, ella lo apart�.</p><p>��No -dijo, sujet�ndole las mu�ecas-. No puedes dedicarte a sobarme cada vez que me ves. Eso no sustituye que hablemos en serio de todo.</p><p>�l respir� hondo y dijo:</p><p>���Por qu� le enviaste el SMS a Isabelle y no a m�? Si te hab�as metido en problemas�</p><p>��Porque sab�a que ella vendr�a -dijo Clary-. Y no s� si t� lo habr�as hecho. No en ese momento.</p><p>��Si te hubiera pasado cualquier cosa�</p><p>��Pues me imagino que al final te habr�as enterado igualmente. Cuando te dignaras a coger el tel�fono, ya sabes. -Segu�a sujet�ndolo por las mu�ecas, pero las solt� entonces y se recost� en la cama. Resultaba duro, f�sicamente duro, estar tan cerca de �l y no tocarlo, pero se oblig� a descansar las manos sobre sus costados y a mantenerlas all� quietas-. O me cuentas qu� sucede, o ya puedes ir saliendo de esta habitaci�n.</p><p>Jace abri� la boca, pero no dijo nada; Clary no recordaba haberle hablado de un modo tan duro desde hac�a mucho tiempo.</p><p>��Lo siento -dijo Jace por fin-. Mira, ya s� que, tal y como me estoy comportando, no tendr�as por qu� tener motivos para escucharme. Y seguramente no deber�a haber venido aqu�. Pero cuando Isabelle me ha dicho que estabas herida, no he podido evitarlo.</p><p>��Unas pocas quemaduras -dijo Clary-. Nada importante.</p><p>��Todo lo que a ti te pase es importante para m�.</p><p>��Pues eso debe explicar por qu� no me devolviste al instante la llamada. Y la �ltima vez que nos vimos, saliste huyendo sin explicarme por qu�. Es como salir con un fantasma.</p><p>Jace hizo una leve mueca.</p><p>��No del todo. Isabelle sali� con un fantasma. Ella podr�a explicarte�</p><p>��No -dijo Clary-. Era una met�fora. Y sabes perfectamente bien a qu� me refer�a.</p><p>Jace se qued� un instante en silencio. Y dijo a continuaci�n:</p><p>��D�jame ver las quemaduras.</p><p>Clary extendi� los brazos. La parte interior de las mu�ecas, en los puntos donde le hab�a salpicado la sangre del demonio, estaba cubierta por llamativas manchas rojas. Jace le cogi� las mu�ecas, con mucho cuidado, levantando primero la vista como queri�ndole pedir permiso, y las mir� y las volvi� a mirar. Clary record� la primera vez que Jace la hab�a tocado, en la calle delante de Java Jones, buscando en sus manos Marcas que no ten�a.</p><p>��Sangre de demonio -dijo-. Desaparecer�n en cuesti�n de horas. �Te duelen?</p><p>Clary neg� con la cabeza.</p><p>��No lo sab�a -dijo Jace-. No sab�a que me necesitabas.</p><p>A Clary le tembl� la voz.</p><p>��Siempre te necesito.</p><p>Jace inclin� la cabeza y bes� la quemadura de la mu�eca. Clary sinti� una oleada de calor, como si un clavo ardiente le recorriera el cuerpo desde la mu�eca hasta la boca del est�mago.</p><p>��No me di cuenta -dijo Jace. Bes� la siguiente quemadura, en el antebrazo, y la otra, ascendiendo por el brazo en direcci�n a su hombro, mientras la presi�n de su cuerpo la forzaba a quedarse tendida sobre las almohadas, mir�ndolo. �l se recost� sobre el codo para no aplastarla con su peso y la mir� tambi�n.</p><p>Los ojos de �l siempre se oscurec�an cuando la besaba, como si el deseo alterara su color de un modo fundamental. Luc�an ahora de un color oro oscuro. Acarici� la marca blanca en forma de estrella del hombro de Clary, la que era pareja a la suya. La que los marcaba a ambos como los hijos de quienes hab�an tenido contacto con los �ngeles.</p><p>��S� que �ltimamente me he comportado de un modo extra�o -dijo-. Pero t� no tienes nada que ver. Te quiero. Eso no cambia nunca.</p><p>��Entonces �qu�?</p><p>��Pienso en todo lo que pas� en Idris, en Valentine, Max, Hodge, Sebastian incluso. Intento enterrarlo, intento olvidarlo, pero es m�s fuerte que yo. Buscar� buscar� ayuda. Me encontrar� mejor. Te lo prometo.</p><p>��Me lo prometes.</p><p>��Te lo juro por el �ngel. -Agach� la cabeza, le dio un beso en la mejilla-. Al infierno con eso. Lo juro por nosotros.</p><p>Clary tir� de la manga de su camiseta.</p><p>���Por qu� por nosotros?</p><p>��Porque no hay nada en lo que crea m�s. -Lade� la cabeza-. Si nos cas�ramos� -empez� a decir Jace, y debi� de notar que Clary se tensaba bajo su peso, pues sonri�-. Que no cunda el p�nico, no estoy proponi�ndote matrimonio aqu� mismo. Simplemente me preguntaba qu� sab�as acerca de las bodas de los cazadores de sombras.</p><p>��Que no hay anillos -dijo Clary, acarici�ndole la nuca, all� donde su piel era tan suave-. S�lo runas.</p><p>��Una aqu� -dijo �l, acarici�ndole el brazo delicadamente con la punta de un dedo, all� donde estaba la herida-. Y otra aqu�. -Ascendi� con el dedo �ndice por el brazo, hacia la clav�cula, y descendi� hasta posarlo sobre el acelerado coraz�n de Clary-. Es un ritual extra�do del Cantar de los Cantares de Salom�n: �Ponme un sello sobre t� coraz�n, como una marca sobre tu brazo; porque el amor es fuerte como la muerte�.</p><p>��El nuestro es m�s fuerte que eso -murmur� Clary, recordando c�mo hab�a revivido a Jace. Y esta vez, cuando los ojos de �l se oscurecieron, ella lo atrajo hacia su boca.</p><p>Estuvieron mucho tiempo bes�ndose, hasta que la luz se desvaneci� casi por completo y quedaron convertidos en simples sombras. Pero Jace no movi� las manos ni intent� tocarla y Clary intuy� que estaba esperando a que ella le diera permiso.</p><p>Comprendi� que tendr�a que ser ella la que decidiera si quer�a llegar m�s lejos� y quer�a. Jace hab�a reconocido que algo iba mal y que ese algo no ten�a nada que ver con ella. Era un avance, un avance positivo. Y se merec�a una recompensa por ello, �o no? Esboz� una sonrisita. �A qui�n pretend�a enga�ar? Ella deseaba m�s. Porque �l era Jace, porque le amaba, porque era tan atractivo que a veces sent�a la necesidad de pellizcarlo en el brazo para asegurarse de que era de verdad. Y eso fue lo que hizo en aquel momento.</p><p>���Ay! -dijo �l-. �Por qu� has hecho eso?</p><p>��Qu�tate la camiseta -le susurr� ella. Hizo descender la mano hasta el extremo de la camiseta, pero �l lleg� antes. Se la pas� por la cabeza y la dej� caer de cualquier manera en el suelo. Movi� la cabeza de un lado a otro, agitando su cabello; Clary casi esperaba que los brillantes mechones dorados iluminaran con chispas la oscuridad de la habitaci�n.</p><p>�Si�ntate -le dijo ella en voz baja. El coraz�n le lat�a con fuerza. No sol�a tomar la iniciativa en aquel tipo de situaciones, pero a �l no pareci� importarle. Jace se sent�, lentamente, tirando de ella hasta que los dos estuvieron sentados entre aquel l�o de mantas. Ella se acomod� en su regazo, entre sus piernas. Estaban cara a cara. Le escuch� contener la respiraci�n cuando levant� las manos dispuesto a quitarle la camiseta, pero Clary se las cogi� y las hizo descender a sus costados, posando las manos sobre el cuerpo de �l. Observ� sus dedos desliz�ndose por su pecho y sus brazos, la forma consistente de sus b�ceps entrelazados por Marcas negras, la marca en forma de estrella de su hombro. Recorri� con el dedo �ndice la l�nea que separaba sus pectorales, la dura tableta de su est�mago. Ambos respiraban con dificultad cuando ella alcanz� la hebilla del cintur�n, pero �l no se movi�, sino que se limit� a mirarla como queri�ndole decir �Lo que t� desees��.</p><p>Con el coraz�n lati�ndole con fuerza, Clary acerc� las manos al extremo de su camiseta y se la pas� tambi�n por la cabeza. Le habr�a gustado llevar un sujetador m�s excitante -el que llevaba era uno sencillo de algod�n blanco-, pero cuando volvi� a levantar la vista y vio la expresi�n de Jace, aquella idea se evapor� por completo. Ten�a la boca entreabierta, sus ojos casi negros; se ve�a reflejada en ellos y supo entonces que a �l le daba lo mismo que el sujetador fuera blanco, negro o verde fluorescente. S�lo la ve�a a ella.</p><p>Busc� sus manos y las coloc� en su cintura, como queri�ndole decir con ello: �Ahora puedes tocarme�. �l lade� la cabeza y la boca de ella se uni� con la suya, y empezaron a besarse de nuevo, un beso salvaje en lugar de l�nguido, un fuego ardiente que lo consum�a todo con rapidez. Las manos de �l eran febriles: estaban en el cabello de ella, en su cuerpo, tirando de ella hacia abajo para que quedara acostada debajo de �l, y mientras su piel desnuda resbalaba unida, cobr� plena conciencia de que entre ellos no hab�a m�s ropa que los vaqueros de �l y su sujetador y sus braguitas. Clary enred� los dedos en su sedoso cabello despeinado, sujet�ndole la cabeza mientras �l descend�a a besos por su cuello. ��Hasta d�nde vamos a llegar? �Qu� estamos haciendo?�, preguntaba un rinc�n de su cerebro, pero el resto de su cabeza le gritaba a viva voz a esa peque�a parte orden�ndole que se callara. Deseaba seguir toc�ndolo, bes�ndolo; deseaba que �l la abrazara y saber que era real, que estaba all� con ella, y que nunca jam�s volver�a a marcharse.</p><p>Los dedos de Jace localizaron el cierre del sujetador. Se puso tensa. Los ojos de �l eran grandes y luminosos en la oscuridad, su sonrisa lenta.</p><p>���Va todo bien?</p><p>Se limit� a asentir. La respiraci�n de Clary era cada vez m�s acelerada. Nadie la hab�a visto jam�s sin sujetador, ning�n chico. Como si intuyera su nerviosismo, �l le cogi� con delicadeza la cara con una mano; sus labios jugueteaban con los de ella, acarici�ndolos hasta que ella not� su cuerpo estremeci�ndose de tensi�n. La palma de la mano derecha de �l le acarici� la mejilla, despu�s el hombro, tranquiliz�ndola. Pero a�n estaba nerviosa, esperando que la otra mano regresara al cierre del sujetador, que volviera a tocarla, pero le pareci� que buscaba algo que ten�a detr�s� pero �qu� hac�a?</p><p>Clary pens� de repente en lo que le hab�a dicho Isabelle en relaci�n a ir con cuidado. Se puso r�gida y se ech� hacia atr�s.</p><p>��Jace, no estoy segura de�</p><p>Hubo un destello de plata en la oscuridad, y algo fr�o y afilado se desliz� por el lateral de su brazo. Lo �nico que sinti� en el primer momento fue sorpresa� despu�s dolor. Retir� las manos, pesta�eando, y vio un hilillo de sangre oscura goteando sobre su piel en el lugar donde un corte poco profundo recorr�a su antebrazo, desde el hombro hasta el codo.</p><p>��Ay -dijo, m�s por rabia y sorpresa que por dolor-. �Qu�?</p><p>Jace se apart� corriendo de ella y salt� de la cama en un �nico movimiento. De pronto estaba en el centro de la habitaci�n, sin camiseta, con el rostro blanco como el hueso.</p><p>Llev�ndose la mano al brazo herido, Clary empez� a incorporarse.</p><p>��Jace, �qu�?</p><p>Se interrumpi�. Jace ten�a un cuchillo en la mano izquierda, el cuchillo con empu�adura de plata que hab�a visto en la caja y que pertenec�a a su padre. La hoja estaba manchada con un fino hilo de sangre.</p><p>Clary baj� la vista hacia su mano y volvi� a levantarla, para mirar a Jace.</p><p>��No entiendo�</p><p>Jace abri� la mano y el cuchillo cay� al suelo con un estr�pito. Por un segundo dio la impresi�n de que iba a salir otra vez huyendo, igual que hab�a hecho fuera del bar. Pero cay� arrodillado al suelo, llev�ndose las manos a la cabeza.</p><empty-line/><p>��Me gusta esa chica -dijo Camille cuando las puertas se cerraron detr�s de Isabelle-. Me recuerda un poco a m�.</p><p>Simon se volvi� para mirarla. El Santuario estaba en penumbra, pero pod�a verla con claridad, apoyada a la columna, con las manos atadas a su espalda. Un vigilante de los cazadores de sombras continuaba apostado junto a las puertas de acceso al Instituto, pero o bien no hab�a o�do el comentario de Camille, o bien le tra�a sin cuidado.</p><p>Simon se acerc� un poco a Camille. Las ataduras que le imped�an moverse ejerc�an sobre �l una extra�a fascinaci�n. Metal bendecido. La cadena brillaba levemente sobre su p�lida piel y a Simon le pareci� ver alg�n que otro hilillo de sangre manchando las mu�ecas, junto a las esposas.</p><p>��No se parece en nada a ti.</p><p>��Eso es lo que t� te crees. -Camille lade� la cabeza; era como si acabase de peinarse su pelo rubio, aunque Simon sab�a que eso era imposible-. S� que amas a tus amigos cazadores de sombras -dijo-. Igual que el halc�n ama al amo que lo mantiene cautivo y cegado.</p><p>��La cosa no funciona as� -dijo Simon-. Los cazadores de sombras y los subterr�neos no son enemigos.</p><p>��Ni siquiera puedes entrar en su casa -dijo Camille-. Te cierran la puerta en las narices. Y aun as� sigues ansioso por servirles. Te pones de su lado y te enfrentas a los tuyos.</p><p>��Yo no pertenezco a nadie -dijo Simon-. No soy uno de ellos. Pero tampoco soy de los tuyos. Adem�s, preferir�a ser como ellos a ser como t�.</p><p>��T� eres uno de los nuestros. -Se movi� con impaciencia, haciendo tintinear las cadenas. Sofoc� un gemido de dolor-. Hay una cosa que no te dije, all� en el banco. Pero que es cierta. -Sonri� aun a pesar del dolor-. Huelo a sangre humana en ti. Te has alimentado hace poco. De un mundano.</p><p>Simon not� un vuelco en su interior.</p><p>��Yo�</p><p>��Fue maravilloso, �verdad? -Sus labios rojos se torcieron en una nueva sonrisa-. La primera vez desde que eres vampiro que no tienes hambre.</p><p>��No -dijo Simon.</p><p>��Mientes -dijo Camille con convicci�n-. Los nefilim intentan ponernos en contra de nuestra propia naturaleza. S�lo nos aceptar�n si fingimos ser lo que no somos: si fingimos no ser cazadores, no ser predadores. Tus amigos jam�s aceptar�n lo que eres, s�lo lo que finjas ser. Por mucho que t� hagas por ellos, ellos nunca har�an nada por ti.</p><p>��No s� por qu� te molestas cont�ndome todo esto -dijo Simon-. Lo hecho, hecho est�. No pienso liberarte. He tomado mi decisi�n. No quiero lo que me ofreciste.</p><p>��Tal vez ahora no -dijo Camille en voz baja-. Pero lo querr�s. Lo querr�s.</p><p>El vigilante de los cazadores de sombras se hizo a un lado cuando se abri� la puerta y Maryse hizo su entrada en la sala. Iba seguida por dos figuras que Simon reconoci� al instante: Alec, el hermano de Isabelle, y su novio, el brujo Magnus Bane.</p><p>Alec iba vestido con un sobrio traje negro; Magnus, para sorpresa de Simon, iba vestido de un modo muy similar, con el detalle adicional de una bufanda larga de seda blanca con borlas en los extremos y un par de guantes blancos. Luc�a su habitual pelo de punta, pero para variar no llevaba brillantina. Camille, al verlo, se qued� muy quieta.</p><p>Magnus no la hab�a visto a�n; estaba escuchando a Maryse, que comentaba, con cierta torpeza, que era estupendo que hubieran llegado tan pronto.</p><p>��La verdad es que no os esper�bamos hasta ma�ana, como m�nimo.</p><p>Alec emiti� un sonido de fastidio y puso los ojos en blanco. No parec�a en absoluto contento de estar ya de vuelta. Pero aparte de eso, pens� Simon, estaba como siempre: el mismo pelo negro, los mismos ojos azules� Aunque se le ve�a quiz� m�s relajado que antes, como si hubiese madurado.</p><p>��Ha sido una suerte que hubiera un Portal cerca del edificio de la �pera de Viena -dijo Magnus, ech�ndose la bufanda por encima del hombro con un gesto grandilocuente-. En cuanto recibimos tu mensaje, nos apresuramos a dirigirnos all�.</p><p>��La verdad es que no entiendo todav�a qu� tiene que ver todo esto con nosotros -dijo Alec-. Por lo que has contado, hab�is atrapado a un vampiro que andaba metido en alg�n juego desagradable. �Y no es eso lo que pasa siempre?</p><p>Simon experiment� un vuelco en el est�mago. Observ� a Camille para ver si se estaba riendo de �l, pero la vampira ten�a la mirada clavada en Magnus.</p><p>Alec, que mir� en aquel momento a Simon por vez primera, se sonroj�. Siempre se le notaba mucho porque era muy blanco de piel.</p><p>��Lo siento, Simon. No me refer�a a ti. T� eres distinto.</p><p>��Opinar�as lo mismo si me hubieras visto anoche aliment�ndome de una ni�a de catorce a�os?�, pens� Simon. Pero no dijo nada y se limit� a reconocer las palabras de Alec con un gesto de asentimiento.</p><p>��La vampira es de crucial inter�s para la investigaci�n que estamos llevando a cabo sobre la muerte de tres cazadores de sombras -dijo Maryse-. Necesitamos que nos d� informaci�n y s�lo quiere hablar delante de Magnus Bane.</p><p>���De verdad? -Alec mir� a Camille con sorprendido inter�s-. �S�lo con Magnus?</p><p>Magnus sigui� su mirada y por vez primera -o eso le pareci� a Simon- mir� directamente a Camille. Algo estall� entre ellos, alg�n tipo de energ�a. La boca de Magnus se torci� por las comisuras con una nost�lgica sonrisa.</p><p>��S� -respondi� Maryse, mientras la perplejidad se apoderaba de su rostro al percatarse de la mirada que acababan de cruzarse el brujo y la vampira-. Es decir, si Magnus est� dispuesto.</p><p>��Lo estoy -dijo Magnus, despoj�ndose de sus guantes-. Hablar� con Camille para vosotros.</p><p>���Camille? -Alec, levantando las cejas, se qued� mirando a Magnus-. Entonces, �la conoces? �O� te conoce ella a ti?</p><p>��Nos conocemos. -Magnus se encogi� de hombros, muy levemente, como queriendo decir: ��Y qu� se le va a hacer?�-. En su d�a fue mi novia.</p></section><section><title><p>13 CHICA ENCONTRADA MUERTA</p></title><p>���Tu novia? -Alec se hab�a quedado pasmado. Igual que Maryse. Y la verdad es que incluso Simon estaba at�nito-. �Saliste con un vampiro? �Con una chica vampira?</p><p>��De eso hace ya ciento treinta a�os -dijo Magnus-. No la hab�a visto desde entonces.</p><p>���Por qu� no me lo contaste? -pregunt� Alec.</p><p>Magnus suspir�.</p><p>��Alexander, llevo vivo cientos de a�os. He estado con hombres, con mujeres� con hadas, brujos y vampiros, e incluso con un par de genios. -Mir� de reojo a Maryse, que estaba algo horrorizada-. �Un exceso de informaci�n, quiz�?</p><p>��No pasa nada -dijo Maryse, pese a estar desva�da-. Tengo que comentar un momento un tema con Kadir. Ahora vuelvo. -Se hizo a un lado y se reuni� con Kadir, para desaparecer acto seguido por la puerta. Simon se apart� tambi�n un poco, fingiendo querer estudiar con atenci�n uno de los vitrales de las ventanas, pero su o�do de vampiro era lo bastante agudo como para escuchar, quisiese o no, todo lo que Magnus y Alec estaban dici�ndose. Sab�a que Camille los estaba escuchando tambi�n. Ten�a la cabeza ladeada y los ojos entrecerrados y pensativos.</p><p>���Cu�nta gente m�s? -pregunt� Alec-. Aproximadamente.</p><p>Magnus movi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>��No podr�a contarlos, y no tiene importancia. Lo �nico que importa es lo que siento por ti.</p><p>���M�s de cien? -pregunt� Alec. Magnus se qued� en blanco-. �Doscientos?</p><p>��Esta conversaci�n me resulta incre�ble en estos momentos -dijo Magnus, sin dirigirse a nadie en particular. Simon opinaba lo mismo, y le habr�a gustado que no estuvieran teni�ndola precisamente delante de �l.</p><p>���Por qu� tantos? -Los ojos azules de Alec refulg�an en la oscuridad. Simon no sab�a si estaba enfadado. Su voz no sonaba rabiosa, sino simplemente apasionada, pero Alec era una persona cerrada y tal vez su enfado no pudiera por ello llegar a m�s-. �Te cansas en seguida de todo el mundo?</p><p>��Vivo eternamente -dijo muy despacio Magnus-. A diferencia de los dem�s.</p><p>Parec�a que a Alec le acabaran de dar un bofet�n.</p><p>���Y permaneces con ellos mientras viven y luego te buscas a otro?</p><p>Magnus no dijo nada. Mir� a Alec; sus ojos brillaban como los de un gato.</p><p>���Preferir�as que permaneciese solo toda la eternidad?</p><p>Alec hizo una mueca.</p><p>��Me voy a ver a Isabelle -dijo, y sin mediar m�s palabras, dio media vuelta y se march� al Instituto.</p><p>Magnus, con la tristeza reflejada en sus ojos, se qued� quieto vi�ndolo desaparecer. Pero no era una tristeza humana, pens� Simon. Sus ojos conten�an la tristeza de siglos, como si el borde afilado de la tristeza humana se hubiera desgastado hasta irse suavizando con el paso de los a�os, igual que el agua del mar desgasta el canto afilado del vidrio.</p><p>Magnus mir� a Simon de reojo, como si acabara de adivinar que estaba pensando en �l.</p><p>���Escuchando a hurtadillas, vampiro?</p><p>��La verdad es que no me gusta que me llamen as� -dijo Simon-. Tengo un nombre.</p><p>��Me imagino que ser� mejor que lo recuerde. Al fin y al cabo, de aqu� a cien a�os, doscientos, s�lo quedaremos t� y yo. -Magnus mir� pensativo a Simon-. Seremos lo �nico que quede.</p><p>S�lo de pensarlo, Simon se sinti� como si estuviera encerrado en un ascensor cuyos cables se han roto de repente y empieza a caer hacia abajo, mil pisos seguidos. Aquella idea ya le hab�a pasado por la cabeza, claro estaba, pero siempre la hab�a arrinconado. Pensar en que seguir�a teniendo diecis�is a�os mientras Clary, Jace y todos aquellos a quienes conoc�a se hac�an mayores, envejec�an, ten�an hijos, y �l no cambiaba en absoluto, era demasiado enorme y demasiado horrible como para tenerlo en cuenta.</p><p>Tener eternamente diecis�is a�os sonaba bien hasta que reflexionabas en serio al respecto. Y entonces era cuando dejaba de ser un buen plan.</p><p>Los ojos de gato de Magnus eran ahora de un color oro verdoso claro.</p><p>���Enfrent�ndote cara a cara con la eternidad? -dijo-. �A que no parece muy divertido?</p><p>Pero Maryse reapareci� antes de que a Simon le diera tiempo a responder.</p><p>���D�nde est� Alec? -pregunt�, mirando sorprendida a su alrededor.</p><p>��Ha ido a ver a Isabelle -dijo Simon, antes de que Magnus dijera cualquier otra cosa.</p><p>��Muy bien. -Maryse se alis� la parte delantera de su chaqueta, que no estaba en absoluto arrugada-. Si no os importa�</p><p>��Hablar� con Camille -dijo Magnus-. Pero me gustar�a estar a solas con ella. Si quieres esperar en el Instituto, ir� a verte en cuanto termine.</p><p>Maryse dud�.</p><p>���Sabes lo que tienes que preguntarle?</p><p>La mirada de Magnus era inquebrantable.</p><p>��S� c�mo hablar con ella, s�. Si est� dispuesta a decir algo, me lo dir� a m�.</p><p>Ambos parec�an haber olvidado por completo que Simon segu�a all�.</p><p>���Me marcho yo tambi�n? -pregunt�, interrumpiendo su concurso de miradas.</p><p>Maryse lo mir� distra�da.</p><p>��Oh, s�. Gracias por tu ayuda, Simon, pero ya no eres necesario. Vuelve a casa, si quieres.</p><p>Magnus no dijo nada. Con un gesto de indiferencia, Simon dio media vuelta y se dirigi� a la puerta que daba a la sacrist�a y a la salida que lo conducir�a al exterior. Al llegar a la puerta, sin embargo, se detuvo para mirar atr�s. Maryse y Magnus segu�an hablando, aunque el centinela hab�a abierto ya la puerta del Instituto, dispuesto a irse. S�lo Camille parec�a recordar que Simon continuaba all�. Le sonri� desde su columna, con los labios curvados en las comisuras; sus ojos susurraban una brillante promesa.</p><p>Simon sali� y cerr� la puerta a sus espaldas.</p><empty-line/><p>��Sucede cada noche. -Jace estaba sentado en el suelo, con las piernas recogidas, las manos colgando entre las rodillas. Hab�a dejado el cuchillo sobre la cama, al lado de Clary; mientras �l segu�a hablando, ella hab�a dejado caer una mano sobre el cuchillo, m�s para tranquilizarlo que porque lo necesitara para defenderse. Era como si Jace se hubiese quedado sin energ�a; incluso su voz sonaba vac�a y remota, como si hablara con ella desde muy lejos-. Sue�o que entras en mi habitaci�n y� empezamos a hacer justo lo que est�bamos a punto de hacer. Y entonces te ataco. Te corto, o te ahogo o te clavo el cuchillo, y mueres, mir�ndome con tus preciosos ojos verdes mientras te desangras entre mis manos.</p><p>��No son m�s que sue�os -dijo Clary amablemente.</p><p>��Acabas de ver que no lo son -dijo Jace-. Cuando he cogido este cuchillo estaba completamente despierto.</p><p>Clary sab�a que Jace ten�a raz�n.</p><p>���Te preocupa la posibilidad de que te est�s volviendo loco?</p><p>Neg� lentamente con la cabeza. Con el gesto, le cay� el pelo sobre los ojos y lo ech� hacia atr�s. Lo llevaba quiz� demasiado largo; hac�a tiempo que no se lo cortaba y Clary se pregunt� si ser�a porque ni siquiera quer�a tomarse esa molestia. �C�mo era posible que no hubiese prestado m�s atenci�n a las sombras que ve�a ahora bajo sus ojos, a sus u�as mordidas, a su aspecto agotado y exhausto? Hab�a estado tan preocupada pregunt�ndose si segu�a queri�ndola, que no hab�a pensado en nada m�s.</p><p>��La verdad es que eso no me preocupa tanto -dijo-. Lo que me preocupa es hacerte da�o. Me preocupa que ese veneno que est� consumiendo mis sue�os se derrame sobre mi vida cuando estoy despierto y acabe� -Fue como si se le cerrara la garganta.</p><p>��T� nunca me har�as da�o.</p><p>��Ten�a el cuchillo en mi mano, Clary. -Levant� la vista hacia ella-. Si llego a hacerte da�o� -Su voz se cort�-. Los cazadores de sombras mueren j�venes, a menudo -dijo-. Ambos lo sabemos. Y t� quisiste ser cazadora de sombras y yo nunca te lo impedir�a, pues no es asunto m�o decirte lo que debes hacer con tu vida. Sobre todo teniendo en cuenta que yo tambi�n corro esos mismos riesgos. �Qu� tipo de persona ser�a si te dijera que yo puedo poner mi vida en peligro pero t� no? He pensado muchas veces en c�mo ser�a mi vida si t� murieses. Y estoy seguro de que t� tambi�n has pensado en eso.</p><p>��S� c�mo ser�a -dijo Clary, recordando el lago, la espada y la sangre de Jace derram�ndose sobre la arena. Hab�a estado muerto, y el �ngel lo hab�a devuelto a la vida; hab�an sido los minutos m�s terribles de la existencia de Clary-. En aquella ocasi�n yo quise morir. Pero sab�a que de haberme dado por vencida, te habr�a defraudado.</p><p>Jace sonri� con la sombra de una sonrisa.</p><p>��Y yo he pensado lo mismo. Si murieses, no querr�a vivir. Pero no me matar�a, porque sea lo que sea lo que sucede cuando morimos, quiero estar contigo all�. Y si me matara, s� que no volver�as a hablarme jam�s. En ninguna vida. Por lo tanto, vivir�a e intentar�a hacer algo positivo hasta poder estar de nuevo contigo. Pero si yo te hago da�o� si yo fuera la causa de tu muerte, nada me impedir�a destruirme.</p><p>��No digas eso. -Clary sinti� un g�lido escalofr�o-. Deber�as hab�rmelo contado, Jace.</p><p>��No pod�a. -Su tono de voz son� rotundo, definitivo.</p><p>���Por qu� no?</p><p>��Cre�a ser Jace Lightwood -dijo-. Cre�a posible que mi formaci�n no me hubiera influido. Pero ahora me pregunto si lo que sucede tal vez es que la gente no cambia nunca. Quiz� siempre ser� Jace Morgenstern, el hijo de Valentine. Me cri� durante diez a�os y es posible que sea una mancha que no se borrar� jam�s.</p><p>��Crees que todo esto es debido a tu padre -dijo Clary, y le pas� por la cabeza aquel fragmento de la historia que Jace le hab�a mencionado en una ocasi�n: �Amar es destruir�. Y entonces pens� en lo raro que era que ella llamase Valentine al padre de Jace, cuando era la sangre de Valentine la que corr�a por las venas de ella, no por las de Jace. Pero nunca hab�a sentido hacia Valentine lo que se siente por un padre. Y Jace s�-. �Y no quer�as que yo lo supiera?</p><p>��T� eres todo lo que quiero -dijo Jace-. Y tal vez Jace Lightwood se merezca tener todo lo que quiere. Pero Jace Morgenstern no. Y es algo que tengo muy claro en mi interior. De lo contrario, no estar�a intentando destruir lo que tenemos.</p><p>Clary respir� hondo y solt� lentamente el aire.</p><p>��No creo que est�s haci�ndolo.</p><p>Jace levant� la cabeza y pesta�e�.</p><p>���Qu� quieres decir?</p><p>��T� crees que es psicol�gico -dijo Clary-. Que hay algo en ti que no funciona como es debido. Pues yo no. Pienso que todo esto te lo est� haciendo alguien.</p><p>��Yo no�</p><p>��Ituriel me envi� sue�os -dijo Clary-. Es posible que alguien est� envi�ndote estos sue�os.</p><p>��Ituriel te envi� sue�os para intentar ayudarte. Para guiarte hacia la verdad. �Qu� objetivo tienen mis sue�os? Son repugnantes, sin sentido, s�dicos�</p><p>��Tal vez tengan un significado -dijo Clary-. Tal vez su significado no sea el que t� piensas. O tal vez quienquiera que est� envi�ndotelos intenta hacerte da�o.</p><p>���Y qui�n querr�a hacerme da�o?</p><p>��Alguien a quien no le caemos muy bien -dijo Clary, y alej� de su cabeza una imagen de la reina seelie.</p><p>��Es posible -dijo Jace en voz baja, mir�ndose las manos-. Sebastian�</p><p>�De modo que tampoco �l quiere llamarle Jonathan�, pens� Clary. Y no lo culpaba por ello. Tambi�n �l se llamaba as�.</p><p>��Sebastian est� muerto -dijo, con un tono m�s cortante del que pretend�a-. Y de haber tenido este tipo de poder, lo habr�a utilizado antes.</p><p>La duda y la esperanza empezaron a perseguirse para encontrar su lugar en la expresi�n de Jace.</p><p>���De verdad piensas que alguien podr�a estar haci�ndome todo esto?</p><p>El coraz�n de Clary empez� a latir con fuerza. No estaba segura; deseaba con todas sus fuerzas que fuera cierto, pero si no lo era, habr�a dado esperanzas a Jace en vano. Esperanzas a los dos.</p><p>Aunque ten�a la sensaci�n de que hac�a bastante tiempo que Jace no se sent�a esperanzado por nada.</p><p>��Creo que tendr�amos que ir a la Ciudad Silenciosa -dijo Clary-. Los Hermanos podr�an entrar en tu mente y descubrir si alguien anda incordiando por ah�. Igual que hicieron conmigo.</p><p>Jace abri� la boca y la cerr� de nuevo.</p><p>���Cu�ndo? -dijo por fin.</p><p>��Ahora mismo -dijo Clary-. No quiero esperar. �Y t�?</p><p>Jace no respondi�, sino que se limit� a levantarse del suelo y a recoger su camiseta. Mir� a Clary, y estuvo a punto de sonre�r.</p><p>��Si vamos a la Ciudad Silenciosa, mejor ser� que te vistas. Me encanta lo guapa que est�s con sujetador y braguitas, pero no s� si los Hermanos Silenciosos ser�n de la misma opini�n. S�lo quedan unos pocos, y no quiero que mueran de sobreexcitaci�n.</p><p>Clary salt� de la cama y le lanz� una almohada, casi aliviada. Cogi� su ropa y se puso la camiseta. Justo antes de pas�rsela por la cabeza, vio de reojo el cuchillo sobre la cama, brillante como un tenedor de llamas plateadas.</p><empty-line/><p>��Camille -dijo Magnus-. Hace mucho tiempo, �verdad?</p><p>Camille sonri�. Su piel parec�a m�s blanca de lo que �l recordaba y bajo su superficie empezaban a asomar oscuras venas en forma de telara�a. Su cabello segu�a recordando a las hebras de plata y sus ojos continuaban tan verdes como los de un gato. Era bella, todav�a. Mir�ndola, volvi� a sentirse en Londres. Ve�a el alumbrado a gas de las calles, ol�a a humo, suciedad y caballos, el aroma acre de la niebla, las flores de los Kew Gardens. Ve�a a un chico de pelo negro y ojos azules como los de Alec. Una chica con largos rizos casta�os y cara seria. En un mundo donde todo acababa desapareciendo, ella era una de las escasas constantes que segu�an a�n ah�.</p><p>Y luego estaba Camille.</p><p>��Te he echado de menos, Magnus -dijo ella.</p><p>��No, no es cierto. -Magnus se sent� en el suelo del Santuario. Percibi� al instante la frialdad de la piedra traspasando su ropa. Se alegr� de llevar encima la bufanda-. �Por qu� precisamente yo? �Para perder tiempo?</p><p>��No. -Camille se inclin� hacia adelante, las cadenas traquetearon. Casi pod�a o�rse el siseo all� donde el metal bendecido rozaba la piel de sus mu�ecas-. He o�do hablar de ti, Magnus. He o�do decir que �ltimamente est�s bajo la protecci�n de los cazadores de sombras. Y me hab�an dicho que te has ganado incluso el amor de uno de ellos. Ese chico con el que estabas hablando hace un momento, me imagino. La verdad es que tus gustos siempre fueron de lo m�s variados.</p><p>��Has escuchado rumores acerca de m� -dijo Magnus-. Pero te habr�a bastado con preguntarme directamente. Llevo a�os en Brooklyn, muy cerca de ti, y no he tenido noticias tuyas. No te vi jam�s en ninguna de mis fiestas. Hemos estado separados por un muro de hielo, Camille.</p><p>��No fui yo quien lo construy�. -Abri� de par en par sus verdes ojos-. Sabes que siempre te he amado.</p><p>��Me abandonaste -dijo �l-. Me convertiste en tu mascota y luego me abandonaste. Si el amor fuese comida, me habr�a muerto de hambre con los huesos que me lanzabas. -Hablaba sin emoci�n. Hab�a pasado mucho tiempo.</p><p>��Ten�amos toda la eternidad -replic� ella, protestando-. Sab�as que acabar�a volviendo a ti�</p><p>��Camille -dijo Magnus, carg�ndose de paciencia-. �Qu� quieres?</p><p>El pecho de Camille ascendi�, para descender bruscamente acto seguido. Al no tener necesidad alguna de respirar, Magnus comprendi� que el gesto era b�sicamente con la intenci�n de subrayar lo que iba a decir a continuaci�n.</p><p>��S� que los cazadores de sombras te escuchan -dijo-. Quiero que hables con ellos en mi nombre.</p><p>��Quieres que cierre un trato con ellos de tu parte -tradujo Magnus.</p><p>Ella se qued� mir�ndolo.</p><p>��Tu modo de expresi�n siempre fue lamentablemente moderno.</p><p>��Dicen que has matado a tres cazadores de sombras -dijo Magnus-. �Es eso cierto?</p><p>��Eran miembros del C�rculo -respondi� ella; su labio inferior temblaba-. En el pasado torturaron y mataron a muchos de los m�os�</p><p>���Y lo hiciste por eso? �Por venganza? -Viendo que ella permanec�a en silencio, Magnus dijo a continuaci�n-: Sabes muy bien lo que hacen con los que matan a nefilim, Camille.</p><p>Camille ten�a los ojos brillantes.</p><p>��Necesito que intercedas por m�, Magnus. Quiero la inmunidad. Quiero que la Clave me prometa por escrito que me perdonar� la vida y me dejar� en libertad a cambio de informaci�n.</p><p>��Nunca te dejar�n en libertad.</p><p>��Entonces nunca sabr�n por qu� ten�an que morir sus colegas.</p><p>���Ten�an que morir? -Magnus se qued� reflexionando-. Una forma muy interesante de expresarlo, Camille. �Me equivocar�a si te dijera que en todo esto hay algo m�s que lo que se ve a simple vista? �Algo m�s que necesidad de sangre o venganza?</p><p>Camille permaneci� en silencio, mientras su pecho practicaba un teatral movimiento de ascenso y descenso. Todo en ella era teatral, desde la ca�da de su melena plateada, hasta la curvatura de su cuello, pasando incluso por la sangre de las mu�ecas.</p><p>��Si quieres que hable con ellos en tu nombre -dijo Magnus-, tendr�s que contarme como m�nimo alg�n detalle. Como muestra de buena fe.</p><p>Ella le respondi� con una reluciente sonrisa.</p><p>��Sab�a que hablar�as con ellos en mi nombre, Magnus. Sab�a que el pasado no hab�a muerto del todo para ti.</p><p>��Consid�ralo no muerto si eso es lo que quieres -dijo Magnus-. Pero ahora cu�ntame la verdad, Camille.</p><p>Camille se pas� la lengua por el labio inferior.</p><p>��Puedes contarles -dijo- que cuando mat� a esos cazadores de sombras lo hice siguiendo �rdenes. Hacerlo no me supuso ning�n trastorno, pues ellos hab�an matado tambi�n a los m�os y sus muertes fueron merecidas. Pero no lo habr�a hecho de no hab�rmelo pedido otro, alguien mucho m�s poderoso que yo.</p><p>El coraz�n de Magnus se aceler�. No le gustaba en absoluto el cariz que estaba tomando aquello.</p><p>���Qui�n?</p><p>Pero Camille hizo un movimiento negativo con la cabeza.</p><p>��Inmunidad, Magnus.</p><p>��Camille�</p><p>��Me atar�n a una estaca a pleno sol y me dejar�n morir -dijo ella-. Es lo que hacen con los que matan a los nefilim.</p><p>Magnus se levant�. Se le hab�a ensuciado la bufanda de estar sentado en el suelo. Mir� apesadumbrado las manchas.</p><p>��Har� lo que pueda, Camille. Pero no te prometo nada.</p><p>��Nunca lo har�as -murmur� ella, sus ojos entrecerrados-. Ven aqu�, Magnus. Ac�rcate a m�.</p><p>�l no la amaba, pero Camille era un sue�o del pasado, de modo que se acerc� a ella hasta tenerla casi al alcance de su mano.</p><p>���Te acuerdas? -dijo ella en voz baja-. �Te acuerdas de Londres? �De las fiestas en Quincey�s? �Te acuerdas de Will Herondale? S� que s�. Ese chico de ahora, ese tal Lightwood. Se parecen incluso.</p><p>���T� crees? -dijo Magnus, como si ni se le hubiera ocurrido.</p><p>��Los chicos guapos han sido siempre tu perdici�n -dijo ella-. Pero dime, �qu� puede darte a ti un chico mortal? �Diez a�os, veinte, antes de que la desintegraci�n empiece a hacer mella en �l? �Cuarenta a�os, cincuenta, antes de que la muerte se lo lleve? Yo puedo darte toda la eternidad.</p><p>�l le acarici� la mejilla, estaba m�s fr�a que el suelo.</p><p>��Podr�as darme el pasado -dijo �l con tristeza-. Pero Alec es mi futuro.</p><p>��Magnus� -empez� a decir ella.</p><p>En aquel momento se abri� la puerta del Instituto y Maryse apareci� en el umbral, con su contorno perfilado por la luz m�gica que alumbraba a sus espaldas. A su lado estaba Alec, cruzado de brazos. Magnus se pregunt� si Alec habr�a escuchado alg�n retazo de la conversaci�n que acababa de mantener con Camille� �Lo habr�a o�do?</p><p>��Magnus -dijo Maryse Lightwood-. �Hab�is llegado a alg�n acuerdo?</p><p>Magnus dej� caer la mano.</p><p>��No estoy muy seguro de si podr�a llamarse acuerdo -dijo, volvi�ndose hacia Maryse-. Pero creo que tenemos cosas de las que hablar.</p><empty-line/><p>Una vez vestida, Clary acompa�� a Jace a su habitaci�n, donde �ste prepar� una peque�a mochila con las cosas que ten�a que llevarse a la Ciudad Silenciosa como si, pens� Clary, fuera a asistir a una siniestra velada festiva en casa de alg�n amigo. Armas en su mayor�a: unos cuantos cuchillos seraf�n, su estela y, casi como una idea de �ltima hora, el cuchillo con la empu�adura de plata, su filo ya limpio de sangre. Jace se puso una cazadora de cuero negro y se subi� la cremallera, liberando a continuaci�n los mechones rubios que hab�an quedado atrapados en el interior del cuello. Cuando se volvi� para mirarla, en el mismo momento en que se colgaba la mochila al hombro, esboz� una d�bil sonrisa, y Clary vio aquella peque�a muesca en el incisivo superior izquierdo que siempre hab�a considerado atractiva, un fallo min�sculo en una cara que, de lo contrario, habr�a resultado excesivamente perfecta. Se le encogi� el coraz�n, y por un instante apart� la vista, incapaz casi de respirar.</p><p>Jace le tendi� la mano.</p><p>��V�monos.</p><p>No hab�a forma de convocar a los Hermanos Silenciosos, de modo que Jace y Clary pararon un taxi y se encaminaron hacia el barrio de Houston y el Cementerio de M�rmol. Clary sugiri� desplazarse a la Ciudad de Hueso a trav�s de un Portal -lo hab�a hecho en otras ocasiones y ya sab�a c�mo iba-, pero Jace le replic� explic�ndole que ese tipo de cosas segu�an sus propias reglas, por lo que Clary no pudo evitar pensar que aquella v�a deb�a de ser de mala educaci�n para los Hermanos Silenciosos.</p><p>Jace se acomod� a su lado en el asiento trasero del taxi, sin soltarle la mano y acarici�ndole el dorso constantemente con los dedos. Era una distracci�n, pero no hasta el punto de impedirle concentrarse en lo que Jace estaba explic�ndole acerca de Simon, la historia de Jordan, la captura de Camille y su exigencia de hablar con Magnus.</p><p>���Y Simon est� bien? -pregunt� preocupada-. No sab�a nada. Pensar que estaba en el Instituto y ni siquiera he ido a verlo�</p><p>��No estaba en el Instituto; estaba en el Santuario. Y se las apa�a bien solo. Mejor de lo que cabr�a esperar para alguien que hasta hace tan poco tiempo era un simple mundano.</p><p>��Pero el plan me parece peligroso. Porque, por lo visto, Camille est� loca de remate, �no?</p><p>Jace le acarici� los nudillos con los dedos.</p><p>��Tienes que dejar de pensar en Simon como el chico mundano al que conoc�as. El que tantas atenciones requer�a. Ahora es pr�cticamente inmune. T� no has visto en acci�n esa Marca que le otorgaste. Yo s�. Es como si Dios descargara toda su ira sobre el mundo. Me imagino que tendr�as que sentirte orgullosa.</p><p>Clary se estremeci�.</p><p>��No lo s�. Lo hice porque ten�a que hacerlo, pero sigue siendo una maldici�n. Y yo no sab�a que iba a pasarle todo esto. No me dijo nada. Sab�a que Isabelle y Maia hab�an descubierto su mutua existencia, pero no ten�a ni idea de lo de Jordan. De que en realidad era el ex de Maia o� lo que sea. -�Porque no se lo preguntaste. Porque andabas demasiado ocupada preocup�ndote s�lo por Jace. Y eso no estuvo bien.�</p><p>���Y t� le hab�as contado en qu� andas t� metida? -dijo Jace-. Porque la comunicaci�n tiene que ser en ambos sentidos.</p><p>��No, la verdad es que no se lo he contado a nadie -dijo Clary, y le explic� a Jace su excursi�n a la Ciudad del Silencio con Luke y Maryse, lo que hab�a visto en el dep�sito de cad�veres del Beth Israel y su posterior descubrimiento de la iglesia de Talto.</p><p>��Nunca he o�do hablar de ella -dijo Jace-. Pero Isabelle tiene raz�n: hoy en d�a existen estramb�ticos cultos demon�acos de todo tipo. En su mayor�a nunca han logrado invocar a ning�n demonio. Pero por lo que se ve, �sta s� que lo consigui�.</p><p>���Crees que el demonio que matamos era el que ellos adoran? �Crees que ahora quiz� paren?</p><p>Jace neg� con la cabeza.</p><p>��No era m�s que un demonio Hydra, una especie de perro guardi�n. Adem�s, est� lo de �Porque su casa se inclina hacia la muerte, y sus senderos hacia los muertos�. Me suena m�s a demonio femenino. Y son precisamente los cultos que adoran a demonios femeninos los que suelen hacer cosas horribles con los beb�s. Tienen todo tipo de ideas retorcidas sobre la fertilidad y los reci�n nacidos. -Se recost� en su asiento, entrecerrando los ojos-. Estoy seguro de que el C�nclave ir� a esa iglesia a ver qu� pasa, pero te apuesto veinte contra uno a que no encuentran nada. Mataste a su demonio guardi�n, y est� claro que los miembros de ese culto har�n limpieza y borrar�n cualquier prueba. Tendremos que esperar hasta que hayan montado su chiringuito en otra parte.</p><p>��Pero� -A Clary se le encogi� el est�mago-. Aquel beb�. Y las im�genes de aquel libro. Creo que est�n intentando crear m�s ni�os como� como Sebastian.</p><p>��No pueden -dijo Jace-. Inyectaron sangre de demonio a un beb� humano, que es algo horroroso, s�. Pero algo como Sebastian s�lo se consigue inyectando sangre de demonio a ni�os cazadores de sombras. Por eso muri� ese beb�. -Le apret� la mano, como queriendo tranquilizarla-. No son buena gente, pero, viendo que no les ha funcionado, no creo que vuelvan a intentarlo.</p><p>El taxi se par� de un frenazo en la esquina de Houston con la Segunda Avenida.</p><p>��El tax�metro est� roto -dijo el taxista-. Son diez pavos.</p><p>Jace, que en otras circunstancias habr�a hecho a buen seguro un comentario sarc�stico, le lanz� al taxista un billete de veinte, sali� del veh�culo y le mantuvo la puerta abierta a Clary para que saliese tambi�n.</p><p>���Est�s preparada? -le pregunt�, mientras se acercaban a la verja de hierro que daba acceso a la Ciudad.</p><p>Clary asinti�.</p><p>��No puedo decir que mi �ltima excursi�n hasta aqu� fuera precisamente divertida, pero s�, estoy preparada. -Cogi� la mano de Jace-. Mientras estemos juntos, estoy preparada para cualquier cosa.</p><p>Los Hermanos Silenciosos estaban en la entrada de la Ciudad, casi como si estuvieran esperando su llegada. Clary reconoci� entre el grupo al hermano Zachariah. Formaban una hilera silenciosa que bloqueaba el acceso de Clary y de Jace a la ciudad.</p><p>��Por qu� est�is aqu�, hija de Valentine e hijo del Instituto? -Clary no sab�a muy bien cu�l de ellos estaba habl�ndole en su cabeza, o si lo hac�an quiz� todos a coro-. Es excepcional que los ni�os entren en la Ciudad Silenciosa sin supervisi�n.�</p><p>El apelativo �ni�os� dol�a, por mucho que Clary supiese que los cazadores de sombras consideraban que cualquiera por debajo de los dieciocho era un ni�o y, en consecuencia, estaba sujeto a reglas distintas.</p><p>��Necesitamos vuestra ayuda -dijo Clary cuando se hizo patente que Jace no pensaba decir nada. Estaba mirando uno por uno a los Hermanos Silenciosos con l�nguida curiosidad, como aquel que ha recibido incontables diagn�sticos de enfermedad terminal por parte de distintos m�dicos y ahora, al llegar al final de la cola, aguarda con escasas esperanzas el veredicto de un especialista-. �Acaso no consiste vuestro trabajo en� en ayudar a los cazadores de sombras?</p><p>�Pero aun as� no somos criados a vuestra entera disposici�n. Ni todos vuestros problemas caen bajo nuestra jurisdicci�n.�</p><p>���ste s� -dijo con firmeza Clary-. Creo que alguien se est� apoderando de la mente de Jace, alguien con poder, y se est� entrometiendo en sus recuerdos y en sus sue�os. Oblig�ndole a hacer cosas que �l no quiere hacer.</p><p>�Oniromancia -dijo uno de los Hermanos Silenciosos-. La magia de los sue�os. Es competencia de los usuarios m�s grandes y m�s poderosos de la magia.�</p><p>��Como los �ngeles -dijo Clary, y fue recompensada con un r�gido y sorprendido silencio.</p><p>�Tal vez -dijo por fin el hermano Zachariah- deber�ais acompa�arnos a las Estrellas Parlantes.�</p><p>Aquello no era una invitaci�n, evidentemente, sino una orden, pues dieron media vuelta de inmediato y echaron a andar hacia el coraz�n de la Ciudad, sin esperar a ver si Jace y Clary los segu�an.</p><p>Llegaron al pabell�n de las Estrellas Parlantes, donde los Hermanos ocuparon sus puestos detr�s de la mesa de basalto negro. La Espada Mortal volv�a a estar en su lugar y resplandec�a en la pared, detr�s de ellos, como el ala de un p�jaro de plata. Jace avanz� hasta el centro de la sala y baj� la vista hacia el dibujo de estrellas met�licas que ard�a en las baldosas rojas y doradas del suelo. Clary lo observ�, con el coraz�n encogi�ndose de dolor. Se le hac�a muy duro verlo de aquella manera, su habitual energ�a desaparecida por completo, como la luz m�gica apag�ndose bajo un manto de ceniza.</p><p>Jace levant� entonces su cabeza rubia, pesta�eando, y Clary adivin� que los Hermanos Silenciosos estaban habl�ndole, dici�ndole cosas que ella no pod�a escuchar. Lo vio negar con la cabeza y le oy� decir:</p><p>��No lo s�. Cre�a que no eran m�s que sue�os normales y corrientes. -Su boca se tens� entonces, y Clary no pudo evitar preguntarse qu� estar�an dici�ndole-. �Visiones? No creo. S�. Me encontr� con el �ngel, pero es Clary la que ten�a sue�os prof�ticos. No yo.</p><p>Clary se puso tensa. Estaban terriblemente cerca de preguntar sobre lo sucedido con Jace y el �ngel aquella noche junto al lago Lyn. No se le hab�a pasado por la cabeza aquella posibilidad. �Qu� ve�an los Hermanos Silenciosos cuando fisgaban en la cabeza de alguien? �S�lo lo que andaban buscando? �O todo?</p><p>Jace hizo un gesto afirmativo dirigi�ndose a ellos.</p><p>��De acuerdo. Estoy listo si vosotros lo est�is.</p><p>Cerr� los ojos y Clary, sin dejar de observarlo, se relaj� un poco. As� debi� de sentirse Jace, pens�, la primera vez que los Hermanos Silenciosos hab�an hurgado en su cabeza. Vio detalles en los que no se hab�a fijado entonces, cuando estaba atrapada en las redes de la mente de los Hermanos y de la suya, recuperando recuerdos, perdidos para todo el mundo.</p><p>Vio a Jace agarrot�ndose, como si los Hermanos estuvieran toc�ndolo. Ech� entonces la cabeza hacia atr�s. Las manos, en sus costados, empezaron a abrirse y cerrarse, mientras las estrellas del suelo se iluminaban con una cegadora luz plateada. Clary pesta�e� para impedir que aquel brillo tan potente la hiciese llorar. Jace se hab�a convertido en un elegante perfil oscuro que contrastaba sobre un manto de reluciente plata, como si se encontrase en el coraz�n de una cascada. Estaba rodeado de ruido, un susurro amortiguado e incomprensible.</p><p>Jace cay� de rodillas, con las manos pegadas al suelo. A Clary se le tens� el coraz�n. Cuando los Hermanos Silenciosos se adentraron en su cabeza, ella hab�a estado a punto de perder el sentido, pero Jace era mucho m�s fuerte, o eso cre�a. Poco a poco, Jace empez� a doblegarse y a llevarse las manos al vientre, la agon�a se reflejaba en sus facciones, aunque sin gritar en ning�n momento. Sin poder soportarlo m�s, Clary corri� hacia �l, atravesando las franjas de luz, y se arrodill� a su lado, abraz�ndolo. Los susurros que la envolv�an subieron de volumen hasta convertirse en una tormenta de protesta en el momento en que Jace volvi� la cabeza para mirarla. La luz plateada hab�a borrado por completo el color de sus ojos, que eran lisos y blancos como baldosas de m�rmol. Sus labios esbozaron la forma de su nombre.</p><p>Y entonces desapareci� la luz, el sonido, todo, y se encontraron arrodillados sobre el suelo desnudo del pabell�n, rodeados de sombras y silencio. Jace estaba temblando, y cuando separ� las manos, Clary vio que estaban ensangrentadas en los puntos donde las u�as hab�an ara�ado la piel. Sin soltarlo del brazo y reprimiendo su rabia, Clary levant� la vista hacia los Hermanos Silenciosos. Sab�a que la sensaci�n era similar a la de sentirse furioso con el m�dico que ten�a que administrar un tratamiento doloroso pero capaz de salvar la vida al paciente, pero era duro -dur�simo- mostrarse razonable cuando el afectado era un ser amado.</p><p>�Hay algo que no nos has contado, Clarissa Morgenstern -dijo el hermano Zachariah-. Algo que hab�is mantenido en secreto los dos.�</p><p>Fue como si una mano helada apretara el coraz�n de Clary.</p><p>���A qu� os refer�s?</p><p>�Este chico tiene la marca de la muerte.� Acababa de hablar otro Hermano, Enoch, le pareci�.</p><p>���La muerte? -dijo Jace-. �Quer�is decir que voy a morir? -No lo dijo sorprendido.</p><p>�Queremos decir que estuviste muerto. Que traspasaste el portal hacia el reino de las sombras, que tu alma se liber� de tu cuerpo.�</p><p>Clary y Jace intercambiaron una mirada. Y ella trag� saliva.</p><p>��El �ngel Raziel� -empez� a decir.</p><p>�S�, su marca est� tambi�n en el chico. -La voz de Enoch carec�a de emoci�n-. Existen �nicamente dos maneras de resucitar a los muertos. Mediante la necromancia, la magia negra de la campana, el libro y la vela. Eso devuelve a algo parecido a la vida. Pero s�lo un �ngel creado por la mano derecha de Dios podr�a devolver una alma humana a su cuerpo con la misma facilidad con que la vida fue inspirada en el primer hombre. -Movi� la cabeza de un lado a otro-. El equilibrio entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, es un equilibrio muy delicado, j�venes cazadores de sombras. Y lo hab�is desbaratado.�</p><p>��Pero Raziel es el �ngel -dijo Clary-. Puede hacer lo que quiera. Lo vener�is, �verdad? Si eligi� hacer esto�</p><p>��Lo hizo? -pregunt� otro de los Hermanos-. �Lo eligi�?�</p><p>��Yo� -Clary mir� a Jace-. �Podr�a haber pedido cualquier cosa del universo. La paz mundial, la cura de una enfermedad, vivir eternamente. Pero lo �nico que quer�a era volver a tenerte a ti.�</p><p>�Conocemos el ritual de los Instrumentos -dijo Zachariah-. Sabemos que quien los posea todos, quien sea su Se�or, puede pedirle al �ngel una cosa. No creo que hubiera podido neg�rtelo.�</p><p>Clary levant� la barbilla.</p><p>��Bien -dijo-, ya est� hecho.</p><p>Jace esboz� una sonrisa.</p><p>��Siempre podr�an haberme matado -dijo-. Devolver las cosas a su equilibrio inicial.</p><p>Clary le apret� el brazo con fuerza.</p><p>��No seas rid�culo. -Pero habl� con un hilillo de voz. Y se puso m�s tensa si cabe cuando el hermano Zachariah se separ� del grupo de los Hermanos Silenciosos y se aproxim� a ellos, con los pies desliz�ndose sin hacer ruido sobre las Estrellas Parlantes. Se plant� junto a Jace y cuando se inclin� para acariciar con sus largos dedos su barbilla, oblig�ndolo a levantar la cara para mirarlo, Clary tuvo que combatir el impulso de apartarlo de un empuj�n. Los dedos de Zachariah eran finos, sin arrugas, los dedos de un hombre joven. Nunca se hab�a planteado la edad que pod�an tener los Hermanos Silenciosos, pues siempre se los hab�a imaginado viejos y arrugados.</p><p>Jace, arrodillado, levant� la vista hacia Zachariah, que lo mir� con su expresi�n ciega e imperturbable. Clary no pudo evitar pensar en las pinturas medievales que representaban santos arrodillados, mirando hacia arriba, con los rostros ba�ados con un luminoso resplandor dorado.</p><p>�De haber estado yo all� -dijo, su voz inesperadamente amable-, cuando eras peque�o, habr�a visto a un Herondale en tu cara, Jace Lightwood, y habr�a sabido qui�n eras.�</p><p>Jace estaba perplejo, pero no hizo movimiento alguno para apartarse.</p><p>��Me han dicho que no me parezco ni a mi madre ni a mi padre�</p><p>Zachariah se volvi� hacia los dem�s.</p><p>�No podemos y no deber�amos hacerle ning�n da�o al chico. Existen antiguos v�nculos entre los Herondale y los Hermanos. Debemos ayudarlo.�</p><p>���Ayudarlo en qu�? -pregunt� Clary-. �Veis algo malo en �l� dentro de su cabeza?</p><p>�Siempre que nace un cazador de sombras, se lleva a cabo un ritual. Tanto los Hermanos Silenciosos como las Hermanas de Hierro realizan diversos hechizos de protecci�n.�</p><p>Clary sab�a, por lo que hab�a estudiado, que las Hermanas de Hierro eran la secta gemela a los Hermanos Silenciosos; m�s enclaustradas incluso que ellos, eran las encargadas de fabricar las armas de los cazadores de sombras.</p><p>El hermano Zachariah continu�:</p><p>�Cuando Jace muri� y fue resucitado, naci� una segunda vez, pero sin protecci�n ni rituales. Eso lo dej� abierto, como una puerta sin llave: abierto a cualquier tipo de influencia demon�aca o malevolencia�.</p><p>Clary se pas� la lengua por sus secos labios.</p><p>���Os referis a cualquier tipo de posesi�n?</p><p>�No posesi�n. Sino influencia. Sospecho que existe un poder demon�aco que te susurra al o�do, Jonathan Herondale. Eres fuerte, luchas contra �l, pero est� erosion�ndote igual que el mar erosiona la arena.�</p><p>��Jace -susurr� �l, con los labios blancos-. Jace Lightwood, no Herondale.</p><p>Clary, pensando en los aspectos pr�cticos, dijo:</p><p>���C�mo pod�is estar seguros de que se trata de un demonio? �Y qu� podemos hacer para que le deje tranquilo?</p><p>Enoch, pensativo, dijo entonces:</p><p>�Es necesario llevar de nuevo a cabo el ritual, dotarlo de las protecciones una segunda vez.�</p><p>���Y pod�is hacerlo? -pregunt� Clary.</p><p>Zachariah inclin� la cabeza.</p><p>�Puede hacerse. Hay que llevar a cabo todos los preparativos, reclamar la presencia de una de las Hermanas de Hierro, fabricar un amuleto� -Se interrumpi�-. Y Jonathan debe quedarse con nosotros hasta que el ritual haya finalizado. �ste es el lugar m�s seguro para �l.�</p><p>Clary volvi� a mirar a Jace, buscando una expresi�n -cualquier expresi�n- de esperanza, alivio, satisfacci�n, cualquier cosa. Pero su rostro se manten�a impasible.</p><p>���Por cu�nto tiempo?</p><p>Zachariah abri� sus delgadas manos.</p><p>�Un d�a, quiz� dos. El ritual est� concebido para reci�n nacidos; tendremos que cambiarlo, alterarlo para que encaje con un adulto. Si tuviera m�s de dieciocho a�os, ser�a imposible. Y tal y como est�n las cosas, ser� complicado. Pero a�n puede salvarse.�</p><p>�A�n puede salvarse.� No era lo que Clary esperaba; deseaba haber o�do que era un problema sencillo, de f�cil soluci�n. Mir� a Jace. Ten�a la cabeza gacha, el pelo cay�ndole hacia adelante; su nuca le parec�a tan vulnerable, que incluso le doli� el coraz�n.</p><p>��De acuerdo -dijo en voz baja-. Me quedar� aqu� contigo�</p><p>�No. -Los Hermanos hablaron a coro, con voces inexorables-. Debe permanecer aqu� solo. No puede permitirse distracciones con lo que tenemos que hacer.�</p><p>Not� que el cuerpo de Jace se tensaba. La �ltima vez que hab�a estado solo en la Ciudad Silenciosa, hab�a sido encarcelado injustamente, hab�a presenciado la muerte de la mayor parte de los Hermanos Silenciosos y hab�a sufrido el tormento de Valentine. Clary se imaginaba que la perspectiva de pasar otra noche solo en la Ciudad ten�a que ser horrorosa.</p><p>��Jace -susurr�-. Har� lo que t� quieras que haga. Si quieres irte�</p><p>��Me quedar� -dijo. Levant� la cabeza, y su voz son� alta y clara-. Me quedar�. Har� lo que tenga que hacer para solucionar esto. S�lo tengo que llamar a Izzy y a Alec. Decirles� decirles que me quedo a dormir en casa de Simon para vigilarlo. Decirles que ya nos veremos ma�ana o pasado.</p><p>��Pero�</p><p>��Clary. -Con cuidado, le cogi� ambas manos y las sujet� entre las suyas-. Ten�as raz�n. Esto no viene de dentro de m�. Algo est� haci�ndome esto. A m� y a nosotros. �Y sabes lo que eso significa? Que puede� curarse� que ya no deber� tener miedo de m� cuando est� a tu lado. S�lo por esto, pasar�a mil noches en la Ciudad Silenciosa.</p><p>Clary se inclin� hacia adelante, ignorando la presencia de los Hermanos Silenciosos, y le bes�, un r�pido beso en los labios.</p><p>��Volver� -susurr�-. Ma�ana por la noche, despu�s de la fiesta de la Fundici�n vendr� a verte.</p><p>La esperanza de la mirada de Jace part�a el coraz�n.</p><p>��Tal vez ya est� curado para entonces.</p><p>Ella le acarici� la cara con la punta de los dedos.</p><p>��Tal vez s�.</p><empty-line/><p>Simon se despert� cansado despu�s de una larga noche de pesadillas. Se qued� boca arriba en la cama mirando la luz que entraba por la �nica ventana de su habitaci�n.</p><p>No pudo evitar preguntarse si dormir�a mejor en caso de hacer lo que hac�an los dem�s vampiros: dormir durante el d�a. A pesar de que el sol no le ocasionaba da�o alguno, sent�a el tir�n de la noche, el deseo de estar bajo el cielo oscuro y las brillantes estrellas. Algo hab�a en �l que quer�a vivir en las sombras, que percib�a la luz del sol como un dolor agudo y punzante, del mismo modo que algo hab�a en �l que quer�a sangre. Y buscar c�mo combatir eso lo hab�a transformado.</p><p>Se levant� tambale�ndose, se puso algo encima y sali� a la sala de estar. La casa ol�a a tostadas y caf�. Jordan estaba sentado en uno de los taburetes de la cocina, con el pelo disparado como era habitual, y la espalda encorvada.</p><p>��Hola -dijo Simon-. �Qu� pasa?</p><p>Jordan lo mir�. Pese a su bronceado, estaba p�lido.</p><p>��Tenemos un problema -dijo.</p><p>Simon pesta�e�. No hab�a visto a su compa�ero de piso hombre lobo desde el d�a anterior. Esa noche, cuando hab�a llegado a casa procedente del Instituto, hab�a ca�do muerto de agotamiento. Jordan no estaba y Simon hab�a imaginado que estar�a trabajando. Pero tal vez hab�a sucedido algo.</p><p>���Qu� pasa?</p><p>��Nos han dejado esto por debajo de la puerta. -Jordan le lanz� un peri�dico doblado a Simon. Era el <emphasis>New York Morning Chronicle</emphasis>, abierto por una de sus p�ginas. En la parte superior hab�a una fotograf�a espeluznante, la imagen granulosa de un cuerpo tendido en una calle, sus extremidades, flacas como palillos, dobladas en extra�os �ngulos. Ni siquiera parec�a humano, como sucede a veces con los cad�veres. Simon estaba a punto de preguntarle a Jordan por qu� ten�a que mirar aquello, cuando le llam� la atenci�n el texto del pie de la fotograf�a.</p><empty-line/><p>CHICAENCONTRADA MUERTA</p><empty-line/><p>�La polic�a informa de que est� buscando pistas sobre la muerte de Maureen Brown, de catorce a�os de edad, cuyo cad�ver fue descubierto el domingo a las once de la noche en el interior de un contenedor de basura situado junto a la charcuter�a Big Apple Deli, en la Tercera Avenida. Aunque el juez de instrucci�n no ha aportado todav�a detalles sobre la causa de la muerte, Michael Garza, el propietario de la charcuter�a que descubri� el cuerpo, ha declarado que ten�a un profundo corte en el cuello. La polic�a no ha localizado a�n el arma��</p><empty-line/><p>Incapaz de seguir leyendo, Simon se dej� caer en una silla. Ahora que lo sab�a, ve�a inequ�vocamente a Maureen en aquella fotograf�a. Reconoci� sus calentadores con los colores del arco iris, aquel est�pido gorrito rosa que llevaba cuando la vio por �ltima vez. �Dios m�o�, le habr�a gustado poder decir. Pero no le sal�an las palabras.</p><p>���No dec�an en esa nota -dijo Jordan con voz sombr�a- que si no te presentabas en aquella direcci�n le cortar�an el cuello a tu novia?</p><p>��No -susurr� Simon-. No es posible. No.</p><p>Pero entonces lo record�:</p><p>�La amiga del primo peque�o de Eric. �C�mo se llama? Aquella que est� loca por Simon. Viene a todos nuestros bolos y le cuenta a todo el mundo que es su novia�.</p><p>Simon record� su tel�fono, aquel peque�o tel�fono rosa con pegatinas, c�mo lo sujetaba para hacer las fotograf�as. La sensaci�n de su mano sobre su hombro, ligera como una mariposa. Catorce a�os. Se encorv� sobre s� mismo, abraz�ndose, como queri�ndose hacer peque�o hasta llegar a desaparecer.</p></section><section><title><p>14 M�S ALL� DE LOS SUE�OS</p></title><p>Jace se agit� inquieto en su estrecha cama en la Ciudad Silenciosa. No sab�a d�nde dorm�an los Hermanos, y ellos no hab�an mostrado inter�s alguno por revel�rselo. El �nico lugar donde al parecer pod�a acostarse era en una de las celdas que hab�a debajo de la Ciudad y que destinaban a los prisioneros. Le hab�an dejado la puerta abierta para que no se sintiese encarcelado, pero por mucha imaginaci�n que intentara ponerle, era un lugar que no pod�a de ning�n modo calificarse de agradable.</p><p>El ambiente estaba cargado y ol�a a cerrado. Se hab�a quitado la camiseta y se hab�a acostado sobre las mantas vestido s�lo con sus vaqueros, pero segu�a teniendo calor. Los muros eran de un ins�pido color gris. Justo por encima del armaz�n de la cama, alguien hab�a grabado en la piedra las letras �JG� y se pregunt� por su significado. En la habitaci�n no hab�a m�s mobiliario que la cama, un espejo roto que le devolv�a su reflejo en una imagen distorsionada, y el lavabo. Y todo eso sin mencionar los desagradables recuerdos que le despertaba aquel lugar. Los Hermanos hab�an estado toda la noche entrando y saliendo de su cabeza, hasta estrujarlo por completo. Su secretismo era tan grande, que no ten�a ni idea de si estaban haciendo avances. No se los ve�a satisfechos aunque, la verdad, nunca lo parec�an.</p><p>Sab�a que la prueba de fuego era dormir. �Con qu� so�ar�a? �Dormir: tal vez so�ar.� Se volvi�, escondi� la cara entre las manos. Se ve�a incapaz de soportar otro sue�o en el que volviera a hacerle da�o a Clary. Cre�a que se volver�a loco, y le daba miedo. La posibilidad de morir nunca lo hab�a asustado demasiado, pero la idea de volverse loco era lo peor que pod�a imaginarse. Dormirse, no obstante, era la �nica forma de averiguarlo. Cerr� los ojos y se oblig� a dormir.</p><p>Durmi�, y so��.</p><p>Estaba de nuevo en el valle, en el valle de Idris donde hab�a luchado con Sebastian y hab�a estado a punto de morir. En el valle era oto�o, no verano, como la �ltima vez que hab�a estado all�. Hab�a una explosi�n de hojas con matices dorados, caoba, anaranjados y rojos. Estaba en la orilla del r�o -un arroyo, en realidad- que part�a el valle por la mitad. Vislumbr� a alguien a lo lejos, alguien que se acercaba, alguien a quien no pod�a ver a�n con claridad pero que avanzaba hacia �l directamente y con paso convencido.</p><p>Estaba tan seguro de que era Sebastian, que no fue hasta que la figura se acerc� lo suficiente como para verla mejor que se dio cuenta de que no pod�a ser �l. Sebastian era alto, m�s alto que Jace, pero aquella persona era bajita� Ten�a el rostro oculto por las sombras, pero ser�a un palmo o dos m�s bajo que Jace, y delgado, con los hombros estrechos de un ni�o y unas mu�ecas huesudas que sobresal�an por debajo de las mangas de una camisa que le quedaba peque�a.</p><p>Max.</p><p>Ver a su hermano peque�o fue para Jace como un bofet�n. Cay� de rodillas sobre la hierba, aunque no se hizo da�o. Todo ten�a esa sensaci�n de blandura de los sue�os. Max estaba como siempre. Un chaval�n huesudo a punto de dar el estir�n y que hab�a dejado ya atr�s la fase de ni�o peque�o. Aunque nunca llegar�a a conseguirlo.</p><p>��Max -dijo Jace-. Lo siento mucho, Max.</p><p>��Jace. -Max no avanz� m�s. Se hab�a levantado un poco de viento y la brisa despejaba el pelo de su cara. Sus ojos, detr�s de las gafas, eran serios-. No estoy aqu� por m� -dijo-. No estoy aqu� para obsesionarte ni para que te sientas culpable.</p><p>�Naturalmente que no -dijo una voz en la cabeza de Jace-. Max siempre te ha querido, te ha idolatrado, ha pensado que eras maravilloso.�</p><p>��Estos sue�os tuyos -dijo Max- son mensajes.</p><p>��Los sue�os son la influencia de un demonio, Max. Los Hermanos Silenciosos dicen que�</p><p>��Se equivocan -le cort� r�pidamente Max-. Ahora son s�lo unos pocos y sus poderes son m�s d�biles que antes. Estos sue�os pretenden decirte algo. No los has interpretado correctamente. No est�n dici�ndote que le hagas da�o a Clary. Sino advirti�ndote de que ya lo est�s haciendo.</p><p>Jace movi� poco a poco la cabeza de un lado a otro.</p><p>��No te entiendo.</p><p>��Los �ngeles me env�an a hablar contigo porque te conozco -dijo Max, con su cristalina voz de ni�o-. S� c�mo te comportas con tus seres queridos y s� que jam�s les har�as da�o voluntariamente. Pero a�n no has destruido toda la influencia de Valentine que llevas dentro de ti. Su voz sigue susurr�ndote y t� piensas que no lo oyes, pero no es as�. Lo que te est�n diciendo los sue�os es que hasta que no mates esa parte de ti mismo, no podr�s estar con Clary.</p><p>��Entonces matar� esa parte -dijo Jace-. Har� lo que sea necesario. S�lo tienes que decirme c�mo.</p><p>Max le regal� una espl�ndida sonrisa y Jace vio entonces que llevaba algo en la mano. Era una daga con empu�adura de plata: la daga de Stephen Herondale, la que estaba en la caja. Jace la reconoci� al instante.</p><p>��C�gela -dijo Max-. Y vu�lvela contra ti. Esa parte de ti que est� conmigo en el sue�o debe morir. Lo que surja despu�s estar� limpio.</p><p>Jace cogi� el cuchillo.</p><p>Max sonri�.</p><p>��Bien. Aqu�, en el otro lado, somos muchos los que estamos preocupados por ti. Tu padre est� aqu�.</p><p>��No Valentine, sino�</p><p>��Tu verdadero padre. Me ha mandado que te diga que utilices esto. Arrancar� toda la parte podrida de tu alma.</p><p>Max sonri� como un �ngel al ver que Jace dirig�a el cuchillo contra su cuerpo, el filo hacia dentro. Pero dud� en el �ltimo instante. Era demasiado similar a lo que Valentine hab�a hecho con �l, clav�rselo en el coraz�n. Cogi� el cuchillo y se hizo un largo corte en el antebrazo derecho, desde el codo hasta la mu�eca. No sinti� dolor. Se pas� el cuchillo a la mano derecha e hizo lo mismo en el otro brazo. La sangre empez� a manar a borbotones de los cortes, m�s roja que la sangre en la vida real, era sangre del color de los rub�es. Resbalaba por su piel y salpicaba la hierba.</p><p>Escuch� a Max respirar levemente. El ni�o se agach� y acerc� la mano derecha a la sangre. Cuando levant� la mano, sus dedos eran de un brillante color granate. Dio un paso hacia Jace, luego otro. As� de cerca, Jace consigui� ver con m�s claridad la cara de Max: su piel de ni�o, sin poros visibles, la transparencia de sus p�rpados, sus ojos� Jace no recordaba que tuviera los ojos tan oscuros. Max acerc� la mano al pecho de Jace, justo encima del coraz�n, y empez� a trazar un dibujo con la sangre, una runa. Era una runa que Jace no hab�a visto jam�s, con esquinas solapadas y extra�os �ngulos.</p><p>Cuando hubo terminado, Max baj� la mano y retrocedi�, con la cabeza ladeada, como un artista examinando su �ltima obra. Jace sinti� entonces una repentina punzada de agon�a. Era como si la piel de su pecho ardiera. Max segu�a mir�ndolo, sonriendo, doblando su ensangrentada mano.</p><p>���Te duele, Jace Lightwood? -dijo, y su voz ya no era la voz de Max, sino otra, fuerte, ronca, conocida.</p><p>��Max� -susurr� Jace.</p><p>��Igual que has causado dolor, padecer�s dolor -dijo Max, cuya cara hab�a empezado a brillar tenuemente y a transformarse-. Igual que has causado aflicci�n, sufrir�s aflicci�n. Ahora eres m�o, Jace Lightwood. Eres m�o.</p><p>El dolor era cegador. Jace se encogi�, las manos ara�aban su pecho, y cay� en picado en la oscuridad.</p><empty-line/><p>Simon estaba sentado en el sof�, con la cara oculta entre sus manos. La cabeza le zumbaba.</p><p>��Es culpa m�a -dijo-. Tambi�n podr�a haber matado a Maureen cuando beb� su sangre. Est� muerta por mi culpa.</p><p>Jordan se hab�a dejado caer en el sill�n delante de �l. Iba vestido con pantal�n vaquero y camiseta verde por encima de una camiseta t�rmica de manga larga agujereada por la parte de los pu�os; hab�a pasado los pulgares por los agujeros y estaba mirando con preocupaci�n la tela. La medalla de oro de los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis> que llevaba colgada al cuello reluc�a.</p><p>��Vamos -dijo-. Era imposible que lo supieras. Cuando la dej� en el taxi estaba bien. Esos tipos debieron de cogerla y matarla m�s tarde.</p><p>Simon se sent�a mareado.</p><p>��Pero yo la mord�. Y no va a resucitar, �verdad? �Se convertir� en vampira?</p><p>��No. Vamos, conoces el tema tan bien como yo. Para que se hubiera convertido en vampiro tendr�as que haberle dado un poco de tu sangre. Si hubiera bebido tu sangre y muerto despu�s, s�, andar�a por el cementerio guard�ndose mucho de las estacas. Pero no fue as�. Vamos, me imagino que una cosa de esta �ndole la recordar�as.</p><p>Simon percibi� un sabor a sangre agria en el fondo de su garganta.</p><p>��Creyeron que era mi novia -dijo-. Me avisaron de que la matar�an si yo no me presentaba y, al ver que no llegaba, le cortaron el cuello. Debi� de pasar el d�a entero esperando all�, pregunt�ndose si yo aparecer�a. Esperando mi llegada� -Ten�a el est�mago revuelto y se dobleg�, respirando con dificultad, intentando reprimir las n�useas.</p><p>��S� -dijo Jordan-, pero la pregunta es la siguiente: �Qui�n es esa gente? -Mir� fijamente a Simon-. Pienso que es hora de que llames al Instituto. No me gustan los cazadores de sombras, pero siempre he o�do decir que sus archivos son incre�blemente exhaustivos. A lo mejor tienen algo relacionado con la direcci�n que aparec�a en la nota.</p><p>Simon dudaba.</p><p>��Vamos -dijo Jordan-. Ya les has quitado bastante mierda de encima. Deja que sean ellos los que ahora hagan algo por ti.</p><p>Con un gesto de indiferencia, Simon se levant� para ir a buscar el tel�fono. De regreso a la sala de estar, marc� el n�mero de Jace. Isabelle respondi� al segundo timbre.</p><p>���Otra vez t�?</p><p>��Lo siento -dijo Simon torpemente. Por lo que se ve�a, su peque�a tregua en el Santuario no la hab�a ablandado tanto como esperaba-. Buscaba a Jace, pero supongo que tambi�n podr�a hablarlo contigo�</p><p>��Tan encantador como siempre -dijo Isabelle-. Cre�a que Jace estaba contigo.</p><p>��No. -Simon experiment� un sentimiento de inquietud-. �Qui�n te ha dicho eso?</p><p>��Clary -respondi� Isabelle-. A lo mejor han decidido pasar un rato juntos a escondidas de todo el mundo. -No parec�a preocupada, y ten�a sentido; la �ltima persona que mentir�a acerca del paradero de Jace en caso de que estuviera metido en problemas era Clary-. Jace se ha dejado el tel�fono en su habitaci�n. Si lo ves, recu�rdale que esta noche tiene que asistir a la fiesta de la Fundici�n. Si no aparece, Clary lo matar�.</p><p>Simon casi hab�a olvidado que tambi�n �l ten�a que acudir a esa fiesta por la noche.</p><p>��De acuerdo -dijo-. Mira, Isabelle, tengo un problema.</p><p>��Su�ltalo. Me encantan los problemas.</p><p>��No s� si �ste te encantar� mucho -dijo con desconfianza, y le informo r�pidamente de la situaci�n. Isabelle sofoc� un grito cuando lleg� a la parte en la que le explic� que hab�a mordido a Maureen, y Simon not� una fuerte tensi�n en la garganta.</p><p>��Simon -susurr� Isabelle.</p><p>��Lo s�, lo s� -dijo �l, apesadumbrado-. �Crees que no lo siento? Lo siento, y mucho m�s.</p><p>��Si la hubieses matado, habr�as quebrantado la Ley. Ser�as un proscrito. Y yo tendr�a que matarte.</p><p>��Pero no lo hice -replic�; su voz temblaba levemente-. Yo no lo hice. Jordan me ha jurado que Maureen estaba bien cuando la dej� en el taxi. Y en el peri�dico dicen que le hab�an cortado el cuello. Yo no hice eso. Alguien lo hizo para llegar hasta m�. Pero no s� por qu�.</p><p>��Este asunto no quedar� as�. -Lo dijo con voz muy seria-. Pero primero, veamos esa nota que te dejaron. L�emela.</p><p>Y as� lo hizo Simon, vi�ndose recompensado por la profunda respiraci�n de Isabelle.</p><p>��Ya me parec�a a m� que esta direcci�n me sonaba -dijo-. Es donde me dijo Clary que ten�amos que vernos ayer. Es una iglesia, en las afueras. Los cuarteles generales de alg�n tipo de culto demon�aco.</p><p>���Y qu� podr�a querer de m� un culto demon�aco? -dijo Simon, y recibi� una mirada curiosa por parte de Jordan, que escuchaba �nicamente su parte de la conversaci�n.</p><p>��No lo s�. Eres un vampiro diurno. Tienes unos poderes incre�bles. Y ello te convierte en objetivo de locos y practicantes de la magia negra. Es as�. -Simon tuvo la sensaci�n de que Isabelle podr�a haberse mostrado algo m�s compasiva-. Mira, ir�s a la fiesta esta noche, �no? �Por qu� no quedamos all� y hablamos sobre qu� pasos seguir a partir de ahora? Y le explicar� a mi madre todo lo que te ha pasado. Est�n investigando la iglesia de Talto y sumar�n lo que me has contado al mont�n de informaci�n que ya tienen.</p><p>��De acuerdo -dijo Simon. Aunque lo �ltimo que le apetec�a en aquel momento era asistir a una fiesta.</p><p>��Y tr�ete a Jordan -dijo Isabelle-. Siempre te ir� bien tener un guardaespaldas.</p><p>��Eso no puedo hacerlo. Estar� Maia.</p><p>��Hablar� con ella -dijo Isabelle. Parec�a mucho m�s confiada de lo que Simon se habr�a sentido en su lugar-. Hasta luego.</p><p>Colg�. Simon se volvi� hacia Jordan, que se hab�a tendido en el sof�, con la cabeza apoyada en uno de los cojines de lana.</p><p>���Cu�nto has o�do?</p><p>��Lo bastante como para entender que esta noche vamos de fiesta -contest� Jordan-. Estoy al corriente de la fiesta de la Fundici�n. Pero no me invitaron porque no formo parte de la manada de Garroway.</p><p>��Pues ahora vas a venir en calidad de mi acompa�ante. -Simon se guard� el tel�fono en el bolsillo.</p><p>��Estoy lo bastante seguro de mi masculinidad como para aceptar la invitaci�n -dijo Jordan-. Pero �ser� mejor que busquemos algo decente con que vestirte! -grit� cuando Simon entraba de nuevo en su habitaci�n-. Quiero que est�s muy guapo.</p><empty-line/><p>A�os atr�s, cuando Long Island City era un centro industrial en lugar de un barrio de moda lleno de galer�as de arte y cafeter�as, la Fundici�n era una f�brica de tejidos. En la actualidad era un armaz�n de ladrillo gigantesco cuyo interior hab�a sido transformado en un espacio frugal pero muy bonito. El suelo estaba cubierto con placas cuadradas de acero pulido; en el techo hab�a finas vigas de acero envueltas con guirnaldas de min�sculas luces blancas. Escaleras de caracol de hierro forjado ascend�an hasta pasarelas decoradas con plantas colgantes. Un impresionante tejado voladizo de cristal dejaba ver el cielo nocturno. Hab�a incluso una terraza exterior, construida sobre el East River, con una vista espectacular del puente de la calle Cincuenta y nueve que, extendi�ndose desde Queens hasta Manhattan, asomaba por encima como una lanza de oropel congelado.</p><p>La manada de Luke se hab�a superado embelleciendo el local. Hab�an colocado ingeniosamente grandes jarrones de esta�o con flores de tallo largo de color marfil y hab�a mesas cubiertas con manteles blancos dispuestas en c�rculo en torno a un escenario elevado donde un cuarteto de cuerda de hombres lobo tocaba m�sica cl�sica. A Clary le habr�a gustado que Simon hubiera estado all�; estaba segura de que Cuarteto de Cuerda de Hombres Lobo ser�a un buen nombre para un grupo musical.</p><p>Clary deambulaba de mesa en mesa, arreglando cosas que no requer�an ning�n tipo de arreglo, toqueteando las flores y colocando en su lugar cubiertos que no estaban en absoluto mal puestos. Hasta el momento hab�a llegado tan s�lo un pu�ado de invitados, y no conoc�a a ninguno de ellos. Su madre y Luke estaban en la puerta, saludando a la gente y sonriendo. Luke, inc�modo en su traje, y Jocelyn, radiante con un traje chaqueta azul. Despu�s de los acontecimientos de los �ltimos d�as, le gustaba ver a su madre feliz, aunque Clary se preguntaba cu�nto de aquello era real y cu�nto era de cara a la galer�a. Le preocupaba la mueca de tensi�n que hab�a apreciado en la boca de su madre: �se sent�a feliz o sonre�a a pesar de su dolor?</p><p>Clary ni siquiera sab�a c�mo se sent�a ella misma. Por muchas cosas que estuvieran pasando a su alrededor, no pod�a quitarse a Jace de la cabeza. �Qu� estar�an haci�ndole los Hermanos Silenciosos? �Estar�a bien? �Podr�an solucionar su problema, bloquear aquella influencia demon�aca? Hab�a pasado la noche en vela preocupada y contemplando la oscuridad de su alcoba hasta acabar sinti�ndose enferma de verdad.</p><p>Deseaba por encima de todo que Jace estuviera all�. Hab�a elegido el vestido que luc�a aquella noche -de un tono oro tan claro que parec�a casi blanco y m�s ce�ido de lo que era habitual en ella- con la esperanza de que a Jace le gustara; pero �l ni siquiera podr�a verla. Sab�a que aquello era una frivolidad; estar�a incluso dispuesta a ir vestida con un tonel durante el resto de su vida si ello significaba la mejora de Jace. Adem�s, �l siempre le dec�a que era bonita y nunca se quejaba porque fuera casi siempre vestida con vaqueros y zapatillas deportivas; pero a pesar de todo, no pod�a dejar de pensar que a Jace le habr�a gustado verla as� vestida.</p><p>Aquella noche, delante del espejo, casi se hab�a sentido guapa. Su madre siempre hab�a comentado que ella fue una belleza tard�a; y Clary, contemplando su imagen reflejada en el espejo, se hab�a preguntado si ser�a �se tambi�n su caso. Ya no era plana como una tabla de planchar -ese �ltimo a�o hab�a tenido que aumentar una talla de sujetador- y forzando la vista, le pareci� ver� s�, definitivamente, aquello eran unas caderas. Ten�a curvas. Peque�as, pero ya era algo para empezar.</p><p>Hab�a decidido lucir joyas sencillas, muy sencillas.</p><p>Levant� la mano y acarici� el anillo de los Morgenstern que llevaba colgado al cuello mediante una cadenita. Aquella ma�ana, por primera vez en muchos d�as, hab�a vuelto a pon�rselo. Era como un silencioso gesto de confianza hacia Jace, una forma de indicar su fidelidad, lo supiese �l o no. Y hab�a decidido llevarlo colgado hasta que volviese a verlo.</p><p>���Clarissa Morgenstern? -dijo una voz agradable a sus espaldas.</p><p>Clary se volvi� sorprendida. No era una voz conocida. Vio a una chica alta y delgada de unos veinte a�os de edad. Su piel era blanca como la leche, recorrida por venas del color verde claro de la savia, y su pelo rubio ten�a el mismo matiz verdoso. Sus ojos eran de un tono azul s�lido, como canicas, y llevaba un vestido lencero azul tan fino que Clary pens� que deb�a de estar congel�ndose. Poco a poco, empez� a recordar.</p><p>��Kaelie -dijo Clary poco a poco, reconociendo al hada que trabajaba como camarera en Taki�s y que los hab�a atendido m�s de una vez cuando hab�a ido a comer all� con los Lightwood. Una chispa le record� que hab�a o�do alguna indirecta acerca de que hab�a tenido en su d�a un peque�o romance con Jace, pero aquel hecho le parec�a tan menor en comparaci�n con todo lo dem�s, que ni siquiera se plante� darle importancia-. No te hab�a visto� �Conoces a Luke?</p><p>��No me confundas con una invitada -dijo Kaelie, con la fina mano trazando en el aire un despreocupado gesto de indiferencia-. Mi se�ora me env�a a buscarte, no para asistir a ning�n festejo. -Mir� con curiosidad por encima del hombro, sus ojos completamente azules brillando-. Aunque no sab�a que tu madre iba a casarse con un hombre lobo.</p><p>Clary enarc� las cejas.</p><p>���Y?</p><p>Kaelie la mir� de arriba abajo con una expresi�n divertida.</p><p>��Mi se�ora me dijo que, a pesar de tu peque�o tama�o, eras bastante dura de pelar. En la Corte te menospreciar�an por ser tan bajita.</p><p>��No estamos en la Corte -dijo Clary-. Y tampoco estamos en Taki�s, lo que significa que eres t� la que has venido a m�, lo que significa tambi�n que dispones de cinco segundos para contarme qu� quiere la reina seelie. La verdad es que no es muy de mi agrado, y no estoy de humor para sus jueguecitos.</p><p>Kaelie se�al� el cuello de Clary con un dedo rematado con una u�a verde.</p><p>��Mi se�ora me ha dicho que te pregunte por qu� llevas el anillo de los Morgenstern. �Es en reconocimiento a tu padre?</p><p>Clary se llev� la mano al cuello.</p><p>��Es por Jace� porque Jace me lo regal� -dijo sin poder evitarlo, y a continuaci�n se maldijo en silencio. No era muy inteligente contarle m�s de lo conveniente a la reina seelie.</p><p>��Pero �l no es un Morgenstern -dijo Kaelie-, sino un Herondale, y ellos tienen su propio anillo. Un motivo con garzas, no de luceros del alba. �Y no crees que a Jace le queda mejor eso, una alma que remonta el vuelo como un p�jaro, mejor que caer como Lucifer?</p><p>��Kaelie -dijo Clary entre dientes-. �Qu� quiere la reina seelie?</p><p>El hada se ech� a re�r.</p><p>��Simplemente darte esto. -Ten�a algo en la mano, un diminuto colgante de plata en forma de campanilla, con un peque�o gancho en el extremo para poder colgarse de una cadena. Cuando Kaelie movi� la mano, la campanilla son�, suave y dulce como la lluvia.</p><p>Clary se ech� hacia atr�s.</p><p>��No quiero regalos de tu se�ora -dijo-, pues vienen cargados de mentiras y expectativas. No quiero deberle nada a la reina.</p><p>��No es un regalo -dijo Kaelie con impaciencia-. Sirve para invocarla. La reina te perdona por tu anterior terquedad. Y cree que muy pronto vas a necesitar su ayuda. Est� dispuesta a ofrec�rtela si decides ped�rsela. Basta con que toques la campanita y aparecer� un sirviente de la Corte que te conducir� hasta ella.</p><p>Clary neg� con la cabeza.</p><p>��No pienso tocarla.</p><p>Kaelie se encogi� de hombros.</p><p>��En ese caso, no te cuesta nada aceptarla.</p><p>Y como si estuviera en un sue�o, Clary contempl� su mano abri�ndose y sus dedos cerni�ndose sobre el objeto.</p><p>��Har�as cualquier cosa por salvarlo -dijo Kaelie, con la voz tan fina y dulce como el ta�ido de la campana-, te cueste lo que te cueste, independientemente de la deuda que puedas contraer con el Infierno o el Cielo, �verdad?</p><p>En la cabeza de Clary reson� el recuerdo de unas voces. <emphasis>��Te paraste alguna vez a pensar qu� falsedades pod�a haber en la historia que tu madre te cont�, qu� objetivo persegu�a al contarlas? �Piensas de verdad que conoces todos y cada uno de los secretos de tu pasado</emphasis>?</p><p><emphasis>�Madame Dorotea le dijo a Jace que se enamorar�a de la persona err�nea</emphasis>.</p><p><emphasis>�No es que sea imposible salvarlo. Pero ser� dif�cil</emphasis>.�</p><p>La campanilla son� cuando Clary la cogi� y la encerr� en la palma de su mano. Kaelie sonri�, sus ojos azules brillaban como cuentas de cristal.</p><p>��Sabia decisi�n -dijo.</p><p>Clary dud�. Pero antes de que pudiera devolver la campana a la chica hada, oy� que alguien la llamaba. Al volverse, vio a su madre abri�ndose paso entre la gente en direcci�n a ella. Se volvi� r�pidamente y no la sorprendi� descubrir que Kaelie se hab�a esfumado, que hab�a desaparecido entre el gent�o igual que la niebla se evapora bajo el sol matutino.</p><p>��Clary -dijo Jocelyn al llegar a su lado-. Estaba busc�ndote y Luke te ha encontrado por fin, aqu� sola. �Va todo bien?</p><p>�Aqu� sola.� Clary se pregunt� qu� tipo de <emphasis>glamour </emphasis>habr�a utilizado Kaelie; su madre tendr�a que ser capaz de ver a trav�s de la mayor�a de encantos.</p><p>��Estoy bien, mam�.</p><p>���D�nde est� Simon? Cre� que iba a venir.</p><p>Era normal que mencionase ante todo a Simon, pens� Clary, y no a Jace. Aun cuando supuestamente Jace ten�a que asistir a la fiesta, adem�s en calidad de novio de Clary, y tendr�a que estar ya all�.</p><p>��Mam� -dijo, e hizo una pausa-. �Crees que alguna vez llegar� a gustarte Jace?</p><p>La verde mirada de Jocelyn se dulcific�.</p><p>��Ya me he dado cuenta de que no est� aqu�, Clary. Pero simplemente no sab�a si querr�as hablar del tema.</p><p>��Me refiero -prosigui� Clary con tenacidad- a si piensas que Jace podr�a hacer algo para conseguir ser de tu agrado.</p><p>��S� -dijo Jocelyn-. Podr�a hacerte feliz. -Acarici� la cara de Clary y �sta cerr� con fuerza su mano, sintiendo la campana contra su piel.</p><p>��Me hace feliz -dijo Clary-. Pero no puede controlarlo todo, mam�. Suceden otras cosas que� -Busc� torpemente las palabras. �C�mo explicar que no era Jace lo que la hac�a infeliz, sino lo que le suced�a, sin revelar de qu� se trataba?</p><p>��Le quieres tanto -dijo con delicadeza Jocelyn-, que me da incluso miedo. Siempre he querido protegerte.</p><p>��Y mira c�mo te ha salido -empez� a decir Clary, aunque afloj� en seguida el tono. No era el momento de echarle la culpa de nada a su madre ni de pelear con ella, en absoluto. Luke estaba mir�ndolas desde la puerta, con el rostro radiante de amor y ansiedad-. Si lo conocieses -dijo, sin apenas esperanza-. Aunque supongo que todo el mundo dice lo mismo sobre su novio.</p><p>��Tienes raz�n -replic� Jocelyn, sorprendi�ndola-. No lo conozco, la verdad es que no. Lo he visto, y me recuerda un poco a su madre. No s� por qu� No se parece a ella, exceptuando que ella tambi�n era muy guapa, y que ten�a asimismo esa terrible vulnerabilidad que �l posee�</p><p>���Vulnerabilidad? -dijo Clary, at�nita. Jam�s se le hab�a ocurrido que nadie, excepto ella, pudiera considerar a Jace una persona vulnerable.</p><p>��Oh, s� -dijo Jocelyn-. Quer�a odiarla por haber apartado a Stephen de Amatis, pero resultaba imposible no querer proteger a C�line. Jace tiene un poco de eso. -Se qued� por un instante perdida en sus pensamientos-. O tal vez sea que el mundo rompe muy f�cilmente las cosas bonitas. -Baj� la cabeza-. Pero no importa. Son recuerdos y tengo que enfrentarme a ellos, pero son mis recuerdos. Jace no tiene por qu� soportar su peso. Pero voy a decirte una cosa. Si no te quisiese como te quiere (y eso lo lleva escrito en la cara cuando te mira), no lo tolerar�a ni un instante en mi presencia. Ten esto en cuenta cuando te enfades conmigo.</p><p>Con una sonrisa y una caricia en la mejilla, le dio a entender a Clary que no estaba enfadada y dio media vuelta para regresar con Luke, no sin antes pedirle a Clary que socializase un poco con los invitados. Clary hizo un gesto de asentimiento y no dijo nada. Se qued� mirando a su madre y notando que la campanilla le abrasaba la palma de la mano, como la punta de una cerilla encendida.</p><empty-line/><p>Los alrededores de la Fundici�n eran una zona ocupada b�sicamente por almacenes y galer�as de arte, el tipo de barrio que se vaciaba por la noche, por lo que Simon y Jordan encontraron aparcamiento en seguida. Cuando Simon salt� de la furgoneta, vio que Jordan ya estaba en la acera, observ�ndolo con mirada cr�tica.</p><p>Simon se hab�a marchado de casa sin coger ropa de vestir -no ten�a nada m�s elegante que una cazadora que en su d�a perteneci� a su padre-, por lo que Jordan y �l se hab�an pasado la tarde dando vueltas por el East Village en busca de algo decente que ponerse. Al final hab�an encontrado un viejo traje de Zegna en una tienda de art�culos de empe�o llamada El Amor Salva la Situaci�n especializada en botas brillantes de plataforma y pa�uelos de Pucci de los a�os sesenta. Simon se imagin� que Magnus deb�a de comprarse la ropa en un lugar de ese estilo.</p><p>���Qu�? -dijo, tirando t�midamente de las mangas de la chaqueta. Le iba un poco peque�a, aunque Jordan le hab�a dicho que si no se la abrochaba, nadie se fijar�a en ello-. �Tan mal estoy?</p><p>Jordan se encogi� de hombros.</p><p>��No romper�s ning�n espejo -dijo-. S�lo estaba pregunt�ndome si ibas armado. �Quieres alguna cosa? �Un cuchillo, quiz�? -Abri� un poco su chaqueta y Simon vio un destello alargado y met�lico destacando por encima del forro de la prenda.</p><p>��No me extra�a que Jace y t� os llev�is tan bien. Sois un par de locos arsenales andantes. -Simon movi� la cabeza de un lado a otro con desgana y ech� a andar en direcci�n a la entrada de la Fundici�n. Estaba en la acera de enfrente, una amplia marquesina dorada que proteg�a un rect�ngulo de la acera que hab�a sido decorado con una alfombra granate estampada en dorado con la imagen de un lobo. A Simon le hizo gracia el detalle.</p><p>Isabelle estaba apoyada en una de las columnas que sosten�an la marquesina. Llevaba el pelo recogido en un mo�o alto y un vestido largo de color rojo con un corte lateral que dejaba a la vista la pr�ctica totalidad de la pierna. Espirales doradas cubr�an su brazo derecho. Parec�an brazaletes, pero Simon sab�a que en realidad era su l�tigo de oro blanco. Iba cubierta de Marcas. Se enroscaban en sus brazos, rodeaban su cuello como si fuesen un collar y decoraban su pecho, visible en su mayor parte, gracias al vertiginoso escote del vestido. Simon se esforz� en no mirar.</p><p>��Hola, Isabelle -dijo.</p><p>Jordan, a su lado, se esforzaba tambi�n en no mirar.</p><p>��Hummm -dijo-. Hola, soy Jordan.</p><p>��Nos conocemos -dijo Isabelle con frialdad, ignorando la mano que Jordan le tend�a-. Maia ha estado intentando olvidar tus facciones. Con bastante �xito, adem�s.</p><p>Jordan puso cara de preocupaci�n.</p><p>���Est� aqu�? �Est� bien?</p><p>��Est� aqu� -confirm� Isabelle-. Aunque c�mo se encuentre no te importa en absoluto�</p><p>��Tengo cierto sentido de la responsabilidad -dijo Jordan.</p><p>���Y d�nde guardas ese sentido? �En tus pantalones, tal vez?</p><p>Jordan estaba indignado.</p><p>Isabelle agit� con indiferencia su mano decorada.</p><p>��Mira, lo que hayas hecho en el pasado, pasado est�. S� que ahora eres un <emphasis>Praetor Lupus </emphasis>y le he explicado a Maia lo que eso significa. Est� dispuesta a aceptar tu presencia aqu� y a ignorarte. Pero no conseguir�s nada m�s. No la molestes, no intentes hablar con ella, ni la mires siquiera, o te doblar� por la mitad tantas veces que acabar�s pareciendo un peque�o hombre lobo de papiroflexia.</p><p>Simon resopl�.</p><p>��Y t� deja de re�r -dijo Isabelle, se�al�ndolo-. Tampoco quiere hablar contigo. Y a pesar de que esta noche est� incre�blemente sexy (si a m� me fueran las t�as ir�a directa a por ella), ninguno de los dos tiene permiso para hablar con Maia. �Entendido?</p><p>Asintieron los dos, bajando la vista como un par de colegiales que acabaran de recibir una advertencia por mala conducta.</p><p>Isabelle se separ� de la columna.</p><p>��Estupendo. Entremos.</p></section><section><title><p>15 <emphasis>BEATI BELLICOSI</emphasis></p></title><p>El interior de la Fundici�n estaba lleno de guirnaldas de brillantes luces multicolores. Algunos invitados hab�an empezado ya a sentarse, pero la mayor�a deambulaba por el local con copas de champ�n rebosantes de burbujeante l�quido dorado. Los camareros -que, por lo que vio Simon, eran tambi�n hombres lobo; el personal que atend�a la fiesta estaba integrado en su totalidad por miembros de la manada de Luke- pululaban entre los invitados sirviendo copas aflautadas de champ�n. Simon declin� la oferta de m�s de una. Desde su experiencia en la fiesta de Magnus, no consideraba seguro beber nada que no hubiera preparado �l personalmente.</p><p>Maia estaba de pie junto a uno de los pilares de ladrillo, hablando y riendo con dos hombres lobo. Llevaba un vestido ce�ido de seda naranja que destacaba su piel oscura, y su cabello parec�a un halo salvaje de rizos casta�os claros enmarcando su rostro. En cuanto vio llegar a Simon y a Jordan, dio media vuelta. La parte posterior del vestido formaba una pronunciada �V� que dejaba al descubierto su espalda, incluyendo el tatuaje de una mariposa que adornaba la zona lumbar.</p><p>��Me parece que no lo ten�a cuando sal�a conmigo -dijo Jordan-. El tatuaje ese, quiero decir.</p><p>Simon mir� a Jordan. Contemplaba a su antigua novia con un deseo tan evidente que, de seguir as�, acabar�a provocando a Isabelle y recibiendo un pu�etazo en la cara.</p><p>��Vamos -dijo, poni�ndole a Jordan la mano en la espalda y d�ndole un empujoncito-. Vamos a ver d�nde nos corresponde sentarnos.</p><p>Isabelle, que hab�a estado observ�ndolos por encima del hombro, esboz� una sonrisa gatuna.</p><p>��Buena idea.</p><p>Avanzaron entre la multitud hasta la zona donde estaban dispuestas las mesas y descubrieron que la suya estaba ya medio llena. Clary ocupaba uno de los asientos y ten�a la mirada clavada en una copa de champ�n llena de lo que probablemente era ginger-ale. A su lado estaban Alec y Magnus, ambos con los trajes oscuros que hab�an llevado a su llegada de Viena. Magnus jugueteaba con los flecos de su larga bufanda blanca. Alec, de brazos cruzados, ten�a la mirada ferozmente perdida en la distancia.</p><p>Clary, al ver a Simon y a Jordan, se puso en pie de un salto, con una clara expresi�n de alivio en su cara. Dio la vuelta a la mesa para saludar a Simon, que vio que Clary llevaba un sencillo vestido de seda de color marfil y sandalias planas doradas. Sin tacones que le dieran altura, parec�a diminuta. Llevaba el anillo de los Morgenstern colgado al cuello, la plata brillando en el extremo de la cadena que lo sujetaba. Clary se puso de puntillas para darle un abrazo y le murmur�:</p><p>��Me parece que Alec y Magnus est�n peleados.</p><p>��Eso parece -murmur� tambi�n �l para responderle-. �D�nde est� tu novio?</p><p>Al o�r la pregunta, Clary deshizo el abrazo.</p><p>��Vendr� m�s tarde. -Se volvi�-. Hola, Kyle.</p><p>�l sonri� con incomodidad.</p><p>��Me llamo Jordan, en realidad.</p><p>��Eso me han dicho. -Clary hizo un gesto en direcci�n a la mesa-. Podr�amos ir sent�ndonos. Me parece que en seguida empezar�n con los brindis y esas cosas. Y despu�s me imagino que llegar� la comida.</p><p>Se sentaron. Y se produjo un prolongado y embarazoso silencio.</p><p>��Y bien -dijo Magnus por fin, repasando con un largo dedo el borde de su copa de champ�n-, Jordan, me han dicho que est�s con los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis>. Veo que llevas uno de sus medallones. �Qu� pone en �l?</p><p>Jordan asinti�. Se hab�a ruborizado, sus ojos verdes brillaban, su atenci�n centrada s�lo en parte en la conversaci�n. Segu�a los movimientos de Maia por la sala con la mirada, sus dedos jugueteaban nerviosos con el mantel. Simon dudaba que estuviese siquiera d�ndose cuenta de aquel tic. �<emphasis>Beati bellicosi</emphasis>: Benditos sean los guerreros.�</p><p>��Es una buena organizaci�n -dijo Magnus-. Conoc� a su fundador, en el siglo diecinueve. Woolsey Scott. De una respetable y antigua familia de lic�ntropos.</p><p>Alec emiti� un desagradable sonido gutural.</p><p>���Tambi�n te acostaste con �l?</p><p>Los ojos de gato de Magnus aumentaron de tama�o.</p><p>���Alexander!</p><p>��No s� nada de tu pasado, �verdad? -dijo Alec-. No me cuentas nada, dices que no tiene importancia.</p><p>Magnus estaba imp�vido, pero su voz son� con un oscuro matiz de rabia.</p><p>���Significa esto que cada vez que mencione a alguien que he conocido piensas preguntarme si he tenido un romance con �l?</p><p>Alec continu� con su expresi�n de terquedad, y Simon no pudo evitar sentir hacia �l un destello de compasi�n; sus ojos azules dejaban en evidencia que estaba dolido.</p><p>��Es posible.</p><p>��Conoc� a Napole�n -dijo Magnus-. Pero no tuvimos ning�n l�o. Era sorprendentemente puritano para ser franc�s.</p><p>���Que conociste a Napole�n? -Jordan, que aparentemente se hab�a perdido la mayor parte de la conversaci�n, estaba impresionado-. �Es cierto entonces lo que cuentan sobre los brujos?</p><p>Alec le lanz� una mirada muy desagradable.</p><p>���El qu� es cierto?</p><p>��Alexander -dijo Magnus con frialdad, y Clary mir� a los ojos a Simon, que estaba enfrente de ella en la mesa. Los ojos de Clary estaban abiertos de par en par, su verde intens�simo, su expresi�n alarmada-. No puedes mostrarte maleducado con todo aquel que me habla.</p><p>Alec realiz� un gesto amplio abarcando toda la mesa.</p><p>���Y por qu� no? �Acaso te corto las alas con ello? A lo mejor pretend�as ligar con este chico lobo. Es bastante atractivo, si te van los tipos sexy, anchos de espaldas, con facciones angulosas.</p><p>��Vale ya -dijo Jordan sin levantar mucho la voz.</p><p>Magnus puso la cabeza entre sus manos.</p><p>��Aunque tambi�n hay muchas chicas guapas, ya que por lo que parece te van las dos cosas. �Hay algo que no te vaya?</p><p>��Las sirenas -dijo Magnus-. Huelen a algas.</p><p>��Todo esto no tiene ninguna gracia -dijo Alec con pasi�n y, d�ndole un puntapi� a la silla, se levant� de la mesa y se perdi� entre los invitados.</p><p>Magnus segu�a con la cabeza entre las manos, con las puntas negras de su pelo asomando entre los dedos.</p><p>��Sigo sin comprender -dijo, sin dirigirse a nadie en particular- por qu� el pasado tiene tanta importancia.</p><p>Para sorpresa de Simon, fue Jordan quien respondi�.</p><p>��El pasado siempre tiene importancia -dijo-. Eso es lo que te dicen cuando te apuntas a los <emphasis>Praetor</emphasis>. No hay que olvidar las cosas que hiciste en el pasado, porque si lo haces nunca conseguir�s aprender de ellas.</p><p>Magnus levant� la vista, sus ojos verde dorado brillaban entre sus dedos.</p><p>���Cu�ntos a�os tienes? -le pregunt�-. �Diecis�is?</p><p>��Dieciocho -respondi� Jordan, algo asustado.</p><p>La edad de Alec, pens� Simon, reprimiendo una sonrisa interior. La verdad era que el drama entre Alec y Magnus no le parec�a en absoluto gracioso, pero resultaba dif�cil no sentir cierta gracia amarga al ver la cara de Jordan. Jordan doblaba en tama�o a Magnus -a pesar de ser alto, Magnus era muy delgado, casi escu�lido-, pero era evidente que Jordan le ten�a miedo. Simon se volvi� para intercambiar una mirada con Clary, pero ella ten�a la vista fija en la puerta de entrada, su rostro de repente estaba blanco como el papel. Dej� la servilleta, murmur� una disculpa y se levant�, huyendo pr�cticamente de la mesa.</p><p>Magnus levant� las manos.</p><p>��Vale, si esto va a convertirse en un �xodo en masa� -dijo, y se levant� con elegancia, ech�ndose la bufanda al cuello. Desapareci� entre los invitados, seguramente en busca de Alec.</p><p>Simon mir� a Jordan, que a su vez estaba mirando de nuevo a Maia. La chica estaba de espaldas a ellos, hablando con Luke y Jocelyn, riendo, ech�ndose hacia atr�s su rizada melena.</p><p>��Ni lo pienses siquiera -dijo Simon, y se levant�. Se�al� a continuaci�n a Jordan-. Y t� qu�date aqu�.</p><p>���Para hacer qu�? -pregunt� Jordan.</p><p>��Para hacer lo que quiera que los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis> hacen en situaciones as�. Meditar. Reflexionar sobre tus poderes Jedi. Lo que sea. Vuelvo en cinco minutos, y ser� mejor que cuando regrese sigas aqu�.</p><p>Jordan se recost� en su asiento y se cruz� de brazos en un adem�n de rebeld�a, pero Simon ya no le prestaba atenci�n. Se hab�a vuelto y avanzaba hacia los invitados, siguiendo a Clary, que era una motita de rojo y oro entre los cuerpos en movimiento, coronada por su brillante melena recogida.</p><p>La alcanz� cuando estaba junto a uno de los pilares envueltos en lucecitas y le puso una mano en el hombro. Ella se volvi� sorprendida, con los ojos abiertos y la mano levantada para defenderse. Pero se relaj� en cuanto vio qui�n era.</p><p>���Me has asustado!</p><p>��Normal -dijo Simon-. �Qu� sucede? �De qu� tienes tanto miedo?</p><p>��Yo� -Baj� la mano con un gesto dubitativo; a pesar de su aspecto forzado de indiferencia, el pulso lat�a en su cuello como un martillo-. Me ha parecido ver a Jace.</p><p>��Lo que me imaginaba -dijo Simon-. Pero�</p><p>���Pero?</p><p>��Se te ve asustada de verdad. -No estaba muy seguro de por qu� acababa de decir aquello, ni de la respuesta que esperaba de ella. Clary se mordi� el labio, como hac�a siempre que estaba nerviosa. Su mirada se perdi� por un instante en la lejan�a, una mirada que Simon conoc�a muy bien. Una de las cosas que siempre le hab�an gustado de Clary era la facilidad con la que lograba ensimismarse, la facilidad con la que pod�a encerrarse en mundos ilusorios de hechizos, princesas, destino y magia. Antes tambi�n �l pod�a hacerlo, consegu�a habitar universos imaginarios apasionantes para sentirse seguro, para sentirse un personaje de ficci�n. Pero ahora que lo real y lo imaginario hab�an entrado en colisi�n, se preguntaba si Clary, como le suced�a a �l, a�oraba el pasado, lo normal. Se preguntaba si la normalidad era algo que, igual que suced�a con la vista o el silencio, no llegabas a apreciar por completo hasta que lo perd�as.</p><p>��Est� pasando un mal momento -dijo Clary en voz baja-. Estoy asustada por �l.</p><p>��Lo s� -dijo Simon-. Mira, no es por meterme donde no me llaman� pero �ha descubierto ya qu� le pasa? �Lo ha descubierto alguien?</p><p>��Jace� -Se interrumpi�-. Se encuentra bien. Simplemente est� pasando un mal momento aceptando todo ese asunto de Valentine. Ya sabes. -Simon lo sab�a. Sab�a tambi�n que Clary estaba minti�ndole. Clary, que casi nunca le escond�a nada. La mir� fijamente.</p><p>��Ten�a pesadillas -dijo ella-. Le preocupaba que hubiera en ellas alg�n tipo de implicaci�n demon�aca�</p><p>���Implicaci�n demon�aca? -repiti� Simon con incredulidad. Sab�a que Jace ten�a pesadillas, eso ya se lo hab�a comentado, pero en ning�n momento hab�a hecho menci�n alguna sobre posibles demonios.</p><p>��Por lo que parece, hay cierto tipo de demonios que intentan alcanzarte a trav�s de los sue�os -dijo Clary, sintiendo haber sacado el tema a relucir-, pero estoy segura de que no es nada. Todo el mundo tiene pesadillas de vez en cuando, �no crees? -Pos� la mano en el brazo de Simon-. Voy a ver c�mo est�. En seguida vuelvo. -Miraba ya m�s all� de Simon, hacia la puerta que daba a la terraza. Simon se qued� en su sitio y la dej� marchar, vi�ndola desaparecer entre la multitud.</p><p>Se la ve�a tan peque�a� tan peque�a como cuando en primero la acompa�aba hasta la puerta de su casa y la ve�a subir la escalera, menuda y decidida, con la fiambrera golpe�ndole las rodillas a medida que iba ascendiendo. Not� que se le encog�a el coraz�n, aquel coraz�n que ya no lat�a, y se pregunt� si exist�a algo en el mundo tan doloroso como ser incapaz de proteger a tus seres queridos.</p><p>��Tienes mala cara -dijo una voz a su espalda. Ronca, familiar-. �Pensando en el tipo de persona horrible que eres?</p><p>Simon se volvi� y vio a Maia apoyada en la columna que ten�a detr�s. Llevaba una sarta de lucecitas blancas colgada al cuello y su rostro estaba encendido por el champ�n y el calor del local.</p><p>��O mejor deber�a decir -continu�-, en el tipo de vampiro horrible que eres. Aunque si lo dijera as�, parecer�a que me refiriera m�s bien a que eres malo como vampiro.</p><p>��Soy malo como vampiro -dijo Simon-. Pero eso no significa que fuera tambi�n un mal novio.</p><p>Maia le regal� una sonrisa torcida.</p><p>��Dice Bat que no deber�a ser tan dura contigo -dijo-. Dice que los chicos siempre cometen estupideces con las chicas. Especialmente los rarillos que no han tenido mucha suerte con las mujeres.</p><p>��Es como si me hubiera le�do el alma.</p><p>Maia movi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>��Resulta dif�cil estar enfadada contigo -dijo-. Pero estoy en ello. -Dio media vuelta.</p><p>��Maia -dijo Simon. Empezaba a dolerle la cabeza y estaba un poco mareado. Pero si no hablaba con ella ahora, nunca lo har�a-. Espera. Por favor. -Maia se volvi� y se qued� mir�ndolo, con las cejas arqueadas inquisitivamente-. Siento lo que hice -dijo-. S� que ya te lo dije, pero es en serio.</p><p>Ella se encogi� de hombros, inexpresiva, sin darle a entender nada.</p><p>Simon pas� por completo del dolor de cabeza y prosigui�.</p><p>��Tal vez Bat tenga raz�n -dijo-. Pero hay algo m�s. Quer�a estar contigo, y s� que te parecer� ego�sta, porque t� me hac�as sentir normal. Como la persona que era antes.</p><p>��Soy una chica lobo, Simon. No muy normal, la verdad.</p><p>��Pero t�� t� s� lo eres -dijo �l, tartamudeando un poco-. Eres aut�ntica y de verdad, una de las personas m�s aut�nticas que he conocido. Te apetec�a venir a casa a jugar a <emphasis>Halo</emphasis>. Te apetec�a hablar de c�mics, ver conciertos, ir a bailar� hacer cosas normales. Y me tratabas como si yo fuera normal. Jam�s me llamaste �vampiro diurno�, ni �vampiro�, ni cualquier otra cosa que no fuera Simon.</p><p>��Eso son cosas que hacen las amigas -dijo Maia. Se hab�a apoyado de nuevo en la columna, con los ojos brillantes-. No las novias.</p><p>Simon se limit� a mirarla. La cabeza le retumbaba como si tuviera latido de verdad.</p><p>��Y luego apareces con Jordan -a�adi� ella-. �En qu� estabas pensando?</p><p>��Eso no es justo -protest� Simon-. No ten�a ni idea de que era tu ex�</p><p>��Lo s�. Me lo dijo Isabelle -le interrumpi� Maia-. Pero eso no te libra de nada.</p><p>���Ah no? -Simon busc� con la vista a Jordan, que estaba sentado solo en la mesa redonda cubierta con mantel, igual que el pobre chico al que le han dado plant�n el d�a de la fiesta de fin de curso. De pronto Simon se sinti� muy cansado: cansado de preocuparse por todo el mundo, cansado de sentirse culpable de cosas que hab�a hecho y que probablemente har�a en el futuro-. �Y te cont� tambi�n Izzy que Jordan pidi� ser nombrado mi vigilante para poder estar cerca de ti? Tendr�as que o�rlo preguntar por ti. Incluso su forma de pronunciar tu nombre. C�mo me atac� cuando vio que te estaba enga�ando�</p><p>��No me estabas enga�ando. No sal�amos de forma exclusiva. Enga�ar es otra cosa�</p><p>Simon sonri� cuando Maia dej� de hablar, sonroj�ndose.</p><p>��Supongo que es bueno que lo odies tanto que est�s dispuesta a tomar partido contra �l pase lo que pase -dijo.</p><p>��Han pasado a�os -dijo ella-. Y en ese tiempo nunca ha intentado ponerse en contacto conmigo. Ni una sola vez.</p><p>��Lo intent� -dijo Simon-. �Sab�as que la noche que te mordi� era la primera vez que se transformaba?</p><p>Maia neg� con la cabeza, sus rizos flotaban, sus grandes ojos oscuros muy serios.</p><p>��No. Pens� que sab�a�</p><p>���Que era un hombre lobo? No. Sab�a que �ltimamente estaba perdiendo el control, pero �a qui�n se le ocurrir�a achacar eso a estar convirti�ndose en hombre lobo? El d�a despu�s de morderte fue a buscarte, pero los <emphasis>Praetor</emphasis> se lo impidieron. Lo mantuvieron alejado de ti. Pero incluso as�, �l nunca dej� de buscarte. No creo que haya pasado un solo d�a en estos dos �ltimos a�os en el que no se haya preguntado por tu paradero�</p><p>���Por qu� lo defiendes? -susurr� ella.</p><p>��Porque debes saberlo -dijo Simon-. He sido una mierda de novio y te debo una. Debes saber que Jordan nunca quiso abandonarte. Que se present� voluntario para defenderme porque tu nombre aparec�a en las notas de mi caso.</p><p>Maia abri� la boca. Y cuando neg� con la cabeza, las lucecitas de su collar brillaron como estrellas.</p><p>��No s� qu� se supone que tengo que hacer con todo esto, Simon. �Qu� se supone que tengo que hacer?</p><p>��No lo s� -respondi� Simon. Le dol�a la cabeza como si estuviesen clav�ndole u�as-. Pero s� te digo una cosa. Soy el �ltimo chico del mundo a quien tendr�as que pedirle consejo sobre relaciones amorosas. -Se llev� una mano a la frente-. Voy a salir. Necesito que me d� el aire. Jordan est� en esa mesa, si es que quieres hablar con �l.</p><p>Hizo un gesto en direcci�n a las mesas y dio media vuelta para alejarse de sus ojos inquisitivos, de los ojos de todos los presentes en la sala, del sonido de las voces y las risas, y avanz� tambale�ndose hacia las puertas.</p><empty-line/><p>Clary abri� las puertas que daban a la terraza y fue recibida por una r�faga de aire fr�o. Se estremeci�, pensando en su abrigo pero poco dispuesta a perder tiempo regresando a la mesa para buscarlo. Sali� a la terraza y cerr� la puerta a sus espaldas.</p><p>Era una amplia terraza de suelo enlosado y rodeada de barandillas de hierro forjado. A pesar de las antorchas ex�ticas que ard�an en grandes recept�culos de esta�o, el ambiente era g�lido, lo que probablemente explicaba por qu� all� fuera no hab�a nadie, excepto Jace. Estaba junto a la barandilla, contemplando el r�o.</p><p>Quiso correr hacia �l, pero se qued� dudando. Iba vestido con un traje oscuro, la chaqueta abierta sobre una camisa blanca, la cabeza girada hacia el otro lado. Nunca lo hab�a visto vestido as�, y parec�a mayor y algo distante. El viento que soplaba desde el r�o le alborotaba el pelo rubio y Clary vislumbr� la peque�a cicatriz que le recorr�a el cuello, all� donde Simon lo mordi� en su d�a, y record� que Jace se hab�a dejado morder, que hab�a puesto su vida en peligro, por ella.</p><p>��Jace -dijo.</p><p>Se volvi� y sonri� al verla. Era una sonrisa conocida y fue como si desbloqueara algo en el interior de Clary, liber�ndola para correr hacia �l y abrazarlo. �l la cogi� y la sujet� en volandas un buen rato, enterrando la cara en su cuello.</p><p>��Est�s bien -dijo ella por fin, cuando la deposit� de nuevo en el suelo. Se restreg� con energ�a las l�grimas que hab�a vertido-. Me refiero a� a que los Hermanos Silenciosos no te habr�an dejado salir de no estar bien. Aunque hab�a entendido que el ritual iba a llevar m�s tiempo, d�as incluso.</p><p>��No ha sido as�. -Le rode� la cara con las manos y le sonri�. Detr�s de �l, el puente de Queensboro se arqueaba por encima del agua-. Ya conoces a los Hermanos Silenciosos. Les gusta darle mucho bombo a todo lo que hacen. Pero en realidad es una ceremonia bastante simple. -Sonri� de nuevo-. Me sent� como un est�pido. Es una ceremonia pensada para ni�os peque�os y pens� que si acababa r�pido me dar�a tiempo a verte con este vestido de fiesta tan sexy. Me ayud� a terminar pronto. -Sonri� recorri�ndola de arriba abajo con la mirada-. Y, si me permites que te diga una cosa, no estoy en absoluto defraudado. Est�s guap�sima.</p><p>��T� tampoco est�s nada mal. -Ri� un poco entre las l�grimas-. Ni siquiera sab�a que ten�as un traje.</p><p>��No lo ten�a. He tenido que compr�rmelo. -Desliz� los pulgares por sus p�mulos mojados de l�grimas-. Clary�</p><p>���Por qu� has salido a la terraza? -pregunt� ella-. Hace mucho fr�o. �No quieres volver a entrar?</p><p>Jace neg� con la cabeza.</p><p>��Quer�a hablar a solas contigo.</p><p>��Pues habla -dijo Clary en un susurro. Le apart� las manos de la cara para hacerlas descender hasta su cintura. Su necesidad de sentirse abrazada por Jace resultaba casi abrumadora-. �Algo va mal? �Te pondr�s bien? No me escondas nada, por favor. Despu�s de todo lo que ha pasado, deber�as saber que soy capaz de afrontar cualquier noticia, por mala que sea. -Sab�a que estaba diciendo tonter�as por puro nerviosismo, pero no pod�a evitarlo. Ten�a la sensaci�n de que el coraz�n le lat�a a mil pulsaciones por minuto-. S�lo deseo que te pongas bien -dijo con toda la calma de la que fue capaz.</p><p>Los ojos dorados de Jace se oscurecieron.</p><p>��Por mucho que mire el contenido de esa caja, la que perteneci� a mi padre, no siento nada. Las cartas, las fotograf�as, no s� qui�n es toda esa gente. No me parecen reales. Valentine era real.</p><p>Clary pesta�e�; no era lo que esperaba o�r.</p><p>��Recuerda que te dije que llevar�a su tiempo�</p><p>Ni siquiera la escuch�.</p><p>��Si en realidad fuera Jace Morgenstern, �me querr�as? Si fuera Sebastian, �me querr�as?</p><p>Ella le apret� las manos.</p><p>��Nunca podr�as ser como �l.</p><p>��Si Valentine me hubiera hecho lo que le hizo a Sebastian, �me querr�as?</p><p>Clary no comprendi� la urgencia de la pregunta.</p><p>��Pero en ese caso, t� no ser�as t�.</p><p>Jace se qued� casi sin respiraci�n, como si lo que Clary acababa de decirle le hubiera dolido� Pero �por qu�? Era la verdad. �l no era como Sebastian. �l era �l.</p><p>��No s� qui�n soy -dijo-. Me miro en el espejo y veo a Stephen Herondale, pero act�o como un Lightwood y hablo como mi padre� como Valentine. Veo qui�n soy a tus ojos e intento ser esa persona, porque t� tienes fe en esa persona y creo que la fe deber�a ser suficiente para convertirme en lo que t� quieres.</p><p>��Ya eres lo que yo quiero. Siempre lo has sido -dijo Clary, pero no pudo evitar la impresi�n de que era como gritar en el interior de una habitaci�n vac�a. Era como si Jace no pudiera o�rla, por muchas veces que le repitiera que le quer�a-. S� que tienes la sensaci�n de no saber qui�n eres, pero yo s�. Lo s�. Y alg�n d�a tambi�n lo sabr�s t�. Pero mientras tanto, no puedes seguir preocup�ndote por la posibilidad de perderme, porque eso nunca pasar�.</p><p>��Existe una manera� -Jace la mir� a los ojos-. Dame la mano.</p><p>Sorprendida, Clary le tendi� la mano, recordando la primera vez que �l se la hab�a cogido de aquella manera. Ahora ten�a la runa, la runa del ojo abierto, en el dorso de la mano, la runa que entonces buscaba y no encontr�. Jace le dio la vuelta a la mano, dejando al descubierto la mu�eca, la vulnerable piel del antebrazo.</p><p>Clary estaba temblando. El viento del r�o le calaba en los huesos.</p><p>���Qu� est�s haciendo, Jace?</p><p>���Recuerdas lo que te dije sobre las bodas de los cazadores de sombras? �Que en lugar de intercambiar anillos nos marcamos con runas de amor y compromiso? -La mir�, con sus ojos grandes y vulnerables bajo las tupidas pesta�as doradas-. Quiero marcarte de tal modo que quedemos unidos, Clary. No es m�s que una peque�a Marca, pero es permanente. �Est�s dispuesta?</p><p>Dud�. Una runa permanente, siendo tan joven� Su madre se pondr�a hecha una fiera. Pero lo dem�s no funcionaba; nada de lo que ella le dec�a serv�a para convencerlo. Tal vez aquello s�. En silencio, cogi� su estela y se la entreg�. Jace la cogi�, acarici�ndole los dedos al hacerlo. Empez� a temblar con m�s fuerza, sent�a fr�o en todas partes excepto donde �l la tocaba. Jace apoy� el brazo de Clary contra su cuerpo e hizo descender la estela hasta que roz� su piel; la desliz� con cuidado arriba y abajo y, viendo que no protestaba, aplic� m�s fuerza al movimiento. Con el fr�o que ten�a, la quemadura de la estela era casi de agradecer. Sigui� observando c�mo las oscuras l�neas brotaban en espiral de la punta de la estela, formando un dibujo de l�neas duras y angulosas.</p><p>Experiment� un hormigueo nervioso y tambi�n una sensaci�n repentina de alarma. Aquel dibujo no hablaba de amor y compromiso hacia ella, hab�a algo m�s; algo m�s oscuro, algo que hablaba de control y sumisi�n, de p�rdida y oscuridad. �Estar�a dibujando la runa equivocada? Sin embargo, se trataba de Jace, no pod�a equivocarse. Pero aun as�, un entumecimiento empezaba a ascender por el brazo a partir del punto donde la estela segu�a trazando su dibujo, un hormigueo doloroso, como el de los nervios al despertarse, y se sent�a mareada, como si el suelo se estuviera moviendo bajo sus�</p><p>��Jace. -Subi� la voz, con un matiz de ansiedad en ella-. Jace, me parece que no est� bien�</p><p>Le solt� el brazo. Jace manten�a la estela en equilibrio en su mano, con la misma elegancia con que sujetar�a cualquier arma.</p><p>��Lo siento, Clary -dijo-. Quiero estar unido a ti. Nunca te mentir�a en este sentido.</p><p>Clary abri� la boca para preguntarle de qu� demonios hablaba, pero no le salieron las palabras. La oscuridad se apoderaba de ella. Lo �ltimo que percibi� fueron los brazos de Jace rode�ndola en el momento de caer al suelo.</p><empty-line/><p>Despu�s de lo que le pareci� una eternidad de andar dando vueltas en lo que a su entender era una fiesta extremadamente aburrida, Magnus encontr� por fin a Alec, sentado solo a una mesa en un rinc�n, detr�s de un ramillete de rosas blancas artificiales. En la mesa hab�a varias copas de champ�n, medio llenas en su mayor�a, como si los invitados hubieran ido abandon�ndolas all�. Y Alec parec�a tambi�n abandonado. Estaba sentado con las manos apoyadas en la barbilla y con la mirada perdida. No levant� la vista, ni siquiera cuando Magnus enganch� con el pie la silla que ten�a enfrente, la hizo girar hacia �l y tom� asiento, apoyando los brazos en el respaldo.</p><p>���Quieres volver a Viena? -dijo.</p><p>Alec no respondi�, y sigui� con la mirada fija en el frente.</p><p>��O podr�amos ir a otra parte -dijo Magnus-. A donde t� quieras. A Tailandia, Sud�frica, Brasil, Per�� Oh, espera, no, me prohibieron la entrada en Per�. Lo hab�a olvidado. Es una larga historia, pero graciosa, por si quieres o�rla.</p><p>La cara de Alec daba a entender que no le apetec�a en absoluto o�rla. Se volvi� con mordacidad y contempl� la sala, como si el cuarteto de cuerda de hombres lobo le resultara fascinante.</p><p>Viendo que Alec lo ignoraba, Magnus decidi� entretenerse cambiando los colores del champ�n de las copas que hab�a sobre la mesa. Transform� uno en champ�n azul, otro en rosa y estaba en proceso de transformaci�n de otra copa a verde cuando Alec extendi� el brazo y le golpe� la mu�eca.</p><p>��Deja ya eso -dijo-. La gente nos est� mirando.</p><p>Magnus se mir� los dedos, que emit�an chispas de color azul. Tal vez fuera demasiado llamativo. Cerr� la mano.</p><p>��Bueno -dijo-, ya que no me hablas, algo tengo que hacer para entretenerme y no morir de aburrimiento.</p><p>��Pues no -dijo Alec-. Que no pienso hablarte, quiero decir.</p><p>��Vaya -dijo Magnus-. Acabo de preguntarte si quer�as ir a Viena, a Tailandia o a la Luna, y no recuerdo que me hayas dado tu respuesta.</p><p>��No s� lo que quiero. -Alec, cabizbajo, jugueteaba con un tenedor de pl�stico. Aunque manten�a la vista baja y desafiante, el color azul claro de sus ojos era visible incluso a trav�s de sus p�rpados, p�lidos y finos como el pergamino. Magnus siempre hab�a encontrado a los humanos m�s bellos que cualquier otro ser vivo de la tierra y a menudo se hab�a preguntado por qu�. �No son m�s que unos pocos a�os antes de su desintegraci�n�, hab�a dicho Camille. Pero era la mortalidad lo que los hac�a ser como eran, esa llama que parpadeaba con fuerza. �La muerte es la madre de la belleza�, como dijo el poeta. Se pregunt� si el �ngel se habr�a planteado alguna vez convertir en inmortales a sus sirvientes humanos, los nefilim. Pero no, a pesar de toda su fuerza, ca�an en batalla igual que los humanos siempre hab�an ca�do a lo largo de la historia del mundo.</p><p>��Ya vuelves a tener esa expresi�n -dijo Alec malhumorado, mirando a trav�s de sus largas pesta�as-. Como si estuvieras mirando algo que yo no puedo ver. �Piensas en Camille?</p><p>��En realidad no -dijo Magnus-. �Cu�nto escuchaste de la conversaci�n que mantuve con ella?</p><p>��Pr�cticamente todo. -Alec pinch� el mantel con el tenedor-. Estuve escuchando desde la puerta. Lo suficiente.</p><p>��Creo que no lo bastante.</p><p>Magnus mir� fijamente el tenedor, que se solt� de la mano de Alec y cruz� la mesa en direcci�n a �l. Lo detuvo con la mano y dijo:</p><p>��Y ya basta de jugar con esto. �Qu� fue lo que le dije a Camille que tanto te preocupa?</p><p>Alec levant� sus azules ojos.</p><p>���Qui�n es Will?</p><p>Magnus solt� una especie de risotada.</p><p>��Will. Dios m�o. Eso fue hace mucho tiempo. Will era un cazador de sombras, como t�. Y s�, se parec�a a ti, pero t� no te le pareces en nada. Jace es mucho m�s parecido a Will, en lo que a la personalidad se refiere� Y la relaci�n que tengo contigo no se parece en nada a la que tuve con Will. �Es eso lo que te preocupa?</p><p>��No me gusta pensar que est�s conmigo s�lo porque me parezco a un tipo que te gustaba y que est� muerto.</p><p>��Yo nunca dije eso. Fue Camille quien lo insinu�. Es una maestra de la implicaci�n y la manipulaci�n. Siempre lo ha sido.</p><p>��Pero en ning�n momento le dijiste que estaba equivocada.</p><p>��Si se lo permites, Camille es capaz de atacarte por todos los frentes. Te defiendes en un frente, y te ataca por el otro. La �nica manera de tratar con ella es fingiendo que no te hace da�o.</p><p>��Dijo que los chicos guapos eran tu perdici�n -dijo Alec-. Lo que me da a entender que yo soy para ti uno m�s en una larga lista de juguetes. No soy nada. Soy� trivial.</p><p>��Alexander�</p><p>��Lo cual -prosigui� Alec, con la mirada de nuevo clavada en la mesa- resulta especialmente injusto, pues t� no eres nada trivial para m�. He cambiado mi vida entera por ti. Pero t� no alteras nunca nada, �verdad? Me imagino que esto es lo que significa vivir eternamente. En realidad, nada importa mucho.</p><p>��Te estoy diciendo que me importas�</p><p>��El Libro de lo Blanco -dijo de pronto Alec-. �Por qu� lo ansiabas de aquella manera?</p><p>Magnus se qued� mir�ndolo, perplejo.</p><p>��Ya sabes por qu�. Es un libro de hechizos muy poderoso.</p><p>��Pero lo quer�as para algo en concreto, �no? �Por uno de los hechizos que conten�a? -Alec respiraba de forma irregular-. No tienes respuesta; adivino por tu cara que era por eso. �Era� era un hechizo para convertirme en inmortal?</p><p>Magnus sinti� como si le hubiesen clavado una pu�alada en las entra�as.</p><p>��Alec -musit�-. No. No, yo� yo no har�a eso.</p><p>Alec lo taladr� con su mirada azul.</p><p>���Por qu� no? �Por qu� a lo largo de tantos a�os y tantas relaciones nunca has intentado convertir a alguno de ellos en inmortal como t�? De poder tenerme a tu lado eternamente, �lo querr�as?</p><p>���Pues claro que lo querr�a! -Magnus, percat�ndose de que estaba casi gritando, se esforz� en bajar el volumen de su voz-. Pero no lo entiendes. Es imposible obtener algo a cambio de nada. El precio de la vida eterna�</p><p>��Magnus. -Era Isabelle, que se acercaba corriendo hacia ellos, tel�fono en mano-. Magnus, tengo que hablar contigo.</p><p>��Isabelle. -Normalmente, a Magnus le gustaba la presencia de la hermana de Alec. Pero no justo en un momento como aqu�l-. Encantadora y maravillosa Isabelle. �Podr�as marcharte, por favor? Es un mal momento, de verdad.</p><p>Isabelle mir� de Magnus a su hermano, y luego de su hermano a Magnus.</p><p>���No quieres entonces que te cuente que Camille acaba de fugarse del Santuario y que mi madre exige tu regreso urgente al Instituto para que los ayudes a encontrarla?</p><p>��No -dijo Magnus-. No quiero que me cuentes eso.</p><p>��Pues es una pena -dijo Isabelle-. Porque es cierto. Entiendo que no tienes por qu� ir, pero�</p><p>El resto de la frase se qued� flotando en el aire, pero Magnus conoc�a perfectamente su contenido. Si no acud�a, la Clave sospechar�a que �l ten�a algo que ver con la fuga de Camille y eso no le conven�a en absoluto. Maryse se pondr�a furiosa y complicar�a todav�a m�s su relaci�n con Alec. Pero aun as�</p><p>���Que se ha fugado? -dijo Alec-. Jam�s se ha fugado nadie del Santuario.</p><p>��Pues mira -dijo Isabelle-, ya se ha fugado la primera.</p><p>Alec se hundi� a�n m�s en su asiento.</p><p>��Ve -dijo-. Es una urgencia. Vete. Ya hablaremos despu�s.</p><p>��Magnus� -Isabelle habl� como queriendo disculparse, pero su voz ten�a un tono inequ�voco de urgencia.</p><p>��De acuerdo. -Magnus se levant�-. Y� -a�adi�, deteni�ndose junto a la silla de Alec e inclin�ndose hacia �l- no eres trivial.</p><p>Alec se ruboriz�.</p><p>��Si t� lo dices -dijo.</p><p>��Lo digo -dijo Magnus, y dio media vuelta para seguir a Isabelle y abandonar el recinto.</p><empty-line/><p>Fuera, en la calle desierta, Simon estaba apoyado en la pared de la Fundici�n, un muro de ladrillo cubierto de hiedra, contemplando el cielo. Las luces del puente descolor�an las estrellas, de tal modo que no hab�a nada que ver, excepto un manto de negrura aterciopelada. Con una pasi�n repentina, dese� poder respirar aquel aire fr�o para despejarse la cabeza, poderlo sentir en la cara, en la piel. No llevaba m�s que una fina camisa y le daba lo mismo. No pod�a temblar, e incluso el recuerdo del hecho de temblar empezaba a desaparecer de su memoria, poco a poco, d�a a d�a, desvaneci�ndose como todos los recuerdos de otra vida.</p><p>���Simon?</p><p>Se qued� helado. Aquella voz, d�bil y familiar, dej�ndose llevar por la corriente del aire fr�o. �Sonr�e.� Era lo �ltimo que le hab�a dicho.</p><p>Pero no pod�a ser. Estaba muerta.</p><p>���No piensas mirarme, Simon? -Su voz era d�bil como siempre, apenas un susurro-. Estoy aqu�.</p><p>El terror ascendi� por su espalda. Abri� los ojos y gir� poco a poco la cabeza.</p><p>Maureen ocupaba el centro del c�rculo de luz proyectado por una farola de la esquina de Vernon Boulevard. Iba vestida con la ropa con la que debieron de enterrarla. Un vestido blanco largo y virginal. Su melena, peinada lisa y de un resplandeciente tono amarillo bajo la luz, le llegaba a la altura de los hombros. Estaba algo sucia a�n, con restos de tierra de la tumba. Calzaba zapatillas blancas. Su cara estaba blanca como la de un muerto, c�rculos rojos pintados en sus mejillas, y la boca de un rosa intenso, como si se la hubieran dibujado con un rotulador.</p><p>A Simon le flaquearon las piernas. Se desliz� por la pared en la que estaba apoyado hasta quedarse sentado en el suelo, con las rodillas dobladas. Era como si la cabeza fuera a explotarle.</p><p>Maureen ri� como una chiquilla y luego se alej� de la luz de la farola. Avanz� hacia �l y baj� la vista con una expresi�n de satisfacci�n y alegr�a.</p><p>��Sab�a que te sorprender�a -dijo.</p><p>��Eres una vampira -dijo Simon-. Pero� �c�mo? No fui yo quien te hizo esto. S� que no fui yo.</p><p>Maureen neg� con la cabeza.</p><p>��No lo sab�a. -A Simon se le quebr� la voz-. Habr�a venido de haberlo sabido.</p><p>Maureen se ech� el cabello hacia atr�s por encima del hombro en un gesto que, de repente y de forma muy dolorosa, le hizo pensar a Simon en Camille.</p><p>��No tiene importancia -dijo Maureen con su vocecita infantil-. Cuando se puso el sol, me dijeron que pod�a elegir entre morir o vivir como esto. Como una vampira.</p><p>���Y elegiste esto?</p><p>��No quer�a morir -dijo con un suspiro-. Y ahora ser� eternamente joven y bonita. Puedo andar por ah� toda la noche, sin necesidad de volver a casa. Y ella cuida de m�.</p><p>���De qui�n hablas? �Qui�n es ella? �Te refieres a Camille? Mira, Maureen, Camille est� loca. No deber�as hacerle caso. -Simon se incorpor� a duras penas-. Puedo conseguirte ayuda. Encontrarte un lugar donde vivir. Ense�arte a ser una vampira�</p><p>��Oh, Simon -dijo sonriendo, y sus dientecillos blancos asomaron en una perfecta hilera-. Me parece que t� tampoco sabes ser vampiro. No quer�as morderme, pero lo hiciste. Lo recuerdo. Tus ojos se pusieron negros como los de un tibur�n y me mordiste.</p><p>��Lo siento mucho. Si me dejaras ayudarte�</p><p>��Podr�as venir conmigo -dijo ella-. Eso me ayudar�a.</p><p>���Ir contigo ad�nde?</p><p>Maureen levant� la vista y se qued� mirando la calle vac�a. Parec�a un fantasma con aquel vestidito tan fino. El viento lo levantaba alrededor de su cuerpo, pero era evidente que no sent�a fr�o.</p><p>��Has sido elegido -dijo-, porque eres un vampiro diurno. Los que me hicieron esto te quieren. Pero ahora saben que llevas la Marca. No pueden hacerse contigo a menos que t� decidas acudir a ellos. Por eso me han enviado a modo de mensajera. -Lade� la cabeza, como un pajarito-. Tal vez yo no sea alguien importante para ti -dijo-, pero si te niegas a venir la pr�xima vez capturar�n a tus seres queridos hasta que no quede ninguno, de modo que ser� mejor que vengas conmigo y averig�es qu� quieren.</p><p>���Lo sabes t�? -pregunt� Simon-. �Sabes qu� quieren?</p><p>Maureen hizo un gesto negativo con la cabeza. Estaba tan p�lida bajo aquella luz difusa que parec�a casi transparente; era como si Simon pudiese ver a trav�s de ella. Tal y como, se imaginaba, hab�a hecho siempre.</p><p>���Te importa? -dijo ella, y le tendi� una mano.</p><p>��No -dijo �l-. No, me imagino que no. -Y le dio la mano.</p></section><section><title><p>16 �NGELES DE NUEVA YORK</p></title><p>��Ya hemos llegado -le dijo Maureen a Simon.</p><p>Se hab�a detenido en la acera y observaba un enorme edificio de piedra y cristal que se alzaba por encima de ellos. Estaba claramente dise�ado para tener el aspecto de uno de aquellos lujosos complejos de apartamentos que se construyeron en el Upper East Side de Manhattan antes de la segunda guerra mundial, pero los toques modernos lo traicionaban: los altos ventanales, el tejado de cobre respetado por el verd�n, los carteles desplegados delante del edificio que promet�an �PISOS DE LUJO A PARTIR DE 750.000 $�. Por lo que all� dec�a, ser propietario de uno de ellos te daba derecho, a partir de diciembre, a disfrutar de jard�n en la azotea, gimnasio privado, piscina climatizada y servicio de portero las veinticuatro horas del d�a. Por el momento, el edificio estaba a�n en obras y los carteles que anunciaban �PROHIBIDO ENTRAR: PROPIEDAD PRIVADA� atestaban los andamios que lo rodeaban.</p><p>Simon mir� a Maureen. Daba la impresi�n de que estaba acostumbr�ndose r�pidamente a ser una vampira. Hab�an cruzado el puente de Queensboro y subido la Segunda Avenida para llegar hasta all�, y las zapatillas blancas de Maureen estaban destrozadas. Pero en ning�n momento hab�a bajado el ritmo, ni se hab�a mostrado sorprendida por no sentirse cansada. En aquellos momentos, contemplaba el edificio con una expresi�n beat�fica, su carita radiante anticipando lo que estaba por llegar.</p><p>��Esto est� cerrado -dijo Simon, consciente de que s�lo estaba dando voz a lo evidente-. Maureen�</p><p>��Calla. -Levant� el brazo para tirar de un cartel adherido a una esquina del andamio. Se despeg� con un sonido de cart�n yeso descascarillado y clavos arrancados. Algunos cayeron al suelo a los pies de Simon. Maureen retir� el yeso y sonri� al ver el boquete que acababa de abrir.</p><p>Un anciano que pasaba por la calle, paseando a un peque�o caniche abrigado con una chaquetita de cuadros, se detuvo a mirarlos.</p><p>��Tendr�as que ponerle un abrigo a tu hermana peque�a -le dijo a Simon-. Con lo flaca que est�, a�n se te quedar� congelada con este tiempo.</p><p>Pero antes de que Simon pudiera responder, Maureen se volvi� hacia el hombre con una sonrisa feroz y le ense�� todos los dientes, incluyendo sus afilados colmillos.</p><p>��No soy su hermana -sise�.</p><p>El hombre se qued� blanco, cogi� al perro en brazos y se larg� corriendo.</p><p>Simon mir� a Maureen.</p><p>��No era necesario hacer eso.</p><p>Los colmillos le hab�an pinchado el labio inferior, algo que a Simon sol�a sucederle con frecuencia hasta que se acostumbr� a ellos. Finos hilillos de sangre resbalaban por su barbilla.</p><p>��No me digas lo que tengo que hacer -dijo de mala manera, pero repleg� los colmillos. Se pas� la mano por la barbilla, en un gesto infantil, embadurn�ndose de sangre. Y a continuaci�n se volvi� hacia el boquete que hab�a hecho-. Vamos.</p><p>Pas� por el agujero y Simon la sigui�. Recorrieron una zona donde los alba�iles deb�an de tirar los desperdicios: el suelo estaba plagado de herramientas rotas, ladrillos partidos, viejas bolsas de pl�stico y latas de refresco. Maureen se levant� la falda y avanz� primorosamente y con cara de asco entre la basura. Cruz� de un salto una estrecha zanja y subi� un tramo de pelda�os desmoronados. Simon la sigui�.</p><p>La escalera desembocaba en unas puertas de cristal y Maureen las empuj� para abrirlas. Al otro lado de las puertas hab�a un ampuloso vest�bulo de m�rmol. Del techo colgaba una impresionante l�mpara de ara�a, aunque no hab�a luz para iluminar sus colgantes de cristal. Estaba tan oscuro, que un humano no habr�a visto nada de todo aquello. Hab�a una mesa de m�rmol destinada al portero, un div�n tapizado en verde debajo de un espejo con marco dorado y ascensores a ambos lados de la estancia. Maureen puls� el bot�n del ascensor y, para sorpresa de Simon, se ilumin�.</p><p>���Ad�nde vamos? -pregunt�.</p><p>El ascensor emiti� un sonido met�lico y Maureen entr�; Simon la sigui�. El ascensor estaba forrado en dorado y rojo, con espejos de cristal esmerilado por todos lados.</p><p>��Arriba. -Puls� el bot�n de la azotea y ri�-. Al cielo -dijo, y se cerraron las puertas.</p><empty-line/><p>��No encuentro a Simon.</p><p>Isabelle, que estaba apoyada en una de las columnas de la Fundici�n intentando no cavilar mucho, levant� la vista y vio a Jordan por encima de ella. Era incre�blemente alto, pens�. Como m�nimo medir�a cerca de un metro noventa. Lo hab�a encontrado muy atractivo cuando lo vio por primera vez, con su pelo oscuro alborotado y sus ojos verdes, pero ahora que sab�a que era el ex de Maia, lo hab�a trasladado sin dudarlo ni un momento al espacio mental que reservaba a los chicos fuera de su alcance.</p><p>��Pues yo tampoco lo he visto -dijo-. Se supon�a que t� eras su guardaespaldas.</p><p>��Me dijo que volv�a en seguida. Pero de eso hace ya casi tres cuartos de hora. Pens� que iba al ba�o.</p><p>���Qu� tipo de vigilante eres t�? �No tendr�as que haberlo acompa�ado al ba�o? -le pregunt� Isabelle.</p><p>Jordan estaba horrorizado.</p><p>��Los t�os -dijo- nunca acompa�an a otros t�os al ba�o.</p><p>Isabelle suspir�.</p><p>��El p�nico homosexual latente acaba apareciendo siempre -dijo-. Anda, vamos a buscarlo.</p><p>Dieron vueltas por el local, mezcl�ndose con los invitados. Alec estaba sentado a una mesa, enfurru�ado y jugando con una copa de champ�n vac�a.</p><p>��No, no lo he visto -dijo en respuesta a su pregunta-. Aunque debo reconocer que tampoco he estado mirando.</p><p>��Podr�as ayudarnos a buscarlo -dijo Isabelle-. As� tendr�s algo que hacer adem�s de dar pena.</p><p>Alec hizo un gesto de indiferencia y se sum� a ellos. Decidieron dividirse y desplegarse entre los invitados. Alec se encamin� al piso de arriba para mirar en las pasarelas y el segundo nivel. Jordan sali� a mirar en las terrazas y la entrada. Isabelle se qued� en la sala principal. Y estaba pregunt�ndose si mirar debajo de las mesas ser�a rid�culo, cuando apareci� Maia detr�s de ella.</p><p>���Va todo bien? -pregunt�. Mir� hacia arriba, donde estaba Alec, y luego en la direcci�n en la que se hab�a marchado Jordan-. Reconozco una brigada de b�squeda en cuanto la veo. �Qu� and�is buscando? �Hay alg�n problema?</p><p>Isabelle le explic� la situaci�n de Simon.</p><p>��He hablado con �l hace media hora.</p><p>��Y Jordan tambi�n, pero ha desaparecido. Y como �ltimamente hay gente que ha estado intentando matarlo�</p><p>Maia dej� su copa en una mesa.</p><p>��Te ayudar� a buscar.</p><p>��No es necesario. S� que en estos momentos no sientes mucho cari�o por Simon�</p><p>��Eso no significa que no quiera ayudar si anda metido en problemas -dijo Maia, como si Isabelle hubiera dicho una ridiculez-. Pero �no ten�a que estar vigil�ndolo Jordan?</p><p>Isabelle levant� las manos.</p><p>��S�, pero por lo que parece, los t�os no siguen a los dem�s t�os cuando van al ba�o, o algo as� me ha dicho. La verdad es que me parece il�gico.</p><p>��Los t�os son il�gicos -dijo Maia, y la sigui�. Buscaron entre los invitados, aunque Isabelle estaba ya pr�cticamente segura de que no iban a encontrar a Simon por all�. Ten�a un peque�o punto fr�o en el est�mago que a medida que pasaba el tiempo iba haci�ndose m�s grande y m�s fr�o. Cuando se reunieron todos de nuevo en la mesa, ya ten�a la sensaci�n de haber engullido un vaso entero de agua helada.</p><p>��No est� aqu� -dijo.</p><p>Jordan maldijo y mir� a Maia con expresi�n de culpabilidad.</p><p>��Perd�n.</p><p>��He o�do cosas peores -dijo-. �Y ahora qu� hacemos? �Alguien ha intentado llamarlo?</p><p>��Salta directamente el contestador -dijo Jordan.</p><p>���Alguna idea sobre ad�nde podr�a haber ido? -pregunt� Alec.</p><p>��El mejor escenario ser�a que hubiese vuelto ya al apartamento -dijo Jordan-. Y el peor, que esa gente que andaba tras �l haya conseguido atraparlo.</p><p>���Gente que qu�? -Alec estaba desconcertado, pues aunque Isabelle le hab�a explicado a Maia la historia de Simon, no hab�a tenido a�n oportunidad de informar al respecto a su hermano.</p><p>��Me voy al apartamento a echar un vistazo -dijo Jordan-. Si est�, estupendo. Si no, creo que igualmente deber�amos empezar por all�. Saben d�nde vive; han estado envi�ndole mensajes a casa. A lo mejor hay alg�n mensaje nuevo. -No lo dijo muy esperanzado.</p><p>Isabelle tom� su decisi�n en una d�cima de segundo:</p><p>��Ir� contigo.</p><p>��No es necesario�</p><p>��S�. Le dije a Simon que ten�a que venir a la fiesta; me siento responsable. Adem�s, estoy aburri�ndome como una ostra.</p><p>��S� -dijo Alec, aliviado ante la perspectiva de salir de all�-. Voy con vosotros. Tal vez deber�amos ir todos. �Se lo decimos a Clary?</p><p>Isabelle neg� con la cabeza.</p><p>��Es la fiesta de su madre. No estar�a bien. Veamos qu� podemos hacer entre los tres.</p><p>���Los tres? -pregunt� Maia, con un matiz de delicada molestia en su voz.</p><p>���Quieres venir con nosotros, Maia? -Era Jordan. Isabelle se qued� helada; no estaba segura de c�mo responder�a Maia si su ex novio se dirig�a directamente a ella. Maia se tens� un poco y por un instante mir� a Jordan� no como si lo odiara, sino pensativa.</p><p>��Se trata de Simon -dijo por fin, como si aquello lo decidiera todo-. Voy a buscar el abrigo.</p><empty-line/><p>Las puertas del ascensor se abrieron para dar paso a un remolino de aire oscuro y sombras. Maureen sigui� con su risita y sali� a la negrura; Simon la sigui� con un suspiro.</p><p>Estaban en una sala muy grande, revestida de m�rmol y sin ventanas. No hab�a luces, pero en la pared que quedaba a la izquierda del ascensor se abr�a una gigantesca puerta doble acristalada. Simon vio a trav�s de ella la superficie plana de la terraza y, por encima, el cielo negro salpicado por estrellas que apenas reluc�an.</p><p>El viento volv�a a soplar con fuerza. Sigui� a Maureen hacia el exterior; las g�lidas r�fagas de aire levantaban el vestido de la chica como una mariposa nocturna que agita sus alas para superar un vendaval. La terraza del tejado era tan elegante como promet�an los carteles. El suelo estaba cubierto con grandes baldosas hexagonales de piedra; hab�a parterres de flores protegidos con cristal y setos cuidadosamente recortados en forma de monstruos y animales. El sendero por el que caminaban estaba flanqueado por diminutas lucecitas. A su alrededor hab�a altos edificios de apartamentos construidos con cristal y acero, sus ventanas iluminadas con luz el�ctrica.</p><p>El caminito terminaba en unos pelda�os enlosados, al final de los cuales hab�a una amplia plazoleta rematada por el elevado muro que rodeaba el jard�n. El objetivo del espacio era claramente convertirse en un lugar donde los futuros residentes del edificio pudieran socializar. En medio de la plazoleta hab�a un gran bloque cuadrado de hormig�n, donde seguramente se instalar�a una barbacoa, pens� Simon, y la zona estaba cercada por rosales perfectamente recortados que en junio florecer�an, igual que las celos�as ahora desnudas que adornaban los muros desaparecer�an alg�n d�a bajo un manto de hojas. Acabar�a siendo un espacio atractivo, un jard�n de lujo en el �ltimo piso de un edificio del Upper East Side donde poder relajarse en una tumbona, con el East River brillando a la puesta de sol y la ciudad despleg�ndose delante, un mosaico de tr�mula luz.</p><p>Excepto que� el suelo enlosado estaba pintarrajeado, salpicado con alg�n tipo de l�quido negro y pegajoso que hab�an utilizado para trazar un burdo c�rculo en el interior de otro c�rculo de mayor tama�o. El espacio entre los dos c�rculos estaba lleno a rebosar de runas dibujadas. Pese a no ser un cazador de sombras, Simon hab�a visto suficientes runas nefilim como para reconocer las pertenecientes al Libro Gris. Y aqu�llas no lo eran. Ten�an un aspecto maligno y amenazador, como un maleficio garabateado en un idioma desconocido.</p><p>El bloque de hormig�n ocupaba el centro del c�rculo. Y encima de �l se asentaba un voluminoso objeto rectangular, envuelto en una tela oscura. La forma recordaba la de un ata�d. En la base del bloque hab�a m�s runas dibujadas. De haber tenido Simon sangre circulante, se le habr�a quedado helada.</p><p>Maureen aplaudi�.</p><p>��Oh -dijo con su vocecita de duendecillo-. Es precioso.</p><p>���Precioso? -Simon lanz� una r�pida mirada a la forma encorvada que coronaba el bloque de hormig�n-. Maureen, �qu� demonios�?</p><p>��Veo que lo has tra�do. -Se oy� una voz de mujer, cultivada, potente y� conocida. Simon se volvi�. Detr�s de �l, en el caminito, hab�a una mujer alta con pelo corto y oscuro. Era muy delgada e iba vestida con un abrigo largo de color negro con cintur�n que le daba el aspecto de una <emphasis>femme fatale </emphasis>de una pel�cula de esp�as de los a�os cuarenta-. Gracias, Maureen -prosigui�. Ten�a un rostro bello, de duras facciones, con p�mulos altos y grandes ojos oscuros-. Lo has hecho muy bien. Ahora puedes irte. -Dirigi� la mirada a Simon-. Simon Lewis -dijo-. Gracias por venir.</p><p>La reconoci� en el instante en que pronunci� su nombre. La �ltima vez que la hab�a visto fue bajo una lluvia torrencial, delante del Alto Bar.</p><p>��T�. Te recuerdo. Me diste tu tarjeta. La promotora musical. Caray, debe de ir en serio eso de que quieres promocionar mi grupo. Nunca me hab�a imaginado que fu�semos tan buenos.</p><p>��No seas sarc�stico -dijo la mujer-. No tiene sentido. -Mir� de soslayo-. Maureen. Puedes irte. -Su voz son� esta vez con resoluci�n y Maureen, que hab�a estado revoloteando por all� como un peque�o fantasma, profiri� un gritito y se larg� corriendo por donde hab�an llegado. Simon la vio desaparecer por las puertas que conduc�an a los ascensores, sintiendo casi l�stima al verla marchar. Maureen no era una gran compa��a, pero sin ella se sinti� de repente muy solo. Quienquiera que fuera aquella desconocida, desprend�a una clara aura de poder oscuro que no hab�a percibido cuando la vio por vez primera, drogado como estaba de sangre.</p><p>��Me has tra�do de cabeza, Simon -dijo; su voz proced�a ahora de otra direcci�n, a varios metros de distancia. Simon se volvi� y la localiz� junto al bloque de hormig�n, en el centro del c�rculo. Las nubes avanzaban por encima de la luna, proyectando sobre su cara un dibujo de sombras en movimiento. Simon, que estaba al pie de la escalera, tuvo que echar la cabeza hacia atr�s para mirarla-. Cre� que iba a ser f�cil hacerme contigo. Tratar con un simple vampiro. Un novato. Pero nunca me hab�a tropezado con un vampiro diurno, ya que hace m�s de cien a�os que no hab�a ninguno. S� -a�adi�, con una sonrisa al ver c�mo la miraba Simon-, soy m�s vieja de lo que parezco.</p><p>��Pareces bastante vieja.</p><p>Ella ignor� el insulto.</p><p>��He enviado a mis mejores hombres a por ti, y s�lo regres� uno de ellos, contando no s� qu� historia sobre el fuego sagrado y la ira de Dios. Despu�s de aquello ya no me sirvi� para nada. Tuve que sacrificarlo. Resultaba casi molesto. Fue entonces cuando decid� tratar el asunto personalmente. Fui a verte a tu est�pido concierto y despu�s, cuando te tuve cerca, la vi. La Marca. Conoc� personalmente a Ca�n y conozco de sobras su forma.</p><p>���Que conociste personalmente a Ca�n? -Simon movi� la cabeza de un lado a otro-. No pretender�s que me lo crea.</p><p>��Cr�etelo o no -dijo ella-. Me da lo mismo. Soy m�s vieja que los sue�os de los de tu especie, chiquillo. Pase� por los senderos del Jard�n del Ed�n. Conoc� a Ad�n antes que Eva. Fui su primera esposa, pero no le guard� obediencia, y por eso Dios me expuls� y cre� una nueva esposa para Ad�n, una mujer hecha a partir de su propio cuerpo para que le fuese siempre servil. -Esboz� una d�bil sonrisa-. Tengo muchos nombres. Pero puedes llamarme Lilith, la primera de todos los demonios.</p><p>Al escuchar aquello, Simon, que llevaba casi dos meses sin sentir fr�o, se estremeci�. Hab�a o�do mencionar el nombre de Lilith. No recordaba exactamente d�nde, pero sab�a que era un nombre asociado con la oscuridad, con el mal y con cosas terribles.</p><p>��Tu Marca me plantea un enigma -dijo Lilith-. Te necesito, vampiro diurno. Tu fuerza vital� tu sangre. Pero no puedo forzarte ni hacerte da�o.</p><p>Lo dijo como si necesitar sangre fuera lo m�s natural del mundo.</p><p>���Bebes� sangre? -pregunt� Simon. Se sent�a aturdido, como si estuviera atrapado en un sue�o extra�o. Aquello no pod�a estar pasando.</p><p>Lilith se ech� a re�r.</p><p>��Los demonios no se alimentan de sangre, ni�o tonto. Lo que quiero de ti no es para m�. -Le tendi� una delgada mano-. Ac�rcate m�s.</p><p>Simon movi� la cabeza.</p><p>��No pienso entrar en ese c�rculo.</p><p>Ella se encogi� de hombros.</p><p>��Muy bien, entonces. S�lo pretend�a que tuvieras mejor vista. -Movi� ligeramente los dedos, casi con negligencia, el gesto que hace quien retira una cortina. La tela negra que cubr�a el objeto en forma de ata�d que quedaba entre ellos desapareci�.</p><p>Simon se qued� mirando lo que hab�a debajo. No se hab�a equivocado en lo de la forma de ata�d. Era una gran caja de cristal, lo bastante larga y ancha como para contener a una persona. Un ata�d de cristal, pens�, como el de Blancanieves. Pero aquello no era un cuento de hadas. En el interior del ata�d hab�a un l�quido nebuloso, y flotando en aquel l�quido -desnudo de cintura para arriba, con el cabello rubio claro movi�ndose a su alrededor como p�lidas algas- estaba Sebastian.</p><empty-line/><p>En la puerta del apartamento de Jordan no hab�a ning�n mensaje pegado, ni encontraron nada encima o debajo de la alfombrilla, y no vieron nada inmediatamente evidente en el interior del piso. Mientras Alec montaba guardia abajo y Maia y Jordan revolv�an la mochila de Simon en la sala de estar, Isabelle, en el umbral de la puerta de la habitaci�n de Simon, contemplaba en silencio el lugar donde �ste hab�a dormido los �ltimos d�as. Hab�a lo m�nimo: cuatro paredes, sin ninguna decoraci�n, un suelo desnudo con un colch�n tipo fut�n y una manta de color blanca doblada a los pies, y una �nica ventana con vistas a la Avenida B.</p><p>Escuchaba desde all� la ciudad, la ciudad en la que hab�a crecido, cuyos ruidos la hab�an rodeado siempre, desde que era un beb�. La tranquilidad de Idris, sin el sonido de las alarmas de los coches, los gritos de la gente, las sirenas de las ambulancias y la m�sica que nunca dejaba de sonar en Nueva York, incluso en plena noche, le hab�a resultado terriblemente ajena. Pero ahora, contemplando la peque�a habitaci�n de Simon, pens� en lo solitarios que sonaban aquellos sonidos, en lo remotos que resultaban, y en si �l se habr�a sentido tambi�n solo por la noche, all� acostado mirando el techo, completamente solo.</p><p>Por otra parte, tampoco hab�a visto la habitaci�n de su casa, que a buen seguro estar�a repleta de p�steres de grupos musicales, trofeos deportivos, cajas con aquellos juegos a los que le encantaba jugar, instrumentos de m�sica, libros� los trastos t�picos de una vida normal. Nunca le hab�a pedido que la llevara a su casa, y tampoco �l se lo hab�a sugerido. Le daba recelo conocer a su madre, hacer cualquier cosa que diera indicios de un compromiso mayor del que estaba dispuesta a asumir. Pero ahora, mirando aquella habitaci�n que era como una c�scara vac�a, escuchando el inmenso bullicio oscuro de la ciudad, sinti� una punzada de miedo y dolor por Simon� mezclada con otra punzada de remordimiento.</p><p>Se volvi� hacia el otro lado de la puerta, pero se detuvo cuando oy� voces hablando bajito en la sala de estar. Reconoci� la voz de Maia. No parec�a enfadada, algo realmente sorprendente teniendo en cuenta lo mucho que odiaba a Jordan.</p><p>��Nada -estaba diciendo-. Unas llaves, un mont�n de papeles con estad�sticas de juegos. -Isabelle asom� la cabeza por la puerta. Vio a Maia, de pie a un lado del mostrador de la cocina, la mano en el interior del bolsillo con cremallera de la mochila de Simon. Jordan, al otro lado del mostrador, la miraba. La miraba a ella, pens� Isabelle, no lo que ella estaba haciendo, de ese modo que los chicos te miran cuando est�n locos por ti y se sienten fascinados por todo lo que haces-. Voy a examinar su cartera.</p><p>Jordan, que hab�a cambiado su atuendo formal por unos vaqueros y una chaqueta de cuero, frunci� el ce�o.</p><p>��Es extra�o que se la olvidara aqu�. �Puedo mirar? -Extendi� el brazo por encima del mostrador.</p><p>Maia se ech� hacia atr�s con tanta rapidez que solt� la cartera.</p><p>��No pretend�a� -Jordan retir� lentamente la mano-. Lo siento.</p><p>Maia respir� hondo.</p><p>��Mira -dijo-. Habl� con Simon. S� que nunca tuviste intenci�n de transformarme. S� que no sab�as qu� te pasaba. Recuerdo lo que se sent�a. Recuerdo que estaba aterrada.</p><p>Jordan baj� las manos poco a poco y con cuidado hasta alcanzar el mostrador. Resultaba curioso, pens� Isabelle, ver a alguien tan alto intentar parecer inofensivo y peque�o.</p><p>��Deber�a haber estado all� para ayudarte.</p><p>��Pero los <emphasis>Praetor</emphasis> no te lo permitieron -dijo Maia-. Y afront�moslo, t� no ten�as ni idea de lo que significaba ser un lic�ntropo; habr�amos sido como dos personas con los ojos vendados dando traspi�s en un c�rculo. Tal vez fue mejor que no estuvieras all�. Me oblig� a huir en busca de ayuda. A encontrar la manada.</p><p>��Al principio esperaba que los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis> te encontraran -susurr� �l-. Para poder volver a verte. Entonces me di cuenta de que era un ego�sta y que deber�a estar deseando no haberte transmitido la enfermedad. Sab�a que hab�a una probabilidad de un cincuenta por ciento. Pens� que t� ser�as una de las afortunadas.</p><p>��Pues no lo fui -dijo en tono prosaico-. Y con los a�os te convert� mentalmente en esta especie de monstruo. Cre� que sab�as lo que hac�as cuando me hiciste esto. Cre� que era tu venganza por haberme visto besando a aquel chico. Por eso te odiaba. Y odiarte me lo hac�a todo m�s f�cil. Tener a alguien a quien culpar.</p><p>��Deb�as culparme -dijo-. Es culpa m�a.</p><p>Maia recorri� el mostrador de la cocina con el dedo, evitando sus ojos.</p><p>��Te culpo. Pero� no tal y como lo he hecho hasta ahora.</p><p>Jordan levant� la mano y se tir� de los pelos. Su pecho sub�a y bajaba con rapidez.</p><p>��No pasa un d�a en que no piense en lo que te hice. Te mord�. Te transform�. Te convert� en lo que ahora eres. Te levant� la mano. Te hice da�o. La �nica persona a la que quer�a m�s que nada en el mundo.</p><p>Los ojos de Maia estaban llenos de l�grimas.</p><p>��No digas eso. No ayuda en absoluto. �Crees que ayuda?</p><p>Isabelle tosi� con fuerza para aclararse la garganta y entr� en la sala de estar.</p><p>���Qu� tal? �Hab�is encontrado alguna cosa?</p><p>Maia apart� la vista, pesta�eando. Jordan baj� las manos y dijo:</p><p>��La verdad es que no. Ahora �bamos a registrar su cartera. -La cogi� de donde Maia la hab�a dejado caer-. Aqu� est�. -Se la lanz� a Isabelle.</p><p>Isabelle la cogi� al vuelo y la abri�. El carnet del instituto, el carnet de identidad del estado de Nueva York, una p�a de guitarra en el espacio normalmente destinado a las tarjetas de cr�dito. Un billete de diez d�lares y una receta para hacer cubitos. Pero entonces algo le llam� la atenci�n: una tarjeta de visita, metida de cualquier manera detr�s de una foto de Simon y de Clary, la t�pica imagen de fotomat�n. Los dos sonre�an.</p><p>Isabelle cogi� la tarjeta y se la qued� mirando. Ten�a un dibujo con formas espirales, casi abstracto, de una guitarra flotando entre las nubes. Y debajo aparec�a un nombre.</p><p>�Satrina Kendall. Promotora musical.� Y m�s abajo hab�a un n�mero de tel�fono y una direcci�n del Upper East Side. Isabelle frunci� el ce�o. Algo, un recuerdo, le vino a la memoria.</p><p>Isabelle ense�� la tarjeta a Jordan y a Maia, que estaban ocupados tratando de no mirarse.</p><p>���Qu� opin�is de esto?</p><p>Pero antes de que les diera tiempo a responder, se abri� la puerta del apartamento y entr� Alec. Pon�a mala cara.</p><p>���Hab�is encontrado algo? Llevo all� abajo plantado media hora y no ha aparecido nada que pueda resultar remotamente amenazador. A menos que quisierais tener en cuenta a un estudiante de la NYU que ha vomitado enfrente del portal.</p><p>��Esto -dijo Isabelle, pas�ndole la tarjeta a su hermano-. M�ralo. �No te suena un poco extra�o?</p><p>���Quieres decir aparte del hecho de que ning�n promotor musical podr�a sentir inter�s por el desagradable grupo de Lewis? -pregunt� Alec, cogiendo la tarjeta. Frunci� el ce�o-. �Satrina?</p><p>���Te suena de algo ese nombre? -pregunt� Maia. Sus ojos segu�an rojos, pero su voz sonaba m�s firme.</p><p>��Satrina es uno de los diecisiete nombres de Lilith, la madre de todos los demonios. Por eso se conoce a los brujos como �hijos de Satrina� -dijo Alec-. Porque engendr� demonios, que a su vez dieron origen a la raza de los brujos.</p><p>���Y te sabes de memoria los diecisiete nombres? -Jordan lo pregunt� dudoso.</p><p>Alec le dirigi� una mirada g�lida.</p><p>���Y t� de qu� vas ahora?</p><p>��Oh, cierra el pico, Alec -dijo Isabelle, empleando el tono que s�lo utilizaba con su hermano-. Mira, no todos tenemos tu memoria para recordar datos aburridos. Me imagino que no recuerdas todos los dem�s nombres de Lilith, �verdad?</p><p>Con una expresi�n de superioridad, Alec empez� a recitar:</p><p>��Satrina, Lilith, Ita, Kali, Batna, Talto�</p><p>���Talto! -exclam� Isabelle-. Eso es. Sab�a que me recordaba algo. �Sab�a que exist�a una conexi�n! -Les explic� r�pidamente lo de la iglesia de Talto, lo que Clary hab�a encontrado all� y c�mo se relacionaba con el beb� muerto medio demonio del Beth Israel.</p><p>��Ojal� me lo hubieses contado antes -dijo Alec-. S�, Talto es uno de los nombres de Lilith. Y Lilith siempre se ha asociado con beb�s. Fue la primera esposa de Ad�n, pero huy� del Jard�n del Ed�n porque no quer�a obedecer ni a Ad�n ni a Dios. Dios la maldijo por su desobediencia: cualquier hijo que engendrara, morir�a. Dice la leyenda que intent� una y otra vez tener un hijo, pero que los beb�s siempre nacieron muertos. Al final jur� que se vengar�a de Dios debilitando y asesinando a reci�n nacidos humanos. Podr�a decirse que es la diosa demonio de los ni�os muertos.</p><p>��Pero has dicho que era la madre de los demonios -dijo Maia.</p><p>��Consigui� crear demonios esparciendo gotas de su sangre sobre la tierra en un lugar llamado Edom -explic� Alec-. Al nacer como resultado de su odio hacia Dios y hacia la especie humana, se convirtieron en demonios. -Consciente de que todos lo miraban, se encogi� de hombros-. Pero no es m�s que una leyenda.</p><p>��Todas las leyendas son ciertas -dijo Isabelle. Hab�a cre�do en ello como un dogma desde que era peque�a. Era el dogma de todos los cazadores de sombras. Ninguna religi�n, ninguna verdad� y ning�n mito carec�an de significado-. Lo sabes muy bien, Alec.</p><p>��Y s� tambi�n algo m�s -dijo Alec, devolvi�ndole la tarjeta-. Ese n�mero de tel�fono y esa direcci�n son basura. No son reales.</p><p>��Tal vez -dijo Isabelle, guard�ndose la tarjeta en el bolsillo-. Pero no tenemos otra cosa por donde empezar a buscar. Por lo tanto, empezaremos por all�.</p><empty-line/><p>Simon no pod�a hacer otra cosa que seguir mirando fijamente. El cuerpo que flotaba en el interior del ata�d -el de Sebastian- no parec�a estar vivo; o, como m�nimo, no respiraba. Pero era evidente que tampoco pod�a decirse que estuviera exactamente muerto. Hab�an pasado dos meses. Simon estaba casi seguro de que, de estar muerto, tendr�a un aspecto mucho m�s deplorable. El cuerpo estaba muy blanco, como el m�rmol; ten�a una mu�eca vendada, pero por lo dem�s parec�a ileso. Era como si estuviera dormido, con los ojos cerrados y los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo. S�lo el detalle de que su pecho no se mov�a indicaba que algo all� iba muy mal.</p><p>��Pero -dijo Simon, sabiendo que lo que dec�a sonaba rid�culo- si est� muerto. Jace lo mat�.</p><p>Lilith pos� una de sus p�lidas manos encima de la superficie del ata�d.</p><p>��Jonathan -dijo, y Simon record� entonces que aqu�l era en realidad su nombre. La voz de Lilith ten�a un matiz cari�oso al pronunciarlo, como si estuviera acunando a un ni�o-. Es bello, �verdad?</p><p>��Hummm -dijo Simon, mirando con aberraci�n la criatura del interior del ata�d, el chico que hab�a asesinado a Max Lightwood, de s�lo nueve a�os. La criatura que hab�a matado a Hodge. Que hab�a intentado matarlos a todos-. No es mi tipo, la verdad.</p><p>��Jonathan es �nico -dijo ella-. Es el �nico cazador de sombras que he conocido que es en parte demonio mayor. Esto lo hace muy poderoso.</p><p>��Est� muerto -dijo Simon. Ten�a la impresi�n, no sab�a muy bien por qu�, de que era importante seguir subrayando aquel hecho, aunque Lilith no pareciera captarlo.</p><p>Lilith mir� a Sebastian frunciendo el ce�o.</p><p>��Cierto. Jace Lightwood consigui� ponerse a sus espaldas y le atraves� el coraz�n desde atr�s con un cuchillo.</p><p>���C�mo te lo hiciste para�?</p><p>��Yo estaba en Idris -dijo Lilith-. Entr� cuando Valentine abri� la puerta a los mundos demon�acos. No para combatir en su est�pida batalla. Por curiosidad, m�s que por otra cosa. Ese Valentine es tan arrogante� -Se interrumpi�, con un gesto de indiferencia-. El cielo lo castig� por ello, por supuesto. Vi el sacrificio que realiz�; vi al �ngel alzarse y volverse contra �l. Vi las consecuencias. Soy el m�s antiguo de los demonios; conozco las Viejas Leyes. Vida por vida. Corr� hacia Jonathan. Era casi demasiado tarde. Por eso todo lo humano en �l muri� al instante, su coraz�n hab�a cesado de latir, sus pulmones de hincharse. Las Viejas Leyes no bastaban. Intent� resucitarlo entonces. Pero hac�a demasiado tiempo que se hab�a ido. Lo �nico que pude hacer fue esto. Conservarlo a la espera de este momento.</p><p>Simon se pregunt� por un instante qu� suceder�a si sal�a corriendo, si pasaba zumbando por el lado de aquella diablesa loca y se arrojaba al vac�o. Como consecuencia de la Marca, ning�n ser viviente pod�a hacerle da�o, pero dudaba de que su poder se extendiera hasta el punto de protegerlo contra la ca�da. Pero era un vampiro. Si ca�a cuarenta pisos abajo y se romp�a hasta el �ltimo hueso de su cuerpo, �conseguir�a recuperarse? Trag� saliva y vio que Lilith lo miraba como si encontrase la situaci�n muy graciosa.</p><p>���No quieres saber a qu� momento me refiero? -dijo con su voz fr�a y seductora. Y antes de que Simon pudiera responder, se inclin� hacia adelante, apoyando los codos en el ata�d-. Me imagino que conoces la historia de c�mo los nefilim se convirtieron en lo que son. De c�mo el �ngel Raziel mezcl� su sangre con la sangre de los hombres y se la dio a beber a un hombre, y de c�mo ese hombre se convirti� de este modo en el primer nefilim.</p><p>��He o�do hablar de ella.</p><p>��En efecto, el �ngel cre� una nueva raza de criaturas. Y ahora, con Jonathan, ha nacido de nuevo otra raza. Igual que el cazador de sombras Jonathan origin� el primer nefilim, este Jonathan originar� la nueva raza que pretendo crear.</p><p>��La nueva raza que pretendes� -Simon levant� las manos-. �Sabes qu�? Si te apetece liderar una nueva raza a partir de un tipo muerto, adelante. No entiendo qu� tiene que ver esto conmigo.</p><p>��Ahora est� muerto. Pero necesita no seguir est�ndolo. -La voz de Lilith era fr�a, carente de emoci�n-. Existe, claro est�, un tipo de subterr�neo cuya sangre ofrece la posibilidad de, dir�amos, una resurrecci�n.</p><p>��Los vampiros -dijo Simon-. �Quieres que convierta a Sebastian en un vampiro?</p><p>��Se llama Jonathan -replic� en un tono cortante-. Y s�, en cierto sentido s�. Quiero que lo muerdas, que bebas su sangre, y que le des a cambio tu sangre�</p><p>��No pienso hacerlo.</p><p>���Est�s seguro?</p><p>��Un mundo sin Sebastian -Simon utiliz� expresamente aquel nombre- es un mundo mejor que con �l. No pienso hacerlo. -La rabia empezaba a apoderarse de Simon, una r�pida marea ascendente-. De todos modos, tampoco podr�a aunque quisiera. Est� muerto. Los vampiros no pueden resucitar a los muertos. Deber�as saberlo, si tanto dices que sabes. Una vez el alma abandona el cuerpo, nada puede volver a traerla. Por suerte.</p><p>Lilith le clav� la mirada.</p><p>��No lo sabes, �verdad? -dijo-. Clary nunca te lo cont�.</p><p>Simon empezaba a hartarse.</p><p>���Que nunca me cont� qu�?</p><p>Ella ri� entre dientes.</p><p>��Ojo por ojo, diente por diente, vida por vida. Para impedir el caos debe existir el orden. Si se ofrece una vida a la Luz, se le debe una vida a la Oscuridad.</p><p>��No tengo literalmente ni idea de qu� me hablas -dijo Simon, despacio y con toda la intenci�n-. Y me da lo mismo. Tus villanos y tus horripilantes programas de eugenesia empiezan a aburrirme. As� que me largo. Puedes tratar de detenerme amenaz�ndome o haci�ndome da�o. Te animo a que lo intentes.</p><p>Ella se qued� mir�ndolo y volvi� a re�r.</p><p>��Ca�n se ha levantado -dijo-. Eres un poco como �l, cuya Marca llevas. Era tozudo, como t�. Terco como una mula, y tonto adem�s.</p><p>��Se sublev� contra Dios. Yo simplemente me enfrento contigo. -Simon dio media vuelta dispuesto a marcharse.</p><p>��Yo de ti no me pondr�a de espaldas a m�, vampiro diurno -dijo Lilith, y algo en su voz lo oblig� a volverse y a mirarla. Segu�a inclinada sobre el ata�d de Sebastian-. Piensas que nadie puede hacerte da�o -dijo con una sonrisa socarrona-. Y, de hecho, no puedo levantar la mano contra ti. No soy tonta; he visto el fuego sagrado de lo divino. Y no me apetece en absoluto verlo levantarse contra m�. No soy Valentine, dispuesta a regatear con aquello que no alcanzo a comprender. Soy un demonio, pero muy viejo. Conozco a la humanidad mejor de lo que te imaginas. Comprendo la debilidad del orgullo, del ansia de poder, del deseo de la carne, de la avaricia, la vanidad y el amor.</p><p>��El amor no es una debilidad.</p><p>���Ah, no? -dijo ella, y mir� m�s all� de donde estaba �l, con una mirada m�s fr�a y afilada que un car�mbano de hielo.</p><p>�l se volvi�, sin querer hacerlo pero sabiendo que deb�a, y mir� a sus espaldas.</p><p>En el camino de acceso estaba Jace. Llevaba un traje negro y camisa blanca. Delante de �l estaba Clary, a�n con el precioso vestido de color oro que llevaba en la fiesta de la Fundici�n. Su larga y ondulada melena roja se hab�a desprendido del recogido y se derramaba sobre sus hombros. Estaba muy quieta en el interior del c�rculo formado por los brazos de Jace. Habr�a parecido casi una imagen rom�ntica de no ser por el hecho de que en una de sus manos Jace sujetaba un cuchillo largo y reluciente con empu�adura de hueso que apuntaba contra la garganta de Clary.</p><p>Simon se qued� mirando a Jace completamente conmocionado. El rostro de Jace no mostraba emoci�n, sus ojos carec�an de luz. Miraban con amargura a la nada.</p><p>Lade� la cabeza muy levemente.</p><p>��La he tra�do, lady Lilith -dijo-. Tal y como me pediste.</p></section><section><title><p>17 Y CA�N SE LEVANT�</p></title><p>Clary nunca hab�a tenido tanto fr�o.</p><p>Ni siquiera cuando hab�a salido arrastr�ndose del lago Lyn, tosiendo y escupiendo su venenosa agua, hab�a tenido tanto fr�o. Ni siquiera cuando hab�a cre�do que Jace estaba muerto, hab�a sentido en su coraz�n aquella terrible par�lisis g�lida. Despu�s hab�a ardido de rabia, de rabia contra su padre. Pero ahora s�lo sent�a fr�o, un fr�o helado de la cabeza a los pies.</p><p>Hab�a recuperado el sentido en el vest�bulo de m�rmol de un extra�o edificio, bajo la sombra de una l�mpara de ara�a apagada. Jace la transportaba, con un brazo por debajo de las rodillas y el otro sujet�ndole la cabeza. Mareada y aturdida, hab�a enterrado la cabeza contra su cuello por un instante, intentando recordar d�nde estaba.</p><p>���Qu� ha pasado? -hab�a susurrado.</p><p>Hab�an llegado a un ascensor. Jace puls� el bot�n y Clary escuch� el traqueteo que significaba que el aparato descend�a hacia ellos. Pero �d�nde estaban?</p><p>��Te has quedado inconsciente -dijo �l.</p><p>��Pero �c�mo�? -Entonces record� y se qued� en silencio. Las manos de �l sobre ella, la punzada de la estela en la piel, la oleada de oscuridad que se hab�a apoderado de ella. Algo err�neo en la runa que le hab�a dibujado, su aspecto y su sensaci�n. Permaneci� sin moverse en sus brazos por un momento y dijo a continuaci�n:</p><p>��D�jame en el suelo.</p><p>As� lo hizo �l y se quedaron mirando. Los separaba un espacio m�nimo. Podr�a haber alargado el brazo para tocarlo, pero por primera vez desde que lo conoc�a no deseaba hacerlo. Ten�a la terrible sensaci�n de estar mirando a un desconocido. Parec�a Jace, y sonaba como Jace cuando hablaba, y lo hab�a sentido como Jace mientras la llevaba en brazos. Pero sus ojos eran extra�os y distantes, igual que la sonrisa que esbozaba su boca.</p><p>Se abrieron las puertas del ascensor detr�s de �l. Clary record� una ocasi�n en la nave del Instituto, dici�ndole �Te quiero� a la puerta cerrada del ascensor. Pero ahora, detr�s de �l se abr�a un vac�o, negro como la entrada de una cueva. Busc� la estela en el bolsillo; hab�a desaparecido.</p><p>��Has sido t� quien me ha hecho perder el sentido -dijo-. Con una runa. Me has tra�do aqu�. �Por qu�?</p><p>El bello rostro de Jace permanec�a completamente inexpresivo.</p><p>��Tuve que hacerlo. No me quedaba otra elecci�n.</p><p>Clary se volvi� y ech� a correr hacia la puerta, pero Jace fue m�s r�pido. Siempre lo hab�a sido. Se coloc� delante de ella, bloque�ndole el paso, y extendi� los brazos.</p><p>��No corras, Clary -dijo-. Por favor. Hazlo por m�.</p><p>Lo mir� con incredulidad. La voz era la misma; sonaba igual que Jace, pero no como si fuera �l, sino como una grabaci�n, pens� Clary; los tonos y las modulaciones de su voz estaban all�, pero la vida que la animaba hab�a desaparecido. �C�mo no se hab�a dado cuenta antes? Le hab�a parecido remoto y lo hab�a achacado al estr�s y al dolor, pero no. Era que Jace se hab�a ido. El est�mago le dio un vuelco y se volvi� de nuevo hacia la puerta, pero Jace la atrap� por la cintura y la oblig� a volverse hacia �l. Lo empuj�, sus dedos atrapados en el tejido de su camisa, rasg�ndola.</p><p>Se qued� helada, mir�ndolo. En su pecho, justo encima del coraz�n, hab�a dibujada una runa.</p><p>Una runa que nunca hab�a visto. Y que no era negra, como las runas de los cazadores de sombras, sino rojo oscuro, del color de la sangre. Y carec�a de la delicada elegancia de las runas del Libro Gris. Era como un garabato, fea, sus l�neas eran angulosas y crueles, m�s que curvil�neas y generosas.</p><p>Era como si Jace no viese la runa. Se observ� a s� mismo, como si estuviera pregunt�ndose qu� estar�a mirando ella, y a continuaci�n levant� la vista, perplejo.</p><p>��No pasa nada. No me has hecho da�o.</p><p>��Esa runa� -empez� a decir ella, pero se interrumpi�, en seco. Tal vez �l no supiera que la ten�a ah�-. Su�ltame, Jace -dijo entonces, apart�ndose-. No tienes que hacer esto.</p><p>��Te equivocas -dijo �l, y volvi� a cogerla.</p><p>Esta vez, Clary no forceje�. �Qu� pasar�a si consegu�a escaparse? No pod�a dejarlo all�. Jace segu�a ah�, pens�, atrapado en alg�n lugar detr�s de aquellos ojos inexpresivos, tal vez gritando y pidi�ndole socorro. Ten�a que quedarse con �l. Enterarse de qu� suced�a. Dej� que la cogiera y la llevara hacia el ascensor.</p><p>��Los Hermanos Silenciosos se percatar�n de tu ausencia -le dijo, mientras los botones del ascensor iban ilumin�ndose de planta en planta a medida que ascend�an-. Alertar�n a la Clave. Vendr�n a buscarte�</p><p>��No tengo por qu� temer a los Hermanos. No estaba all� en calidad de prisionero; no esperaban que quisiera marcharme. No se dar�n cuenta de que me he ido hasta ma�ana, cuando se despierten.</p><p>���Y si se despiertan m�s temprano?</p><p>��Oh -dijo, con fr�a certidumbre-. No se dar�n cuenta. Es mucho m�s probable que los asistentes a la fiesta de la Fundici�n se den cuenta de tu ausencia. Pero �qu� podr�an hacer? No tienen ni idea de ad�nde has ido y el Camino de Seguimiento hasta este edificio est� bloqueado. -Le apart� el pelo de la cara, y ella se qued� inm�vil-. Tienes que confiar en m�. Nadie vendr� a buscarte.</p><p>No sac� el cuchillo hasta que salieron del ascensor. Le dijo entonces:</p><p>��Jam�s te har�a da�o. Lo sabes, �verdad? -Pero aun as�, se ech� el cabello hacia atr�s con la punta del cuchillo y presion� la hoja contra su garganta. En cuanto salieron a la terraza, el aire g�lido golpe� como una bofetada sus hombros desnudos y sus brazos. Las manos de Jace eran c�lidas al contacto y sent�a su calor a trav�s de la fina tela de su vestido, pero no la calentaba, no la calentaba por dentro. Sent�a como si el interior de su cuerpo estuviera lleno de aserradas astillas de hielo.</p><p>Y el fr�o aument� cuando vio a Simon, mir�ndola con sus enormes ojos oscuros. Su cara era pura conmoci�n, estaba blanco como el papel. La miraba, y a Jace detr�s de ella, como si estuviera viendo algo fundamentalmente err�neo, una persona con la cara vuelta al rev�s, un mapamundi sin tierra y s�lo con mar.</p><p>Apenas mir� a la mujer que ten�a a su lado, una mujer de pelo negro y rostro fino y cruel. La mirada de Clary se traslad� de inmediato al ata�d transparente situado sobre un pedestal de piedra. Era como si brillara desde dentro, como si estuviera iluminado por una luz interior lechosa. El agua en la que flotaba Jonathan no era seguramente agua, sino un l�quido mucho menos natural. La Clary normal, pens� sin pasi�n, habr�a gritado al ver a su hermano, flotando inm�vil e inerte en lo que parec�a el ata�d de cristal de Blancanieves. Pero la Clary paralizada y helada se limit� a quedarse mir�ndolo en un estado de sorpresa remoto y ausente.</p><p>�Labios rojos como la sangre; piel blanca como la nieve, cabello negro como el �bano.� Hab�a algo de cierto en todo ello. Cuando conoci� a Sebastian, ten�a el pelo negro, pero ahora era blanco plateado y flotaba alrededor de su cabeza como una alga albina. El mismo color que el pelo de su padre. Del padre de los dos. Su piel era tan clara que parec�a hecha de cristales luminosos. Pero sus labios carec�an de color, igual que los p�rpados.</p><p>��Gracias, Jace -dijo la mujer a la que Jace hab�a llamado Lilith-. Bien hecho, y muy r�pido. Cre� que iba a tener dificultades contigo al principio, pero por lo que veo me preocup� innecesariamente.</p><p>Clary se qued� mir�ndola. Aunque la mujer era una perfecta desconocida, su voz le sonaba de algo. Hab�a o�do aquella voz en alguna ocasi�n. Pero �d�nde? Intent� separarse de Jace, pero �l respondi� agarr�ndola con m�s fuerza. El filo del cuchillo le bes� la garganta. Casualidad, se dijo. Jace -incluso aquel Jace- nunca le har�a da�o.</p><p>��T� -le dijo a Lilith siseando entre dientes-. �Qu� le has hecho a Jace?</p><p>��Ha hablado la hija de Valentine. -La mujer de pelo oscuro sonri�-. �Simon? �Te gustar�a explic�rselo?</p><p>Daba la impresi�n de que Simon iba a vomitar de un momento a otro.</p><p>��No tengo ni idea. -Era como si estuviera ahog�ndose-. Creedme, vosotros dos sois lo �ltimo que esperaba ver aqu�.</p><p>��Los Hermanos Silenciosos dijeron que el responsable de lo que estaba pas�ndole a Jace era un demonio -dijo Clary, y vio a Simon m�s perplejo que nunca. La mujer, sin embargo, se limit� a mirarla con unos ojos que parec�an planos c�rculos de obsidiana-. Ese demonio eras t�, �verdad? Pero �por qu� Jace? �Qu� quieres de nosotros?</p><p>����Nosotros�? -repiti� Lilith con una risotada-. Como si t� tuvieras alguna importancia en todo esto, mi ni�a. �Por qu� t�? Porque t� eres un medio para conseguir un fin. Porque necesitaba a estos dos chicos, y porque ambos te quieren. Porque Jace Herondale es la persona en quien m�s conf�as en este mundo. Y porque t� eres alguien a quien el vampiro diurno ama lo suficiente como para dar su vida a cambio. Tal vez a ti no pueda hacerte da�o nadie -dijo, volvi�ndose hacia Simon-. Pero a ella s�. �Tan terco eres que te quedar�s aqu� sentado viendo c�mo Jace le corta el cuello si no donas tu sangre?</p><p>Simon, que parec�a un muerto, neg� lentamente con la cabeza, pero antes de que le diera tiempo a replicar, habl� Clary.</p><p>���No, Simon! No lo hagas, sea lo que sea esto. Jace no me har� da�o.</p><p>Los ojos insondables de la mujer se volvieron hacia Jace. Sonri�.</p><p>��C�rtale el cuello -dijo-. S�lo un poco.</p><p>Clary not� la tensi�n en los hombros de Jace, igual que se tensaban en el parque cuando le daba clases de combate. Sinti� algo en el cuello, como un beso punzante, fr�o y caliente a la vez, y sinti� acto seguido un hilillo c�lido de l�quido desliz�ndose hacia su clav�cula. Simon abri� los ojos como platos.</p><p>La hab�a cortado. Lo hab�a hecho. Pens� en Jace, agazapado en cuclillas en el suelo de su habitaci�n del Instituto, con el dolor reflejado en todos los poros de su cuerpo. �Sue�o que entras en mi habitaci�n. Y entonces te ataco. Te corto, o te ahogo o te clavo el cuchillo, y mueres, mir�ndome con tus preciosos ojos verdes mientras te desangras entre mis manos.�</p><p>No le hab�a cre�do. En realidad no. Era Jace. Nunca le har�a da�o. Baj� la vista y vio la sangre impregnando el escote del vestido. Estaba manchado de rojo.</p><p>��Ya lo has visto -dijo la mujer-. Hace lo que yo le digo. No lo culpes por ello. Est� por completo bajo mi poder. Llevo semanas meti�ndome en su cabeza, observando sus sue�os, conociendo sus miedos y sus ansias, sus sentimientos de culpa y sus deseos. Lo marqu� en el transcurso de un sue�o, y esa Marca le quema desde entonces� le quema su piel, le quema su alma. Ahora su alma est� en mis manos, para moldearla o dirigirla seg�n yo considere conveniente. Har� todo lo que yo le diga.</p><p>Clary record� lo que hab�an dicho los Hermanos Silenciosos: �Siempre que nace un cazador de sombras, se lleva a cabo un ritual. Tanto los Hermanos Silenciosos como las Hermanas de Hierro realizan diversos hechizos de protecci�n. Cuando Jace muri� y fue resucitado, naci� una segunda vez, pero sin protecci�n ni rituales. Eso lo dej� abierto como una puerta sin llave: abierto a cualquier tipo de influencia demon�aca o malevolencia.�</p><p>�He sido yo la causante de esto -pens� Clary-. Fui yo quien lo devolvi� a la vida y la que quise mantenerlo en secreto. Si le hubi�semos contado a alguien lo sucedido, tal vez se hubiera podido realizar el ritual a tiempo para que Lilith no lograra penetrar en su cabeza.� Se sent�a enferma de odio hacia s� misma. A sus espaldas, Jace permanec�a en silencio, quieto como una estatua, abraz�ndola y sujetando todav�a el cuchillo junto a su cuello. Lo sinti� pegado a su piel cuando respir� hondo para hablar, esforz�ndose en mantener la voz inalterable.</p><p>��Entiendo que controlas a Jace -dijo-. Pero no entiendo por qu�. Estoy segura de que existen modos m�s f�ciles de amenazarme.</p><p>Lilith suspir� como si el asunto estuviera empezando a resultarle tedioso.</p><p>��Te necesito -dijo, con un adem�n exagerado de impaciencia- para conseguir que Simon haga lo que yo quiero que haga, que es darme su sangre. Y necesito a Jace no s�lo porque necesitaba una manera de traerte hasta aqu�, sino tambi�n como contrapeso. En la magia, todo debe mantener su equilibrio, Clarissa. -Se�al� el burdo c�rculo pintado en negro sobre las baldosas, y despu�s a Jace-. �l fue el primero. El primero en regresar, la primera alma recuperada para este mundo en nombre de la Luz. Por lo tanto, tiene que estar presente para que resucite con �xito al segundo, en nombre de la Oscuridad. �Lo entiendes ahora, ni�a tonta? Era necesario que estuvierais presentes todos. Jace para vivir. Jonathan para regresar. Y t�, hija de Valentine, para ser el catalizador de todo ello.</p><p>El volumen de la voz de la mujer demonio hab�a descendido hasta convertirse en un c�ntico. Sorprendida, Clary record� entonces d�nde la hab�a escuchado. Vio a su padre, en el interior de un pentagrama, una mujer de pelo negro con tent�culos en vez de ojos arrodillada a sus pies. La mujer dec�a: �El ni�o nacido con esta sangre exceder� en poder a los demonios mayores de los abismos entre los mundos. Pero consumir� su humanidad, igual que el veneno consume la vida de la sangre�.</p><p>��Lo s� -dijo Clary, con la boca entumecida-. S� qui�n eres. Vi c�mo te cortabas la mu�eca y derramabas tu sangre en una copa para mi padre. El �ngel Ithuriel me lo mostr� en una visi�n.</p><p>La mirada de Simon corr�a de un lado a otro, entre Clary y la mujer, cuyos negros ojos dejaban entrever cierta sorpresa. Clary se imagin� que no era de las que se sorprend�an f�cilmente.</p><p>��Vi a mi padre convocarte. S� c�mo te llam�. �Mi se�ora de Edom.� Eres un demonio mayor. T� le diste tu sangre para convertir a mi hermano en lo que es. Lo convertiste en una� en una cosa horrible. De no haber sido por ti�</p><p>��S�. Todo eso es verdad. Le di mi sangre a Valentine Morgenstern, y �l la inocul� a su beb�. Y �ste es el resultado. -La mujer pos� con delicadeza la mano, casi como una caricia, sobre la superficie acristalada del ata�d de Jonathan. En su rostro apareci� una extra�a sonrisa-. Podr�a casi decirse que, en cierto sentido, soy la madre de Jonathan.</p><empty-line/><p>��Ya te dije que esta direcci�n no significaba nada -dijo Alec.</p><p>Isabelle lo ignor�. En el instante en que hab�an cruzado las puertas del edificio, el colgante del rub� hab�a palpitado, d�bilmente, igual que el latido de un coraz�n remoto. Aquello significaba presencia demon�aca. En otras circunstancias, habr�a esperado que su hermano intuyera la rareza del lugar igual que ella, pero Alec estaba demasiado hundido en su melancol�a por Magnus como para poder concentrarse.</p><p>��Saca tu luz m�gica -le dijo-. Me he dejado la m�a en casa.</p><p>Le lanz� una mirada airada. En el vest�bulo estaba oscuro, lo bastante oscuro como para que un ser humano normal y corriente no viera nada. Tanto Maia como Jordan pose�an la excelente visi�n nocturna de los seres lobo. Se encontraban en extremos opuestos de la estancia; Jordan, examinando el gigantesco mostrador de m�rmol y Maia, apoyada en la pared de enfrente, mir�ndose los anillos.</p><p>��Se supone que tienes que llevarla contigo a dondequiera que vayas -replic� Alec.</p><p>���Oh? �Y has tra�do t� tu sensor? -le espet� ella-. Me parece que no. Como m�nimo, yo tengo esto. -Dio unos golpecitos a su colgante-. Y te digo que aqu� hay algo. Algo demon�aco.</p><p>Jordan volvi� de repente la cabeza.</p><p>���Dices que hay demonios aqu�?</p><p>��No lo s� Quiz� s�lo haya uno. Lati� un instante y en seguida se detuvo -reconoci� Isabelle-. Pero es una coincidencia demasiado grande para que esto sea simplemente una direcci�n equivocada. Tenemos que inspeccionar.</p><p>Una tenue luz la rode� de repente. Levant� la vista y vio a Alec sujetando su luz m�gica, su resplandor contenido entre los dedos. Proyectaba sombras extra�as sobre su cara, haci�ndole parecer mayor de lo que en realidad era, con los ojos de un azul m�s oscuro.</p><p>��Vamos -dijo-. Inspeccionaremos las distintas plantas de una en una.</p><p>Avanzaron hacia el ascensor. Alec iba delante, y despu�s avanzaban Isabelle, Jordan y Maia en fila. Las botas de Isabelle llevaban runas insonoras en las suelas, pero los tacones de Maia resonaban en el piso de m�rmol. Frunciendo el ce�o, se detuvo para descalzarse y continu� caminando sin zapatos. Cuando Maia entr� en el ascensor, Isabelle se dio cuenta de que llevaba un anillo de oro en el dedo gordo del pie izquierdo, engarzado con una piedra turquesa.</p><p>Jordan, bajando la vista, dijo sorprendido:</p><p>��Recuerdo este anillo. Te lo compr� en�</p><p>��Calla -dijo Maia, pulsando el bot�n para que el ascensor se cerrara. Jordan se qued� en silencio y se cerraron las puertas.</p><p>Se pararon en todos los pisos. En su mayor�a estaban a�n en obras, no hab�a luz y de los techos colgaban cables que parec�an parras. Las ventanas estaban cerradas con tablones de contrachapado. Cortinas de polvo volaban como fantasmas a merced del viento. Isabelle no separaba la mano de su colgante, pero nada sucedi� hasta que llegaron al d�cimo piso. Cuando se abrieron las puertas, sinti� una vibraci�n en el interior de la mano, como si guardara all� un pajarito y estuviera batiendo las alas.</p><p>Dijo en un susurro:</p><p>��Aqu� hay algo.</p><p>Alec se limit� a asentir; Jordan abri� la boca para decir algo, pero Maia le dio un codazo, con fuerza. Isabelle adelant� a su hermano y sali� al vest�bulo de los ascensores. El rub� palpitaba y vibraba contra su mano como un insecto angustiado.</p><p>A sus espaldas, Alec musit�:</p><p>��<emphasis>Sandalphon</emphasis>. -La luz destell� en torno a Isabelle, iluminando el vest�bulo. A diferencia de las plantas que hab�an visitado ya, aqu�lla se ve�a m�s acabada. A su alrededor hab�a paredes de granito, y el suelo luc�a negro y brillante. Un pasillo se extend�a en los dos sentidos. Por un lado terminaba en una monta�a de material de construcci�n y cables enredados. Por el otro, en una arcada. M�s all� de esa arcada, un espacio negro atra�a sus miradas.</p><p>Isabelle se volvi� hacia sus compa�eros. Alec hab�a guardado su piedra de luz m�gica y sujetaba en la mano un reluciente cuchillo seraf�n que iluminaba el interior del ascensor como una linterna. Jordan hab�a sacado un cuchillo enorme de aspecto aterrador que portaba en la mano derecha. Maia daba la impresi�n de estar recogi�ndose el pelo; pero cuando baj� las manos, ten�a entre ellas una horquilla larga y de punta afilada. Le hab�an crecido las u�as y sus ojos ten�an un brillo verdoso y salvaje.</p><p>��Seguidme -dijo Isabelle-. En silencio.</p><p>�Tap, tap�, palpitaba el rub� sobre el pecho de Isabelle mientras avanzaba por el vest�bulo, como los golpecitos de un dedo insistente. No o�a a los compa�eros que la segu�an, pero sab�a d�nde estaban por las sombras alargadas que proyectaban en las oscuras paredes de granito. Notaba la garganta tensa, igual que la sent�a siempre antes de entrar en batalla. Era la parte que menos le gustaba, la anticipaci�n antes de la liberaci�n violenta. En una pelea, nada importaba excepto la pelea en s� misma; pero ahora deb�a luchar para mantener la mente concentrada en el asunto que ten�a entre manos.</p><p>La arcada se elevaba por encima de ellos. Era de m�rmol tallado, curiosamente pasado de moda para un edificio tan moderno como aqu�l, sus laterales decorados con volutas. Isabelle mir� por un breve momento hacia arriba al pasar por debajo y casi dio un grito. En la piedra hab�a esculpida la cara de una sonriente g�rgola que la miraba con lascivia. Le hizo una mueca y contempl� el espacio en el que acababa de entrar.</p><p>Era inmenso, con techos altos, destinado a convertirse alg�n d�a en un gran apartamento tipo <emphasis>loft</emphasis>. Las paredes eran ventanales del suelo hasta el techo, con vistas sobre el East River y Queens a lo lejos, el anuncio de Coca-Cola reflej�ndose en rojo sangre y azul marino sobre las negras aguas. Las luces de los edificios vecinos brillaban en la noche como el espumill�n en un �rbol de Navidad. La estancia estaba oscura y llena de sombras extra�as y abultadas, separadas por intervalos regulares, cerca del suelo. Isabelle forz� la vista, perpleja. No se mov�an; parec�an fragmentos de mobiliario cuadrado, robusto, pero �qu�?</p><p>��Alec -dijo en voz baja. El colgante se contorsionaba como si estuviera vivo, con su coraz�n de rub� angustiosamente caliente pegado a su piel.</p><p>Su hermano se plant� en un instante a su lado. Levant� su espada y la estancia se llen� de luz. Isabelle se llev� la mano a la boca.</p><p>��Oh, Dios m�o -musit�-. Oh, por el �ngel, no.</p><empty-line/><p>��T� no eres su madre. -La voz de Simon se quebr� al pronunciar la frase; Lilith ni siquiera se volvi� para mirarlo. Segu�a con las manos sobre el ata�d de cristal. Sebastian flotaba en su interior, silencioso e ignorante de todo. Iba descalzo, se fij� Simon-. Tiene una madre. La madre de Clary. Clary es su hermana. Sebastian (Jonathan) no se sentir�a muy satisfecho si le hicieses da�o.</p><p>Lilith levant� la vista al o�r aquello y se ech� a re�r.</p><p>��Un intento valiente, vampiro diurno -dijo-. Pero s� lo que me digo. Vi a mi hijo crecer, �sabes? Lo visitaba con frecuencia adoptando la forma de una lechuza. Vi c�mo lo odiaba la mujer que lo pari�. No siente la p�rdida de su amor, ni deber�a, y tampoco le importa su hermana. Se parece m�s a m� que a Jocelyn Morgenstern. -Sus oscuros ojos pasaron de Simon a Jace y a Clary. No se hab�an movido de donde estaban, en absoluto. Clary continuaba en el c�rculo formado por los brazos de Jace, con el cuchillo pegado a su garganta. Jace lo sujetaba sin problemas, despreocupadamente, como si apenas le prestara atenci�n. Pero Simon sab�a la facilidad con la que el aparente desinter�s de Jace pod�a explotar para convertirse en una acci�n violenta.</p><p>��Jace -dijo Lilith-. Entra en el c�rculo. Trae contigo a la chica.</p><p>Obedientemente, Jace avanz�, empujando a Clary por delante de �l. Cuando cruzaron la barrera de la l�nea pintada de negro, las runas del interior del c�rculo lanzaron de repente una luz brillante� y algo m�s tambi�n se ilumin�. Una runa dibujada en el lado izquierdo del pecho de Jace, justo encima del coraz�n, brill� de pronto con tanta intensidad que Simon se vio obligado a cerrar los ojos. Y segu�a viendo la runa incluso con los ojos cerrados, un torbellino virulento de l�neas rabiosas impreso en el interior de sus p�rpados.</p><p>��Abre los ojos, vampiro diurno -espet� Lilith-. Ha llegado el momento. �Me donar�s tu sangre o te negar�s? Ya sabes cu�l es el precio si te niegas.</p><p>Simon baj� la vista hacia el ata�d de Sebastian� y se dio cuenta de algo m�s. En su torso desnudo hab�a una runa gemela a la que acababa de brillar en el pecho de Jace y que empez� a desvanecerse cuando Simon lo mir�. Desapareci� en cuesti�n de segundos, y Sebastian volvi� a quedarse quieto y blanco. Inm�vil. Sin respirar.</p><p>Muerto.</p><p>��No puedo resucitarlo para ti -dijo Simon-. Est� muerto. Te dar�a mi sangre, pero no puede engullirla.</p><p>Lilith silb� entre dientes, exasperada, y por un instante sus ojos brillaron con una dura luz agria.</p><p>��Primero debes morderlo -dijo-. Eres un vampiro diurno. Por tu cuerpo corre sangre de �ngel, por tu sangre y tus l�grimas, por el l�quido de tus colmillos. Tu sangre de vampiro diurno lo revivir� lo bastante como para que pueda tragar y beber. Mu�rdelo y dale tu sangre. Devu�lvemelo.</p><p>Simon se qued� mir�ndola.</p><p>��Pero �qu� dices? �Est�s dici�ndome que tengo el poder de resucitar a los muertos?</p><p>��Has tenido este poder desde que te convertiste en vampiro diurno -dijo ella-. Pero no el derecho a utilizarlo.</p><p>���El derecho?</p><p>Ella sonri�, recorriendo la parte superior del ata�d de Sebastian con la punta de una de sus largas u�as pintadas de rojo.</p><p>��Dicen que la historia est� escrita por los ganadores -dijo-. Tal vez no exista tanta diferencia como supones entre el lado de la Luz y el lado de la Oscuridad. Al fin y al cabo, sin la Oscuridad, no hay nada que la Luz pueda iluminar.</p><p>Simon la mir� sin entender nada.</p><p>��Equilibrio -dijo ella, aclar�ndole el tema-. Existen leyes m�s antiguas de lo que eres capaz de imaginarte. Y una de ellas es que no se puede resucitar lo muerto. Cuando el alma abandona el cuerpo, pertenece a la muerte. Y no puede recuperarse sin antes pagar un precio.</p><p>���Y est�s dispuesta a pagar por ello? �Por �l? -Simon hizo un gesto en direcci�n a Sebastian.</p><p>���l es el precio. -Ech� la cabeza hacia atr�s y ri�. Fue una carcajada casi humana-. Si la Luz devuelve una alma a la vida, la Oscuridad tiene tambi�n derecho a devolver otra alma a la vida. Y �ste es mi derecho. O quiz� deber�as preguntarle a tu amiguita Clary de qu� estoy hablando.</p><p>Simon mir� a Clary. Daba la impresi�n de que iba a desmayarse.</p><p>��Raziel -dijo Clary d�bilmente-. Cuando Jace muri�</p><p>���Que Jace muri�? -La voz de Simon ascendi� una octava. Jace, a pesar de ser el protagonista de la discusi�n, segu�a sereno e inexpresivo, la mano que sujetaba el cuchillo, firme.</p><p>��Valentine lo apu�al� -dijo Clary, casi con un susurro-. Y entonces el �ngel mat� a Valentine, y dijo que yo pod�a tener lo que deseara. Y dije que quer�a que Jace recuperara la vida, que lo quer�a vivo de nuevo, y �l lo devolvi� a la vida� para m�. -Sus ojos parec�an enormes en su carita-. Estuvo muerto s�lo unos minutos� apenas un momento�</p><p>��Fue suficiente -suspir� Lilith-. Estuve cerca de mi hijo durante su batalla con Jace; le vi caer y morir. Segu� a Jace hasta el lago, vi a Valentine asesinarlo, y despu�s c�mo el �ngel lo devolvi� a la vida. Supe entonces que era mi oportunidad. Volv� corriendo al r�o y cog� el cuerpo de mi hijo� Lo he conservado para este momento. -Mir� con orgullo el ata�d-. Todo est� en equilibrio. Ojo por ojo. Diente por diente. Vida por vida. Jace es el contrapeso. Si Jace vive, tambi�n vivir� Jonathan.</p><p>Simon no pod�a despegar los ojos de Clary.</p><p>��Lo qu� est� diciendo� sobre el �ngel� �es cierto? -pregunt�-. �Y nunca se lo contaste a nadie?</p><p>Para su sorpresa, fue Jace quien respondi�. Con la mejilla pegada al pelo de Clary, dijo:</p><p>��Era nuestro secreto.</p><p>Los ojos verdes de Clary brillaban con intensidad, pero no se movi�.</p><p>��As� que ya ves, vampiro diurno -dijo Lilith-. S�lo tomo lo que es m�o por derecho. La Ley dice que aquel que fue resucitado en primer lugar tiene que estar en el interior del c�rculo cuando el segundo sea resucitado. -Se�al� a Jace con un despectivo gesto con el dedo-. �l est� aqu�. T� est�s aqu�. Todo est� listo.</p><p>��Entonces no necesitas a Clary -dijo Simon-. D�jala fuera del c�rculo. D�jala marchar.</p><p>��Por supuesto que la necesito. La necesito para motivarte. No puedo hacerte da�o, portador de la Marca, ni amenazarte, ni matarte. Pero puedo arrancarte el coraz�n cuando le arranque a ella la vida. Y lo har�.</p><p>Mir� a Clary, y la mirada de Simon sigui� sus ojos.</p><p>Clary. Estaba tan p�lida que parec�a casi azul, aunque a lo mejor era por el fr�o. Sus ojos verdes se ve�an inmensos en su carita. De la clav�cula ca�a un hilillo de sangre que llegaba al escote del vestido, manchado ahora de rojo. Ten�a los brazos ca�dos a ambos lados, sus manos temblaban.</p><p>Simon estaba vi�ndola tal y como era en aquel momento, pero tambi�n como la ni�a de siete a�os que conoci�, brazos flacuchos y pecas, y aquellos pasadores azules que siempre llevaba en el pelo hasta que cumpli� los once. Pens� en la primera vez en que se dio cuenta de que debajo de la camiseta holgada y los vaqueros que siempre llevaba hab�a las formas de una chica de verdad, y en c�mo no hab�a sabido muy bien si seguir mir�ndola o apartar la vista. Pens� en su risa y en su veloz l�piz desliz�ndose por cualquier papel, dejando a su paso el dibujo de intrincadas im�genes: castillos con torres de aguja, caballos al trote, personajes coloreados que sol�a inventarse. �Puedes ir sola al colegio -le hab�a dicho la madre de Clary-, pero s�lo si Simon va contigo.� Pens� en sus manos unidas para cruzar las calles y en la sensaci�n que le hab�a causado la imponente tarea que hab�a asumido: ser responsable de su seguridad.</p><p>Se hab�a enamorado de ella en seguida, y tal vez una parte de �l siempre seguir�a estando enamorado, porque hab�a sido su primer amor. Pero eso carec�a ahora de importancia. Se trataba de Clary; formaba parte de �l; siempre hab�a formado parte de �l y siempre seguir�a siendo as�. Mientras la miraba, ella movi� negativamente la cabeza, de un modo casi inapreciable. Sab�a que estaba dici�ndole: �No lo hagas. No le concedas lo que quiere. Deja que me pase lo que tenga que pasarme�.</p><p>Se introdujo en el c�rculo; cuando sus pies cruzaron la l�nea pintada, se estremeci�, sinti� como una descarga el�ctrica atraves�ndole el cuerpo.</p><p>��De acuerdo -dijo-. Lo har�.</p><p>���No! -grit� Clary, pero Simon no la mir�. Estaba mirando a Lilith, que le dirig�a una fr�a sonrisa de regodeo mientras levantaba la mano izquierda y la pasaba a continuaci�n por la superficie del ata�d.</p><p>La tapa se esfum�, retract�ndose de un modo que le record� curiosamente a Simon la forma en que se retira la tapa de una lata de sardinas. En cuanto la capa superior de cristal se retir�, se fundi� hasta desaparecer, derram�ndose por los laterales del pedestal de granito y cristalizando en diminutos fragmentos de vidrio a medida que las gotas tocaban el suelo.</p><p>El ata�d hab�a quedado abierto, como una pecera; el cuerpo de Sebastian flotaba en su interior y Simon crey� ver una vez m�s el destello de la runa de su pecho cuando Lilith sumergi� la mano en el dep�sito. En un curioso gesto de ternura, cogi� las manos de Sebastian y se las cruz� por encima del pecho, colocando la mano vendada por debajo de la que estaba bien. Le retir� de la blanca frente un mech�n de pelo mojado y dio unos pasos hacia atr�s, sacudi�ndose aquella agua lechosa de las manos.</p><p>��Haz tu trabajo, vampiro diurno -dijo.</p><p>Simon se acerc� al ata�d. El rostro de Sebastian estaba relajado, y sus p�rpados inm�viles. No hab�a indicio de pulso en su garganta. Simon record� hasta qu� punto hab�a deseado beber la sangre de Maureen. C�mo hab�a ansiado la sensaci�n de hundir los dientes en su piel y liberar con ello la sangre salada que circulaba por debajo. Pero aquello� aquello era alimentarse de un cad�ver. S�lo de pensarlo el est�mago le dio un vuelco.</p><p>Aun sin mirarla, sab�a que Clary estaba observ�ndolo. Sent�a su respiraci�n cuando se inclin� sobre Sebastian. Sent�a tambi�n a Jace, mir�ndolo con ojos inexpresivos. Introdujo las manos en el ata�d y cogi� a Sebastian por sus resbaladizos y fr�os hombros. Reprimiendo las ganas de vomitar, se inclin� y hundi� los dientes en el cuello de Sebastian. Su boca se llen� de sangre negra de demonio, amarga como el veneno.</p><empty-line/><p>Isabelle avanz� en silencio entre los pedestales de piedra. Alec iba a su lado, con <emphasis>Saldalphon</emphasis> en la mano, proyectando luz en la estancia. Maia estaba en un rinc�n, agachada y vomitando, apoy�ndose con una mano en la pared; Jordan estaba junto a ella, con aspecto de desear acariciarle la espalda, pero temeroso de verse rechazado.</p><p>Isabelle no culpaba a Maia por vomitar. Tambi�n ella lo habr�a hecho de no tener tantos a�os de formaci�n a sus espaldas. Jam�s hab�a visto nada parecido. En la sala hab�a docenas de pedestales de piedra, quiz� cincuenta. Y encima de cada uno de ellos hab�a una especie de capazo. Dentro de cada capazo hab�a un beb�. Y todos los beb�s estaban muertos.</p><p>Al principio, cuando hab�a empezado a caminar entre aquellas filas, hab�a albergado la esperanza de encontrar alguno con vida. Pero aquellos ni�os llevaban ya tiempo muertos. Ten�an la piel gris�cea, sus caritas contusionadas y descoloridas. Estaban envueltos en finas mantas, y aunque en la sala hac�a fr�o, Isabelle no cre�a que fuera suficiente como para que hubiesen muerto congelados. No estaba segura de c�mo pod�an haber muerto; no soportaba la idea de acercarse y mirar con m�s detalle. Aquello era, evidentemente, una responsabilidad que correspond�a a la Clave.</p><p>Alec, detr�s de ella, ten�a l�grimas resbal�ndole por las mejillas; cuando llegaron al �ltimo pedestal, maldec�a en voz baja. Maia se hab�a incorporado y estaba apoyada en la ventana; Jordan le hab�a dado un trapo, quiz� un pa�uelo, para limpiarse la cara. Las fr�as luces blancas de la ciudad ard�an detr�s de ella, atravesando el cristal oscuro como brocas de diamante.</p><p>��Iz -dijo Alec-. �Qui�n podr�a haber hecho algo as�? �Por qu� tendr�a que hacerlo� incluso siendo un demonio�?</p><p>Se interrumpi�. Isabelle sab�a en qu� estaba pensando. En Max, cuando naci�. Ella ten�a siete a�os, Alec nueve. Estaban inclinados mirando a su hermanito en la cuna, divertidos y encantados con aquella nueva y fascinante criatura. Hab�an jugado con sus deditos, re�do con las caras que pon�a cuando le hac�an cosquillas.</p><p>Se le encogi� el coraz�n. Max. Mientras avanzaba entre las cunas, convertidas ahora en ata�des en miniatura, una sensaci�n de terror abrumador hab�a empezado a apoderarse de ella. No pod�a ignorar el hecho de que el colgante que llevaba al cuello resplandec�a con un brillo imponente y constante. El tipo de brillo que cabr�a esperar como resultado de la presencia de un demonio mayor.</p><p>Pens� en lo que Clary hab�a visto en el dep�sito de cad�veres del Beth Israel. �Parec�a un beb� normal. Excepto por las manos. Estaban retorcidas en forma de garra��</p><p>Con mucho cuidado, introdujo la mano en una de las cunas. Y procurando no tocar al beb�, desliz� hacia abajo la fina manta que envolv�a el cuerpo.</p><p>Not� c�mo un grito se ahogaba en su garganta. Bracitos regordetes de beb�, mu�ecas redondeadas de beb�. Las manos ten�an un aspecto suave. Pero los dedos� los dedos estaban retorcidos en forma de garra, negros como hueso quemado, rematados con peque�as zarpas afiladas. Sin quererlo, dio un salto hacia atr�s.</p><p>���Qu�? -Maia se acerc� a ellos. Segu�a mareada, pero su tono de voz era firme. Jordan iba tras ella, con las manos en los bolsillos-. �Qu� has descubierto? -pregunt�.</p><p>��Por el �ngel. -Alec, que estaba junto a Isabelle, miraba tambi�n la cuna-. Izzy, �tienes idea de qu� pasa aqu�?</p><p>Poco a poco, Isabelle repiti� lo que Clary le hab�a contado sobre el beb� de la morgue, sobre el libro que hab�a encontrado en la iglesia de Talto.</p><p>��Alguien est� experimentando con beb�s -dijo-. Intentando crear m�s Sebastians.</p><p>���Y por qu� querr�a a otros como �l? -La voz de Alec rebosaba odio.</p><p>��Era r�pido y fuerte -dijo Isabelle. Resultaba casi doloroso f�sicamente decir algo elogioso sobre el chico que hab�a matado a su hermano y que hab�a intentado matarla-. Tal vez est�n tratando de crear una raza de superguerreros o algo por el estilo.</p><p>��No funcionar�a. -La mirada de Maia era oscura y triste.</p><p>Un sonido casi inaudible provoc� el o�do de Isabelle. Levant� la cabeza de repente, la mano corri� a su cintur�n, donde llevaba enrollado su l�tigo. Se hab�a movido alguna cosa entre las densas sombras de la estancia, cerca de la puerta, un destello muy d�bil, pero Isabelle ya se hab�a separado de los dem�s y corr�a hacia la puerta. Irrumpi� en el vest�bulo de los ascensores. All� hab�a algo� una sombra que se hab�a liberado de la oscuridad y que se mov�a, recorriendo la pared. Isabelle cogi� velocidad y se abalanz� hacia adelante, derribando la sombra.</p><p>No era un fantasma. Rodando por el suelo, Isabelle oy� un gru�ido de sorpresa muy humano. La figura era definitivamente humana, m�s ligera y m�s baja que Isabelle, vestida con una sudadera y un pantal�n de ch�ndal de color gris. Isabelle recibi� de repente varios codazos en la clav�cula. Y un rodillazo en el plexo solar. Jade� y rod� hacia un lado, buscando el l�tigo. Cuando consigui� liberarlo, la figura se hab�a puesto ya en pie. Isabelle se puso bocabajo y chasque� el l�tigo hacia adelante; consigui� enrollar su extremo en el tobillo del desconocido y tir� con fuerza, derribando la figura.</p><p>Consigui� incorporarse y, con la mano que ten�a libre, busc� su estela, escondida en la parte delantera del vestido. Con un r�pido corte, finaliz� la Marca <emphasis>nyx</emphasis> de su brazo izquierdo. Su visi�n se adapt� r�pidamente, y en cuanto la runa de la visi�n nocturna empez� a surtir efecto, fue como si la estancia se llenara de luz. Ve�a a su atacante con m�s claridad: una figura delgada vestida con una sudadera gris y un pantal�n de ch�ndal gris, arrastr�ndose hacia atr�s hasta chocar de espaldas contra la pared. El golpe hizo caer la capucha de la sudadera, descubri�ndole la cara. Llevaba la cabeza afeitada, pero era un rostro femenino, con p�mulos afilados y grandes ojos oscuros.</p><p>��Para -dijo Isabelle, y tir� con fuerza del l�tigo. La mujer grit� de dolor-. Deja de intentar escaparte�</p><p>La mujer dijo entre dientes:</p><p>��Gusano. Infiel. No pienso decir nada.</p><p>Isabelle se guard� la estela en el vestido.</p><p>��Si tiro de este l�tigo con la fuerza suficiente, te cortar� la pierna. -Dio un nuevo tir�n al l�tigo, tens�ndolo, y avanz� hasta quedarse de pie delante de la mujer. La mir� desde arriba-. Esos beb�s -dijo-. �Qu� les ha pasado?</p><p>La mujer solt� una carcajada.</p><p>��No eran lo bastante fuertes. Material d�bil, demasiado d�bil.</p><p>���Demasiado d�bil para qu�? -Viendo que la mujer no respond�a, Isabelle le espet�-: O me lo cuentas o pierdes la pierna. T� eliges. No creas que no soy capaz de dejarte desangr�ndote tirada en el suelo. Los asesinos de ni�os no merecen piedad.</p><p>La mujer le ense�� los dientes y silb�, como una serpiente.</p><p>��Si me haces da�o, ella te castigar�.</p><p>���Qui�n�? -Isabelle se interrumpi� al recordar lo que Alec hab�a dicho. �Talto es uno de los nombres de Lilith. Podr�a decirse que es la diosa demonio de los ni�os muertos.� Lilith, se dijo-. Adoras a Lilith. �Has hecho todo eso� por ella?</p><p>��Isabelle. -Era Alec, sujetando la luz de <emphasis>Sandalphon</emphasis> por delante de �l-. �Qu� pasa? Maia y Jordan est�n buscando, a ver si hay m�s� ni�os, pero por lo que parece todos estaban en la habitaci�n grande. �Qu� pasa aqu�?</p><p>��Esta� persona -dijo Isabelle con repugnancia- es miembro del culto de la iglesia de Talto. Se ve que veneran a Lilith. Y han asesinado a todos estos beb�s por ella.</p><p>���No es ning�n asesinato! -La mujer luchaba por enderezarse-. No es un asesinato. Ni un sacrificio. Los examinamos y eran d�biles. No es culpa nuestra.</p><p>��D�jame que lo adivine -dijo Isabelle-. Hab�is intentado inyectar sangre de demonio a mujeres embarazadas. Pero la sangre de demonio es t�xica. Y los beb�s no pudieron sobrevivir con ella. Nacieron deformes y despu�s murieron.</p><p>La mujer gimote�. Era un sonido muy leve, pero Isabelle vio que Alec entrecerraba los ojos. Siempre hab�a sido de los mejores en cuanto a interpretar a la gente.</p><p>��Uno de esos beb�s -dijo- era tuyo. �C�mo pudiste inyectarle sangre de demonio a tu propio hijo?</p><p>La boca de la mujer empez� a temblar.</p><p>��No lo hice. Las inyecciones de sangre se nos administraban �nicamente a nosotras. A las madres. Nos hac�a m�s fuertes, m�s r�pidas. Tambi�n a nuestros maridos. Pero nos pusimos enfermas. Cada vez m�s enfermas. Nos cay� el pelo. Las u�as� -Levant� las manos, mostrando las u�as ennegrecidas, las bases de las u�as ensangrentadas en aquellas que se hab�an ca�do. Ten�a los brazos llenos de hematomas negruzcos-. Nos estamos muriendo -dijo. Hubo en su voz un d�bil sonido de satisfacci�n-. En cuesti�n de d�as estaremos muertos.</p><p>���Os oblig� a tomar veneno y aun as� segu�s vener�ndola? -dijo Alec.</p><p>��No lo entiendes -dijo la mujer con voz ronca, adormecida-. Yo antes no ten�a nada. Ella me encontr�. Ninguno de nosotros ten�a nada. Yo viv�a en las calles. Dorm�a sobre las rejillas de las bocas del metro para no congelarme. Lilith me dio un lugar donde vivir, una familia que cuida de m�. El simple hecho de estar en su presencia me hace sentir segura. Jam�s antes me hab�a sentido segura.</p><p>��As� que has visto a Lilith -dijo Isabelle, luchando por mantener en su voz un tono de incredulidad. Conoc�a los cultos demon�acos; en una ocasi�n hab�a hecho un trabajo sobre el tema, para Hodge. Le puso muy buena nota. La mayor�a de los cultos veneraban demonios imaginados o inventados. Algunos consegu�an invocar demonios menores y d�biles que, o bien mataban a sus seguidores cuando consegu�an liberarse, o bien se contentaban con tener a su servicio a los miembros del culto, que satisfac�an todas sus necesidades, y les ped�an poca cosa a cambio. Pero nunca hab�a o�do hablar de un culto que venerara a un demonio mayor y en el que sus miembros hubiesen visto al demonio en cuesti�n en carne y hueso. Y mucho menos trat�ndose de un demonio mayor tan poderoso como Lilith, la madre de los brujos-. �Has estado en su presencia?</p><p>La mujer entrecerr� los ojos.</p><p>��S�. Con su sangre corriendo por mi cuerpo, intuyo cu�ndo est� cerca. Y ahora est� cerca.</p><p>Isabelle no pudo evitarlo; su mano libre se desplaz� a toda velocidad hacia su colgante. Hab�a estado latiendo de modo intermitente desde que hab�an entrado en el edificio; lo hab�a achacado a la sangre de demonio que conten�an los cad�veres de los beb�s, pero la presencia en la proximidad de un demonio mayor tendr�a quiz� m�s sentido.</p><p>���Est� aqu�? �D�nde?</p><p>Le dio la impresi�n de que la mujer estaba durmi�ndose.</p><p>��Arriba -respondi� vagamente-. Con el chico vampiro. El que camina de d�a. Nos envi� a buscarlo, pero el vampiro estaba protegido. No pudimos capturarlo. Todos los que lo encontraron acabaron muriendo. Pero cuando el hermano Ad�n volvi� y nos cont� que el chico estaba protegido por el fuego sagrado, lady Lilith se enfad� y lo sacrific� all� mismo. Fue afortunado por morir en sus manos. -Su respiraci�n empez� a emitir un traqueteo-. Y lady Lilith es muy inteligente. Encontr� otra manera de traer aqu� al chico�</p><p>Isabelle se qued� tan perpleja que incluso se le cay� el l�tigo de la mano.</p><p>���Simon? �Que ha tra�do a Simon aqu�? �Por qu�?</p><p>��Ninguno de los que ha ido hasta Ella -dijo la mujer, suspirando- ha regresado jam�s�</p><p>Isabelle se arrodill� para recoger el l�tigo.</p><p>��Para -dijo con voz temblorosa-. Para ya de gimotear y dime ad�nde se lo ha llevado. �D�nde est� Simon? D�melo o te�</p><p>��Isabelle. -Alec habl� con potencia-. No tiene sentido, Iz. Est� muerta.</p><p>Isabelle mir� a la mujer con incredulidad. Hab�a muerto, al parecer, entre un suspiro y el siguiente, con los ojos abiertos de par en par y la cara relajada. Bajo el hambre, la calvicie y los moratones, se ve�a que era joven, probablemente no tendr�a m�s de veinte a�os.</p><p>��Maldita sea.</p><p>��No lo entiendo -dijo Alec-. �Qu� querr� de Simon un demonio mayor? Simon es un vampiro. Es verdad que es un vampiro poderoso, pero�</p><p>��La Marca de Ca�n -dijo Isabelle distra�damente-. Tiene que tratarse de algo relacionado con la Marca. Tiene que ser eso. -Se encamin� al ascensor y puls� el bot�n-. Si es verdad que Lilith fue la primera esposa de Ca�n, y que Ca�n era hijo de Ad�n, la Marca de Ca�n es pr�cticamente tan vieja como ella.</p><p>���Ad�nde vas?</p><p>��Dijo que estaban arriba -respondi� Isabelle-. Pienso inspeccionar todas las plantas hasta encontrarlo.</p><p>��No puede hacerle da�o, Izzy -dijo Alec, con aquella voz razonable que Isabelle tanto detestaba-. S� que est�s preocupada, pero Simon tiene la Marca de Ca�n; es intocable. Ni siquiera un demonio mayor puede hacerle nada. Nadie puede.</p><p>Isabelle rega�� a su hermano.</p><p>���Y para qu� crees que lo quiere? �Para tener a alguien que le vaya a buscar la ropa a la tintorer�a durante el d�a? De verdad, Alec�</p><p>Se oy� un <emphasis>ping</emphasis> y se encendi� la flecha correspondiente al ascensor m�s alejado. Isabelle ech� a andar en el momento en que se abrieron las puertas. El vest�bulo se ilumin� con la luz del ascensor� y detr�s de la luz surgi� una oleada de hombres y mujeres, calvos, demacrados y vestidos con sudaderas y pantalones de ch�ndal de color gris. Bland�an toscas armas sacadas de los cascotes de la obra: fragmentos aserrados de cristal, trozos de viga, bloques de hormig�n. Ninguno de ellos hablaba. En un silencio tan absoluto que resultaba siniestro, salieron del ascensor como si de un solo ente se tratara, y avanzaron hacia Alec e Isabelle.</p></section><section><title><p>18 CICATRICES DE FUEGO</p></title><p>Las nubes hab�an ido descendiendo hasta el r�o, como hac�an a veces por las noches, arrastrando con ellas una espesa bruma. No escond�a, sin embargo, lo que suced�a en la terraza, sino que simplemente depositaba una especie de tenue niebla sobre todo lo dem�s. Los edificios que se alzaban alrededor eran tenebrosas columnas de luz, y la luna apenas brillaba, parec�a el destello amortiguado de una l�mpara a trav�s de las ligeras nubes bajas. Los fragmentos rotos del ata�d de cristal, esparcidos por el suelo enlosado, reluc�an como pedazos de hielo, y tambi�n Lilith brillaba, p�lida bajo la luz de la luna, observando a Simon inclinado sobre el cuerpo inm�vil de Sebastian, bebiendo su sangre.</p><p>Clary no soportaba mirar. Sab�a que Simon aborrec�a lo que estaba haciendo; sab�a que estaba haci�ndolo por ella. Por ella e incluso, un poco, tambi�n por Jace. Y sab�a cu�l ser�a el siguiente paso del ritual. Simon donar�a su sangre, voluntariamente, a Sebastian, y Simon morir�a. Los vampiros mor�an si se quedaban sin sangre. Simon morir�a y ella lo perder�a para siempre, y ser�a -absolutamente- por culpa suya.</p><p>Sent�a a Jace detr�s de ella, con los brazos tensos rode�ndola y el suave y regular latido de su coraz�n pegado a sus omoplatos. Record� c�mo la hab�a abrazado en Idris, en la escalera del Sal�n de los Acuerdos. El sonido del viento entre las hojas mientras la besaba, el calor de sus manos sujet�ndole la cara. C�mo hab�a sentido su coraz�n latiendo con fuerza y hab�a pensado que ning�n otro coraz�n pod�a latir como el de �l, c�mo sus pulsaciones corr�an parejas a las de ella.</p><p>Ten�a que estar all�, en alguna parte. Igual que Sebastian en el interior de su prisi�n de cristal. Ten�a que haber alg�n modo de llegar hasta �l.</p><p>Lilith segu�a observando a Simon inclinado sobre Sebastian, con los ojos oscuros grandes y fijos en ellos. Daba lo mismo que Clary y Jace estuvieran presentes.</p><p>��Jace -susurr� Clary-. Jace, no quiero mirar esto.</p><p>Se presion� contra �l, como si intentara acurrucarse entre sus brazos; despu�s esboz� una mueca cuando el cuchillo le roz� de nuevo el cuello.</p><p>��Por favor, Jace -musit�-. No necesitas el cuchillo. Sabes que no puedo hacerte da�o.</p><p>��Pero �qu�?</p><p>��S�lo quiero mirarte. Quiero verte la cara.</p><p>Not� el pecho de �l ascender y descender una sola vez, muy r�pido. Not� tambi�n el escalofr�o que recorr�a el cuerpo de Jace, como si estuviera luchando contra alguna cosa, como si combatiera contra ella. Y entonces se movi� del modo en que s�lo �l pod�a moverse, a la velocidad de un destello de luz. Sin disminuir la presi�n de su brazo derecho, desliz� la mano izquierda y guard� el cuchillo en su cintur�n.</p><p>El coraz�n empez� a latirle con fuerza. �Podr�a echar a correr�, pens�, pero �l la atrapar�a, y hab�a sido s�lo un instante. Segundos despu�s, volv�a a rodearla con ambos brazos, las manos de �l sobre ella, oblig�ndola a volverse. Clary sinti� los dedos de Jace recorri�ndole la espalda, sus desnudos brazos temblando cuando la volvi� de cara a �l.</p><p>Estaba de espaldas a Simon, de espaldas a la mujer demonio, aunque segu�a sintiendo su presencia, provoc�ndole estremecimientos que le recorr�an la columna entera. Levant� la vista hacia Jace. Su rostro era el de siempre. Sus arrugas de expresi�n, el pelo cay�ndole sobre la frente, la d�bil cicatriz en el p�mulo, otra en su sien. Sus pesta�as de un tono m�s oscuro que su cabello. Sus ojos del color de un cristal amarillo claro. Eso s� que era distinto, pens�. Segu�a pareci�ndose a Jace, pero sus ojos eran m�s claros e inexpresivos, era como estar mirando una habitaci�n vac�a a trav�s de una ventana.</p><p>��Tengo miedo -dijo.</p><p>�l le acarici� el hombro, enviando con ello oleadas de chispas a todas sus terminaciones nerviosas; con una sensaci�n de n�usea, se dio cuenta de que su cuerpo segu�a respondiendo a sus caricias.</p><p>��No permitir� que nada te pase.</p><p>Clary se qued� mir�ndolo. �Lo piensas en serio, �verdad? Por el motivo que sea, eres incapaz de ver la desconexi�n que existe entre tus actos y tus intenciones. No s� c�mo, pero ella te ha robado esa capacidad.�</p><p>��No podr�s detenerla -dijo-. Me matar�, Jace.</p><p>�l neg� con la cabeza.</p><p>��No. Eso no lo har�a.</p><p>Clary deseaba gritar, pero se oblig� a mantener la voz serena.</p><p>��S� que est�s ah�, Jace. El Jace de verdad. -Se acerc� m�s a �l. La hebilla del cintur�n de Jace se hundi� en su cintura-. Podr�as luchar contra ella�</p><p>Se equivoc� al decir aquello. Jace se tens�, y Clary percibi� un destello de angustia en sus ojos, la mirada de un animal que ha ca�do en una trampa. En un instante, hab�a vuelto a su dureza anterior.</p><p>��No puedo.</p><p>Clary se estremeci�. Aquella mirada era horrible, tremendamente horrible. Pero vi�ndola estremecerse, la mirada se suaviz�.</p><p>���Tienes fr�o? -le pregunt�, y por un momento volvi� a sonar como Jace, preocupado por su bienestar. Jace not� un intenso dolor en la garganta.</p><p>Asinti�, aunque el fr�o f�sico era lo que menos le importaba en aquellas circunstancias.</p><p>���Puedo poner las manos dentro de tu chaqueta?</p><p>Jace movi� afirmativamente la cabeza. Llevaba la chaqueta abierta y ella desliz� los brazos hacia el interior, sus manos le acariciaban ligeramente la espalda. Reinaba un silencio fantasmag�rico. La ciudad parec�a congelada en el interior de un prisma de hielo. Incluso la luz que irradiaba de los edificios era inm�vil y g�lida.</p><p>�l respiraba despacio, regularmente. A trav�s del tejido rasgado de su camiseta, Clary vislumbr� la runa dibujada en su pecho. Era como si latiera al ritmo de su respiraci�n. Resultaba mareante, pens�, estar pegada a �l de aquel modo, como una sanguijuela, absorbiendo todo lo bueno de �l, todo lo de �l que era Jace.</p><p>Record� lo que Luke le hab�a explicado sobre c�mo destruir runas: �Si las desfiguras lo suficiente, puedes minimizar o destruir su poder. A veces, en batalla, el enemigo intentar� quemar o cortar la piel del cazador de sombras con la �nica intenci�n de privarlo del poder de sus runas�.</p><p>Sigui� mirando a Jace fijamente a la cara. �Olv�date de lo que est� pasando -pens�-. Olv�date de Simon, del cuchillo que tienes pegado al cuello. Lo que ahora digas importa m�s que cualquier cosa que hayas dicho en tu vida.�</p><p>���Recuerdas lo que me dijiste en el parque? -le susurr�.</p><p>�l la mir�, perplejo.</p><p>���Qu�?</p><p>���Cuando te dije que no sab�a italiano? Recuerdo que me explicaste el significado de una cita. Dijiste que significaba que el amor es la fuerza m�s poderosa de la tierra. M�s poderosa que todo.</p><p>Una diminuta arruga apareci� en su ce�o.</p><p>��No�</p><p>��S�, claro que s�. -��ndate con cuidado�, se dijo, pero no pod�a evitarlo, no pod�a evitar la tensi�n que afloraba en su voz-. Lo recuerdas. La fuerza m�s poderosa que existe, dijiste. M�s fuerte que el Cielo o el Infierno. Tiene que ser tambien m�s poderosa que Lilith.</p><p>Nada. Se qued� mir�ndola como si no pudiera o�rla. Era como gritar en un t�nel negro y vac�o. �Jace, Jace, Jace. S� que est�s aqu�.�</p><p>��Existe una manera con la que podr�as protegerme y, aun as�, seguir haciendo lo que ella quiere -dijo-. �No ser�a lo mejor? -Presion� m�s su cuerpo contra el de Jace, sintiendo que se le retorc�a el est�mago. Era como abrazar a Jace y a la vez abrazar a otro, todo al mismo tiempo, una mezcla de felicidad y horror. Y percibi� la reacci�n del cuerpo de �l, el latido de su coraz�n en sus o�dos, en sus venas; no hab�a dejado de desearla, por muchas capas de control que Lilith hubiera depositado en su mente.</p><p>��Te lo dir� en un susurro -dijo, roz�ndole el cuello con los labios. Aspir� su aroma, tan familiar para ella como el olor de su propia piel-. Escucha.</p><p>Levant� la cabeza y �l se inclin� para escucharla� y la mano de ella se apart� de su cintura para agarrar la empu�adura del cuchillo que hab�a dejado Jace en el cintur�n. Se lo birl� tal y como �l le hab�a ense�ado durante sus sesiones de entrenamiento, equilibrando el peso del arma en la palma de la mano, y desliz� la hoja por el lado izquierdo de su pecho, trazando un arco amplio y superficial. Jace grit� -m�s de sorpresa que de dolor, se imagin� Clary- y del corte empez� a manar sangre, que resbal� por su piel, oscureciendo la runa. Jace se llev� la mano al pecho, y cuando al retirarla vio que estaba roja, se qued� mir�ndola, con los ojos abiertos de par en par, como si estuviese aut�nticamente herido, como si realmente fuera incapaz de creer su traici�n.</p><p>Clary gir� para apartarse de �l cuando Lilith grit�. Simon ya no estaba inclinado sobre Sebastian; se hab�a enderezado y miraba a Clary, con la palma de su mano pegada a la boca. De su barbilla ca�a sangre negra de demonio, manchando su camisa blanca. Ten�a los ojos muy abiertos.</p><p>��Jace. -El tono de voz de Lilith ascendi� con asombro-. Jace, c�gelo� Te lo ordeno�</p><p>Jace no se movi�. Mir� primero a Clary, luego a Lilith, despu�s su mano ensangrentada, y volvi� a mirarlas de nuevo. Simon hab�a empezado a apartarse de Lilith; de pronto, se detuvo con una sacudida y se dobleg�, cayendo de rodillas. Lilith corri� hacia Simon, con el rostro contorsionado.</p><p>���Lev�ntate! -chill�-. �Ponte en pie! Has bebido su sangre. �Ahora �l necesita la tuya!</p><p>Simon consigui� sentarse, pero cay� redondo en el suelo. Vomit�, expulsando sangre negra. Clary lo record� en Idris, cuando le dijo que la sangre de Sebastian era como veneno. Lilith ech� el pie hacia atr�s con la intenci�n de arrearle una patada, pero se tambale�, como si una mano invisible la hubiera empujado, con fuerza. Lilith lanz� un alarido, sin palabras, s�lo un chillido similar al grito de la lechuza. Un sonido de odio y rabia pura y dura.</p><p>No era el sonido de un ser humano; parec�an fragmentos aserrados de vidrio clav�ndose en los o�dos de Clary, que grit�:</p><p>���Deja en paz a Simon! Est� enfermo. �Es que no ves que est� enfermo?</p><p>Pero al instante se arrepinti� de haber hablado. Lilith se volvi� lentamente, y su mirada se desliz� sobre Jace, fr�a y autoritaria.</p><p>��Te lo dije, Jace Herondale -reson� su voz-. No dejes que la chica salga del c�rculo. C�gele el arma.</p><p>Clary ni se hab�a dado cuenta de que segu�a sujetando el cuchillo. Ten�a tanto fr�o que estaba casi entumecida, pero debajo de aquello, una oleada de rabia insoportable hacia Lilith -hacia todo- liber� el movimiento de su brazo. Dej� caer el cuchillo. Se desliz� por las baldosas, yendo a parar a los pies de Jace, que se qued� mir�ndolo sin entender nada, como si en su vida hubiese visto un cuchillo.</p><p>La boca de Lilith era una fina raja roja. El blanco de sus ojos se hab�a esfumado. No parec�a humana.</p><p>��Jace -dijo entre dientes-. Jace Herondale, ya me has o�do. Y me obedecer�s.</p><p>��C�gelo -dijo Clary, mirando a Jace-. C�gelo y m�tala a ella o a m�. T� eliges.</p><p>Despacio, Jace se agach� y cogi� el cuchillo.</p><empty-line/><p>Alec ten�a <emphasis>Sandalphon</emphasis> en una mano, y un <emphasis>hachiwara</emphasis> -fabuloso para eludir a la vez a m�ltiples atacantes- en la otra. A sus pies yac�an seis seguidores del culto, muertos o inconscientes.</p><p>Alec hab�a combatido en su vida con bastantes demonios, pero luchar contra los seguidores de la iglesia de Talto resultaba especialmente siniestro. Se mov�an en conjunto, m�s como una oscura marea que como personas; y resultaba siniestro porque lo hac�an en silencio y de un modo curiosamente potente y r�pido. Por otro lado, daba la impresi�n de que no le ten�an ning�n miedo a la muerte. Aunque Alec e Isabelle les gritaban que se retiraran, ellos continuaban avanzando hacia ellos en manada, sin decir palabra, arroj�ndose contra los cazadores de sombras con la indiferencia autodestructiva de las ratas que se lanzan por un precipicio. Hab�an arrinconado a Alec y a Isabelle en una gran sala abierta que daba al vest�bulo, llena de pedestales de piedra, cuando los sonidos de la batalla hab�an atra�do a Jordan y a Maia: Jordan en forma de lobo, Maia todav�a humana, pero con las garras extendidas en todo su esplendor.</p><p>Los seguidores del culto ni se hab�an percatado de su presencia. Segu�an luchando, cayendo uno tras otro a medida que Alec, Maia y Jordan acababan con ellos con la ayuda de cuchillos, garras y espadas. El l�tigo de Isabelle trazaba brillantes dibujos en el aire a medida que iba segando cuerpos, proyectando ramilletes de sangre. Maia estaba saliendo especialmente airosa de la contienda. Ten�a a sus pies una monta�a en la que hab�a como m�nimo una docena de cuerpos, y estaba acabando con el siguiente con una furia desmedida, con sus manos en forma de garra rojas hasta las mu�ecas.</p><p>Uno de los seguidores del culto se interpuso en el camino de Alec y se abalanz� contra �l, con los brazos extendidos. La capucha le cubr�a la cabeza y Alec no pod�a verle la cara, ni adivinar su sexo o su edad. Le hundi� la hoja de <emphasis>Sandalphon</emphasis> en el costado izquierdo del pecho. Y grit�, un grito masculino, fuerte y ronco. El hombre se derrumb�, ara��ndose el pecho, donde las llamas devoraban el borde del orificio que acababa de abrirse en la sudadera. Alec dio media vuelta, mareado. Odiaba ver lo que les suced�a a los humanos cuando un cuchillo seraf�n se clavaba en su piel.</p><p>De pronto sinti� una quemadura en la espalda y cuando se volvi� vio a un segundo seguidor del culto con un pedazo de viga en la mano. Iba sin capucha y era un hombre, su cara tan enjuta que parec�a que los p�mulos fueran a partirle la piel. Dijo algo entre dientes y se abalanz� sobre Alec, que se hizo a un lado. El arma le roz�. Se gir� y de un puntapi� la hizo saltar de la mano de su atacante; cay� al suelo con un ruido met�lico y el hombre empez� a recular, tropezando casi con un cad�ver� y huy� corriendo.</p><p>Alec se qued� dudando por un instante. El hombre que acababa de atacarlo ya estaba a punto de alcanzar la puerta. Alec sab�a que deb�a seguirlo -era evidente que si aquel hombre hu�a lo hac�a para avisar a alguien o conseguir refuerzos-, pero se sent�a extremadamente cansado, asqueado y mareado incluso. Eran posesos; ya ni siquiera eran personas, pero la sensaci�n segu�a siendo la de estar matando a seres humanos.</p><p>Se pregunt� qu� dir�a Magnus, aunque a decir verdad, ya lo sab�a. Alec ya hab�a combatido contra criaturas como aqu�llas, servidores de demonios. El demonio les hab�a consumido pr�cticamente todo lo que ten�an de humanos para aprovechar su energ�a, dejando en ellos tan s�lo un deseo asesino de matar y un cuerpo humano que mor�a en una lenta agon�a. Era imposible ayudarlos: eran incurables, irremediables. O�a la voz de Magnus como si el brujo estuviera a su lado. �Matarlos es lo m�s piadoso que puedes hacer.�</p><p>Alec devolvi� el <emphasis>hachiwara</emphasis> a su cintur�n y fue en su persecuci�n, aporreando la puerta y saliendo al vest�bulo detr�s del seguidor del culto. El vest�bulo estaba vac�o, las puertas del ascensor m�s alejado abiertas, el siniestro sonido agudo de una alarma resonando en el pasillo. En aquel espacio se abr�an varias puertas. Con un inc�modo gesto de indiferencia, Alec eligi� una al azar y la atraves� corriendo.</p><p>Se encontr� en un laberinto de peque�as habitaciones que apenas estaban terminadas: las hab�an enyesado a toda prisa y ramilletes de cables multicolores brotaban de agujeros en las paredes. El cuchillo seraf�n dibujaba un mosaico de luz en los muros mientras avanzaba con cautela por las habitaciones, con los nervios a flor de piel. En un momento dado, la luz capt� un movimiento y Alec dio un brinco. Baj� el cuchillo y vio un par de ojos rojos y un cuerpecillo gris desapareciendo por un orificio. Alec hizo una mueca de asco. Aquello era Nueva York. Hab�a ratas incluso en un edificio nuevo como aqu�l.</p><p>Al final, las habitaciones dieron paso a un espacio mayor, no tan grande como la habitaci�n de los pedestales, pero de un tama�o considerablemente superior a las dem�s. Hab�a tambi�n all� una pared de cristal, con cart�n cubri�ndola en parte.</p><p>En un rinc�n de la habitaci�n vio acurrucada una forma oscura, cerca de unas tuber�as a�n por rematar. Alec se aproxim� con cautela. �Ser�a un truco de la luz? No, la forma era evidentemente humana, una figura agachada vestida con ropa oscura. La runa de la visi�n nocturna de Alec lanz� una punzada cuando Alec forz� la vista, sin dejar de avanzar. La forma acab� convirti�ndose en una mujer delgada, descalza, con las manos encadenadas delante de ella en un trozo de tuber�a. Levant� la cabeza cuando Alec se acerc� m�s a ella y la escasa luz que entraba por las ventanas ilumin� su cabello rubio.</p><p>���Alexander? -dijo; su voz reflejaba incredulidad-. �Alexander Lightwood?</p><p>Era Camille.</p><empty-line/><p>��Jace. -La voz de Lilith descendi� como un l�tigo sobre carne viva; incluso Clary se encogi� de miedo al o�rla-. Te ordeno que�</p><p>Jace retir� el brazo -Clary se tens�, prepar�ndose para lo peor- y le lanz� el cuchillo a Lilith. El arma volte� en el aire y acab� hundi�ndose en su pecho; Lilith se tambale� hacia atr�s, perdiendo el equilibrio. Los tacones de Lilith resbalaron sobre la lisa superficie de piedra, pero la diablesa consigui� enderezarse con un gru�ido y se arranc� el cuchillo que hab�a quedado clavado entre sus costillas. Escupiendo algo en un idioma que Clary no entend�a, lo tir� al suelo. Cay� con un zumbido, con la hoja medio consumida, como si hubiese estado sumergida en un potente �cido.</p><p>Se gir� en redondo hacia Clary.</p><p>���Qu� le has hecho? �Qu� le has hecho? -Hac�a tan s�lo un instante, sus ojos eran completamente negros. Ahora parec�an globos. Peque�as serpientes negras culebreaban en sus cuencas; Clary grit� y dio un paso atr�s, tropez�ndose casi con un seto. Aqu�lla era la Lilith que hab�a surgido en la visi�n de Ithuriel, con aquellos ojos y aquella voz tan dura y atronadora. Empez� a avanzar hacia Clary�</p><p>Y de pronto apareci� Jace entre ellas, bloque�ndole el paso a Lilith. Clary lo mir� fijamente. Volv�a a ser �l. Era como si ardiera con el fuego de los justos, como le hab�a sucedido a Raziel aquella horrible noche en el lago Lyn. Hab�a extra�do un cuchillo seraf�n de su cintur�n, su plata blanca se reflejaba en sus ojos; el desgarr�n de su camisa estaba manchado de sangre, que segu�a resbalando sobre su piel desnuda. Su forma de mirarla a ella, a Lilith� Si los �ngeles pudieran alzarse del infierno, pens� Clary, mirar�an de aquella manera.</p><p>��<emphasis>Miguel</emphasis> -dijo, y Clary no estaba muy segura de si fue debido a la fuerza del nombre o a la rabia de su voz, pero el arma brillaba con m�s fuerza que cualquier cuchillo seraf�n que hubiera visto en su vida. Apart� por un instante la vista, cegada, y vio a Simon tendido en el suelo, convertido en un bulto oscuro, junto al ata�d de cristal de Sebastian.</p><p>El coraz�n se le retorc�a en el pecho. �Y si la sangre de demonio de Sebastian lo hab�a envenenado? La Marca de Ca�n no pod�a ayudarlo en ese caso. Lo hab�a hecho voluntariamente, por s� mismo. Por ella. Simon.</p><p>��Ah, Miguel. -La voz de Lilith era casi una carcajada mientras avanzaba hacia Jace-. El capit�n de la horda del Se�or. Lo conoc�.</p><p>Jace levant� su cuchillo seraf�n; reluc�a como una estrella, tanto brillaba que Clary se pregunt� si la ciudad entera podr�a verlo, como un reflector taladrando el cielo.</p><p>��No te acerques m�s.</p><p>Lilith, sorprendiendo a Clary, se detuvo.</p><p>��Miguel asesin� al demonio Sammael, al que yo amaba -dijo-. �Por qu� ser�, peque�o cazador de sombras, que tus �ngeles son tan fr�os y despiadados? �Por qu� destrozan a todo aquel que no les obedece?</p><p>��No ten�a ni idea de que fueras una defensora del libre albedr�o -dijo Jace, y su manera de decirlo, su voz cargada de sarcasmo, devolvi� a Clary, m�s que cualquier otra cosa lo habr�a hecho, la confianza de que volv�a a ser �l-. �Qu� tal, entonces, si permites que nos marchemos todos de esta terraza? �Simon, Clary y yo? �Qu� me dices, diablesa? Se ha acabado. Ya no me controlas. No pienso hacerle ning�n da�o a Clary, y Simon no te obedecer�. Y ese pedazo de mierda que intentas resucitar� te sugiero que te lo quites de encima antes de que empiece a pudrirse. Porque no volver�, y su fecha de caducidad est� m�s que superada.</p><p>El rostro de Lilith se contorsion�, y escupi� a Jace. Su saliva fue una llama negra que al tocar el suelo se convirti� en una serpiente que culebre� hacia �l con las mand�bulas abiertas. La aplast� con la bota y se abalanz� hacia la diablesa, blandiendo el cuchillo, pero Lilith desapareci� como una sombra cuando el arma se ilumin�, apareciendo de nuevo justo detr�s de �l. Cuando Jace se volvi�, ella alarg� el brazo, casi con desidia, y le golpe� el pecho con la mano abierta.</p><p>Jace sali� volando. <emphasis>Miguel</emphasis> se desliz� de su mano y rebot� en las losas de piedra del suelo. Jace naveg� por los aires y choc� contra el peque�o muro de la terraza con tanta fuerza que la piedra se resquebraj�. Cay� con dureza al suelo, visiblemente conmocionado.</p><p>Jadeando, Clary corri� para recoger el cuchillo seraf�n, pero no consigui� darle alcance. Lilith atrap� a Clary con dos manos finas y g�lidas y la lanz� por los aires con una fuerza incre�ble. Clary se precipit� contra un seto, sus ramas le ara�aron la piel, abri�ndole extensos cortes. Trat� de salir de all�, pero ten�a el vestido enredado en el follaje. Despu�s de escuchar el sonido de la tela de seda al rajarse, consigui� liberarse y vio que Lilith estaba levantando a Jace del suelo, con la mano pegada a la ensangrentada parte frontal de la camisa.</p><p>Lilith sonre�a a Jace, con dientes negros y relucientes como metal.</p><p>��Me alegro de que te hayas levantado, peque�o nefilim. Quiero ver tu cara cuando te mate, en lugar de apu�alarte por la espalda como t� le hiciste a mi hijo.</p><p>Jace se restreg� la cara con la manga de la camisa; ten�a un corte sangrante en la mejilla y el tejido se manch� de rojo.</p><p>��No es tu hijo. Le donaste algo de sangre. Pero eso no lo convierte en tu hijo. Madre de los brujos� -Gir� la cabeza y escupi� sangre-. No eres la madre de nadie.</p><p>Los ojos de serpiente de Lilith se agitaron con furia. Clary, liber�ndose por fin del seto, observ� que cada cabeza de serpiente ten�a su propio par de ojos, brillantes y rojos. Sinti� n�useas viendo el movimiento de aquellas serpientes; sus miradas recorr�an de arriba abajo el cuerpo de Jace.</p><p>��Destrozando mi runa� Qu� vulgaridad -espet� Lilith.</p><p>��S�, pero muy efectivo -dijo Jace.</p><p>��No podr�s vencerme, Jace Herondale -dijo ella-. Tal vez seas el cazador de sombras m�s grande que ha conocido este mundo, pero yo soy algo m�s que un demonio mayor.</p><p>��Entonces, lucha conmigo -dijo Jace-. Elige arma. Yo usar� mi cuchillo seraf�n. Luchemos cuerpo a cuerpo y veremos qui�n gana.</p><p>Lilith se qued� mir�ndolo, moviendo lentamente la cabeza, su oscuro cabello se agitaba como humo a su alrededor.</p><p>��Soy el demonio m�s antiguo -dijo-. No soy un hombre. Carezco de orgullo masculino con el que poder engatusarme, y un combate cuerpo a cuerpo no me interesa. Es una debilidad de los de tu sexo, no del m�o. Soy una mujer. Utilizar� cualquier arma y todas las armas posibles para conseguir lo que quiero. -Lo solt� entonces, con un empuj�n casi despreciativo; Jace se tambale� un instante, pero se enderez� en seguida y alcanz� el brillante cuchillo <emphasis>Miguel</emphasis>.</p><p>Lo cogi� justo cuando Lilith re�a a carcajadas y levantaba los brazos. De sus manos abiertas surgieron como una explosi�n unas sombras medio opacas. Incluso Jace se sorprendi� cuando las sombras se solidificaron en forma de dos demonios negros con brillantes ojos rojos. Cayeron al suelo, dando zarpazos y gru�endo. Eran perros, pens� Clary asombrada, dos perros negros de aspecto siniestro y mal�volo que recordaban vagamente un par de doberman.</p><p>��Cerberos -jade� Jace-. Clary�</p><p>Se interrumpi� cuando uno de los perros se abalanz� sobre �l, con la boca abierta como la de un tibur�n y un aullido estallando en su garganta. Un instante despu�s, el segundo dio un salto y se lanz� directamente sobre Clary.</p><empty-line/><p>��Camille. -A Alec le daba vueltas la cabeza-. �Qu� haces aqu�?</p><p>Al momento se dio cuenta de la estupidez de su pregunta. Reprimi� las ganas de darse un golpe en la frente. Lo �ltimo que deseaba era quedar como un tonto delante de la ex novia de Magnus.</p><p>��Ha sido Lilith -dijo la vampira con una vocecilla temblorosa-. Sus seguidores irrumpieron en el Santuario. No est� protegido contra los humanos, y ellos son humanos� a duras penas. Cortaron mis cadenas y me trajeron aqu�. Me llevaron a su presencia. -Levant� las manos; las cadenas que la sujetaban a la tuber�a traquetearon-. Me torturaron.</p><p>Alec se agach� hasta que sus ojos quedaron al mismo nivel que los de Camille. Los vampiros no sufr�an magulladuras -se curaban tan r�pido que no daba ni tiempo para ello-, pero el pelo de Camille estaba manchado de sangre en el lado izquierdo de su cabeza, lo que invitaba a pensar que estaba diciendo la verdad.</p><p>��Supongamos que te creo -dijo Alec-. �Qu� quer�a de ti? Nada de lo que s� acerca de Lilith indica que tenga un inter�s especial por los vampiros�</p><p>��Ya sabes por qu� me reten�a la Clave -dijo-. Debes de haberlo o�do.</p><p>��Mataste a tres cazadores de sombras. Magnus dijo que alguien te lo hab�a ordenado� -Se interrumpi�-. �Lilith?</p><p>���Me ayudar�s si te lo cuento? -Le temblaba el labio inferior. Ten�a los ojos abiertos de par en par, verdes, suplicantes. Era muy bella. Alec se pregunt� si alguna vez habr�a mirado a Magnus de aquella manera. Le entraron ganas de zarandearla.</p><p>��Tal vez -dijo, pasmado ante la frialdad de su voz-. En estas condiciones, tienes poco poder negociador. Podr�a largarme y dejarte en manos de Lilith y no supondr�a una gran diferencia para m�.</p><p>��S� que lo supondr�a -replic� ella. Hablaba en voz baja-. Magnus te quiere. Si fueses el tipo de persona capaz de abandonar a un ser indefenso, no te querr�a.</p><p>��A ti tambi�n te quer�a -dijo Alec.</p><p>Camille esboz� una sonrisa melanc�lica.</p><p>��Me parece que desde entonces ha aprendido.</p><p>Alec se balance� levemente.</p><p>��Mira -dijo-. Cu�ntame la verdad. Si lo haces, te cortar� las cadenas y te llevar� ante la Clave. Te tratar�n mejor de lo que te tratar�a Lilith.</p><p>Camille se mir� las mu�ecas, encadenadas a la tuber�a.</p><p>��La Clave me encaden� -dijo-. Lilith me ha encadenado. Veo poca diferencia en el trato que me han dado las dos partes.</p><p>��Supongo, en este caso, que debes elegir. Confiar en m� o confiar en ella -dijo Alec. Era una apuesta arriesgada, y lo sab�a.</p><p>Esper� durante tensos segundos hasta que ella respondi�.</p><p>��Muy bien. Si Magnus conf�a en ti, yo confiar� en ti. -Levant� la cabeza, esforz�ndose por mantener un aspecto digno a pesar de sus ropajes hechos harapos y su pelo ensangrentado-. Fue Lilith la que acudi� a m�, no yo a ella. Estaba al corriente de que pretend�a recuperar mi puesto como jefa del clan de Manhattan que actualmente est� en manos de Raphael Santiago. Dijo que me ayudar�a, si yo la ayudaba a ella.</p><p>���Ayudarla asesinando cazadores de sombras?</p><p>��Lilith quer�a su sangre -dijo-. Para esos beb�s. Inyectaba sangre de cazador de sombras y sangre de demonio a las madres; intentaba replicar lo que Valentine le hab�a hecho a su hijo. Pero no funcion�. Los beb�s sal�an convertidos en cosas retorcidas� y luego mor�an. -Captando la mirada de asco de Alec, dijo-: Al principio no sab�a para qu� quer�a la sangre. Tal vez no tengas una opini�n muy buena de m�, pero no me gusta asesinar a inocentes.</p><p>��No ten�as por qu� hacerlo -dijo Alec-. Simplemente porque te lo ofreciera.</p><p>Camille sonri� de agotamiento.</p><p>��Cuando llegas a ser tan vieja como yo -dijo- es porque has aprendido a jugar correctamente el juego, a establecer las alianzas adecuadas en el momento adecuado. A aliarte no s�lo con los poderosos, sino tambi�n con aquellos que crees que te har�n poderoso. Sab�a que si no acced�a a ayudarla, Lilith me matar�a. Los demonios son desconfiados por naturaleza, y Lilith podr�a creer que acudir�a a la Clave para explicar sus planes de matar a cazadores de sombras por mucho que le prometiera que guardar�a silencio. Corr� el riesgo porque Lilith supon�a para m� un peligro mayor que los de tu especie.</p><p>���Y te dio igual matar a cazadores de sombras?</p><p>��Eran miembros del C�rculo -dijo Camille-. Hab�an matado a los de mi especie. Y a miembros de la tuya.</p><p>���Y Simon Lewis? �Qu� inter�s tienes por �l?</p><p>��Todo el mundo quiere al vampiro diurno de su lado. -Camille hizo un gesto de indiferencia-. Y sab�a que ten�a la Marca de Ca�n. Uno de los secuaces de Raphael sigue si�ndome fiel. Me pas� la informaci�n. Pocos subterr�neos lo saben. Eso lo convierte en un aliado de valor incalculable.</p><p>���Y por eso lo quiere Lilith?</p><p>Camille abri� mucho los ojos. Ten�a la piel muy p�lida y Alec se fij� en que las venas de debajo se hab�an oscurecido, que su dibujo empezaba a extenderse por la blancura de su cara como las rajas en un jarr�n de porcelana. Los vampiros hambrientos se volv�an salvajes y acababan perdiendo la conciencia cuando llevaban mucho tiempo sin consumir sangre. Cuanto m�s viejos eran, m�s pod�an aguantar sin alimento, pero Alec no pudo evitar preguntarse cu�nto tiempo har�a que Camille no hab�a comido.</p><p>���A qu� te refieres?</p><p>��Por lo que se ve, ha convocado a Simon para que se re�na con ella -dijo Alec-. Est�n en alg�n lugar de este edificio.</p><p>Camille se qued� mir�ndolo un momento m�s y se ech� a re�r.</p><p>��Una aut�ntica iron�a -dijo-. En ning�n momento me lo mencion�, ni yo se lo mencion� a ella, y ambas and�bamos busc�ndolo para nuestros propios fines. Si ella lo quiere, es por su sangre -a�adi�-. A buen seguro, el ritual que est� llevando a cabo tiene que ver con sangre m�gica. Su sangre (mezclada con sangre de subterr�neo y de cazador de sangre) podr�a ser de mucha utilidad para ella.</p><p>Alec experiment� una pizca de intranquilidad.</p><p>��Pero no puede hacerle da�o. La Marca de Ca�n�</p><p>��Encontrar� la manera de evitarla -dijo Camille-. Es Lilith, madre de los brujos. Lleva viva mucho tiempo, Alexander.</p><p>Alec se incorpor�.</p><p>��Entonces ser� mejor que averig�e qu� est� haciendo.</p><p>Las cadenas de Camille traquetearon cuando intent� arrodillarse.</p><p>��Espera� Has dicho que me liberar�as.</p><p>Alec se volvi� para mirarla.</p><p>��No, he dicho que te dejar�a en manos de la Clave.</p><p>��Pero si me dejas aqu�, nada impedir� que Lilith acuda primero a por m�. -Se ech� hacia atr�s el pelo enredado; arrugas de cansancio marcaban su rostro-. Alexander, por favor. Te lo ruego�</p><p>���Qui�n es Will? -pregunt� Alec. Las palabras le salieron de golpe, inesperadamente, dej�ndolo horrorizado.</p><p>���Will? -Camille se qued� inexpresiva por un instante; pero su cara empez� a arrugarse en cuanto comprendi� a qui�n se refer�a-. O�ste la conversaci�n que mantuve con Magnus.</p><p>��En parte -dijo Alec con cautela-. Will est� muerto, �no? Quiero decir que Magnus mencion� que lo conoci� hace mucho�</p><p>��Ya s� qu� es lo que te preocupa, peque�o cazador de sombras. -La voz de Camille se hab�a vuelto musical y cari�osa. Detr�s de ella, a trav�s de las ventanas, Alec vio las luces lejanas de un avi�n que sobrevolaba la ciudad-. Al principio fuiste feliz. Pensabas en el momento, no en el futuro. Pero ahora has ca�do en la cuenta. Envejecer�s, y alg�n d�a morir�s. Y Magnus no. �l continuar�. No envejecer�is juntos. Y os distanciar�is.</p><p>Alec pens� en la gente que iba en el avi�n, all� arriba, en aquel aire fr�o y g�lido, contemplando la ciudad como si fuese un campo lleno de relucientes diamantes. �l no hab�a subido jam�s en un avi�n, claro estaba. Pero se imaginaba la sensaci�n: soledad, lejan�a, desconexi�n del mundo.</p><p>��Eso no puedes saberlo -dijo-. Lo de que nos distanciaremos.</p><p>Ella sonri� con l�stima.</p><p>��Ahora eres bello -dijo-. Pero �lo ser�s de aqu� a veinte a�os? �Cuarenta? �Cincuenta? �Amar� �l tus ojos azules cuando pierdan su luz, tu piel suave cuando la edad la llene de surcos profundos? �Tus manos cuando se arruguen y se debiliten, tu pelo cuando se vuelva cano�?</p><p>��Calla. -Alec escuch� el chasquido de su propia voz, y se avergonz� al instante-. C�llate. No quiero o�rlo.</p><p>��No tiene por qu� ser as�. -Camille se inclin� hacia �l, sus ojos verdes se ve�an muy luminosos-. �Y si te dijera que no tendr�as por qu� envejecer? �Ni morir?</p><p>Alec sinti� una oleada de rabia.</p><p>��No me interesa convertirme en vampiro. No te molestes siquiera en ofrec�rmelo. No si la �nica alternativa es la muerte.</p><p>El rostro de Camille se contorsion� por un brev�simo instante. Pero la sensaci�n se desvaneci� en cuando reafirm� su control. Esboz� una fina sonrisa y dijo:</p><p>��No es lo que te sugiero. �Y si te dijera que existe otra manera? �Otra manera para que los dos est�is juntos para siempre?</p><p>Alec trag� saliva. La boca se le hab�a quedado seca como el papel.</p><p>��Cu�ntamela.</p><p>Camille levant� las manos. Las cadenas traquetearon de nuevo.</p><p>��C�rtamelas.</p><p>��No. Expl�camelo primero.</p><p>Camille hizo un gesto negativo.</p><p>��No lo har�. -Su expresi�n era dura como el m�rmol, igual que su voz-. Has dicho que no ten�a con qu� negociar. Pero s� lo tengo. Y no pienso revel�rtelo.</p><p>Alec se qued� dudando. O�a mentalmente la c�lida voz de Magnus: �Es una maestra de la implicaci�n y la manipulaci�n. Siempre lo ha sido�.</p><p>�Pero, Magnus -pens�-. Nunca me lo dijiste. Nunca me avisaste de que ser�a as�, de que un d�a me despertar�a y me dar�a cuenta de que yo iba hacia un lugar adonde t� no pod�as seguirme. De que no somos lo mismo. De que eso de que �hasta que la muerte os separe� no es v�lido para los que nunca mueren.�</p><p>Dio un paso hacia Camille, luego otro. Levant� el brazo derecho e hizo descender el cuchillo seraf�n, con todas sus fuerzas. Atraves� el metal de las cadenas; las mu�ecas de Camile quedaron separadas, en sus esposas a�n, pero libres. Camille levant� los brazos con una expresi�n de triunfo y regocijo.</p><p>��Alec. -Era Isabelle, en el umbral de la puerta. Alec se volvi� y la vio all�, el l�tigo a un costado. Estaba manchado de sangre, igual que sus manos y su vestido de seda-. �Qu� haces aqu�?</p><p>��Nada. Yo� -Alec experiment� una oleada de verg�enza y horror; casi sin pensarlo, se situ� delante de Camille, como si con ello pudiera esconderla del �ngulo de visi�n de su hermana.</p><p>��Est�n todos muertos. -Isabelle parec�a triste-. Los seguidores del culto. Los hemos matado a todos. Ahora debemos encontrar a Simon. -Mir� de reojo a Alec-. �Est�s bien? Te veo muy p�lido.</p><p>��La he liberado -borbote� Alec-. No deber�a haberlo hecho. Pero es que�</p><p>���Liberado a qui�n? -Isabelle dio un paso hacia el interior de la habitaci�n. Las luces de la ciudad salpicaban su vestido, haci�ndola brillar como un fantasma-. �De qu� me hablas, Alec?</p><p>Parec�a no entender nada, estaba confusa. Alec se volvi�, siguiendo la mirada de Isabelle, y vio� nada. La tuber�a continuaba all�, un trozo de cadena a su lado, y el polvo del suelo levemente alterado. Pero Camille hab�a desaparecido.</p><empty-line/><p>Clary apenas tuvo tiempo de extender los brazos para defenderse antes de que el cerbero se estampara contra ella: una bala de ca��n de m�sculos, huesos y aliento caliente y pegajoso. Se sinti� volar por los aires; record� que Jace le hab�a explicado c�mo caer, c�mo protegerse, pero el consejo se le hab�a ido por completo de la cabeza y cay� al suelo con los codos, con un dolor ag�nico taladr�ndola al tiempo que se cortaba su piel. Un instante despu�s, el perro de caza estaba encima de ella, sus garras le aplastaban el pecho, su cola retorcida se mov�a de lado a lado, era la grotesca imitaci�n de un meneo. El extremo de la cola estaba rematado por unas protuberancias parecidas a u�as, como una maza medieval, y su cuerpo robusto emiti� un potente gru�ido, tan alto y fuerte que sinti� que le vibraban los huesos.</p><p>���Retenla aqu�! �R�jale el cuello si intenta escaparse! -Lilith le daba instrucciones a gritos mientras el segundo cerbero se abalanzaba sobre Jace, que empez� a luchar contra �l, rodando por el suelo en un remolino de dientes, brazos y piernas y aquella maligna cola de l�tigo. Con gran esfuerzo, Clary gir� la cabeza y vio a Lilith acerc�ndose al ata�d de cristal y a Simon, tendido en el suelo a su lado. Sebastian segu�a flotando dentro del ata�d, inm�vil como un ahogado; el color lechoso del agua se hab�a oscurecido, seguramente como consecuencia de la sangre.</p><p>El perro que la reten�a en el suelo gru�� junto a su o�do. El sonido le produjo una sacudida de terror� y adem�s de terror, de rabia. Rabia hacia Lilith, y rabia hacia s� misma. Era una cazadora de sombras. Una cosa era que un demonio rapi�ador pudiera con ella cuando ni siquiera hab�a o�do hablar sobre los nefilim. Pero ahora estaba entrenada. Tendr�a que ser capaz de hacerlo mejor.</p><p>�Cualquier cosa puede convertirse en una arma�, le hab�a dicho Jace en el parque. El peso del cerbero resultaba aplastante; Clary emiti� un grito sofocado y se llev� la mano a la garganta, luchando por coger aire. El perro segu�a ladrando y gru�endo, ense�ando los dientes. Clary cogi� entre sus dedos la cadena con el anillo de los Morgenstern que llevaba colgada al cuello. Tir� de ella con fuerza y la cadena se parti�; la agit� contra la cara del perro, clav�ndosela en los ojos. El cerbero se ech� hacia atr�s, aullando de dolor, y Clary rod� hacia un lado y consigui� arrodillarse en el suelo. Con los ojos ensangrentados, el perro se agazap�, dispuesto a saltar. Sin quererlo, Clary hab�a soltado la cadena y el anillo sali� rodando; trat� de alcanzar la cadena en el mismo instante en que el perro volv�a a saltar.</p><p>Una hoja reluciente brill� en la noche, descendiendo a escasos cent�metros de la cara de Clary, separando la cabeza del perro de su cuerpo. Exhal� un �nico aullido y desapareci�, dejando una marca negra y chamuscada en la piedra y un tufo a demonio en el ambiente.</p><p>Unas manos descendieron, levantando con delicadeza a Clary. Era Jace. Se hab�a guardado en el cinto el ardiente cuchillo seraf�n y la sujetaba con ambas manos, mir�ndola con una curiosa expresi�n. No habr�a sabido describirla, ni siquiera dibujarla: esperanza, conmoci�n, amor, deseo y rabia, todo mezclado. Ten�a la camisa rasgada por varios puntos, manchada de sangre; la chaqueta hab�a desaparecido, su pelo rubio estaba enmara�ado con sangre y sudor. Se quedaron mir�ndose por un instante, mientras �l la cog�a con fuerza de las manos. Y entonces, los dos dijeron a la vez:</p><p>���Est�s�? -empez� ella.</p><p>��Clary. -Sin soltarla, la apart� de �l, la alej� del c�rculo y la condujo hacia el camino que llevaba a los ascensores-. Vete -dijo con voz ronca-. Vete de aqu�, Clary.</p><p>��Jace�</p><p>�l respir� hondo.</p><p>��Por favor -dijo, y la solt�, extrayendo de nuevo el cuchillo seraf�n de su cintur�n mientras se adentraba de nuevo en el c�rculo.</p><empty-line/><p>��Lev�ntate -rugi� Lilith-. Lev�ntate.</p><p>Una mano sacudi� a Simon por los hombros, enviando a su cabeza una oleada de ag�nico dolor. Hab�a estado flotando en la oscuridad; abri� los ojos y vio el cielo nocturno, las estrellas, y la blanca cara de Lilith cerni�ndose sobre �l. Sus ojos hab�an desaparecido para ser reemplazados por serpientes negras. El susto fue tal, que Simon se levant� de un brinco.</p><p>En cuanto se puso en pie, vomit� y estuvo a punto de caer otra vez de rodillas. Cerr� los ojos para combatir la sensaci�n de n�usea y oy� a Lilith vociferar su nombre. Acto seguido, la mano de ella se pos� en su brazo, gui�ndolo hacia adelante. Le dej� hacer. Ten�a en la boca el sabor amargo y nauseabundo de la sangre de Sebastian; se extend�a, adem�s, por sus venas, y se sent�a enfermo, d�bil y destemplado. Era como si la cabeza le pesase mil kilos y la sensaci�n de v�rtigo avanzaba y retroced�a en oleadas.</p><p>De repente, la fr�a sujeci�n de Lilith en su brazo desapareci�. Simon abri� los ojos y se encontr� de pie junto al ata�d de cristal, como antes. Sebastian flotaba en el oscuro l�quido lechoso con el rostro impasible, sin pulso en el cuello. En el lugar donde Simon lo hab�a mordido, hab�a dos orificios oscuros.</p><p>�Dale tu sangre. -Era la voz de Lilith resonando, no en el aire, sino el interior de su cabeza-. Hazlo ya.�</p><p>Simon levant� la vista, mareado. La visi�n empezaba a nublarse. Intent� ver a Clary y a Jace entre la oscuridad que lo envolv�a.</p><p>�Utiliza tus colmillos -dijo Lilith-. �brete la mu�eca. Dale tu sangre a Jonathan. C�ralo.�</p><p>Simon se acerc� la mu�eca a la boca.</p><p>�C�ralo.�</p><p>Resucitar a alguien era bastante m�s que curarlo, pens�. Tal vez la mano de Sebastian se recuperara. Tal vez Lilith se refer�a a eso. Esper� a que sus colmillos aparecieran, pero no sal�an. Las n�useas eran tan tremendas que no ten�a hambre y reprimi� un deseo insensato de echarse a re�r.</p><p>��No puedo -dijo, casi jadeando-. No puedo�</p><p>���Lilith! -La voz de Jace rasg� la noche; Lilith se volvi� silbando con incredulidad entre dientes. Simon baj� la mano lentamente, intentando fijar la vista. Se concentr� en el brillo que ten�a delante de �l, que se transform� en la llama ondulante de un cuchillo seraf�n que Jace sujetaba con su mano izquierda. Simon lo ve�a por fin con claridad, una imagen inconfundible recortada en la oscuridad. No llevaba chaqueta, iba mugriento, la camisa rasgada y manchada de sangre, pero su mirada era clara, firme y concentrada. Ya no parec�a un zombi ni un son�mbulo atrapado en una pesadilla horrorosa.</p><p>���D�nde est�? -dijo Lilith, sus ojos de serpiente sali�ndose de sus �rbitas-. �D�nde est� la chica?</p><p>Clary. La mirada neblinosa de Simon examin� la oscuridad que rodeaba a Jace, pero no la vio por ning�n lado. Su visi�n empezaba a mejorar. Vio las baldosas del suelo manchadas de sangre y harapos de seda enganchados en las punzantes ramas de un seto. Lo que parec�an huellas de zarpas marcadas con sangre. Simon empez� a notar una fuerte tensi�n en el pecho. Mir� r�pidamente a Jace. Se ve�a que estaba enfadado -muy enfadado, de hecho-, pero no destrozado como cabr�a esperar de haberle sucedido algo a Clary. Pero �d�nde estaba ella?</p><p>��Clary no tiene nada que ver con esto -dijo Jace-. Dices que no puedo matarte, diablesa. Pero yo te digo que s�. Veamos qui�n de los dos tiene raz�n.</p><p>Lilith se movi� a tal velocidad, que su imagen se torn� confusa. Estaba al lado de Simon, y al momento siguiente se encontraba en el pelda�o por encima de donde estaba Jace. Lo acuchill� con la mano; Jace la esquiv�, girando detr�s de ella y arroj�ndole al hombro el cuchillo seraf�n. Lilith grit�, revolvi�ndose contra �l, la sangre brotando de su herida. Era de un color negro reluciente, como el �nix. Junt� las manos como si pretendiera estrujar el arma entre ellas. Al unirse, explotaron como un trueno, pero Jace se hab�a alejado ya varios metros, con la luz del cuchillo seraf�n danzando en el aire delante de �l como el gui�o de un ojo burl�n.</p><p>De haber sido un cazador de sombras distinto a Jace, pens� Simon, ya estar�a muerto. Record� lo que hab�a dicho Camille: �El hombre no puede luchar contra lo divino�. Pese a su sangre de �ngel, los cazadores de sombras eran humanos, y Lilith era algo m�s que un simple demonio.</p><p>Simon sinti� una punzada de dolor. Sorprendido, se percat� de que sus colmillos hab�an hecho finalmente su aparici�n y estaban taladr�ndole el labio inferior. El dolor y el sabor a sangre le despertaron a�n m�s. Empez� a incorporarse, poco a poco, sin despegar la mirada de Lilith. No daba la impresi�n de que estuviese fij�ndose en �l, ni de que se hubiera dado cuenta de que hab�a empezado a moverse. Ten�a los ojos clavados en Jace. Con un nuevo y repentino gru�ido, se abalanz� sobre Jace. Verlos luchando por la azotea era como ver mariposas nocturnas volando velozmente de un lado a otro. Incluso a Simon, con su visi�n de vampiro, le costaba seguir sus maniobras esquivando setos, desplaz�ndose vertiginosamente por el pavimento. Lilith hab�a acorralado a Jace contra el murete que rodeaba un reloj de sol, sus n�meros esculpidos en oro. Jace se mov�a tan r�pido que se desdibujaba casi; la luz de <emphasis>Miguel</emphasis> se revolv�a en torno a Lilith como si estuviera atrapada en una red de filamentos brillantes casi invisibles. Cualquier otro habr�a quedado aniquilado en cuesti�n de segundos. Pero Lilith se mov�a como aguas oscuras, como el humo. Se esfumaba y reaparec�a a voluntad, y aunque era evidente que Jace no se estaba cansando, Simon intu�a su frustraci�n.</p><p>Y al final sucedi�. Jace blandi� con violencia el cuchillo seraf�n contra Lilith� y ella lo cogi� en el aire, su mano lo atrap� por la hoja. Atrajo el arma hacia ella, la mano goteaba sangre negra. Cuando las gotas alcanzaron el suelo, se convirtieron en diminutas serpientes de obsidiana que culebrearon en direcci�n a los arbustos.</p><p>Entonces cogi� el cuchillo con las manos y lo levant�. La sangre se deslizaba por sus p�lidas mu�ecas y antebrazos como chorretones de brea. Gru�endo una sonrisa, parti� el cuchillo por la mitad; una parte se deshizo en sus manos, convirti�ndose en polvo brillante, mientras que la otra -la empu�adura y un fragmento aserrado de la hoja- chisporrote� misteriosamente, asfixiada casi por las cenizas.</p><p>Lilith sonri�.</p><p>��Pobrecito Miguel -dijo-. Siempre fue d�bil.</p><p>Jace jadeaba, sus manos estaban cerradas en sendos pu�os a sus costados y su pelo sudoroso pegado a su frente.</p><p>��T� siempre d�ndotelas de conocer a gente famosa -dijo-. �Conoc� a Miguel�, �Conoc� a Samuel�, �El �ngel Gabriel me cort� el pelo�. Es como esa serie de televisi�n, pero con figuras b�blicas.</p><p>Jace estaba comport�ndose como un valiente, pens� Simon, bravo e ingenioso porque cre�a que Lilith iba a matarlo, y as� quer�a irse, sin miedo y plantando cara. Como un guerrero. Como siempre hac�an los cazadores de sombras. La canci�n de su muerte siempre ser�a �sta: chistes, sarcasmo y arrogancia fingida, y esa mirada en sus ojos que dec�a: �Soy mejor que t��. Simon no hab�a ca�do antes en la cuenta.</p><p>��Lilith -prosigui� Jace, consiguiendo que la palabra sonara como una maldici�n-. Te estudi�. En el colegio. El cielo te maldijo con la infertilidad. Mil beb�s, y todos muertos. �No es eso?</p><p>Lilith sostuvo su oscura mirada, su rostro era inexpugnable.</p><p>���ndate con cuidado, peque�o cazador de sombras.</p><p>���O qu�? �O me matar�s? -Jace hab�a sufrido un corte en la mejilla, que estaba sangr�ndole. No hizo el m�nimo esfuerzo por limpiarse la cara-. Adelante.</p><p>�No.� Simon intent� dar un paso, pero le fallaron las rodillas y cay�, impactando en el suelo con las manos. Respir� hondo. No necesitaba ox�geno, pero lo ayudaba, lo tranquilizaba. Estir� el brazo para agarrarse al pedestal de piedra y utilizarlo a modo de palanca para levantarse. La nuca le retumbaba de dolor. No iba a darle tiempo. A Lilith le bastaba con empujar el fragmento de hoja aserrada que sujetaba en la mano�</p><p>Pero no lo hizo. Continu� mirando a Jace, sin moverse, y de pronto los ojos de Jace brillaron, su boca se relaj�.</p><p>��No puedes matarme -dijo subiendo el volumen de su voz-. Lo que has dicho antes� Yo soy el contrapeso. Yo soy lo �nico que lo ata a este mundo. -Extendi� el brazo para se�alar el ata�d de Sebastian. Si yo muero, �l muere. �No es eso cierto? -Dio un paso atr�s-. Podr�a saltar ahora mismo desde esta azotea -dijo-. Matarme. Acabar con todo esto.</p><p>Lilith estaba realmente nerviosa por primera vez. Su cabeza se mov�a de un lado a otro, sus ojos de serpiente estremeci�ndose, como si estuviesen buscando aire.</p><p>���D�nde est�? �D�nde est� la chica?</p><p>Jace se limpi� la sangre y el sudor de la cara y le sonri�; ten�a el labio partido y le ca�a sangre por la barbilla.</p><p>��Olv�dalo. La envi� abajo mientras no prestabas atenci�n. Se ha ido� Est� a salvo de ti.</p><p>��Mientes -le espet� entonces Lilith.</p><p>Jace retrocedi� un poco m�s. Con unos cuantos pasos m�s alcanzar�a la pared, el borde del edificio. Simon sab�a que Jace era capaz de sobrevivir a muchas cosas, pero una ca�da desde un edificio de cuarenta pisos pod�a ser demasiado incluso para �l.</p><p>��Te olvidas de una cosa -dijo Lilith-. Yo estaba all�, cazador de sombras. Te vi caer muerto. Vi a Valentine llorar sobre tu cad�ver. Y despu�s vi al �ngel preguntarle a Clarissa qu� deseaba de �l, y a ella responderle que a ti. Pensando que vosotros ser�ais las �nicas personas del mundo capaces de recuperar a su ser querido y que no habr�a consecuencias. Eso es lo que pensasteis los dos, �verdad? �Est�pidos! -exclam� Lilith-. Os am�is, eso lo ve cualquiera, mir�ndoos� con ese tipo de amor capaz de consumir el mundo o llevarlo a la gloria. No, ella nunca te abandonar�a. No mientras te creyera en peligro. -Ech� la cabeza hacia atr�s, extendiendo la mano, con los dedos curvados igual que garras-. Mira all�.</p><p>Se oy� un grito y uno de los setos se separ�, revelando tras �l la figura de Clary, que hab�a estado all� escondida, agachada. Fue arrastrada para salir aun a pesar de sus patadas y sus ara�azos, sus u�as clav�ndose al suelo, buscando en vano algo a lo que poder agarrarse. Sus manos dejaron sangrientas se�ales en las losas del suelo.</p><p>���No! -Jace dio un paso al frente, qued�ndose paralizado cuando Clary se elev� en el aire, donde permaneci� inm�vil, balance�ndose delante de Lilith. Iba descalza, su vestido de seda -tan ra�do y destrozado que parec�a negro y rojo en lugar de blanco- arremolin�ndose en torno a su cuerpo, uno de los tirantes roto y colg�ndole. Su cabello se hab�a desprendido por completo de los pasadores brillantes y colgaba por encima de sus hombros. Sus ojos verdes miraban con odio a Lilith.</p><p>��Bruja -le dijo.</p><p>La cara de Jace era una m�scara de horror. Cuando hab�a dicho que Clary se hab�a ido, hablaba en serio. La cre�a sana y salva. Pero Lilith ten�a raz�n. Y estaba ahora regocij�ndose, sus ojos de serpiente bailaban mientras mov�a las manos como si estuviera manejando los hilos de una marioneta. Clary daba vueltas y jadeaba por los aires. Lilith chasque� los dedos y algo que parec�a un l�tigo plateado se desliz� por el cuerpo de Clary, cort�ndole el vestido en dos y dejando su piel al aire. Clary empez� a gritar, llev�ndose las manos a la herida; su sangre salpicaba las baldosas como una lluvia escarlata.</p><p>��Clary. -Jace se gir� en redondo hacia Lilith-. De acuerdo -dijo. Estaba p�lido, su valent�a hab�a desaparecido por completo; las manos, cerradas en dos pu�os, blancas en los nudillos-. De acuerdo. Su�ltala y har� lo que quieras� Y Simon tambi�n. Te dejaremos que�</p><p>���Dejarme? -Las facciones del rostro de Lilith hab�an cambiado de forma. Las serpientes segu�an mene�ndose en sus cuencas, su piel blanca estaba excesivamente tensa y brillante, su boca era demasiado grande. La nariz casi hab�a desaparecido-. No tienes otra elecci�n. Y para m�s inri, me has hecho enfadar. Todos vosotros. A lo mejor, si te hubieras limitado a hacer lo que te hab�a ordenado, te habr�a dejado marchar. Pero nunca lo sabr�s, �no te parece?</p><p>Simon se solt� del pedestal de piedra y se bambole� de un lado a otro hasta conseguir recuperar el equilibrio. Empez� a caminar. Movi� los pies, uno despu�s del otro, con la sensaci�n de estar descendiendo por una cuesta con un par de sacos enormes de arena mojada. Cada vez que sus pies pisaban el suelo, sent�a una punzada de dolor en todo el cuerpo. Se concentr� en ir avanzando, paso a paso.</p><p>��Tal vez no pueda matarte -le dijo Lilith a Jace-. Pero puedo torturarla m�s de lo que es capaz de soportar, torturarla hasta la locura, y obligarte a mirar. Hay cosas peores que la muerte, cazador de sombras.</p><p>Chasque� otra vez los dedos y el l�tigo de plata descendi�, abriendo una raja profunda esta vez en el hombro de Clary. �sta se retorci�, pero no grit�, llev�ndose las manos a la boca y dobleg�ndose sobre s� misma como si con ello pudiera protegerse de Lilith.</p><p>Jace avanz� para lanzarse contra Lilith� y vio a Simon. Sus miradas se encontraron. Por un momento, fue como si el mundo estuviese flotando en suspensi�n; por completo, no s�lo Clary. Simon hab�a mirado a Lilith, que ten�a toda su atenci�n centrada en Clary, la mano echada hacia atr�s, dispuesta a atizar un golpe m�s mal�volo a�n. Jace estaba blanco de angustia; sus ojos se oscurecieron al encontrarse con los de Simon y entenderlo.</p><p>Jace dio un paso atr�s.</p><p>El mundo se torn� borroso para Simon. Y cuando salt� hacia adelante se dio cuenta de dos cosas. En primer lugar, de que era imposible, de que nunca conseguir�a alcanzar a tiempo a Lilith; su mano ya estaba avanzando, el aire de delante de ella era un torbellino de plata. Y en segundo lugar, de que hasta aquel momento no hab�a entendido del todo lo r�pido que pod�a llegar a moverse un vampiro. Sinti� que los m�sculos de sus piernas y su espalda se romp�an, que los huesos de sus pies y sus tobillos cruj�an�</p><p>Y all� estaba �l, desliz�ndose entre Lilith y Clary en el mismo instante en que la mano de la diablesa descend�a. El largo y afilado cable de plata le golpe� en la cara y en el pecho -fue un momento de dolor espantoso- y luego fue como si el aire a su alrededor explotase en brillante confeti, y Simon oy� a Clary gritar, un claro sonido de conmoci�n y asombro rompiendo la oscuridad.</p><p>���Simon!</p><p>Lilith se qued� paralizada. Mir� a Simon y a Clary, que segu�a en el aire, y luego baj� la vista a su mano, vac�a. Inspir� con fuerza.</p><p>��Siete veces -susurr� y se interrumpi� de pronto cuando una incandescencia resplandeciente y cegadora ilumin� la noche. Aturdido, lo �nico que se le ocurri� a Simon cuando un descomunal rayo de fuego descendi� del cielo y atraves� a Lilith, fue que eran como hormigas ardiendo bajo el haz de luz concentrado de una lupa. Durante un prolongado momento, Lilith fue una figura blanca ardiendo y contrastando con la oscuridad, atrapada en la cegadora llama; su boca estaba abierta como un t�nel profiriendo un grito silencioso. Su pelo se levant�, era un amasijo de filamentos encendidos destacando sobre la oscuridad� y despu�s se convirti� en oro blanco, un polvo fino flotando en el aire� y despu�s en sal, mil gr�nulos cristalinos de sal que cayeron a los pies de Simon con una fantasmag�rica belleza.</p><p>Y despu�s desapareci�.</p></section><section><title><p>19 EL INFIERNO SE SIENTE SATISFECHO</p></title><p>El inimaginable brillo impreso en el dorso de los p�rpados de Clary se convirti� en oscuridad. Una oscuridad sorprendentemente prolongada que dio paso, muy poco a poco, a una luz gris�cea intermitente, manchada de sombras. Hab�a algo duro y fr�o presion�ndole la espalda y le dol�a todo el cuerpo. O�a voces murmurando por encima de ella, que le provocaban punzadas de dolor en la cabeza. Alguien le toc� el cuello con delicadeza y acto seguido retir� la mano. Respir� hondo.</p><p>Sent�a punzadas por todos lados. Entreabri� los ojos y mir� a su alrededor, intentando no moverse demasiado. Estaba tendida sobre las duras baldosas del jard�n de la terraza; una de las piedras se le clavaba en la espalda. Hab�a ca�do al suelo en el momento de la desaparici�n de Lilith y estaba llena de cortes y magulladuras, descalza, las rodillas ensangrentadas y el vestido rasgado por donde Lilith la hab�a cortado con el l�tigo m�gico; la sangre brotaba entre los desgarrones de su vestido de seda.</p><p>Simon estaba arrodillado a su lado, con el rostro ansioso. La Marca de Ca�n destacaba todav�a en su frente con un resplandor blanquecino.</p><p>��El pulso es regular -estaba diciendo-, pero vamos. Se supone que tienes un mont�n de runas de curaci�n. Algo podr�s hacer por ella�</p><p>��No sin una estela. -La voz era la de Jace, baja y tensa, reprimiendo su angustia. Estaba arrodillado delante de Simon, al otro lado, con el rostro oculto por las sombras-. �Puedes bajarla en brazos? Si pudi�ramos llevarla al Instituto�</p><p>���Quieres que yo la lleve? -pregunt� Simon sorprendido; Clary no lo culp� por ello.</p><p>��Dudo que quiera tocarme. -Jace se levant�, como si no soportara permanecer ni un segundo en el mismo sitio-. Si t� pudieras�</p><p>Se le quebr� la voz y se volvi� para mirar el lugar donde hab�a estado Lilith hasta hac�a tan s�lo un instante: unas losas desnudas, plateadas ahora y con algunas mol�culas de sal. Clary oy� un suspiro de Simon -un sonido intencionado-, que se inclin� sobre ella, cogi�ndola en brazos.</p><p>Abri� los ojos el resto del camino, y sus miradas se encontraron. Aunque Clary sab�a que Simon se hab�a dado cuenta de que estaba consciente, ninguno de los dos dijo nada. A Clary se le hac�a dif�cil mirarlo, observar aquel rostro familiar con la Marca que ella le hab�a dado brillando como una estrella blanca m�s arriba de sus ojos. Por un momento, se quedaron mir�ndose.</p><p>Sab�a, al darle la Marca de Ca�n, que estaba haciendo algo descomunal, algo aterrador y colosal cuyo resultado era pr�cticamente impredecible. Y volver�a a hacerlo, para salvarle la vida. Pero aun as�, cuando lo vio con la Marca ardiendo como un rayo blanco mientras Lilith -un demonio mayor tan antiguo como la especie humana- se chamuscaba hasta quedar convertida en sal, hab�a pensado: ��Qu� he hecho?�.</p><p>��Estoy bien -dijo. Se apuntal� sobre los codos, que le dol�an terriblemente. En alg�n momento deb�a de haber ca�do al suelo sobre ellos y se hab�a levantado la piel-. Puedo caminar sin ning�n problema.</p><p>Al o�r su voz, Jace se volvi�. Verlo de aquella manera le parti� el coraz�n. Estaba tremendamente magullado y ensangrentado, una herida le recorr�a la mejilla en toda su longitud, el labio inferior estaba hinchado y ten�a una docena de desgarrones ensangrentados en la ropa. No estaba acostumbrada a verlo tan maltrecho aunque, claro estaba, si no ten�a una estela para curarla a ella, quer�a decir que tampoco la ten�a para curarse a s� mismo.</p><p>La expresi�n de Jace era completamente vac�a. Incluso Clary, acostumbrada a leer su cara como si leyera las p�ginas de un libro, era incapaz de interpretar nada. La mirada de Jace descendi� hacia su cuello, donde ella sent�a a�n un dolor punzante, la sangre sec�ndose en el punto donde le hab�a hecho un corte con el cuchillo. La ausencia de expresi�n se vino abajo, pero Jace volvi� la cabeza antes de que ella pudiera observar el cambio en su rostro.</p><p>Desde�ando la oferta de Simon de una mano que pudiera ayudarla, intent� ponerse en pie. Un dolor punzante le atraves� el tobillo; grit�, y a continuaci�n se mordi� el labio. Los cazadores de sombras no gritaban de dolor. Lo soportaban estoicamente, se record�. Nada de gimoteos.</p><p>��Es el tobillo -dijo-. Creo que me lo he torcido, o roto.</p><p>Jace mir� a Simon.</p><p>��Ll�vala en brazos -dijo-. Como te he dicho.</p><p>Esta vez, Simon no esper� la respuesta de Clary; desliz� un brazo por debajo de sus rodillas y le rode� los hombros con el otro brazo. La levant� y Clary enlaz� las manos por detr�s de su cuello y se sujet� con fuerza. Jace ech� a andar hacia la c�pula y las puertas de acceso al interior del edificio. Simon lo sigui�, transportando a Clary como si fuese una pieza de fr�gil porcelana. Clary casi hab�a olvidado lo fuerte que era desde que se hab�a convertido en vampiro. Ya no ol�a como �l, pens� con cierta melancol�a� aquel olor a Simon, a jab�n y loci�n para despu�s del afeitado barata (que no necesitaba en realidad) y a su chicle de canela favorito. El pelo segu�a oliendo a su champ�, pero por lo dem�s era como si careciera por completo de olor, y su piel resultaba fr�a al tacto. Se presion� m�s contra �l, ansiando un poco de calor corporal. Ten�a las puntas de los dedos azuladas y el cuerpo entumecido.</p><p>Jace, por delante de ellos, abri� las dobles puertas de cristal d�ndoles un golpe con el hombro. Y entraron en el edificio, donde la temperatura ambiente era algo m�s elevada. Resultaba extra�o, pens� Clary, estar en brazos de alguien cuyo pecho no se mov�a para respirar. Simon ten�a a�n una electricidad rara, un remanente de la luz brutalmente brillante que hab�a envuelto la terraza en el momento de la destrucci�n de Lilith. Deseaba preguntarle c�mo se sent�a, pero el silencio de Jace resultaba tan devastadoramente absoluto que le daba miedo romperlo.</p><p>Fue a pulsar el bot�n del ascensor, pero antes de que lo rozara con el dedo, las puertas se abrieron solas e irrumpi� ante ellos Isabelle, con su l�tigo de plata y oro arrastr�ndose tras ella como la cola de un cometa. La segu�a Alec, pegado a sus talones; al ver a Jace, a Clary y a Simon, Isabelle derrap� hasta detenerse y Alec estuvo a punto de chocar contra ella. En otras circunstancias, la escena casi habr�a resultado graciosa.</p><p>��Pero� -jade� Isabelle. Ten�a cortes y estaba ensangrentada, su precioso vestido rojo hecho jirones a la altura de las rodillas, su cabello negro desprendido de su recogido, mechones sucios de sangre. Alec parec�a haber salido s�lo ligeramente m�s airoso; una manga de la chaqueta estaba completamente rasgada, aunque no se ve�a ninguna herida debajo-. �Qu� hac�is aqu�?</p><p>Jace, Clary y Simon se quedaron mir�ndola sin entender nada, demasiado traumatizados como para poder responder. Al final, fue Jace quien dijo secamente:</p><p>��Podr�amos preguntaros lo mismo.</p><p>��Yo no� Cre�amos que Clary y t� estabais en la fiesta -dijo Isabelle. Clary no hab�a visto nunca a Isabelle tan poco due�a de s� misma-. Est�bamos buscando a Simon.</p><p>Clary not� que el pecho de Simon se levantaba, un acto reflejo que emulaba un jadeo de sorpresa humano.</p><p>���Estabais?</p><p>Isabelle se ruboriz�.</p><p>��Yo�</p><p>���Jace? -Era Alec, en tono imperante. Hab�a lanzado a Clary y a Simon una mirada de asombro, pero volc� en seguida, como siempre, su atenci�n a Jace. Tal vez ya no estuviera enamorado de Jace, si es que lo hab�a estado en realidad alguna vez, pero segu�an siendo <emphasis>parabatai</emphasis> y era en Jace en quien siempre pensaba en el transcurso de cualquier batalla-. �Qu� haces aqu�? Y, por el �ngel, �qu� te ha pasado?</p><p>Jace miraba a Alec casi como si no lo conociera. Parec�a inmerso en una pesadilla, inspeccionando un paisaje nuevo, pero no porque le resultase sorprendente o dram�tico, sino prepar�ndose para afrontar los horrores que pudiera revelarle.</p><p>��La estela -dijo por fin, con la voz quebrada-. �Tienes tu estela?</p><p>Alec busc� en su cintur�n, perplejo.</p><p>��Por supuesto. -Le pas� la estela a Jace-. Si necesitas un <emphasis>iratze</emphasis>�</p><p>��No es para m� -dijo Jace, manteniendo a�n su extra�a voz rota-. Es para ella. -Se�al� a Clary-. Lo necesita m�s que yo. -Sus ojos se encontraron con los de Alec, oro y azul-. Por favor, Alec -dijo, desapareciendo la aspereza de su voz con la misma rapidez con que hab�a surgido-. Ay�dala t� por m�.</p><p>Dio media vuelta y ech� a andar hacia el otro extremo de la estancia, donde se abr�an las puertas de cristal. Se qued� all�, mirando a trav�s de ellas, Clary no sab�a muy bien si contemplando el jard�n exterior o su propio reflejo.</p><p>Alec corri� detr�s de Jace un momento, pero despu�s regres� con Clary y Simon, estela en mano. Le indic� a Simon que depositara a Clary en el suelo, y lo hizo con delicadeza, apoy�ndole la espalda en la pared. Se apart� un poco para que Alec pudiera arrodillarse a su lado. Clary se fij� en la expresi�n confusa de Alec y en su mirada de sorpresa al ver la gravedad de los cortes que atravesaban su brazo y su abdomen.</p><p>���Qui�n te ha hecho esto?</p><p>��Yo� -Clary mir� impotente en direcci�n a Jace, que segu�a de espaldas a ellos. Ve�a su reflejo en las puertas de cristal, su cara era una mancha blanca, oscurecida aqu� y all� por hematomas. La parte delantera de su camisa estaba manchada de sangre-. Es dif�cil de explicar.</p><p>���Por qu� no nos convocasteis? -pregunt� Isabelle; su voz daba a entender que se hab�a sentido traicionada-. �Por qu� no nos dijiste que ven�ais aqu�? �Por qu� no enviaste un mensaje de fuego o cualquier otra cosa? Sabes que habr�amos venido si nos necesitabais.</p><p>��No hab�a tiempo -dijo Simon-. Y no sab�a que Clary y Jace iban a estar aqu�. Cre�a que iba a ser el �nico. No me pareci� correcto meteros en mis problemas.</p><p>���Meternos en tus problemas? -resopl� Isabelle-. T�� -empez� a decir, y despu�s, sorprendiendo a todo el mundo, incluso a s� misma, se abalanz� sobre Simon, pas�ndole los brazos alrededor del cuello.</p><p>Simon se tambale� hacia atr�s, el ataque lo pill� por sorpresa, pero se recuper� en seguida. La abraz� tambi�n, enganch�ndose casi con el l�tigo colgante, y la atrajo hacia �l con fuerza, colocando la cabeza oscura de ella justo por debajo de la barbilla de �l. Clary no estaba segura del todo -Isabelle hablaba muy flojito-, pero le dio la impresi�n de que estaba maldiciendo a Simon por lo bajo.</p><p>Alec levant� las cejas, pero no hizo ning�n comentario cuando se inclin� sobre Clary, tap�ndole con ello la escena de Isabelle y Simon. Acerc� la estela a su piel y ella dio un salto por la punzada de dolor.</p><p>��Ya s� que duele -dijo Alec en voz baja-. Me parece que te has dado un golpe en la cabeza. Magnus tendr�a que echarte un vistazo. �Y Jace? �Est� muy malherido?</p><p>��No lo s�. -Clary neg� con la cabeza-. No deja que me acerque a �l.</p><p>Alec la cogi� por la barbilla y le movi� la cabeza hacia uno y otro lado. Dibuj� a continuaci�n una segunda <emphasis>iratze</emphasis> en el lateral de su cuello, justo por debajo de la mand�bula.</p><p>���Qu� ha hecho que considera tan terrible?</p><p>Ella abri� mucho los ojos y se qued� mir�ndolo.</p><p>���Qu� te hace pensar que ha hecho alguna cosa?</p><p>Alec le solt� la barbilla.</p><p>��Lo conozco. Y conozco su forma de castigarse a s� mismo. No dejar que te acerques a �l es un castigo para �l, no para ti.</p><p>��No quiere que me acerque a �l -dijo Clary, captando la rebeld�a de su propia voz y odi�ndose por ser tan mezquina.</p><p>��Lo �nico que quiere eres t� -dijo Alec, en un tono de voz sorprendentemente gentil, y se sent� en cuclillas, apart�ndose el oscuro pelo de los ojos. �ltimamente estaba distinto, pens� Clary, ten�a una seguridad en s� mismo que no pose�a cuando lo conoci�, algo que le permit�a ser generoso con los dem�s como nunca lo hab�a sido ni consigo mismo-. Pero �por qu� est�is aqu�? Ni siquiera nos dimos cuenta de que os hab�ais marchado de la fiesta con Simon�</p><p>��No se fueron conmigo -dijo Simon. Isabelle y �l se hab�an separado, pero segu�an cerca el uno del otro, juntos-. Vine solo. Bueno, no exactamente solo. Fui� convocado.</p><p>Clary asinti�.</p><p>��Es verdad. No nos fuimos de la fiesta con �l. Cuando Jace me trajo aqu�, no ten�a ni idea de que Simon iba a estar tambi�n.</p><p>���Que Jace te trajo aqu�? -dijo Isabelle, pasmada-. Jace, si sab�as lo de Lilith y la iglesia de Talto, deber�as haberlo dicho.</p><p>Jace segu�a mirando a trav�s de las puertas.</p><p>��Supongo que se me pas� por alto -dijo sin alterarse.</p><p>Clary movi� la cabeza de un lado a otro mientras Alec e Isabelle miraban a su hermano adoptivo primero, y a ella a continuaci�n, como si buscaran una explicaci�n del comportamiento de Jace.</p><p>��No fue en realidad Jace -dijo ella por fin-. Estaba� siendo controlado. Por Lilith.</p><p>���Posesi�n? -Isabelle abri� los ojos de par en par, sorprendida. En un acto reflejo, su mano se tens� en torno a su l�tigo.</p><p>Jace se volvi� en aquel momento. Lentamente, extendi� el brazo y abri� su maltrecha camisa para que pudieran ver la horrible runa de la posesi�n y el corte ensangrentado que la atravesaba.</p><p>��Esto -dijo, manteniendo su tono de voz inexpresivo- es la marca de Lilith. As� es como me controlaba.</p><p>Alec movi� la cabeza; estaba muy trastornado.</p><p>��Jace, normalmente, la �nica forma que existe para cortar una relaci�n demon�aca es matando al demonio que ejerce el control. Lilith es uno de los demonios m�s poderosos que ha existido nunca�</p><p>��Est� muerta -dijo Clary de repente-. Simon la mat�. O supongo que podr�a decirse que la mat� la Marca de Ca�n.</p><p>Todos se quedaron mirando a Simon.</p><p>���Y vosotros dos? �C�mo acabasteis aqu�? -pregunt� �l, poni�ndose a la defensiva.</p><p>��Busc�ndote -respondi� Isabelle-. Encontramos la tarjeta de visita que debi� de darte Lilith. En tu apartamento. Jordan nos dej� entrar. Est� con Maia, abajo. -Se estremeci�-. Lilith ha hecho unas cosas� no te lo creer�as� horripilantes.</p><p>Alec levant� las manos.</p><p>��Un poco de tranquilidad. Vamos a explicar primero lo que nos ha pasado a nosotros y despu�s, Simon y Clary, explicad vosotros lo que os ha pasado.</p><p>La explicaci�n llev� menos tiempo de lo que Clary pensaba, con Isabelle tomando la palabra en su mayor parte y acompa�ando su discurso con amplios gestos que amenazaron, en alguna que otra ocasi�n, con cortar con su l�tigo las extremidades libres de protecci�n de sus amigos. Alec aprovech� la oportunidad para salir a la terraza y enviar un mensaje de fuego a la Clave, comunicando su paradero y solicitando refuerzos. Jace se hizo a un lado sin decir palabra, dej�ndolo solo, y tambi�n cuando entr� de nuevo. Tampoco dijo nada cuando Clary y Simon explicaron lo sucedido en la terraza, ni siquiera cuando llegaron a la parte en que Clary mencion� que Raziel hab�a resucitado a Jace en Idris. Fue Izzy quien finalmente interrumpi� a Clary cuando �sta empezaba a explicar que Lilith era la �madre� de Sebastian y conservaba su cuerpo en una urna de cristal.</p><p>���Sebastian? -Isabelle azot� el suelo con su l�tigo, con tanta fuerza que abri� una grieta en el m�rmol-. �Que Sebastian est� ah� fuera? �Y que no est� muerto? -Se volvi� hacia Jace, que estaba apoyado en las puertas de cristal, cruzado de brazos, inexpresivo-. Yo lo vi morir. Vi a Jace partirle la espalda por la mitad, y lo vi caer al r�o. �Y ahora me dices que est� vivo ah� fuera?</p><p>��No -dijo Simon, apresur�ndose a tranquilizarla-. Su cuerpo est� all�, pero no est� vivo. Lilith no consigui� completar la ceremonia. -Simon le puso una mano en el hombro, pero ella se la retir�. Se hab�a quedado blanca como un muerto, con dos puntos rojos ardiendo en sus mejillas.</p><p>��Que no est� del todo vivo no es suficientemente muerto para m� -dijo Isabelle-. Voy a salir para cortarlo en mil pedazos. -Se volvi� en direcci�n a las puertas.</p><p>���Iz! -Simon le puso la mano en el hombro-. Izzy, no.</p><p>���No? -Lo mir� con incredulidad-. Dame un motivo por el que no deber�a cortarlo hasta convertirlo en confeti de papelitos en los que haya escrito �cabr�n in�til�.</p><p>La mirada de Simon recorri� la estancia, pos�ndose por un instante en Jace, como si esperara que interviniera para a�adir un comentario. Pero no lo hizo, ni siquiera se movi�. Al final, Simon dijo:</p><p>��Mira, entiendes el ritual, �no es eso? El hecho de que Jace fuera devuelto de la muerte, dio a Lilith poder para resucitar a Sebastian. Pero para hacerlo, necesitaba a Jace aqu� y con vida, a modo de� �c�mo lo llam�?</p><p>��A modo de contrapeso -intervino Clary.</p><p>��Esa marca que tiene Jace en el pecho, la marca de Lilith� -Con un gesto aparentemente inconsciente, Simon se toc� el pecho, a la altura del coraz�n-. Pues Sebastian tambi�n la tiene. Las vi destellar las dos a la vez cuando Jace entr� en el c�rculo.</p><p>Isabelle, agitando nerviosamente su l�tigo en su flanco, mordi�ndose con sus dientes el rojo labio inferior, dijo con impaciencia:</p><p>���Y?</p><p>��Pues que creo que estaba estableciendo un v�nculo entre ellos -dijo Simon-. Si Jace mor�a, Sebastian no podr�a vivir. De modo que si hicieras pedacitos a Sebastian�</p><p>��Podr�a hacerle da�o a Jace -dijo Clary; sus palabras surgieron solas en el momento en que cay� en la cuenta-. Oh, Dios m�o. Oh, Izzy, no puedes hacerlo.</p><p>���Y tenemos que dejar que viva? -dijo Isabelle con incredulidad.</p><p>��Hazlo picadillo, si te apetece -dijo Jace-. Tienes mi permiso.</p><p>��C�llate -dijo Alec-. Deja de comportarte como si tu vida no te importara en lo m�s m�nimo. Iz, �acaso no has escuchado nada? Sebastian no est� vivo.</p><p>��Pero tampoco est� muerto. No lo suficiente muerto.</p><p>��Necesitamos a la Clave -dijo Alec-. Necesitamos entregarlo a los Hermanos Silenciosos. Ellos pueden cortar su conexi�n con Jace, y despu�s de esto derrama toda la sangre que te venga en gana, Iz. Es hijo de Valentine. Y es un asesino. Todo el mundo perdi� a alguien en la batalla de Alacante, o conoce a alguien que lo perdi�. �Crees que se mostrar�n ben�volos con �l? Lo har�n pedacitos lentamente mientras siga con vida.</p><p>Isabelle se qued� mirando a su hermano. Muy poco a poco, se le llenaron los ojos de l�grimas, que empezaron a resbalar por sus mejillas, veteando la suciedad y la sangre que cubr�a su piel.</p><p>��Lo odio -dijo-. Odio cuando tienes raz�n.</p><p>Alec atrajo a su hermana hacia �l y le estamp� un beso en la frente.</p><p>��Lo s�.</p><p>Isabelle le apretuj� la mano a su hermano y lo solt� en seguida.</p><p>��De acuerdo -dijo-. No tocar� a Sebastian. Pero no soporto estar tan cerca de �l. -Mir� en direcci�n a las puertas de cristal, donde a�n segu�a Jace-. Vamos abajo. Esperaremos a la Clave en el vest�bulo. Y tenemos que ir a buscar a Maia y a Jordan; seguramente estar�n pregunt�ndose d�nde nos hemos metido.</p><p>Simon tosi� para aclararse la garganta.</p><p>��Alguien deber�a quedarse aqu� para vigilar� vigilar las cosas. Ya me quedo yo.</p><p>��No -dijo Jace-. T� baja. Me quedo yo. Todo ha sido por mi culpa. Deber�a haberme asegurado de que Sebastian estaba muerto cuando tuve la oportunidad de hacerlo. Y por lo que al resto se refiere�</p><p>Su voz se fue apagando. Pero Clary lo record� acarici�ndole la cara en un oscuro pasillo del Instituto, lo record� susurrando: �<emphasis>Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa</emphasis>�.</p><p>�Por mi culpa, por mi culpa, por mi grand�sima culpa.�</p><p>Se volvi� de cara a los dem�s; Isabelle hab�a llamado ya el ascensor, el bot�n estaba iluminado. Clary o�a el zumbido lejano del ascensor, que sub�a. Isabelle arrug� la frente.</p><p>��Alec, quiz� deber�as quedarte aqu� arriba con Jace.</p><p>��No necesito ayuda -dijo Jace-. No hay nada que hacer. No me pasar� nada.</p><p>Isabelle levant� las manos cuando el ascensor anunci� su llegada con un <emphasis>ping</emphasis>.</p><p>��De acuerdo. T� ganas. Qu�date de morros aqu� arriba solo, si eso es lo que quieres. -Entr� en el ascensor, Simon y Alec la siguieron. Clary fue la �ltima en subir, volvi�ndose para mirar a Jace. De nuevo estaba mirando a trav�s de las puertas, pero lo vio reflejado en ellas. Su boca era una l�nea exang�e, sus ojos oscuros.</p><p>�Jace�, pens� cuando las puertas del ascensor empezaron a cerrarse. Deseaba que se volviera, que la mirara. No lo hizo, pero sinti� de repente unas manos fuertes sobre sus hombros, empuj�ndola hacia adelante. Oy� a Isabelle que dec�a: �Alec, �qu� demonios haces�?� en el momento en que ella tropezaba cruzando de nuevo las puertas del ascensor y se volv�a para mirar. Las puertas estaban cerr�ndose a sus espaldas, pero a trav�s de ellas pudo ver a Alec. Estaba lanz�ndole una media sonrisita y hac�a un gesto de indiferencia, como queriendo decir: ��Qu� otra cosa pod�a yo hacer?�. Clary avanz�, pero ya era demasiado tarde; las puertas del ascensor se hab�an cerrado.</p><p>Y estaba sola en la habitaci�n con Jace.</p><empty-line/><p>La habitaci�n estaba repleta de cad�veres, figuras encogidas vestidas con ch�ndal gris con capucha, lanzadas, aplastadas o derrumbadas contra la pared. Maia estaba junto a la ventana, respirando con dificultad, mirando con incredulidad la escena que se desplegaba delante de ella. Hab�a tomado parte en la batalla del bosque Brocelind en Idris, y entonces crey� que aquello ser�a lo m�s terrible que ver�a en su vida. Pero esto era peor. La sangre que brotaba de los seguidores del culto muertos no era icor de demonio; era sangre humana. Y los beb�s� silenciosos y muertos en sus cunas, con sus manitas en forma de garra dobladas la una encima de la otra, como mu�ecos�</p><p>Se mir� las manos. Ten�a a�n las garras extendidas, manchadas de sangre desde la punta hasta la ra�z; las repleg�, y la sangre resbal� por sus palmas, manch�ndole las mu�ecas. Iba descalza y ten�a los pies sucios de sangre, y en el hombro ten�a un largo corte, rezumando a�n l�quido rojo, aunque ya hab�a empezado a cicatrizar. A pesar de la r�pida curaci�n que proporcionaba la licantrop�a, sab�a que a la ma�ana siguiente se levantar�a llena de moratones. En los seres lobo, los moratones rara vez duraban m�s de un d�a. Record� cuando era humana y su hermano Daniel era un experto en pellizcarle con fiereza en lugares donde los moratones quedaban ocultos.</p><p>��Maia. -Jordan acababa de entrar por una de las puertas inacabadas, apartando un mont�n de cables que colgaban por delante. Se enderez� y se acerc� a ella, abri�ndose camino entre los cad�veres-. �Te encuentras bien?</p><p>La mirada de preocupaci�n de Jordan le provoc� a Maia un nudo en el est�mago.</p><p>���D�nde est�n Isabelle y Alec?</p><p>Jordan movi� la cabeza de lado a lado. Hab�a sufrido da�os menos visibles que los de ella. Su gruesa cazadora de cuero lo hab�a protegido, igual que los vaqueros y las botas. Ten�a un ara�azo en la mejilla, sangre seca en su pelo casta�o claro y manchando tambi�n el cuchillo que llevaba en la mano.</p><p>��He buscado por toda la planta. No los he visto. En las otras habitaciones hay un par de cuerpos m�s. Deben de haber�</p><p>La noche se ilumin� como un cuchillo seraf�n. Las ventanas se quedaron blancas y una luz brillante inund� la habitaci�n. Por un instante, Maia pens� que el mundo ard�a en llamas, y le dio la impresi�n de que Jordan, que estaba avanzando hacia ella entre la luz, casi desaparec�a, blanco sobre blanco, en un reluciente campo de plata. Se oy� gritar, y retrocedi� a ciegas, golpe�ndose la cabeza contra el cristal de la ventana. Se tap� los ojos con las manos�</p><p>Y la luz se esfum�. Maia baj� las manos; el mundo daba vueltas a su alrededor. Palp� a tientas y encontr� a Jordan. Lo abraz� Se abalanz� sobre �l, como sol�a hacer cuando �l iba a buscarla a su casa y la cog�a en brazos, enredando los dedos entre los rizos de su cabeza.</p><p>Entonces era m�s delgado, sus hombros m�s estrechos. Sus huesos estaban ahora recubiertos de m�sculo y abrazarlo era como abrazar algo absolutamente s�lido, una columna de granito en medio de una tormenta de arena en el desierto. Se aferr� a �l, y escuch� el latido de su coraz�n bajo su o�do mientras �l le acariciaba el cabello, una caricia ruda y tranquilizadora a la vez, reconfortante y� familiar.</p><p>��Maia� No pasa nada�</p><p>Ella levant� la cabeza y acerc� la boca a la de �l. Jordan hab�a cambiado en muchos sentidos, pero la sensaci�n de besarlo era la misma, su boca tan c�lida como siempre. �l se qued� r�gido por un segundo, sorprendido, y a continuaci�n la atrajo hacia s�, mientras sus manos trazaban lentos c�rculos en la espalda desnuda de ella. Maia record� su primer beso. Ella le hab�a dado sus pendientes para que �l los guardara en la guantera del coche, y la mano de Jordan hab�a temblado de tal modo que los pendientes le hab�an ca�do y hab�a empezado a disculparse y a disculparse sin parar, hasta que ella le hab�a dado un beso para acallarlo. Aquel d�a pens� que era el chico m�s dulce que hab�a conocido en su vida.</p><p>Y despu�s, mordieron a Jordan y todo cambi�.</p><p>Se apart�, mareada y respirando con dificultad. �l la solt� al instante y se qued� mir�ndola, boquiabierto, aturdido. Detr�s de �l, a trav�s de la ventana, Maia ve�a la ciudad; casi esperaba encontrarla arrasada, un desierto blanco y devastado al otro lado de la ventana, pero todo estaba exactamente igual. No hab�a cambiado nada. Las luces parpadeaban en los edificios de la otra acera, se o�a el d�bil sonido del tr�fico.</p><p>��Deber�amos marcharnos -dijo-. Deber�amos ir a buscar a los dem�s.</p><p>��Maia -dijo �l-. �Por qu� acabas de besarme?</p><p>��No lo s� -respondi� ella-. �Crees que deber�amos mirar en los ascensores?</p><p>��Maia�</p><p>��No lo s�, Jordan -dijo Maia-. No s� por qu� te he besado, y no s� si volver� a hacerlo, pero lo que s� s� es que estoy asustada y preocupada por mis amigos y que quiero salir de aqu�. �Entendido?</p><p>Jordan asinti�. Daba la impresi�n de que ten�a un mill�n de cosas que decir, pero decidi� no decirlas y Maia se sinti� agradecida. Se pas� la mano por su alborotado pelo, manchado de yeso blanco, y dijo:</p><p>��Entendido.</p><empty-line/><p>Silencio. Jace continuaba apoyado en la puerta, s�lo que ahora ten�a la frente presionando el cristal, los ojos cerrados. Clary se pregunt� si se habr�a dado cuenta de que estaba all� con �l. Avanz� un paso, pero antes de que le diera tiempo a decir algo, �l empuj� las puertas y sali� al jard�n.</p><p>Se qued� quieta un momento, mir�ndolo. Pod�a llamar el ascensor, claro est�, bajar, esperar a la Clave en el vest�bulo junto con los dem�s. Si Jace no quer�a hablar, era que no quer�a hablar. No pod�a obligarlo a hacerlo. Si Alec estaba en lo cierto, y lo que estaba haciendo era castigarse, tendr�a que esperar hasta que lo superara.</p><p>Se volvi� hacia el ascensor y se detuvo. Una llamita de rabia se encendi� en su interior, le ard�an los ojos. �No�, pens�. No ten�a que permitirle que se comportara as�. Tal vez pod�a comportarse con los dem�s de aquella manera, pero con ella no. Le deb�a una conducta mejor. Se deb�an los dos un comportamiento mejor.</p><p>Dio media vuelta y se encamin� hacia las puertas. El tobillo segu�a doli�ndole, pero las <emphasis>iratzes</emphasis> que Alec le hab�a puesto empezaban a funcionar. El dolor de su cuerpo se hab�a apagado hasta convertirse en un malestar amortiguado y latente. Lleg� a las puertas y empuj� para abrirlas. Sali� a la terraza e hizo una mueca de disgusto cuando sus pies descalzos entraron en contacto con las g�lidas baldosas.</p><p>En seguida vio a Jace; estaba arrodillado cerca de los pelda�os, sobre las baldosas manchadas de sangre e icor y que reluc�an por la sal depositada en ellas. Se levant� cuando ella se aproxim� y se volvi�, con algo brillante colgando de su mano.</p><p>El anillo de los Morgenstern, en su cadena.</p><p>Se hab�a levantado el viento y azotaba su pelo dorado oscuro contra su rostro. Lo retir� con impaciencia y dijo:</p><p>��Acabo de acordarme de que nos hab�amos dejado esto aqu�.</p><p>Su voz son� sorprendentemente normal.</p><p>���Y por eso quer�as quedarte? -le pregunt� Clary-. �Para recuperarlo?</p><p>Gir� la mano, y la cadena gir� con ella, sus dedos cerr�ndose sobre el anillo.</p><p>��Estoy unido a �l. Es una estupidez, lo s�.</p><p>��Podr�as haberlo dicho, o Alec podr�a haberse quedado�</p><p>��Mi lugar no est� con el resto de vosotros -dijo de repente-. Despu�s de lo que hice, no merezco <emphasis>iratzes</emphasis>, ni curaciones, ni abrazos, ni consuelo, ni nada de lo que mis amigos piensen que necesito. Mejor quedarme aqu� arriba con �l. -Movi� la barbilla en direcci�n al lugar donde el cuerpo inm�vil de Sebastian yac�a en el interior del ata�d abierto, sobre su pedestal de piedra-. Y de lo que m�s seguro estoy es de que no te merezco.</p><p>Clary se cruz� de brazos.</p><p>���Te has parado a pensar lo que yo me merezco? �Que tal vez me merezco una oportunidad de poder hablar contigo sobre todo lo que ha pasado?</p><p>Se qued� mir�ndola. Estaban apenas a un metro el uno del otro, pero era como si entre ellos se hubiera abierto una distancia inefable.</p><p>��No s� por qu� quieres siquiera mirarme, y mucho menos hablar conmigo.</p><p>��Jace -dijo Clary-. Esas cosas que hiciste� no eras t�.</p><p>�l dud�. El cielo era tan negro, las ventanas iluminadas de los rascacielos cercanos tan brillantes, que era como si se encontraran en medio de una red de joyas relucientes.</p><p>��Si no era yo -dijo-, entonces �por qu� soy capaz de recordar todo lo que hice? Cuando una persona est� pose�da, y se recupera, no recuerda lo qu� hizo cuando el demonio habitaba en ella. Pero yo lo recuerdo todo. -Dio media vuelta y ech� a andar hacia la pared del jard�n de la terraza. Clary lo sigui�, aliviada por la distancia interpuesta entre ellos y el cuerpo de Sebastian, escondido ahora de la vista por una hilera de setos.</p><p>���Jace! -grit�, y �l se volvi�, dando la espalda al muro, derrumb�ndose contra �l. Detr�s, la electricidad de toda una ciudad iluminaba la noche como las torres del demonio de Alacante-. Recuerdas porque ella quer�a que lo recordaras -dijo Clary, llegando a donde se hab�a quedado �l, jadeante-. Lo hizo para torturarte igual que consigui� que Simon hiciera lo que ella quer�a. Quer�a que vieses c�mo hac�as da�o a tus seres queridos.</p><p>��Lo ve�a -dijo en voz baja-. Era como si una parte de m� estuviera a cierta distancia, mirando y grit�ndome que parara. Pero el resto de mi persona se sent�a perfectamente en paz consigo misma y con la sensaci�n de estar haciendo lo correcto. Como si fuera lo �nico que yo pod�a hacer. Me pregunto si es as� como se sent�a Valentine con respecto a todo lo que hac�a. Como si fuera tan f�cil hacer lo correcto. -Dej� de mirarla-. No lo soporto -dijo-. No tendr�as que estar aqu� conmigo. Deber�as irte.</p><p>Pero en lugar de irse, Clary se acerc� a �l y se apoy� tambi�n en la pared. Se envolvi� el cuerpo con los brazos, no dejaba de temblar. Al final, a rega�adientes, Jace volvi� la cabeza para mirarla de nuevo.</p><p>��Clary�</p><p>��T� no eres qui�n para decidir -dijo ella- ad�nde tengo que ir, ni cu�ndo.</p><p>��Lo s�. -Ten�a la voz rota-. Siempre lo he sabido. No s� por qu� tuve que enamorarme de alguien m�s tozudo que yo.</p><p>Clary se qued� un instante en silencio. El coraz�n encogido al escuchar aquella palabra: �enamorado�.</p><p>��Todo eso que me has dicho en la terraza de la Fundici�n -dijo en un susurro-, �lo dec�as en serio?</p><p>Sus ojos dorados se ofuscaron.</p><p>���Qu� cosas?</p><p>�Que me quer�as�, estuvo a punto de decir ella, pero pens�ndolo bien� no se lo hab�a dicho, �verdad? No hab�a pronunciado aquellas palabras. Lo hab�a dado a entender. Y la verdad del hecho, que se quer�an, era algo que ella sab�a con la misma claridad con la que conoc�a su propio nombre.</p><p>��Me preguntaste si te querr�a si fueses como Sebastian, como Valentine.</p><p>��Y t� me respondiste que en ese caso no ser�a yo. Pero mira c�mo te has equivocado -dijo, la amargura ti�endo su voz-. Lo que he hecho esta noche�</p><p>Clary avanz� hacia �l; Jace se puso tenso, pero no se movi�. Lo cogi� por la camisa, se inclin� hacia �l y le dijo, pronunciando con extrema claridad todas y cada una de sus palabras:</p><p>���se no eras t�.</p><p>��Dile eso a tu madre -dijo Jace-. D�selo a Luke cuando te pregunten de d�nde ha salido esto. -Le toc� con delicadeza la clav�cula; la herida ya estaba curada, pero la piel y la tela del vestido segu�an manchadas de sangre oscura.</p><p>��Se lo dir� -dijo ella-. Les dir� que fue culpa m�a.</p><p>�l se qued� mir�ndola, con los ojos dorados llenos de incredulidad.</p><p>��No puedes mentirles.</p><p>��Y no lo har�. Te volv� a la vida -dijo-. Estabas muerto y te devolv� a la vida. Fui yo quien desestabiliz� el equilibrio, no t�. Yo abr� la puerta para Lilith y su est�pido ritual. Podr�a haber pedido cualquier cosa, y te ped� a ti. -Le agarr� con m�s fuerza de la camisa, sus dedos estaban blancos del fr�o y la presi�n-. Y volver�a a hacerlo. Te quiero, Jace Wayland� Herondale� Lightwood� como te apetezca llamarte. Me da lo mismo. Te amo y siempre te amar�, y fingir lo contrario no es m�s que una p�rdida de tiempo.</p><p>La mirada de dolor que atraves� el rostro de Jace fue tan expresiva, que a Clary se le encogi� el coraz�n. Jace cogi� entonces la cara de ella entre sus manos. Ten�a las palmas calientes.</p><p>���Recuerdas cuando te dije que no sab�a si Dios exist�a o no pero que, fuera lo que fuera, �bamos completamente por nuestra cuenta y riesgo? -dijo, su voz sonaba m�s c�lida que nunca-. Sigo sin conocer la respuesta; lo �nico que sab�a era que exist�a una cosa llamada fe, y que yo no merec�a poseerla. Y despu�s apareciste t�. T� lo cambiaste todo. �Recuerdas aquella frase de Dante que te cit� en el parque, �<emphasis>L�amor che move il sole e l�altre stelle</emphasis>�?</p><p>Los labios de Clary esbozaron una leve sonrisa cuando levant� la cabeza para mirarlo.</p><p>��Sigo sin hablar italiano.</p><p>��Eran las �ltimas l�neas de <emphasis>Paradiso</emphasis>� Para�so. �Mas ya mov�a mi deseo y mi voluntad, el amor que mueve el sol y las dem�s estrellas.� Dante intentaba explicar la fe, me parece, como un amor aplastante, y tal vez sea una blasfemia, pero creo que yo te amo as�. Llegaste a mi vida y de repente tuve una verdad a la que aferrarme: que yo te amaba y t� me amabas.</p><p>Aunque estaba mir�ndola, su visi�n era distante, como si estuviera fija en algo muy remoto.</p><p>��Entonces empec� a tener los sue�os -prosigui�-. Y pens� que a lo mejor me hab�a equivocado. Que no te merec�a. Que no me merec�a ser completamente feliz� Dios, �y qui�n se merece eso? Y despu�s de lo de esta noche�</p><p>��Para. -Durante todo aquel rato hab�a estado cogi�ndolo por la camisa; pero dej� de estar tan tensa y apoy� las manos sobre su pecho. Notaba su coraz�n acelerado bajo la yema de los dedos; las mejillas de Jace encendidas, y no s�lo por el fr�o-. Jace, con todo lo que ha sucedido esta noche, hay una cosa que s� seguro. Y es que no eras t� quien hac�a esas cosas. Creo de forma absoluta e incontrovertible que eres bueno. Y eso no cambiar�.</p><p>Jace respir� hondo, estremeci�ndose.</p><p>��No s� siquiera c�mo intentar merecerme eso.</p><p>��No tienes por qu� hacerlo. Tengo fe suficiente en ti -dijo ella-, en nosotros dos.</p><p>Las manos de Jace se deslizaron entre el cabello de ella. El vaho de su respiraci�n se interpon�a entre ellos, como una nube blanca.</p><p>��Te he echado tanto de menos -dijo �l, bes�ndola; su boca era delicada, no desesperada y hambrienta como se hab�a mostrado las �ltimas veces que la hab�a besado, sino tierna y suave.</p><p>Ella cerr� los ojos y el mundo gir� a su alrededor como un molinete. Acarici�ndole el pecho en direcci�n ascendente, estir� los brazos para enlazar las manos por detr�s de su cuello y se puso de puntillas para poder besarlo. Las manos de �l se deslizaron por el cuerpo de Clary, por encima de la piel la seda, y ella se estremeci�, apoy�ndose en �l, segura de que ambos sab�an a sangre, cenizas y sal, pero no importaba; el mundo, la ciudad y todas sus luces y su vida parec�an haberse reducido a aquello, a Jace y a ella, el coraz�n ardiente de un universo congelado.</p><p>Pero �l se apart�, a rega�adientes. Y ella se dio cuenta del motivo unos instantes despu�s. El sonido de los bocinazos de los coches y el rechinar de los neum�ticos frenando en la calle se o�a incluso desde all� arriba.</p><p>��La Clave -dijo Jace con resignaci�n, aunque tuvo que toser para aclararse la garganta antes de hablar. Ten�a la cara encendida, y Clary se imagin� que la suya estar�a igual-. Ya est�n aqu�.</p><p>Sin soltarle la mano, Clary mir� por el borde de la pared de la azotea y vio varios coches negros aparcados delante del andamio. La gente empezaba a salir de ellos. Resultaba dif�cil reconocerlos desde aquella altura, pero Clary crey� ver a Maryse y a varias personas m�s vestidas con equipo de combate. Un instante despu�s, la furgoneta de Luke se plant� con estruendo encima de la acera y Jocelyn sali� corriendo de ella. Clary la reconocer�a, simplemente por su forma de moverse, desde una distancia muy superior a la que se encontraba.</p><p>Clary se volvi� hacia Jace.</p><p>��Mi madre -dijo-. Ser� mejor que baje. No quiero que suba y vea� y lo vea. -Movi� la barbilla en direcci�n al ata�d de Sebastian.</p><p>Jace le retir� el pelo de la cara.</p><p>��No quiero perderte de vista.</p><p>��Entonces, ven conmigo.</p><p>��No. Alguien tiene que quedarse aqu�. -Le cogi� la mano, le dio la vuelta y deposit� en ella el anillo de los Morgenstern, la cadenita agrup�ndose como metal l�quido. El cierre se hab�a doblado cuando Clary se la hab�a arrancado, pero Jace hab�a conseguido devolverlo a su forma original-. C�gelo, por favor.</p><p>Clary baj� la vista y, a continuaci�n, con incertidumbre, volvi� a mirarlo a la cara.</p><p>��Me gustar�a haber comprendido lo que significaba para ti.</p><p>�l hizo un leve gesto de indiferencia.</p><p>��Lo llev� durante diez a�os -dijo-. Contiene una parte de m�, significa que te conf�o mi pasado y todos los secretos que incluye ese pasado. Y adem�s -acarici� una de las estrellas grabadas en el borde- �el amor que mueve el sol y todas las dem�s estrellas�. Imag�nate que las estrellas significan eso, no Morgenstern.</p><p>A modo de respuesta, ella volvi� a pasarse la cadenita por la cabeza y el anillo ocup� su sitio acostumbrado, por debajo de la clav�cula. Fue como una pieza de rompecabezas que encaja de nuevo en su lugar. Por un momento, sus miradas se encontraron en una comunicaci�n desprovista de palabras, m�s intensa en cierto sentido de lo que hab�a sido su contacto f�sico; ella retuvo mentalmente la imagen de �l como si estuviera memoriz�ndola: su cabello dorado alborotado, las sombras proyectadas por las pesta�as, los c�rculos de un dorado m�s oscuro en el interior del tono ambarino claro de sus ojos.</p><p>��En seguida vuelvo -dijo. Le apret� la mano-. Cinco minutos.</p><p>��Ve -dijo �l, solt�ndole la mano, y ella dio media vuelta y ech� a andar por el caminito. En el momento en que se alej� de �l, volvi� a sentir fr�o, y cuando lleg� a las puertas del edificio, estaba congelada. Se detuvo antes de abrir la puerta y se volvi� para mirarlo, pero Jace no era m�s que una sombra, iluminada a contraluz por el resplandor del perfil de Nueva York. �El amor que mueve el sol y todas las dem�s estrellas�, pens�, y entonces, como si le respondiera un eco, escuch� las palabras de Lilith: �Ese tipo de amor capaz de consumir el mundo o llevarlo a la gloria�. Sinti� un escalofr�o, y no s�lo como consecuencia de la temperatura ambiental. Busc� a Jace con la mirada, pero hab�a desaparecido entre las sombras; dio media vuelta y entr�; la puerta se cerr� a sus espaldas.</p><empty-line/><p>Alec hab�a subido a buscar a Jordan y a Maia, y Simon e Isabelle se hab�an quedado solos, sentados el uno junto al otro en el div�n verde del vest�bulo. Isabelle sujetaba en la mano la luz m�gica de Alec, que iluminaba la estancia con un resplandor casi espectral, encendiendo danzarinas motas de fuego en la l�mpara de ara�a que colgaba del techo.</p><p>Poca cosa hab�a dicho Isabelle desde que su hermano los hab�a dejado all�. Ten�a la cabeza inclinada, su pelo oscuro cay�ndole hacia adelante, la mirada fija en sus manos. Eran manos delicadas, de largos dedos, aunque llenos de durezas, como los de su hermano. Simon no se hab�a dado cuenta hasta aquel momento de que en la mano derecha luc�a un anillo de plata, con un motivo de llamas grabado en �l y una letra L en el centro. Le record� al instante el anillo que Clary llevaba colgado al cuello, con su motivo de estrellas.</p><p>��Es el anillo de la familia Lightwood -dijo Isabelle, percat�ndose de que Simon estaba mir�ndolo-. Cada familia tiene un emblema. El nuestro es el fuego.</p><p>�Te encaja�, pens� Simon. Izzy era como fuego, con su llameante vestido granate, con su humor variable como las chispas. En la azotea casi hab�a pensado que iba a estrangularlo cuando lo hab�a abrazado de aquella manera y le hab�a llamado todos los nombres imaginables mientras se aferraba a �l como si nunca lo fuera a soltar. Pero ahora ten�a la mirada perdida en la lejan�a, casi tan inalcanzable como una estrella. Resultaba muy desconcertante.</p><p>�S� que amas a tus amigos cazadores de sombras -le hab�a dicho Camille-. Igual que el halc�n ama al amo que lo mantiene cautivo y cegado.�</p><p>��Eso que nos has dicho -dijo, titubeando, mirando c�mo Isabelle enrollaba un mech�n de pelo en su dedo �ndice-, all� arriba en la terraza, eso de que no sab�as que Clary y Jace estaban en este lugar. Que hab�as venido aqu� por m� �era verdad?</p><p>Isabelle levant� la vista, coloc�ndose el mech�n de pelo detr�s de la oreja.</p><p>��Pues claro que es verdad -dijo, indignada-. Cuando vimos que te hab�as ido de la fiesta� y sabiendo que llevabas d�as en peligro, y que Camille se hab�a escapado� -Se interrumpi� de repente-. Y con Jordan como responsable de ti que empezaba a asustarse.</p><p>���De modo que fue idea suya venir a por m�?</p><p>Isabelle lo mir� un prolongado momento. Sus ojos eran insondables y oscuros.</p><p>��Fui yo quien se dio cuenta de que te hab�as ido -dijo-. Fui yo la que quiso ir a buscarte.</p><p>Simon tosi� para aclararse la garganta. Se sent�a extra�amente mareado.</p><p>��Pero �por qu�? Ten�a entendido que ahora me odiabas.</p><p>No ten�a que haber dicho aquello. Isabelle movi� la cabeza de un lado a otro, con su oscuro pelo volando, y se apart� un poco de �l en el asiento.</p><p>��Oh, Simon. No seas burro.</p><p>��Iz. -Alarg� el brazo y le toc� la mu�eca, dubitativo. Ella no se retir�, sino que simplemente se qued� mir�ndolo-. Camille me dijo una cosa en el Santuario. Me dijo que los cazadores de sombras no quer�an a los subterr�neos, que se limitaban a utilizarlos. Dijo que los nefilim nunca har�an por m� lo que yo pudiera llegar a hacer por ellos. Pero t� lo has hecho. Viniste a por m�. Viniste a por m�.</p><p>��Pues claro que lo hice -dijo sin apenas voz-. Cuando pens� que pod�a haberte ocurrido alguna cosa�</p><p>Simon se inclin� hacia ella, sus caras estaban a escasos cent�metros la una de la otra. Ve�a en sus ojos negros el reflejo de las chispas de la l�mpara de ara�a. Isabelle ten�a la boca entreabierta y Simon notaba el calor de su aliento. Por primera vez desde que se hab�a convertido en vampiro, sent�a calor, como una descarga el�ctrica que pasaba entre los dos.</p><p>��Isabelle -dijo. No Iz, ni Izzy. Isabelle-. �Puedo�?</p><p>El ascensor son�; se abrieron las puertas y aparecieron Alec, Maia y Jordan. Alec observ� receloso c�mo Simon e Isabelle se separaban, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa, las dobles puertas del vest�bulo se abrieron y empezaron a irrumpir cazadores de sombras. Simon reconoci� a Kadir y a Maryse, que de inmediato corri� hacia Isabelle y la cogi� por los hombros exigi�ndole saber qu� hab�a pasado.</p><p>Simon se levant� y se apart�, inc�modo� y estuvo a punto de caer derribado al suelo por Magnus, que atravesaba corriendo el vest�bulo para reunirse con Alec. Ni siquiera vio a Simon. �Al fin y al cabo, de aqu� a cien a�os, doscientos, quedaremos s�lo t� y yo�, le hab�a dicho Magnus en el Santuario. Sinti�ndose amargamente solo entre aquella multitud de cazadores de sombras, Simon se recost� en la pared con la vana esperanza de que nadie se percatara de su presencia.</p><empty-line/><p>Alec levant� la vista en el momento en que Magnus lleg� a su lado, lo cogi� y lo atrajo hacia �l. Recorri� con los dedos la cara de Alec como si estuviera buscando golpes o da�os, murmurando casi para sus adentros:</p><p>���C�mo has podido� irte de esta manera y sin siquiera dec�rmelo? Podr�a haberte ayudado�</p><p>��Para. -Alec se apart�, en un gesto rebelde.</p><p>Magnus se control�, su voz se seren�.</p><p>��Lo siento -dijo-. No deber�a haber abandonado la fiesta. Tendr�a que haberme quedado contigo. Camille ha desaparecido. Nadie tiene la menor idea de ad�nde ha ido, y como es imposible seguirle la pista a un vampiro� -Se encogi� de hombros.</p><p>Alec alej� de su cabeza la imagen de Camille, encadenada a la tuber�a, mir�ndolo con aquellos salvajes ojos verdes.</p><p>��Da lo mismo -dijo-. Ella no importa. S� que s�lo intentabas ayudar. No estoy enfadado contigo porque te marcharas de la fiesta.</p><p>��Pero estabas enfadado -dijo Magnus-. S� que lo estabas. Por eso estaba yo tan preocupado. Salir corriendo y ponerte en peligro s�lo porque te hab�as enfadado conmigo�</p><p>��Soy un cazador de sombras -dijo Alec-. Me dedico a esto, Magnus. No es por ti. La pr�xima vez tendr�s que enamorarte de un agente de seguros, si no�</p><p>��Alexander -dijo Magnus-. No habr� una pr�xima vez. -Presion� la frente contra la de Alec, unos ojos verde dorados mirando fijamente a unos ojos azules.</p><p>A Alec se le aceler� el coraz�n.</p><p>���Por qu� no? -dijo-. T� vivir�s eternamente. Nadie vive eternamente.</p><p>��Ya s� que dije eso -dijo Magnus-. Pero Alexander�</p><p>��Deja ya de llamarme as� -dijo Alec-. Alexander es como me llaman mis padres. Y supongo que es todo un avance por tu parte haber aceptado de un modo tan fatalista mi mortalidad (todo en este mundo muere, bla, bla, bla), pero �c�mo crees que me hace sentir eso a m�? Las parejas normales tienen esperanzas: esperan envejecer juntos, esperan vivir una larga vida y morir al mismo tiempo, pero nosotros no podemos esperar nada de todo eso. Ni siquiera s� qu� quieres.</p><p>Alec no estaba seguro de qu� respuesta esperaba -si enfado o una actitud defensiva, o quiz� incluso una salida humor�stica-, pero la voz de Magnus se limit� a bajar de volumen y se quebr� ligeramente cuando dijo:</p><p>��Alex� Alec. Lo �nico que puedo hacer es pedirte disculpas si te di la impresi�n de que hab�a aceptado la idea de tu muerte. Lo intent�, cre� haberlo hecho� y aun as� me imaginaba teni�ndote a mi lado durante cincuenta o sesenta a�os m�s. Pens� que entonces estar�a preparado para abandonarte. Pero se trata de ti, y ahora me doy cuenta de que nunca estar� m�s preparado para perderte de lo que lo estoy ahora. -Cogi� con delicadeza la cara de Alec-. Y no lo estoy en absoluto.</p><p>��Y entonces �qu� hacemos? -musit� Alec.</p><p>Magnus hizo un gesto de indiferencia y de pronto, sonri�; con su pelo negro alborotado y el destello de sus ojos verde dorados, parec�a un adolescente travieso.</p><p>��Lo que hace todo el mundo -respondi�-. Como t� has dicho: tener esperanza.</p><empty-line/><p>Alec y Magnus hab�an empezado a besarse en un rinc�n del vest�bulo y Simon no sab�a muy bien hacia d�nde mirar. No quer�a que pensasen que estaba observ�ndolos durante lo que a todas luces era un momento de intimidad, pero a dondequiera que mirara se tropezaba con las miradas hostiles de los cazadores de sombras. A pesar de haber combatido a su lado contra Camille, ninguno de ellos lo miraba con una simpat�a especial. Una cosa era que Isabelle lo aceptara y lo tuviera en cierta estima, pero la masa de los cazadores de sombras no ten�a nada que ver. Adivinaba qu� estar�an pensando. �Vampiro, subterr�neo, enemigo�, estaba escrito en sus caras. Fue un verdadero alivio cuando vio que volv�an a abrirse las puertas e irrump�a Jocelyn, todav�a con el vestido azul de la fiesta. Luke apareci� unos pasos detr�s de ella.</p><p>���Simon! -exclam� ella en cuanto lo vio. Corri� hacia �l y, sorprendi�ndolo, lo abraz� con fuerza un buen rato antes de soltarlo-. �D�nde est� Clary, Simon? �Est�?</p><p>Simon abri� la boca, pero no sali� de ella ning�n sonido. �C�mo explicarle a Jocelyn, precisamente a ella, lo que hab�a pasado aquella noche? A Jocelyn, que se quedar�a horrorizada cuando se enterase de que el da�o que hab�a hecho Lilith, los ni�os que hab�a asesinado, la sangre que hab�a derramado, hab�a sido todo con la intenci�n de crear m�s criaturas como el hijo muerto de Jocelyn, cuyo cuerpo yac�a ahora en un ata�d en la terraza donde se encontraban Clary y Jace�</p><p>�No puedo contarle nada de todo esto -pens�-. No puedo.� Mir� a Luke, que estaba detr�s de ella, y cuyos ojos azules descansaban expectantes en �l. Detr�s de la familia de Clary, ve�a a los cazadores de sombras arremolin�ndose en torno a Isabelle, mientras ella relataba los sucesos de la noche.</p><p>��Yo� -dijo, sin saber por d�nde empezar, y entonces volvieron a abrirse las puertas del ascensor y apareci� Clary. Iba descalza, su precioso vestido de seda se hab�a convertido en ensangrentados harapos, los moratones estaban desapareciendo ya de sus brazos y piernas desnudas. Pero sonre�a� Estaba radiante, incluso m�s feliz de lo que Simon la hab�a visto en muchas semanas.</p><p>���Mam�! -exclam�, y Jocelyn corri� hacia ella para abrazarla. Clary sonri� a Simon por encima del hombro de su madre. Simon ech� un vistazo al vest�bulo. Alec y Magnus segu�an abrazados, y Maia y Jordan hab�an desaparecido. Isabelle segu�a rodeada de cazadores de sombras, y Simon pod�a escuchar los gritos sofocados de horror y asombro que emit�a el grupo al escuchar su relato. Se imaginaba que en el fondo Isabelle estar�a disfrutando. Le encantaba ser el centro de atenci�n, fuera cual fuese el motivo.</p><p>Not� una mano en su hombro. Era Luke.</p><p>���Est�s bien, Simon?</p><p>Simon levant� la vista para mirarlo. Luke ten�a el aspecto de siempre: s�lido, profesional; inspiraba confianza. En absoluto molesto porque su fiesta de compromiso se hubiese visto interrumpida por una urgencia tan dram�tica y repentina.</p><p>El padre de Simon hab�a muerto hac�a tanto tiempo que apenas lo recordaba. Rebecca se acordaba de algunos detalles -qu� llevaba y que le ayudaba a construir torres jugando a construcciones-, pero Simon no. Era una de las cosas que siempre hab�a pensado que ten�a en com�n con Clary, que los hab�a unido: los padres de ambos hab�an fallecido, y ambos hab�an sido criados por madres solteras y fuertes.</p><p>Al menos una de esas cosas hab�a resultado ser cierta, pens� Simon. Aunque su madre hab�a salido con hombres, Simon nunca hab�a tenido una presencia paternal constante en su vida, exceptuando a Luke. Supon�a que, en cierto sentido, Clary y �l hab�an compartido a Luke. Y la manada de lobos segu�a tambi�n el liderazgo de Luke. Para tratarse de un soltero sin hijos, Luke ten�a un mont�n de personas a quienes cuidar.</p><p>��No lo s� -respondi� Simon, d�ndole a Luke la respuesta sincera que le gustar�a pensar que habr�a dado a su padre-. No creo.</p><p>Luke movi� a Simon para mirarlo frente a frente.</p><p>��Est�s lleno de sangre -dijo-. Y me imagino que no es tuya, porque� -Hizo un adem�n en direcci�n a la Marca que Simon luc�a en la frente-. Pero, oye -dijo con voz bondadosa-, incluso ensangrentado y con la Marca de Ca�n, sigues siendo Simon. �Puedes contarme qu� ha pasado?</p><p>��La sangre no es m�a, tienes raz�n -dijo Simon con voz ronca-. Pero es una larga historia. -Lade� la cabeza para mirar a Luke; siempre se hab�a preguntado si alg�n d�a dar�a otro estir�n, si crecer�a unos cent�metros m�s de aquel metro setenta y dos que med�a ahora, para poder mirar a Luke, y qu� decir de Jace, directo a los ojos. Pero eso ya no suceder�a nunca-. Luke -dijo-, �crees que es posible hacer algo tan malo, aun sin querer hacerlo, de lo que nunca puedes llegar a recuperarte? �Algo que nadie pueda perdonarte?</p><p>Luke lo mir� en silencio durante un buen rato. Y dijo a continuaci�n:</p><p>��Piensa en alguien a quien quieras, Simon. A quien quieras de verdad. �Podr�a esa persona hacerte alguna cosa por la cual dejaras de quererla para siempre?</p><p>Por la cabeza de Simon desfil� un seguido de im�genes, como las p�ginas de un libro animado: Clary, volvi�ndose para sonre�rle por encima del hombro; su hermana, haci�ndole cosquillas cuando era peque�o; su madre, dormida en el sof� con la mantita tap�ndole los hombros; Izzy�</p><p>Desterr� en seguida aquellas ideas. Clary no hab�a hecho nada tan terrible para que �l tuviera que darle su perd�n; ni ninguna de las personas que estaba imagin�ndose. Pens� en Clary, perdonando a su madre por haberle robado los recuerdos. Pens� en Jace, lo que hab�a hecho en la azotea, el aspecto que ten�a despu�s. Hab�a hecho lo que hab�a hecho sin voluntad propia, pero Simon dudaba de que Jace fuera capaz de perdonarse, a pesar de todo. Y despu�s pens� en Jordan, que no se hab�a perdonado lo que le hab�a hecho a Maia, pero que hab�a seguido igualmente adelante, uni�ndose a los <emphasis>Praetor Lupus</emphasis>, ayudando a los dem�s.</p><p>��He mordido a alguien -dijo. En el instante en que aquellas palabras salieron de su boca, dese� poder trag�rselas. Se arm� de valor a la espera de la mirada horrorizada de Luke, pero no pas� nada.</p><p>���Vive? -dijo Luke-. Me refiero a la persona que mordiste. �Ha sobrevivido?</p><p>��Yo� -�C�mo explicarle lo de Maureen? Lilith se lo hab�a ordenado, de todos modos, pero Simon no estaba del todo seguro de que hubiesen visto ya sus �ltimas fechor�as-. No la mat�.</p><p>Luke hizo un gesto afirmativo.</p><p>��Ya sabes c�mo lo hacen los seres lobo para convertirse en l�deres de la manada -dijo-. Tienen que matar al actual l�der de la manada. Yo lo he hecho dos veces. Tengo las cicatrices que lo demuestran. -Se retir� un poco el cuello de la camisa, y Simon pudo ver el extremo de una gruesa cicatriz blanca de aspecto irregular, como si le hubiesen clavado unas garras-. La segunda vez fue un movimiento calculado. Matar a sangre fr�a. Quer�a convertirme en el l�der, y as� lo hice. -Se encogi� de hombros-. Eres un vampiro. Tu naturaleza te lleva a querer beber sangre. Te has refrenado mucho tiempo sin hacerlo. S� que puedes estar bajo la luz del sol, Simon, y que te enorgulleces de ser un chico humano normal, pero sigues siendo lo que eres. Igual que yo. Cuanto m�s trates de reprimir tu verdadera naturaleza, m�s te controlar� ella a ti. S� lo que eres. Nadie que te quiera de verdad lo impedir�.</p><p>Simon dijo con voz ronca:</p><p>��Mi madre�</p><p>��Clary me cont� lo que sucedi� con tu madre, y que duermes en casa de Jordan Kyle -dijo Luke-. Mira, tu madre cambiar� de opini�n, Simon. Igual que hizo Amatis conmigo. Sigues siendo su hijo. Hablar� con ella, si quieres que lo haga.</p><p>Simon neg� con la cabeza. A su madre siempre le hab�a gustado Luke. Enfrentarse al hecho de que Luke era un hombre lobo s�lo empeorar�a las cosas, no al rev�s.</p><p>Luke asinti�, como si hubiera entendido sus pensamientos.</p><p>��Si no quieres volver a casa de Jordan, puedes quedarte en mi sof� esta noche. Estoy seguro de que Clary se alegrar�a de tenerte en casa y ma�ana podr�amos hablar de lo que hacemos con tu madre.</p><p>Simon se irgui�. Mir� a Isabelle, que estaba en la otra punta del vest�bulo, el brillo de su l�tigo, el resplandor del colgante que llevaba en el cuello, el �gil movimiento de sus manos mientras hablaba. Isabelle, que no ten�a miedo a nada. Pens� en su madre, en c�mo se hab�a apartado de �l, en el terror que reflejaban sus ojos. Hab�a estado escondi�ndose de aquel recuerdo, huyendo de �l desde entonces. Pero hab�a llegado el momento de dejar de correr.</p><p>��No -dijo-. Gracias, pero creo que no necesito un lugar donde ir a dormir esta noche. Creo� que ir� a mi casa.</p><empty-line/><p>Jace se hab�a quedado solo en la terraza de la azotea y contemplaba la ciudad; el East River, una serpiente negra plateada culebreando entre Brooklyn y Manhattan. Sus manos, sus labios, segu�an calientes por el contacto con Clary, pero el viento que soplaba desde el r�o era g�lido y el calor se desvanec�a con rapidez. Sin chaqueta, el aire atravesaba el fino tejido de su camisa como la hoja de un cuchillo.</p><p>Respir� hondo, llenando sus pulmones de aire fr�o, y lo exhal� lentamente. Sent�a tensi�n en todo el cuerpo. Esperaba o�r el sonido del ascensor, de las puertas abri�ndose, los cazadores de sombras irrumpiendo en el jard�n. Al principio se mostrar�an compasivos, pens�, se preocupar�an por �l. Pero despu�s, cuando comprendieran lo sucedido, llegar�a el escaqueo, los intercambios de miradas maliciosas cuando creyeran que no estaba mirando. Hab�a estado pose�do -no s�lo por un demonio, sino por un demonio mayor-, hab�a actuado contra la Clave, hab�a amenazado y herido a otro cazador de sombras.</p><p>Pens� en c�mo lo mirar�a Jocelyn cuando se enterara de lo que le hab�a hecho a Clary. Luke lo comprender�a, lo perdonar�a. Pero Jocelyn� Nunca hab�a sido capaz de armarse del valor necesario para hablar con franqueza con ella, para pronunciar las palabras que sab�a que podr�an tranquilizarla. �Amo a tu hija, m�s de lo que jam�s cre� que podr�a llegar a amar a nadie. Jam�s le har�a da�o.�</p><p>Ella se limitar�a a mirarlo, pensaba, con aquellos ojos verdes tan parecidos a los de Clary. Querr�a algo m�s que aquello. Querr�a o�rle decir lo que no estaba tan seguro de que fuera cierto.</p><p>�Yo no soy como Valentine.�</p><p>��Est�s seguro? -Fue como si el aire transportara las palabras, un susurro dirigido �nica y exclusivamente a sus o�dos-. No conociste a tu madre. No conociste a tu padre. Le entregaste tu coraz�n a Valentine cuando eras peque�o, como todos los ni�os hacen, y te convertiste en una parte de �l. No puedes separar eso de tu persona como si lo cortaras limpiamente con un cuchillo.�</p><p>Ten�a la mano izquierda fr�a. Baj� la vista y vio, para su sorpresa, que hab�a cogido el cuchillo -el cuchillo de plata grabada de su verdadero padre- y que lo ten�a en la mano. La hoja, pese a haber sido consumida por la sangre de Lilith, volv�a a estar entera y brillaba como una promesa. Por su pecho empez� a extenderse un fr�o que nada ten�a que ver con la temperatura ambiente. �Cu�ntas veces se hab�a despertado as�, jadeando y sudoroso, con el cuchillo en la mano? Y con Clary, siempre con Clary, muerta a sus pies.</p><p>Pero Lilith estaba muerta. Todo hab�a terminado. Intent� guardar el cuchillo en su cintur�n, pero era como si la mano no quisiese obedecer la orden que su cabeza estaba d�ndole. Sinti� un calor punzante en el pecho, un dolor virulento. Baj� la vista y vio que la l�nea ensangrentada que hab�a partido por la mitad la marca de Lilith, all� donde Clary le hab�a cortado con el cuchillo, hab�a cicatrizado. La marca brillaba rojiza sobre su pecho.</p><p>Jace dej� correr la idea de guardar el cuchillo en el cintur�n. Estaba aplicando tanta fuerza a la empu�adura que sus nudillos se hab�an puesto blancos y su mu�eca empezaba a torcerse hacia dentro, tratando de apuntar el pu�al contra s� mismo. El coraz�n le lat�a con fuerza. No hab�a aceptado que le aplicaran <emphasis>iratzes</emphasis>. �C�mo era posible que la Marca se hubiera curado tan r�pido? Si pudiera volver a cortarla, desfigurarla, aunque fuera s�lo temporalmente�</p><p>Pero la mano no le obedec�a. Y su brazo permaneci� r�gido en su costado mientras su cuerpo giraba, contra su voluntad, en direcci�n al pedestal donde yac�a el cuerpo de Sebastian.</p><p>El ata�d hab�a empezado a brillar, con una luz turbia y verdosa, casi el resplandor de una luz m�gica, pero aquella luz ten�a algo de doloroso, algo que parec�a perforar el ojo. Jace intent� retroceder, pero sus piernas no respondieron. Un sudor fr�o empez� a resbalarle por la espalda. Y una voz susurr� en su cabeza:</p><p>�Ven aqu��.</p><p>Era la voz de Sebastian.</p><p>��Te cre�as libre porque Lilith ya no est�? El mordisco del vampiro me ha despertado; y la sangre de Lilith que corre por mis venas te llama. Ven aqu�.�</p><p>Jace intent� quedarse clavado, pero su cuerpo lo traicionaba, arrastr�ndolo hacia adelante, por mucho que su mente consciente luchara contra ello. Aunque intentara recular, sus pies estaban gui�ndolo hacia el ata�d. El c�rculo pintado en el suelo lanz� fogonazos verdes cuando lo atraves� y el ata�d respondi� con un segundo destello de luz esmeralda. Y lleg� a su lado y mir� el interior.</p><p>Jace se mordi� el labio con fuerza, confiando en que el dolor lo hiciera salir de aquel estado de ensue�o en el que estaba sumido. Sabore� su propia sangre mientras miraba a Sebastian, que flotaba en el agua como un cad�ver ahogado. <emphasis>�stas son las perlas que fueron sus ojos</emphasis>. Su pelo era como una alga incolora, sus p�rpados cerrados estaban azules. La boca ten�a el perfil fr�o y duro de la boca de su padre. Era como estar mirando a un Valentine joven.</p><p>Sin querer, completamente en contra de su voluntad, las manos de Jace empezaron a ascender. Su mano izquierda acerc� el filo del cuchillo a la parte interior de su mu�eca derecha, en el punto donde se cruzaban la l�nea de la vida y la del amor.</p><p>Las palabras salieron de sus propios labios. Las oy� como si se pronunciaran desde una distancia inmensa. No eran en ning�n idioma que conociera o comprendiera, pero sab�a lo que eran: c�nticos rituales. Su cabeza estaba grit�ndole a su cuerpo que parara, pero era imposible. Descendi� su mano izquierda, agarrando su cuchillo con fuerza. La hoja abri� un corte limpio, seguro, superficial, en la palma de su mano derecha. Empez� a sangrar de forma casi instant�nea. Intent� retirar la mano, intent� replegar el brazo, pero era como si estuviera encajonado en cemento. Y mientras miraba horrorizado, las primeras gotas de sangre salpicaron la cara de Sebastian.</p><p>Los ojos de Sebastian se abrieron de repente. Eran negros, m�s negros que los de Valentine, tan negros como los de la diablesa que hab�a dicho ser su madre. Se quedaron clavados en Jace, como grandes espejos oscuros, devolvi�ndole el reflejo de su cara, contorsionada e irreconocible, su boca conformando las palabras del ritual, vomitando como un r�o de negras aguas un balbuceo ininteligible.</p><p>La sangre flu�a ahora en abundancia, confiri�ndole al l�quido turbio del interior del ata�d un color rojo m�s oscuro. Sebastian se movi�. El agua sanguinolenta se agit� y se derram� hacia el exterior cuando Sebastian se sent�, con los ojos negros clavados en Jace.</p><p>�La segunda parte del ritual -dijo su voz en el interior de la cabeza de Jace- ya est� casi completa.�</p><p>El agua ca�a como l�grimas. Su pelo claro, pegado a su frente, parec�a carecer por completo de color. Levant� una mano y la extendi�, y Jace, contrariando al grito que resonaba en su cabeza, le present� el cuchillo, la hoja en primer lugar. Sebastian desliz� la mano por toda la longitud de la fr�a y afilada hoja. La sangre brot� del corte que acababa de abrirse en su palma. Tir� el cuchillo y cogi� la mano de Jace, agarr�ndola con fuerza.</p><p>Era lo �ltimo que Jace se esperaba. Y era incapaz de moverse para retirarse. Sinti� todos y cada uno de los fr�os dedos de Sebastian enlazando su mano, presionando sus respectivos cortes sangrantes. Fue como ser agarrado por una mano de fr�o metal. Experiment� un escalofr�o, y luego otro, temblores f�sicos imponentes, tan dolorosos que daba la impresi�n de que estaban dobl�ndole al rev�s el cuerpo. Intent� gritar�</p><p>Y el grito muri� en su garganta. Baj� la vista hacia su mano, y hacia la de Sebastian, unidas. La sangre corr�a entre sus dedos y descend�a por sus mu�ecas, elegante como un encaje rojo. Brillaba bajo la fr�a luz el�ctrica de la ciudad. No se mov�a como un l�quido, sino como si cables rojos en movimiento unieran sus manos en una alianza granate.</p><p>Una curiosa sensaci�n de paz embarg� entonces a Jace. Fue como si desapareciera el universo y se encontrara en la cumbre de una monta�a, mientras el mundo se extend�a ante �l, completamente suyo si as� le apetec�a. Las luces de la ciudad ya no eran el�ctricas, sino que se hab�an transformado en un mill�n de estrellas que parec�an diamantes. Lo iluminaban con un resplandor benevolente que dec�a: �Esto es bueno. Esto es lo que tu padre habr�a querido�.</p><p>Vio mentalmente a Clary, su cara p�lida, su cabello rojo, su boca en movimiento, dando forma a las palabras: �En seguida vuelvo. Cinco minutos�.</p><p>Y entonces su voz empez� a desvanecerse al mismo tiempo que otra se alzaba por encima de ella, sofoc�ndola. La imagen mental se alej�, desvaneci�ndose e implorando en la oscuridad, igual que Eur�dice se desvaneci� cuando Orfeo se volvi� para mirarla una �ltima vez. La ve�a, con los blancos brazos tendidos hacia �l, pero despu�s las sombras se cernieron sobre ella y desapareci�.</p><p>En la cabeza de Jace hablaba otra voz, una voz conocida, odiada en su d�a, pero ahora extra�amente bienvenida. La voz de Sebastian. Era como si corriese por su sangre, por la sangre que pasaba de la mano de Sebastian a la suya, como una ardiente cadena.</p><p>�Ahora somos uno, hermanito, t� y yo�, dijo Sebastian.</p><p>�Somos uno.�</p></section></section><section><title><p>AGRADECIMIENTOS</p></title><p>Como siempre, la familia ofrece el apoyo esencial necesario para que una novela vea la luz: mi marido, Josh, mi madre y mi padre, Jim Hill y Kate Connor; la familia Eson; Melanie, Jonathan y Helen Lewis, Florence y Joyce. Este libro, m�s incluso que cualquier otro, fue el producto de un trabajo en grupo intenso, por lo que quiero dar las gracias a Delia Sherman, Holly Black, Sarah Rees Brennan, Justine Larbalestier, Elka Cloke, Robin Wasserman y, con una menci�n especial, a Maureen Johnson por prestarme su nombre para el personaje de Maureen. Gracias a Margie Longoria por apoyar Project Book Babe: Michael Garza, el propietario de Big Apple Deli, tiene el nombre de su hijo, Michael Eliseo Joe Garza. Como siempre, mi agradecimiento para mi agente, Barry Goldblatt, mi editora, Karen Wojtyla, y para Emily Fabre, por realizar cambios mucho tiempo despu�s de que pudieran realizarse cambios, Cliff Nielson y Russell Gordon por sus bellas cubiertas, y a los equipos de Simon and Schuster y Walker Books por hacer posible el resto de la magia. Y por �ltimo, mi agradecimiento a <emphasis>Linus</emphasis> y <emphasis>Lucy</emphasis>, mis gatos, que s�lo vomitaron una vez sobre mi manuscrito.</p><empty-line/><p><emphasis>Ciudad de los �ngeles ca�dos</emphasis> fue escrita con el programa Scrivener en San Miguel de Allende, M�xico.</p></section><section><title><p>Cassandra Clare</p></title><image l:href="#1"/><empty-line/><subtitle>***</subtitle><empty-line/><image l:href="#2"/></section></body><binary id="cover" 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