<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf</genre><author><first-name>Robert</first-name><middle-name>Charles</middle-name><last-name>Wilson</last-name></author><book-title>Spin</book-title><annotation><p>Tres adolescentes, los gemelos Diane y Jason Lawton y su mejor amigo, Tyler Dupree, contemplan las estrellas cuando, de repente, �stas se apagan. Ha nacido el Spin, un peculiar escudo alrededor del planeta, de origen y objetivo desconocidos. Spin trata de los extra�os a�os en la vida de este tr�o, mientras el Universo ver� transcurrir tres mil millones de a�os al otro lado del escudo que resulta ser, tambi�n, una discontinuidad temporal creada por fuerzas e ingenieros desconocidos, los misteriosos Hipot�ticos.</p><p>Jason, un genio, invertir� su vida de c�libe en una lucha contra el tiempo para descubrir los porqu�s del Spin, siguiendo primero los dictados de su poderoso padre y enfrent�ndose a �l en momentos crucialess, Tyler se convertir� en m�dico y ser� el narrador de la historia gracias a ser el amigo y confidente de Jason, mientras mantiene oculto su amor, nunca correspondido, por Diane, la �nica que se dejar� llevar por el nuevo fanatismo religioso que el Spin desencadena irremediablemente. Aprovechando el tiempo al otro lado del escudo, se terraformar� Marte y la llegada posterior de un descendiente de humanos nacido en Marte centrado en las biotecnolog�as ofrece la posibilidad de entrar en el Cuarto Estado, �una madurez m�s all� de la madures�, casi una inmortalidad�</p><empty-line/><p>Premio Hugo 2006.</p></annotation><date>2008</date><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang><src-lang>en</src-lang><translator><first-name>Xavier</first-name><middle-name>Riesco</middle-name><last-name>Riquelme</last-name></translator><sequence name="Spin (es)" number="01"/></title-info><src-title-info><genre>sf</genre><author><first-name>Robert</first-name><middle-name>Charles</middle-name><last-name>Wilson</last-name></author><book-title>Spin</book-title><date>2005</date><lang>en</lang></src-title-info><document-info><author><nickname>Verdi1</nickname></author><program-used>Fiction Book Designer, FictionBook Editor Release 2.6, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2011-12-16">16.12.2011</date><id>FBD-052314-AB64-EE41-D4AF-9315-24C3-8A1B7D</id><version>1.0</version></document-info><publish-info><book-name>Spin</book-name><publisher>Libros del Atril</publisher><city>Barcelona</city><year>2008</year><isbn>978-84-96938-03-8</isbn></publish-info></description><body><title><p>Robert Charles Wilson</p><p>Spin</p></title><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C.</p></title><p>Todo el mundo cae, y todos aterrizamos en alg�n lado.</p><p>As� que alquilamos una habitaci�n en el tercer piso de un hotel de estilo colonial en Padang, donde pasar�amos desapercibidos durante un tiempo.</p><p>Novecientos euros por noche nos compraron privacidad y una vista del oc�ano �ndico desde la terraza. Durante los d�as despejados, y �sos no escasearon durante los �ltimos d�as, pod�amos ver la parte m�s cercana del Arco: una l�nea vertical del color de las nubes que se alzaba desde el horizonte y desaparec�a, todav�a en ascenso, en una neblina azul. Por impresionante que pareciera, desde la costa oeste de Sumatra s�lo una fracci�n de toda la estructura era visible. El otro extremo del Arco descend�a sobre las cimas submarinas de la cordillera Carpenter, a m�s de mil kil�metros de distancia, pasando por encima de la fosa de las Mentawai como una diadema nupcial que descansara, puesta hacia arriba, sobre un charco poco profundo. Sobre tierra firme, hubiera ido desde Bombay en la costa este de la India hasta Madras en la costa oeste. O, m�s o menos, de Nueva York a Chicago.</p><p>Diane hab�a pasado la mayor parte de la tarde en la terraza, sudando a la sombra de una deste�ida sombrilla a rayas. La vista le fascinaba, y me sent�a aliviado y agradecido porque as� fuera; de que despu�s de todo lo que hab�a ocurrido, a�n fuera capaz de encontrar placer en algo as�.</p><p>Me un� a ella al ocaso. La puesta del sol era el mejor momento. Un carguero que bajaba por la costa en direcci�n al puerto de Teluk Bayur se convirti� en un collar de luces en la oscuridad cercana a la costa, desliz�ndose sin esfuerzo. El extremo m�s cercano del Arco brillaba como un clavo rojo y pulido que sujetara el cielo al mar. Observamos c�mo la sombra de la Tierra trepaba por la columna mientras se oscurec�a la ciudad.</p><p>Era una tecnolog�a, seg�n la famosa cita, �indistinguible de la magia�. �Qu� otra cosa sino magia permitir�a el flujo ininterrumpido de aire y mar desde la bah�a de Bengala al oc�ano �ndico, pero que a su vez transportar�a a un nav�o de superficie a puertos a�n m�s extra�os? �Qu� milagro de la ingenier�a permit�a a una estructura de un millar de kil�metros de radio sostener su propio peso? �De qu� estaba hecho, y c�mo hac�a lo que hac�a?</p><p>Quiz� s�lo Jason Lawton podr�a haber respondido a esas preguntas. Pero Jason no estaba con nosotros.</p><p>Diane se enderez� en la tumbona; su vestido amarillo y su c�micamente amplio sombrero de paja hab�an quedado reducidos por la oscuridad que se acumulaba a geometr�as de sombras. Su piel era clara, tersa, de un color avellana, sus ojos captaron la luz postrera de manera encantadora, pero su expresi�n segu�a siendo de preocupaci�n. Eso no hab�a cambiado.</p><p>Alz� la vista en mi direcci�n.</p><p>�Llevas todo el d�a inquieto.</p><p>�Estoy pensando en escribir algo �dije�. Antes de que empiece. Una especie de memorias.</p><p>��Tienes miedo de lo que puedas perder? Pero ese miedo es irracional. No es como si se te fuera a borrar la memoria.</p><p>No, no me la borrar�a; pero exist�a la posibilidad de que quedara borrosa, desenfocada, deformada. Los otros efectos secundarios de la droga eran temporales y soportables, pero la posibilidad de una p�rdida de memoria me aterrorizaba.</p><p>�De todas formas �dijo ella�, las probabilidades est�n a tu favor. Lo sabes mejor que nadie. <emphasis>Hay </emphasis>un riesgo� pero es <emphasis>s�lo </emphasis>un riesgo, y uno muy bajo.</p><p>Y si le ocurriera a ella, en ese caso puede que entonces fuera una bendici�n.</p><p>�Aun as�dije�. Me sentir� mejor si escribo algo.</p><p>�Si no quieres seguir adelante con esto, no tienes por qu� hacerlo. Ya sabr�s cuando est�s preparado.</p><p>�No. Quiero hacerlo. �O eso me dije a m� mismo.</p><p>�Entonces hay que empezar esta noche.</p><p>�Lo s�. Pero durante las pr�ximas semanas�</p><p>�Probablemente no tendr�s ganas de escribir nada.</p><p>�A menos que no pueda evitarlo. �La grafoman�a era uno de los efectos secundarios potenciales menos alarmantes.</p><p>�Ya veremos qu� opinas cuando te golpee la n�usea. �Me dedic� una sonrisa consoladora�. Supongo que todos tenemos algo que tememos dejar atr�s.</p><p>Era un comentario inquietante, y uno en el que no quer�a pensar.</p><p>�Mira �dije�, quiz� deber�amos empezar a prepararnos.</p><p>El aire ol�a a tr�pico, con un rastro de cloro procedente de la piscina del hotel tres pisos por debajo. Padang era un importante puerto internacional en esos d�as, lleno de extranjeros: hind�es, filipinos, coreanos e incluso americanos extraviados como Diane y yo, gente que no pod�a permitirse transporte de lujo y que no estaba cualificada para entrar en los programas de reasentamiento aprobados por la ONU. Era una ciudad vital, pero tambi�n a menudo sin ley, especialmente desde que los Nuevos Reformasi<a l:href="#n_1" type="note">[1]</a> ab�an llegado al poder en Yakarta.</p><p>Pero el hotel era seguro y las estrellas brillaban con toda su gloria desperdigada. La cima del Arco era el objeto m�s brillante del cielo, una delicada letra �U� (�nico, Unificador) escrita boca abajo por un dios disl�xico. Cog� a Diane de la mano mientras contempl�bamos c�mo se desvanec�a.</p><p>��En qu� piensas? �me pregunt�.</p><p>�En la �ltima vez que vi las viejas constelaciones. �Virgo, Leo, Sagitario: el l�xico de los astr�logos reducido a notas a pie de p�gina en el libro de la historia.</p><p>�Desde aqu� se hubieran visto de manera diferente, �no? �ste es el hemisferio sur.</p><p>Supuse que s�.</p><p>Entonces, en la plena oscuridad de la noche, volvimos a la habitaci�n. Encend� las luces mientras Diane cerraba las persianas y sacaba la jeringuilla y la ampolla que le hab�a ense�ado a usar. Llen� la jeringuilla est�ril, frunci� el ce�o y dio unos golpecitos para eliminar una burbuja. Parec�a una profesional, pero le temblaba la mano.</p><p>Me quit� la camisa y me tumb� en la cama.</p><p>�Tyler�</p><p>De repente era ella la que ten�a reparos.</p><p>�Nada de echarse atr�s �dije�. S� en lo que me estoy metiendo. Ya lo hemos discutido una docena de veces.</p><p>Asinti� y me frot� el interior del codo con alcohol. Sosten�a la jeringuilla en la mano derecha, con la aguja hacia arriba. La peque�a cantidad de fluido en su interior parec�a tan inofensiva como el agua.</p><p>�Eso fue hace mucho tiempo �dijo ella.</p><p>��El qu�?</p><p>�Aquella vez que contemplamos las estrellas.</p><p>�Me alegra que no lo hayas olvidado.</p><p>�Claro que no lo he olvidado. Cierra el pu�o.</p><p>El dolor fue trivial. Al menos al principio.</p></section><section><title><p>La Gran Casa</p></title><p>Ten�a doce a�os, y los gemelos trece, la noche en que las estrellas desaparecieron del cielo.</p><p>Era octubre, un par de semanas antes de Halloween, y a los tres nos hab�an ordenado quedarnos en el s�tano de la Casa Lawton, a la que llam�bamos la Gran Casa, mientras durara la reuni�n social s�lo para adultos.</p><p>Estar confinados en el s�tano no era ning�n tipo de castigo. No para Diane y Jason, que pasaban gran parte de su tiempo all� por gusto; y desde luego no para m�. Su padre hab�a delimitado una estricta frontera entre las zonas de adultos de la casa y las de ni�os, pero ten�amos una plataforma de juegos de �ltima generaci�n, pel�culas en disco e incluso una mesa de billar� y ninguna supervisi�n adulta excepto una de las camareras, una tal se�ora Truall, que cada hora o as� se escapaba de su tarea de servir canap�s y bajaba a informarnos de las novedades de la fiesta. (Un tipo de Hewlett-Packard hab�a conseguido quedar mal ante la mujer de un columnista del <emphasis>Post. </emphasis>Ten�amos un senador borracho como una cuba en el estudio). Lo �nico que nos faltaba, seg�n Jason, era silencio (el sistema de sonido del piso de arriba atronaba con m�sica de baile que nos llegaba atravesando el techo como el latido del coraz�n de un ogro) y poder ver el cielo.</p><p>Silencio y ver el cielo: Jase, como era t�pico en �l, hab�a decidido que quer�a ambas cosas.</p><p>Diane y Jason hab�an nacido con minutos de diferencia pero eran obviamente m�s bien hermanos que gemelos id�nticos; nadie excepto su madre los llamaba gemelos. Jason sol�a decir que eran el resultado de �espermatozoides dipolares que penetraron en �vulos con cargas opuestas�. Diane, cuyo IQ era casi tan impresionante como el de su hermano, pero que manten�a su vocabulario atado con una correa m�s corta, hac�a la comparaci�n de �prisioneros diferentes que escaparon de la misma celda�<a l:href="#n_2" type="note">[2]</a>.</p><p>Ambos me hac�an sentirme intimidado.</p><p>Jason, a los trece a�os, no s�lo era tan listo que daba miedo sino que adem�s estaba en buena forma f�sica: no era especialmente musculoso, pero s� vigoroso y sol�a ganar en las carreras y en los deportes de competici�n. Med�a ya casi metro ochenta en aquel entonces, era flacucho y su rostro desgarbado se ve�a redimido por una sonrisa torcida pero genuina. Su cabello, en aquellos d�as, era rubio y estropajoso.</p><p>Diane med�a unos doce cent�metros menos que �l, rechoncha s�lo si se la comparaba con su hermano, y de piel m�s oscura. Su complexi�n era clara exceptuando las pecas que rodeaban sus ojos y le daban un aspecto de m�scara: �Mi antifaz de mapache�, sol�a decir. Lo que m�s me gustaba de Diane, y yo ya hab�a llegado a una edad en la que esos detalles cobraban una importancia pobremente comprendida pero innegable, era su sonrisa. Rara vez sonre�a, pero cuando lo hac�a era espectacular. Estaba convencida de que sus dientes eran demasiado prominentes (y estaba equivocada), y hab�a tomado el h�bito de cubrirse la boca cuando se re�a. Me gustaba hacerla re�r, pero era su sonrisa lo que anhelaba en secreto.</p><p>La semana pasada, el padre de Jason le hab�a regalado unos caros binoculares de astronom�a. Hab�a estado jugueteando con ellos durante toda la tarde, mirando el p�ster de viaje que hab�a encima de la tele, fingiendo ver Canc�n desde las afueras de Washington, hasta que al final se levant� y dijo:</p><p>�Tenemos que salir a ver el cielo.</p><p>�No �dijo Diane al instante�. Ah� fuera hace fr�o.</p><p>�Pero est� despejado. Es la primera noche despejada de esta semana. Y s�lo hace un poco de fresco.</p><p>�Esta ma�ana hab�a hielo en el c�sped.</p><p>�Escarcha �contraatac� Jason.</p><p>�Es m�s de medianoche.</p><p>�Es viernes por la noche.</p><p>�Se supone que no podemos salir del s�tano.</p><p>�Se supone que no debemos perturbar la fiesta. Nadie dijo nada acerca de salir al exterior. Nadie nos ver�, si lo que pasa es que tienes miedo de que nos pillen.</p><p>�No tengo miedo de que nos pillen.</p><p>�Y entonces, �de qu� <emphasis>tienes </emphasis>miedo?</p><p>�De que se me congelen los pies mientras te escucho parlotear.</p><p>Jason se volvi� hacia m�.</p><p>��Y t� qu�, Tyler? �Quieres venir a ver el cielo?</p><p>Para mi pesar, los gemelos a menudo me ped�an que arbitrara sus discusiones. Era una posici�n en la que saldr�a perdiendo hiciera lo que hiciera. Si me alineaba con Jason, me pondr�a en contra de Diane; pero si me pon�a de parte de Diane demasiado a menudo, entonces parecer�a� bueno, parecer�a obvio. As� que le dije:</p><p>�Pues no s�, Jase, fuera hace bastante fr�o�</p><p>Fue Diane la que me permiti� salirme de la trampa. Me puso una mano en el hombro y me dijo:</p><p>�No te preocupes. Supongo que un poco de aire fresco ser� mejor que tener que escuchar sus quejas.</p><p>As� que cogimos nuestras chaquetas del pasillo del s�tano y salimos por la puerta de atr�s.</p><p>La Gran Casa no era tan grandiosa como implicaba el nombre que le hab�amos puesto, pero era m�s grande que el hogar medio en este barrio de clase media-alta y ten�a una parcela de terreno mayor que las dem�s. Una gran extensi�n ondulante de c�sped bien cuidado daba a un grupo de pinos silvestres que bordeaban un arroyo algo contaminado. Jason escogi� un lugar para mirar las estrellas a medio camino entre la casa y el pinar.</p><p>Octubre hab�a sido agradable hasta ayer, cuando un frente fr�o hab�a acabado con el veranillo de San Juan. Diane se abraz� las costillas y tirit� ostensiblemente, pero s�lo para castigar a Jason. El aire nocturno era simplemente fresco, no helado. El cielo estaba cristalino y la hierba relativamente seca, aunque posiblemente de madrugada volver�a a helar. No hab�a luna ni rastro de nubes. La Gran Casa estaba iluminada como un barco fluvial del Misisipi y proyectaba su feroz luminiscencia amarillenta por todo el c�sped, pero sab�amos por experiencia que en noches como �sa, si te pon�as en la sombra de un �rbol, desaparec�as de la vista como si hubieras ca�do en un agujero negro.</p><p>Jason se tumb� de espaldas y apunt� sus binoculares al cielo estrellado.</p><p>Me sent� con las piernas cruzadas junto a Diane y observ� c�mo sacaba del bolsillo de su chaqueta un cigarrillo, que probablemente le hab�a robado a su madre (Carol Lawton, cardi�loga y supuestamente exfumadora, guardaba en secreto cajetillas de cigarrillos en su c�moda, su escritorio y en un caj�n de la cocina. Mi madre me lo hab�a contado). Se llev� el cigarrillo a los labios y lo encendi� con un mechero trasl�cido; moment�neamente, la llama fue lo m�s brillante en la noche; y exhal� una vaharada de humo que remoline� vigorosamente en la oscuridad.</p><p>Me pill� observ�ndola.</p><p>��Quieres una calada?</p><p>�Tiene doce a�os �dijo Jason�. Ya tiene suficientes problemas. No necesita un c�ncer de pulm�n.</p><p>�Claro �dije yo. Ahora ya se trataba de un asunto de honor.</p><p>Diane, con expresi�n divertida, me pas� el cigarrillo. Inhal� tentativamente y me las arregl� para no toser.</p><p>Me lo retir�.</p><p>�No te entusiasmes demasiado.</p><p>�Tyler �dijo Jason�, �sabes algo acerca de las estrellas?</p><p>Aspir� un buen trago de aire fresco y limpio.</p><p>�Por supuesto que s�.</p><p>�No quiero decir lo que aprendes leyendo esas novelas de bolsillo. �Puedes <emphasis>nombrar </emphasis>alguna estrella?</p><p>Me sonroj�, pero esperaba que en la oscuridad no se notara.</p><p>�Arturo �dije�, Alfa Centauri. Sirio. La estrella Polar�</p><p>��Y cu�l �pregunt� Jason� es el sistema originario de los klingon?</p><p>�No seas malo �dijo Diane.</p><p>Los gemelos eran precozmente inteligentes. Yo no era precisamente tonto, pero ambos me superaban por mucho, y todos lo sab�amos. Iban a una escuela para ni�os excepcionales; yo cog�a el autob�s para ir a la escuela p�blica. Era una de las diferencias obvias entre nosotros. Ellos viv�an en la Gran Casa, yo viv�a con mi madre en el b�ngalo situado en el rinc�n este del terreno; sus padres ten�an carreras, mi madre les limpiaba la casa. De alguna forma, �ramos capaces de aceptar esas diferencias sin convertirlas en una brecha insalvable.</p><p>�Vale �dijo Jason�, �puedes se�alar la estrella Polar?</p><p>Polaris, la estrella del Norte. Hab�a estado leyendo sobre la esclavitud y la guerra civil. En aquellos tiempos hab�a una canci�n de esclavos fugitivos que dec�a:</p><poem><stanza><v>Cuando vuelva el sol y oigas a la primera codorniz</v><v>Sigue al Cazo</v><v>El viejo te espera para llevarte a la libertad</v><v>Cuando sigas al Cazo</v></stanza></poem><p>�Cuando vuelva el sol� quer�a decir despu�s del solsticio de invierno. El invierno de la codorniz, como se conoc�a en el Sur. El Cazo era la Osa Mayor, y el recipiente del cazo se�alaba a la estrella Polar, que estaba justo al norte, la direcci�n de la libertad: encontr� el Cazo y mene� la mano en la direcci�n general esperando acertar.</p><p>��Ves? �le dijo Diane a Jason, como si hubiera demostrado un argumento en una discusi�n de la que no se hab�an molestado en hacerme part�cipe.</p><p>�No est� mal �concedi� Jason�. �Sabes lo que es un cometa?</p><p>�S�.</p><p>��Quieres ver uno?</p><p>Asent� y me tumb� a su lado, todav�a lamentando el sabor agrio del cigarrillo de Diane en mi boca. Jason me mostr� c�mo apoyar los codos en el suelo, luego me permiti� que me llevara los binoculares a los ojos y que ajustara el enfoque hasta que las estrellas se convirtieron en �valos borrosos y luego en puntas de alfiler, m�s de las que pod�a ver a simple vista. Recorr� el cielo hasta que encontr�, o supuse que hab�a encontrado, el punto al que Jason me hab�a dirigido: un diminuto n�dulo de fosforescencia contra la despiadada negrura del cielo.</p><p>�Un cometa� �comenz� a decir Jason.</p><p>�Lo s�. Un cometa es una especie de bola de nieve sucia que cae hacia el sol.</p><p>�Se podr�a decir as�. �El tono era desde�oso�. �Sabes de d�nde vienen los cometas, Tyler? Vienen del l�mite del sistema solar� de una especie de halo de hielo alrededor del sol que comienza en la �rbita de Plut�n y se extiende hasta llegar a mitad de camino a la estrella m�s cercana. Ah� fuera hace m�s fr�o de lo que podr�as imaginar jam�s.</p><p>Asent�, sinti�ndome un poco inc�modo. Hab�a le�do la suficiente ciencia ficci�n para entender la indescriptible e inconcebible enormidad del cielo nocturno. Era algo en lo que a veces me gustaba pensar, aunque pod�a ser un poco intimidante cuando lo hac�a en el momento equivocado de la noche, cuando la casa estaba en silencio y a oscuras.</p><p>��Diane? �dijo Jason�. �Quieres mirar?</p><p>��Tengo que hacerlo?</p><p>�No, por supuesto que no tienes que hacerlo. Puedes quedarte ah� sentada ahum�ndote los pulmones y babeando, si lo prefieres.</p><p>�Listillo. �Aplast� el cigarrillo en la hierba y tendi� la otra mano. Le pas� los binoculares.</p><p>�Ten cuidado con eso. �Jase estaba profundamente enamorado de sus binoculares. Todav�a ol�an a pl�stico de embalaje y poliestireno.</p><p>Diane ajust� el enfoque y mir�. Se qued� en silencio durante un momento, y luego dijo:</p><p>��Sabes lo que veo cuando uso esta cosa para mirar a las estrellas?</p><p>��Qu�?</p><p>�Las mismas viejas estrellas de siempre.</p><p>�Usa tu imaginaci�n �dijo Jason. Parec�a realmente enfadado.</p><p>�Si puedo usar mi imaginaci�n �para qu� necesito los binoculares?</p><p>�Quiero decir que pienses en lo que est�s contemplando.</p><p>�Oh �dijo Diane. Y luego�: Oh. �Oh! Jason, veo�</p><p>��Qu�?</p><p>�Creo que� s� �es Dios! �Y tiene una gran barba blanca! �Y lleva una pancarta! �Y en la pancarta pone� Jason es idiota!</p><p>�Muy divertido. Si no sabes usarlos, devu�lvemelos.</p><p>Jason le tendi� la mano; ella le ignor�. Se sent� en la hierba y dirigi� los binoculares a las ventanas de la Gran Casa.</p><p>La fiesta segu�a a toda marcha desde por la tarde. Mi madre me hab�a dicho que las fiestas de los Lawton eran �sesiones intensivas de peloteo para jefazos corporativos�, pero ten�a un desarrollado sentido de la hip�rbole, as� que hab�a que tomarse lo que dec�a con precauci�n. La mayor�a de los invitados, seg�n hab�a dicho Jason, eran gente prometedora de la industria aeroespacial o personal que trabajaba para pol�ticos. No de la vieja alta sociedad de Washington, sino reci�n llegados adinerados con ra�ces en el oeste y conexiones en la industria de defensa. E. D. Lawton, el padre de Jason y Diane, celebraba uno de esos acontecimientos sociales cada tres o cuatro meses.</p><p>�Negocios como de costumbre �dijo Diane desde detr�s de los �valos gemelos de los binoculares�. Baile y bebida en el primer piso. M�s bebida que baile, llegados a este punto. Parece que la cocina est� cerrando. Creo que los camareros est�n a punto de irse a casa. Las cortinas est�n corridas en el estudio. E. D. est� en la biblioteca con un par de tipos importantes. � Ag! Uno de ellos se est� fumando un puro.</p><p>�Tu asco es poco convincente �dijo Jason�. Se�orita Marlboro.</p><p>Diane prosigui� catalogando las ventanas invisibles mientras Jason se acercaba m�s a m�.</p><p>�Mu�strale el universo �me susurr�, y preferir� ponerse a espiar una fiesta.</p><p>No sab�a c�mo responder a eso. Como gran parte de lo que dec�a Jason, me sonaba m�s ingenioso y sagaz que cualquier cosa que se me hubiera podido ocurrir a m�.</p><p>�Mi dormitorio �dijo Diane�. Vac�o, gracias a Dios. El dormitorio de Jason, vac�o, exceptuando el ejemplar de <emphasis>Penthouse </emphasis>bajo el colch�n�</p><p>�Los binoculares son buenos, pero no tanto.</p><p>�El dormitorio de Carol y E. D., vac�o; el dormitorio de invitados�</p><p>��Y bien?</p><p>Pero Diane no dijo nada. Se qued� sentada completamente inm�vil con los binoculares pegados a los ojos.</p><p>�� Diane? �dije.</p><p>Diane se qued� en silencio unos segundos m�s. Entonces se estremeci�, se gir� y le tir�, le lanz�, los binoculares a Jason, que protest� pero no pareci� entender que Diane acababa de ver algo que le hab�a resultado perturbador. Estaba a punto de preguntarle si se encontraba bien�</p><p>Y en ese momento desaparecieron las estrellas.</p><p>No fue gran cosa.</p><p>La gente a menudo lo dice as�, la gente que lo vio ocurrir. No fue gran cosa. La verdad es que no lo fue, y lo digo como testigo: estaba contemplando el cielo mientras Diane y Jason re��an. No ocurri� nada excepto un momento de un extra�o resplandor que dej� una especie de imagen de sobreexposici�n de las estrellas en mis retinas en una fosforescencia verde y fr�a. Parpade� y Jason dijo:</p><p>��Qu� fue eso? �Un rel�mpago?</p><p>Y Diane segu�a sin decir nada.</p><p>�Jason �dije, parpadeando todav�a. ��Qu�? Diane, juro ante Dios que como hayas roto una lente de los�</p><p>�C�llate �dijo Diane.</p><p>Y entonces dije.</p><p>�Callaos los dos. Mirad. �Qu� le ha ocurrido a las estrellas? Ambos alzaron las cabezas hacia el cielo.</p><p>De los tres, s�lo Diane estaba preparada para creer que las estrellas hab�an �desaparecido� de verdad, que se hab�an extinguido como velas al viento. Eso era imposible, insisti� Jason: la luz de esas estrellas hab�a viajado cincuenta, o cien, o cien millones de a�os luz, dependiendo del origen; desde luego que no hab�an dejado todas de brillar siguiendo una secuencia infinitamente elaborada dise�ada para que el apag�n pareciera simult�neo desde la Tierra. De todas formas, se�al�, el sol tambi�n era una estrella, y todav�a segu�a brillando, al menos al otro lado del planeta� �no?</p><p>Por supuesto que s�. Y si no, dijo Jason, todos estar�amos congelados y muertos para cuando llegara el d�a.</p><p>As� que, l�gicamente, las estrellas segu�an brillando pero no pod�amos verlas. No hab�an desaparecido, sino que estaban oscurecidas: eclipsadas. S�, el cielo se hab�a vuelto repentinamente una negrura de �bano, pero se trataba de un misterio, no de una cat�strofe.</p><p>Pero otro aspecto del comentario de Jason se hab�a enquistado en mi imaginaci�n. �Y si el sol en realidad hab�a <emphasis>desaparecido? </emphasis>Me imagin� la nieve cayendo en una oscuridad perpetua, y luego, supuse, el mismo aire congel�ndose en otra clase de nieve, hasta que toda la civilizaci�n humana quedara enterrada bajo lo que respir�bamos. Era mejor, vaya si lo era, suponer que las estrellas hab�an sido �eclipsadas�. Pero �qu� lo hab�a hecho?</p><p>�Bueno, obviamente, algo enorme. Algo r�pido. �Viste como ocurr�a, Tyler? �Ocurri� todo de repente o algo atraves� el cielo?</p><p>Le cont� que las estrellas hab�an brillado m�s de lo normal y que luego se apagaron, todas a la vez.</p><p>�Que le den a las putas estrellas �dijo Diane. (Me qued� estupefacto: puta no era una palabra que ella acostumbrara a usar, aunque Jase y yo la us�bamos con bastante libertad ahora que nuestra edad hab�a alcanzado las dos cifras. Muchas cosas hab�an cambiado en ese verano).</p><p>Jason se percat� de la ansiedad en la voz de Diane.</p><p>�No creo que haya nada que temer �dijo, aunque estaba claramente inquieto.</p><p>Diane simplemente le dedic� un fruncimiento de ce�o.</p><p>�Tengo fr�o �dijo.</p><p>As� que decidimos volver a la Gran Casa y ver si la noticia hab�a llegado a la CNN o a la CNBC. El cielo sobre nuestras cabezas mientras cruz�bamos el c�sped era inquietante, completamente negro, sin peso pero opresor, m�s oscuro que cualquier otro cielo que jam�s hubiera visto.</p><p>�Tenemos que cont�rselo a E. D. �dijo Jason.</p><p>�Cu�ntaselo t� �dijo Diane.</p><p>Jase y Diane llamaban a sus padres por sus nombres de pila porque Carol Lawton se imaginaba que ten�a una familia progresista. La realidad era m�s compleja. Carol era permisiva, pero no se involucraba mucho en las vidas de los gemelos, mientras E. D. se ocupaba sistem�ticamente de preparar a un heredero. Ese heredero, por supuesto, era Jason. Jason adoraba a su padre. Diane le ten�a miedo.</p><p>Sab�a que no era inteligente por mi parte aparecer en la zona adulta cuando el acontecimiento social de los Lawton estaba llegando a su alcoh�lico final; as� que Diane y yo nos ocultamos en la zona desmilitarizada detr�s de una puerta mientras Jason encontraba a su padre en la habitaci�n contigua. No pudimos o�r la conversaci�n resultante en detalle, pero no hab�a forma de malinterpretar el tono de voz de E. D: agresivo, impaciente y malhumorado. Jason volvi� al s�tano con el rostro enrojecido y al borde de las l�grimas, y yo me excus� y me dirig� a la puerta de atr�s.</p><p>Diane me alcanz� en el pasillo. Me puso la mano en la mu�eca como si quisiera anclarnos juntos.</p><p>�Tyler �dijo�. Saldr�, �verdad? El sol, quiero decir, por la ma�ana. S� que es una pregunta est�pida. Pero el sol <emphasis>saldr�,</emphasis> �no?</p><p>Parec�a completamente desolada. Empec� a decir algo impertinente, del estilo de �todos estaremos muertos si no sale�, pero su ansiedad me provoc� dudas propias. �Qu� hab�amos visto exactamente, y qu� implicaba? Jason claramente hab�a sido incapaz de convencer a su padre de que algo importante hab�a ocurrido en el cielo esa noche, as� que quiz� nos est�bamos asustando por nada. Pero �y si el mundo se acababa y s�lo nosotros tres lo sab�amos?</p><p>�Todo ir� bien �dije.</p><p>Me mir� entre mechones de pelo lacio.</p><p>��T� te crees eso?</p><p>Intent� sonre�r.</p><p>�Al noventa por ciento.</p><p>�Pero te quedar�s despierto toda la noche, �no?</p><p>�Puede. Seguramente. �No ten�a ganas de dormir.</p><p>Me hizo un gesto con el pulgar y el me�ique imitando un auricular.</p><p>��Puedo llamarte m�s tarde?</p><p>�Claro.</p><p>�Probablemente no podr� dormir. Y� ya s� que suena tonto, pero en caso de que me quede dormida� �me llamar�s tan pronto como salga el sol?</p><p>Le dije que s�.</p><p>�Me lo prometes.</p><p>�Te lo prometo. �Me emocionaba que me lo hubiera pedido.</p><p>La casa en la que viv�a con mi madre era un bonito b�ngalo de listones en el extremo este de la propiedad Lawton. Un jardincillo de rosas cercado por una valla de tablones de pino rodeaba los escalones de la entrada, las rosas hab�an florecido hasta bien entrado el oto�o, pero se hab�an marchitado ante el reciente frente de aire fr�o. En medio de aquella noche sin luna, sin nubes y sin estrellas, el porche refulg�a como una baliza.</p><p>Entr� en silencio. Mi madre hac�a ya horas que se hab�a retirado a su dormitorio. La peque�a sala de estar estaba ordenada exceptuando un vaso de chupito sobre una mesilla: mi madre era una abstemia absoluta cinco d�as a la semana pero tomaba un poco de whisky los fines de semana. Sol�a decir que s�lo ten�a dos vicios, y que un trago los s�bados por la noche era uno de ellos. (Una vez le pregunt� que cu�l era el otro y me dedic� una larga mirada y me dijo: �tu padre�. No insist� en el tema).</p><p>Me tumb� en el sof� vac�o con un libro y le� un rato hasta que Diane me llam�, menos de una hora despu�s. Lo primero que me dijo fue:</p><p>��Has encendido la tele?</p><p>��Deber�a?</p><p>�No te molestes. No est�n dando nada.</p><p>�Bueno, ya sabes, son las dos de la madrugada.</p><p>�No, quiero decir que no hay nada de nada. Hay programas publicitarios en los canales de cable local, pero nada m�s. �Qu� significa eso, Tyler?</p><p>Lo que significaba es que todo sat�lite que hubiera en �rbita se hab�a desvanecido junto con las estrellas. Los sat�lites de telecomunicaciones, meteorol�gicos, los militares, el sistema GPS: todos hab�an sido desconectados en un instante. Pero no lo sab�a, y tampoco pod�a explic�rselo a Diane.</p><p>�Puede significar cualquier cosa.</p><p>�Es un poco atemorizador.</p><p>�Probablemente no sea nada de lo que preocuparse.</p><p>�Espero que no. Y me alegra que todav�a est�s despierto.</p><p>Una hora m�s tarde me volvi� a llamar con m�s novedades. Internet tambi�n hab�a desaparecido en combate. Y la televisi�n local hab�a empezado a informar sobre vuelos cancelados en Reagan y los aeropuertos regionales, advirtiendo a la gente de que llamara para asegurarse.</p><p>�Pero he visto aviones volando durante toda la noche. �Hab�a visto sus luces de posici�n desde la ventana del dormitorio, estrellas falsas que se mov�an con rapidez �. Supongo que ser�n los militares. Puede que sea cosa de terroristas.</p><p>�Jason est� en su habitaci�n con una radio. Est� escuchando estaciones de Boston y Nueva York. Dice que est�n hablando de actividad militar y de aeropuertos cerrados, pero nada de terrorismo� y nada sobre las estrellas.</p><p>�Alguien debe de haberse dado cuenta.</p><p>�Si es as�, no lo han dicho. Quiz� tengan �rdenes de no mencionarlo. Tampoco han mencionado el amanecer.</p><p>��Y por qu� tendr�an que hacerlo? El sol saldr� en �cu�nto? �menos de una hora? Lo que significa que ya est� amaneciendo sobre el oc�ano. Por la costa atl�ntica. Los barcos ya lo deben haber visto. Ya lo veremos, dentro de poco.</p><p>�Eso espero. �Parec�a simult�neamente asustada y avergonzada�. Espero que tengas raz�n.</p><p>�Ya ver�s c�mo s�.</p><p>�Me gusta tu voz, Tyler. �Te lo he dicho alguna vez? Tienes una voz que da confianza.</p><p>Aunque lo que dijera fueran gilipolleces.</p><p>Pero el halago me afect� m�s de lo que quer�a que ella supiera. Me qued� pensando en ello despu�s de que colgara. Lo volv� a repetir una y otra vez en mi cabeza, por la c�lida sensaci�n que me provocaba. Diane me llevaba un a�o, y tambi�n era tres veces m�s sofisticada que yo� as� que �por qu� me sent�a repentinamente tan protector con ella, y por qu� deseaba que estuviera cerca para poder tocar su cara y prometerle que todo ir�a bien? Era un enigma casi tan urgente y perturbador como lo que le hubiera ocurrido al cielo.</p><empty-line/><p>Volvi� a llamarme a las cinco menos diez, cuando casi me hab�a quedado dormido pese a mis intenciones, completamente vestido. Saqu� el tel�fono del bolsillo de mi camisa.</p><p>��Diga?</p><p>�Soy yo. Sigue estando oscuro, Tyler.</p><p>Mir� por la ventana. S�. Oscuro. Luego al reloj de la mesilla.</p><p>�Todav�a no es hora de que amanezca, Diane.</p><p>��Estabas dormido?</p><p>�No.</p><p>�S� que lo estabas. Qu� suerte. Sigue estando oscuro. Y hace fr�o, tambi�n. Mir� el term�metro que hay por fuera de la ventana de la cocina. Estamos a un grado Celsius. �Tendr�a que hacer tanto fr�o?</p><p>�Ayer por la ma�ana hac�a ese fr�o. �Hay alguien m�s despierto en tu casa?</p><p>�Jason est� encerrado en su cuarto con su radio. Mis padres est�n, eh, supongo que durmiendo la fiesta. �Tu madre est� despierta?</p><p>�No tan temprano. No en un fin de semana. �Le ech� una mirada nerviosa a la ventana. Para ese entonces ya tendr�a que haber algo de luz en el cielo. Incluso un poco de luz hubiera sido reconfortante.</p><p>��No la has despertado?</p><p>��Y qu� iba a poder hacer ella, Diane? �Hacer regresar las estrellas?</p><p>�Supongo que no. �Hizo una pausa�. Tyler �dijo.</p><p>�Sigo aqu�.</p><p>��Qu� es lo primero que recuerdas?</p><p>��Qu� quieres decir? �De hoy?</p><p>�No. Lo primero que recuerdas de tu vida. S� que es una pregunta est�pida, pero creo que me gustar�a hablar durante cinco o diez minutos de otra cosa que no fuera el cielo.</p><p>��Lo primero que recuerdo? �Reflexion� durante unos instantes�. Eso ser�a cuando est�bamos en Los Angeles, antes de mudarnos al este. �Cuando mi padre todav�a viv�a y trabajaba para E. D. Lawton en su firma en Sacramento antes de que llegara a prosperar tanto�. Ten�amos un apartamento con grandes cortinas blancas en el dormitorio. Lo primero que realmente recuerdo es observar c�mo se mov�an las cortinas con el viento. Era un d�a soleado, la ventana estaba abierta y soplaba la brisa. �El recuerdo era inesperadamente conmovedor, como el �ltimo vistazo a la l�nea de la marea antes de que fuera cubierta�. �Y t�?</p><p>Lo primero que Diane pod�a recordar era tambi�n un momento en Sacramento, aunque era uno muy diferente. E. D. se hab�a llevado a los dos ni�os a hacer una visita a la planta, ya entonces preparando a Jason para su papel de heredero. Diane se hab�a quedado fascinada con las enormes planchas perforadas del suelo de la f�brica, las bobinas de hilo de aluminio ultrafino que eran tan grandes como casas, el ruido constante. Todo era tan enorme que casi esperaba encontrarse con un gigante de cuento de hadas encadenado a las paredes, prisionero de su padre.</p><p>No era un buen recuerdo. Dijo que se sent�a ignorada, casi perdida, abandonada en el interior de una inmensa y aterradora maquinaria de construcci�n.</p><p>Hablamos sobre eso durante un rato. Entonces Diane me dijo:</p><p>�Mira al cielo.</p><p>Mir� por la ventana. Del horizonte occidental manaba la luz suficiente para dotar al cielo de un color azul tinta.</p><p>No quise confesar el alivio que sent�.</p><p>�Supongo que ten�as raz�n �dijo, repentinamente animada�. El sol ha salido, despu�s de todo.</p><p>Por supuesto, en realidad no era el sol. Era un sol impostor, un enga�o ingenioso. Pero entonces no lo sab�amos.</p></section><section><title><p>Mayor�a de edad en agua hirviendo</p></title><p>La gente m�s joven que yo me pregunta: �Por qu� no hubo p�nico? �Por qu� no le entr� el p�nico a nadie? �Por qu� tu generaci�n acept� el hecho sin m�s, por qu� entrasteis en el Spin sin siquiera un murmullo de protesta?</p><p>A veces digo: �pero ocurrieron cosas terribles�.</p><p>A veces digo: pero no comprend�amos. �Y qu� pod�amos haber hecho?�.</p><p>Y a veces cito la par�bola de la rana. Tira una rana dentro de agua hirviendo y saldr� de un salto. Tira una rana dentro de un caldero de agua agradablemente templada, aumenta el fuego lentamente, y la rana estar� muerta antes de darse cuenta de que tiene un problema.</p><p>La erradicaci�n de las estrellas no fue algo lento ni sutil, pero tampoco fue, para la mayor�a de nosotros, algo desastroso. Si eras un astr�nomo o un estratega de defensa, si trabajabas en la industria de las telecomunicaciones o en la aeroespacial, probablemente pasar�as los primeros d�as del Spin en un estado de terror abyecto. Pero si eras un conductor de autob�s o fre�as hamburguesas, entonces era m�s o menos agua templada.</p><p>Los medios de comunicaci�n en ingl�s lo llamaron �El Suceso de Octubre� (no ser�a el �Spin� hasta unos cuantos a�os despu�s), y su primer efecto obvio fue la destrucci�n de la industria de cientos de miles de millones de d�lares de sat�lites orbitales. Perder los sat�lites signific� perder toda la televisi�n retransmitida y emitida directamente por sat�lite; hizo que el sistema de telefon�a m�vil no funcionara bien y convirti� en in�til al sistema GPS; atasc� internet, convirti� en obsoleta gran parte de la tecnolog�a militar m�s sofisticada y moderna, redujo la vigilancia global y las operaciones de reconocimiento, y oblig� a los hombres del tiempo a dibujar is�baras sobre mapas de los Estados Unidos en vez de usar proyecciones creadas por ordenador a partir de im�genes de sat�lites meteorol�gicos. Los repetidos intentos por contactar con la Estaci�n Espacial Internacional fracasaron uno tras otro. Los lanzamientos comerciales programados desde Ca�averal (y Baikonur, y Kourou) fueron postergados indefinidamente.</p><p>Significaba, a largo plazo, mal�simas noticias para GE Americom, AT T, COMSAT y Hughes Communications entre muchas otras compa��as.</p><p>Y <emphasis>si </emphasis>ocurrieron cosas terribles a consecuencia de aquella noche, aunque la mayor�a de ellas quedaron oscurecidas por los apagones informativos. Las noticias viajaban como susurros, apretadas en el interior de cables de fibra �ptica transatl�nticos en vez de rebotar por el espacio orbital; pas� casi una semana antes de que supi�ramos que un misil paquistan� Hatf V equipado con una ojiva nuclear, lanzado por error o por mal c�lculo en los confusos primeros momentos del Suceso, se hab�a desviado de su rumbo y hab�a vaporizado un valle agr�cola del Hind� Kush. Era el primer artefacto nuclear que detonaba en acci�n b�lica desde 1945, y por tr�gico que fuera el acontecimiento, dado el nivel de paranoia engendrado por la p�rdida de las telecomunicaciones, tuvimos suerte de que s�lo ocurriera una vez. Seg�n algunos informes casi perdimos Teher�n, Tel Aviv y Pyongyang.</p><empty-line/><p>Confortado por el amanecer, dorm� hasta mediod�a. Cuando me levant� y vest�, encontr� a mi madre en la sala de estar, todav�a en su bata acolchada, mirando la televisi�n con el ce�o fruncido. Cuando le pregunt� si hab�a desayunado, me dijo que no. As� que prepar� un almuerzo para los dos.</p><p>Mi madre deb�a de tener cuarenta y cinco a�os en aquel oto�o. Si me hubieran pedido que escogiera una palabra que la definiera, hubiera dicho �s�lida�. Rara vez se enfadaba y la �nica vez en mi vida que la vi llorar fue la noche en que la polic�a vino a casa (cuando todav�a est�bamos en Sacramento) para decirle que mi padre hab�a, muerto en la 80 cerca de Vacaville, cuando volv�a a casa en coche de regreso de un viaje de negocios. Creo que ten�a mucho cuidado de dejarme ver s�lo ese aspecto de ella. Pero ten�a otros aspectos. Hab�a un retrato en una estanter�a en la sala de estar, tomado a�os antes de que yo naciera, de una mujer tan esbelta, hermosa e intr�pida que me sobresalt� cuando me cont� que era una foto suya.</p><p>Claramente, no le gustaba lo que o�a en la tele. Una estaci�n local estaba realizando un noticiario a tiempo completo, repitiendo historias emitidas por emisoras de onda corta y por radioaficionados, adem�s de confusos llamamientos a la calma emitidos por el gobierno federal.</p><p>�Tyler �me dijo, haci�ndome una se�a para que me sentara�, es dif�cil de explicar. La noche pasada ocurri� algo�</p><p>�Lo s� �dije�. Lo o� antes de irme a la cama.</p><p>��Lo sab�as? �Y no me despertaste?</p><p>�No estaba seguro�</p><p>Pero su enfado desapareci� tan r�pidamente como hab�a o parecido.</p><p>�No �dijo�, est� bien, Ty. Supongo que no me perd� nada al seguir durmiendo. Es gracioso� me siento como si <emphasis>siguiera </emphasis>durmiendo.</p><p>�S�lo se trata de las estrellas �dije como un idiota.</p><p>�Las estrellas y la luna �me corrigi�. �No o�ste lo de la luna? Por todo el mundo, nadie puede ver las estrellas ni la luna.</p><p>La luna era una pista, por supuesto.</p><p>Me qued� un rato sentado con mi madre, y luego la dej� con la mirada fija en la tele (�De vuelta antes de que oscurezca�, dijo, y lo dec�a en serio) y me llegu� hasta la Gran Casa. Toqu� a la puerta de atr�s, la puerta que usaban el cocinero y la criada, aunque los Lawton ten�an cuidado de no llamarla nunca la �entrada del servicio�. Tambi�n era la puerta por la que entraba mi madre los d�as laborables para realizar sus tareas en la casa de los Lawton.</p><p>La se�ora Lawton, la madre de los gemelos, me abri� la puerta, me mir� con expresi�n ausente y me hizo una se�a hacia el piso de arriba. Diane segu�a durmiendo, la puerta de su cuarto estaba cerrada. Jason no hab�a dormido y, por lo que parec�a, no planeaba hacerlo. Lo encontr� en su cuarto atento a una radio de onda corta.</p><p>La habitaci�n de Jason era una cueva de Aladino llena de lujos que envidiaba pero que hab�a asumido que no tendr�a: un ordenador con una conexi�n ultrarr�pida a internet, una televisi�n de segunda mano que era dos veces mayor que la que hab�a en la sala de estar de mi casa.</p><p>�La luna ha desaparecido �le dije por si no hab�a o�do la noticia.</p><p>�Interesante, �no? �Jase se levant� y se estir�, pas�ndose los dedos por el pelo despeinado. No se hab�a cambiado de ropa desde la noche pasada. Ese tipo de descuido no era propio de �l. Jason, aunque era un genio seg�n dec�a todo el mundo, jam�s se hab�a comportado como uno en mi presencia� es decir, no actuaba como los genios que hab�a visto en las pel�culas; no bizqueaba, tartamudeaba o escrib�a ecuaciones en las paredes. Hoy, sin embargo, parec�a completamente distra�do�. La luna no ha desaparecido, por supuesto, �c�mo podr�a? Seg�n la radio, en la costa atl�ntica se est�n registrando las mareas normales. As� que la luna sigue ah�. Y si la luna sigue ah�, entonces tambi�n siguen las estrellas.</p><p>�Y entonces, �por qu� no podemos verlas?</p><p>Me dedic� una mirada irritada.</p><p>�Y yo qu� s�. Todo lo que digo es que se trata, al menos en parte, de un fen�meno �ptico.</p><p>�Mira por la ventana, Jase. Brilla el sol. �Qu� tipo de ilusi�n �ptica deja que pase el sol pero oculta las estrellas y la luna?</p><p>�Y te repito que yo qu� s�. Pero �cu�l es la alternativa, Tyler? �Que alguien meti� la luna y las estrellas en un saco y se las llev�?</p><p>No, pens�. Era la Tierra la que estaba en el saco, por alguna raz�n que ni siquiera Jason pod�a adivinar.</p><p>�Pero es un buen argumento �dijo�, lo del sol. No es una barrera �ptica sino un filtro �ptico.</p><p>��Y qui�n lo puso ah�?</p><p>�Y yo qu� �sacudi� la cabeza con irritaci�n�. Est�s deduciendo demasiadas cosas. �Qui�n dice que tuvo que ser alguien el que lo pusiera? Podr�a ser un suceso natural que se da una vez cada mill�n de a�os, como la inversi�n de los polos magn�ticos. Es un gran salto suponer que hay una inteligencia detr�s de ello.</p><p>�Pero podr�a ser cierto.</p><p>�Hay much�simas cosas que podr�an ser ciertas.</p><p>Ya hab�a aguantado suficientes chascarrillos bienintencionados sobre mis lecturas de ciencia ficci�n para no decir la palabra �alien�genas�. Pero por supuesto, fue lo primero que se me ocurri�. A m� y a un mont�n de gente m�s. E incluso Jason tuvo que admitir que la idea de una intervenci�n extraterrestre se hab�a convertido en infinitamente m�s plausible en el curso de las �ltimas veinticuatro horas.</p><p>�Pero aunque sea eso �dije�, hay que preguntarse por qu� lo har�an.</p><p>�S�lo hay dos razones plausibles. Para ocultarnos algo. O para ocultarnos de algo.</p><p>�T� padre �qu� cree?</p><p>�No le he preguntado. Lleva al tel�fono todo el d�a. Probablemente est� intentando deshacerse de todas sus acciones de GTE por adelantado �era una broma, y no estaba seguro de lo que quer�a decir, pero tambi�n era mi primer indicio de lo que la p�rdida del espacio orbital pod�a significar para la industria aeroespacial en general y para la familia Lawton en particular�. No he dormido nada esta noche �admiti�. Tem�a perderme algo. A veces envidio a mi hermana. Ya sabes, �que me despierten cuando alguien haya descubierto lo que pasa.�</p><p>Me enfurec�a ante lo que percib� como un insulto a Diane.</p><p>�Ella tampoco durmi� �dije.</p><p>��Ah, s�? �De verdad? Y t� �c�mo lo sabes?</p><p>Atrapado.</p><p>�Hablamos por tel�fono un rato�</p><p>��Ella te llam�?</p><p>�S�, cerca del amanecer.</p><p>�Jes�s, Tyler, te est�s sonrojando.</p><p>�No se�or.</p><p>�Oh, s�.</p><p>Me salv� una repentina llamada a la puerta: E. D. Lawton, que tampoco parec�a haber dormido mucho.</p><p>El padre de Jason ten�a una presencia intimidante. Era grande, de hombros anchos, dif�cil de complacer y de ira f�cil; los fines de semana se mov�a por la casa como un frente tormentoso, todo rel�mpagos y truenos. Mi madre me hab�a dicho una vez que �E. D. no es el tipo de persona del que te gustar�a atraer la atenci�n. Jam�s entend� por qu� Carol se cas� con �l�.</p><p>No era exactamente el cl�sico hombre de negocios hecho a s� mismo. Su abuelo, el fundador ya jubilado de una firma de abogados de San Francisco con un �xito espectacular, hab�a avalado la mayor parte de las primeras empresas de E. D., pero hab�a creado un lucrativo negocio de instrumentaci�n de gran altitud y tecnolog�a m�s ligera que el aire, y lo hab�a hecho a la manera dif�cil, sin contactos reales en la industria, al menos cuando empez�.</p><p>Entr� en el cuarto de Jason con expresi�n irritada. Sus ojos se centraron en m� y destellaron.</p><p>�Lo siento, Tyler, pero tendr�s que irte a casa. Tengo que hablar de unas cuantas cosas con Jason.</p><p>Jase no objet� y yo tampoco ten�a muchas ganas de quedarme. As� que me encog� en mi chaqueta de pa�o y sal� por la puerta de atr�s. Pas� el resto de la tarde en el arroyo, haciendo rebotar guijarros y observando a las ardillas acumular provisiones para el inminente invierno.</p><empty-line/><p>El sol, la luna y las estrellas.</p><p>En los a�os siguientes, crecieron ni�os que jam�s hab�an visto las estrellas con sus propios ojos; la gente que s�lo ten�a cinco o seis a�os menos que yo llegaron a la madurez conociendo las estrellas s�lo por las viejas pel�culas y por t�picos cada vez m�s alejados de la realidad. Una vez, cuando ten�a treinta, le puse a una muchacha la canci�n del compositor del siglo XX Antonio Carlos Jobin titulada <emphasis>Corcovado, </emphasis>�Noches tranquilas de estrellas silenciosas�, y la muchacha me pregunt�, con los ojos abiertos y completamente en serio:</p><p>��Las estrellas hac�an ruido?</p><p>Pero hab�amos perdido algo m�s sutil que unas pocas luces en el cielo. Hab�amos perdido la confianza en nuestro lugar en el universo. La Tierra es redonda, la Luna da vueltas alrededor de la Tierra, la Tierra alrededor del Sol: a eso llegaba la cosmolog�a que la mayor�a de la gente aprend�a o necesitaba, y dudaba que m�s de uno entre cien le dedicara alg�n pensamiento m�s al asunto despu�s <emphasis>�z </emphasis>dejar el instituto. Pero se quedaron perplejos cuando les robaron las estrellas.</p><p>No obtuvimos un comunicado oficial sobre el Sol hasta la segunda semana del Suceso de Octubre.</p><p>El Sol parec�a moverse seg�n su camino predecible y eterno. Sal�a y se pon�a de acuerdo a las efem�rides, los d�as se acortaban seg�n la precesi�n natural; no hab�a nada que sugiriera una emergencia solar. Muchas cosas en la Tierra, incluyendo la vida, dependen del tipo y cantidad de radiaci�n solar que llega a la superficie del planeta y, en general, eso no ha cambiado. Todo lo que vemos a simple vista del Sol sugiere la misma estrella de clase G que lleva haci�ndonos parpadear durante todas nuestras vidas.</p><p>Lo que le faltaba, sin embargo, eran manchas solares, prominencias y erupciones.</p><p>El sol es un objeto violento y turbulento. Bulle, hierve, resuena como una campana henchido de vastas energ�as; ba�a al sistema solar en un flujo de part�culas que nos matar�an a todos si no estuvi�semos protegidos por el campo magn�tico de la tierra. Pero desde el Suceso de Octubre, los astr�nomos anunciaron que el sol se hab�a convertido en un orbe perfectamente geom�trico, completamente uniforme y de luminosidad inmaculada. Y desde el norte llegaron noticias de que la aurora boreal, producto de la interacci�n de nuestro campo magn�tico con esas part�culas solares cargadas, se hab�a apagado como las luces del cartel de una mala obra de Broadway.</p><p>Otras ausencias en el nuevo cielo nocturno: nada de estrellas fugaces. La Tierra sol�a recoger casi cuarenta mil toneladas de polvo espacial al a�o y la gran mayor�a se incineraba por la fricci�n atmosf�rica. Pero ya no: ning�n meteorito espectacular penetr� en la atm�sfera durante las primeras semanas del Suceso de Octubre, y tampoco lo hizo ninguno de los meteoritos microsc�picos llamados part�culas de Brownlee. En t�rminos astrof�sicos, era un silencio atronador. Ni siquiera Jason pod�a explicar eso.</p><empty-line/><p>As� que el sol no era el sol; pero segu�a brillando, falso o no, y seg�n pasaban los d�as, seg�n se acumulaban y apilaban, la estupefacci�n se hizo m�s profunda, pero la sensaci�n de emergencia p�blica mengu� (el agua no herv�a, s�lo estaba templada)�</p><p>Pero qu� magn�fica ocasi�n para hablar. No s�lo acerca del misterio celestial, sino de las consecuencias inmediatas: el crack de las empresas de telecomunicaciones; las guerras en el extranjero que ya no se pod�an seguir y comentar por sat�lite; las bombas inteligentes guiadas por GPS convertidas en irremediablemente est�pidas; la fiebre del oro de la fibra �ptica. Desde Washington se emit�an declaraciones con una regularidad deprimente: �A d�a de hoy no tenemos pruebas de acci�n hostil por parte de naci�n o agencia alguna y las mejores mentes de nuestra generaci�n est�n trabajando para comprender, explicar y como fin �ltimo revertir los efectos negativos potenciales de esta envoltura que ha oscurecido nuestra visi�n del universo�. Tranquilizadora ensalada de palabras por parte de una administraci�n que segu�a con la esperanza de poder identificar a un enemigo, terrestre o no, capaz de cometer tal acto. Pero el enemigo era obstinadamente elusivo. La gente empez� a hablar de �una hipot�tica inteligencia controladora�. Incapaces de ver m�s all� de las paredes de nuestra prisi�n, nos vimos reducidos a cartografiar sus l�mites y rincones.</p><p>Jason se retir� a su cuarto durante la mayor parte del mes posterior al Suceso. Durante ese tiempo no habl� con �l directamente, s�lo lo vislumbraba cuando el autob�s de la academia Rice ven�a a recoger a los gemelos. Pero Diane me llamaba al m�vil casi todas las noches, normalmente alrededor de las diez o las once, cuando ambos ten�amos algo de privacidad. Yo atesoraba sus llamadas, por razones que no estaba preparado para admitir ante m� mismo.</p><p>�Jason est� de un humor de perros �me dijo una noche�. Dice que si no sabemos siquiera si el sol es el sol, entonces es que no sabemos nada de nada.</p><p>�Quiz� tenga raz�n.</p><p>�Pero es que es algo casi religioso en el caso de Jase. Siempre le han gustado mucho los mapas, �lo sab�as, Tyler? Incluso de muy peque�o ya entendi� cu�l era la idea de los mapas. Le gusta saber d�nde est�. Le da sentido a las cosas, como sol�a decir. Creo que por eso est� tan asustado, m�s que la mayor�a de la gente. Nada est� donde se supon�a que deb�a estar. Ha perdido su mapa.</p><p>Por supuesto, ya se hab�an encontrado pistas en el escenario del crimen. Antes de que acabara la semana, los militares empezaron a recoger fragmentos de sat�lites ca�dos, sat�lites que hab�an estado en �rbitas estables hasta esa noche de octubre, pero que hab�an sido derribados a la Tierra antes del amanecer, todos y cada uno de ellos, dejando restos con tentadoras evidencias. Pero hizo falta tiempo para que esa informaci�n llegara incluso a la bien conectada casa de E. D. Lawton.</p><empty-line/><p>Nuestro primer invierno de noches oscuras fue claustrof�bico y extra�o. La nieve apareci� temprano: viv�amos lo suficientemente cerca de Washington para ir a trabajar y volver a dormir, pero para Navidad aquello m�s bien parec�a Vermont. Las noticias segu�an siendo ominosas. Un fr�gil tratado de paz apresuradamente firmado por Pakist�n e India se deslizaba otra vez hacia la guerra; el esfuerzo de descontaminaci�n del Hind� Kush patrocinado por la ONU ya se hab�a cobrado docenas de vidas adem�s de las bajas originales. En el norte de �frica, ard�an guerras a peque�a escala mientras los ej�rcitos del mundo industrializado se retiraban para reagruparse. El precio del petr�leo se dispar� hacia el cielo. En casa mantuvimos la calefacci�n unos grados por debajo de lo confortable hasta que los d�as empezaron a hacerse m�s largos (cuando volvi� el sol y se oy� a la primera codorniz).</p><p>Pero frente a amenazas desconocidas y pobremente entendidas, la raza humana consigui� no apretar el bot�n de una guerra a escala global, para nuestra honra. Hicimos ajustes y seguimos adelante con los negocios, y hacia la primavera, la gente empezaba a hablar de �la nueva normalidad�. A largo plazo, se sobreentend�a que pagar�amos un precio por lo que le hab�a ocurrido al planeta, fuera lo que fuese� pero a largo plazo, como se dice, estaremos todos muertos.</p><p>Vi el cambio en mi madre. Con el tiempo se calm� y la estaci�n c�lida, cuando finalmente lleg�, alivi� algo de la tensi�n de su rostro. Y tambi�n vi el cambio en Jason, que emergi� de su refugio contemplativo. Sin embargo, me preocupaba Diane, que se negaba rotundamente a hablar de las estrellas y que �ltimamente me hab�a empezado a preguntar si cre�a en Dios� si cre�a que Dios era el responsable de lo ocurrido en octubre.</p><p>No lo s�, le dije. Mi familia no iba a la iglesia. El tema me pon�a un poco nervioso, francamente.</p><empty-line/><p>�se fue el verano en que los tres fuimos en bicicleta hasta el centro comercial Fairway por �ltima vez.</p><p>Hab�amos hecho el viaje cien, mil veces antes. Los gemelos ya estaban algo crecidos para ello, pero en los siete a�os que llev�bamos viviendo en los terrenos de la Gran Casa se hab�a convertido en un ritual, el acontecimiento inevitable de los s�bados de verano. Lo hab�amos dejado pasar en los fines de semana lluviosos o demasiado calurosos, pero cuando hac�a buen tiempo nos sent�amos atra�dos, como guiados por una mano invisible, hasta nuestro punto de encuentro al final de la larga carretera de entrada a la propiedad Lawton.</p><p>Hoy el aire era suave y soplaba una brisa, la luz del sol imbu�a todo lo que tocaba de una calidez org�nica. Era como si el clima quisiera confortarnos: el mundo natural estaba perfectamente, gracias por preguntar, diez meses despu�s del Suceso de Octubre� aunque ahora fu�ramos (como dec�a Jase de vez en cuando) un planeta cultivado, un jard�n cuidado por fuerzas desconocidas en vez de una extensi�n de bosque silvestre c�smico.</p><p>Jason iba en una cara <emphasis>mountain bike, </emphasis>Diane en un equivalente para chica menos llamativo. Mi bicicleta era una chatarra de segunda mano que mi madre me hab�a comprado en una tienda de ocasi�n. No importaba. Lo que importaba era el punzante olor a pino en el aire, y las horas desocupadas dispuestas ante nosotros. Yo lo sent�a, Diane lo sent�a, y creo que Jason tambi�n lo sent�a, aunque parec�a distra�do e incluso un poco avergonzado cuando montamos en nuestras bicis esa ma�ana. Lo achaqu� al estr�s o (est�bamos en agosto) a la perspectiva de otro a�o escolar. Jase estaba en un curso acad�mico acelerado en Rice, una escuela donde los alumnos eran sometidos a mucha presi�n. El a�o pasado hab�a sacado las asignaturas de matem�ticas y f�sicas sin esfuerzo (de hecho, las podr�a haber dado �l), pero para el siguiente semestre ten�a que estudiar lat�n para conseguir los cr�ditos necesarios.</p><p>�Ni siquiera es una lengua viva �dijo�. �Qui�n demonios lee lat�n, aparte de los acad�micos de cl�sicas? Es como aprender FORTRAN. Todos los textos importantes fueron traducidos hace mucho tiempo. �Me hace mejor persona leer a Cicer�n en el original? �Cicer�n, por el amor de Dios! �El Alan Dershowitz<a l:href="#n_3" type="note">[3]</a> de la Rep�blica romana!</p><p>No me tomaba nada de eso muy seriamente. Una de las cosas que nos gustaba hacer en esas excursiones era practicar el arte de la queja. (No ten�a ni idea de qui�n era Alan Dershowitz, alg�n chaval de la escuela de Jason, supuse). Pero hoy su humor era vol�til, err�tico. Se levant� sobre los pedales y se adelant� un trecho a nosotros.</p><p>La carretera hacia el centro comercial serpenteaba por entre solares arbolados, casas de color pastel con jardines bien atendidos y aspersores que marcaban el aire matutino con arco iris. Puede que la luz solar fuera falsa, filtrada, pero segu�a descomponi�ndose en colores cuando atravesaba el agua que ca�a y segu�a siendo una bendici�n cuando sal�amos de debajo de la sombra de los robles a la acera blanca resplandeciente.</p><p>Despu�s de diez o quince minutos de pedaleo sin esfuerzo la pendiente de Bantam Hill Road se alz� ante nosotros: el �ltimo obst�culo e hito geogr�fico en el camino hacia el centro comercial. Bantam Hill Road era empinada, pero una vez pasada la cima, el descenso por el otro lado consist�a casi en planear hasta los aparcamientos del centro. Jase ya hab�a recorrido un cuarto de la distancia por delante de nosotros. Diane me mir� con expresi�n traviesa.</p><p>�A que te gano en una carrera �dijo ella.</p><p>Eso me desanim� por completo. Los gemelos celebraban sus cumplea�os en octubre. As� que cada verano no me llevaban un a�o, sino dos: los gemelos hab�an cumplido los catorce, pero yo seguir�a teniendo doce durante otros cuatro frustrantes meses. La diferencia se traduc�a en ventaja f�sica. Diane sab�a que no la pod�a vencer subiendo la cuesta, pero arranc� pedaleando de todas formas y yo suspir� e intent� impulsar mi vieja chatarra a un nivel de competici�n plausible. No hab�a nada que hacer. Diane se irgui� en su artefacto de aluminio, y para cuando lleg� al inicio de la cuesta ya hab�a conseguido una velocidad considerable. Un tr�o de ni�as que estaban haciendo marcas de tiza sobre la acera se apart� corriendo de su camino. Diane se gir� para mirarme de una forma que era mitad gesto de �nimo y mitad burla.</p><p>La pendiente de la carretera le rob� velocidad, pero cambi� de marcha diestramente y puso sus piernas a trabajar de nuevo. Jason, en la cima, se hab�a detenido y manten�a el equilibrio con una larga pierna estirada, mirando hacia atr�s con perplejidad. Segu� esforz�ndome, pero a mitad de la cuesta mi antigualla de bicicleta se tambaleaba m�s de lo que avanzaba y me vi obligado a apearme y caminar el resto del camino hasta arriba.</p><p>Diane me sonri� cuando llegu� al final.</p><p>�T� ganas �dije.</p><p>�Lo siento, Tyler. La verdad es que no fue justo.</p><p>Me encog� de hombros, avergonzado.</p><p>Aqu� la larga carretera terminaba sin salida, y hab�a solares de futuras residencias marcados con estacas y cuerda, pero ninguna casa construida. El centro comercial quedaba al final de una larga pendiente suave y arenosa al oeste. Un camino de tierra prensada cortaba entre los arbolillos achaparrados y arbustos de bayas.</p><p>�Nos vemos abajo �dijo ella, y volvi� a salir sin esperarme.</p><p>Dejamos las bicis con candado en el estacionamiento y entramos en la acristalada nave del centro comercial. El centro era un entorno reconfortante, principalmente porque hab�a cambiado muy poco desde octubre. Puede que los peri�dicos y la televisi�n siguieran en modo de m�xima alerta, pero el centro comercial viv�a en un bendito estado de negaci�n. La �nica evidencia de que algo hab�a ido mal en el mundo exterior era la ausencia de antenas de sat�lite en las tiendas de las cadenas de electr�nica de consumo y una oleada de t�tulos relacionados con el Suceso de Octubre en los mostradores de las librer�as. Jason resopl� ante un libro de tapas duras y cubierta en azules y dorados, que afirmaba que relacionaba el Suceso de Octubre con profec�as b�blicas.</p><p>�El tipo m�s f�cil de profec�a �dijo Jason� es el que predice cosas que ya han ocurrido.</p><p>Diane le dedic� una mirada ofendida.</p><p>�No tienes por qu� ridiculizarlo s�lo porque no creas en ello.</p><p>�T�cnicamente, s�lo me estoy riendo de la portada. No he le�do el libro.</p><p>�Quiz� deber�as.</p><p>��Por qu�? �Qu� es lo que intentas defender?</p><p>�No defiendo nada. Pero quiz� Dios tuviera algo que ver con lo del pasado octubre. Eso no me parece rid�culo.</p><p>�La verdad �dijo Jason� es que s� que parece rid�culo.</p><p>Diane puso los ojos en blanco y se adelant� dando grandes zancadas, suspirando para s�. Jase volvi� a colocar el libro en el expositor.</p><p>Le dije que, en mi opini�n, la gente quer�a comprender lo que hab�a ocurrido y que por eso hab�a libros como �se.</p><p>�O quiz� la gente s�lo finge entender. Se llama �estado de negaci�n�. �Quieres que te cuente algo, Tyler?</p><p>�Claro �dije.</p><p>��Lo guardar�s en secreto? �Baj� la voz de forma que ni siquiera Diane, que estaba a unos pocos metros pudiera o�rle�. Esto todav�a no se ha hecho p�blico.</p><p>Una de las cosas m�s notables acerca de Jason era que muchas veces sab�a cosas realmente importante un d�a o dos antes de que aparecieran en las noticias de la noche. En ese sentido, la academia Rice era s�lo su escuela diurna, su educaci�n de verdad se llevaba a cabo bajo la tutela de su padre, y desde el principio E. D. hab�a querido que entendiera la manera en que los negocios, la ciencia y la tecnolog�a se entrecruzaban con el poder pol�tico. E. D. hab�a estado aplicando ese enfoque. La p�rdida de los sat�lites de telecomunicaciones hab�a abierto un nuevo mercado civil y militar para los globos estacionarios de gran altitud (�aer�statos�) que manufacturaba su compa��a. Una tecnolog�a marginal que ahora se convertir�a en principal, y E. D. estaba en la cresta de la ola. Y a veces compart�a secretos con su hijo de quince a�os que no se habr�a atrevido a susurrar a un competidor.</p><p>E. D., por supuesto, no sab�a que Jase de vez en cuando compart�a a su vez esos secretos. Pero yo los guardaba escrupulosamente (y de todas formas, �a qui�n se los hubiera podido contar? No ten�a otros amigos de verdad. Viv�amos en el tipo de vecindario de nuevos ricos en los que las distinciones de clase se med�an con precisi�n milim�trica: el solemne y estudioso hijo de madres solteras y trabajadoras no aparec�a en la lista de invitados de nadie).</p><p>Jase baj� la voz a�n m�s.</p><p>��Te acuerdas de los tres cosmonautas rusos? �Los que estaban en �rbita en octubre pasado?</p><p>Se les dio por perdidos, y presuntamente muertos, en la noche del suceso. Asent�.</p><p>�Uno de ellos est� vivo �dijo�. Est� vivo y en Mosc�. Los rusos no dicen mucho, pero seg�n los rumores, est� completamente loco.</p><p>Me qued� mir�ndolo con los ojos enormemente abiertos, pero Jason no dijo una sola palabra m�s.</p><empty-line/><p>Hizo falta una docena de a�os para que se supiera la verdad, pero cuando finalmente fue publicada (como nota a pie de p�gina en una historia europea de los primeros a�os del Spin) record� aquel d�a en el centro comercial. Lo que ocurri� fue esto:</p><p>Tres cosmonautas rusos hab�an estado en �rbita la noche del Suceso de Octubre, de regreso de una misi�n de mantenimiento de la moribunda Estaci�n Espacial Internacional. Poco despu�s de medianoche en el huso horario local, el comandante de la misi�n, un tal coronel Leonid Glavin, se percat� de la p�rdida de se�al del control de tierra e hizo repetidos intentos para restablecer el contacto, sin �xito.</p><p>Aunque aquello ya debi� de ser muy alarmante para los cosmonautas, pronto empeor�. Cuando el Soyuz pas� del lado nocturno al amanecer, pareci� que el planeta al que orbitaban hab�a sido reemplazado por un orbe negro y opaco.</p><p>El coronel Glavin acabar�a describi�ndolo justo de esa manera: como una negrura, una ausencia visible s�lo cuando ocultaba al sol, un eclipse permanente. El r�pido ciclo orbital de amaneceres y ocasos era su �nica prueba visual de que la tierra a�n exist�a. La luz aparec�a abruptamente tras el disco silueteado, no produc�a ning�n reflejo en la oscuridad que hab�a abajo, y desaparec�a igual de repentinamente cuando la c�psula se deslizaba hacia la noche.</p><p>Los cosmonautas no pod�an comprender lo que hab�a ocurrido, y su terror debi� de ser inimaginable.</p><p>Tras una semana de orbitar la vac�a negrura que ten�an debajo, los astronautas votaron por intentar una reentrada sin asistencia del centro de vuelo antes que permanecer en el espacio o intentar llegar a la vac�a EEI� para morir en la Tierra o en lo que se hubiera convertido �sta en vez de morir de hambre y aislados. Pero sin gu�a del control de tierra y orientaci�n visual posible, se vieron obligados a confiar en c�lculos extrapolados a partir de su �ltima posici�n conocida. Como resultado, la c�psula Soyuz reentr� en la atm�sfera con un �ngulo peligroso, absorbi� aceleraciones brutales y perdi� un paraca�das vital durante el descenso.</p><p>La c�psula se estrell� con fuerza contra la loma poblada de �rboles de un monte en el valle del Ruhr. Vassily Golubev muri� en el impacto; Valentina Kirchoff sufri� una herida traum�tica en la cabeza y muri� a las pocas horas. Un aturdido coronel Glavin consigui� salir del veh�culo espacial solo con abrasiones menores y una mu�eca rota, y al final fue descubierto por un equipo de b�squeda y rescate alem�n y luego repatriado a las autoridades rusas.</p><p>Tras repetidos interrogatorios, los rusos concluyeron que Glavin hab�a perdido la cordura como resultado de su penosa experiencia. El coronel segu�a insistiendo en que �l y su tripulaci�n hab�an pasado tres semanas en �rbita, pero eso era obviamente una locura�</p><p>Porque la c�psula Soyuz, como todos los otros fragmentos de equipo orbital hechos por el hombre que fueron recuperados, cay� a la Tierra la misma noche del Suceso de Octubre.</p><empty-line/><p>Almorzamos en el �rea de restaurantes del centro comercial, donde Diane divis� a tres muchachas que conoc�a de Rice, que a mis ojos eran imposiblemente sofisticadas, con el pelo te�ido de azul o rosa, con caros pantalones de campana de cintura baja y diminutas cruces de oro sobre sus p�lidos cuellos. Diane recogi� su MexiTaco y desert� hacia su mesa, donde las cuatro hicieron corrillo y se rieron. Repentinamente mi burrito y papas fritas ya no me parec�an nada apetitosos.</p><p>Jason evalu� la expresi�n de mi cara.</p><p>�Sabes �dijo con amabilidad�, es algo inevitable.</p><p>��El qu�?</p><p>�Ya no vive en nuestro mundo. T�, yo, Diane, la Gran Casa y la Peque�a Casa, los s�bados en el centro comercial, el cine de los domingos. Eso funcionaba cuando �ramos ni�os. Pero ya no somos ni�os.</p><p>�No lo �ramos? No, por supuesto que no lo �ramos; pero �hab�a reflexionado de verdad sobre lo que eso implicaba o podr�a implicar?</p><p>�Hace ya un a�o que tiene el per�odo �a�adi� Jason.</p><p>Palidec�. Eso era m�s de lo que necesitaba saber. Pero aun as�: estaba celoso de que �l lo supiera y yo no. Diane tampoco me hab�a contado lo de su per�odo o lo de sus amigas en la Rice. Todas las confidencias que me hab�a ofrecido por tel�fono, seg�n entend� repentinamente, eran confidencias de ni�os, historias sobre Jason y sus padres y qu� comidas no le gustaban en la cena. Pero aqu� ten�a pruebas de que me hab�a ocultado tanto como hab�a compartido conmigo: ah� estaba una Diane a la que jam�s hab�a conocido, despreocupadamente de manifiesto en la mesa al otro lado de la zona.</p><p>�Deber�amos irnos �le dije a Jason.</p><p>Me dedic� una mirada llena de conmiseraci�n.</p><p>�Si eso es lo que quieres. �Se levant�.</p><p>��No le vas a decir a Diane que nos vamos?</p><p>�Creo que est� ocupada, Tyler. Creo que ha encontrado algo que hacer.</p><p>�Pero tiene que volver con nosotros.</p><p>�No, no tiene que hacerlo.</p><p>Me sent� ofendido. No pod�a dejarnos tirados as� como as�. No era digno de ella. As� que me levant� y fui hasta la mesa de Diane. Diane y sus amigas me dedicaron toda su atenci�n. Mir� directamente a Diane, ignorando a las dem�s.</p><p>�Nos vamos a casa �dije.</p><p>Las tres muchachas se rieron escandalosamente. Diane sonri� avergonzadamente y dijo:</p><p>�Vale, Ty. Muy bien. Nos vemos luego.</p><p>�Pero�</p><p>Pero �qu�? Ya ni me miraba.</p><p>Cuando me alejaba, o� a una de sus amigas preguntar si yo era �otro hermano�. No, dijo ella. S�lo un ni�o que conoc�a.</p><empty-line/><p>Jason, que se hab�a vuelto irritantemente comprensivo, se ofreci� a intercambiar bicicletas para el viaje de vuelta. En ese momento no me importaba nada su bicicleta, pero pens� que el intercambio pod�a ayudarme a disimular mis sentimientos.</p><p>Y as� pedaleamos de vuelta a lo alto de Bantam Hill, al lugar donde la carretera se estrechaba como una cinta oscura entre las calles sombreadas de �rboles. El almuerzo que hab�a tomado me parec�a un ladrillo de cemento encajado bajo mis costillas. Vacil� al final del callej�n sin salida, mirando la empinada cuesta que se extend�a ante m�.</p><p>�D�jate llevar �dijo Jason�. Vamos. Si�ntelo.</p><p>�Me distraer�a la velocidad? �Hab�a algo que pudiera distraerme? Me odi� por permitirme creer que estaba en el centro del mundo de Diane. Cuando de hecho, era simplemente un chaval que conoc�a.</p><p>Pero la verdad es que la bici de Jason era maravillosa. Me levant� sobre los pedales, desafiando a la gravedad a que me hiciera lo peor que pudiera. Las ruedas rechinaban sobre el asfalto, pero las cadenas y los cambios de marcha funcionaban sedosamente, en silencio excepto por el delicado susurro de los cojinetes. El viento se estrellaba contra m� cuando empec� a ganar velocidad. Vol� pasando junto a casas primorosamente pintadas con coches caros aparcados en las entradas, desamparado pero libre. Cerca del final de la cuesta empec� a apretar los frenos de mano, reduciendo velocidad pero sin detenerme. No quer�a parar. No quer�a que parara jam�s. Era un buen viaje.</p><p>Pero el pavimento se nivel�, y al fin fren�, vir� la bici y me par� con el pie apoyado sobre el asfalto. Mir� hacia atr�s.</p><p>Jason segu�a en lo alto de la carretera de Bantam Hill montado en mi mamotreto de bici, tan lejos que parec�a un jinete solitario en una vieja peli del oeste. Le hice un gesto con la mano. Era su turno.</p><p>Jason deb�a de haber subido y bajado esa colina un millar de veces. Pero jam�s lo hab�a hecho con una oxidada bicicleta de tienda de segunda mano.</p><p>Encajaba en la bicicleta mejor que yo. Ten�a las piernas m�s largas que las m�as y el cuadro no lo encanijaba. Pero nunca hab�amos intercambiado bicicletas, y entonces me encontr� pensando en todos los defectos e idiosincrasias que ten�a aquella bici, y lo �ntimamente que la conoc�a, c�mo hab�a aprendido a no girar con fuerza a la derecha porque el manillar se atascaba un poco, c�mo combatir la oscilaci�n, que la caja de cambios era una broma. Jason no conoc�a ninguna de esas cosas. La bajada de la colina pod�a ser complicada. Quer�a decirle que se lo tomara con calma, pero aunque gritara, no me habr�a o�do; estaba muy alejado. Alz� los pies como un gran beb� desgarbado. La bici era pesada. Le llev� unos segundos conseguir velocidad, pero sab�a lo dif�cil que ser�a detenerla. Era toda masa y nada de gracia. Mis manos aferraron frenos imaginarios.</p><p>No creo que Jason supiera que ten�a un problema hasta que hubo recorrido tres cuartas partes de la bajada. Fue entonces cuando la oxidada cadena de la bici se parti� y le azot� el tobillo. Estaba ya tan cerca que vi c�mo se encog�a de dolor y gritaba. La bici oscil� a un lado y al otro, pero milagrosamente consigui� mantenerla enderezada.</p><p>Un trozo de cadena se enmara�� en la rueda trasera, donde golpeaba contra los tubos, produciendo un sonido como un martillo neum�tico estropeado. A dos casas por encima de �l, una mujer que hab�a estado limpiando su jard�n de malas hierbas volvi� la cabeza para observar.</p><p>Lo que result� asombroso fue el tiempo que Jason consigui� mantener el control de esa bicicleta. Jason no era ning�n atleta, pero controlaba bien ese cuerpo grande y larguirucho suyo. Sac� los pies para mantener el equilibrio (los pedales eran in�tiles) y mantuvo la rueda delantera recta mientras la trasera se trababa y derrapaba. Se mantuvo. Lo que me asombr� era que su cuerpo no pareci� tensarse, sino relajarse, como si estuviera absorto en resolver un problema dif�cil pero muy interesante, como si creyera con toda confianza que la combinaci�n de su mente, cuerpo y la m�quina que montaba podr�a llevarle sano y salvo si descubr�a el m�todo.</p><p>Fue la m�quina la que fall� primero. El fragmento de cadena grasienta que azotaba peligrosamente la parte posterior se encaj� entre la rueda y el cuadro. La rueda, ya debilitada de antemano, se descentr� de manera imposible y luego se dobl�, esparciendo caucho y cojinetes liberados. Jason sali� despedido de la bici y dio una voltereta en el aire como un maniqu� arrojado desde una ventana a mucha altura. Sus pies fueron los primeros en chocar contra la acera, luego sus rodillas, sus codos, su cabeza. Se detuvo por completo mientras la destrozada bicicleta pasaba girando a su lado. La bici aterriz� en la cuneta a un lado de la carretera, la rueda delantera segu�a girando y haciendo estr�pito. Dej� caer su bici y corr� hacia �l.</p><p>Rod� a un lado y mir� hacia arriba, moment�neamente confuso. Ten�a los pantalones y la camiseta desgarrados. La frente y la punta de la nariz hab�an sufrido un despellejamiento brutal y sangraban abundantemente. Ten�a el tobillo lacerado. Los ojos se le humedec�an del dolor.</p><p>�Tyler �dijo�. Oh, ah, ah� siento lo de tu bici, t�o.</p><p>No quiero convertir el incidente en m�s de lo que fue, pero pens� mucho en ello en los a�os venideros: la m�quina de Jason y el cuerpo de Jason atrapados en una peligrosa aceleraci�n, y su inconmovible creencia en que pod�a superarlo, �l solo, si lo intentaba con mucha fuerza, si no perd�a el control.</p><p>Dejamos la bicicleta irreparablemente rota en la cuneta y llev� la bici de altas prestaciones de Jason empuj�ndola por el manillar. Cojeaba a mi lado, dolorido pero intentando que no se le notara, manteniendo la mano derecha sobre su frente rezumante como si tuviera un gran dolor de cabeza, como supuse que era el caso.</p><p>De vuelta a la Gran Casa, los padres de Jason bajaron los escalones para recibirnos en el camino de entrada. E. D. Lawton, que deb�a habernos divisado desde su estudio, parec�a enfadado y alarmado, ten�a los labios encogidos en una mueca y sus cejas enmarcaban sus penetrantes ojos. La madre de Jason, detr�s de �l, parec�a distante, menos interesada, quiz� incluso un poco borracha a juzgar por la forma en que se tambaleaba cuando sali� de la puerta principal.</p><p>E. D. examin� a Jase, que repentinamente parec�a mucho m�s joven e inseguro, y luego le dijo que corriera a casa a limpiarse.</p><p>Entonces se volvi� hacia m�.</p><p>�Tyler �dijo.</p><p>��Se�or?</p><p>�Parto de la suposici�n de que no eres responsable de esto. Espero que sea cierto.</p><p>�Se hab�a dado cuenta de que faltaba mi propia bici y que la de Jason estaba indemne? �Me acusaba de algo? No supe qu� decir. Mir� al c�sped.</p><p>E. D. suspir�.</p><p>�Deja que te explique algo. Eres el amigo de Jason. Eso es bueno. Jason necesita amigos. Pero tienes que entender, como entiende tu madre, que tu presencia aqu� incluye determinadas responsabilidades. Si quieres pasar tiempo con Jason, espero que cuides de �l. Espero que uses tu buen juicio. Quiz� a ti te parezca un muchacho corriente. Pero no lo es. Jason es especial, y tiene un futuro por delante. No podemos dejar que nada interfiera con eso.</p><p>�Pues claro �intervino Carol Lawton, y supe en ese instante que la madre de Jason hab�a estado bebiendo. Inclin� la cabeza y casi se cae en la franja de gravilla que separaba el camino de entrada de los setos�. Claro que s�, es un jodido genio. Va a ser el genio m�s joven de todo el MIT. No lo rompas, Tyler, es fr�gil.</p><p>E. D. no apart� los ojos de m�.</p><p>�Vuelve dentro, Carol �dijo sin expresi�n en la voz�. �Nos entendemos, Tyler?</p><p>�S�, se�or �ment�.</p><p>No comprend�a a E. D. para nada. Pero sab�a que algunas de las cosas que hab�a dicho eran ciertas. S�, Jason era especial. Y s�, era mi trabajo cuidar de �l.</p></section><section><title><p>Tiempo desarticulado</p></title><p>La primera vez que o� la verdad acerca del Spin fue cinco a�os despu�s del Suceso de Octubre, en una fiesta de trineos una noche de invierno de un fr�o cortante. Y fue Jason, como era t�pico, quien cont� la noticia.</p><p>La noche comenz� con la cena en la casa de los Lawton. Jason estaba en casa para pasar las vacaciones de Navidad, as� que la cena ten�a algo de acontecimiento, aunque s�lo fuera �para la familia�. A m� me hab�an invitado por la insistencia de Jase, probablemente en contra de las objeciones de E. D.</p><p>�Tu madre tambi�n deber�a estar aqu� �me susurr� Diane cuando me abri� la puerta�. Intent� que E. D. la invitara, pero� �se encogi� de hombros.</p><p>Estaba bien, le dije; Jason ya se hab�a pasado a saludar.</p><p>�Y adem�s, no se encuentra bien.</p><p>Estaba en cama con dolor de cabeza, cosa que no era t�pico de ella. Y no estaba precisamente en posici�n de quejarme del comportamiento de E. D: el mes anterior se hab�a ofrecido a correr con los gastos de mis estudios de medicina si pasaba la prueba de acceso, �porque�, me hab�a dicho, �a tu padre le hubiera gustado�. Era un gesto al mismo tiempo generoso y emocionalmente falso, pero tambi�n era un gesto que no pod�a permitirme rechazar.</p><p>Marcus Dupree, mi padre, hab�a sido el amigo m�s �ntimo de E. D. Lawton (algunos dec�an que el �nico) cuando estaban en Sacramento, cuando empezaban a presentar proyectos de vigilancia mediante aer�statos al servicio meteorol�gico y a la Polic�a de Fronteras. Mis recuerdos de �l eran borrosos y se hab�an fundido con las historias que contaba mi madre, aunque recordaba con claridad la llamada a la puerta la noche que hab�a muerto. Era el �nico hijo de una familia trabajadora de Maine de origen franco-canadiense, orgulloso de su t�tulo de ingeniero, con talento, pero ingenuo respecto al dinero: hab�a perdido sus ahorros en una serie de jugadas en el mercado de valores, dejando a mi madre con una hipoteca que no pod�a pagar.</p><p>Carol y E. D. contrataron a mi madre como ama de llaves cuando se mudaron al este, en lo que pod�a ser el intento de homenajear el recuerdo de su amigo. �Ten�a importancia el que nunca hubiera dejado de recordarle a mi madre que le hab�a hecho un favor? �Que la tratara como a un mueble? �Que mantuviera una especie de sistema de castas en el que la familia Dupree era ostensiblemente de segunda clase? Puede que s�, y puede que no. La generosidad de cualquier tipo es un animal poco corriente, seg�n sol�a decir mi madre. As� que quiz� me estaba imaginando (o era demasiado sensible a) el placer que E. D. parec�a obtener en el abismo intelectual que nos separaba a Jason y a m�, su aparente convicci�n de que yo hab�a nacido para ser el contraste de Jason, la vara de medir con la que se pod�a mensurar lo especial que era Jason.</p><p>Afortunadamente tanto Jason como yo sab�amos que todo eso no eran m�s que idioteces.</p><p>Diane y Carol ya estaban a la mesa cuando me sent�. Carol estaba sobria aquella noche, cosa notable, o al menos no tan borracha como para que fuera evidente. Hab�a abandonado la pr�ctica de la medicina hac�a un par de a�os y esos d�as tend�a a quedarse en casa para evitar que la detuvieran por conducir bajo los efectos del alcohol. Me dedic� una sonrisa superficial.</p><p>�Tyler �dijo�. Bienvenido.</p><p>Unos minutos despu�s, Jason y su padre bajaron juntos por las escaleras, intercambiando miradas y con los ce�os fruncidos: obviamente pasaba algo. Jase asinti� distra�damente cuando ocup� la silla a mi lado.</p><p>Como en la mayor�a de los acontecimientos familiares de los Lawton, la cena fue cordial pero tensa. Nos pasamos los guisantes y charlamos de cosas sin importancia. Carol estaba distante, E. D. estaba callado de una forma poco com�n en �l, Diane y Jason hicieron intentos de conversaci�n, pero estaba claro que hab�a ocurrido algo entre Jason y su padre que ninguno de los dos quer�a discutir. Jase parec�a tan moderado que hacia los postres me empec� a preguntar si no estar�a f�sicamente enfermo: sus ojos apenas abandonaban su plato, que casi no hab�a tocado. Cuando lleg� la hora de ir a la fiesta de trineos se levant� con obvia reluctancia y parec�a que estaba a punto de suplicar algo cuando E. D. dijo.</p><p>�Vete, t�mate la noche libre. Te har� bien.</p><p>Yo me pregunt�: ��la noche libre de qu�?�.</p><p>Fuimos a la fiesta en el coche de Diane, un Honda sin pretensiones, un �tipo de coche del tipo mi-primer-coche�, como le gustaba describirlo a Diane. Me sent� detr�s del conductor-Jase en el asiento del pasajero al lado de su hermana, con las rodillas apretadas contra la guantera y aspecto sombr�o.</p><p>��Qu� es lo que ha hecho? �pregunt� Diane�. �Azotarte?</p><p>�Para nada.</p><p>�Pues act�as como si lo hubiera hecho.</p><p>��S�? Lo siento.</p><p>El cielo, por supuesto, estaba negro. Nuestros faros barrieron jardines nevados y una muralla de �rboles sin hojas mientras nos dirig�amos hacia el norte. Hac�a tres d�as que hab�amos tenido una nevada hist�rica, seguida de una ola de fr�o que hab�a embalsamado la nieve bajo una capa de hielo all� donde no hab�an pasado los quitanieves.</p><p>��Y qu� ha pasado entonces? �pregunt� Diane�. Debe de ser algo serio.</p><p>Jason se encogi� de hombros.</p><p>��Guerra? �Peste? �Hambre?</p><p>Volvi� a encogerse y se subi� el cuello de la chaqueta.</p><p>No estuvo mucho mejor en la fiesta. Pero tampoco es que fuera una gran cosa de fiesta.</p><p>Era una reuni�n de antiguos compa�eros de clase de Jason y Diane que se celebraba en la casa de la familia de otro alumno de la academia Rice que hab�a vuelto a casa de alguna universidad de la Ivy League. Sus padres hab�an intentado escenificar un evento social digno y adecuado a la estaci�n: canap�s, chocolate caliente y tirarse en trineo por la suave pendiente que hab�a detr�s de la casa. Pero para la mayor�a de los invitados (l�gubres pijos que hab�an esquiado en Zermatt o Gstaad mucho antes de que les quitaran la ortodoncia infantil) s�lo era otra excusa para beber a escondidas. En el exterior, bajo guirnaldas de luces de colores, las petacas pasaban de mano en mano y en el s�tano un tipo llamado Brent vend�a �xtasis.</p><p>Jason encontr� una silla en un rinc�n y se sent� mirando ce�udo a todo el que pareciera amistoso. Diane me present� a una chica de enormes ojos llamada Holly y luego me abandon�. Holly empez� un mon�logo sobre cada una de las pel�culas que hab�a visto en los �ltimos doce meses. Me hizo dar vueltas por la habitaci�n durante casi una hora, deteni�ndose de vez en cuando para ir a hurtar sushi de la bandeja. Cuando se excus� por tener que ir a visitar el ba�o, me dirig� directamente al lugar donde Jason se dedicaba a hacerse el hura�o y le rogu� que saliera fuera conmigo.</p><p>�No tengo ganas de tirarme en trineo.</p><p>�Ni yo. T� s�lo hazme el favor de venir, �vale?</p><p>As� que nos pusimos nuestras botas y las chaquetas y salimos al exterior. La noche era fr�a y no soplaba viento. Media docena de alumnos de la Rice estaban api�ados en una neblina de humo de cigarrillo en el porche, mir�ndonos con mala cara. Seguimos una senda en la nieve hasta que estuvimos m�s o menos solos en lo alto de una peque�a colina, contemplando desde arriba a media docena de personas que se deslizaban en trineo sin demasiado entusiasmo a trav�s del resplandor circense de las luces de Navidad. Le cont� a Jason que Holly se me hab�a pegado como una sanguijuela vestida de Gap. Se encogi� de hombros y dijo:</p><p>�Todos tenemos problemas.</p><p>��Qu� demonios te pasa esta noche?</p><p>Pero antes de que pudiera responderme, son� mi tel�fono. Era Diane, desde la casa.</p><p>��D�nde est�is? Holly est� bastante mosqueada. Abandonarla de esa forma. Eso ha sido muy grosero, Tyler.</p><p>�Debe de haber alg�n otro al que pueda enca�onar con su conversaci�n.</p><p>�S�lo est� nerviosa. Apenas conoce a nadie por aqu�.</p><p>�Lo siento, pero �qu� tiene eso que ver conmigo?</p><p>�Pens� que a lo mejor os llevabais bien.</p><p>Parpade�, sorprendido.</p><p>��Llevarnos? �No hab�a ninguna forma buena de interpretar eso�. �Me est�s diciendo que nos estuviste haciendo de celestina?</p><p>Se call� durante un par de incriminadores segundos.</p><p>�Vamos, Tyler� no te lo tomes as�.</p><p>Durante cinco a�os, Diane hab�a estado desenfoc�ndose como una pel�cula hecha por aficionados. Hubo ocasiones, especialmente despu�s de que Jason se fuera a la universidad, en las que me sent�a como si fuera su mejor amigo. Me llamaba y habl�bamos; nos �bamos de compras o �bamos al cine. �ramos amigos. Colegas. Si hab�a alg�n tipo de tensi�n sexual, parec�a que era enteramente por mi parte, y ten�a cuidado de ocultarla, porque incluso esa intimidad parcial era fr�gil: sab�a, sin necesidad de que me lo dijeran, que fuera lo que fuese que Diane quer�a de m�, no inclu�a pasi�n de ning�n tipo.</p><p>E. D., por supuesto, jam�s habr�a tolerado una relaci�n entre Diane y yo a menos que estuviera vigilada, fuera en esencia infantil, y no hubiera peligro de que diera un giro inesperado. Pero la distancia entre nosotros parec�a del agrado de Diane, tambi�n, y pod�an pasar meses sin que la viera apenas. Pod�a saludarla con la mano cuando esperaba el autob�s de Rice (cuando a�n segu�a en la academia Rice); pero durante esos lapsos no me llamaba, y en las raras ocasiones en las que reun�a el coraje suficiente para llamarla, ella nunca estaba de humor para hablar.</p><p>Durante esos per�odos, en ocasiones sal�a con chicas del instituto, normalmente chicas t�midas que hubieran preferido (y a veces me lo hab�an dicho expl�citamente) salir con alg�n chico m�s popular pero que se hab�an resignado a tener una vida social de segunda categor�a. Ninguna de esas relaciones dur� mucho. Perd� mi virginidad a los diecisiete con una hermosa muchacha de estatura imponente llamada Elaine Bowland: intent� convencerme de que estaba enamorado de ella, pero nos separamos sin brusquedades tras ocho o nueve semanas con una combinaci�n de alivio y pesar.</p><p>Despu�s de cada uno de esos episodios, Diane me sol�a llamar inesperadamente y habl�bamos, y yo no mencionaba a Elaine Bowland (o a Toni Hickock, o Sarah Burstein) y Diane nunca llegaba a contarme c�mo hab�a pasado su tiempo libre durante ese per�odo y eso estaba bien, porque pronto est�bamos de vuelta a la burbuja, suspendidos entre el romance y el fingimiento, entre la ni�ez y la madurez.</p><p>Intentaba no tener m�s expectativas. Pero no pod�a evitar desear su compa��a. Y cre�a que ella quer�a la m�a. Era ella la que volv�a a llamarme, despu�s de todo. Ve�a la manera en que se relajaba cuando estaba con ella, su sonrisa espont�nea cuando yo entraba en la habitaci�n, casi una declaraci�n: <emphasis>�Bien. Tyler est� aqu�. Nada malo puede ocurrir cuando Tyler est� aqu��.</emphasis></p><p>��Tyler?</p><p>Me preguntaba qu� le habr�a dicho a Holly �Tyler es muy agradable. Pero lleva detr�s de m� desde hace a�os� �vosotros dos har�ais una pareja genial!�</p><p>��Tyler? �parec�a preocupada�. Tyler, si no quieres hablar�</p><p>�La verdad es que no.</p><p>�Entonces p�same a Jason, por favor.</p><p>Le entregu� el m�vil. Jason escuch� un momento. Entonces dijo.</p><p>�Estamos en la cima de la colina. No. no. �Por qu� no vienes hasta aqu�? No hace tanto fr�o en realidad. No.</p><p>No quer�a verla. Comenc� a alejarme. Jason me tir� el m�vil y dijo:</p><p>�No hagas el gilipollas, Tyler. Tengo que hablar contigo y con Diane.</p><p>��De qu�?</p><p>�Del futuro.</p><p>Era un comentario irritantemente cr�ptico.</p><p>�Puede que t� no tengas fr�o, pero yo s� que lo tengo. �Estaba congelado.</p><p>�Esto es m�s importante que cualquier problema que puedas tener con mi hermana. �Parec�a casi c�micamente serio�. Y s� lo que ella significa para ti.</p><p>�Ella no significa nada.</p><p>�Eso no ser�a cierto aunque fuerais s�lo amigos.</p><p>�Somos s�lo amigos. �Jam�s le hab�a contado nada de verdad sobre Diane; �se era uno de los lugares a los que no se supon�a que se debiera encaminar nuestra conversaci�n�. Preg�ntaselo t� mismo.</p><p>�Est�s cabreado porque te present� a esa tal Holly.</p><p>�No quiero discutirlo.</p><p>�Pero ha sido simplemente Diane haciendo de santurrona. Es lo que le gusta ahora. Se ha estado leyendo todos esos libros.</p><p>��Qu� libros?</p><p>�Teolog�a del Apocalipsis. Normalmente procedentes de los expositores de <emphasis>best seller. </emphasis>Ya sabes, <emphasis>Rezando en la oscuridad </emphasis>de C. R. Ratel, la abnegaci�n ante lo mundano. Tienes que ver m�s televisi�n de horario diurno, Tyler. No intentaba insultarte, era un gesto.</p><p>��Y eso ya lo justifica todo? �Di unos cuantos pasos m�s alej�ndome de �l, hacia la casa. Me empezaba a preguntar c�mo irme a casa sin que nadie me llevara en coche.</p><p>�Tyler �dijo Jason, y hab�a algo en su voz que hizo que me girara�. Tyler. Escucha. Me preguntaste qu� era lo que me preocupaba �suspir�. E. D. me cont� algo acerca del Suceso de Octubre. Todav�a no es p�blico. Promet� que no hablar�a de ello. Pero voy a romper esa promesa. Voy a romper esa promesa porque s�lo hay tres personas en el mundo que considero mi familia, y una de ellas es mi padre, y las otras dos sois t� y Diane. As� que, por favor, �puedes quedarte conmigo unos minutos m�s?</p><p>Divis� a Diane subiendo laboriosamente por la pendiente, todav�a intentando ponerse su chaqueta de invierno, una mano en una manga y otra por fuera.</p><p>Mir� a la cara de Jason, pesarosa y carente de toda alegr�a a la tenue luz navide�a que proven�a de abajo. Eso me asust�, y pese a mis sentimientos, acced� a quedarme a escuchar lo que ten�a que decir.</p><empty-line/><p>Le susurr� algo a Diane cuando lleg� al quiosco. Diane se le qued� mirando con los ojos abiertos como platos y se apart� algo de nosotros dos. Entonces Jason empez� a hablar, en tono suave, met�dico, casi tranquilizador, recitando una pesadilla como si fuera un cuento para irse a dormir.</p><p>Todo eso lo hab�a o�do de E. D., por supuesto.</p><p>A E. D. le hab�an ido bien las cosas tras el Suceso de Octubre. Cuando los sat�lites fallaron, las Industrias Lawton hab�an salido al paso con una tecnolog�a de reemplazo, disponible e inmediata: aer�statos de gran altitud, globos sofisticados dise�ados para flotar indefinidamente en la estratosfera. Cinco a�os despu�s, los aer�statos de E. D. llevaban cargas de equipos de telecomunicaciones y repetidores, permitiendo transmisiones multipunto de datos y voz, haciendo cualquier cosa (exceptuando GPS y astronom�a) que hac�an los sat�lites convencionales. El poder y la influencia de E. D. hab�an crecido a pasos agigantados. �ltimamente hab�a formado un grupo de presi�n de la industria aeroespacial, la Fundaci�n Perihelio, y hab�a actuado como asesor del gobierno federal en una cierta cantidad de proyectos no tan p�blicos, en este caso, el programa VRA (Veh�culo de Reentrada Automatizada) de la NASA.</p><p>La NASA hab�a estado refinando sus sondas VRA desde hac�a ya un par de a�os. Los lanzamientos iniciales hab�an sido dise�ados como investigaciones sobre el escudo del Suceso de Octubre. �Se pod�a traspasar y se pod�an obtener datos �tiles del exterior?</p><p>El primer intento fue, casi literalmente, un disparo en la oscuridad. Una sonda VRA en la punta de un Lockheed Martin Atlas 2AS, disparado hacia la oscuridad absoluta sobre la Base de las Fuerzas A�reas de Vandenberg. Casi al instante pareci� un fracaso: el sat�lite, que estaba dise�ado para pasar una semana en �rbita, cay� al oc�ano Atl�ntico cerca de las Bermudas momentos despu�s del lanzamiento. Como dijo Jason, hab�a chocado contra el l�mite del Suceso y hab�a salido rebotado de vuelta.</p><p>Pero no hab�a rebotado.</p><p>�Cuando recuperaron el sat�lite, descargaron datos recopilados durante una semana entera.</p><p>��C�mo es posible?</p><p>�La pregunta no es qu� es posible, sino qu� ocurri�. Lo que ocurri� fue que el sat�lite pas� siete semanas en �rbita y volvi� la misma noche en que fue lanzado. Sabemos que eso es lo que ocurri� porque lo mismo ha sucedido con cualquier otro lanzamiento que se ha intentado, y lo han intentado una y otra vez.</p><p>��Y qu� ocurri�? �De qu� nos est�s hablando, Jase? �De viaje en el tiempo?</p><p>�No� no exactamente.</p><p>��No exactamente?</p><p>�Deja que lo cuente �dijo Diane en tono bajo.</p><p>Hab�a todo tipo de pistas sobre lo que realmente estaba sucediendo, dijo Jason. La observaci�n desde las instalaciones de tierra parec�an sugerir que los impulsores hab�an acelerado hasta introducirse en la barrera antes de desaparecer, como si los hubieran absorbido. Pero la informaci�n del aparato recuperado no mostraba ning�n efecto de ese tipo. Los dos conjuntos de observaciones no se pod�an conciliar. Visto desde el suelo, los sat�lites aceleraban hasta la barrera y luego ca�an casi al instante de vuelta a la Tierra; la informaci�n de los sat�lites mostraba que se dirig�an sin problemas a sus �rbitas programadas, permanec�an en ellas el tiempo que deb�an y regresaban por sus propios medios semanas o meses despu�s. (Como el cosmonauta ruso, pens�, cuya historia, que no hab�a sido confirmada ni negada oficialmente, se hab�a convertido en una especie de leyenda urbana). Suponiendo que ambos conjuntos de datos eran v�lidos, s�lo hab�a una explicaci�n.</p><p>El tiempo pasaba de forma diferente fuera de la barrera.</p><p>O, para invertir la ecuaci�n, el tiempo en la Tierra transcurr�a m�s lentamente que en el resto del universo.</p><p>��Comprendes lo que eso implica? �pregunt� Jason en tono perentorio�. Antes, parec�a como si estuvi�ramos en alg�n tipo de jaula electromagn�tica que regulaba la energ�a que llegaba a la superficie de la Tierra. Y es cierto. S�lo que es un efecto secundario, una peque�a parte de una imagen mucho m�s grande.</p><p>��Efecto secundario de qu�?</p><p>�De lo que est�n empezando a llamar un <emphasis>gradiente temporal. </emphasis>�Comprendes la importancia de eso? Por cada segundo que pasa en la Tierra, much�simo m�s tiempo pasa en el exterior.</p><p>�No tiene sentido �dije inmediatamente�. �Qu� tipo de f�sica har�a falta para eso?</p><p>�Hay gente con mucha m�s experiencia que yo que est�n luchando con esa pregunta. Pero la idea de un gradiente temporal tiene un cierto poder explicativo. Si hay un diferencial temporal entre nosotros y el universo, la radiaci�n ambiental que llega a la superficie de la Tierra en cualquier momento dado, rayos X, radiaci�n c�smica, se incrementar�a de forma proporcional. Y un a�o de luz solar condensado en diez segundos ser�a instant�neamente letal. As� que la barrera electromagn�tica que rodea la Tierra no nos oculta, nos <emphasis>protege. </emphasis>Est� filtrando toda radiaci�n concentrada, que supongo que tendr� un corrimiento al azul.</p><p>�El falso sol �dijo Diane, que empezaba a pillarlo.</p><p>�Eso es. Nos proporcionan luz solar falsa porque la de verdad nos matar�a. Nos dan la suficiente, y apropiadamente distribuida, para imitar a las estaciones, para que sea posible cultivar cosechas y para que haya meteorolog�a. Las mareas, nuestra trayectoria alrededor del sol, la masa, la cantidad de movimiento, la gravitaci�n, todas esas cosas est�n siendo manipuladas, no s�lo para que el tiempo fluya m�s lento, sino para mantenernos vivos mientras lo hace.</p><p>�Intencionado �dije�. As� que no es un acto natural entonces. Es ingenier�a.</p><p>�Creo que tenemos que admitirlo �dijo Jason�, s�.</p><p>�Esto nos lo est�n haciendo a nosotros.</p><p>�La gente habla de una hipot�tica inteligencia controladora.</p><p>�Pero �qu� prop�sito tiene, qu� espera lograr?</p><p>�No lo s�. Nadie lo sabe.</p><p>Diane contempl� a su hermano a trav�s de un vac�o compuesto de aire invernal, fr�o e inm�vil. Se abraz� a su chaquet�n y tembl�. No por la temperatura, sino porque hab�a llegado a la pregunta fundamental.</p><p>��Cu�nto tiempo, Jason? �Cu�nto tiempo transcurre ah� fuera?</p><p>Ah� fuera, m�s all� de la negrura del cielo.</p><p>Jason vacil�, visiblemente reacio a responder.</p><p>�Un mont�n �admiti�.</p><p>�D�noslo �dijo ella con voz desva�da.</p><p>�Bueno. Hay todo tipo de medidas. Pero en el �ltimo lanzamiento, lo que hicieron fue hacer rebotar una se�al de calibraci�n en la superficie de la luna. La luna se aleja algo m�s de la Tierra con cada a�o, �lo sab�as? Una cantidad min�scula pero mensurable. Si mides la distancia, obtienes una especie de calendario aproximado, m�s preciso cuanto m�s tiempo haya pasado. A��dele a eso otros indicadores, como el movimiento de las estrellas cercanas�</p><p>��Cu�nto tiempo, Jason?</p><p>�Han pasado cinco a�os y un par de meses desde el Suceso de Octubre. Fuera de la barrera, eso se traduce en poco m�s de quinientos millones de a�os.</p><p>Era un n�mero anonadador.</p><p>No se me ocurr�a nada que decir. Ni una sola palabra. Me qued� mudo. Conmocionado. En ese momento no hab�a ning�n sonido, s�lo el l�mpido vac�o de la noche.</p><p>Entonces Diane, que hab�a visto hasta el terrible coraz�n del asunto, pregunt�:</p><p>��Y cu�nto tiempo nos queda?</p><p>�Tampoco lo s�. Depende. Estamos protegidos, hasta cierto punto, por la barrera, pero �c�mo de efectiva es esa protecci�n? Pero tambi�n hay otros hechos inevitables. El sol morir�, como cualquier otra estrella. Quema hidr�geno y se expande, haci�ndose m�s caliente seg�n envejece. La Tierra existe en una especie de zona habitable en el sistema solar, y esa zona se est� desplazando paulatinamente hacia el exterior. Como he dicho, estamos protegidos, estaremos bien por ahora, sin importar lo que pase. Pero llegar� un momento en que la Tierra estar� dentro de la heliosfera solar. No engullir�. Despu�s de llegados a cierto punto, ya no habr� vuelta atr�s.</p><p>��Cu�nto tiempo, Jase?</p><p>Le dedic� una mirada lastimera.</p><p>�Cuarenta, quiz� cincuenta a�os �dijo�. M�s o menos.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d.C.</p></title><p>El dolor era dif�cil de aguantar, incluso con la morfina que Diane hab�a comprado a un precio rid�culo en una farmacia de Padang. La fiebre era lo peor.</p><p>No era continua. Llegaba en oleadas, en racimos, burbujas do calor y ruidos que reventaban inesperadamente en mi cabeza. Hac�a que mi cuerpo fuera caprichoso, impredecible. Una noche alargu� la mano intentando agarrar un inexistente vaso de agua y romp� una lamparilla de noche, despertando a la pareja de la habitaci�n de al lado.</p><p>Al llegar el d�a, temporalmente l�cido de nuevo, no pod�a recordar el incidente. Pero vi la sangre coagulada en mis nudillos y o� a Diane pagando al enfadado conserje.</p><p>��De verdad hice eso?</p><p>�Me temo que s�.</p><p>Se sent� en una silla de mimbre al lado de la cama. Hab�a pedido el desayuno al servicio de habitaciones, huevos revueltos y zumo de naranja. El cielo m�s all� de las cortinas de gasa era azul. La puerta de la terraza estaba abierta, admitiendo r�fagas de aire agradablemente c�lido y el olor del oc�ano.</p><p>�Lo siento �dije.</p><p>�No estabas en tus cabales. Te dir�a que lo olvidaras, pero es obvio que ya lo has hecho. �Me puso una mano tranquilizadora en la cabeza�. Y todav�a no se ha acabado, me temo.</p><p>��Cu�nto�?</p><p>�Una semana.</p><p>��S�lo una semana?</p><p>�S�lo.</p><p>Ni siquiera hab�a hecho la mitad de la ordal�a.</p><empty-line/><p>Pero los intervalos l�cidos eran �tiles para escribir.</p><p>La grafoman�a era uno de los m�ltiples efectos secundarios de la droga. Diane, cuando estaba pasando por el mismo suplicio, escribi� una vez la frase �Acaso soy el guardi�n de mi hermano� cientos de veces de manera casi id�ntica en catorce folios. Mi propia grafoman�a al menos era algo m�s coherente. Apilaba p�ginas escritas a mano en la mesilla de noche, mientras esperaba a que la fiebre lanzara una nueva ofensiva, releyendo lo que hab�a escrito con la esperanza de fijarlo en mi mente.</p><p>Diane pasaba el d�a fuera del hotel. Cuando volv�a, le pregunt� d�nde hab�a estado.</p><p>�Haciendo contactos �me dijo. Me cont� que hab�a contactado con un agente de tr�fico de personas, un hombre minang llamado Jala cuyo negocio de exportaci�n- importaci�n serv�a de tapadera a su m�s lucrativo negocio de transporte de emigrantes. Todo el mundo en los muelles conoc�a a Jala, dijo ella. Estaba compitiendo por plazas contra una panda de kibutzim chalados y ut�picos, as� que el trato no estaba decidido, pero Diane se mostraba cautamente optimista.</p><p>�Ten cuidado �dije�. Puede que todav�a haya gente busc�ndonos.</p><p>�No hasta donde s�, pero� �Se encogi� de hombros. Mir� al cuaderno de notas que ten�a en la mano�. �Escribiendo de nuevo?</p><p>�Aparta mi mente del dolor.</p><p>��Puedes sostener bien el bol�grafo?</p><p>�Es como tener artritis terminal, pero puedo arregl�rmelas. ��Hasta ahora�, pens�. La distracci�n hace que valga la pena la incomodidad.</p><p>Pero no se trataba s�lo de eso, por supuesto. Ni era simple grafoman�a. La escritura era un modo de exteriorizar lo que sent�a que estaba amenazado.</p><p>�Est� muy bien hecho �dijo Diane.</p><p>La mir�, horrorizado.</p><p>��Lo has le�do?</p><p>�T� me lo pediste. Me lo rogaste, Tyler.</p><p>��Estaba delirando?</p><p>�Eso parece� aunque parec�as bastante racional en ese momento.</p><p>�No escribo con un p�blico en mente. �Y me conmocion� el haber olvidado que se lo hab�a ense�ado. �Qu� m�s se me habr�a borrado?</p><p>�No volver� a mirarlo, entonces. Pero lo que escribiste� �Inclin� la cabeza a un lado�. Me asombra y me halaga que tuvieras esos sentimientos tan fuertes por m�, en ese entonces.</p><p>�No deber�a sorprenderte demasiado.</p><p>�M�s de lo que crees. Pero es una paradoja, Tyler. La muchacha que describes en tus p�ginas es indiferente, casi cruel.</p><p>�Jam�s pens� en ti de esa forma.</p><p>�No es tu opini�n la que me preocupa. Es la m�a.</p><p>Hab�a estado sentado en la cama, imaginando que �ste era un acto de fortaleza, una prueba de mi estoicismo. M�s bien era prueba de que los analg�sicos estaban al mando temporalmente. Me estremec�. El estremecimiento era el primer s�ntoma de un resurgimiento de la fiebre.</p><p>��Quieres saber cu�ndo me enamor� de ti? Quiz� deber�a escribir sobre eso. Es importante. Yo ten�a diez�</p><p>�Tyler, Tyler, nadie se enamora cuando tiene diez a�os.</p><p>�Fue cuando muri� San Agust�n.</p><p>San Agust�n era un springer spaniel blanco y negro que hab�a sido la mascota de Diane. �San Perro�, lo hab�a llamado ella.</p><p>Diane hizo una mueca.</p><p>�Eso es macabro.</p><p>Pero yo lo dec�a en serio. E. D. Lawton hab�a comprado el perro en un impulso porque quer�a algo que decorara la chimenea, como una pareja de morillos de anticuario. Pero San Perro se hab�a resistido a ese destino. San Perro era decorativo, s�, pero tambi�n era inquisitivo y travieso a m�s no poder. Con el tiempo, E. D. lleg� a odiarlo; Carol Lewton lo ignoraba y desconcertaba por completo a Jason. Fue Diane, que ten�a doce a�os, la que le tom� cari�o, y viceversa. Cada uno sacaba lo mejor del otro. Durante seis meses, San Perro la sigui� a todas partes menos al autob�s del colegio. Los dos jugaban juntos en el gran jard�n las tardes de verano, y ah� fue cuando me fij� en Diane de una forma particular� la primera vez que me produjo placer simplemente quedarme observ�ndola. Corr�a con San Perro hasta que quedaba agotada, y San Perro siempre se mostraba paciente mientras ella recuperaba el aliento. Atend�a al animal de una forma que ning�n otro de los Lawton intent� hacer: era sensible a sus estados de �nimo, y San Perro a los suyos.</p><p>En aquel entonces no podr�a haber explicado por qu� me gustaba eso de ella. Pero en el mundo inquieto y emocionalmente cargado de los Lawton era un oasis de cari�o sin complicaciones. Si hubiera sido un perro, me hubiera puesto celoso. En vez de eso, me impresion� que Diane fuera especial, diferente del resto de su familia en aspectos importantes. Se enfrentaba al mundo con una apertura emocional que el resto de los Lawton hab�an perdido o jam�s hab�an aprendido.</p><p>San Agust�n muri� s�bita y prematuramente, apenas si era m�s que un cachorro, ese oto�o. Diane se qued� abatida por la pena, y yo me di cuenta de que estaba enamorado de ella�</p><p>No, eso s� que suena macabro. No me enamor� de ella porque llorara la muerte del perro. Me enamor� de ella porque era capaz de llorar la muerte de su perro, mientras todos los dem�s parec�an indiferentes o secretamente aliviados de que San Agust�n al fin no estuviera en la casa.</p><p>Diane apart� la mirada de la cama, hacia la soleada ventana.</p><p>�Se me rompi� el coraz�n cuando se muri� ese perro.</p><p>Hab�amos enterrado a San Perro en el terreno arbolado al final del jard�n. Diane erigi� un peque�o mont�culo de piedras como monumento, y lo reconstru�a cada primavera hasta que se fue de casa, hac�a tres a�os.</p><p>Tambi�n rezaba ante cualquier se�al de cambio de estaci�n, en silencio, con las manos unidas. A qui�n o a qu� le rezaba, no lo s�. No s� qu� hace la gente cuando reza. No creo que sea capaz de hacerlo.</p><p>Para m� era evidente que Diane viv�a en un mundo mayor que la Gran Casa, un mundo donde la pena y la alegr�a ejerc�an una fuerza como las de las mareas, con todo el peso del oc�ano a sus espaldas.</p><p>La fiebre volvi� esa noche. No recuerdo nada de eso excepto por un temor recurrente (ven�a a intervalos de una hora) de que la droga me hubiera borrado m�s recuerdos de los que podr�a recuperar jam�s, una sensaci�n de p�rdida irreparable similar a esos sue�os en los que uno busca en vano su cartera desaparecida, el reloj, cualquier objeto preciado, o el sentido del yo. Imagin� que sent�a la droga marciana trabajando en mi cuerpo, reanudando asaltos y negociando treguas temporales con mi sistema inmune, estableciendo cabezas de playa celulares, tomando prisioneras a secuencias cromos�micas hostiles.</p><p>Cuando volv� en m�, Diane estaba ausente. Aislado del dolor por la morfina que me hab�a dado, sal� de la cama y me las arregl� para usar el ba�o, luego camin� arrastrando los pies hasta la terraza.</p><p>Hora de la cena. El sol segu�a en el cielo, pero �ste se hab�a vuelto de un azul m�s oscuro. El aire ol�a a leche de coco y a vapores de diesel. El Arco resplandec�a en el oeste como mercurio congelado.</p><p>Me descubr� queriendo volver a escribir, el impulso me llegaba como un eco de la fiebre. Llevaba conmigo el cuaderno de notas que hab�a medio llenado con garabatos indescifrables. Tendr�a que pedirle a Diane que me comprara otro. Quiz� un par m�s, que llenar�a con palabras.</p><p>Palabras como anclas, anclando los barcos de la memoria que de otro modo ser�an dispersados por la tormenta.</p></section><section><title><p>Los rumores del Apocalipsis llegan a las Berkshires</p></title><p>No volv� a ver a Jason durante varios a�os despu�s de la fiesta del trineo, aunque me mantuve en contacto. Nos volvimos a encontrar el a�o que me gradu� en la facultad de medicina, en una casa de alquiler en las Berkshires a unos veinte minutos de Tanglewood.</p><p>Hab�a estado ocupado. Hab�a hecho cuatro a�os de facultad, m�s tiempo como voluntario en una cl�nica local y hab�a empezado a prepararme para la Prueba de Admisi�n en Medicina un par de a�os antes de hacerla. Mi nota media, los resultados de la Prueba de Admisi�n, y un fajo de cartas de recomendaci�n de los tutores y otros profesores venerables (m�s la generosidad de E. D.) me consiguieron la admisi�n en el campus m�dico de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook por cuatro a�os. Eso ya estaba hecho, quedaba detr�s de m�, terminado, pero ten�a la intenci�n de pasar al menos otros tres a�os de especializaci�n antes de estar preparado para dedicarme a la pr�ctica de la medicina.</p><p>Lo que me colocaba entre la mayor�a de la gente que continuaban viviendo sus vidas como si el fin del mundo jam�s hubiera sido anunciado.</p><p>Podr�a haber sido diferente si el d�a del juicio hubiera sido calculado al d�a y hora. Todos podr�amos haber escogido nuestra motivaci�n para el personaje, desde el p�nico a la resignaci�n beat�fica, y haber representado el final de la historia humana con un sentido decente del ritmo y con un ojo fijo en el reloj.</p><p>Pero a lo que nos enfrent�bamos era simplemente una alta posibilidad de extinci�n definitiva en un sistema solar que cada vez era m�s inh�spito para la vida. Probablemente nada podr�a protegernos indefinidamente del sol en expansi�n que hab�amos visto en las im�genes de la NASA capturadas por sondas orbitales� pero por ahora est�bamos escudados, por razones que nadie comprend�a. La crisis, si es que hab�a una crisis, era intangible; la �nica evidencia disponible a nuestros sentidos era la ausencia de estrellas: ausencia como evidencia, evidencia de ausencia.</p><p>�C�mo construye uno una vida bajo la amenaza de la extinci�n? La pregunta defini� a nuestra generaci�n. Para Jason era bastante f�cil, por <emphasis>lo </emphasis>que parec�a. Se hab�a tirado al problema de cabeza: el Spin se estaba convirtiendo r�pidamente en su vida: Y tambi�n fue relativamente f�cil para m�, supongo. Me atra�a la medicina desde el principio, y parec�a una elecci�n sabia en la actual atm�sfera de crisis en ebullici�n. Quiz� me imaginaba que salvar�a vidas, si el fin del mundo resultaba ser algo m�s que hipot�tico y menos que instant�neo. Pero �ten�a alguna importancia si todos est�bamos condenados? �Por qu� salvar una vida si toda vida humana perecer�a? Pero los m�dicos en realidad no salvan vidas, las prolongamos; y si eso falla, proporcionamos cuidados paliativos y aliviamos el dolor. Lo que puede que fuera la habilidad m�s �til de todas.</p><p>Y encima de todo eso, la universidad y la facultad de medicina hab�an sido una distracci�n continua, incesante y agotadora, pero bienvenida, de todos los pesares del mundo.</p><p>As� que aguant�. Jason aguant�. Pero muchos otros lo pasaron peor. Diane fue una de esas personas.</p><empty-line/><p>Estaba limpiando mi dormitorio de alquiler en Sony Brook cuando me llam� Jason.</p><p>Era temprano por la tarde. La ilusi�n �ptica indistinguible del sol brillaba con fuerza. Mi Hyundai estaba cargado y preparado para la vuelta a casa. Ten�a planeado pasar un par de semanas con mi madre, y luego atravesar el pa�s en coche durante una o dos semanas. �se ser�a mi �ltimo tiempo libre antes de empezar el per�odo de m�dico interno en Harborview, en Seattle, y ten�a intenci�n de ver mundo, o al menos la parte de �l que estaba comprendida entre Maine y el estado de Washington. Pero Jason ten�a otras ideas. Apenas me dedic� un hola-qu�-tal-est�s antes de intentar venderme la moto.</p><p>�Tyler �me dijo�, esto es demasiado bueno para dejarlo pasar. E. D. ha alquilado una casa de verano en las Berkshires.</p><p>�<emphasis>�</emphasis>Ah, s�? Bien por �l.</p><p>�Pero no puede usarla. La semana pasada estaba haciendo una visita a una planta de extrusi�n de aluminio en Michigan y se cay� de una plataforma de carga, rompi�ndose la cadera.</p><p>�Lamento o�rlo.</p><p>�No es grave, pero estar� con muletas durante un tiempo y no quiere recorrer todo el camino a Massachusetts s�lo para quedarse sentado y chupar analg�sicos. Y Carol no era muy entusiasta de la idea para empezar. �No era ninguna sorpresa que Carol se hubiera convertido en una alcoh�lica profesional. No me imaginaba qu� podr�a haber hecho en las Berkshires con E. D. Lawton, excepto beber a�n m�s�. La cosa �prosigui� Jase� es que no puede deshacer el contrato, de forma que la casa se va a quedar vac�a durante tres meses. As� que pens� que ya que hab�as terminado la facultad de medicina y todo eso, quiz� podr�amos reunimos al menos un par de semanas. Quiz� podr�amos convencer a Diane de que se nos una. Ir a un concierto. Pasear por los bosques. Como en los viejos tiempos. De hecho, me dirijo hacia all� en estos momentos. �Qu� dices, Tyler?</p><p>Estaba a punto de rechazar su oferta. Pero pens� en Diane. Pens� en las pocas cartas y llamadas telef�nicas que hab�amos intercambiado en las ocasiones predecibles y en las preguntas sin responder que se acumulaban entre nosotros. Sab�a que lo m�s sabio ser�a no ir. Pero ya era demasiado tarde: mi boca hab�a dicho s� por su cuenta.</p><empty-line/><p>As� que pas� otra noche en Long Island; luego met� a presi�n mis �ltimas posesiones terrenales en el maletero del coche y conduje por la avenida estatal del Norte hasta la carretera r�pida de Long Island.</p><p>Hab�a poco tr�fico y el tiempo era rid�culamente bueno. Era una tarde azul y despejada, agradablemente c�lida. Quer�a vender el ma�ana a la puja m�s alta y quedarme para siempre en el dos de julio. Me sent�a m�s est�pida y f�sicamente feliz de lo que me hab�a sentido en mucho tiempo.</p><p>Y entonces encend� la radio.</p><p>Era lo suficientemente mayor para recordar que una �estaci�n de radio� era un edificio con un transmisor y una torre de antena, cuando la recepci�n de radio variaba de pueblo en pueblo. Muchas de esas estaciones todav�a exist�an, pero la radio anal�gica del Hyundai hab�a muerto como una semana despu�s del fin de la garant�a. Lo que dejaba las emisoras digitales (retransmitidas a trav�s de uno o m�s de los aer�statos de gran altitud de E. D.). Normalmente sol�a escuchar descargas de jazz del siglo XX, un gusto que adquir� mientras rebuscaba en la colecci�n de discos de mi padre. Me gustaba fingir que �se era el verdadero legado que me hab�a dejado: Duke Ellington, Billie Holiday, Miles Davis, m�sica que ya era vieja cuando Marcus Dupree era joven, transmitida subrepticiamente, como un secreto de familia. Lo que quer�a escuchar en ese momento era �Harlem Air Shaft�, pero el tipo que hab�a revisado el coche hab�a reseteado mis presinton�as y me hab�a programado un canal de noticias que parec�a que no pod�a quitar. As� que tuve que aguantar desastres naturales y la mala conducta p�blica de celebridades. Incluso hablaban del Spin.</p><p>Ya lo hab�amos empezado a llamar el Spin para ese entonces.</p><p>Las encuestas eran muy claras a ese respecto. La NASA hab�a publicado la informaci�n de las sondas orbitales la noche que Jason nos dio la noticia a Diane y a m�, y una oleada de lanzamientos europeos confirmaron los resultados americanos. Pero todav�a, a ocho a�os de que el Spin se hiciera p�blico, s�lo una minor�a de norteamericanos y europeos lo consideraban una �amenaza para ellos y sus familias�. En gran parte de Asia, �frica y el Oriente Medio, una empecinada mayor�a consideraba que todo el asunto era una trama de los Estados Unidos, probablemente un intento fallido para crear alg�n tipo de escudo antimisiles de defensa estrat�gica.</p><p>Una vez le pregunt� a Jason a qu� se deb�a esto. Y me dijo.</p><p>�Piensa en lo que les estamos pidiendo que se crean. Estamos hablando, a nivel global, de una poblaci�n con un conocimiento casi prenewtoniano de la astronom�a. �Cu�nto necesitas saber sobre la luna y las estrellas cuando tu vida consiste en cosechar la suficiente biomasa para alimentarte a ti y a tu familia? Para que esa gente entendiera algo acerca del Spin tendr�as que comenzar desde muy atr�s. Tendr�as que contarles que la Tierra tiene miles de millones de a�os, para empezar. Espera que se las vean con el concepto de �miles de millones� quiz� por primera vez en sus vidas. Es dif�cil de tragar, especialmente si has sido educado en una teocracia musulmana, una aldea animista o una escuela p�blica del Cintur�n de la Biblia. Y luego cu�ntales que la Tierra no es inmutable, que hubo una era, que dur� m�s que la nuestra, en la que los oc�anos eran vapor y el aire venenoso. Cu�ntales c�mo los seres vivientes aparecieron repentinamente y evolucionaron espor�dicamente durante tres mil millones de a�os antes de producir el primer ser humano. Y entonces cu�ntales lo del sol, que tampoco es permanente, sino que empez� como una nube de gases y polvo en contracci�n que alg�n d�a, dentro de otros cuantos miles de a�os a partir de ahora, se expandir�, trag�ndose a la Tierra, y finalmente volar� sus capas exteriores para convertirse en una pepita de materia superdensa. Curso B�sico de Cosmolog�a, �no? T� lo aprendiste de todas esas novelas que sol�as leer, para ti es algo sabido, pero para la mayor�a de la gente es una visi�n del mundo completamente nueva y que probablemente ofende a sus creencias b�sicas. Pues deja que haga efecto esa informaci�n. Deja que lo asuman, y luego cu�ntales las malas noticias de verdad. El tiempo mismo es fluido e impredecible. El mundo que parece tan resistentemente normal, a pesar de todo lo que hemos aprendido, ha sido colocado en una especie de nevera c�smica. �Por qu� se nos ha hecho eso? No lo sabemos con exactitud. Creemos que est� causado por la acci�n deliberada de seres tan poderosos e inaccesibles que bien podr�amos llamarlos dioses. Y si enfurecemos a los dioses, puede que retiren su protecci�n, y al poco tiempo las monta�as se fundir�n y los oc�anos hervir�n. Pero no te f�es de nuestra palabra. Ignora la puesta de sol y las nieves que cubren las monta�as cada invierno, como siempre han hecho. Tenemos pruebas. Tenemos c�lculos, deducciones l�gicas y fotos hechas por m�quinas. Evidencia forense de gran calibre.</p><p>�Jason sonri� con una de sus extra�as y tristes sonrisas�. Sorprendentemente, el jurado sigue sin estar convencido.</p><p>Y no s�lo eran los ignorantes los que no estaban convencidos. En la radio, el presidente de una compa��a de seguros empez� a quejarse del impacto econ�mico producido por todo ese �debate incesante y acr�tico sobre el llamado Spin�. La gente empezaba a tom�rselo en serio, dijo. Y eso era malo para los negocios. Hac�a que la gente fuera temeraria. Animaba a la inmoralidad, al crimen y al gasto sin ahorro. Peor todav�a, jodia las previsiones de los actuarios.</p><p>�Si el mundo no se acaba en los pr�ximos treinta o cuarenta a�os �dijo�, nos enfrentaremos al desastre.</p><p>Las nubes empezaron a llegar desde el oeste. Una hora m�s tarde el hermoso cielo azul estaba encapotado y las gotas empezaron a estrellarse contra el parabrisas. Encend� los faros.</p><p>Las noticias de la radio pasaron a otra cosa despu�s de las previsiones de los actuarios. Hab�a mucha charla sobre otra cosa en los �ltimos titulares: las cajas plateadas, suspendidas por fuera de la barrera del Spin, a cientos de millas por encima de ambos polos de la Tierra. Suspendidas, no orbitando. Un objeto puede mantenerse en �rbita estable sobre el ecuador, los sat�lites geoestacionarios sol�an hacer eso mismo, pero nada, seg�n las leyes elementales del movimiento, pod�a �orbitar� en posici�n fija sobre los polos del planeta. Y sin embargo esas cosas estaban ah�, detectadas por radar y �ltimamente fotografiadas por misiones no tripuladas de reconocimiento: otro estrato de misterio a�adido al Spin, e igualmente incomprensible para las masas iletradas, que en este caso me inclu�an. Quer�a hablar de ello con Jason. Creo que quer�a que le diera sentido para m�.</p><empty-line/><p>Llov�a a raudales, y los truenos resonaban por los montes, cuando finalmente llegu� a la casa de alquiler de E. D. Lawton a las afueras de Stockbridge.</p><p>Era una casa de campo estilo ingl�s, de cuatro dormitorios, con el recubrimiento pintado de un verde ars�nico, puesta en medio de unos cien acres de bosque protegido. Reluc�a en el ocaso como un faro. Jason ya estaba all�, su Ferrari blanco aparcado bajo el techado que iba de la casa hasta el garaje.</p><p>Debi� o�rme aparcar: abri� la gran puerta delantera antes de que tocara.</p><p>��Tyler! �salud�, sonriendo.</p><p>Entr� y dej� mi �nica y empapada maleta en el suelo de baldosas del recibidor.</p><p>�S� que ha pasado tiempo �dije.</p><p>Nos hab�amos mantenido en contacto mediante correo electr�nico y tel�fono, pero aparte de un par de breves apariciones en la Gran Casa, �sta era la primera vez que est�bamos en la misma habitaci�n en casi ocho a�os. Supongo que el paso del tiempo era evidente en los dos, un sutil inventario de cambios. Hab�a olvidado lo formidable que era su presencia. Siempre hab�a sido alto, y siempre hab�a estado a gusto en su propio cuerpo, y as� segu�a aunque parec�a m�s delgado, no delicado, sino delicadamente equilibrado, como una escoba en equilibro sobre la punta del palo. Llevaba el pelo cortado como un rastrojo uniforme de una longitud de seis mil�metros. Y aunque conduc�a un Ferrari, segu�a ignorando cosas como el estilo personal: llevaba unos vaqueros desgastados, un su�ter de punto con pelusas de hilo descosido y zapatillas deportivas de ocasi�n.</p><p>��Has comido de camino?</p><p>�Almorc� tarde.</p><p>��Tienes hambre?</p><p>No ten�a, pero admit� que me mor�a por una taza de caf�. La facultad de medicina me hab�a convertido en adicto.</p><p>�Tienes suerte �dijo Jason�. Compr� medio kilo de caf� guatemalteco de camino hacia aqu�. �Los guatemaltecos, indiferentes ante el fin del mundo, segu�an cultivando caf�. Lo pondr� en la cafetera. Te mostrar� la casa mientras se hace.</p><p>Dimos una vuelta por la casa. Ten�a un aire abarrotado propio del siglo XX, paredes pintadas de verde manzana o naranja inmadura, recio mobiliario r�stico y cabeceros de lat�n en las camas, cortinas de encaje sobre ventanas de cristales abombados sobre los que la lluvia repiqueteaba incesantemente. Comodidades modernas en la cocina y la sala de estar, una tele grande, cadena de m�sica, conexi�n a internet. Acogedor en la lluvia. De vuelta al piso de abajo, Jason sirvi� el caf�. Nos sentamos a la mesa de la cocina e intentamos ponernos al d�a.</p><p>Jase se mostr� vago acerca de su trabajo, ya por modestia o por razones de seguridad. En los ocho a�os que hab�an transcurrido desde la revelaci�n del Spin hab�a conseguido un doctorado en astrof�sica y luego lo hab�a abandonado para ocupar un puesto menor en la Fundaci�n Perihelio de E. D. Quiz� no hab�a sido una mala jugada, ahora que E. D. era un miembro de alto rango del Comit� de Investigaci�n y Planificaci�n para Crisis Globales y Medioambientales del presidente Walker. Seg�n Jason, Perihelio estaba a punto de dejar de ser un comit� de expertos de la industria aeroespacial para transformarse en un cuerpo oficial asesor, con autoridad real para influir en la pol�tica.</p><p>��Eso es legal? �dije.</p><p>�No seas ingenuo, Tyler. E. D. ya se ha distanciado de Industrias Lawton. Dimiti� de la junta y sus acciones son administradas por un fondo fiduciario ciego. Seg�n nuestros abogados, est� libre de incompatibilidades.</p><p>��Y qu� haces t� en Perihelio?</p><p>Sonri�.</p><p>�Escucho con mucha atenci�n a mis superiores �dijo�, y hago sugerencias educadamente. Cu�ntame algo sobre la facultad de medicina.</p><p>Me pregunt� si no encontraba desagradable tener que ver tanta debilidad humana y enfermedades en clase. As� que le cont� mi clase de anatom�a de segundo a�o. Junto con una docena de estudiantes, hab�a diseccionado un cad�ver humano y ordenado sus contenidos por tama�o, color, funci�n y peso. Pero tambi�n era un hito, un ritual de paso. M�s all� de ese punto no quedaba nada de la ni�ez.</p><p>�Jes�s, Tyler. �Quieres algo m�s fuerte que el caf�?</p><p>�No digo que fuera gran cosa. Eso fue lo m�s sorprendente. No fue gran cosa. Acabas y te vas a ver una peli.</p><p>�Has recorrido mucho camino desde la Gran Casa, �eh?</p><p>�Mucho camino. Los dos.</p><p>Entonces empezamos a rememorar, y la tensi�n se apag� en la conversaci�n. Hablamos de los viejos tiempos. Ca�mos en lo que reconoc�a como un patr�n. Jason mencionaba un lugar, el s�tano, el centro comercial, el arroyo; y yo proporcionaba una historia: aquella vez que forzamos el mueble bar; la vez que vimos a aquella chica de la academia Rice llamada Kelley Weems robar unos condones de la farmacia; el verano en que Diane insisti� en leernos arrebatados pasajes de las obras de Christina Rossetti, como si hubiera descubierto algo profundo.</p><p><emphasis>El jard�n,</emphasis> propuso Jason. <emphasis>La noche en que desaparecieron las estrellas,</emphasis> dije yo.</p><p>Y entonces nos quedamos en silencio durante un rato.</p><p>�Bueno� �Va a venir o no? �consegu� decir al fin.</p><p>�Lo est� decidiendo todav�a �dijo Jase en tono neutro�. Tiene que ajustar algunos compromisos. Se supone que ma�ana me llama y me lo dice.</p><p>��Sigue en el sur? �eso era lo �ltimo que hab�a sabido de ella por mi madre. Diane estaba en alguna universidad del sur, estudiando algo que no pod�a recordar: geograf�a urbana, oceanograf�a o alguna otra ograf�a.</p><p>�S�, ah� sigue �dijo Jason, removi�ndose en su silla�. Ya sabes, Tyler. Diane ha cambiado en muchos aspectos.</p><p>�Supongo que eso no es nada sorprendente.</p><p>�Est� semiprometida. Para casarse.</p><p>Me lo tom� con dignidad.</p><p>�Bueno, bien por ella �dije. �C�mo podr�a estar celoso? Ya no ten�a ninguna relaci�n con Diane� y jam�s hab�a tenido una, en ese sentido de la palabra �relaci�n�. Y yo mismo casi hab�a estado comprometido, all� en Stony Brook, con una estudiante de segundo a�o llamada Candice Boone. Hab�amos disfrutado de decirnos �te amo� el uno al otro hasta que nos cansamos. Creo que Candice se cans� primero.</p><p>�Y eso de semiprometida? �Eso c�mo funcionaba?</p><p>Estuve tentado de preguntar. Pero Jason estaba claramente inc�modo con la direcci�n que hab�a tomado la conversaci�n. Recuper� un recuerdo: una vez, cuando est�bamos en la Gran Casa, Jason se hab�a tra�do una cita para que conociera a su familia. Era una chica nada espectacular pero agradable que hab�a conocido en el club de ajedrez de la Rice, demasiado t�mida para hablar mucho. Carol hab�a permanecido relativamente sobria aquella noche, pero E. D. hab�a mostrado a las claras su desaprobaci�n por aquella chica, hab�a sido visiblemente grosero con ella y hab�a reprendido a Jase por �traer un esp�cimen como �se a casa�. Un gran intelecto, hab�a dicho E. D., trae consigo una gran responsabilidad. No quer�a ver a Jason forzado a un matrimonio convencional. No quer�a verlo �colgando pa�ales� cuando pod�a estar �dejando su huella en el mundo�.</p><p>Mucha gente en la posici�n de Jason habr�a dejado de llevar a casa a las muchachas con las que sal�a.</p><p>Jason simplemente dej� de salir con mujeres.</p><empty-line/><p>La casa estaba vac�a cuando despert� a la ma�ana siguiente.</p><p>Hab�a una nota en la mesa de la cocina. Jase hab�a salido a comprar provisiones para una barbacoa: �Volver� al mediod�a o m�s tarde�. Eran las nueve treinta. Hab�a dormido hasta deliciosamente tarde, y sent�a toda la languidez de las vacaciones de verano.</p><p>La casa parec�a generarla. Las tormentas de la noche pasada hab�an desaparecido y me llegaba una agradable brisa matinal a trav�s de las cortinas estampadas. La luz del sol resaltaba las imperfecciones de las vetas de la madera de la cocina. Tom� un desayuno lento al lado de la ventana y observ� las nubes como se�oriales veleros que navegaban hacia el horizonte.</p><p>Un poco despu�s de las diez, son� el timbre de la puerta, y durante un segundo me entr� el p�nico de que pudiera ser Diane. �Hab�a decidido aparecer antes de tiempo? Pero result� ser �Mike, el paisajista�, advirti�ndome de que iba a cortar el c�sped. No quer�a despertar a nadie, pero el cortac�sped hac�a mucho ruido. Pod�a volver esa tarde si me supon�a un problema. Ning�n problema, le dije, y unos minutos despu�s ya estaba definiendo los contornos de la propiedad a bordo de un anticuado John Deere que ennegrec�a el aire con el combustible que quemaba. Todav�a sinti�ndome algo somnoliento, me pregunt� c�mo se ver�a aquel trabajo de jardiner�a frente a lo que Jason sol�a llamar el universo en general. Para el universo en general, la Tierra era un planeta casi en �xtasis. Esas hojas de hierba hab�an crecido durante siglos, con un movimiento tan lento y cargado de historia como la evoluci�n de las estrellas. Mike, una fuerza de la naturaleza nacida hac�a un par de miles de millones de a�os, segaba la hierba con una paciencia vasta e irresistible. Las hojas cortadas ca�an como apenas tocadas por ingravedad, pasando muchas estaciones entre el sol y la marga, marga en la que se deslizaban gusanos matusal�n mientras en otros lugares de la galaxia, quiz�, surg�an y ca�an imperios.</p><p>Jason ten�a raz�n, por supuesto: era dif�cil creer en ello. O m�s bien no, no �creer en ello�; la gente cree en todo tipo de cosas de lo m�s inveros�miles; sin aceptar la verdad fundamental sobre el mundo. Me sent� en el porche de la casa, en el lado m�s alejado del rugiente cortac�sped, y el aire era fresco y el sol era agradable sobre mi rostro cuando lo volv� hacia �l, aunque supiera lo que era, radiaci�n filtrada de una estrella en pleno Spin, donde los siglos se malgastaban en segundos.</p><p>No pod�a ser cierto. Es cierto.</p><p>Volv� a pensar en la facultad de medicina, en la clase de anatom�a que le hab�a contado a Jason. Candice Boone, mi casi prometida de anta�o, hab�a estado en esa clase conmigo. Se hab�a mostrado estoica durante la disecci�n, pero no despu�s. Un cuerpo humano, me dijo, deber�a contener amor, odio, valor, cobard�a, alma, esp�ritu� no ese conjunto de gelatinosos imponderables azules y rojos. S�. Y tampoco deber�amos vernos arrastrados a un futuro cruel y letal.</p><p>Pero el mundo es como es, y no se puede regatear con �l. Eso fue lo que le dije a Candice.</p><p>Ella me dijo que yo era �fr�o�. Pero segu�a siendo lo m�s cercano a la sabidur�a que hab�a conseguido reunir.</p><empty-line/><p>La ma�ana continu� su curso. Mike termin� con el c�sped y se fue, dejando el aire lleno de un silencio h�medo. Pasado un rato consegu� levantarme para llamar a mi madre en Virginia, donde el tiempo, seg�n me cont�, era menos invitador que en Massachusetts: todav�a segu�a nublado tras una tormenta la noche pasada que hab�a derribado unos pocos �rboles y un par de l�neas de alta tensi�n. Le cont� que hab�a llegado sin contratiempos a la casa de veraneo de alquiler de E. D. Me pregunt� qu� tal estaba Jason, aunque probablemente lo hubiera visto ella m�s recientemente que yo durante alguna de sus visitas a la Gran Casa.</p><p>�Mayor �dije�. Pero sigue siendo Jase.</p><p>��Est� preocupado por lo de China?</p><p>Mi madre se hab�a convertido en una adicta a las noticias desde el Suceso de Octubre, mirando la CNN no por placer, sino para asegurarse, de la misma manera que un aldeano mexicano pod�a mantener un ojo puesto en el volc�n que ten�a al lado, con la esperanza de no verlo humear. Lo de China era s�lo una crisis diplom�tica por ahora, dijo ella, pero se hab�a o�do un leve ruido de sables. Algo acerca de un lanzamiento de sat�lite controvertido.</p><p>�Deber�as preguntarle a Jason al respecto.</p><p>��Ha sido E. D. el que ha hecho que te preocupes por eso?</p><p>�Qu� va. Carol cuenta cosas de vez en cuando.</p><p>�No s� si puedes confiar en lo que diga.</p><p>�Vamos, Ty. Carol bebe, pero no es idiota. Ni yo tampoco, si vamos a eso.</p><p>�No quer�a insinuar eso.</p><p>�La mayor parte de lo que oigo acerca de Jason y Diane en estos d�as lo oigo de boca de Carol.</p><p>��Te ha dicho si Diane va a venir a las Berkshires? No puedo sacarle una respuesta directa a Jase.</p><p>Mi madre titube�.</p><p>�Diane ha sido un poco impredecible en los �ltimos a�os. Supongo que eso es lo que le pasa a Jason.</p><p>��Qu� significa �impredecible� exactamente?</p><p>�Oh, ya sabes. No mucho �xito en los estudios. Un par de problemas con la ley�</p><p>��Con la ley?</p><p>�No, quiero decir, no ha robado un banco ni nada de eso, pero la detuvieron un par de veces cuando las manifestaciones del NR se salieron de madre.</p><p>��Qu� demonios hac�a ella en las manifestaciones del NR?</p><p>Otra pausa.</p><p>�Creo que eso deber�as pregunt�rselo a Jason.</p><p>�sa era mi intenci�n.</p><p>Tosi�, y me la imagin� con una mano sobre el auricular y la cabeza delicadamente vuelta a un lado.</p><p>��Qu� tal te sientes?</p><p>�Cansada.</p><p>��Algo nuevo en el m�dico? �Estaba en tratamiento para la anemia. Montones de pastillas de hierro.</p><p>�No. Simplemente me hago vieja, Ty. A todo el mundo le pasa, tarde o temprano. �Y a�adi�: Estoy pensando en retirarme. Si es que se puede llamar trabajo a lo que hago. Ahora que los gemelos se han marchado, s�lo quedan Carol y E. D., y E. D. no est� mucho por aqu� desde que empez� ese asunto de Washington.</p><p>��Les has dicho que est�s pensando en dejarlo?</p><p>�Todav�a no.</p><p>�No ser�a la Gran Casa sin ti.</p><p>Se rio sin alegr�a.</p><p>�Creo que he tenido suficiente de la Gran Casa para toda una vida, gracias.</p><p>Pero jam�s volvi� a mencionar que se iba. Creo que fue Carol la que la convenci� para que se quedara.</p><p>Jason apareci� por la puerta a media tarde.</p><p>��Ty? �Sus pantalones, un par de tallas excesivamente grandes, le colgaban de la cintura como el velamen de un barco atrapado en calma chicha, y ten�a la camiseta sucia con los fantasmas de manchas de salsa�. �chame una mano con la barbacoa, �quieres?</p><p>Fui con �l a la parte de atr�s de la casa. La barbacoa era una parrilla normal y corriente de propano. Jase nunca hab�a usado una. Abri� la v�lvula de la bombona, puls� el bot�n de encendido y retrocedi� cuando florecieron las llamas. Entonces me sonri�.</p><p>�Tenemos filetes. Y tenemos ensalada de tres tipos de jud�a procedente de la tienda de delicatesen del pueblo.</p><p>�Y apenas tenemos mosquitos �dije.</p><p>�En primavera rociaron algo para tenerlos controlados. �Tienes hambre?</p><p>La ten�a. De alguna manera, pasarme la tarde dormitando me hab�a abierto el apetito.</p><p>��Vamos a cocinar para dos o para tres?</p><p>�Sigo esperando noticias de Diane. Probablemente no sabremos nada hasta esta noche. S�lo nosotros para cenar, creo.</p><p>�Suponiendo que los chinos no nos desintegren primero.</p><p>Era un cebo.</p><p>Y Jason lo mordi�.</p><p>��Te preocupa lo de los chinos, Ty? Ya ni siquiera es una crisis. Ya est� solucionado.</p><p>�Qu� alivio. �Hab�a aprendido la existencia de una crisis y su resoluci�n en el mismo d�a�. Mi madre me lo mencion�. Algo que sal�a en las noticias.</p><p>�Los militares chinos quer�an volar los artefactos polares con armas nucleares. Tienen misiles con cabeza nuclear preparados para salir en sus rampas en Jiuquan. El razonamiento que hacen es que si pueden da�ar artefactos polares puede que puedan desactivar el escudo de Octubre por completo. �Qu� probabilidades crees que hay que una tecnolog�a capaz de manipular el tiempo y la gravedad sea vulnerable a nuestras armas?</p><p>��As� que amenazamos a los chinos y �stos se han retirado?</p><p>�Algo de eso hubo, s�. Pero tambi�n les ofrecimos una zanahoria. Les ofrecimos una plaza a bordo.</p><p>�No entiendo.</p><p>�Que se unieran a nuestro peque�o proyecto para salvar el mundo.</p><p>�Me est�s asustando un poco, Jason.</p><p>�Alc�nzame las pinzas para la carne. Lo siento. S� que suena cr�ptico. No deber�a hablar de esto. Con nadie.</p><p>��Est�s haciendo una excepci�n en mi caso?</p><p>�Siempre hago una excepci�n en tu caso. �Sonri�. Hablaremos durante la cena, �vale?</p><p>Lo dej� ante la parrilla, envuelto en humo y calor.</p><p>Dos gobiernos consecutivos hab�an sido rega�ados por la prensa por �no hacer nada� acerca del Spin. Pero una cr�tica sin demasiado fundamento. Si hab�a algo pr�ctico que se pudiera hacer, nadie sab�a lo que era. Y cualquier represalia evidente, como lo que los chinos hab�an propuesto, podr�a ser incre�blemente peligrosa.</p><p>Perihelio abogaba por un enfoque completamente diferente.</p><p>�La met�fora m�s apropiada �dijo Jase�. No es una batalla, sino el judo. Usar el peso y la inercia de un oponente de mayor tama�o contra �l mismo. Eso es lo que queremos hacer con el Spin.</p><p>Me lo cont� lac�nicamente mientras cortaba su chuleta a la parrilla. Comimos en la cocina, con la puerta abierta. Un enorme abejorro, tan gordo y amarillo que parec�a un ovillo de lana volador, se estrell� repetidas veces contra el mosquitero de la puerta.</p><p>�Intenta pensar en el Spin �dijo�, m�s como en una oportunidad que como en un ataque.</p><p>��Una oportunidad de qu�? �De morir prematuramente?</p><p>�Una oportunidad de usar el tiempo para nuestros propios fines, de una forma que jam�s podr�amos haber hecho antes.</p><p>��No es precisamente el tiempo lo que nos han quitado?</p><p>�Al contrario. Fuera de nuestra peque�a burbuja terrestre tenemos millones de a�os con los que jugar. Y tenemos una herramienta que funciona a la perfecci�n precisamente en esos plazos de tiempo.</p><p>�Herramienta �dije, confuso, mientras Jason trinchaba otro trozo de carne. La carne estaba servida sin m�s. Una chuleta en el plato, botella de cerveza a un lado. Sin florituras, exceptuando la ensalada de jud�as, de la que se hab�a servido una modesta raci�n.</p><p>�S�, una herramienta, la m�s obvia: la evoluci�n.</p><p>�Evoluci�n.</p><p>�Tyler, as� no se puede mantener una conversaci�n, si s�lo me repites lo que te digo.</p><p>�Vale, bueno, la evoluci�n como herramienta� sigo sin ver c�mo podr�amos evolucionar lo suficiente en treinta o cuarenta a�os para que sirviera de algo.</p><p>�Nosotros no, por amor de Dios, y desde luego no en treinta o cuarenta a�os. Estoy hablando de formas de vida simples. Estoy hablando de Marte.</p><p>�Marte. �Ay. Lo hab�a vuelto a hacer.</p><p>�No seas obtuso, piensa en ello.</p><p>Marte era un planeta muerto en todos sus aspectos, aunque una vez pudiera tener los precursores primitivos de la vida. Fuera de la burbuja del Spin, Marte hab�a estado �evolucionando� durante millones de a�os desde el Suceso de Octubre, calentado por el sol en expansi�n. Segu�a siendo, seg�n las �ltimas fotograf�as orbitales, un planeta seco y muerto. Si hubiera pose�do vida simple y un clima habitable, supuse que a estas alturas podr�a haberse convertido en un exuberante planeta de verdes selvas. Pero no ten�a los requisitos y no se hab�a convertido en un vergel.</p><p>�La gente sol�a hablar de la terraformaci�n �dijo Jason�. �Recuerdas todas esas novelas especulativas que sol�as leer?</p><p>�Sigo ley�ndolas, Jase.</p><p>�M�s poder para ti. �C�mo intentar�as t� la terraformaci�n de Marte?</p><p>�Liberando una cantidad suficiente de gases de efecto invernadero en la atm�sfera para calentarlo. Liberando el agua congelada. Sembrando el planeta con organismos simples. Pero incluso en las suposiciones m�s optimistas, eso llevar�a�</p><p>Me sonri�.</p><p>�Me est�s tomando el pelo �le dije.</p><p>�No. �La sonrisa desapareci�. Para nada. No, es completamente en serio.</p><p>�Pero �por d�nde empezar�as a�?</p><p>�Empezar�amos por una serie de lanzamientos coordinados con cargamentos de bacterias dise�adas gen�ticamente. Propulsores i�nicos simples y un lento viaje hasta Marte. Impactos controlados, principalmente, a los que pueden sobrevivir los organismos unicelulares, y unos cuantos env�os de mayor tama�o con ojivas de penetraci�n para liberar esos organismos bajo la superficie del planeta all� donde sospechemos que haya agua enterrada. Respalda las apuestas usando m�ltiples lanzamientos y un amplio espectro de organismos candidatos. La idea consiste en tener la suficiente actividad org�nica para liberar el carbono prisionero en la corteza y diseminarlo en la atm�sfera. Dale un par de millones de a�os, meses de nuestro tiempo, y luego examina el planeta otra vez. Si es un sitio m�s c�lido y con una atm�sfera m�s densa, y quiz� un par de charcos de agua semil�quida, entonces puede que comencemos el ciclo de nuevo, esta vez con plantas multicelulares dise�adas espec�ficamente para ese entorno. Lo que pondr� algo de ox�geno en el aire y quiz� consiga subir la presi�n atmosf�rica un par de milibares. Repetir seg�n sea necesario. A�adir millones de a�os y remover. En un tiempo razonable, seg�n miden el tiempo nuestros relojes, podr�as cocinarte un planeta habitable.</p><p>Era una idea asombrosa. Me sent� como uno de esos personajes que acompa�an al protagonista en las novelas victorianas de misterio.</p><p><emphasis>��Hab�a perge�ado un plan audaz, casi absurdo, pero por mucho que lo intentara, no consegu�a encontrar un solo defecto en �l!�</emphasis></p><p>Excepto uno. Un defecto fundamental.</p><p>�Jason �dije�. Aunque fuera posible. �De qu� nos servir�a a nosotros?</p><p>�Si Marte es habitable, la gente podr� irse all� a vivir.</p><p>��Los siete u ocho mil millones de seres humanos que hay aqu�?</p><p>�Ni de lejos �resopl�. No, s�lo unos pocos pioneros. Material de crianza, si quieres tom�rtelo en plan c�nico.</p><p>��Y qu� se supone que tienen que hacer?</p><p>�Vivir, reproducirse y morir. Millones de generaciones por cada uno de nuestros a�os.</p><p>��Con qu� fin?</p><p>�Si no sirve para nada m�s, al menos para darle a la especie humana una segunda oportunidad en el sistema solar. En el mejor de los casos� tendr�n el conocimiento que les proporcionemos, m�s un par de millones de a�os para mejorarlo. Dentro de la burbuja del Spin no tendremos tiempo suficiente para preguntarnos qui�nes son nuestros Hipot�ticos o por qu� nos est�n haciendo esto. Nuestros herederos marcianos puede que tengan una mejor oportunidad. Quiz� puedan resolver el problema por nosotros.</p><p>�O luchar por nosotros?</p><p>(Por cierto, �sa fue la primera vez que o� llamarlos los �Hipot�ticos�� las hipot�ticas inteligencias controladoras, las invisibles y te�ricas criaturas que nos hab�an encerrado en la cripta temporal. El nombre no se puso de moda entre el p�blico en general hasta varios a�os despu�s. Y lo lament� cuando se populariz�. La palabra era demasiado desapasionada, suger�a algo abstracto y ten�a una frialdad objetiva; la verdad, posiblemente;, resultar�a ser mucho m�s compleja).</p><p>��Y hay un plan �dije� para hacer todo eso?</p><p>�Oh, s�. �Jason hab�a terminado con tres cuartas partes de su chuleta. Apart� el plato�. Ni siquiera es prohibitivamente caro. Dise�ar unicelulares extremadamente resistentes es la �nica parte problem�tica. La superficie de Marte es un sitio �rido, fr�o, virtualmente carente de aire y que queda ba�ado en radiaci�n esterilizante cada vez que sale el sol. Pero aun as�, tenemos ingentes cantidades de organismos extrem�filos con los que trabajar; bacterias que viven en las rocas ant�rticas, bacterias que viven en el agua de los reactores nucleares. Y todo lo dem�s es tecnolog�a sobradamente comprobada. Sabemos que los cohetes funcionan. Sabemos que la evoluci�n funciona. Lo �nico realmente nuevo es la perspectiva. El poder conseguir resultados a plazos de tiempo largu�simos en tan solo d�as o meses despu�s del lanzamiento. Es� la gente lo llama �dise�o teleol�gico�.</p><p>�Casi parece �dije, probando la nueva palabra que me hab�a dado� lo que nos est�n haciendo los Hipot�ticos.</p><p>�S�dijo Jason, enarcando las cejas en una expresi�n que a�n encontraba halagadora despu�s de tantos a�os: sorpresa, respeto�. S�, en cierta manera, supongo que s�.</p><p>Una vez le� en un libro un detalle interesante acerca del primer alunizaje tripulado, all� en 1969. En aquel entonces, dec�a el libro, algunas de las personas m�s ancianas, hombres y mujeres nacidos en el siglo XIX, lo suficientemente viejos para recordar el mundo antes de los autom�viles y la televisi�n, se hab�an mostrado reacios a creerse las noticias. Las palabras que s�lo ten�an sentido como cuentos de hadas en su ni�ez (�dos hombres han caminado por la luna esta noche�) les estaban siendo ofrecidas como descripci�n de un hecho. Y no pod�an aceptarlo. Confund�a su sentido de lo que era razonable y lo que era absurdo.</p><p>Ahora me tocaba a m�.</p><p>�Vamos a terraformar y colonizar Marte�, dec�a mi amigo Jason, y no estaba loco� o al menos no m�s loco que las docenas de personas poderosas e inteligentes que aparentemente compart�an su convicci�n. As� que la propuesta era en serio: de hecho ya deb�a de ser, a alg�n nivel burocr�tico, un trabajo en marcha.</p><p>Di un paseo por los terrenos despu�s de la cena mientras todav�a quedaba algo de luz diurna.</p><p>Mike, el jardinero, hab�a hecho un trabajo decente. El c�sped reluc�a como la idea del verde de un jard�n, el cultivo de un color primario. M�s all�, las sombras empezaban a crecer en los terrenos arbolados. A Diane le hubieran gustado los �rboles bajo esa luz, pens�. Volv� a pensar en esas sesiones estivales junto al arroyo, hac�a a�os ya, cuando nos le�a libros antiguos. Una vez, cuando est�bamos hablando del Spin, Diane hab�a citado un poemita del poeta ingl�s A. E. Housman:</p><p><emphasis>El Oso Pardo es enorme y salvaje; Y ha devorado al tierno infante. El tierno infante no es consciente De que se lo ha comido el oso.</emphasis></p><p>Jason estaba hablando por tel�fono cuando entr� por la puerta de la cocina. Me mir� y luego apart� la vista y baj� la voz.</p><p>�No �dijo�. Tiene que ser as�, pero� no, lo entiendo. Muy bien. He dicho que muy bien, �no? Pues muy bien significa que muy bien.</p><p>Se meti� el m�vil en el bolsillo y yo pregunt�:</p><p>��Era Diane?</p><p>Asinti�.</p><p>��Va a venir?</p><p>�Va a venir. Pero hay un par de cosas que quisiera mencionar antes de que llegue. �Te acuerdas de lo que hablamos durante la cena? No se lo podemos contar. De hecho, a nadie en absoluto. No es una informaci�n p�blica.</p><p>�Quieres decir que est� reservada.</p><p>�T�cnicamente, supongo que s�, as� es.</p><p>�Pero me lo has contado a m�.</p><p>�S�. Eso ha sido un delito federal �sonri�. M�o, no tuyo. Y conf�o en que seas discreto. S� paciente� saldr� en la CNN en un par de meses. Adem�s, tengo planes para ti, Ty. Uno de estos d�as, Perihelio va a buscar candidatos para una vida rural m�s que dura. Necesitaremos todo tipo de m�dicos. �No ser�a maravilloso que pudi�ramos trabajar juntos?</p><p>Me qued� sorprendido.</p><p>�Acabo de licenciarme, Jase. Todav�a no he hecho la interinidad.</p><p>�Todo a su tiempo.</p><p>�� No conf�as en Diane? �pregunt�.</p><p>Su sonrisa se derrumb�.</p><p>�No, sinceramente. Ya no. No en los tiempos que corren.</p><p>��Cu�ndo estar� aqu�?</p><p>�Antes de ma�ana.</p><p>��Y qu� es lo que no quieres contarme?</p><p>�Que se trae a su novio.</p><p>��Y eso es un problema?</p><p>�Ya lo ver�s.</p></section><section><title><p>Nada permanece</p></title><p>Me despert� sabiendo que no estaba preparado para volverla a ver.</p><p>Me despert� en la lujosa casa de veranero de E. D. en las Berkshires con el sol brillando a trav�s de la filigrana del encaje de las cortinas, pensando: �basta de gilipolleces�. Estaba cansado de ello. De todas las gilipolleces ego�stas de los �ltimos ocho a�os, incluyendo mi asunto con Candice Boone, que hab�a visto a trav�s de mis mentiras antes incluso que yo mismo: �Tienes un poco de fijaci�n con esa gente, los Lawton�, me hab�a dicho Candice una vez. D�melo a m�.</p><p>No pod�a afirmar con toda franqueza que estuviera enamorado de Diane. La conexi�n entre nosotros nunca hab�a sido tan inequ�voca como eso. Hab�amos crecido entrando y saliendo de esa zona, como enredaderas que se entretejieran en una valla enrejada. Pero su apogeo hab�a sido una conexi�n real, una emoci�n que casi daba miedo por su gravedad y madurez. Lo que era la raz�n por la que estaba tan ansioso por disimularla. A ella tambi�n la hubiera asustado.</p><p>Todav�a me descubr�a realizando conversaciones imaginarias con ella, normalmente tarde por la noche, ofreciendo digresiones al cielo sin estrellas. Era lo suficiente ego�sta para echarla de menos pero estaba lo suficientemente cuerdo para saber que jam�s hab�amos estado juntos. Estaba completamente preparado para olvidarme de ella.</p><p>Para lo que no estaba preparado era para volverla a ver.</p><p>Abajo, Jason estaba sentado en la cocina mientras yo me preparaba el desayuno. Hab�a dejado la puerta abierta. Dulces brisas recorr�an la casa. Estaba pensando seriamente en tirar mi bolsa en el asiento de atr�s de mi Hyundai y largarme.</p><p>�Cu�ntame lo del NR �dije.</p><p>�Pero �es que no lees los peri�dicos? �pregunt� Jason�. �Es que mantienen a los estudiantes de medicina en aislamiento all� en Stony Brook?</p><p>Por supuesto que sab�a algo sobre el NR, la mayor parte de lo cual lo hab�a o�do en las noticias o en conversaciones de comedor. Sab�a que NR era la abreviatura de �Nuevo Reino�. Sab�a que era un movimiento cristiano inspirado por el Spin, cristiano al menos nominalmente aunque hab�a sido denunciado por las iglesias conservadoras y mayoritarias por igual. Sab�a que atra�a principalmente a los j�venes y descontentos. Un par de tipos en mi clase de primer a�o hab�an dejado los estudios para volcarse en el NR, cambiando inestables carreras universitarias por una iluminaci�n menos exigente.</p><p>�Es simplemente otro movimiento milenarista �dijo Jase�. Llega demasiado tarde para el cambio de milenio, pero justo a tiempo para el fin del mundo.</p><p>�Una secta, en otras palabras.</p><p>�No, no exactamente. �NR� es una descripci�n general para todo el espectro de los movimientos de hedonismo cristiano, as� que no es una secta en s� mismo, aunque incluye unos cuantos grupos sectarios. No hay un �nico l�der. No hay sagradas escrituras, s�lo una panda de te�logos extremistas con los que el movimiento se identifica, C. R. Ratel, Laura Greengage, gente as�. �Hab�a visto sus libros en los expositores de las tiendas. Teolog�a sobre el Spin con signos de interrogaci�n en los t�tulos: <emphasis>�Hemos sido testigos del segundo advenimiento? �Podemos sobrevivir al fin de los tiempos? </emphasis>�Y no muchos proyectos, aparte de una especie de comunalismo de fin de semana. Pero lo que atrae a las multitudes no es la teolog�a. �Has visto las im�genes de esas reuniones del NR, del tipo que ellos llaman Ekstasis?</p><p>Las hab�a visto, y a diferencia de Jason, que jam�s hab�a estado demasiado c�modo con los asuntos de la carne, yo s� que pod�a entender el atractivo. Lo que hab�a visto era un v�deo de una reuni�n en las Cascades el verano del a�o pasado. Hab�a parecido un cruce entre un picnic baptista y un concierto de los Grateful Dead. Un prado soleado, flores silvestres, t�nicas blancas ceremoniales, un tipo con cero por ciento de grasa corporal soplando un <emphasis>shofar</emphasis><a l:href="#n_4" type="note">[4]</a><emphasis>. </emphasis>Al caer la noche, una hoguera ard�a con fuerza y hab�an montado un escenario para los m�sicos. Entonces las t�nicas empezaron a caer al suelo y comenz� el baile. Y unos cuantos actos algo m�s �ntimos que el baile.</p><p>Pese a todo el disgusto transmitido por los medios de comunicaci�n convencionales, a m� me hab�a parecido completamente inocente. Nada de sermones, s�lo unos cuantos cientos de peregrinos sonriendo ante las fauces de la extinci�n y amando a sus pr�jimos como a ellos les gustar�a ser amados. El v�deo hab�a sido grabado en cientos de DVD y pasaba de mano en mano en las residencias de estudiantes de toda la naci�n, incluyendo Stony Brooks. No existe un acto sexual tan ed�nico que un solitario estudiante de medicina no pueda hacerse una paja vi�ndolo.</p><p>�Me resulta dif�cil imaginarme a Diane siendo atra�da por el NR.</p><p>�Por el contrario. Diane es su p�blico objetivo. Est� asustada de muerte por el Spin y todo lo que implica sobre el mundo. El NR es el anest�sico para la gente como ella. Convierte aquello a lo que m�s miedo tiene en un objeto de adoraci�n, un portal hacia el reino de los cielos.</p><p>��Cu�nto tiempo lleva metida en eso?</p><p>�Hace ya casi un a�o. Desde que conoci� a Simon Townsend.</p><p>��Simon es del NR?</p><p>�Simon, me temo, es del NR radical.</p><p>��Conoces a ese tipo?</p><p>�Lo llev� a la Gran Casa las navidades pasadas. Creo que Diane quer�a ver los fuegos artificiales. E. D., por supuesto, no aprueba a Simon. De hecho su hostilidad fue bastante obvia. �Aqu� Jason hizo una mueca ante el recuerdo de lo que debi� ser una de las mayores rabietas de E. D. Lawton�. Pero Diane y Simon cumplieron con los mandamientos del NR: pusieron la otra mejilla. Pr�cticamente le sonrieron hasta matarlo. Lo digo literalmente. Una sola mirada m�s llena de dulzura y comprensi�n y hubiera acabado en el ala de infartados del hospital.</p><p>Anota un punto para Simon, pens�.</p><p>��Es bueno para ella?</p><p>�Es exactamente lo que ella quiere. Y eso es lo �ltimo que Diane necesita.</p><p>Llegaron esa tarde, traqueteando por la carretera de entrada en un turismo de hac�a quince a�os que parec�a consumir m�s gasolina que el tractor de Mike, el jardinero. Conduc�a Diane. Aparc� y sali� por el otro lado del coche, oculta tras la baca del equipaje, mientras Simon sal�a a plena vista, sonriendo t�midamente.</p><p>Era un tipo bien parecido. Metro ochenta de estatura, puede que algo m�s, delgado pero no un debilucho; un rostro corriente, ligeramente caballuno rematado por una revoltosa mata de pelo rubio dorado. Su sonrisa mostraba un hueco entre los dientes superiores. Llevaba vaqueros, una camisa de cuadros escoceses y un pa�uelo atado al b�ceps izquierdo como un torniquete; �se era el emblema de un l�der del NR, seg�n descubrir�a m�s tarde.</p><p>Diane rode� el coche y se detuvo a su lado, ambos sonriendo a Jason y a m� en las escaleras del porche. Tambi�n ella iba vestida a la moda del NR: una falda azul aciano que llegaba hasta el suelo, blusa azul y un rid�culo sombrero negro de ala ancha del tipo que suelen llevar los hombres amish. Pero las ropas le sentaban bien, o m�s bien, la envolv�an d�ndole un aspecto agradable, sugiriendo salud campestre y sensualidad r�stica. Su rostro ten�a tanta vida y color como una baya en su planta. Se protegi� los ojos con la mano ante la luz del sol y sonri�, y quise creer que fue a m� en particular. Dios, esa sonrisa. De alg�n modo al mismo tiempo sincera y maliciosa.</p><p>Empec� a sentirme perdido.</p><p>Son� el m�vil de Jason. Lo sac� del bolsillo y comprob� el n�mero que llamaba.</p><p>�Tengo que responder a esta llamada �susurr�.</p><p>�No me dejes aqu� solo, Jase.</p><p>�Estar� en la cocina. Ahora vuelvo.</p><p>Se escabull� mientras Simon depositaba su petate sobre la madera del porche y dec�a:</p><p>��T� debes de ser Tyler Dupree!</p><p>Me tendi� la mano. Se la estrech�. Ten�a un apret�n firme y un meloso acento sure�o, vocales como madera pulida, consonantes educadas como tarjetas de presentaci�n. Hizo que mi nombre sonara a caj�n, aunque mi familia jam�s hab�a estado al sur de Millinocket. Diane corri� tras �l, gritando:</p><p>��Tyler!</p><p>Y me envolvi� en un feroz abrazo. Repentinamente ten�a su pelo en mi cara y todo lo que percib�a era el aroma soleado y salado que se desprend�a de ella.</p><p>Nos separamos dejando la confortable distancia de un brazo entre nosotros.</p><p>�Tyler, Tyler �exclam� ella, como si yo me hubiera convertido en algo notable �. Tienes buen aspecto tras todos estos a�os.</p><p>�Ocho �dije como un idiota�. Ocho a�os.</p><p>�Guau, �de verdad?</p><p>Le ayud� a arrastrar el equipaje al interior de la casa, les mostr� la sala a la entrada y me escabull� para encontrar a Jason, que estaba en la cocina interactuando con su m�vil. Estaba de espaldas a m� cuando entr�.</p><p>�No �dijo. El tono era tenso�. No� �ni siquiera el Departamento de Estado?</p><p>Me detuve en seco. El Departamento de Estado. Ay, Dios.</p><p>�Puedo estar de vuelta en un par de horas si� oh. Ya veo. No, est� bien. Pero mantenme informado. Vale. Gracias.</p><p>Se meti� el tel�fono en el bolsillo y me vio al volverse.</p><p>��Hablando con E. D.?</p><p>�Con su ayudante, en realidad.</p><p>��Todo va bien?</p><p>�Vamos, Ty, t� lo que quieres es que te cuente todos los secretos. �Intent� una sonrisa sin demasiado �xito�. Ojal� no me hubieras escuchado.</p><p>�Lo �nico que he o�do es a ti ofreci�ndote para volver a Washington y dejarme aqu� con Simon y Diane.</p><p>�Bueno� puede que tenga que hacerlo. Los chinos se rajan.</p><p>��Qu� significa eso, que se rajan?</p><p>�Se niegan a abandonar por completo el lanzamiento que ten�an planeado. Quieren mantener abierta esa opci�n.</p><p>El ataque nuclear contra los artefactos del Spin.</p><p>�Supongo que habr� alguien que estar� intentando convencerlos para que no lo hagan.</p><p>�La diplomacia contin�a. Pero no ha tenido �xito exactamente. Las negociaciones parecen estar en punto muerto.</p><p>�Y� bueno, �mierda, Jase! �Y qu� pasa si hacen el lanzamiento?</p><p>�Pues pasa que dos armas de fusi�n de alta potencia estallar�n en las cercan�as de un artefacto desconocido asociado con el Spin. En cuanto a las consecuencias� bueno, �sa es una pregunta interesante. Pero todav�a no ha ocurrido. Probablemente no ocurra.</p><p>�Est�s hablando del d�a del juicio final, o quiz� del fin del Spin.</p><p>�Baja la voz. Tenemos invitados, �recuerdas? Y est�s reaccionando de manera exagerada. Lo que tienen planeado los chinos es algo temerario y probablemente no servir� de nada, pero aunque sigan adelante con ello, probablemente no ser� un suicidio. Sean lo que sean los Hipot�ticos, deben saber c�mo defenderse sin destruirnos a nosotros en el proceso. Y los artefactos polares no necesariamente tienen que ser los mecanismos que mantienen el Spin. Puede que sean plataformas de observaci�n pasivas, sistemas de comunicaci�n o incluso se�uelos.</p><p>�Si los chinos lanzan sus cohetes, �cu�nto tiempo tenemos desde que nos avisen?</p><p>�Depende de lo que quieras decir con �tenemos�. El p�blico general probablemente no se enterar� de nada hasta que todo haya terminado.</p><p>Entonces fue cuando comenc� a entender que Jason no era s�lo el aprendiz de su padre, que ya hab�a empezado a forjar sus propios contactos en el poder. M�s tarde descubrir�a muchas m�s cosas sobre la Fundaci�n Perihelio y el trabajo que hac�a Jason para ellos. Por ahora segu�a siendo parte de la vida entre sombras de Jason. Incluso cuando �ramos ni�os, Jase ya hab�a tenido una doble vida: lejos de la Gran Casa, hab�a sido un prodigio de las matem�ticas, pasando de curso en curso en una escuela privada de �lite con tanta facilidad como un jugador de golf que hubiera ganado el <emphasis>Masters </emphasis>se har�a un recorrido de minigolf; en casa era simplemente Jase, y nos hab�amos esforzado por mantener las cosas de esa manera.</p><p>Y as� segu�an siendo. Pero ahora proyectaba una sombra mayor. Ya no pasaba los d�as impresionando a sus profesores de matem�ticas en la Rice. Se pasaba el d�a maniobrando para ponerse en posici�n de influenciar la historia de la humanidad.</p><p>�Y si ocurre �a�adi�, s�, me lo advertir�n con cierta antelaci�n. Tendremos algo de antelaci�n. Pero no quiero que Diane se preocupe. Ni Simon, por supuesto.</p><p>�Genial. No le har� caso. S�lo es el fin del mundo.</p><p>�No es nada de eso. Todav�a no ha pasado nada. C�lmate, Tyler. Sirve bebidas si necesitas hacer algo.</p><p>Por despreocupado que intentara parecer, su mano temblaba mientras buscaba vasos en el armario de la cocina.</p><p>Podr�a haberme marchado. Podr�a haber salido por la puerta, meterme en mi Hyundai y estar a mucha distancia antes de que se dieran cuenta de que me hab�a ido. Pens� en Diane y Simon en el recibidor practicando su cristianismo hippie y en Jason en la cocina, recibiendo boletines informativos sobre el fin del mundo en su m�vil: �de verdad quer�a pasar mi �ltima noche sobre la tierra con esa gente?</p><p>Y al mismo tiempo pens�: ��y con qui�n si no? �Con qui�n?�</p><p>�Nos conocimos en Atlanta �dijo Diane�. El estado de Georgia patrocinaba un seminario sobre espiritualidad alternativa. Simon estaba all� para o�r la conferencia de C. R. Ratel. Y yo me lo encontr� por casualidad en la cafeter�a del campus. Estaba sentado solo, leyendo un ejemplar de <emphasis>Segundo Advenimiento </emphasis>y yo tambi�n estaba sola, as� que deposit� mi bandeja en su mesa y empezamos a hablar.</p><p>Diane y Simon compart�an un lujoso sof� amarillo que ol�a a polvo y que estaba junto a la ventana. Diane estaba repantigada contra el brazo del sof�. Simon estaba sentado alerta y con la espalda recta. Su sonrisa me empezaba a preocupar. No desaparec�a nunca.</p><p>Los cuatro sorb�amos nuestras bebidas mientras las cortinas ondeaban en la brisa y un t�bano murmuraba contra la rejilla de la ventana. Era dif�cil mantener una conversaci�n cuando hab�a tanto de lo que no se pod�a hablar. Hice un esfuerzo para duplicar la sonrisa de Simon.</p><p>��As� que eres un estudiante?</p><p>�Lo era �dijo.</p><p>��Y qu� haces ahora?</p><p>�Viajar. Principalmente.</p><p>�Simon puede permitirse viajar �dijo Jase�. Es un heredero.</p><p>�No seas grosero �dijo Diane, y en el tono de su voz hab�a una advertencia real �. �Por esta vez, por favor, Jase?</p><p>Simon hizo un gesto de indiferencia.</p><p>�No, es cierto en su mayor parte. Tengo algo de dinero a mi nombre por mi familia. Diane y yo estamos aprovechando la oportunidad para ver un poco del pa�s.</p><p>�El abuelo de Simon �dijo Jason� era Augustus Townsend, el rey de los limpiapipas de Georgia.</p><p>Diane puso los ojos en blanco. Simon, a�n imperturbable (empezaba a parecer un poco santurr�n), dijo.</p><p>�Eso era en los viejos tiempos. Se supone que ya no los llamamos limpiapipas, sino �escobillas� �se rio�. Y aqu� estoy sentado, heredero de una fortuna en escobillas.</p><p>En realidad era una fortuna en ideas para regalos y complementos. Augustus Townsend hab�a empezado con los limpiapipas, pero hab�a ganado su dinero como distribuidor de juguetes de hojalata, brazaletes de la suerte y peines de pl�stico en tiendas de todo a diez centavos por todo el Sur. En los cuarenta, la familia hab�a sido una presencia importante en los c�rculos sociales de Atlanta.</p><p>Jason continu� su ataque.</p><p>�Simon no tiene lo que llamar�as una carrera. Es un esp�ritu libre.</p><p>�No creo que ninguno de nosotros seamos en realidad esp�ritus libres �dijo Simon�, pero no, no tengo ni quiero una carrera. Supongo que eso me hace parecer un vago. Bueno, soy un vago. Es mi vicio recurrente. Pero me pregunto qu� utilidad tendr�a una carrera a largo plazo. Considerando el estado de las cosas. Sin ofender � se volvi� hacia m�, estabas estudiando medicina, Tyler?</p><p>�Acabo de salir de la facultad �dije�. Tal y como est�n las cosas�</p><p>�No, si creo que es maravilloso. Creo que es la ocupaci�n m�s valiosa del planeta.</p><p>Jason hab�a acusado a Simon de ser un in�til. Y Simon hab�a respondido que, en general, las carreras eran in�tiles� excepto carreras como la m�a. Finta y parada. Era como observar una pelea de bar con los contrincantes en zapatillas de ballet.</p><p>Sin embargo, segu�a queriendo disculparme por Jase. Jason no se sent�a ofendido por la filosof�a de Simon, sino por su presencia. Esa semana en las Berkshires era supuestamente una reuni�n: Jason, Diane y yo, como en los viejos tiempos de la ni�ez. En vez de eso nos ve�amos ante la perspectiva de estar encerrados con Simon, al que Jason obviamente ve�a como un intruso, una especie de amistosa Yoko Ono sure�a.</p><p>Le pregunt� a Diane cu�nto tiempo llevaban viajando.</p><p>�Cerca de una semana �dijo�, pero nos hemos pasado la mayor parte del verano en la carretera. Estoy segura de que Jason te ha contado cosas sobre el Nuevo Reino. Pero la verdad es que es maravilloso, Ty. Tenemos amigos en internet por todo el pa�s. Gente con la que podemos quedarnos un d�a o dos. As� que vamos a c�nclaves y conciertos desde Maine a Oreg�n, de julio a octubre.</p><p>�Supongo que eso es un ahorro en gastos de alojamiento y ropa.</p><p>�No todos los c�nclaves son un Ekstasis �restall� Diane.</p><p>�No haremos muchos viajes �dijo Simon� si ese viejo trasto nuestro se cae a cachos. El motor no arranca bien y la velocidad es de risa. No s� mucho de mec�nica, desafortunadamente. Tyler, �sabes algo de motores de coche?</p><p>�Un par de cosillas �dije. Entend� que era una invitaci�n para salir al exterior con Simon mientras Diane intentaba negociar un alto el fuego con su hermano�. Echemos un vistazo.</p><p>El d�a segu�a despejado, ondas de aire l�mpido y c�lido se desprend�an del c�sped m�s all� de la carretera de entrada. Escuch�, con distra�da atenci�n, lo admito, mientras Simon abr�a la capota de su viejo Ford y recitaba sus problemas. Si era tan acaudalado como Jase hab�a dejado caer, �por qu� no se compraba un coche mejor? Pero supuse que la fortuna que hab�a heredado estaba repartida entre demasiados herederos o que estaba atada a fideicomisos.</p><p>�Supongo que parezco bastante est�pido �dijo Simon�. Especialmente con las compa��as que tengo. Nunca entend� demasiado de ciencia o mec�nica.</p><p>�Yo tampoco soy un experto. Aunque consigamos hacer que el motor funcione algo mejor deber�as hacer que un mec�nico de verdad le eche un vistazo antes de intentar atravesar el pa�s en coche.</p><p>�Gracias, Tyler. �Observ� con una especie de asombrada fascinaci�n mientras yo revisaba el motor�. Gracias por el consejo.</p><p>Los culpables m�s plausibles eran las buj�as. Le pregunt� a Simon si se las hab�an cambiado alguna vez.</p><p>�Que yo sepa, no �dijo.</p><p>El coche hab�a recorrido m�s de 95.000 kil�metros. Us� la llave de buj�as de mi coche para sacar una y se la mostr�.</p><p>�Esto es lo que te est� dando la mayor�a de los problemas.</p><p>��Eso?</p><p>�Y sus amigas. La buena noticia es que no es una parte cara de cambiar. La mala es que ser� mejor que no conduzcas el coche hasta que las hayas cambiado.</p><p>�Hmm �dijo Simon.</p><p>�Podemos ir al pueblo en mi coche y comprar recambios si est�s dispuesto a esperar hasta ma�ana.</p><p>�Bueno, s�. Eres muy amable. No plane�bamos irnos ya. Eh, a menos que Jason insista, claro.</p><p>�Jason se calmar�. S�lo que�</p><p>�No hace falta que me lo expliques. Jason preferir�a que yo no estuviera aqu�. Lo comprendo. No me asombra ni me sorprende. Pero Diane dijo que no aceptar�a una invitaci�n que no me incluyera a m�.</p><p>�Bueno� bien por ella �supuse.</p><p>�Pero me ser�a igual de f�cil alquilar una habitaci�n en el pueblo.</p><p>�No hay necesidad de eso �dije, pregunt�ndome c�mo era posible, exactamente, el que estuviera intentando convencer a Simon Townsend para que se quedara. No sab�a qu� esperaba de una reuni�n con Diane, pero la presencia de Simon hab�a abortado cualquier esperanza prematura. Para bien, probablemente.</p><p>�Supongo �dijo Simon� que Jason te ha hablado del Nuevo Reino. Es un punto problem�tico.</p><p>�Me cont� que estabais metidos en ello.</p><p>�No voy a empezar ning�n tipo de discurso para convertirte a la fe ni nada de eso. Pero si tienes alg�n tipo de dudas sobre nuestra organizaci�n que te perturben, quiz� te las pueda aclarar.</p><p>�Todo lo que s� sobre el NR es lo que he visto en la tele, Simon.</p><p>�Algunos lo llaman Hedonismo Cristiano. Yo prefiero Nuevo Reino. Esa es la idea en dos palabras, de verdad. Construir el quiliasmo<a l:href="#n_5" type="note">[5]</a> vivi�ndolo, aqu� y ahora. Hacer que la �ltima generaci�n sea tan id�lica como la primera.</p><p>�Aja. Bueno� Jase no tiene mucha paciencia con la religi�n.</p><p>�No, no la tiene, pero �sabes una cosa, Tyler? No creo que sea la religi�n lo que le molesta.</p><p>��No?</p><p>�No. Con toda sinceridad, admiro a Jason Lawton, y no s�lo porque es incre�blemente inteligente. Es uno de los ilustrados, si me perdonas una palabra tan devaluada. Se toma el Spin en serio. Hay �cu�ntos? �ocho mil millones de personas en la Tierra? Y casi todos ellos saben, como m�nimo, que las estrellas han desaparecido del cielo. Pero siguen viviendo como si nada. S�lo unos pocos de nosotros creemos en el Spin. El NR se lo toma en serio. Y Jason tambi�n.</p><p>Eso se parec�a much�simo, de manera asombrosa, a lo que el propio Jason hab�a dicho.</p><p>�No de la misma� forma, sin embargo.</p><p>��se es el meollo de la cuesti�n. Dos visiones compitiendo por la mente del p�blico. Dentro de no mucho, la gente tendr� que enfrentarse a la realidad, quieran o no. Y tendr�n que elegir entre una comprensi�n cient�fica y una espiritual. Eso preocupa a Jason. Porque cuando las cosas terminan siendo asuntos de vida o muerte, la fe siempre vence. �D�nde preferir�as pasar t� la eternidad? �En un para�so terrenal o en un laboratorio est�ril?</p><p>La respuesta no me parec�a tan simple como evidentemente se lo parec�a a Simon. Record� la respuesta de Mark Twain a una pregunta similar.</p><p>El cielo, por el clima. El infierno por la compa��a.</p><p>Desde el interior de la casa llegaban los sonidos de una discusi�n en marcha: la voz de Diane, sarc�stica, y las respuestas hoscas y �tonas de su hermano. Simon y yo cogimos un par de sillas plegables del garaje y nos sentamos a la sombra del techado para el coche esperando a que los gemelos terminaran. Hablamos del tiempo. El tiempo era muy bueno. En ese aspecto llegamos a un consenso.</p><p>El ruido procedente de la casa se calm� al final. Al cabo de un momento, un Jason con aspecto de haber sido rega�ado sali� y nos invit� a ayudarle con la barbacoa. Le seguimos a la parte de atr�s de la casa y hablamos de corteses nader�as mientras la parrilla se calentaba. Diane sali� de la casa con aspecto enrojecido pero triunfante. As� sol�a mostrarse cuando le ganaba una discusi�n a Jase: un poco arrogante, un poco sorprendida.</p><p>Nos sentamos a comer pollo, beber t� helado y apurar los restos de la ensalada de jud�as.</p><p>��Os importa si digo una peque�a bendici�n? �pregunt� Simon.</p><p>Jason hizo una mueca pero asinti�.</p><p>Simon inclin� la cabeza solemnemente. Me prepar� para un serm�n. Pero todo lo que dijo fue:</p><p>�Danos el valor para aceptar estos dones que Has puesto ante nosotros ahora y todos los d�as.</p><p>Una oraci�n que no expresaba gratitud, sino la necesidad de ser valientes. Muy acorde con los tiempos. Diane me sonri� desde el otro lado de la mesa. Luego le apret� el brazo a Simon y nos dedicamos a comer.</p><p>Terminamos temprano, la luz solar todav�a se demoraba en el cielo y los mosquitos no hab�an entrado a�n en su frenes� vespertino. La brisa hab�a desaparecido y el aire era fresco y suave.</p><p>En otros lugares, las cosas suced�an muy deprisa.</p><p>Lo que no sab�amos, lo que Jason, pese a todos esos contactos de los que presum�a, no sab�a, era que en alg�n momento entre ese primer mordisco al pollo y la �ltima cucharada de ensalada de jud�as los chinos se hab�an retirado de las negociaciones y ordenado el lanzamiento inmediato de una salva de misiles Dong Feng modificados armados con ojivas termonucleares. Los cohetes deb�an alzarse en sus arcos mientras sac�bamos las Heinekens de la nevera. Heladas botellas verdes con forma de cohete que sudaban al calor del verano.</p><p>Limpiamos la mesa del patio. Mencion� las buj�as desgastadas y mi plan de llevar a Simon al pueblo a la ma�ana siguiente. Diane susurr� algo a su hermano y luego (tras una pausa) le dio un codazo. Jase finalmente asinti� y se volvi� hacia Simon.</p><p>�Hay una de esas supertiendas de automoci�n a las afueras de Stockbridge que abre hasta las nueve. �Por qu� no te llevo ahora mismo?</p><p>Era una ofrenda de paz, aunque renuente. Simon se recuper� de su sorpresa inicial y dijo:</p><p>�No voy a rechazar un viaje en Ferrari, si eso es lo que me est�s ofreciendo.</p><p>�Puedo mostrarte lo que sabe hacer.</p><p>Dulcificado ante la perspectiva de poder presumir de coche, Jason volvi� a la casa para coger las llaves. Simon nos dedic� una mirada de considerable alivio antes de darse la vuelta para seguir a Jason. Mir� a Diane. Me sonri�, orgullosa de su triunfo diplom�tico.</p><p>En otro lugar, los misiles Dong Feng se aproximaron y luego cruzaron la barrera del Spin en ruta a sus objetivos programados. Es extra�o imagin�rselos cruzando el espacio sobre una Tierra que repentinamente se hab�a vuelto oscura, fr�a e inm�vil, operando �nicamente gracias a su programaci�n interna, apuntando por sus medios hacia los artefactos sin rasgos distintivos que levitaban a cientos de kil�metros sobre los polos. Como un drama sin audiencia, demasiado repentino para ser visto.</p><p>El consenso entre los expertos, despu�s del hecho, era que la detonaci�n de las ojivas chinas no tuvo ning�n efecto en el flujo diferencial de tiempo. Lo que s� fue afectado (y mucho) fue el filtro visual que rodeaba la Tierra. Por no mencionar la percepci�n humana del Spin.</p><p>Como Jase hab�a se�alado hac�a a�os, el gradiente temporal implicaba que enormes cantidades de radiaci�n virada al azul hubieran ba�ado la superficie del planeta si esa radiaci�n no estuviera siendo filtrada y eliminada por los Hipot�ticos. M�s de tres a�os de luz solar por cada segundo que pasaba: suficiente para matar a todo ser viviente sobre la Tierra, suficiente para esterilizar el suelo y hacer hervir los oc�anos. Los Hipot�ticos, que hab�an dise�ado la cubierta temporal de la Tierra, tambi�n nos hab�an escudado de sus efectos secundarios letales. M�s a�n, los Hipot�ticos no s�lo regulaban cu�nta energ�a llegaba a la Tierra est�tica sino qu� cantidad del calor y la luz del planeta eran radiados al espacio. Lo que quiz� explicaba por qu� el clima en esos �ltimos a�os hab�a sido tan agradablemente� est�ndar.</p><p>El cielo sobre las Berkshires, al menos, estaba despejado y claro como un cristal de Bohemia cuando las ojivas chinas llegaron a su objetivo, a las 7.55 hora local.</p><p>Estaba con Diane en la habitaci�n delantera cuando son� el tel�fono.</p><p>�Nos hab�amos percatado de algo raro antes de la llamada de Jason? �Un cambio en la luz, tan insignificante como la sensaci�n de que una nube hubiera pasado ante el sol? No, nada. Toda mi atenci�n estaba puesta en Diane. Beb�amos sangr�a y habl�bamos de trivialidades. Libros que hab�amos le�do, pel�culas que hab�amos visto. La conversaci�n era hipn�tica, no por sus contenidos sino por el ritmo de la charla, el ritmo que adopt�bamos cuando est�bamos solos, ahora como anta�o. Cada conversaci�n entre amigos o amantes crea sus propios ritmos c�modos o torpes, charla oculta que corre como un r�o subterr�neo incluso por debajo de la conversaci�n m�s banal. Lo que dec�amos era trillado y convencional, pero la corriente subterr�nea era profunda y ocasionalmente traicionera.</p><p>Y pronto nos encontramos flirteando el uno con el otro, como si Simon Townsend y los �ltimos ocho a�os no significaran nada. Bromeando en un principio, y luego puede que no tan en broma. Le dije que la echaba de menos. Y ella dijo:</p><p>�Hubo ocasiones en las que quer�a hablar contigo. Pero no ten�a tu n�mero, o me imaginaba que estabas ocupado.</p><p>�Pod�as haber averiguado mi n�mero. No estaba ocupado.</p><p>�Tienes raz�n. La verdad es que era m�s bien algo como� cobard�a moral.</p><p>��Tanto miedo te doy?</p><p>�T� no. Nuestra situaci�n. Supongo que sent�a que al menos deb�a disculparme contigo. Y no sab�a por d�nde empezar. �Sonri� d�bilmente�. Y supongo que sigo sin saberlo.</p><p>�No hay nada de lo que tengas que disculparte, Diane.</p><p>�Gracias por decirlo, pero me temo que no estoy de acuerdo. Ya no somos ni�os. Es posible mirar hacia atr�s con una cierta intuici�n adquirida. Est�bamos todo lo cerca que pueden estar dos personas sin tocarse. Pero eso era algo que no pod�amos hacer. O hablar de ello. Como si hubi�ramos hecho un juramento de silencio.</p><p>�Desde la noche en que desaparecieron las estrellas �dije, con la boca seca, horrorizado de m� mismo, aterrorizado, excitado.</p><p>Diane hizo un gesto con la mano.</p><p>�Esa noche. Esa noche� �sabes lo que recuerdo de esa noche? Los binoculares de Jason. Miraba a la Gran Casa mientras vosotros dos contemplabais el cielo. La verdad es que ni siquiera recuerdo las estrellas. Lo que s� recuerdo es haber visto a Carol en una de las habitaciones de atr�s con alguien del servicio de c�terin. Estaba borracha y parec�a que se le estaba insinuando. �Se rio t�midamente�. �se fue mi peque�o apocalipsis particular. Todo lo que ya odiaba de antemano de la Gran Casa, de mi familia, vi todo eso resumido aquella noche. S�lo que fing� que nada de eso exist�a. Ni Carol, ni E. D., ni Jason.</p><p>��Ni yo?</p><p>Se movi� en el sof� y se acerc� a m� y, ya que la conversaci�n hab�a tomado ese cariz, puso su mano sobre mi mejilla. Estaba fresca, a la temperatura de la bebida que hab�a sostenido hac�a un momento.</p><p>�T� eras la excepci�n. Estaba asustada. Fuiste incre�blemente paciente. Y lo apreci�.</p><p>�Pero no pod�amos�</p><p>�Tocarnos.</p><p>�Tocarnos. E. D. jam�s lo hubiera tolerado.</p><p>Apart� la mano.</p><p>�Podr�amos hab�rselo ocultado de haberlo querido. Pero tienes raz�n, E. D. era el problema. Infectaba todo. La forma en que le impuso a tu madre esa especie de existencia de segunda clase fue algo obsceno. Era envilecedor. �Puedo confesarlo? Odiaba ser hija suya. Y odiaba especialmente la idea de que si, ya sabes, si ocurr�a algo entre nosotros, fuera tu manera de vengarte de E. D. Lawton.</p><p>Se volvi� a sentarse en su sitio, un poco sorprendida de s� misma.</p><p>�Por supuesto �dije cuidadosamente�, no hubiera sido eso.</p><p>�Estaba confusa.</p><p>��Es eso lo que es el NR para ti? �Venganza contra E. D.?</p><p>�No �dijo, todav�a sonriendo�. No amo a Simon sencillamente porque enfurezca a mi padre. La vida no es tan simple, Ty.</p><p>�No pretend�a sugerir que�</p><p>�Pero �ves lo insidioso que es? Determinadas sospechas se te meten en la cabeza y ah� se quedan. No, el NR no es por mi padre. Es para descubrir lo divino en lo que le ha ocurrido a la Tierra y expresar esa divinidad en la vida diaria.</p><p>�Puede que el Spin tampoco sea tan simple.</p><p>�Dice Simon que nos est� matando o nos est� transformando.</p><p>�Me cont� que est�is construyendo el cielo en la tierra.</p><p>��No se supone que eso es lo que deben hacer los cristianos? �Crear el Reino de Dios expres�ndolo en sus vidas?</p><p>�O al menos bailando a su son.</p><p>�Ahora te pareces a Jason. Obviamente, no puedo defender todo lo que hace el movimiento. La semana pasada estuvimos en un c�nclave en Filadelfia y conocimos a una pareja, de nuestra edad, amigables, inteligentes, �vivos de esp�ritu�, los llam� Simon. Fuimos a cenar con ellos y hablamos sobre la parus�a. Luego nos invitaron a su habitaci�n en el hotel y de repente estaban haci�ndose rayas de coca y poniendo v�deos porno. Todo tipo de gente marginal se ve atra�da por el NR. No se hacen preguntas. Y para muchos de ellos, la teolog�a apenas si existe, excepto como una imagen poco clara del jard�n del Ed�n. Pero en su mejor expresi�n, el movimiento es todo lo que afirma ser, una fe genuina y viva.</p><p>��Fe en qu�, Diane? �Ekstasis? �Promiscuidad?</p><p>Lament� las palabras tan pronto como las dije. Parecieron hacerle da�o.</p><p>�El Ekstasis no es promiscuidad. No cuando es verdadero, de todas formas. Pero en el cuerpo de Dios ning�n acto est� prohibido, siempre que no se cometa con �nimo de venganza o ira, y siempre que sea una expresi�n de amor tanto humano como divino.</p><p>El tel�fono son� en ese momento. Deb� poner cara de culpable. Diane vio mi expresi�n y se rio.</p><p>Cuando cog� el tel�fono, las primeras palabras de Jason fueron:</p><p>�Te dije que me advertir�an con cierta antelaci�n. Lo siento, me equivoqu�.</p><p>��Qu�?</p><p>�Tyler� �no has visto el cielo?</p><p>As� que subimos al piso de arriba a buscar una ventana que diera al ocaso.</p><p>El dormitorio oeste era generosamente grande, equipado con un chifonier de caoba, una cama de cabecera de barrotes de bronce y grandes ventanas. Apart� las cortinas. Diane jade�.</p><p>Una puesta de sol. O, m�s bien, hab�a varias.</p><p>Todo el cielo de poniente estaba en llamas. En vez de un �nico orbe del sol hab�a un arco de resplandor rojizo que se extend�a al menos quince grados del horizonte, conteniendo lo que parec�a una parpadeante imagen de exposici�n m�ltiple de una docena o m�s de ocasos. La luz era err�tica; aumentaba y menguaba como un fuego lejano.</p><p>Nos quedamos contempl�ndolo durante una eternidad. Al final, Diane habl�:</p><p>��Qu� est� ocurriendo, Tyler? �Qu� est� pasando?</p><p>Le cont� lo que Jason me hab�a contado sobre los chinos y sus armas nucleares.</p><p>��Sab�a que esto iba a ocurrir? �pregunt�, y luego se respondi� a s� misma�: Por supuesto que lo sab�a. �La extra�a luz le daba a la habitaci�n un tono ros�ceo y se aposentaba en sus mejillas como una fiebre�. �Nos matar�?</p><p>�Jason no lo cree. Pero va a crear un p�nico atroz entre la gente, eso seguro.</p><p>�Pero �es peligroso? �Radiaci�n o algo?</p><p>Lo dudaba. Pero la pregunta no estaba fuera de lugar.</p><p>�Enciende la tele �dije. Hab�a una tele de plasma en cada dormitorio, empotradas en paneles de nogal frente a la cama. Me imagin� que cualquier tipo de radiaci�n remotamente letal tambi�n joder�a la transmisi�n y recepci�n.</p><p>Pero la tele funcionaba lo suficientemente bien para mostrarnos im�genes en los canales informativos de las multitudes que se reun�an en toda Europa, donde ya estaba oscuro, o tan oscuro como llegar�a a estar esa noche. Nada de radiaci�n letal pero montones de p�nico incipiente. Diane se qued� sentada, inm�vil, al borde de la cama, con las manos entrelazadas sobre el regazo. Me sent� a su lado y dije:</p><p>�Si algo de eso fuera a matarnos, ya estar�amos muertos.</p><p>En el exterior, el ocaso avanz� a trompicones hacia la oscuridad. El resplandor difuso se convirti� en varios soles ponientes de una palidez fantasmal, luego en una r�faga como un manantial luminoso que se arqueara atravesando todo el cielo y luego desapareci� s�bitamente.</p><p>Nos quedamos sentados muy juntos mientras el cielo se oscurec�a cada vez m�s.</p><p>Y entonces salieron las estrellas.</p><p>Consegu� hablar con Jase una vez m�s antes de que el ancho de banda se colapsara. Simon acababa de pagar las buj�as para su coche, dijo, cuando el cielo entr� en erupci�n. Las carreteras que sal�an de Stockbridge ya estaban atestadas y la radio mencionaba saqueos en Boston y atascos en todas las rutas principales, as� que Jase hab�a metido el coche en el aparcamiento de un motel y hab�a alquilado una habitaci�n para esa noche para �l y Simon. Por la ma�ana, probablemente tendr�a que volver directamente a Washington, pero antes dejar�a a Simon en la casa.</p><p>Entonces le pas� el tel�fono a Simon y yo le pas� el m�o a Diane y sal� de la habitaci�n mientras hablaba con su prometido. La casa de verano parec�a ominosamente grande y vac�a. Pase� por la casa encendiendo las luces que encontraba hasta que Diane me volvi� a llamar.</p><p>��Otra copa? �le pregunt�.</p><p>�Oh, s� �dijo ella.</p><empty-line/><p>Salimos fuera un poco despu�s de medianoche.</p><p>Diane hac�a de tripas coraz�n. Simon le hab�a dicho algunas palabras de �nimo extra�das de los catecismos del Nuevo Reino. En la teolog�a del NR no hab�a un segundo advenimiento convencional, ni un juicio final ni un apocalipsis; el Spin era todo eso junto, todas las profec�as cumplidas seg�n interpretaciones bastante sesgadas. Y si Dios quer�a usar el lienzo de los cielos para pintar la desnuda geometr�a del tiempo, dijo Simon, eso har�a, y nuestro miedo y asombro ser�an completamente apropiados para la ocasi�n. Pero no deber�amos dejarnos aplastar por esos sentimientos porque el Spin era en definitiva un acto de salvaci�n, el �ltimo y mejor cap�tulo en la historia humana.</p><p>O algo por el estilo.</p><p>As� que salimos al exterior porque Diane pensaba que era algo valiente y espiritual. El cielo estaba despejado de nubes y el aire ol�a a pino. La autopista estaba muy lejos, pero o�amos el ocasional sonido de los cl�xones de los coches y sirenas.</p><p>Nuestras sombras danzaban seg�n se iluminaban varias secciones del cielo, ahora el norte, ahora el sur. Nos sentamos en la hierba a unos metros de distancia del resplandor inmutable del porche y Diane se apoy� contra mi hombro y yo le pas� el brazo por encima, ambos est�bamos ligeramente borrachos.</p><p>Pese a los a�os de frialdad emocional, pese a nuestra historia en la Gran Casa, pese a su compromiso con Simon Townsend, pese al NR y el Ekstasis y pese al trastorno de inspiraci�n nuclear de los cielos, era exquisitamente consciente de la presi�n de su cuerpo contra el m�o. Y lo extra�o es que me parec�a absolutamente familiar, la curva de su brazo bajo mi mano y el peso de su cabeza contra mi hombro: algo que recordaba, no que descubr�a ahora. La sent�a como siempre hab�a supuesto que la sentir�a. Incluso el aroma acre de su miedo me era familiar.</p><p>El cielo chisporroteaba con una extra�a luz. No la luz sin adulterar del universo acelerado, que nos habr�a matado al instante. En vez de eso, eran una especie de instant�neas del cielo, medianoches consecutivas comprimidas en microsegundos, posim�genes retinales como el destello de un flash; luego el mismo cielo un siglo o un milenio despu�s, como secuencias en una pel�cula surrealista. Algunos de los fotogramas eran borrosas tomas de larga exposici�n, la luz de las estrellas y la luna se convert�an en orbes fantasmales o c�rculos o cimitarras. Algunos eran fotograf�as bien definidas que se desvanec�an enseguida. Hacia el norte las l�neas y c�rculos en el cielo eran m�s estrechos, sus radios relativamente menores, mientras que las estrellas ecuatoriales eran m�s inquietas, danzando a lo largo de enormes elipses. Lunas llenas, medias, menguantes y crecientes parpadeaban de horizonte a horizonte en p�lidas transparencias anaranjadas. La V�a L�ctea era una banda de fluorescencia blanca (ora m�s brillante, ora m�s oscura) iluminada por los estallidos de estrellas moribundas. Se creaban y demol�an estrellas en cada inhalaci�n de aire veraniego.</p><p>Y todo se mov�a.</p><p>Se mov�a en vastas y luminosas danzas que suger�an ciclos a�n mayores que segu�an siendo invisibles. El cielo lat�a como un coraz�n sobre nuestras cabezas.</p><p>�Est� tan vivo �dijo Diane.</p><p>Hay un prejuicio que nos viene impuesto por nuestras breves ventanas de consciencia: las cosas que se mueven est�n vivas; las que no, est�n muertas. El gusano vivo se retuerce bajo la roca muerta y est�tica. Las estrellas y planetas se mueven, pero s�lo seg�n las inertes leyes de la gravitaci�n: una piedra puede caer, pero no est� viva, y las �rbitas s�lo son esa misma ca�da indefinidamente prolongada.</p><p>Pero si se extiende nuestra consciencia de insectos de un solo d�a, como nos hicieron los Hipot�ticos, la diferencia se vuelve borrosa. Las estrellas nacen, viven, mueren y legan sus cenizas elementales a nuevas estrellas. La suma de sus diferentes movimientos no es simple sino inimaginablemente compleja, una danza de atracciones y velocidades, hermosa pero pavorosa. Pavorosa porque, como un terremoto, las estrellas ondulantes convierten en mutable lo que deber�a ser s�lido. Pavorosa porque nuestros secretos org�nicos m�s profundos, nuestras c�pulas y nuestros sucios actos de reproducci�n, resultan no ser tan secretos despu�s de todo: las estrellas sangraban y par�an. �Nada permanece, sino que todo fluye.� No consegu�a recordar d�nde hab�a le�do eso.</p><p>�Her�clito �dijo Diane.</p><p>�No me di cuenta de que lo hab�a dicho en alto.</p><p>�Durante todos esos a�os �dijo Diane�, all� en la Gran Casa, todos esos a�os malgastados de mierda, sab�a que�</p><p>Le puse un dedo sobre los labios. Sab�a lo que ella sab�a.</p><p>�Quiero volver a la casa �dijo ella�. Quiero volver al dormitorio.</p><empty-line/><p>No corrimos las cortinas. Las estrellas cin�ticas que giraban proyectaban su luz sobre la habitaci�n y en la oscuridad los patrones de su movimiento se reflejaban sobre mi piel y la de Diane en im�genes desenfocadas, de la misma manera en que las luces de una ciudad brillan a trav�s de una ventana mojada por la lluvia, silenciosas, sinuosas. No dijimos nada porque las palabras hubieran sido un impedimento. Las palabras hubieran sido mentiras. Hicimos el amor sin palabras, y cuando terminamos, me encontr� pensando: �Que esto permanezca. S�lo esto�.</p><p>Est�bamos dormidos cuando el cielo se oscureci� una vez m�s, cuando los fuegos artificiales celestes empezaron a atenuarse y se apagaron. El ataque chino hab�a resultado ser poco m�s que un gesto vano. Miles de personas hab�an muerto como resultado del p�nico global, pero no hab�a habido bajas como resultado directo en la Tierra, ni, presumiblemente, entre los Hipot�ticos.</p><p>El sol se alz� seg�n lo previsto a la ma�ana siguiente.</p><p>El zumbido del tel�fono de la casa me despert�. Estaba solo en la cama. Diane cogi� la llamada en otra habitaci�n y vino a decirme que era Jase, dec�a que las carreteras estaban despejadas y que estaba de camino.</p><p>Se hab�a duchado y vestido, y ol�a a jab�n y algod�n almidonado.</p><p>��Y eso es todo? �dije�. �Simon aparece y t� te vas? �Lo de la noche pasada significa algo?</p><p>Se sent� en la cama a mi lado.</p><p>�Lo de la noche pasada jam�s implic� que no me marchara con Simon.</p><p>�Cre�a que significaba algo m�s.</p><p>�Significa m�s de lo que puedo describir. Pero no elimina el pasado. He hecho promesas y tengo una fe, y esas cosas imponen ciertos l�mites en mi vida.</p><p>No parec�a convencida.</p><p>�Una fe. Dime que no crees en toda esa mierda.</p><p>Se levant�, con expresi�n hosca.</p><p>�Puede que no lo crea �dijo�. Pero quiz� necesite estar con alguien que s� lo crea.</p><empty-line/><p>Hice las maletas y met� mi equipaje en el Hyundai antes de que volvieran Jase y Simon. Diane me observ� desde el porche mientras cerraba el maletero.</p><p>�Te llamar� �dijo ella.</p><p>�S�, claro �le dije.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C.</p></title><p>Romp� otra l�mpara durante uno de mis ataques de fiebre.</p><p>Esta vez Diane consigui� ocult�rselo al conserje. Hab�a sobornado al personal de limpieza para cambiar las s�banas sucias que dejaba en la puerta cada dos d�as en vez de hacer que una limpiadora hiciera las camas y me encontrara delirante. Los casos de dengue, c�lera y SDCV humano hab�an estado colapsando los servicios del hospital local durante los �ltimos seis meses. No quer�a despertarme en una sala de epidemiolog�a al lado de un caso de cuarentena.</p><p>�Lo que me preocupa �dijo Diane� es lo que pueda ocurrir cuando yo no estoy aqu�.</p><p>�Puedo cuidar de m� mismo.</p><p>�No si te sube la fiebre.</p><p>�Entonces se trata de suerte y de tiempo. �Tienes pensado ir a alg�n lado?</p><p>�S�lo lo normal. Pero lo que quiero decir es, en una emergencia. O si no puedo volver a la habitaci�n por cualquier motivo.</p><p>��Qu� tipo de emergencia?</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>�Es hipot�tico �dijo ella, en un tono que suger�a cualquier cosa menos hipot�tico.</p><empty-line/><p>Pero no la presion�. No hab�a nada que pudiera hacer para mejorar la situaci�n excepto cooperar.</p><p>Empezaba la segunda semana del tratamiento y se acercaba la crisis. La droga marciana se hab�a acumulado hasta llegar a alg�n nivel cr�tico en mi sangre y mis tejidos. Incluso cuando la fiebre remit�a, me sent�a desorientado, confuso. Los efectos puramente f�sicos tampoco eran cosa de risa. Dolores en las articulaciones. Ictericia. Sarpullido, si se entiende por �sarpullido� la sensaci�n de que la piel se te cae capa a capa, dejando al descubierto carne como la de una herida abierta. Algunas noches dorm�a durante cuatro o cinco horas (mi r�cord estaba en cinco) y me despertaba en medio de un charco de fluidos y part�culas de piel desprendidas que Diane limpiaba de la cama manchada de sangre mientras yo me sentaba artr�ticamente en una silla al lado de la cama.</p><p>Llegu� a desconfiar incluso de mis momentos m�s l�cidos. A menudo lo que sent�a era pura claridad alucinatoria, el mundo era superbrillante e hiperdefinido, las palabras y los recuerdos haciendo girar las ruedas dentadas de una m�quina descontrolada.</p><p>Para m� era malo. Y puede que para Diane fuera peor: ten�a que encargarse del orinal las veces que me quedaba incontinente. En cierta forma, estaba devolviendo un favor. Yo hab�a estado con ella cuando soport� esa fase de la lucha. Pero de eso hac�a muchos a�os.</p><empty-line/><p>La mayor�a de las noches dorm�a a mi lado, aunque no s� c�mo lo soportaba. Manten�a una cuidadosa distancia entre nosotros: a veces s�lo la presi�n de la s�bana de algod�n era tan dolorosa que me hac�a llorar, pero su presencia casi subliminal era reconfortante.</p><p>En las noches realmente malas, cuando me revolv�a y le daba con el brazo, se acurrucaba en la alfombrilla estampada de flores cerca de las puertas de la terraza.</p><p>No contaba mucho acerca de sus excursiones en Padang. Sab�a m�s o menos lo que hac�a all�: haciendo contactos entre los sobrecargos y agentes mar�timos, evaluando opciones para atravesar el Arco. Trabajo peligroso. Si hab�a algo que me hiciera sentir peor que los efectos de la droga, era ver a Diane salir por la puerta hacia un submundo asi�tico potencialmente violento sin m�s protecci�n que un espray de defensa personal y su considerable valor.</p><p>Pero incluso ese riesgo era preferible a que ellos nos atraparan.</p><p>Estaban (y con ese �ellos� quiero decir los agentes de la administraci�n Chaykin y sus aliados en Yakarta) interesados en nosotros por varias razones. Por la droga, por supuesto, y, m�s importante todav�a, por las copias digitales de los archivos marcianos que ten�amos. Y les hubiera encantado poder interrogarnos sobre las �ltimas horas de Jason: el mon�logo que hab�a presenciado y grabado, todo lo que me hab�a contado sobre la naturaleza de los Hipot�ticos y el Spin, conocimientos que s�lo Jason hab�a pose�do.</p><empty-line/><p>Me dorm� y me despert�, y ella se hab�a marchado.</p><p>Pas� una hora contemplando c�mo se mov�an las cortinas de la terraza, c�mo la luz del sol iluminaba el tramo visible del Arco y perdido en enso�aciones sobre las Seychelles.</p><p>�Has estado alguna vez en las Seychelles? Yo <emphasis>tampoco. </emphasis>Lo que me daba vueltas a la cabeza era un viejo documental de la PBS<a l:href="#n_6" type="note">[6]</a> que hab�a visto una vez. Las Seychelles son islas tropicales, hogar de las gal�pagos, del <emphasis>coco de mer</emphasis><a l:href="#n_7" type="note">[7]</a> y de una docena de variedades de p�jaros ex�ticos. Geol�gicamente, son todo lo que queda de un antiguo continente que una vez uni� Asia y Sudam�rica, mucho antes de la evoluci�n de los humanos modernos.</p><p>Los sue�os, hab�a dicho Diane en una ocasi�n, son met�foras que se han vuelto salvajes. La raz�n por la que so�aba con las Seychelles (seg�n me la imagin� dici�ndomelo) era porque me sent�a sumergido bajo las aguas, antiqu�simo, casi extinto.</p><p>Como un continente que se hund�a, inundado por la perspectiva de su propia transformaci�n.</p><p>Me volv� a dormir. Despert�, y no hab�a vuelto.</p><p>Despert� en la oscuridad, todav�a solo y sabiendo que hab�a pasado demasiado tiempo. Mala se�al. En el pasado, Diane siempre hab�a vuelto hacia el anochecer.</p><p>Me hab�a estado revolviendo en sue�os. La s�bana de algod�n yac�a hecha un ovillo en el suelo, apenas visible a la luz reflejada por el techo de yeso desde la calle. Ten�a fr�o, pero me sent�a demasiado dolorido para acercarme y recuperarla.</p><p>El cielo en el exterior era exquisitamente claro. Si apretaba los dientes e inclinaba la cabeza a la izquierda pod�a ver unas pocas estrellas brillantes. Me entretuve con la idea de que, en t�rminos relativos, algunas de esas estrellas pod�an ser m�s j�venes que yo.</p><p>Intent� no pensar en Diane, en d�nde podr�a estar ni lo que le podr�a estar pasando.</p><p>Y al final volv� a quedarme dormido con la luz de las estrellas incandescente sobre mis p�rpados, fantasmas fosforescentes que flotaban en la oscuridad rojiza.</p><empty-line/><p>La ma�ana.</p><p>O al menos pensaba que era de ma�ana. M�s all� de la ventana se ve�a algo de luz diurna. Alguien, probablemente la limpiadora, llam� dos veces a la puerta y dijo algo en malayo con tono airado. Y volvi� a irse.</p><p>Ahora estaba preocupado de verdad, aunque en esta fase particular del tratamiento la preocupaci�n se traduc�a en una difusa irritaci�n ego�sta. �Qu� demonios se le hab�a metido en la cabeza a Diane para estar ausente durante tanto tiempo, y por qu� no estaba all� para cogerme de la mano y refrescarme la frente? La idea de que le hubiera pasado algo era impensable, improbable e inadmisible ante el tribunal.</p><p>Sin embargo, la botella de pl�stico que hab�a junto a la cama llevaba vac�a desde ayer o m�s, ten�a los labios resecos hasta el punto de agrietarse, y no pod�a recordar cu�ndo hab�a sido la �ltima vez que me hab�a tambaleado hasta el cuarto de ba�o. Si no quer�a que mis ri�ones dejaran de funcionar, tendr�a que beber agua del grifo del lavabo.</p><p>Pero s�lo sentarme en la cama sin gritar ya era todo un esfuerzo. El acto de bajar las piernas por mi lado del colch�n era casi insoportable, como si mis huesos y cart�lagos hubieran sido reemplazados por cristales rotos y cuchillas de afeitar oxidadas.</p><p>Aunque intent� distraerme pensando en otra cosa (las Seychelles, el cielo), incluso ese leve analg�sico se vio distorsionado por la lente de la fiebre. Me imagin� que o�a la voz de Jason detr�s de m�, Jason pidi�ndome que le trajera algo, un trapo, un pa�o, porque ten�a las manos sucias. Sal� del ba�o con una toalla en vez de un vaso de agua y estaba a medio camino de volver a la cama cuando me di cuenta de mi error. Est�pido. Vuelta a empezar. Ll�vate la botella de agua vac�a esta vez. Ll�nala hasta arriba. Ll�nala hasta que rebose. Llena la cantimplora.</p><p>Le entregaba un pa�o en el cobertizo del jard�n detr�s de la Gran Casa donde el jardinero guardaba sus herramientas.</p><p>�l tendr�a unos doce a�os. Principios de verano, un par de a�os antes del Spin.</p><p>Agita el agua y prueba el sabor del tiempo. Ah� vienen los recuerdos.</p><empty-line/><p>Me sorprend� cuando Jason sugiri� que intent�ramos arreglar el cortac�sped a gasolina del jardinero. El jardinero de la Gran Casa era un belga irritable llamado De Meyer que fumaba Gauloises sin parar y que s�lo pon�a cara agriada cuando intent�bamos hablar con �l. Hab�a estado soltando tacos contra el cortac�sped porque tos�a humo y se paraba cada pocos minutos. �Por qu� hacerle un favor? Pero era el desaf�o intelectual lo que fascinaba a Jase. Me dijo que hab�a estado despierto hasta bien pasada la medianoche, estudiando motores de gasolina en internet. Dijo que quer�a ver c�mo era uno in vivo. El hecho de que yo no sab�a qu� significaba in vivo hac�a parecer doblemente interesante todo el asunto. Dije que me encantar�a ayudarle.</p><p>De hecho apenas s� hice algo m�s que observar mientras �l colocaba el cortac�sped sobre una docena de hojas del <emphasis>Washington Post </emphasis>del d�a anterior y empezaba su examen. Esto ocurr�a dentro del polvoriento pero aislado cobertizo al fondo del jard�n, donde el aire ol�a a grasa y gasolina, a fertilizante y herbicida. Hab�a sacos rotos de semillas de c�sped y de mantillo que vert�an sus contenidos desde estantes de pino sin desbastar entre palas corro�das y mangos astillados de herramientas de jardiner�a. Ten�amos prohibido jugar en el cobertizo de las herramientas. Normalmente estaba cerrado con llave. Jason hab�a cogido la llave de un colgador en el s�tano.</p><p>Era una c�lida tarde de viernes y no me importaba estar all� metido mirando c�mo trabajaba: era instructivo y extra�amente sosegador. Primero inspeccion� la m�quina, tendi�ndose en el suelo a su lado y estirando el cuerpo. Recorri� pacientemente con los dedos la carcasa, localizando los tornillos, y cuando estuvo satisfecho, retir� los tornillos y los apart�, en orden, y puso la carcasa a su lado cuando la levant�.</p><p>Y as� se introdujo en los misterios de los mecanismos internos de la m�quina. Jason hab�a conseguido aprender o intuir por s� mismo el uso del destornillador el�ctrico y de la llave dinamom�trica. Sus movimientos a veces eran tentativos, pero nunca inseguros. Trabajaba como un artista o un atleta: atento a cambios casi imperceptibles, con conocimiento de lo que hac�a, consciente de sus propias limitaciones. Hab�a desmontado todas las piezas a las que pod�a llegar y las hab�a puesto sobre las p�ginas de peri�dico ennegrecidas por la grasa como una ilustraci�n anat�mica cuando la puerta del cobertizo se abri� y ambos nos sobresaltamos.</p><p>E. D. Lawton hab�a vuelto a casa temprano.</p><p>�Mierda �susurr�, lo que me gan� una mirada dura por parte del se�or Lawton. Estaba ah�, de pie en la entrada, vestido con un traje gris inmaculado hecho a medida, inspeccionando el desastre, mientras Jason y yo mir�bamos nuestros pies, tan instintivamente culpables como si nos hubieran pillado con un ejemplar de <emphasis>Penthouse.</emphasis></p><p>��Lo est�is arreglando o lo est�is destrozando? �pregunt� al fin, con ese tono suyo, mezcla de desprecio y desd�n, que era su firma verbal particular; un truco que hab�a dominado hac�a tanto tiempo que ahora le sal�a instintivamente.</p><p>�Arregl�ndolo, se�or �dijo Jason con mansedumbre.</p><p>�Ya veo. <emphasis>��se</emphasis> es tu cortac�sped?</p><p>�No, por supuesto que no, pero pens� que al se�or De Meyer le gustar�a si�</p><p>�Pero tampoco es el cortac�sped del se�or De Meyer, �verdad? El se�or De Meyer no tiene herramientas propias. Vivir�a de la caridad si yo no lo contratara todos los veranos. Ese cortac�sped es m�o. �E. D. dej� que el silencio se extendiera hasta que casi era doloroso. Y entonces dijo�: �Has encontrado el problema?</p><p>�Todav�a no.</p><p>��Todav�a no? Entonces ser� mejor que sigas.</p><p>Jason parec�a casi sobrenaturalmente aliviado.</p><p>�S�, se�or �dijo�. Despu�s de comer me�</p><p>�No. De despu�s de comer nada. T� lo has desarmado, t� lo arreglas y lo vuelves a montar. Entonces podr�s comer. �E. D. volvi� su desagradable atenci�n hacia m� �: Vete a casa, Tyler. No quiero volver a encontrarte aqu�. Y eso ya deber�as haberlo sabido.</p><p>Me escabull� hacia el resplandor de la tarde, parpadeando.</p><p>No volvi� a pillarme en el cobertizo nunca m�s, pero s�lo porque tuve mucho cuidado de evitarle. Volv� esa misma noche, despu�s de las diez, cuando mir� desde la ventana de mi cuarto y vi que a�n hab�a luz bajo la puerta del cobertizo. Cog� un muslo de pollo que hab�a sobrado de la cena, lo envolv� en papel de aluminio, y me apresur� hacia el cobertizo bajo el manto de la oscuridad. Le susurr� a Jason, que atenu� las luces el tiempo suficiente para permitirme entrar sin ser visto.</p><p>Estaba cubierto de tatuajes maor�es de grasa y aceite, y el motor del cortac�sped segu�a estando s�lo medio montado. Una vez que hubo engullido vorazmente unos cuantos bocados de pollo, le pregunt� por qu� tardaba tanto.</p><p>�Podr�a volver a montarlo en quince minutos �dijo�: Pero no funcionar�a. La parte dif�cil es averiguar qu� es lo que est� mal. Y adem�s s�lo consigo empeorarlo. Cuando intento limpiar el tubo del combustible, se me mete aire. O la goma se cuartea. Nada est� en buen estado. Hay una fractura del grosor de un pelo en la carcasa del carburador, pero no s� c�mo arreglarla. No tengo piezas de recambio. Ni las herramientas adecuadas. Ni siquiera estoy seguro de cu�les son las herramientas adecuadas. �Arrug� el rostro, y durante un momento cre� que se echar�a a llorar.</p><p>�Pues d�jalo �dije�. Ve y dile a E. D. que lo sientes y que te lo descuente de la paga o lo que sea.</p><p>Se me qued� mirando como si hubiera dicho algo noble pero rid�culamente ingenuo.</p><p>�No, Tyler. Gracias, pero no lo har�.</p><p>��Por qu� no?</p><p>Pero no me respondi�. Dej� a un lado el muslo de pollo y volvi� a las piezas dispersas de su temeraria acci�n.</p><p>Estaba a punto de marcharme cuando alguien llam� a la puerta dando unos golpecitos leves casi inaudibles. Jason me hizo un gesto para que cubriera la luz. Entreabri� la puerta para dejar entrar a su hermana.</p><p>Obviamente estaba aterrorizada ante la idea de que E. D. la encontrara all�. No alzaba la voz m�s all� de un susurro. Pero, al igual que yo, le hab�a tra�do algo a Jason. No era un muslo de pollo. Un navegador inal�mbrico para internet del tama�o de su palma.</p><p>El rostro de Jason se ilumin� cuando lo vio.</p><p>��Diane! �exclam�.</p><p>Ella le hizo un gesto para que bajara la voz y me dedic� una nerviosa mirada de refil�n.</p><p>�S�lo es un cachivache �susurr�. Nos dedic� una inclinaci�n de cabeza antes de escabullirse como hab�a venido.</p><p>�Sabe perfectamente que es m�s que eso �dijo Jason despu�s de que se hubiera marchado�. El cachivache es trivial. La red es lo que es �til. No el aparato sino la red.</p><p>Al cabo de una hora estaba consultando con un grupo de chalados de la mec�nica de la Costa Oeste que modificaban motores peque�os para competiciones rob�ticas por control remoto. Hacia la medianoche hab�a apa�ado reparaciones provisionales para la docena de fallos del cortac�sped. Me fui directamente a casa y observ� desde la ventana de mi dormitorio c�mo convocaba a su padre. E. D. sali� andando penosamente de la gran casa en pijama y se qued� de pie con los brazos cruzados mientras Jason arrancaba el cortac�sped, cuyo sonido era incongruente en la oscuridad de la noche. E. D. escuch� durante unos instantes, luego se encogi� de hombros y le hizo un gesto para que volviera a la casa.</p><p>Jase se detuvo en la puerta, vio la luz de mi cuarto al otro lado del jard�n y me dedic� un peque�o saludo con la mano disimuladamente.</p><p>Por supuesto, la reparaci�n fue temporal. El jardinero fumador de Gauloises apareci� el mi�rcoles siguiente y hab�a recortado la mitad del c�sped cuando al cortac�sped le dio un ataque y se muri� definitivamente. Escuchando desde la sombra de los �rboles, aprendimos al menos una media docena de �tiles maldiciones en flamenco. A Jason, cuya memoria era casi eid�tica, le hizo especialmente gracia <emphasis>�Godverdomme mijn kloten miljardedju! </emphasis>Literalmente: �Que Dios maldiga mis pelotas un millar de veces Jes�s! Seg�n el diccionario ingl�s/holand�s de la biblioteca de la academia Rice. Durante los meses siguientes, Jason us� la expresi�n cada vez que se le romp�a un cord�n del zapato o se le colgaba el ordenador.</p><p>Al final E. D. tuvo que pagar una m�quina nueva. En la tienda le dijeron que reparar �sa costar�a demasiado; era un milagro que hubiera funcionado tanto tiempo. Eso lo o� por mi madre, que lo oy� de Carol Lawton. Y hasta donde s�, E. D. no se lo volvi� a mencionar a Jason jam�s.</p><p>Jase y yo nos re�mos de ello unas cuantas veces; sin embargo, meses despu�s, cuando la cosa ya hab�a perdido gran parte de su dramatismo.</p><empty-line/><p>Volv� arrastrando los pies hasta la cama pensando en Diane, que le hab�a dado a su hermano un regalo que no era s�lo una ofrenda conciliadora, como el m�o, sino que era �til de verdad. �Y d�nde estaba Diane ahora? �Qu� regalo pod�a traerme que aligerara mi carga? Su presencia bastar�a.</p><p>La luz diurna entraba a raudales como agua en la habitaci�n, como un r�o luminoso en el que me hallaba suspendido, ahogado en minutos perdidos.</p><p>No todos los delirios son brillantes y fren�ticos. A veces son lentos reptiles de sangre fr�a. Observ� a las sombras trepando como lagartos por las paredes de la habitaci�n. Parpade�, y hab�a pasado una hora. Parpade� de nuevo y ya anochec�a, la luz del sol no ca�a sobre el Arco cuando inclin� la cabeza para mirarlo, cielos oscuros en vez de eso, nubes de tormenta tropical, rel�mpagos indistinguibles de los arrebatos visuales de la fiebre, pero el trueno era inconfundible y me lleg� un repentino olor mineral desde el exterior y el sonido de las gotas de lluvia cayendo sobre la terraza de cemento.</p><p>Y al fin otro sonido m�s: una tarjeta en el lector de la puerta, el chirrido de bisagras.</p><p>�Diane �dije (o susurr�, o grazn�).</p><p>Entr� corriendo en la habitaci�n. Estaba vestida para salir a la calle, con un jersey con remates de cuero en las mangas y cuello y un sombrero de ala ancha del que goteaba agua de lluvia. Se qued� de pie al lado de la cama.</p><p>�Lo siento �dijo.</p><p>�No tienes por qu� disculparte. S�lo�</p><p>�Quiero decir que lo siento, Tyler, pero tienes que vestirte. Tenemos que marcharnos. Ahora mismo. Ya. Hay un taxi esper�ndonos.</p><p>Me llev� alg�n tiempo procesar esa informaci�n. Mientras tanto, Diane empez� a tirar cosas en una maleta: ropas, documentos falsificados y leg�timos, tarjetas de memoria, un cajoncito acolchado para transportar botellas y jeringuillas.</p><p>�Ni siquiera puedo ponerme en pie �intent� decir, pero las palabras no me sal�an bien.</p><p>As� que un momento despu�s, ella empez� a vestirme, y salv� un poco de dignidad levantando los pies sin que me lo pidiera y rechinando los dientes en vez de gritar. Luego me sent� y me hizo beber m�s agua de la botella que hab�a al lado de la cama. Me gui� al cuarto de ba�o, donde emit� un denso chorrito de orina color amarillo canario.</p><p>�Joder �exclam� ella�, est�s completamente seco. �Me dio otro trago de agua y un pinchazo de analg�sico que me ardi� en el brazo como un veneno�. �Tyler, lo siento much�simo! �Pero no lo sent�a tanto como para dejar de urgirme a que me pusiera una gabardina y un sombrero pesado.</p><p>Estaba lo suficientemente alerta para captar la ansiedad en su voz.</p><p>�� De qu� huimos?</p><p>�Digamos simplemente que he tenido un encuentro cercano con una gente muy desagradable.</p><p>��Ad�nde vamos?</p><p>�Al interior del pa�s. Date prisa.</p><p>Y as� avanzamos a trompicones por el pasillo tenuemente iluminado del hotel y por un tramo de escaleras hasta llegar al nivel de la calle. Diane arrastraba la maleta con la mano izquierda y me sujetaba con la derecha. Fue un viaje largo. Especialmente las escaleras.</p><p>�Deja de gemir �susurr� un par de veces. Y eso hice. O al menos creo que lo hice.</p><p>Y luego salimos a la noche. Las gotas de lluvia se estrellaban contra aceras fangosas y siseaban contra la capota de un taxi del siglo XX sobrecalentado. El conductor me dedic� una mirada suspicaz desde el refugio de su taxi. Se la devolv�.</p><p>�No est� enfermo �le dijo Diane, haciendo un gesto de botella-a-la-boca. El conductor frunci� el ce�o pero acept� los billetes que le puso en la mano.</p><p>Los narc�ticos hicieron efecto mientras �bamos en el taxi. Las calles nocturnas de Padang ten�an un olor cavernoso, a asfalto h�medo y pescado podrido. Manchas aceitosas se abr�an como arco iris bajo las ruedas del taxi. Dejamos el distrito para turistas iluminado por neones y entramos en la mara�a de tiendas y edificios residenciales que hab�a crecido alrededor de la ciudad en los �ltimos treinta a�os, arrabales improvisados que ced�an el paso ante la nueva prosperidad, excavadoras aparcadas bajo lonas entre chabolas de techos de chapa. Alt�simos edificios residenciales de clase baja crec�an como hongos entre el compost de los campos de ocupantes ilegales. Entonces pasamos por la zona industrial, de muros grises y alambradas cortantes, y me dorm�, creo, de nuevo.</p><p>No so�� con las Seychelles, sino con Jason. Con Jason y su amor por las redes de comunicaci�n (�no el aparato sino la red�), con las redes que hab�a creado y habitado y los lugares a los que esas redes lo hab�an llevado.</p></section><section><title><p>Noches intranquilas</p></title><p>Seattle, septiembre, cinco a�os despu�s del fallido ataque chino con misiles: conduc�a de vuelta a casa a trav�s de la hora punta de un viernes y tan pronto como estuve en mi apartamento encend� la interfaz de audio y activ� una lista de reproducci�n que hab�a titulado �Terapia�.</p><p>Hab�a sido un largo d�a en las urgencias de Harborview. Hab�a atendido dos heridas de bala y un intento de suicidio. Cuando cerraba los ojos ve�a la imagen de sangre que chorreaba de las barras de una camilla. Me cambi� las ropas de trabajo mojadas por la lluvia por unos vaqueros y un su�ter, me serv� una copa y me qued� de pie frente a la ventana observando la bulliciosa ciudad a oscuras. En alg�n lado estaba la ausencia de luz que dejaba Puget Sound, oscurecido por nubes pasajeras. El tr�fico casi estaba est�tico en la 1-5, un r�o rojo luminoso.</p><p>Mi vida, en esencia, tal y como yo la hab�a creado. Y pend�a de una palabra.</p><p>Al rato, Astrud Gilberto ya estaba cantando, melanc�licamente y un poco desentonado, sobre acordes de guitarra y el Corcovado, pero me sent�a demasiado tenso para pensar en lo que Jason me hab�a dicho al tel�fono la noche pasada. Demasiado tenso incluso para escuchar la m�sica de la manera que se merec�a. �Corcovado�, �Desafinado�, algunas pistas de Gerry Mulligan, unas cuantas de Charlie Byrd. Terapia. Pero todo se difuminaba en el sonido de la lluvia. Me calent� la cena en el microondas y me la com� sin saborearla; luego abandon� toda esperanza de ecuanimidad k�rmica y decid� tocar la puerta de Giselle y ver si estaba en casa.</p><p>Giselle Palmer hab�a alquilado el apartamento a tres puertas del m�o por el pasillo. Abri� la puerta vestida con unos vaqueros y una vieja camisa de franela que anunciaban una tarde en casa. Le pregunt� si estaba ocupada o si no le importar�a tener compa��a.</p><p>�No s�, Tyler. Pareces bastante sombr�o.</p><p>�M�s bien preocupado. Estoy pensando en marcharme de la ciudad.</p><p>��De verdad? �Te vas de viaje de negocios o algo as�?</p><p>�Para siempre.</p><p>��Oh? �Su sonrisa desapareci�. �Cu�ndo lo decidiste?</p><p>�Todav�a no le he decidido. �se es el problema.</p><p>Abri� m�s la puerta y me hizo una se�a para que entrara.</p><p>��En serio? �Ad�nde te ir�as?</p><p>�Es una larga historia.</p><p>��Lo que significa que necesitas una copa antes de empezar a hablar de ello?</p><p>�Algo as� �dije.</p><empty-line/><p>Conoc� a Giselle en una reuni�n de inquilinos en el s�tano del edificio el a�o pasado. Ten�a veinticuatro a�os y me llegaba a la clav�cula. De d�a trabajaba en un restaurante de una franquicia de Renton, pero cuando comenzamos a quedar para tomar caf� los domingos por la tarde me dijo que era �una puta, una prostituta, �se es mi trabajo a tiempo parcial�.</p><p>Lo que significaba que era parte de un amplio grupo de amigas que intercambiaban entre ellas los nombres de hombres de mayor edad (presentables y normalmente casados) que estaban dispuestos a pagar generosamente por tener sexo pero a los que les aterrorizaba el negocio de la calle. Mientras me lo contaba, Giselle hab�a cuadrado los hombros y me mir� con desaf�o, por si me sent�a repelido o asqueado. No sent� nada de eso. Est�bamos, despu�s de todo, en los a�os del Spin. La gente de la edad de Giselle pon�a sus propias reglas, para bien o para mal, y la gente como yo se absten�a de emitir juicios.</p><p>Continuamos tomando caf� juntos y cenando de vez en cuando, y le firm� un par de formularios para an�lisis de sangre. Seg�n el �ltimo an�lisis, estaba libre de VIH y la �nica enfermedad transmisible de la que ten�a anticuerpos era del virus del Nilo occidental. En otras palabras, hab�a sido cuidadosa y hab�a tenido suerte.</p><p>Pero el problema del negocio del sexo, seg�n me confes� Giselle, era que incluso a nivel semiamateur empieza a definir tu vida. Te conviertes, dijo ella, en la clase de persona que lleva condones y viagra en el bolso. �Y por qu� lo haces, cuando podr�as haber conseguido, por ejemplo, un trabajo de dependienta en Wal-Mart? �sa era una pregunta que no recib�a bien y que respond�a a la defensiva:</p><p>�Puede que sea una adicci�n. O quiz� un pasatiempo, ya sabes, como el modelismo de trenes.</p><p>Pero sab�a que hab�a huido de un padrastro maltratador en Saskatoon a corta edad, y la progresi�n profesional consiguiente no era dif�cil de imaginar. Y por supuesto, ten�a la misma f�rrea excusa para un comportamiento de riesgo que todos los que ten�amos una cierta edad compart�amos: la casi total certidumbre de nuestra propia extinci�n en masa. La carta de la mortalidad, como dijo un escritor de mi generaci�n, triunfa sobre la de la moralidad.</p><p>��Qu� nivel de borrachera necesitas? �Achispado o totalmente beodo? La verdad es que a lo mejor no tenemos elecci�n. El armarito de las bebidas est� un poco despoblado esta noche.</p><p>Me mezcl� algo que en su mayor parte era vodka y que sab�a como si hubiera salido de un dep�sito de gasolina. Quit� el peri�dico de ese d�a de una silla y me sent�. El apartamento de Giselle estaba reci�n amueblado, pero parec�a el dormitorio de un estudiante de primer a�o en una residencia universitaria. El peri�dico estaba abierto por la p�gina de la editorial. El chiste gr�fico era sobre el Spin: los Hipot�ticos eran representados como un par de ara�as negras que agarraban la tierra entre sus peludas patas. Pie de vi�eta: �NOS LOS COMEMOS AHORA O ESPERAMOS A LAS ELECCIONES?</p><p>�La verdad es que no lo pillo �dijo Giselle, derrumb�ndose en el sof� y se�alando el peri�dico con el pie.</p><p>��El chiste?</p><p>�Todo en general. El Spin. �Punto de no retorno.� Leer los peri�dicos es como� �qu�? Hay algo al otro lado del cielo, y no es amistoso. Eso es todo lo que s�.</p><p>Probablemente la mayor�a de la raza humana habr�a firmado esa declaraci�n. Pero por alguna raz�n; quiz� era por la lluvia, o por la sangre que hab�a visto vertida ante mis ojos en aquel d�a; me sent� indignado.</p><p>�Tampoco es tan dif�cil de comprender.</p><p>��No? Entonces, �por qu� ocurre?</p><p>�No el por qu�. Nadie sabe el porqu�. En cuanto al qu�</p><p>�No, si ya lo s�. No necesito la conferencia. Estamos en una especie de saco c�smico y el universo gira enloquecido, tada-da-d�.</p><p>Lo que me volvi� a irritar.</p><p>��Sabes cu�l es la direcci�n donde vives, no?</p><p>Dio un sorbo a su bebida.</p><p>�Claro que s�.</p><p>�Porque te gusta saber d�nde est�s. A un par de kil�metros del oc�ano, a unos cuantos cientos de la frontera, a unos cuantos miles al oeste de Nueva York, �no?</p><p>�S�, pero �y qu�?</p><p>�Estoy intentando demostrar algo. La gente no tiene ning�n problema en distinguir entre Spokane y Par�s, pero cuando se trata del cielo, lo �nico que ven es una enorme mancha misteriosa. �Y eso?</p><p>�No s�. �Porque todo lo que s� de astronom�a lo aprend� con reposiciones de <emphasis>Star Trek? </emphasis>Quiero decir, �qu� se supone que tengo que saber yo sobre lunas y estrellas? Son cosas que no he visto desde que era peque�a. Incluso los cient�ficos admiten que la mitad de las veces no saben de lo que hablan.</p><p>��Y eso te parece bien?</p><p>��Qu� co�o importa si a m� me parece bien? Mira, quiz� deber�a encender la tele. Podemos ver una peli y t� me cuentas por qu� est�s pensando en marcharte de la ciudad.</p><p>Las estrellas eran como las personas, le dije: viven y mueren en per�odos de tiempo predecibles. El sol envejec�a r�pidamente, y seg�n envejec�a, consum�a su combustible cada vez m�s r�pidamente. Su luminosidad aumentaba un diez por ciento cada mil millones de a�os. El sistema solar ya hab�a cambiado de formas que har�an que la Tierra fuera inhabitable aunque el Spin se detuviera hoy mismo. Punto de no retorno. Eso era de lo que hablaban los peri�dicos. No hubiera sido ninguna noticia si no fuera por el hecho de que el presidente Clayton lo hab�a hecho oficial, admitiendo en un discurso que seg�n los mejores expertos cient�ficos no hab�a forma alguna de regresar al anterior statu quo.</p><p>Y ella se me qued� mirando fijamente y con expresi�n descontenta y dijo:</p><p>�Todas esas gilipolleces�</p><p>�No son gilipolleces.</p><p>�Puede que no, pero a m� no me hacen ning�n bien.</p><p>�S�lo intento explicarte�</p><p>�Cono, Tyler. �Te he pedido una explicaci�n? Coge tus pesadillas y vete a casa. O de lo contrario, tranquil�zate y cu�ntame por qu� quieres marcharte de Seattle. �Es por esos amigos tuyos, no?</p><p>Le hab�a contado cosas sobre Jason y Diane.</p><p>�Por Jason, principalmente.</p><p>�El supuesto genio.</p><p>�De supuesto nada. Est� en Florida�</p><p>�Haciendo algo para la gente de los sat�lites y eso, seg�n me has contado.</p><p>�Convirtiendo Marte en un vergel.</p><p>�Eso tambi�n sal�a en los peri�dicos. �De verdad es posible?</p><p>�No tengo ni idea. Jason as� lo cree.</p><p>�Pero �eso no llevar�a mucho tiempo?</p><p>�El reloj corre m�s r�pido �dije�, una vez pasada cierta altitud.</p><p>�Aja. �Y para qu� te necesita?</p><p>Bueno, s�, �para qu�? Buena pregunta. Una pregunta excelente.</p><p>�Est�n contratando a un m�dico para la cl�nica de Perihelio.</p><p>�Cre�a que simplemente eras un simple m�dico de familia.</p><p>�Y lo soy.</p><p>�Entonces, �qu� te cualifica para ser m�dico de astronautas?</p><p>�Nada de nada. Pero Jason�</p><p>��Le est� haciendo un favor a un viejo amigo? Bueno, mira qu� bien. Que Dios bendiga a los ricos, �eh? Viva el enchufismo.</p><p>Me encog� de hombros. Que creyera lo que quisiera. No ten�a por qu� compartirlo con Giselle, y Jase no hab�a especificado nada�</p><p>Pero cuando hablamos, me dio la impresi�n de que Jason no me quer�a s�lo como m�dico de la empresa sino como su m�dico de cabecera. Porque ten�a un problema. Alg�n tipo de problema que no quer�a compartir con el personal de Perihelio. Un problema del que no pod�a hablar por tel�fono.</p><p>A Giselle se le hab�a acabado el vodka, pero rebusc� en su bolso y sac� un porro que ten�a escondido en una caja de tampones.</p><p>�El salario ser� bueno, supongo. �Chasque� un encendedor de pl�stico, aplic� la llama a la punta del porro y aspir� profundamente.</p><p>�No entramos en detalles.</p><p>Exhal�.</p><p>�Pero qu� pedazo de friki. A lo mejor es por eso de que puedes soportar pensar en el Spin todo el rato. Tyler Dupree, autista leve. Eso es lo que eres, y lo sabes. Tienes todos los s�ntomas. Apuesto a que Jason Lawton es exactamente igual. Apuesto a que se le pone dura cada vez que dice la palabra �billones�.</p><p>�No lo subestimes. Puede que acabe ayudando a sobrevivir a la especie humana, si bien no a espec�menes particulares de esa especie.</p><p>�Una ambici�n de friki, si alguna vez he o�do una. Y esa hermana suya, aquella con la que te acostaste�</p><p>�Una vez.</p><p>�Una vez. �sa estaba metida en algo de religi�n, �no?</p><p>�S�. �Estaba y lo est�, hasta donde sab�a. No hab�a o�do nada de Diane desde aquella noche en las Berkshires. No del todo por no intentarlo. Un par de correos electr�nicos sin respuesta. Jase tampoco sab�a mucho de ella pero, seg�n Carol, estaba viviendo con Simon en alguna parte de Utah o Arizona, alg�n estado del oeste al que jam�s hab�a ido y que no emplazaba mentalmente, que fue donde la disoluci�n del movimiento del Nuevo Reino los hab�a dejado tirados.</p><p>�Eso tampoco es dif�cil de imaginar. �Giselle me pas� el porro. No me sent�a del todo c�modo con la hierba. Pero ese comentario sobre �frikis� me hab�a dolido. Inhal� profundamente y el efecto fue el mismo que cuando estaba en Stony Brook: afasia instant�nea�. Debi� de ser terrible para ella. El Spin ocurri�, y todo lo que quer�a ella era olvidarse de ello, que era la �ltima cosa que t� o su familia le dejar�an hacer. Yo tambi�n me hubiera metido en la religi�n, de estar en su lugar. Estar�a cantando en el puto coro.</p><p>��De verdad es el mundo tan dif�cil de contemplar? �dije, a destiempo y colocado.</p><p>Giselle alarg� la mano y recuper� el porro.</p><p>�Desde mi posici�n, s�. Mucho.</p><p>Volvi� la cabeza, distra�da. El trueno hac�a vibrar las ventanas como si estuviera resentido de la seca calidez del interior. Se preparaba una buena tormenta en el Sound.</p><p>�Apuesto a que va a ser uno de esos inviernos �dijo�. De los malos. Ojal� tuviera una chimenea. La m�sica tambi�n ayudar�a. Pero estoy demasiado cansada para levantarme.</p><p>Me levant�, fui hasta su equipo de audio y puse en marcha una descarga de un �lbum de Stan Getz, el saxof�n calde� la habitaci�n de una forma que ninguna chimenea hubiera podido hacer. Giselle asinti� con la cabeza: no era lo que ella hubiera elegido, pero vale, s�</p><p>�As� que te llam� y te ofreci� ese trabajo.</p><p>�S�.</p><p>��Y le dijiste que aceptabas?</p><p>�Le dije que me lo pensar�a.</p><p>��Y eso es lo que est�s haciendo? �Pens�rtelo?</p><p>Parec�a dejar algo impl�cito, pero no sab�a el qu�.</p><p>�Creo que s�.</p><p>�Y yo creo que no. Creo que ya sabes qu� vas a hacer. �Sabes lo que creo? Que has venido a decir adi�s.</p><p>Dije que supon�a que era posible.</p><p>�As� que al menos ven y si�ntate a mi lado.</p><p>Me mov� hacia el sof� let�rgicamente. Giselle se estir� y me puso los pies en el regazo. Llevaba puestos calcetines de hombre, un par de lana a rombos casi rid�culo. Las perneras de los vaqueros se le subieron a los tobillos.</p><p>�Para ser un tipo que puede mirar una herida de bala sin pesta�ear �dijo�, eres bastante bueno esquivando espejos.</p><p>��Y eso qu� significa?</p><p>�Significa que obviamente no has acabado con Jason y Diane. Especialmente con Diane.</p><p>Pero no era posible que Diane siguiera teniendo importancia para m�.</p><p>Quiz� quer�a demostrar eso mismo. Quiz� fue por eso por lo que acabamos entrando en el desordenado dormitorio de Giselle dando tumbos, fum�ndonos otro porro, cayendo sobre la colcha de color rosa Barbie, haciendo el amor bajo las ventanas empa�adas por la lluvia, abraz�ndonos hasta quedarnos dormidos.</p><p>Pero no fue la cara de Giselle la que se me apareci� en mi mente en la enso�aci�n poscoital, y me despert� un par de horas m�s tarde pensando: �Dios santo, tiene raz�n, me voy a Florida�.</p><empty-line/><p>Al final llev� semanas arreglarlo todo, tanto por el lado de Jason como en el hospital. Durante ese tiempo volv� a ver a Giselle, pero s�lo brevemente. Buscaba un coche de segunda mano, y yo le vend� el m�o, no quer�a arriesgarme a atravesar todo el pa�s en coche (el n�mero de atracos a coches en las carreteras interestatales hab�an alcanzado las dos cifras). Pero no mencionamos la intimidad que hab�a venido y partido con las lluvias, un acto de amabilidad ligeramente borracha por parte de alguien, probablemente la suya.</p><p>Aparte de Giselle hab�a pocas personas en Seattle de las que tuviera que despedirme y no muchas cosas en mi apartamento que quisiera quedarme, nada m�s sustancial que unos cuantos archivos digitales, eminentemente port�tiles por naturaleza, y un centenar de viejos discos. El d�a que me march�, Giselle me ayud� a apilar mi equipaje en la parte de atr�s del taxi. Le dije al taxista que me llevara al SeaTac<a l:href="#n_8" type="note">[8]</a> y Giselle me despidi� con la mano, sin parecer particularmente triste pero al menos algo melanc�lica, mientras el taxi se introduc�a en el tr�fico.</p><p>Giselle era una buena persona, y llevaba una vida peligrosa. Jam�s la volv� a ver, pero espero que sobreviviera al caos que sobrevino despu�s.</p><p>Vol� a Orlando en un viejo Airbus que cruj�a constantemente. La moqueta de la cabina de vuelo estaba completamente desgastada y hac�a tiempo que ten�an que haber reemplazado las pantallas de v�deo de los asientos. Ocup� mi lugar entre un hombre de negocios ruso en el asiento de la ventana y una mujer de mediana edad en el asiento del pasillo. El ruso se mostr� hoscamente indiferente a toda conversaci�n, pero la mujer ten�a evidentes ganas de hablar: era una transcriptora m�dica que se dirig�a a Tampa para pasar dos semanas con su hija y su yerno. Su nombre era Sarah, seg�n me cont�, y hablamos de nuestros trabajos mientras la aeronave remontaba pesadamente hasta adquirir velocidad de crucero.</p><p>Ingentes cantidades de dinero federal hab�an sido inyectadas en la industria aeroespacial en los cinco a�os que hab�an pasado desde los fuegos artificiales chinos. Muy poco de ese dinero hab�a sido dedicado a la aviaci�n comercial, sin embargo, lo que explicaba por qu� esos Airbus remendados segu�an volando todav�a. En vez de eso, el dinero se dedicaba al tipo de proyectos que E. D. Lawton administraba desde su oficina de Washington y Jason dise�aba en las instalaciones de Perihelio en Florida: investigaciones sobre el Spin, incluyendo, �ltimamente, el esfuerzo marciano. La administraci�n Clayton hab�a apa�ado todo ese gasto p�blico mediante un Congreso obediente al que le gustaba aparecer como si estuvieran haciendo algo sobre el Spin. Era bueno para la moral p�blica. Mejor a�n, nadie esperaba resultados tangibles inmediatos.</p><p>El dinero federal hab�a ayudado a mantener a flote la econom�a dom�stica, al menos en el Suroeste, la regi�n de Seattle y la Florida costera. Pero era una prosperidad renuente y fr�gil, y Sarah estaba preocupada por su hija: su yerno era un instalador de gas con licencia al que el �nico distribuidor de gas del �rea de Tampa hab�a dejado sin trabajo indefinidamente. Viv�an en una caravana, recibiendo dinero de las ayudas gubernamentales e intentando criar a un ni�o de tres a�os, el nieto de Sarah, Buster.</p><p>��No es un nombre raro �pregunt� la mujer� para un chico? Quiero decir, �Buster? Suena a estrella del cine mudo. Pero lo curioso es que le sienta bien.</p><p>Le dije que los nombres eran como las ropas: o los llevas t� o ellos a ti. Y ella dijo:</p><p>��Es cierto eso, Tyler Dupree?</p><p>Y sonre� mansamente.</p><p>�Por supuesto �dijo ella�, la verdad es que no s� por qu� la gente joven quiere tener hijos en estos d�as. As� de claro. No tengo nada en contra de Buster, por supuesto. Lo quiero con toda el alma y espero que tenga una vida larga y feliz. Pero no puedo evitar pensar en las posibilidades en contra.</p><p>�A veces la gente necesita una raz�n para tener esperanza �dije, pregunt�ndome si esa verdad banal era lo que Giselle hab�a intentado decirme.</p><p>�Pero tambi�n es cierto �dijo�, que mucha gente joven no est� teniendo ni�os, quiero decir que no los est�n teniendo deliberadamente, como un acto de bondad. Dicen que lo mejor que puedes hacer por un ni�o es librarle del sufrimiento que se nos tiene reservado.</p><p>�No estoy seguro de que nadie sepa qu� se nos tiene reservado.</p><p>�Quiero decir, el punto de no retorno y todo�</p><p>�Que ya hemos pasado. Pero aqu� estamos. Por alguna raz�n.</p><p>Enarc� las cejas.</p><p>��Cree usted que hay razones, doctor Dupree?</p><p>Charlamos algo m�s y luego Sarah dijo:</p><p>�Deber�a intentar dormir algo.</p><p>Encaj� la min�scula almohada de la compa��a a�rea entre su cuello y el reposacabezas. Por fuera de la ventanilla, parcialmente oculta por el ruso indiferente, el sol se hab�a puesto, el cielo se hab�a vuelto negro como el holl�n y no hab�a nada que ver excepto un reflejo de la luz de mi asiento, que atenu� y centr� en mis rodillas.</p><p>Como un idiota, hab�a puesto todo mi material de lectura en el equipaje facturado. Pero hab�a una revista manoseada en la bolsa del asiento frente a Sarah y me agach� para cogerla. La revista, con una portada en blanco y sin nada m�s, se llamaba <emphasis>P�rtico. </emphasis>Una publicaci�n religiosa que probablemente hab�a dejado atr�s un pasajero anterior.</p><p>La hoje�, pensando, de manera inevitable, en Diane. En los a�os que pasaron desde el ataque a los artefactos del Spin, el movimiento del Nuevo Reino perdi� toda coherencia que pudiera haber tenido. Sus fundadores lo denunciaron p�blicamente, y su comunismo sexual se quem� en las llamas de las enfermedades ven�reas y la concupiscencia humana. Nadie, ni siquiera entre los m�s marginales movimientos religiosos, se describir�a en estos d�as simplemente como �NR�. Pod�as ser un hect�rico, un preterista (parcial o completo), un reconstruccionista del Reino� pero jam�s s�lo un seguidor del �Nuevo Reino�. El circuito del Ekstasis que Diane y Simon hab�an estado recorriendo ese verano en que nos reunimos en las Berkshires hab�a desaparecido por completo.</p><p>Ninguna de las facciones del NR que sobreviv�an ten�a mucho peso demogr�fico. Los baptistas del sur solitos superaban en n�mero a todas las sectas sumadas. Pero el enfoque milenarista del movimiento le hab�a dado una influencia desproporcionada en la ansiedad religiosa que rodeaba al Spin. Se deb�a en gran parte al Nuevo Reino que tantos carteles de iglesias comarcales proclamaran que la tribulaci�n est� en marcha y que tantas iglesias principales se hubieran visto obligadas a tratar el asunto del Apocalipsis.</p><p><emphasis>P�rtico </emphasis>parec�a ser el �rgano de expresi�n en la Costa Oeste de una facci�n reconstruccionista, dirigido al p�blico general. Conten�a, junto con una editorial que atacaba a los calvinistas y los presbiterianos, tres p�ginas de recetas y una columna de rese�as de pel�culas. Pero lo que llam� mi atenci�n fue un art�culo titulado �Sacrificio de sangre y la becerra roja�, algo acerca de una vaquilla de color rojo puro que aparecer�a �cumpliendo con la profec�a� y ser�a sacrificada en el monte del Templo en Israel, anunciando el �xtasis del advenimiento. Aparentemente la vieja fe del NR en el Spin como un acto de redenci�n hab�a pasado de moda. �Pues vendr� como trampa sobre todos los habitantes de la Tierra�, Lucas 21:35. Una trampa, no una liberaci�n. Mejor ser� encontrar un animal que sacrificar: la tribulaci�n estaba resultando ser m�s problem�tica de lo esperado.</p><p>Devolv� la revista a la bolsa del asiento mientras el avi�n entraba en una turbulencia. Sarah arrug� la cara en sue�os. El hombre de negocios ruso llam� a la azafata y pidi� un whisky solo.</p><p>El coche que alquil� en Orlando a la ma�ana siguiente ten�a dos agujeros de bala, taponados con masilla y repintados, pero todav�a visibles en la puerta del pasajero. Le pregunt� al dependiente si hab�a otro.</p><p>�Es el �ltimo que nos queda �dijo�, pero si no le importa esperar un par de horas�</p><p>Dije que no, que me lo quedaba.</p><p>Tom� la 528 hacia el este y luego gir� al sur en la 95. Me detuve a desayunar en Denny�s a las afueras de Cocoa, donde la camarera, quiz� percibiendo mi desarraigo, fue generosa con el caf�.</p><p>��Largo viaje?</p><p>�No me queda m�s de una hora por hacer.</p><p>�Bueno, ya casi est�s pr�cticamente all�. �Vas casa o te has ido de casa?</p><p>Cuando se percat� de que no ten�a una respuesta para esa pregunta, me sonri�.</p><p>�Ya lo decidir�s, cari�o. Todos lo hacemos, tarde o temprano �dijo. Y a cambio de su bendici�n le dej� una generosa propina.</p><p>Las instalaciones de Perihelio, que Jason hab�a llamado de forma alarmante �el complejo�, estaban ubicadas bien al sur de las plataformas de lanzamiento de Kennedy/Cabo Ca�averal donde sus estrategias se convert�an en acciones f�sicas. La fundaci�n Perihelio (que ahora era una agencia gubernamental oficial) no era parte de la NASA, aunque �interactuaba� con la NASA, tomando prestados y cediendo ingenieros y personal. En cierto sentido, era una capa de burocracia impuesta a la NASA por sucesivos gobiernos desde el principio del Spin, llevando a la moribunda y vieja agencia espacial a direcciones que sus antiguos jefes jam�s hubieran podido pensar y que puede que no aprobaran. E. D. estaba al frente de su comit� rector, y Jason se hab�a hecho con el control efectivo del desarrollo de programas.</p><p>El d�a hab�a empezado a caldearse, un calor de Florida que parec�a alzarse de la tierra, el terreno h�medo sudaba como carne en una barbacoa. Pas� al lado de grupos de desastradas palmeras enanas, desvencijadas tiendas de surf, cunetas inundadas de aguas verdosas estancadas y al menos la escena de un crimen: coches de polic�a que rodeaban una furgoneta negra, tres hombres inclinados sobre la capota de metal caliente con las mu�ecas atadas a la espalda. El polic�a que dirig�a el tr�fico le dedic� una larga inspecci�n a la matr�cula de mi coche de alquiler y luego me hizo una se�a para que siguiera adelante, ojos relucientes con una suspicacia universal.</p><empty-line/><p>El �complejo� de Perihelio, cuando llegu�, no era nada tan sombr�o como suger�a la expresi�n. Era un complejo industrial color salm�n, moderno y limpio, puesto sobre una inmaculada pradera de c�sped verde, cuyos accesos estaban bien vigilados, pero en el fondo no era muy intimidante. El guardia de la garita examin� brevemente el interior del coche, me pidi� que abriera el maletero, manose� mis maletas y cajas de discos y luego me entreg� un pase temporal para que me lo colgara del bolsillo y me se�al� la direcci�n del aparcamiento de visitantes (�detr�s del ala oeste, siga la carretera a su derecha, que tenga un buen d�a�). Su uniforme azul se hab�a vuelto �ndigo por el sudor.</p><p>Apenas acababa de aparcar cuando Jason apareci� atravesando una puerta doble de cristal esmerilado con un cartel que dec�a TODOS LOS visitantes deben registrarse y atraves� un trozo de c�sped hacia el abrasador desierto del aparcamiento.</p><p>��Tyler! �exclam�, deteni�ndose a un metro de distancia como si yo pudiera desvanecerme en el aire como un espejismo.</p><p>�Hola, Jase �dije, sonriendo.</p><p>��Doctor Dupree! �Sonri� a su vez�. Pero ese coche. �De alquiler? Haremos que alguien lo lleve de vuelta a Orlando. Ya te daremos algo mejor. �Ya tienes d�nde quedarte?</p><p>Le record� que me hab�a prometido ocuparse de eso tambi�n.</p><p>�Oh, s� nos ocupamos. O m�s bien, nos estamos ocupando. Estamos negociando el arrendamiento de un sitio a menos de veinte minutos de aqu�. Con vistas al oc�ano. Estar� listo en un par de d�as. Mientras tanto, necesitar�s un hotel, pero eso se arregla f�cilmente. Entonces �por qu� nos quedamos aqu� parados absorbiendo radiaci�n ultravioleta?</p><p>Lo segu� al interior del ala oeste del complejo. Observaba la que destellaban desde las nubes que atracaban en la costa como enormes veleros el�ctricos.</p><p>Y esperaba a que Jason me llamara: lo que no hizo en casi un mes. Entonces, un viernes despu�s del ocaso, se present� repentinamente en mi puerta, sin aviso, con ropa informal (vaqueros y camiseta) que le restaba una d�cada a su edad aparente.</p><p>�Pens� en pasarme por aqu� �dijo�. Si te viene bien.</p><p>Por supuesto que s�. Subimos al piso de arriba, saqu� dos botellas de cerveza de la nevera y nos sentamos un rato en la terraza encalada. Jase empez� a decir cosas como: �Me alegro de verte� y �Qu� bien que hayas aceptado el puesto� hasta que le interrump�:</p><p>�Ya no necesito la puta banda de bienvenida. S�lo soy yo, Jase.</p><p>Se rio, avergonzado, y a partir de ah� todo fue mejor.</p><p>Nos pusimos a rememorar. En cierto momento, le pregunt� a Jason:</p><p>��Sabes algo de Diane?</p><p>�Casi nada �dijo con un encogimiento de hombros.</p><p>No segu� presion�ndole. Entonces, cuando ya hab�amos matado un par de cervezas, el aire estaba m�s fresco y la noche en calma, le pregunt� c�mo le iba, hablando en t�rminos personales.</p><p>�He estado ocupado �dijo�, como ya habr�s adivinado. Estamos cerca de los primeros lanzamientos de siembra, m�s cerca de lo que le hemos dejado creer a la prensa. A E. D. le gusta jugar con ventaja. Pasa la mayor parte del tiempo en Washington, Clayton en persona nos presta much�sima atenci�n, somos los ni�os bonitos de la administraci�n, al menos por ahora. Pero eso me deja a cargo de mierdas administrativas, que son interminables, en vez de hacer el trabajo que quiero y necesito hacer, dise�o de misi�n. Es� �gesticul� con las manos en un gesto de impotencia.</p><p>�Estresante �aport�.</p><p>�Estresante. Pero avanzamos. Cent�metro a cent�metro.</p><p>�Me he percatado de que no tengo un expediente con tu nombre �dije�. En la cl�nica. Todos los dem�s empleados o administradores tienen un expediente. Excepto t�.</p><p>Apart� la mirada, luego se rio, una risa nerviosa que son� como un ladrido.</p><p>�Bueno� me gustar�a mantenerlo as�, Tyler. Por ahora.</p><p>��El doctor Koenig ten�a otras ideas?</p><p>�El doctor Koenig cree que todos estamos ligeramente chalados. Lo que, por supuesto, es verdad. �Te cont� que acept� un trabajo en la cl�nica de un buque de cruceros? �Puedes imagin�rtelo? �Koenig con una camisa hawaiana, repartiendo biodraminas a los turistas?</p><p>�S�lo dime qu� va mal, Jase.</p><p>Mir� al cielo oriental que se oscurec�a. Una d�bil luz colgaba a unos pocos grados sobre el horizonte, no era una estrella, casi con toda seguridad era uno de los aer�statos de su padre.</p><p>�La cosa es �dijo, casi susurrando�, que tengo un poco de miedo a que me aparten a un lado justo cuando empiezo a ver resultados. �Me mir� largamente�. Quisiera estar seguro de que puedo confiar en ti, Ty.</p><p>�Aqu� no hay nadie excepto nosotros �dije.</p><p>Y entonces, al fin, empez� a recitar sus s�ntomas, en voz baja, casi esquem�ticamente, como si el dolor y la debilidad que conllevaban no fueran m�s que los errores de una m�quina en mal estado. Le promet� algunas pruebas que no registrar�a en mi despacho. Asinti� su aquiescencia, y luego dejamos el tema y abrimos otra cerveza m�s, hasta que lleg� un momento en que me dio las gracias, me estrech� la mano con quiz� m�s solemnidad de la necesaria, y se fue de la casa que hab�a alquilado para m�, mi nuevo y poco familiar hogar.</p><p>Me fui a la cama temiendo por �l.</p></section><section><title><p>Bajo la piel</p></title><p>Aprend� much�simas cosas sobre Perihelio de mis pacientes: de los cient�ficos, a los que les gustaba hablar m�s que los administradores, que en general eran m�s taciturnos; pero tambi�n de las familias del personal que hab�an empezado a abandonar sus cada vez peores seguros privados m�dicos a favor de la cl�nica de la empresa. Repentinamente me encontr� dirigiendo una consulta de medicina familiar completa, y la mayor�a de mis pacientes eran gente que hab�a contemplado profundamente la realidad del Spin y se enfrentaban a ella con valent�a y aplomo.</p><p>�El cinismo se queda en la puerta de entrada �me dijo una vez un programador de misi�n�. Sabemos que lo que hacemos es importante.</p><p>Eso era admirable. Tambi�n era contagioso. No pas� mucho tiempo antes de que empezara a considerarme uno de ellos, parte de la obra encaminada a extender la influencia humana en el embravecido torrente del tiempo extraterreno.</p><p>Algunos fines de semana iba en coche por la costa hasta Kennedy para contemplar los despegues de cohetes, Atlas y Deltas modernizados que se alzaban rugiendo hacia los cielos desde un bosque de plataformas de lanzamiento recientemente construidas; y de vez en cuando, a finales de oto�o, principios de invierno, Jase dejaba a un lado su trabajo y ven�a conmigo. Las cargas eran simples VRA, artefactos de reconocimiento preprogramados, torpes ventanas hacia las estrellas. Sus m�dulos de recuperaci�n descender�an (exceptuando fallos de la misi�n) sobre el oc�ano Atl�ntico o las planicies de sal del desierto occidental, trayendo noticias sobre el mundo de m�s all� del mundo.</p><p>Me gustaba la grandeza de los lanzamientos. Lo que fascinaba a Jase, seg�n admiti�, era la desconexi�n relativista que representaban. Las sondas pod�an pasar semanas o incluso meses fuera de la barrera del Spin, midiendo la distancia a la luna que se alejaba o el volumen del sol en expansi�n, pero caer�an a la Tierra (en nuestro marco de referencia) esa misma tarde, botellas encantadas llenas de m�s tiempo del que en realidad podr�an contener.</p><p>Y cuando ese vino se decantara, inevitablemente, los rumores recorrer�an las salas de Perihelio: la radiaci�n gamma sube, lo que indicaba alg�n suceso violento en las cercan�as de nuestro vecindario estelar; nuevas franjas en J�piter seg�n el sol inyectaba m�s calor en su superficie; un nuevo y enorme cr�ter en la luna, que ya no manten�a su cara alineada con la Tierra, sino que volv�a su lado oscuro hacia nosotros en lenta rotaci�n.</p><p>Una ma�ana de diciembre Jason me llev� a un hangar de ingenier�a al otro lado del complejo donde hab�an instalado un modelo a escala real del veh�culo de carga marciano. Ocupaba una plataforma de aluminio en un rinc�n del gran recinto compartimentado donde, a nuestro alrededor, otros prototipos estaban siendo ensamblados o modificados por hombres y mujeres con monos blancos aislantes para someterlos a pruebas. El artefacto era desoladoramente peque�o, pens�, una caja negra rugosa del tama�o de una caseta para perro con una tobera en un extremo, de aspecto descolorido bajo las despiadadas luces del alto techo. Pero Jason me lo ense�� con el orgullo de un padre.</p><p>�B�sicamente �dijo�, tiene tres partes: el propulsor i�nico y la masa de reacci�n, los sistemas de navegaci�n internos y la carga. La mayor parte de la masa es el motor. No tiene comunicaciones: no puede hablar con la Tierra y tampoco necesita hacerlo. Los programas de navegaci�n tienen m�ltiple redundancia pero el hardware en s� no es mayor que un tel�fono m�vil, alimentado por paneles solares.</p><p>Los paneles no estaban montados, pero hab�a una imagen art�stica del veh�culo completamente ensamblado sujeta con chinchetas a una pared, la caseta transformada en una lib�lula picasiana.</p><p>�No parece lo suficientemente potente para llegar a Marte.</p><p>�La potencia no es el problema. Los propulsores i�nicos son lentos pero empecinados. Que es exactamente lo que queremos: tecnolog�a simple, durable y resistente. La parte complicada es el sistema de navegaci�n, que debe ser listo y aut�nomo. Cuando un objeto atraviesa la barrera del Spin coge lo que algunos llaman �velocidad temporal�, que es una descripci�n idiota, pero que transmite la idea. El veh�culo de lanzamiento se acelera y se calienta, no en s� mismo, sino con relaci�n a nosotros, y el diferencial es extremadamente grande. Incluso un min�sculo cambio de velocidad o trayectoria durante el lanzamiento, algo tan peque�o como una r�faga de viento o un cambio infinitesimal en la alimentaci�n de combustible del cohete, hacen imposible predecir no c�mo, sino cu�ndo emerger� el veh�culo al espacio exterior.</p><p>��Y por qu� importa tanto?</p><p>�Importa porque Marte y la Tierra est�n en �rbitas el�pticas, dando vueltas alrededor del sol a diferentes velocidades. No hay forma fiable de calcular las posiciones relativas de los planetas en el momento en que los veh�culos llegan a �rbita. En esencia, la m�quina tiene que encontrar Marte por sus propios medios en medio de un espacio abarrotado y trazar su propia trayectoria. As� que necesitamos software flexible e inteligente y un impulsor resistente y duro. Afortunadamente, tenemos ambas cosas. Es una m�quina encantadora, Tyler. Por fuera no es gran cosa, pero bajo su piel es bonita. Tarde o temprano, dejada a sus propios medios y exceptuando un desastre, har� aquello para lo que ha sido dise�ada, entrar en �rbita alrededor de Marte.</p><p>��Y entonces?</p><p>Jase sonri�.</p><p>�El meollo del asunto. Mira.</p><p>Tir� de una serie de falsos pernos del modelo y abri� un panel en el extremo delantero, revelando una c�mara apantallada dividida en espacios hexagonales. En cada uno de los espacios hab�a un �valo romo y negro. Un nido de huevos de �bano. Jason retir� uno de su lugar. El objeto era tan peque�o que pod�a sostenerlo con una sola mano.</p><p>�Parece un dardo para ni�os pre�ado �dije.</p><p>�Es algo m�s sofisticado que un dardo. Los dispersamos por la atm�sfera marciana. Cuando llegan a una cierta altitud, sacan aletas y recorren el resto del camino girando, perdiendo calor y velocidad. Donde los tiras, sean los polos o el ecuador, depende de la carga de cada veh�culo en particular, si se buscan dep�sitos semil�quidos de salmuera bajo la superficie o hielo puro, pero el proceso es el mismo. Piensa en ellos como dardos hipod�rmicos que inoculan vida al planeta.</p><p>Esta �vida�, seg�n entend�a, consistir�a en microbios de dise�o cuyo material gen�tico proven�a de bacterias descubiertas en el interior de las rocas de los secos valles de la Ant�rtida, de anaerobios capaces de sobrevivir en las tuber�as de agua de los reactores nucleares, de unicelulares recuperados del l�gamo del mar de Barents. Esos organismos funcionar�an principalmente como acondicionadores del suelo, dise�ados para medrar seg�n el envejecido sol calentaba la superficie marciana y liberaba el vapor de agua atrapado y otros gases. Luego vendr�an las cepas hipermodificadas de algas verdeazuladas, fotosintetizadores simples, y al final formas de vida m�s complejas capaces de aprovechar el entorno que los lanzamientos iniciales habr�an ayudado a crear. Marte siempre ser�a, como mucho, un desierto: toda su agua liberada puede que no creara m�s que unos pocos lagos poco profundos, salados e inestables� pero puede que fuera suficiente. Suficiente para crear un lugar marginalmente habitable m�s all� de la amortajada Tierra, adonde los seres pudieran ir y sobrevivir, un mill�n de siglos por cada uno de nuestros a�os. Donde nuestros primos marcianos pudieran tener tiempo de resolver enigmas que nosotros s�lo pod�amos tantear a ciegas.</p><p>Donde crear�amos, o permitir�amos que la evoluci�n creara en nuestro beneficio, una raza de salvadores.</p><p>�Es dif�cil creer que realmente podamos hacerlo�</p><p>�Si podemos. No es precisamente una conclusi�n conocida de antemano.</p><p>�Pero aun as�, como m�todo para resolver un problema�</p><p>�Es un acto de desesperaci�n teleol�gica. Tienes toda la raz�n. No lo digas muy alto. Pero tenemos una fuerza muy poderosa de nuestro lado.</p><p>�Tiempo �adivin�.</p><p>�No. El tiempo es una palanca �til. Pero el ingrediente activo es la vida. Vida en abstracto, quiero decir: replicaci�n, evoluci�n, complejidad. La manera en la que la vida ha ocupado los rincones y huecos, sobreviviendo haciendo lo inesperado. Creo en ese proceso: es robusto, es persistente. �Puede rescatarnos? No lo s�, pero hay una posibilidad real. �Sonri�. Eso s�, si estuvieras al frente de un comit� del congreso para adjudicaci�n de presupuestos, mi discurso ser�a mucho menos ambiguo.</p><p>Me pas� el dardo. Era sorprendentemente ligero, no m�s pesado que una pelota de b�isbol. Intent� imaginarme cientos de aquellas cosas precipit�ndose desde el cielo marciano sin nubes, fecundando el suelo est�ril con el destino de la humanidad. Fuera cual fuese el destino que nos quedara.</p><empty-line/><p>E. D. Lawton visit� el complejo de Florida tres meses despu�s de fin de a�o, al mismo tiempo que los s�ntomas de Jason recurrieron. Hab�an remitido durante meses.</p><p>Cuando Jason vino a verme el a�o pasado me hab�a descrito su estado con renuencia pero met�dicamente. Debilidad temporal y falta de sensibilidad en brazos y piernas. Visi�n borrosa. V�rtigo ocasional. Incontinencia ocasional. Ninguno de los s�ntomas era incapacitador, pero se hab�an vuelto demasiado frecuentes para ignorarlos.</p><p>Pod�a ser muchas cosas, le dije, aunque �l ya deb�a saber tan bien como yo que est�bamos ante un problema neurol�gico.</p><p>Ambos nos sentimos aliviados cuando sus an�lisis de sangre resultaron positivos en esclerosis m�ltiple. La EM se hab�a convertido en una enfermedad tratable (es decir, contenible) desde la introducci�n de las esclerostatinas qu�micas hac�a unos a�os. Una de las peque�as iron�as del Spin es que hab�a coincidido con un cierto n�mero de avances m�dicos procedentes de la investigaci�n protein�mica. Nuestra generaci�n, la de Jason y m�a, puede que estuviera condenada, pero no mor�a de EM, de p�rkinson, diabetes, c�ncer de pulm�n, arteriosclerosis o alzh�imer. La �ltima generaci�n del mundo industrializado posiblemente tambi�n ser�a la m�s sana de todas.</p><p>Por supuesto, las cosas no eran tan sencillas. Casi un cinco por ciento de los casos diagnosticados de EM no respond�an al tratamiento con esclerostatinas u otras terapias. Los expertos empezaban a llamar a esos casos �EM f�rmaco-poli-resistente�, puede que incluso fuera una enfermedad diferente con la misma sintomatolog�a.</p><p>Pero el tratamiento inicial de Jason hab�a funcionado como era de esperar. Le hab�a prescrito una dosis m�nima diaria de Tremex y hab�a entrado en remisi�n completa desde entonces. O al menos hasta la semana en que E. D. lleg� a Perihelio con la sutileza de un tif�n tropical, esparciendo asesores del congreso y agregados de prensa por los pasillos como escombros arrastrados por el viento.</p><p>E. D. era Washington, nosotros �ramos Florida, �l era administraci�n, nosotros ciencia e ingenier�a. Jase hac�a precarios equilibrios entre ambas cosas. Su trabajo era en esencia velar por que se cumplieran los dictados del comit� rector, pero se hab�a opuesto a la burocracia tantas veces que los tipos de ciencias hab�an dejado de hablar de �nepotismo� y hab�an empezado a invitarlo a copas. El problema, seg�n dijo Jase, era que E. D. no se contentaba solamente con haber puesto en marcha el proyecto Marte, quer�a dirigirlo hasta el m�nimo detalle, a menudo por razones pol�ticas, a veces pasando contratos a postores dudosos para obtener apoyos en el congreso. El personal lo despreciaba, aunque le estrechaban la mano con alegr�a cuando ven�a por la ciudad. El viaje a costa del dinero p�blico de ese a�o culmin� con un discurso dirigido al personal y a los invitados en el auditorio del complejo. Todos formamos obedientemente como ni�os en la escuela, aunque puede que algo m�s entusiastas y tan pronto como la audiencia se hubo sentado Jason se levant� para presentar a su padre. Observ� c�mo sub�a los pelda�os hasta el escenario y ocupaba el podio. Observ� la forma en que manten�a la mano izquierda ca�da al nivel de los muslos, la forma en que se volv�a, girando torpemente sobre los talones, cuando estrech� la mano de su padre.</p><p>La presentaci�n de Jase fue breve pero digna y despu�s de eso volvi� a fundirse con las filas de dignatarios al fondo del escenario. E. D. se adelant�. Hab�a cumplido sesenta a�os la semana antes de Navidad, pero podr�a haber pasado por un cincuent�n atl�tico, est�mago plano bajo el traje de tres piezas, llevaba el escaso cabello recortado en una pelusa militar. Nos dedic� lo que bien pudiera haber sido un discurso de campa�a, alabando a la administraci�n Clayton por su previsi�n, al personal all� reunido por su �visi�n de la Fundaci�n Perihelio�, a su hijo por su �inspirada administraci�n�, a los ingenieros y t�cnicos �por dar vida a un sue�o y, si tenemos �xito, dar vida a un planeta est�ril y una nueva esperanza a este mundo que seguimos considerando nuestro hogar�. Una ovaci�n, un saludo, una sonrisa feroz y ya se hab�a marchado, escoltado por su s�quito de guardaespaldas.</p><p>Encontr� a Jason una hora despu�s, en el comedor de ejecutivos, donde estaba sentado a una mesa peque�a fingiendo leer una separata del <emphasis>Astrophysics Review.</emphasis></p><p>Ocup� la silla de enfrente.</p><p>��Es muy malo?</p><p>Sonri� d�bilmente.</p><p>��Te refieres a la visita tornado de mi padre?</p><p>�Ya sabes a lo que me refiero.</p><p>Baj� la voz.</p><p>�He estado tomando la medicaci�n. Como un reloj, por la ma�ana y por la tarde. Siempre. Pero ha vuelto. Lo de esta ma�ana fue malo. Brazo izquierdo y pierna izquierda, hormigueo y alfilerazos. Y empeorando. Peor que nunca. Casi cada hora. Es como una corriente el�ctrica que me recorriera un lado del cuerpo.</p><p>��Tienes tiempo para venir a la enfermer�a?</p><p>�Tengo tiempo, pero� �sus ojos brillaron h�medamente� puede que no tenga los medios. No quiero alarmarte. Pero me alegra que hayas aparecido. Ahora mismo, no estoy muy seguro de poder andar. Me vine hasta aqu� despu�s del discurso de E. D. Pero estoy casi seguro de que si intento levantarme, me caer�. No creo que pueda caminar. Ty� no puedo caminar.</p><p>�Pedir� ayuda.</p><p>Se enderez� en su silla.</p><p>�No har�s tal cosa. Puedo quedarme sentado aqu� hasta que no haya nadie excepto los vigilantes del turno de noche, si es necesario.</p><p>�Eso es absurdo.</p><p>�Puedes ayudarme discretamente a ponerme de pie. �A cu�nto estamos, a veinte o treinta metros de la enfermer�a? Si me agarras del brazo y pones cara de que no pasa nada probablemente podremos llegar sin llamar demasiado la atenci�n.</p><p>Al final acced�, no porque aprobara la charada, sino porque parec�a la �nica forma de llevarlo a mi consulta. Le cog� del brazo izquierdo y agarr� con la mano derecha el borde de la mesa para ayudarse. Conseguimos cruzar el piso de la cafeter�a sin dar bandazos; aunque el pie izquierdo de Jason se arrastraba de una forma dif�cil de disimular, afortunadamente nadie mir� de cerca. Una vez que alcanzamos el pasillo nos mantuvimos pegados a la pared, de forma que sus dificultades fueran menos evidentes. Cuando un administrador de rango apareci� al final del pasillo, Jason susurr�: �Para� y nos quedamos all� como si estuvi�ramos conversando de manera informal, con Jason agarrado a una vitrina, su mano derecha se aferraba con tanta fuerza al estante met�lico que los nudillos se le quedaron blancos y gotas de sudor empezaron a resbalarle por la frente. El ejecutivo pas� a nuestro lado con una inclinaci�n de cabeza y sin decir palabra.</p><p>Para cuando llegamos a la entrada de la cl�nica era yo el que soportaba la mayor parte de su peso. Molly Seagram, afortunadamente, no estaba en la recepci�n; una vez que cerr� la puerta exterior, nos quedamos a solas. Ayud� a Jase a ir hasta una mesa de una de las salas de reconocimiento, luego volv� al mostrador de recepci�n y escrib� una nota para Molly para que se ocupara de que no nos molestaran.</p><p>Cuando regres� a la sala de consulta Jason estaba llorando. No sollozaba, pero las l�grimas le hab�an resbalado por la cara y le colgaban de la barbilla.</p><p>�Es tan espantoso. �No me miraba a la cara�. No pude evitarlo �dijo�. Lo siento. No pude evitarlo.</p><p>Hab�a perdido el control de la vejiga.</p><p>Le ayud� a ponerse un camis�n de hospital, lav� sus ropas sucias en el lavabo de la sala de consulta y las puse a secar al lado de una ventana soleada en el almac�n que rara vez utiliz�bamos y que hab�a m�s all� de los armarios de medicamentos. No hab�a mucho movimiento hoy y us� eso como excusa para darle a Molly la tarde libre.</p><p>Jason recuper� algo de su compostura, aunque parec�a menguado dentro del camis�n de papel.</p><p>�Me dijiste que era una enfermedad curable. Dime qu� ha salido mal.</p><p>�Es tratable, Jason. Para la mayor�a de los pacientes, la mayor�a de las veces. Pero hay excepciones.</p><p>��Y yo soy una de esas excepciones? �Me he sacado la loter�a de la desgracia?</p><p>�Tienes una reca�da. Eso es t�pico de la enfermedad sin tratar, per�odos de incapacidad seguidos de otros de remisi�n. Puede que seas lento en responder. En algunos casos el f�rmaco debe llegar a un determinado nivel de presencia en el cuerpo durante un largo per�odo de tiempo antes de que sea plenamente efectivo.</p><p>�Han pasado seis meses desde que me hiciste las recetas. Y estoy peor, no mejor.</p><p>�Podemos cambiarte a otra de las esclerostatinas, ver si eso ayuda. Pero son todas muy similares qu�micamente hablando.</p><p>�As� que cambiar el tratamiento tampoco ayudar�.</p><p>�Puede que s�, puede que no. Tendremos que intentarlo antes de descartarlo.</p><p>��Y si eso no funciona?</p><p>�Entonces dejaremos de hablar de eliminar la enfermedad y empezaremos a hablar de c�mo vivir con ella. Incluso sin tratamiento, la EM no es una sentencia de muerte. Mucha gente experimenta remisiones completas entre ataques y pueden llevar una vida relativamente normal. �Aunque no a�ad� que tales casos rara vez eran tan graves o agresivos como me parec�a que era el de Jason�. El tratamiento de reserva que se utiliza normalmente es un c�ctel de f�rmacos antiinflamatorios, inhibidores selectivos de prote�nas y estimulantes espec�ficos del sistema nervioso central. Puede ser muy efectivo a la hora de suprimir los s�ntomas y ralentizar el curso de la enfermedad.</p><p>�Bien �dijo Jason�. Cojonudo. Res�rvame un billete.</p><p>�No es tan f�cil. Podr�as tener efectos secundarios.</p><p>��Como cu�les?</p><p>�Puede que nada. Puede que tensi�n psicol�gica: depresi�n leve o episodios de man�a. Debilidad f�sica generalizada.</p><p>�Pero �pasar�a por normal?</p><p>�Con toda probabilidad, por ahora y probablemente durante otros diez o quince a�os, puede que m�s. Pero es una medida de control, no una cura; un freno, pero no una parada en seco. La enfermedad volver� si vives el tiempo suficiente.</p><p>��Puedes asegurarme una d�cada?</p><p>�Con tanta seguridad como es posible en este negocio.</p><p>�Una d�cada �dijo pensativamente�. O mil millones de a�os. Depende de c�mo lo mires. Quiz� sea suficiente. Deber�a ser suficiente, �no crees?</p><p>No pregunt� �Suficiente �para qu�?�</p><p>�Pero mientras tanto�</p><p>�No quiero un �mientras tanto�, Tyler. No puedo permitirme dejar el trabajo y no quiero que nadie se entere de esto.</p><p>�No es nada de lo que sentirse avergonzado.</p><p>�No estoy avergonzado. �Se�al� el camis�n de papel con su mano derecha�. Jodidamente humillado, s�, pero no avergonzado. No se trata de un problema psicol�gico. Se trata de lo que hago aqu� en Perihelio. Lo que se me permite hacer. E. D. odia la enfermedad, Tyler. Odia cualquier tipo de debilidad. Odi� a Carol desde el d�a en que la bebida se convirti� en un problema.</p><p>��Crees que no lo comprender�a?</p><p>�Quiero a mi padre, pero no estoy ciego a sus defectos. No, no lo comprender�a. Toda la influencia que tengo en Perihelio fluye a trav�s de E. D. Y es algo bastante precario en estos momentos. Hemos tenido algunos desacuerdos. Si me convierto en una carga para �l me relegar� a alguna car�sima cl�nica de tratamiento en Suiza o Bali antes de que termine la semana, y se dir� a s� mismo que lo hace por mi bien. Peor todav�a, se lo creer�.</p><p>�Lo que decidas hacer p�blico es asunto tuyo. Pero necesitas un neur�logo, no un m�dico de medicina general.</p><p>�No �dijo.</p><p>�En conciencia, no puedo continuar trat�ndote, Jase, si no hablas con un especialista. Ya fue bastante irregular recetarte Tremex sin consultarlo con un especialista.</p><p>�Tienes la resonancia magn�tica y los an�lisis de sangre. �Qu� m�s necesitas?</p><p>�Idealmente, un laboratorio de hospital completamente equipado y un t�tulo en neurolog�a.</p><p>�Tonter�as. T� mismo dijiste que la EM no es grave en estos tiempos.</p><p>�A menos que no responda a tratamiento.</p><p>�No puedo� �empez� a discutirme. Pero obviamente estaba brutalmente extenuado. La fatiga pod�a ser otro s�ntoma de su reca�da; sin embargo, hab�a estado esforz�ndose much�simo en las semanas anteriores a la visita de E. D�. Har� un trato contigo. Ver� a un especialista si puedes arreglarlo discretamente y dejarlo fuera de mi expediente m�dico en Perihelio. Pero tengo que estar funcional. Necesito estar funcional ma�ana. Funcional como andar sin ayuda y mearme encima. El c�ctel de f�rmacos del que me hablaste, �act�a r�pido?</p><p>�Normalmente. Pero sin un estudio neurol�gico�</p><p>�Tyler, tengo que dec�rtelo. Aprecio lo que has hecho por m�, pero puedo comprarme un m�dico m�s cooperador si lo necesito. Tr�tame ahora y ver� a un especialista, har� lo que creas que se debe hacer. Pero si te imaginas que voy a aparecer en el trabajo en silla de ruedas y con un cat�ter en la polla, est�s completamente equivocado.</p><p>�Aunque te haga las recetas, Jase, no mejorar�s de la noche a la ma�ana. Hace falta un par de d�as.</p><p>�Quiz� pueda disponer de ese par de d�as �dijo. Se lo pens�: Vale �dijo al fin �. Quiero los f�rmacos y quiero que t� me saques de aqu� sin despertar sospechas. Si puedes hacerlo, me pongo en tus manos. Sin discusi�n.</p><p>�Los m�dicos no regateamos, Jase.</p><p>�T�malo o d�jalo, Hip�crates.</p><p>No le di todo el c�ctel para empezar, nuestra farmacia no ten�a todos los f�rmacos en stock, pero s� le di un estimulante del sistema nervioso central que al menos le devolver�a el control sobre su vejiga y la capacidad de andar sin ayuda durante unos pocos d�as. La parte mala era un estado mental irritable y fr�o, parecido, seg�n me han contado, al final de un fin de semana de abuso de coca�na. Le elevaba la tensi�n y le pon�a bolsas oscuras bajo los ojos.</p><p>Esperamos hasta que la mayor parte del personal se hubiera marchado a casa y s�lo quedara el turno de noche en el complejo. Jase caminaba con rigidez, pero de manera cre�ble, cuando pas� junto al mostrador de la recepci�n hasta el aparcamiento, salud� amigablemente con la mano a un par de colegas que se marchaban tarde y se derrumb� en el asiento del pasajero de mi coche. Lo llev� a su casa.</p><p>Jason hab�a visitado mi casa de alquiler varias veces, pero yo no hab�a estado en la suya. Esperaba algo que reflejara su estatus en Perihelio. De hecho, el lugar donde dorm�a, porque era evidente que poca cosa m�s hac�a all�, era un modesto apartamento en propiedad con una peque�a franja de vista al mar. Lo hab�a amueblado con un sof�, una televisi�n, un escritorio, un par de estantes de libros y una conexi�n de internet de banda ancha. Las paredes estaban desnudas excepto el espacio de encima del escritorio, donde hab�a pegado con cinta adhesiva un diagrama hecho a mano que describ�a la historia lineal del sistema solar desde el nacimiento del sol hasta su colapso final en una ardiente enana blanca, con la historia humana divergiendo de la l�nea en un punto, marcado como EL SPIN. Los estantes estaban abarrotados de publicaciones especializadas y textos acad�micos, decorados con tres fotograf�as enmarcadas: E. D. Lawton, Carol Lawton y una recatada imagen de Diane que debi� de ser tomada hac�a ya algunos a�os.</p><p>Jase se estir� en el sof�. Parec�a un estudio en paradoja, su cuerpo en reposo, ojos brillantes con la hipervigilancia inducida por las drogas. Fui a la peque�a cocina adyacente e hice unos huevos revueltos (ninguno de los dos hab�a comido nada desde el desayuno) mientras Jason hablaba. Y s� que habl�. Y habl� m�s todav�a.</p><p>�Por supuesto �dijo llegado cierto momento�. S� perfectamente que tengo una verborrea excesiva, soy consciente de ello, pero no puedo ni pensar en dormir� �esto se pasa?</p><p>�Si te pusi�ramos el c�ctel de f�rmacos a largo plazo, pues s�, el efecto estimulante obvio desaparecer�a con el tiempo. �Le llev� un plato al sof�.</p><p>�Es muy acelerado. Como esas pastillas que la pe�a se tomaba para empollarse los ex�menes finales. Pero f�sicamente el efecto es calmante. Me siento como un cartel de ne�n en un edificio abandonado. Todo encendido pero b�sicamente vac�o. Los huevos, los huevos est�n muy buenos. Gracias. �Puso el plato a un lado. Hab�a comido como mucho una cucharada.</p><p>Me sent� en su escritorio, examinando el gr�fico del Spin en la pared de enfrente, pregunt�ndome c�mo ser�a vivir con esta l�gubre descripci�n del origen y destino de la humanidad, la especie humana descrita como un acontecimiento finito en la vida de una estrella ordinaria. Lo hab�a dibujado con un rotulador sobre un papel de embalar corriente.</p><p>Jason sigui� la direcci�n de mi mirada.</p><p>�Obviamente �dijo�, quieren que hagamos algo.</p><p>��Qui�nes?</p><p>�Los Hipot�ticos. Si debemos llamarlos as�. Y supongo que s�. Todo el mundo lo hace. Esperan algo de nosotros. No s� el qu�. Un don, una se�al, un sacrificio aceptable.</p><p>��C�mo lo sabes?</p><p>�No es una observaci�n muy original. �Por qu� la barrera del Spin es permeable a los artefactos humanos, pero no a los meteoros o a las part�culas de Brownlee. Obviamente no es una barrera. �sa nunca fue la palabra adecuada. �Bajo la influencia del estimulante, Jason parec�a haberle cogido cari�o a la palabra obviamente�. Obviamente �dijo�, es un filtro selectivo. Sabemos que filtra la energ�a que llega a la superficie de la Tierra. As� que los Hipot�ticos pretenden mantenernos, o al menos a la ecolog�a terrestre, intactos y vivos. Pero entonces, �por qu� concedernos el acceso al espacio? �Incluso despu�s de haber intentado volar los dos �nicos artefactos relacionados con el Spin que hemos encontrado? �A qu� est�n esperando, Ty? �Cu�l es el premio?</p><p>�Quiz� no sea un premio. Quiz� sea un rescate. Paga y nos dejar�n en paz.</p><p>Neg� con la cabeza.</p><p>�Es demasiado tarde para que nos dejen en paz. Ahora los necesitamos. Y seguimos sin poder descartar la posibilidad de que sean benevolentes, o al menos benignos. Quiero decir, suponte que no hubieran llegado cuando lo hicieron. �Hacia d�nde nos dirig�amos? Un mont�n de personas creen que est�bamos enfrent�ndonos a nuestro �ltimo siglo como civilizaci�n viable, quiz� incluso como especie. Calentamiento global, sobrepoblaci�n, la muerte de los mares, la p�rdida de tierra cultivable, la proliferaci�n de las enfermedades, la amenaza de guerra nuclear o biol�gica�</p><p>�Nos hubi�ramos destruido a nosotros mismos, pero al menos hubiera sido solamente culpa nuestra.</p><p>��De verdad? �Culpa de qui�n, exactamente? �Tuya? �M�a? No, hubiera sido resultado de varios miles de millones de seres humanos haciendo elecciones relativamente inocuas: tener ni�os, ir en coche al trabajo, seguir en el mismo trabajo, resolver primero los problemas a corto plazo. Cuando llegas al punto en el que incluso los actos m�s triviales son punibles con la muerte de la especie, entonces obviamente, obviamente, est�s en una coyuntura cr�tica, una especie de punto de no retorno diferente.</p><p>��Es mejor ser consumidos por el sol?</p><p>�Eso todav�a no ha ocurrido. Y no somos la primera estrella que se quema. La galaxia est� sembrada de enanas blancas que una vez pudieron tener sistemas habitables. �Alguna vez te has preguntado qu� les ocurri� a ellos?</p><p>�No muy a menudo.</p><p>Camin� sobre el suelo de parqu� hacia los estantes de libros, hacia las fotos de la familia. Ah� estaba E. D. sonriendo a la c�mara� un hombre cuyas sonrisas jam�s eran del todo convincentes. Su parecido f�sico con Jason era marcado (Obvio, hubiera dicho Jason). M�quina similar, diferente piloto.</p><p>��C�mo podr�a la vida sobrevivir a una cat�strofe estelar? Pero obviamente depende de qu� es la �vida�. �Estamos hablando de vida org�nica, o de cualquier especie de bucle de retroalimentaci�n catal�tica generalizado? �Los Hipot�ticos son org�nicos? Esa es una pregunta interesante en s� misma�</p><p>�Deber�as intentar dormir algo.</p><p>Ya era m�s de medianoche. Jason estaba usando palabras que yo no comprend�a. Cog� la foto de Carol. Aqu� el parecido era m�s sutil. El fot�grafo hab�a pillado a Carol en un buen d�a: ten�a los ojos abiertos, no a media asta, y aunque su sonrisa era renuente, una curvatura apenas perceptible de los labios, no era del todo falsa.</p><p>�Puede que est�n minando el sol�dijo Jason, que segu�a hablando de los Hipot�ticos�. Tenemos datos sugerentes sobre las erupciones solares. Obviamente, lo que le han hecho a la Tierra requiere vastas cantidades de energ�a utilizable. Es el equivalente de enfriar una masa de tama�o planetario a una temperatura cercana al cero absoluto. As� que �d�nde est� la fuente de energ�a? Probablemente sea el sol. Y hemos observado una marcada reducci�n en las erupciones solares desde el Spin. Algo, alguna fuerza o agencia, puede estar absorbiendo part�culas de alta energ�a antes de que emerjan en la heliosfera. �Minando el sol, Tyler! ��se es un acto de desmesura tecnol�gica tan asombroso como el Spin!</p><p>Cog� la foto de Diane. La fotograf�a era de antes de su matrimonio con Simon Townsend. El fot�grafo hab�a capturado cierta inquietud caracter�stica, como si hubiera entrecerrado los ojos ante un pensamiento que la dejaba perpleja. Era hermosa sin esforzarse, pero no parec�a en paz, todo encanto pero al mismo tiempo ligeramente desequilibrada.</p><p>Ten�a tantos recuerdos de ella. Pero esos recuerdos ten�an ya a�os de antig�edad, retroced�an, desvaneci�ndose en el pasado con un impulso casi como el del Spin. Jason me vio sosteniendo la foto enmarcada y se qued� en silencio durante unos benditos momentos. Y entonces me dijo:</p><p>�La verdad, Tyler, esa fijaci�n es indigna de ti.</p><p>�No es una fijaci�n para nada, Jase.</p><p>��Por qu�? �Porque lo has superado o porque tienes miedo de ella? Pero yo podr�a hacerle la misma pregunta a ella� Si me llamara. Simon la tiene con la correa corta. Sospecho que Diane echa de menos los viejos d�as del NR, cuando el movimiento estaba lleno de unitarios desnudos y hippys evang�licos. El precio de la piedad es mayor ahora. �Y a�adi�: Habla con Carol de vez en cuando.</p><p>��Al menos es feliz?</p><p>�Diane se halla entre fan�ticos. Puede que ella misma sea una. La felicidad no es una opci�n.</p><p>��Crees que est� en peligro?</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>�Creo que est� viviendo la vida que escogi� para s�. Podr�a haber hecho otras elecciones. Por ejemplo, se podr�a haber casado contigo, Ty, si no fuera por esa rid�cula fantas�a suya�</p><p>��Qu� fantas�a?</p><p>�Que E. D. es tu padre. Que ella es tu hermana biol�gica.</p><p>Me apart� del estante con demasiada prisa y tir� las fotograf�as al suelo.</p><p>�Eso es rid�culo.</p><p>�Rid�culo a simple vista. Pero creo que no abandon� la idea del todo hasta que lleg� a la universidad.</p><p>��Como pudo ocurr�rsele que�?</p><p>�Era una fantas�a, no una teor�a. Piensa en ello. Nunca hubo mucho cari�o entre Diane y E. D. Se sent�a ignorada por �l. Y en cierto sentido, ten�a raz�n. E. D. jam�s quiso una hija, quer�a un heredero, un heredero var�n. Ten�a grandes esperanzas, y sucedi� que yo las cumpl�. Diane era una distracci�n en lo que a E. D. concern�a. Esperaba que Carol fuera la que la criara, y Carol� �Se encogi� de hombros�. Carol no estaba a la altura de la tarea encomendada.</p><p>��As� que se invent� esa� historia?</p><p>�Pensaba en ella como una deducci�n. Explicaba por qu� E. D. os manten�a a tu madre y a ti viviendo en su propiedad. Explicaba la infelicidad constante de Carol. Y, b�sicamente, la hac�a sentirse bien consigo misma. Tu madre era m�s amable y atenta con ella de lo que jam�s fue Carol. Le gustaba la idea de tener lazos de sangre con los Dupree.</p><p>Mir� a Jason. Ten�a la cara p�lida, las pupilas dilatadas, la mirada perdida en direcci�n a la ventana. Me record� que era mi paciente y que estaba mostrando una reacci�n psicol�gica predecible ante un f�rmaco potente; que era el mismo hombre que, hac�a unas horas, hab�a llorado ante su propia incontinencia.</p><p>�De verdad que tengo que irme, Jason �dije.</p><p>��Por qu�? �Es que te resulta demasiado impactante? �Cre�as que hacerte adulto se supon�a que ser�a indoloro? �Y entonces, de repente, antes de que yo pudiera responder, volvi� la cabeza y me mir� a los ojos por primera vez en la noche�. Oh, cielos. Empiezo a sospechar que me he estado comportando muy mal.</p><p>�La medicaci�n� �dije.</p><p>�Me he comportado monstruosamente. Tyler, lo siento.</p><p>�Te sentir�s mejor despu�s de una noche de sue�o. Pero no deber�as volver a Perihelio hasta dentro de un par de d�as. �Eso har�. �Te pasar�s por aqu� ma�ana?</p><p>�S�.</p><p>�Gracias �dijo. Me march� sin responderle.</p></section><section><title><p>Jardiner�a celestial</p></title><p>�se fue el invierno de las torres de cohetes.</p><p>Se erigieron nuevas plataformas de lanzamiento no s�lo en Ca�averal, sino por todo el desierto suroeste, en el sur de Francia y el �frica ecuatorial, en Jiuquan y Xichang en China y en Baikonur y Svobodnyy: torres para los lanzamientos de la siembra marciana y torres m�s grandes para las grandes pilas, los enormes ensamblajes de propulsores que llevar�an a los voluntarios humanos a un Marte marginalmente habitable si nuestro primitivo intento de terraformaci�n ten�a �xito. Las torres crecieron ese invierno como bosques de hierro y acero, exuberantes, tupidos, plantados en cemento y regados con reservas de dinero federal.</p><p>Los primeros cohetes de siembra fueron en cierto modo mucho menos espectaculares que las instalaciones de lanzamiento construidas para ellos. Eran propulsores producidos en masa en cadenas de montaje a partir de las especificaciones de los antiguos cohetes Tit�n y Delta, ni un gramo ni un micro-chip m�s complicados de los que necesitaban, y poblaron las plataformas en un n�mero asombroso seg�n el invierno avanzaba hacia la primavera, naves espaciales como semillas de �lamo, preparadas para transportar vida durmiente a un suelo distante y est�ril.</p><p>Tambi�n primavera, en cierto sentido, en todo el sistema solar, o al menos un prolongado veranillo de San Juan. La zona habitable del sistema solar se expand�a hacia el exterior mientras el sol mermaba su n�cleo de helio y ya empezaba a incluir a Marte como al final incluir�a a la acuosa luna joviana, Gan�medes, y otros objetivos potenciales para terraformaci�n posterior. En Marte, ingentes cantidades de C02 congelado y hielo de agua hab�an empezado a sublimarse en la atm�sfera tras millones de c�lidos veranos. Al principio del Spin la presi�n atmosf�rica marciana en la superficie era de apenas ocho milibares, tan rarificada como el aire a cinco kil�metros por encima del Everest. Ahora, incluso sin intervenci�n humana, el planeta hab�a adquirido un clima equivalente al de la cima de una monta�a �rtica ba�ada en di�xido de carbono gaseoso� templado, para tratarse de Marte.</p><p>Pero ten�amos intenci�n de llevar el proceso a�n m�s lejos. Pretend�amos liberar ox�geno en el aire del planeta, verdear sus tierras bajas, crear estanques all� donde, en ese momento, el hielo de la capa subsuperficial que se fund�a estallaba en geiseres de vapor o manantiales de fango t�xico.</p><p>Fuimos peligrosamente optimistas durante el invierno de las torres de cohetes.</p><empty-line/><p>El tres de marzo, poco antes de la fecha prevista para la primera oleada de lanzamientos, Carol Lawton me llam� a casa y me dijo que mi madre hab�a sufrido una apoplej�a y que no esperaban que sobreviviera.</p><p>Hice un arreglo con un m�dico local para que cubriera mi puesto en Perihelio y luego fui en coche hasta Orlando para reservar un billete en el primer vuelo de la ma�ana a Washington D. C.</p><p>Carol me recogi� en el aeropuerto internacional Reagan, aparentemente sobria. Me abri� sus brazos y la abrac�, a esa mujer que jam�s hab�a mostrado hacia m� m�s que una perpleja indiferencia durante los a�os en los que hab�a vivido en su propiedad. Entonces se separ� de m� y me puso las manos temblorosas sobre los hombros.</p><p>�Lo siento much�simo, Tyler.</p><p>��Sigue viva?</p><p>�Se mantiene. Tengo un coche esperando. Podemos hablar mientras vamos.</p><p>La segu� al exterior hasta un coche que debi� enviar E. D. en persona, una limusina negra con pegatinas gubernamentales. El conductor apenas habl� mientras depositaba mi equipaje en el maletero, se llev� un dedo a la gorra cuando le di las gracias y se introdujo en un asiento del conductor rigurosamente aislado del lujoso compartimento de pasajeros. Se dirigi� al Hospital Universitario George Washington sin que se lo pidi�ramos.</p><p>Carol estaba m�s delgada de lo que la recordaba, pajaril sobre la tapicer�a de cuero. Sac� un pa�uelo de algod�n del diminuto bolso y se sec� los ojos.</p><p>�Todo este llanto rid�culo �dijo�. Ayer perd� mis lentes de contacto. Llor� hasta que se salieron, si te lo puedes creer. Hay cosas que las personas dan por sentadas. Para m� era tener a tu madre en la casa, manteniendo las cosas en orden, o simplemente saber que estaba cerca, al otro lado del jard�n. Sol�a despertarme por las noches, tengo el sue�o inquieto, lo que probablemente no te sorprenda; despertaba con la sensaci�n de que el mundo era fr�gil y que pod�a caerme y atravesarlo, atravesar el suelo cayendo y seguir cayendo para siempre. Entonces pensaba en ella en la Casa Peque�a, profundamente dormida. Durmiendo profundamente. Era como una prueba en un juicio. Prueba A, Belinda Dupree, que demuestra la posibilidad de la paz de esp�ritu. Era un pilar de nuestra casa, Tyler, lo sepas o no.</p><p>Supuse que s� lo sab�a. La verdad es que todos hab�amos sido parte de la misma casa, aunque de ni�o s�lo hubiera visto la distancia entre los dos terrenos: mi casa, modesta pero en calma, y la Gran Casa, donde los juguetes eran m�s caros y las discusiones m�s hirientes.</p><p>Le pregunt� si E. D. hab�a ido al hospital.</p><p>��E. D.? No. Est� ocupado. Enviando naves espaciales a Marte parece que requiere much�simas cenas en el centro. Tambi�n s� que eso es lo que retiene a Jason en Florida, pero creo que �l se las tiene que ver con el lado pr�ctico del asunto, si es que hay un lado pr�ctico, mientras E. D. es m�s bien un ilusionista sacando dinero de varios sombreros. Pero seguro que ver�s a E. D. en el funeral. �Hice una mueca de dolor y me mir� como pidiendo disculpas�. Si ocurre. Pero los doctores dicen que�</p><p>�No esperan que se recupere.</p><p>�Se est� muriendo, s�. De m�dico a m�dico. �Te acuerdas de eso, Tyler? Una vez tuve una consulta. En los d�as en que era capaz de hacer algo as�. Y ahora t� eres el m�dico. Dios m�o.</p><p>Apreci� su sinceridad. Quiz� fuera producto de su repentina sobriedad. All� estaba ella, de vuelta al mundo brillantemente iluminado que llevaba evitando desde hac�a veinte a�os, y era exactamente tan espantoso como lo recordaba.</p><p>Llegamos al Hospital Universitario George Washington. Carol ya conoc�a al personal de la planta de soporte vital, y fuimos directamente a la habitaci�n de mi madre. Cuando Carol titube� ante la puerta, le pregunt�:</p><p>��Vas a entrar?</p><p>�No� creo que no. Ya he dicho adi�s unas cuantas veces. Necesito ir a alg�n lado donde el aire no huela a desinfectante. Estar� en el aparcamiento fum�ndome un cigarrillo con los camilleros. �Me ir�s a buscar all�?</p><p>Dije que lo har�a.</p><p>Mi madre estaba inconsciente en su habitaci�n, empotrada en aparatos de soporte vital, su respiraci�n regulada por una m�quina que resollaba mientras su caja tor�cica se expand�a y relajaba. Ten�a el pelo m�s blanco de lo que recordaba. Le acarici� la mejilla, pero no respondi�.</p><p>Siguiendo alg�n malhadado instinto de doctor, le alc� uno de los p�rpados con la intenci�n, supongo, de comprobar la dilataci�n de sus pupilas. Pero hab�a sufrido una hemorragia despu�s del ataque. Ten�a el ojo rojo como un tomate cherry inundado de sangre.</p><empty-line/><p>Me fui del hospital con Carol pero declin� su invitaci�n a cenar, le dije que ya me har�a algo.</p><p>�Estoy segura de que habr� algo en la cocina de la casa de tu madre, pero eres m�s que bienvenido a quedarte en la Gran Casa si quieres. Aunque est� un poco desordenada en estos d�as sin tu madre para imponerse a los criados. Estoy segura de que podemos arreglar un dormitorio de invitados decente.</p><p>Le di las gracias, pero dije que prefer�a quedarme al otro lado del jard�n.</p><p>�Hazme saber si cambias de opini�n. �Me mir� desde el camino de gravilla que atravesaba el jard�n hasta la Casa Peque�a como si me viera con claridad por primera vez en muchos a�os�. �Todav�a tienes llave�?</p><p>�Todav�a la tengo.</p><p>�Bueno, entonces te dejo. El hospital tiene ambos tel�fonos por si cambia su estado. �Y Carol me volvi� a abrazar y subi� las escaleras del porche con una resoluci�n que no llegaba a ser ansiedad, que suger�a que ya hab�a pospuesto su bebida m�s que suficiente.</p><p>Me fui a casa de mi madre. Suya m�s que m�a, pens�, aunque mi presencia no hab�a sido purgada de la casa. Cuando me march� a la universidad dej� mi peque�o dormitorio desnudo y me llev� todo lo que era importante para m�, pero mi madre hab�a conservado la cama y hab�a llenado los espacios en blanco (el estante de pino, el alf�izar de la ventana) con macetas de plantas que se secaban r�pidamente en su ausencia, as� que las regu�. El resto de la casa estaba igualmente ordenado. Diane hab�a descrito una vez la forma en que mi madre manten�a la casa como �lineal�, que supuse que significaba un car�cter ordenado pero no obsesivo. Examin� la sala de estar, la cocina, ech� un vistazo a su habitaci�n. No todo estaba en su sitio, pero todo ten�a un sitio.</p><p>Al llegar la noche corr� las cortinas y encend� todas las luces en todas las habitaciones, m�s luces de las que mi madre hab�a considerado apropiadas en cualquier momento, una declaraci�n contra la muerte. Me pregunt� si Carol se hab�a percatado del resplandor al otro lado de la explanada del jard�n invernal, y si lo encontrar�a reconfortante o alarmante.</p><p>E. D. vino a casa alrededor de las nueve de aquella noche, y tuvo la cortes�a de tocar a la puerta para ofrecerme sus condolencias. Parec�a inc�modo bajo la luz del porche, su traje hecho a medida parec�a desali�ado. Su aliento humeaba en el fr�o del anochecer. Se toc� los bolsillos, el de la chaqueta y los de los pantalones, inconscientemente, como si hubiera olvidado algo o no supiera qu� hacer con las manos.</p><p>�Lo siento, Tyler �dijo.</p><p>Sus condolencias parec�an groseramente prematuras, como si la muerte de mi madre no fuera simplemente inevitable, sino un hecho establecido. Ya la hab�a descartado. Pero a�n segu�a respirando, pens�, o al menos procesando ox�geno, a kil�metros de distancia, sola en su habitaci�n del hospital George Washington.</p><p>�Gracias por sus palabras, se�or Lawton.</p><p>�Jes�s, Tyler, ll�mame E.D, como todo el mundo. Jason me ha dicho que est�s haciendo un buen trabajo en Perihelio, Florida.</p><p>�Mis pacientes parecen satisfechos.</p><p>�Genial. Toda contribuci�n es importante, no importa lo peque�a que sea. Escucha, �te puso Carol aqu�? Porque tenemos una habitaci�n de invitados lista si la quieres.</p><p>�Estoy bien donde estoy ahora.</p><p>�Vale. Lo entiendo. S�lo danos un toque si necesitas algo, �de acuerdo?</p><p>Volvi� deambulando por el c�sped ajado por el invierno. Se hab�a dicho mucho, en la prensa y en la propia familia Lawton, sobre el genio que era Jason, pero record� que E. D. tambi�n pod�a reclamar ese t�tulo. Hab�a convertido un t�tulo en ingenier�a y un talento para los negocios en una de las mayores empresas de su sector, y hab�a empezado a vender banda ancha mediante aer�statos mientras Americom y AT T segu�an perplejas ante el Spin como un ciervo ante las luces de un coche. De lo que carec�a no era de la inteligencia de Jason, sino del ingenio de Jason y su curiosidad por el universo f�sico. Y puede que una pizca de la humanidad de Jason.</p><p>Entonces volv� a quedarme solo, en el hogar que no era un hogar, y me sent� en el sof�, maravill�ndome durante un instante de lo poco que hab�a cambiado esa habitaci�n. Tarde o temprano recaer�a en m� la labor de disponer de los contenidos de la casa, una tarea en la que apenas soportaba pensar, una tarea m�s dif�cil, m�s imposible que sembrar vida en otro planeta. Pero quiz� fuera porque reflexionaba sobre ese acto de deconstrucci�n que repar� en el hueco del estante al lado de la televisi�n.</p><p>Repar� en ello porque, hasta donde sab�a, el estante superior s�lo hab�a recibido alguna limpieza superficial con plumero en todos los a�os que hab�a vivido all�. El estante superior era el trastero de la vida de mi madre. Pod�a recitar el orden de los contenidos de ese estante simplemente cerrando los ojos y visualiz�ndolo: sus anuarios del instituto (Escuela Martell de Ense�anza Secundaria en Bingham, Maine, 1975, <emphasis>�76, �77, </emphasis>78); su libro de graduaci�n en Berkeley, 1982; un buda de jade que era un sujetalibros; su diploma en un marco; el archivador de acorde�n donde guardaba su certificado de nacimiento, pasaporte y documentos tributarios; y, sujetas por otro buda verde, tres cajas de zapatos etiquetadas como recuerdos (carrera):</p><empty-line/><cite><p>RECUERDOS (MARCUS) y MISCEL�NEA.</p></cite><empty-line/><p>Pero esa noche el segundo buda de jade estaba torcido y la caja etiquetada recuerdos (carrera) hab�a desaparecido. Supuse que hab�a sido ella la que la hab�a bajado, aunque no la hab�a visto en ninguna parte de la casa. De las tres cajas, la �nica que hab�a abierto con regularidad en mi presencia era miscel�nea. Estaba repleta de programas de conciertos y resguardos de billetes, quebradizos recortes de peri�dicos (incluyendo las esquelas de sus padres), un pin de recuerdo de su luna de miel en Nova Scotia con la forma de la goleta <emphasis>Bluenose,</emphasis><a l:href="#n_9" type="note">[9]</a> cajas de cerillas de restaurantes y hoteles que hab�a visitado, bisuter�a, un certificado de bautismo e incluso un rizo de mi propio pelo de beb� conservado en un doblez de papel encerado cerrado con un alfiler.</p><p>Baj� la otra caja, la que estaba marcada recuerdos (marcus). Nunca hab�a tenido especial curiosidad por mi padre, y mi madre rara vez hab�a hablado de �l aparte de la t�pica descripci�n somera (un hombre guapo, un ingeniero, un coleccionista de discos de jazz, el mejor amigo de E. D. en la universidad, pero bebedor en exceso y una v�ctima �una noche en la carretera cuando volv�a a casa despu�s de ver a un distribuidor de electr�nica en Milpitas� de su propia afici�n a los coches r�pidos). Dentro de la caja de zapatos hab�a un fajo de cartas en sobres de papel vitela con la direcci�n escrita con una letra brusca y clara que supuse que deb�a ser la suya. Hab�a enviado esas cartas a Belinda Sutton, el nombre de soltera de mi madre, a una direcci�n de Berkeley que no reconoc�.</p><p>Extraje una de las cartas del fajo, la abr� y saqu� el papel amarillento y lo desdobl�.</p><p>El papel no estaba rayado pero la escritura lo atravesaba en paralelas claras y definidas. <emphasis>Querida Bel </emphasis>�comenzaba, y continuaba�: <emphasis>Cre�a haberte dicho todo por tel�fono la noche pasada pero no puedo dejar de pensar en ti. Escribir esta carta me parece una forma de traerte cerca de m�. �Aunque no tan cerca como estuvimos en agosto! Reviso ese recuerdo como si fuera una cinta de v�deo todas las noches que no puedo yacer a tu lado.</emphasis></p><p>Y hab�a m�s que no le�. Dobl� la carta, la introduje en su sobre amarillento, cerr� la caja y la devolv� a su sitio.</p><empty-line/><p>Por la ma�ana tocaron a mi puerta. La abr� esperando a Carol o a alg�n enviado de la Gran Casa.</p><p>Pero no era Carol. Era Diane. Diane vestida con una falda azul medianoche que llegaba hasta el suelo y una blusa de cuello alto. Ten�a los brazos cruzados bajo los pechos. Me mir�, sus ojos chispeaban.</p><p>�Lo siento tanto �dijo�. Vine tan pronto como lo o�.</p><p>Pero era demasiado tarde. El hospital hab�a llamado diez minutos antes. Belinda Dupree hab�a muerto sin recuperar la conciencia.</p><empty-line/><p>En el servicio funerario E. D. habl� breve e inc�modamente y no dijo nada importante. Yo habl�, Diane habl�, Carol quiso hablar pero al final estaba demasiado afectada o ebria para subir al pulpito.</p><p>El paneg�rico de Diane fue el m�s conmovedor, cadencioso y sentido de todos, un cat�logo de las bondades que mi madre hab�a exportado al otro lado del jard�n como regalos procedentes de una naci�n m�s rica y generosa. Todo lo dem�s en la ceremonia pareci� mec�nico en comparaci�n: rostros casi desconocidos emerg�an de la multitud para expresar sus condolencias y emitir sus medias verdades, y yo les daba las gracias y sonre�a, hasta que lleg� la hora de ir a la tumba.</p><p>Hubo funci�n esa noche en la Gran Casa, una recepci�n posfuneral en la que colegas de negocios de E. D., a los que no conoc�a, pero algunos s� que hab�an conocido a mi padre; me ofrecieron sus condolencias, y tambi�n el personal dom�stico de la Gran Casa, cuyo pesar era m�s aut�ntico y m�s dif�cil de soportar.</p><p>Los camareros se deslizaban entre la multitud con vasos de vino en bandejas de plata y beb� m�s de lo que deber�a, hasta que Diane, que tambi�n hab�a estado revoloteando entre los invitados, me tir� de la manga para apartarme de otra salva de lamento-su-perdida y me dijo:</p><p>�Necesitas aire.</p><p>�Hace fr�o ah� fuera.</p><p>�Si sigues bebiendo te volver�s intratable. Ya est�s a medio camino. Vamos, Ty, s�lo durante un par de minutos.</p><p>Salimos al jard�n. Jard�n marr�n de mediados de invierno. El mismo c�sped donde hab�amos contemplado los momentos iniciales del Spin hac�a casi veinte a�os. Rodeamos el per�metro de la Gran Casa, m�s bien paseamos, pero al g�lido viento de marzo y la nieve granulosa que todav�a se alojaba en todo espacio resguardado o sombreado.</p><p>Ya nos hab�amos dicho todas las obviedades. Hab�amos comparado notas: mi carrera, mi mudanza a Florida, mi trabajo en Perihelio; sus a�os con Simon, a la deriva desde el NR hasta una ortodoxia habitual, dando la bienvenida al �xtasis mediante la piedad y la abnegaci�n. (�No comemos carne �me confi�. No usamos fibras artificiales�). Caminando a su lado, achispado, me pregunt� si me habr�a vuelto desagradable o repugnante a sus ojos, si era consciente de los canap�s de queso y jam�n en mi aliento y la chaqueta de fibra sint�tica que llevaba puesta. No hab�a cambiado mucho, aunque estaba m�s delgada de lo que sol�a ser, puede que m�s de lo que deber�a, la l�nea de su mand�bula resaltaba con dureza contra el cuello alto y cerrado de la prenda.</p><p>Estaba lo suficientemente sobrio para agradecerle que intentara despejarme.</p><p>�Yo tambi�n ten�a que salir de ah� �dijo�. Toda esa gente a la que E. D. invit�. Ninguno conoc�a a tu madre m�s que de vista. Ni uno solo. Est�n ah� dentro hablando de proyectos de ley sobre expropiaciones o el tonelaje transportable. Haciendo tratos.</p><p>�Quiz� sea la forma que tiene E. D. de rendirle homenaje. Sazonando el velatorio con celebridades de la pol�tica.</p><p>��sa es una forma muy generosa de interpretarlo.</p><p>�Todav�a sigue enfureci�ndote. �Y con qu� facilidad, pens�.</p><p>��E. D.? Por supuesto que s�. Aunque ser�a m�s caritativo perdonarle. Cosa que t� s� pareces haber hecho.</p><p>�Tengo menos cosas que perdonarle �dijo�. No es mi padre.</p><p>No pretend�a decir nada especial. Segu�a siendo muy consciente de lo que Jason me hab�a contado hac�a unas semanas. Se me atragantaron las palabras, me di cuenta de lo que pasar�a incluso antes de que las palabras salieran de mi boca, me ruboric� cuando hube terminado. Diane me dedic� una larga mirada de incomprensi�n; luego abri� mucho los ojos en una expresi�n que entremezclaba enfado y verg�enza tan evidente que era capaz de leerla pese a la tenue luz procedente del porche.</p><p>�Has estado hablando con Jason �dijo con frialdad.</p><p>�Lo siento�</p><p>��Y c�mo funciona el asunto exactamente? �Os sent�is los dos a re�ros de m�?</p><p>�Por supuesto que no. Lo� lo que dijo fue bajo la influencia de la medicaci�n.</p><p>Otra grotesca metedura de pata, y ella se abalanz� sobre mis palabras.</p><p>��Qu� medicaci�n?</p><p>�Soy su m�dico de cabecera. A veces le receto tratamientos. �Importa?</p><p>�� Qu� medicaci�n es esa que hace que rompa una promesa, Tyler? Me prometi� que jam�s te lo contar�a. �E infiri� otra conclusi�n�. �Jason est� enfermo? �Es por eso por lo que no ha venido al funeral?</p><p>�Est� ocupado. Estamos a un par de d�as de los primeros lanzamientos.</p><p>�Pero lo est�s tratando de algo.</p><p>��ticamente, no puedo discutir el historial m�dico de Jason �dije, sabiendo que eso s�lo inflamar�a sus sospechas, que en el fondo le hab�a revelado el secreto de Jason al negarme a contarlo.</p><p>�Ser�a propio de �l, ponerse enfermo y no cont�rselo a nadie. Est� tan, tan herm�ticamente sellado�</p><p>�Quiz� t� deber�as tomar la iniciativa. Ll�malo de vez en cuando.</p><p>��Crees que no lo hago? �Eso tambi�n te lo dijo? Sol�a llamarlo todas las semanas. Pero lo �nico que hac�a era escudarse detr�s de su encanto vac�o y negarse a decir nada relevante de verdad. Qu� tal est�s, estoy bien, gracias, qu� hay de nuevo, nada. No quiere saber de m�, Jase. Est� completamente imbuido de E. D. Para �l soy una verg�enza. �Hizo una pausa�. A menos que eso haya cambiado.</p><p>�No s� qu� es lo que ha cambiado. Pero quiz� deber�as ir a verle. Hablar con �l cara a cara.</p><p>��Y c�mo lo hago?</p><p>Me encog� de hombros.</p><p>�T�mate otra semana libre. Vuelve conmigo en el avi�n.</p><p>�Dijiste que estaba ocupado.</p><p>�Una vez que los lanzamientos est�n en marcha, todo consiste en sentarse y esperar. Puedes venir a Ca�averal con nosotros. Ver c�mo se escribe la historia.</p><p>�Los lanzamientos son in�tiles �dijo, pero sonaba a algo que le hab�an ense�ado a decir; y a�adi�: Me gustar�a, pero no puedo permit�rmelo. Simon y yo nos las apa�amos bien. Pero no somos ricos. No somos Lawton.</p><p>�Yo te presto el dinero del billete de avi�n.</p><p>�Eres un borracho generoso.</p><p>�Lo digo en serio.</p><p>�Gracias, pero no �dijo�. No puedo aceptarlo.</p><p>�Piensa en ello.</p><p>�Preg�ntamelo cuando est�s sobrio. �Y a�adi� mientras remont�bamos los pelda�os del porche, con la luz amarillenta proyectando sombras sobre sus ojos�. Fuera lo que fuese lo que creyera en alg�n momento� sin importar qu� le cont� a Jason�</p><p>�No tienes por qu� decirlo, Diane.</p><p>�S� que E. D. no es tu padre.</p><p>Lo interesante de su afirmaci�n era la forma de enunciarla. Con firmeza y decisi�n. Como si supiera algo m�s. Como si hubiera descubierto una verdad diferente, una clave alternativa a los misterios de los Lawton.</p><p>Diane volvi� a la Gran Casa. Decid� que ya no podr�a aguantar m�s condolencias. Me fui a casa de mi madre, que me parec�a falta de aire y recalentada.</p><p>Al d�a siguiente Carol me dijo que pod�a tomarme mi tiempo para reclamar las posesiones de mi madre, lo que llam� �arreglar las cosas�. La Peque�a Casa no se iba a ir a ning�n lado, dijo ella. T�mate un mes. T�mate un a�o. Pod�a �arreglar las cosas� cuando tuviera tiempo y tan pronto como me sintiera preparado para hacerlo.</p><p>El d�a en que estuviera preparado para eso me parec�a lejan�simo, pero le di las gracias por su paciencia y pas� el resto del d�a haciendo las maletas para el vuelo de vuelta. Me ven�a a la cabeza la idea de que deber�a llevarme algo de mi madre conmigo, de que ella hubiese querido que me llevara un recordatorio. Pero �qu�? �Una de sus figuritas Hummel, que siempre me hab�an parecido horteradas car�simas? �La mariposa de punto de cruz que estaba en la pared de la sala de estar, la copia de Los <emphasis>nen�fares </emphasis>de Monet con su marco para ensamblarlo uno mismo?</p><p>Diane apareci� en la puerta mientras debat�a conmigo mismo.</p><p>��La oferta sigue en pie? �El viaje a Florida? �Lo dec�as en serio?</p><p>�Por supuesto que s�.</p><p>�Porque he hablado con Simon. No est� del todo contento con la idea, pero cree que estar� bien aunque se quede solo unos cuantos d�as m�s.</p><p>Qu� pu�eteramente considerado por su parte, pens�.</p><p>�As� que� �dijo ella�, a menos que� quiero decir, ya s� que hab�as bebido�</p><p>�No seas tonta. Llamar� a la agencia de viajes.</p><p>Reserv� una plaza a nombre de Diane en el primer vuelo del puente a�reo Washington D. C./Orlando del d�a siguiente.</p><p>Luego termin� de hacer las maletas. De las cosas de mi madre, al final me decid� por el par de budas sujetalibros de jade.</p><p>Mir� por toda la casa, incluso mir� debajo de las camas, pero la caja de RECUERDOS (carrera) parec�a haber desaparecido permanentemente.</p></section><section><title><p>Instant�neas de la ecopoiesis</p></title><p>Jason sugiri� que alquil�ramos un apartamento en Cocoa Beach y que esper�ramos un d�a hasta que �l se reuniera con nosotros. Estaba haciendo su �ltima ronda de preguntas y respuestas para los medios de comunicaci�n en Perihelio, pero hab�a dejado la agenda libre antes de los lanzamientos, que pretend�a contemplar sin un equipo de la CNN martiriz�ndolo con preguntas est�pidas.</p><p>�Genial �dijo Diane cuando le retransmit� esa informaci�n�. As� yo misma podr� hacer las preguntas est�pidas.</p><p>Hab�a logrado calmar sus temores acerca del estado de Jason: no, no se estaba muriendo, y cualquier espacio en blanco en su historial m�dico era asunto suyo. Lo acept�, o al menos pareci� hacerlo, pero segu�a queriendo verlo, aunque s�lo fuera para sentirse m�s segura, como si la muerte de mi madre hubiera hecho tambalearse su fe en las estrellas fijas del universo Lawton.</p><p>As� que us� mi identificaci�n de Perihelio y mis conexiones con Jason para alquilar dos suites vecinas en un Holiday Inn con vistas a Ca�averal. No mucho despu�s de que el proyecto marciano hubiera sido concebido, y una vez que las objeciones de la Agencia de Protecci�n Medioambiental hubieran sido debidamente anotadas e ignoradas, se hab�an construido una docena de plataformas de lanzamiento en aguas poco profundas y estaban ancladas cerca de la costa de Merritt Island. Esas estructuras eran las que se ve�an m�s claramente desde el hotel. El resto de la vista eran aparcamientos, playas invernales y aguas azules.</p><p>Est�bamos en la terraza de su suite. Diane se hab�a duchado y cambiado de ropa despu�s del viaje en coche desde Orlando y est�bamos a punto de bajar a enfrentarnos al restaurante de la planta baja. Todas las dem�s terrazas que pod�amos ver estaban erizadas de c�maras y lentes: el Holiday Inn era el hotel favorito de los medios. (Simon puede que desconfiara de la prensa secular, pero Diane estaba repentinamente metida hasta las rodillas en ella.) No pod�amos ver la puesta de sol pero s� la luz que se reflejaba en las distantes plataformas y cohetes, haci�ndolos m�s et�reos que reales, un escuadr�n de robots gigantes que marchaban a combatir en la fosa del Atl�ntico. Diane se apart� de la barandilla de la terraza como si la vista la asustara.</p><p>��Por qu� hay tantos?</p><p>�Ecopoiesis a escopetazos.</p><p>Se rio, con algo de reproche en el tono.</p><p>�� Esa es una de las expresiones de Jason?</p><p>No lo era, no del todo. �Ecopoiesis� era una palabra acu�ada por un hombre llamado Robert Haynes all� en los sesenta, cuando la terraformaci�n era una ciencia puramente especulativa. T�cnicamente, significaba la creaci�n de una biosfera anaer�bica autorregulada all� donde antes no hab�a ninguna, pero en el uso moderno quer�a decir cualquier modificaci�n biol�gica de Marte. El crear un Marte verde requer�a dos tipos diferentes de ingenier�a planetaria: terraformaci�n burda, para elevar la temperatura de la superficie y la presi�n atmosf�rica hasta un umbral plausible para la vida, y ecopoiesis: usar vida microbiana y vegetal para acondicionar el suelo y oxigenar el aire.</p><p>El Spin ya hab�a hecho el trabajo pesado por nosotros. Todos los planetas del sistema solar, exceptuando la Tierra, se hab�an calentado significativamente gracias a la expansi�n solar. Lo que restaba era el trabajo m�s sutil de ecopoiesis. Pero hab�a muchas rutas posibles hacia la ecopoiesis, muchos organismos candidatos, desde bacterias de las rocas a l�quenes alpinos.</p><p>�Y se llama a escopetazos porque los envi�is todos.</p><p>�Todos ellos, y tantos como podamos permitirnos, porque no hay garant�as de que un solo organismo pueda adaptarse y sobrevivir. Pero uno de ellos podr�a hacerlo.</p><p>�M�s de uno podr�a.</p><p>�Lo que estar�a bien. Queremos una ecolog�a, no un monocultivo.</p><p>De hecho, los lanzamientos estaban sincronizados y programados en fases. La primera oleada s�lo transportar�a organismos anaer�bicos y fotoaut�trofos, formas de vida simple que no requieren ox�geno y que extraen su energ�a del sol. Si crec�an y mor�an en cantidades suficientes, crear�an una capa de biomasa que soportar�a ecosistemas m�s complejos. La siguiente oleada, dentro de un a�o, introducir�a organismos oxigenadores; los �ltimos lanzamientos no tripulados incluir�an plantas primitivas para fijar el suelo y regular los ciclos de precipitaciones y evaporaci�n.</p><p>�Todo parece tan improbable.</p><p>�Vivimos en tiempos improbables. Pero es cierto, no hay garant�as de que funcione.</p><p>��Y si no funciona?</p><p>Me encog� de hombros.</p><p>��Qu� habremos perdido?</p><p>�Un mont�n de dinero. Un mont�n de esfuerzo.</p><p>�No se me ocurre otro uso mejor para todo eso. S�, es una apuesta, y no, no es algo seguro, pero la ganancia potencial vale la pena. Y ha sido bueno para todos, al menos hasta ahora. Bueno para la moral en casa y un buen modo de promover la cooperaci�n internacional.</p><p>�Pero hab�is llevado al equ�voco a mucha gente normal y corriente. Est�n convencidos de que el Spin es algo contra lo que se puede luchar, algo que se puede arreglar con tecnolog�a.</p><p>�Les hemos dado esperanzas, quieres decir.</p><p>�Esperanzas del tipo equivocado. Y si fracas�is los dejar�is sin ninguna esperanza en absoluto.</p><p>��Y qu� te gustar�a que hici�ramos, Diane? �Que nos retir�ramos a nuestras esteras de oraci�n?</p><p>�No ser�a una admisi�n de derrota� la oraci�n, quiero decir. Y si ten�is �xito, �entonces el paso siguiente es enviar gente?</p><p>�S�. Si verdeamos el planeta, enviaremos gente.</p><p>Una propuesta mucho m�s dif�cil y �ticamente compleja. Enviar�amos candidatos en tripulaciones de diez personas. Tendr�an que soportar un tr�nsito de duraci�n impredecible en un espacio absurdamente peque�o y con raciones limitadas. Soportar�an un frenado atmosf�rico con un delta-V casi letal tras meses de ingravidez, seguido de un peligroso descenso hacia la superficie del planeta. Si todo eso funcionaba, y si su exiguo equipo de supervivencia designado descend�a en paralelo y aterrizaba m�s o menos cerca de ellos, entonces tendr�an que aprender por s� mismos las habilidades de supervivencia necesarias para un entorno apenas adecuado para la existencia humana. El objetivo de la misi�n no ser�a regresar a la Tierra, sino sobrevivir lo suficiente para reproducirse en n�mero suficiente y dotar a su descendencia de un modo de vida sostenible.</p><p>��Qu� persona en su sano juicio se prestar�a a eso?</p><p>�Te sorprender�as.</p><p>No pod�a hablar por los chinos, los rusos o cualquier otro de los voluntarios internacionales, pero los candidatos norteamericanos eran un grupo de hombres y mujeres sorprendentemente normal. Hab�an sido elegidos por su juventud, resistencia f�sica y su capacidad para tolerar y soportar la incomodidad. S�lo unos pocos hab�an sido pilotos de las fuerzas a�reas, pero todos ten�an lo que Jason llamaba �mentalidad de pilotos de pruebas�, una disposici�n a aceptar graves riesgos f�sicos en nombre de un logro espectacular. Y, por supuesto, la mayor�a estaban condenados con toda probabilidad, as� como la mayor�a de las bacterias a bordo de los distantes cohetes tambi�n estaban condenadas. El mejor resultado esperable era que una banda de supervivientes n�madas vagando por los ca�ones alfombrados de l�quenes de los valles Marineris pudiera encontrarse con otro grupo similar de rusos, daneses o canadienses y engendrar una humanidad marciana viable.</p><p>��Y t� lo apruebas?</p><p>�Nadie me ha pedido mi opini�n. Pero les deseo suerte.</p><p>Diane me dedic� una mirada de eso-no-es-suficiente pero opt� por no seguir la discusi�n. Bajamos en ascensor al restaurante del primer piso. Debi� de sentir la expectaci�n creciente mientras hac�amos cola a la espera de que nos atendieran detr�s de una docena de t�cnicos de las cadenas de informaci�n.</p><p>Despu�s de pedir la comida, volvi� la cabeza, escuchando fragmentos de conversaci�n (palabras como �fotodisociaci�n� y �criptoendel�tico� y, s�, �ecopoiesis�) que llegaban de las mesas repletas de gente, periodistas ensayando la jerga para el d�a siguiente o simplemente esforz�ndose por entenderla. Tambi�n se o�an risas y el repiqueteo de los cubiertos, un ambiente de vertiginosa expectaci�n. Era la primera vez desde el alunizaje que la atenci�n del mundo estaba concentrada tan completamente en la aventura espacial, y el Spin daba a �sta algo de lo que incluso el vuelo a la luna hab�a carecido: urgencia de verdad y una sensaci�n global de riesgo.</p><p>�Todo esto es obra de Jason, �no?</p><p>�Sin Jason y E. D. puede que esto estuviera ocurriendo de todas formas. Pero ocurrir�a de manera diferente, probablemente m�s lentamente y con menos eficiencia. Jase siempre ha estado en el centro de esto.</p><p>�Y nosotros en la periferia. Orbitando alrededor de su genio. Te contar� un secreto. Le tengo un poco de miedo. Tengo miedo de volver a verle despu�s de tanto tiempo. S� que me desaprueba.</p><p>�A ti no. Tu forma de vida, tal vez.</p><p>�Quieres decir mi fe. Podemos hablar de ello, no me molesta. S� que Jase se siente un poco� supongo que traicionado. Como si Simon y yo hubi�semos repudiado todo en lo que �l cree. Pero eso no es cierto. Jason y yo jam�s estuvimos en el mismo camino.</p><p>�B�sicamente, sabes, es s�lo Jase. El mismo Jase de siempre.</p><p>�Pero �soy yo la misma Diane de siempre?</p><p>Para lo cual no ten�a respuesta.</p><p>Comi� con un apetito evidente, y despu�s de los platos principales pedimos postres y caf�.</p><p>�Es una suerte que pudieras tomarte el tiempo para hacer esto �dije.</p><p>��Quieres decir que es una suerte que Simon me soltara la correa?</p><p>�No quer�a decir eso.</p><p>�Lo s�. Pero en cierto sentido es verdad. Simon puede ser un poco controlador. Le gusta saber d�nde estoy.</p><p>��Y eso es un problema para ti?</p><p>��Quieres decir que si hay problemas en mi matrimonio? No. No los hay y yo no permitir�a que los hubiera. Eso no significa que ocasionalmente no estemos en desacuerdo. �Titube�. Si hablo de estas cosas, las estoy compartiendo contigo, �de acuerdo? No con Jason. S�lo contigo.</p><p>Asent� con la cabeza.</p><p>�Simon ha cambiado desde que lo conociste. Todos hemos cambiado, todos los de los viejos d�as del NR. El NR consist�a en ser joven y crear una comunidad de fe, una especie de espacio sagrado en el que no tuvi�ramos que tener miedo los unos de los otros, donde pudi�ramos abrazarnos los unos a los otros, no figurativamente, sino literalmente. El Ed�n en la Tierra. Pero est�bamos equivocados. Pens�bamos que el sida no importaba, que los celos no importaban, que no ten�an importancia porque hab�amos llegado al fin del mundo. Pero es una tribulaci�n lenta, Ty. La tribulaci�n es el trabajo de toda una vida, y tenemos que estar fuertes y sanos para ella.</p><p>�T� y Simon�</p><p>�Oh, s�, estamos sanos. �Sonri�. Y gracias por preguntar, doctor Dupree. Pero perdimos amigos por el sida y las drogas. El movimiento era una monta�a rusa: amor todo el camino de subida y pena en todo el de bajada. Todo el que haya sido parte de �l te lo dir�.</p><p>Probablemente, pero la �nica veterana del NR que conoc�a era Diane.</p><p>�Los �ltimos a�os no han sido f�ciles para nadie.</p><p>�Simon lo pas� muy mal intentando entenderlo. Cre�a de verdad que �ramos una generaci�n bendita. Una vez me dijo que Dios se hab�a acercado tanto a la humanidad que era como estar sentado al lado de un horno en una noche de invierno, que pr�cticamente pod�a calentarse las manos con el Reino de los Cielos. Todos nos sent�amos as�, pero la verdad es que sacaba lo mejor de Simon. Y entonces empez� a ir mal, cuando tantos de nuestros amigos empezaron a enfermar o a convertirse en adictos de uno u otro tipo, y eso le doli� much�simo. Tambi�n fue cuando empez� a escasear el dinero, y al final Simon tuvo que buscar trabajo, los dos tuvimos que hacerlo. Hice trabajos temporales durante a�os. Simon no pudo encontrar un trabajo secular pero hace las veces de portero en nuestra iglesia de Tempe, el Tabern�culo del Jord�n, y le pagan lo que pueden� est� estudiando para su certificado de instalador de gas.</p><p>�No es exactamente la Tierra Prometida.</p><p>�Pues no, pero �sabes una cosa? No creo que tenga que serlo. Eso es lo que le digo. Quiz� podemos sentir la llegada del quiliasmo, pero todav�a no est� aqu� tenemos que jugar los �ltimos minutos del partido aunque el resultado est� predeterminado. Y quiz� se nos est� juzgando por eso. Tenemos que jugar como si tuviera importancia.</p><p>Volvimos al piso donde nos hosped�bamos. Diane se par� ante su puerta.</p><p>�Lo que estoy recordando es lo bien que me sienta hablar contigo. Sol�amos hablar much�simo, �lo recuerdas?</p><p>Confi�ndonos nuestros miedos mediante el casto medio del tel�fono. Ella siempre lo hab�a preferido as�. Asent�.</p><p>�Quiz� podamos volver a hacerlo �dijo ella�. Quiz� pueda llamarte desde Arizona alguna vez.</p><p>Ella, por supuesto, ser�a la que me llamara, porque puede que Simon no se tomara a bien que yo la llamara a ella. Eso quedaba impl�cito. As� como la naturaleza de la relaci�n que propon�a. Ser�a su colega plat�nico. Alguien inofensivo a quien confiarse cuando tuviera problemas, como el amigo gay del personaje femenino principal en un drama de multicine. Charlar�amos. Compartir�amos cosas. Nadie se har�a da�o.</p><p>No era lo que quer�a ni lo que necesitaba, pero no pod�a decirlo ante esa mirada ansiosa y ligeramente perdida que me dedicaba. En vez de eso, dije:</p><p>�Claro que s�.</p><p>Me sonri�, me abraz� y me dej� en el pasillo.</p><p>Me qued� despierto m�s tarde de lo que deber�a, resta�ando mi dignidad herida, inmerso en el ruido y las risas procedentes de las habitaciones cercanas, pensando en todos los cient�ficos e ingenieros de Perihelio, JPL<a l:href="#n_10" type="note">[10]</a> y Kennedy, en toda esa gente de los peri�dicos y los medios de comunicaci�n que observaban la luz de los reflectores sobre los distantes cohetes, todos nosotros haciendo nuestro trabajo aqu�, al final de la historia humana, haciendo lo que se esperaba de nosotros, jugando como si importara.</p><empty-line/><p>Jason lleg� al mediod�a del d�a siguiente, diez horas antes de la hora programada para la primera oleada de lanzamientos. El tiempo era soleado y en calma, un buen presagio. De todos los emplazamientos de lanzamiento global el �nico que obviamente no podr�a cumplir con su cometido era el complejo Kourou expandido en la Guayana Francesa, cerrado por una feroz tormenta de marzo. (Los microorganismos de la ESA se retrasar�an un d�a o dos� o medio mill�n de a�os, tiempo del Spin).</p><p>Jase vino directamente a mi suite, donde Diane y yo lo est�bamos esperando. Llevaba un chubasquero barato de pl�stico y una gorra de los Marlins encasquetada sobre los ojos para ocultarse ante los periodistas.</p><p>�Tyler �me dijo cuando abr� la puerta�. Lo siento. De haber podido, hubiera estado all�.</p><p>El funeral.</p><p>�Lo s�.</p><p>�Belinda Dupree era lo mejor de la Gran Casa. Lo digo en serio.</p><p>�Gracias �dije, y me apart� de su camino.</p><p>Diane cruz� la habitaci�n hacia �l con expresi�n temerosa. Jason cerr� la puerta detr�s de �l, sin sonre�r. Se quedaron separados por un metro de distancia. El silencio era denso. Jason lo rompi�.</p><p>�Con ese cuello �dijo� pareces un banquero Victoriano. Y deber�as coger algo de peso. �Tan dif�cil es conseguir una comida decente en pleno pa�s de las vacas?</p><p>�M�s cactus que vacas, Jase �dijo Diane.</p><p>Y se rieron y se lanzaron a un abrazo.</p><p>Salimos a la terraza despu�s de que anocheciera, sacamos sillas c�modas y pedimos una bandeja de <emphasis>crudit�s </emphasis>(a petici�n de Diane) al servicio de habitaciones. La noche era tan oscura como cualquier otra noche despejada de estrellas bajo la mortaja del Spin, pero las plataformas de lanzamiento estaban iluminadas por focos gigantescos y sus reflejos danzaban sobre las nubes pasajeras.</p><p>Jason hab�a estado viendo a un neur�logo desde hac�a ya unas semanas. El diagn�stico del especialista hab�a sido el mismo que el m�o: Jason sufr�a esclerosis m�ltiple severa que no respond�a a tratamiento, para la cual el �nico tratamiento �til era un regimiento de f�rmacos paliativos. De hecho el neur�logo hab�a querido someter el caso de Jason al Centro de Control de Enfermedades como parte de su estudio en marcha sobre lo que llamaban EMA: esclerosis m�ltiple at�pica. Jase le hab�a amenazado o sobornado para que abandonara la idea. Y por ahora, al menos, el nuevo c�ctel de f�rmacos lo manten�a en remisi�n. Estaba tan plenamente funcional y capaz de valerse como siempre. Las sospechas que Diane pudiera tener quedaron prontamente apaciguadas.</p><p>Hab�a tra�do una botella de aut�ntico y car�simo champ�n franc�s para celebrar los lanzamientos.</p><p>�Podr�amos tener asientos VIP �le dije a Diane�. Gradas de sol por fuera de la planta de ensamblaje de veh�culos. Code�ndonos con el presidente Garland.</p><p>�La vista desde aqu� es igual de buena �dijo Jason�. Mejor. Aqu� no somos decorado en una foto oportunista.</p><p>�Nunca he conocido a un presidente �dijo Diane.</p><p>El cielo, por supuesto, estaba oscuro, pero la televisi�n de la habitaci�n (la hab�amos encendido para o�r la cuenta atr�s) hablaba sobre la barrera del Spin, y Diane volvi� la vista al cielo como si pudiera volverse milagrosamente visible, la caja que guardaba al mundo. Jason vio la inclinaci�n de su cabeza.</p><p>�No deber�an llamarlo una barrera �dijo Jason�. Ninguna de las publicaciones cient�ficas lo hace.</p><p>��Oh? �Y c�mo lo llaman?</p><p>Jason se aclar� la garganta.</p><p>�Una membrana extra�a.</p><p>�Oh, no. �Diane se rio�. No, es espantoso. Eso no es aceptable. Suena a trastorno ginecol�gico.</p><p>�S�, pero �barrera� es incorrecto. Es m�s bien como una capa l�mite. No es una l�nea que se cruza. Adquiere objetos de manera selectiva y los acelera hacia el universo exterior. El proceso es m�s parecido a la osmosis que a, digamos, atravesar una cerca. Por tanto, membrana.</p><p>�Me hab�a olvidado de c�mo es hablar contigo, Jase. Puede ser un poco surrealista.</p><p>�Callad �les dije�. Escuchad.</p><p>Ahora la imagen en la tele hab�a pasado a la transmisi�n de la NASA, una voz impersonal de control de misi�n estaba recitando la cuenta atr�s. Hab�a doce cohetes listos y preparados en sus plataformas. Doce lanzamientos simult�neos, un acto que una agencia espacial menos ambiciosa hubiera determinado poco pr�ctico y radicalmente inseguro. Pero viv�amos en tiempos m�s osados o desesperados.</p><p>��Por qu� tienen que lanzarse todos a la vez? �pregunt� Diane.</p><p>�Porque �empez� a decir Jason; y luego dijo�: No. Espera. Mira.</p><p>Veinte segundos. Diez. Jason se levant� y se apoy� en la baranda de la terraza. Las terrazas del hotel estaban abarrotadas de gentes. La playa estaba abarrotada. Un millar de cabezas y lentes apuntaban en la misma direcci�n. Las estimaciones posteriores situaban la cifra de gente en Cabo Ca�averal en torno a los dos millones aproximadamente. Seg�n los registros policiales, m�s de cien carteras fueron robadas esa noche. Hubo dos apu�alamientos mortales, quince intentos de agresi�n y un parto prematuro. (La ni�a, de un kilo ochocientos gramos, naci� sobre una mesa de caballete en la Casa Internacional de las Tortitas en Cocoa Beach).</p><p>Cinco segundos. La tele en la habitaci�n del hotel se call�. Durante un momento no hubo sonido alguno exceptuando el zumbido y chasquidos de los equipos fotogr�ficos.</p><p>Entonces el oc�ano se ilumin� con fuego hasta el horizonte.</p><p>Uno solo de esos cohetes no hubiera impresionado a los locales ni siquiera en la oscuridad, pero esta vez no se trataba de una �nica columna de llamas, sino de cinco, siete, diez, doce. Las plataformas mar�timas quedaron brevemente silueteadas como rascacielos esquel�ticos, y al instante fueron sepultadas en nubes de agua de mar vaporizada. Doce pilares de fuego blanco, separados por kil�metros pero comprimidos por la perspectiva, desgarraron en su ascenso un cielo que se volvi� �ndigo por su luz combinada. La multitud empez� a dar vivas, y el sonido se entremezcl� con el de los propulsores de combustible s�lido que escalaban la noche, una pulsaci�n que comprim�a el coraz�n como si fuera �xtasis o terror. Pero era solamente el brutal espect�culo lo que est�bamos vitoreando. Casi con toda seguridad cada una de esos dos millones de personas hab�a visto un lanzamiento de cohete con anterioridad, al menos en la televisi�n, y aunque este ascenso m�ltiple era grandioso y ensordecedor era extraordinario por su intenci�n, por la idea que lo motivaba. No s�lo est�bamos intentando plantar la bandera de la vida terrestre en Marte, desafi�bamos al mism�simo Spin.</p><p>Los cohetes ascendieron. (Y en la pantalla rectangular de la televisi�n, cuando la mir� a trav�s de la puerta de la terraza, cohetes similares se curvaban hacia la luz nubosa de un cielo diurno en Jiuquan, Svobodnyy, Baikonur y Xichang). La feroz luz horizontal se hizo oblicua y empez� a atenuarse mientras la noche volv�a rauda al oc�ano. El sonido se agot� en la arena, el cemento y el agua de mar supercalentada. Me imagin� que me llegaba desde la costa el olor a fuegos artificiales transportado por la marea, el placenteramente desagradable hedor a luces de bengala.</p><p>Un millar de c�maras chirri� como grillos moribundos y se detuvieron.</p><p>Los v�tores duraron, de una forma u otra, hasta el amanecer.</p><empty-line/><p>Volvimos al interior y corrimos las cortinas contra la oscuridad anticlim�tica y abrimos el champ�n. Miramos las noticias de ultramar. Aparte del retraso franc�s provocado por la lluvia, todos los lanzamientos hab�an tenido �xito. Una armada bacteriana se hallaba rumbo a Marte.</p><p>��Y por qu� tienen que lanzarse todos a la vez? �volvi� a preguntar Diane.</p><p>Jason le dedic� una larga mirada pensativa.</p><p>�Porque queremos que lleguen a su destino m�s o menos al mismo tiempo. Lo que no es tan f�cil como suena. Tienen que penetrar la membrana del Spin m�s o menos simult�neamente, o saldr�n separados por a�os o siglos. No es tan cr�tico con esas cargas anaer�bicas, pero estamos practicando para cuando realmente importe.</p><p>��A�os o siglos? �C�mo es posible?</p><p>�Es la naturaleza del Spin, Diane.</p><p>�S�, pero �siglos?</p><p>Jason se gir� en su silla para quedar frente a ella.</p><p>�Estoy intentando entender el alcance de tu ignorancia en�</p><p>�S�lo es una pregunta, Jase.</p><p>�Cuenta un segundo para m�.</p><p>��Qu�?</p><p>�Mira tu reloj y cuenta un segundo. No, lo har� yo. Uno� �Hizo una pausa�. Un segundo. �Lo has entendido?</p><p>�Jason�</p><p>�S�gueme la corriente. �Entiendes la proporci�n temporal del Spin?</p><p>�Por encima.</p><p>�Por encima no es suficiente ni de cerca. Un segundo terrestre equivale a 3,17 a�os de tiempo del Spin. Recu�rdalo. Si uno de nuestros cohetes entra en la membrana del Spin un segundo m�s tarde que los dem�s, llega a �rbita tres a�os tarde.</p><p>�S�lo porque no sepa recitar n�meros de memoria�</p><p>�Son n�meros importantes, Diane. Suponte que nuestra flotilla acaba de emerger de la membrana justo ahora, <emphasis>ahora. </emphasis>�Hizo un gesto con el dedo en el aire�. Un segundo, y ya se han ido. Para la flotilla, eso han sido tres a�os y pico. Hace un segundo estaban en �rbita de la Tierra. Ahora ya han liberado su cargamento en la superficie de Marte. Quiero decir ahora mismo, Diane, literalmente ahora. Ya ha ocurrido, ya est� hecho. As� que deja pasar un minuto en tu reloj. Eso han sido aproximadamente ciento noventa a�os en un reloj exterior.</p><p>�Eso es mucho, por supuesto, pero no puedes cambiar todo un planeta en doscientos a�os, �no?</p><p>�Ahora ya llevamos doscientos a�os del Spin con el experimento en marcha. Justo ahora, mientras hablamos, cualquier colonia bacteriana que haya sobrevivido al viaje ha estado reproduci�ndose en Marte desde hace dos siglos. Dentro de una hora, llevar�n all� once mil cuatrocientos a�os. Para ma�ana a esta hora habr�n estado multiplic�ndose durante casi doscientos setenta y cuatro mil a�os.</p><p>�Vale, Jase. Ya pillo la idea.</p><p>�A esta hora dentro de una semana, 1,9 millones de a�os.</p><p>�Vale.</p><p>�Un mes, 8,3 millones de a�os.</p><p>�Jason�</p><p>�Dentro de un a�o, cien millones de a�os.</p><p>�S�, pero�</p><p>�En la Tierra, cien millones de a�os apenas es el per�odo de tiempo entre que la vida emergi� de los mares y tu �ltimo cumplea�os. Cien millones de a�os es tiempo suficiente para que esos microorganismos hayan bombeado di�xido de carbono sac�ndolo de los dep�sitos de carbonatos en la corteza, filtrado nitr�geno a partir de nitratos, eliminado �xidos del regolito y lo hayan enriquecido muriendo a millones. Todo ese C02 liberado es un gas de efecto invernadero. La atm�sfera se vuelve m�s densa y c�lida. Dentro de un a�o enviaremos otra armada de organismos respiradores, y estos empezar�n a procesar el C02 para liberar ox�geno. Otro a�o m�s, tan pronto como la firma espectrosc�pica del planeta parezca adecuada, e introduciremos hierbas, plantas u otros organismos complejos. Y cuando todo eso se estabilice en una especie de tosca ecolog�a planetaria homeost�tica, entonces enviaremos seres humanos. �Sabes lo que significa eso?</p><p>�Dime �dijo Diane con hosquedad.</p><p>�Significa que dentro de cinco a�os habr� una civilizaci�n humana floreciente en Marte. Granjas, f�bricas, carreteras, ciudades�</p><p>�Hay una palabra griega para eso, Jase.</p><p>�Ecopoiesis.</p><p>�Pensaba m�s bien en �hubris�.</p><p>Sonri�.</p><p>�Hay much�simas cosas que me preocupan. Pero ofender a los dioses no es una de ellas.</p><p>��Y ofender a los Hipot�ticos?</p><p>Eso lo detuvo. Se reclin� en su asiento y dio un sorbo al champ�n, que hab�a perdido parte de su burbujeo, en su copa de hotel.</p><p>�No tengo miedo de ofenderlos �dijo al final�. Todo lo contrario. De lo que tengo miedo es de estar haciendo exactamente lo que quieren que hagamos.</p><p>Pero no quiso explicarnos m�s, y Diane estaba ansiosa por cambiar de tema.</p><empty-line/><p>Al d�a siguiente llev� a Diane en coche para que tomara el avi�n de vuelta a Phoenix.</p><p>Durante los �ltimos d�as se hab�a hecho evidente que no discutir�amos, mencionar�amos o aludir�amos bajo ninguna forma a la intimidad f�sica que hab�amos compartido aquella noche en las Berkshires antes de su matrimonio con Simon. Si lo reconoc�amos en forma alguna, era en los laboriosos desv�os que tom�bamos para evitarla. Cuando nos abrazamos (castamente) frente al control de seguridad del aeropuerto, Diane me dijo.</p><p>�Te llamar�.</p><p>Y supe que lo har�a. Diane hac�a pocas promesas, pero era muy escrupulosa a la hora de cumplirlas. Pero tambi�n yo era muy consciente del tiempo que hab�a pasado desde la �ltima vez que la hab�a visto y del tiempo que pasar�a antes de que volviera a verla: no tiempo del Spin, pero algo igualmente corrosivo e igual de hambriento. Hab�a arrugas en las comisuras de su boca y ojos, no muy diferentes a las que ve�a en el espejo todas las ma�anas.</p><p>Sorprendente, pens�, lo ocupados que est�bamos convirti�ndonos en personas que no se conoc�an bien.</p><empty-line/><p>Hubo m�s lanzamientos durante la primavera y el verano de ese a�o, equipos de vigilancia que pasaban meses en �rbita alta sobre la Tierra y regresaban con im�genes visuales y espectrogr�ficas de Marte: instant�neas de la ecopoiesis.</p><p>Los primeros resultados fueron ambiguos: un modesto aumento del C02 atmosf�rico que pudiera ser un efecto secundario del calentamiento solar. Marte segu�a siendo un mundo fr�o e inhabitable seg�n toda medida plausible. Jason admiti� que incluso los OMMG, los organismos marcianos gen�ticamente modificados que formaban el grueso de la avanzadilla inicial, puede que no se hubieran adaptado bien a la luz ultravioleta sin filtrar del planeta o al regolito repleto de oxidantes.</p><p>Pero hacia la mitad del verano est�bamos viendo fuertes evidencias espectrogr�ficas de actividad biol�gica. Hab�a m�s vapor de agua en una atm�sfera m�s densa, m�s metano, etano y ozono, e incluso un incremento, diminuto pero detectable, del nitr�geno libre.</p><p>Hacia Navidad, esos cambios, aunque segu�an siendo sutiles, hab�an superado dram�ticamente lo que se pod�a achacar al calentamiento solar de forma que ya no hab�a dudas. Marte se hab�a convertido en un planeta vivo.</p><p>Las plataformas de lanzamiento fueron preparadas una vez m�s, nuevos cargamentos de vida microbiana cultivada y empacada. Durante ese a�o, los Estados Unidos dedicaron un dos por ciento del producto interior a trabajos aeroespaciales relacionados con el Spin. B�sicamente, al programa marciano. Y esa proporci�n fue similar en otros pa�ses industrializados.</p><p>Jason sufri� una reca�da en febrero. Se despert� un d�a y era incapaz de enfocar los ojos. Su neur�logo le ajust� la medicaci�n y le recet� un parche como soluci�n temporal. Jase se recuper� r�pidamente, pero estuvo sin ir a trabajar casi una semana entera.</p><p>Diane cumpli� su palabra. Empez� a llamarme al menos una vez al mes, normalmente m�s, a menudo tarde por la noche cuando Simon estaba ya dormido al otro lado de su peque�o apartamento. Viv�an en unas pocas habitaciones en lo alto de una tienda de libros de segunda mano en Tempe, lo mejor que se pod�an permitir con el sueldo de Diane y los ingresos irregulares que Simon tra�a a casa del Tabern�culo del Jord�n. Cuando hac�a calor sol�a o�r de fondo el zumbido de un climatizador; en invierno, una radio con el volumen bajo para disimular el sonido de su voz.</p><p>La invit� a volver a Florida para la siguiente serie de lanzamientos, pero, por supuesto, no pod�a; estaba ocupada con el trabajo, ten�an unos amigos de la iglesia que ven�an a cenar ese fin de semana. Simon no lo entender�a.</p><p>�Simon est� pasando por una peque�a crisis espiritual. Intenta entender el problema del Mes�as�</p><p>��Hay un problema con el Mes�as?</p><p>�Deber�as leer los peri�dicos �dijo Diane, posiblemente sobreestimando las veces que esos debates religiosos llegaban a la prensa generalista, al menos en Florida; puede que fuera diferente en el oeste�. El viejo movimiento del NR cre�a en una parus�a sin Cristo. Eso es lo que nos distingu�a. �Eso, pens�, y su afici�n a la desnudez p�blica�. Los primeros escritores, Ratel y Greengage, ve�an el Spin como una culminaci�n directa de la profec�a b�blica, lo que significa que la profec�a en s� se redefin�a, era reconfigurada por los acontecimientos hist�ricos. No ten�a por qu� haber una tribulaci�n literal ni un segundo advenimiento f�sico de Cristo. Todo eso que aparece en Tesalonicenses, en Corintios o en el Apocalipsis se pod�a reinterpretar o ignorar, porque el Spin era una verdadera intervenci�n divina en la historia humana, un milagro tangible que revocaba las escrituras. Eso fue lo que nos dio la libertad para crear el Reino en la Tierra. De repente, �ramos responsables de nuestro propio quiliasmo.</p><p>�No s� si te sigo. �En realidad me hab�a perdido en alg�n momento alrededor de la palabra parus�a.</p><p>�Quiero decir, bueno, lo que realmente importa es que el Tabern�culo del Jord�n, nuestra peque�a iglesia, ha renunciado oficialmente a toda la doctrina del NR, aunque la mitad de la congregaci�n sean antiguos seguidores del NR como Simon y yo. As� que de repente tenemos todas esas discusiones sobre la tribulaci�n y c�mo se ajusta el Spin a las profec�as b�blicas. La gente est� tomando partido. Bereanos<a l:href="#n_11" type="note">[11]</a> contra progresistas, covenanters contra preteristas. �Hay un anticristo, y si es as�, d�nde est�? �El �xtasis ocurre antes de la tribulaci�n, durante o despu�s? Debates de ese estilo. Puede que a ti te suene a tonter�as, pero hay gente para la que tiene una importancia suprema, y la gente que est� discutiendo es gente por la que nos preocupamos, son nuestros amigos.</p><p>��Y cu�l es tu posici�n?</p><p>�� La m�a personal? �Se qued� en silencio, y all� estaba de nuevo, el murmullo de la radio detr�s de ella, alg�n presentador con voz narc�tica recitando las �ltimas noticias a los insomnes. <emphasis>Novedades en los tiroteos de Mesa. </emphasis>Con parus�a o sin parus�a�. Se podr�a decir que estoy indecisa. No s� qu� creer. A veces echo de menos los viejos tiempos. Cuando improvis�bamos el para�so seg�n avanz�bamos. Parece como�</p><p>Se call�. Ahora hab�a otra voz por encima del murmullo est�tico de la radio: ��Diane? �Todav�a est�s levantada?�.</p><p>�Lo siento �susurr� Diane. Simon estaba de patrulla. Hora de cortar nuestra cita telef�nica, su acto de infidelidad sin contacto f�sico�. Te llamar� pronto.</p><p>Colg� antes de que pudiera despedirme.</p><empty-line/><p>La segunda serie de lanzamientos fue tan impecable como la primera. Los medios de comunicaci�n volvieron a tomar Ca�averal de nuevo, pero esta vez contempl� las salvas en una gran proyecci�n digital en el auditorio de Perihelio, un lanzamiento a plena luz del d�a que dispers� a las garzas en el cielo sobre Merritt Island como confeti brillante.</p><p>Seguido de otro verano de espera. La ESA fue poniendo en �rbita una serie de telescopios e interfer�metros de �ltima generaci�n y la informaci�n recibida fue incluso m�s clara y di�fana que la del a�o anterior. Hacia septiembre, todas las oficinas de Perihelio estaban empapeladas con im�genes de alta resoluci�n de nuestro �xito. Hice enmarcar una para la sala de espera de la enfermer�a. Era una imagen en color generado por ordenador que mostraba al monte Olimpo perfilado por hielo o escarcha y con las cicatrices de los recientes canales de drenaje, niebla que flu�a como agua sobre Valles Marineris y capilares verdes que serpenteaban sobre Solis Lacus. Los altiplanos del sur de Terra Sirenum segu�an siendo desiertos, pero los cr�teres de impacto de la regi�n hab�an sido erosionados hasta casi desaparecer bajo clima m�s h�medo y ventoso.</p><p>El contenido de ox�geno en la atm�sfera aument� y decay� durante unos cuantos meses seg�n oscilaba la poblaci�n de organismos aer�bicos, pero hacia diciembre hab�a llegado a una m�xima de veinte milibares y se hab�a estabilizado. A partir de una mezcla potencialmente ca�tica de gases de efecto invernadero en aumento, un ciclo hidrol�gico inestable y nuevas realimentaciones biogeoqu�micas, Marte estaba descubriendo su propio equilibrio.</p><p>La cadena de �xitos fue buena para Jason. Permaneci� en remisi�n y estaba feliz, casi terap�uticamente, ocupado. Si hab�a algo que le sentara mal, era su propio auge como el genio ic�nico de la Fundaci�n Perihelio, o al menos en su celebridad cient�fica, el rostro de los carteles de propaganda para la terraformaci�n de Marte. Eso ten�a m�s que ver con la mano de E. D. que con la de Jason: E. D. sab�a que el p�blico quer�a que Perihelio tuviera un rostro humano, preferiblemente joven, listo pero que no intimidara, y llevaba empujando a Jason para que se pusiera frente a las c�maras desde los d�as en que Perihelio era un grupo de presi�n de la industria aeroespacial. Jase lo soport� lo mejor que pudo; explicaba las cosas bien y con paciencia, y era razonablemente fotog�nico; pero odiaba el proceso y hubiera preferido marcharse de la habitaci�n antes que verse a s� mismo en la tele.</p><p>Ese fue el a�o de los primeros vuelos PEN no tripulados, que Jase sigui� con especial atenci�n. Eran los veh�culos que transportar�an a los humanos a Marte, y a diferencia de los veh�culos sembradores relativamente simples, los PEN eran una tecnolog�a nueva. PEN quer�a decir �propulsi�n electronuclear�: reactores nucleares en miniatura que serv�an de fuente de energ�a a propulsores i�nicos mucho m�s poderosos que los que hab�an impulsado a los veh�culos sembradores, con potencia suficiente para permitir cargas much�simo mayores. Pero llevar esos leviatanes a �rbita requerir�a cohetes tan grandes como jam�s hab�a lanzado la NASA, hechos de lo que Jason llamaba �ingenier�a heroica�, heroicamente cara. El elevado coste previsto hab�a empezado a producir se�ales de alarma en un Congreso que mayoritariamente aprobaba el proyecto, pero la serie de notables �xitos manten�a la disensi�n a raya. A Jason le preocupaba que un solo fallo conspicuo pudiera cambiar esa ecuaci�n.</p><p>Poco despu�s de a�o nuevo un veh�culo PEN de prueba no hizo su reentrada con el paquete de datos de la prueba y se supuso que hab�a fallado en �rbita. Se hicieron discursos acusatorios en Cap�tol Hill, liderados por una camarilla de fiscales ultraconservadores que representaban a estados que no ten�an inversiones significativas en la industria aeroespacial, pero los amigos de E. D. en el Congreso anularon las objeciones y una prueba con �xito a la semana siguiente acab� con la controversia. Sin embargo, seg�n dijo Jason, s�lo hab�amos esquivado una bala.</p><p>Diane hab�a seguido el debate pero lo consideraba trivial.</p><p>�De lo que Jase tendr�a que preocuparse �dijo�, es de lo que significa este asunto de Marte para el mundo. Hasta ahora todo ha sido buena publicidad, �no? Todo el mundo est� como loco con esto, todos queremos algo que nos reafirme en nuestra creencia sobre� no s� c�mo llamarlo� el poder�o de la raza humana. Pero la euforia pasar� tarde o temprano, y mientras tanto la gente se est� acostumbrando much�simo a convivir con el Spin.</p><p>��Y eso es malo?</p><p>�Si el proyecto marciano fracasa o no consigue los resultados esperados, s�. No s�lo porque la gente quedar� decepcionada. Han sido testigos de la transformaci�n de todo un planeta� tienen un metro con el que tomarle la medida al Spin. Percibir su desquiciante poder, quiero decir. El Spin no es simplemente un fen�meno abstracto� hab�is hecho que la gente mire a la bestia a los ojos, y bien por vosotros, supongo, pero si vuestro proyecto sale mal le robar�is de nuevo a la gente ese valor, y entonces ser� peor porque han visto al monstruo. Y no os amar�n por fracasar, Tyler, porque eso los dejar� m�s asustados de lo que jam�s han estado.</p><p>Cit� el poema de Housman que ella me hab�a ense�ado hac�a tanto tiempo: <emphasis>El tierno infante no es consciente �De que se lo ha comido el oso!.</emphasis></p><p>�El tierno infante empieza a darse cuenta de lo que le pasa �dijo ella�. Quiz� sea as� como se define la tribulaci�n.</p><p>Pudiera ser. Algunas noches, cuando no pod�a dormir, pensaba en los Hipot�ticos, fueran quienes (o lo que) fueran. S�lo hab�a un hecho concreto y obvio acerca de ellos: no eran simplemente capaces de encerrar a la Tierra en esta� membrana extra�a, sino que hab�an estado ah� fuera, ense�ore�ndose, regulando nuestro planeta y el paso del tiempo� durante casi dos mil millones de a�os.</p><p>Nada remotamente humano podr�a ser tan paciente.</p><empty-line/><p>El neur�logo de Jason me avis� sobre un estudio publicado en el <emphasis>Journal of the American Medical Association </emphasis>ese invierno. Investigadores de la Universidad de Cornell hab�an descubierto un marcador gen�tico para la EM aguda resistente a tratamiento. El neur�logo, un rechoncho y jovial nativo de Florida llamado David Malmstein, hab�a hecho un an�lisis del ADN de Jason y hab�a encontrado la secuencia sospechosa. Le pregunt� qu� significaba.</p><p>�Significa que podemos adaptarle la medicaci�n de forma algo m�s espec�fica para su caso. Tambi�n significa que jam�s podremos darle el tipo de remisi�n permanente que esperan los pacientes t�picos de EM.</p><p>�Parece que lleva en remisi�n la mayor parte de un a�o. �Eso no es a largo plazo?</p><p>�Sus s�ntomas est�n bajo control, eso es todo. La EMA sigue ardiendo, como un fuego lento en una veta de carb�n. Llegar� un momento en que no podremos compensarlo.</p><p>�El punto de no retorno.</p><p>�Se podr�a decir as�.</p><p>��Durante cu�nto tiempo podr� pasar por normal?</p><p>Malmstein se call� un instante.</p><p>�Sabes �me dijo�, eso mismo me pregunt� �l.</p><p>��Y qu� le dijiste?</p><p>�Que no soy un adivino. Que la EMA es una enfermedad cuya etiolog�a no est� bien establecida. Que el cuerpo humano tiene su propio calendario.</p><p>�Supongo que no le gust� la respuesta.</p><p>�Expres� su desaprobaci�n de manera bastante evidente. Pero es cierto. Podr�a pasarse toda la pr�xima d�cada sin manifestar s�ntomas. O podr�a estar en silla de ruedas para finales de esta semana.</p><p>��Y le dijiste eso?</p><p>�Una versi�n m�s suave, m�s amable. No quiero verle perder la esperanza. Tiene esp�ritu de luchador, y eso cuenta mucho. Mi opini�n sincera es que estar� bien a corto plazo, dos a�os, cinco, puede que m�s. Y entonces las apuestas est�n en su contra. Ojal� tuviera un pron�stico mejor.</p><p>No le cont� a Jase que hab�a hablado con Malmstein, pero vi la forma en la que en las semanas siguientes redobl� su trabajo, acumulando sus �xitos contra el tiempo y la mortalidad, no la del mundo sino la suya.</p><empty-line/><p>El ritmo de los lanzamientos, por no mencionar su coste, empez� a aumentar. La �ltima oleada de lanzamientos sembradores (la �nica que en realidad llevaba semillas de verdad) tuvo lugar en marzo, dos a�os despu�s de que Jase, Diane y yo hubi�ramos visto una docena de cohetes similares que part�an de Florida hacia lo que en aquel entonces era un planeta est�ril.</p><p>El Spin nos hab�a dado el impulso necesario para una ecopoiesis larga. Sin embargo, ahora que hab�amos lanzado las semillas de plantas complejas, la sincronizaci�n era crucial. Si esper�bamos demasiado, Marte podr�a evolucionar m�s all� de nuestro alcance: una especie de cereal comestible que hubiera pasado un mill�n de a�os evolucionando en estado silvestre puede que no se pareciera a su forma ancestral, puede que no fuera comestible o que fuera directamente venenosa.</p><p>Eso significaba que los sat�lites de vigilancia tendr�an que ser lanzados s�lo semanas despu�s de la armada de semillas, y los veh�culos PEN tripulados, si los resultados parec�an prometedores, inmediatamente despu�s.</p><p>Recib� otra llamada tard�a de Diane la noche siguiente al lanzamiento de los sat�lites. (Sus paquetes de datos hab�an sido recuperados a las pocas horas pero estaban todav�a de camino al JPL en Pasadena para ser analizados). Sonaba estresada y admiti� cuando la interrogu� que se hab�a quedado sin trabajo por lo menos hasta junio. Simon y ella ten�an problemas para pagar los atrasos del alquiler. No pod�a pedirle dinero a E. D., y le era imposible hablar con Carol. Estaba reuniendo el coraje para hablar con Jase, pero no le gustaba la humillaci�n impl�cita.</p><p>��De cu�nto dinero estamos hablando, Diane?</p><p>�Tyler, no pretend�a�</p><p>�Lo s�. T� no me lo has pedido. Soy yo el que lo ofrece.</p><p>�Bueno� este mes, incluso quinientos d�lares supondr�an una diferencia apreciable.</p><p>�Supongo que la fortuna del limpiapipas se sec�.</p><p>�El fideicomiso de Simon se agot�. Sigue habiendo dinero en la familia, pero �sta no le habla.</p><p>��No se enfadar� si te env�o un cheque?</p><p>�No le gustar�. Pens� en decirle que encontr� una vieja p�liza de seguro y que la liquid�. Algo as�. El tipo de mentira que en realidad no cuenta como pecado. Espero.</p><p>��Segu�s viviendo en la misma direcci�n de Collier Street? �pregunt�.</p><p>Era adonde enviaba una tarjeta de Navidad cort�smente neutral todos los a�os y a cambio de la cual recib�a una con escenas gen�ricas de nieve y firmada con un <emphasis>Simon y Diane Townsend, �Que Dios te bendiga!</emphasis></p><p>�S� �dijo, y luego a�adi�: Gracias, Tyler. Much�simas gracias. Para m� esto es incre�blemente mortificante.</p><p>�Son tiempos duros para mucha gente.</p><p>��T� est�s bien, verdad?</p><p>�S�, estoy muy bien.</p><p>Le envi� seis cheques, cada uno con fecha efectiva para el d�a quince de cada mes, dinero para medio a�o, sin saber si eso reforzar�a nuestra relaci�n o la envenenar�a. O si importaba algo.</p><empty-line/><p>Los datos de los sat�lites revelaron un mundo que segu�a siendo m�s seco que la Tierra pero marcado con lagos como turquesas engastadas en un disco de cobre; un planeta que remolineaba suavemente con bandas de nubes, tormentas que dejaban precipitaciones sobre las laderas a favor del viento de antiguos volcanes y alimentando cauces de r�os y legamosos deltas en las tierras bajas, verdes como el c�sped de un barrio residencial.</p><p>Los enormes propulsores descansaban, llenos de combustible, en sus plataformas y en las instalaciones de lanzamiento y cosm�dromos de todo el mundo casi ochocientos seres humanos subieron a las torres para encerrarse en c�maras del tama�o de un armario y enfrentarse a un destino m�s que incierto. Las arcas PEN en lo alto de esos impulsores conten�an (adem�s de los astronautas) embriones de oveja, ganado vacuno, caballos, cerdos y cabras, y los �teros de acero de los que, con suerte, podr�an ser decantados; las semillas de diez mil plantas; larvas de abeja y otros insectos �tiles; docenas de otras cargas biol�gicas que puede que sobrevivieran o no al viaje y a los rigores de la reg�nesis; archivos condensados del conocimiento humano esencial tanto digitales (incluyendo los medios para leerlos) y densamente impresos; y piezas y suministros para construir refugios simples, generadores solares, invernaderos, purificadores de agua y hospitales de campa�a elementales. En el mejor de los escenarios posibles, todos esos veh�culos expedicionarios humanos llegar�an m�s o menos a las mismas planicies ecuatoriales en un per�odo de varios a�os dependiendo de su tr�nsito de la membrana del Spin. En el peor, incluso una �nica nave, si llegaba razonablemente intacta, pod�a sostener a su tripulaci�n durante el per�odo de aclimataci�n.</p><p>Una vez m�s en el auditorio de Perihelio, por tanto, junto a todos los dem�s que no se hab�an ido a la costa a ver el acontecimiento en persona. Me sent� en primera fila cerca de Jason y estiramos el cuello para contemplar las im�genes de v�deo de la NASA, una espectacular toma de larga duraci�n de las plataformas de lanzamiento mar�timas, islas de acero unidas por inmensos puentes ferroviarios, diez gigantescos cohetes de la clase Prometeo (llamados �Prometeo� cuando los manufacturaba Boeing o Lockheed-Martin; los rusos, los chinos y la UE usaban el mismo dise�o pero los llamaban y pintaban de otra forma) ba�ados en la luz de los focos como postes de cerca pintados de blanco en medio del Atl�ntico azul. Se hab�a sacrificado mucho para aquel momento: tributos y tesoros, costas y arrecifes de coral, carreras y vidas. (Al pie de cada torre de lanzamiento fuera de Ca�averal hab�a una placa grabada con los nombres de los quince obreros de la construcci�n que hab�an muerto durante el ensamblaje.) Jason daba golpecitos con el pie en un ritmo violento mientras la cuenta atr�s se reduc�a al �ltimo minuto, y me pregunt� si no ser�a un s�ntoma, pero me pill� mir�ndole y se inclin� hacia mi o�do para decirme.</p><p>�S�lo estoy nervioso. �T� no?</p><p>Ya hab�amos tenido problemas. En todo el mundo, ochenta de esos gigantescos cohetes hab�an sido construidos y preparados para el lanzamiento sincronizado de esta noche. Pero eran un modelo nuevo, no enteramente desprovisto de fallos. Cuatro hab�an sido retirados del lanzamiento por problemas t�cnicos. Tres de ellos iban retrasados en su cuenta atr�s, en un lanzamiento supuestamente sincronizado en todo el mundo, por los problemas t�picos: tubos de combustible defectuosos, fallos de software. Era inevitable y la planificaci�n de misi�n lo hab�a tenido en cuenta desde el principio, pero segu�a pareciendo ominoso.</p><p>Hab�an ocurrido tantas cosas y tan r�pidamente. Lo que transport�bamos esta vez no era biolog�a sino historia humana, y la historia humana, en palabras de Jase, ard�a como un fuego comparada con la lenta oxidaci�n de la evoluci�n. (Cuando �ramos mucho m�s j�venes, despu�s del Spin pero antes de que �l se marchara de la Gran Casa, Jase sol�a usar un truco de sal�n para ilustrar esa idea. �Extiende los brazos a los lados �dec�a� ponlos rectos�, y cuando te ten�a en la postura adecuada de crucifixi�n, dec�a: �Del dedo �ndice izquierdo al dedo �ndice derecho pasan en l�nea recta por tu coraz�n, �sa es la historia de la Tierra. �Sabes lo que es historia humana? La historia humana es la u�a de tu �ndice derecho. Ni siquiera toda la u�a. S�lo la peque�a parte blanca. La parte que te recortas cuando crece demasiado. Eso es el descubrimiento del fuego y la invenci�n de la escritura y Galileo y Newton y el alunizaje y el 11 de septiembre y la semana pasada y esta ma�ana. Comparados con la evoluci�n somos unos reci�n nacidos. Comparados con la geolog�a, apenas si existimos�).</p><p>Entonces la voz de la NASA anunci�: �Ignici�n�, y Jason aspir� aire entre los dientes y apart� algo la vista mientras nueve de diez cohetes, tubos huecos de explosivo l�quido m�s altos que el Empire State, detonaban hacia el cielo contra toda l�gica de la gravedad y la inercia, quemando toneladas de combustible para remontar los primeros cent�metros y vaporizando agua de mar para enmudecer un estruendo s�nico que de otra forma los hubiera sacudido hasta reducirlos a pedazos. Y entonces fue como si hubieran creado escalerillas de vapor y humo y treparan por ellas, su velocidad ahora era claramente visible, penachos de fuego que sobrepasaban las nubes que hab�an creado. Y ya se hab�an marchado, como en cualquier otro lanzamiento con �xito: fugaz y vivido como un sue�o, y ya se hab�an marchado.</p><p>El �ltimo cohete se retras� por un sensor defectuoso pero fue lanzado diez minutos despu�s. Llegar�a a Marte casi mil a�os despu�s que el resto de la flota, pero eso hab�a sido tenido en cuenta en la planificaci�n y pod�a ser buena cosa al final, una inyecci�n de tecnolog�a y conocimiento terrestres mucho despu�s de que los libros de papel y los lectores digitales de los colonos originales hubieran desaparecido convertidos en polvo.</p><empty-line/><p>Momentos despu�s la imagen de televisi�n cambi� a la Guayana Francesa, el viejo y muy expandido Centre National d�Etudes Spatiales en Kourou, donde uno de los grandes impulsores de la factor�a Aerospatiale se hab�a elevado 30 metros y luego hab�a perdido impulso, cayendo de vuelta a su plataforma en un hongo de llamas.</p><p>Murieron doce personas, diez a bordo del arca PEN y dos en tierra, pero fue la �nica tragedia conspicua de toda la secuencia de lanzamiento, y eso probablemente era buena suerte, si lo sumamos todo.</p><empty-line/><p>Pero �se no fue el final el ejercicio. Hacia medianoche (y eso me pareci� el indicador m�s claro de la grotesca disparidad entre el tiempo terrestre y el del Spin) la civilizaci�n humana en Marte habr�a fracasado por completo o llevar�a progresando desde hac�a cien mil a�os.</p><p>�sa es m�s o menos la cantidad de tiempo entre la aparici�n del <emphasis>Homo sapiens </emphasis>como especie diferenciada y ayer por la tarde.</p><p>Pas� mientras volv�a a mi casa de alquiler en coche desde Perihelio. Era completamente posible que dinast�as marcianas enteras aparecieran y cayeran mientras yo esperaba a que cambiaran los sem�foros. Pens� en esas vidas, vidas completamente humanas, comprimidas en un per�odo algo menor que un minuto de mi reloj� y me sent� mareado. V�rtigo del Spin. O algo m�s profundo.</p><p>Media docena de sat�lites de vigilancia fueron lanzados esa noche, programados para buscar signos de vida humana en Marte. Sus cargas �tiles volvieron en paraca�das a la tierra y fueron recuperadas antes de que amaneciera.</p><empty-line/><p>Vi los resultados antes de que se hicieran p�blicos.</p><p>Eso fue una semana despu�s de los lanzamientos de los Prometeos. Jason ten�a una cita reservada a las 10.30 en la enfermer�a, pendiente de los resultados del JPL. No cancel� la cita pero apareci� una hora m�s tarde con un sobre marr�n en la mano, claramente ansioso por hablar de algo no relacionado con su tratamiento. Le hice pasar r�pidamente a la sala de consultas.</p><p>�No s� qu� decirle a la prensa �dijo�. Acabo de estar en una conferencia telef�nica con el director de la ESA y una panda de bur�cratas chinos. Estamos intentando crear entre todos un borrador de una declaraci�n conjunta, pero tan pronto como los rusos est�n de acuerdo en una frase, los chinos quieren vetarla y viceversa.</p><p>��Una declaraci�n sobre qu�, Jase?</p><p>�Sobre los datos de los sat�lites.</p><p>��Tienes los resultados?</p><p>De hecho hac�a ya tiempo que deber�an haber sido hecho p�blicos. El JPL sol�a ser m�s r�pido a la hora de compartir sus fotos. Pero por lo que Jason hab�a dicho, supuse que alguien hab�a estado reteniendo los datos. Lo que significa que no eran lo que esperaban. Malas noticias, quiz�.</p><p>�Mira �dijo Jason.</p><p>Abri� el sobre marr�n y cas� dos fotos telesc�picas combinadas por ordenador, una encima de la otra. Ambas eran im�genes de Marte tomadas en �rbita de la Tierra tras los lanzamientos de los Prometeos.</p><p>La primera fotograf�a dejaba sin aliento. No era tan clara como la imagen enmarcada que ten�a en la sala de espera, ya que en �sta el planeta estaba lejos de su posici�n m�s cercana a Tierra; la definici�n que pose�a era todo un testimonio de las modernas tecnolog�as de procesamiento de imagen. Aparentemente no parec�a muy diferente de la foto enmarcada: pod�a divisar el verde suficiente para saber que la ecolog�a trasplantada segu�a intacta y activa.</p><p>�F�jate bien �dijo Jason.</p><p>Recorri� con el dedo la sinuosa l�nea de una depresi�n con aspecto de r�o. Hab�a lugares verdes con bordes regulares y bien definidos. Cuanto m�s me fijaba, m�s formas de ese estilo ve�a.</p><p>�Agricultura �dijo Jase.</p><p>Contuve el aliento y pens� en lo que significaba. Pens�: �Ahora hay dos planetas habitados en el sistema solar�. No hipot�ticamente, sino de verdad. La foto mostraba lugares donde viv�an personas, donde viv�an personas en Marte.</p><p>Quise mirar m�s. Pero Jason volvi� a meter la foto en el sobre, revelando la que estaba debajo.</p><p>�La segunda foto �dijo�, fue tomada veinticuatro horas despu�s.</p><p>�No entiendo.</p><p>�Se tom� desde la misma c�mara en el mismo sat�lite. Tenemos im�genes paralelas que confirman la validez del resultado. Parec�a un fallo en el sistema de procesamiento de imagen hasta que manipulamos el contraste lo suficiente para ver algo de luz estelar.</p><p>Pero en la foto no hab�a nada. Unas pocas estrellas, una gruesa nada central en forma de disco.</p><p>��Qu� es?</p><p>�Una membrana de Spin �dijo Jason�. Vista desde el exterior. Ahora Marte tiene una.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C.</p></title><p>�bamos hacia el interior desde Padang, hasta ah� entend�a, subiendo montes, circulando por carreteras que a veces eran suaves como la seda y a veces llenas de baches e irregularidades, hasta que el coche se detuvo frente a lo que en la oscuridad parec�a ser un bunker de hormig�n pero que en realidad deb�a ser (a juzgar por el creciente rojo bajo una deslumbrante bombilla de tungsteno) alg�n tipo de cl�nica. El conductor estaba molesto al ver adonde nos hab�a tra�do, m�s pruebas de que yo estaba enfermo, no simplemente borracho, pero Diane le introdujo m�s billetes en su mano y se march� de mejor humor si no contento del todo.</p><p>Ten�a problemas para mantenerme de pie. Me apoy� en Diane, que soport� mi peso valientemente, y nos quedamos solos en la noche h�meda, en una carretera desierta bajo la luz de la luna que cortaba a trav�s de las nubes desgarradas. Hab�a una cl�nica frente a nosotros, una gasolinera al otro lado del asfalto y nada m�s sino bosque y espacios abiertos que podr�an ser campos de cultivo. No hubo presencia humana visible hasta que la puerta con rejilla de la cl�nica rechin� al abrirse y una mujer baja y rotunda con falda larga y peque�a cofia blanca vino corriendo hacia nosotros.</p><p>��Ibu Diane! �dijo la mujer, con nerviosismo pero en voz baja, como si temiera que alguien pudiera o�rla, incluso a esa hora desierta�. �Bienvenida!</p><p>�Ibu Ina �dijo Diane respetuosamente.</p><p>��Y este debe de ser�?</p><p>�Pak Tyler Dupree. El que te dije.</p><p>��Demasiado enfermo para hablar?</p><p>�Demasiado enfermo para decir algo coherente.</p><p>�Pues entonces ser� mejor que lo llevemos adentro.</p><p>Diane me sostuvo por un lado y la mujer a la que hab�a llamado Ibu Ina me agarr� del brazo derecho por el hombro. No era joven, pero era fuerte. El pelo debajo de su cofia era gris y ralo. Ol�a a canela. A juzgar por c�mo arrugaba la nariz, yo ol�a a algo mucho peor.</p><p>Y entonces est�bamos dentro, pasamos por una sala de espera vac�a amueblada con sillas baratas de rat�n y metal hacia una consulta de aspecto bastante moderno, donde Diane me deposit� sobre una camilla acolchada e Ina dijo:</p><p>�Bueno, veamos qu� se puede hacer por �l.</p><p>Y entonces me sent� lo bastante a salvo para desmayarme.</p><empty-line/><p>Me despert� la llamada a la oraci�n de una mezquita lejana y el olor a caf� reci�n hecho.</p><p>Yac�a desnudo en el camastro de una habitaci�n de cemento con una �nica ventana, que era la �nica fuente de luz, una p�lida premonici�n del amanecer. El hueco de la entrada estaba cubierto con lo que parec�a una especie de encaje de bamb� y desde m�s all� me llegaba el sonido de alguien haciendo algo briosamente con tazas y cuencos.</p><p>Las ropas que llevaba puestas la noche pasada hab�an sido lavadas y estaban dobladas cerca del camastro. La fiebre hab�a remitido hasta el siguiente ataque, hab�a aprendido a reconocer esos peque�os oasis de bienestar, y ten�a las fuerzas suficientes para vestirme por m� mismo.</p><p>Estaba haciendo equilibrios sobre una pierna y apuntando la otra hacia el interior de mis pantalones cuando Ibu Ina mir� desde la cortina de canutillos de la entrada.</p><p>��As� que puede ponerse en pie! �dijo.</p><p>Por poco tiempo. Ca� hacia el camastro, a medio vestir. Ina entr� en la habitaci�n con un cuenco de arroz blanco, una cuchara y una copa de lat�n barnizados. Se arrodill� a mi lado y mir� a la bandeja de madera: �me sent�a con ganas de comer algo de lo que hab�a tra�do?</p><p>Descubr� que s� ten�a ganas. Por primera vez en muchos d�as ten�a hambre. Lo cual probablemente era bueno. Los pantalones me quedaban rid�culamente holgados, las costillas se me marcaban de forma obscena.</p><p>�Gracias �dije.</p><p>�Nos presentaron anoche �dijo, pas�ndome el cuenco�. �Lo recuerda? Mis disculpas por lo primitivo de su alojamiento. Esta habitaci�n sirve mejor para la ocultaci�n que para la comodidad.</p><p>Deb�a tener cincuenta o sesenta a�os. Ten�a la cara redonda y arrugada, sus rasgos concentrados en una luna de carne morena, una apariencia de manzana arrugada que se ve�a acentuada por su largo vestido negro y su cofia blanca. Si los amish se hubieran establecido en Sumatra Occidental hubieran podido producir algo muy parecido a Ibu Ina.</p><p>Su acento ten�a una cadencia puramente indonesia, pero su dicci�n era primorosamente correcta.</p><p>�Habla muy bien �dije, el �nico cumplido que se me ocurri� con tan poco tiempo.</p><p>�Gracias. Estudi� en Cambridge.</p><p>��Ingl�s?</p><p>�Medicina.</p><p>El arroz estaba bueno, aunque quiz� un poco soso. Me lo termin� de comer de forma ostensible para que viera que me gustaba.</p><p>��Quiz� querr� m�s luego?</p><p>�S�, gracias.</p><p><emphasis>Ibu </emphasis>era un t�rmino de respeto en la lengua minangkabau, usado para dirigirse a las mujeres. (El equivalente masculino era <emphasis>Pak). </emphasis>Lo que implicaba que Ina era una doctora minangkabau y que est�bamos en las tierras altas de Sumatra, posiblemente a la vista del monte Merapi. Todo lo que sab�a acerca del pueblo de Ina lo hab�a aprendido en la gu�a de viaje de Sumatra que hab�a le�do en el avi�n desde Singapur: que hab�a m�s de cinco millones de minangkabau viviendo en aldeas y ciudades en las tierras altas; muchos de los mejores restaurantes de Padang estaban en manos de minangkabau; eran famosos por su cultura matrilineal, su habilidad para los negocios y su mezcla de Islam y costumbres tradicionales, el <emphasis>adat.</emphasis></p><p>Nada de lo cual explicaba qu� hac�a yo en el trastero de la consulta de una doctora minang.</p><p>��Diane sigue durmiendo? �dije�. Porque no entiendo�</p><p>�Ibu Diane ha cogido el autob�s de vuelta a Padang, me temo. Pero aqu� est� a salvo.</p><p>�Esperaba que ella tambi�n estuviera a salvo.</p><p>�Estar�a m�s a salvo aqu� que en la ciudad, desde luego. Pero eso no sacar�a a ninguno de los dos de Indonesia.</p><p>��C�mo conoci� a Diane?</p><p>Ina sonri�.</p><p>��Puramente de suerte! O suerte principalmente. Diane estaba negociando un contrato con mi ex marido, Jala, que est� metido en el negocio de exportaci�n- importaci�n, entre otros, cuando se hizo evidente que los Nuevos Reformasi estaban demasiado interesados en ella. Trabajo un par de d�as al mes en el hospital estatal de Padang y qued� encantada cuando Jala me present� a Diane, aunque simplemente buscara un lugar para esconder temporalmente a un posible cliente. �Fue tan excitante conocer a la hermana de Pak Jason Lawton!</p><p>Eso me dej� perplejo por varias razones.</p><p>��Conoce a Jason?</p><p>�S� cosas acerca de �l� a diferencia de usted, nunca tuve el privilegio de hablar con �l. Oh, pero era una gran seguidora de las noticias sobre Jason Lawton en los primeros d�as del Spin. �Y usted era su m�dico personal! �y aqu� est� ahora, en la trasera de mi cl�nica!</p><p>�No estoy seguro de que Diane hiciera bien en mencionar todo eso. �Estaba seguro de que no era bueno. Nuestra �nica protecci�n era el anonimato, y ahora estaba en entredicho.</p><p>Ibu Ina parec�a abatida.</p><p>�Por supuesto �dijo ella�, hubiera sido mejor no mencionar ese nombre. Pero los extranjeros con problemas legales abundan en Padang. Hay una expresi�n: para parar un tren. Los extranjeros con problemas legales y m�dicos son a�n m�s problem�ticos. Diane debi� de descubrir que Jala y yo �ramos grandes admiradores de Jason Lawton� o puede que fuera simplemente un acto de desesperaci�n por parte de ella el invocar su nombre. Aun as�, no me lo cre�a del todo hasta que busqu� fotograf�as en internet. Supongo que uno de los inconvenientes de la fama debe ser que te est�n sacando fotos todo el rato. En cualquier caso, hab�a una fotograf�a de la familia Lawton, tomada a principios del Spin, pero la reconoc�. �Era cierto! Y entonces tambi�n deb�a de ser cierto lo que me hab�a contado sobre su amigo enfermo. Usted era el m�dico de Jason Lawton, y por supuesto del otro, el m�s famoso�</p><p>�S�.</p><p>�Aquel hombrecillo negro y arrugado.</p><p>�S�.</p><p>�Cuya medicina le est� enfermando.</p><p>�Cuya medicina, espero, tambi�n me est� poniendo mejor.</p><p>�Como ya lo ha hecho con Diane, o eso dice ella. Eso me interesa. � De verdad hay una edad adulta m�s all� de la edad adulta? �C�mo se siente?</p><p>�Podr�a estar mejor, francamente.</p><p>�Pero el proceso no ha terminado.</p><p>�No. El proceso no ha terminado.</p><p>�Entonces deber�a descansar. �Hay algo que pueda traerle?</p><p>�Ten�a unos cuadernos� papeles�</p><p>�En un paquete con el resto de su equipaje. Se los traer�. �Adem�s de m�dico tambi�n es escritor?</p><p>�S�lo temporalmente. Necesito poner algunos pensamientos por escrito.</p><p>�Quiz� cuando se sienta mejor podr�a compartir alguno de esos pensamientos conmigo.</p><p>�Quiz�, s�. Me encantar�a.</p><p>Se levant�.</p><p>�Especialmente sobre el hombrecillo negro y arrugado. El hombre de Marte.</p><empty-line/><p>Dorm� err�ticamente durante los dos d�as siguientes, despert�ndome sorprendido por el paso del tiempo, las noches repentinas y las ma�anas inesperadas, marcando como pod�a las horas por las llamadas a la oraci�n, el sonido del tr�fico, los ofrecimientos de arroz y huevos al curri de Ibu Ina, los peri�dicos y ba�os con esponja. Habl�bamos, pero las conversaciones se filtraban por mi memoria como la arena en un cedazo, y sab�a por su expresi�n que a veces me repet�a o que hab�a olvidado cosas que me hab�a dicho. Luz y oscuridad, luz y oscuridad; luego, repentinamente, Diane estaba arrodillada junto a Ina al lado de la cama, ambas mir�ndome con expresi�n sombr�a.</p><p>�Est� despierto �dijo Ibu Ina�. Por favor, disc�lpenme. Les dejar� solos.</p><p>Entonces s�lo estaba Diane a mi lado.</p><p>Llevaba una blusa azul, un pa�uelo blanco cubri�ndole el cabello oscuro, pantalones azules abolsados. Pod�a haber pasado por una urbanita residente en el centro de Padang, aunque era demasiado alta y p�lida para enga�ar de verdad a nadie.</p><p>�Tyler �dijo ella. Ten�a los ojos azules y muy abiertos�. �Est�s prestando atenci�n a tus fluidos?</p><p>��Tan mal aspecto tengo?</p><p>Me acarici� la frente.</p><p>�No es f�cil, �verdad?</p><p>�No esperaba que fuera indoloro.</p><p>�Otro par de semanas y se habr� acabado. Hasta entonces�</p><p>No ten�a que dec�rmelo. La droga empezaba a trabajar profundamente en el tejido muscular y nervioso.</p><p>�Pero �ste es un buen lugar donde quedarse �a�adi�. Tenemos antiespasm�dicos, analg�sicos decentes. Ina entiende lo que est� pasando. �Sonri� con tristeza�. Pero� no es exactamente lo que hab�amos planeado.</p><p>Hab�amos planeado nuestro anonimato. Cualquiera de las ciudades portuarias del Arco hubiera sido un buen lugar para que un norteamericano acomodado se perdiera. Hab�a optado por Padang no s�lo por su conveniencia (Sumatra era la masa de tierra m�s cercana al arco), sino porque su crecimiento econ�mico hiperr�pido y los recientes problemas con el gobierno de la Nueva Reformasi en Yakarta hab�an convertido a la ciudad en una anarqu�a funcional. Sufrir�a los efectos de la droga en alg�n hotel poco llamativo, y cuando hubiera terminado, cuando me hubiera reconstituido, comprar�amos un billete a alg�n lugar donde nada malo pudiera alcanzarnos. As� era como se supon�a que ten�a que haber sido.</p><p>Con lo que no hab�amos contado era con el rencor de la administraci�n Chaykin y su determinaci�n de dar ejemplo con nosotros, tanto por los secretos que guard�bamos como por los que ya hab�amos divulgado.</p><p>�Supongo que me dej� ver demasiado en los lugares equivocados �dijo Diane�. Hice reservas con dos colectivos <emphasis>rantau </emphasis>diferentes, pero ambos tratos fracasaron, de repente la gente no me hablaba y era obvio que est�bamos llamando demasiado la atenci�n. El consulado, los Nuevos Reformasi y la polic�a local ten�an nuestras descripciones. No eran descripciones del todo precisas, pero lo suficiente.</p><p>�Por eso le contaste a esta gente qui�nes �ramos.</p><p>�Se lo cont� porque ya lo sospechaban. Ibu Ina no, pero su ex, Jala, s�. Jala es un tipo muy astuto. Dirige una compa��a de transportes mar�timos relativamente respetable. Gran parte del cemento y del aceite de palma que pasa por el puerto de Teluk Bayur tambi�n pasa por uno u otro de los almacenes de Jala. El negocio del <emphasis>rantau gadang </emphasis>deja menos dinero pero est� libre de impuestos, y esos barcos que salen llenos de emigrantes no vuelven vac�os. Tambi�n tiene un negocio suplementario en el mercado negro de ganado vacuno y caprino.</p><p>�Parece un hombre que nos vender�a alegremente a los Nuevos Reformasi.</p><p>�Pero nosotros pagamos m�s. Y presentamos menos dificultades legales, siempre que no nos cojan.</p><p>��E Ina aprueba todo eso?</p><p>��Aprobar el qu�? �El <emphasis>rantau gadang? </emphasis>Tiene dos hijos y una hija en el nuevo mundo. �A Jala? Ella cree que es m�s o menos de confianza� si le pagas. �A nosotros? Cree que somos casi unos santos.</p><p>��Por Wun Ngo Wen?</p><p>�B�sicamente.</p><p>�Tuviste suerte de encontrarla.</p><p>�No es s�lo suerte.</p><p>�Pese a todo, deber�amos salir de aqu� lo m�s r�pidamente posible.</p><p>�Tan pronto como te encuentres mejor. Jala tiene un barco preparado, el <emphasis>Capetown Maru. </emphasis>Por eso he estado yendo y viniendo de aqu� a Padang. Hay m�s gente a la que tengo que pagar.</p><p>Nos est�bamos transformando r�pidamente de extranjeros con dinero a extranjeros que sol�an tener dinero.</p><p>�Aun as� �dije�, ojal� que�</p><p>�Ojal� �qu�? �Recorri� mi frente con su dedo, de un lado a otro, l�nguidamente.</p><p>�Ojal� que no tuviera que dormir solo.</p><p>Solt� una risilla y me puso la mano sobre el pecho. Sobre mi fam�lica caja tor�cica, sobre mi piel fea y con textura de cocodrilo. No era precisamente una invitaci�n a la intimidad.</p><p>�Hace demasiado calor para acurrucarse.</p><p>��Demasiado calor?</p><p>Yo tiritaba de fr�o.</p><p>�Pobre Tyler �dijo.</p><p>Quise decirle que tuviera cuidado. Pero cerr� los ojos y cuando los volv� a abrir ya se hab�a marchado de nuevo.</p><empty-line/><p>Inevitablemente hab�a cosas peores por venir, pero de hecho me sent� mejor durante los d�as siguientes: el ojo del hurac�n, lo hab�a llamado Diane. Era como si la droga marciana y mi cuerpo hubieran negociado un alto el fuego mientras ambos bandos reun�an sus fuerzas para la batalla definitiva.</p><p>Com� todo lo que me ofrecieron, y daba vueltas por la habitaci�n de vez en cuando, intentando canalizar algo de fuerza a mis esquel�ticas piernas. Si me hubiera sentido con m�s fuerzas, esa caja de cemento (en la que Ina guardaba sus suministros m�dicos antes de construir un almac�n m�s seguro junto a la cl�nica con sistema de alarma y cierre retardado) me hubiera podido parecer una celda. En aquellas circunstancias era de lo m�s acogedor. Apil� nuestras maletas en un rinc�n y las us� como una especie de escritorio, sentado en una esterilla de ca�as mientras escrib�a. El ventanuco alto dejaba entrar una cu�a de luz solar.</p><p>Tambi�n dejaba entrar la cara de un ni�o local, a quien hab�a pillado en dos ocasiones mir�ndome a escondidas. Cuando se lo mencion� a Ubu Ina asinti�, desapareci� durante unos cuantos minutos y volvi� arrastrando al chaval:</p><p>��ste es En �dijo ella, pr�cticamente tirando al ni�o a trav�s de la cortina hacia m�. En tiene diez a�os. Es muy listo. Quiere ser m�dico alg�n d�a. Tambi�n es mi sobrino. Desafortunadamente, su curiosidad se sobrepone a su sensatez. Trep� a lo alto del contenedor de basuras para ver que ten�a escondido en mi trastero. Imperdonable. Disc�lpate ante mi invitado, En.</p><p>En agach� la cabeza tan dr�sticamente que tem� que sus enormes gafas salieran volando de la punta de su nariz. Murmur� algo.</p><p>�En ingl�s �dijo Ina.</p><p>�<emphasis>�Lo siento!</emphasis></p><p>�Poco elegante pero directo al grano. �Hay algo que pueda hacer por usted, Pak Tyler, como compensaci�n por su mal comportamiento?</p><p>En estaba claramente pillado, as� que intent� que se librara de la bronca.</p><p>�Aparte de respetar mi intimidad, nada.</p><p>�Desde luego que respetar� su intimidad de ahora en adelante� �no es as�, En? �En se encogi� y asinti�. Sin embargo, yo s� tengo un trabajo para �l. En viene a la cl�nica casi todos los d�as. Si no estoy ocupada, le muestro unas pocas cosas. La l�mina anat�mica. El papel tornasol que cambia de color en vinagre. En afirma que me est� agradecido por esos favores. �Los asentimientos de En adquirieron un fervor casi espasm�dico�. As� que a cambio, y como compensaci�n por su grosera falta de <emphasis>budi </emphasis>com�n, En se convertir� en el centinela de la cl�nica. �Sabes lo que significa eso?</p><p>En dej� de asentir con la cabeza y puso cara de preocupaci�n.</p><p>�Significa �dijo Ibu Ina� que a partir de ahora har�s buen uso de tu vigilancia y curiosidad. Si alguien llega a la aldea preguntando por la cl�nica, alguien de la capital, quiero decir, especialmente si parecen o act�an como polic�as, entonces vendr�s corriendo inmediatamente a cont�rmelo.</p><p>��Aunque est� en la escuela?</p><p>�Dudo que los Nuevos Reformasi vayan a darte problemas en la escuela. Cuando est�s en la escuela, presta atenci�n a tus lecciones. El resto del tiempo, cuando est�s en la calle, en el <emphasis>xvarung, </emphasis>lo que sea, si ves u oyes algo relacionado conmigo, con la cl�nica o con Pak Tyler (al que <emphasis>no </emphasis>debes mencionar), ven a la cl�nica enseguida. �Comprendido?</p><p>�S� �dijo En, y murmur� algo m�s que no pude o�r.</p><p>�No �dijo Ina al instante�, no habr� ninguna paga, �vaya una pregunta! Aunque, si me siento complacida, puede que haya favores. Y ahora mismo no me siento complacida en absoluto.</p><p>En se escabull� a toda velocidad, su camiseta varias tallas mayor que la suya ondeaba como una estela.</p><p>Hacia el anochecer comenz� a llover, una lluvia densa y tropical que dur� d�as, durante los cuales escrib�, dorm�, com�, camin� y soport�.</p><empty-line/><p>Ibu Ina us� la esponja en mi cuerpo durante la oscuridad de una noche lluviosa, desprendiendo grandes cantidades de piel muerta.</p><p>�Cu�nteme algo de lo que recuerda de ellos �dijo�. Cu�nteme c�mo fue crecer con Diane y Jason Lawton.</p><p>Pens� en ello. O m�s bien, me sumerg� de cabeza en el estanque cada vez m�s turbio de mi memoria en busca de algo que ofrecerle, algo que fuera cierto y emblem�tico. No pesqu� exactamente lo que quer�a, pero algo flot� hasta la superficie: un cielo estrellado, un �rbol. El �rbol era un �lamo plateado, oscuramente misterioso.</p><p>�Una vez nos fuimos de acampada �dije�. Eso fue antes del Spin, pero no mucho antes.</p><p>La sensaci�n de desprenderme de la piel muerta era buena, al menos al principio, pero la dermis que quedaba al descubierto era sensible, reciente. El primer pase de la esponja era una caricia, el segundo era como yodo sobre un corte hecho con una hoja de papel.</p><p>��Los tres? �No eran demasiado j�venes para eso, para una excursi�n de acampada, quiero decir, tal y como se entienden esas cosas de donde viene? � O iban con sus padres?</p><p>�Sin nuestros padres. E. D. y Carol se iban de vacaciones una vez al a�o, a un complejo tur�stico o de crucero, preferiblemente sin ni�os.</p><p>��Y su madre?</p><p>�Prefer�a quedarse en casa. Fue una pareja que viv�a en la misma calle la que nos llev� a las Adirondacks junto con sus propios hijos, adolescentes que no quer�an saber nada de nosotros.</p><p>�Entonces, �por qu�? Oh, supongo que el padre querr�a congraciarse con E. D. Lawton, �para pedirle un favor, quiz�?</p><p>�Algo as�. No pregunt�. Ni Jason tampoco. Puede que Diane lo supiera� ella prestaba atenci�n a ese tipo de cosas.</p><p>�No tiene importancia. �Fueron a un camping en las monta�as? T�mbese de lado, por favor.</p><p>�El tipo de camping que tiene aparcamiento. No era exactamente naturaleza pr�stina. Pero era un fin de semana de septiembre y ten�amos el lugar para nosotros solos. Plantamos las tiendas e hicimos una hoguera. Los adultos� �record� su nombre�. Los Fitch cantaban canciones y nos hac�an cantar los estribillos. Deb�an tener grandes recuerdos de sus campamentos de verano. Era bastante deprimente, la verdad. Los Fitch adolescentes odiaban todo el asunto y se escond�an en su tienda a escuchar m�sica con auriculares. Los Fitch adultos al fin se dieron por vencidos y se fueron a la cama.</p><p>�Y dejaron a los tres ni�os sentados alrededor de la hoguera. �Era una noche despejada o una lluviosa, como �sta?</p><p>�Una clara noche de oto�o, muy diferente de esta, con sus coros de ranas y el tableteo de las gotas contra el techo. No hab�a luna pero s� abundancia de estrellas. No era templada pero tampoco hac�a fr�o de verdad, aunque hab�amos subido algo a las monta�as. Hac�a viento. Tanto viento que se pod�a o�r a los �rboles hablando entre s�.</p><p>La sonrisa de Ina se ensanch�.</p><p>��Los �rboles hablando entre s�? S�, conozco ese sonido. Ahora a la izquierda, por favor.</p><p>�El viaje hab�a sido tedioso pero ahora que s�lo est�bamos los tres empez�bamos a sentirnos bien. Jase sac� un linterna y nos apartamos unos metros del fuego, caminamos hasta un espacio abierto en una alameda, lejos de los coches, de las tiendas y de la gente, donde el terreno descend�a hacia el oeste. Jason nos mostr� la luz zodiacal que se alzaba en el cielo.</p><p>��Qu� es la luz zodiacal?</p><p>�Luz solar que se refleja en granos de hielo en el cintur�n de asteroides. A veces se puede ver en noches muy claras y oscuras. �O se pod�a, antes del Spin. �Segu�a habiendo luz zodiacal o la presi�n solar hab�a barrido el hielo?�. Sal�a del horizonte como el aliento en invierno, algo lejano, delicado.</p><p>Diane estaba fascinada. Escuch� la explicaci�n de Jason, y eso era cuando las explicaciones de Jason todav�a la fascinaban, todav�a no las hab�a dejado atr�s al crecer. Amaba su inteligencia, le amaba por su inteligencia�</p><p>��Como el propio padre de Jason, quiz�? Boca abajo, por favor.</p><p>�Pero no de esa forma posesiva. Era puro encantamiento que la dejaba patidifusa.</p><p>�Perd�n, �patidifusa?</p><p>�Con los ojos abiertos como platos. Entonces el viento empez� a arreciar y Jason encendi� la linterna y la apunt� a los �lamos para que Diane pudiera ver la forma en que se mov�an las ramas. �Con esas palabras me sobrevino un vivido recuerdo de Diane con un su�ter de punto al menos una talla demasiado grande para ella, con las manos perdidas en la lana, con los brazos entrecruzados, la cara alzada hacia el haz de luz y sus ojos que reflejaban esa misma luz en lunas solemnes�. Le mostr� la forma en que las ramas m�s grandes se agitaban como a c�mara lenta y las m�s peque�as m�s r�pido. Eso se deb�a a que cada rama y ramita ten�an lo que Jason llamaba frecuencia resonante. Y pod�as pensar en esas frecuencias resonantes como notas musicales, dijo. El movimiento del �rbol por el viento era en realidad una especie de m�sica en un tono demasiado bajo para el o�do humano, el tronco del �rbol cantaba una nota de bajo, las ramas cantaban en tenor y las ramitas tocaban el flaut�n. O, dijo Jason, pod�as pensar en ello en t�rminos de n�meros puros, cada resonancia, desde el viento mismo hasta el temblor de una hoja, haciendo un c�lculo dentro de un c�lculo dentro de un c�lculo.</p><p>�Lo describe de manera muy hermosa.</p><p>�Ni la mitad de hermosa que como lo describi� Jason. Era como si estuviera enamorado del mundo, o al menos de los patrones que hab�a en �l. La m�sica que conten�a. Ay.</p><p>�Lo siento. �Y Diane amaba a Jason?</p><p>�Amaba la idea de ser su hermana. Estaba orgullosa de �l.</p><p>��Y usted amaba la idea de ser su amigo?</p><p>�Supongo que s�.</p><p>�Y amaba a Diane.</p><p>�Y ella a usted.</p><p>�Quiz�. Eso quer�a yo.</p><p>�Entonces, si me permite la pregunta, �qu� fue mal?</p><p>��Qu� le hace pensar que algo fue mal?</p><p>�Todav�a se aman, eso es obvio. El uno al otro. Pero no como un hombre y una mujer que hayan estado juntos durante muchos a�os. Algo debi� separarlos. Disc�lpeme, ha sido muy impertinente por mi parte.</p><p>S�, algo nos hab�a separado. Muchas cosas. La m�s obvia, supongo, era el Spin. Diane sent�a un terror particular por el Spin, por razones que nunca entend� del todo; como si el Spin fuera un desaf�o y un reproche a todo aquello que la hac�a sentirse segura. �Qu� le hac�a sentirse segura? El ordenado progreso de la vida; amigos, familia, trabajo� una especie de sensatez fundamental de las cosas, que en la Gran Casa de E. D. y Carol Lawton ya debi� parecerle fr�gil, m�s deseado que real.</p><p>La Gran Casa la hab�a traicionado y al final incluso Jason la hab�a traicionado a ella: las ideas cient�ficas que �l le presentaba como regalos, que una vez le parecieron tan tranquilizadoras, los acogedores acordes mayores de Newton y Euclides, se volvieron extra�os y m�s ajenos: la longitud de Plank (por debajo de la cual las cosas ya no se comportaban como cosas); agujeros negros, sellados por su propia densidad imponderable en un reino m�s all� de la causa y el efecto; un universo que no s�lo se expand�a sino que aceleraba hacia su propio fin. Una vez me cont�, cuando San Agust�n todav�a estaba vivo, que cuando pon�a su mano sobre el pelaje del perro pod�a sentir su calor y su vitalidad� no contar los latidos de su coraz�n, ni reflexionar sobre los vastos espacios entre los n�cleos y los electrones que constitu�an su ser f�sico. Diane quer�a que San Agust�n fuera �l mismo y que fuera entero, no la suma de sus aterradoras partes, no un fugaz epifen�meno evolutivo en la vida de una estrella moribunda. Hab�a demasiada escasez de amor y afecto en su vida y cada instante de ella ten�a que ser contado y guardado en el cielo, aprovisionado contra el invierno del universo.</p><p>El Spin, cuando lleg�, debi� parecerle una monstruosa reivindicaci�n de la visi�n que su hermano ten�a del mundo, m�s a�n debido a la obsesi�n de Jason con el fen�meno. Claramente, hab�a vida inteligente en la galaxia; y era igual de obvio que no era como nosotros. Era inmensamente poderosa, aterradoramente paciente y completamente indiferente al terror que hab�a infligido al mundo. Al intentar imaginar a los Hipot�ticos uno pod�a tener la imagen mental de unos robots hiperinteligentes o inescrutables seres de energ�a; pero jam�s el toque de una mano, un beso, una cama calentita o un mundo que consuela.</p><p>As� que odiaba al Spin de una forma profundamente personal, y creo que fue ese odio el que al final la llev� a Simon Townsend y al movimiento NR. En la teolog�a del NR el Spin se convirti� en un acontecimiento sagrado pero tambi�n en algo subordinado: era grande, pero no tan grande como el Dios de Abraham; era conmovedor, pero no tan conmovedor como un Salvador crucificado, un sepulcro vac�o.</p><p>Le cont� algo de eso a Ina.</p><p>�Por supuesto �dijo ella�, no soy cristiana. Ni siquiera soy lo suficientemente isl�mica para satisfacer a las autoridades locales. Corrompida por el occidente ateo. �sa soy yo. Pero incluso en el Islam hubo movimientos as�. La gente balbuc�a cosas sobre el im�n Mehdi y Ad-Dajjal,<a l:href="#n_12" type="note">[12]</a> sobre Yajuj y Majuj bebi�ndose el mar de Galilea. Porque cre�an que as� ten�a m�s sentido. Ya est�. He terminado. �Acababa de rasparme las plantas de los pies�. �Siempre ha sabido todas esas cosas sobre Diane?</p><p>�Saber en qu� sentido? Sentido, sospechado, intuido� �pero sabido? No. No pod�a afirmarlo.</p><p>�Entonces quiz� la droga marciana est� cumpliendo con sus expectativas �dijo Ina mientras sal�a con su balde de acero inoxidable lleno de agua templada y su surtido de esponjas, dej�ndome con algo que pensar en la oscuridad de la noche.</p><empty-line/><p>Hab�a tres puertas que sal�an de la cl�nica de Ibu Ina. Una vez me ense�� el sitio, despu�s de que su �ltimo paciente se hubiera marchado con un dedo astillado.</p><p>�Esto es lo que he construido con mi vida �dijo�. Poca cosa, puede que crea. Pero la gente de esta aldea necesitaba algo entre aqu� y el hospital de Padang� que est� bastante lejos, especialmente si uno tiene que viajar en autob�s o las carreteras no son de fiar.</p><p>Una puerta era la principal, por donde entraban y sal�an sus pacientes.</p><p>Otra era la puerta trasera, reforzada con metal y resistente. Ina aparcaba su peque�o coche el�ctrico en el aparcamiento de tierra compactada detr�s de la cl�nica cuando llegaba por la ma�ana y la cerraba con llave cuando se marchaba por la noche. Estaba al lado de la habitaci�n donde viv�a yo y hab�a aprendido a reconocer el sonido de las llaves tintineando en la cerradura no mucho despu�s de la primera llamada a la oraci�n de la mezquita de la aldea situada a medio kil�metro de all�.</p><p>La tercera puerta era una puerta lateral, al fondo de un peque�o pasillo que tambi�n albergaba el ba�o y una hilera de armarios de suministros. Por esa puerta recog�a las entregas y era la ruta por la que En prefer�a entrar y salir.</p><p>En era exactamente como Ina lo hab�a descrito: t�mido pero brillante, suficientemente inteligente para obtener el t�tulo de m�dico en el que hab�a puesto sus esperanzas. Sus padres no eran ricos, dijo Ina, pero si obten�a una beca, hac�a los cursos previos en la Universidad de Padang, si sobresal�a, si encontraba una manera de pagar un t�tulo universitario�</p><p>�Entonces, �qui�n sabe? Puede que la aldea tenga otro doctor. As� fue como lo hice yo.</p><p>��Cree que volver�a para ejercer aqu�?</p><p>�Puede que s�. Nos vamos, volvemos.</p><p>Se encogi� de hombros, como si �se fuera el orden natural de las cosas. Y para los minang, lo era: el <emphasis>rantau, </emphasis>la tradici�n de enviar a los hombres j�venes fuera de sus hogares, era parte del sistema del <emphasis>adat, </emphasis>costumbre y obligaci�n. El <emphasis>adat, </emphasis>como el Islam conservador, hab�a sido corro�do por los �ltimos treinta a�os de modernizaci�n, pero segu�a latiendo bajo la superficie de la vida minang como un coraz�n.</p><p>En hab�a sido advertido de que no me molestara, pero poco a poco me perdi� el miedo. Con el permiso expreso de Ibu Ina, cuando yo estaba entre ataques de fiebre, En ven�a a mejorar su vocabulario ingl�s tray�ndome alimentos y diciendo sus nombres: <emphasis>silomak, </emphasis>arroz glutinoso; <emphasis>singgam ayam, </emphasis>pollo al curry. Cuando yo dec�a �Gracias�, En sol�a gritar ��De nada!� y sonre�r, mostrando una dentadura brillante pero extremadamente irregular: Ina intentaba convencer a sus padres de que le pusieran <emphasis>brackets.</emphasis></p><p>Ina compart�a una casita en la aldea con algunos parientes, aunque �ltimamente hab�a estado qued�ndose a dormir en una habitaci�n de consulta de la cl�nica, un espacio que no deb�a ser m�s confortable que mi adusta celda. Algunas noches, sin embargo, los deberes familiares requer�an que se fuera; esas noches sol�a anotar mi temperatura y estado, aprovisionarme con comida y agua y dejarme un busca por si hab�a una emergencia. Y entonces me quedaba solo hasta que su llave giraba en la cerradura a la ma�ana siguiente.</p><p>Pero una noche despert� de un sue�o fren�tico y laber�ntico con el sonido de la puerta lateral estremeci�ndose mientras alguien giraba el pomo intentando entrar. No era Ina. Puerta equivocada, hora equivocada. Era medianoche seg�n mi reloj, justo al comienzo de la parte m�s profunda de la noche; todav�a habr�a unos cuantos aldeanos en los <emphasis>warungs </emphasis>locales, coches circulando por la carretera principal, camiones intentando llegar a alg�n distante <emphasis>desa </emphasis>por la ma�ana. Quiz� fuera un paciente que esperaba que la doctora todav�a estuviera all�. O un adicto buscando drogas.</p><p>El giro del pomo ces�.</p><p>En silencio, me levant� y me puse unos vaqueros y una camisa. La cl�nica estaba a oscuras, mi celda estaba a oscuras. La �nica luz era la luna que entraba por el ventanuco� que fue eclipsada repentinamente.</p><p>Alc� la vista y vi el contorno de la cabeza de En como un planeta suspendido.</p><p>��Pak Tyler! �susurr�.</p><p>��En! Me has asustado. �De hecho la conmoci�n hab�a dejado sin fuerzas mis piernas. Ten�a que apoyarme en la pared para permanecer de pie.</p><p>��D�jeme entrar! �dijo En.</p><p>As� que fui descalzo hasta la puerta lateral y descorr� el pestillo. La brisa que entr� era c�lida y h�meda. En entr� corriendo despu�s de la brisa.</p><p>��D�jame hablar con Ibu Ina!</p><p>�No est� aqu�. �Qu� pasa, En?</p><p>Estaba profundamente desconcertado. Subi� las gafas al puente de la nariz.</p><p>��Pero necesito hablar con ella!</p><p>�Esta noche est� en casa. �Sabes d�nde vive?</p><p>En asinti� con adem�n infeliz.</p><p>�Pero dijo que viniera aqu� y se lo contara.</p><p>��Qu�? Quiero decir, �cu�ndo dijo eso?</p><p>�Si un desconocido pregunta por la cl�nica, tengo que venir aqu� y dec�rselo.</p><p>�Pero ella no est� �Entonces las implicaciones de lo que acababa de decir penetraron la bruma de mi fiebre incipiente. � En, �alguien en el pueblo ha estado preguntado sobre Ibu Ina?</p><p>Le sonsaqu� la historia. En viv�a con su familia en una casa detr�s de un <emphasis>warung </emphasis>(puesto de comidas) en el coraz�n de la aldea, a s�lo tres puertas del despacho del alcalde, el <emphasis>kepala desa. </emphasis>En, las noches que no pod�a dormir, era capaz de escuchar el murmullo de las conversaciones de los clientes del <emphasis>warung </emphasis>desde su cuarto. As� hab�a adquirido un acervo enciclop�dico, aunque pobremente entendido, de cotilleos de la aldea. Despu�s de que anocheciera normalmente eran los hombres los que se quedaban sentados bebiendo caf�, el padre de En, sus t�os y unos cuantos vecinos. Pero esa noche hubo dos desconocidos que llegaron en un gran coche negro y se acercaron a las luces del <emphasis>warung. </emphasis>Osados como b�falos de agua y sin presentarse, preguntaron c�mo encontrar la cl�nica local. Ninguno de los dos estaba enfermo. Llevaban ropas de ciudad, sus modales eran groseros y ten�an pinta de polic�as, as� que las direcciones que recibieron del padre de En eran vagas e imprecisas, y los enviar�an exactamente en la direcci�n equivocada.</p><p>Pero buscaban la cl�nica de Ina e inevitablemente terminar�an por encontrarla; en una aldea de este tama�o, el ir desencaminado en el mejor de los casos s�lo supon�a un retraso. As� que En se hab�a escabullido de su casa sin ser visto y se hab�a encaminado a la cl�nica, seg�n las �rdenes recibidas, para cumplir su parte del trato con Ibu Ina y advertirla del peligro.</p><p>�Bien hecho �le dije�. Buen trabajo, En. Ahora tienes que ir a la casa donde vive y cu�ntale todo eso.</p><p>Y mientras tanto, reunir�a mis posesiones y saldr�a de la cl�nica. Me imagin� que podr�a esconderme en los campos de arroz adyacentes hasta que se hubieran marchado. Me sent�a con fuerzas suficientes para eso. Probablemente.</p><p>Pero En se cruz� de brazos y se apart� de m�.</p><p>�Me dijo que la esperara <emphasis>aqu�.</emphasis></p><p>�Cierto. Pero no volver� hasta la ma�ana.</p><p>�Duerme aqu� la mayor�a de las noches. �Estir� el cuello, intentando ver el oscuro pasillo a mi espalda como si Ina pudiera salir de repente de la sala de consulta para darle la raz�n.</p><p>�S�, pero esta noche no. De verdad. En, puede que haya peligro. Esa gente puede ser enemiga de Ibu Ina, �entiendes?</p><p>Pero estaba preso de una feroz cabezoner�a innata. Aunque nos trat�bamos amistosamente, En segu�a desconfiando de m�. Tembl� un instante, con los ojos abiertos como un l�mur, y luego sali� disparado por mi lado hacia el interior de la cl�nica gritando ��Ina! �Ina!�</p><p>Fui tras �l, encendiendo las luces seg�n recorr�a la cl�nica.</p><p>Al mismo tiempo intentaba pensar coherentemente. Los tipos groseros que buscaban la cl�nica pod�an ser Nuevos Reformasi de Padang, o polic�as locales, o puede que trabajaran para la Interpol o el Departamento de Estado o cualquier otra agencia que la administraci�n Chaykin usara como martillo.</p><p>Y si estaba all� busc�ndome, �quer�a decir que hab�an encontrado e interrogado al ex marido de Ina, Jala? �Significaba que ya hab�an arrestado a Diane?</p><p>En entr� a trompicones en una sala de consulta a oscuras. Su frente colision� con una camilla de examen y se cay� de culo. Cuando llegu� a �l, estaba llorando sin emitir un solo sonido, asustado, las l�grimas le corr�an por las mejillas. El verdug�n que ten�a encima de la ceja izquierda parec�a inflamado, pero no peligroso.</p><p>Puse mis manos sobre sus hombros.</p><p>�En, no est� aqu�. De verdad. De verdad, de verdad que no est� aqu�. Y s� con completa seguridad que no querr�a que te quedaras aqu� a oscuras cuando podr�a suceder algo malo. �Verdad que no?</p><p>�<emphasis>Uh </emphasis>�dijo En, admitiendo mi argumento.</p><p>�As� que corre a casa, �vale? Te vas a casa y te quedas all�. Yo me ocupar� del problema y los dos veremos a Ibu Ina ma�ana. �Te parece bien?</p><p>En intent� cambiar su miedo por una expresi�n meditativa.</p><p>�Creo que s�dijo, dolorido.</p><p>Le ayud� a levantarse.</p><p>Pero entonces o� el sonido de la gravilla crujiendo bajo los neum�ticos frente a la cl�nica y ambos nos volvimos a agazapar.</p><empty-line/><p>Fuimos corriendo a la sala de recepci�n, desde donde mir� por las persianas de bamb� con En detr�s de m�, sus manitas enredadas en la tela de mi camisa.</p><p>El coche estaba parado bajo la luz de la luna, no reconoc� el modelo pero, a juzgar por el brillo oscuro que relumbraba, parec�a relativamente nuevo. Hubo un breve resplandor en la oscuridad del interior del veh�culo que pudo haber sido un mechero. Luego una luz mucho m�s brillante, un foco potente que barr�a el exterior desde la ventanilla del asiento del pasajero. Atraves� las persianas y proyect� sombras ondulantes sobre los carteles de higiene en la pared de enfrente. Agachamos las cabezas. En gimi�.</p><p>�� Pak Tyler? �dijo.</p><p>Cerr� los ojos y descubr� que me resultaba dif�cil volver a abrirlos. Detr�s de mis p�rpados vi molinetes y explosiones estelares. La fiebre otra vez. Un peque�o coro de voces interiores repiti�: �la fiebre otra vez, la fiebre otra vez�. Burl�ndose de m�.</p><p>��Pak Tyler!</p><p>En el peor momento. (�Peor momento, peor momento��)</p><p>�Ve a la puerta, En. A la puerta lateral.</p><p>��Venga conmigo!</p><p>Buen consejo. Volv� a comprobar la ventana. El foco se hab�a apagado. Me levant� y conduje a En por el corredor y m�s all� de los armarios de suministros hacia la puerta lateral, que hab�a dejado abierta. La noche era enga�osamente tranquila, enga�osamente invitadora; un tramo de tierra apisonada, un campo de arroz; el bosque, palmeras negras a la luz de la luna haciendo oscilar suavemente sus coronas.</p><p>La cl�nica quedaba entre nosotros y el coche.</p><p>�Corre directamente hacia el bosque �dije.</p><p>�Ya s� el camino�</p><p>�Mantente alejado de la carretera. Esc�ndete si tienes que hacerlo.</p><p>�Lo s�. �Venga conmigo!</p><p>�No puedo �dije, y lo dec�a en serio, literalmente no pod�a. En mi presente estado la idea de salir corriendo detr�s de un ni�o de diez a�os era absurda.</p><p>�Pero� �dijo En, y le di un peque�o empuj�n y le dije que no perdiera el tiempo.</p><p>En corri� sin mirar atr�s, desapareciendo con una velocidad casi preocupante entre las sombras, silencioso, peque�o, admirable. Le envidi�. En el silencio siguiente o� la puerta de un coche que se abr�a y cerraba.</p><p>La luna estaba tres cuartos llena, m�s rojiza y alejada de lo que sol�a estar, presentando un rostro diferente al que recordaba de mi ni�ez. Ya no hab�a Hombre de la luna; y esa oscura cicatriz ovoide sobre la superficie lunar, ese <emphasis>mare </emphasis>antiqu�simo pero reciente, que fue el resultado de un impacto masivo que fundi� el regolito desde el polo al ecuador y que ralentiz� la espiral gradual que alejaba a la luna de la Tierra.</p><p>Detr�s de m�, o� a los polic�as (supuse que dos de ellos) dando golpes a la puerta, anunci�ndose groseramente, intentando abrir la puerta a la fuerza.</p><p>Pens� en salir corriendo. Cre�a que pod�a correr, no tan bien como En, pero s� algo, hasta el campo de arroz. Y luego esconderme all�, y esperar que ocurriera lo mejor.</p><p>Pero entonces pens� en el equipaje que hab�a dejado en el trastero de Ina. Equipaje que no conten�a s�lo ropa, sino agendas electr�nicas y discos, peque�os fragmentos de memoria digital y comprometedoras ampollas de l�quido claro.</p><p>Volv� al interior. Dentro, pas� el pestillo de la puerta. Caminaba descalzo y alerta, atento a los sonidos de los polic�as. Puede que estuvieran rodeando el edificio o que lo intentaran de nuevo con la puerta principal. La fiebre regresaba con rapidez, sin embargo, y o�a muchas cosas, de las cuales s�lo unas pocas era probable que fueran ruidos reales.</p><p>De vuelta a la habitaci�n oculta de Ina la luz segu�a apagada. Me gui� por el tacto y la luz de la luna. Abr� una de las dos maletas r�gidas y met� un fajo de p�ginas manuscritas, la cerr�, la asegur�, la levant� y me tambale�. Entonces cog� la segunda maleta como lastre de estribor y descubr� que apenas pod�a caminar.</p><p>Casi tropec� con un peque�o objeto de pl�stico que reconoc�a como el busca de Ina. Me par�, deposit� el equipaje en el suelo, cog� el busca y me lo met� en el bolsillo de mi camisa. Entonces respir� profundamente un par de veces y volv� a levantar las maletas; misteriosamente, parec�a que se hab�an vuelto a�n m�s pesadas. Intent� decirme a m� mismo: �Puedes hacerlo�, pero las palabras eran banales y poco convincentes y me resonaron en la cabeza como si mi cr�neo se hubiera expandido hasta tener el tama�o de una catedral.</p><p>O� ruidos procedentes de la puerta trasera, la que Ina manten�a cerrada con un candado exterior: chasquidos met�licos y el gemido del pestillo, posiblemente una palanca insertada entre los cierres de la cerradura y tiraban. Pronto, inevitablemente, la cerradura ceder�a y los hombres del coche entrar�an en la cl�nica.</p><p>Me tambale� hasta la tercera puerta, la puerta de En, descorr� el pestillo y la abr� con la esperanza ciega de que no hubiera nadie fuera. No hab�a nadie. Ambos intrusos (si s�lo hab�a dos de ellos) estaban en la parte de atr�s. Susurraban entre s� mientras intentaban forzar la cerradura, sus voces eran d�bilmente audibles por encima de los coros de ranas y el ruido del viento.</p><p>No estaba seguro de poder llegar al escondite del campo de arroz sin que me vieran. Peor a�n, no estaba seguro de poder llegar sin caerme.</p><p>Pero entonces me lleg� un estr�pito persuasivo cuando el candado se separ� de la puerta. El pistoletazo de salida, pens�. Puedes hacerlo, pens�. Recog� mi equipaje y me tambale� descalzo en la noche estrellada.</p><p>��Has visto esto?</p></section><section><title><p>Hospitalidad</p></title><p>Molly Seagram hizo un gesto con la mano en direcci�n a la revista que hab�a sobre el mostrador de la recepci�n cuando entr� en la enfermer�a de Perihelio. Su expresi�n dec�a: �Malas vibraciones, malos presagios�. Era un ejemplar de una revista mensual de noticias, y la imagen de Jason ocupaba la portada. Titular: LA PERSONALIDAD PRIVADA DETR�S DE LA CARA P�BLICA DEL PROYECTO PERIHELIO.</p><p>�Asumo que no son buenas noticias.</p><p>Hizo un gesto poco comprometido.</p><p>�No es exactamente halagador. C�gelo. L�elo. Podemos hablar en la cena. �Le hab�a prometido llevarla a cenar�. Oh, y la se�ora Tuckman est� preparada y esperando en la cuadra n�mero tres.</p><p>Le hab�a pedido que no llamara cuadras a las salas de consulta, pero no merec�a la pena discutir. Deslic� la revista en mi bandeja de correo. Era una lenta y lluviosa ma�ana de abril y la se�ora Tuckman era mi �nico paciente previsto antes del almuerzo.</p><p>Era la esposa de un ingeniero del complejo y hab�a venido a verme tres veces en el �ltimo mes, quej�ndose de ansiedad y fatiga. La fuente de su problema no era dif�cil de adivinar. Hab�an pasado dos a�os desde que Marte qued� envuelto, y los rumores de despidos abundaban en Perihelio. La situaci�n financiera de su esposo era incierta y sus propios intentos por encontrar trabajo hab�an acabado en nada. Tragaba trankimazines a una velocidad alarmante y quer�a m�s, inmediatamente.</p><p>�Quiz� deber�amos considerar una medicaci�n diferente �dije.</p><p>�No quiero un antidepresivo, si es a eso a lo que se refiere.</p><p>Era una mujer menuda, ten�a el rostro, que era agradable en otras ocasiones, contra�do en una feroz mueca. Su mirada recorri� la consulta y se pos� un tiempo en la ventana mojada por la lluvia que daba al jard�n sur.</p><p>�En serio. Estuve seis meses con Paraloft y no paraba de tener que ir corriendo al ba�o.</p><p>�Eso �cu�ndo fue?</p><p>�Antes de que viniera usted. El doctor Koenig me lo recet�. Por supuesto, las cosas eran diferentes en aquel entonces. Apenas si ve�a a Cari de lo ocupado que estaba. Pasaba muchas noches sola. Pero al menos parec�a un empleo firme y seguro, algo que durar�a, supongo que deber�a haber dado gracias por mi suerte. �Eso no figura en mi, eh, expediente o como se llame?</p><p>Su historial estaba abierto en el escritorio que ten�a delante. Las notas del doctor Koenig a menudo eran dif�ciles de descifrar, aunque, amablemente, hab�a usado un bol�grafo rojo para se�alar las cosas de importancia vital: alergias, condiciones cr�nicas. Las entradas en el expediente de la se�ora Tuckman eran primorosas, lac�nicas y poco explicativas. Aqu� estaba la nota sobre el Paraloft, tratamiento suspendido a petici�n del paciente (fecha indescifrable), �paciente contin�a quej�ndose de nerviosismo, miedo al futuro�. �No ten�amos todos miedo al futuro?</p><p>�Y ahora no podemos contar ni con el trabajo de Cari. Mi coraz�n me lat�a tanto, quiero decir, tan r�pido, la pasada noche. Inusualmente r�pido. Pens� que pod�a ser� ya sabe.</p><p>��Qu�?</p><p>�Ya sabe. SDCV.</p><p>SDCV. S�ndrome de desgaste cardiovascular. Hab�a salido en las noticias en los �ltimos meses. Hab�a matado a miles de personas en Egipto y Sud�n, y se hab�an dado casos en Grecia, Espa�a y el sur de los EE. UU. Era una infecci�n bacteriana de desarrollo lento, que en un pa�s tropical del tercer mundo podr�a ser un problema potencial, pero tratable con f�rmacos modernos. La se�ora Tuckman no ten�a nada que temer del SDCV y as� se lo dije.</p><p>�La gente dice que es cosa de ellos.</p><p>��El qu� es de qui�nes, se�ora Tuckman?</p><p>�La enfermedad. Los Hipot�ticos. Es cosa de ellos.</p><p>�Todo lo que he le�do sugiere que el SDCV pas� a los humanos desde el ganado. �Segu�a siendo una enfermedad que afectaba principalmente a los ungulados y que diezmaba con regularidad a los reba�os del norte de �frica.</p><p>�Ganado. Ja. Pero claro, eso no se lo contar�an, �verdad? Quiero decir, no lo dir�an en las noticias.</p><p>�El SDCV es una enfermedad grave. Si la tuviera a estas alturas estar�a hospitalizada. Su pulso es normal y su electro est� bien.</p><p>No parec�a convencida. Al final le recet� un ansiol�tico alternativo, b�sicamente lo mismo que el trankimazin con una cadena molecular lateral diferente, con la esperanza de que el nuevo nombre comercial, si no el f�rmaco en cuesti�n, tuvieran alg�n efecto �til. La se�ora Tuckman sali� de mi consulta algo m�s contenta, agarrando la receta en su mano como si fuera un pergamino sagrado.</p><p>Me sent� in�til y algo fraudulento.</p><p>Pero el estado de la se�ora Tuckman estaba lejos de ser �nico. El mundo entero bull�a de ansiedad. Lo que una vez pareci� nuestra mejor apuesta por un futuro, la terraformaci�n y colonizaci�n de Marte, hab�a terminado en impotencia e incertidumbre, lo que no nos dejaba m�s futuro que el Spin. La econom�a global hab�a empezado a oscilar, los consumidores y las naciones acumulaban deudas que esperaban no tener que pagar jam�s, mientras los acreedores acumulaban fondos y las tasas de inter�s escalaban nuevas cimas. La religiosidad extrema y la criminalidad brutal hab�an aumentado a la par, en casa y en el resto del mundo. Los efectos eran especialmente devastadores en las naciones del tercer mundo, donde la hiperinflaci�n y las hambrunas recurrentes ayudaban a revivir movimientos militantes marxistas e islamistas.</p><p>La tangente psicol�gica no era dif�cil de entender. Ni la violencia. Much�sima gente guardaba rencores, pero s�lo aquellos que hab�an perdido la fe en el futuro era probable que aparecieran en el trabajo con un arma autom�tica y una lista de objetivos. Los Hipot�ticos, fuera queriendo o no, hab�an incubado exactamente ese tipo de desesperaci�n terminal. Los descontentos suicidas eran legi�n, y sus enemigos inclu�an a todos y cada uno de los norteamericanos, brit�nicos, canadienses, daneses, etc�tera; o, por el contrario, a todos los musulmanes, gentes de piel oscura, los que no hablaban ingl�s, inmigrantes; todos los cat�licos, fundamentalistas, ateos; todos los liberales, todos los conservadores� Para esa gente el acto culmen de claridad moral era un linchamiento o un atentado suicida, una <emphasis>fatwa </emphasis>o un exterminio en masa. Y estaban en auge, ascendiendo como estrellas negras sobre un paisaje terminal.</p><p>Viv�amos en tiempos peligrosos. La se�ora Tuckman lo sab�a, y todas las benzodiacepinas del mundo no la convencer�an de lo contrario.</p><empty-line/><p>Durante el almuerzo me asegur� una mesa en la parte de atr�s de la cafeter�a de empleados, donde beb� un caf� a sorbos haci�ndolo durar lo m�s posible, contempl� la lluvia que ca�a sobre el aparcamiento y hoje� la revista que Molly me hab�a dado.</p><p><emphasis>Si hay una ciencia de la Spinolog�a, </emphasis>comenzaba el art�culo, <emphasis>Jason Lawton ser�a su Newton, su Einstein, su Stephen Hawking.</emphasis></p><p>Que era exactamente lo que E. D. siempre hab�a pretendido que la prensa dijera de su hijo y lo que Jase siempre temi� o�r.</p><empty-line/><cite><p><emphasis>Desde las inspecciones radiol�gicas a los estudios de permeabilidad, desde la ciencia pura al debate filos�fico, apenas hay un �rea del Spin que sus ideas no hayan tocado y transformado. Sus art�culos publicados son abundantes y citados con frecuencia. Su asistencia convierte somnolientas conferencias acad�micas en acontecimientos medi�ticos. Como director en funciones de la Fundaci�n Perihelio ha ejercido una poderosa influencia en la pol�tica aeroespacial norteamericana y global en la era del Spin.</emphasis></p><p><emphasis>Pero entre todos sus logros reales, y la promoci�n exagerada, que rodea a Jason Lawton, es f�cil olvidar que Perihelio fue fundado por su padre, Edward Dean (E. D.) Lawton, que sigue teniendo un puesto prominente en el comit� rector y en el gabinete presidencial. Y algunos dir�an que la imagen p�blica del hijo tambi�n es creaci�n del Lawton de mayor edad, m�s misterioso, igualmente influyente y cuya imagen es mucho menos p�blica.</emphasis></p></cite><empty-line/><p>El art�culo prosegu�a relatando con detalle la carrera de E. D. desde sus inicios: el enorme �xito de sus telecomunicaciones mediante aer�statos despu�s del Spin, su adopci�n virtual por tres administraciones sucesivas, la creaci�n de la Fundaci�n Perihelio.</p><empty-line/><cite><p><emphasis>Originalmente se concibi� como un comit� de expertos y grupo de presi�n de la industria aeroespacial, pero Perihelio al final se reinvent� como una agencia del gobierno federal, dise�ando misiones espaciales relacionadas con el Spin y coordinando el trabajo de docenas de universidades, institutos de investigaci�n y centros de la NASA. De hecho, el declive de la �vieja NASA� fue debido al auge de Perihelio. Hace una d�cada la relaci�n fue formalizada y un Perihelio sutilmente reorganizado fue adjuntado a la NASA como �rgano asesor. En realidad, seg�n dicen fuentes internas, fue Perihelio el que se anexion� a la NASA. Y mientras el joven prodigio llamado Jason Lawton encandilaba a la prensa, su padre continu� tirando de los hilos.</emphasis></p></cite><empty-line/><p>El art�culo procedi� a cuestionar la larga relaci�n de E. D. con la administraci�n Garland y suger�a un esc�ndalo potencial: ciertos equipos de instrumentaci�n hab�an sido manufacturados por valor de varios millones de d�lares cada uno por una peque�a firma de Pasadena dirigida por uno de los viejos colegas de E. D., aunque Ball Aerospace hab�a ofertado una propuesta a menor coste.</p><p>Viv�amos una campa�a electoral en la que ambos partidos mayoritarios hab�an engendrado facciones radicales. Garland, un republicano reformista que obviamente no era bien visto por la revista y que ya hab�a tenido dos mandatos, y Preston Lomax, vicepresidente de Clayton y sucesor ungido, que iba a la cabeza de las recientes encuestas. El �esc�ndalo� en realidad no era tal. La propuesta de Ball hab�a sido m�s barata pero el equipo que hab�an dise�ado era menos efectivo; los ingenieros de Pasadena hab�an comprimido m�s instrumentaci�n en un peso equivalente.</p><p>Eso fue lo que le dije a Molly mientras cen�bamos en Champs, a un par de kil�metros carretera abajo desde Perihelio. No hab�a nada realmente nuevo en el art�culo. Las insinuaciones eran m�s pol�ticas que reales.</p><p>��E importa �pregunt� Molly� que sea verdad o no? Lo importante es c�mo nos est�n retratando. De repente es l�cito que un medio de comunicaci�n de los grandes se meta con Perihelio.</p><p>En otro lado de la revista una editorial describ�a el proyecto Marte como �el despilfarro m�s colosal de la historia, costoso en vidas humanas as� como en dinero contante y sonante, un monumento a la habilidad humana de sacar provecho personal incluso de una cat�strofe global�. El autor era un escritor de discursos para el Partido Cristiano Conservador.</p><p>�El PCC es due�o de esta revistucha. Eso lo sabe todo el mundo.</p><p>�Quieren cerrarnos.</p><p>�No nos cerrar�n. Aunque Lomas pierda las elecciones. Aunque nos recorten hasta dejarnos s�lo con misiones de vigilancia, somos el �nico ojo en el Spin que tiene la naci�n.</p><p>�Lo que no significa que no nos despidan a todos y nos reemplacen.</p><p>�Las cosas no est�n tan mal.</p><p>No parec�a muy convencida.</p><p>Molly era la enfermera/recepcionista que hab�a heredado del doctor Koenig cuando llegu� a Perihelio. Durante casi cinco a�os hab�a sido un mueble de oficina cort�s, profesional y eficiente. Hab�amos intercambiado poco m�s que charla amena, mediante la cual yo hab�a llegado a saber que estaba soltera, que era tres a�os m�s joven que yo y que viv�a en un apartamento sin ascensor lejos del oc�ano. Nunca me hab�a parecido especialmente parlanchina y supuse que ella lo prefer�a de esa forma.</p><p>Entonces, hac�a menos de un mes, Molly se hab�a dirigido a m� mientras recog�a su bolso para volverse a casa en coche un jueves por la noche y me pregunt� si me gustar�a ir con ella a cenar.</p><empty-line/><p>��Por qu�?</p><p>�Porque me he cansado de esperar que me lo pidas t�. �Entonces? �S�? �No?</p><p>�S�.</p><p>Molly result� ser lista, astuta, c�nica y mejor compa��a de lo que esperaba. Llev�bamos compartiendo comidas en Champs desde hac�a tres meses. Nos gustaba el men� (sin pretensiones) y la atm�sfera (estudiantil). A menudo pensaba que Molly estaba m�s guapa en aquel reservado tapizado de vinilo de Champs que en ning�n otro sitio, agraci�ndolo con su presencia, d�ndole una cierta dignidad. Su larga melena rubia le ca�a lacia esa noche gracias a la enorme humedad. El verde de sus ojos era un efecto deliberado, lentillas de colores, pero a ella le sentaban bien.</p><p>��Has le�do el recuadro? �pregunt�.</p><p>�Le ech� un vistazo. �El recuadro en el art�culo principal de la revista era un perfil de la vida de Jason contrastada con una vida privada bien impenetrable o inexistente. <emphasis>Sus conocidos dicen que su hogar est� tan escasamente amueblado como su vida amorosa. Nunca ha habido rumores de ninguna novia, prometida o c�nyuge de cualquier sexo. Uno tiene la impresi�n de que es un hombre que no est� simplemente casado con sus ideas, sino que est� dedicado a ellas de una manera casi patol�gica. Y en muchos aspectos Jason Lawton, como la propia Fundaci�n Perihelio, permanece bajo la asfixiante influencia de su padre. Pese a todos sus logros, todav�a tiene que demostrar que es su propio due�o.</emphasis></p><p>�Al menos esa parte s� suena a cierta �dijo Molly.</p><p>��S�? Jason puede estar un poco absorto en s� mismo, pero�</p><p>�Atraviesa la recepci�n como si yo no existiera. Quiero decir, es trivial, pero no es precisamente cordial. �C�mo va su tratamiento?</p><p>�No lo estoy tratando de nada, Moll. �Molly hab�a visto el historial de Jason, pero yo no hab�a anotado nada sobre su EMA�. Viene a charlar.</p><p>�Claro. Y a veces cuando viene a charlar viene pr�cticamente cojeando. No, no tienes por qu� cont�rmelo. Pero no estoy ciega. Para tu informaci�n. De todas formas, ahora est� en Washington, �no?</p><p>Estaba all� m�s tiempo del que pasaba en Florida.</p><p>�Hay muchas conversaciones en marcha. La gente est� tomando posiciones para el per�odo poselectoral.</p><p>�As� que se est� cociendo algo.</p><p>�Siempre se est� cociendo algo.</p><p>�Quiero decir en Perihelio. El personal auxiliar se da cuenta de cosas. �Sabes qu� es extra�o? Acabamos de adquirir otros cien acres de terreno al oeste de la valla. Se lo o� a Tim Chesley, el taqu�grafo en recursos humanos. Supuestamente, los peritos vendr�n la pr�xima semana.</p><p>��Para qu�?</p><p>�Nadie lo sabe. Quiz� nos estamos expandiendo. O quiz� nos estamos convirtiendo en un centro comercial.</p><p>Era la primera noticia que ten�a.</p><p>�Est�s fuera de onda �dijo Molly, sonriendo�. Necesitas contactos. Contactos como yo.</p><empty-line/><p>Despu�s de cenar nos fuimos al apartamento de Molly, donde pas� la noche.</p><p>No describir� aqu� los gestos, miradas y toques con los que negociamos nuestra intimidad. No porque sea un mojigato, sino porque parece que he perdido esos recuerdos. Perdidos por el paso del tiempo, perdidos por la reconstrucci�n. Y s�, soy consciente de la iron�a impl�cita. Puedo citar el art�culo de la revista sobre el que discutimos y puedo contar qu� cenamos en Champs� pero todo lo que queda de ese acto es una borrosa instant�nea mental: una habitaci�n tenuemente iluminada, una brisa h�meda que hac�a ondear cortinajes en una ventana abierta, sus ojos verdes cerca de los m�os.</p><empty-line/><p>Al cabo de un mes Jason estaba de vuelta en Perihelio, recorriendo los pasillos como si estuviera imbuido de una nueva y extra�a energ�a.</p><p>Se hab�a tra�do consigo un ej�rcito de personal de seguridad, uniformados de negro y de origen incierto pero que seg�n se cre�a proced�an del Departamento del Tesoro. A �sos les siguieron a continuaci�n un peque�o batall�n de contratistas y peritos que atestaban los pasillos y se negaban a hablar con el personal residente. Molly me mantuvo informado de los rumores: el complejo ser�a expandido; nos iban a despedir a todos; nos iban a subir el sueldo a todos. En resumen: algo pasaba.</p><p>Durante casi toda una semana no o� nada de Jason. Entonces, una tarde de jueves poco activa, me envi� un mensaje al busca para que me reuniera con �l en el segundo piso: �Hay alguien a quien quiero que conozcas�.</p><p>Antes de llegar a la escalera, que ahora estaba fuertemente vigilada, ya hab�a recogido por el camino una escolta de guardias armados con pases de m�xima seguridad que me llevaron a una sala de conferencias del piso de arriba. No era un saludo casual, obviamente. Esto eran asuntos muy privados de Perihelio de los que no deber�a ser part�cipe. Una vez m�s, aparentemente, Jason hab�a decidido compartir sus secretos. Un privilegio que nunca dejaba de acarrear sus propios problemas. Inspir� profundamente y empuj� la puerta.</p><p>La habitaci�n conten�a una mesa de caoba, media docena de sillas lujosas y dos hombres adem�s de m�.</p><p>Uno de los hombres era Jason.</p><p>El segundo hombre pod�a haber sido confundido con un ni�o. Un ni�o horriblemente quemado que necesitaba desesperadamente un implante de piel: �sa fue mi primera impresi�n. Este individuo, de apenas metro y medio de alto, estaba de pie en una esquina de la habitaci�n. Llevaba unos vaqueros azules y una simple camiseta blanca de algod�n. Era ancho de hombros, los ojos abiertos de par en par e inyectados en sangre, y sus brazos parec�an un poco demasiado grandes para su torso comprimido.</p><p>Pero lo que m�s llamaba la atenci�n de su persona era la piel. Su piel no ten�a brillo, era de un negro ceniza y carec�a de pelo por completo. No estaba arrugado en el sentido convencional de la palabra; la piel no le colgaba, como la de un sabueso, pero ten�a una textura profunda, estriada como la corteza de algunos melones.</p><p>El hombrecillo se acerc� a m� y me tendi� la mano. Una mano peque�a y arrugada al extremo de un largo brazo arrugado. Le di la m�a, con vacilaci�n. Dedos de momia, pens�. Pero carnosos, plenos, como las hojas de una planta del desierto, era como agarrar un pu�ado de aloe vera y sentir que te agarraba a su vez. La criatura sonri�.</p><p>��ste es Wun �dijo Jason.</p><p>��Un <emphasis>qu�?</emphasis></p><p>Wun se rio. Ten�a los dientes grandes, romos e inmaculados.</p><p>��Nunca me canso de esa broma estupenda!</p><p>Su nombre completo era Wun Ngo Wen, y ven�a de Marte.</p><empty-line/><p>El hombre de Marte.</p><p>Era una descripci�n enga�osa. Los marcianos tienen una larga tradici�n literaria, desde Wells a Heinlein. Pero en realidad, por supuesto, Marte era un planeta muerto. Hasta que nosotros lo arreglamos. Hasta que alumbramos a nuestros propios marcianos.</p><p>Y ah�, aparentemente, ten�a un esp�cimen vivo, humano en un 99,9 por ciento, si bien de dise�o algo extra�o. Una <emphasis>persona </emphasis>marciana, milenario descendiente, gracias al tiempo comprimido del Spin, de los colonos que enviamos hac�a s�lo dos a�os. Hablaba un ingl�s de entonaci�n meticulosa. Su acento sonaba mitad a Oxford y mitad a Nueva Delhi. Se pase� por la habitaci�n. Cogi� una botella de agua de manantial de la mesa, desenrosc� el tap�n y bebi� largamente. Se limpi� la boca con el antebrazo. Gotitas de agua perlaron su carne corrugada.</p><p>Me sent� e intent� no quedarme mirando de manera impertinente mientras Jase me lo explicaba.</p><p>Aqu� est� lo que me cont�, un poco simplificado y rellenado con detalles que descubrir�a m�s tarde.</p><p>El marciano hab�a abandonado el planeta poco antes de que la membrana del Spin le fuera impuesta.</p><p>Wun Ngo Wen era historiador y ling�ista, y relativamente joven para los est�ndares marcianos: cincuenta y cinco a�os terrestres y f�sicamente en forma. Era un acad�mico de oficio, que en aquel momento estaba sin trabajo pendiente del destino que le asignar�an; donaba su labor a las cooperativas agr�colas, y se encontraba pasando un flamestre en el delta del r�o Kirioloj, en lo que nosotros llam�bamos Argyre Planitia <emphasis>(Epu Baryal) </emphasis>cuando le lleg� la convocatoria al servicio.</p><p>Como miles de otros hombres y mujeres de su edad y clase, Wun hab�a enviado sus credenciales a los comit�s que estaban dise�ando y coordinando un viaje espacial a la Tierra, sin tener ninguna esperanza real de ser seleccionado. De hecho, era relativamente t�mido por naturaleza y nunca se hab�a aventurado demasiado lejos de su propia prefectura, excepto por viajes de estudios y reuniones familiares. Se sinti� profundamente consternado cuando su nombre fue elegido, y si no hubiera entrado recientemente en la Cuarta Edad, hubiera rechazado la petici�n. <emphasis>�Seguramente</emphasis> habr�a alguien m�s capacitado que �l para esa tarea? Pues no, aparentemente no; sus talentos e historial eran excepcionalmente adecuados para la tarea, y las autoridades insist�an; as� que puso en paz sus asuntos (que no eran muchos) y subi� a un tren hacia el complejo de lanzamiento de Basalto Seco (en nuestros mapas, Tharsis), donde recibi� entrenamiento para representar a las Cinco Rep�blicas en una misi�n diplom�tica a la Tierra.</p><p>La tecnolog�a marciana s�lo hab�a abrazado recientemente la idea del viaje espacial tripulado. En el pasado, a los concejos gubernamentales les hab�a parecido una aventura extremadamente desaconsejable, que pod�a atraer la atenci�n de los Hipot�ticos, un malgasto de recursos que requer�a actos de manufactura a gran escala que verter�an vol�tiles no presupuestados en una biosfera meticulosamente administrada y enormemente vulnerable. Los marcianos eran conservadores por naturaleza, acaparadores por instinto. Sus tecnolog�as biol�gica y a peque�a escala eran antiguas y sofisticadas, pero su base industrial era escasa y ya hab�a sido sometida a un esfuerzo considerable por la exploraci�n no tripulada de las diminutas e in�tiles lunas del planeta.</p><p>Pero hab�an observado y especulado sobre la Tierra amortajada por el Spin durante siglos. Sab�an que el planeta oscuro era la cuna de la humanidad, y hab�an aprendido mediante observaci�n con telescopios y los datos que llegaron con un arca PEN tard�a que la membrana que la rodeaba era penetrable. Entend�an la naturaleza temporal del Spin, aunque no los mecanismos que la hab�an producido. Un viaje de Marte a la Tierra, seg�n razonaron, si bien f�sicamente posible, ser�a dif�cil y poco pr�ctico. La Tierra, despu�s de todo, estaba est�tica; un explorador que penetrara en la oscuridad terrestre se quedar�a atrapado all� durante milenios, aunque, seg�n su propia percepci�n del tiempo, pusiera rumbo a casa al d�a siguiente.</p><p>Pero los vigilantes astr�nomos hab�an descubierto estructuras c�bicas que se constru�an a s� mismas a cientos de kil�metros sobre los polos marcianos. Artefactos Hipot�ticos, casi id�nticos a los que estaban asociados a la Tierra. Tras cien mil a�os de soledad imperturbada, Marte finalmente hab�a atra�do la atenci�n de las criaturas omnipotentes y carentes de rostro con las que compart�a el sistema solar. La conclusi�n era ineludible: Marte pronto quedar�a bajo su propia membrana de Spin. Poderosas facciones acordaron una consulta con la amortajada Tierra. Se hizo acopio de escasos recursos. Se dise�� y se construy� un veh�culo espacial. Y Wun Ngo Wen, ling�ista y acad�mico profundamente familiarizado con los fragmentos que todav�a quedaban de historia terrestre y sus lenguajes, fue reclutado para el viaje� para su consternaci�n.</p><p>Wun Ngo Wen hizo las paces con la probabilidad de su propia muerte incluso mientras preparaba su cuerpo para el confinamiento y la debilitaci�n de un largo viaje espacial y los rigores de un entorno terrestre de alta gravedad. Wun hab�a perdido a la mayor parte de su familia cercana en la inundaci�n del Kirioloj que hab�a tenido lugar tres a�os antes, una de las razones por las que se hab�a presentado voluntario para el viaje, y una de las razones por las que hab�a sido aceptado. Para Wun, el riesgo de muerte era una carga menos pesada de lo que hubiera sido para la mayor�a de sus pares. Sin embargo, la muerte no era algo que buscara; esperaba evitarla por completo. Se entren� vigorosamente. Aprendi� las idiosincrasias y complejas peculiaridades de su veh�culo. Y si los Hipot�ticos abrazaban Marte, y no es que deseara tal cosa, significar�a que tendr�a una oportunidad de regresar, no a un planeta vuelto ajeno por millones de a�os, sino a su propio hogar, preservado con todos sus recuerdos y p�rdidas contra la erosi�n del tiempo.</p><p>Aunque, por supuesto, no hab�a previsto ning�n viaje de regreso. El veh�culo de Wun era s�lo de ida. Si alguna vez volv�a a Marte ser�a por la generosidad de los terrestres, que muy generosos tendr�an que ser, pens� Wun, para darle un billete de vuelta a casa.</p><p>Y as� Wun Ngo Wen hab�a saboreado lo que probablemente ser�a su �ltima mirada a Marte (las planicies recorridas por barrancos creados por la erosi�n de vientos de Basalto Seco, <emphasis>Odos on Epu-Epia) </emphasis>antes de que lo colocaran en la c�mara de vuelo del primitivo cohete multietapa de hierro y cer�mica que lo llev� al espacio.</p><p>Pas� gran parte del viaje subsiguiente en un estado de letargo metab�lico inducido por drogas, pero aun as� fue una amarga y debilitadora prueba de resistencia. La membrana del Spin marciano ocup� su puesto mientras �l todav�a estaba en tr�nsito, y durante el resto del vuelo Wun qued� aislado, cercenado de ambos mundos por la discontinuidad temporal, el que ten�a delante y el que quedaba atr�s. Por temible que fuera el Spin, pens�, �ser�a en algo diferente a este silencio sedado, su custodia meditabunda de una m�quina diminuta que ca�a interminablemente por un vac�o inhumano?</p><p>Sus horas de verdadera consciencia llegaban y se retiraban como mareas. Se refugi� en las enso�aciones y en el sue�o forzado.</p><p>Su veh�culo, que aunque primitivo en muchos aspectos estaba equipado con sistemas de navegaci�n y gu�a sutiles y semiinteligentes, gast� la mayor parte de sus reservas de combustible frenando en una �rbita alta alrededor de la Tierra. El planeta que ten�a debajo era una nada negra, su luna un enorme disco giratorio. Las sondas microsc�picas del veh�culo de Wun tomaron muestras de los confines de la atm�sfera, generando telemetr�a con un viraje al rojo cada vez mayor antes de desaparecer en el Spin, informaci�n suficiente para calcular un �ngulo de entrada. Su veh�culo espacial estaba equipado con una formaci�n de superficies de vuelo, frenos aerodin�micos y paraca�das desplegables, y con suerte le llevar�a a trav�s de la turbulenta atm�sfera del planeta hasta la superficie sin cocerlo ni aplastarlo. Pero mucho depend�a de la suerte. Demasiado, en opini�n de Wun. Se sumergi� en una cuba de gel protector e inici� el descenso final, completamente preparado para morir.</p><p>Despert� para encontrar que su veh�culo s�lo ligeramente chamuscado descansaba en un campo de nabicoles en Manitoba del sur, rodeado por unos hombres curiosamente p�lidos y de piel lisa, algunos de los cuales llevaban lo que reconoci� como equipos de aislamiento biol�gico. Wun Ngo Wen emergi� de su nave espacial, con el coraz�n martille�ndole, los m�sculos pesados como plomo y doloridos en esa terrible gravedad, pulmones agredidos por el aire demasiado denso y aislante, y r�pidamente fue puesto bajo custodia.</p><p>Pas� el mes siguiente en una burbuja pl�stica en una habitaci�n en el Centro de Control de Epizootias del Departamento de Agricultura en Plum Island, cerca de la costa de Long Island en nueva York. Durante ese tiempo aprendi� a hablar un lenguaje que s�lo hab�a conocido por antiguos registros escritos, ense�ando a sus labios y lengua a acomodarse a las ricas modalidades de sus vocales, refinando su vocabulario mientras se esforzaba por explicarse ante unos desconocidos sombr�os o intimidantes. Ese fue un per�odo dif�cil. Los terr�colas eran criaturas p�lidas y larguiruchas que no se parec�an en nada a lo que hab�a imaginado mientras descifraba antiguos documentos. Muchos eran p�lidos como fantasmas, record�ndole las historias sobre la Polilla de Ascuas que lo hab�an aterrorizado cuando era ni�o: casi esperaba que se alzara al lado de su cama como Huid de Phraya, exigiendo un brazo o una pierna como tributo. Sus sue�os eran inquietos y desagradables.</p><p>Segu�a, afortunadamente, en posesi�n de sus habilidades como ling�ista, y no pas� mucho antes de que le presentaran a hombres y mujeres de poder y posici�n que resultaron ser mucho m�s hospitalarios que sus captores iniciales. Wun Ngo Wen cultiv� esas amistades �tiles, esforz�ndose por dominar los protocolos sociales de una cultura antigua y confusa y esperando el momento apropiado en el que comunicar la propuesta que hab�a transportado a tal coste, tanto personal como p�blico, entre ambos mundos humanos.</p><empty-line/><p>�Jason �dije cuando lleg� aproximadamente a este mismo punto de la narrativa �. Para. Por favor. Se detuvo.</p><p>��Tienes alguna pregunta, Tyler?</p><p>�Ninguna pregunta. S�lo que� es mucho que absorber. �Pero �lo entiendes? �Me sigues? Porque voy a tener que contar esta historia m�s de una vez. Quiero que me salga fluida. �Me sale?</p><p>�Fluye bien. �Cont�rsela a qui�n?</p><p>�A todo el mundo. A los medios de comunicaci�n. Vamos a hacerla p�blica.</p><p>�No quiero seguir siendo un secreto �dijo Wun Ngo Wen�. No vine aqu� a esconderme. Tengo cosas que decir. �Volvi� a destapar su botella de agua�. �Te gustar�a algo de esto, Tyler Dupree? Tienes aspecto de necesitar beber.</p><p>Tom� la botella de sus dedos regordetes y arrugados y di un gran trago.</p><p>�Bueno �dije� �nos convierte esto en hermanos de agua?</p><p>Wun Ngo Wen parec�a perplejo. Jason solt� una enorme carcajada.</p></section><section><title><p>Cinco fotograf�as del delta del Kirioloj</p></title><p>Es dif�cil capturar la brutal locura de los tiempos.</p><p>Algunos d�as casi parec�a liberadora. M�s all� de nuestra trivial ilusi�n del cielo, el sol segu�a expandi�ndose, las estrellas se quemaban o nac�an, un planeta muerto hab�a sido imbuido de vida y hab�a evolucionado una civilizaci�n que rivalizaba o superaba a la nuestra. M�s cerca de casa, los gobiernos eran depuestos y reemplazados, y sus reemplazos derrocados; las religiones, filosof�as e ideolog�as se metamorfoseaban y se fund�an y engendraban reto�os mutantes. El viejo y ordenado mundo empezaba a derrumbarse. Nada crec�a en las ruinas. Cog�amos el amor cuando estaba verde y sabore�bamos su acidez: Molly Seagram me amaba, supon�a, principalmente porque yo estaba disponible. �Y por qu� no? El verano se acababa y la cosecha parec�a incierta.</p><p>El largo tiempo difunto movimiento del Nuevo Reino hab�a empezado a parecer al mismo tiempo presciente y completamente mojigato; su t�mida rebeli�n contra el antiguo consenso eclesi�stico era una sombra de nuevas devociones mucho m�s extremas. Aparec�an cultos dionis�acos como setas en todas partes del mundo occidental, despojados de la piedad y la hipocres�a del viejo NR: clubs de sexo con banderas o s�mbolos sagrados. No desde�aban los celos humanos, sino que los abrazaban o incluso se deleitaban en ellos: los amantes despechados prefer�an las pistolas del 45 a corta distancia, una rosa roja sobre el cuerpo de la v�ctima. Era la tribulaci�n reconfigurada como drama isabelino.</p><p>Simon Townsed, si hubiera nacido una d�cada despu�s, podr�a haberse tropezado con una de esas ramas de espiritualidad a lo Quentin Tarantino. Pero el fracaso del NR lo hab�a dejado desilusionado y anhelando algo m�s simple. Diane me segu�a llamando de vez en cuando, una vez al mes o as�, cuando los auspicios eran favorables y Simon no estaba en casa, para ponerme al d�a de su situaci�n o simplemente recordar los viejos tiempos, avivando los recuerdos como si fueran rescoldos para calentarse al calor de ese fuego. No hab�a mucho calor en casa, aparentemente, aunque su situaci�n financiera hab�a mejorado un poco. Simon se ocupaba del mantenimiento a tiempo completo del Tabern�culo del Jord�n, su peque�a iglesia independiente; Diane hac�a trabajos administrativos temporales de vez en cuando que a menudo la dejaban sin nada que hacer en su apartamento o escabull�ndose a la biblioteca local para leer libros que Simon desaprobaba: novela contempor�nea, acontecimientos actuales. El Tabern�culo del Jord�n, dijo ella, era una iglesia del �desapego al siglo�; a los parroquianos se les animaba a apagar la tele y evitar los libros, los peri�dicos y otros productos culturales ef�meros. O se arriesgaban a enfrentarse al �xtasis en una condici�n impura.</p><p>Diane nunca defend�a esas ideas, nunca me daba un serm�n, pero las aceptaba, ten�a mucho cuidado de no cuestionarlas. A veces me volv�a un poco impaciente con todo eso.</p><p>�Diane �dije una noche�, �de verdad te crees todas esas cosas?</p><p>��Qu� �cosas�, Tyler?</p><p>�Elige la que quieras. No tener libros en casa. Los Hipot�ticos como agentes de la parus�a. Toda esa mierda. � (Hab�a bebido una cerveza de m�s).</p><p>�Simon s� cree en ello.</p><p>�No te he preguntado por Simon.</p><p>�Simon es m�s devoto de lo que soy yo. Le envidio por eso. S� c�mo debe sonar �Tira esos libros a la basura�, como si estuviera comport�ndose de forma monstruosa, arrogante. Pero no es as�. Es un acto de humildad, de verdad, un acto de sumisi�n. Simon puede entregarse a Dios de una forma que yo no soy capaz.</p><p>�Qu� afortunado, Simon.</p><p>�Simon es afortunado. T� no puedes verlo, pero est� en paz. Ha encontrado una especie de ecuanimidad en Jord�n. Puede mirar al Spin a la cara y sonre�r, porque sabe que est� salvado.</p><p>��Y qu� pasa contigo? �T� no est�s salvada?</p><p>Dej� que un largo silencio se deslizara por la l�nea telef�nica.</p><p>�Ojala la cuesti�n fuera tan simple. De verdad que s�. A veces pienso que no se trata de mi fe. Quiz� la fe de Simon baste para los dos. Que es tan poderosa que yo puedo subirme a ella y dejar que me lleve un trecho. Es muy paciente conmigo, de verdad. Lo �nico sobre lo que discutimos es sobre tener ni�os. La iglesia nos anima a ello. Y yo lo entiendo, pero con el dinero que tenemos, y� ya sabes� tal y como est� el mundo�</p><p>�No es una decisi�n que se te pueda forzar a tomar.</p><p>�No quer�a insinuar que me est� forzando. �Ponlo en las manos de Dios�, me dice. �Ponlo en las manos de Dios y todo saldr� bien.�</p><p>�Pero eres demasiado lista para creerte eso.</p><p>��Lo soy? Oh, Tyler, espero que no. Espero que no sea verdad.</p><empty-line/><p>Molly, por otro lado, no quer�a tener nada que ver con lo que llamaba �toda esa mierda de Dios�. S�lvese quien pueda, �sa era la filosof�a de Molly. Especialmente, dec�a, si el mundo se estaba despegando y ninguno de nosotros iba a vivir m�s all� de los cincuenta a�os.</p><p>�No tengo intenci�n de pasarme ese tiempo arrodillada.</p><p>Era dura por naturaleza. La familia de Molly eran granjeros. Se hab�an pasado diez a�os en discusiones legales sobre un proyecto de extracci�n de petr�leo a partir de arenas bituminosas lim�trofe con su propiedad y que estaba envenenando lentamente sus tierras. Al final cambiaron su rancho por un acuerdo fuera de tribunales lo suficientemente grande para permitirles un c�modo retiro para ellos y una educaci�n decente para su hija. Pero era el tipo de experiencia, dec�a Molly, que encallecer�a el culo de un �ngel.</p><p>Poca cosa del cambiante paisaje social la sorprend�a. Una noche nos sentamos frente a la tele mirando las noticias sobre los disturbios de Estocolmo. Una multitud de pescadores de bacalao y radicales religiosos tiraban ladrillos por las ventanas e incendiaban coches; los helic�pteros de la polic�a rociaron a la muchedumbre con espuma inmovilizadora hasta que gran parte de la Gamla Stan parec�a algo que hubiera tosido un Godzilla tuberculoso. Hice un comentario idiota sobre lo mal que se comporta la gente cuando est�n asustados, y Molly dijo:</p><p>�Vamos, Tyler, �de verdad tienes algo de simpat�a por esos gilipollas?</p><p>�No he dicho eso, Moll.</p><p>��El Spin les da carta blanca para destrozar el edificio de su parlamento? �Porque est�n asustados?</p><p>�No es una excusa. Es un motivo. No tienen futuro. Creen que est�n condenados.</p><p>�Condenados a morir. Bueno, bienvenidos a la condici�n humana� Ellos morir�n, t� morir�s, yo morir� �y cuando no ha sido �se el caso?</p><p>�Todos somos mortales, pero sol�amos tener el consuelo de que la especie humana continuar�a sin nosotros.</p><p>�Pero las especies tambi�n son mortales. Lo �nico que ha cambiado es que de repente no hay una salida en el nebuloso futuro. Es posible que todos muramos juntos de forma espectacular dentro de unos a�os� pero eso sigue siendo s�lo una posibilidad. Puede que los Hipot�ticos nos mantengan con vida mucho m�s tiempo, sean cuales sean sus indescifrables razones.</p><p>��Y eso no te asusta?</p><p>��Por supuesto que s�! Todo eso me asusta. Pero �se no es motivo para salir a la calle a matar gente. �Gesticul� hacia la tele. Alguien hab�a lanzado una granada al Riksdag�. Esto es tan insoportablemente est�pido. No se consigue nada. Es un ejercicio hormonal. Es simiesco.</p><p>�No puedes fingir que no te afecta.</p><p>Me sorprendi� ri�ndose.</p><p>�No� �se es tu estilo, no el m�o.</p><p>��Lo es?</p><p>Agach� la cabeza pero volvi� a alzarla, casi desafiante.</p><p>�La forma en que siempre te has comportado ante el Spin. La misma forma en que te comportas con los Lawton. Te utilizan, te ignoran, y t� sonr�es como si fuera el orden natural de las cosas. �Me observ� para ver mi reacci�n. Era demasiado testarudo para dejarla ver una�. Simplemente creo que hay mejores formas de vivir el fin del mundo.</p><p>Pero no me dijo qu� mejores formas eran �sas.</p><empty-line/><p>Todos los que trabaj�bamos en Perihelio hab�amos firmado una cl�usula de confidencialidad cuando nos contrataron, todos nosotros hab�amos sido inspeccionados a fondo por Homeland Security. �ramos discretos y respet�bamos la necesidad de mantener dentro de la casa lo que dec�an los jefazos. Las filtraciones pod�an asustar a los comit�s del Congreso, avergonzar a amigos poderosos y asustar a los que financiaban.</p><p>Pero ahora ten�amos un marciano viviendo en el complejo, la mayor parte del ala norte hab�a sido convertida en alojamientos temporales para Wun Ngo Wen y sus cuidadores, y �se era un secreto dif�cil de guardar.</p><p>De todas formas tampoco se podr�a ocultar mucho tiempo m�s. Para cuando Wun lleg� a Florida, gran parte de la �lite de Washington y varios jefes de Estado extranjeros ya hab�an o�do hablar de �l. El Departamento de Estado le hab�a concedido un estatus legal ad hoc y planeaba presentarlo internacionalmente cuando llegara la ocasi�n propicia. Sus cuidadores ya lo estaban preparando para la inevitable presi�n medi�tica.</p><p>A lo mejor se pod�a haber enfocado de otra forma su aparici�n. Se le pod�a haber presentado mediante las Naciones Unidas, haberse hecho p�blica su presencia inmediatamente. La administraci�n Garland recibir�a con toda seguridad un cierto vapuleo por mantenerlo escondido. El Partido Cristiano Conservador ya insinuaba que �el gobierno sabe m�s de lo que dice sobre los resultados del proyecto de terraformaci�n�, con la esperanza de hacer que el presidente hiciera una declaraci�n p�blica o dejar a su sucesor, Lomax, al descubierto y vulnerable. Habr�a cr�ticas, eso era inevitable; pero Wun hab�a comentado su deseo de no convertirse en un objeto de debate electoral. Quer�a hacerse p�blico, pero esperar�a hasta noviembre, dijo, para anunciarse.</p><p>Pero la existencia de Wun Ngo Wen ya era el m�s notorio de los secretos que rodeaban su llegada. Hab�a otros. Fue un verano extra�o en Perihelio.</p><p>Jason me llam� para que fuera al ala norte ese agosto. Me reun� con �l en su despacho, su despacho de verdad, no la oficina elegantemente decorada donde recib�a a los visitantes oficiales y la prensa; el despacho era un cubo sin ventanas con un escritorio y un sof�. Estaba sentado en su silla entre pilas de publicaciones cient�ficas, llevaba unos Levi�s y una sudadera grasienta, y parec�a que hab�a crecido en medio de aquel desorden como un vegetal hidrop�nico. Sudaba. Eso no era buena se�al con Jase.</p><p>�Estoy perdiendo mis piernas de nuevo �dijo.</p><p>Despej� un espacio en el sof� y esper� a que diera m�s detalles.</p><p>�He estado teniendo peque�os episodios desde hace dos semanas. Lo normal, pinchazos y hormigueos por la ma�ana. Nada que no pueda superar. Pero no cesa. De hecho, empeora. Creo que habr� que ajustar la medicaci�n.</p><p>Puede que s�, pero no me gustaba lo que le estaba haciendo la medicaci�n. Para ese entonces Jase se tomaba diariamente un buen pu�ado de p�ldoras: potenciadores de mielina para ralentizar la p�rdida de tejido nervioso, aceleradores neurol�gicos para ayudar al cerebro a recablear las �reas da�adas, y medicaci�n secundaria para tratar los efectos secundarios de la medicaci�n primaria. �Podr�amos aumentar la dosis? Posiblemente. Pero el proceso ten�a un umbral de toxicidad que se encontraba alarmantemente pr�ximo. Hab�a perdido peso y hab�a perdido algo que quiz� fuera m�s importante: un cierto equilibrio emocional. Jase a menudo hablaba m�s r�pido de lo que sol�a y sonre�a menos. As� como anta�o parec�a completamente c�modo en su cuerpo, ahora se mov�a como una marioneta: cuando alargaba la mano para coger una taza, su mano pasaba de largo del objetivo y ten�a que retroceder para una segunda intercepci�n.</p><p>�En cualquier caso �dije�, tendremos que preguntarle al doctor Malmstein su opini�n.</p><p>�No hay forma humana de que pueda salir de aqu� el tiempo suficiente para ir a verlo. Las cosas han cambiado, por si no te has dado cuenta. �Podemos hacer una consulta telef�nica?</p><p>�Quiz�. Lo preguntar�.</p><p>�Y mientras tanto, �puedes hacerme otro favor?</p><p>��De qu� se trata, Jase?</p><p>�Expl�cale mi problema a Wun. Dale un par de libros de texto sobre el tema.</p><p>��Textos m�dicos? �Por qu�? �Es m�dico?</p><p>�No exactamente, pero se trajo consigo un mont�n de informaci�n. Las ciencias biol�gicas marcianas est�n considerablemente m�s avanzadas que las nuestras. � (Esto lo dijo con una sonrisa torcida que fui incapaz de interpretar) �. Cree que puede ayudarnos.</p><p>��Lo dices en serio?</p><p>�Bastante en serio. Deja de poner cara de perplejidad. �Hablar�s con �l?</p><p>Un hombre de otro planeta. Un hombre con cien mil a�os de historia marciana a sus espaldas.</p><p>�Bueno, claro �dije�. Ser� un privilegio hablar con �l. Pero�</p><p>�Entonces arreglar� las cosas.</p><p>�Pero si tiene el tipo de conocimiento m�dico que puede tratar la EMA con efectividad, necesita ponerse en contacto con m�dicos mejores que yo.</p><p>�Wun se trago enciclopedias enteras. Ya hay gente revisando los archivos marcianos, partes de ello, en cualquier caso, buscando informaci�n �til, m�dica y de otros tipos. Esto s�lo es una diversi�n secundaria.</p><p>�Me sorprende que tenga tiempo libre para una diversi�n secundaria.</p><p>�Se aburre m�s de lo que creer�as. Y tambi�n va corto de amigos. Pens� que le gustar�a pasar algo de tiempo con alguien que no crea que es un salvador o una amenaza. A corto plazo, sin embargo, s� que me gustar�a que hablaras con Malmstein.</p><p>�Por supuesto.</p><p>�Y ll�male desde tu casa, �vale? Ya no conf�o en los tel�fonos de por aqu�.</p><p>Sonri� como si hubiera dicho algo divertido.</p><p>Durante aquel verano sal�a ocasionalmente a pasear por la playa p�blica al otro lado de la autopista frente a mi apartamento.</p><p>No era gran cosa como playa. Un largo espig�n sin nada la proteg�a de la erosi�n y la convert�a en in�til para los surferos. En las tardes abrasadoras los viejos moteles examinaban las arenas con ojos vidriosos y s�lo unos pocos turistas desanimados se ba�aban los pies en la espuma de las olas.</p><p>Me sent� sobre una ardiente pasarela de tablones de madera suspendida sobre matojos, observando a las nubes que se reun�an en el horizonte oriental y pensado en lo que hab�a dicho Molly que fing�a que el Spin no me afectaba (y sobre los Lawton), aparentando una ecuanimidad que no pose�a en realidad.</p><p>Quer�a darle cr�dito a Molly. A lo mejor era as� como yo aparec�a a sus ojos.</p><p>�Spin� era un nombre tonto pero inevitable para lo que le hab�a hecho a la Tierra. Es decir, era mala f�sica, nada giraba ni con m�s fuerza ni m�s r�pido de lo que lo hac�a antes, pero era una met�fora adecuada. En realidad la Tierra estaba m�s quieta que nunca. Pero �la sensaci�n era que todo giraba descontrolado? Pues s�. Hab�a que aferrarse a algo o caer hacia el olvido.</p><p>As� que quiz� me aferraba a los Lawton, no s�lo a Jason y Diane sino a todo su mundo, la Gran Casa y la Peque�a Casa, lealtades de una ni�ez perdida. Quiz� era el �nico asidero al que pod�a aferrarme. Y quiz� tampoco era tan mala cosa. Si Moll ten�a raz�n, todos ten�amos que agarrarnos a algo o perdernos. Diane se hab�a agarrado a la fe. Jason a la ciencia.</p><p>Y yo a Jason y Diane.</p><p>Dej� la playa cuando llegaron las nubes, uno de esos chubascos inevitables de las tardes de finales de agosto, el cielo oriental bullendo de rel�mpagos, la lluvia comenzando a atenuar las tristes terrazas de color pastel de los moteles. Ten�a las ropas h�medas para cuando llegu� a casa. Tardaron horas en secarse con la humedad ambiental. La tormenta pas� a medianoche pero dej� detr�s una quietud f�tida e hirviente.</p><p>Molly vino a verme despu�s de cenar y descargamos una pel�cula moderna, uno de esos dramones familiares Victorianos que tanto le gustaban. Despu�s de la pel�cula ella se fue a la cocina a preparar unas bebidas mientras yo llamaba a David Malmstein desde el tel�fono de la otra habitaci�n. Malmstein dijo que le gustar�a ver a Jason �tan pronto como fuera posible� pero cre�a que pod�amos aumentar la medicaci�n, siempre y cuando Jason y yo estuvi�ramos alerta ante cualquier reacci�n adversa.</p><p>Colgu� el tel�fono, sal� de la habitaci�n y me encontr� con Molly en el pasillo con una copa en cada mano y una expresi�n perpleja.</p><p>��Adonde te hab�as ido?</p><p>�Era s�lo una llamada.</p><p>��Algo importante?</p><p>�No.</p><p>��A ver c�mo estaba un paciente?</p><p>�Algo as� �dije.</p><empty-line/><p>A los pocos d�as Jase hab�a arreglado un encuentro entre Wun Ngo Wen y yo en los alojamientos de Wun en Perihelio.</p><p>El embajador marciano viv�a en una habitaci�n que hab�a amueblado a su gusto mediante cat�logos. El mobiliario era ligero, de mimbre, y bajo. Una estera cubr�a el suelo de lin�leo. Hab�a un ordenador encima de un sencillo escritorio de pino. Hab�a dos estantes de libros a juego con el escritorio. Aparentemente los marcianos decoraban sus casas como estudiantes universitarios reci�n casados.</p><p>Proporcion� a Wun el material t�cnico que quer�a: un par de libros sobre la etiolog�a y tratamiento de la esclerosis m�ltiple, m�s una serie de especiales del <emphasis>Journal of the American Medical Association </emphasis>sobre la EMA. La EMA, seg�n las corrientes de pensamiento m�dico actuales, no era EM para nada; era como una enfermedad completamente diferente, un trastorno gen�tico con s�ntomas parecidos a la de la EM y una degradaci�n similar de las fundas de mielina que protegen el tejido nervioso humano. La EMA se distingu�a por su gravedad, su r�pido avance y su resistencia a las terapias est�ndar. Wun dijo que no estaba familiarizado con la enfermedad pero que mirar�a sus archivos en busca de informaci�n.</p><p>Le di las gracias pero plante� la objeci�n obvia: no era m�dico, y la fisiolog�a marciana era decididamente inusual. A�neme encontrara una terapia, �funcionar�a en el caso de Jase?</p><p>�No somos tan diferentes como crees. Una de las primeras cosas que hizo tu gente fue secuenciar mi genoma. Es indistinguible del tuyo.</p><p>�No pretend�a ofender.</p><p>�No estoy ofendido. Cien mil a�os son una separaci�n muy grande, lo suficiente para que ocurra lo que los bi�logos llaman especiaci�n. Sin embargo, por lo que parece tu gente y la m�a son completamente interf�rtiles. Las diferencias obvias entre nosotros son adaptaciones superficiales a un entorno m�s fr�o y seco.</p><p>Hablaba con una autoridad que desment�a su talla. Su voz ten�a un tono m�s agudo que el del adulto medio, pero no ten�a nada de juvenil, era cantarina, casi femenina, pero siempre se�orial.</p><p>�Aun as� �dije�, hay problemas legales potenciales si hablamos de una terapia que no ha sido sometida al proceso de aprobaci�n de la FDA.<a l:href="#n_13" type="note">[13]</a></p><p>�Estoy seguro de que Jason querr� esperar a una aprobaci�n oficial. Su enfermedad puede que no sea tan paciente. �Aqu� Wun levant� un dedo para acallar futuras objeciones�. D�jame leer lo que me has tra�do. Y luego volveremos a hablar del tema.</p><p>Entonces, una vez descartado el asunto m�s importante, me pidi� que me quedara y hablara con �l. Me sent� halagado. Pese a su extra�eza, hab�a algo reconfortante en la presencia de Wun, una tranquilidad contagiosa. Se sent� en su silla de mimbre sobredimensionada, con los pies colgando, y escuch� con aparente fascinaci�n un breve resumen de mi vida. Me hizo un par de preguntas sobre Diane (�Jason no habla mucho sobre su familia�) y otras m�s sobre la facultad de medicina (el concepto de diseccionar un cad�ver era nuevo para �l; se encogi� con aversi�n cuando se lo describ� la mayor�a de la gente reacciona as�).</p><p>Y cuando le pregunt� sobre su propia vida meti� la mano en la cartera gris que llevaba consigo y sac� una serie de im�genes impresas, fotograf�as que se hab�a tra�do consigo como archivos digitales. Cuatro fotos de Marte.</p><p>��S�lo cuatro?</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>�Ning�n n�mero es lo suficientemente grande para sustituir a los recuerdos. Y por supuesto hay much�simo m�s material visual en los archivos oficiales. �stas son m�as. Personales. �Te gustar�a verlas?</p><p>�Por supuesto.</p><p>Me las entreg�.</p><p><emphasis>Foto I: </emphasis>Una casa. Era evidentemente una morada humana pese a la extra�a arquitectura tecnoretro, baja y achatada, como un modelo de porcelana de un granero. El cielo era de un turquesa brillante, o al menos as� lo hab�a coloreado la impresora. El horizonte estaba extra�amente cercano pero era geom�tricamente plano, dividido en rect�ngulos cada vez m�s distantes de cultivos verdes, una planta que no pude identificar, pero era demasiado carnosa para ser ma�z y demasiado alta para ser lechugas o coles rizadas. Al frente hab�a dos marcianos adultos, un var�n y una mujer, con expresiones de una seriedad c�mica. G�tico Marciano. Lo �nico que le faltaba era una horquilla y la firma de Grant Word.</p><p>�Mi padre y mi madre �dijo Wun.</p><p><emphasis>Foto II:</emphasis> �Yo de ni�o�</p><p>�sta era sorprendente. Los marcianos desarrollan su piel prodigiosamente arrugada al llegar a la pubertad, seg�n me explic� Wun. Wun, con apenas unos siete a�os terrestres, ten�a el rostro terso y sonre�a. Se parec�a a cualquier ni�o terrestre, aunque no se pod�a definir un grupo �tnico: pelo rubio, piel color caf�, nariz estrecha y labios generosos. Estaba en lo que a primera vista parec�a un exc�ntrico parque tem�tico pero que en realidad era, seg�n explic� Wun, una ciudad marciana. Un mercado. Puestos de comida y tiendas, los edificios estaban construidos con el mismo material parecido a porcelana que la granja, en chillones colores primarios. La calle situada detr�s de �l estaba abarrotada con maquinaria ligera y peatones. S�lo se ve�a un trozo de cielo entre los edificios de mayor tama�o, e incluso ah� hab�a alg�n tipo de veh�culo captado en pleno tr�nsito, aspas en molinete borrosas formando un �valo p�lido.</p><p>�Pareces feliz �dije.</p><p>�La ciudad se llama Voy Voyud. Ese d�a vinimos del campo a hacer compras. Como era primavera, mis padres me dejaron comprar <emphasis>murkuds. </emphasis>Peque�os animales. Parecidos a ranas, como mascotas. En la bolsa que sostengo� �ves?</p><p>Wun agarraba una bolsa de tela que conten�a misteriosos bultos. <emphasis>Murkuds.</emphasis></p><p>�S�lo viven unas pocas semanas �dijo�. Pero sus huevos son deliciosos.</p><p>Fofo <emphasis>III: </emphasis>�sta era una vista panor�mica. En primer plano, otra casa marciana, una mujer en un caft�n multicolor (la esposa de Wun, seg�n explic� �l) y dos hermosas ni�as de piel tersa con vestidos ambarinos de tela gruesa (sus hijas). La fotograf�a hab�a sido tomada desde un punto elevado. M�s all� de la casa era visible todo un paisaje semirural. Verdes campos pantanosos yac�an al sol bajo otro cielo turquesa. El terreno agr�cola estaba dividido por carreteras elevadas sobre las que circulaban unos pocos veh�culos con aspecto de cajas, y hab�a m�quinas agr�colas entre las plantas, elegantes cosechadoras negras. Y en el horizonte donde converg�an todas las carreteras hab�a una ciudad, la misma ciudad, dijo Wun, donde hab�a comprado los <emphasis>murkuds </emphasis>de ni�o. Voy Voyud, la capital de la provincia de Kirioloj, con altas torres de baja gravedad intrincadamente abalconadas.</p><p>�Se puede ver la mayor parte del delta del Kirioloj en esa imagen.</p><p>El r�o era una banda azul que alimentaba a un lago del color del cielo. La ciudad de Voy Voyud hab�a sido construida en terreno alto, el borde erosionado de un antiguo cr�ter de impacto, dijo Wun, aunque a m� me parec�a una l�nea de colinas de lo m�s normal. Los puntos negros sobre el distante lago pod�an ser botes o barcazas.</p><p>�Es un lugar hermoso.</p><p>�S�.</p><p>�El paisaje es hermoso, pero tu familia tambi�n.</p><p>�S�. �Sus ojos se encontraron con los m�os�. Est�n muertos.</p><p>�Ah� lo lamento mucho.</p><p>�Murieron en una inundaci�n masiva hace varios a�os.</p><p>La �ltima fotograf�a, �la ves? Es la misma vista, pero tomada tras el desastre.</p><p>Una tormenta inesperada hab�a dejado precipitaciones r�cord sobre las laderas de las Monta�as Solitarias al final de una larga estaci�n seca. La mayor parte de esa lluvia se hab�a encauzado por los tributarios del Kirioloj. El Marte terraformado segu�a siendo en muchos aspectos un mundo joven, los ciclos hidrol�gicos no estaban establecidos, sus paisajes evolucionaban r�pidamente cuando el polvo antiguo y el regolito eran reorganizados por el agua. El resultado de las repentinas lluvias fue una riada de barro de color rojo �xido que cay� rugiendo sobre el Kirioloj y el delta agr�cola como un tren de mercanc�as fluido.</p><p><emphasis>Foto IV: </emphasis>Tras la cat�strofe. De la casa de Wun s�lo quedaban los cimientos y una �nica pared, sobresaliendo como fragmentos de cer�mica en una ca�tica planicie de barro, escombros y rocas. La ciudad a lo lejos estaba inc�lume, pero la f�rtil tierra agr�cola hab�a quedado enterrada. Excepto por un destello de agua marr�n procedente del lago, eso era Marte de vuelta a su estado virgen, un regolito sin vida. Varias aeronaves levitaban sobre la escena, posiblemente buscando supervivientes.</p><p>�Hab�a pasado un d�a en las colinas con los amigos y llegu� a casa para encontrarme con eso. Se perdi� un gran n�mero de vidas, no s�lo las de mi familia. As� que guardo estas cuatro fotograf�as para acordarme de d�nde vengo. Y por qu� no puedo volver.</p><p>�Debi� de ser insoportable.</p><p>�He hecho las paces con lo que ocurri�. Tanto como se puede. Para cuando sal� de Marte, el delta del Kirioloj hab�a sido restaurado. No como antes, por supuesto. Pero s� f�rtil, vivo, productivo.</p><p>Que era todo lo que parec�a dispuesto a decir sobre el tema.</p><p>Volv� a las im�genes anteriores, y me tuve que recordar a m� mismo qu� estaba viendo. No eran efectos de im�genes generadas por ordenador sino fotograf�as corrientes. Fotograf�as de otro mundo. De Marte, un planeta a menudo sobrecargado con nuestra imaginaci�n desbocada.</p><p>�No es Burroughs, desde luego no es Wells, puede que un poco Bradbury s�</p><p>Wun frunci� su ya de por s� arrugado ce�o.</p><p>�Lo siento� no entiendo esas palabras.</p><p>�Son escritores, escritores de ficci�n, que escribieron acerca de tu planeta.</p><p>Una vez que consegu� comunicarle la idea, que ciertos autores hab�an imaginado un Marte vivo mucho antes de que ocurriera su terraformaci�n, Wun se qued� fascinado.</p><p>��Ser�a posible que pudiera leer esos libros? �Y comentarlos la pr�xima vez que vengas?</p><p>�Me halagas. �Est�s seguro de que puedes dedicarle tiempo a eso? Debe de haber jefes de Estado que querr�n hablar contigo.</p><p>�Estoy seguro de que s�. Pero pueden esperar.</p><p>Le dije que estar�a encantado de procurarle los libros y comentarlos.</p><p>De camino a casa hice una incursi�n en una librer�a de segunda mano y a la ma�ana siguiente entregu� un paquete de libros de bolsillo a Wun, o al menos a los taciturnos hombres que custodiaban sus habitaciones. <emphasis>La guerra de los mundos. Una princesa de Marte. Cr�nicas marcianas. Forastero en tierra extra�a. Marte rojo.</emphasis></p><p>No supe nada de �l durante un par de semanas.</p><empty-line/><p>La construcci�n de las nuevas instalaciones de Perihelio continuaba. Hacia finales de septiembre hab�a una enorme fosa de cemento donde sol�a haber pinos achaparrados y palmeras enanas y una gran estructura de vigas de acero y tuber�as de aluminio.</p><p>Molly hab�a o�do que estaba previsto que la pr�xima semana llegara equipo de laboratorio de nivel militar y maquinaria de refrigeraci�n. (Otra cena en Champs, la mayor�a de los clientes miraban el partido de los Marlin en la pantalla gigante de plasma mientras nosotros compart�amos aperitivos en un rinc�n alejado y oscuro).</p><p>��Para qu� necesitamos el equipo de laboratorio, Ty? Perihelio est� dedicado a la investigaci�n espacial y al Spin. No lo pillo.</p><p>�No lo s�. Nadie suelta prenda.</p><p>�A lo mejor podr�as preguntarle a Jason en una de esas tardes que pas�is en el ala norte.</p><p>Le hab�a contado que iba a consultar con Jase, no que me hab�a adoptado el embajador marciano.</p><p>�No tengo ese tipo de autorizaci�n de seguridad.</p><p>Ni, por supuesto, la ten�a Molly.</p><p>�Empiezo a pensar que no conf�as en m�.</p><p>�S�lo acato las reglas, Moll.</p><p>�Claro �dijo ella�. Eres tan santo.</p><empty-line/><p>Jason se pas� por mi casa sin aviso, afortunadamente fue una noche en la que Molly no estaba presente, para hablar de su medicaci�n. Le cont� lo que me hab�a dicho Malmstein, que probablemente se pod�a subir la dosis, pero que tendr�amos que estar alerta ante posibles efectos secundarios. La enfermedad no se deten�a y hab�a un l�mite pr�ctico al grado en que pod�amos suprimir sus s�ntomas. Eso no significaba que estuviera condenado, s�lo que tarde o temprano tendr�a que llevar su vida de una manera diferente: acomodarse a la enfermedad antes que suprimirla. (M�s all� de eso hab�a otro umbral del que ninguno de los dos quer�a hablar: invalidez radical y demencia.)</p><p>�Lo entiendo �dijo Jason. Se sent� en la silla cerca de la ventana, contemplando ocasionalmente su reflejo en el cristal, una pierna cruzada sobre la otra�. Todo lo que necesito son unos pocos meses m�s.</p><p>��Unos pocos meses para qu�?</p><p>�Unos pocos meses para cortarle las alas a E. D. Lawton. �Me qued� mir�ndolo. Pens� que era una broma. No sonre�a�. �Tengo que explicarlo?</p><p>�Si quieres que tenga sentido, pues s�.</p><p>�E. D. y yo tenemos puntos de vista divergentes sobre el futuro de Perihelio. En lo que a E. D. respecta, Perihelio existe para apoyar a la industria aeroespacial. Eso es todo lo que es y lo que siempre ha sido. Jam�s crey� que pudi�ramos hacer algo respecto al Spin. �Jason se encogi� de hombros�. Y casi con seguridad tiene raz�n, en el sentido de que no podemos arreglar el Spin. Pero eso no significa que no podamos comprenderlo. No podemos librar una guerra contra los Hipot�ticos de ninguna manera pr�ctica, pero podemos hacer algo de ciencia de guerrilla. De eso trata la llegada de Wun.</p><p>�No te sigo.</p><p>�Wun no es s�lo un embajador de buena voluntad interplanetario. Vino aqu� con una propuesta para un esfuerzo en colaboraci�n que podr�a darnos algunas pistas sobre los Hipot�ticos, de d�nde vienen, qu� quieren y qu� le est�n haciendo a ambos planetas. La idea est� generando todo tipo de reacciones. E. D. est� intentando hundirla: no cree que sea �til y pone en peligro el poco capital pol�tico que nos quedar� despu�s de la terraformaci�n.</p><p>�As� que �lo vas a hundir t� a �l?</p><p>Jason suspir�.</p><p>�Puede que suene cruel, pero E. D. no comprende que su momento lleg� y pas�. Mi padre es exactamente lo que el mundo necesitaba hac�a veinte a�os. Le admiro por eso. Ha logrado cosas asombrosas, incre�bles. Sin E. D. para quemarles los pantalones a los pol�ticos no habr�a habido jam�s un Perihelio. Una de las iron�as del Spin es que las consecuencias a largo plazo del genio de E. D. Lawton se han vuelto en su contra y le muerden: si E. D. no hubiera existido, Wun Ngo Wen tampoco existir�a. No estoy metido en ninguna especie de batalla ed�pica. S� exactamente qu� es mi padre y lo que ha hecho. Se siente a gusto en los pasillos del poder, juega al golf con Garland. Genial. Pero tambi�n es un prisionero. Un prisionero de su propia falta de miras. Sus d�as como visionario se han acabado. Desconf�a de Wun porque no le gusta la tecnolog�a� no tiene nada a lo que hacerle ingenier�a inversa; no le gusta la idea de que los marcianos tengan tecnolog�as que nosotros s�lo empezamos a teorizar que pueden existir. Y odia el hecho de que Wun me tiene de su lado. A m� y, me atrever�a a decir, a una nueva generaci�n de gente influyente y poderosa, incluyendo a Preston Lomax, que posiblemente sea el nuevo presidente. De repente E. D. est� rodeado de gente a la que no puede manipular. Gente m�s joven, gente que asimil� el Spin de una manera que la generaci�n de E. D. nunca hizo. Gente como <emphasis>nosotros,</emphasis> Ty.</p><p>Me sent� algo halagado y algo alarmado al verme incluido en ese pronombre.</p><p>�Vas a tener que enfrentarte a muchos, �no es as�? �dije.</p><p>Me mir� con dureza.</p><p>�Hago exactamente aquello que E. D. me entren� para hacer. Desde que nac�. Nunca quiso un hijo; quer�a un heredero, un aprendiz. Tom� esa decisi�n mucho tiempo antes del Spin, Tyler. Sab�a exactamente lo listo que era yo y sab�a lo que quer�a que yo hiciera con esa inteligencia. Y le segu� el juego. Cooper�, incluso cuando fui lo suficientemente mayor para comprender lo que se propon�a. Y aqu� estoy, una producci�n E. D. Lawton: el objeto medi�tico atractivo, sabio y asexuado que ves ante ti. Una imagen comercial, una cierta perspicacia intelectual, y ninguna lealtad que no empiece y termine en Perihelio. Pero siempre hay alguna cl�usula adicional en el contrato, aunque a E. D. no le guste pensar en ello. �Heredero� implica �herencia�. Implica que, en alg�n momento, mi voluntad reemplazar� a la suya. Bueno, pues ha llegado el momento. La oportunidad que se nos presenta es demasiado importante para joderla.</p><p>Me percat� de que ten�a las manos cerradas en pu�os y que las piernas le temblaban, pero �era por la intensidad de sus emociones o un s�ntoma de su enfermedad? De hecho, �cu�nto de su mon�logo era aut�ntico y cu�nto producto de los neuroestimulantes que le hab�a recetado?</p><p>�Pareces asustado �dijo Jason.</p><p>��Exactamente de qu� tecnolog�a marciana estamos hablando?</p><p>Sonri� con una mueca.</p><p>�La verdad es que es muy ingeniosa. Cuasi-biol�gica. A escala muy peque�a. Bucles de retroalimentaci�n catal�tica molecular, b�sicamente, con programaci�n contingente escrita en sus protocolos reproductivos.</p><p>�En cristiano, por favor, Jase.</p><p>�Diminutos replicadores artificiales.</p><p>��Cosas vivas?</p><p>�En cierto sentido, s�, cosas vivientes. Cosas vivientes artificiales que podemos lanzar al espacio.</p><p>��Y qu� hacen, Jase?</p><p>Su sonrisa se hizo a�n mayor.</p><p>�Comen hielo �dijo� y cagan informaci�n.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C.</p></title><p>Atraves� un par de metros de tierra apisonada a la que se aferraban trozos de asfalto desgastado en parches escabrosos, llegu� a un terrapl�n y me deslic� por �l, haciendo ruido, con mis maletas r�gidas llenas de ropas modestas, notas manuscritas, archivos digitales y f�rmacos marcianos. Aterric� en una zanja de drenaje, metido hasta los muslos en agua verde como hojas de papaya y c�lida como la noche tropical. El agua reflejaba la luna llena de cicatrices y apestaba a esti�rcol.</p><p>Escond� el equipaje en un lugar seco a media cuesta del terrapl�n y me arrastr� el resto del camino hacia arriba, yaciendo en un �ngulo que ocultaba mi cuerpo pero me permit�a ver la carretera, la c�bica cl�nica de hormig�n de Ibu Ina y el coche negro aparcado frente a ella.</p><p>Los hombres del coche hab�an entrado por la puerta trasera. Encendieron m�s luces seg�n se mov�an por el edificio, convirtiendo en cuadrados amarillos las ventanas con las persianas ajadas, pero no ten�a forma de saber qu� hac�an all�. Registrando el lugar, supuse. Intent� estimar cu�nto tiempo permanecieron dentro, pero parec�a que hab�a perdido la habilidad de calcular el tiempo o siquiera de leer los n�meros de mi reloj. Los numerales resplandec�an como luci�rnagas inquietas pero no se deten�an lo suficiente para que los entendiera.</p><p>Uno de los hombres sali� por la puerta principal, fue hasta el coche y puso el motor en marcha. El segundo hombre emergi� unos pocos segundos despu�s y ocup� el asiento del pasajero. El coche color medianoche rod� hacia m� mientras giraba en la carretera, sus luces proyect�ndose por encima del arc�n.</p><p>Me agach� y me qued� inm�vil hasta que el ruido del motor se desvaneci�.</p><p>Entonces pens� en qu� hacer a continuaci�n. La pregunta era dif�cil de responder, porque estaba cansado, repentina y enormemente cansado; demasiado d�bil para levantarme. Quer�a volver a la cl�nica, encontrar un tel�fono y advertir a Ibu Ina sobre los hombres en el coche. Pero quiz� En lo hiciera. Eso esperaba. Porque yo no iba a poder llegar a la cl�nica. Mis piernas no hac�an nada excepto temblar cuando les ordenaba moverse. Era m�s que fatiga. Me sent� paralizado.</p><p>Y cuando mir� a la cl�nica de nuevo, hab�a humo saliendo por el respiradero del techo y la luz detr�s de las ventanas era de un amarrillo parpadeante. Fuego.</p><p>Los hombres del coche hab�an prendido fuego a la cl�nica de Ibu Ina, y no hab�a nada que pudiera hacer excepto cerrar los ojos y esperar no morirme antes de que alguien me encontrara.</p><empty-line/><p>El hedor a humo y el sonido de llantos me despertaron.</p><p>Todav�a no era de d�a. Pero descubr� que pod�a moverme, al menos un poco, con considerable esfuerzo y dolor y parec�a que pensaba m�s o menos claramente. As� que tir� de m� mismo para subir la cuesta, cent�metro a cent�metro.</p><p>Hab�a coches y gente en todo el espacio abierto, focos y linternas que trazaban arcos esp�sticos por el cielo. La cl�nica era una ruina humeante. Sus paredes de hormig�n segu�an en pie pero el techo se hab�a derrumbado y el fuego hab�a eviscerado el edificio. Logr� ponerme de pie. Camin� hacia el sonido de llanto.</p><p>El sonido ven�a de Ibu Ina. Estaba sentada en un islote de asfalto abraz�ndose las rodillas. Estaba rodeada de un grupo de mujeres que dedicaron miradas oscuras y suspicaces mientras me acercaba a ella. Pero cuando Ina me vio se puso en pie de un salto, sec�ndose los ojos con la manga.</p><p>��Tyler Dupree! �corri� hacia m�. �Cre�a que hab�a muerto quemado! �Quemado junto con todo lo dem�s!</p><p>Me agarr�, me abraz�, me sostuvo, ya que mis piernas se hab�an vuelto fl�cidas de nuevo.</p><p>�La cl�nica �logr� decir�. Todo tu trabajo. Ina, lo siento tant�simo�</p><p>�No �dijo ella�. La cl�nica es un edifico. La parafernalia m�dica puede reemplazarse. Usted, por el contrario, es �nico. En nos cont� c�mo lo envi� fuera de la cl�nica cuando llegaron los incendiarios. �Le salv� la vida, Tyler! �Se apart� de m� �. �Tyler? Est� usted bien.</p><p>No estaba nada bien. Mir� al cielo por encima del hombro de Ina. Casi amanec�a. El antiguo sol sal�a. El monte Merapi quedaba silueteado contra el cielo �ndigo.</p><p>�S�lo estoy cansado �dije y cerr� los ojos�. Sent� que las piernas se me doblaban y o� a Ina pidiendo ayuda, y luego dorm� algo m�s� d�as, seg�n me contar�a Ina posteriormente.</p><empty-line/><p>Por razones obvias, no pod�a permanecer en la aldea.</p><p>Ina quer�a cuidar de m� durante lo que quedaba de la crisis de la droga, y sent�a que la aldea me deb�a protecci�n. Despu�s de todo, yo hab�a salvado la vida de En (o en eso insist�a ella), y En no s�lo era su sobrino, sino que estaba emparentado virtualmente con todo el mundo en el pueblo, de una forma u otra. Era un h�roe. Pero tambi�n un im�n que atra�a la atenci�n de hombres malvados, y si no fuera por los ruegos de Ina, sospecho que el <emphasis>kepala desa </emphasis>me hubiera puesto en el primer autob�s a Padang y santas pascuas. As� que me llevaron junto con mi equipaje a una casa deshabitada de la aldea (los due�os hab�an salido de <emphasis>rantau </emphasis>hac�a meses) mientras se hac�an otros planes.</p><p>Los minangkabau de Sumatra Occidental sab�an c�mo sobrevivir ante la opresi�n. Hab�an sobrevivido a la llegada del Islam en el siglo XVI, a la Guerra de los Padris,<a l:href="#n_14" type="note">[14]</a> al colonialismo holand�s, al Nuevo Orden de Suharto, a la Restauraci�n Negari y, despu�s del Spin, a los Nuevos Reformasi y su brutal polic�a nacional. Ina me hab�a contado algunas de esas historias, tanto en la cl�nica como luego, cuando yac�a en una habitaci�n diminuta en una casa de madera bajo las enormes y lentas aspas de un ventilador el�ctrico. La fuerza de los minang, dec�a, era su flexibilidad, su profunda comprensi�n de que el resto del mundo no era como su hogar y nunca lo ser�a. (Cit� un proverbio minang: �En diferentes campos, saltamontes diferentes; en diferentes estanques, peces diferentes�). La tradici�n del <emphasis>rantau, </emphasis>emigraci�n de hombres j�venes que salen al mundo y vuelven a casa m�s ricos o m�s sabios, los hab�a convertido en un pueblo sofisticado. Las simples casas con aleros en forma de cuerno de b�falo estaban adornadas con antenas de aer�stato, y la mayor�a de las familias de aldea, seg�n Ina, recib�an regularmente cartas o correos electr�nicos de familiares en Australia, Europa, Canad� y los Estados Unidos.</p><p>No era sorprendente, entonces, que hubiera minangkabau trabajando en todos los niveles de los muelles de Padang. El ex marido de Ina, Jala, s�lo era uno de muchos en el negocio de la importaci�n/exportaci�n que organizaba expediciones de <emphasis>rantau </emphasis>al Arco y m�s all�. No era coincidencia que las pesquisas de Diane la hubieran conducido a presencia de Jala y, por tanto, a Ibu Ina y a esta aldea de las tierras altas.</p><p>�Jala es un oportunista y puede ser bastante mezquino si se le antoja, pero no carece de escr�pulos �dijo Ina�. Diane tuvo suerte de encontrarle, o de lo contrario es que sabe juzgar muy bien el car�cter de las personas. Probablemente sea lo �ltimo. En cualquier caso, Jala no tiene ning�n cari�o a los Nuevos Reformasi, afortunadamente para todos los implicados.</p><p>(Se hab�a divorciado de Jala, dijo ella, porque se hab�a aficionado al mal h�bito de acostarse con mujeres de dudosa reputaci�n en la ciudad. Gastaba demasiado dinero en sus amiguitas y por dos veces hab�a tra�do a casa enfermedades ven�reas curables pero alarmantes. Era un mal marido, pero no era un hombre especialmente malo. No traicionar�a a Diane a las autoridades a menos que fuera capturado y torturado f�sicamente� y era demasiado listo para dejarse capturar).</p><p>�Los hombres que quemaron tu cl�nica�</p><p>�Debieron seguir a Diane al hotel de Padang y luego interrogaron al conductor que te trajo aqu�.</p><p>�Pero �por qu� incendiar el edificio?</p><p>�No lo s�, pero creo que era un intento de asustarle y que saliera a descubierto. Y una advertencia a todo el que pudiera ayudarle.</p><p>�Si encontraron la cl�nica, sabr�n tu nombre.</p><p>�Pero no vendr�n a la aldea abiertamente, disparando a diestro y siniestro. Las cosas no se han deteriorado hasta ese punto. Creo que vigilar�n la costa y esperar�n a que hagamos algo est�pido.</p><p>�Aun as�, tu nombre est� en la lista, si intentas abrir otra cl�nica�</p><p>�Pero �se no fue nunca mi plan.</p><p>��No?</p><p>�No. Me ha convencido de que hay una soluci�n simple para todos nuestros problemas, una que llevo contemplando desde hace mucho tiempo. Toda la aldea ha pensado en ella, de una forma u otra. Muchos se han marchado ya. No somos un pueblo con �xito, como Belubus o Batusangkar. La tierra de aqu� no es especialmente rica y cada a�o perdemos m�s gente que se marcha a la ciudad, a otros clanes de otros pueblos o al <emphasis>rantau gadang, </emphasis>�y por qu� no? Hay espacio para todos en el nuevo mundo.</p><p>��Quer�is emigrar?</p><p>�Yo, Jala, mi hermana y su hermana y sus sobrinos y primos� m�s de treinta de nosotros, todos contados. Jala tiene varios hijos ileg�timos que estar�an encantados de quedarse con el control de su negocio una vez que estuviera al otro lado. �Ve? � Sonri�. No tiene que agradecernos nada. No somos sus benefactores. S�lo compa�eros de viaje.</p><p>Le pregunt� varias veces si Diane estaba a salvo. Tan a salvo como Jala pod�a mantenerla, dijo Ina. Jala la hab�a instalado en un espacio habitable encima de una oficina de aduanas donde estar�a relativamente c�moda y escondida a buen recaudo hasta que se hicieran los arreglos finales.</p><p>�La parte dif�cil ser� llevarle a usted hasta el puerto sin ser detectado. La polic�a sospecha que est� en las tierras altas y estar�n vigilando las carreteras en busca de extranjeros, especialmente extranjeros enfermos, ya que el taxista que le trajo aqu� les habr� contado que no se encontraba bien.</p><p>�Ya he terminado de encontrarme mal �dije.</p><p>La �ltima crisis hab�a comenzado fuera de la cl�nica quemada y hab�a pasado mientras estaba inconsciente. Ibu Ina dijo que fue una transici�n dif�cil, que despu�s de que me trasladaran a esta peque�a habitaci�n hab�a gemido tanto que los vecinos se quejaron, que hab�a hecho falta que su primo Adek me mantuviera sujeto mientras pasaba lo peor de mis convulsiones� por eso ten�a tantos moratones en los brazos y los hombros, �no me hab�a dado cuenta? Pero no recordaba nada de eso. Todo lo que sab�a es que me sent�a con m�s fuerzas seg�n pasaban los d�as; mi temperatura era normal; pod�a andar sin temblar.</p><p>��Y los otros efectos de la droga? �pregunt� Ina. �Se siente diferente?</p><p>�sa era una pregunta interesante. Respond� con sinceridad.</p><p>�No lo s�. Todav�a no, de todas formas.</p><p>�Bueno, por el momento poco importa. Como iba diciendo, el truco estar� en conseguir sacarlo de las tierras altas y enviarlo a Padang. Afortunadamente, creo que podemos arreglarlo.</p><p>��Cu�ndo nos vamos?</p><p>�Dentro de tres o cuatro d�as �dijo Ina. Mientras tanto, descanse.</p><empty-line/><p>Ina estuvo ocupada durante la mayor parte de esos tres d�as. La vi muy poco. Los d�as eran calurosos y soleados pero las brisas recorr�an la casa de madera en refrescantes r�fagas, y pas� el tiempo ejercit�ndome con precauci�n, escribiendo y leyendo; hab�a libros de bolsillo en ingl�s en un estante de rat�n en el dormitorio, incluyendo una biograf�a popular de Jason titulada <emphasis>Una vida por las estrellas. </emphasis>(Busqu� mi nombre en el �ndice y lo encontr�, <emphasis>Dupree, Tyler, </emphasis>con referencias a cinco p�ginas. Pero no me atrev� a leer el libro. Las novelas de lomo manoseado de Somerset Maugham eran m�s tentadoras).</p><p>En se pasaba peri�dicamente por all� para ver si estaba bien y para traerme bocadillos y botellas de agua del <emphasis>warung </emphasis>de su t�o. Adoptaba un tono c�micamente responsable y me preguntaba por mi salud. Dijo que estaba �orgulloso de hacer el <emphasis>rantau�</emphasis> conmigo.</p><p>��T� tambi�n, En? �Vas a ir al nuevo mundo?</p><p>Asinti� enf�ticamente.</p><p>�Tambi�n mi padre, mi madre, mi t�o. �Y una docena m�s de parientes para los que us� t�rminos minang para describir el parentesco. Los ojos le reluc�an�. Quiz� me puedas ense�ar medicina all�.</p><p>Quiz� tuviera que hacerlo. Cruzar el Arco descartar�a casi del todo cualquier tipo de educaci�n tradicional. Puede que eso no fuera lo mejor para En, y me pregunt� si sus padres hab�an meditado lo suficiente esa decisi�n.</p><p>Pero no era asunto m�o, y En estaba claramente entusiasmado con el viaje. Apenas pod�a controlar la voz cuando hablaba de ello. Y yo disfrutaba de la expresi�n entusiasta y abierta de su rostro. En pertenec�a a una generaci�n capaz de mirar al futuro con m�s esperanza que miedo. Nadie en mi grotesca generaci�n hab�a sonre�do al futuro de esa manera. Era una expresi�n buena, profundamente humana, y me alegraba, y me entristec�a.</p><p>Ina volvi� la noche antes de la partida prevista, tray�ndome la cena y un plan.</p><p>�El primo del cu�ado de mi hijo �dijo� conduce ambulancias para el hospital de Batusangkar. Puede tomar prestada una ambulancia del hospital para llevarle a Padang. Habr� al menos dos coches por delante con tel�fonos m�viles, as� que si hay un bloqueo de carreteras tendremos algo de ventaja.</p><p>�No necesito una ambulancia �dije.</p><p>�La ambulancia es un disfraz. Usted, en la parte de atr�s, escondido, y yo en mi parafernalia de doctora, y un aldeano, En suplica que le demos el papel, haciendo de enfermo. �Entiende? Si la polic�a mira en la parte de atr�s de la ambulancia me ver�n a m� y a un ni�o enfermo, y si digo �SDCV�, ser�n renuentes a examinar en mayor profundidad. As� el m�dico americano rid�culamente alto pasa a escondidas.</p><p>��Crees que funcionar�?</p><p>�Creo que tiene unas buenas probabilidades de funcionar.</p><p>�Pero si te pillan conmigo�</p><p>�Por mal que est�n las cosas, la polic�a s�lo puede arrestarme si he cometido un crimen. Transportar un occidental no es un crimen.</p><p>�Transportar a un criminal puede que s� lo sea.</p><p>��Es usted un criminal, Pak Tyler?</p><p>�Depende de c�mo interpretes ciertos decretos del Congreso.</p><p>�Opto por no interpretarlos en absoluto. Por favor, no se preocupe. �Le he contado que el viaje se ha retrasado un d�a?</p><p>��Porqu�?</p><p>�Una boda. Por supuesto, las bodas ya no son lo que eran. El <emphasis>adat </emphasis>de las bodas se ha deteriorado much�simo desde el Spin. Como todo lo dem�s desde entonces desde que el dinero y los restaurantes de comida r�pida llegaron a las tierras altas. No creo que el dinero sea malvado, pero puede ser terriblemente corrosivo. La gente joven tiene mucha prisa hoy en d�a. Al menos no tenemos esas bodas de diez minutos estilo Las Vegas� �sigue habiendo de �sas en su pa�s?</p><p>Admit� que s� segu�an existiendo.</p><p>�Bueno, nosotros tambi�n vamos encaminados en esa direcci�n. <emphasis>Minang hilang, tinggal kerbau. </emphasis>Al menos s� habr� <emphasis>palaminan </emphasis>y mucho arroz glutinoso y m�sica de <emphasis>saluang.</emphasis><a l:href="#n_15" type="note">[15]</a> �Se siente con fuerzas para asistir?</p><p>�Ser� un honor.</p><p>�As� que ma�ana por la noche cantaremos, y al d�a siguiente desafiaremos al Congreso de los Estados Unidos. La boda tambi�n va a nuestro favor. Mucha gente desplaz�ndose, muchos veh�culos en la carretera; nuestro peque�o grupo <emphasis>rantau </emphasis>en direcci�n a <emphasis>Teluk Bayur </emphasis>no parecer� sospechoso.</p><p>Dorm� hasta tarde y despert� sinti�ndome mejor de lo que me hab�a sentido en mucho tiempo, con m�s fuerzas y sutilmente m�s alerta. La brisa matutina era c�lida y ven�a cargada con el olor de cocina, las quejas de las gallinas y el sonido de martillazos en el centro del pueblo donde se constru�a una tarima. Pas� el d�a ante la ventana, leyendo y observando la procesi�n p�blica de la novia y el novio de camino a la casa del novio. La aldea de Ina era tan peque�a que la boda la hab�a paralizado. Incluso los <emphasis>warungs </emphasis>locales hab�an cerrado ese d�a, aunque las franquicias en la carretera principal estaban abiertas para atender a los turistas. Hacia finales de la tarde el aroma a pollo al curry y leche de coco era denso, y En apareci� brevemente con una comida preparada para m�.</p><p>Ibu Ina, con un vestido bordado y pa�uelo de seda para la cabeza, apareci� en la puerta un poco antes de anochecer y dijo.</p><p>�Ya est�, la boda en s�, quiero decir. No queda nada m�s excepto los cantos y bailes. �Sigue queriendo venir, Tyler?</p><p>Me vest� con las mejores ropas que ten�a conmigo, pantalones blancos de algod�n y camisa blanca. Me pon�a nervioso el dejarme ver en p�blico, pero Ina me asegur� que no habr�a forasteros en la fiesta de bodas y que ser�a bienvenido.</p><p>Pese a las palabras de Ina, me sent�a dolorosamente expuesto mientras camin�bamos juntos por la calle hacia la tarima y la m�sica, menos debido a mi estatura que al hecho de llevar tanto tiempo encerrado. Salir de la casa era como pasar del agua al aire; repentinamente lo que me rodeaba era insustancial. Ina me distrajo habl�ndome de los reci�n casados. El novio, un aprendiz de farmac�utico de Belubus era primo suyo, aunque m�s joven. (Ina llamaba �primo� o �prima� a todo pariente m�s lejano que hermano, hermana, t�o o t�a; el sistema de parentesco minang usaba palabras precisas para esas relaciones para las que no hab�a t�rmino equivalente en ingl�s). La novia era una joven local de pasado ligeramente escandaloso. Ambos se ir�an de <emphasis>rantau </emphasis>despu�s de la boda. El nuevo mundo los llamaba.</p><p>La m�sica comenz� al ocaso y continuar�a, dijo, hasta la ma�ana. Se transmit�a a toda la aldea gracias a unos enormes altavoces montados en postes, pero la fuente estar�a en la tarima elevada y el grupo que estar�a all� sentado sobre esteras de ca�a, dos instrumentistas varones y dos cantantes mujeres. Las canciones, seg�n explic� Ina, versaban sobre el amor, el matrimonio, la decepci�n; el destino, el sexo. Montones de sexo, eufem�sticamente expresado en met�foras que Chaucer hubiera apreciado. Nos sentamos en un banco en la periferia de la celebraci�n. Atraje algo m�s de un par de largas miradas de los asistentes, de los cuales al menos unos cuantos habr�an o�do la historia de la cl�nica incendiada y el americano fugitivo, pero Ina se cuid� de no dejar que me convirtiera en una distracci�n. Se mantuvo a mi lado, aunque sonre�a con indulgencia a los j�venes que abarrotaban la tarima.</p><p>�Ya he pasado la edad de los lamentos. Mi campo ya no requiere que lo aren, como dice la canci�n. Todo este jaleo. Dios santo.</p><p>La novia y el novio en sus galas de bordadas se sentaron en tronos par�dicos cerca de la plataforma. Mi impresi�n fue que el novio, con ese bigotito fino, parec�a poco de fiar; pero no, insisti� Ina, la muchacha, tan inocente en su traje de brocado blanco y azul, era la que hab�a que vigilar. Bebimos leche de coco. Sonre�mos. Al rondar la medianoche muchas de las mujeres de la aldea se marcharon, dejando a los hombres, hombres j�venes, en posesi�n de la tarima, ri�ndose; los hombres de m�s edad estaban sentados en mesas jugando a las cartas con mucha reflexi�n, caras imp�vidas como cuero envejecido.</p><p>Le mostr� a Ina las p�ginas que hab�a escrito sobre mi primer encuentro con Wun Ngo Wen.</p><p>�Pero el relato no parece del todo fiel �me dijo durante un receso de la m�sica �. Parece usted demasiado tranquilo.</p><p>�No estaba tranquilo para nada. S�lo intentaba no quedar mal.</p><p>�Le presentaron, despu�s de todo, a un hombre de Marte� �Ina mir� al cielo, a las estrellas post-Spin en sus fr�giles y dispersas constelaciones, tenues ante el resplandor de la fiesta de bodas�. �Qu� hubiera esperado?</p><p>�Algo menos humano.</p><p>�Ah, pero era muy humano.</p><p>�S� �dije yo.</p><p>Wun Ngo Wen se hab�a convertido en una especie de figura venerada en la India rural, en Indonesia y el Sudeste Asi�tico. En Padang, dec�a Ina, uno a veces pod�a encontrar su foto en la casa de la gente, enmarcada en un marco dorado como la acuarela de un santo o de un mul� famoso.</p><p>�Hab�a �dijo� algo extraordinariamente atractivo en sus gestos. Una forma familiar de hablar, aunque s�lo oy�ramos una traducci�n. Y cuando vimos las fotograf�as de su planeta, todos esos campos cultivados, parec�a mucho m�s rural que urbano. M�s oriental que occidental. Un embajador de otro planeta visitaba la Tierra, �y era como nosotros! O eso parec�a. Y reprendi� a los americanos de una forma memorable.</p><p>�Lo �ltimo que Wun quer�a era rega�ar a nadie.</p><p>�Sin duda la leyenda supera a la realidad. �No ten�a un millar de preguntas que hacerle el d�a que lo conoci�?</p><p>�Por supuesto. Pero me imagin� que llevaba respondiendo preguntas obvias desde el d�a que lleg�. Pens� que estar�a cansado de eso.</p><p>��Se mostraba reacio a hablar de su casa?</p><p>�En absoluto. Le encantaba hablar de ello. Lo que no le gustaba era que lo interrogaran.</p><p>�Mis modales no son tan finos como los suyos. Estoy segura de que le habr�a ofendido haci�ndole mil y una preguntas. Suponga, Tyler, de poder haberle preguntado cualquier cosa ese primer d�a: �qu� hubiera sido?</p><p>Eso era f�cil. Sab�a exactamente qu� pregunta hab�a suprimido la primera vez que vi a Wun Ngo Wen.</p><p>�Le hubiera preguntado por el Spin. Por los Hipot�ticos. Si su gente hab�a descubierto algo que nosotros no supi�ramos ya.</p><p>��Y alguna vez hablaste de eso con �l?</p><p>�S�.</p><p>��Y qu� ten�a que decir?</p><p>�Muchas cosas.</p><p>Mir� a la tarima. Hab�a subido un nuevo grupo de <emphasis>saluang. </emphasis>Uno de ellos tocaba un <emphasis>rabab, </emphasis>un instrumento de cuerda. El m�sico golpe� con su arco el vientre del <emphasis>rabab </emphasis>y sonri�. Otra canci�n picante de bodas.</p><p>�Me temo que sea yo la que haya estado interrog�ndole �dijo Ina.</p><p>�Lo siento. Todav�a estoy algo cansado.</p><p>�Entonces deber�a ir a casa a dormir. �rdenes del doctor. Con un poco de suerte, ver� a Ibu Diane ma�ana.</p><p>Me acompa�� por la alborotada calle, lejos de las festividades. La m�sica prosigui� hasta casi las cinco de la madrugada. Dorm� profundamente pese al jaleo.</p><empty-line/><p>El conductor de ambulancias era un hombre flacucho y taciturno vestido de blanco con crecientes rojos. Su nombre era Nijon, y me estrech� la mano con exagerada deferencia y manten�a sus enormes ojos fijos en Ibu Ina cuando me hablaba. Le pregunt� si estaba nervioso por el viaje a Padang. Ina tradujo su respuesta:</p><p>�Dice que ha hecho cosas mucho m�s peligrosas por motivos de mucho menos peso. Dice que est� encantado de conocer a un amigo de Wun Ngo Wen. Y a�ade que deber�amos ponernos en camino lo antes posible.</p><p>As� que subimos a la trasera de la ambulancia. Recorriendo uno de los lados hab�a una taquilla horizontal donde normalmente se guardaba equipo. Tambi�n serv�a de banco. Nijon hab�a vaciado la taquilla, y hab�amos determinado que me era posible meterme dentro si doblaba las piernas por las caderas y las rodillas y si met�a la cabeza bajo el hombro. La taquilla ol�a a antis�ptico y a l�tex y era tan c�modo como el ata�d de un mono, pero ah� era donde me meter�a, si nos deten�a un control de carreteras, con Ina sentada en el banco con su ropa de cl�nica y En tendido en la camilla dando su mejor representaci�n de un infectado por SDCV. En el calor de la ma�ana el plan parec�a m�s que un poquito rid�culo.</p><p>Nijon hab�a puesto cu�as en el cierre de la taquilla para que circulara algo de aire en el interior, as� que probablemente no me asfixiar�a, pero no me hac�a gracia la idea de pasar nada de tiempo en algo que en esencia era una caja de metal oscura y caliente. Afortunadamente, una vez establecido que cab�a dentro, no ten�a que meterme, al menos no por el momento. Toda la actividad policial, dijo Ina, se concentraba en la nueva autopista entre Bukik Tinggi y Padang, y como �ramos viajeros en un convoy no demasiado cerrado con otros aldeanos, deber�an avisarnos con mucha antelaci�n antes de que nos hicieran parar a un lado. As� que entre tanto me sentar�a junto a Ina mientras ella le pon�a un goteo (sellado, sin aguja, sujeto s�lo con cinta adhesiva, un decorado) a En en el hueco del brazo. En estaba entusiasmado con su papel y hab�a empezado a ensayar sus toses, un espasmo procedente de lo m�s profundo de los pulmones que provoc� un fruncimiento de ce�o igualmente teatral por parte de Ina:</p><p>��Has estado rob�ndole los cigarrillos de clavo<a l:href="#n_16" type="note">[16]</a> a tu hermano?</p><p>En se sonroj�. Era para darle realismo, dijo.</p><p>�� Ah, s�? Ten cuidado, no sea que tu actuaci�n te lleve a la tumba antes de tiempo.</p><p>Nijon cerr� de golpe las puertas de atr�s, trep� al asiento del conductor y arranc� el motor. Empezamos el agitado viaje hacia Padang. Ina le dijo a En que cerrara los ojos.</p><p>�Finge que est�s dormido. Aplica tus habilidades teatrales.</p><p>No pas� mucho tiempo antes de que su respiraci�n adoptara un ritmo de suaves ronquidos.</p><p>�Pas� toda la noche despierto con la m�sica �explic� Ina.</p><p>�Me asombra que pueda dormir, incluso as�.</p><p>�Una de las ventajas de la ni�ez. O la Primera Edad, como lo llaman los marcianos. �Es correcto?</p><p>Asent�.</p><p>��Tienen cuatro, creo? �Cuatro edades en vez de nuestras tres?</p><p>S�, como Ina indudablemente sab�a. De todas las costumbres de las Cinco Rep�blicas de Wun Ngo Wen, �sa era la que m�s hab�a fascinado al p�blico terrestre.</p><p>Las culturas humanas normalmente reconocen dos o tres etapas de la vida: ni�ez y adultez; o ni�ez, adolescencia y adultez. Algunas reservan un estatus especial para la edad avanzada. Pero la costumbre marciana era �nica y depend�a de su dominio de siglos de antig�edad de la bioqu�mica y la gen�tica. Los marcianos contaban la vida humana en cuatro plazos, marcados por acontecimientos mediados bioqu�micamente.</p><p>El per�odo desde el nacimiento a la pubertad era la ni�ez. De la pubertad al final del crecimiento f�sico y el principio del equilibrio metab�lico era la adolescencia. Del equilibro hasta el declive, la muerte o un cambio radical era la adultez.</p><p>Y m�s all� de la adultez, la edad opcional: la Cuarta.</p><p>Hac�a siglos, los bioqu�micos marcianos hab�an dise�ado m�todos para prolongar la vida humana sesenta o setenta a�os m�s de media. Pero el descubrimiento no estaba libre de otros defectos. Marte era un ecosistema radicalmente constre�ido, reglado por la escasez de agua y nitr�geno. La tierra cultivada que tan familiar le hab�a parecido a Ibu Ina era en realidad un triunfo de una bioingenier�a sutil y sofisticada. La reproducci�n humana estaba regulada desde hac�a siglos, adecuada a las previsiones sostenibles. Otros setenta a�os a�adidos a la esperanza de vida media eran una crisis de poblaci�n en ciernes.</p><p>Ni tampoco el tratamiento de longevidad era simple o agradable. Era una reconstrucci�n celular profunda. Un c�ctel de entidades virales y bacterianas creadas mediante ingenier�a gen�tica era introducido en el cuerpo. Virus de dise�o hac�an una especie de actualizaci�n sist�mica, parcheando o revisando secuencias de ADN, restaurando tel�meros, reseteando el reloj gen�tico, mientras fagos bacterianos de laboratorio eliminaban metales t�xicos y placas y reparaban los da�os f�sicos obvios.</p><p>El sistema inmunol�gico se resist�a. El tratamiento era, en el mejor de los casos, equivalente a una gripe debilitante de seis meses de duraci�n: fiebres, dolores musculares y articulares, debilidad. Ciertos �rganos entraban en una especie de frenes� reproductivo. Las c�lulas de la piel mor�an y eran reemplazadas en feroz sucesi�n; el tejido nervioso se regeneraba espont�nea y r�pidamente.</p><p>El proceso era debilitador, doloroso, y hab�a potenciales efectos secundarios negativos. La mayor�a de los sujetos informaban de al menos algo de p�rdida de memoria a largo plazo. Algunos raros casos sufr�an demencia temporal y amnesia irrecuperable. El cerebro, restaurado y recableado, se convert�a en un �rgano sutilmente diferente. Y su due�o se convert�a en un ser humano sutilmente diferente.</p><p>�Conquistaron a la muerte.</p><p>�No del todo.</p><p>�Uno pensar�a �dijo Ina�, que con toda su sabidur�a, pod�an haber hecho que el proceso fuera una experiencia menos desagradable.</p><p>Desde luego que pod�an haber aliviado la incomodidad superficial de la transici�n a la Cuarta Edad. Pero hab�an optado por no hacerlo. La cultura marciana hab�a incorporado la Cuarta Edad en su tradici�n, con su dolor y todo: el dolor era una de las condiciones limitantes, una incomodidad tutelar. No todo el mundo eleg�a convertirse en un Cuarto. No s�lo la transici�n era dif�cil, se aplicaban r�gidas penalizaciones sociales acordes con sus leyes de longevidad. Cualquier ciudadano marciano ten�a derecho a someterse al tratamiento, libre de coste y sin prejuicio. Pero los Cuartos ten�an prohibido reproducirse; la reproducci�n era un privilegio reservado a los adultos. (Durante los �ltimos doscientos a�os el c�ctel de longevidad hab�a incluido drogas que provocaban la esterilizaci�n irreversible de ambos sexos.) Los Cuartos no pod�an votar en las elecciones del consejo, nadie quer�a un planeta gobernado por venerables ancianos en su propio beneficio. Pero cada una de las Cinco Rep�blicas ten�a una especie de �rgano de revisi�n judicial, el equivalente de una Corte Suprema, formado exclusivamente por Cuartos. Los Cuartos eran al mismo tiempo m�s y menos que los adultos, como adultos y al mismo tiempo m�s y menos que ni�os. M�s poderosos, menos juguetones; m�s libres y al mismo tiempo menos libres.</p><p>Pero no consegu�a descifrar, para que Ina los entendiera o yo mismo, todos los c�digos y t�tems con los que los marcianos hab�an resguardado su tecnolog�a m�dica. Los antrop�logos hab�an pasado a�os intent�ndolo, trabajando con los archivos de Wun Ngo Wen. Hasta que se prohibieron esas investigaciones.</p><p>�Y ahora tenemos la misma tecnolog�a �dijo Ina.</p><p>�Algunos la tenemos. Espero que llegue el momento en que todos la tengan.</p><p>�Me pregunto si la usaremos con sabidur�a.</p><p>�Puede que s�. Los marcianos lo hicieron, y eran tan humanos como nosotros.</p><p>�Lo s�. Es posible, s�. Pero �qu� cree usted, Tyler, la usaremos sabiamente?</p><p>Mir� a En. Segu�a dormido. So�ando, quiz�, sus ojos se mov�an r�pidamente bajo sus p�rpados como peces bajo el agua. Los agujeros de la nariz se le dilataban mientras respiraba y el movimiento de la ambulancia lo acunaba de un lado a otro.</p><p>�No en este planeta �dije.</p><empty-line/><p>A unos quince kil�metros por la carretera de Bukik Tinggi, Nijon golpe� con fuerza la separaci�n entre nosotros y el asiento del conductor. �sa era nuestra se�al predeterminada: control de carreteras m�s adelante. La ambulancia disminuy� su velocidad. Ina se levant� apresuradamente, agarr�ndose para no perder el equilibrio. Le puso a En una m�scara de ox�geno amarillo ne�n sobre la cara y la sujet� con correas. En, ahora despierto, parec�a que estaba reconsiderando los m�ritos de la aventura. Ina termin� cubri�ndose la cara con una mascarilla de papel.</p><p>�R�pido �me susurr�.</p><p>As� que me contorsion� para encajar en la taquilla del equipo m�dico. La tapa cay� sobre las cu�as que permit�an que algo de aire fluyera al interior, seis mil�metros entre m� y la asfixia.</p><p>La ambulancia se detuvo antes de que estuviera preparado y mi cabeza top� con fuerza contra el extremo de la taquilla.</p><p>�Y ahora silencio �dijo Ina, a m� o a En, no estaba seguro a qui�n.</p><p>Esper� en la oscuridad.</p><p>Pasaron minutos. Hubo un distante rumor de conversaci�n, imposible de descifrar aunque hubiera entendido el idioma. Dos voces. Nijon y otra persona desconocida. Una voz d�bil, lastimera, dura. Una voz de polic�a.</p><p>�Conquistaron a la muerte�, hab�a dicho Ina.</p><p>No, pens�.</p><p>La taquilla se calentaba r�pidamente. El sudor me resbalaba por la cara, empapaba mi camisa, me irritaba los ojos. Pod�a o�rme respirar. Me imagin� que el mundo entero pod�a o�rme respirar.</p><p>Nijon respondi� al polic�a con murmullos deferentes. El polic�a ladr� nuevas preguntas.</p><p>�Quieto ahora, completamente quieto�, susurr� Ina en tono apremiante. En hab�a estado haciendo rebotar sus pies contra la camilla, un h�bito nervioso. Demasiada energ�a para una v�ctima del SDCV. Vi los dedos de Ina sobre los seis mil�metros de luz sobre mi cabeza, cuatro sombras anudilladas.</p><p>Ahora se abr�an las puertas traseras de la ambulancia y ol� a gasolina quemada y a rancia vegetaci�n al mediod�a. Si estiraba la cabeza, con suavidad, con suavidad, pod�a ver una diminuta franja de luz exterior y dos sombras que deb�an ser Nijon y un polic�a, o quiz� nubes y �rboles.</p><p>El polic�a exigi� algo a Ina. Su voz era mon�tona y gutural, aburrida y amenazadora, y me enfurec�a. Pens� en Ina y en En, encogidos o fingiendo encogerse ante este hombre armado y lo que representaba. Haci�ndolo por m�. Ibu Ina dijo algo duro pero sin tono de provocaci�n en su idioma nativo. <emphasis>�SDCV algo algo algo SDCV.� </emphasis>Ejerc�a su autoridad m�dica, poniendo a prueba la susceptibilidad del polic�a, sopesando su miedo.</p><p>La respuesta del polic�a fue cortante, una exigencia para registrar la ambulancia o ver sus papeles. Ina dijo algo m�s contundente o desesperado. La palabra SDCV de nuevo.</p><p>Quer�a protegerme a m� mismo, pero m�s que eso, quer�a proteger a Ina y En. Me entregar�a antes que ver que les hac�an da�o. Rendici�n o lucha. Lucha o huida. Entregar�a, si era necesario, todos los a�os que los f�rmacos marcianos hab�an inyectado de vuelta en mi cuerpo. Quiz� �se era el valor de los Cuartos, esa valent�a especial de la que hab�a hablado Wun Ngo Wen.</p><p>�Conquistaron a la muerte.� Pero no: como especie, terrestres o marcianos, durante todos nuestros a�os en ambos planetas, s�lo hab�amos logrado aplazamientos. No hab�a nada definitivo.</p><p>Tom� aliento y me prepar� para saltar.</p><p>Pero lleg� un nuevo sonido desde la carretera. Otro veh�culo pas� rugiendo. A juzgar por el efecto doppler del gemido de su estresado motor, circulaba a gran velocidad, a una velocidad sospechosa, a una velocidad de que-le-den-a-la-ley.</p><p>El polic�a emiti� un gru�ido de indignaci�n. El suelo tembl� de nuevo.</p><p>Ruidos ahogados, silencio durante un latido de coraz�n, una puerta que se cerraba de golpe y entonces el ruido del coche de polic�a (supuse) cobrando una vida vengativa, la grava restallando y volando bajo sus neum�ticos como una granizada enfurecida.</p><p>Ina alz� la tapa de mi sarc�fago.</p><p>Me sent� en medio del hedor de mi propio sudor.</p><p>��Qu� ha pasado?</p><p>��se era Aji. De la aldea. Primo m�o. Atravesando el control para distraer a la polic�a. �Estaba p�lida pero parec�a aliviada�. Conduce como un borracho, me temo.</p><p>��Lo hizo para que la pasma nos dejara en paz?</p><p>�Qu� expresi�n m�s pintoresca. S�. Somos un convoy, recuerde. Otros coches, tel�fonos inal�mbricos, deb�a saber que nos hab�an detenido. Se arriesga a una multa o a una detenci�n, nada m�s serio.</p><p>Respir� el aire, que era fresco y dulce. Mir� a En. En me devolvi� una sonrisa temblorosa.</p><p>�Por favor, pres�ntame a Aji cuando lleguemos a Padang �dije�. Quiero darle las gracias por hacerse pasar por un borracho.</p><p>Ina puso los ojos en blanco.</p><p>�Desafortunadamente Aji no estaba fingiendo. Es un borracho. Una ofensa a los ojos del Profeta.</p><p>Nijon nos mir�, nos gui�o el ojo y cerr� las puertas.</p><p>�Bueno, ya pas� �dijo Ina, poniendo su mano sobre mi brazo.</p><p>Me disculp� por dejar que corriera el riesgo.</p><p>�Tonter�as �dijo ella�. Ahora somos amigos. Y el riesgo no es tan grande como imagina. La polic�a puede ser dif�cil de tratar, pero al menos son gente local y est�n supeditados a determinadas reglas� no como los hombres de Yakarta, los Nuevos Reformasi o como quiera que se hagan llamar, los hombres que incendiaron mi cl�nica. Y espero que si llegara la ocasi�n, usted se arriesgar�a por nosotros si fuera necesario. �Lo har�a, Pak Tyler?</p><p>�S�, lo har�a.</p><p>Su mano temblaba. Me mir� a los ojos.</p><p>�Cielos, creo que lo dice en serio.</p><p>No, no hab�amos conseguido conquistar a la muerte, s�lo hab�amos dise�ado aplazamientos (la p�ldora, el polvo, la angioplastia, la Cuarta Edad) movidos por nuestra convicci�n de que algo m�s de vida, incluso un poco m�s, podr�a otorgarnos el placer o la sabidur�a que quer�amos o no hab�amos conseguido en nuestra vida. Nadie vuelve a casa despu�s de un baip�s triple o de un tratamiento de longevidad con la esperanza de vivir para siempre. Incluso L�zaro sali� de la tumba sabiendo que morir�a una segunda vez.</p><p>Pero volvi�. Volvi� agradecido. Y yo tambi�n estaba agradecido.</p></section><section><title><p>Los lugares fr�os del universo</p></title><p>Volv� a casa despu�s de una sesi�n de viernes por la tarde en Perihelio, abr� la puerta de mi casa con mi llave y me encontr� con Molly sentada ante el teclado de mi PC.</p><p>El equipo estaba en el rinc�n sudeste de la sala de estar, contra una pared y de espaldas a la puerta. Molly se gir� a medias y me dedic� una expresi�n de sobresalto. Al mismo tiempo, diestramente, hizo clic sobre un icono y sali� del programa que hab�a estado ejecutando.</p><p>��Molly?</p><p>No me sorprend�a encontrarla all�. Molly pasaba la mayor�a de los fines de semana conmigo; ten�a un duplicado de la llave. Pero jam�s hab�a mostrado inter�s alguno en mi PC.</p><p>�No me llamaste �dijo.</p><p>Hab�a estado reunido con dos representantes de la agencia que aseguraba la cobertura de los empleados de Perihelio. Me hab�an dicho que esperara una sesi�n de dos horas, pero al final result� una puesta al d�a de veinte minutos sobre las cl�usulas de los seguros, y cuando termin� pens� que ser�a m�s r�pido coger directamente el coche para irme a casa, puede que incluso llegara antes que Molly si ella se paraba a comprar vino. Tal fue el efecto de la larga mirada impasible de Molly que me sent� obligado a explicar todo eso antes de preguntarle qu� hac�a con mis archivos.</p><p>Se rio mientras yo atravesaba la habitaci�n hacia ella, una de esas risas de disculpa avergonzada: �Pero mira qu� tonter�a me has pillado haciendo�. Su mano derecha estaba suspendida sobre el panel t�ctil del PC. Se volvi� hacia el monitor. En la pantalla, el cursor hizo un picado hacia el bot�n de apagado.</p><p>�Espera �dije.</p><p>��Por qu�?, �quieres usarlo?</p><p>El cursor se centr� en su objetivo. Puse mi mano sobre la de Molly.</p><p>�En realidad me gustar�a ver qu� estabas haciendo.</p><p>Estaba tensa. Una vena le lat�a justo delante de una oreja.</p><p>�Poni�ndome c�moda como si estuviera en mi casa. Un, �un poquit�n demasiado como en casa? No cre� que te importara.</p><p>��Importarme el qu�, Moll?</p><p>�Que usara tu PC.</p><p>��Usarlo para qu�?</p><p>�Para nada, en realidad. S�lo miraba.</p><p>La m�quina no pod�a ser lo que interesaba a Moll. Era un modelo de hac�a cinco a�os, casi una antigualla. Usaba equipos m�s sofisticados en el trabajo. Y hab�a reconocido el programa que hab�a cerrado con tantas prisas cuando entr� por la puerta. Era mi asistente dom�stico, el programa que usaba para hacer el balance de mis cuentas y administrar mis contactos.</p><p>�Parec�a una hoja de c�lculo de alguna clase �dije.</p><p>�Llegu� ah� de casualidad. Tu escritorio me confundi�. Ya sabes. La gente organiza las cosas de manera diferente. Lo siento, Tyler. Supongo que me estaba tomando demasiadas libertades. �Contrajo la mano bruscamente debajo de la m�a y clique� en el icono de apagado. El escritorio se encogi� y o� c�mo el ventilador del procesador gem�a hasta callarse. Molly se levant�, estir�ndose la blusa, Molly siempre le daba un tironcito a la ropa cuando se levantaba. Poniendo las cosas en orden�. Qu� tal si empiezo a hacer la cena. �Me dio la espalda y se dirigi� a la cocina.</p><p>Contempl� c�mo desaparec�a tras las puertas batientes. La segu� despu�s de contar hasta diez.</p><p>Retiraba sartenes de sus colgaderos de la pared. Me mir� brevemente y apart� la cara.</p><p>�Molly �dije�. Si hay algo que quieras saber, s�lo tienes que preguntarlo.</p><p>�Oh. �S�lo tengo que preguntarlo? Vale.</p><p>�Molly�</p><p>Deposit� una sart�n sobre el quemador del horno con cuidado exagerado, como si fuera fr�gil.</p><p>��Quieres que me vuelva a disculpar? Muy bien, Tyler, siento haber toqueteado tu PC sin tu permiso.</p><p>�No te estoy acusando de nada, Moll.</p><p>�Entonces, �por qu� seguimos hablando de eso? Quiero decir, �por qu� parece que vamos a pasar el resto de la noche hablando de eso? �Sus ojos se empa�aron. Sus lentes de contacto de colores adquirieron un tono de esmeralda m�s profundo�. Ten�a un poco de curiosidad.</p><p>��Curiosidad acerca de qu�? �De mis facturas de la casa?</p><p>�Sobre ti. �Arrastr� una silla de la mesa de la cocina. La pata de la silla se qued� atrapada contra la de la mesa y Molly la liber� de un tir�n. Se sent� y se cruz� de brazos�. S�, puede que incluso sobre las cosas triviales. �Cerr� los ojos y sacudi� la cabeza�. Me oigo decirlo y parezco una especie de acosadora. Pero s�, tus facturas, tu marca de pasta de dientes, tu talla de zapatos. S�, me gustar�a sentir que soy algo m�s que un polvo de fin de semana. Lo confieso.</p><p>�No tienes que meterte en mis archivos para eso.</p><p>�Quiz� no tendr�a que hacerlo si�</p><p>��S�?</p><p>Sacudi� la cabeza.</p><p>�No quiero discutir.</p><p>�A veces es mejor terminar lo que empiezas.</p><p>�Bueno, como eso mismo, por ejemplo. Cada vez que te sientes amenazado, haces eso de apartarte. Te vuelves fr�o y reservado y anal�tico como si yo fuera un documental de vida silvestre que est�s viendo en la tele. Aparece la pantalla de cristal. Pero la pantalla de cristal siempre est� ah�, �no? todo el mundo est� al otro lado de ella. Por eso no hablas de ti mismo. Por eso me pas� un a�o esperando a que te dieras cuenta de que era algo m�s que un mueble. Esa eterna mirada boba de calma, observando la vida como si fueran las noticias de la noche, como si se tratara de una lamentable guerra al otro lado del planeta donde la gente tiene nombres impronunciables.</p><p>�Molly�</p><p>�Quiero decir que soy consciente de que todos estamos jodidos, Tyler, todos y cada uno de los que nacimos bajo el Spin.</p><p>Trastorno de estr�s pretraum�tico, �no fue as� como nos llamaste? Una generaci�n de grotescos. Por eso todos estamos divorciados o somos promiscuos o hiperreligiosos o depresivos o man�acos o desapasionados. Todos tenemos una buena excusa para portarnos mal, incluy�ndome a m�, y si ser tan premeditadamente amable y comprensivo es lo que te sirve para continuar adelante, pues vale, muy bien. Pero entonces tambi�n es v�lido para m� querer algo m�s que eso. Es v�lido, de hecho es perfectamente humano, el querer tocarte. No s�lo follarte. Tocarte.</p><p>Dijo todo eso y entonces d�ndose cuenta de que hab�a terminado, descruz� los brazos y esper� mi reacci�n.</p><p>Pens� en devolverle un discurso como el suyo. Ella me apasionaba, le dir�a. Puede que no fuera obvio, pero hab�a sido consciente de ella desde que vine a trabajar a Perihelio. Consciente de las l�neas y la din�mica de su cuerpo, la forma que ten�a de andar o de quedarse de pie o de estirarse o bostezar; consciente de su preferencia por los colores pastel al vestir y la mariposa de bisuter�a que llevaba colgada de una cadenita de plata; consciente de sus estados de �nimo e impulso y del cat�logo de sus sonrisas, ce�os y gestos. Cuando cerraba los ojos ve�a su cara y cuando me iba a dormir era lo que contemplaba. Amaba su superficie y su sustancia: el sabor salado de su garganta y la cadencia de su voz, el arco de sus dedos y las palabras que escrib�a sobre mi cuerpo.</p><p>Pens� en todo eso pero no me atrev� a dec�rselo.</p><p>No era una mentira exactamente. Pero tampoco era la verdad exactamente.</p><p>Al final nos reconciliamos con vagas frases agradables, breves l�grimas y abrazos conciliadores, dejamos correr el asunto, le hice de pinche mientras ella hac�a una magn�fica salsa para pasta y la tensi�n se fue desvaneciendo, y hacia medianoche llev�bamos acurrucados una hora frente a las noticias (sub�a el paro, un debate electoral, una lamentable guerra al otro lado del planeta) y estuvimos listos para irnos a la cama. Molly apag� la luz antes de que hici�ramos el amor, y la habitaci�n qued� a oscuras con la ventana abierta a un cielo var�o y desierto. Arque� la espalda cuando se corri� y cuando suspir� su aliento era dulce y lechoso. Separados, pero todav�a toc�ndonos, mano sobre muslo, hablamos con frases inconclusas.</p><p>�Ya sabes, pasi�n �dije.</p><p>�En el dormitorio, s�dijo ella.</p><p>Se qued� dormida. Yo segu�a despierto una hora despu�s.</p><p>Sal� de la cama con suavidad, sin percibir ning�n cambio en el ritmo de su respiraci�n. Me puse unos vaqueros y sal� del dormitorio. En noches sin sue�o como �sta, normalmente un poco de Drambuie me ayudaba a acallar el persistente mon�logo interior, las peticiones que la duda presentaba al cansado hipot�lamo. Pero antes de ir a la cocina me sent� ante mi PC e invoqu� mi programa de ayuda dom�stica.</p><p>No hab�a forma de decir qu� era lo que Molly hab�a estado mirando. Pero nada hab�a cambiado, hasta donde pod�a decir. Todos los nombres y n�meros segu�an intactos. Quiz� hab�a encontrado algo que la hiciera sentirse m�s cerca de m�. Si es que en realidad era eso lo que quer�a.</p><p>O quiz� hab�a sido una b�squeda en vano. Quiz� no hab�a encontrado nada.</p><empty-line/><p>En las semanas anteriores a las elecciones de noviembre vi m�s a Jason. Su enfermedad se estaba volviendo m�s activa pese a la medicaci�n en aumento posiblemente debido al estr�s causado por el conflicto en curso con su padre. (E. D. hab�a anunciado su intenci�n de �reconquistar� Perihelio de manos de lo que consideraba una camarilla de bur�cratas advenedizos y cient�ficos alineados con Wun Ngo Wen� una amenaza vac�a, en opini�n de Jason, pero potencialmente embarazosa y perjudicial.)</p><p>Jase me manten�a cerca de �l en caso de que tuviera que darle antiespasm�dicos en alg�n momento cr�tico, cosa que yo estaba dispuesto a hacer, dentro de los l�mites de la �tica profesional y la ley. Mantener a Jase en estado funcional a corto plazo era lo m�s que pod�a hacer la ciencia m�dica por �l, y permanecer funcional el tiempo suficiente para superar en estrategia a E. D. Lawton era, por el momento, todo lo que importaba para Jase.</p><p>As� que pas� un mont�n de tiempo en el ala VIP de Perihelio, normalmente con Jason pero a menudo tambi�n con Wun Ngo Wen. Eso me convirti� en objeto de las sospechas del resto de los cuidadores de Wun, un surtido de subautoridades gubernamentales (representantes de bajo rango del Departamento de Estado, la Casa Blanca, Homeland Security, el Mando de las Fuerzas Aeroespaciales, etc.) y los acad�micos que hab�an sido reclutados para traducir, estudiar y clasificar los llamados archivos marcianos. Mi acceso a Wun, a ojos de esa gente, era irregular e indeseable. Yo era un empleadillo. Un don nadie. Y por eso mismo Wun prefer�a mi compa��a: no ten�a intereses que promover o proteger. Y como Wun insist�a, de vez en cuando era escoltado por hoscos guardas por las varias puertas que separaban las habitaciones con aire acondicionado del embajador marciano del calor de Florida y del mundo que hab�a m�s all�.</p><p>En una de esas ocasiones encontr� a Wun Ngo Wen sentado en su silla de mimbre (alguien le hab�a tra�do un reposapi�s a juego para que los pies no quedaran colgando) contemplando pensativamente los contenidos de un vial de cristal del tama�o de una probeta. Le pregunt� qu� conten�a.</p><p>�Replicadores �dijo �l.</p><p>Estaba vestido de traje y corbata, que parec�an pensadas para un ni�o de doce a�os bastante robusto: hab�a estado haciendo una exposici�n para una delegaci�n del Congreso. Aunque la existencia de Wun no se hab�a anunciado formalmente, hab�a habido un constante tr�fico de visitantes aprobados, tanto extranjeros como nacionales, durante las �ltimas semanas. El anuncio oficial ser�a hecho por la Casa Blanca poco despu�s de las elecciones, tras lo cual Wun s� que estar�a ocupado de verdad.</p><p>Mir� el tubo de cristal desde un punto seguro al otro lado de la habitaci�n. Replicadores. Semillas de una biolog�a inorg�nica.</p><p>Wun sonri�.</p><p>�� Les tienes miedo? Por favor, no tengas miedo. Te aseguro que los contenidos est�n completamente inactivos. Pens� que Jason te lo hab�a explicado.</p><p>Lo hab�a hecho. Un poco.</p><p>�Son artefactos microsc�picos. Semiorg�nicos. Se reproducen en condiciones de fr�o extremo y vac�o.</p><p>�S�, bien, correcto en esencia. �Y te explic� Jason su prop�sito?</p><p>�Salir y extenderse por la galaxia. Para enviarnos informaci�n.</p><p>Wun asinti� lentamente, como si esa respuesta tambi�n fuera correcta en esencia pero menos que satisfactoria.</p><p>��ste es el tipo de artefacto tecnol�gico m�s sofisticado que las Cinco Rep�blicas han producido, Tyler. Jam�s hubi�ramos podido sostener el tipo de actividad industrial que tu gente practica a escala tan alarmante: cruceros oce�nicos, hombres en la luna, vastas ciudades�</p><p>�Por lo que he visto, vuestras ciudades tambi�n son bastante impresionantes.</p><p>�S�lo porque las construimos en un gradiente gravitacional m�s suave. En la Tierra esas torres se derrumbar�an por su propio peso. Pero lo que quiero decir es que esto, los contenidos de este tubo, son nuestro equivalente de un triunfo de la ingenier�a, algo tan complejo y dif�cil de crear que nos enorgullecemos, quiz� justificadamente, de haberlo creado.</p><p>�Estoy seguro de que s�.</p><p>�Entonces ac�rcate y apr�cialo. No tengas miedo.</p><p>Me hizo un gesto para que me acercara y cruc� la habitaci�n para sentarme en una silla frente a �l. Supongo que desde lejos parecer�amos dos amigos discutiendo de cualquier cosa. Pero mis ojos no se apartaban del vial.</p><p>�Vamos. C�gelo �me dijo.</p><p>Tom� el tubo entre el pulgar y el �ndice y lo sostuve para que la luz del techo pasara a su trav�s. El contenido parec�a agua normal con un ligero brillo aceitoso. Eso era todo.</p><p>�Para poder apreciarlo de verdad �dijo Wun�, tienes que entender lo que sostienes en la mano. En ese tubo, Tyler, hay treinta o cuarenta mil c�lulas individuales hechas por el hombre en una suspensi�n de glicerol. Cada c�lula es una bellota.</p><p>�<emphasis>�</emphasis> Conoces las bellotas?</p><p>�He estado leyendo cosas. Es una met�fora com�n. Robles y bellotas, �no es as�? Cuando sostienes una bellota en la mano lo que sostienes es la posibilidad de un roble, y no de un solo roble, sino de toda la progenie de ese roble durante siglos y siglos. Roble suficiente para construir ciudades enteras� �las ciudades est�n hechas de roble?</p><p>�No, pero no importa.</p><p>�Lo que sostienes es una bellota. Completamente durmiente, como he dicho, y de hecho esa muerta en <emphasis>particular </emphasis>probablemente est� muerta del todo, considerando el tiempo que ha pasado a temperatura ambiente terrestre. Si la analizas, lo m�s raro que encontrar�s ser� algunos oligoelementos.</p><p>��Pero?</p><p>�Pero� ponlo en un entorno helado, sin aire y fr�o, un entorno como la Nube de Oort, �y entonces, Tyler, cobra vida! Comienza, muy lentamente, pero con much�sima paciencia, a crecer y reproducirse.</p><p>La Nube de Oort. Conoc�a la Nube de Oort por conversaciones con Jason y por las novelas especulativas que le�a ocasionalmente. La Nube de Oort era un nebuloso conjunto de cuerpos cometarios que ocupaban un espacio que empezaba m�s o menos en la �rbita de Plut�n y se extend�a hasta llegar a medio camino de la estrella m�s pr�xima. Esos peque�os objetos distaban mucho de estar densamente empaquetados: ocupaban un volumen casi inimaginablemente grande de espacio, pero su masa total equival�a a unas veinte a treinta veces la masa de la Tierra, principalmente en la forma de hielo sucio.</p><p>Montones de comida, si lo que te gustaba comer era hielo y polvo.</p><p>Wun se inclin� hacia delante en su silla. Sus ojos, engastados en una piel como cuero arrugado, brillaban. Sonri�, lo que hab�a aprendido a interpretar como una se�al de seriedad: los marcianos sonr�en cuando hablan con el coraz�n.</p><p>�No falt� la controversia entre mi gente. Lo que tienes en la mano tiene el poder de transformar sustancialmente no s�lo nuestro sistema solar, sino muchos otros. Y por supuesto el resultado es incierto. Si bien los replicadores no son org�nicos en el sentido convencional, est�n vivos. Son bucles de retroalimentaci�n catal�tica viviente, sujetos a modificaciones por la presi�n ambiental. Como los seres humanos, o las bacterias, o, o�</p><p>�O los <emphasis>murkuds </emphasis>�dije.</p><p>Sonri�.</p><p>�O los <emphasis>murkuds.</emphasis></p><p>�En otras palabras, puede que evolucionen.</p><p>�Evolucionar�n, y de forma impredecible. Pero hemos emplazado algunas limitaciones. O creemos que lo hemos hecho. Como dije, abunda la controversia.</p><p>Cuando Wun hablaba de pol�tica marciana, me imaginaba hombres y mujeres arrugados en togas de colores pastel debatiendo abstracciones desde podios de acero inoxidable. De hecho, insist�a Wun, los parlamentarios marcianos se comportaban m�s bien como granjeros pelados de dinero en una subasta de grano; y los ropajes� bueno, ni siquiera intent� imaginarme los ropajes: en las ocasiones formales los marcianos de ambos sexos tend�an a vestirse como la reina de corazones en una baraja de ilusionista.</p><p>Pero aunque los debates hab�an sido largos y sentidos, el plan en s� era relativamente simple. Los replicadores ser�an esparcidos en los confines m�s lejanos y fr�os del sistema solar. Alguna fracci�n infinitesimal de esos replicadores se apear�a en dos o tres de los n�cleos cometarios que constituyen la Nube de Oort. All� empezar�an a reproducirse.</p><p>Su informaci�n gen�tica, dijo Wun, estaba codificada en mol�culas que eran t�rmicamente inestables en cualquier lado m�s c�lido que las lunas de Neptuno. Pero en el entorno hiperfr�o para el que hab�an sido dise�adas, filamentos submicrosc�picos comenzar�an un lento y laborioso metabolismo. Crec�an a velocidades que har�an parecer apresurado el crecimiento de un <emphasis>Pinus balfouriana,</emphasis><a l:href="#n_17" type="note">[17]</a> pero crecer�an, asimilando vol�tiles escasos y mol�culas org�nicas, y transformando el hielo en paredes celulares, nervios y nexos.</p><p>Para cuando los replicadores hubieran consumido unos cuantos metros c�bicos de n�cleos cometarios, sus interconexiones empezar�an a hacerse m�s complejas y su comportamiento ser�a m�s determinado. Les crecer�an ap�ndices altamente sofisticados, ojos de hielo y carb�n para barrer la oscuridad estelar.</p><p>En una d�cada o dos la colonia de replicadores se habr�a convertido en una entidad comunal capaz de registrar y transmitir informaci�n rudimentaria sobre su entorno. Mirar�a al cielo y preguntar�a: ��hay un cuerpo oscuro del tama�o de un planeta orbitando a la estrella m�s pr�xima?�.</p><p>Plantear y responder a la pregunta consumir�a m�s d�cadas de tiempo, y al menos inicialmente la respuesta estaba dada de antemano: s�, hay dos mundos que orbitan esa estrella y son cuerpos oscuros, la Tierra y Marte.</p><p>Sin embargo, pacientemente, con tes�n, lentamente, los replicadores recopilar�an esa informaci�n y la retransmitir�an a su punto de origen: a nosotros, o al menos a nuestros sat�lites apostados a la escucha.</p><p>Entonces, en su senectud como m�quina compleja, la colonia de replicadores se romper�a en racimos de c�lulas simples, identificar�an otra estrella brillante o cerca, y usar�an los vol�tiles acumulados extra�dos del n�cleo cometario anfitri�n para propulsar sus semillas fuera del sistema solar. (Dejar�an atr�s un diminuto fragmento de su ser para que actuara de repetidor de radio, un nodo pasivo en una red en expansi�n.)</p><p>Esas semillas de segunda generaci�n ir�an a la deriva en el espacio interestelar durante a�os, d�cadas, milenios. La mayor�a perecer�an inevitablemente, perdidas en trayectorias infructuosas o atra�das por mareas gravitacionales. Algunas, incapaces de escapar del d�bil pero distante tir�n del sol, volver�an a caer a la Nube de Oort y repetir�an el proceso, comiendo hielo est�pida pero pacientemente y registrando informaci�n redundante. Si dos cepas se encontraban, intercambiar�an material celular, reduciendo los errores de transcripci�n inducidos por el tiempo o la radiaci�n, y producir�an descendencia parecida pero no exactamente igual a ellas mismas.</p><p>Algunas pocas llegar�an al halo de hielo de una estrella cercana y comenzar�an el ciclo de nuevo, esta vez reuniendo informaci�n nueva, que al final enviar�an a casa en estallidos de informaci�n, breves orgasmos digitales. �Estrella binaria �puede que dijeran� sin cuerpos planetarios oscuros.� O puede que dijeran, �Enana blanca, un cuerpo planetario oscuro.�</p><p>Y el ciclo volver�a a repetirse otra vez.</p><p>Y otra.</p><p>Y otra, de una estrella a la siguiente, paso a paso, de siglos a milenios, ag�nicamente lento, pero con rapidez seg�n mide el tiempo la galaxia, seg�n nuestra medida del tiempo exterior en nuestro encierro. Nuestros d�as ser�an cientos de miles de sus a�os, y una d�cada de nuestro tiempo lento bastar�a para infectar la mayor parte de la galaxia.</p><p>La informaci�n que pasaba de nodo en nodo a la velocidad de la luz ser�a reenviada, modificar�a el comportamiento, dirigir�a a nuevos replicadores hacia territorios inexplorados, suprimir�a informaci�n redundante de forma que los nodos no se sobrecargaran. De hecho, estar�amos cableando la galaxia para una especie de pensamiento rudimentario. Los replicadores construir�an una red neural tan grande como el cielo nocturno, y nos hablar�an.</p><p>�Hab�a riesgos? Por supuesto que hab�a riesgos.</p><p>Si no fuera por el Spin, los marcianos jam�s habr�an aprobado tal expropiaci�n arrogante de los recursos de la galaxia. No era un simple acto de exploraci�n; era intervenci�n, un reordenamiento imperial de la ecolog�a gal�ctica. Si hab�a otras especies inteligentes ah� fuera, y la existencia de los Hipot�ticos parec�a responder en gran parte a esa pregunta con una afirmaci�n, la dispersi�n de los replicadores podr�a ser malinterpretada como agresi�n. Lo que invitar�a a las represalias.</p><p>Los marcianos s�lo hab�an reconsiderado este riesgo cuando detectaron estructuras de Spin en construcci�n sobre sus polos norte y sur.</p><p>�El Spin convierte las objeciones en irrelevantes �dijo Wun�, o casi. Con suerte, los replicadores nos contar�n algo importante sobre los Hipot�ticos, o al menos sobre el alcance de su obra en la galaxia. Puede que seamos capaces de discernir el prop�sito del Spin. Si eso fracasa, los replicadores servir�n como una especie de baliza de advertencia a otras especies inteligentes que se enfrenten al mismo problema. Un an�lisis cercano podr� sugerirle a un observador reflexivo la raz�n por la que se construy� la red de comunicaci�n. Puede que otras civilizaciones opten por conectarse a la red. El conocimiento podr�a ayudarles a protegerse a s� mismos. Para lograr el �xito all� donde nosotros fracasamos.</p><p>��Crees que fracasaremos?</p><p>Wun se encogi� de hombros.</p><p>��No hemos fracasado ya? El sol ya es muy viejo. Eso ya lo sabes, Tyler. Nada dura indefinidamente. Y en las presentes circunstancias, para nosotros ni siquiera �indefinidamente� es mucho tiempo.</p><p>Puede que fuera la forma en que lo dec�a, sonriendo con esa peque�a sonrisa de sinceridad marciana e inclin�ndose hacia delante en su silla de mimbre, pero el peso de su veredicto era tranquilamente perturbador.</p><p>No es que me sorprendiera. Todos sab�amos que est�bamos condenados. Condenados, como m�nimo, a vivir nuestras vidas bajo un caparaz�n que era lo �nico que nos proteg�a de un sistema solar hostil. La luz solar que hab�a vuelto Marte habitable pod�a cocer la Tierra si se abr�a la membrana del Spin. E incluso Marte (en su propio envoltorio oscuro) se deslizaba r�pidamente fuera de la llamada zona habitable. La estrella mort�fera que era la madre de toda vida hab�a llegado a la pu�etera senilidad y nos matar�a a todos sin cargo de conciencia.</p><p>La vida hab�a nacido en el margen de una reacci�n nuclear inestable. Eso era cierto y siempre hab�a sido cierto; era cierto antes del Spin, incluso cuando el cielo estaba despejado y las noches de verano reluc�an con estrellas distantes e irrelevantes. Hab�a sido cierto pero no ten�a importancia porque la vida humana era corta; incontables generaciones nacer�an y morir�an en un latido solar. Pero ahora, y que Dios nos ayude, vivir�amos m�s que el sol. O bien terminar�amos como cenizas orbitando su cad�ver o nos preservar�an para una noche eterna, bagatelas encapsuladas sin verdadero hogar en el universo.</p><p>��Tyler? �Est�s bien?</p><p>�S�dije. Pensando, por alg�n motivo, en Diane�. Quiz� a lo m�s que podemos aspirar sea a un poco de comprensi�n antes de que caiga el tel�n.</p><p>��Tel�n?</p><p>�Antes del fin.</p><p>�No es mucho consuelo �admiti� Wun�. Pero, s�, puede que sea a lo m�s que podemos aspirar.</p><p>�Tu gente ha sabido del Spin durante milenios. �Y en todo ese tiempo no hab�is descubierto nada sobre los Hipot�ticos?</p><p>�No. Lamento no poder ofrecer nada. Acerca de la naturaleza f�sica del Spin s�lo tenemos un par de especulaciones.</p><p>(Que Jason recientemente hab�a intentado explicarme: algo sobre quantos temporales, muchas matem�ticas y muy lejos del alcance de la ingenier�a pr�ctica, marciana o terrestre)�. Sobre los Hipot�ticos, nada en absoluto. Y en cuanto a qu� quieren de nosotros� �Hizo un adem�n de incertidumbre�. S�lo m�s especulaciones. La pregunta que nos hicimos fue, �qu� hab�a de especial en la Tierra cuando fue encapsulada? �Por qu� los Hipot�ticos esperaron para encerrar Marte, y qu� les hizo elegir ese momento en particular de nuestra historia?</p><p>��Y tienes respuestas para eso?</p><p>Uno de sus cuidadores toc� en la puerta y la abri�. Un tipo que se estaba quedando calvo vestido con un traje negro hecho a medida habl� con Wun pero me miraba a m�:</p><p>�S�lo un recordatorio. Tenemos al representante de la UE a punto de llegar. Cinco minutos. �Sostuvo la puerta abierta, a la espera. Me levant�.</p><p>�La pr�xima vez �dijo Wun.</p><p>�Pronto, espero.</p><p>�Tan pronto como pueda arreglarlo.</p><p>Era tarde y ya hab�a terminado el trabajo por ese d�a. Sal� por la puerta norte. De camino al aparcamiento me detuve ante la valla de madera detr�s de la cual se constru�a el nuevo a�adido a Perihelio. Entre huecos en la valla de seguridad pude ver un edificio de ladrillo gris sin adornos, grandes tanques a presi�n externos, tuber�as gruesas como barriles que atravesaban troneras de cemento. El terreno estaba cubierto con aislantes amarillos de tefl�n y bobinas de tubos de cobre. Un capataz con un casco de obras blanco ladraba �rdenes a los hombres que empujaban carretillas, hombres con gafas de protecci�n y botas de punta de acero.</p><p>Hombres que constru�an una incubadora para un nuevo tipo de vida. Ah� era donde los replicadores crecer�an en cunas de helio l�quido y se preparar�an para ser lanzados hacia los lugares fr�os del universo, destinados a vivir m�s y viajar m�s lejos de lo que los seres humanos jam�s podr�an. Nuestro di�logo final con el universo. A menos que E. D. se saliera con la suya y cancelara el proyecto por completo.</p><p>Molly y yo fuimos a dar un paseo por la playa ese fin de semana.</p><p>Era un s�bado sin nubes de finales de octubre. Hab�amos recorrido medio kil�metro de arena cubierta de colillas antes de que el d�a se volviera inc�modamente bochornoso y el sol se volviera insistente, el oc�ano devolv�a la luz en puntos deslumbrantes, como si hubiese bancos de diamantes nadando cerca de la costa. Molly llevaba pantalones cortos, sandalias, una camiseta blanca de algod�n que se le hab�a empezado a pegar al cuerpo de forma insinuante y una gorra con visera, bajada para protegerse los ojos de la luz.</p><p>�Es algo que nunca comprend�dijo, pas�ndose la mu�eca por la frente para secarse el sudor y volvi�ndose para contemplar sus propias huellas sobre la arena.</p><p>��El qu�, Moll?</p><p>�El sol. Quiero decir la luz del sol. Esta luz. Es falsa, todo el mundo lo dice, pero por Dios, el calor; el calor es real.</p><p>�El sol no es exactamente falso. El sol que vemos no es el sol de verdad, pero esta luz pudo originarse all�. Los Hipot�ticos lo administran, disminuyen las longitudes de onda y filtran�</p><p>�Lo s�, pero quiero decir la forma en que atraviesa el cielo. Amanecer, ocaso. Si s�lo es una proyecci�n, �c�mo es que tiene el mismo aspecto desde Canad� y Sudam�rica? �Si la barrera del Spin s�lo est� a unos cuantos cientos de kil�metros hacia arriba?</p><p>Le dije lo que Jason me hab�a contado una vez: el falso sol no era una ilusi�n proyectada sobre una pantalla, era una r�plica de la luz del sol pasando a trav�s de la barrera desde una fuente a ciento cincuenta millones de kil�metros de distancia, como un programa de creaci�n de im�genes por <emphasis>raytracing </emphasis>funcionando a una escala colosal.</p><p>�Pues es un truco de ilusionista pu�eteramente complicado.</p><p>�Si lo hubieran hecho de otra forma, hubi�ramos muerto todos hace a�os. La ecolog�a planetaria necesita un d�a de veinticuatro horas. �Ya hab�amos perdido un cierto n�mero de especies que depend�an de la luz lunar para alimentarse o procrear.</p><p>�Pero es una mentira.</p><p>�Si quieres llamarlo as�.</p><p>�Una mentira, lo que lo llamo es una mentira. Aqu� estoy, con la luz de una mentira en mi cara. Una mentira que puede darte c�ncer de piel. Pero sigo sin comprenderlo. Y supongo que no lo haremos hasta que entendamos a los Hipot�ticos. Si es que lo hacemos. Cosa que dudo.</p><p>No comprendes una mentira, dijo Molly mientras camin�bamos en paralelo a una vieja pasarela de madera blanqueada por la sal, hasta que no entiendes la motivaci�n que hay detr�s de ella. Dijo eso mientras me dedicaba miradas de soslayo, ojos en la sombra de su visera, envi�ndome mensajes que no pod�a descifrar.</p><p>Pasamos el resto de la tarde en mi casa con aire acondicionado, leyendo y escuchando m�sica, Pero Moll estaba inquieta y yo todav�a no hab�a perdonado lo de su incursi�n en mi ordenador, otro evento indescifrable. Amaba a Molly. O al menos me dec�a a m� mismo que la amaba. O, si lo que sent�a por ella no era amor, al menos era una imitaci�n plausible, un sustituto convincente.</p><p>Lo que me preocupaba era que segu�a siendo profundamente impredecible, tan tocada por el Spin como el resto de nosotros. No pod�a comprarle regalos: hab�a cosas que ella quer�a, pero a menos que las hubiera admirado en voz alta en el escaparate de una tienda no ten�a ni idea de qu� cosas eran. Manten�a sus necesidades m�s profundas profundamente a oscuras. Quiz�, como la mayor�a de la gente furtiva, asum�a que yo ten�a mis propios secretos.</p><p>Acab�bamos de cenar y empec� a limpiar cuando son� el tel�fono. Molly lo cogi� mientras yo me secaba las manos.</p><p>�Aja �dijo�. No, est� aqu�. Un momento. �Puso una mano sobre el auricular y me dijo�: Es Jason. �Quieres hablar con �l? Parece bastante raro.</p><p>�Por supuesto que hablar� con �l.</p><p>Cog� el auricular y esper�. Molly me dedic� una larga mirada, luego hizo una mueca y sali� de la cocina. Privacidad.</p><p>��Jase?</p><p>�Te necesito aqu�, Tyler. �Su tono era tenso, ahogado�. Ahora.</p><p>��Tienes un problema?</p><p>�S�. Tengo un pu�etero problema. Y necesito que vengas a arreglarlo.</p><p>��Es tan urgente?</p><p>��Te llamar�a si no lo fuera?</p><p>��D�nde est�s?</p><p>�En casa.</p><p>�Vale, escucha, me tomar� alg�n tiempo si el tr�fico est� mal�</p><p>�T� ven aqu� �dijo.</p><p>As� que le cont� a Molly que ten�a algo de trabajo urgente que poner al d�a. Me sonri�, o quiz� me hizo una mueca de desd�n y dijo:</p><p>��Qu� trabajo es �se? �Alguien falt� a una cita? �Un parto? �Qu�?</p><p>�Soy un m�dico, Moll. Confidencialidad profesional.</p><p>�Ser un m�dico no significa que seas el perrillo faldero de Jason Lawton. No tienes que ir a buscar el palo cada vez que �l tira uno.</p><p>�Lamento el tener que cortar la velada. �Quieres que te deje en alg�n lado o�?</p><p>�No �dijo ella�. Me quedar� aqu� hasta que vuelvas. �Se me qued� mirando, beligerante, desafiante, casi queriendo que pusiera objeciones.</p><p>Pero no pod�a discutir. Eso significar�a que no confiaba en ella. Y confiaba en ella. Casi por completo.</p><p>No estoy seguro de cu�nto tardar�.</p><p>�No importa. Me acostar� en el sof� y ver� la caja tonta. Si te parece bien.</p><p>�Siempre que no te aburras.</p><p>�Te prometo que no me aburrir�.</p><p>El apartamento apenas amueblado de Jason quedaba a treinta kil�metros por la autopista, y de camino tuve que desviarme alrededor de la escena de un crimen, un fallido asalto de carretera que hab�a dejado un coche lleno de canadienses muertos. Jase me abri� el portero para dejarme pasar a su edificio y cuando toqu� a su puerta, grit� desde dentro.</p><p>�Est� abierto.</p><p>La habitaci�n de la entrada segu�a tan desnuda como siempre, un desierto de parqu� en el que Jase hab�a instalado su campamento de beduino. Estaba tirado sobre el sof�. La l�mpara arrojaba sobre �l una luz severa y poco halag�e�a. Estaba p�lido y su frente reluc�a de sudor. Le brillaban los ojos.</p><p>�Cre� que no vendr�as �dijo�. Pens� que tu novia paleta a lo mejor no te dejaba salir de casa.</p><p>Le cont� lo del desv�o policial. Y luego le dije:</p><p>�Hazme un favor. No hables de Molly de esa manera.</p><p>��Que por favor no me refiera a ella como una paleta de Idaho con la educaci�n de haber sido criada en una caravana? Claro, cualquier cosa por complacerte.</p><p>��Qu� co�o te pasa?</p><p>�Interesante pregunta. Muchas respuestas posibles. Mira.</p><p>Se levant�.</p><p>Fue un proceso lamentable, d�bil y espasm�dico. Jase segu�a siendo alto, segu�a siendo esbelto, pero la gracilidad que una vez hab�a parecido en �l tan natural lo hab�a abandonado. Sus brazos oscilaban. Sus piernas, cuando consigui� enderezarse, temblaban bajo �l como zancos articulados. Parpadeaba compulsivamente.</p><p>�Esto es lo que me pasa �dijo. Entonces la rabia lleg� con otro movimiento convulsivo, su estado emocional tan vol�til como sus miembros�. �M�rame! �Co- co�o, Tyler, m�rame!</p><p>�Si�ntate, Jase. Deja que te examine. �Hab�a tra�do mi equipo m�dico. Le arremangu� el brazo y le puse la banda de un medidor de presi�n alrededor de su brazo flacucho. Pod�a sentir el m�sculo contray�ndose bajo la banda, apenas controlado.</p><p>Su tensi�n era alta y su pulso r�pido.</p><p>��Has estado tomando tus anticonvulsivos?</p><p>�Por supuesto que he estado tomando los putos anticonvulsivos.</p><p>��Seg�n la dosis establecida? �Nada de dosis extra? Porque si tomas demasiados, Jase, te estar�s haciendo m�s mal que bien.</p><p>Jason suspir� con impaciencia. Entonces hizo algo sorprendente. Alz� la mano hasta ponerla detr�s de mi cabeza y me agarr� del pelo, tirando hacia abajo hasta que mi cara qued� cerca de la suya. Las palabras salieron de su boca, un r�o embravecido de palabras.</p><p>�No te pongas pedante conmigo, Tyler. No lo hagas porque ahora mismo no puedo permit�rmelo. Puede que tengas alg�n problema con mi tratamiento. Pues lo siento, pero �ste no es momento para que saques a pasear tus putos principios �ticos. Hay demasiadas cosas en juego. E. D. llegar� a Perihelio por la ma�ana. E. D. cree que tiene un as en la manga. E. D. preferir�a cerrar todo el tinglado antes que permitirme ascender a su puto trono. No puedo permitir que suceda, y m�rame: �te parece que en mi estado puedo cometer un parricidio? �Su presa aument� hasta que doli�, segu�a siendo as� de fuerte, y entonces me solt� y con la otra mano me empuj� hacia atr�s�: �As� que ARR�GLAME! Para eso sirves, �no?</p><p>Acerqu� una silla y me sent� en silencio hasta que se volvi� a derrumbar en el sof�, agotado por su estallido. Observ� c�mo sacaba una jeringuilla de mi malet�n y la cargaba con el contenido de una peque�a botellita marr�n.</p><p>��Qu� es eso?</p><p>�Alivio temporal. �De hecho, era un complejo de vitamina B inofensivo mezclado con un tranquilizante menor. Jason lo mir� con suspicacia pero dej� que se lo inyectara en el brazo. Una diminuta perla de sangre apareci� cuando retir� la aguja.</p><p>�Ya sabes lo que tengo que decirte �dije�. No hay ninguna cura para este problema.</p><p>�Ninguna cura terrestre.</p><p>��Qu� se supone que quiere decir eso?</p><p>�Ya sabes lo que significa.</p><p>Estaba hablando del proceso de longevidad de Wun Ngo Wen.</p><p>La reconstrucci�n, hab�a dicho Wun, tambi�n era una cura para una larga lista de enfermedades gen�ticas. Editar�a el segmento de la EMA del ADN de Jason, inhibiendo las prote�nas renegadas que pon�an en peligro su sistema nervioso.</p><p>�Pero eso tardar�a semanas �dije�, y de todas formas no puedo aceptar la idea de que te conviertas en cobaya para un procedimiento m�dico sin testar.</p><p>�De sin testar nada. Los marcianos llevan haci�ndolo desde hace siglos y son tan humanos como nosotros. Y lo siento, Tyler, pero no estoy interesado en tus escr�pulos profesionales. Simplemente no tienen cabida en la ecuaci�n.</p><p>�S� que la tienen, en lo que a m� respecta.</p><p>�Entonces la pregunta es, �cu�nto te importa? Si no quieres ser parte de eso, hazte a un lado.</p><p>�El riesgo�</p><p>�Lo corro yo, no t�. �Cerr� los ojos�. No confundas esto con arrogancia o vanidad, pero si vivo o muero importa, o incluso si puedo caminar derecho o pronunciar mis p-putas consonantes. Importa para el mundo, quiero decir, porque estoy en una posici�n de importancia �nica. No s�lo por accidente. No porque sea listo o virtuoso. Fui designado. B�sicamente, Tyler, soy un artefacto, un objeto artificial, dise�ado por E. D. Lawton de la misma manera que tu padre sol�a dise�ar perfiles aerodin�micos. Estoy haciendo el trabajo para el que me construy� dirigir Perihelio, dirigir la respuesta humana al Spin.</p><p>�El presidente puede que no est� de acuerdo. Por no mencionar al Congreso o la ONU.</p><p>�Por favor. No estoy desvariando. �sa es precisamente la cuesti�n. Dirigir Perihelio significa manipular a las partes interesadas. A todas ellas. E. D. lo sabe; se muestra completamente c�nico al respecto. Convirti� Perihelio en una gallina de los huevos de oro para la industria aeroespacial y lo consigui� haciendo amigos y forjando alianzas pol�ticas en las altas esferas. Engatusando, suplicando, presionando y financiando campa�as de amigos. Ten�a visi�n y contactos y estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado; se adelant� con el programa aerost�tico y rescat� a la industria de telecomunicaciones del Spin, y eso lo puso en la compa��a de gente poderosa� y sabe c�mo aprovechar las oportunidades. Sin E. D. Lawton no habr�a seres humanos en Marte. Sin E. D. Lawton Wun Ngo Wen ni siquiera existir�a. Hay que reconoc�rselo al viejo mam�n. Es un gran hombre.</p><p>��Pero?</p><p>�Pero es un hombre de su tiempo. Es pre-Spin. Sus motivaciones son arcaicas. La antorcha ha sido entregada. O lo ser�, si me salgo con la m�a.</p><p>�No s� qu� quiere decir eso, Jase.</p><p>�E. D. sigue pensando que hay alguna ventaja personal que puede aprovechar de todo esto. Est� resentido con Wun Ngo Wen y odia la idea de sembrar la galaxia con replicadores, no porque sea demasiado ambiciosa, sino porque es mala para los negocios. El proyecto marciano inyect� billones de d�lares en la industria aeroespacial. Convirti� e E. D. en m�s rico y poderoso de lo que jam�s hab�a so�ado. Lo convirti� en un nombre en boca de todos. Y E. D. sigue pensando que eso tiene importancia. Que tiene importancia como la ten�a antes del Spin, cuando pod�as jugar a la pol�tica como si fuera un juego, apostar para conseguir premios. Pero la propuesta de Wun no tiene ese tipo de compensaciones. Lanzar replicadores es una inversi�n trivial comparada con la terraformaci�n de Marte. Podemos hacerlo con un par de Delta sietes y un motor i�nico barato. Lo �nico que hace falta en realidad es un empuj�n y una probeta.</p><p>��Y eso es malo para E. D.?</p><p>�No hace mucho por proteger una industria que se derrumba. Mina su base financiera. Peor, lo aparta del escenario. De repente todo el mundo mirar� a Wun Ngo Wen, estamos a un par de semanas de una tormenta de mierda medi�tica de proporciones m�ticas, y Wun me eligi� a m� como portavoz de su proyecto. Lo �ltimo que E. D. quiere es un hijo ingrato y un marciano arrugado desmantelando la obra de su vida para lanzar una armada que cuesta menos que un solo avi�n de pasajeros.</p><p>��Y qu� preferir�a hacer?</p><p>�Tiene previsto todo un plan a gran escala. Vigilancia integral, lo llama. Buscando pruebas de las actividades de los Hipot�ticos. Sondas planetarias de Mercurio a Plut�n, sofisticados puestos de escucha en el espacio interplanetario. Misiones de reconocimiento de los artefactos de Spin aqu� y en los polos marcianos.</p><p>��Y eso es una mala idea?</p><p>�Puede proporcionar alguna informaci�n trivial. Ara�ar algunos datos y proporcionar mucho dinero a la industria. Para eso est� pensado. Pero lo que E. D. no entiende, lo que su generaci�n no entiende�</p><p>��El qu�, Jase?</p><p>�Que la ventana se est� cerrando. La ventana humana. Nuestro tiempo sobre la Tierra. El tiempo de la Tierra en el universo. Est� a punto de acabarse. Tenemos, creo, s�lo una oportunidad realista m�s de entender qu� significa� qu� significaba� el haber construido una civilizaci�n humana. �Sus p�rpados se cerraron y abrieron una, dos veces. Gran parte de la tensi�n extrema hab�a desaparecido�. Lo que significa haber sido elegidos para esta peculiar forma de extinci�n. M�s que eso, en realidad. Lo que significa� lo que significa� me mir�. �Qu� co�o me has dado, Tyler?</p><p>�Nada serio. Un ansiol�tico suave.</p><p>��Un parcheado r�pido?</p><p>��No era eso lo que quer�as?</p><p>�Supongo que s�. Quiero estar presentable para ma�ana, eso es lo que quiero.</p><p>�La medicaci�n no es una cura. Lo que quieres que haga es equivalente a reparar una conexi�n el�ctrica que est� medio suelta haciendo pasar m�s voltaje por ella. Puede que funcione a corto plazo. Pero no es de fiar y somete a una tensi�n inaceptable a otras partes del sistema. Me gustar�a darte todo un buen d�a libre de s�ntomas. Lo que no me gustar�a ser�a matarte.</p><p>�Si no me das un d�a libre de s�ntomas, bien podr�as matarme.</p><p>�Todo lo que puedo ofrecerte �dije�, es mi opini�n profesional.</p><p>��Y qu� puedo esperar de tu opini�n profesional?</p><p>�Puedo ayudarte. Creo. Un poco. Por esta vez. Por esta vez, Jase. Pero no hay mucho margen de maniobra. Tendr�s que hacerle frente a eso.</p><p>�Ninguno de nosotros tiene mucho margen de maniobra. Tendremos que hacerle frente a eso.</p><p>Pero suspir� y sonri� cuando volv� a abrir el malet�n.</p><p>Molly estaba repantigada en el sof� cuando llegu� a casa, frente a la tele, viendo una reciente pel�cula popular sobre elfos. O quiz� eran �ngeles. La pantalla estaba llena de una luz azul difusa. La apag� cuando entr�. Le pregunt� si hab�a ocurrido algo mientras yo estaba fuera.</p><p>�No mucho. Te llam� alguien.</p><p>�Oh. �Qui�n era?</p><p>�La hermana de Jason. �C�mo se llamaba? Diane. La que est� en Arizona.</p><p>��Dijo lo que quer�a?</p><p>�S�lo hablar. As� que hablamos un poco.</p><p>�Vaya. �Y de qu� hablasteis?</p><p>Molly se gir�, mostr�ndome su perfil contra la luz tenue procedente del dormitorio.</p><p>�De ti.</p><p>��Algo en particular?</p><p>�S�. Le dije que dejara de llamarte porque ahora tienes una nueva novia. Le dije que a partir de ahora ser�a yo la que me ocupara de tus llamadas.</p><p>Me la qued� mirando.</p><p>Molly mostr� los dientes en lo que supuse que deb�a de ser una sonrisa.</p><p>�Vamos Tyler, aprende a encajar una broma. Le dije que hab�as salido. �As� est� bien?</p><p>��Le contaste que hab�a salido?</p><p>�S�, le dije que hab�as salido. No dije adonde. Porque la verdad es que no me lo dijiste.</p><p>��Dijo si era urgente?</p><p>�No sonaba urgente. Ll�mala si quieres. Adelante� no me importa.</p><p>Pero eso tambi�n era una prueba.</p><p>�Puede esperar �dije.</p><p>�Bien. �Aparecieron hoyuelos en sus mejillas�. Porque tengo otros planes.</p></section><section><title><p>Ritos sacrificiales</p></title><p>Jason, obsesionado con la inminente llegada de E. D. Lawton, hab�a olvidado mencionar que habr�a otro invitado presente en Perihelio: Preston Lomax, actual vicepresidente de los Estados Unidos y candidato a las pr�ximas elecciones.</p><p>La seguridad era extremadamente rigurosa a la entrada al complejo y hab�a un helic�ptero en la pista de lo alto del edificio Perihelio. Reconoc� todos esos protocolos de C�digo Rojo de una serie de visitas del presidente Garland que hab�an acabado el mes pasado. El guarda de la entrada principal, el que me llamaba �Doc� y cuyos niveles de colesterol monitoreaba una vez al mes, me filtr� que esta vez se trataba de Lomax.</p><p>Acababa de atravesar la puerta de la cl�nica (Molly estaba ausente, una sustitu�a llamada Lucinda se ocupaba de la recepci�n) cuando me lleg� al busca un mensaje redirigi�ndome al despacho de Jason en el ala ejecutiva. Cuatro per�metros de seguridad m�s tarde y estaba a solas con �l. Tem�a que me pidiera m�s medicaci�n. Pero el tratamiento que le hab�a puesto la noche pasada parec�a haberle causado una remisi�n completa, aunque puramente temporal. Se levant� y cruz� la habitaci�n con las manos, sin temblores, extendidas, alardeando.</p><p>�Gracias por esto, Ty.</p><p>�De nada, pero tengo que insistir� no hay garant�as.</p><p>�Debidamente anotado. Siempre y cuando est� bien para el resto del d�a. E. D. llegar� al mediod�a.</p><p>�Por no mencionar al vicepresidente.</p><p>�Lomax lleva aqu� desde las siete de la ma�ana. El hombre es madrugador. Pas� un par de horas conferenciando con nuestro invitado marciano y dentro de poco me tocar� hacerle de gu�a en la visita de buena voluntad. Y hablando de Wun, le gustar�a verte si tienes un par de minutos libres.</p><p>�Suponiendo que los asuntos nacionales no lo tengan ocupado. �Lomax era el hombre que posiblemente ganar�a el voto nacional la pr�xima semana� sin esfuerzo, si se pod�a confiar en las encuestas. Jase hab�a cultivado a Lomax desde antes de la llegada de Wun, y Lomax estaba fascinado con Wun�. �Tu padre se unir� a la visita?</p><p>�S�lo porque no hay manera educada de dejarlo fuera.</p><p>��Prev�s alg�n problema?</p><p>�Preveo muchos problemas.</p><p>�F�sicamente, ahora, �te encuentras bien?</p><p>�Me siento bien. Pero t� eres el doctor. Todo lo que necesito son un par de horas, Tyler. �Supongo que las tengo?</p><p>Su pulso estaba un poco alto, cosa nada sorprendente, pero los s�ntomas de su EMA estaban contenidos. Y si las drogas lo hab�an dejado agitado o confundido, no lo demostraba. De hecho, casi parec�a radiar calma, encerrado en alguna habitaci�n distante y l�cida en el fondo de su mente.</p><p>As� que fui a ver a Wun Ngo Wen. Wun no estaba en sus alojamientos; hab�a levantado el campamento provisionalmente y se hab�a instalado en la peque�a cafeter�a de ejecutivos, que hab�a sido acordonada y rodeada por hombres altos con cables que les colgaban de detr�s de las orejas. Alz� la vista cuando pas� del mostrador del bufete e hizo un gesto a los clones de seguridad que se dirig�an a interceptarme.</p><p>Me sent� frente a �l a una mesa de cristal. Pinch� un p�lido filete de salm�n con un tenedor de cafeter�a y sonri� serenamente. Me encorv� en mi silla para ponerme a su altura. Podr�an haberle puesto un alzador para ni�os en el asiento.</p><p>Pero la comida le sentaba bien. Hab�a ganado un poco de peso durante su estancia en Perihelio, pens�. Su traje, hecho a medida hac�a un par de meses, le quedaba tirante en el vientre. Se hab�a despreocupado de abotonarse el chaleco a juego. Tambi�n ten�a las mejillas m�s rellenas, aunque segu�an tan arrugadas como siempre, la piel oscura suavemente recorrida por barrancos.</p><p>�O� que ten�as visita �dije.</p><p>Wun asinti�.</p><p>�Pero no por primera vez. Me he reunido con el presidente Garland en Washington en varias ocasiones y me he reunido con el vicepresidente Lomax dos veces. La gente dice que las elecciones lo pondr�n en el poder.</p><p>�No porque sea especialmente querido.</p><p>�No estoy en posici�n de juzgar a un candidato �dijo Wun�. Pero hace preguntas interesantes.</p><p>Ese respaldo me hizo sentirme un poco protector.</p><p>�Estoy seguro de que es muy amistoso cuando quiere. Y ha hecho un trabajo decente en su puesto. Pero pas� la mayor parte de su carrera como el hombre m�s odiado de Capitol Hill. El azote de tres administraciones diferentes. No hay mucho que se le pase por alto.</p><p>Wun sonri�.</p><p>��Crees que soy ingenuo, Tyler? �Temes que el vicepresidente Lomax se aproveche de m�?</p><p>�Ingenuo, no, no exactamente�</p><p>�Soy un reci�n llegado, lo admito. Las partes m�s sutiles de la alta pol�tica se me escapan. Pero soy varios a�os m�s viejo que Preston Lomax y tambi�n he tenido un cargo p�blico.</p><p>��En serio?</p><p>�Durante tres a�os �dijo con evidente orgullo�, fui Administrador Agr�cola del cant�n de Vientos Helados.</p><p>�Ah.</p><p>�El cuerpo administrativo para la mayor parte del delta del Kirioloj. No era la presidencia de los Estados Unidos de Am�rica. No hab�a armas nucleares a disposici�n de la Administraci�n Agr�cola. Pero denunci� a un funcionario local corrupto que falsificaba informes de cosechas por peso y luego vend�a su margen en el mercado de excedentes.</p><p>��Sacaba tajada?</p><p>�Si �se es el t�rmino para ello.</p><p>��As� que las Cinco Rep�blicas no est�n libres de corrupci�n?</p><p>Wun parpade�, un acontecimiento que envi� ondas de choque por toda la geograf�a de su rostro.</p><p>�No, �c�mo? �Y por qu� tantos terrestres suponen algo as�? Si hubiera venido de otro pa�s de la Tierra, Francia, China, Texas, a nadie le sorprender�a o�r cosas sobre sobornos, prevaricaci�n o robos.</p><p>�Supongo que no. Pero no es lo mismo.</p><p>��No? Pero t� trabajabas aqu� en Perihelio. Debiste conocer a algunos de la generaci�n fundadora, por extra�a que se me haga esa idea� los hombres y mujeres cuyos remotos descendientes somos los marcianos. �Eran unas personas tan ideales que esperas que su progenie est� libre de pecado?</p><p>�No, pero�</p><p>�Y sin embargo esa falsa idea es casi universal. Incluso en esos libros que me diste, escritos antes del Spin�</p><p>��Los le�ste?</p><p>�S�, con ansia. Los disfrut�. Gracias. Pero incluso en esas novelas los marcianos� �Se esforz� por expresar la idea.</p><p>�Supongo que algunos de ellos son un poco santurrones�</p><p>�Distantes �dijo�. Sabios. Aparentemente fr�giles. En realidad muy poderosos. Primigenios. Pero para nosotros, Tyler, vosotros sois los Primigenios. La especie m�s vieja, el antiguo planeta. Hubiera cre�do que la iron�a era imposible de pasar por alto.</p><p>Reflexion� sobre la idea.</p><p>�Incluso en las novelas de H. G. Wells�</p><p>�Sus marcianos apenas si se ven. Son malvados de una manera abstracta e indiferente. Ni sabios ni inteligentes. Pero los demonios y los �ngeles son hermanos, si entiendo correctamente el folclore.</p><p>�Pero las historias m�s contempor�neas�</p><p>�Eran profundamente interesantes, y al menos los protagonistas eran humanos. Pero el verdadero placer de esas historias yace en los paisajes, �no est�s de acuerdo? E incluso as�, son paisajes transformadores. Un destino detr�s de cada duna.</p><p>�Y por supuesto Bradbury�</p><p>�Su Marte no es Marte, m�s bien me hace pensar en Ohio.</p><p>�Entiendo lo que dices. S�lo sois personas. Marte no es el cielo. De acuerdo, pero eso no significa que Lomax no intente usarte para sus fines pol�ticos.</p><p>�Y lo que yo quiero decirte es que soy plenamente consciente de esa posibilidad. Certidumbre, ser�a m�s correcto. Obviamente ser� usado en busca de ventaja pol�tica, pero �se es el poder que tengo: entregar o retirar mi aprobaci�n. Cooperar o ser tozudo. El poder de decir la palabra adecuada. �Volvi� a sonre�r. Sus dientes eran uniformemente perfectos, de un blanco radiante�. O no.</p><p>��Y qu� quieres sacar de todo esto?</p><p>Me mostr� sus palmas, un gesto tanto marciano como terrestre.</p><p>�Nada. Soy un santo marciano. Pero ser�a gratificante ver que los replicadores son lanzados.</p><p>��Por puro af�n de conocimiento?</p><p>�Lo confieso, aunque sea un motivo santurr�n. Para aprender al menos algo sobre el Spin�</p><p>��Y desafiar a los Hipot�ticos?</p><p>Volvi� a parpadear.</p><p>�Espero con todas mis fuerzas que los Hipot�ticos, sean quienes o lo que sean, no perciban lo que hacemos como un desaf�o�</p><p>�Pero si lo hacen�</p><p>��Y por qu� deber�an?</p><p>�Pero si lo hacen, entonces creer�n que el desaf�o proviene de la Tierra, no de Marte.</p><p>Wun Ngo Wen parpade� varias veces. Luego la sonrisa reapareci�</p><p>�Es usted sorprendentemente c�nico, doctor Dupree.</p><p>�Qu� poco marciano por mi parte.</p><p>�Pues s�.</p><p>��Y Preston Lomax cree que eres un �ngel?</p><p>�S�lo �l puede responder a esa pregunta. Lo �ltimo que me dijo fue� �y aqu� Wun dej� su dicci�n de Oxford para hacer una perfecta imitaci�n de Preston Lomax, una voz brusca y fr�a como una playa en invierno�: �Es un privilegio hablar con usted, embajador Wen. Dice lo que piensa sin ambages. Eso es algo muy refrescante para un veterano de Washington como yo�.</p><p>La imitaci�n era sorprendente, viniendo de alguien que s�lo llevaba hablando ingl�s algo m�s de un a�o. Se lo dije.</p><p>�Soy un estudioso �dijo�. Llevo leyendo en ingl�s desde que era ni�o. Hablarlo es otro asunto. Pero tengo talento para los idiomas. Es una de las razones por las que estoy aqu�. Tyler, �puedo pedirte otro favor? �Querr�as traerme m�s novelas?</p><p>�Se me han acabado las historias de marcianos, me temo.</p><p>�No de marcianos. Cualquier tipo de novela. Cualquiera, cualquier cosa que consideres importante, cualquier cosa que te importe o que te haya proporcionado algo de placer.</p><p>�Debe de haber montones de profesores de literatura que estar�an dispuestos a hacerte listas de lectura.</p><p>�Seguro que los hay. Pero te lo estoy pidiendo a ti.</p><p>�No soy un acad�mico. Me gusta leer, pero mis lecturas son al azar y en su mayor�a autores contempor�neos.</p><p>�Mejor todav�a. Estoy solo m�s a menudo de lo que creer�as. Mis alojamientos son c�modos pero no puedo salir sin una elaborada planificaci�n. No puedo ir a comer fuera, no puedo ir a ver una pel�cula o unirme a un club social. Podr�a pedirle libros a la gente que me vigila, pero lo �ltimo que me gustar�a es una obra de ficci�n elegida por comit�. Pero un libro sincero es casi tan bueno como un amigo.</p><p>Esto era lo m�s parecido que hab�a llegado Wun a quejarse de su posici�n en Perihelio, su posici�n en la Tierra. Durante sus horas de vigilia estaba m�s o menos contento, demasiado ocupado para ser presa de la nostalgia y todav�a excitado por lo que para �l era la extra�eza de un mundo alien�gena. Pero por la noche, en la frontera del sue�o, a veces imaginaba que caminaba a orillas de un lago marciano, contemplando aves acu�ticas que levantaban el vuelo en bandadas y se arremolinaban sobre las olas, y en su mente siempre era una tarde difusa, la luz te�ida por los chorros de polvo antiqu�simo que segu�an alz�ndose de los desiertos de Noachis para colorear el cielo. En ese sue�o o visi�n estaba solo, dec�a, pero sab�a que hab�a otros esperando por �l tras la siguiente curva de la costa rocosa. Puede que fueran amigos o desconocidos, puede incluso que fueran su familia perdida; s�lo sab�a que le dar�an la bienvenida, que lo tocar�an, lo atraer�an hacia ellos, lo abrazar�an. Pero s�lo era un sue�o.</p><p>�Cuando leo �me dijo�, oigo el eco de esas voces.</p><p>Le promet� que le traer�a libros. Pero ahora ten�amos asuntos que atender. Hubo una oleada de actividad en el cord�n de seguridad apostado a la puerta de la cafeter�a. Uno de los tipos trajeados vino hasta nosotros y dijo.</p><p>�Preguntan por usted en la planta alta.</p><p>Wun abandon� su comida y empez� a descender de su silla. Le dije que nos ver�amos luego. El trajeado se volvi� hacia m�. �Usted tambi�n �dijo�. Preguntan por los dos.</p><empty-line/><p>Los agentes de seguridad nos introdujeron en una sala de juntas junto al despacio de Jason, donde �ste y un pu�ado de jefes de divisi�n de Perihelio estaban enfrent�ndose a una delegaci�n que inclu�a a E. D. Lawton y al probable nuevo presidente, Preston Lomax. Ninguno parec�a contento.</p><p>Examin� a E. D. Lawton, a quien no hab�a visto desde el funeral de mi madre. Su delgadez empezaba a parecer casi patol�gica, como si algo vital se hubiera escapado de �l. Pu�os de camisa blancos y almidonados, ce�o prominente y huesudo. Ten�a el pelo ralo, lacio y peinado aleatoriamente. Pero sus ojos segu�an siendo r�pidos. Los ojos de E. D. siempre eran vivaces cuando estaba enfurecido.</p><p>Preston Lomax, por otro lado, s�lo parec�a impaciente. Lomax hab�a venido a Perihelio a que lo fotografiaran con Wun (fotos que ser�an publicadas despu�s del anuncio oficial de la Casa Blanca) y para una reuni�n sobre la estrategia de los replicadores, que planeaba respaldar. E. D. estaba all� presente por el peso de su reputaci�n. Hab�a hablado hasta conseguir invitarse a la gira preelectoral del vicepresidente y desde entonces no hab�a dejado de hablar.</p><p>Durante la visita de una hora de duraci�n a Perihelio, E. D. hab�a cuestionado, dudado, ridiculizado o contemplado con alarma pr�cticamente toda declaraci�n que las divisiones de Jason hab�an hecho, especialmente cuando la tropa lleg� a los nuevos laboratorios de incubadoras. Pero (seg�n Jenna Wylie, la l�der del equipo de cri�nica, que me lo explic� m�s tarde) Jason hab�a refutado cada uno de los estallidos de su padre con una r�plica paciente y probablemente bien ensayada de antemano. Lo que hab�a llevado a E. D. a nuevas cimas de indignaci�n, cosa que a su vez lo hac�a parecer, seg�n Jenna, �como un demente rey Lear delirando sobre los p�rfidos marcianos��</p><p>La batalla todav�a segu�a libr�ndose cuando Wun y yo entramos. E. D. se apoy� sobre la mesa de conferencias, diciendo:</p><p>�Y en resumen, no tiene precedentes, no ha sido probado y se sirve de una tecnolog�a que no comprendemos ni controlamos.</p><p>Y Jason sonri� a la manera de un hombre demasiado educado para avergonzar p�blicamente a otro hombre de mayor edad respetado pero algo senil.</p><p>�Obviamente, nada de lo que hacemos aqu� est� libre de riesgos. Pero�</p><p>Pero ah� est�bamos. Unos pocos de los presentes no hab�an visto a Wun con anterioridad, y lo identificaron, qued�ndose mir�ndolo como ovejas sobresaltadas cuando se dieron cuenta. Lomax carraspe�.</p><p>�Disc�lpenme, pero necesito tener unas palabras con Jason y nuestras nuevas incorporaciones. �En privado, si es posible? S�lo ser� un momento o dos.</p><p>As� que la gente sali� cumplidamente en fila, incluyendo a E. D, que sin embargo parec�a triunfante.</p><p>Las puertas se cerraron. El silencio tapizado de la sala de juntas se aposent� a nuestro alrededor como nieve reci�n ca�da. Lomax, que todav�a no nos hab�a dirigido la palabra, se dirigi� a Jason.</p><p>�S� que me dijiste que recibir�amos unas cuantas cr�ticas hostiles. Pero�</p><p>�Son muchas cosas que asumir. Lo entiendo.</p><p>�No me gusta tener a E. D. meando en la tienda desde fuera. Pero no puede hacernos ning�n da�o de verdad, suponiendo�</p><p>�Suponiendo que no haya ninguna base para sus acusaciones. Y te aseguro que no las hay.</p><p>�Crees que est� senil.</p><p>�No ir�a tan lejos. �Que si creo que su juicio es cuestionable? S�, lo creo.</p><p>�Sabes que esa acusaci�n tambi�n se hace contra ti.</p><p>Eso era lo m�s cerca que hab�a estado, y que estar�a, de estar cerca de un presidente. Lomax todav�a no hab�a sido elegido, pero s�lo las formalidades se interpon�an entre �l y el cargo. Como vicepresidente, Lomax siempre hab�a parecido un poco severo, un poco meditabundo, un risco de Maine comparado con la personalidad tejana y bulliciosa de Garland, la presencia ideal para un funeral de Estado. Durante la campa�a hab�a aprendido a sonre�r m�s a menudo, pero el esfuerzo nunca era del todo convincente, los caricaturistas pol�ticos siempre acentuaban ese ce�o, mordi�ndose el labio inferior como si estuviera conteniendo una maldici�n, ojos tan g�lidos como un invierno en Cape Cod.</p><p>�Contra m�. Est�s hablando de las insinuaciones de E. D. sobre mi salud.</p><p>Lomax suspir�.</p><p>�Francamente, la opini�n de tu padre sobre la viabilidad del proyecto replicador no tiene mucho peso. Es un punto de vista minoritario y posiblemente as� se quedar�. Pero s�, tengo que admitir que las acusaciones que ha hecho hoy son un poco perturbadoras. �Se volvi� hacia m�. Por eso est� usted aqu�, doctor Dupree.</p><p>Ahora Jason dirigi� su atenci�n hacia m�, y su voz era cauta, cuidadosamente neutral.</p><p>�Parece que E. D. ha estado haciendo algunas afirmaciones bastante descabelladas. Dice que sufro de� �de qu� era, de una enfermedad cerebral agresiva?</p><p>�De un deterioro neurol�gico intratable �dijo Lomax�, que est� interfiriendo con la habilidad de Jason para supervisar las operaciones aqu� en Perihelio. �Qu� tiene que decir a eso, doctor Dupree?</p><p>�Supongo que dir�a que Jason puede hablar por s� mismo.</p><p>�Ya lo he hecho �dijo Jase�. Le he contado al vicepresidente Lomax lo de mi EM.</p><p>De la que en realidad no sufr�a. Era una se�a para mi entrada en escena. Me aclar� la garganta.</p><p>�La esclerosis m�ltiple no es completamente curable, pero es m�s que simplemente controlable. Un paciente de EM puede esperar una vida tan larga y productiva como cualquier otra persona. Quiz� Jase haya sido renuente a hablar de ello, y �se es su privilegio, pero la EM no es nada de lo que avergonzarse.</p><p>Jase me dirigi� una mirada sostenida que no supe interpretar.</p><p>�Gracias. �Un poco secamente�. Aprecio la informaci�n. Por cierto, �conoce usted a un tal doctor Malmsteim? �David Malmstein?</p><p>Seguido por un silencio que se abr�a como las fauces de una trampa de acero.</p><p>�S� �dije, puede que un segundo demasiado tarde.</p><p>�Este doctor Malmstein es un neur�logo, �no?</p><p>�S�, lo es.</p><p>��Ha consultado con �l en el pasado?</p><p>�Consulto con muchos especialistas. Es parte de lo que hago como m�dico.</p><p>�Porque, seg�n E. D., llam� usted a ese Malmstein por �l, eh, grave trastorno neurol�gico de Jason.</p><p>Lo que explicaba la g�lida mirada que Jason me dirig�a. Alguien hab�a hablado con E. D. acerca de eso. Alguien pr�ximo. Pero no hab�a sido yo.</p><p>Intent� no pensar en qui�n podr�a haber sido.</p><p>�Hago lo mismo con todo paciente con un posible diagn�stico de EM. Llevo una buena cl�nica aqu� en Perihelio, pero no tengo el equipo de diagn�stico al que Malmstein puede acceder en un hospital.</p><p>Lomax, creo, reconoci� mi r�plica como una evasiva que en realidad no era respuesta a su pregunta. Pero le pas� la pelota a Jase.</p><p>��El doctor Dupree dice la verdad?</p><p>�Por supuesto que s�.</p><p>��Conf�as en �l?</p><p>�Es mi m�dico personal. Por supuesto que conf�o en �l.</p><p>�Porque, sin ofender, te deseo que est�s bien, pero en realidad me importan un carajo tus problemas m�dicos. Lo que me preocupa es si puedes darnos el apoyo que necesitamos y llegar a completar este proyecto. �Puedes hacerlo?</p><p>�Siempre que tengamos financiaci�n, s�, se�or. Aqu� estar�.</p><p>��Y qu� hay de usted, embajador Wen? �Le preocupa este asunto? �Alguna pregunta o preocupaci�n por el futuro de Perihelio?</p><p>Wun frunci� los labios, tres cuartos de sonrisa marciana.</p><p>�Ninguna preocupaci�n en absoluto. Conf�o plenamente en Jason. Y a su vez conf�o en el doctor Dupree. Tambi�n es mi m�dico personal.</p><p>Cosa que hizo que tanto Jason como yo tuvi�ramos que disimular nuestro asombro, pero sirvi� para que Lomax se tragara el cebo.</p><p>�Muy bien �dijo con un encogimiento de hombros. Mis disculpas por sacarlo a relucir, Jason. Espero que sigas bien de salud y que no te sintieras ofendido por el tono de las preguntas, pero dado el estatus de E. D. me vi obligado a preguntar.</p><p>�Lo comprendo �dijo Jase�. En cuanto a E. D�</p><p>�No te preocupes por tu padre.</p><p>�No me gustar�a verlo humillado.</p><p>�Acabar� siendo apartado discretamente. Creo que eso ya est� decidido. Si insiste en expresar sus opiniones en p�blico� �Lomax hizo un adem�n de indiferencia�. En ese caso me temo que ser� su propia capacidad mental la que la gente ponga en tela de juicio.</p><p>�Por supuesto �dijo Jason�, todos esperamos que eso no sea necesario.</p><empty-line/><p>Pas� la hora siguiente en la cl�nica. Molly no hab�a aparecido esa ma�ana y Lucinda hab�a concertado todas las citas. Le di las gracias y le dije que se tomara el resto del d�a libre. Pens� en hacer un par de llamadas, pero no quer�a que pasaran por el sistema de Perihelio.</p><p>Esper� hasta que el helic�ptero de Lomax despegara y su cabalgata imperial se marchara por las puertas principales; entonces limpi� mi escritorio e intent� pensar en qu� quer�a hacer. Descubr� que las manos me temblaban un poco. No era EM. Furia, quiz�. Indignaci�n. Dolor. Quer�a diagnosticarlo, no experimentarlo. Quer�a desterrarlo al �ndice del <emphasis>Manual de diagn�stico y estad�stica.</emphasis></p><p>Estaba atravesando la recepci�n cuando Jason apareci� por la puerta.</p><p>�Quiero darte las gracias por respaldarme. Supongo que eso significa que no eres el que le cont� a E. D. lo de Malmstein.</p><p>�No har�a algo as�, Jase.</p><p>�Lo acepto. Pero alguien lo hizo. Y eso presenta un problema. Porque �cu�nta gente sabe que he estado viendo a un neur�logo?</p><p>�T�, yo, Malmstein, cualquiera que trabaje en la consulta de Malmstein�</p><p>�Malmstein no sab�a que E. D. estaba buscando mierda que tirarme encima y tampoco su personal. E. D. debi� de averiguarlo por una fuente m�s cercana. Si no fuimos ni t� ni yo�</p><p>Molly. No ten�a que decirlo.</p><p>�No podemos acusarla sin ninguna prueba.</p><p>�Habla por ti. T� eres el que se acuesta con ella. �Tienes registros de mis reuniones con Malmstein?</p><p>�Aqu�, en la cl�nica, no.</p><p>��En casa?</p><p>�S�.</p><p>��Se los ense�aste a ella?</p><p>�Por supuesto que no.</p><p>�Pero puede que tuviera acceso a ellos cuando t� no eras consciente de ello.</p><p>�Supongo que s�. �Un s� rotundo.</p><p>��Y ella no est� aqu� para responder a ninguna pregunta? �Te llam� diciendo que estaba enferma?</p><p>Me encog� de hombros.</p><p>�No me ha llamado para nada. Lucinda intent� ponerse en contacto con ella, pero no responde al tel�fono.</p><p>Jason suspir�.</p><p>�No te estoy culpando de esto, Tyler. Pero tienes que admitir que hiciste muchas elecciones cuestionables en este asunto.</p><p>�Me enfrentar� a ello �dije.</p><p>�S� que est�s enfadado. Herido y enfadado. No quiero que salgas de aqu� y hagas algo que empeore las cosas. Pero quiero que reflexiones sobre cu�l es tu postura en este proyecto. D�nde est�n tus lealtades.</p><p>�S� d�nde est�n �dije.</p><empty-line/><p>Intent� contactar con Molly desde mi coche pero segu�a sin responder al tel�fono. Fui hasta su apartamento. Era un d�a c�lido. El bajo edificio de estuco donde viv�a estaba envuelto en una neblina de aspersores de c�sped. El olor fungoso a mantillo h�medo se infiltr� en el coche.</p><p>Giraba el coche hacia el aparcamiento de visitantes cuando vi a Moll apilando cajas en la parte de atr�s de un remolque de mudanzas enganchado al parachoques de su Ford. Par� el coche frente a ella. Me vio y dijo algo que no pude o�r bien pero que sonaba mucho como ��Oh, mierda!�. Pero se mantuvo en su sitio cuando sal� del coche.</p><p>�No puedes aparcar aqu�dijo�. Bloqueas la salida.</p><p>��Te vas a alg�n lado?</p><p>Molly dej� una caja de cart�n etiquetada como platos sobre el suelo corrugado del remolque.</p><p>��A ti qu� te parece?</p><p>Llevaba pantalones de vestir color canela, una camisa vaquera y un pa�uelo para ce�irse el pelo. Me acerqu� y ella retrocedi� tres pasos, claramente asustada.</p><p>�No voy a hacerte da�o �dije.</p><p>��Y qu� quieres?</p><p>�Saber qui�n te contrat�.</p><p>�No s� de qu� me est�s hablando.</p><p>��Trataste directamente con E.D, o us� un intermediario?</p><p>�Mierda �dijo ella, midiendo la distancia entre ella y la puerta del coche�. Deja que me vaya, Tyler. �Qu� quieres de m�? �Qu� sentido tiene todo esto?</p><p>��Acudiste a �l y le hiciste una oferta o te llam� �l primero? �Y cu�ndo empez� todo, Moll? �Me follaste para sacarme informaci�n o me vendiste en alg�n momento de nuestra primera cita?</p><p>�Vete al infierno.</p><p>��Cu�nto te pag�? Me gustar�a saber cu�nto valgo.</p><p>�Vete al infierno. �Qu� importancia tiene, de todas formas? No es�</p><p>�No me digas que no es por el dinero. Quiero decir �es que hay principios involucrados en esto?</p><p>�El dinero es el principio. �Se limpi� el polvo de las manos sobre los pantalones, un poco menos asustada, algo m�s desafiante.</p><p>��Qu� es lo que quieres comprar, Moll?</p><p>��Que qu� quiero comprar? Lo �nico importante que cualquiera puede comprar. Una muerte mejor. Una muerte m�s limpia y mejor. Uno de estos d�as el sol saldr� y no dejar� de salir hasta que todo el puto cielo est� en llamas. Y lo siento, pero quiero vivir en alg�n sitio agradable hasta que eso suceda. Alg�n lugar tan c�modo como pueda permit�rmelo. Y cuando llegue ese �ltimo amanecer, quiero unas cuantas drogas realmente caras para ayudarme a cruzar al otro lado. Quiero irme a dormir antes de que empiecen los gritos. La verdad, Tyler. Eso es todo lo que quiero, eso es lo �nico que quiero en el mundo de verdad, y gracias, gracias por hacerlo posible. � Ten�a la cara contra�da con ferocidad, pero una l�grima se le escap� y le resbal� por la mejilla�. Por favor, mueve tu coche.</p><p>��Una casa bonita y un frasco de pastillas? ��se es tu precio? �dije.</p><p>�No hay nadie que cuide de m� excepto yo misma.</p><p>�Eso suena pat�tico, pero cre�a que podr�amos cuidar el uno del otro.</p><p>�Eso significar�a confiar en ti. Y no quiero ofenderte, pero� m�rate. Desliz�ndote por la vida como si estuvieras esperando una respuesta o a un salvador, o simplemente permanentemente a la espera.</p><p>�Intento ser sensato, Moll.</p><p>�Oh, no lo dudo. Si la sensatez fuera un cuchillo estar�a desangr�ndome. Pobre y sensato Tyler. Pero eso tambi�n lo descubr�. Toda esa dulce santurroner�a que llevas puesta como si fuera un traje. �Es venganza, no? Es tu venganza contra el mundo por decepcionarte. El mundo no te dio lo que quer�as, y por tanto t� no das nada sino simpat�a y aspirinas.</p><p>�Molly�</p><p>�Y no te atrevas a decirme que me amas, porque s� que no es verdad. No sabes diferenciar entre estar enamorado y comportarte como si lo estuvieras. Que me eligieras fue bonito, pero podr�a haber sido cualquier otra, y cr�eme, Tyler, hubiera sido igual de decepcionante, de una forma u otra.</p><p>Me di la vuelta y me encamin� a mi coche, un poco inestable, menos conmocionado por la traici�n que por lo definitivo de �sta, intimidades narradas como unas inversiones de alto riesgo en una crisis del mercado de valores. Entonces me volv�.</p><p>��Y qu� hay de ti, Moll? S� que te pagaron por la informaci�n, pero �fue por eso por lo que me follaste en un principio?</p><p>�Te foll� �dijo�, porque me sent�a sola.</p><p>�� Y ahora tambi�n?</p><p>�Nunca dej� de sentirme sola �dijo.</p><p>Arranqu� el coche y me fui.</p></section><section><title><p>El tictac de caros relojes</p></title><p>Las elecciones se acercaban r�pidamente. Jason ten�a la intenci�n de usarlas de tapadera.</p><p>�Arr�glame �hab�a dicho. Y, seg�n insist�a, hab�a una forma de hacerlo. Era poco ortodoxa. No estaba aprobada por la FDA. Pero era una terapia con una larga historia bien documentada. Y me dej� claro que pretend�a usarla, con mi cooperaci�n o sin ella.</p><p>Y debido a que Molly le hab�a despojado de todo lo que le era importante (y me hab�a dejado a m� entre los restos), acced� a ayudarle. (Pensando, ir�nicamente, en aquello que E. D. me hab�a dicho hac�a tantos a�os: �Espero que cuides de �l. Espero que uses tu buen juicio�. �Era eso lo que hac�a?)</p><p>En los d�as previos a las elecciones de noviembre, Wun Ngo Wen nos inform� sobre el procedimiento a seguir y sus riesgos asociados.</p><p>Conferenciar con Wun no era f�cil. El problema no era tanto la red de seguridad que le rodeaba, aunque era bastante dif�cil de sortear, sino la multitud de analistas y especialistas que se alimentaban de sus archivos como abejorros del n�ctar. Eran acad�micos respetables, autorizados por Homeland Security, que hab�an jurado guardar el secreto, al menos <emphasis>pro tem, </emphasis>hipnotizados por los vastos bancos de datos de sabidur�a marciana que Wun hab�a tra�do a la Tierra consigo. La informaci�n digital era equivalente a quinientos vol�menes sobre astronom�a, biolog�a, matem�ticas, f�sica, medicina, historia y tecnolog�a a m�s de mil p�ginas por volumen, gran parte de lo cual superaba considerablemente los conocimientos terrestres. Si los contenidos completos de la Biblioteca de Alejandr�a hubieran sido recuperados mediante una m�quina del tiempo no hubieran producido tal furor acad�mico.</p><p>Esa gente trabajaba bajo presi�n para terminar su tarea antes del anuncio oficial de la presencia de Wun. El gobierno federal quer�a al menos un �ndice aproximado de los archivos (gran parte de los cuales estaban en un ingl�s aproximado, pero algunas partes estaban en notaci�n cient�fica marciana) antes de que los gobiernos extranjeros empezaran a exigir sus derechos de acceso. El Departamento de Estado planeaba producir y distribuir copias saneadas de las cuales habr�an sido expurgadas determinadas tecnolog�as potencialmente valiosas o peligrosas o que ser�an �presentadas de forma resumida� mientras los originales seguir�an siendo alto secreto.</p><p>Por tanto, tribus enteras de acad�micos batallaban por tener y guardar celosamente su acceso a Wun, que pod�a interpretar o explicar lagunas en los textos marcianos. En varias ocasiones fui expulsado de las habitaciones de Wun por hombres y mujeres fren�ticamente educados del �grupo de f�sica de alta energ�a� o �el grupo de biolog�a molecular� que exig�an su cuarto de hora negociado. Wun de vez en cuando me presentaba a esa gente pero ninguno de ellos se alegraba demasiado de verme, y a la l�der del equipo de ciencias m�dicas casi le da una taquicardia del susto cuando Wun anunci� que me hab�a elegido como su m�dico personal.</p><p>Jase tranquiliz� a los acad�micos insinuando que yo era parte del �proceso de socializaci�n� mediante el cual Wun pul�a sus modales terr�queos fuera del contexto de la pol�tica o la ciencia, y yo le promet� a la l�der del equipo m�dico que no proporcionar�a tratamiento m�dico a Wun sin su implicaci�n directa. Se extendi� el rumor entre los investigadores de que yo era un civil oportunista que hab�a conseguido introducirse en el c�rculo interno de Wun y que mi ganancia ser�a un jugoso contrato para un libro despu�s de que se hiciera p�blica la existencia de Wun. El rumor surgi� espont�neamente pero no hicimos nada por desmentirlo; serv�a a otros prop�sitos.</p><p>El acceso a los f�rmacos era m�s f�cil de lo que hubiera esperado. Wun lleg� a la Tierra con una farmacopea entera de drogas marcianas, ninguna de las cuales ten�a contrapartidas terrestres y que podr�a necesitar, seg�n afirmaba, para tratarse a s� mismo llegado el d�a. Los suministros le hab�an sido confiscados de su nave pero le fueron devueltos una vez confirmado su estatus de embajador. (Sin duda, el gobierno hab�a tomado muestras; pero Wun dudaba que un an�lisis simple revelara el prop�sito de ninguno de esos materiales altamente sofisticados.) Wun simplemente le proporcion� un par de viales de la sustancia pura a Jason, que se los llev� lejos de Perihelio en una nube oscura de privilegios ejecutivos.</p><p>Wun me inform� sobre la dosis, administraci�n, contraindicaciones y problemas potenciales. Me sent� abatido ante la enorme lista de riesgos potenciales. Incluso en Marte, seg�n dijo Wun, la tasa de mortalidad era de un nada trivial 0,1 por ciento, y en el caso de Jason se complicaba por su EMA.</p><p>Pero sin tratamiento, el pron�stico de Jason era a�n peor. Y �l seguir�a adelante con esto lo aprobara yo o no� en cierto sentido, ahora el m�dico de cabecera era Wun Ngo Wen, no yo. Mi papel ser�a simplemente supervisar el procedimiento y tratar cualquier efecto secundario inesperado. Lo que tranquilizaba mi conciencia, aunque el argumento ser�a dif�cil de defender en un tribunal: puede que Wun �recetara� la droga, pero no ser�a su mano la que la introducir�a en el cuerpo de Jason.</p><p>Ser�a la m�a.</p><p>Wun Ngo Wen ni siquiera estar�a con nosotros. Jase hab�a reservado unas vacaciones de tres semanas hacia finales de noviembre y principios de diciembre, y para entonces Wun se habr�a convertido en una celebridad global, un nombre que (aunque inusual) todo el mundo reconocer�a. Wun estar�a ocupado dirigi�ndose a las Naciones Unidas y aceptando la hospitalidad de la colecci�n algo ensangrentada de monarcas, mul�s, presidentes y primeros ministros de este planeta, mientras Jason sudaba y vomitaba de camino a una salud mejor.</p><p>Necesit�bamos un lugar al que ir. Un lugar donde pudiera ponerse enfermo sin despertar suspicacias, un lugar al que yo pudiera ir a atenderle sin atraer la atenci�n no requerida, pero lo suficientemente civilizado para que pudiera llamar a una ambulancia si las cosas sal�an mal. Un sitio c�modo. Tranquilo.</p><p>�Conozco el lugar perfecto �dijo Jason.</p><p>��Y d�nde est�?</p><p>�La Gran Casa �dijo.</p><p>Me re�, hasta que me di cuenta de que lo dec�a en serio.</p><p>Diane no volvi� a llamarme hasta pasada una semana de la visita de Lomax a Perihelio, una semana despu�s de que Molly se marchara a reclamar la recompensa que E. D. Lawton o sus detectives de alquiler le hubieran prometido.</p><p>S�bado por la tarde. Estaba solo en casa. Un d�a soleado, pero ten�a las persianas bajadas. Durante toda la semana, hab�a estado haciendo equilibrios entre mis horas de consulta con los pacientes de la cl�nica de Perihelio y las tutor�as a escondidas con Wun y Jase y ahora contemplaba la desolaci�n de este fin de semana vac�o. Estar ocupado era bueno, razon�, porque cuando estabas ocupado te sumerg�as por completo en los problemas rutinarios pero comprensibles que ahogan el dolor y abotargan el remordimiento. Eso era sano. Eso era un proceso para hacer frente a la pena. O al menos una t�ctica dilatoria. �til, pero, lamentablemente, temporal. Porque tarde o temprano el ruido se desvanece, las muchedumbres se dispersan y vuelves a casa, a la bombilla fundida, a la habitaci�n vac�a, a la cama sin hacer.</p><p>Lo pasaba bastante mal. Ni siquiera estaba seguro de c�mo sentirme� o m�s bien, cu�l de los diversos e incompatibles modos de dolor deber�a aceptar primero. �Est�s mejor sin ella�, me hab�a dicho Jase un par de veces, y eso era tan cierto como banal: mejor sin ella, pero ser�a mejor todav�a si pudiera entenderla, si pudiera decidir si Molly me hab�a usado o me hab�a castigado por usarla a ella, si mi amor fr�o y quiz� ligeramente falso equival�a a su igualmente fr�o y rentable repudi�.</p><p>Entonces son� el tel�fono, lo que result� embarazoso porque estaba ocupado quitando las s�banas de mi cama, haci�ndolas pelotas para un viaje a la lavander�a, montones de detergentes y agua hirviente para eliminar todo rastro del aura de Molly. Uno no desea que le interrumpan en una tarea as�. Te hace sentir avergonzado. Pero siempre he sido un esclavo de las llamadas telef�nicas. Lo cog�.</p><p>��Tyler? �dijo Diane�. �Eres t�? �Est�s solo?</p><p>Admit� que estaba solo.</p><p>�Bien, me alegro de poder pillarte en casa. Quer�a decirte que vamos a cambiar el n�mero de tel�fono. No aparecer� en la gu�a. Pero en caso de que necesites ponerte en contacto conmigo�</p><p>Recit� su n�mero privado que garabate� en una servilleta que ten�a a mano.</p><p>��Por qu� no quer�is estar en la gu�a de tel�fonos? �Ella y Simon s�lo ten�an una l�nea terrestre, pero supuse que se trataba de alguna penitencia de devoci�n, como vestir lana o comer s�lo cereal integral.</p><p>�Por un lado hemos estado recibiendo esas extra�as llamadas de E. D. Un par de veces llam� tarde por la noche y empez� a meterse con Simon. Parec�a un poco borracho, francamente. E. D. odia a Simon desde el principio, pero despu�s de que nos mud�ramos a Phoenix no volvimos a o�r de �l. Hasta ahora. El silencio era doloroso. Pero esto es peor.</p><p>El n�mero de tel�fono de Diane debi� de ser otra de las cosas que Molly saque� de mi ordenador para d�rselo a E. D. No pod�a explic�rselo a Diane sin romper el juramento de seguridad, por la misma raz�n que no pod�a mencionar a Wun Ngo Wen o los replicadores comedores de hielo. Pero le cont� que Jason se hab�a visto metido en una pelea con su padre por el control de Perihelio y que Jason hab�a salido victorioso, y que quiz� eso fuera lo que molestaba a E. D.</p><p>�Puede ser �dijo Diane�. As�, tan poco despu�s del divorcio.</p><p>��Qu� divorcio? �Est�s hablando de E. D. y Carol?</p><p>��Jason no te lo ha contado? E. D. lleva viviendo en una casa de alquiler en Georgetown desde mayo. Las negociaciones siguen en marcha, pero parece que Carol se queda con la Gran Casa y unas pensiones de manutenci�n y E. D. con todo lo dem�s. El divorcio fue idea suya, no de ella. Lo que puede que sea comprensible. Carol ha estado a un pelo de un coma et�lico desde hace d�cadas. No era gran cosa como madre y tampoco debi� ser gran cosa como esposa para E. D.</p><p>��Me est�s diciendo que lo apruebas?</p><p>�Para nada. No he cambiado de opini�n sobre �l. Era un padre terrible e indiferente� al menos conmigo. No me gustaba y a �l no le importaba nada que no me gustara. Pero tampoco le ten�a esa reverencia que Jason s� ten�a por �l. Jason lo ve�a como un monumental rey de la industria, como una colosal figura influyente�</p><p>��Y no lo es?</p><p>�Ha triunfado y tiene algo de presencia, pero estas cosas son relativas, Ty. Hay diez mil E. D. Lawtons en este pa�s. E. D. no hubiera llegado a ninguna parte si su padre y su abuelo no hubieran financiado sus primeros negocios� que estoy segura que en realidad esperaban que resultaran ser valores en p�rdidas para desgravar impuestos, nada m�s. E. D. era bueno en lo que hac�a, y cuando el Spin le present� una oportunidad, la aprovech�, y eso atrajo la atenci�n de personas verdaderamente poderosas. Pero segu�a siendo b�sicamente un nuevo rico en lo que a los chicos grandes se refer�a. Jam�s tuvo ese trasfondo de Yale-y-Harvard-y-Sociedades- Secretas-a-lo-Skull-and-Bones<emphasis>.</emphasis> Nada de bailes de sociedad para m�. �ramos los chicos pobres del barrio. Quiero decir, era un buen barrio, pero est� el dinero viejo y est� el dinero nuevo, y desde luego �ramos dinero nuevo.</p><p>�Supongo que las cosas parec�an diferentes �dije�, desde el otro lado del jard�n. �Qu� tal est� Carol?</p><p>�La medicina de Carol sigue saliendo de la misma botella de siempre. �Y t� qu� tal? �C�mo van las cosas entre t� y Molly?</p><p>�Molly se ha ido �dije.</p><p>�Ido como en �ha ido a la tienda�, o�</p><p>�Marchado. Rompimos. No tengo ning�n eufemismo mono para ello.</p><p>�Lo siento, Tyler.</p><p>�Gracias. Pero ha sido para bien. Es lo que dice todo el mundo.</p><p>�Simon y yo estamos bien �dijo aunque no le hab�a preguntado�. Lo de la iglesia es duro para �l.</p><p>��M�s pol�tica de la iglesia?</p><p>�El Tabern�culo del Jord�n est� metido en alg�n problema legal. No conozco los detalles. No estamos directamente implicados, pero Simon lo est� pasando mal. �Est�s seguro de que est�s bien? Pareces un poco ronco.</p><p>�Sobrevivir� �dije.</p><p>La ma�ana anterior a las elecciones llen� un par de maletas (mudas limpias, unos cuantos libros de bolsillo, mi malet�n m�dico), fui en coche hasta la casa de Jason y lo recog� para el viaje a Virginia. Jase segu�a siendo aficionado a los coches de calidad, pero ten�amos que viajar sin llamar la atenci�n. Mi Honda, por tanto, no su Porsche. Las interestatales no eran seguras para los Porsches en esos d�as.</p><p>El mandato de Garlan hab�an sido buenos tiempos para cualquiera con unos ingresos superiores al medio mill�n de d�lares. Y malos tiempos para todos los dem�s. Eso era obvio ante el estado de la carretera, un ondulante retablo de almacenes de minoristas encajados entre centros comerciales abandonados y tapiados, aparcamientos donde los okupas viv�an en coches sin neum�ticos, pueblos de autopista que subsist�an de los ingresos de un Stuckey�s<a l:href="#n_18" type="note">[18]</a> y una trampa de radar. Carteles de advertencia puestos por la polic�a anunciaban NO DETENERSE DESPU�S DE ANOCHECER Y LLAMADA VERIFICADA AL 911 REQUERIDA para respuesta r�pida. La pirater�a de autopista hab�a reducido el volumen del tr�fico de veh�culos peque�os a la mitad. Pasamos gran parte del viaje encajados entre monstruos de dieciocho ruedas, algunos de ellos en un estado lamentable de mantenimiento y camiones de verde camuflaje de transporte de tropas que se dirig�an a varias bases militares.</p><p>Pero no pensamos en nada de eso. Y no hablamos de las elecciones, que en todo caso eran algo ya cantado, Lomax recibir�a m�s votos que cualquiera de los otros dos candidatos principales y los tres candidatos menores. No hablamos de los replicadores comedores de hielo o de Wun Ngo Wen. Y desde luego no hablamos de E. D. Lawton. En vez de eso, hablamos de los viejos tiempos y de buenos libros, y gran parte del tiempo no hablamos en absoluto. Yo hab�a cargado la memoria del coche con el tipo de jazz a contracorriente y anguloso que sab�a que le gustaba a Jason: Charlie Parker, Thelonius Monk, Sonny Rollins� gente que mucho tiempo atr�s hab�an medido la distancia entre las calles y las estrellas.</p><p>Paramos frente a la Gran Casa al anochecer.</p><p>La casa estaba brillantemente iluminada, las grandes ventanas resplandec�an con un amarillo de mantequilla bajo un cielo del color de tinta iridiscente. El tiempo de las elecciones era fr�o ese a�o. Carol Lawton descendi� del porche para recibir al coche, su cuerpo menudo envuelto en bufandas de cachemira y un su�ter de punto. Estaba casi sobria, a juzgar por su paso firme aunque ligeramente demasiado meditado.</p><p>Jason se despleg� lenta, cuidadosamente del asiento del pasajero.</p><p>Jase estaba en remisi�n, o tan cerca de la remisi�n como pod�a estarlo en esos d�as. Con un poco de esfuerzo, pod�a pasar por normal. Lo que me sorprendi� fue que dejara de esforzarse tan pronto como lleg� a la Gran Casa. Se tambale� apresuradamente hacia la entrada de la sala del comedor. No hab�a criados presentes� Carol hab�a dispuesto que tuvi�ramos la casa para nosotros solos durante un par de semanas, pero el cocinero hab�a dejado una bandeja de carnes fr�as y vegetales por si lleg�bamos con hambre. Jason se derrumb� en una silla.</p><p>Carol y yo nos reunimos con �l. Carol hab�a envejecido visiblemente desde la muerte de mi madre. Su pelo era tan fino ahora que mostraba los contornos de su cr�neo, rosado y simiesco, y cuando la cog� del brazo tuve la sensaci�n de estar tocando una ramita seca cubierta de seda. Ten�a las mejillas hundidas. Sus ojos ten�an la fr�gil y nerviosa celeridad de un bebedor que se obligaba a estar sobrio, al menos temporalmente. Cuando le dije que me alegraba de volver a verla, me sonri� con pesar:</p><p>�Gracias, Tyler. S� perfectamente que tengo un aspecto terrible. Parezco Gloria Swanson en <emphasis>El crep�sculo de los dioses. </emphasis>No estoy lista para mi secuencia final, much�simas gracias de nada. �No ten�a ni idea de lo que me estaba hablando�. Pero resisto. �C�mo est� Jason?</p><p>�Igual que siempre �dije.</p><p>�Gracias por mentir. Pero lo s�, bueno, no puedo afirmar que lo sepa todo. Pero s� que est� enfermo. Al menos eso me cont�. Y s� que espera que lo trates. Alg�n tratamiento poco ortodoxo pero efectivo. �Apart� su brazo y me mir� a los ojos�. �Es efectiva, verdad, esa medicaci�n que pretendes darle?</p><p>Me qued� demasiado sorprendido para decir otra cosa que no fuera:</p><p>�S�.</p><p>�Porque me ha hecho prometerle que no har�a preguntas, y supongo que est� bien. Jason conf�a en ti. Por tanto, yo conf�o en ti. Aunque cuando te miro no pueda evitar ver al chaval que vive en la casa al otro lado del jard�n. Pero tambi�n veo a un ni�o cuando miro a Jason. Ni�os desaparecidos� no logro recordar d�nde los perd�.</p><empty-line/><p>Esa noche dorm� en el dormitorio de invitados de la Gran Casa, una habitaci�n que s�lo hab�a vislumbrado desde el pasillo en todos los a�os que viv� en la propiedad.</p><p>Consegu� dormir durante parte de la noche, de todas formas. Otra parte la pas� despierto y tumbado en la cama, intentando evaluar el riesgo legal que hab�a aceptado al venir aqu�. No sab�a exactamente qu� leyes o protocolos hab�a violado Jason al pasar de contrabando preparados farmacol�gicos marcianos fuera del complejo de Perihelio, pero ya me hab�a convertido en c�mplice de ese acto.</p><p>A la ma�ana siguiente Jason se preguntaba d�nde deber�amos guardar los varios viales de l�quido claro que Wun le hab�a pasado; suficientes para tratar de cuatro a cinco personas. (�En caso de que se nos pierda una maleta�, hab�a explicado al principio del viaje. �Redundancia�).</p><p>��Esperas un registro?</p><p>Me imagin� a varios funcionarios federales en trajes de riesgo biol�gico subiendo los escalones de la Gran Casa.</p><p>�Por supuesto que no. Pero nunca es mala idea minimizar los riesgos. �Me mir� con m�s atenci�n, aunque sus ojos segu�an dispar�ndose a la izquierda cada pocos segundos, otro s�ntoma de su enfermedad�. �Te sientes un poco aprensivo?</p><p>Dije que pod�amos esconder las muestras de repuesto en la casa de madera situada al otro lado del jard�n, a menos que necesiten refrigeraci�n.</p><p>�Seg�n Wun son qu�micamente estables en casi cualquier condici�n por debajo de un ataque termonuclear. Pero una orden de registro incluir�a toda la propiedad.</p><p>�No s� nada de �rdenes de registro. Lo que s� es d�nde est�n los escondrijos.</p><p>�Ens��amelos �dijo Jason.</p><p>As� que atravesamos el jard�n, Jason andando, un poco inestable, detr�s de m�. Era temprano por la tarde, d�a de elecciones, pero en el espacio alfombrado de c�sped entre las dos casas podr�a haber sido un d�a cualquiera de oto�o, de cualquier a�o. En alg�n lugar de la peque�a arboleda un p�jaro anunci� su presencia, una �nica nota que comenzaba osadamente pero que se desvaneci� como si hubiera reconsiderado la idea. Entonces llegamos a la casa de mi madre, hice girar la llave y abrimos la puerta hacia una quietud m�s profunda.</p><p>Hab�an limpiado y quitado el polvo peri�dicamente, pero la casa llevaba b�sicamente cerrada desde la muerte de mi madre. No hab�a vuelto para ordenar sus cosas, no ten�amos m�s familia y Carol hab�a preferido mantener el edificio como estaba antes que cambiarlo. Pero no era intemporal. Ni mucho menos. El tiempo se hab�a asentado all�. La habitaci�n delantera ol�a a cerrado, a las esencias que destila la tapicer�a cuando nadie la perturba, papel amarillento, tejidos polvorientos. En invierno, seg�n me cont� Carol en otro momento, manten�an la casa lo suficientemente caldeada para evitar que las tuber�as se congelaran; en verano corr�an las cortinas contra el calor. Hoy hac�a fresco, tanto dentro como fuera.</p><p>Jason atraves� el umbral temblando. Durante toda la ma�ana hab�a andado trastabillando, que era el motivo por el que me hab�a dejado llevar los f�rmacos (aparte de la cantidad que hab�a apartado para su tratamiento), un cuarto de kilo aproximadamente de cristal y bioqu�mica, en un bolso de viaje de cuero forrado de gomaespuma.</p><p>�Esta es la primera vez que vengo aqu� �dijo con timidez�, desde antes de que muriera. �Suena est�pido si digo que la echo de menos?</p><p>�No, no suena est�pido.</p><p>�Fue la primera persona que vi que era amable conmigo. Toda amabilidad en la Gran Casa entraba por la puerta de atr�s con Belinda Dupree.</p><p>Le gui� a trav�s de la cocina hasta la peque�a puerta que conduc�a al s�tano. La Peque�a Casa de la propiedad Lawton hab�a sido construida para que tuviera el aspecto de una casa de campo de nueva Inglaterra, o la idea que alguien ten�a de c�mo era una casa de campo, incluyendo el s�tano de piso de cemento basto de techo tan bajo que Jason tuvo que encorvarse para seguirme. El espacio era lo suficientemente grande para contener una caldera, un calentador de agua, una lavadora y una secadora. El aire era incluso m�s fr�o ah� abajo y ten�a un olor h�medo y mineral.</p><p>Me agach� en el recoveco de detr�s de la caldera, uno de esos polvorientos callejones sin salida que incluso los limpiadores profesionales suelen ignorar. Le expliqu� a Jason que hab�a un tablero de la pared que se hab�a resquebrajado y que con un poco de ma�a se pod�a tirar de �l para revelar el hueco sin aislamiento entre las vigas de pino y las paredes de los cimientos.</p><p>�Interesante �dijo Jason desde su posici�n a un metro detr�s de m� y en �ngulo con la caldera�. �Qu� es lo que guardabas ah�? �Ejemplares viejos de <emphasis>Playboy?</emphasis></p><p>Cuando ten�a diez a�os hab�a guardado determinados juguetes all�, no porque temiera que nadie me los robara, sino porque era divertido saber que estaban escondidos y que s�lo yo pod�a encontrarlos. M�s tarde guardar�a cosas menos inocentes: varios intentos breves de llevar un diario, cartas a Diane nunca enviadas o siquiera terminadas, y s�, aunque no lo admitir�a ante Jason, porno relativamente inocuo impreso de internet. Todos esos secretos hab�an desaparecido hac�a tiempo.</p><p>�Deber�amos habernos tra�do una linterna �dijo Jase. La �nica bombilla del techo proyectaba una luz insignificante sobre el rinc�n lleno de telara�as.</p><p>�Sol�a haber una en la mesa de al lado de la caja de fusibles. �Y segu�a habiendo una. Me retir� del hueco lo suficiente para tomar la linterna de manos de Jason. Emiti� el resplandor acuoso y p�lido de unas pilas moribundas, pero funcion� el tiempo necesario para encontrar el trozo de pared suelto y deslizar la bolsa al espacio que hab�a detr�s; luego puse el tablero en su sitio y puse polvo blanco de yeso sobre los contornos visibles.</p><p>Pero antes de que pudiera salir se me cay� la linterna y rod� adentr�ndose a�n m�s en las sombras ar�cnidas de detr�s de la caldera. Hice una mueca y alargu� el brazo tanteando en su busca, siguiendo la luz parpadeante. Toqu� el mango de la linterna. Y toqu� otra cosa. Algo hueco pero sustancial. Una caja.</p><p>La acerqu� tirando con los dedos.</p><p>��Ya has acabado ah�, Tyler?</p><p>�Un segundo �dije.</p><p>Apunt� la linterna a la caja. Era una caja de zapatos con un polvoriento logo de New Balance impreso y un nombre diferente escrito en gruesos trazos de tinta negra: RECUERDOS (CARRERA).</p><p>Era la caja que hab�a desaparecido del estante de mi madre, la que no hab�a podido encontrar despu�s del funeral.</p><p>��Alg�n problema? �pregunt� Jason.</p><p>�No �dije.</p><p>Ya investigar�a luego. Volv� a empujar la caja de vuelta adonde la hab�a encontrado y me arrastr� fuera del polvoriento espacio. Me levant� y me restregu� las manos.</p><p>�Creo que ya hemos acabado aqu�.</p><p>�Recuerda esto por m� �dijo Jason�. En caso de que se me olvide.</p><empty-line/><p>Esa noche vimos los resultados de las elecciones en el enorme equipo de televisi�n, aunque ya algo anticuado, de los Lawton. Carol hab�a perdido sus lentes de contacto y se sent� cerca de la pantalla, parpadeando ante ella. Hab�a pasado la mayor parte de su vida adulta ignorando la pol�tica, ��se fue siempre el departamento de E. D.�, y tuvimos que explicarle qui�nes eran algunos de los participantes m�s importantes. Pero parec�a disfrutar de la ocasi�n. Jason hac�a bromas suaves y Carol respond�a ri�ndose, y cuando se re�a, ve�a en su cara algo de Diane.</p><p>Carol se cansaba r�pidamente y ya se hab�a retirado a su habitaci�n para cuando empezaron a dar los resultados por estado. Ninguna sorpresa. Al final Lomax consigui� todo el Noroeste y la mayor parte del Medio Oeste y el Oeste. En el Sur le fue peor, pero incluso ah� el voto disidente estaba repartido entre dem�cratas de la vieja escuela y conservadores cristianos.</p><p>Empezamos a recoger las tazas de caf� para cuando el �ltimo candidato de la oposici�n daba su l�gubre y cort�s discurso de derrota admitida.</p><p>�As� que han ganado los buenos �dije.</p><p>�Creo que de �sos no se presentaba ninguno �dijo Jason, sonriendo.</p><p>�Cre�a que Lomax era bueno para nosotros.</p><p>�Puede. Pero no cometas el error de creer que a Lomax le importan Perihelio o el programa replicador, excepto como forma conveniente de reducir el gasto espacial y hacerlo parecer como un gran salto adelante. El dinero federal que quede libre lo destinar� al presupuesto militar. Por eso E. D. no consigui� reunir ninguna oposici�n real contra Lomax entre sus viejos amigotes de la industria aeroespacial. Lomax no dejar� que Boeing o Lockheed-Martin pasen hambre. S�lo quiere que se dediquen a otras cosas.</p><p>�A defensa �a�ad�. El per�odo de calma en los conflictos globales que hab�a seguido a la confusi�n inicial tras el Spin hac�a mucho que hab�a pasado. Quiz� reequipar al ej�rcito no fuera mala idea.</p><p>�Si crees lo que dice Lomax.</p><p>��T� no?</p><p>�Me temo que no puedo permit�rmelo.</p><p>Con esa nota me retir� a la cama.</p><p>Por la ma�ana le administr� la primera inyecci�n a Jason. Jason se estir� en el sof� de los Lawton de la sala de estar, de cara a la ventana. Llevaba una camisa de algod�n y parec�a informalmente patricio, fr�gil pero en calma. Si estaba asustado no lo demostraba. Se arremang� el brazo derecho para descubrir el hueco del codo.</p><p>Cog� una jeringuilla de mi malet�n, le puse una aguja est�ril y la llen� con uno de los viales de l�quido claro que hab�amos separado del resto. Wun hab�a ensayado esto conmigo. Los protocolos de la Cuarta Edad. De ser en Marte habr�a una tranquila ceremonia y un entorno tranquilizador. Aqu� tendr�amos que apa��rnoslas con la luz de noviembre y el tictac de caros relojes.</p><p>Le frot� la piel con un algod�n antes de la inyecci�n.</p><p>�No tienes que mirar �dije.</p><p>�Pero quiero hacerlo �dijo �l�. Mu�strame c�mo se hace.</p><p>Siempre le gust� saber c�mo funcionaban las cosas.</p><empty-line/><p>La inyecci�n no produjo efectos inmediatos, pero hacia mediod�a del d�a siguiente Jason ten�a un grado de fiebre.</p><p>Subjetivamente, dijo, no era peor que un resfriado leve, y hacia media tarde me rogaba que cogiera mi term�metro y mi tensi�metro y� bueno que me los llevara a otra parte, en esencia.</p><p>As� que me levant� el cuello de la chaqueta contra la lluvia (una lluvia gris y tontamente persistente que hab�a comenzado durante la noche y persist�a hasta la tarde) y cruc� el jard�n una vez m�s hasta la casa de mi madre, donde rescat� recuerdos (carrera) del s�tano y lo llev� a la sala de estar.</p><p>Una luz atenuada por la lluvia entraba por las ventanas. Encend� una l�mpara.</p><p>Mi madre hab�a muerto a la edad de cincuenta y siete a�os. Durante dieciocho a�os hab�a compartido esta casa con ella. Eso fue poco m�s de un tercio de su vida. De los dos tercios restantes s�lo hab�a visto lo que ella quiso mostrarme. Hab�a hablado de Bingham, su pueblo natal, de vez en cuando. Sab�a, por ejemplo, que hab�a vivido con su padre (un agente inmobiliario) y su madrastra (que trabajaba en una guarder�a) en una casa en lo alto de una calle empinada y poblada de �rboles; que de ni�a hab�a tenido una amiga llamada Monica Lee; que hab�a un puente cubierto, un r�o llamado el Peque�o Wyecliffe y una iglesia presbiteriana a la que hab�a dejado de asistir cuando tuvo diecis�is a�os y a la que no volvi� a ver hasta el d�a del funeral de su padre. Pero jam�s hab�a mencionado Berkeley o qu� hab�a esperado lograr con su t�tulo o por qu� se hab�a casado con mi padre.</p><p>Una o dos veces hab�a bajado las cajas para mostrarme sus contenidos, para que comprendiera que ella hab�a vivido en esos a�os imposibles antes de que yo existiera. �sas eran sus pruebas, las Pruebas A, B y C, tres cajas de RECUERDOS y miscel�nea. En alg�n lado dentro de esas cajas habr�a fragmentos doblados de historia real y verificable: las amarronadas portadas de peri�dicos anunciando ataques terroristas, guerras libradas, presidentes elegidos o desacreditados. Aqu� tambi�n estaban las baratijas que de ni�o me hab�a gustado tener en las manos. Una deslustrada moneda de cincuenta centavos emitida el a�o en que naci� mi padre (1951); cuatro conchas canelas y rosadas de la playa de Cobscook Bay.</p><p>Recuerdos (carrera) era la caja que menos me gustaba de ni�o. Conten�a una chapa de la campa�a de alg�n candidato a presidente que evidentemente no tuvo �xito, que me gustaba por sus colores brillantes, pero el resto de la caja estaba ocupado por su diploma, unas cuantas p�ginas arrancadas del anuario de graduaci�n, y un fajo de peque�os sobres que jam�s hab�a querido (ni me hab�a permitido) tocar.</p><p>Abr� uno de los sobres y escudri�� suficientemente los contenidos para saber que era: a) una carta de amor y b) en una letra que no se parec�a nada a la escritura ordenada de mi padre en las misivas de la caja RECUERDOS: MARCUS.</p><p>As� que mi madre tuvo un novio en la universidad. Esas eran noticias que podr�an haber incomodado a Marcus Dupree (despu�s de todo, mi madre se cas� con �l una semana despu�s de la graduaci�n) pero que no sorprender�an a casi nadie m�s. Desde luego no era raz�n para ocultar la caja en el s�tano, no cuando llevaba a�os a plena vista.</p><p>Pero �hab�a sido mi madre quien la hab�a ocultado? No sab�a qui�n pudo haber estado en la casa entre el momento de su ataque y cuando llegu� yo un d�a despu�s. Fue Carol la que la encontr� derrumbada sobre el sof�, y probablemente alguien del personal de la Gran Casa la ayud� a limpiar m�s tarde, y debi� de haber gente de los servicios m�dicos para prepararla para el traslado. Pero ninguno de ellos tendr�a ninguna raz�n remotamente plausible para llevar recuerdos (carrera) al s�tano y esconderlo en el oscuro hueco entre la caldera y la pared.</p><p>Y quiz� no ten�a importancia. No se hab�a cometido ning�n crimen, despu�s de todo. Pudo ser el poltergeist local. Probablemente jam�s lo averiguar�a, y no ten�a sentido darle vueltas al asunto. Todo en esa habitaci�n, cada objeto de la casa, incluyendo esas cajas, ser�a recuperado, vendido o descartado tarde o temprano, lo hab�a estado demorando, Carol lo hab�a estado demorando, pero hac�a tiempo que debi� haberse hecho.</p><p>Pero hasta entonces�</p><p>Hasta entonces, puse recuerdos (carrera) en el estante de arriba del mueble de mi madre entre recuerdos (marcus) y miscel�nea. Y complet� la habitaci�n vac�a.</p><empty-line/><p>La cuesti�n m�dica m�s preocupante que hab�a salido a la luz en las conversaciones con Wun Ngo Wen sobre el tratamiento de Jason hab�a sido la interacci�n con otras drogas. No pod�a interrumpir la medicaci�n convencional de Jason sin ocasionarle un relapso desastroso. Pero tambi�n me preocupaba combinar su r�gimen diario con el reestructurador bioqu�mico de Wun.</p><p>Wun me prometi� que no habr�a problemas. El tratamiento de longevidad no era una �droga� en el sentido convencional. Lo que le inyectar�a en las venas a Jason ser�a m�s bien un programa de ordenador biol�gico. Los f�rmacos convencionales interactuaban con las prote�nas y las superficies celulares. La poci�n de Wun interactuaba con el ADN en s�.</p><p>Pero segu�a teniendo que entrar en una c�lula para hacer su trabajo, y segu�a teniendo que sortear la qu�mica de la sangre de Jason y su sistema inmunol�gico de camino a su destino, �no? Wun hab�a dicho enf�ticamente que nada de eso ten�a importancia. El c�ctel de longevidad era lo suficientemente flexible para operar en cualquier tipo de condici�n fisiol�gica aparte de la muerte.</p><p>Pero el gen de la EMA nunca hab�a migrado al planeta rojo y los f�rmacos que tomaba Jason eran desconocidos all�. Y aunque Wun segu�a insistiendo en que mis preocupaciones estaban injustificadas, me percataba de que rara vez sonre�a cuando dec�a eso. As� que respaldamos las apuestas. Llevaba una semana reduciendo la medicaci�n de Jason antes de la primera inyecci�n. No la retir�, s�lo la recort�.</p><p>La estrategia pareci� funcionar. Para cuando llegamos a la Gran Casa, Jason s�lo mostraba s�ntomas menores con una carga farmacol�gica menor, y empezamos su tratamiento con optimismo.</p><p>Tres d�as despu�s ten�a ataques de fiebre alta que no pod�a bajar. Y un d�a despu�s ya estaba semiinconsciente gran parte del tiempo. Otro d�a m�s y su piel enrojeci� y empez� a ampoll�rsele. Esa noche empez� a gritar.</p><p>Continu� gritando pese a la morfina que le administr�.</p><p>No era un grito a todo pulm�n sino un gemido que peri�dicamente sub�a a un volumen mayor, la clase de sonido que esperar�as de un perro enfermo, no de un ser humano. Era completamente involuntario. Cuando estaba l�cido no emit�a ese sonido ni recordaba haberlo hecho, aunque le dejaba la laringe inflamada y dolorida.</p><p>Carol aguant� con valent�a. Hab�a partes de la casa donde los gritos de Jason eran casi inaudibles, las habitaciones del fondo, la cocina, y pasaba la mayor parte del tiempo all�, leyendo o escuchando la radio local. Pero la tensi�n a la que estaba sometida era obvia y volvi� a retomar la bebida.</p><p>Quiz� no deber�a decir �retom�. No hab�a dejado de beber. Lo que hab�a hecho era reducir la bebida al m�nimo que le permit�a funcionar, un equilibro entre los terrores muy reales de la abstinencia s�bita y la tentaci�n de la embriaguez total. Espero que no suene despectivo. Carol caminaba por una senda dif�cil. Hab�a aguantado tanto gracias al amor que ten�a a su hijo, por latente que estuviera ese amor durante tantos a�os. El sonido de su dolor era lo que la desquiciaba.</p><p>Hacia la segunda semana del proceso Jase ten�a que estar con fluidos intravenosos y yo ten�a que vigilar atentamente su presi�n arterial en aumento. Hab�a tenido un d�a relativamente bueno pese a su horrorosa apariencia, costras all� donde directamente la piel no estaba desprendida, ojos casi hundidos del todo en la carne hinchada que los rodeaba. Estaba lo suficientemente l�cido para preguntar si Wun Ngo Wen hab�a hecho ya su primera aparici�n en televisi�n. (Todav�a no. Estaba programada para la semana siguiente.) Hacia la noche hab�a vuelto a caer en la inconsciencia, y los gemidos, que llevaban ausentes un par de d�as, volvieron a empezar, a todo pulm�n y dolorosos de o�r.</p><p>Dolorosos para Carol que apareci� a la puerta del dormitorio con l�grimas en los ojos y una expresi�n de furia, feroz y vidriosa.</p><p>��Tyler �dijo�, tiene que acabar con esto!</p><p>�Hago lo que puedo. No responde a los opi�ceos. Ser� mejor hablar de esto por la ma�ana.</p><p>��Es que no puedes o�rle?</p><p>�Por supuesto que le oigo.</p><p>��Y para ti no significa nada? �Es que no significa nada ese sonido para ti? �Dios m�o! �dijo�. Le habr�a ido mejor en M�xico con cualquier curandero charlat�n. �Tienes alguna idea de lo que realmente le has inyectado? �Puto charlat�n! Dios m�o.</p><p>Desafortunadamente, sus preguntas eran un eco de las que me hac�a a m� mismo. No, no sab�a qu� le hab�a inyectado, no de manera rigurosa y cient�fica. Hab�a cre�do en las promesas del hombre de Marte, pero esa defensa no pod�a usarla con Carol. El proceso en s� era m�s dif�cil, m�s ag�nico, de lo que me hab�a permitido esperar. Quiz� no estaba funcionando bien. Quiz� no estaba funcionando para nada.</p><p>Jason emiti� un l�gubre aullido que termin� con un suspiro. Carol se llev� las manos a los o�dos.</p><p>��Est� sufriendo, charlat�n de mierda! �M�rale!</p><p>�Carol�</p><p>��No me hables, carnicero! �Voy a llamar a una ambulancia! �Voy a llamar a la polic�a!</p><p>Atraves� la habitaci�n y la agarr� de los hombros. Parec�a fr�gil pero peligrosamente viva bajo mis manos, un animal acorralado.</p><p>�Carol, esc�chame.</p><p>��Por qu�? �Por qu� deber�a escucharte?</p><p>�Porque tu hijo puso su vida en mis manos. Escucha, Carol, escucha. Voy a necesitar a alguien que me ayude. Llevo demasiados d�as sin dormir. Dentro de poco necesitar� a alguien que se siente a velarlo, alguien que tenga experiencia m�dica y que pueda tomar decisiones justificadas.</p><p>�Deber�as haberte tra�do una enfermera.</p><p>Deber�a, pero no fue posible, y adem�s no era relevante en ese momento.</p><p>�No tengo enfermera. Necesito que lo hagas t�.</p><p>Eso tard� un instante en hacer efecto. Entonces jade� de sorpresa y retrocedi�.</p><p>��Yo!</p><p>�Todav�a tienes tu t�tulo de m�dico. Que yo sepa.</p><p>�Pero no he ejercido desde� �desde hace d�cadas? D�cadas�</p><p>�No te pido que hagas cirug�a card�aca. S�lo quiero que vigiles su presi�n sangu�nea y su temperatura, �puedes hacerlo?</p><p>Su furia se disip�. Se sent�a halagada. Estaba asustada. Se lo pens�. Entonces me dedic� una mirada acerada.</p><p>��Por qu� deber�a ayudarte? �Por qu� deber�a convertirme en c�mplice de esto, de esta tortura?</p><p>Todav�a estaba intentando componer una respuesta cuando una voz a mis espaldas dijo:</p><p>�Oh, por favor.</p><p>La voz de Jason. Una de las caracter�sticas de la droga marciana era la lucidez que aparec�a y desaparec�a aleatoriamente. Aparentemente acababa de hacer una aparici�n. Me volv�.</p><p>Hizo una mueca e intent�, sin mucho �xito, incorporarse. Pero ten�a los ojos despejados.</p><p>Se dirigi� a su madre:</p><p>�La verdad �dijo�, �no te parece un poco inapropiado? Por favor, haz lo que te pida Tyler. Sabe lo que hace y yo tambi�n.</p><p>Carol se le qued� mirando.</p><p>�Pero yo no. No puedo. Quiero decir, no�</p><p>Entonces se volvi� y sali� de la habitaci�n tambale�ndose ligeramente, con una mano apoyada contra la pared.</p><p>Me sent� con Jase. Por la ma�ana Carol volvi� al dormitorio con aspecto escarmentado pero sobria y se ofreci� a relevarme. Jason estaba tranquilo y en realidad no necesitaba que lo atendieran, pero dej� que se ocupara de �l y me fui a recuperar algo de sue�o.</p><p>Dorm� doce horas. Cuando volv� al dormitorio, Carol segu�a all�, sosteniendo la mano de su hijo inconsciente, acarici�ndole la frente con una ternura que jam�s hab�a visto antes en ella.</p><p>La fase de recuperaci�n comenz� a la semana y media en el transcurso del tratamiento de Jason. No hubo una transici�n s�bita, ning�n momento m�gico. Pero sus per�odos de lucidez empezaron a alargarse y su presi�n sangu�nea se estabiliz� dentro de los l�mites normales.</p><p>La noche del discurso de Wun a las Naciones Unidas cog� el televisor port�til que hab�a encontrado en las habitaciones del personal de servicio y lo sub� al dormitorio de Jason. Carol se uni� a nosotros justo antes de la emisi�n.</p><p>Creo que Carol no cre�a que Wun Ngo Wen fuese de verdad.</p><p>Su presencia en la Tierra hab�a sido anunciada oficialmente el mi�rcoles pasado. Su imagen llevaba d�as siendo portada de los peri�dicos, m�s las im�genes grabadas en directo de Wun paseando por la Casa Blanca bajo el brazo paternal del presidente en funciones. La Casa Blanca hab�a dejado claro que Wun estaba aqu� para ayudar, pero que no era ning�n tipo de soluci�n instant�nea al problema del Spin ni ten�a conocimientos nuevos sobre los Hipot�ticos. La reacci�n p�blica fue cauta.</p><p>Esa noche se subi� al podio del estrado del Consejo de Seguridad, que hab�a sido ajustado para su altura.</p><p>�Vaya, pero si es una cosita diminuta.</p><p>�Muestra algo de respeto. Representa una �nica cultura continuada que ha durado m�s que cualquiera de las nuestras.</p><p>�M�s bien parece que represente al gremio de chupa-chups.</p><p>Su dignidad qued� restaurada en los primeros planos. A la c�mara le gustaban sus ojos y su sonrisa elusiva. Y cuando habl� al micr�fono habl� con suavidad, lo que rebaj� el tono agudo de su voz a un nivel m�s terrestre.</p><p>Wu sab�a (o hab�a sido preparado para entender) lo improbable que ese acontecimiento le parecer�a al terr�cola medio. (�Ciertamente �como ha dicho el secretario general en su presentaci�n� vivimos en una �poca de milagros�). As� que nos agradeci� a todos nuestra hospitalidad en su mejor acento del Atl�ntico medio y luego habl� con a�oranza de su hogar y del porqu� hab�a venido aqu�. Describi� Marte como un lugar extranjero pero completamente humano, el tipo de lugar que a uno le gustar�a visitar, donde la gente era amistosa y el paisaje interesante, aunque los inviernos, admiti�, a menudo eran duros.</p><p>�Suena a Canad� �dijo Carol.</p><p>Y luego al meollo del asunto. Todos quer�an saber sobre los Hipot�ticos. Desafortunadamente la gente de Wun sab�a poco m�s que nosotros: los Hipot�ticos hab�an encapsulado Marte mientras �l estaba de camino a la Tierra, y los marcianos estaban tan indefensos como nosotros lo hab�amos estado.</p><p>No pod�a adivinar los motivos de los Hipot�ticos. Esa cuesti�n se hab�a debatido durante siglos, pero ni siquiera los mayores pensadores marcianos la hab�an resuelto. Era interesante, dijo Wun, que tanto la Tierra como Marte hubieran sido sellados cuando estaban al borde de cat�strofes globales.</p><p>�Nuestra poblaci�n, como la vuestra, se est� aproximando al l�mite de lo sostenible. En la Tierra la industria y la agricultura dependen del petr�leo, cuyas reservas descienden r�pidamente. En Marte no tenemos petr�leo, pero dependemos de otro elemento escaso, el nitr�geno elemental: impulsa nuestro ciclo agr�cola e impone un l�mite absoluto sobre el n�mero de vidas que el planeta puede sostener. Lo hemos sobrellevado algo mejor de lo que lo ha hecho la Tierra, pero s�lo porque tuvimos que reconocer el problema desde el mism�simo principio de nuestra civilizaci�n. Ambos planetas se encontraban, y se encuentran, frente a la posibilidad de un colapso econ�mico y agr�cola y una mortandad humana catastr�fica. Ambos planetas fueron encapsulados antes de que se llegara a ese punto.</p><p>�Quiz� los Hipot�ticos entienden esa verdad sobre nosotros y fue eso lo que influenci� sus acciones. Pero no lo sabemos con certeza. Ni tampoco sabemos qu� esperan de nosotros, o cu�ndo, si es que ocurre, cesar� el Spin. No podemos saberlo, hasta que no recopilemos m�s informaci�n directa sobre los Hipot�ticos.</p><p>�Afortunadamente �dijo Wun, y la c�mara se acerc� m�s a �l�, hay una manera de reunir esa informaci�n. He venido aqu� con una propuesta, que he discutido tanto con el presidente Garland como con el presidente electo Lomax as� como con otros jefes de Estado. �Y prosigui� dando una descripci�n b�sica del plan de los replicadores�. Con suerte eso nos dir� si los Hipot�ticos han actuado en otros mundos, c�mo reaccionaron esos mundos, y cu�l puede ser el destino final de la Tierra.</p><p>Pero cuando empez� a hablar de la Nube de Oort y de �tecnolog�a de retroalimentaci�n catal�tica� vi que a Carol se le empezaban a vidriar los ojos.</p><p>�Esto no puede estar ocurriendo �dijo despu�s de que Wun dejara el podio ante un aplauso confuso y los expertos presentadores de las cadenas de televisi�n empezaran a masticar y regurgitar su discurso�. �Es cierto algo de todo eso, Jason?</p><p>�La mayor parte �dijo Jason con calma�. No puedo asegurar lo del tiempo en Marte.</p><p>��Estamos realmente al borde del desastre?</p><p>�Llevamos al borde del desastre desde que las estrellas se apagaron.</p><p>�Quiero decir lo del petr�leo y todo eso. �Si el Spin no hubiera ocurrido estar�amos mu��ndonos de hambre?</p><p>�La gente ya se muere de hambre. Se mueren de hambre porque no podemos sostener a siete mil millones de personas con una prosperidad de estilo norteamericano sin arramblar con todos los recursos del planeta de una sentada. S�, es cierto, si el Spin no nos mata, tarde o temprano nos enfrentaremos a una mortandad a escala global.</p><p>��Y eso tiene algo que ver con el Spin en s�?</p><p>�Quiz�, pero ni yo ni el marciano de la tele lo sabemos con seguridad.</p><p>�Te est�s riendo de m�.</p><p>�No.</p><p>�S� que te r�es. Pero est� bien. S� que soy ignorante. Hace a�os que no abro un peri�dico. Siempre corr�a el riesgo de ver la cara de tu padre, para empezar. Y la �nica televisi�n que veo son los telefilmes de la tarde. En los telefilmes de la tarde no hay marcianos. Supongo que soy Rip van Winkle. Que he dormido demasiado tiempo. Y no me gusta el mundo en el que he despertado. Las partes de ese mundo que no son aterradoras son� �gesticul� hacia la tele�� son rid�culas.</p><p>�Todos somos Rip van Winkle �dijo Jason con cari�o�. Todos estamos a la espera de despertar.</p><empty-line/><p>El �nimo de Carol mejor� a la par que mejoraba la salud de Jason y empez� a mostrar un inter�s m�s animado en su pron�stico. La inform� sobre la EMA de Jason, una enfermedad que no se diagnosticaba formalmente en los tiempos en que Carol se gradu� en la facultad de medicina, y como forma de esquivar preguntas sobre el tratamiento en s�, un trato no expresado expl�citamente que parec�a entender y aceptar. Lo importante era que la piel estragada de Jason se curaba y las muestras de sangre que envi� a un laboratorio en Washington para su an�lisis mostraban una reducci�n dr�stica de las placas proteicas neuronales.</p><p>Segu�a renuente a hablar del Spin, sin embargo, y se mostraba descontenta cuando Jase y yo habl�bamos de ello en su presencia. Volv� a pensar en el poema de Housman que Diane me hab�a ense�ado hac�a tantos a�os: <emphasis>El tierno infante no es consciente �De que se lo ha comido el oso!.</emphasis></p><p>Carol hab�a sufrido el ataque de varios osos diferente, algunos tan grandes como el Spin y otros tan peque�os como una mol�cula de etanol. Creo que hubiera envidiado al tierno infante.</p><empty-line/><p>Diane me llam� (a mi tel�fono personal, no al de la casa de Carol) pocas noches despu�s de la aparici�n de Wun. Me hab�a retirado a mi cuarto y Carol velaba a Jason. La lluvia hab�a ca�do de manera inconstante durante todo noviembre, y en ese momento llov�a otra vez; la ventana del dormitorio era un espejo fluido de luz amarillenta.</p><p>�Est�s en la Gran Casa �dijo Diane.</p><p>��Has hablado con Carol?</p><p>�La llamo una vez al mes. Soy una hija obediente. Algunas veces incluso est� lo suficientemente sobria para hablar. �Qu� le pasa a Jason?</p><p>�Es una larga historia �dije�. Se est� poniendo bien. No es nada de lo que preocuparse.</p><p>�Odio cuando la gente dice eso.</p><p>�Lo s�. Pero es cierto. Hab�a un problema, pero lo hemos arreglado.</p><p>�Y eso es todo lo que puedes decirme.</p><p>�Todo por ahora. �C�mo van las cosas para ti y Simon? La �ltima vez que hablamos mencionaste problemas legales.</p><p>�No muy bien �dijo�. Nos mudamos.</p><p>��Ad�nde?</p><p>�Fuera de Phoenix, en todo caso. Lejos de la ciudad. El Tabern�culo del Jord�n ha sido cerrado temporalmente� cre�a que lo sabr�as.</p><p>�No �dije, �y por qu� deber�a saber algo de los problemas financieros de una peque�a iglesia de la tribulaci�n del suroeste? Y pasamos a discutir otros asuntos, y Diane prometi� ponerme al d�a una vez que ella y Simon tuvieran una nueva direcci�n. Claro, �por qu� no? �Qu� demonios!</p><p>Pero o� hablar del Tabern�culo del Jord�n a la noche siguiente.</p><p>Carol insisti� en ver el �ltimo telediario, cosa nada habitual en ella. Jason estaba cansado pero despierto y dispuesto, as� que los tres nos quedamos sentados durante cuarenta minutos de ruidos de sables en el �mbito internacional y juicios de celebridades. Algunas cosas eran interesantes: hab�a una noticia sobre Wun Ngo Wen, que estaba en B�lgica reuni�ndose con funcionarios de la UE, y buenas noticias desde Uzbekist�n, donde el contingente de marines al fin hab�a sido relevado. Entonces pusieron un reportaje sobre el SDCV y la industria l�ctea israel�. Miramos las dram�ticas im�genes del ganado sacrificado siendo apilado a golpe de excavadora en fosas comunes y cubierto de cal. Cinco a�os antes, la industria c�rnica japonesa hab�a sufrido una devastaci�n similar. Un brote de SDCV bovino o ungulado hab�a estallado y hab�a sido suprimido en una docena de pa�ses desde Brasil a Etiop�a. El equivalente humano era tratable con antibi�ticos modernos pero segu�a siendo un problema acuciante en las econom�as del tercer mundo.</p><p>Pero los granjeros israel�es aplicaban protocolos estrictos para sepsis y an�lisis, as� que el brote era inesperado. Peor a�n, el caso �ndice, la primera infecci�n, hab�a sido rastreado a un env�o no autorizado de �vulos fertilizados procedente de Estados Unidos.</p><p>El env�o fue rastreado hasta una ONG tribulacionista llamada Palabra para el Mundo, cuyo cuartel general estaba en un parque industrial a las afueras de Cincinnati, Ohio. �Por qu� la PpM contrabandeaba �vulos de ganado a Israel? Result� que no era por razones especialmente humanitarias. Los investigadores siguieron a los patrocinadores de la PpM a trav�s de una docena de sociedades de cartera hasta un consorcio de iglesias tribulacionistas y dispensacionalistas y grupos pol�ticos marginales, tanto grandes como peque�os. Un punto compartido de doctrina b�blica com�n para todos esos grupos era una interpretaci�n de un pasaje de N�meros (cap�tulo diecinueve) y deducido de otros textos en Mateo y Tom�s; en resumen: que el nacimiento en Israel de una becerra de color rojo puro se�alar�a el segundo advenimiento de Jes�s y el comienzo de su reinado en la Tierra.</p><p>Era una vieja idea. Los extremistas jud�os cre�an que el sacrificio de una becerra roja en el monte del Templo marcar�a la llegada del Mes�as. Hab�a habido varios ataques de �becerra roja� en los a�os previos, uno de los cuales hab�a da�ado la mezquita de Al-Aqsa y casi provoca una guerra regional. El gobierno israel� hac�a lo que pod�a para aplastar el movimiento pero s�lo hab�a conseguido conducirlo a la clandestinidad.</p><p>Seg�n las noticias hab�a varias granjas de ganado vacuno patrocinadas por la PpM por todo el Medio Oeste americano calladamente dedicadas a la empresa de precipitar el Armaged�n. Hab�an intentado producir una becerra pura de color rojo sangre, presumiblemente superior a las numerosas y decepcionantes becerras que hab�an sido presentadas como candidatas durante los �ltimos cuarenta a�os.</p><p>Esas granjas hab�an evitado sistem�ticamente inspecciones federales y protocolos de alimentaci�n, hasta el punto de ocultar un brote de SDCV bovino que hab�a cruzado la frontera desde Nogales. Los �vulos infectados produc�an ganado para cr�a con multitud de genes para pelo rojizo, pero cuando los terneros nac�an (en una granja relacionada con la PpM en el Negev) la mayor�a mor�a de insuficiencia respiratoria a temprana edad. Los cuerpos fueron enterrados r�pidamente, pero ya era demasiado tarde. La infecci�n se hab�a propagado al ganado adulto y a un cierto n�mero de operarios humanos.</p><p>Era una verg�enza para el gobierno estadounidense. La FDA ya hab�a anunciado una revisi�n de su pol�tica y Homeland Security estaba congelando las cuentas bancarias de PpM y arrestando a los recaudadores de las iglesias tribulacionistas. En las noticias hab�a varias im�genes de agentes federales que sacaban cajas de documentos del interior de edificios an�nimo y que aplicaban candados a las puertas de oscuras iglesias.</p><p>El locutor recit� unos cuantos ejemplos de esas iglesias.</p><p>Una de ellas era el Tabern�culo del Jord�n.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C.</p></title><p>A las afueras de Padang nos transfirieron de la ambulancia de Nijon a un coche privado con un conductor minang, que nos dej� (a m�, Ibu Ina y En) en la explanada de un complejo de transporte de mercanc�as en la autopista de la costa. Cinco enormes almacenes de techo de chapa met�lica se agazapaban sobre una llanura de grava negra entre pilas c�nicas de hormig�n bajo lonas y un corro�do vag�n cisterna que se oxidaba en una v�a lateral. La oficina principal era un edifico bajo de madera con un cartel que dec�a transportes bayur en ingl�s.</p><p>Transportes Bayur, seg�n dijo Ina, era una de las empresas de su ex marido, y fue Jala el que nos recibi� en la recepci�n. Era un hombre recio de mejillas redondas vestido con un traje de hombre de negocios color amarillo canario. Parec�a una jarra de cerveza de cer�mica, de esas con la forma de un hombrecillo rechoncho sentado, vestido para los tr�picos. El e Ina se abrazaron a la manera de los divorciados en buenos t�rminos, y luego Jala me estrech� la mano y se inclin� para estrechar la de En. Me present� a su recepcionista como un �importador de aceite de palma de Suffolk�, por si la interrogaban los Nuevos Reformasi. Entonces nos escolt� a su BMW de siete a�os de antig�edad y nos condujo hacia Teluk Bayur, Jana e Ina delante, En y yo en el asiento de atr�s.</p><p>Teluk Bayur, el gran puerto de aguas profundas al sur de la ciudad de Padang, era la fuente de todo el dinero de Jala. Hac�a treinta a�os, nos dijo, Teluk Bayur era una somnolienta cuenca de barro arenoso con modestos servicios portuarios y un predecible tr�fico de carb�n, aceite de palma sin refinar y fertilizantes. Hoy en d�a, gracias al boom econ�mico de la restauraci�n <emphasis>nagari </emphasis>y la explosi�n de poblaci�n de la era del Arco, Teluk Bayur era un complejo portuario completamente modernizado con muelles y atraques de calidad mundial y tantas comodidades modernas que incluso Jala perdi� inter�s en hacernos el recuento de todos los remolcadores, gr�as, almacenes y barcazas.</p><p>�Jala est� orgulloso de Teluk Bayur �dijo Ina�. No hay apenas ning�n funcionario de alto cargo al que no haya sobornado.</p><p>�A nadie por encima del Superintendente General �le corrigi� Jala.</p><p>�Eres demasiado modesto.</p><p>��Es que hay algo malo en ganar dinero? �Tengo demasiado �xito? �Es un crimen llegar a algo en la vida?</p><p>Ina inclin� la cabeza y dijo:</p><p>�Por supuesto, se trata de preguntas ret�ricas.</p><p>Pregunt� si abordar�amos directamente un barco en Teluk Bayur.</p><p>�No directamente �dijo Jala�. Os llevo a un lugar seguro en los muelles. Tan simple como subir a un barco y ponerse c�modo.</p><p>��No hay barco?</p><p>�Desde luego que hay barco. El <emphasis>Capetown Maru, </emphasis>un bonito carguero no muy grande. Est� cargando caf� y especias justo ahora. Cuando las bodegas est�n llenas, las deudas saldadas y los permisos sellados, entonces subir� a bordo el cargamento humano. Discretamente, espero.</p><p>��Qu� pasa con Diane? �Est� Diane en Teluk Bayur?</p><p>�Pronto �dijo Ina, dedic�ndole a Jala una mirada cargada de significado.</p><p>�S�, muy pronto.</p><p>Puede que Teluk Bayur una vez fuera un somnoliento puerto comercial, pero como cualquier puerto moderno, se hab�a convertido en una ciudad en s� mismo, una ciudad no para las personas, sino para las mercanc�as. El puerto en s� estaba rodeado y vallado, pero los negocios secundarios hab�an crecido a su alrededor como los burdeles alrededor de una base militar: fletadores y transportistas secundarios, colectivos como caravanas gitanas a bordo de tr�ileres de dieciocho ruedas reconstruidos, dep�sitos de combustible con fugas. Atravesamos todo eso sin detenernos. Jala quer�a dejarnos instalados antes de que se pusiera el sol.</p><p>La bah�a de Bayur en s� era una herradura de agua marina recubierta de aceite. Muelles y espigones la lam�an como lenguas de hormig�n. La costa estaba abarrotada con el ordenado caos del comercio a gran escala, la primera y segunda l�nea de muelles de descarga y espacios para apilar mercanc�as, las gr�as como mantis religiosas gigantes atrac�ndose con los contenedores atados que extra�an de las bodegas de los barcos. Nos detuvimos ante un control de entrada a lo largo de una valla de acero y Jala le pas� algo al guarda de seguridad a trav�s de la ventanilla del coche: un permiso, un soborno o ambas cosas. El guarda asinti� y le hizo se�a de que pasara el coche, Jala se despidi� amistosamente con un gesto de la mano y llev� el coche al interior, siguiendo una l�nea de tanques de combustible para aviones y aceite de palma sin refinar con lo que parec�a una velocidad temeraria.</p><p>�He dispuesto las cosas para que os qued�is aqu� a pasar la noche. Tengo un despacho en uno de los almacenes del muelle E. No hay nada all� excepto hormig�n, nadie que os moleste. Por la ma�ana traer� a Diane Lawton.</p><p>��Y entonces nos marcharemos?</p><p>�Paciencia. No sois los �nicos haciendo <emphasis>rantau� </emphasis>s�lo los m�s conspicuos. Puede que haya complicaciones.</p><p>��Como cu�les?</p><p>�Pues obviamente, los Nuevos Reformasi. La polic�a hace un barrido de los muelles de vez en cuando buscando ilegales y gente que quiere cruzar el Arco. Normalmente encuentran a unos pocos. O a m�s de unos pocos, dependiendo de qui�n se haya vendido. En estos momentos hay mucha presi�n desde Yakarta, as� que �qui�n sabe? Tambi�n se habla de acciones sindicales. El sindicato de estibadores es extremadamente militante. Saldremos antes de que empiece ning�n conflicto, con suerte. As� que esta noche tendr�s que dormir en el suelo y a oscuras, me temo, y yo me llevar� a Ina y En junto a los dem�s aldeanos por ahora.</p><p>�No �dijo Ina con firmeza�. Me quedar� con Tyler.</p><p>Jala hizo una pausa. Entonces la mir� y le dijo algo en minang.</p><p>�No tiene gracia �dijo ella�. Y no es verdad.</p><p>�Entonces �qu� pasa? �No conf�as en m� para que lo mantenga a salvo?</p><p>��Qu� he ganado yo confiando en ti?</p><p>Jala sonri�. Sus dientes eran de color marr�n tabaco.</p><p>�Aventura.</p><p>�S�, de eso mucho.</p><empty-line/><p>As� que terminamos en el extremo norte de un complejo de almacenes fuera de los muelles, Ibu Ina y yo, en una l�brega habitaci�n rectangular que hab�a sido el despacho de un inspector, dijo Ina, hasta que el edificio qued� cerrado temporalmente pendiente de las reparaciones a su poroso techo.</p><p>Una de las paredes era una ventana de vidrio reforzado. Mir� al cavernoso espacio de almacenaje empalidecido por el polvo acumulado. Las columnas met�licas de sustentaci�n se alzaban del suelo encharcado y embarrado como costillas oxidadas.</p><p>La �nica luz proced�a de las l�mparas de seguridad emplazadas a intervalos espaciados a lo largo de las paredes. Los insectos voladores hab�an penetrado en el interior del edificio por los huecos y volaban en enjambres alrededor de las luces protegidas con rejillas o mor�an y formaban mont�culos bajo �stas. Ina logr� hacer funcionar una l�mpara del escritorio. En un rinc�n hab�a una pila de viejas cajas de cart�n vac�as, y desplegu� las m�s secas y las apil� para hacer dos colchonetas improvisadas. No hab�a mantas. Pero era una noche c�lida. Est�bamos cerca de la estaci�n de los monzones.</p><p>��Cree que podr� dormir? �pregunt� Ina.</p><p>�No es el Hilton, pero es lo mejor que puedo hacer.</p><p>�Oh, no, eso no. El ruido, quiero decir. �Cree que podr� dormir con el ruido?</p><p>Teluk Bayur no cerraba por las noches. La carga y descarga prosegu�a las veinticuatro horas del d�a. No lo ve�amos, pero lo o�amos, el sonido de motores pesados y metal bajo tensi�n y el peri�dico estruendo de contenedores de muchas toneladas en tr�nsito.</p><p>�He dormido en sitios peores �dije.</p><p>�Lo dudo �dijo Ina�. Pero es muy amable por su parte.</p><p>Ninguno de los dos consigui� dormir durante horas. En vez de eso nos sent�bamos cerca de la luz de la l�mpara de escritorio y habl�bamos espor�dicamente. Ina me pregunt� sobre Jason.</p><p>Le dej� que leyera algunos de los largos pasajes que hab�a escrito durante mi enfermedad. La transici�n de Jason a la Cuarta Edad, dijo Ina, parec�a mucho menos dif�cil que la m�a. No, dije, simplemente hab�a olvidado incluir los detalles escatol�gicos.</p><p>��Y qu� pas� con su memoria? �No hubo p�rdidas? �No le preocupaba?</p><p>�No hablaba mucho de ello. Estoy seguro de que le preocupaba. �De hecho hab�a salido de sus recurrentes ataques de fiebre exigi�ndome que documentara su vida. �Escr�bela por m�me hab�a dicho�, escr�bela en caso de que se me olvide.�</p><p>�Pero no tuvo grafoman�a.</p><p>�No. La grafoman�a aparece cuando el cerebro empieza a recablear sus propias facultades verbales. Es s�lo uno de los s�ntomas posibles. Los sonidos que emit�a posiblemente fueran una manifestaci�n de ello.</p><p>�Eso lo aprendi� de Wun Ngo Wen.</p><p>S�, o de sus archivos m�dicos, los cuales hab�a estudiado posteriormente.</p><p>Ina segu�a fascinada con Wun Ngo Wen.</p><p>�Esa advertencia a la Naciones Unidas sobre la sobrepoblaci�n y la escasez de recursos, �habl� de eso con Wun alguna vez? Quiero decir, antes de�</p><p>�Lo s�. S�, un poco.</p><p>��Qu� le cont�?</p><p>Eso fue durante una de nuestras conversaciones sobre el prop�sito �ltimo de los Hipot�ticos. Wun me hab�a dibujado un diagrama, que reproduje para Ina sobre el polvoriento suelo de parqu�: una l�nea horizontal y otra vertical que defin�an una gr�fica. La l�nea vertical era la poblaci�n y la horizontal el tiempo. Una l�nea dentada cruzaba el espacio m�s o menos horizontalmente.</p><p>�Poblaci�n en el tiempo �dijo Ina�. Hasta ah� entiendo. Pero �qu� estamos midiendo exactamente?</p><p>�Cualquier poblaci�n animal en cualquier ecosistema relativamente estable. Pueden ser zorros en Alaska o monos aulladores en Belice. La poblaci�n fluct�a seg�n factores externos, como un invierno fr�o o un aumento de los depredadores, pero permanece estable al menos a corto plazo.</p><p>Pero entonces, hab�a dicho Wun, �que ocurre si contemplamos a largo plazo una especie inteligente que usa herramientas? Dibuj� la misma gr�fica que antes s�lo que esta vez la l�nea se curvaba r�pidamente hacia la vertical.</p><p>�Lo que est� ocurriendo aqu� �dije�. Es que la poblaci�n, bueno, podemos decir simplemente �la gente� est�n aprendiendo a compartir sus habilidades. No s�lo aprenden a tallar un trozo de s�lex, sino a ense�ar a los dem�s a tallar el pedernal y dividirse el trabajo de forma eficiente. La colaboraci�n produce m�s comida. La poblaci�n crece. M�s gente colabora con m�s eficiencia y generan nuevas habilidades. Agricultura. Ganader�a. Lectura y escritura, lo que significa que las habilidades pueden ser transmitidas de manera m�s eficiente entre la poblaci�n viva e incluso transmitirse desde generaciones que murieron hace mucho.</p><p>�As� que la curva cada vez es m�s empinada �dijo Ina�. Hasta que nos encontramos ahog�ndonos en nosotros mismos.</p><p>�Ah, pero no es as�. Hay otras fuerzas que trabajan para inclinar la curva a la derecha. Aumentar la prosperidad y los conocimientos tecnol�gicos trabaja a nuestro favor. La gente segura y bien alimentada tiende a limitar su propia reproducci�n. La tecnolog�a y las culturas flexibles les proporcionan los medios. Al final, dijo Wun, la curva tiende a estabilizarse de nuevo haci�ndose plana.</p><p>Ibu Ina parec�a confusa.</p><p>��As� que en realidad no hay problema? Nada de hambrunas ni de sobrepoblaci�n.</p><p>�Desafortunadamente, la curva de poblaci�n de la Tierra est� muy lejos de la horizontal. Y vamos a enfrentarnos a condiciones limitantes.</p><p>��Condiciones limitantes?</p><p>Otro diagrama m�s. �ste mostraba una curva parecida a una letra �S� en cursiva, plana en lo alto. Sobre �sta marqu� dos l�neas paralelas horizontales; una bien por encima de la curva y marcada �A� y la otra cruz�ndose con la curva en su parte superior, marcada �B�.</p><p>��Qu� son esas l�neas? �pregunt� Ina.</p><p>�Ambos son la sostenibilidad planetaria. La cantidad de Tierra cultivable, combustible y materias primas para sostener la tecnolog�a, aire y agua limpios. El diagrama muestra la diferencia entre una especie diferente con �xito y una que fracasa. Una especie que llega a su apogeo por debajo del l�mite tiene potencial para supervivencia a largo plazo. Una especie con �xito puede hacer todas esas cosas futuristas con las que so�amos: expandirse por el sistema solar e incluso la galaxia, manipular el tiempo y el espacio.</p><p>�Qu� grandioso �dijo Ina.</p><p>�No te burles. La alternativa es peor. Una especie que llega a los l�mites de sostenibilidad antes de estabilizar su poblaci�n probablemente est� condenada. Hambrunas en masa, fracaso tecnol�gico y un planeta tan agotado por su primer florecimiento de civilizaci�n que carece de los medios para reconstruirla.</p><p>�Ya veo �se estremeci�. �Y cu�les somos? �El Caso A o el Caso B? �Le dijo Wun cu�l?</p><p>�Todo lo que me dijo con seguridad es que ambos planetas, Tierra y Marte, empezaban a llegar a sus l�mites. Y que los Hipot�ticos intervinieron antes de que eso ocurriera.</p><p>��Pero por qu� intervinieron? �Qu� esperan de nosotros?</p><p>Era una pregunta para la cual la gente de Wun no ten�a respuesta. Ni yo tampoco.</p><p>No, eso no era del todo cierto. Jason Lawton hab�a encontrado una especie de respuesta.</p><p>Pero no estaba preparado todav�a para hablar de eso.</p><p>Ina bostez�, y yo deshice los garabatos sobre el suelo polvoriento. Apag� la luz del escritorio. Las dispersas luces de mantenimiento emit�an un resplandor exhausto. Desde el exterior del almac�n nos llegaba un sonido como el de una campana enorme y ahogada cada cinco segundos o as�.</p><p>�Tictac �dijo Ina, poni�ndose c�moda sobre el colch�n de cart�n h�medo�. Recuerdo cuando los relojes hac�an tictac, Tyler. �Y usted? �Los relojes de antes?</p><p>�Hab�a uno de �sos en la cocina de mi madre.</p><p>�Hay muchas clases de tiempo. El tiempo por el que medimos nuestras vidas. Meses y a�os. O el gran tiempo, el tiempo que alza monta�as y crea estrellas. O todas las cosas que suceden entre un latido de coraz�n y el siguiente. Es dif�cil vivir en todos esos tipos de tiempo. Es f�cil olvidarse de que uno vive en todos ellos.</p><p>El estr�pito metron�mico prosigui�.</p><p>�Hablas como una Cuarta �dije.</p><p>A la tenue luz pude ver su sonrisa cansada.</p><p>�Creo que una sola vida es suficiente para m�.</p><empty-line/><p>Por la ma�ana nos levantamos al sonido de una puerta plegable que alguien deslizaba hasta sus topes, un estallido de luz, Jala que nos llamaba.</p><p>Baj� las escaleras corriendo. Jala hab�a recorrido ya la mitad del almac�n y Diane le segu�a, caminando lentamente.</p><p>Me acerqu� y dije su nombre.</p><p>Diane intent� sonre�r, pero ten�a los dientes apretados y el rostro antinaturalmente p�lido. Para entonces ya hab�a visto que sosten�a un trozo de tela hecho una bola contra su cuerpo, por encima de su cadera, y que tanto la tela como la blusa de algod�n estaban manchadas de un rojo vivido con la sangre que manaba.</p></section><section><title><p>Euforia desesperada</p></title><p>Ocho meses despu�s del discurso de Wun Ngo Wen ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, los tanques de cultivo hiperfr�o de Perihelio empezaron a producir cantidades �tiles de replicadores marcianos y en Ca�averal y Vandenberg flotas de Delta Sietes se preparaban para liberarlos en �rbita. Fue por ese entonces cuando Wun desarroll� el impulso de ver el Gran Ca��n. Lo que aviv� su inter�s fue un ejemplar de hac�a un a�o de <emphasis>Arizona Highiways </emphasis>que uno de los empollones de biolog�a se hab�a dejado en sus alojamientos.</p><p>Me lo ense�� un par de d�as despu�s.</p><p>�Mira esto �me dijo, casi temblando de excitaci�n, desplegando las p�ginas de un art�culo fotogr�fico sobre la restauraci�n del Bright �ngel Trail<a l:href="#n_19" type="note">[19]</a>. El r�o Colorado cortaba la arenisca prec�mbrica creando estanques verdes. Un turista de Dub�i a lomos de una mula�. �Has o�do hablar de esto, Tyler?</p><p>��Que si he o�do hablar del Gran Ca��n? S�. Casi todo el mundo ha o�do hablar de �l.</p><p>�Es asombroso. Muy hermoso.</p><p>�Espectacular, seg�n dicen. Pero �Marte no es famoso precisamente por sus ca�ones?</p><p>Sonri�.</p><p>�Est�s hablando de las Tierras Hundidas. Tu gente lo llam� Valles Marineris cuando lo descubrieron desde �rbita hace sesenta a�os� o cien mil. Partes de esa zona se parecen a esas fotograf�as de Arizona. Pero nunca he estado all�. Y supongo que nunca estar�. Creo que en su lugar me gustar�a ver el Gran Ca��n.</p><p>�Pues ve entonces. �ste es un pa�s libre.</p><p>Wun parpade� ante la expresi�n, puede que fuera la primera vez que la o�a, y asinti�.</p><p>�Muy bien, ir�. Hablar� con Jason para acordar el transporte. �Te gustar�a venir?</p><p>��C�mo, a Arizona?</p><p>��S�! �Tyler! �A Arizona y al Gran Ca��n! �Puede que fuera un Cuarto, pero en esos momentos parec�a un ni�o de diez a�os�. �Vendr�s conmigo?</p><p>�Tengo que pensarlo.</p><p>Segu�a pens�ndomelo cuando recib� una llamada de E. D. Lawton.</p><empty-line/><p>Desde la elecci�n de Preston Lomax, E. D. Lawton se hab�a vuelto pol�ticamente invisible. Segu�a teniendo sus contactos en la industria: pod�a dar una fiesta y esperar que apareciera gente muy poderosa, pero ya no ten�a el nivel de influencia gubernamental del que hab�a disfrutado durante la presidencia de Garland. De hecho, hab�a rumores sobre su supuesto declive mental, que estaba recluido en su residencia de Georgetown y se dedicaba a hacer molestas llamadas telef�nicas a sus antiguos aliados pol�ticos. Puede que �se fuera el caso, pero ni Jase ni Diane hab�an o�do nada de �l recientemente; y cuando descolgu� el tel�fono en casa me qued� asombrado al o�r su voz.</p><p>�Me gustar�a hablar contigo �dijo.</p><p>Lo que era interesante, viniendo del hombre que hab�a concebido y financiado los actos de espionaje sexual de Molly Seagram. Mi primer impulso, y probablemente el m�s sensato, fue colgar. Pero como gesto no parec�a apropiado.</p><p>�Es sobre Jason �a�adi�.</p><p>�Pues hable con Jason.</p><p>�No puedo, Tyler. No me escucha.</p><p>��Y eso le sorprende?</p><p>Suspir�.</p><p>�Vale, entiendo, est�s de su parte, eso est� claro. Pero no intento hacerle da�o. Ahora mismo estoy en Florida, a veinte minutos por la autopista. Ven al hotel, te invito a una copa y luego puedes decirme que me vaya a tomar por culo a la cara. Por favor, Tyler. A las ocho en punto en el bar de la recepci�n, el hotel Hilton en la noventa y cinco. Quiz� le salves la vida a alguien.</p><p>Colg� antes de que pudiera responder.</p><p>Llam� a Jason y le cont� lo que hab�a ocurrido.</p><p>�Guau �dijo, y luego�: Si los rumores son ciertos, E. D. es a�n menos agradable como compa��a de lo que sol�a ser. Ten cuidado.</p><p>�No ten�a planeado acudir a la cita.</p><p>�Desde luego que no tienes por qu�. Pero� quiz� deber�as ir.</p><p>�Ya he tenido bastante de las intrigas de E. D., gracias.</p><p>�Simplemente creo que ser�a bueno que supi�ramos qu� le pasa por la cabeza.</p><p>��Est�s diciendo que quieres que vaya a verlo?</p><p>�S�lo si te sientes c�modo con la idea.</p><p>��C�modo?</p><p>�T� decides, por supuesto.</p><p>As� que me met� en mi coche y conduje obedientemente por la autopista, pasando junto a los preparativos para celebrar el D�a de la Independencia (el cuatro de julio era al d�a siguiente) y puestos de vendedores callejeros (sin permisos, preparados para salir pitando en sus baqueteadas furgonetas a la m�nima), ensayando en mi mente todos los discursos de vete-al-carajo que alguna vez me hab�a imaginado dici�ndole a la cara a E. D. Lawton. Para cuando llegu� al Hilton el sol estaba ocult�ndose detr�s de los tejados y el reloj de la recepci�n marcaba las 8.35.</p><p>E. D. estaba en un reservado en el bar, bebiendo con determinaci�n. Parec�a sorprendido de verme. Entonces se levant�, me agarr� del brazo y me condujo al banco forrado de vinilo frente a �l.</p><p>��Una copa?</p><p>�No estar� aqu� tanto tiempo.</p><p>�T�mate una copa, Tyler. Mejorar� tu actitud.</p><p>��Ha mejorado la suya? S�lo d�game qu� es lo que quiere, E. D.</p><p>�S� que alguien est� enfadado cuando pronuncia mi nombre como un insulto. �Qu� es lo que te cabrea tanto? �Lo de tu novia y ese doctor? �C�mo se llamaba? �Malmstein? Mira, Tyler, quiero que sepas que eso no fue cosa m�a. Ni siquiera lo aprob�. Ten�a gente demasiado entusiasta trabajando para m�. Y hac�an cosas en mi nombre que yo no sab�a. Para que lo sepas.</p><p>�Es una pobre excusa para comportarse como un mierda.</p><p>�Supongo que s�. Culpable como el demonio. Me disculpo. �Podemos pasar a otra cosa?</p><p>Deb� marcharme en ese momento. Supongo que la raz�n por la que me qued� era el aura de ansiedad desesperada que emanaba de �l. E. D. todav�a era capaz de esa desconsiderada condescendencia que era su marca personal y que tan querido lo hab�a hecho entre su propia familia. Pero ya no ten�a la misma seguridad en s� mismo. En el silencio entre estallidos verbales sus manos se mov�an inquietas. Se acariciaba la barbilla, doblaba y desdoblaba una servilleta, se alisaba el pelo. Este silencio en particular se expandi� hasta que lleg� a la mitad de su segunda bebida. Que probablemente no era la segunda. La camarera le hab�a atendido con rauda familiaridad.</p><p>�Tienes algo de influencia con Jason �dijo al fin.</p><p>�Si quiere hablar con Jason, �por qu� no lo hace directamente?</p><p>�Porque no puedo. Por razones obvias.</p><p>�Entonces, �qu� es lo que quiere que le diga?</p><p>E. D. se me qued� mirando fijamente. Luego volvi� la vista a su bebida.</p><p>�Quiero que le digas que desenchufe el proyecto de los replicadores. Literalmente. Que desconecte la refrigeraci�n. Que lo mate.</p><p>Ahora me tocaba a m� poner expresi�n incr�dula.</p><p>�Ya sabe lo improbable que es eso.</p><p>�No soy est�pido, Tyler.</p><p>�Entonces �por qu�?</p><p>�Es mi hijo.</p><p>��Y ahora se da cuenta?</p><p>��Hemos tenido una desavenencia pol�tica y de repente ya no es mi hijo? �Crees que soy tan superficial que no s� distinguir? �Que como no estoy de acuerdo con �l entonces ya no lo quiero?</p><p>�Todo lo que s� es lo que he visto.</p><p>�No has visto nada. �Empez� a decir algo m�s, pero lo reconsider�. Jason es un pe�n de Wun Ngo Wen �dijo�. Quiero que despierte y se d� cuenta de lo que est� ocurriendo.</p><p>�Usted lo cri� para que fuera un pe�n. Su pe�n. Simplemente no le gusta ver a otro con ese tipo de influencia sobre �l.</p><p>�Gilipolleces. Puras gilipolleces. Quiero decir, no, vale, ya que estamos de confesiones, quiz� sea verdad, no lo s�, quiz� necesitemos algo de terapia familiar, pero �se no es el asunto en realidad. El asunto es que toda persona con poder de este pa�s est� enamorada de Wun Ngo Wen y su puto proyecto de replicadores. Por la raz�n obvia de que es barato y parece plausible ante los votantes. �Ya qui�n le importa si no funciona porque ninguna otra cosa funcionar�a, y si <emphasis>nada </emphasis>funciona entonces el fin se acerca y los problemas de todo el mundo parecer�n diferentes cuando amanezca el sol rojo? �No es as�? Lo disfrazan, lo llaman una apuesta o una jugada/pero s�lo es un truco de ilusionista con el prop�sito de distraer a las masas analfabetas.</p><p>�Un an�lisis interesante �dije�, pero�</p><p>��Estar�a hablando contigo si creyera que se trata de un an�lisis interesante? Haz las preguntas apropiadas, si quieres discutir conmigo.</p><p>�Como �cu�les?</p><p>�Como �qui�n es exactamente Wun Ngo Wen? �A qui�n representa, y qu� quiere en realidad? Porque a pesar de lo que digan en la televisi�n no es Mahatma Ghandi disfrazado de enanito del Mago de Oz. Est� aqu� porque quiere algo de nosotros. Desde el primer d�a.</p><p>�Lanzar los replicadores.</p><p>�Obviamente.</p><p>��Y eso es un crimen?</p><p>�Una pregunta mejor ser�a: �por qu� los marcianos no los lanzan ellos mismos?</p><p>�Porque no se arrogan el derecho a hablar por todo el sistema solar. Porque un trabajo como �se no se puede emprender unilateralmente.</p><p>Hizo una mueca de exasperaci�n.</p><p>�Eso son cosas que se dicen para manipular al otro, Tyler. Hablar de unilateralidad y diplomacia es como decir �te amo�� sirve para poder echar un polvo. A menos, por supuesto, que los marcianos sean realmente esp�ritus ang�licos que han descendido de los cielos para librarnos del mal. Cosa que en mi opini�n no crees.</p><p>Wun lo hab�a negado tantas veces que no pod�a objetar.</p><p>�Quiero decir, mira su tecnolog�a. Esos tipos llevan haciendo biotecnolog�a de alto nivel desde hace mil a�os. Si quer�an poblar la galaxia con nanobots ya lo podr�an haber hecho hace mucho tiempo. �Y por qu� no lo han hecho? Descartando la explicaci�n que implica que son much�simo mejores personas que nosotros, �por qu�? Obviamente porque tienen miedo a las represalias.</p><p>��Represalias de los Hipot�ticos? No saben nada acerca de los Hipot�ticos que nosotros no sepamos.</p><p>�O eso dicen. Y eso no significa que no tengan miedo de ellos. En cuanto a nosotros� somos los gilipollas que lanzamos un ataque nuclear contra los artefactos polares no hace demasiado tiempo. Pues s�, la responsabilidad ser�a nuestra, �por qu� no? Jes�s, Tyler, m�ralo. Es la cl�sica encerrona. No podr�a ser m�s artera.</p><p>�O quiz� sea un paranoico.</p><p>��Lo soy? �Qui�n define paranoia a estas alturas del Spin? Todos estamos paranoicos. Lo �nico que sabemos es que hay enormes fuerzas malevolentes que controlan nuestras vidas, lo que es bastante parecido a la definici�n de paranoia.</p><p>�S�lo soy un doctor de medicina general �dije�. Pero hay gente muy inteligente que me dice que�</p><p>�Est�s hablando de Jason, por supuesto. Jason te ha dicho que todo saldr� bien.</p><p>�No s�lo Jason. Toda la administraci�n Lomax. La mayor�a del Congreso.</p><p>�Pero todos esos dependen de los consejos de los empollones de ciencias. Y los empollones est�n hipnotizados por todo esto al igual que Jason. �Quieres saber qu� es lo que motiva a tu amigo Jason? El miedo. En la situaci�n en que estamos, si �l muere en la ignorancia, significa que toda la raza humana muere en la ignorancia. Y eso hace que se cague de miedo, la idea de que toda una especie inteligente puede ser borrada del universo sin entender jam�s ni el c�mo ni el porqu�. Quiz� en vez de diagnosticarme paranoia deber�as pensar en los delirios de grandeza de Jason. Ha hecho suya la misi�n de entender el Spin antes de morir. Aparece Wun y le muestra una herramienta que puede utilizar para ese fin y por supuesto que se lo traga: es como darle una caja de cerillas a un pir�mano.</p><p>��De verdad quiere que le cuente todo esto?</p><p>�No, yo� �E. D. parec�a de repente m�s taciturno, o quiz� fuera el alcohol en su sangre el que hablaba�: Pens� que como a ti te escucha�</p><p>�Sabe que no servir�a de mucho lo que le dijera.</p><p>Cerr� los ojos.</p><p>�Puede ser. No lo s�. Pero tengo que intentarlo. �Lo ves? Por mi conciencia. �Me asombr� el que confesara que ten�a una�. D�jame ser franco contigo. Me siento como si estuviera contemplando un accidente de ferrocarril a c�mara lenta. Las ruedas se han salido de la v�a y el conductor no se ha percatado. �Y qu� puedo hacer? �Es demasiado tarde para tirar de la alarma? �Demasiado tarde para gritar ��cuidado!�? Probablemente. Pero es mi hijo, Tyler. El maquinista es mi hijo.</p><p>�No corre m�s peligro que el resto de nosotros.</p><p>�Creo que en eso te equivocas. Incluso aunque esto tenga �xito, todo lo que conseguir�amos ser�a informaci�n abstracta. Para Jason eso est� muy bien. Pero no es suficiente para el resto del mundo. No conoces a Preston Lomax. Yo s�. Lomax estar�a m�s que dispuesto a adjudicarle un fracaso a Jason y colgarlo por ello. Un mont�n de gente en el gobierno quiere cerrar Perihelio o que sea entregado a los militares. Y �sos son los mejores escenarios. En el peor, los Hipot�ticos se enfadan y desconectan el Spin.</p><p>��Le preocupa que Lomax cierre Perihelio?</p><p>�Yo constru� Perihelio. S�, me preocupa. Pero no estoy aqu� por eso.</p><p>�Puedo contarle a Jason lo que me ha dicho, pero �cree que le har� cambiar de opini�n?</p><p>�Eh� �Ahora E. D. se dedic� a inspeccionar la superficie de la mesa. Sus ojos se volvieron un poco desenfocados y acuosos�. No. Obviamente no. Pero si quiere hablar� quiero que sepa que puede hacerlo. Si quiere hablar. No cargar� contra �l. De verdad. Si quiere hablar.</p><p>Era como si hubiera abierto una puerta y su soledad se derramara a borbotones por ella.</p><p>Jason supon�a que E. D. hab�a venido a Florida como parte de alg�n plan maquiav�lico. Puede que el viejo E. D. lo hubiera hecho. Pero el nuevo E. D. me sorprendi� como un hombre envejecido, lleno de remordimientos e impotente para cambiar lo que suced�a a su alrededor, que encontraba sus estrategias en el fondo de una copa y que hab�a venido a la ciudad espoleado por su conciencia culpable.</p><p>��Ha intentado hablar con Diane? �dije en un tono m�s amable.</p><p>��Diane? �Hizo un gesto desde�oso con la mano�. Diane ha cambiado su n�mero de tel�fono. Ya no puedo ponerme en contacto con ella por ah�. De todas formas, est� comprometida con esa pu�etera secta apocal�ptica suya.</p><p>�No es una secta, E. D. Es s�lo una peque�a iglesia con unas cuantas ideas bastante extra�as. Simon est� m�s comprometido que ella.</p><p>�Est� paralizada por el Spin. Como el resto de tu pu�etera generaci�n. Se lanz� de cabeza a todas esas gilipolleces religiosas cuando apenas acababa de dejar la pubertad. Eso lo recuerdo. Estaba tan deprimida por el Spin. Y de repente empez� a citar a Aquino a la hora de cenar. Quise hablar con Carol acerca de eso. Pero no sirvi� para nada, como siempre pasaba con Carol. �As� que sabes lo que hice? Organic� un debate. Entre ella y Jason. Se hab�an pasado los �ltimos seis meses discutiendo sobre Dios. As� que lo formalic�, como un club de debate universitario, ya sabes, pero el truco estaba en que cada uno tendr�a que defender la postura opuesta a la que apoyaban: Jason arg�ir�a a favor de la existencia de Dios, y Diane tendr�a que tomar la ant�tesis de su punto de vista.</p><p>Ninguno de los dos me hab�a mencionado jam�s eso. Pero pod�a imaginarme con qu� disgusto hab�an emprendido la tarea educativa que les hab�a impuesto E. D.</p><p>�Quer�a que se diera cuenta de lo cr�dula que era. Lo hizo lo mejor que pudo. Creo que quer�a impresionarme. Repiti� b�sicamente lo que Jason le hab�a estado diciendo durante todo ese tiempo. Pero Jason� �Su orgullo era evidente. Sus ojos brillaban y algo de color hab�a vuelto a su rostro�. Jason estuvo absolutamente brillante. Jason le devolvi� cada argumento que ella hab�a usado y m�s todav�a. Y no se limitaba a repetir sus ideas como un loro. Hab�a le�do teolog�a, hab�a le�do ex�gesis b�blica. Y sonri� durante todo el debate, como diciendo: mira, me s� estos argumentos de arriba abajo, los conozco tan �ntimamente como t�, puedo recitarlos en sue�os, y sigo creyendo que son rid�culos. Fue absolutamente despiadado. Y hacia el final, Diane lloraba. Se hab�a contenido hasta ese momento, pero al final las l�grimas le ca�an por la cara.</p><p>Me qued� mir�ndole fijamente.</p><p>Se dio cuenta de mi expresi�n e hizo una mueca.</p><p>�Idos al infierno t� y tu superioridad moral. Intentaba ense�arle una lecci�n. Quer�a que fuera realista, y no uno de esos que se miran el ombligo conmocionados por el Spin. Toda vuestra puta generaci�n�</p><p>��No le preocupa si est� viva o no?</p><p>�Por supuesto que s�.</p><p>�Nadie ha o�do nada de ella �ltimamente. Y no s�lo usted, E. D. Est� fuera del alcance de todos. Pens� que podr�a intentar rastrear su paradero. �Cree que es buena idea?</p><p>Pero la camarera hab�a llegado con otra bebida y E. D. perd�a r�pidamente inter�s en el tema, en m� y en el mundo que le rodeaba.</p><p>�S�, me gustar�a saber si est� bien. �Se quit� las gafas y se las limpi� con una servilleta�. S�, hazlo, Tyler.</p><p>Y as� fue como decid� acompa�ar a Wun Ngo Wen al estado de Arizona.</p><p>Viajar con Wun Ngo Wen era como viajar con una estrella del pop o un jefe de Estado: mucha seguridad y poca espontaneidad, un asunto organizado y eficiente. Una sucesi�n bien cronometrada de pasillos de aeropuertos, vuelos privados y convoyes de autopista que al final nos depositaron al comienzo de la senda de Bright Angel, tres semanas antes de la fecha prevista de los lanzamientos de los replicadores, en un d�a de julio ardiente como fuegos artificiales y claro como el agua de un arroyo de monta�a.</p><p>Wun se detuvo all� donde la barandilla de seguridad segu�a el borde del ca��n. El servicio del parque hab�a cerrado la senda y el centro de visitantes, y tres de sus mejores y m�s fotog�nicos guardas forestales estaban listos para conducir a Wun (y a un contingente de tipos de agencias de seguridad nacional con pistoleras bajo sus chaquetas de excursionista) a una expedici�n hacia el fondo del ca��n, donde acampar�an para pasar la noche.</p><p>A Wun le hab�an prometido privacidad una vez que comenzara la caminata, pero en esos momentos era un aut�ntico circo. Furgones de los medios de comunicaci�n abarrotaban el �rea de aparcamiento y los paparazzi se estiraban por encima del cord�n de seguridad como peregrinos suplicantes; un helic�ptero sobrevolaba el borde del ca��n grabando todo en v�deo. Pese a todo, Wun estaba contento. Sonre�a. Inhalaba a grandes tragos el aire con aroma a pino. El calor era abrumador, especialmente, seg�n hubiera cre�do, para un marciano, pero no mostraba se�ales de incomodidad pese al sudor que le reluc�a sobre la piel arrugada. Llevaba una camisa ligera de color caqui, pantalones a juego y un par de botas de caminata de talla de ni�o que hac�a un par de semanas que iba poni�ndose para acostumbrarse a ellas. Dio un largo trago a una cantimplora de aluminio, y entonces me la ofreci�.</p><p>�Hermano de agua �dijo.</p><p>Me re�.</p><p>�Qu�datela. La necesitar�s.</p><p>�Tyler, ojal� pudieras hacer la bajada conmigo. Todo esto es� �dijo algo en su lenguaje�. Demasiado cocido para un solo caldero. Demasiada belleza para un solo ser humano.</p><p>�Siempre puedes compartirla con los hombres-G.</p><p>Le dedic� una mirada torva a la gente de seguridad.</p><p>�Desgraciadamente, no puedo. Miran pero no ven.</p><p>��Eso tambi�n es una expresi�n marciana?</p><p>�Bien podr�a serlo �dijo.</p><p>Wun dio su conferencia de prensa y el gobernador de Arizona, que acababa de llegar, dijo unas cuantas palabras amables mientras yo tomaba prestado uno de los veh�culos de la comitiva de Perihelio y me dirig�a a Phoenix.</p><p>Nadie interfiri�, nadie me sigui�; la prensa no estaba interesada. Puede que fuera el m�dico personal de Wun Ngo Wen, puede que unos cuantos periodistas me hubiesen reconocido, pero en ausencia de Wun yo no era digno de menci�n. Ni remotamente. Era una buena sensaci�n. Encend� el aire acondicionado del coche hasta que el interior tuvo la frescura de un oto�o canadiense. Quiz� se trataba de lo que los medios de comunicaci�n hab�an empezado a denominar �euforia desesperada�, la sensaci�n de estamos-condenados-pero-todo-puede-ocurrir que hab�a empezado a manifestarse por todo el mundo desde que Wun apareci� en p�blico. El fin del mundo y marcianos: teniendo en cuenta eso, entonces �qu� era lo imposible? �Qu� era simplemente improbable? �Y d�nde dejaba eso los argumentos tradicionales a favor del portarse bien, ser paciente, virtuoso y no meter bulla?</p><p>E. D. hab�a acusado a mi generaci�n de estar paralizada por el Spin, y quiz� ten�a raz�n. Llev�bamos treinta y pico a�os siendo los ciervos ante las luces del coche. Ninguno de nosotros hab�a conseguido librarse de esa sensaci�n de vulnerabilidad esencial, esa profunda consciencia personal de que el mundo estaba suspendido sobre nuestras cabezas. Corromp�a todo placer y hac�a que incluso nuestros mejores y m�s valientes gestos parecieran apocados intentos.</p><p>Pero incluso la par�lisis acaba erosion�ndose. M�s all� de la ansiedad yace la temeridad. M�s all� de la inmovilidad, la acci�n.</p><p>No necesariamente una acci�n sabia o bien encaminada, pese a todo. Pas� tres conjuntos de autopistas con signos de advertencia sobre la posibilidad de pirater�a de carretera. El locutor de la radio local recitaba una lista de carreteras cerradas por �motivos policiales� con tanta indiferencia como si hablara de trabajo de mantenimiento.</p><p>Pero llegu� sin incidentes al aparcamiento en la parte de atr�s del Tabern�culo del Jord�n.</p><p>El pastor actual del Tabern�culo del Jord�n era un hombre joven con el pelo cortado al cero, llamado Bob Kobel, que hab�a aceptado por tel�fono encontrarse conmigo. Vino hasta el coche mientras lo estaba cerrando y me escolt� hasta la rector�a para tomar caf� y donuts y tener una charla seria. Parec�a un atleta de instituto con algo de panza, pero todav�a pose�do por el antiguo esp�ritu de equipo.</p><p>�He pensado en lo que me dijo �me cont�. Comprendo por qu� quiere contactar con Diane Lawton. �Entiende por qu� es un asunto problem�tico para esta iglesia?</p><p>�No, la verdad es que no del todo.</p><p>�Gracias por su sinceridad. D�jeme explic�rselo, entonces. Me convert� en pastor de esta congregaci�n despu�s de la crisis de la becerra roja, pero era miembro desde hac�a muchos a�os antes. Conozco a la gente a la que busca� Diane y Simon. Una vez los llam� mis amigos.</p><p>��Y ya no?</p><p>�Me gustar�a poder decir que seguimos siendo amigos. Pero eso tendr� que pregunt�rselo usted mismo, se�or Dupree. El Tabern�culo del Jord�n ha tenido una historia conflictiva para ser una congregaci�n relativamente peque�a. Quiz� se deba a que empezamos como una iglesia mestiza, un pu�ado de dispensacionalistas a la vieja usanza que se reunieron con unos cuantos hippys desilusionados del Nuevo Reino. Lo que ten�amos en com�n era la feroz creencia en la inminencia del fin de los tiempos y un deseo sincero de comunidad cristiana. No era una alianza f�cil, como puede imaginar. Hab�amos pasado por unas cuantas controversias. Cismas. Gente que se alejaba hacia los m�rgenes del cristianismo, disputas doctrinarias que, francamente, eran casi incomprensibles para el resto de la congregaci�n. Pero lo que ocurri� con Simon y Diane es que se alinearon con un grupo de postribulacionistas ac�rrimos que quer�an reclamar el Tabern�culo del Jord�n para s� mismos. Eso dio lugar a unos cuantos enfrentamientos pol�ticos muy dif�ciles, lo que el mundo secular podr�a denominar incluso como una lucha por el poder.</p><p>�<emphasis>�</emphasis> Y que perdieron?</p><p>�Oh, no. Tuvieron un control firme. Al menos por un tiempo. Radicalizaron el Tabern�culo del Jord�n de una forma que a muchos de nosotros nos hac�a sentir inc�modos. Dan Cond�n era uno de ellos y fue �l el que nos implic� en esa red de chalados que intentaban traer el segundo advenimiento con una vaca roja. Cosa que me sigue pareciendo grotescamente presuntuosa. Como si el Se�or de los Ej�rcitos tuviera que esperar a un programa de cr�a de ganado antes de reunir a los fieles.</p><empty-line/><p>El pastor Kobel dio un sorbo a su caf�.</p><p>�No conozco sus creencias a fondo �dije yo.</p><p>�Por tel�fono me dijo que Diane lleva tiempo sin ponerse en contacto con su familia.</p><p>�S�.</p><p>�Puede que sea por decisi�n propia. Sol�a ver a su padre en la televisi�n. Parece un hombre intimidatorio.</p><p>�No estoy aqu� para secuestrarla. S�lo quiero asegurarme de que est� bien.</p><p>Otro sorbo de caf�. Otra mirada pensativa.</p><p>�Me gustar�a decirle que est� bien. Y probablemente lo est�. Pero despu�s de los esc�ndalos, el grupo entero se march� a los montes. Y algunos de ellos siguen teniendo invitaciones pendientes para hablar con los investigadores federales. As� que no se aconsejan las visitas.</p><p>�Pero �no son imposibles?</p><p>�No son imposibles si le conocen. No estoy seguro de que re�na las cualificaciones, doctor Dupree. Puedo decirle c�mo llegar, pero dudo que le dejen entrar.</p><p>��Ni aunque usted responda por m�?</p><p>El pastor Kobel parpade�. Parec�a que se lo estaba pensando.</p><p>Entonces sonri�. Cogi� un trozo de papel del escritorio que ten�a detr�s y escribi� unas cuantas l�neas de instrucciones para llegar.</p><p>��sa es una buena idea, doctor Dupree. D�gales que le env�a el pastor Bob. Pero tenga cuidado de todos modos.</p><p>El pastor Kobel me hab�a dado las instrucciones para llegar al rancho de Dan Cond�n, que result� ser una casa de dos pisos en un valle lleno de rastrojos a muchas horas de distancia del pueblo. No era gran cosa como rancho, al menos a mis ojos inexpertos. Hab�a un establo grande, en mal estado comparado con la casa, y unas cuantas reses que pastaban en unas cuantas parcelas de grama.</p><p>Tan pronto como fren�, un hombre de gran tama�o vestido con un mono de trabajo baj� pesadamente las escaleras del porche, casi noventa kilos todo �l, con una barba espesa y expresi�n de poca alegr�a. Baj� la ventanilla del coche.</p><p>�Propiedad privada, jefe �dijo.</p><p>�Estoy aqu� para ver a Simon y Diane.</p><p>Se me qued� mirando sin decir nada.</p><p>�No me esperan. Pero saben qui�n soy.</p><p>��Le han invitado? Porque en estos momentos no nos hacen mucha gracia los visitantes.</p><p>�El pastor Kobel dijo que no les importar�a que viniera.</p><p>�Eso dijo, �eh?</p><p>�Me dijo que les dijera que soy esencialmente inofensivo.</p><p>�El pastor, Bob, �eh? �Tiene alguna identificaci�n?</p><p>Le entregu� mi documento nacional de identidad, que encerr� en su manaza y llev� al interior de la casa.</p><p>Esper�. Baj� las ventanillas y dej� que un viento seco susurrara en el interior del coche. El sol ya estaba bajo y hac�a que las sombras de las columnas del porche parecieran relojes de sol, y esas sombras se alargaron un poco m�s antes de que volviera el hombre y me devolviera mi carn� y me dijera:</p><p>�Simon y Diane le ver�n. Y lamento el trato de antes. Mi nombre es Sorley. �Sal� del coche y le estrech� la mano. Me la apret� con ferocidad�. Aaron Sorley. Hermano Aaron para la mayor�a de la gente.</p><p>Me escolt� a trav�s de la puerta al interior de la casa. En el interior de la casa hac�a un calor estival, pero estaba animada. Un ni�o con una camiseta de algod�n pas� corriendo a la altura de nuestras rodillas, ri�ndose. Atravesamos una cocina en la que dos mujeres parec�an colaborar en la preparaci�n de una comida para mucha gente: ollas enormes al fuego y monta�as de coles en la tabla de cocina.</p><p>�Simon y Diane comparten el dormitorio del fondo, en el piso de arriba, la �ltima puerta a la derecha� puede subir.</p><p>Pero no necesitaba un gu�a. Simon me esperaba en lo alto de las escaleras.</p><p>El antiguo heredero de las escobillas parec�a un poco demacrado. Lo que no era sorprendente, dado que no lo hab�a vuelta a ver desde el ataque chino o los artefactos polares de hac�a veinte a�os. �l pod�a estar pensando lo mismo acerca de m�. Su sonrisa segu�a siendo notable, enorme y generosa, una sonrisa que Hollywood podr�a haber explotado si Simon hubiera amado m�s al dinero que a Dios. No se conform� con un apret�n de manos. Me abraz�.</p><p>��Bienvenido! �dijo�. �Tyler! �Tyler Dupree! Me disculpo si el hermano Aaron ha sido un poco brusco contigo. No tenemos muchos visitantes, pero descubrir�s que nuestra hospitalidad es generosa, al menos una vez que has atravesado la puerta. Te hubi�ramos invitado antes si hubi�ramos sabido que hab�a posibilidades de que hicieras el viaje hasta aqu�.</p><p>�Una oportuna coincidencia �dije�. Estoy en Arizona porque�</p><p>�Oh, lo s�. O�mos las noticias de vez en cuando. Has venido con el hombre arrugado. Eres su m�dico.</p><p>Me condujo por el pasillo hasta una puerta pintada de color crema, su puerta, la de Simon y Diane; y la abri�.</p><p>La habitaci�n estaba amueblada de forma c�moda aunque ligeramente anacr�nica: una gran cama en una esquina con un edred�n sobre un colch�n hinchado, cortinas de tela a cuadros para la ventana, una alfombrilla de algod�n trenzado sobre el suelo de planchas de madera. Y una silla junto a la ventana. Y Diane sentada en la silla.</p><empty-line/><p>�Me alegro de verte �dijo�. Gracias por dedicarnos tu tiempo. Espero que no te hayamos apartado de tu trabajo.</p><p>�No m�s de lo que yo mismo quer�a apartarme. �C�mo est�s?</p><p>Simon cruz� la habitaci�n y se puso a su lado. Puso la mano sobre el hombro de Diane y ah� la dej�.</p><p>�Los dos estamos bien �dijo ella�. Puede que no seamos pr�speros, pero salimos adelante. Supongo que es lo que se puede esperar en estos tiempos. Lamento que no hayamos estado en contacto, Tyler. Despu�s de los problemas que tuvo el Tabern�culo del Jord�n es m�s dif�cil confiar en el mundo exterior. Supongo que habr�s o�do algo al respecto.</p><p>�Un desastre gigantesco �intervino Simon�. Homeland Security se llev� el ordenador y la fotocopiadora de la rector�a, se lo llevaron y no nos lo devolvieron. Por supuesto no ten�amos nada que ver con esas tonter�as de la becerra roja. Lo �nico que hicimos fue repartir unos folletos entre la congregaci�n. Para que ellos decidieran, ya sabes, si era el tipo de cosa en la que quer�an involucrarse. Eso fue lo que nos hizo acabar siendo entrevistados por el gobierno federal, imag�natelo. Aparentemente eso es un crimen en la Am�rica de Preston Lomax.</p><p>�Nadie fue arrestado, espero.</p><p>�Nadie cercano a nosotros �dijo Simon.</p><p>�Pero puso nervioso a todo el mundo �dijo Diane�. Empiezas a pensar en las cosas que usabas sin pensar. Llamadas de tel�fono. Cartas.</p><p>�Supongo que tienes que ser cuidadoso �dije.</p><p>�Muy cuidadoso �dijo Simon.</p><p>Diane llevaba un simple traje recto de algod�n, atado a la cintura, y un pa�uelo a cuadros rojos y blancos en la cabeza que parec�a un <emphasis>hiyab </emphasis>para estar en casa. Nada de maquillaje, pero tampoco lo necesitaba. Vestir a Diane con ropas sin elegancia era tan f�til como intentar esconder una linterna bajo un sombrero de paja.</p><p>Me di cuenta de lo hambriento que hab�a estado de ver su imagen. Qu� insensatamente hambriento. Me avergonc� del placer que sent�a en su presencia. Durante dos d�cadas hab�amos sido poco m�s que conocidos. Dos personas que una vez se conocieron bien. No ten�a derecho a sentir esa aceleraci�n de mi pulso, la sensaci�n de velocidad ingr�vida que me provocaba ella simplemente al estar sentada en aquella silla de madera y apartando la mirada, sonroj�ndose ligeramente cuando nuestros ojos se encontraron.</p><p>Era irreal e injusto� injusto para alguien, puede que para m�, probablemente para ella. No deb�a haber ido a ese lugar.</p><p>��Y c�mo est�s <emphasis>tul </emphasis>Sigues trabajando con Jason, seg�n creo. Espero que est� bien.</p><p>�Est� perfectamente. Te env�a su amor.</p><p>Ella sonri�.</p><p>�Lo dudo. Eso no parece propio de Jason.</p><p>�Ha cambiado.</p><p>��De verdad?</p><p>�Se ha hablado mucho de Jason �dijo Simon, todav�a agarrado a su hombro, su mano callosa y oscura sobre la blancura del algod�n�. Sobre Jason y ese hombre arrugado, el supuesto marciano.</p><p>�De supuesto nada �dije�. Naci� y se cri� all�.</p><p>Simon parpade�.</p><p>�Si t� lo dices entonces debe ser verdad. Pero como he dicho, se ha hablado mucho. La gente sabe que el Anticristo camina entre nosotros, y eso es una certeza, y que puede que sea un hombre famoso, esperando a su oportunidad, planeando su guerra f�til. As� que las figuras p�blicas reciben un mont�n de escrutinio por aqu�. No estoy diciendo que Wun Ngo Wen sea el Anticristo, pero no estar�a solo si hiciera esa afirmaci�n. �Est�s cerca de �l?</p><p>�Hablo con �l de vez en cuando. No creo que sea lo suficientemente ambicioso para ser el Anticristo. �Aunque E. D. Lawton no hubiera estado de acuerdo con esa afirmaci�n.</p><p>��se es el tipo de cosas que nos hace andar con cautela �dijo Simon�. Por eso ha sido un problema para Diane el permanecer en contacto con su familia.</p><p>��Porque Wun Ngo Wen puede ser el Anticristo?</p><p>�Porque no queremos atraer la atenci�n de gente poderosa, ahora que estamos tan cerca del fin de los tiempos.</p><p>No supe qu� decir a eso.</p><p>�Tyler ha hecho un largo viaje en coche �dijo Diane�. Probablemente est� sediento.</p><p>La sonrisa de Simon volvi� a reaparecer.</p><p>��Te gustar�a beber algo antes de cenar? Tenemos montones de refrescos. �Te gusta el Mountain Dew?</p><p>�S�, perfecto.</p><p>Sali� de la habitaci�n. Diane esper� hasta que o�mos sus pisadas en las escaleras. Entonces inclin� la cabeza a un lado y me mir� de forma m�s directa.</p><p>�Has recorrido mucha distancia.</p><p>�No hab�a otra manera de ponerme en contacto.</p><p>�Pero no ten�as que hacerlo. Estoy sana y soy feliz. Puedes cont�rselo a Jase. Y a Carol, incluso. Y a E. D., si le importa. No necesitaba una visita de control.</p><p>�No se trata de eso.</p><p>�Entonces, �s�lo te has pasado a saludar?</p><p>�La verdad es que s�, algo as�.</p><p>�No nos hemos metido en una secta. No me coaccionan.</p><p>�Ni tampoco he dicho eso, Diane.</p><p>�Pero lo has pensado, �verdad?</p><p>�Me alegro de que est�s bien.</p><p>Gir� la cabeza y la luz del sol poniente se reflej� en sus ojos.</p><p>�Lo siento, s�lo estoy un poco sorprendida. Verte as� de repente. Y me alegro de que a ti tambi�n te vaya bien en el este. Porque te va bien, �no?</p><p>Sent� un impulso temerario.</p><p>�No �dije�. Estoy paralizado. O al menos eso es lo que piensa tu padre. Dice que toda nuestra generaci�n est� paralizada por el Spin. Todos seguimos en el mismo momento en que desaparecieron las estrellas. Nunca hemos hecho las paces con eso.</p><p>��Y crees que es verdad?</p><p>�M�s de lo que nos gustar�a admitir a cualquiera de nosotros. �Estaba diciendo cosas que no ten�a planeadas. Pero Simon volver�a en cualquier instante con su lata de Mountain Dew y su sonrisa adamantina y la oportunidad se perder�a, probablemente para siempre�. Te miro �dije�, y sigo viendo a la chica sentada en el c�sped fuera de la Gran Casa. As� que, s�, puede que E. D. tenga raz�n. Veinticinco a�os robados. Han pasado muy r�pidos.</p><p>Diane lo acept� en silencio. Una brisa c�lida agit� las cortinas y la habitaci�n se volvi� m�s oscura. Entonces dijo:</p><p>�Cierra la puerta.</p><p>��Eso no parecer�a raro?</p><p>�Cierra la puerta, Tyler. No quiero que me oigan.</p><p>As� que cerr� la puerta, ella se levant�, vino hasta m� y me cogi� de las manos. Sus manos eran frescas.</p><p>�Estamos demasiado cerca del fin del mundo para mentirnos el uno al otro. Lamento haber dejado de llamarte, pero hay cuatro familias compartiendo esta casa y un solo tel�fono, as� que es muy evidente qui�n est� hablando con qui�n.</p><p>�Simon no lo permitir�a.</p><p>�Por el contrario, Simon lo habr�a aceptado. Simon acepta la mayor�a de mis h�bitos e idiosincrasias. Pero no quiero mentirle. No quiero llevar esa carga. Pero admito que echo de menos esas llamadas, Tyler. Esas llamadas eran salvavidas. Cuando no ten�a dinero, cuando la iglesia se divid�a, cuando me encontraba sola por ninguna raz�n aceptable� el sonido de tu voz era como una transfusi�n.</p><p>�Entonces, �por qu� dejar de hacerlas?</p><p>�Porque eran un acto de deslealtad. Entonces. Y ahora. �Sacudi� la cabeza como si intentara comunicar una idea dif�cil de expresar pero importante�. S� lo que quieres decir con lo del Spin. Yo tambi�n pienso en ello. A veces finjo que hay un mundo en el que el Spin no ocurri� y en el que nuestras vidas fueron diferentes. Nuestras vidas, la tuya y la m�a. �Inhal� temblorosamente y se sonroj� intensamente�. Y si no pod�a vivir en ese mundo, pens� que al menos pod�a visitarlo cada dos semanas, llamarte y ser viejos amigos que hablan de otras cosas aparte del fin del mundo.</p><p>��Y eso te parece desleal?</p><p>�<emphasis>Es </emphasis>desleal. Me entregu� a Simon. Simon es mi marido a los ojos de Dios y de la ley. Aunque no fuera una elecci�n sabia, sigue siendo mi elecci�n, y puede que no sea el tipo de cristiana que deber�a ser, pero entiendo conceptos como el deber y la perseverancia, y el permanecer junto a alguien aunque�</p><p>��Aunque qu�, Diane?</p><p>�Aunque duela. No creo que ninguno de los dos necesite examinar con m�s detenimiento las vidas que podr�amos haber tenido.</p><p>�No he venido aqu� para hacerte infeliz.</p><p>�No, pero est�s teniendo ese efecto.</p><p>�Entonces no me quedar�.</p><p>�Te quedar�s para la cena, es lo educado. �Puso las manos a los lados y se qued� mirando al suelo�. D�jame decirte algo mientras a�n tenemos algo de intimidad. Si te sirve de consuelo, no comparto todas las convicciones de Simon. No puedo decir con sinceridad que creo que el mundo terminar� y que los creyentes ascender�n a los cielos. Que Dios me perdone, pero no me parece plausible. Pero s� que creo que el mundo se acabar�. Se est� acabando. Lleva acab�ndose durante todas nuestras vidas. Y�</p><p>�Diane �dije.</p><p>�No, d�jame terminar. Creo que el mundo se acabar�. Creo en lo que Jason me cont� hace tantos a�os, que un d�a el sol saldr� hinchado e infernal y que a las pocas horas o d�as nuestro tiempo sobre la Tierra se habr� terminado. No quiero estar sola en ese d�a�</p><p>�Nadie quiere estar solo en ese d�a. �Excepto quiz� Molly Seagram, pens�. Molly oyendo <emphasis>On the Beach </emphasis>con su frasco de p�ldoras para el suicidio. Molly y todos los dem�s como ella.</p><p>�Y no estar� sola. Estar� con Simon. Lo que te estoy confesando, Tyler� lo que quiero que se me perdone� es que cuando imagino ese d�a no es forzosamente a Simon a quien veo a mi lado.</p><p>La puerta se abri� de golpe. Simon. Con las manos vac�as.</p><p>�Resulta que la cena ya est� lista �dijo�. Junto con una gran jarra de t� helado para los viajeros sedientos. Ven y cena con nosotros. Hay de sobra para todos.</p><p>�Gracias �dije�. Me encantar�.</p><empty-line/><p>Los ocho adultos que compart�an la casa eran los Sorley, Dan Condon y su esposa, los McIsaacs y Simon y Diane. Los Sorleys ten�an tres ni�os y los McIsaacs cinco, as� que �ramos diecisiete personas alrededor de una gran mesa de caballetes en la habitaci�n junto a la cocina. El resultado era un estr�pito agradable que dur� hasta que el �t�o Dan� anunci� la bendici�n de la comida, momento en el que todas las manos se entrelazaron y todas las cabezas se inclinaron.</p><p>Dan Cond�n era el macho alfa del grupo. Era alto y casi sepulcral, de barba negra, feo de una manera casi lincolnesca, y al bendecir la mesa nos record� que alimentar a un extra�o era un acto virtuoso, aunque susodicho extra�o hubiera llegado sin invitaci�n, am�n.</p><p>Por la forma en que fluy� la conversaci�n deduje que el hermano Aaron Sorley era el segundo al mando y probablemente el encargado de imponer el orden en caso de disputas. Tanto Teddy McIsaac como Simon trataban con deferencia a Sorley pero miraban a Cond�n para el veredicto definitivo. �La sopa estaba demasiado salada? �Lo justo�, dec�a Cond�n. �Tiempo c�lido en los �ltimos d�as? �Nada raro por estos pagos�, declar� Cond�n.</p><p>Las mujeres rara vez hablaban y la mayor parte del tiempo manten�an los ojos fijos en sus platos. La esposa de Cond�n era una mujer peque�a y rechoncha de expresi�n mustia. La de Sorley era casi tan grande como �l y sonre�a ostensiblemente cuando alguien le dedicaba un cumplido a la comida. La esposa de Mclsaac apenas parec�a tener dieciocho a�os comparados con los taciturnos cuarenta y tantos de �l. Ninguna de las mujeres me habl� directamente, ni me fueron presentadas por su nombre. Diane era un diamante entre esas circonitas, algo que saltaba a la vista, y quiz� eso explicaba su comportamiento cauto.</p><p>Todas las familias eran refugiados del Tabern�culo del Jord�n. No eran los feligreses m�s radicales, seg�n explic� el t�o Dan, a diferencia de aquellos dispensacionalistas de ojos enloquecidos que hab�an huido a Saskatchewan el a�o pasado, pero tampoco eran tibios en su fe, como el pastor Bob Kobel y su reba�o de conformistas. Las familias se hab�an mudado al rancho (de Cond�n) para separarse unos cuantos kil�metros de las tentaciones de la ciudad y esperar la llamada final inmersos en paz mon�stica. Hasta ese momento, seg�n dijo, el plan hab�a tenido �xito.</p><p>El resto de la charla trat� de un cami�n cuya bater�a estaba mal, un trabajo de reparaci�n del techo, y una inminente crisis de tanque s�ptico. Me sent� tan aliviado cuando termin� la comida como los ni�os que hab�a en la mesa; Cond�n le dirigi� una mirada feroz a una de las ni�as de los Sorley que hab�a suspirado demasiado audiblemente.</p><p>Una vez que se retiraron los platos (trabajo de mujeres en el rancho de Cond�n), Simon anunci� que ten�a que marcharme.</p><p>��Estar� seguro en la carretera, doctor Dupree? Hay asaltos casi todas las noches en estos tiempos.</p><p>�Mantendr� las ventanillas subidas y el pie en el acelerador.</p><p>�Probablemente sea lo m�s sabio.</p><p>�Si no te importa, Tyler �dijo Simon�, ir� contigo en el coche hasta la cerca. Me gusta el paseo de regreso, en las noches c�lidas como �sta, incluso teniendo que llevar linterna.</p><p>Dije que s�.</p><p>Entonces todo el mundo se puso en fila para una despedida cordial. Los ni�os se retorcieron hasta que les estrech� la mano y pudieron irse. Cuando le lleg� el turno a Diane, asinti� pero bajo la mirada, y cuando le ofrec� mi mano la tom� sin mirarme.</p><p>Simon recorri� conmigo cuatrocientos metros subiendo por una ladera desde el rancho, inquieto como un hombre con algo que decir pero manteniendo la boca cerrada. No le dije nada. El aire nocturno era fragante y relativamente fresco. Detuve el coche donde me indic�, en la cima de una colina junto a una cerca rota y un arbusto de ocotillo.</p><p>�Gracias por el transporte �me dijo.</p><p>��Hay algo que quer�as decirme? �pregunt�.</p><p>Se aclar� la garganta.</p><p>�Sabes �dijo al fin, con una voz que apenas si era m�s alta que el viento�, amo a Diane tanto como amo a Dios. Admito que parece blasfemo. Me lo ha parecido desde hace mucho tiempo. Pero creo que Dios la puso en la Tierra para que fuera mi esposa, que �se es su prop�sito de existir. As� que �ltimamente pienso en que son dos caras de la misma moneda. Amarla es mi forma de amar a Dios. �Crees que es posible, Tyler Dupree?</p><p>No esper� a mi respuesta, sino que cerr� la puerta y encendi� su linterna, y lo observ� en el espejo retrovisor mientras descend�a la ladera hacia la oscuridad y el chirrido de los grillos.</p><p>No me tropec� con bandidos o piratas esa noche.</p><p>La ausencia de estrellas o de la luna hab�a convertido la noche en un lugar mucho m�s oscuro y peligroso desde los primeros a�os del Spin. Los criminales hab�an creado sofisticadas estrategias para las emboscadas rurales. Conducir de noche aumentaba dr�sticamente las probabilidades de que me robaran o asesinaran.</p><p>El tr�fico fue escaso durante el viaje de regreso a Phoenix, en su mayor�a camioneros haciendo transporte interestatal de mercanc�as a bordo de enormes traileres bien defendidos. La mayor parte del tiempo estuve solo en la carretera, tallando una cu�a brillante en la noche y escuchando el rechinar de los neum�ticos y el viento. Si hay un sonido m�s solitario que �se, no s� cu�l es. Supongo que por eso ponen radios en los coches.</p><p>Pero no hubo ladrones ni asesinos en la carretera.</p><p>No esa noche.</p><empty-line/><p>As� que me qued� a pasar la noche en un hotel a las afueras de Flagstaff y alcanc� a Wun Ngo Wen y su comitiva de seguridad en la sala VIP de espera del aeropuerto a la ma�ana siguiente.</p><p>Wun estuvo de �nimo hablador durante el vuelo de vuelta a Orlando. Hab�a estado estudiando la geolog�a del desierto del suroeste y estaba particularmente complacido por una roca que hab�a comprado en una barraca de recuerdos de camino a Phoenix, obligando a todo el desfile a detenerse y esperar mientras rebuscaba en el interior de un cubo de f�siles. Me ense�� su trofeo, una concavidad espiral caliza en un guijarro recogido en la senda Bright �ngel de dos cent�metros y medio de lado. La huella de un trilobite, dijo, muerto hac�a diez millones de a�os, recuperado de los eriales rocosos y arenosos que sobrevol�bamos, y que una vez fueron el lecho de un antiqu�simo mar.</p><p>Nunca antes hab�a visto un f�sil. No hab�a f�siles en Marte, dijo. No hab�a f�siles en ning�n lado del sistema solar excepto aqu�, en la antigua Tierra.</p><empty-line/><p>Cuando llegamos a Orlando nos metieron en el asiento de atr�s de otro coche en otro convoy, �ste con destino al complejo de Perihelio.</p><p>Salimos al ocaso tras un barrido del per�metro que nos retuvo durante una hora o as�. Una vez que llegamos a la autopista, Wun se disculp� por bostezar:</p><p>�No estoy acostumbrado a tanto ejercicio f�sico.</p><p>�Te he visto en la cinta de correr de Perihelio. Est�s en buena forma.</p><p>�Una cinta no es un ca��n.</p><p>�No, supongo que no.</p><p>�Estoy dolorido pero no lo lamento. Fue una expedici�n maravillosa. Espero que t� tambi�n pasaras tu tiempo de forma igualmente feliz.</p><p>Le dije que hab�a localizado a Diane y que estaba bien.</p><p>�Eso est� bien. Lamento no haber podido conocerla. Si se parece en algo a su hermano, debe de ser una persona notable.</p><p>�Lo es.</p><p>��Pero la visita no fue lo que esperabas?</p><p>�Quiz� esperaba algo equivocado. �Quiz� llevaba demasiado tiempo esperando lo equivocado.</p><p>�Bueno �dijo Wun, bostezando, ojos semicerrados�, la cuesti�n� como siempre, la cuesti�n es c�mo mirar al sol sin quedar ciego.</p><p>Quise preguntarle qu� quer�a decir con eso, pero su cabeza hab�a ca�do sobre la tapicer�a del asiento y parec�a m�s amable dejarle dormir.</p><p>Hab�a cinco coches en nuestro convoy, m�s un transporte de tropas con un peque�o destacamento de soldados en caso de que hubiera problemas.</p><p>El transporte de tropas era un veh�culo cuadrado del tama�o aproximado de los furgones blindados que se usaban para enviar dinero a y desde los bancos regionales y que f�cilmente pod�a confundirse con uno.</p><p>De hecho, un convoy de la Compa��a Brink�s de seguridad estaba a diez minutos por delante de nosotros hasta que sali� de la autopista en direcci�n a Palm Beach. Los oteadores de las bandas, emplazados en la carretera despu�s de todas las intersecciones principales y conectados por tel�fono, nos confundieron con el env�o de la Compa��a Brink�s y nos convertimos en el objetivo de una banda de asaltantes de autopista que nos esperaban m�s adelante.</p><p>Los asaltantes eran criminales sofisticados que ya hab�an dispuesto minas de superficie en un tramo de carretera que bordeaba una reserva natural pantanosa. Tambi�n llevaban armas autom�ticas y un par de lanzacohetes, y el convoy de la Compa��a Brink�s no hubiera sido rival para ellos: cinco minutos despu�s del primer impacto los asaltantes ya estar�an bien internados en el interior del pantano reparti�ndose los despojos. Pero sus oteadores cometieron un error cr�tico. Atacar un env�o de un banco es una cosa; atacar cinco veh�culos de alta seguridad y un transporte lleno de personal militar altamente entrenado es algo completamente diferente.</p><p>Estaba mirando por la ventanilla de cristales tintados, contemplando el agua verdosa y los cipreses calvos que pasaban a nuestro lado cuando las luces de la autopista se apagaron.</p><p>Un pirata hab�a cortado los cables el�ctricos enterrados. De repente la oscuridad fue verdaderamente oscura, un muro s�lido m�s all� de la ventanilla, nada me devolv�a la mirada excepto mi propio reflejo sorprendido.</p><p>�Wun� �dije.</p><p>Pero segu�a durmiendo, su cara arrugada inexpresiva como una huella digital.</p><p>Entonces el coche que iba en cabeza hizo estallar la mina.</p><p>La onda de choque sacudi� nuestro veh�culo reforzado como un pu�o de acero. Los veh�culos del convoy estaban espaciados prudentemente, pero est�bamos lo suficientemente cerca para ver al coche de cabeza alzarse en una bola de llamas y volver a caer ardiendo sobre el asfalto, con los neum�ticos reventados.</p><p>Nuestro conductor dio un viraje y, probablemente en contra de todo lo que le hab�an ense�ado, disminuy� la velocidad. La carretera estaba bloqueada m�s adelante. Y entonces hubo una segunda explosi�n en la cola del convoy, otra mina, proyectando trozos de asfalto contra el terreno h�medo y encajon�ndonos con despiadada eficiencia.</p><p>Wun ya estaba despierto, sorprendido y aterrorizado. Ten�a los ojos grandes como lunas y casi tan brillantes.</p><p>Se oy� el repiqueteo de armas de fuego a poca distancia. Me agach� y tir� de Wun para tumbarlo a mi lado, ambos enroscados alrededor de nuestros cinturones de seguridad y manipulando fren�ticamente las hebillas. El conductor detuvo el coche, sac� un arma de alg�n lugar bajo el salpicadero y abri� la puerta.</p><p>Al mismo tiempo una docena de hombres salieron del transporte y empezaron a disparar contra la oscuridad, intentando establecer un per�metro. Los agentes de seguridad de paisano de otros veh�culos empezaron a converger en nuestro coche, intentado proteger a Wun, pero los disparos los inmovilizaron antes de llegar a nosotros.</p><p>La r�pida respuesta debi� poner nerviosos a los piratas de carretera. Abrieron fuego con armas pesadas. Uno de ellos dispar� lo que m�s tarde supe que era un lanzacohetes. Todo lo que supe entonces es que me hab�a quedado repentinamente sordo, que el coche rotaba sobre un eje complejo y que el aire estaba lleno de humo y vidrios.</p><p>Entonces, misteriosamente, me encontr� con la mitad del cuerpo asomando por la puerta trasera, con la cara aplastada contra el suelo y el sabor de la sangre en la boca; Wun estaba cerca, a un metro delante de m�, tumbado de costado. Una de sus botas, las botas de talla infantil que hab�a comprado para el Ca��n, ard�a.</p><p>Grit� su nombre. Se removi� d�bilmente. Las balas empezaron a golpear la ruina del coche a nuestras espaldas, abriendo cr�teres en el acero. Ten�a la pierna izquierda insensible. Me arrastr� m�s cerca de Wun y us� un trozo de tapicer�a desgarrado para envolver el zapato ardiente. Wun gimi� y alz� la cabeza.</p><p>Los nuestros devolvieron el fuego, las balas trazadoras creaban franjas luminosas hacia el pantano que bordeaba la carretera por ambos lados.</p><p>Wun arque� la espalda y se puso de rodillas. No parec�a saber d�nde estaba. Sangraba por la nariz. Ten�a la frente despellejada.</p><p>�No te levantes �grazn�.</p><p>Pero sigui� intentando ponerse en pie, la bota quemada estaba hecha jirones y apestaba.</p><p>�Por amor de Dios �dije. Alargu� la mano pero �l se escabull�. Por amor de Dios, �no te levantes!</p><p>Pero al final lo consigui�, se estabiliz� y se incorpor�, temblando, silueteado contra el amasijo de metal ardiente. Baj� la vista y me reconoci�.</p><p>�Tyler �dijo�. �Qu� ha ocurrido?</p><p>Y entonces las balas lo alcanzaron.</p><p>Hab�a much�sima gente que odiaba a Wun Ngo Wen. Desconfiaban de sus motivaciones, como E. D. Lawton, o lo odiaban por razones m�s complejas y menos defendibles: porque cre�an que era un enemigo de Dios; porque resultaba que su piel era negra; porque era una prueba de la teor�a de la evoluci�n; porque era la prueba f�sica del Spin y las inquietantes verdades sobre la edad del universo exterior.</p><p>Muchas de esas personas hab�an susurrado cosas sobre matarlo. Docenas de amenazas interceptadas estaban registradas en los archivos de Homeland Security.</p><p>Pero no lo mat� una conspiraci�n. Lo que lo mat� fue una combinaci�n de avaricia, confusi�n y temeridad engendrada por el Spin.</p><p>Fue una muerte embarazosamente terrestre.</p><p>El cuerpo de Wun fue incinerado (tras una autopsia y extracci�n de muestras a gran escala) y se le dio un funeral de Estado con todos los honores. Su servicio funerario se celebr� en la catedral nacional de Washington y asistieron dignatarios de todo el planeta. El presidente Lomax dio un largo paneg�rico.</p><p>Se habl� de enviar sus cenizas a �rbita, pero al final no se hizo nada. Seg�n dijo Jason, la urna se guard� en el s�tano de la Instituci�n Smithsoniana a la espera de su destino final.</p><p>Probablemente sigue all�.</p></section><section><title><p>A casa antes de que oscureciera</p></title><p>As� que pas� unos pocos d�as en un hospital del �rea de Miami, recuper�ndome de heridas leves, describiendo los acontecimientos a los investigadores federales, e intentando hacerme a la idea de que Wun hab�a muerto. Fue durante este per�odo cuando decid� dejar Perihelio y abrir una consulta privada propia.</p><p>Pero tambi�n decid� no anunciar mis intenciones hasta despu�s del lanzamiento de los replicadores. No quer�a perturbar a Jason en un momento cr�tico.</p><p>En comparaci�n con el esfuerzo de terraformaci�n de los a�os anteriores, el lanzamiento de los replicadores fue anticlim�tico. Sus resultados ser�an, si es que los hab�a, m�s grandiosos y m�s sutiles; pero su eficiencia, apenas un pu�ado de cohetes sin ninguna sincronizaci�n milim�trica requerida, no era ning�n espect�culo dram�tico.</p><p>El presidente Lomax llevaba el asunto como una empresa puramente norteamericana. En un gesto que hab�a enfurecido a la UE, a los rusos, a los chinos y a los hind�es, Lomax se hab�a negado a compartir la tecnolog�a de replicadores m�s all� de los c�rculos de obligado conocimiento en la NASA y Perihelio, y hab�a borrado todas las p�ginas relevantes en la edici�n p�blica de los archivos marcianos. Los �microbios artificiales� (en la jerga de Lomax) eran una tecnolog�a de �alto riesgo�. Pod�an ser �militarizados�. (Eso era cierto, como el propio Wun hab�a admitido.) Los Estados Unidos, por tanto, se ve�an obligados a asumir el �control preventivo� para prevenir �la proliferaci�n nanotecnol�gica y una nueva y mort�fera carrera armament�stica�.</p><p>La Uni�n Europea hab�a puesto el grito en el cielo y la ONU estaba reuniendo un comit� de investigaci�n, pero en un mundo en el que las guerras a peque�a escala asolaban cuatro continentes, los argumentos de Lomax ten�an un peso considerable. (Aunque, como Wun hubiera replicado, los marcianos hab�an vivido con �xito con la misma tecnolog�a durante cientos de a�os� y los marcianos no eran ni m�s ni menos humanos que sus antepasados terrestres.)</p><p>Por todas esas razones, los lanzamientos a finales de verano atrajeron a un p�blico m�nimo y una presencia de los medios casi improvisada. Wun Ngo Wen estaba muerto, despu�s de todo, y los servicios de noticias se hab�an extenuado cubriendo su muerte. Ahora, los cuatro cohetes pesados Delta dispuestos en sus rampas mar�timas parec�an poco m�s que un pie de p�gina a su servicio funerario, o peor, una reposici�n: los lanzadores de semillas reconfigurados para una edad de menores expectativas.</p><p>Pero aunque fuera un espect�culo menor, segu�a siendo un espect�culo. Lomax acudi� en avi�n a la ocasi�n y E. D. Lawton hab�a aceptado una invitaci�n de cortes�a, y para ese entonces estaba dispuesto a jurar que se comportar�a bien en p�blico. Y as�, la ma�ana del d�a se�alado, fui con Jason a una de las gradas para VIP en la costa este de Cape Cod.</p><p>Mir�bamos al mar. Las viejas plataformas, todav�a funcionales pero un poco oxidadas por el agua salada, hab�an sido construidas para lanzar los transportes pesados de la era de la siembra. Los nuevos Deltas quedaban empeque�ecidos en ellas. No es que pudi�ramos ver muchos detalles en la distancia, s�lo cuatro columnas blancas en los l�mites del neblinoso oc�ano, m�s los apoyos m�viles de las otras plataformas que no se usar�an, los pontones articulados, los transportes y otros veh�culos, anclados a una distancia de seguridad. Era una despejada y c�lida ma�ana de verano. El viento era racheado, no lo suficientemente fuerte para abortar el lanzamiento pero s� para hacer restallar secamente la bandera y alborotar el pelo impecable del presidente Lomax mientras sub�a al estrado para dirigirse a los dignatarios y la prensa all� reunidos.</p><p>Dio un discurso afortunadamente breve. Cit� el legado de Wun Ngo Wen y su fe en que la red de replicadores que estaba a punto de ser plantada en los helados confines del sistema solar pronto nos iluminar�a sobre la naturaleza y el prop�sito del Spin. Dijo unas cuantas cosas osadas sobre la humanidad dejando su marca en el cosmos. (�Querr� decir en la galaxia �susurr� Jason�, no el cosmos. Y� �dejar nuestra marca? �Como un perro que se mea en una boca de incendio?�) Entonces Lomax cit� unos versos de un poeta ruso del siglo diecinueve llamado F. I. Tiutchev, que no pod�a haberse ni imaginado el Spin pero que escrib�a como si lo hubiera visto:</p><empty-line/><cite><p><emphasis>El mundo exterior se ha desvanecido como una visi�n y el hombre, hu�rfano desarraigado, tiene que enfrentarse indefenso, desnudo </emphasis><strong><emphasis>y </emphasis></strong><emphasis>solo a la negrura del espacio inconmensurable. Toda luz </emphasis><strong><emphasis>y </emphasis></strong><emphasis>toda vida parecen un sue�o lejano, mientras en la substancia de la noche, desenmara�ada </emphasis><strong><emphasis>y </emphasis></strong><emphasis>ajena, ahora percibe algo fat�dico a su diestra.</emphasis></p></cite><empty-line/><p>Entonces Lomax abandon� el escenario, y tras el prosaico asunto de una cuenta atr�s, el primero de los cohetes se alz� sobre su columna de fuego con la intenci�n de desenmara�ar el cosmos detr�s del cielo. Algo fat�dico. Nuestro por derecho.</p><p>Mientras todos los presentes alzaban la vista, Jason cerr� los ojos y entrelaz� las manos sobre su regazo.</p><p>A continuaci�n nos dirigimos a una sala de recepciones con el resto de los invitados, nos quedaba una rueda de prensa pendiente. (Jason ten�a programados veinte minutos de entrevista con una cadena de televisi�n por cable. Yo ten�a diez. Era �el m�dico que intent� salvar la vida de Wun Ngo Wen�, aunque todo lo que hab�a hecho era apagar su bota ardiendo y arrastrar su cuerpo fuera de la l�nea de fuego cuando cay�. Una comprobaci�n r�pida de v�as respiratorias, respiraci�n y circulaci�n dej� claro que no pod�a ayudarle y que lo mejor que pod�a hacer era mantener la cabeza gacha hasta que llegara la ayuda.</p><p>Que era lo que le contaba a los periodistas, hasta que aprendieron a dejar de preguntarlo.</p><p>El presidente Lomax atraves� la sala estrechando manos antes de desvanecerse de nuevo, escoltado por su personal. Entonces E. D. nos acorral� a Jason y a m� en la mesa del bufete.</p><p>�Supongo que has conseguido lo que quer�as �dijo. El comentario iba dirigido a Jason pero lo dijo mir�ndome a m�. Ahora ya no se puede deshacer.</p><p>�En ese caso �dijo Jason�, a lo mejor no merece la pena discutir por eso.</p><p>Wun y yo hab�amos acordado mantener a Jason bajo observaci�n en los meses posteriores a su tratamiento. Se hab�a sometido a una bater�a de tests neurol�gicos que inclu�an otra serie de resonancias magn�ticas a escondidas. Ninguna de las pruebas hab�a revelado deficiencia alguna, y los �nicos cambios fisiol�gicos obvios eran los relacionados con su recuperaci�n de la EMA. Completamente sano, en otras palabras. M�s sano de lo que nunca imagin� que se pudiera estar.</p><p>Pero parec�a sutilmente diferente. Le hab�a preguntado a Wun si a todos los Cuartos les sobreven�an cambios psicol�gicos. �En cierto sentido�, me hab�a respondido, �s��. Se esperaba que los Cuartos marcianos se comportaran de forma diferente tras su tratamiento, pero hab�a una cierta sutileza en la expresi�n �se esperaba�� s�, dijo Wun, �se esperaba� (es decir, se consideraba probable) que un Cuarto cambiara, pero tambi�n se �esperaba de �l�, (se le requer�a que lo hiciera) por parte de la comunidad de sus iguales.</p><p>�C�mo hab�a cambiado Jason? Se mov�a de manera diferente, para empezar. Jason hab�a ocultado su EMA con mucho ingenio, pero ahora hab�a una nueva libertad perceptible en su forma de andar y en sus gestos. Era el Hombre de Hojalata, despu�s de una buena dosis de lubricante. Segu�a enfurru��ndose de vez en cuando, pero sus cambios de humor eran menos violentos. Dec�a menos tacos; es decir, era menos probable que se viera sumido en uno de esos momentos bajos emocionales en los que el �nico expletivo v�lido era �joder�. Bromeaba m�s que antes.</p><p>Todas esas cosas sonaban bien. Y lo eran, pero tambi�n eran superficiales. Hab�a otros cambios m�s perturbadores. Se hab�a retirado de la administraci�n diaria de Perihelio hasta tal punto que el personal le daba un informe una vez a la semana y durante el resto le ignoraba. Hab�a empezado a leer los tratados de astrof�sica marciana a partir de las traducciones primarias, circunvalando los protocolos de seguridad si no viol�ndolos por completo. El �nico acontecimiento que consigui� penetrar su reci�n encontrada calma fue la muerte de Wun, y eso lo hab�a dejado muy afectado y angustiado de forma que no lo entend�a del todo.</p><p>�Eres consciente �dijo E. D�, de que lo que acabamos de ver es el fin de Perihelio.</p><p>Y en cierto sentido muy real as� era. Aparte de interpretar la informaci�n que recibi�ramos de los replicadores, Perihelio como agencia espacial civil estaba acabada. La reducci�n ya hab�a empezado, y con fuerza. La mitad del personal de apoyo hab�a sido despedido. La gente t�cnica se marchaba m�s lentamente, atra�da por las universidades o las grandes empresas de contratas.</p><p>�Pues que as� sea �dijo Jason, haciendo gala de lo que era o bien la ecuanimidad innata de un Cuarto o una hostilidad largo tiempo suprimida hacia su padre�. Hemos hecho el trabajo que ten�amos que hacer.</p><p>��Y te quedas ah� tan pancho y me das tu veredicto as�? �A m�?</p><p>�Creo que es cierto.</p><p>��Y no importa que me haya pasado la vida construyendo lo que acabas de destruir?</p><p>��Importar? �Jason reflexion�, como si E. D. le hubiera hecho una pregunta de verdad�. Al final de todo, no, no creo que importe.</p><p>�Jes�s, �qu� te ha ocurrido? Si cometes un error de esta magnitud�</p><p>�No creo que sea un error.</p><p>�� deber�as asumir la responsabilidad por ello.</p><p>�Creo que ya lo he hecho.</p><p>�Porque si fracasa, ser�s al que culpen.</p><p>�Lo entiendo.</p><p>�Al que quemar�n.</p><p>�Si llega el caso.</p><p>�No puedo protegerte �dijo E. D. �Nunca has podido �dijo Jason.</p><p>Volv� a Perihelio con �l. En aquellos d�as Jase conduc�a un coche alem�n de c�lulas de energ�a; un coche poco com�n, ya que la mayor�a de nosotros segu�a conduciendo coches de motor de gasolina dise�ados por gente que cre�a que no hab�a un futuro por el que preocuparse. Los trabajadores de la ciudad pasaban zumbando al lado nuestro en los carriles de alta velocidad, apresur�ndose para poder llegar a casa antes de que oscureciera.</p><p>Le dije que quer�a dejar Perihelio y establecerme con una consulta propia.</p><p>Jase se qued� en silencio durante unos instantes, vigilando la carretera, el aire caliente rielaba sobre el asfalto como si el calor hubiera derretido la definici�n del mundo. Y entonces dijo:</p><p>�Pero no tienes por qu�, Tyler. Perihelio deber�a durar unos cuantos a�os m�s por su cuenta, y tengo influencia suficiente para mantenerte en n�mina. Puedo contratarte a t�tulo privado, si es necesario.</p><p>��se es el meollo de la cuesti�n, Jase. No es necesario. Siempre me sent� un poco infraempleado en Perihelio.</p><p>��Quieres decir que te aburres?</p><p>�Ser�a agradable sentirme �til, para variar.</p><p>��No te sientes �til? Si no fuera por ti, estar�a en una silla de ruedas.</p><p>�No fui yo. Fue Wun. Todo lo que hice fue inyectarte el tratamiento.</p><p>�De eso nada. Me cuidaste durante mi agon�a. Y eso es algo que aprecio. Adem�s� necesito alguien con quien hablar, alguien que no est� intentando comprarme o venderme a mis espaldas.</p><p>��Cu�ndo fue la �ltima vez que tuvimos una conversaci�n de verdad?</p><p>�S�lo porque haya capeado una crisis m�dica no significa que no vaya a haber otra.</p><p>�Eres un Cuarto, Jase. No tendr�s necesidad de ver a un m�dico hasta dentro de otros cincuenta a�os.</p><p>�Y las �nicas personas que saben eso de m� son Carol y t�. Lo que es otra raz�n por la que no quiero que te vayas. �Titube�. �Por qu� no te sometes t� al tratamiento? Date otros cincuenta a�os, como m�nimo.</p><p>Supongo que pod�a. Pero cincuenta a�os m�s nos enterrar�an profundamente en la heliosfera del sol en expansi�n. Ser�a un gesto f�til.</p><p>Preferir�a ser �til ahora mismo.</p><p>��Est�s completamente decidido a marcharte?</p><p>�E. D. me hubiera dicho qu�date. E. D. hubiera dicho que tu trabajo es cuidar de Jason.</p><p>E. D. hubiera dicho muchas cosas.</p><p>�Completamente, s�.</p><p>Jason aferr� el volante y se qued� contemplando la carretera como si viera all� algo infinitamente triste.</p><p>�Bueno �dijo�. Entonces todo lo que puedo hacer es desearte suerte.</p><p>El d�a que me fui de Perihelio el personal auxiliar me convoc� a una de las salas de juntas que ahora ve�an poco uso para una fiesta de despedida, donde me dieron el tipo de regalos apropiados a una empresa en desaparici�n: un cactus en miniatura en una maceta de terracota, una taza de caf� con mi nombre, un alfiler de corbata de peltre con la forma de un caduceo.</p><p>Jason apareci� en mi puerta esa noche con un regalo m�s problem�tico.</p><p>Era una caja de cart�n atada con cordel. Conten�a, cuando la abr�, cerca de medio kilo de documentos impresos en letra peque�a y seis discos �pticos sin etiquetar.</p><p>��Jase?</p><p>�Informaci�n m�dica �dijo�. Puedes considerarlo un libro de texto.</p><p>��Qu� tipo de informaci�n m�dica?</p><p>Sonri�.</p><p>�De los archivos.</p><p>��De los archivos marcianos?</p><p>�S�, t�cnicamente s�. Pero Lomax convertir�a en secreto de Estado el n�mero de tel�fono 911 si creyera que se podr�a salir con la suya. Aqu� hay informaci�n que podr�a arruinar a Pfizer y Eli Lilly. Pero a m� no me parece un asunto de seguridad nacional preocupante. �Y a ti?</p><p>�No, pero�</p><p>�Ni tampoco creo que Wun hubiera querido que se mantuviera en secreto. As� que he estado repartiendo trocitos de los archivos en silencio, de aqu� y all�, entre la gente en la que conf�o. No tienes que hacer nada con ello. Puedes mirarlo, ignorarlo, archivarlo� lo que quieras.</p><p>�Genial. Gracias, Jase. Un regalo por el que me podr�an arrestar.</p><p>Su sonrisa se ensanch�.</p><p>�S� que har�s lo correcto.</p><p>�Sea lo que sea eso.</p><p>�Ya lo sabr�s. Tengo fe en ti, Tyler. Desde el tratamiento�</p><p>��Qu�?</p><p>�Parece que veo las cosas con m�s claridad �dijo.</p><p>No me lo explic�, y al final met� la caja en mi maleta como una especie de suvenir. Estuve tentado de escribir recuerdos en ella.</p><p>La tecnolog�a de replicadores era lenta incluso comparada con la terraformaci�n de un planeta muerto. Pasaron dos a�os antes de que tuvi�ramos algo parecido a una respuesta por parte de las cargas que hab�amos esparcido entre los planetesimales en los confines del sistema solar.</p><p>Los replicadores estaban muy ocupados ah� fuera, sin embargo, apenas afectados por la gravedad del sol, haciendo aquello para lo que estaban dise�ados: reproducirse mil�metro a mil�metro y siglo a siglo, siguiendo instrucciones escritas en su equivalente superconductor del ADN. Con tiempo y un suministro adecuado de hielo y elementos carbonosos acabar�an por llamar a casa. Pero los primeros sat�lites detectores que se pusieron en �rbita m�s all� de la membrana del Spin regresaron a la Tierra sin haber registrado ninguna se�al.</p><p>Durante esos dos a�os me las arregl� para conseguir un socio (Herbert Hakkim, un afable m�dico de origen bengal� que hab�a terminado su per�odo de interno el mismo a�o en que Wun visit� el Gran Ca��n), y conseguimos el traspaso de una consulta de San Diego de un m�dico de medicina general que se jubilaba. Hakkim era franco y amistoso con sus pacientes pero no ten�a una verdadera vida social y parec�a que lo prefer�a as�: rara vez nos reun�amos fuera del horario de trabajo, y creo que la pregunta m�s personal que me hizo nunca fue que por qu� llevaba dos tel�fonos m�viles encima.</p><p>(Uno, por las razones normales y corrientes; el otro, porque el n�mero que ten�a asignado era el �ltimo que le hab�a dado a Diane. No son� nunca. Ni tampoco yo intent� volver a contactar con ella. Pero si desactivaba el n�mero, ella no tendr�a forma de volver a ponerse en contacto conmigo, y eso me parec�a� bueno, me parec�a que estaba mal.)</p><p>Me gustaba mi trabajo, y en general me gustaban mis pacientes. Vi m�s heridas de arma de fuego de las que jam�s hubiera esperado, pero �sos eran los a�os duros del Spin; la curva nacional de homicidios y suicidios hab�a empezado a dispararse hacia la vertical. Eran a�os en los que parec�a que todo el que tuviera menos de treinta a�os vest�a de uniforme: de las fuerzas armadas, de la Guardia Nacional, de Homeland Security, de fuerzas privadas de seguridad, e incluso de los scouts y gu�as dom�sticos para los productos intimidados de una tasa de natalidad decreciente. A�os en los que Hollywood empez� a producir como rosquillas pel�culas ultraviolentas o ultrarreligiosas en las que, sin embargo, el Spin nunca era mencionado expl�citamente; el Spin, como el sexo y las palabras para describirlo, hab�an sido desterradas del �discurso de los medios de entretenimiento� por el Concejo Cultural de Lomax y la Comisi�n Federal de Comunicaciones.</p><p>�sos tambi�n fueron los a�os en los que la administraci�n impuso una nueva bater�a de leyes destinadas a purgar los archivos marcianos. Los archivos de Wun, seg�n el presidente y sus aliados en el congreso, conten�an conocimientos intr�nsecamente peligrosos que ten�an que ser editados y asegurados. Exponerlos al p�blico hubiera sido como �publicar los planos de una bomba at�mica de bolsillo en internet�. Incluso el material antropol�gico fue censurado: en la versi�n publicada, un Cuarto era definido como un �anciano venerable�. Ninguna menci�n de la longevidad m�dicamente obtenida.</p><p>Pero �qui�n necesitaba o quer�a longevidad? El fin del mundo estaba m�s cerca cada d�a.</p><p>Las fluctuaciones eran la prueba, si es que alguien necesitaba pruebas.</p><p>Hac�a medio a�o que hab�an llegado los primeros resultados positivos del proyecto de replicadores, cuando comenzaron las fluctuaciones.</p><p>O� la mayor parte de las novedades sobre los replicadores de boca de Jase unos d�as antes de que se hicieran p�blicas en los medios. En s�, no eran nada espectacular. Un sat�lite de la NASA/Perihelio hab�a captado una d�bil se�al procedente de un cuerpo bien conocido en la Nube de Oort mucho m�s all� de la �rbita de Plut�n: un pitido peri�dico sin codificar que era el sonido de una colonia de replicadores a punto de completar su ciclo (llegando a la madurez, se pod�a decir).</p><p>Algo que parece trivial hasta que no se consideran las implicaciones.</p><p>Las c�lulas durmientes de una tecnolog�a completamente nueva creada por el hombre se hab�an posado en un trozo de hielo sucio en el espacio profundo. Esas c�lulas hab�an empezado entonces una forma ag�nicamente lenta de metabolismo, que absorb�a el escas�simo calor procedente del lejano sol, lo usaba para separar unas cuantas mol�culas de agua y carbono, y se duplicaban usando los materiales as� producidos.</p><p>Durante el transcurso de much�simos a�os, la colonia creci� hasta el tama�o, como mucho, de un cojinete. Un astronauta que hubiera hecho el viaje imposiblemente largo hasta all� y que supiera precisamente d�nde mirar la hubiera visto como una ampolla negra sobre el regolito rocoso/helado del planetesimal. Pero la colonia era m�s eficiente que su antecesor unicelular. Empez� a crecer a un ritmo m�s r�pido y a generar m�s calor. El diferencial de temperatura entre la colonia y su entorno era de s�lo una fracci�n de grado Kelvin (exceptuando cuando los estallidos reproductivos inyectaban energ�a latente en el entorno local), pero persist�a.</p><p>Pasaron muchos milenios (o meses terrestres). Las subrutinas en el sustrato gen�tico de los replicadores se activaron por los gradientes de temperatura locales, modificando el crecimiento de la colonia. Las c�lulas empezaron a diferenciarse. Como un embri�n humano, la colonia no produc�a simplemente m�s c�lulas, sino c�lulas especializadas, los equivalentes a coraz�n y pulmones, brazos y piernas. Unos zarcillos se introdujeron en el material poco compacto del planetesimal, minando en busca de mol�culas carbonosas.</p><p>Al final, chorros microsc�picos pero cuidadosamente calculados de vapor empezaron a retardar la rotaci�n del objeto anfitri�n (pacientemente, durante siglos), hasta que la cara de la colonia qued� orientada perpetuamente hacia el sol. Ahora comenz� la diferenciaci�n en serio. La colonia extrudi� secciones de carbono/carbono y carbono/silicio; hizo crecer filamentos monomoleculares para enlazar esas secciones, subiendo un pelda�o en la escalera de la complejidad; esas secciones generaron puntos sensibles a la luz, ojos, y la capacidad para generar y procesar microrr�fagas de ruido de radiofrecuencia.</p><p>Seg�n pasaron los siglos, la colonia sofistic� y refino esas capacidades hasta que se anunci� con un simple trino peri�dico, el equivalente al sonido que pudiera hacer un gorri�n reci�n nacido. Que fue lo que detect� nuestro sat�lite.</p><p>Los medios de comunicaci�n dieron la historia durante un par de d�as (con im�genes de archivos de Wun Ngo Wen, su funeral y el lanzamiento) y luego se olvidaron del asunto. Despu�s de todo, �sa s�lo era la primera etapa de aquello para lo que fueron dise�ados los replicadores.</p><p>Simplemente eso. Poco inspirador. A menos que pensaras en ello durante m�s de treinta segundos.</p><p>Era una tecnolog�a con, literalmente, vida propia. Un genio hab�a salido de la botella para bien o para mal.</p><p>La fluctuaci�n ocurri� un par de meses despu�s.</p><p>La fluctuaci�n fue la primera se�al de un cambio o una perturbaci�n en la membrana del Spin� la primera a menos que se tenga en cuenta el acontecimiento que sucedi� al ataque chino con misiles a los artefactos polares. Ambos sucesos fueron visibles desde todos los puntos del globo. Pero aparte de ese parecido b�sico, no se parecieron casi nada.</p><p>Tras el ataque con misiles la membrana del Spin pareci� temblar y recuperarse, generando im�genes estrobosc�picas del cielo en evoluci�n, m�ltiples lunas y estrellas en giro.</p><p>La fluctuaci�n fue diferente.</p><p>Lo contempl� desde la terraza de mi apartamento en un barrio residencial. Algunos de los vecinos hab�an estado en el exterior cuando comenz� la fluctuaci�n. Ahora todo el mundo hab�a salido a las terrazas. Nos apoyamos en los pretiles como estorninos, charlando.</p><p>El cielo brillaba.</p><p>No con estrellas, sino con hebras infinitesimalmente finas de fuego dorado, crepitando como rel�mpagos fr�os de horizonte a horizonte. Las hebras se mov�an y mutaban err�ticamente; algunas parpadeaban o desaparec�an por completo; de vez en cuando otras cobraban vida con un estallido flam�gero. Era hipn�tico al tiempo que aterrador.</p><p>El acontecimiento fue global, no local. En el hemisferio diurno del planeta el fen�meno s�lo era ligeramente visible, atenuado por la luz solar u oculto tras las nubes. En Norteam�rica, Sudam�rica y Europa Occidental el espect�culo del cielo nocturno caus� estallidos espor�dicos de p�nico. Despu�s de todo, llev�bamos esperando el fin del mundo desde hac�a m�s a�os de los que quer�amos contar. Parec�a una obertura, como m�nimo, para el final.</p><p>Hubo cientos de suicidios e intentos de suicidio esa noche, m�s docenas de asesinatos o muertes a manos de personas que quer�an librar a otras de padecimientos, s�lo en la ciudad donde viv�a. En todo el mundo la cifra fue incalculablemente mayor. Aparentemente, hab�a much�sima gente como Molly Seagram, que optaron por esquivar el machaconamente predicho final del mundo con oc�anos hirvientes mediante un par de pastillas letales de esto o lo otro. Y tambi�n unas cuantas pastillas m�s para familiares y amigos. Muchos de ellos eligieron esa salida final tan pronto como se ilumin� el cielo. Una salida prematura, seg�n result� ser.</p><p>El espect�culo dur� ocho horas. Hacia la ma�ana siguiente me encontraba en el hospital local, echando una mano en urgencias. Hacia el mediod�a hab�a visto siete casos diferentes de intoxicaci�n por mon�xido de carbono, gente que se hab�a encerrado intencionadamente en el garaje con el motor del coche en marcha. La mayor�a estaban muertos mucho antes de que se les declarara como tales, y los supervivientes tampoco estaban mucho mejor. Personas que de otra manera estar�an sanas, que pod�a haberme cruzado en la fruter�a, pasar�an el resto de sus vidas conectadas a aparatos de respiraci�n asistida, con da�os cerebrales irreparables, v�ctimas de una escapada fallida. No era agradable. Pero las heridas de bala en la cabeza eran peores. No pod�a tratarlas sin pensar en Wun Ngo Wen tirado sobre aquella carretera de Florida, man�ndole la sangre a borbotones de lo que quedaba de su cr�neo.</p><p>Ocho horas. Luego el cielo volvi� a quedar en blanco, el sol brillando como la puntilla de un chiste malo.</p><p>Volvi� a ocurrir un a�o y medio despu�s.</p><p>�Pareces un hombre que hubiera perdido su fe �me dijo una vez Hakkim.</p><p>�O que nunca tuvo una.</p><p>�No quiero decir fe en Dios. De ese cargo pareces genuinamente inocente. Fe en otra cosa. No s� el qu�.</p><p>Lo que parec�a cr�ptico. Pero lo entend� con m�s claridad a la siguiente ocasi�n que habl� con Jason.</p><p>Me llam� a casa. (A mi m�vil normal, no al hu�rfano que llevaba como un amuleto sin suerte.) Dije �Hola� y el dijo: �Deber�as ver eso en la tele�.</p><p>��Ver el qu�?</p><p>�Pon uno de los canales de noticias. �Est�s solo?</p><p>La respuesta era s�. Por elecci�n propia. Ninguna Molly Seagram para complicarme el fin de los tiempos. El mando de la tele estaba sobre la mesita de caf� donde lo hab�a dejado. Donde siempre lo dejaba.</p><p>El canal de noticias mostraba un gr�fico multicolor acompa�ado de una mon�tona voz de narrador. Quit� el sonido.</p><p>��Qu� es lo que estoy viendo, Jase?</p><p>�Una conferencia del JPL. La informaci�n recuperada del �ltimo sat�lite receptor.</p><p>Datos de los replicadores, en otras palabras.</p><p>��Y?</p><p>�Tenemos trabajo �dijo. Pr�cticamente pod�a o�r su sonrisa.</p><p>El sat�lite hab�a detectado m�ltiples se�ales de radio emitidas en haz estrecho desde los l�mites del sistema solar. Lo que significaba que m�s de una colonia hab�a llegado a la madurez. Y la informaci�n era compleja, dijo Jason, no simple. Seg�n envejec�an las colonias de replicadores, su crecimiento se deten�a pero sus funciones se hac�an m�s refinadas y deliberadas. Ya no se contentaban con simplemente orientarse hacia el sol para tener energ�a gratis, analizaban la luz de las estrellas, calculando �rbitas planetarias en redes neuronales hechas de silicio y fibra de carbono, compar�ndolas con plantillas grabadas en su c�digo gen�tico. No menos de una docena de colonias completamente adultas hab�an enviado de vuelta precisamente el tipo de informaci�n que estaban dise�adas para recopilar, cuatro flujos de datos declarando:</p><p>1. �ste era un sistema planetario con una estrella con una masa solar de 1,0;</p><p>2. El sistema pose�a ocho grandes cuerpos planetarios (Plut�n estaba por debajo del m�nimo de masa detectable);</p><p>3. Dos de esos planetas eran vac�os �pticos, rodeados por membranas de Spin; y</p><p>4. Las colonias de replicadores emisoras hab�an entrado en modo reproductivo, desprendi�ndose de c�lulas-semilla y lanz�ndolas con chorros de vapores cometarios hacia las estrellas vecinas.</p><p>El mismo mensaje, dijo Jase, hab�a sido emitido hacia otras colonias locales, menos maduras, que responder�an desactivando funciones redundantes y dirigiendo su energ�a hacia comportamientos puramente reproductivos.</p><p>En otras palabras, hab�amos tenido �xito en infectar el sistema solar exterior con los sistemas cuasibiol�gicos de Wun.</p><p>Que ahora estaban esporulando.</p><p>�Esto no nos dice nada acerca del Spin �dije.</p><p>�Por supuesto que no. Todav�a no. Pero este peque�o goteo de informaci�n ser� un torrente antes de no mucho tiempo. En su momento podremos trazar un mapa de Spins de las estrellas cercanas, puede que de toda la galaxia. A partir de ah� seremos capaces de deducir de d�nde vienen los Hipot�ticos, d�nde han creado sus Spins y qu� es lo que le ocurre en definitiva a los mundos con Spin cuando sus estrellas se expanden y se queman.</p><p>�Pero eso no arregla nada, �no?</p><p>Suspir� como si le hubiera decepcionado haciendo una pregunta est�pida.</p><p>�Probablemente no. Pero �no es mejor saber que especular? Puede que descubramos que estamos condenados, o puede que descubramos que tenemos m�s tiempo del que esper�bamos. Recuerda, Tyler, tambi�n estamos trabajando en otros frentes. Estamos rebuscando en los archivos de f�sica te�rica de Wun. Si modelas la membrana del Spin como un agujero de gusano que envuelve a un objeto que acelera a velocidades cercanas a la de la luz�</p><p>�Pero no estamos acelerando. No vamos a ninguna parte. �Excepto de cabeza hacia el futuro.</p><p>�No, pero si haces los c�lculos da resultados que encajan con nuestras observaciones del Spin. Lo que puede darnos una pista sobre las fuerzas que manipulan los Hipot�ticos.</p><p>��Con qu� fin, Jase?</p><p>�Es demasiado pronto para decirlo. Pero no creo que el conocimiento sea algo in�til.</p><p>��Aunque nos muramos?</p><p>�Todos morimos.</p><p>�Como especie, quiero decir.</p><p>�Eso est� por ver. Sea lo que sea el Spin, tiene que ser algo m�s que una especie de complicada eutanasia global. Los Hipot�ticos deben actuar con un prop�sito.</p><p>Puede que s�. Pero �sa, seg�n me percat�, era la fe que hab�a perdido. La fe en la gran salvaci�n.</p><p>Hay todo tipo de colores y sabores de gran salvaci�n. En el �ltimo minuto desarrollar�amos una soluci�n tecnol�gica y nos salvar�amos nosotros mismos. O: los Hipot�ticos ser�an seres ben�volos que convertir�an nuestro planeta en un reino de paz. O: Dios nos rescatar�a a todos, o al menos a los verdaderos creyentes que hay entre nosotros. O esto. O lo otro. O aquello.</p><p>La gran salvaci�n. Era una mentira edulcorada. Un salvavidas de papel, aunque nos mat�ramos por aferramos a �l. No era el Spin lo que hab�a mutilado a mi generaci�n. Era el atractivo y el precio a pagar por la gran salvaci�n.</p><p>La fluctuaci�n volvi� al siguiente invierno, persisti� durante cuarenta y cuatro horas, y luego volvi� a desaparecer. Muchos de nosotros empezamos a verlo como una especie de fen�meno meteorol�gico celestial: impredecible, pero en general inofensivo.</p><p>Los pesimistas se�alaron que los intervalos entre episodios se hac�an cada vez m�s cortos, y que la duraci�n de los episodios aumentaba m�s y m�s.</p><p>En abril hubo una fluctuaci�n que dur� tres d�as e interfiri� con las transmisiones de se�ales aerost�ticas. Esto provoc� otra (aunque m�s peque�a) oleada de suicidios: personas presas del p�nico no tanto por lo que ve�an en el cielo como por el fallo de sus tel�fonos y televisores.</p><p>Hab�a dejado de prestar atenci�n a las noticias, pero determinados sucesos eran imposibles de ignorar: los reveses militares en el norte de �frica y en Europa del Este, el golpe de Estado a manos de una secta en Zimbabue, los suicidios en masa en Corea del Norte. Los representantes del Islam apocal�ptico que ganaban las elecciones en Argelia y Egipto. Una secta filipina que veneraba el recuerdo de Wun Ngo Wen, a quien conceb�an como un santo buc�lico y una especie de Gandhi agrario, lograron convocar una huelga general con �xito y paralizar Manila.</p><p>Y recib� unas cuantas llamadas m�s de Jason. Me envi� por paquete postal un tel�fono con una especie de encriptaci�n incorporada, que seg�n dijo nos dar�an una buena protecci�n frente a los �cazadores de palabras clave�, fuera lo que fuese lo que quer�a decir.</p><p>�Suena un pel�n paranoico �dije.</p><p>�Esta paranoia es �til, creo yo.</p><p>Quiz�, si hubi�semos querido discutir asuntos de seguridad nacional. Cosa que no hicimos, al menos al principio. En vez de eso Jason me pregunt� por mi trabajo, mi vida, la m�sica que escuchaba. Entend� que intentaba crear el tipo de conversaci�n que podr�amos haber tenido hac�a veinte o treinta a�os� antes de Perihelio, si no antes del Spin mismo. Carol segu�a contando sus d�as con ayuda de los relojes y las botellas. Nada hab�a cambiado. Carol hab�a insistido en ello. El personal de la casa lo manten�a todo limpio, todo en orden. La Gran Casa era una c�psula del tiempo, dijo Jason, como si la hubieran sellado herm�ticamente la noche del Spin. Era un poco inquietante.</p><p>Le pregunt� si Diane les llamaba alguna vez.</p><p>�Diane dej� de hablar con Carol mucho antes de que muriera Wun. No, no he o�do ni una palabra de ella.</p><p>Entonces le pregunt� por el proyecto de replicadores. En los peri�dicos no se hab�a mencionado nada �ltimamente.</p><p>�No te molestes en buscar. El JPL est� reteniendo los resultados.</p><p>O� la infelicidad en su voz.</p><p>��Tan malo es?</p><p>�No son malas noticias del todo. Al menos no lo eran hasta ahora. Los replicadores hicieron todo lo que Wun habr�a esperado que hicieran. Cosas asombrosas, Tyler. Absolutamente asombrosas, y lo digo en serio. Ojal� pudiera mostrarte los mapas que hemos creado. Enormes mapas interactivos mediante software. Casi doscientas mil estrellas, en un anillo de espacio de cientos de a�os luz de di�metro. Sabemos m�s sobre la evoluci�n estelar y planetaria que lo que jam�s hubieran podido imaginar los astr�nomos de la generaci�n de E. D.</p><p>�Pero �no hay nada sobre el Spin?</p><p>�No he dicho eso.</p><p>�Y entonces, �qu� hab�is descubierto?</p><p>�Por ejemplo, que no estamos solos. En ese volumen de espacio hemos encontrado tres planetas rodeados por un vac�o �ptico y de tama�o similar al de la tierra, en �rbitas habitables seg�n est�ndares terrestres, o que lo eran en el pasado. El m�s cercano �rbita alrededor de Ursa Majoris 47. El m�s lejano�</p><p>�No necesito los detalles.</p><p>�Si miramos a la edad de las estrellas involucradas y hacemos unas cuantas suposiciones plausibles, los Hipot�ticos parecen emanar desde alg�n lugar en direcci�n al n�cleo gal�ctico. Y hay otros indicadores, tambi�n. Los replicadores encontraron un par de enanas blancas; estrellas quemadas, b�sicamente, que se parec�an al sol hace unos cuantos miles de millones de a�os; con planetas rocosos en �rbitas que no deber�an haber sobrevivido a la expansi�n solar.</p><p>��Supervivientes del Spin?</p><p>�Puede ser.</p><p>��Y son planetas con vida, Jase?</p><p>�No tenemos forma de saberlo. Pero no tienen membranas de Spin que los protejan, y su entorno estelar actual es absolutamente hostil para nuestros est�ndares.</p><p>�Y eso �qu� significa?</p><p>�No lo s�. Nadie lo sabe. Pens�bamos que ser�amos capaces de hacer comparaciones m�s significativas seg�n se expandiera la red de replicadores. Lo que hemos creado con los replicadores es en realidad una red neural a una escala inimaginablemente enorme. Hablan entre s� de la misma manera que las neuronas hablan entre s�, exceptuando que lo hacen a trav�s de siglos y a�os luz. Una red de comunicaciones m�s grande que cualquier otra cosa que la humanidad haya construido. Recopilando informaci�n, edit�ndola, envi�ndola�</p><p>�Entonces, �qu� ha salido mal?</p><p>Parec�a como si le doliera decirlo:</p><p>�Puede que sea la edad. Todo envejece, incluso los c�digos gen�ticos altamente protegidos. Puede que est�n evolucionando m�s all� de nuestras instrucciones. O�</p><p>�S�, vale, pero �qu� ha ocurrido, Jase?</p><p>�La informaci�n que recibimos disminuye. Nos llegan datos fragmentarios y contradictorios procedentes de los replicadores que est�n m�s alejados de la Tierra. Eso puede deberse a much�simas cosas. Si se est�n muriendo, puede que sea el efecto de alg�n defecto emergente en el dise�o de su c�digo. Pero algunos de los nodos de retransmisi�n que llevan mucho tiempo establecidos tambi�n empiezan a apagarse.</p><p>��Algo los est� eliminando?</p><p>��sa es una conclusi�n demasiado apresurada. Aqu� tienes otra idea. Cuando lanzamos esas cosas hacia la Nube de Oort creamos una ecolog�a interestelar simple: hielo, polvo y vida artificial. Pero �qu� pasar�a si no fu�ramos los primeros? �Y si la ecolog�a interestelar no es simple?</p><p>�� Quieres decir que puede que haya otros tipos de replicadores ah� fuera?</p><p>�Pudiera tratarse de eso. Si es as�, estar�an compitiendo con los nuestros por los recursos disponibles. Quiz� se usen los unos a los otros como recursos. Cre�amos que envi�bamos nuestros artefactos a un vac�o est�ril. Pero puede que ah� fuera haya una especie competidora.</p><p>�Jason� �crees que algo se los est� comiendo?</p><p>�Es posible �dijo �l.</p><p>La fluctuaci�n volvi� en junio y dur� casi cuarenta y ocho horas antes de disiparse.</p><p>En agosto, cincuenta y seis horas de fluctuaci�n y m�s problemas intermitentes con las telecomunicaciones.</p><p>Cuando volvi� a empezar en septiembre nadie se sorprendi�. Pas� la mayor parte de la primera noche con las persianas bajadas y viendo una pel�cula que hab�a descargado la semana pasada. Una pel�cula vieja, de antes del Spin. La vi no por el argumento, sino por los rostros, por los rostros de la gente tal como eran en otros tiempos, gente que no hab�an pasado toda su vida con miedo al futuro. Gente que de vez en cuando hablaba de la luna o de las estrellas sin iron�a ni nostalgia.</p><p>Entonces son� el tel�fono.</p><p>No mi tel�fono personal, y no el m�vil encriptado que me hab�a enviado Jason. Reconoc� el timbre de tres tonos al instante aunque no lo hab�a o�do durante a�os. Era audible pero d�bil� d�bil porque hab�a dejado el m�vil en el bolsillo de una chaqueta colgada en el armario del pasillo.</p><p>Son� dos veces m�s antes de que lo sacara torpemente y dije:</p><p>��Hola?</p><p>Esperaba un n�mero equivocado. Quer�a o�r la voz de Diane. Lo quer�a y lo tem�a.</p><p>Pero era la voz de un hombre al otro lado de la l�nea. Simon, reconoc� con desmayo.</p><p>��Tyler? �dijo�. �Tyler Dupree? �Eres t�?</p><p>Hab�a recibido las suficientes llamadas de emergencia para reconocer la ansiedad en su voz.</p><p>�Soy yo, Simon. �Qu� pasa?</p><p>�No deber�a estar hablando contigo. Pero no s� a qui�n m�s llamar. No conozco a ninguno de los m�dicos locales. Y est� tan enferma. �Tan enferma, Tyler! No parece mejorar nada. Creo que necesita�</p><p>Y entonces la fluctuaci�n cort� la comunicaci�n y la l�nea se llen� de ruido.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C.</p></title><p>Detr�s de Diane ven�a En y dos docenas de sus primos y un n�mero similar de desconocidos, todos con destino al nuevo mundo. Jala los hizo pasar al interior. Luego desliz� la puerta de acero corrugado del almac�n. La luz se atenu�. Diane me pas� el brazo por el hombro y la ayud� a caminar hasta un espacio relativamente limpio bajo una de las grandes l�mparas de mercurio halogenado. Ibu Ina desenroll� un saco de yute para que Diane se tumbara.</p><p>�El ruido �dijo Ina.</p><p>Diane cerr� los ojos tan pronto como estuvo horizontal, despierta, pero obviamente agotada. Le desaboton� la blusa y empec� a despegarla, con suavidad, de la herida.</p><p>�Mi malet�n m�dico� �dije.</p><p>�S�, por supuesto. �Ina llam� a En y lo envi� al piso superior del almac�n para que bajara las dos sacas, la m�a y la suya�. El ruido�</p><p>Diane hizo una mueca de dolor cuando empec� a retirar el tejido empapado de la sangre semicoagulada de la herida, pero no quer�a medicarla hasta que no hubiera visto la extensi�n de la herida.</p><p>��Qu� ruido?</p><p>�Exactamente �dijo ella�. Los muelles deber�an ser ruidosos a estas horas de la ma�ana. Pero hay silencio. No hay ruido.</p><p>Alc� la cabeza. Ten�a raz�n. Ning�n ruido, excepto la ch�chara nerviosa de los aldeanos minang y un tamborileo distante que era el sonido de la lluvia sobre el elevado tejado de metal.</p><p>Pero no era momento de preocuparse por eso. �Ve y preg�ntale a Jala �dije�. Averigua qu� es lo que ocurre.</p><p>�Es superficial �dijo Diane. Inspir� profundamente. Ten�a los ojos fuertemente cerrados por el dolor�. Al menos creo que es superficial.</p><p>�Parece una herida de bala.</p><p>�S�, los Reformasi encontraron el piso franco de Jala en Padang. Afortunadamente ya nos est�bamos marchando. �Ag!</p><p>Ten�a raz�n. La herida en s� era superficial, aunque requerir�a sutura. La bala hab�a atravesado el tejido graso justo por encima de la pelvis. Pero el impacto la hab�a dejado muy magullada all� donde la piel no se hab�a roto y me tem�a que se extendiera hacia muy adentro, que la contusi�n hubiera desgarrado algo en su interior. Pero no hab�a sangre en su orina, seg�n dijo ella, y su presi�n y su pulso estaban a niveles razonables dadas las circunstancias.</p><p>�Quiero darte algo para el dolor, pero tenemos que coser esto.</p><p>�C�selo si tienes que hacerlo, pero no quiero calmantes. Tenemos que salir de aqu�.</p><p>�No te gustar�a que te suturase sin anest�sicos.</p><p>�Algo local, entonces.</p><p>�Esto no es un hospital. No tengo nada local.</p><p>�Entonces c�selo y ya est�, Tyler. Puedo aguantar el dolor.</p><p>S�, �pero lo aguantar�a yo? Me mir� las manos. Limpias, hab�a agua corriente en el lavabo del almac�n e Ina me hab�a ayudado a ponerme unos guantes de l�tex antes de atender a Diane. Limpio y entrenado. Pero las manos me temblaban.</p><p>Nunca hab�a tenido reparos respecto a mi trabajo. Ni siquiera cuando era un estudiante de medicina, ni siquiera cuando hac�a disecciones. Siempre hab�a sido capaz de desconectar el circuito de empat�a que nos hac�a sentir el dolor de otra persona como si fuera el nuestro. Fingir que la arteria desgarrada que reclamaba mi atenci�n era algo que no ten�a relaci�n con un ser humano vivo. Fingir, y durante los minutos necesarios, creer en ello realmente.</p><p>Pero ahora me temblaban las manos, y la idea de atravesar con una aguja los bordes de esa herida sangrante y carnosa me parec�a brutal, cruel, inaceptable.</p><p>Diane me puso la mano en la mu�eca para que dejara de temblar.</p><p>�Es una de las cosas de ser un Cuarto �dijo ella.</p><p>��El qu�?</p><p>�Te sientes como si la bala te hubiera atravesado a ti en vez de a m�, �verdad?</p><p>Asent�, anonadado.</p><p>�Le pasa a los Cuartos. Creo que se supone que es para hacernos mejores personas. Pero sigues siendo un doctor. Tendr�s que trabajar pese a eso.</p><p>�Si no puedo �dije�, dejar� que lo haga Ina.</p><p>Pero pude. De alguna manera, pude.</p><p>Ina volvi� de su charla con Jala.</p><p>�Hoy iba a haber acciones sindicales �dijo ella�. La polic�a y los Reformasi est�n en las entradas y pretenden tomar el control del puerto. Se prev� conflicto. � Mir� a Diane�. �C�mo est�s, querida?</p><p>�En buenas manos �susurr� Diane. Ten�a la voz enronquecida.</p><p>Ina inspeccion� mi trabajo.</p><p>�Competente �dictamin�.</p><p>�Gracias �dije.</p><p>�Bajo las presentes circunstancias. Pero esc�chame, esc�chame. Tenemos que irnos urgentemente. Ahora lo �nico que hay entre nosotros y la c�rcel es una huelga laboral. Tenemos que subir a bordo del <emphasis>Capetown Maru </emphasis>inmediatamente.</p><p>��La polic�a nos est� buscando?</p><p>�Creo que no, no espec�ficamente. Jakarta ha entrado en alguna especie de tratado con los americanos para suprimir el tr�fico de emigrantes en general. Los muelles ser�n registrados aqu� y en otros sitios, de forma muy visible y p�blica, para impresionar a la gente del consulado estadounidense. Por supuesto, no durar� mucho. Hay demasiado dinero que cambia de manos para eliminar de verdad el tr�fico. Pero como efecto puramente cosm�tico, no hay nada como polic�as de uniforme sacando a gente a rastras de las bodegas de los buques de carga.</p><p>�Fueron a la casa de Jala �dijo Diane.</p><p>�S�, son conscientes de que t� y el doctor Dupree est�is aqu�; idealmente, les gustar�a teneros bajo custodia, pero no es �sa la raz�n por la que la polic�a est� formando frente a las puertas. Los barcos siguen saliendo del puerto, pero eso no durar� mucho. El movimiento sindical es poderoso en Teluk Bayur. Pretenden plantar cara y pelear.</p><p>Jala grit� desde la entrada palabras que no entend�.</p><p>�Ahora s� que nos tenemos que marchar �dijo Ina.</p><p>�Ay�dame a hacer una camilla para Diane.</p><p>Diane intent� sentarse.</p><p>�Puedo caminar.</p><p>�No �dijo Ina�. En este caso creo que Tyler tiene raz�n. Intenta no moverte.</p><p>Usamos m�s tramos de yute trenzado para construir una especie de hamaca para Diane. Cog� un extremo e Ina llam� a uno de los minang m�s robustos para que cogiera el otro.</p><p>��Deprisa! �grit� Jala, haci�ndonos se�as en medio de la lluvia.</p><p>Estaci�n de monzones. �Aquello era un monz�n? La ma�ana parec�a un atardecer. Nubes como repentinos fardos de lana atravesaban las aguas grises de Teluk Bayur, recortando partes de las torres y radares de los petroleros de doble casco. El aire era bochornoso y parec�a rancio. La lluvia nos cal� mientras carg�bamos a Diane en el coche que esperaba. Jala hab�a dispuesto un peque�o convoy para su grupo de emigrantes: tres coches y un par de camionetas de carga con neum�ticos de caucho duro.</p><p>El <emphasis>Capetown Maru </emphasis>estaba atracado al final de un espig�n de cemento a cuatrocientos metros de distancia. A lo largo de los muelles en direcci�n opuesta, detr�s de hileras de almacenes, zonas de descarga de materiales industriales y rechonchos tanques de combustibles pintados de blanco y rojo, se congregaba una densa multitud de trabajadores portuarios cerca de las entradas al puerto. Bajo el tamborileo de la lluvia pude o�r a alguien gritando cosas por un meg�fono. Y luego un sonido que podr�a o no ser el de disparos.</p><p>�Meteos dentro �dijo Jala, urgi�ndome a sentarme en el asiento de atr�s del coche donde Diane se retorc�a por su herida como si estuviera rezando�. Deprisa, deprisa. �Se sent� al volante del coche.</p><p>Ech� un �ltimo vistazo a la multitud oscurecida por la lluvia. Algo del tama�o de un bal�n de f�tbol se alz� muy por encima de la multitud, trazando espirales de humo en su vuelo. Una granada de gas lacrim�geno.</p><p>El coche se puso en marcha con un aceler�n.</p><p>�Eso no es s�lo la polic�a �dijo Jala mientras conduc�a por el espig�n�. La polic�a no ser�a tan idiota. Esos son Nuevos Reformasi. Matones callejeros reclutados en las barriadas de Jakarta y vestidos con uniformes del gobierno.</p><p>Uniformes y armas. Y m�s gas lacrim�geno, nubes enteras que se fund�an con la neblina de la lluvia. La muchedumbre empez� a disolverse por su per�metro.</p><p>Se oy� un <emphasis>boom </emphasis>distante y una bola de fuego se elev� unos metros en el cielo.</p><p>Jala lo vio en el retrovisor.</p><p>��Dios santo! �Pero qu� idiotas! Alguien le ha disparado a un barril de gasolina. Los muelles�</p><p>Las sirenas aullaron sobre las aguas mientras segu�amos el espig�n. Ahora la multitud era presa de verdadero p�nico. Por primera vez fui capaz de ver una l�nea de polic�as cargando a trav�s del port�n de entrada al puerto. La vanguardia llevaba armas pesadas y m�scaras negras antig�s.</p><p>Un cami�n de bomberos sali� de un cobertizo para veh�culos y bram� hacia la entrada.</p><p>Subimos una serie de rampas y nos detuvimos donde el espig�n estaba al mismo nivel que la cubierta principal del <emphasis>Capetown Maru. </emphasis>El <emphasis>Capetown Maru </emphasis>era un viejo carguero de bandera de conveniencia pintado de blanco y naranja �xido. Una corta pasarela de acero estaba emplazada entre la cubierta y el espig�n, y los primeros minang ya estaban escabull�ndose por ella.</p><p>Jala salt� fuera del coche. Para cuando hube conseguido poner a Diane de pie sobre el muelle, apoy�ndose en m� y descartando la camilla de yute, Jala ya se hallaba en medio de una acalorada discusi�n en ingl�s con el hombre que estaba en un extremo de la pasarela: si no era el capit�n o el piloto del barco, entonces era una figura de similar autoridad, un hombre rechoncho con un turbante sij y mand�bula sombr�amente tensa.</p><p>�Lo acordamos hace meses �dec�a Jala.</p><p>�� pero con este tiempo�</p><p>�� con cualquier tiempo�</p><p>�� pero sin permiso de la autoridad portuaria�</p><p>�� s�, pero no hay ninguna autoridad portuaria� �mira!</p><p>El gesto de Jala era puramente ret�rico. Pero se�alaba con su mano en direcci�n a los tanques de combustible y gas cerca de la entrada principal cuando uno de los tanques estall�.</p><p>No llegu� a verlo. La onda expansiva me tir� al suelo de cemento y sent� el calor de la explosi�n en la nuca. El sonido fue ensordecedor pero lleg� un instante despu�s como un a�adido de �ltimo momento. Rod� hasta quedar de espaldas tan pronto como puede moverme, los o�dos me zumbaban. Los tanques de combustible para aviones, pens�. O cualquier otra cosa que almacenaran all�. Benceno. Queroseno. Gasolina o incluso aceite de palma sin refinar. El fuego debi� de extenderse, o la incompetente polic�a abri� fuego en una direcci�n poco recomendable. Gir� la cabeza para buscar a Diane y la encontr� a mi lado, m�s perpleja que asustada. Pens�: no oigo la lluvia. Pero hab�a sonido, perfectamente audible y mucho m�s temible: el ting de los escombros que ca�an a tierra. Esquirlas de metal, algunas de ellas ardiendo. Ting, cuando golpeaban contra el espig�n o la cubierta de acero del <emphasis>Capetown Maru.</emphasis></p><p>�Agachad las cabezas �gritaba Jala, su voz como procedente de debajo del agua, sumergida�: �Agachad las cabezas, todo el mundo, agachadlas!</p><p>Intent� cubrir el cuerpo de Diane con el m�o. El metal ardiente ca�a a nuestro alrededor como granizo o se estrellaba con un chapoteo contra las aguas oscuras durante interminables segundos. Y entonces simplemente se detuvo. No ca�a nada excepto la lluvia, suave como el susurro de unos platillos resonantes.</p><p>Nos levantamos. Jala ya estaba empujando cuerpos por la pasarela, dirigiendo miradas temerosas a la llamas.</p><p>��Puede que no sea la �nica! �Subid a bordo, todos, vamos, vamos! �Hizo pasar a los aldeanos entre la tripulaci�n del <emphasis>Capetown Maru </emphasis>que estaba ocupada extinguiendo fuegos sobre la cubierta y soltando amarras.</p><p>El viento sopl� el humo hacia nosotros, ocultando la violencia en el puerto. Ayud� a Diane a subir a bordo. Se encogi� de dolor a cada paso, y los vendajes de su herida empezaban a mancharse de sangre. Fuimos los �ltimos en subir la pasarela. Un par de marineros empezaron a retirar la estructura de aluminio en cuanto pasamos, las manos sobre los cabrestantes pero los ojos dirigi�ndose hacia la columna de fuego en tierra.</p><p>Los motores del <emphasis>Capetown Maru </emphasis>trepidaron bajo la cubierta. Jala me vio y acudi� a coger a Diane por el otro brazo. Diane se percat� de su presencia y dijo:</p><p>��Estamos a salvo?</p><p>�No hasta que salgamos del puerto.</p><p>Por todas partes sobre las aguas verdigrises sonaban sirenas y silbatos. Todo barco que pod�a moverse se dirig�a al oc�ano abierto. Jala volvi� a mirar al espig�n y se tens�</p><p>�Vuestro equipaje �dijo.</p><p>Lo hab�an puesto en una de las camionetas de carga. Dos baqueteadas maletas r�gidas llenas de papeles, f�rmacos y archivos digitales. Y all� segu�an, abandonadas.</p><p>�Volved a poner esa pasarela �les orden� Jala a los marineros.</p><p>Se lo quedaron mirando, inseguros acerca de qu� autoridad ten�a. El primer oficial se hab�a marchado hacia el puente. Jala sac� pecho y dijo algo contundente en un idioma que no reconoc�. Los marineros se encogieron y volvieron a tender la pasarela hacia el espig�n.</p><p>El sonido de las m�quinas del barco pareci� adquirir una nota m�s grave.</p><p>Baj� la pasarela corriendo, el aluminio corrugado resonaba bajo mis pies. Agarr� las maletas. Mir� atr�s por �ltima vez. Desde la zona que conectaba con tierra del espig�n ven�a corriendo un destacamento de una docena de Nuevos Reformasi hacia el <emphasis>Capetown Maru.</emphasis></p><p>��Zarpad! �gritaba Jala como si fuera el due�o del barco�. �Zarpad, ahora mismo, pero ya!</p><p>La pasarela empez� a retirarse. Tir� el equipaje a la cubierta y trep� por ella a cuatro patas.</p><p>Llegu� a la cubierta antes de que el barco comenzara a moverse.</p><p>Entonces explot� otro tanque de combustible y la onda expansiva derrib� a todo el mundo.</p></section><section><title><p>Cercado por sue�os</p></title><p>Las batallas nocturnas entre los piratas de carretera y la Patrulla de Autopista de California hac�an dif�cil el viajar en los buenos tiempos. La fluctuaci�n lo hac�a a�n peor. Durante un episodio de fluctuaci�n se desaconsejaba oficialmente todo viaje innecesario, pero eso no deten�a a la gente de intentar llegar hasta sus amigos o familiares, o en otros casos simplemente se sub�an a sus coches y conduc�an hasta que se les acababa el tiempo o la gasolina. Llen� r�pidamente un par de maletas con todo lo que no quer�a dejar atr�s, incluyendo los archivos que me hab�a dado Simon.</p><p>Esa noche la autopista de Alvarado estaba congestionada por el tr�fico y la 1-8 no era mucho m�s fluida. Ten�a mucho tiempo para reflexionar sobre la estupidez que estaba cometiendo.</p><p>Corriendo al rescate de la esposa de otro hombre, una mujer que en otro tiempo me import� m�s de lo que me conven�a. Cuando cerraba los ojos e intentaba visualizar a Diane Lawton ya no consegu�a una imagen coherente, s�lo un montaje borroso de momentos y gestos. Diane pein�ndose el pelo hacia atr�s con la mano y apoyada sobre el pelaje de San Agust�n, su perro. Diane pas�ndole a escondidas a su hermano un navegador para Internet en el cobertizo de las herramientas donde yac�a el cortac�sped desmontado sobre el suelo. Diane leyendo poes�a victoriana a la sombra de los sauces, sonriendo por algo en el texto que yo no hab�a comprendido: <emphasis>El verano madura a todas horas o El tierno infante no es consciente�</emphasis></p><p>Diane, cuyas m�s �nfimas miradas y gestos siempre hab�an dejado impl�cito que me amaba, al menos tentativamente, pero que siempre se hab�a visto restringida por fuerzas que yo no comprend�a: su padre, Jason, el Spin. Fue el Spin, pens�, lo que nos hab�a unido y separado, encerr�ndonos en habitaciones contiguas pero incomunicadas.</p><p>Hab�a pasado El Centro cuando la radio inform� de actividad policial �significativa� al oeste de Yuma y se mont� un enorme atasco hasta cinco kil�metros desde la frontera del estado. Decid� no arriesgarme al largo retraso del atasco y gir� en un desv�o que en el mapa parec�a prometedor, atravesando el desierto vac�o hacia el norte, con la intenci�n de incorporarme a la 1-10 en el punto donde cruzaba la frontera del estado cerca de Blythe.</p><p>La carretera estaba menos transitada pero segu�a teniendo bastante tr�fico. La fluctuaci�n hac�a que el mundo pareciera invertido, m�s brillante en lo alto que en el suelo. De vez en cuando una gruesa veta de luz se retorc�a de un horizonte a otro como si se hubiera abierto una grieta en la membrana del Spin, permitiendo ver fragmentos ardientes del universo acelerado.</p><p>Pens� en el tel�fono que ten�a en el bolsillo, el de Diane, el n�mero al que hab�a llamado Simon. No pod�a devolver la llamada: no ten�a ning�n n�mero de Diane y el del rancho, si es que segu�an en el rancho, no aparec�a en el list�n. S�lo quer�a que volviera a sonar. Lo anhelaba y lo tem�a.</p><p>El tr�fico volvi� a empeorar cuando la carretera se acerc� a la autopista estatal cerca de Palo Verde. Ya era m�s de medianoche e iba a cincuenta kil�metros por hora, como mucho. Pens� en dormir. Necesitaba dormir. Decid� que ser�a mejor dormir, pasar la noche y dejar que el tr�fico se aliviara. Pero no quer�a dormir en el coche. Los �nicos coches parados que hab�a visto hab�an sido abandonados y saqueados, los maleteros abiertos por completo como bocas congeladas en una expresi�n de sorpresa.</p><p>Al sur de un pueblo llamado Ripley divis� un cartel que dec�a habitaciones desva�do por el sol y desportillado por la arena, brevemente visible a los faros del coche, y una carretera de dos carriles apenas asfaltada que sal�a de la autopista. Cinco minutos despu�s llegaba a un conjunto vallado de edificios que era o hab�a sido un motel, una tira de habitaciones de dos pisos de altura en forma de herradura alrededor de una piscina que parec�a vac�a a la luz del cielo parpadeante. Sal� del coche y apret� el timbre de la verja de entrada.</p><p>La verja se abr�a por control remoto, del tipo que pod�as activar desde un panel de control a una distancia segura, y estaba equipada con una c�mara de seguridad en lo alto de un poste alto. La c�mara gir� para observarme mientras un altavoz montado a la altura de las ventanillas de un coche emit�a un crujido electr�nico al cobrar vida. Procedente de alg�n lugar, la recepci�n del hotel o un bunker, pude o�r unos cuantos compases de m�sica. No m�sica programada, sino algo que sonaba de fondo. Entonces se oy� una voz. Brusca, met�lica y hostil.</p><p>�Esta noche no aceptamos hu�spedes.</p><p>Tras unos momentos alargu� la mano y volv� a tocar el timbre. La voz regres�:</p><p>��Qu� parte de lo anterior no has entendido?</p><p>�Puedo pagar en met�lico, si eso sirve de algo. No me quejar� del precio.</p><p>�No hay trato. Lo siento, colega.</p><p>�Vale, espera� mira, puedo dormir en el coche, pero �no podr�a aparcar dentro para tener algo de protecci�n? �Quiz� en alg�n lugar donde no se me vea desde la carretera?</p><p>Una pausa larga. Escuch� una trompeta que persegu�a a una percusi�n. La canci�n era insistentemente familiar.</p><p>�Lo siento. Esta noche no. Por favor, despeje la entrada.</p><p>M�s silencio. Pasaron m�s minutos. Un grillo aserr� la noche en el peque�o oasis de palmera y grava frente al hotel. Volv� a apretar le timbre.</p><p>El propietario acudi� r�pidamente.</p><p>�Tengo que decirle que estamos armados y ligeramente cabreados. Ser�a mejor que cogiera el coche y volviera a la carretera.</p><p>�Harlem Air Shaft �dije.</p><p>��Perd�n?</p><p>�La canci�n que est� oyendo. Es Ellington, �no? �Harlem Air Shaft�. Suena a su banda de los cincuenta.</p><p>Otra larga pausa, aunque el altavoz segu�a encendido. Estaba casi completamente seguro de que estaba en lo cierto, aunque no hab�a o�do esa canci�n de Duke Ellington desde hac�a a�os.</p><p>La m�sica se call�, su delgado hilo se cort� en medio de un comp�s.</p><p>��Hay alguien m�s en el coche con usted?</p><p>Baj� la ventanilla del coche y encend� la luz. La c�mara barri� el interior y luego se volvi� a fijar en m�.</p><p>�Muy bien �dijo�. Vale. D�game qui�n toca la trompeta en esa pista y le abrir� la verja.</p><p>�Trompeta? Cuando pensaba en la banda de Duke Ellington a mediados de los cincuenta pensaba en Paul Gonsalvez, pero Gonsalvez tocaba el saxo. Tuvo un pu�ado de trompetistas. �Cat Anderson? �Willie Cook? Hac�a demasiado tiempo.</p><p>�Ray Nance �dije.</p><p>�Nones. Clark Terry. Pero supongo que puede entrar de todas formas.</p><p>El due�o vino a recibirme cuando aparqu� frente a la recepci�n. Era un hombre alto, de unos cuarenta a�os, quiz�, Con vaqueros y una holgada camisa a cuadros escoceses. Me examin� cuidadosamente.</p><p>�No se ofenda �dijo�, pero la primera vez que ocurri� esto� �Hizo un gesto en direcci�n al cielo, la fluctuaci�n volv�a su piel de un color amarillento y convert�a las paredes de estuco en un ocre enfermizo�. Bueno, cuando cerraron la frontera en Blythe tuve gente pele�ndose por conseguir habitaciones. Literalmente peleando, quiero decir. Un par de tipos me sacaron armas, ah� mismo donde est� usted. Cualquier dinero que sacara aquella noche tuve que emplearlo, y m�s del doble, en mantenimiento. Gente bebiendo en las habitaciones, vomitando, destroz�ndolo todo. Fue incluso peor en la autopista diez. El encargado de noche de la Days Inn cerca de Ehrenberg muri� apu�alado. Fue entonces cuando instal� la verja de seguridad, justo despu�s de eso. Ahora, tan pronto como empieza la fluctuaci�n apago el cartel de habitaciones libres y cierro todo hasta que pasa.</p><p>�Y escucha a Duke �dije.</p><p>Sonri�. Pasamos al interior para registrarme en el motel.</p><p>�Duke �dijo�. O Pops, o Diz. Miles si estoy de humor. �El genuino tuteo del fan con los muertos, dirigi�ndose a ellos por su nombre de pila�. Nada posterior a 1965. �La recepci�n era una sala l�bregamente iluminada, con una alfombra indistinguible de otros cientos de miles y decorada con antiguos motivos del oeste; pero al cruzar una puerta hacia el sanctasanct�rum del propietario, parec�a como si viviera all�, me lleg� m�s m�sica. El due�o inspeccion� la tarjeta de cr�dito que le ofrec�.</p><p>�Doctor Dupree �dijo, tendi�ndome la mano�. Me llamo Alien Fulton. �Se dirige a Arizona?</p><p>Le dije que me hab�a salido de la interestatal cerca de la frontera.</p><p>�No estoy seguro de que le vaya a ir mejor en la diez. En noches como �sta es como si todo el mundo en Los Angeles quisiera mudarse al este. Como si la fluctuaci�n fuera alguna especie de terremoto o tsunami.</p><p>�Volver� a la carretera dentro de no mucho.</p><p>Me entreg� una llave.</p><p>�Duerma un poco. Siempre es un buen consejo.</p><p>��La tarjeta le sirve? Si lo quiere en met�lico�</p><p>�La tarjeta me vale tanto como el met�lico siempre que el mundo no se acabe. Y si se acaba, supongo que entonces no tendr� tiempo de arrepentirme.</p><p>Se rio. Intent� sonre�r.</p><p>Diez minutos despu�s yac�a completamente vestido sobre una cama dura en una habitaci�n que ol�a a un popurr� de antis�ptico aromatizado y aire acondicionado demasiado h�medo, pregunt�ndome si deber�a haberme quedado en la carretera. Puse el m�vil en la mesilla de noche, cerr� los ojos y dorm� sin aprensi�n.</p><p>Y me despert� menos de una hora despu�s, alerta sin saber por qu�.</p><p>Me sent� en la cama y examin� la habitaci�n, cartografiando formas grises y oscuridades con la memoria. Mi atenci�n al fin se centr� en el p�lido rect�ngulo de la ventana, la cortina amarilla que hab�a latido con luz cuando entr� en la habitaci�n.</p><p>La fluctuaci�n hab�a acabado.</p><p>Lo que hubiera hecho m�s f�cil el dormir, esa suave oscuridad, pero sab�a, a la manera en que uno sabe tales cosas, que dormir ya era imposible. Lo hab�a metido en el corral durante un breve per�odo de tiempo, pero el sue�o hab�a saltado la cerca y no serv�a de nada fingir lo contrario.</p><p>Hice caf� en la peque�a cafetera de cortes�a de la habitaci�n y me tom� una taza. Media hora despu�s volv�a a comprobar mi reloj. Quince minutos para las dos. Lo m�s profundo de la noche. La zona de la objetividad perdida. Bien pod�a ducharme y volver a la carretera.</p><p>Me vest� y recorr� la pista de cemento hacia la recepci�n del hotel, esperando dejar la llave en un buz�n; pero Fulton, el due�o, segu�a despierto, en su habitaci�n se ve�a una luz de televisi�n. Asom� la cabeza cuando me oy� tocar a la puerta.</p><p>Parec�a raro. Un poco borracho, puede que un poco fumado. Se me qued� parpadeando hasta que me reconoci�.</p><p>�Doctor Dupree �dijo.</p><p>�Lamento molestarle de nuevo. Tengo que volver a la carretera. Gracias por su hospitalidad.</p><p>�No tiene que explic�rmelo �dijo�. Le deseo buena suerte. Espero que llegue a alg�n lugar antes del amanecer.</p><p>�Eso espero yo tambi�n.</p><p>�En cuanto a m�, me quedar� vi�ndolo en la tele.</p><p>��Oh?</p><p>De repente no estaba seguro de qu� me estaba hablando.</p><p>�Con el sonido quitado. No quiero despertar a Jody. �He mencionado a Jody? Mi hija. Tiene diez a�os. Su madre vive en La Jolla con un restaurador de muebles. Jody pasa los veranos conmigo. Aqu� fuera, en el desierto. Vaya destino, �eh?</p><p>�S�, bueno�</p><p>�Pero no quiero despertarla. �Parec�a repentinamente sombr�o�. �Eso estar�a mal? �Dejar que duerma mientras sucede? �O tanto como sea capaz de dormir? O quiz� deber�a despertarla. Ahora que lo pienso, nunca las ha visto. Tiene diez a�os. Nunca las ha visto y supongo que �sta ser� su �ltima oportunidad.</p><p>�Lo siento, no estoy seguro de entender�</p><p>�Son diferentes, eso s�. No son como las recordaba. No es que fuera ning�n experto� pero en los viejos tiempos, si pasabas las noches suficientes ah� fuera, terminabas por familiarizarte con ellas.</p><p>��Familiarizarte con qu�?</p><p>Pesta�e�, sorprendido.</p><p>�Con las estrellas �dijo.</p><p>Salimos al exterior y nos quedamos al lado de la piscina vac�a, contemplando el cielo.</p><p>La piscina llevaba mucho tiempo sin llenarse. El polvo y la arena creaban dunas en el fondo, y alguien hab�a rellenado las paredes con grafitis p�rpuras. El viento hac�a sonar un cartel met�lico (no hay salvavidas de guardia) contra las cadenas de la verja. Un viento c�lido soplaba del este.</p><p>Las estrellas.</p><p>��Ve? �dijo�. Diferentes. No veo ninguna de las antiguas constelaciones. Todo parece� disperso.</p><p>Unos cuantos miles de millones de a�os tendr�an ese efecto. Todo envejece; todo tiende a la m�xima entrop�a, al desorden, a la aleatoriedad. La galaxia en la que viv�amos hab�a sido v�ctima de una violencia invisible a gran escala durante los �ltimos tres mil millones de a�os, hab�a arremolinado sus contenidos junto con otra galaxia sat�lite menor (la M41 en los antiguos cat�logos) hasta que las estrellas quedaron esparcidas de forma desorganizada. Era como contemplar la violenta y grosera mano del tiempo.</p><p>��Se encuentra bien, doctor Dupree? Quiz� deber�a sentarse.</p><p>Estaba demasiado conmocionado para estar de pie, s�. Me sent� sobre el cemento con recubrimiento gomoso con los pies colgando sobre la parte menos profunda de la piscina, con la vista todav�a fija en el cielo. Jam�s hab�a visto algo tan hermoso o aterrorizador.</p><p>�S�lo faltan un par de horas antes del amanecer �dijo Fulton con tristeza.</p><p>Eso era. M�s al este, en alg�n lugar sobre el Atl�ntico, el sol ya deb�a de haber traspasado el horizonte. Quise preguntarle sobre eso, pero me interrumpi� una vocecita procedente de las sombras cerca de la puerta de la recepci�n.</p><p>��Pap�? Te he o�do hablando.</p><p>�sa deb�a ser Jody, la hija. Avanz� dubitativamente un paso m�s. Llevaba un pijama blanco y un par de zapatillas de deporte desatadas para protegerse los pies. Ten�a un rostro ancho, corriente pero agradable y ojos somnolientos.</p><p>�Ven aqu�, cari�o �dijo Fulton�. S�bete a mis hombros y mira al cielo.</p><p>Trep� a lo alto de su padre, perpleja. Fulton se levant�, con las manos en los tobillos de ella, alz�ndola un poco m�s hacia la oscuridad reluciente.</p><p>�Mira �dijo Fulton, sonriendo pese a las l�grimas que empezaban a correrle por la cara�. Mira eso, Jody. �Mira lo lejos que puedes ver esta noche! Esta noche puedes ver hasta el final de pr�cticamente todo.</p><p>Pas� por la habitaci�n trasera para ver las noticias de la tele. Fulton dijo que la mayor�a de las estaciones de cable segu�an transmitiendo.</p><p>La fluctuaci�n hab�a terminado hac�a una hora. Simplemente se hab�a desvanecido, junto con la membrana del Spin. El Spin hab�a terminado de la misma forma en que hab�a empezado, tranquilamente y sin un solo ruido aparte de un crujido de est�tica ininteligible procedente del lado diurno del planeta.</p><p>El sol.</p><p>Tres mil millones de a�os y pico m�s viejo que cuando el Spin lo hab�a sellado, dej�ndolo fuera. Intent� recordar lo que Jase me hab�a dicho acerca de las condiciones actuales del sol. Letales, sin duda alguna; est�bamos fuera de la zona habitable, eso era algo sabido por todo el mundo. La imagen de los oc�anos hirviendo hab�a sido debatida en la prensa; pero �hab�amos llegado a ese punto ya? �Todos muertos al mediod�a o ten�amos hasta finales de semana?</p><p>�Ten�a alguna importancia?</p><p>Encend� el peque�o panel de v�deo de mi habitaci�n del motel y encontr� una transmisi�n en directo desde Nueva York. El p�nico general todav�a no se hab�a adue�ado de la gente. Hab�a demasiada gente durmiendo todav�a o se hab�an quedado en sus casas en vez de ir a trabajar cuando despertaron y vieron las estrellas, llegando a la conclusi�n obvia. El equipo de esta agencia de noticias en particular, como en un sue�o febril de hero�smo period�stico, hab�a puesto una c�mara en lo alto de un edificio apuntando al este desde Todt Hill o Staten Island. La luz era tenue, el cielo de levante se empezaba a iluminar pero segu�a vac�o. Un par de presentadores que apenas si eran capaces de mantener la compostura empezaron a leerse el uno al otro los boletines que entraban por fax.</p><p>No hab�a habido ninguna comunicaci�n inteligible con Europa desde el fin de la fluctuaci�n, dec�an. Eso pod�a deberse a interferencias electrost�ticas, la luz solar sin filtrar interfiriendo las se�ales aerost�ticas. Era demasiado pronto para sacar conclusiones extremas.</p><p>�Y como siempre �dijo uno de los presentadores�, aunque no tenemos ninguna reacci�n oficial todav�a, el mejor consejo es mantener la calma y seguir escuchando las noticias hasta que hayamos dilucidado la situaci�n. No creo que sea inapropiado pedirle a la gente que permanezcan en sus casas si es posible.</p><p>�Especialmente hoy �concedi� su compa�ero�, ser� cuando la gente querr� quedarse en casa para estar con sus familias.</p><p>Me sent� al borde de la cama y esper� hasta que sali� el sol.</p><p>La c�mara emplazada en lo alto lo percibi� primero como una capa de nubes carmes�es por encima del grasiento horizonte atl�ntico. Luego el borde de un creciente hirviente, los filtros de la c�mara se activaban para atenuar el resplandor.</p><p>La escala de todo era dif�cil de comprender, pero el sol sali� (no rojo, sino de un naranja rojizo, a menos que ese color fuera un efecto producido por la c�mara) y se alz� m�s y m�s y m�s en el cielo hasta que qued� suspendido sobre el oc�ano, sobre Queens, sobre Manhattan, demasiado grande para ser un cuerpo celestial plausible, m�s bien como un enorme globo hinchado de luz ambarina.</p><p>Esper� a m�s comentarios, pero la imagen qued� en silencio hasta que dio paso a un estudio en el Medio Oeste, los cuarteles generales de reserva del canal, y a otro reportero, mal vestido para ser un presentador de verdad, que recit� m�s medidas de precauci�n in�tiles y sin citar fuentes. Apagu� el panel.</p><p>Y me llev� mi malet�n de doctor al coche.</p><p>Fulton y Jody salieron de la oficina para despedirse. De repente eran como viejos amigos, que lamentaban verme marchar. Jody ahora parec�a asustada.</p><p>�Jody ha estado hablando con su madre �dijo Fulton�. No creo que su mam� haya o�do lo de las estrellas.</p><p>Intent� no imaginarme esa llamada a primera hora de la ma�ana, Jody llamando desde el desierto para anunciar lo que su madre habr�a entendido al instante como el fin del mundo. La mam� de Jody diciendo su �ltimo adi�s a su hija mientras se esforzaba por no asustarla, resguard�ndola de la verdad aniquiladora.</p><p>Ahora Jody se apoy� contra las costillas de su padre y Fulton le puso el brazo por encima, nada excepto ternura entre ambos.</p><p>��Tienes que irte? �pregunt� Jody.</p><p>Dije que as� era.</p><p>�Porque puedes quedarte si quieres. Lo dijo mi padre.</p><p>�El se�or Dupree es m�dico �dijo Fulton con suavidad�. Probablemente tenga que hacer una visita a domicilio.</p><p>�Cierto �dije�. Tengo que hacer una visita a domicilio.</p><p>Algo casi milagroso ocurri� en los carriles de autopista en direcci�n este esa ma�ana. Mucha gente se comport� mal durante lo que cre�an que eran sus �ltimas horas. Era como si las fluctuaciones hubieran sido simplemente un ensayo general para este final definitivo. Todos hab�amos o�do las predicciones, bosques en llamas, calor abrasador, los oc�anos convertidos en vapor. La �nica pregunta era cu�nto llevar�a: un d�a, una semana, un mes.</p><p>As� que rompimos ventanas y tomamos lo que nos apetec�a, cualquier baratija que la vida nos hubiera negado; los hombres intentaban violar a las mujeres, y algunos descubr�an que la p�rdida de inhibiciones funcionaba tambi�n en su contra: los acontecimientos dotaban a la supuesta v�ctima con inesperados poderes para arrancar ojos y aplastar test�culos; se ajustaban viejas cuentas a disparos y la gente abr�a fuego a capricho. Los suicidas fueron legi�n. (Pens� en Molly: si no hab�a muerto en la primera fluctuaci�n, ahora s� que estar�a muerta con toda seguridad, puede que incluso muriera complacida con la l�gica de su plan puesta en pr�ctica y reivindicada por los hechos, lo que hizo que quisiera llorar por ella por primera vez en mi vida.)</p><p>Pero tambi�n hab�a islas de civilizaci�n y acciones de heroica amabilidad. La Interestatal 10 en la frontera con Arizona fue una de ellas.</p><p>Durante la fluctuaci�n hab�a un destacamento de la Guardia Nacional estacionado en el puente que cruzaba el r�o Colorado. Los soldados desaparecieron poco despu�s del fin de la fluctuaci�n, ya fuera por �rdenes recibidas o porque desertaron para irse a casa. Sin ellos el puente podr�a haberse convertido en un cuello de botella impenetrable.</p><p>Pero no fue as�. El tr�fico flu�a a buen ritmo en ambas direcciones. Una docena de civiles, voluntarios designados por ellos mismos con linternas de gran potencia y se�ales luminosas sacadas de los maleteros de sus coches, se ocupaban de la tarea de dirigir el tr�fico. E incluso los ansiosos terminales, la gente que quer�a o ten�a que viajar un gran trecho antes del amanecer, para llegar a nuevo M�xico, Texas o incluso a Louisiana si sus motores no se fund�an antes, parec�an entender que era necesario, que ning�n intento por colarse tendr�a �xito y que el �nico recurso era la paciencia. No s� cu�nto dur� ese �nimo ni qu� confluencia de buena voluntad y circunstancias lo crearon. Quiz� fue la buena voluntad humana o quiz� fuera el tiempo: pese a la destrucci�n que ven�a rugiendo hacia nosotros desde el este la noche era perversamente agradable. Estrellas dispersas en un cielo claro y fresco; una brisa constante que se llevaba el olor de los tubos de escape y se colaba por la ventanilla del coche suave como el toque de una madre.</p><p>Pens� en presentarme como voluntario en alguno de los hospitales locales, en Palo Verde, en Blythe, que una vez hab�a visitado para una consulta o quiz� La Paz Regional, en Parker. Pero �para qu� servir�a? Lo que se avecinaba no ten�a cura. S�lo quedaba paliar el sufrimiento, la morfina, la hero�na. El camino de Molly, suponiendo que los armarios de f�rmacos no hubieran sido saqueados todav�a.</p><p>Y lo que Fulton le hab�a dicho a Jody era completamente cierto en el fondo: ten�a que hacer una visita a domicilio.</p><p>Una misi�n. Quijotesca en estos momentos, desde luego. Fuera lo que fuese lo que le pasara a Diane, tampoco podr�a arreglarlo. �Por qu� terminar el viaje? Era algo que hacer mientras suced�a el fin del mundo, las manos ocupadas no tiemblan, las mentes ocupadas no son presa del p�nico; pero eso no explicaba la urgencia, la necesidad visceral de verla que me hab�a sacado a la carretera durante la fluctuaci�n y que parec�a, si era posible, m�s fuerte que antes.</p><p>Tras pasar Blythe, tras pasar el d�dalo de tiendas a oscuras y las peleas a pu�etazos alrededor de las gasolineras asediadas, la carretera se ampli� y el cielo se oscureci�, pese al destello de las estrellas. Pensaba en esas cosas cuando son� el m�vil.</p><p>Casi me sal� de la carretera, rebuscando en mi bolsillo, y fren� mientras un utilitario pas� con un chillido a mi lado.</p><p>�Tyler �dijo Simon.</p><p>Pero antes de que siguiera le interrump�:</p><p>�Dame un n�mero al que llamarte antes de que me cuelgues o se interrumpa la comunicaci�n. Para poder llamarte.</p><p>�Se supone que no puedo hacerlo. Es que�</p><p>��Me llamas desde tel�fono privado o desde el de la casa?</p><p>�Desde una especie de n�mero privado, un m�vil, que s�lo usamos localmente. Ahora lo tengo yo, pero Aaron se lo lleva algunas veces para�</p><p>�No llamar� a menos que tenga que hacerlo.</p><p>�Bueno. Supongo que ya no importa. �Me dio el n�mero�. �Has visto el cielo, Tyler? Supongo que s�, ya que est�s despierto. Es la �ltima noche del mundo, �no?</p><p>Y pens�: ��y por qu� me lo preguntas t�?�. Simon llevaba viviendo en los �ltimos d�as desde hac�a d�cadas. Tendr�a que saberlo a estas alturas.</p><p>�H�blame de Diane �le dije.</p><p>�Quiero disculparme por esa llamada. Por lo que est� ocurriendo, ya sabes. � �C�mo est�? �Eso es lo que te estoy diciendo. Que no importa ya.</p><p>��Est� muerta?</p><p>Una larga pausa. Volvi� a hablar sonando un poco dolido.</p><p>�No. No, no est� muerta. �se no es el problema.</p><p>��Est� levitando en medio del aire, esperando a la Ascensi�n?</p><p>�No tienes por qu� insultar mi fe �dijo Simon. (Y yo no pude resistir la tentaci�n de interpretar su frase: <emphasis>mi </emphasis>fe, hab�a dicho, no nuestra fe).</p><p>�Porque si no es as�, puede que todav�a necesite atenci�n m�dica. �Sigue enferma, Simon?</p><p>�S�. Pero�</p><p>�Enferma �c�mo? �Cu�les son sus s�ntomas?</p><p>�El amanecer ser� dentro de una hora, Tyler. Y ya entiendes lo que eso implica.</p><p>�No estoy seguro de lo que implica nada. Y estoy de camino por la carretera, llegar� al rancho antes del amanecer.</p><p>�Oh, no, eso no est� bien� no, yo�</p><p>��Por qu� no? Si es el fin del mundo, �por qu� no deber�a estar ah�?</p><p>�No lo entiendes. Lo que est� ocurriendo no es exactamente el fin del mundo. Es el nacimiento de un nuevo mundo.</p><p>��C�mo de enferma est�, exactamente? �Puedo hablar con ella?</p><p>La voz de Simon se volvi� temblorosa. Un hombre al l�mite. Todos est�bamos al l�mite.</p><p>�Apenas puede susurrar. No tiene aliento. Est� d�bil. Ha perdido mucho peso.</p><p>��Cu�nto tiempo lleva as�?</p><p>�No lo s�. Quiero decir que empez� gradualmente�</p><p>��Cu�ndo fue obvio que estaba enferma?</p><p>�Hace semanas. O quiz� mirando atr�s� bueno, puede que meses.</p><p>��Ha recibido alg�n tipo de atenci�n m�dica? �Pausa�. �Simon?</p><p>�No.</p><p>��Por qu� no?</p><p>�No parec�a necesario.</p><p>��No parec�a necesario?</p><p>�El pastor Dan no lo permitir�a.</p><p>Y pens�: ��y no le dijiste al pastor Dan que se fuera a tomar por culo?�.</p><p>�Espero que haya cambiado de opini�n.</p><p>�No�</p><p>�Porque si no, necesitar� tu ayuda para llegar a ella.</p><p>�No lo hagas, Tyler. No le har� ning�n bien a nadie.</p><p>Ya estaba buscando la salida, que s�lo recordaba tenuemente, pero que ten�a se�alada en el mapa. Salida de la autopista hacia alg�n erial reseco como huesos al sol, una carretera sin nombre en el desierto.</p><p>��Ha preguntado por m�? �dije.</p><p>Silencio.</p><p>��Simon? �Ha preguntado por m�?</p><p>�S�.</p><p>�Entonces dile que estar� all� tan pronto como pueda.</p><p>�No, Tyler� Tyler, en el rancho est�n sucediendo cosas perturbadoras. No puedes simplemente presentarte en la entrada del rancho.</p><p>�Cosas perturbadoras?</p><p>�Cre�a que nac�a un nuevo mundo.</p><p>�Y nace ensangrentado �dijo Simon.</p></section><section><title><p>La ma�ana y la tarde</p></title><p>Llegu� a lo alto de la peque�a colina desde la que se ve�a el rancho Cond�n y aparqu� donde no se me viera desde la casa. Cuando apagu� los faros fui capaz de ver el brillo que precede al amanecer en el cielo del este, las nuevas estrellas quedaban deslucidas por una luminosidad ominosa en aumento.</p><p>Fue entonces cuando comenc� a temblar.</p><p>No pod�a controlarlo. Abr� la puerta y ca� del coche, consegu� levantarme por pura fuerza de voluntad. Le tierra emerg�a de la oscuridad como un continente perdido, pardas colinas, pastos abandonados convertidos de nuevo en desierto, la larga cuesta poco pronunciada hacia la granja. Los ocotillos y los mezquites temblaban al viento. Yo tambi�n temblaba. Era miedo: no el punzante temor intelectual con el que todos hab�amos vivido desde el principio del Spin sino un p�nico visceral, miedo como una enfermedad muscular y de las entra�as. Fin de la estancia en el corredor de la muerte. D�a de graduaci�n. Horcas y cadalsos aproxim�ndose desde el este.</p><p>Me pregunt� si Diane estar�a asustada. Me pregunt� si podr�a consolarla. Si quedaba alg�n consuelo en m�.</p><p>Una r�faga de viento, soplando arena y polvo sobre la reseca carretera de la colina. Quiz� el viento fuera el primer heraldo del sol hinchado, un viento procedente del lado ardiente del mundo.</p><p>Me agazap� donde esperaba que no me vieran y, temblando todav�a, me las arregl� para marcar el n�mero de Simon en el teclado del tel�fono.</p><p>Lo cogi� despu�s de que sonara un par de veces. Apret� el aparato contra mi oreja para bloquear el sonido del viento.</p><p>�No deber�as estar haciendo esto �dijo.</p><p>��Estoy interrumpiendo el �xtasis?</p><p>�No puedo hablar.</p><p>��D�nde est�, Simon? �En qu� parte de la casa?</p><p>��D�nde est�s t�?</p><p>�Justo en lo alto de la colina. �El cielo era m�s brillante, m�s luminoso a cada segundo que pasaba, un morat�n p�rpura sobre el horizonte occidental. Pod�a ver la casa con claridad. No hab�a cambiado mucho en los pocos a�os que hab�an pasado desde mi visita. El establo parec�a bastante bien cuidado, como si lo hubieran repintado y reparado.</p><p>Pero hab�a algo m�s perturbador, una zanja hab�a sido excavada paralela al establo y recubierta con tierra.</p><p>Una tuber�a reci�n instalada, quiz�. O un tanque s�ptico. O una fosa com�n.</p><p>�Voy a ir a verla �dije.</p><p>�Eso simplemente no es posible.</p><p>�Supongo que estar� en la casa. Uno de los dormitorios superiores. �Correcto?</p><p>�Aunque la veas�</p><p>�Dile que voy a ir, Simon.</p><p>Abajo, vi una figura que se mov�a entre la casa y el establo. No era Simon. No era Aaron Sorley, a menos que el hermano Aaron hubiera perdido cuarenta y cinco kilos. Probablemente el pastor Dean Condon. Llevaba un cubo de agua en cada mano. Parec�a tener prisa. Algo ocurr�a en el establo.</p><p>�Est�s arriesgando la vida al estar aqu� �dijo Simon.</p><p>Me re�. No pude evitarlo. Y luego pregunt�:</p><p>��Est�s en el establo o en la casa? Cond�n est� en el establo, �no? �Y Sorley y Mclsaac? �C�mo puedo esquivarlos?</p><p>Sent� una presi�n como una mano c�lida sobre la nuca y me gir�.</p><p>La presi�n era luz solar. El borde del sol hab�a cruzado el horizonte. Mi coche, la cerca, las rocas, los ocotillos, todo proyectaba largas sombras viol�ceas.</p><p>��Tyler? Tyler, no hay manera de esquivarlos. Tienes que�</p><p>Pero la voz de Simon qued� ahogada en un estallido de est�tica. La luz directa del sol debi� de alcanzar al aer�stato que retransmit�a la llamada, interfiriendo la se�al. Le di a la tecla de rellamada instintivamente, pero el tel�fono estaba inutilizado.</p><p>Me qued� all� agazapado hasta que el sol se alz� tres cuartos, mir�ndolo y apartando la mirada alternativamente, aterro rizado e hipnotizado al mismo tiempo. El disco era enorme y de un color naranja rojizo. Las manchas solares se arrastraban sobre su superficie como llagas supurantes. De vez en cuando, r�fagas de polvo se alzaban del desierto y lo oscurec�an.</p><p>Entonces me levant�. Ya muerto, quiz�. Quiz� ya hab�a recibido una dosis de radiaci�n letal sin saberlo. El calor era soportable, al menos hasta entonces, pero puede que estuvieran ocurriendo cosas espantosas a nivel celular, rayos X que atravesaban el aire como balas invisibles. As� que me levant� y empec� a descender por el camino de tierra apisonada hacia la granja a plena vista, desarmado. Desarmado e imperturbado al menos hasta que llegu� al porche de madera, hasta que el hermano Sorley, ciento treinta kilos de hermano Sorley, atraves� la mosquitera de la puerta y me golpe� con la culata de su rifle en la sien.</p><p>Sorley no me mat�, posiblemente porque no quer�a llegar al juicio final ese d�a con sangre en las manos. En vez de eso me tir� dentro de una habitaci�n vac�a en el piso de arriba y cerr� con llave.</p><p>Pasaron un par de horas antes de que pudiera sentarme sin que me provocara oleadas de n�useas.</p><p>Cuando el v�rtigo disminuy� fui hasta la ventana y alc� la persiana de papel amarillo. Desde este �ngulo, el sol quedaba detr�s de la casa, el terreno y el establo quedaban ba�ados en un feroz resplandor anaranjado. El aire era brutalmente caliente, pero al menos nada ard�a. Un gato de granja, haciendo caso omiso de la conflagraci�n en el cielo, lami� agua estancada de una acequia a la sombra. Supuse que el gato vivir�a hasta el atardecer. Y puede que yo tambi�n.</p><p>Intent� subir la ventana, no es que pudiera saltar desde all� arriba, pero la ventana no estaba simplemente cerrada: el marco hab�a sido cortado, los contrapesos inmovilizados y todo hab�a quedado trabado por la pintura aplicada hac�a a�os.</p><p>No hab�a mobiliario alguno aparte de la cama, ninguna herramienta excepto el tel�fono inservible en mi bolsillo.</p><p>La �nica puerta era una losa de madera s�lida y dud� que tuviera las fuerzas suficientes para romperla. Puede que Diane estuviera s�lo a unos metros, que una sola pared nos separara. Pero no ten�a manera de saberlo ni forma de averiguarlo.</p><p>Incluso intentar pensar de forma coherente en cualquiera de esas cosas me provocaba un dolor profundo y nauseabundo all� donde la culata del rifle me hab�a ensangrentado la cabeza, Ten�a que volver a sentarme.</p><p>Hacia media tarde el viento se hab�a detenido. Cuando volv� tambale�ndome a la ventana pod�a ver el borde del disco solar sobre la ventana y el establo, tan enorme que parec�a que estuviera cayendo perpetuamente, casi tan cerca que se pod�a tocar.</p><p>La temperatura en la habitaci�n iba subiendo a ritmo constante desde la ma�ana. No ten�a forma de medirla, pero supon�a que al menos treinta y siete grados cent�grados y subiendo. Caliente, pero no lo suficiente para matar, al menos no inmediatamente. Dese� que Jason estuviera all� para explic�rmelo, para explicarme la termodin�mica de la extinci�n global. Quiz� hubiera podido dibujarme un diagrama, se�alar el punto en que las l�neas converg�an en la letalidad.</p><p>Una neblina de calor se alzaba de la tierra agostada.</p><p>Dan Cond�n fue del establo a la casa y viceversa un par de veces m�s. Era f�cil de reconocer en la cruda nitidez del d�a anaranjado, hab�a algo decimon�nico en �l, su barba cuadrada y fea cara marcada: Lincoln en vaqueros, largas piernas y un prop�sito. Ni siquiera alz� la vista cuando golpe� el cristal.</p><p>Entonces di golpecitos a las paredes, pensando que Diane podr�a responderme. Pero no hubo respuesta.</p><p>Entonces volv� a sentirme mareado, y ca� sobre la cama, el aire de la habitaci�n cerrada era abrasador, mi sudor empapaba las s�banas.</p><p>Dorm�, o ca� inconsciente.</p><p>Despert� creyendo que la habitaci�n estaba en llamas, pero s�lo era la combinaci�n del calor atrapado en su interior y una puesta de sol imposiblemente colorida.</p><p>Volv� a la ventana.</p><p>El sol hab�a atravesado el horizonte occidental y se hund�a de forma visible. Nubes tenues y altas se arqueaban sobre el cielo oscurecido, restos de humedad saqueados de una tierra ya de por s� reseca. Vi que alguien hab�a bajado mi coche de la colina y lo hab�a aparcado justo a la izquierda del establo. Y se hab�a llevado las llaves, sin duda. No es que le quedara gasolina suficiente para que sirviera de mucho.</p><p>Pero hab�a sobrevivido al d�a. Pens�: hemos sobrevivido al d�a. Los dos. Diane y yo. Y sin duda tambi�n millones de personas m�s. As� que �sta era la versi�n lenta del Apocalipsis. Nos matar�a cocin�ndonos, aumentando la temperatura un grado a cada pasada. O a falta de eso, destruyendo los ecosistemas globales.</p><p>El sol hinchado desapareci� finalmente. El aire pareci� enfriarse diez grados al instante.</p><p>Unas pocas estrellas esparcidas se asomaron entre las nubes algodonosas.</p><p>No hab�a comido, y ten�a much�sima sed. Quiz� el plan de Cond�n era dejarme aqu� para que muriera de deshidrataci�n� o quiz� se hab�a olvidado de m�. Ni siquiera pod�a imaginarme c�mo contemplar�a el pastor Dan los acontecimientos en su mente, si se sent�a reivindicado, aterrorizado, o alguna combinaci�n de ambas cosas.</p><p>La habitaci�n se oscureci�. No hab�a luz en el techo ni l�mparas, pero o� un traqueteo ahogado que deb�a de ser un generador el�ctrico a gasolina, y la luz se desparram� por las ventanas del primer piso y el establo.</p><p>Por mi parte, yo no pose�a nada de tecnolog�a exceptuando el m�vil. Lo saqu� del bolsillo y lo encend�, sin nada en mente, s�lo para ver la fosforescencia de la pantalla.</p><p>Y entonces se me ocurri� otra cosa.</p><p>��Simon?</p><p>Silencio.</p><p>�Simon, �eres t�? �Puedes o�rme?</p><p>Silencio. Luego una voz diminuta y digitalizada:</p><p>�Casi me matas del susto. Cre�a que esta cosa estaba rota.</p><p>�S�lo durante el d�a.</p><p>El ruido solar destru�a las transmisiones de los aer�statos de gran altitud. Pero ahora la tierra nos escudaba del sol. Quiz� los aer�statos hab�an sufrido algunos da�os, la se�al parec�a de banda baja y llena de est�tica, pero la retransmisi�n era lo suficientemente buena para hablar con Simon.</p><p>�Lamento lo que ha ocurrido �dijo�, pero ya te lo advert�.</p><p>��D�nde est�s? �En el establo o en la casa?</p><p>Pausa.</p><p>�La casa.</p><p>�Llevo mirando todo el d�a y no he visto a la esposa de Cond�n ni a la mujer ni a los ni�os de Sorley. O a MacIsaac o su familia. �Qu� les ocurri�?</p><p>�Se marcharon.</p><p>�� Est�s seguro de eso?</p><p>��Que si estoy seguro? Por supuesto que estoy seguro. Diane no fue la �nica que se puso enferma. S�lo la �ltima. La ni�a peque�a de los Mclsaac fue la primera en enfermar. Luego su hijo, luego el mismo Teddy. Cuando parec�a que sus hijos estaban� bueno, ya sabes, realmente enfermos de verdad, enfermos y sin mejorar, bueno, entonces fue cuando los puso en su cami�n y se march�. La esposa del pastor Dan se fue con ellos.</p><p>��Cu�ndo ocurri� eso?</p><p>�Hace un par de meses. La mujer de Aaron se llev� a sus ni�os poco despu�s. Abandonaron su fe. Adem�s, les preocupaba que pudieran contagiarse de algo.</p><p>��Los viste marchar? �Est�s seguro de eso?</p><p>�S�, �por qu� no iba estarlo?</p><p>�La fosa cerca del establo parece como si tuviera algo enterrado en ella.</p><p>��Oh, eso! Bueno, tienes raz�n, hay algo enterrado ah�.</p><p>��Perd�n?</p><p>�Un hombre llamado Boswell Geller. Ten�a un gran rancho en la Sierra Bonita. Amigo del Tabern�culo del Jord�n antes del esc�ndalo. Amigo del pastor Dan. Criaba becerras rojas, pero el Departamento de Agricultura empez� una investigaci�n a finales del a�o pasado. �Justo cuando empezaba a tener �xito! Boswell y el pastor Dan quer�an criar juntos todas las variaciones de ganado rojo del mundo, porque eso representar�a la conversi�n de los gentiles. El pastor Dan dice que de eso es de lo que trata en realidad N�meros diecinueve: una becerra de color rojo puro nacida al fin de los tiempos, de razas de todos los continentes, de todo lugar donde se predica el Evangelio. El sacrificio es tanto simb�lico como literal. En el sacrificio b�blico las cenizas de la becerra tienen el poder de limpiar a las personas profanadas. Pero en el fin del mundo el sol consume por completo a la becerra y sus cenizas se esparcen a los cuatro vientos, purificando toda la Tierra. Eso es lo que est� ocurriendo ahora. Hebreos, nueve: �Porque si la sangre de los toros y de los machos cabr�os, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos santifican para la purificaci�n de la carne, �cu�nto m�s la sangre de Cristo, el cual mediante el Esp�ritu eterno se ofreci� a s� mismo sin mancha a Dios, limpiar� vuestras conciencias de obras muertas para que sirv�is al Dios vivo?�. As� que por supuesto�</p><p>��Y ten�ais ese ganado aqu�?</p><p>�S�lo unos pocos. Quince animales de cr�a que trajimos a escondidas antes de que el Departamento de Agricultura se quedara con ellos.</p><p>��Fue entonces cuando la gente empez� a enfermar?</p><p>�No s�lo las personas. El ganado tambi�n. Excavamos esa zanja al lado del establo para enterrarlos, a todos menos tres del reba�o original.</p><p>��Debilidad, paso inseguro, p�rdida de peso antes de la muerte?</p><p>�S�, eso mismo� �c�mo lo sabes?</p><p>��sos son los s�ntomas del SDCV. Las vacas eran portadoras. Eso es lo que le pasa a Diane.</p><p>Hubo un largo silencio a continuaci�n. Y luego Simon dijo:</p><p>�No puedo seguir hablando de esto contigo.</p><p>�Estoy en el piso de arriba, en el dormitorio del fondo�</p><p>�S� d�nde est�s.</p><p>�Pues ven y �breme la puerta.</p><p>�No puedo.</p><p>��Por qu�? �Te est� vigilando alguien?</p><p>�Simplemente no puedo liberarte. Ni siquiera deber�a estar hablando contigo. Estoy ocupado, Tyler. Le estoy haciendo la cena a Diane.</p><p>��Todav�a tiene fuerzas para comer?</p><p>�Algo� si la ayudo.</p><p>�D�jame salir. Nadie tiene por qu� saberlo.</p><p>�No puedo.</p><p>�Necesita un m�dico.</p><p>�No podr�a sacarte aunque quisiera. El hermano Aaron lleva las llaves consigo.</p><p>Pens� en ello.</p><p>�Entonces �dije�, cuando le lleves la cena a Diane, deja el tel�fono con ella� tu m�vil. Dijiste que quer�a hablar conmigo, �no es cierto?</p><p>�Se pasa la mitad del tiempo diciendo cosas que no dice en serio.</p><p>��Y crees que �sa era una de ellas?</p><p>�Ya no puedo seguir hablando.</p><p>�T� d�jale el m�vil, Simon. �Simon?</p><p>L�nea muerta.</p><p>Fui a la ventana, observ� y esper�.</p><p>Vi al pastor Dan llevar los dos cubos vac�os del establo a la casa y volver al establo con los cubos llenos de agua que desprend�a vapor. Unos pocos minutos despu�s Aaron Sorley cruz� el espacio entre la casa y el establo para reunirse con �l.</p><p>Lo que s�lo dejaba a Simon y Diane en la casa. Quiz� le estuviera dando la cena, aliment�ndola.</p><p>Sent�a el impulso de usar el tel�fono pero hab�a decido esperar, dejar que las cosas se tranquilizaran algo m�s, que el calor se disipara en la noche.</p><p>Observ� el establo. Una luz brillante se desparramaba por entre los tablones como si alguien hubiera instalado iluminaci�n industrial. Cond�n llevaba todo el d�a saliendo y entrando. Ocurr�a algo en el establo. Simon no me hab�a dicho el qu�.</p><p>La peque�a mancha luminosa de mi reloj cont� una hora.</p><p>Entonces o�, d�bilmente, un sonido que podr�a ser una puerta que se cerraba, pasos en las escaleras; y un momento despu�s vi a Simon dirigirse al establo.</p><p>No mir� hacia arriba.</p><p>Ni volvi� a salir del establo una vez que entr�. Se qued� dentro con Sorley y Cond�n, y si a�n ten�a el m�vil, ser�a una estupidez por su parte haberle dejado puesto un sonido de llamada audible, llamarlo en esos momentos lo pondr�a en peligro. No es que me preocupara especialmente por el bienestar de Simon.</p><p>Pero si le hab�a dejado el m�vil a Diane, ahora era el momento de llamar.</p><p>Marqu� el n�mero.</p><p>�S� �dijo ella. Fue Diane qui�n respondi�, y luego, cambiando la entonaci�n, una pregunta�: �S�?</p><p>Parec�a que no ten�a aliento y su voz era d�bil. Esas dos s�labas bastaban para un diagn�stico.</p><p>Diane �dije�, soy yo, Tyler.</p><p>Intentando controlar mi propio pulso enfurecido, como si se hubiera abierto una esclusa en mi pecho.</p><p>�Tyler �dijo�. Ty� Simon dijo que llamar�as.</p><p>Ten�a que esforzarme para entender las palabras. No hab�a fuerza en ellas; las dec�a con la garganta y la lengua, sin intervenci�n de la caja tor�cica. Lo que encajaba con la etiolog�a del SDCV. La enfermedad afecta primero a los pulmones, luego al coraz�n, en un ataque coordinado de eficiencia casi militar. El tejido pulmonar cicatrizado y flemoso dejaba pasar menos ox�geno a la sangre: el coraz�n, falto de ox�geno, bombeaba la sangre de manera menos eficiente; la bacteria del SDCV se aprovechaba de ambas debilidades, hundi�ndose m�s profundamente en el cuerpo a cada inspiraci�n trabajosa.</p><p>�No estoy lejos �dije�. Estoy muy cerca, Diane.</p><p>�Cerca. �Puedo verte?</p><p>Quise abrir un agujero en la pared a golpes.</p><p>�Pronto. Te lo prometo. Tenemos que sacarte de ah�. Tenemos que conseguirte ayuda. Curarte.</p><p>Escuch� el sonido de m�s inhalaciones ag�nicas y me pegunt� si hab�a perdido su atenci�n. Y entonces dijo:</p><p>�Cre�a que ya hab�as visto el sol�</p><p>�No es el fin del mundo. Todav�a no, al menos.</p><p>��No lo es?</p><p>�No.</p><p>�Simon �dijo ella.</p><p>��Qu� pasa con �l?</p><p>�Estar� tan decepcionado.</p><p>�Tienes SDCV, Diane. Casi seguro que eso era lo que ten�a la familia Mclsaac. Fueron inteligentes al querer conseguir ayuda. Es una enfermedad curable. �No a�ad�: hasta cierto punto o siempre y cuando no haya entrado en la fase terminal�. Pero tenemos que sacarte de aqu�.</p><p>�Te he echado de menos.</p><p>�Yo a ti tambi�n. �Entiendes lo que te he dicho?</p><p>�S�.</p><p>��Est�s preparada para marcharte?</p><p>�Si llega el momento�</p><p>�El momento est� muy cerca. Descansa hasta entonces. Pero puede que tengamos que darnos prisa. �Lo entiendes, Diane?</p><p>�Simon �dijo d�bilmente�. Decepcionado.</p><p>�T� descansa, y yo�</p><p>Pero no tuve tiempo de terminar.</p><p>Una llave reson� en la cerradura. Cerr� el m�vil de golpe y me lo met� en el bolsillo. La puerta se abri� y Aaron Sorley apareci� en el umbral, rifle en mano, jadeando como si hubiera subido corriendo las escaleras. La d�bil luz del pasillo lo silueteaba.</p><p>Retroced� hasta que di contra la pared con los hombros.</p><p>�Tu carn� de conducir dice que eres m�dico �dijo�. �Es eso cierto?</p><p>Asent�.</p><p>�Entonces ven conmigo �dijo.</p><p>Sorley me hizo bajar las escaleras y salir por la puerta de atr�s hacia el establo.</p><p>La luna, manchada de �mbar por la luz del sol giboso, se hab�a alzado por el este. El aire nocturno era casi embriagadoramente fresco. Tom� aire profundamente varias veces. El alivio dur� hasta que Sorley abri� de golpe la puerta del establo de golpe y un hedor animal sali� del interior� un olor a matadero, mezcla de sangre y excremento.</p><p>�Entra �dijo Sorley, y me empuj� con su mano libre.</p><p>La luz proven�a de una gran l�mpara de mercurio halogenado suspendida de su propio cable sobre un pesebre abierto. Un generador de gasolina traqueteaba en alg�n espacio cerrado al fondo, un sonido como el de alguien apretando el acelerador de una motocicleta a los lejos.</p><p>Dan Cond�n estaba al fondo del corral, introduciendo sus manos en un cubo de agua hirviente. Me mir� cuando entr�. Frunci� el ce�o, su rostro era una geograf�a severa bajo el �nico punto de luz cegadora, pero parec�a menos intimidante de lo que recordaba. De hecho, parec�a menguado, demacrado, puede que incluso enfermo, quiz� en las primeras etapas de su propio caso de SDCV.</p><p>�Cierra esa puerta �dijo.</p><p>Aaron la cerr� de golpe. Simon estaba a un par de pasos de Cond�n, dirigi�ndome r�pidas miradas nerviosas.</p><p>�Venga aqu�dijo Cond�n�. Necesitamos su ayuda con esto. Probablemente sus conocimientos m�dicos.</p><p>En el corral, sobre un lecho de paja sucia, una novilla flacucha estaba intentando parir un becerro.</p><p>La novilla estaba recostada, su huesudo cuarto trasero se proyectaba fuera del establo. Le hab�an atado la cola al cuello con una cuerda para mantenerla sujeta y que no interfiriera. El saco amni�tico le hench�a la vulva, y la paja a su alrededor estaba apelmazada por mucosidades ensangrentadas.</p><p>�No soy veterinario �dije.</p><p>�Ya lo s� �dijo Cond�n. Hab�a una histeria suprimida en sus ojos, la mirada de un hombre que celebraba una fiesta cuando los invitados se empezaron a comportar como bestias, los vecinos a quejarse y las botellas de bebidas a salir volando por las ventanas como obuses de mortero�. Pero necesitamos otra mano.</p><p>Todo lo que sab�a sobre ganado y alumbramientos vacunos era lo que le hab�a o�do contar a Molly Seagram sobre la vida en la granja de sus padres. Ninguna de las historias era particularmente agradable. Al menos Cond�n se hab�a pertrechado con lo que me parec�an los suministros b�sicos: agua caliente, desinfectante, cadenas obst�tricas, una gran botella de vaselina l�quida ya ensangrentada por huellas de manos.</p><p>�Es parte Angeln �dijo Condon�, parte Rojo Dan�s, parte Rojo Balarus, y �se es s�lo su linaje m�s reciente. Pero la hibridaci�n tiene el riesgo de distocia. Eso es lo que sol�a decirnos el hermano Geller. La palabra distocia significa parto dif�cil. Los enrazados a veces tienen problemas para dar a luz. Lleva pariendo desde hace horas. Tenemos que extraer el feto.</p><p>Cond�n dijo todo eso en tono mon�tono y distante, como un hombre explicando un tema a una clase de idiotas. No parec�a importarle qui�n era yo o c�mo hab�a llegado all�, s�lo le importaba que estaba disponible, otra mano para ayudar.</p><p>�Necesito agua �dije.</p><p>�Hay un cubo para lavarse.</p><p>�No la quiero para lavarme. No he bebido nada desde la noche pasada.</p><p>Cond�n se qued� en silencio como si procesara la informaci�n.</p><p>�Simon. Oc�pate de eso.</p><p>Simon parec�a el chico de los recados del d�o. Agach� la cabeza y dijo:</p><p>�Te traer� algo de beber, Tyler, por supuesto.</p><p>Segu�a evitando mirarme a los ojos mientras Sorley abr�a la puerta del establo para dejarlo salir.</p><p>Cond�n se volvi� hacia el corral donde yac�a respirando con dificultad la agotada vaquilla. Moscas ocupadas le decoraban los flancos. Un par de ellas aterrizaron sobre los hombros de Cond�n sin que se diera cuenta. Cond�n se roci� las manos con vaselina l�quida y se puso en cuclillas para expandir el canal de parto, el rostro deformado en una combinaci�n de concentraci�n y asco. Pero apenas hab�a empezado cuando el ternero se convulsion� en medio de otra oleada de sangre y fluidos, su cabeza apenas si asom� pese a las terribles contracciones de la madre. El ternero era demasiado grande. Molly me hab�a contado algo sobre los terneros demasiado grandes al nacer� no tan malo como un parto con el ternero de culo o atorado al pasar por la pelvis, pero desagradable de atender.</p><p>Tampoco ayudaba que la novilla estuviera evidentemente enferma, babeando mucosidad verde y esforz�ndose por respirar incluso cuando cesaban las contracciones. Me pregunt� si deb�a decirle algo al respecto a Cond�n. Su ternera divina tambi�n estaba obviamente infectada.</p><p>Pero el pastor Cond�n no lo sab�a o le importaba lo m�s m�nimo. Cond�n era lo �nico que quedaba del ala dispensacionalista del Tabern�culo del Jord�n, toda una iglesia en s� mismo, reducido a dos parroquianos, Sorley y Simon, y s�lo pod�a intentar imaginar lo musculosa que deb�a de ser su fe para haberle sostenido durante todo el camino hasta el fin del mundo.</p><p>�La ternera es roja, la ternera es roja� Aaron, mira la ternera �dijo Cond�n en el mismo tono de histeria reprimida.</p><p>Aaron Sorley, que estaba apostado en la puerta con su rifle, se acerc� al corral a mirar. La ternera era roja de verdad. Recubierta de sangre. Y tambi�n laxa.</p><p>��Respira? �pregunt� Sorley.</p><p>�Lo har� �dijo Cond�n. Estaba abstra�do, parec�a estar saboreando ese momento, sobre el que cre�a sinceramente que el mundo pasar�a a la eternidad�. Pasadle las cadenas por las cuartillas, ahora mismo.</p><p>Sorley me dirigi� una mirada que era toda una advertencia: no digas ni una puta palabra; e hicimos lo que se nos hab�a dicho, trabajamos hasta que estuvimos ensangrentados hasta los codos. El acto de parir un ternero demasiado grande es al mismo tiempo brutal y rid�culo, el grotesco matrimonio de la biolog�a y la fuerza bruta. Hacen falta al menos dos hombres razonablemente fuertes para asistir en un parto de ese tipo. Las cadenas obst�tricas eran para tirar. Los tirones ten�an que sincronizarse con las contracciones de la vaca, o de lo contrario eviscerar�amos al animal.</p><p>Pero esta novilla estaba a punto de morir de debilidad, y su ternera, con la cabeza oscilando sin vida, era obviamente un mortinato.</p><p>Mir� a Sorley, Sorley me mir�. Ninguno de los dos habl�.</p><p>�Lo primero es sacarla. Luego la reviviremos.</p><p>Hubo un movimiento de aire fresco procedente de la puerta del establo. Era Simon, con una botella de agua, que se hab�a quedado mir�ndonos y luego a la ternerilla muerta a medio parir; su rostro se hab�a vuelto asombrosamente p�lido.</p><p>�Tengo tu agua �consigui� decir.</p><p>La novilla termin� otra contracci�n d�bil e improductiva. Dej� caer la cadena. Cond�n dijo.</p><p>�T�mese su agua. Luego continuaremos.</p><p>�Tengo que limpiarme. Al menos lavarme las manos.</p><p>�Hay cubos de agua caliente y limpia al lado de los fardos de heno. Pero que sea r�pido. �Ten�a los ojos cerrados, apretados en la batalla que su sentido com�n deb�a estar librando contra su fe.</p><p>Me lav� y desinfect� las manos. Sorley me observaba de cerca. Sus manos estaban sobre la cadena obst�trica, pero su rifle estaba apoyado contra un list�n del corral a poca distancia.</p><p>Cuando Simon me pas� la botella, me inclin� hacia su hombro y le dije:</p><p>�No puedo ayudar a Diane a menos que salga de aqu�. �Lo entiendes? Y no puedo hacer eso sin tu ayuda. Necesitamos un veh�culo que funcione y con el dep�sito lleno, y a Diane dentro, preferiblemente antes de que Cond�n descubra que la ternera est� muerta.</p><p>Simon jade�.</p><p>��Est� muerta de verdad? �Demasiado alto, pero ni Cond�n ni Sorley parecieron o�rlo.</p><p>�La ternera no respira �dije�. La novilla apenas est� viva.</p><p>�Pero �la ternera es roja? �Roja del todo? �Sin manchas negras o blancas? �De un rojo puro?</p><p>�Aunque fuera tan roja como un pu�etero cami�n de bomberos, Simon, no le servir�a de nada a Diane.</p><p>Me mir� como si le acabara de decir que hab�an atropellado a su perrito. Me pregunt� cu�ndo hab�a cambiado su rebosante confianza en s� mismo por esa inexpresiva sorpresa permanente, si hab�a ocurrido repentinamente o si la alegr�a se le hab�a secado en su interior poquito a poquito, como los granos que caen en un reloj de arena.</p><p>�Habla con ella �dije�, si tienes que hacerlo. Preg�ntale adonde est� dispuesta a marcharse.</p><p>Si todav�a segu�a lo suficientemente consciente para responderle. Si recordaba que hab�a hablado con ella.</p><p>�La amo m�s que a la vida misma �dijo Simon.</p><p>��Le necesitamos aqu�! �grit� Cond�n.</p><p>Vaci� media botella mientras Simon me miraba, las l�grimas se le acumulaban en los ojos. El agua era pura, limpia y deliciosa.</p><p>Entonces volv� con Sorley a las cadenas obst�tricas, tirando al un�sono sincronizados con los espasmos de la novilla moribunda.</p><p>Al final conseguimos extraer la ternerilla alrededor de medianoche, y yaci� sobre la paja hecha una mara�a, las patas delanteras trabadas bajo el cuerpo, ojos sin vida inyectados en sangre.</p><p>Cond�n se qued� contemplando el peque�o cuerpo un rato. Y entonces me dijo:</p><p>��Hay algo que pueda hacer por ella?</p><p>�No puedo resucitar a los muertos, si es eso lo que quiere decir.</p><p>Sorley me dedic� una mirada de advertencia: no le tortures, ya es bastante duro para �l.</p><p>Me escabull� hacia la puerta del granero. Simon hab�a desaparecido hac�a una hora, mientras todav�a est�bamos luchando con una riada de sangre hemorr�gica que hab�a empapado la paja ya mojada de antemano, nuestras ropas, nuestros brazos y manos. A trav�s del resquicio que dejaba la puerta pude ver movimiento alrededor del coche, de mi coche, y un vislumbre de tela a cuadros que podr�a ser la camisa de Simon.</p><p>Estaba haciendo algo ah� fuera. Ten�a la esperanza de saber el qu�.</p><p>Sorley apart� la vista de la ternerilla muerta para mirar al pastor Dan Cond�n y de vuelta a la ternera acarici�ndose la barba, ignorando la sangre que dejaba en ella.</p><p>�Quiz� si la quemamos� �dijo.</p><p>Cond�n le dirigi� una mirara fulminante y desesperanzada.</p><p>�A lo mejor� dijo Sorley.</p><p>Entonces Simon abri� de golpe las puertas del establo y dej� entrar una r�faga de aire fresco. Nos volvimos para mirarle. La luna sobre su hombro era gibosa y alien�gena.</p><p>�Est� en el coche �dijo�. Todo est� listo para irnos.</p><p>�Me hablaba a m�, pero miraba a Sorley y Cond�n, casi como si los desafiara a responder.</p><p>El pastor Dan se encogi� de hombros como si esos asuntos mundanos ya no fueran pertinentes.</p><p>Mir� al hermano Aaron. El hermano Aaron alargaba el brazo hacia su rifle.</p><p>�No puedo impedirte que lo uses �dije�. Pero voy a salir por esta puerta.</p><p>Se par� en medio de su movimiento y frunci� el ce�o. Parec�a como si intentara encajar la secuencia de acontecimientos que lo hab�an llevado hasta ese momento, cada uno conduciendo inexorablemente al siguiente, una secuencia l�gica como los pelda�os de una escalera, y sin embargo, sin embargo�</p><p>Dej� caer el brazo a su costado. Se volvi� hacia el pastor Dan.</p><p>�Pensaba que si la quem�bamos de todas formas, entonces estar�a bien.</p><p>Atraves� la puerta del establo y me reun� con Simon, sin mirar atr�s. Sorley pod�a cambiar de opini�n, agarrar su escopeta y apuntar. Ya no era capaz de preocuparme por eso.</p><p>�A lo mejor si la quemamos antes de ma�ana �le o� decir�. Antes de que el sol vuelva a salir.</p><p>�T� conduces �dijo Simon cuando llegamos al coche�. El dep�sito est� lleno y hay gasolina extra en bidones en el maletero. Y algo de comida y agua embotellada. T� conduces y yo me sentar� atr�s para sujetarla.</p><p>Arranqu� el coche y sub� lentamente la colina, atraves� la cerca rota y dej� atr�s los ocotillos iluminados por la luna hacia la autopista.</p></section><section><title><p>Spin</p></title><p>A pocos kil�metros por la carretera y a una distancia prudencial de la granja Cond�n, aparqu� a un lado y le dije a Simon que saliera del coche.</p><p>��C�mo? �dijo�. �Aqu�?</p><p>�Tengo que examinar a Diane. Necesito que saques la linterna del maletero y que me la sostengas. �Vale?</p><p>Asinti�, con los ojos abiertos como platos.</p><p>Diane no hab�a dicho una sola palabra desde que salimos del rancho. Simplemente yac�a acostada en el asiento de atr�s con la cabeza en el regazo de Simon, respirando con dificultad. Su respiraci�n era el sonido m�s audible en el coche.</p><p>Mientras Simon se quedaba a su lado, linterna en mano, me quit� mis ropas empapadas de sangre y me lav� tan a conciencia como pude: una botella de agua mineral con un poco de gasolina para eliminar la suciedad y otra segunda botella para enjuagar. Entonces me puse unos Levi�s limpios, una camiseta de manga larga que saqu� de mi equipaje y un par de guantes de l�tex de mi malet�n m�dico. Me beb� una tercera botella de agua de un tir�n. Entonces hice que Simon apuntara el haz de luz de la linterna sobre Diane mientras la examinaba.</p><p>Estaba m�s o menos consciente pero demasiado ida para producir una simple frase coherente. Estaba m�s delgada de lo que jam�s la hab�a visto, casi como una anor�xica, y peligrosamente febril. Su presi�n y su pulso eran elevados, y cuando auscult� su pecho sus pulmones sonaban como un ni�o que chupara un batido por una pajita demasiado estrecha.</p><p>Consegu� que tragara algo de agua y una aspirina. Luego romp� el precinto de una hipod�rmica.</p><p>�Eso �qu� es? �pregunt� Simon.</p><p>�Un antibi�tico general. �Le pellizqu� el brazo y tras algunas dificultades localic� una vena�. T� tambi�n necesitar�s uno. �Y yo. La sangre de la novilla indudablemente estaba cargada de bacterias vivas del SDCV.</p><p>��Eso la curar�?</p><p>�No, Simon, me temo que no. Hace un mes puede que lo hiciera. Ahora ya no. Necesita atenci�n m�dica.</p><p>�T� eres un doctor.</p><p>�Puede que yo sea un doctor, pero no soy un hospital.</p><p>�Entonces quiz� podamos llevarla a Phoenix.</p><p>Lo pens�. Todo lo que hab�a aprendido durante las fluctuaciones suger�a que los hospitales urbanos no dar�an abasto en el mejor de los casos, o que ser�an ruinas humeantes en el peor. Pero a lo mejor no.</p><p>Saqu� mi tel�fono y fui descendiendo por la lista de contactos hasta llegar a un n�mero casi olvidado.</p><p>��A qui�n llamas? �dijo Simon.</p><p>�A alguien que conoc�a.</p><p>Su nombre era Colin Hinz, y hab�amos sido compa�eros de habitaci�n en Stony Brook. Lo �ltimo que sab�a de �l era que trabajaba en la administraci�n del Saint Joseph en Phoenix. Merec�a la pena intentarlo, ahora mismo, antes de que el sol volviera a salir y se cargara las telecomunicaciones durante otro d�a.</p><p>Seleccion� su n�mero personal. El tel�fono son� largo rato, pero al final lo cogi� y dijo:</p><p>�M�s vale que sea algo serio.</p><p>Me identifiqu� y le dije que estaba a una hora de la ciudad con una persona necesitada de tratamiento m�dico urgente, alguien querido.</p><p>Colin suspir�.</p><p>�No s� qu� decirte, Tyler. Saint Joe funciona, y he o�do que la cl�nica Mayo en Scottsdale est� abierta, pero en ambos sitios hay falta de personal. Hay informes contradictorios de los otros hospitales. Pero no conseguir�s atenci�n urgente en ning�n lado, y desde luego no aqu�. Tenemos gente apilada hasta por fuera de las puertas: heridas de bala, intentos de suicidio. Accidentes de coche, ataques al coraz�n, lo que quieras. Y polis en las puertas para evitar que asalten la sala de urgencias. �En qu� estado se encuentra tu paciente?</p><p>Le dije que Diane estaba en una etapa avanzada de SDCV y que probablemente necesitar�a ventilaci�n mec�nica dentro de poco.</p><p>�� D�nde co�o ha pillado el SDCV? No, no me lo digas, no tiene importancia. Sinceramente, te ayudar�a, pero nuestras enfermeras llevan toda la noche evaluando los casos que nos llegan desde el mism�simo aparcamiento del hospital y no puedo prometerte que le den prioridad alguna a tu paciente, ni aunque interceda personalmente. De hecho es casi seguro que no la ver� un m�dico hasta dentro de otras veinticuatro horas. Si vivimos tanto.</p><p>�Soy m�dico, �recuerdas? Todo lo que necesito es algo de equipo para mantenerla. Suero intravenoso, tubos, ox�geno�</p><p>�No quisiera parecer insensible, pero aqu� la sangre nos llega a las rodillas� deber�as preguntarte si merece la pena mantener con vida un caso terminal de SDCV, teniendo en cuenta lo que est� ocurriendo. Si tienes lo que necesitas para mantenerla confortable�</p><p>�No quiero mantenerla confortable. Quiero salvarle la vida.</p><p>�Vale� pero lo que me has descrito es una situaci�n terminal a menos que lo haya entendido mal. �De fondo pod�a o�r otras voces que requer�an su atenci�n, un murmullo generalizado de miseria humana.</p><p>�Necesito llevarla a alg�n lado �dije�, y necesito llevarla con vida. Necesito los suministros m�s de lo que necesito una cama.</p><p>�No nos sobra nada. Dime si hay otra cosa que pueda hacer por ti. De lo contrario, lo siento, tengo trabajo que hacer.</p><p>Pens� fren�ticamente. Luego dije:</p><p>�Vale, pero los suministros� un sitio donde pueda coger suero, eso es todo lo que pido.</p><p>�Bueno�</p><p>�Bueno �qu�?</p><p>�Bueno� no deber�a contarte esto, pero Saint Joe tiene un acuerdo con la ciudad bajo el plan de emergencia civil. Hay un distribuidor m�dico llamado Novaprod al norte de la ciudad. �Me dio la direcci�n e instrucciones simples para llegar�. Las autoridades pusieron a una unidad de la Guardia Nacional all� para protegerlo. Esa es nuestra fuente primaria de medicamentos y material.</p><p>��Me dejar�n entrar?</p><p>�Si les llamo y les dijo que vas de mi parte, y si tienes algo que te identifique�</p><p>�Hazlo por m�, Colin. Por favor.</p><p>�Lo har� si puedo conseguir l�nea. Los tel�fonos no funcionan bien.</p><p>�Si hay algo que pueda hacer por ti a cambio�</p><p>�Puede que lo haya. Sol�as trabajar para la industria aeroespacial, �no?</p><p>�No recientemente, pero s�.</p><p>��Puedes decirme cu�nto tiempo m�s va a durar esto? �Medio susurr� la pregunta, y de repente pude o�r el cansancio en su voz, el miedo inadmisible�. Quiero decir, para bien o para mal.</p><p>Me disculp� y le dije que simplemente no lo sab�a� y que dudaba que nadie en Perihelio supiera m�s que yo.</p><p>Suspir�.</p><p>�Vale �dijo�. S�lo que es cabreante, la idea de que hayamos pasado todo esto para arder en un par de d�as y jam�s sepamos por qu�.</p><p>�Ojal� pudiera darte una respuesta.</p><p>Alguien al otro lado de la l�nea empez� a gritar su nombre.</p><p>�Ojal� se pudieran hacer un mont�n de cosas �dijo�. Tengo que irme, Tyler.</p><p>Le di las gracias de nuevo y colgu�.</p><p>Quedaban un par de horas para el amanecer.</p><p>Simon estaba a unos metros del coche, contemplando las estrellas y fingiendo que no escuchaba. Le hice una se�a para que volviera y dije:</p><p>�Tenemos que seguir.</p><p>Asinti� mansamente.</p><p>��Has conseguido ayuda para Diane?</p><p>�Algo as�.</p><p>Acept� la respuesta sin pedir detalles. Pero antes de volver a meterse en el coche, me tir� de la manga y dijo:</p><p>�Eso� �Qu� crees que es eso, Tyler?</p><p>Se�alaba al horizonte occidental, donde una suave curva plateada se alzaba atravesando cinco grados del cielo nocturno. Parec�a como si alguien hubiera rayado una enorme letra C sobre la oscuridad con un cuchillo�</p><p>�Puede que una estela de condensaci�n �dije�. Un avi�n a reacci�n de los militares.</p><p>��De noche? No, de noche no.</p><p>�Pues entonces no s� lo que es, Simon. Vamos, vuelve al coche� no tenemos tiempo que perder.</p><p>Hicimos mejor tiempo del que esperaba. Llegamos al almac�n de suministros m�dicos, una unidad numerada en un espantoso pol�gono industrial, con algo de tiempo antes del amanecer. Present� mi carn� de identidad al nervioso guarda nacional apostado a la entrada: me puso en manos de otro guarda nacional y a un empleado civil que me gui� entre pasillos de estanter�as. Encontr� lo que necesitaba y un tercer guarda nacional me ayud� a llevarlo al coche, aunque se apart� r�pidamente al ver a Diane jadeando en el asiento de atr�s.</p><p>�Buena suerte �dijo. La voz le temblaba un poco.</p><p>Me tom� tiempo para preparar el goteo intravenoso, sujet� de forma improvisada la bolsa al colgador de chaquetas del coche, y le ense�� a Simon c�mo controlar el flujo y asegurarse de que Diane no se arrancaba la sonda en sue�os. (No despert� ni siquiera cuando le introduje la aguja en el brazo.)</p><p>Simon esper� hasta que estuvimos de vuelta en la carretera antes de preguntar:</p><p>��Se est� muriendo?</p><p>�No si puedo evitarlo �dije, agarrando el volante con m�s fuerza.</p><p>��Adonde la llevamos?</p><p>�A casa.</p><p>��C�mo? �Atravesando todo el pa�s? �A la casa de Carol y E.D.?</p><p>�Eso mismo.</p><p>�� Por qu� all�?</p><p>�Porque all� puedo ayudarla.</p><p>��se es un viaje largo, quiero decir, tal y como est�n las cosas.</p><p>�S�. Ser� un viaje largo.</p><p>Ech� un vistazo al asiento de atr�s. Simon le acariciaba la frente a Diane, con gentileza. El cabello de Diane le ca�a lacio y lo ten�a apelmazado por el sudor. Simon ten�a las manos p�lidas all� donde se hab�a limpiado la sangre.</p><p>�No merezco estar con ella �dijo�. S� que es culpa m�a. Pod�a haberme marchado del rancho cuando lo hizo Teddy. Podr�a haber conseguido ayuda.</p><p>S�, pens�, creo que s�. Que hubieras podido hacer algo.</p><p>�Pero cre�a en lo que est�bamos haciendo. Probablemente no lo comprendas. Pero no se trataba s�lo de la becerra roja, Tyler. Estaba seguro de que ser�amos ascendidos en formas imperecederas. Que al final ser�amos recompensados.</p><p>�Recompensados �por qu�?</p><p>�Por nuestra fe. Nuestra perseverancia. Porque desde la primera vez que mis ojos vieron a Diane tuve la poderosa sensaci�n de que ser�amos parte de algo espectacular, aunque no lo entendiera del todo. Que alg�n d�a nos presentar�amos ante el trono de Dios� nada menos. �Que no pasar� esta generaci�n hasta que todo esto se cumpla<a l:href="#n_20" type="note">[20]</a>�. Nuestra generaci�n, aunque cogi�ramos un desv�o equivocado al principio de todo. Lo admito, ocurrieron cosas en aquellas congregaciones del Nuevo Reino que ahora me parecen vergonzosas. Embriaguez, lujuria, falsedad. Le dimos la espalda a todo eso, lo que fue para bien; pero era como si el mundo fuera m�s peque�o cuando no est�bamos entre personas que intentaran crear el quiliasmo, por imperfecto que fuera. Como si hubi�ramos perdido a nuestras familias. Y pens�, bueno, si miramos la senda m�s simple y pura, entonces eso nos llevar� en la direcci�n correcta. �Con vuestra paciencia ganar�is vuestras almas<a l:href="#n_21" type="note">[21]</a>�.</p><p>�El Tabern�culo del Jord�n �dije.</p><p>�Es f�cil ver profec�as cumplidas en el Spin. Se�ales en el sol, en la luna y las estrellas<a l:href="#n_22" type="note">[22]</a>, como dice Lucas. Pues bueno, aqu� estamos. Y las potencias de los cielos ya se conmovieron<a l:href="#n_23" type="note">[23]</a>. Pero no es� no es como�</p><p>Pareci� perder el hilo de sus ideas.</p><p>��Qu� tal respira Diane? �pregunt�. Pero en realidad no necesitaba preguntar. Pod�a o�r cada inhalaci�n que hac�a, laboriosa pero regular. S�lo quer�a distraer a Simon.</p><p>�No parece que est� sufriendo �dijo Simon. Y luego a�adi�: Por favor, Tyler. Para y d�jame salir.</p><p>Viaj�bamos hacia el este. Hab�a, sorprendentemente, poco tr�fico en la interestatal. Colin Hinz me hab�a advertido de retenciones en alrededor del aeropuerto Sky Harbor, pero las hab�amos superado tomando un desv�o. Aqu� fuera s�lo nos encontr�bamos con unos cuantos coches particulares, aunque hab�a muchos coches abandonados en el arc�n.</p><p>��sa no es una buena idea �dije.</p><p>Mir� en el retrovisor y vi a Simon enjuag�ndose las l�grimas con un pu�o. En ese momento parec�a tan asustado y vulnerable como un ni�o de diez a�os en un funeral.</p><p>�S�lo hay dos cosas importantes en mi vida �dijo�. Dios y Diane. Y a los dos los traicion�. Esper� demasiado. Eres amable al negarlo, pero se est� muriendo.</p><p>�No necesariamente.</p><p>�No quiero estar junto a ella sabiendo que pod�a haberlo evitado. Prefiero morir en el desierto. Lo digo en serio, Tyler. Quiero bajar del coche.</p><p>El cielo volv�a a iluminarse de nuevo, un feo resplandor viol�ceo m�s parecido a un fluorescente que funcionara mal que a algo salut�fero o natural.</p><p>�Me importa un carajo �dije.</p><p>Simon me dedic� una mirada asombrada.</p><p>��C�mo?</p><p>�Que me importa un carajo c�mo te sientas. La raz�n por la que deber�as quedarte con Diane es que tenemos un viaje dif�cil por delante y no puedo ocuparme de ella y conducir al mismo tiempo. Y tendr� que dormir tarde o temprano. Si te pones al volante de vez en cuando entonces no tendremos que pararnos m�s que para coger gasolina y comida. �Si pod�amos encontrar algo de ambas cosas�. Si te marchas, me llevar� el doble de tiempo.</p><p>�� Y <emphasis>eso importa </emphasis>?</p><p>�Puede que no se est� muriendo, Simon, pero s�, est� exactamente tan enferma como te imaginas, y morir� si no consigue ayuda. Y la �nica ayuda que conozco est� a un par de miles de kil�metros de aqu�.</p><p>�El cielo y la tierra pasar�n. Vamos a morir todos.</p><p>�No puedo hablar por el cielo y la tierra. Me niego a dejarla morir si tengo elecci�n.</p><p>�Te envidio �dijo Simon quedamente.</p><p>��El qu�? �Qu� hay en m� digno de envidia?</p><p>�Tu fe �dijo.</p><p>Un cierto tipo de optimismo segu�a siendo posible, pero s�lo por la noche. A la luz del d�a se marchitaba.</p><p>Conduje hacia la Hiroshima del sol naciente. Hab�a dejado de preocuparme por que la luz me matara, aunque probablemente no me hac�a ning�n bien. Que cualquiera de nosotros hubiera sobrevivido al primer d�a era un misterio, un milagro, podr�a haber dicho Simon. Animaba a una especie de pragmatismo desanimado: saqu� unas gafas de sol de la guantera e intent� mantener mis ojos fijos en la carretera en vez de en el hemisferio de fuego anaranjado que levitaba sobre el horizonte.</p><p>El d�a se hizo m�s caliente. Tambi�n el interior del coche, pero el aire acondicionado trabajaba al l�mite. (Lo ten�a al m�ximo en un intento por mantener controlada la temperatura de Diane.) En alg�n momento entre Albuquerque y Tucumcari una oleada de fatiga se adue�� de m�. Mis p�rpados se cerraban y casi empotr� el coche contra una se�al de distancia. Despu�s de eso, par� a un lado y apagu� el motor. Le dije a Simon que llenara el dep�sito con uno de los bidones y que se preparara para ponerse al volante. Asinti� con renuencia.</p><p>Recorr�amos m�s distancia de lo que hab�a esperado. El tr�fico era ligero hasta el punto de que a veces no hab�a ninguno, quiz� porque la gente ten�a miedo de salir a la carretera. Mientras Simon llenaba el dep�sito, le pregunt�:</p><p>��Qu� pusiste de comer?</p><p>�S�lo lo que pude coger en la cocina. Ten�a prisa. M�ralo t� mismo.</p><p>Encontr� una caja de cart�n entre los bidones abollados, los suministros m�dicos empaquetados y las botellas sueltas de agua mineral en el maletero. Conten�a tres cajas de cereales de desayuno, dos latas de carne molida y una botella de Diet Pepsi.</p><p>�Jes�s, Simon.</p><p>Hizo una mueca y tuve que recordarme que para �l hab�a cometido blasfemia.</p><p>�Fue todo lo que pude encontrar.</p><p>Y ni tazones ni cucharas. Pero ten�a hambre y sent�a la privaci�n de sue�o. Le dije a Simon que deber�amos dejar que se enfriara el motor, y mientras tanto nos sentamos a la sombra del coche, con las ventanas abiertas y una brisa que arrastraba arena procedente del desierto, el sol suspendido en el cielo como el mediod�a sobre la superficie de Mercurio. Usamos los fondos recortados de las botellas de agua vac�as como tazones improvisados y comimos cereales mezclados con agua recalentada. Ten�a el aspecto y el sabor del muc�lago.</p><p>Puse a Simon al corriente de la siguiente etapa de nuestro viaje, le record� que pusiera el aire acondicionado una vez que estuvi�ramos en marcha y le dije que me despertara si parec�a que hab�a problemas en la carretera.</p><p>Luego atend� a Diane. El goteo y los antibi�ticos parec�an haberle dado algo de fuerzas, pero s�lo un poco. Abri� los ojos y dijo:</p><p>�Tyler.</p><p>Despu�s la ayud� a beber un poco de agua. Acept� un par de cucharadas de cereales pero luego apart� la cabeza. Ten�a las mejillas hundidas, los ojos sin vida y fijos.</p><p>�Aguanta �dije�. S�lo un poco m�s, Diane. �Le ajust� el goteo. La ayud� a sentarse, con las piernas abiertas por fuera del coche, mientras soltaba un chorrito de orina pardusca. Luego la limpi� y le cambi� los pantis sucios por unos calzoncillos limpios de algod�n de mi maleta.</p><p>Cuando volvi� a estar recostada met� una s�bana en el hueco estrecho entre los asientos delanteros y el trasero para crear un espacio donde tenderme sin desplazarla. Simon s�lo hab�a cabeceado brevemente durante el primer tramo del viaje y deb�a de estar tan agotado como yo� pero a �l no le hab�an dado con la culata de un rifle. All� donde el hermano Aaron me hab�a atizado estaba hinchado y dol�a mucho cuando pon�a los dedos cerca.</p><p>Simon observ� todo a un par de metros de distancia, con expresi�n hosca o posiblemente celosa. Cuando lo llam� vacil� y mir� anhelantemente la planicie salada del desierto, el coraz�n de la m�s profunda nada.</p><p>Entonces trot� de vuelta al coche, abatido, y se puso al volante.</p><p>Me comprim� en el nicho detr�s del asiento delantero. Diane parec�a inconsciente, pero antes de quedarme dormido sent� que pon�a su mano sobre la m�a.</p><p>Cuando despert� volv�a a ser de noche, y Simon hab�a parado el coche para que cambi�ramos de sitio.</p><p>Sal� del coche y me estir�. La cabeza me segu�a latiendo, ten�a la columna como si el peso de los a�os me la hubiera encorvado definitivamente, pero estaba m�s despejado que Simon, que se arrastr� a la parte de atr�s y se qued� dormido al instante.</p><p>No sab�a d�nde est�bamos aparte de que est�bamos en la 1-40 en direcci�n este y que la tierra era menos �rida aqu�, los campos irrigados se extend�an a ambos lados de la carretera bajo una luna carmes�. Me asegur� de que Diane estuviera c�moda y que respirara sin problema, y dej� las puertas del coche abiertas durante un par de minutos para airear el hedor, un olor a habitaci�n de enfermo con indicios de sangre y gasolina. Entonces me sent� al asiento del conductor.</p><p>Las estrellas sobre la carretera eran perturbadoramente escasas e imposibles de reconocer. Me pregunt� qu� le estar�a ocurriendo a Marte. �Seguir�a bajo una membrana de Spin o habr�a sido liberado como la Tierra? Pero no sab�a ad�nde mirar en el cielo y dudaba que lo reconociera aunque lo viera. Lo que s� que vi, no pod�a evitarlo, fue la enigm�tica l�nea plateada que Simon hab�a se�alado en Arizona, la que hab�a confundido con la estela de un avi�n. Esa noche era incluso m�s prominente. Se hab�a movido desde el horizonte occidental hasta casi el c�nit, y la suave curva se hab�a convertido en un �valo, una letra �O� aplastada.</p><p>El cielo que contemplaba era tres mil millones de a�os m�s viejo que el que hab�a visto desde el jard�n de la Gran Casa. Supuse que albergar�a todo tipo de misterios.</p><p>Una vez que estuvimos en marcha intent� poner la radio del coche, que la noche pasada hab�a estado muda. No llegaba nada digital, pero al final consegu� localizar una emisora local de FM, el tipo de estaci�n de radio de pueblecito que normalmente se dedicaba a la m�sica <emphasis>country </emphasis>y a Cristo, pero esa noche todo era charla. Aprend� muchas cosas antes de que la se�al desapareciera, convertida en ruido de est�tica.</p><p>Aprend�, para empezar, que hab�amos hecho bien en evitar las grandes ciudades. Los grandes n�cleos urbanos eran zonas catastr�ficas: no por los saqueos y la violencia (que sorprendentemente hab�an sido pocos) sino debido al colapso catastr�fico de las infraestructuras. El amanecer del sol rojo se hab�a parecido tanto a la largamente predicha muerte de la Tierra que la mayor parte de la gente se hab�a quedado en casa para morir con sus familias, dejando los centros urbanos con una polic�a y servicios de bomberos m�nimos y hospitales casi sin personal. La minor�a de personas que intentaron la muerte por arma de fuego o que se administraron sobredosis con extravagantes cantidades de alcohol, coca�na, oxicodona o anfetaminas, fueron la causa involuntaria de la mayor�a de los problemas inmediatos: dejaron hornos de gas encendidos, se desplomaron mientras conduc�an, o dejaron caer cigarrillos encendidos al morir. Cuando la alfombra empez� a humear o las cortinas estallaron en llamas, nadie llam� al 911, y en muchos casos no hubiera habido nadie para contestar a esas llamadas. Los incendios de domicilios pronto se convirtieron en incendios de barrios enteros.</p><p>Cuatro enormes penachos de humo se alzaban de Oklahoma City, dijo el locutor, y seg�n informes telef�nicos, la mayor parte del sur de Chicago ya hab�a sido reducida a ascuas. Todas las ciudades importantes del pa�s, de todas de las que se sab�a algo, informaban al menos de uno o dos incendios a gran escala, descontrolados.</p><p>Pero la situaci�n estaba mejorando, no deterior�ndose. Hoy hab�a empezado a parecer posible que la especie humana pod�a sobrevivir al menos unos cuantos d�as m�s, y como resultado m�s personal de respuesta a emergencias y de servicios esenciales hab�an vuelto a sus puestos. (La parte negativa era que la gente hab�a empezado a preocuparse por cu�nto tiempo les durar�an las provisiones: los saqueos a tiendas de alimentaci�n empezaban a ser un problema.) A cualquier persona que no fuera un proveedor de servicios esenciales se la conminaba a mantenerse alejado de las carreteras; el mensaje hab�a sido dado antes del amanecer por el sistema de comunicaciones para emergencias nacionales y a trav�s de toda estaci�n de radio y televisi�n que siguiera en funcionamiento, y se repet�a esa noche. Lo que explicaba por qu� escaseaba el tr�fico por la interestatal. Hab�a visto unas pocas patrullas policiales y militares pero ninguna de ellas nos hab�a detenido, posiblemente debido a la matr�cula de mi coche. California y otros estados empezaron a repartir pegatinas de los SMU (Servicios M�dicos de Urgencia) para que los m�dicos las pusieran en las matr�culas de sus coches tras el primer episodio de fluctuaci�n.</p><p>La presencia policial era espor�dica. El contingente militar continuaba m�s o menos intacto pese a algunas deserciones, pero la Reserva y la Guardia Nacional estaban muy mermadas y no pod�an suplir a las autoridades locales. La electricidad tambi�n era espor�dica, la mayor parte de las estaciones generadoras carec�an de personal suficiente y apenas pod�an funcionar, y los apagones se propagaban en cascada por la red el�ctrica. Hab�a rumores de que las plantas nucleares de San Onofre en California y Pickering en Canad� estaban a punto de sufrir una fusi�n, aunque no hab�a confirmaci�n de eso �ltimo.</p><p>El locutor prosigui� leyendo una lista de almacenes de comida locales designados por las autoridades, hospitales que segu�an abiertos (con tiempos estimados de espera antes de que se pudiera atender al paciente) y consejos de primeros auxilios para el hogar. Tambi�n ley� un comunicado del Servicio Meteorol�gico previniendo contra la exposici�n prolongada al sol. La luz solar no parec�a ser inmediatamente mortal, pero los niveles excesivos de radiaci�n ultravioleta pod�an causar �problemas a largo plazo�, seg�n dijeron, expresi�n que me hizo mucha gracia, pese a lo lamentable de todo el asunto.</p><p>Pill� unas cuantas transmisiones m�s desperdigadas antes del amanecer, pero el sol naciente las ahog� en su ruido.</p><p>El d�a apareci� nublado. Por tanto, no ten�a que conducir bajo el resplandor solar; pero incluso ese amanecer mudo era perturbadoramente extra�o. Toda la mitad oriental del cielo se convirti� en una hirviente sopa de luz, tan hipn�tica a su manera como las ascuas de una hoguera moribunda. De vez en cuando las nubes se abr�an y dedos de luz ambarina tanteaban la tierra. Pero hacia el mediod�a las nubes eran m�s densas y a la hora empez� a llover, una lluvia caliente, sin vida que recubr�a la autopista y reflejaba los enfermizos colores del cielo.</p><p>Hab�a vaciado el �ltimo bid�n de gasolina en el dep�sito esa ma�ana, y en alg�n lugar entre Cairo y Lexington la aguja del indicador de gasolina empez� a descender alarmantemente. Despert� a Simon y le expliqu� el problema y le dije que parar�amos en la siguiente gasolinera� y en cada una en el camino despu�s de �sa hasta que encontr�ramos una que nos vendiera gasolina.</p><p>La siguiente gasolinera result� ser un negocio al estilo antiguo de cuatro surtidores y una tienda de una franquicia de tentempi�s para conductores. La tienda estaba a oscuras y los surtidores probablemente no funcionaran, pero me detuve de todas formas, sal� del coche y descolgu� la manguera del surtidor.</p><p>Un hombre con una gorra de los Bengals en la cabeza y una escopeta acunada en los brazos apareci� de detr�s de una esquina del edifico y dijo.</p><p>�No sirve de nada.</p><p>Volv� a colocar la manguera en su sitio, lentamente.</p><p>��No hay electricidad?</p><p>�Correcto.</p><p>��Y no hay potencia auxiliar?</p><p>Se encogi� de hombros y se acerc� m�s. Simon empez� a salir del coche pero le hice se�as para que se quedara. El hombre de la gorra de los Bengals (unos treinta a�os de edad y unos quince kilos de m�s) mir� la bola de suero colocada en el asiento de atr�s. Luego examin� la matr�cula del coche, entrecerrando los ojos. Era una matr�cula de California, lo que probablemente no me congraciar�a con �l, pero la pegatina del SMU era claramente visible.</p><p>��Es un doctor?</p><p>�Tyler Dupree �dije�. Doctor en medicina.</p><p>�Disc�lpeme si no le doy la mano. �Es su mujer la del coche?</p><p>Dije que s�, porque era m�s simple que dar explicaciones. Simon me fulmin� con la mirada, pero no me contradijo.</p><p>��Tiene alguna identificaci�n que demuestre que es un m�dico? Porque, sin querer ofenderle, ha habido unos cuantos robos de coches en los �ltimos d�as.</p><p>Saqu� mi cartera y la tir� a sus pies. La recogi� y mir� el tarjetero. Entonces sac� unas gafas del bolsillo de su camisa y volvi� a examinarla. Finalmente me la devolvi� y me ofreci� la mano.</p><p>�Siento el recibimiento, doctor Dupree. Soy Chuck Bernelli. Si es gasolina lo que necesita, encender� los surtidores. Si necesita algo m�s que eso, s�lo me llevar� un minuto abrir la tienda.</p><p>�Necesito la gasolina. Unas cuantas provisiones tambi�n estar�a bien, pero no llevo encima mucho dinero.</p><p>�A la porra con el dinero. Estamos cerrados para los criminales y los borrachos, y esos no escasean en la carretera ahora mismo, pero estamos abiertos a todas horas para los militares y la patrulla de carreteras. Y para los m�dicos. Al menos mientras quede gasolina en los surtidores. Espero que su mujer no est� demasiado mal.</p><p>�No si puedo llegar a donde quiero.</p><p>��A Lexington V.A.? �Al Samaritan?</p><p>�Un poco m�s lejos. Necesita cuidados especiales.</p><p>Volvi� a mirar al coche. Simon hab�a bajado las ventanillas para dejar que entrara algo de aire fresco. La lluvia convert�a el polvo del veh�culo en barro que resbalaba a asfalto oleaginoso.</p><p>Bernelli vislumbr� a Diane mientras �sta se giraba y empezaba a toser dormida. Frunci� el ce�o.</p><p>�Pondr� los surtidores en marcha, entonces �dijo�. Querr�n seguir su camino.</p><p>Antes de irnos nos empaquet� unas cuantas frutas y verduras, unas pocas latas de sopa y una bolsita de galletitas saladas junto con un abrelatas en su envoltorio de pl�stico. Pero no quiso acercarse al coche.</p><p>La tos estremecedora e intermitente es uno de los s�ntomas comunes del SDCV. La bacteria es casi astuta en la forma que preserva a sus v�ctimas, prefiriendo no ahogarlas en una neumon�a catastr�fica, aunque �sa sea la forma en que finalmente mata a su anfitri�n, o eso o con un fallo card�aco masivo. Hab�a cogido una bombona de ox�geno, con su v�lvula y su m�scara, del distribuidor a las afueras de Flagstaff, y cuando la tos de Diane empez� a dificultarle la respiraci�n (estaba al borde del p�nico, ahog�ndose en sus propias mucosidades, ojos en blanco) le despej� las v�as respiratorias lo mejor que pude y mantuve la m�scara sobre su boca y nariz mientras Simon conduc�a.</p><p>Al final se calm�, su color mejor� y fue capaz de volver a dormir. Me qued� sentado con ella mientras descansaba, con su cabeza febril acurrucada contra mi hombro. La lluvia se hab�a convertido en un aguacero incesante, rest�ndonos velocidad. Grandes estelas de agua saltaban detr�s del coche cada vez que cog�amos un bache en la carretera. Hacia el anochecer la luz se convirti� en carbones ardientes en occidente.</p><p>No hab�a ning�n sonido excepto el golpeteo de la lluvia sobre el techo del coche y me content� con permanecer as� hasta que Simon se aclar� la garganta y me dijo:</p><p>��Eres ateo, Tyler?</p><p>��Perd�n?</p><p>�No quiero ser grosero, pero me preguntaba lo siguiente: �Te consideras a ti mismo un ateo?</p><p>No estaba seguro de c�mo responder a eso. Simon hab�a sido de gran ayuda, inestimable, de hecho, para poder llegar tan lejos. Pero tambi�n era alguien que se hab�a visto atra�do intelectualmente por una panda de dispensacionalistas lun�ticos marginales que lo �nico que le discut�an al fin del mundo era que no se ajustaba a sus expectativas. No quer�a ofenderlo porque todav�a lo necesitaba� Diane todav�a lo necesitaba.</p><p>As� que dije:</p><p>��Importa c�mo me considere?</p><p>�Curiosidad, solamente.</p><p>�Bueno� no lo s�. Supongo que �sa es mi respuesta. No afirmo que s� si Dios existe o no, o porque le dio cuerda al universo y lo puso en marcha de la forma que lo hizo, si es que lo hizo. Lo siento, Simon, pero eso es lo mejor que s� hacerlo en el frente teol�gico.</p><p>Se qued� en silencio durante otros pocos kil�metros.</p><p>�Quiz� fuera <emphasis>eso lo que </emphasis>Diane quer�a decir.</p><p>��Sobre qu�?</p><p>�Cuando habl�bamos de ello. Cosa que no hemos hecho �ltimamente, ahora que lo pienso. No est�bamos de acuerdo sobre el pastor Dan y el Tabern�culo del Jord�n incluso antes del cisma. Mi opini�n es que era demasiado c�nica. Y ella dec�a que yo me dejaba impresionar f�cilmente. Quiz�. El pastor Dan ten�a el don de mirar en las Escrituras y encontrar conocimiento en cada p�gina� un conocimiento s�lido como una casa, vigas y columnas de conocimiento. Es un don de verdad. Yo no puedo hacerlo. Por mucho que lo intente, hasta el d�a de hoy, no puedo abrir la Biblia y encontrarle sentido al instante.</p><p>�Quiz� no se supone que tengas que hacerlo.</p><p>�Pero quer�a hacerlo. Quer�a ser como el pastor Dan. Listo y, ya sabes, siempre sobre terreno s�lido. Diane dec�a que era un trato con el diablo, que Dan Cond�n hab�a cambiado la humildad por la certidumbre. Quiz� fuera eso lo que me faltaba a m�. Quiz� era eso lo que ve�a en ti, la raz�n por la que se aferr� a ti durante todos esos a�os� tu humildad.</p><p>�Simon, yo no�</p><p>�No es nada de lo que tengas que disculparte o intentar consolarme. S� que te llamaba cuando cre�a que estaba dormido o cuando estaba fuera de la casa. S� que tuve suerte de tenerla conmigo durante tanto tiempo. �Gir� la cabeza para mirarme �. �Me har�s un favor? Me gustar�a que le dijeras que siento no haber cuidado mejor de ella cuando enferm�.</p><p>�Puedes dec�rselo t� mismo.</p><p>Asinti� pensativamente y el coche se adentr� m�s profundamente en la lluvia. Le dije que mirara si pod�a encontrar alguna informaci�n �til en la radio, ahora que hab�a anochecido. Pretend�a quedarme despierto y escuchar; pero me volv�a a latir la cabeza y empezaba a ver doble, y al cabo de un rato parec�a m�s f�cil simplemente cerrar los ojos y dormir.</p><p>Dorm� profunda y largamente, y pasaron kil�metros bajo las ruedas del coche.</p><p>Cuando despert� era otra ma�ana lluviosa. Est�bamos aparcados en un �rea de descanso (al oeste de Manassas, seg�n supe despu�s) y una mujer con un paraguas negro desgarrado daba golpecitos en la ventanilla.</p><p>Parpade� y abr� la puerta y ella retrocedi� un paso.</p><p>�El t�o aquel me pidi� que le dijera que no lo esperen.</p><p>��Perd�n?</p><p>�Dijo que adi�s y que no le esperaran.</p><p>Simon no estaba en el asiento de delante. Ni era visible entre los cubos de basura, mesas de picnic goteantes y letrinas endebles en el entorno inmediato. Unos cuantos coches m�s estaban aparcados all�, la mayor�a parados con el motor en marcha mientras sus due�os visitaban los cagaderos. Vi �rboles, terrenos de parque, una vista desde lo alto de alg�n pueblecito industrial empapado por la lluvia bajo un cielo feroz.</p><p>��Un tipo rubio y flacucho? �Camiseta sucia?</p><p>��se es. �se es el t�o. Dijo que no quer�a que durmiera demasiado. Entonces se march�.</p><p>��A pie?</p><p>�S�. Hacia abajo, hacia el r�o. No por la carretera. �Mir� a Diane, que respiraba laboriosamente�. �Est�n bien ustedes dos?</p><p>�No. Pero ya no tenemos que ir muy lejos. Gracias por preguntar. �Dijo algo m�s?</p><p>�S�. Dijo que Dios los bendiga y que �l ya encontrar�a su camino desde aqu�.</p><p>Atend� las necesidades de Diane. Ech� un �ltimo vistazo al aparcamiento bajo la lluvia. Luego volv� a la carretera.</p><p>Tuve que detener el coche varias veces para ajustarle el goteo a Diane o darle unas cuantas inhalaciones de ox�geno. Ya no abr�a los ojos; no estaba simplemente dormida, estaba inconsciente. No quer�a pensar en lo que eso significaba.</p><p>Avanz�bamos lentamente y la lluvia ca�a sin tregua, hab�a evidencias por todas partes del caos de los �ltimos d�as. Pas� junto a docenas de coches estrellados o quemados, algunos todav�a humeantes. Ciertas rutas estaban cerradas al tr�fico civil, reservadas para los veh�culos militares o de los servicios de emergencia. Tuve que dar media vuelta para evitar bloqueos de carreteras un par de veces. El calor del d�a hac�a que el aire h�medo fuera casi intolerable en el bochorno, y aunque sopl� un viento feroz por la tarde, no trajo ning�n alivio.</p><p>Pero al menos Simon nos hab�a abandonado cerca de nuestro destino, y consegu� llegar a la Gran Casa mientras a�n hab�a luz en el cielo.</p><p>El viento hab�a empeorado, era casi un vendaval, y la carretera particular de los Lawton estaba cubierta de ramas arrancadas de los pinos cercanos. La casa en s� estaba a oscuras, o eso parec�a en el crep�sculo ambarino.</p><p>Dej� a Diane en el coche al pie de los escalones de la entrada y aporre� la puerta. Y esper�. Y volv� a aporrearla. Al final la puerta se abri� una rendija y Carol Lawton mir� desde detr�s de ella.</p><p>Apenas pod�a distinguir sus rasgos a trav�s de ese resquicio, un ojo azul p�lido, una cu�a de mejilla arrugada. Pero ella me reconoci� a m�:</p><p>��Tyler Dupree! �dijo�. �Est�s solo?</p><p>La puerta se abri� m�s.</p><p>�No �dije�. Diane est� conmigo. Y voy a necesitar ayuda para traerla dentro.</p><p>Carol sali� al gran porche y entrecerr� los ojos para examinar el coche. Cuando vio a Diane, su peque�o cuerpo se tens� r�gidamente.</p><p>�Dios santo �susurr�. �Es que mis dos hijos han vuelto a casa para morir?</p></section><section><title><p>El abismo en llamas</p></title><p>El viento azot� la Gran Casa durante toda la noche, un viento caliente y salino extra�do a la fuerza del Atl�ntico por tres d�as de luz solar antinatural. Era consciente de ello incluso mientras estaba dormido: era lo que me rodeaba en los momentos en que casi me despertaba y la inquietante banda sonora de una docena de sue�os inquietos segu�a llamando a las ventanas despu�s de amanecer, cuando me vest� y fui a buscar a Carol Lawton.</p><p>La casa llevaba d�as sin electricidad. El pasillo del piso de arriba estaba tenuemente iluminado por el resplandor lluvioso de una ventana al final del corredor. La escalera de roble descend�a al recibidor, donde dos ventanales panor�micos dejaban entrar una luz del color de rosas p�lidas. Encontr� a Carol en la sala de estar, ajustando un antiguo reloj de repisa de chimenea.</p><p>��C�mo est� Diane? �pregunt�.</p><p>Carol me mir� fugazmente.</p><p>�Sin cambios. �Y volvi� su atenci�n al reloj al que daba cuerda con una llave de lat�n�. Estaba con ella hace un momento. No la estoy descuidando, Tyler.</p><p>�Ni lo he pensado. �Qu� tal est� Jason?</p><p>�Le ayud� a vestirse. Est� mejor durante el d�a. No s� por qu�. Las noches son dif�ciles para �l. La pasada noche fue� dif�cil.</p><p>�Ir� a verlos a los dos. �Sin preocuparme por preguntar si el FEMA<a l:href="#n_24" type="note">[24]</a> o la Casa Blanca hab�an dado alguna nueva directiva. No tendr�a sentido, el universo de Carol se acababa en las fronteras de la propiedad�. Deber�as dormir algo.</p><p>�Tengo sesenta y ocho a�os. Ya no duermo tanto como sol�a. Pero tienes raz�n. Estoy cansada� necesito tumbarme. Tan pronto como termine con esto. Este reloj se retrasa si no se le atiende. Tu madre sol�a ajustarlo todos los d�as, �lo sab�as? Y despu�s de que muriera tu madre, Marie le daba cuerda cuando limpiaba. Pero Marie dej� de venir hace seis meses. Durante seis meses el reloj se qued� parado en las cuatro y cuarto. Como dice el viejo chiste, daba la hora exacta dos veces al d�a.</p><p>�Deber�amos hablar de Jason �la noche pasada estaba demasiado agotado para hacer otra cosa que no fuera descubrir lo b�sico: Jason hab�a llegado sin previo aviso una semana antes del fin del Spin y hab�a enfermado la noche que las estrellas reaparecieron. Sus s�ntomas eran par�lisis parcial intermitente y p�rdida de visi�n, adem�s de fiebre. Carol hab�a intentado pedir ayuda m�dica, pero las circunstancias lo hab�an hecho imposible, as� que cuidaba de �l ella misma aunque no hab�a sido capaz de diagnosticar el problema ni darle nada m�s que cuidados paliativos.</p><p>Ten�a miedo de que se estuviera muriendo. Su preocupaci�n no se extend�a al resto del mundo, sin embargo. Jason le hab�a dicho que no se preocupara. �Las cosas volver�n a la normalidad dentro de poco�, hab�a dicho.</p><p>Y ella le hab�a cre�do. El sol rojo no albergaba terrores para Carol. Las noches eran malas, sin embargo, dec�a. Las noches parec�an una pesadilla.</p><p>Primero fui a ver a Diane.</p><p>Carol la hab�a puesto en el dormitorio de arriba, su habitaci�n de cuando era joven, ahora reconvertida en un cuarto de invitados gen�rico. La encontr� f�sicamente estable y respirando sin ayuda, pero en eso no hab�a nada esperanzados Era parte de la etiolog�a de la enfermedad. La marea avanzaba y la marea retroced�a, pero cada ciclo se llevaba algo m�s de su resistencia y sus fuerzas.</p><p>Le bes� la frente caliente y seca y le dije que descansara. No dio se�ales de que me hubiera o�do.</p><p>Entonces fui a ver a Jason. Hab�a una pregunta que ten�a que hacer.</p><p>Seg�n Carol, Jase hab�a vuelto a la Gran Casa por alg�n conflicto en Perihelio. Carol no recordaba la explicaci�n que le dio, pero ten�a algo que ver con el padre de Jason (�E. D. est� volviendo a portarse mal�, dijo ella) y tambi�n algo que ver con �ese hombrecillo peque�o y arrugado. El que se muri�. El marciano�.</p><p>El marciano que hab�a proporcionado la droga de longevidad que hab�a convertido a Jason en un Cuarto. La droga que deber�a haberle protegido de lo que fuera que ahora lo estaba matando.</p><p>Estaba despierto cuando toqu� en su puerta y entr� en la habitaci�n, la misma habitaci�n que hab�a ocupado hac�a treinta a�os, cuando �ramos ni�os en el ordenado mundo de los ni�os y las estrellas estaban en sus posiciones correctas. Hab�a un rect�ngulo sutilmente m�s brillante en la pared donde anta�o un p�ster del sistema solar hab�a cubierto la pared. Ah� estaba la alfombra, limpiada en seco y te�ida qu�micamente, donde una vez tir� migas y derram� Coca-Colas en d�as lluviosos como �ste.</p><p>Y ah� estaba Jason.</p><p>�Eso suena a Tyler �dijo.</p><p>Yac�a en la cama, vestido (insist�a en vestirse cada ma�ana, seg�n hab�a dicho Carol) con unos pantalones caqui limpios y una camisa azul de algod�n. Ten�a la espalda apoyada contra las almohadas y parec�a completamente consciente.</p><p>�No hay mucha luz aqu� dentro, Jase �dije.</p><p>�Abre las persianas si quieres.</p><p>Lo hice, pero s�lo sirvi� para que entrara m�s luz ambarina y hostil.</p><p>��Te importa si te examino?</p><p>�Por supuesto que no.</p><p>No me miraba. Miraba, si el �ngulo de su cabeza quer�a decir algo, a un espacio de pared vac�o.</p><p>�Carol dice que est�s teniendo problemas con tu visi�n.</p><p>�Carol est� experimentando lo que la mayor�a de la gente de tu profesi�n llaman negaci�n, De hecho, estoy ciego. No he sido capaz de ver nada desde ayer por la ma�ana.</p><p>Me sent� en la cama a su lado. Cuando volvi� la cabeza hacia m� el movimiento fue suave pero ag�nicamente lento. Saqu� una linterna de bolsillo y la encend� sobre su ojo derecho para ver la contracci�n de su pupila.</p><p>No se contrajo.</p><p>Hizo algo peor.</p><p>Destell�. La pupila de su ojo reluci� como si le hubieran inyectado diminutos diamantes.</p><p>Jason debi� sentir mi estremecimiento.</p><p>��Tan malo es? �pregunt�.</p><p>No pod�a hablar.</p><p>�No puedo usar un espejo. Por favor, Ty necesito que me cuentes lo que ves � dijo en tono m�s grave.</p><p>�Eso� no s� lo que es, Jason. No es nada que pueda diagnosticar.</p><p>�T� s�lo descr�belo, por favor.</p><p>Intent� obligarme a hablar con objetividad cl�nica.</p><p>�Parece como si hubiera crecido alg�n tipo de cristales en tu ojo. La escler�tica parece normal y el iris no parece afectado, pero la pupila parece completamente opacada por cristales de algo parecido a la mica. Jam�s hab�a o�do hablar de algo as�. Habr�a dicho que era imposible. No puedo tratarlo.</p><p>Me apart� de la cama, encontr� una silla y me sent�. Durante un rato no hubo m�s sonido que el tictac del reloj de la mesilla, otra de las pr�stinas antig�edades de Carol.</p><p>Entonces Jason inspir� profundamente y forz� lo que supongo que �l cre�a que era una sonrisa tranquilizadora.</p><p>�Gracias. Tienes raz�n. No es un estado que puedas tratar. Pero voy a necesitar tu ayuda durante� bueno, durante los pr�ximos d�as. Carol lo intenta, pero est� m�s all� de sus habilidades.</p><p>�Y de las m�as tambi�n.</p><p>Otra r�faga de lluvia bati� contra la ventana.</p><p>�La ayuda que voy a necesitar no es del todo m�dica.</p><p>�Si tienes una explicaci�n para esto�</p><p>�Una parcial, como mucho.</p><p>�Entonces, por favor, expl�camelo, Jase, porque la verdad es que estoy un poco asustado.</p><p>Inclin� la cabeza a un lado, escuchando algo que yo no hab�a o�do o que no pod�a o�r, hasta que empec� a preguntarme si se hab�a olvidado de m�. Y entonces habl�:</p><p>�La versi�n corta es que algo que est� m�s all� de mi control se ha adue�ado de mi sistema nervioso. El estado de mis ojos es s�lo una manifestaci�n externa de eso.</p><p>��Una enfermedad?</p><p>�No, pero �se es el efecto que tiene.</p><p>��Ese estado es contagioso?</p><p>�Al contrario. Creo que es �nica. Una enfermedad que s�lo yo puedo desarrollar� en este planeta, al menos.</p><p>�Entonces tiene algo que ver con el tratamiento de longevidad.</p><p>�En cierta manera, as� es. Pero yo�</p><p>�No, Jase. Necesito una respuesta a eso antes de que me digas nada m�s. �Es tu estado actual, sea lo que sea, un resultado de las drogas que te administr�?</p><p>�No es un resultado directo, no� no tienes la culpa bajo ning�n concepto, si es eso lo que quieres decir.</p><p>�Ahora mismo me importa un carajo de qui�n sea la culpa. Diane est� enferma. �No te cont� nada Carol?</p><p>�Carol dijo algo sobre la gripe�</p><p>�Carol minti�. Es SDCV terminal. He recorrido m�s de tres mil kil�metros en coche a trav�s de lo que parece el fin del mundo porque se est� muriendo, Jase, y s�lo se me ocurre una cura, y acabas de arrojar dudas sobre ella.</p><p>Volvi� a ladear la cabeza otra vez, quiz� de forma involuntaria, como si intentara hacer caso omiso de alguna distracci�n invisible.</p><p>�Hay aspectos de la vida marciana que Wun no te coment� �dijo antes de que pudiera decirle algo m�s�. E. D. lo sospechaba, y hasta cierto punto sus sospechas estaban bien fundadas. Marte lleva usando biotecnolog�a sofisticada desde hace siglos. Hace siglos, la Cuarta Edad era exactamente lo que Wun te cont� que era: un tratamiento de longevidad y una instituci�n social. Pero desde ese entonces ha evolucionado. Para la generaci�n de Wun era m�s bien una plataforma, un sistema operativo biol�gico capaz de ejecutar aplicaciones cuyo software era mucho m�s sofisticado. No hay simplemente una cuarta edad, hay una edad 4.1, una 4.2� si entiendes lo que quiero decir.</p><p>�Lo que te di�</p><p>�Lo que me diste era el tratamiento tradicional. El paquete b�sico de la cuarta.</p><p>��Pero?</p><p>�Pero� lo he actualizado desde entonces.</p><p>��Esa actualizaci�n era tambi�n algo que Wun trajo de Marte?</p><p>�S�. El prop�sito�</p><p>�Al carajo el prop�sito. �Est�s completamente seguro de que no est�s sufriendo los efectos del tratamiento original?</p><p>�Tan seguro como puedo estarlo.</p><p>Me levant�.</p><p>Jason me oy� dirigi�ndome a la puerta.</p><p>�Puedo explicarlo �dijo�. Y sigo necesitando tu ayuda. Cu�dala, Ty Espero que sobreviva. Pero ten en cuenta� que mi tiempo tambi�n es limitado.</p><p>El malet�n de f�rmacos marcianos segu�a donde lo hab�a dejado, detr�s del tabl�n roto de la pared en el s�tano de la casa de mi madre, y cuando lo recuper� volv� a cruzar el jard�n con �l a trav�s de las r�fagas de lluvia ambarina hacia la Gran Casa.</p><p>Carol estaba en la habitaci�n de Diane administr�ndole sorbos de ox�geno con mascarilla.</p><p>�Hay que racionar el ox�geno �dije�, a menos que puedas hacer aparecer de la nada otra bombona.</p><p>�Ten�a los labios un poco azulados.</p><p>�D�jame ver.</p><p>Carol se apart� de su hija. Cerr� la v�lvula y puse la mascarilla a un lado. Hay que tener cuidado con el ox�geno. Es indispensable en los pacientes con problemas respiratorios, pero tambi�n puede crear problemas. Demasiado ox�geno puede romper los alv�olos de los pulmones. Tem�a que seg�n empeorara el estado de Diane necesitar�a dosis cada vez mayores para mantener sus niveles de ox�geno en sangre, el tipo de terapia que normalmente se hac�a mediante ventilaci�n mec�nica. Y no ten�amos una de esas m�quinas.</p><p>Ni tampoco ten�amos ning�n medio cl�nico para monitorear sus gases en sangre, pero los labios parec�an relativamente normales cuando apart� la mascarilla. Su respiraci�n era r�pida y superficial, sin embargo, y aunque abri� los ojos una vez, sigui� let�rgica y sin responder a est�mulos.</p><p>Carol me observ� con suspicacia mientras abr�a el malet�n polvoriento y extra�a una de las ampollas marcianas y una hipod�rmica.</p><p>��Qu� es eso?</p><p>�Probablemente lo �nico que pueda salvarle la vida.</p><p>��De verdad? �Est�s seguro de eso, Tyler?</p><p>Asent�.</p><p>�No �dijo ella�. Lo que quiero decir es, �est�s realmente seguro? Porque eso fue lo que le diste a Jason, �no? Cuando ten�a EMA.</p><p>No serv�a para nada negarlo.</p><p>�S� �dije.</p><p>�Puede que no haya practicado la medicina durante treinta a�os, pero no soy ignorante. Hice un poco de investigaci�n sobre la EMA despu�s de la �ltima vez que estuviste aqu�. Me le� los res�menes de los art�culos de las revistas especializadas. Y lo interesante es que no hay ninguna cura. No hay ning�n f�rmaco m�gico. Y si la hubiera desde luego no resultar�a ser tambi�n efectiva al mismo tiempo contra el SDCV. As� que supongo, Tyler, que est�s a punto de administrarle un agente farmacol�gico que probablemente est� relacionado con ese hombrecillo arrugado que muri� en Florida.</p><p>�No discutir� contigo, Carol. Obviamente ya has sacado tus conclusiones.</p><p>�Y yo no quiero discutir contigo; lo que quiero es que me tranquilices. Que me digas que esa droga no le har� a Diane lo que parece que le est� haciendo a Jason.</p><p>�No lo har� �dije, pero Carol sab�a que no le estaba contando todo, esa cl�usula inexpresada de �hasta donde llegan mis conocimientos en la materia�.</p><p>Estudi� mi rostro.</p><p>�Todav�a te preocupas por ella.</p><p>�S�.</p><p>�Nunca deja de asombrarme �dijo Carol�. La tenacidad del amor.</p><p>Puse la aguja en la vena de Diane.</p><p>Hacia mediod�a no hac�a simplemente calor en la casa, sino que la humedad era tal que esperaba ver el moho colgando de los techos. Me sent� junto a Diane para asegurarme de que no hab�a efectos indeseados inmediatos como resultado de la inyecci�n. En determinado momento hubo unos golpes leves en la puerta principal de la casa. �Ladrones �pens�, saqueadores�, pero cuando llegu� al recibidor Carol hab�a respondido y le daba las gracias a un hombre grueso, que asinti� y se dio la vuelta para marcharse.</p><p>��se era Emil Hardy �dijo Carol mientras volv�a a cerrar la puerta�. �Te acuerdas de los Hardy? Ten�an la peque�a casa estilo colonial en Bantam Hill Road. Emil ha impreso un peri�dico.</p><p>��Un peri�dico?</p><p>Me mostr� dos hojas grapadas de folios tama�o carta.</p><p>�Emil tiene un generador el�ctrico en su garaje. Oye la radio por la noche y toma notas, luego imprime un resumen y lo reparte por las casas de los vecinos. Este es el segundo n�mero. Es un buen hombre y bienintencionado, pero no veo raz�n para leer estas cosas.</p><p>��Puedo verlo?</p><p>�Si quieres.</p><p>Me lo llev� arriba.</p><p>Emil era un reportero aficionado con todas las de la ley. Las historias trataban principalmente de crisis en la capital y en Virginia, una lista oficial de zonas a las que no ir bajo ning�n concepto y evacuaciones relacionadas con incendios, intentos de restaurar los servicios locales. Pas� esas por alto. Pero hubo un par de art�culos al final que me llamaron la atenci�n.</p><p>El primero era un informe que dec�a que la radiaci�n solar medida recientemente en la superficie hab�a aumentado pero que no era ni de cerca tan intensa como se hab�a predicho. �Los cient�ficos del gobierno �dec�a�, est�n perplejos pero muestran un cauto optimismo sobre las probabilidades de supervivencia a largo plazo�. No se mencionaba ninguna fuente, as� que pod�a ser la invenci�n de alg�n comentarista o un intento de evitar p�nicos futuros, pero encajaba con mi experiencia personal hasta la fecha: la nueva luz solar era extra�a pero no inmediatamente mortal.</p><p>Ni una palabra acerca de c�mo podr�a afectar a las cosechas, al tiempo o a la ecolog�a en general. Ni el calor pestilente ni la lluvia torrencial parec�an particularmente normales.</p><p>Debajo de eso hab�a otro art�culo con el siguiente titular:</p><p>AVISTADAS LUCES EN EL CIELO POR TODO EL MUNDO.</p><p>Se trataba de las mismas l�neas en forma de C o de O que Simon me hab�a se�alado en Arizona. Se hab�an visto tan al norte como Anchorage y tan al sur como Ciudad de M�xico. Los informes de Europa y Asia eran fragmentarios y se ocupaban principalmente de la crisis inmediata, pero unas cuantas historias similares se hab�an filtrado. (�Nota �dec�a el peri�dico de Emil Hardy�: los canales de noticias por cable siguen funcionando de manera intermitente pero se han visto im�genes de la India que muestran fen�menos similares a escala mayor�. Ni idea de lo que quer�a decir con eso).</p><p>Diane despert� durante unos instantes mientras estaba con ella.</p><p>�Tyler �dijo.</p><p>Le cog� de la mano. La ten�a seca y caliente de forma antinatural.</p><p>�Lo siento �dijo ella.</p><p>�No tienes nada de lo que disculparte.</p><p>�Siento que me veas as�.</p><p>�Est�s mejorando. Llevar� un tiempo, pero te pondr�s bien.</p><p>Su voz era suave como el sonido de una hoja que cae. Mir� a su alrededor y reconoci� la habitaci�n.</p><p>��Estoy aqu�!</p><p>�Aqu� est�s.</p><p>�Di mi nombre otra vez.</p><p>�Diane �dije�. Diane. Diane.</p><p>Diane estaba gravemente enferma, pero era Jason el que se mor�a. Eso fue lo que me dijo, con otras palabras, cuando fui a verle.</p><p>Hoy no hab�a comido, seg�n me hab�a informado Carol. Jason hab�a tomado agua helada con pajita pero se negaba a tomar otros l�quidos. Apenas pod�a mover el cuerpo. Cuando le ped� que levantara el brazo lo hizo, pero con tal esfuerzo exquisito y l�nguida velocidad que volv� y lo agarr� para que lo bajara de nuevo.</p><p>�Si la noche de hoy se parece algo a la de ayer, estar� delirando hasta el amanecer. Ma�ana, �qui�n sabe? Quiero hablar mientras puedo.</p><p>��Hay alguna raz�n por la que tu estado se deteriora por las noches?</p><p>�Una muy simple, creo. Ya llegaremos a eso. Primero quiero que hagas algo por m�. Mi maleta estaba en el armario. �Sigue ah�?</p><p>�Ah� sigue.</p><p>��brela. Puse dentro una grabadora de audio. Encu�ntrala.</p><p>Encontr� un rect�ngulo de plata bru�ida del tama�o de un mazo de cartas, cerca de una pila de sobres de cartas con direcciones que no reconoc�.</p><p>��Es esto? �dije, y luego me maldije: por supuesto que no pod�a verlo.</p><p>�Si la etiqueta dice Sony, entonces s�. Deber�a haber un paquete de tarjetas de memoria debajo.</p><p>�S�, ya lo tengo.</p><p>�Y ahora tendremos una charla. Hasta que oscurezca, y puede que hasta un poco despu�s. Cambia la memoria cuando tengas que hacerlo, o las bater�as si se queda sin potencia. Hazlo por m�, �vale?</p><p>�Siempre que Diane no necesite atenci�n urgente. <emphasis>�Cu�ndo</emphasis> quieres empezar?</p><p>Gir� la cabeza. Sus pupilas espolvoreadas de diamantes relucieron a la extra�a luz.</p><p>�Ahora mismo no ser�a demasiado pronto �dijo.</p></section><section><title><p>Ars moriendi</p></title><p>Los marcianos, dijo Jason, no eran el pueblo sencillo, pac�fico y buc�lico que Wun nos hab�a hecho (o dejado) creer.</p><p>Era cierto que no eran especialmente belicosos; las Cinco Rep�blicas hab�an dirimido sus diferencias pol�ticas hac�a casi mil a�os; y eran �buc�licos� en el sentido de que dedicaban la mayor�a de sus recursos a la agricultura. Pero no eran �sencillos� bajo ning�n concepto. Eran, como hab�a se�alado Jase, maestros en el arte de la biolog�a sint�tica. Su civilizaci�n se fundamentaba en eso. Les hab�amos construido un planeta habitable con herramientas biotecnol�gicas, y no hab�a habido una sola generaci�n marciana que no comprendiera la funci�n y usos potenciales del ADN.</p><p>Si su tecnolog�a a gran escala a veces parec�a burda, la nave espacial de Wun, por ejemplo, era debido a las limitaciones radicales de recursos naturales que se les impon�a. Marte era un mundo sin petr�leo ni carb�n, que manten�a una fr�gil ecolog�a al borde del desastre por la falta de agua y nitr�geno. Una base industrial omnipresente y a gran escala como la de la Tierra jam�s podr�a darse en el planeta de Wun. En Marte, la mayor parte del esfuerzo humano estaba encaminado a producir alimento suficiente para una poblaci�n estrictamente controlada. La biotecnolog�a serv�a admirablemente para ese prop�sito. Las industrias contaminantes no.</p><p>��Wun te cont� eso? �pregunt�, mientras la lluvia segu�a cayendo de forma continua y la tarde se retiraba hacia la noche.</p><p>�Confi� en m�, s�, aunque la mayor parte de lo que me dijo estaba impl�cito en los archivos.</p><p>Una luz color �xido procedente de las ventanas se reflej� en los ojos ciegos y alterados de Jason.</p><p>�Pero pod�a haber mentido.</p><p>�No creo que mintiera jam�s. Lo �nico que pasaba es que era un poco taca�o con la verdad.</p><p>Los replicadores microsc�picos que Wun hab�a tra�do a la Tierra eran biolog�a sint�tica de vanguardia. Eran capaces de hacer todo lo que Wun hab�a dicho. De hecho, eran m�s sofisticados de lo que Wun hab�a estado dispuesto a admitir.</p><p>Entre las funciones no reconocidas de los replicadores estaba un subcanal oculto para comunicarse entre ellos y con su punto de origen. Wun no hab�a dicho si se trataba de radio de banda estrecha o algo tecnol�gicamente m�s ex�tico� Jase sospechaba que se trataba de eso �ltimo. En cualquier caso, requer�a un receptor m�s avanzado que cualquier cosa que se pod�a construir en la Tierra. Requer�a, seg�n Wun, un receptor biol�gico. Un sistema nervioso humano modificado.</p><p>��Y te presentaste voluntario para eso?</p><p>�Lo hubiera hecho si alguien me lo hubiera pedido. Pero la �nica raz�n por la que Wun se confi� a m� es que tem�a por su vida desde el mismo d�a en que lleg� a la Tierra. No albergaba ninguna ilusi�n sobre la venalidad humana o los intereses pol�ticos. Necesitaba a alguien a quien confiarle la custodia de su farmacopea si le ocurr�a algo a �l. Alguien que entendiera su prop�sito. Jam�s me propuso que me convirtiera en el receptor. La modificaci�n s�lo funciona en un Cuarto. �Recuerdas lo que te dije? El tratamiento de longevidad es una plataforma. Ejecuta otras aplicaciones. �sta es una de ellas.</p><p>��Te hiciste esto a prop�sito?</p><p>�Me inyect� la sustancia tras su muerte. No fue traum�tico y no tuvo ning�n efecto inmediato. Recuerda, Tyler, no hab�a forma de que las comunicaciones de los replicadores penetraran la membrana del Spin cuando estaba activo. Lo que hice fue darme una habilidad latente.</p><p>��Para qu�, entonces?</p><p>�Porque no quer�a morir en estado de ignorancia. Todos supon�amos que si el Spin terminaba, morir�amos a los pocos d�as u horas. La �nica ventaja de la modificaci�n de Wun era que durante esos d�as u horas, lo que sobreviviera, estar�a en contacto �ntimo con una base de datos casi tan grande como la galaxia misma. Sabr�a, tanto como puede saberlo alguien de la Tierra, qui�nes eran los Hipot�ticos y por qu� nos hab�an hecho esto.</p><p>Y pens�: ��Y ahora lo sabes?� Pero quiz� as� era. Quiz� eso era lo que quer�a comunicar antes de que perdiera la facultad de hablar, la raz�n por la que quer�a que grabara esto.</p><p>��Sab�a Wun que har�as algo as�?</p><p>�No, y dudo que lo hubiera aprobado� aunque �l mismo corr�a la misma aplicaci�n.</p><p>��De verdad? A �l no se le notaba.</p><p>�No ten�a por qu�. Recuerda: lo que me est� ocurriendo, a mi cuerpo, a mi cerebro, no es la aplicaci�n. �Volvi� sus ojos ciegos hacia m�. Es un fallo del sistema.</p><p>Los replicadores hab�an sido lanzados desde la Tierra y hab�an medrado en el sistema solar exterior, lejos del sol. (�Se hab�an percatado de eso los Hipot�ticos y hab�an declarado culpable a la Tierra de lo que en el fondo era una intervenci�n marciana? �Era eso, como E. D. hab�a dejado caer, lo que los astutos marcianos hab�an pretendido desde el principio? Jason no dijo nada al respecto, y supuse que no lo sab�a.)</p><p>A su tiempo, los replicadores se expandieron hasta la estrella m�s cercana y m�s all� y al final mucho m�s all�. Las colonias de replicadores eran invisibles a distancias astron�micas, pero si las cartografiabas en una cuadr�cula de nuestro vecindario estelar, ver�as una nube en constante expansi�n, una explosi�n glacialmente lenta de vida artificial.</p><p>Los replicadores no eran inmortales. Como entidades individuales viv�an, se reproduc�an y al final mor�an. Lo que quedaba en su lugar era la red que hab�an construido; un arrecife de coral de nodos interconectados en el que la informaci�n nueva era acumulada y redirigida hacia el punto de origen de la red.</p><p>�La �ltima vez que hablamos �le record� a Jase�, dijiste que hab�a un problema. Dijiste que la poblaci�n de replicadores se estaba muriendo.</p><p>�Se toparon con algo que nadie hab�a previsto.</p><p>��Y con qu� fue, Jase?</p><p>Se qued� en silencio unos momentos, como ordenando sus pensamientos.</p><p>�Supon�amos �dijo�, que cuando lanzamos los replicadores est�bamos introduciendo algo nuevo en el universo, una forma de vida artificial completamente nueva. La suposici�n era ingenua. Nosotros, los seres humanos, terrestres o marcianos, no fuimos la primera especie inteligente que evolucion� en la galaxia. Ni de lejos. De hecho no hay nada particularmente inusual en nosotros. Virtualmente todo lo que hemos hecho en nuestra breve historia ya se ha hecho antes, en otro lado y por alg�n otro.</p><p>��Me est�s diciendo que los replicadores se tropezaron con otros replicadores?</p><p>�Una ecolog�a de replicadores. Las estrellas son una jungla, Tyler. M�s rebosantes de vida de lo que jam�s hab�amos imaginado.</p><p>Intent� visualizar el proceso tal y como lo describ�a Jason.</p><p>Muy lejos de la Tierra incomunicada por el Spin, muy lejos del sistema solar, tan lejos en el espacio que el sol es s�lo una estrella m�s en un cielo superpoblado, una semilla de replicador se posa en un fragmento de hielo sucio y empieza a reproducirse. Inicia el mismo ciclo de crecimiento, especializaci�n, observaci�n, comunicaci�n y reproducci�n que ha tenido lugar incontables veces anteriormente durante las lentas migraciones de sus ancestros. Quiz� llega a la madurez; puede que incluso empiece a enviar microrr�fagas de datos; pero esta vez, el ciclo es interrumpido.</p><p>Algo ha sentido la presencia del replicador. Y ese algo est� hambriento.</p><p>El predador (seg�n explic� Jase) es otro tipo de sistema semiorg�nico de bucles de retroalimentaci�n catal�tica, otra colonia de mecanismos celulares autorreplicantes, es tanto m�quina como biolog�a. Y el predador est� conectado a su propia red, que es mucho m�s grande y vasta que la que los replicadores terrestres han tenido tiempo de construir durante su �xodo desde la Tierra. El predador est� mucho m�s evolucionado que su presa: sus subrutinas de b�squeda de nutrientes y utilizaci�n de recursos se han afinado durante miles de millones de a�os. La colonia de replicadores terrestres, ciega e incapaz de huir, es devorada al instante.</p><p>Pero �devorada� tiene un significado especial en este contexto. El predador quiere algo m�s que simplemente mol�culas carbonosas complejas de las cuales se compone la forma madura del predador, por �tiles que puedan ser. Para el predador es mucho m�s interesante el prop�sito del replicador, las funciones y estrategias escritas en sus plantillas reproductivas. Adopta aquellas que considera potencialmente valiosas; luego se reorganiza y explota a la colonia de replicadores para sus prop�sitos. La colonia no muere, pero es absorbida, devorada antol�gicamente, sometida junto con sus hermanas a una jerarqu�a gal�ctica mucho m�s grande, m�s compleja y enormemente m�s antigua.</p><p>No es el primero ni el �ltimo artefacto que fue absorbido de esa manera.</p><p>�Las redes de replicadores �dijo Jason�, son una de las cosas que las civilizaciones tienden a producir. Dadas las dificultades inherentes en los viajes sublum�nicos como m�todo de exploraci�n de la galaxia, la mayor�a de las culturas tecnol�gicas al final se contentan con una red en expansi�n de m�quinas Von Neumann (que es lo que son nuestros replicadores) que no tienen coste de mantenimiento y que generan una corriente de informaci�n que se expande exponencialmente con el tiempo.</p><p>�Vale �dije�. Eso lo entiendo. Los replicadores marcianos no son �nicos. Se tropezaron con lo que llamas una ecolog�a�</p><p>�Una ecolog�a Von Neumann, por el matem�tico del siglo veinte John von Neumann, que fue el primero en sugerir la existencia de m�quinas autorreplicantes.</p><p>�Una ecolog�a Von Neumann, y fueron absorbidas por ella. Pero eso no nos dice nada acerca de los Hipot�ticos o el Spin.</p><p>Jason frunci� los labios en adem�n de impaciencia.</p><p>�No, Tyler. No lo entiendes. Los Hipot�ticos son la ecolog�a Von Neumann. Son la misma cosa.</p><p>Llegados a ese punto tuve que echarme atr�s y reconsiderar qui�n estaba exactamente en la habitaci�n conmigo.</p><p>Se parec�a a Jase. Pero todo lo que dec�a pon�a en duda eso.</p><p>��Te est�s comunicando con esa� entidad? �Ahora, quiero decir, mientras hablamos?</p><p>�No s� si lo llamar�as comunicaci�n. La comunicaci�n funciona en ambos sentidos. Esto no, no de la forma que quieres decir. Y la comunicaci�n de verdad no ser�a tan abrumadora. Y esto lo es. Especialmente de noche. La entrada de informaci�n queda moderada durante las horas diurnas, posiblemente porque la radiaci�n solar interfiere con la se�al.</p><p>�Y por la noche �la se�al es m�s fuerte?</p><p>�Quiz� la palabra �se�al� lleve a equivocaciones. Una se�al es lo que los replicadores originales fueron dise�ados para transmitir. Lo que recibo viene en la misma onda portadora, y transporta informaci�n, pero es activa, no pasiva. Est� intentando hacerme lo que le hace a cualquier otro nodo en la red. De hecho, Ty, est� intentando hacerse con el control de mi sistema nervioso y reprogramarlo.</p><p>As� que hab�a una tercera entidad conmigo en la habitaci�n. Yo, Jase� y los Hipot�ticos, que se lo estaban comiendo vivo.</p><p>��Pueden hacer eso? �Reprogramar tu sistema nervioso?</p><p>�No con �xito, no. Para ellos tengo el aspecto de un nodo m�s en la red de replicadores. La biotecnolog�a que me inyect� es sensible a sus manipulaciones, pero no de la forma que ellos prev�n. Como no me perciben como una entidad biol�gica, todo lo que pueden hacer es matarme.</p><p>��Hay alguna manera de apantallar la se�al o interferir�a?</p><p>�No que yo sepa. Si los marcianos ten�an esa t�cnica, se olvidaron de incluirla en la informaci�n de sus archivos.</p><p>La ventana de la habitaci�n de Jason daba al oeste. El resplandor ros�ceo que penetraba en la habitaci�n era el sol poniente, oscurecido por las nubes.</p><p>�Pero est�n contigo. Te hablan.</p><p>�Ellos. <emphasis>Ello. </emphasis>Necesitamos un pronombre mejor. Toda la ecolog�a Von Neumann es una �nica entidad. Piensa sus lentos pensamientos y hace sus propios planes. Pero muchas de sus billones de partes tambi�n son individuos aut�nomos, que a menudo compiten entre ellos, actuando m�s r�pidamente que la red en conjunto y much�simo m�s inteligentes que cualquier ser humano aislado. La membrana del Spin, por ejemplo�</p><p>��La membrana del Spin es un individuo?</p><p>�En todos los sentidos relevantes, s�. Su objetivo definitivo se deriva de la red, pero eval�a acontecimientos y hace elecciones aut�nomamente. Es m�s complejo de lo que jam�s so�amos. Supon�amos que la membrana estaba bien encendida o bien apagada, como el interruptor de una bombilla, como el c�digo binario. No es cierto. Tiene m�ltiples estados. M�ltiples prop�sitos. M�ltiples grados de permeabilidad, por ejemplo. Hemos sabido desde hace a�os que puede dejar pasar una nave espacial y repeler un asteroide. Pero tiene facultades mucho m�s sutiles que eso. Por eso no nos hemos visto inundados de radiaci�n solar en los �ltimos d�as. La membrana sigue d�ndonos un cierto grado de protecci�n.</p><p>�No conozco las cifras de muertos, Jase, pero debe de haber miles de personas s�lo en esta ciudad que han perdido familiares desde que el Spin se detuvo. Yo ser�a reacio a decirles que est�n �protegidos�.</p><p>�Pero lo est�n. En general si no en particular. La membrana de Spin no es Dios, no puede ver el gorri�n que cae. Sin embargo, s� que puede impedir que el gorri�n se ase en luz ultravioleta letal.</p><p>��Con qu� fin?</p><p>Ante eso frunci� el ce�o.</p><p>�No lo entiendo bien �empez� a decir�, o quiz� lo que pasa es que no puedo traducirlo�</p><p>Llamaron a la puerta. Carol entr� con un fardo de ropa de cama en los brazos. Apagu� la grabadora y la puse a un lado. La expresi�n de Carol era l�gubre.</p><p>��S�banas limpias? �pregunt�.</p><p>�Sujeciones �dijo ella secamente. Las s�banas estaban cortadas en tiras�. Para cuando empiecen las convulsiones.</p><p>Carol hizo un gesto con la cabeza hacia las ventanas, hacia las sombras del d�a que se alargaban.</p><p>�Gracias �dijo Jason con amabilidad�. Tyler, si necesitas un descanso, ahora ser�a un buen momento. Pero no tardes demasiado.</p><p>Fui a ver a Diane, que se encontraba en un momento de descanso entre crisis, durmiendo. Pens� en la droga marciana que le hab�a administrado (un paquete �Cuarto b�sico�, como lo hab�a llamado Jason), mol�culas semiinteligentes a punto de batallar contra la abrumadora carga de bacterias del SDCV de su cuerpo, batallones microsc�picos que se preparaban para repararla y reconstruirla, a menos que su cuerpo estuviera demasiado debilitado para aguantar el esfuerzo de la transformaci�n.</p><p>La bes� en la frente y le dije palabras de consuelo que probablemente no pod�a o�r. Luego sal� de su dormitorio y baj� al piso inferior, y sal� al jard�n de la Gran Casa, robando un momento para m� solo.</p><p>La lluvia hab�a dejado de caer al fin de forma abrupta y por completo, y el aire era m�s fresco de lo que hab�a sido en todo el d�a. El cielo era de un azul profundo en su c�nit. Unas cuantas nubes de tormenta harapientas encapotaban al sol monstruoso all� donde tocaba el horizonte occidental. Los arco�ris se alzaban de cada hoja de hierba como diminutas perlas ambarinas.</p><p>Jason hab�a admitido que se estaba muriendo. Ahora empec� a admitirlo yo.</p><p>Como m�dico, hab�a visto m�s muerte de la que ve la mayor�a de la gente. Sab�a c�mo mor�a la gente. Sab�a que la conocida historia de c�mo se enfrenta alguien a la muerte (negaci�n, ira, aceptaci�n) era en el mejor de los casos una burda generalizaci�n. Esas emociones pod�an evolucionar en segundos o no evolucionar para nada; la muerte pod�a triunfar sobre ellas en cualquier instante. Para muchas personas, enfrentarse a la muerte no era nunca un problema; sus muertes llegaban de improviso y sin anunciarse: la rotura de una aorta o una mala elecci�n en un cruce de mucho tr�fico.</p><p>Pero Jase sab�a que se mor�a. Y me asombraba que pareciera aceptarlo con esa calma ultraterrena, hasta que me di cuenta de que su muerte tambi�n era el cumplimiento de sus ambiciones. Estaba a punto de entender aquello que llevaba toda su vida luchando por comprender: el significado del Spin y el lugar de la humanidad en �l� su lugar, ya que �l hab�a sido un instrumento clave para el lanzamiento de los replicadores.</p><p>Era como si hubiera levantado la mano y tocado las estrellas.</p><p>Y ellas le hab�an tocado a su vez. Las estrellas lo estaban matando. Pero morir�a en estado de gracia.</p><p>�Tenemos que apresurarnos. Ya casi es de noche, �no?</p><p>Carol se hab�a marchado a encender velas por toda la casa.</p><p>�Casi �dije.</p><p>�Y la lluvia ha parado. O al menos no puedo o�rla.</p><p>�La temperatura tambi�n est� bajando. �Quieres que abra las ventanas?</p><p>�Por favor. �Y has encendido la grabadora?</p><p>�Est� funcionando. �Levant� la hoja de la ventana unos cent�metros y el aire fresco se infiltr� en la habitaci�n.</p><p>�Est�bamos hablando de los Hipot�ticos�</p><p>�S�. �Silencio�. �Jase? �Sigues conmigo?</p><p>�Oigo el viento. Oigo tu voz. Oigo�</p><p>��Jason?</p><p>�Lo siento� no te preocupes por m�, Ty. Ahora me distraigo con facilidad� �Ah!</p><p>Sus brazos y piernas se tensaron violentamente contra las sujeciones que Carol hab�a atado cruzando la cama. Su cabeza se alz� sobre la almohada. Parec�a que sufr�a un ataque epil�ptico, aunque fue breve: se hab�a terminado antes de que pudiera acercarme a la cama. Jason jade� y tom� aire profundamente.</p><p>�Lo siento, lo siento�</p><p>�No te disculpes.</p><p>�No puedo controlarlo, lo siento.</p><p>�S� que no puedes. No tiene importancia, Jase.</p><p>�No les culpes por lo que me est� ocurriendo.</p><p>��Culpar a qui�n? �A los Hipot�ticos?</p><p>Intent� sonre�r, aunque era evidente que sufr�a.</p><p>�Tendremos que buscarles un nuevo nombre, �no? Ya no son tan hipot�ticos como sol�an ser. Pero no les culpes. No saben lo que me est� ocurriendo. Estoy por debajo de su umbral de abstracci�n.</p><p>�No entiendo lo que quieres decir.</p><p>Habl� r�pidamente y con ansiedad, como si la charla fuera una afortunada distracci�n del sufrimiento f�sico. U otro s�ntoma de eso mismo.</p><p>�T� y yo, Tyler, somos comunidades de c�lulas vivas, �no es as�? Y si da�aras un n�mero suficiente de mis c�lulas, morir�a, me habr�as asesinado. Pero si nos damos la mano y pierdo unas cuantas c�lulas epiteliales en el proceso ninguno de los dos se dar�a cuenta de la p�rdida. Es invisible. Vivimos en un determinado nivel de abstracci�n; interactuamos como cuerpos, no como colonias celulares. Lo mismo sucede con los Hipot�ticos. Habitan en un universo mayor que el nuestro.</p><p>��Y eso les da derecho a matar a la gente?</p><p>�Estoy hablando de su percepci�n, no de su moralidad. La muerte de cualquier ser humano individual, mi muerte, podr�a ser significativa para ellos, si la vieran en el contexto adecuado. Pero no pueden.</p><p>�Han hecho esto antes, sin embargo, han creado otros mundos con Spin� �no fue eso una de las cosas que descubrieron los replicadores antes de que los Hipot�ticos se desconectaran?</p><p>�Otros mundos con Spin. S�. Much�simos. La red de los Hipot�ticos ha crecido hasta abarcar la mayor parte de la zona habitable de la galaxia, y eso es lo que hacen cuando encuentran un planeta que alberga alguna especie inteligente y que usa herramientas con un cierto grado de madurez� lo envuelven en una membrana de Spin.</p><p>Me vino a la mente la imagen de ara�as envolviendo a sus v�ctimas en seda.</p><p>��Por qu�, Jase?</p><p>La puerta se abri�. Carol hab�a vuelto, trayendo una vela en un plato de porcelana. Puso el plato en la mesilla y encendi� la vela con una cerilla. La llama bailote�, amenazada por la brisa que entraba por la ventana.</p><p>�Para preservarla �dijo Jason.</p><p>�Para preservarla �de qu�?</p><p>�De su propia senilidad y su muerte final. Las culturas tecnol�gicas mueren como todo lo dem�s. Florecen hasta que agotan sus recursos; luego mueren.</p><p>A menos que, simplemente, no se murieran. A menos que contin�en floreciendo, expandi�ndose por sus sistemas solares, trasplant�ndose a las estrellas�</p><p>Pero Jason hab�a previsto mi objeci�n.</p><p>�Incluso el viaje espacial a escala local es lento e ineficiente para seres con una esperanza de vida humana. Quiz� hubi�ramos podido ser la excepci�n a la regla. Pero los Hipot�ticos llevan por ah� desde hace much�simo tiempo. Antes de dise�ar la membrana del Spin vieron c�mo incontables mundos habitados se ahogaban en sus propias heces.</p><p>Inhal� y pareci� atragantarse. Carol se volvi� hacia �l. Su m�scara de competencia se le cay�, y durante el momento que Jason tard� en recuperarse qued� claro que estaba puramente aterrorizada, que no era una doctora sino una mujer con un hijo moribundo.</p><p>Jase, afortunadamente quiz�, no pod�a verlo. Trag� saliva y empez� a respirar normalmente de nuevo.</p><p>�Pero �por qu� el Spin, Jase? Nos empuja hacia el futuro, pero no cambia nada.</p><p>�Al contrario �dijo�. Lo cambia todo.</p><p>La paradoja de la �ltima noche de Jason fue que su discurso se volvi� m�s extra�o e intermitente seg�n parec�an ampliarse exponencialmente sus conocimientos adquiridos. Creo que en esas pocas horas aprendi� much�simo m�s de lo que fue capaz de compartir, y lo que s� comparti� fue incre�ble� una explicaci�n de un poder asombroso y provocativo en cuanto a sus implicaciones para el destino de la humanidad.</p><p>Dejando a un lado el trauma, la lucha ag�nica para encontrar las palabras adecuadas, lo que dijo fue�</p><p>Bueno, comenz� con un �Intenta verlo desde su punto vista�.</p><p>Su punto de vista: el de los Hipot�ticos.</p><p>Los Hipot�ticos, ya los consider�ramos un solo organismo o muchos, hab�an evolucionado a partir de los primeros organismos Von Neumann que habitaron en nuestra galaxia. El origen de esas m�quinas autorreplicantes primigenias era oscuro. Sus descendientes no ten�an recuerdos directos de ello, no m�s de lo que t� o yo podemos �recordar� la evoluci�n humana. Puede que fueran el producto de una temprana cultura biotecnol�gica de la cual no queda ning�n rastro; o puede que emigraran desde otra galaxia m�s antigua. En cualquier caso, los Hipot�ticos de hoy pertenec�an a un linaje casi inimaginablemente antiguo.</p><p>Hab�an visto incontables veces la aparici�n y muerte de especies inteligentes en planetas como el nuestro. Al transportar pasivamente material org�nico de una estrella a otra puede que incluso ayudaran a sembrar los procesos de la evoluci�n org�nica. Y hab�an observado c�mo las culturas biol�gicas generaban burdas redes de m�quinas Von Neumann como subproducto de su complejidad cada vez mayor (pero insostenible a largo plazo)� no una vez, sino muchas. Para los Hipot�ticos todos parec�amos salas de maternidad de replicadores: extra�os, fecundos, fr�giles.</p><p>Desde su punto de vista esta gestaci�n interminable y renqueante de redes simples de m�quinas Von Neumann, seguida por el r�pido colapso ecol�gico de los planetas de origen, era un misterio y una tragedia.</p><p>Un misterio porque los fen�menos fugaces a escala puramente biol�gica les eran dif�ciles de comprender o siquiera percibir.</p><p>Una tragedia, porque hab�an empezado a considerar esas culturas progenituras como redes biol�gicas fallidas, similares a ellos mismos: creciendo hacia la verdadera complejidad pero destruidas prematuramente por ecosistemas planetarios finitos.</p><p>Para los Hipot�ticos, por tanto, el Spin era un medio para preservarnos, a nosotros y otras docenas de civilizaciones similares que hab�an emergido en otros mundos antes y despu�s que nosotros, en nuestra edad de oro tecnol�gica. Pero no �ramos piezas de museo, congeladas en el tiempo para mostrar al p�blico. Los Hipot�ticos estaban redefiniendo nuestro destino. Nos hab�an suspendido en un tiempo lento mientras ensamblaban las partes de un grandioso experimento, un experimento que se hab�a estado formulando durante millones de a�os y que ahora estaba acerc�ndose a su meta definitiva: construir entornos biol�gicos enormemente expandidos en los que esas culturas que de otra manera estar�an condenadas pudieran expandirse y en las cuales al fin pudieran encontrarse y entremezclarse.</p><p>Al principio no comprend� el sentido de todo eso: �Entornos biol�gicos ampliados? �Mayores que la propia Tierra?</p><p>Ahora est�bamos en la plena oscuridad de la noche. Las palabras de Jason quedaban interrumpidas por movimientos convulsivos y sonidos involuntarios, que he dejado fuera de este relato. Peri�dicamente comprobaba los latidos de su coraz�n, que se debilitaban por momentos.</p><p>�Los Hipot�ticos �dijo� pueden manipular el tiempo y el espacio. La prueba de eso nos rodea por todos lados. Pero crear una membrana temporal no es la menor ni la mayor de sus habilidades. Pueden conectar, literalmente, nuestro planeta mediante bucles espaciales a otros planetas parecidos� Nuevos planteas, algunos dise�ados y creados artificialmente, a los cuales podr�amos viajar instant�nea y f�cilmente� viajar por medio de enlaces, puentes, estructuras, estructuras ensambladas por los Hipot�ticos, ensambladas a partir, si es que es posible de verdad, de la materia de estrellas muertas, estrellas de neutrones� estructuras que han arrastrado literalmente por el espacio, pacientemente, pacientemente, durante el transcurso de millones de a�os�</p><p>Carol se sent� a un lado en la cama y yo me sent� al otro lado. Le sujet� por los hombros cuando su cuerpo se convulsion� y Carol le acarici� la frente durante los intervalos en los que no pod�a hablar. Sus ojos chispeaban a la luz de la vela y contemplaba fijamente la nada.</p><p>�La membrana del Spin sigue en su sitio todav�a, trabajando, pensando, pero la funci�n temporal ya ha terminado, ha sido completada� eso eran las fluctuaciones, el subproducto del proceso de desintonizaci�n, y ahora la membrana se ha hecho permeable de forma que algo puede penetrar en la atm�sfera atraves�ndola, algo grande�</p><p>Posteriormente el significado de sus palabras fue obvio. En aquel momento me sent� asustado y sospechaba que hab�a empezado a caer en la demencia, una especie de sobrecarga metaf�rica gobernada por la palabra �red�.</p><p>Por supuesto, me equivocaba por completo.</p><p><emphasis>Ars moriendi ars vivendi est: </emphasis>el arte de morir es el arte de vivir. Lo hab�a le�do en alg�n momento de mis a�os de interinidad y lo record� mientras estaba all� a su lado. Jason muri� como hab�a vivido, en la b�squeda heroica de la comprensi�n. Su regalo al mundo ser�an los frutos de esa comprensi�n, no acaparados por unos pocos sino libremente distribuidos.</p><p>Pero el otro recuerdo que me vino a la mente, mientras el sistema nervioso de Jason era transformado y corro�do por los Hipot�ticos de una forma que no pod�an saber que era letal para �l, fue el de aquella tarde hac�a tanto tiempo, cuando se hab�a montado en mi pesada bici de segunda mano para bajar desde lo alto de Bantam Hill Road. Record� la pericia, casi de bailar�n de ballet, con la que hab�a controlado esa m�quina en desintegraci�n, hasta que no qued� nada excepto la velocidad y la bal�stica, el inevitable colapso del orden en el caos.</p><p>Su cuerpo, y era un Cuartogenario, era una m�quina finamente ajustada. No morir�a f�cilmente. En alg�n momento antes de la medianoche Jason perdi� el habla, y entonces fue cuando comenz� a parecer asustado y no del todo humano. Carol le cogi� de la mano y le dijo que estaba a salvo, que estaba en casa. No s� si ese consuelo lleg� hasta �l en las extra�as y enrevesadas c�maras en las que su mente hab�a entrado. Espero que s�.</p><p>No mucho despu�s de eso puso los ojos en blanco y sus m�sculos se relajaron. Su cuerpo continu� luchando, respirando de forma convulsiva, casi hasta la ma�ana.</p><p>Entonces lo dej� con Carol, que le acarici� la cabeza con ternura infinita y le susurr� como si a�n pudiera o�rla, y no me di cuenta de que cuando el sol se alz� no era una cosa hinchada y rojiza, sino tan brillante y perfecto como era antes del Spin.</p></section><section><title><p>4 x 10 <sup>9</sup> d. C./Todos aterrizamos en alg�n lado</p></title><p>Me qued� en la cubierta del <emphasis>Capetown Maru </emphasis>mientras dejaba su amarradero y se hac�a a mar abierto.</p><p>No menos de una docena de barcos contenedores intentaban abandonar Teluk Bayur mientras los fuegos de los tanques de combustible a�n segu�an ardiendo, compitiendo por salir los primeros. La mayor�a eran peque�as embarcaciones mercantes de dudoso origen, probablemente con rumbo a Puerto Magallanes a pesar de lo que dijeran sus manifiestos, nav�os cuyos due�os y capitanes ten�an mucho que perder en el escrutinio que seguir�a a una investigaci�n.</p><p>Me qued� con Jala y los dos nos aferramos a las barandillas, contemplando c�mo un carguero costero moteado por el �xido sal�a de un banco de humo pasando de forma alarmantemente cerca de la popa del <emphasis>Capetown. </emphasis>Ambos barcos hicieron sonar alarmas y en la cubierta del <emphasis>Capetown </emphasis>la tripulaci�n mir� nerviosamente hacia popa. Pero el carguero se desvi�, pasando a nuestro lado casi roz�ndonos.</p><p>Y entonces est�bamos fuera de la protecci�n del puerto, en alta mar con gran marejada, y baj� a reunirme con Ina, Diane y los dem�s emigrantes en la sala de la tripulaci�n. En estaba sentado a una mesa de caballete con Ibu Ina y sus padres, lo cuatro parec�an indispuestos. En deferencia a su herida, a Diane le hab�an dado la �nica silla tapizada en la habitaci�n, pero la herida hab�a dejado de sangrar y hab�a conseguido ponerse ropa seca.</p><p>Jala entr� en la sala una hora despu�s. Grit� pidiendo atenci�n y luego dio un discurso, que Ina tradujo para m�:</p><p>�Dejando a un lado sus pomposas alabanzas a su propia persona, Jala dice que fue al puente a hablar con el capit�n. Todos los fuegos en cubierta est�n controlados y estamos de camino sanos y salvos, seg�n dice �l, claro. El capit�n se disculpa por el estado de la mar. Seg�n el pron�stico, deber�a mejorar a finales de la noche o ma�ana a primera hora. Durante las pr�ximas horas, sin embargo�</p><p>Momento en el que En, que estaba sentado al lado de Ina, se volvi� y vomit� en su regazo, terminando la frase por ella.</p><p>Dos noches despu�s sub� a la cubierta con Diane para contemplar las estrellas.</p><p>La cubierta principal estaba m�s tranquila por las noches que en cualquier otro momento del d�a. Hab�amos encontrado un espacio seguro entre los contenedores al descubierto de la cubierta y la superestructura de popa, donde pod�amos hablar sin que nos oyeran. El mar estaba en calma, el aire era agradablemente c�lido, y las estrellas se concentraban sobre los postes y radares del <emphasis>Capetown </emphasis>como si se hubieran enmara�ado en las jarcias.</p><p>��Sigues escribiendo tus memorias? �Diane hab�a visto el surtido de tarjetas de memoria que llevaba en mi equipaje, aparte del contrabando farmacol�gico y digital que hab�amos tra�do de Montreal. Tambi�n hab�a varios cuadernillos de papel, p�ginas sueltas y notas garabateadas.</p><p>�Ya no tanto �dije�. No parece tan urgente. Ya no tengo la necesidad de escribir todo�</p><p>�O el miedo de olvidar.</p><p>�O eso.</p><p>��Y te sientes diferente? �pregunt� sonriendo.</p><p>Yo era un Cuartogenario nuevo, y Diane no. Para entonces su herida ya se hab�a cerrado, sin dejar nada excepto una tira de carne hendida que segu�a la curvatura de su cadera. La capacidad de su cuerpo para curarse me parec�a imposible. Aunque, supuestamente, yo tambi�n la tuviera ahora.</p><p>Su pregunta era un poco maliciosa. Le hab�a preguntado a Diane muchas veces en el pasado si se sent�a diferente como Cuartogenaria. La verdadera pregunta era, por supuesto, si me parec�a diferente a m�.</p><p>No hab�a una buena respuesta a esa pregunta. Obviamente, era una persona diferente tras su casi morir y resucitar en la Gran Casa, �y qui�n no lo ser�a? Hab�a perdido un marido y una fe, y hab�a despertado a un mundo que dejar�a rasc�ndose la cabeza de perplejidad al propio Buda.</p><p>�La transici�n es s�lo una puerta �dijo ella�. Una puerta a una habitaci�n. Una habitaci�n en la que nunca has estado, aunque puede que la hayas vislumbrado de vez en cuando. Ahora es la habitaci�n en la que vives; es tuya, te pertenece. Tiene ciertas caracter�sticas que no puedes cambiar� no puedes hacerla m�s grande o m�s peque�a. Pero la forma en que la amuebles es asunto tuyo.</p><p>�M�s parece un proverbio que una respuesta �dije.</p><p>�Lo siento. Es lo mejor que s� hacerlo. �Volvi� la cabeza hacia las estrellas�. Mira, Tyler, se puede ver el Arco.</p><p>Lo llamamos �arco� porque somos una especie miope. El Arco es en realidad un anillo, un c�rculo de mil seiscientos kil�metros de di�metro pero s�lo la mitad se alza por encima del nivel del mar. El resto est� bajo el agua o enterrado en la corteza de la tierra, quiz� (seg�n han especulado algunos) explotando el magma suboce�nico como fuente de energ�a. Pero desde nuestro punto de vista de hormigas era en realidad un arco, cuya cima se extend�a muy por encima de la atm�sfera.</p><p>Incluso la mitad expuesta s�lo era visible en las fotograf�as tomadas desde el espacio, y esas fotograf�as normalmente eran manipuladas para centrarse en los detalles. Si se pudiera tener una secci�n transversal del material del anillo (de hecho, el cable que se convierte en un aro) ser�a un rect�ngulo de cuatrocientos metros de alto y un kil�metro y medio de ancho. Inmenso, pero una diminuta fracci�n del espacio que rodeaba y no siempre f�cil de ver desde lejos.</p><p>La ruta del <emphasis>Capetown Maru </emphasis>nos hab�a llevado al sur del anillo, siguiendo un rumbo paralelo a su radio hasta pasar casi directamente bajo su �pice. El sol segu�a brillando sobre esa cima, que ya no era una �U� doblada o una �J�, sino un suave ce�o fruncido (un ce�o de Cheshire, dijo Diane) en lo alto del cielo septentrional. Las estrellas rotaban pasando por encima como plancton fosforescente apartado por la proa de un barco.</p><p>Diane apoy� la cabeza contra mi hombro.</p><p>�Ojal� Jason pudiera verlo.</p><p>�Creo que s� lo vio. S�lo que no desde este �ngulo.</p><empty-line/><p>Hab�a tres problemas inmediatos en la Gran Casa tras la muerte de Jason.</p><p>El m�s urgente era Diane, cuyo estado f�sico hab�a permanecido sin cambios durante d�as despu�s de la inyecci�n de droga marciana. Estaba casi comatosa y sufr�a ataques de fiebre de modo intermitente, el pulso se le ve�a latir en la garganta como el aleteo del ala de un insecto. Los suministros m�dicos escaseaban y ten�a que forzarla a que tomara el ocasional sorbo de agua. La �nica mejor�a real fue en el sonido de su respiraci�n, que lentamente se fue volviendo m�s relajada y menos flem�tica; sus pulmones, al menos, se estaban reparando.</p><p>El segundo problema era desagradable, pero era uno que compart�amos con demasiadas familias de todo el pa�s: un miembro de la familia hab�a muerto y hab�a que enterrarlo.</p><p>Una oleada de muertes (accidentes, suicidios, homicidios) hab�a barrido el mundo en los �ltimos d�as. Ninguna naci�n de la Tierra estaba preparada para enfrentarse a algo as�, excepto de la forma m�s cruda, y los Estados Unidos no era una excepci�n. La radio local hab�a comenzado a anunciar sitios de recogida para entierros en masa; se hab�an requisado camiones refrigerados de las plantas de procesado de carne; hab�a un n�mero al que llamar ahora que el servicio telef�nico hab�a sido restaurado� pero Carol no quer�a saber nada de eso. Cuando mencion� el tema se retrajo a una postura de feroz dignidad y dijo.</p><p>�No lo permitir�, Tyler. No permitir� que Jason sea tirado a un hoyo como un mendigo medieval.</p><p>�Carol, no podemos�</p><p>�Calla �dijo�. A�n tengo algunos contactos de los viejos tiempos. D�jame hacer un par de llamadas.</p><p>Una vez hab�a sido una especialista respetada y debi� tener una extensa red de contactos antes del Spin; pero tras treinta a�os de reclusi�n alcoh�lica, �a qui�n podr�a llamar? Pese a todo, se pas� una ma�ana al tel�fono, rastreando n�meros cambiados, volviendo a presentarse a personas que no se acordaban de ella, explicando, convenciendo, rogando. Todo eso me sonaba a in�til. Pero seis horas despu�s o� un coche f�nebre que entraba por la carretera de la casa y dos hombres obviamente agotados, pero profesionales e infatigablemente amables, vinieron y pusieron el cuerpo de Jason en una camilla con ruedas y lo sacaron de la Gran Casa por �ltima vez.</p><p>Carol pas� el resto del d�a en el piso de arriba, cogiendo a Diane de la mano y cant�ndole canciones que probablemente no pod�a o�r. Esa noche se tom� su primera copa desde la ma�ana del sol rojo. Una �dosis de mantenimiento�, en sus propias palabras.</p><p>El tercer problema era E. D. Lawton.</p><empty-line/><p>Hab�a que contarle a E. D. que su hijo hab�a muerto, y Carol se arm� de valor para llevar a cabo tambi�n ese deber. Confes� que no hab�a hablado con E. D. excepto mediante abogados desde hac�a un par de a�os y que siempre la hab�a asustado, al menos cuando estaba sobria: era un hombre grande, agresivo, intimidante; Carol era una mujer fr�gil, elusiva, esquiva. Pero su pesar hab�a alterado sutilmente la ecuaci�n.</p><p>Le llev� horas, pero al final fue capaz de ponerse en contacto con �l. Estaba en Washington, a un par de horas en coche; y le cont� lo de Jason. Fue deliberadamente vaga acerca de la causa de su muerte. Le dijo que Jason hab�a venido a casa con lo que parec�a neumon�a y que su estado se hab�a vuelto cr�tico poco despu�s de que desapareciera la electricidad y el mundo se volviera un caos� sin tel�fono, sin servicio de ambulancia, y en definitiva, sin esperanza.</p><p>Le pregunt� c�mo se hab�a tomado E. D. las noticias.</p><p>Se encogi� de hombros.</p><p>�Al principio no dijo nada. El silencio es la forma que E. D. tiene de expresar el dolor. Su hijo ha muerto, Tyler. Puede que eso no le sorprendiera, teniendo en cuenta lo que hab�a pasado en los �ltimos d�as. Pero le doli�. Creo que le duele de una manera que no puede expresar.</p><p>��Le dijiste que Diane estaba aqu�?</p><p>�Pens� que ser�a m�s sensato no hacerlo. �Me mir�. Tampoco le dije que est�s aqu�. S� que Jason y E. D. estaban a malas. Jason vino a casa para escapar de algo que estaba ocurriendo en Perihelio, algo que le asustaba. Y supongo que est� conectado de alguna manera con la droga marciana. No, Tyler, no me lo expliques� no me interesa y probablemente no lo entender�a. Pero pens� que ser�a mejor que E. D. no apareciera por aqu� intimidando a todo el mundo, para dirigirlo todo.</p><p>��No pregunt� por ella?</p><p>�No, no sobre Diane. Una cosa s� fue rara. Me pidi� que me asegurara de que Jason� bueno, de que el cuerpo de Jason sea preservado. Me hizo un mont�n de preguntas sobre eso. Le dije que ya hab�a dispuesto las cosas, que habr�a un funeral, y que se lo dir�a. Pero no quiso dejarlo as�. Quiere una autopsia. Pero me volv� terca. �Me mir� con frialdad�: �Para qu� querr�a una autopsia, Tyler?</p><p>�No lo s� �dije.</p><p>Pero me dispuse a averiguarlo. Fui a la habitaci�n de Jason, donde su cama vac�a hab�a sido despojada de s�banas. Abr� la ventana, me sent� en la silla cerca del armario y examin� lo que Jason hab�a dejado atr�s.</p><p>Jason me pidi� que grabara sus iluminaciones finales sobre la naturaleza de los Hipot�ticos y su manipulaci�n de la Tierra. Tambi�n me hab�a pedido que incluyera una copia de esa grabaci�n en cada uno de la docena o as� de sobres acolchados, con sellos y direcciones para enviar directamente al correo en caso de que se restaurara el servicio postal. Claramente, Jase no esperaba producir ese mon�logo cuando lleg� a la Gran Casa pocos d�as antes del fin del Spin. Otra crisis le hab�a venido pisando los talones. Su testamento en el lecho de muerte era un a�adido.</p><p>Hoje� los sobres. Estaban dirigidos, con la escritura de Jason, a nombres que no reconoc�. No, eso no era cierto; reconoc� el nombre en uno de los sobres.</p><p>Era el m�o.</p><empty-line/><cite><p>Querido Tyler,</p><p>S� que en el pasado te he hecho cargar con mis problemas de forma desconsiderada. Me temo que voy a hacerlo de nuevo, y esta vez los riesgos son considerablemente mayores. D�jame explicarlo. Y lo lamento si parece repentino, pero tengo prisa, por razones que quedar�n claras m�s adelante.</p><p>Los recientes episodios, a los que los medios de comunicaci�n llaman �la fluctuaci�n�, han disparado alarmas en la administraci�n Lomax. Y otros acontecimientos menos publicitados tambi�n. Citar� un solo ejemplo: desde la muerte de Wun Ngo Wen, las muestras de sus tejidos han sido sometidas a estudios en el Centro de Enfermedades Animales de Plum Island, la misma instalaci�n donde fue sometido a cuarentena a su llegada a la Tierra. La biotecnolog�a marciana es sutil, pero la ciencia forense moderna es tenaz. Recientemente ha quedado claro que la fisiolog�a de Wun, en particular su sistema nervioso, hab�a sido alterada de forma incluso m�s radical que el procedimiento de �Cuarta Edad� descrito someramente en sus archivos. Por �sta y otras razones, Lomax y su gente han empezado a creer que hay gato encerrado. Invitaron a E. D. a dejar su retiro y est�n dando renovado cr�dito a sus sospechas sobre los motivos de Wun. E. D. recibi� esta invitaci�n como una oportunidad para volver a reclamar Perihelio (y su reputaci�n), y no ha perdido tiempo en aprovecharse de la paranoia reinante en la Casa Blanca.</p><p>�Qu� acciones han emprendido las autoridades? Lomax (o sus consejeros) ha planeado una incursi�n en las instalaciones que quedan de Perihelio para apoderarse de lo que hubi�ramos retenido de las posesiones y documentos de Wun, as� como de nuestros propios archivos y notas de trabajo.</p><p>E. D. todav�a no ha hecho la conexi�n entre mi recuperaci�n de la EMA y los f�rmacos de Wun; o si lo ha hecho, se lo ha callado. O eso prefiero creer. Porque si caigo en manos de los servicios de seguridad, lo primero que har�n ser� un an�lisis exhaustivo de sangre, tras lo que r�pidamente me convertir� en un experimento cient�fico cautivo, probablemente en la misma celda en la que estuvo Wun en Plum Island. Y no creo que E. D. quiera que eso ocurra en realidad. Por muy resentido que est� conmigo por �robarle Perihelio� o colaborar con Wun Ngo Wen, sigue siendo mi padre.</p><p>Pero no te preocupes. Aunque E. D. haya vuelto a congraciarse con la Casa Blanca de Lomax, tengo recursos propios. Los he estado cultivando. En general no se trata de gente poderosa, aunque algunos son poderosos a su manera, sino personas decentes y brillantes que han optado por una visi�n a largo plazo del destino de la humanidad, y gracias a ellos fui advertido con antelaci�n de la incursi�n en Perihelio. He escapado. Ahora soy un fugitivo. T�, Tyler, est�s bajo la sospecha de complicidad, aunque puede resultar igualmente peligroso.</p><p>Lo siento. S� que tengo parte de responsabilidad por ponerte en esa posici�n. Alg�n d�a me disculpar� ante ti cara a cara. Por ahora, todo lo que puedo ofrecerte son consejos.</p><p>Los archivos digitales que puse en tus manos cuando te marchaste de Perihelio son, por supuesto, material altamente clasificado procedente de los archivos de Wun Ngo Wen. Por lo que s�, puede que los hayas quemado o tirado al fondo del Pac�fico. No importa. Los a�os que he pasado dise�ando veh�culos espaciales me han ense�ado las virtudes de la redundancia. He enviado paquetes con la sabidur�a de contrabando de Wun a docenas de personas en este pa�s y en todo el mundo. Todav�a no lo han colgado en internet, nadie es tan temerario, pero est� ah� fuera. No hay duda de que se trata de un acto profundamente antipatri�tico y, desde luego, criminal. Si soy capturado, ser� acusado de traici�n. Mientras tanto, aprovecho mi tiempo al m�ximo.</p><p>Pero no creo que un conocimiento de esta clase (que incluye protocolos para modificaciones humanas que pueden curar enfermedades graves, entre otras cosas, como s� muy bien) deba ser ocultado para que una naci�n obtenga ventajas sobre las dem�s, aunque su publicaci�n presente otros problemas.</p><p>Lomax y su Congreso domesticado est�n en claro desacuerdo. As� que estoy dispersando los �ltimos fragmentos de los archivos y luego me esfumar�. Me esconder�. Puede que t� quieras hacer lo mismo. De hecho, puede que tengas que hacerlo. Todo el que estuviera en el viejo Perihelio, todo el que estuviera relacionado conmigo, caer� bajo el escrutinio federal tarde o temprano.</p><p>O, por el contrario, puede que quieras pasarte por la oficina m�s cercana del FBI y entregar los contenidos de este sobre. Si eso es lo que consideras que es mejor, sigue los dictados de tu conciencia. No te culpar� de nada, pero no te garantizo el resultado. Mi experiencia con la administraci�n Lomax sugiere que la verdad, en realidad, no te har� libre.</p><p>En cualquier caso, lamento colocarte en una posici�n tan dif�cil. No es justo. Es pedir demasiado a un amigo, y siempre me he sentido orgulloso de llamarte mi amigo.</p><p>Quiz� E. D. tuviera raz�n respecto a una cosa. Nuestra generaci�n ha luchado durante treinta a�os por recuperar lo que el Spin nos rob� aquella noche de octubre. Pero no podemos. No hay nada a lo que aferrarse en este universo en r�pida evoluci�n, ni nada que ganar al intentarlo. Si algo he aprendido de ser un �Cuartogenario� es eso. Somos tan ef�meros como gotas de agua. Todos caemos, y todos aterrizamos en alg�n lado.</p><p>Cae libremente, Tyler. Usa los documentos adjuntos si los necesitas. Fueron caros pero son de absoluta confianza. (�Es bueno tener amigos en las alturas!)</p></cite><empty-line/><p>Los �documentos adjuntos� eran, en esencia, un conjunto de identidades falsas: pasaportes, carn�s de identidad de Homeland Security, permisos de conducir, certificados de nacimiento, n�meros de la Seguridad Social e incluso diplomas de medicina, todos ellos con mi descripci�n pero ninguno con mi nombre de verdad.</p><empty-line/><p>Diane sigui� recuper�ndose. Su pulso se fortaleci� y sus pulmones se limpiaron, aunque segu�a febril. La droga marciana hac�a su trabajo, reconstruy�ndola de dentro a fuera, editando y reparando su ADN de manera sutil.</p><p>Seg�n mejoraba su salud, empez� a hacer preguntas cautas: sobre el sol, sobre el pastor Dan, sobre el viaje desde Arizona hasta la Gran Casa. Debido a su fiebre intermitente, las respuestas que le daba no siempre quedaban registradas. Me pregunt� m�s de una vez qu� le hab�a ocurrido a Simon. Si estaba l�cida le contaba cosas sobre la becerra roja y el regreso de las estrellas; si estaba atontada le dec�a simplemente que Simon estaba �en otro lado� y que yo me ocupar�a de ella un poco m�s. Ninguna de esas respuestas, las verdaderas o las medias verdades, parec�an satisfacerla.</p><p>Algunos d�as se quedaba inm�vil, apoyada sobre la almohada mirando a la ventana, contemplando la lenta deriva de la luz del sol sobre las s�banas. Otros d�as estaba febrilmente inquieta. Una tarde pidi� que le diera papel y bol�grafo� pero cuando se lo di todo que escribi� fue una �nica frase, <emphasis>�Acaso soy el guardi�n de mi hermano?,</emphasis> repetida una y otra vez hasta que los dedos se le acalambraron.</p><p>�Le cont� lo de Jason �admiti� Carol cuando le ense�� el papel.</p><p>��Est�s segura de que eso fue sensato?</p><p>�Ten�a que saberlo tarde o temprano. Ya har� las paces con ello, Tyler. No te preocupes. Diane se pondr� bien. Diane siempre fue la m�s fuerte.</p><p>El d�a del funeral de Jason prepar� los sobres que me hab�a dejado, a�adiendo una copia de la grabaci�n de sus �ltimas horas, les puse los sellos y los deposit� en un buz�n de correos escogido al azar de camino a la capilla local que Carol hab�a reservado para el servicio. El paquete tendr�a que esperar unos cuantos d�as hasta que lo recogieran, el servicio postal todav�a estaba siendo restaurado, pero me imagin� que estar�an m�s seguros all� que en la Gran Casa.</p><p>La �capilla� era una funeraria aconfesional en una calle principal de un barrio residencial, calle por la que ahora pasaba bastante tr�fico, ahora que se hab�an levantado las restricciones de viaje. Jase siempre hab�a tenido ese desprecio de los racionalistas por los funerales elaborados, pero el sentido de la dignidad de Carol exig�a una ceremonia, aunque fuera endeble y pro forma. Hab�a logrado reunir a un grupo de gente, la mayor�a viejos vecinos que recordaban a Jason de ni�o y que hab�an visto su carrera en fragmentos de im�genes de la tele y en art�culos del peri�dico. Era su estatus de celebridad en decadencia lo que llen� los bancos.</p><p>Dije un breve paneg�rico. (Diane lo hubiera hecho mejor, pero estaba demasiado enferma para asistir.) Jase, dije, hab�a dedicado su vida a la b�squeda del conocimiento, no con arrogancia, sino con humildad: comprend�a que el conocimiento no se creaba, sino que se descubr�a; nadie pod�a adue�arse de �l, s�lo compartirlo, pas�ndolo de mano en mano, de generaci�n en generaci�n. Jason se hab�a convertido en parte de esa cadena de conocimiento y todav�a segu�a si�ndolo. Se hab�a entretejido a s� mismo en la red del conocimiento.</p><p>E. D. entr� en la capilla cuando yo todav�a segu�a en el pulpito.</p><p>Hab�a atravesado medio pasillo entre los bancos cuando me reconoci�. Se me qued� mirando fijamente durante un largo minuto antes de sentarse en un banco vac�o.</p><p>Estaba m�s demacrado que la �ltima vez que lo hab�a visto, y se hab�a afeitado la cabeza casi por completo. Pero segu�a teniendo el porte de un hombre poderoso. Llevaba un traje hecho a medida de corte recto como un navajazo. Se cruz� de brazos e inspeccion� la sala imperiosamente, anotando qui�n estaba presente. Su mirada se demor� en Carol.</p><p>Cuando termin� el servicio, Carol se levant� y acept� resueltamente las condolencias de sus vecinos mientras sal�an. Hab�a llorado copiosamente en los �ltimos d�as, pero sus ojos estaban absolutamente secos en esos momentos, parec�a tener una indiferencia casi patol�gica a su entorno. E. D. se acerc� a ella despu�s de que se hubiera marchado el �ltimo invitado. Carol se tens�, como un gato que presiente la presencia de un depredador mayor.</p><p>�Carol �dijo E. D. �. Tyler. �Me dedic� una mirada agria.</p><p>�Nuestro hijo est� muerto �dijo Carol�. Jason se ha ido.</p><p>�Por eso estoy aqu�.</p><p>�Espero que est�s aqu� para rendirle un �ltimo adi�s�</p><p>�Por supuesto que s�.</p><p>�� y no por alguna otra raz�n. Porque vino a casa para escapar de ti. Supongo que lo sabes.</p><p>�S� m�s al respecto de lo que te imaginas. Jason estaba confuso�</p><p>�A Jason le pasaban muchas cosas, pero estar confuso no era una de ellas. Estaba con �l cuando muri�.</p><p>��Ah, s�? Eso es interesante, porque a diferencia de ti, yo estaba con �l cuando estaba vivo.</p><p>Carol inhal� bruscamente y gir� la cabeza como si la hubiesen abofeteado.</p><p>�Vamos, Carol �dijo E. D. �. Yo fui quien educ� a Jason y lo sabes. Puede que no te guste el tipo de vida que le di, pero eso fue lo que hice: darle una vida y los medios para vivirla.</p><p>�Yo lo par�.</p><p>�Eso fue una funci�n fisiol�gica, no un acto moral. Todo lo que Jason tuvo me lo deb�a a m�. Todo lo que aprendi�, se lo ense�� yo.</p><p>�Para bien o para mal�</p><p>�Y ahora me condenas simplemente porque me preocupan determinados asuntos de importancia que�</p><p>��Qu� asuntos de importancia?</p><p>�Obviamente, estoy hablando de la autopsia.</p><p>�S�. Lo mencionaste por tel�fono. Pero es algo indigno y adem�s es claramente imposible.</p><p>�Esperaba que te tomaras mis preocupaciones en serio. Est� claro que no es as�. Pero no necesito tu permiso. Hay hombres en el exterior de este edificio esperando para reclamar el cuerpo, y pueden presentar �rdenes judiciales bajo el Acta de Medidas de Emergencia.</p><p>Carol se apart� un paso de �l.</p><p>��Tanto poder tienes?</p><p>�Ni t� ni yo tenemos elecci�n en este asunto. Ocurrir� nos guste o no. Y en realidad se trata s�lo de una formalidad. No se le har� da�o a nadie. As� que, por amor de Dios, conservemos algo de dignidad y respeto mutuo. D�jame quedarme con el cuerpo de mi hijo.</p><p>�No puedo hacerlo.</p><p>�Carol�</p><p>�No puedo darte su cuerpo.</p><p>�No me est�s escuchando. No tienes elecci�n.</p><p>�No, lo lamento, pero el que no escucha eres t�. Escucha, E. D. No puedo darte su cuerpo.</p><p>E. D. abri� la boca y luego la cerr�. Sus ojos se abrieron de par en par.</p><p>�Carol �dijo�. �Qu� has hecho?</p><p>�No hay cuerpo. Ya no. �Los labios de Carol se curvaron en una sonrisa astuta y amarga�. Pero supongo que puedes quedarte con las cenizas. Si insistes.</p><empty-line/><p>Llev� a Carol en coche de vuelta a la Gran Casa, donde su vecino Emil Hardy (que hab�a abandonado su ef�mero peri�dico local cuando volvi� la electricidad) hab�a estado velando a Diane.</p><p>�Hablamos de los viejos tiempos en el barrio �dijo Hardy cuando se iba�. Sol�a contemplar a los chavales en sus bicicletas. De eso hace mucho tiempo. Lo que le pasa en la piel�</p><p>�No es contagioso �dijo Carol�. No te preocupes.</p><p>�Es poco corriente, sin embargo.</p><p>�S�. Poco corriente s� que lo es. Gracias, Emil.</p><p>�A Ashley y a m� nos encantar�a que vinieras a cenar en alguna ocasi�n.</p><p>�Suena encantador. Dale las gracias a Ashley de mi parte. �Cerr� la puerta y se volvi� hacia m�. Necesito una copa. Pero lo primero es lo primero. E. D. sabe que est�s aqu�. As� que tendr�s que marcharte, y tendr�s que llevarte a Diane contigo. �Puedes hacerlo? �Llev�rtela a alg�n lado? �A alg�n lado donde E. D. no la encuentre?</p><p>�Por supuesto que puedo. Pero �qu� pasar� contigo?</p><p>�No estoy en peligro. E. D. puede que env�e gente a registrar la casa en busca de cualquier tesoro que crea que Jason le rob�. Pero no encontrar� nada� siempre que no dejes absolutamente nada atr�s, Tyler. Y no puede quitarme la casa. E. D. y yo firmamos nuestro armisticio hace mucho tiempo. Nuestras escaramuzas son triviales. Pero a ti s� que puede hacerte da�o, y puede hacerle da�o a Diane aunque no lo pretenda.</p><p>�No dejar� que eso ocurra.</p><p>�Entonces recoge tus cosas. Puede que no tengas mucho tiempo.</p><empty-line/><p>El d�a antes de que el <emphasis>Capetown Maru </emphasis>tuviera previsto cruzar el Arco sub� a la cubierta para contemplar el amanecer. El Arco era casi invisible, sus columnas descendentes ocultas por el horizonte al este y al oeste, pero en la media hora antes del amanecer su �pice era una l�nea en el cielo casi directamente encima nuestro, afilada como una navaja y brillando suavemente.</p><p>Se hab�a atenuado detr�s de la bruma de un cirro al llegar la ma�ana, pero todos sab�amos que estaba all�.</p><p>La perspectiva del tr�nsito pon�a nervioso a todo el mundo, no s�lo a los pasajeros, sino tambi�n a la veterana tripulaci�n. Atend�an sus asuntos como de costumbre, cumpliendo con sus tareas en la nave, reparando maquinaria, descascarillando y repintando la superestructura, pero hab�a un br�o en el ritmo de su trabajo que no hab�a estado presente el d�a anterior. Jala subi� a la cubierta arrastrando una silla de pl�stico y se sent� junto a m�, protegido del viento por los contenedores pero con una estrecha vista del mar.</p><p>��ste es mi �ltimo viaje al otro lado �dijo Jala. Estaba vestido para el calor de la ma�ana con una holgada camisa amarilla y vaqueros. Se hab�a desabotonado la camisa para dejar su pecho al descubierto al sol. Cogi� una lata de cerveza de la nevera port�til que hab�a al lado y la abri�. Todas esas acciones mostraban a un seglar, un hombre de negocios que desde�aba por igual la <emphasis>sharia </emphasis>musulmana y el <emphasis>adat </emphasis>de los minang�. Esta vez �dijo�, no habr� vuelta atr�s.</p><p>Hab�a quemado sus puentes, literalmente, si ten�a algo que ver con organizar los disturbios de Teluk Bayur. (Las explosiones fueron una tapadera sospechosamente conveniente para nuestra escapada, aunque la conflagraci�n casi nos pill� en medio.) Durante a�os Jala hab�a dirigido un negocio de tr�fico de emigrantes much�simo m�s lucrativo que su empresa legal de importaci�n/exportaci�n. La gente daba m�s dinero que el aceite de palma, dec�a. Pero la competencia de la India y el Vietnam era dur�sima y el clima pol�tico se hab�a agriado; mejor retirarse a Puerto Magallanes ahora que pasar el resto de su vida en una prisi�n de los Nuevos Reformasi.</p><p>��Has hecho el cruce anteriormente?</p><p>�Dos veces.</p><p>��Fue dif�cil?</p><p>Se encogi� de hombros con indiferencia.</p><p>�No te creas todo lo que oyes.</p><p>Hacia mediod�a todos los pasajeros estaban en cubierta. Adem�s de los aldeanos minangkabau hab�a un surtido de gente procedente de Aceh<a l:href="#n_25" type="note">[25]</a> y emigrantes malayos y tailandeses, quiz� un centenar en total. Demasiada gente para los camarotes disponibles, pero tres contenedores de aluminio en la bodega hab�an sido reconvertidos en camarotes, cuidadosamente ventilados.</p><p>�ste no era el l�gubre y a menudo mortal negocio de tr�fico de personas que sol�a llevar refugiados a Europa y Norteam�rica. La mayor parte de la gente que cruzaba el Arco cada d�a formaba parte del exceso con el que no pod�an copar los endebles programas de reasentamiento de la ONU, a menudo con dinero para gastar. �ramos tratados con respeto por la tripulaci�n, gran parte de la cual hab�a pasado tiempo en Puerto Magallanes y que entend�an su atracci�n y las trampas que conllevaba.</p><p>Uno de los tripulantes hab�a delimitado una parte de la cubierta principal como campo de f�tbol, marcado con redes, donde jugaba un grupo de ni�os. De vez en cuando el bal�n pasaba volando por encima de las redes, a menudo para ir a parar al regazo de Jala, para su disgusto. Ese d�a Jala estaba irritable.</p><p>Le pregunt� cu�ndo cruzar�a el barco.</p><p>�Seg�n el capit�n, a menos que haya un cambio de velocidad, dentro de doce horas o as�.</p><p>�Nuestro �ltimo d�a sobre la Tierra �dije.</p><p>�No hagas chistes con eso.</p><p>�Lo dec�a literalmente.</p><p>�Y mant�n la voz baja. Los marineros son supersticiosos.</p><p>��Qu� har�s en Puerto Magallanes?</p><p>Jala enarc� las cejas.</p><p>��Que qu� har�? Follarme a mujeres hermosas. Y posiblemente a unas cuantas feas tambi�n. �Qu� si no?</p><p>El bal�n de f�tbol sobrevol� las redes otra vez. Esta vez Jala lo atrap� y lo asegur� contra su vientre.</p><p>��Joder! �Ya os lo advert�! �Se acab� el partido!</p><p>Una docena de ni�os se apresaron contra las redes, gritando protestas, pero fue En el que reuni� el valor para salir y enfrentarse a Jala directamente. En sudaba, su caja tor�cica se expand�a y contra�a como un fuelle. Su equipo ganaba por cinco goles de ventaja.</p><p>�Devu�lvamelo, por favor �dijo.</p><p>��Quieres que te lo devuelva?�Jala se levant�, aferrando el bal�n, imperiosa y misteriosamente enojado�. �Lo quieres? Ve a buscarlo. �Le dio una patada al bal�n que lo envi� por encima de la baranda de la cubierta hacia la inmensidad verdiazul del oc�ano �ndico.</p><p>En parec�a asombrado, luego enfurecido. Dijo algo en minang en voz baja.</p><p>Jala enrojeci�. Y luego abofete� al chico con la mano abierta, de forma que las pesadas gafas de En salieron despedidas por la cubierta.</p><p>�Disc�lpate �exigi� Jala.</p><p>En cay� sobre una rodilla, los ojos entrecerrados. Respir� sollozando un par de veces. Al final se levant�, dio unos cuantos pasos y recogi� sus gafas. Se las coloc� con manos temblorosas y volvi� con lo que me pareci� una dignidad asombrosa. Se detuvo directamente frente a Jala.</p><p>�No �dijo En d�bilmente�. Disc�lpese usted.</p><p>Jala jade� de asombro y solt� un taco. En se encogi�. Jala volvi� a levantar la mano.</p><p>Le agarr� la mu�eca en el aire.</p><p>Jala se me qued� mirando, sobresaltado.</p><p>��Qu� es esto! �Su�ltame!</p><p>Intent� liberar su mano. No le dej�.</p><p>�No vuelvas a pegarle �le dije.</p><p>��Har� lo que me d� la gana!</p><p>�Muy bien �dije�. Pero no vuelvas a pegarle.</p><p>�T�� �despu�s de todo lo que he hecho por ti�!</p><p>Y entonces me mir� con m�s detenimiento.</p><p>No s� qu� vio exactamente en mi rostro. Ni s� qu� sent�a yo exactamente en ese momento. Fuera lo que fuese, pareci� dejarlo perplejo. Su pu�o cerrado se abri� y pareci� marchitarse.</p><p>�Puto chalado americano �murmur�. Me voy al comedor. �Y a los tripulantes y ni�os que se hab�an congregado a nuestro alrededor�: �Donde pueda tener paz y respeto!</p><p>Y se march� a toda prisa.</p><p>En segu�a mir�ndome, boquiabierto.</p><p>�Lamento lo que ha ocurrido �dije.</p><p>Asinti�.</p><p>�No puedo recuperar tu bal�n �dije.</p><p>Se toc� la mejilla all� donde Jala lo hab�a abofeteado.</p><p>�No importa �dijo quedamente.</p><p>M�s tarde, durante la cena en el comedor de la tripulaci�n, a pocas horas del cruce, le cont� a Diane el incidente.</p><p>�No pensaba en lo que hac�a. Simplemente me parec�a� obvio. Casi una acci�n refleja. �Es algo de los Cuartogenarios?</p><p>�Puede ser. El impulso de proteger a una v�ctima, especialmente a un ni�o, y hacerlo al instante, sin pensar. Yo misma lo he sentido. Supongo que es algo que los marcianos escribieron en su reconstrucci�n neural� suponiendo que de verdad sean capaces de manipular emociones tan sutiles como �sa. Ojal� Wun Ngo Wen estuviera aqu� para explic�rnoslo. O Jason. �Te parec�a forzado?</p><p>�No.</p><p>��O fuera de lugar, inapropiado?</p><p>�No� creo que era exactamente lo que deb�a hacer.</p><p>�Pero �no lo hubieras hecho antes de someterte al tratamiento?</p><p>�Puede que s�. O hubiese querido. Pero probablemente me hubiera quedado indeciso hasta que fuera demasiado tarde.</p><p>�As� que en realidad no est�s descontento con lo que pas�.</p><p>No. S�lo sorprendido. Era tanto cosa m�a como de la biotecnolog�a marciana, a juzgar por lo que dec�a Diane, y supon�a que era cierto� pero me har�a falta tiempo para acostumbrarme. Como en cualquier otra transici�n (de la ni�ez a la adolescencia, de la adolescencia a la edad adulta) hab�a imperativos con los que tratar, nuevas oportunidades y trampas, nuevas dudas.</p><p>Por primera vez en muchos a�os me volv� a sentir como si fuera un desconocido para m� mismo.</p><empty-line/><p>Casi hab�a terminado de empaquetar cuando Carol baj�, un poco borracha y desgarbada, trayendo una caja de zapatos en sus brazos. La caja estaba etiquetada como recuerdos (carrera).</p><p>�Deber�as llevarte esto �dijo�. Era de tu madre.</p><p>�Si es importante para ti, Carol, qu�datelo.</p><p>�Gracias, pero ya he cogido lo que quer�a de dentro.</p><p>Levant� la tapa y ech� un vistazo a los contenidos.</p><p>�Las cartas. �Las cartas an�nimas dirigidas a Belinda Sutton, el nombre de soltera de mi madre.</p><p>�S�. As� que las has visto. �Las has le�do?</p><p>�No, la verdad es que no. S�lo lo suficiente para saber que eran cartas de amor.</p><p>�Oh, Dios. Suena cursi. Preferir�a que pensaras en ellas como homenajes. Son bastante castas, la verdad, si las lees atentamente. Sin firmar. Tu madre las recib�a cuando ambas est�bamos en la universidad. Por entonces ya sal�a con tu padre, y no se las iba a ense�ar a �l� �l le escrib�a sus propias cartas. As� que me las ense�� a m�.</p><p>��Nunca descubri� qui�n se las escrib�a?</p><p>�No. Nunca.</p><p>�Debi� de sentir curiosidad.</p><p>�Por supuesto. Pero ya estaba prometida con Marcus para ese entonces. Empez� a salir con Marcus Dupree cuando Marcus y E. D. estaban levantando su primera empresa, dise�ando y manufacturando globos de gran altitud en los tiempos en los que los aer�statos eran una �tecnolog�a pionera�: un poco loca, un poco idealista. Belinda llamaba a Marcus y E. D. los �hermanos Zeppelin�. As� que supongo que nosotras �ramos las hermanas Zeppelin, Belinda y yo. Porque fue entonces cuando empec� a flirtear con E. D. En cierto sentido, Tyler, todo mi matrimonio no fue m�s que un intento de mantener mi amistad con tu madre.</p><p>�Las cartas�</p><p>�Es interesante, �verdad?, que las haya guardado durante tantos a�os. Al final le pregunt� por qu�. �Por qu� simplemente no las tiraba a la basura? Y me dijo: �Porque son sinceras�. Era su forma de rendir honores a quien fuera que se las escribi�. La �ltima lleg� una semana antes de su boda. No hubo ninguna despu�s de eso. Y un a�o despu�s yo me cas� con E. D. Incluso cuando �ramos dos parejas de novios �ramos inseparables, �te lo cont� alguna vez? Nos �bamos de vacaciones juntos, �bamos juntos al cine. Belinda vino al hospital cuando nacieron los gemelos y yo la estaba esperando en la puerta cuando ella te trajo a ti a casa. Pero todo eso se acab� con el accidente de Marcus. Tu padre era un hombre maravilloso, Tyler, campechano, muy divertido� la �nica persona que pod�a hacer re�r a E. D. Temerario sin remedio, sin embargo. Belinda qued� absolutamente arruinada cuando muri�. Y no s�lo emocionalmente. Marcus hab�a acabado con la mayor parte de sus ahorros y Belinda se gast� lo que quedaba para pagar la hipoteca de su casa en Pasadena. As� que cuando E. D. se vino al este e hicimos una oferta por este sitio, nos pareci� perfectamente natural invitarla a usar la casa de invitados.</p><p>�A cambio de que os llevara la Gran Casa �dije.</p><p>�Eso fue idea de E. D. Yo s�lo quer�a tener a Belinda cerca. Mi matrimonio no hab�a resultado tan bien como el suyo. Al contrario, m�s bien. Para ese entonces, Belinda era la �nica amiga que me quedaba. Casi una confidente. �Carol sonri�. Casi.</p><p>��Es por eso por lo que quieres quedarte con las cartas? �Porque son parte de tu historia como su amiga?</p><p>Me sonri� como si fuera un ni�o retrasado.</p><p>�No, Tyler. Ya te lo he dicho. Son m�as. �Su sonrisa mengu�. No pongas esa cara de p�nfilo. Tu madre era tan completamente heterosexual como cualquier otra mujer que haya conocido. Simplemente tuve la mala suerte de enamorarme de ella. Y enamorarme de ella de una manera tan abyecta que har�a cualquier cosa� incluso casarme con un hombre que ya desde un principio me parec�a un poco desagradable para mantenerla cerca de m�. Y durante todo ese tiempo, durante todos esos a�os de silencio, jam�s le dije lo que sent�a. Jam�s excepto en esas cartas. Me agradaba que las guardara, aunque parec�an un poco peligrosas, como algo explosivo o radiactivo, escondidas a plena vista, una prueba de mi estupidez. Cuando muri� tu madre, y quiero decir el mismo d�a en que muri� tu madre, me entr� un poco de p�nico; intent� esconder la caja; pens� en destruir las cartas, pero no pude, no pod�a reunir el valor para hacerlo; y despu�s de que E. D. se divorciara de m�, ya no quedaba a nadie a quien enga�ar. Porque, ya ves, son m�as. Siempre han sido m�as.</p><p>No supe qu� decir. Carol vio mi expresi�n y mene� la cabeza con tristeza. Me puso sus fr�giles manos sobre los hombros.</p><p>�No te enfades. El mundo est� lleno de sorpresas. Todos nacemos siendo unos desconocidos para los dem�s, y rara vez nos presentan formalmente.</p><empty-line/><p>As� que pas� cuatro semanas en la habitaci�n de un motel en Vermont cuidando de Diane mientras se recuperaba.</p><p>Su recuperaci�n f�sica, deber�a decir. El trauma emocional que hab�a sufrido en el rancho Cond�n la hab�a dejado exhausta y retra�da. Diane hab�a cerrado los ojos a un mundo que parec�a acabarse y los hab�a abierto en otro que carec�a de puntos cardinales. No estaba a mi alcance el repararlo para ella.</p><p>As� que proced� con cautela. Le expliqu� lo que necesitaba que le explicaran. No le exig� nada y le dej� claro que no esperaba ninguna recompensa.</p><p>Su inter�s por el mundo cambiado despert� gradualmente. Me pregunt� por el sol, restaurado a su aspecto m�s benevolente, y le cont� lo que Jason me hab�a contado a su vez: la membrana del Spin segu�a en su sitio aunque la envoltura temporal hubiera terminado; proteg�a a la Tierra como siempre hab�a hecho, filtrando la radiaci�n letal para producir un simulacro de luz solar aceptable para el ecosistema planetario.</p><p>��Y por qu� la apagaron durante siete d�as?</p><p>�La atenuaron, no la apagaron. Y lo hicieron para que algo pudiera atravesar la membrana.</p><p>�Esa cosa del oc�ano �ndico.</p><p>�S�.</p><p>Me pidi� que le pusiera la grabaci�n de las �ltimas horas de Jason y llor� mientras la escuchaba. Me pregunt� por sus cenizas. �Se las hab�a llevado E. D. o las ten�a Carol? (Ninguna de las dos cosas. Carol me hab�a puesto la urna en las manos y me hab�a dicho que hiciera con ella lo que creyera apropiado. �La espantosa verdad, Tyler, es que t� lo conoc�as mejor que yo. Para m� Jason era impenetrable. Hijo de su padre. Pero t� eras su amigo�.)</p><p>Contemplamos c�mo el mundo se redescubr�a a s� mismo. Los enterramientos de masas terminaron al fin; los afligidos y asustados supervivientes empezaron a comprender que el planeta volv�a a tener un futuro, por extra�o que fuera. Para nuestra generaci�n fue una inversi�n que nos dejaba estupefactos. El manto de la extinci�n hab�a ca�do de nuestros hombros: y ahora �qu� har�amos sin �l? �Qu� har�amos, ahora que ya no est�bamos condenados sino que volv�amos a ser simplemente mortales?</p><p>Vimos im�genes de v�deo del oc�ano �ndico, de la monstruosa estructura que se hab�a empotrado en la piel del planeta, el mar que segu�a hirviendo all� donde entraba en contacto con las enormes columnas. La gente empez� a llamarlo el Arco o la Arcada no s�lo por su forma, sino porque los barcos que se hac�an a la mar regresaban a sus puertos con historias de balizas de navegaci�n perdidas, meteorolog�a peculiar, br�julas que oscilaban, y una costa salvaje all� donde no deber�a haber ning�n continente. Se enviaron varios barcos al poco tiempo. El testamento de Jason conten�a pistas sobe la explicaci�n, pero poqu�simas personas ten�an la ventaja de haberlo escuchado: yo, Diane y la docena de personas que lo hab�an recibido por correo.</p><p>Diane empez� a hacer ejercicio diariamente, haciendo <emphasis>footing </emphasis>en un tramo de tierra detr�s del hotel mientras el tiempo se enfriaba, regresando con el aroma de hojas ca�das y humo de le�a en el pelo. Su apetito mejor�, y tambi�n mejor� el men� en la cafeter�a. La distribuci�n de alimentos se hab�a restaurado; la econom�a dom�stica volv�a a ponerse en marcha pesadamente.</p><p>Descubrimos que tambi�n Marte hab�a dejado de tener su Spin. Hubo se�ales de radio que atravesaron el espacio entre ambos planeta; el presidente Lomax, en uno de sus discursos patrioteros, hab�a mencionado incluso la posibilidad de continuar con el programa espacial tripulado, un primer paso para establecer relaciones continuadas con lo que llamaba (con sospechosa prolijidad) �nuestro planeta hermano�.</p><p>Hablamos del pasado. Hablamos del futuro.</p><p>Lo que no hicimos fue caer en los brazos del otro.</p><p>Nos conoc�amos demasiado bien, o no lo suficientemente bien. Ten�amos un pasado pero no un futuro. Y Diane estaba devastada por la ansiedad que le produc�a la desaparici�n de Simon a las afueras de Manassas.</p><p>�Casi te dej� para que murieras �le record� a Diane.</p><p>�No intencionadamente. No es cruel. Y lo sabes.</p><p>�Entonces es peligrosamente ingenuo.</p><p>Diane cerr� los ojos pensativamente. Y entonces dijo:</p><p>�Hay una frase que al pastor Bob Kobel le gustaba usar en el Tabern�culo del Jord�n. �Su coraz�n clam� a Dios.� Si describe a alguien, es a Simon. Pero tienes que examinar la frase. �Su coraz�n clam� creo que eso nos describe a todos nosotros, es universal. T�, Simon, yo, Jason. Incluso a Carol. Incluso a E. D. Cuando la gente empieza a entender lo vasto que es el universo y lo corta que es la vida humana, sus corazones claman. A veces es un grito de alegr�a: creo que as� fue para Jason; creo que eso fue lo que no entend� acerca de �l. Ten�a el don del asombro. Pero para la mayor�a de nosotros es un grito de terror. El terror a la extinci�n, el terror a la falta de sentido del mundo. Nuestros corazones claman. Quiz� a Dios, o quiz� simplemente para romper el silencio. �Se apart� el pelo de la frente con la mano y vi que su brazo, que lleg� a estar peligrosamente descarnado, <emphasis>volv�a a estar carnoso </emphasis>y fuerte�. <emphasis>Creo </emphasis>que �se fue el grito que se alz� del coraz�n de Simon, fue el sonido m�s humano del mundo. Pero no, no es un buen juez del car�cter de los dem�s; y s�, es ingenuo; que es la raz�n por la que cambi� de estilo de fe una y otra vez y tan r�pidamente, el Nuevo Reino, el Tabern�culo del Jord�n, el rancho de Cond�n� lo que sea, siempre que no fuera demasiado complicado y apelara al deseo humano de dar significado al mundo.</p><p>��Aunque te matara?</p><p>�No he dicho que sea sabio. Lo que estoy diciendo es que no es malvado.</p><p>M�s tarde aprender�a a reconocer ese tipo de discurso: estaba hablando como una Cuartogenaria. Con objetividad pero implicada al mismo tiempo. Con �ntimo desapego. No me disgust�, pero hac�a que se me erizara el pelo de la nuca de vez en cuando.</p><empty-line/><p>No mucho despu�s de que la declarara completamente sana y restablecida, Diane me dijo que quer�a marcharse. Le pregunt� adonde quer�a ir.</p><p>Ten�a que encontrar a Simon. Ten�a que resolver las cosas, de una manera u otra. Despu�s de todo, todav�a segu�an casados. A ella le importaba si estaba vivo o muerto.</p><p>Le record� que no ten�a dinero ni un lugar propio donde quedarse. Dijo que ya se las arreglar�a. As� que le di una de las tarjetas de cr�dito que Jason me hab�a proporcionado, junto con la advertencia de que no pod�a garantizarle que sirviera; no ten�a ni idea de qui�n aportaba los fondos, cu�l era el l�mite de cr�dito o si alguien pod�a seguir el rastro hasta ella.</p><p>Me pregunt� c�mo pod�a ponerse en contacto conmigo.</p><p>�Simplemente ll�mame �le dije. Ten�a mi n�mero, el n�mero que yo hab�a pagado y conservado durante todos esos a�os, para un tel�fono que hab�a llevado conmigo aunque casi nunca sonaba.</p><p>Entonces la llev� en coche a la terminal de autobuses local, donde se desvaneci� en medio de una muchedumbre de turistas desplazados que se hab�an quedado atrapados lejos de casa cuando lleg� el fin del Spin.</p><empty-line/><p>El tel�fono son� seis meses despu�s, cuando los peri�dicos segu�an sacando titulares del estilo �el nuevo mundo� y los canales de cable hab�an empezado a emitir im�genes de una costa salvaje �a la que se llegaba atravesando el Arco�.</p><p>Para ese entonces cientos de embarcaciones grandes y peque�as hab�an cruzado el Arco. Algunas eran grandes expediciones cient�ficas, respaldadas por la ONU e instituciones geof�sicas, con escoltas navales norteamericanas y presencia de periodistas. Otras eran fletes privados. Algunas eran pesqueros, que volv�an a puerto con las redes llenas de capturas que podr�an pasar por bacalao bajo poca luz. Por supuesto, estaba estrictamente prohibido, pero el �bacalao del Arco� ya se hab�a infiltrado en todos los mercados asi�ticos importantes cuando se impuso la prohibici�n. Result� ser comestible y nutritivo. Lo que era, como hab�a dicho Jase, una pista: cuando el pescado fue sometido a an�lisis de ADN su genoma suger�a un remoto antepasado terrestre. El nuevo mundo no s�lo era habitable, sino que parec�a haber sido aprovisionado para la humanidad.</p><p>�Encontr� a Simon �dijo Diane.</p><p>��Y?</p><p>�Vive en un campamento de caravanas en las afueras de Wilmington. Recibe algo de dinero haciendo chapuzas, reparando bicicletas, tostadoras, ese tipo de cosas. Tambi�n vive del subsidio estatal y asiste a una peque�a iglesia Pentecostal.</p><p>��Se alegr� de verte?</p><p>�No par� de disculparse por lo que sucedi� en el rancho Cond�n. Dijo que quer�a compensarme. Me pregunt� si hab�a algo que pod�a hacer para hacerme la vida m�s f�cil.</p><p>Aferr� el tel�fono con m�s fuerza.</p><p>��Y qu� le dijiste?</p><p>�Que quer�a el divorcio. Estuvo de acuerdo. Y me dijo otra cosa. Me dijo que hab�a cambiado, que hab�a algo diferente en m�. Que no sab�a decir qu� era. Pero no creo que le gustara.</p><p>Un toque de azufre, quiz�.</p><p>��Tyler? �dijo Diane� �Tanto he cambiado?</p><p>�Todo cambia �dije.</p><empty-line/><p>Su siguiente <emphasis>llamada importante </emphasis>fue un <emphasis>a�o </emphasis>despu�s. Yo estaba en Montreal, gracias en parte a la identidad falsa proporcionada por Jason, esperando que mi estatus de emigrante fuera reconocido oficialmente y pasando consulta en un ambulatorio de Outremont.</p><p>Desde mi �ltima conversaci�n con Diane, se hab�a descubierto la din�mica b�sica del Arco. Los hechos eran confusos para cualquiera que concibiera la Arcada como una m�quina est�tica o una simple �puerta�, pero si se contemplaba de la forma en que Jason lo hab�a hecho, como una entidad consciente y compleja, capaz de percibir y manipular los acontecimientos dentro de su dominio, las cosas ten�an m�s sentido.</p><p>Dos mundos hab�an sido conectados mediante el Arco, pero s�lo para los nav�os tripulados que cruzaban por el sur.</p><p>Hay que tener en cuenta lo que eso implica. Para una brisa, para una corriente oce�nica o un ave migratoria, el Arco no era m�s que un par de columnas fijas entre el oc�ano �ndico y el golfo de Bengala. Se mov�an sin impedimentos alrededor y a trav�s del espacio bajo el Arco, as� como lo hac�a cualquier barco que navegara del norte hacia el sur.</p><p>Pero cruza el ecuador en barco noventa grados al este de Greenwinch y te encontrar�s mirando hacia atr�s al Arco desde un mar ignoto bajo un cielo extra�o, a incontables a�os luz de la Tierra.</p><p>En la ciudad de Madras un ambicioso servicio de cruceros, aunque no muy legal, hab�a impreso una serie de p�steres publicitarios en que dec�an �viaje f�cil a planeta amistoso! La Interpol cerr� el negocio (La ONU segu�a intentando regular los desplazamientos en esos d�as) pero los p�steres hab�an descrito m�s o menos bien la cosa. �C�mo es posible? Preg�ntaselo a los Hipot�ticos.</p><p>El divorcio de Diane hab�a finalizado, pero ella no ten�a ni trabajo ni perspectivas a corto plazo.</p><p>�Pens� que si pod�a reunirme contigo� �parec�a indecisa, y en absoluto como una Cuarta, o como imaginaba que deb�a parecer una Cuarta�. Si a ti te viene bien. Sinceramente, necesito un poco de ayuda. Encontrar un lugar para vivir y, ya sabes, asentarme.</p><p>As� que le consegu� un trabajo en el ambulatorio y ella present� los papeles a inmigraci�n. Se reuni� conmigo en Montreal ese oto�o.</p><empty-line/><p>Fue un cortejo problem�tico, lento, al estilo antiguo (o semimarciano, a lo mejor), durante el cual Diane y yo nos descubrimos mutuamente de formas completamente nuevas. Ya no est�bamos encorsetados por el Spin ni �ramos ni�os buscando solaz ciegamente. Nos enamoramos, finalmente, como adultos.</p><p>�sos fueron los a�os en los que la poblaci�n global lleg� a los ocho mil millones. La mayor parte de ese crecimiento se canaliz� hacia las megaurbes en expansi�n: Shanghai, Jakarta, Manila, la China costera, Lagos, Kinshasa, Nairobi, Maputo, Caracas, La Paz, Tegucigalpa� todos los eriales iluminados por fuegos y envueltos en contaminaci�n del mundo. Hubiera hecho falta una docena de Arcos para mermar ese crecimiento de poblaci�n, pero la superpoblaci�n emul� a una oleada continua de emigrantes, refugiados y �pioneros�, muchos de los cuales api�ados en los compartimentos de carga de buques ilegales y m�s que unos pocos desembarcaron en las orillas de Puerto Magallanes ya muertos o moribundos.</p><p>Puerto Magallanes fue el primer asentamiento bautizado propiamente con un nombre en el nuevo mundo. Para entonces gran parte de ese mundo hab�a sido cartografiado burdamente, principalmente desde el aire. Puerto Magallanes estaba en el extremo oriental de un continente que algunos llamaban �Equatoria�. Hab�a una segunda masa de tierra de mayor tama�o a�n (�Borea�) que empezaba en el polo norte y se extend�a hasta la zona templada del planeta. Los mares del sur abundaban en islas y archipi�lagos.</p><p>El clima era benigno, el aire limpio, la gravedad era del 95,5 por ciento de la terrestre. Ambos continentes eran enormes despensas a la espera de la llegada de la agricultura. Los mares y los r�os rebosaban de peces. Las leyendas que circulaban en los arrabales de Duala y Kabul era que uno pod�a comer lo que recogiera de las ramas de los �rboles gigantes de Equatoria y luego dormir al abrigo de sus ra�ces protectoras.</p><p>No se pod�a. Puerto Magallanes era un enclave de la ONU patrullado por soldados. Las ciudadelas de chabolas que hab�an aparecido a su alrededor carec�an de gobierno y eran inseguras. Pero hab�a aldeas de pescadores salpicando toda la costa durante cientos de kil�metros; hab�a hoteles tur�sticos en construcci�n alrededor de las lagunas de Bah�a Desembarco y la Cala Australiana, y la perspectiva de tierra gratis y f�rtil hab�a empujado a los colonos tierra adentro a lo largo de los valles fluviales del r�o Blanco y el Nuevo Irrawaddi.</p><p>Pero la noticia m�s sorprendente procedente del nuevo mundo fue el descubrimiento del segundo Arco. Estaba emplazado a medio mundo de distancia del primero, cerca de los confines sure�os de la masa de tierra boreal, y m�s all� de este Arco hab�a otro nuevo mundo. Este otro, seg�n los informes, parec�a un poco menos atractivo; o quiz�, simplemente, en esos momentos ten�a lugar la estaci�n lluviosa.</p><empty-line/><p>�Debe de haber m�s gente como yo �dijo Diane, a los cinco a�os de la era post- Spin�. Me gustar�a conocerlos.</p><p>Le hab�a dado mi copia de los archivos marcianos, una primera traducci�n dividida en varias tarjetas de memoria, y los hab�a examinado con la misma intensidad que anta�o hab�a le�do poes�a victoriana o panfletos del Nuevo Reino.</p><p>Si la obra de Jason hab�a tenido �xito, entonces, s�, hab�a otros Cuartos sobre la Tierra. Pero hacer p�blica su presencia hubiera sido un billete de primera clase a una penitenciar�a federal. La administraci�n Lomax le hab�a puesto el cerrojo de la seguridad nacional a todas las cosas marcianas, y se les hab�a concedido grandes poderes a los agentes de las agencias de seguridad nacionales durante las crisis econ�micas que ocurrieron tras el fin del Spin.</p><p>��Alguna vez piensas en ello? �me pregunt�, un poco t�midamente.</p><p>Convertirme yo mismo en un Cuarto, eso era lo que quer�a decir Diane. Inyectarme en el brazo una dosis medida del l�quido transparente de una de las ampollas que guardaba en una caja fuerte de acero en la pared del armario de nuestro dormitorio. Por supuesto que hab�a pensado en ello. Nos har�a m�s parecidos.</p><p>Pero �lo deseaba? Era consciente del espacio invisible, de la brecha entre su Cuarta Edad y mi humanidad sin modificar, pero no ten�a miedo de eso. Algunas noches, cuando miraba al interior de sus ojos solemnes, incluso atesoraba esa diferencia. Era el ca��n el que defin�a el puente, y el puente que hab�amos construido era bueno y fuerte.</p><p>Me acarici� la mano, sus dedos suaves sobre mi piel texturada, un sutil recordatorio de que el tiempo jam�s se deten�a, que un d�a necesitar�a el tratamiento aunque no lo deseara especialmente.</p><p>�Todav�a no �dije.</p><p>��Cu�ndo?</p><p>�Cuando est� listo.</p><empty-line/><p>Al presidente Lomax le sucedi� el presidente Hughes y a Hughes el presidente Chaykin, pero todos eran veteranos de la misma era pol�tica del Spin. Consideraban que la biotecnolog�a marciana era la nueva bomba at�mica, al menos potencialmente, y por ahora era toda suya, una amenaza con <emphasis>copyright. </emphasis>El primer comunicado diplom�tico del presidente Lomax al gobierno de las Cinco Rep�blicas hab�a sido una petici�n para que censuraran cualquier informaci�n biotecnol�gica en las emisiones marcianas sin codificar dirigidas a la Tierra. Hab�a justificado la petici�n con argumentos plausibles sobre el efecto que tal tecnolog�a podr�a tener en un mundo pol�ticamente dividido y a menudo violento (de hecho, hab�a citado la muerte de Wun Ngo Wen como ejemplo) y hasta ahora los marcianos le hab�an seguido el juego.</p><p>Pero incluso ese contacto con los marcianos hab�a sembrado algunas discordias. Las econom�as igualitarias de las Cinco Rep�blicas hab�an convertido a Wun Ngo Wen en una especie de mascota p�stuma de los nuevos movimientos sindicales del mundo. (Era crispante ver el rostro de Wun en las pancartas que llevaban los obreros textiles de las zonas industriales de Asia o los trabajadores de las <emphasis>maquiladoras </emphasis>de electr�nica barata en Centroam�rica� pero dudo que a Wun le hubiese disgustado.)</p><p>Diane cruz� la frontera para asistir al funeral de E. D. casi once a�os exactos despu�s de aquel d�a en que la rescat� del rancho Cond�n.</p><p>Nos hab�amos enterado de su muerte por las noticias. El obituario mencion� de pasada que su ex mujer Carol lo hab�a precedido por seis meses, otra noticia triste que nos dej� anonadados. Carol hab�a dejado de responder a nuestras llamadas hac�a casi una d�cada. Demasiado peligroso, dec�a. Le bastaba con saber que est�bamos a salvo. Y la verdad es que no ten�amos nada que decirnos.</p><p>(Diane visit� la tumba de su madre mientras estaba en Washington D. C. Lo que m�s le entristec�a, dijo, era que la vida de Carol hubiera sido tan incompleta: un verbo sin objeto directo, una carta an�nima, malentendida por la ausencia de firma. �Lo que echo de menos no es tanto a ella como a lo que pod�a haber sido�.)</p><p>En el servicio f�nebre de E. D. Diane tuvo cuidado de no identificarse. Demasiados de los amigotes de E. D. en el gobierno estaban presentes, incluyendo al fiscal general y al vicepresidente. Pero lo que atrajo su atenci�n fue una mujer an�nima en la muchedumbre que tambi�n le dedicaba miradas de soslayo a Diane. �Sab�a que era una Cuarta �dijo Diane�. No puedo explicar exactamente c�mo lo supe. Su forma de moverse, esa expresi�n atemporal; era como si hubiera una transmisi�n entre ambas.� Y cuando termin� la ceremonia, Diane abord� a la mujer y le pregunt� c�mo hab�a conocido a E. D.</p><p>�No lo conoc� �dijo la mujer�, no en realidad. Hice alg�n trabajo de investigaci�n en Perihelio hace alg�n tiempo, en los d�as de Jason Lawton. Me llamo Sylvia Tucker.</p><p>El nombre me son� cuando Diane me lo mencion�. Sylvia Tucker era una de las antrop�logas que hab�an trabajado con Wun Ngo Wen en el complejo de Florida. Era m�s amistosa que el resto de los acad�micos contratados y era posible que Jase hubiera confiado en ella.</p><p>�Intercambiamos direcciones de correo electr�nico �dijo Diane�. Ninguna de las dos mencion� la palabra �Cuartogenaria�. Pero ambas lo sab�amos. Estoy segura.</p><p>No hubo ninguna correspondencia subsiguiente, pero de vez en cuando Diane recib�a recortes digitales de prensa de la direcci�n de Sylvia Tucker, relacionados con lo siguiente:</p><p>Un qu�mico industrial en Denver arrestado por orden judicial y arrestado indefinidamente.</p><p>Una cl�nica geri�trica en Ciudad de M�xico cerrada por orden federal.</p><p>Un profesor de sociolog�a de la Universidad de California muerto en un incendio, �sospechas de incendio provocado�.</p><p>Y as� segu�an.</p><p>Me hab�a cuidado de no hacer una lista de ninguno de los nombres y direcciones de los paquetes postreros de Jason, ni de memorizarlos. Pero algunos de los nombres en los art�culos parec�an familiares.</p><p>�Nos est� diciendo que nos est�n dando caza �dijo Diane�. El gobierno est� persiguiendo a los Cuartos.</p><p>Pasamos un mes debatiendo lo que har�amos en caso de atraer ese tipo de atenci�n. Dado el aparato de vigilancia global que Lomax y sus herederos hab�an montado, �ad�nde pod�amos huir?</p><p>Pero s�lo hab�a una respuesta posible. S�lo hab�a un lugar donde el aparato no funcionaba y la vigilancia estaba ciega. As� que trazamos nuestros planes; esos pasaportes, esa cuenta bancada, esa ruta a trav�s de Europa hasta el sur de Asia� y los pusimos a un lado hasta que los necesit�ramos.</p><p>Entonces Diane recibi� un �ltimo mensaje de Sylvia Tucker, una sola palabra.</p><p>�M�rchate�, dec�a.</p><p>Y nos marchamos.</p><p>En el �ltimo vuelo del viaje, cuando lleg�bamos a Sumatra por aire, Diane dijo:</p><p>��Est�s seguro de que quieres hacer esto?</p><p>Hab�a tomado mi decisi�n hac�a d�as, durante una escala forzosa en �msterdam, cuando todav�a me preocupaba de que pudieran habernos seguido, que nuestros pasaportes estuvieran controlados, que nos confiscaran nuestro suministro de drogas marcianas.</p><p>�S� �dije�. Ahora. Antes de cruzar al otro lado.</p><p>��Est�s seguro?</p><p>�Tan seguro como jam�s estar�.</p><p>No, no estaba seguro. Pero estaba dispuesto. Dispuesto, finalmente, a perderme, dispuesto a abrazar la posibilidad.</p><p>As� que alquilamos una habitaci�n en el tercer piso de un hotel de estilo colonial en Padang, donde pasar�amos desapercibidos durante un tiempo. Todo el mundo cae, y todos aterrizamos en alg�n lado.</p></section><section><title><p>Al norte de ninguna parte</p></title><p>Media hora antes de cruzar el Arco, una hora despu�s de anochecer, nos tropezamos con En en el comedor. Uno de los tripulantes le hab�a dado una hoja de papel de embalar y unas cuantas ceras de colores desgastadas para mantenerlo ocupado.</p><p>Pareci� aliviado de vernos. Estaba preocupado por el cruce, nos dijo. Se subi� las gafas por la nariz con el dedo, haciendo una mueca de dolor cuando su pulgar roz� el morat�n que Jala le hab�a dejado en la mejilla, y me pregunt� c�mo ser�a.</p><p>�No lo s� �dije�. Nunca he cruzado.</p><p>��Lo sabremos cuando ocurra?</p><p>�Seg�n la tripulaci�n, el cielo se vuelve un poco raro. Y justo cuando estamos a mitad de camino entre el viejo mundo y el nuevo, la aguja de la br�jula rota por completo, de norte a sur. Y en el puente se hace sonar la sirena del barco. As� que lo sabr�s.</p><p>�Recorremos much�simo �dijo En�. En poco tiempo.</p><p>Eso era innegablemente cierto. El Arco, nuestro �lado� del Arco, hab�a sido arrastrado f�sicamente por el espacio interestelar, presumiblemente a algo menos de la velocidad de la luz, antes de dejarlo caer desde �rbita. Pero los Hipot�ticos tuvieron todos los eones de tiempo del Spin para traerlo. En teor�a pod�an haber recorrido cualquier distancia menor de tres mil millones de a�os luz. E incluso cualquier fracci�n de esa cifra ser�a una distancia asombrosa y apenas comprensible.</p><p>�Hace que uno se pregunte �dijo Diane�, por qu� se han tomado tantas molestias.</p><p>�Seg�n Jason�</p><p>�Lo s�. Los Hipot�ticos quieren salvarnos de la extinci�n, de forma que podamos crear algo m�s complejo que nosotros mismos. Pero eso mismo es lo que deber�amos preguntarnos. �Por qu� lo quieren? �Qu� esperan de nosotros?</p><p>En ignor� nuestros filosofeos.</p><p>�Y despu�s de cruzar�</p><p>�Despu�s de eso �le dije�, queda un d�a de viaje hasta Puerto Magallanes.</p><p>Sonri� ante la perspectiva.</p><p>Intercambi� una mirada con Diane. Se hab�a presentado ella misma a En hac�a dos d�as y ya eran amigos. Diane le hab�a estado leyendo historias de un libro para ni�os en ingl�s que hab�a en la biblioteca del barco. (Incluso le hab�a citado a Housman: <emphasis>El tierno infante no es consciente�</emphasis> ��sa no me gusta�, hab�a dicho En.</p><p>Nos mostr� sus dibujos, im�genes de animales de Equatoria que deb�a de haber visto en la tele, bestias de largos cuellos, de ojos pensativos y pelaje atigrado.</p><p>�Son muy bonitos �dijo Diane.</p><p>En asinti� solemnemente. Lo dejamos atareado y nos dirigimos a la cubierta.</p><p>El cielo nocturno estaba despejado y la cumbre del Arco quedaba directamente sobre nuestras cabezas. No mostraba ninguna curvatura. Desde este �ngulo era una pura l�nea euclidiana, un n�mero elemental (1) o una letra (I)</p><p>Nos quedamos junto a la baranda tan cerca como pudimos de la proa de la nave. El viento nos tironeaba de las ropas y el pelo. Las banderas del barco restallaban con fuerza y el mar inquieto devolv�a im�genes fragmentadas de las luces del barco.</p><p>��Lo tienes? �pregunt� Diane.</p><p>Quer�a decir la peque�a ampolla que conten�a una muestra de las cenizas de Jason. Hab�amos planeado esta ceremonia, si es que se pod�a llamar as�, mucho antes de marcharnos de Montreal. A Jason nunca le hab�an gustado las conmemoraciones, pero creo que hubiera aprobado �sta.</p><p>�Aqu� est�. �Saqu� el tubo de cer�mica del bolsillo de mi chaleco y lo sostuve en mi mano izquierda.</p><p>�Lo echo de menos �dijo Diane�. Lo echo de menos constantemente. �Se apoy� contra mi hombro y le pas� mi brazo por encima�. Ojal� lo hubiera vuelto a ver cuando era un Cuarto. Pero supongo que no cambi� mucho�</p><p>�No, no cambi� mucho.</p><p>�En ciertos aspectos, Jase siempre fue un Cuarto.</p><p>Seg�n nos acerc�bamos al momento del cruce las estrellas parecieron oscurecerse, como si una presencia vaporosa hubiera cubierto el barco. Diane puso su mano sobre la m�a.</p><p>El viento cambi� de direcci�n s�bitamente y la temperatura cay� uno o dos grados.</p><p>�A veces, cuando pienso en los Hipot�ticos, tengo miedo�</p><p>��De qu�?</p><p>�De que seamos su becerra roja. O lo que Jason esperaba que fueran sus marcianos. Que esperan que los salvemos de algo. De algo a lo que ellos le tienen miedo.</p><p>Puede ser. Pero entonces, pens�, haremos lo que siempre hace la vida� desafiar las expectativas.</p><p>Sent� un estremecimiento que le recorr�a el cuerpo. Sobre nosotros, la l�nea del Arco se volvi� m�s d�bil. Una bruma se adue�� del mar. Excepto que no era una bruma en el sentido normal de la palabra. Ni siquiera era meteorolog�a.</p><p>El �ltimo vislumbre del Arco desapareci� y lo mismo le pas� al horizonte. En el puente del <emphasis>Capetown Maru, </emphasis>la br�jula deb�a de haber empezado su rotaci�n; el capit�n hizo sonar la sirena, un ruido brutalmente estrepitoso, el bramido del espacio violentado. Alc� la vista. Las estrellas se arremolinaban juntas de forma mareante.</p><p>�Ahora �grit� Diane en medio del ruido.</p><p>Me inclin� sobre la baranda de acero, con su mano en la m�a, y abrimos la tapa de la ampolla. Las cenizas trazaron espirales en el aire, como nieve ante las luces del barco. Se desvanecieron antes de estrellarse contra las turbulentas aguas negras; esparcidas, quise creer, en el vac�o que atraves�bamos invisiblemente, el lugar sin oc�anos entre las estrellas cosido entre dos mundos.</p><p>Diane se apoy� sobre mi pecho y el sonido de la sirena reverber� por nuestros cuerpos como un latido hasta que ces�.</p><p>Entonces levant� la cabeza.</p><p>�El cielo �dijo.</p><p>Las estrellas eran nuevas y desconocidas.</p><empty-line/><p>Por la ma�ana todos subimos a cubierta, todos nosotros: En, sus padres, Ibu Ina, los dem�s pasajeros, incluso Jala y unos cuantos tripulantes fuera de servicio, para oler el aire y sentir el calor del nuevo mundo.</p><p>Pod�a haber sido la tierra, a juzgar por el color del cielo, el calor y la luz. El cabo de Puerto Magallanes hab�a aparecido como una l�nea abrupta sobre el horizonte, un promontorio rocoso y unas cuantas l�neas de humo p�lido que se elevaban verticalmente y luego se desintegraban hac�a el oeste al encontrar una corriente alta.</p><p>Ibu Ina se puso junto a nosotros en la baranda. En iba pegado a ella.</p><p>�Parece familiar �dijo Ina�. Pero da una sensaci�n completamente diferente.</p><p>Matas de plantas en espiral flotaban en nuestra estela, arrastradas desde Equatoria por mareas o tormentas, enormes hojas con ocho dedos que flotaban lacias sobre la superficie del agua. El Arco quedaba a nuestras espaldas, y ya no era una puerta, sino una puerta de regreso, un tipo completamente distinto de puerta.</p><p>�Es como si hubiera terminado una historia y hubiera empezado otra.</p><p>En no estaba de acuerdo.</p><p>�No �dijo solemnemente, inclin�ndose contra el viento como si pudiera hacer que el futuro se adelantara�. La historia no empieza hasta que no lleguemos a tierra.</p></section><section><title><p>Agradecimientos</p></title><p>He inventado un par de enfermedades con prop�sitos dram�ticos para esta novela. El SDCV es una epizootia del ganado sin contrapartida en el mundo real. La EMA tambi�n es completamente imaginaria, pero sus s�ntomas imitan los de la esclerosis m�ltiple. Aunque la EM no tiene cura por ahora, hay un cierto n�mero de terapias prometedoras que ya han sido introducidas o est�n en el horizonte. Sin embargo, las novelas de ciencia ficci�n no deber�an ser confundidas con publicaciones especializadas de medicina. Para los lectores que tengan inter�s en la EM, una de las mejores fuentes disponibles en la red es www.nationalmssociety.org.</p><p>El futuro que he extrapolado para Sumatra y el pueblo minangkabau tambi�n es en gran parte de mi propia invenci�n, pero la cultura matrilineal de los minangkabau y su coexistencia con el Islam moderno ha atra�do la atenci�n de los antrop�logos; ver el estudio de Peggy Reeves Sanday, <emphasis>Women at the Center: Life in a Modern Matriarchy [Mujeres en el centro: La vida en un matriarcado moderno]</emphasis></p><p>Los lectores interesados en las corrientes de pensamiento cient�fico sobre la evoluci�n y el futuro del sistema solar puede que deseen echarle un vistazo a <emphasis>The Life and Death of Vianet Earth [Vida y muerte de la tierra] </emphasis>de Peter D. Ward y Donald Brownlee, o a <emphasis>Our Cosmic Origins [Nuestros or�genes c�smicos], </emphasis>de Armand Delsemme para ver informaci�n que no haya sido refractada por la lente de la ciencia ficci�n.</p><p>Y una vez m�s, de entre toda la gente que ayud� a que escribir este libro fuera posible (y tambi�n les doy las gracias a todos ellos), el premio al Mejor Jugador de la Liga recae en mi esposa, Sharry.</p><empty-line/><subtitle>Fin</subtitle></section></body><body name="notes"><title><p>Notas</p></title><section id="n_1"><title><p>1</p></title><p>�Reforma�, en indonesio. �Reformasi� es como se conoce al per�odo pol�tico posterior a 1998 en Indonesia, tras la ca�da de Suharto y su �Nuevo Orden�. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_2"><title><p>2</p></title><p>Juego de palabras intraducible basado en la polisemia de �cell� en ingl�s: celda y tambi�n c�lula. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_3"><title><p>3</p></title><p>Alan Dershowitz (1938�) Abogado, profesor de derecho penal, figura pol�tica controvertida y escritor, conocido por su actuaci�n en casos penales particularmente relevantes (O. J. Simpson, von B�low, el juicio por obscenidad contra uno de los actores de <emphasis>Garganta Profunda) </emphasis>y sus opiniones sobre el Estado de Israel. <emphasis>(N. del T.) </emphasis></p></section><section id="n_4"><title><p>4</p></title><p>Cuerno ceremonial usado como instrumento musical en varias ceremonias jud�as. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_5"><title><p>5</p></title><p>En la escatolog�a de determinados movimientos cristianos significa �milenio�, �milenarismo�, del griego �quilio�, que significa �millar�, per�odo en el cual Cristo reinar� sobre la tierra durante mil a�os, bas�ndose en una interpretaci�n del pasaje 20.1 del Apocalipsis, <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_6"><title><p>6</p></title><p>Public Broadcasting Service. Cadena p�blica norteamericana con un cierto �nfasis en contenidos educativos. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_7"><title><p>7</p></title><p><emphasis>Lodoicea maldivica </emphasis>o �coco de mar�. Palmera cuyo fruto, uno de los m�s pesados del mundo, se encontraba a veces flotando en el mar, e incluso arrastrado por las corrientes hasta las Maldivas. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_8"><title><p>8</p></title><p>Aeropuerto internacional Seattle-Tacoma. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_9"><title><p>9</p></title><p>Famoso barco de competici�n (y de pesca) canadiense, botado en 1921 y hundido en 1946, que se convirti� en s�mbolo nacional y local. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_10"><title><p>10</p></title><p>Jet Populsion Lab, el famoso �laboratorio de propulsi�n a chorro� sito en Pasadena. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_11"><title><p>11</p></title><p>Nombre adoptado por muchas iglesias evang�licas protestantes en Estados Unidos debido al �nfasis en el estudio de las Sagradas Escrituras. El nombre deriva de la ciudad de Berea citada en Hechos, 17:11 donde tras las ense�anzas de Pablo y S� las, los habitantes �eran m�s nobles que los que estaban en Tesal�nica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudri�ando cada d�a las Escrituras para ver si estas cosas eran as��. El preterismo es una corriente que afirma que algunas o todas las profec�as sobre el fin de los tiempos en la Biblia se refieren en realidad a sucesos acaecidos en el siglo I d. C. (De ah� el uso de �preter�, �pasado� en lat�n). <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_12"><title><p>12</p></title><p>Figuras de la escatolog�a isl�mica, aproximadamente equivalentes a la de un redentor que l egar� al fin de los tiempos (Mehdi, �el guiado�) y un anticristo (Dajjal, �el Impostor�). Yajuj y Majuj son la versi�n cor�nica de Gog y Magog, figuras b�blicas hostiles al pueblo de Dios con multitud de representaciones diferentes seg�n la fuente (l�deres, tribus, naciones, gigantes, demonios�). <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_13"><title><p>13</p></title><p>Food and Drug Administration, agencia gubernamental norteamericana que vela por el cumplimiento de las normativas sanitarias en alimentaci�n, medicamentos, cosm�ticos, etc. <emphasis>(N. del T.</emphasis>)</p></section><section id="n_14"><title><p>14</p></title><p>Conflicto entre minangkabau tradicionalistas (seguidores del <emphasis>adat, </emphasis>las costumbre tradicionales nominalmente isl�micas) y reformistas isl�micos (los <emphasis>padri, </emphasis>que pretend�an la imposici�n de un sistema legal cor�nico) en Sumatra Occidental entre 1821 y 1837, con la intervenci�n de los holandeses a favor de los tradicionalistas. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_15"><title><p>15</p></title><p>Instrumento tradicional de los minangkabau similar a una flauta. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_16"><title><p>16</p></title><p>Los �kretek� son cigarrillos y cigarros con mezcla de tabaco y clavo. Originalmente creados como medicinales en el siglo XIX, actualmente son el tipo de cigarrillo m�s popular en Indonesia. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_17"><title><p>17</p></title><p>�Bristlecone pine� en el original, una subespecie de pinos americanos de extrema longevidad y lento crecimiento entre los que se cuentan ejemplares como �Matusal�n�, que supuestamente es uno de los organismos vivientes m�s viejos del planeta. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_18"><title><p>18</p></title><p>Cadena de tiendas de carretera en los Estados Unidos. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_19"><title><p>19</p></title><p>Sendero que recorre el lado sur del Gran Ca��n. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_20"><title><p>20</p></title><p>Lucas, 21:32. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_21"><title><p>21</p></title><p>Lucas, 21:19. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_22"><title><p>22</p></title><p>�En aquel entonces se ver�n se�ales extra�as en el sol, en la luna y en las estrellas�. Lucas, 21:25. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_23"><title><p>23</p></title><p>Esta cita se encuentra en varios evangelistas con ciertas variaciones: Mateo, 24:19; Marcos, 13:25; Lucas, 21:26. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_24"><title><p>24</p></title><p>�Federal Emergency Management Agency�, Agencia Federal de Respuesta a Emergencias. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section id="n_25"><title><p>25</p></title><p>Territorio especial de Indonesia al norte de la isla de Sumatra; fue el punto m�s cercano al epicentro del se�smo de 2004. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section></body><binary id="cover" 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