<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf</genre><author><first-name>John</first-name><last-name>Varley</last-name></author><book-title>Tit�n</book-title><annotation><p>En la tradici�n de Arthur C. Clarke (<emphasis>Cita con Rama</emphasis>) y Larry Niven (<emphasis>Mundo Anillo</emphasis>), John Varley no propone un escenario de enormes dimensiones: Gea, el Tit�n, en apariencia un sat�lite natural de Saturno, pero que para la capitana Ciroccon �Rocky� Jones puede ser un artefacto creado por una inteligencia extraterrestre. A�n antes de que la nave de Jones se ponga en �rbita, Gea se apodera de los tripulantes y los a�sla en un mundo calidoscopico de maravillas.</p></annotation><date>1981</date><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang><src-lang>en</src-lang><translator><first-name>C�sar</first-name><last-name>Terr�n</last-name></translator><sequence name="Gea (es)" number="01"/></title-info><src-title-info><genre>sf</genre><author><first-name>John</first-name><last-name>Varley</last-name></author><book-title>Titan</book-title><date>1979</date><lang>en</lang></src-title-info><document-info><author><nickname>Xenophile</nickname></author><program-used>Fiction Book Designer, FictionBook Editor Release 2.6, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2012-04-15">15.04.2012</date><id>FBD-C1037D-58A2-0240-B8BC-0F46-D522-5DD52C</id><version>1.0</version></document-info><publish-info><book-name>Tit�n</book-name><publisher>Enhasa</publisher><city>Barcelona</city><year>1981</year><isbn>84-350-0330-2</isbn></publish-info></description><body><title><p>John Varley</p><p>Tit�n</p></title><section><title><p>CAPITULO 1</p></title><p>�Rocky, �quieres echar un vistazo a esto?</p><p>�Capitana Jones para ti. Mu�stramelo por la ma�ana.</p><p>�Puede ser importante.</p><p>Cirocco estaba ante su lavabo, el rostro cubierto de jab�n. Busc� a tientas una toalla y enjug� la verdusca y pegajosa sustancia. Era el �nico tipo de jab�n que los recicladores se tragar�an.</p><p>Mir� de reojo las dos fotos que Gaby le ten�a.</p><p>��Qu� es?</p><p>�S�lo el decimosegundo sat�lite de Saturno �Gaby no consigui� ocultar del todo su excitaci�n.</p><p>��No bromeas? �Cirocco arrug� la frente mientras sus ojos pasaban de una foto a otra�. Para m� s�lo es un mont�n de puntitos negros.</p><p>�S�, claro. Es imposible ver nada sin el compar�metro. Es esto, ah� mismo �se�al� una zona con el dedo me�ique.</p><p>�Vamos a echar un vistazo.</p><p>Cirocco rebusc� en su armario y encontr� un mono verde claro que ol�a tan bien como cualquiera. Muchos de los parches estaban desprendi�ndose.</p><p>La habitaci�n de Cirocco se hallaba en la parte inferior del carrusel, a medio camino entre las escaleras tres y cuatro. La capitana sigui� a Gaby por el curvante suelo y luego arriba.</p><p>Cada pelda�o fue resultando un poco m�s f�cil que el anterior hasta que, en el eje, ambas mujeres quedaron ingr�vidas. Se apartaron del anillo que rotaba lentamente y flotaron a lo largo del corredor central hasta el m�dulo cient�fico: SCIMOD, en t�rminos de la NASA. El lugar era mantenido a oscuras para facilitar la lectura de los instrumentos y estaba tan lleno de colorido como el interior de un tocadiscos tragaperras. A Cirocco le gustaba. Luces verdes destellaban y bancos de pantallas de televisi�n produc�an un siseo, un ruido blanco entre n�veas nubes de confeti. Eugene Springfield y las hermanas Polo flotaban en torno al holotanque central. Sus caras estaban ba�adas en el resplandor rojizo.</p><p>Gaby entreg� las placas al ordenador, introdujo un programa de amplificaci�n de imagen e indic� la pantalla que Cirocco deb�a contemplar. Las fotos aumentaron su definici�n, fueron combinadas y luego r�pidamente alternadas. Dos min�sculos puntos centellearon, no muy lejos uno de otro.</p><p>�Ah� est� �dijo Gaby, muy orgullosa�. Escaso movimiento propio, pero las placas s�lo fueron tomadas con veintitr�s horas de diferencia.</p><p>Gene llam� a las dos mujeres.</p><p>�Elementos orbitales entrando �dijo.</p><p>Gaby y Cirocco se acercaron a �l. La capitana baj� la mirada y vio que el brazo masculino rodeaba posesivamente el talle de Gaby, pero apart� la vista r�pidamente, notando que las hermanas Polo lo hab�an advertido y mostraban id�ntico cuidado en no seguir mirando. Todos hab�an aprendido a no meterse en los asuntos de los dem�s.</p><p>Saturno estaba en el centro del tanque, grueso y bronceado. Hab�an trazado ocho c�rculos azules conc�ntricos a su alrededor, cada uno en el plano ecuatorial de los anillos. Hab�a una esfera en cada c�rculo, una perla solitaria en su cuerda, y junto a las perlas aparec�an nombres y n�meros: Mnem�sine, Jano, Mimas, Encelado, Tetis, Dione, Rea, Tit�n e Hiperi�n. Mucho m�s all� de estas �rbitas se hallaba una d�cima, visiblemente inclinada. Era la de Japeto. Febe, el sat�lite m�s distante, no pod�a ser mostrado a la escala que estaban usando.</p><p>Fue trazado otro c�rculo. Se trataba de una elipse exc�ntrica, casi tangente a las �rbitas de Rea e Hiperi�n, que cortaba en �ngulo recto el c�rculo representativo de Tit�n. Cirocco la estudi�, despu�s se irgui�. Al alzar la mirada vio profundas l�neas grabadas en la frente de Gaby mientras los dedos de la mujer volaban sobre el teclado. Los n�meros de la pantalla cambiaron a medida que ella introduc�a las nuevas �rdenes.</p><p>�Estuvo a punto de chocar con Rea hace tres millones de a�os �indic� Gaby�. Se encuentra a salvo sobre la �rbita de Tit�n, aunque las perturbaciones deben ser un factor. Le falta mucho para ser estable.</p><p>�Lo que significa� �intervino Cirocco.</p><p>��Un asteroide capturado? �sugiri� Gaby, una ceja levantada en se�al de duda.</p><p>�La proximidad al plano ecuatorial lo impedir�a �dijo una de las hermanas Polo; �April o August?, se pregunt� Cirocco. Despu�s de dieciocho meses juntas, segu�a sin poder distinguirlas.</p><p>�Tem�a que te dieras cuenta de eso �Gaby se mordi� un nudillo�. Pero si se form� con los otros, deber�a ser menos exc�ntrico.</p><p>�Hay formas de explicarlo �Polo se contrajo de hombros�. Una cat�strofe en el pasado reciente. Ser�a muy f�cil moverlo.</p><p>�Entonces, �qu� tama�o tiene? �pregunt� Cirocco, la frente arrugada.</p><p>Polo (August, Cirocco estuvo casi segura de que era August) la mir� con aquel rostro sereno, extra�amente perturbador.</p><p>�Yo dir�a que dos o tres kil�metros. Quiz� menos.</p><p><emphasis>��Eso </emphasis>es todo?</p><p>�Dame los datos, yo aterrizar� ah� �Gene sonri�.</p><p>��Por qu� dices �eso es todo�? �se extra�� Gaby�. Para no haber sido avistado por los telescopios lunares no pod�a ser mucho m�s grande. Lo habr�amos descubierto hace treinta a�os.</p><p>�Muy bien. Pero has interrumpido mi ba�o por un maldito pedrusco. Eso apenas lo justifica.</p><p>Gaby adopt� un aire presuntuoso.</p><p>�Tal vez no para ti, pero aunque fuera diez veces menor yo insistir�a en ponerle un nombre. Descubrir un cometa o un asteroide es una cosa, pero s�lo un par de personas por siglo logran poner nombre a una luna.</p><p>Cirocco sac� los pies del asimiento del holotanque y se dirigi� hacia la entrada del corredor. Justo antes de marcharse se volvi� para mirar los diminutos puntos que segu�an fulgurando en la pantalla superior.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La lengua de Bill hab�a empezado en las puntas de los pies de Cirocco y ahora estaba explorando su oreja izquierda. A ella le gustaba eso. Hab�a sido un recorrido memorable. Cirocco hab�a disfrutado cent�metro a cent�metro y algunas de las paradas a lo largo del camino hab�an resultado atroces. En aquel instante Bill atormentaba su l�bulo con labios y dientes, tirando suavemente para dar vuelta a la mujer. Cirocco no se opuso.</p><p>Bill la empuj� por el hombro con el ment�n y nariz para que ella se volviera m�s deprisa. Cirocco empez� a rotar. Se sinti� como un enorme y blando asteroide. La analog�a le result� placentera y quiso ampliarla, deleitarse en contemplar c�mo la l�nea del terminador se arrastraba a su alrededor para exponer a la luz del sol las monta�as y valles de la parte delantera de su cuerpo.</p><p>A Cirocco le gustaba el espacio, la lectura y el sexo, no necesariamente en este orden. Nunca hab�a conseguido combinar satisfactoriamente las tres cosas, pero dos, como ahora, ya era un acierto.</p><p>En ca�da libre eran posibles nuevos juegos, tal como el que hab�an estado haciendo �sin manos�. Quedaban los pies, la boca, las rodillas o los hombros para situar al otro, y hab�a que ser gentil y delicado; con peque�os mordiscos se pod�a conseguir todo, y de una manera muy interesante.</p><p>Todos acud�an de vez en cuando a la sala de hidropon�a. La <emphasis>Ringmaster </emphasis>dispon�a de siete habitaciones privadas y eran tan necesarias como el ox�geno. Pero hasta el camarote de Cirocco estaba atestado cuando hab�a dos personas dentro y, adem�s, se hallaba en la parte inferior del carrusel. Un acto amoroso en ca�da libre, y uno se da cuenta de que una cama puede ser tan restrictiva como el asiento trasero de un chevrolet.</p><p>���Por qu� no te vuelves un poco hacia aqu�? �pregunt� Bill.</p><p>��Puedes darme un buen motivo?</p><p>El indic� uno y ella le ofreci� un poco m�s de lo que hab�a pedido. Luego Cirocco se encontr� con un poco m�s de lo que <emphasis>ella </emphasis>hab�a requerido, pero, como siempre, Bill sab�a lo que hac�a. Cirocco cerr� las piernas en torno a las caderas del hombre y le dej� hacer el movimiento.</p><p>Bill ten�a cuarenta a�os �era el mayor de la tripulaci�n�, y un rostro dominado por una nariz irregular y carrillos capaces de agraciar a un perro basset. Estaba qued�ndose calvo y sus dientes no eran bonitos. Pero su cuerpo era delgado y duro, diez a�os m�s joven que su cara. Sus manos eran pulcras y cuidadas, precisas en los movimientos. Bill era h�bil con la maquinaria, aunque no con los aparatos grasientos, ruidosos. Su juego de herramientas cab�a en el bolsillo de su camisa, tan diminutas que Cirocco no osar�a manejarlas.</p><p>Su delicada sensibilidad daba resultado cuando hac�a el amor. Y ese tacto se equiparaba a su amable disposici�n. Cirocco se pregunt� por qu� le hab�a costado tanto tiempo descubrir a Bill.</p><p>Hab�a tres hombres a bordo de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>y Cirocco hab�a hecho el amor con todos. Igual que Gaby Plauget. Resultaba imposible mantener secretos con siete personas viviendo en un espacio tan limitado. Cirocco sab�a con certeza, por ejemplo, que lo que hac�an las hermanas Polo tras las puertas cerradas de sus camarotes contiguos segu�a siendo ilegal en Alabama.</p><p>Todos se hab�an cansado de ir de un lado a otro, especialmente en los primeros meses del viaje. Gene era el �nico tripulante casado y, desde el principio, se hab�a preocupado de anunciar que �l y su esposa ten�an un pacto acerca de tales asuntos. Pese a todo, hab�a dormido solo durante largo tiempo puesto que las Polo se ten�an una a la otra. Gaby parec�a no preocuparse en absoluto por el sexo y Cirocco se hab�a sentido irresistiblemente atra�da por Calvin Greene.</p><p>Su persistencia fue tal que, finalmente. Calvin se acost� con ella, no una vez, sino tres. La cosa no fue bien y, antes de que Calvin advirtiera su desilusi�n, Cirocco hab�a enfriado la relaci�n y permitido que �l fuera detr�s de Gaby, la mujer que le hab�a atra�do desde el primer momento. Calvin era un cirujano general entrenado por la NASA no s�lo como bi�logo de nave sino tambi�n como ec�logo. Era negro, aunque, nacido y criado en O�Neil Uno, conced�a poca importancia a aquello. Era igualmente el �nico tripulante m�s alto que Cirocco. Ella no pensaba que el detalle estuviera muy relacionado con el atractivo de Calvin; desde muy joven hab�a aprendido a ser indiferente a la altura de los hombres, ya que era m�s alta que la mayor�a de ellos. Cirocco cre�a que tal atractivo resid�a m�s en los ojos de Calvin, unos ojos dulces, casta�os, l�quidos. Y en su sonrisa.</p><p>Esos ojos y esa sonrisa no hab�an significado nada para Gaby, igual que los encantos de Cirocco no hab�an interesado a Gene, su segunda elecci�n.</p><p>��Qu� es lo que te hace sonre�r? �pregunt� Bill.</p><p>��No crees que t� me est�s dando bastante motivo? �replic� ella, un poco sofocada.</p><p>Pero la verdad era que hab�a estado pensando en cuan divertidos deb�an de haber parecido los cuatro a los ojos de Bill, que hab�a permanecido apartado de la mezcla de cuerpos. Tal era en apariencia el estilo de Bill: esperar, dejar que la gente se emparejara, y actuar despu�s, una vez aplacada la euforia.</p><p>Calvin hab�a estado francamente deprimido. Como Cirocco. Por preocupaci�n hacia Gaby o por simple inexperiencia, Calvin no hab�a sido un buen amante. Cirocco pensaba que por culpa de las dos cosas. Era un hombre silencioso, t�mido e intelectual. Su expediente revelaba que hab�a pasado la mayor parte de su vida en la universidad, llevando una carga acad�mica que dejaba poco espacio para la diversi�n.</p><p>Gaby no hab�a mostrado inter�s alguno. El m�dulo cient�fico de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>era el mejor juguete que una chica pudiera tener. Ella amaba tanto su trabajo que hab�a ingresado en el cuerpo de astronautas y obtenido el t�tulo con el n�mero uno de su promoci�n para poder contemplar las estrellas sin una fastidiosa atm�sfera de por medio, aun cuando odiara viajar. Cuando trabajaba no prestaba atenci�n a nada m�s, y por eso tampoco le resultaba extra�o que Calvin pasara tanto tiempo como ella en el SCIMOD aguardando la oportunidad de entregarle una placa fotogr�fica, un trapo para limpiar una lente o las llaves de su coraz�n.</p><p>Tampoco Gene hab�a parecido preocupado. Cirocco le envi� se�ales que la habr�an condenado cinco veces a cadena perpetua si la Comisi�n Federal de Comunicaciones hubiera tenido conocimiento de ellas, pero Gene no las capt�. El hombre se limitaba a sonre�r con aquel rostro infantil de cabello revuelto, el semblante ideal de la raza aria, y a charlar sobre el vuelo. Iba a ser el piloto del m�dulo expedicionario cuando la nave llegara a Saturno. A Cirocco le gustaba volar, tambi�n, pero siempre llega un momento en que una mujer desea hacer otra cosa.</p><p>Finalmente Calvin y Cirocco consiguieron lo que quer�an. Poco despu�s ninguno de los dos siguieron dese�ndolo.</p><p>Cirocco desconoc�a el problema existente entre Calvin y Gaby; ni uno ni otro hablaban de ello, pero era obvio que su relaci�n resultaba apenas pasable, como mucho. Calvin segu�a vi�ndola, pero ella tambi�n ve�a a Gene.</p><p>No cab�a duda de que Gene hab�a estado aguardando a que Cirocco dejara de acosarle. En cuanto ella se cans�. Gene empez� a acercarse a escondidas y respirar profundamente en su oreja. A Cirocco no le gust� mucho esto, como tampoco el resto de la t�cnica de Gene; cuando terminaba de hacer el amor, siempre parec�a esperar a que le dieran las gracias. A Cirocco no le impresionaban estas maniobras y Gene se habr�a asombrado de saber lo bajo que estaba en la puntuaci�n, de uno a diez, de la capitana.</p><p>Lo de Bill hab�a sucedido casi por accidente�, pero desde entonces Cirocco supo que ocurr�an pocos accidentes en torno a Bill. Una cosa llevaba a la otra, y ahora ambos estaban a punto de ofrecer una demostraci�n pornogr�fica de la Tercera Ley del Movimiento de Newton; la referente a �acci�n y reacci�n�.</p><p>Cirocco hab�a efectuado algunos c�lculos al respecto y descubierto que la fuerza de la eyaculaci�n apenas explicaba la aceleraci�n org�smica que ella siempre observaba en tal momento. La causa resid�a ciertamente en los espasmos de los grandes m�sculos de las piernas, pero el efecto era maravilloso y algo aterrador, como si los dos cuerpos se hubieran convertido en enormes globos carnosos que perd�an aire, forzados a separarse en el momento de m�xima proximidad. Despu�s se tambaleaban y rebotaban y finalmente reposaban juntos de nuevo.</p><p>Bill tambi�n sinti� la cercan�a del momento. Sonri� y las l�mparas hidrop�nicas convirtieron en luminiscentes sus torcidos dientes.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><cite><p>MENSAJE DI/PUB 0056</p><p>5/12/25</p><empty-line/><p>NI RINGMASTER (NASA 447D, L5/1, REFERENCIA HOUSTON-COPERNICUS GCR)</p><p>JONES, CIROCCO, COM MIS</p><p>PARAFRASEAR Y EMITIR INMEDIATAMENTE</p><p>INICIO:</p></cite><empty-line/><p>Gaby ha elegido Temis como nombre para la nueva luna. Calvin est� de acuerdo con ella, aunque ambos han llegado al nombre por distintos caminos.</p><p>Gaby menciona la supuesta visi�n de (lo que habr�a sido) una d�cima luna de Saturno por parte de William Henry Pickering �descubridor de Febe, el sat�lite m�s alejado de Saturno� en 1905. El lo denomin� Temis y nadie ha vuelto a verlo de nuevo.</p><p>Calvin se�ala que cinco de las lunas saturnales ya han sido bautizadas con los nombres de los titanes de la mitolog�a griega (tema que es de su especial inter�s; v�ase MENSAJE DIV/PUB 0009, 1/3/24) y que una sexta se llama Tit�n. Temis fue un tit�n, eso es lo que tranquiliza la mente de Calvin. Temis tiene caracter�sticas en com�n con la luna que Pickering crey� ver, pero Gaby no est� convencida de que el astr�nomo la viera realmente. (Si �l hubiera hecho tal cosa, Gaby no ser�a mencionada como su descubridora. Pero para ser veraz, el sat�lite parece demasiado peque�o y difuso como para poder ser visto ni siquiera con los mejores telescopios lunares.)</p><p>Gaby est� formulando una teor�a catastr�fica de la formaci�n de Temis, el resultado de una colisi�n entre Rea y un asteroide errante. Temis podr�a ser lo que queda de tal asteroide o un fragmento que sali� despedido del mismo Rea.</p><p>As� pues, Temis est� demostrando ser un interesante reto para�</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>��esa fant�stica banda de idiotas que todos conoc�is ya perfectamente: la tripulaci�n de la NI <emphasis>Ringmaster �</emphasis>Cirocco se apart� del tablero de la m�quina de escribir, estir� los brazos por encima de la cabeza e hizo crujir los nudillos de los dedos�. Disparates �murmur�. Y trolas.</p><p>Las letras verdes destellaron en la pantalla que ten�a delante, todav�a sin un punto ortogr�fico en la parte inferior.</p><p>Era una parte de su trabajo que Cirocco siempre retrasaba tanto como pod�a. Pero los agentes publicitarios de la NASA no admit�an que se les ignorase por m�s tiempo. Temis era un pedazo de roca carente de inter�s seg�n todos los indicios, mas el departamento de publicidad buscaba desesperadamente algo de donde enganchar una historia, y respond�an al inter�s por lo humano con �periodismo de personalidad�, como ellos lo denominaban. Cirocco se esforzaba al m�ximo, aunque era incapaz de entrar en el tipo de detalles que los redactores de divulgaci�n deseaban. Cosa que, de todos modos, apenas importaba, ya que el texto que acababa de escribir ser�a impreso, reescrito, discutido en consejo y, por lo general, avivado para �humanizar� a los astronautas.</p><p>Cirocco simpatizaba con el objetivo de la NASA. A casi todo el mundo le importaba un comino el programa espacial. Se pensaba que el dinero tendr�a mejor provecho en la Tierra, la Luna y las colonias L5. �Por qu� verter dinero en la ratonera de la exploraci�n cuando se pod�a extraer tantos beneficios de asuntos cimentados en una base comercial, tales como la producci�n en �rbita terrestre? La exploraci�n resultaba terriblemente costosa y en Saturno no hab�a m�s que vac�o y un mont�n de rocas.</p><p>Cirocco estaba intentando encontrar algo que justificara, de una manera fresca, nueva, su presencia en la primera misi�n exploratoria en once a�os, cuando una cara apareci� en la pantalla. Tal vez fuera la de April, o la de August.</p><p>�Capitana, lamento molestarla.</p><p>�No importa. No estaba ocupada.</p><p>�Aqu� arriba tenemos algo que usted deber�a ver.</p><p>�Voy ahora mismo.</p><p>Crey� que era August. Cirocco hab�a pugnado por distinguirlas, ya que los gemelos suelen resentirse cuando se los confunde. Y poco a poco hab�a comprendido que a April y August no les preocupaba el detalle.</p><p>Pero April y August no eran gemelas ordinarias.</p><p>Sus nombres completos eran April 15/02 Polo y August 3/02 Polo. As� estaba escrito en sus respectivos tubos de prueba y as� lo hab�an consignado en sus partidas de nacimiento los cient�ficos que hab�an sido sus comadronas. Cosa que a Cirocco siempre le hab�a parecido una excelente raz�n doble por la cual no permitir a los cient�ficos que hicieran los tontos con experimentos que viv�an, respiraban y lloraban.</p><p>La madre de las gemelas, Susan Polo, llevaba cinco a�os muerta en la �poca que nacieron, y no pod�a protegerlas. Ninguna otra persona se mostr� dispuesta a hacerlo, de modo que ambas se vieron limitadas a ellas dos y sus tres hermanas clonas en cuanto a cari�o. En cierta ocasi�n August hab�a contado a Cirocco que las cinco s�lo tuvieron un amigo �ntimo mientras crecieron, y que tal amigo hab�a sido un mono rhesus con un cerebro mejorado. El animal fue disecado cuando las ni�as ten�an siete a�os.</p><p>�No me gustar�a que sonara demasiado brutal �hab�a dicho August en aquella ocasi�n, una noche en que ya se hab�an consumido algunos vasos del vino de soja de Bill�. Aquellos cient�ficos no eran monstruos. Muchos de ellos se comportaban como amables t�as y t�os. Ten�amos todo lo que dese�bamos. Estoy segura de que la mayor�a nos quer�a �August hab�a bebido otro trago�. Despu�s de todo, costamos un mont�n de dinero.</p><p>A cambio de su dinero los cient�ficos consiguieron cinco genios apacibles, bastante fantasmales, que es precisamente lo que hab�an pedido. Cirocco dudaba de que hubieran concertado aquella homosexualidad incestuosa, pero pensaba que al menos debieron de haberla esperado con tanta seguridad como el elevado coeficiente intelectual. Todas eran clonas de su madre, la hija de un japon�s-americano de tercera generaci�n y una filipina. Susan Polo obtuvo el premio Nobel de f�sica y falleci� joven.</p><p>Cirocco observ� a August mientras la mujer estudiaba una foto en el tablero de navegaci�n. Joven como era, ten�a una semejanza exacta con su madre: menuda, con cabello negro azabache y una figura atractiva, y ojos oscuros, inexpresivos. Cirocco jam�s hab�a supuesto que las caras orientales fueran tan similares como opinaban muchos caucasianos, pero los rostros de April y August no se diferenciaban en nada. Su piel era del color del caf� con mucha crema, pero a la luz rojiza <emphasis>del </emphasis>m�dulo cient�fico August parec�a casi negra.</p><p>August mir� a Cirocco con m�s excitaci�n que lo normal en ella, y la capitana sostuvo su mirada por un instante y despu�s baj� los ojos. Seis diminutas luces estaban dispuestas en un hex�gono perfecto contra un fondo de n�tidas estrellas.</p><p>Cirocco las observ� durante un largo tiempo.</p><p>�Es lo m�s endemoniado que he visto en mi vida en una placa estelar �concedi�. �Qu� es?</p><p>Gaby se hallaba atada con correas a una silla al otro lado del compartimiento, sorbiendo caf� de una cubeta pl�stica.</p><p>�Es la �ltima toma de Temis �dijo�. Me concentr� en el sat�lite la �ltima hora con mi equipo m�s sensible y un programa de computador para justificar la rotaci�n.</p><p>�Supongo que �sa es la respuesta a mi pregunta �dijo Cirocco�. Pero, insisto, <emphasis>�qu� es?</emphasis></p><p>Gaby hizo una larga pausa antes de replicar, mientras tomaba otro sorbo.</p><p>�Es posible �dijo, mostr�ndose ensimismada y enso�adora� que varios cuerpos orbiten en torno a un centro de gravedad com�n. En teor�a. Nadie lo ha visto nunca. La configuraci�n se denomina roseta.</p><p>Cirocco aguard� pacientemente. Al notar que nadie hablaba, solt� un bufido.</p><p>��En medio del sistema de sat�lites de Saturno? Durante cinco minutos, quiz�s. El resto de lunas les causar�a perturbaciones.</p><p>�As� es �convino Gaby.</p><p>��Y c�mo suceder�a en primer lugar? Las probabilidades en contra son tremendas.</p><p>�Tambi�n es verdad.</p><p>April y Calvin hab�an entrado en la sala.</p><p>Calvin alz� la mirada y pregunt�:</p><p>��Es que nadie piensa decirlo? No es una disposici�n natural. Alguien hizo esto.</p><p>Gaby se restreg� la frente.</p><p>�A�n no sabes todo. Emit� se�ales de radar hacia el sat�lite. Los ecos me indicaron que Temis ten�a m�s de mil trescientos kil�metros de di�metro. Todas las cifras relativas a densidad fueron igualmente extravagantes. Lo da como menos denso que el agua por bastante margen. Pens� que estaba obteniendo lecturas confusas, pues trabajaba en los l�mites de mi equipo. Despu�s hice la foto.</p><p>��Seis cuerpos o uno? �pregunt� Cirocco.</p><p>�No puedo <emphasis>asegurarlo. </emphasis>Pero todo apunta hacia uno.</p><p>�Descr�belo. Di lo que creas saber.</p><p>Gaby consult� las hojas de registro, aunque obviamente no las necesitaba. Las cifras estaban claras en su mente.</p><p>�Temis tiene mil trescientos kil�metros de anchura. Eso lo convierte en la tercera luna m�s grande de Saturno, aproximadamente del tama�o de Rea. Debe de ser totalmente negro, excepto esos seis puntos. El albedo m�s bajo, con mucho, entre todos los cuerpos del sistema solar, si te interesa saberlo. Tambi�n es el menos denso. Existen grandes posibilidades de que sea hueco, y es muy probable que no sea esf�rico. Tal vez tenga forma de disco, o toroidal, igual que un anillo. En cualquier caso parece rotar como un plato en torno a su eje, una revoluci�n por hora; rotaci�n suficiente para que nada pueda permanecer en su superficie. La fuerza centr�peta superar�a la fuerza gravitatoria.</p><p>�Pero si es hueco y una persona se encontrara en el interior� �Cirocco fij� su mirada en Gaby.</p><p>�Dentro, si <emphasis>realmente fuera </emphasis>hueco, la fuerza ser�a equivalente a un cuarto de g.</p><p>Cirocco medit� su siguiente pregunta y Gaby no pudo continuar mir�ndola a los ojos.</p><p>�Cada d�a estamos m�s cerca. La visi�n mejorar� por fuerza. Pero no puedo prometerte cu�ndo estar� segura de todo este asunto.</p><p>Cirocco se dirigi� hacia la puerta.</p><p>�Tendr� que comunicar lo que tengas ahora.</p><p>�Pero nada de teor�as, �eh? �grit� Gaby a sus espaldas. Era la primera vez que Cirocco la ve�a descontenta con algo que hab�a observado por un telescopio�. Al menos no me las atribuyas.</p><p>�Nada de teor�as �admiti� Cirocco�. Los hechos deber�n ser abundantes.</p></section><section><title><p>CAPITULO 2</p></title><cite><p>MENSAJE INFORMATIVO 0931</p><p>(RESPUESTA TRANSMISI�N HOUSTON 5455, 5-20-25)</p><p>5-21-25</p><p>NI RINGMASTER (NASA 447D, L5/1, REFERENCIA HOUSTON-COPERNICUS GCR)</p><p>JONES, CIROCCO, COM MIS</p><p>POSICI�N DE SEGURIDAD �ON�</p><p>PREFIJO DE C�DIGO DELTADELTA</p><p>INICIO:</p><p>1. De acuerdo con su an�lisis de Temis como veh�culo espacial interestelar de tipo generacional. No olviden que nosotros lo sugerimos primero.</p><p>2. Se adjunta foto m�s reciente. Observen la resoluci�n mejorada de las zonas brillantes. Todav�a sin suerte para descubrir instalaciones de atraque en el eje. Seguiremos mirando.</p><p>3. De acuerdo con maniobras de correcci�n programadas 5/22</p><p>4. Solicito seguimiento renovado conforme se aproxime el momento de la nueva inserci�n orbital, empezando en 5/25 y continuando hasta que empiece la inserci�n, con mejora posterior. No me importa si esto implica utilizar otro computador. No creo que los que vamos a bordo podamos manejar este volumen.</p><p>5. Cambio de posici�n 5/22,0400 TU, despu�s de la maniobra de correcci�n.</p><p>FIN INFORMATIVO</p><empty-line/><p>PERSONAL</p><p>(CIRCULACI�N LIMITADA A COMIT� CONTROL MISI�N RINGMASTER)</p><p>INICIO:</p><p>Para el Comit� de Contacto que ha estado machac�ndome los o�dos: <emphasis>�Cierren el pico! </emphasis>No me importa saber QUIEN es el maldito responsable. He estado recibiendo instrucciones contradictorias que suenan como si tuvieran la fuerza de �rdenes directas. Tal vez no les gusten mis ideas sobre c�mo manejar esto, o tal vez les gusten. La cuesti�n es que el asunto va a quedar en mis manos. El mero retraso en las comunicaciones basta para justificarlo. Ustedes me entregaron la nave y la responsabilidad, as� que �DEJEN DE FASTIDIARME!</p><p>FIN</p></cite><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco apret� el bot�n CODIFICACI�N, luego el de TRANSMISI�N y se recost� en su silla. Se frot� los ojos. Pocos d�as antes hab�a tenido pocas cosas que hacer. Ahora se encontraba abrumada por las comprobaciones estipuladas que dispondr�an a la <emphasis>Ringmaster </emphasis>para la inserci�n orbital.</p><p>Todo hab�a cambiado, y todo por culpa de los seis min�sculos puntos de luz en el telescopio de Gaby. Ahora parec�a poco sensato explorar las otras lunas de Saturno. Estaban comprometidos en una temprana cita con Temis.</p><p>Cirocco repas� la lista de cosas que a�n quedaban por hacer, despu�s la lista de tareas y vio que hab�a sido modificada de nuevo. Ella deb�a reunirse con April y Calvin en el exterior. Se apresur� a llegar a la compuerta.</p><p>Su traje era voluminoso y ajustado y lanzaba murmullos mientras la radio siseaba calladamente. Ol�a muy bien, igual que Cirocco, como pl�stico de hospital y ox�geno puro.</p><p>La <emphasis>Ringmaster </emphasis>era una estructura alargada formada por dos secciones principales unidas por un tubo hueco de tres metros de di�metro y cien de largo. La resistencia estructural del tubo proven�a de tres j�cenas compuestas, cada una de las cuales transmit�a el empuje de un motor al sistema vital equilibrado en la parte superior del tubo.</p><p>En el extremo m�s apartado se hallaban los motores y un grupo de tanques de combustible separables, ocultos a la vista por la amplia placa de la pantalla de radiaci�n que circundaba el tubo central como la protecci�n contra ratas del cabo de amarre de un carguero oce�nico. El lado externo de la pantalla era un lugar peligroso para estar en �l.</p><p>En la otra punta del tubo se encontraba el sistema vital, formado por el m�dulo cient�fico, el m�dulo de control y el carrusel.</p><p>El control estaba situado en la parte delantera y era una protuberancia en forma de cono que surg�a del gran bote de caf� que constitu�a el SCIMOD. Dispon�a de las �nicas ventanas de la nave, m�s por tradici�n que por utilidad pr�ctica.</p><p>El m�dulo cient�fico se hallaba casi oculto tras una espesura de instrumentos. La antena de elevada ampliaci�n sobresal�a del conjunto, colgada de la extremidad de un largo ped�nculo y enfocada hacia la Tierra. Hab�a dos pantallas de radar y cinco telescopios, entre ellos el newtoniano de ciento veinte cent�metros de Gaby.</p><p>Justo detr�s del m�dulo cient�fico estaba el carrusel: un grueso volante de color blanco. Rotaba lentamente en torno al resto de la nave, con cuatro radios saliendo del borde.</p><p>Sujetos al v�stago central se hallaban otros objetos, entre ellos los cilindros hidrop�nicos y los diversos componentes del m�dulo de aterrizaje: sistema vital, motor de remolque, dos fases de descenso y el motor de ascenso.</p><p>El m�dulo de aterrizaje hab�a sido ideado para explorar las lunas de Saturno, en particular Japeto y Rea. Despu�s de Tit�n �que dispon�a de atm�sfera y era por tanto inadecuado para explorarlo en este viaje�, Japeto era el cuerpo m�s interesante de las proximidades. Hasta la d�cada de 1980 hab�a sido significativamente m�s brillante en un hemisferio, pero hab�a cambiado durante un per�odo de veinte a�os hasta que su albedo se hizo casi uniforme. En la actualidad se produc�an dos senos en el gr�fico de luminosidad en puntos opuestos de la �rbita del sat�lite. El m�dulo de aterrizaje pretend�a descubrir las causas.</p><p>Ahora el proyecto hab�a quedado descartado por un objeto mucho m�s importante llamado Temis.</p><p>La <emphasis>Ringmaster </emphasis>ten�a semejanza con otra nave espacial: la ficticia <emphasis>Discovery, </emphasis>el veh�culo de sondeo joviano de la pel�cula cl�sica <emphasis>2001: Una odisea del espacio. </emphasis>Y tal parecido no era sorprendente. Ambas naves hab�an sido planeadas partiendo de similares par�metros, aunque una s�lo hubiera navegado en el celuloide. Cirocco se encontraba fuera de la nave para quitar los �ltimos paneles de reflexi�n solar que envolv�an el sistema vital de la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>El problema en un veh�culo espacial es usualmente disponer de un exceso de calor, pero ahora los tripulantes se encontraban lo bastante alejados del sol como para absorber todos los rayos que recibieran.</p><p>La capitana enganch� un cable de seguridad en un tubo que sal�a del eje del carrusel e iba hasta la antec�mara de compresi�n, y se encar� con uno de los �ltimos paneles. Era de plata, un cuadrado de un metro de lado formado por dos l�minas de fina chapa. Cirocco acerc� el destornillador a una esquina y el dispositivo emiti� un chasquido cuando la herramienta encontr� la ranura. El contrapeso rot� y engull� la tuerca suelta antes de que se alejara a la deriva.</p><p>Tres operaciones m�s y el panel flot�, separ�ndose de la capa de espuma contra meteoritos que hab�a dejado. Cirocco lo sostuvo y se volvi� de cara al sol para efectuar su informal revisi�n de perforaciones. Tres luces diminutas y brillantes se�alaban el lugar donde la l�mina hab�a sido alcanzada por granos de polvo de los meteoritos.</p><p>El panel estaba mantenido en posici�n r�gida por cables colocados en los bordes. Cirocco dobl� dos de estos cables en el medio. Despu�s del quinto pliegue el conjunto fue tan peque�o como para caber en el bolsillo de la muslera de su traje. Fij� la hoja y a continuaci�n se traslad� al siguiente panel.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El tiempo era escaso. Siempre que era posible combinaban dos tareas, por lo que el fin de la jornada en la nave sorprendi� a Cirocco reclinada en su litera mientras Calvin le efectuaba el reconocimiento f�sico semanal y Gaby le mostraba la foto m�s reciente de Temis. La habitaci�n estaba abarrotada. Gaby comentaba:</p><p>�No es una foto. Es una imagen teor�tica amplificada por computador. Y en infrarrojos, que parece ser el mejor espectro.</p><p>Cirocco se irgui� apoy�ndose en un codo, con cuidado de no soltar ninguno de los electrodos de Calvin. Mordisque� el extremo del term�metro hasta que el m�dico la mir�, ce�udo.</p><p>La imagen mostraba una gruesa rueda de carro rodeada por brillantes �reas triangulares, rojas y de amplia base. Hab�a seis zonas rojas en el interior de la rueda, pero eran m�s peque�as y cuadradas.</p><p>�Los tri�ngulos grandes del exterior son las partes m�s calientes �dijo Gaby�. Supongo que son componentes del sistema de control t�rmico. Absorben calor del sol o eliminan el exceso.</p><p>�Es la conclusi�n de Houston �indic� Cirocco.</p><p>La capitana ech� un vistazo a la c�mara de televisi�n que hab�a cerca del techo. El control de Tierra los observaba; si se les ocurr�a algo, Cirocco lo sabr�a en cuesti�n de pocas horas, aunque estuviera durmiendo.</p><p>La analog�a de la rueda era casi literalmente cierta, excepto por los planos de calentamiento o enfriamiento que Gaby hab�a se�alado. Hab�a un cubo en el centro, con un agujero capaz de alojar un eje�, si Temis realmente fuera una rueda de carro. Del cubo de la rueda surg�an seis gruesos radios que fulguraban de modo gradual justo antes de unirse a la porci�n exterior de la rueda. Entre cada par de radios se hallaba una de las zonas brillantes y cuadradas.</p><p>�Esta es la novedad �dijo Gaby�. Esos cuadrados se mueven en �ngulo. Son lo que yo vi en principio: los seis puntos luminosos. Son planos, pues si no, dispersar�an mucha m�s luz. El caso es que s�lo reflejan luz hacia la Tierra cuando se encuentran en el �ngulo preciso, lo cual sucede rara vez.</p><p>��Qu� �ngulo? �balbuce� Cirocco. Calvin le sac� el term�metro de la boca.</p><p>�Bien, la luz llega paralela al eje. Con <emphasis>este </emphasis>�ngulo �Gaby lo se�al� sobre la imagen�. Los espejos est�n dispuestos para desviar la luz noventa grados, hacia la cubierta de la rueda �toc� el papel con un dedo, que hizo girar para indicar una zona entre dos radios�. Esta parte de la rueda es m�s c�lida que el resto, pero no tanto como para absorber todo el calor que recibe. No lo refleja o absorbe, lo transmite. Es transparente o transl�cida. Permite que la mayor parte de la luz la atraviese hacia algo que hay debajo. �Te sugiere algo?</p><p>Cirocco abandon� por un momento su cuidadoso examen.</p><p>��A qu� te refieres?</p><p>�Bueno, sabemos que la rueda est� hueca. Quiz� los radios tambi�n lo est�n. En cualquier caso, imag�nate la rueda. Es como el neum�tico de un coche; grande, gruesa y plana en la parte inferior, para proporcionar m�s espacio vital. La fuerza centr�fuga te aleja del cubo.</p><p>�Comprendo todo eso �dijo Cirocco, algo divertida. Gaby pod�a ser tan vehemente cuando se explicaba�</p><p>�Muy bien. De modo que si te hallas en el interior de la rueda, o est�s bajo un radio o bajo un reflector�, �de acuerdo?</p><p>��Ah, s�? Oh, s�. Entonces�</p><p>�Entonces siempre es de d�a o de noche en cualquiera de los puntos en particular. Los radios est�n unidos r�gidamente, los reflectores no se mueven y los tragaluces tampoco pueden hacerlo. Tiene que ser as�. D�a permanente o noche permanente. �Por qu� crees que la han construido as�?</p><p>�Para responder a eso necesitar�amos conocerlos. Sus necesidades deben ser distintas de las nuestras �volvi� a mirar la imagen. Deb�a recordar constantemente el tama�o del objeto. Mil trescientos kil�metros de di�metro, cuatro mil en el borde exterior. La perspectiva de conocer a los seres que hab�an construido una cosa as� le preocupaba cada d�a m�s.</p><p>�Muy bien. Puedo esperar �Gaby no estaba tan interesada en Temis como nave espacial. Para ella se trataba de un fascinante problema de observaci�n.</p><p>Cirocco volvi� a mirar la imagen.</p><p>�El cubo� �empez� a decir. Se mordi� el labio. Aquella c�mara segu�a funcionando y ella no deseaba decir nada demasiado comprometedor.</p><p>��Qu� pasa con el cubo?</p><p>�Bueno, parece ser el �nico lugar del objeto en el que se podr�a atracar. La �nica parte que carece de movimiento�</p><p>�No, tal como est� ahora. Ese agujero del centro es bastante grande. En cuanto te encuentres con cualquier cosa s�lida, se estar� moviendo bastante. Calculo que�</p><p>�No te preocupes. No es importante en este momento. La cuesti�n es que s�lo en el mismo centro exacto de rotaci�n podr�a practicarse el acoplamiento con Temis sin grandes problemas. Te aseguro que yo no querr�a intentarlo.</p><p>��Entonces?</p><p>�Entonces debe existir una raz�n precisa por la que all� no haya instalaciones de atraque visibles. Algo lo bastante importante como para sacrificar esa ubicaci�n, alguna raz�n para dejar un gran agujero en el centro.</p><p>�Motor �dijo Calvin.</p><p>Cirocco le mir� fugazmente, capt� un destello de los ojos casta�os del hombre antes de que se volviera de nuevo a su trabajo.</p><p>�Eso pensaba yo. Un enorme estatorreactor de fusi�n. La maquinaria est� en el cubo, generadores de campo electromagn�tico para canalizar el hidr�geno interestelar hacia el centro, donde es quemado.</p><p>Gaby se encogi� de hombros.</p><p>�Tiene l�gica. Pero, �qu� me dices del acoplamiento?</p><p>�Bueno, <emphasis>abandonar </emphasis>el objeto ser�a bastante f�cil. Basta con abrir un hueco en la parte inferior y obtener velocidad de escape para liberarse, m�s cierta velocidad para maniobrar. Pero deber�a haber alguna especie de chisme que se comprimiera hasta el centro de rotaci�n cuando el motor no funcione, para recoger naves exploradoras. El motor principal <emphasis>debe </emphasis>estar all�. La �nica alternativa ser�a espaciar motores en torno al borde. Yo querr�a tres, como m�nimo. Y ser�a mejor m�s.</p><p>Se volvi� para encararse con la c�mara.</p><p>�Env�enme lo que puedan sobre estatorreactores de hidr�geno �dijo�. Vean si pueden darme cierta idea sobre qu� buscar en caso de que Temis tenga uno.</p><p>�Tendr�s que quitarte la camisa �dijo Calvin.</p><p>Cirocco alarg� un brazo y desconect� la c�mara, aunque no el sonido. Calvin le dio golpes en la espalda y escuch� los resultados mientras Cirocco y Gaby continuaban estudiando la imagen de Temis. No dieron con nuevas ideas hasta que Gaby plante� el problema de los cables.</p><p>�Por lo que s�, los cables forman un c�rculo a medio camino entre el cubo y el borde. Sostienen los m�rgenes superiores de los paneles reflectores, algo as� como el cordaje de un buque velero.</p><p>��Qu� me dices de �stas�? �pregunt� Cirocco, indicando la zona entre dos de los radios�. �Tienes alguna idea de para qu� son?</p><p>�No. Hay seis de ellas y se extienden en medio de los radios, desde el cubo al borde, radialmente. Atraviesan los paneles reflectores, si es que eso te dice algo.</p><p>�No exactamente. Pero si hay m�s de estas cosas, quiz� m�s peque�as, deber�amos buscarlas. Estos cables tienen cerca de� �Cu�nto dijiste? �Tres kil�metros, aproximadamente?</p><p>�M�s bien cinco.</p><p>�Bien. De modo que una cosa que sea muy peque�a, como la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>por ejemplo, podr�a ser invisible para nosotros por mucho tiempo, en especial si es tan negra como el resto de Temis. Gene va a tener que estar husmeando all�, en el m�dulo expedicionario. No me gustar�a que se topara con algo.</p><p>�Har� que el computador se encargue de eso �dijo Gaby.</p><p>Calvin empez� a recoger su equipo.</p><p>�Tan disgustadoramente saludable como siempre �dijo�. Nunca me dais una oportunidad� Si no pongo a prueba ese hospital de cinco millones de d�lares, �c�mo les har� creer que han invertido bien su dinero?</p><p>�Si quieres, hacemos que alguien se rompa un brazo y� �sugiri� Cirocco.</p><p>��Bah! Yo ya hice eso, en la escuela de medicina.</p><p>��Romper un brazo, o curarlo?</p><p>Calvin ri�.</p><p>�Ap�ndice. Ahora <emphasis>hay </emphasis>algo que me gustar�a probar. Apenas consigues ya ap�ndices reventados.</p><p>��Pretendes decir que nunca has extirpado un ap�ndice? �Qu� os ense�an en las escuelas de medicina en estos tiempos?</p><p>�Que si aprendes bien la teor�a, los dedos la seguir�n. Somos demasiado intelectuales para mancharnos las manos �ri� de nuevo.</p><p>Cirocco sinti� que las delgadas paredes de su habitaci�n temblaban.</p><p>�Ojal� supiera cuando es serio �dijo Gaby.</p><p>��Quieres seriedad? �pregunt� Calvin�. Aqu� hay algo en que quiz� no hayas pensado nunca. Cirug�a opcional. Amigas m�as�, ten�is a uno de los mejores cirujanos �hizo una pausa para dejar que los rudos ruidos se extinguieran�. Uno de los mejores cirujanos que existe. �Alguien se aprovecha de ello? No mucho. Una operaci�n de nariz te cuesta ahora, siete, ocho mil d�lares en casa. Aqu� la consegu�s con el seguro m�dico.</p><p>Cirocco se irgui� dignamente y le dedic� una g�lida mirada.</p><p>��No estar�s hablando <emphasis>de mi, </emphasis>verdad?</p><p>Calvin extendi� un pulgar y mir� desde detr�s la cara de Cirocco, bizqueando.</p><p>�Claro que hay otros tipos de cirug�a opcional. Soy bastante bueno en todos ellos. Era mi <emphasis>hobby.</emphasis></p><p>Calvin movi� hacia abajo el pulgar. Cirocco le lanz� una patada y el m�dico la esquiv� agach�ndose y saliendo por la puerta.</p><p>Cirocco estaba sonriendo cuando se sent�. Gaby segu�a all�, la fotograf�a apretada bajo un brazo. Se acomod� en la banqueta plegable junto a la litera.</p><p>Cirocco alz� una ceja.</p><p>��Hab�a alguna otra cosa?</p><p>Gaby apart� la mirada. Abri� la boca para decir algo, no logr� <emphasis>pronunciar </emphasis>un solo sonido y a continuaci�n palme� su muslo desnudo.</p><p>�No, creo que no hay nada �empez� a levantarse, pero no lo hizo.</p><p>Cirocco la mir� pensativamente, luego se puso en pie y desconect� el sonido de la televisi�n.</p><p>��Sirve esto de alguna ayuda?</p><p>�Quiz� �Gaby se encogi� de hombros�. Yo misma te habr�a pedido que la desconectaras, si es que hubiera podido empezar a hablar. Creo que no tiene nada que ver con mi trabajo.</p><p>�Pero pensaste que deb�as decir algo �Cirocco aguard�.</p><p>�S�, est� bien. C�mo llevar esta nave es tu trabajo. Quiero que sepas que lo comprendo.</p><p>�Adelante. Puedo aceptar cr�ticas.</p><p>�Has estado durmiendo con Bill.</p><p>Cirocco ri� suavemente.</p><p>�Nunca <emphasis>duermo </emphasis>con �l. La cama es demasiado peque�a. Pero� vamos, capto la idea.</p><p>Cirocco hab�a confiado en que la otra se sintiera c�moda, pero obviamente la cosa no hab�a dado resultado. Gaby se puso en pie y camin� lentamente, aun cuando s�lo pod�a dar cuatro pasos antes de llegar a la pared.</p><p>�Capitana, el sexo no es nada importante para m� �hizo un gesto de indiferencia�. No odio la sexualidad, pero tampoco estoy tan loca por ella. Si no tengo relaciones por un d�a o un a�o, ni siquiera lo noto. Pero la mayor�a de la gente no es as�. Especialmente los hombres.</p><p>�Tampoco yo soy as�.</p><p>�Lo s�. Por eso me preguntaba c�mo t�� Simplemente cu�les son tus sentimientos hacia Bill.</p><p>Fue el turno de Cirocco para ponerse a andar. Una cosa todav�a menos satisfactoria para ella, puesto que era m�s grande que Gaby y s�lo pod�a dar tres pasos.</p><p>�Gaby, la interacci�n humana en ambientes confinados es un campo bien investigado. Han probado naves con s�lo varones. Incluso una vez con s�lo hembras. Han probado con tripulantes que estuvieran todos casados o todos solteros. Han tenido reglas de restricci�n absoluta y tambi�n de absoluta liberalidad. <emphasis>Ninguna </emphasis>de las pruebas sali� bien. Los tripulantes se irritan unos a otros y acaban teniendo relaciones sexuales. Por eso no digo a nadie qu� debe hacer en privado.</p><p>�No intento decir que t��</p><p>�Un momento. He dicho todo eso para que sepas que no soy inconsciente de los problemas potenciales. Estoy dispuesta a escuchar problemas espec�ficos.</p><p>Aguard�.</p><p>�Es Gene �Hijo Gaby�. Lo he estado haciendo con Gene y con Calvin. Como ya he dicho, no es nada importante para m�. S� que Calvin est� loco por m�. Estoy acostumbrada a eso. En casa me limitar�a a calmarle. Aqu�, le hago un favor para mantenerle contento. En cualquier caso me importa muy poco.</p><p>�Pero follo con Gene porque �l� tiene esta� Esta <emphasis>presi�n, </emphasis>�sabes? �sus manos se hab�an contra�do en pu�os, que luego abri�. Mir� a Cirocco en busca de comprensi�n.</p><p>�He tenido cierta experiencia con eso, s� �Cirocco mantuvo tranquila su voz.</p><p>�Bien, �l no te satisface. Gene me lo ha dicho. Es algo que le incomoda. Ese tipo de intensidad me asusta, quiz� porque no lo comprendo. He estado vi�ndole para tratar de aliviar su tensi�n.</p><p>Cirocco frunci� los labios.</p><p>�A ver si te entiendo. �Me pides que te lo quite de encima?</p><p>�No, no. No te estoy pidiendo nada. Ya te lo dije, s�lo te pongo en conocimiento del problema si es que no lo conoc�as ya. Lo que hagas al respecto es cosa tuya.</p><p>�Perfecto �Cirocco asinti�. Me alegra que me lo hayas dicho. Pero Gene tendr� que vivir as�. Es estable, bien adaptado, una personalidad algo dominante, pero se controla bien, o de lo contrario no estar�a aqu�.</p><p>�Lo que t� digas.</p><p>�Una cosa m�s. No es parte de tus obligaciones mantener sexualmente satisfecha a ninguna persona. Toda preocupaci�n que sientas al respecto es por tu culpa.</p><p>�Lo comprendo.</p><p>�As� debe ser. Me disgustar�a pensar que t� cre�as que lo esperaba de ti. O que t� lo esperabas de m� �escudri�� los ojos de la otra mujer hasta que Gaby apart� la vista, despu�s extendi� un brazo y le dio una palmadita en la rodilla�. Adem�s, el asunto se resolver� por s� solo. Todos vamos a estar demasiado atareados para pensar mucho en follar.</p></section><section><title><p>CAPITULO 3</p></title><p>Desde un punto de vista bal�stico, Temis era una pesadilla.</p><p>Nadie hab�a intentado jam�s orbitar un cuerpo toroide. Temis ten�a mil trescientos kil�metros de largo y s�lo doscientos cincuenta kil�metros de ancho. El toro era plano por fuera y ten�a ciento setenta y cinco kil�metros de la parte superior a la inferior. La densidad variaba de manera radical, apoyando la idea de que estaba formado por un espeso suelo a lo largo de la parte exterior, una atm�sfera en torno al suelo de referencia y una diminuta b�veda que se arqueaba por encima, que manten�a el aire en el interior.</p><p>A continuaci�n se hallaban los seis radios, cuatrocientos veinte kil�metros de altura. Su corte transversal era el�ptico, con ejes mayores y menores de cien y cincuenta kil�metros respectivamente, excepto cerca de la base, donde se ensanchaban para unirse al toro. En el centro se encontraba el cubo, m�s grueso que los radios: ciento sesenta kil�metros de di�metro, con un agujero de cien kil�metros en medio.</p><p>Intentar arregl�rselas con un cuerpo as� era equivalente a un colapso nervioso para el computador de la nave, y para Bill, que deb�a hacer un modelo cre�ble para el computador.</p><p>La �rbita m�s f�cil habr�a sido en el plano ecuatorial de Saturno, permiti�ndoles usar la velocidad que ya ten�an. Pero eso no era posible. Temis estaba orientado con su eje de rotaci�n paralelo al plano ecuatorial. Puesto que el eje pasaba por el agujero del centro de Temis, cualquier �rbita ecuatorial respecto a Saturno que Cirocco pudiera imaginar, har�a que la <emphasis>Ringmaster </emphasis>cruzara zonas de atracci�n gravitatoria alocadamente fluctuante. La �nica posibilidad viable era una �rbita en el plano ecuatorial de Temis, y una �rbita tal ser�a costosa en t�rminos de momento angular. Ten�a la sola ventaja de ser estable, una vez lograda.</p><p>La maniobra se inici� antes de que llegaran a Saturno. Durante el �ltimo d�a de aproximaci�n se volvi� a calcular el curso. Cirocco y Bill confiaron en computadores con base en la Tierra y medios auxiliares de navegaci�n tan lejanos como Marte y J�piter. Se alojaron en el CONMOD, el m�dulo de control, y observaron c�mo Saturno aumentaba de tama�o en las pantallas de televisi�n de popa.</p><p>Despu�s empez� el largo impulso.</p><p>Durante una calma pasajera en su trabajo, Cirocco conect� la c�mara con el SCIMOD. Gaby alz� los ojos con una expresi�n de fastidio.</p><p>�Rocky, �no puedes hacer algo con esa vibraci�n?</p><p>�Gaby, la funci�n de los motores es, tal como dicen, nominal. Han de vibrar, eso es todo.</p><p>�La mejor observaci�n de todo este jodido <emphasis>viaje �</emphasis>murmur� Gaby. En el asiento cerca de Cirocco, Bill se ech� a re�r.</p><p>�Cinco minutos, Gaby �dijo Bill�. Y de verdad, creo que deber�amos dejarlos encendidos tanto como hemos planeado. Ser� mucho mejor de esa forma.</p><p>Los motores quedaron desconectados puntualmente y los tripulantes aguardaron la confirmaci�n de que se encontraban donde quer�an estar.</p><p>�Aqu� la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>Comandante Jones al mando. Hemos entrado en �rbita de Saturno a las 1341.453 horas, tiempo universal. Transmitir� los preliminares para un impulso de correcci�n cuando salgamos de detr�s. Mientras tanto, abandono este canal �dio un manotazo al interruptor apropiado y anunci� a la tripulaci�n�: Todo el que quiera echar un vistazo afuera tiene ahora la �nica oportunidad.</p><p>Result� dif�cil, pero August, April, Gene y Calvin lograron apretujarse en la estrecha habitaci�n. Despu�s de ponerse de acuerdo con Gaby, Cirocco hizo que la nave girara noventa grados.</p><p>Saturno era una cavidad gris oscura, diecisiete grados de amplitud, mil veces el �rea que cubr�a la Luna tal como se la ve desde la Tierra. Los anillos abarcan unos incre�bles cuarenta grados de lado a lado.</p><p>Su aspecto era como de metal s�lido, brillante. <emphasis>La Ringmaster </emphasis>se hab�a presentado al norte del ecuador, de modo que la cara superior quedaba a la vista de los tripulantes. Todas las part�culas estaban siendo iluminadas desde el lado opuesto, y se ve�an como una delgada luna creciente, igual que Saturno. El sol era un brillante punto de luz en la posici�n de las diez en punto, aproxim�ndose a Saturno.</p><p>Nadie habl� mientras el sol iba acerc�ndose al eclipse. Vieron caer la sombra de Saturno sobre la parte del anillo m�s cercana a ellos, y cortarla como una navaja de afeitar.</p><p>El ocaso dur� quince segundos. Los colores eran intensos y cambiaban con rapidez: rojos, amarillos y negroazulados puros como los visibles desde un avi�n de l�nea en la estratosfera.</p><p>Se produjo un tenue coro de suspiros en la cabina. El vidrio despolariz� y todo el mundo abri� la boca de nuevo al hacerse m�s brillantes los anillos y dejar arrinconado el intenso resplandor azul que perfilaba el hemisferio norte. Estr�as grises se hicieron visibles en la superficie planetaria iluminada por la luz de los anillos. Abajo hab�a tormentas tan enormes como la Tierra.</p><p>Cuando por fin Cirocco apart� la vista, vio la pantalla a su izquierda. Gaby segu�a a�n en el SCIMOD. Hab�a una imagen de Saturno en la pantalla situada sobre su cabeza, pero la mujer no la miraba.</p><p>�Gaby, �no quieres subir y ver esto? �Cirocco vio que Gaby sacud�a la cabeza; estaba examinando los n�meros que atravesaban una min�scula pantalla.</p><p>���y perderme los mejores instantes de observaci�n de todo el viaje? Debes estar loca.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>En principio adoptaron una �rbita larga, el�ptica, con un punto inferior doscientos kil�metros por encima del radio te�rico de Temis. Se trataba de una abstracci�n matem�tica porque la �rbita estaba inclinada treinta grados respecto al ecuador de Temis, lo que los situaba sobre la cara oscura. Atravesaron el toroide giratorio hasta emerger en el lado iluminado. Temis yac�a expandido ante ellos igual que un objeto en exposici�n.</p><p>No es que all� hubiera mucho que ver. Temis era casi tan negro como el espacio, aun cuando el sol reluciera en su superficie. Cirocco estudi� la inmensa masa de la rueda con las velas triangulares de absorci�n solar, que la bordeaban como afilados dientes de engranaje, presumiblemente para absorber la luz solar y convertirla en calor.</p><p>La nave se movi� hacia el interior de la gran rueda. Los radios se hicieron visibles, igual que los reflectores solares. Parec�an casi tan oscuros como el resto de Temis, excepto en el lugar donde reflejaban algunas de las estrellas m�s brillantes.</p><p>El problema que segu�a preocupando a Cirocco era la falta de una entrada. La gente de la Tierra hac�a mucha presi�n para que se metieran en el objeto, y Cirocco, pese a su instintiva precauci�n, lo deseaba tanto como cualquier otra persona.</p><p>Deb�a haber una manera. Nadie dudaba de que Temis fuera un artefacto. La pol�mica se refer�a a si se trataba de un veh�culo del espacio interestelar o un mundo artificial, como O�Neil Uno. Las diferencias eran movimiento y origen. Una nave espacial tendr�a un motor, y estar�a en el cubo. Una colonia habr�a sido construida por alguien muy de cerca. Cirocco hab�a o�do teor�as que comprend�an habitantes de Saturno o Tit�n, marcianos �aunque nadie hab�a descubierto jam�s ni siquiera una punta de flecha en Marte� y antiguas razas terrestres viajeras del espacio. No cre�a en ninguna de tales teor�as, pero eso apenas importaba. Nave o colonia, Temis hab�a sido construido por alguien, y tendr�a una puerta.</p><p>El lugar a examinar era el cubo, pero los apremios de la bal�stica forzaban a Cirocco a mantenerse en �rbita tan lejos del cubo como pudiera.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La <emphasis>Ringmaster </emphasis>adopt� una �rbita circular cuatrocientos kil�metros por encima del ecuador. Se desplazaba en la direcci�n del giro, pero Temis daba vueltas m�s deprisa que la velocidad orbital de la nave. Era un plano negro por fuera de la ventana de Cirocco. A intervalos regulares, uno de los paneles solares pasaba r�pidamente como el ala de un murci�lago monstruoso.</p><p>Empezaron a ser visibles algunos detalles de la superficie externa. Hab�a crestas largas, arrugadas, que converg�an en los paneles solares, presumiblemente para cubrir tubos enormes conductores de un fluido que tuviera que ser calentado por el sol. Hab�a unos cuantos cr�teres ampliamente esparcidos en la oscuridad, algunos de cuatrocientos metros de profundidad. No hab�a un solo guijarro diseminado en torno a ellos. Nada pod�a permanecer en la superficie externa de Temis sin ser despedido.</p><p>Cirocco mir� el tablero de mandos. Muy cerca de ella, Bill cabeceaba en su lecho, dormido. Los dos llevaban dos d�as sin salir del CONMOD.</p><p>Cirocco recorri� el SCIMOD como una son�mbula. All�, en alguna parte, hab�a una cama de suaves s�banas, un almohad�n y� una confortable gravedad de un cuarto de g, ya que el carrusel estaba girando de nuevo.</p><p>�Rocky, tenemos algo extra�o.</p><p>Se detuvo, con un pie en el escal�n del Radio D. y permaneci� muy quieta por un momento.</p><p>��Qu� has dicho? �el tono de su voz hizo que Gaby alzara la vista.</p><p>�Tambi�n estoy cansada �dijo Gaby, irritada. Dio un manotazo a un interruptor y apareci� una imagen en la pantalla superior.</p><p>Se trataba de una toma que iba ampliando el contorno de Temis, y que mostraba una protuberancia que parec�a aumentar de tama�o conforme se acercaban.</p><p>�Eso no estaba ah� antes �la frente de Cirocco se llen� de arrugas mientras la mujer trataba de quitarse de encima el cansancio.</p><p>Un zumbador son� tenuemente y por un momento Cirocco no pudo identificarlo. Luego las cosas se hicieron distintas, claras, al mismo tiempo que la adrenalina consum�alas telara�as. Era la alarma del radar del CONMOD.</p><p>�Capitana �dijo Bill, al otro lado del altavoz�, tengo aqu� una extra�a lectura. No nos estamos acercando a Temis, pero s�, algo se est� acercando a nosotros.</p><p>�Me ocupar� de eso �las manos de Cirocco parecieron hielo cuando se asi� a una baranda para levantarse. Observ� la pantalla. El objeto estall� con una explosi�n semejante a la de las estrellas, y la explosi�n creci�.</p><p>�Ya puedo verlo �dijo Gaby�. Sigue unido a Temis. Es como un brazo muy largo�, el brazo de una gr�a. Y se est� desplegando. Creo que�</p><p>��Las instalaciones de acoplamiento! �grit� Cirocco�. �Nos van a coger! Bill, inicia la secuencia motriz, det�n el carrusel, prep�rate para mover la nave.</p><p>�Pero eso nos llevar� treinta minutos�</p><p><emphasis>�Lo s�. </emphasis>�Mu�vete! �Cirocco se apart� de un brinco de la portilla de observaci�n, cay� en su asiento y asi� el micr�fono.</p><p>�A todos los tripulantes. Situaci�n de emergencia. Alerta de depresurizaci�n. Evacuad el carrusel. Estaciones de aceleraci�n. <emphasis>Sujetaos �</emphasis>accion� bruscamente el bot�n de alarma con su mano izquierda y escuch� el pavoroso alarido que empezaba a sonar en la sala, detr�s de ella. Lanz� una mirada a su izquierda.</p><p>�T� tambi�n, Bill. V�stete.</p><p>�Pero�</p><p>��Obedece!</p><p>Bill salt� de su asiento y flot� hacia la compuerta de acceso. Cirocco se volvi� y grit� por encima del hombro:</p><p>��Trae mi traje cuando vuelvas!</p><p>El objeto era ya visible por la portilla, y se acercaba deprisa. Cirocco nunca se hab�a sentido tan desesperada. Anulando la programaci�n del sistema de control de altitud logr� disparar la totalidad de cohetes impulsores del lado de la nave encarado con Temis, pero el objeto no estaba lo bastante cerca. La gran masa de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>apenas se movi�. Cirocco no tuvo m�s remedio que permanecer sentada, controlar la secuencia motriz autom�tica y contar los segundos mientras iban pasando. Enseguida comprendi� que no pod�an escapar. Aquella cosa era grande, y se mov�a m�s deprisa.</p><p>Apareci� Bill, con el traje puesto, y Cirocco se dirigi� trabajosamente hacia el SCIMOD para ponerse su ropa. Cinco figuras an�nimas estaban atadas a literas de aceleraci�n, inm�viles, mirando fijamente la pantalla. Cirocco asegur� su casco y oy� un caos.</p><p>�Silencio �la charla se acall�. Quiero silencio en el canal del traje a menos que os pida que habl�is.</p><p>��Pero qu� ocurre, comandante? �era la voz de Calvin.</p><p>�He dicho que nada de hablar. Parece que es un dispositivo autom�tico que viene a capturarnos. Tal vez las instalaciones de acoplamiento que busc�bamos.</p><p>�A m� me parece m�s bien un ataque �murmur� August.</p><p>�Tienen que haber hecho esto antes, alguna vez. Deben saber c�mo hacerlo con seguridad �dese� convencerse ella misma de eso. No ayudaba mucho a su credibilidad el hecho de que toda la nave temblara.</p><p>�Contacto �dijo Bill�. Nos han cogido.</p><p>Cirocco se apresur� a volver a su estaci�n, justo a tiempo para no ver el arpeo que se cern�a sobre la nave. La <emphasis>Ringmaster </emphasis>traquete� de nuevo, y horribles sonidos llegaron desde la parte trasera.</p><p>��Qu� aspecto ten�a eso?</p><p>�Enormes tent�culos de pulpo sin ventosas �Bill parec�a turbado�. A centenares, agit�ndose por todas partes.</p><p>La nave dio un bandazo a�n mayor, y empezaron a sonar m�s alarmas. Un frenes� de luces rojas se esparci� a lo largo de los controles de Cirocco.</p><p>�Tenemos una ruptura de casco �dijo Cirocco, con una calma que no sent�a�. Perdemos aire por el tronco central. Cierro compuertas 14 y 15.</p><p>Las manos de la capitana se movieron sobre los controles sin direcci�n consciente. Las luces y botones estaban muy lejos, vistos a trav�s del extremo incorrecto de un telescopio. El disco del aceler�metro empez� a girar al mismo tiempo que Cirocco era despedida violentamente hacia adelante y despu�s hacia un lado.</p><p>Qued� encima de Bill. Se esforz� por volver a su asiento, lo logr� y se puso las correas. Cuando la hebilla se cerr� en torno a su cintura, la nave volvi� a brincar hacia atr�s, peor que antes. Algo penetr� por la compuerta que estaba detr�s de Cirocco y golpe� la portilla, formando una red de grietas.</p><p>Cirocco qued� colgando de su asiento, con el cuerpo hacia adelante y tirando de la correa. Un cilindro de ox�geno sali� despedido hacia la compuerta. El vidrio se hizo a�icos y el sonido del impacto se desvaneci� con el estallido del cristal en fr�os y duros cuchillos que giraron y se consumieron ante los ojos de la comandante. Todo objeto de la cabina que no estaba asegurado salt� y se precipit� hacia la boca de dientes mellados que antes hab�a sido una portilla.</p><p>La sangre lati� en la cara de Cirocco cuando qued� suspendida sobre un agujero negro y sin fondo. Grandes objetos daban vueltas lentamente a la luz del sol. Uno de ellos era el m�dulo de motricidad de la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>afuera, frente a ella, donde no hab�a raz�n de que estuviera. Vio el roto fragmento de la varilla de conexi�n. Su nave se deshac�a.</p><p>�Oh, mierda �dijo.</p><p>Inmediatamente tuvo una vieja evocaci�n de una cinta del registro de vuelo de un avi�n de l�nea que hab�a o�do en cierta ocasi�n. Aquella hab�a sido la �ltima palabra que el piloto hab�a pronunciado, segundos antes del impacto, cuando supo que iba a morir. Ella tambi�n lo sab�a, y el pensamiento la llen� de un enorme disgusto.</p><p>Contempl� con nebuloso horror c�mo la cosa que ten�a los motores arrollaba m�s tent�culos en torno de ellos. Esto le record� a una medusa con un pez atrapado en su venenosa garra. Un tanque de combustible se quebr� sin ruido, con una extra�a belleza. El mundo de Cirocco se estaba deshaciendo sin un solo ruido que se�alara su muerte. Una nube de gas comprimido se dispers� con rapidez. La <emphasis>cosa </emphasis>pareci� no preocuparse.</p><p>Otros tent�culos se llevaban distintas partes de la nave. La antena de alta ganancia casi parec�a alejarse nadando, pero tambi�n se movi� lentamente cuando se derrumb� en la cavidad que ten�a debajo.</p><p>�Viva �murmur� Cirocco�. Est� viva.</p><p>��Qu� dices?</p><p>Bill estaba tratando de mantenerse firme con ambas manos asidas al tablero de instrumentos. Estaba fuertemente atado a su asiento, pero los tornillos que lo agarraban al suelo se hab�an roto.</p><p>La nave se estremeci� de nuevo, y el asiento de Cirocco se solt�. El borde del tablero le alcanz� en los muslos y grit� mientras pugnaba por liberarse.</p><p>�Rocky, aqu� hay cosas que se est�n desprendiendo.</p><p>No supo con exactitud a qui�n pertenec�a la voz, pero el miedo se apoder� de ella. Cirocco se ech� hacia atr�s y se esforz� en abrir la correa del asiento con una mano mientras se manten�a apartada del tablero con la otra. Resbal� hacia un costado y vio que su silla rebotaba en la destrozada serie de cuadrantes, se pegaba brevemente en el marco de la portilla rota y se lanzaba al espacio.</p><p>Pens� que sus piernas estaban rotas, pero descubri� que pod�a moverlas. El dolor disminuy� cuando recurri� a sus reservas de fuerza para ayudar a Bill a salir del asiento. Demasiado tarde: los ojos de Bill estaban cerrados, su frente y el interior de su casco manchados de sangre. El cuerpo del hombre fue resbalando libremente sobre el tablero de control y entonces Cirocco vio la abolladura que el casco de Bill hab�a hecho en el metal. Pugn� por agarrar el muslo del hombre, luego su pantorrilla, su pie calzado, y Bill estaba cayendo, cayendo en medio de una rutilante lluvia de vidrio.</p><p>Cirocco recuper� el sentido agazapada junto a la pata, muy por debajo del tablero de mandos. Sacudi� la cabeza, incapaz de recordar c�mo hab�a llegado all�. Pero la fuerza de la aceleraci�n ya no era tan grande. Temis hab�a logrado acomodar la <emphasis>Ringmaster �</emphasis>o lo que quedara de ella� a su velocidad de rotaci�n.</p><p>Nadie hablaba. Por el auricular del casco de Cirocco llegaba un hurac�n de respiraciones, pero ni una sola palabra. No hab�a nada que decir; los gritos y maldiciones se hab�an agotado. Se puso en pie, agarr� el borde de la escotilla que estaba por encima de ella, y se introdujo en el caos.</p><p>No funcionaba luz alguna, aunque la luz del sol se vert�a desagradablemente sobre el equipo destrozado a trav�s de una gran grieta de la pared. Cirocco avanz� entre los fragmentos y una figura provista de traje se apart� a su paso. Su cabeza temblaba. Uno de sus ojos estaba cerrado por la hinchaz�n. El destrozo era inmenso. Les llevar�a tiempo arreglar todo como para volver a ponerse en marcha.</p><p>�Quiero un informe completo de da�os de todos los departamentos �dijo Cirocco, sin dirigirse a nadie en particular�, Nunca se hab�a pensado en un trato as� para esta nave.</p><p>Hab�a apenas tres personas de pie. Una silueta yac�a arrodillada en un rinc�n, sosten�a la mano de otra que estaba enterrada bajo restos de material.</p><p>�No puedo mover las piernas. No puedo moverlas.</p><p>��Qui�n ha dicho eso? �grit� Cirocco, sacudiendo la cabeza en el intento de vencer el aturdimiento pero sin conseguir m�s que empeorarlo�. Calvin, oc�pate de las heridas mientras veo qu� se puede hacer por la nave.</p><p>�S�, capitana.</p><p>Nadie se movi�, y Cirocco se pregunt� por qu�. Todos la miraban. �Por qu� lo har�an?</p><p>�Estar� en mi camarote si me necesit�is. No� No me siento muy bien.</p><p>Uno de los trajes dio un paso hacia ella. Cirocco trat� de apartarse de la figura, pero su pie penetr� en la cubierta. El dolor estall� en su pierna.�</p><p>�Est� entrando, por all�. �Veis? Ahora nos busca <emphasis>a nosotros.</emphasis></p><p>��D�nde?</p><p>�No veo nada. �Oh, Dios! Lo veo.</p><p>��Qui�n ha dicho eso? �Quiero silencio en este canal!</p><p>��Cuidado! �Est� detr�s de ti!</p><p>��Qui�n ha dicho eso?</p><p>La angustia se apoder� de Cirocco. Algo estaba trepando a su espalda, lo sent�a. Se trataba de una de esas cosas que s�lo se aparecen en el dormitorio de uno despu�s de haber apagado la luz. No una rata, sino algo peor que no ten�a rostro, �nicamente un trozo de fango y manos fr�as, muertas, viscosas. Atisb� en la roja oscuridad y vio pasar como una flecha una contorsiva serpiente por una mancha de luz solar frente a ella.</p><p>Todo estaba tan silencioso� �Por qu� no hac�an alg�n ruido?</p><p>Su mano se cerr� sobre algo duro. Lo levant� y empez� a darle golpes, de arriba abajo, una y otra vez cuando la cosa se mostr� repentinamente a la vista.</p><p>No morir�a. Algo se arroll� alrededor de la cintura de Cirocco y empez� a tirar.</p><p>Las trajeadas figuras saltaron y corrieron en el reducido espacio, pero los tent�culos lanzaban cordones que se adher�an como alquitr�n. La sala qued� as� sujeta, y algo cogi� a Cirocco por las piernas y trat� de partirla como una espoleta de pollo. Tuvo un dolor como jam�s hab�a experimentado antes, pero continu� golpeando el tent�culo hasta que la conciencia se le escabull�.</p></section><section><title><p>CAPITULO 4</p></title><p>No hab�a luz.</p><p>Incluso ese fragmento de conocimiento negativo era algo de que agarrarse. La comprensi�n de que la oscuridad envolvente era resultado de la ausencia de algo llamado luz le hab�a costado mucho m�s de lo que ella habr�a cre�do posible antes, cuando el tiempo hab�a consistido en momentos consecutivos, como cuentas de un collar. Ahora, las cuentas se desparramaban a trav�s de sus dedos. Y se reordenaban en una parodia de causalidad.</p><p>Todo precisa un contexto. Para que la oscuridad signifique algo debe existir el recuerdo de la luz. Ese recuerdo se estaba desvaneciendo.</p><p>Hab�a sucedido antes, y volver�a a suceder. A veces exist�a un nombre para identificar el conocimiento incorp�reo. M�s a menudo, s�lo hab�a conciencia.</p><p>Se encontraba en la panza de la bestia.</p><p>(�Qu� bestia?)</p><p>No pod�a recordar. Aquello volver�a a su mente. Las cosas sol�an hacerlo, si se esperaba lo bastante. Y esperar era f�cil, Los milenios no val�an aqu� m�s que milisegundos. El edificio estratificado del tiempo era una ruina.</p><p>Su nombre era Cirocco.</p><p>(�Qu� es un Cirocco?)</p><p>�Si-ro-co. Es un viento c�lido del desierto, o un viejo modelo de Volkswagen. Mam� nunca me explic� cu�l de las dos cosas ten�a en mente.�</p><p>Aquella hab�a sido su respuesta est�ndar. Recordaba haberlo dicho, <emphasis>casi </emphasis>pod�a sentir labios intangibles que daban forma a las vac�as palabras.</p><p>�Ll�mame capitana Jones.�</p><p>(�Capitana de qu�?)</p><p>De la NI <emphasis>Ringmaster, </emphasis>NI significaba Nave Interplanetaria, en ruta a Saturno con siete personas a bordo. Una de ellas era Gaby Plauget�</p><p>(Que es�)</p><p>�y�y otra era� Bill.</p><p>(�Qu� era ese nombre?)</p><p>Lo ten�a en la punta de la lengua. Una lengua era una cosa blanda, carnosa� Se la pod�a encontrar en la boca, que era�</p><p>Ella hab�a tenido la suya hasta hac�a un momento, pero �qu� era un momento?</p><p>Algo sobre luz. Cualquier cosa que eso fuera.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>No hab�a luz. �No hab�a estado aqu� antes? S�, seguramente, pero no importa, persiste, no dejes que la idea se vaya. No hab�a luz, y tampoco hab�a nada m�s, pero �qu� era algo m�s?</p><p>Ning�n olor. Ning�n sabor. Ning�n sentido de tacto. Ninguna conciencia sinest�sica de un cuerpo. Ni siquiera una sensaci�n de par�lisis.</p><p>�Cirocco! Su nombre era Cirocco.</p><p><emphasis>Ringmaster. </emphasis>Saturno. Temis. Bill.</p><p>Todo volvi� al momento, como si ella estuviera vivi�ndolo de nuevo en una fracci�n de segundo. Pens� que se volver�a loca con el torrente de impresiones, y con ese pensamiento lleg� otro, memoria tard�a. Esto hab�a sucedido antes. Hab�a recordado, s�lo para ver que todo se escabull�a. Hab�a estado loca, muchas veces.</p><p>Sab�a que su comprensi�n era tenue, pero era todo lo que ten�a. Sab�a d�nde estaba, y sab�a la naturaleza de su problema.</p><p>El fen�meno hab�a sido explorado durante el �ltimo siglo. Se pone a un hombre en un traje de neopreno, se cubren sus ojos y se inmovilizan sus brazos y piernas de modo que no pueda tocarse, se eliminan todos los sonidos del ambiente, y se le deja flotando en agua templada. Ca�da libre es todav�a mejor. Existen refinamientos como alimentaci�n intravenosa y eliminaci�n de olores, pero no son realmente necesarios.</p><p>Los resultados son sorprendentes. Muchos de los primeros sujetos hab�an sido pilotos de pruebas: hombres bien equilibrados, confiados en ellos mismos, sensibles. Veinticuatro horas de privaci�n sensorial los convirti� en d�ciles ni�os. Per�odos m�s largos eran bastante peligrosos. La mente eliminaba gradualmente las escasas distracciones: el latido del coraz�n, el olor de neopreno, la presi�n del agua.</p><p>Cirocco estaba familiarizada con las pruebas. Doce horas de privaci�n sensorial hab�an formado parte de su entrenamiento. Sab�a que ser�a capaz de encontrar su respiraci�n, si la buscaba con suficiente empe�o. Era algo que pod�a controlar; una cosa arr�tmica en caso de que ella prefiriera hacerlo as�. Intent� respirar con rapidez, obligarse a toser. No sinti� nada.</p><p>Presi�n, pues. Si algo la estaba inmovilizando ser�a posible oponer sus m�sculos contra eso, hasta sentir al menos que alguna cosa la estaba sujetando, por suave que fuera. Considerando m�sculo por m�sculo, aisl�ndolos, visualizando las uniones y localizaciones de cada uno, Cirocco trat� de hacer que se movieran. Un crispamiento del labio bastar�a. Demostrar�a que ella no estaba muerta, tal como estaba comenzando a temer.</p><p>Se apart� de la idea. Mientras padec�a el temor normal de la muerte como fin de toda conciencia, estaba atisbando algo infinitamente peor. �Y si la gente <emphasis>no </emphasis>mor�a nunca?</p><p>�Y si el fallecimiento del cuerpo dejaba atr�s el cuerpo? La vida eterna pod�a existir�, y tal vez pasara en una eterna carencia de sensaci�n.</p><p>La locura empez� a parecer atractiva.</p><p>Intentar moverse fue un fracaso. Renunci� a ello y comenz� a registrar a fondo sus recuerdos m�s recientes, esperando que la clave de su actual situaci�n pudiera encontrarse en sus �ltimos segundos conscientes a bordo de la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>Se habr�a re�do, de haber sido capaz de localizar los m�sculos que hac�an tal cosa. Si no estaba muerta, estaba atrapada en la panza de una bestia suficientemente grande como para devorar la nave y a toda su tripulaci�n.</p><p>Muy pronto, esa idea tambi�n empez� a parecer atractiva. Si tal cosa era cierta, si ella <emphasis>hab�a sido </emphasis>devorada y segu�a viva de alg�n modo, entonces la muerte a�n estaba por venir. Cualquier cosa era mejor que la eternidad de pesadilla cuya inmensa futilidad se desplegaba ahora ante ella.</p><p>Descubri� que era posible llorar sin cuerpo. Sin l�grimas o sollozos, sin quemaz�n en el cuello, Cirocco llor� desesperadamente. Se convirti� en una ni�a en la oscuridad, soportando el dolor en su interior. Sinti� que su mente volv�a a irse, lo agradeci� y se mordi� la lengua.</p><p>Sangre c�lida afluy� a su boca. Se sumergi� en la sangre con el temor y el anhelo desesperado de un pececillo en un extra�o mar salado. Cirocco era un luci�n, una simple boca con dientes fuertes, s�lidos, y una lengua hinchada, que buscaba a tientas ese maravilloso sabor a sangre que se dispersaba en cuanto se lo encontraba.</p><p>Fren�ticamente, volvi� a morderse y fue recompensada con un repentino y fresco chorro rojo. �Es posible paladear un color? Pero no se preocup�. Aquello <emphasis>dol�a </emphasis>gloriosamente.</p><p>El dolor la transport� al pasado. Alz� su rostro de los rotos diales y el destrozado parabrisas de su peque�o avi�n y sinti� c�mo el viento helaba la sangre de su boca abierta. Se hab�a mordido la lengua. Se llev� la mano a los labios y dos dientes cubiertos de rojo se desprendieron. Los mir�, sin comprender de d�nde hab�an salido. Semanas m�s tarde, al salir del hospital, los encontr� en el bolsillo de su abrigo esquimal. Los conserv� en una caja, en su mesita de noche, para las veces que despertaba con el silencioso y mortal viento susurr�ndole. <emphasis>El motor secundario no funciona, y ah� abajo no hay otra cosa m�s que �rboles y nieve. </emphasis>Y entonces cog�a la caja y la agitaba. <emphasis>Yo sobreviv�.</emphasis></p><p>Pero aquello fue hace a�os, record�.</p><p>�mientras su cara temblaba. Estaban quitando los vendajes. As� de cinematogr�fico. Es una asquerosa verg�enza que no pueda verlo. Rostros expectantes congregados a su alrededor, la c�mara que penetra r�pidamente entre ellos� Gasa sucia que cae junto a la cama y que se desenrolla capa tras capa� Y entonces� �Caramba! �Caramba, doctor�! Es <emphasis>hermosa.</emphasis></p><p>Ese no era el caso. Le hab�an dicho a qu� atenerse. Dos monstruosos ojos amoratados y piel hinchada, rojiza. Los rasgos quedaron intactos, no hubo cicatrices, pero no fue m�s hermosa de lo que hab�a sido siempre. La nariz sigui� pareciendo vagamente un hacha. �Y qu�? No se la hab�a roto, y su orgullo no le habr�a de permitir que se la fueran a cambiar por razones puramente cosm�ticas.</p><p>(En secreto, odiaba su nariz; pensaba que tal �rgano, junto con su estatura, le hab�a asegurado el mando de la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>Hab�an presionado para que se incluyeran mujeres en la selecci�n, pero los que decid�an cosas as� a�n no pod�an poner a una muchacha de metro cincuenta al mando de una costosa nave espacial.)</p><p>Costosa nave espacial.</p><p>Cirocco, est�s divagando de nuevo. Mu�rdete la lengua.</p><p>Lo hizo, y sabore� la sangre�</p><p>�y vio el lago helado precipitarse hacia arriba, a su encuentro, sinti� la cara golpeando el tablero de instrumentos, alz� el rostro del destrozado vidrio que prontamente se desplom� en un pozo sin fondo. El cintur�n del asiento la mantuvo sobre el abismo. Un cuerpo se desliz� por las ruinas, y ella estir� el brazo en busca de la bota del hombre-Volvi� a morderse, fuerte, y sinti� algo en la mano. Pasaron eras, y experiment� algo que tocaba su rodilla. Uni� las dos sensaciones y comprendi� que se hab�a tocado ella misma.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Tuvo una resbaladiza org�a individual en la oscuridad. Estuvo delirante de amor por el cuerpo que ahora redescubr�a. Se retorci� apuradamente, lami� y mordi� toda parte a la que pudo llegar mientras sus manos pellizcaban y estiraban. Era lisa, carec�a de pelo, estaba tan suave como una anguila.</p><p>Un l�quido espeso, casi gelatinoso, onde� en las ventanas de su nariz cuando trat� de respirar. No fue desagradable; ni siquiera alarmante, en cuanto se hubo acostumbrado a ello.</p><p>Y hab�a sonido. Lento, bajo� Ten�a que ser el latir de su coraz�n.</p><p>No pod�a tocar otra cosa que no fuera su cuerpo, por m�s que se estirara. Durante un rato intent� flotar, pero no pudo saber si hab�a llegado a alguna parte.</p><p>Mientras se preguntaba qu� hacer a continuaci�n, se qued� dormida.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Despertarse fue un proceso gradual, incierto. Durante alg�n tiempo no pudo saber si estaba consciente o si so�aba. Morderse ya no fue ayuda. Era capaz de so�ar un mordisco, �no?</p><p>Y pensando en eso�, �c�mo pod�a <emphasis>dormir </emphasis>en un momento as�? Tras haber pensado en tal cosa, ya no estuvo en absoluto segura de haber dormido. Era algo que se estaba haciendo m�s bien problem�tico, comprendi�. Las diferencias entre los estados de conciencia eran diminutas, con tan poca sensaci�n que les dieran forma� Dormir, so�ar, fantasear, cordura, locura, viveza, somnolencia� Carec�a de contexto para dar significado a cualquiera de esas acciones.</p><p>Escuch� su terror en el ritmo creciente del latido de su coraz�n. Iba a volverse loca, y lo sab�a. Aferrada tenazmente a la personalidad que hab�a logrado reconstruir a partir del torbellino de locura, luch� contra eso.</p><p>Nombre: Cirocco Jones. Edad: treinta y cuatro. Raza: no negra, pero tampoco blanca.</p><p>Era una persona apatrida, estadounidense, pero en realidad miembro de la desarraigada Tercera Cultura de las corporaciones multinacionales. Toda ciudad importante de la Tierra pose�a su Ghetto Yanqui de casas-colmena, escuelas de ingl�s y locales autorizados para la venta de comidas r�pidas. Cirocco hab�a vivido en muchos de estos sitios. Se parec�a un poco a ser la hija de un militar, aunque con menos seguridad.</p><p>Su madre hab�a sido una soltera, ingeniero consultor, que sol�a trabajar para las empresas productoras de energ�a. No hab�a pretendido tener hijos, pero no cont� con el guardi�n de la prisi�n �rabe. El individuo la viol� despu�s de que fuera capturada tras un incidente fronterizo entre Irak y Arabia Saud�. Mientras el embajador de Texaco negociaba su liberaci�n, naci� Cirocco. Para entonces algunas bombas nucleares hab�an sido desperdigadas en el desierto, y el incidente fronterizo se convirti� en una guerra a peque�a escala la �poca en que tropas iran�es y brasile�as invadieron la prisi�n. Al variar el equilibrio pol�tico, la madre de Cirocco se encamin� a Israel. Cinco a�os m�s tarde contrajo c�ncer de pulm�n como consecuencia de la precipitaci�n radiactiva en la atm�sfera. Los siguientes quince a�os los pas� soportando tratamientos ligeramente menos dolorosos que la enfermedad.</p><p>Cirocco hab�a crecido mucho y en soledad, teniendo s�lo a su madre como amiga. Vio por primera vez los Estados Unidos cuando ten�a doce a�os. Por entonces sab�a leer y escribir, y ya no pod�a resultar da�ada en su desarrollo por el sistema educativo estadounidense. Su madurez afectiva era otra cuesti�n; no hac�a amistad con facilidad, pero era fieramente leal a los pocos amigos con que contaba. Su madre pose�a ideas firmes respecto de c�mo educar a una jovencita, y estas ideas inclu�an pistolas y karate, as� como clases de baile y canto. En apariencia, no carec�a de confianza en s� misma. Pero s�lo ella sab�a cuan asustadiza y vulnerable era en el fondo. Se trataba de su secreto�, un secreto que guardaba tan bien que pudo embaucar a los psic�logos de la NASA para que le dieran el mando de una nave.</p><p>�Y cu�nto de eso era cierto?, se pregunt�. No hab�a raz�n para mentir. S�, la responsabilidad del mando la aterrorizaba. Quiz� todos los comandantes hubiesen de estar secretamente inseguros de s� mismos y supieran muy dentro de ellos que no eran completamente aptos para la responsabilidad que se les impon�a. Pero preguntas de ese tipo no eran de las que se pudieran hacer� �Y si los otros <emphasis>no estaban </emphasis>atemorizados? En ese caso, el secreto quedaba al descubierto.</p><p>Se encontr� pregunt�ndose c�mo hab�a llegado a gobernar una nave, si eso no era lo que ella hab�a querido. �Qu� era lo que <emphasis>quer�a? Me gustar�a salir de aqu�, </emphasis>intent� decir. <emphasis>Me gustar�a que pasara algo.</emphasis></p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>En ese instante sucedi� algo.</p><p>Sinti� que tocaba una pared con la mano izquierda. A su tiempo, sinti� otra con la mano derecha. Las paredes eran c�lidas, lisas y flexibles, tal como ella imaginaba que ser�a el interior de un est�mago. Las sent�a moverse al otro lado de sus manos.</p><p>Y empezaron a estrecharse.</p><p>Se introdujo, de cabeza, en un t�nel irregular. Las paredes se contrajeron. Por vez primera, sinti� claustrofobia. Los espacios reducidos jam�s le hab�an preocupado antes.</p><p>Las paredes vibraron y ondearon, la empujaron hacia adelante hasta que su cabeza se desliz� sobre frialdad y una �spera textura. Cirocco fue estrujada; un fluido sali� burbujeante de sus pulmones y tosi�, aspir� y encontr� su boca llena de arena. Tosi� otra vez y brot� m�s fluido, pero ahora sus hombros estaban libres y entonces pudo sumergir la cabeza en la oscuridad para evitar que volviera a llen�rsele la boca. Jade� y escupi�, y empez� a respirar por la nariz.</p><p>Sus brazos quedaron libres, luego sus caderas. Se puso a excavar en el material esponjoso que la circundaba. Ol�a como un d�a de la infancia pasado en un s�tano fr�o, de tierra desnuda, en ese angosto espacio que los adultos visitan �nicamente cuando las ca�er�as fallan. Ol�a a sus nueve a�os de edad, cavando en el barro.</p><p>Una pierna se liber�, a continuaci�n la otra, y Cirocco descans� con la cabeza inclinada en la depresi�n formada por brazos y pecho. Su aliento brot� en h�medos espasmos.</p><p>La tierra se desmenuz� detr�s de su cuello y rod� por su cuerpo hasta llenar casi el espacio libre. Cirocco estaba enterrada, pero viva. Hab�a que excavar, mas no pod�a usar los brazos.</p><p>Luchando contra el p�nico, se oblig� a levantarse con las piernas. Los m�sculos de sus muslos se contrajeron, las articulaciones crujieron, aunque sinti� que la masa por encima de ella ced�a.</p><p>Su cabeza emergi� a la luz y el aire. Jadeando, escupiendo, sac� un brazo fuera de la tierra, luego el otro, y se aferr� a lo que parec�a un fr�o cristal. Sali� arrastr�ndose del agujero, usando manos y rodillas, y se desplom�. Hundi� los dedos en el bendito suelo y llor� hasta quedarse dormida.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco no quer�a despertarse. Se opuso, fingiendo dormir. Al sentir que la hierba se desvanec�a y la oscuridad regresaba, abri� los ojos r�pidamente.</p><p>A cent�metros de su nariz hab�a una p�lida alfombra verde que parec�a hierba. Ol�a a hierba, igualmente. Era el tipo de hierba que s�lo se encuentra en el c�sped de los mejores campos de golf. Pero era m�s c�lida que el aire, y Cirocco no se pod�a explicar eso. Quiz� no fuera hierba en absoluto.</p><p>Frot� una mano sobre la hierba y husme� de nuevo. Como si fuera hierba.</p><p>Trat� de levantarse y algo que reson� la perturb�. Una reluciente banda met�lica circundaba su cuello, y otras, m�s peque�as, se hallaban en sus brazos y piernas. Numerosos objetos extra�os pend�an de la banda mayor cosidos con alambre. Cirocco arranc� el objeto y se pregunt� d�nde lo hab�a visto antes.</p><p>Concentrarse fue tremendamente dif�cil. La cosa que ten�a en la mano era tan compleja, tan diversa� Demasiado para sus dispersos sentidos.</p><p>Se trataba de un traje presurizado, despojado de todos los cierres de pl�stico y goma. La mayor parte del traje hab�a sido pl�stico. No quedaba m�s que el metal.</p><p>Amonton� los fragmentos y en el proceso advirti� cuan desnuda se encontraba. Bajo un revestimiento de suciedad su cuerpo carec�a por completo de vello. Hasta sus cejas hab�an desaparecido. Por alguna raz�n eso la entristeci�. Puso la cara entre las manos y empez� a llorar.</p><p>Cirocco no lloraba f�cilmente, ni a menudo. No serv�a para eso. Pero despu�s de mucho tiempo crey� de nuevo saber qui�n era.</p><p>Ahora pod�a averiguar d�nde se encontraba.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Tal vez media hora m�s tarde, se sinti� preparada para moverse. Pero su decisi�n de hacerlo gener� muchas preguntas previas. Moverse�, pero, �hacia d�nde?</p><p>Hab�a pretendido explorar Temis, pero eso hab�a sido cuando dispon�a de una nave espacial y de los recuerdos de la materna tecnolog�a terrestre. Ahora ten�a la piel desnuda y algunos fragmentos met�licos.</p><p>Se hallaba en un bosque formado por hierba y algo as� como �rboles. As� los denomin�, siguiendo el mismo razonamiento que hab�a usado con la hierba. Si el objeto tiene setenta metros de altura, posee un tronco casta�o, redondeado, y algo que se parece a hojas muy en lo alto, se trata de un �rbol. Lo cual no significaba que aquello no pudiera comerse alegremente a Cirocco si gozara de la oportunidad.</p><p>Deb�a rebajar las preocupaciones a un nivel tratable. Descarta las cosas por las que no puedes hacer nada, no te molestes demasiado por las que poco puedes hacer. Y recuerda que si eres tan precavida como la cordura parecer�a dictar, te morir�s de hambre en una caverna.</p><p>El ambiente estaba incluido en la primera categor�a. Era posible que fuera venenoso.</p><p>��Pues deja de respirar, ahora mismo! �dijo en voz alta.</p><p>Bien. Al menos ol�a fresco y no le hac�a toser.</p><p>El agua era algo por lo que pod�a hacer poco. Finalmente tendr�a que beber un poco, si es que lograba encontrar�, lo cual deber�a ir a la cabeza de su lista de prioridades. Una vez que la encontrara, quiz� pudiera hacer fuego y hervirla. En caso contrario, la beber�a con bichos microsc�picos y todo.</p><p>Y despu�s estaba el alimento, que le preocupaba m�s que cualquier otra cosa. Aun cuando no hubiera nada alrededor que deseara utilizar a Cirocco como comida, no hab�a forma de saber si el alimento que ella comiera la envenenar�a. O tal vez no fuera m�s alimenticio que el celof�n.</p><p>Ni siquiera eran demasiado parecidos a �rboles. Los troncos semejaban m�rmol pulido. Las elevadas ramas eran paralelas al suelo y se extend�an a una distancia determinada antes de que formaran un �ngulo recto. Por encima, las hojas eran planas, como las del lirio de agua, y med�an tres o cuatro metros.</p><p>�Qu� era temerario y qu� era excesivamente cauteloso? No hab�a una gu�a del viajero, y los peligros no parec�an estar indicados. Pero Cirocco no pod�a moverse sin algunas presunciones, y deb�a empezar a moverse. Ten�a hambre.</p><p>Afirm� su mand�bula y a continuaci�n camin� pesadamente hasta el �rbol m�s cercano. Le dio una palmada. El �rbol permaneci� tal cual, supremamente indiferente.</p><p>�S�lo un tonto �rbol.</p><p>Examin� el agujero del que hab�a salido.</p><p>Era una cruda llaga color casta�o en la limpia extensi�n de hierba. Trozos de tierra herbosa que se manten�an unidos por una leve estructura llena de ra�ces, yac�an revueltos en torno al hoyo. El agujero en s� s�lo ten�a medio metro de profundidad; los laterales se hab�an derrumbado para llenar el resto.</p><p>�Algo trat� de comerme �dijo Cirocco�. Algo comi� todas las partes org�nicas de mi traje y todos mis pelos, y luego excret� lo inservible, yo incluida.</p><p>Advirti� de paso su alegr�a porque la cosa la hubiera clasificado como inservible.</p><p>Era una bestia infernal. Sab�an que la parte externa del toro �el suelo en que estaba sentada Cirocco� ten�a un espesor de treinta kil�metros. Esta cosa era lo bastante grande como para haber enredado a la <emphasis>Ringmaster </emphasis>mientras la nave orbitaba a cuatrocientos kil�metros de distancia. Cirocco hab�a pasado largo tiempo en su est�mago y, por la raz�n que fuera, hab�a demostrado ser indigerible. Hab�a excavado la tierra hasta aquel punto y expelido a Cirocco.</p><p>Y eso era absurdo. Si la cosa pod�a comer pl�stico, �por que no hab�a podido comer a Cirocco? �Acaso los capitanes de nave eran demasiado duros?</p><p>Aquello hab�a devorado la totalidad de la nave, piezas tan voluminosas como el m�dulo de motricidad, pero tambi�n otras como meros fragmentos diminutos de vidrio, y tambaleantes, menguantes figuras provistas de traje espacial con cascos abollados�</p><p>��Bill! �estaba de pie, todos los m�sculos de su cuerpo en tensi�n�. �Bill! Estoy <emphasis>aqu�. </emphasis>�Estoy viva! �D�nde est�s t�?</p><p>Se dio una palmada en la frente. Si tan s�lo lograra superar esa sensaci�n de tener la cabeza embotada de ideas que se van presentando tan lentamente� No se hab�a olvidado de los tripulantes, pero hasta entonces no los hab�a relacionado con la reci�n nacida Cirocco puesta en pie, desnuda y sin pelos, sobre el c�lido suelo.</p><p>��Bill! �grit� de nuevo.</p><p>Prest� atenci�n y se dej� caer con las piernas dobladas bajo el cuerpo. Tir� de la hierba.</p><p>Pi�nsalo bien. Presumiblemente, la criatura habr�a tratado a Bill como otro desperdicio. Pero �l hab�a resultado herido antes.</p><p>Igual que ella, ahora que lo pensaba. Se examin� los muslos y no encontr� ni siquiera una magulladura. Esto no le indicaba nada. Pod�a haber estado dentro de la criatura durante cinco a�os o s�lo unos cuantos meses.</p><p>Cualquiera de los otros pod�a presentarse, ser expelido del suelo en cualquier instante. En alguna parte de all� abajo, a metro y medio de profundidad, hab�a cierta especie de orificio excretor de la criatura. Si Cirocco esperaba, y si a la criatura no le gustaba el sabor de todos los humanos y no solamente el de los llamados Cirocco, tal vez volvieran a reunirse de nuevo.</p><p>Se sent� a esperarles.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Media hora despu�s (�o s�lo fueron diez minutos?) la cosa no ten�a sentido. La criatura era <emphasis>grande. </emphasis>Hab�a devorado la <emphasis>Ringmaster </emphasis>como una pastilla de menta de sobremesa. Deb�a de extenderse a trav�s de una gran parte del mundo subterr�neo de Temis; no ten�a sentido creer que ese �nico orificio era capaz de ocuparse de todo el tr�fico. Quiz�s existieran otros, y lo m�s probable es que estuvieran diseminados por la totalidad de la campi�a.</p><p>Un poco m�s tarde, Cirocco tuvo otra idea. Los pensamientos llegaban muy espaciadamente, pero llegaban, y ella se alegr� de eso. La idea era simple: ten�a sed, estaba hambrienta y sucia. Lo que m�s deseaba en el mundo era agua.</p><p>El terreno se inclinaba suavemente. Cirocco estaba deseosa de apostar que abajo, en alguna parte, habr�a una corriente.</p><p>Se levant� y dio una patada al mont�n de piezas met�licas. Hab�a demasiadas cosas que transportar, pero los desperdicios era todo lo que ten�a como herramientas. Cogi� uno de los aros m�s peque�os y despu�s alz� el mayor, que hab�a sido la base de su casco y segu�a conectado a los colgantes componentes electr�nicos.</p><p>No era mucho, pero tendr�a que serlo. Se colg� del hombro el aro de mayor tama�o y comenz� a descender la colina.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El estanque estaba alimentado por un salto de agua de dos metros procedente de una corriente rocosa que serpenteaba en un peque�o valle. Los inmensos �rboles se arqueaban en lo alto y bloqueaban por completo la visi�n que Cirocco ten�a del cielo. La mujer permaneci� inm�vil en una roca cercana al borde del estanque, tratando de medir su profundidad, pensando en dejarse caer al agua.</p><p>Pensar en ello fue todo lo que hizo. El agua era clara, pero no hab�a se�al alguna respecto a qu� podr�a haber en ella. Cirocco salt� el reborde que produc�a el salto. Result� f�cil con una cuarta parte de la gravedad normal. Un corto paseo la llev� a una ribera arenosa.</p><p>El agua era c�lida, dulce y espumosa, y con mucho lo mejor que Cirocco hab�a probado en su vida. Bebi� toda la que quiso, luego se puso en cuclillas y se restreg� con arena. Se mantuvo alerta. Las charcas eran lugares para estar precavida. Al acabar, se sinti� razonablemente humana por primera vez desde su despertar. Se sent� en la h�meda arena y dej� que sus pies flotaran en el agua.</p><p>El l�quido era m�s fresco que el ambiente o el suelo, pero todav�a sorprendentemente c�lido para lo que parec�a ser una corriente de monta�a alimentada por un glaciar. Cirocco comprendi� despu�s que ser�a l�gico que la fuente de calor de Temis estuviera donde ellos hab�an deducido: abajo. La luz solar en la �rbita de Saturno no suministrar�a excesivo calentamiento superficial. Pero las aletas triangulares se encontraban ahora debajo de Cirocco y probablemente estaban destinadas a almacenar calor solar. Se imagin� enormes r�os subterr�neos de agua caliente corriendo algunos centenares de metros bajo la superficie.</p><p>Seguir adelante parec�a ser la siguiente tarea, pero �en qu� direcci�n? Hacia adelante pod�a ser descartado. A lo largo del curso de agua la tierra volv�a a ascender. Corriente abajo ser�a m�s f�cil, y enseguida la llevar�a a terrenos llanos.</p><p>�Decisiones, decisiones �murmur�.</p><p>Observ� la mara�a de restos met�licos que hab�a estado llevando toda la�, �la qu�? �La tarde? �La ma�ana? Aqu� era imposible medir el tiempo de esa forma. S�lo era posible pensar en tiempo transcurrido, y Cirocco no ten�a idea de cu�nto rato hab�a pasado.</p><p>El aro del casco segu�a en su mano. Arrug� la frente mientras lo miraba m�s atentamente.</p><p>Su traje hab�a contenido una radio antes. Por supuesto no era posible que el aparato hubiera salido intacto de aquella prueba tan dura, pero por puro gusto Cirocco rebusc� y encontr� los restos. Hab�a una diminuta bater�a y lo que quedaba de un interruptor conectado. Eso conclu�a el asunto. La mayor parte de la radio hab�a estado formada por hojas de silicio y metal, por lo que hab�a existido una tenue esperanza.</p><p>Volvi� a observar. �D�nde estaba el altavoz? Deber�a ser un peque�o cuerno met�lico, los restos de un juego de auriculares. Lo encontr� y lo alz� hasta una oreja.</p><p>��cincuenta y <emphasis>ocho, </emphasis>cincuenta y <emphasis>nueve, </emphasis>noventa y tres <emphasis>sesenta�</emphasis></p><p>��Gaby!</p><p>Se encontr� de pie, gritando, pero la voz familiar sigui� contando, absorta. Cirocco se arrodill� en la roca y dispuso sobre ella los restos del casco con dedos temblorosos, sosteniendo el auricular en la oreja mientras manoseaba los componentes. Encontr� el micr�fono de garganta miniatura.</p><p>�Gaby, Gaby, adelante, por favor. �Puedes o�rme?</p><p>��ochenta� �Rocky! �Eres t�, Rocky?</p><p>�Soy yo. �D�nde� �D�nde�? �Se fue calmando, trag� saliva y sigui� hablando�. �Est�s bien? �Has visto a los dem�s?</p><p>�Oh, <emphasis>capitana. </emphasis>Las cosas m�s horribles�</p><p>La voz de Gaby se quebr� y Cirocco escuch� sollozos. Gaby verti� un incoherente torrente de palabras: lo contenta que estaba de o�r la voz de Cirocco, cuan sola hab�a estado, cuan segura hab�a estado de ser la �nica sobreviviente hasta escuchar su radio y o�r sonidos�</p><p>��Sonidos?</p><p>�S�, al menos hay otra persona viva, salvo que fueras t�, llorando.</p><p>�Yo� �Diablos! He llorado bastante. Tal vez fuera yo.</p><p>�No lo creo �dijo Gaby�. Estoy bastante segura de que es Gene. De vez en cuando tambi�n canta. Rocky, es <emphasis>tan bueno </emphasis>o�r tu voz.</p><p>�Lo s�. Es bueno o�r la tuya �tuvo que volver a respirar profundamente y aflojar su presi�n sobre el aro del casco. La voz de Gaby hab�a recuperado el control, pero Cirocco se hallaba al borde de la histeria. No le gust� sentirse as�.</p><p>�Las cosas que me han <emphasis>ocurrido �</emphasis>estaba diciendo Gaby�. Estaba muerta, capitana, y en el cielo, y ni siquiera soy religiosa, pero all� estaba�</p><p>�Gaby, c�lmate. Contr�late.</p><p>Hubo silencio, realzado por aspiraciones nasales.</p><p>�Creo que estar� bien ahora. Lo siento.</p><p>�No importa. Si has pasado algo como yo pas�, lo comprendo perfectamente. Bien, �d�nde est�s?</p><p>Se produjo una pausa, luego una risita.</p><p>�No hay letreros de calles en este barrio �dijo Gaby�. Es un ca��n, no muy profundo. Est� lleno de rocas y hay un arroyo justo en medio. Hay unos �rboles bastante extra�os a los dos lados del agua.</p><p>�Se parece mucho al lugar donde estoy yo �(�pero qu� ca��n?, se pregunt�)�. �Qu� direcci�n llevas? �Cuentas los pasos?</p><p>�S�. Corriente abajo. Si lograra salir de este bosque ver�a medio Temis.</p><p>�Tambi�n yo he pensado en eso.</p><p>�S�lo necesitamos un par de se�ales para saber si estamos en el mismo paraje.</p><p>�Pues pienso que debemos estar, o no nos oir�amos.</p><p>Gaby no dijo nada y Cirocco comprendi� su error.</p><p>�Bien �dijo Cirocco�. L�nea de visi�n.</p><p>�Alto. Estas radios sirven para bastante distancia. Aqu�, el horizonte se curva <emphasis>hacia arriba.</emphasis></p><p>�Lo creer�a mejor si lo viera. Donde yo estoy ahora mismo podr�a ser el bosque encantado de Disneylandia al atardecer.</p><p>�Disney habr�a hecho un trabajo mejor �dijo Gaby�. El bosque habr�a tenido m�s detalles, y monstruos que saldr�an de sopet�n de los �rboles.</p><p>�No digas eso. �Has visto algo as�?</p><p>�Un par de insectos, supongo que eran insectos.</p><p>�Yo he visto un grupo de pececillos. Parec�an peces. Oh, de paso, no te metas en el agua. Pueden ser peligrosos.</p><p>�Los he visto. <emphasis>Despu�s </emphasis>de meterme en el agua. Pero no hicieron nada.</p><p>��Te has cruzado con algo que sea notable en alg�n aspecto? �Alg�n rasgo superficial poco usual?</p><p>�Algunos saltos de agua. Dos �rboles ca�dos.</p><p>Cirocco mir� a su alrededor y describi� el estanque y el salto de agua. Gaby afirm� que hab�a cruzado varios lugares as�. Pod�a tratarse del mismo arroyo, pero no hab�a modo de saberlo.</p><p>�Bien �dijo Cirocco�. Esto es lo que haremos. Cuando te encuentres delante de una roca yendo corriente arriba, haz una se�al en ella.</p><p>��C�mo?</p><p>�Con otra roca �localiz� una piedra del tama�o de su pu�o y acometi� la roca en la que hab�a estado sentada. Garabate� una gran �C�. Era imposible confundir su artificialidad.</p><p>�Estoy haciendo eso ahora mismo.</p><p>�Haz una marca cada cien metros o algo as�. Si estamos en el mismo r�o una de nosotras ir� detr�s de la otra, y la que vaya delante esperar� hasta que la otra la alcance.</p><p>�Suena bien. Uh� Rocky, �cu�nto tiempo duran estas bater�as?</p><p>Cirocco hizo una mueca y se frot� la frente.</p><p>�Quiz�s un mes de uso. Depende de cu�nto tiempo hayamos estado� bueno, hayamos estado dentro. No tengo idea de eso. �Y t�?</p><p>�No. �Tienes pelo?</p><p>�Ni pizca �se pas� la mano por el cuero cabelludo y advirti� que no parec�a tan liso�. Pero me est� volviendo a crecer.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco camin� r�o abajo, manteniendo en su lugar el auricular y el micr�fono para poder conversar.</p><p>�Me siento m�s hambrienta cuando pienso en comida �dijo Gaby�. Y estoy pensando en eso ahora mismo. �Has visto alguno de esos peque�os arbustos con bayas?</p><p>Cirocco mir� alrededor pero no localiz� nada similar.</p><p>�Las bayas son amarillas y m�s o menos del tama�o de la punta de tu pulgar. Tengo una en la mano. Es blanda y transparente.</p><p>��Vas a comerla?</p><p>Hubo una pausa.</p><p>�Iba a preguntarte qu� piensas al respecto.</p><p>�Tarde o temprano tendremos que probar algo. A lo mejor una baya no basta para matarte.</p><p>�Simplemente, me pone mala �ri� Gaby�. Esta se rompi� en mis dientes. Dentro hay una gelatina espesa, como miel con sabor a menta. Se est� disolviendo en mi boca� Y ya ha desaparecido. La corteza no es tan dulce, aunque de todas maneras voy a comerla. Puede ser la �nica parte con valor alimenticio.</p><p>Tal vez ni eso, pens� Cirocco. No hab�a raz�n por la que una parte de aquello tuviera que sustentarlas. Se alegr� de que Gaby le hubiera dado una descripci�n tan detallada de sus sensaciones mientras com�a la baya, pero conoc�a el prop�sito de la acci�n. Los equipos desactivadores de bombas empleaban la misma t�cnica. Un hombre permanec�a apartado en tanto que el otro informaba de todas sus maniobras por la radio. Si la bomba estallaba, el sobreviviente aprenda algo para la siguiente ocasi�n.</p><p>Cuando les pareci� que hab�a transcurrido bastante tiempo sin efectos malignos, Gaby se puso a comer m�s bayas. M�s adelante, Cirocco descubri� algunas. Eran casi tan buenas como aquel sabor inicial del agua.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Gaby, estoy muerta. Me pregunto cu�nto tiempo llevamos despiertas.</p><p>Se produjo una larga pausa y Cirocco tuvo que llamar de nuevo.</p><p>��Hum? Ah, hola. �C�mo he llegado aqu�? �Gaby parec�a levemente borracha.</p><p>��A d�nde has llegado? �Cirocco se puso seria�. Gaby, �qu� pasa?</p><p>�Me sent� un momento para descansar las piernas. Debo de haberme quedado dormida.</p><p>�Intenta despertarte tanto como para encontrar un buen sitio.</p><p>Cirocco ya estaba explorando. Iba a ser un problema. Nada parec�a bueno, y ella sab�a que la peor idea era tumbarse sola en tierra extra�a. Lo �nico peor habr�a sido permanecer despierta por m�s tiempo.</p><p>Camin� un poco entre los �rboles y se maravill� de lo blanda que era la hierba bajo sus pies descalzos. Mucho mejor que las rocas. Ser�a agradable sentarse un rato.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Despert� en la hierba, se incorpor� r�pidamente y observ� todo a su alrededor. Nada se mov�a.</p><p>Un metro en todas direcciones desde el lugar en que hab�a dormido, la hierba se hab�a vuelto marr�n, seca como el heno.</p><p>Se puso en pie y mir� una gran roca. Se hab�a acercado a ella desde el borde del arroyo, buscando un sitio para dormir. Dio la vuelta en torno al pedrusco y al otro lado hab�a una letra �G� enorme.</p></section><section><title><p>CAPITULO 5</p></title><p>Gaby insisti� en volver sobre sus pasos. Cirocco no protest�; le pareci� bien, aunque jam�s lo habr�a sugerido.</p><p>Camin� r�o abajo, a menudo pasando junto a las marcas que Gaby hab�a hecho. En un punto dado tuvo que dejar la arenosa orilla y seguir por la hierba para eludir una gran masa de rocas. Al llegar al c�sped vio una serie de puntos marrones ovales espaciados como huellas de pies. Se arrodill� y los toc�. Estaban secos y eran quebradizos, igual que la hierba donde hab�a dormido.</p><p>�He descubierto parte de tu rastro �inform� a Gaby�. Es imposible que tus pies hayan tocado la hierba m�s de un segundo, y sin embargo algo que llevas en tu cuerpo la ha matado.</p><p>�Observ� lo mismo cuando me despert� �dijo Gaby�. �Qu� te parece?</p><p>�Creo que segregamos algo venenoso para la hierba. Si eso es cierto, quiz� no olamos muy bien para el tipo de grandes animales que normalmente podr�an interesarse por nosotras.</p><p>�Esa es una buena noticia.</p><p>�Lo malo es que podr�a significar que poseemos componentes bioqu�micos muy diferentes. Eso no es tan bueno por lo que a comer toca.</p><p>�Eres muy graciosa cuando hablas de eso.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>��Eres t� �sa�, ah� delante?</p><p>Cirocco atisbo en la p�lida luz amarillenta. El r�o corr�a un buen trecho en l�nea recta, y justo donde empezaba a curvarse hab�a una menuda figura.</p><p>�S�. Soy yo, si es que t� eres �sa que agita los brazos.</p><p>Gaby lanz� un grito, un penoso sonido en el diminuto auricular. Cirocco lo oy� otra vez un segundo despu�s, mucho m�s d�bil. Sonri� y despu�s sinti� que la sonrisa se hac�a m�s y m�s amplia. No hab�a deseado correr, pues aquello se parec�a tanto a una pel�cula mala� Pero de todas maneras lo hizo, igual que Gaby, dando brincos absurdamente largos a causa de la baja gravedad.</p><p>Se toparon con tanta dureza que por un instante quedaron sin respiraci�n. Cirocco abraz� a la peque�a subordinada y la levant� del suelo.</p><p>�Ca-caramba� �Te encuentro ta-ta-tan <emphasis>bien! �</emphasis>dijo Gaby. Uno de sus p�rpados temblaba y los dientes le rechinaban.</p><p>�Hey, tranquila, c�lmate �Cirocco acarici� la espalda de Gaby con ambas manos. La sonrisa de Gaby era tan amplia que hac�a da�o a la vista.</p><p>�Lo siento, pero creo que me pondr� hist�rica. �No es eso una carcajada?</p><p>Y Gaby ri�, pero con una risa insulsa que her�a el o�do y enseguida se convirti� en temblores y jadeos. Se apret� a Cirocco con la fuerza suficiente para romperse las costillas. Cirocco no se opuso, sino que dej� a la otra mujer en la arenosa orilla del r�o y la abraz� mientras enormes l�grimas de baja gravedad resbalaban por sus hombros.</p><p>Cirocco no supo en qu� momento los confortadores abrazos se transformaron en otra cosa. Fue algo muy gradual. Gaby se mostr� bastante insensible durante un largo rato y pareci� muy natural que Gaby acariciara a Cirocco y que las dos se apretaran mucho una contra otra. El primer instante en que la acci�n empez� a parecer algo anormal fue cuando Cirocco se encontr� besando a Gaby y �sta le devolvi� el beso. Pens� que podr�a haberse detenido entonces, pero no quiso hacerlo porque no sab�a si las l�grimas que probaba pertenec�an a ella o a Gaby.</p><p>Y adem�s, aquello nunca lleg� realmente a convertirse en un acto amoroso. Se frotaron una contra otra y se besaron boca a boca, y cuando lleg� el orgasmo casi pareci� ajeno a lo que hab�a pasado antes. Al menos eso era lo que Cirocco se dijo una y otra vez.</p><p>Una de ellas ten�a que decir algo al terminar y daba la impresi�n de que era mejor mantenerse aparte de lo que acababan de hacer.</p><p>��Te encuentras bien ahora?</p><p>Gaby asinti�. Sus ojos segu�an brillantes, pero estaba sonriendo.</p><p>�Oh, oh. Tal vez no continuamente, con todo. Me despert� so�ando. Realmente temo dormirme.</p><p>�Tampoco es mi idea favorita. �Sabes que eres una de las criaturas de mejor aspecto que he visto en mi vida?</p><p>�Eso es porque no tienes un espejo.</p><p>Gaby no pudo dejar de hablar durante horas, y no le gust� que Cirocco la soltara. Se trasladaron a una posici�n menos expuesta entre los �rboles y despu�s se sentaron, la espalda de Cirocco contra un tronco y Gaby reclinada sobre ella.</p><p>Gaby habl� de su viaje a lo largo del r�o, pero el hecho al que quer�a volver una y otra vez, o del que no pod�a apartarse, era su experiencia en la panza de la criatura. A Cirocco le pareci� un sue�o prolongado que ten�a poco en com�n con lo que ella misma hab�a experimentado, pero eso quiz� fuera simplemente por la inadecuaci�n de las palabras.</p><p>�Me despert� en la oscuridad unas cuantas veces, igual que t� �dijo Gaby�. Cuando lo hac�a, no pod�a sentir, ver u o�r nada, y de verdad que no quer�a estar all� mucho tiempo.</p><p>�Yo regresaba a mi vida anterior. Era tremendamente vivido. Pod�a� <emphasis>sentirlo </emphasis>todo.</p><p>�Yo tambi�n �dijo Gaby�. Pero no era una repetici�n. Todo eran cosas nuevas.</p><p>��Siempre sab�as d�nde estabas? Esa fue la peor parte para m�, recordando y despu�s olvidando. No s� cu�ntas veces me pas�.</p><p>�S�, siempre sab�a d�nde estaba. Pero llegu� a estar bastante cansada de ser yo, si eso tiene alg�n sentido. Las posibilidades eran tan <emphasis>limitadas�</emphasis></p><p>��Qu� quieres decir?</p><p>Gaby hizo un gesto de indecisi�n con las manos, como si intentara coger algo en el aire. Desisti� y dio la vuelta en los brazos de Cirocco para mirarla a los ojos durante un largo instante. Luego apoy� la cabeza entre los senos de Cirocco, quien pareci� algo molesta pese a que la calidez de su cercan�a era demasiado buena para rehusarla. Baj� los ojos hacia la pelada cabeza de Gaby y tuvo que contener un impulso para besarla.</p><p>�Veinte, treinta a�os habr�n sido los que estuve all� dentro �dijo suavemente Gaby�. Y no me digas que eso es imposible. Tengo una idea bastante buena respecto a que nada como ese lapso tuvo que haber transcurrido en el resto del universo. No estoy loca.</p><p>�No he dicho que lo est�s �Cirocco friccion� los hombros de Gaby cuando empezaron a temblar, y el temblor desapareci�.</p><p>�Bueno, tampoco he debido decir que no estoy loca. Jam�s necesit� alguien que me mimara, as� que antes no lloraba. Lo siento.</p><p>�No me importa �murmur� Cirocco, y asiera en realidad. Descubri� que era sorprendentemente f�cil musitar palabras de seguridad al o�do de otra mujer�. Gaby, es imposible que una de nosotras hubiera pasado por eso sin crispamientos. Yo llor� durante horas. Vomit�. Puedo hacerlo otra vez, y si me es imposible valerme sola, me gustar�a que cuidaras de m�.</p><p>�Lo har�, no te inquietes por eso �dio la sensaci�n de relajarse un poco m�s�. El tiempo real no es importante �dijo finalmente Gaby�. Lo que importa es el tiempo interno. Y seg�n ese reloj, yo estuve all� dentro muchos a�os. Sub� al cielo por una maldita escalera de cristal. Y tan seguro como que estoy sentada aqu�, veo todos los escalones en mi mente, siento las nubes moverse con rapidez a mi lado y oigo rechinar mis pies en el vidrio. Y era el cielo de Hollywood, con alfombra roja los �ltimos tres o cuatro kil�metros, puertas doradas como rascacielos y gente con alas. Y yo no cre�a en eso, �comprendes? Y sin embargo lo cre�a. Sab�a que estaba so�ando, sab�a que era rid�culo y que al final todo aquello no me servir�a de nada y desaparecer�a �bostez� y ri� suavemente�. �Por qu� te estoy contando todo esto?</p><p>�Quiz� para sac�rtelo de encima. �Te hace sentir mejor?</p><p>�Un poco.</p><p>Se qued� un rato callada. Cirocco pens� que se hab�a quedado dormida, pero no era as�. Gaby se removi� y se acurruc� m�s en el regazo de Cirocco.</p><p>�Tuve tiempo de hacerme un buen examen de m� misma �dijo, farfullando�. No me gust�. Llegu� a preguntarme qu� estaba haciendo de m� misma. Nunca antes eso me hab�a preocupado.</p><p>��Qu� hay de malo en tu forma de ser anterior? �pregunt� Cirocco�. A m� me gustabas.</p><p>��De verdad? No comprendo por qu�. Claro, yo no causaba muchos problemas a nadie, pod�a cuidar de m� misma. Pero �qu� m�s? �Qu� detalle <emphasis>bueno?</emphasis></p><p>�Te portabas muy bien en tu trabajo. Eso es todo lo que en realidad yo te exig�a. Eres la mejor que existe, o no habr�as sido seleccionada para esta misi�n.</p><p>Gaby suspir�.</p><p>�No s� por qu� �dijo�, pero eso no me impresiona. Me refiero a que para llegar a ser tan experta sacrifiqu� casi todo lo que caracteriza a un ser humano. Tal como he dicho, hice un poco de aut�ntico examen de conciencia.</p><p>��Qu� decidiste?</p><p>�En primer lugar, Gaby ha terminado con la astronom�a.</p><p>��Gaby?</p><p>�Es la verdad. �Y qu�, caramba? Nunca saldremos de aqu�, y no hay estrellas que mirar. De todas formas habr�a necesitado encontrar otra cosa que hacer. Y no ha sido tan repentino. Tuve mucho, <emphasis>much�simo </emphasis>tiempo para cambiar de ideas. �Sabes que no tengo un amante en todo el mundo? Ni siquiera un amigo.</p><p>�Yo soy tu amiga.</p><p>�No. No, del modo a que me refiero. La gente me respetaba por mi trabajo, los hombres me deseaban por mi cuerpo. Pero jam�s hice amigos, ni siendo una ni�a. No, del tipo al que le puedes abrir tu coraz�n.</p><p>�No es tan dif�cil.</p><p>�Espero que no. Porque voy a ser una persona distinta. Voy a hablar a la gente de la aut�ntica Gaby. Esta es la primera vez que puedo hacerlo, porque es la primera vez que me he conocido realmente. Y pienso amar. Voy a preocuparme por la gente. Y parece que t� entras en esto �levant� la cabeza y sonri� a Cirocco.</p><p>��Qu� quieres decir? �pregunt� Cirocco, frunciendo ligeramente la frente.</p><p>�Es una sensaci�n extra�a, la tuve en cuanto te vi �baj� la cabeza de nuevo�. Creo que te quiero.</p><p>Durante unos instantes Cirocco nada pudo decir. Despu�s forz� una carcajada.</p><p>�Hey, cari�o, sigues estando en ese cielo de Hollywood. Eso del amor a primera vista no existe. Lleva tiempo. �Gaby?</p><p>Trat� de hablarle varias veces pero Gaby estaba dormida o simulaba muy bien que lo estaba. Cirocco dej� que su cabeza cayera hacia atr�s cansadamente.</p><p>�Oh, Dios m�o.</p></section><section><title><p>CAPITULO 6</p></title><p>Lo inteligente habr�a sido montar guardias. Cirocco se pregunt�, mientras pugnaba por despertarse, por qu� hab�a logrado tan pocas veces hacer lo inteligente desde que lleg� a Temis. Ten�an que adaptarse a la extra�a carencia de tiempo. No pod�an seguir caminando hasta caerse.</p><p>Gaby dorm�a con el pulgar en la boca. Cirocco trat� de levantarse sin molestarla, pero fue imposible. Gaby gimi� y abri� los ojos.</p><p>��Est�s tan hambrienta como yo? �bostez�.</p><p>�Es dif�cil saberlo.</p><p>��Crees que se trata de las bayas? A lo mejor no son buenas.</p><p>�Imposible saberlo tan pronto. Pero echa una ojeada all�. Podr�a ser desayuno.</p><p>Gaby mir� adonde Cirocco se�alaba. Hab�a un animal junto al r�o, bebiendo. Mientras lo observaban, el animal levant� la cabeza y las contempl� a no m�s de veinte metros de distancia. Cirocco se puso en tensi�n, preparada para cualquier cosa. El animal parpade� y baj� la cabeza.</p><p>�Un canguro de seis patas �dijo Gaby�. Sin orejas.</p><p>Fue una descripci�n bastante buena. El animal estaba cubierto con un corto pelaje y ten�a dos grandes patas traseras, aunque no tan largas como las de un canguro. Las cuatro patas delanteras eran m�s peque�as. El pelaje era amarillo y verde claro. El animal no hac�a nada especial por protegerse.</p><p>�Me gustar�a echar un vistazo a sus dientes. Podr�an indicarnos algo.</p><p>�Lo correcto es probablemente salir por piernas de aqu� �dijo Gaby. Suspir� y mir� el suelo a su alrededor. Se levant� antes que Cirocco pudiera detenerla y camin� hacia la criatura.</p><p>�Gaby, d�jalo �murmur� Cirocco, intentando no alertar al animal. En ese instante se dio cuenta de que Gaby llevaba una roca en la mano.</p><p>La criatura alz� los ojos de nuevo. Ten�a una cara que habr�a resultado divertid�sima en otras circunstancias. La cabeza era redonda, sin orejas o nariz visibles; simplemente dos est�pidos ojos. Pero la boca daba la impresi�n de que la criatura estuviera mascando una arm�nica bajo. Los labios se alargaban el doble que el resto de la cabeza, dando al animal una sonrisa rid�cula.</p><p>La criatura levant� del suelo las cuatro patas delanteras y se alz� tres metros en el aire. Gaby brinc� casi tan alto por la sorpresa y tuvo tiempo de girar alocadamente antes de caer sobre su trasero. Cirocco se acerc� a ella y trat� de quitarle la piedra.</p><p>�Vamos, Gaby, no estamos tan necesitadas de carne.</p><p>�Calla �dijo Gaby a trav�s de sus dientes apretados�. Lo hago tambi�n por ti.</p><p>Forceje� para desasirse y corri� hacia adelante.</p><p>El bicho hab�a dado dos saltos, cada uno de ocho o nueve metros. Despu�s se qued� quieto, con las patas delanteras tocando la tierra y la cabeza baja. Estaba comiendo hierba.</p><p>Alz� la mirada pl�cidamente cuando Gaby se detuvo a dos metros de distancia. Parec�a no temer a la mujer, y sigui� pastando mientras Cirocco llegaba por detr�s de Gaby.</p><p>��Crees que deber�amos�?</p><p>��Chist!</p><p>Gaby vacil� s�lo un instante m�s, luego se acerc� hasta la bestia. Levant� el brazo y golpe� fuertemente con la piedra en la parte superior de la cabeza, y a continuaci�n se apart� de un salto.</p><p>La bestia emiti� un ruido de tos, se tambale� y cay� de costado. Pate� una vez y se qued� inm�vil.</p><p>Observaron un rato al animal y finalmente Gaby se aproxim� y lo pinch� con un dedo del pie. No sucedi� nada, por lo que se arrodill� al lado. El animal no era mayor que un venado peque�o. Cirocco se acuclill� con los codos en las rodillas, tratando de no disgustarse por aquello. Gaby parec�a estar sin aliento.</p><p>��Crees que est� muerto? �pregunt�.</p><p>�Lo parece. Una especie de anticl�max, �no crees?</p><p>�Est� bien para m�.</p><p>Gaby se sec� la frente con una mano y luego golpe� una y otra vez la cabeza de la criatura con la piedra hasta que surgi� sangre roja. Cirocco se sobresalt�. Gaby tir� la roca y se limpi� las manos en los muslos.</p><p>�Ya est�. �Sabes una cosa? Si recogieras un poco de esa maleza seca creo que yo lograr�a encender una hoguera.</p><p>��C�mo lo har�s?</p><p>�No importa. T�, preoc�pate de la le�a.</p><p>Cirocco recogi� medio brazado de le�a antes de que cesara de preguntarse cu�ndo Gaby hab�a empezado a dar las �rdenes.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Bien, la teor�a era buena �dijo Gaby, tristemente.</p><p>Cirocco acometi� de nuevo la correosa carne roja que se aferraba al hueso con tanta tenacidad.</p><p>Gaby hab�a sudado una hora con un trozo de su traje espacial y una roca que hab�a confiado fuera pedernal pero que result� no serlo. Ten�a una pila de le�a seca, una sustancia fina parecida al musgo y astillas cuidadosamente cortadas de tres ramas con el agudo borde del casco de Cirocco. Teman todos los ingredientes esenciales de una hoguera excepto la chispa.</p><p>En aquella hora la opini�n de Cirocco sobre la habilidad de Gaby hab�a sufrido una revoluci�n. Cuando tuvo el animal despellejado y Gaby abandon� la idea de la hoguera. Cirocco supo que comer�a la carne cruda y estar�a agradecida por ello.</p><p>�Ese bicho no ten�a predadores �dijo Cirocco. casi con la boca llena. La carne era mejor de lo que hab�a esperado. aunque faltaba algo de sal.</p><p>�Seguro que no actuaba as� �convino Gaby. Se puso en cuclillas al otro lado del cad�ver de la bestia y sus ojos erraron por el terreno por encima del hombro de Cirocco. Esta hac�a lo mismo.</p><p>�Eso puede significar que no hay predadores bastante grandes para preocuparnos.</p><p>La comida fue un acto agotador debido a la cantidad de masticaci�n precisa. Las dos mujeres se entretuvieron examinando el cuerpo muerto. El animal no pareci� demasiado notable a los inexpertos ojos de Cirocco. Dese� que Calvin hubiera estado all� para decirle si estaba equivocada. La carne, piel, huesos y pelaje eran de los colores y texturas usuales, y hasta ol�an adecuadamente. Hab�a �rganos que Cirocco no pod�a identificar.</p><p>�La piel deber�a servir para algo �observ� Gaby�. Podr�amos hacer ropa con ella.</p><p>Cirocco arrug� la nariz.</p><p>�Si quieres vestir eso, adelante. Probablemente apestar� muy pronto. Y hasta el momento, hace calor suficiente como para ir sin ropa.</p><p>No parec�a correcto abandonar la parte m�s grande del animal, pero decidieron hacerlo. Ambas mujeres conservaron un hueso de las patas para usarlo como arma y Cirocco taj� un gran trozo de carne mientras Gaby cortaba tiras de piel para unir las partes del traje espacial. Cirocco se hizo un tosco cintur�n al que at� sus cosas. Despu�s se encaminaron otra vez r�o abajo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Vieron m�s criaturas-canguro, solas y en grupos de tres o seis. Hab�a otros animales, m�s peque�os, que se mov�an de un lado a otro entre los troncos de los �rboles casi demasiado r�pido para verlos, y todav�a m�s que permanec�an cerca del borde del agua. No resultaba dif�cil acercarse a cualquiera de ellos. Los animales de los bosques, cuando se quedaban quietos el tiempo suficiente para examinarlos, daban la impresi�n de no tener cabeza. Eran bolas azules de corto pelaje con seis pies dotados de garras que sobresal�an y se mov�an en cualquier direcci�n con igual facilidad. La boca se encontraba en la parte inferior, centrada en una estrella de patas.</p><p>La campi�a empez� a cambiar. No s�lo vieron m�s animales, sino que hab�a m�s variedades de vida vegetal. Cirocco y Gaby prosiguieron la penosa caminata en medio de una luz que vari� a verde oscuro por efecto de la b�veda del follaje, cien mil pasos en un d�a de veinticuatro horas.</p><p>Por desgracia, pronto perdieron la cuenta. Los enormes y simplificados �rboles dieron paso a un centenar de especies distintas y un millar de tipos de arbustos en flor, enredaderas y plantas par�sitas. Las �nicas cosas que permanecieron constantes fueron la corriente que constitu�a su �nica gu�a y la tendencia al gigantismo de los �rboles de Temis. Cualquiera de estos �ltimos habr�a merecido una placa y una visita tur�stica al Parque Nacional Secoya.</p><p>Y adem�s ya no hab�a silencio. Durante su primera jornada de viaje Cirocco y Gaby tuvieron �nicamente los sonidos de sus pasos y el matraqueo de los restos de sus trajes como compa��a. Ahora el bosque gorjeaba, ladraba y gru��a ante ellas.</p><p>La carne supo mejor que nunca cuando se detuvieron a descansar. Cirocco la engull� vorazmente, sentada espalda con espalda con Gaby junto al nudoso tronco de un �rbol m�s c�lido de lo que cualquier �rbol deber�a ser, con blanda corteza y ra�ces que formaban nudos m�s grandes que casas. Las ramas m�s altas se perd�an en la incre�ble jungla superior.</p><p>�Apostar�a a que hay m�s vida en esos �rboles que en el suelo �dijo Cirocco.</p><p>�Mira all� �dijo Gaby�. Dir�a que alguien uni� esas enredaderas. Se ve agua rezumando por abajo.</p><p>�Deber�amos hablar de eso. �Qu� me dices de la vida inteligente aqu�? �C�mo la reconocer�amos? Ese es uno de los motivos por el que trat� de evitar que mataras a este animal.</p><p>Gaby mastic� pensativamente.</p><p>��Tendr�a que haber intentado hablar con �l antes?</p><p>�Lo s�, lo s�. Lo que m�s miedo me daba era que se hubiera vuelto y te hubiera arrancado las piernas de un mordisco. Pero ahora que sabemos lo d�cil que es, tal vez debi�ramos hacer simplemente eso, �no crees? Intentar hablar con uno�</p><p>�Qu� estupidez. Esa cosa no tiene la mitad de cerebro que una vaca. Se pod�a ver en sus ojos.</p><p>�Probablemente est�s en lo cierto.</p><p>�No, <emphasis>t� est�s </emphasis>en lo cierto. Es decir, yo tengo raz�n, pero t� tambi�n en cuanto a que debemos ser m�s prudentes. Me fastidiar�a comer algo con lo que deber�a estar hablando. Hey, �qu� ha sido eso?</p><p>No fue un ruido, sino la comprensi�n de que el ruido hab�a cesado. S�lo el chapoteo del agua y el alto susurro de las hojas perturbaba el silencio. Despu�s, aumentando tan tranquila y lentamente que ambas mujeres estuvieron varios instantes oy�ndolo antes de poder identificarlo, hubo un gemido colosal.</p><p>Dios habr�a podido gemir as�, en caso de que El hubiera perdido todo lo que hab�a amado y suponiendo que El tuviera una garganta como un �rgano de mil kil�metros de largo. El lamento prosigui� creando una nota que de alg�n modo lograba subir de tono sin desviarse nunca de los l�mites inferiores extremos de la audici�n humana. Cirocco y Gaby lo sintieron en las entra�as y detr�s de los globos oculares.</p><p>Ya parec�a estar llenando el universo y sin embargo a�n aument� m�s. Se le uni� el sonido de una secci�n de cuerdas: violoncelos y contrabajos electr�nicos. Movi�ndose ligeramente por encima de esta enorme base tonal hab�a sibilantes arm�nicos ultras�nicos. El conjunto creci� de volumen pese a que parec�a imposible que hiciera tal cosa.</p><p>Cirocco pens� que su cr�neo iba a estallar. Apenas era consciente de que Gaby se abrazaba a ella. Las dos contemplaron fijamente, boquiabiertas, c�mo se abat�a sobre ellas una lluvia de hojas muertas que ca�a de la b�veda del follaje. Animales diminutos empezaron a caer retorci�ndose y brincando. La tierra se puso a vibrar en armon�a; estaba anhelando volar y lanzarse al aire. Un remolino de arena se desliz� inciertamente y despu�s se deshizo bruscamente en fragmentos sobre el cuerpo del �rbol donde se acurrucaban las mujeres. Las dos fueron azotadas por los desechos.</p><p>Hubo un estr�pito por encima de ellas y un viento empez� a llegar al suelo del bosque. Una rama gigantesca se empotr� en medio del r�o. Por entonces el bosque oscilaba, cruj�a, protestaba: disparos y clavos arrancados de madera seca.</p><p>La violencia alcanz� una meseta y permaneci� en ese nivel. El viento pareci� ser de sesenta kil�metros por hora. A m�s altura sonaba mucho peor. Gaby y Cirocco estaban abajo, protegidas por las ra�ces del �rbol, y observaban la c�lera de la tormenta que las rodeaba. Cirocco se vio obligada a gritar para ser o�da por encima del gemido grave.</p><p>��Cu�l supones que es la causa de que esto se haya producido tan de repente?</p><p>�No tengo idea �grit� a su vez Gaby�. Calentamiento o enfriamiento local, un gran cambio en la presi�n atmosf�rica. Aunque no s� qu� podr�a haber provocado eso.</p><p>�Creo que lo peor ha pasado. Hey, te casta�etean los dientes.</p><p>�Ya no estoy asustada. Tengo <emphasis>fr�o.</emphasis></p><p>Cirocco estaba experiment�ndolo igualmente. La temperatura bajaba con rapidez; en s�lo algunos minutos hab�a pasado de suave a fr�a y en aquel momento Cirocco juzg� que se aproximar�a a cero grados� Con un viento de sesenta kil�metros por hora no era algo para tomarlo a broma. Las mujeres se acurrucaron juntas, pero Cirocco sinti� el calor absorbido de su espalda.</p><p>�Tenemos que conseguir alg�n tipo de refugio �grit�.</p><p>�S�, �pero cu�l?</p><p>Ninguna de las dos deseaba moverse del cobijo que ten�an, por peque�o que fuera. Intentaron cubrirse mutuamente de tierra y hojas secas, pero el viento se lo llevaba todo.</p><p>Cuando estuvieron convencidas de que morir�an congeladas, el viento ces�. No disminuy�; ces� por completo, y los o�dos de Cirocco se taparon bruscamente hasta causarle dolor. No pudo o�r hasta que forz� un bostezo.</p><p>��Caray! He conocido cambios de presi�n, pero ninguno como �ste.</p><p>El bosque estaba tranquilo de nuevo. Despu�s Cirocco descubri� que si escuchaba atentamente pod�a o�r el <emphasis>eco </emphasis>mortecino de lo que hab�a producido el sonido lastimero. Esto la hizo temblar de un modo que nada ten�a que ver con el fr�o. Nunca se hab�a considerado imaginativa, pero el gemido hab�a parec�do tan humano, a pesar de brotar en una escala tan poderosa� La hab�a llevado a desear tumbarse y morir.</p><p>�No te duermas, Rocky. Tenemos otra sorpresa.</p><p>��Y ahora qu�? �abri� los ojos y vio flotar un fino polvo blanco en el aire. Centelleaba a la tenue luz.</p><p>�Lo llaman nieve.</p><p>Caminaron tan deprisa como pudieron para evitar que sus pies se entumecieran, y a Cirocco no le qued� duda de que s�lo el ambiente tranquilo las estaba salvando. Hac�a fr�o, y para colmo de males hasta el suelo estaba fr�o. Cirocco se sinti� drogada. Aquello era imposible. Ella era una capitana de nave espacial. �C�mo es que terminaba andando penosamente en cueros en medio de una nevaz�n?</p><p>Pero la nevaz�n fue pasajera. En un momento dado alcanz� un espesor de algunos cent�metros, pero luego el calor empez� a fluir por debajo y se fundi� enseguida. Pronto el aire se hizo m�s c�lido. Cuando Cirocco y Gaby creyeron estar a salvo, encontraron un lugar en el c�lido suelo y se pusieron a dormir.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La pierna de carne no ol�a demasiado bien cuando despertaron, al igual que el cintur�n de piel de Cirocco. Se desprendieron de todo y se ba�aron en el r�o, antes de que Gaby matara otro de los animales a los que hab�an empezado a llamar risue�os. Fue tan f�cil como en la ocasi�n anterior.</p><p>Se sintieron mucho mejor despu�s del desayuno, que completaron con algunos de los frutos menos ex�ticos que encontraron en gran abundancia. A Cirocco le gust� uno que parec�a una pera deforme pero que ten�a pulpa similar a la del mel�n. Sab�a igual que el queso cheddar picante.</p><p>Cirocco crey� poder marchar todo el d�a, pero result� que no pudieron hacerlo. El r�o, su gu�a en todo el recorrido hasta entonces, desapareci� en un gran agujero en la base de una monta�a.</p><p>Las dos mujeres se acercaron al borde del agujero y miraron hacia abajo. El agua produc�a gorgoteos como el desag�e de una ba�era, aunque a largos intervalos emit�a un sonido de succi�n seguido por un prolongado eructo. A Cirocco no le gust� aquello y se alej�.</p><p>�A lo mejor estoy loca �dijo�, pero me pregunto si �ste ser� el lugar donde la cosa que nos comi� obtiene su agua.</p><p>�Podr�a ser. No voy a bucear para averiguarlo. As� que. �qu� hacemos ahora?</p><p>�Ojal� lo supiera.</p><p>�Podr�amos volver al sitio donde empezamos y aguardar all� �Gaby no parec�a entusiasmada por la idea.</p><p>��Maldici�n! Estaba segura de que encontrar�amos un lugar que examinar si �bamos lo bastante lejos. �Crees que todo el interior de Temis es un gran bosque tropical?</p><p>�No tengo suficiente informaci�n, obviamente �Gaby se encogi� de hombros.</p><p>Cirocco rumi� un rato. Estaba claro que Gaby deseaba dejarle tomar las decisiones.</p><p>�Bien. Primero vamos a la cumbre de esta monta�a y vemos c�mo es. Otra cosa que me gustar�a probar, si all� arriba no hay nada que nos sirva, es trepar a uno de estos �rboles. A lo mejor llegamos a una altura en la que se vea algo. �Crees que podr�amos hacerlo?</p><p>Gaby examin� un tronco.</p><p>�Claro que s�, con esta gravedad. Aunque no hay garant�a de que seamos capaces de sacar la cabeza.</p><p>�Lo s�. Subamos la monta�a.</p><p>Era m�s empinada que la campi�a que hab�an atravesado. Hab�a lugares en que tuvieron que usar manos y pies, y Gaby encabez� la marcha pues ten�a m�s experiencia en escalar. Era �gil, mucho m�s menuda y flexible que Cirocco, quien no tard� en sentir, sin dejarse ni un d�a, la diferencia de edades entre ellas.</p><p>���Mierda bendita, mira eso!</p><p>���Qu� es? �Cirocco iba unos metros detr�s. Cuando alz� la vista s�lo vio las piernas y trasero de Gaby, desde un �ngulo claramente anormal. Era curioso, pens�, que hubiera visto desnudos a todos los tripulantes varones, y que sin embargo hubiera tenido que llegar a Temis para ver a Gaby. Qu� extra�a criatura era sin pelo�</p><p>�Hemos descubierto nuestro mirador �dijo Gaby. Se volvi� y dio la mano a Cirocco.</p><p>Hab�a �rboles que crec�an en la cresta del monte, pero no llegaban a la altura de los que hab�an dejado abajo. Aunque eran densos y estaban cubiertos de enredaderas, ninguno pasaba de los diez metros.</p><p>Cirocco hab�a ansiado trepar la monta�a para ver lo que hab�a al otro lado. Entonces lo supo: el monte no ten�a otro lado.</p><p>Gaby estaba de pie a pocos metros del borde de un pe�asco. A cada paso que daba Cirocco, la visi�n se ajustaba, retroced�a, abarcaba m�s superficie. Cuando lleg� junto a Gaby no pod�a ver a�n la cara del pe�asco, pero ya se hab�a hecho cierta idea de cuan largo era el precipicio. Deb�a de medir kil�metros� Sinti� que su est�mago se revolv�a.</p><p>Se encontraban ante una ventana natural formada por una brecha de veinte metros en los �rboles m�s extremos. Enfrente de ellas no hab�a m�s que aire en doscientos kil�metros.</p><p>Estaban en un borde del precipicio, contemplando la extensi�n de Temis hasta el otro lado. All� hab�a una sombra delgada que tal vez fuera un pe�asco como el que pisaban. Por encima de la sombra hab�a tierra verde que se aclaraba hasta volverse blanca y luego pasar a gris, y por fin convertirse en amarilla brillante conforme sus ojos recorr�an el lado inclinado hasta la zona transl�cida del techo.</p><p>Los ojos de las mujeres fueron atra�dos curva abajo hacia el distante pe�asco, por debajo del cual hab�a m�s tierra verde, con nubes blancas que abrazaban el suelo o descollaban a m�s altura que Cirocco. Parec�a el panorama desde la cumbre de una monta�a en la Tierra, excepto por un detalle. El terreno daba la impresi�n de ser llano hasta que Cirocco miraba a izquierda o derecha.</p><p>Se inclinaba. Cirocco trag� saliva y estir� el cuello, retorci�ndose, intentando nivelar el paisaje, tratando de ignorar que a mucha distancia el suelo estuviera a m�s altura que ella sin siquiera haber ascendido.</p><p>Se qued� sin aliento y trat� de inspirar, luego se dej� caer sobre manos y rodillas. As� era mejor. Se acerc� m�s al abismo y sigui� mirando a la izquierda. Muy lejos hab�a una extensi�n de sombra, inclinada de lado para su examen. Un mar oscuro destellaba en la noche, un mar que de alg�n modo no abandonaba sus riberas y se vert�a hacia Cirocco. Al otro lado del mar hab�a otra zona de luz, como la que ten�a frente a ella, que se empeque�ec�a en la distancia. M�s all� de esa zona la visi�n de Cirocco era interrumpida por el techo superior, que parec�a combarse hacia abajo para encontrarse con el suelo. Cirocco sab�a que se trataba de una ilusi�n de la perspectiva: el techo ser�a de la misma altura si ella se colocaba debajo en aquel punto.</p><p>Las dos mujeres se encontraban al borde de una de las zonas de d�a permanente. Un brumoso terminador empezaba a cubrir la tierra a su derecha, no agudo y claro como el terminador de un planeta visto desde el espacio, sino difumin�ndose a trav�s de una regi�n crepuscular que Cirocco estim� en treinta o cuarenta kil�metros de anchura. M�s all� de tal regi�n era de noche, aunque sin negrura. All� dentro hab�a un mar inmenso, dos veces mayor que el del otro lado, dando la sensaci�n de que un brillante claro de luna ca�a sobre �l. Centelleaba como una llanura de diamantes.</p><p>��No vino el viento de esa direcci�n? �pregunt� Gaby.</p><p>�S�, suponiendo que no nos hubiera confundido alguna curva del r�o.</p><p>�No lo creo. Eso me parece hielo.</p><p>Cirocco estuvo de acuerdo. La s�bana de hielo se disolv�a al encogerse el mar hasta formar un estrecho, convirti�ndose por fin en un r�o que discurr�a frente a las mujeres y desembocaba en el otro mar. El paisaje en aquella direcci�n era monta�oso, abrupto como una tabla de lavar. A Cirocco le pareci� incomprensible la manera en que el r�o se abr�a paso entre las monta�as hasta unirse con el mar al otro lado. Su conclusi�n fue que la perspectiva la estaba enga�ando. El agua no pod�a fluir cuesta arriba, ni siquiera en Temis.</p><p>M�s all� del hielo hab�a una nueva zona de luz diurna, m�s brillante y amarilla que otras que Cirocco ve�a, igual que arenas del desierto. Para llegar hasta all� habr�a que recorrer el mar helado.</p><p>�Tres d�as y dos noches �dijo Gaby�. La teor�a ha resultado bastante buena. Dije que lograr�amos ver casi medio interior de Temis desde cualquier punto. Lo que no me figuraba eran <emphasis>esas </emphasis>cosas.</p><p>Cirocco sigui� el dedo extendido de Gaby hasta una serie de cuerdas, o algo parecido, que empezaban abajo en el suelo y sub�an en �ngulo hasta el techo. Hab�a tres en una l�nea casi directamente frente a Cirocco y Gaby, de tal modo que la m�s cercana ocultaba en parte a las otras dos. Cirocco las hab�a visto antes, pero no hab�a reparado en ellas porque no pod�a comprenderlo todo al momento. Esta vez mir� m�s atentamente y frunci� la frente. Del mismo modo que un deprimente n�mero de cosas en Temis, eran enormes.</p><p>La m�s cercana serv�a de modelo para el resto. Se encontraba a cincuenta kil�metros de distancia, pero Cirocco observ� que estaba formada quiz� por un centenar de cables enrollados juntos. Cada cable tendr�a un grosor de doscientos o trescientos metros. Otros detalles a esa distancia se le escapaban.</p><p>Las tres estructuras alineadas se doblaban de manera abrupta sobre el mar helado y ascend�an ciento cincuenta kil�metros o m�s hasta unirse al techo en un punto en que Cirocco sab�a que deb�a ser uno de los radios, visto desde el interior. Era una boca c�nica, como el pabell�n de una trompeta, que se ensanchaba para convertirse en techo y lados del recinto del precipicio. En el extremo opuesto del pabell�n, a unos quinientos kil�metros, Cirocco distingui� m�s cuerdas.</p><p>Hab�a m�s cables a su izquierda. Ascend�an directamente hasta el arqueado techo y desaparec�an a trav�s de �l. Y a m�s distancia hab�a otras hileras que se doblaban hacia la boca del radio que Cirocco no alcanzaba a ver desde su ventajosa posici�n, el situado sobre el mar en las monta�as.</p><p>En los puntos donde los cables se un�an al suelo lo levantaban para formar monta�as de amplia base.</p><p>�Parecen los cables de un puente colgante �dijo Cirocco.</p><p>�Estoy de acuerdo. Y creo que de eso se trata. No hay necesidad de torres para sostenerlo. Los cables pueden asegurarse en el centro. Temis es un puente colgante circular.</p><p>Cirocco se acerc� m�s al borde. Peg� la cabeza al suelo y mir� hacia abajo, a dos kil�metros de profundidad. El pe�asco era casi perfecto en su perpendicularidad, tanto como puede serlo un rasgo superficial irregular. S�lo cerca del fondo comenzaba a ensancharse para juntarse finalmente con el suelo.</p><p>�No estar�s pensando en bajar por ah�. �eh? �pregunt� Gaby.</p><p>�La idea hab�a entrado en mi mente, pero te aseguro que no me entusiasma en absoluto. �Y qu� habr�a mejor ah� abajo que aqu� arriba? Tenemos una noci�n bastante buena de que podr�amos sobrevivir aqu� arriba.</p><p>Se interrumpi�. �Acaso iba a ser �se su �nico objetivo?</p><p>Disponiendo de la oportunidad, Cirocco preferir�a la aventura a la seguridad, si seguridad significa construir una choza con ramas y acostumbrarse a una dieta de carne cruda y fruta. Se volver�a loca en un mes.</p><p>Y la tierra de all� abajo era maravillosa. Hab�a monta�as imposiblemente escarpadas con relucientes lagos azules situados entre ellas como gemas. Cirocco vio prados que se agitaban. densos bosques y, muy hacia el este, el caviloso mar de medianoche. No hab�a indicio de qu� peligros ocultaba aquel suelo, pero parec�a llamar a Cirocco.</p><p>�Podr�amos bajar por esas enredaderas �dijo Gaby. estirando un brazo por encima del borde y se�alando una posible l�nea de descenso.</p><p>La cara del pe�asco estaba incrustada de plantas. La jungla se derramaba sobre el margen como un torrente de hielo. �rboles voluminosos crec�an de la desnuda pared rocosa, aferr�ndose igual que percebes. La roca en s� s�lo era visible a trozos, e incluso all� la novedad no resultaba del todo mala. Parec�a una formaci�n bas�ltica, un haz de pilares de cristal muy apretados con amplias plataformas hexagonales donde las columnas se hab�an roto.</p><p>�Es factible �dijo Cirocco por fin�. No ser�a f�cil o seguro. Tendr�amos que pensar en una raz�n bastante buena para intentarlo �(algo mejor que la amorfa urgencia por estar all� abajo, pens� Cirocco).</p><p>�Caramba, tampoco quiero quedarme parada aqu� �dijo Gaby, con una mueca.</p><p>�Entonces tus problemas han terminado �dijo una voz sosegada a espaldas de las dos mujeres.</p><p>Todos los m�sculos de Cirocco se pusieron en tensi�n. Se esforz� por alejarse lentamente del borde.</p><p>�Aqu� arriba. Os estaba esperando.</p><p>Sentado en una rama de �rbol a tres metros del suelo, con los pies desnudos colgando, estaba Calvin Greene.</p></section><section><title><p>CAPITULO 7</p></title><p>Antes de que Cirocco hubiera podido contar con una oportunidad para serenarse, se encontraban todos sentados en c�rculo. Calvin estaba hablando.</p><p>�Emerg� no muy lejos del agujero donde desaparece el r�o. Eso fue hace siete d�as. Os o� el segundo d�a.</p><p>��Pero por qu� no nos llamaste? �pregunt� Cirocco.</p><p>Calvin sostuvo en alto los restos de su casco.</p><p>�Falta el micro �dijo, desenredando el destrozado extremo del cable�. Pod�a escuchar, pero no transmitir. Aguard�. Com� fruta. Me sent�a incapaz de matar a ninguno de los animales �extendi� sus gruesas manos y se encogi� de hombros.</p><p>��C�mo supiste que era �ste el lugar apropiado para esperar? �pregunt� Gaby.</p><p>�No estaba tan seguro de que lo fuera�</p><p>�Bien �dijo Cirocco. Se palme� las piernas y despu�s ri�. Bueno. Me agrada esto. Justo cuando est�bamos a punto de perder la esperanza de encontrar a alguien, nos topamos contigo. Demasiado bueno para ser cierto. �No te parece, Gaby?</p><p>��Eh? Ah, s�. Es fant�stico.</p><p>�Tambi�n yo me alegro de veros, chicas. Os he estado escuchando desde hace cinco d�as. Es agradable o�r una voz familiar.</p><p>��De verdad ha sido tanto tiempo?</p><p>Calvin dio un golpecito a un aparato que llevaba en la mu�eca. Era un reloj digital.</p><p>�Sigue marcando la hora exacta �dijo�. Cuando regresemos, pienso escribir una carta al fabricante.</p><p>�Yo daria las gracias al fabricante de la pulsera. La m�a era de cuero, en cambio la tuya es de acero �dijo Gaby.</p><p>�Y bien que lo s� �Calvin hizo un gesto de indiferencia�. Me cost� m�s de lo que saqu� en un mes, como interno.</p><p>�Me sigue pareciendo mucho tiempo. S�lo hemos dormido tres veces.</p><p>�Es cierto. Bill y August tienen el mismo problema para determinar el tiempo.</p><p>Cirocco levant� los ojos.</p><p>��Bill y August est�n vivos?</p><p>�S�, he estado escuch�ndoles. Est�n ah� abajo, en el fondo. Puedo se�alar el sitio. Bill tiene su radio entera, igual que vosotras dos. August s�lo ten�a un receptor. Bill recibi� algunas ondas y empez� a decir c�mo podr�amos encontrarle. Se qued� en su sitio dos d�as, y August lo encontr� bastante pronto. Ahora llaman con regularidad. Pero August s�lo pregunta por April y llora much�simo.</p><p>�Jes�s �dijo Cirocco en un susurro�. Supongo que lo har�. �No tienes idea de d�nde est� April, o Gene?</p><p>�Creo que escuch� a Gene una vez. Llorando, como Gaby dijo.</p><p>Cirocco medit�, y se puso ce�uda.</p><p>��Por qu� Bill no nos o�a, entonces? El tambi�n deb�a de estar escuchando.</p><p>�Habr�n sido problemas de visual �dijo Calvin�. El pe�asco os separaba. Yo era el �nico capaz de escuchar ambos grupos, pero no pod�a hacer nada al respecto.</p><p>�Entonces, �l deber�a estar oy�ndonos ahora, si�</p><p>�No te excites. Ahora est�n durmiendo y no te oir�n. Esos auriculares son como un mosquito zumbando. Bill y August despertar�n dentro de cinco o seis horas �Calvin mir� alternadamente a las dos mujeres�. Lo mejor para vosotras, chicas, es que durm�is un poco tambi�n. Hab�is estado caminando veinticinco horas.</p><p>Esta vez Cirocco no tuvo problemas para creerle. Sab�a que lo que la manten�a despierta era la excitaci�n del momento. No pod�a rendirse a�n, pero sus p�rpados se cerraban.</p><p>��Y qu� me dices de ti, Calvin? �Has tenido alg�n problema?</p><p>��Problema? �Calvin alz� una ceja.</p><p>�Ya sabes de qu� hablo.</p><p>Calvin pareci� retraerse.</p><p>�No hablo de eso. Nunca.</p><p>Cirocco prefiri� no insistir. Calvin aparentaba estar sereno, como si hubiera llegado a un acuerdo respecto a algo. Gaby se levant� y desperez� en medio de un enorme bostezo, y dijo:</p><p>�Voy a tumbarme. �D�nde quieres estirarte. Rocky?</p><p>Calvin tambi�n se puso en pie.</p><p>�He estado preparando un sitio �dijo�. Est� aqu� arriba, en este �rbol. Usadlo las dos, yo seguir� despierto y atento a Bill �se trataba de un nido tejido con ramitas y enredaderas. Calvin lo hab�a forrado con una sustancia plumosa.</p><p>Hab�a mucho sitio, pero Gaby prefiri� estar junto a Cirocco, tal como hab�an hecho antes. Cirocco se pregunt� si deber�a poner coto a la situaci�n, mas luego decidi� restarle importancia.</p><p>��Rocky?</p><p>��Qu� hay?</p><p>�Quiero que tengas cuidado con �l.</p><p>Cirocco volvi� a la conciencia desde el borde mismo del sue�o.</p><p>��Huuunf? �Calvin?</p><p>�Le ha pasado algo.</p><p>Cirocco la mir� con un ojo enrojecido.</p><p>�Du�rmete, Gaby, �quieres? �se volvi� y dio una palmadita en la pierna de Gaby.</p><p>�Ten cuidado �murmur� Gaby.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Si tan s�lo hubiera una se�al que indicara la ma�ana�, pens� Cirocco, bostezando. Levantarse ser�a mucho m�s f�cil. Algo como un gallo, o los rayos del sol cayendo con una inclinaci�n diferente�</p><p>Gaby segu�a dormida junto a ella. Se desenred� y se puso en pie sobre la amplia rama del �rbol. Calvin no estaba por all�. El desayuno yac�a al alcance del brazo: fruta p�rpura del tama�o de una pina. Cogi� una y la comi�, corteza incluida. Se puso a trepar.</p><p>Fue m�s f�cil de lo que parec�a. Cirocco subi� casi tan r�pido como si lo hubiera hecho por una escalera. Desde luego, hab�a cosas que decir de una gravedad de un cuarto de lo que es habitual, y el �rbol era ideal para trepar, mejor que cualquier otra cosa que Cirocco hubiera tenido desde los ocho a�os de edad. La nudosa corteza ofrec�a asideros donde escaseaban las ramas. Obtuvo algunos ara�azos para a�adir en su colecci�n, pero era un precio que Cirocco estaba deseosa de pagar.</p><p>Se sinti� contenta por primera vez desde su llegada a Temis. No ten�a en cuenta los encuentros con Gaby y Calvin, porque hab�an sido momentos de tal emoci�n que hab�an rayado en la histeria. Ahora simplemente era sentirse bien.</p><p>�Caramba, cu�nto tiempo hac�a �murmur�.</p><p>Nunca hab�a sido una persona triste. Se hab�an producido algunos buenos momentos a bordo de la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>pero <emphasis>poca </emphasis>alegr�a cabal. Intentando recordar la �ltima vez que se hab�a sentido tan bien, Cirocco se decidi� por la fiesta cuando supo que hab�a obtenido el mando despu�s de siete a�os de tentativas. Sonri� ante la evocaci�n. Hab�a sido una fiesta muy buena.</p><p>Pero no tard� en apartar todos los pensamientos de su mente y dejar que su alma fluyera en el mismo esfuerzo. Not� todos y cada uno de sus m�sculos, cada cent�metro de su piel. Hab�a una sorprendente cuant�a de libertad en trepar un �rbol sin ropa puesta. Su desnudez, hasta el momento, hab�a constituido un fastidio y un riesgo. Ahora le gustaba. Sent�a la ruda materia del �rbol bajo los dedos de los pies, y la el�stica curvatura de las ramas. Deseaba dar el alarido de Tarz�n.</p><p>Al aproximarse a la copa escuch� un sonido que no hab�a estado all� antes. Era un roznido repetido, procedente de un punto que ella no pod�a precisar a trav�s de las hojas verdeamarillas, delante de ella y a escasos metros por debajo.</p><p>Actuando con m�s precauci�n, Cirocco se estir� sobre una rama horizontal y se movi� t�midamente hacia el aire libre. Frente a ella ten�a una pared gris-azulada, de la cual no pod�a hacerse idea de lo que era.</p><p>El roznido se repiti�, m�s alto, levemente por encima de la mujer. Un manojo de ramas rotas se movi� delante de Cirocco y desapareci�. Luego, sin aviso, apareci� el ojo.</p><p>��Uaahh! �aull� Cirocco, antes de que pudiera cerrar la boca.</p><p>Sin recordar del todo c�mo hab�a llegado all�, se encontr� tres metros m�s atr�s, brincando con el movimiento del �rbol y contemplando fijamente, paralizada, el monstruoso ojo. Era tan amplio como sus brazos extendidos, destellaba a causa de la humedad y era espantosamente humano.</p><p>El ojo parpade�.</p><p>Una delgada membrana se contrajo por todas partes, igual que el diafragma de una c�mara, despu�s volvi� a abrirse de golpe, literalmente r�pido como un parpadeo.</p><p>Cirocco bati� todos los r�cords de descenso, sin reparar en que se ara�aba la rodilla y chillando sin parar. Gaby estaba despierta. Ten�a un f�mur en la mano y parec�a dispuesta a usarlo.</p><p>��Abajo, abajo! �grit� Cirocco�. Hay algo ah� arriba. Podr�a emplear este �rbol como palillo de dientes.</p><p>Levit� los �ltimos ocho metros, cay� de rodillas y, cuando ya estaba descendiendo la monta�a, se top� con Calvin.</p><p>��No me has o�do? Tenemos que irnos de aqu�. Hay esa cosa�</p><p>�Lo s�, lo s� �la tranquiliz� Calvin, alzando sus manos con las palmas hacia ella�. Lo s� todo, y no hay motivo para preocuparse. No tuve tiempo de explic�rtelo antes de que te fueras a dormir.</p><p>Cirocco se sinti� abatida, pero en absoluto tranquilizada. Era terrible poseer tanta energ�a nerviosa y no tener nada que hacer con ella. Sus pies ansiaban correr. En lugar de eso. se encoleriz� con Calvin.</p><p><emphasis>��Mierda, </emphasis>Calvin! �No tuviste <emphasis>tiempo </emphasis>para hablarme de una cosa as�? �Qu� es, y qu� sabes t� de eso?</p><p>�Es� Es nuestra salida de este pe�asco �dijo Calvin�. Se llama� �arrug� los labios y silb� tres claras notas con un trino al final�. Pero ya me doy cuenta de que es embarazoso usarlo mezclado con ingl�s� Yo lo llamo Apeadero.</p><p>�Lo llamas �Apeadero� �repiti� Cirocco, muy aturdida.</p><p>�Exacto. Es un peque�o dirigible flexible.</p><p>�Un peque�o dirigible flexible�</p><p>Calvin la mir� de un modo curioso y Cirocco hizo rechinar sus dientes.</p><p>�Se parece mucho a un dirigible, pero no lo es porque no tiene un armaz�n r�gida. Lo llamar� y lo ver�is vosotras mismas �se llev� dos dedos a la boca y silb� una larga y complicada tonada con extra�os intervalos musicales.</p><p>�Calvin lo est� llamando �dijo Cirocco.</p><p>�Eso he o�do �dijo Gaby�. �Te encuentras bien?</p><p>�S�. Pero mi pelo volver� a salir canoso.</p><p>Hubo una serie de trinos de respuesta desde arriba. Despu�s no ocurri� nada durante varios minutos. Aguardaron.</p><p>La masa de Apeadero apareci� a la izquierda. Estaba a trescientos o cuatrocientos metros de la faz del pe�asco, movi�ndose paralelamente a �sta, e incluso a esa distancia s�lo pudieron verlo en parte. Era una s�lida cortina gris-azulada extendida ante la vista de ellos. Acto seguido Cirocco avist� el ojo. Calvin volvi� a silbar y el ojo oscil� perdidamente, hasta que por fin los descubri�.</p><p>Calvin mir� hacia atr�s por encima del hombro.</p><p>�No ve muy bien �explic�.</p><p>�Entonces prefiero apartarme de su camino. Irme al condado vecino, por ejemplo.</p><p>�No ser�a suficiente distancia �dijo Gaby, admirada y temerosa�. Su trasero <emphasis>estar�a </emphasis>en el condado vecino.</p><p>La nariz desapareci� y Apeadero sigui� pasando ante ellos. Y pasando m�s. Y pasando, pasando, pasando� Parec�a no tener fin.</p><p>��Adonde va? �pregunt� Cirocco.</p><p>�Le cuesta un poco parar �explic� Calvin�. Estar� listo enseguida.</p><p>Cirocco y Gaby acabaron por unirse con Calvin en el borde del pe�asco para poder ver toda la maniobra.</p><p>Apeadero, el peque�o dirigible flexible, ten�a un kil�metro entero de proa a popa. Todo lo que le faltaba para ser una r�plica exagerada de la aeronave alemana <emphasis>Hindenburg </emphasis>era una esv�stica pintada en su cola.</p><p>No, reflexion� Cirocco, eso no era del todo cierto. Era una entusiasta de la aeron�utica, hab�a estado en servicio activo en el proyecto de la NASA para construir una aeronave casi tan grande como Apeadero. Trabajando con los ingenieros del proyecto hab�a llegado a conocer bastante bien el dise�o del LZ-129.</p><p>La forma era la misma: un cigarro alargado, romo en la punta, amas�ndose en cierta medida hasta la popa. Incluso ten�a una especie de g�ndola que sobresal�a por debajo, pero mucho m�s atr�s que en el <emphasis>Hindenburg. </emphasis>El color era impropio. igual que la textura del forro. Ninguna estructura de arriostramiento era visible; Apeadero era liso, como los viejos dirigibles de A�o Nuevo, y ahora que Cirocco lo ve�a claramente, brillaba con una iridiscencia nacarada y una pizca de oleosidad sobre el color gris-azulado b�sico.</p><p>Y <emphasis>Hindenburg </emphasis>no hab�a tenido pelo. Apeadero s�, a lo largo de un reborde ventral transversal, que se hac�a m�s espeso y alargado en el centro y se reduc�a hasta un disperso azul hacia el final. Un pu�ado de finos zarcillos pend�an del nodulo central, o g�ndola, o lo que fuera.</p><p>Luego aparecieron los ojos, y los planos de deriva. Cirocco distingui� un ojo de visi�n unilateral y pens� que probablemente habr�a m�s. En lugar de cuatro superficies de vuelo en la cola, Apeadero s�lo ten�a tres: dos horizontales y un tim�n. Cirocco vio c�mo se doblaban mientras el monstruoso ser pugnaba por volver su nariz hacia ellos, al mismo tiempo que hac�a retroceder la mitad de su largura. Los planos de deriva eran delgados y transparentes, como las alas de un aeroplano de O�Neil, y flexibles como una medusa.</p><p>��T�� eh, t� hablas con esta cosa? �pregunt� a Calvin.</p><p>�Bastante bien �Calvin estaba sonriendo al dirigible, m�s feliz de lo que jam�s le hab�a visto Cirocco.</p><p>�Entonces, �es una lengua f�cil de aprender?</p><p>Calvin se puso serio.</p><p>�No, no creo que se pueda decir eso.</p><p>�Llevas aqu� �Cu�ntos d�as? �Siete?</p><p>�Te lo aseguro, s� c�mo hablar con �l. S� muchas cosas de Apeadero.</p><p>�Entonces, �c�mo las has aprendido!</p><p>La pregunta aturdi� claramente a Calvin.</p><p>�Me despert� sabi�ndolas.</p><p>��C�mo?</p><p>�Simplemente, <emphasis>las sabia. </emphasis>La primera vez que vi a Apeadero lo sab�a todo acerca de �l. Cuando me habl�, le comprend�. As� de sencillo.</p><p>Ni con mucho era tan sencillo, Cirocco estaba convencida. Pero era obvio que Calvin no deseaba que le presionaran al respecto.</p><p>Apeadero tard� casi una hora en situarse adecuadamente y avanzar con cautela hasta casi tocar el lateral del pe�asco. Durante la maniobra, Gaby y Cirocco se echaron muy hacia atr�s. Ambas se sintieron mejor cuando contemplaron la boca del ser. Era un corte de un metro de ancho, situado veinte metros por debajo del ojo delantero. Bajo la boca hab�a un orificio separado: un esf�nter que se plegaba y silbaba como una v�lvula reguladora de presi�n.</p><p>Un objeto largo y r�gido sobresali� de la boca y se extendi� hasta el suelo.</p><p>�Vamos �dijo Calvin, haciendo se�as a las mujeres�. Subamos a bordo.</p><p>Ni Gaby ni Cirocco fueron capaces de pensar un curso de acci�n conveniente. Se limitaron a mirar fijamente a Calvin, que pareci� exasperado por un momento, luego sonri� de nuevo.</p><p>�Supongo que os resultar� dif�cil creerlo, pero es cierto. S� mucho de estos seres. Ya he dado un paseo antes. Apeadero est� totalmente dispuesto y de todas formas har� lo que queramos. Y es <emphasis>seguro. </emphasis>S�lo come plantas, y muy pocas. No puede comer demasiado, o se ir�a a pique �puso un pie sobre la alargada pasarela y camin� hacia la entrada.</p><p>��Qu� es eso donde est�s? �pregunt� Gaby.</p><p>�Creo que podr�a llamarse su lengua.</p><p>Gaby empez� a re�r, pero el sonido fue sordo y se apag� con la tos.</p><p>��Es que todo esto no te parece un poco�? �Hablo en serio! �Caramba, Calvin! Est�s ah� en la maldita lengua de esta cosa, pidi�ndome que entre en su boca, diantres. Supongo que al final de� �Hay que llamarlo cuello? Al final del cuello habr� algo que no ser� realmente un est�mago, pero cumplir� las mismas funciones. Y esos jugos que empiezan a fluir sobre nosotros� �Tambi�n tendr�s una bonita y locuaz explicaci�n para eso!</p><p>�Hey, Gaby. Te prometo que es tan seguro como�</p><p>��No, <emphasis>gracias! �</emphasis>replic� Gaby�. Puedo ser la hija m�s tonta de mam� Plauget, pero nadie ha dicho nunca que yo no tengo sentido para quedarme lejos de la <emphasis>boca </emphasis>de un jodido monstruo. �Caramba! <emphasis>�Sabes lo que est�s pidiendo? </emphasis>Ya me han comido viva una vez en este viaje. No permitir� que vuelva a suceder.</p><p>Hab�a acabado chillando y temblando y su cara estaba encendida. Cirocco estaba de acuerdo, en un sentido emocional, con todo lo que hab�a dicho Gaby. De todos modos, avanz� hacia la lengua. Era c�lida, aunque seca. Se volvi� y extendi� la mano.</p><p>�Vamos, compa�era. Creo en Calvin.</p><p>Gaby dej� de estremecerse y se qued� sorprendida.</p><p>�No me dejar�as aqu�, �verdad?</p><p>�Claro que no. Vendr�s con nosotros. Tenemos que bajar hasta all�, con Bill y August. Vamos, �d�nde est� el coraje que s� que tienes?</p><p>�Eso no es justo �se quej� Gaby�. No soy cobarde. Pero no puedes pedirme que haga <emphasis>eso.</emphasis></p><p><emphasis>�Te lo pido. </emphasis>La �nica manera de vencer el miedo es enfrent�ndose a �l. Vamos.</p><p>Gaby titube� largo rato, hasta que irgui� los hombros y avanz� como si fuera hacia su ejecuci�n.</p><p>�Lo har� por ti �dijo�, porque te quiero. Tengo que estar contigo, a donde vayas, aunque eso signifique morir las dos.</p><p>Calvin mir� a Gaby de un modo extra�o, pero no dijo nada. Entraron en la boca. Se encontraron en un estrecho tubo transl�cido de fino suelo y ambiente muy enrarecido. El camino era largo.</p><p>En el centro del dirigible se hallaba la gran bolsa que Cirocco hab�a visto desde el exterior. Era un material grueso y claro de cien metros de largo por treinta de ancho y el fondo estaba cubierto de madera y hojas pulverizadas. Hab�a peque�os animales en el interior: varios risue�os, una selecci�n de especies menores y miles de criaturas de piel lisa m�s peque�as que musara�as. Al igual que el resto de animales que hab�an visto en Temis, �stos no prestaron atenci�n al grupo.</p><p>Pod�an ver el exterior en todas direcciones y comprobaron que ya se hallaban a cierta distancia de la faz del pe�asco.</p><p>�Si este lugar no es el est�mago de Apeadero, �qu� es, entonces? �pregunt� Cirocco.</p><p>Calvin pareci� desconcertado.</p><p>�Nunca dije que no fuera su est�mago. Estamos pisando su alimento.</p><p>Gaby gimi� y trat� de regresar corriendo por el camino de entrada. Cirocco la agarr� y tir� al suelo. La capitana mir� a Calvin.</p><p>�Todo va bien �dijo �ste�. Apeadero s�lo puede digerir con la ayuda de estos animalitos. Come su producto final. Sus jugos digestivos no pueden da�aros m�s que un t� aguado.</p><p>��Has o�do, Gaby? �musit� Cirocco a la oreja de la otra mujer�. Nada nos pasar�. C�lmate, cari�o.</p><p>�S-s�. No os enfad�is conmigo. Estoy asustada.</p><p>�Lo s�. Vamos, lev�ntate y ten cuidado. Eso te mantendr� distra�da.</p><p>Ayud� a Gaby a ponerse en pie y los tres chapotearon hasta la clara pared estomacal. Fue como si anduvieran por un trampol�n. Gaby apret� la nariz y manos contra la pared y pas� el resto del recorrido sollozando y mirando fijamente el espacio. Cirocco la dej� a solas y se dirigi� hacia Calvin.</p><p>�Has de tener m�s cuidado con ella �dijo en voz baja�. El tiempo que lleva a oscuras la ha afectado m�s que a nosotros �forz� la vista y busc� la cara de Calvin�. Excepto que no s� c�mo est�s t� realmente.</p><p>�Estoy perfectamente �dijo Calvin�. Pero no quiero hablar de mi vida antes de renacer. Eso ha terminado.</p><p>�Curioso. Gaby dijo pr�cticamente lo mismo. Yo no puedo tom�rmelo as�.</p><p>Calvin se encogi� de hombros, completamente desinteresado en lo que pensaran los dem�s.</p><p>�Muy bien. Me gustar�a que me expliques lo que sepas. No importa c�mo lo has aprendido, si es que no deseas dec�rmelo.</p><p>Calvin medit� y asinti�.</p><p>�Es imposible que te ense�e su lenguaje con rapidez. Fundamentalmente se basa en el tono y la duraci�n, y s�lo hablo una versi�n defectuosa basada en los tonos m�s bajos que escucho.</p><p>�Existen de todos los tama�os, desde diez metros hasta algo mayores que Apeadero. Suelen viajar en grupo. Apeadero tiene algunos compa�eros m�s peque�os que no has podido ver porque estaban al otro lado. Ahora mismo hay algunos.</p><p>Indic� la pared transparente, donde una escuadrilla de seis dirigibles de veinte metros forcejeaba para situarse. Parec�an peces voluminosos. Cirocco oy� estridentes silbidos.</p><p>�Son amistosos, y bastante inteligentes. No tienen enemigos naturales. Generan hidr�geno a partir del alimento y lo conservan bajo ligera presi�n. Transportan agua como lastre, la lanzan cuando quieren ascender, arrojan hidr�geno por una v�lvula cuando quieren descender. Su piel es recia, pero cuando se desgarra, los dirigibles mueren por lo general.</p><p>�No son muy maniobrables. Carecen de un control suficientemente preciso y les lleva mucho tiempo moverse. Un incendio puede atraparlos a veces. Si no les es posible alejarse, ascienden como una bomba.</p><p>��Y qu� me dices de estas criaturas? �pregunt� Cirocco�. �Las necesitan a todas para digerir el alimento?</p><p>�No, s�lo a las amarillas peque�as. Esos seres s�lo pueden comer lo que un dirigible les prepara. No las encontrar�s en ning�n otro sitio que no sea el est�mago de un dirigible. El resto de estos bichos son como nosotros. Autoestopistas o pasajeros.</p><p>�No lo entiendo. �Por qu� el dirigible se comporta as�?</p><p>�Simbiosis, combinada con la inteligencia para hacer sus elecciones y obrar como les plazca. La raza de Apeadero progresa junto con otras razas de Temis, en particular las tit�nidas. El les hace favores y ellas a cambio�</p><p>��Tit�nidas?</p><p>Calvin sonri� de manera indecisa, y extendi� las manos.</p><p>�Es una palabra con la que sustituyo un silbido que usa Apeadero. S�lo tengo una vaga idea de su aspecto porque no le van demasiado las descripciones complejas. Deduzco que tienen seis patas y que son hembras en su totalidad. Las llamo tit�nidas porque �se es el nombre que la mitolog�a griega da a las titanes hembra. Tambi�n he puesto nombre a otras cosas.</p><p>��Por ejemplo?</p><p>�Las regiones, los r�os y cordilleras. He bautizado las zonas continentales usando nombres de titanes.</p><p>��C�mo es que�? Ah, s�. Ya lo recuerdo �Calvin hab�a estudiado mitolog�a por afici�n�. �Qu� eran los titanes?</p><p>�Los hijos e hijas de Urano y Gea. Gea surgi� del Caos. Dio a luz a Urano, lo hizo su igual y ambos engendraron a los titanes; seis hombres y seis mujeres. Nombr� los d�as y noches de Temis con sus denominaciones, puesto que hay seis d�as y seis noches.</p><p>�Si pusiste nombre de mujer a todas las noches, voy a pensar mis propios nombres.</p><p>Calvin sonri�.</p><p>�Nada de eso. Ha sido bastante al azar. F�jate en el oc�ano helado. Ten�a que ser Oc�ano, y as� lo llam�. El paisaje que sobrevolamos ahora es Hiperi�n, y esa noche que hay ah� frente a nosotros, con las monta�as y el mar irregular, es Rea. Cuando se ve Rea desde Hiperi�n, el norte queda a la izquierda y el sur a la derecha. A continuaci�n, siguiendo en c�rculo� No es que haya visto mucho de esas tierras, como es l�gico, pero s� que est�n ah� La primera es Crios, apenas visible, y despu�s, siguiendo la curvatura, Febe, Tetis, Tea, Metis, Dione, Japeto, Cronos y Mnem�sine. Puedes ver Mnem�sine al otro lado de Oc�ano, detr�s de nosotros. Parece un desierto.</p><p>Cirocco trat� de amarrar todos los nombres en su cabeza.</p><p>�Jam�s recordar� todo eso.</p><p>�Las �nicas tierras que importan ahora son Oc�ano, Hiperi�n y Rea. En realidad no todos los nombres son de titanes. Temis es uno y cre� que resultar�a confuso usarlo. Y�, bueno �apart� la mirada, con una sonrisa de timidez�. No pude recordar los nombres de dos titanes. Emple� Metis, que es sabidur�a, y Dione.</p><p>A Cirocco no le import�. Los nombres eran manejables y, a su manera, sistem�ticos.</p><p>�D�jame adivinar los r�os. �M�s mitolog�a?</p><p>�S�. Eleg� los nueve r�os m�s largos de Hiperi�n, que tiene un mont�n, como ya ves, y los bautic� con los nombres de las musas. Hacia el sur, all�, est� Urania, Cal�ope, Terps�core y Euterpe, con Polimnia en la zona del crep�sculo y desembocando en Rea. Y aqu�, en la ladera norte, empezando al este, Melp�mene� M�s cerca de nosotros est�n el Tal�a y el Erato, que parece como si formaran un sistema. Y el que vosotras hab�is seguido es un afluente del Cl�o, que precisamente ahora est� bajo nosotros.</p><p>Cirocco mir� hacia abajo y vio una faja azul que serpenteaba entre un denso bosque de verdor. Sigui� la faja hasta la faz del pe�asco, a su espalda, y se qued� sin aliento.</p><p>�As� que <emphasis>ah� es </emphasis>donde iba el r�o�</p><p>La corriente segu�a una trayectoria curva a partir de la faz del pe�asco, casi medio kil�metro por debajo de donde hab�an estado. Parec�a s�lida y dura como el metal en el tramo de cincuenta metros anterior al punto donde empezaba a descomponerse. Se fragmentaba con rapidez desde all�, y llegaba al suelo en forma de vapor.</p><p>Hab�a una docena m�s de penachos de agua que flu�an del pe�asco, pero ninguno era tan denso o espectacular. Todos ten�an su correspondiente arco iris. Desde la ventajosa posici�n de Cirocco, los arco iris estaban alineados como metas de croquet. Era un espect�culo pasmoso, casi demasiado hermoso para ser real.</p><p>�Me gustar�a tener la concesi�n de tarjetas postales de este lugar �dijo Cirocco. Calvin se ri�.</p><p>�T� vender�s pel�cula para las c�maras y yo billetes para las excursiones. �Qu� piensas de este paseo?</p><p>Cirocco se volvi� para mirar a Gaby, todav�a petrificada junto a la ventana.</p><p>�Las reacciones parecen variadas. Me gusta mucho. �C�mo se llama el r�o grande? Ese al que se unen todos los dem�s.</p><p>�Ofi�n. La gran serpiente del viento del norte. Si te fijas bien, ver�s que surge de un peque�o lago, all�, en la zona de crep�sculo entre Mnem�sine y Oc�ano. Ese lago debe tener una fuente, y sospecho que es Ofi�n, fluyendo bajo tierra a trav�s del desierto, pero no podemos ver en qu� punto se hace subterr�neo. Aparte de eso, fluye sin interrupciones; entra en los mares y sale de ellos al otro lado.</p><p>Cirocco sigui� el tortuoso cauce y comprob� que Calvin ten�a raz�n.</p><p>�Creo que un ge�grafo te dir�a que el r�o que entra en un mar y el que sale de �l no son el mismo r�o �dijo Cirocco�. Pero ya s� que todas las reglas fueron hechas para r�os de la Tierra. Bien, as� pues, lo llamaremos r�o circular.</p><p>�Ah� es donde est�n Bill y August �dijo Calvin, se�alando�. A medio camino Cl�o abajo, donde ese tercer afluente�</p><p>�Bill y August. Se supone que tenemos que ponernos en contacto con ellos. Con toda esa conmoci�n de subir en el dirigible�</p><p>�Tom� prestada tu radio. Est�n despiertos, y nos aguardan. Puedes llamarlos ahora, si quieres.</p><p>Cirocco cogi� a Gaby el aro del casco y la radio.</p><p>�Bill, �me oyes? Soy Cirocco.</p><p>�Eh� �S�, s�! Te oigo. �C�mo te va?</p><p>�Tan bien como podr�a esperarse yendo en el est�mago de un dirigible vivo. �Y t�? �Has salido bien parado, sin heridas?</p><p>�S�, estoy bien. Escucha, me gustar�a� Me gustar�a decir cu�nto me alegra escuchar tu voz.</p><p>Cirocco sinti� una l�grima en su mejilla y se restreg�.</p><p>�Me alegra <emphasis>o�rte, </emphasis>Bill. Cuando ca�ste por aquella ventana� �Oh, maldito sea! No te acuerdas de eso, �verdad?</p><p>�Hay muchas cosas que no recuerdo �dijo Bill�. M�s tarde podremos aclararlas.</p><p>�Me muero de ganas de verte. �Tienes pelo?</p><p>�Me est� creciendo por todo el cuerpo. Pero ser� mejor que dejemos esas cosas para otro momento. Tenemos mucho de que hablar, yo, t�, Calvin y�</p><p>�Gaby �le ayud� Cirocco, despu�s de lo que pareci� una pausa muy larga.</p><p>�Gaby �dijo Bill, sin demasiada convicci�n�. Ya ves que estoy un poco confundido sobre algunas cosas. Pero no ser� un problema.</p><p>��Est�s seguro de que te encuentras perfectamente, Bill? �Cirocco sinti� un repentino fr�o y se frot� vigorosamente los brazos.</p><p>�Claro que s�. �Cu�ndo llegar�is aqu�?</p><p>Cirocco pregunt� a Calvin, que silb� una corta tonada. Fue respondido por otra tonada procedente de alguna parte por encima de su cabeza.</p><p>�Los dirigibles no tienen mucha noci�n del tiempo �dijo�. Yo dir�a que tres o cuatro horas.</p><p>��Qu� forma de llevar una l�nea a�rea es �sa?</p></section><section><title><p>CAPITULO 8</p></title><p>Cirocco eligi� el extremo frontal de la g�ndola �no serv�a de nada pensar que era un est�mago� para estar a solas. Gaby segu�a petrificada y no era demasiado divertido hablar con Calvin despu�s de que hubiera dicho todo lo que sab�a sobre Apeadero. Calvin no iba a tratar los detalles que Cirocco deseaba conocer.</p><p>Una barandilla habr�a sido de agradecer. La pared de la g�ndola era clara como el vidrio hasta los pies de Cirocco, y tambi�n ah� lo habr�a sido de no estar la alfombra de hojas y ramas a medio digerir. Constitu�a una visi�n mareante.</p><p>Estaban sobrevolando una espesa jungla, muy parecida al suelo m�s elevado del pe�asco. La superficie estaba salpicada de lagos. El r�o Cl�o �amplio, amarillo y despacioso� se retorc�a por todo el paisaje: una cinta de agua lanzada a la tierra para serpentear cuando le apeteciera.</p><p>Cirocco se sorprendi� por la claridad del ambiente. Sobre Rea hab�a nubes que aumentaban a masas de c�mulos sobre la orilla norte del mar, pero era posible atisbar por encima de ellas. Cirocco vio los l�mites de la curva de Temis en ambas direcciones.</p><p>Una bandada de grandes dirigibles revoloteaban a diversas altitudes en torno al cable de suspensi�n m�s pr�ximo a Apeadero. Cirocco no sab�a qu� hac�an all�, pero supuso que tal vez estuvieran aliment�ndose. El cable era tan enorme que sobre �l pod�an crecer �rboles perfectamente.</p><p>Mirando hacia abajo en l�nea recta observ� la inmensa sombra proyectada por Apeadero. Cuanto m�s descend�an, tanto mayor era la sombra. Despu�s de cuatro horas se hizo tremenda, y todav�a se hallaban por encima de las copas de los �rboles. Cirocco se pregunt� c�mo Apeadero se propon�a dejarles en tierra. No hab�a un solo claro tan grande como para acomodar el dirigible.</p><p>Se sobresalt� al ver dos figuras en un recodo del r�o, en la orilla occidental, haci�ndole se�as. Cirocco devolvi� el saludo, sin saber si la pod�an ver.</p><p>��C�mo vamos a descender? �pregunt� a Calvin.</p><p>El hombre hizo una mueca.</p><p>�Pens� que no os gustar�a saberlo, as� que no saqu� el tema a relucir. Era absurdo que os preocuparais. Nos tiraremos en paraca�das.</p><p>Cirocco no reaccion�, y Calvin pareci� tranquilizarse.</p><p>�En realidad es muy f�cil. No tiene importancia. Lo m�s seguro posible.</p><p>�Oh, oh. Calvin, amo el paracaidismo. Creo que es divertid�simo. Pero me gustar�a examinar y plegar mi paraca�das. Me gustar�a saber qui�n lo fabric� y si es bueno �mir� a su alrededor�. Corr�geme si me equivoco, pero no he visto que subieras paraca�das abordo.</p><p>�Los tiene Apeadero �dijo Calvin�. Jam�s falla.</p><p>Cirocco qued� callada por segunda vez.</p><p>�Yo ir� primero �dijo Calvin con tono persuasivo�. As� lo comprobar�is.</p><p>�Oh, oh. Calvin, �debo entender que �sta es la �nica forma de bajar?</p><p>�Podr�as ir unos cien kil�metros al este, a las llanuras. Apeadero te llevar� all�, pero tendr�as que regresar andando a trav�s de un pantano.</p><p>Cirocco mir� el suelo, sin verlo realmente. Aspir� profundamente, despu�s exhal�.</p><p>�Perfecto. Veamos esos paraca�das.</p><p>Cirocco se acerc� a Gaby, le toc� la espalda, la apart� suavemente de la pared lateral y la gui� hacia la parte trasera de la g�ndola. Gaby era tan d�cil como una ni�a. Sus hombros estaban r�gidos y temblaba.</p><p>�La verdad es que no puedo mostr�rtelos �dijo Calvin�. No�, hasta que yo salte. Aparecen al saltar. Algo as�.</p><p>Extendi� un brazo y asi� un pu�ado de oscilantes zarcillos blancos. El material se alarg�. Calvin se puso a separarlos zarcillos hasta obtener una malla suelta. El tejido parec�a melcocha, aunque conservaba la forma cuando no era estirado.</p><p>Calvin meti� una pierna por una abertura de la malla, luego la otra. Tir� del conjunto hacia sus caderas y form� una apretada cesta. Introdujo los brazos por m�s agujeros hasta que su cuerpo qued� envuelto en un capullo.</p><p>�T� has saltado otras veces, ya conoces el m�todo� �Eres buena nadadora?</p><p>�Muy buena, si mi vida est� en juego. �Gaby? �Nadas bien?</p><p>A Gaby le cost� unos instantes reparar en sus compa�eros. A continuaci�n, un inter�s centelleante brot� en sus ojos.</p><p>��Nadar? Claro. Como un pez.</p><p>�Bien �dijo Calvin�. Observadme y haced lo mismo que yo �silb�, y un agujero cobr� existencia en el suelo frente a �l. Calvin agit� los brazos, salt� sobre el borde y cay� como una piedra, lo cual no era tan deprisa con una cuarta parte de la gravedad habitual, aunque a Cirocco le pareci� bastante, considerando que se trataba de un paraca�das no comprobado.</p><p>Las cuerdas se alargaron detr�s de Calvin como seda de ara�a. Despu�s se materializ� una s�bana s�lida, color azul p�lido, fuertemente apretada, que se despleg� en un instante. Cirocco y Gaby miraron hacia abajo a tiempo para ver y o�r el aleteo y estallido del paraca�das al abrirse y aferrarse al aire.</p><p>Calvin cay� flotando, y agit� las manos llamando a las dos mujeres.</p><p>Cirocco hizo una se�a a Gaby, que se puso el equipo. Estaba tan deseosa de irse que salt� antes de que Cirocco pudiera comprobar la disposici�n del material.</p><p>Dos de tres, pens� Cirocco, y meti� el pie por la tercera malla. Era c�lida y el�stica, y c�moda en cuanto la dispuso convenientemente.</p><p>El salto era simple rutina, suponiendo que en Temis pudiera haber algo rutinario. El paraca�das describi� un c�rculo azul sobre el fondo de cielo amarillo por encima de Cirocco. El dispositivo dio la impresi�n de ser m�s peque�o de lo debido, pero resultaba obvio que con la baja gravedad y la presi�n alta bastaba.</p><p>Cirocco se agarr� a un pu�ado de cuerdas y se gui� hacia la orilla del r�o.</p><p>Toc� tierra de pie y se libr� del equipo con rapidez. El para-ca�das se derrumb� sobre la fangosa orilla, casi cubriendo a Gaby. Cirocco se encontr� con agua hasta las rodillas y contempl� a Bill, que ven�a hacia ella. Era dif�cil no re�rse. El hombre parec�a un pollo p�lido, desplumado, con vello corto que crec�a en su pecho, piernas, brazos, cara y cuero cabelludo.</p><p>Cirocco se llev� ambas manos a la frente y las restreg� en su velluda cabeza, sonriendo m�s ampliamente conforme Bill se iba aproximando.</p><p>��Soy como me recuerdas? �pregunt�.</p><p>�Todav�a mejor.</p><p>Bill avanz� chapoteando los escasos metros que les separaban. Rode� a Cirocco con los brazos y se besaron. Cirocco no llor�, no sinti� la necesidad de hacerlo, aunque estaba rebosante de felicidad.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Bill y August hab�an hecho maravillas en s�lo seis d�as, trabajando con los bordes agudos de los aros de sus trajes. Hab�an construido dos caba�as; una tercera ten�a dos lados y medio techo. Estaban hechas con ramas unidas y apelotonadas con barro. Los techos eran inclinados y estaban empajados.</p><p>�Lo mejor que pod�amos hacer �dijo Bill, mientras les mostraba el conjunto�. Pens� en adobe, pero el sol no habr�a secado el barro con la prisa necesaria. Protegen del viento y de buena parte de la lluvia.</p><p>Dentro, las chozas eran de dos por dos metros, cubiertas con una espesa capa de paja seca. Cirocco no pod�a mantenerse erguida, pero no pens� en poner reparos. Poder dormir all� dentro no era nada feliz.</p><p>�No tuvimos tiempo de acabar la otra antes de que llegarais �continu� Bill�. Un d�a m�s, con la ayuda de vosotros tres. Gaby, �sta es para ti y Calvin. Yo y Cirocco nos iremos a la otra, la que August ten�a; ella dice que quiere la nueva.</p><p>Ni Calvin ni Gaby dijeron nada, pero Gaby se peg� m�s a Cirocco.</p><p>August ten�a un aspecto horrible. Hab�a envejecido cinco a�os desde que Cirocco la viera por �ltima vez. Era un espectro delgado, de ojos vac�os, con manos que temblaban constantemente. Parec�a incompleta, como si media parte de ella hubiera sido mutilada.</p><p>�Hoy no hemos tenido tiempo de cobrar una pieza fresca �estaba diciendo Bill�. Estuvimos demasiado ocupados con la nueva casa. August, �queda bastante de ayer?</p><p>�Creo que s� �dijo ella.</p><p>��Quieres traerla?</p><p>August dio media vuelta. Bill capt� la mirada de Cirocco, frunci� los labios y mene� la cabeza lentamente.</p><p>�Ninguna noticia de April, �eh? �dijo en voz baja.</p><p>�Nada de nada. Ni de Gene.</p><p>�No s� qu� le ir� a pasar a ella.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Despu�s de comer Bill los puso a trabajar para acabar la tercera choza. Con otras dos como pr�ctica, para �l era una rutina. Algo tedioso, pero no f�sicamente dif�cil; pod�an mover grandes troncos con facilidad, aunque resultaba terrible cortarlos, incluso los de menor tama�o. En consecuencia, el fruto de sus labores no fue algo agradable de contemplar.</p><p>Despu�s de acabar, Calvin entr� en la caba�a que le hab�an asignado mientras August se trasladaba a la otra. Gaby parec�a no saber qu� hacer, pero al fin logr� balbucear que iba a explorar la zona y que no regresar�a hasta al cabo de algunas horas. Se alej� con aire desolado.</p><p>Bill y Cirocco se miraron; �l hizo un gesto de indiferencia y se�al� la choza restante, ella se sent� torpemente.</p><p>Hab�a muchas cosas que Cirocco deseaba preguntar, pero no sab�a si empezar o no. Finalmente se decidi� y pregunt�:</p><p>��C�mo te fue?</p><p>�Si te refieres al tiempo entre la colisi�n y el despertar aqu�, voy a desilusionarte. No recuerdo nada en absoluto.</p><p>Cirocco extendi� un brazo y tante� suavemente la frente del hombre.</p><p>��Ning�n dolor de cabeza? �Mareo? Calvin deber�a echarte un vistazo.</p><p>��Estaba herido? �pregunt� Bill, extra�ado.</p><p>�Bastante malherido. Tu cara est� llena de sangre y perdiste el conocimiento. Eso es todo lo que vi en los pocos segundos de que dispuse. Pero pens� que te habr�as destrozado el cr�neo�</p><p>Bill palp� su frente y recorri� con los dedos los lados y parte trasera de su cabeza.</p><p>�No encuentro puntos blandos. Tampoco ten�a cicatrices. Cirocco, yo�</p><p>Cirocco le puso una mano en la rodilla.</p><p>�Ll�mame Rocky, Bill. Sabes que eres el �nico que no me importaba que lo hiciera.</p><p>Bill frunci� el entrecejo y apart� la vista de Cirocco.</p><p>�De acuerdo, Rocky. De eso necesito hablar contigo. No es s�lo el� el per�odo oscuro, como lo llamaba August. No es s�lo eso lo que no puedo recordar. Estoy muy confundido sobre un mont�n de cosas.</p><p>��Qu� cosas, en concreto?</p><p>�Por ejemplo, d�nde nac�, cu�ntos a�os tengo, d�nde crec� o cu�l fue mi escuela. Puedo ver la cara de mi madre, pero no recuerdo su nombre, o si est� viva o muerta �se frot� la frente.</p><p>�Est� viva y perfectamente, en Denver, donde t� creciste �dijo Cirocco con voz suave�. O all� estaba cuando nos llam� para tu cumplea�os cuarenta. Se llama Betty. Nos gust� a todos.</p><p>Bill pareci� aliviado, luego alica�do de nuevo.</p><p>�Supongo que eso significa algo �dijo�. <emphasis>Recordaba </emphasis>a mi madre porque ella es importante para m�. Tambi�n a ti te recordaba.</p><p>Cirocco le mir� a los ojos.</p><p>�Pero no mi nombre. �Es eso lo que te cuesta decirme?</p><p>�S� �Bill ten�a aspecto de infelicidad�. �No es un detalle horrible? August me dijo tu nombre, pero no que yo te llamaba Rocky. Bastante encantador, a prop�sito. Me gusta.</p><p>Cirocco se ech� a re�r.</p><p>�He tratado de acabar con ese nombre la mayor parte de mi vida adulta, pero siempre me ablando cuando alguien lo susurra a mi o�do �le cogi� de la mano�. �Qu� m�s recuerdas de m�? �Te acuerdas de que yo era el capit�n?</p><p>�Oh, claro. Recuerdo que eras la primera capitana que me ha dado �rdenes en toda mi vida.</p><p>�Bill, en ca�da libre no importa qui�n est� encima.</p><p>�Eso no es lo que yo� �Bill sonri� al comprender que Cirocco le estaba tomando el pelo�. Tampoco estaba seguro de eso. �Acaso nosotros�? Me refiero a si�</p><p>���si follamos? �Cirocco mene� la cabeza, no negativamente, sino en se�al de sorpresa�. En cualquier oportunidad que tuvimos, en cuanto yo dej� de acosar a Gene y Calvin y advert� que el m�s hombre a bordo era mi ingeniero en jefe. Bill, espero no da�ar tus sentimientos, pero me gustas de esta forma.</p><p>��De qu� forma?</p><p>�No te atrev�as a preguntar si nosotros hab�amos sido� �ntimos amigos �hizo la pausa tan dram�tica como le fue posible, bajando los ojos t�midamente, y Bill se ri�. Eras as� antes de que nos conoci�ramos. T�mido. Creo que esto va a ser como la primera vez, repetida, y la primera vez siempre es especial, �no est�s de acuerdo?</p><p>Cirocco le sonri� y aguard� lo que crey� ser�a un tiempo razonable, pero Bill no hizo nada, por lo que ella se acerc� y se apret� contra �l. No fue sorpresa para Cirocco: tambi�n la otra primera vez hab�a necesitado dejar bien claros sus sentimientos.</p><p>Cuando interrumpieron el beso Bill mir� a Cirocco y sonri�.</p><p>�Quer�a decirte que te amo. No me has dado tiempo.</p><p>�Nunca antes hab�as dicho eso. Quiz� no deber�as comprometerte hasta recobrar la memoria.</p><p>�Creo que tal vez antes no habr�a sabido que te amaba. Entonces� Todo lo que me qued� fue tu cara y un sentimiento. Conf�o en eso. Y lo he dicho de verdad.</p><p>�Hmmm. Eres atractivo. �Recuerdas c�mo aprovecharte de eso?</p><p>�Estoy convencido de que lo recordar� con la pr�ctica.</p><p>�En ese caso creo que es hora de que vuelvas a estar a mis �rdenes.</p><p>Fue tan gozoso como la primera vez, pero sin la torpeza que normalmente la acompa�a. Cirocco se olvid� de cualquier otra cosa. Hab�a la luz justa para ver el rostro de Bill, la gravedad justa para que los montones de paja fueran m�s blandos que la seda m�s delicada.</p><p>La calidad de intemporalidad de aquella larga tarde ten�a muy poca relaci�n con la invariable luz de Temis. Cirocco no ten�a un solo lugar al que precisara ir; no hab�a necesidad de ir a ninguna parte, jam�s, por ning�n motivo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Ahora es el momento de un cigarrillo �dijo Bill�. Ojal� tuviera uno.</p><p>�Y dejar caer la ceniza encima de m� �se burl� Cirocco�. Un sucio h�bito. Ojal� tuviera un poco de coca�na. Toda se perdi� con la nave.</p><p>�Ya puedes ir enmend�ndote.</p><p>Bill no se hab�a apartado de ella. Cirocco record� cu�nto le hab�a gustado el detalle en la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>esperando a ver si las acciones volv�an a empezar. Con Bill, sol�a pasar.</p><p>Esta vez era algo distinto.</p><p>�Bill, temo que de esta forma voy a irritarme un poco.</p><p>Bill se apoy� en las manos para aligerar su peso.</p><p>��La paja te est� hiriendo la espalda? Puedo ponerme una vez debajo, si quieres.</p><p>�No es la paja, cari�o, y no se trata de mi espalda. Es un poco m�s personal que eso. Lamento decirte que tu toque es como el del papel de lija.</p><p>�Igual que t�, pero tuve much�simo cuidado en no dec�rtelo �rod� hacia un lado y puso un brazo bajo los hombros de Cirocco�. Es curioso que no lo notara hace unos momentos.</p><p>Cirocco ri�:</p><p>�Aunque te hubieran crecido p�as, yo no lo habr�a notado hace unos momentos. Pero qu� l�stima no haber recuperado el pelo. As� me siento rid�cula, y es horriblemente desagradable.</p><p>��Crees que te va mal a ti? A m� me crece por todas partes. Parecen pulgas bailando contradanza en mi piel. Perd�name mientras me rasco �y se puso a hacerlo, de modo vigoroso. Cirocco le ayud� con los puntos m�s imposibles de su espalda�. Aaaah. �Dije que te amaba? Fui un loco, no sab�a qu� significaba amor. <emphasis>Ahora </emphasis>lo s�.</p><p>Gaby eligi� aquel momento para entrar.</p><p>�Perdona, Rocky, pero estaba pregunt�ndome si no deber�amos hacer algo con los paraca�das. Uno de ellos ya se ha ido flotando r�o abajo.</p><p>Cirocco se sent� r�pidamente.</p><p>�Hacer �qu�?</p><p>�Recuperarlos. Podr�an ser �tiles.</p><p>�T�� S�, Gaby. A lo mejor tienes raz�n.</p><p>�Simplemente, cre� que ser�a una buena idea �mir� al suelo, agit� los pies y ech� una mirada a Bill por primera vez�. Eh� Bueno, pens� que, quiz�, yo� Podr�a hacer algo bonito para ti.</p><p>Gaby sali� corriendo de la choza. Bill se sent� con los codos apoyados en las rodillas.</p><p>��Acaso estoy haciendo demasiadas deducciones de lo que ha pasado?</p><p>Cirocco suspir�.</p><p>�Me temo que no. Gaby va a ser un gran problema. Cree que tambi�n ella est� enamorada de m�.</p></section><section><title><p>CAPITULO 9</p></title><p>��A qu� te refieres al decir �adi�s�? �A d�nde vas?</p><p>�He estado recapacitando �dijo Calvin, en voz baja. Se quit� el reloj de pulsera y lo entreg� a Cirocco�. Vosotros lo aprovechar�is mejor que yo.</p><p>Cirocco estuvo a punto de estallar en frustraci�n.</p><p>��Y �sa es toda la explicaci�n que nos das? �He estado recapacitando.� Calvin, tenemos que permanecer juntos. Seguimos siendo un equipo de exploraci�n, y yo sigo siendo tu capitana. Tenemos que actuar unidos para que nos rescaten.</p><p>Calvin sonri� d�bilmente.</p><p>��Y c�mo vamos a hacer eso?</p><p>Cirocco dese� que Calvin no hubiera formulado la pregunta.</p><p>�No he tenido tiempo de elaborar un plan al respecto �dijo vagamente�. Por fuerza, tiene que haber algo que podamos hacer.</p><p>�H�zmelo saber cuando pienses en algo.</p><p>�Te ordeno que te quedes aqu� con el resto de nosotros.</p><p>��C�mo evitar�s que me vaya en caso de que quiera irme? �Dej�ndome fuera de combate y at�ndome? �Cu�nta energ�a va a costar vigilarme siempre? Retenerme aqu� me convierte en una carga. Si me voy, puedo ser una persona �til.</p><p>��A qu� te refieres con eso de una persona �til?</p><p>�Simplemente a eso. Los dirigibles hablan en torno a toda la curvatura de Temis. Est�n cargados de noticias; aqu� todo el mundo los escucha. Si alguna vez me necesitas para algo, volver�. Todo lo que tengo que hacer para el caso es ense�arte algunas llamadas sencillas. �Sabes silbar?</p><p>�Eso no es el problema �dijo Cirocco, con disgustado movimiento de la mano. Se acarici� la frente y dej� que su cuerpo se relajara. Si hab�a que retener a Calvin ten�a que disuadirle de que se fuera, no imped�rselo�. Todav�a no comprendo por qu� quieres irte. �No te gusta estar aqu� con nosotros?</p><p>�Yo� No, no demasiado. Era m�s feliz cuando estaba solo. Hay demasiada tensi�n. Excesiva susceptibilidad.</p><p>�Todos hemos pasado por terribles experiencias. La cosa mejorar� cuando aclaremos algunos puntos.</p><p>Calvin se encogi� de hombros.</p><p>�Ll�mame entonces, y volver� a intentarlo. Pero la compa��a de mi propia raza ha dejado de preocuparme. Los dirigibles son m�s libres, y m�s inteligentes. Jam�s he sido m�s feliz que durante aquel paseo �Calvin estaba mostrando m�s entusiasmo que el visto por Cirocco desde el encuentro en el pe�asco�. Los dirigibles son viejos, capitana. Como individuos y como raza. Apeadero tal vez tenga tres mil a�os.</p><p>��C�mo lo sabes? �C�mo lo sabe <emphasis>Apeadero?</emphasis></p><p>�Hay �pocas de fr�o y �pocas de calor. Imagino que deben existir porque Temis permanece siempre apuntado en la misma direcci�n. El eje apunta cerca del sol en este preciso momento, pero cada quince a�os el borde bloquea la luz solar hasta que Saturno se traslada y vuelve a llevar el otro polo hacia el sol. Aqu� existen a�os, pero todos duran quince a�os. Apeadero ha visto pasar doscientos.</p><p>�Muy bien, muy bien �dijo Cirocco�. Por eso te necesitamos, Calvin. Por lo que sea, eres capaz de hablar con esos seres. Has aprendido de ellos. Algo de esto podr�a sernos de importancia. Como estos seres de seis patas, �c�mo los llamaste�?</p><p>�Tit�nidas. Es todo lo que s� de ellos.</p><p>�Bien, a lo mejor aprendes m�s.</p><p>�Capitana, hay mucho que saber. Pero vosotros hab�is aterrizado en la parte m�s hospitalaria de Temis. No os mov�is, y estar�is perfectamente. No entr�is en Oc�ano, ni tampoco en Rea. Esos lugares son peligrosos.</p><p>��Lo ves? �C�mo pod�amos saberlo? Te <emphasis>necesitamos.</emphasis></p><p>�No lo entiendes. No puedo aprender nada de este lugar sin ir a <emphasis>verlo. </emphasis>El lenguaje de Apeadero est� fuera de mi alcance en su mayor parte.</p><p>Cirocco sinti� fluir de su interior la amargura de la derrota. �Maldito sea, John Wayne habr�a castigado severamente al bastardo! Charles Laughton lo habr�a apresado.</p><p>Cirocco sab�a que se sentir�a mucho mejor si se limitaba a dar un <emphasis>swing </emphasis>al obstinado hijo de puta, pero la sensaci�n pasar�a con rapidez. Nunca hab�a dado �rdenes as�. Hab�a ganado y conservado el respeto de su tripulaci�n demostrando responsabilidad y empleando la mejor sagacidad que pod�a poner en juego en cualquier situaci�n. Pod�a enfrentarse a los hechos, y sab�a que Calvin iba a dejarlos solos, pero el asunto no le gustaba.</p><p>�Y por qu� no?, se pregunt�. �Por qu� disminu�a su autoridad?</p><p>Eso ten�a que ser parte del problema, y otra parte su responsabilidad respecto al bienestar de Calvin. Mas con ello regresaba a la dificultad con la que se hab�a enfrentado desde el principio de su mando: la carencia de suficientes modelos de conducta en cuanto a un capit�n de nav�o femenino. Hab�a resuelto examinar todas las hip�tesis y usar �nicamente las que le parecieran bien. Que algo hubiera parecido bien al almirante Nelson en la Armada brit�nica no significaba por s� solo que fuera correcto para ella.</p><p>Ten�a que haber disciplina, claro, y ten�a que haber autoridad. Los capitanes navales hab�an estado exigiendo la primera y velando por el cumplimiento de la segunda durante miles de a�os, y Cirocco no pretend�a deshacerse de esa experiencia acumulada. Si la autoridad de un capit�n era cuestionada, el desastre era la consecuencia m�s normal.</p><p>Pero el espacio no era lo mismo, pese a generaciones de escritores de ciencia ficci�n. La gente que lo exploraba eran personas muy inteligentes, genios individuales, lo mejor que la Tierra pod�a ofrecer. Ten�a que haber flexibilidad, y el c�digo legal de la NASA para viajes interplaneterios as� lo reconoc�a.</p><p>Tambi�n hab�a otro factor que Cirocco no ten�a que olvidar. Ya no ten�a una nave. Lo peor que pod�a suceder a un capit�n le hab�a sucedido a ella. Hab�a perdido el mando. Ser�a un sabor amargo en su boca durante el resto de su vida.</p><p>�Muy bien �dijo en voz baja�. Tienes raz�n. No puedo desperdiciar tiempo y energ�a vigil�ndote, y no me parece bien matarte, como no sea en un sentido figurado �se forz� a contenerse al advertir que estaba apretando los dientes, y procur� relajar las mand�bulas�. Pero te advierto que, si regresamos, te acusar� de insubordinaci�n. Si te vas, ser� contra mis deseos, y contra los intereses de la misi�n.</p><p>�Lo acepto �dijo Calvin, sin emoci�n�. Llegar�s a comprender que la �ltima parte no es cierta. Ser� de m�s utilidad en el lugar al que me voy, que aqu�. Y no regresaremos a la Tierra.</p><p>�Ya lo veremos. Bien, �por qu� no ense�as a alguien c�mo llamar a los dirigibles? Creo que ser� mejor que yo no est� cerca de ti.</p><p>Al final Cirocco tuvo que aprender el c�digo de silbidos, pues ella era la de mayores aptitudes musicales. Su sentido de la afinaci�n era casi perfecto, y eso era esencial para entenderse con los dirigibles.</p><p>S�lo tuvo que aprender tres frases mel�dicas, la m�s larga, de varias notas y un trino. La primera equival�a a �buen despegue� y no era m�s que un saludo de cortes�a. La segunda era �quiero a Calvin� y la tercera ��socorro!�</p><p>�Recuerda, <emphasis>no </emphasis>llames a un dirigible si ten�is fuego encendido.</p><p>�Qu� optimista eres.</p><p>�Pronto har�is una hoguera. Eh� Me estaba preguntando si� �Quieres que te libre de August? Quiz�s ella se sintiera mejor viniendo conmigo. Podr�amos cubrir m�s terreno en busca de April.</p><p>�Podemos ocuparnos de nuestras bajas �dijo Cirocco, con frialdad.</p><p>�Lo que t� digas.</p><p>�Ella apenas es consciente de que te vas, de todos modos. Lim�tate a apartarte de mi vista, �quieres?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>August demostr� no estar tan comatosa como Cirocco hab�a pensado. Al saber que Calvin se iba, insisti� en acompa�arle. Tras una breve batalla, Cirocco accedi�, pero m�s recelosa a�n que antes.</p><p>Apeadero se situ� a baja altura y empez� a proyectar un cable. Todos contemplaron el ap�ndice, que restallaba y se retorc�a en el aire.</p><p>��Por qu� est� deseoso de hacer esto? �pregunt� Bill�. �Qu� es lo que gana?</p><p>�Le gusto a Apeadero �dijo Calvin, con sencillez�. Adem�s, est� acostumbrado a transportar pasajeros. Las especies conscientes pagan el trayecto trasladando alimentos del primero al segundo est�mago de Apeadero, que no tiene m�sculos para hacerlo. Debe ahorrarse peso.</p><p>��Es que aqu� todo va igual de bien? �inquiri� Gaby�. Hasta la fecha no hemos visto nada que se parezca a un animal carn�voro.</p><p>�Hay carn�voros, pero no muchos. La simbiosis es la realidad b�sica de la vida. Eso, y el culto. Apeadero dice que la totalidad de las formas superiores deben lealtad a una deidad, y que la morada de la divinidad se encuentra en el eje. He estado pensando en una diosa que gobierna todo el c�rculo del terreno. La llamo Gea, como la madre universal de los griegos.</p><p>Cirocco se interes� por el tema, en contra de sus deseos.</p><p>��Qu� es Gea, Calvin? �Una especie de leyenda primitiva, o quiz� la sala de mando de esta criatura?</p><p>�No lo s�. Temis es mucho m�s viejo que Apeadero, y buena parte del lugar tambi�n es desconocida para �l.</p><p>��Pero qui�n lo dirige? Dijiste que aqu� hay muchas razas. �Cu�l de ellas? �O es que cooperan?</p><p>�Tampoco lo s�. �Has le�do los relatos de naves generacionales, cuando algo sale mal y todo el mundo regresa al salvajismo? Creo que algo parecido puede estar pasando aqu�. S� que hay algo en funcionamiento, en alguna parte. Quiz� m�quinas, o una raza que vive en el cubo de la rueda. Esa podr�a ser la fuente del culto. Pero Apeadero est� convencido de que hay una mano al volante.</p><p>Cirocco se puso muy seria. �C�mo pod�a dejar marchar a Calvin, con toda la informaci�n que hab�a en su cabeza? Eran datos desiguales y no ten�an forma de averiguar cu�les eran ciertos, pero no dispon�an de otra cosa.</p><p>Mas ya era demasiado tarde para otros pensamientos. El pie de Calvin estaba en el estribo al extremo del largo cable. August se uni� a �l y el dirigible tir� de ambos.</p><p>��Capitana! �grit� Calvin, justo antes de que los dos desaparecieran�. �Gaby no debi� haber llamado Temis a este lugar! �Ll�malo Gea!</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco cavil� sobre la partida de Calvin y August, sumergi�ndose en una oscura depresi�n durante la cual se sent� al lado del r�o y pens� en lo que deber�a haber hecho. Ning�n proceder le pareci� correcto.</p><p>��Qu� me dices de su juramento hipocr�tico? �pregunt� a Bill en un momento dado�. Fue enviado en este viaje para una maldita cosa, para cuidar de nosotros si lo necesit�bamos.</p><p>�La situaci�n nos ha cambiado a todos, Rocky.</p><p>A todos menos a m�, pens� Cirocco, pero no lo dijo. Al menos, por lo que ella sab�a, no hab�a sufrido efectos duraderos tras su experiencia. En cierto sentido eso era m�s extra�o que lo que el percance hab�a hecho a los otros. Todos ten�an que haber sido llevados a la cataton�a. Al contrario, hab�a un amn�sico, una personalidad obsesiva, una mujer con una pasi�n adolescente y un hombre enamorado de aeronaves vivientes. Cirocco era la �nica cabeza equilibrada.</p><p>�No te enga�es �murmur� para s�. Probablemente les parezco tan loca a ellos como ellos me lo parecen a m�.</p><p>Pero descart� la idea, igualmente. Bill, Gaby y Calvin sab�an que la experiencia los hab�a cambiado, aunque Gaby no admitir�a que su amor por Cirocco fuera un efecto secundario. August se encontraba demasiado distra�da por su p�rdida como para pensar en cualquier otra cosa.</p><p>Medit� de nuevo en April y Gene. �Segu�an con vida? Y en tal caso, �c�mo se lo estar�an tomando? �Estaban solos o se las hab�an ingeniado para unirse?</p><p>Se hab�an hecho a la rutina de escuchar y transmitir, con el objeto de tomar contacto con ambos. Pero hasta el momento no hab�a dado resultados. Nadie hab�a vuelto a o�r llorar a un hombre ni escuchado cosa alguna de April.</p><p>El tiempo iba pasando, casi inadvertido. Cirocco dispon�a del reloj de pulsera de Calvin para saber cu�ndo deb�an dormir, pero resultaba duro ajustarse a te persistente luz. Jam�s lo habr�an sospechado trat�ndose de un grupo de personas que ha vivido en el ambiente artificial de la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>donde el d�a estaba dispuesto en la computadora de la nave y se lo pod�a variar a voluntad.</p><p>La vida era f�cil. Toda la fruta que probaban era comestible y parec�a alimentarlos. Si exist�an deficiencias vitam�nicas todav�a ten�an que darse a conocer. Ciertas frutas eran saladas y otras pose�an un dejo que todos confiaban fuera vitamina C. La caza abundaba y era f�cil de cobrar.</p><p>Todos estaban acostumbrados a los horarios estrictos de un astronauta, en los que toda tarea es asignada por el control de tierra y el principal pasatiempo consiste en quejarse de su imposibilidad, pero, de todos modos, cumplirla� Hab�an sido preparados para luchar por la supervivencia en un ambiente hostil, pero Hiperi�n era casi tan hostil como el zoo de San Diego. Hab�an pensado en Robinson Crusoe, o al menos en el robinson de la familia suiza, pero Hiperi�n era un marica. A�n no se hab�an amoldado lo bastante para pensar en t�rminos de una misi�n.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Dos d�as despu�s de que se fueran Calvin y August, Gaby obsequi� a Cirocco con ropa que hab�a hecho con los paraca�das descartados. Cirocco qued� profundamente afectada al ver la expresi�n del rostro de Gaby cuando se prob� la prenda.</p><p>El ropaje era mitad toga y mitad pantalones sueltos. El material era delgado, aunque sorprendentemente fuerte. A Gaby le hab�a costado mucho esfuerzo cortarlo en piezas usables y coserlo con agujas de espino.</p><p>�Si puedes encontrar algo para mocasines �dijo a Gaby�, te promover� tres grados cuando estemos en casa.</p><p>�Estoy trabajando en eso.</p><p>Gaby resplandeci� un d�a entero despu�s del hecho, y se mostr� juguetona como un perrito, restreg�ndose contra Cirocco y las finas prendas de �sta a la m�s m�nima excusa. Estaba pat�ticamente ansiosa por complacer.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco estaba sentada junto a la orilla del r�o, a solas por una vez y contenta de ello. Ser el motivo de disputa entre dos amantes no era de su gusto. Bill empezaba a estar fastidiado por la conducta de Gaby y daba la impresi�n de creer que deb�a hacer algo.</p><p>Se inclin� con facilidad con un palo largo y flexible en una mano y observ� un peque�o flotador de madera al extremo de la cuerda. Dej� que sus pensamientos divagaran hasta el problema de ayudar a cualquier expedici�n de rescate que llegara en su busca. �Qu� se podr�a hacer para facilitar el rescate?</p><p>Era un hecho patente que no pod�an salir de Gea por sus propios medios. Lo mejor que Cirocco podr�a hacer ser�a tratar de ponerse en contacto con la partida de rescate. No ten�a duda de que llegar�a una, y pocas ilusiones de que su objetivo primario fuera el rescate. Los mensajes que hab�a logrado enviar durante la desintegraci�n de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>describieron un acto hostil, y las implicaciones de ello eran enormes. Seguro que se dar�a por muerta a la tripulaci�n de la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>pero no se olvidar�a a Temis-Gea. Pronto llegar�a una nave, y estar�a sobrecargada.</p><p>�Muy bien �dijo�. Gea ha de tener medios de comunicaci�n en alguna parte.</p><p>Probablemente en el cubo de la rueda. Aun cuando los motores estuvieran all� tambi�n, su ubicaci�n centralizada parec�a el lugar l�gico para los controles. All� tal vez hubiera gente que se ocupara de las cosas, o tal vez no. No exist�a modo alguno de dar al viaje un aspecto de f�cil, o al destino un aspecto de seguro. El �ltimo pod�a estar celosamente vigilado contra la incursi�n y el sabotaje.</p><p>Pero all� hab�a una radio, Cirocco ya ver�a qu� pod�a hacer en cuanto llegara hasta ella.</p><p>Bostez�, se rasc� las costillas y movi� perezosamente los pies de arriba abajo. El flotador sub�a y bajaba en el agua. Parec�a un buen momento para una siesta.</p><p>El flotador sufri� una repentina sacudida y desapareci� bajo las turbias aguas. Cirocco lo mir� un instante y comprob� con moderada sorpresa que algo hab�a mordido el anzuelo. Se levant� y empez� a tirar de la cuerda.</p><p>El pez no ten�a ojos, escamas o aletas. Cirocco lo alz� y lo observ� con curiosidad. Era el primer pez que hab�an capturado.</p><p>��Qu� diablos estoy haciendo? �pregunt� en voz alta. Lanz� el pez al agua, enroll� su cuerda de pescar y empez� a doblar el recodo del r�o hacia el campamento. A medio camino se puso a correr.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Lo siento, Bill, s� que has dedicado mucho trabajo a este lugar. Pero cuando vengan a buscarnos, quiero estar trabajando todo lo que pueda para salir de aqu� �dijo Cirocco.</p><p>�Estoy de acuerdo contigo, b�sicamente. �Cu�l es tu idea?</p><p>Cirocco explic� su meditaci�n respecto al cubo de la rueda, al hecho de que si all� exist�a un control tecnol�gico central para esta inmensa construcci�n, estar�a all� arriba.</p><p>�No s� qu� encontraremos. Es posible que nada, aparte de telara�as y polvo, y que todo siga funcionando por pura inercia aqu� abajo. O tal vez el capit�n y una tripulaci�n dispuestos a hacernos pedazos por invadir su nave. Pero tenemos que verlo.</p><p>��C�mo te propones llegar ah� arriba?</p><p>�No lo s� seguro. Supongo que los dirigibles no pueden hacerlo o sabr�an m�s de esa diosa de que hablan. Incluso es posible que no haya aire en los radios.</p><p>�Eso har�a la cosa un poco dura �observ� Gaby.</p><p>�No lo sabremos hasta que no lo veamos. El medio de subir los radios es emplear los cables de apoyo. Tendr�an que subir hasta las mismas entra�as, hasta el punto m�s alto.</p><p>�Dios m�o �musit� Gaby�. Hasta los cables inclinados est�n a cien kil�metros de altura. Y eso te lleva simplemente al techo. A partir de ah� hay otros quinientos kil�metros hasta el cubo.</p><p>�Mi dolorida espalda �gru�� Bill.</p><p>��Qu� ocurre con vosotros? �quiso saber Cirocco�. No he dicho que trepemos por los cables. Eso lo decidiremos cuando echemos un buen vistazo. Lo que trato de deciros es que somos <emphasis>ignorantes </emphasis>de este lugar. Por lo que yo s�, hay ascensor r�pido posado en el pantano que nos llevar� hasta la parte superior. O un hombrecillo que vende billetes de helic�ptero, o alfombras m�gicas. Nunca lo sabremos, a menos que nos pongamos a explorar.</p><p>�No te excites �dijo Bill�. Estoy de tu parte.</p><p>��Y t�, Gaby?</p><p>�Voy donde t� vas �dijo Gaby, de un modo desapasionado�. Ya lo sabes.</p><p>�De acuerdo. Esto es lo que pienso. Hay un cable inclinado hacia el oeste, hacia Oc�ano. Pero el r�o fluye a la inversa, y podemos usarlo como transporte. De esa forma incluso podr�amos llegar antes a la siguiente hilera de cables que abri�ndonos paso a trav�s de la jungla. Creo que deber�amos encaminarnos hacia el este, hacia Rea.</p><p>�Calvin dijo que nos mantuvi�ramos alejados de Rea �record� Bill.</p><p>�No he dicho que nos adentremos en Rea. Si hay algo m�s dif�cil de aceptar que esta tarde perpetua, ha de ser una noche perpetua, as� que de todos modos no estoy ansiosa por ir all�. Pero hay mucha tierra entre aqu� y all�. Podr�amos echarle una ojeada.</p><p>�Adm�telo, Rocky. Eres una turista en el fondo.</p><p>Cirocco tuvo que sonre�r.</p><p>�Culpable. Pensaba hace un rato que aqu� estamos en este lugar incre�ble. Sabemos que hay una docena de razas inteligentes. �Qu� hacemos? Descansar y pescar. Bueno, yo no. Tengo ganas de curiosear. Por eso nos pagaban, y, �caramba, es lo que me gusta! Quiz� deseo un poco de aventura.</p><p>�Dios m�o �repiti� Gaby, con una pizca de mofa�. �Qu� m�s puedes pedir? �No has tenido bastante?</p><p>�Las aventuras se pueden volver en tu contra y defraudarte �dijo Bill.</p><p>�No lo s�. Pero de todos modos vamos a descender por ese r�o. Me gustar�a estar en marcha despu�s del siguiente per�odo de sue�o. Me siento como drogada.</p><p>Bill consider� el hecho por un momento.</p><p>��Crees que es posible? �Algo dentro de una de las frutas?</p><p>��Eh? Has le�do demasiada ciencia ficci�n, Bill.</p><p>�Escucha, no te cargues mis h�bitos de lectura y yo no me cargar� tus rancias pel�culas en blanco y negro.</p><p>�Pero eso es <emphasis>arte. </emphasis>No importa. Imagino que es posible que hayamos comido algo que tranquiliza, pero en realidad creo que se trata simplemente de una holgazaner�a anticuada.</p><p>Bill se puso en pie y busc� su inexistente pipa. Pareci� fastidiado por olvidar una vez m�s el detalle y despu�s se limpi� la arena de las manos.</p><p>�Nos costar� un poco montar una balsa �dijo.</p><p>��Por qu� una balsa? �Qu� me dices de esas enormes c�psulas vegetales que hemos visto flotando r�o abajo? Son lo bastante grande para sostenernos.</p><p>Bill frunci� la frente.</p><p>�S�, supongo que s�, �pero crees que se manejar�n bien en aguas turbulentas? Me gustar�a echar un vistazo a los fondos antes�</p><p>��Manejar? �Piensas que una balsa ser�a mejor?</p><p>Bill adopt� un aire de sorpresa, despu�s de enfado.</p><p>��Sabes una cosa? A lo mejor <emphasis>me estoy </emphasis>volviendo torpe. Adelante, comandante.</p></section><section><title><p>CAPITULO 10</p></title><p>Las c�psulas crec�an en las copas de los �rboles m�s altos del bosque. Cada �rbol produc�a s�lo una a la vez, y cuando la c�psula alcanzaba la madurez estallaba como una bomba. Hab�an o�do sonar estas explosiones a largos intervalos. Lo que quedaba despu�s era algo parecido a la c�scara de una nuez, uniforme y suavemente dividida.</p><p>Al ver una gran c�psula que flotaba cerca, nadaron y tiraron de ella hacia la orilla. Surcaba el agua a buena altura cuando estaba vac�a. Cargada, todav�a dispon�a de mucho franco bordo.</p><p>Emplearon dos d�as en equiparla y tratar de armar un tim�n. Adaptaron un palo largo con una amplia hoja al extremo y confiaron en que eso fuera suficiente. Dispon�an de un tosco remo para cada uno en caso de que se adentraran en aguas agitadas.</p><p>Gaby solt� la cuerda. Cirocco se esforz� en impeler la embarcaci�n hasta el centro del r�o y luego tom� su puesto a popa, con una mano levemente apoyada en la ca�a del tim�n. Se levant� una brisa y Cirocco a�or� una vez m�s su pelo. Qu� excelente detalle, tener cabellos movi�ndose en el viento� Son las cosas sencillas las que echamos de menos, pens�.</p><p>Gaby y Bill estaban excitados, olvidados de su animosidad anterior mientras estaban sentados en lados opuestos del barco, contemplando el r�o y desafiando a Cirocco.</p><p>��C�ntanos un saloma, capitana! �grit� Gaby.</p><p>�No lo has entendido bien, tonta �ri� Cirocco�. Sois vosotros, los miserables del castillo de proa, los que vaci�is la sentina y cant�is las canciones. �Hab�is visto <emphasis>The Sea Witch?</emphasis></p><p>�No lo s�. �La han puesto en tridimensional?</p><p>�Es una pel�cula plana protagonizada por el bueno de John Wayne. La <emphasis>Sea Witch </emphasis>era su nave.</p><p>�Cre� que ser�a el nombre del capit�n. Eh, acabas de elegirte un apodo.</p><p>�Ten cuidado, o ver� si puedo montar una tabla para que andes la pasarela.</p><p>��Qu� te parece un nombre para <emphasis>este </emphasis>barco, Rocky? pregunt� Bill.</p><p>�Hey, deber�a tener un nombre, �verdad? Estaba tan ocupada tratando de gorrear champ�n para la botadura que olvide lo del nombre.</p><p>�No me hables de champ�n �gru�� Gaby.</p><p>��Alguna sugerencia? Aqu� ten�is la oportunidad de un ascenso.</p><p>�S� c�mo lo habr�a bautizado Calvin �dijo Bill de repente.</p><p>�No me hables de Calvin.</p><p>�Sin embargo, nos hemos comprometido con la mitolog�a griega. Este barco deber�a llamarse <emphasis>Argos.</emphasis></p><p>Cirocco se qued� dudando.</p><p>��No estaba relacionado con la b�squeda del vellocino de oro? Ah, s�. Ya recuerdo la pel�cula.</p><p>�No estamos buscando nada �observ� Gaby�. Sabemos a d�nde queremos ir.</p><p>�Entonces, �qu� me dec�s de�? �Bill se detuvo y se qued� pensativo�. Estoy pensando en Ulises. �Ten�a nombre su barco?</p><p>�No lo s�. Hemos perdido a nuestro mit�logo con aquel anuncio de neum�ticos m�s que voluminoso. Pero aunque el barco tuviera nombre, yo no querr�a usarlo. Ulises no tuvo m�s que problemas.</p><p>Bill sonri� burlonamente.</p><p>���supersticiosa, capitana? Jam�s lo habr�a cre�do.</p><p>�Es el mar, chico. Hace cosas extra�as a un cuerpo.</p><p>�No me ofrezcas el di�logo de tu �ltimo espect�culo. Voto por llamar <emphasis>Titanic </emphasis>al barco. Tuviste una nave�</p><p>�Un mont�n de herrumbre. No tientes la suerte, compa�ero.</p><p>�Tambi�n me gusta <emphasis>Titanic �</emphasis>ri� Gaby�. �Qui�n lo creer�a de una embarcaci�n construida a partir de un cacahuete glorificado?</p><p>Cirocco alz� los ojos, pensativamente.</p><p>�Que quede en vuestras cabezas, pues. Que sea <emphasis>Titanic. </emphasis>Que navegue largo tiempo. Pod�is vitorear, y divertios de otra forma.</p><p>La tripulaci�n dio tres v�tores y Cirocco hizo una mueca y una reverencia.</p><p>��Viva la capitana! �grit� Gaby.</p><p>�Decidme �dijo Cirocco�, �no deber�amos pintar el nombre sobre el guardafango, o como diablos se llame?</p><p>��Sobre el <emphasis>qu�? �</emphasis>Gaby pareci� horrorizarse.</p><p>Cirocco hizo un moh�n.</p><p>�Es una buena ocasi�n para explic�roslo, pero no s� una mierda de barcos. �Qui�n ha hecho algo de navegaci�n?</p><p>�Yo he hecho un poco �dijo Gaby.</p><p>�Entonces, t� ser�s el piloto del barco. Cambia de lugar conmigo �solt� el tim�n y avanz� hacia proa con mucho cuidado. Se dobl� hacia atr�s, estir� los brazos y los cruz� bajo la cabeza�. Yo estar� tomando importantes decisiones de mando �dijo, con un gran bostezo�. No me molest�is como no sea por un hurac�n.</p><p>Cerr� los ojos entre un clamor de protestas.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El Cl�o era largo, serpenteante y lento. En el centro, sus palos de cuatro metros no tocaban fondo. Si los pon�an dentro del agua sent�an cosas que tropezaban con ellos. Jam�s se enteraban de la causa. Manten�an el <emphasis>Titanic </emphasis>a medio camino entre el centro del r�o y la orilla del lado de babor.</p><p>Cirocco hab�a planeado que todos permanecieran en el barco, yendo a la orilla s�lo para recoger alimentos�, un tr�mite que nunca llevaba m�s de diez minutos. Pero la guardia permanente no funcion� bien. Con demasiada frecuencia el <emphasis>Titanic </emphasis>se iba hacia tierra, y se hac�a necesario despertar a los que dorm�an. Los tres hac�an falta para mover el barco cuando el fond�n encallaba sobre el barro. Pronto se enteraron de que el <emphasis>Titanic </emphasis>no era muy manejable, y que se precisaba de dos personas con palos para alejar la embarcaci�n de los baj�os que se acercaban.</p><p>Decidieron acampar cada quince o veinte horas. Cirocco elabor� un programa que aseguraba que dos personas siempre estuvieran despiertas mientras navegaban, y una cuando acampaban.</p><p>El Cl�o segu�a un curso tortuoso a lo largo del casi uniforme terreno como una serpiente drogada con nembutal. El campamento de una noche pod�a estar a s�lo medio kil�metro en l�nea recta del de la noche anterior. Habr�an perdido la orientaci�n de no haber sido por el cable de sustentaci�n unido a la tierra en el centro de Hiperi�n. Cirocco sab�a por su inspecci�n a�rea que el cable se hallar�a al este de ellos hasta mucho despu�s de encontrar el r�o Ofi�n.</p><p>El cable siempre estaba all�, descollando como cierto rascacielos inimaginable, ascendiendo, pareciendo inclinarse hacia ellos hasta que se esfumaba en el espacio a trav�s del techo. Iban a pasar cerca de �l yendo hacia los cables de sustentaci�n inclinados que conduc�an al radio situado sobre Rea. Cirocco confiaba en obtener una visi�n precisa del cable.</p><p>La vida lleg� a ser una rutina. Pronto se encontraron actuando impecablemente como equipo, apenas necesitando hablar. La mayor parte del tiempo hab�a poco que hacer, aparte de permanecer atentos a los bancos de arena. Gaby y Bill pasaban muchos ratos efectuando mejoras en las vestimentas de todos. Ambos llegaron a ser diestros con las agujas de espino. Bill chapuceaba continuamente con el tim�n y trabajaba para hacer m�s c�modo el interior del barco.</p><p>Cirocco invert�a gran parte del tiempo en fantasear y contemplar las nubes que flotaban. Consideraba formas y medios de llegar al cubo de la rueda, intentando anticipar problemas, pero era una ocupaci�n f�til. Las posibilidades eran demasiado variadas para permitir un plan razonable. La capitana prefer�a mucho m�s estar ensimismada.</p><p>Finalmente Cirocco cant� para ellos, y los sorprendi�. Hab�a tomado clases de canto y piano durante diez a�os cuando era ni�a. Pensaba en una carrera de cantante antes de que la tentaci�n del espacio se hiciera muy fuerte. Nadie hab�a sabido el hecho hasta el viaje del <emphasis>Titanic; </emphasis>Cirocco pensaba que distraer a los tripulantes con canciones no cuadraba con su imagen. Pero all� ya no importaba, por el contrario, el canto los uni� m�s estrechamente. Pose�a un registro de contralto rico y claro que surt�a mejor efecto con vieja m�sica popular, baladas y canciones de Judy Garland.</p><p>Bill hizo un la�d con la c�scara de una nuez, cuerdas de paraca�das y la piel de un risue�o. Aprendi� a tocarlo y Gaby contribuy� con un tambor de c�scara de nuez. Cirocco les ense�� canciones y asign� las tonalidades: Gaby una soprano aceptable, Bill un tenor con mal o�do.</p><p>Cantaron canciones de taberna de los bares de O�Neil Uno, canciones del <emphasis>hit parade, </emphasis>de dibujos animados y viejas pel�culas. Una de ellas pronto se convirti� en la favorita del grupo, consideradas las circunstancias. Hablaba de una ruta amarilla y adoquinada y el maravilloso mago de Oz. La cantaban gritando todas las ma�anas al partir, chillando al m�ximo cuando el bosque les devolv�a los aullidos.</p><p>Transcurrieron varias semanas antes de que llegaran al Ofi�n. S�lo en dos ocasiones se interrumpi� la pac�fica rutina que llevaban.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El primer incidente fue a los tres d�as del viaje, cuando un globo ocular al extremo de un largo ped�culo emergi� del agua a menos de cinco metros del <emphasis>Titanic. </emphasis>No qued� duda de que se trataba de un ojo, igual que lo sucedido con Apeadero. Era un globo de veinte cent�metros de di�metro, dispuesto en una cuenca verde y flexible que a primera vista parec�a una mano verdosa con dedos enrollados desde atr�s en torno al ojo. El globo ocular en s� era de un color verde claro con una vasta pupila.</p><p>En cuanto vieron a la criatura trataron de ganar la orilla. El ojo hab�a estado apuntando hacia ellos, sin revelar inter�s o emoci�n sino tan s�lo fijo en el mirar. No pareci� importarle que se alejaran. Observ� dos o tres minutos antes de esfumarse con el mismo silencio de su aparici�n.</p><p>El consenso general, una vez en la orilla, fue que no pod�an hacer gran cosa al respecto. La criatura no hab�a intentado da�arles�, lo que no significaba nada en cuanto a su conducta futura. Pero no era cuesti�n de que tuvieran que interrumpir su viaje s�lo porque hubiera enormes peces en el r�o.</p><p>Enseguida vieron m�s ojos y por fin se acostumbraron a ellos. Daban tanta sensaci�n de periscopios, que Bill los llam� <emphasis>U-boats. </emphasis><a l:href="#n_1" type="note">[1]</a></p><p>El segundo incidente fue algo para lo que estaban m�s preparados, ya que hab�a sucedido antes. Fue el enorme viento pla�idero que Calvin hab�a denominado Lamento de Gea.</p><p>Hubo tiempo antes de las peores r�fagas para alcanzar a arrastrar a la orilla el <emphasis>Titanic </emphasis>y buscar refugio en la parte de la embarcaci�n a favor del viento. Cirocco no quiso meterse bajo los �rboles, recordando la rama desprendida en las tierras altas que fall� por muy poco.</p><p>Las condiciones de observaci�n, con el viento azotando la cara de Cirocco y las nubes revolvi�ndose arriba, no eran buenas. Pero la capitana logr� avistar brevemente la tormenta que surg�a de Oc�ano. Proced�a de arriba. Las nubes se hinchaban a lo largo del gigantesco radio situado por encima del mar helado como el glacial aliento de Dios. El viento golpeaba la s�bana de hielo y la resquebrajaba, levantando s�bitos tornados que parec�an diminutos a tanta distancia, pero que deb�an de ser colosales.</p><p>A trav�s de las nubes que avanzaban r�pidamente hacia Hiperi�n, Cirocco vio los inclinados cables de sustentaci�n que un�an tierra y cielo sobre Oc�ano. Si se mov�an con el viento ten�a que ser con la suficiente lentitud para que no se viera, pero deb�a existir cierto movimiento de oscilaci�n o flexi�n. El viento arrastraba una fina niebla gris. Cirocco lo ve�a flotar hacia los cerrados �ngulos que los cables formaban con el suelo y tuvo que reconocer que las part�culas que ve�a desde tan lejos ten�an que ser grandes como �rboles. Despu�s las nubes oscurecieron toda visi�n y empez� a caer nieve. Enseguida el r�o se agit� y la creciente casi alcanz� al varado <emphasis>Titanic. </emphasis>A Cirocco le pareci� sentir que la tierra se mov�a.</p><p>Sab�a que estaba presenciando alguna parte del sistema de circulaci�n de aire de Gea en funcionamiento, y se pregunt� c�mo entrar�a el aire en el radio y qu� mecanismo lo forzar�a a volver a salir. Tambi�n quiso saber por qu� el proceso ten�a que ser tan violento. El reloj de Calvin indicaba que hab�an pasado diecisiete d�as desde el �ltimo Lamento; dese� que al menos transcurriera lo mismo hasta el siguiente.</p><p>Como la vez anterior, el fr�o no dur� m�s de seis o siete horas, y la nieve no alcanz� a adherirse al suelo. Los tres pudieron aguantar mejor el temporal en esa ocasi�n, y descubrieron que la tela de seda de dirigible proteg�a m�s de lo que cab�a suponer. Hac�a las veces de cortavientos.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El trig�simo d�a desde su emergencia estuvo marcado por dos cosas: algo que sucedi� y algo que no sucedi�.</p><p>La primera fue haber llegado a la confluencia del Cl�o y el poderoso r�o Ofi�n. Para entonces se hallaban muy al sur de Hiperi�n, equidistantes entre el cable vertical central y el meridional, ambos elev�ndose all� sobre los terrestres.</p><p>Ofi�n era verdeazulado, m�s amplio y r�pido que el Cl�o. Tir� al <emphasis>Titanic </emphasis>hacia su centro, y tras un rato de alerta y sondeos con los palos, los viajeros decidieron quedarse all�, pues les pareci� m�s seguro. En tama�o y velocidad, el Ofi�n record� a Bill y Cirocco el Mississippi, aunque con m�s vegetaci�n y �rboles altos a lo largo de las riberas. La tierra segu�a siendo jungla, pero Ofi�n era ancho y profundo.</p><p>Cirocco qued� m�s preocupada por lo que no sucedi�: lo que aguardaba conforme los d�as iban pasando en el reloj de Calvin, y no llegaba. Durante veintid�s a�os tuvo la regularidad de las mareas. Resultaba sumamente turbador entonces que la menstruaci�n no se hiciera presente.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>��Sabes que ya han pasado treinta d�as? �dijo Cirocco a Gaby aquella noche.</p><p>��De verdad? No lo hab�a pensado �Gaby arrug� la frente.</p><p>�S�. Estoy m�s que retrasada. Siempre hab�an sido veintinueve d�as. A veces un d�a menos, nunca m�s tarde.</p><p>��Sabes?, yo tambi�n voy con retraso.</p><p>�As� lo cre�a.</p><p>��Dios, eso no tiene l�gica alguna!</p><p>�Me estaba preguntando qu� tipo de protecci�n usaba en la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>�Quiz� te olvidaste alguna vez entonces?</p><p>�No es probable, maldici�n. Calvin me dio pastillas.</p><p>Cirocco suspir�.</p><p>�Tem�a que fuera algo tan infalible como eso. Yo no puedo tomar pastillas, hacen que me hinche. Empleaba uno de esos diafragmas que se llevan siempre puestos. Lo ten�a cuando nos enterraron. En realidad no se me ocurri� que tuviera que buscarlo hasta que� bueno, hasta que nos reunimos con Bill y August, y quiz� ya fuera demasiado tarde �dud� de si deb�a discutir esa parte con Gaby. No era ning�n secreto que ella y Bill hab�an hecho el amor, y tampoco era ning�n secreto que no hab�a existido tiempo, lugar o intimidad para ello en el <emphasis>Titanic </emphasis>con Gaby siempre alrededor�. De todas formas, ha desaparecido. Supongo que fue devorado por la misma criatura que comi� nuestro pelo. Cosa que me da escalofr�os, dicho sea de paso.</p><p>Gaby se estremeci�.</p><p>�Pero cre�a que podr�a haber sido Bill. Ahora ya no lo creo as�, francamente �se levant� y se acerc� a Bill, que estaba durmiendo en el suelo. Lo despert� y esper� a que el hombre demostrara estar bien despierto�. Bill, escucha: las dos estamos pre�adas.</p><p>Bill no estaba tan despierto como a Cirocco le hab�a parecido. Parpade�, sorprendido, y se puso muy serio.</p><p>�Bueno, <emphasis>a m� </emphasis>no me mires. Y menos a�n por Gaby. La �ltima vez con ella fue poco despu�s de partir de la Tierra. Adem�s, tengo una v�lvula.</p><p>�No hablaba de eso �lo calm� Cirocco. (Con Gaby, �eh? No me hab�a enterado. Y yo que cre�a saber todo lo que hab�a ocurrido en la <emphasis>Ringmaster�)�. </emphasis>Eso simplemente hace m�s evidente que algo muy raro est� pasando. Alguien o algo nos est� gastando un bromazo, pero yo no me r�o.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Calvin cumpli� su palabra. Dos d�as despu�s de que Cirocco llamara a un dirigible que pasaba, Apeadero revolote� en el cielo y una flor azul brot� con su cirujano errante colgando debajo. August iba detr�s de �l. Llegaron al agua justo frente a la orilla.</p><p>Cirocco tuvo que admitir que Calvin ofrec�a un excelente aspecto. Sonre�a y hab�a br�o en su andar. Salud� a todo el mundo y dio la impresi�n de no recordar que hubiera sido citado. Quiso hablar de sus viajes, pero Cirocco ansiaba demasiado escuchar qu� pensaba Calvin de la nueva situaci�n. El m�dico se puso muy serio mucho antes de que los otros acabaran de explicarse.</p><p>��Has tenido alguna menstruaci�n desde que llegamos aqu�? �pregunt� a August.</p><p>�No, ninguna.</p><p>�Han pasado treinta d�as �dijo Cirocco�. �Es anormal para ti? �por la forma en que se abrieron los ojos de August, Cirocco supuso lo que era�. �Cu�ndo fue la �ltima vez que tuviste relaciones sexuales con un hombre?</p><p><emphasis>�Nunca </emphasis>he tenido.</p><p>�Tem�a que dijeras eso.</p><p>Calvin permaneci� en silencio un rato, meditando. Despu�s se puso todav�a m�s serio.</p><p>��Qu� puedo decir? Todos sab�is que es posible que una mujer pierda la menstruaci�n por otras razones. Las atletas la pierden infinidad de veces en determinadas circunstancias, y no estamos seguros del porqu�. Tensi�n emotiva o f�sica, probablemente. Pero creo que las posibilidades de que tal cosa suceda con vosotras tres al mismo tiempo son escasas.</p><p>�Dir�a que estoy de acuerdo �opin� Cirocco.</p><p>�Podr�a ser algo diet�tico. No hay manera de saberlo. Puedo deciros que vosotras tres y� eh, April, hab�is sufrido cierta convergencia.</p><p>��Qu� es eso? �inquiri� Gaby.</p><p>�A veces sucede a mujeres que viven juntas, por ejemplo en una nave espacial cuando est�n en camarotes estrechos. Determinada se�al hormonal tiende a sincronizar sus menstruaciones. April y August han ido al mismo ritmo durante largo tiempo, y Cirocco s�lo hac�a una peque�a diferencia con su ciclo. Dos menstruaciones tempranas y Cirocco concordaba con ellas. Gaby, t� estabas volvi�ndote err�tica, �recuerdas?</p><p>�Nunca le prest� demasiada atenci�n �dijo Gaby.</p><p>�Bien, as� era. Pero no entiendo qu� tendr�a que ver aquello con lo que pasa aqu�. S�lo lo he mencionado para observar que suceden cosas extra�as. Es <emphasis>posible </emphasis>que simplemente hay�is perdido un per�odo.</p><p>�Tambi�n es posible que todas estemos pre�adas, y tiemblo al pensar qui�n ha de ser el padre �dijo Cirocco, agriamente.</p><p>�Eso es francamente imposible �dijo Calvin�. Si est�s insinuando que la criatura que nos trag� os ha hecho eso a todas� No puedo creerlo. No existe otro animal, ni siquiera en la Tierra, capaz de fecundar a un humano. Ya me dir�s c�mo lo hizo esta extra�a criatura.</p><p><emphasis>�No lo s� �</emphasis>dijo Cirocco�. Por eso es una criatura extra�a. Pero estoy convencida de que nos meti� en su interior e hizo algo que podr�a ser perfectamente razonable y natural para ella, pero extra�o para lo que nosotros sabemos. Y no me gusta, y queremos saber qu� puedes hacer t� en caso de que <emphasis>estemos </emphasis>pre�adas.</p><p>Calvin acarici� los tiesos rizos de su ment�n y sonri�.</p><p>�En la escuela de medicina no me prepararon para partos de v�rgenes.</p><p>�No tengo humor para chistes.</p><p>�Lo siento. De todos modos, t� y Gaby no sois v�rgenes �sacudi� la cabeza en se�al de asombro.</p><p>�Est�bamos pensando en algo m�s inmediato y menos sagrado �dijo Gaby�. No queremos esos ni�os, o lo que diablos sean.</p><p>�Mira, �por qu� no esper�is otros treinta d�as antes de que empec�is a excitaros? Si ten�is otra falta, llamadme de nuevo.</p><p>�Nos gustar�a terminar con este asunto ahora �dijo Cirocco, terminante.</p><p>Calvin pareci� enfadado por primera vez.</p><p>�Estoy diciendo que no lo har� todav�a. Es demasiado arriesgado. Puedo hacer los instrumentos para una dilataci�n y un raspado, pero habr� que esterilizarlos. Carezco de esp�culo, y el pensamiento de lo que yo tendr�a que improvisar para dilatar el cuello del �tero basta para causaros pesadillas.</p><p>�El pensamiento de lo que est� creciendo en mi vientre <emphasis>me est� causando </emphasis>pesadillas �dijo Cirocco, sombr�amente�. Calvin, en este momento ni siquiera deseo un beb� <emphasis>humano, </emphasis>mucho menos lo que esto pueda ser. Quiero que hagas la operaci�n.</p><p>Gaby y August asintieron en se�al de acuerdo, aunque pareci� que Gaby estaba algo indispuesta.</p><p>�Y yo digo que esper�is otro mes. No habr� diferencia alguna. La operaci�n ser� la misma, s�lo rascar las paredes internas del �tero. Pero quiz� dentro de un mes hay�is descubierto una forma de hacer fuego, de hervir un poco de agua, de <emphasis>esterilizar </emphasis>los instrumentos que yo logre hacer. �No es l�gico? Os lo aseguro, puedo hacer la operaci�n con el m�nimo de riesgo, pero s�lo con instrumentos limpios.</p><p>�Yo s�lo quiero acabar con esto �dijo Cirocco�. Quiero librarme de esto.</p><p>�Capitana, c�lmate. Tranquil�zate y med�talo con cuidado. Si resultas infectada, no podr� hacer nada. Al este hay una tierra distinta. Podr�ais encontrar un medio de encender fuego. Yo tambi�n lo buscar�. Estaba exactamente en Mnem�sine cuando me llamasteis. Es posible que all� haya alguien que use herramientas y sea capaz de hacer un esp�culo y un dilatador decentes.</p><p>�Entonces, �te ir�s otra vez? �pregunt� Cirocco.</p><p>�S�, me voy, despu�s de haceros un examen a todas.</p><p>�Vuelvo a pedirte que te quedes con nosotros.</p><p>�Lo siento. No puedo.</p><p>Nada que dijera Cirocco iba a hacerle cambiar de opini�n, y aunque la capitana se dej� tentar de nuevo por la idea de retenerle, las mismas razones hac�an de tal cosa una mala idea. Y algo m�s se le hab�a ocurrido a Cirocco desde la partida de Calvin: podr�a no ser sensato da�ar a alguien con un amigo tan voluminoso como Apeadero.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Calvin declar� a los cuatro sanos y en buena forma, pese a las faltas de menstruaci�n de las mujeres, y se qued� algunas horas no sin dejar de dar la sensaci�n de que incluso eso le sentaba mal. Les cont� lo que Apeadero y �l hab�an visto en sus viajes.</p><p>Oc�ano era un sitio terrible, helado y prohibitivo. Lo hab�an cruzado con la m�xima rapidez posible. All� abajo hab�a una raza humanoide, pero Apeadero no quiso descender para verlos de cerca. Aquella gente hab�a lanzado rocas con una catapulta de madera mientras el dirigible a�n se hallaba a un kil�metro por encima de ellos. Calvin los describi� con forma humana, recubiertos de largo cabello blanco. Disparaban primero y despu�s preguntaban. Los llam� yetis.</p><p>�Mnem�sine es un desierto �dijo�. Tiene un aspecto raro. porque las dunas se amontonan a mucha m�s altura que en la Tierra, debido a la baja gravedad, supongo. All� abajo hay vida vegetal. Vi algunos animales peque�os cuando descendimos a poca altitud, y lo que parec�a una ciudad en ruinas y unos cuantos pueblos. Sitios que podr�an haber sido castillos mil a�os atr�s estaban situados en lo alto de c�spides rocosas verticales, desmoron�ndose. Construirlos tuvo que haber costado miles de a�os con gente trabajando como chinos, o ciertos helic�pteros bastante buenos.</p><p>�Creo que aqu� hay algo que ha ido rematadamente mal. Todo se est� convirtiendo en polvo. Mnem�sine tal vez haya tenido un aspecto similar al de este lugar en tiempos, hasta el lecho del r�o seco y los cad�veres de inmensos �rboles que las tormentas de arena est�n aniquilando. Algo ha cambiado el clima, ha escapado del control de los constructores.</p><p>�Probablemente ha sido este gusano. S�lo hay un gusano, afirma Apeadero. Mnem�sine es apenas suficiente en tama�o para uno. Si es que hubo dos, ambos se pelearon hace mucho tiempo y s�lo queda este gusano abuelo. Es lo suficientemente enorme como para comerse a Apeadero como una oliva.</p><p>Tanto Cirocco como Bill alzaron la vista al referirse Calvin a gusanos gigantes.</p><p>�Ni una sola vez he visto a la criatura entera, pero no me sorprender�a que tuviera veinte kil�metros de largo. Es un simple tubo, enorme y largo, con agujeros en ambos extremos que son tan anchos como todo el maldito gusano. Est� segmentado y el cuerpo parece duro, como la coraza de un armadillo. Tiene una boca como una sierra circular y dientes tanto en el interior como en el exterior. Pasa el tiempo debajo de la arena, pero algunas veces no encuentra la profundidad suficiente y debe volver a la superficie. Lo observamos en una de esas ocasiones.</p><p>�Hab�a un gusano como �se en un libro �dijo Bill.</p><p>�Tambi�n una pel�cula �dijo Cirocco�. Se titulaba <emphasis>Dune.</emphasis></p><p>Calvin pareci� molestarse por la interrupci�n y levant� la vista para comprobar si el dirigible segu�a en las cercan�as.</p><p>�De todos modos �dijo�, me pregunt� si ese gusano podr�a ser la causa de que Mnem�sine lo estuviera pasando mal. �Os imagin�is lo que har�a con las ra�ces de los �rboles? Podr�a destrozar la zona entera en un par de a�os. Los �rboles mueren, el terreno empeora muy pronto, ya no puede contener agua y precisamente despu�s de eso los r�os se hacen subterr�neos. Tienen que hacerlo, �sab�is? Ofi�n atraviesa Mnem�sine. Pod�is ver d�nde desaparece y d�nde asciende de nuevo. El cauce no est� cortado, pero no hace ning�n bien a Mnem�sine.</p><p>�Por eso, pens� despu�s que nadie que estuviera planificando este lugar habr�a puesto dentro un gusano as�. No debe gustarle la oscuridad, o de lo contrario habr�a recorrido Oc�ano y destrozado todo el lugar. Creo que eso no sucedi� por simple azar, y si este lugar est� progresando por suerte, no podr� durar demasiado. Ese gusano ha de ser una mutaci�n defectuosa, y ello significa que no hay nadie por aqu� con poder suficiente para matarlo y hacer que las cosas vuelvan a su cauce. Es lamentable, de verdad, pero pienso que los constructores, o han muerto o volvieron al salvajismo, como esas historias que nos estuviste contando, Bill.</p><p>�Es una posibilidad �convino Bill.</p><p>Cirocco solt� una risotada.</p><p>�Claro que s�. Tambi�n es posible que t� est�s viendo demasiado en ese gusano. Quiz�s a la gente de <emphasis>aqu� le gustan </emphasis>los gusanos y no puede soportar tener que abandonar �ste. Y entonces el gusano ha crecido hasta necesitar un hogar mayor, y ellos le han dado Mnem�sine. No importa, tenemos que seguir intentando llegar al cubo de la rueda.</p><p>�Hacedlo vosotros �accedi� Calvin�. Yo navegar� en torno al borde para ver qui�n sigue vivo aqu� abajo. Es posible que los constructores hayan sufrido una ca�da y que sin embargo posean suficiente tecnolog�a para hacer una radio. Si fuera as�, vendr� a comunic�roslo y vosotros, amigos m�os, podr�is volver a casa.</p><p>��<emphasis>Vosotros? �</emphasis>pregunt� Cirocco�. Vamos. Calvin. Todos estamos metidos en esto. Que t� no te quedes con nosotros no significa que te abandonaremos aqu�</p><p>Calvin adopt� un aire de gravedad. Ya no habr�a de decir nada m�s.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Antes que Apeadero se pusiera en marcha. Calvin arroj� algunos risue�os atados a paraca�das. Los us� como contrapeso para lanzar paraca�das fuera del dispensador, porque la seda y cuerdas azulinas eran los art�culos m�s �tiles que hab�an encontrado hasta el momento.</p><p>Gaby pleg� los paraca�das y los guard� cuidadosamente. Jur� que vestir�a a Cirocco como una reina. La capitana se resign�. No era un precio muy alto de pagar por mantener feliz a Gaby.</p><p>Y una vez m�s el <emphasis>Titanic </emphasis>fue botado, en esa ocasi�n con un nuevo sentido de urgencia. Ten�an que ponerse en contacto con una raza avanzada con cirug�a antis�ptica o descubrir un medio de encender una hoguera, y ten�a que ser pronto. El ser del vientre de Cirocco no iba a hacerse esperar.</p><p>Cirocco pens� mucho en ello en los d�as siguientes. Su repulsi�n era un pu�o cerrado en su interior. Buena parte del asco brotaba de la naturaleza desconocida de la bestia que hab�a sembrado su semilla en la capitana.</p><p>Y con todo, un aborto habr�a sido su decisi�n aun cuando hubiera tenido la seguridad de que estaba gestando un feto humano. No ten�a nada que ver con la idea de maternidad en s�, ya que planeaba ser madre cuando se retirara de la NASA, tal vez a los cuarenta o cuarenta y cinco a�os. Ten�a una docena de c�lulas en suspensi�n criog�nica en O�Neil Uno, listas para ser fertilizadas e implantadas cuando creyera estar en disposici�n de dar a luz. Se trataba de una precauci�n com�n entre astronautas e incluso entre los colonos de la luna y L-5: una defensa contra una lesi�n por radiaci�n al tejido reproductor. Cirocco planeaba criar y educar un ni�o y una ni�a a una edad suficiente como para ser la abuela de ellos.</p><p>Pero elegir�a el momento. Tanto si el padre fuera un humano y un amante o una monstruosidad deforme en las entra�as de Gea, Cirocco controlar�a sus �rganos reproductivos. A�n no estaba dispuesta, y pensaba que no lo estar�a por muchos a�os m�s. Sin considerar que Gea no era un lugar apropiado para estar cargada con un ni�o, le quedaba todav�a mucho por hacer, esfuerzos en los que un beb� ser�a un problema tan grande como en cualquier sitio. Y ella pretend�a liberarse totalmente. Lo que ten�a que hacer era impostergable.</p></section><section><title><p>CAPITULO 11</p></title><p>Los cables de sustentaci�n se presentaban en filas de cinco organizados en grupos de quince, e hileras de tres que estaban solas.</p><p>Toda regi�n nocturna ten�a quince cables relacionados con ella. Hab�a una fila de cinco cables verticales que iban directamente hasta el cuerno hueco del techo que era el interior de uno de los radios de la rueda de Gea. Dos de estos cables llegaban al suelo en las tierras altas y eran virtualmente una parte de la pared, uno al norte y otro al sur. Otro de ellos emerg�a de un punto a medio camino entre los cables extremos y los otros dos se hallaban espaciados uniformemente entre el centro y los cables del borde.</p><p>Adem�s de estos cables centrales, las regiones de noche ten�an otras dos hileras de cinco que surg�an de los radios aunque ligados a zonas diurnas, una fila veinte grados al este y la otra veinte grados al oeste de la hilera central. El radio sobre Oc�ano, por ejemplo, enviaba cables a Mnem�sine e Hiperi�n. El grupo de quince cables sosten�a la tierra en una regi�n igual a m�s de cuarenta grados de la circunferencia de Gea.</p><p>Los cables que surg�an de luz diurna y llegaban a una noche despu�s de atravesar una zona de crep�sculo hac�an su trayecto con un �ngulo marcado respecto a la tierra, que aumentaba con la altitud hasta acercarse a sesenta grados en el punto de uni�n con el techo.</p><p>Luego hab�a hileras de tres cables, asociadas �nicamente a zonas diurnas. Estos cables eran verticales, y ascend�an directamente desde el terreno hasta que traspasaban el techo y emerg�an al espacio. El <emphasis>Titanic </emphasis>y su tripulaci�n iban acerc�ndose al centro de la hilera de tres correspondiente a Hiperi�n.</p><p>El cable fue haci�ndose m�s magnificente e intimidante con cada d�a que pasaba. Ya desde el campamento de Bill hab�a dado la impresi�n de que la estructura se inclinaba sobre ellos. La inclinaci�n no era m�s pronunciada en ese momento, pero el conjunto hab�a crecido de tama�o. Mirarlo resultaba doloroso. Saber que una columna vertical tiene cinco kil�metros de di�metro y ciento veinte de altura es una cosa. Verlo es muy distinto.</p><p>El Ofi�n describ�a un amplio meandro en torno a la base del cable, empezando al sur y yendo hacia el norte antes de reasumir su direcci�n general hacia el este: una faceta que hab�an observado cuando a�n estaban distantes del cable. Lo inquietante en cuanto a viajar por Gea era que el paisaje se ve�a f�cilmente aun cuando se estuviera alejado de �l. Cuanto m�s se aproximaban, m�s se condensaba la visi�n, hasta que los rasgos superficiales quedaban achatados sin posible interpretaci�n. La tierra que estaban recorriendo siempre parec�a tan llana como la Tierra. S�lo en la lejan�a empezaba a curvarse.</p><p>��Quieres explicarme otra vez por qu� estamos haciendo esto? �grit� Gaby a Cirocco�. Creo que no lo comprendo.</p><p>El trayecto hasta el radio era m�s dif�cil de lo que hab�an supuesto. Hab�an seguido el r�o para atravesar la selva, como si lo hubieran hecho por una magn�fica carretera natural. Pero fue entonces cuando Cirocco pudo enterarse del verdadero significado de impenetrable. La tierra estaba cubierta de una capa de vegetaci�n casi s�lida, y las �nicas herramientas de corte que ten�an hab�an sido construidas con los aros de los cascos. Para empeorar m�s la situaci�n, el suelo se iba elevando constantemente mientras se acercaban al cable.</p><p>�Yo me lo tomar�a con un poco menos de angustia �contest� Cirocco�. Ya sabes que tenemos que hacerlo. Pronto ser� m�s f�cil.</p><p>Ya hab�an obtenido cierta informaci�n provechosa. Lo m�s importante hasta entonces era el hecho de que se trataba realmente de un cable, compuesto por ramales arrollados. Hab�a m�s de un centenar de ramales, todos con sus buenos doscientos metros de di�metro.</p><p>Los ramales estaban fuertemente unidos en la mayor parte de su longitud, pero a medio kil�metro del suelo empezaban a divergir, llegando a tierra como entidades separadas. La base del cable se transformaba en un bosque de inmensas torres, m�s bien que una sola y gigantesca.</p><p>Lo m�s interesante de todo: varios ramales estaban rotos. Muy superficialmente vieron los retorcidos extremos de dos de ellos rizados igual que las puntas pilosas florecidas de un anuncio de champ�.</p><p>Mientras se abr�a paso para despejar el terreno, Cirocco observ� que la sustancia que pavimentaba el punto de uni�n del suelo con el cable, similar al caucho o el alquitr�n, se hab�a endurecido. Cada ramal hab�a hecho sobresalir un cono de esa sustancia, y los diversos conos estaban llenos de arena. Entre los ramales extremos era posible distinguir una selva de conos que menguaba hasta la negrura.</p><p>La tierra que los separaba del cable era arenosa, con enormes piedras diseminadas en ella. La arena era amarillorrojiza y las rocas ten�an bordes filosos, con pocas se�ales de erosi�n. Parec�a que las hubieran arrancado violentamente del suelo.</p><p>Bill inclin� la cabeza hacia atr�s para ver el cable hasta el resplandor del techo transl�cido.</p><p>�Dios m�o, vaya vista �dijo.</p><p>�Imag�nate c�mo habr�n de verla los nativos �dijo Gaby�. Los cables del cielo que sostienen el mundo�</p><p>Cirocco entorn� los ojos.</p><p>�No es de sorprenderse que piensen que Dios vive all� arriba �dijo�. Imaginaos al maestro titiritero que usar�a estas cuerdas.</p><p>Al comienzo de la ascensi�n el terreno de la ladera era firme, pero a medida que sub�an se iba haciendo m�s y m�s resbaladizo. Ah� no crec�a nada que mantuviera unida la tierra. Era arena, h�meda en la superficie pero seca debajo. Formaba una corteza que los pies de los terr�queos hac�a inestable, desplazando placas que resbalaban hacia abajo tras ellos.</p><p>Cirocco avanzaba resueltamente, determinada a llegar hasta el mismo ramal: pero enseguida se encontr� resbalando tanto como pugnaba por subir, todav�a a doscientos metros de la cima. Bill y Gaby quedaron rezagados y contemplaron c�mo Cirocco trataba de encontrar un asidero en el inestable terreno. Fue in�til. Cay� de bruces y rod� hacia atr�s, se sent� y observ� iracunda el cable, tan exasperantemente cercano.</p><p>��Por qu� yo? �pregunt�, y golpe� el suelo con el pu�o.</p><p>Se quit� la arena de la boca. Se levant�, pero sus pies resbalaron de nuevo. Gaby extendi� una mano para asirla por el brazo y Bill casi cay� encima de las dos al tratar de ayudarles. Hab�an perdido otro metro.</p><p>�Tanto para nada �dijo Cirocco, fatigadamente�. Todav�a quiero echar un vistazo por aqu�, pese a todo. �Alguien me acompa�ar�?</p><p>Nadie mostr� demasiado entusiasmo, pero la siguieron ladera abajo y se introdujeron en la selva de ramales de cable.</p><p>Todos los ramales ten�an su mont�n de arena alrededor. Se vieron forzados a seguir una ruta tortuosa entre ellos. Una maleza tiesa y quebradiza crec�a en el compacto terreno en las partes inferiores de las gigantescas toperas.</p><p>Se hizo oscuro conforme fueron abri�ndose camino por el interior� Oscuridad y mucho m�s silencio del que hab�a existido en las semanas pasadas en el r�o. Hab�a un alarido lejano, como un viento que atravesara largos y abandonados corredores, y muy por encima, el tintineo de un carill�n. O�an sus propias pisadas y el sonido de la respiraci�n de los dem�s.</p><p>La sensaci�n de estar en una catedral era imposible de rechazar. Cirocco hab�a visto antes un lugar as�, entre las secoyas gigantescas de California. Aquel era un lugar m�s verde y no tan silencioso, pero la tranquilidad y el sentimiento de estar perdido entre seres enormes e indiferentes era el mismo. En caso de ver una telara�a, Cirocco sab�a que no parar�a de correr hasta llegar a la luz del d�a.</p><p>Comenzaron a notar formas que colgaban sobre sus cabezas, algo semejante a tapices rasgados. Se encontraban inm�viles en el aire enrarecido, formas insustanciales en las sombras que hab�a a gran altura. Un polvo muy fino flotaba a su alrededor, arremolinado por la m�s leve brisa.</p><p>Gaby toc� suavemente el brazo de Cirocco, que dio un brinco y mir� hacia arriba, donde Gaby se�alaba.</p><p>Algo pend�a junto a uno de los ramales, quince metros por encima de la cima de la duna. A Cirocco le pareci� que la cosa reposaba en un saliente antes de preguntarse si podr�a ser un brote de cierto tipo.</p><p>�Igual que un percebe �dijo Bill.</p><p>�O una colonia de percebes �musit� Gaby. que tosi� nerviosamente y repiti� lo mismo.</p><p>Cirocco sab�a c�mo se sent�a Gaby. Daba la impresi�n de que todos deber�an estar susurrando. Agit� la cabeza.</p><p>�He recordado a los indios moradores de los barrancos de Arizona �dijo.</p><p>En pocos momentos atisbaron m�s objetos, mucho m�s altos y menos definidos que el encontrado por Gaby. �Eran moradores de los barrancos o par�sitos? No hab�a forma de saberlo.</p><p>Cirocco dio una �ltima mirada alrededor y crey� ver algo en la lejan�a, justo al l�mite de la oscuridad total. Era una construcci�n. Poco despu�s de advertirla, Cirocco supo que era una ruina. Hay una arena muy fina amontonada a su alrededor.</p><p>Fue casi refrescante encontrar algo construido a escala humana. La construcci�n era del tama�o de algunos de los pueblos indios m�s peque�os de Colorado, y bastante parecida a ellos. Hab�a tres capas de c�maras hexagonales sin entradas patentes. Cada capa estaba formada por habitaciones algo m�s grandes que las inferiores. Cirocco se acerc� m�s y toc� una pared. Era piedra fr�a, cortada, tallada y unida sin mortero, a la manera inca.</p><p>Mirando con m�s atenci�n Cirocco distingui� que realmente hab�a cinco estratos de c�maras, aunque las dos m�s bajas eran mucho m�s peque�as que las tres que hab�a visto desde lejos, y compuestas de piedras menores. Apartando la arena de la base del muro encontr� una sexta capa, luego una s�ptima, cada una de ellas m�s menuda que la superior.</p><p>��Qu� deduces de esto? �pregunt� Bill, que se hab�a arrodillado junto a ella mientras escarbaba.</p><p>�Es una forma curiosa de construir.</p><p>Cirocco excav� m�s profundamente pero enseguida se vio vencida por la arena que volv�a a deslizarse con la misma rapidez con que ella la extra�a. La capa inferior que hab�a encontrado estaba formada por c�maras de no m�s de medio metro de altura y casi tan anchas, construidas con piedras del tama�o de ladrillos de alba�iler�a. Circundaron la estructura y encontraron un lugar en que se hab�a desmoronado. Piedras masivas de la parte superior hab�an aplastado la mayor parte de las rocas m�s peque�as de abajo. Hab�a una c�mara intacta a no ser por una pared que faltaba. No vieron puertas interiores, y ning�n punto para penetrar en la estructura desde el exterior.</p><p>��Para qu� construir un lugar sin puertas?</p><p>�Tal vez entraban por abajo �sugiri� Gaby.</p><p>�Sin una excavadora, nunca lo sabremos �Cirocco pensaba en el equipo que hab�an tra�do para usarlo con el m�dulo de aterrizaje y se sobresalt� cuando la evocaci�n la llev� de nuevo a los restos de su nave, destrozada y dando vueltas en el espacio.</p><p>�Me preguntaba qu� relaci�n tiene esto con el cable �dijo Bill�. �Lo habr�n construido para mantenimiento de los trabajadores o levantado posteriormente, despu�s de que las cosas se vinieran abajo?</p><p>Cirocco alz� una ceja.</p><p>��Supones acaso que las cosas se han ido abajo?</p><p>Bill abri� los brazos.</p><p>�Hay un da�o estructural que no ha sido reparado. Ya has visto esos ramales rotos.</p><p>Cirocco sab�a que Bill no iba muy desencaminado. Toda la oscura miasma bajo el cable exhalaba un dilatado abandono. Se trataba de una tumba mohosa, o de los huesos de algo que otrora fuera poderoso.</p><p>Pero incluso en decadencia, Gea era magn�fica. El aire era fresco, el agua pura. Cierto que grandes zonas eran en ese momento desiertos o eriales helados, y se hac�a dif�cil creer que hubieran sido planeadas as�. Y sin embargo Cirocco cre�a que los sistemas ecol�gicos se habr�an deteriorado a�n m�s si all� no hubiera habido alguien con cierto grado de control.</p><p>�Gea no est� falta de gu�a �dijo Gaby, haciendo eco de los pensamientos de Cirocco sin conocerlos�. Esta construcci�n me da la impresi�n de ser vieja. Probablemente miles de a�os no ser�a exagerado.</p><p>�Seguro que <emphasis>se nota </emphasis>tan viejo �convino Bill.</p><p>�S� algo en cuanto a las complejidades relacionadas con el mantenimiento de un biosistema �prosigui� Gaby�. Gea es mayor que O�Neil Uno y eso la hace m�s flexible. Pero en unos cuantos siglos las cosas se desbocar�an fuera de control. Las cosas no se han ido abajo por completo.</p><p>�Podr�a tratarse de robots �dijo Bill.</p><p>�Eso est� bien para m� �dijo Cirocco�. Mientras haya alguna inteligencia detr�s de esto, planeo establecer contacto con ella y pedirle ayuda. Es posible que las computadoras sean mejores de tratar.</p><p>Bill, que hab�a le�do mucha ciencia ficci�n, pod�a formular una docena de teor�as sobre cualquier rasgo de Gea. Era parcial en cuanto a la fastidiosa mutaci�n siempre segura: algo que hab�a venido de ninguna parte y hab�a matado a muchos de los constructores como para dejar a Gea en manos de mecanismos de seguridad autom�ticos.</p><p>�Es un lugar abandonado, apostar�a por eso �les dijo Bill�. Igual que la nave de <emphasis>Hu�rfanos del espacio </emphasis>de Heinlein. Un mont�n de gente que parti� para Gea hace miles de a�os y que perdi� el control de camino. La computadora de la nave la puso en �rbita en torno a Saturno, desconect� los motores y contin�a ah� arriba manteniendo el bombeo de aire y aguardando m�s �rdenes.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Tomaron un camino distinto para salir, en parte porque resultaba imposible saber c�mo hab�an entrado. Cirocco no se preocup�; mientras fueran hacia la luz, perfecto.</p><p>Alcanzaron la luz solar en un punto muy al norte del que hab�an entrado y vieron algo que les hab�a sido ocultado por el mismo cable en el lugar de entrada. Se trataba de un ramal roto, pero examinable por encontrarse sobre el terreno.</p><p>El primer pensamiento de Cirocco fue la gigantesca lombriz que Calvin hab�a descrito. El ramal parec�a un ser viviente, resplandeciente a la luz amarillenta. Luego record� los oleoductos brasile�os que hab�a visto en su entrenamiento de supervivencia: grandes tubos plateados que surcaban la jungla tropical como si se tratara de un obst�culo despreciable. El ramal hab�a abierto su camino al caer, abatiendo los �rboles m�s elevados, aplastando inexorablemente la tierra. La jungla se hab�a cerrado sobre �l desde aquel momento, pero la enorme masa segu�a dando la impresi�n de poder alzarse en cualquier momento y desprenderse de las enredaderas invasoras, convirtiendo los �rboles en astillas.</p><p>Quinientos metros sobre ellos, el extremo del ramal cortado hac�a una curva y se apartaba del cuerpo del cable. Estaba roto y el interior que la rotura revelaba brillaba y reflejaba destellos rojos, verdeazulados y color cobre deslustrado. Manchas grises semejantes a un molde de pan crec�an en el mu��n y desde la parte inferior, y una cascada ca�a directamente sobre una zona de vegetaci�n ampliamente separada del bosque. El volumen de agua era sustancial y ruidoso, aunque al brotar del inmenso y retorcido ramal no parec�a ser mucho m�s que el goteo de una tuber�a rota.</p><p>Se acercaron al quebrado ramal y vieron que estaba formado por una serie de filetes hexagonales separados �nicamente por escasos mil�metros, nebuloso por causa de torbellinos de oro situados justo bajo la superficie. Desped�a reflejos apagados, quebrados, como si usaran por espejo el ojo de un insecto gigante.</p><p>Siguieron el cable hasta la colina y a trav�s de la jungla, donde el quebrado extremo result� ser hueco, aunque tan atorado por maleza y enredaderas que penetrar en su interior era imposible.</p><p>�Fuera lo que fuese, lo que hab�a dentro gustaba a las plantas �dijo Gaby.</p><p>Cirocco no respondi�. El avanzado estado de decadencia era deprimente. El abierto cabo del ramal era suficientemente grande como para haber servido de t�nel a la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>Era un objeto peque�o en la escala de Gea, s�lo uno de entre doscientos ramales de este cable solitario. Y con todo era un resto descollante, un resto que iba con gran rapidez hacia la podredumbre y disoluci�n. En el momento de partirse, toda la superficie de Gea debi� de vibrar en armon�a.</p><p>Y nadie hab�a hecho nada con el ramal.</p><p>Cirocco no dijo nada, pero resultaba dif�cil contemplar los restos y creer que todav�a pod�a haber alguien vigilando las m�quinas.</p></section><section><title><p>CAPITULO 12</p></title><p>Dos d�as despu�s de su exploraci�n del interior del cable, los tripulantes del <emphasis>Titanic </emphasis>se encontraron abandonando la jungla tropical. La tierra jam�s hab�a sido montuosa excepto en las proximidades del cable; ahora volv�a a ser lisa como una mesa de billar y el Ofi�n se desparramaba kil�metros en todas direcciones. Dej� de existir una orilla como tal. Los �nicos detalles que marcaban el fin del r�o y el principio de las tierras de marismas eran hierbas altas enraizadas en el fondo y el ocasional banco de fango de un metro de altura. Una capa de agua se extend�a sobre todo, raramente con m�s de diez cent�metros de profundidad excepto en los sinuosos laberintos de lodazales, brazos pantanosos, abras y rebalsas. Estas aguas estaban protegidas y excavadas a m�s profundidad por enormes anguilas y lochas del tama�o de hipop�tamos.</p><p>Los �rboles de la regi�n presentaban tres variedades, creciendo en grupos ampliamente diseminados. La especie que llam� la atenci�n de Cirocco parec�a una escultura de vidrio, con troncos rectos y transparentes y ramas regulares dispuestas en forma cristalina. Las ramas m�s peque�as eran filamentos que podr�an haberse usado en �ptica de fibras. Cuando el viento soplaba, las ramas m�s d�biles se romp�an. Recobradas y envueltas con tela de paraca�das por un extremo constitu�an excelentes cuchillos. Dado el efecto centelleante que los filamentos produc�an al moverse, Gaby los llam� �rboles de navidad.</p><p>El resto de la vegetaci�n principal no fue muy del agrado de Cirocco. Una planta �parec�a incorrecto denominarla �rbol, aunque fuera bastante grande� se asemejaba a una pila de lo que es posible ver en cualquier rancho de ganado vacuno. Bill la llam� �rbol de esti�rcol. La vez que m�s se acercaron a uno de ellos vieron que hab�a una estructura interna, pero nadie quiso aproximarse demasiado porque ol�a bastante a lo que parec�a ser.</p><p>Despu�s encontraron �rboles que lo hac�an mejor en cuanto a cumplir los requisitos precisos. Ten�an algo de cipr�s y un poco de sauce, y crec�an en desordenadas mara�as festoneadas por plantas trepadoras que pugnaban por abatirlos.</p><p>El panorama era extra�o de un modo mucho m�s desagradable que el de las tierras altas. La jungla que hab�an dejado atr�s no era demasiado distinta del Amazonas o el Congo. Ah�, nada parec�a familiar, todo era deforme y amenazador.</p><p>Acampar resultaba imposible. Optaron por atar la embarcaci�n a los �rboles y dormir en ella. Pero llov�a cada diez o doce horas. Montaron tiendas de tela de paraca�das sobre la proa, pero el agua siempre se filtraba e inundaba el fondo. El tiempo era c�lido, mas la humedad era tan alta que no hab�a cosa que se secara jam�s.</p><p>Con el barro, el calor, la humedad y el sudor, todos se volvieron irritables. Iban escasos de sue�o, a menudo apa��ndose con no m�s que una vacilante cabezada mientras no ten�an tareas que cumplir, y la situaci�n empeoraba cuando intentaban dormir los tres a la vez y acababan compitiendo por el limitado espacio del fondo inclinado del <emphasis>Titanic.</emphasis></p><p>Cirocco despert� de una pesadilla de ser incapaz de respirar. Se sent�, y not� que la tela de su vestidura se desprend�a de su piel. Se sinti� pegajosa entre los dedos de pies y manos, bajo el cuello y en su regazo.</p><p>Gaby le hizo una se�a con la cabeza al ver que se levantaba y despu�s llam� su atenci�n hacia el r�o.</p><p>�Rocky �dijo Bill�. Hay algo que desear�s�</p><p>�No �dijo Cirocco, alzando las manos�. Maldito sea, quiero caf�. Estar�a dispuesta <emphasis>a matar </emphasis>por caf�.</p><p>Gaby sonri� inciertamente, pero su gesto pareci� encubrir un esfuerzo. Por entonces ya sab�an que Cirocco empezaba muy lentamente.</p><p>�No es gracioso. De acuerdo �Cirocco mir� fija, desoladamente, la tierra que parec�a tan deca�da y podrida como ella se sent�a�. Dadme s�lo un instante antes de que empec�is a preguntarme cosas �dijo. Se esforz� en sacarse las pegajosas ropas y salt� al r�o.</p><p>Era mejor, pero no demasiado.</p><p>Se movi� de arriba abajo, chapoteando, sosteni�ndose en el lateral de la embarcaci�n y pensando en jab�n hasta que su pie toc� algo viscoso. No esper� a descubrir de qu� se trataba, sino que salt� sobre el borde y permaneci� con el agua remojando sus pies.</p><p>�Ahora. �Qu� quer�ais?</p><p>Bill se�al� hacia la orilla norte.</p><p>�Hemos estado viendo humo en esa direcci�n. Ahora puedes verlo, justo a la izquierda de ese mont�n de �rboles.</p><p>Cirocco se inclin� sobre el borde del barco y lo vio: una delgada l�nea de gris recortada sobre el fondo de la distante pared norte.</p><p>�Amarremos esto y echemos un vistazo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Era una penosa y larga caminata entre lodo que llegaba a las rodillas y agua estancada. Bill iba a la cabeza. Empezaron a excitarse cuando llegaron al gran �rbol de esti�rcol que les hab�a oscurecido la visi�n. Cirocco percibi� una fumarada con el hedor m�s intenso del �rbol y se apresur� por el resbaladizo terreno.</p><p>Comenz� a llover en el mismo momento que llegaron al fuego. No era una lluvia molesta, pero tampoco el fuego era demasiado un fuego. Daba la impresi�n de que todo lo que iban a sacar de aquello ser�a tizne en las piernas.</p><p>El fuego era un humo denso e irregular que cubr�a un hect�metro cuadrado y humeaba sin llama en los bordes. Mientras lo contemplaban, el humo gris empez� a volverse blanco conforme ca�a la lluvia. Luego una lengua de llamas lami� la parte inferior de un arbusto a pocos metros de distancia.</p><p>�Buscad algo que est� seco �orden� Cirocco�. Cualquier cosa. Un poco de esa hierba de pantano, y algunos palos. Deprisa, lo estamos perdiendo.</p><p>Bill y Gaby corrieron en diferentes direcciones mientras Cirocco se arrodillaba junto al arbusto y soplaba. Hizo caso omiso del humo en sus ojos y sigui� soplando hasta notar mareos.</p><p>Enseguida se encontr� apilando le�a razonablemente seca. Por fin pudo sentarse y sentirse segura de que la hoguera continuar�a ardiendo. Gaby grit� y lanz� un palo a tanta altura que fue casi invisible antes de que empezara a caer. Cirocco sonri� cuando Bill le dio una palmadita en la espalda. Se trataba de una peque�a victoria, pero tal vez fuera importante. Se sent�a fabulosamente bien.</p><p>Al cesar la lluvia, la hoguera segu�a ardiendo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El problema consist�a en c�mo mantenerla encendida.</p><p>Lo discutieron varias horas, probaron y descartaron diversas soluciones.</p><p>Les llev� el resto del d�a y buena parte del siguiente lograr que el plan que trazaron funcionara. Hicieron dos cuencos con la arcilla del pantano, los cocieron con cuidado y despu�s secaron una gran cantidad de le�a m�s lenta de consumirse. Una vez hecho esto, dispusieron dos peque�os fuegos en ambos cuencos. Parec�a sensato disponer de un repuesto. El plan requer�a de alguien que atendiera el fuego constantemente, pero estaban deseosos de hacerlo hasta encontrar una soluci�n mejor.</p><p>Cuando hubieron terminado, era casi la hora de dormir. Cirocco quiso comprobar si pod�an dormir sobre tierra seca, desconfiando realmente en sus medidas respecto al fuego, pero Bill sugiri� que antes hicieran una cacer�a.</p><p>�Estoy bastante aburrido de estos melones �dijo�. El �ltimo que prob� sab�a a rancio.</p><p>�S�, pero no hay risue�os. No he visto ninguno desde hace d�as.</p><p>�Entonces cazaremos otra cosa cualquiera. Necesitamos un poco de carne.</p><p>Ciertamente no hab�an estado comiendo bien. La marisma no ten�a nada parecido a la profusi�n de plantas frutales que hab�an encontrado en el bosque. La �nica planta nativa que hab�an probado sab�a a mango y les produjo diarrea. En el barco eso hab�a sido como un c�rculo interno del infierno. Y desde entonces hab�an confiado en provisiones guardadas.</p><p>Se decidieron por la gran locha, que era la presa que m�s se hac�a presente por all�. Igual que el resto de animales que hab�an encontrado, el pez les prestaba poca atenci�n. Todo lo dem�s era demasiado peque�o y ligero o, como las anguilas gigantes, demasiado grande.</p><p>La locha gustaba de reposar en el fango con el hocico enterrado, movi�ndose mediante el aleteo de su cola.</p><p>Cirocco, Gaby y Bill pronto cercaron una locha. Era la primera vez que la ve�an de cerca. Cirocco nunca hab�a visto una criatura tan fea; ten�a tres metros de largo, plana en la parte inferior y abultada en el centro desde el obtuso hocico hasta la aleta de la cola, horizontal y de aspecto perverso. A lo largo de su dorso hab�a un largo saliente gris, blando y suelto como la cresta de un gallo, aunque viscoso. Se hinchaba y deshinchaba r�tmicamente.</p><p>��Est�is seguros de que quer�is comer eso?</p><p>�Siempre que se quede suficientemente quieto�</p><p>Cirocco estaba parada cuatro metros delante de la locha mientras Gaby y Bill se acercaban por los costados. Los tres llevaban espadas hechas de ramas rotas de �rboles de navidad.</p><p>La locha ten�a un ojo del tama�o de un plato de pastel. Un borde del ojo se elev� hasta mirar a Bill, que se qued� paralizado. El pez produjo un sonido de venteo.</p><p>�Bill, no me gusta esto.</p><p>�No te preocupes. Est� parpadeando, �veis? �un chorro l�quido brot� de un agujero por encima del ojo, y volvi� a producir el venteo que Cirocco hab�a o�do�. Mantiene h�medo su ojo. Ning�n p�rpado.</p><p>�Si t� lo dices�</p><p>Cirocco agit� los brazos y el pez, servicialmente, apart� la vista de Bill y la dirigi� hacia la capitana. Cirocco no se convenci� de que eso mejorara la situaci�n y dio un paso adelante, los pies alerta.</p><p>El pez mir� a otro lado, cansado de todo.</p><p>Bill avanz�, se asegur� y meti� la espada en la carne justo detr�s del ojo, apoy�ndose en el arma. El pez se sacudi� bruscamente mientras Bill retiraba la espada y brincaba hacia atr�s.</p><p>No sucedi� nada. El ojo no se mov�a y los �rganos del dorso ya no se hinchaban y deshinchaban. Cirocco se tranquiliz� y vio que Bill sonre�a.</p><p>�Demasiado f�cil �dijo Bill�. �Cu�ndo nos ofrecer� un reto este lugar?</p><p>Cogi� el pu�o de la espada y tir� de ella. Sangre oscura fluy� sobre su mano. El pez se dobl�, toc�ndose el hocico con la cola, y despu�s hizo oscilar �sta a los lados y contra la cabeza de Bill. El animal excav� h�bilmente bajo el inm�vil cuerpo y lo lanz� al aire.</p><p>Cirocco ni siquiera vio donde cay�. El pez se arque� de nuevo, en esta ocasi�n balance�ndose sobre su panza con hocico y cola en el aire. Cirocco vio la boca del pez por primera vez. Era redonda, similar a la de una lamprea, con una doble hilera de dientes que matraqueaban y giraban en sentido contrario. La cola golpe� el barro y el pez salt� hacia Cirocco.</p><p>Cay� plana al suelo, levantando una ola de fango con la barbilla. El pez se desplom� detr�s de ella, se arque� y alete� quince kilos de lodo al aire mientras fustigaba alocadamente con su cola. La afilada aleta reban� la tierra frente a la cara de Cirocco y despu�s se elev� para un nuevo intento. La capitana se escurri� sobre manos y rodillas, resbalando cada vez que intentaba ponerse en pie.</p><p>��Rocky! �Salta!</p><p>Lo hizo, y se escap� por poco de que le arrancaran el brazo cuando la cola del pez bati� el suelo una vez m�s.</p><p>��Vete, vete! �Va detr�s de ti!</p><p>Un vistazo hacia atr�s mostr� �nicamente dientes que giraban. Todo lo que pudo o�r fue el terrible zumbido. El animal pretend�a com�rsela.</p><p>Se encontraba en un cenagal que le llegaba a las rodillas y encamin�ndose hacia aguas m�s profundas, cosa que no parec�a una buena idea, pero cada vez que intentaba dar la vuelta la cola fustigaba entre el barro. Enseguida qued� cegada por el constante alud de agua sucia. Resbal�, y antes de que pudiera erguirse, la cola golpe� el costado de su cabeza. Estaba consciente, aunque sus o�dos sonaban al revolverse y buscar a tientas la espada. El fango se la hab�a tragado. El pez estaba a un metro, retorci�ndose para preparar un salto que aplastara a la mujer, cuando Gaby lleg� corriendo y pas� al animal. Sus pies apenas tocaban el suelo. Golpe� a Cirocco en un veloz blocaje lo bastante vigoroso para hacer saltar los dientes, el pez salt� y los tres patinaron tres metros en el barro.</p><p>Cirocco not� indistintamente un muro h�medo y viscoso bajo un pie. Pate�. El pez se precipit� hacia ellas de nuevo mientras Gaby tiraba de Cirocco, nadando en el lodo. A continuaci�n la solt�, y Cirocco alz� la cabeza por encima del agua, jadeante.</p><p>Vio la espalda de Gaby, enfrentada a la criatura. La cola lanz� un tajo al nivel del cuello de Gaby, mort�fera como una guada�a, pero la mujer se agach� y sostuvo en alto la espada. El arma se rompi� cerca del pu�o, pero el agudo borde cort� un buen trozo de aleta. Al pez pareci� no gustarle. Gaby volvi� a saltar, directamente hacia las espantosas fauces, y aterriz� en el dorso de la criatura. Hinc� el mango de su espada en el ojo, apretando m�s en vez de confiarse como Bill hab�a hecho. El pez se la quit� de encima, pero esta vez la cola no ten�a direcci�n. El miembro bati� el suelo furiosamente mientras Gaby buscaba otra oportunidad para hacer otro corte.</p><p><emphasis>��Gaby! �</emphasis>chill� Cirocco�. �D�jalo! �No te expongas a que te mate!</p><p>Gaby ech� un vistazo hacia atr�s y despu�s se precipit� hacia Cirocco.</p><p>�V�monos de aqu�. �Puedes andar?</p><p>�Claro, yo� �el suelo giraba. Se asi� a la manga de Gaby para estabilizarse.</p><p>�Ag�rrate. Ese bicho se acerca.</p><p>Cirocco no tuvo oportunidad de saber qu� pretend�a Gaby, pues �sta la levant� antes de que pudiera saber qu� estaba ocurriendo. Estaba demasiado d�bil y confundida para oponerse a que Gaby la sacara de la ci�naga, colgada de su espalda como si la salvaran de un incendio.</p><p>Fue depositada suavemente en un lugar herboso, y luego vio el rostro de Gaby revoloteando sobre ella. Ca�an l�grimas por sus mejillas mientras tanteaba la cabeza de Cirocco. Despu�s baj� hasta el pecho.</p><p>��Uah! �Cirocco se encogi� y retorci� de dolor�. Creo que rompiste una costilla.</p><p>��Oh, Dios m�o! ��cuando te levant�? Lo siento, Rocky, yo�</p><p>Cirocco le toc� la mejilla.</p><p>�No, tonta, cuando me golpeaste como la l�nea de delanteros de los Giants. Y me alegra que lo hicieras.</p><p>�Quiero verte los ojos. Pens� que t��</p><p>�No hay tiempo. Ay�dame a levantarme. Vete a ver a Bill.</p><p>�Primero t�. Qu�date echada. No deber�as�</p><p>Cirocco apart� bruscamente la mano de Gaby y se levant� de rodillas antes de encogerse y vomitar.</p><p>��Ves lo que te digo? Tienes que quedarte aqu�.</p><p>�Muy bien �dijo ahogadamente�. Vete a buscarle. Gaby. Cuida de �l. Tr�elo aqu�, vivo.</p><p>�D�jame ver�</p><p><emphasis>��Vete!</emphasis></p><p>Gaby se mordi� el labio, ech� una mirada al pez, que todav�a se sacud�a a distancia, y pareci� torturada. Luego se puso en pie de un salto y corri� en la que Cirocco esper� fuera la direcci�n correcta.</p><p>Se qued� inm�vil, agarr�ndose el est�mago y maldiciendo en voz baja hasta que volvi� Gaby.</p><p>�Est� vivo �dijo�. Inconsciente, y creo que herido.</p><p>��Muy grave?</p><p>�Hay sangre en una pierna, las manos y por toda la cara. En parte es sangre del pez.</p><p>�Te dije que lo trajeras aqu� �gru�� Cirocco, tratando de contener otro ataque de n�useas.</p><p>�Shhh �la calm� Gaby, pas�ndole suavemente la mano por la frente�. No podr� moverlo hasta que tengamos una camilla. Pero antes quiero dejarte en el barco y acostada. �Silencio! Si quieres que peleemos� No querr�s un pu�etazo, �verdad?</p><p>Cirocco se sent�a como para darse un pu�etazo ella misma, pero las n�useas superaron el impulso. Se dej� caer y Gaby la alz�.</p><p>Pens� en cuan rid�culo deb�a de ser su aspecto. Gaby med�a uno cincuenta mientras que ella med�a uno ochenta y cinco. En baja gravedad, Gaby ten�a que moverse con precauci�n, ya que el peso no era problema.</p><p>Las cosas no dieron vuelta tan cruelmente cuando cerr� los ojos. Cirocco apoy� la cabeza en el hombro de Gaby.</p><p>�Gracias por salvarme la vida �dijo, y se desmay�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Despert� con los chillidos de un hombre. No era un sonido que quisiera volver a o�r.</p><p>Bill estaba semiconsciente. Cirocco se sent� y toc� precavidamente el costado de su cabeza. Le dol�a, pero el mareo hab�a desaparecido.</p><p>�Ven y dame una mano �dijo Gaby�. Tenemos que agarrarlo o se har� da�o �l mismo.</p><p>Cirocco se precipit� sobre Gaby.</p><p>��Est� muy mal?</p><p>�Francamente mal. Su pierna est� rota. Probablemente algunas costillas, tambi�n, aunque no ha tosido sangre.</p><p>��D�nde est� la fractura?</p><p>�En la tibia o el peron�. No los distingo. Pens� que se trataba de una herida hasta que lo puse en la camilla. Empez� a revolverse y el hueso se sali�.</p><p>��Dios!</p><p>�Al menos no pierde mucha sangre.</p><p>Cirocco sinti� otro temblor en el est�mago mientras examinaba el irregular corte de la pierna de Bill. Gaby estaba lavando la herida con trozos de paraca�das hervidos. En cuanto tocaba la pierna, Bill chillaba roncamente.</p><p>��Qu� vas a hacer? �inquiri� Cirocco, vagamente consciente de que deb�a ser ella la que dijera, no preguntara, qu� hacer.</p><p>Gaby ten�a un aspecto de agon�a.</p><p>�Creo que deber�as llamar a Calvin.</p><p>��Con qu� fin? Oh, s�, llamar� al hijo-de-puta, pero ya has visto cu�nto tard� la �ltima vez. Si para cuando llegue, Bill ha muerto, lo matar�.</p><p>�Entonces, tendremos que hacerlo nosotras.</p><p>��T� sabes hacerlo?</p><p>�Vi c�mo lo hac�an, en cierta ocasi�n �dijo Gaby�. Con anestesia.</p><p>�Lo que tenemos es un mont�n de trapos que espero est�n limpios. Lo agarrar� de los brazos. Espera un momento �se puso al lado de Bill y lo mir�. El hombre miraba fijamente al vac�o y su frente estaba caliente cuando Cirocco la toc�. �Bill? Esc�chame. Est�s herido, Bill.</p><p>��Rocky?</p><p>�Soy yo. Todo ir� bien, pero tu pierna est� rota. �Comprendes?</p><p>�Comprendo �susurr�, y cerr� los ojos.</p><p>�Bill, despierta. Necesitar� tu ayuda. No debes resistirte. �Me oyes?</p><p>Bill levant� la cabeza y mir� su pierna.</p><p>�S� �dijo, enjug�ndose la cara con una mano sucia�. Me portar� bien. Acabad, �quer�is?</p><p>Cirocco hizo una se�a a Gaby, que contrajo el rostro y tir�.</p><p>Cost� tres intentos y dej� temblorosas a las mujeres. Al segundo tir�n el extremo del hueso asom� con un sonido de humedad que hizo vomitar de nuevo a Cirocco. Bill lo soport� bien, con la respiraci�n sibilante y los m�sculos del cuello sobresalientes como cordones, pero no volvi� a chillar.</p><p>�Ojal� pudiera saber si ha quedado bien hecho �dijo Gaby. Despu�s se puso a llorar.</p><p>Cirocco no le prest� atenci�n y at� la tablilla a la pierna de Bill. Cuando termin�, el herido estaba inconsciente. Se levant� y puso sus ensangrentadas manos frente a ella.</p><p>�Tendremos que seguir nuestro camino �dijo�. Aqu� no se est� bien. Tenemos que encontrar un lugar seco, levantar un campamento y esperar a que Bill mejore.</p><p>�No es prudente moverlo.</p><p>�No �suspir� Cirocco�. Pero hay que hacerlo. Otro d�a ser� �l quien tendr�a que llevarnos a esa tierra alta que vimos antes. V�monos.</p></section><section><title><p>CAPITULO 13</p></title><p>Cost� dos d�as en lugar de uno, y fueron d�as terribles.</p><p>Se detuvieron frecuentemente para esterilizar los vendajes de Bill. El cuenco que usaban para calentar agua no era tan fino ni con mucho como un pote de cer�mica; se descascaraba y quer�a fundirse, y el agua quedaba turbia. Hab�a que esperar casi una hora a que el agua hirviera, debido a que la presi�n de Gea era superior a una atm�sfera.</p><p>Gaby y Cirocco lograron dormir algunas horas, nunca a la vez, mientras el r�o estaba tranquilo y era ancho. Pero cuando llegaban a un tramo peligroso hac�an falta las dos para evitar que el barco se fuera a la orilla. Y segu�a lloviendo�</p><p>Bill durmi�, y despert� despu�s de las primeras veinticuatro horas con aspecto de ser cinco a�os m�s viejo. Su rostro estaba gris�ceo. Cuando Gaby cambi� el vendaje la herida no ten�a buena cara. La pierna y gran parte de la piel eran casi el doble de su tama�o normal.</p><p>Cuando salieron de los pantanos Bill estaba delirante. Sudaba con profusi�n y ten�a mucha fiebre.</p><p>Cirocco estableci� contacto con un dirigible a primeras horas del segundo d�a, y recibi� el silbido alto, ascendente, que Calvin le hab�a dicho significaba: �Conforme, avisar�. Pero la capitana tem�a que ya fuera demasiado tarde. Contempl� al dirigible navegar serenamente hacia el mar helado y se pregunt� por qu� hab�a insistido en que dejaran la selva. Y si ten�an que haberlo hecho, �por qu� no a bordo de Apeadero, sobrevolando la jungla, lejos de seres terribles como las lochas que se negaban a morir?</p><p>Sus razones eran v�lidas ahora como entonces, pero ello no impidi� que se maldijera. Gaby no pod�a ir en los dirigibles y todos ten�an que encontrar una salida. Pero Cirocco pensaba que ten�a que haber cosas m�s f�ciles, m�s satisfactorias que tomar la responsabilidad de otras vidas, y estaba enferma de la suya propia. Deseaba estar libre, quer�a que otra persona aceptara la carga. �C�mo se le habr�a ocurrido pensar que pod�a ser capit�n? �Qu� hab�a hecho bien desde que tomara el mando de la <emphasis>Ringmaster?</emphasis></p><p>Lo que realmente quer�a era sencillo, pero muy dif�cil de encontrar. Deseaba amor, igual que cualquier otra persona. Bill le hab�a dicho que la quer�a; �por qu� ella no pod�a contestar lo mismo? Hab�a cre�do que ser�a capaz de decirlo alg�n d�a, pero ahora daba la impresi�n de que Bill iba a morir, y Bill era su responsabilidad.</p><p>Cirocco tambi�n quer�a aventura. La aventura la hab�a guiado toda su vida, desde el primer tebeo que hab�a abierto, desde el primer documental sobre el espacio que hab�a visto con los ojos muy abiertos siendo una ni�a, desde las primeras y antiguas pel�culas en blanco y negro y pantalla plana de espadachines y <emphasis>westerns </emphasis>a todo color que hab�a presenciado. La sed de hacer algo fant�stico y heroico nunca la hab�a abandonado. La hab�a apartado de la carrera de cantante que su madre anhelaba, y del papel de ama de casa con que todos los dem�s la importunaban. Hab�a querido dejarse llevar por una vida basada en los piratas espaciales, la llamarada del l�ser, recorrer furtivamente la jungla con una banda de feroces revolucionarios para un ataque nocturno a la plaza fuerte enemiga, buscar el Santo C�liz o destruir la Estrella de la Muerte. Hab�a encontrado otras razones, como mujer adulta, para trabajar tenazmente en la universidad y prepararse para ser la mejor, de modo que cuando llegara la oportunidad no pudieran elegir otra persona para la misi�n de Saturno. En el fondo de todo, no obstante, fue la inquietud de viajar, ver lugares extra�os y hacer cosas que nadie m�s hubiera hecho, lo que le hizo ir a parar a la cubierta de la <emphasis>Ringmaster.</emphasis></p><p>Pero ahora su aventura estaba ah� mismo. Flotaba r�o abajo en un cascar�n, sobre la estructura m�s tit�nica jam�s vista por el ojo humano, y el hombre que la amaba estaba agonizando.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Hiperi�n occidental era una tierra de colinas suavemente onduladas y grandes extensiones de llanuras, salpicadas de �rboles batidos por el viento como una sabana africana. El Ofi�n se estrechaba y empezaba a correr con rapidez, al tiempo que se volv�a misteriosamente m�s fr�o.</p><p>Navegaron sin rumbo durante cinco o seis kil�metros a merced del r�o, junto a bajos pe�ascos que ca�an abruptamente al borde del agua. El <emphasis>Titanic </emphasis>fue haci�ndose ingobernable a medida que avanzaba m�s deprisa. Cirocco busc� un ensanchamiento del r�o y un lugar para desembarcar.</p><p>Lo vio, y pasaron dos horas luchando contra la corriente con palos y paletas para llevar la embarcaci�n a la rocosa ribera. Las dos mujeres estaban agotando sus �ltimas reservas de energ�as. Y para remate, no hab�a comida en el barco e Hiperi�n Este no parec�a f�rtil.</p><p>Arrastraron el <emphasis>Titanic </emphasis>hasta tierra, con los pies resbalando en rocas alisadas a golpes por el agua, hasta asegurarse de que se hallaban fuera de peligro. Bill no fue consciente de la acci�n. Llevaba bastante tiempo sin hablar.</p><p>Cirocco se sent� con Bill mientras Gaby ca�a en un sue�o casi de muerte. Se mantuvo despierta explorando la zona hasta cien metros del lugar donde acampaban.</p><p>Hab�a un mont�culo a veinte metros del borde del r�o. Subi� trabajosamente a la cima.</p><p>Hiperi�n Este parec�a un sitio soberbio para un granjero. Amplias extensiones del terreno daban la impresi�n de ser un gualdo trigal de Kansas. Esa ilusi�n era echada a perder por �reas rojas como el or�n y tambi�n por otras de azul claro mezclado con naranja. El conjunto se agitaba con el viento como hierba alta. Oscuras sombras flotaban all�, algunas nubes tan bajas que formaban densas masas de niebla en los lechos de las caletas, incluso a la luz del sol.</p><p>Hacia el este, las monta�as marchaban en direcci�n a la zona de crep�sculo de Rea occidental, y poco a poco ganaban un color verde que deb�a de ser vegetaci�n, y luego lo perd�an en la oscuridad hasta convertirse en desoladas monta�as rocosas. Al oeste el terreno se aplanaba, con los lagos someros y las ci�nagas del pantano de las lochas brillando a la luz solar. M�s a lo lejos, el verde m�s oscuro de la selva tropical, y sobre la curvatura del horizonte, nuevas llanuras que se desvanec�an en el crep�sculo de Oc�ano, con su mar helado.</p><p>Escudri�ando las distantes monta�as Cirocco distingui� un grupo de animales: puntos negros contra el fondo amarillo. Quiz� dos o tres de los puntos fueran mayores que los otros.</p><p>Estaba a punto de volver a la tienda cuando oy� la m�sica. Era tan tenue y lejana que Cirocco se dio cuenta de que hab�a estado escuch�ndola un rato antes de reconocerla por lo que era. Habr�a un r�pido racimo de notas arpegiadas, luego una nota sostenida, alocadamente dulce y clara. La m�sica hablaba de lugares tranquilos y de un sosiego que ella hab�a pensado no volver�a a sentir jam�s, y era tan familiar como una canci�n o�da en la infancia.</p><p>Cirocco se encontr� llorando en silencio, tan quieta como le era posible, deseando que el viento siguiera con ella. Pero la canci�n hab�a cesado.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La tit�nida los encontr� cuando desmontaban la tienda, antes de trasladar a Bill. Se qued� inm�vil en la cima del mont�culo donde Cirocco hab�a estado el d�a anterior. Cirocco aguardo a que la tit�nida hiciera el primer movimiento, pero la reci�n llegada, al parecer, ten�a la misma idea.</p><p>La denominaci�n m�s obvia para aquel ser era centauro. La parte inferior era de id�ntica forma que un caballo, y la mitad superior era tan humana que resultaba sobrecogedora. A Cirocco le costaba creer lo que ve�a.</p><p>No era como Disney hab�a imaginado los centauros, ni tampoco ten�a mucho que ver con el cl�sico modelo griego. Ten�a abundante pelo, pero con todo, el rasgo predominante era su piel p�lida y desnuda. Hab�a grandes cascadas multicolores de pelo en la cabeza y cola, en las partes inferiores de las cuatro patas y en los antebrazos de la criatura. Lo m�s curioso de todo, hab�a pelo entre las dos patas delanteras, en el lugar donde un caballo decente �que la mente de Cirocco trataba una y otra vez de ver� no ten�a m�s que piel lisa. Llevaba un cayado de pastor y, a no ser por algunos peque�os ornamentos, ninguna ropa.</p><p>Cirocco estaba segura de que se trataba de una de las tit�nidas que Calvin hab�a mencionado, aunque �l hab�a cometido un error en la descripci�n; el ser �<emphasis>ella, </emphasis>Calvin hab�a dicho que todas eran hembras�, no ten�a seis patas, sino seis extremidades.</p><p>Cirocco dio un paso al frente y la tit�nida se llev� la mano a la boca, antes de extenderla en un r�pido gesto.</p><p>��Cuidado! �grit�. Mucha atenci�n, por favor. Durante una fracci�n de segundo Cirocco se pregunt� de qu� estaba hablando la tit�nida, pero esto qued� violentamente enterrado por la sorpresa. La lengua que hab�a empleado la tit�nida no era ingl�s, ni ruso ni franc�s, hasta ese momento las �nicas lenguas conocidas por Cirocco.</p><p>��Qu�? �se detuvo, carraspe�. El tono de su voz se hab�a descontrolado bastante hacia los agudos�. �Qu� problema hay? �Estamos en peligro? �las preguntas eran dif�ciles, requer�an de una compleja matizaci�n.</p><p>�Percib� que lo estabais �cant� la tit�nida�. Me pareci� que seguramente ibais a caer. Pero vosotros deb�is saber mejor lo que es correcto para vuestra raza.</p><p>Gaby miraba extra�amente a Cirocco.</p><p>��Qu� diablos ocurre? �pregunt�.</p><p>�Le entiendo �dijo Cirocco, que no deseaba profundizar m�s�. Nos dice que tengamos cuidado.</p><p>��Cuidado� de qu�?</p><p>��C�mo entendi� Calvin al dirigible? Algo se ha metido en nuestras mentes, cari�o. Y est� resultando �til precisamente ahora, as� que c�llate �se apresur� a proseguir antes de que se expresaran m�s preguntas, pues no conoc�a ni una sola de las respuestas.</p><p>��Sois el pueblo de los pantanos? �pregunt� la tit�nida�. �O proced�is del mar helado?</p><p>�Nada de eso �trin� Cirocco�. Hemos viajado por el pantano, en camino a� hacia el mar del diablo, pero ninguno de nosotros est� herido. No pretendemos hacerte da�o.</p><p>�Me har�is poco da�o si vais al mar del diablo, porque morir�is. Sois demasiado grandes para ser �ngeles que hayan perdido sus alas, y demasiado hermosos para ser criaturas del mar. Confieso que no os he visto antes.</p><p>�Nosotros� �Puedes reunirte con nosotros en la playa? Mi canci�n es d�bil. El viento no la levanta.</p><p>�Estar� ah� en dos meneos de tu cola.</p><p>��Rocky! �sise� Gaby�. �Cuidado, va a bajar! �se puso delante de Cirocco y qued� inm�vil con la espada de vidrio preparada.</p><p><emphasis>�S� </emphasis>que lo va a hacer �dijo Cirocco, agarrando el brazo armado de Gaby�. Yo le ped� que lo hiciera. Aparta eso antes de que ella tenga una mala idea y no se acerque. Gritar� si hay problemas.</p><p>La tit�nida baj� del pe�asco con las patas delanteras y los brazos extendidos hacia adelante para equilibrarse. Danzaba de un modo �gil, flotando sobre el peque�o alud que hab�a provocado, y a continuaci�n avanz� trotando hacia ellas. Sus patas produc�an un ruido familiar sobre las rocas.</p><p>Era treinta cent�metros m�s alta que Cirocco, que se encontr� dando un paso hacia atr�s cuando la tit�nida se acerc�. Rara vez en su vida hab�a conocido una mujer m�s alta, pero este ser femenino habr�a sobresalido aun entre cualquier otra persona que no fuera un jugador de baloncesto. Vista de cerca, era todav�a m�s extra�a, precisamente porque algunas de sus partes eran muy humanas.</p><p>Una serie de franjas rojas, anaranjadas y azules, que Cirocco crey� fueran se�ales naturales, resultaron ser pintura. Estaban dispuestas en figuras, limitadas sobre todo a su cara y pecho. Cuatro bandas en forma de chevron adornaban su vientre, justo por encima de donde deber�a estar su ombligo, en caso de que tuviera uno.</p><p>Su cara era lo bastante ancha como para hacer que la amplia nariz y la boca parecieran apropiadas. Sus ojos eran enormes, con un gran espacio entre ellos. Los iris eran amarillo brillante, con rayas radiales de color verde rodeando dilatadas pupilas.</p><p>Tan asombrosos eran los ojos que Cirocco casi no advirti� el rasgo menos humano del rostro de la tit�nida. Hab�a cre�do que detr�s de cada oreja hab�a un curioso tipo de flor, pero las flores resultaron ser las mismas orejas. Los puntiagudos extremos llegaban por encima de la corona de la cabeza.</p><p>�Me llaman Do Sostenido� �cant� la tit�nida. Fue una frase mel�dica en la tonalidad de do sostenido.</p><p>��Qu� ha dicho? �susurr� Gaby.</p><p>�Ha dicho que se llama� �Cirocco cant� el nombre, y las orejas de la tit�nida se irguieron.</p><p>�No puedo llamarla as� �protest� Gaby.</p><p>�Ll�mala Do Sostenido. �Quieres callarte y dejarme llevar la conversaci�n? �se volvi� hacia la tit�nida�. Mi nombre es Cirocco, o capitana Jones �cant�. Esta es mi amiga. Gaby.</p><p>Las orejas se abatieron hasta los hombros, y Cirocco casi ri�. La expresi�n de la tit�nida no hab�a variado, pero las orejas ten�an fuerza expresiva.</p><p>��Solamente �sir-o-ko-o-cap-tan-jons�? �cant� imitando la monoton�a de Cirocco. Al suspirar, las ventanas de su nariz se inflamaron con la fuerza del gesto, pero en cambio el pecho no se movi�. Es un nombre largo, aunque nada musical, y perd�name. �No os hace gracia llamaros tan severamente?</p><p>�Eligen nuestros nombres por nosotros �cant� Cirocco, con un inexplicable sentimiento de embarazo. Para la tit�nida era un apodo insulso, despu�s de haber transmitido para Cirocco un aire tan vivaz�. Nuestra forma de hablar no es como la tuya, nuestros silbidos tampoco son tan profundos�</p><p>Do Sostenido ri�, con una risa completamente humana.</p><p>�Hablas con la voz de una flauta delgada, realmente, pero me gustas. Os llevar� a casa de mi madre-hembra para un banquete, si est�is de acuerdo.</p><p>�Aceptar�amos tu invitaci�n, pero uno de nosotros est� muy mal herido. Necesitamos ayuda.</p><p>��Qui�n de vosotros? �cant� la tit�nida, aleteando las orejas en se�al de consternaci�n.</p><p>�No es ninguna de nosotras dos, sino otro. El tiene roto el hueso de una pierna �Cirocco not� de paso que el idioma tit�nido inclu�a construcciones masculinas y femeninas. Fraseos que significaban madre-macho y madre-hembra, y probablemente, adem�s, otros conceptos que rondaban su mente.</p><p>�Un hueso de la pierna �cant� Do Sostenido, ejecutando una complicada se�al con las orejas�. A menos que falle en mi suposici�n, eso es bastante grave para gente como vosotros, que no pod�is prescindir de uno. Llamar� a la curadora enseguida �la tit�nida alz� su cayado y cant� brevemente frente a un peque�o bulto del extremo.</p><p>Los ojos de Gaby se dilataron.</p><p>��Tienen radio? Rocky, dime qu� est� pasando.</p><p>�Ella ha dicho que llamar� a una doctora. Y que yo tengo un nombre tonto.</p><p>�Bill podr�a valerse del m�dico, pero no ser� un doctor titulado�</p><p>��Crees que no s� eso? �sise�, enfadada�. Bill tiene muy mal aspecto, caramba. Aunque este m�dico no tenga m�s que p�ldoras para caballos y magia, a Bill no le pasar� nada si le echa un vistazo.</p><p>��Es �sa vuestra forma de hablar? �pregunt� Do Sostenido�. �O es que ten�is problemas respiratorios?</p><p>�Es nuestra forma de hablar. Yo�</p><p>�Perdonadme, por favor. Mi madre-hembra dice que debo aprender a tener tacto. S�lo tengo� �la tit�nida cant� el n�mero veintisiete y un t�rmino temporal que Cirocco no pudo interpretar�. Y tengo mucho que aprender aparte de los conocimientos uterinos.</p><p>�Comprendo �cant� Cirocco, que no hab�a comprendido�. Debemos ser extra�os para ti� Es indudable que t� no eres como nosotras.</p><p>��S�? �el tono de su canci�n revel� que la idea era nueva para Do Sostenido.</p><p>�Para alguien que jam�s ha visto a nuestra raza.</p><p>�Debe ser como t� dices� Pero si no hab�is visto nunca una tit�nida, �de qu� parte de la gran rueda del mundo proced�is entonces?</p><p>Cirocco estaba confundida por la forma en que su mente estaba traduciendo las canciones de Do Sostenido. Fue al o�r las notas �de d�nde� cuando comprendi�, al traer a la mente interpretaciones alternativas de la palabra de tres notas, que Do Sostenido hablaba de un modo cort�s, formal, usando el apagado diapas�n microtonal reservado para j�venes que hablan con viejos. Y aunque un poco molesta por verse en la obligaci�n de tener que asumir tal postura, Cirocco respondi� llevando su voz a la escala tonal crom�tica del modo educacional.</p><p>�No venimos de la rueda. M�s all� de las paredes del mundo hay un lugar m�s grande que t� no ves�</p><p>��Oh! �Proced�is de la <emphasis>Tierra!</emphasis></p><p>Do Sostenido no hab�a dicho la Tierra, como tampoco se hab�a designado tit�nida. Pero el impacto de la palabra que nombraba al tercer planeta del sol sorprendi� tanto a Cirocco como si la extra�a lo hubiera pronunciado. Do Sostenido sigui� hablando, con una actitud y una postura que hab�an variado con el tono de Cirocco, siguiendo el curso de �sta, al lenguaje del que aprende. La tit�nida se anim�, y si sus orejas hubieran sido liger�simamente m�s anchas, se habr�a elevado en el aire.</p><p>�Estoy confundida �cant�. Pensaba que la Tierra era una f�bula para ni�os, contada alrededor de las hogueras. Y pensaba que los seres de la Tierra eran como las tit�nidas.</p><p>El o�do de Cirocco, nuevamente afinado, se esforz� por captar hasta la �ltima palabra. Se preguntaba si tit�nidas equivaldr�a a personas. Igual que en �nosotros personas, vosotros b�rbaros�. Pero el canto de Do Sostenido carec�a de arm�nicos chauvinistas. Hablaba de su especie como una m�s entre las numerosas de Gea.</p><p>�Somos los primeros en venir �cant� Cirocco�. Me sorprende que sepas cosas de nosotros, porque nosotros no sab�amos nada de vosotros hasta este momento.</p><p>��No cant�is nuestras grandes haza�as, como nosotros cantamos las vuestras?</p><p>�Lamentablemente no, creo�</p><p>Do Sostenido mir� por encima de su hombro. Otra tit�nida permanec�a en lo alto del mont�culo. Se parec�a mucho a Do Sostenido, aunque con una inquietante diferencia.</p><p>�Ese es Si Bemol� �cant�. Luego, sinti�ndose culpable, volvi� al tono formal�. Antes de que llegue, hay una pregunta que deseo formular y que me ha hecho arder de curiosidad desde el momento de veros por primera vez.</p><p>�No tienes que tratarme como a una vieja �cant� Cirocco�. Es probable que t� seas m�s vieja que yo�</p><p>�Oh, no. Tengo tres a�os seg�n el c�mputo de la Tierra. Lo que deseo saber, y espero que la pregunta no sea demasiado atrevida, es c�mo pod�is sosteneros as� tanto tiempo sin caeros�</p></section><section><title><p>CAPITULO 14</p></title><p>Cuando la otra tit�nida se uni� a ellos, la inquietante diferencia que Cirocco hab�a notado antes se hizo patente y sobradamente clara, y todav�a m�s inquietante. Entre las patas delanteras, donde Do Sostenido ten�a una mata de pelo, Si Bemol ten�a un pene completamente humano.</p><p>�Dios santo �murmur� Gaby, tocando levemente el codo de Cirocco.</p><p>��Quieres callar? �exclam� la capitana�. Esto me pone muy nerviosa.</p><p>��Nerviosa, t�? �Y yo? No entiendo una nota de lo que est�s cantando. Pero es muy bonito, Rocky. Cantas francamente bien.</p><p>Aparte de los genitales masculinos en la parte delantera, Si Bemol era casi id�ntica a Do Sostenido. Ambas ten�an senos, altos y c�nicos, y piel p�lida, sin vello. Sus semblantes eran vagamente femeninos, con labios grandes y sin barba. Si Bemol ten�a m�s pintura en su cuerpo, m�s flores en su cabello. Sin tener en cuenta eso y el pene, las dos habr�an sido dif�ciles de distinguir.</p><p>Un extremo de una flauta de madera sobresal�a de un pliegue de la piel al nivel del inexistente ombligo de Si Bemol. Parec�a ser una bolsa.</p><p>Si Bemol avanz� y extendi� su mano. Cirocco se ech� hacia atr�s y Si Bemol actu� con rapidez, poniendo una mano en cada uno de los hombros de la mujer. Cirocco s�lo se atemoriz� un instante antes de comprender que Si Bemol compart�a la aprensi�n de Do Sostenido. Si Bemol hab�a cre�do que ella se iba a caer de espaldas, y solamente hab�a pretendido sostenerla.</p><p>�Estoy bien �cant� Cirocco, muy nerviosa�. Puedo mantenerme en pie yo sola.</p><p>Las manos de la tit�nida macho eran grandes, y perfectamente humanas. Estar en contacto con aquel ser era muy extra�o. Ver una criatura imposible era muy distinto de sentir su calor corporal. El hecho forzosamente indic� con toda claridad a Cirocco que se encontraba estableciendo el primer contacto de la humanidad con un alien�gena inteligente. Si Bemol ol�a a canela y manzanas.</p><p>�La curadora llegar� pronto �Si Bemol cantaba la misma canci�n que sus semejantes, aunque pronunciada de un modo formal�. Mientras tanto, �hab�is comido?</p><p>�Nosotras mismas os ofrecer�amos comida �cant� Cirocco�, pero a decir verdad, estamos escasas de provisiones.</p><p>��Y mi hermana-hembra no os ha ofrecido nada? �Si Bemol dirigi� una mirada de reproche a Do Sostenido, quien baj� la cabeza�. Es curiosa e impulsiva, pero no piensa. Perdonadla, por favor �las palabras que usaba para describir su relaci�n con Do Sostenido eran complejas. Cirocco contaba con el vocabulario, pero no con todos los t�rminos de remisi�n.</p><p>�Ella ha sido muy amable.</p><p>�Su madre-hembra se alegrar� de o�r eso. �Vendr�is con nosotras? Desconozco qu� tipo de alimento prefer�s, pero si tenemos algo de vuestro gusto, es vuestro.</p><p>Si Bemol meti� la mano en su bolsa �una bolsa de cuero sujeta a la cintura, no la que formaba parte de su cuerpo� y sac� algo grande y rojo oscuro, como un jam�n ahumado. Manej� la vianda como si fuera un muslo de pavo. Las tit�nidas se sentaron, doblando las patas h�bil y f�cilmente, de modo que Cirocco y Gaby tambi�n tomaron asiento, una operaci�n que las tit�nidas observaron con franco inter�s.</p><p>El asado de carne fue pasando de una a otra. Do Sostenido sac� varias docenas de manzanas verdes. Las tit�nidas se limitaron a ponerlas enteras en sus bocas. Hubo un crujido, y las frutas desaparecieron.</p><p>Gaby se qued� muy seria mirando la fruta. Alz� una ceja al ver que Cirocco mord�a una. Sab�a como una manzana verde. Era blanca y jugosa por dentro, y ten�a peque�as semillas marrones.</p><p>�Quiz� comprendamos todo esto m�s tarde �dijo Cirocco.</p><p>�No me importar�a tener algunas respuestas <emphasis>ahora mismo �</emphasis>replic� Gaby�. Nadie creer� que nos sentamos a comer asquerosas <emphasis>manzanas verdes </emphasis>en compa��a de <emphasis>centauros </emphasis>pintados de color carne.</p><p>Do Sostenido se ech� a re�r.</p><p>�La llamada Ga-bi canta una canci�n espl�ndida.</p><p>��Est� hablando conmigo?</p><p>�Le gusta tu canci�n.</p><p>Gaby sonri� t�midamente.</p><p>�Eso no es nada con el Wagner que t� nos has regalado. �Qu� piensas de estos seres? �Qu� me dices de su aspecto? Hab�a o�do hablar de evoluci�n paralela, pero <emphasis>�de la cintura para arriba? </emphasis>Pod�a creer en humanoides. Estaba preparada para cualquier cosa, desde grandes bultos de gelatina hasta ara�as gigantes. Pero se parecen <emphasis>demasiado </emphasis>a nosotros.</p><p>�Sin embargo muchos no se parecen a nosotros en nada.</p><p>��Vale! �dijo Gaby, chillando de nuevo�. Pero mira esa cara. Olvida las orejas de burro. La boca es amplia y los ojos son grandes y la nariz da la impresi�n de que le han pegado en la cara con una pala, pero est� al nivel de lo que se encuentra en la Tierra. Mira m�s abajo, si te atreves �Gaby se estremeci�. Mira <emphasis>s�lo eso, </emphasis>y te desaf�o a que me digas que no es un pene humano.</p><p>�Preg�ntale si podemos participar �cant� Si Bemol, con gran entusiasmo�. No conocemos las palabras, pero podemos improvisar un acompa�amiento.</p><p>Cirocco cant� que deb�a hablar con su amiga un poco m�s, y que traducir�a despu�s. Si Bemol asinti�, pero sigui� atentamente la conversaci�n.</p><p>�Gaby, por favor, no me grites.</p><p>�Lo siento �mir� su regazo e hizo un esfuerzo para calmarse�. Me gusta que las cosas tengan sentido. Un pene humano en una criatura extra�a no lo tiene. �Has visto sus manos? Tienen rayas en las yemas de los dedos. El FBI clasificar�a sus huellas dactilares sin hacer preguntas.</p><p>�Ya lo he visto.</p><p>�Si pudieras explicarme c�mo hablas con ellos�</p><p>Cirocco extendi� las manos.</p><p>�No s� si podr�. Es como si el lenguaje estuviera siempre en mi mente. Cantar es m�s dif�cil que escuchar, pero s�lo debido a que mi garganta no est� preparada para hacerlo. Me asust� al principio, pero ya no. Conf�o en estas criaturas.</p><p>�Igual que Calvin conf�a en los dirigibles.</p><p>�Est� muy claro que algo juguete� con nosotros mientras estuvimos durmiendo. Alguien me dio el lenguaje, no s� c�mo o por qu�, y ese mismo alguien me dio otra cosa. Es una sensaci�n de que el prop�sito de ese don no era diab�lico. Y cuanto m�s hablo con las tit�nidas, m�s me gustan.</p><p>�Calvin dijo cosas muy parecidas de los malditos dirigibles �dijo Gaby, en tono sombr�o�. Y estuviste a punto de arrestarlo.</p><p>�Creo que ahora le comprendo un poco mejor.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La curadora tit�nida �una hembra cuyo nombre tambi�n estaba en la tonalidad de Si Bemol� entr� en la tienda y pas� un rato examinando la pierna de Bill ante la atenta mirada de Cirocco. Los bordes de la herida estaban amarillentos y negroa-zulados. Un flujo burbuje� cuando la curadora hizo presi�n cerca de la herida.</p><p>La curadora fue consciente de la preocupaci�n de Cirocco. Torci� su torso humano y busc� en una bolsa de cuero atada a su lomo equino mediante una cincha, de donde sac� un frasco transparente de l�quido marr�n.</p><p>�Un poderoso desinfectante �cant�, y aguard�.</p><p>��Cu�l es su estado, curadora?</p><p>�Muy grave. Sin tratamiento, estar� con Gea en unas cuantas decenas de revoluciones.</p><p>Cirocco lo interpret� as� al principio, pero hubo una palabra usada para el t�rmino temporal� Aplicando prefijos m�tricos, la tradujo por decarrev. Una revoluci�n de Gea tardaba casi una hora. El significado de �estar� con Gea� era claro, pero la curadora no hab�a empleado el t�rmino <emphasis>Gea. </emphasis>Ella se hab�a referido a su mundo con la acci�n, a la diosa que era su mundo, y al concepto de volver a la tierra. No hab�a connotaci�n alguna de inmortalidad.</p><p>�Quiz� prefieras esperar a que llegue una curadora de tu especie �cant� la tit�nida.</p><p>�Oh, lo m�s probable es que Bill jam�s alcance a verla.</p><p>�As� es. Mis remedios eliminar�an las infecciones de peque�os par�sitos. No s� si estos remedios detendr�n el funcionamiento de su metabolismo. No puedo prometerte, por ejemplo, que mi tratamiento no da�ar� la bomba que propele sus flujos vitales, ya que no s� d�nde localizarla en vuestra raza.</p><p>�Est� aqu� �cant� Cirocco, poni�ndose un dedo en el pecho.</p><p>Las orejas de la tit�nida se irguieron y bajaron de golpe. Aplic� una de ellas sobre el pecho de Bill.</p><p>�No es una broma �cant�. Bien, Gea es sabia, y no dice por qu� gira.</p><p>Cirocco estaba en una agon�a de indecisi�n. Los conceptos metabolismo y par�sitos no eran algo comprensible para un hechicero. Pero esas palabras hab�an sido traducidas exactamente as� Sin embargo, hasta la curadora sab�a que su medicina pod�a da�ar un cuerpo humano.</p><p>Pero Calvin no estaba y Bill agonizaba.</p><p>�Te lo ruego, �para qu� sirve esto? �cant� la curadora; sosten�a un pie de Bill, con sus dedos doblaba suavemente los dedos del pie enfermo.</p><p>�Oh, son� �quiso explicar Cirocco, vacilante, sin encontrar las palabras que tradujeran vestigios evolutivos atrofiados. Hab�a una palabra para evoluci�n, pero no en la forma que se aplicaba a seres vivos�. Son �tiles para mantener el equilibrio, pero no indispensables. Son descuidos, o imperfecciones de dise�o.</p><p>�Ah �canturre� la curadora�. Gea comete errores, es bien sabido. Por ejemplo, el ser con el que estuve unida sexualmente como hembra hace muchas miriarrevs.</p><p>Cirocco quiso traducir el sujeto de la �ltima frase como �mi marido�, pero eso no era apropiado; pod�a igualmente ser �mi esposa�, aunque tampoco eso cuadrara. No hab�a un equivalente en su idioma, comprendi� Cirocco antes de recordar su problema.</p><p>�Haz lo que puedas por mi amigo �cant�. Lo dejo en tus manos.</p><p>La curadora asinti� y se puso a trabajar.</p><p>Primero ba�� la herida con el l�quido marr�n; llen� el corte de una gelatina amarilla y puso una gran hoja junto a la piel, �para persuadir a los diminutos comedores de su carne�. Las esperanzas de Cirocco aumentaban y disminu�an mientras observaba. No le importaba la hoja, ni la referencia a disuadir. La cura parec�a demasiado primitiva. Pero cuando la curadora vend� la herida, lo hizo con vendas extra�das de paquetes cerrados que seg�n ella hab�an sido �limpiados de par�sitos�.</p><p>Conforme iba trabajando, la curadora examinaba con gran inter�s el cuerpo de Bill, a veces tarareando una cancioncilla que denotaba sorpresa.</p><p>��Qui�n habr�a pensado que� �Un m�sculo <emphasis>aqu�? </emphasis>�Unido <emphasis>as�? </emphasis>Como andar con los pies rotos� No, no lo creo.</p><p>La curadora describi� a Gea como una diosa tan variable como sabia, eternamente creativa, innecesariamente compleja y est�pidamente necia. Tambi�n dijo que Gea gozaba del chiste ocasional al igual que la siguiente deidad, y esto lo dijo mientras contemplaba asombrada las nalgas de Bill.</p><p>Cirocco estaba empapada de sudor cuando la curadora acab�. Al menos la tit�nida no hab�a sacado cascabeles o mu�ecas de vud�, ni dibujado se�ales m�gicas en la arena. Cuando hubo atado el �ltimo nudo de los vendajes, empez� a cantar una canci�n curativa. Cirocco crey� que eso no har�a ning�n mal.</p><p>La curadora se inclin� sobre Bill y puso sus brazos en torno a �l por debajo del cuerpo, lo levant� suavemente por la cintura y lo sostuvo muy cerca de ella. Coloc� la cabeza del hombre en su hombro y dobl� su propia cabeza hasta que sus labios quedaron pr�ximos a la oreja de Bill. Oscil� de un lado a otro, canturreando una nana sin palabras.</p><p>Poco a poco Bill fue dejando de temblar. El color empez� a volver a su cara, que se hizo m�s pac�fica que nunca desde la herida.</p><p>En pocos minutos, Cirocco habr�a jurado que Bill sonre�a.</p></section><section><title><p>CAPITULO 15</p></title><p>Cirocco descubri� que ten�a ciertas ideas preconcebidas que deb�a descartar.</p><p>La primera era la m�s obvia. Cuando lleg� Si Bemol y vio que se parec�a mucho a Do Sostenido, excepto por sus �rganos sexuales, hab�a supuesto que le iba a ser dif�cil distinguirlas.</p><p>El grupo que apareci� en respuesta a la llamada de Do Sostenido pareci� estar formado por fugitivos de un tiovivo.</p><p>La curadora ten�a pelo verde esmeralda en la cabeza y la cola. El resto de su cuerpo estaba recubierto de un pelaje espeso y blanco como la nieve. Hab�a otra tit�nida peluda: cabello rubio rojizo con una salpicadura violeta. Hab�a un centauro pinto marr�n y blanco, y otro sin pelo excepto en la cola. La piel de este �ltimo era azul clara.</p><p>El restante miembro del grupo parec�a desnudo pero no era as�; ten�a el pelaje de un caballo no s�lo en la parte donde habr�a parecido l�gico, sino tambi�n en su mitad superior humana. Ten�a rayas de cebra color amarillo brillante y naranja marchita, y el pelo de cabeza y cola era de color lavanda. Apartar la vista de esta tit�nida no serv�a de nada; la imagen quedaba grabada en la retina.</p><p>No satisfechas con el ambiente de carnaval, las tit�nidas pintaban sus peladas pieles y te��an trozos de su cabello. Luc�an collares y brazaletes, met�an frusler�as a trav�s de perforaciones en narices y orejas, ataban eslabones de cobre y piedras coloreadas o sartas de flores en torno a sus patas. Todas ten�an un instrumento musical colgando al hombro o sobresaliendo de la bolsa, hecho de madera, cuerno de animal, conchas o cobre.</p><p>La segunda idea preconcebida �que en realidad era la primera, puesto que Calvin les hab�a hablado de ella� era que todas las tit�nidas eran hembras. Una pregunta delicada ante la que la curadora ofreci� una respuesta directa y una demostraci�n pasmosa: toda tit�nida tiene tres �rganos sexuales.</p><p>Cirocco conoc�a los genitales masculinos o femeninos, de tama�o humano, en la parte frontal. Estos �rganos determinaban el g�nero por razones que deb�an de tener l�gica para una tit�nida.</p><p>Adem�s, todas ten�an una gran abertura vaginal bajo la cola, igual que una yegua.</p><p>El �rgano que impresion� a Cirocco y Gaby fue el de la tit�nida que estaba en medio. En el blando vientre entre las patas delanteras de la curadora hab�a una envoltura gruesa y carnosa y de ella sal�a un pene que era humano en todos sus detalles excepto por el hecho de que era tan largo y grueso como el brazo de Cirocco.</p><p>Cirocco hab�a cre�do que ella era una mujer mundana. Hab�a visto desnudos a muchos hombres, y hab�an pasado a�os sin que ninguno de ellos tuviera nada nuevo que mostrarle. Le gustaban los hombres y el coito, pero aquel miembro le hizo pensar en hacerse monja. Su pronunciada reacci�n le molest�. Sab�a que era el mismo sentimiento que Gaby hab�a expresado, el de estar m�s trastornada por paralelos pr�ximos que por algo extremadamente extra�o.</p><p>El tercer detalle que Cirocco deb�a volver a meditar fue provocado por la comprensi�n de que, aunque ella conoc�a el lenguaje y pod�a usar ya los sustantivos de cada uno de los �rganos sexuales de las tit�nidas, no hab�a conocido los �rganos traseros hasta que hab�a hecho la pregunta. Todav�a no sab�a por qu� hab�a tres, y no pod�a encontrar el conocimiento en su mente.</p><p>Lo que Cirocco ten�a eran listas de palabras y reglas gramaticales para composici�n. Esto funcionaba bien con sustantivos; s�lo ten�a que pensar en un objeto para saber la palabra. Pero empez� a fallar con ciertos verbos. Correr, saltar, nadar y respirar eran bastante claros. Verbos para cosas que las tit�nidas hac�an y los humanos no, no eran, en cambio, tan claros.</p><p>Donde el sistema quedaba destrozado era al describir relaciones familiares, c�digos de conducta, costumbres y un mont�n de otras cosas en las que tit�nidas y humanos ten�an poco en com�n. Tales conceptos se convert�an en notas inexpresivas en los cantos de las tit�nidas. De vez en cuando Cirocco los traduc�a para s� misma o para Gaby con complicadas expresiones del tipo la-que-es-mi-madre-hembra-es-mi-media-hermana-orto-frontal, o el-sentido-de-recta-aversi�n-para-�ngeles. Todas estas frases se expresaban con una palabra en la canci�n tit�nida.</p><p>La cosa se redujo para Cirocco al hecho de que una idea extra�a en su cabeza segu�a siendo una idea extra�a. No podr�a manejarla hasta que se la explicaran; carec�a de t�rminos de remisi�n.</p><p>La �ltima complicaci�n causada por la llegada del grupo de la curadora se hallaba en la cuesti�n nombres: hab�a demasiados nombres con los mismos signos tonales, de manera que el sistema original de Cirocco perd�a validez. Gaby era incapaz de cantar los nombres, as� que Cirocco tuvo que encontrarles denominaciones inglesas.</p><p>Cirocco hab�a partido de una fuente musical, y decidi� proseguir as�. La primera tit�nida que conocieron pas� a apodarse Do Sostenido Hornpipe porque el nombre sonaba como esa danza favorita de los marineros. Si Bemol se convirti� en Si Bemol Banjo. La curadora fue Si Nana, la rubia rojiza Sol Menor Vals, la yegua pinto Si Clarinete y la tit�nida azul recibi� el nombre de Sol Foxtrot. Y Cirocco se llam� Re Menor Organillo.</p><p>Gaby no tard� en renunciar a las signaturas de tonalidad, cosa que alguien que siempre se ha llamado Rocky deber�a haber previsto.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La ambulancia era un gran carro de madera con cuatro ruedas dotadas de llantas de caucho, tirado por dos tit�nidas no unidas por arneses. El carret�n ten�a suspensi�n neum�tica y frenos de fricci�n operados por la pareja de arrastre. La madera era amarillo brillante, como pino joven, pulida de un modo prodigiosamente liso y ajustada sin un solo clavo.</p><p>Cirocco y Gaby colocaron a Bill en un enorme lecho en el centro del carro y treparon en su compa��a, junto con Nana, la curadora tit�nida, que tom� posici�n junto al lecho, con las patas dobladas bajo el cuerpo. Enjugaba la frente de Bill con un trapo h�medo mientras le cantaba. El resto de las tit�nidas trot� junto al carret�n, con la excepci�n de Hornpipe y Banjo, que se quedaron con sus manadas. Ten�an cerca de doscientos animales del tama�o de vacas, todos con cuatro patas y un cuello delgado y flexible de tres metros de largo. Los cuellos pose�an garras para excavar y bocas fruncidas en el extremo. Los animales se alimentaban introduciendo la cabeza en el suelo y sorbiendo leche de la parte trasera de gusanos de fango. Ten�an un ojo en la base del cuello. Con la cabeza dentro de la tierra todav�a pod�an ver qu� ocurr�a arriba.</p><p>Gaby contempl� uno de los animales con una expresi�n de tenue esc�ndalo en su rostro, reacia a admitir que tal cosa pudiera existir.</p><p>�Gea tiene sus buenos d�as y sus malos d�as �concluy�, citando un aforismo titanio que Cirocco hab�a traducido�. Debi� de haber estado nueve d�as de juerga cuando ide� eso. �Qu� hay de esas radios, Rocky? �Podemos echarles una mirada?</p><p>�Ya veremos �respondi� Cirocco, y luego pregunt� a Clarinete, la pinto, si podr�an examinar su planta-radio, pero contuvo su canto antes de terminarlo�. Las tit�nidas no las construyen �dijo a Gaby�. Las cultivan.</p><p>��Por qu� no lo hab�as dicho antes?</p><p>�Porque acabo de comprenderlo. Ten paciencia conmigo, Gaby. Ellos lo denominan como �la semilla de la planta que transporta el canto�. M�rala.</p><p>El objeto atado al extremo del cayado de Clarinete era una semilla amarilla y oblonga, lisa y sin rasgos como no fuera por una mancha marr�n uniforme.</p><p>�Escucha aqu� �cant� Clarinete, indicando la mancha�. No la toqu�is, porque se quedar� sorda. Canta tu canci�n a su madre, y si a ella le complacer�a que la cante al mundo.</p><p>�Lo siento, pero creo que no te entiendo del todo.</p><p>Clarinete se�al� por encima del hombro de Gaby.</p><p>�Hay una que todav�a tiene sus hijas.</p><p>Clarinete trot� hasta un mont�n de matorrales que crec�an en un hueco. Un brote en forma de campana emerg�a de la tierra junto a cada arbusto. Asiendo la campana. Clarinete arranc� una planta y se la llev�, ra�ces incluidas, de vuelta al carro.</p><p>�Hay que cantar a las semillas �explic�. Cogi� su cuerno de cobre del hombro e interpret� varios compases en cuatro por cinco�. Doblad vuestras orejas ahora� �Clarinete se detuvo, turbado�. Es decir, haced lo que vuestra raza hace para realzar la audici�n.</p><p>Al cabo de medio minuto escucharon las notas del cuerno, chillonas como un viejo cilindro de Edison, pero bastante definidas. Clarinete cant� un arm�nico, que fue r�pidamente repetido. Hubo una pausa, y a continuaci�n los dos temas fueron interpretados simult�neamente.</p><p>�Ella escucha mi canci�n y le gusta, �comprend�is? �cant� Clarinete, con una amplia sonrisa en su semblante.</p><p>�Como el programa de discos solicitados de una emisora �dijo Gaby�. �Y si el pinchadiscos no quiere poner esa canci�n?</p><p>Cirocco tradujo la pregunta de Gaby lo mejor que pudo.</p><p>�Hace falta pr�ctica para cantar agradablemente �reconoci� Clarinete�. Pero son de buena fe. La madre es capaz de hablar m�s r�pidamente que cuatro pies pueden volar.</p><p>Cirocco tradujo pero Clarinete le interrumpi�.</p><p>�Las semillas tambi�n son �tiles para hacer los ojos que ven en la oscuridad �cant�. Con estos ojos escudri�amos el pozo del viento para el acercamiento de los �ngeles.</p><p>�Eso suena a radar �dijo Cirocco.</p><p>Gaby la mir� con aire de duda.</p><p>��Vas a creer todo lo que te digan estos caballitos de polo m�s que educados?</p><p>�Expl�came c�mo funcionan estas semillas si no es de forma electr�nica. �Prefieres telepat�a?</p><p>�La magia ser�a m�s f�cil de tragar.</p><p>�Ll�male magia, entonces. Creo que hay cristales y circuitos en estas semillas. Y si es posible cultivar una radio org�nica, �por qu� no un radar?</p><p>�Quiz�s una radio. Y s�lo porque lo he visto con mis ojos, no porque <emphasis>quiera </emphasis>tener algo que ver con esto. Pero no radar.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La instalaci�n de radar titanio se hallaba en una tienda frente a la ambulancia. Rube Goldberg se habr�a quedado at�nito. Hab�a nueces y hojas unidas a una maceta de tierra con gruesas enredaderas cobre�as que entraban en ella. Nana dijo que la tierra conten�a un gusano que generaba �esencia de potencia�. Hab�a una rejilla de semillas de radio conectadas a mara�as de enredaderas de punta muy afilada, al parecer insertadas con cierta precisi�n, puesto que cada simiente ten�a un apretado racimo de rezumantes pinchazos en torno al punto donde se hab�a hecho finalmente el contacto. Hab�a otras cosas, todas de �ndole vegetal, entre ellas una hoja que reluc�a cuando era alcanzada por un rayo de luz de otra planta.</p><p>�Es f�cil de leer �cant� alegremente Nana�. Este punto de fuego falso representa el gigante celeste que veis all�, hacia Rea �Nana indic� un punto de la pantalla con un dedo�. Fijaos c�mo pierde vida� �Ahora! Ahora brilla m�s, pero cambiado.</p><p>Cirocco inici� una traducci�n, pero Gaby le interrumpi�.</p><p>�S� c�mo funciona el radar �refunfu��. Toda la disquisici�n me ofende.</p><p>�Ahora nos hace poca falta �les asegur� Clarinete�. No es temporada de �ngeles. Vienen cuando Gea respira desde el este y nos atormentan hasta que ella los absorbe de nuevo hasta su pecho.</p><p>Cirocco se pregunt� si hab�a o�do correctamente. �Hab�a cantado los absorbe <emphasis>en </emphasis>su pecho? Dej� de pensar en el asunto porque Bill gem�a y abr�a los ojos.</p><p>�Hola �cant� Nana�. Me alegro de que hayas podido volver.</p><p>Bill aull� y despu�s chill� al tratar de apoyarse en la pierna. Cirocco se situ� entre Bill y Nana. Al verla, Bill suspir� aliviado.</p><p>�Un sue�o <emphasis>muy </emphasis>malo, Rocky �dijo.</p><p>Cirocco le acarici� la frente.</p><p>�No todo ha sido sue�o, creo.</p><p>��Eh? Oh, te refieres al centauro. No, recuerdo que el centauro blanco estuvo meci�ndome y cantando.</p><p>�Bien, �c�mo te sientes?</p><p>�D�bil. Mi pierna no me duele tanto. �Es una buena se�al, o ser� que est� muerta?</p><p>�Creo que est�s mejorando.</p><p>��Y�? Bueno, ya sabes. Gangrena �Bill apart� la mirada de Cirocco.</p><p>�No creo. La herida ten�a mucho mejor aspecto despu�s de que la curadora te tratara.</p><p>��La curadora? �El centauro?</p><p>�No hab�a otra cosa por hacer �dijo Cirocco, de nuevo agobiada por las dudas�. Calvin no ha llegado. Observ� a la curadora, parec�a saber lo que hac�a.</p><p>Cirocco pens� que Bill se hab�a vuelto a dormir. Despu�s de mucho rato los ojos del hombre se abrieron y sonri� levemente.</p><p>�No es una decisi�n que yo hubiera querido tomar.</p><p>�Fue terrible, Bill. Ella dijo que estabas agonizando, y yo le cre�. La alternativa era no hacer nada hasta que Calvin llegara� Y no s� qu� habr�a podido hacer �l sin medicinas. Ella dijo que pod�a matar los g�rmenes, cosa que ten�a l�gica porque�</p><p>Bill le toc� una rodilla. Su mano estaba fr�a, pero firme.</p><p>�Hiciste lo correcto �dijo Bill�. M�rame. Dentro de otra semana estar� andando.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Era por la tarde �siempre, de manera mon�tona, por la tarde� y alguien estaba sacudiendo el hombro de Cirocco. La mujer parpade� r�pidamente.</p><p>�Tus amigos han llegado �cant� Foxtrot.</p><p>�Era el gigante celeste que vimos antes �a�adi� Nana�. Ellos estuvieron a bordo todo el tiempo.</p><p>��Amigos?</p><p>�S�, tu curadora y otros dos.</p><p>�Dos� Esos otros�, �sab�is algo de ellos? �se puso en pie�. Uno lo conozco. El segundo, �es como ella, o var�n, como mi amigo Bill?</p><p>�Vuestros apodos me confunden �la curadora frunci� la frente�. Francamente no s� qui�n de vosotros es macho y qui�n es hembra, ya que os ocult�is tras trozos de ropa.</p><p>�Bill es macho, yo y Gaby somos hembras. Te lo explicar� m�s tarde, pero �qui�n hay en el gigante celeste?</p><p>Nana se encogi� de hombros. El gigante no lo ha dicho. El est� tan confundido como yo.</p><p>Apeadero revolote� sobre la columna de tit�nidas y el carro, que se hab�a detenido para aguardar el descenso. Un paraca�das se abri� en flor con una menuda figura negra al extremo. Calvin, no hab�a duda.</p><p>Mientras �l flotaba apareci� otro paraca�das y Cirocco forz� la vista para descubrir qui�n podr�a ser. La figura parec�a muy grande, en cierta forma. Entonces se abri� un tercer paraca�das, y un cuarto.</p><p>Hab�a una docena de paraca�das en el aire antes de que Cirocco localizara a Gene. El resto, incre�blemente, eran tit�nidas.</p><p>��Hey, es Gene! �grit� Gaby. Estaba a poca distancia en compa��a de Foxtrot y Clarinete. Cirocco se hab�a quedado en el carro�. Me pregunto si April�</p><p><emphasis>���ngeles! </emphasis>��ngeles atacando! �En formaci�n!</p><p>La voz fue un chillido: una voz tit�nida hab�a perdido toda su m�sica, estrangulada por el odio. Cirocco se qued� at�nita al ver a Nana encogida sobre el equipo de radar, gritando �rdenes. El rostro de la tit�nida estaba contra�do; todo pensamiento en Bill, olvidado.</p><p>��Qu� ocurre? �empez� a decir Cirocco, y se agach� al ver que Nana saltaba por encima de ella.</p><p>��Abajo, dos patas! �No te metas en esto!</p><p>Cirocco alz� la vista. El cielo estaba lleno de alas.</p><p>Estaban descendiendo en torno a los costados del dirigible, con las alas plegadas para ganar velocidad, atacando a las tit�nidas que ca�an, que pend�an indefensas de sus cuerdas. Hab�a infinidad de �ngeles.</p><p>Cirocco fue arrojada al suelo del carro cuando el veh�culo dio un brusco tir�n hacia adelante con el sonido chasqueante del cuero del arn�s. Casi cay� por la abierta puerta trasera, pugn� por ponerse a gatear a tiempo de ver que Gaby saltaba y se agarraba a los laterales del carro con las manos. Cirocco le ayud� a subir.</p><p>��Qu� demonios est� pasando? �Gaby llevaba una espada de bronce que Cirocco no hab�a visto antes.</p><p>��Cuidado!</p><p>Bill salt� de su lecho. Cirocco se arrastr� hasta �l y trat� de acomodarlo de nuevo, pero el carro segu�a avanzando estrepitosamente sobre rocas y grietas.</p><p>��Parad eso, maldito sea! �chill� Cirocco, antes de cantarlo en lengua tit�nida.</p><p>Dio lo mismo. Las dos tit�nidas enganchadas a la parte frontal se dirig�an hacia la batalla y nada iba a detenerlas. Una empu�aba una espada en lo alto, vociferando como una loca.</p><p>Cirocco golpe� las ancas de una de las tit�nidas y casi perdi� el cuero cabelludo al salir disparada la espada hacia ella. Manteniendo baja la cabeza, mir� los nudos que manten�an atadas al carro a las tit�nidas.</p><p>�Gaby, dame eso, deprisa.</p><p>La espada salt� por los aires, con la empu�adura por delante, y aterriz� a los pies de Cirocco. Rocky lanz� tajos a los arneses de cuero. Primero se solt� uno, luego el otro.</p><p>Las tit�nidas no advirtieron la p�rdida. Se alejaron r�pidamente del carro, que se detuvo bruscamente al topar con un pe�asco.</p><p>��Qu� ha sido todo esto?</p><p>�No lo s�. Todo lo que me han dicho es que no me levantara. �chame una mano con Bill, �quieres?</p><p>Bill estaba despierto y no parec�a encontrarse herido. El hombre mir� al cielo cuando volvieron a ponerlo en la plataforma.</p><p>��Dios santo! �exclam�, con la fuerza suficiente como para hacerse o�r entre el estruendo de las tit�nidas�. �Las est�n matando all� arriba!</p><p>Cirocco levant� los ojos a tiempo de ver c�mo una de las criaturas volantes acuchillaba tres cuerdas del paraca�das de una de las tit�nidas que descend�a. El paraca�das se pleg�. Con una velocidad vertiginosa, la tit�nida desapareci� tras una colina al oeste.</p><p>��Eso son �ngeles? �pregunt� Bill, extra�ado.</p><p>Para las tit�nidas, eran �ngeles de la muerte. Humanos de forma, con alas provistas de plumas que med�an siete metros de un extremo a otro, los �ngeles convirtieron el pac�fico ambiente de Hiperi�n en un matadero. Pronto todos los paraca�das fueron eliminados del cielo.</p><p>La batalla prosigui� detr�s de la colina, fuera de la vista de los terrestres. Las tit�nidas chillaban como u�as sobre una pizarra, y muy por encima hab�a un gemido pavoroso que deb�a de ser de los �ngeles.</p><p>�Detr�s de ti �avis� Gaby.</p><p>Cirocco se volvi� con rapidez. Un �ngel se acercaba en silencio por el este. Ven�a a ras de tierra, con las enormes alas inm�viles, aumentando de tama�o a una velocidad ins�lita. Cirocco vio la espada en la mano izquierda del �ngel, el rostro humano contra�do por las ansias de sangre, l�grimas que se marcaban en las comisuras de los p�rpados, contra�dos los m�sculos del brazo que echaba hacia atr�s la espada�</p><p>Pas� sobre ellas, batiendo las alas para remontar la colina. Las puntas tocaron el suelo y levantaron piedrecillas.</p><p>�No me ha visto �dijo Gaby.</p><p>�Si�ntate �le dijo Cirocco�. Eres un blanco perfecto as�, de pie. Y s� que te ha visto. Cambi� de opini�n a �ltimo momento. Vi c�mo frenaba el impulso.</p><p>��Por qu� ha hecho eso? �Gaby se agazap� junto a Cirocco y escudri�� el horizonte.</p><p>�No lo s�. Muy probablemente porque no tienes cuatro patas. Pero tal vez el pr�ximo �ngel no sea tan observador.</p><p>Vieron que otro �ngel se acercaba en un �ngulo levemente distinto. Ven�a rebanando el aire, piernas juntas, una especie de plano de deriva que se extend�a detr�s de sus pies, brazos a los costados, alas suficientemente contra�das para mantener la velocidad. En gracia y econom�a de movimientos. Cirocco jam�s hab�a visto su igual.</p><p>Y vieron otro �ngel que aumentaba su velocidad volando en l�nea recta hacia el suelo. La criatura fren� en el �ltimo instante, y bes� la tierra para ir a esfumarse tras la cresta de la colina. Cualquier encargado de rociar las cosechas con insecticida se habr�a quedado ojeroso y con la cara p�lida.</p><p>�Son muy buenos �musit� Gaby.</p><p>�No me gustar�a meterme en un combate a�reo con ellos �convino Cirocco�. Me arrancar�an los pantalones.</p><p>Un viento fr�o soplaba del este y levantaba el polvo del seco terreno.</p><p>Entonces las tit�nidas cruzaron la colina a la carga, seguidas por una multitud de �ngeles. Cirocco reconoci� a Nana. Clarinete y Foxtrot. La pata delantera izquierda de Clarinete estaba roja de sangre. Las tit�nidas empu�aban lanzas de madera con punta de cobre y espadas de bronce.</p><p>Hab�an dejado de dar voz a su canci�n guerrera, pero el frenes� continuaba en sus ojos. Bocanadas de vapor sal�an de las ventanas de sus narices y las tit�nidas que ten�an la piel desnuda reluc�an. Pasaron con gran estruendo junto a los terrestres y despu�s giraron en redondo para enfrentarse a los �ngeles.</p><p>��Est�n usando el carro como protecci�n! �grit� Gaby�. �Nos van a coger en el medio! �Fuera de aqu�, deprisa!</p><p>��Y Bill? �chill� Cirocco.</p><p>La mirada de Gaby se entrelaz� con la de Cirocco por un instante. Dio la impresi�n de que la primera iba a hablar, luego gru�� algo ininteligible y arrebat� la espada a Cirocco. Con much�simo m�s valor que sentido com�n, Gaby se puso en pie en la parte trasera del carro y se encar� a los �ndeles que se acercaban. Una vez m�s, todo lo que Cirocco pudo ver fue la espalda de su compa�era, erguida entre su amor y el peligro acechante.</p><p>Los �ngeles hicieron caso omiso de Gaby.</p><p>La mujer permaneci� con la espada dispuesta, pero el enemigo pas� a los lados del carro para alcanzar a las tit�nidas, inm�viles detr�s para ofrecer resistencia.</p><p>El ruido fue incre�ble.</p><p>El gemido de los �ngeles se mezcl� con el chillido de las tit�nidas mientras multitud de alas gigantescas rasgaban el aire.</p><p>Una forma monstruosa asom� entre la nube de polvo, una pesadilla pintada en matices marrones y negros, alas que se mov�an como sombras que cobran vida. Iba a ciegas, espada y lanza dando estocadas alocadas mientras el �ngel trataba de orientarse en los miasmas. No parec�a mayor que un ni�o de diez a�os. Sangre oscura ca�a de una herida en su costado.</p><p>Estaba sobre los terr�queos cuando arroj� la lanza. La punta de cobre atraves� la manga de la ropa de Gaby y mordi� el suelo del carro de tal modo que produjo un sonido vibrante como el de la cuerda de un arco. Luego el �ngel se alej�. Una lanza de madera pend�a de su cuello. Cay�, y Cirocco no vio nada m�s.</p><p>Con la misma rapidez con que la batalla hubo transcurrido, ces�. El gemido adquiri� un tono distinto y los �ngeles se elevaron, menguaron de tama�o, quedaron reducidos a formas aleteantes en lo alto del cielo, en direcci�n al este.</p><p>Hubo un alboroto cerca del carro. Las tres tit�nidas estaban pisoteando el cuerpo del �ngel ca�do. Era dif�cil pensar que el cuerpo hubiese tenido alguna vez aspecto humano. Cirocco desvi� la mirada, enferma ante la sangre y la rabia criminal en los rostros de las tit�nidas.</p><p>��Qu� crees que les ha hecho irse? �pregunt� Gaby�. S�lo un par de minutos m�s y habr�an acabado con todo.</p><p>�Han de saber algo que nosotras no sabemos �dijo Cirocco.</p><p>Bill estaba mirando al oeste.</p><p>�All� �dijo, al tiempo que se�alaba�. Alguien viene.</p><p>Cirocco distingui� dos figuras familiares. Eran Hornpipe y Banjo, las pastoras, que se acercaban a todo galope. Gaby ri� amargamente.</p><p>�Tendr�s que ense�arme algo mejor que eso. Una de ellas s�lo tiene tres a�os �dijo Rocky.</p><p>�All� �repiti� Bill, pero entonces se�alaba en direcci�n contraria.</p><p>Por la colina llegaba una oleada de tit�nidas, igual que una caballer�a abigarrada.</p></section><section><title><p>CAPITULO 16</p></title><p>Hab�an pasado seis d�as desde el ataque de los �ngeles. Era el d�a n�mero sesenta y uno de su emergencia en Gea. Cirocco se encontraba tendida en una mesa baja con los pies en improvisados estribos. Calvin estaba por all�, en alguna parte, pero Cirocco se negaba a mirarlo. Nana, la curadora tit�nida de cabello blanco, observaba y cantaba mientras la operaci�n progresaba. Sus cantos tra�an sosiego, aunque nada ayudaba demasiado.</p><p>�El cuello del �tero est� dilatado �dijo Calvin.</p><p>�Preferir�a no enterarme.</p><p>�Lo siento �Calvin se enderez� levemente, y Cirocco vio sus ojos y frente por encima de la mascarilla quir�rgica. Sudaba con profusi�n. Nana le enjug� la frente y los ojos del hombre mostraron gratitud�. �Puedes acercar m�s esa l�mpara?</p><p>Gaby situ� convenientemente la fluctuante l�mpara. El utensilio lanzaba sombras inmensas de las piernas de Cirocco a las paredes. La capitana oy� el clic met�lico de los instrumentos cogidos del ba�o esterilizador, y luego el traqueteo de la cureta a trav�s del esp�culo.</p><p>Calvin hab�a deseado instrumentos de acero inoxidable, pero las tit�nidas no pod�an hacerlos. El y Nana hab�an trabajado con los mejores artesanos hasta que Calvin tuvo herramientas de cobre que crey� utilizables.</p><p>�Hace da�o �dijo Cirocco con los dientes apretados.</p><p>�Le est�s haciendo da�o �explic� Gaby, como si Calvin no entendiera ingl�s.</p><p>�Gaby, o te est�s callada o buscar� a otro�</p><p>Cirocco jam�s hab�a o�do hablar tan �speramente a Calvin. El m�dico hizo una pausa, enjug� su frente en la manga.</p><p>El dolor no era intenso, pero s� persistente y dif�cil de situar, como un dolor del o�do interno. Cirocco escuchaba y sent�a el raspado, cosa que la irritaba.</p><p>�Ya lo tengo �dijo Calvin en voz baja.</p><p>��Qu� es lo que tienes? �Lo ves?</p><p>�S�. Est�s m�s adelantada de lo que pensaba. Es un buen detalle que insistieras en hacer esto.</p><p>Calvin prosigui� el raspado. De vez en cuando se deten�a para limpiar la cureta.</p><p>Gaby se alej� para examinar algo en la palma de su mano.</p><p>�Tiene cuatro patas �murmur�, y empez� a acercarse a Cirocco.</p><p>�No quiero verlo. <emphasis>Ap�rtalo </emphasis>de m�.</p><p>��Puedo mirar yo? �cant� Nana.</p><p>��No! �Cirocco estaba luchando con las n�useas y no pudo cantar la respuesta a la tit�nida, pero mene� la cabeza con violencia�. Gaby, <emphasis>destr�yelo. </emphasis>Ahora mismo, �me oyes?</p><p>�Eso est� hecho, Rocky.</p><p>Cirocco solt� un profundo suspiro que se convirti� en un sollozo.</p><p>�No quer�a gritaros. Nana dijo que quer�a verlo. Tal vez tendr�a que hab�rselo permitido. Probablemente ella sabe qu� se debe hacer con eso.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco arg�y� que era capaz de andar, pero los m�todos de la medicina tit�nida inclu�an mucho mimo, calor corporal y canciones de confianza. Nana llev� a Cirocco por la sucia calle hasta los aposentos que las tit�nidas les hab�an ofrecido. Cant� la canci�n de apoyo en tiempos de angustia mental mientras le ayudaba a meterse en una cama. Hab�a otras dos vac�as al lado.</p><p>�Bienvenida al hospital veterinario �salud� Bill, y Cirocco forz� una d�bil sonrisa mientras Nana dispon�a la ropa.</p><p>��Tu humor�stico amigo vuelve a las bromas? �cant� Nana.</p><p>�S�. A este sitio lo llama el-lugar-de-curar-animales.</p><p>�Tendr�a que estar avergonzado. Curar es curar. Bebe esto y te tranquilizar�s.</p><p>Cirocco cogi� el odre y bebi� una buena cantidad. El l�quido le quem� al bajar y el calor se extendi� por ella. Las tit�nidas beb�an brebajes fermentados por las mismas razones que los humanos, uno de los descubrimientos m�s placenteros de los �ltimos seis d�as.</p><p>�Tengo la impresi�n de que acabaran de darme un palmetazo en las mu�ecas �dijo Bill�. Ya voy conociendo ese tono de voz.</p><p>�Ella te quiere, Bill, aun cuando eres travieso.</p><p>�Confiaba en elevarte el �nimo.</p><p>�Aprecio tu intenci�n. Bill, aquello ten�a cuatro patas�</p><p>�Aj. Y yo haciendo chistes de animales �extendi� un brazo y cogi� la mano de Cirocco.</p><p>�Todo va bien. Ya ha terminado y lo �nico que me gustar�a es dormir �dio otros dos tragos al odre, y no hizo nada m�s.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Gaby pas� la hora siguiente a la operaci�n diciendo a todo el mundo que se encontraba bien; despu�s vomit� y estuvo dos d�as con fiebre. August acab� sin efectos nocivos. Cirocco estaba disgustada pero saludable.</p><p>Bill prosperaba en su estado de salud, aunque Calvin opinaba que el hueso no hab�a sido correctamente situado.</p><p>��As� que cu�nto m�s durar�? �pregunt� Bill. Hab�a hecho la pregunta antes; no hab�a nada que leer, ni televisi�n que mirar, nada excepto la ventana que daba a una oscura calle de Ciudad Tit�n. No pod�a conversar con sus enfermeras como no fuera en vulgares cantinelas. Nana estaba aprendiendo ingl�s, aunque con gran lentitud.</p><p>�Al menos otras dos semanas �dijo Calvin.</p><p>�Tengo la impresi�n de poder andar ahora.</p><p>�Es probable que pudieras, y eso es peligroso. El hueso se quebrar�a como una rama seca. No, no te dejar� levantar, ni siquiera con muletas, en otras dos semanas.</p><p>��Y sacarle fuera? �inquiri� Cirocco.� �Te gustar�a salir, Bill?</p><p>Se llevaron a Bill y su cama. Recorrieron una corta distancia a lo largo de las calles antes de ponerlo bajo uno de los �rboles endoselados que hac�an a Ciudad Tit�n invisible desde el aire y proporcionaban la impresi�n m�s cercana a lo nocturno que hab�an tenido desde su exploraci�n de la base del cable. Las tit�nidas manten�an siempre iluminados sus hogares y calles.</p><p>��Has visto a Gene hoy? �pregunt� Cirocco.</p><p>�Depende de lo que entiendas por hoy �dijo Calvin, con un bostezo�. A�n tienes mi reloj.</p><p>��Pero lo has visto?</p><p>Calvin movi� la cabeza en se�al de negaci�n.</p><p>�No, desde hace un buen rato.</p><p>�Me pregunto qu� se propondr�.</p><p>Calvin hab�a encontrado a Gene siguiendo el Ofi�n a lo largo de un abrupto terreno por donde el r�o serpenteaba, entre las monta�as N�mesis de Crios, la regi�n diurna al oeste de Rea. Hab�a dicho que emergi� en la zona del crep�sculo y que estuvo caminando desde entonces, tratando de entrar en contacto con los otros.</p><p>Cuando se le preguntaba qu� hab�a hecho, todo lo que contestaba era: sobrevivir. Cirocco no lo dudaba, pero se interrogaba qu� pretend�a decir Gene con eso. El hombre pasaba por alto sus experiencias en deprivaci�n sensorial. Afirmaba que se hab�a preocupado al principio, pero que se hab�a calmado al comprender la situaci�n.</p><p>Cirocco tampoco cre�a entenderlo demasiado. Al principio se hab�a alegrado de tener alguien que pareciera tan m�nimamente afectado como ella. Gaby todav�a gem�a en sue�os. Bill ten�a fallos de memoria, aunque los recuerdos volv�an poco a poco. August sufr�a depresiones cr�nicas y rayaba en el suicidio. Calvin estaba feliz pero deseaba la soledad. S�lo Cirocco y Gene daban la impresi�n de estar relativamente inalterados.</p><p>Pero la capitana sab�a que hab�a sido tocada misteriosamente en la oscuridad. Cantaba a las tit�nidas. Intu�a que a Gene le hab�an pasado m�s cosas de las que contaba, y comenz� a buscar se�ales de ello.</p><p>Gene sonre�a much�simo. Aseguraba sin cesar a todo el mundo que se encontraba perfectamente bien, aunque nadie se lo preguntara. Era amistoso. A veces se mostraba demasiado cordial, pero aparte de eso parec�a estar bien.</p><p>Cirocco decidi� ir a buscarlo, tratar una vez m�s de hablar de los primeros dos meses.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>A Cirocco le gustaba Ciudad Tit�n.</p><p>El ambiente era c�lido bajo los �rboles. Puesto que el calor de Gea proced�a de la tierra, la elevada b�veda actuaba como trampa. Se trataba de un calor seco; vistiendo una camisa ligera y sin zapatos, Cirocco descubri� que su cuerpo se enfriaba con una eficiencia m�xima. Las calles estaban agradablemente iluminadas por faroles de papel que le recordaban Jap�n. El suelo era de tierra compacta, humedecida con algo llamado plantas aspersoras que rociaban vapor una vez por revoluci�n. Cuando tal cosa suced�a, ol�a como en una llovizna estival nocturna. Los bordes estaban atestados de p�talos de flores que ca�an en una lluvia constante. Medraban bastante bien en oscuridad perpetua.</p><p>Las tit�nidas jam�s hab�an o�do hablar de planificaci�n urbana. Las viviendas se hallaban diseminadas sin orden ni concierto en el terreno, debajo del suelo e incluso en los �rboles. Las calles quedaban definidas de manera informal por el tr�fico. No hab�a letreros o calles con nombre, un mapa de la poblaci�n no habr�a tardado en cubrirse de correcciones ya que los nuevos hogares eran levantados en medio del camino y los caminantes hollaban los bordes hasta que un nuevo equilibrio se establec�a.</p><p>Todo el mundo ten�a una cordial canci�n de saludo para Cirocco.</p><p>��Hola, monstruo de la Tierra! Todav�a te sostienes, veo.</p><p>��Oh, mira, si es la curiosidad de dos patas� Ven y divi�rtete con nosotras, Cir-ok-ko.</p><p>�Lo siento, amigas �cantaba ella�. Tengo trabajo. �Hab�is visto a Do Sostenido Maestra Cantora?</p><p>Le divert�a traducir as� los cantos, aunque para las tit�nidas, monstruo y curiosidad no implicaban insulto.</p><p>Pero la invitaci�n a una comida era dif�cil de rechazar. Tras dos meses de carne cruda y fruta insulsa, el alimento titanio era demasiado bueno para ser cierto. La cocina era la principal forma art�stica de las tit�nidas y, con algunas excepciones menores, los humanos pod�an comer cualquier cosa de las que las tit�nidas comieran.</p><p>Cirocco encontr� el edificio que ella llamaba ayuntamiento m�s por suerte que por intenci�n. Con frecuencia ten�a que detenerse a preguntar direcciones (primera a la izquierda, segunda a la derecha, luego hay que doblar�, no, esa fue bloqueada la �ltima kilorrev, �no es cierto?). Las tit�nidas comprend�an la disposici�n, pero Cirocco pensaba que jam�s llegar�a el d�a que la entendiera.</p><p>Era el ayuntamiento, simplemente porque Maestra Cantora viv�a all�, y ella era lo m�s aproximado a una jefa que las tit�nidas ten�an. En realidad Maestra Cantora era una jefa militar, pero hasta ese cargo estaba limitado. Maestra Cantora hab�a dirigido los refuerzos el d�a de la batalla con los �ngeles. Desde entonces, se hab�a comportado como cualquier otro individuo.</p><p>Cirocco pretend�a preguntar a Maestra Cantora si sab�a d�nde encontrar a Gene, pero no fue preciso pues Gene ya estaba all�.</p><p>�Rocky, me alegro de que te dejes caer por aqu� �dijo Gene, levant�ndose y poniendo un brazo sobre el hombro de la mujer. La bes� ligeramente en la mejilla, detalle que incomod� a Cirocco.</p><p>�Maestra Cantora y yo est�bamos hablando de un par de cosas que tal vez te interesen.</p><p>��Estabais�? �Puedes hablar con ellas?</p><p>�Su expresi�n es atroz �cant� Maestra Cantora, en el dif�cil modo e�lico�. A la manera de los pueblos de Crios. Su voz no se amolda decentemente y su o�do es m�s apropiado para las� digamos, palabras sin modulaci�n de vuestras voces. Pero a pesar de todo, podemos cantar juntos, en cierto modo, se entiende�</p><p>�Ya he o�do eso �cant� Gene, ri�ndose�. Cree que puede remodelar mi cabeza, como al deletrear palabras frente a un ni�o.</p><p>��Por qu� no me hablaste de esto antes, Gene? �pregunt� Cirocco, escudri�ando los ojos del otro.</p><p>�Cre� que no val�a la pena �dijo Gene, quit�ndole importancia�. Me dieron una dosis de lo que a ti te dieron, pero no funcion� tan bien.</p><p>�Ojal� me lo hubieras dicho, eso es todo.</p><p>�Mira, lo siento �Gene pareci� irritado, y Cirocco se pregunt� si �l hab�a querido que ella se diera por enterada. Claro que Gene no pod�a haber pensado que lo ocultar�a mucho m�s tiempo.</p><p>�Gene ha estado explic�ndome muchas cosas interesantes �cant� Maestra Cantora�. Ha trazado l�neas por toda mi mesa pero tienen poco sentido para m�. Puedo entenderlo, y ruego que tu canto superior pueda despejar la oscuridad.</p><p>�S�, Rocky, pru�balo. No puedo hacer que este imb�cil hijo-de-puta lo comprenda.</p><p>Cirocco le lanz� una penetrante mirada, y luego se tranquiliz� al recordar que Maestra Cantora no sab�a ingl�s. Con todo, Cirocco pensaba que el detalle era de mala educaci�n e infantil. La tit�nida pod�a ser cualquier cosa, pero est�pida no.</p><p>Maestra Cantora se hallaba arrodillada junto a una de las mesas bajas que las tit�nidas prefer�an. Ten�a un pelaje anaranjado deslustrado de algunos cent�metros de largo, con s�lo la cara descubierta. La piel era oscura como el chocolate. Sus ojos eran algo grises, fijos en un rostro que al principio pareci� id�ntico para todas las tit�nidas, pero en el que Cirocco distingu�a ahora tantas variaciones como las de las caras humanas. La capitana era capaz de diferenciar una de otra sin referirse al colorido.</p><p>Pero el rostro segu�a siendo femenino. Cirocco no lograba desprenderse de este condicionamiento cultural, aun cuando el pene fuera visible.</p><p>Gene hab�a usado pintura de piel en el trazado de un mapa sobre la mesa de Maestra Cantora. Dos l�neas paralelas corr�an de este a oeste, y otras l�neas divid�an el espacio intermedio en rect�ngulos. Era el lado interior de Gea, desplegado y visto desde arriba.</p><p>�Aqu� est� Hiperi�n �dijo, se�alando con un dedo enrojecido con pintura�. Al oeste, Oc�ano, al este� �C�mo lo llam�is?</p><p>�Rea.</p><p>�Bien. Luego viene Crios. Hay cables de sustentaci�n aqu�, aqu� y aqu�. Las tit�nidas viven en Hiperi�n oriental y Crios occidental. Y en Rea no hay �ngeles. �Sabes por qu�, Rocky? Porque viven en los radios.</p><p>�Bueno, �y por qu� me cuentas esto?</p><p>�Ten paciencia, y haz que lo entiendan, �quieres?</p><p>Cirocco hizo todo lo que pudo. Despu�s de varias tentativas, Maestra Cantora pareci� interesada y puso un dedo con la u�a de color naranja cerca de un punto de Hiperi�n occidental.</p><p>�Esta, entonces, es la gran escalera al cielo cerca de la poblaci�n.</p><p>�S�, y Ciudad Tit�n est� al lado.</p><p>��Por qu� no la veo? �se extra�� Maestra Cantora.</p><p>�Lo arreglar� �dijo Gene, en ingl�s�. Es que no la he dibujado �cant�, y con un toque decorativo traz� otro punto junto al otro m�s grande.</p><p>��C�mo matar�n a todos los �ngeles estas l�neas? �pregunt� Maestra Cantora.</p><p>Gene se volvi� hacia Cirocco.</p><p>��Ha preguntado por qu� estoy dibujando todo esto?</p><p>�No, ha preguntado qu� tiene que ver esto con matar �ngeles, y me gustar�a a�adir una pregunta personal, y es: <emphasis>�qu� demonios est�s haciendo? </emphasis>Te prohibo que sigas adelante con esta discusi�n. No podemos ayudar a ning�n bando de dos naciones en guerra. �Es que no has le�do el Protocolo de Contacto de Ginebra?</p><p>Gene guard� silencio un momento, apartando la vista de Cirocco. Cuando volvi� a mirarla, habl� en voz baja.</p><p>��No recuerdas aquella carnicer�a, o es que te la perdiste del todo? Los aniquilaron, Rocky. Masacraron quince de estos asnos. Todos menos uno murieron, igual que otros dos que estaban contigo. Los �ngeles perdieron dos, m�s un herido.</p><p>�Tres. T� no viste lo que ocurri� con un tercero �pensar en aquello todav�a la enfermaba.</p><p>�Lo que fuera. La cuesti�n es que fue una nueva t�ctica. Los �ngeles se hicieron llevar a bordo del dirigible. Al principio pensamos que los �ngeles hab�an hecho una alianza con los dirigibles, pero result� que tambi�n los dirigibles est�n preocupados. Son neutrales. Los �ngeles subieron a bordo durante una tormenta, de modo que el dirigible pens� que el peso extra era simplemente agua. Ese trasto aumenta un par de toneladas cuando llueve.</p><p>��Qu� �pretendemos� con todo esto? �Est�s haciendo una alianza? No tienes esa facultad. <emphasis>Yo s�, </emphasis>como capitana de la nave.</p><p>�Tal vez deber�a observar que tu nave ha desaparecido.</p><p>Si Gene hubiera querido herirla, su blanco no habr�a podido ser mejor. Cirocco se aclar� la garganta y sigui� hablando.</p><p>�Gene, no estamos aqu� en plan de asesores militares.</p><p>��Caramba, s�lo pensaba ense�arles unas cuantas cosas! Como este mapa. Es imposible planear una estrategia sin un mapa. Necesitar�n nuevas t�cticas, tambi�n, pero�</p><p>Maestra Cantora produjo el agudo silbido que equival�a al sonido de aclararse la garganta, y entonces Cirocco comprendi� que no la hab�an tenido en cuenta.</p><p>�Perd�n �cant� la tit�nida�. Este dibujo es algo francamente magn�fico. Lo llevar� pintado en mi pecho en la pr�xima reuni�n triciudadana. Pero est�bamos hablando de medios para matar �ngeles, �verdad? Me gustar�a o�r m�s detalles del polvo gris de violencia que t� mencionaste antes.</p><p>��<emphasis>Jes�s, </emphasis>Gene! �estall� Cirocco, luego control� su voz�. Maestra Cantora. Mi amigo, cuyo dominio de vuestras canciones es pobre, no ha sabido expresarse correctamente. No conozco tal polvo.</p><p>Los ojos de la tit�nida eran apacibles remansos.</p><p>�Si no del polvo gris, habladme entonces del artilugio para arrojar lanzas al aire con m�s rapidez que la mano.</p><p>�De nuevo, se trata de un malentendido. Ten un poco m�s de paciencia conmigo, por favor �se volvi� hacia Gene con expresi�n calmada�. Gene, vete. Hablar� contigo m�s tarde.</p><p>�Rocky, lo �nico que deseaba hacer es�</p><p>�Es una orden, Gene.</p><p>Gene vacil�. Cirocco estaba entrenada en combate con las manos y ten�a m�s alcance, pero tambi�n �l estaba entrenado, y ten�a m�s fuerza. Cirocco estaba mucho menos que segura de poder derrotarlo, pero se prepar� para intentarlo.</p><p>El momento pas�. Gene se relaj�, estamp� la palma de la mano en la mesa y sali� airosamente de la sala. Maestra Cantora hab�a seguido la escena con ojos que no perd�an detalle alguno.</p><p>�Lamento haber sido causa de que malos sentimientos hayan cruzado entre t� y tu amigo �cant� la tit�nida.</p><p>�No ha sido por tu culpa �las manos de Cirocco volvieron a su temperatura normal despu�s del conato de enfrentamiento�. Yo� Mira, Maestra Cantora. �A qui�n crees? �A m� o a Gene?</p><p>�Adm�telo, Rok-ki. Me dio la impresi�n de que ten�as algo que ocultar.</p><p>Cirocco se mordi� un nudillo mientras se preguntaba qu� hacer. La tit�nida estaba segura de que ella ment�a, �pero cu�ntas cosas sab�a ya?</p><p>�Tienes raz�n �cant� por fin�. Tenemos un polvo de violencia, lo bastante potente para destruir toda esta ciudad. Conocemos secretos destructivos que me averg�enza siquiera insinuarlos. Cosas que podr�an abrir un boquete en tu mundo y hacer que el aire que respiras saltara al espacio helado.</p><p>�No precisamos nada as� �cant� Maestra Cantora, con aire de inter�s�. El polvo servir� perfectamente.</p><p>�No puedo d�rtelo. No hemos tra�do con nosotros.</p><p>La tit�nida hab�a meditado cuidadosamente su melod�a cuando por fin volvi� a cantar.</p><p>�Tu amig� Gene cre�a posible hacer aqu� esas cosas. Somos diestros con la madera y con la qu�mica de seres animados.</p><p>Cirocco suspir�.</p><p>�Es probable que Gene tenga raz�n. Pero no podemos entregarte los secretos.</p><p>Maestra Cantora guard� silencio. Cirocco intent� una explicaci�n.</p><p>�Mis sentimientos personales tienen poco que ver con el problema. Los que se hallan por encima de m�, los sabios de mi raza, han dicho que esto debe ser as�.</p><p>�Si tus mayores lo ordenan, tienes poca opci�n �se resign� la tit�nida.</p><p>�Me alegra que lo veas de esa forma.</p><p>�S� �hizo una pausa para elegir cuidadosamente sus frases mel�dicas�. Tu amigo Gene no es tan respetuoso con sus mayores. Si le interrogara otra vez, �l podr�a explicarme cosas que podr�an llevarnos a la victoria.</p><p>El �nimo de Cirocco se hundi�, pero trat� de que la tit�nida no lo advirtiera.</p><p>�Gene ha sido olvidadizo. Tuvo momentos dif�ciles en su viaje. Sus pensamientos erraban, pero ahora le he recordado su obligaci�n.</p><p>�Comprendo �volvi� a rumiar, y ofreci� a Cirocco un vaso de vino que la mujer acept� agradecida�. Creo que yo misma podr�a construir un lanzador. Un palo flexible con los extremos unidos por una correa.</p><p>�Francamente, me sorprende que no lo teng�is ya. Pose�is cosas m�s complejas.</p><p>�Tenemos algo parecido que los ni�os usan para jugar.</p><p>�La naturaleza de vuestra lucha con los �ngeles me confunde. �Por qu� luch�is?</p><p>Maestra Cantora frunci� el ce�o.</p><p>�Porque ellos son �ngeles.</p><p>��No hay otra raz�n? Me hab�a impresionado vuestra tolerancia con otras razas. No hab�is sentido animosidad hacia m� ni mis amigos, ni por los dirigibles o por el yeti de Oc�ano.</p><p>�Ellos son <emphasis>�ngeles �</emphasis>repiti� Maestra Cantora.</p><p>��No dese�is habitar el mismo suelo?</p><p>�Los �ngeles ser�an incapaces de dar de mamar a sus peque�os en el pecho de Gea si dejan las grandes torres. Y nosotros no podr�amos vivir colgados de las paredes.</p><p>�As� que no compet�s por tierra o alimentos� �Ser� tal vez por una causa religiosa? �Adoran ellos otro dios?</p><p>La tit�nida ri�.</p><p>��Adorar? Compones tu canto de una forma curiosa. Solo existe una deidad, hasta para los �ngeles. Gea es conocida por todas las razas a su alcance.</p><p>�En ese caso, simplemente no lo entiendo. �Es que no puedes hac�rmelo comprender? �Por qu� luch�is?</p><p>Maestra Cantora, la jefa militar, pens� largo rato. Cuando por fin volvi� a cantar, el modo era una lastimera tonalidad menor.</p><p>�De todas las cosas de esta vida, �sta es la que m�s me gustar�a preguntar a Gea. Que todos debamos morir y volver al fango� No tengo objeciones, ni amargura. Que el mundo sea un c�rculo y los vientos soplen cuando Gea respira�, son cosas que comprendo. Que haya momentos de tener hambre, o que al poderoso Ofi�n se lo trague el polvo, o que el viento fr�o del oeste nos congele�, lo acepto, ya que dudo de que pudiera hacer algo mejor en estas �reas. Gea tiene muchas cosas que atender y es posible que a veces tenga que volver su vista a otro lado.</p><p>�Cuando los grandes pilares celestes chasquean, de modo que la tierra tiembla y se teme que el mundo estalle y se lance al vac�o, no me quejo.</p><p>�Pero en el momento de la respiraci�n de Gea, cuando el odio est� en m�, dejo de razonar. Dirijo mi pueblo a la batalla, sin saber que mi hija-hembra cae a mi lado. No vi <emphasis>qui�n </emphasis>ca�a. Ella era una extra�a para m� porque el cielo estaba repleto de �ngeles y era momento de luchar. S�lo despu�s, cuando la rabia se va de nosotras, contamos el costo. Entonces es cuando la madre encuentra a su hija muerta en el campo, cuando vi a la hija de mi carne herida por �ngeles pero pisoteada por las patas de los m�os.</p><p>�Eso pas� hace cinco respiraciones. Mi coraz�n enferm�, y temo que nunca sanar�.</p><p>Cirocco no se atrevi� a romper el silencio cuando Maestra Cantora le dio la espalda. La tit�nida se levant� y pase� hacia la puerta, encarada a la oscuridad en tanto Cirocco contemplaba la fluctuaci�n de la vela en la mesa. Maestra Cantora emiti� sonidos que ciertamente eran los sonidos del llanto, aunque no sonaran como el llorar humano. Al cabo de un rato, la tit�nida volvi� junto a la mujer y se sent�, con un aspecto de extrema fatiga.</p><p>�Luchamos cuando la rabia nos domina. No dejamos de pelear hasta que los �ngeles han muerto o regresan a su hogar.</p><p>�Hablas de la respiraci�n de Gea. Es algo extra�o para m�.</p><p>�La has escuchado gemir. Es un violento ventarr�n que surge de las torres celestes. Fr�o por el oeste y caliente por el este.</p><p>��Hab�is intentado hablar con los �ngeles? �Ser� que no escuchan vuestro canto?</p><p>Maestra Cantora se encogi� de hombros.</p><p>��Qui�n puede cantar a un �ngel, y qu� �ngel prestar� atenci�n?</p><p>�Me sigue inquietando que nadie haya intentado� negociar con ellos �esa palabra result� dif�cil. Finalmente se decidi� por una que significaba �rendirse� o �huir� en un sentido literal�. Si os sentarais juntos y escucharais los cantos respectivos, quiz� podr�ais tener paz.</p><p>La frente de la tit�nida se arrug�.</p><p>��C�mo puede existir el-sentimiento-de-armon�a-entre-hermanos si ellos son �ngeles? �la palabra que us� era la misma que Cirocco hab�a elegido como la mejor entre muchas inadecuadas. Para las tit�nidas, �paz� era un estado universal, apenas merecedor de comentarios. Entre tit�nidas y �ngeles, el idioma no abarcaba un concepto que pudiera expresar algo siquiera parecido.</p><p>�Mi gente no tiene enemigos de otras razas, sino que lucha entre s� �dijo Cirocco�. Pero hemos desarrollado medios de resolver estos conflictos.</p><p>�Ese caso no es el nuestro. Tratamos perfectamente la hostilidad entre nuestra raza.</p><p>�Quiz� podr�ais ense�arnos algo respecto a eso. Pero por mi parte, ojal� pudiera ense�arte los medios que hemos aprendido. Algunas veces ambos bandos son demasiado hostiles para sentarse y conversar. En tal caso, usamos un tercer bando para mediar entre los enemigos.</p><p>Maestra Cantora alz� una ceja, despu�s baj� las dos con gesto suspicaz.</p><p>�Si eso funciona, �por qu� necesit�is tantas armas?</p><p>Cirocco se vio forzada a sonre�r. No era sencillo convencer de algo a las tit�nidas.</p><p>�Porque no siempre funciona. Entonces nuestros guerreros tratan de destruirse mutuamente. Pero nuestras armas se han vuelto tan temibles que nadie las ha usado desde hace mucho tiempo. Hemos mejorado con la paz, y ofrezco como prueba que, siendo capaces de destruir todo nuestro planeta desde hace un m�nimo de� digamos sesenta miriarrevs, no hemos hecho tal cosa.</p><p>�Eso es el pesta�eo de un ojo mientras Gea gira �cant� la tit�nida.</p><p>�No estoy fanfarroneando. Es terrible vivir con el conocimiento de que no s�lo tu� tu madre hembra, amigos y conocidos pueden ser aniquilados, sino tambi�n todos los miembros de tu raza hasta el ni�o m�s peque�o.</p><p>Maestra Cantora asinti� gravemente. Parec�a impresionada.</p><p>�Vosotros lo decid�s. Nuestra raza puede ofreceros m�s guerra, o la posibilidad de paz �concluy� Cirocco.</p><p>�Comprendo �cant� la tit�nida, preocupada�. Es una decisi�n seria.</p><p>Cirocco opt� por callarse. Maestra Cantora sab�a que ten�a a su alcance aprender con el armamento que Gene hab�a ofrecido.</p><p>La vela del soporte de la pared ard�a con luz mortecina. S�lo la luz que ten�an entre ambas sobreviv�a para arrojar una iluminaci�n danzarina sobre los rasgos femeninos de la tit�nida.</p><p>��D�nde encontrar� a �se que ha de estar en el medio? Creo que ese mediador resultar�a herido por lanzas arrojadas por ambos bandos.</p><p>Cirocco abri� los brazos.</p><p>�Gustosamente ofrecer� mis servicios como representante autorizada de las Naciones Unidas.</p><p>Maestra Cantora estudi� a Cirocco.</p><p>�Sin que sea una falta de respeto hacia las na-cio-ne-su-ni-das, jam�s hemos o�do hablar de ellas. �Por qu� habr�an de interesarse en nuestras guerras?</p><p>�Las Naciones Unidas siempre est�n interesadas en guerras. Francamente, no son mejores que lo que somos en conjunto, lo que equivale a decir que est� muy lejos de la perfecci�n�</p><p>La tit�nida hizo un gesto de indiferencia, como si ya lo hubiera supuesto desde el primer momento.</p><p>��Y por qu� har�ais eso por nosotras?</p><p>�De todos modos, atravesar� el territorio de los �ngeles, camino de ir a ver a Gea. Adem�s, odio la guerra.</p><p>Maestra Cantora pareci� realmente impresionada por primera vez. Estaba claro que su opini�n de Cirocco hab�a mejorado de forma significativa.</p><p>�No me hab�as dicho que fueras una peregrina. Esto arroja nueva luz al problema. Temo que eres una necia, pero es una necedad bendita �extendi� los brazos por encima de la mesa y cogi� la cabeza de Cirocco con sus manazas, se inclin� y le dio un beso en la frente. Fue el detalle m�s ceremonioso que la terr�quea hab�a observado de una tit�nida. y le afect�.</p><p>�Vete, pues �dijo Maestra Cantora�. No pensar� m�s en nuevas armas. Las cosas ya son bastante terribles para emprender una ruta que debe conducir a la destrucci�n.</p><p>La tit�nida hizo una pausa. Parec�a ensimismada.</p><p>�Si por casualidad llegaras a ver realmente a Gea. me gustar�a que le preguntaras por qu� tuvo que morir mi hija-hembra. Si no te responde, dale una bofetada y dile que es de parte de Maestra Cantora.</p><p>�Lo har�.</p><p>Cirocco se puso en pie, extra�amente animada, en cierta forma menos preocupada por el futuro que en los dos meses anteriores. Hizo adem�n de marcharse, pero sent�a curiosidad por algo.</p><p>��Por qu� ese beso? �pregunt�.</p><p>Maestra Cantora alz� la mirada.</p><p>�Era el beso de la muerte. Despu�s de que te hayas ido, jam�s volver� a verte.</p></section><section><title><p>CAPITULO 17</p></title><p>Hornpipe hab�a asumido el papel de gu�a y fuente de informaci�n para la expedici�n humana. Dijo que su madre-hembra lo aprobaba, y que cre�a que ser�a una buena experiencia de aprendizaje. Los humanos eran los seres m�s excitantes pasados por Ciudad Tit�n en muchas miriarrevs.</p><p>Cuando Cirocco expres� su deseo de ver el sitio de los vientos en las afueras de la poblaci�n, Hornpipe prepar� una comida campestre y dos odres de vino. Calvin y Gaby se ofrecieron como voluntarios para ir, pero August se qued� sentada y mirando por la ventana, algo que sol�a hacer. Gene no apareci�. Cirocco record� a Calvin que se hab�a comprometido a quedarse con Bill.</p><p>Bill dijo a Cirocco que esperara a que �l estuviera curado. La capitana se vio obligada a recordarle que todav�a segu�a al mando. Bill lo fue olvidando conforme el confinamiento lo hac�a quisquilloso y mezquino. Cirocco lo comprend�a, pero a Bill le gustaba poco cuando ella se pon�a en plan protector.</p><p>�Bonito d�a para un pic-nic �cant� Hornpipe cuando Cirocco y Gaby se reunieron con ella al l�mite de la ciudad�. La tierra est� seca. Tendr�amos que ir y volver en cuatro o cinco revs.</p><p>Cirocco se arrodill� y at� los cordones de los mocasines de cuero blando que las tit�nidas hab�an hecho para ella. Luego se irgui� y observ� el terreno en direcci�n al lugar donde asomaba en el di�fano ambiente el cable central-oeste de Rea, el lugar de los vientos.</p><p>�Lamento desilusionarte �cant� la capitana�, pero a m� y a mi amiga nos costar� una decarrev llegar all�, y lo mismo para volver. Planeamos acampar en la base y gozar de la falsa muerte.</p><p>Hornpipe se estremeci�.</p><p>�Ojal� no lo hag�is. Me aterroriza. �C�mo sabr�n los gusanos que no deben comeros?</p><p>Cirocco se ech� a re�r. Las tit�nidas no dorm�an nunca. Para ellas �se era un detalle que las preocupaba tanto o m�s que la rara habilidad de mantenerse siempre en equilibrio sobre dos piernas.</p><p>�Hay una alternativa. Temo ofenderte si la expreso. En la Tierra tenemos animales, no personas, que se parecen algo a vosotras. Nosotros nos montamos en sus espaldas.</p><p>��En sus espaldas? �Hornpipe qued� confundida, hasta que su cara se ilumin� al establecer la relaci�n�. �Te refieres a que pon�is las dos piernas a cada lado de�? �Claro, ya comprendo! �Cre�is que resultar�?</p><p>�Estoy ansiosa de probarlo si t� quieres. Dame una mano. No, g�rala� Eso es. Voy a poner el pie encima� �as� lo hizo, se agarr� al hombro de Hornpipe, tom� impulso y mont�. Se sent� en el amplio lomo con una cincha debajo y una alforja detr�s de cada pierna�. �Te es c�modo?</p><p>�Apenas noto que est�s ah�. �Pero c�mo te sostendr�s?</p><p>�Eso habr� que verlo. Yo pensaba que� �se interrumpi� con un grito agudo. Hornpipe gir� la cabeza por completo.</p><p>��Qu� ocurre?</p><p>�Nada. Es que no somos tan flexibles como t�. Me cuesta creer que eres capaz de hacer eso. No importa. Vu�lvete y ten cuidado por d�nde vas. Y empieza lentamente.</p><p>��Qu� paso prefieres?</p><p>��Eh? Ah. No entiendo de eso.</p><p>�Bueno. Ir� al trote primero y pasar� a un galope lento.</p><p>��Te importa que te ponga los brazos alrededor?</p><p>�En absoluto.</p><p>Hornpipe describi� un amplio, aumentando gradualmente la velocidad. Corr�a junto a Gaby, que gritaba y vitoreaba. Cuando Hornpipe se detuvo, Gaby apenas jadeaba.</p><p>��Servir�? �Qu� piensas? �pregunt� Cirocco.</p><p>�Creo que s�. Probemos con las dos.</p><p>�Querr�a algo para tapar esta correa �dijo Cirocco�. Y en cuanto a Gaby, �por qu� no buscamos otra tit�nida para ella?</p><p>Al cabo de diez minutos Hornpipe hab�a conseguido dos almohadones y otra voluntaria, un macho de pelaje color lav�ndula, con pelo blanco en cabeza y cola.</p><p>�Hey, Rocky. Tengo una montura m�s fina que la tuya.</p><p>�Depende de c�mo lo mires. Gaby, me place presentarte a� �Cirocco cant� el nombre, invirti� la presentaci�n y luego musit� confidencialmente a Gaby�: Ll�male Flauta de Pan.</p><p>��Qu� hay de malo con Leo o George? �protest� Gaby, pero estrech� la mano de Flauta de Pan y mont� f�cilmente.</p><p>Emprendieron la marcha, con las tit�nidas cantando una tonada de viaje que las mujeres acompa�aron lo mejor que pudieron. Al finalizar esa canci�n aprendieron otra. Luego Cirocco pas� al �Maravilloso Mago de Oz�, sigui� con �The Caissons Go Rolling Along� y dijo: �All� vamos, hacia la agreste lejan�a azul�. Para las tit�nidas fue un deleite: ignoraban que los humanos tuvieran canciones.</p><p>Cirocco hab�a hecho un viaje en balsa por el r�o Colorado y hab�a viajado en una c�scara de nuez por el Ofi�n. Hab�a sobrevolado el Polo Sur y brincado a lo largo y ancho de los Estados Unidos en un biplano, hab�a viajado en automotor por la nieve, montado en bicicleta, funicular y tren de gravedad y en cierta ocasi�n hab�a dado un breve paseo en camello. Nada de esto era como montar una tit�nida bajo la b�veda de Gea, en ese largo atardecer eternamente al borde del ocaso. Delante de ella, una escalera al cielo brotaba del suelo y se retiraba en la noche.</p><p>Cirocco ech� la cabeza hacia atr�s y cant�:</p><poem><stanza><v>� �Hay un largo camino hasta Tipperary,</v><v>un largo camino que recorrer�</v></stanza></poem><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El lugar de los vientos era roca dura y tierra torturada. Crestas que semejaban nudillos deformes empezaron a fruncir el terreno color pardo y entre ellas se abrieron profundas grietas. Las crestas crecieron hasta convertirse en dedos que aferraban la tierra y la estrujaban como una hoja de papel. Los dedos no tardaron en unirse a una mano curtida por la intemperie y luego a un largo brazo hirsuto que surg�a de la noche.</p><p>El ambiente jam�s estaba en calma. S�bitas r�fagas procedentes de todas direcciones hac�an que un millar de diablos polvorientos danzaran err�ticamente en el camino de los excursionistas.</p><p>Pronto escucharon el alarido. Era un sonido retumbante, nada agradable, pero sin la terrible tristeza del gran viento de Oc�ano conocido como Lamento de Gea.</p><p>Hornpipe les hab�a dado cierta idea respecto a qu� esperar. Las lomas que escalaban eran ramales de cable que emerg�an con un �ngulo de treinta grados en relaci�n al terreno y estaban cubiertos de tierra. El viento hab�a erosionado el suelo hasta formar barrancos que corr�an hacia la fuente del sonido.</p><p>Empezaron a pasar junto a boquetes de succi�n abiertos en el suelo, algunos de no m�s de medio metro de ancho, otros lo bastante grandes para tragar a una tit�nida. Todos ten�an su particular nota de silbido. Era una m�sica inarm�nica, sin m�trica, como algunos de los experimentos m�s opacos de principios de siglo. Tras ella hab�a una continua nota de �rgano.</p><p>Las tit�nidas ascendieron al �ltimo y largo cerro. Era terreno duro, rocoso, completamente depurado de polvo suelto, pero la espina de la cresta era estrecha y las grietas amplias y profundas. Cirocco confi� en que las tit�nidas supieran cu�ndo era mejor detenerse. El fustigar del viento ya hac�a lagrimear los ojos.</p><p>�Este es el lugar de los vientos �cant� Hornpipe�. No nos atrevemos a llegar m�s cerca, ya que los vientos se hacen tan potentes que pueden arrastrarnos. Pero podr�is ver al Gran Aullador si baj�is por la ladera. �Quieres que te lleve all�?</p><p>�Gracias, ir� andando �dijo Cirocco, y salt� a tierra.</p><p>�Te mostrar� el camino.</p><p>Hornpipe empez� a bajar la pendiente dando pasos cortos, melindrosos. Daba la impresi�n de que iba a perder el equilibrio, aunque era evidente que no ten�a problema alguno.</p><p>Las tit�nidas llegaron a un declive vertical y lo siguieron hacia el este. Cuando Gaby y Cirocco llegaron al lugar notaron un incremento de viento y ruido.</p><p>��Si esto empeora mucho m�s �grit� Cirocco�, creo que ser� mejor desistir!</p><p>�Opino lo mismo.</p><p>Pero cuando llegaron al punto donde las tit�nidas se hab�an detenido, comprobaron que no necesitaban ir m�s lejos.</p><p>Hab�a siete agujeros de succi�n visibles, todos en las extremidades de largas y escarpadas hondonadas. Seis de ellos med�an entre cincuenta y doscientos metros de ancho. El Gran Aullador podr�a haberlos tragado a todos.</p><p>Cirocco supuso que habr�a un kil�metro desde la base de la abertura hasta la c�spide y otro medio kil�metro en el punto m�s ancho. La forma oval era impuesta por la posici�n del hoyo entre dos ramales de cable que describ�an una cerrada �V� al brotar del moreno suelo. En el sitio donde los ramales se un�an, la gran boca de piedra pelada se abr�a al m�ximo.</p><p>Los lados de la abertura eran tan lisos que destellaban a la luz del d�a como espejos retorcidos. Hab�an sido pulidos por mil a�os de viento y la arena abrasiva que �ste transportaba. Vetas de mineral m�s ligero de la oscura roca les daban un lustre de madreperla.</p><p>Hornpipe se inclin� y cant� cerca de la oreja de Cirocco.</p><p>�Comprendo el motivo �grit� a su vez Cirocco.</p><p>��Qu� te ha dicho? �quiso saber Gaby.</p><p>�Ha dicho que llaman muslo de Gea a este lugar.</p><p>�Comprendo el motivo. Estamos en una de sus piernas.</p><p>�Esa es la idea.</p><p>Cirocco toc� el anca de Hornpipe y se�al� la cima de la loma. Se pregunt� qu� sentir�an las tit�nidas en aquel sitio. �Un temor reverente? Probablemente, no. Estaba justo en las afueras de la ciudad. �Acaso los suizos sent�an un temor reverente por las monta�as?</p><p>Fue estupendo volver a una relativa tranquilidad. Cirocco permaneci� junto a Hornpipe y examin� los alrededores. Si la base del cable era una mano gigantesca, como ella la hab�a considerado antes, hab�an llegado al segundo nudillo de uno de los dedos.</p><p>��Hay otro camino para subir? �cant� Cirocco�. �Un camino para llegar a esa gran planicie que hay arriba, sin que Gea nos chupe?</p><p>Flauta de Pan, que era algo mayor que Hornpipe. asinti�.</p><p>�S�, hay muchos. Esta gran madre de agujeros es el principal. Cualquiera de las otras lomas os permitir� alcanzar la planicie.</p><p>�Entonces, �por qu� no nos hab�is llevado arriba?</p><p>Hornpipe puso cara de sorpresa.</p><p>�Dijiste que deseabas ver el lugar de los vientos, no trepar para conocer a Gea.</p><p>�Me equivoqu� �reconoci� Cirocco�. �Pero cu�l es el mejor camino hasta la cima?</p><p>��Hasta la misma cima? �cant� Hornpipe, con los ojos, muy abiertos�. Yo solamente estaba bromeando. Naturalmente, no querr�s ir all� arriba�</p><p>�Voy a intentarlo.</p><p>Hornpipe se�al� el pr�ximo cerro hacia el sur. Cirocco estudi� el terreno a lo largo del precipicio. No parec�a m�s dif�cil que la loma que hab�an escalado. Las tit�nidas hab�an empleado hora y media, de manera que ella podr�a hacerlo en seis, siete u ocho horas. Quedaban otras seis horas de pendiente hasta llegar a la planicie, y despu�s�</p><p>Desde aquella posici�n ventajosa el cable inclinado era una monta�a inaccesible. Ca�a en declive unos cincuenta kil�metros, hacia la oscuridad por encima del l�mite de Rea. En tres de esos kil�metros no crec�a nada; era tierra de color chocolate y roca gris. En una distancia similar s�lo hab�a �rboles retorcidos y sin hojas. M�s all�, la persistente vida de Gea hab�a encontrado un apoyo. Cirocco no pudo determinar si se trataba de hierba o bosques, pero el cilindro del cable, de cinco kil�metros de di�metro, estaba repleto de incrustaciones verdes: la corro�da cadena del ancla de un buque.</p><p>El verdor se extend�a hasta la zona del crep�sculo de Rea. La regi�n no ten�a bordes pronunciados; se inclinaba gradualmente conforme la oscuridad iba apagando el verdor, que disminu�a a bronce, oro oscuro, plata sobre rojo de sangre y. finalmente, el color de nubes con la luna detr�s. Para entonces el cable era casi invisible. El ojo segu�a la curva imposible que menguaba hasta una cuerda, un hilo, una hebra, antes de unirse a la amenazadora oscuridad del techo y esfumarse en la abertura del radio, que se iba haciendo m�s y m�s estrecho. Pero estaba demasiado oscuro para alcanzar a ver algo m�s all�</p><p>�Creo que se puede �dijo Cirocco a Gaby�. Al menos hasta el techo. Confiaba en que hubiese habido alguna especie de elevador mec�nico aqu� en la base. Y tal vez lo hay, supongo, pero si nos ponemos a buscarlo� Tardar�amos meses �concluy�, al tiempo que agitaba una mano.</p><p>Gaby estudi� la pendiente del cable, suspir� y mene� la cabeza.</p><p>�Ir� donde t� vayas, pero est�s loca, �sabes? Nunca pasaremos del techo. �chale un vistazo, �quieres? A partir de ah�, nos encontraremos trepando <emphasis>en la base </emphasis>de una pendiente de cuarenta y cinco grados.</p><p>�Los monta�eros lo hacen una y otra vez. T� misma lo hiciste en el entrenamiento.</p><p>�Claro. Diez metros. Ahora tendremos que hacerlo durante cincuenta o sesenta kil�metros. Y despu�s, �stas son las buenas noticias, <emphasis>despu�s </emphasis>s�lo tendremos que subir en l�nea recta. Cuatrocientos kil�metros.</p><p>�No ser� f�cil. Debemos probarlo.</p><p><emphasis>�Madre de Dios �</emphasis>Gaby se golpe� la frente con el borde de la mano y bizque�.</p><p>Hornpipe hab�a contemplado los gestos de Cirocco mientras �sta explicaba el problema. Entonces, la tit�nida empez� a cantar, <emphasis>largo.</emphasis></p><p>��Vas a trepar por las enormes escaleras?</p><p>�Debo hacerlo.</p><p>Hornpipe asinti�. A continuaci�n se inclin� y bes� la frente de Cirocco.</p><p>�Me gustar�a que no lo hicierais, amigas �dijo Cirocco, en ingl�s.</p><p>��Qu� significa eso? �pregunt� Gaby.</p><p>�No importa. Volvamos a la ciudad.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Se detuvieron tras abandonar la zona ventosa. Hornpipe sac� un trapo y todos tomaron asiento para la comida. El alimento estaba caliente, conservado en termos de cascara de nuez. Cirocco y Gaby comieron quiz� diez termos entre las dos. y las tit�nidas devoraron el resto.</p><p>Todav�a se hallaban a cinco kil�metros de Ciudad Tit�n cuando Hornpipe volvi� la cabeza, con una expresi�n en la que se mezclaba el pesar y la preocupaci�n. La tit�nida fij� la mirada en el oscuro techo.</p><p>�Gea respira �cant� tristemente.</p><p>��Qu�? �Est�s segura? Cre� que ser�a una cosa ruidosa y que tendr�amos mucho tiempo para� �Significa eso que habr� �ngeles?</p><p>�Es ruidosa cuando sopla <emphasis>del oeste �</emphasis>corrigi� Hornpipe�. La respiraci�n de Gea es silenciosa si sopla del este. Me imagino que ya los oigo �dio un paso en falso, casi tir� a Cirocco.</p><p>��Bueno, corred, maldito sea! Si est�is atrapadas aqu� solas no tendr�is oportunidad.</p><p>�Es demasiado tarde �cant� Hornpipe, los labios abiertos dejaban ver los dientes brillantes. Sus ojos a�oraban.</p><p>��<emphasis>Mu�vete!</emphasis></p><p>Cirocco hab�a practicado ese tono de mando durante a�os, y sin saber c�mo logr� traducirlo a un canto titanio. Hornpipe inici� un s�bito galope y Flauta de Pan la sigui� a poca distancia.</p><p>Muy pronto, incluso Cirocco oy� el gemido de los �ngeles. El paso de Hornpipe vacil�; deseaba ardorosamente volver y ofrecer batalla.</p><p>Se estaban acercando a un �rbol solitario, y entonces Cirocco tom� una r�pida decisi�n.</p><p>�Frena. Deprisa, no tenemos mucho tiempo.</p><p>Se detuvieron bajo las desplegadas ramas y Cirocco desmont� de un salto. Hornpipe trat� de salir disparada pero Cirocco abofete� la cara de la tit�nida, que as� pareci� calmarse algo.</p><p>�Gaby, corta esas alforjas a trozos. �Flauta de Pan! �Alto! �Vuelve aqu� ahora mismo!</p><p>Flauta de Pan se qued� indeciso, pero volvi� con los dem�s. Gaby y Cirocco se pusieron en acci�n con frenes�; con jirones que arrancaron de las propias ropas que se quitaron, hicieron tres fuertes cuerdas.</p><p>�Amigas m�as �cant� Cirocco en cuanto tuvo las ataduras�, no tengo tiempo para explicaciones. Os pido que confi�is en m� y hag�is lo que os diga.</p><p>Puso en el canto hasta la �ltima gota de resoluci�n que pose�a, en la modalidad usada por los viejos y sabios para con los j�venes y alocados. Dio resultado, pero no demasiado. Ambas tit�nidas siguieron mirando hacia el este.</p><p>Cirocco hizo que las tit�nidas se tendieran de costado.</p><p>�Eso hace da�o �se quej� Hornpipe cuando Cirocco le at� las patas delanteras.</p><p>�Lo siento, es por vuestro bien �Cirocco lig� r�pidamente los brazos y patas delanteras y despu�s lanz� un odre a Gaby�. M�tele en la garganta tanto como puedas. Quiero que est� tan borracha que ni moverse pueda.</p><p>�De acuerdo.</p><p>�Peque�a, quiero que bebas esto �cant�. T� tambi�n. Bebed <emphasis>much�simo.</emphasis></p><p>Cirocco llev� el pez�n del odre a los labios de Hornpipe. El sonido de los �ngeles aumentaba. Las orejas de Hornpipe se retorcieron r�pidamente hacia arriba y hacia abajo.</p><p>�Algod�n, algod�n �musit� Cirocco. Arranc� retales de su ya deshilachada t�nica y form� con ellos apretadas bolas�. Dio resultado para Ulises, tal vez lo d� para m�. Gaby, las orejas. T�pale las orejas.</p><p>��Hace <emphasis>da�o! �</emphasis>aull� Hornpipe�. �Su�ltame, monstruo de la Tierra! No me <emphasis>gusta </emphasis>este juego �empez� a gemir, con notas que s�lo ocasionalmente se traduc�an en palabras de odio.</p><p>�Necesitas un poco m�s de vino �canturre� Cirocco.</p><p>La tit�nida se atragant� con el vino que Cirocco verti� en su garganta. Los gritos de los �ngeles ya resonaban mucho. Hornpipe se puso a chillar en se�al de r�plica. Cirocco asi� las orejas de la tit�nida y las estruj�, acabando por abrigar la enorme cabeza en su regazo. Acerc� los labios a una de las orejas y cant� una nana tit�nida.</p><p>��Rocky, ay�dame! �grit� Gaby�. �Canta m�s fuerte! No conozco esas canciones �intentaba coger las orejas de Flauta de Pan, que chillaba y se debat�a. De pronto dio un violento golpe con sus manos ligadas y se deshizo de Gaby.</p><p>��Ag�rralo! �No dejes que se vaya!</p><p>��Es lo que <emphasis>intento </emphasis>hacer!</p><p>Gaby corri� detr�s de la tit�nida y trat� de sujetarle los brazos a los costados, pero Flauta de Pan era mucho m�s vigoroso que ella. La humana cay� por segunda vez. y se levant� con un corte en la ceja derecha.</p><p>Flauta de Pan mordisque� las ligaduras que inmovilizaban sus mu�ecas. La ropa se desgarr� y la tit�nida se ara�� las orejas.</p><p>��Y ahora qu�, Rocky? �grit� Gaby, desesperada.</p><p>�Ven a ayudarme �dijo Cirocco�. Te matar� si te pones en medio.</p><p>Era demasiado tarde para detener a Flauta de Pan. Sus patas delanteras estaban libres y la tit�nida se retorc�a como una serpiente al tiempo que rasgaba las ataduras que ligaban los otros dos miembros.</p><p>Sin mirar siquiera a las mujeres y Hornpipe, Flauta de Pan sali� al galope hacia Ciudad Tit�n. No tard� en desaparecer por la cima de una colina.</p><p>Gaby pareci� no darse cuenta de que lloraba cuando se arrodill� junto a Cirocco, ni tampoco hizo nada con el delgado hilo de sangre que se escurr�a por su cara.</p><p>��Puedo ayudar en algo?</p><p>�No lo <emphasis>s�. </emphasis>T�cala, c�lmala, haz lo que se te ocurra para que se olvide de los �ngeles.</p><p>Hornpipe empez� a revolverse, dientes apretados, cara p�lida. Cirocco la manten�a agarrada. Se acercaba tanto como se atrev�a mientras Gaby deslizaba una cuerda en torno al pecho de la tit�nida y la maniataba al costado.</p><p>�Chist, chist �musit� Cirocco�. No hay nada que temer. Te cuidar� hasta que vuelva tu madre-hembra. Te cantar� sus canciones.</p><p>Hornpipe se tranquilizaba poco a poco, los ojos recuperaban la inteligencia que Cirocco observara ya desde el d�a que la conoci�. Era infinitamente mejor que el animal terrible en que se hab�a transformado.</p><p>Transcurrieron otros diez minutos antes de que el �ltimo �ngel pasara sobre sus cabezas. Hornpipe estaba empapada de sudor, como alguien que estuviera libr�ndose de una intoxicaci�n de hero�na o alcohol.</p><p>Cirocco ri� nerviosamente a la espera del regreso de los �ngeles. Se reclin�, de cara a Hornpipe, asiendo fuertemente la cabeza de la tit�nida, y se sorprendi� cuando �sta empez� a moverse. No se trataba de una comprobaci�n de las ligaduras, como los movimientos anteriores. Era algo claramente sexual. Hornpipe dio un h�medo beso a Cirocco. Su boca era tan grande y c�lida que resultaba desconcertante.</p><p>�Ojal� fuera un macho �canturre� ebriamente.</p><p>Cirocco baj� la vista.</p><p>�Jes�s �susurr� Gaby. El enorme pene de la tit�nida estaba fuera de su vaina, con la punta latiendo sobre el suelo.</p><p>�Te considerar�s hembra �canturre� Cirocco�, pero eres demasiado macho para m�.</p><p>Hornpipe se lo tom� a broma. Rugi� y trat� de besar otra vez a Cirocco, pero desisti� gentilmente cuando la mujer se apart�.</p><p>�Te har�a mucho da�o �cloque� la tit�nida�. �Ay, esto es para agujeros <emphasis>traseros, </emphasis>y t� no tienes ninguno! Si fuera un macho, tendr�a un miembro adecuado para ti.</p><p>Cirocco sonri� y dej� que Hornpipe siguiera disparatando, pero sus ojos no sonre�an. Mir� a Gaby por encima del hombro de la tit�nida.</p><p>�Ultimo recurso �dijo en voz baja y en ingl�s�. Si ves que fuera a liberarse, coge esa roca y golp�ale en la cabeza. Si se aleja, estar� perdida.</p><p>�De acuerdo. �Qu� est� diciendo?</p><p>�Quiere hacer el amor conmigo.</p><p>���con <emphasis>eso? </emphasis>Ser� mejor que le d� el golpe ahora.</p><p>�No seas tonta. No corremos ning�n peligro con ella. Si se suelta, ni siquiera nos ver�. �Los oyes volver?</p><p>�Creo que s�.</p><p>Result� que la segunda vez no tuvieron casi dificultad. No dieron una sola oportunidad a Hornpipe de que escuchara a los �ngeles, y si bien la tit�nida sud� y se revolvi� como si de alguna manera los advirtiera, nunca se agit� demasiado.</p><p>Y luego los �ngeles desaparecieron, de regreso a la eterna oscuridad del radio que pend�a en lo alto sobre Rea.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Hornpipe llor� cuando la liberaron; los desesperados sollozos de una ni�a que no entiende qu� le ha sucedido. Despu�s recurri� al mal genio y las quejas, sobre todo por sus doloridas patas y orejas. Gaby y Cirocco le frotaron las patas donde las ligaduras hab�an irritado la piel. Sus hendidos miembros estaban tan enrojecidos como gelatina de cereza.</p><p>Hornpipe dio muestras de confusi�n respecto al paradero de Flauta de Pan, pero no se angusti� al enterarse de que su compa�era hab�a ido a la batalla. Dio melosos besos a las dos mujeres y se apret� contra ellas amorosamente, no sin dejar de causar cierta preocupaci�n en Gaby, pese a la explicaci�n que dio Cirocco acerca de que las tit�nidas hac�an excluyente separaci�n entre el coito frontal y el trasero. Los �rganos frontales eran para la producci�n de huevos semif�rtiles. que luego deb�an ser implantados manualmente en una vagina trasera y fecundados por un pene trasero.</p><p>Cuando se irgui�, Hornpipe estaba demasiado borracha para llevar encima a las humanas. Cirocco y Gaby le hicieron describir c�rculos y finalmente se encaminaron hacia la ciudad. En un par de horas podr�an montar nuevamente en ella.</p><p>Ciudad Tit�n estaba a la vista antes de que hubieran encontrado a Flauta de Pan.</p><p>La sangre ya se hab�a coagulado en su azulado pelaje. Una lanza sobresal�a de su costado, apuntada al cielo. La tit�nida hab�a sido mutilada.</p><p>Hornpipe se arrodill� junto a ella y llor� mientras Gaby y Cirocco permanec�an a su espalda. Hab�a amargura en los labios de Cirocco. �Estar�a Hornpipe culp�ndola de lo sucedido? �Habr�a preferido morir con Flauta de Pan, o esto era una irremediable noci�n terr�quea? Las tit�nidas no parec�an comprender la gloria de la batalla; se trataba de algo que hac�an porque no pod�an evitarlo. Cirocco las admiraba por lo primero, sent�a pena por ellas por lo segundo.</p><p>�Hab�a que alborozarse por la tit�nida salvada o llorar por la perdida? Cirocco no pod�a hacer ambas cosas, y por eso llor�.</p><p>Hornpipe se irgui�, con mucha m�s pesadez que nunca. Tres a�os de edad, pens� Cirocco. No significaba nada. Hornpipe ten�a algo de la inocencia de un humano de id�ntica edad, pero era una tit�nida adulta.</p><p>Hornpipe recogi� la cortada cabeza y la bes� una vez. Despu�s la dej� junto al cuerpo. No cant� nada; las tit�nidas carec�an de canci�n para momentos como �se.</p><p>Gaby y Cirocco montaron de nuevo en Hornpipe y la tit�nida parti� hacia la ciudad a un lento trote.</p><p>�Ma�ana �dijo Cirocco�. Ma�ana saldremos hacia el cubo de la rueda.</p></section><section><title><p>CAPITULO 18</p></title><p>Cinco d�as despu�s, Cirocco continuaba preparando la partida. Exist�a el problema de a qui�n y qu� llevar.</p><p>Bill estaba descartado, pese a las opiniones contrarias del interesado. Igual que August. Ella apenas hablaba; sol�a pasar el tiempo en el l�mite de la ciudad, respond�a preguntas con monos�labos. Calvin no sab�a si la mejor terapia ser�a dejarla o llev�rsela con ellos. Cirocco ten�a que decidirse en favor de la misi�n, la cual se ver�a en problemas si August sufr�a un colapso nervioso.</p><p>Calvin estaba descartado porque hab�a prometido quedarse en Ciudad Tit�n hasta que Bill estuviera tan bien como para poder cuidar de s� mismo; despu�s de eso, Calvin estar�a libre de hacer lo que quisiera.</p><p>Gene contaba. Cirocco lo quer�a en un lugar donde pudiera seguir ech�ndole el ojo, lejos de las tit�nidas.</p><p>Quedaba Gaby.</p><p>�No puedes dejarme �dijo Gaby, no suplicante; apenas afirmaba una verdad incontrovertible�. Ir� contigo.</p><p>�No voy a obligarte. Est�s pesad�sima con esa obsesi�n que tienes conmigo y que yo no merezco. Pero salvaste mi vida, cosa que nunca he agradecido bastante, y deseo que sepas que nunca lo olvidar�.</p><p>�No quiero tu agradecimiento �dijo Gaby�. Quiero tu amor.</p><p>�No puedo d�rtelo. <emphasis>Me gustas, </emphasis>Gaby. �Caray, hemos estado juntas desde que empez� todo esto�! Haremos los primeros cincuenta kil�metros con Apeadero. No te forzar� a que subas.</p><p>Gaby palideci�, pero respondi� con valor.</p><p>�No tendr�s que hacerlo.</p><p>Cirocco asinti�.</p><p>�Como ya he dicho, t� decides. Calvin opina que podemos llegar hasta el nivel de la zona de crep�sculo. Los dirigibles no suben m�s alto debido a que a los �ngeles no les gusta.</p><p>��As� que vamos t�, yo y Gene?</p><p>�S� �Cirocco arrug� la frente�. Me alegra que vengas.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Necesitaban muchas cosas y Cirocco no sab�a c�mo obtenerlas. Las tit�nidas dispon�an de un sistema de intercambio, pero los precios se establec�an mediante una compleja f�rmula que involucraba grados de relaci�n, permanencia en la comunidad y necesidad. Nadie pasaba hambre, pero individuos de baja posici�n, como Hornpipe, no dispon�an m�s que de comida, cobijo y las simples necesidades de ornamentaci�n corporal. Las tit�nidas consideraban que esto �ltimo era s�lo ligeramente menos vital que el alimento.</p><p>Exist�a un sistema de cr�dito, y Maestra Cantora hizo uso de parte del suyo, pero fijando de modo arbitrariamente alto la condici�n de Cirocco, fundamentalmente en la confianza de que la humana era su hija-hembra espiritual; argumentaba que deb�a ser adoptada como tal por la comunidad, debido a la naturaleza de su misi�n.</p><p>La mayor�a de las artesanas tit�nidas acept� la idea. Se mostraron casi demasiado serviciales en el equipamiento de la expedici�n. Se confeccionaron mochilas con correas dispuestas para cuerpos humanos. Despu�s, todo el mundo ofreci� sus art�culos m�s selectos.</p><p>Cirocco hab�a dispuesto que cada uno de ellos transportar�a unos cincuenta kilos de masa. El bulto era grande, pero s�lo pesaba doce kilos y pesar�a menos conforme treparan hacia el cubo de la rueda. Gaby dijo que la aceleraci�n centr�peta all� ser�a un cuarentavo de una gravedad.</p><p>La cuerda era la primera consideraci�n. Las tit�nidas ten�an una planta que produc�a una cuerda buena, resistente, delgada y flexible. Cada uno de los tres humanos podr�a llevar un rollo de cien metros.</p><p>Las tit�nidas eran buenas trepadoras, aunque fundamentalmente limitaban sus esfuerzos a los �rboles. Cirocco habl� de pitones a las herreras, que presentaron sus mejores logros. Por desgracia, el acero era novedad para las tit�nidas. Gene examin� los pitones y mene� la cabeza.</p><p>�Es lo mejor que pueden hacer �dijo Cirocco�. Lo han templado, tal como les expliqu�.</p><p>�Sin embargo, no basta. Pero no te preocupes. Sea lo que fuere el interior del radio, no ser� roca. La roca jam�s podr�a resistir las presiones que tratan de reventar este lugar. En realidad, no s� qu� material tan fuerte podr�a ser.</p><p>�Lo que significa simplemente que la gente que ha construido Gea conoc�a cosas que nosotros desconocemos.</p><p>Cirocco no estaba demasiado inquieta. Los �ngeles habitaban los radios. A menos que pasaran volando toda su vida, ten�an que posarse en alguna parte. Si ellos se pod�an sentar en algo, a eso podr�a agarrarse Cirocco.</p><p>Pidieron martillos para clavar los pitones, los m�s livianos y duros que las tit�nidas fueran capaces de hacer. Las metalistas los ofrecieron con hachetas y cuchillos, y amoladeras para afilarlos. Los tres terr�queos incluyeron en su equipo un paraca�das, cortes�a de Apeadero.</p><p>�Ropa �dijo Cirocco�. �Qu� tipo de ropa deber�amos llevar?</p><p>Maestra Cantora se sorprendi�.</p><p>�Yo no necesito ropa, tal como veis �cant�. Algunos de los nuestros que tienen la piel lisa, como vosotros, llevan ropa en tiempo fr�o. Podemos hacer lo que dese�is.</p><p>Y as� fueron equipados con sedas de las mejores de pies a cabeza. En realidad no era seda, pero ten�a la misma textura. Aparte de eso recibieron camisetas y calzoncillos de fieltro, dos juegos para cada uno, y jerseis tejidos para las partes superiores e inferiores del cuerpo. Se confeccionaron abrigos y pantalones de piel, guantes forrados de piel y mocasines de suela resistente. Ten�an que estar preparados para todo y aunque la vestimenta ocupaba mucho espacio, Cirocco no la escatim�.</p><p>Llevaron hamacas y sacos de dormir de seda. Las tit�nidas dispon�an de cerillas y l�mparas de aceite. Cada uno cogi� una l�mpara y una peque�a provisi�n de combustible. Era poco probable que alcanzara para todo el viaje, pero con la comida y el agua la cosa tampoco iba mejor.</p><p>�Agua �dijo Cirocco, preocupada�. Eso podr�a ser un gran problema.</p><p>�Bueno, como t� has dicho, los �ngeles viven all� arriba �Gaby estaba colaborando al ordenamiento del equipaje en el quinto d�a de preparativos�. Ellos tienen que beber algo�</p><p>�Eso no significa que las charcas sean f�ciles de encontrar.</p><p>�Si vas a estar preocup�ndote todo el tiempo, m�s valdr�a que no fu�ramos.</p><p>Cogieron odres llenos de agua para nueve o diez d�as y despu�s completaron el l�mite de masa con tanto alimento seco como cupo. Planeaban comer lo que comieran los �ngeles, si era posible.</p><p>El sexto d�a todo estaba preparado, y Cirocco a�n ten�a que enfrentarse a Bill. Le apenaba la perspectiva de tener que usar su autoridad para concluir la discusi�n, pero sab�a que lo har�a si llegaban a ese punto.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Todos est�is locos �dijo Bill, golpeando la cama con su palma�. No ten�is idea de qu� encontrar�is ah�. �Crees seriamente que podr�s escalar una chimenea de cuatrocientos kil�metros de altura?</p><p>�Lo veremos.</p><p>�Os matar�is. A mil kil�metros por hora, cuando llegu�is al suelo.</p><p>�Me figuro que la velocidad terminal en este ambiente no puede pasar mucho de doscientos por hora. Bill, si est�s tratando de animarme, te est� saliendo muy mal �Cirocco jam�s hab�a visto as� a Bill, y le disgustaba.</p><p>�Deber�amos permanecer todos juntos, y t� lo sabes. Sigues desequilibrada porque has perdido la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>en tus intentos de hacerte la hero�na.</p><p>Aunque no hubiera habido ni una pizca de verdad en lo que Bill hab�a dicho, no podr�a haberle causado m�s da�o. Cirocco lo pens� largas horas cuando despu�s trat� de dormir.</p><p>��Ox�geno! �Y si no hay ox�geno all� arriba?</p><p>�No nos vamos a suicidar, Bill. Si es imposible, lo aceptaremos. Est�s buscando pretextos.</p><p>Los ojos de Bill suplicaron a Cirocco.</p><p>�Te lo pido, Rocky. Esp�rame. Hasta el momento no hab�a pedido nada, pero pido esto ahora.</p><p>Cirocco suspir� e hizo una se�a para que Gaby y Gene salieran de la sala. Cuando quedaron solos, la capitana se sent� en la cama y busc� la mano de Bill. El hombre la apart�. Cirocco se levant� al instante, furiosa consigo misma por intentar llegar a �l de aquella forma, y con �l por rechazarla.</p><p>�Te desconozco, Bill �dijo en voz alta�. Pensaba que te conoc�a. Has sido un consuelo para m� cuando estaba sola y cre�a que podr�a amarte con el tiempo. No me enamoro f�cilmente. A lo mejor soy demasiado suspicaz, no lo s�. Tarde o temprano todos exigen que yo sea como ellos quieren, y ahora. t� haces lo mismo�</p><p>Bill no dijo nada, ni siquiera la mir�.</p><p>�Lo que est�s haciendo es tan injusto que tengo ganas de gritar.</p><p>�Oj�la lo hicieras.</p><p>��Por qu�? �Para que yo concuerde con tu imagen de lo que se supone debe hacer una mujer? �Maldito sea, yo era capitana cuando me conociste! No cre�a que eso fuera tan importante para ti.</p><p>�No s� de qu� est�s hablando.</p><p>�Hablo del hecho de que, si me voy de aqu� ahora, todo habr� terminado entre nosotros. Porque no esperar� a que mejores para que cuides de m�.</p><p>�No s� de qu� est�s�</p><p>Cirocco chill� en ese momento, y le sent� bien. Incluso pudo soltar una carcajada de amargura cuando termin� de gritar. Bill se qued� sorprendido. Gaby asom� la cabeza por la puerta y se esfum� al notar que Cirocco no prestaba ninguna atenci�n a su presencia.</p><p>�Muy bien, muy bien �dijo Cirocco�. Estoy desequilibrada, pues perd� mi nave y he tratado de cubrirme de gloria para encontrar alguna compensaci�n. Estoy frustrada porque no he sido capaz de reunir a los tripulantes y hacer que funcionen, incluso hasta el punto de que el �nico hombre en quien cre�a que pod�a confiar para mis decisiones, me dice que me calle y que haga lo que �l dice. Soy un bicho extra�o, lo s�. Quiz� soy demasiado consciente de cosas que ser�an diferentes si yo fuera hombre. Una <emphasis>se va sensibilizando </emphasis>al ver que eso sucede una y otra vez cuando trata de subir, y tiene que ser el doble de buena para conseguir el puesto.</p><p>�Est�s en desacuerdo con mi decisi�n de subir all�. Has expuesto tus inconvenientes. Dijiste que me amabas. No creo que sigas am�ndome, y lamento mucho que las cosas acaben as�. Pero te ordeno que esperes aqu� hasta que yo vuelva, y que no me digas nada m�s al respecto.</p><p>Los labios de Bill estaban dispuestos de un modo que denotaba inflexibilidad.</p><p>�Si no quiero que te vayas es porque te amo.</p><p>��Dios m�o, Bill, no quiero ese tipo de amor! �Te quiero, as� que qu�date quieta mientras te ato.� Lo que duele es que eres t� el que lo est� haciendo. Si no puedes tenerme como una mujer independiente, capaz de tomar sus decisiones y cuidar de s� misma, no podr�s tenerme de ninguna manera.</p><p>��Qu� tipo de amor es �se?</p><p>Cirocco sinti� ganas de llorar, aunque eso no le gustaba.</p><p>�Ojal� lo supiera. Quiz� no exista el amor. Es posible que una tenga que dejarse cuidar por el otro, lo que significa que me conviene m�s empezar a buscar un hombre que dependa de m�, porque no quiero que sea al rev�s. �Podemos limitarnos a cuidar el uno del otro? Me refiero a que cuando t� est�s mal yo te ayudar�, y t� me echar�s una mano cuando yo est� mal.</p><p>�Da la impresi�n de que nunca est�s mal. Acabas de decir que puedes cuidar de ti misma.</p><p>�Cualquier ser humano deber�a poder hacerlo. Pero si crees que no estoy mal, no me conoces. Ahora mismo soy como una ni�a que se pregunta si me vas a dejar ir de aqu� sin un beso, sin siquiera desearme buena suerte� �(�Maldici�n, una l�grima!)</p><p>Cirocco enjug� sus ojos r�pidamente, no quer�a que Bill la acusara de usar las l�grimas como arma. Se pregunt� c�mo deber�a arregl�rselas en situaciones de fracaso como esas. Fuerte o d�bil, siempre estar�a a la defensiva al respecto.</p><p>Bill se aplac� lo suficiente para un beso. Al separarse daba la impresi�n de que quedaba poco por decir. Cirocco sab�a que Bill estaba herido, pero no pod�a determinar cu�l hab�a sido la reacci�n del hombre ante sus ojos secos. �Acaso aquello no lo her�a m�s a�n?</p><p>�Vuelve tan pronto como puedas.</p><p>�Lo har�. No te preocupes demasiado por m�. Mala hierba nunca muere.</p><p>�No estoy muy seguro�</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Dos horas, Gaby. Arriba.</p><p>�Lo s�, lo s�. No me hables de eso, �quieres?</p><p>Parec�a que Apeadero hab�a crecido, posado en la llanura al este de Ciudad Tit�n. Por lo general el dirigible nunca descend�a por debajo de las copas de los �rboles. Fue preciso que se apagaran todos los fuegos de la poblaci�n para convencerlo de que aterrizara.</p><p>Cirocco se volvi� para mirar a Bill, apoyado en las muletas junto a la plataforma que las tit�nidas hab�an empleado para transportarlo. Bill agit� las manos y Cirocco contest�.</p><p>�Lo retiro, Rocky �dijo Gaby, sus dientes rechinando�. H�blame.</p><p>�Tranquila, chica, tranquila. Abre los ojos, �quieres? Mira por donde vas. �Upa!</p><p>Diversos animales formaban una hilera dentro del est�mago del dirigible, cual pasajeros del metro, impacientes por volver a casa. Se empujaban unos a otros al salir. Gaby fue derribada.</p><p>�Ay�dame, Rocky �dijo con desesperaci�n, sin atreverse m�s que a una r�pida mirada a Cirocco.</p><p>�Naturalmente �Cirocco lanz� su mochila a Calvin que ya estaba en el interior con Gene, y levant� a la otra mujer. Gaby era tan peque�a�, y estaba muy fr�a�. Dos horas.</p><p>�Dos horas �repiti� sombr�amente Gaby.</p><p>Se produjo un r�pido batir de cascos y apareci� Hornpipe en el esf�nter abierto. La tit�nida asi� del brazo a Gaby.</p><p>�Aqu�, peque�a �cant�. Esto te ayudar� en tus problemas �Hornpipe apret� un odre de vino en la mano de Gaby.</p><p>��C�mo has sabido�? �empez� a decir Cirocco.</p><p>�Vi el temor en sus ojos y record� el servicio que ella me hizo. �He obrado bien?</p><p>�Maravillosamente, chiquilla. Te doy las gracias en su nombre �Cirocco no hizo menci�n alguna del odre que llevaba en su mochila precisamente con ese mismo fin.</p><p>�No volver� a besarte, puesto que has dicho que volver�as. Buena suerte, y que Gea te lance de nuevo a nosotras.</p><p>�Buena suerte.</p><p>La abertura se cerr� silenciosamente.</p><p>��Qu� ha dicho?</p><p>�Quiere que te emborraches.</p><p>�Ya he dado un trago, o diez. Pero ahora que lo dices�</p><p>Cirocco permaneci� con Gaby mientras �sta sucumb�a a un ataque de chillidos, y le dio vino hasta ponerla casi al borde de la inconsciencia. Cuando estuvo segura de que Gaby no tendr�a problemas, Cirocco se reuni� con los hombres en la parte delantera de la g�ndola.</p><p>Ya estaban en el aire. El lastre de agua segu�a verti�ndose de un agujero cercano a la nariz de Apeadero.</p><p>Enseguida se encontraron en vuelo rasante sobre la superficie exterior del cable. Al mirar abajo, Cirocco vio �rboles y zonas herbosas. Partes del cable estaban completamente cubiertas de maleza. El objeto era tan amplio que casi parec�a una franja plana de tierra. No habr�a peligro de caer hasta que llegaran al techo.</p><p>La luz empez� a desvanecerse poco a poco. En diez minutos se hallaron en unas tinieblas te�idas de naranja. Iban dirigidos hacia la noche eterna.</p><p>Cirocco se entristeci� al ver desaparecer la luz. Su fatigante persistencia hab�a llegado a arrancarle maldiciones, pero al menos era luz� Ya no volver�a a verla por un buen tiempo.</p><p>Tal vez no volviera a verla nunca.</p><p>�Este es el final del recorrido �dijo Calvin�. Apeadero os llevar� un poco m�s abajo y os dejar� junto al cable. Buena suerte, locos. Os estar� esperando.</p><p>Gene ayud� a Cirocco a poner su equipo a Gaby y sali� antes para sostenerla cuando tocara tierra. Cirocco observ� desde arriba que la maniobra concluyera y despu�s recibi� un beso de suerte de Calvin. Se coloc� el equipo en torno a las caderas y dej� que sus pies resbalaran por el borde.</p><p>Cirocco descendi� sobre la zona de crep�sculo.</p></section><section><title><p>CAPITULO 19</p></title><p>Se sintieron m�s ligeros al aterrizar sobre el cable, cien kil�metros m�s cerca del centro de Gea�, y a cien kil�metros largos del suelo. La gravedad hab�a disminuido desde casi un cuarto a menos de un quinto de g. La mochila de Cirocco pesaba cerca de dos kilos menos y su cuerpo, dos y medio menos.</p><p>�Hay cien kil�metros hasta la uni�n del cable con el techo �dijo Cirocco�. Yo dir�a que aqu� hay una pendiente de treinta y cinco grados. Por ahora ser� bastante f�cil�</p><p>Gene se mostr� esc�ptico.</p><p>�M�s probable cuarenta grados, es mi opini�n. Y muy cerca de cuarenta y cinco. Se va haciendo m�s pronunciada, digamos sesenta grados, antes de que alcancemos el nivel del techo.</p><p>�Pero en esta gravedad�</p><p>�No te r�as de una pendiente de cuarenta grados �dijo Gaby. Se hab�a sentado en el suelo, ten�a aspecto demudado aunque animado. Hab�a vomitado, pero opinaba que cualquier cosa era mejor que estar en el dirigible�. En la Tierra he escalado con un telescopio atado a la espalda. Hay que estar en buena forma, y nosotros no lo estamos.</p><p>�Ella est� bien �dijo Gene�. Yo he perdido peso. La escasa gravedad lo vuelve a uno lento.</p><p>�Sois unos derrotistas.</p><p>Gene sacudi� la cabeza.</p><p>�Simplemente, no creo que tengamos una posibilidad entre cinco. Y no olvid�is que la mochila abulta tanto como vosotras. Tened cuidado.</p><p>��Caramba, estamos emprendiendo la mayor escalada jam�s intentada por seres humanos! �Oigo canciones? No, s�lo quejas.</p><p>�Si hay que cantar canciones, ser� mejor que lo hagamos ahora. M�s tarde no tendremos ganas.</p><p>Bien, pens� Cirocco, lo he intentado. Sab�a que el recorrido iba a ser duro, pero intu�a que la parte m�s dif�cil no empezar�a hasta que llegaran al techo, trayecto que Cirocco hab�a pensado poder cubrir en cinco d�as.</p><p>Se encontraban en un oscuro bosque. �rboles de vidrio nebuloso asomaban por encima de sus cabezas, filtrando a�n mas la luz que llegaba a la zona de crep�sculo y que daba al conjunto un matiz bronceado. Las sombras eran c�nicas e impenetrables, apuntaban en direcci�n este, hacia la noche. Una b�veda de hojas de celof�n, rosas, anaranjadas, verdeazuladas y doradas, formaba un arco por encima: una extravagante puesta de sol en un atardecer estival.</p><p>El suelo vibraba tenuemente bajo los pies de los humanos. Cirocco pens� en los descomunales vol�menes de aire que flu�an por el cable hacia el cubo de la rueda y dese� que hubiera alg�n medio de utilizar aquella inmensa energ�a.</p><p>La escalada no era dif�cil. El suelo era tierra dura, lisa, apisonada. La configuraci�n del terreno quedaba dictada por el arrollamiento de los ramales bajo la delgada capa de tierra. El terreno se encorvaba para formar grandes crestas que. al cabo de algunos cientos de metros, doblaban en �ngulo hacia los lados descendentes del cable.</p><p>La vegetaci�n se hac�a m�s espesa donde la tierra era m�s profunda, entre los ramales del cable. Los expedicionarios adoptaron la t�ctica de seguir una cresta hasta que empezaba a rizarse bajo el cable para cruzar despu�s una hondonada poco profunda hasta el siguiente ramal hacia el sur. Con eso ir�an bien otro medio kil�metro antes de que tuvieran que efectuar un nuevo cruce.</p><p>Todas las hondonadas ten�an una peque�a corriente de agua en el fondo. Ninguna de ellas era m�s que un chorro delgado, pero el l�quido flu�a r�pidamente y abr�a profundos canales en el suelo, a lo largo de todo el camino por el cable. Cirocco supuso que los arroyos deb�an de separarse del cable en alg�n punto situado hacia el suroeste.</p><p>Gea era tan prol�fica aqu� como en el llano. Muchos �rboles ten�an frutos y bull�an de animales arb�reos. Cirocco reconoci� una indolente criatura, del tama�o de un conejo, que era comestible y f�cil de cazar.</p><p>Al terminar la segunda hora la capitana comprendi� que los otros hab�an estado en lo cierto. Lo supo cuando un calambre agarrot� su pantorrilla y la dej� tendida en el c�lido suelo.</p><p>��No hag�is comentarios, maldito sea!</p><p>Gaby sonri� burlonamente. Compadec�a a Cirocco, pero a pesar de todo se alegraba.</p><p>�Es la pendiente. No parece muy dif�cil subir, ten�is raz�n en lo del peso. Pero es tan pronunciada que hay que avanzar apoy�ndose en la punta del pie.</p><p>Gene se sent� junto a las dos mujeres, la espalda apoyada en el declive. A trav�s de una rendija en los �rboles se ve�a un fragmento de Hiperi�n, brillante y atractivo.</p><p>�Tambi�n el bulto es un problema �dijo Gene�. He tenido que andar con la nariz pegada al suelo para poder moverme.</p><p>�Me duele la espalda �confirm� Gaby.</p><p>�A m� tambi�n �dijo tristemente Cirocco. El dolor fue desapareciendo a medida que se masajeaba la pierna, pero volver�a.</p><p>�Esto es asquerosamente enga�oso �dijo Gene�. Quiz�s ir�amos mejor a cuatro patas. Estamos dando demasiado trabajo a nuestros muslos y pantorrillas. Tendr�amos que repartir mejor el esfuerzo.</p><p>�Bien dicho. Y eso nos ayudar� a ponernos en forma para la parte vertical. Ah� el trabajo ser� de brazos, m�s que nada.</p><p>�Los dos ten�is raz�n �dijo Cirocco�. Yo he estado apretando demasiado. Tendremos que pararnos con m�s frecuencia. Gene, �quieres sacar el botiqu�n de mi mochila?</p><p>Hab�a diversos remedios contra el cansancio y la fiebre: frascos de desinfectante, vendas, una provisi�n de anest�sico local que Calvin hab�a usado en los abortos e incluso una bolsa de bayas de efecto estimulante. Cirocco hab�a probado las bayas. Hab�a un folleto de primeros auxilios escrito por Calvin que explicaba c�mo tratar problemas que iban desde una hemorragia nasal a una amputaci�n. Y hab�a un tarro redondo de ung�ento violeta que Maestra Cantora hab�a dado a la capitana �para los dolores de la ruta�. Cirocco subi� la pernera de los pantalones y se frot� la pierna con un poco de b�lsamo, con la esperanza de que diera tan buen resultado para humanos como daba para tit�nidas.</p><p>��Lista? �Gene estaba de pie, ajustando su mochila.</p><p>�Creo que s�. Ve t� adelante. No vayas tan deprisa como iba yo. Ya te dir� si corres demasiado. Nos detendremos dentro de veinte minutos y descansaremos diez.</p><p>�Perfecto.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Quince minutos despu�s Gene tuvo problemas. Solt� un aullido, se quit� bruscamente el calzado y frot� su pie.</p><p>Cirocco se alegr� de la oportunidad para descansar. Se estir� y busc� en un bolsillo el tarro de ung�ento. Luego gir� sobre su espalda y pas� el b�lsamo a Gene, encima de ella en el declive. Con la mochila debajo, Cirocco estaba sentada en una posici�n bastante erguida, aunque sus piernas colgaban ladera abajo. Junto a ella, Gaby no se hab�a preocupado por volverse.</p><p>�Quince minutos de ascenso y quince de descanso.</p><p>�Lo que t� digas, jefa �suspir� Gaby�. Me quedar� en carne viva por ti, subir� hasta que mis manos y pies sean restos sangrantes. Y cuando muera, escribe en mi l�pida que mor� como un soldado. Dame una patada cuando est�s lista �y se puso a roncar muy fuerte, en tanto que Cirocco se echaba a re�r. Gaby abri� un ojo en un gesto de suspicacia, y despu�s ri� tambi�n.</p><p>��Qu� tal �aqu� yace una mujer del espacio�? �sugiri� Cirocco.</p><p>��Cumpli� con su deber� �agreg� Gene.</p><p>��Honestamente� �Gaby aspir� profundamente�. �D�nde est� el romance de la vida? Dices a alguien tu epitafio, �y qu� obtienes? Chistes.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La siguiente rampa de Cirocco se produjo durante el nuevo per�odo de descanso. Rampas, en realidad, ya que en esta ocasi�n quedaron afectadas las dos piernas. Nada divertido.</p><p>�Hey, Rocky �dijo Gaby, tocando el hombro de Cirocco de modo vacilante�. Es absurdo que nos suicidemos. Descansemos una hora esta vez.</p><p>�Esto es rid�culo �logr� gru�ir Cirocco�. No estoy tan falta de aliento. Lo que ocurre es que no me encuentro bien con el culo apoyado �mir� a Gaby con aire de recelo�. No entiendo c�mo es que t� no tienes calambres�</p><p>�Estoy holgazaneando �admiti� Gaby muy seria�. Ato una cuerda a ese culo que t� no quieres apoyar y dejo que hagas el trabajo de la burra.</p><p>Cirocco tuvo que re�rse, aunque d�bilmente.</p><p>�Tendr� que acostumbrarme �dijo la capitana�. Tarde o temprano estar� en mejor forma. Los calambres no acabar�n conmigo.</p><p>�No. Pero me disgusta verte dolorida.</p><p>��Qu� tal diez subiendo y veinte de descanso? �sugiri� Gene�. S�lo hasta que empecemos a estar mejor.</p><p>�No. Subiremos quince minutos o hasta que uno de nosotros no pueda seguir, aunque sea pronto. Luego descansaremos el mismo tiempo o hasta que seamos capaces de continuar. Haremos esto un total de ocho horas �consult� su reloj�. Es decir�, algo m�s de cinco horas a partir de este momento. Luego acamparemos.</p><p>�Sigue dando �rdenes, Rocky �replic� Gaby con un suspiro�. Es lo tuyo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Fue horroroso. Cirocco segu�a llev�ndose la palma en cuanto a dolores, pero tambi�n Gaby empez� a experimentarlos.</p><p>El b�lsamo titanio ayudaba, pero ten�an que usarlo muy poco. Cada uno llevaba su propio botiqu�n, y ya hab�an agotado la provisi�n de Cirocco, que confiaba en que pasados los primeros d�as de marcha no necesitar�an del ung�ento. Pero deseaba conservar al menos un tarro para la escalada en el interior del radio. Despu�s de todo, no era un dolor insoportable. La pon�a a punto de chillar cuando le cog�a, luego se sentaba y aguardaba a que pasara.</p><p>Al final de la s�ptima hora Cirocco afloj� el paso. Estaba un poco mortificada por su terquedad. Pens� que era casi como si hubiera querido probar hasta d�nde Bill ten�a raz�n al afirmar que ella se forzaba a ser ruda, a llegar a los l�mites de su resistencia y despu�s, a�n, algo m�s all�.</p><p>Acamparon en la base de una hondonada. Recogieron le�a para hacer una hoguera pero no se preocuparon en montar las tiendas. El ambiente era c�lido y h�medo, y la hoguera dio una luz que fue bien recibida en la penumbra creciente. Se sentaron alrededor del fuego a una confortable distancia, apenas vestidos con su chocante ropa interior de seda.</p><p>�Parec�is pavos reales �dijo Gene, echando un trago de su odre.</p><p>�Un pavo real muy cansado �suspir� Cirocco.</p><p>��Cu�nto crees que hemos andado, Rocky? �pregunt� Gaby.</p><p>�Es dif�cil saberlo. �Quince kil�metros?</p><p>�Yo dir�a que algo as� �asinti� Gene�. Cont� los pasos entre varias crestas y obtuve el promedio. Tambi�n llev� la cuenta de las crestas que hemos cruzado.</p><p>�Los grandes cerebros piensan de esa manera �dijo Cirocco�. Quince hoy, veinte ma�ana. En cinco d�as estaremos en el techo �se tendi� a contemplar los colores cambiantes de las hojas que hab�a sobre su cabeza�. Gaby, te ha tocado. Mete la mano en esa mochila y b�scanos algo de comer. Me comer�a una tit�nida.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>No hicieron veinte kil�metros el d�a siguiente; no hicieron ni diez.</p><p>Se despertaron con las piernas doloridas. Cirocco estaba tan r�gida que no pod�a doblar las rodillas sin respingar. Andaban a los tumbos mientras preparaban el desayuno y desmontaban el campamento. Se mov�an como octogenarios, y acabaron forzados a una serie de genuflexiones y ejercicios isom�tricos.</p><p>�S� que esta mochila es algunos gramos m�s ligera �gimi� Gaby, mientras colgaba la bolsa a su espalda�. Me com� dos radones que hab�a dentro.</p><p>�La m�a ha ganado veinte kilos �dijo Gene.</p><p>�Quejas, quejas, quejas. Vamos, imb�ciles. �Quer�is vivir siempre?</p><p>��Vivir? �Esto es vivir?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La segunda noche lleg� s�lo cinco horas despu�s de la primera porque Cirocco as� lo decidi�.</p><p>�Gracias, oh Gran Se�ora del Tiempo �suspir� Gaby mientras se tumbaba sobre su saco de dormir�. Si lo intentamos, es posible que establezcamos un nuevo r�cord. �Un d�a de dos horas!</p><p>Gene se dej� caer junto a Gaby.</p><p>�Cuando enciendas el fuego, Rocky, tomar� cinco de esos filetes vegetales. Mientras tanto, camina despacio, por favor. Tus rodillas me despiertan con sus crujidos.</p><p>Cirocco se llev� las manos a las caderas y los mir� enfurecida.</p><p>�Conque �sas tenemos, �eh? Tengo noticias para vosotros dos. Os supero en rango.</p><p>��Ha dicho algo, Gene?</p><p>�No he o�do palabra.</p><p>Cirocco renque� por los alrededores hasta reunir suficiente le�a para una hoguera. Arrodillarse para encenderla result� ser un problema muy complicado, la capitana no estaba demasiado convencida de su capacidad para resolverlo; hab�a que doblar articulaciones maltratadas en �ngulos que �stas no quer�an aceptar.</p><p>Pero al cabo de un rato los filetes vegetales hac�an crepitar su grasa y Gene y Gaby volvieron sus narices a la fuente del celestial aroma.</p><p>Cirocco tuvo las fuerzas suficientes para echar tierra sobre las brasas y desenrollar su saco de dormir. Ya dorm�a mientras se met�a en �l.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El tercer d�a no fue tan malo como el segundo, del mismo modo que el incendio de Chicago no fue tan siniestro como el terremoto de San Francisco.</p><p>Hicieron diez kil�metros sobre terreno cada vez m�s empinado en algo menos de ocho horas. Gaby observ� al final que ya hab�a dejado de sentirse octogenaria. Ahora le parec�a tener setenta y ocho a�os�</p><p>Fue necesario usar una nueva t�ctica para escalar. La creciente inclinaci�n hac�a m�s dif�cil el andar, incluso a cuatro patas. Los pies resbalaban y el afectado ca�a de est�mago con brazos y piernas abiertos para evitar un resbal�n hacia atr�s.</p><p>Gene sugiri� que se fueran alternando en coger un cabo de la cuerda y arrastrarse tanto como ella cediera, atando a continuaci�n el extremo a un �rbol. Los otros dos, a la espera m�s abajo, dispon�an entonces de una f�cil maniobra de avance. El que iba delante se esforzar�a m�s durante diez minutos mientras los otros dos reposaban, y luego podr�a descansar dos turnos antes de ponerse en cabeza de nuevo. As� fue que hicieron trescientos metros de un tir�n.</p><p>Cirocco mir� el arroyuelo pr�ximo a su tercer campamento y pens� en tomar un ba�o; luego decidi� no hacerlo. Comida era lo que deseaba. Gene acept� su turno con cierto refunfu�o ante la sart�n.</p><p>Antes de derrumbarse, Cirocco se sinti� suficientemente bien como para examinar su mochila y comprobar el nivel de provisiones que quedaban.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El cuarto d�a hicieron veinte kil�metros en diez horas, y al final del d�a Gene abraz� a Cirocco.</p><p>Hab�an elegido lugar para acampar donde la amplitud de la corriente que segu�an les permit�a tomar un ba�o, y Cirocco se desnud� y se meti� en el agua sin siquiera pensarlo. Habr�a sido agradable contar con jab�n; tuvo que compon�rselas con arena muy fina que hab�a en el fondo, y se restreg� con ella. Gaby y Gene no tardaron en imitarla. M�s tarde, Gaby se march� siguiendo instrucciones de Cirocco para encontrar fruta fresca. No ten�an toallas, as� que Rocky se hallaba en cuclillas junto al fuego cuando Gene la rode� con los brazos.</p><p>Cirocco se irgui� de un brinco esparciendo ramitas encendidas, y quit� de su pecho las manos de Gene.</p><p>�Hey, basta �se sacudi� y apart�.</p><p>Gene no se avergonz� en lo m�s m�nimo.</p><p>�Vamos, Rocky. No es como si nunca nos hubi�ramos tocado uno al otro.</p><p>��S�? Bueno, no me gusta que la gente se me eche encima a escondidas. Gu�rdate tus manos para ti.</p><p>Gene se exasper�.</p><p>��As� van a ir las cosas? �Qu� se supone que debo hacer con dos mujeres desnudas a mi lado?</p><p>Cirocco cogi� su ropa.</p><p>�No sab�a que la visi�n de dos mujeres desnudas te hiciera perder el control de ti mismo. Lo tendr� en cuenta.</p><p>�Ahora est�s enfadada.</p><p>�No, no estoy enfadada. Tenemos que vivir juntos alg�n tiempo y no servir�a de nada enfadarse �aboton� su camisa y observ� cautelosamente a Gene por un instante; luego arregl� la hoguera, con cuidado de dar la cara a Gene.</p><p>�De todas maneras est�s enfadada. Yo no pretend�a nada con eso.</p><p>�No me toques, eso es todo.</p><p>�Te enviar�a rosas y bombones, pero es un poco irreal.</p><p>Cirocco sonri� y se tranquiliz� en parte. En ese momento Gene volv�a a parecerle el Gene que ella conoc�a, lo cual significaba una mejora respecto al Gene que hab�a visto con sus ojos hac�a un momento.</p><p>�Escucha, Gene. Ya en la nave comprendimos que no nos correspond�amos como pareja, t� lo sabes. Estoy fatigada. hambrienta, y todav�a me siento sucia. Todo lo que puedo decir es que, cuando crea estar dispuesta para algo, te lo har� saber.</p><p>�Es suficiente.</p><p>Ninguno de los dos dijo nada mientras Cirocco ampliaba la hoguera, pero cuidando de mantenerla en el peque�o lecho que hab�a excavado en la tierra.</p><p>��T�� �T� y Gaby ten�is alguna relaci�n?</p><p>Cirocco enrojeci�, esperando que el rubor no se hubiera notado a la luz de la hoguera.</p><p>�Eso no te importa.</p><p>�Siempre pens� que ella era <emphasis>gay </emphasis>en el fondo �dijo Gene, asintiendo�. No cre�a que t� lo fueras.</p><p>Cirocco aspir� profundamente y mir� a Gene fijamente. Las sombras que volaban con rapidez no dejaban revelar nada en la cara de barba rubia del hombre.</p><p>��Me est�s pinchando deliberadamente? Te he dicho que eso no te importa.</p><p>�Si no estuvieras chiflada por ella, habr�as contestado simplemente que no.</p><p>�Qu� le ocurr�a? �Por qu� Gene estaba haciendo que sintiera un hormigueo en la piel? Gene siempre hab�a actuado con su est�pida l�gica personal delante de la gente. Su fanatismo estaba cuidadosamente encubierto y era socialmente aceptable, de lo contrario jam�s habr�a sido seleccionado para el viaje a Saturno. Gene actuaba torpe y alegremente en sus relaciones, se sorprend�a sinceramente cuando la gente se ofend�a por su falta de tacto. Era una personalidad bastante com�n, bien equilibrada, seg�n su expediente psicol�gico, dif�cilmente calificable de exc�ntrico.</p><p>Entonces, �por qu� se sent�a tan inc�moda cuando Gene la miraba?</p><p>�Ser� mejor que te lo cuente todo para que no hieras a Gaby. Ella est� enamorada de m�. Tiene algo que ver con el aislamiento. Yo fui la primera persona que vio despu�s, y adquiri� esta obsesi�n. Creo que con el tiempo la vencer�, puesto que antes jam�s hab�a sido homosexual de un modo claro. Ni heterosexual, todo hay que decirlo.</p><p>�Gaby lo encubri� �sugiri� Gene.</p><p>��En qu� a�o estamos? �1950? Me asombras, Gene. Bien sabes que a esos tests de la NASA no se les escapa nada. Gaby tuvo una aventura homosexual, claro. Yo tuve una, igual que t�. Le� tu expediente. �Quieres que te diga la edad que ten�as cuando sucedi�?</p><p>�Era s�lo un ni�o. La cuesti�n es que supe lo de Gaby cuando hicimos el amor. Ninguna reacci�n, �comprendes? Apostar�a a que no es lo mismo cuando lo hac�is vosotras dos.</p><p>�Nosotras no� �se interrumpi�, extra�ada de haberse dejado arrastrar tan lejos�. Esta charla ha terminado. No quiero hablar m�s. Adem�s, Gaby ya est� aqu�.</p><p>Gaby se acerc� a la hoguera y dej� una red llena de fruta al lado de Cirocco. Se acuclill�, mir� pensativamente a sus compa�eros y despu�s se irgui� y se visti�.</p><p>��Me estaban sonando los o�dos o era mi imaginaci�n?</p><p>Ni Gene ni Cirocco hablaron, y Gaby suspir�.</p><p>�Otra vez lo mismo. Creo que estoy empezando a dar la raz�n a los tipos que opinan que las misiones espaciales tripuladas cuestan m�s de lo que valen.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El quinto d�a les llev� irremisiblemente a la noche. S�lo ten�an la iluminaci�n espectral que reflejaban las zonas diurnas que se curvaban a cada lado. No era mucha luz, apenas la suficiente.</p><p>El terreno era notablemente inclinado, con una capa de tierra m�s delgada. A menudo caminaron sobre c�lidos y pelados ramales de cable, que ofrec�an una mayor adherencia. Empezaron a atarse unos a otros, siempre atentos a que dos quedaran rezagados mientras el otro trepaba.</p><p>Incluso all� la vida vegetal de Gea no se daba por vencida. �rboles imponentes extend�an ra�ces en posici�n horizontal respecto al cable, enviaban mensajeros que se embrollaban bajo la superficie y se pegaban a ella de modo tenaz. El esfuerzo por manifestar alguna variedad de vida sobre un terreno tan poco atractivo hab�a despojado de belleza a los �rboles. Eran plantas sombr�as y solitarias, los troncos transl�cidos revelaban una d�bil luz interior que en las hojas era apenas vestigios insignificantes. En algunos lugares era posible usar las ra�ces como pelda�os.</p><p>Al final del d�a hab�an cubierto setenta kil�metros en l�nea recta y se encontraban cincuenta kil�metros m�s cerca del cubo de la rueda. Los �rboles se hab�an aclarado tanto como para que los humanos pudieran comprobar que hab�an trepado sobre el nivel del techo, y que se hab�an adentrado en la estrecha cu�a de espacio entre el cable y la bien formada boca del radio de Gea. Atr�s vieron Hiperi�n extenderse hacia abajo, como si volaran en una cometa con una cuerda inmensa sujeta en el nudo rocoso denominado el lugar de los vientos.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Distinguieron el resplandor del castillo de vidrio al principio del sexto d�a. Cirocco y Gaby se acuclillaron en una mara�a de ra�ces y lo escudri�aron mientras Gene transportaba la cuerda hasta el pie de la estructura.</p><p>�Quiz� sea el lugar �dijo Cirocco.</p><p>��Te refieres al vest�bulo de tu ascensor? �pregunt� Gaby con algo de iron�a�. Es tan posible como que yo monte en una monta�a rusa con rieles de papel.</p><p>Se parec�a algo a una poblaci�n de monta�a italiana, pero hecha de algod�n de az�car, de un mill�n de a�os de antig�edad y semifundida. C�pulas y balcones, arcos, contrafuertes volantes, almenas y techos lisos de estilo oriental estaban situados en una plataforma sobresaliente y rezumaban por el borde como alm�bar vertido sobre una torta y enfriado al instante. Torres elevadas se proyectaban en todos los �ngulos: l�pices en un vaso. Eran altas y cence�as. En las esquinas rutilaban flujos n�veos o de az�car de pasteler�a.</p><p>�Es un armatoste, Rocky.</p><p>�Ya lo veo. D�jame tener mi fantas�a, �quieres?</p><p>El castillo libraba una silenciosa batalla con espigadas enredaderas blancas. Parec�a que la lucha era pareja; el castillo mostraba una herida mortal, pero cuando Cirocco y Gaby se unieron a Gene, oyeron que las enredaderas exhalaban el seco susurro de la muerte.</p><p>�Como musgo negro �observ� Gaby, arrancando un pu�ado de la enmara�ada masa.</p><p>�Pero m�s grande.</p><p>�Que Gea no lo pueda elaborar en tama�o econ�mico es algo que no tiene importancia.</p><p>��Hay una puerta aqu�! �grit� Gene�. �Quer�is entrar?</p><p>�Por supuesto.</p><p>Hab�a cinco metros de espacio plano entre el borde de la hondonada y la pared del castillo. No lejos de los expedicionarios hab�a un arco redondeado, algo m�s alto que la cabeza de Cirocco.</p><p>��Caramba! �resoll� Gaby, reclin�ndose en la pared�. Andar por terreno plano es casi suficiente para marearse. Hab�a olvidado c�mo hacerlo.</p><p>Cirocco encendi� una l�mpara y sigui� a Gene bajo el arco y hacia un vest�bulo de vidrio.</p><p>�Ser� mejor que estemos juntos �dijo.</p><p>Hab�a buenos motivos para tener precauci�n. En tanto que ninguna de las superficies era totalmente reflectora, el lugar ten�a mucho en com�n con las barracas de espejos de ferias. A trav�s de las paredes, por todos lados, pod�an ver habitaciones que tambi�n ten�an muros de vidrio que daban a m�s habitaciones.</p><p>��C�mo saldremos, una vez dentro? �pregunt� Gaby.</p><p>�Seguiremos nuestras huellas �dijo Cirocco, se�alando el suelo.</p><p>�Ah, qu� tonta soy �Gaby se inclin� y observ� el polvo fino que revest�a el suelo. Hab�a capas planas, de mayor tama�o, diseminadas en �l�. Vidrio deslustrado. No os caig�is.</p><p>Gene hizo un gesto negativo con la cabeza.</p><p>�As� lo cre� al principio, pero no es vidrio. Es delgado como una burbuja de jab�n y no ha de tener filo.</p><p>Gene eligi� una pared y la apret� suavemente con la palma de la mano. El muro se derrumb� con un tenue sonido de campanilleo. Gene cogi� uno de los fragmentos que ca�an flotando a su alrededor y lo aplast� en su mano.</p><p>��Cu�ntas paredes podr�s romper antes de que el segundo piso caiga encima de nosotros? �pregunt� Gaby, se�alando la sala que ten�an encima.</p><p>�Muchas, creo. Mira, este sitio es un laberinto, pero no lo era en principio. Caminamos a trav�s de las paredes porque algo las rompi� antes. Esto fue un mont�n de cubos, sin entrada o salida por ninguno de ellos.</p><p>Gaby y Cirocco se miraron mutuamente.</p><p>�Como la construcci�n que vimos bajo el cable �dijo Cirocco, hablando s�lo con Gaby. Pero la frase iba dirigida a Gene.</p><p>��Qui�n construye edificios con habitaciones que no tienen entrada ni salida? �pregunt� Gaby.</p><p>�El nautilo lo hace �dijo Gene.</p><p>��C�mo?</p><p>�El nautilo. Elabora su concha en espiral. Cuando la concha se hace demasiado peque�a, el molusco se mueve hacia arriba y cierra parte de la cubierta que deja atr�s. Si lo cortas por la mitad es muy bonito. Se parece mucho a la construcci�n que hab�is visto: habitaciones peque�as abajo, habitaciones grandes arriba.</p><p>�Pero parece que todas estas salas tuvieran el mismo tama�o �dijo Cirocco, extra�ada.</p><p>�La diferencia no es grande �Gene neg� con un gesto de cabeza�. Esta sala es un poco m�s alta que la que hay all�. Habr� habitaciones m�s peque�as en otra parte. Estos seres construyen hacia los lados.</p><p>Imaginaron que las criaturas que construyeron el castillo de vidrio ten�an que ser algo que actuara como el coral marino. La colonia abandonaba hogares cuando los superaba en tama�o, confiando en los restos. El castillo llegaba a elevarse sobre diez o m�s niveles. La fuerza estructural no proven�a de los muros, finos como un tejido, sino de los intersticios que formaban los bordes. Eran como barras transparentes de lucita, gruesas como la mu�eca de Cirocco, muy duras o resistentes. Si todas las paredes del castillo se hubieran derrumbado, el perfil permanecer�a, igual que el esqueleto de un rascacielos.</p><p>�Sea quien fuere el constructor, no ha sido el �ltimo en usar el castillo �sugiri� Gaby�. Alguien entr� aqu� e hizo un mont�n de modificaciones, a menos que estas criaturas fueran mucho menos complejas de lo que hemos supuesto. Pero todo el mundo se fue hace mucho tiempo, al parecer�</p><p>Cirocco hizo esfuerzos por no desilusionarse, pero el intento no le hizo ning�n bien. Era una ciudad abandonada. Todav�a estaban lejos de la cumbre y daba la impresi�n de que tendr�an que escalar hasta el �ltimo metro.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�No te enfades.</p><p>��Qu� ocurre? �Cirocco se despert� poco a poco. Costaba creer que hubieran pasado ya ocho horas, pens�.</p><p>Pero �c�mo lo sab�a Gene? Ella ten�a el reloj.</p><p>�No lo mires �las palabras fueron pronunciadas en el mismo tono apacible, pero Cirocco se qued� paralizada con el brazo a medio levantar. Vio el rostro de Gene, color naranja a la luz de la mortecina hoguera. El hombre estaba arrodillado sobre ella.</p><p>��Por qu�? �De qu� se trata, Gene? �Algo va mal?</p><p>�No te enfades, eso es todo. No quer�a hacerle da�o, pero no pod�a permitir que ella me observara, �no te parece?</p><p>��Gaby?</p><p>Cirocco empez� a levantarse y Gene hizo que viera el cuchillo. Con la intensificada conciencia del momento, Cirocco vio varias cosas: Gene estaba desnudo; Gaby yac�a de espaldas, desnuda, y al parecer, no respiraba; Gene ten�a una erecci�n. Hab�a sangre en las manos del hombre. Los sentidos de Cirocco se agudizaron al m�ximo. Escuch� la respiraci�n uniforme de Gene, oli� sangre y violencia.</p><p>�No te enfades �dijo Gene, en tono moderado�. No quer�a hacerlo as�, pero t� me has forzado�</p><p>�S�lo dije que�</p><p>�Est�s enfadada, lo s� �Gene suspir� ante la incorrecci�n de todo el asunto y mostr� un segundo cuchillo, el de Gaby, en su mano izquierda�. Si piensas en ello, tendr�s que culparte t� misma. �De qu� crees que estoy hecho? Sois mujeres. �Es que vuestras madres os dijeron que fuerais autosuficientes? �Es eso?</p><p>Cirocco trat� de pensar una respuesta segura, pero era obvio que Gene no deseaba respuesta. El hombre se acerco m�s y puso la punta de un cuchillo bajo el ment�n de Cirocco. Rocky retrocedi�; el filo mordi� la blanda carne. El arma era m�s fr�a que los ojos de Gene.</p><p>�No entiendo por qu� haces esto.</p><p>Gene vacil�. El segundo cuchillo hab�a estado movi�ndose en direcci�n al vientre de Cirocco; Gene se detuvo con el arma justo fuera de la visi�n de la mujer. Cirocco se moj� los labios y dese� poder volver a ver el cuchillo.</p><p>�Es una buena pregunta. Siempre he pensado en ello. �Qu� hombre no lo hace? �Gene examin� los ojos de Cirocco en busca de comprensi�n y aparent� desolaci�n al no encontrarla�. �Ah!, �y para qu�? T� eres mujer.</p><p>�Compru�balo �el cuchillo se movi� de nuevo. Cirocco lo sinti� apretado contra la parte interna de su muslo. Brot� sudor de su frente�. No tienes que hacerlo as�. Aparta el cuchillo y te dar� cualquier cosa que quieras.</p><p>�Ah-ah �otra vez el cuchillo, mene�ndose de un lado a otro como el dedo reprensivo de una madre�. No soy un est�pido. S� c�mo actu�is vosotras las mujeres.</p><p>�Te lo juro. No ha de ser de esta forma.</p><p>�Tiene que serlo. He matado a Gaby y t� no lo olvidar�s. Nunca fue correcto, �sabes? Siempre est�is provoc�ndonos. Nosotros siempre calientes y vosotras siempre diciendo no �se expresaba despectivamente, pero la expresi�n desapareci� con rapidez para ser reemplazada una vez m�s por la tranquilidad. A Cirocco le hab�a gustado m�s el desprecio�. S�lo estoy arreglando las cosas. Cuando me dejasteis all� solo en la oscuridad decid� hacer lo que me apeteciera. He hecho amigos en Rea. No te van a gustar demasiado. Soy el capit�n a partir de ahora, como deber�a haber sido desde el principio. Har�s lo que yo diga. Ahora no hagas ninguna tonter�a.</p><p>Cirocco contuvo la respiraci�n cuando el afilado cuchillo rasg� su ropa interior. Crey� saber para qu� usar�a el cuchillo Gene, y se pregunt� si no ser�a mejor ser tonta y morir que estar viva y mutilada. Pero en cuanto la ropa estuvo cortada, Gene no hizo m�s cortes. La atenci�n de Cirocco volvi� al cuchillo que ten�a bajo el ment�n.</p><p>Gene penetr� en ella. Cirocco volvi� la cabeza y la punta del cuchillo la sigui�. Dol�a mucho, pero eso no importaba. Lo importante era la crispadura de la mejilla de Gaby, el rastro que su mano hab�a dejado en el polvo mientras se acercaba al hacha, su ojo semiabierto y el destello en �l.</p><p>Cirocco mir� a Gene y no tuvo problemas para poner miedo en su voz.</p><p>��No! �Oh, por favor, no, no estoy preparada! �Me vas a matar!</p><p>�Est�s preparada cuando yo digo que lo est�s �Gene baj� la cabeza y Cirocco se atrevi� a echar un vistazo a Gaby, que pareci� comprender. Su ojo se cerr�.</p><p>Todo suced�a a mucha distancia. Cirocco no ten�a cuerpo; era el cuerpo de otra persona el que dol�a tan espantosamente. S�lo la punta del cuchillo en su ment�n ten�a significado, hasta que Gene empez� a cansarse.</p><p>�Cu�l ser� el precio del fracaso de Gene?, se pregunt�. Perfecto. Entonces Gene no puede fracasar. Ha de llegar el momento en que su atenci�n vacile, pero ella ten�a que asegurarse de que ese momento realmente llegara. Y empez� a moverse bajo el hombre. Fue lo m�s desagradable que hab�a hecho en su vida.</p><p>�Ahora vemos la verdad �dijo Gene, con una sonrisa so�adora.</p><p>�No hables, Gene.</p><p>�Muy bien. �Ves como es mejor si no te opones?</p><p>�Era su imaginaci�n, o su piel no estaba tan tensa bajo el cuchillo? �Hab�a retrocedido el cuchillo? Cirocco sabore� el pensamiento, con cuidado de no enga�arse, y se afirm� en la certeza. Hab�a adquirido una sensibilidad exquisita. El ligero alivio de presi�n era como el levantamiento de un peso enorme. Gene tendr�a que cerrar los ojos. �Acaso los hombres no cierran siempre los ojos?</p><p>Gene los cerr� y Cirocco estuvo a punto de actuar, pero el hombre volvi� a abrirlos r�pidamente. Me est� probando, maldici�n. Pero Gene no vio enga�o. Cirocco era por lo general una actriz mala, pero el cuchillo le hab�a dado inspiraci�n.</p><p>La espalda de Gene se encorv�. Los ojos se cerraron. La presi�n del cuchillo desapareci�.</p><p>Nada sali� bien.</p><p>Cirocco movi� r�pidamente el brazo en una direcci�n, gir� la cabeza en sentido contrario; el cuchillo cort� su mejilla. Tir� un pu�etazo hacia la garganta del hombre con la intenci�n de machacarla, pero Gene se apart� lo suficiente. La capitana se retorci�, pate�, sinti� el cuchillo que tajaba su paletilla. Entonces se encontr� de pie�</p><p>�pero no corriendo. Sus pies no tocaron el suelo durante unos instantes de agon�a mientras esperaba la cuchillada.</p><p>No hubo cuchillada y Cirocco, apenas apoyada en un dedo del pie, brinc� de nuevo y se alej� de Gene. Mir� por encima del hombro mientras se hallaba en el aire y comprendi� que su patada hab�a sido m�s fuerte de lo que imaginara. El golpe hab�a alzado del suelo a Gene y s�lo en aquel momento volv�a a tocarlo. Gaby segu�a en el aire. La adrenalina estaba haciendo que los m�sculos terr�queos se comportaran alocadamente en baja gravedad.</p><p>La caza pod�a durar una eternidad, pero aceler� con gran rapidez.</p><p>Cirocco no quer�a que Gene supiera que Gaby estaba detr�s de �l. Gene jam�s habr�a perseguido tan obstinadamente a Cirocco de haber visto la cara de Gaby.</p><p>Hab�an acampado en la plaza central del castillo, una zona plana que los constructores no hab�an subdividido. La hoguera se encontraba a veinte metros de la primera galer�a de salas. Cirocco todav�a estaba acelerando cuando top� con la primera pared. No fren� el avance en momento alguno y aplast� una docena de muros antes de alzar los brazos para asir una de las vigas. Dio un giro de noventa grados y ascendi�, dando tumbos a trav�s de tres techos antes de pararse en el aire. Escuch� ruidos de cosas rotas mientras Gene avanzaba a trompicones. sin comprender la maniobra.</p><p>Cirocco apoy� los pies en una viga y volvi� a subir. Ascendi� acompa�ada de una nube de fragmentos de vidrio, retorci�ndose y recuperando un movimiento enso�adoramente lento. Brinc� de lado y atraves� tres paredes antes de pararse. Se abri� paso a la izquierda, subi� otro piso, continu� y baj� otros dos.</p><p>Se detuvo a escuchar, agazapada junto a una viga.</p><p>Hab�a un lejano retint�n de vidrio que se romp�a. Todo estaba oscuro. Cirocco se hallaba en medio de un laberinto de c�maras que se extend�a hasta el infinito en todas direcciones: hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados. No sab�a d�nde estaba, pero tampoco lo sab�a Gene, y Cirocco quer�a que fuera as�.</p><p>Los ruidos de vidrio roto se hicieron m�s audibles y Cirocco vio que Gene atravesaba la sala que estaba a su izquierda, flotando hacia arriba. La mujer se movi� a la derecha y hacia abajo cogi�ndose de una viga dos pisos m�s cerca del suelo y desviando su impulso de nuevo a la derecha. Se detuvo, los pies descalzos en otra viga. A su alrededor, vidrios rotos ca�an y se posaban lentamente.</p><p>Cirocco no habr�a sabido que ten�a a Gene tan cerca si la lluvia de vidrios no lo hubiera precedido. Gene hab�a estado caminando a lo largo de las vigas, pero el peso de su pie apoyado fue demasiado para una hoja intacta que ya soportaba los restos dejados por Cirocco al pasar. La hoja se hizo a�icos y el vidrio cay� como copos de nieve. Cirocco gir� en torno a la viga y se lanz� hacia abajo impuls�ndose con los pies.</p><p>La ca�da fue dura. Cirocco se volvi�, aturdida, y vio que Gene aterrizaba de pie, tal como habr�a hecho ella si hubiera tenido un maldito m�nimo de l�gica en la cuenta de los pisos. Record� haber pensado en eso mientras ten�a a Gene, de pie a su lado. Luego vio el hacha que golpeaba al hombre, y perdi� el conocimiento.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Recobr� el conocimiento de repente, chillando, cosa que antes nunca hab�a hecho. No sab�a d�nde se encontraba, pero hab�a estado otra vez en la panza de la bestia, y no a solas. Gene estaba all�, explicando tranquilamente por qu� pretend�a violarla.</p><p>La hab�a violado. Dej� de chillar.</p><p>No estaba en el castillo de vidrio. Hab�a una cuerda en torno a su cintura. El terreno descend�a frente a ella. Mucho m�s abajo se hallaba el oscuro mar plateado de Rea.</p><p>Gaby estaba a su lado, aunque muy ocupada. Ten�a dos cuerdas en su cintura. Una de ellas sub�a la pendiente hasta el mismo �rbol al que estaba atada Cirocco. La otra pend�a r�gidamente en la oscuridad. Las l�grimas hab�an abierto un canal en la sangre seca del rostro de Gaby. Estaba empleando un cuchillo para cortar una de las cuerdas.</p><p>��Eso que hay ah� es la mochila de Gene, Gaby?</p><p>�S�. El no la necesitar�. �C�mo te encuentras?</p><p>�No muy bien. Sube a Gene, Gaby.</p><p>Gaby levant� la mirada, boquiabierta.</p><p>�No quiero perder la cuerda.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El rostro de Gene era una ruina sangrienta. Un ojo estaba cerrado por la hinchaz�n, el otro era meramente una rendija. Su nariz estaba partida y le faltaban tres dientes delante.</p><p>�Vaya ca�da �observ� Cirocco.</p><p>�No es nada, comparado con lo que yo ten�a en mente.</p><p>�Abre su mochila y venda esa oreja. Todav�a est� perdiendo sangre.</p><p>Gaby estaba a punto de estallar, pero Cirocco hizo que desistiera con una firme mirada.</p><p>�No pienso matarlo, as� que no lo sugieras.</p><p>La oreja de Gene hab�a sido arrancada por el golpe de hacha de Gaby; un acto maquinal e instintivo de parte de ella, que s�lo pretendi� plantar el hacha en una sien. Pero el instrumento hab�a girado en el aire y dado un golpe indirecto a Gene, tan fuerte como para dejarlo sin conocimiento. Gene gem�a mientras Gaby lo vendaba.</p><p>Cirocco empez� a revisar la mochila de Gene y a sacar las cosas que les ser�an �tiles. Se qued� con las provisiones y las armas, arroj� a un lado todo lo dem�s.</p><p>�Si lo dejamos con vida, nos seguir�. Ya lo sabes�</p><p>�Quiz�s, y podr�a arregl�rmelas muy bien si no lo hace. Lo mejor es que salte por el borde.</p><p>�Entonces, �por qu� cuernos estoy�?</p><p>�Con el paraca�das. Des�tale las piernas.</p><p>Ajust� el equipo en torno a su entrepierna. Gene gimi� de nuevo, y Cirocco apart� la vista de lo que Gaby hab�a hecho all� al hombre.</p><p>�Crey� que me hab�a matado �estaba diciendo Gaby, atando el �ltimo nudo de los vendajes�. Quer�a hacerlo, pero yo volv� la cabeza.</p><p>��Es grave?</p><p>�No es una herida profunda, pero sangra mucho. Me qued� aturdida y es una suerte que yo hubiera estado tan d�bil, de no poder moverme despu�s de lo que �l� Despu�s de que� �su nariz rezumaba, la enjug� con el dorso de su mano�. Perd� el conocimiento casi al momento. Lo siguiente que recuerdo es que Gene estaba inclinado encima de ti.</p><p>�Me alegro de que despertaras entonces. Me hice un l�o con la fuga. Y gracias por haber salvado otra vez mi trasero.</p><p>Gaby la mir� con aire desolado, y Cirocco lament� inmediatamente las palabras que hab�a escogido. Daba la sensaci�n de que Gaby se sent�a personalmente responsable de lo ocurrido. No es f�cil quedarse inm�vil mientras est�n violando a quien amas, pens� Cirocco.</p><p>��Por qu� lo dejas seguir con vida?</p><p>Cirocco baj� los ojos para mirar a Gene, y tuvo que reprimir una repentina y ardiente rabia hasta que hubo recuperado el control.</p><p>�Yo� Ya sabes que �l nunca fue as� antes.</p><p><emphasis>�No s� eso. </emphasis>El siempre ha sido un jodido animal en lo interior, o no habr�a hecho esto.</p><p>�Todos lo somos. Lo ocultamos, lo guardamos dentro, pero Gene ya no puede. Me habl� como un ni�o herido, no enfadado, s�lo herido porque las cosas no le han salido como �l las hab�a enso�ado. Algo le sucedi� despu�s del choque, igual que a m�. Y lo mismo que a ti.</p><p>�Pero nosotras no hemos intentado matar a nadie. Escucha, que se tire en paraca�das. Muy bien. Pero creo que deber�a dejar los test�culos aqu� �Gaby alz� el cuchillo, pero Cirocco hizo un gesto negativo con la cabeza.</p><p>�No. Nunca me ha gustado demasiado, pero estamos juntos. Era un buen tripulante y ahora que est� loco� �iba a decir que en parte se sent�a responsable, que Gene jam�s se habr�a vuelto loco si ella hubiera mantenido la nave intacta. pero las palabras no surgieron�. Le doy la oportunidad por lo que fue. Dijo que ten�a amigos all� abajo. Quiz� s�lo estaba desvariando, o tal vez lo recojan. D�jale las manos libres.</p><p>Gaby obedeci� y Cirocco hizo rechinar los dientes al empujar el cuerpo con el pie. Gene empez� a deslizarse, y pareci� que se daba cuenta de la situaci�n en que se encontraba. Chill� cuando el paraca�das se arrastr� a su espalda y luego se desvaneci� en la curva del cable.</p><p>Gaby y Cirocco no alcanzaron a ver si el paraca�das se abri�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Las dos mujeres se quedaron sentadas all� bastante rato. Cirocco tem�a decir algo. Estaba la posibilidad de que se pusiera a llorar y no fuera capaz de contenerse, y no era momento para eso. Hab�a heridas que cuidar, y una excursi�n que concluir.</p><p>La cabeza de Gaby no estaba tan mal. Habr�an sido precisos algunos puntos, pero el desinfectante y un vendaje era todo lo que ten�an. Le quedar�a una cicatriz en la frente.</p><p>Igual que a Cirocco, por culpa de su topetazo con el suelo del castillo. Tambi�n le quedar�a otra cicatriz desde el ment�n hasta la oreja izquierda y otra m�s en la espalda. Ninguno de los cortes era tan grave como para que Cirocco se preocupara demasiado.</p><p>Se dieron atenci�n mutua y cargaron las mochilas. Cirocco mir� el largo tramo de cable a�n por escalar hasta llegar al radio.</p><p>�Creo que deber�amos regresar al castillo y descansar antes de acometer la subida �dijo�. Un par de d�as. Para recobrar fuerzas.</p><p>Gaby mir� hacia arriba.</p><p>�Oh, claro que s�. Pero lo que viene ser� m�s f�cil. Encontr� una escalera cuando os tra�a aqu�.</p></section><section><title><p>CAPITULO 20</p></title><p>La escalera surg�a de una gran pila de arena en el l�mite m�s elevado del castillo de vidrio y sub�a en l�nea recta como una flecha hasta que se hac�a imposible seguirla con la vista. Los escalones med�an metro y medio de ancho y cuarenta cent�metros de alto, y parec�an esculpidos en la superficie del cable.</p><p>Despu�s de un buen rato de marcha por la escalera, Gaby y Cirocco empezaron a pensar que aquella ruta tal vez les servir�a poco. Se curvaba hacia el sur, hacia la bajada escarpada. Seguramente ser�a infranqueable al cabo de poco.</p><p>Pero los escalones se mantuvieron perfectamente uniformes. Las dos mujeres pronto se encontraron caminando sobre una plataforma escalonada con un inmenso muro que se elevaba a un lado y un abrupto precipicio al otro. No hab�a barandilla ni protecci�n alguna. Subieron apretadas al muro, temblando con cada r�faga de viento.</p><p>Despu�s la plataforma escalonada se convirti� en un t�nel.</p><p>Fue algo que sobrevino gradualmente. A�n quedaba espacio abierto a la derecha, pero el muro hab�a empezado a retorcerse sobre sus cabezas. El camino se curvaba bajo el cable.</p><p>Cirocco trat� de visualizarlo: siempre en ascenso, pero serpenteando en torno a la parte exterior del cable.</p><p>Despu�s de otros dos mil pasos se encontraron en un ambiente negro como la noche.</p><p>�Escaleras �murmur� Gaby�. Construyen una cosa as� y le ponen escaleras �se hab�a detenido para sacar las l�mparas. Gaby llen� la suya y arregl� la mecha. Iban a encenderlas una con la otra, y confiaban en que el aceite les alcanzar�a hasta que salieran del t�nel.</p><p>�Quiz� fueran chiflados saludables �sugiri� Cirocco. Encendi� una cerilla y la acerc� a la mecha�. Es probable que �sta fuera una medida de emergencia, por una p�rdida de potencia.</p><p>�Bien, me alegro de que las escaleras est�n aqu� �admiti� Gaby.</p><p>�Es probable que hubiera escaleras todo el camino y que m�s abajo est�n cubiertas de tierra. Esto significa que el lugar ha estado abandonado largo tiempo. Los �rboles de aqu� arriba deben de ser nuevas mutaciones.</p><p>�Lo que t� digas �Gaby mantuvo en alto la l�mpara y mir� hacia adelante, luego hacia atr�s, donde todav�a se ve�a un resquicio de luz, y entorn� los ojos�. F�jate, es como si estuvi�ramos en un recodo de la ruta. Se curva siguiendo la parte externa, luego dobla a la izquierda y sigue en l�nea recta.</p><p>Cirocco estudi� el camino y crey� que Gaby ten�a raz�n.</p><p>�Da la impresi�n de que pudi�ramos cortar por el centro.</p><p>��Ah, s�? �Recuerdas el lugar de los vientos? Todo aquel aire va por aqu�, a alg�n lugar.</p><p>�Si este t�nel lleva all�, ya lo habr�amos sabido. Nos habr�a aplastado de un soplo.</p><p>Gaby observ� la escalera a la fluctuante luz de la l�mpara. Olfate� el aire.</p><p>�Hace bastante calor aqu�. �Y si el calor aumentara?</p><p>�No hay modo de saberlo si no entramos m�s.</p><p>�Oh, oh �Gaby se tambale� y la l�mpara amenaz� con caer de sus dedos. Cirocco cogi� por el hombro a su compa�era.</p><p>��Te encuentras bien?</p><p>�S�, yo� No, maldici�n, no estoy bien �se apoy� en la pared del c�lido corredor�. Estoy mareada y se me doblan las rodillas �levant� la mano libre y la examin�: temblaba ligeramente.</p><p>�Quiz�s un d�a de descanso no ha sido suficiente �Cirocco consult� el reloj, contempl� el corredor y arrug� la frente�. Confiaba en estar al otro lado y volver a la parte superior del cable antes de que descans�ramos.</p><p>�Puedo hacerlo.</p><p>�No �dijo Cirocco�. No me siento tan animada. El problema es si acampamos aqu� en el corredor, que est� tan caliente, o si vamos afuera.</p><p>Gaby volvi� la mirada hacia la bajada escarpada, muchos escalones atr�s.</p><p>�No me importa un poco de sudor.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Hab�a algo especial en tener una hoguera, aun cuando el ambiente estuviera tan insoportablemente caluroso. No lo discutieron; Cirocco cogi� ramitas y musgo de la mochila de Gene y empez� a encender un fuego. Enseguida logr� una llamarada crujiente. La mantuvo como una taca�a mientras realizaban la tarea mec�nica de montar un pobre campamento. Desenrollaron los sacos de dormir, sacaron las cacerolas y los cuchillos, y eligieron las provisiones para la cena.</p><p>Formamos un buen equipo, pens� Cirocco, agachada mientras observaba c�mo Gaby cortaba verduras y las echaba en los burbujeantes restos del guiso de la noche anterior. Las manos de Gaby eran peque�as y h�biles, con manchas marrones marcadas en las palmas. Ya no pod�an desperdiciar agua para lavarse.</p><p>Gaby se enjug� la frente con el dorso de la mano y mir� a Cirocco. Sonri� Una sonrisa fugaz, tentadora, que se ampli� cuando la capitana sonri� a su vez, con un ojo casi cubierto por una venda. Gaby sumergi� la cuchara en el guiso y la sorbi� ruidosamente.</p><p>�Estos r�banos, o lo que sean, son mejores cuando crujen �dijo�. Dame tu plato.</p><p>Gaby sirvi� una generosa raci�n y las dos se sentaron, casi juntas, y comieron.</p><p>Delicioso. Escuchando ruiditos, el crepitar del fuego y el roce de cucharas en los platos de madera, Cirocco agradeci� poder estar tranquila y no pensar en nada.</p><p>��Tienes m�s sal?</p><p>Cirocco rebusc� en su mochila y encontr� la bolsa, y tambi�n dos dulces olvidados, envueltos en hojas amarillas. Apret� uno en la mano de Gaby y se ech� a re�r al ver que los ojos se le iluminaban. Dej� el plato y desenvolvi� la confitura, del tama�o de un caramelo, y la mantuvo bajo la nariz para oler�a. El aroma era demasiado bueno para com�rsela toda de golpe. La parti� en dos y el sabor de albaricoques en alm�bar y nata dulce estall� en su boca.</p><p>Gaby se puso hist�rica ante la expresi�n de gozo de su compa�era. Cirocco se comi� la otra mitad y se puso a lanzar miradas codiciosas sobre el dulce que Gaby hab�a dejado a su lado en tanto se esforzaba por mantenerse seria.</p><p>�Si lo vas a guardar para el desayuno, tendr�s que montar guardia toda la noche.</p><p>�Oh, no te preocupes. Tengo suficientes buenas maneras para saber que el postre va despu�s de la comida.</p><p>Gaby se tom� cinco parsimoniosos minutos en desenvolver el dulce, y otro buen rato en examinarlo cr�ticamente, farfullando sin remedio ante las payasadas de Cirocco. Rocky hizo una imitaci�n pasable de un cocker spaniel ante la mesa servida y un pillo sin hogar frente al escaparate de una pasteler�a, y se qued� boquiabierta cuando Gaby, por fin, se llev� el dulce a la boca.</p><p>Cirocco se divert�a tanto, que le doli� estar pregunt�ndose �mientras olisqueaba ansiosamente con la cara pegada a la de Gaby� si aquella bobada era sensata. Estaba claro que Gaby se sent�a en el para�so con tantas atenciones; su rostro enrojec�a de alegr�a y excitaci�n, sus ojos chispeaban.</p><p>�Por qu� ella, Cirocco, no pod�a limitarse a gozar de la situaci�n sin tensiones?</p><p>Tuvo que dejar que parte de su preocupaci�n se manifestara pues Gaby se puso bruscamente seria. Toc� la mano de Cirocco y la mir� con apremio, despu�s movi� lentamente la cabeza de un lado a otro. Ninguna de las dos se atrevi� a hablar, aunque Gaby acababa de expresar con m�s claridad que con palabras: �No tienes nada que temer de m�.</p><p>Cirocco sonri�, y Gaby hizo lo mismo. Reba�aron los restos del guiso con los platos cerca de la boca y sin preocuparse por los buenos modales.</p><p>Pero ya no fue lo mismo. Gaby guard� silencio. Enseguida sus manos empezaron a temblar y el plato cay� estruendosamente por los escalones. Gaby se levant�, jadeando y sollozando, y la mano de Cirocco en su hombro hizo que gesticulara de un modo alocado. Sus rodillas se pusieron tensas, sus manos se apretaron bajo la barbilla. Sumergi� su cara en el cuello de Cirocco y llor�.</p><p>��Oh, sufro, sufro mucho!</p><p>�Entonces s�calo. Llora.</p><p>Cirocco apoy� la mejilla en el corto cabello de la chica, fin�simo y negro, y que empezaba a tomar un aspecto desgre�ado. Alz� el ment�n de Gaby y busc� un lugar no cubierto de vendas que pudiera besar. Se decidi� por la mejilla, pero en el �ltimo instante, sin saber por qu� lo hac�a, la bes� en los labios. Estaban h�medos y muy c�lidos.</p><p>Gaby la mir� un largo instante, aspir� ruidosamente por la nariz y volvi� a poner la cabeza en el hombro de Cirocco. Se escondi� en el hueco del cuello y se qued� quieta, sin temblores, sin sollozos.</p><p>��C�mo puedes ser tan fuerte? �pregunt�, la voz amortiguada pero muy cercana.</p><p>��C�mo puedes ser tan valiente? Te obstinas en salvarme la vida.</p><p>�No, hablo en serio. Si no te tuviera a ti para ayudarme ahora mismo, me volver�a loca. Y t� ni siquiera lloras.</p><p>�No lloro as� como as�.</p><p>��No basta una violaci�n? �escudri�� de nuevo los ojos de Cirocco�. �Dios m�o, sufro tanto�! Sufro por culpa de Gene y sufro por ti. No s� qu� es peor.</p><p>�Gaby, me complacer�a hacer el amor contigo si eso te ayudara a evitar el sufrimiento, pero yo tambi�n sufro. F�sicamente.</p><p>Gaby movi� la cabeza de un lado a otro.</p><p>�Eso no es lo que deseo de ti, aunque te sintieras bien. Te �complacer�a�. Eso no es bueno. No soy Gene, y antes me guardar�a el sufrimiento de tenerte de ese modo. Me basta con amarte.</p><p>�Qu� decir? �Qu� decir�? Aferrarse a la verdad, se dijo Cirocco.</p><p>�No s� si alguna vez podr� corresponderte as�, de esa forma. Pero ay�dame �abraz� a Gaby y enjug� r�pidamente su nariz�, ay�dame, eres la mejor amiga que he tenido.</p><p>Gaby suspir� tenuemente.</p><p>�Eso tendr� que bastar, por ahora �Cirocco pens� que Gaby se pondr�a a llorar otra vez, pero no fue as�. Abraz� una vez a Cirocco, brevemente, y la bes� en el cuello�. La vida es muy dura, �verdad? �pregunt� con una vocecita.</p><p>�Lo es. Vamos a dormir.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Se pusieron en tres escalones; Gaby se tendi� en el m�s alto, Cirocco �agit�ndose y revolvi�ndose� en el siguiente, y las brasas de la hoguera un pelda�o m�s abajo.</p><p>Pero Cirocco grit� por la noche y se despert� en una oscuridad total. El sudor corr�a por su cuerpo mientras esperaba que Gene atacara. Gaby la sujet� hasta que la pesadilla termin�.</p><p>��Cu�nto tiempo llevas aqu�? �pregunt� Cirocco.</p><p>�Desde que me puse a llorar otra vez. Gracias por dejarme estar contigo.</p><p>�Embustera! Pero Cirocco sonri� al pensarlo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El calor fue aumentando durante otros mil escalones, tanto calor que no era posible tocar las paredes y las suelas del calzado quemaban. Cirocco sabore� la derrota, sabiendo que al menos habr�a varios miles de pelda�os m�s antes de que se encontraran en el punto medio, desde el cual podr�an esperar un enfriamiento.</p><p>�Otros mil escalones �dijo�. Suponiendo que podamos llegar tan lejos. Si no refresca, volveremos atr�s y lo intentaremos por la parte externa.</p><p>Pero Cirocco sab�a que el cable era demasiado empinado en ese punto. Los �rboles hab�an ido distanci�ndose de un modo inconveniente desde antes de que entraran al t�nel. La inclinaci�n del cable alcanzar�a ochenta grados antes de que llegaran al radio. Cirocco se ver�a enfrentada a su hipot�tica monta�a de vidrio, la peor posibilidad que hab�a imaginado al preparar la expedici�n.</p><p>�Como t� digas. Un momento, quiero quitarme esta camisa. Me estoy ahogando.</p><p>Cirocco tambi�n se desnud�, y las dos continuaron la marcha a trav�s del horno.</p><p>Quinientos escalones m�s arriba volvieron a ponerse la ropa. Al cabo de otros trescientos pelda�os, abrieron las mochilas y sacaron los abrigos.</p><p>Empezaba a formarse hielo en los muros y la nieve cruj�a bajo los pies. Se pusieron los guantes y alzaron las capuchas de los abrigos. De pie a la luz de la l�mpara, que se hab�a vuelto sorprendentemente brillante con las paredes blancas que la reflejaban, observaron cristales de hielo que se condensaban con su respiraci�n. Al mirar adelante vieron un corredor que sin duda alguna se estrechaba.</p><p>��Otros mil pelda�os? �aventur� Gaby.</p><p>�Me has le�do la mente.</p><p>El hielo no tard� en obligar a Cirocco a bajar la cabeza y luego a caminar sobre manos y rodillas. Volvi� a oscurecer con rapidez mientras Gaby iba en cabeza con la l�mpara delante. Cirocco se detuvo, apoyada en sus ateridas manos, apret� el vientre contra el suelo y se arrastr�.</p><p>��Hey, estoy pegada! �se complaci� al no o�r p�nico en su voz. La situaci�n era inquietante, pero sab�a que podr�a soltarse si retroced�a.</p><p>Los sonidos de rascaduras que surg�an delante de ella cesaron.</p><p>�Bueno. No puedo volverme aqu�, pero se est� ensanchando. Ir� delante y ver� lo que hay. Veinte metros, �eh?</p><p>�De acuerdo.</p><p>Cirocco escuch� c�mo los sonidos se alejaban. La oscuridad se cerr� en torno a ella y apenas tuvo tiempo de producir un sudor muy fr�o antes de que la luz la deslumbrara. Gaby regres� en un instante. Hab�a cristales de hielo en sus cejas.</p><p>�Este es el peor punto, aqu� mismo.</p><p>�Entonces pasar�. No he llegado tan lejos para que tenga que acabar como el corcho de una botella�</p><p>�Eso es lo que te pasa por comer tantos dulces, gorda.</p><p>Gaby no pod�a arrastrarla, as� que retrocedi� y logr� sacar el pico de cobre de su mochila. Astillaron el hielo y volvieron a intentar.</p><p>�Echa todo el aire �sugiri� Gaby, y tir� de las manos de Cirocco, que avanz�.</p><p>Tras ellas, un trozo plano de hielo de un metro de largo cay� del techo y patin� estrepitosamente hacia la luz diurna.</p><p>�Por eso debe estar abierto este pasillo �dijo Gaby�. El cable es flexible. Oscila y el hielo se raja.</p><p>�Eso y el aire caliente que tenemos detr�s. Hasta que topemos, �de acuerdo? Mu�vete.</p><p>Enseguida pudieron ponerse en pie y poco despu�s el hielo fue simplemente un recuerdo. Se quitaron los abrigos y se preguntaron qu� vendr�a a continuaci�n.</p><p>El retumbo se inici� cuatrocientos escalones m�s adelante. Fue haci�ndose m�s fuerte hasta que result� f�cil imaginar m�quinas enormes zumbando al otro lado de las paredes del t�nel. Uno de los muros estaba caliente, pero sin comparaci�n con el calor que ya hab�an cruzado.</p><p>Gaby y Cirocco estaban convencidas de que se trataba del sonido del aire que era chupado del lugar de los vientos hacia un desconocido destino muy en lo alto. Otros dos mil escalones las llevaron fuera del ruido y a una nueva zona c�lida. Se apresuraron a atravesarla, sin preocuparse por desnudarse ya que sab�an que se hallaban muy cerca del otro extremo del t�nel. Tal como esperaban, el calor mengu� despu�s de alcanzar un m�ximo de sauna que Cirocco estim� en setenta y cinco grados.</p><p>Gaby segu�a en cabeza, y vio la luz primero. No era m�s brillante que en el otro lado, s�lo una p�lida franja plateada que se iniciaba a la izquierda y que se ensanch� gradualmente hasta que las humanas se encontraron en un reborde junto al cable. Se dieron mutuas palmaditas en la espalda y empezaron a trepar de nuevo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Atravesaron la parte superior del cable, siempre ascendiendo, siempre dirigidas hacia el sur, cruzaron la amplia joroba y bajaron de nuevo por el otro lado. El cable estaba completamente pelado all�; sin �rboles, sin tierra aferrada a �l. Era la primera vez que Gea presentaba el aspecto de m�quina que Cirocco le hab�a atribuido desde el principio: la incre�ble. enorme construcci�n hecha por seres que a�n podr�an estar vivos en el cubo de la rueda. El cable desnudo era liso y recto, en aquel punto se alternaba con una pendiente de sesenta grados y se aproximaba al fulgurante borde inferior del radio. El trozo de espacio entre el cable y el radio se hab�a estrechado a menos de dos kil�metros.</p><p>En el lado sur las escaleras penetraron en otro t�nel. Las dos mujeres pensaban que estaban preparadas, pero el nuevo t�nel estuvo a punto de jugarles una mala pasada. Se apresuraron por la primera zona de calor y se congratularon al sentir que la temperatura empezaba a bajar de nuevo. Alcanz� los cincuenta grados y despu�s subi� otra vez.</p><p>��Maldici�n! Es una estructura distinta. �Vamos!</p><p>��En qu� direcci�n?</p><p>�Retroceder ser� tan malo como avanzar. �Mu�vete!</p><p>S�lo estar�an en peligro si una de ellas se ca�a y lesionaba, pero el detalle asust� a Cirocco y le record� que jam�s deb�a prejuzgar a Gea. Hab�a olvidado que el cable estaba formado por ramales arrollados y que el curso del fluir, fr�o o caliente, pod�a ser bastante complejo.</p><p>Cruzaron la zona de vibraci�n, que segu�a estando en el centro, la zona fr�a, que no se hallaba tan atascada por el hielo como la primera, y volvieron a salir al lado norte del cable.</p><p>Atravesaron la parte superior y se metieron en el tercer t�nel. Lo recorrieron y volvieron a salir a la cima.</p><p>Hicieron lo mismo otras siete veces en dos d�as. Habr�an ido m�s deprisa de no haber sido por un retraso en el cuarto t�nel. que estaba tan cargado de hielo que hasta Gaby tuvo que picarlo para poder meterse. Les cost� ocho g�lidas horas abrir un camino.</p><p>Pero la siguiente vez que llegaron al lado sur del cable no hab�a t�nel. El �ngulo de ascenso estaba comprendido ahora entre ochenta y noventa grados, y la escalera empezaba a enroscarse a lo largo de la cara externa como la raya roja de un bast�n de menta.</p><p>Ninguna de las dos mujeres quiso acampar en un saliente de metro y medio de ancho que pend�a sobre un precipicio de doscientos cincuenta kil�metros. Cirocco sab�a que se agitaba mientras dorm�a y que una de las sacudidas pod�a llevarla irremediablemente lejos. As�, aunque las dos estaban cansadas, siguieron la penosa marcha por el exterior del cable, siempre apretando el hombro izquierdo a la tranquilizadora solidez.</p><p>A Cirocco no le gustaba lo que ve�a sobre su cabeza. Cuanto m�s se acercaban, m�s imposible parec�a la empresa.</p><p>Sab�an por sus observaciones desde el exterior que todos los radios ten�an una secci�n transversal ovoide, con cincuenta kil�metros de grosor en un sentido y algo menos de cien en el otro, antes de que se abrieran para unirse al margen del techo. Acababan de pasar por la secci�n que se ensanchaba y las paredes del radio, que apenas pod�an ver, eran casi verticales. Pero no hab�an contado con el labio que recorr�a por completo el monstruoso di�metro del tubo del radio. Al parecer llegaba f�cilmente a los cinco kil�metros de anchura.</p><p>El cable parec�a cruzar el labio sin junturas, y probablemente continuaba por encima y segu�a viajando hacia algo que lo unir�a al cubo de la rueda. Durante una de sus paradas de descanso estudiaron el labio, que daba la impresi�n de estar justo por encima de sus cabezas, pero que sin embargo se encontraba a dos kil�metros de distancia. Se trataba de un techo imponente para sus esfuerzos, interminablemente extenso hasta que la abertura, reducida por la perspectiva, se hac�a visible. La abertura med�a cuarenta por ochenta kil�metros, pero para llegar a ella ten�an que atravesar cinco kil�metros colgando de la parte inferior del labio.</p><p>Gaby mir� a Cirocco y alz� una ceja.</p><p>�No busques problemas sin motivo. Gea ha sido buena con nosotras hasta ahora. Sube, amiga m�a.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Y Gea volvi� a ser buena con ellas. Cuando llegaron al punto superior del cable hab�a otro t�nel que perforaba el vasto techo gris�ceo.</p><p>Encendieron la l�mpara, advirtiendo que no quedaba demasiado aceite, y empezaron a trepar. El t�nel se curvaba a la izquierda como si el cable siguiera all�, aunque las dos mujeres ya no pod�an estar seguras de tal cosa. Contaron dos mil escalones, luego otros dos mil.</p><p>�Se me ocurre que esto podr�a ir directamente hasta el cubo de la rueda. Y si crees que esto es una buena noticia, ser� mejor que lo pienses otra vez.</p><p>�Lo s�, lo s�. Sigue subiendo.</p><p>Cirocco pensaba en el aceite de la l�mpara, el estado de las provisiones y los semivac�os odres de agua. Quedaban todav�a trescientos kil�metros hasta el cubo de la rueda. A tres escalones por metro, casi un mill�n de escalones� Cirocco mir� el reloj y cronometr� el paso que llevaban.</p><p>Segu�an un ritmo de dos escalones por segundo; s�lo ligeros contactos con las puntas de los pies para alzarles a la altura suficiente que les permitiera tocar el siguiente escal�n. La gravedad de aquel nivel hab�a ca�do casi a un octavo; la mitad de la ya baja gravedad que ten�an cuando partieron.</p><p>Dos pelda�os por segundo era medio mill�n de segundos de marcha. Ocho tres tres tres coma tres, etc., minutos, ciento treinta y ocho horas o casi seis d�as. O mejor, el doble de esa cifra, para incluir per�odos de reposo y sue�o, en una estimaci�n pesimista�</p><p>�S� en qu� piensas �dijo Gaby a espaldas de Cirocco�. �Pero podemos hacerlo a oscuras?</p><p>Gaby hab�a tocado el punto importante. La comida pod�a durar dos semanas. El agua podr�a alcanzar si se racionaba. aunque no para bajar.</p><p>Pero el �tem m�s cr�tico en aquel momento era el aceite de las l�mparas. S�lo hab�a reservas para no m�s de cinco horas, y ning�n medio de obtener m�s.</p><p>Cirocco sigui� rumiando, tratando de elaborar una matem�tica que las llevara hasta el final, hasta que salieran al suelo del radio.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Ninguna otra cosa hab�a hecho que Cirocco se sintiera tan insignificante. Ni O�Neil Uno, ni las estrellas del espacio, ni el suelo de la misma Gea. Era capaz de verlo todo, y su sentido de la perspectiva fracasaba rotundamente.</p><p>Resultaba imposible determinar la curvatura de los muros. Igual que un horizonte puesto vertical, las paredes se extend�an alej�ndose de ella hasta que de repente empezaban a torcerse, haciendo que el espacio pareciera m�s semicircular que redondo.</p><p>Todo estaba ba�ado por una luminiscencia verde claro. La fuente luminosa estaba formada por cuatro hileras verticales de ventanas que enviaban rayos inclinados hacia abajo hasta cruzarse mutuamente en el vac�o centro.</p><p>No del todo vac�o. Corriendo en l�nea recta como una regla hacia el espacio central hab�a tres cables verticales unidos igual que una trenza y flotando, dentro y fuera de los rayos de luz, se hallaban curiosas nubes cil�ndricas que se retorc�an lentamente mientras las dos mujeres las contemplaban.</p><p>Cirocco record� haber pensado que los oscuros y angostos espacios situados bajo el cable que hab�an explorado eran como una catedral. Gea hab�a agotado su reserva de superlativos, pero Cirocco sab�a que aquello s�lo hab�a sido una capilla abandonada. <emphasis>Esta </emphasis>era la catedral.</p><p>�Cre�a que ya lo hab�a visto todo �dijo Gaby, en voz baja, se�alando la pared a su espalda�. �Pero una jungla vertical?</p><p>No hab�a otro modo de describir el panorama. Colgando de las paredes, prolong�ndose hacia fuera o ramific�ndose, el interior del radio estaba incrustado de m�s de aquellos �rboles ubicuos. Menguaban de tama�o, convirti�ndose a cierta distancia indeterminada en una lisa alfombra de verdor.</p><p>M�s all� hab�a un techo gris.</p><p>��Dir�as que hay trescientos kil�metros hasta all� arriba?</p><p>Gaby entorn� los ojos, luego traz� una cuadr�cula con los dedos e hizo c�lculos con cierto sistema personal.</p><p>�Eso cubre el n�mero exacto de grados.</p><p>�Si�ntate. Pensemos en esto.</p><p>Cirocco necesitaba sentarse m�s que pensar. Hasta aquel momento hab�a cre�do de verdad que pod�an lograrlo. Ahora comprendi� que la decepci�n hab�a sido alentada por la incapacidad de visualizar el problema. Entonces pod�a examinarlo, y se acobard� en su interior. Trescientos kil�metros, en vertical.</p><p>En vertical. Hacia arriba.</p><p>Debi� de haber estado loca.</p><p>�Primero. �Da la impresi�n de que haya alg�n paso que atraviese ese techo?</p><p>Gaby mir� y se encogi� de hombros.</p><p>�No significa nada. Hab�a un paso hasta este techo, �no? Nunca lo ver�amos desde aqu�.</p><p>�Exacto. Pero confi�bamos en que hubiera una escalera hasta la parte superior. �Ves alguna?</p><p>�No.</p><p>�Exacto. Cre�a que estas escaleras constitu�an un camino que hab�a sido creado para caminar hasta lo alto si era necesario. Ahora pienso que todo lo que los constructores ten�an en mente era una ruta precisamente hasta este lugar, este punto.</p><p>�Puede ser �Gaby entorn� los ojos�. Pero los constructores tienen que haber dejado un camino para llegar al cubo de la rueda. Es probable que no pretendieran que esos �rboles estuvieran ah�. Han cubierto todo, como en el cable.</p><p>�Y en ese caso�, �qu�?</p><p>�Tenemos un infierno de escalada por delante �concluy� Gaby por ella�. Con toda esa maleza a lo mejor no encontramos nunca la entrada. Tal vez sea m�s f�cil de localizar desde arriba.</p><p>�Exacto, y van tres veces. S�lo estoy tratando de aclararlo. �sabes? Se me ha ocurrido que si dentro de cuatro o cinco d�as, digamos, llegamos arriba y descubrimos que no hay escalera�, tendremos otra larga escalada. Para bajar.</p><p>Gaby se ri� en esta ocasi�n.</p><p>�Si est�s diciendo que volvamos, mejor lo sueltas.</p><p>��Volvemos? �Cirocco no hab�a pretendido el interrogante, pero ah� estaba.</p><p>�No.</p><p>�Ah, comprendo �Cirocco no le dio importancia, hac�a tiempo que hab�an olvidado la relaci�n entre capitana y tripulante. Se ech� a re�r y mene� la cabeza�. Muy bien, �cu�l es tu plan?</p><p>�Primero, explorar los alrededores. M�s tarde, dentro de cuatro o cinco a�os, los constructores se formar�n una impresi�n de que hemos sido bastante imb�ciles si llegaran a preguntarse por qu� no usamos el ascensor.</p></section><section><title><p>CAPITULO 21</p></title><p>Hab�a unos doscientos cincuenta kil�metros en torno a la base del radio. Empezaron a circunnavegarla, buscando algo que pudiera ser desde una escalera de cuerda hasta un helic�ptero antigravitatorio. Lo que encontraron fue �rboles horizontales que crec�an en el bosque vertical.</p><p>Al penetrar por las ramas externas y seguir los troncos hasta las ra�ces en el muro, tuvieron que subir por una pendiente formada por ramas ca�das y hojas que se descompon�an. La sustancia real del radio era un material gris y esponjoso. Ced�a como caucho blando cuando se lo apretaba. Cirocco arranc� una mata de la pared y una larga ra�z primaria sali� con la planta. El muro derram� un l�quido espeso y lechoso y luego se cerr� en torno al peque�o agujero.</p><p>No hab�a tierra, y muy poco sol; el nivel luminoso les hab�a parecido brillante al salir de la oscura escalera, pero en realidad era muy bajo. Cirocco supuso que, al igual que muchas plantas del borde, aquellas depend�an de fuentes subterr�neas para medrar.</p><p>La pared en s� era h�meda y sosten�a brotes de musgo y l�quenes, pero escasas plantas de tama�o intermedio. No hab�a hierbas, y las enredaderas existentes eran par�sitas, enraizadas en los troncos de los �rboles. Muchos de los �rboles eran de la especie que hab�an visto en el borde, adaptados a una existencia horizontal. Daban frutas que les resultaban familiares, y hasta pudieron recoger algunas nueces.</p><p>�Eso resuelve el problema de la comida �dijo Gaby.</p><p>No era posible que hubiera r�os en el radio, y no obstante el muro reluc�a a causa de los fin�simos hilos de agua que lo recorr�an. Muy por encima se ve�an chorros de l�quido que se curvaban y se convert�an en vapor mucho antes de llegar al suelo.</p><p>Gaby contempl� esos chorros, que le parec�an estar distribuidos de un modo uniforme, como irrigadores de c�sped.</p><p>�Tanta agua para morir de sed. �Comenz� a dar la impresi�n de que la escalada no iba a ser del todo imposible. Cirocco descubri� que era dif�cil entusiasmarse por ello.</p><p>Descartada la posibilidad de una escalera �que Cirocco supuso r�pidamente que no encontrar�an, ya que los �rboles imped�an una profunda exploraci�n del muro�, hab�a dos rutas hasta la cima.</p><p>Una implicaba trepar por los mismos �rboles. Se podr�a ir de rama en rama, calcul� Cirocco, si es que el crecimiento hubiera confundido las ramas de un �rbol con las de sus vecinos.</p><p>La otra posibilidad era una franca labor de alpinismo. Gaby y Cirocco descubrieron que sus clavos pod�an ser introducidos en la superficie de la pared simplemente hundi�ndolos en ella.</p><p>Cirocco prefiri� la pared, no quiso confiarse en los �rboles. A Gaby le gustaron las ramas, que le parec�an m�s r�pidas. Discutieron el problema hasta el segundo d�a, en el que sucedieron dos cosas.</p><p>Gaby advirti� la primera mientras observaba el fondo gris del radio. Sus ojos se entornaron y se�al� un punto concreto.</p><p>�Creo que ese agujero ha dejado de existir �dijo.</p><p>Cirocco forz� la vista, pero no alcanz� a percibir bien.</p><p>�Subamos y echemos un vistazo.</p><p>Se unieron con una cuerda e iniciaron la ascensi�n entre las ramas.</p><p>Cirocco hab�a temido que la escalada fuese peor de lo que en realidad result�. Como en cualquier otro aspecto, hab�a un medio �ptimo para superar el problema, y no tardaron en descubrirlo. Hab�a que elegir una l�nea entre las ramas m�s gruesas y cercanas al muro �que eran s�lidas como la roca, pero con tendencia a estar demasiado distanciadas� y las ramas m�s delgadas, alargadas y apartadas, que proporcionaban un millar de asideros para manos y pies pese a combarse con el peso.</p><p>�Un poco m�s adentro �grit� Cirocco a Gaby, que ten�a la misi�n de explorar la ruta al final de una atadura de cinco metros�. Yo dir�a que dos tercios del trecho hasta arriba del �rbol es lo perfecto.</p><p>�Adentro, arriba �dijo Gaby�. Creo que est�s confundiendo tus instrucciones.</p><p>�Las bases de los �rboles est�n adentro, junto a la pared. Las copas est�n fuera, en el aire. Es muy sencillo.</p><p>�De acuerdo.</p><p>Tras trepar entre diez �rboles las dos se abrieron paso hasta la copa del �ltimo.</p><p>Cuando las ramas que pisaban empezaron a doblarse, ataron una cuerda a otra m�s fuerte. La flexi�n actu� entonces a favor de ellas, pues abri� una ventana en un muro de follaje que de otro modo hubiera sido impenetrable. Hab�an elegido un �rbol que, en un bosque horizontal, habr�a descollado entre sus vecinos. Pero all�, en el radio, ten�a que contentarse con una m�s amplia extensi�n sobre la pared.</p><p>�Ten�as raz�n. Ha desaparecido.</p><p>�No, no ten�a raz�n. Pero habr� desaparecido en un momento.</p><p>Cirocco vio lo que quedaba del agujero. Era un diminuto �valo negro en el suelo gris, y se contra�a como el iris de un ojo. Desde abajo, la �nica ocasi�n que pudieron verlo bien, aquel boquete les hab�a parecido casi tan ancho como el mismo radio. Pero en ese momento ten�a menos de diez kil�metros de di�metro y segu�a cerr�ndose. Pronto habr�a de cerrarse totalmente en torno a los cables verticales que emerg�an de su centro.</p><p>��Alguna idea? �pregunt� Gaby�. �De qu� le servir� cerrarse para separar el radio del borde?</p><p>�No tengo la menor idea. Supongo que alguna vez volver� a abrirse� Los �ngeles salen por ah�, lo atraviesan con regularidad, de modo que� �hizo una pausa y despu�s sonri�. Es la respiraci�n de Gea.</p><p>��C�mo?</p><p>�Es lo que las tit�nidas llaman viento del este. Oc�ano aporta tiempo fr�o y el Lamento, y Rea aporta aire caliente y �ngeles. As� pues, tenemos un tubo de trescientos kil�metros de altura, con una v�lvula en cada extremo. Podr�a ser usado como bomba. Se podr�an crear zonas de alta y baja presi�n y emplearlas para mover el aire.</p><p>��C�mo se har�a�? �pregunt� Gaby.</p><p>�Pienso en dos formas. Cierto tipo de pist�n m�vil para comprimir o enrarecer el aire. No veo ninguno, y conf�o en que no exista, v�lgame Dios, pues de lo contrario nos har�a papilla.</p><p>�Si existiera, no habr�a hecho ning�n bien a estos �rboles.</p><p>�Exacto. Queda el otro m�todo. Las paredes pueden expandirse o contraerse. Se cierra la v�lvula inferior y se abre la superior, el radio de expande y se atrae aire por arriba. Se cierra la v�lvula superior y se abre la inferior, entra en juego una gran contracci�n y se fuerza la salida del aire por el borde.</p><p>��De d�nde procede el aire que entra por arriba?</p><p>�O es absorbido mediante los cables, cosa que no es muy descabellada, como ya hemos visto, o procede de los otros radios. Todos se conectan con la parte superior. Con alguna v�lvula m�s, es posible usar los radios uno en contra de otro. Al abrir y cerrar unas cuantas v�lvulas, consigues aire de Oc�ano, mediante succi�n, a trav�s del cubo de la rueda y hacia este radio. Luego abres y cierras otras v�lvulas y lo fuerzas a salir hacia Rea. Lo �nico que me queda por saber es para qu� necesitaban los constructores todo esto.</p><p>Gaby estaba pensativa.</p><p>�Creo que puedo darte la respuesta. Es algo que me preocupaba. �Por qu� todo el aire no se estanca en la base, abajo en el borde? El aire es menos denso aqu� arriba, pero sigue siendo adecuado porque la presi�n en el borde es superior que la normal terr�quea. Y en baja gravedad, la presi�n decrece con menos rapidez. La atm�sfera de Marte no es nada, por ejemplo, pero se extiende much�simo. Entonces, si mantienes el aire en circulaci�n, no tiene tiempo para fijarse. Se puede mantener una adecuada presi�n atmosf�rica en toda Gea.</p><p>Cirocco asinti�, despu�s suspir�.</p><p>�Muy bien. Acabas de quitarte de encima la �ltima objeci�n a la escalada. Tenemos comida y agua, o al menos da la impresi�n de que no faltar�. Ahora parece como si tambi�n tuvi�ramos ox�geno. �Qu� te parece si continuamos?</p><p>��Por qu� no explorar el resto de la pared?</p><p>��Para qu�? A lo mejor ya hemos pasado por lo que buscamos. No hay forma de comprobarlo.</p><p>�Supongo que tienes raz�n. Bueno, adelante.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La escalada fue un duro trabajo: tedioso, aunque les requer�a plena atenci�n. Fueron mejorando conforme avanzaban. aunque Cirocco sab�a que nunca les resultar�a tan f�cil como la subida del cable.</p><p>El �nico consuelo al final de las primeras diez horas de escalar fue el buen estado en que ambas se encontraron. Cirocco estaba cansada y ten�a una ampolla en la palma izquierda, pero aparte de un ligero dolor de cabeza se sent�a muy bien. Dormir vendr�a de perlas. Salieron a la copa de un �rbol para mirar abajo antes de acampar.</p><p>��Ser� capaz tu sistema de medir una altura as�?</p><p>Gaby frunci� la frente y mene� la cabeza.</p><p>�No muy bien �extendi� las manos, hizo un cuadrado con ellas y entorn� los ojos�. Yo dir�a que� <emphasis>�Eeeep!</emphasis></p><p>Cirocco la agarr� por el brazo al tiempo que asi� una rama que ten�a encima de la cabeza para sostenerse.</p><p>�Gracias. Vaya ca�da que habr�a sido�</p><p>�Ten�as la cuerda �observ� Cirocco.</p><p>�S�, pero de verdad que no deseo quedar colgada del extremo �recobr� la respiraci�n y despu�s mir� al suelo de nuevo�. �Qu� puedo decir? Est� much�simo m�s lejos que antes, y el techo no est� ni un metro m�s cerca. As� ser� por bastante tiempo.</p><p>��Tres kil�metros, digamos?</p><p>�S�, si te parece�</p><p>Eso significaba cien d�as de escalada, suponiendo que no hubiera problemas. Cirocco gimi� suavemente y mir� otra vez, tratando de creer que hab�a cinco kil�metros pero sospechando que la distancia real estaba m�s cerca de dos.</p><p>Dieron la vuelta y encontraron dos ramas casi paralelas a dos metros y medio una de otra. Colgaron las hamacas entre ellas, se sentaron en otra rama y comieron una cena fr�a de vegetales crudos y fruta antes de meterse en las hamacas y atarse a ellas.</p><p>Dos horas despu�s empez� a llover.</p><p>Cirocco despert� con un goteo constante en su cara, movi� la cabeza y dio una ojeada al reloj. Hab�a m�s oscuridad que cuando se acostaron. Gaby roncaba con suavidad, a su lado, con el rostro apretado contra la red. Al despertar tendr�a tort�colis. Cirocco pens� en despertarla pero lo reconsider�; si pod�a dormir con la lluvia, tal vez estar�a mejor as�.</p><p>Antes de mover la hamaca, Cirocco se alej� hacia la copa del �rbol. No vio nada m�s que una nebulosa pared de vapor y un aguacero invariable. Llov�a mucho m�s fuerte hacia el centro. Lo �nico que les ca�a en el lugar del campamento era el agua que se amontonaba en las hojas externas y descend�a por las ramas.</p><p>Cuando regres�, Gaby estaba despierta y el goteo hab�a empeorado. Convinieron en que trasladar las hamacas no servir�a de mucho. Sacaron una tienda y, despu�s de arrancar varias costuras con los cuchillos, la convirtieron en un pabell�n que ligaron sobre el campamento. Se secaron lo mejor que pudieron y volvieron a meterse en las h�medas hamacas. El calor y la humedad eran terribles, pero Cirocco estaba tan fatigada que no tard� en dormirse con el sonido del agua que golpeaba la lona.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Dos horas m�s tarde volvieron a despertar. Estaban temblando.</p><p>�Una de esas noches �gru�� Gaby.</p><p>Los dientes de Cirocco rechinaban mientras las dos sacaban abrigos y mantas. Se envolvieron bien con la ropa y regresaron a las hamacas. Fue media hora antes de que Cirocco se sintiera suficientemente abrigada como para dormirse de nuevo.</p><p>El suave movimiento de oscilaci�n de los �rboles ayud�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco estornud� y la nieve revolote�. Era una nieve muy clara, muy seca, y hab�a flotado hasta llenar todos los huecos de la manta. Cirocco se sent� y la nieve se abalanz� sobre su regazo.</p><p>Pend�an car�mbanos de los bordes de la lona y las cuerdas que sosten�an la hamaca. Hab�a constantes sonidos de crujidos, el viento que azotaba las ramas, y el incesante matraqueo del hielo que golpeaba la helada lona. Una de las manos de Cirocco hab�a estado fuera de la manta y se hallaba tiesa y cuarteada cuando la estir� por el hueco y pinch� a Gaby.</p><p>��Eh? �Eh? �Gaby mir� a su alrededor con un ojo turbio y el otro cerrado por congeladas pesta�as�. �Oh, <emphasis>maldici�n! �</emphasis>se vio agobiada por la tos.</p><p>��Te encuentras bien?</p><p>�Aparte de una oreja helada, supongo que s�. �Y ahora. qu�?</p><p>�Nos pondremos encima todo lo que tenemos, me parece. Y luego, esperar que esto termine.</p><p>Fue dif�cil hacerlo, sentadas como estaban en una hamaca. Pero se las arreglaron. Hubo un desastre cuando Cirocco hizo un torpe gesto con sus dedos ateridos y vio que un guante se esfumaba velozmente entre los remolinos de nieve que hab�a debajo. Estuvo maldiciendo cinco minutos antes de recordar que a�n le quedaban los guantes de Gene.</p><p>Luego aguardaron.</p><p>Dormir fue imposible. Estaban bastante abrigadas en las capas de ropa y mantas, pero deseaban disponer de m�scaras y gafas protectoras. Cada diez minutos se sacud�an la nieve acumulada sobre sus cuerpos.</p><p>Intentaron hablar, pero el radio bull�a de ruido. Cirocco sinti� que los minutos se alargaban a horas cuando se inclin� con la manta por encima de la cabeza y escuch� el aullido del viento. Por encima de ese sonido, y mucho m�s inquietante, hab�a otro como de ma�z estallando. Las ramas, sobrecargadas de hielo, se part�an conforme el viento las fustigaba.</p><p>Aguardaron cinco horas. Todo lo que pas� fue que el viento se hizo m�s fr�o y violento. Una rama se quebr� cerca de las mujeres, y Cirocco escuch� c�mo tropezaba entre los �rboles cubiertos de hielo.</p><p>��Gaby! �Me oyes?</p><p>��S�, capitana! �Qu� hacemos ahora?</p><p>��Odio tener que decirlo, pero tendremos que trasladarnos! �Quiero estar en ramas m�s gruesas! �No creo que �stas se rompan, pero si se parte una encima de nosotras estaremos bien apa�adas�!</p><p>��S�lo estaba esperando que t� lo sugirieras!</p><p>Salir de las hamacas fue una pesadilla. Una vez fuera de ellas y de pie sobre la rama del �rbol fue a�n peor. Sus cuerdas de seguridad estaban heladas y hubo que doblarlas y retorcerlas trabajosamente para poder usarlas. Cuando empezaron a abrirse camino hacia adentro, fue necesario hacerlo paso a paso. Tuvieron que atar una segunda cuerda de seguridad antes de volver atr�s para quitar la primera; luego repitieron el proceso, haciendo los nudos con las manos enguantadas o quit�ndose r�pidamente los guantes antes de que los dedos quedaran entumecidos. Emplearon martillos y picos para astillar el hielo de las ramas por donde ten�an que pasar. Con todas sus precauciones, Cirocco cay� dos veces y Gaby una. La segunda ca�da de Cirocco concluy� con un m�sculo de su espalda distendido cuando la cuerda de seguridad fren� el descenso.</p><p>Tras una hora de lucha llegaron al tronco principal. Era uniforme y de bastante amplitud como para sentarse en �l. Pero el viento soplaba con m�s violencia que nunca, sin ramas que amansaran su fuerza.</p><p>Pusieron clavos en el �rbol, se ataron al tronco y se prepararon de nuevo a esperar que la tormenta acabara.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Me disgusta decirlo, pero no me noto los dedos de los pies.</p><p>Cirocco tosi� un buen rato antes de poder hablar.</p><p>��Qu� sugieres?</p><p>�No lo s� �dijo Gaby�. Lo que s� es que nos vamos a morir congeladas si no hacemos algo. O seguimos movi�ndonos o buscamos un refugio.</p><p>Ten�a raz�n, y Cirocco lo sab�a.</p><p>��Hacia arriba o hacia abajo?</p><p>�Abajo est� la escalera.</p><p>�Nos cost� un d�a llegar aqu�, sin hielo que complicara las cosas. Y hay otros dos d�as para regresar a las escaleras. Si es que la entrada no est� sepultada bajo la nieve.</p><p>�Lo estaba pensando.</p><p>�Si hemos de seguir, mejor ser� hacia arriba. De todos modos, a menos que este clima se suavice pronto, nos helaremos. Movernos lo postergar�a un poco, supongo.</p><p>�Lo mismo pensaba yo �dijo Gaby�. Pero primero me gustar�a probar otra cosa. Vayamos todo el rato junto a la pared. Recuerdo que hace tiempo hablaste de d�nde podr�an vivir los �ngeles, y mencionaste cuevas. A lo mejor hay cuevas ah� detr�s.</p><p>Cirocco sab�a que lo m�s importante era estar activas otra vez, lograr que la sangre corriera. As� que se arrastraron por el tronco del �rbol cortando el hielo al avanzar, y al cabo de quince minutos llegaron al muro.</p><p>Gaby lo estudi�, despu�s se prepar� y empez� a atacar el hielo con el pico. La capa se rompi� para revelar la sustancia gris, pero Gaby no dej� de picar. En cuanto Cirocco vio lo que su compa�era hac�a, se uni� a ella con otro pico.</p><p>Fue bien durante un rato. Cavaron un hoyo de medio metro de ancho. El l�quido lechoso se helaba conforme manaba de la pared, y las mujeres rompieron tambi�n ese hielo. Gaby era un demonio blanco; la nieve se incrustaba en su ropa y en la bufanda de lana echada sobre boca y nariz, convirtiendo sus cejas en espesos rebordes blancos.</p><p>Pronto llegaron a una nueva capa demasiado dura para cortarla. Gaby la atac� con fiereza, pero finalmente admiti� que no iba a ninguna parte. Dej� caer la mano a un lado y mir� con furia la pared.</p><p>�Bueno, era una idea.</p><p>Gaby pate� con enojo la nieve que hab�a ca�do a su alrededor mientras trabajaban, debido a las vibraciones. La mir�, luego estir� el cuello y escudri�� la oscuridad. Dio un paso atr�s y se agarr� al brazo de Cirocco para sujetarse cuando se desliz� sobre los fragmentos de hielo.</p><p>�Hay un trozo m�s oscuro hacia all� �dijo, se�alando�. Diez�, no, quince metros m�s arriba. Un poco a la derecha, �lo ves?</p><p>Cirocco ve�a varios lugares oscuros, pero ninguno le daba alguna certeza de que pareciera cueva.</p><p>�Subir� a echar un vistazo.</p><p>�Deja que yo lo haga. Has estado trabajando mucho.</p><p>Gaby neg� con la cabeza.</p><p>�Soy m�s ligera.</p><p>Cirocco no discuti� y Gaby clav� un clavo en la pared a la m�xima altura que le fue posible. At� una cuerda y trep� lo suficiente como para clavar un segundo clavo. Cuando estuvo asegurado, arranc� el primero y lo clav� un metro por encima del segundo.</p><p>Le cost� una hora llegar al lugar. Abajo, Cirocco tiritaba y pateaba el tronco para sacudirse la lluvia de hielo que Gaby dispersaba a su alrededor. Despu�s, un mont�n de nieve que se hab�a soltado cay� sobre su espalda y la hizo arrodillarse.</p><p>��Lo siento! �grit� Gaby�. �Pero he logrado algo aqu�! �D�jame que lo limpie y podr�s subir!</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La entrada alcanzaba apenas para que Cirocco pasara encogida, aun despu�s de que Gaby rompiera la mayor parte del hielo. Dentro hab�a una burbuja hueca con un di�metro de metro y medio y algo menos de la mitad entre suelo y techo. Cirocco tuvo que sacarse la mochila y tirar de ella despu�s de entrar. Con las dos mujeres y sus mochilas en el interior apenas se pod�a encontrar espacio para guardar una caja de zapatos y a�n poder respirar, pero no para mucho m�s.</p><p>�C�modo, �eh? �dijo Gaby, apartando de su cuello el codo de Cirocco.</p><p>�Lo siento. Oh, tambi�n siento esto. �Gaby, mi pie!</p><p>�Perd�name. Si te apretaras� As� est� mejor, pero ojal� no te pongas de pie.</p><p>��C�mo? �Oh, caramba! �se ech� a re�r de repente. Estaba agachada con la espalda contra el techo y las rodillas dobladas mientras Gaby se apartaba hacia adentro y trataba de no molestar.</p><p>��Qu� te hace tanta gracia?</p><p>�Me acordaba de una pel�cula antigua. Laurel y Hardy con bata de noche, intentando acostarse en una litera superior.</p><p>Gaby sonre�a, aunque era obvio que no sab�a de qu� hablaba Rocky.</p><p>�Una litera superior� �Te imaginas? En un tren de largo recorrido� Olv�dalo. Acabo de pensar que tendr�an que haber probado con ropas �rticas y un par de maletas en el interior. �C�mo quieres arreglar esto?</p><p>Echaron el resto de la nieve fuera de la diminuta cueva y apilaron las mochilas frente a la abertura para taparla. Al hacerlo, desapareci� la poca luz que hab�a pero el viento dej� de colarse y eso las conform�. Tras pugnar durante veinte minutos lograron tenderse una junto a otra. Cirocco apenas pod�a moverse, pero detalles como �se ya no le preocupaban con aquel bendito calorcillo.</p><p>��Crees que podremos dormir un poco ahora? �pregunt� Gaby.</p><p>�Pues yo tengo muchas ganas. �C�mo van tus pies?</p><p>�Bien. Me pican, pero se est�n calentando.</p><p>�Los m�os tambi�n. Buenas noches, Gaby �Cirocco vacil� s�lo un momento, luego se inclin� y bes� a su amiga.</p><p>�Te quiero, Rocky.</p><p>�Du�rmete �le respondi� Cirocco, sonriendo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La siguiente vez que Cirocco despert�, el sudor formaba gotas en su frente. Su ropa estaba empapada. Alz� la cabeza, atontada, y advirti� que pod�a ver. Mientras se preguntaba si el tiempo habr�a cambiado apart� su mochila ligeramente, luego con m�s apremio, y entonces descubri� que la entrada de la cueva estaba cerrada.</p><p>Estuvo a punto de despertar a Gaby, pero se contuvo; antes, trata de salir, se dijo.</p><p>Era absurdo decir a Gaby que las hab�an comido vivas de nuevo, a menos que fuera realmente cierto. Gaby no acoger�a bien la noticia; la idea de estar confinada en un espacio tan reducido �algo malo por s� mismo� fue aterrador cuando Cirocco pens� en Gaby y en su p�nico contagioso.</p><p>Result� que no hab�a motivo de alarma. Mientras Cirocco exploraba la pared donde hab�a estado el agujero, el muro empez� a moverse, iris�ndose hasta volverse tan amplio como antes. Hab�a una clara ventana de hielo con luz tenue detr�s. Rocky la golpe� con el pu�o enguantado y el hielo se rompi�. Aire glacial entr� al instante, y Cirocco se apresur� a bloquear el boquete con la mochila.</p><p>Al cabo de unos minutos apart� la mochila. El agujero se hab�a cerrado algunos cent�metros.</p><p>Observ� pensativamente el peque�o agujero en el intento de aclarar los hechos en su mente. S�lo cuando crey� entenderlo sacudi� el hombro de Gaby.</p><p>�Despierta, chica. Es hora de que volvamos a hacer ajustes.</p><p>��Hmmm? �Gaby se despert� enseguida�. Caramba, esto es un horno.</p><p>�A eso me refiero. Tendremos que quitarnos algo de ropa. �Quieres ser la primera?</p><p>�Adelante. Procurar� no estorbarte.</p><p>�Bien. �Por qu� har� tanto calor aqu� dentro? �Has pensado en eso?</p><p>�Acabo de despertar, Rocky. Ten coraz�n.</p><p>�Bueno� Te lo explicar�. Toca las paredes �Cirocco realiz� la complicada tarea de quitarse el abrigo mientras Gaby hac�a el mismo descubrimiento que ella hab�a hecho antes.</p><p>�Est�n calientes.</p><p>�Exacto. No pude explicarme esta pared desde el principio. Pens� que los �rboles no estaban planeados, como los brotes del cable, pero esos �rboles no pod�an crecer aqu�, tal como yo lo veo, sin que la pared los nutriera. Intent� imaginar qu� tipo de m�quina ser�a capaz de hacerlo mejor y recurr� a un mecanismo bioqu�mico natural. Un animal, o vegetal, probablemente ajustado de un modo gen�tico. Me resultaba dif�cil que algo as� pudiera haber evolucionado en ning�n momento razonable. Tiene trescientos kil�metros de altura, es hueco en el medio, y se adhiere a la pared <emphasis>aut�ntica.</emphasis></p><p>��Y los �rboles son par�sitos? �Gaby se lo estaba tomando mejor de lo que Cirocco esperaba.</p><p>�S�lo en el sentido de que extraen alimento de otro animal. Pero no son par�sitos genuinos, porque as� fue <emphasis>planeado. </emphasis>Los constructores idearon este animal inmenso como h�bitat de los �rboles, y los �rboles, a su vez, ofrecieron h�bitats para animales m�s peque�os, y tal vez para los �ngeles.</p><p>Gaby medit� en ello y mir� fijamente a Cirocco.</p><p>�Muy parecidos a los grandiosos animales que suponemos viven bajo el borde �dijo en voz baja.</p><p>�S�, algo as� �Cirocco vigilaba a Gaby en busca de indicios de p�nico, pero ni siquiera detect� que respirara con dificultad�. �Te� eh, te preocupa eso?</p><p>��Te refieres a mi famosa fobia?</p><p>Cirocco extendi� el brazo por detr�s de la mochila e hizo que la entrada se abriera de nuevo, luego apart� la mochila y dej� que Gaby contemplara la acci�n. El agujero empez� a cerrarse lentamente.</p><p>�Descubr� esto antes de despertarte. Mira, se est� cerrando, pero se abrir� otra vez si le haces cosquillas. <emphasis>No </emphasis>estamos atrapadas, y esto no es un est�mago o algo�</p><p>Gaby le toc� la mano, sonriendo d�bilmente.</p><p>�Aprecio tu preocupaci�n.</p><p>�Bueno, no pretend�a confundirte, yo s�lo�</p><p>�Has hecho lo correcto. Si yo lo hubiera visto antes, tal vez todav�a estar�a chillando. Pero no soy claustrof�bica en esencia. Tengo una nueva fobia que quiz� sea muy personal; miedo a que me coman viva. Pero, por favor, dime qu� es esto si no es un est�mago� Necesito una explicaci�n muy convincente.</p><p>�No existe paralelo con ninguna criatura que conozca �se hab�a quedado con la �ltima capa de ropa, y decidi� detenerse en ese punto�. Esto es un refugio �a�adi�, esforz�ndose por encogerse al ver que Gaby empezaba a desnudarse�. Precisamente lo estamos usando como tal: un lugar para guarecernos del fr�o. Jurar�a que los �ngeles habitan en cuevas como �sta. Y quiz�s otros animales. Es posible que la criatura obtenga algo de ello. Tal vez los excrementos la fertilizan.</p><p>�Hablando de excrementos�</p><p>�S�, tengo el mismo problema. Tendremos que usar un tarro de comida vac�o o algo as�.</p><p>��Dios! Ya huelo como un camello. Este lugar ser� muy agradable si el tiempo no mejora pronto.</p><p>�No es tan malo. Yo huelo peor.</p><p>�Muy diplom�tico de tu parte �Gaby hab�a llegado a su ropa interior, tan llamativamente confeccionada�. Querida m�a, vamos a estar viviendo juntas durante un tiempo, maldici�n. As� que el recato no sirve de nada. Si te has dejado esa ropa debido a�</p><p>�No, de verdad que no �dijo Cirocco, con excesiva prontitud.</p><p>��debido a que temes excitarme, pi�nsalo mejor. De todas formas, es como si no estuviera. Espero que no te importe que me saque esto y le d� una oportunidad de secarse �as� lo hizo, sin esperar permiso, y despu�s se tendi� junto a Cirocco.</p><p>�Puede que eso fuera una parte �admiti� Cirocco�. La otra raz�n, la mayor, casi me sonroja. Tengo la regla.</p><p>�As� lo pensaba. No te dije nada por cortes�a.</p><p>�Qu� diplom�tica <emphasis>eres.</emphasis></p><p>Las dos se echaron a re�r, aunque Cirocco sinti� que la sangre sub�a a sus mejillas. Algo infinitamente embarazoso. Estaba acostumbrada a la melindrosa rutina a bordo de la nave. Estar desarreglada y no ser capaz de hacer nada al respecto la consternaba. Gaby sugiri� que Cirocco usara una venda del botiqu�n, aunque s�lo fuera por comodidad personal. Cirocco se dej� convencer, feliz porque la idea hubiera partido de Gaby. Ella no habr�a usado material m�dico con un fin as� sin la aprobaci�n de Gaby.</p><p>Estuvieron en silencio alg�n rato, con Cirocco desagradablemente consciente de la cercan�a de Gaby, aunque convencida de que ten�a que acostumbrarse. Tal vez tuvieran que pasar d�as en el refugio.</p><p>Gaby no parec�a molesta en absoluto, y Cirocco no tard� en abandonar la aguda percepci�n del cuerpo de la otra mujer. Tras una hora de intentar dormir, empez� a sentirse aburrida por todo.</p><p>��Est�s despierta?</p><p>�Siempre ronco cuando estoy despierta �Gaby suspir� y se sent�. Caramba, tendr� que estar mucho m�s dormida antes de meterme en el saco contigo tan cerca. Eres tan c�lida, tan blanda�</p><p>Cirocco hizo caso omiso.</p><p>��Sabes alg�n juego para pasar el rato?</p><p>Gaby se puso de costado, encarada a Cirocco.</p><p>�Soy capaz de pensar cosas muy buenas.</p><p>��Sabes jugar al ajedrez?</p><p>�Tem�a que dijeras eso. �Quieres blancas o negras?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El hielo se formaba en la entrada con la misma rapidez con que lo romp�an.</p><p>Al principio estuvieron preocupadas por el ox�geno, pero unos cuantos experimentos demostraron que siempre habr�a el aire adecuado aun con la abertura completamente cerrada. La �nica explicaci�n era que la c�psula de supervivencia funcionaba como un vegetal, absorbiendo di�xido de carbono por las paredes internas.</p><p>Descubrieron un pez�n en la parte trasera de la cueva. Cuando lo apretaron, exud� la misma sustancia lechosa que hab�an visto antes. La probaron, pero decidieron ce�irse a sus provisiones mientras les bastaran. Se trataba de la leche de Gea que Maestra Cantora hab�a mencionado a Cirocco. Sin duda alguna alimentaba a los �ngeles.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Lentamente las horas se volvieron d�as, las partidas de ajedrez en torneos. Gaby gan� la mayor parte. Intentaron nuevos juegos con palabras y n�meros y tambi�n Gaby gan� la mayor�a. Con todo lo que hab�an pasado juntas, con todas las cosas que las un�an y todas las cosas que las separaban las reservas de Cirocco y el orgullo de Gaby, no hicieron el amor hasta el tercer d�a.</p><p>Sucedi� durante una de las veces que ambas se limitaban a contemplar el techo apenas luminiscente, a escuchar el bramido del viento en el exterior. Estaban aburridas, demasiado llenas de energ�a y ligeramente afectadas por el prolongado encierro. Cirocco estaba devanando una interminable madeja de racionalizaciones en su cabeza: Razones Por Las Que Yo No Debo Relacionarme �ntimamente Con Gaby. Primera)�</p><p>No pod�a recordar Primera).</p><p>Hab�a sido l�gico durante dos d�as. �Por qu� no ahora?</p><p>Estaba la situaci�n; sin duda era eso lo que hab�a afectado su raciocinio. No hab�a llegado nunca a un contacto tan �ntimo con otro ser humano. Durante tres d�as hab�an permanecido en constante contacto f�sico. Cirocco se despertaba en brazos de Gaby, h�meda y excitada. Y, peor a�n, era inevitable que Gaby lo percibiera. Eran capaces de husmear los menores cambios en el talante de cada una.</p><p>Pero Gaby hab�a dicho que no la deseaba, a menos que Cirocco correspondiera su amor.</p><p>�No era cierto?</p><p>No. Cirocco lo pens� de nuevo y comprendi� que lo �nico que hab�a dicho Gaby que necesitaba era un entusiasmo sincero por parte de Cirocco; ella no aceptar�a un acto sexual como terapia para mitigar su dolor.</p><p>Muy bien. Cirocco ten�a el entusiasmo. Jam�s lo hab�a sentido con tanta fuerza. Se estaba conteniendo m�s que nada porque no era homosexual, era bisexual con una fuerte preferencia por el sexo masculino, y cre�a que no deb�a relacionarse con una mujer que la amaba a menos que sintiera que pod�a pasar m�s all� del primer contacto.</p><p>�cosa que deb�a ser calificada como la mayor tonter�a que Cirocco hubiera escuchado en toda su vida. Palabras, palabras, s�lo palabras est�pidas. Escucha tu cuerpo, y escucha tu coraz�n.</p><p>Su cuerpo no ten�a reservas ocultas, y su coraz�n s�lo ten�a una. Se volvi� y se puso encima de Gaby. Se besaron, y Cirocco empez� a acariciarla.</p><p>�No puedo afirmar que te amo y ser honesta, porque no estoy segura de saber c�mo es el amor a una mujer. Morir�a defendi�ndote, y tu bienestar es m�s importante para m� que el de cualquier otro ser humano. Nunca he tenido una amiga tan buena como t�. Si eso no basta, me parar�.</p><p>�No te pares.</p><p>�Cuando am� a un hombre, en cierta ocasi�n, quise tener un hijo suyo. Lo que siento por ti se acerca mucho a lo que sent� entonces, pero sin ese detalle. Te deseo� �Oh, te deseo tanto que ni siquiera puedo expresarlo! Pero no puedo asegurar que te ame.</p><p>Gaby sonri�.</p><p>�La vida est� llena de desenga�os �rode� con los brazos a Cirocco y la atrajo hacia s�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Durante cinco d�as el viento bram� en el exterior. El sexto, empez� el deshielo, y dur� hasta el s�ptimo d�a.</p><p>Durante el deshielo era peligroso salir. Trozos de hielo ca�an desde arriba, formando un terrible alboroto. Cuando acab� el derretimiento, Cirocco y Gaby surgieron, parpadeando, a un mundo fr�o y radiante de agua que les cuchicheaba.</p><p>Se abrieron paso hasta la copa del �rbol m�s cercano, oyendo que el cuchicheo se hac�a m�s fuerte. Cuando las ramas m�s peque�as empezaron a doblarse bajo el peso de las mujeres. �stas se introdujeron en una suave lluvia: grandes gotas que ca�an de hoja en hoja en un lento movimiento.</p><p>El aire del centro de la columna era claro, pero alrededor de las mujeres, tan lejos como les alcanzaba la visi�n, las paredes estaban envueltas en arco iris en tanto que el cielo fundido descend�a entre el follaje hasta el nuevo lago del suelo del radio.</p><p>��Ahora, qu�? �pregunt� Gaby.</p><p>�Adentro. Adentro y arriba. Hemos perdido mucho tiempo.</p><p>Gaby asinti�.</p><p>�No me importa, ya lo sabes, mientras t� vayas. Pero�, �querr�as decirme una vez m�s, por qu�?</p><p>Cirocco estuvo a punto de contestar que era una pregunta est�pida, pero comprendi� que no lo era. Hab�a admitido ante Gaby, durante el largo encarcelamiento, que hab�a dejado de creer que encontrar�an a alguien al mando en el cubo de la rueda. Ni ella misma sab�a cu�ndo hab�a dejado de creerlo.</p><p>�Hice una promesa a Maestra Cantora �dijo�. Y ahora ya no tengo m�s secretos para ti. Ninguno.</p><p>�Promesa�, �de qu�? �Gaby arque� las cejas.</p><p>�Comprobar si puedo hacer algo para detener la guerra entre tit�nidas y �ngeles. No he dicho nada a nadie. No estoy segura del porqu�.</p><p>�Comprendo. �Piensas que <emphasis>puedes </emphasis>hacer algo?</p><p>�No �Cirocco repar� en que Gaby, sin responderle, no le quitaba la mirada�. Tengo que hacer el intento. �Por qu� me miras as�?</p><p>�Por nada �Gaby se encogi� de hombros�. Sentir� curiosidad por saber tus motivos despu�s que encontremos a los �ngeles. <emphasis>Seguiremos </emphasis>adelante, �no?</p><p>�As� lo creo. No s� por qu�, pero me parece que es lo correcto.</p></section><section><title><p>CAPITULO 22</p></title><p>El mundo era una serie interminable de �rboles que subir. Cada �rbol era una variaci�n del mismo problema; tan diferentes como copos de nieve, empero con una aturdidora identidad. La comunicaci�n precisa para cruzarlos se ejecutaba con gestos de manos y gru�idos. Las dos mujeres se convirtieron en una perfecta m�quina trepadora de �rboles, un cuerpo movi�ndose siempre hacia arriba. Escalaban doce horas seguidas. Cuando acampaban, dorm�an como un muerto.</p><p>Debajo de ellas, el suelo se abri� y un mar de agua cay� sobre Rea. El hueco sigui� abierto algunas semanas, luego se cerr� al abrirse el techo y los g�lidos vientos soplaron una vez m�s y forzaron a las mujeres a refugiarse. Cinco d�as de oscuridad, y de nuevo estuvieron fuera, trepando.</p><p>Hab�an pasado seis d�as desde el tercer invierno cuando vieron al primer �ngel. Dejaron de subir y observaron que el �ngel las contemplaba.</p><p>La criatura se hallaba cerca de la copa del �rbol, confundida entre las ramas. Hab�an escuchado �ngeles gimiendo con anterioridad, a veces precediendo el sonido del batir de alas gigantescas. Con todo, hasta aquel momento, el conocimiento que ten�a Cirocco de los �ngeles se limitaba a un instante petrificado cuando hab�a visto uno atravesado por una lanza tit�nida.</p><p>El �ngel era m�s peque�o que Gaby, con un pecho inmenso y brazos y piernas larguiruchos. Ten�a garras en lugar de pies. Sus alas brotaban justo por encima de las caderas, de manera que volando estar�a horizontal con la misma cantidad de peso a cada lado. Plegadas, llegaban por arriba de la cabeza con las puntas arrastr�ndose por debajo de las ramas donde se hab�a posado. Las superficies de vuelo de sus piernas, brazos y trasero estaban casi recogidas.</p><p>Tras notar todas estas diferencias, Cirocco tuvo que admitir que el rasgo m�s sorprendente era su aspecto humano. Parec�a un ni�o desnutrido, pero indudablemente un ni�o humano.</p><p>Gaby mir� a Cirocco, que se encogi� de hombros e hizo un gesto para que su compa�era estuviera lista para todo. Cirocco dio un paso al frente.</p><p>El �ngel chill� y brinc� hacia atr�s. Sus alas se desplegaron hasta alcanzar su m�xima envergadura �unos nueve metros�, y el �ngel se mantuvo en equilibrio, bati�ndolas perezosamente lo suficiente para mantenerse sobre ramas que eran demasiado delgadas como para soportar su peso.</p><p>�Nos gustar�a hablar contigo �Cirocco extendi� las manos.</p><p>El �ngel chill� de nuevo y desapareci�. Escucharon el estruendo de las alas mientras el fugitivo ganaba altura.</p><p>Gaby mir� a Cirocco, que alz� una ceja e hizo un gesto interrogativo con una mano.</p><p>�Bueno. Arriba.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Capitana.</p><p>Cirocco se qued� inm�vil al instante. Delante, Gaby se detuvo al ponerse tensa la cuerda que la un�a con Rocky.</p><p>��Qu�?</p><p>�Silencio. Escucha.</p><p>Aguardaron, y al cabo de poco rato son� de nuevo la llamada. Esta vez Gaby tambi�n la escuch�.</p><p>�No puede ser Gene �murmur� Gaby.</p><p>��Calvin?</p><p>En cuanto vieron la figura, reconocieron la voz. Estaba curiosamente cambiada, pero Cirocco la conoc�a.</p><p>�April.</p><p>�Justo �son� la r�plica, aunque Cirocco no hab�a hablado muy fuerte�. �Hablamos?</p><p>�Claro que quiero hablar. �D�nde diablos est�s?</p><p>�Abajo. Os veo. No retroced�is.</p><p>��Por qu� no? Caramba, April, llevamos meses esperando que aparecieras. August ha estado enloqueciendo �Cirocco estaba muy seria. Algo iba mal, y ella quer�a saber qu� era.</p><p>�Yo me acercar�, o nada. Si os acerc�is a m�. me ir� volando.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>April se pos� en las ramas m�s peque�as, a veinte metros de las otras mujeres. Aun a esa distancia Cirocco distingui� el rostro, exactamente igual que el de August. Ella era un �ngel, y Cirocco se qued� p�lida.</p><p>Daba la impresi�n de que April ten�a problemas con el habla. Hac�a largas pausas entre las frases.</p><p>�Por favor, no os acerqu�is. No os mov�is hacia m�. Podremos hablar as� s�lo un rato.</p><p>�No creer�s que vamos a hacerte da�o, �verdad?</p><p>��Y por qu� no? �se interrumpi�, retrocediendo�. Yo� No, supongo que no. Pero me es tan imposible dejar que os acerqu�is como aguantar la mano en el fuego. Ol�is muy mal.</p><p>��Tiene algo que ver con las tit�nidas?</p><p>��Conque?</p><p>�Los centauros. El pueblo con el que pele�is.</p><p>April emiti� un silbido y se ech� hacia atr�s.</p><p>�No habl�is de esa gente.</p><p>�No creo que pueda evitarlo.</p><p>�Entonces tengo que marcharme. Tratar� de volver.</p><p>Con un grito agudo, April se zambull� entre las hojas. Escucharon sus alas un rato, y a continuaci�n fue como si ella no hubiera estado nunca all�.</p><p>Cirocco mir� a Gaby, sentada con los pies colgando. El semblante de la mujer era sombr�o.</p><p>�Es espantoso �musit� Cirocco�. �Qu� nos ha sucedido a todos?</p><p>�Confiaba en que ella nos diera algunas respuestas. No s� la causa, pero April ha sido la que recibi� la peor parte. Peor que Gene.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>April regres� algunas horas despu�s, pero no respondi� las preguntas m�s importantes. Al parecer ni siquiera hab�a pensado en ellas.</p><p>��C�mo iba a saberlo? �dijo�. Me encontraba en la oscuridad, despert� y ya era como me veis. No importaba, y no importa ahora.</p><p>��Puedes explicarte?</p><p>�Soy feliz. Nadie me quer�a, ni a m� ni a mis hermanas. Nadie nos amaba. Bueno, ahora no me hace falta. Pertenezco al clan del �guila, orgullosa y solitaria.</p><p>Un precavido interrogatorio puso en descubierto lo que significaba pertenecer al clan del �guila. No se trataba de una tribu o asociaci�n, tal como pareci� desprenderse de las palabras de April; era m�s bien el sentimiento de pertenecer a la especie �ngel.</p><p>Las �guilas eran insociables, solitarias desde el nacimiento a la muerte. No se reun�an ni para aparearse, s�lo toleraban verse unas a otras algunos minutos seguidos, y adem�s s�lo volando a una c�moda distancia. April se hab�a enterado de la presencia de humanos en el radio gracias a una de esas conversaciones espor�dicas.</p><p>�Hay dos cosas que no entiendo �dijo Cirocco, con mucho tacto�. �Puedo preguntar?</p><p>�No prometo responder.</p><p>�Muy bien. �C�mo es que hay m�s �ngeles, si no os junt�is?</p><p>�Existe una criatura no sensible que nace en la parte inferior del mundo. Pasa su vida subiendo hasta aqu�. Una vez al a�o yo encuentro una e implanto un huevo en su dorso. Los �ngeles varones depositan esperma ah�, o no, depende de la suerte. Un huevo fecundado llega a la parte superior con la criatura. El infante nace y el hu�sped muere. Nacemos en el aire y debemos aprender a volar en el descenso. Algunos no aprenden. Es a voluntad de Gea. Esta es nuestra�</p><p>�Un momento. Has dicho Gea. �Por qu� has elegido ese nombre?</p><p>Hubo una pausa.</p><p>�No comprendo la pregunta.</p><p>�No s� explicarlo mejor. Calvin llam� Gea a este lugar. Lo crey� adecuado. �Tambi�n t� est�s por la mitolog�a griega?</p><p>�Nunca antes hab�a o�do el nombre. Gea es el nombre que la gente da a esta criatura. Es una especie de dios, aunque no exactamente. Est�s haciendo que me duela la cabeza. Soy feliz tal como soy, y ahora debo marcharme.</p><p>�Espera, espera s�lo un momento.</p><p>April estaba retrocediendo hacia la copa del �rbol.</p><p>�Has dicho �criatura�. �Te refieres a la que est� en el radio?</p><p>April se sorprendi�.</p><p>�Oh, no. El radio es s�lo una parte de Gea. Todo el mundo es Gea. Cre� que lo sab�as�</p><p>�No, yo� Espera, por favor, no te vayas.</p><p>Demasiado tarde. Escucharon el batir de las alas.</p><p>��Volver�s m�s tarde? �grit� Cirocco.</p><p>�Una vez m�s �lleg� la distante r�plica.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Un ser, dices. Todo es una criatura. �C�mo lo sabes?</p><p>Esta vez April volvi� apenas una hora despu�s. Cirocco esperaba que ella volviera a acostumbrarse a la compa��a, pese a que April nunca se acercaba a menos de veinte metros.</p><p>�Cr�elo. Algunos de mi raza han hablado con ella.</p><p>��Es inteligente, entonces?</p><p>��Por qu� no? Escucha� capitana �April se apret� las sienes un instante. Cirocco imaginaba el conflicto. April hab�a sido uno de los mejores f�sicos del sistema. Ahora viv�a como un feroz animal salvaje, de acuerdo con un c�digo apenas comprensible para Cirocco. Rocky pens� que la antigua April estaba pugnando por salir de la criatura en que se hab�a transformado�. Cirocco, afirmas que hablas con� con esos del borde �era lo m�ximo que pod�a aproximarse al concepto de tit�nidas sin echarse a volar�. Ellos te entienden. Calvin habla con los flotadores. Los cambios que Gea produjo en m� son m�s completos. Yo <emphasis>soy </emphasis>un miembro de mi raza. Me despert� sabiendo c�mo comportarme entre los �ngeles. Tengo los mismos sentimientos y tendencias que cualquier otro �ngel. Esto es algo que s�. Gea es �nica. Gea vive. Nosotros vivimos dentro de ella.</p><p>Gaby palidec�a.</p><p>�Basta con que mires a tu alrededor �prosigui� April�. �Has visto algo que parezca una m�quina? �Algo�? Fuimos apresados por una bestia viviente, t� postulas una criatura bajo el borde. El radio est� lleno de un enorme ser viviente; t� afirmas que es un revestimiento de la estructura interna.</p><p>�Lo que dices es intrigante.</p><p>�M�s que eso. Es verdad.</p><p>�Si lo acepto, no encontrar� una sala de mando en el cubo.</p><p>�Pero estar�s en el lugar que habita. Ella se acomoda como una ara�a y tira de cuerdas como una titiritera. Gea vigila a todas sus criaturas y os posee a vosotras dos como seguramente me posee a m�. Nos ha manipulado para sus fines personales.</p><p>��Y cu�les son esos fines?</p><p>April encogi� los hombros, un gesto humano cuya observaci�n hiri� a Cirocco.</p><p>�Ella no me los explic�. Fui al cubo, pero Gea se neg� a verme. Mi gente dice que hay que participar en una gran misi�n para ganar la atenci�n de Gea. Al parecer mi misi�n no era demasiado grande�</p><p>��Y qu� le habr�as preguntado?</p><p>April guard� silencio mucho rato. Cirocco advirti� que estaba llorando. El �ngel volvi� a mirarlas.</p><p>�Me hac�is sufrir. Creo que ya no hablar� m�s con vosotras.</p><p>�Por favor, April. Por favor, por la amistad que tuvimos.</p><p>��Ah, s�? �De verdad hemos sido amigas? No lo recuerdo. S�lo recuerdo a August, y hace mucho tiempo, mis otras hermanas. Siempre hemos estado a solas todas juntas. Ahora estoy sola, sola.</p><p>��Echas de menos a tus hermanas?</p><p>�Lo hice �dijo, de un modo hueco�. Eso fue hace mucho tiempo. Yo vuelo, vuelo para estar sola. La soledad es el mundo del clan del �guila. S� que es correcto, aunque antes� antes, cuando todav�a a�oraba a mis hermanas�</p><p>Cirocco se qued� muy quieta, temerosa de asustar a April.</p><p>�Nos agrupamos s�lo en un momento dado �dijo April, con un silencioso suspiro�. Cuando Gea respira, despu�s del invierno, nos arroja hacia las tierras�</p><p>�Vol� con el viento aquel d�a. Fue un d�a espl�ndido. Matamos mucho porque mi gente me escuch� y subimos al gran flotador. Los cuatropatas se sorprendieron porque la respiraci�n hab�a terminado. Unos cuantos �ngeles nos quedamos en el flotador, cansados y hambrientos, pero con la avidez a�n en nuestra sangre, todav�a capaces de actuar juntos.</p><p>�Fue un d�a para cantar grandes canciones. Mi gente me sigui�, �a m�!, hizo lo que yo dije, y supe en mi coraz�n que los cuatropatas pronto ser�n eliminados de Gea. Esto no fue m�s que la primera escaramuza de la nueva guerra.</p><p>�Luego vi a August y perd� la cabeza. Quise matarla, quise huir de ella, quise abrazarla y llorar juntas.</p><p>�Hu�.</p><p>�Ahora temo la respiraci�n de Gea, porque un d�a me llevar� abajo a matar despiadadamente a mi hermana, y entonces morir�. Soy Ariel la Veloz, pero queda tanta April Polo en m� que no podr�a vivir con una cosa as�.</p><p>Cirocco se conmovi�, pero no pudo evitar excitarse. April hablaba como si ella fuera importante en la comunidad ang�lica. Sin duda alguna los �ngeles le prestar�an atenci�n.</p><p>�Ocurre que estoy aqu� arriba para lograr la paz �dijo.� �No te vayas! �Por favor, no te vayas!</p><p>April se estremeci�, pero resisti�.</p><p>�La paz es imposible.</p><p>�No puedo creerlo. Muchas tit�nidas est�n hartas en e! fondo, igual que t�.</p><p>April mene� la cabeza.</p><p>��Es que un cordero negocia con un le�n? �Un murci�lago con un insecto, un p�jaro con un gusano?</p><p>�Est�s hablando de predadores y presas.</p><p>�Enemigos naturales. Est� impreso en nuestros genes: matar a los cuatropatas. Yo�, como April, comprendo lo que piensas. La paz deber�a ser posible. Debemos volar distancias incre�bles s�lo para entrar en batalla. Muchos de nosotros no hacen el viaje de vuelta. La ascensi�n es muy dura y caemos al mar.</p><p>Cirocco sacudi� la cabeza.</p><p>�Lo �nico que pienso es que si pudiera reunir algunos representantes�</p><p>�Te lo aseguro, es imposible. Somos �guilas. Ni tan s�lo podr�as conseguir que actu�ramos como grupo, mucho menos que nos reunamos con los cuatropatas. Hay otros clanes, algunos sociables, pero no habitan este radio. Quiz� tengas suerte all�, pero lo dudo.</p><p>Las tres guardaron silencio un rato. Cirocco sinti� el peso de la derrota y Gaby puso la mano en su hombro.</p><p>��Qu� piensas? �Est� diciendo la verdad?</p><p>�Sospecho que s�. Es parecido a lo que me explic� Maestra Cantora. No tienen control de eso �mir� hacia arriba y se dirigi� a April�. Has dicho que intentaste ver a Gea. �Por qu�?</p><p>�Paz. Quer�a preguntar a Gea el porqu� de la guerra. Soy bastante feliz, excepto por eso. Ella no escuch� mi llamada.</p><p>O ella no existe, pens� Cirocco.</p><p>��Ir�s a verla, a pesar de todo? �pregunt� April.</p><p>�No lo s�. �Con qu� fin? �Es que este ser sobrehumano detendr�a una guerra s�lo porque yo lo pido?</p><p>�En la vida hay cosas peores que tener una b�squeda pendiente. Si te volvieras atr�s ahora, �qu� har�as?</p><p>�Tampoco lo s�.</p><p>�Has recorrido un largo camino. Debes haber superado grandes dificultades. Mi gente opina que a Gea le gusta una buena narraci�n, y que le complacen los grandes h�roes. �Eres un h�roe?</p><p>Cirocco pens� en Gene girando y cayendo en la oscuridad, en Flauta de Pan corriendo hacia su destino, en la locha abati�ndose sobre ella. Seguramente un h�roe lo habr�a hecho mejor.</p><p>�Lo es �dijo Gaby de repente�. De todos nosotros, s�lo Rocky se ha aferrado a su objetivo. Todav�a estar�amos sentados en chozas de barro si ella no nos hubiera empujado. Siempre nos ha hecho ir hacia una meta. Tal vez no la alcancemos, pero cuando esa nave de rescate llegue, apuesto a que nos encontrar�n intent�ndolo todav�a.</p><p>Cirocco se sent�a inc�moda, aunque tambi�n extra�amente conmovida. Hab�a estado debati�ndose contra una sensaci�n de fracaso desde la captura; no hac�a da�o saber que alguien creyera que ella estaba obrando bien. Pero�, �una hero�na? No. S�lo hab�a cumplido con su deber. A duras penas.</p><p>�Creo que Gea se impresionar� �dijo April�. Ve a verla. Qu�date en su cubo y grita. No te humilles o supliques. Dile que tienes derecho a ciertas respuestas, por todos nosotros. Ella escuchar�.</p><p>�Ven con nosotras, April.</p><p>La mujer-�ngel retrocedi�.</p><p>�Me llamo Ariel la Veloz. No voy con nadie y nadie me acompa�a. Nunca volveremos a vernos.</p><p>Salt� una vez m�s y Cirocco supo que cumplir�a su palabra.</p><p>Mir� a Gaby, que volvi� la vista hacia arriba con un leve crispamiento en los labios.</p><p>��Arriba?</p><p>��Por qu� no, diantres? <emphasis>Hay </emphasis>algunas cosas que me gustar�a preguntar.</p></section><section><title><p>CAPITULO 23</p></title><p>�No soy un h�roe, �sabes?</p><p>�Claro que no, hero�na.</p><p>Cirocco solt� una risita. Estaban acostadas en el �ltimo d�a de su decimocuarto invierno juntas, su octavo mes en el radio. Ahora s�lo diez kil�metros las separaban del cubo de la rueda. Podr�an hacerlo en un abrir y cerrar de ojos, en cuanto el deshielo empezara.</p><p>�Ni siquiera eso. Si hay una hero�na aqu�, t� has de serlo.</p><p>Gaby sacudi� la cabeza.</p><p>�He ayudado. Es probable que esto te habr�a resultado mucho m�s duro si yo no hubiese estado aqu�.</p><p>Cirocco apret� la mano de su compa�era.</p><p>�Pero s�lo te he seguido los pasos �continu� Gaby�. Te he ayudado a salir de algunos l�os, pero eso no me califica de h�roe. Un h�roe no habr�a intentado tirar a Gene sin paraca�das. T� habr�as llegado aqu� por ti sola. Yo, no.</p><p>Se quedaron silenciosas, cada una con sus propios pensamientos.</p><p>A Cirocco no le convenc�a lo que Gaby hab�a dicho. En parte era cierto, pero jam�s podr�a proclamarlo a gritos. Gaby no las habr�a llevado tan lejos. No era una l�der.</p><p>Pero �lo soy yo?, se pregunt�. Era cierto que se hab�a esforzado mucho en serlo. �Habr�a triunfado a solas? Lo dudaba.</p><p>�Ha sido divertido, �verdad? �pregunt� Gaby en voz baja.</p><p>Cirocco se qued� francamente sorprendida. �C�mo era posible afirmar que ocho meses de lucha hab�an sido divertidos?</p><p>�Esa no es la palabra que se ajusta, seg�n lo que yo creo�</p><p>�No, tienes raz�n. Pero ya sabes a qu� me refiero.</p><p>Cirocco lo comprendi�, aunque tambi�n le result� extra�o. Por fin era capaz de entender la depresi�n que la hab�a acosado durante las �ltimas semanas. El viaje terminar�a pronto. Descubrir�an el medio de regresar a la Tierra, o fracasar�an.</p><p>�No quiero volver a la Tierra �dijo Cirocco.</p><p>�Yo tampoco.</p><p>�Pero no podemos limitarnos a dar media vuelta.</p><p>�T� lo sabes mejor.</p><p>�No, s�lo soy una terca. Pero tenemos que seguir. Es una deuda con Gene y April, y con el resto de nosotros; tengo que averiguar qu� es lo que nos han hecho y por qu�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Saca esas espadas, �quieres?</p><p>��Esperas problemas?</p><p>�Ninguno que pueda resolver una espada. Es s�lo que me siento mejor con la espada en la mano. Se supone que soy un h�roe, �no?</p><p>Gaby no discuti�. Dobl� una rodilla y rebusc� en la mochila extra; sac� las cortas espadas y lanz� una a Cirocco.</p><p>Estaban cerca del punto m�s alto de la que ten�a que ser la �ltima escalera. Igual que la que hab�an subido en la base del radio, formaba una espiral en torno al cable, que hab�an redescubierto en lo alto de una larga y pelada cuesta que se�alaba el margen entre el bosque y la v�lvula superior del radio. Escalar la pendiente hab�a significado un trabajo de pico, cuerda y pitones que les hab�a ocupado dos largos d�as.</p><p>Sin una sola l�mpara de aceite que les hubiera quedado, la subida de las escaleras hab�a sido hecha en oscuridad total, paso a paso. La ascensi�n hab�a transcurrido sin incidentes hasta que Cirocco detect� un tenue resplandor rojizo frente a ellas. S�bitamente hab�a experimentado la necesidad de blandir una espada.</p><p>Era un arma excelente, aunque el pu�o resultaba demasiado grande. No pesaba nada en esas alturas de Gea. Cirocco encendi� una cerilla e imit� la figura de una tit�nida grabada en la hoja.</p><p>�Pareces un �leo de Frazetta �dijo Gaby.</p><p>Rocky se examin�. Estaba andrajosa, envuelta en los harapos de su fina vestimenta. Su piel era p�lida en los puntos que estaban tan limpios como para verla. Hab�a perdido peso, y lo que quedaba era duro y nervudo. Sus pies y manos eran resistentes como cuero.</p><p>�Y yo, que siempre quise ser una de esas chicas de Maxfield Parrish. Mucho m�s femenina.</p><p>Agit� la cerilla para apagarla y encendi� otra. Gaby segu�a mir�ndola. Sus ojos resplandec�an a la luz amarillenta. Cirocco se sinti� repentinamente muy bien. Sonri�, despu�s ri� discretamente, estir� el brazo y apoy� la mano en el hombro de Gaby, que le devolvi� el gesto con una risita a medias en su cara.</p><p>��Tienes� alg�n tipo de sensaci�n respecto a esto? �Gaby se�al� la parte superior de los escalones con la espada.</p><p>�Quiz� s� �volvi� a re�rse y luego hizo un gesto de indiferencia�. Nada concreto. Deber�amos andar de puntillas.</p><p>Gaby no replic�, pero se limpi� la palma en el muslo antes de poner firmemente los dedos en torno a la empu�adura de la espada. A continuaci�n se ech� a re�r.</p><p>�No s� c�mo usarla.</p><p>�Act�a como si supieras. Cuando lleguemos a lo alto de las escaleras, deja todo el equipo.</p><p>��Est�s segura?</p><p>�No quiero bultos extra.</p><p>�El cubo es un lugar muy grande, Rocky. Podr�a llevarnos un tiempo explorarlo.</p><p>�Tengo el presentimiento de que no ser� mucho. En absoluto �Cirocco apag� la segunda cerilla de un soplo.</p><p>Aguardaron a que sus ojos se hubieran ajustado a la visi�n que les daba el tenue resplandor que surg�a de arriba. Despu�s recorrieron, una junto a otra, el �ltimo centenar de escalones.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Ascendieron a una noche rojo vibrante.</p><p>La �nica luz proven�a de la l�nea recta como un rayo l�ser que hab�a sobre sus cabezas. El techo se perd�a en las tinieblas. A la izquierda asomaba un cable, una sombra negra en el aire a�n m�s negro.</p><p>Las paredes, el suelo y el mismo ambiente reverberaban con el ritmo de un lento latir de coraz�n. Las mujeres afrontaron un viento fr�o, tenue, que soplaba desde la invisible entrada al radio de Oc�ano.</p><p>�Va a ser dif�cil curiosear �musit� Gaby�. S�lo puedo ver unos veinte metros de suelo.</p><p>Cirocco no dijo nada. Sacudi� la cabeza para deshacerse de las extra�as y pesadas sensaciones que la hab�an sobrecogido, despu�s venci� un repentino mareo. Quer�a sentarse, quer�a volver atr�s; ten�a miedo pero no se atrev�a a ceder ante el temor.</p><p>Alz� la espada y vio que brillaba como un charco de sangre. Dio un paso al frente, despu�s otro m�s. Gaby mantuvo el ritmo y las dos se adentraron en la oscuridad.</p><p>Le dol�an los dientes. Cirocco comprendi� que hab�a estado mordiendo demasiado fuerte, con los m�sculos de la mand�bula agarrotados. Se detuvo y grit�:</p><p>��Estoy aqu�!</p><p>Tras largos instantes un eco devolvi� su voz, y luego una serie de ecos que se perdieron hacia el olvido.</p><p>Blandi� la espada por encima de la cabeza y grit� de nuevo:</p><p>��Estoy aqu�! �Soy la capitana Cirocco Jones, comandante de la <emphasis>NI Ringmaster, </emphasis>comisionada por los Estados Unidos de Norteam�rica, la Administraci�n Espacial y Aeron�utica Nacional y las Naciones Unidas de la Tierra! �Me gustar�a hablar contigo!</p><p>Fueron eras las que parecieron pasar antes de que los ecos se apagaran. Cuando cesaron, no hubo m�s que el lento latir del monstruoso coraz�n. Cirocco y Gaby permanecieron espalda con espalda, espadas preparadas, observando la oscuridad.</p><p>Cirocco not� que una oleada de c�lera flu�a por ella y suprim�a los �ltimos vestigios de miedo. Blandi� la espada y chill� en la noche mientras las l�grimas resbalaban por sus mejillas.</p><p>��<emphasis>Exijo </emphasis>verte! �Mi amiga y yo hemos pasado muchas calamidades para estar aqu� ante ti! La tierra nos vomit� desnudas a este mundo. �Nos hemos abierto camino hasta la cima! �Hemos sido tratadas con crueldad, zarandeadas por caprichos que no comprendemos! �Tu mano ha penetrado en nuestras almas y ha tratado de llevarse nuestra dignidad, y nosotras seguimos sin estar subyugadas! �Te desaf�o a que aparezcas y me respondas! �Contesta por lo que has hecho, o dedicar� mi vida a destruirte por completo! �No te temo! �Estoy lista para luchar!</p><p>No ten�a idea de cu�nto tiempo llevaba Gaby tir�ndole de la manga. Baj� la vista, ten�a problemas para enfocar. Gaby estaba atemorizada, pero permanec�a firmemente al lado de Cirocco.</p><p>�Puede ser�, bueno �dijo, t�midamente�, tal vez ella no hable ingl�s.</p><p>De modo que Cirocco cant� de nuevo su reto en titanio. Us� el tono agudo declamatorio, el reservado para explicar cuentos. Las s�lidas y oscuras paredes devolvieron su canci�n hasta que el negro cubo reson� con la desafiante m�sica de Cirocco.</p><p>El suelo empez� a temblar.</p><p>�Teeeeeeee�</p><p>Fue una sola nota, una palabra, un hurac�n de charla.</p><p>�Oiiiiiiiiiii�</p><p>Cirocco cay� de manos y rodillas, mirando aturdida a Gaby, que abrazaba el suelo junto a ella.</p><p>�Goooooooo�</p><p>La palabra extrajo ecos durante muchos minutos, y flot� poco a poco hacia el lejano y grave refunfu�o de una alarma antia�rea que se apaga. El suelo se estabiliz� y Cirocco levant� la cabeza.</p><p>Una luz blanca la ceg�.</p><p>Protegiendo los ojos con el brazo, Rocky escudri�� el resplandor. Se estaba levantando un tel�n en uno de los muros. La cortina lleg� del suelo al techo, cinco kil�metros de altura. Detr�s de ella hab�a una escalera de cristal. Centelleaba cruelmente, ascend�a hasta una luz tan intensa que Cirocco era incapaz de contemplar.</p><p>Gaby volvi� a tirar de la manga de Cirocco.</p><p>�Salgamos de aqu� �murmur�, con tono de urgencia.</p><p>�No. He venido para hablar con ella.</p><p>Se forz� a apoyar las palmas sobre el suelo y levantarse. Ponerse de pie fue f�cil; permanecer as� era otro problema. Nada le habr�a gustado m�s que hacer lo que Gaby suger�a. Su alarde le parec�a ahora un ataque de intoxicaci�n.</p><p>Pero se puso a caminar hacia la luz.</p><p>La abertura ten�a doscientos metros de anchura, flanqueada por columnas cristalinas que deb�an de ser los extremos superiores de cables de sustentaci�n. Cuando Cirocco mir� hacia arriba vio que las columnas se abr�an, y que cada ramal se torc�a en un complejo dibujo hasta unirse a un ligamento radiado que cubr�a el lejano techo. Ah� estaba la inimaginable y vigorosa ancla que manten�a a Gea en su sitio.</p><p>Cirocco arque� las cejas. Uno de los ramales estaba roto. Sometido a un examen m�s completo, el techo entero parec�a un jersey con el que hubiese jugado un gatito, lleno de mara�as e hilachas.</p><p>Observar el techo hizo que Cirocco se sintiera mejor. Aun siendo poderosa, Gea hab�a conocido mejores d�as.</p><p>Llegaron a la contrahuella inferior de las escaleras y se apresuraron a subirla. Emit�a una nota baja de �rgano que oscilaba mientras las dos mujeres ascend�an. Al s�ptimo escal�n ascendi� un tono y medio, y al decimotercero ascendi� a�n m�s. Avanzaron lentamente a lo largo de la escala crom�tica, y cuando hab�an hecho la primera octava entraron en juego los arm�nicos.</p><p>Sin aviso alguno, llamas anaranjadas rugieron a ambos lados de las terr�queas, que saltaron literalmente dos metros en el aire antes de que la baja gravedad las forzara a pararse.</p><p>Por fin, de un modo agradable, Cirocco comenz� a encolerizarse otra vez. Terrible, lo era: una exhibici�n de fuerza bruta que hac�a doblar las rodillas y rechinar los dientes y que por fuerza deb�a humillar al m�s valiente. Con todo, ejerci� el efecto contrario en Cirocco. Diosa o no, hab�a ejecutado un truco barato, calculado para jugar con nervios ya destemplados al m�ximo. Cirocco interpret� el ardid como un signo de victoria.</p><p>�P. T. Barnum no fue nadie comparado con esta mujer �dijo Gaby, y Cirocco agradeci� cari�osamente la frase.</p><p>Teatralidad, eso era. �Qu� tipo de dios precisaba de algo as�?</p><p>Las llamas se extinguieron, s�lo para hacerse el doble de altas, lamiendo el techo y formando un t�nel amarillo y naranja. Gaby y Cirocco siguieron andando.</p><p>Por delante hab�a imponentes puertas de cobre y oro. Se abrieron de golpe sin un sonido y retumbaron al cerrarse tras las mujeres.</p><p>La m�sica reson� en un crescendo enloquecido conforme se acercaban a un gran trono rodeado de luz. Cuando alcanzaron la amplia plataforma de m�rmol en lo alto de las escaleras les result� imposible estar de cara al trono. El calor era demasiado intenso.</p><p>�Habla.</p><p>Al ser pronunciada la palabra �en los mismos tonos profundos que hab�an escuchado en el exterior, sin embargo con un sonido m�s humano� la luz empez� a menguar. Cirocco ech� miradas furtivas que le permitieron distinguir una forma humana, alta y voluminosa, en la radiante bruma.</p><p>�Habla, o regresa al lugar del que viniste.</p><p>Cirocco entorn� los ojos; vio una cabeza redondeada asentada en un cuello grueso, ojos que destellaban como brasas, labios carnosos. Gea ten�a cuatro metros de altura, erguida ante su trono sobre un pedestal de dos metros. Su cuerpo era rechoncho, con una barriga monstruosa, pechos inmensos, brazos y piernas que habr�an espantado a un luchador profesional. Estaba desnuda, y ten�a el color de las olivas verdes.</p><p>El pedestal cambi� de forma bruscamente. Se convirti� en una colina cubierta de hierba y flores. Las piernas de Gea se transformaron en troncos de �rboles, los pies s�lidamente enraizados en el oscuro terreno. Peque�os animales la circundaban mientras volantes rodeaban su cabeza. Mir� directamente a Cirocco y su impresionante faz empez� a nublarse.</p><p>�Eh, bueno�, hablar�, hablar� �abri� la boca para hacerlo y se pregunt� adonde habr�a ido su justa c�lera, y entonces vio de reojo a Gaby; su amiga temblaba, miraba a Gea con ojos chispeantes.</p><p>�Estoy aqu� �musit� Gaby�. Estoy aqu�.</p><p>��Chist! �sise� Cirocco, dando un codazo a Gaby�. Ya hablaremos de eso <emphasis>m�s tarde �</emphasis>enjug� el sudor de su frente y volvi� a encararse con Gea�. �Oh, gran�! ��no, no te humilles!, hab�a dicho April. A Gea le gustan los h�roes, hab�a dicho April. Por favor, April, no te equivoques, por favor.</p><p>�Vinimos� eh, yo y otros seis vinimos de� Vinimos del planeta Tierra, hace� En realidad no s� hace cu�nto tiempo.</p><p>Cirocco se interrumpi�, y supo que jam�s lograr�a nada en su idioma. Respir� profundamente, enderez� sus hombros y se puso a cantar.</p><p>�Ven�amos en paz, hace no s� cu�nto tiempo. �ramos una tripulaci�n peque�a, para tu estimaci�n, y no represent�bamos amenaza alguna para ti. No �bamos armados. Y sin embargo fuimos atacados. Nuestra nave fue destruida antes de que tuvi�ramos oportunidad de explicar nuestras intenciones. Fuimos confinados contra nuestra voluntad, en condiciones injuriosas para nuestras mentes, incapaces de comunicarnos entre nosotros o con nuestros camaradas de la Tierra. Se obraron cambios en nuestras personas. Uno de mis tripulantes fue llevado a la locura como resultado de su tratamiento. Otro, una mujer, estaba al borde de la locura cuando la dej�. Un tercer tripulante ya no desea m�s la compa��a de sus compa�eros humanos y un cuarto ha perdido gran parte de su memoria. Otra mujer ha sido transformada m�s all� de todo reconocimiento; no quiere saber nada de su hermana, a la que amaba en otro tiempo.</p><p>�Todas estas cosas son monstruosas para nosotros. Creo que hemos sido agraviados, y que merecemos una explicaci�n. Hemos sido tratados muy mal, y merecemos justicia.</p><p>Se relaj� un poco, contenta de haber acabado. Lo que sucediera despu�s escapaba a su control. Hab�a dejado de enga�arse; no pod�a pelear con aquel ser.</p><p>El ce�o de Gea se agrand�.</p><p>�No soy signataria de los acuerdos de Ginebra.</p><p>Cirocco se qued� boquiabierta. No se hab�a imaginado lo que pod�a llegar a escuchar, pero ciertamente no era aquello.</p><p>��Qu� <emphasis>eres, </emphasis>entonces?</p><p>La pregunta de Cirocco surgi� antes de que ella pudiera darse cuenta.</p><p>�Soy Gea, la grande y sabia. Soy el mundo, soy la verdad, soy la ley, soy�</p><p>�As� pues, �eres todo el planeta y April dec�a la verdad?</p><p>Quiz� no hab�a sido sensato interrumpir a una diosa, pero Cirocco se sent�a como Oliver Twist pidiendo m�s gachas. Ten�a que luchar por ello como fuera.</p><p>�No hab�a terminado �retumb� Gea�. Pero es cierto, lo soy. Soy la madre tierra, aunque no la de tu Tierra. Toda la vida brota de m�. Formo parte de un pante�n que llega hasta las estrellas. Soy un tit�n.</p><p>�Entonces fuiste t� la que�</p><p>�Basta. S�lo presto atenci�n a los h�roes. Hablaste de grandes haza�as cuando cantaste tu canci�n. Habla de ellas ahora, o d�jame para siempre. C�ntame tus aventuras.</p><p>�Pero yo�</p><p>��C�ntame! �atron� Gea.</p><p>Cirocco cant�. El relato le llev� varias horas porque, pese a que quiso resumirlo, Gea insisti� en los detalles. Rocky fue entusiasm�ndose con la tarea. El lenguaje titanio se ajustaba bien; mientras mantuviera un modo declamatorio era imposible cantar una frase torpe. Al terminar, Cirocco se sinti� orgullosa, y con algo m�s de confianza.</p><p>Gea dio la impresi�n de estar sopesando el relato. Cirocco se removi� nerviosamente. Le dol�an los pies, lo cual le probaba que es posible aburrirse de todo, pens�.</p><p>Por fin Gea habl� de nuevo.</p><p>�Ha sido una buena narraci�n �dijo�. Mejor que las que he escuchado en muchas eras. Eres verdaderamente heroica. Hablar� con vosotras dos en mis aposentos.</p><p>Con la �ltima palabra, Gea desapareci�. S�lo qued� una llama que fluctu� algunos minutos antes de extinguirse.</p><p>Gaby y Cirocco miraron a su alrededor. Se hallaban en una gran sala cubierta con una c�pula. Detr�s, las escaleras, oscuras ahora, descend�an hacia el sombr�o interior del cubo de la rueda. Boquillas corro�das se alineaban junto a la escalera, humeando a intervalos, despidiendo los agudos sonidos de metal que se enfr�a.</p><p>El olor a goma quemada flotaba en el ambiente.</p><p>El suelo de m�rmol estaba agrietado y descolorido, cubierto con una pel�cula de polvo que mostraba claramente las huellas de las dos mujeres. El lugar parec�a un destartalado teatro de la �pera cuando las luces se encienden y disipan la ilusi�n.</p><p>�He visto cosas absurdas desde que llegamos aqu� �dijo Gaby�, pero esto se lleva la palma. �D�nde vamos ahora?</p><p>Cirocco se�al� en silencio una puertecilla dispuesta en la pared izquierda. Estaba entreabierta y la luz brillaba a trav�s de la rendija.</p><p>Cirocco abri� la puerta de un empuj�n, mir� a su alrededor con una creciente sensaci�n de reconocer el lugar, y entr�.</p><p>Se adentraron en una enorme habitaci�n con el techo a cuatro metros. El suelo estaba formado por rect�ngulos de vidrio blanco opaco. La luz penetraba desde abajo. Las paredes estaban adornadas con paneles de madera pintada de color <emphasis>beige </emphasis>y de ellas colgaban pinturas al �leo con marcos dorados. Los muebles eran estilo Luis XVI.</p><p><emphasis>�D�j� vu, </emphasis>�eh? �dijo una voz desde el otro extremo de la sala. Se trataba de una mujer bajita, regordeta. que llevaba un vestido saco sin formas. Se parec�a a Gea del mismo modo que una pastilla de jab�n tallada puede parecerse a la <emphasis>Piet� </emphasis>de Miguel �ngel.</p><p>�Sentaos, sentaos �dijo Gea, jovialmente�. Aqu� no hay cumplidos. Hab�is visto el gran espect�culo. Aqu� est� la amarga realidad. �Puedo ofreceros algo de beber?</p></section><section><title><p>CAPITULO 24</p></title><p>Cirocco hab�a desistido de tener opiniones.</p><p>��Sabes una cosa? �pregunt�, sinti�ndose algo m�s que aturdida�. Si alguien dijera ahora mismo que la <emphasis>Ringmaster </emphasis>jam�s abandon� la �rbita de la Tierra, que todo esto ha sido escenificado en un solar de Hollywood, no creo que yo me inmutara.</p><p>�Una reacci�n perfectamente natural �la tranquiliz� Gea, que andaba como un pato por la habitaci�n, sirviendo un vaso de vino para Gaby, un whisky doble con hielo para Cirocco, enderezando cuadros, limpiando el polvo de las mesas con el ra�do doblez de su vestido.</p><p>Gea era bajita y rechoncha, como un tonel. Su piel estaba curtida y morena. Ten�a la nariz como una patata. Pero hab�a arrugas en las comisuras de los ojos y en sus sensuales labios.</p><p>Cirocco trat� de situar el rostro, ofreciendo algo que hacer a su mente mientras evitaba formular teor�as de un modo deliberado. �W. C. Fields? No, s�lo la nariz serv�a para ese papel. Luego lo encontr�. Gea se parec�a mucho a Charles Laughton en <emphasis>La vida privada de Enrique VIII.</emphasis></p><p>Gaby y Cirocco se encontraban sentadas en los extremos de un sof� ligeramente desgastado. Gea dej� los vasos en la mesa junto a cada una de ellas, despu�s cruz� la estancia, resoplando, para alzar su mole en un sill�n de respaldo alto. Jade� y entrelaz� los dedos en su regazo.</p><p>�Preguntadme cualquier cosa �dijo, y se inclin� hacia adelante a la expectativa.</p><p>Cirocco y Gaby se miraron, la una a la otra, y despu�s volvieron su observaci�n a Gea. Se produjo un breve silencio.</p><p>�Hablas ingl�s �dijo Cirocco.</p><p>�Eso no es una pregunta.</p><p><emphasis>��C�mo </emphasis>es que hablas ingl�s? �D�nde lo aprendiste?</p><p>�Veo televisi�n.</p><p>Cirocco sab�a qu� deseaba preguntar a continuaci�n, pero ignoraba si deb�a hacerlo. �Y si esta criatura era el �ltimo sobreviviente de los constructores de Gea? Cirocco no hab�a visto prueba alguna de que Gea fuera en realidad un solo organismo, como April hab�a afirmado, pero era posible que esta persona <emphasis>creyera </emphasis>que era una diosa.</p><p>��Qu� me dices de todo ese� espect�culo ah� fuera? �pregunt� Gaby.</p><p>Gea le quit� importancia con un gesto.</p><p>�Todo hecho con espejos, querida. Puro truco �Gea mir� su regazo y despu�s pareci� avergonzada�. Quer�a espantaros en caso de que no hubierais sido aut�nticos h�roes. Dediqu� a eso mis mejores artes. Pens� que a estas alturas ser�a m�s f�cil que nos relacion�ramos aqu�. Ambiente confortable, comida y bebida� �Os gustar�a comer algo? �Caf�? �Coca�na?</p><p>�No, yo� �Has dicho�?</p><p>��Has dicho caf�?</p><p>���coca�na?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco recelaba, aunque se sent�a m�s alerta y menos temerosa que desde que hab�an entrado en el cubo de la rueda. Se acomod� en el sof� y escudri�� los ojos de la criatura que se autodenominaba Gea.</p><p>�Espejos, has dicho. Entonces, �qu� <emphasis>eres </emphasis>t�?</p><p>La sonrisa de Gea se agrand�.</p><p>�Al grano, �eh? Bien, me gusta la claridad �frunci� los labios y dio la impresi�n de que consideraba la pregunta�. �Preguntas qu� es <emphasis>esto, </emphasis>o qu� soy yo? �coloc� las manos justo encima de sus enormes senos y no aguard� una respuesta�. Soy tres tipos de vida. Existe mi cuerpo, que es el ambiente por el que hab�is estado viajando. Existen mis criaturas, tales como las tit�nidas, que provienen de m� pero que no est�n <emphasis>controladas </emphasis>por m�. Y existen mis herramientas, separadas de m�, pero parte de m�. Tengo ciertas facultades mentales, que fueron muy �tiles en las ilusiones que acab�is de ver, dicho sea de paso. Llamadle hipnotismo y telepat�a, aunque no es nada por el estilo.</p><p>�Soy capaz de construir criaturas que sean extensiones de mi voluntad. Esta tiene ochenta a�os de edad, la �nica en su tipo. Tambi�n tengo otras clases, que construyeron esta sala y la escalera exterior, sobre todo partiendo de planes que rob� de pel�culas. Soy gran aficionada a las pel�culas, y comprendo que t��</p><p>�S�, pero�</p><p>�Lo s�, lo s� �la calm� Gea�. Estoy divagando. Es todo un fastidio, �comprend�is? <emphasis>Tengo </emphasis>que hablaros as�. Antes, cuando dije �Te oigo��, bueno, us� la v�lvula superior de Oc�ano como laringe, forzando el aire desde el radio. Es algo que hace estragos con el tiempo: esas dos palabras lanzaron nieve a todo Hiperi�n.</p><p>�Pero permitir que ve�is este cuerpo os hace querer creer en otra cosa. A saber, que soy una vieja chiflada, solitaria aqu� arriba �mir� fijamente a Cirocco�. Todav�a lo sospechas, �no es cierto?</p><p>�Yo� No s� qu� pensar. Aunque te creyera, seguir�a sin saber qu� eres.</p><p>�Soy un tit�n. Quer�is saber qu� es un tit�n �se recost� en el sill�n y su mirada se hizo distante.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Lo que soy realmente es un ser perdido en el pasado.</p><p>�Somos criaturas viejas, eso est� claro. Fuimos construidas, no evolucionamos. Vivimos tres millones de a�os y hemos existido m�s de mil de nuestras generaciones, aunque no mediante procesos evolutivos tal como vosotros los entend�is� La mayor parte de nuestra historia se ha perdido. Desconocemos qu� raza nos construy� o con qu� fin. Baste con decir que nuestros constructores constru�an bien. Han desaparecido, pero nosotros seguimos aqu�. Quiz� sus descendientes contin�an viviendo en mi interior, pero en ese caso, han olvidado su anterior grandeza. Escucho mensajes de mis hermanas diseminadas por esta galaxia, y ninguna habla de los constructores.</p><p>Gea cerr� los ojos por un instante, luego los abri� de nuevo. a la espera.</p><p>�Muy bien �dijo Cirocco�. Te dejas un mont�n de detalles. �C�mo llegaste aqu�? �Por qu� eres la �nica? Escuchas la radio, �hablas por ella tambi�n? Y si es as�, �por qu� no te has puesto en contacto con la Tierra antes de esto? S�</p><p>Gea levant� una mano y solt� una risita.</p><p>�Una pregunta cada vez, por favor. Est�s haciendo much�simas suposiciones. �Qu� te hace pensar que soy un visitante? Nac� en este sistema, igual que vosotras. Mi hogar es Rea. En Japeto mi hija se aproxima a la madurez en este momento. Hay una familia de titanes circundando Urano. Forman los anillos invisibles. Son todos m�s peque�os que yo: soy el mayor tit�n de la vecindad.</p><p>��Japeto? �dijo Gaby�. Una de las razones�</p><p>�Tranquila. Lo explicar�, y te ahorrar� un viaje. <emphasis>No </emphasis>podemos viajar entre estrellas. No podemos movernos como no sea para ajustes orbitales secundarios.</p><p>�Libero huevos desde mi borde, donde ya tienen una velocidad respetable debido a mi rotaci�n. Los apunto lo mejor que puedo, pero con estas distancias dar en el blanco es problem�tico, ya que los huevos no tienen control una vez lanzados.</p><p>�Cuando caen en un mundo adecuado (Japeto es perfecto: sin ox�geno, rocoso, lleno de luz solar, ni demasiado grande ni demasiado peque�o), echan ra�ces. En cincuenta mil a�os el beb� tit�n est� listo para nacer. En ese momento, ha cubierto todo un hemisferio con el cuerpo natal. As� es como Japeto se ve�a hace setenta y cinco a�os: un lado era significativamente m�s brillante que el otro.</p><p>�El beb� tit�n se contrae a continuaci�n hasta formar una espesa banda que circunda el planeta de polo a polo. En eso se ha convertido Japeto. Mi hija ha cavado muy profundo. Ha llegado hasta el n�cleo para buscar elementos que precisa para su viabilidad. Temo que Japeto ya ha sido demasiado saqueado; mi abuela, y mi bisabuela antes que ella, usaron esta luna.</p><p>�Mi hija est� ocupada en sintetizar los combustibles que necesitar� para liberarse de Japeto. Eso tendr�a que suceder dentro de cinco o seis a�os. Cuando ella est� lista, y no puede ser un solo d�a antes, porque en cuanto nazca tendr� toda la masa de que dispondr� para siempre, se lanzar� al espacio. Es probable que Japeto se resquebraje en el proceso, como el mundo que finalmente se convirti� en los anillos de asteroides. Despu�s�</p><p>��Est�s afirmando que los titanes son responsables de los asteroides? �pregunt� Gaby.</p><p>��Es que no acabo de explicarlo? �Gea pareci� algo molesta, aunque estaba muy concentrada en su relato.</p><p>�Eso fue hace mucho tiempo, y no puedes hacerme responsable. En cualquier caso, en cuanto mi hija est� libre, acabar� con la rotaci�n que tenga y se pondr� a girar como yo. La parte de mi hija que se transformar� en su centro est� tocando actualmente la superficie de Japeto. En el espacio, esta parte se contraer�, sacando los radios al hacerlo. Girar� m�s aprisa, estabiliz�ndose, llen�ndose de aire, empezar� a mover monta�as en su interior como preparaci�n para las criaturas que� bueno, ya ten�is una imagen. Divago cuando hablo de mi hija, como cualquier madre, supongo.</p><p>�No, no, estoy fascinada �dijo Cirocco�. �Tendr� tu hija tit�nidas, �ngeles y dirigibles en su interior?</p><p>Gea ahog� su risa.</p><p>�Ninguna tit�nida, sospecho. Si tiene ese capricho, habr� de inventarlas como yo hice.</p><p>Cirocco mene� la cabeza.</p><p>�Me he perdido.</p><p>�Es muy sencillo. La mayor�a de mis especies son descendientes de criaturas que los titanes protegieron cuando fuimos creados. Cada huevo que lanzo contiene el germen de un mill�n de especies, como por ejemplo las plantas electr�nicas. No creo que mis constructores se hubieran preocupado mucho por las m�quinas. Cultivaban todo lo que precisaban, desde vestimenta a casas y circuitos. Tit�nidas y �ngeles son otra cosa. Os hab�is preguntado, antes de que os acostumbrarais a estos seres, c�mo era posible que tuvieran un aspecto tan humano� La respuesta es simple. Us� humanos como modelo. Las tit�nidas fueron f�ciles, pero los �ngeles� �Cu�ntos dolores de cabeza! Vuestros narradores eran mucho m�s caprichosos que pr�cticos. El ancho de las alas ten�a que ser tremendo para levantar del suelo a las criaturas, incluso con mi baja gravedad y elevada presi�n atmosf�rica. Admito que no se parecen al modelo b�blico, �pero funcionan! El problema b�sico, �sab�is?, fue�</p><p>�T� los creaste �dijo Cirocco�. Lo hiciste todo, desde el principio.</p><p>�Acabo de decirlo, �no? Ide� el ADN. No es m�s dif�cil para m� que elaborar un modelo en arcilla lo es para vosotras.</p><p>�Todos los detalles de los �ngeles son de tu invenci�n. Y lograste las ideas b�sicas en la radio, lo que significa que no pod�an ser muy viejos como civilizaci�n. No llevamos mucho tiempo, seg�n tu c�mputo, emitiendo por radio.</p><p>�Menos de un siglo, por lo que respecta a las tit�nidas. Los �ngeles son a�n m�s j�venes.</p><p>�Entonces�, eres un dios. No quiero entrar ahora en teolog�a, pero creo que sabes a qu� me refiero.</p><p>�Para todo fin pr�ctico, aqu�, en mi peque�o rinc�n del universo, s�, lo soy.</p><p>Gea entrelaz� las manos y pareci� estar muy complacida de s�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco observ� la puerta con a�oranza. Ser�a tan agradable cruzarla y tratar de olvidar que todo aquello hab�a sucedido� �Qu� importaba que esta persona fuera una loca sobreviviente de los constructores?, se pregunt� Cirocco. Controlaba el mundo que ellos llamaban Gea. Era indiferente que la mujer fuera de hecho el mismo mundo; en cualquier caso, el poder era primario.</p><p>Y curiosamente, Cirocco se encontr� con que Gea le gustaba en sus momentos desprevenidos. Hasta que record� qu� la hab�a tra�do al cubo.</p><p>�Hay dos cosas que desear�a preguntarte �dijo Cirocco, con toda la firmeza de que fue capaz.</p><p>Gea se irgui� vivamente.</p><p>�Sigue, por favor. Sucede que tambi�n yo desear�a preguntarte dos cosas.</p><p>�Yo� �T�? �Preguntarme? <emphasis>�A mi? �</emphasis>la idea era totalmente insospechada. Cirocco estaba muy nerviosa con el pensamiento de sacar a discusi�n la <emphasis>Ringmaster. </emphasis>Sab�a que ella y su tripulaci�n hab�an sido agraviados, pero �c�mo decir eso a una diosa? Cirocco ansi� tener al menos una mil�sima del valor que le hab�a permitido estar en el cubo y lanzar maldiciones al aire vac�o�. �Qu� puedo hacer por ti?</p><p>�Tal vez te sorprendas �dijo Gea, sonriendo.</p><p>Cirocco mir� un instante a Gaby, que abri� los ojos ligeramente y cruz� los dedos a escondidas.</p><p>�La primera pregunta� eh, la primera pregunta se refiere a las tit�nidas �maldici�n, se supone que esa pregunta deb�a de ser la segunda. Pero no ir�a mal sondear el agua�. Una tit�nida llamada Maestra Cantora �Cirocco cant� el nombre, luego prosigui�, me pidi� que�, si alguna vez llegaba a verte, te preguntara por qu� ellas deben estar guerreando.</p><p>Gea frunci� el ce�o, pero por confusi�n m�s que por ira.</p><p>�Seguramente, eres t� quien ha deducido eso.</p><p>�Bueno, s�, es cierto. La agresi�n a los �ngeles est� arraigada en sus mentes. Es un instinto, y lo mismo pero al contrario sirve para los �ngeles.</p><p>�Precisamente correcto.</p><p>�Y ya que t� los dise�aste, debes haber tenido un motivo para�</p><p>Gea adopt� un aire de sorpresa.</p><p>�Bien, claro que s�. Quer�a tener una guerra. Nunca supe de guerras hasta que empec� a ver vuestros programas de televisi�n. Parece que os gustan mucho las guerras, ten�is una cada pocos a�os, as� que pens� intentarlo.</p><p>Cirocco no encontr� nada que decir durante largo rato. Not� que su boca estaba abierta.</p><p>�Hablas en serio, �no?</p><p>�Totalmente.</p><p>�No s� c�mo explicarme.</p><p>Gea suspir�.</p><p>�Ojal� no me tuvierais miedo. Os aseguro que no ten�is nada que temer por mi parte.</p><p>Gaby se inclin� hacia adelante.</p><p>��C�mo podemos saberlo? T�� �se detuvo y mir� a Cirocco.</p><p>�Yo destru� vuestra nave. Ese es el segundo punto de la orden del d�a, estoy convencida. Hay muchas cosas que desconoc�is en cuanto a eso. �Querr�ais un poco m�s de caf�?</p><p>�Ahora no, gracias �se apresur� a decir Cirocco�. Gea, o santidad, o como deba llamarte�</p><p>�Gea est� bien.</p><p>��no nos gusta la guerra. No me gusta a m�, y no creo que a ninguna persona cuerda le guste. Seguramente tambi�n habr�s visto pel�culas antib�licas�</p><p>Gea se puso seria y se mordisque� un nudillo.</p><p>�Naturalmente que s�. Pero eran las menos, y aun as�, eran <emphasis>populares. </emphasis>Conten�an m�s derramamiento de sangre que la mayor�a de las pel�culas proguerra. <emphasis>Dices </emphasis>que no te gusta la guerra, pero �por qu� est�s tan fascinada por ella?</p><p>�Desconozco la respuesta. Lo �nico que s� es que odio la guerra, y que las tit�nidas tambi�n la odian. Les gustar�a verla acabada. Vine aqu� para pedirte eso.</p><p>��Nada de guerra? �fij� la vista en Cirocco, con aire suspicaz.</p><p>�Nada.</p><p>��Ni siquiera una escaramuza de vez en cuando?</p><p>�Ni siquiera eso.</p><p>Los hombros de Gea se hundieron de repente, despu�s se alzaron con un gran suspiro.</p><p>�Muy bien �dijo�. Consid�ralo hecho.</p><p>�Espero que no cree demasiados problemas �prosigui� Cirocco�. No s� c�mo te las arreglas para�</p><p><emphasis>��Est� hecho!</emphasis></p><p>La habitaci�n se ilumin� con un rel�mpago que form� una corona en torno a la cabeza de Gea. El trueno hizo que Gaby y Cirocco se pusieran de pie. Gaby, con la espada a medio sacar de la funda, se puso entre Cirocco y Gea.</p><p>Pasaron varios desagradables segundos.</p><p>�No quer�a hacer eso �dijo Gea, las manos agit�ndose nerviosamente�. Yo s�lo� bueno �suspir�, estaba como desilusionada �hizo un gesto para que las dos mujeres se sentaran.</p><p>�Tendr�a que haber dicho <emphasis>se est� haciendo �</emphasis>explic� cuando las cosas se calmaron�. Estoy retirando a la totalidad de �ngeles y tit�nidas. La reprogramaci�n llevar� un tiempo.</p><p>��Reprogramaci�n? �pregunt� Cirocco, de modo suspicaz.</p><p>�Nadie resultar� da�ado, querida. La tierra se los tragar�. Surgir�n al cabo de un tiempo, liberados de la compulsi�n. �Satisfecha?</p><p>Cirocco se pregunt� cu�l ser�a la alternativa, pero movi� la cabeza afirmativamente.</p><p>�Perfecto. Ahora viene el otro problema. Vuestra nave.</p><p>�Yo no lo hice.</p><p>Gea alz� la mano, aguard� hasta estar segura de que Cirocco no le interrumpir�a, luego prosigui�.</p><p>�S� que os dije que soy todo el mundo, que <emphasis>soy </emphasis>Gea. Eso fue del todo cierto en una �poca. Ahora no lo es tanto. Recordad que tengo tres millones mil doscientos sesenta y seis a�os �hizo una pausa y alz� una ceja.</p><p>�Tres millones� �Cirocco entorn� los ojos�. Dijiste que esa era la envergadura de tu vida.</p><p>�Correcto. Soy vieja hasta seg�n mis c�mputos, no s�lo seg�n los vuestros. Lo hab�is visto en el borde y en el cubo. Mis desiertos est�n m�s resecos y mis p�ramos m�s llenos de hielo que nunca antes, y no puedo hacer nada para remediarlo. Dudo de que viva otros cien mil a�os m�s.</p><p>Cirocco se ech� a re�r de repente. Gaby se sorprendi� y Gea se limit� a quedarse cort�smente inm�vil, la cabeza ladeada, hasta que Cirocco pudo dominarse.</p><p>�Perd�name �dijo Cirocco, todav�a respirando con dificultad�, pero, no s�, me resulta dif�cil mostrarme compadecida del modo correcto. �S�lo cien mil a�os! �volvi� a re�rse, y en esta ocasi�n la acompa�� Gea.</p><p>�Tienes raz�n �dijo la diosa�. A�n queda mucho tiempo para enviar flores. Puedo sobrevivir a toda vuestra raza �se aclar� la garganta�. Pero volviendo a lo que os explicaba, agonizo. No funciono bien en mil aspectos� que todav�a aguantan, s�, pero no soy la que fui en otro tiempo.</p><p>�Pensad en un dinosaurio. Un cerebro en la cabeza, otro en su grupa. Control descentralizado en un cuerpo voluminoso.</p><p>�Yo funciono de la misma forma. Cuando era joven mis cerebros auxiliares actuaban conmigo, igual que vuestros dedos os obedecen. En el �ltimo medio mill�n de a�os la situaci�n ha cambiado. He perdido buena parte del control sobre mis zonas externas. Existen doce inteligencias distintas en el borde, y yo me estoy fragmentando en dos personalidades incluso en mi nexo nervioso central, el cubo.</p><p>�En cierto modo, es como la teogon�a griega a la que tan aficionada soy. Mis hijos tienden a ser d�scolos, tercos, hostiles. Peleo con ellos constantemente. All� abajo hay tierras buenas y tierras malas. Hiperi�n es una de las buenas. Ella y yo nos las arreglamos bien.</p><p>�Rea es temperamental y bastante insensata, pero al menos puedo inducirla con frecuencia a que haga lo correcto.</p><p>�Pero Oc�ano es el peor. El y yo hemos dejado de hablarnos. Lo que hago en Oc�ano es mediante instrucciones err�neas, enga�os, ardides.</p><p>�Fue Oc�ano quien tendi� la trampa a vuestra nave.</p></section><section><title><p>CAPITULO 25</p></title><p>Oc�ano rumi� diez mil a�os al sentir que el pu�o de Gea se debilitaba. Todav�a hab�a la posibilidad de que ella destruyera la floreciente independencia que �l ocultaba con tanto cuidado. Los resentimientos de Oc�ano se emponzo�aron.</p><p>�Por qu� <emphasis>�l </emphasis>deb�a estar en la oscuridad? �l, el m�s poderoso de los oc�anos, eternamente cubierto de hielo. La vida que pugnaba en la desolada tierra por encima de �l no pod�a desarrollarse. Muchos de sus hijos morir�an a plena luz del d�a. �Cu�l era la excelencia de Hiperi�n para que estuviera tan lujuriante y hermoso?</p><p>En silencio, unos cuantos metros cada d�a, Oc�ano extendi� un nervio por debajo de la tierra hasta que pudo hablar directamente con Rea. Reconoci� el germen de la locura en ella y empez� a lanzar miradas al oeste en busca de un aliado.</p><p>Mnem�sine no estaba bien. Se sent�a desolada, f�sica y emotivamente, por la muerte de sus frondosos bosques. Por mucho que pudiera arder en resentimiento hacia Gea, Oc�ano no pod�a penetrar en las profundidades de la depresi�n de Mnem�sine. Oc�ano perfor� un t�nel.</p><p>M�s all� de Mnem�sine se hallaba la regi�n nocturna de Cronos. El dominio de Gea era poderoso; el cerebro secundario que se�oreaba en el territorio era una herramienta de la mente primaria y todav�a no hab�a desarrollado una personalidad independiente.</p><p>Oc�ano sigui� movi�ndose hacia el oeste. Sin comprenderlo, estaba tendiendo una red de comunicaciones que unir�a las seis tierras rebeldes.</p><p>Oc�ano encontr� en Japeto su aliado m�s fuerte. Con s�lo que hubiera estado m�s cerca, los dos podr�an haber derrocado a Gea. Pero las t�cticas que imaginaron se basaban en una estrecha cooperaci�n f�sica, por lo que �l y Japeto se vieron reducidos a la mera conspiraci�n. Oc�ano no tuvo m�s remedio que recurrir a su alianza con Rea.</p><p>Dio el paso en la �poca que en la Tierra se constru�an las pir�mides. Sin aviso, detuvo los flujos refrigerantes que atravesaban su inmenso cuerpo y los cables de sustentaci�n controlados por �l. En el lejano extremo oriental del mar que dominaba el helado panorama de Oc�ano, gobernaba dos bombas fluviales: enormes m�sculos de tres c�maras que alzaban las aguas del Ofi�n hasta Hiperi�n occidental. Oc�ano detuvo la inmensa pulsaci�n de los m�sculos. En el este. Rea hizo lo mismo con las cinco bombas que elevaban el agua sobre sus cordilleras orientales, al mismo tiempo que aceleraba el funcionamiento de sus bombas cercanas a Hiperi�n. Aislado por el oeste y desecado por el este, Hiperi�n empez� a marchitarse.</p><p>En pocos d�as, el Ofi�n dej� de fluir.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Supe todo esto por medio de Rea �dio Gea�. Sabia que estaba perdiendo el control sobre mis cerebros perif�ricos, pero nadie hab�a mencionado quejas. No imagin� que pudieran existir.</p><p>Poco a poco se hab�a hecho m�s oscuro, mientras Gea narraba la rebeli�n de Oc�ano. La mayor�a de los paneles luminiscentes del suelo se hab�an apagado. Los que quedaban desped�an un fluctuante resplandor anaranjado. Las paredes de la sala retroced�an en las tinieblas.</p><p>�Sab�a que ten�a que hacer algo. Oc�ano estaba a punto de acabar con ecosistemas enteros. Pod�an pasar mil a�os antes de que yo pudiera recomponerlos.</p><p>��Qu� hiciste? �musit� Gaby.</p><p>Cirocco resping�, la silenciosa voz de Gea casi la hab�a hipnotizado. Gea levant� la mano y lentamente form� un pu�o que parec�a una masa de piedra.</p><p>��Me <emphasis>contraje.</emphasis></p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El vasto m�sculo circular hab�a estado inactivo tres millones de a�os. S�lo hab�a tenido una funci�n: contraer el centro de la rueda y despedir los radios, justo despu�s de que naciera el tit�n. La red de cables de Gea depend�a de ese m�sculo. Era el centro del cordaje, el ancla poderosa que manten�a unida a Gea.</p><p>El m�sculo se contrajo bruscamente.</p><p>Megatoneladas de hielo y rocas saltaron en el aire.</p><p>Diez mil kil�metros cuadrados de la superficie de Oc�ano se levantaron como un ascensor superr�pido. El mar helado se convirti� en fango, incrustado de cubos de hielo del tama�o de una manzana urbana. En toda Gea, los ramales de los cables chasquearon como cuerda podrida, deshaciendo, enmara�ando, azotando la tierra bajo ellos.</p><p>El m�sculo se relaj�.</p><p>En un instante vertiginoso rein� la ingravidez en Oc�ano. T�mpanos de un kil�metro cuadrado flotaron como copos de nieve, girando en el hurac�n que hab�a empezado a soplar desde el cubo.</p><p>Cuando Oc�ano abandon� el fondo, quince cables produjeron un sonido vibrante, la m�sica fatal de la venganza de Gea. S�lo la energ�a s�nica despoj� diez metros de superficie del terreno de regiones vecinas y precipit� tormentas de polvo opuestas una docena de veces en torno al borde antes de que su furia se abatiera.</p><p>Como una mano que comprime una bola, el m�sculo del cubo se contrajo y afloj� a un ritmo de dos veces diarias que hizo vibrar Gea como una banda de goma estirada.</p><p>Gea ten�a otro truco m�s, pero aguard� hasta que el cataclismo hubiera despellejado a Oc�ano hasta convertirlo en roca desnuda. Gea s�lo ten�a otros seis m�sculos. En aquel momento dobl� uno de ellos.</p><p>El radio que descollaba sobre Oc�ano se contrajo, se redujo a la mitad de su di�metro normal. Privados de agua por una semana, los �rboles quedaron secos como yesca. Se desprendieron, fracturados de su tenaz asimiento a la carne de Gea. y empezaron a caer.</p><p>En el descenso, se pusieron a arder.</p><p>Oc�ano fue un infierno.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Quer�a quemar al bastardo �dijo Gea�. Quer�a cauterizarlo para siempre.</p><p>Cirocco tosi�, y busc� su olvidada bebida. Los cubitos de hielo resonaron de modo alarmante en el silencio y oscuridad casi total.</p><p>�Oc�ano estaba muy hondo, pero introduje el temor a Dios en �l �se ri� calladamente�. Yo misma me quem� en el proceso� El fuego da�� mi v�lvula inferior, y desde entonces he atacado a Oc�ano con huracanes y ruidos cada diecisiete d�as. El ruido no es mi Lamento; es mi advertencia. Pero vali� la pena. Oc�ano fue un chico muy bueno durante miles de a�os. No comet�is un error, es imposible que una docena de dioses gobiernen un mundo. Los griegos sab�an de qu� hablaban.</p><p>�Pero la dificultad en esto, �comprend�is?, se deriva del hecho de que el destino de Oc�ano no es ajeno al m�o. El es otra parte de mi mente, de modo que, en vuestros t�rminos, yo estoy loca. Esto nos destruir� a todos, finalmente, a los buenos y a los malos.</p><p>�Pero Oc�ano se estaba portando muy bien hasta que os presentasteis vosotros.</p><p>�Yo hab�a planeado ponerme en contacto con vosotros unos d�as antes de que llegarais aqu�. Era mi intenci�n cogeros con las grapas externas de Hiperi�n. Os aseguro que lo habr�a hecho con delicadeza, sin romper un solo vaso.</p><p>�Oc�ano explot� mi debilidad. Mis �rganos transmisores radiof�nicos se hallaban en el borde. Hab�a tres, pero uno se rompi� hace eras. Los otros est�n en Oc�ano y Crios. Crios es mi aliado, pero Rea y Tetis lograron destruir su transmisor. Repentinamente todas mis comunicaciones pasaron a manos de Oc�ano.</p><p>�Decid� no hacer la recogida. No habiendo estado en contacto conmigo, vosotros me habr�ais malinterpretado, seguramente.</p><p>�Pero Oc�ano os quer�a para �l.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La batalla rugi� bajo las superficies de Oc�ano e Hiperi�n. Se disput� en los grandes conductos que suministran el fluido nutritivo conocido como leche de Gea.</p><p>Cada uno de los cautivos humanos fue encerrado en una c�psula de gelatina protectora mientras se decid�a su suerte. Los ritmos metab�licos fueron reducidos. M�dicamente, se hallaban en estado comatoso, inconscientes de sus contornos.</p><p>Las armas de la guerra fueron las bombas que impulsaban nutrientes y refrigerantes a trav�s del mundo subterr�neo. Grandes desequilibrios de presi�n fueron creados por ambos combatientes, de modo que en un momento dado un geiser de leche se abri� paso en la superficie de Mnem�sine y sali� en chorro hasta alcanzar cien metros en el aire, para caer en la arena y abastecer una breve primavera.</p><p>Estuvieron batallando casi todo un a�o. Luego, por fin, Oc�ano supo que estaba perdiendo. Las recompensas empezaron a fluir hacia Hiperi�n bajo la asombrosa presi�n que Gea aplic� a Japeto, Cronos y Mnem�sine.</p><p>Oc�ano cambi� de t�ctica. Se introdujo en las mentes de los cautivos y los despert�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Siempre tem� que �l lo hiciera �dijo Gea, mientras las luces de la habitaci�n amenazaban con extinguirse en el olvido�. Oc�ano ten�a un v�nculo con vuestros cerebros. Se hizo imperativo que yo cortara ese v�nculo. Us� t�cticas que no creo comprendierais. En el proceso, perd� a uno de vosotros, una mujer. Cuando la recuper�, hab�a sido cambiada.</p><p>�Oc�ano trataba de destruiros a todos antes de que yo os tuviera� Antes de que yo tuviera vuestras mentes, no vuestros cuerpos. Eso habr�a sido muy f�cil. El os colm� de informaci�n. Implant� el lenguaje de silbidos en uno de vosotros, las canciones de las tit�nidas en dos m�s. Que algunos de vosotros hayan sobrevivido cuerdos es algo que no termina de asombrarme.</p><p>�No todos nosotros hemos sobrevivido �dijo Cirocco.</p><p>�No, y lo lamento. Intentar� compensaros, de alg�n modo.</p><p>Mientras Cirocco se preguntaba qu� se podr�a hacer para arreglar las cosas, Gaby intervino.</p><p>�Recuerdo haber trepado una escalera inmensa �dijo�. Atraves� puertas doradas y estuve a los pies de Dios. Hace pocas horas me pareci� como si volviera a encontrarme en el mismo lugar. �Puedes explicar esto?</p><p>�Habl� con todos vosotros �dijo Gea�. En vuestro estado, mentalmente d�cil despu�s de d�as de privaci�n sensorial, cada cual adopt� su interpretaci�n personal.</p><p>�No recuerdo nada de eso �dijo Cirocco.</p><p>�T� lo anulaste. Tu amigo Bill fue m�s lejos, y borr� la mayor�a de sus recuerdos.</p><p>�Entrevi�ndoos a trav�s de Hiperi�n, decid� lo que se deb�a hacer. April estaba demasiado imbuida de la cultura y h�bitos de los �ngeles. Intentar devolverla a lo que hab�a sido la habr�a destruido. La transport� al radio y dej� que emergiera para encontrar su destino.</p><p>�Gene estaba mentalmente enfermo. Lo llev� a Rea, confiando en que permanecer�a separado del resto de vosotros. Deb� haberlo destruido.</p><p>Cirocco suspir�.</p><p>�No. Yo fui quien lo dej� vivir cuando pude haberlo matado, como t�.</p><p>�Me haces sentir mejor �dijo Gea�. En cuanto a lo dem�s, era imperativo que volvierais al instante de la plena conciencia. Ni siquiera hab�a tiempo para reuniros. Esperaba que os abrierais paso hasta aqu� y en su momento, lo hicisteis. Y ahora pod�is volver al hogar.</p><p>Cirocco alz� la vista r�pidamente.</p><p>�S� �continu� Gea�, la nave de rescate est� aqu�. A las �rdenes del capit�n Wally Svensen, y�</p><p>��Wally! �Gaby y Cirocco lo dijeron simult�neamente.</p><p>��Un amigo? Pronto lo ver�is. Vuestro amigo Bill ha estado hablando con �l desde hace dos semanas �Gea se sinti� inc�moda, y cuando habl� de nuevo hubo una huella de malhumor en su voz�. Es algo m�s que una misi�n de rescate, a decir verdad.</p><p>�Pensaba que pod�a serlo.</p><p>�S�. El capit�n Svensen est� equipado para librar una guerra conmigo. Tiene un gran n�mero de bombas nucleares, y su presencia all� afuera me pone nerviosa. Esa era una de las cosas que deseaba preguntarte. �No podr�as intervenir con una buena explicaci�n? Es imposible que yo constituya una amenaza para la Tierra, ya lo sab�is.</p><p>Cirocco dud� un instante, y Gea volvi� a sentirse inc�moda.</p><p>�S�, creo que podr�a arreglarlo.</p><p>�Muchas gracias. En realidad �l no <emphasis>dijo </emphasis>que pensara bombardearme, y cuando descubri� que hab�a sobrevivientes de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>esa posibilidad se hizo m�s remota. He escuchado algunas de sus naves exploradoras, y est�n en el proceso de construir un campamento base cerca de Ciudad Tit�n. T� puedes explicarle lo sucedido, ya que no estoy segura de que me crea.</p><p>Cirocco asinti�, y no dijo nada durante un largo rato, aguardando que Gea continuara. No lo hizo, y finalmente Cirocco tuvo que intervenir.</p><p>��C�mo saber que podemos creer en todo esto?</p><p>�No os puedo ofrecer seguridades. S�lo puedo pediros que cre�is la historia tal como la he contado.</p><p>Cirocco asinti� otra vez, y se levant�. Trat� de que el gesto pareciera casual, pero nadie lo esperaba. Gaby estaba confundida, pero se puso de pie.</p><p>�Ha sido interesante �dijo Cirocco�. Gracias por la coca.</p><p>�No nos apresuremos �dijo Gea, tras una pausa de sorpresa�. En cuanto volv�is al borde no podr� hablar con vosotras directamente.</p><p>�Puedes enviarme una postal.</p><p>��Detecto una pizca de enojo?</p><p>�No lo s�. �Y t�? �de repente Cirocco <emphasis>estaba </emphasis>enojada, y sin saber por qu�. Est�s en condici�n de saberlo. Soy tu cautiva, no importa c�mo lo denomines t�.</p><p>�Eso no es del todo cierto.</p><p>�S�lo tengo tu palabra. S�lo tu palabra para diversas cuestiones. Me traes a una habitaci�n de una vieja pel�cula, te muestras ante m� como una vieja regordeta, me ofreces mi �nico vicio para que lo goce. Apagas las luces y me cuentas una larga e incierta historia. �Qu� se supone que debo creer?</p><p>�Lamento que opines as�.</p><p>Cirocco agit� la cabeza con aire de cansancio.</p><p>�Olv�dalo �dijo�. Me siento un poco deprimida, eso es todo.</p><p>Gaby la mir�, pero no dijo nada. El gesto irrit� a Cirocco, y no ayud� en nada que tambi�n Gea pareciera interesada por sus �ltimas palabras.</p><p>��Deprimida? Imagino el porqu�. Has acabado lo que deseabas hacer, contra fuerzas tremendamente superiores. Has detenido una guerra. Y ahora te vas a casa�</p><p>�La guerra me preocupa �dijo Cirocco, lentamente.</p><p>��De qu� manera?</p><p>�No me he tragado tu historia. O al menos, no me la he tragado completa. Si de verdad quieres que discuta por ti, dime el aut�ntico motivo por el que las tit�nidas se enfrentaron a los �ngeles durante tanto tiempo, con un fin tan insignificante.</p><p>�Pr�ctica �dijo Gea, sin dudar un instante.</p><p>��C�mo?</p><p>�Pr�ctica. No tengo enemigos, y en mi conducta instintiva no hay nada que me ayude a enfrentarme a la guerra. Sab�a que pronto conocer�a humanos, y todo lo que aprend� de vosotros subrayaba vuestra agresividad. Vuestras noticias, pel�culas, libros: guerra, asesinato, conducta predatoria, hostilidad�</p><p>�Te estabas preparando para guerrear con nosotros.</p><p>�Estaba explorando las t�cnicas, en caso de que tuviera que hacer eso.</p><p>��Qu� has aprendido?</p><p>�Que yo era terrible en ese aspecto. Puedo destruir vuestras naves si se acercan mucho, pero eso es todo. Vosotros me destruir�ais en un abrir y cerrar de ojos. No tengo dotes para la estrategia. Mi victoria sobre Oc�ano mostr� toda la sutilidad de la lucha a brazo partido. En cuanto llegasteis, April revolucion� el ataque de los �ngeles y Gene estuvo a punto de ofrecer nuevas armas a las tit�nidas. Naturalmente, yo misma pude haberles ofrecido esas armas. He visto bastantes pel�culas de <emphasis>cowboys </emphasis>para saber c�mo funcionan un arco y una flecha.</p><p>��Por qu� no lo hiciste?</p><p>�Confiaba en que las tit�nidas las inventaran.</p><p>��Y por qu� ellas no lo hicieron?</p><p>�Son una especie nueva. Carecen de creatividad. Es por mi culpa; nunca me destaqu� en originalidad. Copi� el gusano de la arena de Mnem�sine de una pel�cula. Hay un antropoide gigante en Febe del que estoy muy orgullosa, pero se trata de otra imitaci�n. Las tit�nidas son plagiadas de la mitolog�a�, aunque sus constituciones sexuales son mi invenci�n �Gea adopt� un aire de satisfacci�n y Cirocco estuvo a punto de re�rse�. Soy capaz de hacer los cuerpos, �comprendes? Pero dotar a una especie manufacturada de un sentido de� bueno, la simple terquedad que ten�is los humanos� Eso est� m�s all� de mis posibilidades.</p><p>�Por eso te apropiaste de un poco de esa terquedad.</p><p>��C�mo has dicho?</p><p>�No te hagas la inocente. Hay un detalle, de cierta importancia para m�, y para Gaby y August, que has olvidado mencionar. Te he cre�do hasta ahora, m�s o menos, pero aqu� tienes tu oportunidad de convencerme de que has dicho la verdad. �Por qu� quedamos embarazadas?</p><p>Gea no dijo nada durante lo que pareci� un lapso muy prolongado. Cirocco estaba preparada para salir corriendo. Al fin y al cabo, Gea era todav�a una diosa, no serv�a de nada encolerizarla.</p><p>�Yo lo hice �dijo Gea.</p><p>��Cre�as que nosotras lo aprobar�amos?</p><p>��o, estaba convencida de lo contrar�o. Ahora lo lamento, pero ya est� hecho.</p><p>�Y deshecho.</p><p>�Lo s� �Gea suspir�. La tentaci�n fue demasiado grande. Era una posibilidad de obtener un nuevo h�brido�, uno que reuniera lo mejor de ambas especies. Confiaba en revitalizar� No importa. Lo hice, no trato de excusarme. No me enorgullezco de ello.</p><p>�De todas formas, me alegra o�rlo. No <emphasis>hagas </emphasis>esas cosas, Gea. Somos seres inteligentes, como t�, y merecemos un trato m�s digno.</p><p>�Ahora lo comprendo �dijo Gea, contrita�. Es un concepto muy dif�cil para acostumbrarse a �l.</p><p>Cirocco admiti�, a rega�adientes, que probablemente lo fuera, tras tres millones de a�os de ser diosa.</p><p>�Tengo una pregunta �dijo repentinamente Gaby. Llevaba mucho rato callada, al parecer satisfecha de que Cirocco se encargara de la negociaci�n�. �Fue realmente necesario este viaje?</p><p>Cirocco aguard�, pues ella misma hab�a tenido dudas en cuanto a esa parte de la narraci�n.</p><p>�Tienes raz�n �admiti� Gea�. Pod�a haberos tra�do aqu� directamente. Est� claro, puesto que acerqu� a April m�s de la mitad del camino. Habr�a habido cierto riesgo con el tiempo adicional de aislamiento, pero el remedio era devolveros al sue�o.</p><p>�Entonces, �por qu� no lo hiciste? �quiso saber Cirocco.</p><p>Gea extendi� las manos.</p><p>�Dejemos de enga�arnos mutuamente, �de acuerdo? Primero, no s� si yo os lo deb�a. Segundo, yo estaba, y a�n lo estoy, un poco asustada de vosotros. No de vuestras personas, sino de los humanos. Ten�is inclinaci�n a ser impacientes.</p><p>�No lo discutir�.</p><p>�De todas maneras, hab�is llegado aqu� arriba. �no es cierto? Eso es lo que deseaba comprobar: si erais capaces de lograrlo. Y deber�ais darme las gracias por ello, porque hab�is disfrutado mucho.</p><p>�Me es imposible imaginar que puedas pensar en una cosa�</p><p>�Ahora somos honestas, �recuerdas? En realidad est�s m�s que contenta por estar a punto de volver a casa ahora, �verdad?</p><p>�Bueno, naturalmente yo�</p><p>�Todo tu comportamiento demuestra que no est�s satisfecha. Ten�as una meta que alcanzar: subir aqu�. Ahora lo has logrado. La mejor �poca de tu vida. Ni�galo, si es que puedes.</p><p>Cirocco se qued� casi muda.</p><p>��C�mo puedes decir eso? Vi a mi amante a punto de morir�, y por poco muero yo misma. Yo y Gaby fuimos violadas, yo sufr� un aborto, April se ha convertido en un monstruo, August est�</p><p>�Pod�an haberte violado en la Tierra. En cuanto a lo dem�s� �Esperabas que fuera f�cil? Lamento el aborto; no volver� a hacerlo. �Me culpas por lo dem�s?</p><p>�Bueno, no, creo que t��</p><p><emphasis>�Deseas </emphasis>culparme. Ser�a m�s f�cil irse de aqu�. Te es duro admitir que incluso con todas esas cosas que sucedieron a tus amigos, ninguna por tu culpa, has disfrutado de una gran aventura.</p><p>�Eso es lo m�s�</p><p>�Capitana Jones, pongo en tu consideraci�n el hecho de que jam�s tuviste dotes para ser capit�n. �Oh, lo has hecho bien, de la misma forma que haces bien la mayor�a de las cosas que abordas! Pero no eres un capit�n. No disfrutas dando �rdenes a los que te rodean. Te gusta la independencia, te gusta ir a lugares extra�os y hacer cosas excitantes. En una �poca anterior habr�as sido una aventurera, un soldado de la fortuna.</p><p>�Si hubiera nacido hombre �corrigi� Cirocco.</p><p>�Porque s�lo recientemente las mujeres han tenido oportunidad de correr aventuras independientemente. El espacio era la �nica frontera a tu disposici�n, pero una frontera mec�nica, muy civilizada. En el fondo, no te satisface.</p><p>Cirocco hab�a desistido de esforzarse en detener a Gea. Todo era tan forzado que decidi� dejar divagar a la diosa.</p><p>�No, para lo que tienes dotes es precisamente para lo que has estado haciendo. Escalar la monta�a imposible de escalar. Comunicarte con seres extra�os. Agitar tu pu�o ante lo desconocido, escupir al ojo de Dios. Has hecho todo eso. Resultaste herida en el camino; si hubieras seguido esa ruta habr�as recibido m�s golpes. Te habr�as helado, habr�as pasado hambre, te habr�as desangrado, te habr�as agotado de cansancio. �Qu� es lo que deseas, pues? �Pasar el resto de tu vida tras un escritorio? Ve a casa. El escritorio te aguarda.</p><p>Muy por debajo del abismo curvado que era el cubo de Gea, el viento bram� tenuemente. En alguna parte, masas de aire estaban siendo absorbidas por una c�mara vertical de trescientos kil�metros de altura, y esa c�mara estaba poblada de �ngeles. Cirocco mir� a su alrededor, y se estremeci�. A su derecha. Gaby sonre�a. �Qu� sabe ella que yo no sepa?, se pregunt�.</p><p>��Qu� me est�s ofreciendo?</p><p>�Una oportunidad de vivir mucho, con la posibilidad de que tu vida pueda ser bastante corta. Te ofrezco buenos amigos y diab�licos enemigos, d�a eterno y noche interminable, espl�ndidas canciones y vino de calidad, penurias, victorias. desesperanza y gloria. Te ofrezco la posibilidad de una vida que no encontrar�s en la Tierra, el tipo de existencia que sab�as no encontrar�as en el espacio pero que sin embargo esperabas de todos modos.</p><p>�Necesito un representante en el borde. Ha pasado mucho tiempo desde que tuve uno, porque exijo mucho. Puedo otorgarte ciertos poderes. T� definir�s tu trabajo, elegir�s horarios y compa��as, ver�s el mundo. Recibir�s alguna ayuda por mi parte, pero pocas interferencias.</p><p>��Te gustar�a ser una hechicera?</p></section><section><title><p>CAPITULO 26</p></title><p>Visto desde el aire, el campamento base de la expedici�n era una horrible flor color casta�o. Una llaga irregular se hab�a abierto en la tierra justo al este de Ciudad Tit�n y hab�a empezado a secretar terr�queos.</p><p>Daba la impresi�n de que aquello no terminar�a nunca. Mientras Cirocco observaba desde la g�ndola de Apeadero, una azulada gota de gelatina con forma de p�ldora man� de la tierra y cay� de lado. El material contenido por la c�psula se convirti� r�pidamente en agua y se alej� de un tractor oruga de color plateado. El veh�culo se revolvi� en el mar de fango y se abri� paso hasta una hilera de seis m�quinas similares aparcadas junto a varias c�pulas inflables, antes de descargar a sus cinco pasajeros.</p><p>�Esos tipos se presentan muy elegantes �observ� Gaby.</p><p>�As� parece. Y s�lo se trata de la expedici�n de aterrizaje. Wally no nos acercar� su nave demasiado para no acabar atrapado.</p><p>��Est�s segura de que quieres ir all� abajo? �pregunt� Gaby.</p><p>�Tengo que hacerlo. Lo <emphasis>sabes </emphasis>muy bien.</p><p>Calvin observ� el panorama y olfate�.</p><p>�Si os da igual �dijo�, me quedar� aqu�. Podr�a ser molesto que yo bajara.</p><p>�Puedo protegerte, Calvin.</p><p>�Eso est� por verse.</p><p>Cirocco se encogi� de hombros.</p><p>�Quiz� t� tambi�n prefieres quedarte aqu�, Gaby.</p><p>�Voy adonde t� vas �fue la simple respuesta�. Seguro que ya lo sabes. �Crees que Bill seguir� all� abajo? Tal vez lo han evacuado ya.</p><p>�Creo que Bill esperar�. Y adem�s, tengo que bajar para echar un vistazo a <emphasis>eso �</emphasis>Cirocco se�al� una brillante pila de metal un kil�metro al oeste del campamento, posada en su propia flor de tierra revuelta. No hab�a modelo para comparar aquella pila de metal, ning�n indicio de que alguna vez hubiera sido m�s que un mont�n de desechos.</p><p>Eran los restos de la <emphasis>Ringmaster.</emphasis></p><p>�Pongamos cara de consejeras �dijo Cirocco.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>��y afirma que en realidad actu� en nuestro inter�s durante todo el supuesto incidente de agresi�n. No puedo ofrecerles pruebas concretas de la mayor parte de estas declaraciones. No puede existir prueba alguna, como no sea la evidencia pragm�tica de la conducta de Gea en un momento adecuado. Pero no veo claro que ella constituya una amenaza para la humanidad, ni ahora ni en el futuro.</p><p>Cirocco se recost� en la silla y cogi� el vaso de agua con el deseo de que fuera vino. Hab�a hablado durante dos horas, interrumpida �nicamente por los a�adidos o correcciones que Gaby hab�a formulado a su relato.</p><p>Se hallaban en una c�pula redonda que serv�a como cuartel de mando de la misi�n para la expedici�n de aterrizaje. La sala era suficiente para los siete oficiales reunidos, Cirocco y Gaby y Bill. Las dos mujeres hab�an sido conducidas all� nada m�s aterrizar, presentadas a todo el mundo y, por �ltimo, se les hab�a rogado que iniciaran su informe.</p><p>Cirocco se sent�a fuera de lugar. Los tripulantes de la <emphasis>Unity </emphasis>y Bill iban vestidos con uniformes inmaculados de color rojo y oro, sin una arruga. <emphasis>Ol�an </emphasis>muy bien.</p><p>Y parec�an demasiado militares para el gusto de Cirocco. La expedici�n de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>hab�a evitado eso, incluso eliminando todos los rangos militares (con la excepci�n de capit�n). Cuando la <emphasis>Ringmaster </emphasis>fue lanzada, la NASA hab�a tenido problemas para borrar sus or�genes militares. Hab�a buscado el favor de las Naciones Unidas para el viaje, aunque la noci�n de que la expedici�n era cualquier cosa menos estadounidense era una ficci�n transparente.</p><p>Con todo, hab�a servido de algo.</p><p>La nave <emphasis>Unity, </emphasis>por su mismo nombre, testificaba que las naciones de la Tierra estaban cooperando m�s estrechamente. Su tripulaci�n multinacional demostraba que el experimento de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>hab�a provocado la uni�n de las naciones para un fin com�n.</p><p>Pero los uniformes revelaron a Cirocco cu�l era ese fin.</p><p>�Entonces usted aconseja una continuaci�n de nuestra pol�tica pac�fica �dijo el capit�n Svensen; hablaba a trav�s de un aparato de televisi�n dispuesto sobre el cerrado escritorio, en el centro de la sala. Aparte de las sillas, la mesa era el �nico mueble.</p><p>�Lo m�ximo que pueden perder es el grupo de exploraci�n. Enfr�ntese a los hechos, Wally. Gea sabe que eso ser�a un acto b�lico, y que la pr�xima nave ni siquiera estar�a tripulada. Ser�a una enorme bomba H.</p><p>El rostro de la pantalla se puso muy serio, luego hizo un gesto afirmativo.</p><p>�Perd�neme por un momento �dijo Svensen�. Quiero hablar de esto con mis oficiales �el hombre hizo un adem�n de volverse, pero invirti� el movimiento.</p><p>��Y usted, Rocky? No ha dicho si cree o no a Gea. �Dice la verdad?</p><p>Cirocco no vacil�.</p><p>�S�, dice la verdad. Puede confiar en ello.</p><p>El teniente Strelkov, comandante de tierra, aguard� hasta estar seguro de que el capit�n no ten�a nada m�s que decir, despu�s se levant�. Era un hombre joven y apuesto con un desafortunado ment�n y, aunque a Cirocco le costaba creerlo, serv�a en el ej�rcito sovi�tico. El hombre parec�a poco m�s que un ni�o.</p><p>��Puedo ofrecerles algo? �pregunt�, en un ingl�s excelente�. Quiz� tengan hambre despu�s del viaje hasta aqu�</p><p>�Comimos justo antes de saltar �dijo Cirocco, en ruso�. Pero si hubiera un poco de caf�</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�En realidad no terminaste tu relato �estaba diciendo Bill�. Quedaba el problema de regresar abajo tras vuestra conversaci�n con Dios.</p><p>�Saltamos �dijo Cirocco, dando un sorbo a su caf�.</p><p>��Vosotras�?</p><p>Cirocco, Bill y Gaby se encontraban en una �esquina� de la habitaci�n circular, las sillas juntas, en tanto que los oficiales de la <emphasis>Unity </emphasis>cuchicheaban ante el aparato de televisi�n. Bill ten�a un excelente aspecto. Caminaba con una muleta y al parecer la pierna le dol�a cuando se apoyaba en ella, pero estaba de buen humor. La doctora de la <emphasis>Unity </emphasis>hab�a dicho que podr�a operarlo cuando estuviera a bordo, y cre�a que Bill iba a volver a tener casi tanta movilidad como antes.</p><p>��Por qu� no? �pregunt� Cirocco, con una suave sonrisa�. Llev�bamos esos paraca�das todo el viaje como medida de seguridad, �por qu� no los �bamos a usar? �la boca de Bill segu�a abierta. Cirocco se ech� a re�r, m�s serena, y puso una mano en el hombro de �l�. De acuerdo, lo pensamos <emphasis>mucho </emphasis>tiempo antes de saltar. Pero en realidad no era peligroso. Gea mantuvo abiertas las v�lvulas inferior y superior y llam� a Apeadero. Descendimos en ca�da libre los primeros cuatrocientos kil�metros, despu�s aterrizamos en el dorso del dirigible �Cirocco alz� el vaso mientras un oficial serv�a m�s caf� y luego se volvi� hacia Bill�. He hablado bastante. �Qu� me cuentas de ti? �C�mo han ido las cosas?</p><p>�Nada muy interesante, me temo. Pas� el tiempo en terapia con Calvin, y me relacion� con las tit�nidas.</p><p>��Ah, s�? �Mucho?</p><p>��Mucho? �Me refiero a que aprend� algunos cantos, tonta! �Bill se ech� a re�r�. Aprend� a cantar <emphasis>ven aqu�, dame esto, Bill hambriento� </emphasis>Lo pas� bien. Luego decid� mover el culo y <emphasis>hacer algo, </emphasis>ya que t� no hab�as querido que te acompa�ara. Comenc� a explicar a las tit�nidas algo que yo sab�a un poco: electr�nica. Y me enter� de la existencia de enredaderas conductoras, gusanos-bater�a y nueces rectificadoras de corriente. En poco tiempo tuve un receptor-transmisor.</p><p>Bill sonri� ante la expresi�n del rostro de Cirocco.</p><p>�Entonces no fue�</p><p>Bill hizo un gesto de indiferencia.</p><p>�Depende de c�mo lo mires. T� pensabas en t�rminos de una radio que alcanzara la Tierra. Yo no pod�a construirla. Lo que tengo no es muy potente� S�lo hablo con la <emphasis>Unity </emphasis>cuando est� en mi vertical, y la se�al �nicamente debe atravesar el techo. Pero aunque hubiera montado un aparato as� antes de que te fueras, lo m�s probable es que te hubieras ido, �me equivoco? La <emphasis>Unity </emphasis>a�n no estaba aqu�, de manera que la radio habr�a sido in�til.</p><p>�Supongo que me habr�a ido. Ten�a otras cosas que hacer.</p><p>�Lo he o�do �Bill hizo una mueca�. Esos han sido los peores momentos del viaje para m� �confes�. Me hab�an empezado a gustar las tit�nidas y entonces, como por arte de magia, todas pusieron una cara somnolienta y se precipitaron hacia los prados. Pens� que se trataba de otro ataque de los �ngeles, pero ni una sola tit�nida regres�. Lo �nico que encontr� fue un enorme agujero en la tierra.</p><p>�Vi algunas tit�nidas al venir aqu� �dijo Gaby.</p><p>�Han retrocedido con el tiempo� No nos recuerdan.</p><p>La mente de Cirocco hab�a estado errando. No le preocupaban las tit�nidas. Sab�a que todas estar�an perfectamente bien, y que ahora no tendr�an que sufrir la guerra. Pero era triste saber que Hornpipe ya no se acordar�a de ella.</p><p>Hab�a estado observando a los de la <emphasis>Unity, </emphasis>y se extra�aba de que nadie viniera a conversar con ella. Sab�a que no ol�a muy bien, pero no cre�a que fuera �se el motivo. Con cierta sorpresa, comprendi� que ten�an miedo de ella. El pensamiento le hizo sonre�r.</p><p>Cirocco advirti� que Bill le hab�a estado hablando.</p><p>�Lo siento, �qu� dec�as?</p><p>�Gaby dec�a que no has contado todo a�n. Dice que hay algo m�s, y que yo deber�a saberlo.</p><p>��Oh, eso! �dijo Cirocco, mirando furiosamente a Gaby. Pero en cualquier caso el tema ten�a que surgir pronto.� Gea� eh, me ofreci� un trabajo, Bill.</p><p>��Un �trabajo�? �Bill alz� las cejas, sonri� inciertamente.</p><p>��Hechicera�, as� lo llam�. Gea tiende a lo rom�ntico. Probablemente Gea te complacer�a; a ella tambi�n le gusta la ciencia ficci�n.</p><p>��A qu� obliga ese trabajo?</p><p>Cirocco abri� los brazos.</p><p>�Resoluci�n de problemas generales, de �ndole no espec�fica. Siempre que ella tenga un problema, ir� all� y ver� qu� puedo hacer. Aqu� abajo hay, literalmente, ciertas tierras revoltosas. Gea me promete inmunidad ilimitada, una especie de pasaporte condicional basado en el hecho de que los cerebros regionales recuerden lo que ella hizo a Oc�ano y no osen da�arme mientras viajo por ellos.</p><p>��Eso es todo? Suena a proposici�n de fortuna.</p><p>�Lo es. Gea ofreci� educarme, llenarme la cabeza de una tremenda cantidad de erudici�n del mismo modo que fui ense�ada a cantar titanio. Tendr� su apoyo y ayuda. Nada m�gico, pero ser� capaz de hacer que la tierra se abra y trague a mis enemigos.</p><p>�Eso me lo creo.</p><p>�Acept� el trabajo, Bill.</p><p>�As� lo cre�a �Bill se mir� las manos y pareci� muy cansado cuando alz� los ojos de nuevo�. Realmente eres otra cosa, �sabes? �lo dijo con un tono de amargura, aunque estaba tomando las noticias mejor de lo que Cirocco hab�a esperado�. Parece el tipo de trabajo que te atraer�a. La mano izquierda de Dios �Bill mene� la cabeza�. Demonios, este lugar es un infierno. A uno puede no gustarle, �comprendes? A m� estaba empezando a gustarme, cuando las tit�nidas desaparecieron� Eso me hizo temblar, Rocky. Daba toda la impresi�n de que alguien hubiese guardado sus juguetes porque estaba cansado del juego. �C�mo sabes t� que no ser�s uno de sus juguetes? Has sido tu propia due�a, �piensas que lo seguir�s siendo?</p><p>�Honestamente, no lo s�. Pero no me pod�a enfrentar al regreso a la Tierra, a la vuelta al trabajo de oficina y la gira de conferencias. T� has conocido astronautas que han pasado su mejor momento. Posiblemente yo conseguir�a un puesto en el cuadro directivo de alguna gran corporaci�n �Cirocco se ech� a re�r, Bill la acompa�� con una ligera sonrisa.</p><p>�Eso es lo que <emphasis>yo </emphasis>har� �dijo Bill�. Pero conf�o en que sea el departamento de investigaci�n. Dejar el espacio no me asusta. Ya sabes que voy a regresar, �verdad?</p><p>�Lo supe cuando vi tu bonito uniforme nuevo.</p><p>Bill ri� entre dientes, aunque con cierto regocijo. Los dos se estuvieron mirando un rato, hasta que Cirocco busc� y cogi� la mano de Bill. El hombre sonri� con una comisura de los labios, se inclin� y bes� suavemente la mejilla de Cirocco.</p><p>�Buena suerte �dijo.</p><p>�A ti tambi�n, Bill.</p><p>Al otro lado de la sala, Strelkov carraspe�.</p><p>�Capitana Jones, el capit�n Svensen desea hablar con usted ahora.</p><p>��S�, Wally?</p><p>�Rocky, hemos enviado su informe a la Tierra. Requerir� de cierto an�lisis, de manera que no habr� decisi�n concreta hasta dentro de unos d�as. Pero aqu� arriba hemos a�adido nuestra recomendaci�n a la suya, y no creo que haya problema alguno. Espero convertir el campamento en misi�n cultural y embajada de las Naciones Unidas. Le ofrecer�a el cargo de embajadora, pero hemos venido con un experto para el caso de que nuestras negociaciones alcanzaran �xito. Adem�s, supongo que estar� ansiosa por volver�</p><p>Gaby y Cirocco se echaron a re�r y Bill no tard� en imitarlas.</p><p>�Lo siento, Wally. No estoy ansiosa por volver. <emphasis>No voy </emphasis>a volver. Y no aceptar�a el cargo aunque me lo ofreciera.</p><p>��Por qu� no?</p><p>�Conflicto de intereses.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Sab�a que la cosa no iba a ser tan sencilla. Y no lo fue.</p><p>Cirocco dimiti� formalmente de su cometido, explic� sus razones al capit�n Svensen, despu�s escuch� pacientemente mientras Wally le dec�a, en t�rminos cada vez m�s perentorios, por qu� deb�a regresar y, por conveniencia, por qu� Calvin deb�a regresar igualmente.</p><p>�La doctora opina que Calvin puede ser tratado. Es posible restaurar la memoria de Bill e igualmente probable curar la fobia de Gaby.</p><p>�Estoy segura de que es posible curar a Calvin, pero �l es feliz tal como est�. Gaby ya <emphasis>ha sido </emphasis>curada. Pero �qu� planea hacer respecto a April?</p><p>�Confiaba en que usted la convenciera para que vuelva con nosotros antes de subir a bordo. Estoy convencido�</p><p>�No sabe de qu� est� hablando. No vuelvo y eso es todo lo que hay que decir. Ha sido un placer conversar con usted �dio media vuelta y sali� de la habitaci�n con grandes zancadas. Nadie trat� de detenerla.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Ella y Gaby hicieron sus preparativos en un campo a poca distancia del campamento base, luego se quedaron juntas, aguardando. El tiempo se hac�a m�s largo de lo que Cirocco hab�a esperado. Empez� a ponerse nerviosa y de vez en cuando consultaba el destartalado reloj de Calvin.</p><p>Strelkov sali� corriendo por la puerta, gritando �rdenes a un grupo de hombres ocupados en levantar un cobertizo para las orugas. El teniente se detuvo bruscamente, sorprendido al advertir que Cirocco le aguardaba, no muy lejos. Hizo un gesto para que los hombres no se movieran y avanz� hacia las dos mujeres.</p><p>�Lo siento, capitana, pero el comandante Svensen dice que debo ponerla bajo arresto �Strelkov parec�a lamentarlo, pero su mano estaba cerca del arma port�til�. �Querr� usted acompa�arme, por favor?</p><p>�Mire all�, Sergei �Cirocco se�al� por encima del hombro del teniente.</p><p>Strelkov empez� a volverse pero luego, con una repentina sospecha, sac� su pistola. Retrocedi� y se puso de lado hasta que pudo lanzar una r�pida mirada al oeste.</p><p>��Gea, esc�chame! �grit� Cirocco.</p><p>Strelkov observ� nerviosamente. Cirocco no hizo gestos amenazantes, s�lo levant� los brazos en direcci�n a Rea, hacia el lugar de los vientos y el cable que hab�a escalado con Gaby.</p><p>Hubo exclamaciones a espaldas del grupo.</p><p>Una ola descend�a por el cable, casi imperceptiblemente, aunque produciendo un definido ensortijamiento como la ola que recorre una manguera de jard�n cuando se le da un movimiento r�pido con la mu�eca. El efecto sobre el cable fue explosivo. Una nube de polvo se expandi� por las cercan�as. En el polvo hab�a �rboles arrancados de ra�z.</p><p>La ola lleg� al suelo, el lugar de los vientos se hinch�, se destroz�, lanz� rocas al aire.</p><p>��Hay que taparse los o�dos! �grit� Cirocco.</p><p>El sonido atac� instant�neamente, tirando al suelo a Gaby. Cirocco se tambale�, pero permaneci� en pie mientras todo el estruendo de los dioses giraba a su alrededor, los harapos de la ropa tremolando cuando la estremecedora oleada los alcanz� y los vientos empezaron a soplar.</p><p>��Atenci�n! �grit� de nuevo, extendiendo las manos y alz�ndolas lentamente hacia el cielo. Nadie pod�a escuchar a Cirocco, pero en cambio pudieron ver que un centenar de surtidores taladraba la seca tierra y convert�a Hiperi�n en una fuente envuelta en vapor. Los rel�mpagos estallaron en la densa neblina y su sonido devor� el rugido m�s potente que a�n segu�a arrancando ecos de las distantes paredes.</p><p>Fue preciso largo tiempo para que el panorama se aclarara, y en todo ese tiempo nadie se movi�. Cuando todo hubo vuelto a la calma, mucho despu�s de que la �ltima fuente se convirtiera en un chorro delgado de agua, Strelkov estaba sentado donde hab�a ca�do. Todav�a observaba el cable y el polvo que se asentaba.</p><p>Cirocco se dirigi� hacia �l y le ayud� a levantarse.</p><p>�D�gale a Wally que me deje en paz �dijo Cirocco, y se march�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�Algo muy fino �dijo Gaby, m�s tarde�. Francamente, muy fino.</p><p>�Todo logrado con espejos, querida.</p><p>��Qu� te hizo sentir?</p><p>�Casi me mojo los pantalones. �Sabes una cosa? Es posible aprender a no tener miedo de eso. Fue tremendamente excitante.</p><p>�Espero que no tengas que hacerlo con frecuencia.</p><p>Cirocco asinti� en silencio. Todo hab�a sido muy justo. La demostraci�n, terrible por haberse producido bajo responsabilidad de Cirocco, habr�a sido inexplicable de haber empezado antes de que Strelkov saliera de la c�pula para amenazarla.</p><p>El caso es que Cirocco no se sent�a capaz de mantener el acto durante cinco o seis horas, aunque tuviera que pedirlo en aquel mismo momento.</p><p>Pod�a comunicarse con Gea con bastante rapidez. Hab�a una semilla de radio en su bolsillo. Pero Gea no pod�a reaccionar al instante. Para hacer algo tan terrible como lo que acababa de lograr precisaba horas de preparativos.</p><p>Cirocco hab�a enviado el mensaje de solicitud del truco mientras a�n se hallaba a bordo de Apeadero, tras considerar cuidadosamente la secuencia probable de los acontecimientos. A partir de entonces, hab�a seguido un nervioso baile con el reloj, alargando su relato aqu�, recortando la respuesta a una pregunta all�, siempre con la noci�n de que las fuerzas se estaban acumulando en el cubo y bajo sus pies. La ventaja de Cirocco hab�a consistido en la libertad que tuvo para cronometrar su dimisi�n, pero la dificultad estaba en estimar el tiempo que tardar�a Wally Svensen en ordenar su arresto.</p><p>Cirocco estaba comprobando que hacer de hechicera no iba a resultar f�cil.</p><p>Por otro lado, no todo su trabajo iba a ser tan remilgado como invocar un golpe de aire del cielo.</p><p>Sus bolsillos estaban repletos de cosas que hab�a tra�do como medidas de apoyo en caso de que el gran espect�culo no lograra intimidar a la expedici�n de tierra, cosas que hab�a obtenido merodeando por Hiperi�n antes de volver a subir a bordo de Apeadero y viajar al campamento base: una lagartija de ocho patas que escup�a un roc�o tranquilizante cuando se la apretaba, y un curioso surtido de bayas de similar efecto, pero por v�a bucal. Cirocco dispon�a de hojas y cortezas que al pulverizarlas pod�an ser empleadas como polvo de flash, y como �ltimo recurso, una nuez que serv�a como una granada de mano aceptable.</p><p>Ten�a bibliotecas de erudici�n silvestre en su cabeza; si existieran <emphasis>girl scouts </emphasis>en Gea, Cirocco ostentar�a la totalidad de insignias de m�rito. Pod�a cantar a las tit�nidas, silbar a los dirigibles y croar, gorjear, chirriar, gru�ir y gemir en una docena de lenguas que ni siquiera hab�a tenido la oportunidad de usar, con criaturas que todav�a no hab�a encontrado.</p><p>Ella y Gaby hab�an estado preocupadas en cuanto a que la informaci�n que Gea propon�a darles no era ajustada a cerebros humanos. Curiosamente, no hab�a habido problema alguno. Ni siquiera notaban un solo cambio; cuando necesitaban saber algo, lo sab�an, igual que si lo hubieran aprendido en la escuela.</p><p>�Es hora de ir hacia las monta�as, �no? �sugiri� Gaby.</p><p>�A�n no. No creo que tengamos m�s problemas con Wally, en cuanto �l se haga a la idea. Comprender�n que somos m�s valiosas si mantienen buenas relaciones con nosotras.</p><p>�Pero quiero ver otra cosa antes de que partamos.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cirocco hab�a estado preparada para un momento emotivo. Y lo era, sin ser tan malo como tem�a ni del modo que esperaba. Decir adi�s a Bill hab�a sido m�s duro.</p><p>Los restos de la <emphasis>Ringmaster </emphasis>se hallaban en un lugar triste y silencioso. Gaby y Cirocco caminaron junto a ellos sin hablar, reconociendo fragmentos aqu� y all�, pero con m�s frecuencia incapaces de reconocer lo que hab�a sido alg�n retorcido mont�n de metal.</p><p>La plateada masa destellaba d�bilmente en la bell�sima tarde de Hiperi�n, parcialmente enterrada en el polvoriento terreno como un King Kong mec�nico tras la ca�da. La hierba ya hab�a establecido un asidero en el revuelto suelo. Las enredaderas se arrastraban sobre componentes destrozados. Una solitaria flor amarilla brotaba en el centro de lo que hab�a sido el tablero de mandos de Cirocco.</p><p>Rocky hab�a confiado en hallar alg�n recuerdo de su vida anterior, pero jam�s hab�a sido codiciosa y hab�a llevado con ella pocas cosas de �ndole personal. Las escasas fotograf�as habr�an sido devoradas, junto con el diario de a bordo y el sobre de recortes de peri�dico. Habr�a sido agradable toparse con el anillo de grado �pod�a verlo en el estante junto a su litera, donde lo hab�a dejado la �ltima vez� pero las posibilidades eran nulas.</p><p>Distinguieron a un tripulante de la <emphasis>Unity </emphasis>a cierta distancia de ellas. El hombre se estaba encaramando a los restos del naufragio; luego apunt� su c�mara e hizo fotos de un modo indiscriminado. Cirocco supuso que se tratar�a del fot�grafo de la nave, luego comprendi� que lo estaba haciendo por su cuenta, con su propia c�mara. Lo vio coger un objeto y guardarlo en el bolsillo.</p><p>�Si volvemos aqu� dentro de cincuenta a�os �observ� Gaby�, es probable que se lo hayan llevado todo �mir� a su alrededor con aire especulativo�. Parece un bonito lugar para una tienda de <emphasis>souvenirs. </emphasis>Venta de pel�culas y bocadillos calientes. El negocio podr�a ir bien�</p><p>�No crees que eso llegue a suceder, �verdad?</p><p>�Depende de Gea, supongo. Ella dijo que permitir� visitas a la gente. Eso significa turismo.</p><p>�Pero el costo�</p><p>Gaby ri�.</p><p>�Todav�a est�s pensando en los tiempos de la <emphasis>Ringmaster, </emphasis>capitana. Era todo lo que pod�amos hacer entonces, traer aqu� siete personas. Bill dice que la <emphasis>Unity </emphasis>tiene una tripulaci�n de doscientas. �Te habr�a gustado tener la concesi�n cinematogr�fica en O�Neil Uno hace treinta a�os?</p><p>�Ahora ser�a rica �concedi� Cirocco.</p><p>�Si hay un medio de hacerse rico aqu�, alguien lo encontrar�. As� que, �por qu� no me nombras ministro de turismo y conservaci�n? No estoy segura de que me guste el papel de aprendiz de hechicera.</p><p>Cirocco sonri�.</p><p>�El cargo es tuyo. Trata de mantener en un m�nimo los sobornos y el nepotismo, �de acuerdo?</p><p>Gaby movi� un brazo en c�rculo. Hab�a una mirada distante en sus ojos.</p><p>�Ahora puedo verlo. Pondremos el puesto de bocadillos all� Un cl�sico motivo griego, naturalmente� Y venderemos geaburguesas y batidos de leche. Pondr� las vallas anunciadoras hasta a cincuenta metros y limitar� el uso de fluorescentes. �Vea a los �ngeles! �Huela la respiraci�n de Dios! �Fotograf�e los r�pidos del Ofi�n! �Paseo en centauro por s�lo diez d�lares! �No olviden�! �Gaby grit� y se apart� a un lado al moverse la tierra.� �Estaba <emphasis>bromeando, </emphasis>caramba! �chill� al cielo. Despu�s mir� recelosamente a Cirocco, que estaba ri�ndose.</p><p>Un brazo surgi� del punto donde hab�a estado Gaby. Tierra muy suelta se apart� para descubrir un rostro y una cabellera multicolor. Las dos mujeres se arrodillaron y limpiaron de polvo a la tit�nida, que tos�a y escup�a, hasta lograr que liberara su torso y patas delanteras. La tit�nida hizo una pausa para recuperar fuerzas y observ� curiosamente a Gaby y Cirocco.</p><p>�Hola �cant� Hornpipe�. �Qui�nes sois?</p><p>Gaby se levant� y extendi� una mano.</p><p>��De verdad que no te acuerdas de nosotras, eh? �cant�.</p><p>�Recuerdo algo� <emphasis>Parece </emphasis>como si os conociera. �Me hab�is dado un poco de vino, hace tiempo?</p><p>�Yo lo hice �cant� Gaby�. Y t� me devolviste el favor.</p><p>�Sal de ah�, Hornpipe �cant� Cirocco�. Te convendr�a un ba�o.</p><p>�A ti tambi�n te recuerdo. �Pero c�mo os arregl�is para permanecer en equilibrio tanto tiempo sin caeros?</p><p>Cirocco se ech� a re�r.</p><p>�Ojal� lo supiera, chica.</p></section></body><body name="notes"><title><p>Notas</p></title><section id="n_1"><title><p>1</p></title><p><emphasis>U-boat: </emphasis>Tipo de submarino alem�n <emphasis>(Under-sea boat).</emphasis></p></section></body><binary id="cover" 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