<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf_fantasy</genre><author><first-name>Louise</first-name><last-name>Cooper</last-name></author><book-title>Anghara</book-title><date/><lang>es</lang><sequence name="Indigo" number="08"/></title-info><document-info><author><first-name>Louise</first-name><last-name>Cooper</last-name></author><program-used>ABBYY FineReader 11, FictionBook Editor Release 2.6, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2012-05-11">129812374034370000</date><src-ocr>ABBYY FineReader 11</src-ocr><id>{D46161B8-DE95-4C59-8B1D-A34BEE63606B}</id><version>1</version></document-info></description><body><section><p>No se permite la reproducci�n total o parcial de este libro, ni el registro en un sistema inform�tico, ni la transmisi�n bajo cualquier forma o a trav�s de cualquier medio, ya sea electr�nico, mec�nico, por fotocopia, por grabaci�n o por otros m�todos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del <emphasis>copyright.</emphasis></p><p>Dise�o de cubierta: V�ctor Viano Ilustraci�n de cubierta: Horacio Elena T�tulo original: <emphasis>Aisling (Book 8 of�ndigo)</emphasis></p><p><emphasis>�</emphasis> 1993 <emphasis>by</emphasis> Louise Cooper</p><p>� Grupo Editorial Ceac, S. A., 1994</p><p>Para la presente versi�n y edici�n en lengua castellana</p><p>Timun Mas es marca registrada por Grupo Editorial Ceac, S. A</p><p>ISBN: 84-7722-415-3 (Obra completa)</p><p>ISBN: 84-7722-522-2 (Libro 8)</p><p>Dep�sito legal: B. 11. 165-1994 Hurope, S. L.</p><p>Impreso en Espa�a - <emphasis>Printedin Spain</emphasis></p><p>Grupo Editorial Ceac, S. A. Per�, 164 - 08020 Barcelona</p><p>�Las cosas y las acciones son lo que son, y sus consecuencias ser�n lo que deban ser: �para qu�, entonces,</p><p>desear que nos enga�en?� <emphasis>Obispo Joseph Butler (1692-1752)</emphasis></p><p><emphasis>A Sophie Mounier, que ha conseguido dar vida a mis personajes</emphasis></p><p><emphasis>con sus dibujos</emphasis></p><p><emphasis>de la misma forma en que yo lo he intentado con la palabra</emphasis></p><p><emphasis>escrita.</emphasis></p><image l:href="#0"/></section><section><title><p><strong>PR�LOGO</strong></p></title><empty-line/><p><emphasis>Los grandes cargueros del continente oriental se han ganado, y con justicia, el t�tulo de monarcas de los mares. Capitaneados por los mejores patrones, que pueden elegir a su gusto entre la flor y nata de los marineros del mundo, transportan sus cargas de norte a sur y de este a oeste, y su reputaci�n en todos los puertos lo bastante grandes para aceptar su gran calado no tiene parang�n.</emphasis></p><p><emphasis>El</emphasis> Buena Esperanza <emphasis>se encuentra entre los mejores de tales decanos, y es bien conocido en Ranna, el m�s importante de los puertos mar�timos de las Islas Meridionales. Pero, en este �ltimo viaje a las islas, el</emphasis> Buena Esperanza <emphasis>transporta sin saberlo a un marinero excepcional entre su tripulaci�n, alguien para quien el destino de la nave es de una importancia vital y desesperada.</emphasis></p><p><emphasis>Durante cincuenta a�os la muchacha ha vagado por el mundo, inalterable, sin envejecer, inmortal. Al abandonar su pa�s de origen su nombre era otro y m�s agradable, pero ahora se la conoce s�lo como �ndigo; palabra que, en la tierra que la vio nacer, designa el color del luto.</emphasis></p><p><emphasis>�ndigo ha conocido mucho dolor y aflicci�n durante su larga estancia en el mundo, aunque durante este vagabundeo tambi�n ha tenido muchas experiencias y aprendido muchas Lecciones que han transformado su vida. Ha conocido el amor y el odio, la amistad y la enemistad, la felicidad y el dolor; y el experimentarlos le ha servido para enfrentarse y reconciliarse con muchos aspectos de su propio yo.</emphasis></p><p><emphasis>�ndigo ha derrotado a seis demonios; demonios que proced�an del interior de su esp�ritu, cada uno de los cuales se ha reflejado en las tierras y las gentes que ha conocido. Pero en estos momentos est� dejando atr�s el recuerdo de esas tierras, ya que la �nica esperanza, que la ha impulsado siempre adelante, que ha inspirado cada una de sus misiones y cada una de sus pruebas, se encuentra finalmente a su alcance. Durante cincuenta a�os se ha aferrado a la seguridad de que su gran amor, Fenran, segu�a con vida... y por fin sabe d�nde lo encontrar�.</emphasis></p><p><emphasis>�ndigo regresa a casa. Regresa al pa�s del que fue exiliada, al reino de su propio padre. Otra familia real gobierna ahora desde el trono de Carn Caille, y no queda nadie que pueda recordar a la joven y temeraria princesa que acarre� tal desgracia a su hogar. O casi nadie... pues en estas islas, en la �rida tundra que separa los exuberantes pastos verdes de la helada inmensidad del desierto polar, �ndigo sabe que Fenran espera. Espera a que ella lo libere de medio siglo de existencia en el limbo, para volver a vivir, para volver a amar. Este es el viaje definitivo, y la conduce hasta aquello que m�s anhela su coraz�n.</emphasis></p><p><emphasis>Ha derrotado a seis demonios... pero los demonios eran siete. Todav�a queda uno. Y en su impaciencia, en su alegr�a ante la reuni�n que la aguarda, a lo mejor ha olvidado que aquello que pueda encontrar fuera de s� misma, tambi�n debe buscarlo en su interior....</emphasis></p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 1</strong></p></title><empty-line/><p>�De modo que ahora lo ves. �El fornido marinero scorvio movi� el brazo en un gesto que abarcaba todo el cielo oriental, y su agradable rostro curtido por el sol se arrug� en una mueca de satisfacci�n�. Nubes altas que pasan a toda velocidad, como colas de caballo, con las otras nubes grandes detr�s... �c�mo dices que las llaman en tu idioma?</p><p>La mujer que se encontraba junto a �l ante la barandilla del barco le devolvi� la sonrisa.</p><p>�C�mulos.</p><p>�C�mulos. S�. Uno de estos d�as lo recordar�. �Le dio una palmada amistosa en el hombro que la hizo tambalearse hacia atr�s�. Bueno, sea como sea, lo ves. Colas de caballo arriba, c�mulos abajo, y todas movi�ndose contra el viento. Eso quiere decir que ah� est�. Gran tormenta, vendaval, lluvia, todo. �Su sonrisa se ensanch� como si disfrutara vivamente con la perspectiva�. Te apuesto algo, �eh? �Cu�nto tardar� el patr�n en correr bajo cubierta y gritarnos que aseguremos las escotillas y nos ocupemos de que las escotas est�n bien sujetas? Apuesto veinte karns. �Eh? �Aceptas mi dinero?</p><p>La muchacha contempl� el mar. Las condiciones de navegaci�n resultaban id�licas; una buena corriente, un viento uniforme que los empujaba en direcci�n sudeste hacia su destino situado ahora ya a s�lo un d�a de viaje. Para un marinero de agua dulce la situaci�n habr�a resultado inequ�vocamente simple, pero los marinos experimentados sab�an por amarga experiencia que tales condiciones acostumbraban durar poco, y reconoc�an las se�ales que indicaban problemas a la vista. A�os atr�s �muy atr�s en el tiempo, aunque eso era algo de lo que jam�s hablaba con ning�n ser viviente excepto uno� tambi�n ella habr�a reconocido al punto las se�ales, tal y como lo hab�a hecho su compa�ero. Pero el tiempo hab�a erosionado los recuerdos y las viejas ense�anzas. Hab�an sucedido demasiadas cosas en el intervalo, y ahora no pod�a hacer m�s que confiar en los conocimientos del scorvio.</p><p>Una sombra le nubl� los ojos, pero pas� demasiado veloz para que �l lo advirtiera antes de que ella contestara con una carcajada.</p><p>�Ya me has ganado demasiados karns durante este viaje, Vinar. Acepto tu palabra. �Arrug� la frente�. �Llegaremos a salvo al puerto?</p><p>Vinar era marino desde que hab�a cumplido los diez a�os; un eterno filibustero pero no obstante nacido para el mar y perteneciente a esa raza apreciada por todos los patrones de barco, a quienes entregaba su temporal pero sincera lealtad. Hab�a visto lo mejor y lo peor con lo que el mar pon�a a prueba a sus siervos, y no tomarlo en serio era un concepto ajeno a su naturaleza.</p><p>�No lo s� �respondi�. Habr� problemas, eso es seguro. A lo mejor tendremos que hacer escala en alguna bah�a peque�a, no en el puerto de Ranna como est� planeado, o a lo mejor la dejaremos atr�s y atracaremos sin problemas antes de que se presente lo peor. Si pasamos el cabo Amberland antes de que descargue, no habr� problema. Si no... �Se encogi� de hombros�. Entonces estaremos en las manos de la Madre del Mar, y ser� ella quien juzgue si estamos preparados para salir con bien. Al menos en este viaje llevamos un barco lo bastante grande como para resistir casi todo</p><p>tipo de temporales.</p><p>Era cierto. El <emphasis>Buena Esperanza,</emphasis> junto con sus naves hermanas <emphasis>Buen Animo, Buena Voluntad y Buen Humor,</emphasis> era uno de los cargueros de mayor tama�o que recorr�a las rutas comerciales de los oc�anos terrestres. Su puerto de origen era Huon Parita, en las costas del continente oriental, pero no pod�an existir muchos puertos de aguas profundas en este mundo que no lo hubieran albergado en alguna ocasi�n. La nave, con su inmenso casco parecido al hocico de un toro y los cuatro alt�simos m�stiles que sosten�an sencillas velas de color marr�n, resultaba m�s funcional que hermosa �no se parec�a en absoluto a los elegantes nav�os para pasajeros de Khimiz o Davakos� y estaba sucia de proa a popa a causa de los muchos a�os que llevaba transportando todos los cargamentos imaginables, desde ganado hasta madera pasando por mineral de hierro. Pero, como su nombre indicaba, se trataba de una <emphasis>buena</emphasis> nave, resistente y segura, por la que toda la tripulaci�n sent�a un gran afecto.</p><p>Vinar volv�a a estar apoyado sobre la barandilla, contemplando el banco de nubes que se formaba poco a poco y pensando en sus cosas. La mujer observ� su rostro de reojo y sinti� un ligero malestar interior. Conoc�a esa expresi�n; sab�a lo que significaba. El hombre se estaba armando de valor; intentaba encontrar una forma de efectuar la pregunta que hab�a tratado de hacer, y que ella hab�a esquivado en tantas ocasiones anteriores.</p><p>Lo escuch� aspirar con fuerza de repente y luego romper el silencio.</p><p>��ndigo, escucha. Tengo algo que decir. Algo sobre m� y sobre ti.</p><p>�Vinar, no creo...</p><p>No la dej� terminar.</p><p>�No, yo <emphasis>s�</emphasis> creo, y lo voy a decir. Estamos a menos de un d�a de distancia de las Islas Meridionales, y cuando atraquemos en Ranna t� estar�s en casa, por primera vez en... �cu�ntos a�os?</p><p>�Suficientes. �No quiso mirarlo a los ojos.</p><p>�Muy bien; a lo mejor lo has olvidado o no quieres dec�rmelo. No importa. Bien; llegas a tu hogar, y lo primero que querr�s hacer es ver a tu familia. Tienes familia aqu�, lo s�.</p><p>�S�. �Hab�a dicho esa mentira tantas veces que ahora le sal�a con toda facilidad.</p><p>�Exacto. Bueno, yo no s� qui�n es el cabeza de familia, si tu padre, tu abuelo, un hermano..., pero quiero conocerlo. Y, cuando lo haga, le dir� que quiero casarme contigo, y a ver qu� dice. �Le dirigi� una mirada triunfal�. Ya est�. �Que te parece eso?</p><p>�Oh, Vinar...</p><p>Hab�a intentado muchas veces hac�rselo comprender sin emplear palabras crueles, pero deber�a haber sabido que eran imprescindibles. Eran compa�eros de navegaci�n desde hac�a tres meses; tiempo suficiente, aun en un nav�o del tama�o del <emphasis>Buena Esperanza,</emphasis> para conocerse bien el uno al otro. Eran amigos, buenos amigos; pero para Vinar aquello se hab�a convertido en algo m�s. A pesar de su aspecto rudo y sus insolentes modales scorvios �l era un idealista, un rom�ntico incluso. No persegu�a a las prostitutas de los muelles que ofrec�an sus encantos en los embarcaderos de todos los puertos de escala; durante la mayor parte de sus treinta y cinco a�os de vida las �nicas mujeres para �l hab�an sido su madre y sus dos hermanas, y hasta que murieron sus padres y sus hermanas se casaron y se trasladaron a los barrios de sus maridos a �l no le hab�a importado permanecer soltero. Todo esto se lo hab�a contado a �ndigo en peque�as dosis, a medida que iba desapareciendo su timidez, cuando coincid�an en la misma guardia nocturna y consegu�a apartarla de los otros miembros de la tripulaci�n que quer�an que les cantase o tocase el arpa. Ahora que la conoc�a mejor �o as� lo cre�a� y le hab�a confiado sus secretos, Vinar estaba enamorado profundamente enamorado. Y lo peor de todo era que �ndigo no ten�a la menor duda de que sus sentimientos eran sinceros.</p><p>La joven hab�a intentado, con toda dulzura, disuadirlo. Pero, adem�s de ser un idealista y un rom�ntico, Vinar era tambi�n un hombre muy tozudo y optimista. Aceptaba sus corteses negativas y no intentaba coaccionarla, pero las palabras de la muchacha se deslizaban sobre sus hombros como una ola que barriera la cubierta del barco; una molestia moment�nea a la que no hab�a que prestar demasiada atenci�n. Un d�a ella cambiar�a de idea. Lo cre�a tan firmemente y con tanta sencillez como cre�a en la poderosa Madre del Mar, y seg�n lo ve�a �l, todo lo que se necesitaba para ganarse a �ndigo era mucha paciencia.</p><p>Para cualquier otra mujer que se encontrara en la situaci�n de �ndigo, lo que Vinar ten�a que ofrecer habr�a sido dif�cil de rechazar. Era cari�oso, honrado, inteligente, leal y �una ventaja extra� incluso apuesto, muy alto, recio y con una espesa melena de cabellos rubios. Como marinero independiente ganaba mucho m�s que un marinero cualquiera; su nombre y reputaci�n eran bien conocidos, y los capitanes inteligentes pagaban muy por encima de las tarifas habituales para tenerlo en sus viajes. Pose�a casa propia en Scorva, con tierras de labranza suficientes para poder vivir desahogadamente cuando dejara la mar. Como esposo, proveedor y padre potencial de muchos hijos no se le pod�a objetar nada.</p><p>Y quer�a a la �nica mujer que no pod�a responder a todo lo que �l ten�a que dar, que era incapaz de hacerlo.</p><p>�Escucha. �La viva imaginaci�n de Vinar empezaba a hacerse con el control, y �l empez� a entusiasmarse con el tema�. Voy a hacerlo todo como es debido, igual que hacemos en Scorva. �Nada a escondidas, no yo! Hablar� con tu padre, abuelo, quien sea, y le pedir� permiso. �Le dirigi� una sonrisa de oreja a oreja�. <emphasis>Luego</emphasis> t� me das tu respuesta, �eh?</p><p>Era eso lo que �l cre�a; �que lo rechazaba porque no ten�a a�n el permiso del cabeza de familia? Pese a su desconcierto, �ndigo sonri�.</p><p>�No es as� en las Islas Meridionales. A lo mejor Scorva es diferente, pero... en mi pa�s una mujer elige por s� misma cuando llega a la mayor�a de edad. O al menos...</p><p>La recorri� un estremecimiento y se mordi� los labios. Hab�a estado a punto de decir: �O al menos as� era como se hac�a�. Pero no pod�a revelar ese secreto. A lo mejor las cosas hab�an cambiado en las Islas Meridionales. Vinar lo sabr�a mejor que ella, ya que hab�a visitado su pa�s muchas veces desde que hab�a empezado a navegar, mientras que ella no hab�a pisado aquella tierra tan entra�able desde hac�a cincuenta a�os...</p><p>Vinar no hab�a observado su repentina expresi�n contrariada, y de todos modos se</p><p>mostraba imp�vido.</p><p>�No importa �dijo�. Soy scorvio; hago las cosas a la manera scorvia. S�lo lo que es justo y correcto. Conseguir� aprobaci�n del jefe de tu familia, conseguir� gustarle. � Le dedic� de nuevo su contagiosa sonrisa ingenua�. Puedo hacerlo. Luego tambi�n te gustar� a ti, m�s que ahora. Y entonces... �Chasque� los dedos, y ri� entre dientes de buena gana�. Cambiar�s de forma de pensar. No me rindo f�cilmente... �Esperar�, y un d�a no muy lejano cambiar�s de idea!</p><p>Un discordante estruendo met�lico procedente de la popa los sobresalt� mientras �ndigo intentaba desesperadamente encontrar una respuesta. Vinar levant� la cabeza con rapidez, y sus p�lidos ojos azules se iluminaron.</p><p>��Oye, �se es el gong de la cocina! �Extendi� la mano y la cogi� del brazo�. Vamos. Todos los alcatraces y p�jaros bobos se reunir�n all� en un momento. �Lleguemos antes para obtener los mejores bocados!</p><p>La tripulaci�n diurna empezaba ya a converger en la escotilla de la cocina, de la que surg�a un aroma apetitoso que rivalizaba con los olores de alquitr�n, lona, madera seca y agua salada. Resultaba un grupo variopinto: rubios habitantes del continente oriental con sus aguile�as facciones; menudos y jactanciosos hombres y mujeres davakotianos con los cabellos cortados casi al ras y piedras preciosas incrustadas en las mejillas; hombres de piel oscura procedentes de las Islas de las Piedras Preciosas; algunos scorvios y tambi�n marineros de las Islas Meridionales e incluso unos pocos reclutas de lo m�s profundo del continente occidental. Y entre ellos, desliz�ndose con agilidad por entre las piernas para llegar a la cabeza de la cola, un cuerpo peludo moteado de gris y una cola que no cesaba de agitarse ansiosa, apenas visibles entre la multitud.</p><p>��Eh, <emphasis>Grimya!</emphasis> �La voz de Vinar pod�a atravesar una pared de roca cuando la elevaba, y todas las cabezas se volvieron�. Deja algo para nosotros pobres esclavos humanos, �de acuerdo?</p><p>Se escucharon risas, y el animal de pelaje gris gir� la cabeza y le dedic� una sonrisa lobuna mientras dejaba que la lengua se balanceara por una de las comisuras. Un mensaje entusiasmado penetr� en la mente de �ndigo.</p><p><emphasis>��Carne! �Todos tenemos carne! �S�lo falta un d�a para llegar a tierra, de modo que han abierto el �ltimo barril de tasajo y el cocinero ha preparado estofado!�</emphasis></p><p><emphasis>Grimya,</emphasis> la loba, su mejor amiga y compa�era desde hac�a medio siglo, se mostr� tan bulliciosa como un cachorro en su primera cacer�a al correr hacia �ndigo, y salt� en el aire para dar mayor �nfasis a su mensaje telep�tico.</p><p><emphasis>��Ser� tan estupendo volver a comer carne! �Cu�nto tiempo ha pasado, �ndigo? �Cinco d�as? �M�s? Parece como si fueran m�s. �Estoy harta de comer pescado!�</emphasis></p><p>�ndigo lanz� una carcajada y alborot� el pelaje de la loba, mientras que Vinar se agachaba para acariciarla con cari�o.</p><p>�El olfato de <emphasis>Grimya</emphasis> nos gana a todos �dijo�. Ahora lo percibo y es estofado. <emphasis>Aut�ntico</emphasis> estofado. Nos aseguraremos de que pueda repetir, �de acuerdo?</p><p>�ndigo asinti�. Vinar no conoc�a el secreto de <emphasis>Grimya;</emphasis> no se daba cuenta de que el animal era un mutante que comprend�a y pod�a hablar la lengua de los humanos. Y el v�nculo telep�tico que �ndigo y la loba compart�an era algo que, quiz�, no habr�a entendido. A pesar de ello, Vinar y <emphasis>Grimya</emphasis> se hab�an hecho buenos amigos durante el viaje, y ahora la loba se dedic� a abrir paso al scorvio por entre la masa de marineros hambrientos hasta la escotilla, donde la cocinera davakotiana se dedicaba a entregar humeantes cuencos de madera con la comida del mediod�a al tiempo que chillaba a voz en grito a los presentes:</p><p>��Esperad vuestro turno, que la Madre del Mar se os lleve a todos, esperad <emphasis>vuestro turno!</emphasis></p><p>Vinar regres� hasta donde esperaba �ndigo, realizando incre�bles malabarismos para transportar tres cuencos rebosantes en dos manos mientras intentaba que una <emphasis>Grimya </emphasis>babeante y apretada contra sus piernas no le hiciera dar un traspi�. Los primeros en obtener sus raciones empezaron a desperdigarse por la cubierta, y ellos tres encontraron un lugar donde sentarse con la espalda apoyada contra el palo de mesana y disfrutar de la comida.</p><p>��Demos gracias a la Madre todopoderosa por tener una buena cocinera en este barco! �A modo de homenaje, Vinar alz� su primera cucharada de suculento estofado picante hacia el cielo, antes de introduc�rsela en la boca con aire agradecido�. �M�s valiosa que toda una brazada de oro y piedras preciosas; puedes creerme, porque s� lo que digo! �Engull� lo que ten�a en la boca, se pas� la lengua por los labios, y clav� la mirada en �ndigo�. �T� sabes cocinar, o no? No importa; �si t� no sabes, yo lo har�! �</p><p>Y su risa reson� con fuerza por la cubierta�. Un d�a de �stos; un d�a de �stos. Cambiar�s de idea. �Espera y ver�s!</p><p>Terminada la comida, el capit�n Brek, con la prudencia del buen marino, hizo saber que a partir de aquel momento todas las guardias se doblar�an hasta que el <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> estuviera a buen recaudo en el puerto. S�, sab�a que eso significaba m�s trabajo y menos descanso para todos, pero si el tiempo cambiaba para dar paso a una tormenta como la que present�a en los huesos, todos le dar�an las gracias por su previsi�n. En esas latitudes las tormentas primaverales eran violentas y pod�an desatarse en cuesti�n de minutos: cuantos m�s miembros de la tripulaci�n estuvieran despiertos y vigilantes en cada turno, y listos para enfrentarse al momento con lo que fuera que los elementos les lanzaran, mucho mejor.</p><p>Se realiz� un precipitado reajuste de los turnos, e �ndigo se encontr� destinada a las guardias de la tarde y el amanecer mientras que Vinar iba a parar al turno de medianoche apodado, junto con varios otros ep�tetos m�s vulgares, el Festejo del Cad�ver. Tras recibir �rdenes de descansar mientras pudieran, la muchacha y los otros miembros de su guardia descendieron por la escalera de c�mara hasta el dormitorio comunitario, situado en una de las cubiertas inferiores y compuesto por tres hileras de hamacas colgadas entre puntales de hierro, �ndigo escogi� una hamaca en la hilera inferior y se tumb�, mientras <emphasis>Grimya</emphasis> se enroscaba sobre una manta doblada. El dormitorio carec�a de portillas y estaba iluminado tan s�lo por un farol humeante que se columpiaba al comp�s del suave balanceo del barco y proyectaba sombras sopor�feras. La mayor�a de los marineros se durmieron enseguida; durante un buen rato <emphasis>Grimya</emphasis> permaneci� en silencio, observando los dibujos proyectados por las sombras; luego levant� la cabeza</p><p>con cierta cautela e irgui� una oreja.</p><p><emphasis>�No duermes.�</emphasis> No era una pregunta sino una afirmaci�n, y su voz mental ten�a un tono de reproche.</p><p>�ndigo suspir� y se removi� en la hamaca.</p><p><emphasis>�No; no duermo�,</emphasis> transmiti� a su vez.</p><p><emphasis>�Deber�as hacerlo. La pr�xima, guardia ser� agotadora, con tan s�lo una peque�a pausa, y necesitas descansar.�</emphasis></p><p><emphasis>�Lo s�, cari�o, lo s�. Pero...�</emphasis></p><p><emphasis>�Se trata de Vinar, �verdad?�,</emphasis> la interrumpi� <emphasis>Grimya. �Ha vuelto a trastornarte, y todav�a no sabes qu� hacer con respecto a �l.�</emphasis></p><p><emphasis>�Exacto.�</emphasis> No ten�a sentido negarlo, a pesar de que durante los �ltimos minutos hab�a estado realizando un decidido esfuerzo por pensar en cualquier cosa menos en Vinar. <emphasis>�Est� resultando tan dif�cil,</emphasis> Grimya. Es <emphasis>una persona amable, un buen hombre, y s� que me ama.�</emphasis> Call� un instante. <emphasis>�Cuando lleguemos a puerto, tendr� que tomar una decisi�n. O bien lo miro a la cara y le digo que lo odio y desprecio, me molestan sus insinuaciones y no quiero volver a verlo jam�s...�</emphasis></p><p><emphasis>�Lo cual�,</emphasis> interrumpi� <emphasis>Grimya</emphasis> de nuevo, con suavidad, <emphasis>�ser�a una mentira.�</emphasis></p><p><emphasis>�S�. S�, lo ser�a. Me gusta Vinar, aunque no en la forma en que �l desea, y no quiero herirlo a menos que sea imprescindible. Pero mi �nica otra opci�n es contarle la verdad...</emphasis> y, <emphasis>si lo hiciera, se negar�a a creerme.�</emphasis></p><p><emphasis>Grimya</emphasis> profiri� un d�bil gemido ahogado. Lo comprendi� Vinar, como cualquier hombre razonable, encontrar�a imposible aceptar que �ndigo no fuera lo que parec�a; que no fuera una mujer en la flor de la vida, sino un ser proscrito que durante m�s de medio siglo hab�a arrastrando la carga de la inmortalidad sobre sus espaldas. Sin envejecer, sin cambiar, incapaz de morir, desde aquel d�a de un pasado lejano en que hab�a abierto una puerta prohibida y sacado a la luz un secreto largo tiempo olvidado...</p><p><emphasis>�Quiere conocer a mi familia�,</emphasis> comunic� �ndigo con amargura. <emphasis>��C�mo puedo decirle que no tengo familia, que todos Llevan muertos cincuenta a�os y que fui yo quien los mat�?�</emphasis></p><p><emphasis>�T� no lo hiciste...�,</emphasis> empez� a protestar <emphasis>Grimya,</emphasis> pero �ndigo la acall�.</p><p><emphasis>�Lo hice, cari�o; de nada sirve negarlo. Directa o indirectamente, yo fui responsable de sus muertes.�</emphasis></p><p>El tiempo hab�a cicatrizado muchas de las heridas y difuminado el recuerdo de �ndigo, pero, aunque su padre, madre y hermano no eran ahora m�s que sombras apenas recordadas, algunas veces sent�a la sensaci�n de culpa por lo que hab�a hecho como un agudo dolor f�sico en su interior. Al iniciarse este viaje hab�a tenido la esperanza de que, al regresar a su pa�s para enfrentarse a aquellos fantasmas tras cincuenta a�os de exilio, podr�a encontrar una forma de exorcizarlos y hacer las paces con su pasado. Pero, a medida que la nave se acercaba m�s y m�s a las Islas Meridionales, la esperanza se hab�a ido esfumando y la aprensi�n hab�a ocupado su lugar. Se habr�a amilanado; habr�a saltado del barco en cualquiera de la docena de puertos en los que hab�a atracado durante el largo viaje por el norte, y huido por tierra, por mar, a cualquier parte con tal de interponer una distancia infranqueable entre ella y su antiguo hogar... de no haber sido por una cosa: sab�a �no; <emphasis>cre�a,</emphasis> aunque, en esto, no se pod�a separar la fe del conocimiento� que de todos aquellos que hab�a conocido y amado hac�a tanto tiempo, uno no estaba perdido. Ni perdido, ni muerto, sino vivo, inmutable, y esper�ndola. Para liberarlo del limbo en el que estaba retenido desde hac�a cincuenta a�os, estaba dispuesta a enfrentarse a cualquier prueba. Y �sa era la verdad que Vinar no podr�a jam�s comprender, el motivo por el que jam�s podr�a amarlo. Ella ten�a otro amor, y regresaba a casa en su busca.</p><p><emphasis>�Deber�a haberle contado algo m�s cercano a la verdad�,</emphasis> dijo a la loba. <emphasis>�Habr�a sido tan sencillo decir: "Estoy comprometida a otro, Vinar, y cuando lleguemos a puerto �l estar� en el muelle para darme la bienvenida". �l habr�a aceptado esa, pero en lugar de ello invent� una mentira deliberada, sobre parientes y una peque�a granja. Mi intenci�n era evitar que se volviera demasiado curioso o suspicaz, pero todo lo que he conseguido es una mara�a de la que no puedo escapar sin herirlo.�</emphasis></p><p><emphasis>�Eso es cieno�,</emphasis> asinti� <emphasis>Grimya, �pero �c�mo ibas a saberlo? Al principio Vinar s�lo quer�a, ser tu amigo. �C�mo pod�as saber que te convertir�as en mucho m�s para �l?�</emphasis></p><p><emphasis>�No pod�a. Pero debiera haber sido m�s cuidadosa, y ahora es demasiado tarde.�</emphasis> Se removi� de nuevo en la hamaca, inquieta y desgraciada. <emphasis>�Tendr� que hacerlo,</emphasis> Grimya. <emphasis>Por cruel que resulte, tendr� que volverme contra �l y desde�arlo. No existe otro modo... y con el tiempo me olvidar�, aunque jam�s me perdone.�</emphasis></p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no estaba tan convencida. Pose�a la habilidad de ver un poco m�s all� en las mentes de los otros que su amiga humana y hab�a visto hasta d�nde llegaba la dedicaci�n de Vinar por �ndigo. A lo mejor olvidar�a... pero ella sospechaba que no ser�a as�. Y, aunque nada la habr�a inducido a decirlo, estaba segura de que se necesitar�an m�s que palabras, por muy duras y definitivas que fueran, para convencer al scorvio de que no ten�a un lugar en la vida de �ndigo.</p><p>Volvi� a proferir un d�bil gru�ido y apoy� el hocico sobre las extendidas patas delanteras.</p><p><emphasis>�A lo mejor no ser� tan duro como temes�,</emphasis> dijo en tono alentador. <emphasis>�A lo mejor encontraremos la forma de hacer lo que debe hacerse sin herir a nadie. Pero, sea como sea, no creo que te vaya a ayudar el darle vueltas ahora. Vinar y el capit�n Brek tienen raz�n: el tiempo est� cambiando. Lo huelo, y no me gusta la sensaci�n que produce en mis huesos. Intenta dormir, �ndigo. Por favor, int�ntalo mientras puedes.�</emphasis> Su nariz se estremeci� inquieta. <emphasis>�Quiz�s es nuestra �ltima oportunidad antes de que nos encontremos con problemas.�</emphasis></p><p>�ndigo consigui� dormir por fin, aunque fue un sue�o ligero e inquieto, hasta que el estruendo de la campana que anunciaba el cambio de turno la despert� con un sobresalto. Mientras abandonaba la hamaca con ojos empa�ados a�n por el sue�o, tuvo por un insensato momento la sensaci�n de que la cubierta inferior estaba en llamas, ya que el dormitorio era un caos de haces de luz y de sombras, y figuras imprecisas se mov�an a su alrededor en aparente confusi�n. Pero a medida que su visi�n se aclaraba comprendi� que los bamboleantes haces de luz los creaba el farol que se balanceaba violentamente en su gancho, y que las figuras que saltaban no eran m�s que el resto de la tripulaci�n, despierta ya y amonton�ndose en direcci�n al pasillo y a la escalera de c�mara situada algo m�s all�. La cubierta oscilaba bajo sus pies como un borracho mientras el <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> cabeceaba en un mar encrespado, y comprendi� que los �problemas� que <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a pronosticado ya hab�an empezado.</p><p>La mayor�a de los marineros despertados estaban ya fuera del camarote y corriendo en direcci�n a la cubierta superior; un rezagado, un scorvio menudo y arrugado que no hablaba la lengua de �ndigo, se detuvo en la puerta para volver la cabeza hacia ella, hacer una mueca y realizar una pantomima de un violento ataque de v�mitos antes de desaparecer en pos de los otros. �ndigo busc� a <emphasis>Grimya</emphasis> con la mirada y vio que segu�a bajo la hamaca, de pie pero vacilante.</p><p>�Qu�date aqu�, cari�o �dijo�. No hay nada que puedas hacer para ayudar en nuestra guardia, y estar�s m�s c�moda bajo cubierta.</p><p>La loba agach� la cabeza, aliviada. Seg�n su propia opini�n no era mala marinera pero jam�s le hab�an gustado los temporales.</p><p><emphasis>�Cu�date�,</emphasis> transmiti�. <emphasis>�Te esperar�.�</emphasis></p><p>�ndigo le dedic� una sonrisa tranquilizadora y corri� hacia la escalera.</p><p>Al llegar al exterior se dio cuenta de que comenzaba a oscurecer; era una l�brega oscuridad prematura que el banco de nubes que ahora cubr�a todo el cielo hac�a a�n m�s amenazadora. El viento no era todav�a m�s que r�fagas violentas y a�n no hab�a empezado a llover, pero el mar ya daba sobre la tripulaci�n del <emphasis>Buena Esperanza,</emphasis> una buena advertencia de lo que iba a venir. La marea era muy alta, y las olas golpeaban en un �ngulo peligroso contra el lado de estribor. El capit�n Brek hab�a ordenado que todo el mundo fuera a las cuerdas, para orientar las inmensas velas de modo que la nave mantuviera el rumbo el mayor tiempo posible hasta que el peligro de que �sta girara de costado contra el oleaje resultara demasiado grande. �ndigo a�adi� su peso y habilidad al grupo situado en la driza de la vela mayor, consciente, a pesar de la poca luz, de la presencia en su puesto del timonel, tranquilo pero alerta, mientras la nave avanzaba decidida. Todo hab�a quedado perfectamente bajo control y todav�a no exist�a peligro, pero la tensi�n se palpaba entre la tripulaci�n. El capit�n Brek se paseaba a grandes zancadas por entre sus lilas, sin hablar demasiado pero en constante vigilancia. Era davakotiano y ejemplar t�pico de los de su raza; hab�a escogido personalmente a su tripulaci�n y confiaba en ella, pero la responsabilidad �ltima reca�a en �l y nada lo convencer�a de aflojar la vigilancia un solo momento. Menudo, moreno, de una eficiencia tremenda, con sus cabellos cortados casi a ras y dos rub�es resplandeciendo como un segundo par de feroces ojos en las afiladas mejillas, daba una orden aqu�, una palabra de �nimo all�, hasta que poco a poco el nuevo turno de guardia fue adoptando un ritmo de trabajo m�s seguro. El mar estaba encrespado, dijo Brek, pero a�n pasar�a un tiempo antes de que la tormenta estallara y el aut�ntico trabajo empezara. Reconfortados por su tranquilidad, la tensi�n afloj�, y no tardaron en escucharse las acostumbradas peticiones de canciones y relatos para ayudar a pasar las horas. En principio, el capit�n fing�a no aprobar tales frivolidades, pero en la pr�ctica se divert�a tanto con ellas como el resto y pose�a una buena voz de bar�tono para sumarse a las salomas. A medida que el atardecer daba paso a la oscuridad y �sta a la noche cerrada, la tripulaci�n fue cantando a voz en grito sus canciones predilectas como <emphasis>Mares embravecidos y Las muchachas del norte y del sur,</emphasis> y, como hab�a sucedido ya tantas veces, se persuadi� a �ndigo para que relatara una historia al t�pico estilo de los bardos que tanto cautivaba a su auditorio. El <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> sigui� navegando, y por fin la campana volvi� a sonar y la muchacha regres� bajo cubierta para reunirse con <emphasis>Grimya y</emphasis> disfrutar de algunas horas preciosas en su hamaca antes de la guardia del amanecer, mientras Vinar y los otros sub�an, entre burlas bien intencionadas, para hacerse cargo del Festejo del Cad�ver.</p><p>Esta vez �ndigo estaba tan agotada que se qued� profundamente dormida sin apenas tiempo de dedicar un segundo a sus propios problemas. Ni so�� ni movi� un m�sculo... hasta que, varias horas antes de que le tocara el turno de la guardia del amanecer, tres hombres empapados, despeinados y con la mirada extraviada se precipitaron en el interior del camarote.</p><p>��Despertad! �Incluso por entre una neblina de semiinconsciencia �ndigo reconoci� el estent�reo rugido de Vinar mientras era arrancada del sue�o y devuelta a la realidad�. Moved el esqueleto, todos..., <emphasis>�todos!</emphasis></p><p>La potente voz del scorvio denotaba aut�ntica alarma, y los dormidos hombres y mujeres de la tripulaci�n se despertaron e incorporaron de un salto. El camarote se balanceaba violentamente; en el mismo instante en que los sorprendidos ojos se abr�an y las piernas se mov�an instintivamente para obedecer la orden, un tremendo bandazo los lanz� a todos de costado y varios cayeron de las hamacas y se estrellaron contra el suelo en un revoltillo de brazos y piernas. La voz de Vinar se abri� paso entre la confusi�n como una espada de doble filo.</p><p>��Ha estallado la tempestad, y es mucho peor de lo que nadie esperaba! El tim�n se ha roto; no podemos mantener el rumbo, �y estamos siendo arrastrados hacia el cabo Amberland! �En pie, zopencos, arriba...! �TODO EL MUNDO A cubierta!</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 2</strong></p></title><empty-line/><p>No era m�s que un peque�o puesto de vig�a de entre muchos alineados a lo largo de las costas del territorio continental de las Islas Meridionales, pero los centinelas que se ocupaban de los faros situados en lo alto de los farallones del cabo Amberland sab�an por larga y amarga experiencia que eran ellos, m�s que cualquiera de los otros, los que ten�an m�s probabilidades de ser llamados a sus puestos durante las violentas tempestades de primavera u oto�o.</p><p>Los hombres de guardia no hab�an dejado de escudri�ar el cielo atentamente desde el amanecer del d�a anterior, y en cuanto el velo de la noche empez� a deslizarse por el firmamento desde el este, y el viento comenz� a soplar y el mar a rugir y gemir, los hombres de la torre de vig�a salieron al exterior, encorvados para poder resistir los embates del viento del noroeste, a encender las hogueras que advertir�an del peligro a cualquier barco que se acercase.</p><p>La noche era ya bastante cerrada, con jirones de nubes recorriendo veloces el cielo y oscureciendo la luna, y en las achaparradas torres de piedra que serv�an de faro el viento aullaba como un alma en pena por entre grietas y aberturas, haciendo repiquetear los prismas de cristal que proteg�an las hogueras y aumentaban su luz. Cuando la noche cay� por completo, los tres faros, situados a kil�metro y medio de distancia entre s�, ard�an con fuerza, atendidos por dos hombres cada uno, mientras en las torres de vig�a que se alzaban entre los faros, otros manten�an una helada vigilia con catalejos y sirenas. Abiertas las rutas mar�timas apenas hac�a un mes, tras un invierno particularmente crudo, gran n�mero de buques se dirig�an a Ranna y a los otros puertos de menor importancia de aquellas costas; se esperaba en cualquier momento la llegada de cargueros procedentes de Scorva, del Pa�s de los Caballeros y del golfo de Aghantine, y era probable que cualquier nave atrapada entre las islas exteriores cuando estallara la tormenta intentara llegar hasta un puerto del territorio continental por delante de la tempestad. En tales circunstancias, todo lo que los isle�os pod�an hacer era rezar para que no sucediera lo peor al tiempo que se aseguraban de que, si sus plegarias no obten�an respuesta, ellos estar�an preparados.</p><p>La noche se cerr� a�n m�s y la tempestad creci� en virulencia. Tremendas r�fagas de lluvia se precipitaban contra la costa procedentes del mar, y la creciente marea tronaba ensordecedora al estrellarse las enormes olas contra la orilla. Las gentes de los pueblos y poblaciones pesqueras aseguraban las casas para protegerlas de la tormenta y rezaban fervientemente para que la mano protectora de la Madre del Mar condujera a todos los navegantes sanos y salvos hasta la orilla, mientras, al otro lado de las atrancadas ventanas, el viento aullaba y gem�a y hac�a que las casas se tambalearan en sus cimientos, y lluvia y mar al un�sono barr�an los muelles en un ataque demoledor.</p><p>Nadie supo qu� hora era cuando se avist� la primera bengala frente a los acantilados de Amberland. Un diminuto y d�bil punto luminoso en la oscuridad se elev� hacia el cielo y, tras s�lo un segundo o dos, se extingui� por la tormenta. En la torre de vig�a m�s grande, el centinela se puso en pie de un salto y alert� a sus dos compa�eros. Tras abrocharse bien los abrigos de cuero, los tres unieron sus fuerzas para empujar la puerta, consiguieron abrirla y salieron al exterior en medio del torbellino. Con los cabellos ondeando al viento y la lluvia azot�ndoles el rostro mientras se inclinaban para luchar contra los elementos, los tres hombres escudri�aron el mar.</p><p>�<emphasis>�All�! �Otra!</emphasis></p><p>El grito del vig�a result� inaudible en medio del rugir de la tormenta, pero todos hab�an visto c�mo la segunda se�al atravesaba el espacio y llameaba moment�nea y desesperadamente antes de apagarse.</p><p>Los tres hombres no perdieron un segundo. Se dieron la vuelta; uno, entre bandazos y traspi�s, march� corriendo en direcci�n al fantasmal resplandor del faro m�s cercano, situado a medio kil�metro, mientras que el segundo tomaba un sendero que se perd�a tierra adentro en direcci�n al pueblo m�s pr�ximo. El tercer hombre corri� a colocarse a sotavento de la torre de vig�a donde la pared de piedra proporcionaba una cierta protecci�n contra la violencia del viento y la lluvia, y forceje� con una bolsa de cuero que llevaba sujeta al cintur�n. De esta bolsa sac� un tubo hueco de madera, de unos dos palmos de longitud y perforado por agujeros. El tubo llevaba sujeta una cadena gruesa y el hombre empez� a balancear dicha cadena, primero de un lado a otro y luego, a medida que tomaba m�s impulso, en un amplio c�rculo por encima de su cabeza. El viento, azotando la pared desde el otro extremo, golpeaba y tiraba de la cadena, pero el hombre la sujet� con fuerza, haci�ndola girar m�s y m�s, y de improviso el estruendo de la tormenta se vio eclipsado por un aullido sobrenatural parecido al alarido de un alma atormentada cuando la sirena se hizo o�r. Era un sonido incre�ble, que se alzaba incluso por encima del estr�pito de la galerna y del mar y que, para cualquiera que conociera su espantoso son, resultaba inconfundible. Minutos m�s tarde, una segunda sirena respondi� desde el faro m�s cercano, luego a lo lejos se escuch� un tercer lamento al transmitirse la se�al, siguiendo un recorrido que la llevar�a de faro a granja y por fin al pueblo. El hombre resguardado tras la casa de vig�a dej� caer la sirena y volvi� a introducirla en la bolsa antes de darse la vuelta y acuclillarse junto a la pared, con los hombros encorvados al frente para protegerse de la lluvia y los ojos fijos en el sendero que se perd�a tierra adentro. Pronto �en cuesti�n de minutos, si todo iba bien� distinguir�a los primeros destellos de los faroles de los hombres del pueblo pesquero que acud�an a la llamada cargados de cuerdas y arneses. Hasta entonces, todo lo que pod�a hacer era esperar... y rezar para que, cuando el barco en apuros chocara contra los arrecifes de Amberland �cosa que no podr�a evitar�, pudieran salvar a la tripulaci�n antes de que perdieran la vida en las embravecidas aguas.</p><p>Los hombres de la orilla divisaron por vez primera al <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> justo minutos antes de que se estrellara contra las rocas situadas frente al cabo Amberland. Cual un fantasma monstruoso la nave surgi� de entre las rugientes tinieblas, con el palo mayor y el de mesana rotos y los jirones de las velas ondeando enloquecidos en medio del vendaval. No se ve�an luces a bordo, pero, bajo el resplandor de los faros que lanzaban su silenciosa advertencia desde lo alto de los acantilados que se alzaban sobre la bah�a, los vigilantes distinguieron figuras humanas que se mov�an como hormigas fren�ticas por la cubierta mientras el enorme casco se abat�a sobre las aguas.</p><p>Algunos forcejeaban todav�a valientemente con las drizas en un �ltimo y desesperado esfuerzo por hacer girar la nave y mantenerla alejada de la costa, pero la mayor�a de sus camaradas hab�an abandonado toda esperanza de que el nav�o consiguiera salvarse y se esforzaban por bajar los botes.</p><p>La nave golpe� de costado contra el arrecife, con un estallido lento y chirriante que result� a�n m�s aterrador en medio del bramar de la tempestad. Los dos m�stiles que a�n quedaban enteros se balancearon violentamente, uno de ellos se parti� por la mitad y la parte superior fue a estrellarse contra la cubierta, arrastrando velas, jarcias y crucetas en su ca�da. Uno de los botes recibi� el impacto de los escombros y sali� despedido por encima de la borda, con media docena de tripulantes; el grupo de rescate de la playa los vio luchar con las olas pero no pudo hacer nada por ayudarlos. En aquel mar ni siquiera los nadadores m�s resistentes y valientes se atrev�an con los arrecifes; hasta que la marea arrastrara m�s cerca de la orilla a los hombres que intentaban mantenerse a flote, �stos tendr�an que arregl�rselas como pudieran.</p><p>En el poco tiempo del que hab�an dispuesto entre su peligroso descenso por el sendero del acantilado hasta llegar a la playa batida por la tormenta y la aparici�n del barco en apuros, los lugare�os hab�an hecho todo lo posible por prepararse para el rescate. Cuatro j�venes, despojados de botas y abrigos y atados a cuerdas de salvamento, temblaban bajo unas mantas mientras esperaban para zambullirse en el mar en cuanto vieran aproximarse el primer cuerpo. Tras ellos, cada cuerda de salvamento estaba a cargo de una docena de pares de brazos fornidos, listos para tirar de los nadadores en contra de la poderosa resaca, mientras otros luchaban por ensamblar sogas y aparejos, esperando el milagro que les permitiera aparejar una boya de salvamento hasta el zozobrante <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> antes de que las rocas rompieran su lomo.</p><p>Entonces, apenas audible en el rugir del vendaval y el tronar del mar, se dej� o�r una voz.</p><p><emphasis>�� Va a volcar!</emphasis></p><p>Resonaba a�n la advertencia en el aire cuando se escuch� un segundo golpe atronador, y el <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> empez� a inclinarse. Los m�stiles que a�n quedaban en pie se ladearon peligrosamente en direcci�n a la playa como �rboles derribados, y luego, con un sonoro estr�pito, la nave volc� sobre uno de sus costados. Escucharon c�mo el casco se hac�a a�icos contra los arrecifes, y chorros de espuma se elevaron hacia el cielo mientras m�stiles y velas se hund�an en el mar, y se alzaba una ola colosal que empuj� a los aspirantes a rescatadores hacia la orilla. La tripulaci�n no tuvo la menor oportunidad; el violento impacto lanz� a los marineros fuera del barco como desvalidos mu�ecos de trapo y los arroj� al embravecido mar. Palos y barriles y los restos de los botes cayeron sobre ellos, y una segunda ola gigantesca arrastr� peces y cuerpos en direcci�n a la playa. Nada m�s levantarse la ola, los j�venes atados a las cuerdas de salvamento corrieron a su encuentro, se arrojaron a la resaca y nadaron con todas sus fuerzas para llegar hasta los marineros que luchaban por mantenerse a flote. Un hombre fue lanzado directamente a la orilla y se desplom�, aparentemente sin vida, boca abajo sobre los guijarros. Unos cuantos hombres corrieron a arrastrarlo fuera del agua antes de que la siguiente ola cayera sobre �l; luego volvieron a introducirse en el mar para recoger un segundo cuerpo que se acercaba en medio de una masa de espuma y pecios. De repente dio la impresi�n de que cada ola tra�a con ella nuevos n�ufragos; los cuatro nadadores j�venes eran arrastrados de vuelta a la orilla cargados con cuerpos inertes y empapados para volver de inmediato al agua a medida que se divisaban m�s y m�s miembros de la tripulaci�n del <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> debati�ndose entre las embravecidas aguas, y aquellos que no se ocupaban de tirar de las cuerdas vadeaban entre las olas para prestar toda la ayuda posible, o, a salvo de la marea al abrigo de los acantilados, iniciaban la urgente tarea de intentar reanimar a aquellos que hab�an conseguido sacar del mar. Pero muchos no llegar�an jam�s a la playa ya que hab�an sido arrastrados por las corrientes y mareas cruzadas. El grupo de salvamento hab�a visto a un perro entre aquellos infortunados; el animal estaba vivo y consciente y nadaba valientemente en un esfuerzo por llegar a la orilla, pero tambi�n �l se hab�a visto arrastrado. El mar arrojar�a a la mayor�a de los cad�veres a lo largo de la costa durante los pr�ximos d�as, pero por el momento los hombres de la orilla no ten�an tiempo para llorar a los muertos. Lo que importaba ahora era auxiliar a los vivos.</p><p>A algunos, no obstante, ya no se los pod�a ayudar: tres davakotianos, dos hombres y una mujer; varios hombres procedentes del continente oriental; un anciano y arrugado scorvio, y un gran n�mero de otros, algunos ahogados, algunos destrozados contra las rocas antes de ser arrastrados a la orilla por las olas. De entre los supervivientes tres estaban malheridos, entre ellos una mujer cuya embarrada melena de cabellos casta�o rojizos cubr�a la se�al de un terrible golpe en la cabeza, pero los restantes hab�an sufrido menos golpes, y mientras sacaban al �ltimo hombre del agua uno o dos empezaron a dar se�ales de recuperar el conocimiento.</p><p>El vendaval empezaba ya a amainar. Su aullido se hab�a convertido ahora en un silbido hueco que se entremezclaba con el rugir del mar para silbar con fuerza en los o�dos, y en aquellos momentos era casi imposible mantenerse erguido sin ser doblado por el viento. Por el este, una fina y maliciosa cuchilla de fr�a luz blanca que se abr�a paso por una abertura entre las nubes indicaba la llegada del amanecer, y a medida que la luz adquir�a fuerza se fue haciendo m�s patente el alcance del naufragio. El <emphasis>Buena Esperanza yac�a</emphasis> sobre los arrecifes, con el casco partido en dos y los m�stiles aplastados extendidos en direcci�n a la playa como dedos que intentaran desesperadamente encontrar un asidero. La playa estaba cubierta de restos; no tan s�lo palos y maderas procedentes del barco mismo sino tambi�n restos de su carga, barriles, fardos y ca�as, y grandes pedazos de hierro balanceados por el mar con el mismo descuido que si fueran astillas. En medio de los desechos y los montones de algas que cubr�an los guijarros de la playa se ve�an una docena o m�s de peque�os grupos de hombres, cada grupo trabajando obstinadamente para reanimar a un superviviente del naufragio. La marea hab�a cambiado y empezaba a descender, aunque las olas segu�an bullendo y rugiendo; y, a medida que el terror y el tumulto del rescate tambi�n disminu�an, aparec�a la consabida fatiga. Mientras el alba daba paso al nuevo d�a lleg� otro grupo procedente del pueblo; formando parte de �l iban algunas mujeres que llevaban mantas y frascos de reconstituyentes a base de hierbas. Se abrig� convenientemente a los exhaustos nadadores, se los condujo por el sendero del farall�n de regreso a casa a comer y descansar, y se dispusieron improvisadas camillas para trasladar al pueblo a las v�ctimas del naufragio. Dos �un davakotiano y un scorvio grandull�n y fornido� estaban totalmente conscientes y pod�an andar con un poco de ayuda, y poco a poco rescatadores y rescatados fueron abandonando desordenadamente la playa. En menos de una hora la �ltima camilla iniciaba el ascenso por el camino del acantilado, menos peligroso ahora que el vendaval hab�a amainado. Nadie del grupo de rescate volvi� la cabeza para contemplar el destrozado casco encallado en los arrecifes que hab�a sido el <emphasis>Buena Esperanza.</emphasis> La playa qued� a merced del azote del viento, de la atronadora marea que empezaba a descender y de las gaviotas carro�eras.</p><p>��S�, ya s�; ya s� lo que dices, y lo comprendo! �Vinar agit� las manos con fuerza como si al hacerlo pudiera dar a su s�plica mayor �nfasis�. Pero lo que quiero saber es si ella se pondr� bien. �Quiero <emphasis>saberlo!</emphasis></p><p>��Vinar, d�jalo estar! �El capit�n Brek pos� una mano sobre el brazo del corpulento marinero�. El m�dico hace todo lo que puede por �ndigo, lo sabemos. No ha transcurrido ni un d�a; no puedes esperar que despierte necesariamente ya.</p><p>�De todos modos, es mejor para ella que no recupere todav�a el conocimiento �dijo el m�dico, un hombre de mediana edad y cabellos casta�os�. La mejor respuesta a un golpe como �ste es dormir. �Dedic� una ojeada a Vinar, luego a Brek, cuyos ojos revelaban su extremo agotamiento�. Los dos deber�ais regresar a vuestros alojamientos y a vuestras camas. Os avisar� en cuanto haya algo que contar, pero hasta entonces no pod�is ayudarla ni a ella ni a los otros esperando aqu�.</p><p>La mano de Brek se cerr� con m�s fuerza sobre el brazo de Vinar.</p><p>�Vamos. El m�dico tiene raz�n; no hacemos m�s que molestar. Ven conmigo, y nos tomaremos una copa o dos, �eh? Luego los dos seguiremos el consejo de este buen hombre y nos iremos a dormir.</p><p>A pesar de doblar a Brek en tama�o, Vinar cedi� ante la autoridad de su capit�n. Sus azules ojos dedicaron una �ltima mirada a la puerta cerrada tras la que yac�a �ndigo.</p><p>�De acuerdo, ir� �repuso con un suspiro�. Pero si ella muere...</p><p>�Estoy seguro de que no tienes por qu� temer eso �contest� el m�dico con una sonrisa�. El golpe ha sido fuerte, pero no se ha roto el cr�neo y no hay se�ales de que se haya acumulado sangre bajo la herida. Creo que todo lo que ella necesita ahora es descanso, y cuidados y prudencia cuando despierte.</p><p>Vinar no se sent�a satisfecho, pero dej� que Brek lo sacara de all� y lo condujera a la casa donde ambos se alojaban. Los habitantes del pueblo de pescadores hab�an acudido r�pida y generosamente en ayuda de los supervivientes, y casi cada casa alojaba ahora de forma temporal a uno o m�s de los tripulantes del <emphasis>Buena Esperanza.</emphasis> Hab�an transformado una de las casas en enfermer�a, y all� los tres marineros malheridos, junto con varios otros que padec�an conmoci�n y los efectos del agua y el fr�o, hab�an quedado al cuidado de dos m�dicos locales. La tempestad se hab�a extinguido por fin alrededor del mediod�a, y, en medio del extraordinario silencio que a menudo sigue a tales tormentas, los hombres del pueblo hab�an descendido a la bah�a para rescatar todo lo que pudieran del nav�o encallado en la playa. Ahora la oscuridad hab�a vuelto a caer, con un cielo despejado y una luna llena; los grupos de rescate hab�an regresado, los m�dicos hab�an hecho todo lo que pod�an por los heridos, y todo lo que quedaba era aguardar y esperar que poco a poco se recuperaran por completo.</p><p>El capit�n Brek calculaba que m�s de la mitad de su tripulaci�n hab�a sobrevivido. Era, como hab�a explicado al medico, poco menos que un milagro, y aunque lo aflig�a profundamente la p�rdida de vidas humanas, no por ello dejaba de dar fervientes gracias a la Madre del Mar por haber permitido que se salvaran tantos. Se hab�a enviado un mensajero al puerto de Ranna para comunicar el desastre y el n�mero de supervivientes, y habr�a literas disponibles en otros barcos para todos los que las quisieran una vez que estuvieran en condiciones de zarpar en direcci�n a sus pa�ses de origen. Brek sab�a que algunos desde�ar�an tal idea y simplemente se contratar�an con otros patrones; �l mismo ten�a intenci�n de regresar a Huon Parita, donde estaba seguro de que se le ofrecer�a un nuevo barco. Ning�n armador inteligente culpaba a un capit�n �en especial a un capit�n davakotiano, y uno con tanta experiencia como Brek� por la p�rdida de una nave; era uno de los peligros del mar y un riesgo que deb�a correrse. Brek no ser�a denigrado ni caer�a en desgracia por el hecho de que sus esfuerzos por salvar el <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> hubieran sido vanos. Pero le quedar�a el recuerdo, y �ste siempre lo perseguir�a.</p><p>Curiosamente, una de las cosas que m�s lo entristec�a era la p�rdida de <emphasis>Grimya.</emphasis> Tanto �l como toda la tripulaci�n se hab�an encari�ado con la loba durante el viaje, y tambi�n era muy consciente del v�nculo que exist�a entre ella e �ndigo. Resultar�a una triste tarea dar la noticia a �ndigo, quien sin duda lo tomar�a muy mal. Sin embargo, no exist�a la menor duda de que <emphasis>Grimya</emphasis> se hab�a ahogado; si los hombres m�s fuertes no hab�an podido hacer nada ante aquel mar embravecido, �qu� posibilidades de supervivencia podr�a haber tenido un animal?</p><p>Brek y Vinar llegaron a la casa donde se hospedaban y entraron. La esposa de su anfitri�n se encontraba all�; tras meter en la cama a sus hijos, les entreg� recipientes de caldo caliente junto con hogazas de pan de avena. Luego, sin hacer caso de sus protestas, los condujo a la habitaci�n que compart�an bajo el alero, y respondi� a las nerviosas s�plicas de Vinar con la promesa de que lo despertar�a en cuanto el m�dico hiciera llegar noticias de la mujer. Brek se sumi� al momento en un pesado y atribulado sue�o, pero Vinar, por su parte, permaneci� un rato sentado ante la peque�a ventana, contemplando la tranquila noche mientras lo corro�a la preocupaci�n. Por fin, ni siquiera �l pudo resistir la influencia del agotamiento; su cabeza cay� al frente hasta reposar sobre sus brazos cruzados, y fue hundi�ndose en una inquieta inconsciencia.</p><p>La luna se pon�a ya cuando �ndigo despert�. Al empezar a moverse, murmurando y dando vueltas en su jerg�n, la muchacha que hab�a estado vel�ndola toda la noche se puso en pie r�pidamente y cruz� la habitaci�n para contemplarla a la luz de una vela protegida por una pantalla. Lo que vio la hizo abandonar de inmediato la habitaci�n para despertar al m�dico.</p><p>En cuanto recuper� el conocimiento, lo primero que advirti� �ndigo fue un sordo dolor punzante en la cabeza. �Hab�a bebido demasiado?, se pregunt� vagamente. No..., no era bebida; no recordaba haber bebido. Alguien hab�a irrumpido en su habitaci�n � no, no en su habitaci�n, no era eso�, pero hab�an entrado gritando y...</p><p>y..... ���ndigo? �Una voz de hombre son� con suavidad cerca de ella�. �Eres</p><p>�ndigo, verdad?</p><p>Ella no comprendi� qu� quer�a decir. Su mente estaba confusa, la cabeza le dol�a. Y estaba oscuro. Entonces se dio cuenta de que ten�a los ojos cerrados todav�a y, con un esfuerzo, consigui� que se abrieran.</p><p>La luz que le cay� sobre los ojos parec�a intolerablemente brillante, pero el hombre situado junto a ella dijo algo y la fuente de luz se alej� un poco. �ndigo distingui� entonces los vagos contornos de una habitaci�n, aunque su visi�n estaba a�n demasiado empa�ada para distinguir detalles y juzgar si el lugar le resultaba o no familiar. En ese momento una sombra cay� sobre ella. La joven desvi� la cabeza ligeramente e hizo una mueca de dolor cuando el zumbido de su cabeza se transform� en una breve pero aguda punzada; por fin consigui� distinguir con claridad el rostro inclinado sobre ella.</p><p>No lo conoc�a, pero ten�a un aspecto bondadoso y sereno y eso la tranquiliz�.</p><p>�Me llamo Olender �dijo �l con dulzura�. Soy m�dico. Est�s a salvo ahora, �ndigo, y todo est� bien. No �extendi� una mano para evitar que se incorporara�, no intentes levantar la cabeza. Tu cabeza ha recibido un golpe terrible y es mejor que permanezcas tumbada y sin moverte. Jilia ha ido en busca de una poci�n que eliminar� el dolor. �Call� unos instantes y luego continu�: Bien, esto puede parecerte una petici�n extra�a pero te ruego que me complazcas. �Ves mi mano? �La levant� ante ella, y la muchacha asinti� con un movimiento apenas perceptible�. Estupendo. �Cu�ntos dedos tengo extendidos?</p><p>En alg�n lugar de la memoria de �ndigo un recuerdo fragmentario se agit�; conoc�a esta prueba. �Tre... tres �musit�.</p><p>��Y ahora? �La mano desapareci�, volvi� a aparecer. �Dos.</p><p>�Muy bien. �Olender se volvi� hacia alguien situado detr�s de �l�. La conmoci�n no es grave, creo.</p><p>La persona que estaba con �l dijo algo de lo que �ndigo capt� la palabra �Vinar�, pero no significaba nada para ella.</p><p>�S�, promet� avisar. Pide a Jilia que vaya una vez que haya preparado la poci�n. � Olender se volvi� de nuevo hacia la cama�. Bueno, �ndigo, �recuerdas lo que te sucedi�? �Qu� es lo �ltimo que recuerdas?</p><p>Recordar... �Hab�a habido un barco, sin duda? �No hab�a estado ella a bordo de un barco? Y... y...</p><p>�Naufragio... �La palabra surgi� tan apagada que Olender casi no la oy�. Tormenta..., hab�a una tormenta...</p><p>Olender asinti� con la cabeza en direcci�n al otro hombre.</p><p>�S�, lo recuerda, aunque no en detalle. No diremos nada m�s sobre ello por ahora, hasta que est� m�s recuperada.</p><p>�Pero... �dijo �ndigo.</p><p>El m�dico se dio la vuelta.</p><p>��S�?</p><p>��C�mo...c�mo me llamaste...?</p><p>�Te llamas �ndigo, �no es verdad? �Olender frunci� el entrecejo�. Me dijeron...</p><p>La muchacha profiri� un extra�o gemido que lo interrumpi� en mitad de la frase, y antes de que pudiera imped�rselo intent� incorporarse en el lecho.</p><p>��T�mbate! �le orden� con ansiedad, oblig�ndola a permanecer echada. Ella levant� una mano y se aferr� a la mu�eca de �l.</p><p>��Dilo otra vez! �La palabra, el nombre!</p><p>���ndigo?</p><p>El miedo la atenaz�, y los ojos se le abrieron repentinamente, desorbitados. Hurgaba desesperadamente en su mente, buscando, rastreando, pero la informaci�n que deseaba no se encontraba all�: qui�n era, de d�nde ven�a, d�nde hab�a estado... Todo hab�a desaparecido, y en su lugar no hab�a m�s que un vac�o, una enorme y profunda extensi�n de nada.</p><p>��No s� mi nombre! �El miedo se transform� en p�nico, ��ndigo, �ndigo...�, se repet�a en silencio, una y otra vez, pero no era m�s que una palabra sin significado para ella�. �Ha desaparecido, <emphasis>todo</emphasis> ha desaparecido, no puedo encontrarlo! �Su voz se transform� en un agudo chillido aterrorizado�. <emphasis>�No s� qui�n soy!</emphasis></p><p>�No podemos hacer otra cosa que aguardar y tener confianza. �Olender mir� de soslayo al corpulento scorvio sentado lleno de des�nimo frente a �l y suspir� comprensivo�. Ya s� que eso no te sirve de consuelo, Vinar, pero me temo que es lo mejor que yo o cualquier otro podemos ofrecer. F�sicamente se recuperar� por completo, loada sea la Madre; pero si recuperar� o no la memoria es algo que no puedo pronosticar. � Aguard� una respuesta y, al ver que Vinar no contestaba, a�adi�, en un intento de animarlo�: Me he tropezado con esto en m�s de una ocasi�n; se sabe que sucede a veces despu�s de un golpe en la cabeza. En la mayor�a de los casos la memoria regresa...</p><p>�Pero no siempre, �verdad? �Vinar levant� los ojos.</p><p>Olender se sinti� incapaz de mentir.</p><p>�No, no siempre.</p><p>Se produjo un largo silencio. El m�dico no lo sab�a, pero Vinar luchaba interiormente consigo mismo, como hab�a hecho desde que le hab�an comunicado la noticia de la amnesia de �ndigo. Olender sab�a que �l e �ndigo hab�an sido buenos amigos, y hab�a intentado hacer preguntas que pudieran ayudar a los aldeanos a localizar a la familia e la joven, o al menos a alguien en las Islas Meridionales que la conociera. Hasta el momento, Vinar hab�a eludido las preguntas, pero ahora sab�a que deb�a dar una respuesta... y, al hacerlo, deso�r su conciencia o ceder a ella en la toma de una decisi�n de suma importancia.</p><p>�Lamento tener que apremiarte cuando tienes preocupaciones mayores �dijo Olender con suavidad�, pero si hay algo que puedas decirnos de su familia...</p><p>�Ya �interrumpi� Vinar con brusquedad.</p><p>Hab�a tomado una decisi�n. Pod�a estar equivocada, pod�a ser perversa; pero �l no era m�s que un ser humano, con debilidades humanas. Y, se dijo a s� mismo con desesperaci�n, ello no har�a ning�n <emphasis>da�o</emphasis> a �ndigo. De hecho no le acarrear�a m�s que cosas buenas, ya que estaba seguro, totalmente seguro, de que no hac�a m�s que anticipar la decisi�n que la misma �ndigo acabar�a tomando.</p><p>�Ya �repiti�. Puedo ayudar. Tiene familia en las islas, me lo dijo, aunque no s� d�nde. Pero los encontrar�, no lo dudes. Ver�s, ella iba a llevarme hasta ellos, a ver a su padre. �Una sonrisa se extendi� despacio por su rostro�. Ella y yo, �sabes?, �bamos a casarnos. De modo que ahora puedo ocuparme de ella, y tan pronto como est� mejor nos iremos juntos, encontraremos a los suyos, �y entonces todo ir� bien para los dos!</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 3</strong></p></title><empty-line/><p>Despu�s de una violenta tempestad siempre hay cosas que recuperar a lo largo de la costa que rodea Amberland, y en los d�as siguientes a la galerna mucha gente descendi� a las playas y ensenadas durante la marea baja para peinar la costa en busca de cosas que salvar. Nadie buscaba sacar provecho de la desgracia de otros, pero para los aldeanos de la zona, educados seg�n los principios del ahorro y la frugalidad, los desechos procedentes de un naufragio proporcionaban muchas cosas de valor, desde madera para usar como combustible en invierno hasta pedazos de cuerda, trozos de velamen y, bastante a menudo, los restos de cargamentos perecederos in�tiles ahora para sus propietarios pero un gran hallazgo para una familia pobre.</p><p>Casi todo el raque lo realizaban los ni�os y aquellas personas demasiado ancianas o enfermizas para realizar un trabajo regular, y durante los dos d�as siguientes a la tempestad, mientras el mar se tranquilizaba poco a poco, personas solas y grupos patrullaron la orilla, exploraron cuevas y treparon por entre las rocas en busca de lo que fuera que la �ltima marea alta hubiera arrastrado. Conscientes de que en los lugares de m�s f�cil acceso ya no quedar�a nada, algunos de los recolectadores m�s �giles probaban suerte y arriesgaban el cuello en ensenadas menos accesibles y lejanas, y fue en una de tales calas, una ma�ana luminosa pero helada cuando la marea estaba en su punto m�s bajo, que dos j�venes hermanos vieron algo que se mov�a entre un mont�n de algas de la playa.</p><p>Esk, que con sus diez a�os era el m�s joven de los dos, hizo caso omiso de la advertencia de su hermano mayor Retty de que tuviera cuidado, y corri� hacia all� sin pensarlo, para luego detenerse en seco a pocos metros del mont�n de algas.</p><p>��Es una foca! �grit�, pero enseguida agreg�: No, no lo es... Es... �Su voz se apag� y mir� por encima del hombro con ojos asombrados�. �Es un <emphasis>perro!</emphasis></p><p>��No lo toques! �advirti� Retty�. Si est� herido puede atacarte. Qu�date donde est�s... Ir� a echar una mirada.</p><p>Con el saco de lona rebotando sobre la espalda corri� a reunirse con su hermano menor, deteni�ndose en el camino para recoger un palo de madera que le servir�a para mantener al perro a raya si resultaba peligroso. Pero, cuando alcanz� a su hermano y juntos se acercaron despacio al animal, se dieron cuenta de que �ste no estaba en condiciones de atacarlos. Desgre�ada y cubierta de barro, con el empapado pelaje pegado al cuerpo de forma que le daba un aspecto esquel�tico, la criatura yac�a en medio de las algas, moviendo d�bilmente la cabeza y una de las patas delanteras pero demasiado agotada para hacer nada m�s. Ten�a los ojos entrecerrados, la lengua le colgaba a un lado y su respiraci�n era jadeante y penosa; al acercarse m�s los muchachos escucharon un d�bil gemido que escapaba de su garganta.</p><p>�No es un perro �dijo Retty de improviso�. Es un lobo.</p><p>��Un <emphasis>lobo?</emphasis> �Esk se mostr� incr�dulo�. �C�mo ha ido a parar al mar un lobo?</p><p>�No lo s�. �Se encogi� de hombros�. A lo mejor se cay� del acantilado, o algo as�.</p><p>�Los lobos no se caen de los acantilados.</p><p>�Pues a lo mejor la galerna lo tir� de �l. Pero sin duda es un lobo; mira la forma de</p><p>la cabeza, y las patas tan delgadas. Y esa cola. Eso es un lobo.</p><p>��Qu� vamos a hacer? �Hab�a compasi�n en la voz de Esk�. No podemos dejarlo aqu� o se ahogar� cuando vuelva a subir la marea. �Crees que podr�amos ponerlo en pie?</p><p>Su hermano neg� con la cabeza. �Me parece que tiene las patas traseras rotas. Mira... Las tiene dobladas al rev�s. �Ves c�mo est�n? No puede andar, y no me gustar�a intentar llevarlo en brazos, no sea que a�n le hagamos m�s da�o.</p><p>�A lo mejor incluso nos morder�a �apunt� el peque�o en tono pr�ctico.</p><p>Se quedaron contemplando en silencio el pat�tico mont�n de pelo. Si el lobo se hab�a dado cuenta de su presencia no lo demostraba; los gemidos hab�an cesado ahora, los ojos del animal estaban cerrados y era imposible decir si segu�a respirando o no.</p><p>Al cabo de unos segundos, Esk levant� los ojos con preocupaci�n. ��Se ha muerto?</p><p>�No lo s�. �Su hermano estaba a punto de agacharse y extender una mano para tocar al lobo, cuando una voz los llam� desde lo alto. �Retty..., Esk..., �todo va bien ah� abajo? Los ni�os levantaron la cabeza y vieron una figura, recortada contra el brillante cielo, que saludaba desde lo alto del acantilado.</p><p>��Es el abuelo! �grit� Esk, ansioso�. ��l sabr� qu� hacer! ��El abuelo no sabe nada de lobos! �protest� Retty, pero Esk corr�a ya playa arriba en direcci�n al acantilado, agitando los brazos con energ�a.</p><p>��Abuelo, abuelo, baja! �Hemos encontrado un lobo, est� herido! �Baja!</p><p>Desde lo alto su abuelo no pod�a o�r lo que gritaba Esk, pero la urgencia de la llamada quedaba muy clara, de modo que el anciano se acerc� al borde y empez� a descender con cuidado. Retty apret� los dedos e hizo una mueca, temeroso de la c�lera de su madre si el anciano �de quien mam� dec�a que era demasiado mayor para ir trepando y saltando por las rocas, y �vosotros, ni�os, no os <emphasis>atrev�is a</emphasis> animarlo a hacerlo�� ca�a y se hac�a da�o. Pero el abuelo lleg� al pie del acantilado sano y salvo y, con Esk tir�ndole de la mano, se acerc� a ver el descubrimiento por s� mismo.</p><p>�Bien, bien �dijo, con un tono de asombro en la voz�. Es un animal grande, m�s grande que la mayor�a de los lobos que tenemos en esta regi�n. Es m�s parecido a un animal de la tundra que a una de nuestras razas del bosque.</p><p>��Est� muerto, abuelo? �pregunt� Esk.</p><p>El anciano se inclin� para tocar al lobo y palpar bajo el collar�n, cubierto de sal y casi seco ahora.</p><p>�No, no lo creo; pero est� malherido.</p><p>�Tiene las patas traseras rotas �le inform� Retty, sombr�o�. No puede andar; si se queda aqu� se ahogar� cuando suba la marea.</p><p>El abuelo de los muchachos se irgui� y estudi� la situaci�n del lobo herido. Matar animales para comer era una cosa; la carne era algo necesario para sobrevivir, y siempre le hab�a gustado la caza tanto como a cualquiera. Pero ning�n habitante honrado de las Islas Meridionales matar�a a un animal por otro motivo, o lo dejar�a sufrir sin necesidad. Tanto animales como humanos eran criaturas de la Madre Tierra, y los isle�os respetaban a los lobos en particular, no como competidores sino como compa�eros de caza por derecho propio. A lo mejor, pens�, ese lobo ya no pod�a salvarse, pero no estaba seguro. Merec�a una oportunidad... y, de todos modos, no cre�a tener el valor para despacharlo, aunque fuera en un acto de misericordia. Adem�s, hoy era d�a de mercado, �no era as�? Eso podr�a cambiarlo todo...</p><p>�Retty �dijo, indicando el acantilado�, vuelve a subir; luego corre todo lo r�pido que puedas hasta el pueblo y consigue que vengan dos hombres. Diles que traigan algo de cuerda, y una plancha resistente de mimbre para hacer una camilla. Despu�s, cuando lo hayas hecho, quiero que vayas a Ingan.</p><p>��Ingan? �Retty estaba perplejo. Ingan era la ciudad grande m�s cercana, situada unos ocho kil�metros tierra adentro. El ni�o apenas si hab�a estado en la ciudad dos veces en toda su vida�. �Para qu�, abuelo?</p><p>�Es d�a de mercado �respondi� el abuelo�. Existen muchas probabilidades de que Niharin est� all�. Si lo est�, quiero que le pidas, �con toda educaci�n, sobre todo!, si puede venir a ver qu� puede hacer por el lobo.</p><p>Esk, que escuchaba con sumo inter�s, torci� el rostro en una mueca.</p><p>��Niahrin? �Puf! Es una bruja horrible..., �es <emphasis>repugnante!</emphasis> El anciano se volvi� furioso hacia el peque�o. ��Ya es suficiente, muchacho! Niahrin no puede evitar el aspecto que tiene, y sabes tan bien como yo que las brujas del bosque son mujeres buenas y sabias, �de modo que no tolerar� que se la insulte! �Mientras Esk enrojec�a avergonzado, el abuelo se dirigi� de nuevo a Retty�. Di a tu madre que tienes mi permiso para ir, y que puedes coger prestado el poni del herrero; le dices que ya le pagar� m�s tarde. Ahora, ponte en camino, y date prisa. La marea empieza a subir ya y no tenemos mucho tiempo.</p><p>Alentado por la responsabilidad que su abuelo depositaba en �l, y tambi�n por el pensamiento de que a lo mejor pod�an salvar al lobo, Retty asinti� con la cabeza. �S�, abuelo. �Har� todo el camino corriendo! El anciano y el ni�o de menor edad lo siguieron con la mirada mientras ascend�a por el acantilado y desaparec�a por encima de la cumbre tras agitar r�pidamente un brazo en se�al de despedida. Luego devolvieron su atenci�n al lobo. La criatura parec�a haber recuperado el conocimiento otra vez pero estaba demasiado d�bil y atontada para intentar moverse. Sus nublados ojos ambarinos los contemplaban con impotencia; con la punta de la lengua se lam�a las mand�bulas pero sin coordinaci�n. El anciano consider� la posibilidad de intentar enderezar las patas traseras da�adas, pero se decidi� en contra temeroso de que sus bienintencionadas pero inexpertas manos no fueran a empeorar las cosas. Era mejor esperar la llegada de la hechicera, aunque, si no hab�a ido al mercado de Ingan hoy, s�lo la Madre sab�a lo que har�an ellos entonces. El pueblo ten�a su propio m�dico, desde luego, pero la forma en que Niahrin trataba a los animales era una leyenda en la regi�n. La gente rumoreaba incluso que, en una ocasi�n, hab�a devuelto la vida a un caballo...</p><p>Una mano diminuta se introdujo repentinamente en la suya, y vio a Esk que lo contemplaba ansioso.</p><p>��Podr� Niahrin salvar al lobo, abuelo? �El chiquillo se disculpaba as� de forma indirecta por lo que hab�a dicho minutos antes, y el anciano sonri� para darle a entender que estaba perdonado.</p><p>�Tendremos que esperar y ver, muchacho. Pero, si alguien puede, es ella.</p><p>Era pasado el mediod�a cuando Retty regres� de Ingan en el poni prestado, con la bruja Niahrin montada a la grupa detr�s de �l.</p><p>Todos los habitantes de la zona conoc�an a Niahrin, pero, pese a la larga amistad, los aldeanos a�n la miraban con una mezcla de curiosidad y compasi�n al saludarla. Niahrin probablemente no tendr�a m�s de cuarenta a�os de edad, y de espaldas, con su figura elegante y ligeramente rolliza y los cabellos de un negro azabache arrollados alrededor de la cabeza en dos trenzas, se parec�a a cualquier aldeana madre de familia, incluso aunque sus ropas fueran viejas y un poco extra�as y sus colores a veces no combinaran demasiado. Pero, cuando se daba la vuelta y mostraba el rostro, esa ilusi�n se desvanec�a.</p><p>El ojo derecho de Niahrin era de un casta�o l�mpido y c�lido, la mejilla derecha mostraba un rubor saludable bajo el efecto bronceador del viento, y el lado derecho de la boca era carnoso y casi bello. Pero el ojo izquierdo estaba tapado por un parche de colores, hecho con un pedazo de tapiz viejo, y la piel que quedaba debajo aparec�a arrugada por viejas cicatrices de un color gris blanquecino que descend�an hasta la mand�bula como las marcas de las zarpas de un animal, tirando hacia abajo de la comisura izquierda de la boca y dando una terrible contorsi�n a su sonrisa. Nadie sab�a qu� accidente hab�a provocado tal desastre, y Niahrin se negaba a hablar de ello. Pero un rumor persistente afirmaba que la desfiguraci�n era el resultado de una maldici�n lanzada sobre ella por su abuela cuando Niahrin no era m�s que una criatura. Nadie recordaba a la vieja bruja ahora, ni se acordaba de su nombre siquiera, pero todo el mundo coincid�a en que una mujer que pod�a ser tan cruel con alguien de su propia sangre deb�a de haber sido una criatura llena de pura e implacable maldad. Unos pocos tem�an que Niahrin hubiera heredado algunos de los rasgos de su abuela, pero los hechos hablaban mejor que las palabras; Niahrin era una herbolaria experta y utilizaba la vieja magia s�lo para el bien, y la gran mayor�a de las personas no s�lo la respetaba sino que sent�a afecto por ella.</p><p>Como ella misma ya hab�a explicado al ni�o, Retty hab�a tenido mucha suerte al encontrarla ese d�a en el mercado. Como tantas de las brujas de las Islas Meridionales, Niahrin prefer�a la vida solitaria en el bosque a la atm�sfera m�s mundana de una ciudad o pueblo. Ten�a su hogar en la gran zona boscosa que se extend�a entre la costa de Amberland y la fortaleza del rey en Carn Caille. Cultivaba sus propias verduras e hierbas y los habitantes del bosque la abastec�an de carne, de modo que sus visitas a Ingan eran pocas y espaciadas. Lo cierto es que hab�a estado a punto de no acudir ese d�a, y �nicamente una intuici�n de que hallar�a algo de particular inter�s la hab�a convencido de dirigirse a la ciudad. A lo mejor, dijo a Retty al tiempo que se golpeaba un lado de la nariz y le dedicaba un gui�o conspirador con el ojo bueno, el lobo la hab�a llamado pidi�ndole ayuda, tal como a veces hac�an los animales con los humanos que los comprend�an...</p><p>Retty no pod�a evitar que le gustase Niahrin, a pesar de su aspecto desconcertante. Durante el viaje de vuelta desde Ingan la mujer lo hab�a entretenido con historias de los bosques, de partidas de caza y de animales y de habitantes de los bosques, y de aquella ocasi�n en que el mismo rey hab�a pasado a caballo acompa�ado por la reina y toda su corte, y de c�mo al pasar el monarca le hab�a dedicado una inclinaci�n de cabeza como si ella fuera una dama de la nobleza. La reina era muy joven y hermosa, dijo Niahrin, pero ten�a un aspecto delicado y abatido, aunque la bruja a�adi� que probablemente no era nada que una botella de su propio t�nico de hierbas no hubiera subsanado si ella hubiera tenido el valor de ofrecerla.</p><p>Finalmente llegaron a la casa de Retty, situada cerca del puerto, y al sonido de los cascos del poni la madre y el abuelo del muchacho salieron a la puerta. Se intercambiaron los cumplidos de rigor, y se condujo a Niahrin a trav�s de la casa hasta el fregadero de la parte trasera de la casa, donde yac�a el lobo herido sobre un mont�n de sacos. La familia se amonton� en la peque�a habitaci�n detr�s de ella, e incluso Esk fue lo bastante osado ahora en presencia de la bruja como para atisbar desde detr�s de las faldas de su madre.</p><p>�El chico dice que le parece que las patas traseras del animal est�n rotas. �Niahrin se agach� junto a los sacos y pas� una mano firme pero suave sobre el lomo del lobo y luego sobre los costados. Un espasmo reflejo crisp� el cuerpo del animal, y la bruja mene� la cabeza afirmativamente�. Mmmm... bueno, no estoy tan segura. Puede existir una fractura, pero si as� es se trata de una fractura limpia, y ella todav�a tiene sensibilidad en el lomo. El da�o no es irreparable.</p><p>��Es una hembra? �El abuelo mir� por encima del hombro a Niahrin con sorpresa�. Parece tan grande... Y esas cicatrices en el hocico... Pensaba que s�lo eran los machos los que se met�an en peleas.</p><p>Niahrin lanz� una risita ahogada.</p><p>�Oh, te sorprender�as. Los lobos no son tan diferentes de nosotros los humanos; las mujeres siempre pueden hacer pasar un mal rato a los hombres cuando se trata de una buena escaramuza. Bueno �introdujo la mano en un peque�o morral que le colgaba del hombro�. Primero, le dar� un poco de mi elixir especial. Tiene dolor, �sab�is?, de modo que unas gotitas ayudar�n a alivi�rselo. Tambi�n tiene algunas heridas; necesitar� un poco de agua hirviendo para preparar una cataplasma; luego entablillar� y vendar� las patas, lo justo para llev�rmela a casa sin que sufra m�s da�os.</p><p>��A tu casa? �Retty estaba consternado�. Oh, pero yo pens� que nos la quedar�amos.</p><p>Su madre lanz� un bufido de sorpresa, y Niahrin neg� con la cabeza.</p><p>�No, querido, eso no estar�a bien, y no ser�a lo mejor para ella. Necesita cuidados adecuados y que todo cicatrice bien; no es mi intenci�n ofenderos, buena se�ora, pero estoy segura de que ten�is trabajo m�s que suficiente sin que adem�s teng�is que ocuparos de un animal enfermo. �Sonri� por encima del hombro a la madre de los ni�os�. Si ten�is algunas tiras de ropa o de lona y un par de pedazos de madera no muy largos que me pod�is dar, eso es todo lo que os pido.</p><p>�Desde luego. �La mujer, con Esk pegado a ella, sali� a toda prisa a buscar lo que le hab�an pedido. Al ver el rostro alica�do de Retty, Niahrin le sonri�.</p><p>�No te inquietes. Te ir� enviando noticias de sus progresos, y, si tu madre y tu abuelo te autorizan, podr�s venir a visitarla dentro de un tiempo. M�s o menos despu�s de la pr�xima luna nueva; para entonces estar� en condiciones de recibir visitas.</p><p>��Puedo, abuelo? �Retty levant� la vista esperanzado. �S�, claro, si tu madre est� de acuerdo. Niahrin volv�a a examinar a la loba. �Bueno, no tiene leche, de modo que no hay cachorros hu�rfanos de los que preocuparnos. �Hizo una pausa�. �Dec�s que la encontrasteis en la playa? �Arrastrada por la marea?</p><p>�Eso es lo que parece �le dijo el abuelo�. Aunque c�mo fue a parar al mar y, a�n m�s, c�mo se apart� tanto del bosque, es algo que s�lo la Madre sabe.</p><p>�S�; vagabundean, claro, pero suelen ir hacia el sur en direcci�n a la tundra, no al norte. La verdad es que dudo que se trate de uno de nuestros lobos locales. No recuerdo haberla visto antes, y con esas cicatrices y el pelaje moteado no es un animal que yo olvidar�a f�cilmente. Mientras hablaba, Niahrin hab�a ido pasando una mano sobre el hocico de la loba en tanto que la otra trazaba menudos y r�pidos signos en el aire por encima de la frente del animal; de improviso se detuvo y se inclin� para estudiarlo con m�s atenci�n�. Empieza a despertar.</p><p>La loba lanz� un ga�ido y se estremeci�. Retty intent� mirar, pero su abuelo lo oblig� a retroceder dos pasos.</p><p>�D�jale sitio, muchacho. Demasiados rostros extra�os todos a la vez la asustar�n.</p><p>Niahrin canturreaba en voz baja ahora mientras permanec�a inclinada sobre el animal, palabras que ni el anciano ni el chiquillo comprendieron. Muy despacio, los ambarinos ojos de la criatura se abrieron. Estaban nublados y miraban sin ver; el animal parec�a hacer grandes esfuerzos por respirar. Entonces, tan d�bilmente que s�lo la bruja pudo o�rlo, una voz apagada pero clara brot� de su garganta.</p><p>��Don... d�nde est� �ndigo? Qui... quie... ro a �ndigo...</p><p>Niahrin aspir� con fuerza, alarmada. �Madre Todopoderosa, la criatura <emphasis>hablaba!</emphasis></p><p>��Pasa algo? �El abuelo se adelantaba, y la intuici�n de Niahrin envi� a su mente una veloz advertencia.</p><p>�No �respondi� al momento�. No, no pasa nada.</p><p>Las mand�bulas de la loba volvieron a abrirse y la mujer coloc� una mano sobre el moteado hocico. No quer�a que ni el anciano ni el ni�o supieran lo que hab�a visto y o�do; hab�a algo muy extra�o aqu� que todav�a no pod�a comprender y, hasta que lo hiciera, ser�a m�s sensato mantener para s� lo que hab�a descubierto.</p><p>�Toma, vamos. �Oblig� a sus palabras a recuperar un tono normal y con gran cuidado separ� los labios de la loba, para luego introducir el cuello de la botella de elixir entre los largos dientes�. Puede tragar el licor, y eso la har� dormir de nuevo e impedir� que sienta dolor. �Observ� con atenci�n mientras una buena dosis descend�a por la garganta del animal�. Bien, �est� lista el agua? Lo mejor ser� que le echemos un remiendo lo m�s deprisa posible, y as� podr� marcharme y llegar a casa con ella antes de que oscurezca.</p><p>Le ofrecieron un poni y una carreta para que ella y su paciente regresaran al bosque, pero Niahrin no quiso aceptar. No estaba acostumbrada a manejar caballos, dijo; montar a la grupa era una cosa pero si la dejaban sola se meter�a en un l�o, y adem�s no ten�a ning�n sitio donde instalar al poni durante la noche. Agradeci�ndoselo de todo coraz�n, prefer�a mucho m�s tomar prestada una carretilla que podr�a devolver m�s adelante; la loba estar�a bastante c�moda, y la caminata no era nada para ella. Antes de partir recet� unas p�cimas para la tos de un vecino y para el hijo de otro que empezaba a sacar los dientes, entreg� a la madre del muchacho un paquete de hierbas para cocinar, y muy amablemente acept� cuatro pescados salados, un pesado pastel y una cesta de huevos reci�n puestos en pago de sus servicios. Tambi�n volvi� a prometer que Retty podr�a visitar a la loba cuando �sta estuviera recuperada, lo que disip� un poco la tristeza del chiquillo mientras la ve�a marchar colina arriba empujando la carretilla hasta desaparecer de la vista siguiendo la carretera de Ingan.</p><p>Los aldeanos ofrecieron escoltarla, pero Niahrin hab�a decidido que nadie deb�a acompa�arla en el trayecto de regreso a casa. Por una parte quer�a mantener para s� el secreto que hab�a descubierto; y, por otra, el solitario paseo le proporcionar�a tiempo para reflexionar sin distracciones sobre aquel misterio.</p><p>La loba yac�a en la carretilla, tan c�moda como era posible tenerla en un lecho de sacos y paja. El animal se encontraba sumido en un profundo sue�o, parecido a un trance �Niahrin le hab�a suministrado m�s cantidad del licor de la que era estrictamente aconsejable, pero ten�a sus ramones�, y, mientras se pon�a en marcha con pasos largos y decididos, con la carretilla traqueteando y bambole�ndose delante de ella, la bruja empez� a revisar mentalmente lo poco que sab�a.</p><p>Un lobo que hablaba el lenguaje humano. �Hab�a o�do jam�s algo parecido? Rememor� las historias que su madre le hab�a contado, luego retrocedi� a�n m�s hasta las ense�anzas y los conocimientos locales recibidos de su abuela, y decidi� que no. Y la criatura hab�a sido arrojada a la playa por el mar. Por norma los lobos no se aventuraban cerca del mar; parec�an sentir un temor o aversi�n instintivos por �l, y sab�a con seguridad que ninguno viv�a a menos de dos kil�metros o m�s de la costa. �Existir�a, se pregunt� de improviso, alguna conexi�n con el barco embarrancado frente al cabo Amberland durante el temporal del d�a anterior? Las noticias viajaban veloces en la regi�n, y el naufragio hab�a sido el tema de conversaci�n en el mercado de Ingan. Hab�a muchos supervivientes, por lo que hab�a o�do (y hab�a que dar gracias a la Madre por ello), que se estaban recuperando en uno de los poblados de Amberland situados m�s all� a lo largo de la costa. A lo mejor podr�a enviar un mensaje con uno de los hijos de los guardabosques, para preguntar si hab�a habido una loba a bordo del barco. No era muy probable, pero Niahrin hab�a aprendido hac�a ya tiempo que no era prudente descartar ni siquiera las conjeturas m�s extravagantes.</p><p>Luego estaba la cuesti�n de lo que hab�a dicho la loba. Algo sobre que quer�a a �ndigo. �Qu� era �ndigo? �Una persona?, �un lugar?, �un objeto? �O lo hab�a entendido todo mal, y la pobre criatura hab�a estado intentando decir �me quiero ir� o algo parecido? S�, eso tendr�a sentido. Pero Niahrin ten�a el presentimiento de que no lo hab�a entendido mal.</p><p>Contempl� meditabunda el lamentable mont�n de pelaje gris, seco ahora pero todav�a sucio, que descansaba en el interior de la carretilla. Primero lo primero: comodidades y cuidados era lo que importaba por encima de todo, y esas cosas ella pod�a proporcionarlas en grandes cantidades. Pero, cuando hubiera hecho todo lo que estaba en su mano... bien, entonces habr�a tiempo para investigar m�s a fondo.</p><p>Niahrin lleg� al bosque una hora antes de anochecer, lo que la satisfizo. Los d�as eran cada vez m�s largos a medida que la primavera se estiraba hacia el verano; muchos de los �rboles mostraban ya los brillantes colores de las j�venes hojas nuevas como una neblina verde, y la hierba en los claros brotaba exuberante y vigorosa. Tendr�a una buena cosecha de escalonias en su parcela de las verduras cualquier d�a de �stos, y era casi el momento de sembrar jud�as y ra�ces de verano. Una �poca de cultivo y tambi�n una buena �poca para curar heridas. Con una extra�a y pesarosa sonrisita, se dijo que era tambi�n una buena �poca para volver a despertar una vieja magia, una que hac�a muchos a�os que no utilizaba. La idea le produjo un escalofr�o nada agradable, pues en lo m�s profundo de su mente todav�a la tem�a como siempre hab�a hecho, y le devolv�a recuerdos que habr�a preferido no recuperar. No obstante, un don exist�a para ser utilizado. Y el don que su abuela le hab�a entregado, veinticinco a�os atr�s, era tal vez el �nico medio de resolver este enigma...</p><p>Su casa se encontraba a media hora de camino desde el linde del bosque, en un claro entre robles, fresnos y abedules que en pleno verano formaban un agradable dosel moteado. Al igual que otras casas de los alrededores, estaba construida en madera con un tejado de turba, y se ergu�a firme y cuadrada en el interior de su propia parcela vallada con mimbre. No ten�a m�s que un piso y dos habitaciones, pero siempre hab�a sido lo bastante amplia para las necesidades de Niahrin.</p><p>La mujer empuj� la puerta �no hab�a cerraduras, pues ning�n isle�o osar�a jam�s penetrar en la casa de una bruja sin ser invitado� y encendi� dos velas antes de arrastrar la carretilla hasta el umbral y levantar en brazos a la loba que dorm�a en su interior. El animal era pesado, y, pese a su buena forma f�sica y su fuerza, Niahrin dio gracias que la criatura no estuviera despierta para sufrir tan torpe maniobra. Por fin, consigui� depositar a la loba sobre un jerg�n relleno de heno junto a la chimenea, y empez� a encender el fuego que hab�a dejado dispuesto aquella ma�ana. Lo primero que har�a ser�a colocar su comida a calentar, pues nadie trabajaba bien con el est�mago vac�o, y mientras el cazo herv�a tendr�a tiempo de tratar adecuadamente los entablillados y vendajes de la loba y de a�adir uno o dos conjuros, que no hab�a podido realizar bajo la mirada de los aldeanos, para infundir poder curativo.</p><p>Cuando termin�, del cazo del tr�bedes se elevaba un olor apetitoso y la habitaci�n estaba caliente y bien iluminada por la luz del hogar, desafiando a la oscuridad exterior. Mientras se serv�a una generosa raci�n de estofado de conejo en un bol y cortaba un pedazo de grueso pastel como postre, Niahrin enton� una dulce canci�n, en parte para calmar a la dormida loba y en parte para crear la atm�sfera sopor�fera que permitir�a a su mente realizar la transici�n desde una realidad a la otra. Comi� despacio, de forma casi ritual; luego se sirvi� un vaso de agua de una jarra, lo bebi� y fue a sentarse con las piernas cruzadas en el lado opuesto de la chimenea al que se encontraba la loba. Durante quiz�s un minuto todo permaneci� en silencio; entonces, desde alg�n punto en las profundidades del bosque, un b�ho lanz� su solitario y l�gubre grito, y Niahrin supo que era el momento oportuno.</p><p>Se llev� una mano al parche que le cubr�a el ojo izquierdo, y lo levant�. Desde que le hab�an hecho aquello, hab�a dejado de tener espejos, pero recordaba muy bien la expresi�n de horror en los rostros de aquellos a quienes se hab�a mostrado; el asco, la repugnancia, la compasi�n por una mujer condenada a la solter�a por el don de su abuela.</p><p>Ella era especial, eso era lo que su abuela hab�a dicho. Niahrin no le guardaba rencor, pues aun entonces hab�a comprendido que la anciana ten�a raz�n y hab�a aceptado el don de buen grado; incluso hab�a querido m�s a la abuela por ello. �Qu� importaba si ning�n hombre iba a mirarla jam�s a no ser con expresi�n de repugnancia? Estaba casada con su arte, y eso era algo que aquellos que la compadec�an no podr�an entender nunca.</p><p>El ojo izquierdo de Niahrin era el ojo de una monstruosidad. Sin pesta�as, la piel arrugada como una pasa a su alrededor, su color convertido en un horrible gris cadav�rico, cuyo iris parec�a difuminarse en el blanco del ojo y fundirse en �l. Y la mirada era fija e inm�vil, desviada a un lado en una espantosa mirada estr�bica; una expresi�n de aut�ntica demencia.</p><p>Pero Niahrin distaba mucho de estar loca. Y este ojo, este don, por grotesco y horrible que pudiera ser, le proporcionaba algo que era totalmente suyo.</p><p>Niahrin empez� a canturrear otra vez en voz baja. El terrible ojo bizco parpade� una vez, y sobre la imagen de la habitaci�n iluminada por las llamas empezaron a aparecer nuevos paisajes, que se materializaban despacio pero con claridad, otras realidades que se fusionaban con su agradable mundo. Pasado, presente y futuro, uni�ndose como los hilos del telar de un tejedor. Lo que fue; lo que podr�a haber sido; lo que podr�a ser. Y en su mente, como fantasmas susurrantes, las voces <emphasis>del podr�a</emphasis> y <emphasis>del pudo y</emphasis> del <emphasis>si </emphasis>empezaron a hablarle...</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 4</strong></p></title><empty-line/><p>Niahrin permaneci� despierta hasta bien entrada la noche, meditando sobre lo que hab�a averiguado �o, quiz� lo que era m�s importante, sobre lo que <emphasis>no</emphasis> hab�a averiguado� en su viaje a los mundos de las posibilidades.</p><p>Estaba sentada junto a la m�s peque�a de las dos ventanas de la casa, observando los cambiantes dibujos que la luz, de la luna trazaba al filtrarse por entre los �rboles que rodeaban el claro mientras las im�genes segu�an persigui�ndola. De vez en cuando volv�a la cabeza y contemplaba la yacente figura de la loba, apenas distinguible ahora en la cada vez m�s apagada luz de las llamas, y en esos momentos le daba la impresi�n de que las im�genes se acercaban m�s, de que surg�an de entre las sombras para convertirse casi en una presencia tangible en la habitaci�n. Una anciana, con la espalda encorvada por el reuma, los ojos extraviados y llenos de una silenciosa y furibunda amargura; una pareja hermosa, despreocupada y risue�a; un hombre vestido con ropas elegantes que yac�a boca abajo sobre un lecho mientras su sangre te��a las s�banas de hilo; un anciano sabio, de cabellos blancos y rostro bondadosos, que tocaba un arpa que lloraba y gem�a. Y otra m�s. Alguien cuyo rostro sab�a que hab�a visto en alg�n monto de su vida pero al que su memoria era incapaz de dar un nombre o una identidad. �se era el misterio m�s extra�o de todos. A lo mejor era el esfuerzo agotador que significaba poner en funcionamiento sus poderes adivinatorios, o tal vez no era m�s que el efecto sopor�fero del fuego que la hab�a adormilado y le hab�a hecho perder la concentraci�n, pero se despert� de improviso con un sobresalto, a tiempo de escuchar los ecos de un sonido familiar que se desvanec�an en el bosque. Frot�ndose el ojo derecho para aclararlo �el parche volv�a a estar en su sitio�, Niahrin atisbo por el grueso cristal de la ventana, ahuecando la mano sobre �l para ver mejor. La luna deb�a de haberse puesto, ya que el claro estaba a oscuras. Pero en alg�n lugar ah� afuera, silenciosos como la noche misma, <emphasis>ellos</emphasis> estaban despiertos y alerta. No los ver�a, a menos que quisieran mostrarse, pero sinti� su presencia con fuerza y sin la menor duda. Los lobos del bosque eran viejos amigos y no los tem�a. Sin duda hab�an percibido la nueva presencia entre ellos, en su casa, y sent�an curiosidad. O algo m�s... A su espalda se escuch� un movimiento y un ga�ido ahogado. La bruja volvi� la cabeza y vio que la loba se agitaba en medio de su drogado sue�o. Lam�a el aire con la lengua, una de las patas delanteras se crispaba y la cola intentaba in�tilmente golpear sobre el jerg�n.</p><p>�Chissst. �Niahrin alz� una mano y dibuj� un signo en el aire�. Chisst, peque�a; duerme. Sin sue�os, sin dolor. El herido animal profiri� un suspiro casi humano y volvi� a relajarse. Niahrin lo observ� unos segundos; luego se levant� y fue hasta la puerta. El aire nocturno susurr� fresco contra su rostro y brazos desnudos; aguard� hasta que su ojo se hubo acostumbrado a la oscuridad y entonces avanz� hasta la puerta del jard�n.</p><p>�No os inquiet�is por ella �dijo en voz baja�. Est� a mi cuidado, y har� todo lo que pueda para ayudarla. Pronto regresar� con vosotros, os lo prometo.</p><p>Los lobos, si es que escuchaban, no dieron ninguna respuesta. S�lo se escuch� el d�bil crujir de las ramas del bosque y el murmullo de una ligera brisa danzando por entre la vegetaci�n del jard�n. Niahrin suspir� y regres� a la casa. Esta noche hab�a hecho todo lo que hab�a podido. Lo �nico que deseaba ahora era dormir.</p><p>Tambi�n <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a o�do la llamada de los lobos del bosque, pero el sonido lleg� hasta ella en medio de una neblina de semiinconsciente confusi�n. En alg�n punto de su entumecida mente era consciente de que sent�a dolor, aunque el dolor se encontraba en otro plano; sab�a que estaba all� pero no lo sent�a. Pens� que hab�a dormido mucho tiempo, y hab�a so�ado mucho; sue�os extra�os y desconcertantes en los que intentaba correr tras �ndigo pero descubr�a que las patas traseras no quer�an obedecer y era incapaz de moverse. El sonido de la llamada de los lobos la entristeci� y asust�, pero hab�a habido otra voz, una que no conoc�a, que le hab�a canturreado y hab�a hecho desaparecer sus temores. Cuando sent�a sed, unas manos sosten�an un cuenco con agua para que bebiera, y el agua ten�a un curioso dulzor que la tranquilizaba y la sum�a de nuevo en sue�os. A otro nivel de conciencia percibi� per�odos de luz y de oscuridad, y luego por fin se produjo una sensaci�n de emerger, de forcejear hacia arriba a trav�s de nubes grises en direcci�n a un punto de luz, a medida que la aut�ntica conciencia iba regresando poco a poco. Sinti� dolor entonces; un abrasador dolor punzante que la atraves� como una lanza al rojo vivo, y lanz� un involuntario e incontrolado ga�ido borboteante. Al momento se escuch� un movimiento a su espalda; luego una sombra cerr� el paso a la luz que penetraba por la ventana de la casa, y una mujer se inclin� sobre ella.</p><p>��Est�s despierta? �Una mano descendi� ligeramente para tocar la parte superior de la cabeza de <emphasis>Grimya.</emphasis> �. Ah, s�, ya veo que lo est�s. Y adem�s tienes dolor. Espera, espera un momento, y lo aliviar�. �Se alej�; <emphasis>Grimya</emphasis> escuch� unos ruiditos, y enseguida la mujer regres� con un cuenco de algo que parec�a agua aunque no ol�a como ella. ��Puedes lamer? Int�ntalo, a ver si puedes beber. Yo te ayudar�. �Con sumo cuidado ayud� a <emphasis>Grimya,</emphasis> a levantar la cabeza un poco, y la loba consigui� lamer el contenido del recipiente. El l�quido ten�a un gusto raro pero no desagradable, y casi al momento se produjo un alivio del dolor.</p><p>Niahrin sostuvo el cuenco hasta que ella hubo terminado; luego lo apart�.</p><p>�Muy bien, ya est�. No te muevas. Qu�date quieta.</p><p>Acarici� el pelaje de <emphasis>Grimya</emphasis> para tranquilizarla, pero su mirada estaba alerta mientras contemplaba el rostro de la loba con furtivo inter�s. �Comprend�a la criatura lo que le dec�a? Era dif�cil estar segura; sus adivinaciones no hab�an sido concluyentes, y en los tres d�as transcurridos desde entonces Niahrin hab�a empezado a preguntarse si no habr�a estado equivocada desde el principio y no habr�a confundido los gritos de dolor del animal con el habla humana. Pero, aunque los ambarinos ojos de la loba estaban todav�a como aturdidos, exist�a tensi�n y cautela en; su mirada; no simplemente la cautela propia de cualquier animal sino algo mas... <emphasis>inteligente.</emphasis> Bien, se dijo al fin Niahrin, s�lo hab�a una forma de asegurarse, y �sta era desafiar directamente a la criatura. Si la intentona fracasaba; no habr�a hecho otra cosa m�s que hacer el rid�culo, y, como all� no hab�a nadie para re�rse de ella, �qu� importaba?</p><p>En la piedra de la chimenea se manten�a caliente un puchero tapado; la mujer sac� un plato de madera de un nicho en la pared y sirvi� parte del contenido del puchero en �l.</p><p>�Aqu� tengo comida para ti. Son gachas, y, aunque a: lo mejor no te gustan demasiado, llevan hierbas y cebada y te har�n bien. Cuando est�s m�s fuerte te dar�</p><p>conejo y tal vez un poco de carne de venado.</p><p>S�, parec�a probable que la criatura comprendiera, ya que : profiri� un ruidito de aquiescencia como si diera su conformidad. Niahrin deposit� el plato en el suelo frente al animal y retrocedi�.</p><p>�Y, cuando hayas comido �dijo�, quiz� podamos conversar.</p><p>La loba la mir� con asombro y desaz�n, y las dudas de Niahrin desaparecieron al instante. Sonri� al tiempo que se agachaba en el suelo de modo que ambas quedaran a la misma altura.</p><p>�Mi nombre �a�adi� en voz baja� es Niahrin. Pero no s� el tuyo, ni siquiera si tienes realmente un nombre. �Me lo dir�s, querida? Porque creo que puedes hacerlo, si quieres.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> le devolvi� la mirada mientras su cerebro trabajaba a toda velocidad. No sab�a qu� hacer, y con la incertidumbre lleg� el temor. �C�mo es que aquella mujer conoc�a su secreto? �Lo hab�a adivinado simplemente, o pose�a alg�n poder que le permit�a saber la verdad? Durante todos los a�os pasados con �ndigo, <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a revelado su habilidad s�lo a muy pocos extra�os y �nicamente cuando circunstancias desesperadas no le hab�an dejado otra elecci�n. No sab�a nada de Niahrin, y no pod�a saber qu� pod�a hacer la bruja si ella capitulaba. Para muchas personas, un animal con el poder de hablar como los humanos ser�a un trofeo que querr�an explotar, y <emphasis>Grimya </emphasis>tem�a que la mujer no quisiera m�s que encarcelarla o bien exhibirla en una jaula o venderla a otra persona. Un lobo que hablara pod�a proporcionar a su captor una buena cantidad de dinero, y la mujer era a todas luces pobre, por lo que podr�a verse tentada con facilidad.</p><p>Niahrin, que observaba al animal con atenci�n, volvi� a hablar:</p><p>�No tienes por qu� tener miedo de m�, querida. No quiero hacerte da�o. �Hizo intenci�n de extender una mano, pero <emphasis>Grimya</emphasis> le mostr� los dientes de improviso y la mano retrocedi�. Por favor �dijo la bruja�. Por favor; no tengo intenci�n de hacerte da�o en ninguna forma.</p><p><emphasis>Grimya,</emphasis> quer�a creerlo. Despu�s de todo, la mujer la hab�a acogido, alimentado y cuidado e incluso hab�a eliminado el dolor de su espalda y patas. Segu�a sin poder mover las patas, y en un breve instante de temor se hab�a preguntado si no era cosa de la mujer, una forma de aprisionarla y dejarla indefensa. Pero, a medida que su mente se despejaba, regres� a su memoria el naufragio y con �l el horrible recuerdo de haberse visto arrojada al mar; de su lucha por llegar a la orilla y su incapacidad para vencer la fuerte corriente que la arrastr� fuera de la bah�a, lejos de la tripulaci�n y de sus rescatadores, para finalmente lanzarla contra unas rocas ames de que acabara en aquella playa desierta como si se tratara de un pedazo de madera. Entonces hab�a sentido un terrible dolor, un dolor que la hab�a hecho aullar, y cuando intent� incorporarse las patas le hab�an fallado y hab�a perdido el conocimiento. A partir de ese momento, sus recuerdos no eran m�s que una nebulosa de roja agon�a; hab�a habido voces infantiles, movimientos traqueteantes, murmullos y oscuridad y alguien que intentaba secarle el pelo, luego nada hasta el momento en que hab�a despertado en este lugar. No, esta mujer no le hab�a hecho da�o sino que hac�a todo lo que pod�a para ayudarla. <emphasis>Grimya deseaba</emphasis></p><p>confiar, pero...</p><p>De repente se escuch� un ruido fuera de la casa, un fuerte golpe y una voz que gritaba. Niahrin dio un respingo al escuchar que aullaban su nombre.</p><p>��Niahrin! Bruja, �est�s ah� dentro? �Sal, mujer; despierta, maldita sea, y ay�dame a echarlos!</p><p>Niahrin maldijo en voz baja. Se incorpor� de un salto y corri� a la puerta, que abri� de un tir�n para precipitarse luego al exterior. Por qu� <emphasis>ahora,</emphasis> de todos los momentos que se pod�an elegir...</p><p>��Perd! Perd, �eres t� quien crea toda esta conmoci�n fuera de mi casa?</p><p>Con los labios apretados por la c�lera corri� hacia la puerta del jard�n; al acercarse, los matorrales situados en el linde del claro se agitaron y apareci� un hombre. Era alto, enjuto y vigoroso, aunque el rostro arrugado y los blancos cabellos, lacios y cada vez m�s escasos, indicaban que ten�a ya m�s de setenta a�os. Vest�a un surtido de ropas mal combinadas y demasiado grandes para �l que en otra �poca hab�an sido de buena calidad pero que ahora necesitaban desesperadamente un lavado y un arreglo, y mientras avanzaba a grandes zancadas hacia la puerta agitaba en el aire un nudoso bast�n de madera de endrino.</p><p>��Mujer, est�s descuidando tus deberes! �Su voz era un chillido irritado�. �Holgazaneando dentro de casa sin tomar prevenciones para mantener apartados a los lobos, y todo vini�ndose abajo! �Es que quieres que vengan y te desgarren la garganta? �Lo quieres? �Lo quieres?</p><p>El enfado de Niahrin se convirti� en furia.</p><p>�Perd Nordenson, �qu� haces aqu�? �Qu� es lo que quieres? �Estoy ocupada! A menos que tengas algo que tratar conmigo, vete y d�jame en paz.</p><p>��Algo que tratar? �El anciano hizo una mueca despectiva�. �Deber�as considerarte satisfecha de que yo tenga cosas que tratar contigo, mujer, porque de no haber sido as� por la ma�ana te habr�an encontrado en la cama con la garganta desgarrada! Pero yo los vi. �Los vi, y los ech�!</p><p>Niahrin suspir� al comprender. Perd y los lobos. Con Perd siempre se trataba de los lobos. Por qu� los odiaba de aquella forma era algo que ni ella ni ninguna de las personas que lo conoc�an pod�an adivinar, pero incluso pronunciar la palabra �lobo� en presencia de Perd era provocar una diatriba de apasionado odio. Y Perd pose�a una poderosa habilidad para odiar.</p><p>La mujer avanz� con m�s tranquilidad hasta el final del jard�n y, manteniendo la barrera de la puerta entre ellos, intent� adivinar el estado de �nimo del anciano. Parec�a probable que se tratara de uno de sus mejores d�as, ya que al menos se mostraba coherente y de momento no le hab�a escupido ni arrojado el bast�n contra la cabeza, cosas ambas que sab�a que hab�a hecho en m�s de una ocasi�n. Esperando no equivocarse, dijo en tono apaciguador:</p><p>�Bueno, Perd, ya debes de saber, porque te lo he dicho muchas veces, que los... las criaturas no me molestan y no tengo nada que temer de ellas. Pero te agradezco tu preocupaci�n.</p><p>Hab�a pulsado la cuerda apropiada, ya que el fuego se apag� en los enloquecidos ojos</p><p>de Perd y �ste desvi� la mirada. Sus manos se retorc�an incesantemente sobre el bast�n.</p><p>�Ah�. �Dirigi� un dedo acusador hacia un punto situado junto a la valla de Niahrin�. Estaban ah�, justo <emphasis>ah�,</emphasis> tan tranquilos! �Dos de ellos, sentados, contemplando tu puerta! Iban a... ��No, Perd, <emphasis>no</emphasis> iban a desgarrarme la garganta!</p><p>�Diosa bendita! Su obsesi�n era inquebrantable, se dijo la bruja, y su voz recuper� un tono acerado. Era vital mantenerse firme con Perd y no dejar que adquiriera ventaja ni por un instante. Al mismo tiempo, no obstante, su cerebro registr� y empez� a dar vueltas a lo que el anciano hab�a dicho. Dos lobos, sentados sencillamente... Eso no era nada corriente; no era en absoluto su forma de comportarse.</p><p>�Sentados �repiti� Perd con salvaje �nfasis, como si una parte de su retorcida mente hubiera captado sus pensamientos�. Sentados. <emphasis>�Esperando!</emphasis> Para desgarrar...</p><p>��Perd, es suficiente! �Niahrin regres� al mundo real con un sobresalto. Arrug� la frente ante el tono empleado y repiti� con menos vehemencia�: Suficiente. Agradezco tu preocupaci�n, como te he dicho, pero no quiero escuchar nada m�s. Dices que tienes cosas que tratar conmigo. �Qu� es lo que puedo hacer?</p><p>El hombre se mir� los pies y sacudi� la cabeza. Como era un gesto al que ya estaba acostumbrada, la bruja suspir�. �Vamos, querido, dime lo que es. Ya sabes que no se lo dir� a nadie m�s; sabes que puedes confiar en m�.</p><p>Durante unos instantes volvi� a producirse un silencio; luego, inopinadamente, el hombre avanz� arrastrando los pies hasta quedar a cent�metros de distancia de ella, aunque con la verja todav�a entre ambos. Niahrin percibi� un olor familiar en su aliento: el �spero alcohol destilado por algunos de los menos honrados habitantes del bosque y vendido a todos aquellos que eran lo bastante est�pidos para matarse lentamente s�lo por conseguir unas pocas horas de inconsciencia. De todos modos, en el caso de Perd el mejunje parec�a hacer m�s bien que mal; al menos manten�a a raya su delirio y lo dotaba de cierto equilibrio durante un tiempo. Hab�a dejado caer al suelo el bast�n de endrino ahora, y estir� un brazo hacia ella, subi�ndose la manga del sucio abrigo mientras lo hac�a. Niahrin contempl� con asombro la larga cuchillada que descend�a desde el codo hasta la mu�eca. No era profunda pero estaba cubierta de sangre seca, y se ve�an se�ales de supuraci�n bajo la mugre general que cubr�a la piel.</p><p>��C�mo te hiciste eso? �inquiri�, mir�ndolo a los ojos.</p><p>Perd no contest�, lo que fue m�s que suficiente para confirmarle la verdad.</p><p>��Con ese cuchillo tuyo? �S�? ��l hizo un gesto afirmativo de la cabeza, y la mujer chasque� la lengua�. �Cu�ntas veces te he advertido sobre esa arma tan peligrosa? No est�s en condiciones de manejar un cuchillo as�; si no est�s amenazando sombras con �l entonces te amenazas a ti mismo.</p><p>�Lo necesito �refunfu�� Perd�. <emphasis>Lo necesito.</emphasis> O ellos desgarrar�an...</p><p>Lo interrumpi� r�pidamente antes de que pudiera empezar de nuevo.</p><p>�Perder�s el uso del brazo, o peor, si no se limpia y venda.</p><p>�La limpi� y la lav�.</p><p>�Lo m�s probable es que la lamieras con la lengua. Ahora, entra en... �Entonces record� a la loba que estaba en el interior de la casa y cambi� r�pidamente lo que hab�a estado a punto de decir. Perd no deb�a ver a la criatura, o ella no podr�a controlarlo�.</p><p>Entra en el jard�n y si�ntate en el banco, y yo ir� a buscar lo necesario. �El pestillo de la puerta chasque�; �l entr� y se dej� caer sobre el banco de madera que ella indicaba�. Esp�rame aqu� y no te muevas.</p><p>Segu�a all� cuando ella sali�, y hab�a empezado a llorar; las l�grimas describ�an p�lidos riachuelos por el sucio rostro. Niahrin estaba acostumbrada a aquello y no dijo nada; no sab�a el motivo por el que lloraba, ni siquiera si exist�a un motivo para ello, pero preguntarle era in�til ya que no pod�a �o no quer�a� dar una respuesta sensata. La mujer hab�a llevado agua caliente y un trapo y uno de sus preparados de hierbas con un vendaje limpio, y Perd permaneci� sentado sin ofrecer resistencia como un ni�o peque�o mientras ella limpiaba y trataba y por fin vendaba la cuchillada. Niahrin se pregunt� qu� habr�a ocasionado que se atacara a s� mismo esta vez. A Perd lo segu�an a donde fuera fantasmas y demonios, y durante sus momentos malos a menudo intentaba exorcizar los horrores que se apoderaban de �l en su imaginaci�n, derramando su propia sangre en un intento desesperado de arrancar y destruir a sus imaginarios atormentadores. Aunque no pod�a afirmar que Perd le gustaba �lo cierto es que dudaba que a ning�n ser vivo del pa�s le pudiera <emphasis>gustar</emphasis> un hombre as� la bruja lo compadec�a profundamente y a menudo hab�a deseado que sus remedios tuvieran el poder de curar la demencia.</p><p>Pero ahora se preocup� s�lo del bienestar f�sico del anciano. El vendaje no tard� en quedar colocado y atado, y repiti� por tres veces una severa instrucci�n de que <emphasis>no</emphasis> ten�a que arrancarlo sino regresar a verla dentro de dos d�as, o al menos tan pronto como se acordara de hacerlo, de modo que ella pudiera ver c�mo iba la cicatrizaci�n.</p><p>��Y d�nde est� tu cuchillo, ahora? �pregunt�.</p><p>�l la mir� de soslayo, furtivamente.</p><p>�En alguna parte, bien guardado.</p><p>De modo que no se hab�a deshecho de �l. Niahrin suspir�.</p><p>�Muy bien. Pero debes recordar, Perd: la hoja es afilada, y hace da�o. Intenta no tocarla. �Me lo prometes?</p><p>�Lo... �Por un instante, una extraordinaria claridad apareci� en los ojos del anciano, y con ella una terrible desdicha�. Lo intentar�...</p><p>�Estupendo. �Dio unas palmadas en el brazo sano y, ayud�ndolo a ponerse en pie, lo empuj� en direcci�n a la verja�. Muy bien, pues; vete a casa, y nos volveremos a ver dentro de dos d�as.</p><p>Sali� del jard�n arrastrando los pies, luego se detuvo de improviso y se mir�.</p><p>�Diosa bendita... �dijo con voz d�bil y entrecortada�. Diosa bendita, la suciedad... �Se dio la vuelta bruscamente y la contempl� suplicante�. �Quiero estar limpio! Madre querida de todo lo vivo, �qu� me ha sucedido? �C�mo me he convertido en esto? �La sujet� del brazo�. �Puedo lavarme? �Puedo?</p><p>Tambi�n esto lo hab�a visto Niahrin con anterioridad: un breve pero violento retorno a una lucidez completa, y repugnancia por s� mismo.</p><p>�S�, querido �contest�, puedes lavarte y ba�arte; no afectar� al vendaje el que se moje. Pero no te lo quites. Recu�rdalo.</p><p>�S�. �Apart� la mirada de ella como avergonzado de encontrarse con sus ojos�.</p><p>Lo recordar� esta vez. S� que me olvido a menudo, pero lo recordar�. Gra..., gracias. Eres siempre tan amable... No s� por qu�.</p><p>Niahrin lo mir� alejarse y vio c�mo el juego de luz y sombras del bosque lo ocultaba mientras se marchaba. Hab�a dejado atr�s el bast�n de endrino, y ella lo recogi� y lo dej� apoyado contra la verja. A lo mejor se acordar�a y regresar�a en su busca, o tal vez se limitar�a a cortarse otro con aquel terrible cuchillo suyo. Sacudiendo la cabeza, triste por �l aunque a la vez perdida toda esperanza, Niahrin regres� a la casa.</p><p>Entr�... y en el umbral recibi� un sobresalto. La loba herida hab�a conseguido darse la vuelta y se encontraba medio ca�da, medio sentada con las patas delanteras clavadas en el suelo y los pelos del lomo totalmente erizados, los dientes al descubierto y los ojos llameantes. Un hilillo de saliva resbalaba de sus mand�bulas, y, cuando la sombra de Niahrin oscureci� la entrada, gru�� amenazadora.</p><p>Niahrin se qued� muy quieta, sorprendida y asustada, Empez� a preguntar:</p><p>��Qu�... ? �Pero antes de que pudiera pronunciar otra palabra la loba dijo, con voz gutural pero con elocuente claridad:</p><p>���chalo! �Echa fuera al demonio!</p><p>El cuerpo de la bruja se cubri� de gotas de sudor caliente y fr�o.</p><p>�Has hablado...</p><p>�Sss�. He hablado. ��chalo! �Por favor! �Entonces, romo si le llegara como una espantosa revelaci�n, a�adi�: �Oh, me duele... me... duele!</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no hab�a querido hacerlo. Se hab�a sentido indecisa, demasiado temerosa de confiar en la bruja a pesar de lo que el instinto y la evidencia le dec�an, y hab�a dado gracias por la interrupci�n que le hab�a evitado verse forzada a tomar una decisi�n. Pero, al escuchar las voces que sonaban en el exterior de la casa, otro instinto se hab�a despertado en su interior. Quien fuera que estuviera ah� afuera y lo que fuese que estuvieran diciendo, <emphasis>Grimya</emphasis> sent�a miedo. No, m�s que eso: estaba aterrorizada. Y sinti� un ramalazo de amargo odio como jam�s lo hab�a sentido en su vida, ni siquiera cuando siendo un cachorro su jaur�a se hab�a revuelto contra ella, la hab�a atacado y la hab�a expulsado por ser diferente. El hombre de all� fuera tambi�n era diferente, pero en lugar de compasi�n ella no sent�a m�s que un intenso horror y repugnancia, y con ellos una espantosa sensaci�n de vulnerabilidad. Hab�a conseguido mantener el control cuando Niahrin regres� por unos instantes en busca de agua, hierbas y vendajes, pero, cuando la bruja sali� otra vez, el sofocante temor empez� a crecer y crecer hasta que <emphasis>Grimya</emphasis> ya no pudo contenerlo. Hab�a <emphasis>maldad</emphasis> en el exterior, una amenaza terrible, y presa del p�nico hab�a dominado el dolor para prepararse a rechazar su ataque. Ahora, sin embargo, no hab�a ning�n ataque y el dolor se hab�a apoderado de ella; no ten�a fuerzas para luchar contra �l ni para ocultar su angustia. Ni le importaba haberse delatado, pues el dolor que sent�a eclipsaba todo otro pensamiento.</p><p>La respuesta de Niahrin fue r�pida y eficiente. Dio a <emphasis>Grimya</emphasis> un potente sedante y apacigu� su dolor en el descanso del sue�o. Cuando la loba volvi� a despertar, le hab�a vuelto a arreglar las tablillas y renovado los vendajes, y ella yac�a otra vez en posici�n c�moda frente al fuego. La bruja estaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas al otro lado de la chimenea, contempl�ndola, y en cuanto vio que <emphasis>Grimya</emphasis> estaba despierta</p><p>pregunt�:</p><p>��Se ha ido el dolor?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> parpade�; luego record� que su secreto hab�a sido descubierto y que no hab�a necesidad de fingir que no comprend�a.</p><p>�sssi �respondi� con voz ronca y, tras una pausa, a�adi� avergonzada�: Gracias...</p><p>Niahrin pas� entonces a darle una amable pero severa conferencia sobre su estupidez. �No se daba cuenta de lo malherida que estaba? Un hueso de su pata trasera derecha estaba roto y los cuartos traseros hab�an quedado algo aplastados. Padec�a magulladuras y golpes demasiado numerosos para poderlos contar, hab�a sufrido conmoci�n y los efectos del mal tiempo y era s�lo gracias a un milagro de la Madre del Mar que no se hab�a ahogado. As� pues, ella le agradecer�a que fuera tan amable de no estropear todo el trabajo de Niahrin, que al fin y al cabo era s�lo por su bien, comport�ndose como un cachorro insensato e intentando ponerse en pie cuando �nicamente estaba en condiciones de permanecer tumbada muy quieta hasta que se le dijera lo contrario. <emphasis>Grimya</emphasis> acept� el rapapolvo en silencio y con las orejas ca�das; lo cierto es que no se hab�a dado cuenta del alcance de sus heridas y ni siquiera ahora estaba segura de lo que significaba una pata rota ni de cu�nto tiempo tardar�a en curar. Pero, cuando la reprimenda finaliz�, la expresi�n y actitud de la bruja cambiaron.</p><p>�Bien, pues �dijo�. Creo que podemos dejarlo ah� por ahora, siempre y cuando tenga tu promesa de que me obedecer�s.</p><p>No ten�a demasiada elecci�n, se dijo <emphasis>Grimya,</emphasis> inc�moda; de modo que se pas� la lengua por el hocico y contest�: �Sss�. Lo prrrometo.</p><p>��Estupendo! Ahora, creo que t� y yo tenemos mucho que contarnos la una a la otra, �no es as�? �Niahrin le dedic� su peculiar sonrisa torcida, y la ceja sobre el ojo sano se enarc� profundamente�. Una loba que habla con voz humana... �Sabes, querida, que en un principio cre� que estaba equivocada? �Vacil�. Es decir, si realmente <emphasis>eres</emphasis> una loba, y no alguna quimera. �Soy una loba. Nada m�s.</p><p>Y, consciente de que no pod�a esquivar la verdad, o al menos una buena parte de ella, <emphasis>Grimya</emphasis> cont� a Niahrin la mutaci�n con la que hab�a nacido y que la hab�a convertido en una proscrita entre los de su raza. La bruja escuch� comprensiva, y dio la impresi�n de que no ten�a dificultades para aceptar su historia, a pesar de lo extra�a y fant�stica que era. A <emphasis>Grimya</emphasis> le costaba admitir su evidente aceptaci�n y por fin se interrumpi� y pregunt� vacilante:</p><p>��Me... crees?</p><p>��Creerte? �Niahrin pareci� sorprendida�. Desde luego. �Por qu� no tendr�a que hacerlo? S�lo un loco cree que la creaci�n de la gran Madre tiene l�mites... Y, adem�s, tengo la evidencia de mis propios o�dos y ojos, y no existe nada que me convenza m�s que eso. �Su curiosa sonrisa se transform� de repente en una mueca�. �A menos que no seas un ser vivo sino un duendecillo travieso que ha venido a tomarme el pelo! �No lo soy... �empez� <emphasis>Grimya,</emphasis> angustiada. ��Tranquila, querida, tranquila! No era m�s que una broma m�a, s�lo una broma. S� lo que eres. No tengo ninguna duda. Pero me desconcierta que no nos hayamos encontrado antes. Me gusta pensar que conozco a mis lobos, y estoy segura de que habr�a observado la presencia de uno diferente. �No eres de esta parte del bosque? �No �admiti� <emphasis>Grimya</emphasis>�. No..., no soy ni de este pa�s. ��No eres de las islas? �Ah! �Niahrin junt� las manos�. Entonces es lo que yo sospechaba: estabas a bordo del barco; �el barco que embarranc� en los arrecifes de Amberland! <emphasis>Grimya</emphasis> no pod�a llorar, no pod�a derramar l�grimas como lo habr�a hecho un humano, pero de improviso sus ojos ambarinos mostraron tal desolaci�n que Niahrin se inclin� al frente con una d�bil exclamaci�n de pena.</p><p>�Querida, �qu� es lo que he dicho? �Qu� te ha trastornado? �Entonces record� el incidente en la casa del pueblo, y la palabra que la loba hab�a pronunciado en su delirio: �ndigo. No era un lugar, pens� Niahrin, y tampoco un objeto. Empezaba a comprender.</p><p><emphasis>�Grimya</emphasis> �agreg�, confiando en haber entendido bien el nombre�, �qui�n es �ndigo?</p><p>��Qu�..., qu� <emphasis>sabes</emphasis> de ella? �La loba se puso r�gida. �Ella... � Bueno, as� que hab�a estado en lo cierto; y ahora sab�a un poquito m�s.</p><p>�No �dijo la bruja�, no s� nada, pero t� pronunciaste su nombre mientras dorm�as, la llamaste. �Extendi� la mano para tocar la cabeza de <emphasis>Grimya</emphasis> con suma dulzura, acariciante, consoladora�. �Qui�n es, cari�o? Conf�a en m�, y cu�ntamelo todo.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> confiaba en ella. Ten�a la mente m�s despejada ahora, y percib�a con su infalible instinto que esta mujer no la traicionar�a, ni la utilizar�a ni intentar�a sacar provecho de ella en ninguna forma. Sus anteriores temores carec�an de fundamento; y resultar�a un alivio, un gran alivio, confiarse a un esp�ritu amigo, a alguien que quiz� tuviera el poder de ayudarla.</p><p>Habl� a Niahrin de �ndigo. No dijo toda la verdad, ya que la cautela permanec�a a�n y era una antigua regla que ni ella ni �ndigo revelaran jam�s todo su secreto a ning�n ser viviente. �ndigo era su querida e �ntima amiga, explic�, y desde su fortuito encuentro en el Pa�s de los Caballos, el lugar donde ella, <emphasis>Grimya,</emphasis> hab�a nacido, las dos hab�an viajado juntas durante..., bueno, hac�a ya much�simo tiempo. Hab�an visto gran parte del mundo, pero finalmente se hab�an cansado de vagabundear y hab�an planeado regresar a las Islas Meridionales, pa�s natal de �ndigo. La muchacha se hab�a enrolado en la tripulaci�n del <emphasis>Buena Esperanza... y</emphasis> el resto, dijo <emphasis>Grimya,</emphasis> Niahrin ya lo sab�a.</p><p>�Diosa querida. �La voz de la bruja estaba llena de compasi�n�. Tan triste final a lo que debiera haber sido una historia feliz... Que t� sobrevivieras, y sin embargo tu amiga haya..., haya muerto.</p><p>�No; no ha muerto. �Los ojos de <emphasis>Grimya</emphasis> centellearon.</p><p>Niahrin la contempl� entristecida.</p><p>�Oh, querida. No quiero defraudar tus esperanzas, pero...</p><p>�<emphasis>No</emphasis> �repiti� la loba, con m�s energ�a�, �ndigo <emphasis>no</emphasis> est� muerta. �No pod�a explicarlo, ya que no hab�a contado a Niahrin que �ndigo era inmortal y no pod�a morir; �sa era parte de un secreto m�s importante que no pod�a darse a conocer. Levant� los ojos, suplicante�. Ti... tienes que creer que lo s�. Lo <emphasis>s�.</emphasis></p><p>Niahrin hizo un esfuerzo por comprender. Un v�nculo telep�tico, hab�a dicho la loba. A lo mejor era eso; tal vez segu�a en contacto con la mente de su amiga.</p><p>��La... percibes? �inquiri� con cautela�. �Percibes su presencia..., su existencia?</p><p>Sin quererlo hab�a dado a <emphasis>Grimya</emphasis> la ayuda que �sta necesitaba. Los ojos de la loba se iluminaron y contest� impaciente:</p><p>��S�! La percibo. Es as� co... como s� que �ndigo est� viva.</p><p>Esto era algo extra�o y magn�fico, se dijo Niahrin. Sab�a algunas cosas sobre telepat�a aunque ella no pose�a ese don, pero nunca antes hab�a imaginado que pudiera existir un v�nculo tan extraordinariamente fuerte, y empez� a preguntarse qu� clase de persona ser�a la misteriosa �ndigo.</p><p>��Sabes d�nde est�, <emphasis>Grimya?</emphasis> �inquiri� con expresi�n vehemente�. �Puedes encontrarla... o ella a ti?</p><p>La luz se apag� en los ojos de la loba.</p><p>�No. �Hab�a dicho una mentira a Niahrin, pues ya hab�a intentado llegar hasta �ndigo y comunicarse con ella y sus esfuerzos no hab�an tenido respuesta. O bien �ndigo no estaba despierta para o�rla, o la distancia entre ambas era demasiado grande�. No s� d�nde est� �a�adi�. Pero s� que est� viva. Lo <emphasis>s�.</emphasis></p><p>�S�, s�. Tranquila ahora; te creo. �Niahrin medit� unos instantes y luego a�adi�: �ndigo... es un nombre extra�o para alguien de las Islas Meridionales. �Sabes que el �ndigo es el color del luto en nuestro pa�s? �Seguramente no es �se el nombre que le pusieron al nacer!</p><p>�No..., no lo s� �fingi� <emphasis>Grimya,</emphasis> inc�moda.</p><p>��Vive su familia? �Conoces el nombre de su clan?</p><p>�Est�n muertos, y... no conozco sus nombres.</p><p>Quiz�s eso lo explicaba, pens� Niahrin. Tal vez �ndigo hab�a adoptado un nuevo nombre como demostraci�n de su dolor; �se pod�a ser el motivo por el que hab�a abandonado las islas y se hab�a aventurado en tierras extranjeras durante tanto tiempo, con la esperanza de olvidar alguna terrible tragedia personal. Pero, aunque aquella teor�a parec�a bastante veros�mil, Niahrin sent�a en sus huesos que algo no estaba bien. No era m�s que su intuici�n, pero algo no encajaba.</p><p>Adem�s, estaban sus visiones, y eso le trajo a la mente otra cuesti�n inexplicable...</p><p>�Cari�o �dijo, volviendo a mirar a <emphasis>Grimya</emphasis>�, si tu �ndigo est� viva... y, s�, te creo cuando dices que lo est�..., entonces yo la encontrar� para ti.</p><p>Eso no deber�a resultar dif�cil, pens�. Ser�a muy sencillo enviar un mensaje a los pueblos que bordeaban la costa preguntando por los supervivientes del naufragio; una mujer con el extra�o nombre de �ndigo no pasar�a inadvertida y los isle�os la recordar�an. Lo m�s probable es que se encontrara en Ranna, o al menos que hubiera estado all�. Y saber su paradero ser�a mejor medicina para <emphasis>Grimya</emphasis> que las pociones de cualquier hechicera.</p><p>�Enviar� un mensaje con uno de los habitantes del bosque �prometi�. A menudo tratan con las granjas y pueblos de los alrededores, y ellos har�n correr la noticia r�pidamente. Encontraremos a tu �ndigo, no temas.</p><p>�Eres muy ama... amable. �Los ojos de la loba brillaron afectuosos.</p><p>��Amable? �Niahrin lanz� una risita�. Tonter�as. Nadie har�a menos. Ahora, si t� no est�s hambrienta yo s�, de modo que comeremos ahora y luego dormir�s. Dormir es el mejor remedio. �Se incorpor�, un poco entumecida�. �Ah! Debo de estar haci�ndome vieja; ya no tengo la flexibilidad que ten�a. Oh... �Vacil�, Una cosa. � De improviso, su ojo sano se clav� con fuerza en el rostro de <emphasis>Grimya</emphasis>�. �Qu� fue eso que te asust� tanto que hizo que te volvieras a hacer da�o?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se vio cogida por sorpresa, que era precisamente lo que Niahrin hab�a querido. Sus labios se entreabrieron un poco, mostrando las puntas de los colmillos, y un curioso ruidito reson� en su garganta. �Te... ten�a... �Las palabras murieron. �No era m�s que un anciano. Un anciano loco, pero no puede evitar su locura lo mismo que ni t� ni yo podemos evitar nuestras penas. Tiene miedo a los lobos, pero no es realmente malvado, <emphasis>Grimya.</emphasis> �Arrug� la frente con fuerza�. �O no fue Perd quien te asust�? Fueron los lobos..., �verdad? �Sab�as que estaban ah�, y les tuviste miedo por lo que te hizo tu propia jaur�a hace tanto tiempo?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no pod�a darle una respuesta, pues ni ella misma sab�a la verdad. Todo lo que recordaba era haber percibido algo siniestro, tan amenazador, tan horrible, que hab�a inundado su cerebro y llenado de terror su coraz�n. A lo mejor eran los lobos; tal vez era eso. Desde luego tem�a a los de su raza, y por un buen motivo. Sin embargo, el instinto le dec�a que hab�a habido m�s que eso, <emphasis>mucho</emphasis> m�s, aunque se sent�a desesperadamente reacia a preguntarse qu� podr�a haber sido.</p><p>Niahrin se dio cuenta de su estado de �nimo y no la presion� m�s.</p><p>�No, querida, no pienses en ello si te inquieta tanto. No importa, y tenemos cosas m�s importantes de las que preocuparnos ahora. �Tom� una cuchara de madera y la agit� en el aire�. �Comida para ti, y luego a dormir!</p><p>�Y espero �pens� mientras <emphasis>Grimya</emphasis> empezaba a tranquilizarse� que ni Perd ni los lobos regresen demasiado pronto. Al menos no hasta que haya empezado a desentra�ar algunas partes de este extra�o misterio. �</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 5</strong></p></title><empty-line/><p>Perd Nordenson no regres� a la casa durante los dos d�as siguientes, y, si los lobos rondaban por all�, Niahrin no advirti� su presencia y <emphasis>Grimya</emphasis> no mostr� la menor inquietud.</p><p>La bruja se sent�a a la vez sorprendida y satisfecha por los r�pidos progresos de su paciente. <emphasis>Grimya</emphasis> se hab�a tomado en serio la reprimenda y obedec�a concienzudamente todas sus instrucciones, y la promesa de Niahrin de hacer todo lo posible por encontrar a �ndigo le hab�a proporcionado muchos �nimos. Su mayor enemigo en estos momentos era el aburrimiento y �no sin cierta sorpresa por su parte, ya que jam�s hab�a cre�do poseer una vena tan fr�vola� Niahrin se encontr� descuidando vergonzosamente su casa y su jard�n para poder entretener a la loba. <emphasis>Grimya</emphasis> adoraba la m�sica y Niahrin adoraba cantar; su voz era un poco ronca pero afinada y agradable, y conoc�a muchas de las canciones que la loba hab�a aprendido de �ndigo en los a�os que hab�an pasado juntas. Encantada de volverlas a escuchar, <emphasis>Grimya</emphasis> se sent�a deseosa de ense�ar nuevas canciones a Niahrin a cambio; melod�as del continente occidental, de Khimiz, de Davakos. La mujer pose�a una flauta de madera que no hab�a tocado desde hac�a a�os pero que, tras un poco de pr�ctica, no tard� en volver a dominar, y aunque <emphasis>Grimya</emphasis> no pod�a cantar s� pod�a articular la mayor�a de las notas con la suficiente exactitud para que Niahrin encontrara e interpretara la melod�a. De este modo, el tiempo transcurr�a agradablemente, si bien <emphasis>Grimya</emphasis> se sinti� desolada al descubrir que a�n deber�a esperar alg�n tiempo antes de que los huesos rotos hubieran sanado y pudiera volver a andar.</p><p>�No te pongas nerviosa �inst� Niahrin con dulzura, al ver su desilusi�n�. Dentro de poco podr�s empezar a poner a prueba tres de tus patas; no en exceso, claro, pero un poco de ejercicio ayudar� a devolverte las fuerzas; y luego el tiempo te parecer� corto hasta que vuelvas a estar bien. Y entretanto la b�squeda de tu amiga �ndigo continuar�. �Existen muchas posibilidades de que la encontremos y venga aqu� en tu busca antes de que t� est�s lista para ir a la suya!</p><p>La cuarta ma�ana despu�s del encuentro con Perd, la bruja tuvo otro visitante, y m�s grato. Se ocupaba de su jard�n, regando una hilera de j�venes berros que necesitaban humedad extra si quer�a que crecieran bien, cuando escuch� pronunciar su nombre y al levantar la cabeza vio a Cadic Haymanson, uno de los guardabosques, acerc�ndose a la verja.</p><p>�Buenos d�as, Cadic.</p><p>Niahrin se incorpor�, sonriente. Cadic era un hombre de m�s o menos su misma edad o quiz�s un poco m�s joven, que ten�a una caba�a a unos dos kil�metros de all� donde, al igual que sus antepasados antes que �l, �l y su mujer podaban los �rboles y se ocupaban de ellos, y criaban su peque�a piara de cerdos en el bosque comunal. Ten�a todo el aspecto de un guardabosques; �gil pero fornido, la piel oscura como la corteza de los �rboles, buenas ropas tejidas en casa en tonos p�lidos y terrosos.</p><p>�Tus cultivos van creciendo. �Cadic se apoy� en la verja y dedic� un gesto de aprobaci�n a la parcela de verduras.</p><p>�Por el momento estoy muy satisfecha �asinti� ella�. Tendr� unas cuantas escalonias y hierbas frescas para vosotros dentro de pocos d�as, y necesitar� un haz de le�a y otros dos cestos de troncos cuando vengas por aqu� otro d�a. �Hundi� un pu�o apretado en la parte inferior de la espalda para aliviar una punzada�. Milla est� bien, espero. �Y los ni�os?</p><p>�Todos bien. Milla quiere que te diga que el jarabe que le enviaste hizo milagros con Landie y ahora duerme de un tir�n cada noche.</p><p>�Me alegro de o�rlo. �Niahrin dirigi� una r�pida mirada por encima del hombro en direcci�n a la casa, y a�adi�: Y me alegro de verte, Cadic, por otro motivo. Necesito que me hagas un favor, t� y cualquier otra persona que pueda ayudar. �Pide. Cualquier cosa que pueda hacer. �Quiero encontrar a alguien �le dijo Niahrin�. Alguien que creo que se encontraba a bordo del barco que naufrag� en el cabo Amberland durante la �ltima tempestad.</p><p>�Eso ha sido la comidilla de la regi�n �repuso Cadic, frunciendo el entrecejo�. Era un carguero del este, por lo que se dice; algunos de los tripulantes fueron rescatados y los han trasladado a uno de los poblados de la costa, pero no s� a cu�l, ni cu�ntos supervivientes hubo. �Hizo una pausa�. �Conoc�as a alguien del barco? Niahrin le dedic� una sonrisita enigm�tica. �En cierto modo, se podr�a decir. Tenemos una amiga mutua.</p><p>�Bien, si me dices c�mo se llama ese hombre, dar� voces. �No �l, ella. Una mujer joven, una isle�a de nacimiento. No s� qui�nes son sus familiares pero me han dicho que su nombre es �ndigo.</p><p>���ndigo? �Cadic la contempl� incr�dulo. �Estoy de acuerdo; es dif�cil creer que un habitante de las islas pudiera dar un nombre de tan mal ag�ero a su hija, y estoy casi segura de que ella debe de haberlo cambiado por alg�n motivo. Pero es as� como la llaman ahora. �Por lo menos eso tendr�a que facilitar su b�squeda �dijo Cadic�. Nadie podr�a pasar por alto un nombre as�, u olvidar r�pidamente a su propietaria.</p><p>�Exactamente lo que yo pienso. As� pues, si das la voz, Cadic, te estar� en deuda. Si alguien consigue encontrarla, agradecer� le den el siguiente mensaje. Decidle que tengo a <emphasis>Grimya</emphasis> a salvo, y decidle tambi�n d�nde y c�mo se me puede encontrar.</p><p>�<emphasis>�Grimya?</emphasis> �Qui�n es <emphasis>Grimya?</emphasis></p><p>�Nuestra amiga mutua. Y no me mires con esa curiosidad, Cadic Haymanson, pues no tengo intenci�n de revelar m�s de lo que ya he dicho.</p><p>Cadic conoc�a el tono y conoc�a a Niahrin lo suficientemente bien para comprender que no le sacar�a nada m�s. �De acuerdo �repuso con jovialidad�, si quieres guardar tus secretos, gu�rdalos. Pero apostar�a cualquier cosa a que hay una historia aqu�.</p><p>�Puede que s�, y tal vez un d�a te la cuente. Pero por ahora todo lo que quiero es encontrar a una mujer llamada �ndigo.</p><p>�Entonces har� correr la voz. Puede que valga la pena enviar un mensaje a Ranna cuando vayan las carretas de madera. Hay muchas posibilidades de que algunos de los pobres diablos del naufragio se hayan dirigido all�.</p><p>�Gracias. �Niahrin se inclin� y arranc� varias ramas de un verde p�lido y plumoso de entre sus hierbas�. Toma... Hay hojas suficientes en la artemisa para hacer un buen ramillete. Col�catelo en el sombrero; as� se mantendr�n frescas. Cuando llegues a casa, di a Milla que las coloque en su arca de roble, y las polillas no se dar�n un fest�n con</p><p>vuestra mejor ropa de hilo.</p><p>Cadic tom� el ramillete y oli� agradecido el limpio y acre aroma.</p><p>�Eres muy amable, Niahrin, y te doy las gracias. Me acordar� de tus troncos; �dos sacos, no es as�, y un haz de le�a? Los tendr�s ma�ana o pasado ma�ana. �Hizo un gesto de despedida e intenci�n de seguir su camino, pero se detuvo�. �Maldita sea, casi olvido lo que me trajo por aqu�! Intento resolver un peque�o misterio propio, y a lo mejor me puedes ayudar. Se trata de Perd Nordenson. �Lo has visto �ltimamente?</p><p>��Perd? S�, claro, me vino a ver hace... cuatro, cinco d�as. �Niahrin arrug� la frente�. Ten�a una herida fea en el brazo; por lo que consegu� sonsacarle, se la hab�a hecho �l mismo con ese afilado cuchillo suyo. Limpi� y vend� la herida y le dije que regresara al cabo de dos d�as para que volviera a echarle un vistazo.</p><p>��Y vino?</p><p>�No, no vino. De todos modos eso no es extra�o en �l. Olvida las cosas nada m�s escucharlas, por regla general. �Clav� los ojos en el guardabosques�. �Por qu�, Cadic? �Sucede algo?</p><p>�Si he de decir la verdad, no lo s�. Pero hace ya unos cuantos d�as que nadie lo ha visto. No ha aparecido por ninguno de sus lugares habituales. Ni siquiera se ha dejado ver por la taberna de Ilio, y ya sabes lo a menudo que va por all� a dar la lata. Empezamos a pensar que le habr�a pasado algo, de modo que anoche unos cuantos fuimos a su choza. Tampoco estaba all�, y, por lo que vimos, unas cuantas de sus pertenencias tambi�n han desaparecido.</p><p>��Pertenencias? �repiti� Niahrin, ir�nica. �Ya lo s�, no tiene casi nada; pero cuanto menos haya, m�s f�cil es estar seguro de que ciertas cosas faltan. Su cuchillo, por ejemplo. Y su cazo para cocinar, y las viejas botas que los carboneros le dieron hace dos inviernos. Y su capa.</p><p>��Ten�a una capa? �Niahrin estaba sorprendida�. Nunca lo he visto llevarla.</p><p>�Ni nadie lo ha visto. La guarda..., la guardaba colgada de un clavo junto a su jerg�n. Es una cosa mugrienta, apolillada, probablemente tan vieja como �l, y por lo que yo s� jam�s la ha utilizado. Pero ha desaparecido junto con el resto.</p><p>�Vaya �dijo Niahrin; la voz trasluc�a preocupaci�n�. �Crees que a Perd simplemente se le ha metido en la cabeza marcharse?</p><p>�Eso, o lo visitaron ladrones que se llevaron sus cosas, lo mataron y ocultaron su cuerpo en alg�n lugar. Pero eso no parece muy probable. No ten�a nada que valiera la pena robar; incluso un bandido de la peor especie no se molestar�a con �l. No; t� eras la �nica persona que habr�a podido arrojar alguna luz sobre este enigma, pero, como tampoco has visto a Perd, parece seguro que sencillamente ha cogido lo que quer�a y se ha marchado. Es probable que sea su costumbre desde siempre; despu�s de todo, es tal y como lleg� aqu� hace unos a�os: de improviso <emphasis>y</emphasis> como surgido de la nada. Aunque s�lo la Madre sabe adonde habr� ido esta vez.</p><p>�O por qu� �a�adi� la bruja�. Estaba mejor que de costumbre cuando vino a verme �coment� meditabunda�. Desvariaba sobre los lobos, claro, pero aparte de eso su mente parec�a bastante estable. �Arrug� a�n m�s la frente�. Hubo un momento en el que creo que se vio a s� mismo con toda claridad. Puede que con <emphasis>demasiada</emphasis> claridad.</p><p>Si ese estado de �nimo dur� m�s de una hora o dos, podr�a haber tenido alg�n efecto permanente en �l.</p><p>��Y lo habr�a obligado a huir? �Cadic aspir� por entre dos dientes�. Es posible. Pero �adonde ir�a? �Ad�nde <emphasis>podr�a</emphasis> ir? No tiene familiares vivos por lo que sabemos; dudo incluso que pueda afirmar tener un solo amigo en las Islas Meridionales. Niahrin asinti� solemne.</p><p>�Es cierto. Pero �qui�n puede comprender la mente de un hombre como Perd? � Sonri� con iron�a�. La Madre bien sabe que muchos de nosotros lo hemos intentado y fracasado. Bien, lamento enterarme de esto, Cadic. Al igual que t�, no puedo decir que sienta afecto por Perd, pero es triste pensar que est� solo vagando perdido por ah�. No dudo de que tendr� sus razones para haberse marchado, y tanto si buscaba algo como si hu�a es una pregunta que probablemente jam�s tendr� respuesta. Lo buscar� a mi manera, de la misma forma en que t� lo buscar�s a la tuya, y si descubro algo ser�s el primero en enterarte.</p><p>�Te lo agradecer�. �Cadic le devolvi� la sonrisa�. Ahora lo mejor ser� que me vaya. Gracias, Niahrin..., y no olvidar� hacer correr la voz en busca de tu amiga perdida. Cuando el hombre hubo desaparecido en el bosque, Niahrin termin� de regar sus j�venes plantas y regres� a la casa. <emphasis>Grimya</emphasis> dorm�a �lo que no era malo� y la bruja la contempl� durante un minuto o dos mientras rumiaba sobre lo que Cadic le hab�a dicho y se preguntaba c�mo encajaba con la imagen fragmentada y escurridiza que hab�a empezado a componer estos �ltimos d�as: <emphasis>Grimya,</emphasis> la mutante que ten�a el poder de hablar; sus propios amigos lobunos, curiosos, que ven�an a sentarse en silencio frente a la casa como si velaran; Perd Nordenson, con sus extra�os odios y obsesiones, que ahora hab�a desaparecido. L�gicamente no exist�a conexi�n, pero Niahrin hab�a aprendido hac�a tiempo que la l�gica no estaba demasiado presente en el juego de la vida y que los cabos m�s inveros�miles estaban conectados en la mayor�a de los casos. Adem�s, sus visiones no ment�an. Y Perd hab�a formado parte de esas visiones; una parte que ella no comprend�a.</p><p>Volvi� la cabeza por fin y dirigi� la mirada a la estrecha puerta, cubierta por una cortina de lana, que separaba la zona de vivienda de la casa de la otra habitaci�n m�s peque�a. �Cu�nto tiempo hac�a que no hab�a entrado all� dentro? �Dos a�os?, �tres?, �m�s? Probablemente m�s, ya que no recordaba qu� hab�a ocasionado su �ltima incursi�n ni en nombre de qui�n hab�a tenido lugar. Desde entonces la puerta hab�a permanecido atrancada y la cortina no hab�a sido descorrida. Niahrin no quer�a alterar eso, pues siempre hab�a de pagarse un precio en aquella habitaci�n y el precio era alto. Sin embargo, el instinto le dec�a que, puesto que sus otras habilidades hab�an fracasado, o producido como m�ximo respuestas nebulosas y ambiguas, �ste podr�a ser el �nico recurso v�lido.</p><p>Volvi� a dedicar una r�pida mirada a <emphasis>Grimya,</emphasis> comprob� que la loba segu�a profundamente dormida, y avanz� hacia la puerta de la habitaci�n interior. La cortina estaba llena de polvo; cuando la apart� a un lado una ara�a se escabull� de entre los pliegues, corri� pared abajo y desapareci� en una grieta. Tras murmurar una disculpa a la peque�a criatura por haberla molestado, Niahrin desatranc� la puerta, levant� el</p><p>pestillo y penetr� en la habitaci�n.</p><p>La familia de la ara�a hab�a tejido toda una capa de telara�as sobre el ventanuco cuadrado, de modo que la luz que se filtraba por ella pose�a un tinte opaco e irreal. Pero, aparte de eso, y bajo el polvo que descansaba como una mullida manta sobre todas las cosas, la habitaci�n estaba exactamente como la recordaba; tal y como la hab�a dejado cuando por fin hab�a salido dando traspi�s agotada y deprimida a causa del agobiante trabajo mental, f�sico y espiritual que le impon�a.</p><p>La rueca se encontraba en su rinc�n, con una silla baja colocada junto a ella. Los husos de plata, vac�os, brillaban entre la p�tina del desuso; una corriente de aire penetr� por la abierta puerta y la rueda se movi� un poco, crujiendo en su soporte con un sonido que Niahrin recordaba bien. Pero, dominando la habitaci�n, oscuro y anguloso y tambi�n ligeramente siniestro, se alzaba el telar. Descuidado y sin tocar y sin alegres dibujos de urdimbre y trama que lo animaran, permanec�a aletargado, tal y como lo hab�a estado durante a�os; aletargado, pero no muerto. Niahrin percibi� su contacto, su atracci�n, igual que su abuela y su tatarabuela los hab�an sentido antes que ella. Otra parte de su legado; un poderoso sirviente y a la vez un amante exigente.</p><p>Permaneci� con los ojos clavados en el telar y la rueca durante un buen rato, y luego, con calma, tom� su decisi�n. Al otro lado de los l�mites del bosque, en los pedregosos p�ramos que separaban el bosque de la tundra septentrional, habr�an empezado ya a esquilar a las menudas y robustas ovejas. Habr�an empezado a esquilar su magn�fica lana para cardarla y te�irla y luego venderla a los hilanderos y tejedores, quienes se reunir�an en Ingan el pr�ximo d�a de mercado para comprar la primera �y la mejor� recolecta de primavera. Muy bien, pues; muy bien. Ir�a a Ingan, comprar�a y dejar�a que la intuici�n y la Madre eligieran los colores, y despu�s volver�a a despertar los viejos poderes y ver�a lo que hab�a que ver. M�s infalible que las visiones, m�s infalible que la mente sola. Si quer�a respuestas a las preguntas que se hac�a, �sta era la �nica forma de obtenerlas.</p><p>Sali� de la habitaci�n y atranc� otra vez la puerta, dejando la rueca, el telar y las ara�as en su secreto silencio.</p><p>Cadic Haymanson era un hombre en quien pod�a confiarse, y al cabo de dos d�as empez� a correr la noticia por todos los pueblos de la costa de que la bruja Niahrin buscaba informaci�n sobre una mujer llamada �ndigo, que, al parecer, hab�a estado a bordo del <emphasis>Buena Esperanza.</emphasis> En un principio la b�squeda result� infructuosa, sin dar como resultado m�s que movimientos negativos de cabeza y expresiones de sorpresa y curiosidad por el hecho de que una isle�a tuviera un nombre tan desafortunado. Pero por fin, cuando las pesquisas abarcaron m�s terreno, encontraron lo que buscaban.</p><p>���ndigo? �Uno de los vigilantes del faro, de regreso a casa finalizado su turno de vigilancia, hab�a tropezado con un buhonero de Ingan en la encrucijada entre las carreteras de la costa y del interior�. S�, he o�do mencionarlo. Hab�a alguien con ese nombre, una mujer, rescatada del naufragio de la �ltima luna llena. �El vig�a hizo una mueca�. Es un nombre curioso para una isle�a; de mal ag�ero, dir�a yo. Pero sobrevivi� al naufragio, de modo que la suerte debe de haber estado de su lado al menos esa noche.</p><p>Respondiendo a m�s preguntas dijo que s�, que a la tripulaci�n del barco naufragado la hab�an llevado a su pueblo y cre�a que uno o dos todav�a pod�an encontrarse all�. Pero no pod�a asegurar qui�n se hab�a ido y qui�n quedaba; lo mejor era preguntar a Olender, el m�dico. El buhonero le dio las gracias, y prometi� pasar por su casa m�s tarde para mostrar a su esposa algunas pieles reci�n curtidas, tras lo cual la conversaci�n pas� a chismorreos m�s generales y a las �ltimas noticias procedentes de Ingan mientras que los dos entraban juntos en el pueblo.</p><p>El comerciante no ten�a motivos para hacer hincapi� en la cuesti�n de �ndigo y ninguna raz�n para tomarse la molestia de hacer m�s preguntas. Se trataba simplemente de un mensaje de entre los muchos que se le ped�a que propagara durante sus viajes, y carec�a de especial importancia para �l. De todos modos, como pensaba pasar la noche en el poblado y por lo tanto ten�a tiempo de sobra, pregunt� el camino hasta la casa de Olender cuando hubo terminado sus transacciones comerciales. El m�dico estaba en casa, y el buhonero descubri� que su investigaci�n hab�a llegado con un d�a de retraso. �ndigo hab�a estado all� �durante varios d�as, adem�s, dijo Olender, recuper�ndose de una herida en la cabeza� pero el d�a anterior por la ma�ana hab�a partido en direcci�n a Ranna, junto con el capit�n del <emphasis>Buena Esperanza y</emphasis> varios otros tripulantes. El le hab�a aconsejado que esperara un poco m�s, a�adi� el m�dico. La muchacha hab�a sufrido un feo golpe que le hab�a provocado la p�rdida de gran parte de su memoria, y si quer�a recuperarla era mejor descansar que viajar antes de estar totalmente recuperada. Pero Vinar hab�a insistido en que ella estar�a perfectamente a su cuidado, y hab�a dicho que tal vez una visita a Ranna la ayudara a recordar lo que hab�a olvidado. �Vinar? Un scorvio; un hombre fornido, como un oso, de cabellos rubios. �l e �ndigo estaban prometidos.</p><p>El comerciante dio las gracias a Olender, compr� un tarro de pomada de sax�fraga para un molesto panadizo de su dedo y se despidi� del m�dico. A su regreso a Ingan transmiti� las noticias que tra�a; Ranna se encontraba muy lejos de su territorio, pero varios carreteros viajaban con regularidad all� y pasar�an el mensaje.</p><p>Se necesitaron otros cinco d�as para que la b�squeda llegara a Ranna, esta vez mediante un joven que viaj� hasta all� en una carreta de pasajeros con la esperanza de hacerse marinero. Ranna era el mayor puerto de las Islas Meridionales, un lugar enorme, desconcertante, ruidoso y bullanguero. Pero incluso para un forastero resultaba bastante f�cil encontrar los muelles y tabernas donde los capitanes contrataban nuevas tripulaciones, y fue en una de estas tabernas que el joven tropez� con el davakotiano Brek.</p><p>Brek se mostr� desconfiado, casi suspicaz, ante la menci�n del <emphasis>Buena Esperanza, </emphasis>pero al escuchar el nombre de �ndigo su actitud cambi�.</p><p>��Alguien la busca? �Se inclin� al frente con la mirada muy atenta�. �Qui�n?</p><p>El joven s�lo sab�a que el mensaje proced�a indirectamente de los habitantes de los bosques cercanos a Amberland, y as� lo dijo. Brek se mordisque� el labio inferior.</p><p>�Los habitantes del bosque... Me pregunto, �podr�a ser familia suya alguno de ellos?</p><p>�Eso no lo s�, se�or �dijo el muchacho�. Pero hab�a un mensaje, seg�n me dijeron. Que le comunic�ramos que alguien tiene a su amiga <emphasis>Grimya</emphasis> sana y salva, y las</p><p>gentes del bosque pueden decirle d�nde.</p><p>�<emphasis>�Grimya?</emphasis> �Est� <emphasis>viva?</emphasis> �inquiri� Brek con un respingo.</p><p>�Viva y bien, dijeron.</p><p>��Dulce Madre del Mar! Esas son buenas noticias... no, m�s que buenas, �es asombroso! �Pensaba que <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a muerto, pensaba que no hab�a tenido la menor oportunidad!</p><p>��Era <emphasis>Grimya</emphasis> otro miembro de la tripulaci�n? �se atrevi� a preguntar el muchacho.</p><p>��Qu�? No..., no lo era, no en ese sentido. <emphasis>Grimya</emphasis> no es una persona; es una loba. Una loba domesticada; era la mascota de �ndigo. �Brek lanz� un silbido por entre los dientes�. �Estaba seguro de que se hab�a ahogado!</p><p>Ansioso por congraciarse y obtener el favor de un patr�n potencial, el joven dijo:</p><p>�Si ella... �ndigo, quiero decir..., si ella est� aqu� en Ranna, se�or, le transmitir� de buena gana la noticia. Estoy seguro de que se alegrar� de o�rla.</p><p>�Podr�as haberlo hecho, muchacho, si hubieras venido a verme hace unos d�as, pero es demasiado tarde. Ya se ha ido.</p><p>El desaliento se pint� en el rostro del joven, quien dirigi� involuntariamente la mirada hacia la abierta fachada de la taberna y a la vista del puerto que se divisaba desde all�.</p><p>��Ha regresado al mar?</p><p>�No, no; ha ido tierra adentro, con su hombre. Ha perdido la memoria, �sabes? No puede recordar qui�nes son sus familiares ni d�nde viven. De modo que ella y Vinar han ido en su busca. �Por primera vez el rostro de Brek se distendi� un poco�. Vinar pidi� su mano a bordo y ella lo acept�, pero �l no piensa casarse con ella hasta que obtenga el permiso de su padre. Ya lo ves, ah� tienes a un aut�ntico scorvio. Impasible y tozudo. �Sus ojos centellearon, de improviso risue�os, mientras se preguntaba si inadvertidamente no habr�a insultado al joven�. �T� no eres scorvio, verdad?</p><p>Este le devolvi� la mirada con sonrisa vacilante.</p><p>�No, se�or. He nacido y me he criado aqu�.</p><p>��Buscas trabajo?</p><p>El muchacho asinti� con la cabeza.</p><p>�Bueno. A lo mejor te puedo ayudar. No de inmediato, ya que no tengo ning�n barco que mandar por el momento. �La boca de Brek se torci�, no con amargura pero, s� en un duro �ngulo al rememorar los crueles recuerdos�. Pero hay dos buques escoltas davakotianos que aguardan en el puerto una misi�n al continente oriental, y me he alistado como tripulaci�n hasta Huon Parita. �Brek hizo una pausa�. �Sabes lo que son buques escoltas?</p><p>�S�, se�or �respondi� el otro al punto con avidez�. Barcos peque�os pero veloces, con un ariete bajo la l�nea de flotaci�n y una balista en la cubierta. Custodian los cargamentos valiosos y los protegen de los piratas.</p><p>Brek asinti�, satisfecho. Si el muchacho se hab�a tomado la molestia de aprender un poco sobre clases y funciones de nav�os evidentemente quer�a decir que sent�a el inter�s suficiente para resultar prometedor.</p><p>�Hay posibilidades de que los buques escoltas sean asignados a un barco de la clase</p><p>Oso que tiene previsto atracar dentro de siete o diez d�as. El convoy zarpar� de Ranna dentro de un mes, y uno de los escoltas necesita todav�a un grumete. A cambio de que hagas un recado, me ocupar� de que consigas el puesto si lo quieres.</p><p>Los ojos del muchacho se iluminaron excitados.</p><p>��S�, se�or! Cualquier cosa que desee de m�, s�lo d�galo y lo har�... �Muchas gracias, se�or!</p><p>Brek le sonri� con frialdad.</p><p>�Puede que ya no tengas tantas ganas de darme las gracias cuando lleves un mes saltando a las �rdenes de un patr�n davakotiano. El trabajo de grumete es el m�s bajo y el peor de todos los de un barco, y la vida en un buque escolta es m�s dura que en la mayor�a de los barcos. Har�s todo el trabajo sucio, y quiero decir <emphasis>sucio,</emphasis> que nadie tocar�a ni con una p�rtiga; estar�s al servicio de todos y de turno a todas horas, y si hay problemas tendr�s m�s posibilidades de que te maten que al resto.</p><p>El ardiente brillo de sus ojos no perdi� fulgor.</p><p>�Eso no es m�s que lo que esperaba, capit�n Brek. Quiero ser marino, y todo el mundo sabe que el mejor lugar para aprender es a bordo de una nave davakotiana. Ser� un privilegio, se�or. Una aut�ntica oportunidad y un privilegio, �y no le fallar�!</p><p>No, pens� Brek, probablemente no lo har�a.</p><p>�Bien �dijo�, lo que quiero que hagas es que sigas la carretera que �ndigo y Vinar tomaron, que los alcances y les des el mensaje que me has tra�do a m� aqu�. Lo mejor ser� que te asegures de que hablas con Vinar, pues no hay forma de saber si �ndigo ha recuperado ya la memoria.</p><p>�Lo har�, se�or �prometi� el muchacho�. Pero �c�mo los reconocer�?</p><p>��ndigo es una mujer guapa con una melena de color casta�o, y Vinar... �Brek ri� en voz baja, y el sonido de su propia risa lo sorprendi� ya que parec�a que hubiera transcurrido much�simo tiempo desde la �ltima vez que la hab�a o�do�. Bueno, no puedes confundirte con Vinar; dudo que nadie pudiera. <emphasis>As�</emphasis> de alto �se�al� las vigas del techo por encima de sus cabezas�, y <emphasis>as�</emphasis> de ancho �extendi� totalmente ambos brazos�, con una melena de cabellos rubios y los ojos azul celeste de un marino, y aunque habla la lengua de las Islas Meridionales bastante bien, tiene un acento extranjero que se podr�a cortar con un cuchillo embotado. No hay duda de que la Madre no hizo dos como �l. Encu�ntralo, como te digo, dale el mensaje, y luego regresa aqu� a Ranna. Tienes un mes antes de que zarpemos.</p><p>�Habr� tiempo suficiente, se�or. �El joven se puso en pie r�pidamente y dedic� a Brek un saludo que, aunque no habr�a sido aceptable para un capit�n realmente exigente, resultaba pasable en un principiante�. Y gracias otra vez, se�or. �Gracias!</p><p>Puede que fuera porque le recordaba a s� mismo a esa edad, o puede que se tratara de una simple reacci�n ante la noticia de que <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a sobrevivido, pero Brek se sinti� curiosamente contento, y eso despert� en �l un impulso generoso.</p><p>�Toma. �Hundi� la mano en la bolsa que llevaba al cinto y sac� un buen mont�n de monedas�. Necesitar�s comer y dormir durante el viaje, y apostar�a a que casi no te queda nada ya. �Vio que el muchacho abr�a la boca para protestar y lo acall� con un gesto�. Ll�malo un pr�stamo si eso te hace m�s feliz, aunque no es m�s de lo que pagar�a a cualquier mensajero. Vete, ahora; cuanto antes, te marches, antes regresar�s y estar�s listo para trabajar en serio. Un mes, recu�rdalo. No m�s.</p><p>Brek cerr� los o�dos a las renovadas muestras de agradecimiento del muchacho, turbado por su profusi�n, y lo sigui� con la mirada mientras �ste abandonaba a toda prisa la taberna, con paso r�pido y la cabeza muy erguida. S�, el muchacho resultaba prometedor. Tendr�a que haberle preguntado el nombre; eso era algo que hab�a olvidado. De todos modos no importaba. No tardar�a en regresar con la misi�n cumplida, y a Brek le satisfizo pensar que hab�a hecho un favor a dos amigos. En conjunto, no hab�a sido un d�a tan malo.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 6</strong></p></title><empty-line/><p>Era un entretenimiento tosco, improvisado sin pensar, pero aun as� se reuni� una buena multitud para disfrutar de la diversi�n. El d�a hab�a sido c�lido �desde luego, el m�s c�lido de la estaci�n hasta el momento� y promet�a seguir igual durante un tiempo, de modo que, terminada la tarea diaria, con el sol hundi�ndose por el oeste y el aire lleno de los aromas de las flores de espino y de la hierba fresca, la plaza del pueblo empez� a llenarse de gente. Hab�an desmontado los corrales de ovejas para tener sitio donde bailar, y se hab�a arrastrado una carreta fuera del establo comunitario para que sirviera de improvisado escenario a los m�sicos. El p�blico se las ingeni� para encontrar asiento; algunos sobre fardos de heno del a�o anterior sacados del establo, otros en bancos sacados de la taberna de Rogan Kendarson, ubicada enfrente, mientras que otros se acomodaron sencillamente en el suelo, que resultaba bastante seco si se escog�a el lugar con cuidado. Amigos y vecinos del poblado y de granjas remotas intercambiaban saludos y conversaban en tonos que el fragante aire transportaba por toda la plaza; los gritos y risas de los ni�os resonaban por todas partes, y a medida que oscurec�a se iban encendiendo antorchas y faroles, lo que convirti� la plaza en un oasis acogedor y brillante.</p><p>Como ocupantes de dos de las habitaciones de hu�spedes de la taberna de Rogan, �ndigo y Vinar ocupaban puestos privilegiados sobre un banco colocado en el exterior, donde pod�an apoyarse c�modamente contra la pared de piedra y tener una buena vista de todo lo que ocurr�a. Vinar hab�a ordenado una jarra de sidra y una bandeja de empanadas de cordero, que alegremente y con liberalidad compart�a con todos los que ten�a cerca. El acompa�ante de �ndigo se sent�a entusiasmado ante la idea del espect�culo de aquella noche, en especial porque ten�a la esperanza de que la m�sica pod�a tener �xito all� donde otras estrategias hab�an fracasado, y volver a abrir las cerradas puertas de la memoria de la muchacha. Esta se hallaba sentada a su lado, feliz en apariencia y animada mientras depart�a con sus vecinos y con la esposa de Rogan, Jansa, pero Vinar sab�a que se trataba de una m�scara superficial. Bajo �sta, �ndigo sufr�a lo indecible. La hab�a observado esperanzado con atenci�n durante los �ltimos d�as, y a menudo cuando ella pensaba que su atenci�n se encontraba en otra parte �l hab�a visto c�mo los ojos de la muchacha se ensombrec�an confundidos y su rostro se tensaba mientras se esforzaba in�tilmente por recordar algo, <emphasis>cualquier cosa,</emphasis> que pudiera hacer girar la llave. Al mirarla ahora, Vinar sinti� una aguda punzada al recordar la insignificante y, secreta alegr�a que hab�a sentido durante los primeros d�as que siguieron al naufragio, cuando hab�a comprendido lo que la p�rdida de memoria de �ndigo pod�a significar para �l. No es que se hubiera alegrado de que hubiera sucedido, de ninguna manera... Pero, puesto que era as�, la tentaci�n de aferrarse a tan inimaginable oportunidad de realizar aquello que m�s deseaba hab�a sido tal que Vinar no pudo resistirse.</p><p>La alegr�a no dur�, sin embargo. Su conciencia se hab�a ocupado de ello, pues Vinar era esencialmente demasiado honrado para seguir enga�ando a �ndigo, que confiaba totalmente en �l. Se daba cuenta de que la muchacha se sent�a trastornada por sus propios sentimientos; ella cre�a haberlo amado en una ocasi�n y se entristec�a al no poder recordar ese amor y no sentir ninguna chispa en su interior. Vinar no pod�a vivir con aquella mentira... pero tampoco pod�a reunir el valor necesario para confesar la verdad, al menos no a�n. Admitir lo que hab�a hecho significaba arriesgarse a perderla para siempre, y la posibilidad era demasiado horrible. Finalmente decidi� que no exist�a m�s que una �nica l�nea de acci�n que pudiera seguir honorablemente: ten�a que hacer todo lo que estuviera en su poder para devolver a �ndigo la memoria perdida; entonces, y s�lo entonces, podr�a conquistarla de forma honrada. La conquistar�a. Por mucho tiempo que necesitara, por mucho que tuviera que luchar, <emphasis>lo har�a.</emphasis> Luego, cuando ella lo amara tanto como �l la amaba, podr�a contarle la verdad sin temor a las consecuencias.</p><p>As� pues, alentado por su resoluci�n, Vinar hab�a convencido a �ndigo de que lo acompa�ara en un viaje de descubrimiento. Estaba convencido de que, en alg�n lugar de las Islas Meridionales, la familia de ella aguardaba para darle la bienvenida a casa, y no pod�a resultar tan dif�cil para un hombre ingenioso el encontrarla. Pod�an permitirse viajar, ya que los supervivientes del <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> hab�an recibido la paga que les correspond�a de manos del capit�n de puerto de Ranna que llevaba las cuentas de los armadores del barco en Huon Parita. Podr�an vivir durante tres, posiblemente cuatro meses, lo que sin duda ser�a suficiente; y, mientras buscaban, el tir�n subconsciente de la familiaridad de su pa�s de origen podr�a ser suficiente para hacer girar la llave fundamental en la mente de �ndigo.</p><p>Llevaban viajando dieciocho d�as ya y, por el momento, las islas no hab�an obrado el esperado milagro. Pero los acontecimientos de esta noche, pens� Vinar, pod�an alterar eso. �ndigo adoraba la m�sica y hab�a tocado a menudo su arpa para la tripulaci�n del <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> durante el viaje hacia el sur, y, aunque �l no pod�a afirmar en absoluto ser un experto, cre�a que la muchacha pose�a un raro e inusual talento. El arpa se hab�a perdido pero el talento deb�a de seguir ah�. Y esta noche, seg�n le hab�a dicho Rogan Kendarson, un arpista local figuraba entre los m�sicos del festejo...</p><p>Un grito procedente del otro lado de la plaza y un amago de aplausos hizo que las cabezas giraran de improviso, y Vinar mir� junto con el resto en direcci�n al establo. Un hombre delgado de aspecto vigoroso acababa de subir a la carreta y reclamaba silencio; uno o dos bienintencionados pitidos lo saludaron, seguidos de una aclamaci�n cuando anunci� el primer baile. Un violinista, dos flautistas y una muchacha con un tambor se encaramaron junto a �l, y las parejas se colocaron en el ruedo despejado para iniciar el baile denominado <emphasis>Novios cortej�ndose.</emphasis></p><p>Nada m�s iniciarse la m�sica, Vinar pos� una mano sobre la de �ndigo y le pregunt� con una mueca divertida: ��Quieres bailar?</p><p>Ella le devolvi� la sonrisa, pero cautelosa y con la indecisi�n que ya se hab�a convertido en algo muy familiar. �No conozco los pasos. ��Tampoco yo! Pero nos apa�aremos, �eh? �Bueno... �Su mirada violeta se desvi� a un lado�. Este no, Vinar, quiz� m�s tarde.</p><p>�Muy bien, lo que t� quieras. �Disimul� su decepci�n�. Ser� mejor escuchar la m�sica un rato, �no te parece? Veremos si estos m�sicos son buenos.</p><p>Ella asinti�, al parecer aliviada de que �l no fuera a insistir, y Vinar volvi� a llenar sus copas mientras se arrellanaban para contemplar el espect�culo. El baile era sencillo y agotador, los m�sicos alegres y competentes aunque nada excepcional, y cuando la primera interpretaci�n finaliz� se escucharon gritos en demanda de viejas tonadas favoritas. La improvisada banda no dud� en complacer a su p�blico e interpret� con ritmo <emphasis>El secreto del cornudo, Arando el surco y</emphasis> varias otras cuyos nombres Vinar no capt�; luego la multitud exigi� a voz en grito <emphasis>Cerdos en el huerto,</emphasis> una fren�tica giga en la que cada comp�s finalizaba con dos filas de bailarines que se dejaban caer a cuatro patas entre gru�idos, bufidos y chillidos mientras fing�an olfatear manzanas ca�das de los �rboles. Vinar, que jam�s hab�a presenciado tal danza, se desternillaba de risa, y con otro vaso m�s de sidra en su interior tambi�n �ndigo re�a a carcajadas. Cuando la hilaridad general dio paso finalmente a una salva de aplausos, Vinar se puso en pie y agarr� a �ndigo de la mano. �Eso es absurdo �declar� con energ�a�; no puedo quedarme aqu� sentado mirando... �Tengo que bailar, y t� conmigo!</p><p>Desde lo alto de la carreta, el que pregonaba las canciones anunciaba en aquellos momentos <emphasis>El capricho de la hermosa doncella,</emphasis> en la que las mujeres escog�an y cambiaban de pareja y ning�n hombre se atrev�a a discutir su elecci�n. Mientras �ndigo empezaba a ponerse en pie de mala gana, una muchacha de negros cabellos y ojos seductores, que llevaba rato observando a Vinar, se desliz� hasta la mesa que ocupaban y extendi� los brazos.</p><p>��Te elijo a ti!</p><p>Dedic� a �ndigo una mueca traviesa para demostrar que no exist�a malicia en su petici�n. Vinar vacil�, pero �ndigo sonre�a ya a la muchacha y volv�a a ocupar su asiento, dej�ndolo sin demasiada elecci�n. La jovencita tir� de �l hasta el grupo de bailarines, y mientras se iniciaba la m�sica �ndigo se dedic� a contemplarlos. Resultaban una pareja desigual; Vinar se elevaba por encima del menudo cuerpecillo de la muchacha, y desde luego no era el mejor de los bailarines. Pero en una ocasi�n como �sta a nadie le preocupaba la elegancia ni la exactitud del paso; la diversi�n era todo lo que importaba. La m�sica era muy alegre e �ndigo segu�a el ritmo con el pie, los dedos de una mano tableteando inconscientemente sobre la rodilla al ritmo de la m�sica. No deber�a haber enturbiado el buen humor de Vinar con su renuencia a bailar, pens�; era cruel e injusta ya que �l no quer�a m�s que hacerla feliz. Cuando terminara este baile lo compensar�a. Se unir�a a �l de buena gana y bailar�a toda la noche si era eso lo que �l quer�a. Era tan buena persona, tan cari�oso y sol�cito... Por cent�sima vez dese� angustiada poder despertar otra vez los sentimientos que cre�a haber tenido por �l. Le gustaba, lo respetaba, sent�a aprecio por �l... pero sus emociones eran como las que tendr�a por un hermano, no por un novio y futuro esposo. Vinar lo comprend�a, hab�a dicho, y hab�a prometido a la muchacha que las cosas cambiar�an con el tiempo. Pero �ndigo a�n no estaba convencida. Si tan s�lo pudiera recordar <emphasis>algo...</emphasis></p><p>Y entonces, por un instante, as� fue.</p><p>La melod�a de la <emphasis>danza</emphasis> carec�a de palabras, pero de improviso unas palabras aparecieron en su cabeza, encajaron con tal facilidad en la melod�a y ritmo de la m�sica que estuvo a punto de entonarlas en voz alta.</p><p>��Todos a una bailad y cantad; esta alegre danza con nosotros bailad!�</p><p>No, se dijo, no era exactamente as�. La melod�a no era �sta, y las palabras... No era �todos a una� sino un nombre, el nombre de alguien. Fe..., pero no le ven�a a la cabeza. Fen...</p><p>��Ahhhh!</p><p>�ndigo dio una violenta sacudida cuando por un fugaz instante el nombre vino a su memoria, pas� por su mente como un rel�mpago, y se desvaneci�. Con el codo volc� su jarra, y el licor de manzana se derram� por la mesa, salpic�ndola a ella y verti�ndose sobre un anciano sentado en el banco junto a ella.</p><p>�Lo siento... oh, lo siento mucho. Sus ropas... �Sobresaltada y temblorosa, �ndigo tartamude� mientras intentaba disculparse.</p><p>�No es nada que no se vaya a secar �le asegur� el anciano; luego le dedic� una astuta mirada llena de curiosidad�. �Est�s bien, chica?</p><p>�S�, s�, gracias, yo... Algo debe de haberme sobresaltado...</p><p>�Un t�bano, seguro �opin� sabiamente otro abuelo tambi�n sentado en el banco�. Una aut�ntica lata en esta �poca del a�o. Me han picado m�s veces de las que puedo contar, �y algunos en lugares que no me atrever�a a mostrar ni a mi vieja! �Sonri� de oreja a oreja, mostrando tres dientes amarillentos en unas enc�as arrugadas.</p><p>Se escucharon nuevas risas y los reiterados intentos de �ndigo por disculparse fueron desechados con una sonrisa. Jansa sali� al exterior con un pa�o para secar el l�quido derramado, e �ndigo pidi� una nueva jarra para compartirla. El incidente hab�a mitigado su sobresalto, cosa que agradeci�, pero tambi�n hab�a relegado el moment�neo atisbo de un recuerdo a su escondite y por mucho que ahora lo intentaba no consegu�a recordar el nombre que hab�a estado a punto de venir a ella. Desconcertada y sinti�ndose un poco mareada, empuj� a un lado sus pensamientos y se oblig� a concentrarse en cuestiones m�s inmediatas. <emphasis>El capricho de la hermosa doncella</emphasis> tocaba a su fin; Vinar hizo una reverencia a su pareja y, d�ndose la vuelta, se abri� paso decidido por entre la multitud en direcci�n al banco mientras la banda iniciaba los acordes de <emphasis>Verdes, verdes son los sauces.</emphasis> Con los brazos en jarras se plant� frente a �ndigo, y dijo con una amplia sonrisa:</p><p>�Vamos. No me interesan otras muchachas. �O bailo con mi �ndigo, o no bailo con nadie!</p><p>�ndigo se puso en pie. Querido Vinar. Aprender�a a quererlo. <emphasis>Aprender�a.</emphasis></p><p>Le dedic� la sonrisa m�s radiante que jam�s le hab�a dedicado y permiti� que la condujera hasta los otros bailarines.</p><p>Era casi medianoche cuando los �ltimos intransigentes admitieron finalmente su derrota y permitieron que los exhaustos m�sicos descansaran. Pero los festejos de la noche no hab�an terminado ni mucho menos. Daba la impresi�n de que todos los presentes en la plaza hab�an llevado consigo bolsas o cestas de comida, y pronto todos compart�an pan, queso, fruta, pasteles y empanadas, mientras Rogan Kendarson y su hijo mayor sacaban rodando un nuevo barril de cerveza y anunciaban que todos pod�an servirse a su gusto. Finalizado el improvisado fest�n, unos cuantos juerguistas se marcharon y unos cuantos m�s se quedaron dormidos all� donde estaban, pero los restantes, fortalecidos y sin ganas de irse a�n a la cama, exigieron m�s m�sica y canciones que cantar. Esto era lo que Vinar hab�a estado esperando, y su pulso se aceler� cuando vio c�mo varios m�sicos nuevos se acercaban a la carreta-escenario, entre ellos un hombre joven con una peque�a arpa de regazo bajo el brazo.</p><p>�Eh, �ndigo. �Le dio un codazo�. Mira. Rogan me dijo que ten�an un arpista. Apuesto a que no es ni la mitad de bueno que t�.</p><p>Algo achispada despu�s de tanto bailar y tanta comida, �ndigo atisbo con los ojos entrecerrados y sonri�.</p><p>��No so�ar�a en tomar tu dinero!</p><p>�l no hab�a dejado de repetirle una y otra vez que ella hab�a tocado para la tripulaci�n a bordo del barco, pero sus alabanzas eran tan desorbitadas que la joven estaba segura de que exageraba. De todos modos, flexion� los dedos como ta�endo cuerdas invisibles. �Exist�a un reflejo en sus manos, un talento que no se hab�a evaporado junto con sus otros recuerdos? Sus dedos mostraban antiguos callos que suger�an que hab�a tocado a menudo, pero hab�a perdido el arpa y �como le suced�a con tantas otras cosas� s�lo ten�a la palabra de Vinar de que hab�a sido una int�rprete competente; m�s a�n: con talento.</p><p>No obstante, se inclin� al frente y observ� con atenci�n mientras el arpista y el que tocaba el caramillo se acomodaban sobre la carreta. Se escuch� una breve salva de aplausos, y luego los dos m�sicos iniciaron una alegre y r�tmica melod�a. El arpista era bueno, se dijo �ndigo; al menos eso le parec�a a ella, aunque ahora no ten�a patr�n por el que juzgar. Mejor, al menos, que el que tocaba el caramillo, quien hab�a dejado escapar m�s de una nota falsa y era algo torpe, aunque nadie parec�a darse cuenta o darle importancia. Acabada la melod�a, el d�o interpret� una canci�n que los aldeanos parec�an conocer, y el sonido de sus voces unidas elev�ndose en el silencioso aire nocturno resultaba curiosamente conmovedor. Vinar, dirigiendo una mirada de soslayo a �ndigo, descubri� un revelador brillo en sus ojos. No sab�a si era simplemente el canto lo que la impresionaba o si la canci�n misma tiraba de algo olvidado, pero le produjo una cierta tristeza a la vez que renovadas esperanzas. La canci�n termin�, y, mientras los reunidos ped�an m�s a gritos, Vinar se inclin� hacia el extremo del banco donde Jansa observaba desde la puerta de la taberna.</p><p>��ndigo tambi�n toca el arpa �le confi� en un susurro�. Y canta. Tiene una voz preciosa.</p><p>Jansa conoc�a la historia de �ndigo; sab�a lo que ella y Vinar buscaban, y comprendi� al instante la intenci�n de �ste. Se agach� hasta colocar el rostro junto al de �l y murmur�:</p><p>�Entonces �por qu� no la convencemos para que toque? Los nuevos talentos son siempre bien recibidos en estas reuniones, y �qui�n sabe lo que puede salir de esto? Podr�a ayudarla a recordar. O incluso podr�a haber alguien entre los reunidos que reconociera un rostro o una voz.</p><p>��Esto es exactamente lo que yo pensaba! �Vinar le dedic� una mirada agradecida.</p><p>�D�jamelo a m�, entonces. Hablar� con la persona apropiada y le daremos una sorpresa; a Kess no le importar� prestar su arpa. �Hizo una pausa�. Pero si yo fuera t� me ocupar�a de que ella bebiera una jarra o dos antes, o no conseguir�s que acepte.</p><p>Vinar sigui� tan buen consejo, e �ndigo se encontraba tan absorta en la m�sica y los cantos que no se dio cuenta cuando �l volvi� a llenarle la copa dos veces m�s. Se sent�a relajada como no se hab�a sentido desde el naufragio; inquietudes, confusi�n y tristeza se desvanec�an bajo la sedante influencia del licor, y su mente empezaba a sentirse agradablemente embriagada. Hasta tal punto que, cuando descubri� a Jansa de pie a su lado y pidi�ndole si complacer�a a los reunidos interpretando una canci�n, se limit� a mirar sorprendida a la mujer sin saber de qu� le hablaba.</p><p>��Una canci�n... ?</p><p>�Exacto. Vinar nos ha dicho que eres una gran arpista y una espl�ndida cantante. � Jansa hizo como si no viera el ansioso gesto de cabeza de Vinar y a�adi� una mentira piadosa�: Y es la tradici�n aqu� que nadie con talento musical permanezca callado en una de nuestras reuniones.</p><p>�Pero �yo no s� tocar! �protest� �ndigo, consternada�. �O, si pod�a, he olvidado c�mo y he olvidado tambi�n las canciones que conoc�a!</p><p>�No, no es verdad �interpuso Vinar�. Te ense�� dos, estos �ltimos d�as desde que abandonamos Ranna. �Dedic� una sonrisa a Jansa�. Las hemos estado cantando en la carretera, ella y yo juntos.</p><p>Jansa le devolvi� la sonrisa.</p><p>��Muy bien, entonces no hay excusa! Vamos, �ndigo; no permitiremos que nos desilusiones.</p><p>�ndigo empez� a darse cuenta de que estaba atrapada y realiz� un �ltimo esfuerzo desesperado.</p><p>�Pero si no puedo tocar, si lo he olvidado...</p><p>Jansa descart� la protesta antes de que pudiera terminar de hablar.</p><p>��Tienes miedo de hacer el rid�culo? �Tonter�as! �Qui�n lo sabr�a o le importar�a si lo hicieras? �Estir� el brazo, agarr� a �ndigo de la mano, y la oblig� a ponerse en pie� �Vamos, y se acab� la discusi�n!</p><p>Comprendiendo que no le permitir�an escapar, �ndigo se volvi� suplicante hacia Vinar.</p><p>��Tendr�s que cantar conmigo!</p><p>�De acuerdo, lo har�. Los dos juntos, �eh? �Su sonrisa se torn� m�s amplia a�n�. Los dos juntos.</p><p>Mientras avanzaba junto a Vinar en direcci�n a la carreta, con los ojos curiosos de los reunidos siguiendo sus pasos, �ndigo no pod�a quitarse de la cabeza la sensaci�n de que toda aquella escena era irreal. El arpista, Kess, esperaba y le entreg� el instrumento con una sonrisa de �nimo mientras ella se encaramaba a la carreta. Tras acomodarse en el pescante, �ndigo dej� que las manos acariciaran suavemente la madera del arpa. �Estaba bien hecha, bien afinada? No lo sab�a; pero s� percibi� una sensaci�n de familiaridad, y cuando se arrellan� en el pescante el arpa pareci� aposentarse en su regazo por s� sola. Toc� una cuerda; reson� y se trataba de la nota que hab�a esperado. De momento, todo iba bien.</p><p>Abajo, entre el p�blico, alguien carraspe�, y al bajar la mirada desde su privilegiada posici�n �ndigo comprendi� que la gente empezaba a cansarse de esperar. Se apresur� a hacer una se�al a Vinar con la cabeza y, al ver que estaban a punto de empezar, el</p><p>p�blico les dedic� un educado aplauso.</p><p>�ndigo pos� los dedos sobre las cuerdas del arpa y, no sin cierta sorpresa por su parte, empez� a tocar.</p><p>��Fue delicioso, delicioso! �Jansa rebosaba satisfacci�n mientras depositaba dos jarras llenas a rebosar sobre la mesa�. Los dos pose�is unas voces espl�ndidas; se entrelazan tan bien... E, �ndigo, Vinar ten�a raz�n: �eres una arpista muy buena!</p><p>El festejo nocturno hab�a finalizado por fin, y la muchedumbre, borracha de cerveza y vino, feliz y exhausta, se hab�a ido encaminando con paso vacilante hacia sus casas abandonando la silenciosa plaza. Oficialmente, la taberna hab�a cerrado hac�a una hora, pero Vinar e �ndigo insistieron en ayudar a sus anfitriones a quitar y lavar los montones de jarras y platos dejados por los juerguistas, y a cambio Jansa hab�a insistido en que deb�an tomar una �ltima copa juntos antes de irse a sus respectivas camas. El fuego en la enorme chimenea se hab�a convertido en rescoldos, y con tan s�lo dos l�mparas para iluminar el bar la atm�sfera resultaba agradablemente sopor�fera.</p><p>�No hab�a o�do nunca esa primera canci�n �dijo Rogan al tiempo que surg�a de detr�s del mostrador y se un�a a los otros en la mesa�. �Es una balada scorvia, Vinar?</p><p>�S� �respondi� �ste�. Una canci�n marinera scorvia. Mi padre me la ense�� y ahora yo se la ense�o a �ndigo.</p><p>Hab�a una curiosa irritaci�n en el humor de Vinar, pero nadie parec�a haberlo advertido.</p><p>�Todos conoc�amos la segunda, desde luego �continu� Rogan�. Calculo que las voces se elevaron hasta el cielo cuando todos se unieron al coro.</p><p>�Ya, bueno. Yo ense�� �sa a �ndigo, tambi�n. Era una que ella acostumbraba cantar en el barco, hasta... bueno, hasta que sucedi� aquello. �Vinar tom� un buen trago de su jarra y se qued� contemplando su interior como si buscara algo que no estaba all�.</p><p>�ndigo le toc� el brazo con suavidad.</p><p>��Sucede algo, Vinar?</p><p>��Eh? No, no; no sucede nada. Ha sido una buena noche, una <emphasis>buena</emphasis> noche.</p><p>La muchacha no se sinti� muy convencida pero estaba demasiado cansada para insistir.</p><p>�Bien �dijo, poni�ndose en pie�, si todos me perdon�is, me voy a la cama. � Dirigi� un vistazo a la ventana�. La luna hace rato que se ha puesto. Debe de estar a punto de amanecer.</p><p>�A�n faltan una hora o dos. �Jansa le dedic� una sonrisa�. Pero no os preocup�is; nos ocuparemos de que no os molesten hasta que decid�is despertar. Buenas noches, �ndigo. Y gracias otra vez.</p><p>Todo qued� en silencio unos minutos tras su marcha. Rogan empez� a dar cabezadas y Jansa sofoc� un bostezo. Entonces, inesperadamente, Vinar dijo:</p><p>�Ella era mucho mejor que eso. Mucho mejor.</p><p>Rogan dio un respingo ante el sonido de la voz, y Jansa mir� a Vinar con curiosidad.</p><p>��Mejor?</p><p>�S�; con el arpa.</p><p>�Pero su interpretaci�n fue...</p><p>�Fue buena, lo s�. Lo bastante buena para complacer a cualquiera, tal vez buena incluso para los salones de un rey. Pero antes del naufragio, antes de que se golpeara la cabeza, era <emphasis>mejor.</emphasis> Como... �Vinar se esforz� por encontrar la palabra adecuada en una lengua con la que a�n no se sent�a c�modo, y sus manos empezaron a gesticular en el aire�. Como si hubiera... <emphasis>magia</emphasis> en sus dedos. �Lanz� un bufido, repentinamente cohibido, y sus azules ojos se pasearon veloces por sus dos compa�eros�. Pens�is que soy alguna especie de tonto demente, al decir cosas as�...</p><p>�No �asegur� Jansa�, no lo pensamos. �Una sonrisita curv� una de las comisuras de sus labios�. O, si lo eres, entonces tambi�n lo somos nosotros y todos los que habitan en las Islas Meridionales. Creemos en la magia, Vinar, ya lo creo que creemos. Y puede existir magia en la m�sica, aunque es algo excepcional. Algunos de los antiguos bardos pose�an el don; algunos a lo mejor a�n lo poseen. De modo que creemos en ti, Vinar. �Suspir�. Si al menos hubiera salido algo de su interpretaci�n de esta noche. Si alguien hubiera reconocido su rostro, o su voz...</p><p>�Habr�an conocido de antes su forma de interpretar �dijo Vinar sin ambages�. No la habr�an olvidado. Nadie podr�a.</p><p>Rogan y Jansa intercambiaron una r�pida mirada. Aun teniendo en cuenta su evidente prejuicio, Vinar pod�a muy bien estar en lo cierto; y, si lo estaba, eso convert�a el enigma del pasado de �ndigo en algo a�n m�s extra�o. Una mujer cuyo nombre era el color del luto, que pose�a el talento de las brujas, el don de los bardos... Alguien as� sin duda ser�a conocido y recordado en las Islas Meridionales. Y, si hab�a cambiado su nombre a causa del dolor por una tragedia, �cu�l podr�a haber sido esta tragedia? No hab�a habido plagas, ni epidemias, durante muchos a�os; e incluso si la pena hubiera sido algo menor, relacionada s�lo con un clan o una familia, los buhoneros y trovadores y otros mercaderes ambulantes que recorr�an los caminos para ganarse la vida habr�an conocido y propagado la historia tal y como hac�an con las noticias y cotilleos m�s insignificantes. Sin embargo, nadie sab�a nada en el cabo Amberland, ni en Ranna, ni en ninguna de las ciudades, pueblos y aldeas por las que �ndigo y Vinar hab�an pasado durante dieciocho d�as de b�squeda. Resultaba misterioso, pens� Jansa.</p><p>En voz baja, como si tuviera miedo de que �ndigo pudiera o�rla desde su habitaci�n del piso superior, pregunt�:</p><p>��Se te ha ocurrido consultar a las brujas del bosque, Vinar?</p><p>��Brujas? �Vinar se mostr� perplejo.</p><p>�S�; tienen formas, sus propias formas, de buscar lo que se ha perdido. Aun cuando no tengan el poder de devolver la memoria a �ndigo, podr�an tener alguna manera de encontrar a sus familiares.</p><p>�Puede que sea una buena idea, pero �c�mo las encuentro? No s� por d�nde empezar.</p><p>La mujer le sonri� con dulzura.</p><p>�No te preocupes. Nosotros podemos ponerte en el buen camino; y adem�s, si �ndigo posee el don que t� crees que posee, existen muchas posibilidades de que ellas la est�n buscando en estos mismos instantes. Conocen y cuidan a los suyos. �Se puso en pie y recogi� las tres jarras que hab�an utilizado con un tintineo que son� muy fuerte en medio del silencio del bar�. Por el momento, de todos modos, creo que estamos demasiado cansados para pensar o hablar m�s. Vayamos a la cama, y meditemos sobre lo que sea mejor por la ma�ana.</p><p>Tir� de Rogan para ponerlo en pie y ambos permanecieron el uno junto al otro, rode�ndose con los brazos en un gesto tan cari�oso que hizo sufrir interiormente a Vinar en silencio. Este asinti� con la cabeza.</p><p>�S�. S�, tienes raz�n. Volveremos a pensar por la ma�ana. �Hizo una reverencia, la espasm�dica y afectada reverencia cort�s peculiar de Scorva�. Sois los dos muy amables; os doy las gracias. �Y ha sido una fiesta estupenda!</p><p>Mientras sub�a a su diminuta habitaci�n bajo el alero de la taberna, Vinar se detuvo unos instantes en el descansillo frente a la puerta de �ndigo. No se o�a ning�n sonido en su interior, y la punzada de dolor regres� al intentar no imaginarla dormida en su solitario lecho. Pens�, como lo hab�a hecho durante varias de las noches anteriores, que si hubiera ido a ella la muchacha no lo habr�a rechazado; que le habr�a dado la bienvenida, se habr�a aferrado a �l de buena gana, como a un amigo y un amante, para erradicar la soledad y dar consuelo y seguridad. Pero Vinar no pod�a hacerlo, ya que no era �sa su forma de actuar. Unicamente cuando todo fuera como ten�a que ser, �nicamente cuando tuviera la bendici�n de su familia, podr�a permitirse ser para ella lo que tanto ansiaba ser. Hasta entonces �y el d�a llegar�a� la cuidar�a y la proteger�a, la defender�a y ser�a su amigo. Pero nada m�s. Por el bien de ella, y por el suyo propio.</p><p>Rogan y Jansa conversaban en voz baja en el piso de abajo mientras se preparaban para seguirlo por la crujiente escalera de madera, y sus voces eran como el ahogado zumbido de las abejas en un campo de tr�boles. Vinar se llev� la punta de los dedos a los labios y lanz� un beso, silencioso pero sentido, en direcci�n a la estancia en la que dorm�a su amor, y se alej� de puntillas. A poca distancia del extremo de la plaza del pueblo, en la zona de labrant�o donde no hab�a casas sino s�lo campos, un joven que hab�a finalizado m�s deprisa de lo que pensaba la larga caminata desde Ranna intentaba encontrar un lugar donde dormir en el seto que discurr�a junto a la pedregosa carretera. Al entrar en la plaza la hall� oscura y desierta; la taberna estaba cerrada, y, aunque llevaba dinero en el bolsillo, no era tan arrogante como para aporrear la puerta y enfrentarse a la c�lera del propietario a una hora tan poco civilizada. Hab�a sido un est�pido al intentar cubrir la distancia entre este pueblo y el anterior en una tarde; est�pido y optimista. Cualquiera con una pizca de sentido com�n habr�a comprendido que llegar�a demasiado tarde para encontrar alojamiento. De todos modos no faltaba demasiado para el amanecer, y por el aspecto del cielo el tiempo iba a permanecer seco, por lo que volvi� sobre sus pasos por la carretera bordeando el seto hasta encontrar un sa�co prometedor bajo el cual la hierba crec�a abundante y mullida y promet�a una cierta comodidad. Dando gracias a la Madre Tierra porque la noche fuera tan c�lida, desenroll� la delgada manta que llevaba y se arrastr�, entre bostezos, al interior de su improvisada cama, contento de poder dormir lo que pudiera antes de que el sol lo despertara. Muy pronto, el joven aspirante a marino que llevaba el mensaje del capit�n Brek empez� a so�ar un sue�o extra�o y particularmente vivido.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 7</strong></p></title><empty-line/><p>Niahrin se hab�a encargado de que <emphasis>Grimya</emphasis> durmiera y dio gracias por haber tomado esa precauci�n, ya que en su actual estado no podr�a haberse enfrentado a la perspectiva de intentar explicar a la loba lo que hab�a hecho y por qu� ello la hab�a dejado en tal estado de tembloroso y debilitado abatimiento.</p><p>Hab�a dejado de vomitar porque ya no quedaba nada en su est�mago, pero los �ltimos cinco minutos hab�an sido un tormento de arcadas secas e in�tiles hasta que por fin consigui� controlar los espasmos. No fue f�cil erguirse; su cuerpo se resisti� a sus esfuerzos por moverse, y ella no deseaba otra cosa que quedarse tumbada all� sobre la hierba y dormir. Pero la preparaci�n y la costumbre hicieron que resistiera el agotamiento y se incorporara penosamente sobre sus pies. Ya hab�a esperado esto y se hab�a preparado para ello; la aguardaba una infusi�n reconstituyente que pronto la pondr�a en condiciones. Y su tarea no estaba terminada a�n.</p><p>Regres� a la casa cojeando fatigosamente y una vez en su interior cerr� la puerta a su espalda, cerrando el paso a la noche. <emphasis>Grimya</emphasis> era una figura oscura e inm�vil en la d�bil luz de los rescoldos de la chimenea. La loba roncaba con suavidad.</p><p>El reconstituyente se encontraba en una peque�a taza con tapa junto al fuego y estaba todav�a caliente. Niahrin lo bebi� y luego se acurruc� en el suelo junto al fuego, frot�ndose los antebrazos con energ�a y estremeci�ndose mientras las ascuas del fuego empezaban a calentarle el cuerpo, helado por el aire nocturno. Durante un rato evit� volver la cabeza para mirar la cortina que ocultaba la atrancada puerta interior, pero al cabo, sabiendo que deb�a enfrentarse a ello una vez m�s antes de que todo quedara finalizado, se enderez� y avanz� de mala gana pero con decisi�n hacia ella. Hab�a dejado preparada otra vela; tras encenderla apart� a un lado la cortina, levant� la tranca y penetr� silenciosamente en la habitaci�n situada al otro lado.</p><p>Las sombras danzaron ante sus ojos, resbalando sobre la pared desnuda. La estancia resultaba anormalmente fr�a y a Niahrin le pareci� o�r un leve sonido entre c�ntico y zumbido, como de un lejano enjambre de insectos. El telar estaba inm�vil y silencioso, una oscura silueta en la oscuridad; pero, donde antes no hab�a habido m�s que su desnudo esqueleto, aparec�a ahora una borrosa confusi�n de colores en su bastidor.</p><p>Niahrin aspir� con fuerza para calmar su tembloroso coraz�n y, sosteniendo la vela bien alta, avanz�. Por un momento, mientras bajaba la mirada, recuerdos terribles la asaltaron: lanzaderas que volaban, el telar que cruj�a y se balanceaba como si se tratara de una jaula en cuyo interior un animal terrible se revolviera y pugnara por escapar, sus propias manos anudando y tejiendo, sus pies una mancha borrosa sobre los pedales mientras su ojo lisiado miraba febrilmente al vac�o y las im�genes se precipitaban y amontonaban sobre ella y le chillaban. Y durante todo aquel tiempo no hab�a dejado de rezar, de gritar en voz alta a la Madre Tierra para que la protegiera de la enormidad del poder que hab�a invocado, le concediera la capacidad de comprender y, por encima de todo, protegiera su cordura.</p><p>Todo hab�a terminado de forma muy brusca. No sab�a qu� era lo que hab�a creado; nunca lo sab�a, pues jam�s era capaz de mirar hasta m�s tarde, cuando los terribles efectos secundarios se desvanec�an y su mente y cuerpo volv�an a estar bajo control. La habitaci�n pareci� girar a su alrededor, toda coordinaci�n desapareci�, y sinti� los primeros espasmos en el est�mago mientras abandonaba como enloquecida el taburete frente al telar, cruzaba el umbral tambaleante, atravesaba la otra habitaci�n, y sal�a al jard�n justo a tiempo.</p><p>Ahora la sensaci�n de n�usea hab�a desaparecido y hab�a llegado el momento de contemplar su obra. Se sinti� sorprendida, y m�s que un poco desconcertada, al ver lo mucho que hab�a tejido. El tapiz ten�a casi un metro de arriba abajo y ocupaba toda la anchura del telar... �Cu�nto hab�a durado, y durante cu�nto tiempo hab�a estado pose�da por la magia? La luna se hab�a puesto y no le quedaba m�s que el instinto para guiarla; un instinto que, equivocadamente al parecer, le dec�a que a�n faltaban varias horas para el amanecer. A menos que el poder hubiera sido mucho mayor de lo que cre�a posible, y sus manos hubieran trabajado a una velocidad inimaginable...</p><p>Se acerc� m�s, empujando a un lado el taburete, y mir� con atenci�n lo que hab�a hecho. La luz de la vela era d�bil, lo que apagaba y ensombrec�a los colores, y la inestable llama daba a los diminutos dibujos una extra�a impresi�n de vida, hasta el punto de que parec�an moverse por s� mismos. Niahrin sacudi� la cabeza y cerr� los ojos con <emphasis>fuerza,</emphasis> unos segundos antes de volver a mirar.</p><p>La escena del tapiz quedaba dominada por una enorme mole de piedra, con la luna llena colgando justo sobre su torre central. Un sol rojo con un rostro enfurecido y amargado en su centro se pon�a por el oeste, mientras que por el este se alzaba otro sol, p�lido y espectral. Tambi�n �ste ten�a rostro, pero una nube ocultaba la boca y resultaba imposible saber si la expresi�n era alegre o triste, ya que sus ojos estaban en blanco y ciegos. Figuras diminutas, estilizadas y extra�as pero finamente detalladas, desfilaban por este misterioso paisaje, algunas a caballo, otras a pie. Iban de una en una y de dos en dos en direcci�n a las puertas de la enorme fortaleza de piedra, y las puertas mismas ten�an la forma de una gran arpa, cuyas cuerdas se separaban para admitir a la vanguardia de la procesi�n. En esta vanguardia iba un hombre montado en un caballo alaz�n, y por el r�pido vistazo que hab�a tenido de �l en los bosques, Niahrin reconoci� la cabellera y barba casta�o oscuras de Ryen Cathlorson Ryenson, rey de las Islas Meridionales. El monarca ten�a una mano alzada como en actitud de rechazo, mientras que a su espalda la figura de una mujer llorosa avanzaba encadenada entre dos guardas encapuchados. Una sola mirada a la mujer hizo que un escalofr�o recorriera la espalda de Niahrin, pues aquella diminuta figura le era, tambi�n, conocida: Brythere, consorte y reina del rey Ryen. Y detr�s de Brythere ven�an otros. Un anciano apoyado con fuerza en un bast�n, el rostro tapado a la vista. Un hombre m�s joven, fornido, rubio y alegre, que parec�a como si cantara. Una mujer de cabellos plateados, que corr�a cogida de la mano de un duende del bosque que parec�a una curiosa mezcla de ser humano y �rbol. Y... de nuevo Niahrin experiment� el mismo escalofr�o, ya que las siguientes dos figuras eran las de un enorme perro �o lobo� de moteado pelaje gris y una mujer con un parche sobre un ojo.</p><p>As� que era esto; el mensaje que hab�a tra�do la magia resultaba muy claro. Niahrin no hab�a visto nunca Carn Caille, la fortaleza real, pero hab�a escuchado suficientes relatos de los viajeros para tener una clara idea de c�mo era, y la imagen del tapiz no pod�a ser de otro lugar. Sab�a lo que deb�a hacer. Pero en cuanto a lo que aquella acci�n producir�a, a lo que presagiaba... Niahrin se estremeci� con un g�lido y sobrenatural escalofr�o, pues ahora sab�a algunas otras cosas, cosas que no debiera saber, y al revel�rselas la magia hab�a depositado sobre sus espaldas una carga que no deseaba aceptar. No comprend�a su significado, pero la asustaba. La magia la conduc�a a puertas que hab�an permanecido cerradas y atrancadas demasiado tiempo para que ahora se las volviera a abrir con tranquilidad; no eran puertas en su propia vida sino en las vidas de otros. Inmiscuirse era insensato, posiblemente peligroso. No ten�a el <emphasis>derecho...</emphasis></p><p>Una voz dijo en voz baja: <emphasis>Te equivocas, nieta. No s�lo tienes el derecho sino el deber de hacerlo. La magia te lo ha dicho. �Osar�s volverle la espalda?</emphasis></p><p>��Abuela... ?</p><p>Niahrin dio un brinco como una liebre sorprendida por los perros, y gir� en redondo como si esperara ver una figura en las sombras del umbral a su espalda, los ojos fr�os y brillantes, la boca sonriente sin el menor asomo de risa. Pero su abuela no estaba all�. La mujer que hab�a amado y temido y cuyos poderes hab�a heredado, los benignos y los crueles a la vez, no era m�s que un fantasma en su cabeza. Niahrin a menudo o�a a su abuela que le hablaba a trav�s de los a�os, aunque no sab�a si la voz era realmente una visita del mundo del m�s all� o tan s�lo los ecos de su recuerdo. Pero la voz de la abuela y la fuerza de la magia dec�an lo mismo: no pod�a huir de su responsabilidad. No pod�a rechazar el poder y lo que le ordenaba hacer.</p><p>La vela parpade� cuando lanz� un profundo suspiro, y el aliento estuvo a punto de apagar la llama. Niahrin baj� la vela y abandon� la habitaci�n en silencio, cerrando la puerta otra vez y dejando caer la cortina sobre ella. Ma�ana sacar�a el tapiz del telar y lo guardar�a, pues ya le hab�a dicho todo lo que ten�a que decir. Ahora, sin embargo, le quedaba un peque�o acto de magia que realizar, y se trataba de una magia f�cil y ben�vola; despu�s podr�a dormir.</p><p>Se sent� en el suelo junto a la chimenea y coloc� un nuevo tronco del cesto en el fuego. Luego estir� el brazo para alcanzar otro cesto m�s peque�o, y de �l escogi� cuidadosamente un pu�ado de ramas. Primero manzano; siempre deb�a haber manzano para traer bendiciones y buena voluntad a su trabajo. Enseguida acebo, para dar fuerza al conjuro, y por �ltimo serbal, sauce y escaramujo, creadores y liberadores de sue�os. Coloc� las ramas en forma de peque�a estrella, que espolvore� con fino polvo arom�tico, y, cuando el nuevo tronco empez� a chisporrotear, deposit� la estrella en el centro del fuego.</p><p>De la estrella brotaron llamas azul verdosas, y un perfume dulce y embriagador inund� la habitaci�n. Niahrin sonri� y cerr� su ojo bueno. Con las manos entrecruzadas, empez� a balancearse despacio adelante y atr�s, y mientras se balanceaba enton� una canci�n sin palabras, cuya melod�a semejaba el sonido del agua al fluir. Esta magia no produc�a dolor, ni discordancia, ni un sacrificio de energ�a; lo cierto es que le proporcionar�a nuevos �nimos y la tranquilizar�a y preparar�a para un profundo descanso. Y en alguna parte, si todo iba bien, alguien tendr�a un importante sue�o esta noche.</p><p>�Me drogaste �le reproch� <emphasis>Grimya</emphasis>�. Me diste algo para que durmiera. �Levant� los ojos hacia Niahrin y parpade� indecisa�. �Por qu� lo hiciste? �No con... f�as en m�?</p><p>��Oh, cari�o! �Niahrin se arrodill� junto al lecho de la loba y acarici� sus fl�ccidas orejas�. Claro que conf�o en ti, no hay la menor duda. Pero no quer�a involucrarte en lo que hac�a. No habr�a sido justo.</p><p>�Sab�a que al... algo hab�a sucedido. <emphasis>�Grimya s�</emphasis> incorpor� con cuidado; le hab�an quitado el entablillado ahora y pod�a dar cortos y vacilantes paseos por la habitaci�n, aunque Niahrin le hab�a prohibido tajantemente apoyar la pata herida en el suelo�. Lo ol� en cuanto despert�, como humo en el aire.</p><p>�Ya pens� que lo har�as. �Niahrin sospechaba que las habilidades de <emphasis>Grimya</emphasis> iban m�s all� de la simple capacidad de hablar como los humanos. Call� unos instantes antes de proseguir�: <emphasis>Grimya,</emphasis> he averiguado ciertas cosas que significan que t� y yo debemos cambiar nuestros planes. En lugar de esperar a que tu amiga �ndigo venga a nosotras, somos nosotras las que debemos ir en su busca.</p><p>Los ojos de <emphasis>Grimya</emphasis> se iluminaron ansiosos... pero enseguida sus orejas volvieron a caer.</p><p>��Pero no pu... puedo andar bien a�n!</p><p>�No te har� falta. �El medio de transporte que ten�a en mente har�a que el viaje resultase lento y pesado, pens� Niahrin, pero no se pod�a evitar. La magia le hab�a dicho lo que deb�a hacerse, y el viaje no pod�a esperar�. Un guardabosques amigo m�o tiene justo lo que necesito, y puedo pagarle en especie de modo que no tendremos problemas para que nos lo preste. Pasar� todo el d�a de hoy preparando lo que necesitaremos; ma�ana lo visitar� y podremos ponernos en marcha al d�a siguiente.</p><p>La peluda cola de <emphasis>Grimya</emphasis> empez� a agitarse violentamente.</p><p>�Entonces �dijo la loba�, �sabes d�nde est� �ndigo? �Sabes d�nde la encontrrraremos?</p><p>�S� adonde ir� ��Adonde <emphasis>debe</emphasis> ir�, a�adi� para s� la bruja, porque incluso sin el mensaje para actuar como incentivo �ndigo se ver�a atra�da hacia all�; la magia lo hab�a dejado muy claro�. La encontraremos en Carn Caille.</p><p>��Carn Caille... ? �La loba se qued� helada.</p><p>�S�; �por qu�, querida, qu� sucede? Ya s� que es la ciudadela del rey, pero no hay nada que temer de ella.</p><p>Pero s� lo hab�a, pens� <emphasis>Grimya,</emphasis> claro que lo hab�a. En una �poca, Carn Caille hab�a sido el hogar de �ndigo. Era un lugar lleno de fantasmas... y quiz� de algo mucho peor.</p><p>Mir� a la bruja y se pas� la lengua por el hocico, nerviosa.</p><p>�No he esss... estado nunca en Carn Caille �dijo despacio�. No... see� si quiero ir all� ahora.</p><p>Con gran alivio por parte de la loba, Niahrin malinterpret� el motivo de su inquietud.</p><p>�No es un lugar tan inh�spito como t� temes, <emphasis>Grimya;</emphasis> lo cierto es que, por lo que he o�do, el rey da la bienvenida en ella a todos sus s�bditos y celebra audiencias p�blicas durante varios d�as todos los meses. �Le sonri� tranquilizadora�. Yo tampoco he estado all� jam�s, de modo que ser� una aventura para las dos, �no te parece?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no discuti�, pero, mientras Niahrin se daba la vuelta y empezaba a preparar el</p><p>desayuno para ambas, la loba dio unos cuantos pasos torpes y volvi� a tumbarse, preocupada. Carn Caille. �ndigo le hab�a contado muchas cosas de ella, pero los relatos, y los recuerdos de �ndigo, eran algo que quedaba en el lejano pasado ahora. �Qu� encontrar�a all�, y �esta pregunta resultaba a�n m�s perturbadora� qu� siniestros ecos del pasado pod�an salir a la luz? Niahrin s�lo conoc�a una peque�a parte de la historia de �ndigo, y <emphasis>Grimya</emphasis> no se atrev�a a contarle m�s. Pero la loba sent�a en su interior una sensaci�n de miedo cada vez mayor. La asustaba m�s Carn Caille que cualquier otra cosa a la que �ndigo y ella se hab�an enfrentado durante sus muchos a�os juntas, y el motivo es que estaba segura de que en Carn Caille las esperaba el �ltimo de los siete demonios. Y este �ltimo demonio ser�a el peor de todos.</p><p>Cuando, entrada ya la ma�ana, abri� la puerta de la calle en respuesta a los persistentes golpes, Jansa se encontr� con un forastero en el umbral. Era un joven, ni un mendigo ni un hombre acaudalado; llevaba una peque�a mochila a la espalda y ten�a todo el aspecto de acabar de salir de las profundidades de un seto o almiar. Sus ropas mostraban manchas verdes y marrones, los cabellos estaban llenos de hierba y hojas, y los p�rpados aparec�an hinchados, pero le dedic� una cort�s reverencia y dijo:</p><p>�Buenos d�as, se�ora. Me pregunto si...</p><p>Jansa se dijo que ya le hab�a tomado las medidas y lo interrumpi�, aunque con amabilidad.</p><p>�Si vendes cosas, buhonero, lo mejor ser� que te advierta que no compro este mes. Pero entra de todos modos. Al menos te dar� un pedazo de pan y una jarra de cerveza, porque tienes todo el aspecto de no haber desayunado. �Torci� la boca en una sonrisa�. Si no te importa que te lo diga, tambi�n tienes todo el aspecto de haber dormido con zorros y comadrejas esta noche.</p><p>El joven le devolvi� la sonrisa con cierta amargura.</p><p>��As� ha sido, se�ora! Llegu� demasiado tarde para buscar habitaci�n en alg�n sitio, de modo que me las arregl� como pude en el seto que se encuentra justo a las afueras del pueblo, en la carretera. �Hizo una pausa�. Pero no soy un buhonero, se�ora. Soy un mensajero, que viene de parte del capit�n Brek, desde el puerto de Ranna. �Esper� como aguardando una reacci�n, pero Jansa no pareci� comprender. Bueno; no hab�a motivos para esperar que aqu� tuviera m�s suerte que en los otros lugares.</p><p>��Para qui�n es tu mensaje? �pregunt� Jansa mientras lo conduc�a hasta el bar. Le indic� que se sentara y pas� detr�s del mostrador para sacar una jarra de cerveza�. �Alguien del pueblo?</p><p>�Bien..., no lo s� exactamente. El capit�n Brek dijo que viajaban en esta direcci�n, pero no s� d�nde pueden estar ahora. Dos personas juntas, un hombre y una mujer; comprometidos seg�n el capit�n, y buenos amigos suyos. �l es mi patr�n, �sab�is?, y, si encuentro a las personas que busca, me ha prometido trabajo en la tripulaci�n de un...</p><p>��Una pareja prometida? �Jansa se hab�a detenido y lo contemplaba como si de repente hubiera comprendido el significado del rango de Brek, aunque no su nombre.</p><p>�S�, se�ora. Un hombre fornido y rubio procedente de Scorva, y una mujer de nombre �ndigo.</p><p>La expresi�n de Jansa cambi� como si de improviso el sol hubiera iluminado la habitaci�n.</p><p>��Vinar e �ndigo!</p><p>El rostro del muchacho se anim�, lleno de ansia.</p><p>��Los conoc�is, se�ora? �Han estado aqu�?</p><p>�Mejor que eso. �Jansa sonri� de oreja a oreja�. �Est�n durmiendo en sus habitaciones aqu� arriba en este mismo instante! �Con veloz energ�a termin� de llenar la jarra, rode� el mostrador y la deposit� sobre la mesa ante �l�. Bebe, muchacho, un regalo de la taberna. �Ir� a despertarlos ahora mismo, y podr�s verlos por ti mismo!</p><p><emphasis>��Grimya</emphasis> est� <emphasis>viva?</emphasis> �Los ojos de Vinar se abrieron desorbitadamente con una mezcla de asombro y alegr�a.</p><p>�Viva y bien, se�or, eso es lo que el capit�n Brek me pidi� que dijera... aunque �l no ha visto a la criatura por s� mismo, ya lo comprend�is.</p><p>��ndigo, �oyes esto? �Vinar se volvi� ilusionado hacia la mujer sentada a su lado, quien por el momento hab�a permanecido all� sonriente pero sin hablar demasiado�.</p><p><emphasis>�Grimya</emphasis> est� viva! �Entonces vio su expresi�n, la perplejidad de su mirada, y sus hombros se hundieron�. Bueno, es como te dijo el capit�n, no recuerda nada.</p><p>�Lo siento �dijo �ndigo�. No significa nada para m�, Vinar. No significa nada en absoluto.</p><p>El joven la contempl� un poco a hurtadillas, entristecido y tambi�n un poco embarazado por su presencia; en parte, se daba cuenta, debido a su nombre, que para un isle�o era como una aureola siniestra que flotara alrededor de la muchacha, pero tambi�n por un motivo menos definible en el que no quer�a ahondar.</p><p>Vinar palme� la mano de �ndigo con suavidad aunque con cierta torpeza.</p><p>�Bueno, no hay que preocuparse de ello por el momento. A lo mejor es esto lo que necesitas: ver a <emphasis>Grimya.</emphasis> Tal vez ella har� aquello que yo no puedo: devolverte la memoria. �Despu�s de todo hace m�s tiempo que la conoces a ella que a m�! �Sonri� pesaroso, lo que mitig� ligeramente la tensi�n en el bar, y volvi� a mirar al muchacho� . �D�nde est� <emphasis>Grimya,</emphasis> entonces? �D�nde la encontraremos?</p><p>�Os espera, me dijo el capit�n, en... �se produjo una vacilaci�n, tan breve que ni �ndigo ni Vinar se dieron cuenta de ella; luego el joven finaliz�: en Carn Caille.</p><p>��Carn Caille? �Vinar estaba estupefacto�. Pero... �Se devan� los sesos, convencido de que lo que cre�a saber sobre las Islas Meridionales deb�a de estar equivocado�. Pero yo cre�a que eso era...</p><p>�Es la ciudadela del rey. �Jansa, que estaba barriendo el suelo y hab�a escuchado gran parte de la conversaci�n, se detuvo con la escoba en el aire y contempl� al mensajero con curiosidad�. �Est�s seguro de que eso es correcto, muchacho? �Est�s totalmente seguro de que es lo que dijo tu capit�n?</p><p>Por un instante la seguridad del muchacho se tambale� y casi, pero no del todo, pareci� recordar que el capit�n Brek le hab�a dado unas instrucciones completamente distintas. Pero enseguida el recelo desapareci�. Carn Caille, hab�a dicho el capit�n; no hab�a duda. Y el sue�o que hab�a tenido la noche anterior, el sue�o que Niahrin hab�a</p><p>enviado a todos los que buscaban a �ndigo, permaneci� bien oculto en las profundidades de su subconsciente.</p><p>�Desde luego que fue Carn Caille �asegur�, plenamente convencido�. El mensaje proven�a de una de las mujeres sabias del bosque de esa zona, y ellas nunca se equivocan.</p><p>�Eso es cierto. �La voz de Jansa ten�a un cierto tono atemorizado�. Pero el lugar donde vive el rey... �Es sorprendente!</p><p>Vinar estall� en una inesperada carcajada que los sobresalt� a todos.</p><p>��Esa <emphasis>Grimya</emphasis> siempre aterriza de cuatro patas! �dijo, y al punto su expresi�n se troc� bruscamente por una de preocupaci�n�. Pero una cosa no encaja. �C�mo saben que se trata de <emphasis>Grimya?</emphasis> Hay muchos lobos en las Islas Meridionales, igual que en Scorva, y la mayor�a se parecen.</p><p>El muchacho se encogi� de hombros. Empezaba a desconcertarlo toda aquella charla sobre brujer�a y el rey.</p><p>�Quiz� las brujas lo saben �apunt�.</p><p>�Lo sabr�an �intervino Jansa�. No debes temer que est�n equivocadas, Vinar; est� dentro de sus poderes el averiguar de d�nde sali� vuestra loba mascota y que pertenece a un humano. Lo que realmente me asombra es c�mo fue a parar tan lejos de Amberland. Aqu� hay m�s de lo que ninguno de nosotros sabe a�n, apostar�a cualquier cosa.</p><p>�S�, s�, creo que tienes raz�n �Vinar asinti� solemne. Su mirada se torn� pensativa y una cautelosa lucecita ansiosa empez� a aparecer en ella�. Y eso puede significar algo m�s, �eh? Eso podr�a significar que alguien de este Carn Caille sabe algo de la familia de �ndigo. A lo mejor incluso alguien de all� <emphasis>es</emphasis> de la familia de �ndigo. �Levant� r�pidamente la cabeza para mirar a Jansa, esperanzado�. �Crees que eso es posible?</p><p>�Podr�a ser, Vinar. S�, creo que podr�a.</p><p>Durante esta conversaci�n �ndigo no hab�a vuelto a hablar, pero ahora extendi� el brazo y pos� una mano sobre la de Vinar.</p><p>�Estoy casi asustada, Vinar �dijo en voz baja�. Asustada de tener esperanzas, por si...</p><p>�Lo s�. Lo comprendo.</p><p>Se inclin� como si fuera a rozarle los labios con los suyos; luego vacil� y retrocedi�, como hac�a siempre. Desde que hab�a perdido la memoria, pens� �ndigo, no la hab�a besado ni una sola vez; aunque antes, sin duda, deb�a de haber sido diferente. Y ahora le dec�a que hab�a tenido una mascota, una loba domesticada, a la que hab�a querido tanto como lo quer�a a �l. Pese a que no pod�a comprenderlo, aquella informaci�n le hac�a m�s da�o que el abismo que mediaba entre ella y el hombre al que estaba prometida.</p><p>�Quiero ir all� �declar� de improviso�. Quiero ir a Carn Caille. Tal vez haya all� alguien que pueda ayudarme. Y quiz� si veo a esta loba, esta... <emphasis>�Grimya?,</emphasis> la recordar�. Es una ligera posibilidad, lo s�, pero... �oh, Vinar, si saliera bien!</p><p>Los dedos de Vinar aferraron con fuerza los de ella, pero su mirada estaba clavada en la mesa, no en la muchacha. Hab�a esperado tener un poco mas de tiempo; tiempo para que las emociones de ella despertaran, y para que �l se sintiera m�s seguro de ella. Pero no pod�a negarle esto. No quer�a negarle nada; por encima de todo deseaba que fuera feliz, ya que esto formaba parte de su amor y era probablemente la parte m�s valiosa.</p><p>�S� �dijo, y con un ligero esfuerzo se deshizo de las dudas y el miedo, para volverse por fin hacia ella y sonre�rle con afecto�. S�, iremos. De hecho nos marcharemos hoy, en cuanto estemos listos, �eh? �Vio c�mo su rostro se iluminaba y eso lo compens�. �Vamos en busca de <emphasis>Grimya, y</emphasis> entretanto veremos al rey y le contaremos nuestras historias de viajeros! �Qui�n sabe? Puede que matemos dos p�jaros de un tiro...</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 8</strong></p></title><empty-line/><p>Todos los que dorm�an a corta distancia de la torre redonda del ala norte de Carn Caille despertaron a causa de los gritos que sal�an del dormitorio de la reina. El rey Ryen abandon� sus propios aposentos y se encontr� con que los criados corr�an ya hacia el piso superior de la torre. Ryen avanz� hacia la escalera a grandes pasos y, con voz potente y llena de enojo, grit� a los agitados criados que retrocedieran, y corri� escalera arriba hasta la puerta de su esposa, acompa�ado de un solo hombre armado.</p><p>Cuando se acercaba, la puerta se abri� y una mujer alta de piel cetrina que llevaba un camis�n con un chal de lana encima sali� al exterior. Ketrin, doncella personal de la reina, vio a Ryen y realiz� una reverencia algo forzada.</p><p>�No hay de qu� asustarse, se�or. �Su voz pose�a el melodioso acento costero, pero trasluc�a cierta dureza�. La reina ha tenido una pesadilla, nada m�s.</p><p>��Otra vez? �Aunque intent� sofocarla, Ryen sinti� c�mo reaparec�an la vieja irritaci�n y el resentimiento, y su tono de voz lo delat�. �Hay alguien con ella? �No la habr�s dejado sola?</p><p>�Su alteza est� aqu�, se�or. Vino al momento y dijo que se ocupar�a en persona de la reina.</p><p>Ryen mascull� algo en voz baja y la apart� para entrar <emphasis>en</emphasis> la habitaci�n. Una vela resplandec�a en la redonda habitaci�n, iluminando la p�lida figura de la reina Brythere sentada muy tiesa en la enorme cama con dosel. Al o�r sus pisadas levant� los ojos con expresi�n aturdida, y la reina viuda Moragh, madre de Ryen, se gir� desde donde estaba sentada al borde de la cama y dedic� a su hijo una mueca de desaprobaci�n.</p><p>�Con calma, Ryen; no hay motivo para precipitarse en la habitaci�n como un toro desmandado.</p><p>Ryen hizo caso omiso de la reprimenda.</p><p>�Ketrin dice que ha tenido otra pesadilla.</p><p>�As� es, pero no arreglar�s las cosas habl�ndome en ese tono, o no dirigi�ndote a Brythere. �La mirada gris azulada de Moragh escudri�� su rostro mientras hablaba; luego se desliz� expresivamente hasta la joven de la cama, y la c�lera de Ryen muri�.</p><p>�Lo siento, lo siento... Fue el sobresalto de ser despertado, el miedo a que... �Se trag� el resto de lo que hab�a estado a punto de decir y, acerc�ndose al lecho, extendi� las dos manos hacia su esposa.</p><p>Brythere lo mir�, con el rostro cubierto de l�grimas y aire vacilante, y �l continu�:</p><p>�Perd�name, coraz�n m�o. No quer�a ser rudo. �Se sent� en la cama mientras Moragh se apartaba para hacerle sitio�. �Qu� fue?, �lo mismo?</p><p>Brythere asinti� con la cabeza.</p><p>�Estaba aqu�. �Le tembl� la voz�. �l estaba <emphasis>aqu�,</emphasis> de pie junto a m�. Ten�a un cuchillo, y... �Las palabras se ahogaron en un sollozo.</p><p>�Parece que no estaba solo esta vez �dijo Moragh en voz baja�. Cuando yo entr� balbuceaba algo sobre una anciana inm�vil a los pies de la cama que lo incitaba.</p><p>Ryen la mir� fijamente.</p><p>�Hace algunos a�os sol�a so�ar con una anciana. Cuando �ramos reci�n casados, y padre todav�a viv�a... Pero pensaba que esa pesadilla era cosa del pasado.</p><p>�Eso pens�bamos todos, pero parece que est�bamos equivocados. �Moragh hizo una se�al a Ketrin, que hab�a seguido al rey y vuelto a entrar en la habitaci�n, y la doncella cruz� en silencio hasta una mesita, donde empez� a preparar una poci�n�. Ve�a incluso a esa bruja durante el d�a; en los pasillos a veces, �recuerdas?, y en una ocasi�n le sobrevino un ataque de nervios porque seg�n juraba la anciana estaba entre los comensales en el gran sal�n. Ruego para que <emphasis>eso</emphasis> no recomience de nuevo.</p><p>Antes de que Ryen pudiera responder, Ketrin apareci� junto al lecho con una copa rebosante en las manos. Moragh la tom� con un gesto de agradecimiento, indic� con la mano a la doncella que se retirara y se volvi� hacia Brythere.</p><p>�Toma, criatura. Bebe esto, b�belo todo. Te serenar� y calmar� y te ayudar� a dormir otra vez.</p><p>��No lo quiero! �Si regresa... ! �Los ojos de Brythere se abrieron de par en par, alarmados.</p><p>�No regresar�, ya que no era m�s que un sue�o. Hace mucho tiempo que se fue de Carn Caille; probablemente haya muerto ya y en buena hora. No est� aqu�, y no puede en ning�n modo hacerte da�o. Vamos. �Con el aire de alguien acostumbrado a ser obedecido, Moragh sujet� el brazo de su nuera y la oblig� a permanecer quieta�. Haz lo que te digo, y bebe. Me quedar� contigo hasta la ma�ana y me ocupar� de que no suceda nada, de modo que no tienes nada que temer.</p><p>Intimidada como lo estaba siempre por la autoridad de la reina viuda, Brythere tom� la copa de mala gana y empez� a sorber su contenido. Tras observarla en silencio unos instantes, Ryen suspir� y se puso en pie.</p><p>�Si hay algo que pueda hacer...</p><p>�Un momento, Ryen. �Los ojos de Moragh segu�an fijos en Brythere pero hizo un gesto que lo oblig� a detenerse�. Quiero hablar contigo en privado. No tomar� mucho tiempo. �En voz m�s alta orden�: Ketrin, cuida de la reina y oc�pate de que tome la poci�n. No tardar� m�s que un minuto o dos.</p><p>Brythere pareci� incapaz de levantar la vista mientras los dos abandonaban la habitaci�n y no tuvo ni una palabra de despedida para Ryen. Fuera aguardaba el guarda; Moragh lo despidi� y se volvi� hacia su hijo. La luz de una antorcha que ard�a en su soporte de la pared le oscurec�a el aguile�o rostro y la severa melena de cabellos canosos.</p><p>�Ryen, esto no puede seguir as�. �Hay que hacer algo, y hacerlo pronto, o estos sue�os y obsesiones de Brythere destrozar�n tanto su vida como la tuya!</p><p>Ryen volvi� la cabeza a un lado.</p><p>�Madre, �qu� puedo hacer? He intentado todas las t�cticas que se me han ocurrido pero me siento tan impotente como t�; probablemente m�s, en realidad, puesto que ya no puedo llegar hasta ella. Ya lo acabas de ver... �Qu� influencia puedo tener en ella?</p><p>�Bastante m�s de la que pareces dispuesto a ejercer �replic� Moragh con acritud; entonces la violenta llamarada de enojo se desvaneci� y suspir�: �Oh! Quiz� soy injusta contigo, hijo m�o. Quiz� la culpa fue de tu padre y m�a, al escogerla a ella como tu esposa. Tal vez tendr�amos que haber esperado, como t� quer�as, y no forzarte a un matrimonio prematuro. Pero exist�an muchas consideraciones, y Brythere parec�a la</p><p>elecci�n ideal...</p><p>�Lo era �interrumpi� Ryen, impotente�. Era todo lo que podr�a haber pedido de una esposa. Y la amo, madre. <emphasis>La amo.</emphasis></p><p>Moragh se sinti� tentada de preguntar ��de veras?�, pero se contuvo. Era un viejo tema espinoso sobre el que ella y su hijo hab�an discutido en muchas ocasiones, y ahora estaba segura de que Ryen era tan incapaz como ella de comprender por qu� su matrimonio hab�a resultado tan desastroso. En cuanto a Brythere... bien, Moragh ten�a la franqueza suficiente para admitir que ella y su nuera no ten�an en com�n m�s que sus lazos con Ryen, pero aquello no afectaba su opini�n. La muchacha le gustaba bastante, y era indulgente con lo que consideraba debilidades de su naturaleza. En los primeros tiempos despu�s de la boda hab�an ido realizando progresos �lentos y cautelosos, es cierto� en direcci�n a una especie de amistad; hasta que, por desgracia, empezaron las extra�as alucinaciones de Brythere y todo comenz� a ir mal.</p><p>Ryen se cruz� de brazos y clav� la mirada en el oscuro pozo de la escalera.</p><p>�Es este lugar �dijo malhumorado�, Carn Caille. Ya desde el principio Brythere no se sinti� jam�s feliz aqu�, y ahora apenas si soporta permanecer entre sus paredes. Se volvi� para mirar a su madre casi retador�. Cree que Carn Caille est� encantado.</p><p>�Ryen, ya te he dicho otras veces... �empez� a decir Moragh.</p><p>�No, no, madre; ya s� lo que me has dicho y s� lo que piensas. Pero los temores de Brythere no se diferencian de los que yo ten�a de ni�o. Recuerdas tan bien como yo las noches en que t� o la vieja Lalty os ve�ais obligadas a permanecer toda la noche junto a mi cama, intentando convencerme para que volviera a dormirme a pesar de s�lo la diosa sabe qu� terrores.</p><p>�Pero eras un <emphasis>ni�o,</emphasis> y esos terrores desaparecieron cuando te hiciste mayor como sucede con todos los ni�os. Brythere ya no es una criatura. �Moragh call� unos instantes antes de continuar�: Ryen, esc�chame. Puede que no te guste lo que voy a decir pero quiero que lo tomes en serio de todos modos. Esto hay que pararlo antes de que se desmande. Hay que hacer comprender a Brythere lo que su locura os est� haciendo a ella y a ti. Y, si se niega tranquilizarse, habr� que obligarla.</p><p>��Obligarla? �Ryen estuvo a punto de echarse a re�r; luego su voz adopt� repentinamente un tono salvaje�. �C�mo haremos eso, madre? �La encerraremos en su dormitorio y haremos que Ketrin le meta el sentido com�n a golpes? �O a lo mejor deber�a apartarla de un modo u otro y tomar una nueva esposa m�s sumisa?</p><p>�No seas rid�culo, Ryen; sabes muy bien que no estoy sugiriendo nada parecido. Quiero decir, simplemente, que Brythere ha tejido una telara�a de miedos y fantasmas a su alrededor y se ha quedado atrapada en ella excluyendo iodo lo dem�s de su vida. Ya no asiste a las reuniones vespertinas, ya no cabalga a tu lado ni ocupa su lugar en las audiencias p�blicas; suplica que se la excuse de casi todos sus deberes y, como estamos preocupados por su bienestar, la hemos mimado demasiado. Bien, eso debe cambiar. Nuestra preocupaci�n ha ido demasiado lejos y est� haciendo m�s mal que bien. Como tu consorte, Brythere tiene responsabilidades; se la deber�a obligar a cumplir esas responsabilidades en lugar de permitirle que languidezca oculta como una inv�lida. �No es una inv�lida! Es una mujer joven perfectamente sana, y la forma de hacer que lo comprenda es encargarnos de que pase m�s tiempo en el mundo real y menos en su mundo privado lleno de apariciones.</p><p>Ryen suspir�. Era imposible discutir con Moragh en ninguna circunstancia, y en �sta sab�a que ella ten�a raz�n. Pero era duro, tan duro... Su madre pod�a desechar los terrores de Brythere tach�ndolos de tonter�as, pero eran totalmente reales para Brythere. Y hab�a algo m�s, algo que Ryen no deseaba recordar, y mucho menos discutir con nadie. Una noche, al principio de su matrimonio, cuando todav�a compart�an el mismo lecho, Brythere hab�a despertado gritando en medio de la noche. Hab�a sido la segunda o tercera vez que tal cosa ocurr�a y, cuando Ryen, con los ojos hinchados y medio adormilado, hab�a intentado calmar a su sollozante esposa, vio �o crey� ver, ya que la imagen se desvaneci� al momento� una figura apenas perfilada junto al poste de la cama. Con aspecto de anciano, de sexo indeterminado y el rostro oculto por la capucha de una larga capa, manten�a en alto una mano arrugada en actitud amenazadora, y sujetaba en esa mano un cuchillo de larga hoja.</p><p>Apartando a un lado ese recuerdo como siempre hac�a, Ryen respondi� con un esfuerzo:</p><p>�No s�, madre. Tal vez tengas raz�n. Pero las cosas est�n tan mal entre nosotros que no s� si Brythere me escuchar�.</p><p>�A m� me escuchar� �replic� Moragh en un tono que daba a entender que Brythere no tendr�a elecci�n, y, antes de que �l pudiera protestar, a�adi�: Y desde luego no ser� cruel con ella; s�lo firme. Eso es lo que necesita. La verdad es que pienso que los dos lo necesit�is.</p><p>��Debemos volver sobre esto otra vez? �Ryen desvi� la mirada.</p><p>�No tengo intenci�n de insistir en ello, ya que no ganaremos nada y los dos necesitamos dormir esta noche. �Empez� a retroceder en direcci�n a la puerta de Brythere�. Pero lo mismo puedo decirlo que pensarlo.</p><p>Si t� y Brythere tuvierais un hijo eso ayudar�a a curar vuestros males m�s que cualquier cosa que yo espere conseguir por mis medios. Sin embargo, a menos que se realicen algunos cambios, no parece existir mucha esperanza de que eso vaya a suceder. El rostro de Ryen enrojeci� violentamente. �El deseo de tener habitaciones separadas fue de Brythere, no m�o.</p><p>�Pero no hiciste nada por disuadirla. �Maldita sea, �qu� podr�a haber hecho? �Se mostr� inflexible! A m� no me habr�a importado cumplir con mi deber.</p><p>��Tu deber? �repiti� Moragh, incr�dula�. �Es eso lo que habr�a sido para ti? �Porque si es as� no me asombra que Brythere decidiera lo que decidi�! �Se llev� una mano al rostro y se pellizc� el puente de la nariz como si intentara mitigar un dolor de cabeza.</p><p>�Madre �repuso Ryen�, no es tan sencillo como eso. Sabes que no lo es.</p><p>�S�. �Moragh asinti� con la cabeza�. S�, hijo m�o, lo s�. �Dej� que la mano cayera otra vez al costado�. Pero de alg�n modo <emphasis>hay</emphasis> que encontrar una respuesta, Ryen. Llev�is casados ocho a�os ya, y Brythere tiene ya veintis�is. No ten�is todo el tiempo del mundo. �Se volvi� entonces y pos� una mano en el pestillo�. Creo que no tenemos nada m�s que decirnos. Lo mejor ser� volver a dormir. Tienes audiencia</p><p>p�blica por la ma�ana y necesitar�s estar descansado.</p><p>Ryen la contempl� mientras levantaba el pestillo, y de improviso dijo: �Madre...</p><p>Moragh volvi� la cabeza.</p><p>�Madre, amo a Brythere. Puede que no tanto como t� amaste a mi padre, y �l a ti, y s� que ha sido una desilusi�n para ti. Pero la amo, �y realmente creo que el fracaso de nuestro matrimonio no se debe a que yo no lo haya intentado!</p><p>��Chisst! Baja la voz, o Brythere nos oir�. ��Oh, qu� importa eso? �No digo nada que ella no sepa tan bien como cualquiera de nosotros! �No obstante baj� la voz hasta convertirla casi en un susurro�. Lo he intentado, madre. He intentado comprender y he intentado ser paciente. Pero llega un momento a partir del cual ya no existe nada m�s que yo pueda hacer, y cuando se llega a ese punto me empiezo a preguntar si vale la pena seguir probando.</p><p>�Ryen, eso que has dicho es terrible. �Los ojos de Moragh se clavaron en �l.</p><p>�Dulce Diosa, �crees que no lo s�? �Pero no puedo realizar milagros! Brythere parece decidida a volver la cabeza y la mente y a no dejarme llegar a ella. As� pues, que as� sea. Si no quiere nada de m�, �entonces quiz� yo tampoco tendr�a que querer saber nada de ella!</p><p>La reina viuda no respondi� enseguida sino que permaneci� inm�vil, la frente arrugada en una expresi�n de tristeza. Por fin levant� la mirada.</p><p>�Muy bien. �Su voz son� resignada y con una cierta amargura�. Si es as� como piensas, entonces no hay nada m�s que decir. Tambi�n yo he hecho todo lo que he podido, pero parece que eso no es suficiente para nadie. Te deseo buenas noches, Ryen.</p><p>Abri� la puerta de la habitaci�n de Brythere. La luz de una vela se derram� al exterior, y bajo su resplandor Ryen vislumbr� la figura de Ketrin junto al lecho de la reina. La expresi�n de la doncella era inescrutable. Entonces Moragh entr�, y la luz y la escena desaparecieron al cerrarse la puerta tras ella.</p><p>El guarda de Ryen aguardaba al pie de la escalera de caracol, un puesto discreto desde el cual no pod�a o�r nada de la conversaci�n desarrollada arriba, pero lo bastante cercano para acudir en caso de necesidad. El rey le dirigi� una r�pida mirada.</p><p>�Vete a la cama.</p><p>El hombre abri� la boca para desear las buenas noches a su se�or, pero el saludo muri� en sus labios al ver la expresi�n de Ryen. Hizo una reverencia y se alej� r�pidamente. Por un momento Ryen se volvi� para contemplar el negro hueco de la escalera, y la c�lera lo invadi� al pensar en Brythere, sometida a los cuidados bienintencionados pero severos de su madre. Era �l quien deber�a estar a su lado ahora, no Moragh, y antes, en los primeros d�as, habr�a sido as�. Pero eso era cuando a�n no se hab�an iniciado los terrores de Brythere, cuando el miedo a�n no hab�a convertido las risas de la reina en sombras. Sab�a por qu� ella lo hab�a rechazado. No debido a que no pudiera defenderla de sus sue�os �aunque eso era cierto� sino porque �l era el rey y ella, como su reina, estaba obligada a vivir con �l en Carn Caille y por lo tanto estaba atrapada entre las mismas paredes que hab�an dado vida a sus pesadillas.</p><p>No sal�a ning�n sonido de la torre de Brythere ahora. Ryen esper� unos momentos, escuchando el silencio; luego se dio la vuelta y se march� en silencio en direcci�n a su</p><p>propio dormitorio. Su rostro era duro e inexpresivo como el m�rmol.</p><p>Las puertas de Carn Caille hab�an estado abiertas desde primeras horas de la ma�ana, pero a media tarde el enorme patio segu�a atestado mientras que el c�sped en el exterior de la fortaleza daba cabida a otra multitud de personas que hab�an finalizado sus asuntos o que hab�an acudido a contemplar la diversi�n y esperaban tener la suerte de poder echar una ojeada al rey.</p><p>A trav�s de Jansa primero, y luego por otros viajeros que encontraron en la carretera, Vinar averigu� que estas audiencias p�blicas, que se celebraban durante tres o cuatro d�as cada mes, eran enormemente populares entre las gentes de las Islas Meridionales. La costumbre la hab�a iniciado el viejo rey Cathlor, pero era Ryen quien hab�a acabado por establecerla, a la vez que hab�a eliminado la mayor�a de las formalidades asociadas normalmente con los acontecimientos reales. A todos sus s�bditos, nobles o plebeyos, ricos o pobres, se les daba la bienvenida y la oportunidad de exponer al rey sus peticiones sobre cualquier cuesti�n, y las audiencias p�blicas eran tambi�n una tribuna para el anuncio de noticias importantes y de nuevos edictos o leyes.</p><p>Los habitantes de las Islas Meridionales no necesitaban demasiado est�mulo para convertir cualquier acontecimiento en una feria, y las innovaciones del rey Ryen hab�an provocado una pronta respuesta. El �ltimo kil�metro de la carretera que conduc�a a la fortaleza estaba bordeado de buhoneros que vend�an de todo, desde comida y bebida hasta juguetes, y el c�sped era un ca�tico carnaval de vendedores, feriantes y artistas, cada uno con su propio puesto o carreta o con una peque�a parcela de terreno. Las transacciones se multiplicaban; asistir a las audiencias p�blicas era toda una costumbre tanto para ricos como para pobres, y un hojalatero con el que Vinar hab�a trabado conversaci�n en la carretera calculaba que al menos tres cuartas partes de todos los reunidos alrededor de Carn Caille hab�an acudido ese d�a simplemente a divertirse. Ahora que el largo invierno quedaba atr�s y se acercaba el verano, a�adi� alegremente el hojalatero, las audiencias de primavera eran siempre las mejores.</p><p>No obstante, una tonta preocupaci�n por �ndigo imped�a que Vinar disfrutara por completo del espect�culo. La muchacha parec�a alegre ahora, ri�ndose de un buf�n que pegaba saltos con su bast�n cubierto de cintas, o se�alando un puesto en el que se asaba un suculento buey entero; pero dos kil�metros atr�s la cosa hab�a sido diferente. En cuanto hab�an aparecido en el horizonte las piedras grises de Carn Caille, �ndigo se hab�a detenido de un modo tan repentino e inesperado que parec�a como si hubiera chocado contra una pared invisible. Perplejo, Vinar la hab�a mirado y se hab�a encontrado con que su rostro estaba r�gidamente inm�vil, los ojos clavados en las lejanas torres grises, la boca abierta pero sin moverse. Luego, con una voz que parec�a a punto de caer en un ataque de nervios, �ndigo hab�a dicho: �No..., no quiero... �, y hab�a cortado el resto de la frase con un audible chasquido de dientes.</p><p>Vinar no sab�a qu� hacer. Intent� convencerla para que le dijese lo que no hab�a acabado de decir, pero ella no pod�a o no quer�a contestar; se limit� a seguir con la vista fija al frente como hipnotizada. De pronto �y eso le result� a�n m�s extra�o� la muchacha parpade� bruscamente, sacudi� la cabeza como para apartar algo que dificultaba su visi�n, y continu� andando por la carretera sin decir una palabra. Vinar se vio cogido tan por sorpresa que ella ya le llevaba una buena delantera cuando reaccion� y corri� para alcanzarla; cuando se seren�, la mente del marino estaba llena de preguntas, pero una mirada al rostro de su compa�era bast� para inmovilizar su lengua. Ella no recordaba lo que hab�a dicho. Ni siquiera recordaba su especie de trance; el incidente hab�a quedado borrado de su cerebro como si jam�s hubiera sucedido, y se encaminaba hacia Carn Caille sin la menor aprensi�n.</p><p>Desde ese momento Vinar la hab�a estado vigilando con atenci�n, en alerta constante por si se repet�a otro episodio similar, pero nada hab�a sucedido, y no sab�a si sentirse aliviado o desilusionado. Por un instante hab�a dado la impresi�n de que algo se hab�a abierto paso a trav�s de la barrera erguida en la mente de �ndigo, y hab�a agitado alg�n recuerdo de su pasado, pero �ste se hab�a desvanecido antes de que ni ella ni �l pudieran atraparlo. �No quiero... � �No quiero qu�?, se preguntaba Vinar, pero la pregunta era in�til. Unicamente �ndigo pod�a contestarla, y las barreras hab�an vuelto a alzarse, dejando fuera recuerdos y comprensi�n.</p><p>El hombre levant� los ojos hacia la imponente mole de la fortaleza, un completo y casi feo contraste con la colorida actividad que envolv�a como una marea sus muros. Aunque carec�a de pruebas para apoyar su intuici�n, se sent�a firmemente convencido de que �ndigo conoc�a Carn Caille, aunque c�mo era que lo conoc�a era una pregunta que �l no pod�a contestar. �Habr�a vivido entre sus paredes como la hija, quiz�, de un sirviente real? �O hab�a visitado sencillamente la fortaleza en alg�n momento de su vida, tal vez para asistir a una reuni�n como la de hoy? Las posibilidades llenaban a Vinar de una desconcertante mezcla de esperanza y temor: la esperanza de que el rostro de �ndigo fuera conocido y recordado en Carn Caille, unida al temor de cualquiera que fuera el secreto o la tragedia que la hubiera alejado de all� para buscar una nueva vida.</p><p>Se encontraban ya en medio de la muchedumbre, y la carretera hab�a desaparecido a excepci�n de un sendero apenas se�alado que conduc�a a las abiertas puertas de la fortaleza. A trav�s de estas puertas, Vinar pudo ver una apretujada multitud, y una especie de cola que parec�a aguardar frente a unas puertas dobles que, presumiblemente, conduc�an al gran sal�n de Carn Caille y a presencia del rey. �ndigo se hab�a desviado a un lado para examinar un puesto que vend�a pieles curtidas y objetos de cuero; la vendedora, una mujer gorda, intentaba interesarla en un cintur�n repujado y unos zapatos de piel blanda. Vinar fue tras ella y le toc� el hombro.</p><p>��ndigo; hay mucha gente esperando para ver al rey. Ser� mejor que no nos retrasemos si queremos tener nuestra oportunidad.</p><p>Ella se volvi�, sonriendo, pero no demasiado interesada, pens� �l.</p><p>�No tardar�. S�lo quiero echar una mirada a esto.</p><p>Vinar sinti� una cierta inquietud. Era como si ella no quisiera en realidad llevar a cabo esto.</p><p>Y eso hab�a dicho: �No quiero�.</p><p>��ndigo. �Volvi� a tocarle el hombro�. Qu�date aqu�. Espera un minuto o dos, �de acuerdo? Ir� a ver qu� hay que hacer, y volver� a buscarte.</p><p>�De acuerdo, s�. �Se volvi� inmediatamente hacia el puesto otra vez, y �l no crey� que hubiera escuchado realmente sus palabras. Por un momento Vinar contempl� su espalda dubitativo, antes de alejarse a grandes zancadas en direcci�n a las puertas de Carn Caille.</p><p>La entrada ten�a centinelas, pero parec�a como si los hombres armados estuvieran all� s�lo para cubrir las apariencias, ya que la gente pasaba arriba y abajo sin que los detuvieran. Vinar aminor� el paso al acercarse, buscando a alguien que pudiera decirle qu� deb�a hacer quien deseara acudir a la audiencia p�blica, y segu�a all� mirando a su alrededor indeciso cuando una voz junto a su codo lo sobresalt�.</p><p>��Patapim-patapam! �Algo le golpe� con suavidad el brazo y, cuando gir� sobre s� mismo, vio al buf�n que danzaba a un paso de distancia. El payaso agit� su bast�n cubierto de cintas y sonri�. �Y un d�a feliz para ti, buen se�or! �Luego abandon� su c�mica expresi�n�. Pareces un alma en pena, si me permites que lo diga. �Puedo servirte de ayuda?</p><p>Vinar se soseg� y devolvi� la sonrisa.</p><p>�Bueno... a lo mejor puedes, creo. Quiero ver al rey, pero no s� c�mo hacerlo.</p><p>El buf�n enarc� una pintarrajeada ceja.</p><p>�No eres el �nico que lo desea. �Una pausa�. Eres scorvio, �verdad?</p><p>��Tan evidente es? �Vinar lanz� una carcajada�. Cre�a que hab�a conseguido pasar por isle�o.</p><p>��No con ese acento, te lo aseguro! Pero, hablando en serio, no es s�lo la voz. Poseo un talento para descubrir los or�genes de las personas. Es �til en mi aut�ntico trabajo, y aqu� recibimos visitantes de todas partes del mundo.</p><p>Vinar observ� la utilizaci�n de las palabras �recibimos� y �aqu��, y su inter�s se acrecent�.</p><p>��Vives en Carn Caille?</p><p>�Desde luego. �Con una profunda y burlona reverencia el buf�n indic� sus extravagantes ropas�. No te dejes enga�ar por mi traje, amigo; no voy por ah� haciendo payasadas para ganarme la vida. No es m�s que un poco de diversi�n cuando no estoy de servicio los d�as de audiencia, y, como poseo un cierto talento para hacer el payaso, disfruto a�adiendo mi peque�a contribuci�n a la diversi�n general. �Extendi� una mano, con la palma hacia arriba�. Soy Jes Ragnarson, bardo por vocaci�n, y al servicio del rey Ryen.</p><p>Vinar pos� la mano sobre la palma que se le ofrec�a, a la que empeque�eci� con su gran tama�o; Jes Ragnarson era un hombre menudo.</p><p>�Vinar Shillan. Marino veinticinco a�os, oficial con experiencia. �Su sonrisa se endureci� ligeramente�. Estaba con el capit�n Brek procedente de Scorva, en el <emphasis>Buena Esperanza.</emphasis></p><p>��El reciente naufragio en Amberland? �El inter�s de Jes aument�. Recibimos la noticia de que un buen n�mero sobrevivi�, demos gracias a la Madre. Lleg� un informe desde Ranna hace unos d�as, y dec�a...</p><p>�Ya, ya.</p><p>Vinar no quer�a parecer maleducado pero tampoco quer�a insistir en el tema de la p�rdida del <emphasis>Buena Esperanza.</emphasis> Jes se dio cuenta y cambi� de t�ctica.</p><p>��De modo que quieres presentar una petici�n? Has llegado un poco tarde hoy; la sala de audiencias est� ya repleta de gente y todav�a hay m�s personas esperando en el patio, como puedes ver. Aunque, si es un asunto de gran importancia...</p><p>�Lo es �afirm� Vinar, categ�rico�. Para m�, lo es.</p><p>El bardo lo estudi� con atenci�n durante unos instantes. Ya hab�a observado la presencia del forastero scorvio minutos antes, y tambi�n hab�a reparado en algo m�s, algo que lo hab�a sobresaltado y a la vez despertado su curiosidad. Se mordisque� el labio inferior.</p><p>�Bueno..., es posible que pueda ayudarte. �Y, en un tono que Vinar habr�a encontrado en exceso desenfadado si sus percepciones hubieran sido m�s sutiles, a�adi�: Pero pensaba que ten�as una acompa�ante. �No hab�a una joven contigo?</p><p>�S�. �Vinar confirm� con la cabeza y se�al� en direcci�n al puesto de la vendedora de pieles curtidas�. Est� all�; le dije que vendr�a a ver qu� hab�a que hacer y regresar�a. Es por ella que estamos aqu�.</p><p>�Ah. �Jes sigui� la direcci�n del gesto de Vinar hasta que su mirada fue a dar con �ndigo. Su expresi�n se volvi� pensativa�. �Es tu esposa?</p><p>�A�n no. �Vinar hizo una mueca orgullosa�. Pero lo ser� pronto, creo yo. Es por eso que hemos venido: a encontrar a su familia, a conseguir su bendici�n.</p><p>�Era �sa toda la verdad?, se pregunt� Jes. �O hab�a otras cosas en juego aqu�? Las cuerdas del arpa de su cerebro �para utilizar una frase de su antiguo maestro bardo� estaban vibrando.</p><p>�Bien, bien �dijo en voz alta�. Una joven muy atractiva. Os felicito a ambos. �Puedo preguntar su nombre?</p><p>�Se llama �ndigo.</p><p>Jes volvi� la cabeza violentamente.</p><p>���ndigo? Ese es un... nombre poco corriente. No es precisamente el que yo habr�a pensado que un isle�o escoger�a para su hija. �Vinar, que a estas alturas ya estaba acostumbrado a esta reacci�n, se encogi� de hombros pero no hizo ning�n comentario, y el bardo se apresur� a agregar�: No es que sea asunto m�o, desde luego, y �qu� es un nombre, despu�s de todo? Bueno, tal vez pueda ser de ayuda. Para unirte a los solicitantes debes estar en la lista del senescal.</p><p>�Pero �si est� llena... ?</p><p>Jes hizo un gesto negativo.</p><p>�Puede que a�n haya sitio para vosotros. No prometo nada, pero ver� qu� puedo hacer.</p><p>Vinar vacil�, pregunt�ndose por qu� un completo extra�o se mostrar�a tan dispuesto a hacerle un favor.</p><p>�No deseo crearte molestias... �empez�.</p><p>�No es ninguna molestia. �Jes le dedic� una sonrisa y esquiv� cualquier necesidad de explicar sus motivos a�adiendo�: Ve a buscar a tu dama y tr�ela al patio. Regresar� en unos minutos y me reunir� con vosotros aqu�.</p><p>La expresi�n del bardo era meditabunda mientras contemplaba c�mo Vinar se dirig�a hacia el puesto de venta. Durante unos cinco o seis segundos permaneci� inm�vil,</p><p>absorto en sus pensamientos. Luego, bruscamente, se dio la vuelta y corri� hacia la multitud reunida en el patio.</p><p>Ryen pod�a haber perdido toda esperanza con respecto a Brythere, pero no as� la reina viuda Moragh, y cuando ella decid�a ejercer su voluntad exist�an pocas personas entre los muros de Carn Caille capaces de opon�rsele. Brythere carec�a de la fuerza y la decisi�n para intentarlo siquiera, y as� pues, bajo la firme supervisi�n de la reina viuda, se hab�a levantado por la ma�ana y, tras comer un nutritivo desayuno que no quer�a, se hab�a preparado para aparecer en la audiencia p�blica. En estos momentos se encontraba sentada junto a Ryen en el gran sal�n, muy tiesa en su trono situado sobre la elevada plataforma y ataviada con las ropas que el protocolo indicaba y una peque�a corona de plata sobre el inmaculado peinado. No sin cierta sorpresa por su parte, y a pesar del cansancio que siempre segu�a al sue�o inducido mediante hierbas en contraposici�n al sue�o natural, la reina se encontraba a gusto. El c�lido recibimiento dispensado por los solicitantes de la sala cuando hizo su aparici�n result� muy gratificante, y, cuando la noticia de que la reina estaba presente lleg� a la muchedumbre que aguardaba en el exterior, �sta la hab�a vitoreado. Ryen se sent�a satisfecho tanto por las muestras de afecto dirigidas a su esposa como por la respuesta de �sta. Brythere hab�a incluso aceptado, aunque con cierta cautela, la sugerencia de su esposo de que m�s tarde pod�an salir juntos al patio a saludar a los reunidos, y �ste daba silenciosas pero sentidas gracias a su madre por su resoluci�n.</p><p>La tarde avanzaba, el sol penetraba oblicuamente por las altas ventanas y proyectaba una brillante aureola alrededor de los cabellos de Brythere. En la sala hac�a calor y el ambiente estaba cargado pese a que las puertas estaban abiertas. Al ver que Brythere ahogaba un bostezo con el dorso de la mano, Ryen se inclin� hacia ella y susurr�:</p><p>�La lista de solicitantes est� llegando al final. S�lo un poco m�s; luego saldremos a saludar. �Ella asinti�, y �l se volvi� hacia el senescal que permanec�a de pie junto a su sill�n�. �Cu�ntos faltan?</p><p>El hombre consult� su lista.</p><p>�Otros cinco o seis, mi se�or, y ninguno de ellos trae asuntos complicados. La mayor�a son solicitudes de permiso para apacentar ganado o recoger le�a en los bosques de caza, y dos granjeros en disputa por unos derechos para apacentar ovejas.</p><p>�Bien, bien. �Eran casos muy sencillos y s�lo requerir�an de Ryen una breve audiencia, durante la cual escuchar�a las bases de cada disputa y, si lo consideraba razonable, otorgar�a al solicitante una audiencia ante el Tribunal de los magistrados del rey, quienes se ocupar�an de que todo se solucionara de forma justa.</p><p>��Oh! Pero hay otro m�s, mi se�or �dijo de improviso el senescal�. Alguien que ha llegado tarde..., demasiado tarde, estrictamente hablando, para ser incluido, pero Jes Ragnarson ha solicitado expresamente que pueda presentarse ante vos.</p><p>�Jes lo ha solicitado? �Ryen se mostr� sorprendido�. �Qui�n es? �Un pariente suyo?</p><p>�No, se�or. Tengo entendido que el suplicante es un scorvio, pero prometido a una isle�a. De hecho es ella, la prometida, el objeto de la petici�n. Parece que ha perdido la memoria, e intentan localizar a su familia. Esperan que vos, mi se�or, pod�is serles de ayuda.</p><p>Esto significaba una variaci�n en la acostumbrada gama de s�plicas que se le presentaban, y Ryen se sinti� intrigado.</p><p>��C�mo se ha visto mezclado Jes en esto? �inquiri�.</p><p>�No lo s�, mi se�or. Pero ruega le conced�is el favor de permitir que la pareja se presente ante vos.</p><p>El monarca levant� la cabeza y pase� r�pidamente la mirada por la atestada sala. Los solicitantes que quedaban todav�a en la lista del senescal aguardaban pacientes mientras que aquellos a los que ya hab�a tocado el turno permanec�an en los alrededores para presenciar el resto de la audiencia. Aunque nadie so�ar�a en protestar por el retraso mientras Ryen y el senescal conferenciaban, la gente estaba intranquila y un poco perpleja; flotaba un sordo murmullo de voces en la sala, acompa�ado de un arrastrar de pies y de una tosecilla o dos. Ryen no pod�a culparlos por su impaciencia; tampoco �l sent�a el menor deseo de prolongar la audiencia m�s de lo necesario. Pero si Jes hab�a hecho una petici�n especial...</p><p>�S� �dijo al senescal�. Hazlos pasar. Me satisfar� ayudarlos si puedo.</p><p>El hombre hizo una reverencia y abandon� la estancia apresuradamente; Ryen devolvi� su atenci�n al siguiente caso. Tanto �ste como los dos posteriores resultaron tan sencillos como hab�a previsto, y el cuarto y pen�ltimo solicitante se inclinaba ya ante �l cuando se produjo un movimiento cerca de las puertas al retroceder una parte de los reunidos para permitir entrar a unos reci�n llegados. Por el rabillo del ojo el monarca vislumbr� a Jes Ragnarson con sus chillonas ropas de buf�n, y a su lado un hombre rubio, cuya cabeza y hombros sobresal�an por encima de la mayor�a de los all� presentes. Lo acompa�aba una mujer; Ryen tuvo tiempo de observar que �sta ten�a el cabello casta�o rojizo pero no pudo distinguir mucho m�s ya que se vio obligado a devolver su atenci�n a la cuesti�n que se debat�a en aquellos momentos. Escuch� la petici�n y la que sigui� a �sta, y ofreci� corteses y consideradas respuestas a ambos, tras lo cual hizo una se�al para que se acercaran los reci�n llegados. Mientras la multitud les dejaba paso, el monarca dirigi� una r�pida mirada a Brythere y vio que la reina ten�a el entrecejo fruncido. Se inclin� un poco hacia ella y baj� la voz hasta dejarla convertida en casi un susurro.</p><p>��Sucede algo, coraz�n?</p><p>�Esa mujer. �Brythere hab�a tenido oportunidad de estudiar a los reci�n llegados, aunque desde lejos�. Estoy segura de haberla visto antes. �Clav� los ojos en su esposo�. �El senescal dijo que hab�a perdido la memoria?</p><p>�S�, e intenta buscar a los suyos. �El inter�s de Ryen se acrecent�. �Crees conocerla?</p><p>�No estoy segura, pero...</p><p>Y de improviso Brythere dej� de hablar cuando Vinar e �ndigo surgieron de entre la muchedumbre y ambos pudieron ver a la muchacha con claridad.</p><p>�Ryen... �La mano de Brythere se cerr� con fuerza sobre la de su esposo, que descansaba sobre el ornado brazo del sill�n�. �Recuerdas la pintura de los antiguos</p><p>aposentos... ?</p><p>�Santa Madre... �Sofoc� la exclamaci�n y contempl� con asombro a la muchacha que se acercaba a la tarima con su prometido. Ojos azul violeta, cabellos casta�o rojizos... Los llevaba trenzados, pero resultaba f�cil imaginarlos sueltos y cay�ndole como una cortina sobre el rostro. Y ese rostro resultaba tambi�n horriblemente familiar.</p><p>�La princesa �musit� Brythere, con voz que se hab�a vuelto temblorosa�. �La princesa Anghara, la hija del rey Kalig!</p><p>Ryen se sent�a demasiado estupefacto para responderle.</p><p>En el ala sur de Carn Caille exist�a una serie de habitaciones que, en una ocasi�n, hab�an sido los aposentos privados de la familia real. Y en una de estas habitaciones colgaba un retrato. Representaba a Kalig, rey de las Islas Meridionales, a su reina, Imogen, y a su hijo e hija. El abuelo de Ryen hab�a decretado que este retrato colgara enmarcado por una banda de terciopelo de color �ndigo como s�mbolo de duelo y muestra de respeto; el motivo era que su propia ascensi�n al trono se hab�a debido a que Kalig y toda su familia hab�an perecido en una plaga terrible que hab�a arrasado las islas medio siglo atr�s. Ryen conoc�a bien la pintura, pues hab�a absorbido cada detalle de las im�genes representadas. Y ahora, de forma incre�ble, contemplaba el reflejo perfecto de una de aquellas im�genes en el rostro y cuerpo de una completa extra�a. Anghara, la hija de Kalig, que llevaba muerta m�s de cincuenta a�os, hab�a vuelto a la vida...</p><p>�Ryen... �La mano de Brythere se hab�a crispado con fuerza sobre la de �l, y sus u�as se le clavaban dolorosamente en la carne�. Ryen, ella no puede... Yo no... �Oh, Ryen! �Es ella... un fantasma?</p><p>Su rostro estaba muy p�lido y temblaba visiblemente. El senescal, de regreso en su puesto junto al trono, observ� el repentino cambio y mir� a su se�or, asustado.</p><p>��No! �Ryen liber� su mano de un tir�n y sujet� a Brythere del brazo al ver que �sta parec�a a punto de ponerse de pie de un salto�. <emphasis>�No!</emphasis> No es un fantasma. La princesa Anghara est� muerta, y esta mujer es de carne y hueso. No es Anghara. Es una coincidencia, nada m�s. Una incre�ble coincidencia.</p><p>Brythere se apacigu�, aunque �l percib�a a trav�s de la manga que segu�a temblando a causa del sobresalto. Los dos extranjeros se encontraban ya casi junto a la tarima, y, mientras oprim�a el brazo de su esposa en un silencioso intento de tranquilizarla, Ryen empez� a observar las peque�as pero vitales diferencias que exist�an entre esta mujer y la princesa fallecida tanto tiempo atr�s; diferencias que hab�a pasado por alto a causa del asombro inicial. La prometida del scorvio ten�a los mismos ojos, cabellos y aspecto que Anghara, la hija de Kalig, pero sin duda era mayor, ya que su rostro mostraba las marcas de la experiencia y hab�a mechas grises en su frente. Y su piel pose�a el tono curtido de la vida al aire libre bajo el sol, el viento y la lluvia, al tiempo que sus manos estaban encallecidas como no lo estar�an jam�s las de ninguna princesa...</p><p>La pareja lleg� ante la tarima y se detuvo. El enorme hombre rubio hab�a visto la extraordinaria reacci�n de Brythere y ello le hab�a causado un evidente malestar, como tambi�n el hecho de que Brythere permaneciera ahora r�gida en su sill�n, contemplando a �ndigo con ojos desorbitados y llenos de terror.</p><p>El rey se aclar� la garganta.</p><p>�Me..., me disculpo ante todos. �Su voz no sonaba demasiado firme�. La reina ha sentido un leve mareo pasajero... El calor, creo. La sala est� muy cargada. �Sigui� sin soltar el brazo de Brythere pero consigui� esbozar una sonrisa al dirigirse a �ndigo y Vinar�. Sed bienvenidos a Carn Caille. Tengo entendido... �Volvi� a carraspear�. Tengo entendido que busc�is a una familia de las islas y que hab�is venido a pedir la ayuda de esta corte.</p><p>�ndigo no dijo una palabra. Observaba al rey y la reina de forma muy parecida a como Brythere la hab�a contemplado a ella. Su frente aparec�a levemente fruncida, y daba la impresi�n de que se esforzaba por recordar algo. Vinar, desconcertado por su silencio, realiz� una precipitada e inexperta reverencia en direcci�n a la tarima.</p><p>�<emphasis>Yo...</emphasis> eh..., yo no s� c�mo decir las cosas apropiadas en vuestro idioma, se�or rey, pero yo, nosotros, os damos las gracias por vuestro... �luch� por encontrar una palabra mejor pero no la hall� por ser tan amable con nosotros. Y a la querida y hermosa reina, le digo...</p><p>No pudo seguir, ya que de improviso se produjo una inesperada conmoci�n a su espalda. Fuera, en el pasillo, alguien empez� a gritar y vociferar; otras voces se le unieron, y las abiertas puertas se estremecieron cuando los que se encontraban m�s cerca de ellas se vieron empujados hacia atr�s con violencia por lo que parec�an varios hombres pele�ndose. Una mujer chill�, m�s indignada que asustada, y en ese momento un grupo de luchadores irrumpi� en la sala. La pelea era un enfrentamiento ca�tico entre dos senescales y, por extraordinario que pareciera, Jes Ragnarson en un lado, y en el otro un hombre s�lo cubierto con una mugrienta capa con capucha, que agitaba violentamente los brazos empu�ando un bast�n de endrino.</p><p>Indignado, el rey Ryen se puso en pie de un salto y rugi�:</p><p>��Por todo lo que hay de civilizado en este mundo! �Qu� es esto? �Guardas, contened a esos hombres! �Dejadlos sin sentido de un golpe si es necesario, pero poned fin a esto de inmediato!</p><p>Ryen pose�a una voz potente cuando quer�a, y al escuchar aquel rugido los hombres que peleaban se separaron. Viendo su oportunidad, la figura encapuchada blandi� el bast�n de endrino y lo descarg� con fuerza sobre el hombro de uno de los senescales; mientras el hombre aullaba de dolor y giraba sobre s� mismo para ir a chocar con los espectadores, el bellaco corri� tambaleante hacia la tarima.</p><p>��Ella est� aqu�! �S� que est� aqu�!</p><p>Ante la sorpresa de todos los presentes, el chillido fue el de un anciano, y esto confundi� moment�neamente a los cuatro guardas que corr�an a interceptar y detener al hombre. Sobre la tarima, Brythere palideci� y se llev� ambas manos a la boca para ahogar un grito.</p><p>��Mostr�dmela! �aull� el anciano�. �Ense�adla! La quiero, he venido en su busca... �Ahhh! �Esto �ltimo surgi� de sus labios cuando los hombres armados, recuperada la serenidad, se lanzaron sobre �l y le arrancaron el palo de la mano�. �No, carro�a, no os atrev�is a tocarme! �He venido en su busca, y la tendr�!</p><p>Pose�a la fuerza que da la locura, pero eso no era suficiente contra cuatro guerreros. Los guardas le inmovilizaron los brazos y lo arrojaron al suelo. Al caer, pataleando y debati�ndose a�n, la capucha de la capa cay� hacia atr�s, y le dej� el rostro al descubierto.</p><p>La reina Brythere profiri� un agudo chillido de abyecto e incontrolable terror al contemplar el rostro convulso y los enloquecidos ojos de Perd Nordenson.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 9</strong></p></title><empty-line/><p>La reina viuda Moragh hab�a asistido a demasiadas audiencias p�blicas en tiempos de su esposo para sentir ning�n inter�s por ellas ahora, y, as� pues, como hac�a buen tiempo, hab�a elegido pasar el d�a montando a caballo con algunos amigos predilectos de su s�quito. El grupo regres� a Carn Caille una hora antes de la puesta del sol. Sobre el c�sped circundante todo estaba bien; una multitud considerable permanec�a a�n all� para disfrutar hasta el �ltimo momento de los placeres del d�a, y la reina viuda fue saludada con sonoros v�tores al pasar. Pero, una vez cruzadas las puertas, Moragh encontr� Carn Caille en plena agitaci�n.</p><p>No tard� m�s que unos minutos en descubrir que Brythere era el centro de todo ello. La reina, le dijeron, hab�a sufrido una �desdichada experiencia�, aunque nadie parec�a capaz de relatar los detalles o dispuesto a hacerlo, y se encontraba ahora en la antesala privada situada detr�s del gran sal�n, acompa�ada por el rey y su propia doncella. Apretando los labios con irritaci�n ante lo que present�a que deb�a de ser otra est�pida crisis de nervios por parte de su nuera, Moragh fue a comprobar por s� misma qu� era lo que suced�a ahora.</p><p>Una vez en la antesala se sorprendi� al encontrar no s�lo a Ryen y a la cetrina Ketrin acompa�ando a Brythere, sino tambi�n al m�dico decano de Carn Caille y, lo que era a�n m�s extra�o, a Jes Ragnarson. Brythere era una figura lastimera en medio de toda la atenci�n; ten�a el rostro espectralmente blanco, las manos temblorosas y las mejillas cubiertas de l�grimas. Moragh la contempl� con atenci�n y abri� la boca para exigir una explicaci�n, pero, antes de que pudiera decir una palabra, Ryen cruz� la habitaci�n en tres r�pidas zancadas en direcci�n a ella, con una mano <emphasis>alzada, a</emphasis> modo de advertencia.</p><p>�Madre. �Ech� una r�pida mirada por encima del hombro para asegurarse de que su esposa no lo oir�a�. Por favor, no digas nada. �ste no es otro de los episodios de Brythere. Esta vez existe un buen motivo. �Su rostro se tens� con una mezcla de preocupaci�n y enojo al a�adir�: Perd Nordenson ha regresado.</p><p>�Perd... �La expresi�n de Moragh cambi� y �sta mir� a su hijo con asombro�. �Diosa bendita! Despu�s de todo este tiempo... �Yo cre�a que hab�a muerto hac�a mucho! �Se llev� a Ryen un poco m�s atr�s�. Cu�ntame qu� ha sucedido.</p><p>Ryen relat� los acontecimientos acaecidos en el gran sal�n; la repentina pelea, la fuerza salvaje del anciano que le hab�a permitido casi llegar a la tarima antes de ser dominado, y las amenazas y exigencias que hab�a gritado.</p><p>�Era a Brythere a quien quer�a, de eso no hay duda �finaliz� el monarca, sombr�o�. Cuando la guardia por fin consigui� sacarlo de la sala le encontraron un cuchillo. Me estremezco s�lo de pensar qu� podr�a haber sucedido si hubiera tenido la posibilidad de utilizarlo.</p><p>Moragh contempl� el peque�o cuadro formado por Brythere y sus acompa�antes. La joven reina hab�a dejado de temblar ya y ten�a los ojos cerrados; sin duda el m�dico le hab�a dado algo m�s fuerte que una simple poci�n para haber conseguido que durmiera tan profundamente.</p><p>�Todo esto otra vez... �murmur� la reina viuda, y a�adi� un terrible juramento para s�. �Qu� has hecho con Perd Nordenson ahora?</p><p>�Hice que lo echaran, y orden� a un grupo de hombres que lo siguieran hasta que llevara recorridos al menos diez kil�metros por la carretera del oeste.</p><p>��Expulsado? �Moragh se escandaliz�. �Es eso <emphasis>todo?</emphasis> �Por qu�, en nombre del sentido com�n, no lo ejecutaste?</p><p>El rey apret� los labios con expresi�n terca.</p><p>�No creo en la ejecuci�n excepto en un caso de necesidad extrema. Ya lo sabes.</p><p>��Y qu� era esto sino un caso de necesidad extrema? �exigi� Moragh�. �Ese hombre era una amenaza en tiempos de tu padre, y es una amenaza ahora! �Has olvidado lo que intent� hacer en el pasado? Los atentados que hizo contra la vida de tu padre y m�s tarde contra la tuya: el aguamiel envenenada, la figura en tu dormitorio en plena noche, el �accidental� disparo de flecha que estuvo a punto de matarte en el bosque...</p><p>�No existieron pruebas de que Perd cometiera ninguna de esas acciones.</p><p>�<emphasis>�Pruebas!</emphasis> �La reina viuda lanz� un bufido despectivo�. �Puede que no tengamos pruebas incontrovertibles, pero siempre hemos sabido la verdad! �Perd Nordenson es un loco con una obsesi�n, y a medida que pasan los a�os ambas cosas empeoran! �Junt� las manos con fuerza como si arrebatara con ferocidad la vida a un objeto invisible�. Tu padre no deber�a haber sido tan indulgente con �l. �Deber�a haberlo juzgado por traici�n hace d�cadas, y acabado con �l de una vez por todas!</p><p>Ryen recordaba las discusiones entre sus padres sobre el tema de Perd Nordenson, que hab�an sido algo normal durante su infancia; y tambi�n recordaba lo que su padre le hab�a dicho en una ocasi�n en que estaban a solas.</p><p>�Perd es un anciano, y la vida no lo ha tratado bien �hab�a dicho Cathlor a su hijo�. Tiene el cerebro enfermo, de la misma forma en que uno se puede romper una pierna o un brazo, y durante sus malos momentos no puede evitar hacer lo que hace. Pero ha estado al servicio de nuestra familia desde hace mucho tiempo, y fue amigo de tu abuelo, de modo que debemos ser indulgentes y tratarlo con amabilidad y paciencia.</p><p>Aunque le era imposible sentir ning�n afecto por Perd Nordenson, Ryen se hab�a tomado muy a pecho aquellas palabras. Pero luego se hab�a casado con Brythere y un a�o despu�s mor�a el rey Cathlor, y tras esto el problema de Perd hab�a empeorado. Brythere sent�a terror del viejo sirviente, y Perd lo sab�a; de modo que, con lo que parec�a cruel deliberaci�n, �ste hab�a empezado a aterrorizar a la reina. Nada demasiado escandaloso y nada que pudiera conducir a una acusaci�n, pero all� adonde iba Brythere siempre parec�a estar tambi�n Perd, sigui�ndola en silencio, vigil�ndola constantemente, hasta que los nervios de la reina ya no pudieron resistirlo m�s. Fue durante este tiempo que se iniciaron sus pesadillas y con ellas los primeros signos de un aut�ntico distanciamiento de Ryen, y Moragh declar� �aunque Ryen no estuvo de acuerdo� que Perd se sent�a encantado por la ruptura y lo consideraba un triunfo personal. M�s tarde se produjeron otros dos atentados contra la vida de Ryen, y, aunque no existieron pruebas que sugirieran que ninguno de ellos fuera cosa de Perd, Moragh hizo valer su autoridad. Sab�a que s�lo el rey ten�a autoridad para ordenar la muerte de Perd, pero le advirti� a su hijo que, si se negaba a tomar medidas, se despertar�a un buen d�a y se encontrar�a con que una mano desconocida se hab�a ocupado del viejo loco. Moragh pose�a suficientes amigos y sirvientes leales en Carn Caille para estar segura de que la tarea ser�a llevada a cabo de buena gana y con eficiencia, y �a menos que �l estuviera dispuesto a llevar a juicio a su propia madre por conspiraci�n para el asesinato, y citara esta conversaci�n como prueba� jam�s se descubrir�a al culpable.</p><p>Ryen hab�a cedido. Lo cierto es que sab�a que Moragh ten�a raz�n; no se pod�a tolerar por m�s tiempo la presencia de Perd Nordenson en Carn Caille. Pero se hab�a seguido negando a ordenar la muerte del anciano, y en lugar de ello lo hab�a desterrado, con un buen caballo y dinero suficiente para que pudiera iniciar una nueva y confortable vida en otro lugar. Moragh se hab�a aplacado, si bien eso no la satisfizo por completo; Brythere se hab�a mostrado estremecidamente agradecida, y el mismo Ryen se hab�a sentido aliviado por haberse deshecho del anciano sin que eso le representara un gran cargo de conciencia. Lo que Perd hab�a pensado, nadie lo supo, ya que hab�a tomado lo que se le ofrec�a y se hab�a marchado de Carn Caille sin decir una palabra a nadie. Y ah�, pensaron, acab� todo. Hasta hoy.</p><p>El inicial arrebato de c�lera de Moragh se hab�a apaciguado un poco ya, y �sta indic� a su hijo:</p><p>�Brythere duerme ahora. D�jala al cuidado de Ketrin y ven conmigo a mi saloncito. Creo que deber�amos discutir esto m�s a fondo.</p><p>El rey asinti�. Hizo intenci�n de seguirla fuera de la habitaci�n, pero Jes Ragnarson vio que sal�an y corri� a cortarles el paso.</p><p>�Perdonadme, alteza. �El bardo realiz� una profunda reverencia ante Moragh antes de volverse hacia Ryen�. Mi se�or, �qu� debemos hacer con... �su mirada se desvi� r�pidamente, de una forma algo furtiva, se dijo Moragh, hacia ella y luego regres� al rey� los invitados?</p><p>��Maldici�n, con todo este jaleo me hab�a olvidado por completo de ellos! �D�nde est�n ahora, Jes?</p><p>�En otra antesala, se�or, esperando vuestra decisi�n.</p><p>��Invitados? �inquiri� Moragh�. �Qu� invitados, Ryen? �No me digas que tenemos visitas importantes y las has dejado desatendidas sin siquiera una copa de cerveza!</p><p>�Alteza �Jes se volvi� precipitadamente hacia ella y le dedic� una nueva reverencia�, no se trata de invitados en el sentido corriente, sino de dos extranjeros que vinieron a la audiencia p�blica. Su solicitud es muy curiosa, E, aunque llegaron demasiado tarde para ser incluidos en las listas, su majestad tuvo la amabilidad de hacer un hueco para ellos.</p><p>En pocas palabras hizo un resumen de la historia que le hab�a contado Vinar. Mientras Moragh escuchaba, sus astutos sentidos decidieron que hab�a m�s en aquel asunto de lo que saltaba a la vista. Jes parec�a agitado, casi nervioso, y no quer�a mirarlos a los ojos ni a ella ni a Ryen mientras hablaba. Y en cuanto a Ryen... S�, pens� la reina viuda, hab�a algo extra�o all�.</p><p>Cuando el bardo finaliz� su explicaci�n ella ya hab�a tomado una decisi�n.</p><p>�Jes �dijo con toda amabilidad�, ll�vanos a la antesala, por favor. Si se ha hecho esperar a estas buenas gentes durante el alboroto, creo que lo menos que podemos hacer</p><p>es transmitirles nuestras disculpas personalmente.</p><p>�S�, alteza.</p><p>�Era alivio lo que ve�a en el rostro del bardo? Imposible estar segura, pero parec�a como si se hubiera desprendido de una responsabilidad no deseada. Ryen no dijo nada, y Jes los condujo de nuevo a trav�s del gran sal�n y por el pasillo hasta una puerta cerrada. Con una nueva reverencia, la abri� y anunci� al rey Ryen y a la reina viuda Moragh.</p><p>Los dos extranjeros estaban sentados sobre un banco acolchado bajo la ventana de la peque�a pero agradable habitaci�n. Ambos se incorporaron de un salto, consternados, al ser anunciados los visitantes, y Moragh, que iba la primera, sonri� para tranquilizarlos.</p><p>�Por favor, en Carn Caille no utilizamos demasiadas formalidades y, adem�s, la culpa es nuestra por... �Las palabras se apagaron cuando vio a �ndigo y su cerebro registr� su rostro. Se qued� totalmente inm�vil de improviso, y comprendi� ahora el motivo de la preocupaci�n de Ryen y Jes.</p><p>Vinar le dedic� una profunda reverencia.</p><p>�Mi se�ora reina �dijo, esperando que fuera �sa la forma correcta de dirigirse a esta dama de aspecto formidable�, no queremos causar ninguna molestia, pero cuando Jes nos dijo que esper�semos aqu�...</p><p>Moragh lo interrumpi�. Hab�a recuperado la compostura, y era una diplom�tica lo bastante experta para que nadie, con la posible excepci�n de Ryen, hubiera observado su lapso.</p><p>�No, no �replic�. Somos <emphasis>nosotros</emphasis> los que hemos causado la molestia, al dejaros aqu� desatendidos y sin duda bastante perplejos. Hemos tenido un peque�o trastorno, como creo que sab�is, y se ha tardado en solucionarlo un poco m�s de lo esperado. Ahora, no obstante, todo est� bien y debemos compensaros. �Se volvi� al bardo�. Jes, ve en busca de mi mayordomo privado y dile que cenar� en mis aposentos, con tres acompa�antes. Y avisa a Mila que Carn Caille alojar� a dos invitados esta noche. Sonriente, mir� a su hijo�. Ven conmigo, Ryen; t� y yo entretendremos a estas buenas gentes y veremos en qu� forma podemos ayudarlos. En estas circunstancias �un destello de sus ojos dio a entender que hab�a mucho m�s en sus palabras�, creo que es lo m�nimo que podemos hacer.</p><p>Cuando la cena servida en los aposentos de la reina viuda toc� a su fin, Vinar se sent�a ya medio convencido de que so�aba. Durante m�s de dos horas a �l y a �ndigo los hab�an tratado como si pertenecieran a la realeza. Estaban sentados en mullidos sillones mientras sirvientes respetuosos les serv�an excelente comida y bebida en cantidades que habr�an podido incluso con el apetito de un marino scorvio, y un rey y una reina conversaban con ellos como si fueran de la familia. En un principio, Vinar se hab�a sentido tan intimidado que apenas si pod�a pronunciar una palabra, pero sus anfitriones, Moragh en particular, eran tan bondadosos y afables que su nerviosismo no tard� en disminuir, y muy pronto empez� a imaginarse con regocijo lo que dir�an el capit�n Brek y sus compa�eros de tripulaci�n del <emphasis>Buena Esperanza</emphasis> si lo vieran all�, �ndigo, por otra parte, hab�a parecido encontrarse muy c�moda desde el principio. No ten�a mucho que decir, pero su sonrisa no era afectada y sus modales eran relajados aunque un tanto aturdidos; al observarla, Vinar podr�a haber cre�do f�cilmente que hab�a nacido y se hab�a criado para convivir con tan exaltada compa��a, ya que no parec�a atemorizarla.</p><p>Se hab�an retirado las bandejas de carnes y frutas y verduras frescas, y comido los pasteles, y se acababa de colorar sobre la mesa un enorme cuenco de almendras conservadas en miel junto con jarras de dulce aguamiel, cuando la conversaci�n se dirigi� por fin a la misi�n que hab�a llevado a Vinar y a �ndigo a Carn Caille. Moragh era una experta interrogadora y no tard� mucho en extraer de Vinar toda la historia del naufragio y lo sucedido despu�s, as� como el curioso mensaje que sus invitados hab�an recibido a trav�s del capit�n Brek, que se encontraba en Ranna.</p><p>��Y vuestro capit�n dijo claramente que traer�an aqu� a la loba? �Hab�a sorpresa y curiosidad en la voz de la reina viuda�. �No hay ning�n error?</p><p>Vinar observaba las almendras con miel con gran inter�s, pero no se atrev�a a coger ninguna hasta que lo hicieran sus anfitriones y le mostraran c�mo deb�an comerse.</p><p>�No hay ning�n error, alteza; de eso estamos seguros �respondi�. Y si el capit�n Brek confiaba en que el chico que envi� entregar�a el mensaje correctamente... entonces yo tambi�n conf�o en ello.</p><p>�Esto es muy extra�o. �Moragh dirigi� una r�pida mirada a su hijo�. No nos ha llegado ning�n mensaje de ninguna de las brujas de por aqu�, �verdad, Ryen?</p><p>�No, desde luego �asinti� el monarca�. S�lo puedo suponer que hab�is viajado m�s deprisa que cualquier mensaje dirigido a nosotros y nos hab�is cogido por sorpresa. �Sonri� para demostrar que nadie ten�a la culpa.</p><p>�Yo dir�a �dijo Vinar con cierta timidez� que estas brujas... si son lo que todo el mundo dice, y no tengo motivo para no creerlo... saben m�s de lo que han contado de momento.</p><p>Los ojos de Moragh centellearon con renovado inter�s.</p><p>��Qu� quieres decir con eso, Vinar?</p><p>�Bien, se�ora... A lo mejor creen que hay algo o alguien aqu� que puede ayudar a �ndigo de una forma que nosotros no sabemos. Por ejemplo con su familia; tal vez alguien aqu� sabe algo sobre qui�nes son y d�nde podemos encontrarlos. Creo que quiz�s �se es el motivo de que su mensaje dijera que vini�ramos aqu�.</p><p>�S�. S�, comprendo. �La reina viuda intercambi� una inescrutable mirada con su hijo�. Puede que tengas raz�n; desde luego estar�a de acuerdo con la forma en que nuestras hechiceras acostumbran trabajar... Bien, haremos todo lo que est� en nuestra mano para ayudaros en vuestra b�squeda, y creo que podemos empezar enviando un mensaje por todas las islas para localizar a la familia de �ndigo. Eso deber�a resultar bastante f�cil, Ryen.</p><p>�S� �respondi� Ryen, cuyos ojos estaban fijos en �ndigo�. S�...</p><p>�Pero por ahora... �La reina viuda se removi� en su asiento para luego ponerse en pie. Vinar se apresur� a hacer lo propio y, con cierto retraso, �ndigo sigui� su ejemplo� No, no, Vinar, no son necesarias las formalidades. Pero es muy tarde y por su aspecto creo que �ndigo est� agotada. Todos deber�amos retirarnos, me parece; una buena noche de sue�o nos refrescar� a todos. Vuestras habitaciones est�n listas. Llamar� a los criados</p><p>y ellos os ense�ar�n el camino.</p><p>Cruz� la habitaci�n hasta el lugar donde colgaba la bordada tira de un batint�n, y mientras lo hac�a realiz� un leve gesto que s�lo Ryen vio, en el que indicaba con toda claridad que deseaba que se quedase con ella. Dos mayordomos contestaron a la llamada de la campanilla; se intercambiaron deseos de una buena noche en la puerta y, tal y como se hab�a convertido en una costumbre entre ellos, �ndigo roz� con sus labios los de Vinar en un afectuoso pero casto saludo antes de que un sirviente la escoltara a su habitaci�n. Vinar dedic� una profunda reverencia a la reina viuda, y sigui� al otro sirviente pasillo abajo. La puerta se cerr� tras ellos, y Moragh aguard� hasta que juzg� que ya no pod�an o�rlos antes de regresar a la mesa. Ryen volv�a a estar sentado, con los ojos fijos en el mont�n de platos vac�os pero aparentemente sin verlos. La reina viuda sirvi� un poco m�s de vino para ambos y deposit� una de las copas ante su hijo.</p><p>�Hay algo raro en ella, Ryen. Algo m�s que una simple p�rdida de memoria.</p><p>Ryen levant� r�pidamente los ojos. El tono de su madre ya no mostraba la ligera afabilidad de las �ltimas horas; hab�a una nueva energ�a en su voz, y cierta irritabilidad.</p><p>�S� �dijo�. Lo s�.</p><p>�Dime exactamente lo que sucedi� cuando llegaron al gran sal�n �pidi� Moragh sent�ndose�. Hasta ahora s�lo he escuchado relatos confusos y quiero toda la historia.</p><p>Ryen cont� el relato de la petici�n de Jes Ragnarson para que atendiera aquella solicitud de �ltima hora, y de su propio asombro, <emphasis>y</emphasis> la reacci�n m�s exagerada de Brythere, cuando vieron el rostro de �ndigo por vez primera. Moragh escuch� con atenci�n; luego frunci� los labios.</p><p>�As� pues tambi�n Jes debe de pensar que hay m�s en esto de lo que parece a simple vista, o no se habr�a tomado tantas molestias con su solicitud.</p><p>�Advirti� el parecido.</p><p>�S�, s�, desde luego; pero conociendo a nuestro bardo apostar�a a que no era �se su �nico motivo. �Pase� la mirada por la mesa�. �Observaste c�mo com�a?</p><p>�No. �Ryen se mostr� perplejo.</p><p>�Pues yo s�. Ella no es un marinero corriente; tiene unos modales que no quedar�an fuera de lugar en la corte de Khimiz, y mucho menos en la nuestra. Y se mostr� selectiva con el vino. Vinar beb�a cualquier cosa que le pusi�ramos delante, y con eso no quiero menospreciarlo; es una persona muy honrada y de buen ver. Pero �ndigo sab�a lo que escog�a y sab�a lo que le gustaba. Sospecho que, tanto si lo sabe como si no, proviene de un estrato social totalmente diferente del de �l.</p><p>�No tan diferente como para impedirle convertirse en su prometida �observ� Ryen.</p><p>�Humm. Bueno, en cuanto a eso... �Pero Moragh decidi� no dar a conocer sus ideas sobre la cuesti�n�. Perdi� la memoria durante el naufragio, dijo Vinar, como resultado de un golpe en el cr�neo. Probablemente la trataron los m�dicos locales de Amberland, pero, aunque no dudo de su capacidad en lo relativo a fiebres y huesos rotos, imagino que un caso como �ste debe de estar fuera de su alcance.</p><p>��Crees que nuestros m�dicos podr�an tener �xito all� donde ellos fracasaron?</p><p>�No pensaba en nuestros m�dicos �dijo Moragh�, sino m�s bien en las brujas del bosque.</p><p>��Oh! �Oh, s�! Empiezo a comprender. La loba domesticada...</p><p>�Exactamente. La loba domesticada, y el hecho de que una de las brujas est� al parecer muy ansiosa de que la criatura se re�na con su due�a aqu� en Carn Caille. Y bien, Ryen, �no te parece eso un poco peculiar?</p><p>El monarca contempl� el interior de su copa con el entrecejo fruncido.</p><p>��Quieres decir que las brujas pueden tener alguna... segunda intenci�n? �inquiri� clavando los ojos en los de ella�. �O que pueden saber algo que todav�a no se nos ha dado a conocer a nosotros?</p><p>�Los dos conocemos su forma de actuar, aunque no la podamos comprender � repuso Moragh�. Si de verdad existe alg�n misterio m�s profundo, las brujas ser�n las primeras en descubrirlo. Y es por eso que creo que esta hechicera, quien sea que resulte ser, tiene un motivo para desear traer a �ndigo aqu�.</p><p>El silencio se adue�� de la estancia unos instantes.</p><p>�Y quiz� �dijo al cabo Ryen con suavidad� no deber�amos pasar por alto otra de las funciones de las brujas...</p><p>��Qu�?</p><p>Moragh hab�a estado absorta en sus propias reflexiones y no le hab�a escuchado con claridad. Ryen le dirigi� una r�pida mirada y, levant�ndose, cruz� la habitaci�n hasta la ventana. Apart� la cortina y mir� al exterior. El patio estaba desierto y las torres situadas al otro lado eran una borrosa masa oscura, perfilada por un d�bil resplandor crepuscular que brillaba a lo lejos en el sur. El cielo estaba salpicado de estrellas. Cuando el rey volvi� a hablar, su voy, era casi ininteligible.</p><p>�Madre..., �es posible que alg�n pariente de Kalig sobreviviera a la plaga?</p><p>Moragh lo mir� sorprendida.</p><p>��Que la sobreviviera? �Ryen, eso es <emphasis>imposible!</emphasis> Los archivos...</p><p>�No se llev� un registro exacto; lo sabemos. La epidemia atac� con demasiada rapidez y demasiada violencia; la gente ca�a como caen las hojas de un �rbol en oto�o. En una emergencia de tal magnitud no hab�a tiempo de llevar un registro, de modo que los �nicos informes que poseemos son los que se juntaron una vez que lo peor de la plaga hubo pasado.</p><p>La reina viuda segu�a con los ojos clavados en la espalda de su hijo.</p><p>�Ryen �dijo en voz baja�, �qu� intentas decir?</p><p>El monarca aspir� con fuerza <emphasis>y</emphasis> contuvo la respiraci�n unos instantes; luego dej� caer la cortina y se volvi� para mirarla.</p><p>��No lo ves, madre? Con las islas en tal confusi�n como se encontraban en aquellos momentos, es posible que el linaje de Kalig sobreviviera. No alguien de la familia directamente; pero a lo mejor un sobrino, o incluso alg�n bastardo de Kalig o de su hijo. No lo sabemos. No podemos estar seguros.</p><p>Moragh empez� a comprender.</p><p>�Pero buscaron. Los bardos, las hechiceras...</p><p>�S�, y no hallaron ning�n pariente, hombre o mujer, vivo. De modo que se vieron obligados a elegir un sucesor que ocupara el trono e iniciara una nueva dinast�a, y as� es como llegamos nosotros a Carn Caille. Pero nuestra familia no tiene lazos de sangre con</p><p>la de Kalig. A mil abuelo sencillamente lo escogieron. Los bardos... y las brujas.</p><p>�Los bardos y las brujas �Moragh repiti� sus palabras en voz muy baja�. �Oh... !</p><p>�S�; eso es a lo que me refer�a, madre, cuando dije que no deb�amos pasar por alto el hecho de que las brujas a veces llevan a cabo otros deberes. Cuando Kalig y su familia murieron ellas registraron las islas en busca de un superviviente de su mismo linaje pero no consiguieron! encontrar ninguno. No obstante, si tal superviviente hubiera huido de la epidemia, hubiera abandonado las islas... tal vez con hijos, que por su parte tambi�n tuvieron hijos en su momento...</p><p>Moragh aspir� con fuerza, estremecida.</p><p>�Podr�a ser �dijo�. Podr�a ser. Incluso su nombre: el color del luto. Podr�a haber sido elegido a modo de recordatorio.</p><p>�Las brujas ya han intuido que algo sucede �sigui� Ryen�. Y el parecido es excesivo, demasiado extra�o. Si estamos en lo cierto, madre, entonces... �vacil�, y tuvo que armarse de valor para decirlo�. Si estarnos en lo cierto, es muy probable que �ndigo sea la leg�tima reina de las Islas Meridionales.</p><p>Por mucho que lo intentaba, �ndigo no pod�a quitarse de encima la sensaci�n de que los acontecimientos de las �ltimas horas le hab�an sucedido a otra persona y no a ella. Incluso despu�s de que el mayordomo se hubo marchado, y que la criada que le hab�an asignado le hubo llevado agua para lavarse y, tras abrir la cama, efectu� una respetuosa salida, dej�ndola finalmente sola, la muchacha segu�a siendo incapaz de asimilar lo que hab�a sucedido.</p><p>Su dormitorio era una de las mejores habitaciones de invitados de Carn Caille, espaciosa, y amueblada con gusto y gran cantidad de mobiliario. Hab�a gruesas alfombras en el suelo, pesadas cortinas en la ventana y sobre la puerta, sillones y mesas y un arc�n de madera de roble, y la cama ten�a postes y un dosel y sobre ella pend�an colgaduras que pod�a cerrar si tenia fr�o. �ndigo se lavo con el agua caliente �un raro lujo� y permaneci� sentada en la cama un buen rato, escuchando los lejanos ruidos de pasos y voces apagadas y puertas que se cerraban a medida que la fortaleza se preparaba para dormir. Ella no pod�a dormir; aunque sent�a el cuerpo pesado por el cansancio, le resultaba imposible adaptarse a este ambiente extra�o. Y, aunque sin saber por qu�, se sent�a inquieta. No era que se sintiera inc�moda ante la elevada compa��a entre la que hab�a ido a parar tan de repente. El rey Ryen y su madre eran los anfitriones m�s amables del mundo y por alguna <emphasis>raz�n</emphasis> ella no parec�a compartir la sensaci�n de respetuoso temor de Vinar. No, no era la gente que viv�a en Carn Caille; se trataba del mismo Carn Caille. Algo en este noble y vetusto edificio la trastornaba, como un dolor punzante en una muela. Algo <emphasis>no iba bien</emphasis> all�, y ella no pod�a se�alar qu� era.</p><p>Se introdujo por fin en el lecho y permaneci� sentada un buen rato m�s, abrazada a las rodillas dobladas, mientras se preguntaba d�nde estar�a la habitaci�n de Vinar, y si estar�a dormido ya. Dese� que acudiera a verla, aunque s�lo fuera para desearse buenas noches de una forma m�s privada, pues se sent�a aislada y un poco vulnerable y ansiaba la presencia de un rostro y una voz familiares. A rengl�n seguido de este deseo se present� el viejo dilema que la persegu�a desde el naufragio y su convalecencia: la paradoja de sus sentimientos por el hombre al que se supon�a que estaba prometida. Las emociones que buscaba tozudamente segu�an sin aflorar en su interior, y continuaba sin comprender por qu�. Vinar era su gran amigo, su compa�ero m�s �ntimo, y como hombre resultaba muy atractivo. Sent�a afecto por �l, y en ocasiones �como ahora� lo deseaba, experimentaba un secreto anhelo de llevarlo a su lecho y entregarse a �l tal y como, lo sab�a muy bien, �l se entregar�a a ella. Pero, no bien el deseo surg�a en ella, se convert�a en fr�as cenizas, pues sab�a que aunque existir�a placer no habr�a amor, al menos no por parte de ella. Era como si �luch� por aferrarse a un destello de comprensi�n� alguien m�s se interpusiera entre ellos, un fantasma de su olvidado pasado que la reten�a y o no pod�a o no quer�a ser exorcizado. Y desde que hab�a pisado Carn Caille hab�a percibido su presencia con m�s fuerza que antes.</p><p>El fuego se hab�a consumido casi por completo y la habitaci�n empezaba a quedarse fr�a. �ndigo se desliz� bajo las mantas pero sigui� sin querer apagar la vela que ard�a junto al lecho. Si Vinar acud�a esa noche, �se entregar�a ella... ? Pero no. Carec�a de sentido hacer conjeturas, ya que �l no aparecer�a, no intentar�a �tal como �l lo consideraba� aprovecharse de ella. Quiz�, pens� temeraria, ser�a mejor si lo hiciese, ya que eso dejar�a el asunto fuera de su control de una vez por todas y la liberar�a de una responsabilidad que no deseaba. Pero Vinar no dar�a tal paso. Era como si, tambi�n �l, percibiera la presencia de la t�cita barrera y se negara a cruzarla.</p><p>Los pasillos fuera de la habitaci�n estaban silenciosos ahora, y los �nicos ruidos que romp�an la quietud eran alguno que otro siseo procedente del moribundo fuego y el ahogado gemido del viento que hab�a empezado a soplar fuera de los muros de Carn Caille. La voz del viento pareci� despertar ecos en lo m�s profundo de �ndigo, como la voz apenas recordada de un viejo amigo... o de un viejo enemigo..., y la joven se revolvi� inquieta en la cama. La luz de la vela tembl� a causa de una corriente de aire que las cortinas no pudieron evitar del todo. Las sombras parpadearon sobre la pared y por el suelo, distorsionadas y amenazadoras..., y debi� de haberse sumido brevemente en los inquietos baj�os del sue�o, ya que no se dio cuenta de la presencia en su habitaci�n hasta que un sonido en su cerebro, como una aguda resonancia musical, la devolvi� violentamente al mundo consciente, El fuego se hab�a apagado y la vela se hab�a consumido hasta quedar convertida en un apagado puntito de luz azul. Y alguien, apenas distinguible en la penumbra, la contemplaba desde los pies de la cama, �ndigo se puso en tensi�n al instante mientras a un nivel subliminal se daba cuenta de que la perfilada silueta era demasiado alta para tratarse de Moragh o de la criada y demasiado delgada para ser Vinar. Sinti� los labios repentinamente resecos; los abri� con un gran esfuerzo, y con otro gran esfuerzo se oblig� a hablar.</p><p>��Qui�n eres?</p><p>No era el claro desaf�o que hab�a querido lanzar sino un simple susurro. La figura no contest� pero se acerc� un poco m�s, y el coraz�n de �ndigo dio un vuelco. Empez� a incorporarse, y su mano se desliz� autom�ticamente bajo la almohada en busca de algo... �Qu�? �Un arma? No lo sab�a.</p><p>�Anghara �dijo una voz con claridad.</p><p>El nombre la golpe� como un martillazo. <emphasis>�Dulce</emphasis> Madre, <emphasis>�l hab�a regresado! �No</emphasis></p><p><emphasis>estaba muerto, estaba aqu�, estaba... !</emphasis></p><p>El recuerdo se desvaneci� como el humo, y un extra�o grito agonizante borbote� en la garganta de �ndigo. Acab� de incorporarse de un salto, luchando con las mantas que parec�an haber adquirido vida propia y le imped�an moverse. La figura dio un veloz paso atr�s y, de improviso, donde hab�a habido una sola aparecieron dos. Una anciana ��ndigo no pudo verle el rostro, pero de alguna forma estuvo segura de que lo era� que sosten�a algo, algo que entregaba a la primera sombra, introduci�ndolo en sus manos.</p><p>�Anghara...</p><p>El nombre volvi� a ser pronunciado, con voz ronca y apremiante, y, aunque fue incapaz de decidir cu�l de las dos sombras lo hab�a dicho, provoc� un segundo y violento escalofr�o en el alma de �ndigo. Entonces distingui� lo que la vieja le hab�a dado a su acompa�ante: un cuchillo...</p><p>�Hazlo ahora, amor m�o. �Segu�a sin saber qu� figura hab�a hablado, pero la voz pose�a un timbre sobrecogedor; amargo, �spero y desesperado�. Hazlo y todo ir� bien. Hazlo, y tendremos lo que es legalmente nuestro.</p><p>La vela llame� de pronto con un �ltimo aliento. En ese instante �ndigo vio brillar la hoja del cuchillo... y distingui� los dos rostros que se alzaban �vidos, ansiosos, tras el arma levantada. Intent� gritar, intent� moverse, pero su mente y su cuerpo estaban paralizados. Los dos rostros se balancearon hacia ella, y ahora ambos sonre�an.</p><p>Y uno de los rostros era el suyo.</p><p>Despert� en medio de un revoltijo de mantas con un grito ahogado. Instintivamente se arroj� fuera de la cama, y no se dio de bruces contra el suelo porque recuper� la perdida serenidad casi inmediatamente despu�s del violento sobresalto.</p><p>Hab�a sido un sue�o, s�lo un sue�o. La vela situada junto a la cama segu�a ardiendo con fuerza, aumentada su luz por la de las brasas de la chimenea, y ella estaba sola en la habitaci�n. No hab�a voces, ni fantasmales intrusos. �ndigo dej� escapar un suspiro de alivio y con voz temblorosa lanz� un juramento aprendido de Vinar. El denuesto la devolvi� a la realidad de un modo rudo pero reconfortante, y empez� a arreglar el desordenado lecho. La abrumaba el deseo de abandonar Carn Caille. Algo no iba bien all�; hab�a algo maligno, si sue�os como aqu�l pod�an rezumar de las paredes para atacar al indefenso durmiente, y ella no quer�a saber nada m�s de todo aquello. Por la</p><p>ma�ana hablar�a en privado con Vinar, se lo explicar�a y le preguntar�a si estaba de acuerdo en...</p><p>El pensamiento se vio interrumpido antes de terminar cuando, penetrando en su cerebro y haci�ndose eco de sus temores como si existiera alg�n terrible lazo telep�tico, en alg�n lejano lugar de Carn Caille la aguda y fren�tica voz de una mujer empez� a chillar.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 10</strong></p></title><empty-line/><p>En los pueblos y granjas por los que pasaban, el espect�culo de Niahrin empujando su peque�a carretilla prestada, con <emphasis>Grimya</emphasis> bien arrellanada en el interior, llamaba poderosamente la atenci�n. Las gentes sal�an a las puertas, sonriendo y se�alando, pero las risas eran amables en general y aquellos que en un principio se horrorizaban ante el desfigurado rostro de la bruja se tranquilizaban de inmediato ante sus joviales maneras. La misma Niahrin se sent�a enormemente divertida por el inter�s que despertaba, y, por si esto fuera poco, las personas que encontraba resultaban buenos clientes para las pociones y remedios guardados en la carretilla junto a <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>�Es una l�stima que no pensara en este truco antes �dijo a la loba alegremente mientras, con las monedas tintineando en el bolsillo, se desped�a de la familia de otra granja m�s�: transportar a un animal por todo el pa�s como un n�mero de feriante. �A estas alturas ya ser�a una mujer rica!</p><p>�Pero tambi�n una mujer muy cansada �respondi� <emphasis>Grimya, y</emphasis> su lengua se agit� para demostrar que le segu�a la broma.</p><p>La loba se hab�a encari�ado con Niahrin durante el tiempo que llevaban juntas; ambas se hab�an compenetrado profundamente, y a pesar de sus ansias por llegar a Carn Caille y hasta �ndigo sab�a que se sentir�a triste cuando llegara el momento de separarse de su nueva amiga.</p><p>Llevaban dos d�as viajando, y seg�n los c�lculos de Niahrin deb�an de alcanzar las puertas de Carn Caille por la tarde de su tercer d�a de viaje. Habr�an ido m�s deprisa andando a campo traviesa, pero, con <emphasis>Grimya</emphasis> incapaz a�n de andar bien y por lo tanto obligada a ejercer de reacia pasajera, Niahrin consider� m�s sensato seguir las carreteras por las que la marcha resultar�a m�s c�moda. Cadic Haymanson, el guardabosques, no hab�a tenido el menor inconveniente en prestar su carretilla, pues sab�a que Niahrin lo compensar�a escrupulosamente, ya fuera en remedios a base de hierbas o en productos de su huerto. Tambi�n le hab�a tallado y modelado un robusto bast�n de madera y, no obstante sus indignadas protestas de que era muy capaz de cuidarse sin recurrir a la violencia, hab�a insistido en que lo llevara con ella.</p><p>�Nunca se sabe qu� clase de vagabundos puedes encontrar por los caminos �le hab�a dicho con firmeza�. Y no me lo perdonar�a nunca si te sucediera algo, de modo que har�s el favor de aceptarlo �y as� podr� dormir tranquilo en mi cama!</p><p>Por el momento, los temores de Cadic hab�an resultado infundados, y Niahrin disfrutaba enormemente con su aventura. <emphasis>Grimya,</emphasis> sin embargo, no estaba tan segura de disfrutar. Fing�a compartir la alegr�a de la bruja, pero bajo la simulaci�n todav�a la persegu�a la sensaci�n de temor ante lo que pod�a esperarles m�s adelante. No dejaba de recordarse que Carn Caille no era m�s que piedra y mortero y que en s� misma no pod�a significar una amenaza. Pero esa seguridad no consegu�a tranquilizarla, pues tambi�n sab�a que m�s all� de Carn Caille hab�a algo m�s. All� en la tundra aguardaba la Torre de los Pesares, solitaria y vetusta. Y, aunque �ndigo cre�a que tras las desmoronadas paredes de aquella torre se hallaban su objetivo y alegr�a definitivos, <emphasis>Grimya</emphasis> tem�a que la muchacha se equivocara.</p><p>Para aumentar la inquietud de la loba, ella y Niahrin ten�an una compa��a inesperada</p><p>en su viaje. Los lobos salvajes ten�an buen cuidado de no dejarse ver, pero tanto <emphasis>Grimya </emphasis>como la bruja eran conscientes de su presencia. Cuando la carretera discurr�a por un bosque se manten�an a su altura, silenciosos como sombras; cuando se encontraban en terreno abierto y no pod�an ocultarse se quedaban atr�s y las segu�an a cuidadosa distancia. Y durante la primera noche, cuando acamparon junto al camino, los lobos se agruparon justo fuera del alcance de la luz de su hoguera, exactamente, dijo Niahrin, como si montaran guardia en un velatorio. La bruja tuvo la impresi�n de que eran dos o tres, desde luego no m�s de cuatro y no necesariamente siempre los mismos individuos. Y, aunque no encontr� una explicaci�n l�gica para ello, ten�a la firme convicci�n de que los lobos las custodiaban.</p><p>�Es a ti a quien quieren proteger �explic� a <emphasis>Grimya</emphasis> durante aquella primera noche, una vez que se hubieron instalado cerca del fuego�. No s� qu� es lo que saben que yo no s�, pero percibo que existe un prop�sito para todo esto con la misma certeza con que siempre he presentido las cosas. �Su frente se arrug�, dando a su rostro un aspecto a�n m�s grotesco�. Ojal� pudieras comunicarte con ellos, <emphasis>Grimya.</emphasis> Ojal� pudieras preguntarles cu�l es su prop�sito.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no respondi�. Se negaba a hablar en voz alta cuando sab�a que los lobos salvajes pod�an o�rlas, ya que el viejo terror de los d�as de su infancia, el terror de ser <emphasis>diferente,</emphasis> de ser odiada e insultada por los de su raza, la atenazaba como una mano sofocante. No pod�a explic�rselo a Niahrin. Ni siquiera sab�a si despu�s de cincuenta a�os era capaz de comunicarse en la forma en que lo hac�an los lobos; las habilidades que deber�a haber perfeccionado hab�an sido abandonadas cuando su madre se revolvi� contra ella y la ech�, y ahora tem�a haberlas perdido por completo. Adem�s, aunque no sab�a m�s que la bruja obre los motivos de los lobos, no compart�a la seguridad de Niahrin de que �stos eran totalmente ben�volos.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> apenas hab�a dormido aquella primera noche, y hab�a dado gracias cuando se hizo de d�a y pudieron volver a ponerse en marcha. Ahora no obstante, con el sol en el ocaso y la granja y sus simp�ticos ocupantes fuera de la vista tras la cumbre de una colina, se alzaba otra vez, amenazadora la perspectiva de otra noche de inquietud, pues no era probable que alcanzaran el siguiente pueblo antes de oscurecer. Tumbada entre las mantas de la carretilla, c�moda de cuerpo pero trastornada mentalmente, <emphasis>Grimya </emphasis>observaba nerviosa el entorno e intentaba no pensar en las horas que ten�an por delante.</p><p>Acamparon justo antes de que los �ltimos rayos de luz desaparecieran del cielo, junto al linde de un peque�o bosquecillo situado a poca distancia del camino. Niahrin ayudo a <emphasis>Grimya</emphasis> a salir de la carretilla y a tumbarse sobre la hierba, donde pod�a estirarse cuan larga era e incluso hacer un poco de ejercicio. Luego encendi� un fuego, silbando entre dientes mientras trabajaba, y coloc� su cazo de hierro sobre las llamas para preparar una infusi�n caliente. Vert�a agua en el cazo cuando se interrumpi� de repente para escuchar; luego mir� a <emphasis>Grimya</emphasis> por encima del hombro y dijo:</p><p>�No hay lobos esta noche.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> le devolvi� la mirada, sobresaltada. Hab�a estado tan segura de que los lobos estar�an all�, sigui�ndolas a�n, que ni se le hab�a ocurrido buscar ninguna se�al del su presencia. Ahora, mientras sus sentidos f�sicos y ps�quicos se adaptaban al entorno, se dio cuenta de que Niahrin ten�a raz�n: sus silenciosos y furtivos acompa�antes se hab�an ido.</p><p>�Eso es raro. �Niahrin se puso en pie y mir� a su alrededor como si esperara ver salir las grises figuras de los lobos por entre los �rboles�. Dos d�as o casi dos, sigui�ndonos la pista, y de pronto se desvanecen sin avisar y sin un motivo aparente.</p><p>�Qui... quiz�s �aventur� <emphasis>Grimya</emphasis>� �ste no es su territorio. �Parpade� nerviosa�. En cuyo caso, pueden aparecer otros.</p><p>Niahrin no estaba tan segura de eso pero no se le ocurr�a una explicaci�n mejor. Se encogi� de hombros.</p><p>�Bueno, no dudo que tienen sus motivos, aunque no se me ocurren cu�les pueden ser. De todos modos, no nos! afectar� demasiado. La infusi�n est� casi caliente. Te servir� un plato, y un poco de carne fr�a y pan para acompa�arla.</p><p>Se inclin� sobre el cazo e iba a coger su cuchara cuando de improviso los pelos del lomo de <emphasis>Grimya</emphasis> se erizaron.</p><p>�<emphasis>�Niahrin!</emphasis> �la voz de la loba era un siseo, una advertencia.</p><p>��Qu�? �La bruja gir� en redondo.</p><p>��Chissst! �Los ojos de <emphasis>Grimya</emphasis> refulgieron salvajes a la luz de las llamas; se hab�a puesto penosamente en pie, y ten�a los colmillos al descubierto y el cuerpo tenso por el instinto y la aprensi�n. Miraba en direcci�n a la carretera�. Aaaa... alguien se acerca.</p><p>Niahrin intent� atisbar en la oscuridad con el ojo sano, pero el resplandor de las llamas hab�a deteriorado su visi�n nocturna y todo lo que distingui� fue una borrosa neblina gris.</p><p>Dio un paso lateralmente en direcci�n a la loba y se agach�.</p><p>��Est�s segura? �musit�. No veo nada.</p><p>�Estoy segura. Una figura en la oscuridad. Y un olor; olor humano.</p><p>Niahrin dirigi� una nerviosa mirada al fuego, pero era demasiado tarde para pensar en apagar las llamas. El campamento deb�a de resultar claramente visible a quienquiera que se estuviera acercando.</p><p>�Tal vez se trate de un buhonero que busca compa��a para pasar la noche. O un guardabosques interesado en saber cu�les son nuestras intenciones.</p><p>Sonri� pero al mismo tiempo estir� un brazo hacia la carretilla, en busca del bast�n de madera que le hab�a dado Cadic. En circunstancias normales no tem�a que la atacaran, pero hab�a sentido un repentino escalofr�o acompa�ado de una nada agradable intuici�n. Lo m�s probable era que se tratara de una simple reacci�n a la intranquilidad de <emphasis>Grimya </emphasis>y que no hubiera motivos para preocuparse, pero era mejor no correr riesgos.</p><p>Sus dedos se cerraron alrededor del garrote y lo sac�. Tras hacer una se�a a la loba para que permaneciera en silencio, retrocedi� otra vez junto al fuego y volvi� a silbar, fingiendo remover el contenido del cazo.</p><p>Se escuch� un rumor sordo a pocos metros de distancia, y una sombra se movi� de forma extra�a. La bruja se irgui� con rapidez, y su voz se dej� o�r con fuerza.</p><p>��Qui�n anda ah�? �Volvi� a mirar las sombras con atenci�n�. Comparte mi fuego y s� bienvenido si as� lo deseas, pero si tienes otra cosa en mente te advierto muy seriamente que te marches ahora que a�n puedes.</p><p>La sombra se detuvo. No le lleg� respuesta, pero Niahrin escuch� el sonido de una respiraci�n irregular. Sinti� que se le pon�a la carne de gallina.</p><p>�No me gustan los jueguecitos �grit� con voz dura�. D�jate ver, o...</p><p>La interrumpi� un salvaje gru�ido. <emphasis>Grimya</emphasis> ten�a las orejas pegadas a la cabeza y los pelos del lomo erizados como una salvaje melena r�gida. Los ojos de la loba brillaban rojos de rabia y miedo a la vez, y de su garganta brot� una �nica palabra:</p><p>��demonio!</p><p>Un chillido ululante reson� espantosamente en la noche, y una figura negra surgi� de la oscuridad y se abalanz� sobre ellas. Niahrin s�lo pudo distinguir una capa, una aureola de cabellos alborotados, el brillo del metal; entonces el apagado acero se transform� en refulgente brillo a la luz de las llamas cuando el cuchillo del asaltante descendi� violentamente en direcci�n a la cabeza de <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>Niahrin lanz� un alarido y dio un salto al frente. Ni siquiera pens�; blandi� el garrote con fuerza, sinti� el impacto, y vio c�mo la figura en sombras sal�a despedida hacia atr�s para ir a estrellarse contra la maleza. <emphasis>Grimya,</emphasis> movi�ndose con gran velocidad a pesar de su minusval�a, hab�a retrocedido fuera de su alcance entre gru�idos y ladridos. La figura, entretanto, intentaba denodadamente ponerse en pie pero la capa se lo imped�a; aun sin haberle visto el rostro Niahrin supo la verdad, la supo con certeza, y ese conocimiento le provoc� una furia ciega.</p><p>��Vuelve a tocarla y te matar�!</p><p>Salt� como una gata, coloc�ndose entre <emphasis>Grimya y</emphasis> el hombre ca�do en el suelo. �ste se qued� inm�vil, y ella percibi� sus ojos, invisibles en su negra silueta, que la miraban fijamente. La rabia que la embargaba creci� hasta casi escapar a su control.</p><p>��Lev�ntate! �escupi�. No vengas arrastr�ndote como un asesino salido de un nido de ratas... �Lev�ntate y enfr�ntate a m�!</p><p>Alz� el garrote y tuvo la satisfacci�n de ver c�mo se encog�a de miedo. A su espalda escuchaba la jadeante respiraci�n de <emphasis>Grimya,</emphasis> producto del esfuerzo y la emoci�n, mientras renovados gru�idos amenazadores retumbaban en la garganta del animal.</p><p>Lentamente el supuesto atacante empez� a moverse. Hab�a soltado el cuchillo al recibir el golpe del bast�n de Niahrin, y el arma yac�a ahora despidiendo d�biles destellos a pocos cent�metros de su mano izquierda. Niahrin vio c�mo sus dedos se arrastraban hacia ella, y le espet�:</p><p>��No lo toques!</p><p>Se precipit� al frente, y alej� el arma de una patada mientras �l se apartaba atemorizado. Luego la cabeza apenas entrevista se volvi� de nuevo hacia ella, y el hombre habl� por primera vez. Nada m�s o�r su voz, cualquier duda que Niahrin pudiera haber albergado sobre su identidad se desvaneci�.</p><p>�Pero de... debo... �suplic� el hombre con un gemido lastimero�. Debo hacerlo. �No te das cuenta, Niahrin? �No lo ves? Me matar�... y te matar� a ti tambi�n, si dejas que se acerque...</p><p>�Por todo lo m�s santo... �mascull� Niahrin en voz baja; luego lanz� un fatigado suspiro�. Lev�ntate, Perd, por el amor de nuestra buena Madre. <emphasis>Grimya</emphasis> es mi amiga y no te har� da�o. Lev�ntate, vamos. Toma una taza de infusi�n caliente conmigo junto al fuego, y dime qu�, en el nombre de la creaci�n, te ha tra�do aqu�. Porque estoy segura de una cosa: esto no es una coincidencia.</p><p>�As� que ya ves: <emphasis>debo</emphasis> regresar. �Los delgados dedos de Perd Nordenson oprim�an la vac�a taza de hojalata como si quisiera darle una nueva y fant�stica forma�. <emphasis>Debo, </emphasis>Niahrin. Debo verla. Debo hablar con ella. Debo decirle...</p><p>�Espera, Perd, espera �lo interrumpi� Niahrin, anticip�ndose a un nuevo torrente de palabras sin sentido.</p><p>A pesar del alborotado ataque que hab�a intentado realizar, Perd se encontraba en un estado m�s l�cido que de costumbre, y con tiempo y esfuerzo hab�a conseguido obtener de �l algo parecido a una sosegada coherencia. Pero, a pesar de todos sus esfuerzos, la esencia de sus confusas explicaciones segu�a burl�ndola. Y la reacci�n de <emphasis>Grimya</emphasis> no ayudaba en absoluto. Ya hab�a resultado bastante dif�cil convencer a Perd, contra todos los instintos de su mente enferma, de que la loba era una amiga y una compa�era, a la que no se deb�a atacar, no se deb�a odiar, y en cuya compa��a pod�a sentarse junto al fuego sin temer por su vida; pero, mientras que hab�a conseguido finalmente apaciguar a Perd, no sucedi� lo mismo con <emphasis>Grimya.</emphasis> Niahrin no sab�a qu� se ocultaba en el fondo de aquella desconfianza, pues <emphasis>Grimya</emphasis> se negaba a hablar en presencia de Perd. La loba permanec�a tumbada al otro lado de la hoguera, con las orejas gachas y el pelaje erizado, contemplando al anciano con muda y temerosa desconfianza, y de vez en cuando un ahogado gru�ido compet�a con el chisporroteo de las llamas. Niahrin, colocada entre ambos y con la terrible sensaci�n de ser un suculento hueso por el que peleaban dos perros, estaba decidida a hacer caso omiso de la demostraci�n de hostilidad de <emphasis>Grimya.</emphasis> S�lo con Perd ya ten�a trabajo m�s que suficiente; por el momento al menos, <emphasis>Grimya</emphasis> tendr�a que ocuparse de su propio bienestar.</p><p>�Perd... �Le cogi� el taz�n y volvi� a llenarlo, aunque s�lo hasta la mitad porque el viejo ya hab�a derramado sobre s� una buena parte del primer taz�n y parec�a una tonter�a desperdiciar m�s�. Perd, esc�chame e intenta prestar atenci�n esta vez. Comprendo una parte de lo que dices. S� que quieres regresar a Carn Caille... aunque lo que hac�as all� es algo que no entiendo...</p><p>�Por <emphasis>ella...</emphasis> �empez� �l.</p><p>�S�, por ella, lo s�. Pero �qui�n es ella? �Dej� caer el cuchar�n en el interior del cazo, y el estr�pito sobresalt� visiblemente a Perd�. Eso es lo que no me has dicho.</p><p>��Eso y muchas otras cosas�, pens�, pero no lo dijo�. S�lo dime eso, Perd. Dime qui�n es ella.</p><p>Sus manos segu�an retorci�ndose febriles. Niahrin le separ� los dedos e introdujo el taz�n entre ambas manos. El lo contempl� durante unos instantes como si jam�s hubiera visto algo parecido; luego la punta de la lengua asom� por encima del labio inferior, como un ni�o absorto en sus pensamientos.</p><p>�Perd �inst� Niahrin otra vez al ver que no respond�a�. S�lo dime a qui�n te refieres.</p><p>Perd sonri� y levant� la mirada hacia ella; sus apagados ojos ten�an una curiosa expresi�n ausente.</p><p>��Qui�n va a ser? La reina, claro. �Qui�n otra?</p><p>��La <emphasis>reina?</emphasis> �Niahrin estaba perpleja. �Qu� conexi�n pod�a existir entre Perd Nordenson y la reina Brythere?</p><p>�No comprendo �dijo�. �Intentas decirme que conoces a la reina?</p><p>��Oh, s�! Claro que la conozco. Y yo..., y yo... la amo. �El rostro de Perd se arrug�, y las l�grimas afloraron a sus ojos�. Siempre la he amado, <emphasis>siempre.</emphasis> Pero ella..., cuando ellos..., ella...</p><p>Y de improviso se ech� a llorar, con un profundo y dolorido llanto que le estremeci� todo el cuerpo. Niahrin no comprend�a nada; la extraordinaria revelaci�n la hab�a desconcertado y no sab�a qu� pensar ni qu� hacer. Torpemente, extendi� una mano y la pos� sobre el hombro del anciano, en un intento de ofrecer todo el pobre y mudo consuelo que pudiera; pero, en el mismo instante en que lo tocaba, su tristeza se troc� brusca y violentamente en c�lera. La apart� con furia, ara��ndola con las afiladas u�as, y su voz se elev� en un malhumorado chillido.</p><p>��Ellos me echaron! �Todos estos a�os, tantos a�os, y ellos me echaron, como si yo fuera un traje viejo que hay que tirar!</p><p>Le arroj� el taz�n; Niahrin lo esquiv�, y el taz�n rebot� con un sonoro golpe met�lico contra el tronco de un �rbol pr�ximo y cay� sobre la maleza. <emphasis>Grimya</emphasis> empez� <emphasis>A</emphasis> gru�ir, y Niahrin grit�:</p><p>� <emphasis>Grimya,</emphasis> para! ��l no quer�a hacerlo! �Apretando los dientes y respirando profundamente para tranquilizarse se volvi� otra vez hacia el anciano�. Perder los estribos conmigo no nos servir� de nada a ninguno de los dos, Perd. �Cualquiera que sea la injusticia que hayan cometido contigo, yo no fui responsable de ella! Ahora, vuelve a intentarlo. Dime qu� te sucedi� en Carn Caille.</p><p>Pero Perd volv�a a llorar y en esta ocasi�n no quer�a o no pod�a parar. Niahrin escuch� sus sollozos, consciente de que nada pod�a hacer ante esto. Se hab�an despertado viejos agravios y penas hasta ahora dormidos en las l�bregas profundidades de su enferma mente, y �stos eran tan poderosos que lo hab�an empujado a la corte del rey en busca de una reparaci�n. Si juntaba lo poco que le hab�a contado, Niahrin pod�a imaginar muy bien la escena en Carn Caille. No era extra�o que lo hubieran echado, y si hab�a intentado asediar a la reina en persona con alguna loca declaraci�n de amor ten�a suerte de haber escapado tan bien parado.</p><p>Sin embargo, a pesar de todo aquel embrollo sin sentido �la obsesi�n de Perd por la reina Brythere y todas esas tonter�as sobre una pasada injusticia�, la intuici�n de Niahrin se hab�a puesto en funcionamiento, advirti�ndole que no considerara toda aquella historia simplemente como los delirios de un loco. Perd estaba loco, no hab�a duda de ello, pero intu�a que lo que le hab�a contado era al menos una aproximaci�n a la verdad.</p><p>Y las revelaciones del tapiz que hab�a tejido, que ahora se encontraba cuidadosamente doblado y guardado en la carretilla, eran una prueba m�s firme que cualquier conjetura. El poder que hab�a guiado sus manos sobre el telar le hab�a mostrado que Perd Nordenson ten�a un papel en este extra�o asunto, y ese poder no ment�a.</p><p>Un sonido �spero la sac� brusca e inopinadamente de su ensimismamiento. Perd se hab�a doblado hacia adelante y, con la cabeza sobre las rodillas, roncaba. Dividida entre la compasi�n, el alivio y un resentimiento un tanto divertido porque el anciano no hab�a tenido ni siquiera el detalle de desearle buenas noches, Niahrin se levant� con esfuerzo. No pod�a dejarlo sentado as� porque lo m�s probable era que acabara de doblarse al frente y cayera sobre el fuego; lo sujet� por debajo de los brazos y tir� de �l hacia atr�s hasta dejarlo en posici�n supina, tras lo cual lo envolvi� bien en su capa para que no cogiera fr�o. Perd ni se movi�, y Niahrin se dijo que dormir�a profundamente hasta la ma�ana. Cuando lo hubo dejado tan c�modo como pudo, rode� el fuego en silencio y fue a sentarse junto a <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>�Est� bien dormido �asegur�. Puedes hablar sin temor a que te oiga.</p><p>La loba la mir� con ojos entristecidos.</p><p>�No me gus... gusta este hombre �dijo con voz ronca�. He intentado estar calmada pero es muy dif�cil. Hay algo maligno en �l. �Hizo una pausa�. �l es el que vino a tu casa. El que me asust�.</p><p>�S�, lo es. �Niahrin acarici� la cabeza de la loba con suavidad y dulzura�. Pero �l no es malo, <emphasis>Grimya,</emphasis> como he intentado explicarte antes. Est� enfermo, y siente un terror y odio por los de tu raza que nunca he podido comprender. Pero no es malvado. �La mano aument� ligeramente la presi�n de sus caricias�. Conf�a en m�, cari�o, por favor. Perd no te har� da�o, porque yo no voy a permitirlo y s� c�mo desviar su atenci�n en sus peores momentos. Pero lo cierto es que quiero ayudarlo si puedo.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> permaneci� en silencio unos momentos.</p><p>��Quieres decir que deseas que venga con nosotras? �pregunt� al cabo.</p><p>�S�, quiero que venga con nosotras. No es s�lo por �l; es por m� tambi�n, aunque eso es algo que no creo comprender del todo a�n. Y tal vez..., bueno, no puedo estar segura, pero quiz�s es tambi�n por tu bien.</p><p>�Nnno lo comprendo, Niahrin. �La loba baj� la cabeza�. Yo no quiero que venga; me da miedo.</p><p>��Oh, <emphasis>Grimya!</emphasis></p><p><emphasis>A</emphasis> Niahrin le dol�a interiormente su imposibilidad de explicar a nadie, y mucho menos a esta amable amiga con su claro y directo razonamiento, la naturaleza del poder que hab�a guiado sus manos sobre el telar y guiaba su mente ahora. Aquel poder hab�a colocado una responsabilidad sobre sus hombros, y ella no pod�a rehuirla. Fuera lo que fuera lo que la aguardaba, ella deb�a llevarlo a cabo. �Querida m�a �su voz era dulce�, por favor ten paciencia con tu amiga Niahrin. Me parece que en esto estoy tan impotente como t�. Pero s� s� una cosa: Perd tiene que venir con nosotras, porque negarle esto significar�a negarle la esperanza. Y eso es algo que no le har� a ning�n ser vivo.</p><p>Nubes grises empezaban a acumularse por el noroeste, y Niahrin calcul� que en menos de una hora empezar�a a llover. Se alegr� de ver la mole de Carn Caille frente a ella, y se alegr� doblemente �aunque eso fue acompa�ado de una sensaci�n de culpabilidad� de que, despu�s de todo, Perd no las hubiera acompa�ado en esta �ltima parte de su viaje. El anciano hab�a desaparecido en alg�n momento durante la noche mientras ella y <emphasis>Grimya</emphasis> dorm�an, llev�ndose la mitad de sus raciones y sin dejar ninguna</p><p>pista sobre la direcci�n tomada.</p><p>Niahrin dese� fervientemente que no hubiera regresado a Carn Caille. En realidad, el que no hubiera realizado ning�n otro intento de atacar ni a <emphasis>Grimya</emphasis> ni a ella misma antes de abandonar el campamento suger�a que segu�a a�n en un estado mental relativamente l�cido, de modo que con un poco de suerte era posible que tuviera el sentido com�n de evitar la fortaleza al menos por el momento. <emphasis>Grimya</emphasis> no ocult� lo que la satisfac�a verse libre de �l, y as� pues hab�an iniciado la marcha con una sensaci�n de alivio.</p><p>Pero, aunque Perd estaba ausente, Niahrin no dej� de pensar en �l. Durante todo el d�a, mientras empujaba la carretilla por la carretera, hab�a ido rumiando sobre el enigma de las incoherentes revelaciones del anciano. Segu�an siendo tan incomprensibles a la luz del d�a como lo hab�an sido en la oscuridad de la noche, y la actitud de <emphasis>Grimya</emphasis> era un enigma m�s. Era comprensible que sintiera una fuerte antipat�a por Perd a la vista del odio declarado de aquel hombre contra los de su raza, pero esto iba m�s all� de la simple enemistad y Niahrin no pod�a dar con la causa.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no ayudaba en nada: se limitaba a negarse a discutir la cuesti�n, y Niahrin acab� por dejar de lado sus meditaciones para concentrarse en la carretera.</p><p>Carn Caille se perfil� m�s cercana, y ahora la bruja percibi� el cambio en el aire y el enfriamiento del viento que anunciaba lluvia. Apresur� el paso, disculp�ndose ante <emphasis>Grimya</emphasis> por las molestias provocadas por el traqueteo, pero la loba no respondi�. Ten�a los ojos fijos en la fortaleza y parec�a como si intentara acurrucarse a�n m�s en el interior de la carretilla, como si quisiera ocultarse de lo que la esperaba m�s adelante.</p><p>Se encontraban apenas a cien pasos de las abiertas puertas de acceso cuando se produjo un veloz movimiento en el interior y sali� una mujer a caballo. <emphasis>Grimya</emphasis> lanz� un extra�o gritito, al tiempo que ergu�a las orejas con ansiedad, para luego dejarse caer nuevamente en el interior al descubrir que el jinete era una desconocida. Niahrin, sin embargo, la reconoci� al instante.</p><p>��Es la reina! �exclam�, con la voz te�ida de sorpresa y alegr�a, y, al ver acercarse el caballo, se apart� a un lado del camino y realiz� una reverencia.</p><p>La reina Brythere iba ataviada para galopar, con una falda pantal�n de lana, botas de piel y un abrigo de cuero bien cerrado alrededor de la delgada garganta. Llevaba la cabeza descubierta y los cabellos de color rojo dorado sujetos hacia atr�s en una severa cola. Cuando la tuvo m�s cerca, Niahrin pudo ver la expresi�n de su rostro �una extraordinaria mezcla de infelicidad, temor y determinaci�n�, y una serie de preguntas sin respuesta se amontonaron en la mente de la bruja. La reina parec�a enferma, enferma y aturdida. Su piel hab�a perdido el color, los ojos mostraban profundas ojeras, y las manos que sujetaban las riendas estaban p�lidas y delgadas como las de un fantasma.</p><p>El caballo �una yegua blanca� aminor� el paso al llegar junto a ellas, y Brythere baj� la mirada. Frunci� un poco el entrecejo ante la peculiar visi�n de una mujer tuerta y un lobo en una carreta, pero Niahrin tuvo la clara impresi�n de que la reina hab�a advertido su presencia de una manera perif�rica y que los pensamientos de la soberana estaban inflexiblemente fijos en otro punto. La bruja le dedic� una respetuosa reverencia y, recobrando el dominio de s� misma, Brythere le dedic� una sonrisa distra�da y ausente como respuesta, antes de espolear su montura y girar en direcci�n al</p><p>sur y las tierras desnudas que bordeaban la tundra.</p><p>�Sin escolta, blanca como una enferma, y con una expresi�n en los ojos como si le acabaran de decir el d�a de su propia muerte... �Niahrin no se dio cuenta de que hab�a hablado en voz alta hasta que <emphasis>Grimya</emphasis> se volvi� para mirarla, indecisa.</p><p>�No esss una mujer feliz �dijo la loba�. �Adonde crees que iba?</p><p>�S�lo la Madre lo sabe. �Niahrin dirigi� una r�pida mirada al amenazador cielo�. Pero si tiene intenci�n de cabalgar lejos todo lo que obtendr� ser� quedar empapada. De todos modos, eso es cosa suya; yo no soy qui�n para cuestionar lo que decida hacer la reina. �Volvi� a empujar la carretilla hasta la carretera y se puso en marcha en direcci�n a las puertas de la fortaleza.</p><p>Ante su sorpresa, y con gran alivio para <emphasis>Grimya,</emphasis> las esperaban. En cuanto la bruja empez� a contar su historia, el guarda de la puerta interrumpi� sus explicaciones y le indic� que pasara. Al parecer, el rey Ryen hab�a dado instrucciones a sus centinelas para que aguardaran la llegada de alguien procedente de los bosques acompa�ado de una loba domesticada. Y, s�, la marinera de nombre �ndigo estaba all�, junto con su prometido. Al escuchar esto <emphasis>Grimya</emphasis> emiti� un sonido ahogado pero se control� enseguida, temerosa de revelar su secreto. El guarda pidi� a Niahrin que esperara mientras iba en busca de alguien que las acompa�ara, y, en cuanto se hubo alejado lo suficiente para no poder o�rlas, la cabeza de la loba gir� hacia Niahrin.</p><p>�Di... dijo... <emphasis>prometido.</emphasis> �Hab�a temor y confusi�n en su voz�, ��ndigo no est� prometida! �No est� prometida a nadie! No puede, no podr�a...</p><p>��Chist! �advirti� Niahrin�. �Silencio, o alguien podr�a o�rte! �Pos� una mano sobre la cabeza de <emphasis>Grimya</emphasis> para tranquilizarla�. Escucha, cari�o, me parece que hay muchas cosas que no sabemos a�n, y lo m�s probable es que el centinela se haya equivocado. Ten paciencia un poco m�s y averiguaremos qu� sucede.</p><p>Las primeras gotas de lluvia empezaban a caer cuando regres� el centinela. Lo acompa�aba un hombre de cabellos casta�os que Niahrin reconoci� al instante como un bardo.</p><p>�Se�ora... �El joven vacil� un instante, pero, si el rostro desfigurado de la bruja lo desconcert�, tuvo la suficiente presencia de �nimo para disimular su reacci�n. Hizo una reverencia, y Niahrin vio que la evaluaba r�pidamente no tan s�lo a nivel f�sico�. S� bienvenida a Carn Caille. Soy Jes Ragnarson, bardo del rey Ryen.</p><p>�Yo soy Niahrin �repuso la bruja.</p><p>�S�; s�, he o�do hablar de ti. �Sonri�. Tu nombre y reputaci�n son muy respetados por los de mi profesi�n al igual que por los de la tuya.</p><p>Sus palabras sorprendieron a Niahrin, quien lanz� una carcajada gutural.</p><p>�Bueno, no fingir� no sentirme halagada, Jes Ragnarson. �Se�al� la carretilla�. Y �sta, como creo que ya sabes, es <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>El bardo contempl� a la loba unos segundos, y luego asinti�.</p><p>�Hay aqu� dos personas que estar�n muy contentas de verla. �Se volvi� otra vez hacia la bruja y le dedic� una segunda y escudri�adora mirada�. Y unas cuantas m�s que tambi�n estar�n contentas de verte a ti. �Y, antes de que Niahrin pudiera indagar sobre tan peculiar afirmaci�n, sus modales cambiaron de nuevo y levant� los ojos hacia el gran cuadrado de cielo enmarcado por las murallas de Carn Caille�. La lluvia arrecia; �has llegado justo a tiempo! Ven, pong�monos a cubierto antes de que empiece el aguacero. Vuestros amigos os esperan.</p><p>Abandonaron a toda prisa el exiguo refugio del arco de la puerta y atravesaron el patio hasta una puerta del lado oeste de la fortaleza. Niahrin vio rostros en las ventanas que los contemplaban con inter�s; luego franquearon la puerta y se encontraron en un sal�n espacioso y sorprendentemente c�lido, del que part�an dos amplios pasillos. Varios criados se detuvieron para dirigirles miradas curiosas; uno o dos, al ver la carretilla y la loba, sonrieron. Jes Ragnarson las condujo por el pasillo de la izquierda, a trav�s de una sala enorme y vac�a en la que resonaron sus pisadas �Niahrin supuso que se trataba de una sala de reuniones o algo parecido�, y finalmente hasta la puerta de una antesala. Llam� a �sta; durante un momento todo permaneci� en silencio, pero al cabo la puerta se abri� desde adentro.</p><p>Niahrin pudo ver el interior de la habitaci�n, y por un sobrecogedor momento tuvo la impresi�n de que todo un comit� de recepci�n las esperaba. Seis personas �deb�a de haber seis, si no m�s�: un hombre fornido y rubio, una mujer de cabellos casta�o rojizos, una criatura de cabellos plateados y curiosos ojos, y una impresionante figura alta de cabellos parecidos a hojas de sauce, una anciana, un...</p><p>Entonces, de improviso y de un modo sorprendente, la visi�n se desvaneci� ante sus ojos y s�lo quedaron dos personas. La bruja mene� la cabeza aturdida, con los ojos fijos en las dos personas y pregunt�ndose qu� era lo que le hab�a sucedido, pero antes de que se hubiera serenado el hombret�n rubio ech� a correr hacia ellas.</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> �Su voz cargada de acento extranjero reson� en los peque�os confines de la habitaci�n�. <emphasis>Grimya,</emphasis> eres t�, lo eres de verdad! �No te ahogaste!</p><p>Niahrin estaba a�n demasiado sobresaltada para advertirle que tuviera cuidado con la pata herida de la loba. Vinar se dej� caer junto a la carretilla y empez� a rascar con fuerza a <emphasis>Grimya</emphasis> entre las orejas. La loba gimote� de placer, retorci�ndose, pero su mirada estaba clavada en la mujer situada detr�s de Vinar, quien hasta el momento no hab�a dado un paso para ir a su encuentro y se limitaba a contemplarla con ojos inquietos. Utilizando su voz mental, la loba la llam�, extasiada.</p><p><emphasis>���ndigo! �Est�s a salvo, est�s aqu�! �He tenido tanto miedo por ti!�</emphasis></p><p>Pero �ndigo no respondi�. Su expresi�n no se alter�, tampoco habl�, y de su mente no surgi� ninguna oleada de emoci�n.</p><p><emphasis>���ndigo, qu� sucede?�,</emphasis> inquiri� la loba, perpleja. <emphasis>�. �Por qu� no me saludas?�</emphasis></p><p>�ndigo se limit� a seguir con la mirada fija en ella, y la angustia de la loba se torn� bruscamente en miedo. Sus sentidos ps�quicos intentaron fren�ticamente llegar hasta la muchacha, pero sigui� sin recibir respuesta de su amiga. Lo cierto..., lo cierto, comprendi� <emphasis>Grimya,</emphasis> es que no hab�a <emphasis>nada.</emphasis> El v�nculo mental entre ellas hab�a desaparecido como si jam�s hubiera existido.</p><p><emphasis>���ndigo!� Grimya</emphasis> proyect� toda la energ�a que fue capaz de reunir en el silencioso grito, <emphasis>��ndigo, por favor, POR FAVOR.... �</emphasis></p><p>�Lo siento. �La voz de �ndigo interrumpi� su desesperada llamada mental, y la muchacha desvi� la mirada�. Lo siento, Vinar. No recuerdo. Si �sta es <emphasis>Grimya, y</emphasis> si alguna vez me perteneci�, sencillamente no recuerdo nada sobre ella.</p><p>El p�nico acab� con toda cautela en la mente de <emphasis>Grimya, y</emphasis> su voz �su voz f�sica� brot� de su garganta en un grito que era mitad palabras y mitad aullido.</p><p>��ndigo, �por qu� no me reconoces? <emphasis>�Por qu� no me reconoces?</emphasis></p><p>Vinar dio un salto atr�s como si hubiera recibido un latigazo en pleno rostro. Perdi� el equilibrio y fue a caer pesadamente al suelo, donde qued� sentado, boquiabierto por la sorpresa mientras contemplaba a la loba con incredulidad y terror. �ndigo se qued� paralizada donde estaba, el rostro una m�scara de aturdimiento, la boca entreabierta, mientras una sucesi�n de im�genes inconexas penetraban violentamente en su cerebro como cuchilladas. <emphasis>Lobo..., bosques y luz de hogueras..., viajes que parec�an no tener fin... y una carga, una terrible carga ineludible...</emphasis></p><p>�Los animales no hablan... �Retrocedi� un paso, alzando las palmas de ambas manos hacia afuera como para rechazar algo demasiado terrible para enfrentarse a ello�. �No hablan! �Alz� la cabeza violentamente y dedic� a Niahrin una terrible mirada enloquecida�. �Esto es un truco, una broma que me est�s gastando!</p><p>��No! �protest� Niahrin� Se�ora, os aseguro que...</p><p>��No te creo! �La voz de �ndigo, aguda por el p�nico, la interrumpi� a mitad de la frase. Luego, antes de que nadie pudiera detenerla, la joven pas� corriendo junto a la carretilla y la bruja, y con un grito lleno de desesperaci�n huy� de la habitaci�n.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 11</strong></p></title><empty-line/><p>�Jam�s me lo dijo. Eso es lo que no comprendo. Todo ese tiempo navegando, �y jam�s me dijo nada! �Vinar paseaba por la habitaci�n como un le�n enjaulado, hasta la ventana, hasta su sill�n, hasta la puerta, de nuevo hasta la ventana... Por fin se detuvo y mir� a Niahrin en muda s�plica�. �Por qu� no me lo dijo? No puedes contestar a eso y yo tampoco; �no tiene sentido!</p><p>La bruja estaba acuclillada junto a la carretilla, acariciando la cabeza de <emphasis>Grimya</emphasis> con un movimiento suave y regular en un intento de ofrecer a la loba su mudo consuelo. <emphasis>Grimya</emphasis> se hab�a sumido en un profundo silencio, neg�ndose a hablar tras su arrebato y rehus�ndose ahora a encontrarse con la mirada de ninguno de los dos humanos.</p><p>Comprendiendo que sus esfuerzos no serv�an de nada, Niahrin suspir� y se incorpor� penosamente.</p><p>�Tienes raz�n �dijo pesarosa�. No puedo responder a la pregunta, y con toda honradez no creo que sea yo quien deba intentarlo. �Dirigi� una ojeada a la loba�. Puede que <emphasis>Grimya</emphasis> desee contarte m�s cosas en su momento; no lo s�. Pero, por ahora, todo lo que podemos hacer es esperar.</p><p>Por un instante pens� que Vinar protestar�a, pero tras unos segundos de silencio �ste se encogi� de hombros en impotente asentimiento.</p><p>�S�; s�, supongo que s�. �Regres� junto a la ventana, intranquilo�. No veo el patio desde aqu�. Maldita sea, �adonde ha ido?</p><p>Niahrin dese� saberlo. La precipitada huida de �ndigo los hab�a sobresaltado a todos, pero lo que hab�a sucedido despu�s hab�a sido una sorpresa a�n mayor. Vinar, recuperada la serenidad, hab�a abandonado corriendo la habitaci�n en pos de �ndigo, pero �sta ya hab�a desaparecido y el marino hab�a chocado contra Ryen cuando el rey sal�a inesperadamente de un pasillo lateral. Niahrin se sinti� estupefacta cuando los dos hombres regresaron juntos a la habitaci�n, pero sus incoherentes intentos de realizar una reverencia se desvanecieron cuando Ryen les indic� con energ�a que permanecieran donde estaban. �l conoc�a los pasillos de Carn Caille mucho mejor que ellos; �l personalmente encontrar�a a �ndigo y la convencer�a para que regresase.</p><p>Niahrin no pod�a pretender comprender lo que se ocultaba tras la evidente preocupaci�n del rey por los asuntos de Vinar e �ndigo, y Vinar estaba demasiado nervioso para responder a las mil preguntas que ella deseaba hacer, pues lo cierto es que �l tambi�n ten�a sus propias preguntas. �C�mo era que <emphasis>Grimya</emphasis> hablaba? �C�mo era eso posible? �Cu�nto tiempo hac�a que pose�a ese poder? �Lo hab�a sabido �ndigo? �Cu�nto tiempo hac�a que lo sab�a? Y, por encima de todo, �por qu� ninguna de ellas hab�a confiado en �l lo suficiente para contarle algo tan importante? Durante toda esta diatriba, mientras �l oscilaba turbulentamente entre la c�lera y la s�plica, <emphasis>Grimya</emphasis> se neg� a pronunciar una sola palabra m�s, y, aunque Niahrin se esforz� por explicar lo poco que pod�a, lo cierto es que sus conocimientos eran tan insuficientes como los de Vinar.</p><p>�De una cosa estoy seguro �dijo Vinar de improviso d�ndose la vuelta otra vez�. Aqu� pasa algo, algo que yo no s�..., que quiz� nadie sabe. Pero, sea lo que sea, �ndigo tiene que ver con ello.</p><p>Niahrin dirigi� una veloz mirada a <emphasis>Grimya.</emphasis> La loba desvi� r�pidamente los ojos, y la bruja supo al instante que sus sospechas eran ciertas. <emphasis>Grimya</emphasis> pod�a explicar mucho de todo este misterio si quer�a hacerlo, y Niahrin sinti� que un escalofr�o premonitorio le recorr�a la espalda al recordar el tapiz m�gico que hab�a tejido y lo que hab�a vislumbrado en su interior. Se sinti� tentada de contar a Vinar lo que pensaba, pero la cautela prevaleci�. No lo conoc�a y, aunque la intuici�n le dec�a que era un buen hombre, se sent�a reacia a revelar sus pensamientos a un extra�o.</p><p>�Puede que sea as� �repuso, evitando una respuesta directa�. Pero no puedo pretender saber lo suficiente a�n para encontrar una explicaci�n. ��Tantas preguntas sin respuesta�, pens� otra vez, y a�adi� en voz alta�: La memoria de �ndigo, por ejemplo. En medio de todo este embrollo he comprendido lo suficiente para darme cuenta de lo que le ha sucedido. No ten�a ni idea, y tampoco <emphasis>Grimya.</emphasis> �Se�al� a la loba, que segu�a neg�ndose a levantar los ojos�. Es por eso que est� tan trastornada, creo, y por lo que no quiere hablar ahora. Tengo entendido que ella e �ndigo eran muy buenas amigas.</p><p>�S�, lo eran. �La boca de Vinar se crisp� entristecida�. Pero yo no sab�a cu�n �ntimas eran, �verdad? �Pas� junto a Niahrin para acercarse a la carretilla y mir� a <emphasis>Grimya</emphasis>�. Eh, <emphasis>Grimya,</emphasis> �por qu� no quieres hablarme? S� tu secreto ahora, de modo que ya no hay motivo para tanto misterio. �No somos amigos, tambi�n?</p><p>Extendi� la mano mientras hablaba, lo que impidi� que la loba pudiera hacer caso omiso de �l. Con gran consternaci�n por su parte, se encontr� con que <emphasis>Grimya</emphasis> le mostraba los dientes, amenazadora.</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> �La voz de Vinar son� estupefacta, y Niahrin se apresur� a intervenir.</p><p>�<emphasis>Grimya,</emphasis> �qu� sucede, cari�o? �Qu� pasa? �La duda la embarg� repentinamente�. �Este hombre es el verdadero Vinar?</p><p>�<emphasis>Sss�.</emphasis> �La respuesta surgi� de forma tan brusca, tan inesperada, que la sorprendi�, como tambi�n lo hizo el veneno presente en el tono de voz de la loba. �sta levant� los ojos hacia ella por fin�. Sss�, �ste es Vinar. �Pero ya no es mi amigo! �Su cabeza se volvi�, y el animal lanz� una mirada feroz y acusadora al scorvio�. �Has dicho mentiras! �Has dicho a la gente que est�s prometido a �ndigo, pero yo s� que no!</p><p>Vinar se sobresalt� en lo m�s profundo de su ser. Retrocedi�, con una mano alzada a modo de protesta.</p><p>�<emphasis>Grimya, no</emphasis> es c�mo t� dices �intent� arg�ir�. Yo no digo mentiras, no de la forma que t� quieres decir. �ndigo y yo...</p><p>�<emphasis>�No!</emphasis> �lo interrumpi� <emphasis>Grimya</emphasis> con furia�. �No �ndigo y t�! Ella no ha dicho que va a casarse contigo. �No lo dir�, no puede decirlo! �Lo s�..., lo s�!</p><p>Niahrin hab�a olvidado el peque�o incidente con el centinela de la puerta, pero, ante este arranque, el hecho regres� con claridad a su memoria. El hombre hab�a mencionado al prometido de �ndigo sin darle demasiada importancia, como si fuera algo del dominio com�n en Carn Caille, y <emphasis>Grimya</emphasis> se hab�a mostrado horrorizada. �Qu� era lo que hab�a dicho? �Ella no est� comprometida a nadie, no puede estarlo.� Casi las mismas palabras que ahora utilizaba con Vinar, y en ellas se percib�a un aire de desesperaci�n �casi de terror� que hizo sonar todas las alarmas de la psiquis de Niahrin. �No puede �</p><p>pens�. �Por qu� no puede? �Qu� secreto me oculta a�n <emphasis>Grimya �</emphasis></p><p>Vinar intentaba de nuevo protestar y explicarse, todo al mismo tiempo, y ella lo interrumpi�.</p><p>�Espera �dijo�. Esperad los dos. No pretendo saber qu� sucede, pero no ganaremos nada ri�endo, ni ahora ni en ning�n otro momento. �Se sinti� un poco sorprendida al escuchar el tono autoritario de su voz, m�s parecido al de su abuela que al habitual en ella, pero se sacudi� la extra�a sensaci�n�. Hemos de hablar... � declar� <emphasis>todos</emphasis> nosotros. �Esto fue acompa�ado de una firme mirada en direcci�n a <emphasis>Grimya,</emphasis> ret�ndola a poner objeciones�. Pero �ste no es el lugar, y desde luego no es el momento. Cuando su majestad encuentre a �ndigo...</p><p>��No! <emphasis>�Grimya y</emphasis> Vinar hablaron a la vez, apremiantes. Niahrin vacil�.</p><p>�Por favor, se�ora �implor� Vinar�. No digas a �ndigo lo que dijo <emphasis>Grimya.</emphasis> Al menos no de momento..., no hasta que pueda explicarme.</p><p>La loba gru�� por lo bajo.</p><p>��Tiene rrrraz�n! �Parec�a reacia a admitirlo, reacia a estar de acuerdo con Vinar en nada�. No la ayudar�a, no tal como est� ahora. Y no le digas a nadie m�s lo m�o. No debes. No a�n.</p><p>Superada en n�mero, Niahrin suspir� e hizo un gesto de asentimiento.</p><p>�Muy bien. Pero creo que los tres deber�amos...</p><p>Alguien llam� a la puerta, y todos se volvieron.</p><p>Jes Ragnarson, el joven bardo, entr� en la habitaci�n y dedic� a todos una sonrisa cordial pero distra�da a modo de saludo.</p><p>�Por favor, perdonad la repentina intrusi�n, pero tengo un mensaje del rey. �ndigo se ha ido. Cogi� un caballo de los establos y abandon� Carn Caille; la historia no acaba ah�, pero eso puede esperar. Su majestad ha ido tras ella; sabe la direcci�n que tom� y no tardar� en atraparla. Me pidi� que os transmitiera el mensaje.</p><p>Vinar se encamin� a la puerta.</p><p>��Yo ir� tambi�n! �ndigo puede estar en peligro...</p><p>El bardo lo sujet� del brazo.</p><p>�No, Vinar, es mejor que no. Me atrever�a a apostar a que no eres buen jinete, de modo que no har�as m�s que molestar. Nada le suceder�; el rey y sus hombres la traer�n de vuelta sana y salva.</p><p>Vinar admiti� el razonamiento y cedi� ante �l.</p><p>�Eres muy amable, Jes Ragnarson �dijo Niahrin�, al traernos el mensaje del rey. Esperaremos aqu� nuevas noticias.</p><p>Jes era un aut�ntico bardo y se dio cuenta de que pasaban muchas m�s cosas por la mente de Niahrin de lo que �sta estaba dispuesta a revelar, al menos a �l. Hizo una reverencia.</p><p>�Gracias, se�ora. Con la buena voluntad de la Madre, la espera no tiene por qu� ser excesivamente larga.</p><p>�Lo siento, mi se�or, pero sencillamente no se me ocurri� preguntar si ten�a permiso para coger el caballo. �El caballerizo mayor de Carn Caille abroch� la brida del alaz�n</p><p>y empez� a empujar hacia atr�s al animal para sacarlo de su establo, mientras dedicaba una veloz e inquieta mirada al rostro de Ryen�. La verdad, yo..., bueno, no me atrev� a poner en duda su orden. Fue la..., la actitud de ella, se�or. Parec�a conocer los establos tan bien como si fueran suyos, y como no sab�a qui�n pod�a ser pens� que no era yo quien deb�a ponerle objeciones. Luego sali� al galope en direcci�n sur, en la misma direcci�n en que mi se�ora la reina se march� un poco antes...</p><p>�S�, s�; comprendo.</p><p>Ryen se hizo a un lado para dejar pasar al caballo, al tiempo que intentaba que su preocupaci�n, ya que no su impaciencia, no se reflejara en su voz. Los cuatro hombres que hab�a escogido para cabalgar con �l estaban ya montados y �l se sent�a ansioso por partir sin m�s retrasos; ya se hab�a perdido demasiado tiempo registrando Carn Caille en busca de �ndigo.</p><p>�T� no tienes la culpa, Parrick �a�adi� conciso�. Lo �nico que lamento es que nadie pens� en decirme que a la reina tambi�n se le hab�a metido en la cabeza salir a cabalgar sin escolta. �Entonces se refren� al darse cuenta de que su tono empezaba a mostrar un imprudente enojo. Sus problemas con Brythere no eran culpa ni responsabilidad de Parrick. Con menos brusquedad, inquiri�: �Qu� caballos cogieron?</p><p>�Su majestad se llev� su favorito, la yegua blanca, y la otra dama pidi� el caballo gris oscuro. �Parrick frunci� el entrecejo�. Lo cierto, mi se�or, es que ella insisti� en el gris oscuro; no aceptaba ning�n otro. �sa fue otra raz�n por la que pens� que deb�a de tener permiso, se�or.</p><p>Ryen lanz� un gru�ido. No le interesaban las razones para la elecci�n de caballo de ninguna de las dos mujeres; s�lo qu� animales deb�a encontrar la expedici�n de b�squeda. Se hallaban ya fuera en el patio, y, no obstante el aguacero, cada vez m�s torrencial, el alaz�n se agitaba inquieto, ansioso por ponerse en marcha. Ryen lo tranquiliz� con una palmada y subi� a la silla. Mientras se hac�a con las riendas escuch� unas veloces pisadas y una voz familiar que pronunciaba su nombre.</p><p>��Ryen! �Qu� sucede?</p><p>La reina viuda Moragh, cubierta con una capa y con la capucha subida para protegerse de la lluvia, corr�a hacia ellos. Parrick se retir� diplom�ticamente a los establos, mientras los hombres a caballo saludaban y clavaban los ojos en alg�n punto situado m�s adelante. Moragh se detuvo junto al caballo y levant� los ojos hacia su hijo.</p><p>Ryen relat� lo sucedido en unas pocas frases, y Moragh apret� los labios.</p><p>�Ya veo. Pensaba que Brythere hab�a estado descansando estas dos �ltimas horas... No hay duda de que alguien ha sido muy descuidado. �Suspir� fastidiada�. Si vas tras ella ser� mejor que te pongas en marcha. En cuanto a �ndigo...</p><p>�Tambi�n la traeremos de vuelta, si podemos encontrarla. Pero Brythere es m�s importante.</p><p>�S�, s�, desde luego. Pero �sabes qu� direcci�n tom�?</p><p>�Parrick la vio dirigirse al sur.</p><p>�Bueno, eso es algo; al menos no es tan est�pida como para dirigirse al bosque, con ese maldito loco andando suelto por ah�. �La reina viuda se apart� del caballo; luego, como si se le acabara de ocurrir, dijo�: �D�nde est� Vinar?</p><p>�En la antesala oeste detr�s del gran sal�n. La bruja ha llegado con la loba domesticada de �ndigo... Fue algo durante esa reuni�n lo que provoc� todo este embrollo, creo, aunque no he tenido tiempo de averiguar exactamente qu� ocurri�.</p><p>�Qu� extra�o... Dar� instrucciones a Jes para que les sirvan alguna cosa y les ofrezcan una explicaci�n. �Sonri� con cierta tristeza�. Ese pobre scorvio... Parece que hemos convertido en una costumbre el padecer inesperadas crisis. Debe de pensar que estamos locos.</p><p>Con la lluvia resbalando por los bordes de la capucha, Moragh contempl� c�mo Ryen y su grupo cabalgaban hacia las puertas, las atravesaban y se alejaban por el prado situado m�s all�. Dejando escapar un d�bil y cansado suspiro, dio media vuelta y regres� al interior de la ciudadela.</p><p>No fue hasta encontrarse a casi dos kil�metros de Carn Caille cuando �ndigo se dio cuenta de lo insensato de su actuaci�n. Tir� bruscamente de las riendas, obligando al caballo a pasar de un galope impetuoso a un medio galope, luego a un trote y, por fin, a un agradecido paso r�pido.</p><p>Volvi�ndose sobre la silla �ndigo mir� a la ciudadela, ahora apenas una masa borrosa bajo la lluvia, unas piedras grises recort�ndose en un cielo gris. Un tranquilo razonamiento regresaba a su mente tras el turbulento arrebato, y se sinti� rid�cula y avergonzada. �Qu� se hab�a apoderado de ella para reaccionar como lo hab�a hecho ante una loba que hablaba? Era comprensible que la sobresaltara..., �a qui�n no le habr�a sucedido?, pero la abrumadora emoci�n que hab�a brotado de su interior era mucho m�s intensa. Hab�a sentido una sensaci�n de aut�ntico p�nico, y con ella una inexplicable pero terrible punzada de dolor y desorientaci�n. No le hab�a importado m�s que una cosa en aquel momento: huir de los muros que la encerraban y poner entre ella y Carn Caille tanta distancia como le fuera posible.</p><p>�Por qu� se hab�a sentido tan aterrada? La mano que sujetaba las riendas descansaba inerte sobre el pomo de la silla y, al percibir la ausencia de control, el caballo se detuvo por completo y empez� a arrancar bocados de hierba primaveral. �ndigo sigui� sentada sin moverse, sin apenas darse cuenta de la lluvia que le empapaba las ropas y corr�a por sus cabellos, mientras segu�a con la cabeza vuelta en direcci�n a la ciudadela. Todo el asunto parec�a absurdo ahora, y un nuevo motivo de verg�enza era el recuerdo de la temeridad �casi arrogancia� con que hab�a irrumpido en los establos y exigido un caballo. No cualquier caballo, adem�s, sino el gris oscuro. �Por qu� este animal y no otro? Record� que, por un instante, su enmara�ado cerebro la hab�a convencido de que el caballo era de su propiedad, un viejo y conocido amigo. Pero eso era imposible. No pose�a un caballo propio, y lo cierto es que le resultaba una nueva sorpresa el darse cuenta de que sab�a montar. Era marino, y lo l�gico era que nunca se hubiera sentado sobre un caballo; pero, cuando salt� sobre la silla del animal, un seguro instinto hab�a aflorado a la superficie y se hab�a alejado al galope como si hubiera nacido sobre una silla de montar.</p><p>Nacido en una silla de montar... A lo mejor, pens� un poco alterada, lo que Vinar hab�a sugerido medio en broma era cierto. Tal vez s� ten�a alguna olvidada conexi�n con Carn Caille. En el instante en que la loba le hab�a hablado le hab�a dado la impresi�n de que en efecto exist�a un lazo, y algo se hab�a agitado en las profundidades de su subconsciente. Ese hab�a sido el motivo de su temor, comprendi� ahora; no la loba misma sino algo que la loba, por un ef�mero momento, hab�a parecido representar o recordarle.</p><p>Pero, si ella hab�a tenido parientes aqu�, o incluso si su nombre hab�a sido simplemente conocido, �por qu� no hab�a aparecido nadie a reclamarla? Ese enigma insinuaba alg�n desagradable secreto, algo oculto o que se le ocultaba a ella de forma deliberada. Pero �por qu�? <emphasis>�Por qu�?</emphasis></p><p>Sus ojos se concentraron de nuevo en la lejana mole de la ciudadela. Lo m�s probable era que alguien no tardar�a en salir tras ella. Vinar estar�a fren�tico, exigir�a una b�squeda... pero �ndigo no deseaba regresar todav�a. Necesitaba m�s tiempo antes de enfrentarse al inevitable c�mulo de preguntas, explicaciones y disculpas. Tiempo para estar sola. Tiempo para pensar.</p><p>Volvi�se al frente otra vez y oblig� al caballo a levantar la cabeza, a la vez que le golpeaba los ijares con los talones para que se pusiera al trote. Llevaba una buena delantera a cualquiera que saliera en pos de ella; seguir�a cabalgando un poco m�s a paso tranquilo, se conceder�a la oportunidad de tranquilizar sus alterados nervios y razonar un poco sobre la situaci�n. Con el sol invisible tras las nubes de tormenta resultaba dif�cil saber la direcci�n que hab�a tomado al salir de Carn Caille, pero el terreno que se extend�a ante ella parec�a f�cil, aunque yermo. Espole� al caballo a un medio galope r�pido y se dirigi� a la cima de una peque�a loma que ten�a delante. Desde lo alto podr�a girar a la derecha, donde una delgada franja de �rboles que se extend�a desde el bosque situado m�s all� de Carn Caille ofrec�a a la vez refugio y un lugar donde ocultarse. Regresar�a a la ciudadela antes del anochecer, y, si Vinar y sus anfitriones estaban enojados, sencillamente se disculpar�a lo mejor que pudiera, y esperar�a ser perdonada.</p><p>El caballo aminor� el paso al llegar a la cima de la loma, resoplando por el esfuerzo de esta �ltima ascensi�n, corta pero empinada, y se detuvo en lo alto de la escarpadura, una pendiente de unos quince metros que terminaba en un terreno de maleza reseca. Este deb�a de ser el borde de la gran tundra meridional; �ndigo sab�a que detr�s de ella se extend�an las vastas y vac�as llanuras de hielo polares donde ning�n ser humano se aventuraba jam�s...</p><p>�Excepto...�</p><p>El pensamiento pas� de forma repentina y asombrosa por su mente, y se le puso la carne de gallina. ��Excepto qui�n?� No pudo responder a la pregunta, pero en ese momento el miedo volvi� a atenazarla furioso. Hab�a algo all� fuera, algo en la tundra... �Una larga sombra, y una puerta, y no debo, no debo, NO DEBO...�</p><p>Se vio liberada violentamente del terror que la paralizaba cuando el caballo relinch� de improviso con un relincho fuerte y prolongado, los flancos temblando bajo ella. El animal mir� hacia la derecha; sus patas golpearon el suelo y enviaron una lluvia de piedras sueltas rodando por la ladera, e �ndigo vio lo que hab�a atra�do su atenci�n. Se acercaba otro caballo, que ascend�a con cuidado por la loma. Era una criatura totalmente blanca, y sobre su lomo hab�a una mujer joven, menuda y delgada, coronada. por una</p><p>brillante melena de cabellos rojo dorados.</p><p>�ndigo s�lo hab�a visto a la reina Brythere en una ocasi�n �y apenas por unos instantes� en el gran sal�n, pero el llamativo cabello era inconfundible. Brythere contemplaba a �ndigo con atenci�n y se percib�a un claro aire agresivo en su postura mientras espoleaba a su montura hacia adelante. En cuanto se encontr� al alcance de la voz, grit�:</p><p>��Qu� haces aqu�? �Qu� quieres? �Su voz sonaba aguda y enojada. �ndigo ten�a a�n los nervios alterados por la repentina punzada de terror, y mentalmente se puso en guardia.</p><p>��Qu� quer�is decir? �Tens� las riendas con dedos torpes, y el caballo agit� la cabeza nervioso�. �No quiero nada!</p><p>Brythere detuvo su montura en seco, y su ofendida mirada acribill� a la extranjera que hab�a osado dirigirse a ella con tan poco respeto.</p><p>��Te han enviado desde Carn Caille a espiarme? �exigi�.</p><p>��No, no me han enviado! �replic� �ndigo�. No tengo inter�s en vos. �Por qu� habr�a de tenerlo?</p><p>Brythere se mostr� claramente sobresaltada. Luego profiri� una carcajada nerviosa.</p><p>��Encuentro tus modales muy impertinentes, se�ora! �Sabes qui�n soy?</p><p>�S�. ��ndigo estaba m�s tranquila ahora, y su voz no mostraba emoci�n�. Sois la esposa del rey. �Se pregunt� de improviso por qu� hab�a dicho aquello; �la esposa del rey�, no �la reina�. Curioso.</p><p>Brythere frunci� la menuda y bien dibujada boca.</p><p>�S�, soy la reina Brythere. �Y t� eres...?</p><p>�Me dicen que mi nombre es �ndigo.</p><p>�Oh... �La expresi�n y porte de Brythere cambiaron�. Oh... la mujer que lleva el nombre del color del luto. La que ha perdido la memoria. �Hizo una pausa, mir� con atenci�n al caballo y luego con mayor atenci�n a�n el rostro de �ndigo�. Estabas en la audiencia p�blica ayer, �verdad? Con ese hombre rubio, el marinero scorvio. Os vi, justo antes... �Entonces decidi� no finalizar la frase. Una extra�a sonrisita, casi una mueca, asom� a las comisuras de sus labios, y bruscamente pareci� tranquilizarse�. No, ellos no te habr�an enviado a ti a seguirme. Muy bien, pues; puedes acompa�arme. Cabalgaremos juntas de regreso a Carn Caille.</p><p>El veloz cambio de actitud desconcert� a �ndigo, quien neg� con la cabeza.</p><p>�No quiero regresar �anunci�. A�n no.</p><p>��Qu�? �Prefieres cabalgar bajo esta lluvia torrencial, y arriesgarte a coger un resfriado o algo peor? �Haciendo caso omiso del hecho de que ella misma hab�a hecho precisamente lo mismo, Brythere volvi� a re�r. La carcajada result� artificial�. �Qu� tonter�a! Adem�s, el caballo que montas es uno de los m�os, y no pienso permitir que se exponga al mal tiempo de forma innecesaria. Regresaremos juntas.</p><p>La cuesti�n del caballo oblig� a �ndigo a ceder, pues, a menos que estuviera dispuesta a regresar a pie a la ciudadela, no estaba en posici�n de discutir. Cedi� de mala gana, y los dos animales giraron para regresar a casa. Durante unos minutos ninguna de las dos mujeres habl�; luego, inesperadamente, Brythere pregunt�:</p><p>��Qu� hac�as en la loma?</p><p>�Nada importante. ��ndigo la mir� de reojo.</p><p>Tuvo la impresi�n de que Brythere no la cre�a.</p><p>�Me diste la impresi�n de estar mirando algo �dijo la reina.</p><p>�S�lo el paisaje..., lo poco que pod�a ver de �l.</p><p>��La tundra?</p><p>��Por qu�?</p><p>La pregunta mostraba ahora un tono afilado, e �ndigo arrug� la frente.</p><p>��Deber�a tener un motivo especial?</p><p>�No; pero parece una elecci�n curiosa. Despu�s de todo no es lo que pudi�ramos llamar una vista atractiva. �La reina realiz� un curioso gesto que parec�a estar a medio camino entre un encogimiento de hombros y un escalofr�o�. Pero lo cierto es que incluso el m�s desolado de los paisajes puede resultar m�s agradable que la otra elecci�n.</p><p>Unos dedos helados rozaron la espalda de �ndigo.</p><p>��La otra elecci�n? �repiti� con cautela.</p><p>�Soportar las pesadillas que frecuentan las paredes de Carn Caille... �Por un momento el tono de Brythere fue pesaroso; luego, bruscamente, sus modales cambiaron otra vez y reapareci� en su rostro la brillante y poco convincente sonrisa�. Al fin y al cabo �dijo con estudiada indiferencia�, hay momentos, �no es as�?, en los que cualquier sitio puede resultar tedioso. Aun el propio hogar.</p><p>�ndigo la mir� sorprendida. Entre una frase y la siguiente la reina hab�a borrado el impacto de su primera observaci�n, retorci�ndola hasta convertirla en un comentario inofensivo. Era como si hubiera descartado �o incluso olvidado� que por un instante hab�a revelado por completo sus m�s �ntimos pensamientos. Pero, al hacerlo, hab�a provocado en �ndigo una turbadora sacudida.</p><p>Desde su primer y breve encuentro, la muchacha hab�a tenido muy claro que hab�a algo muy raro en la joven reina. No sab�a exactamente el motivo de la reyerta del d�a anterior en el gran sal�n, ya que, cuando los hombres que luchaban irrumpieron en el interior, Vinar la hab�a empujado detr�s de �l para que estuviera a salvo y su enorme mole le hab�a impedido ver nada, y en medio de todo aquel esc�ndalo no hab�a conseguido entender lo que gritaba el intruso. Pero hab�a visto c�mo se llevaban a Brythere de la sala, al parecer desmayada, y luego por la noche hab�a escuchado los lejanos gritos que la hab�an devuelto a la realidad despu�s de la terrible pesadilla sufrida, gritos que, seg�n hab�a descubierto, proced�an de los aposentos de la reina. En ese momento �ndigo se hallaba demasiado aturdida para percibir demasiados detalles; hab�a salido al pasillo, pero un criado que pasaba corriendo le hab�a asegurado que no hab�a nadie herido y que no hab�a nada de que preocuparse.</p><p>Esta ma�ana, sin embargo, hab�a averiguado el resto de la historia. Estas perturbaciones, al parecer, suced�an con regularidad, pues la reina se ve�a atormentada por pesadillas frecuentes y peri�dicas. El locuaz criado que le hab�a ofrecido tal informaci�n insinu� alguna forma de neurastenia, e �ndigo se hab�a preguntado en un principio si Brythere no estar�a loca. Pero la idea desapareci� en cuanto el sirviente dej� escapar inadvertidamente la naturaleza de los terrores de la reina: noche tras noche, Brythere so�aba que alguien intentaba asesinarla.</p><p>Escogiendo las palabras con cuidado, y sin dejar de observar a la reina de reojo, �ndigo dijo:</p><p>�Hab�is hablado de padecer pesadillas, se�ora. Yo tambi�n tuve una pesadilla anoche. Tengo entendido que fue... parecida a la vuestra.</p><p>Brythere volvi� la cabeza violentamente.</p><p>��Parecida?</p><p>�Un asesino. Con un cuchillo.</p><p>La boca de la reina se movi� unos instantes, como si hubiera estado a punto de gritar. Luego ech� hacia atr�s la cabeza, haciendo volar gotas de lluvia de la empapada masa de sus cabellos.</p><p>�Lo que acabas de revelar no me sorprende, �ndigo. �Sus labios hicieron una nueva mueca�. Desafiar�a a cualquiera a vivir un tiempo entre esas paredes sin so�ar tales cosas. �Hubo una larga pausa, mientras los caballos segu�an avanzando al trote�. Pero no debes preocuparte por ello. T� no tienes nada que temer. �se, creo, es mi privilegio.</p><p>La nota de amargura hab�a vuelto a aparecer en su voz. Perpleja, y un poco desconcertada, �ndigo quiso preguntar qu� era lo que Brythere hab�a querido decir con su enigm�tico comentario, pero antes de que pudiera formular una pregunta la reina volvi� a hablar.</p><p>�Preferir�a no hablar m�s del tema de los sue�os �declar� con firmeza�. No es ni divertido ni agradable. �Me explico con claridad?</p><p>�S�. Aunque... �respondi� �ndigo con un suspiro.</p><p>�<emphasis>�No!</emphasis> �El tono de Brythere era firme, casi feroz�. Por favor. Nos limitaremos a cabalgar, y a no decir nada m�s. �Sacudi� las riendas de su yegua�. �Oh!, una cosa m�s. Es probable que el rey haya enviado hombres a buscarme, y puede que encontremos a la partida de b�squeda antes de llegar a las puertas. Si es as�, no quiero que repitas una palabra de esta conversaci�n a nadie.</p><p>�Como dese�is.</p><p>�ndigo comprendi� que de nada serv�a intentar discutir con ella. Brythere no se dejar�a convencer para revelar el secreto que se ocultaba bajo sus sue�os. Pero las palabras de la reina la obsesionaban. �Desafiar�a a cualquiera a vivir un tiempo entre esas paredes sin so�ar tales cosas.� Tal vez, pens� �ndigo, el secreto ten�a menos que ver con Brythere que con el mismo Carn Caille.</p><p>Apart� ese pensamiento de su cabeza y se concentr� en el sendero que segu�an. Los dos caballos hab�an acelerado el paso sin que los instaran a ello, presintiendo que se dirig�an a casa y ansiosos por la comodidad y abrigo de sus establos. Por entre la lluvia, Carn Caille se alzaba cada vez m�s cerca, s�lido y un tanto l�gubre, mientras que a lo lejos, a su izquierda, el bosque se extend�a en una enorme mancha de color gris verdoso. Al mirarlo, �ndigo percibi� una d�bil resonancia que podr�a haber sido un recuerdo perdido �un mar encrespado extendi�ndose de horizonte a horizonte, y el balanceante trote de su montura como el bamboleo de la cubierta de un barco� y, como hab�a hecho en tantas ocasiones anteriores, intent� atrapar la atormentadora insinuaci�n y obligarla a mostrarse con claridad. Pero su cerebro se resisti� a sus esfuerzos, como siempre hac�a, y el recuerdo se neg� a materializarse. Volvi� a suspirar, y estaba a punto de desviar la mirada cuando vio algo que sal�a del linde del bosque y se dirig�a a Carn Caille. Por un momento, desdibujado por el mal tiempo, dio la impresi�n de que uno de los �rboles se hab�a separado de sus compa�eros y se deslizaba por el prado en direcci�n a la fortaleza; luego, bruscamente, se detuvo, e �ndigo comprendi� que quienquiera que fuera las hab�a visto.</p><p>Se�al� el prado, atrayendo la atenci�n de Brythere. �Si el rey ha enviado gente a buscarnos, se�ora, creo que uno de ellos al menos nos ha descubierto.</p><p>Brythere dio un tir�n a las riendas de su montura, la cual se par� en seco resbalando sobre el suelo mojado. ��D�nde? �Atisbo en la penumbra�. No veo a nadie. �Ah� �se�al� �ndigo�. A mitad de camino entre Carn Caille y el l�mite del bosque. �La lejana figura era la de un hombre, como pudo comprobar ahora; estaba envuelto en una capa y era imposible distinguir ning�n detalle de su cuerpo o rostro, pero su figura y forma de andar no eran las de una mujer. Y volv�a a moverse ahora�. Nos ha visto. Viene hacia nosotras.</p><p>La yegua de Brythere se sacudi� de repente, y la reina dio un violento tir�n a las riendas.</p><p>��Quieta, bestia est�pida! �Luego dirigi� una amplia sonrisa a �ndigo�. Apenas puedo distinguirlo. Debes de poseer una vista excelente, supongo que por haber pasado la vida en el mar. �Ah, bien!, seguiremos adelante. No puede tratarse de Ryen porque ir�a a caballo, y no pienso dejarme intimidar por criados. Vamos.</p><p>Espole� a la yegua al frente de nuevo y ambas echaron a trotar sobre la hierba. La lejana figura segu�a dirigi�ndose hacia ellas, aunque ahora su trayectoria parec�a algo irregular, como si el camino se hubiera vuelto accidentado.</p><p>Y, aunque no pod�a estar segura, a �ndigo le pareci� escuchar que el viento transportaba un sonido ahogado que se superpon�a al constante siseo de la lluvia. El sonido de alguien que gritaba...</p><p>�Montas muy bien para ser un marino, �ndigo. �La voz de Brythere interrumpi� de repente los pensamientos de la joven�. Supongo que no puedes recordar, ahora, d�nde aprendiste...</p><p>�No. ��ndigo clav� los ojos en los de la reina.</p><p>�Es una l�stima. Podr�a haber...</p><p>No termin� de hablar. Hab�a vuelto a tirar de las riendas, obligando a la yegua a ir al paso a su pesar, e �ndigo sigui� adelante varios metros antes de darse cuenta y hacer lo propio para mirar a su espalda, perpleja.</p><p>��Se�ora...?</p><p>Brythere ten�a los ojos fijos en la figura que se acercaba, y que ahora segu�a una trayectoria que les cortar�a el paso antes de que llegaran a Carn Caille. La reina temblaba violentamente.</p><p>��Detente! �sise�. �Deprisa!</p><p>�ndigo oblig� a su montura a detenerse, control�ndola con firmeza cuando �sta</p><p>intent� resistirse. La reina permanec�a r�gida en su montura.</p><p>��Qui�nes? �exigi� Brythere, la voz ronca por el miedo�. �Qui�n es?</p><p>�No lo s�. �Curiosa, y desconcertada por su tono de voz, �ndigo la mir� de soslayo�. Un hombre, pero no puedo distinguir detalles desde aqu�.</p><p>��Viene hacia nosotras! �Brythere empez� a temblar otra vez�. �Se est� colocando entre nosotras y la ciudadela!</p><p>Confusa, �ndigo intent� tranquilizarla.</p><p>�Pero... no es m�s que un solo hombre, como dijisteis; probablemente uno de vuestros propios criados.</p><p>��No! �exclam� Brythere�. �No, es <emphasis>�l</emphasis> �S� que es �l!</p><p>De pronto, espole� los costados de su yegua con violencia y lanz� al animal a un galope continuado. Demasiado sobresaltada para reaccionar, �ndigo vio c�mo la yegua blanca, una mancha en la lluvia, volaba sobre el terreno a una velocidad suicida mientras la reina cabalgaba desesperadamente en direcci�n a las puertas de Carn Caille. Intentaba ganar a la figura tambaleante que ahora giraba para interceptarla; a trescientos metros de la ciudadela sus caminos se cruzaron, e �ndigo vio que los brazos del hombre se agitaban en el aire intentando atrapar a Brythere. Lleg� demasiado tarde. La reina pas� al galope a menos de tres pasos de sus manos; �stas se cerraron en el vac�o, y el hombre se desplom� pesadamente sobre el suelo.</p><p>Alarmada, �ndigo espole� su caballo hacia la figura ca�da. Brythere se detuvo algo m�s adelante e hizo girar el caballo para mirar atr�s; su voz cubri� la distancia entre ambas, aunque �ndigo no pudo o�r lo que gritaba. Todo lo que pensaba era que el extra�o pod�a haber chocado con el caballo de la reina y estar herido, pero al acercarse vio que se mov�a y se pon�a en pie vacilante. Cuando estuvo lo bastante cerca para verlo con claridad comprendi� qu� era lo que le suced�a. El hombre no estaba herido... pero s� borracho. De nuevo en pie, se balanceaba como un arbolillo en un vendaval, y se esforzaba por sacar de entre los pliegues de su mugrienta capa un odre de vino sin tap�n; derram� su contenido sobre s� mientras luchaba neciamente, sin dejar ni un momento de farfullar en una ininteligible voz sin expresi�n. No obstante su estatura, mayor de lo normal, �ndigo se dio cuenta de que era un anciano. Mechones de grasientos cabellos blancos se escapaban de debajo de la capucha de su capa, y las manos que se aferraban al odre estaban arrugadas y deformadas, �ndigo sinti� una oleada de repugnancia pero fue incapaz de seguir galopando y dejarlo ah� en ese peligroso estado. Hizo girar la cabeza de su montura y empez� a acercarse a �l.</p><p>���ndigo! �La voz de Brythere aull� enloquecida desde la distancia que las separaba�. ��ndigo <emphasis>no, no!</emphasis></p><p>En el mismo instante en que la reina gritaba, �ndigo vio que detr�s de ella las puertas de Carn Caille se hab�an abierto y sal�an varios jinetes. Brythere volvi� a gritar, y un hombre voce� una respuesta; la voz parec�a la de Ryen, y al dirigir una veloz mirada a la ciudadela �ndigo vislumbr� al rey a la cabeza de los jinetes que se acercaban. El anciano tambi�n hab�a visto a los jinetes, y proferido un alarido sorprendente, casi el ga�ido de dolor de un animal. Sus manos se inmovilizaron de golpe; el odre de vino cay� al suelo, y su contenido se derram� sobre la hierba. Luego, en lo que pareci� ser un arranque de terror o rabia o ambas cosas, una voz cascada y fren�tica surgi� de debajo de la capucha y chill� a los hombres que se aproximaban.</p><p>��Regresad! �Dejadme! �DEJADME EN PAZ!</p><p>Con una velocidad y agilidad sorprendentes, el anciano dio media vuelta y ech� a correr, �ndigo estaba detr�s de �l; el hombre no la hab�a visto, y el caballo levant� las patas delanteras cuando el hombre se precipit� directamente contra ellos. Profiriendo un nuevo ga�ido, el anciano se desvi� a un lado a tiempo de evitar la colisi�n, pero perdi� el equilibrio, dio un traspi� y estuvo a punto de caer. Mientras agitaba los brazos violentamente para recuperar el equilibrio, la capucha de la capa cay� hacia atr�s, y, justo antes de que se enderezara y echara a correr como una liebre, �ndigo pudo verle el rostro.</p><p>Y la sorpresa la sacudi� como un mazazo al reconocer al hombre que, la noche anterior en sus sue�os, hab�a intentado asesinarla.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 12</strong></p></title><empty-line/><p>�Se nos escap�. �El rey Ryen se quit� el abrigo, y el sirviente que hab�a entrado en la habitaci�n con �l se apresur� a adelantarse para recoger la empapada prenda�. S�lo la Madre Tierra sabe c�mo un hombre de su edad posee la rapidez y energ�a para esquivar a hombres a caballo, pero lo consigui�. �Mientras el sirviente se marchaba con el abrigo, el monarca flexion� los hombros, estir� los brazos y se acerc� al fuego para calentarse.</p><p>�La camisa tambi�n est� mojada, Ryen �dijo la reina viuda desde su asiento en el lado opuesto de la chimenea�. Deber�as cambi�rtela, o te resfriar�s.</p><p>�Ya lo har�, madre. �Le dedic� una sonrisa para demostrar que se sent�a menos irritado de lo que su voz daba a entender, pero su expresi�n cambi� enseguida al darse la vuelta para inspeccionar los rostros de las otras dos personas presentes en la habitaci�n, que se hab�an puesto en pie al entrar �l.</p><p>��D�nde est�n Brythere e �ndigo? �pregunt� Ryen.</p><p>�Sec�ndose y cambi�ndose de ropas �respondi� Moragh �. Se reunir�n con nosotros enseguida. Pero, antes de que lo hagan, hay algo que deber�as o�r...</p><p>�Lo que quiero o�r �interrumpi� Ryen� es una explicaci�n. �Su mirada se clav� en Vinar, no enteramente sin rencor�. Sin duda tu dama tendr�a alg�n motivo para salir corriendo de la ciudadela, robar un caballo que no le pertenece y...</p><p>�Ryen �dijo Moragh con voz aguda, y su tono lo hizo callar�, si me lo permites... �El se volvi� con el entrecejo fruncido, y la reina viuda continu�: Los motivos de �ndigo pueden esperar hasta m�s tarde. Vinar ya la ha reprendido y yo tambi�n, y estoy segura de que tambi�n desear� disculparse ante ti por su insensatez. Pero esto es un poco m�s importante. Se refiere a Perd.</p><p>��Oh! �La frente de Ryen se arrug� a�n m�s.</p><p>�S�. Parece �Moragh dirigi� una significativa mirada a Vinar� que �ndigo ya hab�a visto a Perd antes. �Hizo una pausa�. En un sue�o.</p><p>Vinar mir� al rey, inc�modo y bastante confuso, ya que no comprend�a la preocupaci�n de la reina viuda por aquel asunto, que era totalmente nuevo para �l. �ndigo y Brythere hab�an recibido una turbulenta recepci�n a su regreso a Carn Caille. Al o�r el resonar de cascos de caballos en el patio, Vinar hab�a corrido al exterior con Niahrin pis�ndole los talones; mientras las dos mujeres desmontaban, hab�a aparecido la reina viuda en escena y hab�a habido un torrente de discusiones, reprimendas y expresiones de entremezclado alivio y enojo. En medio de todo el alboroto, Vinar hab�a intentado preguntar a �ndigo qu� se hab�a apoderado de ella para que huyera como lo hab�a hecho, pero la muchacha hab�a hecho caso omiso de sus preguntas. Con el rostro enrojecido y aspecto febril, hab�a empezado a hablar de modo apremiante sobre una pesadilla y un anciano loco. Su alteza lo hab�a o�do y hab�a intervenido de repente, y ante el desconcierto de Vinar se hab�an llevado de all� a la reina y a �ndigo antes de que �l pudiera decir nada m�s. En estos momentos, el scorvio se encontraba en una habitaci�n con su alteza y Niahrin, y ahora el rey en persona hab�a entrado, y todav�a nadie le hab�a explicado qu� suced�a.</p><p>�Madre, no comprendo �dijo Ryen�. �Qu� quieres decir con que �ndigo conoci� a</p><p>Perd en un sue�o?</p><p>�Fue anoche �le explic� Moragh�. Al parecer sufri� una pesadilla en la que vio a dos figuras que se acercaban a su lecho. Una de ellas ten�a un cuchillo, y ella vio su rostro con toda claridad. Era Perd.</p><p>�Diosa bendita... �El rostro del rey palideci� bajo su bronceado�. �Est�s segura?</p><p>�Por completo. Interrogu� a �ndigo yo misma. No hay duda de ello, Ryen; ha tenido el mismo sue�o que ha estado atormentando a Brythere durante tanto tiempo... y sucedi� la primera noche que pasaba bajo nuestro techo.</p><p>�Eh, esperad �intervino Vinar. Los dos lo miraron sorprendidos, y �ste se apresur� a realizar una reverencia a modo de disculpa�. Se�or..., se�ora..., con todo el debido respeto... Si hay alguien que ha estado amenazando a �ndigo y del que yo no s� nada...</p><p>�No, no, Vinar. �Moragh le palme� el brazo en un gesto tranquilizador�. Nadie la amenaza. Fue un sue�o, como ella intentaba decirte en el patio. Anoche...</p><p>�S�, s�, lo o�. �En circunstancias normales, Vinar no habr�a tenido la temeridad de interrumpirla, pero su preocupaci�n por �ndigo dejaba a un lado todo lo dem�s�. La escuch� decir que hab�a tenido una pesadilla. Pero ahora dec�s que vio a alguien en su sue�o que intentaba matarla, �y que ese alguien es real!</p><p>�Bien, s�. Pero no es a �ndigo a quien quiere matar, Vinar. C�mo consigui� ella, no s�, captar ese hilo, tal vez en su subconsciente, no puedo ni imaginarlo. Pero no existe duda de que so�� con ese hombre anoche, y que ella y Brythere se toparon hoy con �l de regreso a Carn Caille. �En su rostro apareci� una sonrisa glacial�. Como he dicho, no es a �ndigo a quien Perd Nordenson quiere matar. Es a nosotros.</p><p>��l debe de ser uno de los pocos hombres vivos que puede recordar la gran peste � dijo Ryen�. O, m�s bien, que <emphasis>podr�a</emphasis> recordarla, ya que parece que no tiene en absoluto un claro recuerdo del pasado. No existe duda, como Niahrin tambi�n parece creer � se�al� con la cabeza a la bruja�, de que Perd est� totalmente loco ahora.</p><p>Moragh lanz� un bufido ahogado.</p><p>��Ahora?</p><p>�Madre... �El monarca la mir� con aire cansado, y ella se encogi� de hombros.</p><p>�A lo mejor fui demasiado indulgente �continu� Ryen�, y habr�a sido mejor para todos nosotros si hubiera hecho eliminar a Perd como mi..., como algunas personas pensaban que deb�a hacer. Pero Perd sirvi� a mi familia durante muchos a�os, y sirvi� a la familia del rey Kalig antes de eso. S�lo la buena Madre Tierra sabe lo que debi� de sufrir durante la plaga; qu� familiares y amigos perdi�, qu� penas se ha visto obligado a sobrellevar. Debe de haber sido suficiente para sembrar las semillas de la locura en cualquier hombre, y no se lo puede culpar por aquello en lo que se ha convertido como resultado.</p><p>Moragh no se mostraba impresionada �se trataba de un viejo tema de disputa�, pero Vinar clav� los ojos en sus botas y frunci� el entrecejo mientras intentaba reconciliar los razonamientos del rey con el odio ciego que experimentaba por principio contra Perd Nordenson. Fue Niahrin quien finalmente rompi� el silencio. �Mi se�or..., alteza..., si puedo atreverme a decirlo, creo que el rey tiene raz�n. �Se daba cuenta de que Vinar la observaba con indecisa hostilidad, pero sigui� adelante�. No puedo afirmar conocer bien a Perd, pero durante los a�os que vivi� en el bosque no fue jam�s un peligro para nadie. Loco, desde luego, y sin que ninguno de nuestros conocimientos humanos pueda hacer nada por �l; pero no es un hombre malvado. �Un recuerdo parpade� en su mente; <emphasis>Grimya,</emphasis> con el lomo erizado y gru�endo con voz ronca: ��Maligno..., maligno!�, y se estremeci� de improviso. Pero Perd siempre hab�a odiado a los lobos...</p><p>�El cerebro de Perd Nordenson est� muy enfermo �sigui�, apartando la duda de su mente�. Y sospecho que su obsesi�n con la reina lo ha perjudicado a�n m�s, hasta el punto de que cree que sois vos, mi se�or, y su alteza quienes se interponen entre �l y sus insatisfechas ansias. Los ojos de Moragh se iluminaron interesados. ��Intentas decir que �se es el motivo por el que ha atentado contra nuestras vidas? �Porque somos obst�culos a su deseo por Brythere?</p><p>El ojo sano de Niahrin sostuvo la mirada de la reina viuda con candidez.</p><p>�La verdad es que no lo s�, se�ora. Pero dijisteis, creo, que Perd nunca intent� hacer realmente da�o a la reina.</p><p>�Unicamente la segu�a y asustaba; y el resto ha sido todo en sus sue�os �murmur� Ryen, pensativo�. S�..., s�, empieza a tener sentido...</p><p>�No �intervino Moragh de repente�; te equivocas, Ryen. �Sus ojos segu�an fijos en la bruja�. La teor�a de Niahrin est� muy bien, pero pasa por alto un punto vital, y no es mi intenci�n menospreciarte, querida �agreg� dirigi�ndose a Niahrin�, ya que no ten�as forma de saberlo. Pero nuestros problemas con Perd Nordenson retroceden m�s en el tiempo. Empezaron cuando mi hijo no era m�s que un ni�o de pecho. Se atent� contra la vida de mi esposo, de hecho, contra las vidas de todos nosotros, en aquellos tiempos, y estos atentados no pod�an tener la menor relaci�n con Brythere, �pues ella ni siquiera hab�a nacido! No; Brythere puede haber a�adido una dimensi�n extra al odio que Perd siente por nosotros, puede haberle dado un nuevo acicate y un nuevo foco de atenci�n, pero no es ella la causa. La causa, estoy segura, es m�s profunda y mucho m�s antigua. �Frunci� el entrecejo�. Mucho, mucho m�s antigua.</p><p>�Entonces �c�mo es que �ndigo se ve involucrada? �medi� Vinar�. Ella no tiene nada que ver con ese loco de Perd y tampoco tiene nada que ver con la reina. �Sin embargo ahora sufre el mismo sue�o, y parece como si Perd quisiera hacerle da�o a ella tambi�n! No comprendo nada.</p><p>�No eres el �nico, Vinar �dijo Ryen con iron�a. Dirigi� una mirada a Niahrin�. �Tienes alguna respuesta?</p><p>�Ninguna de la que pueda estar segura, se�or �respondi� ella, meneando la cabeza.</p><p>El rey lanz� un profundo suspiro.</p><p>�Y a todo esto a�n falta responder a la pregunta de qu� se hace con Perd ahora. Est�bamos tan convencidos de que este problema hab�a acabado y que jam�s volver�amos a verlo... �Por qu� se le meti� en su anormal cerebro regresar aqu�?</p><p>Niahrin se hab�a estado haciendo la misma pregunta, pero no dijo nada. Por fin Moragh se puso en pie.</p><p>�Sean cuales sean sus razonamientos, tendremos que estar atentas a partir de ahora.</p><p>Y creo que nuestra primera prioridad deber�a ser asegurarnos de que Perd no pueda regresar a Carn Caille.</p><p>Ryen gru�� su asentimiento.</p><p>�Hace mucho tiempo que no se monta una aut�ntica guardia en las puertas, pero me ocupar� de que se haga. Aunque despu�s del susto que le hemos dado hoy dudo que Perd tenga la audacia de volver a acercarse a la ciudadela.</p><p>�No podemos m�s que esperar que sea as� �dijo la reina viuda�. Y, entretanto... �sonri� a Vinar y a Niahrin con repentina simpat�a�, hemos de procurar que la estancia de nuestros invitados resulte m�s agradable de lo que ha sido hasta ahora. La misi�n de Vinar no est� ni mucho menos resuelta, y Niahrin se ha tomado muchas molestias para traer a la loba domesticada aqu� para que se reuniera con su due�a.</p><p>Niahrin le devolvi� la sonrisa con una leve expresi�n sarc�stica.</p><p>�Por desgracia, se�ora, hasta ahora no ha resultado una reuni�n feliz. �Hizo como si no viera la dura mirada lanzada por Vinar.</p><p>�No �asinti� Moragh�. No, no lo ha sido. Tengo entendido que los lobos son tan leales como los perros; la pobre criatura debe de sentirse muy desdichada ante el rechazo de �ndigo. Bien; yaceremos lo que un poco de tiempo puede hacer. Vinar e �ndigo permanecer�n en Carn Caille mientras realizamos investigaciones sobre la cuesti�n de localizar a la familia de la muchacha. Tambi�n me gustar�a que te quedaras t�, querida. Tengo la impresi�n de que la loba te ha tomado cari�o, de modo que tu presencia ser� de gran ayuda. No, no �se apresur� a a�adir al ver que Niahrin, asombrada, protestaba que no era digna de tal invitaci�n�, eres una invitada realmente bienvenida, e insisto en que te quedes.</p><p>El significado de sus �ltimas palabras escap� a Vinar y a lo mejor tambi�n a Ryen, ya que �ste miraba por la ventana, con los pensamientos en otra parte. Pero desde luego no escap� a Niahrin. La bruja inclin� la cabeza humildemente.</p><p>�Desde luego, se�ora. Lo que dese�is. Muchas gracias.</p><p>Por voluntad de la reina viuda todos los hu�spedes fueron invitados a cenar en el gran sal�n esa noche. En un principio la perspectiva horroriz� a Niahrin, al imaginar un espl�ndido banquete ceremonioso en que ella, con su desfigurado rostro y sus burdas ropas, destacar�a vergonzosamente entre tan eminente compa��a. Pero Mitha, la alcaidesa de rostro siempre sonriente, asegur� a la bruja que no ten�a nada que temer. Todo el mundo desde el m�s alto al m�s bajo asist�a a la cena, dijo Mitha; era una actividad comunal de se�ores y sirvientes, y la mayor�a de las veces la familia real no estaba presente. Si Niahrin lo deseaba, le prestar�a un traje m�s elegante para la ocasi�n �las dos ten�an aproximadamente la misma talla� pero era probable que la bruja se sintiera m�s fuera de lugar si se engalanaba que si se limitaba a llevar sus ropas acostumbradas. Niahrin se sinti� tranquilizada y empez� a esperar el momento con ansia, pero, como se vio m�s adelante, iba a sufrir una decepci�n. <emphasis>Grimya,</emphasis> que por el momento compart�a la habitaci�n de Niahrin, segu�a sumida en una profunda melancol�a por lo ocurrido con �ndigo y tambi�n la aterrorizaba que Vinar fuera a olvidar su promesa y revelara su secreto al rey. Se neg� en redondo a dejarse ver en el sal�n, no obstante el hecho de que no habr�a habido inconveniente para llevarla, y Niahrin sinti� que en conciencia no pod�a dejarla sola con su pena. Discutieron; hubo un momento en que se encontraron en un callej�n sin salida pero al fin Niahrin se sali� con la suya. O iban las dos o las dos se quedaban, dijo, y si <emphasis>Grimya</emphasis> no quer�a ir de ninguna manera, entonces la cuesti�n quedaba zanjada. De modo que se acord� con Mitha que Niahrin ir�a a la cocina y se traer�a una bandeja de comida para ella y otra para la loba, y la bruja ahog� su desilusi�n y se conform� con la perspectiva de una velada sin incidentes.</p><p>No hab�a existido reconciliaci�n �si era �sta la palabra correcta� entre <emphasis>Grimya</emphasis> e �ndigo. Lo cierto es que ni se hab�an vuelto a ver desde aquel primer fugaz y desafortunado encuentro, y la desolaci�n de la loba era tal que no estaba dispuesta a dar el primer paso. Si �ndigo ya no la recordaba, dijo, y ya no deseaba su amistad, entonces ella ya no ten�a valor para intentar hacerla cambiar de opini�n.</p><p>Sin embargo, s� hab�a cedido un poco en su actitud hacia Vinar. Un poco antes el scorvio hab�a pedido a Niahrin si pod�a hablar unos minutos a solas con la loba, y, con el cauteloso consentimiento de <emphasis>Grimya,</emphasis> Niahrin los hab�a dejado solos para que hablaran. Cuando regres�, Vinar aguardaba fuera de la habitaci�n. No le cont� lo que �l y <emphasis>Grimya</emphasis> se hab�an dicho y Niahrin no pregunt�, pero estaba claro que ambos hab�an llegado a una especie de tregua, y si el enga�o de Vinar no quedaba totalmente perdonado al menos era comprendido y, en parte, disculpado.</p><p>�Pobre <emphasis>Grimya</emphasis> �dijo Vinar, volviendo la cabeza hacia la puerta cerrada y bajando la voz para que la loba no lo oyera�. Lo ha tomado muy mal. �Gir� la cabeza, y sus preocupados ojos azules se clavaron en Niahrin�. No s� qu� puedo hacer por ella, pero si hay algo me lo dir�s, �verdad?</p><p>�Lo har�; lo prometo. �Niahrin sent�a aprecio por Vinar, y empezaba a sentir l�stima por �l. En medio de toda aquella mara�a de misterio que rodeaba a �ndigo, daba la impresi�n de que era �l la v�ctima m�s inocente.</p><p>Iba a levantar el pestillo de la puerta y a entrar, cuando �l le toc� el brazo.</p><p>�Neenn... �La forma en que pronunci� su nombre hizo aflorar una sonrisa a sus labios que reprimi�. <emphasis>Grimya</emphasis> me explic� por qu� nunca me confes� que pod�a hablar. Dice que prometi� a �ndigo, hace mucho tiempo, no revel�rselo a nadie a menos que �ndigo se lo permitiera. Eso est� muy bien; lo comprendo. Pero �por qu� no confi� en m� �ndigo? Yo no har�a da�o a <emphasis>Grimya, y</emphasis> ella lo sab�a desde hac�a tiempo. <emphasis>Grimya</emphasis> y yo �ramos muy buenos amigos. �Por qu� no confi� en m�?</p><p>Niahrin sacudi� la cabeza sin saber qu� responder.</p><p>�T� conoces a �ndigo mejor que yo, Vinar. �C�mo decirte cu�les pueden haber sido sus motivos?</p><p>�Ya, ya. �No estaba satisfecho pero comprend�a lo l�gico de su respuesta�. Pens� que..., bueno, como t� eres una bruja... a lo mejor sabes cosas que yo no s�; ves cosas que yo no veo. Pero, en fin, no tiene remedio.</p><p>�Lo siento �repuso Niahrin. Luego, tras una pausa, a�adi�: Cuando <emphasis>Grimya</emphasis> y t� hablasteis, �coment� algo m�s sobre vuestro compromiso? �Vio c�mo la expresi�n de Vinar se endurec�a y sigui� con rapidez�: No es cosa m�a, lo s�, pero...</p><p>�No �interrumpi� �l�. Est� bien, no me importa. �Suspir�, y la moment�nea desconfianza desapareci�. No dijo nada. S� que est� enojada por lo que hice; cree que hice trampa, y por eso todav�a no le gusta la idea, pero tal vez con el tiempo ceder�.</p><p>��Y t� qu� piensas? �inquiri� Niahrin con suavidad.</p><p>��Yo? �El rostro de Vinar enrojeci� ligeramente�. Bueno... �oh dulce Madre del Mar, yo le habr�a confesado a �ndigo la verdad! No habr�a seguido adelante, ni me habr�a casado con ella, sin que supiera que no hab�a dicho s� antes. Ella no quer�a, �sabes? No estaba de acuerdo. Pero estoy seguro de que, si no hubi�ramos naufragado, habr�a acabado por aceptar; todo lo que necesitaba era un poco m�s de tiempo. Cre�a eso, lo <emphasis>sent�a</emphasis> en mis huesos, �comprendes? De modo que me dije: de este modo..., de este modo, al menos tendr� tiempo. Y cuando le diga la verdad, me perdonar� y se casar� conmigo igualmente. �Dej� caer la cabeza sobre el pecho�. Eso es lo que pens�, Niharin. No la habr�a enga�ado. No soy esa clase de hombre.</p><p>�No �dijo Niahrin�, no creo ni por un momento que lo seas.</p><p>El hombre enrojeci� a�n m�s y removi� los pies nervioso.</p><p>�Bien... me alegro de haber hablado con <emphasis>Grimya,</emphasis> de todos modos. Ser� mejor que me vaya, o llegar� tarde al sal�n. �Entonces su expresi�n se anim� un poco�. Habr� m�sica. A lo mejor permiten que �ndigo toque.</p><p>��Toque? �repiti� Niahrin, asombrada; luego record� algo que <emphasis>Grimya</emphasis> le hab�a contado�. Oh... s�, ella sabe tocar, �no es cierto? Toca el arpa.</p><p>�M�s que eso �dijo Vinar con peculiar �nfasis�. M�s que eso. O as� era... Te deseo buenas noches. Y te doy las gracias.</p><p>Hizo una reverencia en el curioso y pomposo estilo de los scorvios, y dej� a Niahrin pregunt�ndose por qu�, de repente, sent�a un hormigueo en las puntas de los dedos.</p><p>As� pues ten�an ante ellas toda la tarde y la larga noche. <emphasis>Grimya</emphasis> parec�a dormir; Niahrin pens� que fing�a porque no deseaba hablar, pero la bruja no encontr� motivo para obligarla en contra de su voluntad. Hab�a descargado la carretilla, aunque la guardaba en la habitaci�n por si <emphasis>Grimya</emphasis> la necesitaba, y las pocas pertenencias que hab�a llevado estaban ahora distribuidas por la habitaci�n; una muda cuidadosamente doblada sobre el arc�n de roble, el garrote de Cadic apoyado incongruentemente junto a la chimenea, y el tapiz... Bueno, esa era otra cuesti�n. El tapiz se encontraba en el interior del arc�n ahora, donde una mirada casual no pod�a descubrirlo. Niahrin hab�a resistido la tentaci�n de volver a mirarlo, consciente de que sus enigm�ticos secretos no empezar�an a darse a conocer hasta que llegara el momento justo y consciente tambi�n de que ese momento no hab�a llegado. Hab�a llevado consigo su flauta, y, con la idea de hacer pasar una hora o dos, se llev� el instrumento a los labios y empez� a tocar tranquilamente. La iluminaci�n de la habitaci�n era suave, el fuego acogedor y relajante, y los �ltimos d�as hab�an hecho mella en sus fuerzas, de modo que cuando empez� a sentirse adormilada no se rebel� contra la sensaci�n. Resultar�a agradable dormitar en este c�modo sill�n con los pies tost�ndose ante el fuego. A lo mejor, medio dormida, conseguir�a recordar la canci�n que <emphasis>Grimya</emphasis> le hab�a ense�ado; la canci�n de cuna...</p><p>Sus dedos se movieron despacio, de modo experimental, sobre los agujeros, y brot� una nueva serie de notas que no formaban parte de la canci�n que intentaba recordar pero que le gustaron. Volvi� a interpretarlas, y luego una tercera vez, modulando un poco la melod�a.</p><p>Entonces vio que las llamas del hogar empezaban a balancearse al ritmo de su m�sica.</p><p>El ojo sano de Niahrin se abri� de par en par, y la mujer clav� la mirada en el fuego. Su interpretaci�n vacil�, y las llamas parecieron hacer otro tanto, como esperando a que ella continuase. Con gran suavidad, con sumo cuidado, emiti� un gorjeo con la flauta, y las llamas volvieron a estremecerse. Y Niahrin comprendi� lo que hab�a hecho.</p><p>Jam�s hab�a pose�do el talento, aunque sab�a que aquello exist�a y hab�a visto c�mo otros realizaban aquella magia. La palabra con que los isle�os la defin�an era <emphasis>aisling: </emphasis>una creaci�n b�rdica, hecha de palabras o simplemente de m�sica, que, por breves instantes, pod�a apartar la cortina que separaba el mundo consciente de los mundos elementales del sue�o y las visiones. Im�genes en el fuego... Ve�a c�mo se formaban, percib�a c�mo intentaban llegar a ella. Rostros entrevistos como a trav�s de una neblina, rostros desconocidos; y ecos de voces que sus sentidos le dijeron que pertenec�an a otras �pocas y otros planos de existencia. Y en alguna parte una mujer lloraba y se lamentaba...</p><p>Le temblaron los dedos, pero la m�sica se mantuvo firme. Las temblorosas notas ascend�an y descend�an, componiendo una triste melod�a que no conoc�a, que nunca antes hab�a o�do, pero que sin embargo interpretaba como si fuera suya. Entonces, d�biles y lejanos como una brisa de verano en el bosque, Niahrin escuch� las notas de un arpa que empezaban a mezclarse y combinarse con su m�sica. Contuvo la respiraci�n sorprendida, interrumpiendo casi la melod�a; la fantasmal arpa pareci� vacilar y ella reanud� la interpretaci�n a toda prisa, la misma frase una y otra vez, ascendiendo y descendiendo, ascendiendo y descendiendo...</p><p>En el fuego, la imagen de unas manos tom� forma. Manos ancianas, sarmentosas y artr�ticas, pero a la vez airosas, veloces y seguras. Se mov�an entre las llamas, <emphasis>eran</emphasis> llamas, y entre los dedos encallecidos las cuerdas del arpa resplandec�an como chispas. Sin rostro, sin identidad; simplemente las manos. Y la m�sica.</p><p>Mientras Niahrin contemplaba, transfigurada, la visi�n aparecida entre las llamas, una voz que carec�a de sustancia, una voz inmensa pero silenciosa, abrumadora pero a la vez asombrosamente dulce, la embarg�, atraves� sus huesos, atraves� la habitaci�n... Tuvo la impresi�n de que atravesaba el mundo entero.</p><p>La voz musit�: �CRIATURA, CRIATURA M�A. NO FUE OBRA M�A�.</p><p>La flauta resbal� de las manos de Niahrin y se estrell� ruidosamente contra el suelo, y el hechizo se rompi�.</p><p><emphasis>��Por la gran Diosa!</emphasis> �La exclamaci�n escap� sin querer de los labios de la bruja, y en el otro extremo de la habitaci�n <emphasis>Grimya</emphasis> se agit� con un ladrido de sorpresa.</p><p>��Qu... �? �Qu� sucede?</p><p>Niahrin tante� el suelo en busca de la flauta. Temblaba como una hoja.</p><p>�Todo va bien �respondi� con voz que son� curiosamente aguda a sus o�dos�. No</p><p>sucede nada. De... debo de haberme dormido, y la flauta cay�. Me ha sobresaltado; eso fue todo.</p><p>No volvi� la cabeza pero percibi� c�mo la mirada de la loba le taladraba la espalda.</p><p>�No te creo �dijo <emphasis>Grimya</emphasis>�. Ha sssu... cedido algo.</p><p>Niahrin dirigi� una inquieta mirada al fuego. No se apreciaba nada extra�o all�; tan s�lo llamas, chispas, las siluetas de los troncos que ard�an. La visi�n hab�a desaparecido.</p><p><emphasis>�Grimya</emphasis> �murmur�, �escuchaste..., escuchaste algo hace un momento?</p><p>�Tocabas la flauta. Me gusta la flauta. Me gusta la m�sica.</p><p>La bruja ten�a los labios resecos; se pas� la lengua por ellos.</p><p>��No escuchaste... un arpa?</p><p>�� Un aaa... arpa? �El tono de voz de <emphasis>Grimya</emphasis> cambi�. Niahrin se volvi� para mirarla y la encontr� de pie, la pata herida sin apoyar en el suelo y la actitud tensa.</p><p>�S� �respondi�. Yo la o�, <emphasis>Grimya.</emphasis> Toc� conmigo, en armon�a con mi m�sica. Y cuando mir� el fuego... �Se interrumpi� bruscamente. Alguien hab�a llamado a la puerta.</p><p>La loba volvi� la cabeza al instante y mostr� los colmillos.</p><p>�Espera �inst� Niahrin, y levant� una mano, indic�ndole que permaneciera quieta.</p><p>De forma intuitiva sab�a que, quienquiera que estuviese afuera, su visita no era una coincidencia. El coraz�n le lat�a con fuerza cuando fue a girar el picaporte; los dedos se mostraron reacios a obedecerla. Por fin la puerta se abri�. La reina viuda Moragh se encontraba al otro lado, y la acompa�aba el bardo Jes Ragnarson.</p><p>�Niahrin... �bajo la pobre luz del pasillo, el rostro de Moragh era una sombra�, �podemos pasar?</p><p>�Alteza... �Niahrin estaba aturdida. No eran �stas las personas que hab�a esperado ver. Y no obstante...</p><p>Moragh penetr� en la habitaci�n, y Jes la sigui�. El bardo dirigi� una mirada veloz pero c�ndida al rostro de Niahrin, y �sta percibi� que el hombre ve�a m�s all� de lo que a ella le hubiera gustado. En cuanto la puerta se cerr�, Moragh se detuvo y alz� la cabeza, como un animal que capta un olor desconocido y posiblemente peligroso.</p><p>�Algo no va bien �dijo. Era una afirmaci�n, no una pregunta.</p><p>�Vaya �pens� Niahrin�, de modo que era esto.� Lo supiera ella o no, la reina viuda pose�a alg�n don ps�quico, y era eso lo que la hab�a atra�do aqu� en este momento. S�, esto era m�s que una coincidencia. Tendr�a que confiar en Moragh. Niahrin suspir� profundamente.</p><p>�No estoy segura de que �no va bien� sea la frase apropiada para ello, se�ora. Pero desde luego algo ha sucedido. �Dirigi� una r�pida mirada a Jes�. T� eres un bardo, Jes Ragnarson, t� lo sabr�s mejor que nadie. �Qui�n en Carn Caille sabe tocar bien el arpa?</p><p>��El arpa?</p><p>Jes pareci� sobresaltado, y Moragh se apresur� a intervenir.</p><p>��Por qu�? �Por qu� lo preguntas?</p><p>�Porque, se�ora �le inform� Niahrin�, escuch� a alguien que tocaba el arpa no har� ni cinco minutos. En un <emphasis>aisling.</emphasis></p><p>�Por la Diosa �murmur� Jes.</p><p>��Sabes crear <emphasis>aislings?</emphasis> �exigi� Moragh. Su rostro estaba blanco. Niahrin neg� con la cabeza.</p><p>�No, se�ora, no puedo. Jam�s he pose�do ese don. Pero esta noche, justo hace un momento, parece que yo... y un arpa... lo conseguimos.</p><p>�Ah. �Era m�s una suave exhalaci�n que una palabra, y los ojos de la reina viuda parecieron nublarse. Por unos instantes permaneci� en silencio, como si meditara para s�. Luego, de improviso, tom� una decisi�n.</p><p>�Ryen y Brythere se encuentran en el gran sal�n, e �ndigo y Vinar est�n con ellos. Es por eso que Jes y yo estamos aqu�. Decidimos hablar en privado contigo, Niahrin, sin correr el riesgo de ser escuchados. �Se mordi� el labio inferior�. Sencillamente parec�a conveniente, pero empiezo a pensar que est� en juego algo m�s que una simple coincidencia.</p><p>�Os hac�is eco de mis propios pensamientos, se�ora �repuso Niahrin, mir�ndola con sorpresa.</p><p>�S�. S�, ya pens� que podr�a ser as�... Muy bien. Hay algo que me gustar�a mostrarte. �Sus ojos y los de la bruja se encontraron, y Niahrin vio que, bajo su apariencia de serenidad, la reina viuda se sent�a terriblemente inquieta�. Por favor �dijo Moragh�, necesitamos tu ayuda. Y tambi�n, creo, la necesita �ndigo.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 13</strong></p></title><empty-line/><p>Con secreto alivio para Niahrin, Moragh no puso objeciones cuando <emphasis>Grimya</emphasis> los sigui� en silencio fuera de la habitaci�n y fue cojeando tras ellos por los pasillos. Aunque no hab�a tenido oportunidad de hablar con la loba, Niahrin sab�a que habr�a problemas si intentaba dejarla atr�s; y por su parte, adem�s, deseaba que <emphasis>Grimya</emphasis> acompa�ara al grupo. El animal no dir�a nada, desde luego, y adem�s ten�a la seguridad de que Niahrin no traicionar�a su secreto. Pero, fuera cual fuera la revelaci�n que les aguardara, Niahrin experimentaba la sensaci�n de que era de vital importancia que <emphasis>Grimya</emphasis> se hallara presente.</p><p>El paseo por Carn Caille inquiet� a la bruja. Los pasillos estaban mal iluminados y no parec�a haber nadie por all�, de modo que la ciudadela daba la impresi�n de encontrarse extra�amente vac�a y abandonada. Se escuchaban sonidos ahogados, sin duda procedentes del gran sal�n, pero la lejana fiesta parec�a irreal. La realidad eran pasos que resonaban y sombras fantasmales, y corrientes de aire que se deslizaban entre aberturas de las antiguas piedras para helarles la sangre mientras avanzaban en la penumbra. Tra�a a la mente la l�brega atm�sfera de un cortejo f�nebre, y Niahrin dese� haber pensado en ponerse el chal.</p><p>Jes Ragnarson, a la <emphasis>cabeza</emphasis> del peque�o grupo, los condujo al ala sur, que Niahrin no hab�a visitado antes. Y por fin se detuvieron ante la puerta que conduc�a a una serie de aposentos.</p><p>Este era el lugar que en una ocasi�n hab�a sido el refugio privado del rey Kalig y su familia. Durante los dos primeros a�os de su reinado, el abuelo de Ryen, el primer rey Ryen, lo hab�a hecho suyo, pero al cabo de un tiempo empez� a sentirse como un intruso. En esta habitaci�n todav�a parec�an sonar las voces de Kalig, de Imogen y de su hijo e hija, cuyos descendientes, de no haber sido por la tr�gica plaga, habr�an seguido viviendo aqu�, y as� pues el nuevo rey hab�a abandonado los aposentos y hab�a decretado que se deber�an conservar tal y como hab�an estado en tiempos de Kalig como muestra de respeto hacia el difunto monarca y su familia. Desde entonces se los hab�a cuidado y limpiado y mantenido en condiciones, pero no se hab�an vuelto a ocupar. Cathlor, padre de Ryen, hab�a hecho lo mismo, y Ryen lo hab�a imitado. Pero, aunque los viejos aposentos reales se hallaban vac�os, no se los consideraba ni mucho menos terreno prohibido. La puerta no estaba cerrada con llave; se abri� a un empuj�n de Jes, y el bardo se hizo respetuosamente a un lado para dejar que Moragh y Niahrin �y <emphasis>Grimya</emphasis>� lo precedieran.</p><p>Penetraron en el interior sin hacer ruido. Justo al otro lado de la puerta hab�a siempre dispuesto un farol con pedernal y yesca junto a �l; tanteando en la oscuridad, Moragh no tard� en localizarlo y levant� el tubo de cristal para encender la mecha. El farol era un objeto de gran belleza, que no pertenec�a a la artesan�a de las Islas Meridionales sino que hab�a sido tra�do del este hac�a mucho tiempo; uno de los muchos art�culos que Kalig y su familia hab�an dejado tras ellos. Una luz ambarina te�ida aqu� y all� de tonos de un rosa rojizo se filtr� a trav�s del cristal y sac� a la habitaci�n de su oscuridad; Jes cerr� la puerta, y la reina viuda indic� en voz baja:</p><p>�Por aqu�.</p><p>Iluminados por el farol, que ba�aba de una luz ros�cea los encerados paneles y el elegante mobiliario antiguo, atravesaron la habitaci�n exterior y llegaron a una puerta interior que Jes se adelant� para abrir. La habitaci�n situada al otro lado no ten�a nada de extraordinario; era sencillamente un peque�o lugar privado donde Kalig y su esposa hab�an tenido por costumbre sentarse y disfrutar de la mutua compa��a. Durante el d�a la luz penetraba a raudales por una ventana alargada, que ofrec�a una espectacular vista al sur en direcci�n a los bosques y la tundra. Ahora, en la oscuridad, la vista resultaba invisible y el g�lido aire que soplaba siempre del sur creaba corrientes de aire que helaban los tobillos de Niahrin. Pero aqu� hab�a dos objetos que Moragh quer�a que su hu�sped viera.</p><p>En el centro de la peque�a habitaci�n descansaba un arpa. Ninguna mano la hab�a hecho sonar desde hac�a medio siglo, pero sus cuerdas brillaban y la madera reluc�a con el brillo de una limpieza frecuente y cuidadosa. Tanto a Moragh como a su hijo les gustaba pensar que, si el tiempo pudiera retroceder y sacar de la tumba a su antiguo due�o, �ste se sentir�a satisfecho de lo que encontrar�a.</p><p>Niahrin vio el instrumento y se detuvo, el ojo muy abierto. Aunque la luz de la linterna era vacilante, la reina viuda observ� su reacci�n y esboz� una d�bil sonrisa.</p><p>�Es hermosa, �verdad? Perteneci� a un hombre llamado Cushmagar. Era un bardo del rey Kalig, el predecesor de mi padre pol�tico.</p><p><emphasis>Grimya,</emphasis> apret�ndose contra las piernas de Niahrin, profiri� un ahogado ga�ido. La bruja mir� a Moragh.</p><p>��se es el rey Kalig que...</p><p>�Que muri� con su familia durante la plaga de hace cincuenta a�os, y que de esta forma elev� a mi familia al trono. S�. �Moragh se acerc� al arpa pero no hizo intenci�n de tocarla�. Seg�n la lista de honor de Carn Caille, Cushmagar fue el mejor y m�s divinamente inspirado de los de su clase que haya honrado las Islas Meridionales en muchas generaciones.</p><p>��Qu� fue de �l? �inquiri� Niahrin.</p><p>�Fue uno de los pocos que sobrevivieron a la plaga. Vivi� para ocupar un lugar preeminente en la corte de mi padre pol�tico. De hecho muri� el d�a que naci� mi esposo Cathlor. �Los ojos de Moragh se nublaron por unos instantes�. Pero dice la leyenda que, desde que la Madre todopoderosa llam� a Cushmagar al descanso eterno, el arpa se ha negado rotundamente a emitir una sola nota bajo los dedos de ning�n otro instrumentista. La historia explica que cualquiera que intente tocarla no conseguir� m�s que producir un terrible sonido disonante.</p><p>Mentalmente, Niahrin escuch� melod�as espectrales, y vio unas manos en las llamas. Trag� saliva.</p><p>��Se ha puesto a prueba la leyenda, alteza?</p><p>�Por lo que yo s�, nadie ha aceptado el reto. �Moragh mir� de soslayo al bardo�. Ni siquiera Jes.</p><p>Unas manos envejecidas, pens� Niahrin. Sarmentosas y atacadas por la artritis, pero que aun as� confer�an el toque seguro de un maestro. Cushmagar hab�a sido un anciano cuando muri�. Y, si era tan bueno como atestiguaba la leyenda, habr�a sabido c�mo</p><p>crear un <emphasis>aisling...</emphasis></p><p>Levantando m�s el farol, de modo que el arpa volvi� a hundirse entre las sombras, Moragh se acerc� a la chimenea situada al otro extremo de la habitaci�n. El hogar estaba vac�o, la parrilla limpia y en su sitio, y no hab�a polvo sobre la repisa. Pero encima de �sta, enmarcado por unas colgaduras de terciopelo �ndigo, pend�a un retrato. Jes hab�a seguido a la reina viuda, y Niahrin se acerc� para colocarse junto a ellos.</p><p>Cuatro personas los contemplaron desde el marco de la pintura. Un hombre de cabellos casta�o rojizos, algo canosos en las sienes, ataviado con las ropas tradicionales de la corte de una �poca pasada. A su lado, una mujer patricia, el sonriente rostro sereno. Y, sentados sobre taburetes bajos ante la elegante pareja, un muchacho y una muchacha con un claro parecido a su progenitor. Niahrin observ� el rostro de la muchacha, y se qued� sin respiraci�n.</p><p>�Por lo que sabemos �dijo Moragh con voz muy calmada�, �ste es el �nico retrato jam�s pintado del rey Kalig y su familia. Sin duda se finaliz� como mucho pocos meses antes de que se desencadenara la plaga.</p><p>Niahrin no contest� sino que se limit� a seguir mirando el cuadro, petrificada. La reina viuda y Jes intercambiaron una inquieta mirada. Al fin, obligando a las palabras a pasar por la atenazada garganta, Niahrin musit�:</p><p>��Diosa bendita! La muchacha... �es �ndigo! �El parecido es extraordinario, �no es as�? �Moragh manten�a la voz bajo un f�rreo control�. Pero no es �ndigo. La muchacha del cuadro es Anghara, la hija de Kalig, y lleva muerta m�s de medio siglo. �Baj� el farol y se volvi� a mirar a la bruja�. Creo que ahora comprendes por qu� estamos tan ansiosos por averiguar la verdad sobre este misterio.</p><p>Niahrin lo comprend�a. Las im�genes se amontonaban en su cerebro, como piezas de un rompecabezas que a�n no encajaban pero que poco a poco iban formando un dibujo todav�a no muy claro. El ensue�o, el tapiz, los sue�os de �ndigo y Brythere, sus propias adivinaciones... Y las obsesiones de un anciano loco...</p><p>Dej� escapar el aire retenido en una lenta y vacilante exhalaci�n.</p><p>�Se�ora �dijo�, perdonadme si hago suposiciones pero... �est�is sugiriendo que cre�is que �ndigo es un descendiente de la familia del rey Kalig?</p><p>Incluso bajo la favorecedora luz del farol el rostro de Moragh apareci� macilento y envejecido. �S� �reconoci�. Eso es lo que creo. No hab�a necesidad de dar muchos detalles, Niahrin sab�a lo que la otra hab�a dejado sin decir, y pregunt� vacilante:</p><p>��Lo sabe el rey?</p><p>�Lo sabe, s�. �Moragh sostuvo la mirada de la bruja con franqueza�. Lo cierto es que sospecha que �se es el motivo por el que est�s aqu�, Niahrin. Ryen cree que las mujeres sabias pueden haber adivinado la posibilidad de una nueva pretendiente al trono de Carn Caille, y que tal vez t� eres su emisario venido a emitir un juicio en su nombre.</p><p>Niahrin estaba anonadada.</p><p>�Os aseguro, se�ora, que no soy nada de eso �protest�. �. Esto... �indic� el cuadro con un desvalido gesto de la mano�, �resulta totalmente nuevo para m�!</p><p>�Sin embargo, conoc�as el nombre de �ndigo. Sab�as que era uno de los marineros del naufragio de Amberland, y que la loba domesticada que rescataste le pertenec�a. Si tus poderes te permitieron descubrir todo eso...</p><p>��No lo hicieron! Fue... �Niahrin contuvo sus palabras al darse cuenta de que, irreflexivamente, hab�a estado a punto de revelar el secreto de <emphasis>Grimya.</emphasis> Compungida, pensando que la loba estaba junto a ella, baj� la mirada.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no se encontraba all�. �<emphasis>Grimya...</emphasis> �Olvidada la actual</p><p>situaci�n, Niahrin escudri�� preocupada la habitaci�n�. �Se ha ido! Pero... �Se escabull� fuera de la habitaci�n hace unos minutos �dijo Jes Ragnarson�. Vi c�mo se iba; creo que nos espera en la puerta exterior. Probablemente no le gusta el fr�o que hace aqu� dentro �a�adi�, sonriente�. �Voy a buscarla?</p><p>�Qu� hab�a dicho que hab�a provocado que <emphasis>Grimya</emphasis> se escabullera? Niahrin sinti� un extra�o escalofr�o at�vico en lo m�s profundo de su ser; entonces, d�ndose cuenta de que Jes aguardaba una respuesta, reprimi� esa sensaci�n.</p><p>�Ah... no, gracias, no hay necesidad. Deja que se quede donde est�. ��Tierra querida�, pens�, �esto es cada vez m�s misterioso. M�s misterioso.�</p><p>�Alteza... �se volvi� de nuevo a la reina viuda y se dirigi� a ella de manera formal y respetuosa�, no puedo explicaros c�mo descubr� el nombre de �ndigo y su conexi�n con <emphasis>Grimya,</emphasis> porque estoy... obligada a no revelarlo. Pero os doy mi solemne palabra de que no sab�a, y todav�a no s�, nada m�s sobre ella. Absolutamente nada.</p><p>La reina viuda le sostuvo la mirada con firmeza durante alg�n tiempo, y al fin asinti� con la cabeza.</p><p>�Muy bien. S� que no est� en la naturaleza de las brujas el mentir... Acepto tu palabra. �Forz� una sonrisa dolorida�. La verdad, querida, es que vi tu sorpresa al mirar por primera vez el cuadro. No dud� de ti ni por un momento. Pero comprender�s que deb�a hacer la pregunta.</p><p>�Desde luego, se�ora. La reina viuda se apart� de la repisa de la chimenea; Niahrin la vio estremecerse como si una r�faga de viento helado hubiera atravesado la habitaci�n. Al cabo Moragh volvi� a hablar.</p><p>�Creo �dijo� que ahora te debes de dar cuenta, Niahrin, de por qu� necesitamos tu ayuda.</p><p>�Dese�is que utilice mis poderes, se�ora, para descubrir... �Niahrin dej� la frase sin finalizar.</p><p>�La verdad sobre �ndigo. Nada m�s y nada menos. �A la luz de la l�mpara, los grises ojos de Moragh centellearon�. Si posees el poder de crear <emphasis>aislings...</emphasis></p><p>�Pero no lo tengo, se�ora. Eso era lo que intent� deciros cuando vinisteis a mi habitaci�n. No poseo ese don; jam�s lo he pose�do. Yo no lo llam� y tampoco lo cre�. Pero creo saber qui�n lo hizo.</p><p>La postura de la reina viuda se tens�, y �sta dirigi� una r�pida mirada al bardo.</p><p>�Jes es un buen arpista. Pero...</p><p>�No, se�ora, no fue Jes. Lo cierto es que sospecho que no se trat� de nadie que... resida todav�a entre estas paredes.</p><p>Niahrin se volvi� hacia el lugar donde descansaba la vieja arpa. La luz centelleaba sobre las cuerdas; el brillo de la madera recordaba el brillo del �mbar tallado.</p><p>�Alteza �continu�, dijisteis que el viejo bardo del rey Kalig sobrevivi� a la plaga</p><p>y sigui� viviendo. Y que pose�a la inspiraci�n divina.</p><p>Moragh guard� silencio. Jes se removi� inquieto.</p><p>�No puedo decir que comprendo lo que puede haber movido la mente de tan gran hombre �sigui� Niahrin�. Eso s�lo puede saberlo la Madre Tierra. Pero, si un descendiente del rey Kalig sobrevivi� en verdad a la peste, �qui�n por encima de todos los dem�s podr�a haberlo sabido?</p><p>La reina viuda permaneci� totalmente inm�vil.</p><p>�S�... �musit�, s�. El bardo, el sirviente de m�s confianza del rey... Si, por ejemplo, hubiera habido un hijo bastardo... �Sus labios se crisparon bruscamente, y lanz� una d�bil carcajada�. Es una sospecha poco caritativa, pero ser�a poco realista negar la posibilidad. �Levant� los ojos�.</p><p>Sin embargo, �puede un hombre muerto hablarnos a trav�s del tiempo?</p><p>�No lo s� con certeza, se�ora �respondi� Niahrin. Pero esta noche, algo... o alguien... me habl� a trav�s d arpa y de un <emphasis>aisling.</emphasis> �Se acerc� m�s al arpa, resistiendo el impulso de extender la mano y posarla sobre sus suaves y brillantes curvas. �No es para ti, Niahrin, �no es ti!�</p><p>�Alteza... �De improviso su voz son� extra�a a sus propios o�dos, incorp�rea y muy, muy lejana. Las palabras surg�an como por voluntad de otra persona�. Alteza, �os ha contado Vinar que tambi�n �ndigo es una arpista del grandes facultades?</p><p>�<emphasis>��ndigo?</emphasis> �La reina viuda contuvo la respiraci�n con tanta fuerza que reson� por la silenciosa habitaci�n; Jes Ragnarson murmur� un juramento en voz apenas perceptible�. No. No, no dijo nada de eso.</p><p>Niahrin percibi� c�mo la sensaci�n se iniciaba en la punta de sus dedos, igual que hab�a sucedido cuando ella y Vinar hab�an hablado fuera de sus aposentos. Un escozor, un hormigueo; una se�al que conoc�a y en la que confiaba. Otra parte del extra�o legado de su abuela... �Vinar dijo que esperaba que se pidiera a �ndigo que tocara en el gran sal�n esta noche. �De nuevo las palabras surg�an involuntariamente, fuera de su control�. Dijo que esperaba que eso la animar�a. Pero yo creo que no ser� as�, porque el instrumento que tocar� no ser� el adecuado. No ser�... �Extendi� la mano; al darse cuenta de lo que hab�a estado a punto de hacer la retir�, aunque pareci� costarle un terrible esfuerzo, como si estuviera so�ando�. No ser� <emphasis>esta</emphasis> arpa.</p><p>Por un instante s�lo una imagen del tapiz que hab�a tejido pareci� imponerse sobre la escena que ten�a delante, y vio a Moragh y a Jes como a trav�s de los dibujos que su conjuro hab�a creado sobre el telar. <emphasis>Las enormes puertas de Carn Caille hab�an tomado la forma de un arpa, y las cuerdas del arpa se hac�an a un lado para dejar pasar la procesi�n al interior de sus envolventes muros...</emphasis> �El arpa de Cushmagar ha estado esperando �a�adi� Niahrin, y su voz se estremeci�, cargada de una tremenda emoci�n que no comprendi�. Ha estado esperando a �ndigo.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> percibi� que Niahrin dorm�a, pero de todos modos esper� lo que juzg� casi toda una hora antes de levantarse con cautela de su lecho y cojear hasta la puerta.</p><p>El cerebro de la loba estaba confuso. Cuando los tres humanos abandonaron finalmente el conjunto de habitaciones Niahrin la hab�a encontrado acurrucada y entristecida junto a la puerta exterior, y, cuando Moragh y Jes se marcharon y las dos pudieron hablar en privado otra vez, <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a rechazado todos los esfuerzos de la bruja por averiguar qu� suced�a. No es que no confiase en Niahrin. Confiaba; despu�s de �ndigo la bruja era la mejor amiga que <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a tenido jam�s. Pero no pod�a confiar el secreto que hab�a llevado consigo durante cincuenta a�os; ni a Niahrin, ni a nadie. Mucho tiempo atr�s �varias vidas atr�s, si hubiera sido una loba normal� hab�a hecho una promesa. Lo que fuera en lo que �ndigo se hubiera convertido, lo que fuera que le hubiera sucedido a su mente para separarla de ella, <emphasis>Grimya</emphasis> no romper�a esa promesa.</p><p>As� pues, cuando Niahrin intent� sondearla con dulzura, la loba le gir� mente y rostro y se neg� a responder a sus preguntas. La bruja sab�a que hab�a m�s en su silencio de lo que saltaba a la vista, pero tambi�n conoc�a a <emphasis>Grimya</emphasis> lo suficiente para darse cuenta de que, a menos que ella decidiera confiarse por voluntad propia, no habr�a forma de convencerla.</p><p>El pestillo de la puerta estaba lo bastante bajo para que <emphasis>Grimya</emphasis> lo alcanzase, y no le cost� empujarlo hacia arriba con el hocico; cay� hacia atr�s con un ahogado chasquido que no consigui� penetrar en los sue�os de Niahrin y la puerta se abri� unos cent�metros. La loba se escabull� por ella.</p><p>Aunque no sab�a con exactitud d�nde se encontraba la habitaci�n de �ndigo, algo que hab�a o�do que Vinar dec�a a Niahrin le hab�a dado una pista sobre la direcci�n que deb�a tomar. El instinto y el olor har�an el resto, y <emphasis>Grimya</emphasis> se puso en marcha por el oscuro pasillo. Qu� har�a cuando encontrara a �ndigo, no lo sab�a; carec�a de un plan espec�fico. Pero, despu�s de lo sucedido esta noche, ten�a que reunirse con su amiga sin dilaci�n y �si �ndigo le daba la oportunidad� advertirle de lo que se tramaba. Sigui� cojeando en la oscuridad, y el irregular golpeteo; de sus patas era el �nico sonido en la silenciosa noche. En alg�n lugar del lado este, hab�a dicho Vinar, cerca de la torre con el racimo de peque�os torreones en la esquina de la ciudadela. La lluvia hab�a cesado y las nubes se abr�an; la luz de la luna parpadeaba intermitentemente al otro lado de las ventanas ante las que pasaba, proyectando con toda claridad la sombra de la loba. Entonces, el pulso de <emphasis>Grimya</emphasis> se aceler� al detectar su hocico los primeros indicios de un olor conocido. Se ve�a una arcada algo m�s adelante, en la pared situada a su izquierda; al atisbar en su interior descubri� un corto pasillo lateral que terminaba en un tramo de escalera. En lo alto de la escalera hab�a una puerta, y <emphasis>Grimya</emphasis> supo que hab�a encontrado lo que buscaba.</p><p>Empez� a andar ansiosa pero de s�bito se detuvo, desmoralizada al darse cuenta de que no sab�a qu� hacer. Desde luego que pod�a ara�ar la puerta, ga�ir y gemir hasta despertar a �ndigo y obligarla a investigar el ruido, pero �qu� conseguir�a con eso? �Qu� pod�a decir a la muchacha que lograra romper la barrera alzada entre ellas? Todo lo que obtendr�a ser�an palabras airadas, a lo mejor incluso un coscorr�n, por molestar. Desde el lastimoso fracaso de lo que deber�a haber sido su reencuentro, �ndigo se hab�a negado a acercarse a ella; �por qu� tendr�a que cambiar su actitud ahora, en medio de la noche? Y, aun cuando su amiga se mostrara m�s receptiva, razon� <emphasis>Grimya,</emphasis> �qu� podr�a decirle? �Que hab�a visto un cuadro pintado medio siglo atr�s, y que una de las figuras del retrato era la mism�sima �ndigo? Era una locura. �ndigo no la creer�a, y con eso s�lo</p><p>conseguir�a ensanchar el abismo entre ambas.</p><p>La loba lanz� un d�bil gemido <emphasis>de</emphasis> tristeza al comprender lo desesperado de su dilema. La pata le dol�a; la hab�a forzado demasiado hoy y ahora le daba punzadas con un dolor sordo e implacable que le hac�a desear girarse y eliminar a mordiscos el origen de dicho dolor. No deber�a haber ido all�. Deber�a haber tenido la sensatez de esperar, aguardar a que llegara un momento m�s propicio en el que pudiera empezar a ganarse la confianza de �ndigo. Esto no har�a m�s que empeorar las cosas. Con paso torpe ahora, las orejas y la cola gachas por el cansancio y la desilusi�n, se dispuso a regresar junto a Niahrin.</p><p>La puerta en lo alto de la escalera cruji�.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> gir� en redondo, a tiempo de ver c�mo se abr�a la puerta. No surgi� luz de la habitaci�n situada al otro lado, pero una sombra se movi� en el umbral, claramente m�s oscura contra el negro fondo. Luego, despacio, apareci� la figura de una mujer.</p><p>�<emphasis>Indi..</emphasis></p><p>Pero el ansioso grito se ahog� en la garganta de la loba cuando, bajo un repentino y fugaz destello de luz de luna procedente del pasillo a su espalda, vislumbr� el rostro de la mujer. No era �ndigo, sino una mujer anciana, casi una vieja decr�pita, con los trenzados cabellos totalmente blancos y la piel arrugada. Parec�a llevar una t�nica o vestido oscuro, y su rostro, de una palidez enfermiza por encima de sus pliegues, mostraba una expresi�n de pura maldad.</p><p>Horrorizada por esta visi�n <emphasis>Grimya</emphasis> retrocedi� r�pidamente fuera de la arcada, pero, aunque la vieja tuvo por fuerza que o�r el ara�ar de sus zarpas sobre el suelo de piedra, no pareci� advertir la presencia de la loba. �Qui�n era aquella mujer?, se pregunt� <emphasis>Grimya</emphasis> desesperadamente.</p><p>�Qu� hac�a en la habitaci�n de �ndigo? Con el coraz�n lati�ndole con fuerza, contempl�, hipnotizada por el miedo, c�mo la figura se acercaba arrastrando los pies. Y entonces, cuando la luna volvi� a aparecer y su brillo ilumin� el corredor, el rostro de la figura cambi� y <emphasis>Grimya</emphasis> vio a �ndigo que avanzaba hacia ella.</p><p>La loba se qued� paralizada por la sorpresa. <emphasis>�Esto no era posible!</emphasis> Apenas momentos antes la vieja hab�a estado all�; ella la hab�a visto con sus propios ojos, y ahora...</p><p>�ndigo llego hasta ella. Pas� justo al lado de donde <emphasis>Crin ya</emphasis> se acurrucaba sin moverse, pero hizo caso omiso de la loba; tema la mirada fija al frente con unos ojos que parec�an sobrenaturalmente abiertos y brillantes Su rostro mostraba una sonrisa peculiar, y <emphasis>Grimya</emphasis> comprendi� de improviso que la muchacha... busc� fren�ticamente la palabra en su cerebro andaba son�mbula. Inconsciente, dormida, pero movi�ndose y actuando como si tuviera un objetivo.</p><p>El borde del camis�n de �ndigo ��c�mo pod�a haber confundido la blanca ropa de hilo con un traje oscuro? se pregunto <emphasis>Grimya</emphasis>� roz� el suelo a pocos cent�metros del hocico de la loba, quien emiti� un d�bil gemido angustiado al sentirse invadida por el desconcierto. �Qu� deb�a hacer? �Que <emphasis>pod�a</emphasis> hacer? �Era peligroso despertar a una persona son�mbula? �Era incluso posible? El sobre salto provocado por la visi�n de la vieja fue barrido por este nuevo temor, y se incorpor� con dificultad. Si ladraba, si la llamaba, �que suceder�a? �Despertar�a a �ndigo y a lo mejor dar�a un tropez�n y caer�a, o sencillamente seguir�a adelante sin darse cuenta de nada?</p><p>Entonces, antes de que pudiera empezar siquiera a buscar una respuesta a la pregunta, <emphasis>Grimya</emphasis> descubri� lo que a muchacha sosten�a en la mano izquierda, y el coraz�n le dio un vuelco.</p><p>�Qu� significaba esto? De la r�gida inmovilidad, el cuerpo de la loba paso a estremecerse desde el hocico hasta la cola No comprend�a, pero en su mente se iba abriendo paso una sensaci�n de terrible peligro, de... S�, utilizar�a la palabra, porque era la correcta: de <emphasis>maldad.</emphasis> Percib�a algo maligno aqu�, algo que <emphasis>Grimya</emphasis> tem�a nombrar pero que percib�a en sus huesos con la misma certeza que si pudiera verlo, escucharlo y tocarlo. Y en su esencia, en su coraz�n, era...</p><p>El hilo de su pensamiento se rompi� cuando a lo lejos mas all� de los muros de Carn Caille, un lobo solitario dej� escapar un aullido.</p><p>Mientras el melanc�lico sonido se apagaba, los cabellos del lomo de <emphasis>Grimya</emphasis> se erizaron y una sensaci�n el�ctrica y hormigueante le recorri� todo el cuerpo. Los lobos salvajes... lo sab�an, �y lanzaban su advertencia!</p><p>El terror inund� a <emphasis>Grimya</emphasis> como una ola gigante. Era incapaz de articularlo, incapaz de entenderlo por completo, pero era una sensaci�n perentoria y no pod�a vencerla, �ndigo se alejaba, con un andar extra�o y tieso pero decidido, y al pasar junto a la segunda ventana un rayo de luz de luna convirti� el cuchillo que sosten�a en la mano en plata centelleante.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> avanz� tambaleante. No pod�a correr, no pod�a moverse a otra cosa que no fuera un paso irregular y ladeado, pero forz� todos sus m�sculos, maldiciendo en silencio su lesi�n mientras pugnaba penosamente por llegar hasta Niahrin y despertarla.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 14</strong></p></title><empty-line/><p>�ndigo o�a risas. Sab�a que sal�an de los aposentos que ten�a delante y ello hizo aflorar una sonrisa a su rostro mientras apresuraba el paso. Qu� bien recordaba estos pasillos... El tiempo no hab�a cambiado nada, al parecer, e incluso tras su larga ausencia conoc�a y reconoc�a cada esquina, cada puerta, cada desgastada piedra. La noci�n le proporcion� �nimos. Y el saber lo que le aguardaba en su punto de destino alegr� su coraz�n.</p><p>Le pareci� que un cierto n�mero de personas pasaban por su lado mientras recorr�a el laberinto de pasillos que era Carn Caille. Todas ellas rostros conocidos, que pasaban junto a ella dedic�ndole un saludo con la cabeza o una sonrisa o una leve reverencia. No importaba que sus cuerpos parecieran tan insustanciales como sombras; esta noche eran reales para ella, y eso era todo lo que contaba.</p><p>Alguien hab�a estado tocando el arpa un poco antes, pero ahora la distante m�sica hab�a cesado. Sin duda Cushmagar se hab�a ido a la cama; hombre madrugador, le gustaba retirarse antes que el resto de la corte. Por la ma�ana le pedir�a que le ense�ase la melod�a que tanto la hab�a deleitado en el gran sal�n esta noche. Para entonces su mente estar�a despejada y lo que deb�a hacer estar�a finalizado, de modo que podr�a dedicar toda su atenci�n a la m�sica.</p><p>Avanzando r�pidamente, con paso ligero �tan ligero, de hecho, que de vez en cuando daba la impresi�n de que sus pies no tocaban el fr�o suelo de piedra� recorri� decidida los pasillos hasta que, al fin, la puerta que buscaba apareci� ante ella. No hab�a necesidad de llamar; ja hab�a habido necesidad de llamar. �ste era su refugio, el refugio de <emphasis>ellos.</emphasis> El pestillo se alz�, y entr� en los aposentos. Por un instante tan s�lo un olor peculiar la asalt� humedad combinada con un deje de algo putrefacto, como carne pasada dejada a pudrir al sol del verano. Pero se desvaneci�, y, a la luz de las velas que ard�an en sus sopor de las paredes, sigui� adelante hasta la habitaci�n interior.</p><p>Su madre estaba sentada junto a la ventana. Levant� mirada al entrar ella, y, cuando sus preciosos ojos miope contemplaron a la visitante, una sonrisa apareci� en rostro.</p><p>���ndigo!</p><p>La reina Imogen llevaba un vestido de color rojo sangre; curioso, pens� �ndigo, ya que aquel color jam�s le ha sentado bien. La reina fue al encuentro de su hija con los brazos extendidos para abrazarla, y, si por un fugaz momento su aspecto pareci� el de la reina viuda Moragh, �ndigo fingi� no darse cuenta. Despu�s de todo, eso formaba parte del juego.</p><p>Se besaron y se separaron. La piel de Imogen desped�a un aroma a eglantina y a fruta demasiado madura.</p><p>�Vamos �dijo la reina�, ven y si�ntate conmigo y cu�ntame tus sue�os.</p><p>�Sue�os? �ndigo se ech� a re�r.</p><p>�Yo no sue�o, madre. Estaba escuchando a Cushmagar en el sal�n. Interpret� una nueva melod�a hoy. Un <emphasis>aisling.</emphasis> Vi...</p><p>Se interrumpi�.</p><p>��Viste? �La voz de Imogen era dulce y singularmente triste�. �Qu� viste, �ndigo? �Fue sobre... tu nombre el color de la muerte? �Suspir� y se apart� unos pasos de modo que �ndigo no pod�a tocarla; ni siquiera quedaba a tiro del cuchillo.</p><p><emphasis>Pero no importaba. No era Imogen la v�ctima.</emphasis></p><p>�Deber�amos haber elegido otro nombre para ti �a�adi� la reina, y ahora su tono estaba te�ido de irritaci�n.</p><p>Casi lo hicimos. Estuvimos a punto de llamarte Anghara. Pero luego, cuando supimos... �Se encogi� de hombros y lanz� una carcajada�. Ven a ver el retrato del maestro Breym. Por fin lo ha terminado. Nos lo ha tra�do hoy a primera hora.</p><p>�ndigo quiso decir: �El maestro Breym est� muerto�, pero eso no parec�a tener sentido. Se acerc� para colocarse junto a su madre y levant� la vista hacia el cuadro, envuelto en terciopelo de color �ndigo, que colgaba sobre la repisa como hab�a colgado durante cincuenta a�os.</p><p>�Ninguno de nosotros ha cambiado. �Mir� a Imogen, vio que asent�a, y sonri�. Ninguno de nosotros, madre. Ni siquiera yo.</p><p>��Y c�mo quieres que lo sepa, con los ojos como los tengo? �Imogen se acerc� m�s a la chimenea, atisbando�. De todos modos, tendremos que poner otro dentro de poco. Cuando te cases con Fenran. Un cuadro de todos nosotros en tu banquete de bodas resultar�a perfecto; y quiz�s una miniatura, tambi�n, para enviarla a mi familia en Khimiz.</p><p>�Est�n todos muertos, madre �dijo �ndigo con calma�. Muertos hace tiempo.</p><p>��Lo est�n? Bueno, no importa. Luego, cuando Kirra escoja esposa, tendremos...</p><p>��No!</p><p>La mano de �ndigo se cerr� sobre el mango del cuchillo. Imogen se dio la vuelta y la contempl� con bondadosa curiosidad, y las palabras que �ndigo hab�a ensayado una y otra vez en preparaci�n para este momento surgieron en tropel.</p><p>�No, madre, Kirra no se casar�. No lo permitir�. Nosotros no lo permitiremos. No ser� as�... No debe serlo, o... �De nuevo se interrumpi�.</p><p>�Qu� criatura m�s extra�a eres... �La reina parpade�. Tienes que hablar con tu padre sobre ello. �l tomar� la decisi�n.</p><p>�ndigo se volvi�.</p><p>�Padre...</p><p>El rey Kalig la contemplaba indulgente. Una parte de la mente de �ndigo, medio sepultada, se dio cuenta de que momentos antes �l no se encontraba en la habitaci�n, pero el resto de ella, cautivo del sue�o, de la alucinaci�n, acept� su presencia sin sorprenderse. Tambi�n �l iba vestido de rojo sangre, y de nuevo ella se pregunt� por qu�. �l no necesitaba ocultar las manchas.</p><p>�Padre... �Se acerc� a besarlo y fue como si besara hueso viejo y barnizado, no obstante el hecho de que �l estuviera all� de pie ante ella, vigoroso y lleno de vida.</p><p>El rey Kalig dirigi� una mirada a su esposa; una mirada furtiva, que su hija no deb�a ver. A �ndigo le molest� aquello.</p><p>�Toca para m�, Anghara �pidi� el rey, utilizando el nombre equivocado, el nombre que hab�an decidido no darle�. Toca el arpa de Cushmagar. La ha dejado preparada para ti.</p><p>No hab�a visto el arpa al entrar en la habitaci�n, pero ahora estaba all�, solitaria en medio del suelo. �Cu�nto tiempo hab�a transcurrido desde que alguien se hab�a atrevido a tocarla? �Qui�n pod�a haberse atrevido desde la muerte de Cushmagar?</p><p>�Interpreta el <emphasis>aisling</emphasis> de Cushmagar �orden� su padre.</p><p>No desobedeci� a su padre. Se acerc� al arpa; no hab�a ning�n taburete dispuesto pero de todos modos el instrumento se encontraba a la altura exacta. No necesit� m�s que colocarse frente a �l. Flexion� los dedos y pos� las manos sobre las cuerdas, recordando la melod�a a pesar de que Cushmagar a�n no hab�a tenido tiempo de ense��rsela. Ma�ana a lo mejor la rega�ar�a por su presunci�n, pero por ahora eso no era importante.</p><p>Puls� el primer acorde. Fuera de los muros de Carn Caille un lobo aull� consternado, y las cuerdas del arpa se partieron bajo sus dedos.</p><p>��No! ��ndigo se ech� hacia atr�s, y el arpa empez� <emphasis>A</emphasis> desplomarse; la madera y el metal se desmoronaban en sus manos, convertidos en algo podrido. Mir� a su alrededor, fren�tica, pero Kalig e Imogen hab�an desaparecido.</p><p>Detr�s de ella, unas manos fueron a posarse sobre sus hombros.</p><p>Con un chillido de sorpresa, �ndigo gir� en redondo.</p><p>Unos ojos grises se clavaron en los suyos; ojos risue�os, amantes, traviesos y satisfechos de haberla sobresaltado.</p><p>Una melena negra enmarcaba un rostro curtido por el viento, y todav�a llevaba las viejas ropas con las que hab�an ido a cabalgar juntos a primeras horas de aquel mismo d�a.</p><p>Debiera haberse cambiado de ropa antes de la fiesta de la noche en el gran sal�n; su hermano, Kirra, se hab�a dado cuenta y hab�a hecho un comentario desagradable. Hab�a sonado como una broma, pero �ndigo sab�a que no era as�.</p><p>�Amor m�o... �Se olvid� del arpa, que de todos modos se hab�a deshecho ya, y se entreg� a sus brazos�. Fenran. Mi amor. Mi esposo.</p><p>Porque lo era. Ella llevaba el anillo en el dedo, y, aunque �l tuviera ahora diez a�os m�s en tanto que ella no hab�a cambiado, eso no importaba. Empez� a besarla y ella dijo, volviendo la cabeza a un lado:</p><p>�No, amor, no. Mi padre y mi madre nos observan. �Tu padre y tu madre se han ido �replic� �l, y al mirar por encima del hombro ella vio que as� era. Estaban solos en la habitaci�n. Hab�a llegado el momento, pues. �Carn Caille duerme. �Fenran, su amante, su esposo, su socio en la conspiraci�n, apret� los labios contra la oreja de �ndigo y su voz fue un susurro, �spero, extra�amente gutural�. Todos duermen.</p><p>�Todos duermen. �Lo repiti� en un tono que reproduc�a el de �l, y esboz� una sonrisa vieja, astuta y amarga�. Ellos duermen, mientras que nosotros permanecemos despiertos. �Sac� entonces el cuchillo y se lo mostr�. La mano derecha de Fenran se cerr� sobre �l y recorri� la hoja con la punta de los dedos. No se hizo ning�n corte; no hab�a sangre cuando volvi� a abrir la mano. Perfecto. No hab�a sangre, no hab�a mancha.</p><p>Unicamente la mancha de su mente. Sin duda, cuando los dos eran j�venes no hab�a sido as�. �No hab�an sido m�s felices, entonces?</p><p>Aunque no dijo en voz alta lo que pensaba, Fenran supo sus pensamientos.</p><p>�S� �dijo �l�, �ramos m�s felices. Pero volveremos a ser felices. Cuando est� hecho, cuando haya terminado. Nos lo prometimos el uno al otro, amor, y sabemos que es cierto.</p><p>Ella contempl� su rostro, sus canosos cabellos, y profiri� una suave carcajada. Era la risa de una anciana, pero eso no la desconcert�. No se pod�a negar el paso del tiempo ni impedirlo, y hab�a transcurrido mucho tiempo mientras esperaban esta noche.</p><p><emphasis>Existi� una �poca, una �poca antiqu�sima...</emphasis></p><p>La voz, que al parecer hablaba desde el aire por encima de su cabeza, hizo que la muchacha echara una r�pida ojeada a lo alto pero nada m�s. Cushmagar ya no estaba all� para contar las viejas historias con sus ocultas advertencias. Su momento hab�a pasado. El momento de Kalig e Imogen hab�a pasado. Y pronto el obst�culo que se interpon�a todav�a entre ellos y lo que era leg�timamente suyo tambi�n desaparecer�a.</p><p>Era curioso y gratificante que, pese a que sus cabellos eran blancos y su cuerpo empezaba a volverse fr�gil, Fenran segu�a mostr�ndose erguido y sin encorvarse. Se ech� la capucha de la capa sobre la cabeza, sumiendo rostro y cabellos en las sombras; ella hizo lo mismo, y se convirtieron en siluetas en la oscuridad. �l le tom� la mano; en la otra mano de la muchacha, el mango del cuchillo se acomod� como un viejo amigo.</p><p>Abandonaron juntos la habitaci�n.</p><p>��Niahrin! �Niahrin!</p><p>La bruja se abri� paso por entre los baj�os de sue�os imprecisos y despert�, para encontrarse con algo grande, oscuro y pesado que la oprim�a. Por un momento, cogida por sorpresa, estuvo a punto de dejarse llevar por el p�nico, pero entonces la ronca voz de <emphasis>Grimya</emphasis> surgi� de la oscuridad, y sinti� el c�lido aliento de la loba en el rostro.</p><p>��Niahrin, tienes que despertar! �Deprisa, deprisa! �Necessssito tu ayuda!</p><p>Niahrin se liber� del revoltijo que hab�a hecho con las mantas del lecho y se sent�.</p><p>�Cari�o, �qu� es, qu� ha sucedido?</p><p>�Es �ndigo. �<emphasis>Grimya</emphasis> jadeaba y se percib�a un tono dolorido en su voz�. �Por favor, Niahrin, deprisa!</p><p>���ndigo? �Los dedos de la bruja empezaron a hormiguear de forma muy desagradable�. �Qu� ha sucedido, <emphasis>Grimya?</emphasis> �Qu� ha hecho �ndigo?</p><p>No bien hubo hecho la pregunta sinti� una punzada de sorpresa. No hab�a inquirido qu� le hab�a sucedido a �ndigo, sino qu� hab�a hecho �ndigo. Hab�a sido un acto totalmente irreflexivo, pero Niahrin hab�a sabido al momento que, si amenazaba alg�n peligro, �ndigo era la causa y no la v�ctima. <emphasis>Grimya,</emphasis> sin embargo, estaba demasiado agitada para darse cuenta de lo que Niahrin hab�a dicho. La loba hab�a resbalado hasta el suelo y tiraba del dobladillo del camis�n de la bruja, profiriendo ahogados gemidos por entre la boca llena de ropa.</p><p>��De acuerdo, de acuerdo, ya voy! Pero necesito luz; �no puedo ver en la oscuridad como t�!</p><p>Niahrin se apresur� a encender una vela; luego, al recordar su �ltimo paseo helado por los pasillos de Carn Caille, se envolvi� en su chal antes de seguir a la fren�tica <emphasis>Grimya</emphasis> fuera de la habitaci�n.</p><p>��Querida, si apenas puedes andar! �exclam� cuando llegaron a la puerta�. �Qu� has estado haciendo?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> levant� los turbados ojos hacia ella.</p><p>��Pu... puedo andar! �Debo hacerlo! �Tengo que ense��rtelo!</p><p>�Ahora, espera. �Niahrin se detuvo y pos� una mano sobre la loba para retenerla mientras estiraba la otra en direcci�n al pestillo�. Antes de que salgamos corriendo a alguna parte, �no ser�a m�s sensato decirme qu� sucede? �Si t� vas lloriqueando por todo Carn Caille en este estado y conmigo corriendo tras de ti, tendremos a todos los habitantes del lugar despiertos y acudiendo a contemplar el jaleo antes de que sepamos d�nde estamos! �Quieres eso?</p><p>�Nnno. Pero...</p><p>�Bien. �Al ver que hab�a conseguido hacer llegar el mensaje a la loba, Niahrin la solt�. Antes de que demos un paso dime qu� ha sucedido.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> lo hizo. A medida que se explicaba advirti� entristecida que lo que hab�a visto frente a la puerta de �ndigo sonaba a algo insignificante e insuficiente para haberle provocado tal estado de agitaci�n. Pero hab�a subestimado a Niahrin. La bruja comprendi� al instante que hab�a mucho m�s en todo aquello de lo que cualquier bardo, y mucho menos <emphasis>Grimya,</emphasis> podr�an haber expresado en palabras; y, cuando la loba le mencion� el cuchillo que �ndigo sosten�a, la inquietud de Niahrin pas� repentinamente de capullo a flor.</p><p>��Qu� clase de cuchillo era? �inquiri�. �De las cocinas?</p><p>�No, no era as�. Muy largo, muy afilado. Una daga. Y el mango estaba ad... adornado.</p><p>Por lo que Niahrin sab�a, ni �ndigo ni Vinar pose�an ninguna arma...</p><p><emphasis>�Grimya</emphasis> �dijo la bruja, terriblemente seria ahora�, �adonde iba �ndigo? �Lo sabes?</p><p>La loba balance� la cabeza de un lado a otro.</p><p>�No, no... conozco Carn Caille. Pero caminaba hacia el ala sur.</p><p>Sur. No, eso no encajaba con la premonici�n que corro�a la mente de Niahrin. Alg�n otro lugar; alg�n otro lugar...</p><p>Entonces, de forma espont�nea, una imagen se form� en su cerebro, y supo la respuesta.</p><p>�<emphasis>Grimya,</emphasis> espera aqu�. �Su voz era severa�. Creo que s� d�nde encontrar a �ndigo, pero debo moverme con rapidez. �Su mano se posaba ya en la puerta�. Esp�rame... �Rezar� para no tardar demasiado!</p><p>Sab�a que <emphasis>Grimya no</emphasis> obedecer�a, y mientras empezaba a correr por el pasillo escuch� el ruido de la loba al seguirla con toda la rapidez de que era capaz. S�lo la Madre sab�a qu� acarrear�an a su pata herida los esfuerzos de aquella noche, pero Niahrin no ten�a tiempo de detenerse y empezar a discutir. Si su sospecha era cierta �pens�, aferr�ndose a esa esperanza�, ten�a que moverse deprisa, o su intervenci�n llegar�a demasiado tarde.</p><p>Se equivoc� de pasillo tres veces mientras se encaminaba a su destino y cada vez se vio obligada a volver sobre sus pasos, maldiciendo en silencio el laberinto que era Carn Caille y su propia ignorancia. <emphasis>Grimya</emphasis> todav�a la segu�a, tozuda, a pesar de que ahora apenas si pod�a cojear; la loba deseaba llamar a Niahrin y preguntarle adonde iba, pero ten�a demasiado miedo de utilizar la voz por si alguien de las habitaciones ante las que pasaban se despertaba y la o�a.</p><p>Pero por fin Niahrin encontr� la torre que buscaba, en el v�rtice de dos corredores. Al acercarse vio que una arcada daba a la torre, y que tras la arcada una escalera ascend�a en espiral.</p><p>Cojeando y resbalando sobre el suelo de piedra, <emphasis>Grimya</emphasis> la alcanz� mientras ella permanec�a indecisa ante el arco. �Niahrin.,. �La loba reuni� el valor necesario para hablar, en la confianza de que no hab�a nadie que pudiera o�rla. Jadeaba�. �Qu� es este lugar? No es donde �ndigo duerme... Su habitaci�n est� en otrrr... otra parte del... � �Chist! �Niahrin levant� un dedo para silenciarla, atisbando en la oscuridad del hueco de la escalera y deseando poder distinguir lo que hab�a arriba�. Lo s�. Pero creo que es aqu� donde vendr�. <emphasis>Grimya</emphasis> olfate� el aire... y se puso alerta. �No vendr� �anunci�. ��Qu�? �La bruja gir� bruscamente. �No vendr�. Ha venido. <emphasis>�Grimya alz�</emphasis> el hocico�. La huelo, �huelo a �ndigo! Ha llegado aqu� antes que nosotras. El rastro es muy reciente. Niahrin lanz� un juramento en voz baja. ��Adonde fue?</p><p>�No... esssstoy segura. Pero... �Entonces, de improviso, <emphasis>Grimya</emphasis> levant� la cabeza y mir� a la bruja con creciente horror�. Niahrin, �creo que �ndigo sigue aqu�! �Y si lo est�, al... algo terrible va a suceder!</p><p>Ella hab�a querido la torre norte. Ambos la hab�an querido, ya que era un agradable lugar en el que refugiarse del bullicio de Carn Caille, y tambi�n quedaba alejado de las inmensas vistas meridionales de la tundra y la inquietante luz estival de las regiones polares situadas m�s all�. Hubo una �poca en que �ndigo hab�a amado aquellas tierras con su enorme y desolada belleza, pero eso hab�a sido mucho tiempo atr�s y la antigua magia que hab�an tenido para ella se hab�a convertido en algo menos agradable, de modo que no hab�a querido volver a contemplarlas. Pero les hab�an negado la torre. Como tantas otras cosas, otro hab�a reclamado la torre; las palabras y los argumentos no hab�an conseguido rectificar la decisi�n, y la amargura hab�a hecho su aparici�n. Ahora la amargura era todo lo que quedaba y la corro�a desde dentro como una enfermedad devastadora. Hubo una �poca en que amaba a su hermano, pero aquello hab�a quedado atr�s, sepultado por los resentimientos, los celos y las frustraciones, que hab�an encontrado su nuevo punto de mira en la disensi�n sobre la torre.</p><p>Pero, aunque la torre era una cuesti�n insignificante, los otros agravios no lo eran. Ella lo sab�a; Fenran lo sab�a; y ahora, juntos, resolver�an de una vez por todas la injusticia que se hab�a cometido con ellos. �Injusticia.� La palabra reson� en la mente de �ndigo como una letan�a. Toda su vida hab�an padecido la injusticia, pero eso terminar�a. No m�s desilusiones. No m�s rivalidades. Esta noche reclamar�an lo que se les deber�a haber concedido a�os atr�s.</p><p>Fenran aguardaba en el pasillo principal. Hab�a querido ocupar el lugar de ella y llevar a cabo la acci�n por su propia mano, pero �ndigo se hab�a negado. Ella hab�a iniciado esto; ella lo terminar�a. Era lo justo. As� pues Fenran aguardaba y vigilaba, y ella... Sonri�, sin dejar que las palabras surgieran pero sabiendo que estaban en su mente, reconfortantes y c�lidas.</p><p>La habitaci�n de la torre no estaba totalmente a oscuras ni tampoco en completo silencio. La tenue luz de la luna brillaba a trav�s de la alta y estrecha ventana y jugueteaba a los pies del enorme lecho con dosel �que debiera haber sido su lecho, el de ellos�, y de la zona en penumbra situada m�s all� le llegaba el apagado y r�tmico sonido de dos durmientes que dorm�an pac�ficamente.</p><p>Kirra y su esposa hab�an bebido vino con una calculada dosis de narc�tico, y no despertar�an. Con paso ligero y sigilosa como la neblina, �ndigo avanz� hacia la cama, y el cuchillo que empu�aba centelle� al ser alzado en el aire.</p><p>Entonces, desde el otro lado de las puertas de Carn Caille, sobresaltando a Niahrin, que permanec�a indecisa junto a la escalera, sobresaltando igualmente <emphasis>A Grimya,</emphasis> cuyos ojos estaban clavados en las sombras llenos de terror, y rompiendo el hechizo que dominaba a �ndigo, una jaur�a de lobos elev� sus voces al un�sono en medio de la noche para dar la alarma con un coro de aullidos.</p><p>En la habitaci�n de la torre, la violenta sacudida provocada por el repentino despertar dej� a �ndigo sin aliento y la hizo tambalearse hacia atr�s. Se balance� y recuper� el equilibrio por puro reflejo f�sico; luego sus ojos se abrieron y se qued� inm�vil, parpadeando aturdida, en medio de la habitaci�n.</p><p>�D�nde se encontraba? �sta no era la habitaci�n que le hab�an dado; el mobiliario era diferente, la estancia misma era m�s grande, y la ventana estaba en el lugar equivocado.</p><p>Y en su mano... �qu�...?</p><p>Levant� la mano, vio lo que sosten�a, y su boca se abri� llena de incredulidad. Muy despacio, volvi� la cabeza para mirar en direcci�n a la cama. Las cortinas estaban corridas, la luz de la luna iluminaba los postes de la cabecera E entre ellos se distingu�a un revoltijo de almohadas y el brillo de una melena rubia. El rostro de la durmiente estaba vuelto a un lado, pero un brazo de piel muy blanca sobresal�a por encima de las mantas, con la mano extendida y los dedos ligeramente crispados, y en uno de los dedos brillaba una alianza. �ndigo hab�a visto antes la alianza. Era la de la reina Brythere.</p><p>La comprensi�n lleg� arrastr�ndose desde lo m�s profundo de su ser hasta alcanzar su mente consciente. Las manos empezaron a temblarle, el cuchillo escap� de sus dedos y golpe� el suelo con un leve pero claro sonido. Brythere se removi� en el lecho y murmur� unas palabras. Presa de p�nico, con la cabeza d�ndole vueltas y el coraz�n latiendo con tal fuerza bajo las costillas que parec�a como si fuera a estallar, �ndigo se agach� r�pidamente para tantear el suelo en busca del arma. No deb�a dejarla all�, no deb�a dejarla all� para que la encontraran, y mientras sus dedos intentaban localizarla rez� en silencio, desesperada: �No dejes que despierte; oh, dulce Tierra, Madre todopoderosa, por favor, no dejes que despierte...�.</p><p>De pronto, un leve movimiento captado con el rabillo del ojo llam� su atenci�n. La cabeza de �ndigo se alz� violentamente, y lo que vio casi le provoc� un ataque al coraz�n. Una figura se hab�a alzado frente al dosel de la cama y la miraba directamente a ella.</p><p>Por un espantoso momento �ndigo perdi� toda esperanza. La reina hab�a despertado; estaba sentada en la cama, la hab�a visto, y un grito de auxilio har�a aparecer corriendo a la mitad de los soldados de Carn Caille. Pero la figura no grit�, no se movi� siquiera... y entonces �ndigo se dio cuenta de que la primera impresi�n hab�a sido err�nea. �sta no era Brythere. Brythere segu�a dormida... pero erguida m�s all� de su figura tumbada, en el extremo opuesto de la cama, hab�a una anciana. Los blancos cabellos sujetos en trenzas le ca�an hasta la cintura, y ten�a el rostro cubierto de arrugas y la boca hundida y curvada en una mueca amarga. �ndigo reconoci� las familiares facciones y los brillantes ojos de color azul viol�ceo: era la representaci�n de su propio ser en a�os venideros.</p><p>La vieja sonri�; no fue una sonrisa agradable sino cruel, astuta y conspiradora. La mujer levant� una mano y la llam�.</p><p>El autocontrol que �ndigo se hab�a esforzado por mantener no pod�a competir con esta aparici�n. Incapaz de contenerse profiri� un gemido de aut�ntico terror y, olvidando el cuchillo perdido, dio media vuelta y huy�. Fue vagamente consciente de que a su espalda se produc�a un repentino frenes� de actividad y que una �aguda voz de mujer la llamaba interrogante y alarmada, pero no se detuvo; mientras Brythere se incorporaba en el lecho y el fantasma de la anciana desaparec�a, ella abandon� la habitaci�n. Descendi� los bajos escalones de tres en tres y de cuatro en cuatro, perdiendo pie en dos ocasiones, chocando en una contra la pared y ara��ndose la mano con la �spera piedra al apoyarse para recuperar el equilibrio. Alcanz� el final de la escalera, se lanz� a trav�s de la arcada, gir�... y choc� de cara con Niahrin. ���ndigo!</p><p>La bruja la agarr� por el brazo, oblig�ndola a detenerle. Por un instante los ojos de las dos mujeres se encontraron y sus miradas se clavaron la una en la otra; Niahrin desconcertada, �ndigo aterrada. Luego, con un violento [tir�n que cogi� a Niahrin desprevenida, �ndigo liber� su brazo y, antes de que la bruja pudiera reaccionar, se alej� Corriendo por el pasillo.</p><p>�<emphasis>��ndigo!</emphasis> �grit� <emphasis>Grimya,</emphasis> angustiada�, <emphasis>��ndigo!</emphasis> Intent� seguir a la figura que hu�a, pero Niahrin salt� sobre ella y la retuvo.</p><p>��No, <emphasis>Grimya,</emphasis> no, jam�s la alcanzar�as! �Silencio, o tendremos a la mitad de Carn Caille corriendo hacia aqu�! Pero era demasiado tarde para tener en cuenta eso; tanto si hab�a sido el grito de Brythere o el del lobo lo que los hab�a despertado, alguien estaba ya despierto. Se escuch� el ruido sordo de una puerta que se cerraba de golpe; luego unos pasos veloces se acercaron desde la direcci�n opuesta a aquella que hab�a tomado �ndigo. Una voz de mujer grit� una orden, y m�s pisadas se unieron a la primera. Se aproximaron r�pidamente. Niahrin hab�a tenido presencia de �nimo de seguir sujetando el collar�n de <emphasis>Grimya</emphasis> y arrastr� materialmente a la loba por el suelo hasta un punto donde un peque�o pasillo lateral sal�a al pasillo principal. Si hab�a problemas y la encontraban all�, estar�a bajo sospecha y no podr�a explicar su presencia en el lugar.</p><p>��Silencio, <emphasis>Grimya!</emphasis> �No hagas el menor ruido! Susurr� la orden mientras ambas retroced�an fuera de vista, sin dejar de rezar para que la loba la obedeciera. Entonces se distingui� el resplandor parpadeante de unas velas, y aparecieron tres personas: Ketrin, la doncella de la reina, con dos guardas a su espalda. Conteniendo la respiraci�n, y con una mano lista para mantener cerrado el hocico de <emphasis>Grimya</emphasis> si intentaba hacer el menor sonido, Niahrin atisbo cautelosamente por la esquina a tiempo de ver c�mo la doncella y uno de los hombres atravesaban el arco en direcci�n a la escalera de la torre. El segundo permaneci� all�, y Niahrin aguard�, contando los segundos, temerosa de escuchar en cualquier momento el alboroto de un horrible descubrimiento. Pero no se escuch� ning�n alboroto; en su lugar, tras unos pocos minutos que le parecieron una hora, la doncella y el guarda reaparecieron.</p><p>�La reina ha sufrido otra pesadilla. �La voz de Ketrin era seca�. No hay motivo de alarma. Informad a su alteza y rogadle si le importar�a venir. Luego pod�is regresar a vuestras camas.</p><p>Los hombres hicieron una reverencia y se marcharon. Arriesg�ndose a echar una ojeada desde su escondite mientras ellos desaparec�an, Niahrin comprob� con desaliento que Ketrin no parec�a dispuesta a regresar a los aposentos de la reina Brythere y darle tiempo para escabullirse lejos de all� con <emphasis>Grimya,</emphasis> sino que aguardaba junto a la arcada. Su rostro mostraba una expresi�n peculiar que Niahrin no sab�a c�mo interpretar.</p><p>La reina viuda Moragh lleg� a los pocos minutos. Llevaba sus ropas de dormir y desde luego no parec�a haberle gustado que la sacasen de la cama. Niahrin escuch� un murmullo de palabras cortantes, pero de improviso una respuesta de Ketrin la dej� helada, a medida que iba captando la esencia de lo que la doncella dec�a.</p><p>�...en circunstancias normales, alteza. Pero cuando encontr� esto en el suelo...</p><p>Un momento de silencio. Luego Moragh dijo:</p><p>��Por la Diosa...!</p><p>Conteniendo la respiraci�n, consciente de que corr�a un gran riesgo pero tambi�n de que deb�a ver qu� era lo que Ketrin hab�a encontrado, Niahrin sac� la cabeza por la esquina.</p><p>Sobre la palma abierta de Ketrin hab�a un cuchillo de hoja muy larga.</p><p>��De qui�n es? �La voz de Moragh era grave y feroz�. �De d�nde sali�?</p><p>�No lo s�, alteza. Pero no es de la clase de los que utilizan nuestros hombres. La empu�adura... �Su voz se convirti� en un murmullo ahogado cuando dio la espalda a Niahrin, y la bruja no pudo escuchar el resto de lo que dec�a. Al poco Moragh se irgui�.</p><p>�Ser� mejor que vayamos a ver a la reina. No le digas nada a ella, Ketrin. No quiero que sepa esto. Realizar� mis propias investigaciones.</p><p>Las dos mujeres desaparecieron al otro lado de la arcada, y sus pasos se perdieron escalera arriba.</p><p>Niahrin apoy� la espalda contra la pared, cerrando los ojos. Se sent�a tremendamente aliviada de que no la hubieran visto, pero mezclado con el alivio hab�a el horror, ya que el descubrimiento del cuchillo confirmaba sus peores sospechas. Empujada por un estado de sonambulismo, �ndigo hab�a intentado asesinar a la reina Brythere. Pero <emphasis>�por qu�?</emphasis> �Qu� resentimiento pod�a yacer enterrado en la memoria perdida de �ndigo que la hiciera desear cometer tal acto? La reina era una aut�ntica desconocida para ella; no hab�a hecho ning�n da�o a �ndigo...</p><p>Un fr�o sudor empez� a correr por el cuerpo de la bruja cuando �sta se dio cuenta de lo cerca que hab�an estado los acontecimientos de aquella noche de convertirse en una tragedia. Los aullidos de los lobos deb�an de haber despertado a �ndigo. De no haber sido por ellos, la reina Brythere yacer�a ahora muerta entre sus ensangrentadas almohadas.</p><p>Sacudi� la cabeza con fuerza para desechar la estremecedora sensaci�n que parec�a querer arrancarle la columna vertebral. No ir�a tras �ndigo ni intentar�a hablar con ella; tambi�n habr�a que convencer a <emphasis>Grimya</emphasis> para que no realizara el menor intento de enfrentarse a su antigua amiga... aunque, cuando Niahrin baj� los ojos hacia la loba, se dio cuenta por su acurrucada y triste postura que el animal estaba demasiado desanimado para intentarlo. Eso estaba muy bien, ya que Niahrin tendr�a mucho que hacer ahora sin tener que preocuparse adem�s constantemente por el paradero de la loba o sus intentos de inmiscuirse. Esta noche hab�a vislumbrado otra parte del dibujo del tapiz y, a pesar de que todav�a no lo comprend�a, al menos le hab�a indicado en qu� direcci�n buscar.</p><p>Se agach� y acarici� con suavidad la coronilla de la loba.</p><p>�Vamos, querida. �Su voz era dulce y llena de compasi�n�. Ser� mejor que regresemos. No hay nada m�s que podamos hacer por ahora.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> devolvi� brevemente la mirada a la bruja para demostrar que comprend�a, pero no dijo nada. Al salir de su escondite y penetrar en el pasillo principal, una d�bil y fr�a r�faga de aire pas� veloz junto a ellas. Niahrin volvi� r�pidamente la mirada en direcci�n a la torre de la reina... y se detuvo. Por un instante una figura borrosa pareci� moverse junto a la arcada, y la bruja crey� vislumbrar un curioso destello plateado, como si dos ojos hubieran captado y reflejado la vacilante luz de la luna. Entonces, de repente, se le puso la carne de gallina cuando el helado vientecillo volvi� a soplar y pareci� musitar su nombre con una voz que conoc�a bien.</p><p>��Perd...?</p><p>Pero la ahogada pregunta de Niahrin muri� en su garganta. La borrosa figura hab�a desaparecido, y con ella el fr�o y susurrante soplo de aire. S�lo hab�a sido un espejismo creado por la luz de la luna, un enga�o a una imaginaci�n exacerbada ya en aquellos momentos. Perd no estaba all�, no hab�a estado all�. Era imposible que hubiera estado all�.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no parec�a haber observado nada; aguardaba, deca�da y silenciosa, para realizar el agotador viaje de regreso a sus habitaciones. Ci��ndose mejor el chal alrededor de los hombros, Niahrin se alej� por el pasillo.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 15</strong></p></title><empty-line/><p>El desayuno en Carn Caille se llevaba a cabo en el gran sal�n y era un acontecimiento realizado sin ning�n tipo de protocolo. La comida empezaba a servirse una hora despu�s del amanecer, pero no exist�a un horario establecido para comer; la gente simplemente entraba y com�a seg�n : permit�an sus deberes y horarios, y las idas y venidas se prolongaban hasta bien entrada la ma�ana.</p><p>Niahrin lleg� tarde pero lo bastante hambrienta para desear que quedaran a�n muchas fuentes llenas. Hab�a dormido como un le�o al regresar a su habitaci�n tras la excursi�n nocturna, y con gran alivio por su parte no la hab�an atormentado las pesadillas como tem�a. Al parecer, tanto su mente como su cuerpo sab�an cu�ndo llegaban a su l�mite, y un total agotamiento le hab�a concedido unas pocas horas de muy necesario descanso total. Ahora, sinti�ndose repuesta y s�lo un poco desmejorada, ser�a capaz de enfrentarse a la perspectiva de abordar la tarea que le esperaba. Pero se neg� a pensar en ello hasta no haber tomado un buen desayuno.</p><p>Hab�a una veintena de personas en el sal�n cuando entr�, aunque ning�n miembro de la familia real estaba presente. Los comensales eran en su mayor�a hombres vestidos con ropas de calle, y Niahrin supuso que hab�an trabajado ya algunas horas antes de detenerse a tomar el desayuno. La lluvia hab�a cesado, y por el �ngulo que describ�a el sol al penetrar por las ventanas la bruja calcul� que deb�an de ser pasadas las diez. Sonri� con un cierto aire culpable ante su propio retraso y se dirigi� a las largas mesas para investigar la comida. Fiambres, jud�as, gachas de avena... �ah!, pescado; y fresco adem�s. Esto era un raro manjar para ella, pues, aunque viv�a bastante cerca del mar, la zona del bosque que habitaba estaba demasiado escasamente poblada para que resultara rentable llevar pescado fresco para vender, y ella no realizaba muy a menudo el viaje hasta los poblados costeros o el mercado de Ingan. Pero a Carn Caille el pescado llegaba casi diariamente, y se sirvi� una muy generosa raci�n que remat� con tres rebanadas de pan reci�n hecho. Prefiriendo la cerveza a una infusi�n caliente, llen� una jarra y luego transport� su bot�n hasta una mesa vac�a. Recibi� a su paso unos cuantos saludos de cabeza y sonrisas, y la satisfizo descubrir que a nadie parec�a preocupar su rostro desfigurado. Sencillamente la aceptaban como a uno de ellos, y �sa era una sensaci�n agradable.</p><p>Devoraba hambrienta el desayuno mientras pensaba en lo que llevar�a a <emphasis>Grimya,</emphasis> que segu�a durmiendo en la habitaci�n, cuando llegaron dos personas m�s. Levantando la mirada con despreocupaci�n, Niahrin pudo ver a Vinar y a �ndigo que entraban en el sal�n. El rostro de �ndigo aparec�a ojeroso; incluso desde aquella distancia los negros c�rculos bajo sus ojos resultaban claramente visibles, y se sujetaba al brazo de Vinar como si fuera a caer sin su apoyo. Vinar, en cambio, ten�a un aspecto totalmente diferente, y Niahrin arrug� la frente sorprendida mientras le dedicaba una segunda y m�s atenta mirada. Todo en �l rebosaba..., bien, �entusiasmo� fue la primera palabra que acudi� a la mente de la bruja. Entusiasmo, impaciencia y una alegr�a desmedida que parec�a tener gran dificultad para reprimir. Aunque la idea resultaba rid�cula, Niahrin tuvo toda la impresi�n de que el joven marinero se echar�a a cantar a la menor excusa.</p><p>Entonces Vinar la vio. Una amplia sonrisa apareci� en su rostro, y la salud� desde el</p><p>otro extremo del sal�n; su enorme vozarr�n hizo girar las cabezas.</p><p>��Neerin! �Eh, Neerin!</p><p>Empez� a andar hacia ella, arrastrando a �ndigo con �l. Por un momento Niahrin pens� que el hombret�n iba a levantarla por los aires y darle un abrazo de oso, pero se contuvo y en su lugar se apoder� de la mano de la bruja, que oprimi� y sacudi� con energ�a.</p><p>��Neerin, tenemos noticias, grandes noticias! �Tras soltarla, apret� a �ndigo contra s� con m�s fuerza�. Y ser�s la primera en saberlas. ��ndigo y yo nos vamos a casar, ahora mismo!</p><p>Niahrin lo contempl� sorprendida. Su boca se abri� pero no surgi� de ella ning�n sonido.</p><p>��No es la mejor cosa que has o�do en muchos d�as? �Sin prestar atenci�n a su expresi�n contrariada, el fornido scorvio se dej� caer alegremente sobre el banco contiguo y sent� a �ndigo en sus rodillas�. Anoche, mi �ndigo me dijo que s�. �Acept�! � El tronar de sus regocijadas carcajadas hizo volver las cabezas de los presentes por segunda vez, y algunos comensales que se encontraban de pie empezaron a acercarse a la mesa, llenos de curiosidad por lo que suced�a�. Siempre dije que esperar�a hasta que hall�ramos a su familia y que lo har�a como era debido, pero ahora �ndigo dice que s� y no quiere esperar. Ya no desea aguardar m�s; �no es as�, mi amor?</p><p>�No �dijo �ndigo con energ�a�. Ya no quiero esperar, no quiero esperar m�s.</p><p>Vinar la abraz�, y Niahrin, que los observaba, sinti� como un pu�etazo en el est�mago. Mientras hablaba �ndigo hab�a sonre�do a la bruja, pero en sus ojos hab�a un brillo de franco desaf�o y hostilidad.</p><p>Totalmente desconcertada, Niahrin no supo qu� contestar.</p><p>�Pero... �consigui� articular por fin�, pero qu� hay de..., de... �Entonces record� que �ndigo no sab�a nada del enga�o de Vinar. Dirigi� al scorvio una mirada horrorizada que intentaba transmitir lo que quer�a decir sin necesidad de palabras.</p><p>�Todo est� bien. �Vinar sonri� satisfecho�. Cont� a �ndigo lo que hab�a hecho, y me ha perdonado. �Sus hombros se estremecieron con nuevas risas, que esta vez contuvo�. Te confesar�, Neerin, que no fue f�cil decir las palabras y confesarlo todo, pero lo hice. De modo que ahora todo est� bien y es como debe ser, �y yo dir�a que soy el hombre m�s feliz de las Islas Meridionales!</p><p>Algunos de los espectadores curiosos hab�an llegado junto a ellos ya y captado la esencia del anuncio; con gran animaci�n ofrecieron sus felicitaciones, dando palmadas a Vinar en la espalda, haciendo bromas, interes�ndose por la fecha exacta de la boda. Niahrin, con la mente hecha un l�o, pens�: �Dulce Tierra, �por qu� ha hecho ella esto? Sabe lo que sucedi� anoche; �debe de saber lo que estuvo a punto de hacer! �Se lo habr� contado a Vinar? Por todo lo m�s sagrado, �qu� suceder� si �l no lo sabe?�.</p><p>Entonces volvi� a mirar a Vinar y se dio cuenta de la verdad. El no lo sab�a: era imposible. No era un actor, e, incluso aunque lo hubiera sido, un hombre tan honrado y decente como �l jam�s se habr�a comportado de una forma tan despreocupada tras una revelaci�n como �sa. �ndigo no hab�a tenido reparos en relatarle el primer sue�o, pero �ste, al parecer, era algo que pensaba guardar para s�.</p><p>�ndigo volvi� la cabeza de repente y su mirada se encontr� con la de Niahrin. La hostilidad de sus ojos parec�a haberse intensificado, pero bajo �sta Niahrin percibi� algo m�s que reconoci� al instante como miedo. No, no era miedo; esa palabra no era la adecuada. �ndigo estaba <emphasis>aterrada</emphasis> de que su secreto estuviera en peligro, y su mirada era a la vez una advertencia a Niahrin para que no dijera nada y una amenaza de lo que le suceder�a si no hac�a caso de su advertencia.</p><p>La bruja volvi� la cabeza r�pidamente. No estaba preparada para responder al desaf�o de �ndigo, pues no sab�a qu� hacer. Contar la verdad a Vinar, ahora o m�s adelante, quedaba totalmente descartado, ya que la muchacha no tenia m�s que negarla. Vinar aceptar�a su palabra contra la de todo el mundo si era necesario. Pero si no le advert�a...</p><p>Sus pensamientos se interrumpieron con brusquedad cuando desde las puertas alguien exclam� en voz alta y con tono divertido:</p><p>��Mirad qui�n ha venido a reunirse con nosotros!</p><p>Todos los que se encontraban en las mesas y entre el grupo que rodeaba a Vinar e �ndigo se volvieron y estiraron el cuello para mirar. Un hombre alto de tez oscura ri� encantado.</p><p>�Es la loba domesticada... �Ha venido a buscar su desayuno!</p><p>Niahrin se puso en pie de un salto y vio a <emphasis>Grimya.</emphasis> La loba hab�a entrado en el sal�n pero ahora vacilaba, asustada por todos aquellos rostros extra�os y no muy segura de su bienvenida. Pero, mientras miraba indecisa a su alrededor, una mujer se acerc� a ella desde una de las mesas de servir.</p><p>�Ven, peque�a amiga del bosque, �ven! �Se inclin�, extendiendo una mano y realizando gestos de �nimo. Las orejas de <emphasis>Grimya</emphasis> se irguieron al frente y su cola se agit� t�midamente, lo que provoc� nuevas risas amables.</p><p>��Le gustas, Alinnie!</p><p>�Supongo que huele la comida. Que alguien le traiga un plato de fiambres.</p><p>�Cojea, fijaos. Tiene la pata trasera herida.</p><p>�Una de las brujas del bosque la trajo. �Est� aqu� ella, est� aqu� en el sal�n?</p><p>Recuperando la serenidad con un supremo esfuerzo, Niahrin abri� la boca para responder en voz alta: �S�, estoy aqu�! Lo primero que se le ocurri� fue que deb�a sacar a <emphasis>Grimya</emphasis> de all� a toda prisa antes de que sucediera el inevitable enfrentamiento, pero, al dirigirse a su encuentro, comprendi� que era demasiado tarde: <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a visto a �ndigo. Por un instante la loba permaneci� completamente inm�vil; entonces Vinar se volvi� y la vio a ella.</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> � Dej� a �ndigo en el suelo, se incorpor� de un salto y gir� de cara a la loba, con los brazos extendidos�. <emphasis>Grimya,</emphasis> ven a saludarnos!</p><p>Niahrin, horrorizada, sab�a lo que iba a pasar y no pod�a hacer nada para evitarlo; la alegr�a de Vinar era tan grande que ni por un momento se le ocurrir�a no compartirla con cualquier ser vivo que apareciera dentro de su radio de influencia. Con una sensaci�n de aterradora e impotente inevitabilidad, la bruja vio c�mo la postura de la loba se relajaba un poco �fueran cuales fueran sus diferencias, <emphasis>Grimya</emphasis> sent�a un gran cari�o por el scorvio� y c�mo el animal se acercaba a la mesa, movi�ndola cola con m�s energ�a ahora pero con la mirada fija en �ndigo. En cuanto lleg� junto a Vinar, �ste</p><p>se arrodill� y la abraz� con fuerza.</p><p>��Me alegro de verte, <emphasis>Grimya!</emphasis> �exclam�. Y ahora todo va a ir bien para nosotros. �Sujet� el hocico de la loba entre las manos y la mir� a los ojos, radiante de felicidad�. �Nos vamos a casar tan pronto como podamos!</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> qued� como paralizada. Luego volvi� la cabeza hacia Niahrin, suplicando con desesperaci�n con la mirada una respuesta negativa. La bruja no pod�a contestar en voz alta, pero su expresi�n revelaba la verdad.</p><p>��Eh, vamos, <emphasis>Grimya!</emphasis> �Vinar se sobresalt� cuando la loba se liber� de sus brazos con un violento movimiento convulso y retrocedi�. Los ojos del animal llameaban�. �Todo va bien! �He contado a �ndigo la verdad, y a ella no le importa! Podemos ser amigos otra vez...</p><p>No pudo seguir. <emphasis>Grimya</emphasis> no escuchaba sus palabras, ni parec�a darse cuenta de su presencia. Los cuartos traseros del animal se tensaron y, ante la sorpresa de todos los presentes, salt�, gru�endo, sobre �ndigo.</p><p>Cogida por completa sorpresa, la muchacha se desplom� bajo el peso de la loba. Pero la lesi�n hac�a que <emphasis>Grimya se</emphasis> moviera con torpeza; cuando las dos cayeron al suelo juntas la loba perdi� el equilibrio y aterriz� mal, y con veloz instinto de cazador �ndigo rod� por el suelo fuera del alcance de sus furiosos dientes.</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> �chill� Niahrin. Empujando a Vinar a un lado, corri� a sujetar a la loba por el collar�n, y la arrastr� fuera de all� al ver que intentaba volver a atacar�. �No, no, para! �<emphasis>Grimya</emphasis> lanz� un terrible ga�ido ahogado y se revolvi�, pero ella no la solt�. �No, <emphasis>Grimya,</emphasis> no! �D�jala en paz! �Y, viendo que Vinar intentaba con cierto retraso o bien ayudarla o bien atacar a la loba (no estaba segura de cu�l de las dos cosas, pero no le importaba en este momento), le grit�: �Maldito seas, idiota, d�jamela a m�!</p><p>El scorvio retrocedi�, y Niahrin empez� a tirar de la forcejeante y enfurecida <emphasis>Grimya </emphasis>en direcci�n a las puertas. Escuch� su propia voz, aunque parec�a pertenecer a otra persona; balbuceaba excusas, explicaciones ��tantos extra�os...�, est� muy nerviosa...�, �la pata le provoca malhumor...�� y sus sentidos registraron vagamente la situaci�n: rostros serios, murmullos ahogados, consternaci�n y desconcierto e indignaci�n, mientras intentaba alcanzar la puerta. Desde el umbral pudo adivinar a �ndigo que se incorporaba tambaleante, a Vinar sol�cito y perplejo ; a su lado, antes de arrastrar a la loba fuera de la sala y retirarse en direcci�n al refugio que ofrec�a su habitaci�n.</p><p>�No comprendo qu� le ha sucedido. �El brazo de Vinar rode� los hombros de �ndigo y apret� a la joven en actitud protectora, posesiva, contra �l�. Jam�s hab�a visto a <emphasis>Grimya</emphasis> comportarse as�, ni de un modo similar. �Suspir�. �Sabes qu�? Creo que est� celosa. Yo dir�a que es eso lo que debe de ser.</p><p>�ndigo parti� un pedazo de pan y empez� a masticarlo. Vinar observ� con alivio que parec�a haberse recuperado con mucha rapidez de la conmoci�n del inesperado ataque de <emphasis>Grimya, y</emphasis> ahora que todos los que los hab�an felicitado se hab�an retirado con mucho tacto a otras mesas, permitiendo que conversaran en privado, la muchacha volv�a a estar tranquila y serena.</p><p>�Celosa o no �respondi�, sean cuales sean sus motivos, eso no altera las cosas. �Volvi� la cabeza, y sus ojos, salpicados de plata, se clavaron con intensidad en los de �l�. No cambia nada, Vinar... y, si a <emphasis>Grimya</emphasis> no le gusta, puede buscarse un hogar con otra persona. �S�. S�, tienes raz�n.</p><p>Vinar sinti� una punzada de pesar, pues quer�a a <emphasis>Grimya y le</emphasis> dol�a haberla trastornado tanto. Pero si, como parec�a inevitable, la loba estaba decidida a obligar a �ndigo a escoger entre su antiguo y su nuevo amor, no pod�a m�s que sentirse satisfecho de que la elecci�n de su prometida fuera tan firme e inequ�voca. Por grande que fuera la desdicha de <emphasis>Grimya,</emphasis> pens� no sin cierta sensaci�n de culpabilidad, no pod�a estropear su propia felicidad. Tal vez si esta desavenencia entre ellos no llegaba a solucionarse, la loba podr�a encontrar un nuevo hogar junto a Niahrin. La bruja parec�a una mujer agradable, de buen coraz�n y desde luego muy encari�ada con el animal. Quiz�s ella podr�a ofrecer a <emphasis>Grimya</emphasis> una nueva felicidad y contento si �l e �ndigo no eran capaces de hacerlo.</p><p>Apart� el brazo de los hombros de su amada al fin y volvi� la atenci�n a su propio desayuno. Hasta ahora hab�a tenido poco tiempo para asimilar aquello tan extraordinario y maravilloso que le hab�a sucedido, y, puesto que era honrado, reconoci� que no sent�a demasiadas ganas de examinar muy a fondo los motivos que se ocultaban bajo el repentino e inesperado cambio de parecer de �ndigo. Para Vinar, las causas y los motivos no eran importantes; todo lo que importaba era que �ndigo quer�a convertirse en su esposa, y por ello �l estar�a eternamente agradecido.</p><p>Ella hab�a ido a verlo de madrugada. Hab�a entrado en su habitaci�n y lo hab�a sacado de su sue�o con un sobresalto; luego, tras cogerle las manos entre las suyas, le hab�a dicho de golpe y sin rodeos que quer�a que ambos se casaran. Asombrado, y todav�a confuso por el repentino despertar. Vinar hab�a estado en un principio medio convencido de que so�aba. Pero el fervor y resoluci�n de la joven hab�an sido tales que hab�a acabado por atreverse a creer que aquello no era un sue�o, sino la realidad: mareante y jubilosa realidad. Incluso la confesi�n de su enga�o, que hizo titubeante y temeroso de su c�lera, no signific� nada para ella. El la amaba, dijo; era por ese motivo que hab�a actuado como lo hab�a hecho. Lo comprend�a, y no hab�a nada que perdonar. El la amaba. Eso era todo lo que importaba. �l la amaba de verdad. Deb�a olvidar a su familia, le dijo; olvidar Carn Caille y la b�squeda que los hab�a llevado all�. Se casar�a con �l tan pronto como pudiera organizarse la ceremonia, y se ir�an los dos juntos, de vuelta al mar, de vuelta al hogar de �l en Scorva.</p><p>Vinar no sab�a nada de lo sucedido a primeras horas de esa noche. No sab�a nada del sue�o son�mbulo, de la visita de �ndigo a la torre de la reina o del tormento que la muchacha hab�a padecido durante las horas que siguieron. De regreso en su oscura habitaci�n, sentada en el suelo con las piernas cruzadas, �ndigo se hab�a columpiado febril adelante y atr�s, abraz�ndose a s� misma en un esfuerzo desesperado e in�til por mantener a raya su pesadumbre y terror. La reacci�n lleg� en estremecedoras oleadas, como una fiebre; im�genes horripilantes del crimen que hab�a estado a punto de cometer llameaban en su cerebro, y con ellas el terror ante la propia impotencia. �Qu� poder monstruoso se hab�a apoderado de su mente dormida? �Qu� horrores permanec�an encerrados en su perdida memoria, que la arrastraban a pensamientos asesinos? �Y qu� har�a, qu� <emphasis>podr�a</emphasis> hacer, si volv�a a atacarla aquel impulso durante el sue�o?</p><p>Y en el origen de todo ello estaba Carn Caille; �ndigo estaba segura ahora de que su llegada all� �o su regreso, pues la persegu�a una siniestra y terrible sensaci�n de familiaridad dentro de estas paredes� hab�a desencadenado algo en su cerebro. �Pesadillas que frecuentan las paredes�, hab�a dicho la reina Brythere. �ndigo volvi� a estremecerse. Hab�a cre�do que Carn Caille pod�a tener la clave del legado perdido de su pasado y ahora tem�a haber estado en lo cierto; pero el legado que la llamaba era algo salido de una pesadilla. La loba que hablaba, el loco Perd, la alterada familia real: todos formaban parte de ello, estaba segura. Y el peri�dico sue�o de Brythere, que ella hab�a compartido y que ahora por una aterradora deformaci�n hab�a estado a punto de convertirse en tr�gica realidad... �ndigo no quer�a saber nada m�s de todo aquello. No deseaba ahondar m�s en lo que fuera que se ocultaba aqu�; todo lo que quer�a era arrojarlo lejos de s� como arrojar�a a un demonio.</p><p>Balance�ndose y temblando a solas en la oscuridad, hab�a llegado a una decisi�n. Su �nico deseo era escapar de Carn Caille y del mal�volo hechizo que lanzaba sobre ella, y su �nica esperanza, su �nico puntal y salvaci�n, era Vinar. El no ten�a nada que ver en esto; era tan inocente como un reci�n nacido, firme y seguro, un viento limpio y purificador con el poder de dispersar la neblina envenenada que empezaba a rodearla. Un buen hombre... que la amaba. �ndigo sab�a que sus propios sentimientos no se correspond�an con los de �l y que a lo mejor jam�s lo har�an. Pero exist�an muchos grados de amor. Y ella apreciaba a Vinar, lo respetaba, y �l le gustaba. Sin duda eso era suficiente, y con el tiempo aprender�a a amarlo de la forma que sab�a que �l ansiaba. �l la ayudar�a, le ense�ar�a y, por encima de todo, la llevar�a lejos de Carn Caille y la proteger�a de los repugnantes fantasmas de los recuerdos que la muchacha tem�a recuperar.</p><p>As� pues hab�a ido a su encuentro, y hab�a dejado que la tomase en sus brazos, y le hab�a dicho que quer�a convertirse en su esposa. Ahora, ante la mesa del desayuno en el sal�n de Carn Caille y con su hombre, su prometido, sentado alto y fuerte y dulcemente posesivo junto a ella, era como si a �ndigo le hubieran quitado de los hombros un terrible peso. Ni siquiera la reacci�n violenta e imprevisible de la loba mutante la hab�a trastornado; el animal le resultaba indiferente, porque sab�a que no ten�a por qu� tener que ver nada m�s con �l. Ten�a a Vinar ahora. Vinar se ocupar�a de ella. Vinar la mantendr�a a salvo.</p><p>�Por qu�, entonces, <emphasis>por qu�,</emphasis> se sent�a como si una parte de su alma hubiera muerto?</p><p>La decisi�n que <emphasis>Grimya</emphasis> tom� durante la siguiente hora fue una de las m�s duras de su vida. En un principio se hab�a mostrado resueltamente desafiante; no dijo nada mientras la arrastraban sin miramientos de vuelta a la habitaci�n de invitados, no dijo nada mientras Niahrin la rega�aba abiertamente por su comportamiento, y no dijo nada tampoco cuando la bruja, reducida por fin a impotente exasperaci�n, se march� en busca de algo que comer. Cuando se hubo marchado, <emphasis>Grimya</emphasis> se acurruc� en el suelo, los ojos clavados en la puerta cerrada con llave pero sin ver otra cosa que las im�genes que desfilaban por su cerebro; im�genes que abarcaban cincuenta a�os de vagabundeo, de amigos y enemigos, triunfos y fracasos, alegr�as y desesperaci�n, y por encima de todo el v�nculo que �ndigo y ella hab�an compartido durante todas sus pruebas. Ahora, el pasado se hab�a convertido en cenizas. �ndigo la hab�a olvidado, olvidado el sue�o que durante tanto tiempo se hab�a esforzado por cumplir, y dentro de poco se asestar�a el �ltimo golpe cuando rompiera los lazos de uni�n, y con ellos sus irrealizadas esperanzas, para siempre.</p><p>Y todav�a quedaba un demonio.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no pod�a dejar que �ndigo se fuera. Sab�a que �se hab�a sido el acicate oculto tras el ataque realizado en el gran sal�n, aunque ahora se daba cuenta de que hab�a sido algo precipitado y est�pido y no hab�a ocasionado m�s que da�o en lugar del bien que ella deseaba. Si se hubiera detenido a pensar, en lugar de actuar llevada por un impulso temerario... Pero ahora era demasiado tarde para lamentarlo, y tampoco hab�a la menor esperanza de convencer a �ndigo para que la escuchara, y mucho menos la comprendiera. Si quer�a evitar la cat�strofe que se aproximaba, se dijo <emphasis>Grimya,</emphasis> deb�a encontrar otro modo. Y para ello necesitar�a ayuda humana.</p><p>Cuando Niahrin regres�, <emphasis>Grimya</emphasis> estaba decidida y dispuesta. La bruja entr� en la habitaci�n y cerr� la puerta; entonces se detuvo al ver a la loba sentada muy erguida en medio de la estancia. Una cautelosa expresi�n interrogante apareci� en sus ojos.</p><p>��Qu� sucede, <emphasis>Grimya?</emphasis> �pregunt�. �No te encuentras bien?</p><p>�No es eso. �Las palabras no salieron con facilidad, pero <emphasis>Grimya</emphasis> las hab�a ensayado y estaba decidida a decirlas�. Qui... quiero hablar contigo, Niahrin. Hay algo que debo contarte.</p><p>Por un momento Niahrin pens� que simplemente iba a disculparse, pero luego una intuici�n m�s sutil le indic� que esto era algo m�s. Se acerc� al sill�n situado ante la chimenea y se sent�, sin dejar de observar a <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>�S� �dijo con suavidad�, te escucho.</p><p>�Es... <emphasis>�Grimya</emphasis> vacil�, lanz� un gemido y volvi� a reunir todo su �nimo�. Es sobre �ndigo. Al... algo que no sabes. Nadie lo sabe, excepto yo. Ella... �De nuevo le fall� la voz. Niahrin no la presion� sino que esper� paciente. Por fin <emphasis>Grimya</emphasis> trag� saliva, se lami� el hocico y continu�.</p><p>��Rrre... recuerdas las habitaciones que vimos, donde hab�a vivido la familia del rey? Hab�a un cuadro all�, y todo el mundo dice que la muchacha del cuadro es igual a �ndigo.</p><p>�S� �volvi� a decir Niahrin.</p><p>�Hay un mo... tivo. Un motivo para que sean tan iguales.</p><p>��Quieres decir que conoces la verdad? �Niahrin se inclin� al frente�. ��ndigo desciende de la familia del rey Kalig?</p><p>�No desciende. <emphasis>�Grimya</emphasis> levant� los ojos. De improviso �stos mostraron una muda s�plica, y algo, una sensaci�n que no pudo nombrar, se removi� en la boca del est�mago de Niahrin�. No desciende �repiti� <emphasis>Grimya</emphasis> desesperadamente�, sino que son la misma persona. �ndigo y la prrr... princesa... son la misma persona.</p><p>El relato tard� bastante en finalizar, y cuando hubo terminado Niahrin no habl� durante un buen rato. Permaneci� sentada en el sill�n, inclinada todav�a al frente hacia la chimenea, y, aunque el fuego no estaba encendido a esta hora del d�a, mantuvo las manos extendidas como si las templara al calor de unas llamas invisibles. Mentalmente ve�a las manos de un anciano movi�ndose en las llamas, y o�a los lejanos acordes de un arpa...</p><p>Por fin fue capaz de romper el silencio; lo cierto es que tuvo que romperlo, o la habr�a asfixiado.</p><p>�Dulce Tierra �musit�. �Oh, dulce <emphasis>Madre Tierra!</emphasis></p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se acerc� despacio, vacilante, e introdujo el hocico en una de las manos extendidas de la bruja.</p><p>�Niahrin..., �no... me crees?</p><p>Los dedos de Niahrin se crisparon, y la mujer retir� las manos para llev�rselas al rostro. Su piel ard�a.</p><p>�S� �respondi�. S�, querida m�a, te creo.</p><p>��C�mo podr�a no hacerlo? �pens�. Los hilos empiezan a entretejerse. Su nombre. El v�nculo con Carn Caille. El anciano bardo Cushmagar, que conoc�a a Anghara y sab�a lo que hizo; que muri� sin revelar su secreto, dejando un arpa que se niega a emitir notas. Y los motivos por los que no puede casarse con Vinar; porque es vieja, y porque existe otro que tiene un mayor derecho. El miedo del rey Ryen, y el de su alteza, est�n bien fundados, �ndigo es la leg�tima reina de las Islas Meridionales, que ha regresado a casa despu�s de cincuenta a�os.�</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se lo hab�a contado todo. Le hab�a hablado de la Torre de los Pesares all� en la tundra meridional, y de la prohibici�n que en su frustraci�n la joven e irresponsable �ndigo hab�a roto. Hab�a hablado de los demonios que la insensatez de la muchacha hab�a liberado, y de la noche de terror, destrucci�n y muerte cuando aquellas antiguas fuerzas malignas descendieron sobre Carn Caille y provocaron estragos. Hab�a mencionado la maldici�n que hab�a ca�do sobre los hombros de �ndigo; la maldici�n de la inmortalidad, porque �ndigo jam�s envejecer�a ni morir�a hasta que se hubiera enfrentado a aquellos siete horrores siniestros uno a uno y los hubiera destruido. le hab�a hablado tambi�n de los largos a�os que ella y �ndigo hab�an estado juntas, a�os de prueba y vagabundeo, hasta que por fin seis demonios hab�an desaparecido del mundo y ya s�lo quedaba uno. Un demonio, que <emphasis>Grimya</emphasis> sab�a que aguardaba aqu� en las Islas Meridionales... y que, si �ndigo le daba la espalda para casarse con Vinar, llevar�a a la muchacha a la ruina.</p><p>Niahrin sent�a que la cabeza le daba vueltas. Siete demonios, encerrados en una antigua torre cuya puerta jam�s deb�a abrirse... El vago recuerdo de una historia contada por su abuela resonaba en su cabeza; pero aquello hab�a sido una vieja leyenda, una f�bula y no una historia aut�ntica. �Estaba segura de que no hab�a sido una historia aut�ntica? Y si, como <emphasis>Grimya</emphasis> le hab�a contado, aquellos siete demonios hab�an ca�do como furias chillonas sobre Carn Caille, llevando consigo la muerte y el derramamiento de sangre, �por qu� se cre�a �no, no se cre�a, <emphasis>se sab�a</emphasis>� que el rey Kalig y su familia hab�an muerto a causa de la plaga que hab�a barrido las Islas Meridionales aquel desdichado a�o? Luego, quiz� lo m�s fant�stico de todo, estaba Fenran, prisionero en un infierno del otro mundo y por quien �ndigo hab�a regresado a su pa�s. Fenran, dormido �en esp�ritu o en cuerpo� en un lugar llamado la Torre de los Pesares, que esperaba que volvieran a despertarlo a la vida.</p><p>�D�nde estaba, y qu� era, esta Torre de los Pesares? �Exist�a realmente all� en la tundra, o se trataba de una alegor�a de otra cosa? <emphasis>Grimya</emphasis> no pod�a responder a la pregunta, pues tan s�lo sab�a lo que �ndigo le hab�a contado y jam�s hab�a visto la torre con sus propios ojos. Todo lo que pod�a decir era que la torre hab�a contenido siete demonios. Pero �cu�l era la naturaleza de los demonios? La abuela de Niahrin le hab�a contado algo sobre ellos, pero a la vez se hab�a mostrado enigm�tica. Los demonios, hab�a dicho, no eran lo que parec�an, y cualquier practicante de las artes m�gicas que presumiera de comprender su esencia era o un mentiroso o un loco. �Mira en el interior de cualquier cosa que refleje la verdad �le hab�a dicho la abuela�. En una gota de lluvia, o en el cristal de una ventana, o en la brillante hoja de un cuchillo en el interior de tu propia y limpia cocina, y puedes ver demonios que son tan reales como t� misma. Lo cierto es que pueden ser c�mo t�.� Se hab�a negado a dar m�s explicaciones, diciendo a su nieta que su camino no se encontraba entre la familia demon�aca, pero ahora la bruja record� sus ambiguas palabras, y con ellas algo m�s; algo que le devolvi� un amargo recuerdo: siete demonios. Y, hasta que todos hubieran sido derrotados, la vida de �ndigo deb�a permanecer en el limbo, pues la maldici�n se la hab�a impuesto un poder mayor que el de ella misma.</p><p>Pero �era as�?, se pregunt� Niahrin. �Era realmente as�?</p><p>En su cerebro penetr� el recuerdo de una voz, un suspiro, la sensaci�n de una poderosa, bondadosa y a la vez remota conciencia, que le hablaba por entre los ecos espectrales de un arpa: �CRIATURA, CRIATURA M�A. NO FUE OBRA M�A...�.</p><p>�Oh, s�! Hab�a m�s en todo esto, mucho m�s de lo que sab�a <emphasis>Grimya,</emphasis> y Niahrin sinti� que un escalofr�o ps�quico le recorr�a mente y cuerpo. Ahora empezaba a comprender las im�genes del tapiz que la hab�a obligado a tejer la magia. Los soles gemelos, uno enojado, el otro ciego. La luna, se�ora del destino, colgando entre ellos encima de Carn Caille, cuya puerta de acceso era una enorme arpa por la que penetraba la procesi�n de diminutas figuras: �ndigo y <emphasis>Grimya,</emphasis> ella misma y Vinar...</p><p>Sin embargo quedaban misterios que desenredar de aquellos hilos. El tapiz no hab�a revelado todo lo que ten�a que contar, pues en la procesi�n se hallaban Ryen y Brythere, y el pobre loco de Perd Nordenson.</p><p>�Perd, que amaba a la reina Brythere, se present� ante �ndigo en una pesadilla e intent� matarla. E �ndigo fue, dormida, a la habitaci�n de la reina Brythere con un cuchillo en la mano...�, pens� para s�.</p><p>�<emphasis>Grimya...</emphasis> �Niahrin se levant� de un salto de su sill�n y de una sola zancada se coloc� junto a la loba, cuyo hocico sujet� entre ambas manos mientras la miraba con fijeza a los ojos�. <emphasis>Grimya,</emphasis> hay tantas cosas que no s�! �Tanto que necesito averiguar!</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se removi� inquieta.</p><p>��Te he dicho todo lo que puedo, Niahrin!</p><p>��S�, s�, ya me doy cuenta, cari�o, no es mi intenci�n ofenderte! �Niahrin estaba sin aliento ahora a causa de la excitaci�n, una excitaci�n asfixiante, aterradora, casi incontrolable. La intuici�n corr�a como un r�o tumultuoso por sus venas; ahora estaba segura de lo que deb�a hacer�. Pero esto tiene otra dimensi�n, una que a�n hemos de descubrir; puede que una que ni siquiera �ndigo conozca. El rey est� involucrado en esto, y la reina, y Perd Nordenson. �Vio c�mo el pelaje de <emphasis>Grimya</emphasis> se erizaba al pronunciar el nombre y se apresur� a extender una mano para consolarla y tranquilizarla�. Comprendo que desconf�es de �l y lo consideres malvado, pero �l forma parte de esto, estoy convencida. <emphasis>Grimya,</emphasis> escucha: creo que existe una forma de que descubramos lo que necesitamos saber.</p><p>La loba se qued� de repente muy quieta, y cuando habl� su voz era un ladrido gutural y jadeante.</p><p>��C�mo?</p><p>�Invocando al mismo poder que me toc�..., que nos toc�, la otra noche. Antes de que Jes y su alteza aparecieran, �recuerdas?</p><p>�Recuerdo. Le diste un nombre...</p><p>�<emphasis>Aisling.</emphasis></p><p>�Sss�. Y luego, cuando vimos el arpa...</p><p>�El arpa de Cushmagar. El bardo que era el profesor y mentor de �ndigo. � Niahrin sonri� con triste comprensi�n�. Ahora comprendo por qu� no pudiste soportar el permanecer en aquella especie de peque�o mausoleo, con el cuadro y el arpa. Pero Cushmagar <emphasis>sab�a.</emphasis> �l sigui� viviendo despu�s de la plaga, tras el ataque de los demonios; �l sab�a lo que sucedi� en realidad y ha dejado tras �l sus recuerdos. Y a lo mejor algo m�s que recuerdos.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> gru�� por lo bajo.</p><p>��Quieres decir que �l..., el bardo..., fue quien...</p><p>�Quien me habl� a trav�s del <emphasis>aisling,</emphasis> s�. Y, si puedo tocar ese poder otra vez, si puedo despertarlo de nuevo, entonces tal vez obtengamos las respuestas que necesitamos.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> permaneci� inm�vil unos instantes. Luego, inesperadamente, se incorpor� sobre los cuartos traseros y lami� el rostro de Niahrin. Era lo m�s parecido a un beso que pod�a dar, y la bruja sinti� que el coraz�n le daba un vuelco de alegr�a ante el impulsivo gesto.</p><p>��Sss�! �asinti� la loba con energ�a�. <emphasis>�Sss�!</emphasis> �Por �ndigo! �Para ayudar a �ndigo! �Qu� debemos hacer?</p><p>Niahrin ten�a la respuesta preparada y volvi� a sonre�r, esta vez con un asomo de conspiraci�n.</p><p>�Esta noche �anunci�, cuando Carn Caille duerma, regresaremos a la habitaci�n donde se guarda el arpa de Cushmagar. �Reprimi� una extra�a sensaci�n indescifrable, dici�ndose que no era m�s que nervios�. Si el <emphasis>aisling</emphasis> vino una vez, puede regresar. Y, esta vez, estaremos preparadas para escuchar y comprender lo que tiene que decirnos.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 16</strong></p></title><empty-line/><p>Niahrin cen� en el gran sal�n aquella noche. Sus razones para unirse a la celebraci�n eran tres: en primer lugar, quer�a crear una impresi�n inocente para asegurarse de que no se despertar�an sospechas y nadie acudir�a en su busca m�s tarde; en segundo lugar, ten�a la intenci�n de observar y escuchar a la caza de cualquier pista, por peque�a que fuera, que pudiera ayudarla en su b�squeda de una verdad m�s profunda tras la historia de �ndigo; y, en tercer y �ltimo lugar, estaba convencida de que pod�a acometer mejor la planeada vigilia de aquella noche tras haberse fortalecido con una sustanciosa comida.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> prefiri� no acompa�arla �la loba era reacia a enfrentarse con �ndigo otra vez tras la ri�a de la ma�ana� de modo que Niahrin fue sola al sal�n. Ante su sorpresa, desconcierto y privada satisfacci�n se le asign� un puesto en la mesa del rey instalada sobre una plataforma. Toda la familia real estaba presente esa noche: Ryen, apuesto y elegante en color verde botella; Brythere, a su lado, con un traje rojizo que daba color a sus p�lidas mejillas; Moragh, de terciopelo de color ciruela al otro lado. Jes Ragnarson estaba sentado junto a la reina, y a Niahrin la colocaron junto a �l, mientras que en el extremo opuesto se hallaban �ndigo y Vinar. En un principio, Vinar pareci� algo desconcertado por la presencia de Niahrin; pero, cuando �sta llam� su atenci�n y alz� su copa en un forzado saludo que transmit�a a la vez disculpas y verg�enza, su inquietud desapareci� y se tranquiliz�. �ndigo fingi� no darse cuenta de la presencia de la bruja y permaneci� sentada en silencio, jugueteando con su comida. No parec�a feliz.</p><p>La comida fue espl�ndida, con la intercalaci�n de gran n�mero de alegres carcajadas procedentes de las mesas dispuestas fuera de la tarima, donde se hallaban reunidos los restantes habitantes del castillo. Tambi�n hubo mucho ruido en la mesa del rey; Ryen se mostr� jovial, Moragh casi tanto como �l, y Vinar estaba de tan buen humor que apenas si pod�a contenerse. Cada dos por tres sus enormes carcajadas resonaban por toda la sala, hasta que Jes, que manten�a entretenida a Niahrin con una conversaci�n alegre y divertida, observ� en un susurro que, si el scorvio se quedaba en tierra firme tras el matrimonio, pod�a instalarse en la costa y emplearse como farero sin necesidad de tener que utilizar una sirena de niebla.</p><p>Vinar era en realidad la �nica nota triste en las reflexiones privadas de Niahrin. No recordaba haber visto en toda su vida a un hombre tan feliz con su suerte, y el pensamiento de que iba a destrozar esa felicidad le desgarraba la conciencia. Le gustaba Vinar y no quer�a herirlo. Pero, seg�n lo que <emphasis>Grimya</emphasis> le hab�a contado, no hacer nada ser�a una crueldad mayor y, a la larga, le ocasionar�a a�n m�s dolor...</p><p>La cena tocaba a su fin cuando el rey Ryen se puso en pie y grit� pidiendo silencio. Por la amplia sonrisa que apareci� en el rostro de Vinar, Niahrin adivin� lo que se avecinaba; cuando Ryen oblig� tanto a Vinar como a �ndigo a ponerse en pie y dio la noticia de su inminente boda, la aclamaci�n que reson� en la sala, acompa�ada de patadas en el suelo y pu�etazos sobre las mesas, casi hizo saltar el techo de sus vigas. Niahrin se dijo que la mitad de los reunidos no ten�an ni idea de qui�n era la feliz pareja, pero una boda era una boda y as� pues rugieron su aprobaci�n. Vinar dedic� sonrisas por doquier, abrazando a �ndigo contra �l, mientras que ella, aunque su rostro estaba felizmente sonrojado y sus ojos centelleaban, parec�a al mismo tiempo algo aturdida, como si sintiera que sin querer se hab�a introducido en un mundo que no era el suyo. Niahrin la observ� furtivamente, en tanto las aclamaciones se apagaban; su inter�s se acrecent� cuando, a una se�al del rey, Jes Ragnarson abandon� su asiento y se acerc� a un taburete que acababan de colocar justo frente a la tarima. Dos criados trajeron un arpa �Niahrin advirti� al instante que no era la de Cushmagar, como hab�a temido de forma il�gica, sino un instrumento mucho m�s peque�o�, y Jes empez� a tocar. Era bueno, sumamente bueno. Niahrin empez� a sospechar de sus protestas de humildad mientras interpretaba en primer lugar el tradicional baile de celebraci�n de los isle�os, <emphasis>Llena la copa de la alegr�a,</emphasis> y luego, en honor a la profesi�n de los novios, un popurr� de canciones marineras. Interpretado el primer estribillo, todos los reunidos se unieron al coro, Niahrin incluida, y cuando finaliz� el popurr� los gritos y patadas fueron ensordecedores. Jes sonri� de oreja a oreja y agit� las manos en demanda de silencio; cuando el furor se fue apagando, sus dedos arrancaron un misterioso ; arpegio a las cuerdas del arpa.</p><p>��Amigos! �Su voz de tenor se dej� o�r con claridad en la sala, y las �ltimas risas y murmullos se desvanecieron hasta quedar todo en absoluto silencio�. Esta noche celebramos un feliz acontecimiento. Pero, incluso en esta celebraci�n, nos corresponde a todos, como habitantes de las Islas Meridionales, recordar que somos hijos del mar ; y siervos del mar, y que gracias a la generosidad de la Madre Tierra extraemos del mar nuestra vida y sustento. �Una curiosa sonrisa triste pareci� iluminar su rostro desde dentro; como si lo embargaran viejos recuerdos, se dijo Niahrin�. Del mar hemos salido; al mar debemos regresar, porque nuestras islas son as�. Pero el mar es una dama poderosa y enigm�tica; llama a algunos a su seno antes de tiempo, y es justo que aquellos que seguimos aqu� recordemos a los que se fueron y les rindamos homenaje. As� pues, para Vinar e �ndigo, para sus amigos y compa�eros del <emphasis>Buena Esperanza, y </emphasis>para nuestra Madre del mar que concede paz y refugio a las almas perdidas, toco ahora. Una tr�mula cascada de notas se desgran� de las cuerdas del arpa, y Niahrin sinti� una punzada en el coraz�n cuando los dedos de Jes arrancaron las primeras notas conmovedoras de <emphasis>El lamento de la esposa de Amberland.</emphasis></p><p>La m�sica era hermosa. Ella conoc�a la vieja y triste canci�n, la hab�a escuchado m�s veces de las que recordaba, pero aqu� en el silencioso sal�n de Carn Caille, bajo las manos de un hombre que, no obstante su juventud, pose�a el inconfundible toque y don de un maestro de su profesi�n, <emphasis>El lamento</emphasis> alcanzaba una nueva dimensi�n. Esta noche, Jes Ragnarson estaba inspirado. Y, cuando Niahrin levant� los h�medos ojos y los pase� por la mesa principal, vio que Vinar estaba embelesado, absorto en la m�sica, mientras que, a su lado, �ndigo permanec�a totalmente inm�vil; el rostro todav�a era una m�scara, pero los ojos brillaban con una pena y un anhelo que desgarraron el alma de la bruja y la hicieron sentir como una intrusa que contemplaba un dolor desesperado y muy privado.</p><p>En un rapto de malicioso sentido del humor, Niahrin reflexion� que sus correr�as a altas horas de la noche por los pasillos de Carn Caille amenazaban con convertirse en un h�bito. Pero el pensamiento contrastaba enormemente con su estado de �nimo y la sonrisa desapareci� veloz de su rostro mientras, con <emphasis>Grimya</emphasis> pegada a los talones, se dirig�a a los viejos aposentos reales. En una mano sosten�a una vela apagada y, en la otra, su flauta de madera.</p><p>En su anterior visita hab�a observado que las habitaciones del rey Kalig no estaban cerradas con llave. Tras empujar la puerta con cuidado, y elevar una silenciosa oraci�n de gratitud porque las bisagras no crujieron, se desliz� en el interior de la estancia acompa�ada de <emphasis>Grimya y</emphasis> tante� en busca del pedernal y la yesca que hab�a visto utilizar a Moragh. No quer�a tocar el decorado farol, de modo que encendi� la vela y, con la peque�a llama bailando temblorosa pero facilitando luz suficiente para impedir que chocara con nada, penetr� en la habitaci�n interior.</p><p>Niahrin no quer�a mirar el retrato; ahora que hab�a o�do la historia de <emphasis>Grimya,</emphasis> la idea de contemplar el inmutable rostro pintado de la princesa Anghara le provocaba una peculiar y nada agradable sensaci�n de escalofr�o. Dando espalda a la chimenea se volvi� en direcci�n al arpa de Cushmagar. No la tocar�a, desde luego, pues eso ser�a un error; pero se coloc� cerca de ella, se sent� en el suelo con las piernas cruzadas, y deposit� la vela a su lado. La habitaci�n estaba helada y las sombras la hac�an sentir inc�moda; parec�an anormalmente profundas, casi s�lidas, como si algo m�s que la simple oscuridad acechara entre los recuerdos all� conservados. Simio un arrebato de gratitud cuando <emphasis>Grimya</emphasis> se tumb� a su lado, y estir� una mano para acariciar el peludo lomo del animal.</p><p>�Bien. �Flexion� los dedos alrededor de la flauta, un poco desconcertada por el sonido de su propia voz en la penumbra y el silencio�. Ser� mejor empezar, �eh? S�lo la Madre sabe lo que averiguaremos, si es que averiguamos algo, pero si no nos arriesgamos no lo descubriremos. �Se llev� la flauta a los labios.</p><p>Y un helado escalofr�o la envolvi� al escuchar unos pasos apagados en la otra habitaci�n.</p><p>Niahrin solt� la flauta y se qued� petrificada, con la mirada fija en la puerta. <emphasis>Grimya </emphasis>se irgui�, con el pelaje erizado y un sordo gru�ido a punto de surgir de su garganta, pero ni siquiera su vista era lo bastante aguda para atravesar la oscuridad. Las pisadas cesaron, y se escuch� el sonido del pestillo de la puerta al levantarse...</p><p>La luz de una l�mpara penetr� en la habitaci�n al abrirse la puerta, y Niahrin se qued� boquiabierta, consternada, cuando las figuras de Moragh y Jes Ragnarson aparecieron en el umbral.</p><p>El silencio era terrible, y Niahrin pens� que jam�s terminar�a. Entonces, con gran tranquilidad, Moragh dijo: �Buenas noches, Niahrin. Pareces un poco m�s sorprendida de vernos de lo que nosotros estamos de verte a ti. Todas las excusas, explicaciones y fingimientos que la bruja hab�a estado intentando extraer de su paralizado cerebro se hicieron a�icos, y se llev� una mano al rostro, mortificada, incapaz de decir palabra.</p><p>�Entra, Jes, y cierra la puerta �dijo la reina viuda y, sin soltar el farol, cruz� la habitaci�n hasta donde se encontraba sentada Niahrin. Su astuta mirada abarc� el arpa, la flauta, la postura medio culpable, medio defensiva de <emphasis>Grimya, y</emphasis> por fin fue a descansar en el ruborizado rostro de Niahrin.</p><p>�Alteza �empez� a decir la bruja, desesperada�, yo no quer�a...</p><p>Moragh alz� una mano para acallarla.</p><p>�No hay necesidad de explicaciones. Creo que Jes y yo ya sabemos por qu� est�s aqu�. �Dirigi� una breve mirada a las profundas sombras del lugar donde estaba colgado el cuadro�. Y confieso que tambi�n nosotros somos culpables de un peque�o enga�o, ya que esper�bamos algo como esto y te hemos vigilado atentamente. �Ante la sorpresa de Niahrin, sonri�. No estoy enojada contigo, querida. Al contrario; si puedes resolver el misterio, tienes mi bendici�n para hacer lo que creas necesario. Pero, a partir de ahora, lo har�s con nosotros.</p><p>Niahrin trag� algo que sent�a atravesado en la garganta.</p><p>��Con... ustedes, se�ora?</p><p>�S�. �La reina viuda se volvi� al joven bardo�. Ve a buscar tu arpa, Jes. En vista <emphasis>de</emphasis> lo que ya hemos averiguado podr�a no ser sensato intentar utilizar el instrumento de Cushmagar esta noche.</p><p>Jes hizo una reverencia y se march�, dejando a Niahrin parpadeando aturdida. La reina viuda se acerc� m�s y, con cierta dificultad, se sent� en el suelo junto a la bruja. Sonre�a a�n, pero ahora hab�a un atisbo de dureza en sus ojos.</p><p>�Supongo, Niahrin �dijo�, que esperabas que Cushmagar hablara otra vez esta noche... �Niahrin, sonrojada a�n, asinti�, y Moragh suspir�. Entonces �por qu� tanto secreto? �Por qu� venir aqu� sola sin decirme nada?</p><p>La mujer hundi� la cabeza.</p><p>�Pens�... Perdonadme, se�ora, pero pens� que me negar�ais el permiso. Esta habitaci�n... �realiz� un gesto de impotencia�... es un santuario; un...</p><p>�No es tal cosa, y sabes que no lo es. No; creo que todav�a no eres capaz de confiar en m�. Creo que t�, o alguien, teme que confiar en m� signifique hacer da�o a �ndigo.</p><p>En este punto la reina viuda dedic� a <emphasis>Grimya</emphasis> una mirada tan dura y evaluadora que Niahrin supo sin el menor � asomo de duda que la mujer sospechaba que la loba no era un animal corriente. <emphasis>Grimya</emphasis> emiti� un leve gemido, y la sonrisa de Moragh se endureci� un poco m�s. �Est� claro para m� ahora que debe de existir una conexi�n entre �ndigo y Carn Caille, y que el parecido con la princesa Anghara no es coincidencia. Hasta anoche no estaba segura, pero ahora... �La sonrisa se desvaneci� por [completo�. Bien, ser� mejor que lo veas por ti misma.</p><p>Moragh llevaba un grueso vestido de lana con una capa corta encima; introdujo la mano entre los pliegues de la [capa y sac� algo que centelle� levemente a la luz de la l�mpara.</p><p>�Dime, Niahrin, �has visto esto antes?</p><p>Descansando en su palma hab�a un cuchillo de hoja larga. <emphasis>Grimya</emphasis> lanz� un ga�ido e hizo intenci�n de incorporarse; reaccionando con rapidez, Niahrin la agarr� por el pelaje del cuello y la oblig� a permanecer tumbada.</p><p>��Tranquila, <emphasis>Grimya,</emphasis> tranquila! �Levant� la mirada de mala gana hacia el rostro de Moragh y comprendi� que no pod�a mentirle�. No puedo estar segura, alteza. Pero creo que s�.</p><p>�En ese caso, es probable que sepas d�nde se encontr�.</p><p>�Cre... creo saberlo �respondi� la bruja con voz apenas audible.</p><p>�Mmmmm. As� que era tu rostro el que vislumbr� mirando desde detr�s de una esquina. Ya me lo pareci�. �Moragh junt� las puntas de los dedos de ambas manos�. Ser� mejor que te diga que Brythere vio y reconoci� al intruso, de modo que sabemos que era �ndigo quien estaba en <emphasis>su</emphasis> habitaci�n. Supongo que t� hab�as estado sigui�ndola...</p><p>�Andaba en sue�os, se�ora. <emphasis>Grimya</emphasis> la vio y me avis�, y...</p><p>�No hay necesidad de entrar en todos los detalles, no ahora. No quiero conocerlos todav�a. Lo que <emphasis>s�</emphasis> quiero, y lo tendr�, Niahrin, por lo que ahorraremos tiempo y esfuerzo si no protestas, es tu confianza y tu cooperaci�n. �No era ayer cuando te comprometiste a ayudarme y a trabajar conmigo en la resoluci�n de este misterio? Este desdichado asunto nos concierne a todos, no �nicamente a �ndigo.</p><p>Niahrin se sinti� avergonzada en lo m�s profundo de su coraz�n. La noche anterior el instinto la hab�a instado a confiar en Moragh. Pero luego �ndigo se hab�a embarcado en aquella casi calamitosa excursi�n nocturna, y se hab�a encontrado el cuchillo, y por la ma�ana <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a realizado su terrible confesi�n de la verdad... y Niahrin se hab�a puesto nerviosa. La l�gica hab�a aplastado el instinto; tem�a confiar en Moragh, tem�a lo que la reina viuda pod�a hacer, y as� pues se hab�a refugiado en el secreto. Tendr�a que haber sido m�s sensata. Por encima de todo, deber�a haber sabido que a Moragh no se la enga�aba ni elud�a con tanta facilidad.</p><p>Niahrin baj� los ojos hacia <emphasis>Grimya.</emphasis> No sab�a lo que la loba pensaba, aunque percib�a una oleada de tristeza y temor en su mente. Pero, lo que fuera que quisiera <emphasis>Grimya,</emphasis> no hab�a elecci�n ahora.</p><p>�Alteza, yo estaba equivocada. �Reuni� todo su valor para mirar a Moragh e intent� no acobardarse ante su inquietante mirada fija�. No deber�a haber intentado ocultaros esto. Pero tem�a que...</p><p>�Tem�as que sacara conclusiones precipitadas y actuara seg�n �stas. �La sonrisa de Moragh regres�, y ahora se trataba de una sonrisa amable�. S�, querida, te creo, y no te culpo. En tu lugar creo que habr�a hecho lo mismo. �Bruscamente se inclin� al frente y pos� una mano arrugada pero firme sobre el brazo de la bruja�. Pero ahora ya no deben existir m�s recelos por ninguna de las dos partes. Tienes que confiar en nosotros, de modo que podamos trabajar todos juntos.</p><p>Los ojos de Niahrin se llenaron de inquietud.</p><p>���Nosotros�, alteza?</p><p>�Jes y yo. Nadie m�s. No he contado ni al rey ni a la reina nada de todo esto, y no pienso hacerlo. Ryen es un buen hombre y un buen gobernante pero no ver�a las cosas exactamente como yo; mientras que Brythere... Bien, Brythere padece ya demasiados temores sin que a�adamos m�s. No vio el cuchillo (Ketrin es muy lista) y s�lo piensa que �ndigo andaba son�mbula y de alg�n modo encontr� el camino a la torre. Puede que al final tengamos que cont�rselo a ella y a Ryen, pero hasta que ese momento llegue esto seguir� siendo un secreto entre nosotros tres... o cuatro. �De nuevo dirigi� una enigm�tica mirada a <emphasis>Grimya,</emphasis> que se neg� a mirarla a la cara�. En Jes se puede confiar absolutamente �continu� la reina viuda�. Y a lo mejor resulta ser de gran valor. Es un gran arpista, como o�ste por ti misma en el sal�n esta noche. Si vas a invocar el <emphasis>aisling</emphasis></p><p>otra vez, quiz� tengas motivos para darle gracias por su m�sica.</p><p>�S�. S�, alteza. �Un curioso escalofr�o de excitaci�n le recorri� la espalda, y, por fin, tambi�n ella consigui� esbozar una sonrisa�. Gracias.</p><p>Moragh quit� importancia a sus palabras con un gesto que quer�a devolver la atenci�n al asunto que llevaban entre manos. Empez� a incorporarse; Niahrin se apresur� a ponerse en pie para ayudarla, y la reina viuda se sacudi� las ropas.</p><p>�Por muy meticulosos que sean los criados, siempre hay polvo... Supongo que sabes c�mo encender un fuego y hacer que arda con rapidez. �Perpleja, Niahrin asinti�. Estupendo. Entonces, mientras esperamos el regreso de Jes con el arpa, entre las dos podr�amos encender la le�a dispuesta en la chimenea.</p><p>El ojo sano de Niahrin se abri� desmesuradamente, y la reina viuda ri� en voz baja.</p><p>�Serbal, eglantina y sauce. �No son los ingredientes correctos para un fuego productor de sue�os? Y manzano, para la bendici�n que creo que todos necesitamos.</p><p>Niahrin comprendi� que Moragh deb�a de haber conocido sus intenciones desde el principio, y hab�a hecho lo que ella no pod�a hacer. Un fuego dispuesto para el <emphasis>aisling...</emphasis></p><p>La bruja mene� la cabeza, y un sonido como de risa contenida se quebr� en su garganta.</p><p>�S�, alteza �repuso con mansedumbre�. Lo que orden�is.</p><p>Ya empezaba. Niahrin percibi� el primer cambio sutil en la atm�sfera; el aroma � carec�a de otra palabra para ello� de la magia, mezcl�ndose con la suave fragancia embriagadora del fuego de los sue�os. Las llamas ard�an con fuerza, calentando la habitaci�n y proyectando amistosas sombras, y su luz convert�a en brillante aureola los cabellos casta�os de Jes, que estaba sentado con su peque�a arpa en el regazo. Ten�a la cabeza inclinada y sus dedos se mov�an veloces y �giles sobre las cuerdas del instrumento, interpretando una suave m�sica. M�s all�, envuelta en sombras, Moragh contemplaba el fuego con fijeza; ten�a los ojos entornados y el anguloso rostro ba�ado por la luz de las llamas. Mientras Niahrin tej�a un contrapunto con el arpa, la flauta desgranaba una melod�a. La m�sica que emit�a era hipn�tica; el cuerpo de la bruja se columpiaba suavemente al comp�s y una sensaci�n parecida a un trance se iba apoderando de ella, como si una puerta largo tiempo olvidada se hubiera abierto en su mente y ella flotara a trav�s de ese portal para pasar a otro mundo m�s m�stico. All� donde posaba los ojos, ve�a un centelleante halo de luz mortecina. Perfilados por este reluciente halo, Jes y la reina viuda parec�an extra�os y maravillosos y no del todo humanos, e incluso sus propias manos parec�an pertenecer a alguien hermoso y fant�stico, muy distante de la fea, terrenal y casera Niahrin que conoc�a.</p><p>Entonces las llamas del fuego de los sue�os empezaron a crecer y a balancearse con la m�sica. Niahrin vio c�mo iniciaban la <emphasis>danza,</emphasis> escuch� c�mo la reina viuda conten�a levemente la respiraci�n y vislumbr� la ansiosa luz en los ojos de Jes mientras �ste cambiaba su melod�a, siguiendo el comp�s del fuego. El rostro del bardo aparec�a absorto en una alegr�a casi parecida al dolor; sacudi� la cabeza, y la luz del fuego centelle� en sus cabellos. Niahrin dej� de tocar y la flauta cay� sobre su regazo; �ste era el momento del joven bardo, y la magia, el <emphasis>aisling,</emphasis> se acercaba en respuesta a su llamada. El arpa sigui� brillando... y muy despacio, de forma gradual, el sonido de una segunda arpa, m�s potente y rico y profundo, surgi� del aire a su alrededor para mezclarse con la melod�a de Jes.</p><p>Y, en el fuego, las llamas adquirieron la forma de unas manos sarmentosas y viejas, y un rostro, arrugado, marchito y con los ojos cegados por las cataratas, apareci� tras las manos como un espectro.</p><p>Jes ahog� un grito, y su interpretaci�n se detuvo con una nota disonante. En el fuego, el rostro del anciano �el rostro de Cushmagar� sonri�. Era gris, como si incluso el tiempo hubiera dejado a su fantasma sin color, pero sus manos de fuego se mov�an con una pericia antigua y certera. Y Niahrin sinti� como un aliento en la nuca cuando, a su espalda, la gran arpa que hab�a permanecido sin tocar durante cincuenta a�os dej� escapar un suave y quejumbroso acorde.</p><p>Jes contuvo la respiraci�n sobresaltado, y una voz seca como las hojas ca�das, suave como la hierba nueva, susurr�: �<emphasis>Existi� una �poca, una �poca antiqu�sima, antes de que los que vivimos ahora bajo el sol y el firmamento empez�ramos a contar el tiempo. As� es como se inici� la leyenda, y as� es como se le cont� a Anghara cuando empez� a anhelar algo m�s de lo que el futuro parec�a guardar para ella. Pero para cada uno de nosotros el tiempo posee un significado distinto, y para cada uno de nosotros existe una leyenda diferente. Anghara busc� su leyenda en la Torre de los Pesares. Anghara ten�a el poder de so�ar, y en sus sue�os era capaz de alcanzar y atrapar aquella parte de su esp�ritu donde</emphasis> ! <emphasis>los sue�os se convierten en realidad, y de este modo la puerta se abri� y la elecci�n se present� ante ella. Esa es otra leyenda y no puedo contarla, pues mi tiempo ha pasado y yo ya no estoy, y el final de su historia a�n no se ha contado. La torre se ha derrumbado y su puerta est� cerrada, pero todav�a puede descorrerse el cerrojo y levantarse la tranca. Y, aunque estos viejos ojos est�n ciegos, existen otros ojos que pueden abrirse y ver los hilos de lo que ha sucedido, y de lo que podr�a haber sido, y de lo que podr�a llegar a ser. El relato no ha finalizado a�n; el tiempo tiene a�n que pasar; y la llamada del</emphasis> aisling <emphasis>recibir� una respuesta. Ya que existi� una �poca, una �poca antiqu�sima, antes de que los que vivimos ahora bajo el sol y el firmamento empez�ramos a contar el tiempo...</emphasis></p><p>Como un sue�o que se desvanece lentamente a medida que el durmiente empieza a despertar, la melodiosa voz se fue apagando hasta que con un �ltimo suspiro desapareci�. Las llamas de la chimenea se balancearon con suavidad, como al ritmo de una tranquila respiraci�n, pero el fantasma de Cushmagar se hab�a evaporado en un parpadeante recuerdo de luz y humo. Por un momento la fragancia del fuego penetr� con fuerza en la nariz de Niahrin, y a �sta le pareci� escuchar una melodiosa cadencia musical, aunque las manos de Jes yac�an inm�viles y sin fuerza sobre el regazo del bardo. Luego el aroma fue perdiendo intensidad y �nicamente el tranquilo chisporroteo de la madera rompi� el silencio.</p><p>Niahrin sab�a lo que deb�a hacer. De forma indirecta, Cushmagar le hab�a dicho en qu� forma el <emphasis>aisling</emphasis> pod�a proporcionarles las respuestas que necesitaban, y, sin atreverse a mirar otra vez a Jes o, detr�s de �l, al lugar donde Moragh permanec�a sentada totalmente aturdida, se llev� una mano al parche que ocultaba su ojo izquierdo. Por un instante su mente regres� violentamente a la realidad y sinti� una punzada de verg�enza al pensar que iba a revelar la horrible verdad a sus compa�eros, ya que, durante todos los a�os transcurridos desde que hab�a aceptado la deformidad como el precio que deb�a pagar por su don de visionaria, jam�s la hab�a mostrado a nadie. Para mitigar su miedo quiso decir algo divertido, ir�nico, pero eso habr�a resultado inapropiado y grotesco. El orgullo no cab�a aqu�, y r�pidamente, antes de que el gusanillo de la tristeza que ten�a en su interior la hiciera cambiar de idea, levant� el parche.</p><p>Moragh y Jes vieron lo que el parche hab�a ocultado, pero ninguno dej� escapar el menor sonido, si bien Niahrin no se habr�a dado cuenta, aun cuando lo hubieran hecho. En el mismo instante en que retir� el parche, los dos mundos se enredaron y se convirtieron en uno ante ella. Las paredes parecieron crecer, desvanecerse, crecer otra vez, y las curiosas aureolas de extra�os y cambiantes colores que hab�a visto antes como en un sue�o de improviso se intensificaron, como si se hubiera a�adido una nueva dimensi�n a la estancia para que resultara m�s n�tida. En los ojos de Niahrin la escena centelle� brevemente.</p><p>Y una figura apareci� ante la chimenea.</p><p>Ten�a la estatura de un ni�o. No llevaba m�s que un sencillo tabardo gris, y su rostro quedaba enmarcado por una aureola de suaves cabellos plateados. Tambi�n sus ojos eran de color plata, salpicados de azul viol�ceo, y cuando sus labios se entreabrieron Niahrin vio que ten�a unos diminutos dientes afilados, como los dientes de un gato peque�o.</p><p>�Soy Anghara �dijo la criatura.</p><p>Y Niahrin reconoci� al ser que <emphasis>Grimya</emphasis> le hab�a descrito y al que hab�a dado el nombre de N�mesis.</p><p>N�mesis sonri� con una sonrisa triste y melanc�lica. La habitaci�n volvi� a centellear, y s�bitamente aparecieron dos figuras donde antes s�lo hab�a habido una. Niahrin conoc�a tambi�n a este ser, ya que <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a descrito a la criatura a quien supon�a el emisario de la Madre Tierra y el instigador de la pesada carga de �ndigo. Al clavar la mirada en los ojos del ser, de un dorado blanquecino, Niahrin estuvo segura de conocer la verdad mejor que <emphasis>Grimya,</emphasis> y cuando la entidad dijo, en voz baja y triste: �Yo tambi�n soy Anghara�, �sa fue la confirmaci�n definitiva.</p><p>De pronto la visi�n volvi� a transformarse, y una tercera figura hizo acto de presencia. Niahrin abri� la boca asombrada y estuvo a punto de chillar: <emphasis>��Grimya!�, </emphasis>pero se dio cuenta de su error. <emphasis>Grimya</emphasis> segu�a agachada a su lado, y el pelaje de esta loba era m�s claro, menos moteado, y sus ojos no ten�an el tono ambarino de los ojos de <emphasis>Grimya</emphasis> sino un extra�o tono azul. O �ndigo...</p><p>La loba dijo con suavidad y en una voz perturbadoramente humana:</p><p>�Yo tambi�n soy Anghara. Las tres somos sus hermanas. Somos parte de lo que ella ha sido.</p><p>Con rapidez, como enloquecida, Niahrin mir� de reojo a sus compa�eros. Jes estaba inclinado hacia adelante y ten�a los ojos muy abiertos, pero con sorpresa m�s que temor. Moragh, en cambio, estaba r�gida, y su rostro aparec�a gris y tenso por la sorpresa.</p><p>�Las veo �musit� con voz ronca; un violento escalofr�o le recorri� todo el cuerpo, y su mirada pas� violentamente de Niahrin a los tres fantasmas�. �Pero no comprendo!</p><p>La princesa Anghara est� muerta; �lleva muerta cincuenta a�os! Y era humana, mientras que vosotras...</p><p>��Anghara no muri�! �la interrumpi� N�mesis; aunque su voz era suave, ahog� las palabras de la reina con tanta efectividad como si las hubiera acallado a gritos�. Est� aqu�, en Carn Caille. Nosotras somos ella; ella es nosotras. Y hay otro m�s.</p><p>Los labios de Moragh empezaron a temblar.</p><p>�No entiendo... �Pero su tono suger�a que s� comprend�a, y se sent�a aterrorizada por ello�. �D�nde est� Anghara? <emphasis>�Qui�n es?</emphasis></p><p>�Es �ndigo. Y es nosotras. Todas somos parte de un �nico esp�ritu.</p><p>La reina viuda profiri� un terrible sonido estrangulado, y Jes se volvi� hacia ella alarmado.</p><p>�Alteza...</p><p>�No... �Lo rechaz�, apartando la sol�cita mano que le tend�a�. No, Jes, estoy bien. �Hizo una pausa�. �Las ves? �O�ste lo que..., lo que... dijeron?</p><p>El rostro del bardo estaba desolado.</p><p>�S�, alteza, lo o�.</p><p>Moragh trag� saliva e hizo un esfuerzo por recuperar la calma.</p><p>�Mi hijo te... ten�a m�s raz�n de lo que pensaba. �El labio inferior volvi� a temblar; lo mordi� con fuerza y mir� a N�mesis otra vez�. Pero �c�mo es posible que un esp�ritu vivo est� en poder de espectros?</p><p>�Su alteza �terci� Niahrin�, no son espectros. Son... �Busc� una palabra y �sta surgi�, al parecer de la nada�. Son <emphasis>aspectos.</emphasis></p><p>N�mesis volvi� a sonre�r melanc�lica. Luego, como si la bruja hubiera parpadeado moment�neamente, las tres figuras se convirtieron de repente en una sola criatura �gil y peluda, una curiosa mezcla de humano y animal, con cabellos plateados y ojos blanquecinos. Y una voz compuesta dijo:</p><p>�Somos todas parte del total, como veis. Pero no estamos completas, y no podemos estarlo hasta que nuestra hermana est� curada. Os necesitamos. Necesitamos vuestra ayuda, o Anghara se perder� para siempre y nuestra larga misi�n habr� sido en vano.</p><p>��Vuestra misi�n? �inquiri� Niahrin.</p><p>�Una misi�n. Una b�squeda. Un viaje. �La criatura extendi� las elegantes manos terminadas en zarpas en un gesto que parec�a dar a entender una s�plica�. Durante mucho tiempo hemos recorrido un largo camino, y el viaje casi ha terminado. Pero ahora nuestra hermana nos ha olvidado, y los hilos que nos ligaban se han roto. �ndigo tiene que recordarnos; tiene que recordarnos y aceptarnos y ser completa otra vez, ser Anghara otra vez, de modo que los �ltimos hilos del tapiz puedan tejerse.</p><p>��Y si no se tejen? �pregunt� la bruja en voz baja, terriblemente trastornada por la met�fora escogida por la criatura�. Si Anghara no se cura... �qu� suceder� entonces? �No se atrevi� a mirar a Moragh.</p><p>�Si no se cura, no puede existir una aut�ntica vida para nosotras �suspir� el ser�. No seremos m�s que sombras. S�lo sombras.</p><p>Niahrin sinti� que se le pon�a la carne de gallina al percibir, a un nivel mucho m�s profundo de lo que su conciencia pod�a interpretar, que al decir �nosotras� el ser no se</p><p>refer�a simplemente a �l y a �ndigo. Pens� en la reina Brythere y en las pesadillas que cada vez se volv�an m�s peligrosamente reales. Pens� en el rey y su evidente alejamiento de su esposa. Pens� en la reina viuda, temerosa de lo que el futuro pudiera deparar... �S�lo sombras.� Y pens� en alguien m�s...</p><p>De repente se encontr� hablando. Las palabras le llegaban de improviso e involuntariamente, tomaban forma en su cerebro seg�n los dictados de una parte de ella misma en la que una sabidur�a m�s antigua permanec�a dormida, una sabidur�a que se hab�a alzado en muy pocas ocasiones durante su vida. El don de la abuela pose�a muchas facetas...</p><p>�Os ayudaremos. �Su voz adopt� una especie de sonsonete, como si hubiera ca�do en trance�. Pero si hemos de ayudaros tambi�n hemos de comprender. Debemos conocer la historia de Anghara, <emphasis>vuestra</emphasis> historia, y debemos saber c�mo se entrelazan en su tapiz los hilos de otras vidas. �Se interrumpi� al sentir que un impulso intuitivo hormigueaba en su cabeza; luego, cediendo a �ste, a�adi�: Y una vida en particular.</p><p>�S�. �Los ojos del ser se clavaron brevemente pero con intensidad en ella sola, y vio percepci�n, respeto y un atisbo de complicidad mezcl�ndose en la mirada�. S�, comprendemos. Te refieres al hombre que conoc�is como Perd Nordenson.</p><p>La hormigueante sensaci�n regres�, y Niahrin sinti� como si por sus brazos y pecho corrieran innumerables ara�as. Una frase; una �nica frase le dio la pista...</p><p>��El hombre que �conocemos� como Perd? �repiti� con mucha calma.</p><p>La aparici�n volvi� la cabeza y mir� a la loba, que permanec�a agazapada junto a Niahrin, temblando, contemplando la escena en mudo desconsuelo.</p><p><emphasis>�Grimya</emphasis> percibe la verdad, aunque conscientemente no lo sepa �dijo el ser, con simpat�a y afecto en la voz�. Ha percibido la aureola de maldad que rodea a Perd Nordenson, y su juicio es acertado. �Los extra�os ojos, con el color plata y el �ndigo agit�ndose ahora en sus blanquecinas profundidades, contemplaron de nuevo a la bruja�. Anghara sabe que Fenran no muri� hace cincuenta a�os. Cree que ha estado prisionero de los mismos demonios que ella liber�, en un agonizante limbo del que no puede escapar, aguardando hasta que ella venza al �ltimo de esos siete terrores y lo libere. En cierto sentido Anghara est� en lo cieno en su creencia; Fenran est� vivo, est� prisionero de demonios, atrapado en el limbo, y s�lo ella posee el poder para liberarlo. Pero los demonios son demonios que �l mismo ha creado, y su prisi�n es la prisi�n de su propia mente. Ha estado esperando a Anghara, pero no en la Torre de los Pesares, no en alg�n mundo astral, sino aqu�, en Carn Caille. Es un anciano ahora; ha cambiado su nombre y olvidado el antiguo, y ha perdido la cordura. Pero Fenran, o, como vosotros lo conoc�is, Perd Nordenson, sigue esperando a Anghara.</p><p>Al fondo, a su derecha, detr�s de Jes, Niahrin oy� c�mo la reina viuda lanzaba un d�bil y extra�o gemido. La curiosa figura compuesta que era �ndigo y a la vez no lo era vacil�, y r�pidamente, rezando para que Moragh controlara sus emociones, la bruja dijo:</p><p>�Entonces la reina que Perd ama no es la reina Brythere sino...</p><p>��l ama a Anghara. Anghara no estaba destinada a ser reina; sin embargo, si otros mor�an...</p><p>Niahrin comprendi� al fin. El trance que hab�a hecho andar son�mbula a �ndigo, el mort�fero cuchillo... y una fugaz visi�n, una visi�n que hab�a desestimado por considerarla una ilusi�n �ptica, de Perd Nordenson aguardando en las sombras al pie de la torre de Brythere. El loco Perd, que guardaba en su interior un viejo amor y un viejo rencor tan enredados y fusionados ahora entre s� que ya no pod�a separar el uno del otro. Perd, en cuyo cerebro estaba sepultado el conocimiento de que amaba a la reina, y que hab�a visto tras las m�scaras de otros rostros la sombra de su aut�ntico amor, cuyo lugar cre�a que hab�an usurpado. Anghara... que no estaba destinada a ser reina. �Pero si otros mor�an...�</p><p>De repente Niahrin empez� a sentirse mareada, y el mareo creci� hasta que la habitaci�n pareci� dar bandazos a su alrededor como la cubierta de un barco en medio de una tormenta. Conoc�a las se�ales; la magia empezaba a agotarla, como siempre suced�a, y la energ�a que flu�a de su interior y daba fuerza a su ojo de vidente disminu�a con rapidez. Por segunda vez la figura de la entidad vacil� y amenaz� con desvanecerse. Parec�a estar hablando, pero ella ya no pod�a o�r las palabras; si se debilitaba mucho m�s perder�a el poder, y el fr�gil hilo de contacto se romper�a. Pero �hab�a tantas otras cosas que necesitaba saber!</p><p>Alguien la sujet� por el brazo y por entre su borrosa visi�n vio a Jes a su lado. �ste se hab�a dado cuenta de lo que suced�a e intentaba prestarle su propia energ�a. Niahrin realiz� un tremendo esfuerzo, aferr�ndose al poder y obligando a sus labios a formar las palabras.</p><p>��Por favor! �La voz son� ronca y desagradable en sus o�dos�. Queda poco tiempo, me fallan las fuerzas... Por favor, �decidnos qu� debemos hacer!</p><p>La respuesta del ser lleg� en d�biles y resonantes oleadas.</p><p>�Existe un demonio m�s. Uno m�s, y el m�s peligroso de todos, porque se oculta dentro de ellos. Sigue los hilos que conducen a lo que habr�a sido o a lo que podr�a haber sido... �se es tu talento, y el camino m�s seguro para ti.</p><p>�Pero �c�mo? �inquiri�, desesperada�. �C�mo puedo encontrar el hilo?</p><p>�Fenran tiene la llave. Abre la puerta de su mente. �sa es nuestra �nica esperanza. Por favor, Niahrin. Por favor, por...</p><p>La voz se interrumpi� bruscamente, y al mismo tiempo la imagen del ser compuesto se esfum�. El fuego de la chimenea llame�... y, con una exclamaci�n ahogada, Niahrin se dobl� al frente y cay� al suelo desvanecida.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 17</strong></p></title><empty-line/><p>��Entonces queda decidido! �Una amplia sonrisa ben�vola se extendi� por el rostro de Moragh mientras �sta contemplaba a la pareja que ten�a delante�. Os casar�is aqu� en Carn Caille, �y el rey oficiar� la ceremonia! �Estoy tan contenta!</p><p>Las mejillas de Vinar enrojecieron y, con gran atrevimiento, tom� la mano de la reina viuda entre las dos suyas y <emphasis>le</emphasis> apret� los dedos.</p><p>��Gracias, su alteza, se�ora! Esto es... bueno, es mejor y m�s espl�ndido que cualquier cosa que pudi�ramos haber esperado. Es cierto, �verdad, �ndigo?</p><p>�S� �respondi� ella con voz apagada�. S�, desde luego... Su alteza es muy amable con nosotros. <emphasis>Demasiado</emphasis> amable. No hay motivos para que deb�is...</p><p>��Para que deba tomarme tantas molestias? �Tonter�as, querida! T� y Vinar sois nuestros buenos amigos. Adem�s, hace ya bastante que no hemos tenido una excusa para una gran celebraci�n aqu�. No me negar�as mi propia satisfacci�n, �no es as�?</p><p>Desde luego, no hab�a respuesta para ello, y por fin �ndigo consigui� devolver la sonrisa de la reina viuda.</p><p>�No, alteza. Claro que no. Gracias.</p><p>Moragh era muy consciente de que el rey, sentado a�n en la mesa de la tarima, la observaba con intensa curiosidad, pero hab�a tenido buen cuidado de alejar a �ndigo y a Vinar fuera del alcance de su o�do para que no pudiera escuchar la conversaci�n. Ryen no se sentir�a contento cuando averiguara lo que ella hab�a hecho, ya que segu�a sin gustarle la continuada presencia de �ndigo en su corte. Sin duda se producir�a un altercado cuando se lo dijera, pens� Moragh, pero lo explicar�a �o le explicar�a tanto como considerara juicioso� y lo intimidar�a, lo convencer�a o lo chantajear�a para que accediera a sus deseos. Era la �nica forma de asegurarse de que �ndigo permaneciera en Carn Caille hasta que Jes y Niahrin pudieran llevar a cabo el siguiente paso de su plan.</p><p>�Ahora �dijo, tomando el brazo de �ndigo�, hemos de pensar en los preparativos. Primero, querida, est� la cuesti�n de tu vestido. Mi propia doncella mayor es una costurera de mucho talento. Ir�s a verla esta tarde para que te tome medidas, y entre todos escogeremos una tela. Azul, yo dir�a; un azul claro, como el cielo en verano, te quedar� muy bien y destacar� el color de tus preciosos ojos. Y una cola en crema, o quiz�s en plata si tenemos material apropiado. Luego, claro, hay que tener en cuenta la vestimenta de Vinar; y la elecci�n de acompa�antes y padrinos...</p><p>Vinar, que la escuchaba con avidez, interpuso:</p><p>�Me gustar�a que Neerin fuera uno de mis padrinos. Ha hecho mucho por ayudarnos. �Luego, con cierta tristeza, a�adi�: O al menos lo ha intentado, aun cuando no saliera como ella esperaba.</p><p>Pareci� como si �ndigo fuera a poner objeciones, pero Moragh no le dio oportunidad.</p><p>��sa es una buena idea, y s� que a Niahrin le encantar� �afirm�.</p><p>Vinar pase� la mirada por el sal�n.</p><p>�Podr�amos ped�rselo ahora, pero no parece estar aqu�.</p><p>�Ah... ah, as� es. Creo que alguien me dijo que no se encontraba muy bien esta ma�ana.</p><p>��Neerin no est� bien? Quiz� deber�amos ir a verla...</p><p>�No. �Pensando con rapidez, y confiando en que su tono no hubiera despertado sospechas, Moragh disimul� con la habilidad que concede una larga pr�ctica�. Estrictamente entre nosotros, Vinar, creo que se trata de una desafortunada consecuencia de la fiesta de anoche. Bebi� vino durante la cena, y no creo que est� acostumbrada a �l.</p><p>�Oh. Ya. Bueno, podemos verla m�s tarde. �Regres� la sonrisa a sus labios�. Nos hablabais de los preparativos, se�ora...</p><p>�Ojal� no tuvi�ramos que hacer esto, Vinar �dijo �ndigo m�s tarde, cuando estuvieron a solas�. No quiero quedarme aqu�, no despu�s de... esa pesadilla. Y sabiendo que ese viejo loco puede estar a�n en la vecindad.</p><p>El brazo de Vinar la rode� cari�oso y protector.</p><p>�No puede hacerte da�o �replic� con decisi�n�. Su alteza me lo cont� todo sobre �l, �recuerdas? No es a ti a quien quiere; incluso aunque as� fuera, �crees que conseguir�a acercarse a ti conmigo a tu lado?</p><p>�ndigo se mordi� el labio inferior.</p><p>�Pero, si no tiene nada que ver conmigo, �por qu� so�� con �l aun antes de ponerle la vista encima? �Levant� el rostro hacia el suyo, y �l pudo ver aut�ntico miedo en sus ojos�. <emphasis>�Por qu�</emphasis> hice eso, Vinar?</p><p>�No lo s�, y �sa es la verdad. Pero opino que t� debes e... bueno, �haber cogido� ese sue�o, �me comprendes?</p><p>Muy a pesar suyo, �ndigo no pudo contener una breve carcajada.</p><p>��Haces que suene tan sencillo como coger un resfriado!</p><p>�Bueno, pues podr�a ser. Quiero decir, saber lo del sue�o que la reina padece continuamente, igual que el que t� tuviste la primera noche. Su alteza me dijo que deb�as de haber �cogido el hilo�; as� es como lo expres�. �La abraz� con fuerza, repentinamente sonriente�. A lo mejor eres una bruja como Neerin, �eh? �No soy nada de eso. �Pero el inconmensurable buen humor de Vinar empezaba a realizar su magia como hac�a tan a menudo, y la risa en la voz de �ndigo era inconfundible ahora� Soy simplemente yo, s�lo �ndigo, hija de nadie. Pero pronto ser� diferente. Ser� �ndigo, la esposa de Vinar, y entonces nada m�s importar�.</p><p>�No es as� como lo decimos en Scorva �corrigi� Vinar en torno burl�n�. Ser�s �ndigo Shillan. Tomar�s el nombre de la familia de mi padre, igual que yo.</p><p>La muchacha apret� el rostro contra su pecho.</p><p>�Pero todav�a sigo deseando que no tuvi�ramos que quedarnos aqu�. Ojal� pudi�ramos abandonar Carn Caille ahora, casarnos en la ciudad m�s cercana, y tomar un barco en direcci�n a Scorva y al hogar de tu familia.</p><p>��Y perdernos la magn�fica boda que su alteza ha planeado para nosotros? No podemos decirle que no cuando ha sido tan amable. �E imagina qu� orgullosos estaremos, con el rey en persona oficiando la ceremonia! �Al darse cuenta de que segu�a sin estar convencida, a�adi� consolador�: Con toda probabilidad no ser�n m�s que unos pocos d�as, mi amor. No se tarda tanto en preparar una celebraci�n, y en cuanto haya finalizado nos podremos ir.</p><p>��Me lo prometes? �Volvi� a alzar la cabeza hacia �l.</p><p>��Prometido!</p><p>�ndigo asinti� con la cabeza.</p><p>��Sabes?, es s�lo que..., s�lo que, cuanto m�s tiempo nos quedemos aqu�, m�s miedo siento de que... vuelva a suceder.</p><p>Se refer�a a mucho m�s que una simple pesadilla. En su mente segu�a el recuerdo de un cuchillo de brillante hoja, y el rostro sorprendido de la reina Brythere; y, presidiendo todo ello, la amargada y arrugada vieja que llevaba la marca de su propia imagen envejecida. Pero Vinar no pod�a imaginar eso, y jam�s deb�a saberlo.</p><p>Moragh y Jes eran las �nicas personas en Carn Caille que conoc�an la aut�ntica causa de la indisposici�n de Niahrin, y, decidida a que siguiera siendo as�, Moragh hab�a hecho correr la voz de que la bruja padec�a los efectos de un exceso de vino y no deseaba que la molestaran. A media ma�ana Niahrin todav�a no hab�a despertado del profundo y casi comatoso sue�o, y Jes decidi� velarla durante una hora o dos. Poco antes del mediod�a Moragh se encamin� disimuladamente a la habitaci�n, llevando una peque�a bandeja cubierta por una tela; el bardo se puso en pie al entrar ella, y, con gran alivio, la reina viuda vio que Niahrin estaba por fin despierta, aunque su rostro aparec�a demacrado entre las almohadas sobre las que Jes la hab�a incorporado.</p><p>�Te he tra�do un poco de sopa caliente, querida �dijo la reina viuda, depositando la bandeja sobre la mesita de noche�. T�matela toda si puedes; en su interior hay hierbas reconstituyentes.</p><p>Niahrin le dedic� una p�lida sonrisa de disculpa.</p><p>�Lamento dar tanto la lata, se�ora, ocasionaros tantas molestias...</p><p>�No haces nada por el estilo. Si no fuera por ti todav�a dar�amos palos de ciego en la oscuridad. �Moragh sonri�. Eres muy valiente.</p><p>Niahrin sacudi� la cabeza, aunque pareci� que ello ejerc�a un efecto negativo en la poca energ�a que le quedaba.</p><p>�No, se�ora, no fue cuesti�n de valent�a. Simplemente dej� que durase demasiado... Siempre sucede si lo hago; es una flaqueza m�a. �No pudo decir nada m�s porque Moragh se sent� en el lecho y empez� a darle cucharadas de sopa. Sinti�ndose rid�cula, Niahrin abri� obedientemente la boca y trag� el caldo, que estaba sabroso y caliente y sab�a a venado. Tras unas cuantas cucharadas, no obstante, aprovech� una ocasi�n para preguntar�: Por favor, se�ora, �sab�is d�nde est� <emphasis>Grimya?.</emphasis> La busqu� al despertar, pero no estaba.</p><p>��Ah! <emphasis>Grimya.</emphasis> �Moragh y Jes intercambiaron una mirada que Niahrin no supo c�mo interpretar; luego Moragh dijo con animaci�n�: Bien, creo que lo mejor ser� cont�rtelo. Niahrin, querida, lo sabemos todo sobre <emphasis>Grimya.</emphasis> Nos cont� toda la historia ella misma, anoche.</p><p>�Os cont�... �Entonces Niahrin se dio cuenta de lo que la reina viuda quer�a decir�. �Oh! �repiti�. �Oh!</p><p>�Cuando Jes y yo te trajimos de vuelta a tu habitaci�n �continu� Moragh�, y te aseguro que no fue tarea sencilla pese a que �ramos dos para transportarte, <emphasis>Grimya</emphasis> estaba muy afligida. Yo sospechaba la verdad sobre ella, de modo que la desafi� directamente... �Enarc� las cejas�. O quiz� deber�a ser estrictamente honrada y admitir que la coaccion�. Ella, pobre inocente criatura, se dio cuenta por fin de que el silencio total ya no serv�a, y se rindi�. Nos cont� todo aquello que no fue revelado durante la... aventura de anoche. �Ri� con voz ronca�. En otras circunstancias habr�a sido una conmoci�n descubrir que pod�a hablar. Pero hac�a menos de una hora hab�a o�do la voz de Cushmagar el bardo, me hab�a enterado de que la princesa Anghara ha vivido sin cambiar ni envejecer durante cincuenta a�os, y hab�a visto c�mo tres fantasmas que son parte de ella se materializaban ante mis propios ojos. Despu�s de ello, �c�mo pod�a sorprenderme un hecho tan trivial como un animal que habla? � Mene� la cabeza como si por un momento experimentara una duda sobre lo que acababa de decir, pero enseguida se deshizo de la sensaci�n con un encogimiento de hombros�. <emphasis>Grimya</emphasis> es muy valiente y muy inteligente. S� que tem�a que nos volvi�ramos contra �ndigo, contra Anghara, y la verdad es que entiendo sus razones. Pero tambi�n comprendi� que no pod�amos ayudarla a menos que supi�ramos toda la historia. Consider� que pod�a confiar en nosotros. �Una d�bil sonrisa apareci� en las comisuras de sus labios�. Tom� eso como un gran cumplido.</p><p>Niahrin estaba perpleja pero se dio cuenta de que al mismo tiempo se sent�a aliviada. El peso de guardar el secreto de <emphasis>Grimya,</emphasis> con todas las dificultades inherentes a ello, la hab�a abrumado mucho m�s de lo que hab�a estado dispuesta a admitir hasta este momento.</p><p>�Me alegro de que os lo contara, alteza �dijo al cabo�. Yo quer�a hacerlo. Pero no pod�a romper la promesa que le hab�a hecho.</p><p>�Sabe que t� no lo habr�as hecho. Te aprecia mucho, Niahrin. Con motivo, creo. � Al ver que la bruja parec�a turbada por el cumplido, Moragh le palme� la mano y regres� r�pidamente al tema original de conversaci�n�. As� pues, <emphasis>Grimya,</emphasis> Jes y yo discutimos qu� deb�a hacerse. Una cosa qued� clara anoche: si hemos de ayudar a Anghara, hemos de buscar el hilo perdido del que el..., el ser habl�. Y parece que s�lo hay una forma de hacerlo.</p><p>�A trav�s de Perd.</p><p>�O Fenran, como quiz� deber�amos llamarlo ahora. De todos modos, no podemos esperar recibir su voluntaria cooperaci�n. Dudo que sea capaz de darla, incluso aunque quisiera. As� que esto no nos deja m�s que una opci�n: hay que obligarlo. Hemos de encontrar una forma de llegar hasta su mente enferma y sacar la verdad. Y me temo, querida, que �sa es una tarea para ti.</p><p>Niahrin asinti�. Ya hab�a esperado algo parecido.</p><p>�S� �respondi� muy seria; fuego mir� con franqueza a la reina y a�adi�: Si es que poseo esa habilidad.</p><p>�Eso es algo que no sabremos hasta que lo pongamos a prueba. Pero, antes de que podamos hacerlo, tenemos que encontrar a nuestra presa, y eso nos devuelve a <emphasis>Grimya. </emphasis>Perd... Fenran... evidentemente no tiene intenci�n de abandonar la regi�n, por lo que debe de haberse buscado un escondite en las cercan�as. El bosque es el sitio m�s probable, de modo que <emphasis>Grimya</emphasis> ha ido all� a intentar localizarlo.</p><p>La bruja contempl� el cuenco de sopa con el entrecejo fruncido. De improviso sent�a un hambre canina, se�al inequ�voca de que el agotamiento empezaba a desaparecer por</p><p>fin, y extendi� la mano para coger la cuchara.</p><p>�No resultar� f�cil de encontrar, se�ora, incluso para <emphasis>Grimya.</emphasis> Puede que est� loco pero es astuto, y tiene un gran conocimiento del bosque. Y la pata de <emphasis>Grimya</emphasis> todav�a no est� totalmente curada. Le falta rapidez y energ�a aun.</p><p>�Lo sabe. Pero tiene intenci�n de pedir ayuda a los lobos del bosque.</p><p>Niahrin se sobresalt� de tal modo que dej� caer la cuchara, y salpic� de sopa todo el cubrecama.</p><p>��Los lobos salvajes? �Se�ora, a <emphasis>Grimya</emphasis> la <emphasis>aterran</emphasis> los lobos salvajes! Teme...</p><p>�Que si descubren su mutaci�n se revuelvan contra ella como lo hizo su propia jaur�a cuando era un cachorro �acab� Moragh por ella�. Nos cont� esa triste historia. Pero tambi�n est� convencida de que, para ayudar a �ndigo, debe superar su miedo. Y, como he dicho antes, es muy valiente.</p><p>�S� �asinti� Niahrin en voz baja�. S�; muy valiente de verdad...</p><p>�No hay mucho que Jes y yo podamos hacer hasta su regreso, excepto rezar para que tenga �xito �a�adi� la retina viuda�. Nuestra tarea, por el momento, es asegurarnos de que no se despierten sospechas en Carn Caille. Pero t�, Niahrin, debes comer, descansar y recuperarte. cogi� la cuchara ca�da y la deposit� en la mano de la bruja Sus ojos ten�an una curiosa expresi�n, mezcla de culpabilidad y compasi�n�. T�, m�s que ninguno de nosotros, necesitar�s todas tus energ�as antes de que esto finalice.</p><p>No obstante sus valerosas palabras a Moragh, <emphasis>Grimya</emphasis> estaba aterrada. No hab�a una palabra m�s suave para ello ni ninguna forma de evitar la verdad; el temor estaba instalado en lo m�s profundo de su ser, inamovible, como un dolor f�sico. Durante un corto espacio de tiempo, de pues de penetrar en el bosque, hab�a conseguido alejarle a medida que las delicias del lugar asaltaban sus sentidos. Nacida en el bosque, adoraba los claroscuros producidos por la luz del sol al filtrarse entre las ramas, la maleza h�meda, los sonidos, aromas y caminos apartados que exig�an ser explorados; �ste era su h�bitat natural y hac�a mucho tiempo que no lo hab�a disfrutado plenamente. Per el miedo nunca la abandon� del todo, y ahora, al detenerse y contemplar el tronco de un �rbol ca�do que cruzaba en el estrecho sendero que segu�a, regres� con violencia. Su olfato hab�a captado el n�tido olor de otro lobo, y, aunque todav�a no pod�a verlo, sab�a que estaba s�lo a unos metros de distancia.</p><p>Gir� la cabeza de un lado a otro, examinando el y su coraz�n empez� a palpitar de forma irregular y violenta. �D�nde estaba el lobo? Ella se encontraba a favor; del viento por lo que no era probable que el otro la hubiera olido, pero pod�a haberla visto; y, si era as�, �qu� pensaba hacer? Ella no pod�a correr; hab�a mantenido un trote corto desde que hab�a abandonado Carn Caille y eso result� bastante f�cil y c�modo, pero la pata herida todav�a no pod�a enfrentarse a un paso m�s veloz. Si el otro lobo percib�a su diferencia y la atacaba, �qu� har�a ella? �Qu�<emphasis>pod�a</emphasis> hacer?</p><p>Se escuch� un repentino roce entre la maleza al otro lado del �rbol ca�do, y un p�jaro lanz� una aguda llamada de aviso y sali� huyendo, con un fuerte aleteo. <emphasis>Grimya</emphasis> se agazap� en una postura defensiva, con las orejas muy erguidas, el est�mago plano contra el suelo, la mirada fija en los matorrales que se agitaban ligeramente como si algo los hubiera perturbado. De improviso divis� una borrosa mancha de color gris amarronado... y entonces una figura peque�a sali� de su escondite, salt� sobre el tronco ca�do y se qued� mir�ndola con la boca abierta y la rechoncha cola balance�ndose violentamente.</p><p>Se trataba de un cachorro; ni siquiera un jovencito y rebosante de la sorprendida y ansiosa curiosidad de los muy j�venes. Lanz� un �nico ga�ido y adopt� una fingida pose de ataque, con aire severo y la lengua colgando por un lado de la boca en una clara invitaci�n al juego. <emphasis>Grimya</emphasis> empez� a levantarse; una parte de su tensi�n hab�a desaparecido al darse cuenta de que las intenciones del cachorro eran totalmente amistosas, pero al cabo de un instante el miedo regres� al decirse que la madre no pod�a andar muy lejos, y que deb�a de ser la matriarca de la jaur�a, ya que era la norma entre los lobos que s�lo el jefe y su compa�era ten�an permitido aparearse y procrear.</p><p>El cachorro volvi� a lanzar un ga�ido, desconcertado por la falta de respuesta de su nueva compa�era de juegos. <emphasis>Grimya</emphasis> recibi� de la mente del peque�o un revoltijo de veloces y entusiastas pensamientos, y se sorprendi� al descubrir que los entend�a. El lenguaje de los lobos era menos complejo que la telepat�a �que hab�a sido su ruina� pero a la vez m�s que simples sonidos, aunque el sonido jugaba un papel de vital importancia. Era m�s parecido a una comprensi�n compartida: instinto, conceptos e im�genes que se combinaban en una forma de comunicaci�n imposible de explicar a un humano. Durante m�s de medio siglo <emphasis>Grimya</emphasis> no hab�a tenido ni la necesidad ni el deseo de utilizar la �lengua� de su infancia. �La recordar�a ahora? �Conseguir�a comunicarse con este ansioso cachorro que quer�a ser tu amigo, y hacerse comprender?</p><p>Emiti� un sonido gutural desde el fondo de su garganta, no exactamente un gru�ido, ni tampoco un ga�ido, pero que recordaba a ambas cosas, y en la vieja forma lobuna, tal como su madre le hab�a ense�ado, proyect� el concepto de �amiga�.</p><p><emphasis>�.�Amiga,!�</emphasis> La afirmaci�n fue instant�nea, y con ella vino un chaparr�n de preguntas. <emphasis>��Qui�n? �De d�nde? �Jugar?�, , �Nueva�,</emphasis> dijo <emphasis>Grimya</emphasis> al cachorro. <emphasis>�Extranjera, pero buena. No da�o.�</emphasis></p><p><emphasis>�No da�o�,</emphasis> coincidi� el cachorro y, tras saltar del tronco del �rbol al suelo, correte� hacia ella con el hocico alzado para el saludo a base de olfatear y lamer que era costumbre entre miembros de una misma jaur�a, o de una jaur�a al aceptar a un nuevo miembro.</p><p>El gesto dio nuevos �nimos a <emphasis>Grimya,</emphasis> que se mantuvo inm�vil mientras el cachorro saltaba y resollaba y luego, por ser el m�s joven, rodaba sobre el suelo para mostrar sumisi�n a un lobo de m�s edad.</p><p><emphasis>��Jugar?�,</emphasis> pidi� travieso. <emphasis>��Perseguir y morder y cazar?�</emphasis></p><p><emphasis>Grimya</emphasis> emiti� el sonido de advertencia que indicaba negativa a acceder, y enseguida lanz� un gemido para dar a entender que con ello no quer�a insinuar una amenaza o desconsideraci�n. Quer�a que su compa�ero comprendiera que hab�a asuntos serios que tratar y que necesitaba ayuda, pero el cachorro estaba demasiado preocupado con la idea de pasarlo bien y jugar, y con su propia curiosidad y orgullo por haber descubierto a la extra�a. De pronto se puso en tensi�n y clav� los ojos a lo lejos, en un punto situado detr�s de <emphasis>Grimya.</emphasis> Temiendo lo peor, la loba se volvi�.</p><p>Otros cinco lobos la observaban desde el sendero. No los hab�a olido porque el viento soplaba del otro lado; pero supo de inmediato que su jefe �una enorme y �gil criatura casi negra con un magn�fico collar�n de pelo� era el rey de la jaur�a. La hembra situada junto al jefe lanz� una orden seca, y el cachorro, avergonzado, casi se arrastr� hasta ella con la cabeza y la cola gachas. En cuanto se introdujo entre las patas delanteras de su madre, el jefe de la partida baj� la cabeza y abri� la boca para mostrar los dientes.</p><p>El instinto fue en ayuda de <emphasis>Grimya.</emphasis> En el mismo instante en que el jefe del grupo realizaba su gesto de amenaza, ella se dej� caer al suelo y se arrastr�, con las patas extendidas al frente y la cabeza apretada de costado contra la h�meda almohada de hojas del a�o anterior. Abriendo la boca, mostr� la lengua para lamer el aire, y gimote�, a la vez que proyectaba un mensaje: <emphasis>�Amiga, amiga. Extranjera, pero amiga. Reverencia y respeto. No da�o�.</emphasis> El rey lobo avanz� hacia ella despacio y se detuvo justo a su lado. Durante lo que a ella le pareci� un tiempo interminable la contempl� desde su posici�n erguida, mientras <emphasis>Grimya</emphasis> permanec�a tumbada sumisa, profiriendo peque�os sonidos de obediencia. Entonces, ante su sorpresa, el rey lobo le transmiti� con toda claridad:</p><p><emphasis>�Sabemos qui�n eres. Amigos del oeste est�n aqu�. Ellos nos lo dijeron. Te esperan; ellos y nosotros.�</emphasis></p><p>La gran cabeza negra descendi�, y un temblor recorri� el cuerpo de <emphasis>Grimya</emphasis> cuando el lobo le olfate� primero el hocico, luego le lami� el rostro, acto seguido le mordisque� la oreja derecha �como una simple aserci�n de autoridad, y sin ninguna intenci�n hostil� y por �ltimo dio permiso a sus compa�eros para que se adelantasen a investigar por s� mismos a la reci�n llegada. Hab�a tres hembras entre sus acompa�antes y un macho m�s joven; <emphasis>Grimya</emphasis> averigu� que �ste y una de las hembras no pertenec�an a la jaur�a del rey lobo sino que eran los �amigos del oeste�. Hab�an venido del distrito de Niahrin y se dio cuenta de que eran miembros de la misma jaur�a que la hab�a seguido a ella y a la bruja por la carretera de Carn Caille. La excitaci�n de <emphasis>Grimya</emphasis> aument�, pero sab�a que las formalidades de los saludos y primeros contactos ten�an que completarse antes de que pudiera atreverse a hablarles de Perd Nordenson, y por lo tanto se someti� obediente y pacientemente al escrutinio de sus nuevos amigos. Las hembras demostraron gran preocupaci�n por su pata herida, que lamieron y palmearon repetidas veces, pero ella les asegur� que cicatrizaba correctamente y que pod�a cazar y alimentarse por s� misma. Por fin parecieron darse por satisfechas, y el rey lobo los reuni� a todos. No conferenciar�an all� sino en otro lugar, dentro de su territorio y no muy lejos. Entonces permitieron que <emphasis>Grimya</emphasis> se incorporara y, una vez que se hubo sacudido a conciencia, los lobos la condujeron a su destino. La matriarca ! desvi� al cabo de un rato y los dej�, con el cachorro saltando a su lado y lanzando fascinadas miradas por encima del hombro, y a <emphasis>Grimya</emphasis> la escoltaron hacia el coraz�n del bosque, a un lugar donde una espesa vegetaci�n de abedules y j�venes robles colgaba sobre la orilla de un arroyo poco profundo. Aqu� los lobos se sentaron en semic�rculo con <emphasis>Grimya</emphasis> en el centro, donde todos pod�a verla, y el rey permiti� que todos se dirigieran a ella.</p><p>Lo que ten�an que decir llen� de asombro a <emphasis>Grimya.</emphasis> Los lobos hab�an adivinado el secreto de su �diferencia �lo cierto es que la jaur�a del oeste lo hab�a sabido desde el primer d�a que apareci� en la casa de Niahrin� per lejos de sentir odio u hostilidad hacia ella, su actitud era sol�cita y comprensiva. Los habitantes del oeste hab�an percibido, tambi�n, que exist�a una conexi�n entre <emphasis>Grimya y</emphasis> el viejo loco que hab�a ido a vivir a su territorio var�e veranos atr�s, y que desde hac�a tiempo hab�a llamado poderosamente su inter�s. Hab�a algo extra�o en aquel hombre, dijeron, algo siniestro, oculto y... equivocado. �Pod�a <emphasis>Grimya</emphasis> decirles m�s cosas?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> lo hizo, aunque pronto descubri� que la lengua de los lobos, y la interpretaci�n que daban �stos a lo que escuchaban, ten�a limitaciones. Exist�a un enorme abismo entre la forma de comprender de la jaur�a y la forma humana de razonar que ella hab�a aprendido con los a�os y <emphasis>Grimya</emphasis> comprendi� lo mucho que su larga vida junto a �ndigo la hab�a cambiado. No era un pensamiento excesivamente agradable, pero consigui� explicar lo suficiente, y la respuesta de los lobos fue inapelable. La lealtad para con los amigos era un principio inquebrantable entre los de su raza: hab�an aceptado a <emphasis>Grimya</emphasis> como su amiga, y, si ella por su parte ten�a una amiga necesitada de</p><p>ayuda, se la ayudar�a sin reparos. Sab�an d�nde viv�a el humano loco, pues, llevados por la curiosidad, lo hab�an seguido hasta su guarida, si bien no se hab�an acercado a �l y hab�an advertido a sus cachorros que se mantuvieran bien apartados. No obstante, no cre�an que se lo pudiera coger con facilidad. Era probable que luchase, y se necesitar�an hombres para reducirlo; de todos modos, el rey de los lobos prometi� que �l y su jaur�a ayudar�an. Conoc�an y respetaban a los cazadores de Carn Caille; los conducir�an hasta el hombre loco y prestar�an su ayuda f�sica y sus conocimientos para atraparlo. Todo lo que <emphasis>Grimya</emphasis> ten�a que hacer era traer a los hombres a este lugar, y llamar a los lobos.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se sinti� profundamente agradecida a la jaur�a. Les dio las gracias profusamente, rodando y arrastr�ndose por el suelo para mostrar su reconocimiento, y, cuando el rey lobo sell� el acuerdo, permiti� a la loba el privilegio de lamerle hocico y cabeza a cambio. Los otros tres lobos de menor categor�a tambi�n la lamieron a ella, y, cuando <emphasis>Grimya</emphasis> se preparaba para marcharse, record� de improviso algo.</p><p><emphasis>�Quisierapreguntar.�</emphasis> Se volvi� hacia el rey lobo y hundi� la cabeza con humildad. <emphasis>�Quisierapreguntar.� �Pregunta. S�.�</emphasis></p><p><emphasis>�Hace dos lunas, cantasteis. Lo o�. �Por qu� fue la canci�n?�</emphasis> Por un momento el rey lobo la contempl� con fijeza a los ojos, pero enseguida respondi�:</p><p><emphasis>�.Hab�a problemas. Captamos el olor. Te enviamos una advertencia, porque t� eres uno de los nuestros.�</emphasis></p><p>De modo que hab�an percibido la maldad que se cern�a sobre Carn Caille aquella noche, y el sobrenatural estr�pito que se dej� o�r fuera de la ciudadela no hab�a sido casualidad... <emphasis>Grimya</emphasis> baj� el hocico hasta apoyarlo en el suelo.</p><p>�Os <emphasis>doy mi gratitud�,</emphasis> dijo. <emphasis>�Y los humanos de la guarida de piedra os la dan, tambi�n. Enviasteis una advertencia, y salvasteis la vida de la compa�era del rey humano.�</emphasis></p><p>Una de las hembras lanz� un ladrido, y el rey lobo parpade� sorprendido.</p><p><emphasis>�Una cosa buena�,</emphasis> dijo. <emphasis>�Una cosa buena hicimos. S�. Celebraremos la cosa buena juntos. Cantaremos juntos. Canta con nosotros.�</emphasis></p><p>Todos a una los cuatro lobos alzaron las cabezas y empezaron a aullar con una nota larga y espectral. Durante unos momentos <emphasis>Grimya</emphasis> se contuvo; luego, de repente, un instinto antiguo y medio olvidado la inund� y se uni� a su canto mientras �ste ascend�a y descend�a, ascend�a y descend�a. La canci�n conten�a alegr�a y orgullo, y tambi�n satisfacci�n, y cuando por fin termin� con un �ltimo eco no hubo despedidas ni saludos, sino �nicamente un movimiento y un roce entre la maleza, y los lobos se fundieron con el paisaje y desaparecieron.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> contempl� los matorrales, donde tan s�lo un ligero balanceo entre las ramas bajas revelaba la direcci�n tomada por sus nuevos amigos, y de pronto se sinti� desconsolada y sola, dividida entre dos mundos pero sin encentrarse en su elemento en ninguno de ellos. No volver�a a ser una aut�ntica loba, no importaba hasta qu� punto el canto y la amistad de los lobos se lo hubiera hecho anhelar; sin embargo, ten�a lo suficiente de loba para lamentar romper con esos viejos lazos y desear que su vida hubiera sido diferente.</p><p>Pero entonces pens� en �ndigo. �ndigo hab�a sido su amiga �su amiga m�s querida y a menudo tambi�n su �nica amiga� desde mucho antes de que naciera el progenitor del gran lobo negro. Incluso aunque �ndigo la hubiera olvidado y abandonado ahora, era <emphasis>ella</emphasis> quien importaba m�s que nada. Lealtad era el credo supremo de los lobos, y la lealtad de <emphasis>Grimya</emphasis> era para �ndigo. Hab�a venido aqu� por �ndigo, y por �ndigo deb�a dejar de lado su propia tristeza y anhelos y regresar junto a sus otros amigos, sus amigos humanos, para dar cuenta de su �xito.</p><p>Un p�jaro empez� a cantar desde un �rbol situado al otro lado del arroyo; un alegre trino de cuatro notas repetidas una y otra vez. Ya no quedaba ni rastro de los lobos salvajes e incluso su olor empezaba a desvanecerse. Se puso en pie y, tras una �ltima mirada llena de melancol�a a su alrededor, se volvi� en direcci�n a Carn Caille.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 18</strong></p></title><empty-line/><p>Cinco hombres, conducidos por la reina viuda Moragh, salieron a caballo de Carn Caille aquella tarde. Llevaban ropas de caza pero sus armas no eran las de unos cazadores; sus perros se quedaron en las perreras y en su lugar iba <emphasis>Grimya,</emphasis> junto al caballo de Moragh. Evidentemente, no se trataba de una expedici�n corriente, pero los cinco hombres eran todos guardabosques que Moragh conoc�a personalmente, y sab�a que pod�a confiar en su silencio.</p><p>Niahrin descansaba. Hasta que la reina viuda y sus acompa�antes regresaran ella no pod�a hacer nada, y todav�a se sent�a d�bil a causa de la experiencia de la noche anterior. Se hab�a dado instrucciones a los criados para que no la molestaran y por lo tanto se qued� en cama, con la esperanza de poder dormir y con la esperanza m�s ferviente a�n de no so�ar.</p><p>Lo cierto es que durmi�, y, al despertar, descubri� con sorpresa que hab�a dormido de un tir�n desde el mediod�a hasta bien entrada la tarde. <emphasis>Grimya</emphasis> no hab�a regresado, pero al sentarse Niahrin descubri� una pizarra apoyada en posici�n vertical sobre la mesita de noche. Escritas en la pizarra hab�a s�lo dos palabras: ��xito. Jes�.</p><p>El coraz�n de la bruja dio un ligero vuelco.</p><p>Durante los d�as que siguieron, el rey Ryen se sinti� cada vez m�s seguro de que su madre maquinaba alguna cosa de la que �l no sab�a nada. La reina viuda parec�a encontrarse constantemente ocupada, y en las contadas ocasiones en que consigui� llamar su atenci�n �sta esquiv� con gran habilidad sus intentos de averiguar algo sobre sus actividades. En una ocasi�n Ryen intent� enfrentarse con ella, preguntando sin rodeos qu� era lo que tramaba, pero Moragh se limit� a sonre�r de la forma que normalmente reservaba a las amistades poco �ntimas y a responder que estaba, desde luego, ocupada en la organizaci�n de la boda de �ndigo y Vinar, y nada m�s siniestro que eso. Ryen no le crey�, pero tuvo que contentarse con su respuesta.</p><p>La boda era otra manzana de la discordia. Ryen se hab�a sentido extra�ado y, al principio, molesto por la insistencia de Moragh de que el acontecimiento deb�a tener lugar en Carn Caille, pero al hacer su oferta a la pareja de novios la reina viuda hab�a forzado su mano sin remedio y el monarca no ten�a otra alternativa que poner buena cara a todo el asunto. No obstante, la actitud del rey no tard� en ablandarse; aunque lo desconcertara el misterio de la procedencia de �ndigo y, en realidad, habr�a preferido que la muchacha abandonara Carn Caille sin demora, no pod�a en justicia hacerla responsable por su propia situaci�n inc�moda. De modo que cedi� con bastante buen talante, y los preparativos empezaron en serio.</p><p>Carn Caille se vio presa de un desasosiego de actividad en cuanto Moragh emprendi� las tareas organizativas y se puso a asignar a cada uno su papel. La reina viuda se encarg� de que la misma pareja, e �ndigo en especial, estuvieran totalmente ocupados; y mediante una combinaci�n de persuasi�n e intimidaci�n embauc� hasta tal punto a Ryen para que participara en sus proyectos que al rey no le qued� tiempo para indeseables investigaciones en otras �reas. En esto encontr� una aliada inesperada en Brythere. La reina estaba encantada con el anuncio de la boda y se lanz� a la vor�gine de preparativos con sorprendente entusiasmo y energ�a; casi, pens� Moragh, hasta el punto de resultar una obsesi�n, como si esta distracci�n concreta de sus propias preocupaciones fuera algo a lo que aferrarse como un marinero n�ufrago se aferrar�a a un madero flotante. La reina viuda dio a su hija pol�tica plena libertad y elev� una plegaria de agradecimiento por su involuntaria pero inestimable contribuci�n. Y entretanto, inadvertida entre el fervor general, la estrategia m�s profunda iba tomando forma... y en un s�tano, sin utilizar desde hac�a mucho tiempo y poco menos que olvidado, bajo los cimientos de Carn Caille, se preparaba a un prisionero para que se reencontrara con su pasado. La captura de Perd se hab�a llevado a cabo con extraordinaria facilidad. Los lobos del bosque hab�an percibido la proximidad de los cazadores muy pronto, y el rey lobo y cinco de los miembros m�s veloces de su jaur�a los esperaban ya cuando Moragh y su grupo llegaron al punto de encuentro junto al arroyo. Los hombres quedaron estupefactos al descubrir que estas criaturas no s�lo parec�an comprender la naturaleza de su misi�n sino que testaban ansiosas por ayudarlos, pero Moragh no dio explicaciones y ellos no se atrevieron a hacer preguntas. Encontraron al anciano en la guarida que se hab�a construido; una vieja caba�a para guardar cosas situada en un claro, que antiguamente hab�an utilizado los guardabosques pero que estaba abandonada desde hac�a tiempo y ten muy mal estado. Tres lobas que hab�an estado vigilando la caba�a al abrigo de la maleza cercana se esfumaron ten cuanto el rey lobo condujo a los humanos al claro, y Moragh en persona se adelant� a caballo y lanz� un claro desaf�o. No hubo respuesta, y a una orden de la reina viuda tres de los hombres penetraron en la caba�a. El interior apestaba a alcohol entre otros olores m�s f�tidos, y all� hallaron a Perd inconsciente y roncando, aferrando dos odres de vino vac�os contra el pecho como si fueran sus posesiones m�s preciadas. Recuper� el sentido cuando lo arrastraron al exterior, y en cuanto sus ojos nublados descubrieron a la reina viuda empez� a forcejear, a gritar y a maldecir. Pero en su estado no ofrec�a ning�n peligro para siquiera uno solo de los cazadores, y lo llevaron de vuelta a Carn Caille como un ciervo de primera calidad, colgado impotente sobre el pomo de una de las sillas. Con bien ejercitada habilidad Moragh hab�a hecho arreglos para que lo introdujeran en la fortaleza sin ser visto y lo encerraran en el s�tano ya preparado a tal efecto; luego, por su propia mano, mezcl� una potente bebida narc�tica y lo oblig� a tragarla, para volverlo a dormir.</p><p>Cuatro d�as despu�s de la captura Moragh y Niahrin segu�an ocupadas en su secreta misi�n. A Perd lo hab�an instalado con todas las comodidades que las circunstancias permit�an; el s�tano gozaba de una temperatura agradable, y �l ten�a una cama, mantas y l�mparas para iluminar la oscuridad. Niahrin incluso se hab�a ocupado de lavarlo de la cabeza a los pies y vendar la innumerable variedad de cortes y golpes que encontr� en su cuerpo. Segu�a drogado, y s�lo se lo despertaba de su estupor dos veces al d�a para que comiera y atendiera otras necesidades, pero la naturaleza de las drogas cambiaba a medida que las dos mujeres experimentaban, estudiaban, experimentaban m�s y anotaban los resultados de sus esfuerzos. Su primera intenci�n fue proporcionar al anciano un buen descanso; largos per�odos de sue�o sin pesadillas durante los cuales los ovillos de su mente, desesperadamente enmara�ados, tuvieran la posibilidad de desenredarse. Luego le administraron preparados de otras hierbas m�s raras, cuyo prop�sito era alcanzar mientras dorm�a los reinos guardados bajo llave de su memoria.</p><p>Y por �ltimo llego el momento del experimento de mayor importancia y el m�s peligroso; la droga que, si ten�a �xito, dar�a a Niahrin, mediante magia hipn�tica, el control de su conciencia al despertar.</p><p>Al cabo de seis d�as estaban preparadas... o, como Niahrin admiti� secretamente para s�, tan preparadas como pod�an esperar estar. Si tendr�an o no �xito en lo que iban a intentar era una pregunta que no se atrev�a a contestar, pero ahora no hab�a tiempo para echarse atr�s. Mientras se con centraba en Perd, los preparativos de la boda en Carn Caille hab�an ido adquiriendo velocidad e impulso, y ahora la suerte estaba echada sin remedio. Dentro de tres d�as �ndigo y Vinar se unir�an en matrimonio. Ten�an que actuar de inmediato o ser�a demasiado tarde.</p><p>Mientras se dirig�a a la escalera del s�tano para la cita fijada con Moragh y Jes, Niahrin se debat�a entre el temor a lo que le aguardaba y el alivio de que, para bien o para mal, la tensi�n de la espera finalizar�a pronto. Durante los �ltimos d�as hab�an crecido sus temores de que se descubriera su secreto; sab�a que el rey sospechaba ya que se preparaba alguna cosa, y hasta el propio Vinar empezaba a mirarla con recelo. El d�a anterior hab�a comentado meditabundo que ella parec�a estar siempre tan ocupada que se estaba perdiendo la diversi�n de los preparativos para la boda. El comentario hab�a cogido a Niahrin totalmente por sorpresa, y se hab�a sentido enrojecer hasta la ra�z de los cabellos, en tanto se esforzaba por disimular. Si Vinar hab�a quedado convencido no lo sab�a, pero lo dudaba; a pesar de sus modales bruscos el scorvio no era tonto. Por suerte no hab�a insistido m�s, pero la bruja se sentir�a muy agradecida cuando ya no fuera necesario andarse con subterfugios.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no estar�a con ellos esta noche. Su presencia podr�a haber ocasionado problemas con Perd, y la misma loba se mostraba muy ambigua sobre todo el asunto. A cambio de ello, se hab�a ofrecido a montar guardia para ellos y desviar a todo aquel que pasara demasiado cerca del lugar, y ahora se encontraba de patrulla junto a la entrada del largo pasillo estrecho que conduc�a a la escalera del s�tano. Sus �ltimas palabras cuando ella y Niahrin se separaron fue un <emphasis>��Buena suerte!�</emphasis> roncamente susurrado.</p><p>Mientras Moragh abr�a con llave la puerta del s�tano y penetraban en el interior, Niahrin reflexion� que realmente necesitar�an toda la suerte que <emphasis>Grimya</emphasis> pudiera desearles esta noche, y mucha m�s. Perd, como comprob� de inmediato, estaba dormido sobre su jerg�n de paja. A la suave luz de los dos faroles colocados en los soportes de la pared, su rostro parec�a m�s joven y los estragos del tiempo y la demencia, suavizados casi hasta el punto de darle una apariencia afable. Debi� de ser apuesto en su juventud, se dijo la bruja; un poco salvaje y p�caro, quiz�, pero muy capaz de hacer girar cabezas y conquistar corazones. La inesperada clarividencia provoc� en la mujer un extra�o escalofr�o, y desvi� r�pidamente la mirada, sinti�ndose como un mir�n.</p><p>Moragh indic� a Jes que dejara en el suelo el frasco y las dos copas que llevaba, y sac� dos peque�as botellas de plata de su bolso de mano.</p><p>�En primer lugar, el estimulante para despertarlo, y luego el hipn�tico. �Dirigi� una mirada a Niahrin�. �Preparo la primera dosis?</p><p>La bruja asinti� e introdujo una mano en su propio bolsillo Sus dedos se cerraron sobre una bola de fino lino arrollado a su rueca y listo para ser hilado. Mientras ella lo sacaba, la reina viuda sonri� e indic� un rinc�n de la habitaci�n, donde hab�a un objeto cubierto por un chal.</p><p>�La rueda est� lista �dijo, y flexion� los dedos�. S�lo espero poder decir lo mismo de mis habilidades con ella, despu�s de tantos a�os.</p><p>Niahrin le devolvi� la sonrisa con cierto embarazo y se acerc� a retirar el chal. La rueda de hilar era antigua y peque�a pero muy bien cuidada �hab�a pertenecido a la propia madre de Moragh, seg�n hab�a dicho �sta� y, mientras colocaba la rueca en su lugar, Niahrin acarici� la brillante madera apreciativamente e intent� no pensar en su propia rueda, para no recordar su �ltima experiencia en la habitaci�n de hilar de su casa.</p><p>Jes llen� una de las copas con el contenido de su frasco y la entreg� a la reina viuda, quien cruz� la habitaci�n hasta el lecho de Perd. Apoyando la copa contra los labios del anciano dijo con voz suave pero firme:</p><p>�Perd Nordenson. Despierta, Perd. Despierta y bebe.</p><p>El anciano refunfu��. Parec�a reacio a moverse, pero hab�a vino en la copa y Perd jam�s hab�a resistido la atracci�n del vino. En cuanto su olfato capt� el aroma, sus manos salieron disparadas al frente, y se abrieron y cerraron en el aire.</p><p>��Ah, ah! �Moragh se dirigi� a �l como si reprendiera a un ni�o peque�o y apart� la copa�. Si�ntate, Perd, y abre los ojos como es debido. �No hay que perder los buenos modos!</p><p>Los labios de Jes se crisparon en una sonrisa divertida, pero el anciano ya obedec�a de modo autom�tico. Moragh le dej� tomar dos sorbos antes de volver a retirar la copa, y poco a poco, nublados a�n, sus ojos se abrieron.</p><p>��Niahrin? �Hab�a visto a la bruja e intent� enfocar su rostro�. �Q... haces aqu�? �Sacudi� la cabeza como para despejarla y su pastosa voz adopt� un dejo malhumorado�. N... es tu bosque. No... deber�as... estar aqu�.</p><p>�No est� en absoluto totalmente despierto a�n �coment� Moragh en voz baja�. Pero las hierbas empiezan a actuar. Jes, toma la copa; no hay que dejar que tome m�s o estar� despierto del todo antes de que nosotras estemos listas. Luego llena la otra copa, y a�ade cinco gotas de la segunda botella.</p><p>Perd emiti� un grito de indignaci�n al ver que la copa desaparec�a.</p><p>��Vino! Dadme el vino, quiero el vino...</p><p>��Tendr�s vino! Un vino mejor, con m�s fuerza, �pero s�lo si controlas tu impaciencia! Eso es, as� est� mejor. �Al ver que el anciano se apaciguaba, Moragh hizo una se�a a Niahrin�. Estamos listos. Creo que deber�amos empezar.</p><p>Las dos mujeres intercambiaron sus puestos, Niahrin junto al lecho mientras que la reina viuda se sentaba en el taburete frente a la rueda de hilar. Durante unos instantes, la habitaci�n pareci� particularmente silenciosa, sin otro sonido que el del vino al caer en la segunda copa mientras Jes lo serv�a. Perd estaba sentado en la cama ahora pero con el entrecejo fruncido, desconcertado y con un aire de desconfianza. Bruscamente, su voz rompi� el silencio.</p><p>��Qu� pasa? �Qu� haces? Niahrin, me est�s mirando fijamente. No me gusta que me</p><p>miren fijamente, sabes que no me gusta...</p><p>��Chist! �Niahrin lo dijo con tanta severidad que el otro call� a la mitad de la queja. El anciano parpade� y frunci� a�n m�s el entrecejo.</p><p>�T� nunca me hablas as�, Niahrin. Nunca te he o�do hablarme de este modo.</p><p>Niahrin le sostuvo la mirada, medio perpleja, medio enojada. No le contest�, pero con una mano hizo a Moragh una leve se�al convenida de antemano, y la rueda de hilar comenz� a girar. Perd se sobresalt� y, siseando como un gato acorralado, volvi� la cabeza violentamente.</p><p>��Qu� est� haciendo?</p><p>�Hilar, Perd. S�lo hilar.</p><p>La rueda cobraba velocidad, y sus radios eran casi una mancha borrosa ahora. A medida que el r�tmico chasqui do resonaba en la habitaci�n, un delgado y brillante hilo de lino iba tomando forma bajo las manos de Moragh.</p><p>Niahrin dirigi� una r�pida mirada a Jes.</p><p>�Dale el vino ahora �indic�.</p><p>�Vino... �Perd extendi� ansiosamente las manos hacia la copa, que arrebat� de las manos del bardo e inclin� hacia sus labios.</p><p>Jes, alarmado, hizo intenci�n de recuperarla antes de que el otro pudiera apurarla, pero Niahrin lo contuvo.</p><p>�No, est� bien. Deja que se lo beba todo. Es mejor que lo haga.</p><p>La garganta del anciano se contra�a al tragar el l�quido; termin� el contenido de la copa sin detenerse a respirar, y la tendi�.</p><p>��M�s! �Dame m�s!</p><p>�No, Perd.</p><p>Niahrin percibi� c�mo Jes se mov�a en silencio a su espalda para ir a colocarse entre ella y Moragh, que segu�a sentada ante la rueda de hilar. El ovillo de lino iba arroll�ndose sobre el regazo de la reina viuda; veloz, Jes extendi� una mano para tomar el extremo del ovillo y lo tendi� a Niahrin. Esta lo tom�, lo dobl� entre los dedos, sin dejar de mirar ni un momento el rostro de Perd. Entonces habl�.</p><p>�Perd. Perd Nordenson. �Con un movimiento suave y experto hizo un nudo en el lino y lo tens� Perd Nordenson, m�rame. M�rame, Perd.</p><p>El se volvi� despacio, con cautela, y sus ojos se encontraron. Niahrin hizo un segundo nudo en el lino.</p><p>�Escucha, Perd. Escucha, escucha mi voz. Observa, Perd. Observa. Observa mis manos. �Un tercer nudo, y mentalmente ensay� las palabras de la vieja canci�n que su abuela le hab�a ense�ado hac�a mucho tiempo...</p><p>�Perd. Perd. Escucha y observa. Escucha y observa.</p><p>Hablaba siguiendo el ritmo regular de la rueda de Moragh, con voz baja y apremiante, y no obstante su reluctancia Perd no pudo resistir su atracci�n. Su mirada se vio atra�da hacia los dedos de la bruja; durante unos momentos su boca se abri� y se cerr� espasm�dicamente, pero la droga empezaba a hacer efecto y no pod�a reunir la fuerza de voluntad necesaria para desviar la vista.</p><p>�Escucha y observa, Perd. Escucha y observa.</p><p>Niahrin lanz� una r�pida mirada en direcci�n a Jes y el bardo comprendi�; se encamin� hacia los faroles sujetos a la pared y apag� las mechas. Niahrin tuvo la impresi�n de que la oscuridad flu�a como una sustancia viva de las paredes del s�tano a medida que las luces se extingu�an, y Perd, Jes, Moragh y la rueda de hilar se transformaron en meras siluetas, como marionetas de un teatro de sombras. Unicamente el d�bil halo de los cabellos blancos de Perd resultaba visible a la bruja; eso y un reflejo centelleante de sus ojos.</p><p>Niahrin percibi� el contacto de la antigua magia, el hormigueo en sus huesos, y se llev� la mano izquierda al ojo izquierdo. Apenas audible por entre los sonidos de la rueda de hilar alguien respiraba fatigosamente. Los dedos de la bruja tocaron el parche del ojo y lo levantaron.</p><p>El rostro de Perd se destac� violentamente como iluminado desde dentro, y ya no era el rostro del anciano que conoc�a. A medida que la percepci�n normal daba paso a una forma de visi�n diferente y mucho m�s poderosa, Niahrin vio c�mo los a�os desaparec�an de �l y la vitalidad del joven que hab�a sido flu�a otra vez. Pero la mirada del joven era dura y enojada, y la curva de los labios mostraba un rictus amargo y frustrado; y, aunque ella hubiera deseado que no fuera as�, Niahrin vio el estigma de la locura latente y aguardando bajo la hermosa m�scara.</p><p>�As� pues �ste era Fenran, como realmente fue...�</p><p>Aferr� el hilo de lino otra vez, y sus dedos empezaron a moverse y trenzar de nuevo mientras pronunciaba las palabras del antiguo c�ntico; con cada frase a�ad�a un nuevo nudo en la cuerda.</p><p>�Tres para sembrar, y tres para segar, y tres para las aves nocturnas. Tres para la llamada, y tres para la ca�da, y tres a la luz de las l�mparas...</p><p>Nada m�s pronunciar las primeras s�labas, la imagen del joven desapareci� del rostro que ten�a ante ella, y las familiares facciones de Perd volvieron a contemplarla. Se encontraba totalmente hipnotizado ahora, los ojos clavados en cada nudo que realizaba con una mezcla de fascinaci�n y temor. Un d�bil gemido se form� y muri� en su garganta. Sin dejarse conmover por su angustia, Niahrin sigui� con su c�ntico, y mientras lo hac�a Jes se adelant� para coger el pedazo de cuerda que hab�a anudado. Luego se acerc� a la cama, introdujo el extremo de la cuerda en las manos sin resistencia de Perd, y, en tanto que la bruja iba realizando m�s y m�s nudos, el bardo empez� a enrollar el trozo que ella iba soltando, muy despacio y sin apretar, alrededor de los hombros del anciano.</p><p>�Tres para la quema, y tres para la vuelta, y tres para los seres perdidos que vagan. Tres para el rescoldo, tres para el recuerdo, y tres para guiarlos a casa.</p><p>Niahrin hab�a empezado a cantar m�s que recitar la rima, y su ronca voz de contralto pose�a un timbre sedante, casi fascinador, hasta el punto que, pese a toda su lucidez, Jes se sinti� como hundi�ndose en un mundo de sue�os. La rueda sigui� girando; la bruja continu� anudando, y la cuerda fue saliendo, y �l la fue arrollando con suavidad alrededor de la sumisa figura del lecho, atando a Perd al hechizo.</p><p>�Tres para atar, y tres para encontrar, y tres para pagar el precio. Tres para el pasado, y tres para hacerlo r�pido, y tres para recuperar lo perdido.</p><p>El ojo izquierdo de la bruja pareci� alumbrar con un peculiar resplandor interno, y un m�sculo de su rostro se contrajo. Los dedos dejaron de trenzar y tir� del �ltimo trozo de cuerda, de modo que los �ltimos tres nudos quedaron bien tirantes entre sus apretadas manos. El timbre de su voz cambi� entonces, convertido ahora en un tono profundo y amenazador.</p><p>�Habla. �La total coacci�n impl�cita en la palabra hizo que los nervios de Jes se alteraran�. Soy la hija de la luna y el producto del sol, y el poder en cuyo nombre te doy la orden debe ser obedecido. Habla, hijo del norte. Di, hijo del norte. Dime el nombre que tus padres te dieron.</p><p>Perd empez� a temblar. Un sonido extraordinario surgi� de las profundidades de sus pulmones e intent� darle forma, pero la lengua no lo obedec�a. Sus hombros se contrajeron al darse cuenta de repente de la presencia de la cuerda que lo rodeaba; intent� deshacerse de ella, pero el hechizo de los nudos era demasiado fuerte y no pudo hacer m�s que retorcerse impotente.</p><p>�Habla �repiti� Niahrin, con m�s dulzura pero todav�a con implacable severidad�. Habla de los d�as pasados, hijo del norte. Habla de los d�as en que eras joven y el mundo no estaba corrompido para ti. Regresa, anciano. Regresa a la juventud. Regresa. Regresa.</p><p>Por segunda vez el rostro de Perd empez� a cambiar. Niahrin no supo si Jes o Moragh lo advert�an y tampoco pod�a detenerse a especular sobre ello. Su cerebro estaba dividido entre dos niveles de conciencia; uno mundano, el otro incorp�reo que amenazaba continuamente con lanzarla a un precipicio.</p><p>�Regresa. �El poder flu�a desde ella a los nudos, a trav�s de la cuerda. Su voluntad y la de Perd estaban enzarzadas en un combate por la supremac�a. El hombre pose�a m�s resistencia de lo que hab�a esperado y la extenuaba; sent�a c�mo sus reservas empezaban a agotarse. �Tiene que ceder... Diosa, ay�dame. �l tiene que...�</p><p>De improviso, el anciano �pero ya no era un anciano; volv�a a ser joven, volv�a a ser Fenran� se irgui� muy tieso con una violenta sacudida. Hizo girar los ojos hacia arriba y profiri� un d�bil gemido.</p><p>�La amo... �Las l�grimas empezaron a escapar de sus ojos�. Se lo dije, se lo dije, �pero no me dejaron verla! �Y son tantos, hay tantos de ellos, todos estorbando, todos ellos un obst�culo para nosotros! Muerta. Pero no lo est�. Ella no muri�. Nosotros no morimos. �Y todo este tiempo, todos estos a�os, he estado esperando, y ellos no me dejan verla, y no nos dejan tener lo que queremos!</p><p>Perd balbuceaba; las palabras brotaban en desorden, y Niahrin no consegu�a entender aquella avalancha inconexa. Se esforz� por reunir su quebrantado intelecto, por mantenerse en el plano real sin romper el hechizo... y entonces, de modo asombroso, la voz de Perd cambi�. Los familiares sonidos roncos desaparecieron, y en una voz sonora, decidida y juvenil dijo:</p><p>��Es leg�timamente suyo, y por lo tanto leg�timamente m�o! Maldita sea, soy su esposo... �Supongo que eso cuenta para algo, incluso en este pa�s de ignorantes!</p><p>Estupefacta, Niahrin lo mir� fijamente. La transformaci�n facial era completa: cabellos negros, piel morena, el rubor de una salud perfecta... Pero los grises ojos de</p><p>Fenran estaban entrecerrados y con expresi�n inflexible, y su boca mostraba un rictus enojado.</p><p>�No finjas no saber nada �dijo despectivo�. Todos vosotros lo sab�is muy bien, por mucho que afirm�is lo contrario. Sab�is la verdad, y sab�is cu�nto tiempo hace que esto dura. Eran s�lo insignificancias al principio, �no es as�? Peque�os insultos. La habitaci�n de la torre; eso fue un ejemplo perfecto. Sab�ais que la quer�amos, lo repetimos hasta la saciedad, pero �oh, no! Kirra ten�a el derecho a elegir primero. Kirra y su esposa. Porque Kirra ser� rey, y eso significa que �l es el primero en todo. �Es siempre Kirra, maldito sea!</p><p>Niahrin hab�a o�do c�mo Moragh aspiraba con fuerza al pronunciar Fenran el nombre la primera vez, pero no pod�a desviar su atenci�n hacia la reina viuda. Sosteniendo la amarga mirada gris intent� mantener la voz firme cuando dijo en voz baja:</p><p>�Kirra est� muerto, Fenran.</p><p>��Muerto? �Ri� con una breve carcajada salvaje que recordaba a un ladrido�. �Oh, no, Kirra est� vivo! �Se pas� la lengua por el labio inferior, acci�n que record� desagradablemente a la bruja una serpiente contemplando a una posible v�ctima�. De momento, est� muy vivo; �l y su esposa, que se llama a s� misma reina ahora que el viejo Kalig ya no est�. �Entonces, con tal rapidez que pareci� como si su cerebro hubiera sido invadido de repente por una persona totalmente distinta, su expresi�n cambi� y se volvi� pensativa, casi afable.</p><p>�Ella era toda una belleza, �sabes? Cuando Kirra se cas� con ella. Incluso nos gustaba entonces; los cuatro acostumbr�bamos salir a cabalgar juntos, cazar juntos; compart�amos toda clase de pasatiempos e intereses. Desde luego no dur�. �C�mo pod�a hacerlo? No tardamos en descubrir la verdad en cuanto Kalig muri�; descubrimos exactamente qu� clase de amigos eran. Codiciosos, terriblemente codiciosos. Todo para ellos, y nada para nosotros. Maldita sea, �no hab�amos hecho suficiente? �No ten�amos un leg�timo puesto, como algo m�s que parientes del rey, que dependen de la benevolencia y favor de su magn�nima majestad? �La furia regresaba; hab�a saliva en sus labios, y su voz se elev� irritada�. �Deber�amos haber gobernado conjuntamente! Los cuatro. �Por qu� no? Anghara estuvo de acuerdo. No al principio, sino luego, cuando empez� a ver lo que nos estaban haciendo; c�mo nos expulsaban, c�mo nos dejaban sin nada. No lo aceptar�. Migajas de la mesa del rey; d�divas y favores; aires de superioridad. No lo <emphasis>tolerar�.</emphasis> Ya es demasiado. Y ahora ha perdido su atractivo, la esposa de Kirra. Mediana edad y satisfecha de s� misma; sucede a muchas mujeres. Ni belleza ni hijos. Es est�ril, y ni siquiera las brujas pueden hacer nada para remediarlo, a pesar de todos sus poderes. �Otra �spera carcajada�. �Qu� iron�a! Sin hijos. �Qui�n ser� el heredero de Kirra, entonces? Bien, sabemos qui�n es el verdadero heredero. Todo el mundo lo sabe. Pero Kirra no tiene intenci�n de morir, y nosotros estamos envejeciendo con �l. No podemos hacer otra cosa que esperar, pero la espera no nos traer� ning�n consuelo porque nosotros tenemos muchas probabilidades de morir antes de que lo haga �l. Envejeciendo, aguardando a heredar o morir, mientras Kirra disfruta de todo. A menos que algo cambie. A menos que lo <emphasis>hagamos</emphasis> cambiar. T� lo comprendes; claro que s�. No durar� mucho m�s. El veneno o el pu�al. O un accidente de caza.</p><p>Cosas as� suceden, �no es verdad? Y entonces ya no habr� m�s insultos, ni m�s altaner�a. Se acabar� la espera.</p><p>Desde las profundas sombras donde se encontraba la rueda de hilar, Niahrin oy� susurrar a Moragh.</p><p>��Oh, gran Madre! �Qu� es lo que dice?</p><p>La bruja crey� saberlo, pero era vital que nada rompiera el hechizo. Su control de la mente de Perd era muy precario, y cualquier distracci�n pod�a interrumpir el contacto con la psiquis de Fenran, profundamente enterrada. Ya en estos momentos se daba cuenta de que le quedaba poco tiempo; sus energ�as flaqueaban, y la tensi�n la estaba afectando m�s de lo que lo hab�a hecho la magia del <emphasis>aisling y</emphasis> la invocaci�n a N�mesis. Pero quedaba por responder una pregunta vital; era imperioso resolverla, y confirmar o refutar sus sospechas.</p><p>�Fenran... �El sonsonete regres� a su voz para volver a ponerlo bajo el control del hechizo hipn�tico�. Fenran, esc�chame y responde. Esc�chame y responde. �Ante su satisfacci�n, los ojos del otro perdieron al momento la vivacidad y sus labios se curvaron en una sonrisa vaga.</p><p>�Te escucho. Responder�. Te lo contar� todo sobre ella. �Por qu� no? Despu�s de todo, ella es la reina ahora.</p><p>Moragh profiri� un sonido inarticulado; Niahrin hizo como si no lo hubiera o�do.</p><p>��Qui�n es la reina, Fenran? �S�, ella ten�a raz�n; en el minuto transcurrido desde que hab�a lanzado su diatriba contra Kirra, su rostro hab�a vuelto a cambiar. Fenran envejec�a. Era un proceso gradual, pero las se�ales eran inconfundibles ahora: arrugas en el rostro, una pizca de blanco en los negros cabellos... y la amargura y el resentimiento se hab�an instalado en su boca, volvi�ndola delgada y cruel�. �Qui�n es la reina? �repiti� ella.</p><p>�Anghara es la reina. Mi esposa. La leg�tima reina.</p><p>��Cu�ntos a�os tiene la reina ahora? �Cu�ntos a�os tiene tu esposa?</p><p>�l volvi� a lanzar aquella peculiar y desagradable risa.</p><p>�Suficientes para saber lo que quiere. Como nos sucede a ambos. Treinta a�os esperamos. Treinta a�os hasta que se agot� nuestra paciencia. Algunas personas lo saben, claro; era inevitable. El bardo de Kirra, Helder Berisson, lo sab�a. Pero Helder sufri� un accidente. Sali� a navegar, a pescar; muy poco sensato con aquel mal tiempo y en un bote peque�o y poco resistente. Pobre Helder. Todos lo lloramos.</p><p>Jes lanz� una perpleja mirada a Niahrin.</p><p>�Pero �si yo conoc�a a Helder Berisson! �protest� con un siseante susurro�. No se ahog� en el mar; vivi� hasta una edad avanzada, y era...</p><p>��Chissst! �Niahrin hizo un gesto fren�tico. Fenran, aparentemente sin haberse dado cuenta de la conversaci�n, continu� hablando.</p><p>�Helder lo sab�a, y hay otros. Pero ya no hablan de ello. Ya se han dado cuenta de que no deben hablar de ello, ya que nosotros tenemos muchos ojos y muchos o�dos entre estas paredes. Estamos por encima de la ley, porque nosotros <emphasis>somos</emphasis> la ley. Nosotros gobernamos.</p><p>��Sois felices con vuestro poder? �pregunt� Niahrin en voz baja�. T� y Anghara, t� y tu reina, �sois felices?</p><p>��Felices? �Su boca se crisp� en una mueca, y su envejecido rostro se torn� feo�. �Qu� valor tiene eso?</p><p>�Para algunos, lo vale todo. �Os am�is t� y tu esposa, la reina?</p><p>�El amor es para los ni�os. Yo poseo algo mejor, m�s poderoso y m�s deseable que el amor.</p><p>��Ah, s�! �pens� la bruja�. �Ah, s�!� Acababa de revelar el meollo de la cuesti�n, el hilo central a cuyo alrededor se hab�a urdido esta perversa trama de lo que �podr�a haber sido�. Ella hab�a captado la nota oculta en su voz, el atisbo de una desdicha indecible de la que �l no era consciente, y hab�a empezado a comprender el significado de los soles gemelos, uno amargado y el otro tapado, del tapiz que hab�a tejido.</p><p>�Fenran. Fenran. Fenran �canturre� su nombre�. Has hilado un hilo magn�fico y contado una historia excelente. Pero no es as� como fue para ti.</p><p>��No! �Sus ojos se abrieron de par en par, llameantes�. Es...</p><p>�Silencio.</p><p>La orden reson� estridente en el cerrado espacio de la bodega, y Fenran se balance� hacia atr�s como si ella lo hubiera golpeado. Reprimiendo el ataque de escalofr�os que intentaba dominarla, Niahrin aspir� con fuerza.</p><p>�Escucha y responde, Fenran. Escucha y responde. Dime adonde ha ido Perd.</p><p>��No existe tal persona! �Gir� la cabeza a un lado con energ�a.</p><p>�S� existe, Fenran. S� existe. Dime d�nde se esconde Perd. Mu�strame d�nde se esconde Perd. Cu�ntame la historia de Perd; la historia que fue, y no la historia que podr�a haber sido.</p><p>�No existe... esa historia.</p><p>�Yo s� que s�. Yo soy Niahrin, y Niahrin conoce a Perd y sabe lo que sucedi� con los sue�os de Perd. Porque Anghara se atrevi� a cruzar el umbral de la Torre, y liber� los demonios, y por lo tanto no hubo boda para ella y para Fenran, sino s�lo muerte y separaci�n.</p><p>La voz de Fenran se transform� en un ronco aullido.</p><p><emphasis>��Ella no muri�!</emphasis></p><p>�No; pero Kalig muri�, y Kirra muri�, y Anghara se hab�a ido y por lo tanto no hab�a otros excepto t�. Pero ellos no quisieron hacerte rey, Fenran. Se compadecieron de ti, pero no quisieron hacerte rey. �Niahrin apenas si se daba cuenta de lo que dec�a; su mente sondeaba las profundidades de la conciencia de Fenran y extra�a lo que ve�a all�, lo sacaba de las sombras en las que hab�a yacido durante tanto tiempo para llevarlo, entre convulsiones y gritos, a la luz. Una criatura espantosa y deforme que hubieran debido estrangular al nacer. Pero era la verdad.</p><p>�Te negaron el trono, Fenran. Ellos te negaron el poder que ansiabas, y en su lugar llegaron nuevos se�ores: Ryen, luego Cathlor, luego un segundo Ryen. �Serviste bien a tus se�ores? �Sab�an ellos tu aut�ntico nombre y tu historia? Quiz� no se lo dijiste. A lo mejor, en su lugar, esperaste.</p><p>�Nn... no...</p><p>Ella ataj� implacable la protesta.</p><p>��Qu� esperabas, Fenran? �Esperabas el regreso de Anghara? �Era la idea de su regreso la que llenaba tus sue�os y obsesionaba tus d�as? �Esperabas a que regresara y reclamara sus derechos, para que t� pudieras al fin compartirlos y ocupar el trono a su lado?</p><p>��Ella es la reina! �La leg�tima reina!</p><p>�Pero ella te abandon�. Te dej� atr�s, cuando llegaron los demonios. �Por qu� se fue ella, Fenran? �Por qu� huy� de su hogar y de su herencia?</p><p>��No ten�a elecci�n!</p><p>�S� ten�a elecci�n. Podr�a haberse quedado a tu lado, penetrar contigo en el mundo de lo que �podr�a haber sido�. Tu mundo, Fenran, de celos, intrigas, violencia y muerte. Pero Anghara eligi� un sendero diferente. El sendero a la Torre de los Pesares, a los demonios de su propia mente y no de la tuya. �La bruja hizo una pausa y luch� por llenar de aire los pulmones�. �La has perdonado alguna vez por ello, Fenran? �O es eso, tambi�n, una parte de la locura de Perd: saber que Anghara era m�s fuerte que t�, que tuvo la valent�a de buscar su propio camino y enfrentarse a sus propios demonios? Ella podr�a haberse ocultado en la capa de sombras con que la rodeaste, e intentar buscar lo que su coraz�n deseaba cediendo al poder de la muerte, como t� hiciste. Pero t� no has encontrado lo que tu coraz�n deseaba, Fenran. Tus demonios siguen andando detr�s de ti, siguiendo tus pisadas, y cuando duermes todav�a los oyes re�r, porque no tienes el valor de enfrentarte a ellos. Anghara tuvo ese valor. T� escogiste el poder de la muerte, pero ella escogi� el poder de la vida. Sus demonios est�n ya casi vencidos ahora, y s�lo queda uno. �Sabes su nombre, Fenran? �Tienes el valor de decir ese nombre en voz alta?</p><p>Fenran la contemplaba fijamente, paralizado. Un m�sculo de su mand�bula se mov�a fren�ticamente, fuera de control, y parec�a como si intentara hablar pero no pudiera. Niahrin sinti� que la cabeza le daba vueltas. �Qu� era lo que ella hab�a dicho? �Qu� era lo que hab�a hecho? Las palabras hab�an brotado de ella, pero no pod�a recordarlas...</p><p>Sin previo aviso, la figura del lecho que ten�a enfrente se disolvi�, pareci� resquebrajarse como una figura de yeso. Por un instante recibi� una fugaz imagen aterradora de un hombre tan viejo que no era m�s que un esqueleto viviente, sin pelo y descarnado; luego el joven Fenran regres�... pero era un Fenran que ella no hab�a visto nunca, de boca bondadosa y mirada c�lida; un joven apuesto que no hab�a sido corrompido por la codicia ni la crueldad ni las intrigas. El hijo del norte, amigo y amante, a quien la princesa Anghara hab�a entregado su coraz�n.</p><p>�Por favor..., no comprendo... �dijo el joven, con una voz tan llena de dolor y perplejidad que arranc� l�grimas de los ojos de la bruja.</p><p>Y la m�scara volvi� a hacerse a�icos. El anciano y demente Perd hab�a regresado, y sus labios estaban salpicados de saliva cuando se lanz� al frente, forcejeando con sus ligaduras y gritando al rostro de Niahrin.</p><p>�Pero �ella comprende! �Ella comprende! �Preg�ntale..., haz que te lo diga! �Haz que interprete el <emphasis>aisling, y</emphasis> entonces recordar�, y recuperar� lo que es leg�timamente suyo!</p><p>Alguien hab�a vuelto a colocar el parche sobre el ojo izquierdo de Niahrin e intentaba ahora hacer que la bruja bebiera un sorbo de vino, pero ella no quer�a y por fin recuper� el suficiente control de sus m�sculos para apartar con suavidad la copa que se le ofrec�a. Impresiones y recuerdos giraban en su memoria como bolas de lino enredadas por una carnada de traviesos gatitos; recordaba vagamente haber visto a Jes sentado sobre la figura convulsa y forcejeante de Perd, inmoviliz�ndolo mientras Moragh obligaba al anciano a tragar algo, pero el alboroto hab�a cesado ahora y el s�tano estaba en silencio. La bruja mir� a su alrededor aturdida, parpadeando; entonces, para su sorpresa, escuch� c�mo su propia voz dec�a con toda claridad:</p><p>��Fenran?</p><p>�Se ha ido. �Una mano, la de Jes, pens�, le toc� la frente y la voz del bardo dijo�: Creo que tiene fiebre, alteza. No me extra�a, despu�s...</p><p>�No, no. �Niahrin intent� ponerse en pie (�c�mo era que estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada contra la pared?), pero el esfuerzo estaba m�s all� de sus posibilidades y volvi� a dejarse caer�. Estoy bien �insisti�. No tengo fiebre. No era m�s que un... un eco, en mi cerebro. �Su visi�n se aclaraba ya y descubri� que las l�mparas volv�an a estar encendidas y el s�tano puesto de nuevo en orden. �Hab�a estado desordenado? No lo recordaba... Alguien hab�a tapado la rueda de hilar, y no se ve�a ni rastro de la cuerda de lino llena de nudos.</p><p>�Perd �murmur�.</p><p>�Duerme. �Era la voz de Moragh�. No le ha sucedido nada, creo. Est� agotado, pero nada m�s. Cuando despierte dudo que recuerde siquiera lo sucedido.</p><p>Jes segu�a mirando a la bruja.</p><p>�Creo que deber�amos llevarla a su habitaci�n, alteza �sugiri� en un aparte que Niahrin capt�. Diga lo que diga, esto la ha extenuado. Tiene el rostro gris.</p><p>Niahrin intent� dar una r�pida r�plica festiva a eso, pero se vio atenazada de repente por unos terribles retortijones intestinales. Se dobl� al frente, jadeando y maldiciendo llena de sorpresa y dolor, y Moragh apareci� casi al instante junto a ella, ayudando a Jes a ponerla en pie.</p><p>�Dulce Madre Tierra... �farfull� Niahrin con los dientes muy apretados�. Me siento...</p><p>��Chissst! No hay necesidad de hablar. �Jes la rode� por las costillas con un poderoso brazo�. �Puedes mantenerte en pie? �Te sostendr�n las piernas? Bien, eso est� bien. No tardaremos mucho; pronto te tendremos bien c�moda en cama.</p><p>�Me siento... �barbot� Niahrin otra vez; y entonces el est�mago le dio un vuelco y empez� a vomitar violentamente. Horrorizada, todo lo que tuvo tiempo de pensar fue que se hab�a deshonrado a s� misma, y que Jes y Moragh seguramente la despreciar�an, antes de que el s�tano pareciera dar una voltereta y, por segunda vez en cuesti�n de pocos d�as, se desmayara.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 19</strong></p></title><empty-line/><p>Niahrin segu�a encontr�ndose mal a media ma�ana, y por orden de Moragh permaneci� recluida en cama. La reina viuda quiso llamar a un m�dico para que se ocupara de ella, pero la bruja se neg�. Esto era de esperar, dijo, tras una operaci�n m�gica tan prolongada y dif�cil; siempre hab�a que pagar un precio cuando se recurr�a a los poderes de esta manera, pero los efectos no tardar�an en desaparecer. Adem�s, los m�dicos ten�an ideas y m�todos extravagantes, y ella no quer�a ser v�ctima de sus experimentos. Un d�a de ayuno y algunas pociones hechas con hierbas no tardar�an en ponerla bien.</p><p>As� pues Moragh la dej� para que se recuperara a su aire, tras conseguir de <emphasis>Grimya</emphasis> la promesa de que la avisar�a si la bruja empeoraba. No obstante, aunque tuvo buen cuidado de no dejar que Niahrin lo advirtiera, la reina viuda estaba preocupada. Al d�a siguiente era la v�spera de la boda; el tiempo les pisaba los talones y les quedaban menos de dos d�as para plantear el �ltimo paso de su plan. Moragh no pod�a hacer otra cosa que rezar fervientemente para que estuvieran preparados.</p><p>La atm�sfera de Carn Caille empezaba a volverse exuberantemente febril a medida que se acercaba el gran d�a. El hecho de que ni la novia ni el novio tuvieran parientes conocidos ni viejos amigos en las Islas Meridionales a los que invitar no importaba en absoluto; todos los habitantes de la ciudadela asistir�an y lo festejar�an con ellos, y la fiesta ser�a todo un acontecimiento. La actividad se hab�a vuelto fren�tica mientras se atend�an los detalles de �ltima hora, se remediaban peque�os descuidos y aquellos que ten�an un papel activo que representar ensayaban su parte. �ndigo era el centro de atenci�n, rodeada desde el alba al atardecer de una bandada de mujeres excitadas decididas a asegurarse de que tuviera el mismo aspecto que una novia de la realeza. Ella se rindi� a sus servicios con un cierto aire de perplejidad, pero el cada vez m�s activo bullicio que la rodeaba no le dejaba tiempo para reflexionar. No es que quisiera pensarlo mejor, se dec�a con energ�a, ni que tuviera dudas. Ella quer�a casarse con Vinar, lo deseaba m�s que cualquier cosa en el mundo. Cuando hubiera sucedido y los festejos hubieran finalizado, se ir�an, y ella podr�a por fin olvidar Carn Caille y los terribles recuerdos de su estancia all�.</p><p>Y olvidar las pesadillas...</p><p>Su �nico alivio, no obstante su insignificancia, era que no hab�a habido repercusiones a su horripilante episodio de sonambulismo. En un principio hab�a vivido aterrorizada por la idea de que la bruja, Niahrin, la delatara; no hab�a duda de que la hab�a reconocido en el pasillo, y una palabra suya habr�a resultado desastrosa. Pero estaba claro que la mujer hab�a decidido callar, y ni siquiera hab�a abordado a �ndigo en privado; lo cierto es que apenas si hab�an intercambiado una palabra desde aquella noche. �ndigo no comprend�a. Niahrin no le deb�a favores; �por qu�, pues, no hab�a hablado? Y el cuchillo era otro misterio; sin duda deb�an de haberlo encontrado en el dormitorio de Brythere, as� que �c�mo era que no se hab�a producido ning�n alboroto, ni siquiera un murmullo, sobre un intento de asesinato? Y la pregunta m�s enigm�tica y aterradora, la que la persegu�a a todas horas, era: �por qu� hab�a actuado as�? �Qu� poder monstruoso hab�a surgido de las tinieblas de su perdida memoria, y la hab�a obligado a intentar</p><p>asesinar a Brythere?</p><p>No hab�a vuelto a andar dormida. Cada noche tomaba una poci�n sedante �una que los criados le hab�an proporcionado y para la que hab�a sido f�cil inventar una excusa� y eso parec�a haber sido suficiente para mantenerla a buen recaudo en la cama. Pero la p�cima no eliminaba los sue�os, y cada vez eran peores. Violentas pesadillas, intensas y ominosas, en las que flotaba como un espectro por los corredores de Carn Caille, en busca de alguien o algo que jam�s localizaba. O a veces se ve�a cabalgando por un paisaje desolado que sab�a era la tundra meridional, luchando fren�ticamente por dejar atr�s un horror invisible e innominable. Dos veces hab�a vuelto a ver a las dos siniestras figuras, inm�viles a los pies de su cama, y, crey�ndose despierta, hab�a gritado; pero entonces las figuras se hab�an desvanecido de nuevo en el reino de las pesadillas. Y los sue�os iban siempre seguidos por una voz dentro de su cabeza, ronca, �ntima, que le musitaba una y otra vez: �Ahora, mi amor. Ahora, mi amor. Ahora, mi amor�.</p><p>Por un momento, hab�a considerado la idea de hablar con la loba, pero pronto la hab�a desechado. Seg�n Vinar, <emphasis>Grimya</emphasis> sab�a muy poco de la historia de �ndigo y nada de su familia; hab�a dicho que las dos hab�an estado juntas unos pocos a�os y que �ndigo no era m�s que un marinero a sueldo. No hab�a motivos para que el animal mintiera... e, incluso aunque supiera m�s de lo que estaba dispuesta a revelar, �ndigo no quer�a o�rlo. Cuando ella y Vinar hab�an dejado Amberland, ella estaba decidida a encontrar a su familia y recuperar su perdida historia, sin importar el tiempo que tardara en conseguirlo. Eso hab�a cambiado. Ahora ya no deseaba recuperar la memoria; mejor que permaneciera enterrada en el pasado y no volviera a levantarse para perseguirla. Dos d�as m�s, y <emphasis>Grimya,</emphasis> Niahrin, Carn Caille y los sue�os quedar�an atr�s y olvidados. Una nueva vida, un nuevo comienzo. Nada, rezaba �ndigo con fervor, absolutamente nada pod�a interponerse en su camino ahora.</p><p>Por la tarde Niahrin estaba muy recuperada, y con energ�as suficientes para tomar la sustanciosa comida que Jes le llev� en una bandeja. El bardo tambi�n le llevaba un mensaje de Moragh: Perd hab�a desaparecido del s�tano.</p><p>C�mo lo hab�a conseguido, no lo sab�an, pero en alg�n momento entre la marcha de ellos tres y la hora del desayuno hab�a despertado de los efectos del somn�fero y hab�a huido; sin duda, hab�a dicho Moragh, de regreso al bosque. Niahrin se sinti� alarmada, pero Jes parec�a pensar que no hab�a motivo de preocupaci�n. Como indic�, era una suerte que se hubieran librado del viejo, ya que su presencia en la ciudadela no habr�a podido permanecer en secreto mucho m�s tiempo. Perd hab�a realizado su servicio, y cualquier otro papel que tuviera que representar estaba ahora en las manos de otros poderes.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se sinti� especialmente feliz de ver al bardo. Durante todo el d�a hab�a estado preocupada por averiguar los detalles de lo sucedido por la noche, pero Niahrin no se encontraba en situaci�n de responder a sus preguntas. Jes le cont� toda la historia, y adem�s le relat� la esencia de otra corta conferencia mantenida con la reina viuda aquella ma�ana. Perd �segu�an sin poder pensar en �l como Fenran� les hab�a proporcionado una pista de vital importancia cuando, en los �ltimos instantes antes de empezar a desvariar otra vez y tener que ser sedado por la fuerza, hab�a dicho: �Haz que interprete el <emphasis>aisling, y</emphasis> entonces recordar�. Estaba claro, dijo Jes, lo que deb�an hacer. La magia de los <emphasis>aislings</emphasis> era la clave para abrir la memoria de �ndigo, y el que deb�an utilizar estaba dentro del arpa de Cushmagar. Un sue�o del pasado, un sue�o de Carn Caille como hab�a sido cincuenta a�os atr�s, y de lo que podr�a haber sucedido entre sus muros, si Anghara hubiera escogido un camino distinto. El arpa hab�a estado esperando, como Cushmagar hab�a insinuado en la visi�n aparecida entre las llamas. Y, cuando las manos de �ndigo tocaran las cuerdas, el <emphasis>aisling</emphasis> despertar�a.</p><p>Niahrin frunci� el entrecejo, pensativa, mientras con una mano acariciaba el cuello de <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>�Pero �se la podr� persuadir para que toque? Todo depende de su cooperaci�n...</p><p>Jes le dedic� una fr�a sonrisa.</p><p>�Su alteza comparte tus dudas, y ha encontrado un modo. �De la bandeja que hab�a llevado tom� un peque�o rollo de delicado pergamino�. Esto es para ti. Los otros ya han sido entregados.</p><p>Niahrin desenroll� el pergamino. Con letra elegante, rematado con la propia firma y sello de la reina viuda, dec�a:</p><p>De acuerdo con las tradiciones de las Islas Meridionales, su alteza la reina viuda Moragh ruega a Vinar Shillan, a su novia, �ndigo, y a sus padrinos, que se unan a ella en solemne acatamiento de la bendici�n nupcial la v�spera del enlace matrimonial. Se ruega vuestra presencia en el Sal�n Menor una hora antes de la puesta del sol del d�a indicado.</p><p>Por orden de <emphasis>Moragh.</emphasis></p><p>��Oh! �exclam� Niahrin, y su boca hizo una mueca.</p><p>Jes sonri� de oreja a oreja.</p><p>�Me averg�enza decirlo, pero hab�a olvidado completamente esa vieja tradici�n. Ha ca�do casi en desuso, �no es as�? Pero era com�n en los viejos tiempos, y su alteza recuerda todos los detalles de la ceremonia. As� que aqu� tenemos el modo perfecto de asegurarnos de que �ndigo est� donde nosotros la queremos, y que t� y yo como padrinos tengamos un motivo para estar presentes.</p><p>La bruja asinti� despacio; luego, bruscamente, su expresi�n cambi�.</p><p>�Pero, Jes, Vinar estar� all�. �Levant� los ojos con expresi�n ansiosa�. �Y no s�lo Vinar! T� y yo somos sus padrinos, pero �a qui�n ha escogido �ndigo como padrinos?</p><p>�Ah. Existe una complicaci�n, me temo. Su alteza es uno... pero el otro es la reina.</p><p>��La reina...? �Los ojos de Niahrin se abrieron asombrados�. Por la gran Diosa, Jes, �en qu� est�is pensando? Si la reina Brythere est� presente ma�ana por la noche...</p><p>��Espera, espera! �Jes alz� ambas manos para acallarla�. �Su alteza y yo nos hemos devanado los sesos, pero no hay modo de evitarlo! Ordenar a �ndigo que asista a la bendici�n es la �nica forma de asegurarnos de que no encuentre el medio de evitarnos. Ya desconf�a de ti, lo que no me extra�a ya que sabe que la viste en la torre de la reina esa noche, y no creo que conf�e en m�, tampoco. Si su alteza la invitara simplemente a sus aposentos con alg�n pretexto trivial, entonces en cuanto nos viera buscar�a alguna excusa, fingir�a una indisposici�n quiz�, para marcharse. No podemos correr ese riesgo. No debe haber lugar para la sospecha, y �sta es la �nica forma. Niahrin, escucha... �Se sent� en la cama y le cogi� ambas manos entre las suyas�. Su alteza considera que con toda seguridad el rey y la reina no tardar�n mucho en descubrir lo que trama. El rey ya ha empezado a hacer preguntas inc�modas. Al final se les tendr� que contar la verdad y..., bueno, si lo descubren de esta forma, tal vez sea mejor. �Hizo una mueca ir�nica�. Desde luego me evitar� el duro trabajo de tener que dar explicaciones largas y complicadas m�s adelante.</p><p>Niahrin medit� sobre esto �ltimo durante un rato. Tuvo que admitir que hab�a cierta l�gica en ello; y comprend�a el punto de vista de Jes sobre la forma de conseguir la conformidad de �ndigo. Pero la idea de que Brythere, con todos los fantasmas y horrores que la persegu�an, fuera testigo de lo que pod�a suceder...</p><p>�Su alteza ha invitado tambi�n al rey �sigui� Jes con voz pausada�. En cierto sentido eso empeora las cosas, ya lo s�, pero al menos �l estar� all� para cuidar de la reina si es necesario.</p><p>Primero la reina, ahora el rey... Lo siguiente ser�a la mitad del servicio de la ciudadela, pens� Niahrin. Apart� de s� aquel ramalazo de ira �era indigno, e injusto con Moragh� y dijo:</p><p>�Bien, da la impresi�n, como t� dices, de que no hay forma de evitarlo. Pero no me gusta en absoluto la idea. Y... �Oh, Jes! �De improviso mostr� una expresi�n afligida�. �Qu� pasar� con el pobre Vinar? Si el <emphasis>aisling</emphasis> da resultado, �qu� le har� a �l? �Qu� es lo que har�?</p><p>�No lo s�, Niahrin �respondi� el otro con un profundo suspiro�. Ninguno de nosotros puede saberlo, ni predecirlo.</p><p>�Pero, si ella recupera la memoria, ese pobre hombre inocente... ��l la ama tanto! �Oh, Jes, es demasiado cruel!</p><p>Jes mene� la cabeza, intentando encontrar respuesta a lo que no la ten�a; pero fue <emphasis>Grimya</emphasis> quien dijo en voz baja:</p><p>�Niahrin, s� c�mo te sssientes. Pero �no ser�a m�s cruel dejar que Vinar se casara con �ndigo? �No es eso lo que hemos dicho desde el principio, y no es cierto? �Lanz� un ga�ido�. Me pa... parece a m� que, si �ste es el �nico modo de evitar que suceda, debemos utilizarlo.</p><p>Niahrin se sec� el ojo con la manga mientras se dec�a que hab�a sido una tonta al dejar que los sentimientos la dominaran a su edad.</p><p>�Tienes raz�n, desde luego, <emphasis>Grimya</emphasis> �reconoci�, avergonzada�. Y es eso lo que dijimos desde el principio. Simplemente me estoy comportando de forma rid�cula, supongo, ahora que ha llegado el momento de llevar a la pr�ctica mi teor�a. No me hag�is caso. �Les dedic� una d�bil sonrisa, primero a la loba y luego a Jes�. Y no tem�is que os defraude. No lo har�. �Hizo una pausa y, en voz tan baja que Jes no consigui� entender del todo sus palabras, a�adi�: Pero, oh, ese pobre, pobre hombre...</p><p>Moragh, entretanto, sosten�a otra pelea con Ryen.</p><p>��Una bendici�n nupcial? �El rey se pas� ambas manos por la cabeza como si sintiera un fuerte escozor en ella�. �No seas rid�cula, madre! �Esa costumbre ya se consideraba historia cuando yo era un ni�o, y revivirla ahora es absurdo!</p><p>�Es mi deseo que se observe esa costumbre �insisti� Moragh, tozuda�. Y quiero que tanto t� como Brythere est�is presentes.</p><p>��Maldita sea, ya hemos hecho suficiente por Vinar e �ndigo, m�s que suficiente, en mi opini�n, sin tener que resucitar adem�s rituales pasados de moda! En primer lugar, simplemente no hay tiempo para esta charada, y en segundo lugar no estoy obligado a acceder a todo lo que quieras sencillamente porque t� lo quieres. �Puedes hacer lo que te plazca, pero no esperes que Brythere o yo hagamos nada m�s!</p><p>Moragh comprendi� que hab�a escogido muy mal momento para sacar a colaci�n el tema, pero era demasiado tarde para retractarse ahora. De modo que dijo con firmeza:</p><p>�Lo siento, Ryen, pero t� y Brythere tendr�is que estar presentes, porque ya he enviado las invitaciones a los otros interesados.</p><p>��Que has hecho qu�? �Los ojos de Ryen lanzaron chispas�. �Sin siquiera consultarme a m�? �Un m�sculo de su mand�bula se contrajo con violencia�. �Madre, esto ha ido demasiado lejos! �No s� qu� fr�volos caprichos se han apoderado de ti desde que Vinar e �ndigo llegaron a Carn Caille, pero estoy empezando a hartarme sinceramente de todo este asunto! �Esos dos han alterado nuestras vidas desde que pusieron los pies aqu�, y, cuanto antes se casen y se vayan, tanto mejor para todos nosotros!</p><p>La c�lera de Moragh sali� entonces a la superficie. Hab�a decidido no dejar escapar ni un indicio de sus aut�nticos prop�sitos, pero las palabras brotaron antes de que pudiera meditarlas.</p><p>�Ojal� �le espet� pudiera darte la raz�n. �Pero me temo, Ryen, que est�s equivocado!</p><p>��Qu� quieres decir? �El rey la mir� con fijeza.</p><p>�Diosa bendita �pens� Moragh�, he hablado demasiado...�</p><p>�Madre... �Ryen cruz� la distancia que los separaba en dos zancadas y la agarr� del brazo�. Madre, aqu� hay m�s de lo que salta a la vista, �no es as�? Sabes algo que no me has dicho. Algo sobre �ndigo. �Sin ser apenas consciente de lo que hac�a, la zarande�. �D�melo!</p><p>Ella se desasi� con un brusco tir�n.</p><p>��No me trates como si fuera un sirviente!</p><p>�Lo siento, lo siento... �Luch� por dominar su enojo; luego suspir�. Lo siento de verdad, madre. No quer�a... �La frase se desvaneci� en un gesto de impotencia�. Pero hace tiempo que sospecho que se trama algo que me has estado ocultando. En nombre de la Diosa, �no es ya hora de ser sinceros?</p><p>Quiz� lo era, pens� la reina viuda. O al menos tan sincera como pudiera sin ponerlo todo en peligro...</p><p>Aspir� con fuerza, antes de empezar.</p><p>�Muy bien. Supongo que no hay forma de evitarlo. Tienes toda la raz�n, Ryen. Algo va a suceder, y te lo he estado ocultando.</p><p>�Entonces, en nombre de...</p><p>�Por favor, esc�chame hasta el final. �Le era imposible mirarlo directamente a los ojos�. Existe un buen motivo por el que no ser�a aconsejable contarte toda la historia ahora. Para empezar, no hay suficiente tiempo para una explicaci�n completa y, puedes creerme, tendr�a que ser muy completa. Ni siquiera estoy..., ni siquiera estoy segura de que lo creyeras, no a�n... Pero ma�ana por la noche, si todo sale seg�n lo planeado, averiguar�s la verdad. T� y Brythere. Y Vinar.</p><p>��Vinar? �Quieres decir que tampoco �l sabe nada de todo esto?</p><p>�As� es. No podr�a cont�rselo de ninguna manera; ser�a... demasiado brutal. Pero la verdad tendr� que salir a la luz, y debe hacerlo antes de la boda. Es por eso que he organizado la bendici�n, Ryen. Para asegurarme de que todos los que tienen algo que ver est�n reunidos, en privado, antes de que sea demasiado tarde.</p><p>Durante un largu�simo momento Ryen observ� con detenimiento a su madre, y, en la inexpresiva m�scara de su rostro, percibi� algo de la confusi�n que rodeaba su mente en este momento. Sab�a muy bien que �l no era el m�s sensible de los hombres, pero...</p><p>�Madre... �volvi� a adelantarse, pero en esta ocasi�n la toc� con suavidad�, me pides que conf�e en ti un poco m�s, �no es eso?</p><p>Moragh asinti�; ten�a las pesta�as h�medas.</p><p>�S�; eso es lo que pido.</p><p>�Muy bien. �La bes� ligeramente en la frente�. Har� lo que quieres, y tambi�n Brythere.</p><p>Moragh volvi� a asentir.</p><p>�Gracias.</p><p>�Pero todav�a no comprendo �dijo �l, retirando la mano� por qu� no podr�as hab�rmelo dicho antes, y pedido mi cooperaci�n. �Crees que me habr�a negado? �Realmente crees que soy tan tozudo y est�pido hasta ese punto?</p><p>�No �respondi� Moragh�, no creo eso, y no era mi intenci�n insultarte. Pero no pod�a estar completamente segura de tu reacci�n; y, en el caso de que hubiera habido la posibilidad, la m�s m�nima posibilidad de que pudieras haberte negado, yo..., yo no pod�a correr ese riesgo, Ryen. Esto es demasiado importante.</p><p>��Importante para qui�n? �Para �ndigo?</p><p>�No tan s�lo para ella. Creo que puede ser de la m�s vital importancia para todos nosotros. �Moragh aspir� con fuerza por la nariz; luego, bruscamente, flexion� los hombros en un r�pido gesto, como si se sacudiera de encima un peso invisible�. Gracias, Ryen. Ahora veo que deber�a haber confiado en ti desde el principio. �Le dedic� una d�bil sonrisa�. Gracias por otorgarme el beneficio de la duda ahora.</p><p>Empez� a dirigirse a la puerta, pero la voz de su hijo la detuvo.</p><p>�Madre, s�lo una pregunta m�s. �La responder�s si te es posible?</p><p>�Desde luego, hijo m�o. �Moragh se volvi�.</p><p>��Es �ndigo lo que en un principio pensamos que era? �Crees que est� realmente emparentada con el rey Kalig y su familia?</p><p>Por un momento la reina viuda mir� al suelo.</p><p>�S� �repuso al fin�. �ndigo est� emparentada con Kalig. Pero, en cuanto a tu otra</p><p>pregunta..., te dir� esto, Ryen, pero debo rogarte que no me pidas que revele m�s antes de ma�ana por la noche. �Pareci� endurecerse�. Ella no es lo que hab�amos pensado que era. Sin duda que no lo es.</p><p>La puerta golpe� suavemente a su espalda cuando abandon� la habitaci�n.</p><p>La v�spera de la boda amaneci� sin una nube y calurosa, y a la hora del desayuno se acord� con j�bilo y por unanimidad que se trataba del primer d�a de aut�ntico verano. Desde primeras horas de la ma�ana Niahrin se sent�a tan nerviosa como un gatito reci�n nacido, y se sinti� agradecida cuando una en�rgica costurera hizo su aparici�n para efectuar la prueba definitiva del vestido que Moragh hab�a decretado que deb�a lucir. Desfilar frente a un espejo, con <emphasis>Grimya</emphasis> enred�ndose entre sus pies y la costurera rezongando con la boca llena de alfileres, hizo que la bruja volviera a estar en contacto con la realidad y consigui� en gran manera aliviar los retortijones de su est�mago, y al atardecer ya estaba lista para enfrentarse a la prueba que se avecinaba, si no con compostura al menos sin demasiados terrores.</p><p>El Sal�n Menor se encontraba en el ala oeste de Carn Caille. Serv�a a la vez de sal�n p�blico para las actividades oficiales de menor importancia y de estancia donde la familia real pod�a recibir a sus invitados personales o amigos cuando su n�mero era demasiado grande para poderlos acomodar en sus aposentos privados. Niahrin y <emphasis>Grimya </emphasis>llegaron temprano, y se encontraron con que Moragh y Jes ya estaban all�. Moragh inspeccionaba la mesa que hab�a sido dispuesta con comida y vino, mientras que Jes se hallaba sentado ante un arpa de tama�o natural, con la cabeza inclinada y los ojos cerrados en concentraci�n mientras ensayaba una pieza de m�sica. Niahrin sinti� que el coraz�n le daba un vuelco al ver el arpa, pero el bardo le dirigi� una sonrisa tranquilizadora.</p><p>��ste es mi propio instrumento, no el de Cushmagar. El suyo �se�al� con la cabeza de modo significativo hacia la ventana� est� ah�.</p><p>La bruja observ� que se hab�a disfrazado la forma del arpa bajo una funda que la cubr�a; cualquiera que acertara a mirarla no podr�a reconocerla. ��Has tra�do tu flauta? �Moragh levant� la vista de donde se encontraba ocupada disponiendo un arreglo que no era totalmente de su agrado. Se la ve�a elegante y tranquila, pero su voz era tensa. � S�, se�ora.</p><p>Niahrin la sac� y luego examin� con m�s atenci�n lo que la rodeaba. La habitaci�n estaba dispuesta como una miniatura del gran sal�n; hab�a una tarima en un extremo y una chimenea amplia en el otro, y altas ventanas de m�ltiples paneles de cristal en la pared oeste para capturar la luz de la tarde. Esta noche, sin embargo, daba la impresi�n de que cada palmo de espacio disponible estaba lleno de plantas. Tiras de hojas trenzadas adornaban las paredes, guirnaldas de flores cubr�an las ventanas, y sobre la repisa de la chimenea ramas de hojas perennes creaban un marco exuberante a las llamas del hogar. La mesa misma, sobre la tarima, era un mar de brillantes colores primaverales entre los cuales los platos y jarras apenas resultaban visibles. Niahrin lo contempl� todo con asombro, y al ver la sorpresa y deleite de su mirada Moragh sonri� d�bilmente.</p><p>�Es la tradici�n, querida. Ha requerido una gran cantidad de duro trabajo, pero me pareci� m�s seguro seguir lo que mandaba la costumbre. �Entonces las comisuras de sus labios se curvaron hacia abajo�. Los otros no tardar�n en llegar. Ocupa tu lugar; aqu�, junto a la silla dispuesta para Vinar. �Dirigi� una r�pida mirada Jes�. Ser� mejor que dejes el arpa y te sientes a la mesa.</p><p>Niahrin ocup� su asiento, con Jes a su lado. El coraz�n de la bruja martilleaba con fuerza, y cuando observ� la exhibici�n de comida su est�mago protest� ante la idea de comer algo. Tendr�a que intentarlo, al menos para cumplir con las formalidades, y conseguir que �ndigo no se percatara de nada, antes de que se llegara al aut�ntico motivo de la reuni�n. Y, pasara lo que pasara, se record� Niahrin con vehemencia, no deb�a emborracharse.</p><p><emphasis>�Grimya</emphasis> �Moragh dedic� una sonrisa a la loba�, ven y si�ntate aqu�, a mi lado. � La loba hizo lo que le dec�an, y salt� sobre el taburete que le hab�an preparado. La reina viuda pase� una �ltima y evaluativa mirada por la mesa�. Bien, pues. Si no estamos preparados ahora, no lo estaremos nunca. De modo que..., que la Diosa nos d� buena suerte y �xito.</p><p>La primera parte de la celebraci�n borde� el desastre. Los culpables fueron Ryen, �ndigo, <emphasis>Grimya</emphasis> y �como ella misma fue dolorosamente consciente� la misma Niahrin. Por mucho que la bruja intentara desterrarlo, el fantasma de Vinar la persegu�a. No Vinar tal y como era ahora, alegre y euf�rico con un brazo alrededor de los hombros de �ndigo y alzando con el otro su copa en m�ltiples brindis por todo el mundo y por cualquier cosa, sino Vinar como podr�a llegar a ser �como sin duda ser�a� al finalizar la noche. La idea le destrozaba la conciencia y el coraz�n, y no pod�a soportar que sus ojos se encontraran con los del scorvio ni responder a su buen humor. Ryen, tambi�n se sent�a inc�modo; sin dotes para la actuaci�n, se mov�a torpemente entre un silencio reticente y una jovialidad exagerada, y tambi�n estaba bebiendo demasiado a pesar de las frecuentes miradas de advertencia de Moragh. E �ndigo y <emphasis>Grimya</emphasis> se comportaban ambas como si la otra no existiera.</p><p>Fue gracias a Jes que la atm�sfera acab� por mejorar. Niahrin percibi� el desesperado esfuerzo de las manipulaciones del bardo, pero por fin, como un capit�n habilidoso que conduce su barco por aguas tempestuosas hasta buen puerto, consigui� cambiar el humor de la reuni�n y todos empezaron a relajarse. Con una expresi�n de profunda aprobaci�n en la mirada, Moragh sirvi� m�s vino a todos; luego, como la mujer de m�s edad de entre los presentes, se levant� para pronunciar la bendici�n tradicional, deseando que la generosidad de la tierra, del sol y de la lluvia cayeran sobre los novios y rogando a la Madre Tierra que bendijera su uni�n. Hab�a l�grimas en sus ojos mientras pronunciaba las palabras del ritual, y Niahrin y Jes, que conoc�an el aut�ntico motivo de �stas, bajaron los ojos, inc�modos, hacia las propias manos que manten�an entrelazadas. Finalizada la bendici�n, todos se pusieron en pie para el brindis del compromiso, que implicaba vaciar las copas de un trago �el vino, observ� Niahrin con satisfacci�n, no era fuerte�, tras lo cual Jes, como padrino de Vinar, pronunci� un breve y gracioso discurso dando las gracias al rey, a la reina y a la reina viuda por su amabilidad y hospitalidad, y anunciando que la ceremonia hab�a concluido y hab�a llegado el momento de dar comienzo a la fiesta.</p><p>Vinar llevaba bastante rato lanzando miradas pensativas al arpa de Jes, y, cuando se inclin� para susurrar algo al o�do de �ndigo, Moragh lo advirti� e hizo una se�a significativa a Niahrin. �ndigo pareci� indecisa pero al cabo sonri� y se encogi� de hombros, y, mientras Jes se levantaba para ir a sentarse ante el instrumento, Vinar se recost� en su asiento con una sonrisa de satisfacci�n. Se giraron las sillas para colocarlas de cara al arpa, y el bardo inici� un alegre popurr� de m�sica de baile cuyo comp�s muy pronto todos, incluso Ryen, siguieron con el pie. A esto siguieron dos canciones marineras, a cuyo estribillo se unieron todos, y entonces Jes extendi� una mano hacia la bruja.</p><p>�Niahrin tiene una voz muy bonita, y tambi�n es una consumada int�rprete de caramillo. Le ruego que se una a m� ahora.</p><p>Niahrin fingi� poner reparos alegando no ser digna �tal y como hab�an acordado, para marcar el ejemplo que deb�a seguir �ndigo� y Moragh, representando su parte, insisti� hasta el punto de conducirla personalmente junto a Jes. Ambos interpretaron una canci�n de guardabosques; luego la bruja tom� su flauta para ejecutar dos bailes a corro y un baile de marineros. Mientras tocaban, la bruja observ� que �ndigo se beb�a otras dos copas de vino, como para darse �nimos. Cuando el baile de marineros termin�, Moragh aplaudi� con una sonrisa deslumbrante.</p><p>��Eso ha sido precioso, Niahrin! Ahora, �ndigo. �Se inclin� hacia la pareja�. Tengo entendido que t� tambi�n eres m�sica. �Podemos persuadirte de que interpretes algo para nosotros?</p><p>�Yo... ah...</p><p>�Vamos, �ndigo �interrumpi� Vinar�. �Qu� te dije, hace s�lo un momento? Te dije que no deb�as ser tan t�mida; �deber�as tocar, como lo hiciste esa vez en la taberna de Rogan y Jansa!</p><p>�Eso fue diferente �replic� �ndigo, pero sin aut�ntica convicci�n�, Ante un p�blico como �ste, y con un bardo tan dotado como Jes... �no podr�a! ��Desde luego que podr�as, querida! �afirm� Moragh�.</p><p>�Todos somos amigos, y no hay m�s formalidades aqu� que en cualquier pueblo! No nos desilusiones... �Despu�s de todo, �sta es la �ltima oportunidad que tendremos de o�rte antes de que nos dejes!</p><p>�ndigo sonri� indecisa, primero a Vinar y luego a la reina viuda.</p><p>�Bueno, si alguien m�s toca conmigo...</p><p>���sa es mi �ndigo! �Vinar le dio un sonoro beso�. Toca esa canci�n que o�mos en la fiesta del pueblo. Ya sabes, la que tambi�n tiene una flauta; as� Neerin podr� tomar parte tambi�n. La conoces, te he o�do tararearla.</p><p>�Es para tres instrumentos, no dos... �empez� �ndigo.</p><p>Jes casi sin poder creer en tanta suerte, se incorpor� de un salto.</p><p>��Entonces ser�n tres instrumentos! �anunci�, y dedic� a �ndigo una sonrisa de una ingenuidad tal que la muchacha no sospech� nada�. Si he de ser sincero, hab�a esperado que pudi�ramos tocar juntos, as� que ped� que trajeran otra arpa. Aqu� est�. �</p><p>Encamin�ndose a la ventana, cogi� un extremo de la funda que cubr�a el arpa de Cushmagar y la retir�.</p><p>El repentino silencio fue roto por una aguda exclamaci�n ahogada de Ryen. Moragh dio un fren�tico puntapi� en el tobillo a su hijo por debajo de la mesa, y le sujet� la mano con fuerza al ver que parec�a a punto de ponerse en pie. El rey le dirigi� una mirada de perplejidad; junto a �l, Brythere hab�a palidecido y su boca se abr�a como para protestar. La reina viuda sacudi� la cabeza con energ�a, mientras sus ojos suplicaban silencio; d�ndose cuenta entonces, Ryen fingi� toser y dijo en voz alta:</p><p>��Vaya, vaya! Esa vieja reliquia... �No cre� que volviera a verla en acci�n jam�s!</p><p>�ndigo volvi� la cabeza. Ten�a el entrecejo fruncido, pero m�s en actitud perpleja que de duda. Moragh le sonri�.</p><p>�El abuelo de mi esposo ten�a esta vieja arpa; aunque debo decir que en �l se desperdiciaba. No era m�sico, seg�n dec�an todos, de modo que jam�s la toc�.</p><p>�Muy ingeniosamente expresado�, pens� Niahrin. En cieno modo, Moragh no hab�a contado una mentira.</p><p>La reina Brythere, recuper�ndose de la sorpresa, empez� a decir:</p><p>�Pero sin duda...</p><p>La reina viuda la interrumpi� con suavidad.</p><p>�Pero sin duda debe de haber sido muy laborioso volver a afinarla despu�s de todos estos a�os; s�, estoy totalmente de acuerdo �dijo, sin dar a Brythere la oportunidad de a�adir nada m�s�. Ha sido muy generoso por tu parte tomarte tantas molestias, Jes.</p><p>�Un placer, alteza. �El bardo le dedic� una reverencia�. Como �nico arpista de Carn Caille, no disfruto con frecuencia de la posibilidad de tocar con otro colega. � Acerc� un taburete al instrumento�. �ndigo, si�ntate aqu�. Ahora �puedes tararear las primeras notas de la melod�a?</p><p>�ndigo lo hizo �aunque segu�a contemplando el arpa con el entrecejo fruncido, y la arruga de la frente era m�s profunda ahora, como si algo intentara abrirse paso desde el fondo de su mente� y Jes asinti� con la cabeza.</p><p>�La conozco bien. �Toco yo como primera arpa, y t� como segunda?</p><p>�S�. S�, gracias.</p><p>�ndigo se sent� pero no toc� las cuerdas. Algo la molestaba claramente ahora, observ� Niahrin. Pero ese algo no se hab�a afianzado a�n con fuerza suficiente; la muchacha segu�a queriendo unirse a ellos en la interpretaci�n. �S�lo unos instantes m�s <emphasis>�rez�</emphasis> en silencio la bruja�, s�lo unos instantes m�s...�</p><p>Jes extrajo un ondulante arpegio de su instrumento, y Niahrin tom� su flauta. Tambi�n ella conoc�a bien la melod�a, pero, mientras se iniciaba el solo de arpa y ella aguardaba su entrada en el segundo verso, no dejaba de observar al bardo de reojo, alerta a la se�al convenida con anterioridad. Arpa y flauta empezaron a entretejer sus melod�as, y no obstante su aprensi�n, que la aguijoneaba ahora con mucha insistencia, �ndigo se sinti� seducida por la m�sica. Flexion� las manos involuntariamente, las extendi�, y los dedos tocaron las cuerdas.</p><p>Por primera vez en cincuenta a�os, las magn�ficas notas del arpa de Cushmagar sonaron en Carn Caille. Niahrin sinti� como si una mano gigantesca y helada se hubiera posado sobre su espalda; la flauta titube� y desafin� antes de que pudiera recuperar la serenidad. En la mesa, Ryen estaba r�gido; Brythere, boquiabierta y con una mano aferrada a la manga de su esposo. <emphasis>Grimya</emphasis> se manten�a agazapada, con los ojos rojos de miedo, y Moragh permanec�a inclinada hacia adelante; ten�a los nudillos blancos mientras sujetaba con <emphasis>fuerza</emphasis> el borde de la mesa, y los ojos le brillaban con una luz �vida casi fan�tica. Vinar, sin sospechar nada, se limitaba a sonre�r a �ndigo con afectuoso orgullo; <emphasis>e</emphasis> �ndigo, por su parte...</p><p>Algo no iba bien. Ella lo sab�a, lo sent�a. Algo no iba bien en el arpa. La percib�a extra�a bajo sus dedos, casi como si fuera parte de un sue�o y en absoluto real. Pero el sonido que brotaba de ella era hermoso, cautivador; jam�s hab�a escuchado un instrumento tan rico y delicado... <emphasis>�O s� lo hab�a escuchado?</emphasis></p><p>Su visi�n se oscureci� de improviso ��qu� les hab�a sucedido a las luces?� y, sobresaltada, levant� la cabeza. �Por qu� la miraban todos de aquella forma? Sus expresiones eran extra�as, fijas; hab�a sombras en sus rostros, y Vinar... �Pero �l ya no era Vinar! Era otra persona, otra persona... Y el rey parec�a mayor, con la barba y los cabellos diferentes, y la mujer sentada a su lado no era la reina Brythere.</p><p>�Nnn... �El sonido, inarticulado, surgi� de su propia garganta pero no consigui� transformarlo en palabras, ya que la lengua no quer�a obedecer.</p><p>�Nn... aaah... ��No�, quer�a decir. �No, parad, paradlo, antes...�</p><p>Jes comprendi�, e hizo la se�al a Niahrin. Al instante la m�sica cambi�, y la conocida canci�n de las Islas Meridionales se metamorfose� en la lenta y obsesiva melod�a del <emphasis>aisling.</emphasis> Niahrin vio c�mo los ojos de �ndigo se abr�an desorbitados por el horror. Reuniendo todo su poder, la bruja consigui� capturar su sobresaltada mirada y, sosteni�ndola, se volvi� completamente de cara a la muchacha. La boca de �ndigo se abr�a y cerraba sin emitir sonido alguno, y sus manos tocaban ahora la melod�a sobre las cuerdas del arpa, movi�ndose por voluntad propia mientras segu�an impotentes a donde los otros las conduc�an. Las notas ascend�an y descend�an, ascend�an y descend�an, hipn�ticas e irresistibles, repiti�ndose una y otra vez... �ndigo lanz� un grito; un grito de dolor, miedo y pena que se elev� agudo hasta las vigas del techo. Vinar se puso en pie al instante, pero Ryen se lanz� sobre �l y lo arrastr� de nuevo a su asiento.</p><p>��No! �grit� el monarca�. �D�jala, amigo! �D�jala sola! En ese momento, inopinadamente, un viento helado recorri� la sala. Todas las l�mparas y velas se apagaron, dejando a los reunidos a oscuras, y la m�sica volvi� a cambiar. Jes y Niahrin escucharon el cambio y dejaron de tocar como si los hubieran pinchado. La flauta de Niahrin resbal� de sus manos y choc� contra el suelo, y Jes agarr� con fuerza su propia arpa, que hab�a empezado a balancearse violentamente. Pero �ndigo sigui� tocando. Ten�a la cabeza echada hacia atr�s, la espalda doblada como si fuera v�ctima de un dolor terrible, y sus dedos volaban sobre las cuerdas de la gran arpa mientras del pasado, de la oscuridad, del mundo de lo que �podr�a haber sido�, el otro y m�s poderoso <emphasis>aisling,</emphasis> el legado de Cushmagar y su advertencia, penetraba tumultuoso en su interior y la atravesaba con una fuerza impresionante y terrible.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 20</strong></p></title><empty-line/><p>Desde el extremo opuesto de la sala, una voz compuesta habl� en voz baja pero a la vez con abrumadora y dram�tica claridad.</p><p>�ANGHARA...</p><p>Las manos de �ndigo se separaron violentamente de las cuerdas, y la muchacha cay� hacia atr�s, resbal� del taburete y fue a chocar contra el suelo. Durante varios segundos se produjo un silencio agorero en la sala. Aturdida, �ndigo empez� a incorporarse despacio.</p><p>�ANGHARA... �NOS RECUERDAS, ANGHARA?</p><p>El fuego de la chimenea llame� con fuerza, obligando a las sombras a retroceder, y del interior del hogar, materializ�ndose de entre las llamas, surgieron tres figuras que avanzaron hacia �ndigo. N�mesis iba delante; detr�s de la criatura de cabellos plateados iba la figura de los ojos lechosos, y el lobo de pelaje p�lido la segu�a. N�mesis sonri� con tristeza y extendi� una mano como si intentara una conciliaci�n.</p><p>��No quieres recordarnos, hermana? �No quieres recordarnos, y regresar?</p><p>�No... �El cerebro de �ndigo se rebel�. No..., no os conozco...</p><p>�Claro que nos conoces, hermana. Nos conoces a todas. �N�mesis dio un paso al frente, luego otro, y otro, y los otros dos fantasmas la siguieron�. Ven, Anghara. Ven. Volvamos a ser uno solo otra vez.</p><p>�ndigo retrocedi�, y choc� con el arpa de Cushmagar. Las cuerdas vibraron, emitiendo un gemido sobrenatural.</p><p>��Qu� quer�is de m�? No os conozco; �no comprend�is? Manteneos lejos de m�... �Manteneos apartadas! �Y gir� en redondo, al tiempo que su voz se elevaba desesperada�. �Vinar! �Vinar, por favor, ay�dame!</p><p>Con un rugido de miedo y rabia, Vinar se desasi� de la mano del rey y se lanz� al frente; Ryen intent� sujetarlo, pero �l se le escap� y corri� hacia �ndigo.</p><p>��Detenedlo! �grit� Moragh con desesperaci�n�. �Que alguien lo detenga...! <emphasis>�Grimya!</emphasis></p><p>Lo que sucedi� en los segundos que siguieron ocurri� tan deprisa que dej� a Niahrin aturdida. Una mancha gris surgi� veloz de detr�s de la mesa, y <emphasis>Grimya</emphasis> se lanz� sobre Vinar con un poderoso salto. Choc� contra �l con todo su peso, y el hombre se vino abajo con un rugido, agitando brazos y piernas. Ryen empez� tambi�n a gritar, mientras Brythere emit�a agudos chillidos mezcla de sorpresa y temor, y con un veloz y gr�cil movimiento los tres fantasmas corrieron hacia �ndigo. Una luz cegadora brill� de repente en toda la sala, como si un rayo hubiera iluminado las ventanas, y el sobresalto los inmoviliz� a todos de golpe. Vinar se encontraba tumbado en el suelo, perplejo; Ryen y Brythere estaban tan desconcertados que eran incapaces de decir nada; Jes y Moragh permanec�an petrificados como figuras de un cuadro viviente. Niahrin, por su parte, descubri� que se hab�a arrojado al suelo e intentaba instintivamente cubrirse la cabeza con las manos. Y los tres fantasmas hab�an desaparecido...</p><p>�ndigo, de pie y sola en medio de la sala, se balance� de repente, y un sonido ahogado borbote� entre sus labios. Llam�ndola por su nombre, Vinar se incorpor� con dificultad y empez� a acercarse a ella... pero se detuvo cuando la muchacha se volvi� y lo mir�. El</p><p>rostro de �ndigo mostraba una expresi�n de perplejidad, pero su porte de notaba una confianza nueva y desconocida. En una voy que no parec�a la de la �ndigo que todos conoc�an, pregunt� con calma:</p><p>��Qui�n eres t�?</p><p>Los ojos de Vinar parecieron a punto de estallar por la sorpresa.</p><p>��Qui�n...? �ndigo, �qu� est�s diciendo? �Qu� quieres decir? Soy yo, Vinar, �Vinar! �Intent� acercarse a ella, pero <emphasis>Grimya</emphasis> volvi� a gru�ir y desisti�. El tono de su voz se torn� azorado, pat�tico�. �ndigo...</p><p>�Vinar �Moragh se encontraba a su lado y lo tomaba del brazo�, creo que ser� mejor que te sientes.</p><p>�Pero...</p><p>�M�rala, Vinar. M�rala con atenci�n.</p><p>As� lo hizo, y descubri� lo que ella, Niahrin y Jes ya hab�an visto. El aspecto f�sico de �ndigo, as� como su forma de actuar, hab�an cambiado. Sus ojos hab�an perdido su familiar color y adquirido un tono lechoso; mechas plateadas brillaban en sus cabellos; y, cuando inclin� a un lado la cabeza y le dedic� una sonrisita, hab�a algo lobuno en su expresi�n.</p><p>�Lo siento �dijo con afabilidad pero sin emoci�n�. No creo que hayamos sido presentados.</p><p>�Pero... �musit� de nuevo Vinar. Por mucho que se esforzaba, no consegu�a encontrar las palabras para formar las preguntas. Como un ni�o, dej� que Moragh lo condujera de vuelta a su asiento, mientras �ndigo lo contemplaba alejarse; una vez ante su silla, Vinar se dej� caer en ella y hundi� el rostro entre las manos.</p><p>Moragh se irgui�. Tras dirigir una veloz mirada a Niahrin, dijo:</p><p>��ndigo �sabes qui�n soy?</p><p>Los blanquecinos ojos de �ndigo se volvieron de color plata.</p><p>��Os dirig�s a m�, se�ora? �inquiri�. Perdonadme, pero creo que hab�is cometido un error. Mi nombre no es �ndigo.</p><p>�Entonces �cu�l es tu nombre? �Moragh sostuvo su mirada con firmeza.</p><p>�Yo soy Anghara.</p><p>Brythere emiti� un sonido estrangulado y nervioso, y la silla de Ryen ara�� el suelo al resbalar hacia atr�s.</p><p>��Anghara? Eso no es...</p><p>��Ryen, permanece en silencio! �lo inst� Moragh, apremiante�. No la interrogues; no discutas. <emphasis>�Lanz�</emphasis> otra mirada a Niahrin, esta vez a modo de s�plica�. Niahrin, �qu� hemos de hacer?</p><p>Antes de que la bruja pudiera pensar, y mucho menos responder, �ndigo se volvi� para mirarla con curiosidad. Fue un movimiento lento, como si la muchacha no estuviera muy segura de s� misma. Luego la curiosa sonrisa regres�.</p><p>�Recuerdo haberte visto en alg�n lugar antes. �No estabas en...? �La sonrisa fue reemplazada por una expresi�n pensativa�. No. Eso no. Eso no podr�a haber sucedido...</p><p>Mientras hablaba sus ojos cambiaban continuamente de color; ahora plateados, ahora blanquecinos, ahora ambarinos. Por fin volvieron a ser de color azul viol�ceo. <emphasis>Grimya </emphasis>gimote� y se apret� contra la pierna de Niahrin; el sonido y el movimiento llamaron la atenci�n de �ndigo, que baj� la mirada.</p><p>�Me gustan los lobos �dijo�. Pero nunca antes hab�a visto uno en Carn Caille. �Es tu mascota?</p><p>�No �respondi� Niahrin�. Ella es mi amiga... y tu amiga, tambi�n. �No la recuerdas? �No recuerdas a <emphasis>Grimya?</emphasis></p><p>�<emphasis>Grimya...</emphasis> No, creo que no. Hab�a una... pero no. Eso fue un sue�o. S�lo un sue�o.</p><p>Jes hab�a ido a colocarse junto a Niahrin; en voz baja, la bruja le susurr� de forma que s�lo �l pudiera o�rla:</p><p>�Empieza a recordar algo, Jes. Advierte a su alteza; dile que no diga nada. Voy a intentar hacer girar la llave.</p><p>El bardo asinti� y se retir� en direcci�n a la mesa. �ndigo lo sigui� con la mirada.</p><p>��Es ese joven un bardo? �pregunt�.</p><p>�Es un bardo.</p><p>��Ah! Ya lo pens�. Tiene el aspecto... Nosotros ten�amos un bardo, pero era mayor. Su nombre era..., era...</p><p>Segu�a observando a Jes, y con cuidado, mientras su atenci�n estaba distra�da, Niahrin levant� una mano y apart� el parche de su ojo izquierdo. Sab�a que deb�a actuar en el momento preciso y, sin hacer ruido, dio dos pasos al frente que la acercaron m�s a �ndigo.</p><p>�Su nombre era Cushmagar �dijo en voz baja pero n�tida.</p><p>��Qu�? ��ndigo volvi� la cara... y la mirada de bruja de Niahrin la atrap�. No... �musit� la muchacha�. No, no..., no quiero...</p><p>�Silencio.</p><p>La voz de Niahrin adopt� al punto el hipn�tico sonsonete con el que hab�a lanzado su hechizo sobre Perd. Pero esta noche no necesitaba de una cuerda de nudos para dar vida a la magia. El poder dormido del hechizo empezaba a despertar; no dentro de ella, sino dentro de �ndigo. Al descubrir su ojo, Niahrin no hab�a hecho m�s que abrir la puerta; lo que la puerta revelaba s�lo pod�a verlo �ndigo.</p><p>�Anghara. Anghara. Anghara. �Niahrin levant� muy despacio su mano derecha mientras repet�a el aut�ntico nombre de �ndigo tres veces. Estir� el brazo en direcci�n al anonadado rostro de la muchacha, y sus dedos pulgar y coraz�n se extendieron en una antigua se�al de hechicer�a�. M�rame, Anghara, porque yo poseo el don de la visi�n, y el pasado y el futuro est�n en mi ojo. Mira, Anghara. Mira.</p><p>La sala estaba totalmente en silencio. �ndigo clav� los ojos, hipnotizada, en el rostro de la bruja. No pod�a volver la cabeza; Niahrin la hab�a atrapado como un p�jaro en una trampa, y de improviso le pareci� que la bruja cambiaba y se convert�a en otra persona, en alguien que ella conoc�a bien...</p><p>��Imyssa...? �Sin darse cuenta, �ndigo pronunci� el nombre de su vieja nodriza. La imagen del arrugado rostro de Imyssa fluctu� y por un instante una mejilla desfigurada y un ojo horrendo aparecieron en su lugar; pero enseguida eso se desvaneci�, y la nodriza le sonri� con cari�o.</p><p><emphasis>�Ya est�, hijita, acabado; �y qui�n se atrever� a decir que no eres la cosa m�s linda que jam�s se ha sentado a la mesa de un rey?�</emphasis> La voz surg�a no del mundo f�sico sino de alg�n lugar en su interior, espectral, repitiendo un lejano recuerdo. <emphasis>��Qu� canci�n interpretar�s para tus queridos padres esta noche, mi princesa?�</emphasis></p><p>��Oh, no...! �exclam� �ndigo en voz alta y temblorosa�. No, no. Eso no...</p><p>Pero otras voces se un�an ya a la primera.</p><p><emphasis>��Qu� canci�n, Anghara? �Qu� canci�n ser� esta noche? Toca para nosotros, Anghara. Toca para nosotros como has hecho tantas veces antes.�</emphasis> �ndigo intent� no o�rlas, pero crecieron como una marea, chocando contra sus o�dos, contra las paredes de su cerebro. <emphasis>��Qu� canci�n ser� esta noche? �Qu� canci�n ser� esta noche?�</emphasis></p><p>Y una voz entre todas ellas, una voz anciana pero c�lida, potente y amable, dijo:</p><p><emphasis>�Mi arpa est� aqu�, princesa, y aguarda. Vamos, Anghara. Vamos.�</emphasis></p><p>Como en sue�os, se dio la vuelta. El arpa estaba all�, su arpa, el arpa de Cushmagar, de pie donde siempre hab�a estado junto a la tarima del rey. La luz de las llamas se reflejaba sobre la brillante madera, otorg�ndole un resplandor ambarino. Y estaban todos all�, con ella: su familia, sus amigos, todos aquellos esp�ritus queridos y amados que compart�an su vida...</p><p>Los siete silenciosos espectadores de la sala apenas se atrevieron a respirar por temor a interrumpir la quietud mientras �ndigo avanzaba despacio, a ciegas pero sin titubear, hacia el arpa de Cushmagar. Incluso Vinar hab�a levantado la cabeza y contemplaba la escena, aunque su rostro estaba pose�do por una expresi�n de pena indecible. Un leve roce de seda rompi� el silencio cuando �ndigo se sent�. Sonri� a los presentes, pero sus ojos estaban cerrados y lo que ve�a mentalmente era una escena de otra �poca y otro lugar. Entonces apoy� la mejilla contra la suave madera tallada del arpa, y empez� a tocar.</p><p>Mucho m�s tarde, Niahrin averigu� que la m�sica que �ndigo extrajo del arpa de Cushmagar esa noche no hab�a sido escuchada nunca antes en el mundo mortal, y jam�s volver�a a serlo. Era, realmente, un <emphasis>aisling;</emphasis> pero un <emphasis>aisling</emphasis> tan extra�o, hermoso y melanc�lico que se introdujo en su propio esp�ritu, para abrirlo como una flor y a la vez desgarrarlo con una emoci�n tal que era casi demasiado fuerte para que su mente y su cuerpo lo soportaran. D�bilmente, mientras la exquisita y desgarradora melod�a se elevaba y ondulaba e inundaba la sala, la bruja escuch� el sonido de una mujer que lloraba, pero no pod�a decir ni saber si esa mujer que sollozaba con tanto sentimiento era Moragh, Brythere o ella misma. �ndigo sigui� tocando, las manos movi�ndose febriles, el rostro extasiado y r�gido, enmarcado por la masa de sus cabellos. Ten�a los ojos abiertos ahora, aunque miraba como alguien pose�do a un mundo que los otros jam�s podr�an ver, y su delgada figura estaba envuelta en una aureola plateada que se enroscaba a su alrededor como el humo.</p><p>Entonces, en el extremo opuesto de la sala, el fuego empez� a cambiar. Las llamas danzaban, se balanceaban a medida que el ritmo de la m�sica se tornaba m�s turbulento, pero de improviso Niahrin se dio cuenta de que perd�an color. Comenzaron a mezclarse y fundirse, su tono se hizo cada vez m�s p�lido, m�s p�lido, y su brillo aument� hasta que el hogar pareci� lleno de un deslumbrante c�rculo de luz blanca.</p><p>Y del centro de la luz, con la solemnidad de una extra�a cabalgata sobrenatural, surgi� una procesi�n de figuras humanas.</p><p>Kalig iba a la cabeza; un hombret�n alto con la corona de las Islas Meridionales centelleando sobre sus cabellos casta�o rojizos. Cogida de su brazo iba Imogen, su patricia y hermosa reina procedente de Khimiz, en el continente oriental; miraban a su alrededor, e inclinaban las cabezas regiamente, y sonre�an como aceptando la adulaci�n de una gran muchedumbre invisible.</p><p>La cabalgata se detuvo. Por un momento las fantasmales figuras permanecieron inm�viles; luego Kalig e Imogen se adelantaron solos. En la mesa, Ryen y Brythere estaban de pie. La joven reina se aferraba a su esposo aterrorizada, pero aunque quer�a mirar a otro lado no pod�a volver la cabeza, no consegu�a apartar la mirada de los silenciosos y elegantes fantasmas que desfilaban lentamente hacia ella. El rostro de Ryen era un suplicio de emociones en conflicto; asombro, miedo y pesar, todos ellos compitiendo por obtener prioridad. A medida que Kalig e Imogen se acercaban, �l empez� a apartarse de la mesa, como si tuviera intenci�n de ir a su encuentro... o como si, temi�ndolos, quisiera dejar paso a una reivindicaci�n m�s antigua y poderosa...</p><p>Pero los espectrales soberanos no llegaron hasta la tarima. En lugar de ello giraron a un lado, hacia donde �ndigo segu�a tocando, inmersa en el hechizo, sin darse cuenta de nada. Al aproximarse al arpa sus figuras se fueron encogiendo hasta tener apenas el tama�o de mu�ecos; entonces pasaron bajo el arco de la gran estructura de madera, parecieron fundirse por un instante con las temblorosas cuerdas, y, como un fuego fatuo, desaparecieron. Y Niahrin record� su tapiz junto a la chimenea, enmarcada en el resplandeciente c�rculo de luz, la procesi�n volvi� a ponerse en marcha. Ahora a su cabeza marchaba el pr�ncipe Kirra, hijo de Kalig y hermano de Anghara; un joven en lo mejor de la vida con todo el aspecto de una energ�a vibrante, que re�a, o eso parec�a, con un acompa�ante invisible. Tras �l avanzaba una anciana, menuda, afable y vigorosa como un arrugado reyezuelo, que agitaba un dedo y sonre�a y, en silencio, rega�aba cari�osamente. Luego ven�an otros: sirvientes, cazadores, guardabosques, cogidos del brazo, sonrientes, gastando bromas, saludando con la mano a amigos situados m�s all� que s�lo sus ojos pod�an ver. Uno a uno y de dos en dos desfilaron a lo largo de la sala, se dieron la vuelta, se encogieron, y desaparecieron en el interior de la melodiosa y pla�idera arpa.</p><p>Y entonces la naturaleza de la procesi�n empez� a cambiar. Primero apareci� un capit�n de barco, con una mujer fornida de aspecto temible a su lado. Luego un hombre y una mujer de m�s edad, �l de rostro cansado y aspecto nervioso, ella adornada con un tocado de tintineantes discos de cobre, y con ellos un joven que avanzaba con un contorneo arrogante. Tras ellos segu�a una muchacha que sujetaba con fuerza un broche de esta�o en forma de ave, y que lloraba de verg�enza por su rostro, desfigurado por la enfermedad; con ella iba un hombre alto y enjuto, los revueltos cabellos grises sujetos en un racimo de trenzas y los ojos llenos de furiosa pena. Detr�s, un hombre de piel morena y sensual belleza, y una mujer de su misma raza cuya expresi�n mostraba una triste melancol�a; entre ambos conduc�an a un muchacho de cabellos rubios y a una menuda y hermosa ni�a de cabellos dorados. Pis�ndoles los talones, avanzaba pavoneante una mujer de peque�a estatura con los cabellos muy cortos y las mejillas con joyas incrustadas en ellas, lo que la se�alaba como marinero davakotiano. Todas estas figuras atravesaron el arco del arpa unas tras otras, mientras �ndigo, inconsciente a todo, segu�a interpretando la melanc�lica melod�a.</p><p>En ese momento se produjo un revuelo de movimientos m�s fren�ticos en el c�rculo de luz. La m�sica del arpa vari� y se volvi� m�s veloz, m�s alegre; y de la chimenea surgi� un revoltijo de gentes que re�an a carcajadas, desde una ni�a peque�a hasta un hombre de mediana edad. Todos pose�an llameantes cabelleras rojas; uno lanzaba al aire palos de malabarista, otro realizaba un vertiginoso torbellino de volteretas hacia atr�s, en tanto que los otros, tomados de la mano, giraban en alegre baile. Aunque sus bufonadas eran mudas, Niahrin casi pod�a o�r el golpear del tambor y el misterioso campanilleo del organillo mezcl�ndose con el arpa; casi escuchaba los gritos de una muchedumbre que aplaud�a y ped�a m�s. Pero los comediantes no se quedaron; al igual que el resto se fundieron con el arpa, se fundieron con los recuerdos de �ndigo, y bruscamente la m�sica volvi� a cambiar para convertirse en una lenta y extra�a modulaci�n al aparecer la siguiente visi�n.</p><p>Este fantasma no era humano. Un enorme tigre de piel blanquecina emergi�, solitario y silencioso, del brillante c�rculo. No mir� ni a derecha ni a izquierda sino que avanz� con la gracia y la seguridad del poder indiscutido; sobre su cabeza y a lo largo de todo el lomo centelleaban unos copos de nieve. Tras �l, a respetuosa distancia, andaba una mujer cuyo rostro quedaba oculto bajo una capucha de piel; luego tres hombres j�venes, uno de los cuales resultaba curiosamente familiar a Niahrin, y dos mujeres tambi�n j�venes, y por �ltimo un hombre anciano ayudado por otra mujer que parec�a intentar consolarlo. Tambi�n �stos desaparecieron, y surgieron m�s mujeres, de piel de �bano y escasamente vestidas, con los brazos y rostros brillantes de sudor. Dos de ellas, una alta y de rostro duro la otra m�s baja, casi rechoncha, parec�an discutir. Las si gui� � Niahrin parpade� sorprendida ante el espect�culo una hilera de ni�os saltarines que parec�a interminable, hasta que por fin apareci� su guardi�n, persiguiendo a los �ltimos rezagados para que siguieran adelante. El guardi�n era una figura imponente, con una boca menuda de labios carnosos que parec�a fuera de lugar en un rostro tan sombr�o, pero al atravesar la sala sonri� con una sonrisa tan dulce que podr�a haber derretido las piedras.</p><p>Los ni�os y su benefactor se encogieron y desaparecieron en el interior del arpa, e �ndigo sigui� tocando a�n. Pero ahora sus ojos ciegos estaban llenos de l�grimas, y el <emphasis>aisling</emphasis> volv�a a cambiar a una melod�a agitada que suspiraba y lloraba y parec�a traer esperanza y desesperaci�n al mismo tiempo. Y una visi�n m�s penetr� en la sala. Apareci� en el interior del c�rculo de luz como un hombre surgido de las profundidades de un sue�o. Chispas plateadas centelleaban en su negra cabellera cuando sali� del hogar y se detuvo, mirando a su alrededor, con el entrecejo ligeramente fruncido. Al contrar�o que los espectros aparecidos antes, �l parec�a consciente de la existencia de la sala y de sus paralizados espectadores. Entonces vio a �ndigo... ��Anghara?</p><p>La voz produjo un escalofr�o a Niahrin, pues reconoci� el familiar timbre de Perd Nordenson. El arpa qued� brusca y repentinamente muda, e �ndigo levant� la cabeza</p><p>con un violento gesto. Sus ojos lo vieron, y el sonido que emiti� al aspirar con fuerza reson� por toda la estancia mientras los �ltimos ecos del <emphasis>aisling</emphasis> se desvanec�an. � Fenran... �El arpa se estrell� contra el suelo con un fuerte estr�pito, e �ndigo se incorpor� de un salto�. �FENRAN!</p><p>Corri� hacia �l con los brazos extendidos. Niahrin oy� c�mo Vinar lanzaba un grito de angustia cuando �ndigo y el espectro de su amante se abrazaron. Se produjo un forcejeo en la tarima, y se escucharon voces airadas y un golpe sordo; pero �ndigo y Fenran s�lo eran conscientes de la presencia del otro. Por fin se separaron.</p><p>�Fenran... �oh, mi amor...! �El rostro de �ndigo brillaba de alegr�a. Pero Fenran sonri�, y era la misma sonrisa desde�osa y cruel que Niahrin hab�a visto en el rostro de Perd en el s�tano.</p><p>�No �dijo �l�. A�n no, a�n no. �No lo comprendes, Anghara? �No ha terminado todav�a!</p><p>Se volvi�. Sus ojos grises abarcaron la tarima y a sus anonadados ocupantes, y se ech� a re�r.</p><p>�No hemos acabado con vosotros �anunci�, y entonces su mirada se clav� en la bruja�. S�lo queda un demonio, Niahrin. �No es eso lo que me dijiste? Bien, querida m�a, ten�as raz�n. Los dos sabemos su nombre ahora; pero �tienes el valor de decir el nombre en voz alta?</p><p>Y Fenran desapareci�.</p><p>��No! ��ndigo se tambale� hacia atr�s, y sus manos ara�aron el aire�. �No, No! �FENRAN!</p><p>Se lanz� en direcci�n a las puertas de la sala. Jes, recuperando la serenidad m�s deprisa que los otros, grit�:</p><p>��No, no la dej�is marcharse! �Ech� a correr tras ella, seguido de Niahrin, pero <emphasis>Grimya</emphasis> fue m�s r�pida. Adelant� a �ndigo y se detuvo en seco, para luego girar en redondo y cerrarle el paso hasta la puerta.</p><p>���ndigo, espera! �jade�, ronca por el esfuerzo y la emoci�n�. �Espera, p... por favor!</p><p>Los otros corr�an ahora tras Niahrin y Jes; al escuchar la voz de la loba, Brythere agarr� el brazo de su esposo.</p><p>��Ryen, ha hablado! �El animal ha hablado!</p><p>�ndigo baj� los ojos hacia su vieja amiga.</p><p>�<emphasis>Grimya...</emphasis></p><p>La voz le temblaba; parec�a confundida. De improviso, la barrera mental que hab�a mantenido sus mentes separadas desde el naufragio se desplom�, y en una especie de torbellino <emphasis>Grimya</emphasis> escuch� sus atormentados pensamientos.</p><p><emphasis>��Oh,</emphasis> Grimya, <emphasis>oh, mi amor! �Qu� me ha sucedido? �Que he hecho?�</emphasis> Y se cubri� el rostro con las manos, mientras las l�grimas le resbalaban por la cara.</p><p>���ndigo! �Era la voz de Vinar, quien, haciendo a un lado a Niahrin y a Jes, corri� junto a la muchacha�, �ndigo, �qu� ha sucedido? �La sujet� e intent� rodearle los hombros con el brazo�, �ndigo, �no comprendo! Por favor...</p><p>Ella lo mir�, y sus manos la soltaron al leer la verdad en sus ojos.</p><p>�Ha regresado �dijo ella en voz baja, y hab�a una clara nota tr�gica en su voz�. Mi memoria ha regresado. Lo recuerdo todo, absolutamente todo. Y..., y... �Pero no hab�a palabras para explic�rselo, nada que pudiera permitirle comprender.</p><p>Los otros empezaban a reunirse a su alrededor ahora. Rostros desconocidos, ansiosos, preocupados, asustados, �ndigo no soportaba mirarlos. El dolor que sent�a en su interior era demasiado terrible; todo lo que deseaba era correr, huir.</p><p>�Huir...�</p><p><emphasis>��Fenran!� Grimya</emphasis> percibi� el torrente de emociones que inundaba la mente de su amiga, y supo lo que �sta pensaba hacer.</p><p><emphasis>��ndigo, no, no puedes...�</emphasis></p><p><emphasis>��S�,</emphasis> Grimya! <emphasis>�S�, debo! �No lo ves, no lo recuerdas? �El me espera! �Espera en la Torre de los Pesares!�</emphasis> �ndigo gir� en redondo, de cara a los que la miraban, de cara a Vinar.</p><p>�Por favor �dijo en voz baja y temblorosa�. Ahora s� por qu� vine aqu�, y s� lo que debo hacer. Por favor, no intent�is imped�rmelo. No puedo hac�roslo entender, y no hay tiempo para intentarlo. Tengo que irme.</p><p>��No, �ndigo! �grit� Vinar�. No, no puedes. T�...</p><p>�Vinar...</p><p>Su voz era tan dulce y apenada que lo acall� a mitad de la frase. Lo mir� a los azules ojos, vio la herida que le hab�a provocado, y aquello casi le parti� el coraz�n.</p><p>Pero ahora no pod�a ofrecerle nada. Ten�a que decirle la verdad, por amarga que fuera.</p><p>�Vinar, no puedo casarme contigo. Habr�a estado mal, terriblemente mal, y nos habr�a tra�do la ruina a ambos. Lamento tanto haberte provocado..., el haberte provocado tanto... �Aspir� con fuerza y de forma entrecortada�. Gran Diosa, lo siento tanto; �lo siento tanto!</p><p>��ndigo... �Moragh se adelant�, con las manos extendidas�. Querida, si pudi�ramos...</p><p>�No. ��ndigo retrocedi� r�pidamente fuera de su alcance�. No, su alteza. No hay nada que decir; nada podr�a cambiarlo. Debo marcharme... El me espera, Fenran me espera. <emphasis>�Debo encontrarlo!</emphasis></p><p>Esquivando a <emphasis>Grimya,</emphasis> lleg� a la puerta y su mano se pos� sobre el tirador antes de que nadie pudiera detenerla. La puerta se abri� violentamente; con el rostro p�lido y los ojos llorosos, �ndigo dirigi� una �ltima mirada a Vinar.</p><p>�Lo siento... �repiti�, y desapareci�; el sonido de sus pasos a la carrera se fue perdiendo por el pasillo.</p><p>Durante varios segundos todos los presentes en la sala estuvieron demasiado aturdidos para hablar o moverse. Luego, bruscamente, el rey dijo en un estallido de c�lera:</p><p>��Maldita sea! Pero �qui�n se cree que es...?</p><p>��Ryen, no! �La voz de Moragh reson� con fuerza mientras �l se encaminaba a la puerta para ir tras �ndigo. Ryen se detuvo y la mir� enojado, y ella a�adi�: D�jala ir.</p><p>��Dejarla ir?</p><p>�S�. �El rostro de la reina viuda estaba blanco y muy serio�. Esto est� fuera de nuestras manos ahora.</p><p>�Pero ella va... �Ryen se interrumpi� al darse cuenta de que no sab�a lo que �ndigo hab�a hecho, o lo que pensaba hacer, o siquiera qui�n era en realidad. Hizo un gesto de total impotencia en direcci�n a Vinar, que permanec�a inm�vil como un muerto, con los ojos fijos en la puerta�. �Qu� pasa con �l? �Por �l, aunque no sea por otro motivo, hemos de traerla de vuelta!</p><p>�Mi se�or... �Era Jes quien hablaba ahora� Su alteza tiene raz�n. �Se apart� de Niahrin y se encar� con el monarca�. Lo que �ndigo, o quiz� deber�a decir ahora Anghara, piensa hacer es algo que le concierne a ella y s�lo a ella. No podemos ayudarla, ni podemos hacer nada por Vinar. �Hizo una pausa�. Creo, con todo respeto, que lo que hemos presenciado aqu� esta noche es prueba suficiente de ello.</p><p>�T� lo sab�as. �Los ojos de Ryen se entrecerraron�. Lo sab�as desde el principio, y no me lo dijiste...</p><p>�S�, mi se�or, lo sab�a �reconoci� Jes, cabizbajo�. S�lo puedo pedir vuestro perd�n.</p><p>Durante un buen rato Ryen lo contempl� fijamente. Luego gir� sobre sus talones y mir� a Niahrin con dureza.</p><p>�T� eres una mujer sabia, y est� claro por lo sucedido esta noche que t� tambi�n eras uno de los conspiradores principales en este enloquecido asunto. Muy bien, dej�moslo as�. �Qu� dices t� que debemos hacer?</p><p>Niahrin observaba a <emphasis>Grimya</emphasis> con inquietud.</p><p>�Estoy de acuerdo con su alteza, majestad �respondi� con calma�. Hemos de dejar marcharse a �ndigo. No tenemos otra elecci�n. Adem�s... �Vacil� y busc� la mirada del rey�. Creo que regresar� a Carn Caille antes de que transcurra mucho tiempo.</p><p>La reina viuda se adelant� y toc� la mano de su hijo con suavidad.</p><p>�Ryen, no se gana nada permaneciendo aqu� de pie discutiendo entre nosotros. Hay todav�a muchas cosas sobre este asunto que ni t� ni Brythere sab�is. �Dirigi� una ojeada a su hija pol�tica, que ten�a el entrecejo fruncido y parec�a absorta en sus pensamientos�. Y tambi�n debemos intentar hacer algo por el pobre Vinar, quien ha sufrido una conmoci�n mayor que ninguno de nosotros. Vayamos a mis aposentos, y Jes, Niahrin y yo os explicaremos lo que podamos.</p><p>�Pero �ndigo... �Ryen segu�a sin estar muy dispuesto a abandonar la idea de ir en su busca�. �Sabes adonde ha ido?</p><p>Moragh y Niahrin intercambiaron una breve mirada muy elocuente.</p><p>�Eso creo �repuso la reina viuda�. Pero tambi�n creo que no ser�a sensato seguirla. �Con destreza y firmeza pas� el brazo alrededor del de su hijo y con la otra mano atrajo a Brythere hacia ella�. Venid, queridos. Ser� lo mejor, y no hay nada m�s que podamos hacer de momento.</p><p>Una puerta m�s peque�a situada detr�s de la tarima conectaba directamente con los aposentos reales privados, y Moragh condujo a Ryen y a Brythere hacia ella. Jes convenci� con suavidad al aturdido Vinar para que los siguiera, y los cinco abandonaron la</p><p>sala. Al ver que <emphasis>Grimya</emphasis> no iba tras ellos, Niahrin se agach� junto a la loba.</p><p>��Qu� sucede, cari�o? �pregunt� en voz baja.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> lanz� un ga�ido y la mir� con ojos preocupados.</p><p>�No pu... puedo quedarme �respondi� con voz ronca�. Niahrin, tengo que ir tras �ndigo. S� lo que dijiste, pero... yo no puedo dejarla ir sola. Tengo miedo por ella, y... y es mi ammm... amiga.</p><p>La bruja comprendi�. Y era consciente del resto, de aquello que <emphasis>Grimya</emphasis> no dec�a ni quer�a decir. La loba sab�a que sobre ellos se cern�a una amenaza mucho mayor que el simple peligro que corr�a �ndigo. La bruja tambi�n lo sab�a, pero, por el momento al menos, guardar�an ese secreto entre las dos.</p><p>La mujer no habl�; se limit� a extender los brazos para rodear con ellos a la loba, y la abraz� con fuerza unos instantes. <emphasis>Grimya</emphasis> le lami� el rostro y, mientras Niahrin se volv�a a poner en pie, se dirigi� hacia la puerta principal y, desliz�ndose al otro lado como una sombra, desapareci�. Niahrin cerr� el ojo sano y sus dedos realizaron un dibujo m�gico en el aire.</p><p>�Que la Madre te otorgue buena suerte, querida m�a �musit�.</p><p>Unas leves pisadas sonaron a su espalda, y Niahrin gir� veloz.</p><p>Jes estaba de pie junto a la mesa de la tarima. Al ver la expresi�n consternada de la bruja sonri�, y se acerc� despacio.</p><p>�No temas; no dir� nada a nadie. �Se�al� con la cabeza en direcci�n a la puerta�. �Ha ido tras �ndigo?</p><p>�S�. No..., no creo que hubiera podido detenerla...</p><p>�Niahrin vacil� unos instantes y a�adi�: Incluso aunque hubiera querido hacerlo.</p><p>El bardo volvi� a asentir.</p><p>�Probablemente es lo mejor. �Se produjo una larga pausa� Niahrin... �dijo al cabo�, esto no ha terminado a�n, �verdad?</p><p>Era la pregunta que Niahrin hab�a estado intentando no pensar. Se estremeci�, comprendi� que Jes hab�a percibido su escalofr�o, y volvi� la cabeza.</p><p>No �repuso con calma�. No s� lo que suceder�, qu� forma tomar�. Pero s� adonde ha ido �ndigo, y creo comprender ahora qu� es ese lugar y qu� tiene el poder de hacer. �Por fin volvi� los ojos hacia �l�. Esto no ha terminado, Jes. No para �ndigo, y tampoco para nosotros.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 21</strong></p></title><empty-line/><p>La luna llena cabalgaba muy alta en el cielo veteada por delgadas nubes que pasaban veloces, y los haces de su luz barr�an el paisaje con inconstantes y siempre cambiantes dibujos de negro y plata. El color plata perfilaba las crines y las erguidas orejas del caballo gris oscuro mientras �ste galopaba, y el retumbar de sus cascos era un trueno ahogado que resonaba en el silencio de la noche. �ndigo estaba doblada sobre el cuello de la montura, con la melena suelta, ondeando como un estandarte. Sent�a el mordisco del viento en el rostro, el r�tmico movimiento de los m�sculos del animal bajo su cuerpo, y el recuerdo de otro momento, otra �poca, otra cabalgada igual, ard�a en sus venas como el fuego. Ella hab�a sido joven entonces, joven e impetuosa y temeraria; y la cita a la que hab�a acudido aquel d�a terrible hab�a desencadenado la cat�strofe. Pero ahora iba a ser diferente. Ahora, el tiempo del remordimiento y la aflicci�n hab�a finalizado, porque esta noche aquella antigua tragedia quedar�a borrada y sus consecuencias enmendadas. Esta noche volver�a a encontrarse con su destino... y ser�a un destino muy diferente del que la hab�a perseguido durante cincuenta a�os.</p><p>Las l�grimas le resbalaban por el rostro, mientras espoleaba al caballo para que corriera a�n m�s. L�grimas por los viejos recuerdos de su familia, sus amigos y todo lo que se hab�a perdido; l�grimas por ella misma y la carga que hab�a llevado sobre sus hombros durante medio siglo de vagabundeo. L�grimas, tambi�n, por Vinar, a quien hab�a injustamente enga�ado sin haber deseado jam�s herirlo. Pero, bajo las l�grimas, estaba la alegr�a de saber que el largo, largu�simo tiempo pasado entre esperanzas, esperas y anhelos tocaba casi a su fin. Su viaje hab�a terminado. Fenran aguardaba, y ella regresaba a casa.</p><p>Frente a ella, muy al sur, un p�lido resplandor fr�o brillaba en el horizonte. El coraz�n de �ndigo dio un vuelco, pues sab�a que este espectral fantasma era la luz de la luna que se reflejaba sobre las inmensas tierras polares, las tierras donde la nieve jam�s se fund�a y el mundo estaba hecho de hielo. En lo alto, por encima del hielo, parpadeaban espejismos sobrenaturales en el firmamento; las misteriosas luces de los faros de un pa�s de sue�os, un mundo en el que las pesadillas pod�an adquirir forma corp�rea... Pero ya no habr�a m�s pesadillas, porque su punto de destino estaba cerca.</p><p>Y cre�a haber conquistado a su �ltimo demonio.</p><p>Por fin la vio. Una mancha borrosa de oscuridad en la luz de la luna que brillaba ante ella, una sombra que era m�s que una sombra, angulosa y an�mala entre los otros contornos m�s suaves de las rocas, los matorrales y los guijarros. El caballo cabece� de repente e intent� retroceder, pero ella acort� las riendas y hundi� los talones con fuerza en sus ijares, mientras su mente instaba al animal a seguir como si con la sola fuerza de voluntad pudiera darle alas. La sombra fue aproxim�ndose m�s y m�s; entonces las nubes cruzaron brevemente ante la luna, y de improviso la sombra desapareci� y se encontr� cabalgando a ciegas. Aterrorizado por la repentina oscuridad, el caballo lanz� un agudo relincho, y el ritmo del golpear de sus cascos se troc� en un chacoloteo ca�tico cuando el animal gir� y se levant� sobre sus cuartos traseros, a punto casi de desmontarla. Aferr�ndose a las ondulantes crines, �ndigo aull� su rabia y frustraci�n al caballo, al tiempo que luchaba por conseguir dominarlo. Entonces el viento se llev� la nube, y la luna brill� sobre la tierra otra vez... y la Torre de los Pesares se alz� l�gubre e inh�spita ante ella.</p><p>El caballo volvi� a levantarse sobre sus cuartos traseros, y las herraduras de hierro levantaron chispas en el p�treo suelo cuando las patas delanteras descendieron con un violento impacto. �ndigo sali� despedida de su lomo, pero no hab�a soltado las riendas y, nada m�s <emphasis>aterrizar,</emphasis> tir� con fuerza del bocado. Por un momento pens� que iba a ser pisoteada, pero por fin el caballo se calm� y se qued� quieto, bufando y temblando, la cruz salpicada de sudor. Hab�a un arbusto no muy lejos, una pobre planta atrofiada pero bien arraigada en el suelo, y, conduciendo al caballo asta all�, at� las riendas a una rama. El coraz�n le martilleaba con fuerza y el est�mago parec�a un mar encrespado; sus dedos se mostraron algo torpes con el nudo pero finalmente consigui� hacerlo. Y el caballo qued� relegado al olvido en cuanto se gir� para enfrentarse a la culminaci�n de sus sue�os.</p><p>Cincuenta a�os atr�s, la Torre de los Pesares se hab�a alzado intacta en su solitario aislamiento sobre la tundra. Ahora se encontraba en ruinas. El techo hab�a desaparecido y las paredes se hab�an desplomado hasta quedar convenidas en irregulares pin�culos rotos que se recortaban claramente contra el cielo. Los escombros cubr�an una amplia zona alrededor del pie de la torre, e �ndigo empez� a abrirse paso con cuidado por entre los cascotes; ella sab�a muy bien c�mo y por qu� estaban all�. Incluso hab�a rastros de fuego en algunas de las piedras aplastadas...</p><p>Vio la puerta cuando se encontraba a s�lo doce o quince pasos de las ruinas, y se detuvo mientras nuevos recuerdos regresaban en tropel a su mente. La puerta era un simple rect�ngulo de madera, tan vieja que casi estaba petrificada. No hab�a cerradura �lo sab�a, y no la busc� pero rastros de �xido indicaban el lugar donde antes hab�a habido un pestillo de metal, que ahora se hab�a podrido por completo. �ndigo permaneci� muy quieta durante unos instantes. Pod�a o�r el d�bil sonido del caballo mordisqueando el arbusto; luego tambi�n se escuch� un raspar y tintinear del hierro cuando el animal se agit� inquieto, pero ella no se volvi�.</p><p><emphasis>No ten�a m�s que abrir la puerta. S�lo abrirla, y �l estar�a all�...</emphasis></p><p>Dio un paso al frente, y estir� la mano...</p><p>���ndigo!</p><p>El grito fue tan repentino e inesperado que el coraz�n de la muchacha pareci� ir a saltar de su pecho a causa del sobresalto. Gir� en redondo con tal brusquedad que casi perdi� el equilibrio cuando un pie patin� sobre una piedra, y sus ojos se abrieron de par en par.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se encontraba a pocos pasos de ella, con la cabeza baja y los ojos brillantes por el reflejo de la luz de la luna.</p><p>�<emphasis>Grimya...</emphasis> �Una oleada de emociones contrapuestas asalt� a �ndigo� �Qu� est�s haciendo? �Qu� quieres?</p><p>La loba le devolvi� la mirada, y ahora sus ojos eran suplicantes.</p><p>�No po... pod�a dejarte ir sola.</p><p>Las manos de �ndigo se cerraron con fuerza a sus costados.</p><p>��No deber�as estar aqu�! Esto es algo que debo hacer sola...</p><p>�Qui... z� lo es. Pero crrrreo que aqu� te espera una elecci�n, y s� cu�l ser� tu elecci�n. �No quiero que elijas eso!</p><p>��Una elecci�n? No, <emphasis>Grimya,</emphasis> no hay elecci�n. Ninguna.</p><p>�La hay. Lo s�. He vis... visto, �ndigo. He visto lo que habr�a sido de ti si no hubieras abierto esta puerta hace mucho tiempo. Y s� que lo que vi suceder� en realidad, si la vuelves a abrir ahora.</p><p>El pulso de �ndigo lat�a con fuerza en sus venas. Se sinti� repentinamente confusa, y la confusi�n engendr� c�lera.</p><p>��C�mo puedes saberlo? �exigi�. �No lo sabes..., no puedes! �Qu� has �visto� que me ha sido ocultado?</p><p>�Todo lo que Niahrin me mostr�. En qu� se ha convertido Fenran.</p><p>��Fen...? �En ese momento la c�lera de �ndigo se inflam�. Maldita sea tu insolencia, �qu� es lo que sabes de Fenran? Nada. �No sabes absolutamente nada de �l, y tampoco tu condenada bruja!</p><p>��Pero s� lo sabemos! �replic� <emphasis>Grimya,</emphasis> lastimera�. �Hay m�s cosas de las que t� sabes, m�s de lo que comprrrendes! ��ndigo, por favor, esc�chame! Dame la oportunidad de ex... explicar, y entonces t�...</p><p>��No! �Sacudi� la cabeza con violencia, neg�ndolo, negando incluso la posibilidad de que algo estuviera mal, y mir� a la loba furibunda�. <emphasis>Grimya,</emphasis> �por qu� haces esto? �Todos nuestros a�os juntas, toda esta b�squeda, toda esta espera, y ahora en el �ltimo momento te vuelves contra m�! �No tienes derecho a decir lo que est�s diciendo! �No tienes derecho a seguirme o a interferir! Pensaba que eras mi amiga y ahora...</p><p>��Es porque soy tu amiga que lo he hecho! �gimi� <emphasis>Grimya</emphasis> con desesperaci�n�. �Porque eres mi amiga y te quiero! ��ndigo, hemos estado equivocadas! �Equivocadas con respecto a Fenran, equivocadas con respecto a la torre, equivocadas con respecto a todo! Niahrin me ha mostrado...</p><p>De la oscuridad a su espalda surgi� una nueva voz.</p><p>�Niahrin te ha mostrado muchas cosas, loba. Pero ahora ya nada puede cambiar.</p><p>��Fenran! ��ndigo gir� en redondo... y se qued� helada.</p><p>El hab�a abierto la puerta en silencio y hab�a salido de la torre sin que ninguna de ellas se diera cuenta de su presencia. Pero sus cabellos eran blancos y su figura demacrada y el rostro arrugado por la edad. El hombre a quien Carn Caille hab�a conocido como Perd Nordenson sonri�, y a la luz de la luna su rostro era duro como la piedra.</p><p>��No me reconoces, mi amor? �Despu�s de todos estos a�os, ya no me reconoces?</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> gimi�, e �ndigo dio un paso atr�s.</p><p>�T�..., t� no eres... T� no puedes ser Fenran...</p><p>El viento agit� los delgados mechones del cabello de Fenran.</p><p>�Medio siglo prisionero de demonios produce cambios. Pero mi encarcelamiento no fue como t� lo hab�as imaginado, Anghara. Era otra clase de limbo; un limbo vivido en este mundo, envejeciendo y volvi�ndome loco sin ti, y siempre esperando, mientras que la esperanza resultaba cada vez m�s dif�cil de mantener a medida que transcurr�a el tiempo. Los demonios que me pose�an eran los demonios de la demencia. Yo estaba loco; ahora lo s�, y creo que incluso entonces lo sab�a, en mis pocos momentos de</p><p>lucidez. Pero todo este tiempo he estado aguardando a que regresaras para que pudi�ramos realizar esa elecci�n otra vez... y esta vez realizarla juntos.</p><p>�ndigo hab�a empezado a temblar sin control, y no pod�a parar. Era incapaz de creer que este hombre fuera su amor perdido; aunque, en una parte enterrada y oscura de su psiquis, algo empezaba a despertar... �No comprendo... �dijo, con voz apenas audible. �No. Pero lo har�s. Tenemos una oportunidad, Anghara. Tenemos una oportunidad de enmendar todos los antiguos errores, y ser tal y como �ramos en los viejos tiempos. Antes de la llegada de los demonios. �Extendi� una mano, llam�ndola�. Ven, amor. Entra otra vez en la torre. Los demonios se han ido. T� los derrotaste. Ahora, t� y yo eliminaremos al �ltimo de ellos.</p><p>���ndigo, no! �grit� <emphasis>Grimya,</emphasis> y Fenran le dirigi� una mirada mal�vola.</p><p>��Ah!; la voz de tu conciencia. He odiado a los lobos durante mucho tiempo, y ahora comprendo por qu�. M�rchate, loba. Regresa a tu bosque y oc�ltate ah�. No queremos saber nada m�s de ti.</p><p>�ndigo se hab�a dado la vuelta en respuesta a la s�plica de <emphasis>Grimya, y</emphasis> ahora volvi� a mirar en direcci�n a Fenran con repentina duda.</p><p>� <emphasis>Grimya</emphasis> no quiere hacernos da�o! Ella simplemente no... �Las palabras se interrumpieron de improviso. El anciano hab�a desaparecido, y en su lugar se encontraba Fenran tal y como ella lo hab�a conocido y amado: joven, inalterado, vivo�. �Oh, por la gran Diosa...! �Se llev� un pu�o a la boca�. �Oh, dulce Madre Tierra!</p><p>�Anghara. ��l extendi� los brazos, y su voz era c�lida�. �Tengo que esperar a�n m�s tu regreso? Una demoledora oleada de emoci�n estall� en el interior de �ndigo y la muchacha corri� hacia �l, olvidadas sus duras palabras, olvidada <emphasis>Grimya,</emphasis> olvidado todo lo que no fuera el vertiginoso j�bilo de su reencuentro. Sinti� c�mo sus brazos la envolv�an, y el calor y la energ�a de su cuerpo cuando �l la aplast� contra s�; percibi� los aromas dolorosamente familiares de sus cabellos, su piel, sus ropas. Su boca busc� la de �l con fren�tica avidez y su mente y su coraz�n se ahogaron en su beso.</p><p>��Regresa, Anghara, mi amor! �Su voz era un susurro apremiante y apasionado, que provocaba un estremecimiento por todo su cuerpo�. Regresa... �Ay�dame a hacer retroceder el tiempo y a ser joven otra vez! La torre..., la torre tiene la llave y el poder, �no lo ves, no lo comprendes? Entra en la torre conmigo, y ella dar� forma a nuestros sue�os y a nuestro destino como lo hizo antes; � s�lo que esta vez no habr� demonios ni separaci�n!</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> escuch� sus palabras, y supo que sus esperanzas se hab�an desvanecido. �ndigo estaba atrapada, porque el recuerdo de un amor con una antig�edad de m�s de cincuenta a�os era demasiado fuerte para que cualquier otro poder pudiera desafiarlo. Sin importar lo que pudiera ser de ella, lo que sin duda <emphasis>ser�a</emphasis> de ella, �ndigo seguir�a a Fenran a donde �l quisiera. De regreso a la Torre de los Pesares, a enfrentarse con su destino y a elegir su camino una vez m�s. Fenran le ofrec�a la oportunidad de volver atr�s el tiempo, de borrar el pasado y empezar de nuevo; y para �l eso significar�a una nueva vida, un retorno a la juventud y la recuperaci�n del lugar que en una ocasi�n hab�a ocupado, tanto en su coraz�n como a su lado. Durante cincuenta a�os �ndigo se hab�a aferrado a sus recuerdos de �l, y su imagen hab�a constituido una joya preciosa que deb�a recuperarse, el �nico objetivo que le hab�a proporcionado fuerzas y esperanza durante sus d�as m�s sombr�os. Pero el tiempo y la distancia hab�an alterado esos recuerdos, y el hombre a quien �ndigo hab�a venido a buscar no era el aut�ntico hombre, no era el aut�ntico Fenran. <emphasis>Grimya</emphasis> hab�a visto al aut�ntico Fenran, con todos sus defectos y flaquezas: �vido de autoridad, �vido de poder, celoso y resentido contra cualquiera que se interpusiera entre �l y sus deseos. Fenran ten�a las ambiciones de un rey, y la joven Anghara, como hija de un rey, hab�a sido el primer paso en su camino para realizar esas ambiciones.</p><p>Pero �ndigo estaba ciega. No pod�a ni quer�a ver la verdad que Perd hab�a mostrado a <emphasis>Grimya</emphasis> y a sus amigos en Carn Caille. Todo lo que ella sab�a era que su largo exilio hab�a finalizado; la vieja promesa estaba cumplida, y su amor hab�a vuelto a ella.</p><p>D�ndole la espalda a <emphasis>Grimya,</emphasis> se encaminaron a la puerta de la torre, entrelazados como si en cualquier momento fueran a fundirse el uno en el otro y convertirse en uno solo. El coraz�n de <emphasis>Grimya</emphasis> dio un agonizante vuelco. No pod�a dejar que �ndigo se marchara de esta forma. Por in�til que pudiera ser, ten�a que hacer un �ltimo intento...</p><p>���ndigo! �grit� como enloquecida.</p><p>�ndigo se detuvo, y volvi� la cabeza. La loba estaba de pie, temblando desde la cabeza hasta la cola.</p><p>��ndigo �suplic�, �por... por favor, esc�chame! �Fenran volvi� la cabeza enojado; apret� a la muchacha con m�s fuerza e intent� llev�rsela otra vez. Desesperada, <emphasis>Grimya</emphasis> aspir� con fuerza, y grit�: �Haz esto por m�, por favor! Aunque no quieras hacer nada m�s, haz esto, por nuess... nuestra amissstad. �Preg�ntale, pregunta a Fenran, preg�ntale qu� ser� de ti! �Preg�ntale en qu� os habr�is convertido los dos, dentro de cincuenta a�os!</p><p>Por un momento �ndigo permaneci� inm�vil. Un leve fruncimiento apareci� en su frente, y la esperanza regres� a <emphasis>Grimya.</emphasis> Pero entonces la expresi�n de la muchacha se aclar�. Sonri�, pero su sonrisa era de l�stima y carec�a de aut�ntico significado.</p><p>�Siento que esto deba terminar as� para ti, <emphasis>Grimya</emphasis> �dijo�. Has sido una buena amiga para m�, y no te olvidar�. Pero �ste es el final de mi viaje. Adi�s, querida <emphasis>Grimya. </emphasis>Yo te bendigo.</p><p>Se dio la vuelta, y penetr� con Fenran en la Torre de los Pesares.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> no emiti� el menor sonido. Se limit� a contemplar la desmoronada torre, los ojos fijos en el negro agujero rectangular de la entrada, abierto all� como la boca de un profundo y terrible pozo. Las figuras de �ndigo y Fenran penetraron en esa boca, se fundieron con la oscuridad, desaparecieron, y el ruido de la puerta al cerrarse pareci� resonar por la tundra con hueca y terrible irrevocabilidad.</p><p>Durante quiz�s un minuto la noche permaneci� en un completo silencio. Luego �ste fue roto por un l�brego sonido resonante cuando la loba alz� el hocico y lanz� un solitario aullido de pena y desolaci�n, un lamento por la verdad que �ndigo no comprend�a y se negaba a escuchar.</p><p>Fenran era el s�ptimo demonio de �ndigo... y con mucho el m�s poderoso de todos.</p><p>��Duerme? �Jes penetr� silenciosamente en la habitaci�n y contempl� la rubia</p><p>cabeza de Vinar que descansaba sobre la almohada.</p><p>�S�; por fin.</p><p>El rostro de Niahrin se llen� de compasi�n al recordar los sollozos, la congoja, el desconcierto mientras permanec�a sentada junto al lecho y sosten�a las manos de Vinar e intentaba llevar alg�n alivio a un alma que no pod�a ser consolada. Hab�a contado a Vinar todo lo que pod�a ��l lo hab�a deseado as�, hab�a suplicado saber, y ella no pod�a negarle lo que ped�a� pero, aunque �l hab�a hecho un esfuerzo por comprender, segu�a a�n demasiado abrumado por la pena. Con el tiempo, quiz�, la pena se desvanecer�a y comprender�a, pero no a�n. No durante mucho tiempo.</p><p>�Me pregunto si podr� perdonarla alguna vez �reflexion� Jes en voz baja.</p><p>��Oh, s�! �respondi� la bruja, levantando la cabeza�. Vinar no es de esa clase de hombres; no est� en su naturaleza ser rencoroso, y yo dir�a que ni siquiera sentirse amargado. Creo que ya la ha perdonado. Simplemente no soporta su p�rdida.</p><p>�En ese caso nos averg�enza a todos. �El bardo se acerc� a la ventana y apart� la cortina�. Bien, todos lo saben ahora. Su alteza y yo hemos contado a Ryen y a Brythere toda la historia. �Con gesto fatigado se pellizc� el puente de la nariz�. No fue f�cil. Pero est�n preparados, ahora, para lo que pueda suceder. Y en cuanto a eso... ��En cuanto a eso? Jes dej� caer la cortina.</p><p>�Niahrin, �quieres venir conmigo? Hay algo que tengo que hacer en la sala. �Sus ojos centellearon con un curioso brillo bajo la luz de las velas�. Por favor...</p><p>Ella comprendi� que hab�a algo m�s detr�s de la solicitud, y asinti�.</p><p>�Desde luego. �Volvi� la cabeza para echar una ojeada a Vinar�. No despertar� durante un rato. La pena lo ha agotado...</p><p>Abandonaron la habitaci�n juntos y recorrieron con pasos quedos los pasillos desiertos. Carn Caille estaba envuelto en un manto de silencio; hac�a tiempo que los criados estaban en la cama, y la �nica luz de la ciudadela era un apagado resplandor que se filtraba desde detr�s de las cortinas cerradas de los aposentos privados de Moragh, al otro extremo del patio. El farol que Jes llevaba proyectaba un reconfortante haz de luz, pero incluso as� Niahrin sinti� que un escalofr�o le recorr�a el cuerpo cuando el bardo abri� la puerta del Sal�n Menor y penetraron en su interior. La sala estaba tal y como ellos la hab�an dejado: platos y copas sin retirar, el fuego encendido a�n, aunque ahora s�lo quedaban rescoldos. En medio de las parpadeantes sombras, las tiras de flores y hojas parec�an incongruentes; casi, pens� Niahrin, obscenas...</p><p>�Se trata del arpa �dijo Jes en voz baja mientras cruzaban la habitaci�n�, el arpa de Cushmagar. No me parece... decente, por alguna raz�n, dejarla tirada donde cay�, y esa idea me ha estado molestando desde hace m�s de una hora. �Se volvi� hacia la bruja y le sonri� avergonzado�. �Te parece est�pido? Ella sonri�, pero con cierta inquietud. �No; no me lo parece.</p><p>Se acercaron a la ventana. El arpa de Cushmagar yac�a en medio de una mancha de luz de luna que se filtraba por entre las guirnaldas. Al acercarse, Niahrin distingui� un destello de algo m�s peque�o sobre el suelo: su flauta. Se inclin� para recogerla, acarici� la suave madera, y se reuni� con el bardo, que estaba inm�vil junto a la tumbada arpa.</p><p>�No es tan pesada como parece �dijo Jes�. Si los dos...</p><p>Se interrumpi�. Los dos lo hab�an o�do: el d�bil eco de un sonido, como un suave quejido.</p><p>�Ha salido del arpa... �El rostro de Jes palideci�.</p><p>Niahrin no respondi�. Desde el momento en que Jes le hab�a pedido que lo acompa�ara hasta aqu�, ella hab�a sentido que algo como esto iba a suceder. Y el arpa de Cushmagar... s�, �era el m�dium perfecto! A trav�s de los a�os, a trav�s del abismo de la muerte, el anciano bardo volv�a a enviarles una advertencia...</p><p>��Jes! �exclam�. Coge el arpa... �R�pido, ay�dame a levantarla!</p><p>De repente sab�a exactamente lo que deb�a hacerse. Como si su ojo vidente se hubiera abierto otra vez por s� mismo, el pasado y el futuro y los mundos de lo que podr�a haber sido despertaban y se fusionaban de nuevo. Agarr� el instrumento y tir� con todas sus fuerzas; Jes, impelido por la certidumbre de la bruja, lo sujet� por el otro extremo. El arpa se levant�, <emphasis>se</emphasis> balance�, y por fin se qued� quieta... y las cuerdas se estremecieron violentamente mientras una terrible y estrepitosa disonancia resonaba en la sala. Niahrin salt� hacia atr�s asustada, pero las manos de Jes segu�an aferradas al instrumento.</p><p>��Niahrin! �Hab�a p�nico en su voz�. �Niahrin, no puedo soltarme! �No puedo soltarme!</p><p>Se debat�a, y los pies resbalaban sobre el suelo de piedra, pero era como si otras manos invisibles se hubieran apoderado de sus dedos y los sujetaran con una fuerza sobrenatural. El arpa se balance� otra vez, violentamente, y emiti� un nuevo estr�pito aterrador. De improviso, Niahrin comprendi�.</p><p>��Jes, d�jala tocar! �grit�. �Deja que toque a trav�s de ti! Eso es lo que quiere, eso es lo que est� intentando decirnos. �Toca, Jes!</p><p>El rostro del joven bardo estaba perlado de sudor. Girando en redondo, Niahrin agarr� el taburete colocado junto al arpa del joven, situada un poco m�s all�, y lo empuj� hacia �l.</p><p>��Toca! �volvi� a instarlo.</p><p>�l no pod�a hacer otra cosa m�s que obedecer. Incluso mientras sus piernas se doblaban y se desplomaba sobre el taburete, sus dedos se mov�an ya y el desafinado estruendo del arpa se torn� de improviso en m�sica. Una m�sica veloz, enojada, casi desesperada, al tiempo que el poder del <emphasis>aisling</emphasis> brotaba de nuevo y flu�a a sus manos. Tambi�n las manos de Niahrin se pusieron en movimiento y arrancaron el parche de su ojo. No hab�a tiempo para razonar, ni espacio para la l�gica; sencillamente sab�a lo que deb�a hacerse, y con toda su fuerza de voluntad oblig� a su poder de vidente a surgir en su interior. Sombras deformes parpadearon por la sala cuando su visi�n terrena y la sobrenatural chocaron; hab�a rostros en las sombras, rostros y personas, pero no pod�a distinguirlas con claridad, pues el poder no era suficiente...</p><p>��Abuela! �grit� Niahrin con voz aguda�. �Si es que alguna vez amaste a tu nieta, ay�dame! �Pr�stame tu fuerza y tus habilidades, y ay�dame ahora!</p><p>Sinti� la irrupci�n de algo impetuoso, como un helado viento del sur; luego, de repente, la escena que ten�a delante cambi� y se convirti� en un pandem�nium. <emphasis>Un patio enorme lleno de hombres y mujeres, una masa hormigueante de seres humanos que luchaban por sus vidas mientras, en una oleada interminable tras otra, ca�a sobre ellos una legi�n sacada de un mundo de pesadilla: monstruos alados, horrores babeantes, habitantes de un infierno inimaginable. Negras columnas de humo se elevaban ondulantes por encima de las altas murallas, y hab�a llamas en el humo; y, al otro lado del repugnante velo de humo que lo envolv�a todo, el sol y la luna chocaban en el cielo. El sol era negro y la luna de color bronce, y el aullante estr�pito de la batalla sacud�a las piedras y el aire, mientras sitiados y sitiadores por igual luchaban, chillaban y mor�an.</emphasis></p><p><emphasis>Y en lo alto de la muralla las vio: dos figuras humanas, que re�an a carcajadas mientras instaban a los demonios a una mayor destrucci�n. La vieja y el loco, la reina y su consorte: Indigo y Fenran...</emphasis></p><p>Niahrin chill� como un alma pose�da, y levant� ambas manos para cubrirse el rostro. No pod�a mirar, no pod�a presenciarlo; era algo demasiado horrible para soportarlo...</p><p>��Niahrin!</p><p>El mundo en el que se desarrollaba la batalla se hinch� como un globo, se hizo a�icos, y la calma cay� sobre ella al desvanecerse la visi�n. Se encontraba ca�da boca abajo y Jes, agachado a su lado, intentaba incorporarla. El arpa lo hab�a soltado y estaba silenciosa, aunque los �ltimos ecos de su salvaje m�sica todav�a resonaban en los o�dos de la bruja. Niahrin se dio la vuelta con dificultad y se sent� en el suelo; mir� al bardo a los ojos y supo que tambi�n �l hab�a visto �y comprendido� lo que el <emphasis>aisling</emphasis> hab�a revelado.</p><p>�Niahrin... �El rostro de Jes estaba blanco como el papel, y su respiraci�n era d�bil y entrecortada�. Niahrin, �era cierto? �Es eso lo que suceder�, si...?</p><p>�Si �ndigo vuelve con Fenran. Si entra en la torre y hace retroceder el tiempo, s�. � Niahrin trat� de sentarse erguida, y tosi�. La boca se le llen� de saliva pero no pudo tragarla�. Los demonios regresar�n, Jes. Antes, cincuenta a�os atr�s, eran los demonios de �ndigo; los deseos, las emociones y las flaquezas que hab�a en su interior, con los que hab�a de enfrentarse y reconciliarse si deseaba realizarse como persona. Pero esta vez... �Volvi� a toser, y todo su cuerpo se estremeci�. Esta vez son los demonios de Fenran, y poseen un poder terrible, porque Fenran no hab�a conquistado a sus demonios en la forma en que �ndigo lo ha hecho con los suyos. En lugar de ello, �l los ha..., los ha alimentado, los ha buscado, y ellos se han apoderado de �l. A lo mejor jam�s habr�a podido ser de otra manera. Quiz� Fenran sencillamente carece del... del valor que �ndigo tuvo; el valor para realizar el viaje que habr�a reconciliado a la oscuridad y la luz que hay en su interior. No lo s�, Jes. No lo s�. Pero, si �ndigo escoge el camino de Fenran, su sendero, entonces los demonios regresar�n, y la visi�n se realizar�. El bardo se incorpor� de un salto. ��Niahrin, tenemos que impedirlo! De alguna forma, hemos de...</p><p>��No podemos! No tenemos el poder... No podemos obligar a �ndigo a hacer la elecci�n correcta. �No lo comprendes? Ella ha llegado a su noche m�s oscura, pero es <emphasis>su</emphasis> oscuridad. �Tiene que escoger libremente!</p><p>��No! �insisti� Jes�. �No, est�s equivocada! �C�mo puede �ndigo elegir libremente cuando ni siquiera comprende lo que est� eligiendo? Ella no lo sabe, Niahrin; ella no sabe la verdad sobre Fenran; �nadie se la ha contado, nadie se la ha</p><p>mostrado!</p><p>Con una sacudida que era como un pu�etazo en la boca del est�mago, Niahrin comprendi� que �l ten�a raz�n. �ndigo no pod�a elegir libremente, porque su informaci�n estaba desvirtuada por viejos recuerdos falsos. Ella no se dar�a cuenta de adonde conducir�a su camino. No hab�a nadie para mostrarle la aut�ntica naturaleza de su �ltimo demonio...</p><p>Jes vio la comprensi�n y el horror que se pintaban en el rostro de la bruja, y la sujet� con fuerza por los hombros.</p><p>��Niahrin, tiene que haber una forma! <emphasis>Tiene</emphasis> que existir! Si cogi�ramos los caballos m�s veloces y cabalg�ramos tras ella...</p><p>�Llegar�amos demasiado tarde. Tal vez ya es demasiado tarde. Jes, no hay nada que podamos hacer para detener a �ndigo, nada que... �Sus palabras se interrumpieron bruscamente.</p><p>��Qu�? �inquiri� Jes, apremiante�. �Qu� es, qu� has pensado?</p><p>�<emphasis>Grimya...</emphasis> �Apartando las manos del bardo, Niahrin se puso en pie con dificultad�. <emphasis>Grimya</emphasis> fue tras ella, a la torre.</p><p>�Pero no podemos llegar hasta <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>�Ella tiene poderes telep�ticos. �La bruja le dirigi� una veloz mirada�. �No lo sab�as? Claro, �c�mo pod�as saberlo? Pero ella me lo cont�.</p><p>��Puedes llegar hasta su mente? �Los ojos del bardo se iluminaron.</p><p>�No. Yo..., yo jam�s he pose�do ese talento. �Sin embargo, pens�, ella y la loba hab�an llegado a ser tan �ntimas... �Ser�a posible? �Podr�a ella romper la barrera?</p><p>�Int�ntalo. �Jes la sujet� de nuevo por los hombros�. Por favor, Niahrin, int�ntalo. �No hay nada que perder! El poder del <emphasis>aisling</emphasis> hab�a sido tan grande... Seguramente podr�a existir alguna posibilidad. De improviso, los dedos de Niahrin empezaron a cosquillear. Era la vieja se�al, la se�al de que la magia despertaba...</p><p>Sin perder un minuto, tom� una decisi�n. Se apart� de Jes y atraves� la sala en direcci�n a la chimenea. Sur..., s�, era el sur. Y el fuego, que todav�a ard�a d�bilmente, podr�a proporcionarle el impulso que necesitar�a.</p><p>Se dej� caer en cuclillas sobre la piedra de la chimenea, y la voz surgi� siseante de su garganta. �<emphasis>�Grimya! Grimya,</emphasis> esc�chame! <emphasis>Grimya,</emphasis> esc�chame! El moribundo fuego chisporrote� y pareci� emitir un d�bil quejido... como el ga�ido de un lobo. Niahrin se aferr� a eso, lo sujet� con fuerza en su mente. �<emphasis>�Grimya! Grimya,</emphasis> esc�chame! <emphasis>�Grimya!</emphasis> Una ligera nube de chispas vol� hacia arriba. Chispas, como los ojos de un lobo... �<emphasis>Grimya. Grimya.</emphasis> Mira, <emphasis>Grimya.</emphasis> Mira. Lejano, muy d�bil, lleg� un sonido a su cerebro, una voz que conoc�a.</p><p><emphasis>�Niahrin..., Niahrin. Te percibo, pero no puedo o�r. No puedo o�r, no puedo ver...�</emphasis></p><p>Niahrin cerr� el ojo derecho, para suprimir todo su entorno f�sico, y concentrarse desesperadamente en aquel delgado hilo de voz.</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> �Esc�chame, <emphasis>Grimya!</emphasis> �Int�ntalo! �Ay�dame! <emphasis>�No es suficiente..., no es suficiente...�</emphasis> Entonces Niahrin comprendi� que s�lo exist�a una forma para concentrar todo el poder y darle la fuerza que necesitaba. Una oleada, un momento, ser�a suficiente. Una acci�n, que la impulsara sobre el abismo y la uniera con la loba...</p><p>Se concentr� en la visi�n con toda la intensidad de que fue capaz; reuni� valor...</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> �Mira, <emphasis>Grimya!</emphasis> �MIRA! �Y hundi� las manos en el fuego.</p><p>El dolor la inund� mientras hund�a los dedos profundamente en las abrasadoras ascuas. Un mont�n de chispas salieron despedidas hacia arriba; algunas se prendieron en sus cabellos, humeantes; y, con un sobresalto que casi eclips� el dolor f�sico, sinti� c�mo el poder brotaba como un torrente de ella y se perd�a en la noche en una �nica y abrumadora oleada. ��Niahrin!</p><p>Jes corr�a ya hacia ella; le apart� las manos del fuego y la arrastr� lejos de la piedra de la chimenea hasta un lugar seguro. Ella se dej� caer contra �l y se mordi� el labio inferior para soportar el dolor que de repente la invad�a con toda su fuerza. Sus enrojecidas manos, cubiertas de ampollas, se abr�an y cerraban impotentes mientras intentaba en vano deshacerse de aquel dolor insoportable, y su rostro estaba desencajado por la conmoci�n sufrida. Pero, incluso en medio de su agon�a, se volvi� hacia �l.</p><p>�Funcion�... �Su voz era un d�bil graznido�. Llegu� hasta ella... Consegu� hacerlo. �Llen� los pulmones de aire con un desagradable sonido�. Pero, �oh, Jes!, duele..., �no sabes c�mo duele!</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 22</strong></p></title><empty-line/><p>La luz de la luna no pod�a alcanzarlos all�. La oscuridad los cubr�a, como suaves y sofocantes pliegues de terciopelo, pero ellos no necesitaban iluminaci�n. �Tantos a�os interminables�, le hab�a musitado �l, y las seguras paredes de la Torre de los Pesares que los rodeaban le hab�an devuelto su dulce voz en un tr�mulo remolino de ecos. �Oh, mi amor, mi preciosa Anghara, han pasado tantos, tant�simos interminables a�os...�</p><p>Y ahora las palabras que pronunciaban entre los besos, los murmullos y las galanter�as, ya no importaban, ya no ten�an ni significado ni prop�sito. Le bastaba con escuchar el sonido de su voz, sentir el contacto de sus manos mientras le enjugaba las l�grimas con sus caricias, estar con �l... Era el �xtasis, el embeleso, la �ltima y definitiva realizaci�n de sus sue�os. �Si yo muriera ahora, si fuera a suceder, morir�a satisfecha de que mi vida hab�a sido completa...�</p><p>�Anghara, Anghara... �En sus labios el nombre adquir�a un timbre especial, una exquisita intimidad que s�lo ellos compart�an y comprend�an�. Ha llegado el momento, amor. Ha llegado el momento. Ay�dame, cari�o. Hazme completo otra vez, y recuperaremos lo que hemos perdido...</p><p>Mientras hablaba la iba empujando hacia la pared... y de repente brill� una luz en el interior de la Torre de los Pesares. D�bil y blanquecina, como la diminuta esfera de una luci�rnaga, brillaba cerca del suelo en un rinc�n polvoriento, e �ndigo baj� la vista hacia ella con asombro.</p><p>��Qu� es? �pregunt� en voz baja.</p><p>Fenran le bes� los cabellos.</p><p>��No lo sabes, amor? �No lo recuerdas? Mira. �Se dej� caer en cuclillas, arrastr�ndola con �l, y su mano se estir� en direcci�n al puntito de luz�. Mira, Anghara.</p><p>El puntito de luz creci� de improviso hasta convertirse en un resplandor difuso, y la memoria de �ndigo retrocedi� medio siglo en el pasado.</p><p>En el suelo de la torre hab�a un arc�n. Estaba hecho de metal �o de algo que parec�a metal� y su color no era exactamente plateado, ni tampoco de bronce, ni tampoco un acerado azul gris�ceo. La luz no brillaba sobre el arc�n sino que surg�a de �l, y a su tenue luz advirti� que el arc�n no ten�a ning�n adorno; ni siquiera una l�nea que indicara d�nde se reun�an el cofre y la tapa.</p><p>La mano de Fenran busc� la suya y oprimi� sus dedos con fuerza.</p><p>��Ahora lo recuerdas, mi amor?</p><p>Ella recordaba, y la emoci�n que la embarg� era una combinaci�n de terror y asombro. Cincuenta a�os atr�s, aqu� en esta misma torre, ella hab�a encontrado un arc�n sin adornos y hab�a levantado la tapa y...</p><p>��Oh, no! �Empez� a retroceder�. �Oh, no, no...!</p><p>��Silencio! �Fenran la atrap� y la apret� contra �l en adem�n protector�. �No pasa nada, Anghara, no pasa nada! No hay demonios, no ahora. �No lo ves? Esta es la forma de escoger de nuevo nuestro destino, de hacer retroceder el tiempo y darnos una segunda oportunidad. Nuestra oportunidad <emphasis>juntos.</emphasis> Levanta la tapa, cari�o m�o. Lev�ntala otra vez, y mira.</p><p>Ella contempl� el arc�n fijamente, incapaz de hablar.</p><p>�Nuestra segunda oportunidad, mi amor �repiti� Fenran. Su voz era dulce, zalamera, llena de entusiasmo y esperanza�. �No comprendes qu� es el arc�n? Es un manantial, y lo que contiene es el futuro. Tu futuro, mi futuro; el de todo el mundo y cada uno de nosotros, si se tiene el valor de abrirlo y mirar en su interior.</p><p>�Pero... ��ndigo temblaba�, pero yo ya he mirado una vez en su interior. Y...</p><p>�Siempre hay una elecci�n que realizar. Antes, t� escogiste la equivocada; escogiste movida por el miedo, y no por el amor. Esta vez, ser� diferente.</p><p>Su mano se mov�a, guiando la de ella hacia la brillante superficie del arc�n. Pero ella segu�a sintiendo miedo.</p><p>�Fenran... �La voz se le quebr�. Fenran..., �qu� nos deparar� nuestro futuro? �Qu� nos suceder�, si nosotros...?</p><p>�Deja que te lo muestre. �La presi�n de sus dedos aument�, apremiante ahora�. Por favor, Anghara. Por favor, amor. No me niegues mis esperanzas. �No rechaces nuestra oportunidad de ser felices!</p><p>Se volvi� para mirarlo a los ojos, y, cuando vio la expresi�n que hab�a en ellos, los �ltimos restos de resistencia se derrumbaron. �No hab�a sido �sta su �nica ambici�n durante sus cincuenta a�os de vagabundeo y lucha? �No era esto lo que hab�a ansiado, lo que hab�a esperado, aquello por lo que tanto hab�a rezado? Hab�a fallado a Fenran en una ocasi�n... �No volver�a a fallarle!</p><p>Escuch� a su propia voz decir: �S��.</p><p>Tocaron el arc�n juntos. Se produjo una sensaci�n de movimiento, de algo que se agitaba a su contacto; �ndigo escuch� un r�pido siseo, como de aire que escapara, y por un instante los agujeros de su nariz se hincharon al percibir un olor �casi un hedor� que pas� raudo junto a su rostro. Entonces el fr�o metal pareci� vibrar bajo sus dedos, y la tapa se alz�.</p><p>�ndigo no sab�a lo que hab�a esperado ver en su interior. No hab�a habido tiempo para pensar ni reflexionar... pero, mientras bajaba la mirada, los recuerdos de su �ltima y prohibida estancia regresaron con total nitidez a su memoria. Porque, como entonces, el arc�n estaba vac�o. Ni una reliquia, ni una clave; ni siquiera un resto de polvo como prueba de que algo se hab�a podrido all� dentro. Y volvi� a sentir aquella horrible e intensa sensaci�n de haber sido enga�ada, de haber quebrantado todas las leyes y todos los tab�es para llegar hasta la Torre de los Pesares, para que al final la torre la decepcionara...</p><p>�Fenran... �Apart� la mano de la tapa y, sujet�ndose a su brazo con fuerza, musit� con consternaci�n mezclada de repentina aprensi�n�: �No hay nada aqu�! Pens� que esta vez lo habr�a...</p><p>Y su voz se apag� cuando, detr�s de ella, algo lanz� un suspiro suave y satisfecho.</p><p>�ndigo se puso en pie de un salto y gir� en redondo tan deprisa que dio una patada al arc�n, el cual fue a estrellarse contra la pared. Dos figuras oscuras se hab�an materializado en la torre a su espalda, y, al verlas, sus ojos se abrieron desmesuradamente, horrorizados.</p><p>�Fenran...</p><p>Extendi� la mano para cogerse a �l. Tante� en la penumbra, pero �l no estaba all�. Y las dos figuras, el anciano loco con el rostro de su amado, y la vieja resentida de los ojos azul violeta, le sonre�an, y entre ambos sujetaban un cuchillo con una larga hoja reluciente.</p><p>�ndigo aull� el nombre de Fenran, girando de nuevo. Se hab�a ido, hab�a desaparecido... y los dos fantasmas avanzaban hacia ella, despacio pero con decisi�n, el cuchillo levantado ahora y apuntando a su coraz�n.</p><p>El miedo de la muchacha se transform� en p�nico. Se lanz� hacia la puerta y la abri� con tal violencia que los viejos goznes se partieron y la puerta cay� hacia afuera con estr�pito y levant� una nube de polvo.</p><p>��Fenran! �Pas� corriendo por encima de la ca�da puerta como si fuera un puente levadizo, y sali�, tambaleante, a la tundra�. �Fenran! �D�nde est�s?</p><p>Percibi� un movimiento borroso a un lado, algo que corr�a hacia ella, y se volvi� con rapidez. Pero no era Fenran; se trataba de <emphasis>Grimya,</emphasis> una franja gris a la luz de la luna, fren�tica y aullante.</p><p>��ndigo, �qu� ha sucedido? �Intensificada por una enloquecida oleada mental, la voz de la loba se abri� paso con violencia a trav�s del torbellino en que se hab�a convertido su cerebro.</p><p>��D�nde est�? �Su anterior conflicto olvidado, �ndigo cay� de rodillas junto al animal y la sujet� por el pellejo mientras chillaba�: �D�nde est� Fenran?</p><p>�Sssali� corriendo... Intent� detenerlo, intent� alcanzarlo, pero...</p><p>��Adonde fue? �Adonde? �Tienes que dec�rmelo!</p><p>�Al norte �jade� <emphasis>Grimya</emphasis>�. Al norte, en direcci�n a...</p><p>Un repentino y ominoso retumbo ahog� el resto de sus palabras. Con una sacudida, como si hubiera recibido un pu�etazo, �ndigo gir� como una peonza para mirar la Torre de los Pesares, y profiri� una exclamaci�n ahogada que se transform� en un gemido de horror.</p><p>La torre se estremec�a. Aparec�an grietas en sus muros; en lo alto, en la destrozada parte superior, pedazos de mamposter�a se balanceaban y tambaleaban y empezaban a caer. Y del interior se elevaban columnas de humo espeso.</p><p>S�lo que no se trataba de humo: era oscuridad. Una oscuridad f�tida, grasienta, sofocante; la oscuridad de un infierno viviente liberado sobre la tierra, la oscuridad de los demonios. Volv�a a suceder. Tal y como hab�a sucedido cincuenta a�os atr�s... �volv�a a suceder!</p><p>�� <emphasis>Grimya,</emphasis> ay�dame! �Tante� a su alrededor, perdi� el equilibrio y, volviendo a incorporarse, tendi� una mano hacia la loba�. �Ay�dame, por favor! En el nombre de la Madre, �debo encontrar a Fenran!</p><p>Pero <emphasis>Grimya</emphasis> no contest�. Estaba totalmente paralizada, y aunque sus ojos contemplaban la torre no la miraban, no la ve�an. Un sonido chirriante surgi� de su garganta; un repentino escalofr�o le recorri� el cuerpo...</p><p>��Es Niahrin! �Intenta llegar a nosotras!</p><p>El p�nico de �ndigo se reaviv�. La oscuridad se elevaba ahora por encima de la torre, m�s negra, m�s espesa...</p><p>��Maldita sea Niahrin! �aull�. <emphasis>Grimya,</emphasis> �no lo comprendes, no ves lo que sucede? Hemos de...</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> gru��, y el segundo escalofr�o que la estremeci� estuvo a punto de derribarla. Se tambale� de costado, y la potencia de su grito mental puso r�gida a �ndigo.</p><p>��No <emphasis>es suficiente, Niahrin! �No es suficiente!�</emphasis></p><p>De la torre brot� otro profundo rugido, y todo el edificio gimi� como una monstruosa alma atormentada. El aire se torn� viciado y apestoso, y la oscuridad se intensific�. �ndigo volvi� a chillar a <emphasis>Grimya,</emphasis> en un intento de conseguir que la escuchara, pero la loba no le prestaba atenci�n. Entonces, repentinamente, el animal ech� hacia atr�s la moteada cabeza y solt� un aullido que reson� en la noche.</p><p>��S�! �S�! �Lo escucho! �Lo veo!</p><p>Gir� en redondo, y sus ojos de color �mbar se clavaron en los de �ndigo... y el mensaje que Niahrin hab�a proyectado penetr� brutalmente en el cerebro de �ndigo. Vio toda la escena �el patio, la batalla, los demonios� y con las im�genes le lleg� la informaci�n que Niahrin hab�a comunicado en su desesperada llamada. Se vio a s� misma y a Fenran, tal y como ser�an si esta cosa, si esta locura llegaba a suceder. Vio todo el odio, los celos, la frustraci�n de la nueva vida que le esperaba. La vida con su amante, su esposo; pero una vida corrompida por la ambici�n de Fenran �y la suya propia� de ser algo m�s que simples subordinados de un rey.</p><p>�Sin embargo estaremos juntos...�</p><p>Vio c�mo su padre envejec�a, se reun�a con la Diosa al llegar su hora. Vio a su hermano ��Pero �l est� muerto, Kirra est� muerto�� ascendiendo al trono de las Islas Meridionales, mientras que su vida y la de Fenran quedaban desprovistas de significado y de prop�sito; una incesante sucesi�n de placeres y excesos, permanentemente a la sombra de otros, sin acceso al poder, en una existencia sin sentido y vac�a. Y percibi� el aguijonazo de este resentimiento que crec�a en ella, y escuch� la voz de su amante musitar dulcemente a su o�do: �Deber�a haber m�s para nosotros; sin duda nos merecemos m�s que esto�. Sinti� c�mo su cerebro y su coraz�n giraban como un torbellino y se enredaban en la red de rencores mezquinos y agravios imaginados. Una vida insatisfecha, siempre en segundo plano, una reina que espera su trono...</p><p>�Pero estaremos juntos...�</p><p>En Carn Caille, mientras Jes apartaba violentamente las manos de Niahrin del fuego, la �ltima imagen golpe� a �ndigo como un rayo. Viejos; eran viejos, y estaban amargados, y no les quedaba otra cosa que el ciego consuelo del vino y la ferocidad de sus cada vez m�s frecuentes disputas y el amargo rencor que, cuando no consegu�a encontrar otra salida, descargaban contra s� mismos y contra el otro. Y, finalmente, el asesinato. El asesinato, para proporcionarles lo que hab�an ansiado, lo que nunca hab�an tenido el valor de buscar por otros medios: una vida que fuera algo m�s que sombras. La vida que, en cincuenta a�os de vagabundeo, �ndigo hab�a encontrado, pero Fenran no...</p><p>Un angustioso alarido brot� de la Torre de los Pesares, y la tierra empez� a temblar bajo sus pies con una monstruosa sacudida. Un bloque de piedra de casi la mitad de su estatura fue a estrellarse contra el suelo a pocos metros de donde se encontraba �ndigo, y el alarido se convirti� en un chillido, como la voz de un hurac�n.</p><p>�<emphasis>�Grimya!</emphasis> �Los cabellos de �ndigo se agitaron violentamente bajo el vendaval que, de improviso y con inusitada violencia, surgi� de la desmoronada torre; la muchacha se dobl� al frente para resistir el empuje del viento al tiempo que una inmensa ala negra ocultaba la luna�. Carn Caille... �Debemos regresar a Carn Caille!</p><p>Ech� a correr y avanz� dando traspi�s, inclin�ndose para resistir los embates del viento. Hab�a habido un caballo, un caballo gris acero; no era <emphasis>Sleeth,</emphasis> su propia yegua de hac�a medio siglo, sino otro animal, y lo hab�a dejado atado a un arbusto. La enorme violencia del vendaval la impeli� al frente describiendo eses, y en alg�n lugar de la oscuridad que se extend�a ante ella distingui� una figura que se alzaba sobre sus patas y relinchaba aterrorizada. Las manos de �ndigo se lanzaron al frente, pero, en el mismo instante en que intentaba llegar al arbusto y al nudo, la rama se rompi� y el caballo huy� como una hoja en medio de una ventisca, pasando como el rayo junto a ella para perderse en la furiosa noche. �ndigo lanz� un agudo chillido, y cay� de bruces en el polvo que se arremolinaba a su alrededor y sobre ella. �Su �nica oportunidad hab�a desaparecido! Sin el caballo no podr�a adelantarse a lo que estaba sucediendo. �Los demonios volv�an a brotar de la torre, el tiempo retroced�a como una furia, y ella no pod�a detenerlo, no ten�a velocidad, no ten�a el poder.</p><p>Algo choc� contra ella, y percibi� el olor c�lido de una presencia viva, de un pelaje espeso, familiar y querido...</p><p>���ndigo! �aull� <emphasis>Grimya</emphasis> en su o�do, a la vez que reforzaba el grito con un tremendo impulso mental�. �Recuerda los viejos tiempos! �Recuerda las cosas que hicimos! �Lobo, �ndigo, lobo! �Recuerda!</p><p>�Lobo...� Era como un gru�ido, un ladrido en su mente, la palabra, el concepto, el recuerdo... Tiempo atr�s, mucho tiempo atr�s, cuando hab�a existido la necesidad, cuando hab�a habido un demonio que derrotar...</p><p>��Cambia, �ndigo! �Cambia! �Lobo! �S� un lobo!</p><p>Cerebro y cuerpo se distendieron. El dolor era insoportable; el dolor del cambio, de alterar cuerpo y conciencia para ser otro. ��Lobo! �Lobo! Velocidad, elegancia y agilidad; correr, perseguir, cazar...�</p><p>Un nuevo aullido reson� hacia el cielo, y era el aullido de dos voces en nueva armon�a. El dolor hab�a desaparecido y no hab�a m�s que la excitaci�n de una forma nueva, de unos ojos que atravesaban la oscuridad, de m�sculos que la impulsaban con una fuerza extra�a y a la vez familiar, al tiempo que dos gr�ciles figuras grises, que se recortaban contra la negrura de la oscuridad que borboteaba de la Torre de los Pesares, sal�an disparadas hacia el norte, para llegar a su destino antes que los demonios.</p><p>La cabeza de Moragh se alz� con brusquedad, y su voz sise�:</p><p>��Escuchad! �Qu� es ese sonido?</p><p>Dej� caer el vendaje con el que hab�a estado vendando las manos, cubiertas de pomada, de Niahrin y se acerc� r�pidamente a la ventana de la habitaci�n de �sta. Jes y la bruja la siguieron con la mirada.</p><p>�No oigo nada, alteza... �empez� a decir el bardo, pero ella lo acall� con un veloz gesto.</p><p>�Hay algo ah� fuera. M�s all� de la ciudadela...</p><p>De improviso Niahrin lanz� una exclamaci�n ahogada, y la reina viuda gir� en redondo.</p><p>��Qu� es?</p><p>�Mis manos... No es el dolor, ni las quemaduras. Me cosquillean.</p><p>Los tres conoc�an el significado de la se�al, y Moragh orden�:</p><p>�Jes, trae al rey. Ahora. Y luego despierta al capit�n de la guardia; dile que arme a sus hombres y env�e centinelas a la muralla. Es una orden del rey, �y debe ser cumplida de inmediato!</p><p>Jes percibi� el intenso temor que se ocultaba bajo su en�rgico tono. Abandon� la habitaci�n a la carrera, y Moragh se volvi� hacia la bruja.</p><p>�Est� empezando, Niahrin. Lo que sea... lo siento.</p><p>Niahrin estaba ya en pie.</p><p>��Qu� puedo hacer, se�ora?</p><p>�De momento, nada. Aunque s�lo la Madre sabe qu� tendr�s que llevar a cabo antes de que haya finalizado la noche.</p><p>Al cabo de un momento apareci� Ryen, con Brythere tras �l. Moragh observ� con alivio que la reina segu�a vestida; hab�a estado a punto de retirarse a dormir cuando Niahrin se hab�a quemado, pero hab�a cambiado providencialmente de idea. La reina viuda se encar� con ambos.</p><p>�Ryen, no hay tiempo ahora para explicar las razones, pero hay que preparar Carn Caille para la batalla.</p><p>��Qu�? �Ryen se qued� pasmado�. Madre...</p><p>��No hay tiempo! �repiti� ella con furia�. Ha sucedido algo en la sala; otro <emphasis>aisling,</emphasis> una advertencia. �Por nuestro bien, no te quedes ah� haciendo preguntas y haz lo que te pido!</p><p>Ryen hab�a o�do muchas cosas esta noche �y visto demasiado� para mostrarse esc�ptico, y Moragh se sinti� aliviada cuando lo vio asentir.</p><p>�Muy bien. Pero..., en el nombre de todo lo que es sagrado, �contra qu� estamos luchando?</p><p>�Demonios, Ryen. Eso es todo lo que puedo decirte. Demonios.</p><p>Brythere profiri� un aterrorizado gemido, y la reina viuda corri� hacia ella.</p><p>�Brythere, t� te quedar�s aqu� con nosotras, al menos por el momento. �Mir� a su hijo�. �Ve, Ryen!</p><p>El monarca se march�, y oyeron sus pasos resonando pasillo adelante. Se escuchaban ya otros ruidos en la ciudadela: movimiento, voces ahogadas; luego el chocar del metal contra el metal y el estr�pito de hombres que corr�an por el patio.</p><p>�Creo, se�ora �dijo Niahrin con suavidad�, que ser�a prudente advertir a todos los habitantes de Carn Caille. �El recuerdo de su �ltima visi�n regres� claramente a su memoria�. Y decirles que se armen con aquellas armas que puedan conseguir.</p><p>Mientras hablaba cruzaba ya la habitaci�n hasta el rinc�n en el que se encontraba apoyada la estaca que Cadic Haymanson le hab�a dado. Jam�s hab�a luchado, y con las manos en su estado actual ni siquiera pod�a sostenerla como era debido, pero cualquier defensa era mejor que ninguna... Moragh vio lo que hac�a y asinti� con un r�pido gesto.</p><p>�S�. S�, tienes raz�n. �Se encamin� a la puerta�. Me ocupar� de ello. Cuida de la reina.</p><p>Mientras la reina viuda se marchaba, se escuch� un grito en el exterior.</p><p>��Id en busca del rey! �Id en busca del rey!</p><p>Niahrin y Brythere llegaron a la ventana a la vez. En diferentes partes de la ciudadela se encend�an ya faroles y antorchas, pero su luz no era suficiente a�n para iluminar el patio, y todo lo que pudieron distinguir fue una masa confusa de sombras que corr�an de un lado a otro. De improviso, Brythere apret� los labios con expresi�n decidida.</p><p>�Tengo que averiguar qu� est� pasando �anunci�.</p><p>�Se�ora, su alteza dijo... �protest� Niahrin, sorprendida.</p><p>Brythere se revolvi� furiosa.</p><p>�No me importa lo que su alteza dijera o no dijera. Si estamos en peligro, si mi esposo est� en peligro, �no pienso permanecer sentada aqu� sin hacer nada! �Acomp��ame o no, como prefieras, pero yo voy!</p><p>Niahrin se sinti� estupefacta ante el arranque, y m�s estupefacta a�n ante el repentino ataque de valor en aquella mujer tan t�mida como un ratoncito; pero, antes de que pudiera decir una palabra, Brythere hab�a abandonado la habitaci�n. Con la estaca bajo el brazo, Niahrin la sigui�, y encontr� los pasillos rebosantes de actividad a medida que un raudal de gente, desde soldados hasta escribas, desde senescales hasta los sirvientes de menor categor�a, abandonaban sus camas con ojos nublados a�n por el sue�o para acudir a la urgente llamada. Mientras se abr�a paso por entre la arremolinada multitud, una voz grit� el nombre de Niahrin.</p><p>Se trataba de Vinar, p�lido y ojeroso. El hombre la agarr� del brazo, agradecido de haber encontrado un rostro familiar en medio de la confusi�n.</p><p>�Neerin, �qu� sucede? �Qu� es todo esto?</p><p>��Sabes luchar? �La bruja se volvi� para mirarlo.</p><p>�S�, �claro que s�! �Por qu�? �Qu�...?</p><p>�Consigue un arma, cualquier cosa que sepas c�mo usar. �Est�n atacando Carn Caille!</p><p>��Atacando? �Sus ojos se abrieron asombrados... y de pronto se abrieron a�n m�s�. �D�nde est� �ndigo? �Es ella...?</p><p>�Se ha ido, Vinar. �El conoc�a toda la historia; ella ten�a que ser franca, aunque pecara de brutal�. Se march� a la Torre de los Pesares, y lo que sucede ahora es el resultado de lo que ella ha hecho all�.</p><p>Vinar se cubri� el rostro con una mano.</p><p>��Oh, no..., no es posible!</p><p>�Lo es. No puedes ayudarla, Vinar. Ninguno de nosotros puede, no ahora. Todo lo que podemos hacer es luchar contra lo que ella ha invocado en la torre.</p><p>Con un tremendo esfuerzo el scorvio consigui� dominar sus emociones. Dej� caer la mano al costado y asinti�.</p><p>�De acuerdo. De acuerdo, te comprendo. �Luego su rostro se endureci�. Fue a reunirse con �l, �verdad? Con ese Fen... Fenran.</p><p>�S�.</p><p>�Entonces todo esto es cosa de �l. �Los ojos de Vinar centellearon con una mirada de puro veneno�. A �se lo matar�. Juro que lo matar�!</p><p>La bruja pos� brevemente sus vendadas manos sobre las de �l, en un gesto de despedida que daba a entender algo m�s que un deseo de buena suerte.</p><p>��Ojal� no tengas que hacerlo!</p><p>Todo el patio estaba alborotado. Los hombres intentaban formar, pero se sent�an perplejos y muchos estaban a�n medio dormidos; soldados armados se entremezclaban con criados que empu�aban cualquier cosa, desde cuchillas de cortar carne hasta cazos de hierro, y por encima del barullo se escuchaba el rugir de sargentos y capitanes tratando de poner orden en el caos. Hab�a varias figuras en las almenas, que se recortaban contra el cielo iluminado por la luz de la luna; �stas se�alaban y gesticulaban apremiantes, y Niahrin intercept� a un hombre que corr�a cuyo jub�n mostraba un emblema militar.</p><p>��Qu� han visto? �aull�, agitando una mano en direcci�n a los centinelas.</p><p>��Algo que viene del sur! �grit� el hombre, que sab�a qui�n era ella�. �Como una nube negra, o humo! �Hizo una se�al supersticiosa�. �Necesitaremos vuestra magia, se�ora, antes de que termine la noche!</p><p>De improviso, de la pared se elev� una nueva oleada de gritos, audible incluso por encima del estruendo general del patio. Niahrin escuch� la palabra �puertas� y se abri� paso hasta el arco de piedra y la torre. Cerca de la base de la torre de guardia se <emphasis>cruz� con un</emphasis> hombre alto y fornido, y reconoci� en �l a Ryen.</p><p>��Se�or! Se�or, �qu� es?</p><p>�l se detuvo, sobresaltado; entonces la reconoci�.</p><p>��Niahrin! �Demos gracias a la Madre; necesitamos tu consejo! Hay una repugnante negrura que parece elevarse por el sur, y viene hacia nosotros. Y los centinelas acaban de ver a dos animales que intentan llegar aqu� antes que ella.</p><p>��Animales...? �El coraz�n de Niahrin dio un vuelco.</p><p>De repente, en la mente de Niahrin reson� un d�bil aguijonazo de sonido, como si una voz la llamara desde una colosal distancia. No hab�a palabras �era demasiado d�bil para eso�, pero s� un destello de comunicaci�n. Un desesperado grito de ayuda.</p><p>��Se�or! �Niahrin casi grit� llevada por la agitaci�n�. �Es <emphasis>Grimya!</emphasis> �S� que lo es! Puedo o�rla en mi cabeza, llamando. �Por favor..., por favor, dejadla entrar!</p><p>Ryen la contempl� sorprendido. Luego gir� sobre sus talones, y su voz se elev� como la de un toro enfurecido.</p><p>��ABRID LAS PUERTAS!</p><p>Los hombres de la torre se sintieron perplejos ante la orden pero de todas formas se apresuraron a obedecerla. Las puertas se estremecieron cuando se levantaron las enormes barras, y con un gemido empezaron a girar hacia atr�s. Los soldados all� reunidos abrieron un pasillo para dejar pasar a Ryen, y Niahrin corri� tras �l, apartando a la gente para intentar ver.</p><p>Las puertas se abrieron, y por entre ambas, con un grito que era una mezcla de ladrido y aullido, se precipitaron al interior dos figuras delgadas, con las orejas planas contra la cabeza y las colas ondeando al viento. Se detuvieron en seco y cayeron a los pies de Ryen; la espuma les chorreaba de la boca mientras jadeaban violentamente para recuperar el aliento. Una �Niahrin la reconoci� por su pelaje moteado� era <emphasis>Grimya, </emphasis>pero la otra...</p><p>De pronto el cuerpo del segundo lobo se retorci�. El animal gimi�... y el gemido se transform� en un quejido humano cuando, ante la sobresaltada mirada de la muchedumbre de espectadores, el cuerpo del animal cambi� y en su lugar apareci� �ndigo agazapada a cuatro patas y luchando por llenar de aire sus pulmones.</p><p>Ryen lanz� un juramento, sorprendido, y los hombres que lo rodeaban retrocedieron como ante una serpiente. �ndigo empez� a toser con violencia; no pod�a hablar y sus cabellos y ropas estaban empapados de sudor. Pero <emphasis>Grimya</emphasis> se incorporaba ya.</p><p>��Niahrin! �Distingui� a la bruja a trav�s de unos ojos nublados por el dolor y el agotamiento, y se tambale� hacia ella�. �Niahrin, ya vienen! �Vienen los demonios! Vuelve a ssssuceder otra vez...</p><p>Apenas hab�a terminado de articular su advertencia cuando la luz de la luna desapareci�, y una sombra inmensa se extendi� sobre Carn Caille. Todos los rostros se volvieron hacia el cielo y por un instante el patio permaneci� totalmente silencioso. Entonces, destrozando el momento de calma, una violenta y ardiente r�faga de aire descendi� con un rugido de aquella masa negra; y, transportado por el viento, como una pesadilla hecha realidad, escucharon un lejano rumor de lamentos, gritos confusos, aullidos...</p><p>�ndigo levant� violentamente la cabeza, y Niahrin vio aut�ntico terror en sus ojos.</p><p>�No... �musit� la muchacha, pero, pese a su desesperada negativa, supo que no hab�a <emphasis>esperanza,</emphasis> que era in�til. Era demasiado tarde. Demasiado tarde ya...</p><p>Y, desde las almenas, se alz� un grito solitario contra el creciente tumulto, y la voz enloquecida de un hombre aull�:</p><p>��Est�n aqu�! �Luchad! Por Carn Caille, por nuestras vidas... �luchad!</p><p>Un violento maremoto mental lanz� la mente de �ndigo hacia atr�s en el tiempo. Esas palabras... �eran las mismas palabras con las que Fenran la hab�a instado a la batalla cincuenta a�os atr�s!</p><p>Y de improviso pasado y presente estallaron en una �nica y repugnante realidad cuando el aullante estruendo se volvi� ensordecedor, y la negra ala se precipit� como una masa hirviente sobre las murallas de la fortaleza...</p><p>... y estall� en un millar de aullantes formas fantasmag�ricas que descendieron como una oleada. Los alaridos humanos se mezclaron con sus diab�licos chillidos, y figuras desmadejadas ca�an desde las murallas entre aleteos de brazos y volteretas a medida que la fantasmal legi�n que la Torre de los Pesares hab�a soltado se precipitaba sobre ellas. Monstruosidades aladas que bat�an sus alas, horrores indescriptibles, criaturas con cabeza y cola de serpiente, enormes bocas abiertas llenas de colmillos como cuchillos, espolones y garras y manos mutadas, escamas, pelo, carnes p�lidas y corrompidas: toda pesadilla invocada alguna vez, todo demonio so�ado alguna vez ca�a sobre los defensores de Carn Caille...</p><p>��Animo! �rugi� el rey Ryen�. �Carn Caille! �Seguid a vuestros capitanes!</p><p>Pero no era Ryen... Era Kalig, su padre, rugiendo la orden que hab�a dado medio siglo atr�s, y los hombres que corr�an por el patio cumpliendo sus �rdenes no eran los hombres de Ryen sino hombres del pasado; hombres que gritaban, chillaban, bland�an desesperadamente sus espadas, hachas y cuchillos mientras los diab�licos atacantes ca�an sobre ellos desde la negra nube. Las espadas entrechocaban con atronador estr�pito y escuch� el chasquido de los arcos largos y el a�n m�s fuerte ta�ido de las ballestas, en tanto flechas y saetas volaban en todas direcciones. Se o�an voces que aullaban de terror, dolor o rabia; se encontr� con una espada en la mano y repartiendo mandobles a diestro y siniestro, partiendo en dos a un monstruo que era mitad caballo y mitad sapo, acuchillando a un engendro de alas blancas y afilados espolones que descend�a sobre ella desde lo alto. A su izquierda se encontraba su hermano, Kirra; a su derecha, una bruja con un rostro lleno de cicatrices y un parche sobre un ojo balanceaba un garrote de endrino, y por encima del estruendo un lobo aullaba, aullaba...</p><p>Alguien chill�: ��A tu derecha!�, y Creagin, el capit�n de la guardia de su padre, pas� corriendo por su lado, el rostro manchado con su propia sangre pero luchando como un demente mientras un reba�o de demonios que saltaban y re�an lo persegu�a por todo el patio.</p><p>Y en alguna parte, en alguna parte, el lobo segu�a aullando, y el aullido era una palabra, una palabra que ella no conoc�a: ���ndigo! ��ndigo!�.</p><p>El rey ��Ryen, Kalig?; no lo sab�a� se hab�a lanzado al interior del marem�gnum, y sus capitanes intentaban obedecer su orden y reunir a los hombres en algo que pareciera una formaci�n de combate. M�s hombres surg�an ahora del interior de Carn Caille: cortesanos, consejeros, senescales, mozos de cuadra, artesanos, todos los hombres y no pocas mujeres capaces de empu�ar un arma; sus viejos amigos, buenos compa�eros, amables criados, todos los que hab�an formado parte de su vida tiempo atr�s. Intent� abrirse paso hasta ellos, pero ellos se hicieron a un lado, y no pudo alcanzarlos...</p><p>Entonces, en su cerebro oy� c�mo el lobo volv�a a aullar, y escuch� su grito mental.</p><p><emphasis>���ndigo! �Tienes que detenerlo! �S�lo t� puedes..., s�lo t�!�</emphasis></p><p>��ndigo...� Ella no conoc�a a �ndigo, no era �ndigo. �Ella era Anghara, s�lo Anghara! �Y carec�a de poder para detener esto o derrotar a los demonios! Ella sola hab�a llamado a los demonios, y ahora no pod�a hacer m�s que contemplar este horror...</p><p>��No!� La negativa del animal retron� en su mente.</p><p>��No ES cierto! �No esta vez! �esta vez t� tienes el poder, �ndigo! �deten�a</p><p>DET�NLO ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE! �ENCUENTRA A FENRAN, Y DETEN</p><p>ESTO!�</p><p>�Fenran... �En su sorpresa sise� el nombre en voz alta. Y entonces record�: su amante, su esposo, su compa�ero en la conspiraci�n...</p><p>�Todos ellos desaparecer�n, mi amor, y entonces t� y yo tendremos lo que siempre hemos deseado...�</p><p>Gir� en redondo.</p><p>�l se hallaba junto a la puerta principal de Carn Caille, desde la cual los restos de la oleada de tambaleantes defensores se precipitaba ahora al interior del patio. Sus negros cabellos ondeaban violentamente a impulsos del vendaval, y la espada que empu�aba estaba cubierta de sangre desde la punta hasta la empu�adura. La sangre le te��a tambi�n las manos, pero �l sonre�a.</p><p>Y tras la m�scara hab�a el rostro de un hombre anciano y resentido, que le tend�a un cuchillo y la instaba: �Util�zalo, mi amor, mi dulce Anghara; util�zalo, y danos as� lo que deseamos...�.</p><p>El tumulto y el caos de la batalla parecieron desaparecer alrededor de �ndigo, y de repente ella y Fenran se encontraron solos en medio del silencio, dos figuras solitarias en el coraz�n de la tormenta. Desde el otro lado del abismo que los separaba �tres simples pasos, pero en realidad era mayor, mucho mayor que cualquier distancia f�sica�, Fenran sonri�, arroj� la espada a un lado y le tendi� los brazos.</p><p>��Anghara! �He esperado tanto este momento!</p><p>Detr�s de �l, una p�lida luz naranja se encendi� violentamente en el interior de Carn Caille. �ndigo vio c�mo las llamas se elevaban, escuch� su crepitar... y Fenran se convirti� en una silueta negra contra un muro de fuego.</p><p>Y, desde el interior de la ciudadela, una voz de mujer empez� a gritar.</p><p>��madre! �chill� �ndigo.</p><p>El vestido de la reina Imogen estaba en llamas y sus damas intentaban sin �xito apagar el fuego a manotazos mientras sus gritos resonaban en el patio. Ella no podr�a llegar hasta su madre a tiempo; en cualquier momento la bola de fuego estallar�a, y ella ser�a lanzada hacia atr�s. Imogen y sus damas estaban muriendo, y con ellas mor�an tambi�n en la conflagraci�n Moragh y Brythere...</p><p>��Det�nlo! �aull� a Fenran como si fuera un animal�. �Det�nlo, Fenran! Est� mal, es diab�lico... �No lo ves, no te das cuenta de lo que est�s haciendo? �JAM�S ESTUVO DESTINADO A SER AS�!</p><p>Recortado contra el tel�n de los llameantes salones de Carn Caille, el rostro de Fenran aparec�a iluminado como por una luz sobrenatural, y sonre�a.</p><p>��Oh, pero claro que s�, mi amor! De una forma u otra, esto es como siempre quisimos que fuera.</p><p>��No! �Yo no lo quer�a...! �Yo no!</p><p>�Pero t� hiciste tu elecci�n, cari�o. Y, a causa de tu amor por m�, escogiste <emphasis>esto.</emphasis></p><p>Desde el otro lado del abismo, desde el otro lado de la l�nea divisoria, �ndigo contempl� fijamente a su amante. El hombre por quien hab�a padecido cincuenta a�os de vagabundeo errante, cincuenta a�os de exilio. Durante medio siglo se hab�a aferrado a los amados y preciosos recuerdos que de �l ten�a, recuerdos de amor y de un v�nculo compartido y que ni el tiempo ni la distancia pod�an mancillar.</p><p>Y durante medio siglo la hab�an enga�ado.</p><p>Una estremecida inspiraci�n borbote� en su garganta y la trag� con fuerza, hacia adentro, al interior de los pulmones.</p><p>�Entonces �dijo, y en su voz hab�a comprensi�n y pena... y amargo desprecio�, �vuelvo a escoger!</p><p>Con un r�pido movimiento su cabeza gir� a la derecha, y N�mesis apareci� a su lado. Se volvi� a la izquierda, y apareci� la figura de ojos blanquecinos que durante tanto tiempo hab�a tomado equivocadamente por un emisario de otro poder. Una mirada al suelo, y un lobo de pelaje claro se irgui� muy tieso ante ella. Cuatro criaturas que eran una �nica criatura, todas ellas se enfrentaron a Fenran, y como una sola hablaron.</p><p>�Soy Anghara. Y escojo mi propio sendero: �el sendero de la <emphasis>vida!</emphasis></p><p>La mano de N�mesis se levant� bruscamente, y en la mano de la criatura de ojos plateados hab�a una ballesta. El ser de ojos blanquecinos sosten�a una �nica saeta. �ndigo tom� ambas cosas. Carg� el arma; y volvi� a mirar a Fenran.</p><p>�No �susurr� �l�. No puedes hacerlo. Te amo, Anghara.</p><p>Tres palabras. S�lo tres palabras, pero le desgarraron el coraz�n como ninguna otra palabra pronunciada por �l lo hab�a hecho. Hasta este momento, no lo hab�a dicho. Dulces caricias, dulces promesas, los besos y los momentos �ntimos y todos los susurros que los amantes intercambian... pero no eso. No esas sencillas palabras, �te amo�. Hasta ahora... y ella sab�a que eran sinceras...</p><p>��Oh, Fenran...! �Llena de angustia empez� a temblar�. No..., no puedo... �Un sollozo le estremeci� todo el cuerpo�. Hice mi elecci�n. La hice hace cincuenta a�os.</p><p>Y he estado equivocada; tan equivocada...</p><p>�S�. Has estado equivocada. Pero ahora podemos enmendarlo.</p><p>�ndigo volvi� a mirarlo con ojos inundados de l�grimas, y dijo:</p><p>�No lo comprendes. Tal vez nunca pudiste.</p><p>Alz� la ballesta, y dispar�.</p></section><section><title><p><strong>CAP�TULO 23</strong></p></title><empty-line/><p>�Me parece que no quiero verla. �Vinar baj� los ojos hacia sus propias manos entrelazadas; luego volvi� a levantarlos y, con un esfuerzo, dedic� a Niahrin una tenue sonrisa�. Es mejor que no lo haga, �verdad? Mejor para todos.</p><p>La luz del sol que penetraba oblicuamente por la ventana creaba un halo a sus dorados cabellos, pero no consegu�a iluminar la expresi�n de su mirada. Volvi� a dedicarse a contemplar la chimenea de la habitaci�n, y Niahrin percibi� que lo que el scorvio ve�a mentalmente estaba tan vac�o como la reci�n barrida parrilla.</p><p>�Lo comprendo �dijo con dulzura�. Pero yo debo despedirme de la gente. �Me esperar�s aqu�?</p><p>�S�. S�, esperar�. �Ella fue hacia la puerta, y �l a�adi� de repente�: Dile que... � Vacil�. No. No importa. Tanto si lo sabe como si no, ahora ya no importa.</p><p>La expresi�n de la bruja estaba llena de compasi�n.</p><p>��No hay entonces ning�n mensaje que quieres que le transmita?</p><p>Se produjo una larga pausa; al fin �l volvi� a sonre�r.</p><p>�S�lo dile: Vinar te desea buena suerte.</p><p>Mientras se dirig�a a los aposentos de la reina viuda, donde todos iban a reunirse por �ltima vez, Niahrin se puso a meditar, como tan a menudo hab�a hecho en los �ltimos dos d�as, en el n�mero de vidas que jam�s volver�an a ser las mismas, que jam�s podr�an ser las mismas, como resultado del regreso de �ndigo a Carn Caille: el rey Ryen y su familia, Jes Ragnarson, ella misma, Vinar, <emphasis>Grimya...</emphasis> Y, por encima de todo, la persona cuyos actos los hab�an conducido a todos a esta hora de despedidas y a este d�a de un nuevo comienzo.</p><p>Que el ataque de los demonios hab�a tenido lugar era algo que la bruja no dudaba ni por un segundo. Recordaba, igual que todos los dem�s, la hirviente oscuridad, los estruendosos alaridos, el ruido y la sangre y el tumulto de la batalla contra las legiones diab�licas que cayeron sobre sus murallas con ensordecedores chillidos. Pero ahora era como si aquel horror se hubiera vivido en un sue�o, y no en el plano f�sico. C�mo y cu�ndo hab�a ocurrido el cambio jam�s lo sabr�a, pero en un momento dado estaba luchando por su vida, y al siguiente se produjo una explosi�n �no pod�a darle un nombre mejor� de luz y ruido, y se vio levantada por los aires y arrojada a lo alto, muy alto, dando volteretas como una mu�eca en medio de una marea ascendente, sin ver nada, sin o�r nada y totalmente impotente. Luego sinti� que ca�a en picado; hab�a intentado gritar pero no hab�a aire en sus pulmones, y, cuando cre�a que iba a estrellarse contra el suelo y hacerse pedazos, se oy� un estruendo m�s potente que cualquiera de los anteriores, como si toda la Tierra hubiera aspirado con fuerza. La cegadora luz desapareci� de su alrededor en forma de torbellino como si la hubieran absorbido, y Niahrin se encontr� tendida cuan larga era sobre las losas del patio en medio de una asfixiante nube de polvo mientras el pasado quedaba barrido, el tiempo regresaba con brusquedad al presente y los ecos de una tit�nica conmoci�n se desvanec�an en la distancia.</p><p>Durante lo que le pareci� una hora pero que en realidad no fueron m�s que unos segundos, permaneci� all� tumbada, sin atreverse a hacer un movimiento. Todo a su</p><p>alrededor era oscuridad y silencio. Entonces cerca de ella algo resbal� por el suelo...</p><p>Se incorpor� violentamente, estremecida de terror. Pero no hab�a demonios ni batalla. El ruido que hab�a escuchado era el del roce de un pie sobre la piedra. A dos pasos de ella, un hombre con la insignia de sargento giraba en redondo muy despacio, boquiabierto y con los ojos a punto de saltar de las �rbitas mientras miraba perplejo a su alrededor. En la mano colgaba flojamente una espada desenvainada, con la hoja brillante y limpia. Y, a la fr�a luz de la luna que se derramaba sobre ellos desde un cielo nocturno totalmente despejado, Niahrin descubri� que el patio estaba lleno de una multitud de personas aturdidas y silenciosas. Empu�aban espadas, arcos, garrotes, utensilios de cocina... Cada hombre o mujer sujetaba un arma de alguna clase, pero no hab�a ning�n enemigo a la vista. No hab�a demonios. No hab�a farfullantes esp�ritus malignos. Nada contra lo que luchar. Era como si toda la poblaci�n de Carn Caille hubiera padecido una �nica pesadilla com�n, y en sus sue�os hubieran respondido a su llamada y salido a la carrera para enfrentarse con un enemigo que no exist�a.</p><p>Entonces, rompiendo el estupefacto silencio, un voz surgi� de entre la semioscuridad.</p><p>�Regresad a vuestras camas. �Era la voz del rey Ryen, tranquila, sobria, autoritaria�. No puedo explicar lo que nos ha sucedido a todos, porque todav�a no lo comprendo del todo. Pero Carn Caille no est� en peligro. Esto ha sido una pesadilla, �nicamente una pesadilla, y nadie ha sufrido da�o. Regresad. Id en paz.</p><p>Ellos aceptaron la orden con la gratitud de ni�os peque�os que se vuelven a sus mayores en busca de gu�a y ejemplo, y la peque�a marea de humanidad empez� a fluir despacio en direcci�n a la puerta principal. Varios rostros pasaron lentamente ante Niahrin, algunos perplejos, otros sencillamente sin expresi�n; la multitud se fue reduciendo hasta que el patio qued� casi vac�o. Niahrin escuch� el tintineo del atav�o de un soldado y vio a un peque�o destacamento de hombres armados que hablaba con Ryen. Luego, tambi�n los soldados se marcharon del patio aunque no sin cierta renuencia; y por fin solo qued� un peque�o grupo en �l.</p><p>Estaban todos all�: Ryen y Brythere, Moragh, Jes; incluso Vinar, aunque se manten�a aparte de los otros. Ten�a los ojos firmemente cerrados y se hab�a cubierto el rostro con las manos. Niahrin se puso en pie con dificultad y se dirigi� hacia ellos. Por el rabillo del ojo vio a alguien m�s...</p><p>�ndigo y <emphasis>Grimya</emphasis> se acercaban procedentes del otro extremo del patio. Los cabellos de �ndigo colgaban en sudorosos y enmara�ados mechones sobre su rostro; bajo su sombra, Niahrin no pod�a ver la expresi�n de la muchacha, pero ten�a la cabeza inclinada al frente y arrastraba los pies sobre las losas como si fuera v�ctima de un cansancio indecible. <emphasis>Grimya</emphasis> se apretaba contra ella, los ojos levantados para mirarla, y el amor y la compasi�n de los ambarinos ojos de la loba hicieron que Niahrin sintiera un nudo en la garganta. Las dos se detuvieron a cinco pasos del peque�o grupo, e �ndigo levant� la cabeza. No habl�.</p><p>Se limit� a mirarlos, uno por uno, y las l�grimas que le corr�an por las mejillas fueron a caer sobre su mano derecha; la mano que sosten�a una ballesta. Su mirada descans� durante m�s rato en Vinar que en el resto, pero el scorvio no hizo el menor movimiento, aunque su boca se mov�a en silencio como si, tambi�n �l, estuviera a punto de llorar.</p><p>Luego �ndigo dio media vuelta y, con <emphasis>Grimya</emphasis> todav�a pegada a ella, se encamin� al interior de la ciudadela.</p><p>Encontraron a Fenran no muy lejos de la puerta. Estaba ca�do donde la luz de la luna no pod�a alcanzarlo, y en un principio pareci� como si su cad�ver no fuera m�s que una sombra entre las sombras. Pero el cuerpo fl�ccido y sin vida era muy real. Y cuando Ryen y Jes le dieron la vuelta descubrieron la saeta que le hab�a atravesado el coraz�n.</p><p>Niahrin baj� la mirada hacia los enredados cabellos blancos, el rostro arrugado y viejo, las familiares facciones, retorcidas con la locura que le hab�a corro�do el cerebro como un c�ncer durante tantos a�os. �Pobre Fenran �murmur�. Pobre Perd... Moragh, que tambi�n hab�a estado contemplando el cuerpo, la mir� fijamente.</p><p>�Eres un alma bondadosa, Niahrin. Hay muy pocos, dir�a yo, que sientan l�stima por �l ahora.</p><p>Niahrin volvi� los ojos hacia la reina viuda con expresi�n entristecida.</p><p>�No puedo condenarlo por un error, alteza, no importa lo grande que fuera ese error. El �nico crimen de Fenran fue no tener el valor necesario para buscar su propio destino y en su lugar intentar vivir su propia vida a trav�s de otros.</p><p>Moragh sonri�, pero era una sonrisa dura.</p><p>�El estilo de los cobardes.</p><p>�Puede. Pero, cuando pienso en la historia de �ndigo, me pregunto si yo, enfrentada con la elecci�n entre el camino de un cobarde y lo que ella ha tenido que pasar, habr�a sido m�s valiente que Fenran.</p><p>As� pues, ahora todo hab�a terminado por fin. Y hoy, en esta hora, �ndigo abandonaba Carn Caille.</p><p>Le hab�an dicho que deb�a quedarse. Ryen, Moragh, incluso Brythere. Ella era la leg�tima reina, dijeron, la hija de Kalig, portadora de su linaje, y si deseaba reclamar su trono ellos no ser�an un obst�culo. Pero �ndigo hab�a visto el miedo en sus ojos mientras hac�an su oferta; miedo de ella, de lo que ella era, de aquello en lo que se podr�a convertir. Ella no les deseaba ning�n mal; �c�mo podr�a? Ellos no le hab�an causado ning�n mal. Y ya los hab�an perseguido durante demasiado tiempo los fantasmas que ella hab�a invocado.</p><p>Ahora, mientras se encontraban por �ltima vez en los aposentos de Moragh, volvi� a rechazar su oferta de forma definitiva.</p><p>�No me quedar� �dijo con una dulce sonrisa�. Renunci� a mis derechos aqu� hace cincuenta a�os. No ser�a justo que los resucitara... y tampoco tengo el menor deseo de hacerlo.</p><p>Ryen clav� los ojos en sus propios pies, y fue Moragh quien finalmente hizo la pregunta que estaba en las mentes de todos.</p><p>��Qu� ser� de ti, �ndigo?</p><p>�No lo s�. No puedo decirlo. �La muchacha se volvi� y mir� a Niahrin�. A lo mejor t� puedes responder a esa pregunta mejor que yo.</p><p>�No puedo responderla �contest� Niahrin, negando con la cabeza�. Lo que eres, y aquello en lo que te convertir�s, surge de un poder cuyo origen est� en tu interior, y yo no puedo decir que comprendo tal poder.</p><p>�Pero �si te pidiera que dieses un nombre a ese poder? ��ndigo continuaba con la mirada fija en ella.</p><p>La bruja le sostuvo la mirada sin pesta�ear.</p><p>�Le dar�a dos �respondi� con vieja sabidur�a�. Los llamar�a �vida� y �libertad�. Porque son lo que t� escogiste, en un principio. Tu propia vida, y la libertad para vivirla.</p><p>Durante unos instantes todo qued� en silencio; luego �ndigo volvi� a sonre�r.</p><p>�S� �asinti� con calma�. S�, Niahrin, creo que tienes raz�n. Tard� mucho tiempo en aprender esa lecci�n, en aprender que yo era verdaderamente libre; y que mis demonios los hab�a creado yo misma y que deb�a enfrentarme a ellos y derrotarlos a mi manera. Pero ahora empiezo a comprender.</p><p>�De los muchos regalos de la Madre Tierra a nosotros, creo que la comprensi�n es el mayor de todos �repuso Niahrin, devolvi�ndole la sonrisa.</p><p>Los cinco la acompa�aron hasta el patio, donde estaban dispuestas todas sus pertenencias. El caballo de pelaje gris oscuro �regalo personal de Brythere a ella� estaba ensillado y aguardaba, olfateando el fresco y perfumado viento y ansioso por ponerse en marcha. Colgados junto con las alforjas sobre su lomo hab�a dos estupendos cuchillos de caza del arsenal de Ryen, y una peque�a arpa de regazo cubierta de bell�simas incrustaciones, escogida por Jes y bien guardada en una bolsa acolchada que Moragh en persona hab�a bordado con el sello real de las Islas Meridionales. Pero faltaba <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p>�Ha ido, creo �explic� Niahrin con suavidad�, a despedirse de Vinar.</p><p>El rostro de �ndigo se nubl� y la muchacha mir� al otro lado del patio. La ventana de Vinar resultaba claramente visible, pero no se ve�a ninguna figura all� de pie, y las cortinas estaban corridas sobre el cristal.</p><p>�No..., no puedo ofrecerle ning�n consuelo. ��ndigo hablaba en voz muy baja�. Pero <emphasis>Grimya</emphasis> dir� las cosas que..., que yo quiero que sepa. Es un buen hombre. Fue muy bueno conmigo.</p><p>Al cabo de unos instantes, la loba sali� de la ciudadela. Se acerc� a ellos con la cola y las orejas gachas; pero, no obstante su triste porte, Niahrin, al menos, vio la expresi�n de sus ojos y percibi� la felicidad que el animal intentaba ocultar para no ofenderlos. Al acercarse a �ndigo su paso se apresur�; de pronto vacil�, y se volvi� hacia Niahrin.</p><p>�<emphasis>Grimya...,</emphasis> querida m�a, querida m�a... �Niahrin no consigui� encontrar otras palabras mientras se arrodillaba y abrazaba a la loba por �ltima vez. Una l�grima fue a caer sobre el pelaje de <emphasis>Grimya</emphasis> y la bruja aspir� precipitadamente y se sec� de inmediato los ojos con la manga�. �Oh!, m�rame... �qu� tonta soy llorando a mi edad!</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> le lami� las l�grimas.</p><p>�No te olvi... vidar�, Niahrin. <emphasis>Jam�s</emphasis> te olvidar�.</p><p>�Ni yo tampoco, cari�o..., ni yo. �Temiendo estar a punto de realizar toda una escena, Niahrin la solt� y empez� a levantarse. Pero todav�a escuch� el �ltimo susurro de <emphasis>Grimya,</emphasis> que era s�lo para sus o�dos.</p><p>�Cuida del pobre Vinar.</p><p>Ryen bes� a �ndigo, y luego, ante la sorpresa de todos, Brythere se adelant� de</p><p>improviso y abraz� a la muchacha con efusividad.</p><p>��Gracias! �dijo la joven reina con fervor. �ndigo la mir� con perplejidad, y ella a�adi�: Hiciste desaparecer las pesadillas, �ndigo. Ya no hay nada que temer en Carn Caille.</p><p>Moragh escuch� lo que dec�a y, cuando Brythere retrocedi�, extendi� ambas manos, diciendo:</p><p>�Nos has dado nuestra libertad, como ahora t� tienes la tuya. Que la Madre Tierra te bendiga, querida, como lo hago yo. �Buena suerte!</p><p>El caballo gris pate� el suelo nervioso; las puertas estaban abiertas y la larga y nebulosa extensi�n de hierba se perd�a a lo lejos ante su �vida mirada, con toda la promesa del verano. �ndigo mont� y tom� las riendas.</p><p>�Creo que me he despedido muchas veces �dijo con un nudo en la <emphasis>voz</emphasis>�. Pero �sta... �Por �ltima vez paseo la mirada por las familiares piedras de su antiguo hogar pero ya no era su hogar. El mundo entero era su hogar, suyo y de <emphasis>Grimya.</emphasis> Carn Caille pertenec�a a otros, y as� era como deb�a ser.</p><p>�ndigo escuch� c�mo las puertas se cerraban, pero se encontraban ya tan lejos que el sonido result� apenas audible por encima de toda aquella extensi�n de hierba. Ellos la hab�an seguido con la mirada, lo sab�a, hasta que el caballo qued� casi fuera de la vista, y por tres veces hab�a vuelto la cabeza y saludado con la mano al peque�o grupo de figuras que se perd�a en la distancia. Ahora la vieja ciudadela quedaba atr�s, y, con este lejano ruido, se cortaba el �ltimo lazo, se part�a el �ltimo v�nculo.</p><p>Hacia el oeste se extend�a el enorme bosque; al este todo eran tierras de labrant�o y pastos. A su espalda, Carn Caille no era mayor que el juguete de un ni�o, silencioso tranquilo en los bordes de la tundra, mientras que al frente la carretera se extend�a y perd�a en el horizonte. Un impulso de mirar atr�s por �ltima vez se apoder� de �ndigo, pero no volvi� la cabeza. Atr�s quedaban los viejo tiempos, y la oscuridad, y Fenran. Ellos lo honrar�an, le hab�an dicho. Lo har�an por ella... y por �l; le otorgar�an los ritos debidos a cualquier hombre, y lo enterrar�an para que descansara con dignidad. Y a lo mejor, un d�a, la herida cicatrizar�a y ella olvidar�a...</p><p><emphasis>�Est�s pensando en �l, �ndigo. No sientas verg�enza por ello.�</emphasis></p><p>La dulce voz telep�tica de <emphasis>Grimya</emphasis> penetr� suavemente en su cerebro, y la muchacha se dio cuenta de que volv�a a llorar. Sonri� a la loba por entre las l�grimas.</p><p><emphasis>�S�, pensaba en �l. Lo amaba,</emphasis> Grimya. <emphasis>Lo amo a�n.�</emphasis></p><p><emphasis>�Lo s�. �C�mopodr�as no amarlo?�</emphasis></p><p><emphasis>Grimya</emphasis> ten�a la mirada levantada hacia ella, y sus ambarinos ojos estaban llenos de comprensi�n. De improviso �ndigo tir� de las riendas para obligar al caballo a detenerse. Salt� de la silla y se agach� junto a la loba, con los brazos extendidos. <emphasis>Grimya </emphasis>corri� hacia ella, y su c�lido cuerpo de grueso pelaje se apret� con fuerza contra el rostro y el cuerpo de la muchacha como un b�lsamo curativo.</p><p><emphasis>�Tardar� mucho tiempo en desaparecer el dolor. Pero todo ese tiempo estaremos juntas. T� y yo. Lo s�, �ndigo. Lo s�.�</emphasis></p><p>�ndigo tambi�n lo sab�a. Qu� poder era el que les hab�a otorgado aquel don especial, no pod�a decirlo y quiz� jam�s podr�a comprenderlo del todo. Tal vez, como hab�a insinuado Niahrin, era el aut�ntico don de la vida; a lo mejor, incluso, la inmortalidad que durante tanto tiempo hab�a considerado una maldici�n lanzada sobre ella por la Madre Tierra. Pero no era una maldici�n, y, si la Madre Tierra hab�a actuado en esto, lo hab�a hecho utilizando como medio su propia voluntad inquebrantable. �sta era su vida, su libertad. Suya, para hacer con ella lo que eligiera.</p><p>�No s� qu� ser� de nosotras, <emphasis>Grimya</emphasis> �dijo�. Puede que vivamos para siempre. �Qui�n sabe? Pero lo que sea que nos ocurra....</p><p>��Estaremos... juntas! �La loba parpade� y, con un gesto tan c�ndido y sincero como los primeros forcejeos cari�osos de un cachorro reci�n nacido, lami� el rostro y cabellos de �ndigo con su larga lengua roja�. Te quiero, �ndigo �declar�. �Y soy tu <emphasis>aaaamiga</emphasis></p><p>A lo lejos se escuch� un sonido. Parec�a provenir del verde mar del bosque occidental, y el viento estival le proporcionaba un timbre brillante y tr�mulo que emocion� a �ndigo. En la distancia, desde su hogar entre los �rboles, los lobos del bosque cantaban.</p><p><emphasis>Grimya</emphasis> se gir� para o�r.</p><p>��Cantan para nosotras! �exclam�, y su voz estaba llena de asombro. Entonces, tambi�n ella levant� la cabeza, y lanz� su aullido de respuesta, enviando un mensaje de gratitud y homenaje al rey lobo y a su jaur�a.</p><p>Los sonidos se apagaron poco a poco. En alg�n lugar, por encima de ellas, el trino de una alondra emergi� de entre los ecos finales, ascendiendo y descendiendo, ascendiendo y descendiendo. <emphasis>Grimya</emphasis> parpade�, y se pas� la lengua por el hocico.</p><p>�Me gussstar�a cantar �dijo.</p><p>�ndigo sonri� y la acarici� con ternura.</p><p>�A m� tambi�n, cari�o. Y en el futuro tendremos muchas ocasiones para cantar. Porque tengo la impresi�n de que tenemos muchas cosas que ense�ar.</p><p>La loba agach� la cabeza; un viejo gesto y terriblemente familiar.</p><p>�Ssss�. �Sus orejas se alzaron ansiosas, y a�adi� con profunda satisfacci�n�: �Y mucho que aprender!</p><p>El caballo torci� el cuello cuando �ndigo volvi� a montar, y le dio un juguet�n golpecito en la pierna que hizo soltar una carcajada a la muchacha. Cogi� las riendas y, protegi�ndose los ojos de la brillante luz diurna, mir� al frente. En un mundo lleno de verano y de la luz del sol, el paisaje de las Islas Meridionales se extend�a hasta un lejano horizonte; y al otro lado del horizonte hab�a ciudades y poblados, bosques y campos, y, m�s all� a�n, las inmensas rutas de los oc�anos y todo lo que se encontraba al otro lado: toda la hermosa y generosa Tierra. Suya �de ambas� para vagabundear, mirar y vivir. Hab�a cre�do que su viaje hab�a terminado, pero se hab�a equivocado: su viaje no hab�a hecho m�s que empezar.</p></section><section><title><p><strong>EP�LOGO: SIETE A�OS DESPU�S</strong></p></title><empty-line/><p>La nave se llamaba <emphasis>La Bendici�n de la Bruja,</emphasis> y era hermosa; un elegante y veloz cl�per de la clase Lynx, construido en Ranna y tripulado por hombres y mujeres de cinco pa�ses mar�timos diferentes. Su esposo hab�a dicho que los nav�os de la clase Lynx nac�an con el viento en sus proas, y �qui�n pod�a saber tal cosa mejor que �l, criado como todos sus antepasados para llevar una vida de marino? �Y qu� mejor nave pod�an haber escogido juntos que <emphasis>La Bendici�n de la Bruja,</emphasis> para que los llevara a casa?</p><p>La despedida en Ranna hab�a estado cargada de emoci�n, ya que ella no hab�a esperado que tantos amigos acudieran a despedirlos. Con lo humilde que siempre hab�a sido, ni se le hab�a ocurrido que la gente los tuviera en tanta estima. Pero hab�an ido todos: los guardabosques y los granjeros, los pescadores de Amberland y sus esposas, incluso un contingente llegado del pueblo de Ingan; gentes a quienes ella hab�a dado pociones o ung�entos o simplemente consejo, y que no olvidaban la bondad de la humilde y menuda bruja del rostro desfigurado. Niahrin hab�a llorado sin la menor verg�enza mientras el barco se separaba de su amarradero y las velas chasqueaban al llenarse de aire, listas para enfrentarse con el mar abierto. Pero su esposo la hab�a besado y le hab�a recordado que s�lo se trataba de un �hasta pronto� y no de un adi�s, y que el siguiente verano estar�an de vuelta; y su hijito no dejaba de saltar impaciente, cogido a la barandilla del barco, bombardeando a su padre con preguntas sobre el viaje <emphasis>y </emphasis>el mar <emphasis>y</emphasis> el recibimiento que tendr�an cuando atracaran en el mejor de los puertos de Scorva; la bienvenida que les dedicar�an todas las t�as, t�os y primos a los que ni �l ni su madre hab�an visto nunca. En ocasiones, incluso ahora, el milagro de esta criatura risue�a y llena de energ�a �su hijo, y la viva imagen de su padre� volv�a a sorprender a Niahrin, y cuando as� suced�a daba gracias a la Madre Tierra, que le hab�a otorgado la bendici�n, inimaginable durante tanto tiempo, de tal realizaci�n y felicidad.</p><p>Y cuando, como a veces suced�a, vislumbraba en los azules ojos de su esposo el recuerdo de otro amor anterior, no sent�a ni rencor ni dudas. Ninguno de ellos olvidar�a jam�s a �ndigo, y as� era como deb�a ser. Pero Vinar hab�a encontrado dicha, y su esposa e hijo eran la alegr�a de su vida, sus seres m�s queridos y la ni�a de sus ojos. Vinar no deseaba nada m�s, y lleno de orgullo los llevaba a casa.</p><p>Y entre los amigos que los desped�an en el muelle se encontraba un mensajero de Carn Caille, espl�ndido en su librea real; hab�a portado una bolsa especial y privada que hab�a introducido en la mano de Vinar. Hab�a cartas en esa bolsa; una de Ryen y Brythere, y otra de la reina viuda Moragh. Y, junto con las cartas, un dibujo infantil de brillantes colores que mostraba a <emphasis>La Bendici�n de la Bruja</emphasis> partiendo del puerto de Ranna con los estandartes de buena suerte ondeando en sus m�stiles y el sol sonriendo en un cielo sin nubes. La mayor de los tres hijos de Ryen y Brythere, a cuya fiesta de bienvenida Niahrin y Vinar hab�an sido invitados de honor, no olvidaba a sus padrinos, y bajo el dibujo la princesa Aisling hab�a escrito cuidadosamente su nombre, con muchos s�mbolos de besos.</p><p>Los muelles de Ranna empezaban a quedar a popa; en la distancia, los elevados acantilados de Amberland se alzaban en el horizonte como el lomo jorobado de una bestia dormida. El olor del mar penetraba en la nariz de Niahrin, y �sta se volvi� hacia el hombre que estaba a su lado. El le devolvi� la mirada y, gracias al lazo desarrollado entre ambos, gracias a la privada e �ntima comuni�n de sus mentes, Vinar supo lo que ella pensaba.</p><p>�Te querr�n, Neerin. �Se inclin� desde su enorme altura y la bes� No hay nada que debas temer de tu nuevo hogar en Scorva. Mi gente te querr�. Igual que yo.</p><p>Niahrin cerr� los ojos, feliz de sentir la fuerza y el calor de su brazo a su alrededor. Su rostro lleno de cicatrices se dulcific� cuando Vinar volvi� a besarla, y en su mente aparecieron dos rostros. Uno, el rostro de una mujer con ojos de color �ndigo y una nube de cabellos casta�o rojizos, pareci� sonre�rle. Y el otro, una loba de pelaje moteado, abri� las mand�bulas y mostr� colmillos y lengua en el equivalente animal de una risa humana. Y, a trav�s del tiempo y de la distancia, la bruja escuch� la voz de <emphasis>Grimya.</emphasis></p><p><emphasis>�Sed felices, Niahrin y Vinar. Sed felices... �como lo somos nosotras!�</emphasis></p><p>Y AQU� ACABA LA HISTORIA... O TAL VEZ NO.</p></section></body><binary id="0" 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