<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>thriller</genre><author><first-name>Patricia</first-name><last-name>Briggs</last-name></author><book-title>Cry Wolf</book-title><annotation><p>Nunca tuve miedo de los monstruos, hasta que me convert� en uno. Ahora tengo miedo hasta de mi sombra.</p><p>Anna desconoc�a la existencia de lic�ntropos, vampiros u otras criaturas hasta que ella misma se convirti� en una. Tras sobrevivir a un brutal ataque, Anna descubre que se ha transformado en una mujer lobo. Durante tres a�os se ve obligada a soportar los continuos abusos a que es sometida por los miembros de su manada y a subsistir como una loba sumisa, el �ltimo escalaf�n de la jerarqu�a de los lic�ntropos. Sin embargo, gracias a la intervenci�n de uno de los Alfa m�s poderosos del pa�s, Anna descubrir� que en realidad es una Omega, lo que la convierte en uno de los seres m�s extra�os del grupo. El Alfa no tardar� en reclamarla como suya� en todos los sentidos.</p></annotation><date/><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang></title-info><document-info><author><first-name/><last-name/></author><program-used>Fiction Book Designer, fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used><date value="2012-06-10">10.06.2012</date><src-url/><src-ocr/><id>FBD-33DC4C-0381-D840-60BE-F7B9-AADE-24AC14</id><version>1.0</version></document-info><publish-info/></description><body><image l:href="#cover"/><title><p>Patricia Briggs</p><empty-line/><p>Cry Wolf</p></title><section><p>N� 1 Serie Alfa y Omega</p></section><section><title><p id="_Toc233648879">Pr�logo</p></title><p><emphasis>Noroeste de Montana,</emphasis></p><p><emphasis>Parque Nacional Cabinet: Octubre</emphasis></p><empty-line/><p>Nadie sab�a mejor que Walter Rice que el �nico lugar seguro era el m�s alejado de todo el mundo. Seguro para ellos, claro est�. El �nico problema es que segu�a <emphasis>necesit�ndolos; </emphasis>anhelaba el sonido de las voces humanas, sus risas. Para su verg�enza, en ocasiones merodeaba por las proximidades de un campamento solo para o�r las voces e imaginar que iban dirigidas a �l.</p><p>Aquella era una de las razones por las que estaba tendido boca abajo sobre las agujas de kinnickinnic y viejos tamarack, a la sombra de un grupo de �rboles, observando al joven que escrib�a con un l�piz en una libreta de espiral tras haber recogido una muestra de excremento de oso y guardar la consiguiente bolsa de pl�stico medio llena en su mochila.</p><p>Walter sab�a que el chico no le descubrir�a: el <emphasis>T�o Sam </emphasis>se hab�a asegurado de que Walter supiera ocultarse y seguir una pista, y d�cadas de soledad en uno de los parques naturales m�s hostiles de los Estados Unidos le hab�an convertido en una buena imitaci�n de uno de aquellos indios milagrosamente invisibles que poblaban los libros y pel�culas favoritas de su infancia. Si no quer�a que le viesen, no le ve�an; y, adem�s, aquel chico ten�a todos los modos de un ama de casa de ciudad. No deber�an haberle permitido que se internara solo en aquella regi�n infestada de osos pardos; alimentarlos con universitarios no era muy buena idea, ya que podr�an ocurr�rseles cosas peores.</p><p>No es que aquel d�a los osos estuvieran cerca. Como Walter, sab�an leer las se�ales: en las pr�ximas cuatro o cinco horas se producir�a una gran tormenta. Pod�a sentirla en sus huesos, y aquel extra�o no llevaba una mochila lo suficientemente grande para hacerle frente. Era a�n pronto para una tormenta invernal, pero aquella regi�n era as�. Walter hab�a visto nevar en agosto.</p><p>Aquella tormenta era la otra raz�n por la que segu�a los pasos del chico. La tormenta y qu� hacer ante ella; hac�a mucho tiempo que no se sent�a tan agitado por la indecisi�n.</p><p>Pod�a dejar que el chico se marchara. La tormenta llegar�a y le arrancar�a la vida; aquella era la ley de la monta�a, de la naturaleza salvaje. Una muerte limpia. Sin embargo, aquel chico era demasiado joven. Tiempo atr�s hab�a visto morir a tantos chicos que podr�a pensarse que estaba habituado a ello. Por el contrario, la idea de uno m�s era inconcebible.</p><p>Pod�a alertarlo. Pero todo en su interior se rebelaba ante aquella idea. Hac�a demasiado tiempo que no hablaba con alguien cara a cara� la mera idea le cort� la respiraci�n.</p><p>Demasiado peligroso. Pod�a provocar otro recuerdo. Hac�a mucho que no ten�a uno, pero aparec�an inesperadamente. Ser�a mucho peor si intentaba alertar al chico y acababa mat�ndolo.</p><p>No. No pod�a arriesgarse a perder la peque�a paz que hab�a logrado alertando a aquel extra�o; aunque tampoco pod�a dejar que muriera as� como as�.</p><p>Frustrado, le hab�a estado siguiendo durante varias horas mientras el chico se internaba en el bosque ignorando el peligro que le acechaba, alej�ndose de la carretera m�s cercana y de la seguridad. El saco de dormir indicaba que planeaba pasar la noche a la intemperie, lo que ten�a que significar que cre�a saber lo que estaba haciendo al internarse en los bosques. Por desgracia, cada vez era m�s evidente que se trataba de una falsa confianza. Era como ver a June Cleaver pas�ndolo mal. Triste, muy triste.</p><p>Como ver llegar a los reclutas a Vietnam dispuestos a convertirse en hombres cuando todo el mundo sab�a que no eran m�s que carne de ca��n.</p><p>Aquel maldito chico estaba despertando todo tipo de sentimientos que Walter prefer�a mantener ocultos. Pero la irritaci�n no era lo suficientemente intensa como para afectar su conciencia. Hab�a seguido al chico durante diez kil�metros, incapaz de tomar una decisi�n. La inquietud que sent�a le impidi� percibir el peligro hasta que el joven estudiante se detuvo en seco en mitad del sendero.</p><p>El espeso arbusto que los separaba solo le permit�a ver la parte superior de su mochila. Por tanto, fuera lo que fuese lo que le hab�a hecho detenerse, era m�s bajo que �l. Las buenas noticias eran que no se trataba de un alce. Se puede razonar con un oso negro, incluso con uno pardo, si no est� demasiado hambriento (lo que, seg�n su experiencia, no era muy habitual), pero los alces�</p><p>Walter desenvain� su gran cuchillo pese a no saber a�n si pretend�a ayudar al chico o no. Incluso un oso negro ser�a una muerte m�s r�pida que la tormenta que se avecinaba, aunque algo m�s sangrienta. Y Walter conoc�a al oso que sol�a deambular por aquella zona, lo que ya era m�s de lo que pod�a decir del chico. Se movi� lentamente a trav�s del arbusto, sin hacer ning�n ruido pese a que el suelo estaba cubierto de agujas de �lamo. Cuando no quer�a hacer ning�n ruido, no lo hac�a.</p><p>Un d�bil rugido hizo que un escalofr�o le recorriera la espalda, soltando suficiente adrenalina para perforar la capa de ozono. No era un sonido habitual por aquellos parajes, y �l conoc�a a todos los depredadores que viv�an en el territorio.</p><p>Un metro m�s y nada se interpondr�a en su l�nea de visi�n.</p><p>Vio un perro en mitad del sendero; o, al menos, algo perruno. Al principio, Walter pens� que se trataba de un pastor alem�n por el color de su pelaje, pero hab�a algo extra�o en las articulaciones de sus patas delanteras que lo asemejaban m�s a un oso que a un perro. Y era mucho m�s grande que cualquier perro o lobo que hubiera visto nunca. Ten�a unos ojos de hielo, de asesino, y unos colmillos imposibles.</p><p>Puede que Waltei no supiera c�mo llamarlo, pero sab�a lo que era. En el rostro de aquella bestia acechaban todas las pesadillas que atormentaban su vida. Era la cosa a la que se hab�a enfrentado en tres ocasiones en Vietnam y todas las noches desde entonces: la muerte. Aquella era una batalla para un guerrero sangriento, maltrecho y corrompido como �l, no para un inocente.</p><p>Sali� de su escondrijo con un bramido salvaje dise�ado para atraer la atenci�n y ech� a correr a toda velocidad, ignorando la protesta de unas rodillas demasiado viejas para la batalla. Aunque hab�a pasado mucho tiempo desde la �ltima pelea, no hab�a olvidado la sensaci�n de la sangre circulando por sus venas.</p><p>��Corre, chaval -dijo al pasar como una exhalaci�n junto al muchacho con una fiera sonrisa pintada en el rostro, preparado para entablar combate con el enemigo.</p><p>Era posible que el animal huyera. Se hab�a tomado su tiempo estudiando al chico, y, en ocasiones, cuando la comida de un depredador arremete contra �l, el depredador suele dar media vuelta. Pero, de alg�n modo, Walter sab�a que aquella bestia no era aquel tipo de animal; sus cegadores ojos dorados desprend�an una inteligencia perturbadora.</p><p>Puede que algo le impidiera atacar al joven, pero con Walter no tuvo reparos. Se lanz� sobre �l como si no fuera armado. Tal vez no era tan listo como cre�a, o se hab�a dejado enga�ar por su apariencia inofensiva sin comprender de lo que era capaz un viejo veterano armado con un cuchillo y su propio brazo. Tal vez se dej� llevar por la huida del chico, ya que este hab�a seguido el consejo de Walter a las primeras de cambio y corr�a como una bala perdida, y solo ve�a a Walter como un obst�culo que se interpon�a a su deseo de carne fresca y jugosa.</p><p>Pero Walter no era un chico indefenso. Hab�a conseguido su cuchillo de un general enemigo al que hab�a asesinado en la oscuridad, como le hab�an ense�ado. El cuchillo estaba cubierto de amuletos m�gicos grabados en la hoja, s�mbolos extra�os que ya estaban ennegrecidos, ocultando lo que tiempo atr�s fue una superficie plateada. Pese a toda la parafernalia ex�tica, era un buen cuchillo y se clav� profundamente en el lomo del animal.</p><p>La bestia era m�s r�pida que �l; m�s r�pida y m�s fuerte. Pero al llevarse el primer tajo, la dej� lisiada y aquello decidi� el combate.</p><p>Walter no gan�, pero se sali� con la suya. Mantuvo ocupaba a la bestia y la dej� muy mal herida. Aquella noche no podr�a ir tras el chico; y si este era listo, por entonces ya tendr�a que estar a medio camino de su coche.</p><p>Finalmente el monstruo se march�, arrastrando una pata delantera y sangrando por una docena de heridas; aunque no hab�a ninguna duda de qui�n se hab�a llevado la peor parte. Walter hab�a visto morir a muchos hombres, y supo por el olor a intestino perforado que hab�a llegado su hora.</p><p>Sin embargo, el joven estaba a salvo. Tal vez aquello compensar�a, de alg�n modo, todos los j�venes que no hab�an logrado sobrevivir.</p><p>Relaj� los m�sculos de la espalda y sinti� la hierba seca y la tierra abrirse paso bajo su peso. El suelo estaba fr�o bajo su cuerpo caliente y sudoroso, y se sinti� aliviado. Le parec�a adecuado terminar su vida all�, tras salvar a un extra�o, porque la muerte de otro extra�o hab�a sido la causa que le trajera por primera vez a aquel lugar.</p><p>Se levant� viento y tuvo la sensaci�n de que la temperatura descend�a unos cuantos grados, aunque tambi�n pod�a deberse a la p�rdida de sangre y a la conmoci�n. Cerr� los ojos y esper� pacientemente a que la muerte, su vieja enemiga, le reclamara finalmente. El cuchillo segu�a en su mano, por si el dolor era insoportable. Las heridas en el est�mago no son precisamente la forma m�s r�pida de morir.</p><p>Sin embargo, no fue la muerte lo que lleg� con la primera ventisca de la temporada.</p></section><section><title><p id="_Toc233648880">Cap�tulo 1</p></title><p><emphasis>Chicago: Noviembre</emphasis></p><empty-line/><p>Anna Latham intent� desaparecer en el asiento del pasajero.</p><p>Hasta aquel momento no comprendi� hasta qu� punto su confianza hab�a estado ligada al hecho de tener a su lado a Charles. Solo hab�a estado con �l un d�a y medio, pero en aquel tiempo hab�a cambiado todo su mundo� al menos mientras permaneci� a su lado.</p><p>Sin �l, su reci�n recuperada confianza hab�a desaparecido. La simulada ausencia solo hab�a servido para poner de relieve toda su cobard�a. Como si fuera necesario record�rselo.</p><p>Observ� al hombre que conduc�a con aire relajado el todoterreno alquilado de Charles a trav�s del escaso tr�fico posterior a la hora punta por la autopista cubierta de nieve derretida como si fuera un habitante m�s de Chicago en lugar de un visitante llegado de los bosques de Montana.</p><p>El padre de Charles, Bran Cornick, ten�a el aspecto de un estudiante universitario, un genio de la inform�tica o, tal vez, un especialista en arte. Alguien sensible, dulce y joven; pero ella sab�a que no era ninguna de aquellas tres cosas. Era el Marrok, ante quien respond�an todos los Alfas, y nadie dominaba a un hombre lobo Alfa con dulzura y sensibilidad.</p><p>Tampoco era joven. Sab�a que Charles ten�a casi doscientos a�os, y eso significaba que su padre era a�n mayor.</p><p>Lo mir� detenidamente por el rabillo del ojo, pero aparte de algo en la forma de las manos y los ojos, no reconoci� en �l a Charles. Este ten�a un aspecto de nativo americano puro, como lo hab�a tenido su madre, pero, aun as�, Anna cre�a que deber�a encontrar alguna semejanza entre ambos, algo que le indicara que el Marrok era el mismo tipo de hombre que su hijo.</p><p>Su mente deseaba creer que Bran Cornick no le har�a ning�n da�o, que era distinto al resto de los lobos que conoc�a. Pero su cuerpo estaba adiestrado para temer a los machos de su especie. Cuanto m�s dominante era un hombre lobo, m�s probabilidades hab�a de que le hicieran da�o. Y no exist�a ning�n lobo m�s dominante que Bran Cornick, por muy inofensivo que fuera su aspecto.</p><p>��No dejar� que te ocurra nada -le dijo sin mirarla.</p><p>Anna oli� su propio miedo, por tanto, �l tambi�n pod�a hacerlo.</p><p>��Lo s� -consigui� decir, odi�ndose a s� misma por haberles permitido que la convirtieran en una cobarde.</p><p>Confiaba en que �l creyera que no era m�s que la reacci�n natural ante la idea de enfrentarse a los otros lobos de su manada tras haber precipitado la muerte de su Alfa. No quer�a que supiera que tambi�n estaba asustada de �l. O incluso m�s.</p><p>Bran sonri� sin convicci�n y no dijo nada m�s.</p><p>El aparcamiento tras el edificio de apartamentos de cuatro pisos de Anna estaba lleno de coches que no conoc�a. Entre estos, una reluciente furgoneta gris con un peque�o remolque de color naranja brillante y blanco con un manat� gigante pintado en uno de sus lados, justo encima de un r�tulo que anunciaba a todo el mundo que circulara a una calle de distancia que Florida era �El Estado Manat��.</p><p>Bran aparc� detr�s del remolque sin detenerse a considerar que su veh�culo bloqueaba el callej�n. Bueno, pens� Anna mientras sal�an del coche, ya no tendr�a que preocuparse m�s por lo que pensara su casero. Se marchaba a Montana. �Ser�a Montana �El Estado de los Hombres Lobo�?</p><p>Cuatro lobos en forma humana les esperaban frente a la puerta de seguridad, entre ellos, Boyd, el nuevo Alfa. Sus desolados ojos la recorrieron de arriba abajo. Anna clav� la vista en el suelo tras la primera mirada y se mantuvo detr�s de Bran mientras pasaban entre ellos.</p><p>Despu�s de todo, estaba m�s asustada de ellos que del Marrok. Qu� extra�o, porque hoy no percib�a ni el m�s m�nimo rastro de la especulaci�n ni de la avaricia que normalmente hac�an aflorar todos sus miedos. Parec�an controlados� y agotados. El d�a anterior, el Alfa hab�a sido asesinado, y aquello les dol�a a todos. Ella tambi�n lo hab�a sentido, pero lo hab�a ignorado porque cre�a que Charles no lograr�a sobrevivir.</p><p>Ella era la responsable de aquel dolor. Todos lo sab�an.</p><p>Se record� a s� misma que Leo necesitaba matar; hab�a matado a muchos y autorizado la muerte de otros tantos. No volver�a a mirar a ninguno de ellos a la cara. Intentar�a no hablar con nadie, confiando en que ellos la ignoraran a ella.</p><p>Aunque estaban all� para ayudarla en el traslado. Hab�a intentado evitarlo, pero no estaba en condiciones de discutir con el Marrok. Aventur� una nueva mirada r�pida a Boyd, pero en aquella ocasi�n tampoco pudo leer nada en su expresi�n.</p><p>Cogi� la llave y se enfrent� a la cerradura con dedos agarrotados por el miedo. Aunque ning�n hombre lobo hizo movimiento alguno que indicara su impaciencia, intent� darse prisa mientras sent�a varios ojos clavados en su espalda. �En que estar�an pensando? �Estar�an recordando lo que alguno de ellos le hab�a hecho? Ella no quer�a recordar. <emphasis>No quer�a.</emphasis></p><p><emphasis>Respira, </emphasis>se reprendi� a s� misma.</p><p>Uno de ellos se balance� ligeramente y emiti� un sonido de ansiedad.</p><p>��George -dijo Boyd, y el lobo se relaj�.</p><p>Anna sab�a que era su miedo lo que estaba espoleando al lobo. Ten�a que tranquilizarse, y la pegajosa cerradura no era de gran ayuda. Si Charles estuviera all�, podr�a enfrentarse a cualquier cosa, pero Charles se estaba recuperando de varias heridas de bala. Su padre le hab�a dicho que su reacci�n a la plata era mucho m�s intensa de lo habitual.</p><p>��No esperaba que vinieras -dijo Bran.</p><p>Anna supuso que se dirig�a a ella dado que aquella ma�ana la hab�a manipulado para conseguir que dejara solo a Charles.</p><p>Aunque deb�a de dirigirse a Boyd, ya que fue este quien le respondi�:</p><p>��Ten�a el d�a libre.</p><p>Hasta la noche anterior, Boyd hab�a sido el tercero. Pero ahora era el Alfa de la Manada del Suburbio Oeste de Chicago. La manada que Anna estaba abandonando.</p><p>��Pens� que acelerar�a un poco las cosas -continu� Boyd-. Thomas ha accedido a conducir la furgoneta hasta Montana.</p><p>Anna empuj� la puerta, pero Bran no entr� inmediatamente, de modo que ella se detuvo en el umbral, justo a la entrada, y la sostuvo abierta.</p><p>���C�mo est�n las finanzas de tu manada? -pregunt� Bran-. Mi hijo me ha comentado que Leo le dijo que necesitaba dinero.</p><p>Anna percibi� c�mo la t�pica sonrisa seca de Boyd te��a sus palabras.</p><p>��Y no ment�a. Su compa�era era cara de mantener. No perderemos la finca, pero es la �nica noticia buena que me ha dado el contable. Conseguiremos algo con la venta de las joyas de Isabella, pero ni mucho menos lo que Leo pag� por ellas.</p><p>Anna pod�a mirar a Bran, as� que observ� sus ojos mientras estos evaluaban a los lobos que hab�a tra�do Boyd como un general reconociendo a sus tropas. Su mirada se detuvo en Thomas.</p><p>Anna tambi�n le mir�, y vio lo mismo que el Marrok: viejos t�janos con un agujero en la rodilla y unas zapatillas de tenis que hab�an visto mejores tiempos. Bastante parecido a lo que ella llevaba puesto, salvo que su agujero estaba en la rodilla izquierda en lugar de en la derecha.</p><p>���El tiempo que se tarda en ir y volver de Montana pondr� en riesgo tu trabajo? -le pregunt� Bran.</p><p>Cuando respondi�, en voz muy baja, Thomas mantuvo sus ojos clavados en los tobillos:</p><p>��No, se�or. Trabajo en la construcci�n, y estamos en temporada baja. Tengo el permiso de mi jefe; dos semanas de vacaciones.</p><p>Bran extrajo un talonario de cheques del bolsillo y, apoy�ndose en el hombro de uno de los lobos para escribir sobre una superficie estable, hizo un cheque.</p><p>��Esto es para los gastos del viaje. Pensaremos en una cantidad y tendr�s el dinero en Montana, cuando llegues.</p><p>El alivio ilumin� los ojos de Thomas, pero no dijo nada.</p><p>Bran cruz� el umbral de la puerta, pas� junto a Anna y empez� a subir las escaleras. En cuanto Bran dej� de observarlos, los otros lobos levantaron la vista para mirar a Anna.</p><p>Esta levant� el ment�n y se enfrent� a sus miradas, olvidando completamente su decisi�n de no hacer precisamente eso hasta que fue demasiado tarde. Los ojos de Boyd eran insondables, y Thomas segu�a con la vista clavada en el suelo� pero los rostros de los otros dos, George y Joshua, eran f�ciles de leer. Con el regreso de Bran, el recuerdo de lo que ella hab�a sido en la manada era totalmente visible en sus ojos.</p><p>Y ellos hab�an sido los lobos de Leo tanto por su inclinaci�n como por sus actos. Ella no era nada, y hab�a propiciado la muerte de su Alfa: si hubieran tenido el coraje necesario, la habr�an matado.</p><p>Intentadlo, les dijo ella sin recurrir a las palabras. Les dio la espalda sin bajar los ojos; al ser pareja de Charles, en teor�a, les superaba en rango. Sin embargo, no solo eran hombres lobo, y su parte humana jam�s olvidar�a lo que le hicieron, con la inestimable ayuda de Leo.</p><p>Not� un peso en el est�mago y, con la tensi�n agarrotando su nuca, intent� mantener el equilibrio mientras sub�an las escaleras hasta su apartamento en el cuarto piso. Bran esper� a su lado mientras Anna abr�a la puerta. Se apart� para dejar que Bran entrara primero, mostrando a los dem�s que, al menos �l, ten�a su respeto.</p><p>Bran se detuvo en el umbral y estudi� el apartamento con el ce�o fruncido. Anna sab�a lo que estaba viendo: una mesa de juego con dos sillas plegables maltrechas, un fut�n y poco m�s.</p><p>��Te dije que pod�a tenerlo listo esta ma�ana -le dijo Anna. Sab�a que no era mucho, pero le ofendi� lo que revelaba su silencio-. Y que despu�s pod�an venir a recoger las cajas.</p><p>��No nos llevar� m�s de una hora recogerlo y cargarlo en la furgoneta -dijo Bran-. Boyd, �cu�ntos de tus lobos viven as�?</p><p>Al ser convocado, Boyd pas� junto a Anna, entr� en el apartamento y frunci� el ce�o. Era la primera vez que estaba all�. Mir� a Anna, se acerc� a la nevera y la abri�: estaba completamente vac�a.</p><p>��No sab�a que estaba tan mal. -Mir� hacia atr�s-. �Thomas?</p><p>Al ser invitado, Thomas tambi�n cruz� el umbral del apartamento.</p><p>Mir� a su nuevo Alfa con una mirada de disculpa.</p><p>��No soy tan malo, pero mi mujer tambi�n trabaja. Las facturas son muy caras.</p><p>Thomas ten�a un rango tan bajo en la estructura de la manada como Anna, y, al estar casado, nunca le hab�an invitado a �jugar� con ella. Aunque tampoco hab�a protestado. Anna supuso que no pod�a esperarse mucho m�s de un lobo sumiso, aunque aquello no imped�a que no se lo recriminara.</p><p>��Probablemente cinco o seis -dijo Boyd con un suspiro-. Ver� qu� puede hacerse.</p><p>Bran abri� su billetera y le entreg� al Alfa su tarjeta.</p><p>��Llama a Charles la semana que viene y convoca una reuni�n con tu contable. Si fuese necesario, podr�amos pedir un pr�stamo. No es muy seguro tener hombres lobos hambrientos y desesperados por las calles.</p><p>Boyd asinti�.</p><p>El negocio del Marrok pareci� concluir, los otros dos lobos pasaron junto a Anna como una exhalaci�n y George choc� deliberadamente contra ella. Anna se apart� y se cubri� el cuerpo con los brazos de forma instintiva. George la mir� con expresi�n desde�osa que ocult� r�pidamente a los dem�s.</p><p><emphasis>��Illegitimis nil carborundum </emphasis>-murmur� Anna.</p><p>Fue una estupidez. Lo supo incluso antes de que George le diera el pu�etazo.</p><p>Anna se agach� y lo esquiv�. En lugar de un pu�o en el est�mago, acab� con uno en el hombro. Rod� por el suelo. El estrecho pasillo de la entrada no le permitir�a huir de un segundo golpe.</p><p>Aunque no se produjo ninguno.</p><p>Boyd ten�a a George inmovilizado en el suelo con la rodilla sobre su espalda. George no se resist�a, simplemente hablaba muy r�pido:</p><p>��No tendr�a que haberlo hecho. Leo dijo que no utilizamos el lat�n. �Lo recuerdas?</p><p>Tiempo atr�s, Anna se hab�a dado cuenta de que nadie de la manada excepto Isabella, a quien hab�a cre�do una amiga, entend�a el lat�n y, por tanto, lo hab�a usado como una forma de rebeld�a secreta. A Leo le cost� bastante tiempo descubrirlo.</p><p>��Leo est� muerto -dijo Boyd con calma, su boca a escasos cent�metros de la oreja de George-. Nuevas reglas. Si quieres seguir viviendo, ser� mejor que no golpees a la hembra de Charles delante de su padre.</p><p>��No dejas que los cabrones te pisoteen, �verdad? -dijo Bran desde la puerta. La miraba como un cr�o que se cre�a m�s listo que ella-. Tu lat�n es horrible, has de mejorar la pronunciaci�n.</p><p>��Es culpa de mi padre -le dijo ella mientras se masajeaba el hombro. El morat�n desaparecer�a al d�a siguiente, pero por el momento era doloroso-. Hizo un par de a�os de lat�n en la universidad y lo usaba para divertirse. Toda mi familia acab� aprendiendo algo. Su cita favorita era: <emphasis>�Interdum feror i upidine partium magnarum europe vincendarum�.</emphasis></p><p>����A veces siento la necesidad de conquistar grandes zonas de Europa�? -dijo Boyd con cierta incredulidad. Aparentemente, Isabella no hab�a sido la �nica en entender sus actos de rebeld�a.</p><p>Anna asinti�.</p><p>��Normalmente solo lo dec�a cuando mi hermano o yo nos port�bamos mal.</p><p>���Y era su cita <emphasis>favorita! </emphasis>-dijo Bran, examin�ndola como si fuera un insecto� aunque un insecto que cada vez le ca�a mejor.</p><p>��Mi hermano era bastante travieso -dijo ella.</p><p>Bran sonri� lentamente y Anna reconoci� a Charles en aquella sonrisa.</p><p>���Qu� quieres que haga con este? -pregunt� Boyd inclinando la cabeza para se�alar a George.</p><p>La sonrisa de Bran desapareci� de su rostro y todos miraron a Anna.</p><p>���Quieres que lo mate?</p><p>El silencio se impuso mientras todos esperaban su respuesta. Por primera vez se dio cuenta de que el miedo que hab�a estado oliendo no era �nicamente el suyo. El Marrok los atemorizaba a todos.</p><p>��No -minti�. Solo quer�a terminar de recoger el apartamento y acabar cuanto antes con aquello, para no tener que ver nunca m�s a George ni a los otros-. No. -Aquella vez lo dijo sinceramente.</p><p>Bran inclin� la cabeza y Anna vio c�mo sus ojos adquir�an, de forma casi imperceptible, una tonalidad dorada que fulgur� en la penumbra del pasillo.</p><p>��Ponlo en pie.</p><p>Anna esper� hasta que todo el mundo hubo entrado en su apartamento para abandonar el anonimato del descansillo. Cuando entr�, Bran estaba deshaciendo el fut�n hasta dejar el colch�n desnudo. Era como ver al presidente cortando el c�sped o sacando la basura en la Casa Blanca.</p><p>Boyd se acerc� a ella y le entreg� el cheque que hab�a dejado en la puerta de la nevera. Su �ltimo cheque.</p><p>��Supongo que querr�s esto.</p><p>Anna lo cogi� y lo guard� en el bolsillo del pantal�n.</p><p>��Gracias.</p><p>��Todos estamos en deuda contigo -le dijo-. Ninguno de nosotros pod�a avisar al Marrok cuando las cosas empezaron a ponerse feas. Leo nos lo prohibi�. No puedes ni imaginar las horas que pas� frente al tel�fono intentando eludir su control.</p><p>Anna no se atrev�a a mirarle a los ojos.</p><p>��Tard� bastante en reconocer lo que eras -a�adi� con una sonrisa amarga-. No prest� atenci�n. Me esforc� por no prestar atenci�n ni pensar en ello. Hac�a las cosas m�s f�ciles.</p><p>��Los Omegas son algo muy raro -dijo Bran.</p><p>Boyd no apart� los ojos de ella.</p><p>��Entend� demasiado tarde lo que estaba haciendo Leo, por qu� te trataba de aquel modo cuando siempre hab�a sido m�s bien del tipo "deshazte de ellos r�pidamente�. Hac�a mucho tiempo que le conoc�a, y jam�s bah�a permitido esta tipo de abuso. Ahora comprendo que lo consumi� aunque Justin parec�a disfrutar con ello.</p><p>Anna control� un estremecimiento y se record� a s� misma que Justin tambi�n hab�a muerto la noche anterior.</p><p>��Cuando entend� que Leo no pod�a confiar en que cumplieras sus �rdenes, cuando supe que no eras un lobo muy sumiso, que eras una Omega� ya era demasiado tarde. -Suspiro-. Si te hubiera dado el n�mero del Marrok hace dos a�os, no habr�as tardado tanto en llamarlo. De modo que os debo a los dos mis disculpas m�s sinceras y mi agradecimiento. -Y entonces baj� la mirada, inclinando la cabeza para mostrarle su cuello</p><p>���Te asegurar�s�? -Anna trag� saliva para humedecerse la garganta-. �Te asegurar�s que no vuelva a ocurrir? con nadie? No soy la �nica a la que hicisteis da�o. -No mir� a Thomas. Justin hab�a disfrutado mucho atormentando a Thomas.</p><p>Boyd inclin� la cabeza con solemnidad.</p><p>��Te lo prometo.</p><p>Anna asinti� ligeramente con la cabeza, lo que pareci� satisfacerle. Boyd cogi� una caja vac�a de las manos de Joshua y se dirigi� apresuradamente hacia la cocina. Hab�an tra�do cajas, cinta adhesiva y material de embalaje m�s que suficiente para empaquetar todas sus pertenencias.</p><p>Anna no ten�a maletas, de modo que cogi� una de las cajas y meti� en ella todo lo b�sico. Se guard� muy mucho de mirar a nadie. Las cosas hab�an cambiado demasiado y no conoc�a otro modo de enfrentarse a la nueva situaci�n.</p><p>Estaba en el cuarto de ba�o cuando el m�vil de alguien empez� a sonar. El o�do de lic�ntropo le permiti� seguir toda la conversaci�n telef�nica.</p><p><emphasis>��</emphasis><emphasis>�Boyd? </emphasis>-Era uno de los nuevos lobos, Rashid, el m�dico. Parec�a aterrorizado.</p><p>��Yo mismo. �Qu� ocurre?</p><p>��El lobo de la sala de seguridad, est�</p><p>Pese a que Boyd y su m�vil estaban en la cocina, Anna pudo o�r el estr�pito a trav�s del auricular.</p><p>��Es �l -susssurr� Rashid desesperado-. Es <emphasis>�l. Est� intentando salir� y est� destrozando la habitaci�n. No creo que pueda intentarlo.</emphasis></p><p>Charles.</p><p>Cuando se march� estaba grogui, pero aparentemente hab�a aceptado que se marchara con su padre mientras �l se recuperaba de los efectos de varias balas de plata en su organismo. Al parecer las cosas hab�an cambiado.</p><p>Anna cogi� la caja y se encontr� a Bran en la puerta del cuarto de ba�o.</p><p>Bran la mir� de arriba abajo, aunque no parec�a molesto.</p><p>��Parece ser que nos necesitan en otro lado -dijo en tono calmado, relajado-. No creo que haga da�o a nadie, pero la plata tiene un efecto en �l mucho m�s intenso e impredecible que en los otros lobos. �Tienes todo lo que necesitas?</p><p>��S�.</p><p>Bran mir� a su alrededor y sus ojos se posaron en Boyd.</p><p>��Dile a tu lobo que vamos para all� inmediatamente. Aseg�rate de que todo est� recogido y el apartamento limpio cuando te vayas.</p><p>Boyd inclin� la cabeza sumisamente.</p><p>Bran cogi� la caja y se la coloc� bajo el brazo. A continuaci�n, extendi� la mano libre en un gesto pasado de moda. Anna desliz� los dedos por su codo y Bran la escolt� de aquel modo hasta el todoterreno, aflojando su paso cuando ella hac�a adem�n de echar a correr.</p><p>Condujo de vuelta a la mansi�n Naperville, propiedad de la manada del Suburbio Oeste, sin infringir ninguna norma de tr�fico pero sin perder tiempo.</p><p>��La mayor�a de lobos no podr�an escapar de la sala de seguridad -dijo suavemente-. Los barrotes tienen plata, y hay un mont�n de barrotes, pero Charles es hijo de su madre. Ella jam�s habr�a permitido que la encerraran con algo tan mundano como unos cuantos barrotes y una puerta reforzada.</p><p>De alg�n modo, a Anna no le sorprendi� que Bran supiera c�mo era la sala de seguridad de la manada.</p><p>���La madre de Charles era una bruja?</p><p>Aunque Anna nunca hab�a conocido a una, hab�a o�do ciertas historias. Y desde que era una mujer lobo, hab�a aprendido a creer en la magia.</p><p>Bran neg� con la cabeza.</p><p>��Nada tan bien definido. Ni siquiera estoy seguro de que pudiera practicar la magia� en el estricto sentido de la palabra. Los salish no dividen el mundo de ese modo: m�gico y no m�gico. Natural y sobrenatural. Fuera lo que fuese, no obstante, su hijo tambi�n lo es.</p><p>���Qu� ocurrir� si logra escapar?</p><p>��Ser�a mejor que lleg�ramos antes de que ocurriera -fue lodo lo que dijo.</p><p>Cuando salieron de la autopista, redujo la velocidad hasta el l�mite permitido. La �nica se�al de impaciencia era el r�tmico golpeteo de sus dedos sobre el volante. Cuando detuvo el veh�culo frente a la mansi�n, Anna baj� de un salto del todoterreno y corri� a la puerta principal. Bran no pareci� darse mucha prisa, pero de alg�n modo lleg� a la puerta antes que ella y la abri�.</p><p>Anna atraves� r�pidamente el vest�bulo y baj� las escaleras que llevaban al s�tano de tres en tres, con Bran a su lado. El silencio reinante no era muy tranquilizador.</p><p>Normalmente, el �nico modo de distinguir la sala de seguridad del resto de habitaciones para invitados del s�tano era la puerta y el marco met�licos. Sin embargo, enormes trozos de yeso hab�an sido arrancados de la pared a ambos lados, dejando al descubierto los barrotes de plata y acero empotrados en el muro. El papel de pared del interior de la sala colgaba hecho jirones como si se tratara de una cortina, impidi�ndole a Anna observar el interior.</p><p>Frente a la puerta hab�a tres lobos de la manada en forma humana. Anna percibi� su miedo. Sab�an lo que hab�a en aquella habitaci�n; al menos uno de ellos hab�a visto c�mo Charles mataba a Leo pese a haber recibido dos balas de plata.</p><p>��Charles -dijo Bran en tono reprobador.</p><p>El lobo le contest� con un rugido, un aullido ronco que embot� los o�dos de Anna y que conten�a poco m�s que una ira ciega.</p><p>��Los tornillos se sal�an de las bisagras, se�or. Solos -dijo uno de los lobos con nerviosismo, y Anna descubri� que lo que sosten�a entre las manos era un destornillador.</p><p>��Si -dijo Bran con calma-. No me cabe duda. Mi hijo no reacciona muy bien a la plata, y mucho menos a la cautividad. Habr�ais estado m�s seguros si le hubierais dejado salir� o no. Mis disculpas por haberos dejado solos con �l. Pens� que estaba en mejores condiciones. He subestimado la influencia de Anna.</p><p>Se dio la vuelta y extendi� la mano en direcci�n a esta, quien se hab�a detenido al pie de las escaleras. Estaba mucho m�s preocupada por los hombres que hab�a en el s�tano que por el lobo enfurecido. El pasillo era demasiado estrecho, y no le hac�a mucha gracia tenerlos tan cerca.</p><p>��Ac�rcate, Anna -dijo Bran.</p><p>Aunque su voz parec�a suave, era una orden.</p><p>Anna pas� lo m�s r�pido que pudo junto a los otros lobos, con la vista clavada en los pies en lugar de en sus rostros. Cuando Bran la cogi� por el codo, Charles rugi� salvajemente, aunque Anna no supo c�mo lo hab�a visto a trav�s del papel de pared colgante.</p><p>Bran sonri� y apart� la mano.</p><p>��De acuerdo. Pero est�s asust�ndola.</p><p>Los rugidos se detuvieron instant�neamente.</p><p>��Habla un poco con �l -le dijo Bran-. Yo me llevar� a los dem�s arriba. Cuando te sientas c�moda, abre la puerta� aunque ser�a buena idea que esperaras a que dejara de rugir.</p><p>Y la dejaron sola. Deb�a de estar loca porque inmediatamente se sinti� m�s segura de lo que lo hab�a estado en todo el d�a. El alivio al sentir que el miedo la abandonaba fue casi embriagador. El papel de pared se agitaba al ritmo de los movimientos de Charles y Anna pudo ver un destello de su pelaje rojizo.</p><p>���Qu� te ha ocurrido? -le pregunt� ella-. Estabas bien cuando te dej� esta ma�ana.</p><p>En forma de lobo no pod�a responder, pero dej� de rugir.</p><p>��Lo siento -prob� Anna-. Pero estaban empaquetando mi apartamento y ten�a que estar all�. Y necesitaba coger algo de ropa antes de salir para Montana.</p><p>Charles golpe� la puerta. No lo hizo con la suficiente fuerza para romperla, pero qued� claro lo que quer�a.</p><p>Anna dud� un instante, pero hab�a dejado de rugir. Con un encogimiento de hombros mental, descorri� el cerrojo y abri� la puerta. Charles era m�s grande de lo que recordaba� o tal vez lo parec�a al exhibir los colmillos de forma tan prominente. Le manaba sangre de la herida en la pata trasera izquierda, y esta le resbalaba por su zarpa. Los dos agujeros de las costillas goteaban profusamente.</p><p>Tras �l, la habitaci�n, que hab�a estado decorada con mucho gusto cuando se march� por la ma�ana, estaba ahora hecha un desastre. Charles hab�a arrancado grandes trozos de yeso de las cuatro paredes y del techo. Los jirones del colch�n estaban esparcidos por todo el suelo, mezclados con los restos de la c�moda.</p><p>Anna silb� al comprobar los desperfectos.</p><p>��Madre m�a.</p><p>Charles se acerc� a ella cojeando y la olfate� de arriba abajo. La escalera cruji� y Charles se dio la vuelta como un torbellino y emiti� un rugido, coloc�ndose entre ella y el intruso.</p><p>Bran se sent� en el escal�n superior.</p><p>��No voy a hacerle da�o -coment�. Y entonces mir� a Anna-. No s� cu�nto entiende ahora mismo, pero creo que estar� mejor en su casa. He llamado al piloto y me ha dicho que est� listo para despegar.</p><p>��Pens� que ten�amos un par de d�as. -Not� un nudo en el est�mago. Chicago era su <emphasis>hogar-. </emphasis>Tengo que llamar a Scorchi y decirle a Mick que me marcho, para que busque a otra camarera. Y no he podido hablar a�n con mi vecina para contarle lo que ha ocurrido. -Kara estar�a preocupada.</p><p>��Tengo que regresar hoy a Montana -dijo Bran-. Ma�ana a primera hora he de asistir al funeral de un amigo que acaba de morir. Iba a dejarte aqu� para que vinieras dentro de unos d�as, pero ya no creo que sea una buena idea. -Bran se�al� a Charles con un movimiento de cabeza-. Est� claro que no est� recuper�ndose tan bien como esperaba. Necesito llevarlo a casa para que lo examinen. Tengo un m�vil. �Puedes llamar a tu vecina y a Mick para explicarles la situaci�n?</p><p>Anna baj� la mirada para observar al lobo que se hab�a interpuesto entre ella y su padre para protegerla. No era la primera vez que hac�a algo as�.</p><p>Adem�s, �qu� otra alternativa ten�a? �Quedarse en la manada de Chicago? Puede que Boyd fuera una mejora sustancial respecto a Leo, pero� no ten�a ningunas ganas de quedarse con ellos.</p><p>Apoy� su mano en la espalda de Charles y dej� que su pelaje la engullera. No tuvo que introducirla mucho para conseguirlo, Charles era un lobo de gran tama�o. Alter� su posici�n hasta quedar pegado a ella; en ning�n momento apart� los ojos de Bran.</p><p>��De acuerdo -dijo ella-. Dame el tel�fono.</p><p>Bran sonri� y alarg� el brazo. Charles no se movi� de donde estaba, obligando a Anna a inclinarse para coger el aparato mientras �l miraba con frialdad a su padre. Su actitud hizo re�r a Anna, lo que facilit� el trabajo de convencer a Kara de que se marchaba a Montana por voluntad propia.</p></section><section><title><p id="_Toc233648881">Cap�tulo 2</p></title><p>Tras el desastre de aquella ma�ana, Anna hab�a temido el vuelo a Montana. Como nunca hab�a subido a un avi�n, imagin� que ser�a horrible, especialmente en el Lear para seis pasajeros y dos motores al que Bran les acompa��.</p><p>Bran se sent� en el asiento del copiloto, lo que dejaba libres los seis asientos de pasajeros. Charles la oblig� a dejar atr�s la primera fila de asientos que miraban hacia delante con un collazo en forma de gemido y se qued� mirando la �ltima fila hasta que consigui� que Anna se sentara en ella. Cuando se acomod� en el espacio entre los asientos y coloc� su cabeza sobre los pies de ella, Anna dej� la caja en el asiento contiguo, se coloc� el cintur�n y aguard� al despegue.</p><p>No esperaba pas�rselo bien, especialmente cuando era evidente que Charles no lo hac�a. Se mov�a tenso y malhumorado a sus pies, gru�endo suavemente cuando el avi�n sufr�a turbulencias.</p><p>Sin embargo, volar en aquel peque�o aeroplano era como montar en la atracci�n m�s alta del mundo. Una de las agradables, como la noria, aunque con un ingrediente de peligro que lo hac�a todo mucho m�s excitante. En ning�n momento pens� que caer�an en picado, como tampoco pensaba que una noria de feria pudiera soltarse y acabar empotrada en el centro comercial. Y ninguna noria del mundo ten�a una vista como aquella.</p><p>Ni siquiera el brusco descenso sobre una franja diminuta de tierra que parec�a m�s peque�a que el aparcamiento de un Wal-Mart le estrope� el viaje. Volvi� a ponerse el cintur�n y se agarr� a la abrazadera con una mano mientras que con la otra sujetaba la caja para evitar que cayera sobre Charles a medida que el aparato perd�a altura. Su est�mago se esforz� por seguir donde hab�a estado un momento antes. Anna se descubri� sonriendo cuando el avi�n toc� el asfalto y rebot� un par de veces antes de que las ruedas permanecieran definitivamente en el suelo.</p><p>El piloto rod� por la pista de aterrizaje y detuvo el aparato en un hangar lo suficientemente amplio como para contener dos aviones del mismo tama�o, aunque en aquel momento la otra parte del edificio estaba vac�a. Anna recogi� la caja y sigui� a Charles al exterior. Cojeaba visiblemente. Era evidente que estar quieto tanto tiempo no le hab�a hecho ning�n bien. Segu�a interponi�ndose entre ella y su padre.</p><p>Una vez en tierra, Anna empez� a temblar. Su chaqueta era algo ligera para Chicago, pero all� era poco menos que adecuada. En el hangar no hab�a calefacci�n y el fr�o le condensaba la respiraci�n.</p><p>No se hab�a dado cuenta de lo cerca que se manten�a Charles, y cuando se dio la vuelta para echar un vistazo al avi�n, le golpe� con la rodilla en el costado vendado. Aunque Charles no dio muestra alguna de que le hubiera molestado, debi� de dolerle bastante. Pero era culpa suya. Si no hubiera estado encima de ella, no le habr�a golpeado.</p><p>��Rel�jate -le dijo ella exasperada-. Es muy poco probable que tu padre me ataque.</p><p>��No creo que le preocupe el hecho de que yo pueda <emphasis>hacerte da�o </emphasis>-dijo Bran divertido-. Ser� mejor que te llevemos a alg�n lugar alejado del resto de machos, para que se relaje un poco.</p><p>El piloto, que les hab�a seguido al exterior y estaba inmerso en alg�n tipo de tarea de mantenimiento, sonri� ante aquel comentario.</p><p>��Nunca pens� que ver�a a ese viejo indio tan exaltado.</p><p>Charles le dirigi� una mirada y el piloto baj� los ojos, aunque no dej� de sonre�r.</p><p>��Oye, a m� no me mires. Te he tra�do a casa sano y salvo, casi tan bien como lo habr�as hecho t�, �verdad, Charles?</p><p>��Gracias, Hank. -Bran se volvi� hacia Anna-. Hank ha de dejar listo el avi�n, as� que ser� mejor que vayamos calentando la camioneta. -Coloc� la mano bajo su codo en cuanto dejaron atr�s la protecci�n del hangar y se internaban en veinticinco cent�metros de nieve. Charles rugi� y Bran le devolvi� el rugido, exasperado-. Ya es suficiente. <emphasis>Basta. </emphasis>No pretendo hacerle nada malo a tu dama, y el suelo est� muy peligroso.</p><p>Pese a que Charles dej� de hacer ruido, caminaba tan cerca de Anna que esta acab� tropezando con Bran porque no quer�a hacerle da�o. Bran la enderez� y frunci� el ce�o al lobo, pero no hizo ning�n comentario m�s.</p><p>Aparte del hangar, la pista de aterrizaje y dos surcos en la nieve profunda que alguien hab�a dejado recientemente, no hab�a signo de civilizaci�n. Las monta�as eran impresionantes mucho m�s altas, oscuras y agrestes que las suaves colinas del Medio Oeste que conoc�a. Aunque pod�a oler a le�a quemada, lo que significaba que no estaban tan aislados como parec�a.</p><p>��Pens� que ser�a m�s silencioso.</p><p>No pretend�a decir nada, pero el ruido la inquietaba.</p><p>��El viento entre los �rboles -dijo Bran-. Y algunos p�jaros que se quedan todo el a�o. A veces, cuando no hace viento y<emphasis/>baja la temperatura, el silencio es tan profundo que puedes sentirlo en los huesos.</p><p>A Anna aquello le son� bastante espeluznante, pero por su voz pudo adivinar que a Bran le encantaba.</p><p>Los condujo a la parte trasera del hangar, donde les esperaba la camioneta gris cubierta de nieve. Extrajo una escobilla para la nieve de la parte trasera del veh�culo y con ella se puso a golpear el suelo con �mpetu.</p><p>��Entra en el coche -le dijo-. Pon en marcha el motor para que se vaya calentando. Las llaves est�n puestas. -Apart� la nieve que cubr�a la puerta del pasajero y la sostuvo abierta para que entrara ella.</p><p>Anna dej� la caja en el suelo de la cabina y subi� al interior. I a caja le dificult� el movimiento de deslizamiento por el asiento de piel desde la posici�n del pasajero a la del conductor. Charles entr� en el veh�culo de un salto y cerr� la puerta enganch�ndola con una de sus garras. Pese a tener el pelaje h�medo y tras el estremecimiento inicial, descubri� que generaba un considerable calor corporal. La camioneta se puso en marcha con un roroneo, llenando toda la cabina de aire fr�o. En cuanto estuvo segura de que continuar�a en marcha, se desliz� al asiento central.</p><p>Cuando el veh�culo qued� pr�cticamente despejado de nieve, Bran volvi� a guardar la escobilla en la parte trasera y subi� de un salto al asiento del conductor.</p><p>��Hank no tardar� mucho. -Se dio cuenta de que Anna estaba temblando y frunci� el ce�o-. Te buscaremos una chaqueta m�s gruesa y unas botas apropiadas para el invierno de Montana. Chicago no es exactamente tropical, �c�mo es que no ten�as ropa de abrigo?</p><p>Mientras Bran hablaba, Charles pas� por encima de ella, oblig�ndola a trasladarse al asiento m�s pr�ximo a la ventanilla y acomod�ndose entre Bran y Anna, apoyando la mitad de su cuerpo en el regazo de esta.</p><p>��Ten�a muchas facturas que pagar: gas, electricidad, agua, el alquiler -dijo Anna a la ligera-. Uff, Charles, pesas una tonelada. Las camareras no podemos permitirnos muchos lujos.</p><p>La puerta trasera se abri� y Hank subi� a la camioneta y se puso el cintur�n antes de soplarse las manos.</p><p>��Este maldito viento se te mete en los huesos.</p><p>��Hora de ir a casa -coincidi� Bran. Puso en movimiento la camioneta, aunque si circul� por alguna carretera, esta deb�a de estar enterrada bajo la nieve-. Primero dejar� a Charles y a su pareja.</p><p>���Pareja? -Aunque Anna no dej� de mirar al frente, reconoci� el tono de sorpresa en la voz de Hank-. No me extra�a que el viejo est� tan excitado. Sigues en forma, Charles, buen trabajo. Y adem�s es muy guapa.</p><p>A Anna no le hizo mucha gracia que hablaran de ella como si no estuviera presente. Aunque se sent�a demasiado intimidada para decirlo en voz alta.</p><p>Charles volvi� la cabeza hacia Hank y levant� el labio para mostrarle sus afilados colmillos.</p><p>El piloto se puso a re�r.</p><p>��Muy bien, muy bien. Pero buen trabajo, t�o.</p><p>Fue entonces cuando comprendi� algo de lo que no se hab�a dado cuenta en el avi�n: Hank no era un hombre lobo. Y evidentemente sab�a que Charles lo era.</p><p>��Pensaba que no pod�amos dec�rselo a nadie -dijo.</p><p>���Decirles qu�? -pregunt� Bran.</p><p>Anna mir� a Hank.</p><p>��Decirles lo que somos.</p><p>��Ah, esto es Aspen Creek -le contest� Hank-. Todo el mundo sabe lo de los hombres lobo. Si no est�s casado con uno, tu padre lo es� o al menos uno de tus padres lo era. Esto es el territorio del Marrok, y somos una gran familia feliz.</p><p>�Era sarcasmo lo que desprend�a su tono de voz? No le conoc�a lo suficiente para estar segura.</p><p>Por fin el aire que le golpeaba la cara se hab�a calentado. Entre eso y Charles, empezaba a sentirse cada vez menos como un cubito de hielo.</p><p>��Pensaba que los hombres lobo no ten�an familia, solo manada -se aventur�.</p><p>Bran le dirigi� una r�pida mirada antes de volver a concentrarse en la carretera.</p><p>��T� y Charles deber�as tener una larga conversaci�n. �Desde cu�ndo eres una mujer lobo?</p><p>��Desde hace tres a�os.</p><p>Bran frunci� el entrecejo.</p><p>���Tienes familia?</p><p>��Mi padre y mi hermano. No los he visto desde� -Se encogi� de hombros-. Leo me dijo que deb�a romper toda relaci�n con ellos� porque sino asumir�a que eran un riesgo para la manada. <emphasis>Y los matar�a.</emphasis></p><p>Bran volvi� a fruncir el ce�o.</p><p>��Lejos de Aspen Creek, los lobos no pueden decirle a nadie, salvo a sus parejas, lo que son; lo de las parejas es para su propia seguridad. Pero no es necesario que dejes de relacionarle con tu familia. -Y casi para s� mismo, a�adi�-: Supongo que Leo tem�a que tu familia pudiera interferir con lo que pretend�a hacerte.</p><p>�Pod�a llamar a su familia? Estuvo a punto de pregunt�rselo, pero decidi� esperar a hablar primero con Charles.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Como con el vuelo, la casa de Charles era distinta a c�mo la hab�a imaginado. Al descubrir que estaba en una regi�n apartada de Montana, pens� que vivir�a en una de aquellas casas enormes de troncos, o algo muy viejo, como la mansi�n de la manada. Pero la casa donde Bran los dej� no era grande ni estaba hecha de troncos. Todo lo contrario, parec�a una casa sencilla al estilo rancho, pintada con una extra�a combinaci�n de grises y verdes. Se levantaba en la vertiente de una colina y miraba hacia una serie de campos vallados de pastoreo ocupados por unos cuantos caballos.</p><p>Anna se despidi� de Bran con un gesto de la mano mientras este se alejaba en la furgoneta. Entonces carg� con la caja, la cual parec�a un poco destartalada tras haberse mojado en el suelo de la cabina, y subi� las escaleras con Charles pis�ndole los talones. Pese a que los escalones estaban cubiertos por una ligera capa de nieve, tuvo la sensaci�n de que normalmente los manten�a impolutos.</p><p>Tuvo un momento de p�nico cuando se dio cuenta de que no le hab�a pedido a Bran que abriera la puerta, pero el pomo cedi� f�cilmente bajo su mano. Supuso que si todo el mundo en Aspen Creek conoc�a el secreto de los hombres lobo, evitar�an por todos los medios robarles algo. Pese a todo, para su naturaleza de ciudad, le resultaba extra�o que Charles dejara su casa abierta mientras estaba en la otra punta del pa�s.</p><p>Cuando abri� la puerta se olvid� completamente del tema de las cerraduras. Puede que el exterior de la casa fuese mundano, pero el interior no lo era en absoluto.</p><p>Como el suelo de su apartamento, el de aquel sal�n tambi�n era de madera, pero el parquet de Charles ten�a un dibujo en madera oscura y clara que le record� a los suelos nativos americanos. Gruesas alfombras persas de aspecto suave cubr�an la parte central del sal�n y el comedor. En la pared del fondo hab�a un enorme hogar de granito, hermoso y utilizado con frecuencia.</p><p>Diversos sillones y sillas de aspecto confortable se entremezclaban con mesas de arce hechas a mano y librer�as. El cuadro pintado al �leo de una cascada rodeada de un pinar podr�a haber estado colgado en un museo y calcul� que probablemente costar�a m�s de lo que ella ganar�a en toda su vida.</p><p>Desde la puerta se ve�a la cocina, donde encimeras de granito gris de brillo sutil contrastaban con las oscuras vitrinas de roble de estilo r�stico con las irregularidades necesarias para estar hechas a mano, como ocurr�a con el mobiliario del sal�n. Los electrodom�sticos de acero inoxidable ribeteados de negro deber�an de haber resultado demasiado modernos, pero de alg�n modo armonizaban con el conjunto. Aunque no era una cocina demasiado grande, nada de lo que conten�a hubiera estado fuera de lugar en una mansi�n.</p><p>Anna se qued� de pie, empapando de nieve el suelo cuidadosamente pulido y completamente consciente de que ni ella ni su caja encajaban en aquel lugar. Si hubiera tenido otro lugar al que ir, habr�a dado media vuelta y se habr�a marchado, pero lo �nico que le esperaba fuera era el fr�o y la nieve. Incluso si en aquel pueblo hab�a taxis, solo le quedaban cuatro d�lares en la cartera, y a�n menos en la cuenta corriente. El cheque de su bolsillo la llevar�a a medio camino de Chicago, siempre y cuando encontrara un banco para cobrarlo y una estaci�n de autobuses.</p><p>Charles hab�a pasado junto a ella y se hab�a internado en la casa, pero se detuvo al darse cuenta de que ella no le segu�a. La mir� detenidamente y ella rode� con m�s fuerza la h�meda caja. Tal vez �l tambi�n se lo estaba pensando mejor.</p><p>��Lo siento -le dijo, apartando los ojos de su mirada dorada-. Lo siento por las molestias, lo siento por no ser m�s fuerte, mejor, lo que sea.</p><p>Una llamarada de poder le recorri� la piel y volvi� a posar sus ojos en �l bruscamente. Charles se hab�a tumbado en el suelo y hab�a empezado a transformarse en humano.</p><p>Era demasiado pronto, y estaba muy mal herido. Cerr� apresuradamente la puerta exterior con la cadera, dej� la caja en el suelo y se acerc� a �l.</p><p>���Qu� est�s haciendo? Detente.</p><p>Pero ya hab�a empezado y no se atrevi� a tocarlo. La transformaci�n era dolorosa, en cualquiera de los dos sentidos, e incluso un peque�o roce pod�a provocar una gran agon�a.</p><p>��Maldita sea, Charles.</p><p>Incluso despu�s de tres a�os siendo una mujer lobo, a Anna no le gustaba presenciar la transformaci�n; ni la suya ni la de otro. Hab�a algo horrible en el hecho de observar c�mo los brazos y las piernas de alguien se retorc�an y se doblaban. Y adem�s estaba aquella parte en la que el est�mago se agitaba donde no hab�a ni pelo ni piel para ocultar el m�sculo y el hueso.</p><p>Con Charles hab�a sido distinto. Le hab�a dicho que su transformaci�n era m�s r�pida debido a la magia de su madre o al hecho de haber nacido siendo ya un hombre lobo: casi le hab�a parecido hermoso. La primera vez que lo vio transformarse, se hab�a quedado asombrada.</p><p>Aquella vez no ocurri� lo mismo. Fue tan lenta y horrible como la suya. Charles se hab�a olvidado de los vendajes, y estos no estaban hechos para cambiar con �l. Anna sab�a que tarde o temprano se rasgar�an, pero aquello no significaba que no fuera doloroso.</p><p>De modo que se peg� a la pared para evitar tocarlo, y despu�s corri� hacia la cocina. Abri� varios cajones fren�ticamente hasta encontrar el que conten�a los objetos punzantes y afilados, entre ellos, unas tijeras. Tras decidir que hab�a menos probabilidades de herirlo con unas tijeras que con un cuchillo, cogi� las tijeras y regres� al sal�n.</p><p>Anna se dedic� a cortar mientras �l continuaba transform�ndose, ignorando los sonoros rugidos y esforz�ndose por introducir la hoja bajo la ropa demasiado ce�ida. La presi�n adicional ser�a dolorosa, pero era mucho mejor que esperar a que la tensi�n sobre la tela la hiciera finalmente desgarrarse.</p><p>El ritmo de la transformaci�n se aminor� cada vez m�s, hasta el punto que Anna crey� que iba a quedarse atrapado entre una forma y la otra: sol�a tener pesadillas sobre aquello. Finalmente, qued� hecho un ovillo a sus pies, completamente humano.</p><p>Anna pens� que eso era todo, pero entonces su cuerpo desnudo empez� a cubrirse de ropa, flotando sobre su piel como esta hab�a flotado alrededor de su carne durante la transformaci�n. Nada del otro mundo, unos simples t�janos y una camiseta blanca, pero jam�s hab�a o�do que un hombre lobo pudiera hacer algo semejante. Aut�ntica magia.</p><p>No sab�a qu� otro tipo de magia podr�a llegar a realizar. Eran muchas las cosas que desconoc�a de �l; de lo �nico que estaba segura era que, cuando estaba a su lado, su coraz�n se aceleraba y su habitual estado de semip�nico se desvanec�a.</p><p>Empez� a temblar, y entonces se dio cuenta de que la casa estaba helada. Charles debi� de apagar la calefacci�n cuando se march� a Chicago. Anna mir� a su alrededor y encontr� una peque�a colcha doblada sobre una mecedora y cubri� a Charles intentando no rozar demasiado su piel hipersensible.</p><p>Charles estaba tendido con la mejilla pegada al suelo, tembloroso y jadeante.</p><p>���Charles?</p><p>Sent�a el impulso de tocarlo, pero tras una transformaci�n, eso ser�a lo �ltimo que querr�a. Deb�a sentir su piel nueva y en carne viva.</p><p>La manta resbal� de su hombro y cuando la levant� para colocarla de nuevo en su sitio, vio una mancha oscura que se extend�a r�pidamente por su espalda. Si las heridas hubiesen sido normales, la transformaci�n las habr�a curado mucho m�s que aquello. Las heridas provocadas por balas de plata tardaban mucho m�s en curar.</p><p>���Tienes un botiqu�n de primeros auxilios? -le pregunt�.</p><p>El botiqu�n de su manada estaba equipado con lo necesario para hacer frente a las heridas que pudieran producirse durante las peleas medio serias que estallaban cuando la manada se reun�a. Imposible pensar que Charles estuviera peor preparado que su� que la manada de Chicago.</p><p>��Lavabo. -El dolor hac�a que su voz sonara a gravilla.</p><p>El cuarto de ba�o estaba tras la primera puerta que abri�, una espaciosa habitaci�n con una ba�era de patas en forma de garras, una gran ducha con mamparas y una pila de porcelana blanca con pedestal. En un rinc�n hab�a un armario ropero. En la estanter�a inferior encontr� un botiqu�n de tama�o industrial que traslad� al sal�n.</p><p>La habitualmente morena y c�lida piel de Charles ten�a ahora un color gris�ceo. Tambi�n ten�a la mand�bula contra�da por el dolor y los ojos oscuros y brillantes por culpa de la fiebre; los matices dorados que desped�an armonizaban con el pendiente que llevaba en una de sus orejas. Se hab�a incorporado y la colcha formaba remolinos en el suelo.</p><p>��Ha sido una estupidez. La transformaci�n no ayuda mucho a las heridas de plata -le reprendi�. Su repentino enojo se hab�a visto alimentado por el dolor que Charles se hab�a infligido a s� mismo-. Lo �nico que has conseguido es utilizar toda la energ�a que tu cuerpo necesita para curarse. Deja que vuelva a vendarte y te traiga algo de comer. -Ella tambi�n estaba hambrienta.</p><p>Charles le sonri�; una sonrisa muy d�bil. Entonces cerr� los ojos.</p><p>��De acuerdo.</p><p>Ten�a la voz ronca. Anna tendr�a que quitarle la mayor parte de la ropa con la que se hab�a cubierto.</p><p>���De d�nde has sacado la ropa?</p><p>Podr�a haber pensado que era la ropa que llevaba puesta cuando se transform� de humano a lobo, pero ella hab�a ayudado a desnudarle para que el m�dico de Chicago pudiera examinarlo. A parte de los vendajes, no llevaba nada puesto cuando se hab�a transformado en lobo.</p><p>Charles mene� la cabeza.</p><p>��Como quieras. Da igual.</p><p>Los t�janos eran Levi's, desgastados en la zona de las rodillas, y la camiseta ten�a una etiqueta de Hanes. Anna se pregunt� si en alg�n lugar habr�a alguien que en aquellos momentos estaba corriendo en ropa interior.</p><p>��Qu� dulce -dijo ella mientras le sub�a la camiseta con cuidado para comprobar la herida del pecho-. Aunque esto ser�a m�s f�cil si no te hubieras vestido.</p><p>��Lo siento -dijo con un gru�ido-. Es la costumbre.</p><p>Una bala le hab�a atravesado el pecho a la altura del estern�n. El agujero de la espalda era peor, mucho mayor que el de delante. Si hubiera sido humano, a�n estar�a en urgencias, pero los hombres lobo son resistentes.</p><p>��Si pones un parche adhesivo por delante -le dijo �l- podr� sostenerlo. Tendr�s que poner otro en la espalda y despu�s envolverlo todo con una venda de veterinario.</p><p>���C�mo?</p><p>��Esa cosa roja que parece una venda de deportista. Se ce�ir� sola, as� que no tendr�s que apretarla. Seguramente necesitar�s dos rollos para cubrir todo bien.</p><p>Anna cort� la camiseta con las tijeras que hab�a encontrado en la cocina. Entonces abri� de un tir�n el paquete de parches adhesivos y coloc� uno sobre la herida abierta del pecho, intentando no pensar en el agujero que atravesaba su cuerpo y que le sal�a por la espalda. Presion� el parche con m�s fuerza de la que se cre�a capaz.</p><p>Rebusc� en el botiqu�n en busca de la venda de veterinario y encontr� una docena de rollos al fondo. La mayor�a eran marrones o negros, pero hab�a unos cuantos de otros colores. Como estaba enfadada con �l por hacerse da�o a s� mismo cuando podr�a haberse quedado en forma de lobo unos d�as m�s, cogi� un par de rollos de color rosa fosforito.</p><p>Charles solt� una carcajada cuando los sac� de la caja, y el esfuerzo debi� de producirle bastante dolor porque su boca se contrajo y tuvo que respirar superficialmente durante un rato.</p><p>��Fue mi hermano quien los puso ah� -dijo cuando lo peor hab�a pasado.</p><p>���Tambi�n hiciste algo para cabrearlo? -le pregunt� ella.</p><p>��Seg�n �l, era lo �nico que le quedaba en la oficina cuando rellen� el botiqu�n -dijo con una sonrisa.</p><p>Ten�a ganas de hacerle unas cuantas preguntas m�s sobre su hermano, pero todo el deseo de burlarse de �l se desvaneci� al ver su espalda. En los escasos minutos que hab�a tardado en organizar los elementos del vendaje, se hab�a formado un charco de sangre en la zona entre su piel y la parte superior de sus t�janos. Tendr�a que haberle dejado la camiseta puesta mientras lo hac�a.</p><p><emphasis>��Tarditas et procrastinatio odiosa est </emphasis>-se dijo mientras abr�a con las tijeras un paquete de parches adhesivos.</p><p>���Hablas lat�n? -le pregunt� �l.</p><p>��No, solo s� un mont�n de citas. En principio esa es de Cicer�n, pero tu padre me dijo que mi pronunciaci�n es lamentable. �Quieres que te lo traduzca?</p><p>El rastro de la primera bala, la que hab�a recibido protegi�ndola, hab�a dejado una quemadura en diagonal sobre la herida m�s grave. Pese a que le doler�a unos d�as, no era muy importante.</p><p>��No hablo lat�n -le dijo �l-. Pero s� un poco de franc�s y espa�ol. �Dejar las cosas para m�s tarde no es buena idea?</p><p>��M�s o menos.</p><p>Hab�a empeorado las cosas: necesitaba un m�dico para aquello.</p><p>��No pasa nada -dijo �l, respondiendo a la tensi�n en su voz-. Lim�tate a cortar la hemorragia.</p><p>Venciendo las n�useas, se puso manos a la obra. Pero antes le recogi� la sudorosa cabellera, que le llegaba a la altura de la cintura, y se la pas� por encima del hombro.</p><p>No hab�a parches lo suficientemente grandes como para cubrir la herida de la espalda, de modo que cogi� dos y los sostuvo en su lugar con una ligera presi�n de la rodilla mientras le rodeaba el torso con la venda de veterinario. Charles sujet� un extremo sin que ella se lo pidiera y la mantuvo presionada a la altura de sus costillas. Anna aprovech� aquel anclaje para dar la primera vuelta a la venda.</p><p>Le hizo da�o. Charles dej� de respirar, limit�ndose a dar peque�os y d�biles resuellos. Proporcionar primeros auxilios a un hombre lobo estaba lleno de peligros. El dolor pod�a provocar que el lobo perdiera el control, como hab�a ocurrido aquella ma�ana. Sin embargo, Charles se mantuvo completamente inm�vil mientras ella le colocaba el vendaje muy ce�ido para que sujetara los parches en su lugar.</p><p>Anna utiliz� los dos rollos y se esforz� por no hacer ning�n comentario sobre lo bien que le sentaba el rosa chill�n sobre su tez morena. Cuando un hombre est� a punto de desmayarse por culpa del dolor, no es muy conveniente fijarse en lo hermoso que es. Su suave piel morena se extend�a sobre unos m�sculos tensos y unos huesos� tal vez si no hubiera desprendido aquel olor tan irresistible pese a la sangre y el sudor, Anna podr�a haber mantenido las distancias.</p><p><emphasis>Suyo. �l era suyo, </emphasis>susurr� aquella parte de ella que no se preocupaba por las cuestiones humanas. Por muchos que fueran sus temores sobre los r�pidos cambios que se estaban produciendo en su vida, su mitad de lobo se sent�a muy c�moda con los acontecimientos de los �ltimos d�as.</p><p>Cogi� un pa�o de la cocina, lo moj� y le limpi� la sangre del pecho mientras �l se recuperaba de sus burdos primeros auxilios.</p><p>��Tambi�n tienes sangre en la pernera del pantal�n -le dijo ella-. Tengo que quitarte los t�janos. �Puedes hacerlos desaparecer m�gicamente como aparecieron?</p><p>Charles mene� la cabeza.</p><p>��Ahora no. Ni siquiera para alardear.</p><p>Anna valor� las dificultades de quitar unos t�janos y acab� cogiendo las tijeras que hab�a usado antes. Estaban bastante afiladas y cortaron la dura tela con la misma facilidad con que hab�an cortado la camiseta, dej�ndolo �nicamente con unos calzoncillos de color verde oscuro.</p><p>��Espero que el suelo sea resistente -dijo en un murmullo para intentar distanciarse de la herida-. Ser�a una l�stima mancharlo.</p><p>La sangre se hab�a extendido por todo el elaborado dibujo del suelo. Por suerte, las alfombras persas estaban demasiado lejos para correr peligro.</p><p>La segunda bala le hab�a atravesado la pantorrilla. Ten�a mucho peor aspecto que el d�a anterior; estaba m�s hinchada y reseca.</p><p>��La sangre no lo estropear� -dijo como si sangrara sobre su suelo peri�dicamente-. El a�o pasado le aplicaron cuatro capas de poliuretano. No le pasar� nada.</p><p>No quedaban m�s vendas rosas en el botiqu�n, de modo que para la pierna eligi� el siguiente color m�s rid�culo: un verde chartres. Como el rosa, la p�tina brillante le sentaba muy bien. Anna utiliz� todo el rollo y otro par de parches para evitar que el vendaje se soltara, y lo dej� listo, dejando la colcha, la ropa y el suelo empapados de sangre. La ropa de ella tampoco se hab�a librado.</p><p>���Quieres que te acompa�e a la cama antes de recoger todo este desastre o prefieres unos minutos para recuperarte?</p><p>��Esperar� -dijo �l.</p><p>Mientras ella hab�a estado ocupada con el vendaje, sus ojos oscuros hab�an adquirido el tono amarillento del lobo. Pese a la pataleta de aquella ma�ana que hab�a estremecido a los lobos de Chicago, su control parec�a ser muy, muy bueno, pues le hab�a permitido permanecer inm�vil mientras ella se ocupaba de las heridas. Sin embargo, no hab�a raz�n alguna para tentar a su suerte.</p><p>���D�nde est� la lavadora? -le pregunt� tras coger una muda de la caja.</p><p>��En el s�tano.</p><p>Tard� un minuto en localizar el s�tano. Finalmente abri� una puerta en la peque�a pared entre la cocina y el sal�n que hab�a confundido con un armario y encontr� la escalera. La lavadora estaba al extremo de un s�tano a medio terminar; el resto era un gimnasio equipado con impresionante minuciosidad.</p><p>Arroj� los vendajes y la ropa de Charles en una cesta junto a la lavadora. En el s�tano tambi�n hab�a una pileta. La llen� de agua fr�a e introdujo todo lo que a�n pod�a salvarse. Dej� que se empapara durante unos minutos mientras se cambiaba de ropa, introduciendo tambi�n su camiseta y t�janos manchados de sangre. Junto a la secadora encontr� un cubo de cinco litros lleno de trapos limpios y plegados y cogi� unos cuantos para limpiar el suelo.</p><p>Charles no reaccion� cuando Anna regres� a su lado: ten�a los ojos cerrados y el rostro sereno. Deber�a haber tenido un aspecto rid�culo sentado con unos calzoncillos manchados de sangre y unas tiras rosas y verdes alrededor del cuerpo, pero simplemente ten�a el aspecto de Charles.</p><p>La sangre del suelo desapareci� tan f�cilmente como �l hab�a prometido. Anna le dio una �ltima pasada y se puso en pie para regresar al s�tano con los trapos manchados, pero Charles le agarr� la pierna con un movimiento de su enorme mano y ella se qued� inm�vil, pregunt�ndose si finalmente habr�a perdido el control.</p><p>��Gracias -le dijo bastante civilizadamente.</p><p>��Te dije que estaba dispuesta a cualquier cosa, pero si me obligas a vendarte otra vez, tendr� que matarte -le dijo ella.</p><p>Charles sonri� con los ojos a�n cerrados.</p><p>��Intentar� no desangrarme m�s de lo necesario -le prometi�, solt�ndola para que siguiera con sus tareas.</p><p>En cuanto la lavadora se puso en movimiento en el s�tano, emprendi� la tarea de calentar burritos congelados en el microondas. Si ella ten�a hambre, �l deb�a de estar desfallecido.</p><p>No encontr� caf�, pero hab�a chocolate instant�neo y una gran variedad de t�s. Tras llegar a la conclusi�n de que lo que necesitaban era az�car, puso a hervir agua para hacer chocolate caliente.</p><p>Cuando lo tuvo listo, llev� un plato y una taza de chocolate al sal�n y los dej� en el suelo frente a �l. Charles no abri� los ojos ni se movi�, de modo que Anna lo dej� solo.</p><p>Pase� por la casa hasta encontrar su dormitorio. No fue complicado. Pese a todos los lujos del mobiliario y la decoraci�n, no era una casa excesivamente grande. Solo hab�a una habitaci�n con una cama.</p><p>Aquello hizo que se detuviera un instante con un sentimiento desagradable.</p><p>Apart� las s�banas. Al menos no tendr�a que enfrentarse al tema del sexo durante unos cuantos d�as. Charles no estaba en la mejor forma para hacer gimnasia ahora mismo. Su naturaleza de lobo le hab�a ense�ado, entre otras cosas, a ignorar el pasado, vivir el presente y no pensar demasiado en el futuro. Funcionaba, siempre y cuando el presente fuera soportable.</p><p>Se sent�a cansada; cansada y completamente fuera de lugar. Hizo lo que hab�a aprendido a hacer aquellos �ltimos a�os: reunir a la fuerza de su lobo. Era algo que solo otro lobo podr�a percibir, y sab�a que si se miraba en un espejo, solo encontraba el reflejo de sus propios ojos marrones. Sin embargo, bajo su piel pod�a sentir al <emphasis>Otro. </emphasis>Hab�a utilizado al lobo para soportar cosas a las que su mitad humana no habr�a logrado sobrevivir. Por ahora, le daba una mayor fortaleza y la aislaba de sus preocupaciones.</p><p>Recorri� con la mano las s�banas verde bosque -a Charles parec�a gustarle mucho el verde- y regres� al sal�n.</p><p>Charles segu�a sentado en el suelo, con los ojos abiertos, y tanto el chocolate como los burritos que le hab�a dejado en el suelo hab�an desparecido. Todo buenas se�ales. Sin embargo, ten�a la vista desenfocada, y su rostro estaba a�n m�s p�lido de lo normal, con profundas l�neas producidas por la tensi�n.</p><p>��Vamos a la cama -le dijo ella desde la seguridad del umbral de la puerta.</p><p>Mejor no sorprender a un hombre lobo herido, incluso uno en forma humana y con problemas para mantener la verticalidad.</p><p>Charles asinti� con la cabeza y acept� su ayuda. Incluso en forma humana era muy grande, unos treinta cent�metros m�s que su metro sesenta. Tambi�n pesaba mucho.</p><p>De haber sido necesario, podr�a haber cargado con �l, pero le habr�a costado mucho y le habr�a hecho da�o, de modo que le pas� el hombro por debajo del brazo y le ayud� a llegar hasta su dormitorio.</p><p>Tan cerca de �l, le resultaba imposible no responder al aroma de su piel. Ol�a a macho y a pareja. Empujada por aquel aroma, se dej� sumergir en la seguridad de su naturaleza de lobo, acogiendo la satisfacci�n de la bestia.</p><p>Charles no hizo sonido alguno durante el trayecto hasta su dormitorio, aunque ella pod�a sentir el alcance de su miedo en la tensi�n de sus m�sculos. Estaba ardiendo y febril, y aquello la preocupaba. Jam�s hab�a visto a un hombre lobo con fiebre.</p><p>Charles se sent� en la cama con un silbido. Aunque la sangre en la pretina de sus calzoncillos manchar�a las s�banas, Anna no se sinti� demasiado c�moda para coment�rselo. Parec�a a punto de derrumbarse; antes de decidir transformarse en humano hab�a estado mucho mejor. Tendr�a que hab�rselo pensado mejor, de algo ten�a que servirle ser tan viejo.</p><p>���Por qu� no te has quedado en forma de lobo? -le recrimin�.</p><p>Unos ojos de hielo se clavaron en los suyos con una profundidad amarilla que ten�a m�s de lobo que de hombre.</p><p>��Ibas a marcharte. El lobo no ten�a forma de decirte que no lo hicieras.</p><p>�Hab�a pasado por todo aquello solo porque le preocupaba que ella pudiera irse? Rom�ntico� y est�pido.</p><p>Anna puso los ojos en blanco, exasperada.</p><p>���Y adonde demonios hubiera ido? �Y qu� m�s te daba si acababas muriendo desangrado?</p><p>Charles baj� la vista deliberadamente.</p><p>El hecho de que aquel lobo, aquel hombre tan dominante que incluso los humanos se apartaban cuando pasaba a su lado, le ofreciera la ventaja la dej� sin aliento.</p><p>��Mi padre te habr�a llevado a donde desearas -le dijo �l suavemente-. Estaba bastante seguro de que pod�a convencerte de lo contrario, pero subestim� la gravedad de mis heridas.</p><p>��Est�pido -le dijo ella con acritud.</p><p>Charles levant� la vista para mirarla, y fuera lo que fuese lo que vio en su rostro, le hizo sonre�r, aunque su voz permaneci� seria cuando respondi� al insulto.</p><p>��S�. Me haces perder el juicio.</p><p>Charles empez� a tumbarse en la cama y Anna le coloc� r�pidamente el brazo alrededor del cuerpo, justo por encima del vendaje, ayud�ndole a tenderse sobre el colch�n.</p><p>���Prefieres tumbarte de lado?</p><p>Charles neg� con la cabeza y se mordi� el labio. Anna sab�a por experiencia propia lo doloroso que pod�a resultar el hecho de tenderse en la cama cuando est�s gravemente herido.</p><p>���Quieres que llame a alguien? -le pregunt�-. �Al m�dico? �A tu padre?</p><p>��No. Estar� bien despu�s de dormir un poco.</p><p>Anna le mir� con semblante esc�ptico que �l no vio.</p><p>���Hay <emphasis>alg�n </emphasis>m�dico? �O alguna persona que sepa m�s de medicina que yo por los alrededores? �C�mo, por ejemplo, un boy scout de diez a�os?</p><p>El rostro de Charles se ilumin� con una sonrisa pasajera que anim� su sobria belleza hasta el punto de provocar en Anna una punzada en el coraz�n.</p><p>��Mi hermano es m�dico, pero probablemente seguir� en el estado de Washington. -Dud� un instante-. Aunque tal vez no. Seguramente volver� para el funeral.</p><p>���Funeral?</p><p>Entonces record� el funeral del amigo de Bran, la raz�n por la cual Bran no hab�a podido quedarse m�s tiempo en Chicago.</p><p>��Ma�ana -respondi� �l, aunque no era eso a lo que ella se refer�a. Como no estaba muy segura de querer saber m�s sobre qui�n hab�a muerto y por qu�, no le hizo m�s preguntas. Charles. Se qued� en silencio y Anna pens� que se hab�a quedado dormido hasta que volvi� a hablar-: Anna, no conf�es en nadie.</p><p>���C�mo?</p><p>Le apoy� la mano en la frente. No estaba m�s caliente.</p><p>��Si decides aceptar la oferta de mi padre y te marchas, recuerda que no hace nada sin un motivo. Si fuera un hombre sencillo, no ser�a tan viejo como es, ni tendr�a tanto poder como tiene. Te quiere para poder utilizarte. -Abri� sus ojos dorados y le sostuvo la mirada-. Es un buen hombre. Pero tambi�n es muy realista, y su realismo le dice que tener a una Omega puede significar que no tendr� que volver a matar a un amigo.</p><p>���C�mo el del funeral de ma�ana? -dijo ella.</p><p>S�, ese era el trasfondo que hab�a estado percibiendo.</p><p>Charles asinti� una sola vez, con convicci�n.</p><p>��No podr�as haber hecho nada con ese, nadie pod�a hacer nada. Pero tal vez el siguiente�</p><p>���Tu padre no <emphasis>dejar�a </emphasis>que me marchara? -�Se hab�a convertido en una prisionera?</p><p>Charles capt� su impaciencia.</p><p>��No quer�a decir eso. �l no suele mentir. Te dijo que har�a todo lo posible para dejarte marchar si eso es lo quer�as, y eso es lo que har�. Intentar� convencerte para que vayas a donde m�s te necesite, pero no se opondr� a tu decisi�n.</p><p>Anna le mir� y su lobo interior se relaj�.</p><p>��T� tampoco podr�as retenerme aqu� contra mi voluntad.</p><p>Sus manos se movieron con una velocidad sobrecogedora, sujet�ndole las mu�ecas antes de que ella pudiera reaccionar. Sus ojos relucieron pasando de un dorado pulido a un brillante ambarino de lobo mientras le dec�a con voz ronca:</p><p>��No est�s tan segura, Anna. No est�s tan segura.</p><p>Tendr�a que haber sentido miedo. �l era mucho m�s grande y fuerte que ella, y la velocidad de sus movimientos pretend�a provocar en ella aquel sentimiento. Pese a todo, Anna no comprend�a la necesidad de todo aquello a menos que Charles quisiera asegurarse de que lo entend�a. No obstante, con la influencia de su lobo, no pod�a sentir miedo de �l; �l le pertenec�a y jam�s le har�a da�o, como ella tampoco se lo har�a a �l de forma consciente.</p><p>Anna se inclin� hacia delante y apoy� la frente sobre la suya.</p><p>��Te conozco -le dijo-. No puedes enga�arme.</p><p>Aquella convicci�n la ayud� a serenarse. Puede que hiciera muy poco tiempo que le conoc�a, demasiado poco, pero en muchos sentidos le conoc�a mejor de lo que �l se conoc�a a s� mismo.</p><p>Sorprendentemente, Charles se puso a re�r; una risa silenciosa que confiaba que no le doliera demasiado.</p><p>���C�mo consigui� convencerte Leo para que te comportaras como un lobo sumiso?</p><p>Todas aquellas palizas, todas aquellas c�pulas con hombres que detestaba. Baj� la mirada para observar las cicatrices en las mu�ecas que sosten�a Charles. Hab�a usado un cuchillo de plata, y si no hubiera perdido la paciencia, si hubiera esperado a regresar a la seguridad de su casa, ahora podr�a estar muerta.</p><p>Leo hab�a intentado desarmarla porque sab�a que no era sumisa. Era algo completamente distinto. No hab�a querido que ella lo supiera. No formaba parte de la estructura de la manada. Se lo hab�a contado Charles. No era ni dominante ni sumisa. Omega. Fuera lo que fuese lo que eso significara.</p><p>La mano de Charles viaj� r�pidamente de sus mu�ecas a sus mejillas. La apart� de �l hasta que pudo contemplar su rostro.</p><p>���Anna? Anna, lo siento. No pretend�a�</p><p>��No fuiste t� -le dijo ella-. Estoy bien. -Volvi� a enfocar la vista y se dio cuenta de que Charles parec�a a�n m�s cansado que momentos antes-. Necesitas dormir.</p><p>�l la mir� detenidamente, asinti� y la solt�.</p><p>��En el sal�n hay un televisor. O puedes jugar con el ordenador de mi estudio. Tengo�</p><p>��Yo tambi�n estoy cansada.</p><p>Puede que se sintiera tentada a dar media vuelta y salir con el rabo entre las piernas, pero no era est�pida. Sab�a que lo que su mente exhausta necesitaba para asimilar los cambios abruptos de su vida era dormir. El cambio de Chicago a las monta�as de Montana era lo de menos: Omega y valorada, no sumisa y despreciada; una pareja y todo lo que eso implicara. Aquello era mucho mejor que lo que dejaba atr�s, pero no significaba que no fuera traum�tico.</p><p>���Te importa si duermo aqu�?</p><p>Mantuvo un tono de voz t�mido. No quer�a inmiscuirse donde no la quer�an. Aquel era su territorio, pero su lobo se mostraba reacio a dejarle solo y herido.</p><p>Aquella necesidad le parec�a extra�a. Extra�a y peligrosa, como si lo que �l era pudiera alargar la mano y trag�rsela entera, o transformarla hasta que no pudiera reconocerse a s� misma. Aunque estaba demasiado cansada para enfrentarse a aquello, ni siquiera para averiguar si deseaba hacerlo.</p><p>��Por favor -dijo �l, y aquello fue suficiente.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>�l sab�a que Anna estaba bien. Lo �nico que necesitaba era descansar.</p><p>Tras regresar del cuarto de ba�o con una ra�da camisa de franela y unos pantalones de pijama deste�idos, se hab�a tumbado a su lado hecha un ovillo y se hab�a quedado dormida poco despu�s. Aunque �l tambi�n estaba exhausto, descubri� que no deseaba desperdiciar ni un segundo del tiempo que pod�a pasar con ella entre sus brazos, su regalo inesperado.</p><p>No sab�a lo que ella opinaba de �l. Antes de que le dispararan, hab�a planeado dedicar m�s tiempo a cortejarla. De ese modo ella se sentir�a m�s segura de �l antes de arrancarla de su territorio.</p><p>La expresi�n de su rostro cuando hab�a entrado en su casa� Anna emiti� un sonido y �l afloj� un poco la presi�n de sus brazos. Se hab�a hecho da�o a s� mismo con aquella transformaci�n, y tardar�a mucho m�s en recuperarse en forma humana, pero si la hubiese perdido, la herida que le hubiera provocado habr�a sido mucho m�s dif�cil de curar.</p><p>Era una mujer fuerte. Hab�a sobrevivido al trato impuesto por Leo y hab�a salido m�s o menos airosa. Sab�a que no era cierto lo que hab�a dicho sobre su falta de opciones. Si no la hubiera distra�do, habr�a huido de �l. El cansancio que sent�a ahora y el dolor provocado por la transformaci�n hab�an valido la pena. Hab�a esperado mucho tiempo para encontrar a alguien como ella y har�a todo lo posible por no perderla.</p><p>Resultaba extra�o tener a una mujer en su cama. Aunque, al mismo tiempo, le parec�a que siempre hab�a estado ah�. Era suya. Aunque ella ten�a la mano extendida sobre la herida de su pecho, ignor� el dolor en aras de un sentimiento mucho m�s feroz y dichoso. Suya.</p><p>La voz del Marrok flot� en su cabeza y despareci�, como una corriente c�lida. <emphasis>El funeral ser� a las nueve de la ma�ana. Si no puedes asistir, d�melo. Samuel vendr�; despu�s quiere examinarte las heridas.</emphasis></p><p>Bran no era un aut�ntico tel�pata; pod�a enviar pero no recibir. Samuel le hab�a dicho en una ocasi�n que Bran no siempre hab�a sido capaz de hacer ni siquiera aquello, pero en alg�n momento tras convertirse en Alfa hab�a desarrollado aquel talento.</p><p><emphasis>Y necesito algo de ti�</emphasis></p><p>La voz de su padre se fue apagando y Charles supo que no quer�a que escuchara aquella parte. O al menos que su padre no pretend�a que la escuchara.</p><p>Nunca hab�a cuestionado la fe en el Dios de su padre, ni la de su abuelo en los esp�ritus, porque conoc�a ambos mundos. Dios raramente le hablaba, aunque a veces le alertaba o le prestaba consuelo y fortaleza. Sin embargo, los esp�ritus eran m�s exigentes, aunque tambi�n menos caritativos, y Charles hab�a aprendido a reconocer cuando uno de ellos le estaba incomodando.</p><p>��Lo siento -le susurr� a Anna cuando alarg� el brazo para coger el tel�fono, el cual, afortunadamente, no estaba demasiado lejos de la cama. No obstante, Anna ni se movi�.</p><p>Marc� el n�mero del m�vil de su padre.</p><p>���No podr�s asistir? �Est�s peor?</p><p>Incluso antes de que existiera el reconocimiento de llamadas, su padre siempre hab�a sabido qui�n le estaba llamando. Con Charles, hac�a tiempo que hab�a dejado de perder el tiempo con los saludos y pasaba directamente al meollo de la cuesti�n.</p><p>��Estoy bien, pap� -dijo Charles. Cuando Anna despert�, sus m�sculos se tensaron ligeramente contra su cuerpo-. Pero tienes algo m�s que decirme.</p><p>Se produjo una pausa.</p><p>��Si hubiese sabido que tu madre era la hija de un cham�n, jam�s la habr�a elegido como pareja.</p><p>Repet�a lo mismo desde que su hijo mostrara signos de haber heredado los talentos de su madre. Charles sonri�: su padre sab�a perfectamente que no pod�a mentir a otro hombre lobo, o al menos no a uno de sus hijos. Ni siquiera a trav�s del tel�fono.</p><p>��De acuerdo -dijo Bran cuando Charles no hizo adem�n de continuar. La frustraci�n hizo que su voz sonara muy afilada-. Se ha producido una muerte en las monta�as Cabinet. Un cazador de alces apareci� hecho pedazos hace un par de d�as, el �ltimo d�a de la estaci�n. Me lo dijo uno de nuestros contactos con los guardabosques. Ma�ana saldr� en los peri�dicos. Oficialmente lo atribuyen al ataque de un oso pardo.</p><p>���Un lobo solitario? -pregunt� Charles.</p><p>��Tal vez. O quiz� alguien que intenta decirme que hacer p�blica la existencia de los lic�ntropos no es muy buena idea.</p><p>Anna estaba completamente inm�vil a su lado. Estaba despierta y no se perd�a ni un detalle de la conversaci�n.</p><p>Bran continu�.</p><p>��El Parque Nacional Cabinet est� justo en nuestro patio trasero, donde era evidente que recibir�a el mensaje. Hace m�s de quince o veinte a�os que no ten�amos a un lobo solitario en Montana. -La mayor�a eran lo suficientemente listos como para mantenerse alejados del territorio personal del Marrok-. Los guardas tambi�n hicieron un informe har� cosa de un mes sobre un monstruo con el que top� un universitario. A pocos kil�metros de donde encontraron al cazador muerto. El estudiante dijo que esa cosa sali� del bosque. Le rugi� y le mostr� los colmillos y las garras. Todos concluyeron que se trataba de un puma, pero el estudiante se puso hecho una furia ante la sugerencia de que no sab�a reconocer a un puma. Sostuvo que se trataba de un monstruo hasta que le convencieron de que cambiara su historia.</p><p>���Por qu� sigue con vida? -pregunt� Charles, y sinti� c�mo Anna se tensaba a�n m�s. Hab�a malinterpretado su pregunta. De modo que continu�, m�s por ella que por su padre-: Si era un lobo solitario, no hubiera permitido que escapara despu�s de verle -aclar� para tranquilizar a Anna.</p><p>Hac�a mucho tiempo que no ten�a que matar a un testigo. La mayor parte de las veces pod�an recurrir a la incredulidad general ante el mundo sobrenatural y, por lo menos en la zona Noroeste, a las historias sobre el <emphasis>Big Foot. </emphasis>Una de las manadas de Oreg�n hab�a convertido en pasatiempo la creaci�n de rastros del <emphasis>Big Foot </emphasis>despu�s de que los da�os que uno de sus nuevos lobos provoc� en un coche fueran atribuidos a este.</p><p>��El estudiante asegur� que un viejo loco apareci� de la nada con un cuchillo en la mano y le dijo que se largara de all� -dijo Bran-. Y eso fue lo que hizo.</p><p>Charles tard� un minuto en procesar la informaci�n.</p><p>���Un viejo loco que <emphasis>casualmente </emphasis>pasaba por all� cuando un hombre lobo decidi� matar a ese chaval? Un viejo ni siquiera podr�a distraer a un hombre lobo.</p><p>��No he dicho que la historia tenga sentido. -La voz de su padre sonaba seca-. Y no estamos seguros de que el monstruo fuera un hombre lobo. No le prest� mucha atenci�n hasta que el cazador fue asesinado en la misma zona solo un mes m�s larde.</p><p>���Y qu� hay de ese? �Est�s seguro de que el cazador fue una v�ctima de un hombre lobo?</p><p>��Mi informador es Heather Morrell. Sabe diferenciar las v�ctimas de un oso pardo de las de un hombre lobo.</p><p>Pese a que Heather era humana, hab�a crecido en Aspen Creek.</p><p>��De acuerdo -accedi� Charles-. �Quieres que investigue un poco? Tardar� unos d�as en estar a punto. -Y no quer�a dejar a Anna sola-. �Puedes enviar a otro?</p><p>Tendr�a que ser alguien lo suficientemente dominante como para controlar a un lobo solitario.</p><p>��No quiero enviar a nadie que pueda acabar muerto.</p><p>��Solo yo.</p><p>Charles tambi�n pod�a utilizar un tono seco.</p><p>��Solo t� -reconoci� Bran suavemente-. Pero no te enviar� herido. Samuel est� aqu� para asistir al funeral. �l puede investigarlo.</p><p>��No puedes enviar a Samuel.</p><p>Su respuesta fue inmediata. La negativa fue demasiado brusca para ser simplemente instintiva. En ocasiones los esp�ritus de su madre le ayudaban a planear el futuro.</p><p>En aquella ocasi�n quien esper� fue su padre, dej�ndole tiempo para averiguar por qu� era tan mala idea. No le gust� la respuesta que acudi� a su mente.</p><p>��Desde que regres� de Texas est� algo raro -dijo Charles finalmente.</p><p>��Tiene tendencias suicidas. -Bran lo verbaliz�-. Lo envi� con Mercy para ver si ella pod�a espabilarlo. Por eso te mand� a Chicago y no a Washington.</p><p>Pobre Mercy, pobre Samuel. Charles acarici� el brazo de Anna con un dedo. Gracias a Dios, gracias a todos los esp�ritus, su padre nunca hab�a intentado emparejarlo a �l. Mir� a Anna y le agradeci� a su padre por haberlo enviado a �l a Chicago en lugar de a Samuel.</p><p>Los esp�ritus respondieron a su plegaria impulsiva interfiriendo con mayor intensidad.</p><p>��Samuel es duro -dijo al tiempo que repasaba las im�genes de alerta que le enviaban-. Pero es un curandero, y no creo que sea lo que requiera esta situaci�n. Ir� yo. Tendr� que esperar un par de d�as, pero ir�.</p><p>La inquietud que le hab�a invadido desde que su padre contactara con �l se desvaneci�. Su decisi�n parec�a ser la m�s acertada.</p><p>Aunque su padre no pensaba lo mismo.</p><p>��Ayer recibiste tres balas de plata, �o me he perdido algo? Y esta ma�ana has perdido el control.</p><p>��Dos balas y un rasgu�o -lo corrigi� Charles-. Cojear� ligeramente por el sendero. No le pasa nada a mi control.</p><p>��Dejar�s que Samuel te examine y despu�s hablaremos. -Su padre colg� abruptamente. Pero su voz continu� en la cabeza de Charles-: <emphasis>No quiero perder a mis dos hijos.</emphasis></p><p>Charles colg� el aparato y le dijo a Anna:</p><p>��Dispara.</p><p>���Bran, el Marrok, va a hacer p�blica la existencia de los hombres lobo?</p><p>Habl� casi en murmullos, como si lo encontrara inconcebible.</p><p>��Cree que ya lo sabe demasiada gente equivocada -le dijo-. Los ordenadores y la ciencia han hecho que cada vez sea m�s dif�cil ocultarnos. Pap� conf�a en poder controlarlo mejor si �l es el que inicia el flujo de informaci�n en lugar de esperar a que nuestros enemigos o alg�n idiota inocente decidan hacerlo por nosotros.</p><p>Anna se relaj� apoy�ndose en �l mientras reflexionaba sobre aquello.</p><p>��Eso har� la vida mucho m�s interesante.</p><p>Charles se puso a re�r, la acogi� entre sus brazos y, finalmente, se sumi� en un sue�o reparador.</p></section><section><title><p id="_Toc233648882">Cap�tulo 3</p></title><p>S� que hab�a un pueblo. Aunque no era nada del otro mundo, ten�a una gasolinera, un hotel y un edificio de ladrillo y piedra de dos plantas con un cartel en la fachada que lo identificaba como la Escuela de Aspen Creek. M�s all� de la escuela, oculta entre los �rboles y apenas visible desde otro lugar que no fuera el aparcamiento, se levantaba una iglesia de piedra. Si no hubiera sido por las indicaciones de Charles, Anna no la habr�a encontrado nunca.</p><p>Anna hizo avanzar la enorme furgoneta verde por el aparcamiento de la iglesia hasta una plaza dise�ada para un veh�culo mucho m�s peque�o. Era el �nico hueco que quedaba. Pese a no haber visto ninguna casa, el aparcamiento estaba lleno de furgonetas y todoterrenos.</p><p>La furgoneta de Charles era m�s vieja que ella, aunque parec�a reci�n salida de f�brica. Ten�a menos de ochenta mil kil�metros, si pod�a fiarse del cuentakil�metros; unos tres mil kil�metros al a�o. Charles le hab�a dicho que no le gustaba conducir.</p><p>Anna apag� el motor y observ� con ansiedad c�mo Charles abr�a la puerta y sal�a de la furgoneta. El salto no pareci� afectarle. La mancha en la venda rosa no era mayor aquella ma�ana de lo que lo hab�a sido la noche anterior. Pero, aun as�, parec�a agotado, y a Anna le preocupaba el enrojecimiento que se percib�a bajo su piel.</p><p>Si hubieran estado en Chicago, asistiendo a una reuni�n de su vieja manada, no le habr�a permitido acudir. Demasiados lobos pod�an sacar partido de su debilidad. O al menos hubiera intentado detenerle con mayor convicci�n de la que hab�a empleado aquella ma�ana.</p><p>Le hab�a comunicado sus reticencias con la cabeza cuidadosamente inclinada, como le hab�an ense�ado. Seg�n su experiencia, a los lobos dominantes no les gusta que se les cuestione su valor, y a veces reaccionan airadamente. No obstante, Anna no tem�a que Charles pudiera hacerle da�o.</p><p>Se hab�a limitado a decirle:</p><p>��Nadie se atrever� a retarme. Mi padre los matar�a si no lo consegu�a yo antes. Y no estoy precisamente indefenso.</p><p>Anna no hab�a tenido el coraje de seguir cuestionando su decisi�n. Lo �nico que pudo hacer fue confiar en que tuviera raz�n.</p><p>Tras cubrirse los vendajes con una chaqueta oscura, ten�a que admitir que su aspecto trasmit�a cualquier cosa menos indefensi�n. El contraste entre la chaqueta formal y el cabello hasta la cintura, trenzado y cubierto de abalorios, resultaba extra�amente irresistible. Por supuesto, su rostro ex�tico y atractivo, sin olvidar su cuerpo de m�sculos tensos y desarrollados, significaba que estar�a impresionante llevara lo que llevase.</p><p>�l estaba mucho m�s elegante que ella. Tuvo que ponerse unos t�janos y una camisa amarilla abotonada al cuello porque lo �nico que ten�a aparte de eso eran dos camisetas. Cuando cogi� lo necesario en su casa, no sab�a que tendr�a que asistir a un funeral.</p><p>Suspir� y abri� la puerta de la furgoneta lentamente para evitar rallar el Subaru aparcado junto a la camioneta. Charles la esperaba frente al veh�culo y alarg� su brazo en lo que se estaba convirtiendo en un gesto familiar, por muy pasado de moda que estuviese. Ella desliz� su brazo en el de �l y dej� que marcara el ritmo hasta la iglesia.</p><p>Aunque en p�blico dej� de cojear, Anna sab�a que numerosos ojos sagaces estar�an observando la rigidez con la que caminaba. Anna levant� la vista para observar su rostro cuando empezaron a subir los escalones, pero no pudo leer absolutamente nada en su semblante: ya ten�a puesta la cara p�blica, completamente inexpresiva.</p><p>El interior de la iglesia parec�a una colmena, con cientos de voces que se entrelazaban y de las que solo pod�a extraerse una palabra aqu� y otra all� pero nada que tuviera sentido. Reconoci� la presencia de lobos, pero tambi�n de humanos. Toda la congregaci�n desprend�a el inconfundible aroma del dolor, revestido de ira y resentimiento.</p><p>Cuando entraron en la capilla vieron que todos los bancos estaban ocupados, e incluso que algunas personas permanec�an de pie al fondo de la sala. Se dieron la vuelta cuando entraron ella y<emphasis/>Charles, y<emphasis/>todos la observaron a ella, una extra�a, la �nica persona en toda la iglesia que llevaba t�janos. Y una camisa amarilla.</p><p>Agarr� con m�s fuerza el brazo de Charles. �l baj� la mirada hasta su rostro y, a continuaci�n, continu� observando todo lo que le rodeaba. Antes de dejar atr�s el tercer banco, todo el mundo pareci� encontrar algo urgente que atrajo su atenci�n hacia otro lugar.</p><p>Anna apret� su antebrazo con mayor intensidad en se�al de agradecimiento y se fij� en el interior del edificio. Le record� la iglesia congregacionista en la que hab�a crecido: madera oscura, altos techos y planta en forma de cruz. El pulpito estaba situado justo frente a la nave por la que hab�an entrado, a unos sesenta cent�metros por encima del suelo principal. Tras este, varias filas de bancos estaban orientadas hacia la congregaci�n.</p><p>Mientras se acercaban a la parte delantera de la iglesia, Anna comprendi� que se hab�a equivocado al pensar que todos los bancos estaban ocupados. En la primera fila de la izquierda, Bran estaba sentado solo.</p><p>Pese al traje gris marengo de dise�o, cualquiera que le hubiera visto all� sentado habr�a pensado que esperaba el autob�s en lugar de estar en un funeral. Ten�a los brazos extendidos a ambos lados y los codos apoyados en el respaldo del banco; las piernas estiradas y cruzadas a la altura de la pantorrilla, los ojos clavados o bien en la barandilla frente a �l o bien en el infinito. Su rostro no revelaba mucho m�s que la habitual expresi�n de Charles, y aquello la inquiet�. No hac�a mucho que le conoc�a, pero la cara del Marrok sol�a ser m�s expresiva; no estaba dise�ada para permanecer tan r�gida.</p><p>Parec�a aislado, y Anna record� que el hombre al que todo el pueblo hab�a acudido a despedir por �ltima vez hab�a muerto a manos de Bran. Un amigo, seg�n le hab�a dicho �l mismo.</p><p>A su lado, Charles emiti� un d�bil gru�ido que atrajo la atenci�n de su padre. Bran mir� en su direcci�n y elev� una ceja, lo que interrumpi� su ensimismamiento. Le dio una palmadita al banco junto a �l mientras le preguntaba a su hijo:</p><p>���Qu�? �Esperabas que me lo agradecieran?</p><p>Charles se dio la vuelta repentinamente, de modo que Anna qued� con el rostro sobre su pecho. Sin embargo, Charles no la miraba a ella sino al resto de personas que ocupaban el santuario, las cuales volvieron a desviar la mirada. Cuando su poder recorri� la iglesia como una r�faga de viento, se impuso un silencio sepulcral.</p><p>��Idiotas -dijo Charles lo suficientemente alto para que le oyeran todos los presentes.</p><p>Bran se puso a re�r.</p><p>��Si�ntate antes de que los asustes de verdad. No soy un pol�tico, no me interesa lo que opinen de m�. Siempre y cuando me obedezcan.</p><p>Tras un momento, Charles accedi�, y Anna se encontr� sentada entre uno y el otro.</p><p>En cuanto Charles se sent� con la vista puesta al frente, se reanudaron los murmullos, cogieron velocidad y recuperaron su nivel anterior. Hab�a corrientes subterr�neas lo suficientemente profundas como para ahogarse en ellas. Anna no pudo evitar sentirse una extra�a.</p><p>���D�nde est� Samuel? -pregunt� Charles mirando a su padre por encima de la cabeza de Anna.</p><p>��Ahora mismo llega. -Bran dijo aquello sin mirar hacia atr�s, pero cuando Charles se dio la vuelta, Anna hizo lo mismo.</p><p>El hombre que avanzaba lentamente por el pasillo central era tan alto como Charles, y sus facciones eran la versi�n dura de Bran. Aquella dureza hac�a que tuviera un aspecto menos anodino y juvenil que su padre. Anna lo encontr� extra�amente atractivo, aunque no tan guapo como Charles.</p><p>Pese a llevar el pelo descuidado y sin gracia, consegu�a de alg�n modo parecer pulcro y elegante. En una mano sujetaba una gastada funda de viol�n y en la otra una chaqueta azul oscuro al estilo del Oeste.</p><p>Cuando hubo alcanzado pr�cticamente la primera fila de bancos, se dio la vuelta y dio un repaso a todos los rostros presentes con una sola mirada. A continuaci�n se fij� en Anna y su rostro se ilumin� con una dulce sonrisa; una sonrisa que tambi�n hab�a visto fugazmente en el rostro de Charles. Con aquella sonrisa, Anna pudo ver m�s all� de las diferencias superficiales <emphasis>y </emphasis>captar las similitudes ocultas, las cuales ten�an m�s que ver con la forma de los huesos y el movimiento que con una semejanza de rasgos.</p><p>Samuel se sent� junto a Charles y con �l trajo el olor penetrante de la nieve sobre el cuero. Su sonrisa se ampli�, empez� a decir algo pero se detuvo cuando una oleada de silencio recorri� la multitud de atr�s hacia delante.</p><p>El sacerdote, enfundado en ropas clericales pasadas de moda, avanz� lentamente por el pasillo central con una Biblia de aspecto antiguo bajo el brazo. Cuando ocup� su posici�n en la parte frontal, la sala estaba en silencio.</p><p>Su edad avanzada le dijo a Anna que no era un hombre lobo, aunque ten�a una presencia que hizo que su �Bienvenidos y gracias por venir a ofrecer vuestro respeto a nuestro amigo� sonara bastante ceremonial. Deposit� la Biblia en el atril con una obvia precauci�n por no deteriorar m�s la gastada piel de las tapas. Abri� suavemente la pesada cubierta con relieves y dej� a un lado el marcador de p�ginas.</p><p>Ley� un pasaje del decimoquinto cap�tulo de la primera carta de Pablo a los Corintios. Y el �ltimo verso lo recit� mirando al frente.</p><p><emphasis>����D�nde est�, muerte, tu victoria? �D�nde est� tu aguij�n?�</emphasis></p><p>Se detuvo y recorri� la sala con la mirada, m�s o menos como hiciera Charles, y entonces dijo:</p><p>��Poco despu�s de que me trasladara a este lugar, Carter Wallace vino a mi casa a las dos de la madrugada para coger a mi mujer de la mano cuando nuestro labrador tuvo su primera camada. No me cobr� nada porque dijo que si cobrara<emphasis/>por abrazar a mujeres hermosas, ser�a un gigol� y no un veterinario.</p><p>Se apart� del pulpito y se sent� en la silla de madera con aspecto de trono que hab�a a un lado del estrado. Se produjo el sonido de unos pies arrastr�ndose y del crujido de la madera y una mujer mayor se puso en pie. Un hombre de cabello casta�o brillante la acompa�� a lo largo del pasillo con una mano bajo su codo. Cuando pasaron junto a su banco, Anna oli� su lobo.</p><p>La anciana tard� unos cuantos minutos en subir las escaleras que llevaban al pulpito. Era tan peque�a que tuvo que subirse a un taburete. El hombre lobo se qued� tras ella y la sujet� por la cintura para que no perdiera el equilibrio.</p><p>��Carter vino a nuestra tienda cuando ten�a ocho a�os � dijo con una voz fr�gil y velada-. Me dio quince centavos. Cuando le pregunt� para qu� eran, me dijo que unos d�as atr�s �l y Hammond Markham hab�an estado all� y que Hammond hab�a robado un caramelo. Le pregunt� por qu� ven�a �l en lugar de Hammond para traer el dinero. Me dijo que Hammond no sab�a que le tra�a el dinero. -Se ri� y se sec� una l�grima-. Me asegur� que era el dinero de Hammond, que lo hab�a robado de su hucha de cerdito aquella misma ma�ana.</p><p>El hombre lobo que la hab�a acompa�ado se llev� la mano de la anciana a los labios y la bes�. A continuaci�n, la levant� en sus brazos, pese a sus protestas, y la llev� hasta el lugar que ocupaban entre la concurrencia. Marido y mujer, no el nieto y la abuela que aparentaban ser.</p><p>A Anna le recorri� un escalofr�o, repentinamente agradecida de que Charles fuese un hombre lobo como ella y no un humano.</p><p>Otras personas se levantaron y contaron m�s historias o leyeron versos de la Biblia. Hubo l�grimas. El fallecido, Carter Wallace, o mejor dicho, el Dr. Carter Wallace, pues parec�a claro que hab�a sido el veterinario del pueblo, era un hombre muy querido.</p><p>Charles estir� las piernas e inclin� la cabeza. A su lado, Samuel jugaba distra�damente con la funda de piel del viol�n, frotando una zona gastada de la misma.</p><p>Anna se pregunt� a cu�ntos funerales deber�an de haber asistido, a cu�ntos familiares y amigos hab�an enterrado. Ella tambi�n hab�a maldecido muchas veces su cuerpo regenerador y eternamente joven, sobre todo cuando dificultaba tanto el suicidio. Pero la tensi�n en los hombros de Charles, el nerviosismo de Samuel y la inmovilidad de Bran le hicieron descubrir que exist�an otras cosas que convert�an la inmortalidad virtual en una maldici�n.</p><p>Se pregunt� si Charles habr�a tenido alguna vez una esposa. Una mujer humana que envejec�a mientras �l no lo hac�a. �Qu� se sentir�a al ver que la gente que conoc�a desde peque�a se hac�a vieja y mor�a mientras a ella a�n no le hab�a salido ni la primera cana?</p><p>Mir� a Charles. Le hab�a dicho que ten�a doscientos a�os, y su padre y su hermano eran a�n m�s mayores. Habr�an asistido a much�simos funerales.</p><p>Un nerviosismo creciente en la congregaci�n interrumpi� sus pensamientos. Mir� a su alrededor y vio a una chica avanzando por el pasillo central. No hab�a nada en ella que justificara a primera vista aquella agitaci�n. Aunque estaba demasiado lejos y rodeada de demasiada gente para poder olerla, hab�a algo en ella que la se�alaba como humana.</p><p>La chica subi� las escaleras y la tensi�n hizo vibrar el aire cuando pas� las hojas de la Biblia y observ� al auditorio por debajo de sus pesta�as.</p><p>Puso un dedo sobre la p�gina y ley�:</p><empty-line/><p><emphasis>Porque, este es el mensaje que hab�is o�do desde el principio: Que nos amemos los unos a los otros. No como Ca�n, que era del maligno, y mat� a su hermano. �Y por qu� causa le mat�? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.</emphasis></p><empty-line/><p>��Shawna. La nieta de Carter -le dijo Charles en un susurro-. Esto va a ponerse feo.</p><p>��No ha estudiado lo suficiente -dijo Samuel con el misino tono de voz pero con un sutil toque de humor-: En la Biblia hay pasajes m�s mordaces que los de Juan.</p><p>La chica continu� recitando unos cuantos versos m�s y<emphasis/>despu�s mir� directamente al Marrok, quien se vio obligado a sostenerle la mirada. Aunque Anna no percibi� el poder del Alfa, la chica baj� la mirada tras poco m�s de medio segundo.</p><p>��Ha estado en una escuela lejos de aqu� -dijo Charles con aquella voz casi silenciosa. Cualquiera, lic�ntropo o no, que estuviera m�s lejos de �l que Anna no podr�a haberlo escuchado-. Es joven y est� segura de s� misma, y ya se mostraba contraria al poder que ejerce pap� en Aspen Creek mucho antes de que Doc Wallace tomara la fatal decisi�n de convertirse en hombre lobo. Sin embargo, traer todo esto a su funeral es imperdonable.</p><p>Ah. De repente comprendi� la tensi�n y la ira presentes en la sala. Carter Wallace hab�a sido Transformado. La transici�n no hab�a salido bien y Bran se hab�a visto obligado a matarlo.</p><p>Seg�n Bran, Carter hab�a sido su amigo. De alg�n modo, mientras observaba su rostro descompuesto, Anna comprendi� que no deb�a de tener muchos amigos.</p><p>Alarg� el brazo por encima de su hombro, donde la mano del Marrok colgaba de forma casual, y la cogi� entre las suyas. Fue un acto impulsivo: en cuanto se dio cuenta de lo que hab�a hecho, se qued� inm�vil. Pero, para entonces, Bran ya hab�a agarrado su mano con una fuerza que traicion� su postura aparentemente casual. Aunque le hizo da�o, Anna no cre�a que fuera intencionado. Tras unos instantes, el apret�n se hizo menos intenso.</p><p>En el pulpito, Shawna empez� a hablar de nuevo, su amargura aparentemente desbocada proven�a de su incapacidad para sostener la mirada de Bran.</p><p>��Mi abuelo se estaba muriendo de c�ncer de huesos cuando el Marrok le convenci� para que se Transformara. El abuelo nunca quiso ser un hombre lobo, pero, d�bil y enfermo, se dej� convencer.</p><p>Anna tuvo la sensaci�n de que se hab�a aprendido el discurso de memoria y que lo hab�a ensayado frente al espejo.</p><p>��Le hizo caso a su <emphasis>amigo. </emphasis>-Pese a que no volvi� a mirar a Bran, ni siquiera Anna, quien no hab�a conocido al fallecido, tuvo alguna duda de a qui�n se refer�a con aquello-. De modo que en lugar de morir de su enfermedad, muri� con el cuello roto porque Bran decidi� que no era un hombre lobo suficientemente bueno. Tal vez el abuelo pensara que era una muerte m�s digna.</p><p>Aunque no lleg� a decir <emphasis>�Pero yo no�, </emphasis>aquello fue lo que reson� por la sala tras abandonar el pulpito.</p><p>Anna estaba dispuesta a odiarla. Sin embargo, cuando la chica pas� a su lado con el ment�n levantado en se�al de desaf�o, descubri� que ten�a los ojos enrojecidos e hinchados.</p><p>Durante un momento crey� que Charles iba a levantarse de un salto. Pod�a sentir c�mo la ira herv�a en su interior, pero fue Samuel quien se puso en pie. Dej� la funda del viol�n en el banco antes de dirigirse al pulpito.</p><p>Como si no hubiese captado la atm�sfera reinante, se sumergi� en la historia de un joven Carter Wallace que escap� del control de su madre y se intern� tres millas en los bosques antes de que finalmente su padre lo encontrara a menos de un metro de una irritada serpiente de cascabel. El padre de Carter, un hombre lobo, mat� a la serpiente, lo que encoleriz� al peque�o Carter.</p><p>��Jam�s he visto a Carter tan enfadado. -Samuel sonri�-. Estaba convencido de que aquella serpiente era su amiga, y el pobre Henry, el padre de Carter, estaba demasiado conmocionado para discutir con �l.</p><p>La sonrisa de Samuel se desvaneci�, y dej� que el silencio se extendiera antes de reanudar la charla.</p><p>��Shawna no estaba aqu� cuando se produjo el debate, de modo que perdonar� el hecho de que no est� bien informada -dijo-. Mi padre no<emphasis/>cre�a que fuera una buena idea que Carter se enfrentara a la Transformaci�n. Nos dijo a todos nosotros, incluso a Doc, que era demasiado bondadoso para estabilizar a su lobo.</p><p>El pulpito cruji� de forma inquietante bajo su peso y Samuel abri� las manos deliberadamente.</p><p>��Aunque ahora me averg�enzo, hice caso a su hijo Gerry y, entre los dos, su hijo y su m�dico, le persuadimos de que lo intentara. Mi padre, sabiendo que un hombre tan enfermo como Doc corr�a un gran riesgo, se encarg� personalmente de su transformaci�n, y lo consigui�. Pero ten�a raz�n. Carter no pod�a ni aceptar ni controlar al lobo que llevaba dentro. De haber sido otra persona, habr�a muerto en febrero con los otros que no superaron la Transformaci�n. Pero Gerry, el m�s adecuado para hacerlo, no estaba dispuesto a ello. Y sin su consentimiento, mi padre sent�a que �l tampoco pod�a.</p><p>Respir� profundamente y mir� a la nieta de Carter.</p><p>��Estuvo a punto de matar a tu madre, Shawna. Yo mismo la atend� y puedo atestiguar que fue la suerte y no un impulso por parte de Carter lo que le salv� la vida. T� misma puedes pregunt�rselo. �C�mo podr�a soportar un hombre que ha dedicado toda su vida al servicio de los dem�s haber estado a punto de matar a su propia hija? Ella misma le pidi� al Marrok en mi presencia que hiciera lo que su hermano no estaba dispuesto a hacer. Por entonces, el lobo de Carter estaba demasiado descontrolado para poder pedirlo �l mismo. As� que no, mi padre no intent� persuadir a Carter para que se Transformara, sino que fue el �nico que asumi� la responsabilidad de poner fin a todo aquel desastre.</p><p>Cuando Samuel termin�, recorri� lentamente con los ojos la sala mientras las cabezas se inclinaban en se�al de sumisi�n. Asinti� una sola vez y regres� a su sitio junto a Charles.</p><p>Los siguientes que subieron al estrado evitaron la mirada del Marrok y sus hijos, pero Anna pens� que era m�s bien debido a la verg�enza que a la ira que hab�a dominado la sala hac�a solo un cuarto de hora.</p><p>Finalmente, el sacerdote se puso en pie.</p><p>��Tengo aqu� una carta que Carter me entreg� hace unas semanas -dijo-. Deb�a abrirse una vez fallecido, lo que cre�a que se producir�a pronto, de un modo u otro.</p><p>Abri� la carta y se coloc� las gafas.</p><empty-line/><p><emphasis>Amigos </emphasis>-ley�-. <emphasis>No llor�is mi p�rdida. Yo no lo har�. Los acontecimientos del �ltimo a�o me han demostrado que no es muy buena idea interferir en los planes de Dios. Voy al encuentro de mi amada esposa con alegr�a y alivio. Tengo una �ltima voluntad. Bran, viejo bardo, canta algo en mi honor en el funeral.</emphasis></p><empty-line/><p>La iglesia estaba silenciosa. Charles sinti� un reacio afecto por el fallecido. Que Dios bendijera a Carter, quien, corno �l, hab�a sido un curandero. Sab�a lo que se avecinaba, y tambi�n c�mo se lo tomar�a la gente, incluido el Marrok.</p><p>Se puso en pie y le alarg� la mano a su padre. Bran pareci� sorprenderse, algo muy poco habitual en �l. Aunque no le cogi� la mano, solt� la de Anna y tambi�n se puso en pie. Anna dej� descansar la mano en el regazo, como si la tuviera dolorida.</p><p>���Sab�as que Doc iba a hacer eso? -le dijo Charles a Samuel en un susurro, se�alando con la cabeza la funda del viol�n mientras segu�an a su padre hasta el podio.</p><p>Si lo hubiera sabido, �l tambi�n habr�a tra�do algo para tocar. As� las cosas, quedaba relegado al piano, el cual ten�a tres teclas desafinadas que obligaban a cierta improvisaci�n.</p><p>Samuel neg� con la cabeza.</p><p>��Ten�a planeado tocar algo en lugar de hablar. -Y a�adi� un poco m�s alto mientras abr�a la funda y extra�a el viol�n-: �Qu� cantar�s, pap�?</p><p>Charles mir� a su padre, pero no pudo leer su expresi�n. <emphasis>Demasiados funerales, demasiados amigos fallecidos, </emphasis>pens�.</p><p>���Simple Gifts� -dijo tras un momento.</p><p id="_ftnref1">Charles se sent� al piano mientras Samuel afinaba el viol�n. Cuando su hermano asinti� con la cabeza, Charles empez� a tocar la introducci�n de la melod�a Shaker <a type="note" l:href="#_ftn1">[1]</a>. Era una buena elecci�n, pens�. Ni triste, ni abiertamente religiosa, y encajaba con Carter Wallace, quien hab�a sido un hombre sencillo. Adem�s, era una canci�n que los tres conoc�an perfectamente.</p><empty-line/><p><emphasis>'Tis</emphasis><emphasis> the gift to be gentle, 'tis the gift to be</emphasis><emphasis> fair, 'Tis</emphasis><emphasis> the gift to wake and breathe the morning air, </emphasis><emphasis>To walk every day in</emphasis><emphasis> the path that we chose, Is the</emphasis><emphasis> gi�</emphasis><emphasis> that pray we</emphasis><emphasis> will</emphasis><emphasis> never never lose.</emphasis></p><empty-line/><p>Cuando la suave voz de su padre termin� el primer verso, Charles se dio cuenta de que la canci�n tambi�n encajaba con su padre. Aunque Bran era un hombre sutil, sus necesidades y deseos eran muy sencillos: mantener viva y segura a su gente. Por aquel objetivo estaba dispuesto a ser infinitamente despiadado.</p><p>Mir� a Anna, sentada sola en el banco. Ten�a los ojos cerrados y segu�a con los labios las palabras de Bran. Se pregunt� c�mo sonar�a su voz al cantar y si encajar�a con la de su padre. No estaba muy seguro de que cantara bien pese a que le hab�a dicho que hab�a trabajado en una tienda de instrumentos musicales vendiendo guitarras cuando conoci� al lobo que la atac� y que la Transform� contra su voluntad.</p><p>Anna abri� los ojos y le devolvi� la mirada. El impacto fue tan intenso que se sorprendi� a s� mismo de que sus dedos continuaran tocando la melod�a.</p><p><emphasis>Suya.</emphasis></p><p>Si ella llegara a conocer la intensidad de sus sentimientos, se largar�a sin pens�rselo dos veces. No estaba acostumbrado a ser tan posesivo, ni a la alegr�a salvaje con que ella llenaba su coraz�n. Le afectaba a su control, de modo que volvi� a concentrarse en la m�sica. La m�sica era f�cil de controlar.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna tuvo que hacer un esfuerzo por no cantar en voz alta. Si la audiencia hubiera sido estrictamente humana, lo habr�a hecho. Pero all� hab�a demasiada gente cuyo sentido del o�do era tan bueno como el suyo.</p><p>Una de las cosas que m�s odiaba del hecho de ser una mujer lobo era que hab�a tenido que dejar de escuchar a muchos de sus m�sicos preferidos. Su o�do percib�a el m�s m�nimo temblor o la pelusa m�s insignificante en la grabaci�n. Aunque los pocos cantantes que pod�a seguir escuchando�</p><p>La voz de Bran era limpia y perfectamente afinada, pero lo que de verdad le erizaba el pelo de la nuca era su timbre c�lido e intenso.</p><p>Mientras entonaba la �ltima nota, el hombre sentado justo detr�s de ella se inclin� hacia delante hasta pegar la boca pr�cticamente en su cuello.</p><p>��De modo que Charles ha tra�do un juguetito, �no? Me pregunto si lo compartir�. -La voz ten�a un ligero acento.</p><p>Anna se movi� sobre el banco hasta sentarse lo m�s lejos que pudo y mir� fijamente a Charles, pero este estaba cerrando la funda del viol�n sobre las teclas del piano y le daba la espalda.</p><p>��As� que te deja como a un cordero rodeado de lobos -dijo el lobo en un susurro-. Alguien tan suave y tierno se lo pasar�a mejor con otro hombre. Alguien a quien le guste que le toquen.</p><p>Le apoy� las manos sobre los hombros e intent� tirar de ella.</p><p>Anna se libr� de su abrazo, olvidando el funeral y al resto de la gente. Estaba cansada de que todo el mundo la tocara a su antojo. Se puso en pie de un salto y se dio la vuelta para enfrentarse al hombre lobo, quien volvi� a apoyar la espalda en el respaldo del banco y la observ� con una sonrisa. Las personas que se sentaban a su lado se apartaron para darle todo el espacio disponible, lo que dec�a muchas m�s cosas de �l que la serena expresi�n de su rostro.</p><p>Anna tuvo que admitir que era adorable. Su rostro era refinado y elegante; su piel, como la de Charles, curtida y bronceada. Tanto su nariz como sus ojos oscuros se�alaban a Oriente Medio, aunque su acento era hispano. Anna ten�a muy buen o�do para los acentos.</p><p>Parec�a de su misma edad, veintitr�s o veinticuatro a�os, pero, por alguna raz�n, supo que era muy, muy viejo. Y desprend�a algo salvaje, enfermizo, que la obligaba a mostrarse cautelosa.</p><p>��D�jala en paz, Asil -dijo Charles, y apoy� sus manos en el mismo lugar de su espalda que hab�a tocado el otro lobo-. Si la molestas, te arrancar� las tripas y se las dar� de comer a los cuervos.</p><p>Anna se dej� acoger por su calor corporal y se sorprendi� al darse cuenta de que ten�a raz�n, o al menos que su primera reacci�n no hab�a sido miedo sino ira.</p><p>El otro lobo se puso a re�r y sus hombros se agitaron con crueldad.</p><p>��Muy bien -dijo-. Muy bien. Alguien tendr�a que hacerlo. -Entonces aquel extra�o sentido del humor se desvaneci� de su rostro y se lo frot� cansinamente-. No queda mucho. -Mir� m�s all� de Anna y Charles-. Te dije que los sue�os hab�an vuelto. Sue�o con ella pr�cticamente todas las noches. Tienes que hacerlo pronto, antes de que sea demasiado tarde. Hoy.</p><p>��De acuerdo, Asil -la voz de Bran son� mon�tona y cansada-. Pero hoy no. Ni tampoco ma�ana. Puedes esperar un poco m�s.</p><p>Asil se dio la vuelta para mirar a la congregaci�n, quienes hab�an estado presenci�ndolo todo en completo silencio, y les habl� con una voz limpia y sonora.</p><p>��Sois afortunados al tener a alguien que sabe lo que debe hacerse y lo hace. Ten�is un lugar al que pod�is llamar hogar, un lugar seguro, gracias a �l. Yo tuve que dejar a mi Alfa para venir aqu� porque el amor que sent�a por m� le imped�a poner fin a la locura que me consume. -Se dio la vuelta y escupi� simb�licamente sobre su hombro izquierdo-. Un amor d�bil que traiciona. Si supierais lo que siento, lo que sinti� Carter Wallace, sabr�as la bendici�n que representa Bran Cornick, el que mata a los que necesitan morir.</p><p>Y entonces Anna comprendi� que lo que el lobo le ped�a a Bran era su muerte.</p><p>Impulsivamente, Anna se separ� de Charles. Apoy� una rodilla en el banco en el que hab�a estado sentada y alarg� el brazo para rodear con la mano la mu�eca de Asil, la cual colgaba sobre el respaldo del banco.</p><p>Asil emiti� un sonido producto de la conmoci�n pero no se apart�. Mientras ella le sujetaba, el olor que desprend�a a locura, a enfermedad, se desvaneci�. �l la mir� fijamente y el blanco de sus ojos reluci� con fuerza mientras los irises se reduc�an hasta transformarse en dos peque�as l�neas alrededor de las pupilas oscuras.</p><p>��Omega -dijo en un susurro, respirando con dificultad.</p><p>Detr�s de ella, Charles dio un paso al frente pero no la toc�. Anna percibi� c�mo se calentaba la piel fr�a bajo sus dedos. Todos permanecieron completamente inm�viles. Anna sab�a que lo �nico que deb�a hacer era soltarle la mano, pero se sent�a extra�amente reacia a hacerlo.</p><p>La conmoci�n reflejada en el rostro de Asil se desvaneci�, y la piel alrededor de sus ojos y su boca expres� un pesar que fue creciendo y profundiz�ndose hasta desaparecer donde suelen hacerlo los pensamientos �ntimos para no ser descubiertos por observadores demasiado agudos. Asil alarg� el brazo y le toc� la cara ligeramente, ignorando el gru�ido de advertencia de Charles.</p><p>��M�s regalos de los que hab�a imaginado. -Sonri� intensamente, tanto con los ojos como con la boca-. Es muy tarde para m�, <emphasis>querida. </emphasis>Desperdicias tus dones con mi viejo cuerpo. Pero te agradezco el respiro. -Mir� a Bran-. Hoy y ma�ana, y quiz� tambi�n al d�a siguiente. Ver a Charles, el otrora lobo solitario, sorprendido por la trampa del <emphasis>amor, </emphasis>creo que eso me divertir� durante mucho tiempo.</p><p>Se solt� con un giro de la mu�eca, apres� la mano de Anna con la suya y, con una maliciosa mirada a Charles, le dio un beso en la palma. Entonces la solt� y se march� de la iglesia. Sin prisas, pero sin perder tiempo.</p><p>��Ten cuidado con ese -le advirti� Charles, aunque no parec�a disgustado.</p><p>Alguien se aclar� la garganta y Anna mir� a su alrededor para encontrarse con los ojos del sacerdote. Este le sonri� y despu�s dirigi� la mirada al resto de la congregaci�n. La interrupci�n del servicio no pareci� molestarle lo m�s m�nimo. Tal vez estaba habituado a las interrupciones de los hombres lobo. Anna not� c�mo se sonrojaba y volvi� a sentarse en el banco� deseando poder hundirse todav�a m�s en �l. Acababa de interrumpir el funeral de un hombre que ni siquiera conoc�a.</p><p>��Ha llegado el momento de ir terminando con esto -dijo el sacerdote-. Nuestro duelo ha llegado a su fin, y, cuando nos marchemos, debemos recordar una vida plena y un coraz�n abierto a todos. Por favor, inclinemos nuestras cabezas para una plegaria final.</p></section><section><title><p id="_Toc233648883">Cap�tulo 4</p></title><p><emphasis>Noroeste</emphasis><emphasis> de Montana, Parque Nacional Cabinet</emphasis></p><empty-line/><p>Walter no sab�a por qu� hab�a sobrevivido al ataque de la bestia, como tampoco comprend�a c�mo hab�a sobrevivido a tres misiones en Vietnam cuando la mayor�a de sus amigos, sus camaradas, no pod�an decir lo mismo. Tal vez hab�a tenido suerte en ambos casos. O tal vez el destino le deparara algo m�s.</p><p>Como, por ejemplo, otros treinta a�os deambulando solo por los bosques.</p><p>Si el hecho de haber sobrevivido al ataque de la bestia ya era algo improbable, lo que vino a continuaci�n fue simplemente ins�lito. Lo primero que not� fue la desaparici�n de la dolorosa artritis que afectaba a sus hombros y rodillas, as� como la punzada de una vieja herida en la cadera. El fr�o hab�a dejado de molestarle.</p><p>Al no disponer de espejo, le cost� m�s tiempo darse cuenta de que tanto su cabello como su barba hab�an recuperado el color que tuvieron durante su juventud.</p><p>Fue entonces cuando empez� a fijarse en las anomal�as. Era m�s r�pido y fuerte de lo que nunca hab�a sido. Las �nicas heridas que no se hab�an curado con la misma y sorprendente rapidez que las de su est�mago eran las que torturaban su alma.</p><p>De hecho, no comprendi� lo que le hab�a ocurrido realmente hasta la ma�ana tras la primera luna llena, cuando despert� con sangre en la boca, bajo sus u�as y en su cuerpo desnudo: las se�ales de lo que hab�a hecho, de lo que se hab�a convertido, cristalinas como diamantes. Solo entonces supo que se hab�a convertido en el enemigo, y llor� ante la p�rdida de su �ltimo rasgo de humanidad.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p><emphasis>Aspen Creek, Montana</emphasis></p><empty-line/><p>Con el brazo de Charles rode�ndole el hombro, Anna sigui� al resto de la gente hasta el g�lido aparcamiento de la iglesia. Se detuvieron en la acera a observar c�mo se vaciaba lentamente de coches. Unas cuantas personas que sal�an en aquel momento miraron a Anna, pero ninguno de ellos se detuvo.</p><p>Cuando se quedaron pr�cticamente solos, Anna se descubri� bajo el cauteloso escrutinio de unos ojos grises, pese a la sonrisa amistosa que le regal� Samuel.</p><p>���As� que t� eres el perrito descarriado que mi hermano ha tra�do a casa? Eres m�s bajita de lo que esperaba.</p><p>Le result� imposible sentirse ofendida cuando era evidente que no hab�a sido aquella la intenci�n; por lo menos no la hab�a llamado puta.</p><p>��S� -dijo ella, haciendo un esfuerzo por no ocultarse de su mirada ni parlotear sin parar, como sol�a hacer cuando estaba nerviosa.</p><p>��Samuel, esta es Anna. Anna, mi hermano Samuel -dijo Charles a modo de presentaci�n.</p><p>Tras decidir que la breve presentaci�n de su hermano no era la m�s adecuada, su hermano lo intent� por su cuenta.</p><p>��El Dr. Samuel Cornick, hermano mayor y torturador. Encantado de conocerte, Anna�</p><p>��Latham -dijo ella, deseando que se le ocurriera algo m�s interesante que decir.</p><p>Samuel le sonri� de forma encantadora, aunque Anna se dio cuenta de que aquello tampoco suaviz� sus ojos.</p><p>��Bienvenida a la familia.</p><p>Le dio unos golpecitos en la cabeza, sobre todo, pens� ella, para irritar a Charles.</p><p>��Deja de flirtear con mi pareja -fue lo �nico que dijo este.</p><p>��Comportaos -dijo Bran-. Samuel, �te importar�a llevarte a Charles al hospital para echarle un vistazo a sus heridas? Tengo un trabajo para �l, pero si no se recupera pronto, tendr� que enviar a otra persona. Creo que no se est� curando tan r�pidamente como deber�a. Samuel se encogi� de hombros.</p><p>��Claro. No hay problema. -Mir� a Anna-. Aunque puede que tardemos un poco.</p><p>Anna rio era est�pida. Samuel quer�a hablar con Charles sin que ella estuviera presente. O tal vez quien lo quer�a era Bran y �l solo estuviera colaborando.</p><p>Charles tambi�n se dio cuenta, ya que, con serenidad, le dijo:</p><p>���Por qu� no vuelves a casa con la furgoneta? Samuel o pap� me acompa�ar�n cuando terminemos.</p><p>��Claro -le dijo ella con una sonrisa fugaz.</p><p>No ten�a motivos para sentirse dolida, se reprendi� a s� misma con severidad. Dio media vuelta y se dirigi� a paso r�pido hacia la furgoneta.</p><p>No le ir�a mal pasar un poco de tiempo sola. Hab�a ciertas cosas sobre las que deseaba reflexionar sin Charles a su lado nubl�ndole el juicio.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles quiso gru�irle al percibir su alivio cuando se separ� de �l, impl�cito en su r�pida retirada en direcci�n a la furgoneta.</p><p>Control� la ira irracional que sent�a hacia Samuel, quien con tanto encanto la hab�a alejado de all� tras responder a las ordenes que Bran le comunicara mentalmente. Siempre percib�a cuando su padre hablaba con Samuel; algo en la expresi�n de este nunca ment�a.</p><p>Samuel esper� a que Anna subiera a la furgoneta y saliera del aparcamiento para decir:</p><p>���Mataste al lobo que abus� de ella?</p><p>��Est� muerto.</p><p>Por alguna raz�n, Charles no pudo apartar los ojos del veh�culo. Aunque no le gustaba separarse de ella, sab�a que no deb�a preocuparse. En Aspen Creek nadie tocar�a algo que le perteneciera. Adem�s, todo el pueblo sab�a lo que era ella gracias al espect�culo de Asil en el funeral.</p><p>Incluso las pocas personas que no hab�an asistido al funeral, como la pareja de su padre -quien hab�a dejado clara su postura con su ausencia- lo sabr�an antes de una hora. Aun as�, no le gustaba la idea de dejarla sola. Nada en absoluto.</p><p>���Charles? -dijo su hermano con calma.</p><p>��Por eso te he pedido que la dejaras marchar -dijo Bran en un murmullo-. Quer�a que vieses los cambios por ti mismo. Ayer se comport� del mismo modo en cuanto la perdi� de vista. Anna es una Omega, y creo que su efecto sobre �l est� enmascarando los s�ntomas. Creo que no le extrajeron toda la plata.</p><p>���Cu�ndo le dispararon?</p><p>��Hace dos d�as. Tres balazos. Uno le ha dejado una quemadura en la espalda, otro le atraviesa el pecho y le sale por detr�s, el tercero le atraves� la pantorrilla. Todas de plata.</p><p>Charles observ� c�mo la furgoneta tomaba con precauci�n el desv�o que la llevar�a a casa.</p><p>��Es m�s sensible a la plata que� �<emphasis>Charles!</emphasis></p><p>Unas manos fuertes le agarraron por los hombros y su padre le toc� la cara, captur�ndole con la mirada de un modo mucho m�s efectivo que su hermano con las manos.</p><p>��Tengo que irme -le dijo a su Alfa.</p><p>Sent�a el coraz�n en la garganta. No pod�a pensar, no pod�a quedarse all�. Deb�a protegerla, por muy maltrecho que se sintiera.</p><p>��Espera -le dijo su padre, y la orden le envolvi� el cuerpo como si fueran cadenas, inmoviliz�ndole cuando lo �nico que deseaba era ir tras aquella furgoneta-. Samuel tiene que reconocerte. Enviar� a Sage para que cuide de ella, �de acuerdo?</p><p>El tacto de su padre, su voz y algo m�s le ayudaron a poner en orden sus pensamientos. Hab�a perdido el control.</p><p>Cerr� los ojos y conf�o en el tacto de su padre para calmar al lobo y empezar a pensar con mayor claridad.</p><p>��Lo he vuelto a hacer, �verdad? -pregunt�, aunque no necesitaba la confirmaci�n de Bran. Respir� profundamente y asinti� con la cabeza-. Sage, de acuerdo.</p><p>No quer�a a nadie en su casa; su padre y su hermano, s�, pero el resto solo cuando era estrictamente necesario. Aun as�, tampoco quer�a que Anna estuviese sola. Sage servir�a.</p><p>No har�a da�o a su Anna y la proteger�a hasta que �l llegara. Mantendr�a alejado a los otros machos. Algo inquietante se asent� en su interior con m�s fuerza. No obstante, observ� c�mo su padre llamaba a Sage a su m�vil y escuch� c�mo le preguntaba si pod�a encontrarse con Anna en su casa. Entonces permiti� que lo llevaran a remolque hasta el hospital en el coche de Samuel. Su padre les sigui� en el Humvee.</p><p>��Pap� me ha contado que tuviste que matar a Gerry -le dijo su hermano.</p><p>Gerry era el hijo de Doc Wallace, el responsable de herir a un n�mero considerable de personas y matar a otras tantas en su b�squeda por hallar una droga que pudiera implicar a Bran en un enrevesado complot para obligar al buen doctor a aceptar su doble naturaleza. A Gerry no le hab�an preocupado los da�os colaterales.</p><p>Samuel asinti� con una expresi�n adusta.</p><p>��No me dej� otra opci�n.</p><p>Pese a estar distra�do por la necesidad de proteger a su pareja y el escozor de unas heridas que no se estaban curando como deber�an, Charles escuch� lo que su hermano no dijo. De modo que �l lo verbaliz�.</p><p>��Te est�s preguntando a cu�nta gente estar�amos dispuestos a matar para proteger a pap�. A cu�ntos torturar�amos y asesinar�amos.</p><p>��Exacto -musit� su hermano-. Hemos matado a gente por nuestro padre. Tanto a lobos como a inocentes. �Qu� nos hace tan diferentes para que Gerry tuviera que morir y nosotros hayamos sobrevivido?</p><p>Si Bran envi� a Samuel a Tri-Cities con Mercy para curar su melancol�a, no hab�a funcionado muy bien. Charles se esforz� por apartar de su mente a su pareja y pensar en algo que ayudara a su hermano. Sin Bran toc�ndole, era mucho m�s complicado ordenar sus pensamientos de lo que deber�a haber sido.</p><p>��Nuestro padre ha mantenido a las manadas seguras y controladas. Sin su liderazgo, ser�amos tan ca�ticos y estar�amos tan diseminados como los lobos europeos. Y el peaje en muertos humanos ser�a mucho mayor. �Cu�l habr�a sido el resultado si el plan de Gerry hubiera tenido �xito? -pregunt� Charles.</p><p>Sage se ocupar�a de Anna por �l. No exist�a raz�n alguna que explicara aquella necesidad infernal e incontrolable de estar con ella.</p><p>��Gerry pensaba que su padre aceptar�a al lobo para poder derrocar al Marrok -murmur� Samuel-. �Qui�n puede decir que no ten�a raz�n? Tal vez hubiera conseguido salvar a su padre. �Es peor lo que hizo �l que cuando pap� te env�a a matar a alguien?</p><p>���Y si Gerry hubiese tenido raz�n? Si todos sus planes hubieran llegado a buen puerto, si lo �nico que necesitaba su padre era un motivo para aceptar a su lobo, y si, con la ayuda de la nueva droga de Gerry, hubiera matado a pap� y se hubiese convertido en el Marrok, entonces, �qu�? -pregunt� Charles-. Doc era un buen hombre, pero �c�mo crees que le hubiera sentado ser el Marrok?</p><p>Samuel reflexion� unos instantes y despu�s suspir�.</p><p>��No era lo suficientemente dominante. Se habr�a producido un gran caos mientras los Alfas se enfrentaban por la supremac�a, y Gerry intentar�a matarlos a todos como un chacal oculto entre las sombras. -Aparc� frente al hospital pero no hizo adem�n de bajar del coche-. Pero, de todos modos, �no matar�as por pap�? �Incluso si no fuese necesario para la supervivencia de los lobos de este pa�s? �Estaba tan equivocado Gerry?</p><p>��Infringi� las leyes -dijo Charles.</p><p>Sab�a que para su hermano aquel tipo de cosas nunca eran ni blancas ni negras. Samuel, al contrario que �l, nunca se hab�a visto obligado a aceptar las cosas tal cual eran. Recorri� mentalmente los acontecimientos en busca de algo que pudiera utilizar.</p><p>��Gerry mat� a gente inocente. No para la supervivencia de la manada, sino por una vana esperanza en la supervivencia de su padre. -Sonri� d�bilmente cuando algo, justo lo que necesitaba, acudi� en su ayuda-. Si t� o yo mat�ramos a alg�n inocente para proteger a pap�, y no para la supervivencia de todos nosotros, �l mismo nos matar�a.</p><p>La tensi�n abandon� los hombros de Samuel.</p><p>��S�, lo har�a, �no es cierto?</p><p>��Sienta mejor estar del lado de los �ngeles, �verdad? pregunt� Charles mientras su padre se deten�a junto a su veh�culo</p><p>Samuel sonri� cansadamente.</p><p>��Le dir� a pap� que le has llamado �ngel.</p><p>Charles sali� del coche y respondi� a la mirada sorprendida de su padre por encima del cap� del veh�culo de Samuel con un encogimiento de hombros.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Samuel encendi� las luces de la cl�nica y los condujo a una de las salas de reconocimiento.</p><p>��Muy bien, viejo -dijo-. Veamos esos agujeros de bala.</p><p>Pero su sonrisa se desvaneci� cuando Charles empez� a pelearse con la chaqueta.</p><p>��Espera -le dijo, y abri� un caj�n para coger unas tijeras. Cuando vio el semblante de Charles, sonri� d�bilmente-. Oye, es solo una chaqueta. Puedes comprarte otra.</p><p>��Probadores -gru�� Charles-. Cuatro probadores y un viaje a la ciudad para que me miren de arriba abajo. No, gracias. Pap�, �podr�as ayudarme a quitarme esto y mantener a tu hijo y sus tijeras alejados de m�?</p><p>��Deja las tijeras, Samuel -dijo Bran-. Supongo que si ha podido pon�rsela, podremos quit�rsela sin tener que cortarla. No hace falta que gru�as, Charles.</p><p>Consigui� deshacerse de ella con ayuda, pero le dej� empapado en sudor y a su padre murmurando palabras tranquilizadoras. Ni siquiera le pidieron ayuda para desabrocharle la camisa.</p><p>Samuel observ� detenidamente el vendaje de veterinario rosa y en su rostro se dibuj� una sonrisita.</p><p><emphasis>��Esto </emphasis>no ha sido idea tuya.</p><p>��Anna.</p><p>��Creo que empieza a gustarme esa loba. Puede que se asuste con demasiada facilidad, pero resisti� a Asil sin titubear. Y alguien que se atreve a envolverte de color rosa�</p><p>Cuando Samuel cort� la rid�cula tela rosa y vio las heridas, las del pecho y las de la espalda, se puso serio de repente. Acerc� la nariz a una de ellas y la olfate� antes de volver a vendarlo con algo menos espectacular.</p><p>Charles se sorprendi� al descubrir que prefer�a las vendas rosas porque hab�a sido <emphasis>ella </emphasis>quien se las hab�a puesto.</p><p>��Casi te pierdo por culpa de esta, hermanito. Pero huele a limpia y parece estar cur�ndose bastante bien. B�jate los pantalones, quiero ver esa pierna de la que has estado intentando no cojear.</p><p>A Charles no le gustaba quitarse la ropa. Supon�a que su parte india pesaba mucho. Eso y su aversi�n por mostrar sus heridas. No le gustaba que los dem�s vieran sus debilidades, ni siquiera su padre y su hermano. Se baj� los pantalones a rega�adientes.</p><p>Samuel frunci� el ce�o incluso antes de retirar el brillante parche el�stico de color verde. En cuanto lo hizo, acerc� la nariz y apart� la cabeza bruscamente.</p><p>���Qui�n ha limpiado esto?</p><p>��La manada de Chicago ten�a un m�dico.</p><p>No hab�a demasiados m�dicos que fueran hombres lobo. �l solo conoc�a a Samuel. El m�dico de la manada de Chicago era uno de los nuevos lobos que Leo hab�a estado ocultando al Marrok. El hecho de estar rodeado de tanta sangre y carne dificultaba que un hombre lobo pudiera concentrarse en su tarea m�dica; aunque nunca hab�a visto que a Samuel le incomodara.</p><p>��Era un matasanos -gru�� su hermano-. Puedo oler la plata desde metro y medio.</p><p>��Pobre capacitaci�n como lobo -le corrigi� Charles-. Ning�n nuevo lobo de Leo sabe qu� hacer con su hocico, incluida Anna. Dudo mucho que supiera reconocer la plata.</p><p>��Y tengo la sospecha de que tambi�n estaba muy asustado de ti -dijo su padre desde el rinc�n al que se hab�a autoexiliado-. No eres precisamente un buen paciente.</p><p>��Sube a la mesa -le dijo Samuel-. Voy a tener que escarbar un poco. Pap�, vas a tener que ayudarme con esto.</p><p>Le doli� mucho m�s que el disparo, pero Charles permaneci� inm�vil mientras Samuel escarbaba y hurgaba en su pierna. El sudor le perlaba la frente, y contuvo a duras penas la necesidad de transformarse y atacar �nicamente porque su padre le sujetaba con fuerza.</p><p>Intent� no prestar atenci�n a lo que hac�a su hermano, pero le result� imposible ignorar completamente los comentarios sobre las maniobras. Cuando Samuel le roci� la herida el suero fisiol�gico, todos los m�sculos de su cuerpo se tensaron en se�al de protesta, y no pudo contener un resoplido. Pero�</p><p>��Lo siento, viejo, a�n queda un poco m�s.</p><p><emphasis>Y </emphasis>continu� escarbando y cortando. Aunque no quer�a gritar, no pudo detener el aullido de lobo cuando Samuel volvi� a rociarle la herida con suero fisiol�gico, ni el gru�ido de alivio cuando Samuel empez� a vendarlo, lo que se�alaba el fin de la tortura.</p><p>Mientras Charles estaba a�n abatido intentando recordar corno se respiraba, Samuel le dijo:</p><p>��No puedo quedarme aqu�, pap�.</p><p>Charles dej� de preocuparse por su pierna y observ� a Samuel, quien no parec�a estar en condiciones de volver a vivir solo. Lleg� a la conclusi�n de que su padre ya lo sab�a; a Bran se le daba mucho mejor la gente que a �l.</p><p>Bran no respondi�. Se puso a dar vueltas lentamente en el peque�o taburete que hab�a en un rinc�n de la sala.</p><p>Al cabo de un rato, Samuel decidi� continuar; indudablemente, era lo que Bran hab�a pretendido.</p><p>��No puedo quedarme. Demasiada gente que espera demasiado de m�. No quiero formar parte de la manada.</p><p>Bran continu� girando sobre el taburete.</p><p>��Entonces, �qu� har�s?</p><p>Samuel sonri�; un destello fugaz que le provoc� a Charles una punzada en el coraz�n por la falta de aut�ntico sentimiento tras aquella expresi�n. Fuera lo que fuese lo que le hab�a ocurrido a su hermano durante los a�os que hab�a vivido solo, aquello le hab�a cambiado, y Charles tem�a que el cambio fuera irrevocable.</p><p>��Pensaba en ir a tomarle un poco m�s el pelo a Mercy.</p><p>Pese a que tanto su voz como la expresi�n de su rostro parec�an casuales, la tensi�n de su cuerpo revelaba su preocupaci�n.</p><p>Tal vez pap� no estuviera tan equivocado cuando decidi� unir los caminos de Samuel y Mercy, aunque, seg�n su experiencia, los romances no eran ni tranquilos ni indoloros. Tal vez Samuel no necesitara tranquilidad y calma.</p><p>���Y qu� pasa con Adam? -pregunt� Charles a su pesar.</p><p>Mercy viv�a en Tri-Cities, en el estado de Washington, y el Alfa de la Manada de Columbia no era lo suficientemente dominante como para contener a su manada con Samuel de por medio. Y Adam hac�a demasiado tiempo que era Alfa para adaptarse a otro puesto.</p><p>��Ya he hablado con �l -respondi� Samuel r�pidamente.</p><p>���Est� de acuerdo en que ocupes su puesto?</p><p>Charles no lo ve�a claro. Otro lobo quiz� s�, pero no Adam.</p><p>Samuel se relaj� apoy�ndose en la encimera y sonri�.</p><p>��No voy a ocupar su puesto, viejo. Solo me quedar� en su territorio como un lobo m�s. Dijo que no le importaba.</p><p>El Marrok se esforz� por adoptar una expresi�n neutral, y Charles supo cu�l era la fuente de su preocupaci�n. Durante los dos �ltimos a�os, desde que regresara de Texas, Samuel hab�a tenido que recurrir muchas noches a la estabilidad de la manada, y un lobo solitario no ten�a manada a la que recurrir.</p><p>Samuel, como su padre -y Asil-, era muy viejo. La edad era algo muy peligroso para los hombres lobo, pese a que esta nunca parec�a haberle afectado mucho. Hasta que regres� hac�a unos a�os tras haber vivido solo durante m�s de una d�cada.</p><p>��Aunque, por supuesto -continu� Samuel-, no sabe que vivir� con Mercy.</p><p>Adam tambi�n sent�a algo por su peque�a coyote, record� de repente Charles.</p><p>���As� que Mercedes decidi� perdonarte?</p><p>���Mercy? -Los ojos de Samuel viajaron hasta su frente, aunque por primera vez en mucho tiempo las sombras abandonaron su semblante-. <emphasis>�Nuestra </emphasis>Mercy? �La que nunca se enfada incluso cuando deber�a hacerlo? Por supuesto que no.</p><p>��Entonces �c�mo conseguiste que lo aceptara?</p><p>��A�n no lo ha hecho -dijo con confianza-. Pero lo har�.</p><p>El plan que parec�a tener en mente hizo que sus ojos se iluminaran con su antigua alegr�a de vivir. Su padre tambi�n se dio cuenta. Charles se percat� de que hab�a tomado una decisi�n definitiva.</p><p>��De acuerdo -dijo Bran de repente-. De acuerdo. S�, vete. Creo que ser� lo mejor.</p><p>Fuera cual fuese el problema de Samuel, volver a Aspen Creek no le hab�a ayudado mucho. Tal vez Mercedes tendr�a m�s suerte. Siempre y cuando no acabara matando a Samuel, o a su padre, por ponerla en la l�nea de fuego.</p><p>Charles, cansado de estar tumbado boca abajo y en ropa interior, se incorpor� y luch� con el zumbido en sus o�dos que amenazaba con volver a postrarlo.</p><p>���C�mo te sientes? -le pregunt� Samuel recuperando la pose de m�dico.</p><p>Charles cerr� los ojos e hizo inventario.</p><p>��Ya no tengo ganas de echar la puerta abajo y huir, aunque eso podr�a deberse a que ya ha pasado lo peor.</p><p>Samuel sonri�.</p><p>��No. Podr�a torturarte un poco m�s si quisiera.</p><p>Charles le mir� fijamente.</p><p>��Estoy <emphasis>mucho </emphasis>mejor, gracias.</p><p>Aunque a�n le dol�a, empezaba a sentirse m�s �l mismo, algo que no hab�a conseguido desde que recibiera los disparos. Se pregunt� por qu� el envenenamiento con plata le hab�a hecho sentir un ansia protectora tan intensa hacia Anna. Jam�s hab�a sentido algo semejante.</p><p>��Muy bien. -Samuel mir� a su padre-. Ni ma�ana ni al otro. Si fuera otra persona, te dir�a diez d�as como m�nimo, pero Charles no es est�pido y, adem�s, es muy fuerte. Tras extraerle la plata, se curar� tan r�pido como es habitual en �l. Para el mi�rcoles, los extra�os ni siquiera sabr�n que le ha ocurrido algo, as� que no correr� peligro de ser atacado porque alg�n idiota piense que puede derrotarle. Pero si le env�as solo para que se enfrente a una manada, necesitar�s un poco m�s de m�sculo, al menos durante las pr�ximas dos semanas.</p><p>Charles mir� a su padre y esper� su decisi�n. Recorrer las Cabinets en mitad del invierno no era precisamente su idea de diversi�n. Aquellas monta�as no eran muy acogedoras con los viajeros. Aun as�, pod�a hacerlo mucho mejor que cualquier otro al que su padre pudiera recurrir, herido o no, especialmente si no era solo un lobo solitario sino un ataque al territorio de su padre.</p><p>Finalmente, Bran asinti�.</p><p>��Te necesito a ti. Puedo esperar una semana.</p><p>���Qu� har�s con Asil? -le pregunt� Charles-. Pese a todos los esfuerzos del Reverendo Mitchell, de Samuel y del propio Doc Wallace, la manada no pinta muy bien. Si tienes que matarlo, habr� consecuencias.</p><p>Bran sonri� d�bilmente.</p><p>��Lo s�. Asil vino a verme hace cosa de un mes quej�ndose de sus sue�os y me pidi� que le ayudara de nuevo a terminar con su sufrimiento. En circunstancias normales no me habr�a preocupado, pero se trata del Moro.</p><p>���Con qui�n sue�a? -pregunt� Samuel.</p><p>��Con su pareja fallecida -dijo Bran-. Muri� tras ser torturada. Aunque no quiere hablar de ello, s� que se siente culpable porque estaba de viaje cuando sucedi�. Me dijo que hab�a dejado de so�ar con ella cuando se uni� a nuestra manada. Pero hace un mes regresaron los sue�os. Se despierta desorientado y� a veces no en el mismo lugar en el que se acost�.</p><p>Era muy peligroso, pens� Charles, tener a un lobo con los poderes del Moro deambulando desorientado.</p><p>���Crees que su muerte puede esperar? -pregunt� Samuel.</p><p>Bran sonri�, en aquella ocasi�n sinceramente.</p><p>��Creo que s�. Tenemos a una Omega para ayudarle. -Su padre mir� a Charles y la sonrisa se ampli� considerablemente-. No va a abandonarte por �l, Charles, por mucho que Asil intent� morderte la cola.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna lleg� a la conclusi�n de que el sal�n de Charles, pese a no estar decorado con esmero, era c�lido y acogedor. Sin embargo, no era<emphasis/>su hogar. Deambul� inquieta por las habitaciones hasta quedarse finalmente en el dormitorio, sentada en un rinc�n del suelo con las piernas encogidas, abraz�ndose el cuerpo con las manos. No quer�a llorar. Se estaba comportando como una est�pida: ni siquiera sab�a por qu� estaba tan disgustada.</p><p>Le hab�a molestado que se la sacaran de encima, y al mismo tiempo, hab�a sentido una oleada de alivio cuando se descubri� sola en la furgoneta.</p><p>Hombres lobo y violencia, hombres lobo y muerte: iban unidos como los pl�tanos y la mantequilla de cacahuete. Tal vez aqu� estaba m�s segura que en Chicago, pero todos eran unos monstruos.</p><p>Aunque tampoco era culpa de ellos, de los lobos de Montana. Solo intentaban vivir lo mejor posible con aquella maldici�n que los convert�a en bestias despiadadas. Incluso Charles. Incluso el Marrok. Incluso ella. Los hombres lobo ten�an sus reglas: en ocasiones un hombre deb�a matar a su mejor amigo por el bien de todos. Los machos humanos envejec�an mientras que los hombres lobo continuaban siendo j�venes. Los lobos como Asil intentaban que los dem�s les atacaran porque quer�an morir� o matar.</p><p>Empez� a respirar entrecortadamente. Si alguien hubiera matado a Leo y a su pareja a�os atr�s, much�sima gente seguir�a con vida� y ella ser�a una estudiante en la Northwestern a punto de obtener un t�tulo en teor�a musical en lugar de� �el qu�?</p><p>Deb�a encontrar un trabajo, algo que le diera un prop�sito y una vida m�s all� del hecho de ser una mujer lobo. Trabajar de camarera en Scorci's le hab�a salvado en m�s sentidos que el simple cheque a fin de mes. Es dif�cil regodearse en la autocompasi�n cuando tienes que gastar las suelas de los zapatos Ocho o diez horas al d�a. Pese a todo, dudaba que en aquel lugar encontrara un trabajo de camarera.</p><p>El timbre de la puerta son�.</p><p>Se puso en pie de un salto y, aunque se frot� las mejillas con energ�a, descubri� que ten�a las mejillas secas. El timbre volvi� a sonar, de modo que se apresur� hacia la puerta principal. Todo lo contrario, se dijo. Hac�a tan solo unos minutos lo �nico que deseaba era estar sola y ahora corr�a en pos de una distracci�n.</p><p>Capt� fugazmente la silueta de un Lexus gris metalizado antes de fijarse en la mujer que esperaba en el porche. Su expresi�n era afable y amistosa. Ten�a un pelo oscuro y sedoso trenzado a la francesa y casi tan largo como el de Charles.</p><p>Mujer lobo, le dijo su olfato.</p><p>La mujer sonri� y alarg� una mano.</p><p>��Me llamo Leah -le dijo-. La mujer del Marrok.</p><p>Anna estrech� su mano y la solt� r�pidamente.</p><p>��Entremos a charlar, �de acuerdo? -dijo la mujer amablemente.</p><p>Anna sab�a que a Charles no le gustaba su madrastra. Aunque tampoco le gustaban los aviones, ni los coches, ni los tel�fonos m�viles. Aparte de eso, no exist�a raz�n alguna para sentirse inquieta. Adem�s, no hab�a forma de negarse sin ofenderla.</p><p>��Entra -la invit� educadamente mientras se apartaba.</p><p>La mujer del Marrok pas� con br�o por su lado y entr� en el sal�n. Una vez en el interior, se detuvo a inspeccionar la sala minuciosamente, como si fuera la primera vez que la ve�a. Anna tuvo la inc�moda sensaci�n de que hab�a cometido un error dej�ndole entrar en la casa. Tal vez Charles no se lo permit�a; no pod�a hallar otra explicaci�n a la fascinaci�n que parec�a sentir Leah por los muebles de Charles.</p><p>A menos que todo aquel examen fuera un juego de poder dise�ado para dejar claro que Anna no era ni la mitad de interesante que la habitaci�n. Mientras Leah segu�a con su inspecci�n, Anna se decant� por aquella �ltima explicaci�n; no era una habitaci�n tan grande para dedicarle tanto tiempo.</p><p>��No eres como esperaba -murmur� Leah finalmente.</p><p>Se hab�a detenido frente a una guitarra hecha a mano que colgaba de la pared a la altura suficiente para que la chimenea no da�ara la madera. Podr�a tratarse de un ornamento, aunque los trastes estaban gastados por el uso.</p><p>Anna no dijo nada ni se movi� del lugar que ocupaba junto a la puerta.</p><p>Leah se dio la vuelta para mirarla, y su rostro ya no reflejaba ning�n tipo de cortes�a o cordialidad.</p><p>��Tuvo que conformarse con lo que hab�a, �no es as�? Tuvo que marcharse a Chicago para encontrar a una mu�equita, a una mujer que no representara ning�n reto para �l, �verdad? Dime, �te sientas cuando te lo ordena?</p><p>El rencor que se ocultaba tras el ataque lo convert�a en algo mucho m�s personal que el habitual deseo de poner en su sitio a un lobo menor. Leah, pese a ser la pareja del Marrok, parec�a celosa. �Tambi�n quer�a a Charles?</p><p>La puerta se abri� de un portazo y una segunda mujer apareci� en la casa trayendo consigo una ventada de aire helado y perfume franc�s. Era alta y delgada, como una modelo de pasarela. Vest�a ropa cara. Su pelo casta�o con reflejos rubios quedaba enfatizado por el brillo dorado de sus p�mulos y, sobre todo, por unos ojos de un azul sobrecogedor.</p><p>Anna la reconoci� del funeral; no solo era hermosa, sino tambi�n espectacular, y la combinaci�n la hac�a memorable. La reci�n llegada cerr� la puerta tras ella y se quit� el anorak, dej�ndolo como quien no quiere la cosa sobre la silla m�s pr�xima. Segu�a vestida con la falda y el jersey oscuros de aquella ma�ana.</p><p>��Venga, Leah, �si�ntate y estate quieta� Creo que puedes hacerlo mejor, querida -Ten�a una voz gruesa y un acento sure�o. Dirigi�ndose a Anna, a�adi�-: Siento haber entrado de este modo, pero me ha parecido que necesitabas que te rescatara de nuestra reina puta.</p><p>��L�rgate, Sage. Esto no tiene nada que ver contigo -le orden� Leah con dureza, aunque no parec�a ofendida por el insulto.</p><p>��Cari�o -dijo la mujer con dulzura-, me encantar�a habrarlo pero he recibido �rdenes del jefe; un escal�n por encima del tuyo. -Sus brillantes ojos azules se posaron en Anna-. T� debes de ser la Anna de Charles. Me llamo Sage Carhardt. Siento mucho el recibimiento, pero si Charlie quiere, ella acabar� con el rabo entre las piernas. El Alfa quiere mucho a sus hijos.</p><p>��C�llate -dijo Leah bruscamente, y su poder recorri� toda la habitaci�n, obligando a Sage a dar dos pasos hacia atr�s</p><p>Qu� extra�o, Anna hubiera jurado que Sage era la m�s dominante de las dos� pero entonces se dio cuenta de que la energ�a ol�a a Marrok. Una mujer ocupa su lugar en la manada gracias a su pareja, pens�. Pese a saberlo, nunca hab�a presenciado el poder real.</p><p>��T�. -Leah se dirig�a ahora a Anna-. Si�ntate en el sof�, estar� contigo en un minuto.</p><p>Una mujer prudente habr�a obedecido, pens� Anna con pesar. La mujer que hab�a sido hac�a solo una semana se hubiera encogido, sentado y esperado lo que el destino le deparara. La nueva Anna, la pareja de Charles, una Omega y alguien que no formaba parte de la manada, levant� el ment�n y dijo:</p><p>��No, gracias. Creo que ser� mejor que te vayas y vuelvas cuando mi� -Aunque hac�a tres a�os que era mujer lobo, llamar a Charles su pareja no le sonaba bien, y tampoco era su marido-. Cuando vuelva Charles.</p><p>La vacilaci�n le quit� a la declaraci�n parte de su fuerza.</p><p>Sage sonri� y aquello ilumin� su rostro de satisfacci�n.</p><p>��Eso, Leah, �por qu� no vuelves cuando Charles est� aqu�? Me encantar�a verlo.</p><p>Pero Leah no le estaba prestando atenci�n. Frunci� el cejo con perplejidad mientras segu�a mirando a Anna.</p><p>��Si�ntate -dijo con una voz profunda y cargada de poder que nuevamente rode� a Anna sin tocarla.</p><p>Anna tambi�n frunci� el ce�o.</p><p>��No. Gracias.</p><p>Se le ocurri� una cosa y, antes de reflexionar sobre ello, dijo:</p><p>��Vi a Sage en el funeral, pero el Marrok estaba solo. �Por qu� no le acompa�aste?</p><p>��Bran no pintaba nada all� -dijo Leah con un arranque de ira-. Mat� a Carter. �Y ahora pretende <emphasis>llorar </emphasis>su muerte? No pude evitar que asistiera. Aunque nunca me hace mucho caso de todos modos. Sus hijos son sus consejeros; yo solo soy el reemplazo de su amor perdido, la incomparablemente, hermosa y sacrificada <emphasis>puta </emphasis>india. No puedo detenerle, pero tampoco le apoyar�. -Cuando termin� de hablar, una l�grima descend�a por su mejilla. Se la sec� y la observ� con una expresi�n de horror. Entonces volvi� a mirar a Anna con id�ntica expresi�n-. Oh, <emphasis>Dios. </emphasis>Oh, Dios m�o. Eres una de esas. Tendr�a que haberlo sabido antes, tendr�a que haber sabido que Charles traer�a a algo como <emphasis>t� </emphasis>a mi territorio.</p><p>Se march� con un torrente de aire fr�o y poder vibrante, dejando a Anna luchando por no mostrar lo desconcertada que se encontraba.</p><p>��Hubiera pagado por presenciar eso. -La sonrisa continuaba iluminando el rostro de Sage-. Oh, querida -canturre�-, estoy tan contenta de que Charles te haya tra�do con �l</p><p>Primero Asil y despu�s Leah. La vida va a hacerse mucho m�s interesante por aqu�.</p><p>Anna se sec� sus h�medas manos en los laterales de los tejanos. Hab�a percibido algo extra�o en la respuesta de Leah, ionio si hubiera estado tentada de decir algo m�s.</p><p>Trag� saliva y se esforz� por parecer calmada y hospitalaria.</p><p>���Quieres algo de beber?</p><p>��Claro -dijo Sage-. Aunque conociendo a Charles, supongo que no tendr� nada interesante. Tomar� un t� y te hablar� de m�. Despu�s podr�s hablarme de ti.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles tuvo que permitir que su padre le ayudara a subir al Humvee.</p><p>��S�, bueno -dijo su padre con un rastro de gru�ido dici�ndole lo preocupado que hab�a estado por �l-, eso te ense�ar� a agacharte m�s r�pido la pr�xima vez.</p><p>��Lo siento -se disculp� mientras se acomodaba en el asiento del pasajero.</p><p>��Bien -dijo Bran cerrando la puerta con suavidad-. No dejes que vuelva a ocurrir.</p><p>Charles se puso el cintur�n. Probablemente sobrevivir�a a un naufragio, pero dado el modo de conducir de su padre, el cintur�n lo mantendr�a sujeto al asiento.</p><p>El calor abrasador que hab�a impedido que se le despejara la cabeza hab�a desaparecido, pero a�n no estaba bien del todo. Pese a la sopa que Samuel le hab�a calentado en el microondas y le hab�a obligado a injerir, se sent�a tan d�bil como un cachorro. El Hermano Lobo estaba inquieto anhelando la oscuridad.</p><p>Un lugar seguro donde curarse.</p><p>���De verdad vas a dejar que Samuel sea un lobo solitario? -le pregunt� cuando puso en marcha el veh�culo. El Marrok era posesivo y territorial, no era habitual que dejara ir a alguien que le pertenec�a. La �ltima vez que Samuel se march�, no le hab�a pedido permiso, simplemente desapareci�. Charles tard� un par de a�os en localizarlo.</p><p>��Estoy tan satisfecho de que Samuel haya encontrado algo, <emphasis>lo que sea, </emphasis>en que dedicar su tiempo que incluso podr�a chantajear a Adam si fuese necesario.</p><p>���A�n no lo has hecho? � Adam, el Alfa de Tri-Cities, le ca�a bien, pero le sorprend�a que el Marrok no hubiera tenido que forzar un acuerdo: no muchos Alfas habr�an aceptado de buena gana a un lobo solitario tan dominante como Samuel en su territorio.</p><p>��A�n no� -dijo su padre pensativamente-. Aunque me parece que tendr� que ayudar un poco a Samuel con Mercedes. Ella no parec�a muy feliz cuando lo envi� con ella la �ltima vez.</p><p>��Samuel sabe c�mo arregl�rselas con Mercedes.</p><p>��Eso espero. -Bran dio unos golpecitos con los dedos sobre el volante-. Me gusta tu Anna. Parece tan delicada y t�mida, como una flor que fuera a marchitarse ante la primera palabra afilada, y entonces hace algo como enfrentarse a Asil.</p><p>Charles recost� nuevamente los hombros en el asiento mientras caracoleaban sobre una esquina congelada y cog�an el sendero que llevaba a su casa.</p><p>��Deber�as verla con un rodillo de cocina en las manos.</p><p>No intent� ocultar su satisfacci�n. Cada vez se sent�a mejor. Los o�dos hab�an dejado de zumbarle, y hab�a recuperado el control. Algo de comer y unas horas de sue�o y pr�cticamente habr�a recuperado la normalidad.</p><p>���Quieres entrar? -pregunt� m�s por educaci�n que por un deseo real.</p><p>��No. -Su padre neg� con la cabeza-. Env�a tambi�n a Sage a casa. Querr� charlar contigo, pero t� y Anna necesit�is estar a solas. Cuando termin� el servicio Anna parec�a bastante alterada.</p><p>Charles mir� a su padre bruscamente.</p><p>��Pensaba que era solo una reacci�n al funeral. Demasiada gente que no conoc�a.</p><p>��No, hab�a algo m�s.</p><p>Charles repas� mentalmente la �ltima parte del servicio funerario, pero no se le ocurri� a qu� pod�a referirse su padre.</p><p>��Yo no not� nada.</p><p>��Claro que lo hiciste. -Su padre le mir� con una sonrisa ir�nica-. �Por qu� crees que estabas tan fren�tico cuando se march�?</p><p>���El asunto con Asil? -Si Asil la hab�a alterado, tal vez Charles podr�a ocuparse de �l y de ese modo su padre no ten�a que volver a preocuparse.</p><p>Bran neg� con la cabeza y se puso a re�r.</p><p>��Te he dicho mil veces que puedo hablar mentalmente con la gente pero que no puedo recibir sus pensamientos. No s� qu� le preocupaba. Preg�ntaselo t�.</p><p>Milagrosamente, llegaron hasta la puerta de su casa sin ning�n percance. Charles baj� del Vee y pens� por un instante que las rodillas no iban a sostener su peso.</p><p>Su padre le observ� atentamente, pero no le ofreci� ayuda.</p><p>��Gracias. -Odiaba sentirse d�bil, y a�n odiaba m�s cuant�o la gente intentaba cuidar de �l. Al menos lo hab�a odiado hasta que apareci� Anna.</p><p>��Entra en casa antes de que te caigas -fue lo �nico que le dijo su padre-. Con eso me conformo.</p><p>Ya fuera por el hecho de moverse o por el fr�o, las rodillas dejaron de temblarle y empez� a caminar de nuevo con normalidad en cuanto alcanz� la puerta.</p><p>Su padre hizo sonar un par de veces el claxon y sali� como una exhalaci�n en cuanto su mano toc� el pomo de la puerta. Charles entr� en la casa y se encontr� a Sage y Anna sentadas en el sal�n, una frente a la otra, con una taza de t� delante de ellas sobre la mesa. Sin embargo, su olfato le dijo que Anna hab�a recivido otra visita.</p><p>Aunque se hab�a sentido rid�culo cuando su padre llam� a Sage para que fuera a su casa, el rastro de Leah le hizo sentirse orgulloso de su paranoia. Leah no hab�a tardado mucho en hacer el primer movimiento.</p><p>Sage dej� de hablar con Anna y lo repas� con la mirada de arriba a abajo.</p><p>��Charlie -dijo-, est�s hecho un desastre. Se puso en pie de un salto, le bes� en la mejilla y se marcho a la cocina para dejar la taza de t� en el fregadero.</p><p>��Gracias -dijo �l con frialdad.</p><p>Sage sonri�.</p><p>��Me voy y os dejo solos, como una parejita de reci�n casados. Anna, no dejes que te encierre en su tumba privada. Ll�mame cuando quieras e iremos de compras a Missoula o algo as�.</p><p>Le dio una palmadita a Charles en el hombro antes de marcharse tan campante.</p><p>Anna dio un sorbo a su t� y le mir� con ojos oscuros e insondables. Por la ma�ana se hab�a recogido el pelo con una cinta y echaba en falta los rizos color miel que sol�an colgar a ambos lados de su cara.</p><p>��Te ha llamado �Charlie� -le dijo ella.</p><p>Charles levant� una ceja.</p><p>Anna sonri�, una expresi�n repentina que le ilumin� el rostro.</p><p>��No te pega.</p><p>��Sage es la �nica que insiste en llamarme de ese modo -admiti�-. Afortunadamente.</p><p>Anna se puso de pie.</p><p>���Quieres un t�? �O algo de comer?</p><p>En el coche hab�a sentido hambre, pero, de repente, lo �nico que deseaba era dormir. Ni siquiera ten�a ganas de recorrer el pasillo.</p><p>��No, creo que me ir� a la cama.</p><p>Anna llev� su taza a la cocina y puso las dos tazas en el lavavajillas. A pesar de sus palabras, Charles la sigui�.</p><p>���Qu� te ha dicho tu hermano? -le pregunt� ella.</p><p>��A�n quedaba algo de plata en la pantorrilla. La ha eliminado toda.</p><p>Anna se qued� mir�ndole fijamente.</p><p>��No ha sido divertido, �verdad?</p><p>Charles no pudo evitar sonre�r ante su comentario.</p><p>��No.</p><p>Ella le pas� el brazo bajo sus hombros.</p><p>��Venga, te est�s tambaleando. Vamos a la cama antes de que te caigas al suelo.</p><p>No le molest� en absoluto que le ayudara. Incluso podr�a haberle llamado Charlie y no le habr�a dicho nada, siempre y cuando no se separara de �l.</p><p>Anna le ayud� a quitarse la ropa. No hab�a vuelto a ponerse la chaqueta del traje, de modo que no fue tan doloroso. Mientras �l se met�a en la cama, ella baj� las persianas y apag� la luz. Cuando le cubri� con la manta, Charles le cogi� la mano.</p><p>���Te quedar�s conmigo? -le pregunt�.</p><p>Estaba demasiado cansado para hablar, pero no quer�a dejarla sola con lo que fuera que su padre hab�a percibido que la inquietaba.</p><p>Ella se qued� inm�vil, y el aroma de su miedo repentino puso a prueba el control reci�n recuperado despu�s de que su hermano le extrajera los �ltimos restos de plata. No hab�a nada que matar salvo fantasmas, as� que control� la oleada de ira protectora y esper� a ver qu� hac�a ella. Podr�a haberle soltado la mano, y estaba dispuesto a ello, pero solo si ella hac�a adem�n de apartase de �l.</p><p>No sab�a por qu� la hab�a asustado tanto cuando hab�an dormido juntos la noche anterior, hasta que ella pos� sus ojos en su mano entre las suyas. Alguien la hab�a agarrado, pens�, probablemente m�s de una vez. Al tiempo que la ira empezaba a crecer en su interior, Anna gir� la mano y la cerr� sobre la suya.</p><p>��De acuerdo -dijo ella con voz ronca.</p><p>Tras un segundo, liber� su mano y se sent� en la cama para quitarse las zapatillas de deporte. Se tumb� junto a �l con los pantalones y la camisa puestas, su cuerpo tenso y poco dispuesto.</p><p>Charles se dio la vuelta, d�ndole la espalda con la esperanza de que aquello le indicara que no iba a presionarla m�s. Se sorprendi� al descubrir que pedirle que se quedara no hab�a sido solo por su bien. Se sent�a m�s seguro a su lado. Se qued� dormido escuchando su respiraci�n.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Ol�a muy bien. A medida que su cuerpo se relajaba, Anna pudo sentir c�mo la tensi�n tambi�n abandonaba el suyo. Pese a no estar herida, tambi�n estaba agotada. Cansada de estar en una vitrina, cansada de pensar sobre lo que deber�a estar haciendo, cansada de dudar si hab�a escapado de un pozo para caer en otro peor.</p><p>Ten�a muchas preguntas. No le hab�a preguntado por la extra�a reacci�n de su madrastra, ni sobre Asil, porque por su aspecto parec�a que iba a quedarse dormido en cuanto dejara de moverse. Que es m�s o menos lo que hab�a ocurrido.</p><p>Anna se mir� la mu�eca, pero no encontr� nuevos moratones; no le hab�a hecho ning�n da�o. No sab�a por qu� el tacto de su mano alrededor de la mu�eca le hab�a provocado aquel p�nico. Su lobo se encargaba de mantener bien ocultos la mayor parte de los abusos que hab�a recibido. Sin embargo, su cuerpo conservaba el recuerdo de un violento apret�n y de alguien grit�ndole mientras le hac�a da�o� <emphasis>y </emphasis>ella estaba atrapada y no pod�a escapar de �l.</p><p>El pulso se le aceler� y sinti� aproximarse la transformaci�n a medida que su lobo se preparaba para volver a protegerla. Respir� el aroma de Charles y se dej� envolver por �l, tranquilizando al lobo. Charles nunca le har�a da�o, tanto su lobo como ella estaban seguros de ello.</p><p>Tras un momento, Anna reuni� el coraje necesario y se introdujo bajo las mantas. Cuando vio que Charles no despertaba, se acerc� todav�a m�s a �l, sobresalt�ndose cada pocos minutos ya que su cuerpo continuaba record�ndole que �l era mucho m�s fuerte y que pod�a hacerle da�o.</p><p>Sab�a por conversaciones ajenas que normalmente los lobos ansiaban el contacto. Los hombres de la manada de Chicago se tocaban unos a otros mucho m�s de lo habitual entre los heterosexuales. Sin embargo, estar cerca de otro lobo a ella nunca le hab�a tra�do ni paz ni consuelo.</p><p>Siempre pod�a recurrir a su lobo para que la ayudase, como hab�a hecho la noche anterior. Entonces pod�a acostarse junto a �l y respirar su fragancia con cada nueva bocanada. Pero con �l dormido, crey� que hab�a llegado el momento de enfrentarse sola a sus problemas. El lobo siempre pod�a solventar el problema inmediato, pero Anna quer�a poder tocarlo sin su ayuda.</p><p>El problema era la cama. La hac�a sentir vulnerable, dificult�ndole el hecho de aproximarse m�s a �l. Asil hab�a dicho que a Charles tampoco le gustaba que le tocasen. Se pregunt� cu�l ser�a el motivo. No parec�a importarle cuando era ella quien le tocaba; todo lo contrario.</p><p>Anna alarg� lentamente la mano hasta que sinti� las s�banas tibias por su calor corporal. Apoy� los dedos sobre �l y sinti� c�mo su cuerpo se contra�a por el p�nico. Se alegr� de que estuviese dormido, de ese modo no ten�a que presenciar c�mo retiraba la mano y encog�a las rodillas sobre su vulnerable est�mago. Hizo un esfuerzo por no temblar porque no quer�a que la viera de aquel modo: como una cobarde.</p><p>Se dijo a s� misma que la esperanza era mucho m�s testaruda que la desesperaci�n.</p></section><section><title><p id="_Toc233648884">Cap�tulo 5</p></title><p>Anna recorri� met�dicamente los cajones: Charles iba a despertar hambriento. Por suerte, ten�a la casa abastecida para un asedio. Pens� en preparar un plato italiano -se le daba bastante bien la cocina italiana- pero no sab�a si a Charles le gustaba. Un estofado le pareci� la mejor opci�n.</p><p>El arc�n de congelados del s�tano estaba lleno de carne envuelta en papel transparente y perfectamente etiquetada. Subi� a la cocina con un paquete de carne de alce para estofar y la dej� en la encimera para que se descongelara. Pese a que nunca hab�a comido carne de alce, supuso que carne de estofado era siempre carne de estofado.</p><p>En la nevera encontr� zanahorias, cebollas y apio. Ahora lo �nico que le faltaba eran las patatas. No hab�a en la nevera, ni bajo la encimera; ni sobre la nevera o bajo el fregadero.</p><p>Alguien tan meticuloso como Charles deb�a de tener patatas en alg�n lugar<emphasis>. </emphasis>A menos que no le gustaran. Estaba inclinada con la cabeza en un caj�n inferior, cantando en voz baja �d�nde, oh, d�nde est�n mis peque�as patatas�, cuando el sonido de un m�vil le hizo levantar la cabeza repentinamente y golpe�rsela con el borde de la encimera.</p><p>EI tel�fono estaba en el dormitorio, de modo que esper� a que Charles lo cogiera mientras se frotaba la cabeza, pero continu� sonando.</p><p>Hizo un encogimiento mental de hombros e intent� encontrar las patatas con ayuda de su olfato: Charles le hab�a dicho que no utilizaba lo suficiente su nariz. Pero si hab�a patatas en la cocina, su aroma quedar�a camuflado por las especias y la fruta.</p><p>El tel�fono colgado en la pared empez� a sonar. Era un viejo aparato de dial rotatorio fabricado medio siglo antes de la invenci�n del reconocimiento de llamadas. Se qued� mir�ndolo con creciente frustraci�n. Aquella no era su casa. Tras el d�cimo tono se decidi� a descolgar.</p><p>���Hola?</p><p>���Anna? Dile a Charles que se ponga, por favor. -No cab�a duda de qui�n era: Bran.</p><p>Dirigi� una r�pida mirada a la puerta del dormitorio con el ce�o fruncido. Si todo aquel ruido no le hab�a despertado a�n, significaba que necesitaba descansar.</p><p>��Est� dormido. �Quieres que le d� alg�n mensaje?</p><p>��Me temo que eso no me sirve. Por favor, despi�rtale y dile que necesito hablar con �l.</p><p>Era una orden. El �por favor�, pens�, era solo una muestra de cortes�a.</p><p>De modo que dej� el auricular colgando y fue a despertar a Charles. Antes de llegar a la puerta, esta se abri�. Se hab�a vestido con unos pantalones t�janos y una sudadera.</p><p>���Es pap�? -le pregunt�.</p><p>Cuando ella asinti�, Charles pas� r�pidamente por su lado y cogi� el tel�fono.</p><p>���Qu� necesitas?</p><p>��Tenemos un problema -Anna oy� que dec�a Bran-. Te necesito� y trae tambi�n a Anna. Tan r�pido como pod�is.</p><p>Bran necesitaba a Charles. Charles era su mano ejecutora, su asesino. Habitualmente pon�a en peligro su vida por su padre. Anna iba a tener que acostumbrarse a aquello.</p><p>Anna se estaba poniendo la chaqueta cuando Charles colg� el tel�fono. Regres� al dormitorio y volvi� a salir de �l con unos calcetines y unas botas en la mano.</p><p>���Puedes ayudarme con las botas? -le dijo-. A�n me cuesta agacharme.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna condujo el veh�culo como alguien que no ha circulado nunca por una carretera congelada. Quiz� no lo hab�a hecho nunca. Pero aquella ma�ana lo hab�a hecho mejor, y Charles no cre�a que la carretera estuviese en peores condiciones.</p><p>Evidentemente, fuera lo que fuese lo que la inquietaba, continuaba all�. Pod�a oler su ansiedad, aunque no sab�a qu� hacer para remediarla.</p><p>Si sus costillas hubieran estado en mejores condiciones, �l mismo se habr�a encargado de conducir, pero se conform� con indicarle la direcci�n que deb�a seguir. Cuando la furgoneta cole� al entrar en el sendero que llevaba a la casa de su padre y Charles se sujet� con m�s fuerza a la puerta, Anna redujo a�n m�s la velocidad. Un todoterreno color verde tiza con distintivos del gobierno estaba aparcado junto a la puerta principal: Servicio Forestal. Fuera cual fuese la raz�n por la que su padre 1e hab�a llamado deb�a de tener alguna relaci�n con el lobo solitario de las Cabinets. Tal vez hab�a aparecido otro cuerpo.</p><p>Anna detuvo el veh�culo detr�s del todoterreno.</p><p>���Hueles eso? -le pregunt� a Anna mientras esta rodeaba la furgoneta hasta donde �l la esperaba.</p><p>Anna inclin� la cabeza y reflexion� sobre lo que estaba oliendo.</p><p>���Sangre?</p><p>��Fresca -dijo �l-, �Te molesta?</p><p>��No. �Deber�a?</p><p>��Si fueras como cualquier otro lobo, Omega, ahora mismo estar�as hambrienta.</p><p>Anna frunci� el ce�o y Charles respondi� a su mirada:</p><p>��S�, yo tambi�n. Pero soy lo suficientemente mayor para que no me incomode.</p><p>No se molest� en llamar a la puerta; su padre le habr�a o�do llegar. Sigui� el rastro de la sangre hasta el dormitorio de invitados.</p><p>Samuel hab�a estado all�. Pese a no reconocer al hombre de mediana edad tumbado sobre la cama, reconoci� la pulcra disposici�n de los vendajes. El hombre era tan humano como Heather Morrel, quien estaba sentada junto a la cama sosteni�ndole la mano.</p><p>Heather levant� la cabeza. Charles vio el destello de p�nico en su semblante pero no hizo nada por mitigarlo. Asustar a la gente formaba parte de lo que le convert�a en un asesino tan eficaz. Adem�s, hasta que no hablara con su padre y supiera qu� estaba ocurriendo, nada de lo que pudiera decir aliviar�a su dolor.</p><p>���D�nde est� el Marrok? -pregunt�.</p><p>��Te est� esperando en su estudio -le dijo ella.</p><p>Dio un paso atr�s e hizo adem�n de irse, pero Heather dijo su nombre suavemente.</p><p>Y �l se detuvo.</p><p>��Jack es un buen hombre -susurr� Heather.</p><p>Charles mir� por encima del hombro y vio que le estaba mirando fijamente. Podr�a haberle preguntado a qu� se refer�a, pero antes quer�a hablar con su padre.</p><p>Aunque Anna no dijo nada, percibi� por su creciente tensi�n que hab�a captado parte del trasfondo. A menos que su instinto le enga�ara, ten�a serias dudas sobre la supervivencia del amigo de Heather, Jack.</p><p>De modo que se limit� a asentir y se dirigi� al estudio con Anna pegada a sus talones.</p><p>El fuego estaba encendido: una mala se�al. Pap� solo lo encend�a cuando algo le preocupaba. Su padre estaba sentado con las piernas cruzadas en el suelo frente al hogar y con la vista fija en las llamas.</p><p>Charles se detuvo en el umbral pero Anna pas� junto a �l y acerc� las manos al fuego. Ninguno de los tres habl� durante un rato.</p><p>Finalmente, Bran suspir�, se puso en pie y camin� lentamente alrededor de Charles.</p><p>���C�mo te sientes? -le pregunt� cuando volvi� a situarse frente a �l.</p><p>Le ard�a la pierna, y a�n estaba demasiado d�bil para poder correr. Pese a que no quer�a mentirle a su padre, tampoco le apetec�a enumerar sus dolores y achaques.</p><p>��Mejor. �Qu� necesitas?</p><p>Bran se cruz� de brazos.</p><p>��Esta semana ya he matado a alguien contra mi voluntad; no quiero volver a hacerlo.</p><p>���Jack tiene que morir?</p><p>�Quer�a su padre que lo hiciera �l? Mir� a Anna con cierta ansiedad mientras esta se acercaba m�s al fuego y se encorvaba, d�ndole la espalda a ambos. �l tampoco quer�a matar a nadie m�s aquella semana.</p><p>Bran se encogi� de hombros.</p><p>��No. Si debe hacerse, yo me encargar�. Espero poder evitarlo. Es uno de los compa�eros de Heather. Estaban trabajando en el bosque, haciendo un trabajo para los Servicios de Emergencia. Buscaban a otro cazador desaparecido cuando fueron atacados por un hombre lobo. No hay ninguna duda de lo que era. Heather lo vio claramente. Le dispar� y lo espant�; ha estado llevando balas de plata desde que identific� al asesino del otro cazador. Me ha dicho que su amigo Jack hizo la conexi�n entre su atacante y el cazador muerto mientras perd�a y recuperaba la conciencia de camino hacia aqu�.</p><p>���Lo ha tra�do aqu� porque se ha Transformado?</p><p>��Ella dice que podr�a haberlo hecho, pero Samuel no est� de acuerdo. Los da�os no son masivos, y no se cura lo suficientemente r�pido. -Hizo uno de aquellos gestos que le sal�an tan bien; aquel dec�a: <emphasis>Soy solo un amateur, eso se lo dejo a los expertos-. </emphasis>Seg�n parece, su problema tiene m�s que ver con la p�rdida de sangre que con la herida en s�. Y nuestra Heather se arrepiente de haberlo tra�do desde que Samuel hizo su declaraci�n.</p><p>���En qu� est�s pensando?</p><p>Charles no pod�a evitar pensar que Anna lo estaba escuchando todo. Una parte de �l quer�a ocult�rselo, protegerla del lado desagradable de su vida. Sin embargo, se negaba a tener una relaci�n con su pareja basada en medias verdades y secretos. Adem�s, ella ya sab�a mucho sobre lo desagradable que pod�an llegar a ser ciertas cosas. Bran se recost� en su silla y suspir�.</p><p>��Si un guarda forestal afirma que fue atacado por un hombre lobo, un hombre tan experimentado y respetado como Jack, la gente le creer�. Y, antes de ponerse poco comunicativa, Heather me dijo que Jack es un hombre sincero. Si cree que otros pueden correr peligro, difundir� la noticia tanto como pueda, por muy absurda que pueda parecer la verdad.</p><p>Charles sostuvo la mirada que le dirigi� su padre. En otras circunstancias podr�an dejarlo pasar. Si mataban al lobo problem�tico y no se produc�an m�s muertes, el incendio que pudiera provocar el guarda se consumir�a por falta de combustible. No obstante, su padre cre�a que no tardar�an mucho en salir a la luz p�blica. En cuesti�n de meses. No pod�an permitirse la mala publicidad.</p><p>Para ganar algo de tiempo y pensar si exist�a alguna salida a aquel dilema, Charles pregunt�:</p><p>���C�mo consigui� sacarlo de all�?</p><p>Charles conoc�a las Cabinets. En aquella �poca del a�o, la mayor parte de aquellas monta�as solo pod�an recorrerse con raquetas o a cuatro patas. Heather no era una mujer lobo y, por tanto, no pod�a cargar con alguien que pesara m�s que ella.</p><p>��Llam� a su t�o. Tag lo sac� de all�.</p><p>Ah. De modo que aquella era la raz�n por la que Bran parec�a meramente pensativo y no completamente encerrado en s� mismo, su estado habitual cuando deb�a resolver alg�n asunto desagradable.</p><p>Charles mir� a su padre con una sonrisa de alivio.</p><p>��Vaya con la mocosa -dijo Charles. Aunque Heather ten�a cuarenta y tres a�os, Charles la hab�a visto nacer y a�n la consideraba una ni�a peque�a, y, lo que era a�n m�s importante, su imponente t�o, Colin Taggart, tambi�n-. As� que si haces lo que deber�as hacer y eliminas a este aparentemente respetable y responsable inocente, �te enfrentar�as a un levantamiento?</p><p>Tag era extremadamente protector con aquellos que consideraba suyos, y el hecho de rescatar a aquel guarda, lo convert�a autom�ticamente en suyo. Si Bran decid�a eliminar al guarda de Heather, tendr�a que recurrir a Tag para que lo llevara a cabo. Gracias a Dios.</p><p>Bran emiti� un suspiro que quer�a expresar que estaba siendo utilizado.</p><p>��Me sentir�a m�s tranquilo si no tuviera que enviarte malherido a perseguir a un lobo solitario. Estoy bastante seguro de que si eliminamos la amenaza, y demostramos a Jack que su atacante era un criminal adem�s de un monstruo, lo �nico que desear� ser� conservar la paz y la tranquilidad. Necesito a ese lobo muerto antes de que Jack se recupere y exija que le dejemos marchar.</p><p>���No puedes enviar a nadie m�s? -pregunt� Anna en voz baja.</p><p>Bran neg� con la cabeza.</p><p>��Esto debe realizarse de forma r�pida y silenciosa, y permanente. Charles es el �nico en quien puedo confiar para mantener a las autoridades humanas alejadas si las cosas se ponen feas. -Sonri� ligeramente-. Y s� que no se unir� al asesino en este carnaval de carne humana.</p><p>Charles observ� a su padre brevemente: no podr�a haberlo expresado en menos palabras� ni de un modo m�s desesperado.</p><p>��No es probable que el lobo sea m�s dominante que yo, de modo que no podr� embaucarme ni reclutarme -le explic� a Anna-. Y si las cosas se ponen �feas�, mi magia puede encubrir las pruebas. No soy tan bueno como una bruja de verdad, pero no creo que env�en a un grupo de forenses de primera clase a las monta�as.</p><p>��Adem�s, no existe ning�n otro lobo en Aspen Springs que pueda enfrentarse a un asesino de estas caracter�sticas sin perder su rastro. -Bran se dio la vuelta para mirar a Anna, quien segu�a con la vista clavada en el fuego-. Matar a un ser sensible es mucho m�s adictivo que cazar conejos bajo la luz de la luna. Entre otras cosas, Aspen Creek es un santuario para los lobos problem�ticos, o para quienes est�n en v�as de serlo. Los lobos que podr�an cazar a otro hombre lobo ya est�n lo suficientemente recuperados para regresar al mundo. Normalmente no los retengo m�s de lo necesario.</p><p>���De modo que todos los lobos de tu manada son psic�ticos? -pregunt� Anna.</p><p>Charles no supo si lo hab�a dicho en broma o no. Tal vez, pens�, ahora que reflexionaba en ello con mayor detenimiento, no estaba tan lejos de la verdad.</p><p>Bran ech� la cabeza para atr�s y estall� en carcajadas.</p><p>��En absoluto, querida. Pero no est�n preparados para esto. Si creyera estar poniendo la vida de Charles en peligro, enviar�a a otro. Ser� inc�modo, y complicado, pero no existe otro lobo en todo el pa�s que conozca las Cabinets tan bien como mi hijo. Y pese a estar herido, puede dominar a cualquier lobo que exista.</p><p>���Vas a enviarle solo?</p><p>Charles no reconoci� nada en aquellas palabras, pero era evidente que su padre hab�a intuido algo que le intrigaba.</p><p>��No necesariamente. -Y adopt� la expresi�n que sol�a utilizar cuando hallaba una soluci�n satisfactoria a un problema que le hab�a estado torturando. Charles tard� demasiado tiempo en comprender a lo que se refer�an y, cuando lo hizo, no pudo detenerle-. Puedes acompa�arle.</p><p>��No -dijo Charles con autoridad, aunque tambi�n con la inquietante sensaci�n de que era demasiado tarde. Bran no le prest� la m�s m�nima atenci�n. -No ser� divertido. Esas monta�as son muy duras, y eres una chica de ciudad.</p><p>��Soy una mujer lobo -dijo ella con el ment�n levantado-. No deber�a costarme mucho adaptarme a un entorno hostil, �no crees?</p><p>��No tiene ropa adecuada, ni guantes, ni botas -gru�� Charles desesperado. Sab�a que su padre ya hab�a tomado una decisi�n, aunque no ten�a ni idea de por qu� se mostraba tan decidido-. En esta �poca del a�o tienen que usarse raquetas, y ella no tiene experiencia. Me retrasar�.</p><p>Su padre sol�a poner aquella <emphasis>expresi�n </emphasis>cuando quer�a utilizarlo.</p><p>���M�s que la herida de tu pantorrilla? -Se cruz� de brazos y se meci� en la silla con los talones. Debi� de reconocer la obstinada negativa en el rostro de Charles, ya que suspir� y pas� al gal�s-: Necesit�is tiempo para arreglar ciertas cosas entre vosotros. Ella no conf�a en ninguno de nosotros. Aqu� hay demasiada gente que le morder�a el rabo. -Su padre era un caballero, jam�s dir�a algo en contra de su pareja, pero los dos supieron que se refer�a a Leah-. Anna tiene que conocerte, y t� no eres precisamente f�cil en ese sentido. Ll�vatela de aqu� y pasad unos cuantos d�as solos. Le sentar� bien.</p><p>���Para que me vea matar al intruso? -Charles le respondi� en la misma lengua que hab�a utilizado su padre. Anna sab�a lo que era �l, pero no quer�a tener que restreg�rselo por la cara. Aunque estaba acostumbrado a aterrorizar a la gente, no quer�a hacer lo mismo con ella-. Estoy seguro de que servir� para que est� mucho m�s segura de m�.</p><p>��Tal vez.</p><p>No hab�a marcha atr�s cuando su padre decid�a el curso de los acontecimientos, y todo aquel que se interpusiera en su camino acababa tumbado como un bolo.</p><p>A Charles no le gustaba ser un bolo. Mir� a su padre en silencio.</p><p>El viejo bardo sonri� d�bilmente.</p><p>��De acuerdo -dijo Charles en ingl�s-. Muy bien.</p><p>Anna levant� el ment�n.</p><p>��Intentar� no retrasarte.</p><p>Y Charles se sinti� como si le hubiera dado un pu�etazo en el est�mago: lo �nico que hab�a conseguido es que ella se sintiera rechazada, todo lo contrario de lo que hab�a pretendido. Pese a que las palabras no eran su fuerte, intent� arreglar la situaci�n de todos modos.</p><p>��No me preocupa que me retrases -le dijo-. Pap� tiene raz�n. Con esta pierna no voy a batir ning�n record de velocidad. Esto no va a ser divertido, no en esas monta�as y en invierno.</p><p>No quer�a que le viera matar otra vez. A veces estaba bien, y el otro lobo se resist�a, como hab�a hecho Leo. Pero otras gritaban y suplicaban. Y, pese a todo, deb�a matarlos.</p><p>��De acuerdo -dijo Anna.</p><p>La tensi�n de su voz le dijo que a�n no hab�a arreglado el da�o, aunque no pod�a mentirle dici�ndole que quer�a que fuera con �l. No quer�a. Y aunque sab�a que la capacidad de Anna para captar una mentira era bastante impredecible, se negaba a mentirle a su pareja.</p><p>��Lo entiendo -dijo Anna sin apartar la vista del suelo-. No ser� divertido.</p><p>��Har� una llamada para que os abran la tienda -dijo Bran. Resultaba imposible saber lo que pensaba, salvo que hab�a decidido no ayudar a Charles-. Equ�pala con todo lo necesario.</p><p>Charles desisti� y dirigi� su atenci�n a algo que controlaba mejor.</p><p>��Diles que estaremos all� en una hora -dijo-. Primero tengo que hablar con Heather y Tag. Saldremos por la ma�ana.</p><p>��Coge mi Humvee -dijo Bran extrayendo una llave de su llavero-. Llegar�is m�s lejos que con tu furgoneta.</p><p><emphasis>�Por qu� est�s siendo tan servicial?, </emphasis>pens� Charles con frustrado rencor. Bran no pod�a leer las mentes, pero la fugaz sonrisa en el rostro de su padre le dijo que no le costaba mucho leer la expresi�n de su hijo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles no se sorprendi� al encontrar a Heather esper�ndoles. Estaba frente a la puerta de la habitaci�n de invitados, apoyada en la pared y con la vista clavada en sus pies. No la levant� cuando se aproximaron a ella, pero dijo:</p><p>��Lo he matado tray�ndolo aqu�, �no es cierto?</p><p>���Tag se ha marchado a casa? -pregunt� Charles.</p><p>Entonces Heather le mir�, examin�ndole el rostro.</p><p>��Dijo que ya ten�a suficiente sangre para unos cuantos d�as y se march� abajo a ver una pel�cula.</p><p>��Jack estar� bien -dijo Anna, aparentemente impaciente por la neutralidad de Charles-. Charles y yo nos ocuparemos del hombre lobo que le atac�. Esperemos que con eso tu amigo no pierda la cabeza con la prensa.</p><p>Heather mir� a Anna durante un segundo.</p><p>��Gracias a Dios que hay alguien por aqu� que no act�a como si la informaci�n fuese m�s valiosa que el oro. Debes de ser la Omega de Chicago.</p><p>Anna sonri�, aunque se dio cuenta de que deb�a practicar m�s.</p><p>��Los lobos suelen ser bastante reservados, �no es cierto? Si te sirve de algo, creo que el hecho de que trajeras aqu� al otro lobo� �se llamaba Tag?� ha sido lo que ha desequilibrado la balanza.</p><p>Heather mir� a Charles por el rabillo del ojo y este supo que aquello es lo que hab�a pretendido cuando llam� a su t�o pidi�ndole ayuda. Aun as�, percibi� la verdad en su voz cuando dijo:</p><p>��Fue lo �nico que se me ocurri�. Sab�a que si se lo ped�a yo, vendr�a.</p><p>Tag era as�.</p><p>���Podr�amos despertar a Jack? -pregunt� Charles.</p><p>��Est� en un duermevela -les dijo ella-. Ahora est� dormido, no inconsciente.</p><p>El humano era algo mayor que Heather. Ten�a la cara p�lida y tensa. En cuanto Heather lo despert�, el aroma de su p�nico inund� la habitaci�n.</p><p><emphasis>Interesante, </emphasis>pens� el Hermano Lobo al reconocer a una presa herida. <emphasis>Comida f�cil.</emphasis></p><p>Charles a�n no hab�a descubierto si el Hermano Lobo dec�a las cosas en serio o si bromeaba, pues nunca le hab�a permitido alimentarse de un humano. Ten�a la inc�moda sospecha de que no era ni lo uno ni lo otro. Hizo retroceder al Hermano Lobo y esper� a que el humano le viera por encima del hombro de Heather.</p><p>��Me llamo Charles -dijo-. Soy un hombre lobo. Heather, no voy a com�rmelo.</p><p>Pese a que Heather finalmente se apart�, Charles estaba convencido de que hubiese preferido quedarse entre ambos para proteger a su amigo.</p><p>���Por qu� nos atacaste? -dijo Jack en un susurro, haciendo un esfuerzo para que las palabras salieran de su boca.</p><p>��No fui yo -le dijo Charles-. Preg�ntale a Heather. Ella te lo dir�. O�mos hablar del lobo solitario hace unos d�as. Yo estaba herido, y mi padre quer�a esperar hasta que me recuperase para enviarme tras �l. Pens�bamos que, terminada la temporada de caza, no habr�a mucho peligro si esper�bamos un par de semanas.</p><p>���Herido?</p><p>Charles apret� los dientes para controlar al lobo, el cual demostraba abiertamente su desaprobaci�n, mientras se desabotonaba la camisa y se daba la vuelta. La quemadura que le atravesaba los hombros era m�s que evidente, pero hab�a estado oliendo su propia sangre desde que Anna coleara en el sendero, as� que estaba bastante seguro de que el vendaje que le cubr�a la herida de la espalda estar�a manchado de sangre.</p><p>Aunque ni Jack ni Heather representaban una amenaza, al Hermano lobo le daba lo mismo: mostrar las debilidades a los dem�s estaba mal. Sin embargo, era importante que Jack comprendiera por qu� hab�an esperado. Si quer�an que no contara nada, Jack deb�a entender que, en circunstancias normales, eran capaces de controlar a los suyos.</p><p>��Quemadura de bala -dijo Jack.</p><p>��Y dos m�s que dieron en el blanco -confirm� Charles, volviendo a abrocharse la camisa.</p><p>��Jack antes era polic�a -apunt� Heather.</p><p>Durante aquellos minutos hab�a mantenido la vista apartada, para evitar mirar a Charles, un gesto que este agradeci�.</p><p>��Tuve algunos problemas en Chicago hace unos d�as � dijo Charles.</p><p>��Deber�as curarte -susurr� Jack.</p><p>Charles neg� con la cabeza.</p><p>��No si hay un hombre lobo cazando humanos. -Mir� a Heather-. �Hubo alguna provocaci�n?</p><p>Ella se encogi� de hombros.</p><p>��No estoy segura. Simplemente sali� de la nada y atac�. Existen muchas razones para que aquel lobo solitario lo hiciera. Tal vez ha establecido su territorio o debe proteger a alguien o algo.</p><p>��Aunque tambi�n podr�a estar cazando -concluy� Charles-. No podemos permitirnos el lujo de esperar a que encuentre una nueva v�ctima.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna sigui� a Charles escaleras abajo en busca del t�o de Heather, Tag. Las escaleras terminaban en un estrecho pasillo lleno de puertas met�licas, cada una con gruesas barras de hierro preparadas para bajar sobre los soportes instalados a ambos lados.</p><p>En una de las puertas, las barras estaban bajadas. Quien estuviese tras ella, hab�a estado haciendo ruido hasta que ellos llegaron al pasillo. Entonces el pasillo qued� en completo silencio, y Anna pudo sentir c�mo escuchaba sus pasos mientras se aproximaban.</p><p>Podr�a haberle preguntado a Charles, pero este parec�a encerrado en s� mismo. No sab�a si estaba molesto con ella o simplemente pensativo. De cualquiera de los dos modos, no quer�a molestarle. Ya lo hab�a hecho suficiente. Tendr�a que haberle dicho que se quedar�a en casa.</p><p>Pero aquello habr�a significado que se marchar�a solo, herido, para enfrentarse a un lobo solitario desconocido. Su padre parec�a confiar en que pod�a arregl�rselas solo, pero �l no hab�a estado en su casa ayer por la noche cuando Charles estaba demasiado dolorido incluso para moverse sin su ayuda.</p><p>Si Charles decid�a que no la quer�a a su lado, �qu� pod�a hacer ella?</p><p>Hab�a una puerta algo m�s halag�e�a al final del pasillo; no ten�a ni cerrojos ni llaves. Sin embargo, mientras se acercaban a ella, Anna oy� el sonido de una explosi�n.</p><p>��Guau -dijo alguien con feroz satisfacci�n.</p><p>Charles abri� la puerta sin llamar.</p><p>Anna tuvo una fugaz visi�n de una enorme pantalla de televisi�n conectada a una gran variedad de lustrosas cajas negras y altavoces mediante el arco iris formado por una red de cables. Sin embargo, lo que capt� su atenci�n y la mantuvo fue el hombre corpulento tumbado sobre un sof� como un gato dom�stico gigante. Y �gigante� es la palabra que mejor lo defin�a.</p><p>Charles era un hombre alto, pero Anna estaba dispuesta a apostar que Colin Taggart era unos cent�metros m�s alto que �l y algunos m�s de ancho. A pesar del fr�o, llevaba puestas unas enormes sandalias Birkenstock por encima de unos gruesos calcetines de lana, usados y deshilachados pero limpios. Unos pantalones sueltos color caqui quedaban cubiertos por una camiseta te�ida que le colgaba por debajo de los muslos. Ten�a el pelo de un espectacular color naranja y tan tosco como la crin de un pony; lo ten�a rizado y enmara�ado de tal forma que podr�a deberse tanto a un estilo deliberado como a la simple despreocupaci�n. Se hab�a apartado toda la melena del rostro con una gruesa goma de pelo manchada de tinta.</p><p>No estaba en el funeral, pens� Anna. Se acordar�a de �l. Probablemente estuviera en las monta�as rescatando a su sobrina.</p><p>Su piel ten�a la palidez t�pica de los celtas, con numerosas pecas pobl�ndole las mejillas. Entre el tono de su piel y sus afiladas facciones podr�a haber llevado tatuado �Irland�s� en la frente. Ol�a a una extra�a variedad de inciensos que envolv�a un agradable aroma a tierra que Anna no sab�a exactamente d�nde ubicar. Parec�a quince o veinte a�os m�s joven que su sobrina, y lo �nico que ambos ten�an en com�n eran los ojos grises.</p><p>Tras una r�pida ojeada a Charles cuando entraron en la habitaci�n, Tag volvi� a dirigir su atenci�n al televisor para contemplar el final de la explosi�n. Entonces apunt� el mando a distancia en la direcci�n aproximada del televisor y detuvo la pel�cula.</p><p>��Bueno -dijo en una voz sorprendentemente aguda-. No hueles a muerto.</p><p>No era un soprano, pero un hombre de su corpulencia deber�a sonar como un bombo. Sonaba m�s bien como un clarinete: su acento era igual al de un locutor de televisi�n.</p><p>��Si el amigo de Heather mantiene la boca cerrada, estar� a salvo -dijo Charles-. Salimos de caza a primera hora de la ma�ana. Te agradecer�a si pudieras hacer unas cosas por m�.</p><p>Anna comprendi� que la pose relajada hab�a sido una artima�a cuando el otro lobo se incorpor� y se permiti� el lujo de deslizarse por el sof� y utilizar el impulso para ponerse en pie. Todo con la controlada velocidad y elegancia de un bailar�n de la corte.</p><p>De pie, ocupaba m�s espacio del que le corresponder�a en la reducida habitaci�n. Anna dio un paso atr�s involuntario que pas� desapercibido a los dos hombres.</p><p>Tag sonri�, pero sus ojos desprend�an cautela y los mantuvo clavados en Charles.</p><p>��De acuerdo. Siempre y cuando no mates a mi peque�o amigo, estar� encantado de complacerte.</p><p>��Necesito que tanto t� como Heather record�is d�nde estaban exactamente cuando les atac�, mejor sobre un mapa. A ver si podemos ubicar con exactitud d�nde estaba la otra v�ctima del hombre lobo, y tambi�n el estudiante. -Charles mir� a Anna, repas�ndola de arriba debajo de un modo impersonal antes de dirigir de nuevo su atenci�n al otro hombre-. Despu�s p�sate por casa de Jenny y comprueba si tiene ropa sucia, algo con su sudor.</p><p>Los ojos del lobo se agrandaron.</p><p>���Vas a hacer eso del rastro? Harrison es m�s o menos de tu misma estatura. �Quieres que coja algo de su ropa para ti?</p><p>��Perfecto. Nos encontraremos en mi casa en un par de horas con el mapa y la ropa.</p><p>��Bran no ejecutar� al hombre de Heather.</p><p>Aunque fue una afirmaci�n, la voz de Tag estaba te�ida de cierta incertidumbre.</p><p>Charles se encogi� de hombros.</p><p>��Por lo menos todav�a no. A menos que decida hacer alguna estupidez.</p><p>A Anna aquello no le pareci� muy tranquilizador. Sin embargo, Tag lo consider� suficiente.</p><p>��De acuerdo -dijo con un asentimiento-. Os veo en un par de horas.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles aparc� el Humvee frente a la casa, probablemente porque no cab�a en el garaje. Estaba tenso y cojeaba ligeramente, pero cuando Anna intent� cargar con los paquetes que hab�an recogido en la tienda, Charles se limit� a mirarla. Ella levant� ambas manos en se�al de rendici�n y le dej� cargar con los bultos.</p><p>No hab�a hecho ning�n comentario personal desde que abandonaran el estudio de su padre.</p><p>��Tal vez deber�as ir con otra persona -dijo ella finalmente mientras cerraba la puerta al fr�o invernal-. Otro lobo podr�a serte m�s �til.</p><p>Charles se dio la vuelta y la mir� fijamente. Se quit� los guantes con parsimonia mientras segu�a mir�ndola con sus ojos negros a la tenue luz de la casa. Ella le devolvi� la mirada durante uno o dos segundos antes de bajar los ojos.</p><p>��No me gusta llevar refuerzos para matar -le dijo tras un momento-. Demasiados lobos tienden a estropear las cosas.</p><p>Se quit� la chaqueta y la dej� deliberadamente sobre el respaldo del sof�.</p><p>��Nos enfrentamos a un hombre lobo que mata a humanos. Podr�a ser un infiltrado, alguien que intenta evitar que mi padre revele poco a poco nuestra existencia a los humanos. Aunque he estado reflexionando sobre eso y no creo que sea el caso. Tiene que ser una persona desesperada para ocultarse en las Cabinets en esta �poca del a�o, cuando podr�a estar mucho m�s confortable en Missoula o Kalispell. Donde adem�s atraer�a mucha m�s atenci�n. Moverse por las monta�as en pleno invierno es muy complicado para un ataque planificado o un asesino habitual. Creo que nos enfrentamos a un lobo solitario. Alguien que no sabe demasiado y que intenta mantenerse alejado del mundo. Peligroso, como ha demostrado repetidamente, pero nada que no pueda controlar.</p><p>��Har� lo que me digas -le dijo Anna al suelo, sinti�ndose est�pida por insistir en acompa�arle y dolida porque �l no la quisiera a su lado-. Intentar� no molestarte.</p><p>��Ni siquiera se me hubiera pasado por la cabeza llevarte conmigo si no hubiera sido por la insistencia de mi padre � dijo �l lentamente-. Y me habr�a equivocado.</p><p>Sus palabras la cogieron completamente desprevenida. Con la sospecha de que le hab�a malinterpretado, levant� la vista y se top� con una sonrisa avergonzada.</p><p>��Creo -dijo �l- que incluso un hombre lobo merece una oportunidad, �no crees? Un lobo solitario oculto en las Cabinets resulta bastante desesperado, y existe una posibilidad de que tambi�n �l sea una v�ctima, como el cazador muerto o Jack. Pero, si fuera yo solo, incluso si supiera con total seguridad que estaba chiflado o fuera de control m�s all� de su responsabilidad, probablemente tendr�a que matarlo de todos modos. Mira lo que has hecho con Asil esta ma�ana. Si vienes conmigo, puede que podamos darle una oportunidad a este lobo.</p><p>Pese a que parec�a decirlo con sinceridad, Anna midi� sus palabras:</p><p>���No est�s enfadado? �No hubieras preferido que mantuviera la boca cerrada?</p><p>Charles recorri� la distancia que les separaba y la bes�. Cuando se apart�, el coraz�n de Anna lat�a acelerado, y no solo de miedo. Sinti� su pulso contra su garganta. Ol�a a bosque cubierto de nieve.</p><p>��No -murmur� �l-. No quiero que te calles. -Le recorri� suavemente la mand�bula con un dedo-. Tag llegar� en cualquier momento. Ser� mejor que vaya preparando la comida.</p><p>Pese a estar a�n dolorido y asegurarle que no era un gran cocinero, prepar� el estofado que ella hab�a estado organizando cuando llam� Bran. Aunque la envi� en busca de las patatas, las cuales estaban almacenadas en un saco de arpillera en el s�tano, pareci� satisfecho de encargarse de todo el trabajo.</p><p>Ella le observ� cocinar, y la euforia provocada por el beso se desvaneci�. Frente a ella ten�a a un hombre habituado a estar solo, a depender de s� mismo. No la necesitaba, aunque ella depend�a completamente de �l.</p><p>Mientras esperaban que el estofado hirviera a fuego lento, Charles encendi� el peque�o televisor del comedor, el �nico aparato que hab�a visto en la casa, y una mujer alegre con pintalabios brillante les dijo que al d�a siguiente har�a m�s fr�o. Charles se sent� y ella tom� asiento al otro lado de la mesa de roble.</p><p>��Eso es lo m�s local que conseguiremos -le dijo Charles mientras ve�an la previsi�n meteorol�gica-. Missoula y Kalispell.</p><p>Anna no supo por qu� no permit�a que la televisi�n llenara el silencio.</p><p>��Tu padre me dijo que te preguntara si pod�a contactar con mi familia -dijo Anna mientras la locutora informaba sobre las ventas de Navidad durante el fin de semana: bajada en las ventas respecto al a�o anterior, aumento de las compras por Internet.</p><p>���Ocurre algo?</p><p>��No lo s�. No he hablado con ellos desde poco despu�s de mi Transformaci�n.</p><p>���No has hablado con tu familia desde hace tres a�os? � Charles frunci� el ce�o. Entonces su cara se ilumin� por la s�bita comprensi�n-. No te lo permit�a.</p><p>Anna le mir� fugazmente.</p><p>��Leo dijo que matar�a a cualquier humano que tuviera la m�nima sospecha de lo que �ramos. Y que cualquier contacto prolongado con mi familia era causa suficiente para su eliminaci�n. Siguiendo sus indicaciones, me enfad� por algo que dijo mi cu�ada y no volv� a hablar con ellos.</p><p>��Idiota -escupi� Charles antes de sacudir la cabeza-. T� no. Leo. �Por qu�? Supongo que pensaba que tu familia se opondr�a al trato que estabas recibiendo y que armar�an un esc�ndalo, y creo que ten�a raz�n. Si quieres llamar ahora, adelante. O si prefieres, cuando acabemos con esto podemos ir a hacerles una visita. Ciertas cosas se explican mejor en persona.</p><p>Not� c�mo se le resecaba la garganta y tuvo que contener unas repentinas y est�pidas l�grimas.</p><p>��Lo siento -consigui� decir.</p><p>Charles se inclin� hacia ella pero, antes de que pudiera decir nada, ambos oyeron el inconfundible sonido de un coche aproxim�ndose.</p><p>Sin llamar a la puerta, Tag entr� en la casa como una brisa c�lida, con una bolsa de papel en una mano y un mapa en la otra.</p><p>��Ah� est�is. -Se detuvo y olfate� atentamente-. Decidme que hay de sobra para los tres. Llevo horas con tus recados y a�n no he comido nada.</p><p>��S�rvete t� mismo -dijo Charles con brusquedad al comprobar que Tag hab�a soltado todos los bultos y ya estaba en la cocina.</p><p>Anna le oy� mover cacharros durante un momento y despu�s le vio aparecer en el sal�n con tres cuencos de estofado en sus grandes manos. Dej� uno frente a Anna, otro frente a Charles y el �ltimo en un lugar cercano a este. Otro viaje a la cocina y regres� con tres vasos de leche y cucharas. Sirvi� los platos con tal profesionalidad que Anna pens� que deb�a de haber trabajado en alg�n restaurante.</p><p>No dej� de mirar a Charles mientras se sentaba, y Anna se dio cuenta de algo que hab�a estado percibiendo desde hac�a tiempo. Pese a su comportamiento casual, Tag le ten�a miedo a Charles, como tambi�n lo hab�a tenido Sage pese a aquel �Charlie�.</p><p>Exist�a una raz�n, pens� Anna, para que la pareja de Bran, Leah, hubiese venido cuando Charles estaba ocupado en otro lugar, y tambi�n para que la casa le resultase tan poco familiar.</p><p>Anna hab�a reconocido el miedo de Heather, pero Heather era humana. Los otros eran lic�ntropos, y sus reacciones eran reconocibles por los sutiles movimientos de sus cuerpos, como la vigilancia constante de Tag.</p><p>Tag comi� un par de ruidosas cucharadas ante las cuales la madre de Anna habr�a respondido con una bofetada en la mano, y a continuaci�n le dijo a Charles:</p><p>��Necesita comer. Leo nunca supo cuidar de los regalos que recib�a.</p><p>��Anna no fue un regalo -dijo Charles-. �l la caz�.</p><p>El semblante de Tag se tens�.</p><p>���Transform� a una Omega por la <emphasis>fuerza?</emphasis></p><p>Conmoci�n, pens� Anna, e incredulidad.</p><p>��No -dijo Charles-. La caz�, y cuando dio con ella, envi� a un perro rabioso tras ella.</p><p>��Solo a un cabr�n loco se le ocurrir�a atacar a una Omega. �Le mataste?</p><p>La naturalidad de la voz de Tag era demasiado estudiada para ser real.</p><p>��S�.</p><p>���Tambi�n a Leo?</p><p>��S�.</p><p>��Bien hecho.</p><p>Tag volvi� a mirarla, sin que en aquella ocasi�n sus ojos se encontraran, y continu� comiendo.</p><p>��Por entonces a�n no era una Omega -dijo Anna-. Era simplemente una humana.</p><p>Charles la mir� con una sonrisa fugaz y regres� a su estofado.</p><p>��Cuando naciste ya eras una Omega, del mismo modo que mi padre era dominante y peligroso desde que empez� a caminar, humano o no. El hombre lobo solo lo saca a la superficie, y la edad lo pule.</p><p>���No lo sab�a? -pregunt� Tag.</p><p>��Leo hizo todo lo posible por mantenerla ignorante y bajo su pu�o -le dijo Charles.</p><p>Tag levant� una enmara�ada ceja pelirroja en su direcci�n.</p><p>��Nunca me gust� Leo, demasiado solapado para mi gusto. Es muy dif�cil para un lobo dominante hacer da�o a uno sumiso si este est� sano. Nuestros instintos nos empujan a protegerlos. Los Omega est�n un paso m�s all�. Cuando eras humana, tendr�as que haber sido mucho m�s fr�gil de lo que eres ahora, lo que aumentar�a esos instintos. Una Omega humana solo podr�a ser atacada por un perro rabioso, un lobo sediento de sangre.</p><p>Los dos hombres hab�an continuado comiendo antes de que Anna decidiera cuestionar su afirmaci�n.</p><p>��Ning�n lobo en la manada de Leo parec�a tener muchos problemas para pegarme.</p><p>Los ojos de Tag se encontraron con los de Charles, y Anna record� que bajo aquella chillona alegr�a se ocultaba un lobo.</p><p>��Tendr�a que haberles costado -dijo Charles severamente-. Si Leo no les hubiese empujado, te habr�an dejado en paz.</p><p>���Ninguno se enfrent� a �l? -pregunt� Tag.</p><p>��Ya se hab�a deshecho de los m�s fuertes -dijo Charles-. Ten�a al resto bajo su pu�o. Bailaban a su ritmo.</p><p>���Est�s seguro de que lo mataste? -pregunt� Tag.</p><p>��S�.</p><p>Los ojos de Tag volvieron a posarse en Anna.</p><p>��Bien.</p><p>En cuanto terminaron de comer, Tag acerc� el mapa que hab�a tra�do y lo extendi� sobre la mesa.</p><p>Anna recogi� los platos sucios y los freg�, mientras Charles y Tag mascullaban sobre el mapa.</p><p>��Todos los ataques se produjeron a pocos kil�metros del lago Baree -estaba diciendo Tag cuando Anna regres� y se puso a observar el mapa por encima del hombro de Charles-. Seg�n he o�do, en esos bosques hay una vieja caba�a, aunque nunca la he visto.</p><p>��S� donde est�. Es una buena idea. -Charles se�al� con el dedo un punto del mapa-. Est� por esta zona, no muy lejos de los ataques. Hace unos diez o quince a�os que no he estado en el lago Baree en invierno. �Todav�a es esta la mejor carretera?</p><p>��Es la que cog� yo. Ser� mejor que cojas este sendero de aqu�. -Tag lo se�al� sobre el mapa pero Anna no vio ning�n sendero.</p><p>��Muy bien -dijo Charles-. Despu�s recorreremos a pie el paso de Silver Butte.</p><p>��Bien. El primer ataque se produjo aqu�. -Y Tag se�al� ligeramente los alrededores del lago Baree-. Justo en el sendero que suele utilizarse en verano, a unos tres kil�metros del lago. El cad�ver del cazador fue encontrado aqu�, aproximadamente a un kil�metro del lago. Probablemente lleg� a trav�s del paso de Silver Butte, como har�is vosotros ma�ana. Para estar a principios de octubre hay mucha nieve; en temporada de caza la vieja carretera de servicio ser�a impracticable. Heather y Jack fueron atacados aqu�, a unos seis kil�metros de su furgoneta. Yo pude acercarme un kil�metro m�s en mi veh�culo, de modo que en el Humvee podr�is avanzar algo m�s.</p><p>Charles canturre� algo y despu�s dijo:</p><p>��Puede que haya empeorado. Podr�amos intentar llegar a Vimy Ridge.</p><p>Tag solt� una breve carcajada.</p><p>��El lugar ideal para ocultarse. No me gustar�a ser el lobo que te siguiera en un lugar como ese a finales del verano, y menos a�n en pleno invierno. Por suerte, el lago Baree es lo que m�s se acerca a una excursi�n veraniega en todo el parque Cabinet. -Tag mir� a Anna-. No ser� f�cil, no creas. Pero se puede hacer. El �nico modo de llegar a Vimy Ridge con este tiempo es en helic�ptero. La nieve puede alcanzar los cuatro metros en algunas zonas altas, como, por ejemplo, en las estribaciones de Baree. Vas a ir con este viejo lobo, as� que hazle caso en todo, porque si no, por mucho que seas una mujer lobo, acabaremos buscando tu cuerpo congelado.</p><p>��No es necesario que la asustes -dijo Charles.</p><p>Tag se inclin� sobre la silla y sonri�.</p><p>��No est�s asustada, �verdad, palomita? -Y en aquella �ltima frase Anna percibi� un rastro de acento irland�s, o tal vez cokney Puede que tuviera un buen o�do, pero necesitaba m�s de tres palabras.</p><p>Tag mir� a Charles. Heather tuvo que subir bastante para poder llamarme. En la mayor parte de las Cabinets a�n no hay cobertura. Aparqu� aqu� -se�al� el mapa con el dedo- y tras caminar un trecho encontr� cobertura. Os sugiero que aparqu�is por all� y dej�is los m�viles en el coche.</p><p>Charles le mir� con dureza.</p><p>���En caso de que no se trate de un lobo solitario?</p><p>��T� y Bran no sois los �nicos que sab�is sumar dos y dos -dijo Tag-. Si esto es un ataque premeditado, ser� mejor que los villanos no puedan rastrearte gracias a ese sencillo localizador que hoy en d�a llevan todos los m�viles.</p><p>��No pretend�a hacerlo -confirm� Charles. Volvi� a inclinarse sobre el mapa-. Por los ataques, parece que Baree es el centro de este territorio pero�</p><p>��En cuanto empieza a caer la nieve, no suele haber mucha gente ni al este ni al oeste del lago -dijo Tag convencido-. El lago Baree puede ser tanto el centro del territorio como su l�mite.</p><p>Charles frunci� el ce�o.</p><p>��No creo que le encontremos al este. Si estaba en ese gran valle al otro lado de la cordillera que lo separa del Baree, la extensi�n natural donde establecer�a su territorio ser�a a trav�s del valle y quiz� hasta el lago Buck o incluso Wanless, pero no m�s all� de la cordillera. En esta �poca del a�o es casi imposible viajar del valle a Baree, ni siquiera a pie.</p><p>��Entonces al oeste.</p><p>Charles recorri� con el dedo la distancia desde Baree hasta un par de lagos m�s peque�os.</p><p>��Creo que iremos a Baree y de all� viajaremos al oeste, por encima de los lagos Bear, a trav�s de Iron Meadows y volveremos atr�s hasta esta monta�a y Vee. Si por entonces no hemos dado con �l, creo que ser� el momento de avisar a toda la manada.</p><p>��Ten cuidado, en Bear existe un alto peligro de avalanchas -dijo Tag, pero Anna percibi� la aprobaci�n en su tono de voz.</p><p>Se pasaron algo m�s de tiempo planificando una ruta que les llevar�a unos cuatro d�as a pie. Cuando terminaron, Tag se llev� la mano a la frente como si se tocara un sombrero invisible.</p><p>��Encantado de conocerle, se�ora -le dijo a Anna.</p><p>A continuaci�n, sin darle tiempo a contestar, se march� tan precipitadamente como hab�a llegado.</p></section><section><title><p id="_Toc233648885">Cap�tulo 6</p></title><p>��Le caes bien -dijo Charles mientras plegaba el mapa.</p><p>���C�mo lo sabes? -pregunt� ella.</p><p>��No habla con los que le caen mal. -Empez� a decir algo m�s pero se lo pens� mejor y levant� la cabeza para quedarse mirando la puerta con el ce�o fruncido-. �No s� qu� querr�?</p><p>En cuanto Anna centr� su atenci�n, tambi�n oy� c�mo se aproximaba un veh�culo.</p><p>���Qui�n? -pregunt� ella, pero �l no respondi�, simplemente sali� del sal�n, mostr�ndose algo reacio a que ella le siguiera.</p><p>Charles abri� la puerta de golpe al lobo del funeral: Asil. Ten�a una mano levantada con la intenci�n de golpear la puerta. En la otra llevaba un ramo de flores compuesto principalmente por rosas amarillas, aunque tambi�n hab�a algunas de color violeta que parec�an margaritas.</p><p>Asil se adapt� r�pidamente a la nueva situaci�n, regal�ndole a Anna una sonrisa mientras evitaba la mirada de Charles. Puede que fuera la respuesta adecuada ante un lobo obviamente molesto y m�s dominante que �l, salvo por el hecho de que sus ojos segu�an clavados en Anna.</p><p>��He venido a disculparme -dijo Asil-. Con la dama.</p><p>Anna se dio cuenta de que era casi treinta cent�metros m�s bajo que Charles, unos dos o tres cent�metros m�s alto que ella.</p><p>Al estar junto a Charles, descubri� que ambos ten�an la piel oscura, al igual que los ojos y el cabello; negros bajo la luz artificial. Sin embargo, el tono de la piel era distinto, y las facciones de Asil eran m�s afiladas, m�s de Oriente Pr�ximo que nativas americanas.</p><p>��Para <emphasis>mi </emphasis>dama -dijo Charles lentamente, con el rastro de un gru�ido en la voz.</p><p>Asil sonri� abiertamente, el lobo pintado en su rostro tan solo un instante.</p><p>��Para <emphasis>tu </emphasis>dama, por supuesto. Por supuesto. -Le entreg� las flores a Charles y a�adi� suavemente-: No tiene tu olor, Charles. De ah� el error.</p><p>Mir� a Charles t�midamente y volvi� a sonre�r. Se dio la vuelta y regres� con la cola entre las piernas por donde hab�a venido. El veh�culo a�n segu�a con el motor encendido.</p><p>Anna se cubri� el cuerpo con los brazos para protegerse de la ira que percib�a en Charles, aunque no comprendi� por qu� le hab�an incomodado tanto las �ltimas palabras de Asil.</p><p>Charles cerr� la puerta y le alarg� el ramo de flores. Sin embargo, hab�a un salvajismo en la tensi�n de sus hombros y de su lenguaje corporal que obligaron a Anna a ponerse las manos tras la espalda y dar un paso atr�s. No quer�a tener nada que ver con las flores de Asil si provocaban tal ira en Charles.</p><p>Entonces �l la mir� detenidamente, no solo a trav�s de ella, y algo se tens� con m�s fuerza en los m�sculos de su cara.</p><p>��No soy ni Leo ni Justin, Anna. Las flores son para ti. Son hermosas y huelen muy bien, mucho mejor que la mayor�a de flores de invernadero. Asil tiene uno, y casi nunca corta sus flores. Es su forma sincera de agradecerte la ayuda de esta ma�ana. Solo me ha provocado para divertirse un poco. Deber�as aceptarlas.</p><p>Sus palabras no encajaban con la furia que pod�a captar con el olfato. Y aunque Charles pensara que no sab�a utilizarlo de un modo muy eficaz, hab�a<emphasis/>aprendido a hacerle m�s caso que a sus o�dos.</p><p>Aunque no pudo mirarle a los ojos, cogi� el ramo y se encamin� a la cocina. No sab�a d�nde buscar un jarr�n. Oy� un ruido detr�s de ella y Charles dej� sobre la encimera una de las tinajas de cer�mica del sal�n.</p><p>��Eso servir� -le dijo �l.</p><p>Cuando ella no hizo adem�n de moverse, �l mismo llen� la tinaja de agua. Lentamente -para no asustarla, pens� ella-, cogi� el ramo, cort� el extremo inferior de las flores y las dispuso en la tinaja con m�s eficacia que buen gusto.</p><p>Tard� un poco en superar la s�bita sacudida producida por el p�nico y la consiguiente verg�enza que sent�a por su cobard�a. Y tampoco quer�a arreglar las cosas diciendo algo inadecuado. O haciendo algo inadecuado.</p><p>��Lo siento -dijo. Ten�a el est�mago tan tenso que le costana respirar-. No s� por qu� soy tan idiota.</p><p>Charles termin� de colocar la �ltima flor, una de las lilas. Lentamente, d�ndole la oportunidad de rechazar su gesto, le puso un dedo bajo la barbilla y la mantuvo levantada.</p><p>��Hace menos de una semana que me conoces -le dijo-. No importa c�mo te sientas a veces. No es tiempo suficiente para aprender a confiar en m�. No pasa nada, Anna. Soy paciente. Y no te har� da�o si puedo evitarlo.</p><p>Ella levant� la mirada, esperando unos ojos negros pero encontrando en su lugar unos dorados, sin embargo, su mano segu�a siendo suave, incluso con el lobo tan cerca de la superficie.</p><p>��Soy yo el que debe pedirte disculpas -dijo �l. Se disculpaba, pens� ella, tanto por su lobo como por su breve estallido de mal genio-. Esto tambi�n es nuevo para m�. -Una sonrisa fugaz desapareci� tan r�pidamente como hab�a llegado. La extra�a expresi�n infantil le daba un aspecto avergonzado pese al sutil rastro de dureza-. No estoy acostumbrado a sentirme celoso, ni a perder el control con tanta facilidad. No son solo las heridas de bala, aunque tampoco ayudan mucho.</p><p>Se quedaron un momento m�s de aquel modo, con la mano de �l bajo su barbilla. Anna ten�a miedo de moverse y provocar la ira del lobo que te��a sus ojos de amarillo o hacer algo que pudiera herirle del modo en que le hab�a herido con su cobard�a. No sab�a qu� esperaba Charles de ella.</p><p>El fue quien finalmente rompi� el silencio.</p><p>��Mi padre me dijo que hab�a algo que te preocupaba cuando te marchaste de la iglesia esta ma�ana. �Era por Asil? <emphasis>�O por otra cosa?</emphasis></p><p>Anna dio un paso hacia un lado. �l se lo permiti�, pero su mano pas� de su rostro a su hombro, y ella no pudo dar otro paso porque aquello significar�a deshacerse de �l definitivamente. Si no lograba controlarse, Charles pensar�a que no era m�s que una neur�tica idiota.</p><p>��No estaba preocupada por nada. Estoy bien.</p><p>Charles suspir�.</p><p>��Siete palabras y dos mentiras. Anna, voy a tener que ense�arte a olfatear las mentiras, as� no volver�s a intentarlo conmigo. -Cuando apart� la mano, Anna tuvo ganas de gritar por la p�rdida, pese a que una parte de ella no quer�a saber nada de �l-. Podr�as decirme simplemente que no quieres hablar de ello.</p><p>Cansada de s� misma, Anna se frot� la cara, hinch� las mejillas y solt� el aire como un caballo jadeante.</p><p>��Estoy hecha un l�o -le dijo ella-. B�sicamente no estoy segura de lo que siento ni por qu� y todav�a no quiero hablar de las otras cosas.</p><p>O nunca. Con nadie. Era una est�pida cobarde y se hab�a metido en una situaci�n en la que se sent�a impotente. Cuando regresaran de las monta�as, buscar�a trabajo. Con dinero en el banco y algo constructivo que hacer, podr�a volver a orientarse.</p><p>Charles lade� la cabeza.</p><p>��Lo entiendo. Te han arrancado de todo lo que te resultaba familiar, te han lanzado entre extra�os y todas las normas que conoc�as han desaparecido de la noche a la ma�ana. Te costar� un tiempo acostumbrarte. Si tienes alguna pregunta, sea lo que sea, no lo dudes ni un instante, preg�ntame. Si no quieres hablar conmigo, puedes recurrir a mi padre o� �a Sage? �Te cae bien Sage?</p><p>��S�.</p><p>�Ten�a alguna pregunta? Pese a saber que su intenci�n no era tratarla como a una ni�a, no le cost� mucho trasladarle la irritaci�n que sent�a consigo misma. Charles no estaba siendo condescendiente, solo intentaba ayudarla. No era culpa suya que su tono tranquilizador le pusiera los nervios de punta, especialmente cuando sab�a que segu�a molesto por algo. �Le ca�a bien Sage? Como si tuviera que buscarle amigos.</p><p>Estaba harta de sentirse asustada y desorientada. El quer�a respuestas. A ella le hab�an ense�ado a no preguntar; los hombres lobo guardaban sus secretos como oro en pa�o. Perfecto.</p><p>���Qu� ha dicho Asil para que pasaras de estar irritado a completamente enfurecido?</p><p>��Me amenaz� con arrebatarte de mi lado -le dijo �l.</p><p>Anna repas� la conversaci�n pero continu� sin comprender.</p><p>���Cu�ndo?</p><p>��Hace falta mucho m�s que esta atracci�n que sentimos para que nos convirtamos en una pareja. Cuando me dijo que no ol�as a m�, me estaba diciendo que sab�a que a�n no hab�amos completado nuestro apareamiento y que te consideraba una presa disponible.</p><p>Anna frunci� el ce�o.</p><p>��No hemos hecho el amor -le dijo �l-. Y existe una ceremonia bajo la luna llena para consolidar nuestros lazos. Una especie de boda. Sin eso, Asil puede seguir jugando contigo sin miedo a las represalias.</p><p>Otra cosa m�s de la que no hab�a o�do hablar. Si hubiese sido diez a�os m�s joven, se habr�a puesto a patalear.</p><p>���No hay ning�n manual? -dijo acaloradamente-. �Alg�n libro donde pueda aprender todas esas cosas?</p><p>��Podr�as escribirlo t� -le sugiri� �l.</p><p>Si no hubiera estado mir�ndole los labios, jam�s habr�a percibido el tono sarc�stico de su respuesta. �La consideraba graciosa?</p><p>��Tal vez lo haga -dijo ella sombr�a, y se dio la vuelta, salvo que no hab�a ning�n sitio al que ir. �Su dormitorio?</p><p>Se encerr� en el cuarto de ba�o y abri� el grifo de la ducha para cubrir cualquier otro sonido: una segunda barrera, pues la puerta que hab�a cerrado con el pestillo no le parec�a suficiente.</p><p>Observ� su reflejo en un espejo que empezaba a empa�arse. La imagen borrosa solo sirvi� para reforzar la ilusi�n de que estaba mirando a una extra�a, alguien a quien despreciaba por su cobard�a y sus incertidumbres, alguien que solo serv�a para servir mesas. Aunque tampoco era algo nuevo: se hab�a odiado a s� misma desde el momento en que se convirti� en aquel� monstruo.</p><p>Y un monstruo especialmente pat�tico.</p><p>Ten�a los ojos hinchados, las mejillas p�lidas. Record� c�mo se hab�a apartado aterrorizada de Charles tras su breve demostraci�n de mal genio, c�mo se hab�a disculpado por haberle obligado a llevarla con �l en aquella expedici�n. Y aquello hizo que se despreciara a�n m�s a s� misma. Ella no era <emphasis>as�.</emphasis></p><p>No era culpa de Charles.</p><p>Entonces, �por qu� estaba tan enfadada<emphasis/>con �l?</p><p>Se desnud� apresuradamente y se meti� en la ducha, sintiendo un poco de alivio cuando el agua demasiado caliente atraves� la est�pida mara�a de emociones que la devoraban por dentro.</p><p>Y en aquel instante de claridad, comprendi� por qu� se hab�a sentido tan irritada al final del funeral, y tambi�n por qu� estaba tan enfadada con Charles.</p><p>Hasta aquel momento no se hab�a dado cuenta de lo mucho que deseaba recuperar su humanidad. Sab�a que era imposible, que nada pod�a deshacer la magia que hab�a provocado la Transformaci�n contra su voluntad. Pero eso no significaba que lo quisiera.</p><p>Durante tres a�os hab�a vivido entre monstruos, hab�a sido uno de ellos. Entonces apareci� Charles, tan distinto a todos, y ella hab�a puesto todas sus esperanzas en �l.</p><p>Pero no era justo. No era culpa suya que una parte de ella hubiese decidido que no solo estaba dejando atr�s su manada, sino tambi�n los monstruos.</p><p>Charles nunca le hab�a mentido. Le hab�a contado que era la mano ejecutora de su padre, y ella no lo hab�a puesto en duda. Le hab�a visto pelear y matar. Y a pesar de eso, de alg�n modo hab�a conseguido convencerse a s� misma que en Montana las cosas ser�an distintas. Que podr�a ser normal, <emphasis>humana, </emphasis>todos los d�as salvo durante la luna llena, y que incluso eso ser�a distinto all�, donde podr�a huir sin hacer da�o a nadie.</p><p>Tendr�a que haberse dado cuenta de que no ser�a as�. Era una mujer inteligente. </p><p>Charles tampoco ten�a la culpa de ser un monstruo.</p><p>Bajo los efectos de la plata, era comprensible la destrucci�n que hab�a provocado en la celda de seguridad de la manada de Chicago. Pero aquella noche, al enfrentarse a Asil, le hab�a demostrado que no era muy distinto a los otros machos de su especie: airado, posesivo y peligroso.</p><p>Anna se hab�a dejado enga�ar al pensar que solo era un problema de la manada de Chicago. Que la destrucci�n que Leo <emphasis>y </emphasis>su pareja hab�an provocado era la causa de la terrible situaci�n en que se encontraba la manada.</p><p>Hab�a anhelado un caballero enfundado en una brillante armadura. La voz de la raz�n en mitad de la locura, y Charles se la hab�a proporcionado. �Sab�a �l que era eso lo que hab�a estado deseando? �Lo hab�a hecho deliberadamente?</p><p>Mientras el agua enmara�aba su pelo y corr�a por sus ojos y mejillas como si fuesen l�grimas, la �ltima pregunta aclar� su miedo m�s profundo: por supuesto que Charles no hab�a pretendido ser su caballero de forma deliberada, simplemente �l era as�.</p><p>Era un hombre lobo lo suficientemente dominante como para controlar al Alfa de una manada sin los recursos t�picos de un Alfa. Era el ejecutor de su padre, un asesino temido incluso por los otros miembros de su manada. Podr�a haber sido como Justin: cruel y despiadado.</p><p>Pero, en lugar de eso, conoc�a la locura propia de su naturaleza y era capaz no solo de controlarla sino de utilizarla en aras de algo mejor. A su mente acudi� la repentina imagen de Charles disponiendo las flores mientras su lobo anhelaba la peor de las violencias.</p><p>Charles era un monstruo. El asesino de su padre. No se permitir�a a s� misma volver a creer en una mentira. Si Bran se lo hubiese ordenado, habr�a matado a Jack, pese a saber que el humano era solo una v�ctima, que probablemente era un buen hombre. Pero no hubiera sido casual. Ella hab�a sido su b�lsamo cuando Bran descubri� una alternativa a la muerte del humano.</p><p>Su pareja era un asesino, aunque no le gustaba serlo. Observando las cosas m�s detenidamente, se sinti� bastante impresionada por la forma en que Charles hab�a conseguido comportarse tan civilizadamente y continuar cumpliendo con lo que se esperaba de �l.</p><p>El agua empez� a enfriarse.</p><p>Anna se enjabon� el pelo, recre�ndose en la rapidez con que este se enjuagaba: en Chicago el agua era mucho m�s blanda. Se puso un acondicionador que ol�a a hierbas y menta y reconoci� en �l el olor que desprend�a el cabello de Charles. Por entonces el agua ya estaba desagradablemente fr�a.</p><p>Dedic� un buen rato a cepillarse el pelo para desenmara�arlo mientras se concentraba en no sentir nada. Aquello se le daba bien; lo hab�a perfeccionado durante los �ltimos tres a�os. Cuando se enfrentara de nuevo a �l, no quer�a volver a comportarse como una imb�cil llorica y asustada de sus sentimientos. Hab�a de controlar sus miedos.</p><p>Conoc�a un modo de conseguirlo. Pese a ser un enga�o, se permiti� hacerlo, aunque solo fuera aquella noche, porque se hab�a comportado como una idiota al ocultarse en el lavabo.</p><p>Se qued� mirando fijamente su reflejo y vio c�mo sus ojos marrones palidec�an hasta el azul plateado y volv�an de nuevo al marr�n. Con aquello era suficiente. Sinti� c�mo la envolv�a la fuerza y la audacia del lobo, proporcion�ndole calma y aceptaci�n. Pasara lo que pasase, sobrevivir�a. Ya lo hab�a hecho antes.</p><p>Si Charles era un monstruo, lo era m�s por necesidad que por elecci�n.</p><p>Se visti� con la camisa amarilla y los pantalones t�janos y abri� lentamente la puerta del cuarto de ba�o.</p><p>Charles, todav�a con los ojos dorados, estaba apoyado en la pared frente al lavabo. Aparte de los ojos, era la personificaci�n de la relajaci�n, aunque Anna sab�a que los ojos eran la clave.</p><p>Ella misma hab�a comprobado los suyos en el espejo antes de abrir la puerta.</p><p>��He llegado a la conclusi�n de que debes saber qui�n es Asil -le dijo como si no se hubiera producido una pausa en la conversaci�n.</p><p>��Muy bien.</p><p>Anna se qued� en el umbral, con el cuarto de ba�o c�lido y saturado de vapor a su espalda.</p><p>Charles habl� lentamente y con claridad, como si cada palabra le costara un gran esfuerzo.</p><p>��Asil no es su verdadero nombre, aunque casi todo el mundo le llama as�. Tambi�n le llaman el Moro.</p><p>Anna se puso tensa. Aunque sab�a muy poco sobre los de su propia especie, hab�a o�do hablar del Moro. Un lobo con el que era mejor no relacionarse.</p><p>Charles percibi� su reacci�n y entorn� los ojos.</p><p>��Si existe un lobo en este mundo m�s viejo que mi padre, ese es Asil.</p><p>Anna se dio cuenta de que esperaba un comentario, de modo que le pregunt�:</p><p>���No sabes cu�ntos a�os tiene?</p><p>��S� lo s�. Asil naci� poco antes que Carlos Martel, el abuelo de Carlomagno, derrotado por los moros en la batalla de Tours.</p><p>La expresi�n de Anna le oblig� a precisar:</p><p>��Siglo VIII d.C.</p><p>��Eso significa que�</p><p>��� tiene unos mil trescientos a�os.</p><p>Anna tambi�n se apoy� en la pared. Hab�a percibido el peso de los a�os en Asil, pero jam�s hubiera imaginado que fueran tantos.</p><p>��De modo que de quien no est�s seguro es de tu padre, �no? -Mil trescientos eran muchos a�os.</p><p>Charles se encogi� de hombros. Quedaba claro que aquella repuesta no era muy importante para �l.</p><p>��Pap� es muy viejo. -Y apart� sus ojos ambarinos de ella-. Asil lleg� aqu� hace unos a�os, catorce o quince, para pedirle a mi padre que le matara. Se qued� a vivir con la promesa de la muerte en cuanto mi padre decidiera que estaba realmente loco.</p><p>Charles sonri� fugazmente.</p><p>��Asil acepta a mi padre como su Alfa. Sin embargo, le resulta dif�cil que yo sea m�s dominante que �l. Por eso creo que pap� es mayor que �l; mi juventud relativa es como una espina clavada en su pezu�a.</p><p>Anna reflexion� sobre aquello.</p><p>���No os ha contado nada de su Alfa en Europa? No recuerdo ninguna menci�n sobre su Alfa en todas las historias que circulan sobre �l. -Exist�an miles de historias sobre el Moro. Pr�cticamente era un h�roe popular -o un villano- entre los lobos.</p><p>��No es f�cil ser un Alfa -dijo Charles-. Conlleva mucha responsabilidad, mucho trabajo. Algunos de los lobos m�s viejos son muy buenos ocultando su naturaleza. Esa es una de las razones por las que a los Alfas no les gusta que los viejos lobos se establezcan en su manada. Asil es muy dominante. -Volvi� a sonre�r, aunque aquella vez fue m�s bien una exhibici�n de dientes-. Llevaba aqu� un par de meses cuando me interpuse entre �l y uno de nuestros residentes humanos. No se sorprendi� al descubrir que era m�s dominante que �l.</p><p>��Pod�a someterse a tu padre porque es m�s viejo, y los otros Alfas� bueno en realidad no se somet�a a ellos. Pero tener que obedecerte a ti cuando eres mucho m�s joven y ni siquiera un Alfa�</p><p>Charles asinti�.</p><p>��De modo que me provoca y yo le ignoro. Y entonces me provoca a�n m�s.</p><p>���Es lo que ocurri� anoche? -Anna sab�a que s�-. Me utiliz� para provocarte.</p><p>Charles inclin� la cabeza en un gesto que era m�s lobuno que humano.</p><p>��No exactamente. El Moro ten�a una pareja, pero la perdi� hace unos doscientos a�os. Muri� antes de que yo naciera, as� que no llegu� a conocerla, pero dicen que era una Omega, como t�. -Se encogi� de hombros-. Nunca me lo ha dicho directamente, ni mi padre tampoco. Existen muchas historias sobre el Moro, y hasta que no vi su reacci�n en el funeral de Doc, hab�a cre�do que eran simples exageraciones, como muchas otras leyendas asociadas a su nombre.</p><p>La calidez que le hab�a proporcionado la ducha estaba desapareciendo, y el agua fr�a de los �ltimos instantes la dej� congelada, o tal vez era el recuerdo de aquellos viejos ojos de lobo en la iglesia.</p><p>���Y su reacci�n hizo que te lo replantearas?</p><p>Por el asentimiento de Charles supo que hab�a hecho la pregunta correcta.</p><p>��Cuando descubri� lo que eras, dej� de molestarme para llegar hasta ti y empez� a interesarse realmente por ti. -Respir� profundamente-. Por eso te ha tra�do llores. Por eso cuando ha amenazado con cortejarte, me ha costado tanto mantener el control, porque sab�a que iba en serio.</p><p>Anna decidi� reflexionar sobre aquello m�s tarde y mantuvo la atenci�n en la conversaci�n para no alejarlo de ella sin querer.</p><p>���Por qu� me hablas de Asil? �Es una advertencia?</p><p>Charles apart� la mirada y la m�scara volvi� a cubrir su rostro.</p><p>��No. -Dud� unos instantes y, con una voz m�s suave, a�adi�-: No lo creo. �Te ha parecido una advertencia?</p><p>��No -dijo ella finalmente, frustrada por la precauci�n con la que le proporcionaba una informaci�n que casi pod�a sentir; algo que manten�a a su lobo pr�cticamente en la superficie.</p><p>Antes de poder preguntarle por lo que le inquietaba, Charles le dijo, con la vista a�n en el suelo y tan r�pido como pudo:</p><p>��Asil quer�a que supieras<emphasis/>que si, durante el tiempo que queda hasta la pr�xima luna llena, decides no escogerme, pod�as tenerle a �l. -No le ve�a la cara, pero percibi� su amarga sonrisa-. Y sab�a que pod�a obligarme a dec�rtelo.</p><p>���Y por qu� me lo cuentas? -Su voz era suave.</p><p>Charles volvi� a mirarla.</p><p>��Tienes derecho a saber que, pese a ser compatibles, puedes rechazarme.</p><p>���Puedes t� rechazarme a m�?</p><p>��No lo s�. Jam�s hab�a o�do hablar de un emparejamiento al rev�s, como el nuestro: el Hermano Lobo te escogi�, eligi� a tu lobo y me oblig� a seguirte. Aunque tampoco importa, no quiero rechazarte.</p><p>En algunos aspectos, su lobo le hac�a ver las cosas con mayor claridad, pero su lobo hab�a elegido a aquel hombre y no se andaba con rodeos cuando ten�a que indicarle lo que opinaba de otros. Se oblig� a apartarse un poco de �l para poder pensar con m�s claridad lo que iba a decirle.</p><p>���Y <emphasis>por qu� </emphasis>iba a hacer algo as�?</p><p>�Quer�a que lo rechazara?</p><p>Sent�a la garganta seca como papel de lija. Tanto su naturaleza humana como la animal necesitaban a Charles como una drogadicta, necesitaban todas las cosas que �l parec�a prometerle: seguridad, amor, esperanza� un lugar al que pertenecer. Se frot� las manos contra los muslos como si aquello fuera a aliviarle la tensi�n.</p><p>��Espero que no lo hagas -dijo �l en un susurro-. Pero debes conocer tus opciones.</p><p>Charles manten�a las manos tensas sobre los muslos.</p><p>Anna percibi� un olor penetrante en �l que no hab�a olido hasta entonces. Maldito Leo, por su culpa deb�a enfrentarse a todo aquello como una ignorante. Hubiera dado su brazo derecho por saber qu� sent�a Charles en aquel momento, por saber cu�ndo le dec�a la verdad y cu�ndo simplemente intentaba no hacerle da�o.</p><p>Charles esperaba su respuesta, pero ella no sab�a qu� decir.</p><p>��Opciones.</p><p>Se decant� por la neutralidad. Charles abri� y cerr� los pu�os dos veces. Las ventanas de su nariz se ensancharon y la mir� con unos llameantes ojos amarillos.</p><p>��Opciones -gru�� �l en un tono tan bajo que Anna sinti� la vibraci�n en su pecho-. Asil propagar� el rumor y acabar�s rodeada de lobos dispuestos a dar su vida por tenerte como pareja.</p><p>Temblaba de pies a cabeza, y se recost� en la pared con m�s fuerza, como si temiera abalanzarse sobre ella en cualquier momento.</p><p>Ella le estaba fallando. Estaba perdiendo el control y no le ayudaba; no sab�a c�mo hacerlo.</p><p>Anna volvi� a respirar profundamente e intent� deshacerse de todas sus inseguridades. Ten�a delante a un hombre intentando comportarse de forma honorable, ofreci�ndole una opci�n por muy duro que fuera para �l. Era lo correcto, y aquella certidumbre la tranquiliz�. Permiti� que regresara su lobo para ofrecerle la confianza que necesitaba.</p><p>Por su culpa, Charles temblaba como un alcoh�lico que anhela la ginebra, porque cre�a que ella deb�a conocer sus opciones, sin importarle que su lobo sintiera que la estaba perdiendo. No cab�a duda de que era su caballero.</p><p>Al lobo de Anna no le gust� percibir su infelicidad. Quer�a atarlo a ella, <emphasis>a los dos, </emphasis>con cadenas y amor hasta que �l no volviera a pensar en la posibilidad de abandonarlos.</p><p>��De acuerdo -dijo ella tan en�rgicamente como pudo bajo el peso de aquella revelaci�n, un peso que hizo que sintiera confortable y segura mientras pugnaba por contener las l�grimas. Por lo menos consigui� que la voz le sonara simplemente ronca-. Me gusta que podamos hacer algo para solucionar este peque�o embrollo.</p><p>�l se la qued� mirando c�mo si le costara procesar lo que acababa de decir. Se le contrajeron las pupilas y volvi� a abrir las ventanas de la nariz.</p><p>Entonces se apart� de la pared y se abalanz� sobre ella, su enorme cuerpo empuj�ndola con una intensidad amenazadora contra el marco de la puerta. Le mordi� en el cuello fren�ticamente, alcanzando un nervio que le envi� descargas por la espina dorsal e hizo que se le doblaran las rodillas.</p><p>A medida que su piel desprend�a un intenso olor almizcle�o, la levant� en brazos en un movimiento espasm�dico y descoordinado que le hizo golpearse dolorosamente el hombro contra la puerta. Anna permaneci� inm�vil mientras �l la llevaba en brazos por el pasillo: conoc�a las reacciones de un lobo en celo y sab�a que lo mejor era someterse mansamente.</p><p>Sin embargo, no pudo evitar tocarle el rostro para comprobar si el matiz rojizo en sus mejillas estaba m�s caliente que el resto de su cuerpo. Y entonces sus dedos se detuvieron en la comisura de su boca, donde a menudo el m�s sutil de los gestos delata el regocijo de otro modo disimulado.</p><p>Charles gir� ligeramente la cabeza y le mordi� el pulgar con la suficiente fuerza para que lo sintiera pero no para hacerle da�o. Tal vez, pens� ella mientras �l le soltaba el pulgar y le desplazaba la cabeza para atraparle el l�bulo de la oreja con otro mordisco que le provoc� una oleada de calor desde el l�bulo hasta lugares imprevistos, tal vez ella tambi�n estaba en celo. De algo estaba segura: jam�s se hab�a sentido de aquel modo.</p><p>Pese a que no hab�a nadie m�s en la casa, Charles cerr� la puerta con el pie, encerr�ndolos en la oscura calidez del dormitorio.</p><p>Su dormitorio.</p><p>M�s que tumbarla en la cama lo que hizo fue caer con ella, al tiempo que emit�a sonidos apremiantes m�s lobunos que humanos. O quiz� era ella quien hac�a los ruidos.</p><p>Charles le arranc� los pantalones y ella le devolvi� el favor. Se sinti� bien con la pesada prenda entre las manos, aunque a�n era m�s agradable sentir la c�lida sedosidad de su piel bajo los dedos. �l ten�a las manos callosas, y aunque era obvio que se esforzaba por hacerlo con dulzura, de vez en cuando la mord�a al intentar colocarla como deseaba mientras segu�a encima de ella.</p><p>Bajo el dominio del lobo, no se sent�a amenazada por �l en absoluto. El lobo sab�a que no le har�a da�o.</p><p>Anna entendi� su pasi�n porque ella sent�a lo mismo: como si nada fuera m�s importante que el tacto de una piel contra la otra, como si fuera a morir si la abandonaba. El miedo y su habitual aversi�n por el sexo -ni siquiera el lobo hab�a sido lo suficientemente fuerte como para soportar lo que los otros le hab�an hecho- eran algo tan lejano que ni siquiera parec�an un recuerdo.</p><p>��S� -le dijo �l-. Ya voy.</p><p>��Ahora -le orden� ella en�rgicamente, aunque no estaba muy segura de lo que quer�a que le hiciera exactamente.</p><p>�l se puso a re�r, una carcajada que retumb� en su pecho.</p><p>��Paciencia.</p><p>Su camisa se desgarr� y al sujetador no tard� en ocurrirle lo mismo. Su piel desnuda sinti� la camisa de franela de Charles. Anna tir� fren�ticamente de ella y la desgarr�, haciendo saltar botones por el aire y, antes de conseguirlo, estuvo a punto de estrangularlo. Su urgencia pareci� excitarle, y le coloc� las caderas en posici�n con una sacudida.</p><p>Anna emiti� un bufido cuando le sinti� dentro de ella, aunque se mov�a con demasiada lentitud para su gusto. Le mordi� el hombro para indicarle que no fuera tan cuidadoso. Charles gru�� algo denso que podr�an haber sido palabras u otra cosa. Solo liber� el control que hab�a estado conteniendo con las puntas de los dedos desde que Asil se marchara cuando tuvo la seguridad de que ella estaba preparada.</p><p>La primera vez fue r�pida y violenta, aunque no lo suficientemente r�pida para ella. Poco despu�s de terminar, �l empez� de nuevo, Aquella vez se encarg� de marcar el ritmo y la contuvo cuando ella intentaba acelerarlo.</p><p>Anna jam�s hab�a sentido algo parecido, ni la paz y la satisfacci�n con que se qued� dormida. Podr�a acostumbrarse a aquello.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna despert� en mitad de la noche con el poco familiar sonido de la caldera poni�ndose en marcha. Mientras dorm�a, se hab�a apartado de �l. Charles estaba tumbado al otro extremo de la cama, con el rostro relajado. Roncaba ligeramente, casi un ronroneo, lo que le hizo sonre�r.</p><p>Alarg� una mano hacia �l, pero se detuvo. �Y si se despertaba molesto por perturbar su sue�o?</p><p>Ella sab�a<emphasis/>perfectamente que no le hubiera importado. Pero su lobo, quien le hab�a ayudado a superar todo lo que le hab�an hecho, quien le hab�a permitido disfrutar de sus caricias, tambi�n dorm�a. Anna se acurruc� en su lado de la cama, decidi�ndose finalmente a deslizarse y pegarse a su espalda. Su inquietud debi� de incomodarle, ya que la rode� repentinamente con los brazos y la acogi� con su cuerpo. La s�bita alarma que sinti� ante su brusco movimiento despert� al lobo.</p><p>Charles le pas� un brazo por encima de la cintura y le dijo:</p><p>��Duerme.</p><p>Con el lobo protegi�ndola, pudo entregarse y sentir c�mo su calor corporal le relajaba los m�sculos y huesos, c�mo se sumerg�a en la aceptaci�n de su presencia. Anna le agarr� la mu�eca con una mano y la sostuvo sobre su vientre antes de que el sue�o volviera a vencerla. Era suyo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Cuando la despert�, a�n no hab�a amanecido.</p><p>��Buenos d�as -le dijo, su voz un ruido sordo junto a su oreja.</p><p>Se sent�a tan bien que fingi� que segu�a dormida.</p><p>�l la envolvi� entre sus brazos y dio dos vueltas de campana sobre la cama r�pidamente. Anna consigui� dar un grito antes de que ambos cayeran al suelo, ella encima de �l, la cadera sobre su est�mago vibrando por su risa silenciosa.</p><p>��De modo que esas tenemos, �eh? -dijo ella en un murmullo y, antes de recordar las heridas, le apret� con los dedos el m�sculo bajo sus costillas.</p><p>��No, basta ya -gru�� �l medio en broma mientras le agarraba la mano para que no volviera a hacerle cosquillas. Le dio la impresi�n de que se lo estaba pasando bien, de modo que no debi� de hacerle da�o-. Nos espera una misi�n, mujer, y nos est�s retrasando.</p><p>��Aja -dijo ella contorne�ndose ligeramente y dej�ndole claro que probablemente aceptar�a un peque�o retraso en la expedici�n.</p><p>Entonces se contorne� con m�s determinaci�n sobre �l y se deshizo de su abrazo.</p><p>��Buenos d�as -le dijo-. Es hora de irse.</p><p>Y sali� desnuda de la habitaci�n camino del cuarto de ba�o.</p><p>Charles la observ� marcharse con agradecimiento, consciente de la chispa de aut�ntica felicidad que le iluminaba el alma. Aquella ma�ana no parec�a derrotada, y aquel ligero movimiento de sus caderas le dijo que se sent�a muy bien.</p><p>�l la hab�a hecho sentirse de aquel modo. �Cu�nto tiempo hac�a que no provocaba aquel tipo de felicidad en otra persona?</p><p>Permaneci� tumbado en el suelo, disfrutando de aquella sensaci�n hasta que su conciencia le oblig� a reaccionar. Ten�an una misi�n. Cuanto antes se internaran en los bosques, antes regresar�an, libres para volver a jugar.</p><p>Con ese objetivo, comprob� el estado de sus heridas. A�n le dol�an, y le retrasar�an considerablemente, pero como Samuel le hab�a prometido, se sent�a mucho mejor. Y no solo gracias a Anna.</p><p>Se estaba vistiendo y recogiendo el equipo de invierno del armario -tendr�a que encontrar otro lugar para guardar todo aquello para que Anna dispusiera de la mitad del armario- cuando Anna regres� a la habitaci�n. Iba envuelta en una toalla, y tuvo la sensaci�n de que la ducha le hab�a hecho perder parte de su osad�a.</p><p>Decidi� dejarle un poco de intimidad.</p><p>��Prepar� el desayuno mientras te vistes.</p><p>Mantuvo los ojos clavados en el suelo al pasar a su lado. Si no hubiera sido por su o�do desarrollado, no habr�a captado su nervioso �Vale�.</p><p>Aunque jam�s habr�a dejado de percibir el acre olor a miedo que desprend�a. Se detuvo donde estaba y observ� c�mo manten�a los hombros encorvados a modo de sumisi�n mientras se arrodillaba en el suelo junto a la caja donde guardaba la ropa.</p><p>Intent� recuperar la conexi�n entre ambos� pero se dio cuenta de que no era m�s intensa que la del d�a anterior o la del d�a en que se hab�an conocido.</p><p>Aunque nunca hab�a tenido una pareja, sab�a c�mo deb�an ir las cosas. El amor y el sexo unir�an su lado humano y entonces el lobo decidir�a, o no. Dado que parec�a evidente que sus lobos ya hab�an elegido, por lo menos el suyo, estaba convencido de que el sexo sellar�a aquella uni�n.</p><p>La observ� detenidamente. Las protuberancias de la espina dorsal y el contorno afilado de su om�plato, un signo visible del sufrimiento que hab�a experimentado en la manada de Leo, revelaban claramente que necesitaba ganar algo de peso. Las peores heridas no eran manifiestas: los hombres lobo no suelen tener heridas visibles.</p><p>Abri� la boca para decir algo pero se detuvo. Deb�a reflexionar sobre ciertas cosas antes de saber qu� ten�a que preguntarle. O sobre qui�n.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Le prepar� el desayuno. A�n era demasiado pronto para las respuestas que deseaba hacerle. No obstante, y pese a estar distra�do, disfrut� con la satisfacci�n que le proporcionaba ver c�mo com�a, aunque ella no le mir� ni una sola vez.</p><p>��Saldremos un poco m�s tarde de lo planeado -dijo �l repentinamente mientras aclaraba los cacharros y los introduc�a en el lavavajillas-. Tengo que hablar con Heather para que me haga un par de recados, y tambi�n he de ver a otra persona.</p><p>Aunque Anna segu�a en el comedor, su silencio era revelador. A�n se sent�a demasiado intimidada por �l o por lo que habla sucedido la pasada noche para indagar m�s a fondo. Lo agradec�a. No ten�a intenci�n de mentirle, pero tampoco ten�a ganas de decirle con qui�n pretend�a hablar.</p><p>��Puedo encargarme de los platos -se ofreci� ella.</p><p>��De acuerdo.</p><p>Se sec� las manos y se detuvo a besarla en la parte superior de la cabeza, un beso r�pido y desapasionado que no aumentar�a su tensi�n pero que servir�a para que el Hermano Lobo supiera a quien pertenec�a. �l era suyo, tanto si ella quer�a como si no.</p><p>Heather continuaba en casa de su padre, durmiendo en la habitaci�n contigua a la de su socio. Con ojos cansados y medio dormida, realiz� varias llamadas, hizo alguna sugerencia y organiz� las cosas hasta que Charles qued� satisfecho.</p><p>Aquello le dejaba tan solo a una persona a la que encontrar. Afortunadamente, descubri� que a las cinco y media de la ma�ana la mayor parte de la gente es f�cil de localizar.</p></section><section><title><p id="_Toc233648886">Cap�tulo 7</p></title><p>Asil so�� con una casa familiar: peque�a y bien construida, una casa pensada para un clima c�lido con naranjos bien cuidados frente la puerta. Se detuvo junto al banco, en una posici�n donde la sombra del naranjo de mayor tama�o incidir�a cuando el sol alcanzara su c�nit. Mientras recorr�a con un dedo la tosca juntura entre dos piezas que formaban el respaldo del banco, dese� en vano disponer de algo de tiempo para arreglarla.</p><p>Pese a saber lo que iba a ocurrir a continuaci�n, no pudo permanecer junto al banco, no cuando Sarai estaba en casa. No ten�a ninguna fotograf�a suya, y ninguno de los retratos con que hab�a intentado inmortalizarla le hac�an justicia. Sus talentos art�sticos eran bastante limitados. Solo pod�a verla en sue�os.</p><p>Dio un paso adelante y ya estaba en la puerta principal. Mitad tienda, mitad cocina, la habitaci�n tendr�a que haber sido utilitaria, pero Sarai hab�a colgado cestas de plantas y hab�a colocado baldosas con flores pintadas en el suelo, convirti�ndola en un lugar muy agradable. En la mesa de trabajo pegada al fondo de la habitaci�n, su pareja trituraba con manos r�pidas y competentes una rama de canela hasta convertirla en polvo.</p><p>Respir� hondo para saborear su aroma, realzado por la especia con la que trabajaba, como era habitual en ella. Su olor favorito era Sarai y vainilla, aunque Sarai y canela tampoco estaba nada mal.</p><p>Para �l era muy hermosa, aunque sab�a que otros no opinaban lo mismo. Ten�a las manos callosas y fuertes, con unas u�as perfectamente recortadas. La corta falda de su vestido revelaba unos potentes m�sculos consecuencia tanto de su trabajo como de las carreras en forma de lobo por las colinas de las proximidades. Su nariz, de la que siempre se quejaba, era larga y fuerte, con un delicioso bultito en la punta.</p><p>Alarg� el brazo pero no pudo tocarla.</p><p>���Sarai?</p><p>Cuando ella no se dio la vuelta, comprendi� que aquella noche tocaba pesadilla. Luch� por liberarse como lo hubiera hecho uno de sus primos salvajes con una pata atrapada en una trampa de hierro, pero no pudo soltar la pata ni abrir la trampa que lo manten�a all� clavado. De modo que tuvo que observar, impotente, c�mo volv�a a suceder.</p><p>Unas pezu�as rascaron los adoquines que �l mismo hab�a colocado en el exterior de la puerta para el barro alejado de la casa. Sarai chasque� la lengua ligeramente contra el paladar para mostrar su enojo; siempre hab�a odiado que la interrumpieran cuando mezclaba sus medicinas.</p><p>Aun as�, dej� sobre la mesa el mortero y el majadero y se sacudi� el delantal. Pese a estar irritada, sab�a que jam�s dejar�a escapar a un cliente. Nunca deb�a rechazarse el dinero, sobre todo en aquellos tiempos. Y, para Sarai, un visitante no representaba ning�n peligro.</p><p>Un soldado humano no era ninguna amenaza para una mujer que tambi�n era un lic�ntropo, y la llegada al poder de Napole�n hab�a interrumpido aquella otra guerra mucho m�s peligrosa. Las pocas familias con sangre de bruja que quedaban en Europa por fin hab�an dejado de aniquilarse entre ellas, obligadas a protegerse de los ataques de un combate mucho m�s mundano. No ten�a raz�n para estar preocupada, y no pudo o�r los fren�ticos intentos de Asil por alertarla.</p><p>La puerta se abri� y durante un instante Asil vio lo mismo que Sarai.</p><p>La chica en el umbral de la puerta era delgada y de complexi�n fr�gil. Ten�a el pelo oscuro, normalmente despeinado y rizado, pero en aquella ocasi�n recogido en un mono, aunque el estilo severo solo consegu�a darle un aspecto m�s juvenil. Ten�a diecis�is a�os. Como Sarai, ten�a el pelo y los ojos oscuros, pero al contrario que su madre adoptiva, sus facciones eran refinadas y aristocr�ticas.</p><p id="_ftnref2">��Mariposa, <a type="note" l:href="#_ftn2">[2]</a> cari�o -exclam� Sarai-. �Qu� haces cabalgando sola tan lejos de casa? �Hay soldados por todas partes! Si quer�as venir a verme, hab�rmelo dicho y habr�a enviado a Hussan para que te acompa�ase.</p><p>Hac�a m�s de doscientos a�os que nadie le llamaba de aquel modo, y el mero sonido de aquel nombre le provoc� una punzada en el coraz�n.</p><p>La boca de Mariposa se tens� ligeramente.</p><p>��No quer�a molestarte. S� cuidar de m� misma.</p><p>Incluso en sue�os, Asil se dio cuenta de que la voz sonaba extra�a, muy distinta de lo habitual: fr�a. Su Mariposa, su peque�a mariposa, era una ni�a muy emotiva que pasaba de la ira al resentimiento y de este a la alegr�a en un abrir y cerrar de ojos.</p><p>Sarai le frunci� el ce�o.</p><p>��Nadie est� lo suficientemente a salvo. No en estos tiempos. -Pero incluso mientras la rega�aba, acogi� entre sus brazos a la ni�a que hab�a criado como si fuera suya-. Has crecido, peque�a. Deja que te mire. -Dio dos pasos atr�s y mene� la cabeza-. No tienes buen aspecto. �Te encuentras bien? Linnea me prometi� que se ocupar�a de ti� pero vivimos tiempos oscuros.</p><p>��Estoy bien, Sarai -le dijo Mariposa, pero a la voz de la ni�a le ocurr�a algo, sonaba mon�tona y segura. Estaba mintiendo.</p><p>Sarai volvi� a fruncir el ce�o y se llev� las manos a las calleras.</p><p>��Sabes perfectamente que no puedes mentirme. �Alguien te ha hecho da�o?</p><p>��No -respondi� Mariposa en voz baja.</p><p>Asil sinti� c�mo su poder la rodeaba, un poder muy distinto a c�mo hab�a sido cuando la enviaran por primera vez con los de su especie para que la adiestraran. Su magia era por entonces salvaje y fresca, pero aquel poder era tan oscuro y fr�o como su voz.</p><p>Sonri�, y durante un minuto Asil pudo ver a la ni�a que hab�a sido una vez en lugar de a la bruja en la que se hab�a convertido.</p><p>��He aprendido mucho de Linnea. Me ense�� el modo de asegurarme de que nadie vuelva a hacerme da�o. Pero necesito tu ayuda.</p><p>El timbre de la puerta despert� a Asil antes de tener que presenciar de nuevo la muerte de Sarai. Estaba tumbado en su cama, oliendo el sudor producto del miedo y la desesperaci�n. Su propio sudor.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles se acomod� en el columpio del viejo lobo e intent� disfrutar de la concepci�n nativa del tiempo. Era un truco que nunca hab�a conseguido dominar del todo; su abuelo siempre le hab�a dicho que el esp�ritu de su padre era demasiado intenso en �l.</p><p>Sab�a que Asil hab�a o�do el timbre por el sonido de la ducha, y no esperaba que Asil tuviera la cortes�a de atenderle r�pidamente, en especial cuando su visita se produc�a a una hora tan intempestiva de la ma�ana. �l y Anna saldr�an bastante tarde, aunque de todos modos su presa no era precisamente una pieza que se pescara al amanecer. Y aquello era mucho m�s importante para �l que capturar a un lobo solitario, incluso uno que mataba a gente.</p><p>Tras hablar con Heather en casa de Bran, estuvo tentado de volver a su casa en lugar de acudir a la de Asil. El olor de su madrastra fue lo �nico que le impidi� llamar a la puerta del dormitorio de Bran. Aquella ma�ana, Charles no se sent�a con ganas de bailar al son que con toda probabilidad marcar�a Leah. Cuando le sacara de sus casillas (cosa que ocurrir�a), su padre intervendr�a: nadie, ni siquiera sus hijos, pod�an mostrarse irrespetuosos con la pareja del Marrok. Y, por tanto, habr�an acabado discutiendo.</p><p>De modo que recurri� a la �nica persona aparte de su padre que pod�a comprender lo que hab�a ocurrido, que sabr�a por qu� el v�nculo entre �l y Anna no era completo: Asil, cuya pareja hab�a sido una Omega. Asil, quien sent�a tanta animadversi�n por �l como Leah, aunque por distintos motivos.</p><p>El Hermano Lobo pens� que aquella charla matinal ten�a muchas probabilidades de divertirle. Diversi�n o lucha, y el lobo se regocijaba tanto en la una como en la otra.</p><p>Charles suspir� y observ� el vaho de su aliento desaparecer en el aire fr�o de la ma�ana. Pod�a ser un esfuerzo in�til. Una parte de �l quer�a darle un poco de tiempo. Solo porque la parte lenta del proceso de apareamiento, cuando el lobo aceptaba al lobo, concluyera en cuanto la vio por primera vez, no significaba que la otra parte tuviera que ser igualmente r�pida.</p><p>Pero algo le dec�a que hab�a otra cosa que no se solucionaba �nicamente con el tiempo. Y alguien cuyo padre era un hombre lobo y cuya madre hab�a sido una curandera sab�a cu�ndo deb�a dejarse guiar por su intuici�n.</p><p>La puerta tras �l se abri� repentinamente.</p><p>Charles continu� balance�ndose tranquilamente en el columpio del porche. Los encuentros con Asil siempre empezaban con alg�n tipo de juego de poder.</p><p>Tras unos minutos, Asil pas� junto al columpio y se acerc� a la verja que rodeaba el porche. Se subi� a ella de un salto, con un pie desnudo sobre la baranda y una pierna doblada. La otra colgaba descuidadamente por el otro lado. Solo llevaba puestos unos t�janos, y el pelo h�medo, donde no le tocaba la piel, empez� a escarcharse con el fr�o, haciendo juego con las marcas plateadas que le recorr�an la espalda: Asil era uno de los pocos hombres lobo que conoc�a que ten�a cicatrices. Las marcas de la espalda enlazaban con la que le recorr�a las costillas, donde le hab�a herido otro hombre lobo; casi en el mismo lugar que las suyas, pens� Charles. Aunque las cicatrices de Asil las hab�an producido unas garras, no agujeros de bala.</p><p>Asil siempre se comportaba con mucha afectaci�n, y Charles a�n no sab�a si era algo deliberado o un viejo h�bito.</p><p>En lugar de mirar a Charles, Asil contempl� los bosques m�s all� de su casa, los cuales a�n estaban revestidos por las sombras de la primera hora de la ma�ana. Pese a la ducha, Charles pod�a oler el miedo y la angustia. Y record� lo que Asil hab�a dicho en el funeral: desde hac�a unos d�as hab�an regresado los sue�os.</p><p>��Mi padre podr�a ayudarte a hacerlos m�s llevaderos -dijo Charles en un susurro.</p><p>Asil emiti� una risa �spera, inclin� la cabeza y se pellizc� la nariz.</p><p>��Este no. Ya no. Por cierto, �qu� haces aqu� en una ma�ana tan maravillosa?</p><p>Realiz� un gesto grandilocuente que pretend�a acaparar el invierno, el fr�o y la hora del d�a en un �nico y pretencioso movimiento de su brazo.</p><p>��Quiero que me cuentes todo lo que sabes sobre los lobos Omega -dijo Charles.</p><p>Los ojos de Asil se abrieron en un gesto de sorpresa c�micamente exagerado.</p><p>���Ya tienes problemas, cachorrito?</p><p>Charles se limit� a asentir.</p><p>��Anna apenas sabe nada de los hombres lobo. Ser�a de gran ayuda que al menos uno de los dos supiera algo sobre su naturaleza de Omega.</p><p>Asil lo mir� fijamente durante un instante y la diversi�n superficial se desvaneci�.</p><p>��Esto puede llevarnos algo de tiempo -dijo finalmente-. �Por qu� no entras y te tomas una taza de t�?</p><p>Charles se sent� a una mesa peque�a y observ� c�mo Asil preparaba el t� como si fuera una geisha: cada movimiento era significativo y preciso. Fuera cual fuese el sue�o que hab�a tenido, hab�a conseguido que no llevara a cabo su habitual juego de hombre lobo paranoico. Al verle de aquel modo, Charles comprendi� que la mayor parte de los histrionismos de Asil eran una calculada representaci�n. Aquello es lo que ocurr�a cuando estaba realmente preocupado: movimientos exageradamente precisos, traslado continuo de cosas sin raz�n aparente.</p><p>No lo convert�a en alguien menos loco o peligroso, pero al menos comprendi� la raz�n por la que su padre no se hab�a deshecho de Asil; a�n.</p><p>��El t� no tiene el mismo sabor aqu� -dijo el Moro dejando una delicada taza de porcelana ribeteada en oro l�enle a Charles-. La altitud no permite que el agua se caliente lo suficiente. El mejor t� es el que se prepara al nivel del mar.</p><p>Charles se llev� la taza a los labios y dio un sorbito, esperando que Asil tomara asiento.</p><p>��Muy bien -empez� el otro lobo sent�ndose en la mesa frente a Charles-, �qu� quieres saber de los Omegas?</p><p>��No estoy seguro. -Charles recorri� el borde de la taza con un dedo. Ahora que estaba all�, se mostraba reacio a exponer su problema con Anna a un hombre que quer�a ser su enemigo.</p><p>Finalmente se decidi� por decirle:</p><p>���Por qu� no empiezas por contarme qu� los diferencia exactamente de los lobos sumisos?</p><p>Asil enarc� las cejas.</p><p>��Bueno, si todav�a crees que tu pareja es sumisa, vas a llevarte una gran sorpresa.</p><p>Charles no pudo evitar una sonrisa.</p><p>��S�. Eso ya lo he deducido yo solo.</p><p>��Nosotros, que somos dominantes, solemos creer que eso determina el rango: los que obedecen y los obedecidos. Dominante y sumiso. Pero tambi�n est�n los que protegen y los que son protegidos. Un lobo sumiso es capaz de protegerse a s� mismo: puede luchar, matar con la misma determinaci�n que cualquier otro. Pero un lobo sumiso no siente la pulsi�n del combate, al menos no como los dominantes. Son algo muy valioso para la manada. Una fuente de equilibrio y determinaci�n. �Por qu� existen los lobos dominantes? Para proteger a los que est�n por debajo, pero proteger a un sumiso es mucho m�s gratificante porque estos nunca esperar�n a que est�s herido o a que les des la espalda para comprobar si eres realmente dominante. Es f�cil confiar en un lobo sumiso. Y el deseo de protegerlos y cuidarlos mantiene unida a la manada.</p><p>Dio un sorbo de t� y resopl�.</p><p>��Al expresar todo esto en ingl�s puede parecer que estoy hablando de relaciones sexuales� suena rid�culo.</p><p>��Si te sientes m�s c�modo en espa�ol, adelante -ofreci� Charles.</p><p>Asil se encogi� de hombros.</p><p>��No importa. Todo eso ya lo sabes. Aqu� hay unos cuantos lobos sumisos. Conoces su determinaci�n.</p><p>��Cuando conoc� a Anna, por primera vez en mi vida el lobo se qued� dormido.</p><p>Una vez roto el hielo, Asil dej� de mirar su taza para mirar a Charles.</p><p>��S� -dijo en un susurro-. Eso es. Pueden hacer que tu lobo descanse, que se relaje.</p><p>��No siempre siento lo mismo cuando estoy con ella.</p><p>Asil se puso a re�r y escupi� un poco de t� en su taza, tras lo cual, la mir� compungido y la dej� sobre la mesa.</p><p>��Espero que no, sobre todo si eres su pareja. �Por qu� querr�as estar con alguien que te castra de ese modo continuamente? �Pasar de dominante a sumiso con su mera presencia? No, ella no debe calmarte todo el tiempo.</p><p>Se limpi� los labios con una servilleta. Cuando termin�, la volvi� a doblar y la dej� junto a la taza.</p><p>���Cu�nto tiempo hace que es una mujer lobo?</p><p>��Tres a�os.</p><p>��Entonces supongo que por ahora todo es instinto. Lo que significa que si no sientes los efectos continuamente, o bien se siente segura a tu lado o� la tienes tan inquieta que no puede hallar la tranquilidad que necesita para compartirla contigo. -Una sonrisa lobuna-. �Cu�l dir�as que es la explicaci�n? �Cu�nta gente conoces que <emphasis>no </emphasis>sienta miedo de ti de un modo u otro?</p><p>���Es eso lo que te preocupa? -le pregunt� Charles con sincera curiosidad-. T� no me temes.</p><p>Asil se qued� inm�vil.</p><p>��Por supuesto que te temo.</p><p>��No tienes el suficiente sentido com�n para hacerlo. � Charles mene� la cabeza y regres� a su pregunta-. Los Omegas tienen una funci�n similar a los sumisos dentro de la manada, aunque con mayor intensidad, �no es cierto?</p><p>Asil volvi� a re�r, aquella vez sinceramente.</p><p>���Ahora tengo que defenderme diciendo �por supuesto que tengo el sentido com�n necesario para temerte�?</p><p>Charles, cansado de juegos, se limit� a suspirar.</p><p>��Existe una diferencia entre ser sumiso y Omega. Puedo sentirla, pero no s� lo que significa. En lugar de aceptar las �rdenes de todo el mundo, no siguen las de nadie. Eso lo entiendo.</p><p>��Un Omega tiene todos los instintos de protecci�n de un Alfa pero no las tendencias violentas -dijo Asil, molesto por tener que retomar aquella conversaci�n-. Tu Anna va a resultarte muy �til. Se asegurar� de que toda la manada sea feliz y los proteger� de cualquier cosa que amenace con hacerles da�o.</p><p>Eso era. Casi pod�a atar los cabos sueltos. El lobo de Anna no era violento� �nicamente fuerte y protector. �C�mo hab�an afectado a su lobo los ajustes que se hab�a visto obligada a realizar al convertirse en mujer lobo? �Y los abusos sistem�ticos?</p><p>Pensando en voz alta, Charles dijo:</p><p>��El dolor hace que el dominante sea m�s violento, todo lo contrario de lo que les ocurre a los sumisos. �Qu� le ocurre a un Omega cuando es torturado?</p><p>Si hubiera estado pensando en Asil en lugar de en Anna, jam�s lo habr�a expresado de aquel modo.</p><p>El semblante del Moro palideci� y su olor corporal fluctu� descontroladamente. Se puso en pie de repente, tirando al suelo la silla y lanzando la mesa contra la pared del fondo de la sala, donde dej� de dar vueltas tras chocar violentamente contra esta.</p><p>Charles se levant� lentamente y dej� la taza de t� en la estanter�a m�s pr�xima.</p><p>��Lo siento, Asil. No pretend�a hacerte recordar cosas que es mejor olvidar.</p><p>Asil permaneci� inm�vil durante unos instantes, al borde de un ataque, y entonces todos sus m�sculos se relajaron. Parec�a tener hasta el alma cansada. Sali� de la habitaci�n sin decir una palabra.</p><p>Charles lav� su taza y la puso a secar en el fregadero. Normalmente no era tan descuidado. La pareja de Asil hab�a sido torturada hasta la muerte por una bruja que utiliz� su dolor y su muerte para aumentar su poder. Por mucho que encontrara a Asil irritante especialmente tras su �ltimo y m�s eficaz<emphasis/>m�todo de tortura: Anna, jam�s habr�a utilizado deliberadamente la muerte de su pareja para martirizarlo. Sin embargo, tampoco conseguir�a nada con otra disculpa.</p><p>Murmur� una plegaria que protegiera a la casa, como el hermano de su madre le hab�a ense�ado, y se march�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna agradec�a que aquella vez fuera Charles quien condujera. Las carreteras heladas no parec�an preocupar demasiado a Charles, pese a haber patinado lo suficiente como para que Anna mantuviera agarrada firmemente la abrazadera que hab�a sobre la ventanilla.</p><p>Aquella ma�ana no le hab�a dicho muchas cosas cuando regres� a casa tras hablar con el guarda forestal. Sus ojos parec�an distantes, como si el hombre atento y bromista que hab�a logrado despertar hubiera desaparecido.</p><p>Era culpa suya.</p><p>No esperaba sentir aquello cuando oblig� a su lobo a retirarse mientras se daba una ducha. Los dos necesitaban un descanso tras haber mantenido un equilibrio perfecto, y Anna confiaba en que el lobo se llevara consigo aquel <emphasis>deseo </emphasis>que le retorc�a las entra�as. Anna nunca hab�a sentido algo semejante por ning�n hombre. Y le resultaba embarazoso e inquietante al mismo tiempo.</p><p>Pese a la larga ducha, aquella sensaci�n no desapareci�. Puede que se hubiera encontrado mejor de no haber sido por el buen humor exhibido por �l aquella ma�ana� aunque no estaba segura. Sentir tan intensamente te hac�a muy vulnerable, y ten�a miedo de que su rostro la delatara.</p><p>Cuando tuvo que salir de la ducha, se hab�a esforzado tanto para que �l no percibiera la intensidad de sus sentimientos que no se dio cuenta de c�mo su extra�a timidez� su miedo� le afectaban a �l. Charles hab�a llegado a sus propias conclusiones; todas equivocadas, se tem�a.</p><p>Observ� su semblante compungido. No sab�a c�mo solucionarlo. El movimiento del veh�culo acerc� su rostro a la ropa prestada que llevaba puesta. Levant� el brazo, oli� la manga de la camisa y arrug� la nariz.</p><p>Anna tuvo la sensaci�n de que Charles no hab�a apartado los ojos de la carretera, pero de todos modos le oy� decir:</p><p>��No apestas.</p><p>��Es extra�o oler a humano -le dijo ella-. No piensas mucho en tu olor hasta que se produce alg�n cambio.</p><p>Antes de marcharse, Charles hab�a cogido la ropa que Tag trajera el d�a anterior y le hab�a hecho vestirse con una sucia camiseta y una sudadera igualmente sucia. Entonces le hab�a recorrido el cuerpo con sus manos de un modo algo impersonal, recitando una letan�a en una lengua desconocida para ella, a un tiempo nasal y musical. Cuando termin�, Anna ol�a como la mujer humana a la que pertenec�a aquella ropa, y �l como un humano.</p><p>Charles le hab�a dicho que sab�a algo de magia, un don que hab�a heredado de su madre. Se pregunt� qu� otras cosas podr�a hacer, aunque le pareci� descort�s pregunt�rselo directamente. Nunca hab�a estado con alguien que pudiera practicar magia, y aquello la hizo sentirse un poco m�s intimidada. En la manada de Chicago circulaban historias sobre gente con poderes m�gicos, pero nunca les hab�a prestado mucha atenci�n: ya ten�a suficientes problemas intentando ser una mujer lobo.</p><p>Anna extendi� los dedos sobre el muslo y los estir�.</p><p>��Deja de preocuparte -le dijo Charles con una voz dulce pero sin la inflexi�n que sol�a utilizar con ella, como si se dirigiera a alguien que acabara de recoger en la carretera.</p><p>Aquella ma�ana, cuando dej� de hablarle, se hab�a dado cuenta de que lo hab�a estado haciendo de un modo distinto.</p><p>Las monta�as cubiertas de nieve, m�s altas que la Torre Sears, se erig�an a ambos lados de la carretera, tan fr�as y s�lidas como el hombre a su lado. Se pregunt� si aquel ser�a su semblante habitual cuando trabajaba. Tal vez se aislaba del mundo para poder matar a alguien que no conoc�a de nada en aras de la seguridad de la manada. Tal vez no fuera culpa suya.-</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna estaba inc�moda y asustada. Y se esforzaba por ocultarlo. Asil le hab�a dicho que lodo el mundo le ten�a miedo. Dese� saber qu� pod�a decirle para solucionarlo. Para, solucionar algo, lo que fuera.</p><p>Desde que se marchara de casa de Asil le hab�a estado dando vueltas al asunto. O mejor dicho, asuntos, aunque empezaba a creer que eran simplemente dos aspectos de la misma cuesti�n. El primero era el miedo que le hab�a provocado aquella ma�ana, o quiz� miedo por el placer que hab�an experimentado ambos la noche anterior. Ten�a la suficiente experiencia para saber que <emphasis>ella </emphasis>se lo hab�a pasado muy bien. No pareci� preocuparle hasta que se meti� en la ducha. Dado que su casa no estaba poblada de monstruos (aparte de �l), estaba bastante seguro de que algo en Anna ten�a que haber cambiado.</p><p>Una de las se�ales en las que sol�an fijarse cuando vigilaban a un nuevo hombre lobo eran los cambios s�bitos de personalidad o de humor sin motivo aparente, un indicio de que la bestia empezaba a controlar al humano. Si no hiciera tres a�os que Anna era una mujer lobo, y adem�s una Omega, Charles habr�a pensado que la bestia se estaba haciendo con el control.</p><p>Aunque tambi�n pod�a estar ocurriendo todo lo contrario. Seg�n Asil, los Omegas tienen el mismo instinto de protecci�n que los Alfas. �Pod�a ser que su lobo la hubiera dominado durante la �ltima noche?</p><p>Su padre ense�aba a los nuevos lobos que la bestia formaba parte de ellos, que no era m�s que una serie de necesidades que deb�an ser satisfechas. Aquello parec�a ayudar a la mayor�a de ellos durante la transici�n. Asustarles dici�ndoles que ten�an a un monstruo viviendo en sus cabezas evidentemente no les ayudar�a a hacerse con el control necesario que les permitiera seguir interactuando con el vasto mundo.</p><p>Se trataba de una ficci�n valiosa que, tal y como lo ve�a Charles, en ocasiones pod�a llegar a ser cierta. Su padre, por ejemplo, parec�a armonizar ambas naturalezas sin problema. Sin embargo, la mayor�a de los lobos que sobreviv�an, con el tiempo acababan por considerar al lobo como una entidad separada.</p><p>Charles era incapaz de recordar un instante en que no fuera consciente de tener dos almas que hac�an latir un �nico coraz�n. El Hermano Lobo y �l viv�an en armon�a durante la mayor parte del tiempo, recurriendo a las habilidades especializadas de cada uno en funci�n del objetivo. Por ejemplo, el encargado de la caza era el Hermano Lobo, pero si la presa era humana u otro hombre lobo, Charles pasaba a ser el ejecutor.</p><p>A lo largo de los a�os Charles hab�a visto c�mo los hombres lobo cuya parte humana y animal estaban completamente separadas -como Doc Wallace- no sobreviv�an mucho tiempo. O bien atacaban a alguien m�s viejo y fuerte que ellos o bien Charles deb�a matarlos porque no pod�an controlar al lobo.</p><p>Un hombre lobo que sobreviv�a aprend�a a integrar al hombre y al animal y dejaba que el primero ocupara el asiento del conductor durante la mayor parte del tiempo; salvo durante la luna llena, cuando se pon�an furiosos� o cuando los atacaban. Torturar a un dominante significaba que el lobo tomar�a el control. Torturar a un sumiso significaba que solo quedar�a el humano.</p><p>Con todos los instintos de protecci�n de un Alfa y ni un �pice de sus tendencias violentas� adem�s de los tres a�os de abusos, era probable que el lobo de Anna hubiese descubierto un modo de protegerla. Eso explicar�a por qu� Leo jam�s consigui� doblegarla.</p><p>Quiz� cuando se asust� por su agresi�n de la noche anterior, su lobo hab�a tomado el control. Y quiz� por eso sus almas humanas no hab�an conectado del modo en que lo hab�an hecho sus lobos.</p><p>Aunque hab�a algo que no encajaba, pues Charles tendr�a que haber percibido el ascendente de su lobo. Incluso si se le hubiera pasado por alto el cambio en sus ojos, los cuales pasaban del marr�n al azul cielo, tendr�a que haber reconocido el cambio en su olor.</p><p>Charles estaba bastante seguro de que era algo que le hab�a hecho Leo, o que este hab�a obligado a alguien a hacer. Aquella era la ra�z de sus problemas actuales.</p><p>Enfadarse con ella no le iba a ayudar en nada, de aquello estaba seguro. De modo que dej� de pensar en las diversas formas de tortura que podr�a aplicar a Leo, quien, de todos modos, ya estaba muerto, e intent� centrarse en encontrar una soluci�n.</p><p>A Charles se le daba mejor asustar a la gente que aliviar aquel temor. No sab�a c�mo tratar el tema de lo que hab�a ocurrido aquella ma�ana, la noche anterior o la raz�n por la que su apareamiento no se hab�a completado sin empeorar m�s las cosas.</p><p>Si las cosas no mejoraban, acudir�a a su padre para pedirle consejo� o, que el cielo los ayudara a todos, otra vez a Asil. Si le explicaba todo con claridad, puede que Asil se riera de �l, pero era un caballero y no dejar�a que a Anna le ocurriera nada malo.</p><p>Aquello le dejaba con una tarea pendiente: Anna deb�a saber que los otros machos a�n pod�an ofrecerse a ella, ya que era algo peligroso tanto para ella como para quien estuviese cerca de �l cuando alguno lo intentara.</p><p>Y porque ten�a el derecho a saber que pod�a aceptar a cualquiera de los otros machos. Al menos, eso era lo que opinaba Asil. Charles pens� que, en cuanto el v�nculo ente sus lobos se complet�, aquello lo convirti� en permanente, aunque no conoc�a a nadie a quien le hubiera sucedido antes<emphasis/>de que la parte humana conectara. Tal vez Anna pudiera encontrar a otra persona que no la asustara tanto como parec�a hacerlo �l.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>EL Humvee era un oasis artificial, pens� Anna. Los asientos de piel con calefacci�n y el clima controlado de la cabina parec�an fuera de lugar en la inabarcable extensi�n de bosques congelados y silenciosos.</p><p>Los troncos oscuros, casi negros, de los �rboles de hoja perenne contrastaban de un modo inh�spito con la blancura de la nieve. De vez en cuando, alguna carretera, distinguible m�s por el modo en que interrump�a la l�nea de �rboles que por los surcos dejados por los veh�culos, surg�a de la autopista por la que circulaban. A medida que esta se fue estrechando hasta no ser m�s que una cicatriz blanca entre agrestes monta�as, Anna se pregunt� si el t�rmino �autopista� era el m�s adecuado.</p><p>��Nuestro v�nculo de apareamiento no se hizo permanente la noche anterior -dijo �l repentinamente.</p><p>Ella se lo qued� mirando mientras sent�a la familiar sacudida de p�nico. �Qu� significaba aquello? �Habr�a hecho algo mal?</p><p>��Dijiste que lo �nico que deb�amos hacer era�</p><p>Descubri� que no pod�a decir la siguiente palabra. A la fr�a luz del d�a sonaba demasiado cruda.</p><p>��Parece ser que me equivocaba -le dijo �l-. Cre�a que tras superar la parte m�s complicada, lo �nico que faltaba era la consumaci�n.</p><p>Anna no supo qu� contestarle.</p><p>��Probablemente sea mejor as� -dijo �l bruscamente.</p><p>���Por qu�?</p><p>No hab�a sabido si ser�a capaz de decirlo, pero cuando lo hizo, le pareci� que simplemente trasmit�a curiosidad y no aquel sentimiento de p�nico que le bloqueaba las palabras en la garganta.</p><p>Pese a todo, no consigui� que su voz sonara con la desinteresada neutralidad que hab�a pretendido.</p><p>��La raz�n principal por la que no quer�a que vinieses hoy conmigo es que no quer�a que me vieses matar de nuevo, por lo menos no tan pronto. Pero he sido el asesino de mi padre durante m�s de ciento cincuenta a�os, y no creo que eso vaya a cambiar en el futuro. Es justo que, antes de elegir, me veas tal cual soy cuando me posee la caza.</p><p>El volante cruji� bajo la presi�n de sus manos, pero su voz continu� tranquila, casi indiferente.</p><p>��En la manada de mi padre hay una serie de lobos dispuestos a adorar el suelo que pisas. Lobos que no son asesinos. -Respir� brevemente e intent� sonre�r para tranquilizarla, aunque se qued� en alg�n punto intermedio que lo �nico que Io consigui� fue mostrar sus dientes fuertes y blancos-. Y no todos est�n locos.</p><p>De nuevo intentaba alejarla de �l.</p><p>Anna se mir� las manos y vio que ten�a los nudillos blancos por la tensi�n. De repente, pudo volver a respirar. Decirle que a�n pod�a buscar a otro le estaba poniendo muy nervioso, desbaratando la calma aparente que manten�a desde el desayuno. Anna record� el ataque de celos de la �ltima noche y sinti� c�mo la confianza le calmaba el coraz�n: Charles la amaba, independientemente de lo est�pida que hab�a sido aquella ma�ana. Pod�a aceptarlo. No pod�a seguir teniendo verg�enza por el hecho de querer estar con �l para siempre, �verdad? En una semana o dos lo superar�a. Y dentro de un a�o la intensidad de lo que sent�a por �l dejar�a de asustarla definitivamente.</p><p>Sinti�ndose mejor, Anna se acomod� en el confortable asiento del Vee para poder tener una mejor perspectiva de Charles. �De qu� hab�a estado hablando antes de ofrecerle la posibilidad de dejarlo?</p><p>Sobre el hecho de ser un asesino.</p><p>��He conocido a otros asesinos -le dijo-. La manada de Leo ten�a a Justin. �Le recuerdas? Justin era un asesino. -Se esforz� por dejar clara la diferencia entre ambos-. T� eres justo. -Aquella no era la forma, sonaba muy est�pido.</p><p>���Una rosa siempre ser� una rosa�� -cit� Charles, apartando el rostro de ella.</p><p>Anna respir� profundamente para comprobar si su olfato pod�a ayudarle a descifrar lo que Charles sent�a, pero lo �nico que pudo oler fue a los dos extra�os que les hab�an prestado la ropa. Tal vez Charles lograra controlarse mejor que otras personas.</p><p>Charles era un hombre prudente. Prudente tanto con lo que dec�a como con la gente que le rodeaba. Anna solo hab�a necesitado pasar una noche con �l para darse cuenta de aquello. Se <emphasis>preocupaba </emphasis>por la gente. Se preocupaba por ella, por su padre, incluso por el amigo de Heather. Su est�mago se estabiliz� a medida que las pistas y las acciones aisladas tomaban sentido de conjunto. Para un hombre que se preocupaba tanto por los dem�s deber�a haber resultado muy duro aprender a matar, por muy necesario que fuera, pens� Anna.</p><p>��No -dijo ella con firmeza.</p><p>Frente a ellos y un poco a la derecha, una serie de picos espectaculares se erig�an desafiantes contra el cielo. Las cumbres nevadas, sin rastro alguno de �rboles o vegetaci�n, reluc�an al sol de tal modo que incluso a trav�s de las lunas tintadas le deslumbraron los ojos y llamaron a su lobo. Aquel era un lugar donde un hombre lobo pod�a correr. </p><p>��Un asesino siempre es un asesino -le dijo ella-. Pero t� sigues unas normas, aplicas la justicia, de modo que no te castigues demasiado por hacer bien tu trabajo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Su opini�n, tras la debacle de la �ltima noche, cogi� a Charles con la guardia baja. Cuando la mir�, ya hab�a cerrado los ojos y se dispon�a a echar una cabezada. Su Anna, quien no hac�a ni cinco minutos hab�a estado aterrorizada de �l. No era exactamente la reacci�n que provocaba en la gente cuando les contaba que era un asesino.</p><p>La carretera por la que circulaban ten�a m�s roderas de las habituales en aquella �poca del a�o, seguramente por los veh�culos del servicio de emergencias. Confiaba en que no se cruzaran con ninguno.</p><p>Las llamadas que hab�a hecho Heather por la ma�ana deber�an asegurar que ning�n otro voluntario inexperto o excursionista amateur se internara en aquellos bosques. Pretend�a reducir al m�ximo el da�o que pod�a provocar el lobo solitario.</p><p>Por expresa petici�n de Charles, Heather les hab�a informado que el hombre que buscaban llevaba demasiado tiempo desaparecido y que, seguramente, por entonces solo buscaban poco m�s que un cad�ver, por lo que era mejor dejar de arriesgar m�s vidas. Tambi�n les hab�a hablado de Jack -aunque responsabiliz� a un puma del ataque � y les record� que se estaba acercando una borrasca.</p><p>Las pocas personas que segu�an batiendo el terreno concentraban sus esfuerzos a unos treinta kil�metros al oeste del lugar donde Jack hab�a sido atacado por el lobo solitario, en las proximidades del lugar en el que el hombre desaparecido hab�a dejado su furgoneta, una zona muy alejada del escenario en el que el lobo solitario sol�a hacer sus apariciones. Charles y Anna no deber�an cruzarse con ning�n rastreador.</p><p>La carretera empezaba a hacerse m�s abrupta. Las ruedas del Humvee cruj�an y gem�an continuamente al avanzar sobre la nieve profunda. A la izquierda, de vez en cuando alcanzaba a vislumbrar el riachuelo congelado, aunque la mayor parte del tiempo quedaba oculto por la espesa vegetaci�n de la parte baja del valle. A la derecha, cables el�ctricos de alta tensi�n se extend�an entre inh�spitas torres met�licas a lo largo de una hilera est�ril abierta en mitad del bosque. Aquellos cables, y su ocasional mantenimiento, eran las �nicas razones por las que exist�a aquella solitaria carretera de servicio por la que circulaban.</p><p>Un chorro de aire caliente evit� que el parabrisas se congelara. El calor en el interior del veh�culo hac�a que el paisaje invernal resultara casi surrealista, algo que no iba con ellos. Y pese a que normalmente aborrec�a aquella sensaci�n, hab�a sufrido demasiadas veces las inclemencias de la nieve y el fr�o a lomos de un caballo o a cuatro patas para desestimarlas comodidades que proporcionaba un veh�culo moderno.</p><p>La pendiente se hizo a�n m�s pronunciada y Charles aminor� la marcha considerablemente mientras el Vee saltaba y rebotaba sobre piedras y hoyos ocultos por la nieve. Las ruedas empezaron a patinar, de modo que redujo a�n m�s la velocidad y apret� el bot�n que bloqueaba los ejes. El ruido despert� a Anna.</p><p>En ocasiones la anchura adicional del Humvee no resultaba muy �til. Se vio obligado a colocar las ruedas de la parte izquierda del veh�culo sobre el terrapl�n para mantener las de la parte derecha sobre la carretera. La inclinaci�n del veh�culo hizo que Anna mirara por la ventanilla, cerrara los ojos y se encogiera sobre su asiento.</p><p>��Si caemos, seguramente no morir�s -le dijo �l.</p><p>��Perfecto -dijo ella en un tono impertinente que Charles agradeci� al no reconocer en �l ni el m�s m�nimo atisbo de miedo, por lo menos no de �l. Dese� saber si el responsable de aquello era el lobo o Anna-. No tengo que preocuparme por unos cuantos huesos rotos o aplastados porque probablemente no morir�, �no es eso?</p><p>��Tal vez deber�amos haber venido en el viejo Land Rover de Tag -le dijo �l-. Es casi tan bueno como este en terreno escarpado pero mucho m�s estrecho. Aunque es m�s dif�cil de conducir, tiene una calefacci�n p�sima y no pasa de los cien en la autopista.</p><p>��Cre�a que est�bamos en un Parque Nacional -dijo ella con los ojos entornados-. �No est� restringido el paso a los veh�culos motorizados?</p><p>��S�, pero estamos en una carretera. Por aqu� se puede circular.</p><p>���Esto es una carretera?</p><p>Charles lanz� una risotada ante su tono ir�nico y Anna le contest� con un gesto grosero.</p><p>Alcanzaron la cumbre y Charles consigui� avanzar unos tres kil�metros m�s a trav�s de los �rboles hasta que el terreno se hizo demasiado escabroso para continuar. Alguien hab�a pasado por all� en motos de nieve -probablemente el servicio de emergencia- pero la mayor�a de las marcas de veh�culos desaparec�an medio kil�metro despu�s. La �ltima lo hizo a unos trescientos metros, supuso que la de Tag.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>���Cu�nto tiempo estaremos fuera? -pregunt� Anna ajust�ndose la mochila junto al Vee.</p><p>��Eso depende de la presa -le dijo �l-. Llevamos provisiones para cuatro d�as. Caminaremos en un c�rculo que nos traer� de vuelta a este lugar. Si por entonces no ha dado con nosotros, dejaremos de hacernos pasar por humanos y le daremos caza. -Se encogi� de hombros-. Estas monta�as tienen una extensi�n de unos tres mil kil�metros cuadrados, de modo que puede costarnos un poco encontrarlo si su intenci�n es permanecer oculto. Si est� protegiendo su territorio y cree que somos intrusos humanos, nos dar� caza y nos ahorrar� mucho tiempo.</p><p>Anna hab�a ido un par de veces de excursi�n con su familia en Wisconsin cuando era peque�a, aunque a ning�n lugar tan aislado como aquel. Cuando respiraba demasiado fuerte, el aire le congelaba las fosas nasales, y not� las puntas de las orejas fr�as antes de que Charles se las cubriese con el gorro.</p><p>Aquello le encant�.</p><p>��Debemos mantener un ritmo lento -le dijo Charles-, eso le indicar� que somos humanos, aparte del olor.</p><p>Aunque el ritmo que empez� a marcar le pareci� a Anna demasiado vigoroso.</p><p>Caminar con raquetas de nieve no era tan dif�cil como hab�a imaginado. En cuanto Charles le ajust� las correas adecuadamente, le dijo que los otros sistemas para caminar por la nieve no eran demasiado �tiles. Las nuevas raquetas eran uno de los pocos inventos de la vida moderna que parec�a aprobar sin reservas.</p><p>Anna tuvo que gatear un poco para seguir su ritmo. Si aquello era un paso lento, se pregunt� si habitualmente corr�a cuando estaba en los bosques, incluso en forma humana. No daba la sensaci�n de que le molestaran las heridas, y aquella ma�ana no ten�a los vendajes manchados de sangre.</p><p>Apart� aquella l�nea de pensamientos que la llevar�a a preguntarse por qu� hab�a podido fijarse tan detenidamente en los vendajes aquella ma�ana. Pese a todo, no pudo evitar mirarle y sonre�r, aunque m�s para s� misma que para �l. Rodeada de nieve por todas partes y embutida en numerosas capas de ropa y el anorak, se sent�a aislada de los terrores que le provocaba la intimidad y pod�a apreciar mejor el lado bueno de las cosas.</p><p>Y Charles ten�a muchos lados buenos. Conoc�a perfectamente la amplitud de sus hombros bajo su anorak y el modo en que su piel se oscurec�a ligeramente detr�s de sus orejas. Sab�a que su olor le hac�a latir el coraz�n m�s deprisa, y c�mo el peso de su cuerpo la anclaba a �l m�s que atraparla.</p><p>Al caminar detr�s de �l, a salvo de aquella penetrante mirada que siempre ve�a cosas que la incomodaban, pod�a observarlo cuanto deseara.</p><p>Pese a las raquetas de nieve, se mov�a con elegancia. Se deten�a de vez en cuando y contemplaba los �rboles, intentando distinguir, seg�n le dijo, cualquier movimiento fuera de lo com�n. En los bosques, el lobo se hac�a m�s presente. Pod�a verlo en el modo en que usaba su nariz, a veces deteni�ndose con los ojos cerrados para respirar y contener el aliento. Y en el modo en que se comunicaba con ella, m�s con gestos que con palabras.</p><p>��Veremos m�s animales aqu� que m�s adelante, cuando estemos a m�s altura -le dijo tras se�alar con el dedo un ciervo que les observaba medio oculto tras un tupido arbusto-. Casi todos los animales grandes se quedan aqu�, donde no hace tanto fr�o y hay m�s comida y menos nieve.</p><p>Y eso fue lo �nico que dijo durante mucho rato, incluso cuando se deten�a para entregarle un poco de esto o de aquello que pretend�a que comiera, sosteniendo silenciosamente cecina o un peque�o paquete de manzanas liofilizadas. Cuando rechaz� el segundo pu�ado de esto �ltimo, se las introdujo en el bolsillo.</p><p>Aunque normalmente prefer�a la conversaci�n al silencio, no sinti� ning�n impulso de interrumpir los sonidos del bosque con sus palabras. Hab�a algo en aquel lugar que exig�a ser reverenciado, y de todos modos habr�a resultado muy complicado hablar y resollar al mismo tiempo.</p><p>Al cabo de un rato, la atm�sfera reinante empez� a parecerle espeluznante, lo que resultaba especialmente extra�o teniendo en cuenta que era una mujer lobo. No esperaba que los �rboles fuesen tan oscuros, y la sombra de la monta�a hac�a que pareciera mucho m�s tarde de lo que era.</p><p>De vez en cuando sent�a un <emphasis>d�j� vu.</emphasis><emphasis/>Le cost� un rato concretarlo, y entonces se dio cuenta de que ten�a la misma sensaci�n que cuando recorr�a el centro de Chicago. Aunque las monta�as eran mucho m�s altas que los rascacielos, los picos que parec�an clavados en el cielo le produc�an la misma sensaci�n de claustrofobia.</p><p>La voluminosa mochila de color amarillo chill�n de Charles, elegida para obtener la m�xima visibilidad, como la suya de rosa fosforito, era un elemento tranquilizador. No solo por el matiz civilizado que aportaba su presencia en aquel lugar, sino tambi�n porque el hombre que la acarreaba parec�a moverse por el territorio con la misma confianza con que ella lo hac�a por su viejo apartamento. El rifle negro mate no era tan tranquilizador. Anna sab�a disparar -su padre sol�a llevarla al campo de tiro- pero aquel rifle se parec�a tanto a la.38 de su padre como un lobo a un caniche.</p><p>La primera vez que subieron por una pendiente escarpada, Anna tuvo que detenerse a pensar el mejor modo de subirla con raquetas de nieve. Caminar con aquello los retrasaba mucho y ya empezaba a notar los muslos tensos por el cansancio. Charles se qued� detr�s de ella durante toda la ascensi�n. Les llev� m�s de una hora, pero vali� la pena.</p><p>Cuando alcanzaron la cumbre y se detuvieron brevemente entre los �rboles, Anna se qued� muda de asombro al contemplar la vista que se abr�a ante ellos. El valle por el que hab�an estado ascendiendo, moteado de blanco y verde glacial, se extend�a hasta donde les alcanzaba la vista. Era espectacular� y solitario.</p><p>���Siempre ha sido as�? �En todas partes? -pregunt� Anna casi en un murmullo.</p><p>Charles, quien se encontraba m�s adelante porque solo se hab�a detenido cuando lo hizo ella, le ech� un r�pido vistazo al paisaje.</p><p>��No -dijo-. Los p�ramos siempre han sido p�ramos. Esta primavera te llevar� a las Misiones a hacer un poco de escalada. Si te gusta esto, aquello te va a encantar.</p><p>De modo que �l tambi�n la hab�a estado observando, pens� Anna, y se hab�a dado cuenta de lo mucho que estaba disfrutando.</p><p>��Las Misiones son a�n m�s espectaculares, aunque muy complicadas si intentas atravesarlas. Arriba, abajo y poca cosa entre medio. Aunque esto tampoco va a ser f�cil. Cuando empezaron a proteger las zonas salvajes, lo �nico que quedaba por aqu� era bastante escarpado.</p><p>Se meti� la mano en el bolsillo y sac� una barrita de muesli.</p><p>��Com�tela.</p><p>Y se la qued� mirando hasta que Anna se quit� un guante y dio un mordisco a la barra de color algarrobo antes de hacer lo mismo �l.</p><p>��Te comportas como una gallina con sus polluelos -le dijo ella, no muy segura de si mostrarse irritada o no. Charles gru��.</p><p>��Si fueras humana, sentir�as el fr�o. Solo estamos a unos cuantos grados bajo cero, pero no subestimes la monta�a. Est�s consumiendo mucha energ�a para mantener tu calor corporal, y adem�s no tienes precisamente el peso necesario para combatir. De modo que vete acostumbrando porque seguir� aliment�ndote cuando lo considere necesario, por lo menos mientras dure esta expedici�n.</p></section><section><title><p id="_Toc233648887">Cap�tulo 8</p></title><p>��Hemos salido m�s tarde de lo que esperaba -le dijo Charles a Anna-. Pese a todo, hemos avanzado a buen ritmo. El lago Baree a�n est� a un kil�metro o algo as�, pero acamparemos aqu� antes de que anochezca. El viento ha hecho caer casi toda la nieve de los �rboles, y las ramas nos proteger�n si nieva esta noche.</p><p>Anna mir� a su alrededor sin convicci�n.</p><p>Su expresi�n hizo re�r a Charles.</p><p>��Conf�a en m�. Estar�s c�moda esta noche. Lo dif�cil es levantarse por la ma�ana.</p><p>Anna pareci� aceptar sus explicaciones, cosa que agradeci�.</p><p>���Cu�ndo llegaremos al lugar donde Heather y Jack fueron atacados?</p><p>��No iremos all� -le dijo �l-. No quiero acercarme a ese lugar con este olor. Quiero que parezcamos presas, no una especie de investigadores oficiales.</p><p>���Crees que al lobo le importa que seamos una cosa o la otra?</p><p>Charles se quit� la mochila y la dej� sobre una roca que descollaba de la nieve como una ballena emergiendo del oc�ano.</p><p>��Si es un lobo solitario defendiendo su territorio, no. Si est� aqu� para causar problemas a mi padre, no atacar� a la gente que pueda contarle al mundo lo que est� haciendo.</p><p>Anna le imit� y dej� la mochila en un lugar despejado de nieve. Charles extrajo un paquete de pasas de un bolsillo de la manga de su anorak; el �ltimo que ten�a a mano, de modo que tendr�a que reponerlo por la ma�ana. Ella lo acept� con un suspiro de victimismo pero lo abri� y empez� a comer de �l.</p><p>Con Anna ocupada, Charles dedic� unos segundos a examinar el lugar que hab�a elegido para acampar. Hab�a uno mejor cerca del lago al que hab�a intentado llegar a primera hora de la tarde para que Anna pudiera recuperarse bien. No obstante, ten�a experiencia con otros novatos que hab�a llevado a las monta�as, y sab�a que el primer d�a de caminatas no era el decisivo, sino el tercero o el cuarto.</p><p>Sin embargo, la primera regla cuando uno se interna en los bosques es ser flexible. Podr�an haber llegado a la primera cumbre antes del anochecer, pero pens� que era m�s importante dejar que Anna descansara tras su primera caminata.</p><p>Ya hab�a dormido all� antes. La roca no hab�a cambiado desde que era ni�o. La �ltima vez� reflexion� sobre aquello un minuto pero no pudo precisar cu�ndo hab�a sido. Los arbustos en la base de la roca no estaban all� la �ltima vez, y reconoci� el toc�n de la vieja con�fera que le hab�a protegido del viento del este la �ltima vez que pas� all� la noche. Apoy� el dedo gordo en el podrido toc�n y la madera se desmenuz�. Cincuenta a�os, tal vez setenta.</p><p>Charles extendi� una tela impermeable en el suelo pero no se molest� en instalar la tienda. Mientras el tiempo se comportara, no ten�a intenci�n de hacerlos tan vulnerables a un ataque. Si pod�a evitarlo, casi nunca utilizaba tienda, y nunca si estaba dando caza a algo que tambi�n pod�a cazarle a �l. La tienda bloqueaba su visi�n, amortiguaba los sonidos y dificultaba los movimientos. La hab�a tra�do por Anna, pero solo si era estrictamente necesario.</p><p>Aunque la vieja con�fera estaba demasiado h�meda para hacer fuego con ella, hab�a m�s �rboles ca�dos. Media hora despu�s, hab�a recogido una generosa cantidad de le�a seca extra�da de los cad�veres de un par de viejos abetos.</p><p>Cuando regres�, Anna estaba encaramada en la gran roca, junto a su mochila y con las raquetas apoyadas en la base de la misma. �l tambi�n se quit� las suyas y se dispuso a encender una peque�a fogata, consciente de estar bajo la aten�a mirada de Anna.</p><p>��Pensaba que los indios encend�an fuego con un palo � dijo ella cuando vio que extra�a de la mochila una lata de Sterno y un mechero.</p><p>��S� c�mo hacerlo -dijo �l-. Pero me gustar�a comer algo caliente en las pr�ximas horas. Con Sterno y un Bic todo es mucho m�s f�cil.</p><p>Volv�an a estar bien, pens� �l. Todo hab�a empezado cuando Anna se qued� dormida en el coche, y durante la ascensi�n hab�a conseguido relajarse a�n m�s. Hasta que, durante los �ltimos kil�metros, le hab�a cogido del anorak en varias ocasiones para se�alarle esto o aquello: las huellas de un lobo, un cuervo que les observaba desde la rama alta de un pino o un conejo con el pelaje blanco del invierno.</p><p>���Qu� te gustar�a comer? -le pregunt� �l tras tener la fogata como deseaba y colocar sobre ella un cazo con nieve.</p><p>��Lo que sea menos cecina -dijo ella-. Estoy cansada de mascar.</p><p>���Qu� te parece pollo agridulce? -le pregunt�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles verti� el sobrecito de aceite de oliva y le pas� a Anna el de papel de aluminio. Ella mir� el contenido con cierta reticencia.</p><p>��No parece pollo agridulce -dijo.</p><p>��Tienes que prestar m�s atenci�n a tu olfato -le amonest� �l antes de probar el guiso. Aunque no pod�a compararse con la cena de la noche anterior, tampoco estaba tan mal para algo a lo que le echabas agua y te lo com�as-. Y al menos el pollo agridulce no tiene el aspecto de comida para perros.</p><p>Anna se inclin� para echar una ojeada al interior de su sobre.</p><p>��Aagg. �Por qu� tienen que hacer eso?</p><p>��Solo pueden liofilizar cosas peque�as -le dijo �l apartando el sobre antes de que Anna metiera el pelo dentro-. Come</p><p>��Entonces -pregunt� Anna de nuevo desde su atalaya sobre la roca-, �cu�nto durar� nuestro disfraz olfativo?</p><p>Le agrad� comprobar que, tras la primera cucharada, Anna engull�a su comida como un le�ador.</p><p>��No importa -le dijo �l mientras hac�a lo mismo con la suya-, siempre y cuando continuemos hablando sobre lo que hacemos para que pueda o�rnos cualquier lobo que se encuentre en las proximidades.</p><p>Anna dej� de comer y abri� la boca para disculparse, pero se detuvo a media palabra y frunci� el ce�o. Charles se pregunt� si deb�a sonre�r para indicarle que le estaba tomando el pelo; pero ella se dio cuenta antes, lo que demostr� con un gesto de su cuchara.</p><p>��Si hubiera un hombre lobo dentro de tu campo auditivo, lo sabr�as. Responde a la pregunta.</p><p>Casi nunca hablaba de su magia con nadie, ni siquiera con su padre, ya que el Hermano Lobo le dec�a que cuanta menos gente lo supiera, m�s eficaz ser�a como arma. Sin embargo, el Hermano Lobo no ten�a ninguna objeci�n en contarle a Anna todo lo que quer�a saber.</p><p>De modo que tras tragar un trozo de ternera, admiti�:</p><p>��No lo s�. El tiempo necesario, a menos que enojemos a los esp�ritus y decidan ayudar a nuestros enemigos.</p><p>Anna dej� de comer por segunda vez, en esta ocasi�n para mirarlo fijamente.</p><p>��Esta vez no me tomas el pelo, �verdad?</p><p>�l se encogi� de hombros.</p><p>��No. No soy una bruja, de modo que no puedo manipular el mundo a mi voluntad. Lo �nico que puedo hacer es pedirlo, y si los esp�ritus se muestran compasivos, me lo conceden.</p><p>Anna ten�a una cucharada de comida en la boca, de modo que tuvo que trag�rsela antes de preguntar:</p><p>���Eres cristiano? O�</p><p>�l asinti�.</p><p>��M�s que el asno de Balaam. Pero, adem�s, al ser un hombre lobo, s� que tambi�n existen otras cosas: demonios, vampiros, esp�ritus y cosas por el estilo. En cuanto descubres que ese tipo de cosas circulan por el mundo, debes admitir la presencia de Dios. Es la �nica explicaci�n posible para entender por qu� el diablo a�n no se ha hecho con el mundo y ha esclavizado a la raza humana. Dios hace que el diablo se mantenga oculto �ntrelas sombras. -Se termin� la comida y guard� la cuchara.</p><p>���El asno de Balaam? -Musit� Anna para s�, y entonces contuvo el aliento-. El asno de Balaam vio a un �ngel. �Significa eso que t� tambi�n has visto uno?</p><p>Charles sonri� d�bilmente.</p><p>��Solo una vez, y no estaba interesado en m� aunque sigue acompa��ndome. -De hecho, le hab�a dado fuerzas en mitad de la noche-. Aunque Dios exista, eso no significa que no haya esp�ritus en estos bosques.</p><p>���Rindes culto a los esp�ritus?</p><p>���Por qu� tendr�a que hacerlo? -No estaba loco ni era un est�pido, y un hombre ten�a que ser una cosa o la otra para atreverse a propiciarlos-. Solo conseguir�a que me dieran m�s trabajo, y mi padre se basta y se sobra para eso.</p><p>Anna frunci� el ce�o, de modo que decidi� explic�rselo mejor.</p><p>��De vez en cuando me ayudan en esto o aquello si se lo pido, pero la mayor�a de las veces necesitan que yo les ayude a ellos. Y ya no hay tanta gente como antes que pueda o�rlos, lo que significa que los pocos que podemos tenemos m�s trabajo. Mi padre me carga con el trabajo de tres personas. Si me dedicara a buscar esp�ritus, no tendr�a tiempo ni para atarme los zapatos. Samuel dedica mucho tiempo a reflexionar sobre el lugar que ocupan los esp�ritus en la Cristiandad, pero a m� no me preocupa tanto.</p><p>Pens� que iba a tener que recordarle que deb�a terminarse la comida, pero Anna se qued� mirando su sobre un instante y se meti� en la boca otra cucharada.</p><p>���Qu� haces si te piden que hagas algo malo?</p><p>Charles neg� con la cabeza.</p><p>��La mayor parte de los esp�ritus son m�s bien agradables o desagradables que buenos o malos. -Y como a�n sent�a aquella intensa necesidad de tomarle el pelo, a�adi�-: Salvo los esp�ritus que se alimentan de cerebros y que viven en estos bosques esperando que alg�n incauto excursionista acampe bajo estos �rboles. No te preocupes, no dejar� que se acerquen a ti.</p><p>��Gilipollas -le dijo a su pollo agridulce, aunque no parec�a molesta.</p><p>Un lobo aull� en alg�n lugar de la oscuridad que les rodeaba. Estaba muy lejos, un lobo salvaje, pens�. Veinte a�os atr�s no hab�a lobos en las monta�as de Montana, pero durante la �ltima d�cada se hab�a producido un flujo continuo desde Canad�. El sonido le hizo sonre�r. Su padre tem�a que no hubiera espacio en el planeta para los depredadores, pero �l imaginaba que si los humanos hab�an permitido a los lobos regresar al lugar que ya hab�an ocupado anteriormente, con el tiempo tambi�n pod�an habituarse a la presencia de los hombres lobo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Walter encontr� el cad�ver, enfundado en ropa de caza naranja, apoyado en un �rbol. Por su aspecto, hab�a ca�do desde un grupo de rocas junto al que un sendero de caza serpenteaba por el margen de un acantilado no demasiado alto. Pese a tener una pierna rota, hab�a conseguido arrastrarse unos cuantos metros. Probablemente hab�a muerto de fr�o hac�a unos d�as.</p><p>Aquel hombre deb�a de ser la raz�n por la que todos aquellos rastreadores hab�an estado recorriendo los bosques. Deb�a de haberse extraviado, ya que nadie con un poco de sentido com�n saldr�a a cazar por una zona tan alejada de la carretera m�s pr�xima sin alg�n animal de carga. Era un lugar tan apartado de la zona que estaban batiendo, que las posibilidades de que le encontraran estaban en alg�n punto intermedio entre pocas y ninguna. Cuando llegara la primavera quedar�a poco que encontrar.</p><p>Pens� en enterrar el cuerpo pero tendr�a que cavar a trav�s de veinticinco o treinta cent�metros de nieve y otros veinte de suelo congelado. Adem�s, no llevaba ninguna pala. Los pies del hombre eran del mismo tama�o que los de Walter, de modo que le quit� las botas, adem�s de los guantes y la chaqueta, aunque dej� el chaleco naranja. Dejar el arma fue una decisi�n m�s complicada, pero la munici�n era dif�cil de encontrar y no quer�a revelar su posici�n cuando la utilizara.</p><p>Inclin� la cabeza y empez� a recitar una plegaria. No era la m�s adecuada, ya que la �nica que recordaba era la que sol�a entonar de cr�o antes de irse a la cama. Pese a todo, se centr� en ella porque le ayudaba a ignorar a su bestia interior, la cual ve�a al cazador simplemente como carne fresca. Estaba hambrienta, y no le importaba de donde ven�a.</p><p>Estaba terminando la plegaria cuando oy� el aullido del demonio. Not� c�mo un rugido pugnaba por salir de su garganta: el desaf�o a su enemigo. No obstante, logr� contenerlo. Conoc�a el modo en que el mal sol�a acechar� durante un instante regres� a la guerra junto a Jimmy, pasando sigilosamente de una sombra a otra mientras se aproximaban a la tienda de su comandante. Los sollozos de la ni�a atenuaban sus pasos.</p><p>Por un instante vio el rostro de Jimmy tan claramente como si estuviera de nuevo a su lado. Y de repente volv�a a estar en el presente, de pie junto al cad�ver de un hombre; el cuerpo congelado de un hombre al que le hab�a rebanado el cuello con su cuchillo, como hizo con el del oficial al mando hac�a tantos a�os.</p><p>Aquella ni�a nunca le hab�a contado a nadie lo que hab�a ocurrido pese a que �l y Jimmy se hab�an ocultado entre la maleza durante semanas. Tambi�n podr�an haberla matado a ella, pero aquello les habr�a convertido en el monstruo que hab�a sido su comandante. Oficialmente, muri� por el disparo de un francotirador. �l y Jimmy se hab�an re�do con sorna de aquello. Los francotiradores no sol�an utilizar cuchillos.</p><p>Se agach� y recogi� el cuerpo. No pod�a permitir que lo encontraran con una herida de cuchillo en el cuello. Lo llevar�a a alg�n lugar m�s alejado de los senderos habituales.</p><p>Carg� con el cuerpo aproximadamente medio kil�metro y lo dej� con suavidad bajo un matorral de uvas de Oreg�n. Se relami� los labios y not� el sabor de la sangre. Sorprendido, mir� el cuerpo y vio que la herida del cuello estaba limpia, con la piel de alrededor reluciendo ligeramente por la saliva.</p><p>Cogi� un pu�ado de nieve y se limpi� la boca, dividido entre el hambre y las nauseas. Pese a todo, sab�a que no hab�a podido sorber mucho porque el cuerpo estaba congelado.</p><p>Se alej� de all� lo m�s r�pido que pudo sin echar a correr.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>���;Anna?</p><p>Charles termin� de subir la cremallera de los dos sacos de dormir.</p><p>Ella no le respondi�. Se hab�a despojado del anorak y las botas y volvi� a encaramarse a la roca. Estaba descalza, con los calcetines de lana en la mano.</p><p>De haber estado en otro lugar, Charles habr�a cre�do que estaba disfrutando de la vista, pero se encontraban rodeados de �rboles y lo �nico que pod�a ver eran m�s �rboles. De hecho, m�s que contemplar el paisaje, se esforzaba por no mirar los sacos de dormir. En cuanto terminaron de comer, hab�a vuelto a encerrarse en s� misma.</p><p>La temperatura hab�a descendido diez grados tras la puesta de sol, y hac�a demasiado fr�o para que continuara sobre la roca descalza y sin anorak. Puede que fuera una mujer lobo, pero su piel acabar�a por congelase de todos modos.</p><p>Sin embargo, no iba a conseguir que se metiera dentro de los sacos sin recurrir a la fuerza o la coacci�n. �l tambi�n se quit� las botas y guard� los calcetines en la mochila. Extrajo un par de calcetines limpios y los coloc� en el fondo del saco, para que estuvieran calientes a la ma�ana siguiente.</p><p>Hab�a tra�do una manta de repuesto. La sacudi� y le cubri� los hombros con ella. Entonces se acerc� a la roca y se sent� a su lado. Aunque no hab�a mucho espacio, logr� acomodarse junto a ella, hombro con hombro.</p><p>��Mis primos cortejaban a sus mujeres con mantas -le dijo sin mirarla.</p><p>Ella no dijo nada, se limit� a erguir los dedos gordos de los pies y a frot�rselos para que entraran en calor.</p><p>��Se llama manta de atracci�n -dijo �l-. Uno de ellos se acercaba a la chica que estaba cortejando y alargaba lentamente un brazo. -Charles sostuvo una punta de la manta y rode� el hombro de Anna con un brazo-. Y la envolv�a con la manta. Si la chica no le rechazaba, �l se acercaba a�n m�s. -Charles la atrajo hacia �l, y ella se movi� hacia un lado hasta que ambos quedaron completamente cubiertos por la manta.</p><p>���Manta de atracci�n? -Parec�a divertida, aunque su cuerpo segu�a tenso.</p><p>El lobo, pens� �l, pero no del todo. Si no hubiera dedicado toda su atenci�n, probablemente no habr�a percibido el inconfundible olor de su lobo mezclado con el de la fragancia caracter�stica de Anna.</p><p>��Mi hermano Samuel es a�n m�s habilidoso con ella que yo -le dijo �l mientras se mov�a hasta quedar frente a ella, con sus fr�os pies encima de �l.</p><p>Anna respir� profundamente y dej� escapar el aire de una sola vez, formando una densa nube producto de la condensaci�n. Charles not� c�mo su cuerpo empezaba a relajarse.</p><p>��H�blame del apareamiento -dijo ella.</p><p>Charles la abraz� con m�s fuerza.</p><p>��Para m� tambi�n es nuevo.</p><p>���Nunca te has apareado?</p><p>��No. -Respir� su olor corporal y dej� que penetrara en su interior y que le calentara el pecho-. Ya te he contado casi todo. La mayor parte del cortejo es similar al de los humanos. Despu�s se casan y, habitualmente, su lobo la acepta como pareja.</p><p>���Qu� ocurre si no lo hace?</p><p>��Pues que no lo hace. -No sent�a ni la mitad de optimismo de lo que su comentario suger�a-. Cuando te conoc�, hab�a decidido dejar de buscar una pareja. -No pudo evitar sonre�r al recordar el desconcierto que hab�a sentido durante su primer encuentro-. El Hermano Lobo te eligi� como mi pareja en cuanto te vio, y yo solo puedo aplaudir su buen gusto.</p><p>���Qu� habr�a pasado si me hubieras odiado?</p><p>Charles suspir� sobre su cabello.</p><p>��Que no estar�amos aqu�. No me gustar�a acabar como mi padre y Leah.</p><p>����l la odia?</p><p>Charles se encogi� de hombros.</p><p>��No. Me parece. No lo s�. -�C�mo hab�an llegado a aquel tema?-. �l nunca ha dicho nada, ni en un sentido ni en otro. Pero las cosas no van muy bien entre ellos. Una vez me dijo, hace mucho tiempo, que su lobo necesitaba una pareja para remplazar a mi madre.</p><p>��Entonces, �qu� sali� mal? -pregunt� Anna a medida que su cuerpo se apaciguaba pegado al suyo.</p><p>Charles neg� con la cabeza.</p><p>��No tengo intenci�n de hacerle al Marrok esa pregunta y ti sugiero que t� tampoco lo hagas.</p><p>Anna record� otra cosa.</p><p>��Dijiste algo sobre una ceremonia bajo la luna llena.</p><p>��As� es -dijo �l-. Existe una ceremonia bajo la luna para consagrar nuestra uni�n, supongo que una especie de ceremonia matrimonial, aunque algo m�s privada. Cuando eso ocurra, significar� que tambi�n perteneces a la manada de mi padre. � Not� c�mo Anna se tensaba: la ceremonia de la manada, durante la cual se compart�a la carne y la sangre del Alfa, literalmente, pod�a resultar bastante aterradora si no estabas preparado para ella. �Por qu� lo habr�a hecho Leo cuando hab�a hecho mal todo lo dem�s? Decidi� que era algo que pod�an discutir en otro momento, cuando no estuviera intentando relajarla y hacerla bajar de la roca para que se metiera con �l en el saco de dormir-. Si lo prefieres, tambi�n podemos hacer una ceremonia en la iglesia. Podr�as invitar a tu familia.</p><p>Anna gir� la cabeza para poder mirarle a la cara.</p><p>���C�mo sabes que el v�nculo no es completo?</p><p>��Es algo similar a la magia de la manada -le dijo �l-. Algunos lobos casi no pueden sentirla. La magia de la manada es lo que permite a un Alfa recurrir a sus lobos para ser m�s r�pido o curarse m�s deprisa. Lo que permite controlar a los lobos bajo su poder o encontrarlos cuando los necesita.</p><p>Anna se qued� inm�vil.</p><p>���O saciar su ira? Creo que es lo que hizo Isabella: disfrutaba cuando los miembros de la manada se enfrentaban entre ellos.</p><p>��S� -confirm� Charles-. Aunque nunca he visto a mi padre hacer eso. Pero �entiendes lo que quiero decirte?</p><p>��S�. �Qu� el apareamiento es algo parecido?</p><p>��A una escala menor. Var�a seg�n las parejas, a veces es solo una cuesti�n de saber d�nde est� tu compa�era. Mi padre dice que eso es lo �nico que le une a Leah. Para otras es algo m�s. La pareja de uno de los lobos de Oklahoma es ciega, pero cuando est� junto a �l puede ver. Lo m�s habitual son cosas como ser capaz de compartir la fuerza o cualquiera de las otras cosas que un Alfa extrae de su manada.</p><p>Charles se qued� en silencio, esperando su siguiente pregunta.</p><p>��Tengo los dedos de los pies helados -sugiri� poco despu�s.</p><p>��Lo siento -dijo ella, y Charles le acarici� la mejilla con el pulgar.</p><p>Normalmente evitaba el contacto f�sico dado que permit�a al otro acercarse a �l, una cercan�a que no pod�a permitirse si quer�a mantener su empleo como asesino a sueldo de su padre. Pero, como resultado de ello, el Hermano Lobo estaba hambriento. Con Anna, se saltaba las normas habituales. Exist�an razones que lo explicaban: ella era su pareja y no le har�a da�o ni siquiera si su padre se lo ordenaba. Era una Omega y exist�an pocas probabilidades de que se convirtiera en una loba solitaria. Pero la aut�ntica raz�n, admiti� finalmente, era que no pod�a resistirse a la sensaci�n de la piel de Anna contra la suya.</p><p>��Roma no se gan� en un d�a -le dijo �l-. Vamos a dormir. -Y entonces, cuando la not� tensa junto a �l, le dijo-: Hace demasiado fr�o para otras cosas m�s interesantes.</p><p>Anna se qued� inm�vil.</p><p>��No lo dices en serio, �verdad?</p><p>Charles enterr� su fr�a nariz en el cuello de Anna, provocando en ella una risa ef�mera.</p><p>��Est�s mejorando. �Qu� tal si te digo que est�s muy cansada?</p><p>Charles sali� de debajo de la manta y le cubri� los hombros con ella. Entonces la cogi� en brazos y baj� de un salto de la roca, doblando las rodillas para amortiguar la ca�da. Se hab�a olvidado de las heridas; mientras cargaba con ella hasta los sacos de dormir, la pantorrilla empez� a darle punzadas de dolor que ignor� como pudo. El pecho tampoco estaba muy contento con �l, pero cuando Anna se acomod� a su lado bajo los sacos, habr�an hecho falta algo m�s que un par de heridas de bala para hacerle sentir infeliz.</p><p>Anna se durmi� mucho antes que �l.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Se detuvieron en el lago Baree, pero la �nica se�al de que alguien hubiera estado en las proximidades eran las roderas de una moto de nieve que cruzaban las aguas heladas. Era un parque natural, pero tambi�n era Montana. Las motos de nieve no le preocupaban tanto como los motociclistas porque las primeras no deterioraban la vegetaci�n. Hac�a un par de a�os se hab�a topado con dos motociclistas y los hab�a seguido hasta el lago Wanless, a unos treinta kil�metros de la carretera m�s cercana, donde finalmente aparcaron los veh�culos y se pusieron a nadar. A�n se preguntaba cu�nto tiempo tardaron en llegar a la carretera sin las buj�as.</p><p>En invierno, no era f�cil desplazarse del lago Baree al Bear. Con la ayuda de Tag, hab�a se�alado en el mapa una ruta que parec�a viable, pero si resultaba ser demasiado escarpada, encontrar�a otra. Lo �nico que quer�a era que el lobo solitario les viera y les diera caza.</p><p>Pero no pudo sacarse de la cabeza las roderas de la motonieve. La mayor parte de las Cabinets eran demasiado agrestes para circular con ellas. Aunque si solo quer�as llegar al lago Baree y regresar, por ejemplo, para encontrar unas cuantas v�ctimas y que la prensa decidiera que el responsable era un hombre lobo, era una buena opci�n.</p><p>Una manada organizada de renegados, decididos a impedir que Bran revelara la existencia de los hombres lobo, exigir�a un trato muy distinto al de un lobo solitario. Tendr�a presente las motos de nieve y estar�a preparado para enfrentarse a m�ltiples oponentes si era necesario.</p><p>Anna era una buena compa�era. Era evidente que se lo estaba pasando muy bien, pese a la pasajera tensi�n de aquella ma�ana. No se quej� cuando el sendero se hizo exigente y le oblig� a aplicar m�s m�sculo. La mayor parte del tiempo avanzaba en silencio, lo que le permit�a centrar su atenci�n en los otros monstruos del bosque. Dado que de vez en cuando intentaba ser sigiloso, agradeci� que Anna no hablara en exceso. Se hab�a levantado bastante alegre y relajada, y hab�a continuado de ese modo� hasta que llegaron a un valle peque�o y escarpado.</p><p>Charles reconoci� su creciente nerviosismo por el modo en que se reduc�a la distancia entre ambos.</p><p>Cuando se decidi� a hablar, estaba tan cerca de �l que le golpe� accidentalmente la parte trasera de la raqueta con la suya.</p><p>��Lo siento.</p><p>El traspi� le envi� una descarga de dolor por la pantorrilla, pero jam�s se lo hubiera recriminado.</p><p>��Tranquila. �Te encuentras bien?</p><p>Vio c�mo barajaba la posibilidad de mentirle educadamente y c�mo lo descartaba.</p><p>��Esto es un poco espeluznante -dijo finalmente.</p><p>Charles pensaba lo mismo: hab�a una serie de lugares en las Cabinets que trasmit�an aquella sensaci�n. Aunque no estaba muy seguro, le pareci� que aquel lugar era a�n peor de lo habitual; ciertamente peor que la zona monta�osa que hab�an recorrido el d�a anterior.</p><p>El comentario de Anna le hizo inspeccionar m�s detenidamente la zona en la que se encontraban, por si acaso ella hab�a percibido algo que a �l se le hab�a escapado. Pero no vio nada fuera de lo com�n, ni nada m�s amenazador que un precipicio que se elevaba frente a ellos y que sumerg�a con su sombra tanto el valle como los �rboles verdes y negros que crec�an tupidamente a ambos lados. Aunque no descart� la presencia de otro tipo de fuerzas.</p><p>Los esp�ritus de las monta�as no eran muy hospitalarios, no como los <emphasis>Bitterroots </emphasis>o los <emphasis>Pintlers. </emphasis>No aceptaban de buena gana la presencia de intrusos.</p><p>Puede que la actividad de los esp�ritus fuese m�s intensa en aquel valle� o puede que hubiera sucedido algo. Cuanto m�s vueltas le daba, m�s convencido estaba de que era algo m�s que unos simples esp�ritus haciendo travesuras. No estaba seguro de si se deb�a a algo ocurrido hac�a una semana o cien a�os, pero algo oscuro estaba sepultado bajo toda aquella nieve.</p><p>��Eres una mujer lobo -le dijo �l-. No deber�a afectarte tanto.</p><p>Anna dio un resoplido.</p><p>��Nunca tuve miedo de los monstruos, hasta que me convert� en uno. Ahora tengo miedo hasta de mi sombra.</p><p>Charles percibi� el escarnio dirigido a s� misma y le contest� con otro resoplido.</p><p>��Chorradas. Yo� -Respir� profundamente y dej� de hablar, coloc�ndose en la direcci�n del viento para volver a captar el rastro.</p><p>Anna se qued� inm�vil, observ�ndole. Charles esper� hasta que el olor se hizo m�s intenso; a su perseguidor no le preocupaba que pudieran localizarlo.</p><p>���Lo hueles? -le pregunt� �l en voz baja.</p><p>Anna cogi� aire y cerr� los ojos.</p><p>���rboles, la persona que nos prest� la ropa y� -Se puso tensa en cuanto percibi� lo mismo que �l-. Gato. Alg�n tipo de gato. �Una pantera?</p><p>��Casi -le dijo �l-. Un lince, creo. Bastante cabreado pero inofensivo para nosotros.</p><p>��Genial -dijo ella-. �Qu� es�? -En aquella ocasi�n le toc� a ella detenerse-. �Qu� es eso?</p><p>��Un conejo muerto -dijo �l con satisfacci�n-. Empiezas a fiarte de tu olfato. -Volvi� a coger aire y se lo pens� mejor-. Podr�a ser un rat�n, pero probablemente es un conejo. Por eso el lince sigue cerca: le hemos interrumpido la comida.</p><p>Le sorprend�a haber encontrado un lince en aquel lugar: los gatos normalmente se manten�an alejados de las zonas que trasmit�an aquella sensaci�n. �Podr�a haber llegado all� empujado por otro depredador?</p><p>Anna estaba p�lida.</p><p>��Odio que una parte de m� sienta hambre al oler carne cruda.</p><p>No le hab�a molestado oler la sangre de Jack. Aunque no hac�a m�s de una hora que no com�a nada y empezaba a tener hambre. Su cuerpo consum�a calor�as r�pidamente para mantener la temperatura adecuada. Sin embargo, estuviera o no hambrienta, no era el momento de que se alimentara con carne de verdad; ten�a que alejarla de aquel peque�o impulso. De modo que le entreg� una bolsa de galletas de mantequilla de cacahuete y la oblig� a seguir adelante. La mantequilla de cacahuete har�a que empezara a beber de su cantimplora; no estaba seguro de que se estuviera hidratando correctamente.</p><p>Continuaron avanzando hasta dejar atr�s el valle, y tambi�n aquella sensaci�n perturbadora, lo que confirm� su sospecha de que no se trataba de la actividad de los esp�ritus.</p><p>��Hora de comer -dijo �l mientras le pasaba una barrita de cereales y una tira de cecina.</p><p>Anna lo cogi�, apart� casi toda la nieve que cubr�a un �rbol ca�do y se subi� a �l.</p><p>��Todo era normal hasta llegar a ese valle. Ahora me siento cansada y congelada, y solo es la una. �C�mo lo hacen los humanos?</p><p>Charles se sent� junto a ella mientras mascaba su propia cecina; sab�a mucho mejor que el pemmican pese a que no era ni la mitad de energ�tico al carecer de grasa.</p><p>��La mayor�a ni lo intenta, sobre todo en esta �poca del a�o. He impuesto un ritmo m�s fuerte del habitual para salir del valle, por eso est�s m�s cansada. -Frunci� el ce�o-. No has sudado, �verdad? �Tienes los calcetines mojados? He tra�do una muda. Si se te mojan, pueden congelarse, y eso significa que podr�as perder un dedo.</p><p>Anna mene� las raquetas, las cuales colgaban a unos treinta cent�metros del suelo.</p><p>��Pensaba que los hombres lobo �ramos indestructibles e inmortales.</p><p>Algo en su semblante le dijo a Charles que estaba pensando en las palizas que hab�a recibido para intentar que aceptara algo para lo que no se sent�a preparada.</p><p>��Te volver�a a crecer -dijo Charles al tiempo que tranquilizaba al Hermano Lobo, a quien no le gustaba nada ver sufrir a Anna-. Aunque no ser�a muy agradable.</p><p>��De acuerdo. -Y, como quien no quiere la cosa, a�adi�-: Est�n secos.</p><p>��D�melo en cuanto dejen de estarlo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Empezaba a notar el peso de las raquetas. Le dirigi� a Charles una mirada de reproche, sinti�ndose segura porque lo hizo a su espalda. Pese a las heridas de bala, era evidente que no le costaba avanzar. Apenas cojeaba mientras escalaban la vertiente de otra monta�a. Hab�a reducido el ritmo, pero aquello no la ayud� como esperaba. Si no le hubiera prometido que acampar�an en la cumbre de la monta�a por la que avanzaban en aquel momento, probablemente se habr�a desplomado all� mismo.</p><p>��No queda mucho -le dijo �l sin mirar atr�s.</p><p>Era indudable que sus resuellos le indicaban todo lo que necesitaba saber sobre el nivel de su cansancio.</p><p>��En parte es por culpa de la altitud -le dijo �l-. Est�s habituada a m�s ox�geno en el aire y debes respirar m�s a menudo para compensar la diferencia.</p><p>Le estaba ofreciendo excusas, lo que provoc� que su espina dorsal se agarrotara. Iba a terminar aquella ascensi�n aunque le costara la vida. Clav� el borde de la raqueta en la nieve para impulsar su siguiente paso, cuando un grito salvaje reson� a trav�s de los �rboles, eriz�ndole el bello de la nuca mientras el aullido se extend�a por las monta�as.</p><p>���Qu� ha sido eso? -pregunt�.</p><p>Charles la mir� por encima del hombro con una sonrisa sombr�a pintada en el rostro.</p><p>��Hombre lobo.</p><p>���Sabes de donde ha venido?</p><p>��Del este -dijo �l-. Por el tiempo en que ha tardado en llegar el sonido, dir�a que est� a unos kil�metros de aqu�.</p><p>Pese a que no deber�a sentir miedo, no pudo evitar un estremecimiento. Despu�s de todo, ella tambi�n era una mujer lobo, �no? Y hab�a visto a Charles limpiar el suelo con su anterior Alfa pese a haber recibido varios disparos.</p><p>��No te har� da�o -dijo Charles.</p><p>Anna no dijo nada, pero �l la contemplaba fijamente y sus ojos se suavizaron.</p><p>��Si no te gusta que utilice mi olfato para saber lo que sientes, podr�as usar perfume. Suele ser bastante eficaz.</p><p>Anna olfate� el aire pero solo capt� el olor de las personas que le hab�an prestado la ropa a Charles.</p><p>��T� no usas perfume.</p><p>Sonri� abiertamente, sus dientes blancos contra su rostro moreno.</p><p>��Demasiado mariquita para mi gusto. Tuve que aprender a controlar mis emociones. -Entonces elimin� algo de escarcha que hab�a quedado adherida en la rodilla de Anna y a�adi� con pesar-: Hasta que te conoc�.</p><p>Reemprendi� la marcha monta�a arriba, dej�ndola confundida detr�s de �l. �Qui�n era ella para poder afectar de aquel modo a un hombre como �l? �Por qu� ella? �Solo porque era una Omega? De alg�n modo supo que no era solo eso. No con aquel reconocimiento ir�nico a�n en el aire. �l le pertenec�a.</p><p>Solo para asegurarse, se cont� los dedos bajo los guantes. Hac�a solo una semana estaba sirviendo mesas en el Scorci�s, jam�s hab�a o�do hablar de Charles ni sab�a c�mo caminar con raquetas de nieve. Ni siquiera ten�a la remota esperanza de volver a sentir algo al besar a un hombre. Ahora avanzaba por la nieve con una temperatura bajo cero y una sonrisa est�pida en el rostro, dando caza a un hombre lobo, o, mejor dicho, siguiendo a Charles mientras este daba caza a un hombre lobo.</p><p>Extra�o. Y bastante agradable. Y exist�an otros incentivos para seguir a Charles. El paisaje, por ejemplo.</p><p>���Te est�s riendo? -pregunt� Charles con su voz del Sr. Spock.</p><p>La mir� por encima del hombro y a continuaci�n ejecut� uno de aquellos giros complicados y necesarios cuando llevas raquetas de nieve y quieres cambiar de direcci�n. Se quit� un guante y le toc� la nariz, justo donde sab�a que se congregaban m�s pecas. Sus dedos se movieron hasta recorrer el hoyuelo de su mejilla izquierda.</p><p>��Me gusta verte feliz -le dijo �l con la mirada fija en ella.</p><p>La mirada detuvo su risa, pero no la c�lida y confusa sensaci�n en su est�mago.</p><p>���De verdad? -dijo ella socarronamente-. Entonces dime que esta ha sido la �ltima pendiente y que este lugar tan plano en el que estamos ahora es donde vamos a acampar y que no tengo que dar un paso m�s por hoy.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna le contemplaba como un gato frente a una tarta, y �l no ten�a ni la menor idea de por qu� lo hac�a. No estaba habituado a aquello. Se le daba muy bien interpretar las intenciones de la gente, maldita sea. Ten�a mucha experiencia, y el Hermano Lobo sol�a tener mucha empat�a. Pese a todo, no ten�a ni idea de por qu� continuaba mir�ndolo con aquella risita secreta bailando a�n en sus ojos.</p><p>Se inclin� hasta que pudo apoyar la cabeza contra su gorro de lana y cerr� los ojos, disfrutando de su olor y dejando que su calor corporal se extendiera hasta su coraz�n. Su olor liber� las ataduras que lo maniataban y le recorri� todo el cuerpo como el humo de un narguile.</p><p>Ni rastro del olor humano en ellos, pero, al estar completamente absorto en ella, no pudo evitar dejarse ir.</p><p>No obstante, tendr�a que haberlo o�do. U olido. Algo.</p><p>En un segundo pas� de estar junto a Anna a estar bocabajo sobre la nieve con algo a su espalda -un hombre lobo, concluy� demasiado tarde su olfato- y Anna debajo.</p><p>Unos colmillos se clavaron en la dura tela de su chaqueta y le desgarraron la mochila. Ignor� al hombre lobo por el bien de Anna y levant� todo su peso (y el del otro hombre lobo) para permitir que ella saliera de debajo de su cuerpo, pese a saber que probablemente ser�a una decisi�n fatal.</p><p>Anna sali� a rastras con la misma rapidez con que lo hubiera hecho el ayudante de un mago. Sin embargo, no hizo caso a su orden que la conminaba a salir corriendo.</p><p>El lobo atacante no pareci� reparar en su presencia. Estaba tan ocupado desgarrando la mochila de Charles que no prestaba atenci�n a nada m�s. Charles concluy� que se trataba de un lobo fuera de control tras comprobar que no soltaba su objetivo inicial pese a existir otro peligro m�s urgente. Aunque tampoco se quejaba por ello.</p><p>La forma humana de Charles era un poco m�s fr�gil que la del lobo, pero casi igual de fuerte. Sin Anna debajo de �l, no tard� ni medio segundo en rasgar las correas de las raquetas y liberar sus pies.</p><p>A ambos lados volaron paquetes de aluminio como el confeti en una boda: comida liofilizada. Indudablemente, a Samuel se le habr�a ocurrido algo gracioso en aquella situaci�n: <emphasis>veamos qui�n de los dos acaba siendo la comida fr�a.</emphasis></p><p>Gru�endo por el esfuerzo, Charles estir� las piernas con toda la velocidad y poder que pudo reunir y, aquel movimiento, unido al peso del otro hombre lobo desgarr� definitivamente la tela de la chaqueta y la mochila de Charles. Sujet�ndose �nicamente a la tela, el lobo cay� de espaldas mientras esta se desgarraba; una patada y el lobo se desplaz� trescientos metros por el aire. No lo suficientemente cerca pero tampoco demasiado lejos. Qued� entre Charles y Anna; m�s cerca de ella.</p><p>Mientras se deshac�a de los �ltimos restos de su mochila -desgarrando despiadadamente cualquier cosa que amenazara con limitar sus movimientos-, Charles reflexion� sobre la extra�a naturaleza del ataque. Ni siquiera un lobo solitario fuera de control habr�a permitido que una simple mochila le impidiera alcanzar su objetivo. Charles hab�a recibido una dentellada o un zarpazo en alg�n lugar de su cuerpo, pero aparte de eso estaba completamente ileso.</p><p>El lobo se puso en pie pero no hizo ning�n adem�n de atacar. Estaba asustado. El olor de su miedo inund� el aire mientras clavaba sus ojos en los de Charles, desafi�ndolo.</p><p>No obstante, se qued� donde estaba, entre Charles y Anna. Como si estuviera protegi�ndola.</p><p>Charles entorn� los ojos e intent� ubicar al lobo; hab�a conocido a muchos durante su vida. Gris sobre gris era demasiado com�n, aunque estaba a�n m�s delgado que el lobo de Anna, casi cadav�rico. Su olor no le resultaba familiar. Tampoco ol�a a manada, sino m�s bien a abetos, cedros y granito; como si nunca se hubiera dado un ba�o con jab�n o champ� o alg�n otro de los productos de la vida moderna.</p><p>���Qui�n eres? -pregunt� Charles.</p><p>���Qui�n eres? -repiti� Anna, y el lobo la mir� a ella.</p><p>Con los ojos encendidos, igual que Charles. Cuando hac�a aquello, pod�a contener a cualquier lobo que quisiera de un modo tan eficaz a como lo hac�a Bran, aunque este lo consegu�a simplemente con la fuerza de voluntad. Anna hac�a que desearas acurrucarte a sus pies para deleitarte con la paz que trasmit�a.</p><p>Charles percibi� el momento en que el lobo se dio cuenta de que no hab�a ning�n humano al que proteger. Oli� el aumento de su ira y su odio, y c�mo estos se desvanec�an al alcanzar a Anna, dejando tras de s� solo desconcierto.</p><p>El lobo huy� al trote.</p><p>���Te encuentras bien? -pregunt� Charles mientras se quitaba la ropa lo m�s r�pido que pudo. Podr�a haber utilizado la magia para hacerlo, pero no quer�a arriesgarse a agotarla para aquello cuando m�s tarde pod�a resultarle m�s �til. El maldito vendaje que le cubr�a las costillas era resistente, y le doli� cuando lo hizo jirones con las u�as a medida que estas se alargaban. Un fragmento de correa de la raqueta se hab�a enredado con el cord�n de una bota. Parti� el cord�n por la mitad.</p><p>��Estoy bien.</p><p>��No te muevas de aqu� -le orden� mientras permit�a que el Hermano Lobo fluyera a trav�s de �l y le dejara sin habla.</p><p>Se estremeci� cuando su otra forma vino acompa�ada de la llamada de la caza y a cada minuto que pasaba su forma humana se iba alejando.</p><p>��Aqu� estar� -le dijo ella, y, a medida que la forma del lobo se asentaba y solidificaba, m�s palabras flu�an a trav�s de �l-. No le hagas da�o.</p><p>Asinti� antes de desaparecer en el bosque. En aquel viaje no iba a tener que matar a nadie. Con la ayuda de Anna, conseguir�a salvar a aquel lobo solitario.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>En cuanto Charles se march�, Anna empez� a temblar, como si alguien le hubiera quitado el anorak y la hubiera dejado desnuda en medio del hielo y la nieve. Mir� a su alrededor nerviosa mientras se preguntaba por qu� las sombras de los �rboles le parec�an s�bitamente m�s profundas. Los abetos, que un instante antes eran simples �rboles, ahora parec�an abalanzarse sobre ella con una amenaza silenciosa.</p><p>��Soy un monstruo, maldita sea -dijo en voz alta.</p><p>A modo de respuesta, el viento dej� de soplar y se impuso el silencio; un silencio denso y pesado que parec�a tener vida propia, aunque nada se movi� ni produjo ning�n sonido. Incluso los peque�os p�jaros, los carboneros y trepadores azules, permanec�an inm�viles.</p><p>Anna mir� fijamente los �rboles y se tranquiliz�. Aunque la sensaci�n de que alguien la estaba observando no dejaba de aumentar. Su olfato le dec�a que no hab�a nada, pero tampoco hab�a detectado la presencia del lobo que se les hab�a echado encima. Ahora que este se hab�a escabullido, sus sentidos continuaban completamente alerta. Algo realmente �til.</p><p>Sin embargo, al pensar en el lobo, record� la extra�a sensaci�n que le hab�a invadido hac�a unos instantes, como si pudiera ver directamente su alma a trav�s de aquella piel tan extra�a, sentir su sufrimiento, sus necesidades. Hab�a extendido la mano y le hab�a preguntado su nombre; una parte de ella estaba convencida de que se acercar�a y le responder�a.</p><p>Cuando, en lugar de eso, hab�a huido, aquel extra�o convencimiento la abandon�. No pod�a precisar la mayor parte de los sentimientos que le hab�a trasmitido el lobo; se sent�a como una ciega viendo los colores por primera vez. Aunque estaba bastante segura de que hab�a atacado para protegerla, y que hab�a hecho todo lo posible por no herir a Charles.</p><p>Algo la estaba observando. Olfate� el aire pero �nicamente reconoci� los olores habituales del bosque.</p><p>Recorri� el per�metro del claro, pero no detect� nada ni con los ojos, ni con el o�do, ni con el olfato. Decidi� volver a intentarlo pero tuvo la misma suerte. Una tercera vez no iba a servir de mucho. Ten�a que calmarse, porque si no acabar�a saliendo en busca de Charles completamente aterrorizada. S�, aquello le impresionar�a mucho.</p><p>Aunque tampoco hab�a hecho nada hasta ahora para impresionarle.</p><p>Cruz� los brazos sobre el est�mago, justo donde se le hab�a empezado a formar un nudo por alg�n tipo de emoci�n que no pod�a ni quer�a precisar. Rabia, probablemente.</p><p>Hab�a resistido durante tres a�os porque, por muy mal que sonara, necesitaba a la manada. Era una exigencia visceral sin la cual su lobo no pod�a subsistir. De modo que les hab�a permitido que le arrebataran todo su orgullo y que Leo controlara su cuerpo para hacerla circular entre sus lobos como una puta.</p><p>Por un instante pudo oler el aliento de Justin en su cara, el peso de su cuerpo sujetando el suyo, el dolor en las mu�ecas y la presi�n en la nariz, que le hab�a roto con un golpe preciso de su mano extendida.</p><p>La sangre le resbal� por el labio, cay� sobre su nuevo anorak y salpic� la nieve. Sorprendida, se llev� la mano a la cara. Pese a que segundos antes hab�a notado que le sangraba como la noche que le golpeara Justin, no le pasaba nada.</p><p>Pero la sangre segu�a all�.</p><p>Se agach�, cogi� un pu�ado de nieve y la presion� contra la nariz hasta sentir un agradable hormigueo. Se llev� la mano a la nariz y aquella vez no hab�a ni rastro de sangre en su mano, por lo que concluy� que hab�a dejado de sangrar. La pregunta era: �por qu� hab�a empezado a hacerlo? �Y por qu� se hab�a acordado de Justin?</p><p>Tal vez, pens�, la hemorragia nasal ten�a que ver con la altitud. Charles lo sabr�a. Cogi� un poco m�s de nieve limpia y se frot� la cara con ella, as� como una parte manchada de la mochila. Se toc� la nariz y comprob� que sus dedos estaban limpios. Fuera cual fuese la causa, la hemorragia se hab�a detenido. Restreg� los manchurrones del anorak pero lo �nico que consigui� fue extender a�n m�s la sangre.</p><p>Con un suspiro, busc� un lugar donde guardar la ropa manchada. Se hab�a quitado la mochila cuando empez� a inspeccionar el claro. Estaba ilesa, rodeada de sobres de aluminio esparcidos formando extravagantes dibujos sobre la nieve, junto a los restos de la mochila de Charles.</p><p>T�pico de los hombres, pens� con cierta exasperaci�n, dejar que la mujer se encargue de recoger el desorden.</p><p>Junt� la ropa dispersa de Charles y la sacudi� para eliminar la nieve. La guard� en su mochila y empez� a colocar sobre ella los sobres de comida liofilizada. Con un poco de orden, pudo guardar la mayor parte de la comida que no hab�a sufrido desperfectos en su mochila, pero no hab�a forma de rellenarla con nada m�s. Contempl� con frustraci�n los restos de la mochila de Charles, el saco de dormir y las raquetas.</p><p>Si no se encontraran en mitad de un parque nacional, no le habr�a preocupado tanto, pero all� no pod�an dejar nada tras ellos. Observ� con detenimiento la mochila hecha jirones. El fusil tambi�n hab�a sufrido da�os. Aunque no sab�a mucho de armas, sospechaba que para funcionar har�a falla que el ca��n estuviese recto.</p><p>No obstante, tuvo suerte al encontrar bajo los restos de la mochila la tela aislante sobre la que hab�an dormido aquella noche.</p><p>Oli� algo al agacharse para extender la dura tela sobre la nieve. Hizo todo lo posible por no reaccionar al olor mientras recog�a los restos del ataque y los apilaba en el centro. Todo menos el fusil. Pese a estar torcido, continuaba siendo tranquilizadoramente s�lido.</p><p>Fuera quien fuese quien la observaba, se manten�a completamente inm�vil: un humano, no un hombre lobo.</p><p>Termin� haciendo un fardo con la tela que ser�a f�cil de transportar. Cuando Anna traslad� el improvisado bulto junto a su mochila, oy� c�mo su observador sal�a de entre los �rboles, a su espalda.</p><p>��Parece que tienes un peque�o problema entre manos -dijo una voz agradable-. �Te has topado con un oso?</p><p>Parec�a bastante agradable. Anna se dio la vuelta para mirar a la mujer que hab�a salido del bosque tras haber estado observ�ndola durante un tiempo sospechosamente largo.</p><p>Como Anna, llevaba raquetas de nieve, aunque tambi�n se ayudaba con unos palos de esqu�. Unos ojos marrones la observaban por debajo de un gorro, pero el resto de su rostro permanec�a oculto tras una bufanda de lana. Bajo el gorro gris, unos rizos morenos se precipitaban sobre sus hombros.</p><p>Anna respir� profundamente pero su olfato le dijo que era humana. �Ser�a tan pobre el o�do de un humano para confundir la lucha entre dos hombres lobo con el ataque de un oso? No ten�a ni la m�s remota idea.</p><p>��Un oso, eso es. -Anna sonri� para intentar disimular el tiempo que hab�a tardado en responder-. Lo siento, a�n estoy un poco aturdida, y tampoco me siento muy a gusto con la Madre Naturaleza en plena acci�n. S�, un oso. Lo hemos ahuyentado, y entonces nos hemos dado cuenta de que se hab�a llevado una de� -�Qu� pod�a ser tan vital para que un humano saliera detr�s de un oso?-� las mochilas. En la que guard�bamos el mechero.</p><p>La otra mujer ech� la cabeza para atr�s y solt� una risotada.</p><p>���No es eso lo que siempre ocurre? Me llamo Mary Alvarado. �Qu� haces aqu� en mitad del invierno si no est�s habituada a la alta monta�a?</p><p>��Me llamo Anna� Cornick. -De alg�n modo le pareci� que lo mejor era utilizar el apellido de Charles. Anna mir� a Mary Alvarado con otra sonrisa ir�nica-. No hace mucho que nos hemos casado. T� tambi�n debes de estar buscando al cazador, �verdad? Nos dijeron que no encontrar�amos a nadie tan lejos. Puede que yo sea una novata, pero mi marido est� curtido en estos lances.</p><p>��Soy del servicio de emergencias -le dijo Mary.</p><p>���No se supone que deb�is ir en parejas? -pregunt� Anna.</p><p>No estaba segura de aquello, pero parec�a lo m�s l�gico. Heather y Jack trabajaban juntos.</p><p>Mary se encogi� de hombros.</p><p>��Mi compa�era est� por aqu� cerca. Hemos discutido y se ha largado enfurru�ada. Pero se le pasar� pronto y dejar� que la atrape. -Sonri� de forma intrigante-. Tiene muy mal humor.</p><p>La mujer dio un paso en direcci�n a Anna, pero se detuvo de golpe y mir� a su alrededor. Anna tambi�n lo percibi�: un poderoso viento maligno soplando entre los �rboles.</p><p>Algo emiti� un rugido.</p></section><section><title><p id="_Toc233648888">Cap�tulo 9</p></title><p>Asil podaba rosas muertas en su invernadero. Pese a no ser ni la mitad de hermosas que las de Espa�a, resultaban una mejora considerable respecto a las flores que hab�a adquirido en un principio. Sus rosas espa�olas hab�an sido el resultado de siglos de cuidadoso cultivo. Cuando tuvo que abandonarlas, no pens� mucho en ello, pero ahora lamentaba su p�rdida.</p><p>Aunque no tanto como perder a Sarai.</p><p>Confiaba en que alguien se hubiera encargado de ellas, pero el estado en que hab�a dejado su propiedad habr�a significado casi con toda seguridad la muerte de las flores antes de que alguien decidiera qu� hacer con la finca. Aun as�, hab�a estado intercambiando tallos y cepas con otros aficionados de las rosas durante d�cadas antes de verse obligado a huir, de modo que su trabajo no hab�a sido completamente en vano. En alg�n lugar del planeta probablemente florecer�an los descendientes de sus rosas. Tal vez si Bran le permitiera vivir unos cuantos a�os m�s, podr�a viajar para encontrarlas.</p><p>Alguien golpe� con los nudillos suavemente en la puerta interior y a continuaci�n la abri� sin esperar respuesta. Ni siquiera se molest� en levantar la vista. Sage hab�a estado invadiendo su invernadero pr�cticamente desde que lo construy�, tiempo atr�s habr�a hecho pedazos a cualquiera que osara interrumpir su soledad. No obstante, pegar a Sage ser�a tan gratificante como pegar a un cachorro: lo �nico que conseguir�a seria sentirse como un maltratador.</p><p>���Hola? �Hola? -llam� Sage, aunque su olfato le dec�a exactamente donde se encontraba.</p><p>Era su forma habitual de aparecer. Asil cre�a que lo hac�a para asegurarse de que aquel d�a no se sent�a especialmente dado a la reclusi�n. Hab�a tenido un par de d�as como aquellos tras instalarse en Aspen Creek. Cuando Sage empez� a visitarle, se hab�a preguntado si en realidad el Marrok la enviaba para comprobar si segu�a lo suficientemente sano como para dejar que continuara viviendo. De ser as�, solo lo hac�a por prudencia, y a Asil hac�a tiempo que hab�a dejado de importarle.</p><p>��Estoy aqu� -dijo �l sin molestarse en subir la voz.</p><p>Le habr�a o�do aunque lo hubiera dicho en un susurro, y ya no le apetec�a aparentar que era humano.</p><p>No levant� los ojos de su trabajo cuando ella se acerc� y se coloc� a su espalda. Sus est�ndares de belleza hab�an evolucionado a lo largo de los a�os, pero aunque no lo hubiesen hecho, Sage habr�a despertado el deseo en �l.</p><p>Sarai a menudo le hab�a golpeado sonoramente en la cabeza por mirar a otras mujeres, aunque sab�a que no era capaz de descarriarse. Ahora que ya no estaba, apenas miraba a ninguna. El hecho de flirtear no le parec�a una deslealtad a su pareja fallecida, pero hab�a descubierto que echaba demasiado en falta sus recriminaciones. Aunque, por supuesto, ante la posibilidad de irritar al sosegado Charles, hab�a dejado de lado con satisfacci�n todos aquellos recuerdos.</p><p>��Hola, Asil. Te est�s riendo, �se ha muerto alguien? -Evidentemente no esperaba que contestara a aquello, de modo que continu�-: �Quieres que te ayude en algo?</p><p>��Estoy podando las flores marchitas -le dijo pese a que pod�a verlo por s� misma.</p><p>A veces se mostraba muy impaciente con todo aquello: conversaciones sin sentido que reproduc�an otras que hab�a tenido cientos, miles de veces. Tambi�n le cansaba la gente con la que deb�a tratar los mismos temas una y otra vez.</p><p>Se pregunt� c�mo consegu�a Bran mantener aquel aspecto de sincero inter�s ante los insignificantes problemas de su gente. <emphasis>Aun as�, </emphasis>pens� Asil con cierta perplejidad amarga y autoimpuesta, <emphasis>no debo de estar tan cansado de la vida cuando me agarr� con todas mis fuerzas a la oportunidad que me ofreci� Bran.</emphasis></p><p>Sage respondi� a su silencio con una alegr�a implacable. Era una de las cosas que m�s le gustaban de ella, el hecho de que jam�s tuviera que disculparse por sus vol�tiles estados de �nimo.</p><p>Cuando Sage se quit� la chaqueta y se coloc� justo a su derecha para empezar con la siguiente fila de arbustos, supo que estaba dispuesta a escucharle. Si no hubiera sido as�, habr�a empezado por el otro extremo del invernadero, donde no interrumpir�a su trabajo.</p><p>���Qu� opinas de la pareja de Charlie? -pregunt� ella.</p><p>Asil emiti� un gru�ido. Hab�a sido una estupidez provocar al chico de Bran, pero no hab�a podido evitarlo: no era habitual pillarlo con la guardia baja. Y Anna le recordaba mucho a Sarai; no en el aspecto f�sico -Sarai era tan morena como �l- pero ambas trasmit�an la misma serenidad interior.</p><p>��Bueno, a m� me cae bien -dijo Sage-. Teniendo en cuenta el modo en que abus� de ella su antiguo Alfa, tiene m�s entereza de la que podr�a esperarse.</p><p>Asil mostr� cierta conmoci�n.</p><p>���Abus� de una Omega?</p><p>Sage asinti�.</p><p>��Durante a�os. Supongo que Leo era todo un personaje. Mat� a la mitad de su manada o dej� que su pareja desequilibrada lo hiciera por �l. Incluso orden� a uno de sus lobos que forzara la Transformaci�n de Anna. Lo que no entiendo es por qu� Charles no masacr� a toda la manada: ninguno de ellos hizo nada por protegerla. �Costaba tanto coger el tel�fono y llamar a Bran?</p><p>��Si Leo se lo prohibi�, no pod�an hacerlo -dijo Asil distra�do. �l hab�a conocido a Leo, el Alfa de la manada de Chicago, y le hab�a ca�do bien-. A menos que fueran tan dominantes como Leo, lo que es bastante improbable.</p><p>Leo hab�a sido un Alfa poderoso, y, habr�a puesto la mano en el fuego, un hombre honorable. Tal vez Sage estuviera equivocada. Asil cort� unas cuantas rosas con las puntas marchitas y le pregunt�:</p><p>���Sabes por qu� hizo Leo todas esas cosas?</p><p>Sage levant� la vista de su tarea.</p><p>��Supongo que la edad hab�a desquiciado a su pareja. Mat� a todas las hembras de la manada por celos, y despu�s convirti� a unos cuantos hombres atractivos, solo por diversi�n. Parece ser que Leo confiaba en que una Omega en la manada tranquilizara a su inestable pareja. Y funcion�, m�s o menos. Para mantener a Anna controlada hizo que la maltrataran.</p><p>Asil se detuvo mientras un escalofr�o le recorr�a la espalda. Cuando se hablaba de una hembra sin pareja en el seno de una manada, el t�rmino �maltrato� era algo extremadamente perturbador, mucho peor que �abuso�. La definici�n de �abuso� en aquella �poca difer�a considerablemente del predominante durante la primera parte de su vida. El t�rmino �maltrato� no hab�a cambiado tanto.</p><p>���C�mo la maltrataron? -pregunt� con voz ronca al recordar s�bitamente la extra�a ira que hab�a reconocido en Charles.</p><p>Una imagen fugaz acudi� a su mente: el semblante de Anna por encima del hombro de Charles. �Estaba asustada?</p><p>Se arrepinti� por su afici�n a crear problemas. �Qu� hab�a hecho?</p><p>Sage introdujo los dedos en la tierra. Era evidente que estaba recordando el brutal ataque del que ella hab�a sido v�ctima y que hab�a propiciado que buscara refugio en Aspen Creek unos a�os antes de su llegada. Tambi�n deber�a disculparse por eso. <emphasis>Torpe, torpe, Asil.</emphasis></p><p>���Qu� crees t� que le <emphasis>hicieron? </emphasis>-dijo ella finalmente con la voz te�ida por el dolor.</p><p><emphasis>��Por Al� </emphasis>-dijo Asil suavemente.</p><p>Jam�s hab�a conseguido desquiciar a Charles de aquel modo. Y hab�a dejado que aquella pobre criatura se enfrentara a las consecuencias tras creer que todos los Omega eran capaces de tranquilizar a su pareja. No se hab�a dado cuenta de que Anna hab�a pasado por una situaci�n muy traum�tica. Estaba claro que Bran deber�a haberle matado hace mucho tiempo.</p><p>���Qu� ocurre?</p><p>��Tengo que hablar con Charles -dijo Asil soltando el cuchillo y poni�ndose en pie.</p><p>Se estaba haciendo demasiado viejo y complaciente, y aquello le hac�a creer a menudo que lo sab�a todo. Hab�a pensado que el chico estaba esperando a que se curaran sus heridas para consumar el v�nculo, cuando, en realidad, lo que estaba haciendo era intentar darle a la chica un poco m�s de tiempo.</p><p>El hecho de que Charles hubiera venido aquella ma�ana para preguntarle sobre los Omegas pod�a significar que algo iba mal� y, tras comprender aquello, se dio cuenta de que Charles no se hab�a referido a Sarai cuando se interes� por las consecuencias de la tortura en una Omega. Se refer�a a Anna.</p><p>��Ahora mismo es un poco complicado hablar con Charles -dijo Sage fr�amente-. Se ha ido con Anna a perseguir a un lobo solitario en las Cabinets. All� no tienen cobertura.</p><p>���Las Cabinets? -Frunci� el ce�o al recordar la cojera que Charles hab�a intentado disimular durante el funeral del d�a anterior. Aunque aquella ma�ana parec�a estar en mejor estado, Asil hab�a percibido cierta rigidez en sus movimientos-. Est� herido.</p><p>��Mmm. -Sage asinti�-. He o�do que le dispararon en Chicago. Balas de plata. Pero hay un lobo solitario suelto que est� atacando a gente. Ha matado a uno y ha herido a otro en menos de una semana. El compa�ero de Heather Morrell es el que result� herido. Si queremos que la prensa no intervenga, debemos capturar al lobo lo antes posible, para que no haga da�o a nadie m�s. Y �a qui�n m�s puede enviar Bran para seguirle el rastro? Samuel no es el m�s adecuado, y adem�s esta ma�ana ha salido para Washington. Seg�n parece, a Bran le preocupa que pueda tratarse de un ataque orquestado por los lobos europeos. Si causan suficientes problemas, puede que Bran reconsidere la decisi�n de hacer p�blica la existencia de los hombres lobo. De modo que necesita un lobo dominante.</p><p>Hac�a mucho tiempo que a Asil hab�a dejado de sorprenderle el hecho de que Sage supiera tanto sobre lo que ocurr�a en la manada del Marrok.</p><p>��Podr�a haberme enviado a m� -dijo Asil, aunque sin prestar demasiada atenci�n a sus propias palabras.</p><p>Era una buena noticia que Anna hubiera ido con Charles. Significaba que su provocaci�n no hab�a causado un da�o irreparable.</p><p>Sage le mir� fijamente.</p><p>���A ti? �En serio? Asist� a tu actuaci�n de ayer en la iglesia.</p><p>��Podr�a haberme enviado a m� -repiti� Asil.</p><p>Sab�a que Sage estaba empezando a sospechar que su locura era fingida. Bran probablemente pensara lo mismo, ya que no le hab�a matado pese a sus repetidas peticiones: quince a�os de �todav�a no�. Era una l�stima que tanto Sage como Bran estuvieran tan equivocados. Su locura era algo sumamente sutil que pod�a provocar la muerte de todos ellos cuando menos lo esperaran.</p><p>Asil era un peligro para todos los que le rodeaban, y si no fuera un cobarde habr�a obligado a Bran a enfrentarse al problema en cuanto lleg� a Aspen Creek, o cualquier otro d�a desde entonces.</p><p>Al menos podr�a haberse encargado del lobo solitario; a Bran le deb�a eso y mucho m�s.</p><p>��No creo que las heridas de Charles fueran muy importantes -dijo ella en tono conciliador.</p><p>De modo que Charles hab�a logrado ocultar a Sage la aut�ntica gravedad de sus heridas. Aunque �l no se hab�a dejado enga�ar. Hac�a falta mucho para que el <emphasis>viejo lobo </emphasis>se moviera con tantas dificultades en el funeral, delante de tanta gente.</p><p>Asil respir� profundamente. Charles era un tipo duro, y conoc�a las Cabinets mejor que nadie. Pese a estar herido, un lobo solitario no ser�a contrincante para �l. Todo ir�a como la seda. La pr�xima vez que los viera se asegurar�a de disculparse ante ambos. Confiaba en no haber provocado ning�n da�o irreparable con su acoso. Se hab�a sentido tan celoso. La paz que Anna promet�a le hab�a hecho recordar�</p><p><emphasis>Ah, Sarai, estar�as tan decepcionada.</emphasis></p><p>���Te encuentras bien?</p><p>Asil volvi� a arrodillarse y a coger las cizallas.</p><p>��S�.</p><p>Pero �por qu� enviar�an los europeos solo un lobo? Tal vez no eran ellos. Quiz� Charles necesitara ayuda.</p><p>Suspir�. Le deb�a una disculpa al chico. Una disculpa que no pod�a esperar. Si supiera desde donde hab�an salido, podr�a rastrear a Charles y asegurarse de que no hab�a hecho un da�o irreparable al v�nculo entre �l y su pareja.</p><p>��Tengo que hablar con Bran -dijo.</p><p>Volvi� a dejar las cizallas en el suelo y sali� por la puerta como una exhalaci�n, cerrando tras �l la puerta del invernadero.</p><p>Cuando dej� atr�s la sala de despresurizaci�n, el aire helado lo envolvi� como el manto de la reina del invierno. El contraste entre el exterior y el aire artificialmente c�lido y h�medo del invernadero le oblig� a jadear antes de que sus pulmones se aclimataran. Sage sali� poco despu�s mientras se pon�a la chaqueta, pero Asil no la esper�.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>��No estoy seguro<emphasis/>de que sean los europeos -le dijo Bran con calma despu�s de que Asil le expresara en t�rminos poco diplom�ticos su opini�n sobre la decisi�n de enviar a un convaleciente Charles tras la pista de un enemigo desconocido-. Lo m�s probable es que sea un lobo solitario. Las Cabinets son un lugar aislado y muy atractivo para alguien que desea huir de lo que se ha convertido. Incluso si es obra de los europeos, solo hay un lobo. Si fueran dos, Heather no habr�a podido escapar del que les atac�.</p><p>Se detuvo, pero Asil se limit� a cruzarse de brazos y hacerle saber mediante el lenguaje corporal que segu�a creyendo que Bran se hab�a comportado como un est�pido.</p><p>Bran sonri� y puso los pies sobre la mesa de su despacho.</p><p>��No lo he enviado solo. Incluso si son dos o tres lobos, Charles y Anna se las apa�ar�n. Si fueran m�s de tres los hubiera detectado en cuanto se acercaron tanto a Aspen Creek.</p><p>Aquello ten�a sentido. Entonces �por qu� sent�a aquel temor creciente? �Por qu� todos sus instintos le dec�an que enviar a Charles tras aquel lobo era una estupidez? �Y en qu� momento hab�a dejado de preocuparse por Charles para hacerlo por el objeto de su persecuci�n? Por el hombre lobo al que persegu�an.</p><p>���Qu� aspecto tiene ese lobo?</p><p>Cambi� el peso de su cuerpo de un pie al otro pero no se molest� en controlarse. Estaba demasiado ocupado reflexionando sobre todo aquello.</p><p>��Como un pastor alem�n -dijo Bran-. Color canela con motas blancas y una franja negra en el lomo, con algo de blanco en las patas delanteras. Las descripciones del estudiante y de Heather coinciden.</p><p>La puerta del estudio de Bran se abri� y Sage entr� como una exhalaci�n.</p><p>���Ha�? Veo que est� aqu�. �Qu� ocurre?</p><p>��Nada -dijo Bran amablemente-. Asil, vuelve a casa. Quiero que descanses. Te avisar� en cuanto sepa algo.</p><p>Asil pas� junto a Sage sin reparar en ella. Hab�a dejado de estar preocupado por Charles. Aquel tipo de pelaje era com�n en los pastores alemanes, pero no en los hombres lobo.</p><p>Sarai hab�a sido as�: canela y marr�n oscuro con una franja negra en la espalda. Con la pata delantera izquierda blanca.</p><p>Demasiado enfadado para controlar su fuerza, parti� la manija de la puerta de su coche y tuvo que entrar en �l por la puerta del pasajero. No recordaba el camino hasta su casa; solo sent�a la urgente necesidad de ocultarse, m�s imperiosa que la necesidad de obedecer a su Alfa.</p><p>No se molest� en aparcar el coche; aquella noche tendr�a que soportar los elementos, como �l. Fue a su dormitorio y abri� el armario. Descolg� la percha con su camisa favorita, deshilachada por el uso y el tiempo. Ya no ol�a a Sarai, ni siquiera para su olfato, pero hab�a tocado su piel y era lo �nico que le quedaba de ella. La puso sobre el coj�n y se meti� en la cama, frotando la mejilla contra la camisa. Por fin hab�a sucedido, pens�. Estaba loco. No pod�a ser Sarai. En primer lugar, jam�s habr�a matado a nadie sin un motivo. Y en segundo, estaba muerta. �l mismo la hab�a encontrado, unos d�as despu�s de morir. Hab�a recogido su pobre cuerpo y lo hab�a lavado. Lo hab�a quemado con sal y agua bendita. Al saber qui�n la hab�a matado, quer�a eliminar toda posibilidad de que le devolviera la vida, pes� a que ni la familia de Mariposa ni la bruja a la que la hab�an enviado para adiestrarla pertenec�an al tipo de brujas que juegan con la muerte.</p><p>No, no era Sarai.</p><p>Le dol�a el est�mago, la garganta, y los ojos le ard�an por culpa de las l�grimas� y por la vieja ira que corr�a por sus venas. Deber�a haber matado a la bruja, pero, en lugar de eso, hab�a huido. Mientras la asesina de su esposa segu�a con vida, �l hab�a huido porque le ten�a pavor a lo que se hab�a convertido Mariposa. Se hab�a sentido aterrorizado de la bruja que le persegu�a, como hab�a perseguido a Sarai.</p><p>Aunque, cuando no pudo seguir huyendo, cuando comprendi� que el tiempo no iba a acabar con ella como deber�a hacerlo, se hab�a refugiado all�. Para morir y regresar finalmente junto a su adorada esposa. Sin embargo, dej� que el Marrok y, m�s tarde, sus rosas le convencieran para que esperara.</p><p>Y ahora le hab�a encontrado. Tal vez hubiera dejado de buscarle al hacerse m�s poderosa con cada nuevo a�o hasta que lleg� un punto en que dej� de necesitarle. Tal vez el poder del Marrok le proteg�a, como proteg�a al resto de la manada.</p><p>Mientras segu�a jadeando en la cama, la convicci�n de que hab�a llegado su hora se hizo cada vez m�s evidente. Dobl� la camisa con sumo cuidado sobre la almohada y regres� r�pidamente a la puerta principal. Aquella vez convencer�a a Bran.</p><p>Pero no pudo abrir la puerta, ni siquiera pudo tocar el pomo. Rugi� de rabia, pero aquello no cambiaba nada. No pod�a desobedecer a Bran. Estaba tan afligido que no se hab�a dado cuenta de que Bran le hab�a dado una orden tajante: hasta el d�a siguiente tendr�a que permanecer all�, en la casa en que hab�a vivido los �ltimos a�os, ocult�ndose de la asesina de su mujer.</p><p>Ma�ana, entonces. El pensamiento lo calm�. Pero antes arreglar�a lo que hab�a estropeado. Ma�ana ayudar�a a Charles con el lobo solitario, le ofrecer�a todo su apoyo para que consiguiera relacionarse con una Omega, y entonces todo se habr�a acabado. Not� c�mo el alivio le recorr�a el cuerpo y encontr� las fuerzas necesarias para sonre�r. Si Bran no estaba dispuesto a matarlo, hasta ayer, estaba convencido de que Charles estar�a encantado de hacerle aquel favor.</p><p>Cuando regres� a la cama se sent�a relajado, el peso de los a�os aligerado por la proximidad del final. Acarici� la camisa con una mano y se imagin� que ella estaba a su lado.</p><p>El dolor fue desapareciendo paulatinamente, amortiguado por el convencimiento de que pronto habr�a desaparecido para siempre v ser�a reemplazado por la paz y la oscuridad. Pero, por ahora, solo le quedaba el vac�o. Deber�a haberse quedado dormido, pero la curiosidad, su pecado m�s acuciante, le oblig� a reflexionar sobre el lobo que estaba matando a gente inocente tan cerca del territorio del Marrok.</p><p>Asil contuvo el aliento y se incorpor� sobre la cama. Un lobo asesino que se parec�a mucho al de su querida esposa. �Cerca del territorio del Marrok o cerca de Asil?</p><p>Y tambi�n estaban los sue�os� los sue�os siempre eran m�s intensos cuando la bruja estaba cerca.</p><p>�Sarai cazando humanos? Se frot� los ojos. Sarai apenas sal�a de caza las noches de luna llena. Adem�s, Sarai estaba muerta.</p><p>Pese al horror de imaginar a la bruja tan cerca, descubri� que en su coraz�n hab�a esperanza. Sin embargo, sab�a que Sarai estaba muerta, del mismo modo que sab�a que Mariposa le arrebat� de alg�n modo el v�nculo que le un�a a su pareja.</p><p>Aquello tendr�a que haber estado fuera de su alcance, fuera del alcance de cualquier bruja. Los lobos manten�an oculta su magia al resto de lobos. Si una de las familias hubiera descubierto el modo de apropiarse del v�nculo entre hombres lobo, con toda seguridad lo habr�an utilizado m�s de una vez; y por entonces tendr�a que haber o�do algo sobre ello. Probablemente hab�a sido un accidente, un efecto secundario de algo m�s, pero durante todos aquellos a�os en los que hab�a estado huyendo, no hab�a logrado averiguar qu� era, a menos que fuera la inmortalidad que Mariposa parec�a haber obtenido con la muerte de Sarai.</p><p>A pesar de que se esforzaba por mantenerlo todo tan oculto como pod�a, a veces pod�a sentir el impulso de aquel v�nculo. Como si Mariposa intentara usarlo como lo hab�a hecho el primer d�a, antes de que �l se diera cuenta de que algo andaba mal.</p><p>Sarai hab�a penetrado en su mente. Supo que algo no iba bien, pero la distancia entre ambos le imped�a comprender qu� era exactamente. Entonces despert� en mitad de la noche con l�grimas en los ojos, aunque no recordaba qu� hab�a estado so�ando. Hab�a alargado el brazo� para tocar la locura ajena.</p><p>Hab�a recorrido el camino hasta casa corriendo, durante dos d�as, con el v�nculo cuidadosamente oculto en su interior para no volver a tocar� aquella monstruosidad. Y cuando encontr� el cuerpo de Sarai y la casa impregnada del olor a magia y a Mariposa, supo lo que hab�a sucedido.</p><p>Dos meses m�s tarde, la bruja empez� a darle caza: nunca lleg� a descubrir qu� quer�a exactamente de �l. �l, quien nunca hab�a huido de nadie, ahora hu�a de una chica que apenas alcanzaba su segunda d�cada en aquel mundo. Porque si hab�a logrado llevarse a Sarai, no pod�a garantizar que no hiciera lo mismo con �l. Era demasiado viejo, demasiado poderoso para convertirse en el instrumento de una bruja, muerto o vivo.</p><p>Y su Sarai estaba muerta. Apart� cualquier esperanza vana que anidara en su coraz�n. Aunque ella estaba muerta, tal vez Mariposa hab�a descubierto un modo de usar la forma de su lobo, una ilusi�n quiz�.</p><p>Parec�a posible. Tres ataques, y en dos de ellos la v�ctima hab�a escapado. Los humanos no suelen escapar del ataque de un hombre lobo.</p><p>Asil no estaba familiarizado con la magia negra. Su mujer hab�a sido una herborista; hab�a sido ella quien le ense�� a criar plantas de interior. Hab�a vendido sus plantas a brujas hasta que las venganzas entre familias lo convirtieron en un negocio demasiado peligroso. Las ilusiones eran uno de los principios b�sicos de la brujer�a. Pero crear una ilusi�n que pudiera herir o matar a alguien� jam�s hab�a o�do algo semejante. No obstante, la sospecha de que Mariposa estaba tras los ataques se convirti� en una convicci�n: todav�a m�s razones para encontrar a Charles y contarle a qu� se enfrentaba.</p><p>Adem�s, su personalidad no le permit�a que otros lucharan sus batallas. Y si aquella era una de las travesuras de Mariposa, significaba que �l era el objetivo.</p><p>Cerr� los ojos pero volvi� a abrirlos casi inmediatamente. Estaba haciendo una monta�a de un grano de arena. Bran se hab�a referido al hombre lobo como ��l�. Era un simple lobo solitario. Estaba permitiendo que sus miedos le dominaran.</p><p><emphasis>Pero quien vio al lobo solitario no hab�a sido un hombre lobo, </emphasis>le dijo una voz interior. <emphasis>�Un par de humanos distinguir�an </emphasis>si el <emphasis>lobo era una hembra? </emphasis>las mujeres lobo no eran muy comunes: Bran podr�a haber concluido que era un macho sin pens�rselo dos veces.</p><p>Hac�a m�s de medio siglo que no ve�a a la bruja. Desde que llegara al nuevo continente no hab�a percibido su olor. Hab�a cubierto su rastro y le hab�a pedido a Bran que mantuviera en secreto su presencia en Aspen Creek.</p><p>Y si estaba all� y lo buscaba, �por qu� no hab�a venido a�n a por �l?</p><p>No era ella� esper� que le alcanzara de nuevo el alivio. <emphasis>Probablemente </emphasis>no era ella.</p><p>Sarai era inalcanzable para �l. Llevaba dos siglos muerta: �l mismo la hab�a enterrado. Jam�s hab�a o�do hablar de una ilusi�n que pudiera hacer da�o a alguien.</p><p>Tal vez la ilusi�n fuese el cuerpo que enterr�</p><p><emphasis>Descansa, </emphasis>le dijo Bran, y Asil not� c�mo su cuerpo se relajaba pese a la fren�tica actividad de su mente. Puso la alarma a las 12:01, una alarma que apenas utilizaba. Puede que Bran le hubiera ordenado descansar hasta ma�ana, pero Asil pod�a interpretar ese �ma�ana� como quisiera. Y por la ma�ana, saldr�a en busca de respuestas.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna descubri� que se estaba moviendo incluso antes de pensar en hacerlo. Mary alarg� la mano y le arranc� un manojo de sus cabellos cuando Anna se coloc� en posici�n, entre la humana y lo que fuera que hab�a salido de entre los �rboles. Le pareci� un hombre lobo, pero el viento no cooperaba y alejaba el olor de ella. �Habr�a dado media vuelta el lobo que persegu�a Charles?</p><p>Sin embargo, el monstruo que emergi� de entre las sombras de los arbustos era mucho mayor que el otro. Parec�a m�s bien un pastor alem�n, con la excepci�n de que pesaba unos cincuenta kilos m�s, ten�a unos colmillos m�s largos y se mov�a m�s como un gato que como un perro.</p><p>Hab�a dos hombres lobo.</p><p>�Y si hab�a m�s? �Y si Charles hab�a salido tras la pista de un lobo y le hab�an rodeado?</p><p>El hombre lobo ignor� a la otra mujer, centr�ndose totalmente en Anna. Cuando se abalanz� sobre ella, Anna tambi�n corri�. Las raquetas no le ayudaron mucho, pero no ten�a que ir muy lejos, y adem�s ella tambi�n era una mujer lobo.</p><p>Tres zancadas y recogi� de la nieve el fusil estropeado de Charles por el ca��n. Plantando los dos pies en la nieve, lo hizo oscilar contra el monstruo atacante con la experiencia de cuatro veranos de softball y la fuerza de una mujer lobo.</p><p>Qued� claro que el otro lobo no esperaba que Anna tuviera tanta fuerza. Ni se hab�a molestado en esquivar su golpe. Nadie iba a utilizar nunca m�s aquel rifle, pero Anna golpe� de lleno al lobo en el hombro con un crujido que hablaba de huesos rotos. Aprovech� el impacto para rodar por el suelo, pero emiti� un aullido de dolor mientras volv�a a ponerse de cuatro patas.</p><p>Algo le roz� el hombro y el lobo volvi� a aullar al tiempo que empezaba a manarle sangre de la cadera. Una roca de peque�o tama�o golpe� el suelo. El lobo mir� por encima del hombro de Anna y con un �ltimo gru�ido desapareci� entre los �rboles. Anna no hizo adem�n de ir tras �l, pero mantuvo los ojos clavados en el bosque, justo por donde el lobo con aspecto de pastor alem�n se hab�a esfumado.</p><p>���Te encuentras bien, cari�o?</p><p>El sonido de la cautelosa voz de Charles le hizo girar la cabeza con un alivio sincero. Pensaba que hab�a sido �l quien hab�a lanzado la piedra, pero tambi�n podr�a haber sido el compa�ero desaparecido de Mary. Dej� caer los restos del rifle y corri� a sus brazos.</p><p>��Oye -dijo �l mientras Anna le abrazaba-. Solo era un perro. Un perro jodidamente grande. Est�s a salvo.</p><p>Pese a estar interpretando el papel de humano, sus brazos la presionaron con fuerza contra su abrigo; un abrigo rojo oscuro que le sentaba mucho mejor que el anorak de diversos colores que el lobo hab�a despedazado.</p><p>Era una suerte, pens�, que pudiera vestirse despu�s de transformarse, porque de no ser as� hubieran tenido serios problemas para explicar por qu� persegu�a a un oso con su traje de cumplea�os.</p><p>��Menudo lanzamiento -le dijo en un susurro mientras reprim�a un risita poco apropiada.</p><p>Lo hab�a hecho, pens�. Se hab�a defendido del ataque de un monstruo y hab�a ganado. Al sentirse segura entre los brazos de Charles, la alegr�a eclips� el resto de sentimientos que hab�a tenido hasta entonces. No solo hab�a evitado que le hiciera da�o a ella sino que tambi�n hab�a defendido a otra persona.</p><p>Inhal� una �ltima vez por la nariz y se separ� del calor que emit�a Charles. La mujer estaba en cuclillas, con los ojos muy abiertos, apoyada en el tronco de un �rbol.</p><p>��Mary, este es mi marido, Charles. Charles, esta es Mary�</p><p>��Alvarado -dijo la mujer con la voz temblorosa-. <emphasis>Madre de Dios, </emphasis>�qu� era eso?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Evidentemente, Anna cre�a que la mujer era una simple monta�era. La chaqueta de Anna estaba manchada de sangre, pero ten�a el aspecto de ser simplemente producto de una hemorragia nasal, algo bastante frecuente cuando se estaba a gran altura. Charles frot� el rostro de Anna con su mano y dej� que su rostro se iluminara con la expresi�n a la que Samuel hab�a apodado como la del �Viejo y Buen Indio�.</p><p>Samuel siempre dec�a que resultaba aterrador ver aquella expresi�n jovial y saber qu� se ocultaba detr�s de ella. Aunque la mayor�a de la gente no era tan perspicaz como su hermano.</p><p>��Encantado de conocerte.</p><p>Charles dej� que la sonrisa alcanzara sus ojos y que estos se iluminaran al mirar a la mujer.</p><p>Ten�a el rostro cubierto para protegerse del fr�o, de modo que no pudo observarla como hubiera deseado. Aunque tampoco importaba mucho. Su memoria olfativa era mucho m�s fiable que la visual, y su nariz le dec�a que no la hab�a visto antes.</p><p>Segu�a pensando que hab�a dos hombres lobo en las proximidades. Pero antes se las hab�a visto con el primer monstruo a mano.</p><p>Solt� a su pareja y dio dos zancadas hacia delante, dos zancadas que le situaron, no accidentalmente, entre Anna y la otra mujer.</p><p>��Siento haber estado persiguiendo a ese�</p><p>Pod�a arrepentirse si comet�a una distracci�n; no quer�a admitir a�n que iba tras la pista de un hombre lobo. No es que aquella mujer supiera qu� era lo que �l y Anna hab�an ahuyentado, pero si a�n no se hab�a dado cuenta de que ellos eran tambi�n hombres lobo, no quer�a que acabara por descubrirlo. Y si lo hac�a, bueno, entonces no quer�a que supiese que �l sab�a que ella era un ser sobrenatural, o al menos uno que usaba magia. Le dar�a tan poca informaci�n como pudiera. De modo que se detuvo a media frase, pero antes de que la pausa se alargara demasiado, Anna la termin� por �l.</p><p>���oso <emphasis>est�pido. </emphasis>-Anna le dirigi� una mirada de reprensi�n como si creyera que su pausa se deb�a a que estaba a punto de decir una palabrota. No hab�a esperado que fuera tan r�pida-. �Encontraste la mochila con el encendedor?</p><p>�Era eso lo que se supon�a que estaba haciendo? Neg� con la cabeza.</p><p>���Recuerdas que dicen que los osos corren m�s que los humanos? Pues es verdad. Sobre todo cuando te dejan sin raquetas y debes caminar sobre la nieve.</p><p>Aquel lobo era una de las presas m�s inteligentes que hab�a perseguido. No le hab�a visto ni o�do antes del ataque, y hab�a desaparecido con la misma rapidez con que hab�a aparecido. Al principio pens� que Anna le hab�a distra�do y que por eso no le hab�a o�do aproximarse, aunque jam�s le hab�a ocurrido algo semejante. No obstante, hab�a algo extra�o en el modo en que ese lobo hab�a desaparecido.</p><p>En cuanto comprendi� que le hab�a perdido la pista, Charles no se hab�a molestado en volverla a recuperar y dio media vuelta. No quer�a arriesgarse a que el lobo hubiera vuelto sobre sus pasos para atacar a Anna. As� que lo dej� estar por el momento y regres�. Justo a tiempo, seg�n pod�a comprobar.</p><p>Mary Alvarado se enderez� y dio un traspi�, como si hubiera perdido el equilibrio. El movimiento la dej� frente a �l, con una mano sobre su pecho. Sinti� c�mo el tejido del hechizo desarmaba todas sus defensas.</p><p>El olor de la furia de Anna se propag� por todo el bosque, �Estaba <emphasis>celosa? </emphasis>Aquella era una situaci�n demasiado peligrosa para permitir que algo le distrajera� pero, �no sab�a Anna que no estaba interesado en nadie m�s?</p><p>��No deber�a haber osos en esta altitud y en esta �poca del a�o -dijo la mujer.</p><p>Parec�a agitada. Charles no pudo decidir si sab�a lo que era o no.</p><p>��Los osos no duermen todo el invierno, se�ora -dijo Charles mir�ndola desde arriba como si no le importara la mano en su pecho, aunque s� le importaba. Le hubiera importado incluso si no le erizara la piel. No era una fe�rica, decidi�. Ni tampoco un esp�ritu o un demonio; se hab�a topado con ambos en aquellos parajes una o dos veces. Era algo humano. Tampoco una hechicera, aunque su lobo reaccionaba ante ella como si lo fuese: algo maligno entonces-. La hibernaci�n no es continuada. Se despiertan de vez en cuando. No es algo muy habitual, aunque de vez en cuando aparecen incluso en mitad del invierno. Mala suerte que nos hayamos topado con uno. Aunque el lobo que te atac� era realmente extra�o.</p><p>Magia negra, a eso ol�a. Una bruja, entonces, una bruja negra. Maldita sea. Hubiera preferido enfrentarse a una docena de demonios que a una bruja negra.</p><p>���No hay perros salvajes? -pregunt� Anna a la ligera-. Pensaba que formaban manadas, como los lobos.</p><p>��Este lugar es demasiado aislado para eso -le dijo Charles sin apartar la mirada de la bruja-. De vez en cuando aparece un perro suelto, pero la mayor parte de los perros dom�sticos no podr�an sobrevivir un invierno de Montana sin ayuda.</p><p>Algo se agit� detr�s de la mujer y Charles dej� que sus ojos se desenfocaran para ver con m�s claridad el esp�ritu. La sombra de un lobo le mostr� los colmillos y desapareci� s�bitamente, como si necesitara otra advertencia aparte de su olfato para saber que aquella mujer era peligrosa.</p><p>Tal vez era el momento de aclarar algunas cosas antes de que Anna decidiera sentirse herida y no solo celosa.</p><p>Charles se deshizo de su m�scara y sonri� amablemente a Mary, quien no estaba lo suficientemente atenta como para percibir la presencia del Hermano Lobo. O eso o disfrutaba con el peligro, ya que se apoy� a�n m�s en su mano mientras miraba hacia arriba.</p><p>��Aunque saber que un animal dom�stico no habr�a sobrevivido a este invierno no te importa mucho, �verdad, Mary Alvarado? Sab�as perfectamente que era un hombre lobo.</p><p>La mujer adopt� un semblante carente de expresi�n. Si no hubiera sabido lo que era, la habr�a confundido por una expresi�n de sorpresa.</p><p>���Un qu�? Los hombres lobo no existen.</p><p>Intent� mirarle a los ojos pero no lo consigui�; los hab�a estado evitando todo el tiempo. Aunque una mujer acostumbrada a mirar a los ojos de un hombre sin pesta�ear, a veces olvidaba no hacerlo con un hombre lobo. No retrocedi�, pero Charles vio en su cara que deseaba hacerlo.</p><p>���No? �Y tampoco existen las brujas?</p><p>La voz de Charles se suaviz� a�n m�s.</p><p>Mary dej� caer su mano.</p><p>���Qui�n eres?</p><p>��No. -Charles sacudi� la cabeza-. Creo que eres t� quien debes responder a esa pregunta.</p><p>��Estoy buscando al cazador desaparecido -dijo ella.</p><p>Hasta donde pod�a percibir, le estaba diciendo la verdad. Charles frunci� el ce�o mientras intentaba convertirla en una verdad a medias.</p><p>���Para salvarlo? -dijo en un susurro-. �O para hacerte con su magia?</p><p>Mary le mir� con una sonrisa triste.</p><p>��Dudo mucho que eso tenga importancia ahora mismo. Ha estado perdido en los bosques con un lobo solitario. �Cu�ntas probabilidades crees que hay de encontrarlo con vida?</p><p>���De modo que sab�as lo del hombre lobo?</p><p>Mary levant� la barbilla.</p><p>��El hombre lobo es la raz�n que me ha tra�do hasta aqu�. -Verdad-. �Qui�n eres? �Y por qu� sabes tantas cosas de brujas y hombres lobo?</p><p>Era posible que fuera quien dec�a ser. Charles sab�a que algunas brujas sol�an trabajar para diversas agencias gubernamentales. Tambi�n sab�a que por el mero hecho de que ser una bruja negra no significaba que no pudiera estar buscando al hombre desaparecido. De vez en cuando, las brujas aceptaban ciertos trabajos, y a veces, aunque solo fuera por casualidad, una bruja negra pod�a unirse al bando de los �ngeles.</p><p>No obstante, Mary hab�a sido muy cuidadosa con sus respuestas, y Charles no descartaba lo que le suger�an los esp�ritus. No era su aliada. Normalmente el esp�ritu del lobo era su gu�a, aunque a veces pensaba que habr�a sido m�s ir�nico si lo hubiera sido el del ciervo o el del conejo. Aunque la exhibici�n de colmillos no significaba necesariamente que fuera su enemiga, indicaba poca predisposici�n a ser su aliada.</p><p>��Nosotros nos encargaremos del hombre lobo -le dijo �l-. No es asunto tuyo.</p><p>��S� lo es -dijo ella con calma.</p><p>Otra vez la verdad. En aquella ocasi�n, toda la verdad. Interesante que una bruja considerara que un hombre lobo era un asunto que la concern�a.</p><p>��No quieres entrometerte en mi camino -le dijo Mary suavemente, su aliento acarici�ndole el rostro con un flujo dulce.</p><p>��No -dijo �l, dando un paso atr�s y agitando la cabeza, aunque no pudo recordar contra qu� estaba objetando.</p><p>��Ahora me toca a m� hacerte unas cuantas preguntas.</p><p>Si hubiera sido capaz, habr�a maldecido su propia arrogancia, la cual le hab�a impedido coger a Anna del brazo y salir corriendo en cuanto se dio cuenta de lo que era aquella mujer. Por el contrario, lo �nico que pudo hacer fue esperar a que la bruja empezara con sus preguntas.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Bruja. Charles la hab�a llamado de aquel modo y ella no lo hab�a negado. Aunque Anna sab�a que significaba algo, no pod�a precisar exactamente qu�. �La bruja les hab�a estado siguiendo? �O iba tras los hombres lobo?</p><p>Fuera lo que fuese, si no apartaba las manos de Charles pronto, Anna lo har�a por �l, usando un m�todo que implicar�a dolor y tal vez sangre.</p><p>El impulso violento la cogi� desprevenida, y la vacilaci�n dur� lo suficiente para que fuera Charles quien se apartara de la bruja. Hab�a ocurrido algo, alg�n equilibrio hab�a cambiado. El aire ol�a ligeramente a ozono, como si, pese a la �poca del a�o, estuviera a punto de estallar una tormenta el�ctrica.</p><p>Se le eriz� el vello de la nuca. Como si necesitara<emphasis/>m�s evidencias de que algo no iba bien. L�stima que el vello no pudiera decirle qu� ocurr�a exactamente y qu� pod�a hacer para remediarlo.</p><p>��Estoy buscando a un hombre -dijo Mary con una voz que continuaba sonando como la de una animadora-. Se llama Hussan, aunque tambi�n se le conoce por el nombre de Asil o el Moro.</p><p>��Le conozco -respondi� Charles.</p><p>Su voz sonaba espesa y reacia.</p><p>��Ah -dijo ella con una sonrisa-. Eres un hombre lobo. �Perteneces al Marrok? �Asil tambi�n est� en Aspen Creek? �Es uno de los lobos del Marrok?</p><p>Anna mir� a Charles con el ce�o fruncido, pero a este no parec�an molestarle las preguntas de la bruja, ni la cantidad de informaci�n que obten�a de ellas.</p><p>Charles se limit� a asentir con rigidez y dijo:</p><p>��S� -como si le estuvieran arrancando las palabras.</p><p>Algo iba muy mal. Anna dio un paso hacia un lado y los restos del rifle produjeron un ruidito seco al chocar con el borde de aluminio de su raqueta.</p><p>La bruja musit� una palabra y la lanz� contra Anna con un movimiento de sus dedos, dejando a esta completamente inm�vil.</p><p>Charles emiti� un gru�ido.</p><p>��Tranquilo, no le he hecho da�o -le dijo la bruja-. No tengo intenci�n de enfrentarme a�n al Marrok, de modo que no les har� nada a sus lobos. Supongo que ella tambi�n lo es, �no? Eso explicar�a por qu� pudo golpear con tal fuerza a mi guardi�n. Dime, �cu�l crees que es la forma m�s r�pida de que Asil venga hasta aqu�?</p><p>��Asil nunca sale de Aspen Creek -le dijo Charles, su voz �spera por la ira.</p><p>Anna se guard� la ira para s� misma; era mucho mejor alternativa que el p�nico. Su lobo se revolvi� en cuanto lo llam�. Que lo contuvieran contra su voluntad era algo que detestaba incluso m�s que Anna.</p><p>Anna no sab�a casi nada de magia, ni siquiera si la magia que conoc�a era algo habitual en todas las manadas. Leo le hab�a dicho que no necesitaba saber nada, y ella no hab�a tenido el coraje para volver a pregunt�rselo. No sab�a qu� pod�a hacer Charles, o lo que no pod�a hacer, pero estaba bastante segura de que no estar�an all� contestando las preguntas de la bruja si Charles pudiera hacer algo para evitarlo. Ten�a miedo de que su ignorancia y estupidez tuvieran consecuencias para ambos.</p><p>Cuando su lobo le pidi� tomar el control, Anna se lo permiti�. Si ella no pod�a hacer nada con su mitad humana al mando, tal vez al lobo le fuera mejor.</p><p>Aunque no empez� a transformarse, su percepci�n del mundo cambi�: las sombras se retiraron. Pod�a ver m�s lejos y con mayor claridad, aunque la belleza e intensidad de los colores se difumin�. El silencio no era tan profundo como hab�a cre�do. Hab�a p�jaros en los �rboles; pod�a o�r el suave sonido de sus patitas al pasar de una rama a otra.</p><p>Aunque lo m�s interesante que percibi� fue la red luminosa que inmovilizaba a Charles mediante pegajosos hilos amarillos y verdes. Al no poder bajar la cabeza, no pudo distinguir la red que tambi�n la envolv�a a ella. No obstante, la sensibilidad de su piel le permiti� sentir los suaves filamentos como si se tratara de una red de hilo dental.</p><p>Si solo hubiera estado ella en peligro, Anna estaba convencida de que habr�a permanecido en el mismo lugar hasta la llegada de la primavera. Su lobo se hab�a sometido sumisamente a todas las palizas y a todo el sexo no deseado, proporcion�ndole �nicamente la fuerza necesaria para sobrellevarlo y un lugar en el que ocultarse cuando se hac�a insoportable. Pero su pareja estaba en peligro. Un rugido de ira empez� a crecer bajo su diafragma, dificult�ndole la respiraci�n, pero la prudencia le dijo que deb�a esperar el momento oportuno.</p><p>��Si mueres, �a qui�n enviar�a el Marrok? -pregunt� la bruja.</p><p>La amenaza velada propici� en Anna un rugido que qued� amortiguado por la respuesta de Charles. Una ira abrasadora pugnaba contra el hechizo que la manten�a inm�vil.</p><p>��Vendr�a �l mismo.</p><p>La bruja frunci� los labios como si intentara decidir si aquello era lo que realmente deseaba.</p><p>Anna ten�a los pies inmovilizados, pero con el lobo al mando pudo mover la mano pese a la agon�a provocada por el hechizo de la bruja. Agarr� el extremo de la red en forma de cable que la rodeaba corno si fuera una villana de un c�mic de <emphasis>Spiderman. </emphasis>Lo enroll� varias veces alrededor de su mano y despu�s se lo pas� a la otra.</p><p>No pod�a mirar durante mucho tiempo los m�ltiples filamentos que la inmovilizaban porque le deslumbraban los ojos y empezaba a dolerle la cabeza, pero no ten�a necesidad de hacerlo: el cable m�gico de la bruja pasaba por encima de sus manos, de modo que sab�a d�nde estaba.</p><p>Coloc� la mano libre justo donde el cable se ensanchaba para formar la red alrededor de su cuerpo y estir� con ambas manos. Hab�a esperado que se rompiera o que se quedara como estaba, como si fuera un cable de verdad, pero, en lugar de eso, empez� a apretar a�n m�s, rode�ndola con m�s fuerza a medida que intentaba deshacerse de �l, como si fuera el�stico.</p><p>Si la bruja hubiera mirado en su direcci�n, habr�a visto lo que Anna estaba haciendo. Pero la bruja solo ten�a ojos para Charles.</p><p>Dominante, pens� Anna con satisfacci�n, era algo m�s que un simple rango en la manada. La presencia de Charles ejerc�a tal fascinaci�n que, al entrar en cualquier sitio, todo el mundo le miraba. Y a aquello deb�a a�adirse el fr�gil aspecto de Anna y su absoluta carencia de dominio. Ser�a necesario un esfuerzo monumental por parte de la bruja para fijarse en Anna mientras Charles estuviera presente. Un esfuerzo que Mary Alvarado no estaba haciendo.</p><p>Anna dej� de prestar atenci�n a la sesi�n de preguntas y respuestas reacias. Todo su ser estaba centrado en su labor. Incluso las cosas el�sticas terminaban por romperse en alg�n punto.</p><p>Anna se qued� inm�vil cuando el cable se disolvi� solo. La bruja no pareci� darse cuenta de que ya no manten�a a Anna sujeta.</p><p>�Y ahora qu�?</p><p>Se concentr� en la red que rodeaba a Charles.</p><p>Ten�a que ser muy r�pida.</p><p>Los hombres lobo son muy r�pidos.</p><p>Se abalanz� hasta situarse entre ambos y agarr� los cables m�gicos con ambas manos. El hechizo que la bruja usaba con Charles era mucho m�s potente. Cuando toc� los cables, sinti� una oleada de dolor que le irradi� desde la piel hasta los huesos y que se asent� en su mand�bula con un malestar intenso y punzante. Empez� a oler a carne chamuscada, pero no hab�a tiempo para evaluar los da�os. Un violento tir�n y el hechizo se desvaneci�.</p><p>Sin embargo, Anna no se detuvo. Recogi� el fusil roto de la nieve y lo lanz� con todas sus fuerzas. Golpe� a la bruja en la cara con un ruido seco.</p><p>Se coloc� en posici�n de ataque pero Charles la cogi� por el brazo y la empuj� para alejarla de �l.</p><p>��Corre -le grit�-. Sal de su l�nea de visi�n.</p></section><section><title><p id="_Toc233648889">Cap�tulo 10</p></title><p>Anna no tard� ni medio segundo en descubrir que correr con raquetas de nieve era una pesadilla. Tropez� con las rocas, con los arbustos, se golpe� dos veces en las rodillas y solo la mano de Charles bajo su codo evit� que cayera rodando por la ladera de la monta�a. Saltar por encima de �rboles ca�dos era� excitantemente dif�cil. No obstante, Charles, al no llevar raquetas, se hund�a en la nieve hasta las rodillas, y cada vez m�s a cada paso que daba, por lo que se sinti� agradecida de llevarlas puestas. </p><p>Pese a todo, no avanzaban precisamente despacio. Anna se sorprendi� al descubrir lo que el p�nico pod�a hacer aumentar su velocidad. Tras la primera carrera por la pendiente que hab�an tardado horas en escalar, perdi� la noci�n del tiempo y del espacio. Mantuvo la vista clavada en el abrigo rojo de Charles y no se apart� de �l. Cuando redujo finalmente el ritmo, se hallaban completamente solos en mitad del bosque.</p><p>Aun as�, no se detuvieron. Charles continu� imponiendo un ritmo alto durante una hora o un poco m�s, pero eligi� el camino con mayor atenci�n, optando siempre por las zonas donde la nieve era menos profunda y la carencia de raquetas, en su caso, no les retrasara.</p><p>No hab�a dicho una palabra desde que le dio la orden de huir, aunque Anna supuso que era incapaz de hacerlo: y no por culpa precisamente del hechizo.</p><p>Ten�a los ojos de color amarillo brillante y mostraba los colmillos. Deb�a de existir una buena raz�n para que continuara en forma humana, aunque resultaba evidente que le costaba un gran esfuerzo. El lobo de Anna hab�a vuelto a retirarse en cuanto se desvaneci� el p�nico inicial de la huida, pero el de Charles estaba a punto de tomar el control.</p><p>Anna ten�a muchas preguntas que hacerle. Algunas eran preocupaciones inmediatas como: �Pod�a la bruja correr tan r�pido como ellos? �Pod�a usar su magia para localizarles? Otras eran simples curiosidades: �C�mo te diste cuenta de que era una bruja? �Por qu� solo hab�a podido ver la magia cuando su lobo se hizo con el control? �Exist�a un modo m�s sencillo de romper el hechizo de una bruja? Una hora despu�s, segu�an escoci�ndole y doli�ndole las manos.</p><p>��Creo� -dijo Charles finalmente a medida que sus r�pidas zancadas se transformaban en una cojera vacilante. Las entumecidas piernas de Anna agradecieron que se estuviera quedando sin fuerzas-�que Asil me debe unas cuantas explicaciones.</p><p>���Crees que Asil la conoce? �Por qu� le busca? -pregunt� Anna.</p><p>Desde hac�a tiempo supon�a que los hombres lobo -aparte de ella- ocupaban el eslab�n superior de la cadena alimenticia, pero la derrota de Charles a manos de la bruja le hab�a obligado a modificar ciertas presunciones. Estaba dispuesta a creer que <emphasis>cualquier lobo </emphasis>habr�a huido de aquella bruja.</p><p>��No s� si Asil la conoce. Nunca la he visto por Aspen Creek, y deb�a de tener unos diez a�os cuando �l se refugi� aqu�. Pero si le est� buscando, es posible que �l conozca el motivo.</p><p>Todo aquello lo dijo en una r�pida sucesi�n mientras intentaba controlar los resuellos.</p><p>Anna se acerc� a �l y confi� en que parte de la paz que supuestamente era capaz de conferir le ayudara en aquel momento. La respiraci�n de Charles se normaliz� mucho antes de que la suya perdiera el irregular resoplido producido por la carrera, aunque recuper� la regularidad antes de que �l continuara hablando.</p><p>��No deber�a haber podido hacer <emphasis>eso. </emphasis>Me hizo besar sus pies como si fuera un cachorro.</p><p>Su voz se ensombreci� hasta ser un simple gru�ido.</p><p>���No deber�a haberte controlado con su magia? -pregunt� Anna-. Cre�a que las brujas pod�an hacer ese tipo de cosas.</p><p>��Tal vez a un humano. El �nico que deber�a tener �se tipo de control sobre ellos es su Alfa. -Charles gru��, apret� los pu�os y dijo con una voz ronca muy poco habitual en �l-: Y ni siquiera mi padre<emphasis/>puede obtener esa reacci�n de m�. Puede detenerme, pero no puede <emphasis>obligarme </emphasis>a hacer algo que no quiero hacer.</p><p>Charles respir� profundamente.</p><p>��Tal vez no sea culpa suya, sino m�a. No o� aproximarse al primer hombre lobo. He estado pensando en ello y creo que ten�amos el viento a favor. Tendr�a que haberle o�do, u olido� y no tendr�a que haber escapado tan f�cilmente.</p><p>La primera reacci�n de Anna fue la de intentar tranquilizarlo, pero se lo pens� mejor. �l sab�a mucho m�s de magia que ella, por no hablar de seguir una pista. En su lugar, decidi� buscar explicaciones. A modo de tentativa, se atrevi� a proponer:</p><p>��Recibiste varios disparos hace un par de d�as.</p><p>Charles mene� la cabeza.</p><p>��No es eso. He estado herido otras veces y nunca me ha impedido hacer lo que tengo que hacer� y normalmente el hecho de estar herido me hace estar m�s alerta, no menos.</p><p>���Crees que los hombres lobo que perseguimos est�n conectados de alg�n modo con la bruja? -pregunt� Anna-. Es decir, si te ha controlado a ti, quiz� puedo hacer lo mismo con ellos. Tal vez hizo algo para que no pudieras detectar su presencia.</p><p>Charles se encogi� de hombros, aunque Anna se dio cuenta de que aquello le preocupaba. Y algo le dol�a. Al observarlo de cerca, comprendi� que no era solo la pierna lo que le inquietaba. La huida tendr�a que haberle afectado tambi�n la herida del pecho.</p><p>.-�Necesitas nuevos vendajes? -le pregunt�.</p><p>��Tal vez -dijo �l-. Te dejar�a comprobarlo, pero no tenemos nada para poder remediarlo. En el coche de mi padre hay un botiqu�n muy completo, y es all� ad�nde nos dirigimos.</p><p>Anna estaba a unos dos pasos por detr�s de �l, de modo que Charles no pudo ver la sorpresa dibujada en su rostro. Los lobos dominantes no sol�an retirarse tan f�cilmente.</p><p>���No vas a perseguirla?</p><p>��Ya me ha cazado una vez -dijo �l-. Y a�n no s� c�mo. En circunstancias normales, mi magia me habr�a permitido deshacerme de su hechizo de contenci�n. Es un hechizo muy com�n. Tres brujas distintas lo han probado conmigo. Aunque no s� c�mo lo hizo, no vale la pena intentar enfrentarse a ella y arriesgarnos a que nos derrote antes de alertar a pap�. Los dos lobos no me preocupan tanto como ella. Pap� ha de saber lo que est� ocurriendo; y tal vez Asil pueda arrojar algo de luz sobre qui�n es esa bruja y cu�les son sus intenciones.</p><p>Aunque a Anna le preocupaba algo, tard� unos diez metros en precisarlo.</p><p>���Por qu� aqu�? Quiero decir, s� que est� buscando a Asil, y parece ser que tiene informaci�n que lo sit�a en Aspen Creek. �Te fijaste en su entusiasmo cuando le confirmaste que estaba aqu�? Hasta entonces no estaba segura. Por tanto, �qu� est� haciendo aqu� en lugar de en Aspen Creek?</p><p>��Poniendo el cebo -dijo �l con semblante severo-. Mi padre ten�a raz�n, aunque se equivocaba de objetivo y de motivaci�n. Lo �nico que deb�a hacer era matar a unas cuantas personas y que pareciera obra de un hombre lobo. El Marrok se encargar�a de enviar a alguien para investigarlo, y entonces podr�a capturarlo e interrogarlo. Mucho m�s seguro que acercarse a Aspen Creek y enfrentarse a mi padre.</p><p>���Crees que los dos lobos son suyos?</p><p>Ya le hab�a preguntado antes lo mismo� pero era algo que la inquietaba. Hab�a establecido cierta conexi�n con el primero de ellos, el que hab�a perseguido Charles. No le gustaba que estuviese, aliado con una bruja.</p><p>Como la primera vez que se lo pregunt�, Charles se encogi� de hombros, hizo un gesto de dolor y emiti� un gru�ido sordo.</p><p>��No s� m�s que t�. -Avanz� con dificultad unos cuantos pasos-. Es probable. El lobo que te atac� lo era casi con toda seguridad. Al ser una Omega, un lobo normal la habr�a atacado a ella en primer lugar.</p><p>Se detuvo bruscamente y se qued� inm�vil.</p><p>��Huimos del claro en la misma direcci�n que el lobo que te atac�.</p><p>Anna tuvo que pensar un instante. Ten�a raz�n.</p><p>��Hab�a un sendero entre los arbustos.</p><p>���Viste alg�n rastro? �Sangre? Le golpeaste en el hombro con el rifle y estaba sangrando mucho.</p><p>��Yo� -�Se hab�a fijado en aquello? Repas� detenidamente su huida, cuando Charles la hab�a obligado a avanzar-. Hab�a sangre en la nieve, en el lugar donde la golpe�, y el rastro continuaba entre los �rboles. Pero en cuanto dejamos atr�s el claro, avanzamos sobre nieve virgen. Debi� de tomar otra ruta.</p><p>Charles dio media vuelta para mirarla. Las comisuras de sus labios estaban tensas por el dolor, y por el tono gris�ceo de su piel, Anna comprendi� que se encontraba en peor estado del que estaba dispuesto a reconocer.</p><p>���Ella? -dijo �l suavemente.</p><p>��S�. La vi de cerca, de un modo muy personal. Conf�a en m�.</p><p>��Ella -repiti� Charles-. Eso hace las cosas a�n m�s interesantes. Su pelaje ten�a un color muy poco habitual.</p><p>��No. -Anna frunci� el ce�o-. Parec�a un pastor alem�n.</p><p>��Habitual para un pastor alem�n -reconoci� �l-. Pero nunca hab�a visto a un hombre lobo as�. Aunque he o�do hablar de ella.</p><p>���Qui�n?</p><p>��La pareja de Asil.</p><p>���No se supone que la pareja de Asil est� muerta? -dijo Anna-. �Crees que en realidad est� viva y trabaja para una bruja? �Por eso buscan a Asil?</p><p>��Asil le dijo a mi padre que estaba muerta y que �l mismo quem� el cuerpo y esparci� las cenizas. -Y casi como si se le hubiera ocurrido en el �ltimo instante, a�adi�-: Nadie puede mentir a mi padre. Ni siquiera Asil. Aunque eso hace muy interesante la inexistencia de un rastro.</p><p>���A qu� te refieres? No era un fantasma. La culata del rifle golpe� contra <emphasis>algo. </emphasis>Si la pareja de Asil est� muerta, el parecido tiene que ser casual.</p><p>Charles neg� con la cabeza.</p><p>��No s� qu� era, pero no creo en las coincidencias. -Y reemprendi� la marcha.</p><p>��Cre�a que casi todas las brujas eran humanas -dijo ella tras reflexionar durante un rato.</p><p>��As� es.</p><p>��Entonces no son inmortales. Me dijiste que la pareja de Asil muri� hace siglos. Y esta bruja no es mucho mayor que yo. �Crees que tal vez el lobo est� al mando?</p><p>��No lo s� -dijo Charles, sujetando una rama para que no le golpeara a Anna-. Es una buena pregunta.</p><p>Volvi� a quedarse en silencio mientras la conduc�a por otra ladera. Las monta�as parec�an muy simples vistas de lejos: una larga caminata de subida y otra de bajada por el otro lado. Pero, en la pr�ctica, requer�an una serie de escaladas y descensos que parec�an extenderse interminablemente pero que en realidad no llevaban a ninguna parte.</p><p>Deb�an de haber corrido m�s de lo que supon�a porque estaba empezando a anochecer. Empez� a temblar.</p><p>���Charles?</p><p>���Mmm?</p><p>��Creo que tengo los calcetines mojados. Noto la punta de los dedos. -Charles no dijo nada, y Anna temi� que pensara que se estaba quejando-. No pasa nada. A�n puedo seguir un poco m�s. �Cu�ndo llegaremos al coche?</p><p>��Esta noche no -dijo �l-. Sobre todo si tienes los dedos entumecidos. Deja que encuentre un lugar donde podamos refugiarnos. Esta noche habr� tormenta.</p><p>Anna tembl� con mayor intensidad ante aquella idea. Al final de un escalofr�o particularmente largo, le empezaron a casta�etear los dientes.</p><p>Charles pos� una mano sobre su hombro.</p><p>��Una tormenta nos ir� bien. Cuando golpeaste al lobo o� el sonido de huesos parti�ndose. Si no es alg�n tipo de fantasma, le costar� un poco volver a estar en forma. Una buena nevada y viento fuerte le impedir� seguir nuestra pista.</p><p>Charles vio algo en la cumbre de una ladera, y, antes de alcanzar un peque�o altiplano rodeado de �rboles ca�dos, Anna tuvo la sensaci�n de que la ascensi�n se hac�a eterna.</p><p>��Probablemente quedo as� tras una tormenta de primavera -le dijo �l-. A<emphasis/>veces ocurre.</p><p>Anna estaba demasiado cansada para hacer otra cosa que asentir mientras �l avanzaba entre los �rboles hasta encontrar lo que buscaba: un �rbol enorme apoyado en otro y ambos apuntalados sobre un mont�culo de tierra que formaba una cueva cubierta por una poco acogedora capa de nieve.</p><p>��No tenemos comida -dijo Charles l�gubremente-. Y la necesitas para combatir el fr�o.</p><p>��Puedo cazar -se ofreci� Anna.</p><p>Charles no pod�a, ya que hab�a estado cojeando visiblemente desde hac�a rato. Estaba tan cansada que podr�a haberse quedado dormida de pie, y ten�a mucho fr�o. Pero, aun as�, estaba en mejores condiciones que �l.</p><p>Charles neg� con la cabeza.</p><p>��Estar�a loco si dejara que salieras por estos parajes con una tormenta avecin�ndose, por no mencionar a la bruja y a los dos hombres lobo.</p><p>Charles levant� el ment�n y olfate� el aire.</p><p>��Hablando del diablo -dijo suavemente.</p><p>Anna tambi�n olfate�, pero no percibi� nada. Solo �rboles, invierno y lobo. Volvi� a intentarlo.</p><p>��Ser� mejor que salgas -gru�� Charles con la vista clavada en la oscuridad m�s all� del altiplano-. S� que est�s ah�.</p><p>Anna se dio la vuelta, pero no vio nada fuera de lo normal. Entonces oy� el sonido de unas botas en la nieve y mir� con m�s detenimiento. Un hombre avanzaba por el bosque a unos diez metros pendiente abajo. Si no hubiera estado en movimiento, probablemente no le habr�a visto.</p><p>Lo primero que le llam� la atenci�n fue el pelo. No llevaba sombrero, y el color de su cabello era una extra�a mezcla entre el rojo y el dorado; le colgaba en irregulares mara�as por la espalda y se un�a a una barba que podr�a haber competido con la de Hill o Gibbons de los ZZ Top.</p><p>Vest�a una extra�a combinaci�n de pieles de animales y harapos, adem�s de unas botas y unos guantes nuevos. En una mano sosten�a el fardo que Anna hab�a confeccionado con las cosas que no cab�an en la mochila de Charles, y su mochila rosa brillante le colgaba de un hombro.</p><p>Lanz� ambas cosas en direcci�n a Charles y estas aterrizaron a medio camino entre ambos.</p><p>��Tus cosas -le dijo con una voz ronca y azorada, con un fuerte acento de Tennesse o Kentucky-. Vi c�mo te dominaba con su bestia, lo que te convierte en su enemigo. Entonces record� la cita: �el enemigo de mi enemigo es mi amigo�, y pens� que deb�a traerte tus cosas. Y que despu�s pod�amos hablar.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>No hab�a sido el olor lo que le dijo a Charles que alguien les segu�a, sino una serie de peque�os detalles: un p�jaro alzando el vuelo, el rastro de un sonido y la sensaci�n de que estaban siendo observados.</p><p>En cuanto el extra�o sali� de entre los �rboles, Charles pudo olerlo como tendr�a que haberlo hecho desde hac�a rato, pues el viento soplaba a su favor. Hombre lobo.</p><p>Pese a traer con �l una ofrenda de paz y a mostrar su intenci�n de parlamentar, su lenguaje corporal le dijo a Charles que estaba dispuesto a salir huyendo.</p><p>Haciendo un esfuerzo por no mirarle directamente ni hacer ning�n movimiento que pudiera incomodarle, Charles se separ� de Anna y descendi� por la ladera para recoger la mochila y la tela aislante, la cual, supuso, conten�a todo lo que hab�a estado en su mochila. Sin decir una palabra, le dio la espalda al extra�o y regres� sobre sus pasos.</p><p>Aunque tuvo la precauci�n de no perder de vista los ojos de Anna para percibir cualquier se�al de ataque por parte del extra�o. A continuaci�n, despej� la nieve acumulada sobre el toc�n de un �rbol y se sent� en �l. Descubri� que el hombre le hab�a seguido hasta el lugar donde hab�an aterrizado los bultos, aunque no pas� de all�.</p><p>��Creo que es buena idea que hablemos -dijo Charles-. �Te gustar�a comer con nosotros?</p><p>Cruz� la mirada con el hombre e intent� transmitirle el peso de la invitaci�n pese a tratarse casi de una orden.</p><p>El hombre cambi� el peso de su cuerpo de un pie al otro, como si se preparara para salir corriendo.</p><p>��Hueles igual que ese demonio lobo -le dijo con aspereza. Y entonces dirigi� a Anna una t�mida mirada-. Esa cosa ha estado matando sin parar por aqu� arriba. Ciervos, alces, humanos, incluso un oso pardo.</p><p>Lo dijo como si la muerte que m�s sintiera fuera la del oso pardo.</p><p>��Lo s� -dijo Charles-. Me han enviado para que me encargue del lobo.</p><p>El hombre baj� la mirada como si no pudiera soportar ni un segundo m�s los ojos de Charles.</p><p>��El problema es� el problema es� que a m� tambi�n me atrap�. Me infect� con su mal.</p><p>Dio un paso atr�s, cauteloso como un viejo venado.</p><p>���Cu�nto tiempo hace que eres un hombre lobo? -le pregunt� Anna-. Yo desde hace tres a�os.</p><p>El hombre levant� la cabeza al o�r la voz de Anna, como si se tratara de m�sica. Y durante un instante su agitaci�n se desvaneci�.</p><p>��Dos meses -conjetur� Charles cuando comprendi� que el extra�o estaba demasiado dominado por el hechizo de Anna para poder articular palabra.</p><p>Entend�a aquella sensaci�n. La s�bita paz que segu�a a la calma del Hermano Lobo resultaba tan alarmante como adictiva. Si �l no la hubiera sentido ya en su propia carne, es probable que �l tambi�n se hubiera quedado mudo.</p><p>��Te interpusiste entre el hombre lobo y el estudiante este oto�o. Como te interpusiste entre nosotros cuando cre�ste que iba a hacerle da�o.</p><p>Encajaba, pens� Charles, aunque a�ad�a ciertas complicaciones a la pregunta de qui�n era el otro hombre lobo. Pese a que solo un hombre lobo pod�a infectar a un humano, estaba seguro de que el rastro de la bestia se deten�a justo en el punto en que dejaba de ser visible.</p><p>La voz de Charles hizo que el hombre apartara los ojos de Anna. Sab�a perfectamente qui�n de los dos era el m�s peligroso.</p><p>��Iba a dejarle morir. El estudiante, quiero decir -dijo el otro hombre, confirmando a Charles su teor�a-. Se aproximaba una tormenta, y probablemente le habr�a matado de haber seguido en el bosque. Estas monta�as exigen respeto. Si no se lo muestras, te comen para la cena. -Hizo una pausa-. Se acerca otra tormenta.</p><p>��Entonces �por qu� no dejaste que lo matara el hombre lobo? -pregunt� Anna.</p><p>��Bueno, se�ora -dijo el hombre con los ojos clavados en sus propios pies para no tener que mirarla a ella-. Morir por una tormenta, o a manos de un oso, son cosas que ocurren.</p><p>Se detuvo. Era evidente que le costaba expresar con palabras aquella diferencia.</p><p>��Pero el hombre lobo no pertenec�a a este lugar -dijo Charles con la ligera sospecha de por qu� aquel lobo era tan dif�cil de rastrear y por qu� no hab�a captado ninguna se�al de su ataque. Por las ropas que llevaba, parec�a que viv�a en aquel lugar desde hac�a mucho tiempo.</p><p>��Es maligno. Y me convirti� en el mismo monstruo que es �l -musit� el hombre.</p><p>Si Charles hubiera sido una d�cima de segundo m�s r�pido, podr�a haber contenido a Anna. Pero estaba cansado, y concentrado en el otro lobo. Antes de darse cuenta, Anna ya estaba desliz�ndose por la monta�a. Lo hizo muy r�pido, y a unos cuatros pasos del reci�n llegado las raquetas hicieron las veces de unos excelentes esqu�s.</p><p>Charles se oblig� a permanecer inm�vil mientras el otro hombre cog�a a su pareja por el hombro para evitar que se despe�ara por la ladera de la monta�a. Estaba pr�cticamente seguro de que aquel hombre no representaba ning�n peligro para ella. Charles consigui� convencer al Hermano Lobo para que siguiera oculto y dar la oportunidad a Anna de que utilizara su magia y domara al lobo solitario; despu�s de todo, para aquello la hab�a enviado su padre.</p><p>��Oh, pero <emphasis>t� </emphasis>no eres maligno -le dijo Anna.</p><p>El hombre se qued� petrificado con la mano a�n apoyada sobre la manga de Anna. Entonces las palabras brotaron de �l en un torrente incontrolable:</p><p>��Conozco el rostro del mal. He combatido bajo su manto y en contra de �l hasta que la sangre man� como la lluvia. A�n veo sus caras y oigo sus alaridos, como si estuviera sucediendo ahora y<emphasis/>no cuarenta a�os atr�s.</p><p>Pese a todo, la tensi�n de su voz fue aminorando a medida que hablaba.</p><p>Entonces solt� a Anna y le pregunt�:</p><p>���Qui�n eres? -Se puso de rodillas junto a ella, como si sus piernas rio pudieran sostenerlo por m�s tiempo-. �Qui�n eres?</p><p>El extra�o se hab�a movido demasiado r�pido, y el Hermano Lobo no pudo contenerse m�s. Con la rapidez del rayo, y completamente indiferente a sus heridas, Charles se situ� junto a Anna. Logr� mantener las manos alejadas del lobo solitario solo porque al llegar junto a Anna, los efectos de su magia tambi�n le afectaron a �l.</p><p>��Es una domadora de lobos -le dijo Charles al otro hombre. Ni siquiera Anna pudo evitar que su voz se ti�era de una ira posesiva-. Una pacificadora.</p><p>��Anna Cornick -dijo Anna.</p><p>A Charles le gust� el modo en que sus palabras tropezaban con su lengua, y el olor a verdad que conten�an. Ella le pertenec�a, y con aquella simple evidencia, el Hermano Lobo recuper�, satisfecho, el equilibrio. De modo que no le agarr� la mano cuando Anna la alarg� para tocar al extra�o en el hombro mientras le dec�a:</p><p>���l es mi pareja. Se llama Charles. �C�mo te llamas t�?</p><p>��Walter. Walter Rice. -Ignorando a Charles como si este no representara ninguna amenaza, Walter cerr� los ojos y se balance� ligeramente sobre las rodillas. Las ten�a clavadas en la nieve-. No me sent�a as� desde� desde antes de la guerra, creo. Podr�a quedarme dormido.<emphasis/>Creo que podr�a dormir eternamente sin tener ni un solo sue�o m�s.</p><p>Charles alarg� la mano.</p><p>���Por qu� no comes antes algo con nosotros?</p><p>Walter dud� unos instantes y mir� detenidamente a Anna una vez m�s antes de aceptar la mano enguantada de Charles y ponerse en pie.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>El hombre que dec�a ser Walter comi� como si estuviera hambriento; tal vez lo estaba. De vez en cuando, no obstante, dejaba de comer para mirar sobrecogido a Anna.</p><p>Sentado entre ambos, Charles contuvo una sonrisa, algo que �ltimamente estaba haciendo con mayor asiduidad de lo que lo hab�a hecho nunca antes de conocer a Anna. Contemplar c�mo se encog�a ante la mirada reverente de Walter resultaba muy divertido. Charles confiaba en que �l no la mirase de aquel modo, sobre todo en p�blico.</p><p>��No es algo que haga conscientemente -musit� ella sin levantar la vista del estofado con zanahorias-. No ped� ser una Omega. Es como tener el pelo moreno.</p><p>Anna se equivocaba, pero Charles pens� que ya se sent�a lo suficientemente avergonzada como para discutir con ella de algo sobre lo que no estaba muy seguro de tener el derecho de o�r. O, al menos, no era toda la verdad. Como ocurr�a con los dominantes, ser una Omega depend�a fundamentalmente de la personalidad. Y, como le gustaba recordar a su padre, la identidad era en parte herencia, en parte educaci�n, pero sobre todo depend�a de las decisiones que tomabas en la vida.</p><p>Anna aportaba paz y serenidad en cualquier lugar al que fuera, siempre y cuando no estuviese asustada, herida o irritada. Parte de su poder depend�a del hecho de ser una mujer lobo, lo que magnificaba el efecto de su magia. Pero la parte m�s importante era su firmeza de acero, lo que le permit�a salir airosa de cualquier situaci�n en la que se encontrara, la compasi�n que le hab�a mostrado a Asil cuando este intent� asustarla y el modo en que no pudo dejar al pobre Walter desamparado con aquel fr�o. Aquellas hab�an sido decisiones conscientes.</p><p>Un hombre se convert�a en Alfa, no era un simple accidente de nacimiento. Lo mismo ocurr�a con los Omegas.</p><p>��En una ocasi�n -dijo Walter con calma, dejando de comer-, despu�s de una semana muy mala, me pas� una tarde subido a un �rbol, observando un pueblo. Ya no recuerdo si deb�amos protegerlos o les est�bamos atacando. Una chica se acerc� para tender su ropa bajo el �rbol. Tendr�a unos dieciocho o diecinueve a�os y era muy delgada. -Sus ojos viajaron de Anna a Charles y de vuelta a su comida.</p><p><emphasis>S�, </emphasis>pens� Charles, <emphasis>s� que a�n est� muy delgada, pero solo he tenido una semana para alimentarla.</emphasis></p><p>��Da igual -continu� el viejo veterano-, al mirar a aquella chica, me di cuenta de que era como presenciar algo m�gico. Las prendas sal�an de la cesta hechas un fardo, ella las sacud�a una sola vez y quedaban perfectamente listas para ser colgadas. Ten�a unas mu�ecas muy delgadas, pero fuertes, y unos dedos �giles. Aquellas camisas no osaban desobedecerle. Cuando se march�, estuve a punto de llamar a su puerta para darle las gracias. Me ayud� a recordar que exist�a un mundo de tareas cotidianas, donde se lavaba la ropa y todo ten�a un orden.</p><p>Volvi� a mirar a Anna.</p><p>��Seguramente se hubiera aterrorizado al ver a un sucio soldado americano en su puerta, y adem�s tampoco habr�a entendido por qu� le daba las gracias, incluso si entend�a el ingl�s. Solo hac�a lo que estaba acostumbrada a hacer. -Hizo una pausa-. Aunque tendr�a que hab�rselo agradecido de todos modos. Aquello me meti� en unos cuantos problemas.</p><p>Despu�s de aquello, se quedaron unos minutos en silencio. Charles no sab�a si Anna hab�a entendido la historia, pero �l s� lo hab�a hecho. Anna era como aquella chica. Le recordaba los inviernos frente al fuego mientras su padre tocaba el viol�n. Los tiempos en que todo el mundo era feliz y gozoso, cuando el mundo era un lugar seguro y ordenado. No es que eso ocurriera muy a menudo, pero era importante recordar que exist�a esa posibilidad.</p><p>��De modo que -dijo Charles mientras Walter devoraba el tercer sobre de comida liofilizada- has vivido en estas monta�as desde hace mucho tiempo.</p><p>Walter contempl� a Charles con suspicacia mientras sujetaba la cuchara a mitad de camino de su boca. Entonces resopl� y sacudi� la cabeza.</p><p>��Eso ya no tiene mucha importancia, �no crees? Noticias caducadas.</p><p>Comi� otra cucharada, trag� y continu�:</p><p>��Cuando regres� de la guerra, todo fue bien por un tiempo. Tuve mis malos momentos, claro, pero nada del otro mundo. Hasta que empeor�. -Empez� a decir algo pero se detuvo para comer otra cucharada-. Supongo que esa parte tiene a�n menos importancia ahora. Da igual, empec� a revivir la guerra, como si estuviera a�n en ella. Pod�a o�rla, saborearla, olerla, y entonces descubr�a que era simplemente un coche con el tubo de escape estropeado o un vecino cortando le�a. Cosas as�. Me march� antes de hacer m�s da�o a mi familia del que ya les hab�a hecho. Entonces, cierto d�a, un enemigo me atac� por la espalda. Fue por el uniforme, �sab�is? Le hice da�o, tal vez le mat�</p><p>La �ltima frase, que solt� tras atragant�rsele en la garganta, era mentira.</p><p>Walter baj� la mirada, resopl� y gir� la cabeza para encontrarse con los ojos de Charles. Cuando volvi� a hablar, su voz era fr�a y controlada, la voz de un hombre que ha hecho cosas horribles� como Charles.</p><p>��Le mat�. Cuando ya estaba muerto, vi que no era un soldado del Viet-Cong sino el cartero. Fue entonces cuando comprend� que nadie a m� alrededor estaba a salvo. Pens� en entregarme, pero la comisar�a� bueno, los polis tambi�n llevan uniforme, �no es cierto? La estaci�n de autobuses estaba justo al lado de la comisar�a y acab� subiendo a uno que se dirig�a a Montana. Hab�a estado aqu� una o dos veces, de acampada con la familia, de modo que sab�a que aqu� estar�a alejado de la gente. Aqu� no hay nadie a quien hacer da�o.</p><p>���No has salido de las monta�as en todos estos a�os?</p><p>Anna apoy� la cabeza en su mano, y Charles se dio cuenta de que ten�a dos u�as rotas. Busc� a su alrededor hasta encontrar sus guantes.</p><p>Walter asinti�.</p><p>��Os aseguro que se me da muy bien la caza. Pese a no tener fusil� bueno, la mitad de las veces los fusiles no sirven de nada en la jungla.</p><p>Extrajo de alg�n sitio un cuchillo casi tan largo como su antebrazo y lo contempl� detenidamente. Charles intent� imaginar de d�nde habr�a salido aquello. No hab�a tanta gente que pudiera moverse con su rapidez, fueran o no hombres lobo.</p><p>Walter mir� a Anna de soslayo y despu�s sigui� contemplando el cuchillo, pero Charles supo que hab�a le�do la compasi�n en el rostro de Anna, ya que intent� rebajar el m�rito de su supervivencia.</p><p>��No ha sido tan horrible, de verdad, se�ora. Los inviernos son muy duros, pero hay una vieja caba�a en la que me refugio de vez en cuando, cuando las condiciones son extremas.</p><p>Walter no era el primero en huir a las monta�as, pens� Charles. En algunos lugares, veinte a�os atr�s, comunidades enteras de hombres trastornados se hab�an refugiado en los bosques. La mayor parte de aquellos soldados se curaron y se marcharon hac�a a�os, pero muchos otros murieron.</p><p>Antes de empezar aquel viaje, no se le hubiera pasado por la cabeza la idea de que a�n quedara alguien: las Cabinets no eran un lugar muy agradable para vivir. Charles nunca hab�a pasado por all� sin sentir que aquel lugar tan antiguo quer�a deshacerse de �l. No era adecuado para el hombre, ni siquiera para uno que conviv�a con el Hermano Lobo. Incluso, a�os atr�s, los tramperos y cazadores evitaban aquella zona, prefiriendo naturalezas menos agresivas.</p><p>Aunque un hombre que hiciera treinta a�os que viv�a all� pod�a haber dejado de ser un intruso. Puede que hubiera sido aceptado como parte de la monta�a.</p><p>Charles contempl� el cielo nocturno mientras pensaba que un hombre que hubiera vivido tanto tiempo en aquel lugar podr�a haberse convertido en un aliado de los esp�ritus. Unos esp�ritus que pod�an ocultarse incluso de los penetrantes sentidos de Charles.</p><p>Walter limpi� la cuchara en la nieve y se la devolvi� a Charles.</p><p>��Gracias. No com�a as� desde� hace mucho tiempo.</p><p>Entonces, como si se hubiera quedado sin palabras, cerr� los ojos y se apoy� en el �rbol m�s pr�ximo.</p><p>���Qu� sabes del hombre lobo que te atac�? -le pregunt� Charles.</p><p>Walter se encogi� de hombros sin abrir los ojos.</p><p>��Llegaron en oto�o en un todoterreno y se instalaron en una caba�a. Despu�s de que me Transformara� sal� de caza. Ojal� lo hubiera visto antes de que se topara con aquel chaval. Si aquel d�a hubiera sido un poco m�s r�pido, habr�a acabado con �l. Si hubiera sido un poco m�s lento, me habr�a matado �l a m�. Me alegro de que la plata no les siente muy bien a los hombres lobo.</p><p>Walter dej� escapar un largo suspiro, abri� los ojos y volvi� a extraer el largo cuchillo de su funda bajo el brazo. En aquella ocasi�n Charles vio c�mo lo hac�a, aunque ahora que lo pensaba, no hab�a visto corno lo guardaba.</p><p>��Ahora este viejo cuchillo me abrasa la mano cuando lo limpio. -Se contempl� las manos, o quiz� el cuchillo-. Imagin� que estaba muerto. Esta hoja hizo mucho da�o a ese demonio� tiene grabados de plata, �ves? Pero el monstruo me reban� las tripas antes de huir.</p><p>��Si el ataque de un hombre lobo casi te mata, entonces te conviertes en uno -dijo Anna en voz baja.</p><p>�A�n se arrepent�a de ello? Charles se sinti� invadido por el deseo salvaje de volver a matarlos a todos. A Leo y a su pareja, a toda la manada de Chicago� pero al mismo tiempo se sent�a pat�ticamente agradecido porque su pareja fuera una mujer lobo que no se marchitar�a ni morir�a como lo hab�an hecho todas las parejas de Samuel.</p><p>El Hermano Lobo se agit� y volvi� a calmarse, del mismo modo que hab�a hecho Walter.</p><p>��Entonces, �el lobo que te atac� no regres� tras la Transformaci�n? -pregunt� Charles.</p><p>Normalmente, cuando un hombre lobo Transforma a alguien, se siente atra�do por el nuevo lobo durante un tiempo. Seg�n hab�a teorizado Samuel en una ocasi�n, alg�n tipo de imperativo gen�tico se aseguraba que un hombre lobo descontrolado y sin instrucci�n no llamara la atenci�n m�s de lo necesario.</p><p>Walter neg� con la cabeza.</p><p>��Como he dicho, fui yo quien le segu� el rastro a ella, hasta la primera luna llena, tanto a ella como a la otra mujer. Por cierto, �qu� es esa mujer? Por todos los diablos, s� que no es humana� lo siento, se�ora. La primera vez que me transform�, intent� atraerme. No sab�a lo que era, solo que ol�a muy mal� como la bestia. Al principio cre� que ella y la bestia eran la misma criatura, pero entonces las vi juntas.</p><p>Una hora antes hab�a empezado a nevar suavemente, pero ahora los copos aumentaron de tama�o y comenzaron a acumularse en las pesta�as y el pelo. Not� c�mo la tensi�n se desvanec�a a�n m�s: la nieve los mantendr�a ocultos.</p><p>���Has visto alguna vez al lobo en su forma humana?</p><p>Charles no sab�a qu� aspecto hab�a tenido la pareja de Asil en forma humana, pero una descripci�n podr�a serle �til.</p><p>Walter neg� con la cabeza.</p><p>��No. Tal vez no tenga.</p><p>��Tal vez no.</p><p>Charles ignoraba por qu� estaba tan seguro de que el otro hombre lobo no era lo que aparentaba ser. Hab�an estando huyendo; entraba dentro de lo posible que hubieran perdido su rastro. Aunque cuando sus instintos insist�an tanto, sol�a hacerles caso.</p><p>Volvi� a centrar su atenci�n en Walter. Dos meses y ya ten�a el control necesario para detener un ataque en cuanto comprendi� que Anna era una mujer lobo y no una v�ctima. Mucho m�s control que el que ten�an la mayor�a de hombres lobo.</p><p>��Tu control est� muy desarrollado para alguien que hace tan poco que se Transform�, sobre todo para alguien que no ha tenido ayuda -observ� Charles.</p><p>Walter le dirigi� una mirada funesta y despu�s se encogi� de hombros.</p><p>��He estado controlando a mi bestia interior desde que acab� la guerra. La �nica diferencia es que ahora tiene colmillos y garras. He de ser prudente, como cuando te segu� el rastro. Cuando el lobo toma el control, disfruto con el sabor de la sangre. Si hubiera mordido carne en lugar de tu mochila� bueno, no pensar�as lo mismo de mi control. -Volvi� a mirar a Anna, como si temiera lo que ella pod�a pensar de �l.</p><p>Anna mir� a Charles con inquietud. �Estaba preocupada por Walter?</p><p>La idea de que pudiera proteger a otro macho le form� un gru�ido en el pecho que, sin embargo, no permiti� que se reflejara en su rostro. Esper� a que el Hermano Lobo se calmara para decir:</p><p>��Para alguien que hace solo dos lunas que es un lobo y qu� no ha dispuesto de ayuda eso es <emphasis>extraordinario.</emphasis></p><p>Mir� directamente a Walter, y el otro hombre lobo baj� los ojos. Era dominante, juzg� Charles, pero no lo suficiente para retar a Charles; casi ning�n lobo lo era.</p><p>��Cre�as que Anna estaba en peligro, �verdad? -dijo suavemente.</p><p>El hombre enjuto se encogi� de hombros, haciendo que su ruda capa de pieles cosida por �l mismo crujiera con el movimiento.</p><p>��No sab�a que ella tambi�n era un lobo. No lo supe hasta que me coloqu� en medio.</p><p>��Pero sab�as que yo lo era.</p><p>El hombre asinti� con la cabeza.</p><p>��S�. Es el olor, me llama. -Volvi� a encogerse de hombros-. Hace mucho tiempo que vivo solo, pero cada vez es m�s dif�cil.</p><p>��Los lobos necesitan una manada -le dijo Charles.</p><p>A �l nunca le hab�a inquietado el hecho de necesitar la presencia de otros lobos, aunque algunos no se adaptaban nunca.</p><p>��Si quieres -le dijo a Walter-, puedes venir con nosotros.</p><p>El hombre se qued� inm�vil, con los ojos clavados a�n en sus pies, pero el resto de su cuerpo centrado en Charles.</p><p>��No se me da muy bien la gente, ni los ruidos -dijo Walter-. En cambio� aqu� no tiene mucha importancia si olvido que es un bosque en lugar de la selva.</p><p>��Oh, encajar�as a la perfecci�n -dijo Anna fr�amente.</p><p>Walter levant� la cabeza con un movimiento brusco para mirarla. Cuando esta le devolvi� una mirada de afecto, Charles vio que las orejas de Walter se enrojec�an.</p><p>��En la manada del padre de Charles hay mucha gente que no encaja -le dijo ella.</p><p>��La manada de mi padre es un lugar seguro -dijo Charles-. �l se encarga de que lo sea. Pero Anna tiene raz�n, hay unos cuantos lobos que no podr�an vivir en otra parte. Si m�s tarde quieres trasladarte a otra manada, �l se encargar� de buscarte un lugar acogedor. Si no puedes soportarlo, siempre puedes volver a las monta�as� en cuanto nos hayamos ocupado de la bruja y de su hombre lobo.</p><p>Walter volvi� a mirar hacia arriba y a apartar la mirada.</p><p>���Bruja?</p><p>��Bienvenido a nuestro mundo -dijo Anna con un suspiro-. Brujas, hombres lobo y cosas que hacen ruido por la noche.</p><p>���Qu� vais a hacer con ella?</p><p>��La bruja nos dijo que buscaba a Asil, un lobo muy viejo que pertenece a mi padre. De modo que pretendemos bajar de las monta�as y tener una larga conversaci�n con Asil -dijo Charles.</p><p>���Y mientras tanto? -Walter se frot� los dedos contra el antebrazo, donde su cuchillo descansaba en su funda.</p><p>��Tienes que venir con nosotros y conocer a mi padre � dijo Charles-. Si no lo haces, me enviar� para que te lleve ante �l, aunque sea contra tu voluntad.</p><p>���Crees que puedes obligarme a formar parte de la manada de tu padre?</p><p>La voz del hombre son� ronca y mort�fera.</p><p>��Oh, buen intento -dijo Anna bruscamente, obviamente molesta con Charles, aunque este no sab�a exactamente por qu�.</p><p>Su padre no tolerar�a la presencia de un lobo solitario tan cerca de su manada, y no considerar�a a Walter un lobo solitario hasta conocerlo personalmente</p><p>No obstante, Anna hab�a vuelto a fijar su atenci�n en Walter.</p><p>���Qu� quieres hacer? �Quedarte aqu� solo? �O acompa�arnos para pedir ayuda y regresar para enfrentarnos al lobo solitario y a la bruja?</p><p>Charles enarc� una ceja y Anna le devolvi� el gesto.</p><p>��Ese lobo le atac�. Para nosotros es una misi�n de la manada, pero para �l es algo personal. -Y volvi� a mirar a Walter-. �No es as�?</p><p>��El mal ha de ser destruido -dijo Walter-. Si no lo hacemos, conquistar� todo lo que toque.</p><p>Anna asinti�, como si sus palabras tuvieran sentido.</p><p>��Exacto.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles decidi� que aquella noche dormir�an como lobos Anna no hizo ninguna objeci�n, pese a que su est�mago se tens� con solo pensarlo.</p><p>Se hab�a ido acostumbrando a dormir con Charles, pero el otro lobo la pon�a nerviosa pese al trato deferente que le dispensaba. Sin embargo, en cuanto el sol desapareci�, la temperatura descendi� otros diez grados. Con solo un saco de dormir, supo que Charles ten�a raz�n: no hab�a alternativa.</p><p>Anna se transform� a unos doscientos metros de los dos hombres, temblando al sentir los pies descalzos sobre la nieve. Se hab�a trasladado all� tras intentarlo primero sobre el suelo despejado de nieve bajo un gran abeto. La persona que les puso el nombre de agujas sab�a de lo que estaba hablando.</p><p>El fr�o increment� el dolor de la transformaci�n, y Anna empez� a ver estrellas en su campo visual. Intent� respirar acompasadamente. Las l�grimas le inundaron las mejillas a medida que las articulaciones y huesos se reajustaban, los m�sculos se adaptaban a sus nuevas proporciones y la piel se convert�a en pelo.</p><p>Tard� mucho, mucho tiempo.</p><p>Cuando termin�, se qued� tendida sobre la nieve cristalizada, jadeante, demasiado cansada para moverse. Hasta el fr�o, descubri�, ten�a su propio olor.</p><p>Gradualmente, a medida que el dolor iba remitiendo, descubri� que, por primera vez desde la �ltima noche, cuando Charles se acurruc� junto a ella y la envolvi� con sus brazos, se sent�a protegida del fr�o. A medida que la agon�a inicial se convert�a en una serie de molestias y peque�os dolores, se desperez� y alarg� las u�as como si fuera un enorme gato. La espalda le cruji� y restall� en toda su extensi�n.</p><p>No quer�a regresar y acurrucarse con un extra�o a pocos metros de ella. El lobo no ten�a miedo del macho, pues sab�a que no era probable que actuara como los otros. Pero tampoco le gustaba la idea de tocar a otro que no fuera Charles.</p><p>Cerca pero fuera de su campo visual, un lobo, Charles, emiti� un sonido suave, algo entre un ladrido y un aullido. Temblorosa como un potrillo, se puso de cuatro patas con dificultad. Se detuvo para sacudirse el pelaje de nieve y darse algo de tiempo para acostumbrarse a caminar a cuatro patas antes de regresar con su ropa entre los dientes. Charles trot� hasta ella, cogi� con la boca sus botas, dentro de las cuales hab�a guardado los guantes, y la escolt� hasta el lecho que compartir�an aquella noche.</p><p>Walter les esperaba justo en el l�mite del refugio que Charles hab�a escogido. En cuanto pos� sus ojos en �l, Anna comprendi� que no era la �nica a quien no le hac�a mucha gracia dormir con el hocico pegado al rabo de un extra�o. Walter ten�a un aspecto lamentable, encorvado y con el rabo entre las piernas.</p><p>Charles le indic� a Walter con un movimiento de su oreja que se tumbara en el refugio que hab�a encontrado para ellos. Walter le hizo caso y lleg� el turno de Anna. Charles la empuj� para que siguiera el ejemplo de Walter, dej� las botas donde no se llenaran de nieve y se tumb� frente a ellos, desde donde podr�a protegerlos. Pese a que Walter se hab�a colocado lo m�s cerca posible de los �rboles, no quedaba mucho espacio.</p><p>Cuando Anna se acomod� a su lado, Walter se removi� inquieto. Pobrecillo, pens� ella. Tanto tiempo solo y ahora deb�a ajustarse r�pidamente al comportamiento t�pico de una manada. Su sufrimiento ejerci� un extra�o efecto en el malestar de Anna. Preocupada por �l, alarg� el cuello y enterr� el hocico bajo el pelaje de Charles. Intent� relajarse, confiando en ayudar a Charles a hacer lo mismo.</p><p><emphasis>Aquello </emphasis>era una manada, pens�, a medida que el calor de los dos lobos se extend�a por su cuerpo. Confiar que Charles vigilara con sus sentidos m�s desarrollados. Saber que los dos lobos hab�an demostrado estar dispuestos a defenderla de cualquier peligro. Saber que pod�a dormir segura. Aquello era mucho m�s de lo que le hab�a ofrecido su primera manada.</p><p>Pas� mucho tiempo hasta que Walter dej� de parecer una estatua de piedra y se relaj� pegado a su cuerpo. No obstante, no permiti� que el sue�o la venciera hasta notar su hocico bajo su cadera.</p></section><section><title><p id="_Toc233648890">Cap�tulo 11</p></title><p>El dolor mantuvo a Charles despierto mientras su pareja y el lobo solitario dorm�an. Tanto la pierna como el pecho le dejaron claro que se hab�a extralimitado. Si no se andaba con cuidado, no iba a lograr bajar de las monta�as. Sin embargo, lo que le mantuvo alerta mientras la tormenta de nieve rug�a a su alrededor era el recuerdo de la bruja. </p><p>Nunca se hab�a sentido de aquel modo: capas y capas de obediencia cubri�ndole de un modo imposible hasta que no le quedo otro remedio que responder a sus preguntas. Aunque era demasiado dominante incluso para su padre, le hab�an contado c�mo era la sensaci�n. Las descripciones se quedaban cortas. Si no hubiera estado convencido de lo necesario que resultaba el meticuloso control de los dominantes por parte de su padre antes de convertirse en Alfas, se habr�a venido abajo. La sensaci�n de sentirse dominado por alguien era aterradora, incluso cuando confiabas en �l. El respeto por la valent�a de los lobos sumisos de la manada de su padre hab�a aumentado un par de niveles.</p><p>Si Anna no hubiese distra�do a la bruja y hubiera roto el hechizo� contuvo el aliento y Anna emiti� un ruidito con la garganta. Le reconfortaba incluso mientras dorm�a.</p><p>Tras dejar atr�s el p�nico -o la mayor parte de �l-, hab�a tenido tiempo para reflexionar sobre la naturaleza del conjuro. Sin embargo, a�n no ten�a ni idea de c�mo la bruja hab�a sido capaz de utilizar de aquel modo sus� <emphasis>los v�nculos con la manada de su padre.</emphasis></p><p>Deb�a informar a su padre, contarle que una bruja pod�a penetrar en la magia de la manada. Hasta donde sab�a, nunca hab�a sucedido nada parecido. Solo su dolor, y la comprensi�n que iba a tener que prestar m�s atenci�n a los l�mites que le impon�a su cuerpo, le obligaron a seguir donde estaba en lugar de salir corriendo en direcci�n al coche. Deb�a alertar a su padre.</p><p>Si Anna no hubiera estado a su lado� �c�mo habr�a sabido lo que deb�a hacer?</p><p>Lejos de la manada, la mayor�a de los lobos dispon�an de muy poca magia, y habr�a jurado que Anna no era una excepci�n. Conoc�a perfectamente su olor, y no percib�a nada de magia en �l. Si su apareamiento hubiese sido completo, Anna podr�a haber recurrido a su�</p><p>Irgui� la cabeza y sonri� con los dientes. Anna a�n no se hab�a apareado, pero su lobo s�. Hab�a percibido c�mo recurr�a a �l cuando la bruja le lanz� su hechizo, aunque no hab�a cre�do que sirviera de mucho. A�n le quedaba mucho por aprender. El lobo hab�a utilizado su magia para romper el hechizo de la bruja. Y Anna a�n no hab�a sido aceptada en la manada del Marrok, de modo que la infiltraci�n de la bruja en los v�nculos de la manada no le hab�a permitido inmovilizar a Anna del mismo modo que a �l.</p><p>Capt� un sonido casi imperceptible por encima del aullido del viento que interrumpi� sus pensamientos: algo se mov�a entre los �rboles. Pese a estar a una distancia de seguridad de donde estaban durmiendo, se mantuvo alerta y esper� a que el caprichoso viento cambiara de direcci�n y le trajera alg�n olor. Si era la bruja, recoger�a a sus pollitos y saldr�a corriendo; sus doloridas piernas y pecho habr�an de sacrificarse una vez m�s.</p><p>Sin embargo, quien sali� de entre los �rboles y se detuvo para que Charles le viera perfectamente era otra persona: Asil. Lentamente, Charles sali� a gatas de debajo del �rbol. Anna suspir� y se recoloc�, aunque el cansancio le impidi� despertar. Charles se qued� completamente inm�vil hasta que su respiraci�n recuper� la cadencia anterior.</p><p>Entonces empez� a aproximarse al intruso.</p><p>Desde que Asil se uniera a la manada, Charles nunca le hab�a visto fuera de Aspen Creek; no le hacia ninguna gracia que la primera vez fuera all� y en aquel momento. Supo que, independientemente de lo que le dijera, no conseguir�a que su vida fuera m�s f�cil. Tampoco le agrad� su incapacidad para ocultar la cojera.</p><p>Aunque Charles no era muy dado a presumir, sinti� que aquella ocasi�n lo requer�a. Convoc� la magia y dej� que esta se extendiera por su cuerpo, transform�ndole mientras caminaba. Aunque fue doloroso, se esforz� para que el dolor no se reflejara en su rostro ni le obligara a cojear a�n m�s. Si se hubiera sentido mejor o los esp�ritus hubiesen sido m�s cooperativos, incluso podr�a haber conjurado un nuevo par de botas para no tener que caminar con tantas dificultades. Por lo menos, en la mayor parte del altiplano, la nieve, regularmente peinada por el viento, no pasaba de los treinta cent�metros de profundidad, y la mitad hab�a ca�do aquella noche.</p><p>Asil sonri� fugazmente, como si reconociera el juego de poder planteado por Charles, pero baj� la vista. Aunque Charles sab�a que no deb�a confiar en la sumisi�n que le�a en su lenguaje corporal, decidi� que por ahora le servir�a.</p><p>Charles habl� en voz baja:</p><p>���C�mo nos has encontrado?</p><p>Era una pregunta importante. No estaban muy cerca del lugar en el que deber�an de estar acampados de haber seguido la ruta que estableciera con Tag. �Hab�a cometido alg�n error que le permitir�a tambi�n a la bruja dar con ellos? Las peculiaridades de las �ltimas veinticuatro horas hab�an afectado negativamente a su confianza. Aquello, unido a su cuerpo medio tullido, lo convert�an en alguien m�s quisquilloso de lo habitual.</p><p>Asil mantuvo los hombros relajados bajo el grueso abrigo con que se cubr�a del fr�o.</p><p>��A medida que nos hacemos mayores, todos aprendemos nuevas habilidades. Tu padre puede comunicarse con sus lobos, por muy alejados que est�n. Y yo siempre puedo rastrear a mis compa�eros de manada. Si no hubierais salido de estampida como conejos asustados, os habr�a encontrado hace horas.</p><p>���Qu� haces aqu�? -dijo Charles con los dientes apretados.</p><p>No le hab�a molestado el comentario sobre el �conejo asustado�. De verdad.</p><p>No era buena idea enfadarse con Asil. El arrogante y narcisista Moro sol�a devolverte la ira con una dosis doble de humillaci�n. Charles nunca hab�a ca�do en una de sus trampas, pese a las numerosas humillaciones, pero hab�a presenciado como otros lo hac�an. No se puede sobrevivir como lo hab�a hecho Asil sin ser un astuto depredador.</p><p>��He venido a disculparme -dijo Asil mientras alzaba los ojos para que Charles pudiera leer la sinceridad de sus palabras en ellos-. Sage me cont� algo sobre lo que tuvo que soportar Anna. Si hubiese sabido por lo que estabas pasando, jam�s habr�a interferido en la relaci�n con tu pareja.</p><p>��No interferiste nada -dijo Charles.</p><p>No ten�a ninguna duda de que Asil hablaba con sinceridad.</p><p>��Bien. Y tambi�n estoy aqu� para ayudaros, a ti y a tu pareja, en todo lo que necesit�is. -Mir� en direcci�n al tronco bajo el que dorm�an Anna y Walter-. Tras sentirme arrepentido, pens� que lo mejor era ayudaros con el lobo solitario. Aunque parece que lo tienes todo bajo control.</p><p>Charles sinti� c�mo sus cejas se arqueaban. <emphasis>Bajo control </emphasis>no era exactamente c�mo describir�a los acontecimientos del �ltimo d�a.</p><p>��Las apariencias enga�an. �Tienes alguna idea de por qu� te busca una bruja?</p><p>El rostro de Asil se qued� blanco como la nieve y su cuerpo r�gido como una piedra.</p><p>���Una bruja?</p><p>��Para ser exactos, ha preguntado por ti. -Charles se frot� la frente porque tendr�a que haber estado loco para frotarse el pecho delante de Asil-. �O c�mo pudo interceptar la conexi�n de la manada de mi padre para controlarme de un modo que �l jam�s ha conseguido?</p><p>��Una bruja -dijo Asil-. �Aqu�?</p><p>Charles asinti� con brusquedad.</p><p>��Si no sabes nada de ella, �qu� tal una mujer lobo que parece tener alg�n tipo de conexi�n con ella? Una cuyo pelaje es muy similar al de tu pareja�</p><p>Su voz se desvaneci� porque Asil, con el rostro a�n extra�amente p�lido, cay� al suelo de rodillas; no como si se arrodillara ante Charles, sino m�s bien como si las articulaciones hubieran dejado de sostenerle. Charles record� que a Walter le hab�a ocurrido algo parecido, pero en el caso de Asil no se deb�a al asombro ni al inesperado milagro que representaba la presencia de Anna.</p><p>Le embarg� el olor de las violentas emociones de Asil, aunque le result� imposible desentra�ar algo espec�fico en aquella tormenta salvo que el dolor y el p�nico llevaban la iniciativa.</p><p>��Entonces es ella -musit� Asil-. Confiaba en que hubiera muerto hace tiempo. Incluso cuando descubr� qu� aspecto ten�a el lobo solitario, confiaba en que se tratara de otra persona.</p><p>Por eso Charles no cre�a en las coincidencias.</p><p>���Conoces a la bruja?</p><p>El Moro se contempl� las manos cubiertas con unos guantes negros y las enterr� en la nieve. Cerr� los ojos y se encogi� de hombros. Cuando volvi� a abrirlos, desped�an reflejos dorados.</p><p>��Es ella. Ella me lo rob�, y ya no puede ocultarse de m� si la observo, como tampoco yo puedo ya seguir ocult�ndome de ella.</p><p>Charles respir� profundamente y decidi� armarse de paciencia.</p><p>���Qu� te rob� exactamente y qui�n es?</p><p>��Ya lo sabes -dijo Asil-. La que mat� a mi Sarai. -Sac� las manos enguantadas de la nieve y se frot� la frente con ellas. Entonces a�adi� la parte insoportable-: Rob� el v�nculo que me un�a a mi pareja.</p><p>Charles sab�a, como todos los que hab�an o�do las historias del Moro, que el v�nculo entre Asil y su esposa gozaba de un don poco com�n: la empat�a.</p><p>No hizo nada est�pido, como preguntarle a Asil si estaba completamente seguro. Pese a todo, nunca hab�a o�do hablar de algo semejante. Estar unido a una bruja, a una bruja negra, mediante la empat�a era probablemente una de las peores cosas que pod�an ocurrirte. Ahora comprend�a por qu� Asil le pidi� a su padre que le matara.</p><p>��Esta bruja parece una adolescente, y Sarai muri� hace dos, siglos.</p><p>Asil inclin� la cabeza y dijo en voz muy baja:</p><p>��Te juro que no esperaba que me encontrase. Las protecciones de tu padre han servido hasta ahora; de no ser por eso, le hubiera obligado a matarme el primer d�a que llegu� a Aspen Creek. -Se detuvo para tragar saliva-. No deber�a haberle permitido que me convirtiera en un miembro de la manada. Si la bruja se ha colado en el v�nculo de la manada, solo ha podido hacerlo a trav�s de m�, a trav�s de nuestro v�nculo.</p><p>R�gido por el fr�o, Charles contempl� al Moro y se pregunt� si de verdad pod�a estar tan loco como �l mismo aseguraba. Porque si no lo estaba, aquella bruja representaba un problema mayor de lo que Charles hab�a cre�do en un principio.</p><p>Unos ojos de lobo cristalinos le contemplaron desde un rostro oscuro camuflado por la nieve.</p><p>��Hablame del lobo que se parece a Sarai.</p><p>La desesperaci�n y el recelo ti�eron la voz de Asil.</p><p>��No conoc� a tu pareja. -La voz de Charles se suaviz�-. Pero el lobo que va con la bruja es muy grande, incluso para ser un hombre lobo. Parece un pastor alem�n: beige con franjas negras en la espalda. Creo que en la pata delantera izquierda tiene una mancha blanca.</p><p>��En los dos primeros dedos -solt� Asil, poni�ndose en pie con una ira que no pod�a ser fingida. Era mucho lo que hab�a tenido que aceptar-. �C�mo se atreve a usar la forma de Sarai para crear sus ilusiones?</p><p>Charles se cruz� de brazos. Iba a tener que sentarse dentro de poco, ya que el dolor empezaba a pasarle factura.</p><p>��No es una ilusi�n. A menos que una ilusi�n pueda contagiar la licantrop�a. El lobo solitario que encontramos fue su primera v�ctima. Ella le atac� y �l consigui� deshacerse de ella� y se Transform� en la siguiente luna llena.</p><p>Asil se qued� inm�vil.</p><p>���C�mo?</p><p>Charles asinti�.</p><p>��Ese lobo tiene algo extra�o. Su solidez es intermitente. Anna la golpe� y huy�, pero en cuanto se perdi� de vista, el rastro y la sangre desaparecieron.</p><p>Asil contuvo el aliento.</p><p>���Sabes algo?</p><p>��Estaban todas muertas -musit�.</p><p>���Qui�nes?</p><p>��Todas las brujas que lo sab�an� pero todas subestimaron a Mariposa.</p><p><emphasis>���Mariposa? </emphasis>�C�mo el insecto?</p><p>Los ojos de Asil reluc�an negros en la oscuridad.</p><p>��Yo no soy una bruja.</p><p>Lo que le pareci� una respuesta algo extra�a a su pregunta. Charles lo estudi� detenidamente.</p><p>��Pero hace mucho, mucho tiempo que est�s vivo -sugiri� Charles-. Y Sarai era herborista, �no es cierto? Sabes bastante de brujer�a. Sabes qu� es ese lobo.</p><p>��Mariposa es la bruja. Nosotros la criamos, Sarai y yo -dijo Asil con acritud-. Proven�a de una familia de brujas que conoc�amos� mi pareja era herborista. Conoc�a a casi todas las brujas en aquella zona de Espa�a, les suministraba lo que necesitaban. Cierto d�a un calderero lleg� a nuestra casa con Mari, quien por entonces ten�a unos ocho o nueve a�os. Por lo que pudimos averiguar m�s adelante, la madre de Mariposa utiliz� su poder para proteger a su hija peque�a del ataque de otro clan de brujas. Sus padres, abuelos, hermanos y hermanas murieron. El calderero la hab�a encontrado deambulando por los restos carbonizados de su casa y pens� que mi mujer podr�a encargarse de ella, pues sab�a que Sarai hab�a hecho muchos negocios con aquella familia.</p><p>Asil suspir� y gir� la cabeza, contemplando el angosto y oscuro valle que se extend�a a sus pies.</p><p>��Aquella �poca fue muy mala para todos en Europa. Dos siglos antes, la Inquisici�n se hab�a cobrado un terrible precio, y cuando aquello lleg� a su fin, las brujas empezaron a enfrentarse por el poder. Solo Napole�n consigui� evitar que se exterminaran entre ellas definitivamente.</p><p>��Conozco la historia -le dijo Charles.</p><p>La �nica estirpe de brujas en la Europa occidental que sobrevivi� a la lucha de poder fue la de los Torvalis, la cual ten�a sangre gitana. Las brujas continuaron naciendo aqu� y all� en el seno de familias mundanas, pero raramente ten�an m�s de una d�cima parte de su antiguo poder. Las brujas de la Europa oriental y las asi�ticas jam�s hab�an establecido el tipo de dinast�as t�picas en la Europa occidental.</p><p>��Manten�an en secreto los hechizos en el seno de la familia -dijo Asil-. De modo que cada una tend�a a la especializaci�n. La familia de Mariposa era una de las m�s poderosas. -Dud� un instante-. Pero ella era solo una <emphasis>ni�a, </emphasis>y este era su hechizo mejor guardado. No puedo creer que se lo confiaran.</p><p>���Qu� tipo de hechizo?</p><p>��Se comentaba que su familia dispon�a de guardianes en sus propiedades, grandes bestias que patrullaban y mataban por ellos� y que no necesitaban comer ni beber. Se rumoreaba que las hab�an creado a partir de criaturas vivas; ten�an una reserva de animales salvajes. -Suspir�-. Ese tipo de hechizos tan poderosos, como sabr�s, no se consiguen sin sangre y muerte.</p><p>���Crees que Mariposa lo utiliz� contra Sarai?</p><p>Asil se encogi� de hombros.</p><p>��No s� nada. Lo �nico que puedo hacer es especular. -Respir� hondo-. Antes de enviarla con otra bruja para que la adiestrara, me dijo que el �nico lugar en el que se sent�a segura era a nuestro lado.</p><p>Se detuvo, y a continuaci�n a�adi� con desesperaci�n:</p><p>��Yo estaba en Rumania cuando sucedi�. Tuve un sue�o en el que torturaban y consum�an a Sarai. Pese a que su coraz�n dej� de latir y sus pulmones se bloquearon, continu� viviendo, consumi�ndose en un infierno de dolor y dominio. So�� que Mariposa la devoraba hasta que dej� de ser ella. Tard� mucho tiempo en morir, pero no el suficiente como para poder regresar de Rumania. Cuando cruc� el umbral de nuestra casa, Sarai llevaba varios d�as muerta.</p><p>Asil contempl� el bosque, pero sus ojos no ve�an los �rboles sino algo que ocurri� hac�a muchos a�os.</p><p>��Quem� el cuerpo y enterr� las cenizas. Dorm� en nuestra cama y, cuando despert�, Mariposa me estaba esperando� en mi cabeza, donde solo Sarai pod�a entrar.</p><p>Suspir� de nuevo, recogi� un pu�ado de nieve y lo lanz� hacia un lado.</p><p>��Yo no estaba tan ciego como Sarai, quien solo vio a la ni�a que hab�a sido. Adem�s, pod�a sentir su maldad. Supe cuando Mariposa decidi� que tambi�n me quer�a a m�, de modo que hu�. Me march� a �frica, y la distancia debilit� nuestro v�nculo. Por entonces pensaba que si estaba demasiado cerca de ella, pod�a obligarme a hacer lo que quisiera.</p><p>Abri� la boca y respir� entrecortadamente varias veces, como si estuviera en forma de lobo y agitado.</p><p>��Esper� durante a�os, convencido de que un d�a u otro la bruja morir�a. Pero no fue as�. -Asil volvi� a encogerse de hombros, se dio la vuelta y mir� a Charles una vez m�s-. Creo que es alg�n tipo de efecto secundario provocado por lo que le hizo a Sarai; al robar nuestro v�nculo, rob� tambi�n su inmortalidad. No tengo ni la m�s remota idea de por qu� hizo tal cosa, pero si intentaba crear a una criatura con el hechizo por el que era famosa su familia� todo tendr�a sentido. Presenci� la muerte de toda su familia, vio c�mo su madre mor�a protegi�ndola del hechizo dise�ado para matar a todos los que se encontraban en su casa.</p><p>Charles distingui� la compasi�n en la voz de Asil e intent� contrarrestar aquel sentimiento con un ba�o de realidad.</p><p>��De modo que mat� a tu mujer, quien la hab�a acogido, protegido y cuidado. La tortur� hasta la muerte para fabricarse algo que pudiera protegerla. -Sus instintos no le hab�an enga�ado: bruja negra, y las brujas negras siempre eran algo desagradable, todas y cada una de ellas-. Y ahora te quiere a ti, probablemente por la misma raz�n.</p><p>��S� -musit� Asil-. Hace mucho tiempo que estoy huyendo.</p><p>Charles volvi� a frotarse la frente, en aquella ocasi�n porque sinti� c�mo se aproximaba el dolor de cabeza.</p><p>��Y ahora has decidido venir aqu� para presentarte ante ella a modo de regalo.</p><p>Asil emiti� una risa ahogada.</p><p>��Supongo que eso es lo que parece. Hasta que me dijiste que ella estaba aqu�, segu�a convencido de que mis suposiciones eran infundadas. -Su rostro perdi� parte de su regocijo y a�adi�-: Me alegro de haber venido. Si tiene una parte de mi Sarai debo detenerla.</p><p>��Estaba barajando la posibilidad de avisar a Bran -dijo Charles -. Pero empiezo a creer que no ser�a lo m�s inteligente.</p><p>Asil frunci� el ce�o.</p><p>���Qui�n es m�s dominante? -le pregunt� Charles-. �T� o yo?</p><p>Los ojos de Asil se hab�an ido oscureciendo durante la conversaci�n, pero la pregunta de Charles volvi� a iluminarlos con fuerza.</p><p>��T�. Ya lo sabes.</p><p>��Por tanto -dijo Charles mirando a Asil fijamente hasta que los ambarinos ojos de este se apartaron derrotados-, �c�mo pudo la bruja controlarme <emphasis>utilizando </emphasis>el v�nculo con tu pareja y tus lazos con la manada?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>En cuanto Charles se march� para hablar con Asil, Anna hab�a empezado a transformarse. Deb�a enfrentarse a aquel lobo con la palabra en lugar de con colmillos y garras. Ten�a cierta habilidad irritando a su pareja� y Charles a�n era imprevisible tras su encuentro con la bruja.</p><p>No pens� en Walter hasta que se encontr� desnuda y jadeante en mitad del aire congelado. Puede que ella hubiera dispuesto de tres a�os para acostumbrarse a estar desnuda delante de extra�os, pero �l no.</p><p>Cuando le mir�, vio que Walter ten�a la cabeza en la otra direcci�n y que miraba fijamente un tronco cercano: el perfecto caballero.</p><p>Dej� de preocuparse por �l y se enfund� la fr�a ropa y las botas porque empezaba a percibir la ira creciente de Charles: Asil hab�a puesto en peligro a su manada y al Marrok. Pero, m�s que eso, le preocupaba el hecho de que ni Charles ni Asil se dieran cuenta de lo cerca que estaba Charles de derrumbarse. Le result� sorprendente que ella s� lo hiciera.</p><p>Cuando termin� de vestirse, Anna avanz� a rastras para salir de su escondrijo y se puso en pie. No se molest� en coger las raquetas; a�n era noche cerrada. Contempl� la luna creciente y record� que a�n quedaban unos cuantos d�as para la luna llena. Por primera vez aquello no le puso los nervios de punta. Con Walter en forma de lobo a sus pies, avanz� por el llano hasta donde estaban Charles y Asil.</p><p>Era una mala se�al, pens�, que ninguno de los dos diera muestras de haber percibido su presencia.</p><p>���Podr�a estar interfiriendo con el Marrok en busca de poder, como hace Leah? -pregunt� Anna.</p><p>Los dos hombres se dieron la vuelta. Era evidente que Charles se sent�a inc�modo por no haber reparado en ellos antes. Asil, quien ten�a las perneras de sus t�janos empapadas, parec�a m�s preocupado de Walter, quien manten�a las orejas alerta y mostraba los colmillos.</p><p>Anna apoy� una mano en su cuello mientras hac�a las presentaciones.</p><p>��Asil, este es Walter. Walter, este es Asil, el lobo del que te hablamos.</p><p>Asil mir� al lobo con el ce�o fruncido, quien le devolvi� la mirada y asom� a�n m�s los colmillos.</p><p>��Basta ya -le dijo Anna a Walter, confiando en que le escuchara. Lo que menos necesitaban ahora era una lucha por el dominio. A los lobos nuevos siempre les costaba un poco establecer su lugar en la manada. Resultaba interesante que Walter no asumiera inmediatamente que Asil era el de mayor rango-. Todos debemos estar en las mejores condiciones para el combate.</p><p>��Walter protegi� a una de las v�ctimas del lobo y este acab� Transform�ndole -dijo Charles-. Ha aceptado ayudarnos.</p><p>Podr�a haberlo expresado de un modo completamente distinto, pens� Anna. Acarici� la parte superior de la cabeza de Walter de forma protectora. Con aquello, en lugar de desestimar al nuevo lobo, Charles pretend�a dejar claro que Walter estaba bajo su protecci�n y que era un elemento valioso en su intento de capturar a la bruja.</p><p>Aquello llen� de satisfacci�n a Anna, y como adem�s no quer�a que Charles y Asil volvieran a discutir, dijo:</p><p>���Podr�a estar Mary� Mariposa recurriendo al poder del Marrok a trav�s del v�nculo de la manada?</p><p>Charles dej� de fruncirle el ce�o a Asil para contestar:</p><p>��Es indudable que se parec�a mucho al poder de mi padre. Pero �l no podr�a controlarme de ese modo.</p><p>Asil parec�a desolado. Una bruja lo suficientemente poderosa puede controlar a cualquier hombre lobo sin una manada que pueda protegerle. Est� prohibido por la ley de brujer�a, pero es posible.</p><p>��Uno de los problemas que Sarai y yo tuvimos con Mariposa fue su tendencia a obligar a la gente a hacer cosas contra su voluntad, como matar a sus animales de compa��a. Y ha tenido tiempo de hacerse a�n m�s poderosa. Ahora, gracias a m�, se ha convertido en un miembro de facto de la manada. Puede que haya logrado combinar los poderes de tu padre con los suyos propios.</p><p>Anna no estaba segura de las implicaciones de aquello, pero era obvio que Charles no estaba muy satisfecho.</p><p>���El plan sigue siendo bajar de las monta�as para hablar con el Marrok? -pregunt� Anna-. Aunque no pueda venir, �no deber�amos alertarlo?</p><p>Charles se qued� completamente inm�vil.</p><p>���Qu� crees que har� tu padre cuando le contemos lo que ocurre? -pregunt� Asil.</p><p>Charles no respondi�.</p><p>��Exacto -corrobor� Asil-. Lo mismo que creo yo. Vendr�a �l mismo en persona� despu�s de obligarnos a todos a regresar a casa. No importa que sea una estupidez, el Marrok protege a los suyos y tiene tanta confianza en la reputaci�n de su invulnerabilidad como el resto de lobos. La muerte de Doc Wallace fue un duro golpe para �l, y no se arriesgar� a perder a otro de los suyos. Sobre todo si es su hijo.</p><p>��Ninguna bruja puede controlar a mi padre -dijo Charles. Aunque Anna percibi� cierta duda en su voz. Quiz� �l tambi�n se dio cuenta, ya que gir� la cabeza y dijo, m�s suavemente-: tendremos que hacerlo nosotros.</p><p>Asil irgui� la cabeza de repente y olfate� el aire con los ojos cerrados. Entonces se qued� inm�vil.</p><p>Charles se dio la vuelta hacia el refugio. Anna hizo lo mismo pero no vio nada. Al principio.</p><p>Parec�a fundirse con el viento y la nieve. Su pelaje brillaba con tonos grises, dorados y tenebrosos. Todos se quedaron petrificados, contemplando c�mo la loba observaba a Asil. Tras unos segundos, salt� por encima del toc�n y se aproxim� lentamente sin dejar de gimotear y agitar ligeramente el rabo.</p><p>Asil hizo adem�n de aproximarse a la loba, pero Charles le agarr� por el hombro, impidi�ndole avanzar.</p><p>���Sarai? -dijo Asil con voz ronca mientras Charles continuaba sujet�ndole.</p><p>La loba inclin� la cabeza y baj� la cola adoptando la posici�n cl�sica de sumisi�n. Volvi� a gemir. Junto a Anna, Walter gru�� y se coloc� entre ella y la otra loba. Sin embargo, la mujer lobo solo ten�a ojos para Asil.</p><p>La loba emiti� un sonido suplicante, afligido. A continuaci�n, se dio la vuelta y sali� corriendo. Anna la estaba mirando, de modo que no vio lo que hizo Asil, tan solo que, de repente, se hab�a liberado de la mano de Charles y corr�a detr�s de la loba que tanto se parec�a a su pareja.</p><p>Charles no le persigui�. Se limit� a observar c�mo los dos desaparec�an en la oscuridad.</p><p>��Eso no es muy bueno, �verdad? -musit� Anna.</p><p>��No -dijo Charles con severidad. -�Qu� hacemos? �Los seguimos?</p><p>��No. -Charles mir� a Walter-. Aunque no creo que sea necesario, �no crees? La bruja contin�a en la vieja caba�a del servicio forestal.</p><p>Walter ladr� para demostrar su conformidad.</p><p>���No se lo contaremos al Marrok? -El viento volvi� a soplar con fuerza y Anna empez� a temblar-. �Est�s seguro de que es lo m�s inteligente? �Tu padre no tiene una bruja a sueldo que pueda ayudarnos? Mi vieja manada compart�a una con la otra manada de Chicago.</p><p>��La bruja de Asil ha encontrado el modo de controlar a un hombre lobo que tiene la protecci�n de la manada -dijo Charles-. Es la primera vez que oigo algo semejante, de modo que su intenci�n no parece ser hacerlo p�blico. Afortunadamente, las brujas mantienen bien ocultos sus poderes. Pero si esta es la �nica que sabe c�mo hacerlo, hemos de procurar que siga siendo as�. No podemos involucrar a otra bruja.</p><p>Charles continuaba con la vista fija en el lugar por donde hab�a desaparecido la mascota de la bruja.</p><p>��Asil tiene raz�n. Mi padre querr�a encargarse �l solo de la bruja.</p><p>���Y podr�a hacerlo?</p><p>Charles empez� a encogerse de hombros pero se detuvo a medio camino, como si le doliera.</p><p>��No tuvo ning�n problema conmigo. Lo que no significa que mi padre no pueda rechazarla, pero si no lo consiguiera� mi padre controla a todos los hombres lobo de Norteam�rica, Anna. Si lo capturara, podr�a controlarlos a todos.</p><p>���Es eso lo que quiere?</p><p>Anna se dio cuenta de que Charles se balanceaba ligeramente.</p><p>��No lo s�. Lleva mucho tiempo buscando a Asil, pero mi padre es una pieza m�s valiosa.</p><p>Anna dio un paso hacia Charles y le rode� la cintura con el brazo para calmarlo.</p><p>���Estaremos a salvo el resto de la noche? �O vendr� a por nosotros?</p><p>Charles la mir� desde arriba y suspir�.</p><p>��No m�s que en cualquier otro lugar; espero. Asil la mantendr� ocupada. Pobre Moro. Si estuviera en mejores condiciones, habr�a ido tras ellos. Pero esta noche est� solo. -Una sonrisa amarga cruz� por su rostro-. No nos queda m�s remedio que pasar el resto de la noche aqu� -le dijo-. Necesito comer y descansar antes de poder recorrer un kil�metro m�s.</p><p>Anna lo acompa�� hasta uno de los �rboles ca�dos, un lugar protegido del viento, y volvi� a encender la fogata. Walter bloque� el viento mientras ella usaba una gotita de Sterno y el mechero para hacer prender las ramas m�s secas que hab�a podido encontrar en los alrededores. Mientras el agua se calentaba, Anna le cambi� a Charles el vendaje de las costillas utilizando una camiseta limpia que previamente hab�a hecho jirones. Durante todo el proceso, �l se mostr� d�cil como un ni�o.</p><p>Le oblig� a comer dos sobres de comida liofilizada, le dio otro a Walter y ella comi� otro. Cuando terminaron, cubri� la fogata con nieve hasta extinguirla completamente y acompa�� a Charles al refugio. Se sent�a demasiado cansada para volver a transformarse, y Charles a�n estaba en peores condiciones. Walter se acurruc� frente a ambos, bloqueando de forma electiva el viento y la nieve que intentaban golpearles.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna abri� los ojos en la oscuridad, convencida que algo hab�a vuelto a despertarla. Irgui� la cabeza, se apart� de la c�lida y dulce piel de Charles y mir� a su alrededor. No hab�a rastro de Walter, y en alg�n momento de la noche, ella y Charles hab�an intercambiado sus posiciones, de modo que ahora �l se interpon�a entre ella y el peligro.</p><p>El viento y la nieve hab�an cesado, dejando el bosque silencioso y al acecho.</p><p id="_ftnref3"><emphasis>Me transmute sursum, Caledoni, </emphasis>musit� Anna. Una l�stima que Scotty <a type="note" l:href="#_ftn3">[3]</a> no estuviera all� para teletransportarlos a un lugar seguro. Hab�a algo en la atm�sfera cargada que resultaba aterrador.</p><p>Anna escuch� con toda su atenci�n pero no percibi� nada. El abrumador silencio palpitaba con fuerza en sus o�dos, y los latidos de su coraz�n se hicieron a�n m�s audibles en la quietud de la noche invernal.</p><p>Solo o�a los latidos de su coraz�n y su propia respiraci�n.</p><p>���Charles? -susurr� mientras le tocaba un hombro con vacilaci�n. No le respondi�, por lo que empez� a zarandearlo.</p><p>Su cuerpo se alej� de ella. Estaba tumbado de lado, y rod� fl�cido hasta el exterior del reducido refugio, quedando sobre la nieve. La luz de la luna le iluminaba con la misma claridad que lo hubiera hecho la luz del sol.</p><p>Anna contuvo el aliento y una oleada de p�nico le llen� los ojos de l�grimas: la sangre le empapaba la parte del abrigo que cubr�a su espalda. Se mir� las manos y vio sus dedos manchados de sangre: de la sangre de Charles.</p><p>��No -dijo mientras se incorporaba. Se golpe� la cabeza en el tronco del �rbol ca�do bajo el que se hab�an refugiado, pero ignor� el dolor y alarg� los brazos-. �Charles!</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Bran se irgui� sobre su cama. El coraz�n le lat�a desbocado y respiraba con dificultad. El aire fr�o del dormitorio le recorri� el cuerpo empapado en sudor. <emphasis>Bruja.</emphasis></p><p>���Qu� ocurre? -Leah se dio la vuelta y apoy� la cabeza sobre las manos, su cuerpo relajad� y saciado.</p><p>��No lo s�.</p><p>Respir� profundamente, pero no percibi� ninguna presencia extra�a en el dormitorio. A pesar de que la cabeza se le aclar� r�pidamente, el sue�o que acababa de tener le elud�a. Todo salvo aquella �nica palabra: <emphasis>bruja.</emphasis></p><p>El m�vil empez� a sonar.</p><p>���Qu� ocurre, pap�? -Samuel parec�a estar completamente despierto-. �Por qu� me has <emphasis>llamado?</emphasis></p><p>Bran tard� unos segundos en comprender que Samuel no se refer�a a una llamada telef�nica. Se frot� el rostro e intent� recordar. <emphasis>Bruja. </emphasis>Por alguna raz�n, aquella palabra le produc�a escalofr�os en la espalda.</p><p>Tal vez hab�a so�ado con el pasado. Ya no le ocurr�a tan a menudo como antes. Y cuando lo hac�a, no so�aba con la bruja, sino m�s bien con toda la gente que hab�a muerto entre sus colmillos tras la muerte de la bruja.</p><p>No, aquel no parec�a un sue�o de recuerdos. Parec�a un aviso. En cuanto pens� en eso, volvi� a sentir la alarma que le hab�a despertado. Algo iba mal.</p><p>���Qu� he dicho? -Su voz le obedeci�, trasmitiendo �nicamente calma y curiosidad.</p><p>��Despierta -dijo Samuel fr�amente.</p><p>��Eso no me ayuda mucho. -Bran se atus� el pelo con una mano-. Siento haberte molestado. Estaba dormido.</p><p>La voz de Samuel se suaviz�:</p><p>���Era una pesadilla, pap�?</p><p>Como en respuesta a su pregunta, Bran vio una imagen que <emphasis>hab�a formado parte de su sue�o: </emphasis></p><p>��Charles est� en peligro.</p><p>���Un lobo solitario? -Samuel habl� con educada incredulidad-. Nunca he conocido a un lobo solitario que le hiciera perder el sue�o a Charles.</p><p><emphasis>Bruja.</emphasis></p><p>Aunque no su bruja, la bruja que le hab�a convertido en un monstruo hac�a muchos a�os. Muerta, pero no olvidada. Otra bruja.</p><p>���Pap�?</p><p>��Espera, d�jame pensar.</p><p>Tras un momento, dijo:</p><p>��Charles y Anna salieron hace dos d�as en busca del lobo solitario.</p><p>En ocasiones decir las cosas en voz alta le ayudaba a recordar lo que hab�a estado so�ando. Los sue�os de alerta siempre eran los peores; aunque terminaba record�ndolos, a veces lo hac�a cuando <emphasis>todo </emphasis>hab�a terminado.</p><p>��Asil vino a verme aquella tarde. Estaba molesto conmigo por haber enviado a Charles sin esperar a que se recuperase de sus heridas -dijo Bran.</p><p><emphasis>��</emphasis>�Asil<emphasis/>estaba preocupado por Charles? -dijo Samuel con un deje de escepticismo en la voz.</p><p>��Justo lo que yo pensaba. Sorprendente. Aunque no se mostr� demasiado inquieto hasta�</p><p>���Qu�?</p><p>Bran se frot� la frente.</p><p>��Soy demasiado viejo. Lo olvid�. Qu� est�pido� Bueno, Eso lo explica todo.</p><p>Se puso a re�r.</p><p>��Lo siento. Asil se march� ayer por la ma�ana, presumiblemente para encontrar a Charles, pero acabo de entender la raz�n. La descripci�n del lobo solitario encaja con la del lobo de Sarai� la pareja de Asil.</p><p>��Lleva mucho tiempo muerta.</p><p>��Doscientos a�os. Asil me dijo que �l mismo la inciner� y enterr� las cenizas. Y por muy viejo que sea, no puede mentirme. Sarai est� muerta.</p><p>Leah baj� de la cama por su lado y recogi� su ropa. Sin mirar a Bran, sali� del dormitorio de este para regresar al suyo. Bran oy� c�mo cerraba la puerta y supo que hab�a herido sus sentimientos al mantener aquella conversaci�n con Samuel en lugar de con su pareja.</p><p>Pero no ten�a tiempo para disculpas; acababa de tener una extra�a revelaci�n.</p><p><emphasis>Bruja.</emphasis></p><p>��Samuel -dijo dej�ndose llevar por esta-, �por qu� raz�n quemar�as un cuerpo?</p><p>��Para ocultar su identidad. Porque es muy duro enterrar un cuerpo. Porque lo exige su religi�n. Porque hay demasiados cuerpos y nadie tiene a mano una excavadora. �Me estoy acercando?</p><p>Bran estaba demasiado preocupado para bromas.</p><p>���Por qu� Asil incinerar�a el cuerpo de Sarai en Espa�a durante las guerras napole�nicas?</p><p>��Bruja.</p><p><emphasis>Bruja.</emphasis></p><p>��He so�ado con una bruja -dijo Bran, seguro ya de que hab�a dado en el clavo.</p><p>��La pareja del Moro fue torturada hasta la muerte durante d�as -reflexion� Samuel en voz alta-. Siempre pens� que fue obra de un vampiro. Una bruja no habr�a podido controlar durante tantos d�as a un hombre lobo. Matarla, tal vez, pero no torturarla.</p><p>��Conozco a una que hubiera podido.</p><p>��La abuela lleva muerta mucho tiempo, pap� -dijo Samuel con cautela.</p><p>��Muerta y devorada -dijo Bran con impaciencia-. Lo �nico que pretend�a era se�alar que existi� una excepci�n. Si hubo una, puede haber dos.</p><p>��Sarai era la pareja del Moro, y los dos formaban parte de una manada. Es distinto de lo que nos ocurri� a nosotros. Y Sarai fue asesinada hace doscientos a�os. Las brujas viven los mismos a�os que los humanos.</p><p>��Asil me dijo que �ltimamente hab�a estado so�ando. Con <emphasis>ella. </emphasis>Supuse que se refer�a a Sarai.</p><p>Silencio al otro lado del tel�fono. Samuel tambi�n conoc�a aquellos sue�os.<sub/></p><p>��No s� <emphasis>nada </emphasis>-dijo Bran-. Quiz� Sarai muri� a manos de un vampiro, y el lobo que se parece al suyo es solo una coincidencia. Tal vez Asil inciner� su cuerpo porque no pod�a soportar la idea de que se pudriera en la tumba. Tal vez mi sue�o solo ha sido eso, un sue�o, y Charles regresa en estos momentos a casa con el lobo solitario.</p><p>���Sabes una cosa? -dijo Samuel pensativamente- Has demostrado mejor tu opini�n argumentando en contra que a favor. Me pregunto si eso dice algo sobre c�mo funciona tu cerebro.</p><p>��O el tuyo -dijo Bran con una sonrisa involuntaria-. Ir� a comprobar c�mo le van las cosas a Charles.</p><p>��Bien -dijo Samuel-. �Quieres que vuelva?</p><p>��No. �Est�s en casa de Adam o de Mercy?</p><p>��Soy hijo tuyo -dijo con petulancia pese a la preocupaci�n que trasmit�a su tono de voz-. En la de Mercy, por supuesto.</p><p>Bran sonre�a al colgar el tel�fono. Sali� de la cama y se visti� para el paseo.</p><p>Se detuvo frente a la puerta cerrada de Leah pero decidi� que no pod�a hacer nada por arreglar lo que no funcionaba entre ellos. Ni siquiera quer�a intentarlo, solo lamentaba herir sus sentimientos con tanta facilidad.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna, tumbada sobre el cuerpo cada vez m�s fr�o de Charles, not� la garganta dolorida de tanto llorar. El rostro, h�medo por las l�grimas y la sangre, se le estaba congelando r�pidamente. La nieve le quemaba la punta de los dedos.</p><p>Estaba muerto, y era culpa suya. Tendr�a que haberse dado cuenta de que la hemorragia era peor de lo que �l estaba dispuesto a admitir. Solo hab�a estado con �l unos cuantos d�as.</p><p>Se apoy� en �l para sentarse con las piernas cruzadas sobre el suelo congelado mientras estudiaba su ex�tico y bello rostro.</p><p>Hab�a vivido doscientos a�os o m�s y Anna sab�a muy pocas cosas de todo aquel tiempo. Quer�a conocer todas las historias. �Qu� hab�a sentido al crecer siendo un hombre lobo? �Qu� travesuras se le habr�an ocurrido? Ni siquiera sab�a su color favorito. �El verde? �Como su dormitorio?</p><p>��Rojo. Es el rojo -le susurr� al o�do, asust�ndola.</p><p>Pero aquello era imposible. �O no?</p><p>Alarg� la mano para tocar el cuerpo de Charles, pero lo �nico que consigui� fue parpadear. Estaba tumbada de espalda bajo el peso de un Charles completamente vivo, aunque en la parte izquierda de su rostro vio la marca de una garra.</p><p>Anna estaba jadeando, y sinti� un dolor punzante en las mamos a medida que estas recuperaban lentamente la forma humana. <emphasis>�Hab�a sido ella quien le hab�a hecho aquello? </emphasis>Sinti� c�mo si el coraz�n le hubiera dejado de latir durante varios minutos y ahora volviera a hacerlo.</p><p>���Charles? -logr� decir con una gran esfuerzo.</p><p>Pese a que este no hizo ning�n gesto, Anna percibi� su alivio. Tambi�n lo sinti� en la relajaci�n de la mano de Charles sobre su brazo.</p><p>Charles coloc� brevemente su rostro contra su cuello y respir� junto a su oreja. Cuando la retir�, se apart� y le dijo:</p><p>��Lo �nico que deb�as hacer era preguntar.</p><p>Anna se irgui�. Se sent�a d�bil y desorientada.</p><p>���Preguntar?</p><p>��Cu�l era mi color favorito.</p><p>Anna lo mir� fijamente. �Se lo estaba tomando a broma?</p><p>��Estabas muerto -le dijo-. Cuando despert�, estabas cubierto de sangre y no respirabas. Estabas muerto.</p><p>Un gru�ido a su espalda la asust�; se hab�a olvidado completamente de Walter.</p><p>��Yo tambi�n lo he olido, lobo -dijo Charles. Las marcas de su rostro desaparec�an r�pidamente-. Brujer�a. Anna, �te quit� algo la bruja? �Piel, sangre, pelo?</p><p>Cuando hab�a aparecido el lobo, Mary le arranc� un mech�n de pelo.</p><p>��Pelo. -Su voz era tan ronca que casi no la reconoci�.</p><p>��Cuando hay brujas cerca, es mejor mantenerlas a distancia -dijo Charles-. El pelo le ha permitido introducirse en tus sue�os. Si hubieras muerto en ellos, tambi�n lo habr�as hecho en la realidad.</p><p>Anna supo que aquello era importante, pero no en aquel momento. Le desabroch� la chaqueta fren�ticamente pero Charles le cogi� las manos.</p><p>���Qu� buscas? �Puedo ayudarte en algo?</p><p>Ten�a las manos calientes, aunque antes tambi�n las hab�a tenido.</p><p>��He de comprobar tu espalda.</p><p>Charles la solt�, se deshizo de la chaqueta y, todav�a de rodillas, se dio la vuelta para que comprobara que los retales de la camisa con los que hab�a vendado su torso segu�an limpios. Anna apoy� la cabeza en su hombro y respir� el olor de su piel</p><p>Adem�s de esta, tambi�n percibi� la sangre vieja y el olor penetrante de la herida cur�ndose.</p><p>Le agarr� la camisa con ambas manos e intent� recuperar la calma.</p><p>���Solo ha sido una pesadilla? -dijo Anna, temerosa.</p><p>Temerosa de que lo otro fuese la realidad y aquello solo un sue�o.</p><p>��No -dijo �l-. Era la suma de tus peores miedos. -Se dio la vuelta y la rode� con sus brazos, envolviendo con su calor el fr�o cuerpo de Anna. Le susurr� al o�do-: llev�bamos quince minutos intentando despertarte. -Hizo una pausa y despu�s a�adi�-: No eras la �nica que ten�a miedo. Se te par� el coraz�n. Durante casi un minuto no consegu�a que volvieras a respirar� pen� pens� que te dejar�a moratones. El masaje cardiovascular es una de las cosas m�s dif�ciles que hay: la l�nea entre conseguir que salga el aire y romper una costilla es muy delgada.</p><p>Charles intensific� a�n m�s su abrazo y a�adi�:</p><p>��Uno de los problemas de tener un hermano m�dico es saber que muy pocos casos sobreviven a un masaje cardiovascular.</p><p>Anna descubri� que le estaba dando palmaditas en la espalda, en una zona bastante alejada de la herida.</p><p>��S�, pero supongo que la mayor�a no son hombres lobo.</p><p>Charles se separ� tras unos momentos y le dijo con energ�a:</p><p>��Est�s congelada. Creo que es hora de volver a comer. Aun nos quedan un par de horas antes de que salga el sol.</p><p>���C�mo est�s?</p><p>Charles sonri�.</p><p>��Mejor. Mucha comida, un poco de descanso y estar� casi como nuevo.</p><p>Anna le observ� detenidamente mientras extra�a un par de sobres de comida de la mochila; escogi� un par que no necesita un agua caliente. M�s fruta liofilizada y cecina.</p><p>Anna abri� el sobre de cecina con los dientes y se puso a mascar.</p><p>���Sabes qu�? Antes me gustaba mucho la cecina.</p><p>Mientras com�a los trocitos que ella le iba dando, Charles se estir� basta cubrirle los pies. Dado su gran tama�o, en poco tiempo not� c�mo el calor le sub�a desde la punta de los dedos.</p><p>Volvieron a tumbarse. Anna entre de los dos machos y Charles de nuevo a su espalda.</p><p>��Tengo miedo de dormirme -dijo ella.</p><p>Y no solo porque la bruja pod�a matarla. No podr�a soportar otra vez ver el cuerpo sin vida de Charles.</p><p>Este la apret� a�n m�s contra �l y empez� a cantar suavemente. Era una canci�n india. Anna lo supo por el tono nasal y la escala poco familiar.</p><p>Walter suspir� y se removi� hasta encontrar una posici�n m�s c�moda mientras los tres esperaban que llegara la ma�ana.</p></section><section><title><p id="_Toc233648891">Cap�tulo 12</p></title><p>A Bran no le preocupaba la oscuridad mientras segu�a las indicaciones de Tag hasta el lugar que �ste y Charles hab�an considerado el m�s adecuado para iniciar la b�squeda. Al pasar junio al Subaru de Asil, dud� un instante: si Asil iba en busca de Charles, habr�a seguido la ruta m�s r�pida. </p><p>Pero si las cosas se hab�an puesto feas, Charles regresar�a a su coche. Bran decidi� avanzar un poco m�s con su veh�culo.</p><p>Tambi�n consider� otras posibilidades. Algunos lobos ten�an brujas a sueldo. No su manada, ya que �l nunca se relacionaba con brujas negras, y casi todas las brujas blancas no eran lo suficientemente poderosas como para resultar �tiles. Pese a todo, pod�a recurrir a unas cuantas.</p><p>Si tuviera a una bruja de doscientos a�os capaz de inmovilizar y torturar a un hombre lobo durante dos d�as, no har�a correr la voz ni permitir�a que otras brujas la imitaran. Especialmente si la bruja en cuesti�n, como la madre de Bran, hab�a obtenido su habilidad mediante alg�n tipo de v�nculo con un hombre lobo.</p><p>No. Lo mejor era mantener a las brujas alejadas.</p><p>Pod�a contestar a Charles.</p><p>Aunque aquello era a�n m�s complicado. Su madre se hab�a valido de la telepat�a para rodearle con sus asquerosas cadenas. Por su culpa, no pod�a leer los pensamientos de los dem�s.</p><p>Tras matar a la bruja que hab�a sido su madre, la sacudida le hab�a despojado de aquel talento; uno de los muchos regalos que dej� su muerte. Lentamente, logr� recuperar la habilidad de hablar de una mente a otra, pero nunca la de escuchar.</p><p>El �nico motivo por el que su madre fue capaz de interferir en su talento es que ambos lo compart�an. Un caso extra�o, incluso para el hijo de una bruja. Resaltaba sorprendente que existiera otra bruja en Norteam�rica con la misma habilidad. Aunque a�n no se atrev�a a intentarlo hasta estar seguro de que su hijo estaba libre del influjo de la bruja de Asil.</p><p>De entre todos los seres capaces de practicar la magia, Bran despreciaba y tem�a por encima de todos a las brujas. Probablemente porque, si las cosas hubieran sido de otro modo, �l mismo habr�a sido un brujo.</p><p>Sali� de la autopista y cogi� el camino que llevaba a Silver Butte. Las roderas de un veh�culo m�s ancho de lo normal le preced�an. Charles hab�a seguido el plan al pie de la letra.</p><p>Conseguir que la camioneta de Charles avanzara por el sendero que hab�a recorrido el Vee fue una tarea ardua que le ayud� a apartar de su mente el resto de preocupaciones. Estaba empezando a pensar que tendr�a que haber aparcado junto al coche de Asil cuando, al dejar atr�s una curva cerrada, casi colisiona con el Vee, el cual estaba aparcado junto a un �rbol.</p><p>Se detuvo a poco menos de quince cent�metros del Vee. Apag� el motor y dej� la camioneta donde estaba porque el bosque era demasiado espeso para poder dar la vuelta, y adem�s tem�a que la nieve reci�n ca�da ocultara la cuneta.</p><p>No hab�a visto ning�n lugar donde dar la vuelta en los �ltimos quinientos metros; se pregunt� si, cuando regresara, iba a tener que conducir marcha atr�s. Se permiti� una sonrisa amarga; tampoco importar�a mucho si finalmente no consegu�an salir de all�.</p><p>Asil hab�a dispuesto del tiempo suficiente para dar con Charles, y adem�s estaba familiarizado con las brujas. Seguro que su hijo y el Moro podr�an enfrentarse a cualquier situaci�n. Si Charles segu�a la ruta marcada, Bran confiaba encontrar a todo el grupo antes de que anocheciera. Cuando lo hiciera, los sacar�a de las monta�as.</p><p>Dej� la llave en el contacto. No era probable que nadie subiera hasta all� para robar una camioneta� y si lo hac�a, bueno, tendr�a que v�rselas con Charles.</p><p>No hab�a cogido chaqueta porque pretend�a internarse en la monta�a en forma de lobo. Se quit� la ropa en la cabina, se arm� de valor y salt� de la camioneta antes de completar la transformaci�n. Abrir puertas de coche en forma de lobo era posible, pero sol�a provocar desperfectos en los veh�culos. Y pese a los habituales comentarios de su hijo sobre el odio que sent�a por los coches, sab�a que Charles estaba orgulloso de su camioneta.</p><p>Bran adopt� un trote regular que pudiera mantener todo el d�a. Hac�a mucho tiempo que no caminaba por aquellas monta�as. Nunca hab�an sido uno de sus lugares favoritos de caza, aunque no sab�a exactamente por qu�. Seg�n Charles, las Cabinet no aceptaban de buen grado a los intrusos, y supon�a que esa era una explicaci�n tan v�lida como cualquier otra.</p><p>Seguir la ruta de Charles a la inversa le pareci� el mejor modo de empezar. Todo el circuito no ten�a m�s de cincuenta kil�metros. Pod�a recorrerlo tranquilamente y regresar a los coches antes del anochecer.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>A excepci�n de tos desconchones en la pintura verde del peque�o porche, el resto de la caba�a no hab�a cambiado mucho desde la �ltima vez que Charles estuvo all�, unos cincuenta a�os atr�s. No era nada del otro mundo: una peque�a caba�a de troncos similar a muchas otras repartidas por los bosques de Montana, la mayor�a construidas durante la depresi�n por pelotones de desempleados.</p><p>I.os troncos estaban ajados por el sol, la lluvia y la nieve. Un todoterreno abollado con las cadenas puestas estaba discretamente aparcado entre la parte trasera de la caba�a y el bosque.</p><p>Charles detuvo a Anna a unos treinta metros de la caba�a, en un lugar donde los �rboles a�n les ocultaban, y a favor del viento cuanto lo hizo, Walter se tumb� en el suelo junto a los pies de ella, como si fuera su devota mascota� una mascota que pesaba lo mismo que un oso pardo y que era capaz de provocar una considerable destrucci�n.</p><p>Era tan obvio que la devoci�n de Walter no ten�a nada que ver con el sexo, que Charles no pod�a hacer nada por oponerse a ella. Continuamente le ven�a a la memoria la frase: �Creo que podr�a dormir�. Sab�a lo que se sent�a cuando las pesadillas de muerte y destrucci�n no dejaban de acosarte. Si Anna lograba traerle un poco de paz, qui�n era �l para impedirlo.</p><p>Charles observ� detenidamente la caba�a, deseando no sentir aquel p�nico. Hac�a mucho tiempo que no se sent�a de aquel modo. Estaba acostumbrado a preocuparse por Samuel, por su padre y, recientemente, por Anna, pero no por s� mismo. El recuerdo de c�mo la bruja de Asil le hab�a controlado como si fuera su Alfa hab�a anulado parte de su autoconfianza mediante un ba�o de realidad.</p><p>Acarici� el hombro de Anna ligeramente. Sab�a que no era tan fr�gil como su apariencia pod�a indicar; ning�n hombre lobo lo era. Y el viejo soldado era un superviviente, por lo que Charles obtuvo algo de consuelo con aquello.</p><p>��No os podr� ayudar directamente -le dijo Charles-. Si entro en su l�nea de visi�n, volver� a controlarme. Con el Alfa de una manada, la distancia es crucial, y tambi�n el contacto visual o f�sico.</p><p>Ni Walter ni Anna eran miembros de la manada de su padre, de modo que no ten�an conexi�n alguna con Asil. Salvo el v�nculo que un�a al lobo de Anna con el de Charles, aquello los dejaba tan vulnerables como cualquier otro lobo solitario. Pero Charles sab�a que a las brujas les costaba un tiempo obtener el control de un lobo solitario; mucho m�s tiempo del que �l pod�a ofrecer.</p><p>Su control hab�a sido instant�neo.</p><p>Aborrec�a a las brujas. Las habilidades de otros seres m�gicos no le molestaban tanto. Los druidas manipulaban la naturaleza: el clima, las plantas y algunos animales. Los brujos jugaban con cosas inanimadas. Sin embargo, las brujas utilizaban la mente y el cuerpo. La mente y el cuerpo de cualquiera. Manipulaban cosas que estaban vivas, o que lo hab�an estado. Las brujas blancas no eran tan desagradables, aunque probablemente porque la mayor�a de ellas dispon�an de poca m�s magia que �l. Las brujas negras aumentaban su poder matando y torturando seres: desde moscas a humanos.</p><p>��De acuerdo -dijo Anna, como si se enfrentara a brujas a diario-. Si est�n aqu�, t� enc�rgate del lobo� y<emphasis/>probablemente de Asil. Eso te mantendr� ocupado, incluso a ti.</p><p>Las horas de descanso, la comida y el ritmo lento y constante de aquella ma�ana le hab�an ayudado a recuperarse, lo que le permitir�a dominar a las mascotas de la bruja.</p><p>Anna<emphasis/>tembl� ligeramente bajo su mano; una combinaci�n de impaciencia y nervios, pens� Charles. Hab�a reaccionado al sue�o como si se tratara de un ataque contra �l en lugar de contra ella, pese a que hab�a sido ella quien hab�a dejado de respirar.</p><p>Walter irgui� la cabeza para mirar a Charles, y �ste vio en la mirada del otro lobo la determinaci�n de proteger a Anna Con todos los medios a su alcance. Al Hermano Lobo no le hizo mucha gracia ver aquello en los ojos de otro macho, pero, dadas las circunstancias, Walter estaba en mejor disposici�n que �l de proteger a Anna.</p><p>��Voy a reconocer la zona. De momento quiero que os qued�is aqu�, �de acuerdo?</p><p>��Esperar� -dijo Anna.</p><p>��No te impacientes, puedo tardar un poco.</p><p>La parte trasera de la caba�a estaba pegada al bosque; en la parte frontal y por uno de los lados hab�a una distancia de unos Treinta metros. No era precisamente el lugar que hubiera elegido �l para ocultarse de una manada de hombres lobo� aunque sab�a que la bruja no les ten�a ning�n miedo. Por lo menos �l no le hab�a dado ninguna raz�n para que los temiera.</p><p>Para su sorpresa, Walter le sigui�. Desapareci� en las sombras y Charles solo pudo seguir su rastro por el olfato. Evidentemente, los esp�ritus de aquel bosque le hab�an aceptado como uno m�s, ofreci�ndole su protecci�n. Su abuelo tambi�n pod�a desaparecer de aquel modo.</p><p>Cuando estuvo a tiro de piedra de la caba�a, Charles lleg� a la conclusi�n de que no hab�a nadie en el interior. Walter aprecio a unos cuantos metros por delante de �l y mene� la cola para confirmar su sospecha. Sin embargo, esper� a rodear toda la estructura y a abrir la puerta antes de enviar a Walter en busca de Anna.</p><p>En el interior apenas hab�a espacio para el estrecho catre y la mesita, los �nicos muebles de la vivienda a menos que tambi�n se considerara como tal la estrecha repisa de la chimenea. El catre parec�a nuevo y a�n ten�a las etiquetas con el precio. La mesa parec�a m�s vieja que la propia caba�a.</p><p>El hogar mostraba se�ales de un fuego reciente. Los animales muertos frente a este indicaban la naturaleza de su ocupante: las brujas y las cosas muertas siempre iban juntas. Algunas brujas no mataban, pero eran mucho menos poderosas que sus hermanas negras.</p><p>En el suelo, algunos tablones ten�an clavos nuevos y relucientes y las marcas de una palanca. La bruja los hab�a arrancado y vuelto a clavar. Cuando se acerc� al catre, comprendi� la raz�n: no era la primera vez que ve�a c�rculos de poder. Algunas brujas los usaban para fijar hechizos de protecci�n sobre cosas que consideraban valiosas o para almacenar poder al que pod�an recurrir m�s tarde. Dado que la caba�a no le hab�a impedido la entrada ni sent�a la necesidad de abandonarla, Charles comprendi� que deb�a tratarse de esto �ltimo; lo que significaba que bajo el suelo hab�a m�s cosas muertas. Respir� profundamente. El olor a muerte pod�a proceder del animal junto al hogar; adem�s, no percibi� ning�n rastro de putrefacci�n. O bien el animal que hab�a matado para trazar el c�rculo llevaba muy poco tiempo muerto -y estaba congelado- o la bruja conoc�a un hechizo para ocultar el olor y mantener alejados a los carro�eros. Cambiar lo que otros pod�an percibir era uno de los poderes que mejor dominaba aquella bruja.</p><p>Su padre le hab�a dicho que, de haber estudiado, �l tambi�n podr�a haberse convertido en un brujo. Bran nunca le presion�, aunque tampoco le disuadi�: alguien con poderes m�gicos habr�a hecho que la manada fuera a�n m�s poderosa. Pero a Charles le hab�a atra�do mucho m�s la sutil magia del pueblo de su madre. Nunca se hab�a arrepentido del camino que tom�, y mucho menos ahora, en aquella m�sera caba�a enturbiada por el mal.</p><p>El olor que desprend�a el saco de dormir sobre el catre le dijo que la bruja hab�a dormido all� la noche anterior. Sobre la mesa hab�a restos de una gruesa vela negra que ol�a m�s a sangre que a cera y junto a esta, un mortero con un poco de ceniza en su interior; los restos del cabello de Anna, pens� Charles. Algo personal que le hab�a permitido introducirse en sus sue�os.</p><p>���Qu� es eso? -musit� Anna desde el umbral de la puerta.</p><p>Su presencia le hizo sentirse inmediatamente mejor, como si esta consiguiera aliviar el mal que se hab�a ido filtrando en la madera y el ladrillo.</p><p>Alg�n d�a se lo dir�a, solo para disfrutar de la desconcertada incredulidad reflejada en sus ojos: empezaba a conocerla lo suficiente como para predecir sus reacciones. Aquello le dio cierta satisfacci�n.</p><p>Sigui� su mirada hasta el cuerpo destripado y desollado frente al hogar.</p><p>��Creo que es un mapache. Al menos huele a eso.</p><p>Tambi�n ol�a a dolor, y hab�a dejado marcas de u�as en el suelo, probablemente despu�s de que lo clavara al tabl�n. No vio raz�n alguna para decirle a Anna que probablemente no estaba muerto cuando la bruja lo mutil�.</p><p>���Qu� pretend�a conseguir?</p><p>No se hab�a movido de la puerta, y Walter se coloc� detr�s de ella. Ninguno de los dos hizo adem�n alguno de entrar en la caba�a.</p><p>Charles se encogi� de hombros.</p><p>��No tengo ni idea. Tal vez reforzar el hechizo que te lanz� ayer por la noche. Una bruja oscura obtiene su poder del sufrimiento y la muerte de los dem�s.</p><p>Anna parec�a descompuesta.</p><p>��Hay cosas peores que ser un hombre lobo, �verdad?</p><p>��S� -reconoci� Charles-. Aunque no todas las brujas hacen cosas como esta, es dif�cil ser una bruja decente.</p><p>En el suelo, junto al mapache, hab�a un cuenco de cer�mica negra lleno de agua. La temperatura en el interior de la caba�a no era mucho m�s alta que la exterior; si llevara all� mucho tiempo se habr�a congelado. No hab�an coincidido con la bruja por muy poco tiempo.</p><p>Pese a sentir reticencias, toc� el cuerpo del animal para comprobar cu�nto tiempo hac�a que lo hab�a torturado de aquel modo. A�n ten�a la piel�</p><p>El animal se movi� ligeramente, y Charles extrajo su cuchillo y le reban� el cuello tan r�pido como pudo, sintiendo n�useas al comprender que segu�a con vida cuando llegaron: nada podr�a haber sobrevivido a una experiencia como aquella. Observ� con m�s detenimiento los tablones del suelo. Tal vez no hab�a percibido el olor a putrefacci�n porque lo que conservaba ah� debajo, fijando el c�rculo de poder, tampoco estaba muerto.</p><p>Walter emiti� un gru�ido, y Charles se hizo eco del sentimiento.</p><p>��Lo dej� con vida -musit� Anna.</p><p>��S�. Y sabr� que nosotros lo matamos. -Charles limpi� el cuchillo en el saco de dormir y volvi� a guardarlo en la funda.</p><p>���Qu� hacemos ahora?</p><p>��Quemar la caba�a -dijo Charles-. La mayor parte de la brujer�a consiste en pociones y hechizos. Si quemamos su centro de poder, la debilitaremos un poco.</p><p>Y tambi�n liberar�an lo que fuera que estuviera atrapado bajo la caba�a. No quer�a decirle aquello a Anna si pod�a evitarlo.</p><p>Anna encontr� una lata medio llena de veinte litros de gasolina junto al todoterreno, y Charles roci� el catre y la le�a que hab�a acumulado en el centro de la caba�a. Envi� a Anna y a Walter lejos de la construcci�n antes de encender la yesca con una cerilla. La gasolina le quem� la nariz cuando el fuego se extendi� r�pidamente. Esper� hasta asegurarse de que ard�a con la suficiente intensidad para consumir toda la caba�a y se march�.</p><p>Se acerc� a Anna y a Walter a paso ligero. Cuando estuvo junto a ellos, cogi� la mano de Anna y la alej� a�n m�s al sentir una picaz�n entre los omoplatos. Cuando la caba�a explot�, estaban a unos cincuenta metros de distancia, pero, a pesar de eso, la explosi�n los lanz� al suelo.</p><p>Anna levant� la cabeza de la nieve y escupi� algo que se le hab�a metido en la boca.</p><p>���Qu� ha ocurrido? �Guardaba dinamita o algo as�?</p><p>Charles se dio la vuelta y se qued� sentado en el suelo, intentando no demostrar lo doloroso que resultaba caer al suelo con una herida en el pecho.</p><p>��No lo s�. Pero a veces la magia y el fuego tienen un extra�o efecto sin�rgico.</p><p>Observ� el lugar donde hab�a estado la caba�a y silb� sonoramente. Pr�cticamente no quedaba nada, solo unas cuantas piedras en el suelo que indicaban la presencia anterior de una chimenea. Los restos del todoterreno y de la caba�a estaban esparcidos por todas partes y llegaban casi a sus pies; los �rboles m�s cercanos a la caba�a se hab�an astillado como mondadientes.</p><p>��Guau -dijo Anna-. �Est�s bien, Walter?</p><p>El lobo se acerc� hasta sus pies y se restreg� contra su pierna mientras la miraba con ojos que trasmit�an adoraci�n.</p><p>��La bruja sab�a que ir�amos tras ella -dijo Charles-. Intent� ocultarnos este lugar. No percib� su rastro cuando Walter y yo rodeamos la caba�a. �Y t�, Walter?</p><p>El gran lobo tampoco hab�a olido nada.</p><p>��Entonces �qu� hacemos?</p><p>��Pese a todos nuestros temores, creo que ha llegado el momento de avisar a mi padre. -Charles sonri� a Anna-. No estamos muy lejos del coche, y adem�s ya sabe que algo ha salido mal. Anoche me despert�, por eso supe que estabas en peligro. No es precisamente est�pido, y conoce a unas cuantas brujas a las que podemos recurrir.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Bran llevaba varias horas corriendo cuando les oy�.</p><p>��Te dije que lo m�s probable era que enviara a Tag si Charles ten�a problemas -dijo Asil-. Te dije que no cometer�a la locura de venir �l en persona.</p><p>Bran hinc� las cuatro patas en la nieve y se detuvo. Aunque Asil no hab�a hablado muy alto, sab�a que Bran no tendr�a dificultades para escucharle. Lo que significaba que era demasiado tarde para huir.</p><p>Las brujas pueden ocultarse en pleno d�a si ejercen alg�n upo de control sobre uno. Y como evidentemente Asil no estaba hablando con Charles, supo que se encontraba bajo la influencia de la bruja. Pero Asil tambi�n estaba bajo la influencia de Bran. Aquello era suficiente para que un hechizo de ocultaci�n funcionara a ojos de Bran.</p><p>Se dio la vuelta para mirar a Asil y vio que se encontraba sobre un pedrusco del tama�o de un elefante. A su lado, una mujer m�s bien menuda estaba hecha un ovillo para protegerse del fr�o y se agarraba a Asil como si pensara que el viento la iba a arrancar de la roca.</p><p>��No s� qu� le hace creer que Tag lo har�a mejor que yo -continu� Asil con frialdad.</p><p>Sus ojos brillaban con fuego, pero el resto de su rostro y su lenguaje corporal encajaban con la voz.</p><p>��Ven aqu�, <emphasis>se�or </emphasis>-ronrone� la mujer, prest�ndose al encuentro mientras descend�a de la roca con una elegancia poco habitual.</p><p>Ten�a acento americano excepto cuando hablaba en espa�ol. Una parte de �l se sorprendi� al descubrir que llevaba all� el tiempo suficiente como para haber cogido el acento americano. Aunque ten�a un o�do demasiado bueno como para no reconocer cu�l era su lengua materna, incluso si no hubiera sabido que estaba persiguiendo a la bruja que asesin� a la pareja de Asil en Espa�a. Y otra parte de �l se sent�a asombrada ante la destreza lobuna con que salt� de la roca tras Asil. Ning�n humano pod�a moverse de aquel modo, fuera o no una bruja. Sin embargo, cuando la madre de Bran lo esclaviz�, se hab�a movido de un modo similar.</p><p>Se hubiera quedado horrorizado de no ser porque sucedi� algo a�n peor: Bran se acerc� a ella cuando le llam� como la mascota bien adiestrada que un d�a hab�a sido� hac�a mucho, mucho tiempo.</p><p>��Tag -dijo la bruja en un ronroneo mientras caminaba a su alrededor-. Colin Taggart. Un poco peque�o� para ser un hombre lobo.</p><p>Bran era consciente, pese a que la bruja parec�a no serlo, de la tensi�n con que Asil esperaba el momento en que se diera cuenta de que no le hab�a contado la verdad. Aunque tampoco le hab�a mentido. �Te dije que enviar�a a Tag� no era lo mismo que �Mira, ah� est� Tag�. Asil hac�a un gran esfuerzo por mantener el enga�o, y Bran se lo agradeci�, sabedor de la dificultad que entra�aba moverse por aquella l�nea tan delgada.</p><p>Por el miedo que irradiaba, Asil conoc�a las consecuencias a que habr�a de enfrentarse una bruja que intentara convertir a Bran en su mascota. No hab�a mucha gente que recordara lo que hab�a ocurrido cuando Bran logr� finalmente liberarse de su madre: Samuel, Asil� No pudo recordar a una tercera persona, de aquello hac�a mucho tiempo. De igual modo, las brujas ya no recordaban por qu� se hab�a prohibido la pr�ctica de convertir a un hombre lobo en mascota o en familiar� aunque tampoco quedaban muchas con el poder para hacerlo.</p><p>Bran decidi� esperar. En primer lugar porque la bruja pod�a cometer un error, sobre todo si no sab�a a qui�n estaba controlando. Y, en segundo, porque tem�a que en aquella ocasi�n nadie podr�a matarlo. La �ltima vez le hab�a ayudado Samuel� pero Samuel ya no estaba tan seguro de s� mismo como antes.</p><p>Habr�a de vencer el control al que le ten�a sometido la bruja con sangre y carne, y el �nico v�nculo de carne y sangre era el que le un�a a su manada. Deb�a de haber utilizado a Asil para introducirse en la manada� pero �c�mo?</p><p>Mientras la bruja le observaba, Bran rastre� su v�nculo con Asil para dar con algo que oliera a bruja mientras prestaba muy poca atenci�n a las palabras que le dirig�a esta. Con la destreza adquirida a lo largo de los a�os, Bran se desliz� suavemente a trav�s de Asil y encontr� a una mujer muerta; solo pod�a tratarse de la pareja de Asil. Imposible.</p><p>Nadie pod�a establecer un v�nculo con una mujer muerta: lo sab�a porque cuando muri� Blue Jay Woman, la madre de Charles, �l hab�a intentado sujetarse a ella.</p><p>No obstante, lo imposible se hac�a posible cuando a�ad�as una bruja a la mezcla.</p><p>No pod�a seguir explorando m�s: la mujer estaba muerta, y su v�nculo pasaba a trav�s de Asil� pero el �nico modo de que el control de la bruja sobre �l funcionara era mediante una relaci�n estrecha con la pareja de Asil. De aquel modo podr�a aplicar su magia al v�nculo para dominar a todos los lobos de Bran.</p><p>Se tom� su tiempo para observar con frialdad a Asil. Este ten�a que saber que el v�nculo con su pareja fallecida estaba intacto, y tendr�a que hab�rselo contado. Ten�a la sensaci�n de que deber�a haberle contado muchas cosas.</p><p>La bruja hab�a encontrado el modo de mantener intacto el v�nculo de apareamiento mientras mataba a Sarai.</p><p>Aborrec�a a las brujas.</p><p>��Col�n Taggart -volvi� a ronronear la bruja-. Ahora me perteneces. Tu voluntad es m�a.</p><p>Bran sinti� c�mo su magia le recorr�a el cuerpo. Una parte de la misma se desliz� m�s all� de �l como miel sobre una tostada: acumul�ndose aqu� y all� de forma irregular. Pero entonces se fij� y solidific� al tiempo que la bruja daba vueltas a su alrededor y susurraba las palabras del hechizo. No le doli�, m�s bien le produjo una sensaci�n de claustrofobia, y cuando intent� moverse, no pudo.</p><p>El p�nico hizo acto de presencia y algo enterrado tiempo atr�s empez� a removerse en su interior. Tom� aire con dificultad e intent� apartar a la bruja de su conciencia. El p�nico era extremadamente peligroso; mucho m�s que la bruja.</p><p>De modo que dirigi� su atenci�n a otras cosas.</p><p>En primer lugar, intent� aislar a Asil de la manada. Si lograba romper el v�nculo entre �l y Asil, podr�a disponer de una oportunidad para liberarse de la bruja. Deber�a ser capaz de hacerlo, pero las singularidades del v�nculo de Asil con su pareja y el modo en que �sta lo hab�a retorcido obstru�an la magia de la manada hasta tal punto que lleg� a la conclusi�n de que no conseguir�a aislar a Asil de nadie: ni de Sarai, ni de la bruja, ni de Bran, ni siquiera mediante una ceremonia de destierro de sangre y carne.</p><p>La bruja modific� el ritmo de su canto y Bran sinti� c�mo su control se tensaba a su alrededor hasta que le result� imposible respirar� No.</p><p>Ignor� a la bruja completamente y se dispuso a minimizar el da�o lo mejor que pudo.</p><p>Comprimi� las conexiones que le un�an a la manada hasta que pr�cticamente dej� de percibirlas. Si hubiera tenido una manada normal, podr�a haberse arriesgado a soltar las riendas totalmente. Sin embargo, muchos de sus lobos no pod�an quedarse solos durante mucho tiempo. Comprimir los v�nculos les proteger�a de la magia de la bruja, y dificultar�a cualquier intento de �sta por utilizarlos.</p><p>A �l hab�a logrado controlarlo a trav�s de Asil, pero si pod�a evitarlo, la bruja no contactar�a con nadie m�s de su manada. Si Asil continuaba haci�ndole creer que era Tag, ni siquiera sabr�a hacia d�nde deb�a mirar.</p><p>En la manada hab�a unos cuantos lobos viejos cuyo control se hab�a debilitado mucho: se los entreg� a Samuel, aisl�ndolos de �l completamente. Para Samuel ser�a una situaci�n dif�cil, pero los lobos conoc�an a su hijo y no se quejar�an. Samuel podr�a ocuparse de ellos durante un rato.</p><p>No sab�a si la bruja, quien evidentemente ten�a unos cuantos atributos de hombre lobo, conocer�a a estos lo suficiente como para contrarrestar lo que intentaba hacer, pero le dificultar�a las cosas tanto como pudiera. Como m�nimo la retrasar�a.</p><p>Aunque lo que realmente le preocupaba era que cuando� si perd�a la cabeza, no quer�a arrastrar a toda la manada con �l. Alguien -Charles era su mejor opci�n, aunque Asil tambi�n podr�a hacerlo- tendr�a que matarlo.</p><p>Bran termin� su trabajo antes de que la bruja concluyera el suyo. Hac�a siglos que no sent�a aquella soledad en su propia mente. En otras circunstancias, incluso habr�a disfrutado de ella.</p><p>No opuso resistencia cuando la bruja chasque� los dedos y le oblig� a seguirla. �l caminaba a su izquierda mientras Asil, en forma humana, la escoltaba por la derecha.</p><p>De alg�n modo, Bran supo que la bruja no hab�a reconocido la presencia de la criatura-sombra que caminaba junto a Asil. �l mismo no habr�a reparado en ella de no haber sido por las casi imperceptibles marcas en la nieve que recordaban a la zarpa de un lobo; pese a todo, pod�a olerla, tanto a ella como la magia que se agitaba en su interior.</p><p>Guardianes, as� llamaban a aquellas cosas. Siempre hab�a pensado que era un nombre demasiado carism�tico para tales aberraciones. Cuando descubri� que la familia que dominaba aquel hechizo hab�a sido aniquilada, se hab�a sentido aliviado. Obviamente, la informaci�n no era del todo correcta. Aunque jam�s hab�a o�do que convirtieran a un hombre lobo en su mascota, ni siquiera en la cumbre de su poder.</p><p>Bran mir� a Asil, pero no supo si el Moro era consciente de que una parte de su pareja les acompa�aba, como si hubiera sido reclamada tantas veces que hab�a acabado por tener una presencia independiente de la llamada de su creador. Los guardianes, record�, eran destruidos cada siete a�os para evitar situaciones como aquella. El lobo de Sarai ten�a m�s de doscientos a�os. Se pregunt� hasta d�nde llegaba su autonom�a.</p><p>��Dime, Asil -le orden� la bruja. Caminaba del brazo de Asil, como si este fuese un caballero de otra �poca y ella una dama paseando por una sala de baile en lugar de por un bosque cubierto por dos metros de nieve-. �Qu� sentiste cuando Sarai decidi� protegerme en lugar de seguir si�ndote fiel?</p><p>Sus palabras eran sinceras; realmente cre�a que Sarai hab�a tomado una decisi�n. Por la vacilaci�n en el ritmo regular de sus pasos, Bran supo que Asil tambi�n se hab�a dado cuenta.</p><p>���Es eso lo que hizo? -pregunt�.</p><p>��A m� me quer�a m�s que a ti -dijo la bruja-. Yo soy su mariposa, y se preocupa por m�.</p><p>Asil se qued� un rato en silencio y despu�s dijo:</p><p>��Creo que hace mucho tiempo que no eres la mariposa de nadie.</p><p>La bruja se detuvo y pas� repentinamente al espa�ol.</p><p>��Mentiroso. <emphasis>Mentiroso. </emphasis>No sabes nada. Ella me quer�a. �A m�! Se quedaba conmigo cuando t� te marchabas de viaje. Solo me envi� lejos por tu culpa.</p><p>��Te <emphasis>quer�a </emphasis>-acept� Asil-. Hace tiempo. Ahora ya no existe. Ya no puede querer a nadie.</p><p>Mirando de soslayo las casi imperceptibles pisadas sobre la nieve a pocos cent�metros de las de Asil, Bran no estuvo tan seguro de aquello.</p><p>��Siempre fuiste un est�pido -le dijo la bruja-. La obligaste a que me enviara a otro lugar. Ella prefer�a que me quedara en su casa, donde pertenec�a.</p><p>��Eras una bruja, y no ten�as control sobre tus poderes � dijo Asil-. Necesitabas adiestramiento.</p><p>��T� no me enviaste a que me adiestraran -grit� ella con l�grimas en los ojos mientras liberaba su brazo y daba un paso atr�s-. Me enviaste a la <emphasis>c�rcel. </emphasis>Y lo sab�as.<emphasis/>Le� las cartas que le enviabas. Sab�as qu� tipo de adiestramiento ofrec�a aquella bruja. Linnea no era una maestra, era una carcelera.</p><p>Asil mir� a la bruja con el rostro completamente p�lido.</p><p>��Solo ten�amos dos opciones: enviarte con Linnea o matarte. Linnea ten�a reputaci�n de ser una buena rehabilitadora.</p><p>���Rehabilitaci�n? �Yo no hice <emphasis>nada </emphasis>malo!</p><p>Golpe� el suelo con los pies como si a�n fuese una ni�a peque�a y no una bruja con cien a�os m�s de los que aparentaba.</p><p>���Nada? -dijo Asil con frialdad-. Intentaste envenenar a Sarai, dos veces. La gente del pueblo perd�a a sus animales de forma inexplicable. Y te hiciste pasar por Sarai para colarte en mi lecho. Creo que Sarai te lo hubiera perdonado todo menos eso.</p><p>La bruja dio un alarido: un grito de rabia incomprensible, casi inhumano. Y, lejos de all�, se produjo una explosi�n.</p><p>La bruja se qued� petrificada donde estaba y, poco despu�s, inclin� la cabeza y<emphasis/>se llev� las manos a las sienes. Bran sinti� c�mo se debilitaba su control. Aprovech� la ocasi�n para atacar, aunque no f�sicamente. A�n no ten�a control sobre su cuerpo.</p><p>Recurri� a los v�nculos, como ella hab�a hecho, lanzando su ira a trav�s de la conexi�n entre Asil, Sarai y m�s all�. Si hubiera dispuesto de cinco minutos, o incluso tres, habr�a conseguido librarse de ella. Modific� el v�nculo que la un�a a Sarai, pero no lo suficiente.</p><p>La bruja se recuper� demasiado pronto� pero a un alto coste. Lo apart� del v�nculo y cubri� con un hechizo los enlaces para que no volviera a hacerlo. Cuando termin�, Bran segu�a siendo su lobo, pero a ella le manaba sangre de la nariz.</p><p>��Me dijiste que era un lobo menor -escupi� la bruja, y Bran pens� que, de no haber estado tan afectada, habr�a matado a Asil en aquel preciso instante-. Y yo te cre� como tambi�n te cre� cuando me dijiste que me enviabas a otro lugar por mi bien. Tendr�a que haberlo sabido. Bran es muy listo. Cuando fallasteis, t� y el otro lobo, Bran enviar�a lo mejor que ten�a. Solo sabes mentir, aunque crees decir la verdad.</p><p>�No quieres creerme -dijo Asil-. Pero puedes saborear la verdad� el v�nculo que te une a Sarai es muy fuerte. Eras un peligro tanto para ti como para los dem�s. Lo hicimos por tu propio bien. Era eso o tu muerte.</p><p>La bruja le apunt� con un dedo tembloroso.</p><p>��C�llate.</p><p>El rostro de Asil perdi� la compostura e hizo una mueca. Cuando continu�, lo hizo con una voz jadeante pre�ada de dolor.</p><p>��Lo que has hecho es una abominaci�n. La cosa en la que has convertido a Sarai no te quiere. Te sirve como lo har�a un esclavo, sin la posibilidad de elegir, corno yo. No puedes manipular a Bran. Te matar� y t� ser�s la �nica responsable.</p><p>��No morir� -le grit� la bruja-. No lo hice cuando Linnea intent� matarme. Ella no sab�a lo poderosa que era ni las cosas que me hab�a ense�ado mi madre. La mat�, a ella y a sus alumnos, y estudi� los libros que ten�a en su casa. Durante meses te escrib� y firm� las cartas con su nombre mientras segu�a estudiando. Pero sab�a que morir�a sin alguien que me protegiera. Mi madre tambi�n hab�a muerto. De modo que convert� a Sarai en mi guardiana, y ella me entreg� su larga vida para no separarse jam�s de m�. No se puede hacer algo as� contra la naturaleza de uno. No se puede. Si funcion� significa que ten�a que quererme mucho.</p><p>Aquello no era cierto para el hechizo del guardi�n, pens� Bran, pero pod�a serlo para el v�nculo que le permiti� a la bruja de Asil compartir la inmortalidad de un hombre lobo. Tal vez por eso lo hab�a utilizado su madre, en lugar de la mascota que us� en su Transformaci�n y la de su hermano Samuel.</p><p>���La <emphasis>quer�as? </emphasis>-le pregunt� Asil.</p><p>���Por supuesto que la quer�a!</p><p>Asil hizo una mueca y le dijo un susurro:</p><p>��Yo hubiera dado la vida por ella, y t� se la arrebataste. No tienes ni idea de lo que es el amor.</p><p>De repente, la bruja se calm�. Irgui� con majestuosidad la barbilla y dijo:</p><p>��Vivir� mucho m�s que t�. Vamos, tengo asuntos que resolver. -Observ� a Bran desde arriba-. Y t� tambi�n, Colin Taggart. Hay cosas que requieren nuestra atenci�n.</p><p>Bran envi� una pregunta a Asil sin estar seguro de si la magia de la bruja lo permitir�a: <emphasis>�Hasta qu� punto es importante que no sepa qui�n soy? </emphasis>Su madre se hab�a asegurado de que la �nica con la que pudiera comunicarse telep�ticamente fuese ella. Pero aquella bruja no pertenec�a a la familia de su madre, de modo que deber�a funcionar.</p><p>La bruja alarg� una mano como lo har�a una emperatriz y Asil le ofreci� su brazo.</p><p>��Bien, �cu�nto crees que tardar� Bran en venir en persona? �Y cu�ntos lobos traer� con �l?</p><p>Asil observ� a Bran, y en cuanto estuvo seguro de que la bruja no le miraba, se�al� con los ojos al cielo respondiendo a la pregunta de este. Era muy importante que ella no supiera qui�n era.</p><p>��Pronto -le dijo Asil a la bruja-. Y no creo que traiga ning�n lobo. En cuanto sea tuyo, tambi�n lo ser� su manada.</p><p>La �ltima frase estaba dirigida a Bran. De acuerdo, por ahora hab�a protegido a la manada lo mejor que hab�a podido.</p><p>��Bien -dijo la bruja-. Ocup�monos de su hijo y de esa puta metomentodo. Tal vez le prepare un regalito a Bran, un regalo de bienvenida. �Qu� crees que le gustar� m�s? Una piel de lobo o una humana. La de lobo es suave y c�lida, pero la piel humana es mucho m�s horripilante, y m�s �til. Ll�vame hasta Charles.</p><p><emphasis>Algo </emphasis>se removi� en su interior: el guerrero reclamaba su presencia. Lo domin�, y �l hizo lo mismo. Sab�a que Charles era un lobo viejo y astuto, un cazador experimentado. Si la bruja a�n no lo hab�a hecho suyo, si era el responsable de aquella explosi�n, entonces Charles sab�a a lo que se enfrentaba. No le coger�a por sorpresa.</p><p><emphasis>Cuidado, hijo. La bruja te busca. Corre.</emphasis></p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles hab�a esperado que la bruja les siguiera, pero no percibi� ning�n rastro de ella mientras se dirig�an al Humvee. El lugar donde las cosas dejaron de estar solo en sus manos.</p><p>���No es esa tu camioneta? -le pregunt� Anna.</p><p>��S� -dijo l�gubremente.</p><p>Abri� la puerta y dej� que el olfato le dijera lo que ya sab�a. Su padre la hab�a tra�do hasta all�. La cabina estaba fr�a. Hac�a horas que se hab�a marchado.</p><p>Como le hab�a indicado Tag, no tard� en encontrar cobertura.</p><p>La llamada al m�vil de su padre revel� que el aparato estaba en los pantalones que hab�a dejado perfectamente doblados en el asiento de la furgoneta. La llamada a la pareja de su padre solo sirvi� para confirmar algo que ya sab�a: su padre hab�a salido en mitad de la noche y a Leah no le ca�a mucho mejor el primog�nito de su padre por ello. Samuel fue m�s �til, aunque a Charles no le gust� nada lo que ten�a que decirle.</p><p>Charles cort� la llamada tras unos minutos bastante insatisfactorios.</p><p>���Lo has o�do?</p><p>��Tu padre sabe que podemos estar persiguiendo a la bruja que mat� a la pareja de Asil. Sabe que Asil vino a buscarnos.</p><p>Anna le toc� el hombro.</p><p>En un intento por descubrir d�nde estaba su padre, Charles reuni� la magia que hab�a heredado de su madre e intent� contactar con la manada.</p><p>���Charles?</p><p>Se sorprendi� al descubrirse completamente petrificado. Sent�a la cabeza como si alguien se la hubiese golpeado con un garrote, y tuvo que pesta�ear un par de veces para ver algo. Lo �nico que se le ocurri� parec�a inconcebible: su padre estaba muerto.</p><p>��Charles, �qu� ocurre?</p><p>Levant� una mano al tiempo que se concentraba en la oscuridad que siempre hab�a sido su v�nculo con su padre, y a trav�s de �l, con el resto de la manada. Lo que encontr� le permiti� recuperar el aliento.</p><p>��Pap� ha desconectado los v�nculos con la manada. -Observ� a Anna con una sonrisa tan l�brega como lo que sent�a en su interior-. No est� muerto. No han desaparecido.</p><p>���Por qu� har�a algo as�? �Qu� pretende?</p><p>��No lo s�. -Mir� a Anna-. Quiero que cojas a Walter y que os march�is a Kennewick, Washington, donde est� mi hermano.</p><p>Anna se cruz� de brazos y le mir� con su habitual gesto pertinaz.</p><p>��No. Y no vuelvas a intentarlo. He notado el <emphasis>empuj�n. </emphasis>Puedes ser todo lo dominante que quieras, pero recuerda que conmigo no funciona. Si la bruja est� usando los v�nculos de la manada, Walter y yo somos tus ases en la manga. No voy a dejarte aqu�, y no vuelvas a intentarlo.</p><p>Charles la mir� con el ce�o fruncido, una mirada que hab�a intimidado a gente mucho mayor y poderosa que ella, y Anna le golpe� con el dedo en el estern�n.</p><p>��No funcionar�. Si me dejas aqu�, te seguir�.</p><p>No estaba dispuesto a atarla, el �nico modo, concluy�, de impedir que le siguiera. Resignado a su suerte, Charles volvi� a organizar otra caminata por el bosque. Viajar�an con poco peso. Rellen� la mochila de Anna con m�s comida, un equipo para hacer fuego y el cazo para calentar agua. Encontr� el par �le raquetas que viv�an en el asiento trasero de su furgoneta durante el invierno. Todo lo dem�s lo dej� en el veh�culo.</p><p>���Crees que ya la habr� encontrado? -pregunt� Anna mientras regresaban a las monta�as tras el rastro de su padre.</p><p>��No lo s� -dijo �l, aunque tem�a que s�.</p><p>A menos que Bran pudiera leer las mentes, el �nico modo por el que Bran pod�a saber que la bruja estaba usando la magia de la manada contra ellos era haberlo visto directamente.</p><p>Le hubiera gustado estar seguro que seguir a su padre era m�s inteligente que meterse en el coche y conducir hasta el sur de M�xico. Una parte de �l quer�a creer en el mito de la invulnerabilidad del M�rrok, pero una parte m�s peque�a, la que no hab�a podido hacer nada para evitar contestar obedientemente a las preguntas de la bruja, sab�a demasiado bien que su padre era una persona real, por muy viejo y poderoso que fuera No era invulnerable.</p><p>Charles respir� hondo. Estaba completamente agotado, aparte del dolor en el pecho y la pierna. Estaba mucho peor que aquella ma�ana. No era est�pido, sab�a la raz�n. Su padre le hab�a estado prestando fuerzas de la manada.</p><p>Pese a las raquetas de emergencia, le resultaba dif�cil avanzar. Si la bruja ten�a a Bran, las posibilidades de sobrevivir se reduc�an considerablemente.</p><p>No se lo dijo a Anna. No porque pensara que se asustar�a, si no porque al verbalizar sus miedos, tem�a hacerlos m�s reales. De todos modos, Anna ya lo sab�a; lo ve�a en sus ojos.</p><p><emphasis>Cuidado, hijo. La bruja te busca. Corre.</emphasis></p><p>��Muy �til, pap� -dijo en voz alta-. �Por qu� no me dices d�nde est�s o hacia d�nde te diriges?</p><p>���Charles?</p><p>��Mi padre puede hablar telep�ticamente -le dijo �l-. Pero, seg�n �l, no puede escuchar. Lo que significa que cuando te dice algo, no puedes rebatirle ni decirle lo que necesitas.</p><p>���Qu� te ha dicho?</p><p>��La bruja le tiene, y viene a por nosotros. Tambi�n tiene a Asil, por lo que puede encontrarnos. No me dio ninguna informaci�n �til, como, por ejemplo, d�nde est�n ahora o algo as�.</p><p>��Te ha dicho que te marches.</p><p>��Me ha dicho que huya -gru�� Charles. Con los v�nculos de la manada en aquel estado, las �rdenes de su padre eran m�s bien sugerencias-. No voy a abandonarlo a la bruja.</p><p>��Por supuesto que no -dijo Anna-. Pero vamos en la direcci�n equivocada.</p><p>���Qu� quieres decir?</p><p>��Ir�n a la caba�a que volamos por los aires. Charles se detuvo para observarla.</p><p>���Por qu� crees eso?</p><p>��Si le pide a Asil que nos encuentre, �l la llevar� a la caba�a� para darnos la posibilidad de escapar. -Anna le mir� con una sonrisa cansada-. Asil tiene mucha pr�ctica con las �rdenes de cobertura; yo tambi�n he o�do las historias.</p><p>Encajaba con el modo de proceder del viejo bastardo. Si no hubiera estado tan agotado, a �l tambi�n se le habr�a ocurrido. Su padre ten�a raz�n: deber�an echar a correr. Todos sus instintos le dec�an lo mismo. Pero mientras existiera una posibilidad de salvar a Bran, Charles no pod�a abandonarlo a su destino. Su padre sol�a decir que escuchar tus instintos no es lo mismo que obedecerlos ciegamente.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna comprendi� el impulso que hab�a llevado a Charles a intentar enviarlos, a ella y a Walter, con su hermano para alejarlos del peligro. Ella sent�a lo mismo.</p><p>El ritmo de Charles era cada vez m�s lento. En parte por un terreno que ten�a unos cinco cent�metros de nieve en un punto <emphasis>y </emphasis>poco despu�s te cubr�a hasta la cadera, <emphasis>y </emphasis>que, pese a las raquetas, resultaba agotador. Aunque sobre todo, sospechaba Anna, era por culpa de las heridas.</p><p>Walter, a�n en forma de lobo, se hab�a colocado junto a Charles y le marcaba el paso sin molestarlo, ofreci�ndole el hombro.</p><p>Cuando Anna vio que Charles empezaba a temblar, se detuvo.</p><p>��Transf�rmate.</p><p>Sab�a que no servir�a de mucho, pero el lobo repartir�a el peso en cuatro patas en lugar de dos. El lobo generar�a m�s calor que el humano, y su pelaje lo retendr�a. Sab�a por experiencia que el lobo funcionaba mejor que el humano cuando se estaba herido.</p><p>El hecho de que no discutiera y<emphasis/>empezara a quitarse la ropa era un indicativo del cansancio al que estaba sometido Charles, guardando cuidadosamente bajo un arbusto las raquetas, los vendajes, las botas y la ropa.</p><p>Al quedarse desnudo, Anna pudo comprobar el estado de todas sus heridas. Parec�a una horrible y abierta profanaci�n de la suave perfecci�n del m�sculo y el hueso.</p><p>Charles se puso en cuclillas para evitar caer desde tan alto si perd�a el equilibrio al transformarse. La nueva perspectiva del agujero de bala en la espalda le permiti� comprobar a Anna que estaba en mejor estado que el d�a anterior. A pesar de todo, se estaba curando.</p><p>La transformaci�n no le llev� m�s tiempo del habitual. Sobre las costillas del lobo, el agujero de bala ten�a un aspecto extra�o: las heridas de entrada y de salida ya no estaban alineadas; la de salida, mucho mayor, se situaba ahora por encima de la de entrada.</p><p>��Debemos descansar y comer antes de llegar a la caba�a -le dijo Anna-. No le serviremos de nada a tu padre si estamos agotados.</p><p>Charles no respondi�, se limit� a bajar la cabeza y seguir a Walter.</p><p>El atajo de Walter los oblig� a circular por un terreno muy agreste, por lo que Auna se pas� el rato maldiciendo sus raquetas y la vegetaci�n que se le enganchaba en la ropa y en el pelo. Cuando avanzaban por una pendiente escabrosa, los dos lobos se detuvieron en seco y se tumbaron en el suelo.</p><p>Anna les imit� mientras intentaba descubrir qu� les hab�a alarmado.</p></section><section><title><p id="_Toc233648892">Cap�tulo 13</p></title><p>Como la bruja no le hab�a dicho c�mo<emphasis/>encontrar a Charles, Asil los condujo a la caba�a. Le hab�a explicado cuidadosamente a Mariposa que hab�a percibido la presencia de Charles en aquel lugar y que este podr�a haber decidido esperarlos donde cre�a que regresar�an. </p><p>Entraba dentro de lo posible que Charles hubiera hecho algo as�, de modo que no le estaba mintiendo. Bran hab�a desconectado los v�nculos de la manada, por lo que Asil no pod�a comprobarlo, pero estaba bastante seguro de que Charles no se acercar�a a la caba�a. El chico era prudente, y estaba con su nueva y fr�gil pareja. S� habr�a marchado de all� a toda prisa para contactar con Bran antes de que el fuego provocado por la explosi�n se hubiera extinguido. La bruja y el lobo de Sarai eran una cosa, pero el chico sabr�a que no ten�a ninguna opci�n frente a Asil.</p><p>Charles ya deb�a de estar cerca de los coches. Aunque Asil no conoc�a muy bien aquellas monta�as, ten�a un buen sentido del espacio. Tendr�a que rastrearle una vez llegaran a la caba�a -o a lo que quedaba de ella- pero si Charles ten�a el buen juicio de huir de all� con el veh�culo, la b�squeda de la bruja ser�a infructuosa.</p><p>Aunque, por supuesto, si descubr�a que su padre tambi�n estaba all�, el maldito loco probablemente regresar�a a la boca del lobo: Charles era ese tipo de idiota heroico.</p><p>Aun as�, tardar�an bastante en llegar a la caba�a, de modo que Asil hab�a conseguido darle la iniciativa. No sab�a qu� m�s hacer para ayudarle.</p><p>Adem�s, no quer�a perderse la cara de Mariposa cuando viera los restos de la explosi�n. Volar por los aires la caba�a hab�a sido una decisi�n inteligente, mucho m�s de lo que cre�a capaz a Charles. Tal vez no hab�a sido del todo justo con el mat�n de Bran.</p><p>Confiaba en que Charles hubiese matado al pobre coyote atrapado entre la vida y la muerte mediante la voluntad y la magia de Mariposa. No quer�a volver a pasar otra noche escuchando los irregulares jadeos de la pobre criatura torturada y atrapada bajo el suelo. Hab�a tardado toda la noche en averiguar qu� era. Durante mucho rato lleg� a creer que era el cazador desaparecido que todo el mundo andaba buscando.</p><p>Tampoco deseaba volver a ver c�mo alguien despedazada a un animal vivo. Ni a su amada Sarai pose�da por un extra�o que observaba a la bruja como si esta fuera una diosa y accediendo a todos sus deseos. Su Sarai nunca le hubiera ofrecido a Mariposa un animal para que esta lo torturara. Nunca le hubiera ofrecido a Asil. Y, adem�s, lo hab�a hecho sin recibir ninguna orden. Mariposa no le esperaba.</p><p>Los guardianes deb�an ser obedientes, incapaces de pensar por s� mismos. Asil cre�a que el lobo de Mariposa era algo m�s que un simple guardi�n. La misma esperanza est�pida que los hab�a conducido a aquella situaci�n.</p><p>Si Anna no hubiese sido una Omega, pens�, su ira le habr�a impedido caer en las garras de la atracci�n que sent�a por la forma de Sarai. Ahora sent�a aquella rabia, un impotente pesar provocado por el hecho de que la bruja le arrebatara el lobo de su Sarai y lo convirtiera en� aquella cosa.</p><p>Si se hubiera quedado con Charles, podr�an haber trazado un plan contra la bruja; tal vez hubiesen tenido una oportunidad. Pero la presencia de Anna hab�a amortiguado su dolor, dejando tan solo el convencimiento de que, independientemente de lo que la bruja le hizo a Sarai, no hab�a interrumpido el v�nculo que le un�a a ella. Cuando el lobo que se parec�a a su Sarai se hab�a marchado, no tuvo otra opci�n que seguir sus pasos.</p><p>No, era demasiado viejo para culpar a los dem�s de sus errores. No hab�a sido culpa de Anua, sino suya. Era demasiado mayor para creer en finales felices. Lo mejor que pod�a hacer por Sarai era asegurarse de que esta vez su lobo mor�a delictivamente.</p><p>Cuando aquella ma�ana Mariposa hab�a le�do el futuro en el agua y descubri� que se acercaba otro lobo, Asil supo al instante de qui�n se trataba. Y tambi�n fue consciente del desastre que se desencadenar�a si la bruja le pon�a las manos encima a Bran. De modo que cuando le pregunt� qu� lobo enviar�a Bran en busca de Charles, le minti�. Y minti� con la verdad. Si Bran no hubiera venido, la �nica opci�n que quedaba era Tag.</p><p>Asil se oblig� a no mirar a Bran, quien caminaba a su lado con la ferocidad de un labrador: Bran era un cabr�n embaucador; cordial y apacible hasta que te rebanaba el pescuezo. Tambi�n ten�a sus puntos buenos.</p><p>Asil estaba convencido de que, pese a lo debilitadas que le hab�a dejado las defensas, el viejo lobo era capaz de salirse con la suya. �Tal vez si hubiese podido ponerlo en antecedentes? �Si le hubiese contado todo lo que sab�a en cuanto lleg� a Aspen Creck?</p><p>Demasiado tarde, demasiado tarde.</p><p>Asil no ten�a problemas de modestia. Conoc�a perfectamente sus puntos fuertes, que eran muchos� y, pese a todo, no hab�a podido hacer nada contra ella. Desconoc�a por qu� se hab�a convencido a s� mismo de que Bran podr�a resistir su influjo cuando �l no hab�a sido capaz.</p><p>Por lo menos la bruja no sab�a que era Bran. A�n.</p><p>Habr�a preferido que fuera Samuel quien viniera a los bosques en lugar de Charles. Charles era un mat�n, un asesino. No hablaba mucho, simplemente se quedaba detr�s de su padre infundiendo el terror que Bran deber�a provocar de no estar tan preocupado por aparentar ser un chico indefenso.</p><p>Asil hab�a visto a Bran en acci�n una o dos veces y deb�a reconocer que resultaba impresionante. Charles era fuerte y r�pido pero lo que ahora necesitaban era sutileza, no fuerza f�sica Samuel era viejo y astuto. Culto. Charles era un asesino que estar�a medio distra�do por su nueva pareja, una hembra indefensa y fr�gil. No como Sarai, quien hab�a sido una guerrera por m�ritos propios.</p><p>Algo le roz� la cadera.</p><p>Mir� hacia abajo pero no vio nada, ni tampoco cuando volvi� a rozarle. Discretamente, evitando atraer la atenci�n de la bruja, alarg� la mano y esta se sumergi� en una espalda peluda; ninguno de sus otros sentidos lo hab�a detectado. Pese a todo, supo lo que estaba tocando. Una vana esperanza creci� en su coraz�n cuando sus dedos se cerraron sobre un pelaje sedoso que tiempo atr�s le hab�a resultado tan familiar.</p><p><emphasis>�La bruja puede cambiar de forma?</emphasis></p><p>De nuevo Bran, oblig�ndole a volver a la realidad. Por desgracia, Mariposa percibi� su indecisi�n.</p><p>���Ocurre algo? -pregunt�.</p><p>��Muchas cosas -le dijo Asil.</p><p>Ella ten�a raz�n, disfrutaba confundi�ndola con la verdad tanto como pod�a. A�n no hab�a desarrollado la habilidad de todo buen Alfa para hacer las preguntas adecuadas. Bran era mucho m�s dif�cil de enga�ar.</p><p>��Mi Sarai est� muerta, y yo no. -Degust� el aire con cautela y se relaj� a medida que el bosque le ofrec�a una respuesta mejor-. Y algo se oculta entre los �rboles� un formidable depredador que no es un oso. He o�do que por esta zona hay lobos salvajes.</p><p>Mariposa hizo caso omiso del depredador y dej� de prestar atenci�n a Asil. Este se pregunt� si ser�a consciente de estar tarareando la canci�n favorita de Sarai. �Lo hac�a para atormentarle con el recuerdo de su p�rdida o porque le ofrec�a consuelo?</p><p>Bran esper� a que Mariposa volviera a centrarse en sus propios pensamientos para continuar hablando con Asil.</p><p><emphasis>La bruja dispone de la inmortalidad, la fuerza y la velocidad de un hombre lobo. �Tambi�n puede cambiar de forma? �Es realmente una mujer lobo? �Enmascara de alg�n modo su olor para oler a humana y a bruja pero no a lobo? �O simplemente lo obtiene de su creaci�n?</emphasis></p><p>Asil se encogi� de hombros. Nunca la hab�a visto transformarse. Sus ojos viajaron hasta su mano, enterrada en el pelaje invisible. Tal vez exist�a un modo de saber mis cosas sobre Mariposa.</p><p>Durante casi dos siglos, en cuanto se dio cuenta de que el v�nculo de apareamiento le permit�a a Mariposa acceder a �l, Asil hab�a bloqueado la conexi�n lo mejor que pudo. Sin embargo, sus peores pesadillas hab�an terminado materializ�ndose, por tanto, �qu� sentido ten�a ya seguir haci�ndolo?</p><p>Se deshizo de las barreras y solo un control de acero le permiti� seguir caminando como si no hubiera sucedido nada a medida que el amor de Sarai le inundaba como una oleada. Durante un buen rato lo �nico que pudo hacer fue dar un paso despu�s de otro.</p><p>Algunas parejas pod�an comunicarse telep�ticamente, pero con Sarai siempre hab�an primado las emociones. Con el tiempo, y la pr�ctica, lograron desarrollar algo no muy distinto a la comunicaci�n mental.</p><p>Sarai no pod�a ocultar su felicidad por el hecho de por fin le permitiera beber de sus energ�as, recrearse a partir de �l en lugar de Mariposa. Asil se abri� completamente a ella para que hiciera lo que deseara. Si la bruja hubiera estado tras ella, habr�a sido el final, pero Asil estaba convencido de que era su Sarai. Bebi� de �l a peque�os sorbos mientras le contaba todo lo que hab�a ocurrido.</p><p>Sarai estaba muerta y jam�s la recuperar�a. Lo sab�a porque era algo que aquella sombra medio viviente que tiempo atr�s fue su pareja tambi�n lo sab�a. Si lograba matar a Mariposa, la sombra desaparecer�a para siempre; si no lo consegu�a, continuar�a atrapada en aquel infierno, entre la vida y la muerte. Pese a ser consciente de todo aquello, no logr� inquietarse por el dolor futuro cuando una parte de �l segu�a asimilando la alegr�a al descubrir que a�n le quedaba algo de ella.</p><p><emphasis>�Qu�?</emphasis></p><p>Sent�a la frustraci�n de Bran y se pregunt� si podr�a percibir algo de lo que Sarai y �l estaban haciendo. �Era necesario que Bran lo supiera? Sarai pensaba que s�, por lo que intent� cont�rselo.</p><p>��Ahora s� que tu Guardi�n no es ella, aunque se parece mucho a Sarai. A veces me pregunto c�mo ser�a volver a hablar con ella. Solo una vez m�s -dijo Asil, y obtuvo lo que buscaba cuando las u�as de Mariposa se clavaron en la manga de su chaqueta blanca.</p><p>��Ella est� aqu�. Es Sarai. Pero es <emphasis>m�a </emphasis>-dijo Mariposa-. No puedes hablar con ella. No te quiere.</p><p>Pero Bran lo hab�a entendido; lo percibi� en la mirada pensativa que le devolvi� su Alfa. Podr�a haberlo dejado ah�. Pero Mariposa hab�a reclamado su autoridad sobre alguien que le pertenec�a a <emphasis>�l.</emphasis></p><p>��A�n me ama -le conteste� Asil, consciente de que con aquello solo conseguir�a m�s hostilidad por parte de Mariposa-. Al menos una parte de ella. Lo vi en sus ojos cuando vino a buscarme. -Y ahora se daba cuenta de que lo que vio hab�a sido <emphasis>real. </emphasis>Hizo un gran esfuerzo por guardase para s� mismo aquel pensamiento-. Vino a buscarme sin que t� se lo pidieras.</p><p>��Ella me pertenece. -La bruja parec�a nerviosa-. Igual que t�. -Se detuvo mientras reflexionaba sobre sus palabras. Encontr� algo que la satisfizo y se dio la vuelta para mirarlo con una sonrisa seductora-. T� tambi�n me quieres.</p><p>Asil sinti� c�mo le alcanzaba a trav�s del v�nculo que compart�a con el lobo de Sarai, y tambi�n el p�nico de esta porque la bruja no descubriera lo que estaban haciendo. Sarai estaba aterrorizada, y �l no pudo soportarlo.</p><p>Decidi� distraer a Mariposa, y le result� m�s sencillo de lo que hab�a supuesto en un principio.</p><p>Se inclin� hacia delante y tom� su boca en un ataque carnal. Tras un instante de vacilaci�n, Mariposa le correspondi�. Durante todos aquellos a�os hab�a sido consciente de la aut�ntica naturaleza de su obsesi�n por Sarai. Asil hab�a intentado cont�rselo cuando se dio cuenta por primera vez, pero Sarai siempre se quedaba con el lado bueno de las personas. Le hab�a dicho que era demasiado desconfiado, y vanidoso, lo que era cierto, y que eso le nublaba el juicio, lo que no era cierto.</p><p>Sarai no le crey� cuando le dijo que Mariposa estaba obsesionada con �l, hasta la noche en que la envenen� por segunda vez. La chica se hizo pasar por su pareja. Fue in�til, por supuesto. Puede que su aspecto f�sico fuera el mismo, pero el olor era inequ�voco. Si Sarai hubiese sido solo humana, habr�a muerto envenenada; en lugar de eso, se pas� tres d�as enferma. La intenci�n de Mariposa era matarla,</p><p>Solo entonces Sarai accedi� a reconocer que a la chica le ocurr�a algo raro que ella no pod�a arreglar. Solo entonces accedi� a enviar a Mariposa a otro lagar.</p><p>Asil bes� a Mariposa hasta dejarla sin aliento, jadeante, hasta que la fragancia de su excitaci�n se extendi� en c�lidas oleadas. Entonces la solt�, se limpi� la boca con el dorso de la mano y le dijo la verdad:</p><p>��No te quiero. Nunca te he querido.</p><p>Ella lo percibi� en su voz, lo sinti� en su cuerpo impasible. Durante unos instantes su rostro mostr� la palidez producida por la conmoci�n, y �l estuvo a punto de sentir l�stima por ella. A punto. Pero entonces pens� en Sarai, en el pobre coyote bajo el suelo de la caba�a, en el mapache que hab�a desmembrado y aprisionado mientras a�n viv�a, no porque lo necesitara con vida para su hechizo sino por el placer que le proporcionaba.</p><p>La conmoci�n inicial no tard� en evaporarse. Mariposa le mir� con una sonrisa c�nica, la sonrisa de una puta.</p><p>��Tal vez no, pero me deseabas. Lo vi en tus ojos. Lo veo ahora. Soy joven, hermosa, y ella era vieja y gorda como una vaca. Me deseabas, y ella lo sab�a. Se deshizo de m� porque estaba celosa.</p><p>Asil enarc� una ceja.</p><p>��Est�s mezclando las historias. Cre�a que era yo<emphasis/>quien estaba celoso del gran amor que te profesaba Sarai. Cre�a que era yo quien me deshice de ti porque Sarai te amaba. �No es eso lo que dijiste?</p><p><emphasis>���Cabr�n! </emphasis>-Mariposa golpe� el suelo con los pies-. <emphasis>Hijo de</emphasis><emphasis>puta.</emphasis></p><p>Resultaba dif�cil creer que fuera una bruja de doscientos a�os en lugar de la chica que aparentaba ser. Como Peter Pan, hab�a dejado de crecer.</p><p>��Ella me <emphasis>quer�a. </emphasis>Me escogi� a m�. Por eso est� conmigo y no contigo. Pero -y le se�al� con un dedo- <emphasis>t� </emphasis>me quer�as. Por eso me apart� de su lado. T� me quer�as y eso le pon�a de los nervios. Era joven e inocente, una ni�a a tu cuidado, y me deseabas.</p><p>���Por qu� iba a desearte? -le pregunt� Asil con frialdad-. Ten�a a Sarai, quien era m�s mujer de lo que t� podr�s llegar a ser jam�s. Amaba a Sarai, por ella viv� y por ella mor�. Nunca fuiste m�s que un perro abandonado al que Sarai quiso proteger.</p><p>Asil permiti� que la verdad resonara en los o�dos de la bruja, y cuando esta alz� las manos cargadas con su magia, no hizo adem�n alguno por defenderse. Sab�a que no le matar�a, al menos no antes de convencerle de que ella ten�a raz�n. O cuando consiguiera provocarla lo suficiente.</p><p>El honor le obligaba a enfrentarse a ella hasta el �ltimo aliento, para intentar detener la amenaza que por su culpa hab�a ca�do sobre el Marrok. Asil pod�a soportar cualquier cosa menos la muerte. Y mientras la bruja estaba concentrada en �l, no reparaba en lo que �l y Sarai ten�an entre manos. Y, lo que es m�s importante, no prestaba atenci�n a Bran.</p><p>No obstante, el lobo de Sarai no era tan calculador. En los instantes previos a que el poder de la bruja le alcanzara, bombarde� a Asil con im�genes de cosas que hab�a presenciado hacer a la bruja. Cosas que le obligaron a reconsiderar su valoraci�n anterior: la muerte no era la peor de las opciones.</p><p>Si hubiera necesitado alguna otra prueba de que aquella no era m�s que la sombra de su pareja, con aquello se habr�a convencido. Sarai hubiera sabido que era in�til asustarle con lo que se avecinaba. Como m�nimo sirvi� para recordarle que si no cortaba su v�nculo con ella, tambi�n sentir�a su dolor. Y pese a ser solo una sombra, no quer�a verla sufrir. Levant� las barreras para bloquear a Sarai justo antes de que la bruja le golpeara con m�s furia que delicadeza.</p><p>Grit� porque no se sent�a acompa�ado, porque le doli� m�s de lo que cre�a posible y porque su lobo decidi� que no iba a permitir que se acobardara y aceptara su castigo.</p><p>Transformarse en aquel momento era tan urgente como estupido. El dolor se cuadruplic�, haciendo chisporrotear las terminaciones nerviosas que ni siquiera sab�a que ten�a. EI tiempo adquiri� una nueva forma: los segundos se transformaron en horas hasta que solo existi� en un limbo de agon�a. Entonces se detuvo. Todo su cuerpo se qued� insensible mientras se enfrentaba a la �ltima fase de la transformaci�n. Fue solo un instante, un espacio de libertad que le proporcion� Sarai liber�ndolo de todo dolor y que lo dej� en forma de lobo a medio metro de Mariposa y con el control total de su cuerpo.</p><p>Por primera vez, Mariposa parec�a asustada, y Asil degust� aquel miedo como si fuera carne fresca y jugosa. Tras recrearse en su sabor, se lanz� sobre la bruja. Sin embargo, aquello le dio el tiempo necesario a la bruja para gritar el nombre de su pareja.</p><p>���Sarai!</p><p>Y sus mand�bulas abiertas encontraron pelo en lugar de carne, la sangre de Sarai en lugar de la de Mariposa. A medida que sus colmillos se clavaban con m�s fuerza, el dolor producido por la magia de Mariposa volvi� a desgarrarle por dentro y solo se detuvo cuando Bran decidi� que hab�a llegado el momento de intervenir.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>��No est� tan malo -le dijo Anna a Charles-. Si tuviera, pongamos, cinco a�os y me siguieran gustando las cosas dulces y pringosas, podr�a llegar a disfrutarlo.</p><p>Anna hablaba apenas en un susurro mientras mascaba helado deshidratado. Charles comprendi� que hab�a acabado convenci�ndose de la importancia de ingerir calor�as. El �nico problema es que tambi�n les obligaba a comer a Walter y a �l. Aunque Walter parec�a estar disfrutando.</p><p>Charles emiti� un gru�ido mientras observaba el valle desde su posici�n elevada y las peque�as figuras que atravesaban la pradera. El viento tra�a de vez en cuando alguna palabra, pero soplaba en la direcci�n contraria, por lo que no pod�a alertar a los otros de que estaban siendo observados.</p><p>��Me pregunto por qu� estar� haci�ndolo -dijo Anna cuando Asil empez� a transformarse.</p><p>Charles ten�a la sensaci�n de que no era deliberado; tal vez alg�n tipo de castigo estramb�tico. Si era as�, a la bruja le hab�a salido el tiro por la culata. Asil se puso en pie con dificultades y, un instante despu�s, sus movimientos se hicieron repentinamente gr�ciles y precisos al abalanzarse: sobre la bruja.</p><p>Charles, Anna y Walter se pusieron en pie. Estaban demasiado lejos para intervenir, pero�</p><p>La cosa que se parec�a al lobo de la pareja de Asil apareci� de la nada para interceptar su ataque. Y fue entonces cuando su padre decidi� actuar. Casi sorprende a la bruja, la cual estaba distra�da con el combate entre los dos lobos.</p><p>Casi.</p><p>Y Charles se encontraba demasiado lejos para poder evitar lo que ocurri� a continuaci�n.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Asil sinti� su frustraci�n, pero Sarai no pod�a ignorar la primera directriz de su creaci�n: proteger a Mariposa. Todav�a no. No le hab�a dado suficiente de s� mismo. De modo que se enfrentaron porque Sarai no se detendr�a hasta que �l muriera o hasta que la bruja se lo ordenara.</p><p>En circunstancias normales, el combate habr�a sido corto. Pese a ser una guerrera, Asil le hab�a ense�ado todo lo que sab�a, e incluso en forma de lobo le superaba en m�s de veinte kilos de m�sculo. Asil era m�s r�pido y fuerte, pero ella luchaba para matarlo. �l luchaba para proteger su vida sin hacerle da�o a ella.</p><p>Si le mataba, se arrepentir�a de ello durante toda la eternidad, y Asil no pod�a permitirlo. Sinti� c�mo descend�an las ataduras de la bruja y vio la duda en Sarai cuando �sta tambi�n las percibi�.</p><p>Y aquel instante de libertad se evapor�.</p><p>��Asil, si�ntate -dijo Mariposa con voz ronca, y el azote de su poder se asent� sobre �l, oblig�ndole a obedecerle, sujet�ndole e inmoviliz�ndole con fuerzas renovadas.</p><p>��Sarai, detente.</p><p>No se hab�a dado cuenta de que Sarai no hab�a hecho adem�n de continuar la pelea. Porque no estaba mirando a Sarai; segu�a con la vista clavada en Bran.</p><p>Asil sigui� su mirada.</p><p>Al principio crey� que Bran estaba muerto. Pero Mariposa avanz� tambale�ndose hasta la inm�vil figura y le propin� una patada.</p><p>��Arriba. Levanta.</p><p>Bran se puso en pie con rigidez. El cuerpo segu�a siendo el de Bran, un lobo gris con una rid�cula mancha blanca en el extremo de la cola, pero cuando levant� la cabeza para mirar a la bruja, no hab�a vida tras sus ojos.</p><p>Asil hab�a conocido a zombis con m�s personalidad. Y si no hubiese sido un lobo, habr�a recurrido al gesto que le ense�ara su madre para alejar a los malos esp�ritus. Aunque hubiera sido in�til. No habr�a funcionado a menos que lo hiciera una aut�ntica bruja, y si Mariposa no lo sab�a, no iba a ser �l quien le informara.</p><p>Incluso el Guardi�n, una sombra de lo que una vez fue su pareja, ten�a m�s vida en su interior de la que animaba al Marrok.</p><p>Satisfecha de que Bran volviera a obedecerle, la bruja dirigi� su atenci�n a Asil.</p><p>��Hussan, vuelve a transformarte en humano.</p><p>Por Al�, otra vez aquel dolor. Demasiadas transformaciones en tan pocas horas, pero sus �rdenes eran implacables. Se puso en pie como pudo y not� el beso cortante de los cristales de hielo sobre la nieve. El fr�o no sol�a afectarle; menos incluso que a la mayor�a de hombres lobo. Pero en aquel momento lo sinti�.</p><p>��V�stete -le orden�.</p><p>Aunque la ropa estaba rasgada y manchada de sangre, era mejor que enfrentarse desnudo a aquel viento g�lido. Le temblaban las manos, lo que le dificult� atarse las botas. Solo encontr� un calcet�n, y estaba tan empapado que decidi� no pon�rselo: las llagas ser�an el menor de sus problemas.</p><p>Asil estaba asustado, aterrorizado. Ninguna de las brujas que bah�a conocido, y durante su larga vida hab�a conocido a muchas, hab�a sido capaz de hacerle algo semejante a un lobo con poco m�s que la magia a su disposici�n. A un humano s�; a un humano muerto. Se dio cuenta de que hab�a cometido un error. La hab�a estado viendo como la ni�a que hab�a sido, quien, por muy poderosa que fuera, no pod�a compararse con la bruja que hab�a dispuesto de doscientos a�os para adquirir poder y conocimientos.</p><p>Con precauci�n, sonde� los enlaces de la manada hacia su Alfa y� no sinti� nada. �Le hab�a hecho a Bran lo mismo que le hizo a Sarai? Dos siglos son mucho tiempo para estudiar y aprender. Tal vez hab�a descubierto el modo de crear otro guardi�n, un modo de hacerlo en unos cuantos minutos en lugar de cuatro d�as de torturas.</p><p>Entonces comprendi� que era Bran quien hab�a bloqueado el enlace, que los v�nculos de la manada segu�an intactos. Aquello le dio esperanzas: volvi� a mirar al Marrok, pero continu� viendo simplemente una tenue inteligencia que ten�a muy poco que ver con el hombre que hab�a sido� que <emphasis>era.</emphasis></p><p>Para asegurarse, Asil volvi� a comprobar los v�nculos de la manada, pero <emphasis>alguien </emphasis>los manten�a sellados. Y la �nica persona que pod�a hacer algo semejante era el propio Bran.</p><p>Aunque no estaban perfectamente sellados.</p><p>Algo fluy� de Bran y le toc� con unos dedos fr�os y negros, extendi�ndose lentamente por su alma. Sarai gimi� levemente al darse cuenta de lo que era antes que �l; ella siempre hab�a sido mejor con aquel tipo de cosas. Siempre hab�a cre�do que la ira era algo caliente y afilado. Aquello era peor.</p><p><emphasis>Berserker.</emphasis></p><p>Estaba en el norte de �frica cuando ocurri�, hac�a m�s de un siglo. Pero incluso hasta all� llegaron las historias. <emphasis>Dadores de Muerte. </emphasis>Pueblos enteros masacrados, desde ancianas hasta ni�os. Se compusieron historias y canciones, la mayor�a de ellas perdidas hac�a tiempo.</p><p>Una bruja hab�a forzado la Transformaci�n de su hijo y su nieto, por el mero hecho de jugar con ellos. Durante a�os los retuvo como mascotas que le proporcionaban todos sus deseos. Aquello la convirti� en la bruja m�s peligrosa de las islas brit�nicas. Hasta que un d�a el hijo se liber�.</p><p>Mat� a su madre y se la comi�. Luego mat� a todo ser vivo a varios kil�metros a la redonda. Encontr� una casa en lo m�s rec�ndito de los bosques galeses y, durante a�os, nada creci� a un d�a de distancia de su guarida.</p><p>Los grandes cazadores de su generaci�n, humanos, hombres lobo y<emphasis/>otros, pretendieron obtener honor o demostrar su coraje enfrent�ndose a �l. Todos murieron. Algunos fueron a su encuentro para vengar a sus seres queridos. Todos murieron. Tambi�n murieron los perturbados que no comprend�an las advertencias y los desventurados que se aproximaban demasiado al monstruo.</p><p>Hasta que un d�a, o eso hab�a o�do, Bran sali� del bosque con su hijo a su lado. Ya no era un <emphasis>berserker, </emphasis>sino simplemente un arpista, un contador de cuentos, y un lobo solitario.</p><p>Con el tiempo, incluso las historias m�s horripilantes se convierten en leyenda y, m�s adelante, desaparecen. Asil estaba pr�cticamente seguro de ser el �nico, con la excepci�n de Samuel, por supuesto, que sab�a lo suficiente para entender lo que hab�a hecho la bruja.</p><p>Mariposa cre�a tener al Marrok bajo su control. Pero Mariposa siempre hab�a interpretado la realidad seg�n sus deseos.</p><p><emphasis>��� him of eagum stod ligge gelicost leoht unfaeger </emphasis>-cit� Asil en voz baja.</p><p>���Qu� has dicho? -Mariposa estaba p�lida y visiblemente agotada, pero su control segu�a siendo poderoso e inexpugnable.</p><p><emphasis>��Beowulf </emphasis>-le dijo Asil-. Creo que vendr�a a ser algo as� como� �sus ojos desprend�an una luz llameante y mal�fica�. No puedo traducirlo en verso, no soy un poeta.</p><p>Mariposa observ� con recelo a Bran, pero solo vio unos ojos apagados que parec�an m�s marrones que ambarinos. Asil sab�a porque no apartaba la mirada de �l.</p><p><emphasis>Sus ojos desprend�an una luz llameante y mal�fica. </emphasis>El tiempo de Bran como Berserker le deb�a bastante a Grendel, como tambi�n otras historias trasmitidas a lo largo de los siglos. Pero la falta de inteligencia en los ojos del Alfa y la fr�a y negra ira que flu�a lentamente de Bran y se extend�a a todos los hombres lobo conectados a �l resultaba mucho m�s aterradora que Grendel o la madre de Grendel, los dos monstruos del poema �pico. Asil confiaba en que solo estuviera propag�ndola a su manada aunque tem�a que pudiera extenderse m�s all� de esta.</p><p>La muerte se extender�a por el mundo como no lo hab�a hecho desde la Peste Negra, cuando una tercera parte de Europa hab�a sucumbido ante ella. No volver�a a haber un instante de paz en este mundo para los hombres lobo.</p><p>��Tienes miedo -le dijo Mariposa-. Es comprensible. Por ahora te permito que seas t� mismo, pero si contin�as molest�ndome, te convertir� en mi mascota, corno he hecho con �l. Las mascotas no son tan �tiles como Sarai, ya que solo responden a �rdenes directas. Ten�a planeado convertirte en un guardi�n, como Sarai. Ser� mejor que no me hagas cambiar de idea.</p><p>Mariposa cre�a que ten�a miedo de ella. Y lo hab�a tenido, hasta que el monstruo que hab�a creado la super�. No ten�a ni idea.</p><p>Mariposa avanz� un par de pasos hacia Asil y lo abofete� con fuerza. Asil no hizo adem�n de defenderse. Su escasa altura le dificult� el golpe, pero lo hizo con todas sus fuerzas, las fuerzas de Sarai. Asil se lami� la sangre del labio de forma refleja.</p><p>��Eso es por mentirme sobre qui�n era realmente el hombre lobo. Es el Marrok, no un est�pido lobo menor. Lo sab�as, lo <emphasis>sab�as, </emphasis>y me has hecho creer que era otra persona. Podr�a haberme hecho da�o. Y se supone que debes defenderme, �lo recuerdas? Te dieron mi tutela para que me mantuvieras a salvo.</p><p>Con el tiempo, los lobos pierden contacto con la realidad. La primera crisis se produce cuando muere toda la gente que conocen y no queda nadie que recuerde cuando eran humanos. La segunda var�a seg�n el lobo, cuando los cambios en el mundo les dejan sin un lugar donde sentirse seguros.</p><p>Y Mariposa nunca hab�a sido precisamente estable, ni siquiera antes de matar a Sarai. Sin embargo, si cre�a que deseaba protegerla<emphasis>� </emphasis>significaba que hab�a perdido la cabeza definitivamente.</p><p>��Aunque tu traici�n no tiene importancia -le dijo con un movimiento infantil de la cabeza-. S� c�mo protegerme a m� misma. Ese lobo me pertenece. -Contempl� a Bran-. Transf�rmate. Quiero verte la cara. Nunca he podido encontrar una foto tuya, Bran Cornick.</p><p>Asil se dio cuenta de que estaba conteniendo el al�enlo mientras su Alfa obedec�a las �rdenes de la bruja. �El dolor de la transformaci�n liberar�a al monstruo de sus cadenas?</p><p>Asil, la sombra que hab�a sido su pareja y la bruja contemplaron la transformaci�n en el fr�o invernal. Sus alientos se elevaban como una cortina de vapor, record�ndole a Asil, por alguna extra�a raz�n, el d�a en que Bran llev� a la manada del Marrok, a todos los lobos que le pertenec�an, en un autob�s alquilado al gran hotel del Parque de Yellowstone en lo m�s crudo del invierno. Hab�a alquilado todas las habitaciones para que la manada pudiera correr y aullar toda la noche por la llanura del geiser sin nadie que les viera salvo unos cuantos b�falos y alces.</p><p>��No puedes ocultarte eternamente en tu invernadero -le hab�a dicho cuando Asil le pidi� amablemente que le dejara quedarse en Aspen Creek-. Alg�n d�a deber�s crear nuevos recuerdos.</p><p>Asil cerr� los ojos y rez� por primera vez desde el d�a que perdi� a Sarai. Tiempo atr�s hab�a sido un hombre muy devoto. Rez� a Al� para que Bran no se convirtiera en un monstruo y destruyera su creaci�n: el hogar, el refugio que hab�a construido para sus lobos.</p><p>Cuando Asil volvi� a abrir los ojos, Bran estaba completamente desnudo sobre la nieve. Aunque estaban a pocos grados sobre cero, no temblaba. Ten�a la piel blanca y demacrada, y a trav�s de ella se ve�an las venas azules que llevaban la sangre a su coraz�n. Ten�a unas cuantas cicatrices, una que le cruzaba las costillas y otra bajo el brazo derecho.</p><p>��Un cuerpo muy bonito -dijo Mariposa-. Pero todos los lobos lo ten�is. Demasiado delicado para m� gusto. -Se mordi� los labios y agit� la cabeza-. Esperaba algo� un poco m�s impresionante. Un Marrok deber�a ser� -Gir� la cabeza pura mirar a Asil-. Como Hussan. Un hombre que atrae las miradas de la gente. Un hombre que hace que la gente camine con cautela cuando est� cerca. No alguien que necesita que su hijo impresione a los visitantes y ejecute sus �rdenes. S�, he hecho los deberes. Cuando me enter�, supe que eras demasiado d�bil para controlar a todas las manadas.</p><p>Mariposa intentaba provocar a Bran, pens� Asil incr�dulo. Comprobaba su control sobre �l para asegurarse de que su esclavo hab�a perdido toda independencia. Respirar profundamente no servir� de mucho, pens� Asil exasperado. �La bruja no ve�a al monstruo interior bajo aquella aparente inmovilidad?</p><p>Lo �nico que le tranquilizaba era saber que probablemente la valoraci�n de la bruja provocara en Bran m�s diversi�n que ira. Aunque, por supuesto, Bran ya no era el mismo de antes.</p><p>���Puedes transformarte otra vez? -le pregunt� a Bran cuando este no respondi� a su comentario-. No tengo zapatos para ti, y prefiero no tener que cortarte los pies cuando se te congelen.</p><p>��S�. -Bran arrastr� la palabra, deshaci�ndose de ella como si estuviera borracho.</p><p>Mariposa esper� a que empezara a hacerlo, pero finalmente emiti� un sonido de impaciencia y<emphasis/>le dijo:</p><p>��Hazlo.</p><p>Antes de que completara la transformaci�n, la bruja llam� a Sarai y se subi� a su lomo como si su guardiana fuera una mula. Asil se trag� la ira; una ira que no guardaba relaci�n con el insignificante ataque a la dignidad de una Sarai que ya no era su Sarai. Mir� nerviosamente a Bran e intent� calmarse con todas sus fuerzas.</p><p>��Cuando termine, seguidnos.</p><p>Sarai se frot� contra �l, dejando una estela de afecto e inquietud. En cuanto se perdieron de vista, Asil sinti� aumentar en su interior aquella ira insidiosa, como si la presencia de Sarai le hubiera ayudado a permanecer en calma, como si a�n fuese la Omega que hab�a sido� �y por qu� no?</p><p>Clav� una rodilla en la nieve e inclin� la cabeza con la vaga esperanza de que cuando el otro hombre lobo se levantara, continuara disponiendo de un v�nculo, ya fuera con la bruja o con su propia voluntad.</p><p>Aunque no se atrevi� a ejecutar el movimiento, completo, pues hac�a mucho tiempo que hab�a dejado de ser un buen musulm�n, no pudo resistir el impulso de rezar:</p><p><emphasis>��Allaahu Akbar�</emphasis></p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La bruja extendi� las manos. Aunque Charles estaba muy lejos, pudo percibir el hedor de su magia; una magia corrupta y podrida, pero poderosa. Muy poderosa.</p><p>Charles vio caer� su padre, y despu�s vio c�mo desaparec�a.</p><p>Todo ocurri� de una forma tan repentina que se qued� petrificado, sin aliento. La tranquilizadora presencia que le hab�a acompa�ado durante tanto tiempo dej� un silencio vacuo, dif�cil de asumir. Sus pulmones se negaban a seguir insuflando aire, pero, repentinamente, cuando logr� aspirar una bocanada, el Hermano Lobo le apremi� a aullar a los cielos.</p><p>Charles se esforz� por controlarlo, aunque sent�a una extra�a inclinaci�n salvaje completamente nueva, mucho m�s oscura y profunda que sus habituales impulsos violentos. Y comprend�a el motivo, o al menos cre�a comprenderlo.</p><p>Bran no hab�a desaparecido. Se hab�a Transformado.</p><p>Su padre casi siempre hablaba del presente o del pasado reciente. Diez a�os, veinte, pero nunca de cien o m�s. Era algo que �l mismo hab�a aprendido a agradecer a medida que se hac�a mayor.</p><p>Pero a veces hab�a logrado convencer a Samuel para que le contara algunas historias. Y la de Bran como berserker era una de sus favoritas, hasta que creci� lo suficiente para comprender que no era una simple historia. Si no hubiese sido por eso, habr�a sentido la tentaci�n de pasar por alto la oscuridad que crec�a en su interior, podr�a haber pensado que Bran hab�a sido derrotado.</p><p>Utiliz� aquella esperanza para calmar al Hermano Lobo, y juntos recorrieron la magia de la manada que los amparaba bajo la protecci�n del Alfa. Buscaron y buscaron hasta encontrarlo, transformado, casi completamente aislado, hasta que Una peque�a parte de su ira envenenada se filtr� en �l. Bran aun viv�a.</p><p>Pero �con qu� forma?</p></section><section><title><p id="_Toc233648893">Cap�tulo 14</p></title><p>Aunque Charles sinti� el impulso de bajar de la colina lo m�s r�pido posible en cuanto la bruja desapareci�, dirigi� el descenso con un ritmo lento y controlado para permitir a Anna seguir su paso f�cilmente con las raquetas. </p><p>A medida que se aproximaban, los �rboles y matorrales les ocultaron el lugar donde esperaban Asil y su padre. Precavidamente, Charles aminor� el paso y se detuvo.</p><p>Mir� a Anna y despu�s a Walter. Ella asinti� en silencio y se agach�. Walter adopt� la posici�n del soldado que era. Si no hubiese sido por �l, Charles se habr�a quedado all�. No estaba dispuesto a arriesgar la vida de Anna por una corazonada. Pero si ocurr�a algo, Walter la proteger�a, de modo que Charles pod�a permitirse el riesgo.</p><p>Cuando Charles apareci� en el claro, Asil ya hab�a terminado su plegaria, pero permaneci� arrodillado y con la cabeza inclinada, como si se esforzara por no ofender al Marrok.</p><p>��Lentamente -musit� sin levantar la cabeza. Asil siempre hab�a tenido un o�do privilegiado, o tal vez hab�a reconocido a Charles con el olfato-. Estamos unidos a ella, tu padre y yo. Debo obedecer a la bruja como si fuera mi Alfa. -Finalmente gir� la cabeza y cruz� una mirada desesperada con Charles-. A tu padre lo tiene atado m�s fuerte. Descubri� qui�n era y le arrebat� su voluntad como un titiritero que le pone los hilos a sus marionetas. Espero -continuo Asil con la misma voz suave- que cuando termine de transformarse contin�e bien. -Se rasc� el ment�n con gesto cansado-. Tengo que esperar para comprobarlo, pero t� no. Coge a tu pareja y huye; re�ne a la manada en Aspen Creek y esc�ndela en los confines de la tierra. Si la bruja logra controlarle, todos los lobos que le deben lealtad ser�n suyos. Est� como una cabra, aunque nunca ha sido muy estable, pero ahora est� unida al lobo muerto de Sarai. Los vivos y los muertos nunca han hecho muy buena pareja.</p><p>Charles esper�.</p><p>Asil le mir� con una sonrisa fugaz.</p><p>��Creo que ha subestimado su poder. Si no logra controlarle� -Mir� a Bran-. Bueno, entonces, <emphasis>perdito, </emphasis>ser� mejor estar muy lejos de aqu�.</p><p>Bran se puso en pie con dificultad y permaneci� de aquel modo como un potrillo reci�n nacido, con las piernas separadas para no volver a caer. Sus ojos no trasmit�an nada. Nada en absoluto.</p><p>Si no hubiese sido por el nudo helado que empez� a formarse en su est�mago, un regalo de su padre, Charles habr�a cre�do que estaba completamente derrotado.</p><p>Una nueva transformaci�n, pens� Charles, y quiz� podr�a llevar a cabo otra m�s, aunque iba a tener el dolor de cabeza del siglo. No era la primera vez en su vida que deseaba tener la capacidad de su padre para hablar directamente con la mente de las personas. Le hubiera ahorrado mucha energ�a.</p><p>Se transform�, confiando en que Asil esperara hasta poder hablar con �l. Le cost� un poco m�s de lo habitual, y temi� tener que quedarse en forma humana m�s tiempo del que hab�a calculado.</p><p>Pero finalmente lo consigui�. Pese � quedar completamente desnudo, no ten�a tiempo de satisfacer su modestia.</p><p>��Es demasiado tarde, ya viene para aqu� -le dijo Asil-. Cuando una bruja ejerce este tipo de control, puede ver a trav�s de sus ojos. -Su hermano ya le hab�a informado sobre aquello-. Para ella son golems vivientes.</p><p>Asil cerr� los ojos.</p><p>��Estamos condenados.</p><p>��Pierdes muy f�cilmente las esperanzas -dijo Charles. No pod�a hablarle de Anna y Walter sin arriesgarse a que la bruja tambi�n se enterara-. Nuestra manada dispone de una Omega. Quiz� con eso sea suficiente.</p><p>���Sabes lo que era? -le pregunt� Asil.</p><p>��S�.</p><p>Asil mir� al Marrok.</p><p>��M�talo ahora, si puedes. Si le quieres, si te preocupa la manada.</p><p>Charles mir� a su padre. Ten�a un aspecto fr�gil, todo lo fr�gil que pod�a parecer un hombre lobo. No parec�a poder inspirar mucho miedo en los corazones de aquellos que le contemplaran, como mucho confundirlos.</p><p>Charles se puso a re�r con aspereza.</p><p>��Si crees que puedo matarlo, te has vuelto loco. Es el Marrok, y no est� ni la mitad de d�bil de lo que parece. Nunca creas a tus ojos cuando se trata de mi padre.</p><p>Era la verdad, y adem�s �l estaba herido. Le hac�a da�o hasta respirar.</p><p>Deber�a marcharse, pens� Charles mientras los ojos sin vida de su padre le examinaban. Ya hab�a demostrado que la bruja pod�a controlarle a su antojo. Solo pod�a ser un estorbo.</p><p><emphasis>Qu�date. Te necesito.</emphasis></p><p>���Para qu�? -pregunt�.</p><p>Le mir�, pero incluso con la voz de su padre en su cabeza, solo pudo distinguir una bestia muda en los ojos del Marrok.</p><p><emphasis>Porque eres el �nico al que s� que no matar�.</emphasis></p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna se cubri� el cuerpo con los brazos mientras escuchaba atentamente la conversaci�n. Sab�a que Charles contaba con ella; que ella y Walter eran sus ases en la manga.</p><p>El problema era que no se sent�a precisamente un as. Tal vez una pareja, o un comod�n, pero no un as. Walter hab�a estado en el ej�rcito, por lo que era una apuesta m�s segura.</p><p>���Conoces este lugar? �Podr�amos acercarnos un poco m�s y seguir ocult�ndonos? -le susurr� a Walter.</p><p>El lobo empez� a avanzar manteniendo la distancia que los separaba de Charles y Asil. Anna le sigui� haciendo tan poco ruido como pudo. Walter se mov�a entre los �rboles como Charles, como si formara parte del bosque.</p><p>La llev� m�s cerca de lo que cre�a posible, hasta un viejo �rbol con un denso ramaje que llegaba al suelo a no m�s de diez metros de donde el Marrok se manten�a sobre sus cuatro patas y observaba fijamente a su hijo.</p><p>El hombre lobo se agit� bajo las ramas y Anna avanz� con las manos y las rodillas hasta llegar a una cueva oscura y seca cubierta por una alfombra de viejas agujas que se clavaron en todas las partes de su cuerpo que no proteg�a la ropa pero que, al menos, acolcharon sus rodillas. Se arrastr� sobre ellas y se tumb� sobre su est�mago para poder ver por debajo de las ramas y m�s all� de los �rboles.</p><p>Estaban un poco m�s altos que Charles, y, seg�n pudo comprobar, con el viento en su contra. Deb�a transformarse. Como lobo era m�s fuerte y dispon�a de garras y colmillos en lugar de las simples u�as. No obstante, cuando lo intent�, comprendi� que era demasiado pronto y que no iba a conseguirlo. El mero esfuerzo la dej� cansada y temblorosa.</p><p>Walter se acomod� a su lado, y el calor que desprend�a su enorme cuerpo le permiti� darse cuenta de lo fr�o que estaba el suyo. Se quit� un guante y enterr� la mano en su pelaje para calentarla.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>���Est� hablando contigo?</p><p>Charles hizo un gesto con la mano para indicarle a Asil que guardara silencio. Necesitaba tiempo para pensar. Su padre ten�a un plan, eso estaba claro. Pero no parec�a dispuesto a compartirlo con nadie� si pod�a evitarlo.</p><p>���Qu� quiere la bruja de m�? -pregunt� Charles.</p><p>��No lo� -El rostro de Asil se ilumin� con una extra�a expresi�n-. Sarai cree que quiere matarte para doblegar a tu padre y recuperar el poder que perdi� cuando destruiste su caba�a. Creo que ya ha hecho esto antes, me refiero a asumir el control de una manada. Por las palabras de Sarai, parece ser una especie de patr�n. -Hizo una pausa-. Aunque, si no me equivoco, todos acabaron muriendo. Bueno, no exactamente. M�s bien se fueron debilitando hasta que no qued� nada de ellos. -Se llev� las manos a las sienes, como si le doliera la cabeza.</p><p>Ah, pens� Charles a medida que notaba aumentar su adrenalina, los lazos del amor son muy fuertes. Tal vez la bruja acabara perdiendo a Sarai a manos de Asil.</p><p>Dej� de lado aquel pensamiento y se concentr� en lo que le hab�a dicho Asil.</p><p>��Se llevar� una sorpresa cuando intente controlar a la manada de mi padre -dijo-. Seg�n Anna, somos una pandilla de psic�ticos.</p><p>Asil sonri� sin mucha convicci�n.</p><p>��Y no anda muy desencaminada.</p><p>Charles alarg� una mano y ayud� a Asil a ponerse en pie; se tambale� ligeramente, como si estuviera borracho.</p><p>��Pareces un poco cansado. �Est�s herido?</p><p>Asil se sacudi� la nieve de la desgarrada pernera pese a que estaba completamente empapada.</p><p>��No. Solo unos cuantos rasgu�os. Y la ropa hecha jirones. -Mir� a Charles con sorna-. Al menos yo tengo ropa.</p><p>Charles estaba demasiado cansado para el est�pido juego de superar a los competidores.</p><p>��De modo que la bruja pretende matarme -dijo mirando a su padre e intentando descubrir qu� ten�a en mente el viejo lobo.</p><p>��Tal vez. -Asil volvi� a sacudirse la nieve de la pernera-. O le ordenar� a �l que lo haga� o a Sarai o a m�. Lo importante es tu dolor, tu muerte, no qui�n lo lleve a cabo. Siempre y cuando est� cerca para alimentarse de ella. Aunque creo que se lo ordenar� a tu padre. Siempre ha disfrutado con el sufrimiento ajeno.</p><p>Si no hubiera estado pensando en el modo en que la presencia de Asil le hab�a permitido a Sarai deshacerse del control de la bruja, probablemente no habr�a captado el aut�ntico significado de sus palabras.</p><p>Viejo lobo astuto. Charles observ� a su padre con admiraci�n.</p><p>��De modo que es eso. �Qu� te orden� hacer tu madre? �Matar a Samuel?</p><p>Asil enarc� las cejas, pero antes de poder decir nada, un lobo sali� de entre los �rboles como una exhalaci�n. La bruja iba montada a horcajadas sobre �l. Charles sinti� la familiar frialdad asent�ndose en su interior: el Hermano lobo se preparaba para la lucha. Puede que su padre fuera un experto manipulando a la gente, pero no se encontraba precisamente en su mejor forma y hab�a demasiados factores que nadie controlaba.</p><p>Sarai se detuvo fuera de su alcance, situ�ndose entre la bruja y Charles, mientras Mariposa bajaba de su lomo. Parec�a estar protegi�ndola de un modo instintivo, como una madre cuidando a sus cachorros.</p><p>La bruja -ella se hab�a referido a s� misma como Mary, aunque Asil la hab�a llamado Mariposa- era m�s menuda de lo que recordaba, aunque tal vez lo parec�a al estar junto a la pareja de Asil. En aquella ocasi�n no llevaba ninguna bufanda que ocultara su rostro. Parec�a muy joven, como si la fealdad del mundo no le hubiera afectado nunca.</p><p>��Charles -dijo la bruja-. �D�nde est� tu mujer?</p><p>Charles esper�, pero el impulso que le hab�a obligado a responderle aquella vez no se produjo. Record� los v�nculos bloqueados de la manada y una esperanza repentina e intensa se extendi� por todo su cuerpo. Su padre hab�a resuelto uno de sus problemas.</p><p>��Est� por aqu� -le dijo.</p><p>Mariposa sonri�, pero sus ojos transmit�an frialdad.</p><p>���D�nde, exactamente?</p><p>Charles lade� la cabeza.</p><p>��No donde los dej�.</p><p>El Hermano Lobo estaba seguro, aunque Charles desconoc�a c�mo pod�a saberlo.</p><p>La bruja se qued� inm�vil, observando a Charles detenidamente, con los ojos entreabiertos.</p><p>���Cu�ntos lobos tiene la manada de tu padre?</p><p>���Incluy�ndote a ti y a tu criatura?</p><p>Mariposa abri� un poco m�s los ojos.</p><p>��Mi, mi� parece ser que Asil no ha tardado mucho en contarte nuestros planes. S�, por supuesto, incluy�ndonos a nosotros.</p><p>��Treinta y dos� quiz� treinta y tres.</p><p>No exist�a raz�n alguna para ocultarle una informaci�n que tampoco le servir�a de mucho. Charles dud� si incluir a Samuel o no.</p><p>��Dime por qu� deber�a dejarte vivir -dijo la bruja-. �Qu� puedes hacer por m� que tu padre no pueda hacer?</p><p>Sarai estaba concentrada en Asil. Por lo menos ella estaba convencida de que la bruja ten�a a Charles bajo su control. No iba a disponer de otra oportunidad como aquella.</p><p>Una de las ventajas de la experiencia era que no se dejaba llevar por los impulsos de la adrenalina ni la ansiedad.</p><p>��Deber�as dejarme vivir porque es lo �nico que te mantiene con vida.</p><p>���A qu� te refieres?</p><p>Enarc� una ceja y lade� la cabeza en un gesto casi lobuno.</p><p>�Pod�a confiar en la evaluaci�n de su padre? Bran confiaba en deshacerse del control de la bruja en cuanto esta le ordenara atacar y matar a su hijo.</p><p>Hab�a otras cosas que Charles pod�a intentar. Tal vez se presentara la oportunidad de atacarla sin poner tantas cosas en peligro. Lo �nico que necesitaba era medio segundo y tenerla a su alcance mientras los otros no lo estaban.</p><p>Pero tambi�n pod�a luchar ahora. Era bastante improbable que la bruja bajara la guardia en alg�n momento.</p><p>Charles baj� la cabeza como si cediera ante su autoridad y musit� sus siguientes palabras muy lentamente; de forma inconsciente, la bruja dio un paso adelante para escuchar mejor:</p><p>��Mi pad�</p><p>Y en mitad de la segunda palabra, se abalanz� sobre ella con todas las fuerzas que a�n le quedaban.</p><p>���Sarai! -Grit� la bruja aterrorizada.</p><p>Si hubiera estado en plena forma, no habr�a sido suficiente. Pero sus movimientos se resintieron por el cansancio y las heridas. El lobo que hab�a sido Sarai le golpe� como un tren de mercanc�as y le derrib�, lanz�ndolo lejos de la bruja antes de que Charles pudiera contactar con ella.</p><p>Aunque confiaba en que la sorpresa le permitiera matar a la bruja en el acto, tambi�n hab�a sido realista. Por tanto, se hab�a preparado para la colisi�n: dej� que la fuerza del contacto fluyera a trav�s de �l mientras se alejaba de Sarai para evitar otra fractura en las costillas.</p><p>Ahora que la lucha hab�a comenzado, las viejas heridas dejaron de molestarle. Eran simplemente un lastre: una de sus piernas era m�s lenta y sus golpes ser�an menos eficaces.</p><p>Al estar herido y en forma humana, la mayor parte de la gente podr�a pensar que el otro lobo dispon�a de cierta ventaja. Se equivocaban.</p><p>Si de verdad hubiera sido la pareja de Asil, Charles habr�a estado en un dilema. Pero no lo era. Charles lo sab�a, incluso si el pobre Asil estaba atrapado en su v�nculo de apareamiento, confundido por la habilidad de aquella pobre imitaci�n para copiar el comportamiento de un ser vivo. Los esp�ritus de las monta�as sab�an que estaba muerta, y as� se lo comunicaron al tiempo que le entregaban parte de su fuerza.</p><p>Sarai le dio un zarpazo en un costado, pero, al fin y al cabo, no era m�s que un simulacro de una loba Omega, mientras Charles se hab�a pasado media vida cazando a otros hombres lobo y mat�ndolos. Pese a sus heridas, era m�s r�pido que ella; se mov�a a su alrededor como el agua sobre una roca. Treinta a�os de pr�ctica en diversas artes marciales le daban una ventaja que ni siquiera la edad de Sarai pod�a superar.</p><p>Pese a dominar la pelea como quiso, estaba agotado y sab�a que el combate decisivo estaba a�n por llegar.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna se pele� con las correas de las raquetas. La nieve que se interpon�a entre ellos y Charles estaba pisoteada y no parec�a tener m�s de quince cent�metros de profundidad. Se mover�a m�s r�pido sin ellas. Solo le faltaba saber cu�ndo iba a resultar m�s �til.</p><p>Si se hubiera quitado antes aquellas malditas raquetas anticuadas, habr�a intervenido en cuanto la loba atac� a Charles. Pero mientras Anna arrancaba y desgarraba los pasadores endurecidos por la nieve, vio que Charles ten�a controlada la pelea. Se qued� donde estaba, relajada y dispuesta, mientras la maltrecha loba daba vueltas a su alrededor, buscando una salida. M�s calmada, Anna se arranc� literalmente la otra raqueta. No podr�a volver a utilizarlas, nadie podr�a, pero ahora pod�a moverse cuando fuera necesario.</p><p>Por desgracia, no fue la �nica que se dio cuenta de qui�n llevaba la iniciativa de la pelea.</p><p>��Asil -dijo Mary-. Ay�dale.</p><p>El Moro mir� fugazmente a la bruja, se quit� la camisa y la dej� caer al suelo. Se uni� a la pelea con la calma del guerrero que conoce y acepta la muerte. Si Anna no hubiese estado tan preocupada por Charles, si hubiera estado viendo una pel�cula, se habr�a recostado tranquilamente a comer palomitas y disfrutar del espect�culo. Aunque en este caso la sangre era real.</p><p>Se inclin� hacia delante y se dio cuenta de que estaba aferr�ndole el cuello a Walter con una fuerza desproporcionada. Relaj� la mano y le acarici� el pelaje a modo de disculpa.</p><p>Asil pas� en un segundo de caminar hacia la zona del combate a correr con todas sus fuerzas. Pas� junto a Charles en un �ngulo oblicuo y golpe� con el hombro a Sarai en la parte lateral del cuello. La loba cay� al suelo fl�ccidamente y Asil se la carg� al hombro y sali� corriendo.</p><p>���Asil!</p><p>Pero no era una orden, y Asil salt� una pendiente y aterriz� con la punta de los pies en la parte m�s escarpada de la colina. Por la velocidad a la que iba, podr�a haber llevado esqu�s.</p><p>Anna comprendi� que por ayuda pod�an entenderse muchas cosas. Desde su refugio bajo el �rbol, no pod�a ver a Asil, pero oy� el sonido de algo movi�ndose r�pidamente por la pendiente de la monta�a, alej�ndose de cualquier otra orden.</p><p>Todo hab�a ocurrido en unos veinte segundos. Anna hab�a estado distra�da, pero Charles no. Se abalanz� sobre la bruja, pero esta le lanz� algo que acab� cayendo sobre la nieve pisoteada. La fuerza del ataque le permiti� a Charles seguir avanzando en direcci�n a la bruja mediante una extra�a voltereta.</p><p>���No! -grit� la bruja hist�ricamente al tiempo que intentaba apartarse de su camino. Anna tuvo que recordarse a s� misma que la bruja era muy vieja. Tan vieja como Charles pese a aparentar tener unos quince o diecis�is a�os-. <emphasis>Tengo </emphasis>que estar a salvo. �Sarai! �Sarai!</p><p>Anna se dispuso a intervenir pero vio que Charles apoyaba las manos en el suelo y se pon�a en pie. Era evidente que, fuera lo que fuese lo que le hab�a hecho, le hab�a dolido, aunque no lo percibi� en su rostro sino en la torpeza de sus movimientos. Si la necesitaba, seguro que encontrar�a el modo de indic�rselo.</p><p>Anna contempl� al lobo junto a ella, pero aparte de estar alerta y concentrado, no parec�a estar demasiado preocupado. Por supuesto, no sab�a mucho m�s sobre brujas que ella. Y solo hac�a un d�a que conoc�a a Charles.</p><p>Anna no fue la �nica en percibir la torpeza de movimientos de Charles. La bruja se llev� las dos manos a la cara.</p><p>��Lo hab�a olvidado -dijo en un jadeo. Con una risa ahogada, apunt� con un dedo a Charles y dijo algo que a Anna no le son� en absoluto a espa�ol. Charles se estremeci� y se llev� las manos al pecho-. Lo hab�a olvidado. Puedo defenderme a m� misma.</p><p>Pero Anna no estaba escuch�ndola porque estaba concentrada en el rostro de Charles. No respiraba. Fuera lo fuese lo que le hab�a hecho la bruja, pod�a ser fatal si no hac�a nada para detenerla. No sab�a mucho de brujer�a, y seguro que lo poco que sab�a no eran m�s que patra�as. Pero con la suficiente distracci�n ya hab�a conseguido que la bruja soltara a Charles. Tal vez tambi�n funcionara en aquella ocasi�n.</p><p>Anna se cans� de esperar una indicaci�n.</p><p>Sali� de su refugio bajo el �rbol y alcanz� la m�xima velocidad a la segunda zancada: su antiguo entrenador de gimnasia hubiera estado orgulloso de ella. Ignor� el persistente dolor en sus cansados muslos y el mordisco helado en su pecho, centr�ndose solo en la bruja, apenas consciente del lobo que corr�a a su lado.</p><p>Vio c�mo la bruja levantaba las manos y se concentraba en Anna. La vio sonre�r y oy� c�mo dec�a:</p><p>��Bran, Marrok, Alfa del Marrok, acaba con tu hijo Charles.</p><p>Entonces elev� un dedo y apunt� a Anna, quien no tuvo tiempo de prepararse cuando algo la golpe� desde un lado y la hizo caer al suelo, fuera del alcance del hechizo.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Por fin, pens� Charles. La orden de la bruja reson� en sus o�dos, los cuales, de todos modos, ya estaban resonando con lo que fuera que le hubiera hecho. Lleg� en el peor momento posible porque estaba medio ciego y aturdido; adem�s, no ten�a ni idea de cu�nto tiempo tardar�a su padre en deshacerse del control de la bruja.</p><p>Si lo consegu�a.</p><p>Pero no pod�a cargar su muerte en la conciencia de su padre, de modo que se seren� e intent� establecer desde d�nde le atacaba el lobo mediante su olfato y el sentido que siempre le informaba cuando algo hostil le estaba observando. Aquello era lo �nico que le funcionaba correctamente.</p><p>Se inclin� hacia delante, agarr� el pelaje con toda la fuerza de que fue capaz y utiliz� el impulso de la embestida casi silenciosa de su padre para subirse a su espalda y asegurarse con los pies de que Bran continuara hacia delante, lejos de �l.</p><p>En la pr�ctica, por supuesto, no fue tan sencillo. Su padre era m�s r�pido que Sarai. M�s r�pido, m�s fuerte y mucho m�s habilidoso con sus garras. Aun as�, el arma m�s formidable de su padre -su mente- estaba nublada por el control de la bruja, y Charles pudo lanzarlo sin recibir muchos da�os. El impulso consiguiente le permiti� rodar sobre s� mismo, ponerse en pie y prepararse para el siguiente ataque de su padre.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Walter era un peso muerto sobre Anna. Le dio la vuelta para sac�rselo de encima lo m�s delicadamente que pudo. Si le hizo da�o, no dio muestras de ello. Su cuerpo estaba fl�cido y lo movi� sin dificultad; confi� en no provocarle m�s da�os de los que ya ten�a. La hab�a apartado de en medio para recibir �l el hechizo de la bruja.</p><p>Se puso en pie y gate� en direcci�n a esta. No pod�a esperar a asegurarse de que Walter estaba bien. Antes deb�a hacer algo, lo que fuera, para evitar que la bruja siguiera provocando m�s dolor.</p><p>��No quieres hacerme da�o -dijo la bruja abriendo completamente sus ojos color chocolate-. Quieres detenerte.</p><p>Anua detuvo su carrera hasta quedar pr�cticamente inm�vil, a tan poca distancia de la bruja que pod�a oler la menta de su pasta de dientes. Durante un instante no supo qu� estaba haciendo ni por qu�.</p><p>��Qu�date ah�.</p><p>La bruja se desabroch� la chaqueta y extrajo un arma.</p><p>Los Omegas, record� Anna, no obedecen ninguna orden. Y gracias a aquello recuper� la movilidad. Con la precisi�n adquirida tras las lecciones de su hermano, el cual hab�a practicado boxeo en la escuela, y la velocidad y poder que le otorgaba su naturaleza de lobo, le dio a la bruja un pu�etazo en la mand�bula. Anna oy� el sonido del hueso al romperse y Mary cay� al suelo como un fardo, inconsciente.</p><p>Respir� profundamente y dirigi� su atenci�n al atroz combate entre Charles y su padre. Al principio no pudo distinguir nada porque se mov�an demasiado r�pido, pero entonces Charles se qued� inm�vil, salvo por el fren�tico movimiento de su pecho al respirar, fuera del alcance de su padre, su cuerpo preparado, relajado. Le manaba sangre de algunos rasgu�os en el hombro y el muslo. Un corte que empezaba bajo su brazo izquierdo y que le recorr�a el abdomen hasta la cadera derecha parec�a m�s preocupante. El Marrok permaneci� de pie frente a �l. Agitaba la cabeza lentamente y desplazaba el peso de su cuerpo de un pie al otro.</p><p>Si mataba a la bruja liberar�a al Marrok.</p><p>Se dio la vuelta y observ� el cuerpo tendido en el suelo. La chica parec�a demasiado inocente y joven para haber causado toda aquella destrucci�n.</p><p>Anna ya hab�a matado a alguien, aunque pr�cticamente hab�a sido un accidente. Matar a sangre fr�a era muy distinto.</p><p>Walter sab�a c�mo hacerlo. Instintivamente, gir� la cabeza para mirarle pero vio que segu�a inm�vil� salvo sus ojos. Estaba segura de que los ten�a cerrados cuando se separ� de �l. Ahora los ten�a abiertos, y una pel�cula blanquecina los recubr�a.</p><p>Anna se encontr� arrodillada a su lado sin saber muy bien c�mo hab�a llegado hasta all�. No le lat�a el coraz�n; no respiraba. Aquel hombre hab�a sobrevivido a una guerra y a treinta a�os de aislamiento autoimpuesto, y hab�a muerto por ella. Apret� los pu�os -uno enguantado, el otro no- contra su pelaje.</p><p>Entonces se aproxim� a la bruja, la cual segu�a inconsciente, le agarr� con una mano la barbilla y con la otra la parte superior de la cabeza y se la retorci� con un movimiento seco y con algo m�s de fuerza de la que habr�a utilizado un humano. Fue bastante f�cil, como en las pel�culas. Un crujido y la bruja estaba tan muerta como Walter.</p><p>Respirando demasiado deprisa, solt� a la bruja, se puso de pie y dio un paso atr�s. El bosque estaba tan silencioso que tuvo la sensaci�n de que el mundo estaba conteniendo el aliento. Como si ella fuese la �nica criatura que quedaba en toda la tierra.</p><p>Entumecida, se dio la vuelta sobre sus pies congelados y vio al Marrok sobre el cuerpo de Charles. No hab�a sido suficientemente r�pida.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>A medida que el sol se ocultaba por el horizonte, ti�endo el cielo de rojo sobre las oscuras monta�as, Asil sostuvo a Sarai, a�n inconsciente, entre sus brazos. Enterr� su rostro en su cuello y se dej� embargar por aquel olor que le resultaba tan familiar y que hab�a cre�do que no volver�a a oler jam�s. Era tan hermosa.</p><p>Pese a que no estaban muy lejos de donde se desarrollaba la pelea, hab�a logrado que la bruja perdiera el contacto visual, de modo que le costar�a mucho m�s ejercer su control sobre �l.</p><p>Asil esper�. Hab�a hecho todo lo que estaba en su mano para sacar a ambos del combate. Si hubieran permanecido junto a Mariposa, habr�an luchado en el bando equivocado. No pod�a hacer mucho m�s.</p><p>Sostuvo a Sarai en su regazo e intent� olvidar que aquella ser�a la �ltima vez que podr�a hacerlo.</p><p>Si Mariposa ten�a �xito, le matar�a. Hab�a vuelto a arrebatarle a Sarai, y aquella vez no se lo pasar�a por alto. Si Bran o Charles lograban denotarla, su Sarai desaparecer�a con ella. Las creaciones de una bruja no sobreviv�an a su creador.</p><p>De modo que la sostuvo entre sus brazos y disfrut� de su olor y fingi� que aquel momento no terminar�a jam�s. Fingi� que era la aut�ntica Sarai� y casi percibi� un rastro de canela.</p><p>A medida que su fragancia se desvanec�a y era sustituida por el olor de los abetos y los pinos, de la nieve y del l�brego invierno, se pregunt� si, de haber sido capaz de vislumbrar el futuro aquel d�a tan remoto en que una ni�a asustada y magullada lleg� a su casa, habr�a tenido la fortaleza para matarla. Apoy� la cabeza sobre la rodilla al sentir una sombr�a desesperaci�n, sujetando con fuerza una peque�a mata de maltrecho pelaje casta�o.</p><p>No sinti� alegr�a alguna por el hecho de que Mariposa hubiese muerto y su Sarai fuera libre finalmente.</p><p>Lo que, por otro lado, habr�a sido una celebraci�n anticipada, ya que una oleada de locura se extendi� por su cuerpo como un fuego de agosto por el bosque. Pese a sentirse muy cansado, la ira ten�a vida propia e insisti� en acumularse en su interior de forma implacable, exigi�ndole que se transformara. Un aullido salvaje reson� en las monta�as y Asil contest� a la llamada.</p><p>La Bestia se hab�a despertado.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Anna no pens� en correr hasta que estuvo a medio camino de donde se hallaba Charles.</p><p>No pod�a estar muerto. Tendr�a que haber matado a aquella maldita bruja dos o tres minutos antes. No pod�a ser que Charles hubiera muerto por culpa suya, que su padre le hubiera matado.</p><p>Roz� al Marrok al pasar junto a �l y su poder rugi� en su interior cuando se dej� caer sobre la nieve. Recorri� el �ltimo metro que la separaba de Charles a gatas. Ten�a los ojos cerrados, y estaba cubierto de sangre. Anna alarg� la man� pero tuvo miedo de tocarlo.</p><p>Estaba tan segura de que estaba muerto que cuando abri� los ojos, tard� un segundo en asimilarlo.</p><p>��No te muevas -le musit� con los ojos fijos en algo que estaba m�s all� de ella-. Si puedes, no respires.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Charles observ� avanzar al lobo que ya no era su padre. Su rostro trasmit�a una extra�a combinaci�n de locura y astucia.</p><p>Bran lo hab�a calculado mal. Tal vez si la bruja no hubiera muerto, el control no se habr�a desvanecido de un modo tan repentino. Tal vez si Charles le hubiera mostrado el cuello a su padre al principio de la pelea, para demostrarle que era incapaz de matarle pese a encontrarse bajo el peso de semejante compulsi�n. Tal vez Samuel lo hubiera hecho mejor que �l.</p><p>O tal vez hubiera sucedido lo mismo fuera quien fuese el protagonista en cuanto la bruja subyug� completamente a su padre. Del mismo modo que la madre de Bran le hab�a subyugado muchos a�os atr�s.</p><p>Aunque todo aquello ya no ten�a importancia, pues su inteligente y camale�nico padre hab�a dejado de existir. Frente a �l ten�a a la criatura m�s peligrosa que jam�s hab�a pisado aquellas monta�as.</p><p>Charles estaba seguro de que aquel era el final. El pecho le ard�a y le costaba mucho respirar. Una de aquellas afiladas garras se hab�a clavado en su pulm�n; le hab�a ocurrido demasiadas veces para no reconocer la sensaci�n. Estaba a punto de rendirse, pero Anna apareci� de pronto, prestando a su padre la misma atenci�n que hubiera dedicado a un cachorro.</p><p>Con Anna en peligro, Charles descubri� c�mo aumentaba su estado de alerta, pese a que su atenci�n estaba dividida por la urgente necesidad de saber si Anna se encontraba bien.</p><p>Su aspecto era desastroso. Ten�a el pelo completamente empapado en sudor y deformado por un gorro que ya no llevaba. Ten�a el rostro enrojecido por el viento y no se hubiera dado cuenta de que tambi�n lo ten�a muy sucio de no ser por los surcos que le hab�an dejado las l�grimas al precipitarse de forma irregular desde los ojos hasta la barbilla. Intent� alertarla en un susurro, pero ella se limit� a sonre�r (como si no hubiera escuchado ni una palabra o descartara el peligro que estas implicaban). Pese al terror que lo dominaba, se qued� mudo durante unos instantes.</p><p>��Charles -dijo ella-. Yo tambi�n cre�a que hab�as muerto. No. No te muevas� -Y le puso una mano en el hombro para asegurarse de que no lo hac�a-. Yo�</p><p>Asil gru�� con avidez y Anna se dio la vuelta para observarlo.</p><p>El lobo de Asil no era precisamente peque�o, aunque no tan grande como el de Samuel o el de Charles. Ten�a el pelaje de un marr�n tan oscuro que en la penumbra del crep�sculo parec�a casi negro. Ten�a las orejas alerta y le manaba saliva de la boca.</p><p>Pero Anna no era est�pida; su atenci�n, como toda la que pod�a dedicar Charles, estaba centrada en el Marrok. Bran les observaba como un gato que espera que el rat�n haga algo interesante. Como echar a correr.</p><p>Sinti� el aliento de Anna muy cerca, y el miedo que percibi� en �l le oblig� a incorporarse -un movimiento est�pido- pero su padre ahora estaba concentrado en Anna, ignor�ndolo a �l.</p><p>Atrapada en la mirada perturbada de Bran, Anna alarg� la mano de forma instintiva y cogi� la mano de Charles.</p><p>Y sucedi�.</p><p>Inesperadamente, sin avisar, el v�nculo de apareamiento se asent� en �l como una camiseta vieja, y durante un instante no sinti� dolor alguno, ni cansancio, ni molestias, ni aturdimiento, ni terror. Durante un segundo, la ira de su padre, que le devoraba desde las sombras, qued� eclipsada por la dicha del momento.</p><p>Anna respir� profundamente y le dirigi� una mirada cristalina que le dec�a: <emphasis>Me dijiste que deb�amos hacer el amor para que ocurriera esto. Se supone que t� eres el experto.</emphasis></p><p>Y entonces la realidad regres� con toda su intensidad. Charles tir� de ella para dejarla entre si y los dos lobos furiosos, quienes la observaban con dolorosa intensidad.</p><p>Cuando ella se liber� suavemente de su mano, Charles lo agradeci�; necesitaba las dos para defenderlos. Siempre y cuando consiguiera ponerse en pie.</p><p>Aunque esperaba que opusiera resistencia, comprob� satisfecho c�mo Anna retroced�a todav�a m�s a su espalda. Pero entonces dos manos fr�as se posaron sobre sus hombros manchados de sangre y Anna se apoy� en su espalda, uno de sus pechos inc�modamente cerca de la herida de bala.</p><p>Cogi� aire y empez� a cantar. Y eligi� la canci�n Shaker que su padre hab�a interpretado en el funeral de Doc Wallace: �Simple Gifts�.</p><p>La paz se extendi� por todo su cuerpo como un viento tropical, como no le hab�a ocurrido desde las dos primeras horas despu�s de conocerla. Asil le hab�a dicho que para trasmitir aquella sensaci�n ella tambi�n deb�a sentirse relajada. No pod�a comunicar una calma que no sent�a. De modo que cant� y dej� que la paz de la canci�n fluyera por su interior, para despu�s trasmit�rsela a los lobos.</p><p>En la tercera estrofa, Charles se uni� a ella, aportando un contrapunto a su rica voz de contralto. La cantaron dos veces y, cuando terminaron, Asil emiti� un suspiro y se tumb� sobre la nieve como si estuviera demasiado agotado para moverse.</p><p>Charles dej� que Anna eligiera las canciones. La siguiente fue una canci�n irlandesa, �The Black Velvet Band�. Descubri� sorprendido que Anna decidi� dotar al tema de una suave cadencia que recordaba al ga�lico. Por el modo en que pronunciaba, comprendi� que la hab�a aprendido al escuchar la versi�n de los Irish Rovers. En mitad de �The Wreck of the Edmund Fitzgerald�, su padre se acerc� lentamente a Anna y con un suspiro coloc� la cabeza sobre el regazo de esta.</p><p>La pr�xima vez que viera a Samuel le contar�a que su Anna hab�a derrotado a un Marrok desbocado con un par de canciones cuando �l hab�a, tardado a�os en conseguir lo mismo.</p><p>Anna continu� cantando mientras Charles se puso en pie trabajosamente. No fue una experiencia agradable, aunque, al menos, las garras y colmillos de su padre no eran de plata, e incluso las peores heridas recientes ya hab�an empezado a curarse. Pese a la oscuridad reinante, la luna brillaba intensamente. A�n no era llena, pero faltaban pocos d�as para que lo fuera.</p><p>Se aproxim� a Asil, comprob� que estaba sumido en un sue�o profundo y reparador, y despu�s se dirigi� hacia donde yac�an los cuerpos. La bruja ten�a el cuello roto, pero se sentir�a mejor en cuanto la hubieran quemado y esparcido sus cenizas. Walter tambi�n estaba muerto.</p><p>Anna termin� la canci�n y dijo:</p><p>��Lo hizo por m�.</p><p>Charles levant� la cabeza para mirarla.</p><p>��La bruja me lanz� un hechizo y Walter se interpuso en su camino.</p><p>Anna estaba p�lida, y le estaba empezando a aparecer un morat�n en la mejilla. Pese a toda la comida que le hab�a obligado a injerir, tuvo la sensaci�n de que durante los �ltimos d�as hab�a perdido peso. Ten�a las u�as destrozadas, y la mano derecha, con la que acariciaba suavemente el hocico de su padre, ten�a un corte a la altura de los nudillos. Hab�a golpeado a alguien, seguramente a Mariposa.</p><p>Temblaba ligeramente, y no supo si se deb�a al fr�o, a la conmoci�n o a una mezcla de las dos cosas. Mientras reflexionaba sobre aquello, Bran la arrop� con su cuerpo para trasmitirle todo su calor.</p><p>Walter ten�a raz�n: Charles no cuidaba de ella como se merec�a.</p><p>��Walter muri� como hab�a vivido -le dijo a su pareja-. Como un h�roe, como un soldado, como un superviviente que eligi� proteger lo que consideraba m�s valioso. Si pudi�ramos preguntarle, creo que no se arrepentir�a de nada.</p></section><section><title><p id="_Toc233648894">Cap�tulo 1 5</p></title><p>Finalmente fue el fr�o. Pese a que Anna no pod�a seguir contemplando los cuerpos, el hombre que hab�a muerto por ella y la mujer que hab�a matado, fue el fr�o, arrebat�ndole el calor de su cuerpo, lo que le dio el �mpetu necesario para moverse. </p><p>Se puso de pie con dificultad, desconcertando a los lobos que la rodeaban en un intento vano por calentarla. Mir� a Charles con un semblante de disculpa:</p><p>��S� que los coches solo est�n a un par de horas� �podr�as indicarme el camino? -Mir� los cuerpos un instante y despu�s de nuevo a Charles-. No puedo seguir aqu�.</p><p>Charles se incorpor� con un gru�ido. Bran le ayud� a mantener el equilibrio cuando le fallaron las fuerzas. Asil se levant� cuando lo hicieron los otros dos. Bran parec�a el �nico con las fuerzas suficientes para caminar.</p><p>��Lo siento -dijo Anna-, pero por mucho que coma no voy a conseguir calentarme. Y tampoco puedo transformarme.</p><p>En cuanto cay� la noche, la temperatura no hab�a hecho m�s que descender, y cada minuto era peor.</p><p>Charles le dio un golpecito con la cabeza y empez� a avanzar sin poder ocultar la cojera. Bran permaneci� a su lado como lo hab�a hecho Walter. Cerr� sus dedos alrededor del pelo que le cubr�a la nuca, olvidando que se trataba del Marrok al sentir la necesidad del contacto f�sico.</p><p>En la oscuridad, el bosque deber�a haber resultado espeluznante, pero o bien se hab�a acostumbrado a ellos o los esp�ritus de Charles empezaban por fin a ser de utilidad. El cansancio le imped�a caminar con soltura y los dientes le casta�eteaban sin parar. Dio un paso descuidado, rompi� la capa de hielo que proteg�a la nieve y acab� enterrada hasta la cintura, demasiado cansada para intentar salir.</p><p>Not� c�mo alguien rebuscaba en la mochila que llevaba a la espalda y, poco despu�s, Asil le empuj� con el hocico una barrita de caramelo. Con poco entusiasmo, abri� el envoltorio con los dientes y empez� a mascar. Sab�a a cart�n y lo �nico que deseaba era apoyar la cabeza contra la nieve y dormir. Pero Asil le gru��, aunque dej� de hacerlo no muy convencido cuando Bran le respondi� con otro gru�ido. Charles no emiti� ruido alguno, se limit� a mirar a Asil con sus ojos ambarinos. Anna se termin� la pegajosa barrita solo porque intuy� la amenaza latente de la violencia.</p><p>Sali� trabajosamente de la nieve y evit� en lo posible las zonas donde esta se extend�a formando s�banas impolutas. Aunque aquello tampoco le impidi� volver a caer sobre mont�culos de nieve. Los lobos tambi�n tuvieron dificultades, pero muchas menos que ella.</p><p>Cuando finalmente avist� los coches, crey� estar viendo una alucinaci�n.</p><p>Vio que la camioneta estaba aparcada detr�s del Humvee, de modo que se dirigi� hacia ella. Se pele� con la puerta pero logr� abrirla. Aunque aparentemente no hab�a espacio suficiente para tres hombres lobo y ella, consiguieron acomodarse como buenamente pudieron. Cerr� la puerta, puso en marcha el motor y esper�, entumecida y paciente, a que la cabina se llenara de aire caliente.</p><p>Solo entonces se dio cuenta de que el lobo sentado a su lado era Bran. Charles se coloc� entre los dos asientos y Asil se acomod� en el suelo del asiento del pasajero y cerr� los ojos. Bran se acurruc� junto a ella y apoy� el hocico en su muslo. De vez en cuando temblaba, aunque Anna no cre�a que fuera de fr�o.</p><p>Cuando el aire de la cabina empez� a calentarse, se quit� los guantes y coloc� los dedos frente a la calefacci�n hasta que volvi� a sentirlos. A continuaci�n, se desabroch� las bolas y se quit� estas y los calcetines. El suelo de la camioneta estaba mojado, pero la nieve derretida se hab�a templado y no le molest� demasiado. Dej� todas sus cosas detr�s del asiento.</p><p>Hacer retroceder la camioneta por el estrecho sendero fue una pesadilla. La carretera sub�a y bajaba, de modo que la mitad del tiempo no vio nada por la ventanilla trasera y tuvo que guiarse exclusivamente por los retrovisores exteriores. Cuando finalmente consigui� dar la vuelta, las manos le temblaban por la tensi�n y el sudor le bajaba por la espalda, pero la camioneta segu�a de una pieza.</p><p>La cabina ol�a a pelo mojado y tibio; el reloj del salpicadero le inform� que eran las tres de la madrugada. A medida que entraba en calor, empezaron a dolerle los tobillos.</p><p>Llevaba conduciendo una media hora cuando un todoterreno gris apareci� frente a ella y le hizo se�ales con las luces para que se detuviera. Pese a que estaban en mitad de la autopista, se detuvo junto al otro veh�culo y baj� la ventanilla. No se hab�a cruzado con nadie en toda la noche, de modo que decidi� no preocuparse por el tr�fico.</p><p>El todoterreno ten�a las lunas tintadas, de modo que a la �nica persona que pudo ver fue a Tag sentado frente al volante. Le mir� con el ce�o fruncido.</p><p>��Bran me ha dicho que re�na a unos cuantos para una tarea de limpieza. �Est�is todos bien?</p><p>A Anna le cost� un instante comprender c�mo se hab�a comunicado Bran con �l. Ech� un vistazo a sus camaradas y pens� que ninguno de ellos estaba precisamente bien.</p><p>���Qu� te ha dicho Bran?</p><p>Su voz le son� cansada, espesa.</p><p>Aunque Tag frunci� a�n m�s el ce�o, le contest�.</p><p>��Que hab�a un par de cuerpos ah� arriba, una bruja y un lobo. Hemos de recogerlos y limpiarlo todo.</p><p>Anna asinti�.</p><p>��El Humvee est� al final de la carretera. Las llaves est�n en el contacto. Supongo que Asil tambi�n subi� con su veh�culo, aunque no s� d�nde lo dej�.</p><p>El rostro de Tag se qued� inm�vil durante un instante, como si estuviera escuchando algo que no deb�a. Le sonri� y se golpe� la sien con el<emphasis/>dedo un par de veces.</p><p>��Bran lo sabe. Los traeremos de vuelta. �Puedes conducir hasta casa?</p><p>Era una buena pregunta. No supo si ment�a cuando le dijo:</p><p>��S�.</p><p>��De acuerdo. -El motor de su veh�culo protest� cuando meti� la marcha, pero no lo hizo avanzar ni subi� la ventanilla. Y con algo de indecisi�n, a�adi�-: Ha ocurrido algo� Sent� una�</p><p>��Bruja -dijo Anna con seguridad, lo que, por otro lado, era cierto.</p><p>Si Bran pretend�a que todo el mundo supiera lo que la bruja de Asil le hab�a hecho, pod�a hacerlo �l mismo. Anna subi� la ventanilla y regres� a la carretera.</p><p>Tem�a que no supiera encontrar la casa de Charles, pero no le result� muy dif�cil. Un nuevo manto de nieve le daba un aspecto c�modo y acogedor. Y seguro.</p><p>Acompa�� a los lobos hasta la casa, y, una vez en ella, se dirigi� tambaleante al cuarto de ba�o y despu�s al dormitorio. Se deshizo de la ropa h�meda y sucia y se meti� bajo las s�banas en ropa interior. Se qued� dormida antes de que los lobos decidieran c�mo iban a caber todos en la cama.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>���Se encuentra bien? -le pregunt� su padre.</p><p>Charles cerr� los ojos y <emphasis>escuch�. </emphasis>Lo �nico que sab�a era que el v�nculo entre �l y su pareja era fuerte y s�lido. A�n no estaba seguro de qu� significaba exactamente aquel v�nculo, qu� consecuencias acarrear�a. Pese a todo, la oy� cantar.</p><p>��Lo superar� -dijo Charles.</p><p>Asil levant� la taza de t� a modo de brindis. Como su padre, Asil estaba reci�n duchado y se hab�a vestido con una doble capa de jers�is.</p><p>Un coche se acerc� por el sendero y aparc� delante de la casa.</p><p>��Mi coche -dijo Asil sin hacer adem�n de levantarse.</p><p>Sage abri� la puerta sin llamar y asom� precavidamente la cabeza. Cuando vio a Bran, sacudi� los pies en el umbral y entr� en la casa.</p><p>��Alguien tiene que sacar toda esa nieve -le dijo a Charles-. Asil, he tra�do tu coche. Puedes recuperarlo siempre y cuando me acompa�es a casa.</p><p>���Limpieza concluida? -pregunt� Bran sin demasiado inter�s.</p><p>Sage asinti�.</p><p>��Tag dice que s�. Cogi� la camioneta de Charles para llevar los cuerpos al crematorio. Me pidi� que te dijera que las cenizas del lobo se esparcir�n en el lugar habitual y que tiene preparados dos kilos de sal para mezclarla con las cenizas de la bruja. En cuanto lo tenga listo, lo llevar� a tu casa para su eliminaci�n.</p><p>��Muy bien -dijo Bran-. Gracias.</p><p>Mientras Sage hablaba, Asil recogi� los cacharros que hab�a utilizado y los llev� a la cocina.</p><p>��Me marcho con Sage. -Respir� hondo e inclin� la cabeza formalmente ante Bran-. Respecto a las cosas que te ocult� espero tu visita en los pr�ximos d�as.</p><p>Sage contuvo el aliento, pero Bran se limit� a suspirar.</p><p>��Eres muy viejo para unos azotes. No tengo nada que decirte que no sepas ya� -Enarc� una ceja-. A menos que conozcas a otra bruja o algo parecido que pueda poner en peligro a la manada. �No? Entonces ve a casa y descansa un poco, viejo amigo. -Dio un sorbito de t� y a�adi�-: Espero que esto ponga fin a tus peticiones de ejecuci�n. Me producen indigesti�n.</p><p>Asil sonri�.</p><p>��Espero seguir provoc�ndote indigesti�n, aunque es probable que no sea por ese motivo. Por lo menos no durante un tiempo. -Se dio la vuelta y se inclin� ante Charles del mismo modo-. Gracias por tu ayuda.</p><p>Charles se�al� con la cabeza el cuarto de ba�o donde Anna segu�a a�n bajo la ducha.</p><p>��Fue Anna quien mat� a la bruja.</p><p>La<emphasis/>sonrisa de Asil se ti�� de cierta malicia.</p><p>��Entonces tendr� que agradec�rselo como merece.</p><p>Charles le clav� unos ojos de hielo.</p><p>��Atr�vete.</p><p>Asil ech� la cabeza para atr�s y<emphasis/>solt� una carcajada. Cogi� a Sage por el hombro y ambos salieron de la casa. Asil pis� la nieve descalzo sin una mueca de dolor.</p><p>Cuando oyeron alejarse el coche, Bran le dijo:</p><p>��A�n te dar� problemas, pero ya no ser�n ni la mitad de preocupantes. Yo tambi�n me marcho, Leah debe de estar muy intranquila.</p><p>Charles se deshizo de Asil con un encogimiento de hombros, hab�a cosas m�s importantes que solucionar.</p><p>���Est�s seguro? Puedes quedarte aqu� todo el tiempo que quieras.</p><p>Jam�s olvidar�a al Otro, al berserker que se ocultaba bajo la fachada despreocupada que su padre se esforzaba por mantener.</p><p>Cuando Bran sonri� solo sirvi� para enfatizar la mirada asesina de sus ojos.</p><p>��Estoy bien. Cuida de tu pareja� y en cuanto est�is preparados para oficializar vuestra situaci�n, h�zmelo saber. Me gustar�a vincularla formalmente a la manada lo antes posible. Esta semana hay luna llena.</p><p>��La pr�xima luna estar� bien. -Charles se cruz� de brazos y lade� la cabeza-. Pero debes de estar agotado si crees que puedes mentirme de ese modo.</p><p>Bran, quien se encontraba a medio camino de la puerta, se dio la vuelta. En aquella ocasi�n la sonrisa s� le ilumin� los ojos.</p><p>��Te preocupas demasiado. �Qu� tal un <emphasis>�Estar� </emphasis>bien�? �Mejor?</p><p>Supo que le dec�a la verdad.</p><p>��Si te metes en problemas, ll�mame y vendr� con Anna al instante.</p><p>Bran asinti� una sola vez y se march�, dejando a Charles solo con sus dudas. Solo cuando Anna, tibia y h�meda tras salir de la ducha, apareci� en la habitaci�n silbando una melod�a que le resultaba familiar, se evaporaron sus preocupaciones.</p><p><emphasis>��Crep, crep, ven�fica est mortua </emphasis>-le dijo ella.</p><p>���Qu� es lo que est� muerto? -le pregunt� �l.</p><p>Entonces record� la canci�n y sonri�.</p><p>��Ding, dong, la bruja ha muerto -le aclar� Anna mientras se sentaba a su lado-. Y tambi�n un hombre bueno. �Lo celebramos o lloramos la p�rdida?</p><p>��Siempre la misma pregunta -dijo �l.</p><p>Anna despleg� los dedos sobre la mesa.</p><p>��Era un hombre muy bueno, �sabes? Merec�a un final feliz.</p><p>Charles cubri� los dedos de ella con los suyos mientras intentaba encontrar las palabras m�s adecuadas, pero estas no llegaron.</p><p>Tras unos instantes, Anna apoy� la cabeza en su hombro.</p><p>��Podr�as haber muerto.</p><p>��S�.</p><p>��Y yo tambi�n.</p><p>��S�.</p><p>��Creo que aprovechar� el final feliz que nos regal� y har� que funcione. -Y apret� su cuerpo con ambos brazos, con fuerza-. Te quiero.</p><p>Charles se dio la vuelta y la cogi� para subirla sobre su regazo. Le temblaban los brazos, por lo que hizo un gran esfuerzo por no hacerle da�o al abrazarla.</p><p>��Yo tambi�n te quiero.</p><p>Anna irgui� la cabeza despu�s de mucho tiempo y le dijo:</p><p>���Tambi�n tienes hambre?</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>Bran sinti� al monstruo removerse inc�modo al marcharse de casa de su hijo. Estaba convencido de que por fin hab�a logrado enjaularlo; resultaba desagradable descubrir que la jaula que hab�a construido para �l no era fiable. M�s que desagradable.</p><p>La �ltima vez que se hab�a sentido de aquel modo fue cuando Blue Jay Woman muri�. Logr� contener a la Bestia mediante una compleja mara�a de hilos, pero, pese a todo, se hab�a sentido aterrorizado. No pod�a permitirse volver a amar a una mujer del modo en que la hab�a amado a ella.</p><p>A�n era de noche cuando aparc� en el garaje. Hab�an dormido veinticuatro horas seguidas en casa de Charles, y a�n faltaban un par de horas para el amanecer. Entr� en su casa silenciosamente y subi� las escaleras con dificultad.</p><p>Leah no estaba en su dormitorio.</p><p>Supo, antes de llegar a la puerta, que hab�a dormido en su cama. Silenciosamente, penetr� en el dormitorio y cerr� la puerta tras �l.</p><p>Leah estaba hecha un ovillo en su lado de la cama, con un coj�n entre los brazos. Sinti� c�mo le embargaba la ternura; dormida ten�a un aspecto vulnerable, apacible.</p><p>Apart� aquel sentimiento porque sab�a que era muy peligroso. Sus hijos nunca hab�an acabado de entender aquel matrimonio, su apareamiento. Tras la muerte de Blue Jay Woman, hab�a tardado varios a�os en encontrar a Leah, una mujer lo suficientemente ego�sta y est�pida como para asegurarse de que nunca llegar�a a amarla. Pero el amor no era necesario para el v�nculo de apareamiento. Bastaba con la aceptaci�n, la confianza, y el amor era una bonificaci�n que �l no pod�a permitirse.</p><p>Con Blue Jay Woman hab�a descubierto que el v�nculo de apareamiento era el modo de contrarrestar a la Bestia, extendiendo el coste del control. Necesitaba el v�nculo para mantener bajo control al monstruo en el que pod�a convertirse. Sin embargo, no pod�a perder a nadie m�s que amara como hab�a amado a Blue Jay Woman. De modo que en Leah encontr� un compromiso aceptable.</p><p>Se quit� la ropa, aquella vez sin reparar en el ruido que hac�a. Leah despert� cuando la chaqueta cay� al suelo.</p><p>Se sent� sobre la cama y se frot� la cara para desperezarse, pero cuando sus pantalones siguieron el mismo camino que la chaqueta, le hizo un moh�n y le dijo:</p><p>��Si crees que vas a�</p><p>Bran le cerr� la boca con la suya, alimentando a la Bestia con su piel, su olor y los sonidos que emit�a al dejarse llevar por el placer. Dej� de resistirse tras el primer beso. Cuando terminaron, ella se acurruc� a su lado, temblando ligeramente con las r�plicas.</p><p>Y la Bestia se sumi� en el sue�o.</p><empty-line/><subtitle>* * *</subtitle><empty-line/><p>La manada corr�a a trav�s del bosque petrificado por el fr�o como la Caza Salvaje de los cuentos: mortal para cualquier criatura que tuviera la mala fortuna de cruzarse en su camino.</p><p>Anna se alegr� de que ninguna lo hiciera. No le importaba una buena caza, al menos a su lobo interior no le importaba, pero a�n ten�a en la boca el regusto de la carne y la sangre de Bran que hab�a consumido para cimentar su lugar en la manada. El sabor era dulce y sabroso -lo que inquiet� a Anna mucho m�s que a su lobo- y quer�a decidir c�mo le hac�a sentir aquello antes de reemplazarlo con la sangre y la carne de otra criatura.</p><p>Charles se hab�a quedado rezagado y ella permaneci� a su lado, sigui�ndole cuando se separ� de la manada. Frente a los otros lobos, se hab�a comportado con solemne dignidad. En cuanto se quedaron solos, Charles le golpe� s�bitamente en el costado y Anna cay� al suelo antes de poder recuperar el equilibrio. Y empezaron a jugar. Lo hicieron hasta que ella se dio cuenta de que �l ten�a las de ganar, y entonces se tumbaron a descansar.</p><p>Se hab�an casado aquella ma�ana en la peque�a iglesia del pueblo. Sage la llev� en un viaje de emergencia a Missoula el d�a anterior para que pudiera comprarse un vestido adecuado. Asil le regal� el ramo y decor� la capilla con sus rosas.</p><p>No sab�a que Charles se hab�a puesto en contacto con su familia hasta que entr� en la capilla y vio a su padre esper�ndola en la nave lateral para acompa�arla al pulpito en lugar de Bran. Su hermano estaba junto a los padrinos, al lado de Samuel.</p><p>De modo que se hab�a casado con el rostro inundado de l�grimas. El ministro hab�a detenido la ceremonia y le hab�a entregado un pa�uelo para que se sonara, lo que le hab�a hecho reir.</p><p>El mejor momento, sin embargo, se produjo despu�s de la ceremonia, cuando su padre, alto, delgado y encorvado, se�al� a Charles con un dedo y le amenaz� con la muerte y el desmembramiento si no cuidaba a su hija como merec�a. Todos los lobos que lo oyeron es decir, todos los lobos presentes en la sala hab�an observado sobrecogidos c�mo Charles inclinaba la cabeza como si su padre fuera el Marrok�</p><p>Anna se acomod� junto a Charles bajo los �rboles, su suave y espeso pelaje contra el suyo. Ahora se daba cuenta de que hab�an corrido en c�rculos, ya que se encontraban a poca distancia de la casa de Bran. Distingui� las luces, lo que indicaba que su padre y su hermano estaban a�n despiertos, probablemente hablando de ella. Confi� en que se sintieran felices. A juzgar por los acontecimientos de los �ltimos d�as, aquella nueva vida no iba a ser f�cil, pero estaba convencida de que la disfrutar�a.</p><p>En alg�n lugar de las monta�as, un lobo salvaje llam� a su pareja. Anna se puso en pie de un salto, le acarici� el hocico a Charles juguetonamente y ambos echaron a correr, persigui�ndose el uno al otro</p></section><section><title><p>Patricia Briggs</p></title><image l:href="#1"/><empty-line/><subtitle>***</subtitle><empty-line/><image l:href="#2"/></section></body><body name="notes"><section xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink" id="_ftn1"><p><a l:href="#_ftnref1">[1]</a> La Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Venida de Cristo, conocidos tambi�n como Shakers, es un grupo religioso protestante que se origin� en Manchester, Inglaterra, en 1747 en el hogar de Jane y James Wardley. Los Shakers nacieron a partir del grupo religioso de los Cu�queros, originado en el siglo XVII. <emphasis>(N. del T.</emphasis><emphasis>)</emphasis></p></section><section xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink" id="_ftn2"><p><a l:href="#_ftnref2">[2]</a> En espa�ol en el original. <emphasis>(N. del T.)</emphasis></p></section><section xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink" id="_ftn3"><p><a l:href="#_ftnref3">[3]</a> En referencia a la serie ele TV <emphasis>Star Trek </emphasis><emphasis>(N. del T.).</emphasis></p></section></body><binary id="cover" 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