<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><FictionBook xmlns="http://www.gribuser.ru/xml/fictionbook/2.0" xmlns:l="http://www.w3.org/1999/xlink"><description><title-info><genre>sf_fantasy</genre><author><first-name>Jean</first-name><last-name>Rabe</last-name></author><book-title>El h�roe ca�do</book-title><annotation><p>�Hasta qu� punto puede un h�roe deshornarse? �Tanto como para perder su alma? Dhamon Fierolobo, H�roe del Coraz�n del pasado, se ha sumido en una amarga vida de crimen y sordidez. Ahora, mientras los poderosos dragones, se�ores supremos de la Quinta Era, conspiran fr�amente para consolidar su dominio y destruir a sus enemigos, Dhamon debe encontrar la fuerza de voluntad para redimirse. Aunque tal vez ya sea demasiado tarde.</p></annotation><coverpage><image l:href="#cover"/></coverpage><lang>es</lang><src-lang>en</src-lang><translator><first-name>Gemma</first-name><last-name>Gallart</last-name></translator><sequence name="La saga de Dhamon" number="1"/></title-info><src-title-info><genre>sf_fantasy</genre><author><first-name>Jean</first-name><last-name>Rabe</last-name></author><book-title>Downfall</book-title><lang>en</lang></src-title-info><document-info><author><nickname>N/A</nickname></author><date>13.7.2014</date><id>7c7b309e-4000-4405-9b63-b7a97af0dcfd</id><version>1.0</version><program-used>fb2cut 2.5.4, fb2cut 2.6.2</program-used></document-info><publish-info><publisher>Timun Mas</publisher><year>2010</year></publish-info></description><body><section><title><p>1</p><p>Unas cuantiosas ganancias</p></title><p>��Un drag�n te mastic� durante un rato y luego te escupi�? �pregunt� Rig Mer-Krel, apoyado en el quicio de la puerta, contemplando a un paciente envuelto casi por completo en vendas.</p><p>El marinero frunci� el entrecejo �no por la falta de una respuesta o el aspecto lastimoso del herido, aunque esto �ltimo resultaba m�s que desconcertante� sino por el olor que impregnaba la peque�a habitaci�n y se pegaba a sus fosas nasales. Rig trag� saliva y estuvo a punto de vomitar, cuando un desagradable sabor se instal� en su boca que �l atribuy� al peculiar tufo.</p><p>El calor empeoraba a�n m�s las cosas, pues a �l desde luego lo hac�a sentirse fatal, y ten�a las ropas empapadas de sudor. Se hallaban en mitad de un verano excepcionalmente caluroso, un mes bautizado con el nombre de Calor Seco por los habitantes de la zona, y la atm�sfera en ese lugar resultaba brutalmente cargada y bochornosa. El estrecho resquicio bajo los cerrados postigos permit�a s�lo la insinuaci�n de una brisa. Rig medit� la posibilidad de abrir los postigos de par en par para que circulara el aire, pero no pensaba quedarse mucho rato, y tampoco deseaba hacer que el paciente se sintiera m�s c�modo.</p><p>�Siendo �ste un hospital tan grande, me sorprende que no pudieran encontrarte una cama m�s grande. O al menos una que no� �Rig olfate� indeciso, en un in�til intento de identificar el aroma� apestara tanto, pero tal vez a los que dirigen este lugar t� tampoco les gustas demasiado.</p><p>�nicamente la cabeza y los pies del hombre no estaban vendados, y estos �ltimos sobresal�an por el extremo del armaz�n del lecho. Un par de botas desgastadas descansaban bajo sus talones sobre una alfombra violeta. El marinero penetr� un poco m�s en la habitaci�n y estudi� el rostro sudoroso del hombre. Sus p�mulos eran altos y hundidos, la piel bronceada, y todo su aspecto general resultaba ligeramente demacrado, como si el paciente no hubiera comido adecuadamente desde hac�a alg�n tiempo. Una fina cicatriz en forma de media luna que Rig no recordaba le recorr�a el rostro, desde el ojo derecho y desaparec�a en el inicio de una mal cuidada barba tan negra como la enmara�ada melena que se derramaba como tinta vertida sobre la peque�a almohada. El hombre se remov�a espasm�dicamente en su sue�o y los ojos se mov�an bajo los p�rpados cerrados, en tanto que la mand�bula se abr�a y cerraba y los largos dedos se crispaban.</p><p>Casi abrumado por el olor, Rig retrocedi� unos pocos pasos y tosi�, en un in�til intento de despejar los pulmones.</p><p>�Apenas cabes ah� �le dijo el marinero, aunque comprend�a ahora que el otro no lo escuchaba, que no hab�a escuchado una sola palabra.</p><p>El visitante encogi� los amplios hombros y sigui� hablando en provecho propio.</p><p>�Bien �y qu� esperabas? Estaca de Hierro es un pueblo enano, por lo que imagino que todo el mobiliario est� pensado para enanos. �Lade� la cabeza en direcci�n a una silla menuda, sobre la que se hab�a intentado doblar con pulcritud los destrozados restos de la ropa del herido�. El tipo del vest�bulo dijo que algo te hab�a asestado unos buenos zarpazos.</p><p>�Un enorme gato montes, probablemente. �La voz surgi� de detr�s del marinero.</p><p>Rig gir� y se encontr� con una enana rechoncha vestida de gris, de pie en medio del umbral. Llevaba el pelo sujeto muy tirante hacia atr�s, dejando al descubierto el rostro rubicundo, y las arrugas de varias d�cadas se abr�an en abanico desde sus ojos entrecerrados para aumentar su desagradable semblante. Dio un golpecito en el suelo con el pie y mir� con ferocidad al hombre de piel oscura.</p><p>�No deber�as estar aqu� �reprendi�, agitando un dedo para dar m�s �nfasis a sus palabras.</p><p>��C�mo est�? �inquiri� Rig, ofreciendo su sonrisa m�s agradable.</p><p>�Las heridas de tu amigo no son en absoluto profundas, pero s� numerosas �respondi� ella, sin que su expresi�n se dulcificara�. Deliraba cuando lo encontraron en los l�mites de la ciudad esta ma�ana, y no ha recuperado el conocimiento desde que le vendaron las lesiones.</p><p>El marinero silb� por lo bajo y cruz� los brazos.</p><p>��Cu�ndo�?</p><p>��Recuperar� el conocimiento? �Ahora fue ella quien se encogi� de hombros�. En un d�a o dos. Es dif�cil decirlo. �Su voz record� a Rig el sonido de la grava rebotando en el fondo de un cubo; �spera y poco atractiva�. Si despierta, probablemente lo mantendremos aqu� un d�a o dos m�s, para asegurarnos de que lo que fuera que lo ara�� no le ha contagiado nada malo. Ha tenido mucha suerte de que tuvi�ramos esta habitaci�n libre.</p><p>�No parece tan afortunado �mascull� Rig por lo bajo y luego, en voz m�s alta, a�adi�: Debe de haber docenas de habitaciones en este�</p><p>�Hospital. �Los ojos se entreabrieron un poco m�s�. En este piso. Dos docenas de habitaciones en total, y todas ellas ocupadas. Somos el hospital de mayor tama�o al este de las Khalkist.</p><p>��Os traen mucha gente con heridas de zarpas �ltimamente?</p><p>La mujer mene� la cabeza y resopl�, dejando escapar el aire de sus pulmones como una tetera que lleva demasiado tiempo en el fuego.</p><p>�Ojal� s�lo tuvi�ramos que tratar ataques de animales. Hace un par de d�as una Legi�n de Caballeros de Acero se enfrent� a un ej�rcito de goblins a unos pocos kil�metros de la poblaci�n. Se est� atendiendo a los heridos aqu�. En un par de las salas del piso de arriba tenemos hasta una docena de pacientes en cada una.</p><p>Rig dio la espalda a la mujer y volvi� a mirar al herido.</p><p>�Y nuestras camas no son <emphasis>para enanos</emphasis> �continu� ella�. Esta habitaci�n estaba destinada a los ni�os, y su anterior ocupante la abandon� ayer por la tarde. Un jovencito totalmente recuperado de la viruela. �Sus ojos centellearon con una luz interior, y casi sonri�. Un buen chico. Quemamos las s�banas, lo limpiamos todo, y�</p><p>��Ja! �Rig solt� una corta carcajada al reparar por fin en la pintura de color azul p�lido de las paredes y los toscos dibujos en tiza: una hilera de ranas y conejos que rodeaban la habitaci�n a la altura de la cintura.</p><p>En el exterior el sol se pon�a, y la p�lida luz anaranjada se filtraba por la abertura en los postigos y se estiraba en direcci�n a una caja de embalaje puesta en pie sobre la que descansaba una mu�eca tuerta de trapo con una rala cabellera de hilo. No muy lejos se ve�an soldados hechos de vainas de ma�z y multicolores bloques de madera. Hab�a otra cama en la habitaci�n, vac�a y m�s peque�a a�n, cubierta con una colcha salpicada de gatitos rosa y amarillos. Volvi� a re�r.</p><p>�Espera a que Fiona vea esto. Le resultar� muy divertido. Desde luego, probablemente tendr� que visitar a los caballeros, tambi�n, mientras est� aqu�.</p><p>�Los caballeros vencieron, por si te interesa �a�adi� la enana. Su pie golpe� con m�s fuerza y pareci� aclararse la garganta�. Los pocos goblins que no fueron eliminados fueron ahuyentados�</p><p>�Eso debe mantener a vuestros sanadores ocupados. Todos estos pacientes. Probablemente estar�n agotados con tanto conjurar y murmurar palabras m�gicas.</p><p>No vio a la enana apretar las manos y apoyarlas en las anchas caderas. Sin embargo, no se le escap� el sonido de la tetera hirviendo de nuevo.</p><p>�No tenemos <emphasis>sanadores</emphasis>, se�or, no de los que usan magia. Ninguna de esas personas dotadas vive a menos de ciento cincuenta kil�metros de aqu�. Aunque tampoco nos hacen falta. Sabemos c�mo cuidar a las personas. C�mo cuidarlas a la <emphasis>perfecci�n.</emphasis> Muchos de los poblados cercanos traen a sus enfermos aqu�. Tenemos hombres que preparan potentes cataplasmas a partir de hierbas y�</p><p>�Ah, o sea que �sa es la explicaci�n de esta notable fragancia.</p><p>�Funciona tan bien como la magia. Probablemente mejor.</p><p>Rig emiti� un sonido con la garganta que podr�a haber pasado por asentimiento.</p><p>�Tu amigo est� recibiendo excelentes cuidados. Ojal� supi�ramos qu� hacer con respecto a esa cosa de su pierna. Tal vez intentaremos cortarla ma�ana.</p><p>�Es una escama de drag�n �manifest� el marinero, al tiempo que conten�a el aliento y volv�a a inclinarse sobre el lecho�. Y ser� mejor que no la toqu�is. �El paciente gimi� y se retorci� como si padeciera un ataque febril, y sus dedos ara�aron las s�banas ahora. El hombre retrocedi� para reunirse con la enana�. No esperaba encontrarlo. Fiona oy� que andaba por la zona, pero uno nunca sabe. Est�bamos cerca y ella quer�a localizarlo, as� que vine para aqu�. Est� buscando establo para los caballos ahora, y luego�</p><p>�No vendr� aqu� �finaliz� la enana tranquilamente�. El horario de visitas finaliz� hace m�s de una hora, y nuestras puertas est�n cerradas� a las personas sanas. Te descubrimos escabull�ndote sin ser visto por una puerta lateral, y vine a echarte. El horario de visitas empieza de nuevo ma�ana a media ma�ana. Los letreros lo dicen muy claro. Si te hubieras molestado en leerlos. T� y�</p><p>�Fiona.</p><p>�� pod�is regresar ma�ana. �Retrocedi� al vest�bulo y se�al� una puerta situada en el otro extremo�. Tu amigo podr�a estar mejor para entonces.</p><p>�Se�ora, jam�s he considerado a Dhamon Fierolobo mi amigo. �Rig le dedic� un cort�s saludo con la cabeza y pas� junto a ella, con los talones de las botas golpeando r�tmicamente sobre el suelo de baldosas.</p><p>Cuando las pisadas se apagaron por completo, una sombra se desliz� de debajo de la cama m�s peque�a y se acerc� sin hacer ruido a Dhamon.</p><p>�Cre� que ese hombre no se ir�a jam�s �susurr� el desconocido en una voz velada que sonaba como una brisa ardiente resbalando sobre arena�. De pie en el umbral y sin hacer otra cosa que mirarte, sin decir nada que valiera la pena, y luego apareci� esa mujer rechoncha. �Cerdos! �D�nde estaban sus modales? Ni siquiera te trajo flores o dulces.</p><p>La figura era delgada, envuelta en una capa gris con capucha de un tono tan oscuro que parec�a un pedazo de noche ca�do al suelo. Del interior de la capucha surgi� una profunda inhalaci�n.</p><p>�Uf, este hedor es insoportable.</p><p>Dhamon abandon� las fingidas convulsiones, abri� los ojos y dedic� a su visitante una leve sonrisa.</p><p>�Uno se acostumbra a �l.</p><p>Una mano de delgados dedos se alz� y desapareci� en el interior de la capucha, para sofocar una n�usea.</p><p>�Yo jam�s podr�a acostumbrarme a esto �surgi� la apagada respuesta�. Me alegro de que seas t� quien yace aqu�, Dhamon Fierolobo, y no yo. �Uy!</p><p>��Mal? �aventur� el otro, cambiando de tema.</p><p>��l y el hombrecillo est�n en la ciudad. Est� noche efectuar�n su ronda. Igual que yo. Tal como planeamos. �A continuaci�n la figura dej� caer una peque�a bolsa de cuero en una de las botas de Dhamon y se desliz� silenciosamente hasta el vest�bulo.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Poco antes de medianoche, Dhamon se incorpor�, desentumeci� y friccion� la zona posterior de sus pantorrillas, terriblemente doloridas de descansar sobre los pies de aquella cama tan peque�a. Se acerc� con cautela a la puerta, atento a los ruidos.</p><p>No hab�a nada por lo que mereciera la pena preocuparse. S�lo el leve siseo de su propia respiraci�n y alg�n que otro gemido procedente de los pacientes de las otras habitaciones. No hab�a nadie por all�; incluso parec�a como si los encargados de cuidarlos se hubieran ido a dormir por fin.</p><p>Los centinelas de la Legi�n de Acero acababan de pasar de nuevo por el vest�bulo, lo que indicaba que al cabo de unos instantes estar�an patrullando la zona. Los caballeros efectuaban siempre tres vueltas previsiblemente mon�tonas y lentas, custodiando vigilantes a sus camaradas heridos. Dhamon hab�a estado <emphasis>escuchando</emphasis> el hospital desde su llegada poco despu�s del alba y hab�a memorizado la mon�tona rutina de los caballeros, por lo que sab�a que dispondr�a de poco m�s de media hora para trabajar sin que lo descubrieran.</p><p>Tiempo m�s que suficiente.</p><p>Avanz� con pasos quedos hasta la ventana y abri� de par en par uno de los postigos, aspirando con fuerza el c�lido aire fresco que le ofrec�a cierto respiro al acre ung�ento con el que le hab�an untado todo el cuerpo. Se pregunt� c�mo incluso alguien enfermo pod�a soportar aquella cosa, pues el remedio parec�a peor que la enfermedad. Estir� el cuello a un lado y a otro y no divis� a nadie en la calle. S�lo le llegaron ruidos confusos, m�sica amortiguada y cantos desafinados procedentes de una taberna situada al final de la calle. Empez� a quitarse las vendas, y la luz de la luna mostr� su delgado cuerpo atl�tico que reluc�a con un brillo de sudor. El pecho bien torneado, el est�mago tirante, las piernas musculosas, y en el centro del muslo derecho una escama de drag�n, de un negro lustroso y atravesada por una reluciente l�nea plateada. Alrededor de la escama y por todas partes de su elevada figura se entrecruzaban docenas de marcas de zarpas. S�lo el rostro se hab�a salvado del ataque, y era anguloso y atractivo, a pesar de la descuidada melena que lo coronaba.</p><p>Dhamon elimin� parte del asqueroso ung�ento de su pecho y brazos con ayuda de los vendajes y ech� otra ojeada a un lado y otro de la calle. Los jardines ya no estaban vac�os, y sus oscuros ojos centellearon mientras estudiaba la figura rechoncha que andaba torpemente sobre la hierba reseca que constitu�a el estrecho c�sped del hospital. Sigui� observando hasta estar seguro de que se trataba de un borracho que intentaba encontrar el camino a su casa. Cuando el enano se introdujo por fin, tambaleante, en la calle y se perdi� de vista, y tras observar que los centinelas de la Legi�n de Acero iniciaban su primera ronda, Dhamon estir� la mano para coger sus ropas. �stas se hallaban en muy mal estado, e incluso su chaleco de cuero mostraba cortes entrecruzados. Adem�s estaban desgastadas, con el color tan descolorido y la tela tan delgada que deber�a haberlas desechado hac�a ya mucho tiempo.</p><p>Recogi� la bolsa de cuero del interior de las botas y dej� �stas de pie sobre la alfombra situada a los pies de la cama. Era in�til pon�rselas y recorrer los pasillos entre el repiqueteo de sus talones, se dijo, los pies descalzos resultar�an m�s silenciosos. Cerr� con cuidado los postigos y regres� a la puerta, volviendo a escuchar los ruidos del otro lado. A�n nada. <emphasis>Estupendo</emphasis>, articul� en silencio, mientras se introduc�a en el vest�bulo y avanzaba en silencio junto a una fila de faroles, que colgaban equidistantes a lo largo de la pared. S�lo uno estaba encendido. A medida que hab�a avanzado la noche, hab�an ido apagando todos los otros, y el �nico que segu�a ardiendo ten�a la mecha recortada para que s�lo despidiera un apagado resplandor.</p><p>Dhamon ech� una mirada a dos puertas abiertas mientras andaba, abri�ndose paso entre las sombras para espiar a caballeros envueltos en gruesos vendajes, algunos gimoteando en voz baja mientras dorm�an. A unos cuantos les faltaban los brazos y las piernas. Pas� junto a una puerta en la que se le�a <emphasis>Consultorio de los Cuidadores</emphasis>, por cuyos resquicios se filtraba una tenue luz sobre el suelo. Con un poco de esfuerzo, consigui� distinguir la amortiguada conversaci�n de dos enanos, que discut�an sobre el estado de un paciente. No era cosa de su incumbencia y, por lo tanto, sigui� adelante.</p><p>Instantes m�s tarde llegaba al final del vest�bulo, donde una amplia escalera curva se abr�a hacia la oscuridad. Como un felino, Dhamon se desliz� en silencio pelda�os arriba y no tard� en encontrarse en el piso superior, donde otro solitario farol proporcionaba una luz espectral. Empez� a andar hacia el extremo opuesto del pasillo, pues sab�a, por hab�rselo o�do decir a los cuidadores, que era all� adonde ten�a que ir. Entonces se detuvo de repente y se aplast� contra una pared cuando un joven enano cargado con un cubo lleno de vendas sucias sali� bastante ruidosamente por una puerta cercana y casi lo roz� al pasar. El enano no lo vio; con su ancho rostro taciturno fijo en el cubo, farfullaba para s� en su lengua materna. El enano tampoco oli� a Dhamon, porque un hedor a�n peor surg�a de la habitaci�n que acababa de abandonar.</p><p>Cuando el cuidador desapareci� escaleras abajo, el hombre meti� la cabeza en la habitaci�n para asegurarse de que nada all� pod�a desbaratar sus planes. Hab�a una docena de guerreros tendidos sobre lechos, con heridas de diversa consideraci�n y todos ellos tratados con un apestoso b�lsamo u otro; la olorosa mezcla compet�a con los repugnantes aromas de la carne gangrenada y la sangre, tanto fresca como seca. La figura de la cama m�s cercana no respiraba y desped�a el olor dulz�n de la muerte. Dhamon hab�a estado en suficientes campos de batalla para reconocer su aroma. Convencido de que esa calamidad ser�a la responsable de la expresi�n taciturna del enano, y nada de lo que debiera preocuparse, se encamin� hacia su objetivo.</p><p>El corredor resultaba espectral, silencioso y caluroso. Respiraciones resollantes, gemidos, toses y ronquidos resonaban obsesivos, erizando los pelos del cogote de Dhamon. Cada paso que daba era cauteloso, pues en ciertos sitios las baldosas eran resbaladizas, tal vez por culpa de la sangre o el sudor, o de algo que los enanos hab�an usado anteriormente para limpiar.</p><p>Por fin lleg� al final del pasillo y se encontr� frente a una puerta cerrada. All� era, estaba seguro, pues se trataba de la �nica puerta de ese piso que luc�a un candado, y la pesada cerradura de hierro se encontraba sobre dos gruesas tiras de metal que conectaban el marco a una puerta de aspecto muy resistente.</p><p>Dhamon abri� la bolsa de cuero y, como se hallaba demasiado lejos del farol, confi� en sus bien adiestrados dedos para localizar lo que necesitaba. Tras arrodillarse ante la puerta y amortiguar su respiraci�n, eligi� dos finas ganz�as de metal y se puso manos a la obra. Sus grandes y sudorosas manos y los largos dedos dificultaban la tarea, pero insisti� y por fin el mecanismo recompens� sus esfuerzos con un leve chasquido. Coloc� la mano detr�s del candado para que no golpeara la madera al abrirse, luego sac� con cuidado el cierre y lo deposit� en el suelo, vacilando s�lo cuando un sonoro y gutural gemido hendi� el aire. Fue seguido por una tanda de toses profundas, y a continuaci�n el paciente se calm�. Dhamon esper� unos momentos m�s, luego abri� las tiras de metal y prob� el tirador de la puerta.</p><p>Frunci� el entrecejo y maldijo por lo bajo. El candado no era suficiente por s� solo, farfull� en silencio, al tiempo que llevaba las ganz�as hasta el ojo de la cerradura y las introduc�a en su interior. Una se parti�, con un repentino sonido agudo, y �l contuvo el aliento y volvi� a esperar. Nada. S�lo ronquidos y d�biles quejidos de dolor, y el crujido de una cama al girar alguien en el lecho. Dej� transcurrir unos instantes y seleccion� una ganz�a m�s larga, que sus torpes dedos estuvieron a punto de dejar caer. Rega��ndose a s� mismo en silencio, se sec� las manos en las calzas y reanud� la tarea.</p><p>Le pareci� que transcurr�an horas en lugar de segundos hasta que por fin venci� al segundo mecanismo. Volvi� a guardar las herramientas, se sec� las manos otra vez y prob� el tirador. En esta ocasi�n la puerta se abri� a una oscuridad total. <emphasis>Malditos sean mis ojos humanos</emphasis>, pens�. Pero no iba a darse por vencido; no despu�s de tomarse tantas molestias para conseguir entrar en el hospital. Se incorpor� y se desliz� pasillo abajo, siempre alerta por si se despertaba alg�n paciente y por si aparec�an m�s cuidadores enanos, echando veloces miradas al interior de las salas ante las que pasaba para asegurarse de que nadie se mov�a.</p><p>Arranc� un farol de la pared y lo encendi�, para regresar veloz y en silencio a la oscura habitaci�n. Se introdujo en su interior y cerr� la puerta a su espalda. Aspir� m�s profundamente ahora, muy inc�modo. All� dentro no hab�a ventanas y la estancia era tan peque�a como una despensa, con la atm�sfera de su interior irrespirable y sofocante. Accion� la mecha, para tener m�s luz, y �sta revel� estantes y m�s estantes desde el suelo hasta el techo, todos repletos de arcas de madera, morrales, bolsas para monedas y m�s cosas. No hab�a mucho espacio para moverse, y cada objeto estaba laboriosamente etiquetado con el nombre de su propietario, a salvo de ladrones que pudieran introducirse en las habitaciones de los pacientes y robarles sus cosas de valor mientras ellos se encontraban demasiado d�biles para resistirse, a salvo hasta que sus propietarios hubieran recuperado la salud para marchar o, en el m�s desdichado de los casos, hasta que los supervivientes vinieran a reclamarlas.</p><p>Una sonrisa ilumin� el rostro de Dhamon cuando observ� que las estanter�as ten�an escaleras incorporadas para que las usaran los enanos. �l no necesitar�a escaleras. Imagin� que habr�an transcurrido diez minutos desde que abandonara su habitaci�n, por lo que a�n le quedaban veinte minutos o m�s. De todos modos, tiempo m�s que suficiente.</p><p>Coloc� el farol en el suelo y empez� a abrir una bolsa tras otra, juntando a toda prisa piezas de joyer�a, en su mayor�a anillos, pero tambi�n unas cuantas cadenas de grueso oro y plata pertenecientes a los caballeros m�s adinerados. Hab�a unas pocas piezas femeninas, una un viejo y delicado anillo con diminutas perlas engastadas, y otra un delicado broche para capa, bien pertenecientes a damas guerreras, bien recuerdos de esposas y amantes.</p><p>Dhamon descubri� una peque�a bolsa de terciopelo llena de perlas negras sueltas; un magn�fico hallazgo, ya que la mayor�a de las bolsas conten�an s�lo monedas. Detr�s de las bolsas encontr� un saco de cuero de buen tama�o y dos desgastadas mochilas, una con una tosca flecha rota incrustada en ella, y deposit� con cuidado el saco y la mochila de mayor tama�o en el suelo, intentando no hacer ruido, al tiempo que los abr�a y empujaba hasta ellos el farol. Dentro de uno hab�a un capote de recambio pulcramente doblado, que luc�a un emblema de la Legi�n de Acero. Lo desech� y vaci� tambi�n la otra mochila. S�lo conten�a prendas.</p><p>Regres� a las estanter�as y se movi� con mayor celeridad. En unos instantes, anillos y mu�equeras fueron a parar a una de las mochilas, junto con las bolsas de monedas repletas de piezas de acero, dagas de ornadas empu�aduras y una variedad de otros peque�os objetos de valor. Utiliz� el capote como relleno para que las chucher�as no <emphasis>tintinearan</emphasis> entre s� e introdujo las restantes monedas y joyas en el saco.</p><p>Dhamon no prest� atenci�n a las espadas y hachas etiquetadas con nombres de pacientes, pues las consider� demasiado voluminosas, y m�s de uno dejar�a que le desapareciera la bolsa de las monedas pero buscar�a eternamente su arma favorita. Ah, pero no esa espada. Decidi� que �sa no la dejar�a all�, y se detuvo unos instantes ante un espad�n guardado en una vaina con delicadas im�genes labradas de hipogrifos y pegasos. Lo desenvain� y comprob� que era robusto, simple y bien equilibrado, perteneciente sin duda a un caballero de cierto rango. El pomo luc�a incrustaciones de lat�n y marfil y llevaba una marca de contraste.</p><p>�Ahora me pertenece �musit�, hasta que consiga algo mejor.</p><p>Se lo sujet� a la cintura y dej� su propia espada colgando de un gancho, con una etiqueta balance�ndose de ella donde se le�a <emphasis>Paciente humano desconocido, habitaci�n cuatro</emphasis>. Luego se dirigi� a otras cajas. Hab�a m�s monedas en el interior, un broche de rub�, que agarr� velozmente e introdujo en un bolsillo, y un anillo recubierto de piedras preciosas de la Legi�n de Acero que se dijo deb�a de pertenecer a un comandante ingresado all�; tal vez el mismo propietario del espad�n. Dhamon introdujo el anillo en su dedo �ndice y prosigui� su tarea.</p><p>Cuando ya no pudo meter nada m�s en el saco de cuero y la mochila parec�a a punto de reventar por las costuras, se llen� los bolsillos de peque�as bolsas, e incluso at� unas cuantas al cinto de su espada. Una �ltima bolsa, de peque�o tama�o, pero fabricada de un material valioso, la sujet� entre los dientes.</p><p>Incapaz de transportar nada m�s, apag� el farol de un soplo, abri� la puerta y atisbo en el pasillo. Segu�a vac�o. Tras colocarse como pudo la pesada mochila y echarse al hombro el saco, permaneci� quieto como una estatua durante unos instantes, escuchando para detectar entre los d�biles gemidos y ronquidos cualquier ruido de alarma al tiempo que se habituaba al peso de sus nuevas posesiones. Convencido de que todos dorm�an profundamente, cerr� la puerta a su espalda, se desliz� por el vest�bulo y lleg� a la escalera. Su objetivo era regresar a su habitaci�n tan deprisa como le fuera posible, recuperar las botas y escabullirse por la ventana.</p><p>Pero los centinelas de la Legi�n de Acero que ascend�an por la escalinata alteraron sus planes.</p><p>Dhamon sinti� que se le secaba la garganta. No pod�a haberse equivocado en su cronometraje de los centinelas. �Qu� hab�a sucedido? Peg�ndose a las sombras, sali� zumbando pasillo adelante, con los sudorosos pies chirriando suavemente sobre las baldosas, mientras se esforzaba por o�r la amortiguada conversaci�n de los caballeros.</p><p>�El cad�ver que hab�a visto minutos antes! Sub�an a buscar a su camarada muerto. Y, en definitiva, tambi�n, los efectos personales del difunto.</p><p>Dhamon hizo una mueca de desagrado y se introdujo por la primera puerta que encontr�, una de las grandes salas ocupadas por una docena de pacientes y los aromas de los ung�entos, la sangre y las s�banas sucias. Contuvo la respiraci�n y se encamin� al fondo de la habitaci�n donde las sombras eran m�s densas, y donde sab�a que habr�a una ventana, pues una corriente de aire as� se lo indicaba.</p><p><emphasis>Tienes que darte prisa</emphasis> �se inst� a s� mismo�. <emphasis>�Vamos</emphasis>!</p><p>��Qui�n eres? �La voz proven�a de un paciente situado a pocos cent�metros de distancia. El caballero estaba recostado sobre varias almohadas.</p><p><emphasis>�Vamos!</emphasis> Dhamon hab�a abierto los postigos y, al cabo de un instante, se encontraba ya sobre una estrecha repisa de piedra.</p><p>��Qui�n? �insisti� el paciente�. �Qu� est�s haciendo?</p><p>Resultaba dif�cil negociar la repisa con el abultado fardo que llevaba a la espalda, y los dedos de una mano se hund�an en las rendijas abiertas entre las piedras, mientras la otra mano sujetaba el pesado saco del hombro. Avanzando penosamente sobre las puntas de los pies en tanto que los talones colgaban sobre el borde, se esforz� por mantener el equilibrio. El suelo se encontraba a unos tres metros m�s abajo.</p><p>�Un salvaje �oy� decir a un paciente, probablemente el caballero que le hab�a hablado�. Un monta�ero salvaje, peludo como un oso sali� por all� por la ventana.</p><p>Dhamon equilibr� el saco del hombro y fue a sacar su cuchillo. No estaba all�. Lo hab�a olvidado. Maldici�n. El hombre era afortunado, se dijo, pues hab�a sentido el impulso de retroceder para rebanarle el cuello.</p><p>Dese� que el paciente estuviera hablando consigo mismo o con otro idiota postrado en cama, y no con uno de los caballeros que pasaban ni con un cuidador. El tiempo se agotaba. Se escabull� por la repisa en direcci�n a un tubo de desag�e y, tras probar la ca�er�a con su peso, se desliz� hasta el suelo por �l, con las rodillas entrechocando al tiempo que la peque�a bolsa se le escapaba de entre los dientes.</p><p>��Maldici�n! �escupi� al objeto que ca�a y al ruido que �l mismo hab�a producido.</p><p>Agazap�ndose tras un amplio arbusto bajo al tiempo que soltaba el enorme saco, sus manos volaron sobre el suelo alrededor en busca del art�culo perdido, apartando a un lado ramas y piedras con los dedos.</p><p>��Ah�! �musit� para s�.</p><p>El polvo se incrustaba en sus pies y dedos, y Dhamon se frot� distra�damente las manos en los pantalones y contuvo la respiraci�n.</p><p><emphasis>No me han descubierto</emphasis> �pens�. <emphasis>Tal vez podr�a escabullirme al interior por mi ventana, cogerlas botas� luego seguir mi camino</emphasis>.</p><p>Todav�a o�a m�sica que surg�a amortiguada de la taberna. Ahora sonaba mejor, sin nadie que cantara a su son. Atisbo desde detr�s del matorral. Hab�a tres enanos en la calle, que se dirig�an justo a su campo de visi�n desde el otro extremo del quebradizo c�sped del hospital. Dos de ellos sosten�an al tercero. Tras dejar su bot�n oculto tras el arbusto, Dhamon se arrastr� como un cangrejo por la pared, de vuelta a la parte central del hospital donde calculaba que estaba su habitaci�n. Se detuvo bajo la ventana s�lo un instante, pero fue suficiente, pues le permiti� o�r voces en el interior: dos enanos que hablaban preocupados sobre un paciente atacado de delirio que hab�a desaparecido tras quitarse las vendas. Deb�a organizarse de inmediato su b�squeda con la ayuda de los caballeros de la Legi�n de Acero.</p><p>�Espl�ndido �sise�; echar�a de menos aquellas botas.</p><p>Tras girar en redondo, regres� a toda prisa al matorral y recogi� saco y mochila, sujetando la peque�a bolsa con la mano libre. Los enanos segu�an en la calle. Uno de ellos estaba sentado muy tieso, y los otros dos intentaban poner en pie a su mareado amigo.</p><p>Seguro de que estaban demasiado ebrios para advertir su presencia, Dhamon avanz� con aplomo en direcci�n al tr�o, con la reseca hierba crujiendo sordamente bajo sus pies. Al cabo de un momento, los hab�a dejado atr�s y se encaminaba al otro extremo de la ciudad donde sab�a que se hallaban los establos. <emphasis>Anda con normalidad</emphasis> �se dijo�. <emphasis>Mu�strate tranquilo. No levantes sospechas</emphasis>.</p><p>Casi hab�a llegado a la calle principal de Estaca de Hierro cuando oy� un sonoro y agudo silbido a su espalda, que fue seguido por el resonar de varios pares de pies.</p></section><section><title><p>2</p><p>Un cambio de escenario</p></title><p>��Eh?</p><p>�Rig, creo que he o�do algo.</p><p>�Acabo de conseguir dormirme �protest� �l�. No he o�do nada. Voy� espera�</p><p>El marinero sofoc� un bostezo, se apart� de mala gana del lado de Fiona, y se deshizo de un maravilloso sue�o. Estaba capitaneando una galera impresionante por el Mar Sangriento, y todos sus viejos amigos estaban en la tripulaci�n: Palin y su hijo Ulin, Groller y Jaspe. Dos mujeres estaban colgadas de sus brazos: Shaon, una belleza de piel color �bano vestida con prendas ce�idas y llenas de color, y una dama sol�mnica pelirroja, de tez clara vestida con una reluciente cota de mallas.</p><p>Estir� las piernas y arroll� un largo rizo rojo a su pulgar, luego inhal� su florido aroma y lo solt�, para a continuaci�n abandonar la estrecha cama.</p><p>Se oy� un silbido, tenue al principio, que se repet�a siguiendo una pauta, cada vez m�s agudo, y procedente de alg�n punto del exterior. Pasos: alguien que corr�a. Tambaleante, Rig se arroll� la s�bana a la cintura y arrastr� los pies hasta la ventana, apartando la cortina de lona para mirar a la calle. El conjunto de edificios de madera y piedra de m�s de un siglo de antig�edad que se extend�a a sus pies estaba iluminado por la brillante luna llena veraniega, y s�lo unos pocos faroles ard�an en el exterior de un pu�ado de tabernas.</p><p>Torci� el cuello para eliminar un ligero tort�colis y bostez� ampliamente mientras el silbido volv�a a sonar.</p><p>�Un par de enanos �coment�. Corren por una callejuela. Uno de ellos sopla un silbato. Nada que� espera un minuto. Uno de ellos se est� poniendo una chaqueta. Creo que es un guardia del pueblo. Y veo a otros dos que los siguen. �Ah! Hay una Legi�n de Caballeros de Acero. �Y otra persona!</p><p>A su espalda, Fiona empez� a colocarse la armadura.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Dhamon corr�a ahora, sin hacer caso de la grava que se incrustaba en las plantas de sus pies descalzos. Una delgada figura vestida con una capa gris fue a su encuentro surgiendo de un callej�n, con un enorme morral colgado al hombro.</p><p>�Cerdos �fue el velado juramento que se oy�, mientras la figura acortaba la distancia entre ambos; una r�faga de c�lido aire veraniego atrap� la capucha y la ech� hacia atr�s, y una masa de largos y rizados cabellos blancos qued� al descubierto, centelleando como plata hilada bajo la luz de la luna�. �Cerdos! �repiti� ella�. Maldito seas, Dhamon Fierolobo, por tu torpeza. Se supon�a que el tuyo iba a ser un trabajo silencioso, si bien el m�s arriesgado. Te escabulles dentro del hospital como un paciente, y luego escapas con�</p><p>Dhamon le pas� la peque�a bolsa, con lo que su mano qued� libre para desenvainar su nueva espada.</p><p>��Cu�ntos me siguen?</p><p>�Cinco. Tres son enanos, dos, caballeros. �Caballeros! Realmente maravilloso, Dhamon �le dijo la mujer mientras sacud�a la bolsa ante los ojos del otro y segu�a corriendo a su lado�. Hice mi visita al platero con toda tranquilidad y eficiencia. �Agit� el morral que llevaba al hombro para que �l pudiera o�r el tintineo del metal en su interior�. Yo hubiera debido ocuparme del hospital. Podr�a haberlo hecho sin problemas. Yo debiera haber sido quien�</p><p>�Rikali, t� no podr�as haber cargado con todo esto �fue la respuesta que recibi�.</p><p><emphasis>Podr�a haberlo hecho</emphasis>, articul� ella en silencio, mientras corr�an.</p><p>�Pero no me habr�a gustado el hedor �a�adi� en voz alta.</p><p>El silbato sopl� detr�s de ellos otra vez, y fue interrumpido por el sonido de postigos que se abr�an de golpe, y de preguntas lanzadas a la oscuridad. El n�mero de pies que corr�an aument�, todos los ruidos extra�amente amortiguados por los enanos edificios.</p><p>Varias manzanas m�s all� del campo de visi�n de Dhamon, empez� a reunirse una peque�a multitud en la calle, unos pocos de sus miembros vestidos con chaquetas y capotes de guardias. La mayor�a de ellos, no obstante, eran juerguistas noct�mbulos que hab�an salido desordenadamente de las tabernas para ver qu� era todo aquel esc�ndalo. Estos �ltimos se caracterizaban por sus andares tambaleantes y voces sonoras.</p><p>��Alguien dijo que han robado a Sanford? �grit� uno de ellos�. �Y la panader�a?</p><p>Entre ellos hab�a dos figuras que destacaban claramente, forasteras en Estaca de Hierro; una, con una considerable colecci�n de bolsas y odres de agua colgando de su cintura, iba vestida con pantalones de gamuza y una camisa y parec�a excesivamente grande e imponente comparada con la figura embozada que lo acompa�aba que apenas le llegaba m�s arriba de la rodilla.</p><p>��La panader�a? �repitieron unos cuantos de los juerguistas.</p><p>Entretanto, Dhamon y Rikali siguieron su carrera y se introdujeron en la calle principal, dejando atr�s a los enanos y a los caballeros de pesadas armaduras que los persegu�an.</p><p>��Ah� est�n: Mal y Traj�n! Espero que lo hiciera igual de bien. Traj�n es un in�til �afirm� Rikali, escupiendo al suelo, con los ojos fijos en el hombrecillo�. Traj�n no es m�s que un in�til.</p><p>��Maldred! �llam� Dhamon.</p><p>De espaldas a Dhamon, la figura de mayor tama�o alz� una mano, luego la alarg� hacia su espalda y sac� una espada de dos manos de una vaina enrejada que colgaba entre sus amplios hombros. El hombre se gir�.</p><p>��Ladr�n! �El grito hendi� el aire desde detr�s de Dhamon y Rikali; un miembro de la Legi�n de Caballeros de Acero los hab�a alcanzado y doblaba ya la esquina�. �Han robado en el hospital!</p><p>��Cerdos! �Vienen hacia nosotros desde ambos extremos de la ciudad! �Rikali observ� que cada vez hab�a m�s parroquianos de las tabernas cerca de Maldred y Traj�n�. Deber�amos habernos metido en un callej�n.</p><p>�Hay luna llena �le replic� su compa�ero�. Nos habr�an visto.</p><p>�Deber�as haber sido m�s cuidadoso. �La mujer aspir� con fuerza, apresurando el paso.</p><p>�Lo cierto es que no cre�a que descubrieran mi obra tan pronto �manifest� �l.</p><p>�Vamos �inst� Rikali�. Mueve tus enormes pies a m�s velocidad. Tenemos que salir de aqu� antes de que todo el maloliente pueblo se despierte. �Se acerc� m�s a Maldred y a Traj�n, con Dhamon cojeando tras ella.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Rig, que forcejeaba para ponerse las calzas y las botas mientras miraba por la ventana, vio que otras ventanas se abr�an y se encend�an faroles. Los enanos sacaban las cabezas al exterior e intentaban, como �l mismo, averiguar qu� suced�a. Rig percibi� preguntas hechas a voces y el d�bil grito de �<emphasis>Ladrones</emphasis>!.</p><p>Termin� de vestirse apresuradamente al tiempo que paseaba la mirada arriba y abajo de las calles desde la atalaya que era su tercer piso. �Ah�! Se qued� boquiabierto, al divisar ni m�s ni menos que a Dhamon Fierolobo, huyendo hac�a la derecha en direcci�n a la calle principal. Lo acompa�aban otras tres personas.</p><p>��Dhamon! �exclam�. �Ha� ha salido del hospital!</p><p>��Est�s seguro de que es �l? �Fiona se estaba sujetando las placas de metal que proteg�an sus piernas.</p><p>��Claro que es �l! Y parece como si lo persiguieran �repuso el marinero, y hurg� detr�s de �l en busca del cintur�n�. Est�n� �no!</p><p>Bajo su ventana un enano preparaba una pesada ballesta, equilibr�ndola sobre un poste para caballos y apunt�ndola en direcci�n a Dhamon. Si bien ser�a un disparo a gran distancia, Rig no quer�a correr el riesgo de que el enano pudiera dar en el blanco, de modo que farfull� una retahila de maldiciones y actu� sin pensar.</p><p>Corri� a la cama, meti� la mano debajo y agarr� el orinal de cobre, luego se acerc� hasta la ventana, apunt� a toda prisa, y lo arroj� al suelo, golpeando al enano y partiendo la base del arma. El marinero volvi� a meter la cabeza en la habitaci�n a toda prisa y alarg� la mano para coger su espada. Ech� una veloz mirada a su pl�tora de dagas todas extendidas pulcramente sobre la silla y se mordi� el labio, luego contempl� con anhelo su preciosa alabarda apoyado contra la pared.</p><p>�No hay tiempo �mascull�, dirigi�ndose a la puerta.</p><p>Fiona agarr� su escudo y sali� pis�ndole los talones.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Cuatro enanos con casaca hab�an alcanzado al hombret�n llamado Maldred. Tres de ellos bland�an espadas cortas, y el cuarto soplaba con fuerza el silbato, con las rojas mejillas hinchadas de un modo casi grotesco.</p><p>��Fueranuestropaso! �resopl� el cabecilla a tanta velocidad que las palabras zumbaron juntas como un moscard�n furioso�. �Moveosmoveosmoveos!</p><p>��Moveos! �chill� otro con mayor claridad, agitando la mano ante Traj�n�. �Mu�vete! �Mu�vete, kender detestable! �Qu� es todo esto? �Qui�n hizo sonar una alarma?</p><p>�No soy ning�n kender �escupi� el hombrecillo.</p><p>��Moveosmoveosmoveos!</p><p>El grandull�n sonri� de oreja a oreja y se apart� un mech�n de cortos cabellos rojizos de los ojos.</p><p>�Calle p�blica �dijo, al tiempo que maniobraba para colocarse frente a ellos en el mismo instante en que �stos intentaban rodearlos para llegar hasta Dhamon y Rikali.</p><p>Dhamon, que estaba espalda con espalda con Maldred en posici�n de combate, se quit� el saco de cosas robadas del hombro para depositarlo en el suelo y efectu� un mandoble de pr�cticas con el arma hurtada. Satisfecho, se prepar� para enfrentarse a los hombres que se aproximaban desde el otro extremo de la calle.</p><p>Traj�n emiti� una especie de gru�ido y se apart� unos pocos pasos de Maldred, sujetando con fuerza una jupak, una curiosa arma de madera de roble de dise�o kender que consist�a en un bast�n con una �V� en un extremo, en la que estaba sujeta una honda de cuero rojo.</p><p>�Mal, no tenemos tiempo de jugar con enanos �advirti� Rikali�. Lim�tate a matarlos deprisa.</p><p>El enano al mando oy� aquello y lanz� un juramento. Gir� hacia la derecha del hombret�n, pero Maldred fue m�s r�pido y le cort� el paso. Alz� la pierna, golpeando al enano en el pecho y dej�ndolo sin aire en los pulmones, y cuando �ste jade�, lo pate� en el pecho una segunda vez, lo que le hizo perder el sentido. Un segundo enano vacil�, y fue su perdici�n, porque Maldred le puso la zancadilla y pis� su espada cuando �sta golpe� el suelo, partiendo la hoja. El tercer adversario gir� hacia el lado izquierdo de su enorme oponente y se encontr� cara a cara con Traj�n.</p><p>El hombrecillo esboz� una mueca burlona, haciendo que el otro se detuviera en seco.</p><p>�E�e�eso no es un kender. Es un monstruo extra�o �tartamude� el enano.</p><p>�Qu� grosero �replic� el otro, gru�endo y lanzando una feroz patada; fall�, sin embargo, y fue a aterrizar sobre el trasero, con la jupak enredada en la capa.</p><p>Al mismo tiempo, el cuarto enano retrocedi� unos pasos, sigui� soplando el silbato y agit� fren�ticamente los brazos arriba y abajo en direcci�n a la muchedumbre de la calle, como si fuera una especie de ave que intentara emprender el vuelo.</p><p>�Mal� �repiti� Rikali.</p><p>�Tira la espada �advirti� Maldred al enano que segu�a todav�a de pie frente a Traj�n, y apunt� hacia �l la enorme espada, coloc�ndose ante el enano�. Respira hondo, regresa a la cama, y vive para ver el d�a de ma�ana.</p><p>�Mal, no tenemos tiempo�</p><p>��Ladrones! �chill� una Legi�n de Caballeros de Acero, la avanzadilla del creciente grupo que se aproximaba por el lado donde estaba Dhamon.</p><p>��Vamos a quedar atrapados en medio! �escupi� Rikali.</p><p>�La espada� �advirti� de nuevo Maldred al enano.</p><p>�Tira t� tu espada �replic� el guardia�. �Ladrones! �El enano hizo una finta a la izquierda, pero Traj�n fue m�s r�pido y salt� para cortarle el paso. El hombrecillo hizo girar la jupak por delante de �l para mantener al guardia a raya.</p><p>�Preferir�a no matar a ninguno de vosotros �indic� Maldred en tono amenazador; su voz era profunda, sonora, mel�dica, casi hipn�tica�. Vuestras muertes no me servir�an de nada.</p><p>Lanz� el pie al frente, derribando a uno de los enanos que intentaba levantarse.</p><p>La multitud que se acercaba se hallaba a s�lo unos pocos cientos de metros de distancia ahora.</p><p>��Puaf! �se mof� el guardia situado frente a Traj�n. Lanz� una estocada al hombrecillo y refunfu�� cuando �sta fue detenida por la jupak�. �A lo mejor yo preferir�a no tener que matarte a ti o a tu diminuto monstruo! �Gir� en redondo a la derecha, esquivando un golpe de Traj�n para terminar frente a Maldred.</p><p>�Te lo he advertido �lo amonest� el gigant�n.</p><p>El enano se agach� bajo la espada de su oponente y realiz� otra intentona de rodear al hombret�n.</p><p>��Mal! �Rikali saltaba nerviosamente de puntillas de un lado a otro, mirando arriba y debajo de la calle y evaluando a la multitud que corr�a hacia ellos.</p><p>�Lo siento �dijo Maldred al enano, con un matiz de pesar en su sonora voz�. De verdad.</p><p>Descarg� con fuerza el pomo de la espada en lo alto de la cabeza del enano. Se oy� un perturbador crujido, y su adversario cay� y se qued� inm�vil. Maldred volvi� toda su atenci�n al otro guardia desarmado que finalmente hab�a conseguido incorporarse; el hombret�n ten�a intenci�n de repetir su oferta de paz, pero Rikali se abalanz� al frente y le lanz� una cuchillada. El guardia la evit�, pero la hoja atraves� la casaca y el miedo hizo desaparecer el color de su sonrojado rostro.</p><p>Maldred movi� significativamente la cabeza en direcci�n al que segu�a soplando el silbato. <emphasis>Para ese jaleo</emphasis>, articul� en silencio, al tiempo que manten�a la mirada fija en la muchedumbre que no tardar�a en caer sobre ellos.</p><p>�He dicho que preferir�a no mataros.</p><p>��Ladrones! �Una Legi�n de Caballeros de Acero chillaba �rdenes�. �Cogedlos!</p><p>El enano situado frente a Maldred gru��, escupi� el silbato y arriesg� una veloz mirada a sus difuntos compa�eros; Rikali acababa de eliminar al que estaba desarmado. El guardia busc� a tientas la espada que colgaba de su cintura, la extrajo y retrocedi�.</p><p>�Somos demasiados. �Os detendremos! �Luego se agach� para esquivar el mandoble del arma de su oponente.</p><p>El enano comprendi� demasiado tarde que su adversario era un experto. La hoja de Maldred realiz� un amplio semic�rculo por lo bajo en la direcci�n opuesta, y la cabeza del guardia cay� al suelo con un golpe sordo.</p><p>��Deprisa! �chill� alguien; la multitud se encontraba s�lo a unos metros de distancia.</p><p>�S�, deprisa �repiti� Rikali.</p><p>��D�nde est�n los caballos? �jade� Dhamon mientras agarraba el saco de cuero y se lo echaba al hombro. Con su arma, detuvo los mandobles de los primeros miembros de la Legi�n de Caballeros de Acero que hab�an llegado hasta �l.</p><p>�Mal no trajo caballos �respondi� la mujer, mientras se enfrentaba tambi�n ella a uno de los caballeros�. Hicimos correr a los �ltimos que nos quedaban hasta casi reventarlos y pensamos que ya conseguir�amos otros nuevos aqu�. Ya sabes que me gusta ir de compras de vez en cuando.</p><p>�Maravilloso �repuso �l.</p><p>El guerrero estaba rodeado de caballeros y buscaba alguna abertura. Por fin encontr� una y lanz� la espada por delante del guardamano del adversario, provoc�ndole un profundo corte en la pierna. El caballero cay� de rodillas, sujetando el muslo con ambas manos.</p><p>Los otros se hallaban igualmente asediados.</p><p>��Rend�os! �grit� alguien�. �Rend�os y vivir�is!</p><p>��Ese hombre! Tiene la espada del comandante. �Las palabras surgieron de un miembro de la Legi�n de Acero.</p><p>��Matadlo! �orden� una �spera voz enana�. �Matad al ladr�n!</p><p>�Me parece que rendirse no es una opci�n ahora �indic� Rikali.</p><p>Dhamon intercambiaba mandobles con dos enanos.</p><p>�Preferir�a no mataros �anunci� Maldred a los enanos que hab�an llegado hasta �l.</p><p>�No seas tan educado �le grit� Rikali�. Lo repito, mat�moslos r�pidamente y salgamos de aqu� antes de que lleguen m�s. �Recogi� el repulgo de su capa en la mano libre y, con un gr�cil movimiento, salt� al frente y azot� con la capa la espada de un enano que atacaba. Al mismo tiempo, lanz� el cuchillo hacia arriba y lo hundi� en el vulnerable cuello de un caballero, gir� en redondo y acuchill� a otro enano, atravesando el capote y hundiendo el arma en el cuerpo�. Mira todas las luces que se encienden, Mal. �No oyes todas esas voces? �Todo el mundo empieza a despertar! La situaci�n ya es bastante mala, pero dentro de pocos minutos ser� demasiado fea. Hay muchos caballeros por aqu�. �Haz algo!</p><p>Dhamon hundi� el pomo de su espada sobre la cabeza cubierta con un casco de un enano, abollando el metal y dejando inconsciente a su due�o.</p><p>�S�, haz algo, Mal �repiti� como un loro Traj�n.</p><p>El hombret�n lanz� un gutural gru�ido y al instante se deshizo de dos que ten�a delante, rociando de sangre a la multitud. Los siguientes en la fila retrocedieron y alzaron las espadas ante ellos en un esfuerzo por mantenerlo a raya y evaluar mejor la situaci�n.</p><p>Traj�n golpe� su jupak con fuerza contra las manos de su adversario, y el ataque hizo que el enano soltara su espada.</p><p>�Preferir�a no matarte �se mof� Traj�n, imitando a Maldred; el enano extendi� las manos a ambos lados del cuerpo en se�al de rendici�n y retrocedi�, y el otro lanz� un victorioso hurra.</p><p>Unos cuantos de los otros enanos se retiraban, intentando empujar hacia atr�s a la multitud de modo que la Legi�n de Caballeros de Acero llegados del hospital pudiera rodear a los ladrones y ocuparse de ellos. Pero hab�a una docena de guardias de la ciudad en el batiburrillo, y �stos siguieron presionando al frente. Fue en �stos en quienes se concentraron Maldred y Traj�n.</p><p>Rikali atac� con su cuchillo a los enanos que ten�a en su lado, que superaban ligeramente en n�mero a la Legi�n de Caballeros de Acero. Imagin� que habr�a m�s de una docena en el grupo situado ante ella y Dhamon, y no pensaba mirar por encima del hombro para ver cu�ntos m�s hab�a all�. Uno de sus atacantes era un espadach�n especialmente bueno, y no consegu�a desbaratar el ritmo de sus mandobles ni arrebatarle el arma.</p><p>�Mal, hay m�s que vienen a toda prisa. �Los oigo! �Caballeros con tintineantes armaduras! �No quiero morir en este pueblo! �Haz algo, Mal!</p><p>El hombret�n farfull� por fin una respuesta y luego profiri� un penetrante grito que son� como un coro de gaviotas enfurecidas. Hizo girar su espada en un amplio arco sobre su cabeza, y el metal silb� en el aire, reflejando los rayos lunares. La luz recorri� la hoja y una lluvia de chispas �como un enjambre de luci�rnagas� cay� sobre la multitud, prendiendo en las ropas de los enanos. Maldred ech� a correr hacia la masa de sobresaltados adversarios que, acobardados por el gigant�n o aterrorizados por la flam�gera erupci�n, se apartaron como una oleada. Traj�n sigui� veloz a su compa�ero, golpeando con su jupak las espaldas de aquellos que eran demasiado lentos en apartarse y azotando accidentalmente a Rikali al hacerlo.</p><p>Del lado de Dhamon, los enanos tambi�n se retiraron, pero los caballeros, si bien moment�neamente aturdidos por la m�gica exhibici�n de Maldred, se mantuvieron firmes.</p><p>Rikali distingui� a m�s enanos que surg�an de sus hogares, la mayor�a cargando con armas de diversa clase �algunas incluso improvisadas, antorchas, y unas cuantas ballestas� y estas �ltimas le preocuparon en especial. Ahora habr�a demasiados para que Maldred pudiera ahuyentarlos o asustarlos o enfrentarse a ellos.</p><p>Dhamon vio a Rig y a Fiona que corr�an calle abajo. El marinero chillaba algo y agitaba la mano, y su compa�era se mov�a veloz a pesar de la pesada armadura sol�mnica, mientras las antorchas iluminaban la incr�dula expresi�n de su rostro.</p><p>Rikali y Dhamon hicieron caso omiso de ellos, sacando provecho de la moment�neamente aturdida Legi�n de Acero para girar sobre s� mismo y seguir a Maldred, que hab�a hecho huir a un grupo de enanos m�s all� del establo.</p><p>Cuando el gigant�n se detuvo y abri� la puerta del recinto, Traj�n se introdujo en el interior a toda velocidad, y el hombret�n hizo una se�a a Rikali y a Dhamon. <emphasis>Deprisa</emphasis>, articul�. Detr�s de la pareja, media docena de caballeros corr�an hacia ellos, y m�s enanos se abalanzaban sobre ellos, maldiciendo mientras corr�an y chillaban <emphasis>�Ladrones!</emphasis> a pleno pulm�n. �nicamente las gordezuelas piernas de los enanos imped�an a �stos adelantar a los caballeros. Un dardo se clav� en el establo a pocos cent�metros de la mano de Maldred.</p><p>En medio de los enanos pod�a verse a Rig y a Fiona. Los ojos de la dama sol�mnica llameaban, y la mujer se deslizaba decidida hacia el frente de la enfurecida multitud.</p><p>��Al interior! �inst� Maldred, agach�ndose cuando un dardo silb� sobre su cabeza.</p><p>Un segundo despu�s sigui� a Rikali y a Dhamon al interior del edificio y cerr� la puerta con fuerza, colocando la barra que la atrancaba.</p><p>El hombret�n indic� a Dhamon que hiciera lo mismo con una puerta lateral apenas discernible en el oscuro y cavernoso interior.</p><p>��Vaya, esto es estupendo! �se burl� Rikali�. �Nos has metido en una trampa, Mal! Ahora somos como ratas. Y aqu� apesta. �Cerdos, veo que hay una dama sol�mnica en la ciudad adem�s de la docena m�s o menos de caballeros de la Legi�n de Acero que no est�n confinados en el hospital! No nos hac�a falta nada m�s. �Una dama sol�mnica con su reluciente armadura!</p><p>�Es una vieja amiga m�a �dijo Dhamon, pasando junto a ella.</p><p>��Amiga? �Rikali apoy� las manos en las estrechas caderas�. Tienes muy mal gusto, amor. O al menos lo ten�as. Nadie necesita a un caballero como amigo. Causan disgustos, al menos a los que son como nosotros.</p><p>�Deja de quejarte �intervino Traj�n, que resoplaba y resollaba mientras hacia rodar un tonel para apoyarlo contra la puerta� y �chame una mano.</p><p>�Oh, eso funcionar�, hombrecillo �repuso Rikali, ir�nica.</p><p>�No. La idea de Traj�n est� bien �replic� Dhamon, y se�al� al centro del establo, donde pudieron distinguir la silueta de un enorme carro.</p><p>Maldred palme� a Rikali en el hombro al pasar corriendo por su lado para sujetar la lanza frontal del carro. Los m�sculos de sus brazos se hincharon y las venas del cuello se marcaron como sogas en cuanto empez� a tirar; los caballos se pusieron a relinchar nerviosos mientras Dhamon, soltando la mochila y el saco de cuero, se colocaba detr�s del carro y empujaba.</p><p>Traj�n se precipit� al fondo del carro, tirando de media docena de sacos de lona.</p><p>�Monedas de la panader�a, que fue idea m�a robar �anunci� tanto para s� mismo como para Dhamon�. Monedas del armero. Cucharas y candeleras de una vieja mansi�n. Lo metimos todo aqu�, Mal y yo. Pensamos que usar�amos el carro para marchar de la ciudad.</p><p>En el exterior, los enanos aporreaban las puertas, asustando a�n m�s a los caballos; pero eso no fue nada comparado con el temblor que sacudi� repentinamente el edificio. Alguien desde fuera chill�: <emphasis>�Terremoto!</emphasis>. Y otra persona exclam�: <emphasis>�Hechicer�a!</emphasis>. Finalmente, el suelo dej� de temblar.</p><p>La voz de Fiona se abri� paso por encima del estr�pito, gritando para que la escucharan.</p><p>��Dhamon Fierolobo! �Sal inmediatamente!</p><p>Rikali apoy� la espalda contra las puertas y apret� los dientes mientras los golpes segu�an lloviendo sobre la entrada.</p><p>�Deprisa, amigos �inst�. Este establo es una resistente construcci�n enana, pero no aguantar� eternamente. No con ellos golpeandola y con el suelo gru�endo de ese modo. �Traj�n se reuni� con ella y copi� su postura, con las peque�as piernas bien abiertas�. Oh, eres una gran ayuda �indic� ella, sarc�stica, contemplando al hombrecillo.</p><p>Entonces el suelo volvi� a estremecerse.</p><p>��Hay otro modo de entrar? �se oy� gritar en el exterior.</p><p>��El henil! �respondi� alguien�. �Y la puerta lateral!</p><p>��Yo tengo un hacha! �Dejadme pasar! Derribar� la puerta a hachazos.</p><p>���ste es mi establo! �No lo destroces! �Convencedlos para que salgan!</p><p>�Subidme. �Humanos! �Subidme!</p><p>��Buscad una escalera!</p><p>��Ladrones! �Robaron a los caballeros heridos! �Matadlos!</p><p>��Deprisa, Mal!</p><p>��Eso, deprisa! �a�adi� Traj�n.</p><p>Dhamon y Maldred apuntalaron el carro contra la puerta y fijaron el freno en el mismo instante en que la hoja de un hacha empezaba a abrirse paso por entre la madera. Oyeron un gateo en la pared exterior, como si alguien intentara trepar por el muro, y a continuaci�n un golpe sordo.</p><p>�Probemos otra vez. �Subidme a m� esta vez! �Se trataba de una voz humana, aunque no era ni la de Rig ni la de Fiona; probablemente se trataba de uno de los caballeros de la Legi�n de Acero.</p><p>��D�nde est� la escalera?</p><p>�Olvidad la escalera. �Era la voz de Rig, y ten�a un dejo de enfado�. Apartaos. Abrir� vuestra maldita puerta.</p><p>��Mi establo!</p><p>�No vamos a contenerlo por mucho tiempo �coment� Dhamon.</p><p>��De veras? �Rikali fingi� sorpresa�. �Tienes alguna idea de qu� hacer, Dhamon? �Mal? Preferir�a no morir en este mont�n de esti�rcol.</p><p>��Dhamon Fierolobo! �Sal! �Soy Fiona!</p><p>��Los tablones! �Arrancad los tablones!</p><p>��Condenados ladrones!</p><p>Dhamon corri� hacia la puerta lateral y empez� a arrastrar cajones y barriles frente a la puerta, afianz�ndolo todo con horcas que clav� en el suelo. Tambi�n se oyeron golpes en esa puerta.</p><p>Maldred retrocedi� al fondo del establo, sin hacer caso de los asustados caballos, las quejas de Rikali y las disculpas de Traj�n. Extendi� los dedos de par en par sobre la madera y palp� la �spera superficie.</p><p>�Resulta dif�cil ver aqu� dentro �refunfu�� Traj�n�. En especial en el caso de Mal y Dhamon. �Dio un salto cuando la hoja de un hacha se abri� paso a trav�s de la madera�. Conseguir� un poco de luz.</p><p>Dhamon se uni� a Maldred para arrastrar los sacos que hab�an estado en el carro.</p><p>�Ensillar� unos caballos �dijo.</p><p>Hab�a advertido la presencia de una docena de corceles de tama�o normal, dos de ellos excepcionalmente grandes. Si la Legi�n de Caballeros de Acero ten�a otros caballos, como Dhamon sospechaba, posiblemente �stos estaban guardados en un campamento fuera de la ciudad. Los dem�s pesebres conten�an ponis, animales robustos ideales para los enanos. El hombre se apresur� en su tarea y seleccion� a los dos caballos de mayor tama�o, a los que condujo hasta el fondo del establo.</p><p>Maldred cerr� los ojos y empez� a canturrear, con un sonido sordo que surg�a de alg�n punto en lo m�s profundo de su garganta y que fluctuaba en tono y ritmo como una compleja pieza musical. Sus dedos se mov�an veloces de arriba abajo de los tablones, las yemas deteni�ndose durante breves instantes en los clavos que sujetaban la madera, y a medida que prosegu�a con su tarareo, los clavos se iban calentando y empezaban a brillar d�bilmente.</p><p>��Eso ayudar�! �anunci� Traj�n; el hombrecillo hab�a encendido un fuego en un mont�n de heno en el centro del establo�. Ahora podemos ver mejor.</p><p>��Idiota escamoso! �aull� Rikali al darse cuenta de lo que el otro hab�a hecho.</p><p>La luz mostr� la c�lera de su rostro, la piel como suave alabastro bajo el resplandor de las llamas, los grandes ojos de un p�lido azul acuoso fuertemente perfilados con kohl, los labios finos y pintados de carmes�. Profiri� un gru�ido que mostr� una hilera de peque�os dientes puntiagudos, tan peque�os y uniformes que parec�an limados.</p><p>��Eres un in�til!</p><p>Antes de que pudiera llegar hasta el fuego e intentar apagarlo, �ste hab�a empezado ya a propagarse, corriendo por el suelo sobre la paja desperdigada, para luego saltar de una bala a otra. Los ollares de los caballos se hincharon aterrorizados, y los nobles brutos empezaron a relinchar nerviosos en sus pesebres, tirando de las cuerdas que los sujetaban. El fuego se extend�a hacia los animales, se extend�a hacia todas partes, y los esfuerzos de Rikali para sofocarlo con los pies no serv�an de nada.</p><p>��Mal! �llam� la mujer�. �Tenernos otro problema! Traj�n ha decidido quemar el edificio.</p><p>Maldred continu� con su tarareo.</p><p>En el exterior resonaron gritos de <emphasis>�Fuego!</emphasis>, y un enano chill� pidiendo que se organizara una brigada de portadores de cubos de agua. Otro aull� indicando que dejaran arder el fuego, para que acabara con los ladrones que eran capaces de robar a los caballeros heridos que hab�an arriesgado sus vidas para salvar a la poblaci�n de un ej�rcito de goblins.</p><p>Dhamon, que ten�a ya a los dos caballos de mayor tama�o ensillados y regresaba para elegir a uno o dos m�s, contuvo la respiraci�n al o�r que una de las vigas centrales gem�a y ver c�mo se elevaban las llamas.</p><p>��Riki! �grit�. Ensilla un animal para ti y para Traj�n. Deprisa.</p><p>Ella refunfu�� pero obedeci�, pateando tierra sobre las llamas in�tilmente mientras giraba y alargaba la mano hacia una silla de montar. Un hacha astill� la puerta, y la mujer decidi� entonces que montar a pelo era mejor idea. Tosiendo y cegada por el humo, lanz� un grito. Traj�n tir� de su capa.</p><p>�Lo siento �dijo�. No pens� que el fuego se propagar�a. Quer�a probar aquel conjuro de fuego que me ense�� Mal.</p><p>�Siempre quieres probar ese conjuro.</p><p>�S�lo quer�a que todos vieran mejor.</p><p>La mujer se agach�, lo sujet� por la cintura, lo subi� al caballo y luego se mont� detr�s de �l.</p><p>�C�llate �orden�. Lim�tate a estar callado y a sujetarte.</p><p>Agarr� la soga de otro corcel y clav� en su montura los tacones de sus botas, inst�ndola a avanzar mientras tiraba del otro animal para que los siguiera. Los otros ponis forcejeaban con sus cuerdas, encabrit�ndose fren�ticos ante las llamas y las columnas de humo. Los gemidos de los asustados animales, el chisporroteo de las llamas, el golpear de las hachas contra la puerta delantera, los gritos de los enanos y de Rig y Fiona imped�a a la mujer pensar con claridad.</p><p>��Dhamon! �chill� Rikali�. �No te veo Dhamon!</p><p>�ste sigui� su voz y consigui� sujetar el caballo que ella montaba y conducirlo a la parte trasera, donde empez� a cargar al otro animal con los sacos que hab�an estado en el carro. Rikali tos�a violentamente, y tambi�n Traj�n, y a Dhamon le escoc�an los ojos debido al humo.</p><p>A continuaci�n Dhamon gir� en redondo y corri� a recuperar su propio precioso bot�n, contando con su memoria para localizarlo, pues el humo y las llamas lo oscurec�an todo.</p><p>��He conseguido derribar la puerta! �grit� la voz de Rig�. �Ayudadme a apartar este carro!</p><p>��Son ladrones! �Que se quemen!</p><p>Se oy� la voz de un enano �entrecortada y autoritaria� que gritaba �rdenes, y las voces aumentaron junto con la humareda, enojadas y curiosas y llenas de miedo y agravio. Un caballero de la Legi�n de Acero dio �rdenes a sus hombres.</p><p>Maldred canturreaba en voz m�s alta, y sus dedos se mov�an m�s veloces, danzando en el aire ahora; los dedos llamaban a los clavos a medida que �stos se desprend�an de la madera, y los tablones gem�an al hacerlo. El aire alrededor era caliente, y las llamas cada vez m�s fuertes a su espalda. El carro se movi� un poco, y enanos y caballeros se desparramaron al interior, con lo que algunos resultaron inmediatamente pisoteados por los caballos que intentaban huir.</p><p>Dhamon subi� el saco de cuero al caballo de mayor tama�o e introdujo las riendas en la mano de Maldred. Con un forcejeo, consigui� sujetarse la mochila al hombro y se encaram� a continuaci�n en la silla de otro animal.</p><p>Maldred cerr� con fuerza la mano libre y golpe� la pared trasera del establo. La madera profiri� un �ltimo gemido, y tacto seguido, todo el muro posterior del edificio empez� a derrumbarse.</p><p>En un instante, el mundo se vio consumido por el fuego y el caos, y por un calor tan intenso como el aliento de un Drag�n Rojo. Una enorme gota de aire fresco aliment� las llamas y las lanz� hacia el techo, al interior del henil y sobre el tejado de paja. Una infernal llamarada naranja devor� la madera y elev� una arremolinada masa de espeso humo gris hacia el ciclo nocturno. La bola de fuego expuls� a Rig, a los caballeros y a los enanos de vuelta al exterior, donde boquearon y tosieron medio asfixiados.</p><p>��Dhamon!</p><p>Era la voz de Rig, a la que sigui� la de Fiona. Pero las palabras quedaron ahogadas por el tronar de los cascos de sus monturas robadas mientras Dhamon, Rikali, Maldred y Traj�n hu�an de Estaca de Hierro, conduciendo a un pu�ado de caballos y ponis sueltos ante ellos.</p><p>��Qu� calor! �se quej� Rikali, y se estremeci� al mirar por encima del hombro y contemplar el fuego que se hab�a extendido desde el establo del pueblo a media docena de otros edificios�. Apesto a humo. Tengo ampollas en los brazos. �Mi cara! Traj�n, est�</p><p>�Tu cara sigue tan encantadora como siempre, Riki, aunque esa cosa chillona con la que te pintas los ojos se est� corriendo por tus mejillas como lluvia negra. �Eh, mi t�nica!</p><p>Traj�n empez� a retorcerse, pues el dobladillo se hab�a encendido, y se puso a darle palmadas con las diminutas manos.</p><p>�In�til �declar� la mujer con un siseo, ayud�ndolo a extinguirlo�. Eres un completo in�til, Traj�n.</p><p>�Lo siento �respondi� �l�. Pero al menos nadie nos seguir�. Los ponis y caballos est�n muertos o han huido, y los humanos no tienen nada en que montar. Los enanos preferir�n dedicarse a extinguir el fuego en lugar de preocuparse por nosotros, y tendr�n que trabajar duro para impedir que arda toda la poblaci�n. El verano lo ha dejado todo muy seco y no abunda el agua.</p><p>�Pero los caballeros� �sugiri� Rikali.</p><p>�S�, los caballeros de la Legi�n de Acero no olvidar�n que han robado a sus camaradas heridos. De ellos s� que hemos de preocuparnos.</p><p>Los cuatro aminoraron el galope de sus monturas hasta que el fuego y el humo quedaron muy atr�s, el aroma del incendio un simple recuerdo, y un amanecer rosado empez� a deslizarse por el cielo.</p><p>El terreno que se extend�a justo ante ellos era yermo, cubierto de maleza y llano. Hab�a peque�as zonas de pastos, desperdigadas como mechones de pelo en un hombre que se est� quedando calvo, que aparec�an resecas y susurrantes bajo la tenue brisa, y bolas de matas secas se cruzaban, girando alocadamente, en el camino del cuarteto. El verano, que jam�s era benigno, hab�a sido especialmente brutal este a�o, con las lluvias m�s raras que de costumbre, la temperatura m�s elevada y el viento demasiado tenue para proporcionar alg�n alivio.</p><p>Algo m�s all�, en direcci�n oeste, el paisaje cambiaba de modo espectacular. Una serie de colinas se alzaba en direcci�n a las alt�simas monta�as Khalkist, serradas e imponentes elevaciones de granito tapadas por nubes de un gris acerado. Hab�a unos pocos robles y matorrales achaparrados, y todas las plantas daban la impresi�n de estar agonizando, con la excepci�n de la arom�tica salvia gris verdosa que prosperaba en aquel calor.</p><p>Maldred se quit� la camisa, at�ndola a su cintura, y sus m�sculos relucieron sudorosos. Arranc� uno de los odres de agua que colgaban de su cintur�n, lo vaci�, y arranc� otro, que pas� a Dhamon.</p><p>Dhamon parec�a delgado cabalgando junto al hombret�n, y su fibrosa musculatura quedaba empeque�ecida por los gruesos brazos, el pecho fornido y los amplios hombros de su compa�ero. Algunas de sus heridas hab�an cicatrizado por completo gracias a la medicina del hospital, pero los cortes m�s profundos se hab�an abierto durante la pelea en la ciudad y brillaban rezumando sangre.</p><p>�Rikali �llam� Maldred�, no ten�as que haberlo ara�ado con tanta ferocidad.</p><p>�Dijiste que Dhamon ten�a que tener mal aspecto �replic� ella�. Dijiste que ten�a que ser convincente.</p><p>�No <emphasis>tan</emphasis> convincente �repuso �l en voz baja.</p><p>�Dhamon no se quej� �dijo la mujer, encogi�ndose de hombros y agitando la espesa cabellera.</p><p>�Fui m�s que convincente �admito Dhamon al hombret�n�. No tendr�a que haber surgido ning�n problema. No estoy seguro de qu� sali� mal. Supongo que no tuve en cuenta la muerte de aquel paciente.</p><p>�La tuya fue la empresa m�s arriesgada en la ciudad �dijo en voz baja Maldred con una amplia sonrisa�. Todos los dem�s robamos en tiendas cerradas. Adem�s, a�adi� un poco de emoci�n a nuestras vidas. No nos pas� nada malo. Y tenemos unos buenos caballos como prueba. �Dedic� una prolongada mirada a su compa�ero y aspir� con fuerza�. Necesitas ropa nueva, amigo m�o. Rikali hizo trizas �sas, y adem�s� apestan. A todos nos vendr�an bien prendas nuevas. Dudo que podamos quitarles el olor a humo a �stas.</p><p>Los kil�metros fueron pasando ante ellos a medida que el sol ascend�a desgarrador por un cielo azul pizarra, aumentando a�n m�s la temperatura. Al norte, Rikali distingui� un peque�o bosquecillo y pastos altos, un verdadero oasis en Khur, y en un principio pens� realmente que se trataba de un espejismo, por lo que parpade� con energ�a, creyendo que desaparec�a, pero entonces descubri� un cuervo suspendido sobre un alto �rbol. El ave ascendi� hacia el cielo, donde ella lo perdi� de vista por un instante, luego descendi�, vir�, y se introdujo en el dosel de hojas y desapareci�. La mujer inst� a su agotada montura en aquella direcci�n, soltando las riendas del otro animal, que la sigui� igualmente. En cuanto la rozaron las primeras sombras, Rikali salt� de su caballo, quej�ndose de su dolorida espalda y sus piernas agarrotadas, del olor a humo de sus ropas y del hedor a medicinas que surg�a de Dhamon. Luego condujo al animal por entre la docena de �rboles que crec�an all� y a lo largo del riachuelo que discurr�a perezoso por la base de las estribaciones de las Khalkist.</p><p>�Bendita sombra �anunci� mientras se desperezaba, alzaba a Traj�n para depositarlo en el suelo, y observaba beber a los caballos.</p><p>�Me ir�a bien algo de descanso �confes� Dhamon a Maldred.</p><p>�No pienso discutirlo. �El hombret�n mir� por encima del hombro�. Al menos no por el momento. �Se desliz� fuera de la silla y condujo a su caballo a la orilla�. Probablemente alimenta un afluente del r�o Thon-Thalas �dijo, se�alando el agua con la cabeza.</p><p>El famoso r�o discurr�a por parte de Khur y penetraba en los bosques de Silvanesti, d�nde finalmente se un�a al Thon-Rishas, que serpenteaba hasta las profundidades de la ci�naga situada al otro lado de las Khalkist.</p><p>�El arroyo es la mitad de lo que tendr�a que ser normalmente �observ� Dhamon, indicando la seca orilla donde parte del terreno estaba agrietado y grabado como si estuviera cubierto de guijarros�. Pero al menos el verano no lo ha secado por completo.</p><p>Maldred sacudi� la cabeza, y el sudor sali� despedido de su rostro y cabellos. Se sac� las botas e introdujo los gruesos dedos en el agua. Luego se inclin� y llen� dos odres que sujet� a su cinto; entreg� un tercero a Dhamon.</p><p>�Para cuando realmente lo necesites �dijo�. Es todo lo que tengo, de modo que ten cuidado.</p><p>�Gracias.</p><p><emphasis>�Era</emphasis> tu amiga �dijo Rikali, interrumpiendo su conversaci�n; ten�a las manos apoyadas en las caderas y la cabeza ladeada a un lado, como si sermoneara a un ni�o desobediente�. <emphasis>Era. Era. Era tu amiga.</emphasis></p><p>Dhamon apret� los labios y at� su montura a una rama baja que sobresal�a sobre la orilla. Se pregunt� de qu� estar�a ella hablando, pero sab�a que no necesitaba preguntar: ella se explicar�a m�s tarde o m�s temprano.</p><p>�La sol�mnica. Pensaba en ella mientras cabalg�bamos, melena roja como las llamas. Yo dir�a que <emphasis>era</emphasis> tu amiga. Esa gente tan r�gida no perdona robos y asesinatos. Ser� tu enemiga ahora.</p><p>�No mat� a nadie en esa ciudad. �Dhamon palme� al caballo, pasando los dedos por entre su enmara�ada crin�. Podr�a haberlo hecho, pero no lo hice �a�adi�.</p><p>Ella se encogi� de hombros y se asegur� de que la observara mientras coreografiaba una elegante exhibici�n desprendi�ndose de la capa y quit�ndose la t�nica, prendas que dej� caer junto con su peque�o morral en la orilla, dejando al descubierto su menuda y p�lida figura. Se introdujo despacio en el arroyo y empez� a ba�arse, dedic�ndose en primer lugar al rostro para eliminar el kohl que se hab�a corrido de sus ojos.</p><p>�Murieron enanos en ese pueblo, Dhamon Fierolobo �dijo, ahuecando las manos para recoger agua que luego se ech� sobre los cabellos�. Y tal vez algunos caballeros que no eran sol�mnicos. No importa realmente cu�ntos o a manos de qui�n. Un muerto es un muerto. Y t� estabas all� en medio de todo ello. �Sujet� los cabellos tras unas orejas delicadamente puntiagudas que daban fe de su herencia semielfa. Luego le ech� agua a �l y arrug� la nariz�. �Apestas, te lo aseguro!</p><p>�S� �respondi� �l con suavidad, mientras depositaba sus botas y su nueva espada en la orilla, se desprend�a de los restos de sus pantalones y se reun�a con ella en el r�o�. Desde luego que apesto.</p><p>El agua se arremolin� alrededor de sus pantorrillas y a continuaci�n de sus muslos, y �l vade� tan profundamente como le permiti� el lecho del r�o, hasta que el agua le lleg� a la cintura. Hab�a cicatrices en su cuerpo, mezcladas con los ara�azos de Rikali, m�s antiguas y gruesas, aunque la mayor�a se hab�a desvanecido por lo que eran dif�ciles de distinguir.</p><p>La semielfa traz� con los dedos el contorno de algunos de los ara�azos. Sus u�as eran largas, como garras, y estaban cubiertas con una gruesa capa de laca negra que destacaba intensamente con su piel color pergamino.</p><p>�Cicatrizar�n, amor �indic� con voz ronca, recorriendo con los dedos su obra�. Y fueron idea tuya. �Bes� uno de los rasgu�os m�s largos del pecho, y su rostro p�lido y cabellos blancos contrastaron con fuerza con su piel bronceada por el sol.</p><p>�Todo se cura, Riki �contest� �l en voz baja.</p><p>Maldred inspeccionaba los cuatro caballos, anunciando que dos de ellos eran especialmente magn�ficos y alcanzar�an un buen precio si decid�an venderlos. Traj�n lo segu�a, fingiendo estudiar el comportamiento del otro con los animales y disculp�ndose reiteradamente por haber incendiado sin querer el establo.</p><p>�T� tambi�n apestas �dijo Maldred, bajando la mirada y arrugando la aguile�a nariz.</p><p>El hombrecillo sacudi� la encapuchada cabeza violentamente, apart�ndose del arroyo, pero Maldred lo levant� del suelo con una mano y le arranc� la ahumada t�nica con la otra. La jupak y una peque�a bolsita cayeron al suelo, y bajo la chamuscada tela apareci� una criatura.</p><p>Ten�a menos de un metro de altura y la figura de un hombre, pero se parec�a m�s a un cruce de rata y lagarto, con una piel de un marr�n oxidado que era una mezcla de escamas y piel. Su hocico atrofiado, parecido al de un perro, ten�a un leve atisbo de bigotes rojizos que crec�an de cualquier modo desde la mand�bula inferior cuyo color era casi igual al de las largas orejas puntiagudas como las de un murci�lago que insinuaban una ascendencia goblin. Un kobold, Traj�n era un pariente pobre de la antigua y m�s poderosa raza goblin, que a menudo empleaba a los de su raza como soldados de infanter�a y lacayos por todo Khur y otras zonas despobladas de Krynn. Ten�a unos ojos peque�os y brillantes bajo un par de curvados y cortos cuernos blancos, que reluc�an como ascuas ardientes.</p><p>�Por favor, Maldred �implor� Traj�n con su fina y chirriante voz, y su cola parecida a la de una rata se agit� nerviosa�. Sabes que no me gusta el agua. No s� nadar y�</p><p>Maldred salt� una fuerte y profunda carcajada y lanz� al kobold al arroyo.</p><p>�Oc�pate de que se limpie tras las orejas, �quieres Rikali? �Dicho esto, el hombret�n se acomod� bajo un �rbol, con las manos apoyadas sobre el saco y la mochila que Dhamon hab�a llenado. A los pocos instantes, dorm�a ya.</p><p>�Esa dama �insisti� Rikali cuando hubo terminado de lavar la espalda de Dhamon, y su voz era suave para no despertar a Maldred y a Traj�n que, como un perro, estaba enroscado ahora entre los pies de su grandull�n compa�ero�. �Crees que nos seguir�? Parec�a tan� enfadada.</p><p>��Celosa?</p><p>La semielfa sacudi� la cabeza, y el agua sali� despedida en un arco de la larga melena que le llegaba hasta la cintura.</p><p>��Yo, celosa? �Qu� va, amor!</p><p>�Siempre est�s celosa, Riki. Adem�s, Fiona est� con Rig, lo ha estado desde que la conozco. Lo �ltimo que o� fue que iban a casarse este oto�o, el d�a del cumplea�os de ella.</p><p>�Conoces su nombre de pila�</p><p>�Dije que <emphasis>�ramos</emphasis> amigos. Rig era el hombre de piel oscura que la acompa�aba.</p><p>Dhamon hab�a dado la espalda a la mujer y estudiaba algo que estaba en el agua. Separ� las piernas y se inclin� ligeramente, dejando que las manos se hundieran silenciosas bajo la superficie.</p><p>��El tambi�n es un Caballero de Solamnia?</p><p>��En absoluto! Chisst.</p><p>�En absoluto �ri� con disimulo ella.</p><p>La semielfa lo observ� con atenci�n y luego hizo una mueca burlona al ver que �l intentaba sin �xito atrapar un pez que pasaba por entre sus piernas. Gotas de agua salieron despedidas por el aire describiendo un arco cuando �l azot� la superficie y maldijo en voz baja.</p><p>Veloz como el rayo, la mujer hundi� el delgado brazo en el arroyo, para sacarlo a continuaci�n con una trucha ensartada en sus u�as, que arroj� a la orilla.</p><p>�T� hab�as sido un caballero, Dhamon Fierolobo. O al menos eso afirmas.</p><p>�No un sol�mnico �repuso �l, observando el pescado que se agitaba.</p><p>�Y no estoy celosa �arrull� Rikali acerc�ndose m�s a �l, y haci�ndolo girar para colocarlo de cara a ella. El dedo de la semielfa se desliz� al frente para eliminar una mancha de la nariz del hombre�. �Tengo motivos para estarlo?</p><p>Dhamon no dijo nada, pero la atrajo hacia s�.</p><p>Dhamon despert� poco despu�s del mediod�a y apart� con suavidad el brazo de Rikali de su pecho. Rod� a un lado y extendi� la mano para coger sus pantalones, pero, antes de que pudiera acabar de vestirse, una oleada de dolor lo embarg� y su mano sujet� con fuerza la escama de su pierna, mientras hund�a los talones en el suelo. Daba la impresi�n de que unas u�as se hund�an en su carne, y se mordi� el labio inferior para no chillar, resistiendo as� el dolor durante varios minutos. La piel le ard�a y sus m�sculos se agarrotaron.</p><p>Se convenci� de que no era tan malo. Aproximadamente dos a�os antes un moribundo Caballero de Takhisis se hab�a arrancado la escama de su propio pecho y se la hab�a colocado a �l.</p><p>Dhamon luch� por mantener la conciencia mientras su mente lo propulsaba de regreso a un claro de un bosque de Solamnia. Se vio arrodillado sobre un caballero negro, sosteniendo su mano e intentando ofrecer un poco de consuelo en aquellos �ltimos instantes de vida. El hombre le hizo una se�a para que se acercara m�s, solt� la armadura de su pecho y mostr� a Dhamon la enorme escama incrustada en la carne situada debajo; luego, con dedos torpes, el caballero consigui� arrancar la placa y, antes de que el otro se diera cuenta de lo que suced�a, el moribundo la hab�a colocado sobre el muslo de Dhamon.</p><p>La escama se adhiri� alrededor del muslo y como un hierro candente se clav� en su carne indefensa. Fue la sensaci�n m�s dolorosa que Dhamon hab�a experimentado en su vida. La escama ten�a el color de la sangre reci�n derramada entonces, y Malys, la hembra de Drag�n Rojo y se�ora suprema de la que proven�a, la usaba para dominar y controlar a la gente. Meses m�s tarde, un misterioso Drag�n de las Tinieblas, junto con una hembra de Drag�n Plateado que se llamaba a s� misma Silvara, llevaron a cabo un antiguo conjuro para romper el control de la se�ora suprema. A ra�z de eso la escama se torn� negra, y poco despu�s empez� a dolerle de modo regular. Al principio, el dolor era poco frecuente y fugaz.</p><p>Dhamon se dec�a que el dolor era preferible a estar controlado por un drag�n, pero �ltimamente los espasmos hab�an empeorado y duraban m�s tiempo. Observ� que Maldred lo miraba, y con su expresi�n el hombret�n le preguntaba si se encontraba bien.</p><p>Le devolvi� la mirada, pero sus ojos fijos mostraban una expresi�n indiferente e implacable, ocultando sus pensamientos, sus sentimientos, manteni�ndolo todo en secreto. Luego parpade�, cuando el dolor desapareci� por fin. Extendi� la mano hacia el odre que Maldred le hab�a dado, tom� un buen trago y volvi� a colocar el corcho.</p><p>��Duele? �pregunt� el gigante.</p><p>�A veces. �ltimamente �respondi� �l, poni�ndose en pie con cautela.</p><p>Los ara�azos de su pecho y brazos empezaban a cicatrizar, se hab�a afeitado, sus cabellos estaban peinados y atados en la nuca con una tira de cuero negro� obsequio de la semielfa, y su rostro ten�a un aspecto juvenil con la melena sujeta hacia atr�s.</p><p>�Tal vez podr�amos encontrar un sanador que� �insinu� no obstante Maldred, rehusando abandonar su expresi�n preocupada.</p><p>�Un sanador no puede hacer nada. Lo sabes �Dhamon cambi� de tema, se�alando la mochila y el saco de cuero y el peque�o mont�n de bolsas de monedas que hab�a sacado de sus pantalones, y los sacos llenos de monedas producto de los hurtos de sus compa�eros�. Un excelente bot�n �declar�. Una peque�a fortuna.</p><p>El otro asinti�.</p><p>�Joyas de oro tachonadas de piedras preciosas, gran cantidad de monedas, perlas. Suficiente, esperemos, para adquirir�</p><p>�No suficiente �interrumpi� Maldred categ�rico�. Ni se acerca, Dhamon. Lo conozco.</p><p>�Entonces el hospital� todo ese riesgo� fue perder el tiempo.</p><p>�No sab�amos si habr�a mucho o poco guardado all� �repuso el hombret�n, meneando la cabeza�. Lo hiciste muy bien.</p><p>�No es suficiente �repiti� Dhamon.</p><p>�Ah, pero podr�a ser suficiente para pagar una audiencia con �l.</p><p>El otro frunci� el entrecejo.</p><p>Maldred se�al� con la mano el bot�n, luego abri� su mochila e introdujo en ella las bolsas m�s peque�as, dejando fuera una de las bolsas de monedas de mayor tama�o y arroj�ndosela a Dhamon. Tras unos instantes, volvi� a meter la mano en el interior y seleccion� una segunda bolsa.</p><p>�Ser� mejor darle �stas a Rikali y a Traj�n por sus molestias. �Indic� con la cabeza a la pareja, que dorm�a profundamente unos metros m�s all�, cerca ahora el uno del otro�. De lo contrario, no dejar�n que lo olvidemos jam�s.</p><p>Dhamon ech� una breve ojeada a Rikali, vio c�mo sus p�rpados aleteaban en un sue�o, luego se desperez� y se volvi� de nuevo hacia su compa�ero.</p><p>��Cu�nto tiempo debemos dejarlos dormir? S� que a Riki no le preocupa que los enanos vengan tras de nosotros, pero yo no estoy tan tranquilo. En especial con respecto a la Legi�n de Caballeros de Acero. No dejar�n esto sin vengar.</p><p>Maldred ech� una veloz mirada al lugar por el que hab�an llegado. Lejos del arroyo el terreno ten�a un aspecto tan seco e inh�spito como cualquier desierto.</p><p>�Ah, amigo m�o, �ste es un lugar de lo m�s agradable, podr�a pasarme unos cuantos d�as bajo este �rbol. Es el lugar m�s fresco y m�s tranquilo que he conocido en bastante tiempo. �Su rostro aparec�a sereno, casi bondadoso, mientras contemplaba el arroyo y segu�a el avance de una hoja que flotaba en �l, pero enseguida se nubl� mientras a�ad�a con el entrecejo fruncido�: Pero no te preocupes, amigo, tal ociosidad no puede ser. No podemos permitirnos permanecer en un mismo sitio mucho tiempo. No gente como nosotros. No aqu�. Debido a esos caballeros y a otros en cuyo camino nos hemos cruzado. Y, m�s importante a�n, porque todav�a tenemos bastante trabajo por delante.</p><p>��Tienes un plan? �Dhamon lade� la cabeza.</p><p>�Oh, s� �asinti� �l.</p><p>�Sea el que fuere, tendremos que movernos deprisa. �Los oscuros ojos de Dhamon centellearon.</p><p>�Desde luego.</p><p>La semielfa emiti� un sonido, rodando sobre su espalda al tiempo que los delgados brazos se mov�an como las alas de una mariposa.</p><p>�De modo que este plan� �apunt� Dhamon, cuando estuvo seguro de que Rikali segu�a dormida.</p><p>�Nos proporcionar� grandes riquezas. Joyas, amigo m�o. Algunas tan grandes como mi pu�o. �Maldred sonri� de oreja a oreja, mostrando una enorme boca llena de nacarados dientes uniformes�. No nos encontramos demasiado lejos de un valle en Thoradin, al norte y al oeste, protegido por las elevadas cimas.</p><p>��Una mina?</p><p>�Como quien dice. Tardaremos una semana en llegar all�. Menos, tal vez, porque estos caballos son muy buenos. Tomaremos ese sendero. �Su dedo se�al� una l�nea que discurr�a por entre las colinas; a continuaci�n dispuso los odres en su cinto y ajust� la espada de dos manos a su espalda�. Obtendremos suficiente para adquirir lo que quieres y con toda seguridad nos quedar� a�n un buen pellizco.</p><p>�Eso de ah� es una calzada comercial �dijo Dhamon.</p><p>�Donde es muy probable que encontraremos el carro de alg�n mercader �a�adi� el otro, con un centelleo en sus ojos color de avellana�. Necesitaremos algo en que transportar nuestras riquezas.</p></section><section><title><p>3</p><p>Un golpe de suerte</p></title><p>�Preferir�a no matarte.</p><p>Maldred estaba de pie en el centro de un sendero muy transitado que atravesaba el coraz�n de las monta�as Khalkist. Llevaba el pecho desnudo, con la camisa de gamuza atada alrededor de la cintura, y el sol del mediod�a achicharraba su ya tostada piel y provocaba gotas de sudor que descend�an despacio por su pecho y se acumulaban en el cintur�n de sus pantalones. La constante brisa que jugueteaba en sus cortos cabellos rojizos hac�a girar el polvo alrededor de sus botas en forma de tormentas de arena. El hombret�n sujetaba la espada de doble empu�adura en sus h�medas manos, sosteni�ndola como si no pesara m�s que una ramita y apuntaba con ella a un hombre entrecano cargado de espaldas que ocupaba la plataforma del conductor en un carro cubierto por una abultada lona.</p><p>�Tu muerte no me servir�a de nada, anciano.</p><p>El hombre farfull� algo pero no dijo nada, sujet� las riendas con m�s fuerza y contempl� a Maldred con incredulidad; luego parpade� varias veces, como si con ello pudiera hacer desaparecer al hombret�n.</p><p>�Ahora �advirti� �ste.</p><p>�Por todos los dioses desaparecidos, no �dijo el hombre, no en respuesta a la orden de Maldred, sino a la inconcebible y muy real situaci�n en que se hallaba�. Esto no puede ser real.</p><p>�Es tan real como este condenado verano sin lluvia. Baja del carro. Ahora. Antes de que pierda la paciencia.</p><p>��Abuelo no lo escuches! �Un joven larguirucho sac� la cabeza a trav�s de una abertura en la lona y trep� a la parte delantera�. Es un �nico hombre.</p><p>�Deber�a escucharlo, hijo.</p><p>Dhamon sali� de detr�s de una roca, espad�n en mano, con la hoja capturando la luz solar y reflej�ndola con tanta fuerza que el anciano entrecerr� los ojos. Ten�a la piel enrojecida y despellejada en los hombros, las mejillas y la nariz, y el resto de su sudorosa piel estaba tan oscurecida por el sol que parec�a tallada en cedro aceitado. Ten�a un aspecto descuidado y primitivo, con los pies descalzos, restos de finas costras en el pecho desnudo, y cubierto s�lo con unos pantalones hechos jirones, que no ocultaban precisamente la extra�a escama de su pierna. No se hab�a afeitado desde que Rikali se ocupara de �l, de modo que su barbilla aparec�a sombreada, oscurecida por su nueva barba. Cuando sus labios se curvaron hacia arriba en un gru�ido y entrecerr� los oscuros ojos, el joven se estremeci�.</p><p>Rikali se desliz� desde detr�s de un afloramiento rocoso en el otro lado del desfiladero, con un largo cuchillo extendido y apunt� al hombre de piel oscura sentado en lo alto del segundo carro. Traj�n se encontraba junto a ella, gru�endo y ara�ando el aire en un razonable esfuerzo por parecer amenazador.</p><p>�Baja, anciano, y levanta las manos. �La voz de Maldred era firme y autoritaria�. Y di a los otros que hagan lo mismo. Vuestras vidas valen m�s que lo que sea que transport�is. Necesitamos vuestra cooperaci�n. No quiero tener que decirlo otra vez.</p><p>Hab�a tres carromatos parados en el desfiladero, cada uno pesado y arrastrado por varios enormes caballos de tiro. Un <emphasis>hallazgo suntuoso</emphasis>, hab�a declarado Rikali cuando divis� la peque�a comitiva durante su excursi�n de reconocimiento.</p><p>El anciano trag� saliva con fuerza y solt� las riendas. Susurr� algo al muchacho y descendi� del carro con paso inseguro, temblando de miedo y paseando la mirada de un lado a otro entre Maldred y la extra�a criatura kobold. El joven lo sigui� hasta el suelo, mirando enfurecido al gigant�n y arrojando preocupadas ojeadas en direcci�n a Dhamon.</p><p>�Bandidos �resoll� el anciano cuando recuper� la voz de nuevo�. Nunca me hab�an robado en mi vida. Jam�s. �En voz m�s alta, dijo�: Es mejor que hagas lo que dicen, hijo. �Todos fuera! �Mirando a Maldred a�adi�: No hagas da�o a ninguno de los m�os. �Ni a uno! �Me oyes?</p><p>�Apartad las manos de los costados �continu� el hombret�n, haciendo una se�a con la cabeza a Dhamon, quien, en respuesta, se adelant� con cautela y cogi� un delgado cuchillo del cinto del anciano, que arroj� lejos a un lado del camino, sin dejar de observar con atenci�n al joven por si llevaba armas.</p><p>�Ahora colocaos aqu�. Y no habl�is �orden� Dhamon. Hizo un gesto con la espada al lado opuesto del sendero, donde una gris�cea pared rocosa se alzaba hacia el brillante y despejado cielo azul�. Todo lo que quiero o�r es el sol tostando vuestros miserables rostros.</p><p>Traj�n se precipit� a la parte posterior de la peque�a caravana, jupak en mano, us�ndola para empujar a los restantes comerciantes fuera del carro. El hombre que descendi� en �ltimo lugar se mov�a demasiado despacio para el gusto del kobold, de modo que �ste lo golpe� detr�s de las rodillas. El hombre cay�, y Traj�n lo azot� con su arma unas cuantas veces. El ca�do se alz� a toda prisa.</p><p>Sin su encapuchada capa, que Rikali hab�a dicho que deb�a tirar porque ol�a tan mal, el kobold ofrec�a un aspecto aterrador a los humanos, a pesar de su peque�o tama�o. Escupi� a una corpulenta mujer de mediana edad que sujetaba con fuerza un saco de lona ante ella, y se�al� con la jupak, indicando que deb�a soltarlo en el suelo. Ella sacudi� la cabeza con energ�a, lo agarr� con m�s fuerza, y chill�:</p><p>��Demonio!</p><p>�D�jala �dijo Rikali acerc�ndose al kobold�. Hay muchas otras cosas para nosotros. Deja que la vieja se quede con su preciosa antigualla. �Lanz� una risita ante su propio agudo sentido del humor.</p><p>Rikali y Traj�n empujaron a los comerciantes hacia delante. Eran nueve en total, ocho de ellos adultos, y a juzgar por su piel oscura, dos eran ergothianos como Rig, que se hallaban muy lejos de su hogar. Todos alternaban expresiones de temor con maldiciones musitadas. El hombre de pelo canoso era quien las pronunciaba en voz m�s sonora.</p><p>��No pod�is ganaros la vida honradamente! �Qu� verg�enza! �mascull�.</p><p>�Esto es bastante honrado para nuestro gusto �replic� Rikali. Hizo que los comerciantes formaran una hilera y examin� a cada uno con atenci�n, alargando la mano veloz para agarrar el brazo de uno de los ergothianos�. El brazalete de plata. Qu�tatelo. Eso es. Ahora entr�gamelo. Sin trucos. Despacio. Ah, es una belleza. �Intent� deslizado en su mu�eca, pero result� demasiado grande, de modo que llam� a Traj�n a gritos, y �ste fue hacia ella corriendo y le sujet� el brazalete alrededor de la rodilla, justo por encima del borde de la bota.</p><p>�De nada, Riki querida �dijo el kobold, sonriendo ampliamente, cuando varios de los comerciantes lanzaron una exclamaci�n ahogada al comprobar que la diab�lica criatura era capaz de hablar.</p><p>��Traj�n! �Esta vez era Dhamon quien llamaba�. Registra los carros. Aseg�rate de que no haya sorpresas en su interior.</p><p>Dhamon y Maldred volvieron toda su atenci�n a la fila de mercaderes sudorosos y derrotados que buscaban cierta misericordia.</p><p>Dhamon contempl� burl�n a los ergothianos y tamborile� con los dedos de la mano libre sobre su cintur�n. Sus ojos se entrecerraron, como dici�ndoles <emphasis>dadme una excusa para pelear</emphasis>.</p><p>�No hay necesidad de que nadie resulte herido �dijo Maldred, inspirando cierta tranquilidad a los comerciantes.</p><p>Unos cuantos se relajaron ante sus palabras, pero los ergothianos contemplaron a Dhamon con cautela. El anciano mostr� un poco de valent�a y hundi� los talones en el borde del sendero.</p><p>��Herido? �Robarnos no es hacernos da�o? Est�is cogiendo todo lo que�</p><p>�Chist, Apryl �susurr� la mujer corpulenta�. No los provoques. Tienen a un peque�o diablo como servidor.</p><p>La monta�a retumb� de improviso. Pero en lugar de disiparse r�pidamente, el temblor creci� en intensidad, derribando al anciano al suelo y provocando que Dhamon y todos los dem�s se tambalearan intentando mantener el equilibrio. Traj�n estaba introduci�ndose en el carromato que iba en cabeza cuando se inici� la sacudida, y lanz� un juramento agudo en su curiosa lengua al golpearse la cabeza contra una caja del interior. Volvi� a maldecir y sac� la cabeza por debajo de la solapa de lona, aullando en un curioso idioma gutural.</p><p>�No es nada �consol� el hombret�n al kobold�. Un ligero temblor. Ocurre todo el tiempo en las Khalkist, desde la Guerra de Caos.</p><p>�No es un temblor. �Es la tierra que est� enojada con vosotros! �interpuso la mujer corpulenta�. �Robar a la gente decente! �Los esp�ritus de los dioses est�n furiosos con vosotros! �Retrocedi� al instante y encorv� los hombros, asustada ante los bandidos y temerosa de que sus palabras pudieran provocarlos.</p><p>Los otros tambi�n parec�an acobardados, con excepci�n del anciano que segu�a con su expresi�n enfurecida mientras Maldred explicaba que hab�a un arroyo a unos dos d�as de camino a pie, tal vez un poco m�s, donde podr�an beber y pasar la noche, antes de seguir adelante. Les arroj� su odre de mayor tama�o para que lo compartieran con frugalidad hasta que llegaran all�. Y m�s all� de aquel lugar, sigui� el hombret�n, hab�a un sendero en direcci�n sur que los conducir�a a una u otra de dos poblaciones enanas, si bien la m�s lejana podr�a disponer de menos alojamientos.</p><p>�Pero, sin duda conoc�is esas ciudades �termin�. Seguramente os dirig�ais a una de ellas o a un asentamiento humano de mayor tama�o que est� m�s al sur.</p><p>�No. Se dirig�an a la costa �supuso Dhamon, sonriendo d�bilmente cuando una mirada hosca del joven confirm� que su sospecha era correcta. Pase� ante los ergothianos, observando que tambi�n ellos se hab�an relajado un poco; todo bravatas, se dijo�. Tal vez a Kalin Akphan. Es bastante grande. Llevan mercanc�as suficientes para vender a alg�n capit�n de barco all�. En especial con todos estos caballos.</p><p>�Bien, pues �indic� Maldred�. Os hemos ahorrado un largo viaje, �no es as�? La costa est� a una distancia considerable, demasiado lejos para viajar hasta all� con este calor.</p><p>�As� que pod�is darnos las gracias �se mof� Rikali; hundi� la punta de la bota en el pedregoso terreno y lo removi�. Desde luego, hemos�</p><p>Se detuvo al distinguir un destello de oro que surg�a de debajo de la manga de un ergothiano, y se acerc� m�s para examinarla. En un santiam�n, el hombre, que hab�a parecido tan condescendiente, se abalanz� sobre ella y consigui� agarrarla, haci�ndola girar hacia �l al tiempo que le arrebataba el cuchillo de la mano. El mercader, sorprendentemente fuerte, apoy� la afilada hoja del arma bajo la garganta de la mujer.</p><p>��Quieto! �grit� a Maldred.</p><p>��Su�ltala! �espet� el hombret�n�. �Ahora!</p><p>�No todos los comerciantes son presas f�ciles �replic� el ergothiano�. �No entregamos nuestras mercanc�as f�cilmente a los bandidos! �Su compa�ero introdujo las manos bajo la camisa y sac� dos dagas de hoja ondulada de unas fundas ocultas�. O�mos hablar de robos por estos senderos y venimos bien preparados. �Ahora retroceded vosotros! �Y soltad las armas!</p><p>Maldred y Dhamon no se movieron, y ninguno de ellos hizo el menor gesto de soltar las armas.</p><p>�Si la matas �dijo Dhamon tajante�, s�lo significar� menos gente entre la que dividir el bot�n. �Observ� la expresi�n enfurecida de Riki pero mantuvo la expresi�n indiferente�. Adem�s, se pasa el d�a quej�ndose. Y nos ir�a bien un poco de silencio.</p><p>Tras lo que parecieron varios minutos largu�simos, en los que el �nico sonido era el viento susurrando por el desfiladero, Dhamon movi� los hombros, una se�al dirigida a Maldred de que hab�a evaluado a los ergothianos y estaba listo.</p><p>El hombret�n dio un paso en direcci�n a los dos hombres, observando a los otros comerciantes con el rabillo del ojo.</p><p>�Estar�is muertos antes de que pod�is cortarle el cuello �afirm�. Soy m�s r�pido que vosotros. Y realmente preferir�a no mataros. Sin duda ten�is parientes en alguna parte que preferir�an que siguierais con vida. As� pues, �por qu� no solt�is las espadas? Vivir�is para ver el d�a de ma�ana.</p><p>Los ergothianos mantuvieron su posici�n por un segundo, luego Dhamon se encogi� forz�ndolos a la acci�n. El que empu�aba las dos dagas arremeti�, y Maldred describi� un arco con su espada sin el menor esfuerzo y reban� el brazo derecho de su atacante. La extremidad cay� al suelo, y el ergothiano se desplom� de rodillas, aullando y sosteniendo el mu��n mientras la sangre rociaba a los horrorizados mercaderes.</p><p>Al mismo tiempo, su compa�ero apret� el cuchillo contra la garganta de Rikali, pero la semielfa fue m�s r�pida, y antes de que el hombre pudiera degollarla, la mujer extendi� velozmente sus manos hacia arriba para sujetar el brazo. Lanzando toda su energ�a y peso contra �l, la semielfa consigui� bajar el brazo de su adversario, y se escabull� en el mismo momento en que Dhamon se adelantaba y bland�a su arma, hundi�ndola profundamente bajo las costillas del ergothiano y acabando con su vida al instante.</p><p>La mujer corpulenta chill� aterrorizada, y el muchacho entr� en acci�n entonces, batiendo los pies con energ�a sobre la grava hasta llegar junto a Maldred. El joven se lanz� contra la espalda del hombret�n y lo sujet� rode�ndole el grueso cuello con los brazos, sin hacer caso de los atemorizados gemidos de su abuelo. Rikali gir� en direcci�n al cad�ver, le arranc� la mu�equera de oro de la mu�eca y se la introdujo en la parte alta del brazo; luego recuper� su cuchillo.</p><p>Dhamon sostuvo la ensangrentada espada en posici�n de ataque, indicando a los comerciantes que permanecieran en fila o ser�an los siguientes en morir.</p><p>�No soy tan caritativo como mi grandull�n amigo �sise�. No tendr� reparos en matar a cualquiera de vosotros.</p><p>Todos obedecieron nerviosamente, con los ojos clavados en la escena que se desarrollaba ante ellos, mientras el anciano rogaba por la vida de su nieto. Los brazos del muchacho rodeaban el cuello de Maldred, y sus rodillas aporreaban la espalda del gigante; pero �ste parec�a insensible al ataque.</p><p>Rikali se desliz� detr�s de la pareja y arranc� al joven, arroj�ndolo al suelo al tiempo que le oprim�a el est�mago con el tac�n de la bota.</p><p>�Lamentar�a ver como Maldred te mataba, chico �sise�, agitando el cuchillo para dar m�s �nfasis a sus palabras�. Nos mantendr�a en vela durante d�as atorment�ndose por ello, quej�ndose de lo sagrada que es la vida y toda esa porquer�a. Claro que Dhamon podr�a hacerlo y evitar esa pena a Maldred. �El muchacho forceje� un instante m�s, hasta que la mirada g�lida de la mujer lo acall� y se qued� inm�vil.</p><p>��Traj�n! �Dhamon limpi� la sangre de su espada en la camisa del ergothiano muerto�. �Qu� encontraste?</p><p>La cabeza del kobold asom� por el segundo carro, con una gorra roja descansando desgarbadamente sobre su peque�a cabeza.</p><p>��El primero est� repleto de ropas y cosas as�! �chill�, ululando cuando Rikali lanz� un hurra�. Este tiene comida y alcohol y haar�mo�sas pipas de fumar. �Exhibi� una muestra exquisitamente tallada de un anciano con barba, cuyo tubo surg�a de su cabeza�. Pipas para m�, tabaco. Mucho tabaco. Hay unas cajas en las que no puedo meterme. Tienen muchos clavos. �Sali� raudo del carromato y corri� hacia el tercero�. A lo mejor nuestra suerte mejorar� aqu�.</p><p>�Ropas. Bien. Necesitas ropas �indic� Rikali a Dhamon�. Y a ti tambi�n te ir�an bien algunas �a�adi� en direcci�n a Maldred�. Desde luego, yo siempre puedo� �Hizo una mueca, y el ergothiano que hab�a perdido un brazo gimi� con m�s fuerza�. �C�llate! �Salt� sobre �l y lo golpe� en la cabeza con el mango del cuchillo, dej�ndolo sin sentido.</p><p>El hombre qued� tumbado en un charco cada vez mayor de sangre que rezumaba bajo las puntas de las botas de Rikali. Volvi�ndose hacia la rechoncha mujer, que hab�a empezado a sollozar, la semielfa a�adi�:</p><p>�Si no quieres que muera, ser� mejor que te quites un trozo de falda y ates ese mu��n. Apri�talo un poco. De todos modos, no hace falta llevar tanta ropa con este calor. �Gir� sobre los talones y se volvi� hacia Dhamon, frotando las suelas en el suelo para intentar deshacerse de la sangre�. Ahora, con respecto a las nuevas ropas�</p><p>Toda una serie de agudos chillidos procedentes del tercer carromato la interrumpi�.</p><p>�Vig�lalos �indic� a Dhamon y Maldred, satisfecha consigo misma por poder dar una orden ella, para variar�. Es un in�til, ese Traj�n. �A continuaci�n sali� corriendo hacia el sonido.</p><p>��Un monstruo! �aull� Rikali al cabo de un momento�. �Hay un monstruo horrible aqu� dentro!</p><p>Dhamon, manteniendo su posici�n, pase� la mirada por los comerciantes y la peque�a caravana, luego indic� con la cabeza el �ltimo carro, y Maldred fue hacia �l con paso lento. El hombret�n introdujo la cabeza tras el fald�n y volvi� a sacarla al punto. Rikali abandon� el carromato tras �l, sosteniendo s�lo el mango de su cuchillo. La hoja hab�a desaparecido. Traj�n la sigui� de cerca, con finos cortes recorriendo su diminuto torso.</p><p>��Cerdos! �buf� la semielfa�. Cerdos, hay una bestia de aspecto raro atada en este carro. �Dirigi� una airada mirada a los comerciantes, agitando el mango del cuchillo.</p><p>�No es un monstruo �manifest� a toda prisa uno de los hombres�. No es m�s que un animal. Dejadlo tranquilo. Por favor.</p><p>Dhamon seleccion� al gimoteante mercader y le indic� que fuera al carromato. Maldred empuj� al hombre al interior, mientras Dhamon se probaba las botas del ergothiano muerto y declaraba que le iban razonablemente bien.</p><p>Instantes despu�s, el comerciante sal�a llevando a una ins�lita criatura sujeta por una gruesa soga que le hab�a pasado alrededor del cuello. El ser era tan grande como un ternero cebado, pero se parec�a m�s a un insecto, con seis patas quitinosas y antenas que se agitaban despacio en el aire. Sus ojos negros, con aspecto de platillos, giraban a un lado y a otro para abarcarlo todo, y su peque�o hocico, que se estremec�a, estaba dirigido hacia Maldred. El animal empez� a olfatear, al tiempo que disparaba su lengua morada para lamer los bulbosos labios.</p><p>��Traedlo hacia aqu�! �orden� Dhamon�. Mal, ap�rtate de eso. O� hablar de ellos cuando estaba estacionado en Neraka. Esa cosa come metal.</p><p>�Ya lo he descubierto �se quej� Rikali�. �se era mi cuchillo favorito. Se lo hurt� a un apuesto noble en Sanction el a�o pasado. Ten�a un gran valor sentimental.</p><p>El comerciante condujo a la criatura como a un perro y la coloc� en fila junto con los mercaderes, al tiempo que parloteaba con ella en voz baja y la llamaba <emphasis>Ruffels</emphasis>.</p><p>�Quer�is que <emphasis>eso</emphasis> viva� quer�is vivir <emphasis>vosotros</emphasis>� pues empezad a andar monta�a abajo �exigi� Dhamon�. Ahora. Todos vosotros� y esa bestia. Seguid andando y no mir�is atr�s. Como dije, no soy tan generoso como mi grandull�n amigo. Realmente no me remorder� la conciencia si os mato a todos y cada uno de vosotros.</p><p>El muchacho agarr� a su abuelo y ambos empezaron a andar por el sendero, seguidos por la rechoncha mujer que continuaba sollozando hist�rica, y con dos hombres que transportaban al ergothiano herido cerrando la marcha. El hombre con el insecto mascota fue el �ltimo en moverse.</p><p>��Aguarda! �llam� Rikali, corriendo tras �l�. �Es valioso ese animalejo?</p><p>�No �respondi� �l, sacudiendo la cabeza sin dejar de andar.</p><p>La mujer entrecerr� los ojos y se rasc� la barbilla, decidiendo que el hombre la estaba insultando o, al menos, no le hab�a respondido adecuadamente. Esper� un instante y luego corri� para alcanzarlo.</p><p>�Entonces, si no vale nada, no te importar� dejarla aqu�.</p><p>�Por favor �dijo el hombre acercando la bestia hacia �l y hablando con dulzura�. Hab�is cogido todo lo que era de valor. No os llev�is a <emphasis>Ruffels</emphasis>. Es una mascota.</p><p>�Me quedar� tambi�n con esto �dijo ella, inclin�ndose al frente y arranc�ndole la soga al tiempo que empujaba al comerciante con la mano libre�. Este bichejo seguro que vale algo. Apostar�a a que s�. Lo vender� en alguna parte por una buena cantidad de monedas. �Sacudi� el pu�o ante la extra�a criatura�. Y est� en deuda conmigo por mi cuchillo de valor sentimental. �Luego hizo una se�a al hombre para que siguiera colina abajo�. Ser� mejor que alcances al resto antes de que decidamos venderte tambi�n a ti. No eres tan viejo ni tan feo. �Podr�a sacar unas cuantas monedas de acero por ti en una ciudad de ogros!</p><p>Hicieron falta unas cuantas maniobras para girar los carros en el desfiladero y enfilarlos hacia el oeste. Mientras Maldred, Dhamon y Traj�n se ocupaban de aquella tarea, Rikali inspeccion� a la criatura devoradora de metal.</p><p>�Te vender�, ya lo creo �le dijo�. Me comprar� unos hermosos anillos con las monedas. Alguien querr� a un bicho raro como t�. La gente rica siempre quiere cosas extra�as. <emphasis>Ruffels</emphasis>. Primero te cambiar� el nombre. Te llamar� <emphasis>Fee-ohn-a</emphasis>, creo. S�, me gusta eso. <emphasis>Fee-ohn-a</emphasis>, el bicho raro.</p><p>�Esto tampoco ser� suficiente, �verdad? �Dhamon hab�a estado en los carros, mirando su contenido, cogiendo cosas y acarici�ndolas con los dedos. Observ� marcas de los fabricantes en algunas de ellas, lo que en algunos c�rculos aumentaba su valor. Pero no encontr� nada que mereciera especialmente tantas molestias.</p><p>�Es valioso desde luego, pero no de algo excepcional. Y no es lo que necesitamos para tratar con cierta persona. Todav�a necesitamos visitar el valle. Pero� conozco un campamento de bandidos donde podemos vender todo esto. Deber�a conseguir a Rikali y a Traj�n suficiente para que no se quejaran durante un tiempo �indic� Maldred a Dhamon mientras se aseguraban de que los caballos de los mercaderes estaban bien sujetos�. Podr�amos sacar m�s en una poblaci�n.</p><p>�No �su compa�ero frunci� los labios en una fina l�nea, y sus oscuros ojos centellearon�. No debemos arriesgarnos a tropezamos con gentes que hubieran visto anteriormente a los mercaderes� o a otros con los que nos hayamos tropezado.</p><p>�Muy bien, pues �Maldred asinti� con la cabeza�. Nos quedaremos uno de estos carros o conseguiremos uno nuevo� que es lo que yo prefiero. En el campamento de los bandidos. Nos har� falta al menos un buen carromato para el valle.</p><p>�Las gemas que mencionaste, y la mina� �El rostro de Dhamon se torn� grave, su mirada intensa; alz� una mano para rascarse la incipiente barba de su barbilla, luego sus ojos se posaron en los de Maldred.</p><p>�Si la suerte nos favorece, ya no tendremos que robar mercaderes durante un tiempo. �sta es la primera vez que una de estas caravanas ofrece resistencia. La pr�xima vez tal vez nos tropecemos con mercenarios.</p><p>��Me muero por una buena pelea! �Traj�n danzaba alrededor del hombret�n y hacia girar su jupak�. Podemos enfrentarnos a cualquier cosa. �No es cierto, Dhamon? �Jam�s has perdido un combate!</p><p>Haciendo caso omiso del kobold, Dhamon salt� al interior del segundo carro. Hab�a un enorme barril de agua dentro, y abri� de un codazo la tapa, bebiendo profundamente y ech�ndose agua en el pecho y el rostro a continuaci�n. Tras ello empez� a arrancar las tapas de las cajas que Traj�n no pod�a abrir, en tanto que Maldred recog�a sus propios caballos y los ataba al �ltimo carro.</p><p>Un chillido los interrumpi�.</p><p>Rikali estaba en medio del sendero, insultando a la criatura devoradora de metal y agitando los pu�os. Las hebillas de sus botas hab�an desaparecido, al igual que el brazalete de su rodilla y el aro de oro del brazo. En su mano derecha no quedaban anillos.</p><p>��La matar�! �sise�. Mis joyas. �Veloz como un conejo este bicho maldito las ha cogido y se las ha comido!</p><p>El hocico de la criatura se contrajo y la lengua sali� disparada al exterior para lamer sus labios. A continuaci�n, el animal avanz� tambaleante hacia la mujer, con los ojos fijos en los anillos que centelleaban todav�a en su mano izquierda.</p><p>��Dhamon! �La semielfa se revolvi� contra �l furiosa, y sus u�as afiladas como garras ara�aron la tierna piel del ser, que profiri� un sonido sollozante y retrocedi� presurosa unos metros, aunque su nariz sigui� contray�ndose�. �Dhamon, ven aqu�!</p><p>El hombre atisbo desde el carro, sonriendo ante el apuro en que se encontraba la mujer.</p><p>��Traj�n! �El kobold acudi� a la carrera�. T� no llevas nada de metal. Coge a esa cosa y vuelve a atarla en el carro donde la encontraste.</p><p>Rezongando, el otro hizo lo que le dec�an, obteniendo algo de ayuda por parte de Maldred para subir la criatura e introducirla bajo la lona, al tiempo que se manten�a lejos de sus patas delanteras y de su boca devoradora de metal. El carromato en cuesti�n estaba sujeto mediante clavos de madera y no hab�a ni rastro de metal en todo �l.</p><p>�No conservaremos este carro �afirm� el hombret�n�. O esta criatura durante mucho tiempo. Pong�monos en marcha.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Dhamon se mov�a con mucho tiento por el sendero monta�oso, explorando en avanzadilla mientras el sol se fund�a con el horizonte y pintaba las Khalkist con un suave resplandor anaranjado. Disfrutaba con estos instantes de soledad, sin nadie que lo importunara con conversaciones triviales y preguntas que no quer�a contestar. Sin nadie que le exigiera nada.</p><p>Cuando se hallaba en compa��a de Maldred y Rikali a menudo se adelantaba, como hac�a ahora, para ver si hab�a alg�n obst�culo en la ruta que seguir�an por la ma�ana. O si hab�a extranjeros en la zona que pudieran molestarlos durante la noche. Era su excusa para obtener un poco de silencio y paz.</p><p>No obstante la cercan�a del atardecer, el calor no parec�a disminuir. El aire estaba enrarecido a esa altura en las monta�as y, unido a la temperatura, Dhamon lo encontraba un tanto fastidioso. Se detuvo para descansar sobre una roca plana, rebuscando en su bolsillo para localizar un pedazo de caramelo. Traj�n hab�a encontrado un peque�o saco lleno de dulces en uno de los carros de los comerciantes, y Dhamon se asegur� de que se repartieran, antes de que el kobold se las arreglara para devorarlos todos.</p><p>Durante un buen rato, contempl� fijamente el sol que se desvanec�a, aspirando tan profundamente como le era posible y saboreando el az�car de su lengua. Luego ech� una ojeada al camino, que ten�a la anchura justa para que pasara el carro. Tomar�an la bifurcaci�n hacia el norte, seg�n las instrucciones de Maldred. El hombre al que necesitaba ver se hallaba al sur, pero exist�a la cuesti�n de obtener m�s riquezas antes de que pudieran tomar esa senda.</p><p>La bifurcaci�n hacia el norte parec�a menos transitada, con matorrales que crec�an en algunas zonas aqu� y all�, y surcos de ruedas tan superficiales que apenas consegu�a distinguirlos. Dhamon se alej� veloz de la roca y se dirigi� hacia el norte. S�lo unos minutos, se dijo, �nicamente unos minutos m�s.</p><p>No era que a Dhamon no le gustaran sus acompa�antes, simplemente cre�a que necesitaba un poco de soledad de vez en cuando. Maldred se hab�a convertido en su compa�ero y camarada m�s �ntimo, y Traj�n pose�a unas pocas cualidades atractivas y �tiles. Rikali� bueno, ella no se parec�a en nada a Feril, la elfa a la que hab�a cortejado y en la que pensaba a menudo. Pero cuando miraba m�s all� de los maquillajes y de su constante ch�chara, Rikali estaba bien. Ella estaba all�, y Feril�</p><p>�Se fue �declar� en voz baja.</p><p>Ten�a la mirada fija en el suelo, en una hoja de �rbol que hab�a ca�do revoloteando a un lado del camino. Feril ten�a un tatuaje de una hoja de roble en el rostro. Cerr� los ojos e imagin� a la kalanesti, y el recuerdo le result� agridulce. Una parte de �l deseaba que ella estuviera a su lado, pero la mujer no aprobar�a su actual modo de vida. Sin embargo, reflexion�, tal vez le gustar�a Maldred.</p><p>Dhamon frunci� el entrecejo cuando, al doblar un recodo del sendero, se encontr� con que un desprendimiento de rocas imped�a el paso. Probablemente lo hab�an provocado los temblores, pens�, mientras escalaba el derrumbe y atisbaba por la parte superior para averiguar cu�nto trecho hab�a obstruido. Un muro de roca se alzaba en el lado este del camino, y gran parte de su ladera se hab�a desmoronado para cortar el paso. Se dio cuenta de que no habr�a excesivas dificultades m�s all� de ese punto, una vez que se hubiera apartado el mont�n de rocas.</p><p>Maldred era fuerte. Entre �l y Dhamon, y con alguna ayuda de Rikali y Traj�n, tendr�an que poder arregl�rselas sin demasiados problemas. Siempre y cuando no hubiera m�s temblores en esa zona de las monta�as. Las sacudidas lo hab�an inquietado considerablemente, pues la fuerza de la naturaleza era algo a lo que �l no pod�a enfrentarse; pero al parecer los temblores eran algo que tendr�a que soportar all�, incluidos los resultados, como ese sendero obstruido.</p><p>Dhamon se aplic� a la tarea de despejar el camino �l mismo; la actividad le produjo una agradable sensaci�n y apart� de su mente a Feril y a otras cosas que lo emponzo�aban cuando se tornaba introspectivo. Trabaj� hasta oscurecer, momento en que el calor aminor� aunque s�lo un poco. No lo hab�a despejado todo, pero lo peor ya estaba fuera del paso; podr�a volver a abordarlo por la ma�ana para finalizar la tarea. Agotado, empapado de sudor y muy hambriento, regres� sobre sus pasos por el sendero, de vuelta al lugar donde hab�a dejado a los otros acampando.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>La noche no suaviz� las facciones de Dhamon. Los �ngulos de su rostro segu�an siendo duros, los ojos oscuros, su porte indescifrable como de costumbre. La barba incipiente se hab�a espesado, y Dhamon frot� la punta de los dedos sobre ella, produciendo un sonido casi imperceptible. Su mand�bula se movi� y los m�sculos del brazo con el que empu�aba la espada se tensaron y relajaron mientras pensaba en el bot�n del carro y la venta de las mercanc�as y, en silencio, maldec�a a los comerciantes por no haber tenido m�s carromatos o algo de extraordinario valor en ellos.</p><p>�l y Maldred estaban sentados lo bastante cerca de una peque�a fogata para ver las monedas que contaban. Traj�n aparec�a de tanto en tanto para girar la carne que se asaba en el espet�n y para asegurarse de que no lo estafaban ni en cuestiones de comida ni de dinero. Rikali se hallaba en las inmediaciones, prob�ndose una prenda tras otra de las que hab�a reclamado como suyas del bot�n de los carromatos e intentando infructuosamente atraer la atenci�n de Dhamon.</p><p>�Aceptable �anunci� Maldred cuando hubo hecho cuatro montoncitos de monedas y los hubo colocado en cuatro bolsitas de cuero; dos eran m�s grandes, y arroj� una a Dhamon y at� la otra de gran tama�o a su propio cinto�. Monedas y comida.</p><p>�Bebida �a�adi� su compa�ero, abandonando sus sombr�os pensamientos; se�al� una jarra de fuerte alcohol destilado que se hallaba al alcance de su mano y estir� el brazo hacia ella, cerrando los dedos alrededor del asa�. Buena bebida.</p><p>�Y ropas nuevas, mi buen amigo.</p><p>Maldred hab�a abandonado sus calzas y su camisa de gamuza por unos pantalones livianos y una fina y ondulante t�nica del color de p�lidas azucenas. S�lo hab�a encontrado unas pocas cosas de su tama�o en los pertrechos de los comerciantes, suficiente para dos cambios de atuendo con una camisa extra y una capa que le llegaba justo por debajo de las rodillas. Aunque era s�lo unos cent�metros m�s alto que Dhamon, sus hombros eran mucho m�s anchos, su pecho, brazos y piernas gruesos y fornidos.</p><p>Dhamon tuvo m�s para escoger, y eligi� prendas caras de colores oscuros que envolv�an su larguirucho cuerpo. Tambi�n, ante la insistencia de Rikali, se hab�a quedado con una cadena de oro gruesa como un cord�n, y se la hab�a colgado del cuello, donde centelleaba bajo la luz de las llamas.</p><p>Traj�n hab�a conseguido hallar algunas ropas infantiles que se ajustaban a su talla, aunque los colores y estampados le arrancaron siseos de disgusto: azul cielo con p�jaros y setas bordados en las mangas. Por suerte, tambi�n consigui� encontrar una capa con capucha de lana de color negro de la talla de un kender, que jur� llevar puesta cuando se acercaran a la civilizaci�n, sin importar el calor que hiciera. Si bien otros miembros de su raza raramente se preocupaban por su vestimenta, Traj�n hab�a llegado a apreciar las prendas bien confeccionadas, aunque s�lo fuera porque ayudaban a disimular su raza. Farfull� que necesitaba encontrar un atuendo m�s apropiado en alg�n punto del camino y que, desde luego, no quer�a penetrar en ninguna ciudad de buen tama�o con un aspecto como el que entonces ten�a.</p><p>En aquel instante, se dispon�a a fumar en su apreciada adquisici�n, la pipa del anciano, como la llamaba. Canturreando y gesticulando con los dedos, empez� a ejecutar un sencillo conjuro. Introdujo los dedos en la tallada barba que formaba la cazoleta y apret� con fuerza el tabaco en el fondo; el hechizo ayud� m�gicamente a que el tabaco prendiera y dio unas chupadas para mantenerlo encendido, haciendo chasquear los dientes tranquilamente sobre la boquilla.</p><p>Rikali era la que hab�a salido mejor parada, seg�n su propia modesta opini�n, al descubrir toda clase de t�nicas, faldas, pa�uelos y baratijas. Llevaba ocupada m�s de una hora desde que se hab�an detenido, prob�ndose una prenda detr�s de otra y girando al comp�s de una m�sica que nadie o�a.</p><p>Las cosas que no se acomodaban a su sentido de la moda, junto con pr�cticamente todo lo dem�s que conten�an las carretas, se hab�a vendido en el campamento de los bandidos, donde Dhamon hab�a dirigido las negociaciones, obteniendo m�s de lo que Maldred hab�a imaginado posible por todo el lote. All� adquirieron un nuevo carro, uno que ten�a altas paredes laterales y una enorme lona alquitranada. Maldred opin� que era a�n m�s resistente y apropiado para el viaje al valle que los que vend�an. Y se quedaron con dos caballos de tiro para arrastrarlo.</p><p>�El sendero que quieres tomar es estrecho �le dijo Dhamon.</p><p>�Lo s�, lo he usado antes. Es mi ruta favorita para entrar en el valle. No es f�cil de recorrer y, por lo tanto, no se usa demasiado.</p><p>�Y bien, �vas a decirme exactamente qu� hay en este valle? �inst� su compa�ero�. �Diamantes, dijiste?</p><p>�S�.</p><p>��Por qu� tan reservado?</p><p>�Cre�a que te gustaban las sorpresas.</p><p>�Jam�s lo dije. Debes de estar pensando en Riki.</p><p>Maldred sonri� de oreja a oreja y sacudi� la cabeza, extendiendo el brazo para arrancar un pedazo de carne.</p><p>�Obtendremos ganancias inmensas, socio �dijo�, si podemos llevarlo a cabo. Ni me plantear�a intentarlo sin ti.</p><p>Los oscuros ojos de Dhamon centellearon, reflejando la luz y su curiosidad.</p><p>�Resultar� f�cil, creo. Todo lo que tenemos que hacer es� �Maldred pesc� a Rikali escuchando y sacudi� la cabeza�. Ser� mejor que me guarde los detalles para m� mismo hasta que lleguemos all�. �Baj� la voz hasta el punto que Dhamon tuvo que esforzarse por o�rlo�. Traj�n har� lo que queramos, ir� donde le digamos. Pero es mucho mejor que Rikali no se ponga nerviosa y alterada. Conf�a en m�.</p><p>�Con mi vida �repuso �l�. Guarda tu sorpresa un poco m�s.</p><p>El hombret�n se puso de pie y ech� la cabeza hacia atr�s para contemplar el cielo nocturno. Un aluvi�n de estrellas parpadearon desde las alturas, y �l alz� un dedo para trazar un dibujo en ellas.</p><p>�Tambi�n yo conf�o en ti con mi vida, amigo. No le hab�a dicho esto a ning�n hombre antes. Pero en los cuatro meses transcurridos desde que fuiste a parar a mi lado he acabado consider�ndote como un hermano.</p><p>Dhamon alarg� la mano hacia la jarra y la destap�, bebiendo con avidez durante un buen rato.</p><p>�Yo tambi�n he tenido� pocos amigos en los que pudiera confiar as�.</p><p>�Puedo leer tu mente, amigo �ri� el otro�. �En qu� piensas? �En Palin Majere y la m�stica Goldmoon? �Maldred dej� de trazar el contorno de las estrellas�. Yo dir�a que tus viajes a requerimiento suyo influyeron en tu car�cter Dhamon Fierolobo. Y te ense�aron el aut�ntico significado de la amistad.</p><p>�S�, es posible �asinti� �l, alzando la jarra en un brindis�. La amistad es importante. �Volvi� a tomar un buen trago y luego clav� sus ojos en los de su compa�ero, sin parpadear�. Te he contado bastantes cosas de mi pasado �dijo con calma�. Pero s� muy poco sobre ti.</p><p>�No hay mucho que contar. Soy un ladr�n, que juguetea con la magia. �Se apart� del fuego y se tendi� sobre una manta, con las manos ahuecadas detr�s de la cabeza a modo de almohada.</p><p>Traj�n corri� hacia �l, dio una �ltima chupada a su pipa, sacudi� el tabaco de su interior y, tras guardarla con cuidado, se enrosc� entre los pies del hombret�n, empezando a roncar profundamente al poco rato.</p><p>Dhamon arranc� un pedazo de carne chamuscada y lo mastic� en actitud casi pensativa. La extra�a criatura llamada <emphasis>Ruffels</emphasis> era sabrosa y tierna. �l mismo la hab�a sacrificado a su regreso del viaje de exploraci�n. Nadie en el campamento de bandidos quiso comprar el maldito animal, y �ste hab�a engullido unas cuantas joyas m�s de Rikali.</p><p>��Te gusta esto? �La semielfa se hab�a deslizado detr�s de �l, colocando un hermoso pa�uelo de seda ante sus ojos.</p><p>�Muy bonito �repuso �l, estirando el cuello y alzando la mirada hacia ella.</p><p>El rostro de la semielfa estaba profusamente maquillado, con los p�rpados y labios pintados del color de una ciruela madura, y los rizos plateados amontonados en lo alto de la cabeza y sujetos por una peineta de jade que la mujer hab�a encontrado en uno de los carros. Se cubr�a con una t�nica de color verde oscuro de tela satinada, que resultaba demasiado ajustada, aunque eso a ella parec�a satisfacerle.</p><p>��Y no crees que yo tambi�n soy muy bonita?</p><p>Dhamon asinti� e hizo intenci�n de alzarse. Pero ella le ech� el pa�uelo sobre el rostro y se dej� caer con delicadeza junto a �l, que contempl� apreciativo su algo nebulosa y celestial figura.</p><p>�Riki, eres muy bonita. �Le dedic� un atisbo de sonrisa�. Y lo sabes. No necesitas que yo te lo diga.</p><p>La mujer agit� los dedos ante �l, exhibiendo los nuevos anillos, que se hab�a quedado de las mercanc�as de los comerciantes. Hab�a intentado sin �xito convencer a su compa�ero para que le diera el viejo anillo de perlas que hab�a robado en el hospital, y tambi�n cualquiera de las mejores piezas de aquel bot�n. Pero lo obtenido en el hospital no hab�a sido dividido equitativamente. De todos modos, hab�a varios brazaletes nuevos en cada una de sus mu�ecas y alrededor de uno de los tobillos. Hab�a desechado sus botas y escogido unas sandalias de suave cuero de las que tambi�n se hab�a apropiado, y se las hab�a apa�ado para encontrar un grueso anillo de oro que se ajustara alrededor de uno de los dedos de los pies.</p><p>�No necesitas toda esa� decoraci�n �indic� el hombre.</p><p>�Ah, amor, pero s� que la necesito. �Bes� el enjoyado anillo de la Legi�n de Acero del dedo de su compa�ero�. Es m�s f�cil transportar mis chucher�as que un pesado saco de monedas. Y son mucho m�s deliciosas de contemplar que las piezas de acero acu�adas. Pero alg�n d�a cambiar� todo esto por una hermosa casa lejos de los dragones y los caballeros y este inaguantable clima caluroso. En una isla, creo. Una que capture las brisas frescas cuando el verano resulte demasiado insoportable. Una donde jam�s nieve. Una isla bella y perfecta. Estaremos solos t� y yo all� y las visitas que invitemos. Y tendremos un enorme jard�n de fresas rodeado por un campo de margaritas. �Se inclin� m�s cerca y lo bes�, permaneciendo all� un buen rato para que �l pudiera oler el dulce perfume almizcle�o que se hab�a aplicado generosamente�. Y a lo mejor tendremos un beb� o dos que acunar y ver crecer. �Se estremeci� y ri� nerviosamente�. Pero no por el momento, Dhamon Fierolobo. Soy demasiado joven para todo eso y tengo mucho mundo que ver todav�a. �Tir� del pa�uelo para soltarlo y volvi� a besarlo.</p><p>Cuando se apart�, su rostro estaba serio.</p><p>�Dime que me amas, Dhamon Fierolobo.</p><p>�Te amo, Riki. �Pronunci� las palabras, pero no hab�a ardor en ellas, y sus ojos no le devolvieron la mirada.</p><p>Ella sonri� desilusionada y acarici� los cabellos que colgaban sobre la amplia frente de su compa�ero.</p><p>�Alg�n d�a lo dir�s en serio.</p><p>Se tumbaron, acurrucados uno contra otro, pero la mente de Dhamon estaba en otra parte. Una vez m�s hab�a notado que la escama empezaba a arder. Era una sensaci�n tenue al principio, un calorcillo nada desagradable. Siempre empezaba as�, con un suave calor, hasta cierto punto casi reconfortante, que iba importun�ndolo. Al cabo de unos minutos, en ocasiones incluso una hora, el calor aumentaba.</p><p>Dhamon apret� los dientes, intentando concentrarse en las sensuales divagaciones de Rikali, pero todo lo que sinti� fue el progresivo calor. Ardiente como una llama, parec�a fundir su carne, y todo lo que o�a era el tamborileo de su coraz�n, tan fuerte en sus o�dos que resultaba ensordecedor. A continuaci�n se iniciaron los pinchazos helados que alternaron con el ardor hasta que fuego y hielo vibraron emergiendo de la escama con cada inspiraci�n que realizaba. El dolor lo consum�a. Cerr� la boca con fuerza y sinti� que sus dientes rechinaban involuntariamente, como sus dedos se retorc�an y los m�sculos de las piernas se mov�an incontrolables.</p><p>En las profundidades de su mente vio a la hembra de Drag�n Rojo y al caballero negro que, tiempo atr�s, lo hab�a maldecido con la escama.</p><p>�Qu�tatela y morir�s �hab�a dicho el guerrero, repitiendo las palabras en un susurro que son� como un coro de espectros enloquecidos.</p><p>Vio tambi�n una alabarda, la alabarda que ahora llevaba Rig, aunque en una ocasi�n hab�a pertenecido a Dhamon. Vio el arma en sus manos y c�mo descend�a sobre Jaspe Fireforge, hendiendo el pecho del enano e hiri�ndolo gravemente. Vio sus brazos que alzaban de nuevo el arma y la dejaban caer sobre Goldmoon, mat�ndola, o eso pens�. Sinti� algo entonces, en una peque�a y remota zona de su mente, pesar y horror y el deseo de estar muerto en lugar de Goldmoon.</p><p>A medida que el dolor aumentaba, observ� y observ�. Vio c�mo todo suced�a de nuevo, c�mo se desvanec�an los meses hasta el instante en que un Drag�n de las Tinieblas y �l se encontraron en una cueva, y una hembra de Drag�n Plateado us� su magia para alterar la escama. Entonces el recuerdo se esfum� a medida que el dolor se intensificaba, impidi�ndole por completo pensar en nada m�s.</p><p>Rikali se arrim� a�n m�s y bes� su h�meda frente. Las l�grimas afloraron a los ojos de la semielfa, y sus dedos se cerraron sobre su brazo.</p><p>�Pasar�, amor �dijo�. Como sucede siempre.</p></section><section><title><p>4</p><p>El valle de Caos</p></title><p>�No me extra�a que nos hicieras viajar de noche, Mal, para que nadie excepto tu gru�ona persona supiera adonde �bamos �murmuraba Rikali, su voz aguijoneando y zumbando alrededor de la cabeza de Maldred como una nube de molestos mosquitos�. Vaya, si hubiera tenido la menor idea de que ven�amos aqu� bueno, no habr�a venido. Ni tampoco Dhamon. Se lo habr�a contado todo sobre este lugar, y por una vez me habr�a escuchado. Estar�amos abrazados en alg�n lugar agradable, que no fuera tan condenadamente caluroso y seco, y� bueno, me siento tentada de dar media vuelta ahora mismo y�</p><p>��D�nde estamos exactamente? �quiso saber Dhamon, comprendiendo por qu� Maldred hab�a mantenido en secreto su destino, aunque se preguntaba ahora si no habr�a debido presionar a su compa�ero para obtener algo de informaci�n con respecto a esa misteriosa misi�n.</p><p>Descend�an con cautela por la ladera de una monta�a, Dhamon y Rikali siguiendo a Maldred y a Traj�n, intentando, con excepci�n de las farfulladas quejas de la semielfa, moverse en relativo silencio. Mantener el equilibrio era bastante dif�cil, pues por todas partes hab�a rocas afiladas alz�ndose hacia lo alto como dedos retorcidos y abundantes zonas de grava suelta que amenazaba con hacerlos resbalar hasta el fondo. Estaba oscuro, era bien pasada la medianoche, y una pincelada gris en el este indicaba que apenas faltaba una hora para que despuntara el alba.</p><p>�Por mi vida �persisti� Rikali en su voz apagada�, esto es una idiotez, Mal, es el peor plan que has sugerido jam�s. Primero Dhamon roba todas las riquezas guardadas en un hospital y luego deja bien claro que no se va a repartir correctamente, un <emphasis>abrepuertas</emphasis> lo llama. Tiene que ser una puerta enorme. D�nde est� esa puerta, quisiera saber yo.</p><p>��D�nde estamos exactamente? �repiti� Dhamon, alzando la voz.</p><p>��Chisst! �advirtieron Maldred y Traj�n, pr�cticamente al un�sono.</p><p>Dhamon se detuvo y observ� a los tres que se deslizaban monta�a abajo. Parec�a como si se dirigieran al interior de un enorme pozo negro del Abismo en el fondo del valle. A trav�s de las suelas de las botas que se hab�a procurado, percib�a el calor del verano tostando el terreno, pero aun as� se sent�a mejor de lo que se hab�a sentido en bastante tiempo. La escama no le hab�a molestado durante los �ltimos d�as y se sent�a muy animado; demasiado animado para seguir soportando las protestas de Rikali y ese misterio.</p><p>�Dime con exactitud d�nde estamos, Mal, o no doy un paso m�s.</p><p>Maldred continu� monta�a abajo, sin hacer caso de la amenaza del otro, y Traj�n se encogi� de hombros y sigui� al hombret�n. Pero la semielfa se detuvo, buf� y pos� las delgadas manos sobre sus caderas. Volvi� la cabeza por encima del hombro, la plateada cabellera ondeando al viento, y mir� airada a Dhamon.</p><p>�Estamos justo al sur de Thoradin, en pleno territorio enano. �Satisfecho? �Luego reanud� la marcha, haci�ndole una se�a para que la siguiera.</p><p>�Eso ya lo s� querida.</p><p>�El valle de Caos �a�adi�, hablando a�n en voz tan baja que �l tuvo que aguzar el o�do para o�rla�. Justo en medio del valle de Caos.</p><p>Cuando Dhamon los alcanz� por fin, Maldred indic� que hab�an descendido la mitad de la ladera y los hizo colocarse tras un enorme pe�asco.</p><p>�Nunca o� hablar de �l �mascull� Dhamon�. De este valle de� �Caos?</p><p>�Eso es porque nunca has vivido por la zona �indic� Rikali�. Eso se debe a que antes ten�as la cabeza siempre llena de ideas sobre caballeros, dragones y honor y cosas parecidas. Y de� c�mo se llamaba esa dama� Fiona. �Escupi� en el suelo y ataj� una mirada maligna de Maldred�. Vamos a morir todos, ya lo creo. Moriremos justo aqu� en este condenado valle de Caos.</p><p>El kobold parec�a nervioso, pero permaneci� en silencio, aferrando con la menuda mano una bolsa de tabaco.</p><p>�Este lugar est� gobernado por enanos �continu� la mujer, con voz m�s baja a�n�. No tiene sentido ir en busca de enanos despu�s de Estaca de Hierro.</p><p><emphasis>Jaspe Fireforge</emphasis>, pens� Dhamon, devolvi�ndole la mirada. Ese era un enano que �l hab�a considerado un amigo.</p><p>�Cerdos, pero si se supone que este lugar lo patrulla un ej�rcito de esas gentes rechonchas y peludas.</p><p>�Hay patrullas �dijo por fin Maldred, hablando en voz baja�. Pero no es un ej�rcito. Y pueden estar en cualquier parte. El valle es demasiado grande. Y los enanos no son los <emphasis>due�os</emphasis> del territorio, simplemente lo <emphasis>reclaman</emphasis>.</p><p>Dhamon le dirigi� una mirada que indicaba: �cu�l es la diferencia?</p><p>El hombret�n suspir� y mir� en derredor, luego se pas� los dedos por los cabellos y rumi� sus palabras.</p><p>�Dhamon, Thoradin anda siempre librando escaramuzas con Blode�</p><p>�Los ogros �intervino Rikali.</p><p>�� por la propiedad de este valle �continu�. Es una contienda con una larga historia, que en las �ltimas d�cadas se ha vuelto m�s encarnizada.</p><p>�Todo debido a la Guerra de Caos �a�adi� la semielfa.</p><p>�La reivindicaci�n de los ogros es leg�tima, puesto que vagan libremente por el resto de estas monta�as. En realidad, el valle deber�a pertenecerles.</p><p>�Dile eso a los enanos, Mal �musit� Rikali.</p><p>�Pero los ogros no quieren insistir sobre el asunto por el momento. No pueden. Tienen que dirigir sus esfuerzos contra dracs y draconianos y otros esbirros de la hembra de Drag�n Negro que invaden constantemente sus tradicionales territorios.</p><p>��Por qu� es tan deseable este valle? �inquiri� Dhamon.</p><p>�Espera a que salga el sol, amor �repuso Rikali�. Lo ver�s, o al menos eso es lo que se cuenta. Todos lo veremos. Y entonces todos nosotros moriremos.</p><p>Cuando se tumbaron a dormir, la semielfa se acurruc� contra Dhamon y apoy� la cabeza sobre su pecho, dici�ndole que la despertara al amanecer si los enanos no los hab�an encontrado antes. Maldred tambi�n cerr� los ojos, pero Dhamon se dio cuenta de que no dorm�a. La protuberancia de su garganta ascend�a y descend�a, sus dientes tintineaban con suavidad y sus dedos dibujaban complicados dibujos en la arena. Traj�n dirig�a veloces miradas de uno a otro de sus tres compa�eros y de vez en cuando, muy nervioso, sacaba la cabeza por detr�s del pe�asco. Dhamon dormit� brevemente y a intervalos, sin perder de vista a Mal y a Traj�n. Cuando, horas m�s tarde, el sol ilumin� lo alto de las paredes del ca��n, el kobold fue el primero en contemplarlo y lanzar una ahogada exclamaci�n de asombro.</p><p>Tambi�n Dhamon se encontr� por una vez en la vida sin saber qu� decir. La impasible m�scara se desprendi� y su rostro se ilumin� con infantil admiraci�n. Golpe� con el codo a la semielfa para despertarla.</p><p>�Olvida lo que dije antes, Mal �indic� Rikali con voz apagada, al tiempo que se proteg�a los ojos con la mano�. �sta fue una idea gloriosa. Me alegro de haberte seguido hasta aqu�.</p><p>Cristales de todos los colores imaginables salpicaban las escarpadas paredes del ca��n, capturando la luz del sol naciente para reflejarla a continuaci�n en haces de luz casi cegadores. El valle era un inmenso y deslumbrante caleidoscopio de cambiantes colores: distintas tonalidades de amatista; una exuberancia de peridotos y olivinas; hipnotizadoras agujas de cuarzo que centelleaban en un rosa brillante un instante y en un azul cielo al siguiente; diamantes que parpadeaban como hielo; gemas a las que nadie podr�a dar un nombre jam�s. Las rocosas monta�as por las que hab�an avanzando la noche anterior estaban espolvoreadas de rub�es, �palos y turmalinas y fragmentos de topacios y granates y� toda clase de piedras preciosas que normalmente no se hallar�an juntas pero que de alg�n modo lo estaban. Todas ellas en el valle de Caos.</p><p>El viento empez� a soplar con m�s fuerza a medida que el sol iba ascendiendo, y la brisa sonaba como el tintineo de campanillas mecidas por el aire mientras serpenteaba por entre las rocas, descend�a por un lado del valle, y volv�a a subir por el otro para calentar el terreno. Era un calor que, a medida que avanzaba el d�a, se convertir�a en una can�cula insoportable.</p><p>Dhamon se sinti� capturado por la natural belleza del lugar. Se protegi� los ojos con la mano y luego, parpadeando y girando, mir� en derredor contemplando la hipnotizadora exhibici�n de colores. Colores raros, inestimables, abundantes e interminables.</p><p>�Por mi vida. Esto es el para�so �declar� Rikali.</p><p>Alarg� la mano hacia un enorme cristal verde y consigui� cerrar los dedos alrededor, justo en el instante en que Maldred la agarraba por el tobillo y tiraba de ella hacia atr�s.</p><p>�Una esmeralda �anunci� la semielfa, d�ndole vueltas ante sus asombrados ojos, sin prestar atenci�n a sus rodillas ara�adas y ensangrentadas; la gema en bruto era unos cuantos tonos m�s oscura que la pintura que ella se hab�a aplicado en los p�rpados el d�a anterior�. Por mi vida, que har� que un joyero la talle para m�. �La introdujo en su bolsillo y gir� en redondo hacia Maldred, que la detuvo posando un dedo sobre los labios de la mujer.</p><p>�He estado aqu� antes, Riki �empez�, unas cuantas veces� solo. Antes era siempre s�lo mi cuello el que arriesgaba. Hay patrullas. Las he visto. Principalmente cubren lo alto del valle, atrapando a la gente que desciende mientras el sol brilla y se los ve con claridad. Ese es el motivo de que escondi�ramos el carro y los caballos.</p><p>�De modo que por eso vinimos de noche �reflexion� el kobold.</p><p>Sus diminutos ojos iban y ven�an de un lado a otro, pos�ndose en una parcela de piedras preciosas, para a continuaci�n clavarse en otra. Su mirada era como una abeja, sin descansar en un mismo sitio ni un momento y respiraba entrecortadamente debido al nerviosismo.</p><p>�Podemos evitar las patrullas �continu� Maldred�. Y los mineros. Pero hemos de tener cuidado, mucho cuidado, y estar alerta. Rikali tiene raz�n. Matan a los intrusos.</p><p>Los dedos de Rikali permanec�an en su bolsillo, con las afiladas u�as tintineando sobre los bordes de la esmeralda.</p><p>�Puedo tener cuidado �susurr�. Y puedo ser rica. Mucho.</p><p>�No me importa si algunas de estas gemas van a parar a tus bolsillos �asinti� el hombret�n�. Coge todo lo que puedas meter en tus bolsas y ropas. Pero estamos aqu� ante todo por Dhamon.</p><p>La mujer lanz� una mirada llena de curiosidad al susodicho, se volvi� y enarc� las cejas inquisitiva.</p><p>�Lo explicaremos m�s tarde �indic� Maldred.</p><p>�Lo explicar�is ahora �replic� ella, en un tono un poco m�s alto de lo que hab�a deseado.</p><p>�Tenemos que recoger todo lo que podamos del valle �prosigui� el hombret�n.</p><p>�Y utilizaremos nuestro tesoro para adquirir algo muy antiguo y a�n m�s valioso. Algo que nos proporcionar� grandes ganancias �a�adi� Dhamon.</p><p>�No imagino que haya nada que produzca m�s ganancias que esto.</p><p>�En ese caso, Riki �observ� Maldred con una ahogada risita�, no tienes demasiada imaginaci�n.</p><p>Ella frunci� el entrecejo y volvi� a mirar a Dhamon, que estaba ensimismado con la belleza del lugar. La expresi�n de la semielfa se suaviz� al tiempo que sonre�a melanc�lica.</p><p>�Por Dhamon, pues. Cualquier cosa por Dhamon.</p><p>�Y en �ltima instancia por nosotros �a�adi� el gigante�. Cargaremos nuestros sacos con las piedras preciosas m�s hermosas, nos ocultaremos tras los pe�ascos hasta que oscurezca y luego lo transportaremos todo de vuelta al carro. Lo haremos durante dos d�as, pues no podemos tentar a la suerte mucho m�s tiempo, para entonces tendremos el carromato bastante lleno y podremos dirigirnos a Bloten.</p><p>�La encantadora capital de Blode, en el coraz�n del territorio ogro �sise� Rikali, y su sarc�stica voz son� menos mordaz que de costumbre. La mujer se acerc� m�s a Dhamon�. �Qu� pueden tener los ogros que t� quieras, amor? Y �por qu� no me has hablado de ello?</p><p>�Porque no puedes guardar un secreto, querida Riki.</p><p>�Ahora pong�monos a trabajar �aconsej� Maldred�. Y recordad, tened cuidado. �Sali� a rastras de detr�s del pe�asco y descendi� a�n m�s al valle, intentando ocultarse tras los afloramientos rocosos y grandes agujas mientras avanzaba.</p><p>Se detuvo para acuclillarse entre un par de columnas naturales de granito que estaban salpicadas de pedazos de aguamarinas. Tras echar una ojeada alrededor, hundi� las puntas de los dedos en un trozo de tierra suelta que hab�a entre ellas. Un zumbido de tono agudo brot� de las profundidades de su garganta y reson� musicalmente en las columnas a modo de acompa�amiento del viento. Sus dedos removieron el polvo y, de repente, su mano derecha empez� a escarbar, cavando un agujero para dejar al descubierto un trozo de raro topacio rosa tan grande como su pu�o. Lo apart� hacia un lado y sigui� con su tarareo y su excavaci�n, encontrando m�s y m�s trozos, manteniendo el hechizo hasta que ya no pudo m�s. Apoy�ndose en una columna para recuperar energ�as, tom� un buen trago de su odre, vaci�ndolo pr�cticamente. A continuaci�n abri� un saco de lona y lo llen� con cuidado con los preciosos cristales que hab�a desenterrado.</p><p>Traj�n march� en otra direcci�n, pero asegur�ndose de tener al hombret�n al alcance de la vista para sentirse seguro. El kobold era lo bastante menudo para ocultarse con facilidad detr�s de rocas que sobresal�an del suelo, y recog�a pedazos de cristal mientras avanzaba, gir�ndolos entre los dedos en busca de imperfecciones, para desechar sin una vacilaci�n a los que no cumpl�an sus considerablemente severos criterios. Los bolsillos de sus calzas azules no tardaron en estar a punto de reventar, bastante antes de que empezara a llenar sus sacos de lona.</p><p>�Yo s� lo que es valioso, amor �dijo Rikali, indicando a Dhamon que la siguiera�. Desde luego tambi�n lo saben Mal y Traj�n. Por mi vida, que todo esto es tan maravilloso. �Le cogi� la mano, ara�ando suavemente con sus afiladas u�as la palma, y tir� de �l en direcci�n sur�. Todo esto tiene valor, pero algunos cristales son superiores.</p><p>Se�al� una hendidura, y hacia ella se encaminaron a toda prisa. Parcialmente oculta en las sombras, la semielfa aspir� con fuerza, considerando el aire mucho m�s fresco en ese lugar, y apoy� la espalda contra el pecho de Dhamon, girando la cabeza de derecha a izquierda para observar c�mo danzaban los colores.</p><p>�Es una suerte que Mal no me dijera que ven�amos aqu� �confes�. Realmente no habr�a seguido adelante. No le ment�a. Ni siquiera te habr�a seguido a ti hasta aqu�, Dhamon Fierolobo. �Le sonri� ampliamente�. Pero me alegro de que estemos aqu�. Maravilloso. No creo que los enanos deban tener todo esto para ellos solos, ni tampoco creo que deban tenerlo los ogros. Ninguna de esas criaturas de aspecto horrible pueden apreciar realmente su belleza. Son gentes belicosas y mezquinas, ya lo creo, y no se merecen algo tan exquisito como esto.</p><p>Dhamon no hab�a hablado desde que el sol hab�a ascendido, pues segu�a hipnotizado ante la visi�n de sus ojos.</p><p>�Y �qu� es eso de usar toda esta riqueza, bueno, la mayor parte de ella al menos, para comprar algo especial para ti? �Rikali le dio un fuerte codazo para romper el hechizo�. �Qu� puedes querer m�s que esto? �Hizo un adem�n con la mano�. Dime, amor. No deber�as tener secretos para m�.</p><p>�Una espada.</p><p>La mujer call�, claramente sorprendida por la respuesta.</p><p>��Una espada nos va a hacer a todos ricos? �Escupi� al suelo y sacudi� la cabeza�. Tienes una espada. Una muy bonita que robaste en ese hospital. Y que vale una buena cantidad de acero, desde luego.</p><p>�Una espada mejor.</p><p>�No existe espada por la que valga la pena renunciar a estas gemas. �Dhamon le lanz� una aguda mirada. Ella continu�: Bien, �d�nde est� esta espada? Podr�a ayudarte a robarla. Nos introducir�amos en el campamento ogro en el que est� y saldr�amos de �l sin que nadie se enterara. Y entonces t� tendr�as tu vieja espada y nosotros conservar�amos todas estas piedras preciosas.</p><p>�Robarla ser�a demasiado arriesgado.</p><p><emphasis>�M�s arriesgado que esto?</emphasis> indic� la expresi�n de su rostro. Movi� el labio inferior.</p><p>�Tiene que ser un campamento ogro muy grande. �Y no podr�as haberme contado todo esto? La verdad es que no me gusta que tengas secretos para m�. Yo no te oculto nada, Dhamon Fierolobo. Jam�s lo hago. �Se volvi� para mirarlo cara a cara�. Pero es que t� no eres otra cosa que un c�mulo de secretos, �no es cierto, amor?</p><p>Los ojos del hombre no parpadearon, y eran tan oscuros que ella apenas pod�a distinguir las pupilas. Misteriosos y rebosantes de secretos, desde luego val�a la pena perderse en ellos, pens�. Los ojos del hombre pod�an atrapar los suyos con tanta fuerza como cualquier manilla, reteni�ndolos hasta que �l quisiera romper el instante. La semielfa dese� que la mirara ahora.</p><p>Rikali tambi�n deseaba que su compa�ero estuviera tan prendado de ella como lo estaba de esos cristales. Por fin sus ojos se encontraron con los de ella, y Dhamon empez� a hacerle cientos de preguntas; no sobre ella, sino sobre ese lugar. Intentaba mantener la mente apartada de su pierna, se dijo ella con un suspiro.</p><p>�Es un producto de la Guerra de Caos �explic� ella�, o, al menos, eso se cuenta en las tabernas. �La semielfa movi� la cabeza para indicar unas gemas que sobresal�an del suelo. Se detuvo para recogerlas; las examin� y las introdujo en el bolsillo, desechando s�lo unas pocas�. Afirman que durante la guerra este valle se llen� a reventar de cristales inestimables. Oh, enanos y ogros hab�an extra�do minerales con anterioridad, encontrando algunos �palos y plata de vez en cuando y peleando por ellos, principalmente porque luchaban para expandir sus propios territorios. Pero no hab�a una aut�ntica raz�n para que todas estas piedras preciosas salieran a la superficie cuando lo hicieron. Imagino que debieron de hacerlo los dioses antes de marchar, querr�an dar a enanos y ogros un motivo por el que pelear. �Agit� la mano y suspir�. Es tan hermoso.</p><p>�Y�</p><p>La voz de Dhamon surgi� cascada pues su garganta estaba cada vez m�s seca. Rikali ten�a raz�n. La escama de la pierna hab�a empezado a escocerle, y para luchar contra esa sensaci�n, se concentraba en los relucientes cristales a fin de mantener la mente ocupada, intentando fijar la atenci�n en la voz de su compa�era.</p><p>�Los enanos reclamaron el valle, desde luego, y los ogros tambi�n lo hicieron; como Maldred dijo. Pero este agujero pedregoso se encuentra en Thoradin, que es territorio enano. Ahora bien, Blode rodea Thoradin como un guante. Y los ogros gobiernan todo Blode. As� que qui�n sabe, o le importa, a qui�n pertenece en realidad. �Cerr� la mano alrededor de un pedazo de topacio�, Pero, como Mal podr� contarte, hay muchos m�s enanos que ogros y, adem�s, los ogros tienen la preocupaci�n a�adida de la hembra de Drag�n Negro y su creciente pantano. De modo que los diminutos enanos est�n ganando esta particular guerra territorial. Y seg�n todos los relatos que he o�do, los enanos realmente poseen un ej�rcito que custodia este lugar. Codiciosos tipejos peludos. �Escupi� en el suelo�. Estoy harta de enanos, ya lo creo.</p><p>��Qu� hacen con todas estas gemas? �Dhamon oblig� a las palabras a salir, rechin� los dientes y apret� los pu�os.</p><p>�Los enanos exportan piedras preciosas y minerales a Sanction y Neraka y cada vez se enriquecen m�s. Son unos rufianes avarientos, ya lo creo. Pero tienen cuidado de no extraer demasiado de una sola vez, para mantener el precio de las gemas y esas cosas terriblemente elevado. Si sacan demasiadas al mercado, las piedras preciosas no valen tanto� oferta y demanda y todo eso, ya sabes.</p><p>Su compa�ero asinti�. Estaba sinceramente interesado en el relato de Rikali, pero cada vez le resultaba m�s dif�cil escucharla. La pierna le ard�a, y el tamborileo de su cabeza inundaba sus o�dos.</p><p>�La gente corriente se mantiene alejada de aqu�, y por un buen motivo. Amigos m�os me hablaron de cad�veres de intrusos distribuidos por la entrada del valle. Algunos retorcidos y mutilados, a los que sus parientes apenas reconoc�an. Cabezas clavadas en postes. �Se estremeci� y torci� el gesto�. No quiero morir, amor, pero de haber sabido que las historias no le hac�an justicia a este agujero en el suelo, habr�a arriesgado la vida una docena de veces antes de ahora. Por esto vale la pena correr el riesgo.</p><p>Volvi� a agacharse, y sus dedos de u�as afiladas escarbaron en los guijarros a sus pies. Con una risita nerviosa, arranc� un cristal de cuarzo rosa del tama�o de un albaricoque. Rikali lo alz� para que el sol se reflejara en sus facetas naturales, contuvo la respiraci�n y lo contempl� fijamente unos instantes; luego solt� el aire con un sordo silbido e introdujo la piedra a toda prisa en su bolsillo.</p><p>�No es especialmente valioso, �se, un poco lechoso. Pero tiene un tono bonito, y lo imagino tallado adecuadamente y bien pulido y colgado de una cadena de oro alrededor de mi cuello. S�gueme y te mostrar� c�mo reconocer las buenas piezas, las que pueden tallarse mejor. Te ense�ar� c�mo imaginarlas talladas y m�s hermosas de lo que son ahora. Te mostrar� c�mo buscar defectos.</p><p>Dhamon no se movi�. Se hab�a encajado en la grieta y cerrado con fuerza los ojos.</p><p>�Te alcanzar�, Riki �consigui� jadear�. Adel�ntate y encuentra los mejores cristales.</p><p>La semielfa dej� de parlotear y sus hombros se hundieron; se acerc� m�s a �l y le rode� la cintura con los brazos.</p><p>�Has conseguido pasar casi cinco d�as, amor, sin uno de estos ataques. Alg�n d�a vencer�s. �Lo abraz� con fuerza y sinti� que su cuerpo temblaba, mientras una compasiva l�grima resbalaba por su rostro�. <emphasis>Conseguir�s</emphasis> vencerlo �le dijo�. Lo s�. Todo ir� bien. Toma, conc�ntrate en esto.</p><p>Sostuvo la rosada gema frente al rostro del hombre, haci�ndola girar a un lado y a otro como si quisiera hipnotizarlo. �l intent� concentrarse en ella, contempl�ndola fijamente sin parpadear, al tiempo que se dec�a lo bellas que eran la piedra y Rikali, lo hermoso que era ese valle. Pero el calor creciente que sent�a en la pierna, estaba condensado en la escama, y era en cierto modo peor, diferente de otras veces.</p><p>Intent� tragar saliva, pero descubri� que su garganta se hab�a secado por completo. Intent� moverse y se dio cuenta de que estaba paralizado, que sus piernas se iban quedando sin fuerzas.</p><p>��Amor? �inquiri� la semielfa.</p><p>Dhamon extendi� la mano hacia el muslo, donde la escama quedaba cubierta por los caros pantalones negros que hab�a obtenido del robo a los comerciantes.</p><p>��Ah! �Retir� los dedos a toda velocidad. �Estaba caliente, pr�cticamente hirviendo! Y se dobl� por culpa del dolor�. Riki� �fue todo lo que consigui� articular.</p><p>�Estoy aqu� �la mujer olvid� las piedras preciosas y le rode� los hombros con los brazos, al tiempo que rozaba su mejilla con los labios�. Aguanta. Aguanta.</p><p>Dhamon se mordi� el labio inferior, maldici�ndose a s� mismo por actuar como una criatura lastimada. En la boca notaba un sabor acre del que no pod�a deshacerse, y sus pulmones ard�an. Alz� los ojos para poder ver por encima del hombro de la mujer, en un intento de localizar algo en qu� concentrarse� cualquier cosa en la que ocupar la mente y reducir el dolor.</p><p>Entonces, de improviso, su mente se vio inundada por una imagen y, como en un sue�o, vio frente a �l un muro de relucientes escamas de bronce que le devolv�an el reflejo de su rostro. Cientos y cientos de Dhamones Fierolobos. Y todas aquellas caras estaban retorcidas de dolor.</p><p>�Riki� �repiti�, alzando la mano y volvi�ndole el rostro al tiempo que se�alaba�. �Lo ves? �Las escamas? �El drag�n?</p><p>La semielfa alz� la mirada con un escalofr�o, y sus ojos divisaron algo no en el aire frente a ella, donde los ojos de su compa�ero permanec�an fijos, sino muy alto en el cielo.</p><p>��Cerdos, amor! �Hay un drag�n! Muy alto en el cielo. Es dif�cil de distinguir. No lo habr�a visto si t� no lo hubieras�</p><p>Ella se�al� y Dhamon lo vio, al tiempo que la imagen de su mente se desvanec�a. El hombre entrecerr� los ojos para mirar al brillante cielo veraniego y vio la figura que describ�a un arco sobre el valle, descendiendo y luego elev�ndose m�s y m�s y m�s, hasta que finalmente desapareci� de la vista.</p><p>Un segundo despu�s, el insoportable dolor de su pierna se disip�.</p><p>�Era un Drag�n de Bronce, Riki.</p><p>�Estaba demasiado alto para ver de qu� clase era, el sol brillaba con mucha fuerza �respondi� ella, ladeando la cabeza.</p><p>�Era un Drag�n de Bronce �repiti� �l.</p><p>��C�mo lo�?</p><p>�Lo s�, eso es todo.</p><p>Instantes despu�s sal�an de la hendidura, Dhamon un poco vacilante pero dispuesto a realizar su parte en la recolecci�n de cristales.</p><p>Decidida a mantener los pensamientos de su compa�ero alejados del extra�o episodio, Rikali sac� una daga ondulada de su cintur�n, que hab�a cogido al ergothiano que hab�a matado, y la us� para arrancar pedazos de peridoto verde. Alz� una de las preciosas gemas a la luz y empez� a explicar a Dhamon, con la habilidad de un gem�logo, cosas sobre imperfecciones y coloraci�n en el material en bruto.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Entrada la ma�ana del segundo d�a, Traj�n estaba sentado frente a un trozo de cuarzo amarillo claro con forma de redondeada l�pida sepulcral, y su larga y plana faceta reflejaba el semblante perruno de la criatura como si el kobold se mirara en un espejo de color.</p><p>El ser estir� el cuello a un lado y otro, admirando sus diminutas y rugosas facciones, luego hizo una mueca de disgusto al ver el reflejo de los p�jaros y setas bordados de sus ropas.</p><p>�Ropa de criatura �sise�. Llevo ropa de beb� humano. �Al cabo de un instante, su mueca de desagrado se convirti� en una amplia sonrisa, que dej� al descubierto sus desiguales y amarillentos dientes puntiagudos�. Un beb� �musit�. Cuchi-cuchi.</p><p>Empez� a canturrear una tonada chirriante y desafinada, mezclada con espor�dicos y sonoros gargarismos, y sus dedos recubiertos de escamas empezaron a bailotear en el aire, como si dirigiera una orquesta invisible. El aire que lo rodeaba se ilumin�, el calor se alz� del suelo y el brillo lo envolvi� como un capullo, hasta que unas motas centelleantes y refulgentes empezaron a juguetear sobre sus mejillas, creciendo y parpadeando cada vez m�s brillantes. Se trag� una risita, pues la sensaci�n del hechizo le produc�a cosquillas, y luego aument� el ritmo de su extra�a melod�a. Finalmente, la m�sica se detuvo y las motas desaparecieron, y el �nico sonido que qued� fue el del viento susurrando sobre los cristales como lejanas campanillas. En la acristalada superficie del trozo de cuarzo vio el rostro quer�bico de un ni�o humano con finos cabellos rubios y sonrosadas mejillas. La criatura abri� la boca para mostrar dos dientes superiores que empezaban a abrirse paso a trav�s de unas enc�as rosadas.</p><p>��Cuchi-cuchi! �Traj�n se introdujo el pulgar en la boca, parpade� y se retorci� alegremente.</p><p>�Cada vez lo hago mejor �se felicit� el kobold�. Ojal� Maldred pudiera verme. �Gir� el cuello para asegurarse de que el hombret�n segu�a a la vista�. �Realmente bien! �No tard� en volver a canturrear, olvidada su tarea de recoger piedras preciosas por el momento a favor de la magia; minutos m�s tarde, fue un enano gully de expresi�n alelada lo que se reflej� en el cristal�. Fien, qu� es lo que safes �dijo, imitando el sonido nasal de la forma de hablar de los gullys. A continuaci�n fue un anciano kender con profundas arrugas y un impresionante copete gris el que apareci�. Por desgracia dej� mi jupak en el carro. Completar�a la imagen.</p><p>Sin embargo, por mucho que lo intentara, el kobold no consegu�a cambiar el aspecto de las ropas. Experiment� para averiguar cu�nto tiempo pod�a mantener un rostro, adivinando que hab�an transcurrido casi diez minutos antes de que su rostro rugoso reapareciera.</p><p>�Desde luego estoy mejorando mucho �declar�. �Ahora qu�? Humm. Ya lo s�.</p><p>Volvi� a concentrarse, canturreando algo que sonaba como un canto f�nebre mientras sus dedos se retorc�an en el aire a lo largo de su mand�bula. Las motas centellearon con una luz m�s oscura, concentr�ndose alrededor de su frente, que se iba ensanchando, y la mand�bula que parec�a fundirse sobre s� misma y ampliarse. Los ralos mechones de rojizos cabellos que colgaban de su barbilla se multiplicaron y espesaron, creciendo y formando una espesa barba casta�a. Unas gruesas cejas aparecieron sobre los ojos que se agrandaban y tornaban azules como los zafiros que hab�a introducido en su saco de lona una hora antes. La nariz de Traj�n se hinchaba, para adoptar el aspecto bulboso de una enorme cebolla, y la piel cubierta de escamas se tornaba de un rubicundo color carne que resaltaba sus despuntados dientes blancos. Cuando la metamorfosis se complet�, en el cristal se reflejaba la imagen de un enano rechoncho.</p><p>�Mala suerte que Rikali no pueda verme �dijo pensativo�. Dice que est� harta de enanos. Esto le arrancar�a una buena carcajada.</p><p>Los ojos de la imagen se abrieron sorprendidos, y Traj�n trag� saliva. Por encima de su rostro reflejado en el espejo estaba la imagen de un enano aut�ntico, uno que mostraba unos entrecerrados ojos gris acero, y cuyos gruesos dedos rodeaban el mango de un hacha de armas que descend�a con fuerza hacia �l.</p><p>��Mal! �balbuce� el kobold al tiempo que se apartaba a toda velocidad.</p><p>El enano hab�a dejado caer el arma con fuerza y err� el blanco por apenas unos cent�metros, golpeando en su lugar la gema y haci�ndola a�icos. Los fragmentos acribillaron al kobold en tanto que su imagen se disolv�a como mantequilla. La criatura volvi� a rodar, chillando con voz aguda cuando el hacha hendi� su abombada manga.</p><p>��Mal! �Tenemos compa��a, Mal!</p><p>El kobold se incorpor� de un salto y empez� a gatear ladera abajo, con los pies resbalando sobre la grava mientras avanzaba. Un proyectil silb� por encima de su cabeza cuando se agach� tras una aguja de hornablenda, y arriesg� una ojeada al otro lado.</p><p>�So� son cuatro �tartamude�. Cuatro enanos furiosos. Y yo sin mi jupak.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>��ste debe de pesar casi tres libras, �no? �Rikali arroj� al aire un cristal en forma de pera que mostraba un uniforme color amarillo claro.</p><p>��Qu� es?</p><p>Dhamon lo atrap�, lo sopes� en su palma y luego lo deposit� con cuidado en su saco de lona. Utilizaba los pedazos de una capa hecha jirones para envolver los cristales de modo que no chocaran entre s� y se desportillaran. A sus pies descansaban tres sacos de lona llenos, y hab�a casi tres docenas m�s de enormes sacos cargados ya en el carro.</p><p>�Citrino �respondi� ella�. Una clase de cuarzo. No es tan valioso como algunas de las otras cosas que hemos cogido, pero �sa quedar� espl�ndida una vez tallada. De todos modos, es m�s valiosa debido a su tama�o.</p><p>��C�mo aprendiste tantas cosas sobre gemas?</p><p>�Dhamon Fierolobo �sonri� la semielfa, henchida de orgullo�, a una edad muy temprana decid� que no iba a ser pobre como mis padres. As� que me un� a una peque�a cofrad�a de ladrones. Mi padre� mis padres eran ambos semielfos� De todas maneras, mi padre me repudi�, ya lo creo, no es que a m� me importara. Dijo que no aprobaba la forma en que me ganaba la vida. Mi gente era horriblemente pobre, y apenas se ganaban la vida como pescadores en un pueblo en la costa de bah�a Sangrienta. �Mene� la cabeza como si arrojara lejos un recuerdo inoportuno, sin rastro de remordimiento en sus ojos�. La cofrad�a me instruy� en todo lo que era importante para conseguir hacerse rico. Cosas tales como el modo de reconocer las piedras buenas, c�mo saber qu� casas es m�s probable que est�n repletas de las cosas m�s valiosas, d�nde traficar con objetos robados, c�mo robar carteras y cortar bolsas de monedas del cintur�n de una persona. Seguir�a con ellos de no haber intentado robarle la cartera a Mal cuando �ste paseaba con todo su gran corpach�n por los muelles de Sanction. Me atrap�, ya lo creo, y se hizo cargo de m� y me ense�� otras cosas, como el modo de robar los carros de los comerciantes y a los bribonzuelos y a cambiar siempre de lugar. Ya no crecen ra�ces en las plantas de mis pies, tampoco debo darle un porcentaje a la cofrad�a. �Estudi� su rostro unos instantes�. �Por qu� no me lo hab�as preguntado antes?</p><p>�Supongo que no sent�a curiosidad �respondi� �l, encogi�ndose de hombros.</p><p>La mujer desech� un trozo resquebrajado de �palo, recogi� otro gran fragmento de citrino y se lo pas�.</p><p>�Me pregunto qu� tal le ir� a Mal �reflexion�, mirando al otro lado de un afloramiento de yeso para buscar al hombret�n�. Ah� est�. Ah� abajo.</p><p>Contempl� a Maldred un momento, disfrutando de la visi�n qu� ofrec�a su sudoroso cuerpo fornido, luego agit� la mano. Pero el hombre no miraba en su direcci�n, ten�a los ojos alzados y desviados a la derecha, y su mano se dirig�a hacia la enorme espada sujeta a su espalda.</p><p>�Problemas �sise� la semielfa, volviendo la cabeza para ver qu� era lo que hab�a llamado la atenci�n de su camarada�. Traj�n se ha metido en m�s problemas. Es un in�til.</p><p>Dhamon pas� corriendo junto a ella, rodeando las agujas de yeso al tiempo que soltaba su saco de gemas y sacaba la espada que llevaba al cinto.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Maldred lleg� junto a Traj�n justo en el momento en que hac�an su aparici�n otros dos enanos.</p><p>�Media docena �gru�� el hombret�n�. Y vendr�n m�s si no los eliminamos deprisa. De todos modos podr�a haber m�s de camino. �Evalu� inmediatamente a sus adversarios�. Qu�date agachado �indic� al kobold.</p><p>Enseguida se encontr� esquivando proyectiles disparados por las ballestas de los enanos, moviendo la espada de un lado a otro para detener algunos que <emphasis>golpeaban</emphasis> contra la hoja mientras �l gateaba por la grava suelta y las gemas. Cuando estuvo m�s cerca, se ech� la espada al hombro, se agach� y recogi� un pu�ado de piedras, echando el brazo atr�s para arrojarlas contra el enano m�s pr�ximo. Varias dieron en el blanco, y uno de los atacantes solt� su ballesta y se frot� los ojos con energ�a.</p><p>Los otros sacaban ya las hachas de guerra que llevaban sujetas a la cintura y se dispon�an a enfrentarse al ataque de Maldred. Este grit� mientras acortaba distancias:</p><p>��No ten�is la menor posibilidad contra m�! �Soltad las armas y os perdonar� la vida!</p><p>El m�s corpulento del cuarteto lanz� una sonora y profunda carcajada, que s�lo interrumpi� cuando Maldred lleg� hasta ellos, balanceando la enorme espada. El arma parti� pr�cticamente en dos al enano que estaba al mando, y luego el gigante ech� hacia atr�s la espada y la dej� caer para cortar el brazo de otro enano. El que hab�a re�do de buena gana empez� a gatear colina arriba, pidiendo ayuda, mientras los restantes enanos rechinaron los dientes y uno aull�:</p><p>��Muere, intruso!</p><p>�La vida es preciosa �dijo Maldred mientras echaba de nuevo el arma hacia atr�s, con los m�sculos en tensi�n y las venas a punto de reventar�. Sois muy est�pidos al desperdiciarla.</p><p>Los enanos estaban ya muertos cuando Dhamon lleg� junto al hombret�n. El guerrero envain� su espada, se arrodill� y arranc� de un tir�n una tira de cuero que rodeaba el cuello de uno de los enanos. Colgando de ella hab�a un diamante enorme y bellamente tallado, el m�s grande que hab�a visto nunca. Dhamon se lo colg� al cuello y empez� a registrar los otros cuerpos, recogiendo piedras talladas montadas en oro y plata que fue introduciendo en sus bolsillos. El hombret�n entretanto se proteg�a los ojos de la luz de los cristales de las rocas y extend�a el cuello para mirar monta�a arriba, en busca del enano que hab�a huido.</p><p>�No puedo ver con este resplandor. Pero s� que no tardaremos en tener visitas �dijo a Dhamon.</p><p>�S�. Cojamos lo que hemos reunido y salgamos de aqu�. Y hag�moslo deprisa. Desde luego tenemos m�s que suficiente para comprar la espada. Podr�amos comprar todo Bloten, sospecho, con lo que hemos obtenido.</p><p>Traj�n agarr� sus sacos, forcejeando bajo el peso mientras ascend�a despacio por la ladera. Maldred volvi� veloz la mirada hacia su zona de recogida, donde aguardaban cuatro abultados sacos.</p><p>�Muy deprisa �a�adi� para s�.</p><p>Dhamon gir� veloz y se encamin� hacia sus propios sacos, observando que Rikali segu�a introduciendo gemas en uno de ellos; sus brazos eran pr�cticamente una mancha borrosa, y la t�nica estaba pegada a la espalda por el sudor. Trep� por rocas y agujas y, cuando se encontraba casi junto a la mujer, dos proyectiles con punta de metal hendieron el aire; uno silb� junto a su hombro y rasg� su manga, y el otro se incrust� en su muslo derecho para a continuaci�n ir a parar a la escama fijada all�.</p><p>Grit� sorprendido, al tiempo que ca�a de espaldas y se agarraba la pierna.</p><p><emphasis>Qu�tate la escama, y morir�s</emphasis>, oy� decir al caballero negro muerto hacia ya tanto tiempo. Luego el caballero desapareci� y �l se encontr� retorci�ndose en la ladera del valle de Caos. Profiri� un gemido, largo y turbador, que arranc� un ahogado sollozo a la semielfa.</p><p>La mujer se arroj� sobre �l, cerrando los delgados dedos sobre la saeta para tirar con suavidad.</p><p>��Maldred! �llam�. �Por mi vida, Mal, ay�dame! �Sigui� tirando, sin prestar atenci�n a la docena de enanos que hab�an disparado sus �ltimos proyectiles y corr�an ahora ladera abajo en direcci�n a ella y a Dhamon�. �Maldred!</p><p>El herido dio una boqueada. Todo lo que sent�a era un calor intenso y un dolor insoportable que ocupaba cada cent�metro de su cuerpo y lo convert�a en un horno humano.</p><p>��Maldita escama!</p><p>En unos instantes, los enanos alcanzaron a la pareja, con las relucientes hachas alzadas, dispuestos a matar a los dos intrusos. Rikali intent� escudar a su compa�ero.</p><p>�Dije que �bamos a morir, amor �murmur� mientras la primera hacha descend�a�</p><p>Y choc� con el sonido met�lico de la espada alzada de Dhamon. A pesar del dolor, hab�a conseguido arrastrarse lejos de ella y ponerse en pie.</p><p>�No voy a morir hoy �dijo a la semielfa mientras la apartaba.</p><p>Movi� el arma veloz de un lado a otro y atraves� con la punta la mu�eca de un enano. Maldred corri� a su lado, y el hombret�n no lanz� ninguna advertencia a sus adversarios en esta ocasi�n, sino que se abri� paso entre ellos y empez� a blandir su espada.</p><p>���nete a nosotros, Riki! �chill�. �Cuando quieras, por favor!</p><p>La semielfa se incorpor� y sac� su daga de hoja ondulada, que clav� profundamente en la garganta de un enano que iba hacia ella, uno que equivocadamente hab�a decidido que luchar contra la mujer era una empresa m�s f�cil que hacerlo contra Maldred o Dhamon.</p><p>Todos los enanos iban bien protegidos con armaduras a pesar del calor del verano, y cuando la semielfa arranc� su arma y se encamin� hacia otro adversario, tuvo que buscar una brecha en sus defensas, hundiendo la hoja en las junturas de las gruesas placas de metal.</p><p>Tres yac�an muertos a los pies de Maldred y Dhamon antes de que uno de ellos consiguiera herir al hombret�n. El m�s alto de los enanos hundi� profundamente su arma en el brazo del gigante, arranc�ndole un gemido. La enorme espada cay� al suelo con un ruido met�lico, al verse Maldred incapaz de sostenerla con las dos manos, pues el brazo herido colgaba inerte contra el costado.</p><p>Dos enanos se lanzaron entonces al ataque y alzaron sus hachas, pensando que el colosal humano ser�a ahora un blanco f�cil. Sin embargo, el brazo sano de Maldred sali� despedido al frente, y sus inmensos dedos se cerraron sobre el mango de un hacha de guerra y la arrancaron del pu�o de su propietario. Sin detenerse, el hombret�n ech� el arma hacia atr�s y la descarg� sobre el otro enano, hendiendo su casco e incrust�ndola en su cr�neo. Liber� el hacha de un tir�n al tiempo que su v�ctima se desplomaba y la blandi� contra su anterior propietario, al que derrib�.</p><p>Dhamon elimin� a un enano introduciendo su espada por una abertura de la armadura bajo el brazo de su oponente. Soltando con dificultad su arma, recogi� el hacha del enano muerto y la balance� con energ�a a un lado y a otro, clav�ndola en el cuello de otro adversario y lanzando un chorro de sangre por los aires. Muertos sus atacantes m�s inmediatos, se dedic� a recuperar el espad�n y hundi� el hacha en el pecho de un cad�ver mientras llegaban m�s enanos.</p><p>Aunque las probabilidades empezaban a estar en su contra, los enanos restantes no mostraban se�ales de retirarse, excepto uno que descubri� que su barba estaba en llamas, por cortes�a de Traj�n que acababa de aparecer en escena. El kobold sonri� malicioso y grit� a Rikali que su hechizo de fuego era toda una bendici�n, pero la semielfa no le hizo caso y dedic� todos sus esfuerzos a rechazar el ataque de un enano particularmente achaparrado que llevaba un amplio surtido de medallas sujeto a la armadura.</p><p>Maldred elimin� a un adversario y, cuando se preparaba para acabar con otro, el suelo empez� a estremecerse bajo sus pies. Al principio fue un temblor suave, pero adquiri� fuerza con rapidez, y en cuesti�n de segundos incluso la �gil Rikali ten�a que esforzarse para permanecer en pie.</p><p>Dhamon embisti� con su arma el muslo de uno de sus oponentes, pero enseguida sinti� que el pu�o de la espada empezaba a resbalar de sus dedos sudorosos. Dedic� todos sus esfuerzos a sostener el arma y, tras liberarla de un tir�n, la envain� al tiempo que sent�a c�mo sus pies perd�an el equilibrio en aquel suelo en movimiento. Instantes despu�s sus piernas se doblaron bajo su peso, y cay� rodando por la ladera, incapaz de protegerse de las agujas contra las que chocaba en su loca carrera. Traj�n se dej� caer al suelo y pas� uno de sus larguiruchos brazos alrededor de una roca que no parec�a irse a ninguna parte, mientras el otro brazo sal�a disparado para agarrar uno de sus sacos de piedras preciosas. Los enanos y Maldred salieron peor parados, pues no consiguieron mantener el equilibrio y se unieron a Dhamon en un atropellado descenso en direcci�n al fondo del valle.</p><p>��Dhamon! �chill� Rikali, y resbal� tras �l, haciendo todo lo posible por esquivar las rocas que rodaban por la ladera, sin poder evitar un grito cada vez que alguna piedra afilada que parec�a surgir de la nada le golpeaba los brazos y las piernas.</p><p>La falda de la monta�a retumb� y aparecieron grietas en las rocosas pendientes: peque�as al principio, como finas venitas bajo la piel, para ensancharse hasta parecer afiladas fauces de monstruos. Dos de los enanos aullaron aterrorizados al ser tragados por una de las crecientes fisuras.</p><p>Rikali not� que el suelo ced�a bajo sus pies al tiempo que se escurr�a en el interior de una de las simas cada vez m�s grandes. Sus delgadas manos se agitaron violentamente hasta que sus dedos localizaron una afilada protuberancia rocosa, y se sujet� con fuerza mientras su cuerpo era lanzado contra la superficie rocosa, y el choque la dejaba sin respiraci�n. Tosi� y parpade� con furia al tiempo que una nube de polvo se depositaba en la sima, amenazando con asfixiarla, luego lanz� una ahogada exclamaci�n de terror al ver que el suelo empezaba a sellarse. Se impuls� hacia lo alto de la temblorosa superficie de piedra de un modo instintivo, hallando rincones en los que introducirse que una persona corriente pasar�a por alto. Se incorpor� por fin sobre el borde y rod� lejos justo en el instante en que la fisura retumbaba por �ltima vez y se cerraba.</p><p>��Dhamon! �aull�, pero no pudo o�r su propia voz.</p><p>Todo lo que se o�a era el eco del terremoto, tan potente que resultaba doloroso para su fino o�do. Volvi� a descender a trompicones por la ladera, pateando grava y pedazos de cristal, y su coraz�n dio un vuelco cuando descubri� el cuerpo de su compa�ero incrustado entre un par de columnas de granito. Maldred se aferraba a uno de los pilares con el brazo sano, con los ojos cerrados ante la avalancha de rocas.</p><p>A los otros enanos que hab�an ca�do rodando por la falda de la monta�a no se los ve�a por ninguna parte. S�lo un casco aparec�a c�micamente colgado en lo alto de una aguja de yeso. Traj�n se hallaba por encima del lugar donde estaba Rikali, sujeto a�n a su medio enterrada roca con una mano, mientras con la otra agarraba con fuerza un saco de piedras preciosas. La semielfa se hab�a precipitado hacia las columnas y se as�a con fuerza, soportando las piedras como pu�os que la azotaban y el terremoto hasta que �ste finaliz� misericordiosamente.</p><p>Se dej� caer junto a Dhamon, jadeando para conseguir aire fresco.</p><p>��Amor? �Apenas oy� su voz, tal vez s�lo la imagin�, y las l�grimas corrieron por su rostro cuando lo palp� y sus manos quedaron ensangrentadas�. �Amor? Por favor, oh, por favor. �Sollozando, apoy� la cabeza sobre el pecho del hombre y pos� una mano sobre su boca, con la esperanza de localizar alguna se�al de respiraci�n�. �Est� vivo! �grit� un instante despu�s a Maldred, que se apart� lentamente de la columna y cay� de rodillas.</p><p>El hombret�n estaba malherido, con un brazo colgando inerte y la manga cubierta de sangre. Pero la semielfa no comprendi� hasta qu� punto estaba maltrecho, pues su preocupaci�n por Dhamon ten�a prioridad.</p><p>��Ay�dame, Mal! �insisti�. �Dhamon est� grave!</p><p>Rikali volvi� a forcejear con el proyectil, que se hab�a roto y sobresal�a s�lo unos cent�metros por encima de la escama del muslo del hombre. Sus afiladas u�as estaban rotas, y sus dedos sangraban.</p><p>��No puedo arrancarlo, Mal!</p><p>Maldred le apart� las manos y, con la mano sana, desgarr� los pantalones de su compa�ero para dejar totalmente al descubierto la escama. Luego lanz� un gru�ido y con un considerable esfuerzo extrajo el proyectil partido.</p><p>��Qu� hacemos, Mal? Me temo que se est� muriendo. �Sus manos revolotearon sobre el rostro y pecho del herido�. Ay�dalo. Lo amo, Mal. Realmente lo amo. No dejes que muera.</p><p>�No se est� muriendo, Riki.</p><p>El hombre sacudi� la cabeza, luchando contra una oleada de v�rtigo que amenaz� con arrollarlo y lanzarlo rodando hasta el fondo del valle. El costado de la camisa iba adquiriendo un oscuro color rojo. Hab�a perdido bastante sangre, y su brazo herido estaba tan entumecido que no pod�a moverlo.</p><p>�En realidad, no parece que est� herido en absoluto. S�lo inconsciente. �Se�al� un corte en la frente de Dhamon�. Se golpe� contra una piedra y perdi� el sentido. Se pondr� bien. Yo, por el contrario�</p><p>�Posees magia. Te he visto arreglar cosas. Puedes curarte a ti mismo, s� que puedes. Aseg�rate de que Dhamon est� bien. Por favor.</p><p>�Bueno, puedo arreglar cosas, Riki. Pero nada que est� vivo. �Su mano roz� la escama, el pulgar centr�ndose en la peque�a herida�. Apostar�a a que la saeta estaba hechizada �dijo�, de lo contrario no habr�a atravesado esto. Menos mal que no han ensartado a nadie m�s.</p><p>�No me importa c�mo estuviera esa maldita cosa �maldijo Rikali�. Hechizada. Un disparo afortunado. Salgamos de aqu�. Por favor. Marchemos y todo ir� bien. �No es cierto?</p><p>�A m� tambi�n me importa �l, Riki �dijo Maldred, con una voz demasiado apagada para que ella pudiera o�rla. Ech� una ojeada ladera arriba para asegurarse de que Traj�n segu�a all� y de que no hab�an llegado m�s enanos; luego baj� la mirada hacia Dhamon y observ� que brotaba sangre del agujero de la escama�. Bien, bien. Tal vez pueda arreglar esto. Pero tal vez lo que deber�a hacer es arrancar esa maldita escama.</p><p>��No! Si lo haces sin duda morir�a. Te ayudar� a transportarlo.</p><p>�Aguarda.</p><p>El hombret�n se concentr� en el agujero de la escama y empez� a canturrear en voz baja y a dirigir su energ�a m�gica. Minutos m�s tarde, Maldred se recost� contra la rocosa columna, y all� donde hab�a estado la abertura pod�a verse un aplastado c�rculo negro cerca de la parte central de la reluciente escama. El suelo se hab�a tornado rojo alrededor del brazo inerte de Maldred.</p><p>�Lo he sellado, y ahora ya no sangra.</p><p>�Malditos enanos �dijo ella, inclin�ndose sobre Dhamon para acariciar con sus dedos la h�meda frente del herido�. Y malditos sean los dragones. Un drag�n le hizo esto, sabes. �Toc� la escama.</p><p>�Eso supongo. �La voz del hombret�n hab�a perdido su sonora potencia; se sent�a mareado y terriblemente d�bil�. No s� c�mo o por qu� pero la se�ora suprema Roja lo hizo.</p><p>�Por mi vida, est�s m�s que herido. �Rikali lanz� una ojeada a Maldred�. Lo siento. Soy tan ego�sta. Has perdido tanta sangre, Mal�</p><p>Haciendo caso omiso de sus palabras, �l hombre se puso en pie con un esfuerzo y luego se inclin� para sujetar a Dhamon con el brazo sano; pero otra oleada de v�rtigo lo acometi�, amenazando con derribarlo al suelo.</p><p>�Necesitas descansar, Mal �protest� la semielfa�. No deber�as moverte. Yo puedo llevar a Dhamon. �Puedo hacerlo! Todos nosotros necesitamos�</p><p>�Necesitamos salir de aqu� �jade� �l�. Tal como dijiste. No tardar�n en aparecer m�s enanos, que querr�n saber c�mo qued� su bendito valle despu�s del terremoto. Ya habr� tiempo para curaciones m�s tarde, Riki� siempre y cuando consigamos salir vivos de aqu�.</p><p>El suelo volvi� a temblar. Maldred se hab�a apuntalado, pero la semielfa no reaccion� con tanta rapidez, y cay� al suelo aunque consigui� agarrarse a una aguja de roca. El terreno se estremeci� unos instantes y luego se apacigu�.</p><p><emphasis>�Vienes?</emphasis> articul� el hombret�n en silencio, mientras la mujer se incorporaba; luego dio media vuelta y volvi� a iniciar la ascensi�n por la ladera.</p><p>Recuperaron dos abultados sacos de piedras preciosas durante el ascenso, que Rikali transport� cuando Maldred insisti� en que pod�a ocuparse �l solo de Dhamon. Aun as�, el hombret�n dio media docena de traspi�s durante la marcha. La monta�a retumb� otras dos veces mientras ascend�an; sacudidas secundarias del primer temblor o precursoras de uno nuevo. El temor los hizo avanzar m�s deprisa.</p><p>�Sigue ah� �anunci� Rikali cuando distingui� el carro�. �Cerdos, cre� que los caballos habr�an marchado ya, llev�ndose todas nuestras joyas con ellos!</p><p>Instantes despu�s descubri� el motivo de que los caballos no se hubieran desbocado; una roca hab�a rodado hasta all� y hab�a cerrado el paso a los animales. Se hab�an quedado sin un lugar al que huir.</p><p>Maldred instal� a Dhamon encima de los sacos en el fondo del carro, usando las ropas robadas a modo de almohadones para que no se moviera. Por suerte, el carromato no hab�a sufrido demasiados da�os. Y el ladr�n se desplom� de rodillas y cerr� los ojos, luego se reclin� hacia atr�s, abri� la boca para decir algo, pero se desmay� y cay� de espaldas.</p><p>��Mal!</p><p>Rikali se esforz� por incorporarlo, pero era un peso muerto y demasiado para ella.</p><p>Traj�n deposit� el saco de gemas que de alg�n modo hab�a conseguido mantener agarrado, luego corri� junto al hombret�n y empez� a tirar de su camisa en un intento por ayudar.</p><p>�In�til �escupi� la semielfa al kobold�. Ya te cost� bastante acarrear los sacos de piedras preciosas. No puedes levantar a Mal.</p><p>Impert�rrito, el kobold concentr� sus esfuerzos en pellizcar la tirante carne del rostro de Dhamon y lanzarle grititos en su curiosa lengua materna, cosa que sab�a que el humano hallaba muy irritante.</p><p>�Qu� �los ojos del herido parpadearon al tiempo que �ste gem�a en voz baja, y el otro se�al� con la cabeza en direcci�n a la parte posterior del carro.</p><p>�Ay�dame �lo inst� Rikali�. Vamos, puedes hacerlo.</p><p>Dhamon se sacudi� la sensaci�n de mareo y estir� los brazos por encima de la parte posterior del carromato para rodear con ellos el pecho de Maldred. Sus m�sculos se hincharon y la mand�bula se crisp� con fuerza mientras arrastraba al hombret�n al interior del carro.</p><p>�Es m�s pesado de lo que parece �resopl�, con los brazos moment�neamente entumecidos por el esfuerzo�. Mucho m�s pesado. �Se desplom� junto a su compa�ero y sus dedos palparon su propia frente, localizando la herida y presion�ndola vacilante.</p><p>�S�canos de aqu�, Traj�n �espet� Dhamon�. Antes de que tengamos m�s compa��a.</p><p>El kobold corri� a la parte delantera del carromato y apoy� el hombro contra la roca que imped�a el paso. Gimi� y maldijo, tensando los m�sculos; Rikali se le uni� y empuj� con fuerza. La tierra ayud� a ambos en sus esfuerzos retumbando ligeramente con otra r�plica, lo que facilit� el impulso necesario para mover la piedra, que rod� despacio por la falda de la monta�a, chocando contra columnas naturales y proyectando fragmentos de cristal por los aires hasta hacerse a�icos en su loca carrera.</p><p>Sin aliento, el kobold trep� al carro, con los pies colgando. Rikali le pas� las riendas, luego se encaram� tambi�n ella y desgarr� la camisa de Mal, arrancando la manga para convertirla en un torniquete para el brazo herido.</p><p>�No siento el brazo, Dhamon �dijo Mal, con una voz tan ronca y apagada que el otro tuvo que inclinar el rostro para o�rlo�. No puedo moverlo.</p><p>Rikali le ofreci� palabras de consuelo mientras Dhamon registraba bajo los sacos de lona y hallaba una jarra de sidra amarga. Verti� un poco en la herida, y Maldred se estremeci� por el escozor.</p><p>�Ves, puedes sentir algo �dijo la mujer�. Eso es una buena se�al. �En voz m�s baja, a�adi�: �No es una buena se�al, Dhamon?</p><p>�ste no respondi�. Mientras se sujetaba la frente, examinaba con atenci�n a su grandull�n amigo, con los ojos ins�litamente abiertos y compasivos, aunque manten�a el entrecejo fruncido.</p><p>�Eso espero �musit� por fin.</p><p>Rikali contempl� a su compa�ero unos instantes.</p><p>�Tal vez deber�a ser yo quien yaciera aqu� en lugar de Mal �dijo en voz demasiado baja para que �l la oyera.</p><p>Luego dedic� toda su atenci�n al hombret�n e intent� secar un poco la sangre con un trozo de su propia t�nica.</p><p>��Adonde podemos ir? Alg�n lugar donde consigamos ayuda para �l. A alg�n lugar. Dhamon, no s� que� �empez� a decir.</p><p>�Hemos de salir de aqu� �replic� �l, haciendo una leve mueca mientras vert�a un poco m�s de sidra sobre el brazo de Maldred�. En direcci�n a Bloten. Traj�n conoce el camino.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Cuatro noches m�s tarde estaban sentados alrededor de una fogata asando un enorme conejo. No obstante lo avanzado de la hora, el aire segu�a siendo abrasador, y el suelo estaba tan necesitado de agua que se hab�a tornado polvoriento como las cenizas. Traj�n aventur� unos cuantos sorbos de su �ltimo odre de agua y refunfu�� que ser�an a�n m�s ricos si pudieran hallar un modo de hacer llover en aquellas monta�as.</p><p>Muchas de las ropas que hab�an cogido de la caravana de los comerciantes se hab�an convertido en vendas para Maldred, que se reemplazaban a medida que era necesario.</p><p>Dhamon rechaz� los intentos de Rikali para vendarlo, diciendo que quer�a guardar toda la tela disponible para Mal, y convenci� a la semielfa de que ten�a peor aspecto de lo que en realidad se sent�a; no obstante, estaba seguro de que se hab�a magullado algunas costillas o se las hab�a roto. Se mov�a con cuidado y respiraba de modo superficial. Su cabello grasiento estaba cubierto de sangre, totalmente enmara�ado y veteado de gris y marr�n por el polvo y la tierra. La incipiente barba de su rostro se iba transformando en una barba desigual y antiest�tica, y sus ropas estaban sucias y desgarradas. Hab�a conseguido guardar una camisa del bot�n obtenido de los mercaderes, ocult�ndola bajo un saco de piedras preciosas de modo que los otros no la encontraran y desgarraran para convertirla en vendas. Pero no hab�a motivo para lucirla ahora; era para m�s adelante, decidi�, cuando llegaran a Bloten y necesitara mostrar un mejor aspecto.</p><p>Las prendas de todos ellos estaban oscurecidas por las manchas de sudor y sangre reseca, y era Traj�n el que hab�a salido mejor parado, escapando con s�lo unos pocos ara�azos, aunque sus ropas estaban acribilladas de agujeros. El kobold se dedicaba a hacer de enfermero del resto, inspeccionando los cortes y magulladuras que hab�an recibido en su viaje monta�a abajo, y actuaba tambi�n como centinela.</p><p>En esos momentos, Maldred trazaba dibujos en el polvo, con la mano sana, en tanto que su brazo herido permanec�a vendado muy pegado al pecho para mantenerlo inm�vil. El kobold observaba con atenci�n al hombret�n, pensando que los s�mbolos eran algo m�stico y parte de alg�n conjuro. Intent� copiar los dibujos, luego se aburri� de ello al no poder desentra�arlos y en su lugar se dedic� a repartir bandejas de madera.</p><p>Una vez que Traj�n acab� de servirles, y tras haber devorado su propia exigua parte del conejo asado, la criatura recuper� la �ltima jarra de alcohol destilado del carromato y la deposit� junto a Dhamon. A continuaci�n, haciendo un gran alarde sac� la pipa del anciano de su bolsa, introdujo tabaco en la cazoleta y la encendi� con el dedo en un esfuerzo por demostrar a todos que realmente hab�a perfeccionado el hechizo de fuego.</p><p>A continuaci�n, el kobold se dedic� a pasear ante ellos, haciendo tintinear los afilados dientes sobre el tubo mientras golpeaba con suavidad su jupak contra el suelo aguardando una solicitud m�gica. Al no recibir ninguna, aspir� con fuerza su pipa, lanz� un anillo de humo al aire y rompi� el silencio.</p><p>�Al menos no perd� mi arma en ese terremoto, como hicieron Maldred y Riki. No tuve que coger una de las hachas de los enanos como Mal �afirm�. Al menos la hermosa espada de Dhamon permaneci� en su vaina. De modo que tuvimos algo de buena suerte, al final. Mi <emphasis>anciano</emphasis> no recibi� ni un rasgu�o. Y tenemos todas esas piedras en bruto� �Frunci� el entrecejo al ver que Maldred lo miraba airado�. �Uf! Bueno, estoy seguro de que encontrar�s otra espada igual de grande, pesada y afilada �a�adi� r�pidamente�. Y conseguiremos dagas para Riki. En Bloten.</p><p>Cuando comprendi� que nadie se sent�a aplacado, el kobold termin� su pipa, volvi� a guardarla con sumo cuidado en la bolsa y luego se excus� diciendo que iba a patrullar el terreno alrededor del campamento� para asegurarse de que no los segu�a ning�n enano.</p><p>�Todav�a me siento un poco dolorido �admiti� Maldred en voz baja a Dhamon tras un largo silencio�. Y un poco d�bil. Pero supongo que deber�a alegrarme de estar vivo.</p><p>�Ah, Mal �dijo Riki, y se acerc� m�s, encogi�ndose cuando Dhamon la mir� arrugando el entrecejo�. Mal, no te preocupes. Mala hierba nunca muere.</p><p>Maldred frot� los m�sculos del brazo herido y apenas si consigui� cerrar el pu�o.</p><p>�Nunca hab�a resultado herido as� al entrar en el valle en otras ocasiones. �Arrug� la frente�. Pero en esas ocasiones nunca permanec� tanto tiempo all�, ni tuve que v�rmelas con un terremoto adem�s de con los enanos. Tampoco sal� nunca con tanto bot�n.</p><p>��Vamos a regresar? �Hab�a un dejo de esperanza en la voz de la semielfa�. Quiero decir, si necesitamos todas esas gemas para comprarle a Dhamon su espada, cosa que no deber�amos hacer porque nada en el mundo debiera ser tan caro, tal vez podr�amos sacar un gran carromato de ellas s�lo para nosotros y�</p><p>�No durante un tiempo, Riki �repuso �l, meneando la cabeza�. Los enanos doblar�n las patrullas. Quiz� dentro de unos cuantos meses, tal vez justo antes de que llegue el invierno. O quiz�s esperaremos hasta despu�s de las primeras nevadas. No esperar�n nada entonces.</p><p>Los ojos de la mujer brillaron alegremente.</p><p>�Al menos estoy mejorando �continu�. Y agradecido por sentir como m�nimo algo en los dedos. Conozco un buen sanador en Bloten que acabar� la tarea. Har� que os d� una buena mirada a los dos tambi�n.</p><p>�Dudo que vayas a necesitarlo, Mal. Riki tiene raz�n, eres demasiado ruin para estar inactivo mucho tiempo �brome� Dhamon; sus palabras surgieron farfulladas, espesas por culpa del alcohol que hab�a bebido. Una jarra vac�a yac�a junto a �l a sus pies, y �l traslad� torpemente la nueva jarra entre los muslos, paseando un dedo por el borde�. Adem�s, ser herido as� es una buena excusa para tomar las cosas con calma durante un tiempo.</p><p>Rikali se coloc� entre ambos, se hizo con la jarra de Dhamon y tom� un buen trago de ella; casi al instante empez� a toser y a farfullar. La devolvi� y estudi� sus u�as. Con un suspiro, estir� los brazos hacia arriba y los pas� por encima de los hombros de sus dos compa�eros.</p><p>�Imagino que estamos a dos d�as de Bloten, tal vez menos. Me pregunto si habr� magn�ficas tiendas que visitar. Quiz� Dhamon podr� comprar su espada con todo eso del carro. Y, si no puede, entonces nos lo quedamos para nosotros, �de acuerdo?</p><p>Maldred no respondi� a sus palabras, y ech� una ojeada a un hacha de armas que descansaba al alcance de su mano, con la luz de la fogata danzando sobre su hoja, lo que atrajo su atenci�n. Por fin, desvi� la mirada hacia la oscuridad y dijo:</p><p>�Riki, nos lo pasaremos en grande en Bloten celebrando nuestra buena suerte. Y te conseguiremos cuchillos nuevos. Y tambi�n le conseguiremos a Dhamon su espada.</p><p>�Quiero comprar algunas ropas m�s. Y perfume. Y�, Mal, �te habl� alguna vez de esa casa imponente que quiero construir? En una isla lejos de� �O�steis algo?</p><p>Veloz como un gato, se apart� de los hombres y atisbo en la oscuridad del otro extremo del campamento. El fuego proyectaba zarcillos de luz hacia las rocas y matorrales, y la hierba se mov�a perezosamente mecida por una brisa casi imperceptible.</p><p>Dhamon se incorpor� con un esfuerzo, luchando por mantener el equilibrio, y su mano busc� a tientas la espada colgada al cinto, con los dedos torpes por culpa de la bebida. Ten�a problemas con el lado derecho, y extendi� la mano para coger un bast�n que el kobold hab�a labrado a partir de una rama de �rbol. Maldred fue un poco m�s lento en levantarse, empu�ando el hacha de armas en la mano sana.</p><p>��Hab�is o�do? �Dhamon? �Mal? Es Traj�n. Est�</p><p>Se oy� un estr�pito en los resecos matorrales, el sonido de un juramento, y la voz aguda del kobold. Al cabo de un instante, un desali�ado hombre de color apareci� en el claro, con la criatura aferrada a su pierna. El hombre estaba empapado de sudor y, adem�s de la mochila que colgaba a su espalda y de varios odres de agua que se balanceaban de ella, llevaba una espada enorme sujeta a la cintura y m�s de una docena de dagas en fundas que entrecruzaban su pecho. Intentaba golpear a Traj�n con una vara de dos manos al tiempo que intentaba quitarse de encima a aquel ser que no cesaba de gru�ir. Pero la vara era demasiado larga y dif�cil de manejar, y no hab�a forma de desalojar al kobold. Se oyeron m�s crujidos, el tintineo del metal y el siseo de una espada al ser desenvainada.</p><p>��Rig! �grit� Dhamon, notando la lengua hinchada por los efectos del alcohol�. �D�jalo en paz!</p><p>El hombre negro rugi� y dio una patada, en un nuevo intento de deshacerse del kobold que lo mordi� a trav�s de la tela hasta alcanzar la pantorrilla. El agredido aull� al tiempo que Fiona penetraba a la carrera en el claro. Baj� el arma r�pidamente en cuanto vio a Dhamon, aunque no la envain�, y mantuvo los hombros erguidos, preparada para cualquier contratiempo.</p><p>�Llama a ese peque�o bastardo �indic� Fiona a Dhamon, mir�ndolo con expresi�n furiosa mientras sus dedos se cerraban con m�s fuerza alrededor del pomo de la espada�. Ll�malo ahora, o lo har� trocitos y lo arrojar� a tu hoguera. �Alz� la punta de la espada para enfatizar sus palabras y entrecerr� los ojos, clav�ndolos en los de Dhamon.</p><p>�Traj�n �dijo �ste casi con suavidad�. Suelta a ese hombre.</p><p>�Intruso. Esp�a �refunfu�� el kobold mientras soltaba a Rig, lo golpeaba por despecho y corr�a junto a Dhamon. La criatura hinch� el pecho y mostr� los amarillentos dientes en un siseo�: Menos mal que yo patrullaba, Dhamon. De lo contrario estos dos defensores de la justicia se habr�an introducido aqu� y robado todas nuestras�</p><p>��Qu� alegr�a conocer por fin a alguno de los viejos amigos de Dhamon! �intervino Rikali, ofreciendo una sonrisa forzada y extendiendo la mano, al tiempo que se deslizaba hacia la dama sol�mnica�. T� debes de ser <emphasis>Fee-ohn-a</emphasis> �dijo, en un tono casi educado�. Dhamon me ha hablado tanto de ti. Y t� eres�</p><p>�Alguien muy enojado �declar� Rig, y apoy� la punta de su alabarda en la reseca tierra. Sus ojos, como dagas, estaban clavados en Dhamon.</p></section><section><title><p>5</p><p>Una charla sobre redenci�n</p></title><p>�Dame una buena raz�n por la que no deba arrastrar tu repugnante pellejo de vuelta a Estaca de Hierro y permitir que te cuelguen. �Una raz�n! Demonios, yo mismo deber�a facilitar la soga y elegir el �rbol. Robar en un hospital� y adem�s a caballeros heridos. �Caballeros, Dhamon! Miembros de la Legi�n de Acero. �Rig se sent� pesadamente en el suelo, y Dhamon ech� una ojeada por encima del hombro a la jarra de bebida y medit� la posibilidad de gritar a Traj�n que se la alcanzara.</p><p>El marinero apoy� la alabarda en las rodillas y contempl� enfurecido el anillo de la Legi�n de Acero que Dhamon llevaba en la mano.</p><p>��Una maldita raz�n! Y ni se te ocurra decir <emphasis>en nombre de los viejos tiempos</emphasis>.</p><p>Dhamon desvi� la mirada hacia la moribunda fogata, donde Maldred, Rikali y Traj�n intentaban entretener a una Fiona que no dejaba de pasear enfurecida de un lado a otro.</p><p>�Maldred no permitir�a que me arrastraras a ninguna parte �dijo por fin el hombre, y sus palabras sonaron un poco confusas; se�al� con la cabeza en direcci�n al hombret�n�. Ese es Maldred.</p><p>�Muy bien �resopl� Rig�. Maldred. Me has dicho su nombre varias veces ya, quienquiera que ese Maldred sea en los profundos niveles del Abismo. Est� peor que t�, con todo el brazo vendado de ese modo. Y t� cojeas� y est�s como una cuba. Vaya pareja de lisiados que form�is. Y esa elfa�</p><p>�Rikali es semielfa.</p><p>�Tambi�n est� herida. Y las ropas que lleva, toda esa pintura de la cara, todas esas joyas.</p><p>�D�jala fuera de esto.</p><p>�Todos vosotros apest�is m�s que un pescado de tres d�as.</p><p>Dhamon se encogi� de hombros con expresi�n inescrutable.</p><p>��D�nde est� Feril?</p><p>No obtuvo respuesta.</p><p>��Y esa� criatura?</p><p>�Traj�n �repuso Dhamon, parpadeando al tiempo que intentaba enfocar con claridad a Rig.</p><p>�Es un� <emphasis>kobold</emphasis>. �La palabra son� como si el marinero escupiera un pedazo de carne en mal estado�. Una rata de dos patas. Un condenado monstruo apestoso como aquellos contra los que Shaon y yo luchamos en m�s de una ocasi�n en las islas del Mar Sangriento y�</p><p>�S�, lo es. Un fffobold. Pero trabaja para Maldred y es del todo inofensivo.</p><p>�Inofensivo. �Ja! Sois todos un maldito hatajo de ladrones por lo que respecta a Fiona y a m�. �Rig sacudi� la cabeza con repugnancia, y el sudor sali� despedido de su rostro�. Robar en el hospital. Quemar un establo y arrasar la mitad del pueblo al hacerlo. �Lo sab�ais? La mitad de la poblaci�n qued� reducida a cenizas. �Os importa? Y robar los caballos. �D�nde est�n nuestros caballos? Las monturas con las que llegamos a Estaca de Hierro. T� abandonabas el pueblo montado en la m�a la �ltima vez que te vi. Tu elfa� semielfa� llevaba la de Fiona. <emphasis>�Nuestros caballos!</emphasis> Todo lo que veo es lo que est�is usando para tirar de ese viejo carromato.</p><p>�Vendimos esos caballos hace unos d�as en un campamento de fffandidos.</p><p>��Nos dejaste varados en esa ciudad enana! �El marinero agarr� con fuerza el pu�o de la alabarda y entrecerr� los ojos�. Ni siquiera habr�amos estado all� si Fiona no hubiera o�do que estabas en la zona, si no hubiera o�do a lo que te estabas dedicando. Probablemente se le meti� en esa linda cabecita suya que pod�a redimirte. �Ja! �Las venas de su cuello se hincharon hasta parecer gruesas cuerdas, y lanz� un profundo suspiro por entre los apretados dientes�. Eran unos caballos condenadamente buenos, Dhamon. Caros. Los que montamos ahora son�</p><p>�Si no recuerdo mal, conseguimos unas cuantas monedas de acero por vuestras monturas.</p><p>�Vaya, deber�a�</p><p>��Matarme? �La expresi�n de Dhamon se ilumin� y se ech� a re�r, balance�ndose hacia atr�s sobre las caderas y perdiendo casi el equilibrio.</p><p>�Eso ser�a demasiado bueno para ti �fue la sucinta respuesta del otro, quien tras soltar una nueva bocanada de aire, a�adi�: Demasiado f�cil. Deber�a arrastrar tu miserable persona hasta la prisi�n y dejar que te pudrieras all� el resto de tu miserable vida. No est�n ni Palin Majere ni Goldmoon por aqu� para salvarte. Y ni t� ni ese hombre que llamas Maldred tendr�ais la menor posibilidad de detenerme.</p><p>��Yo? �Detenerte? No por el momento, de fffodos modos.</p><p>Rig lanz� un gru�ido desde las profundidades de su garganta y clav� los tacones en el polvo.</p><p>�No lo comprendo, Dhamon. �Qu� te ha sucedido?</p><p>Los dedos del otro se pusieron a juguetear inconscientemente con un hilo que colgaba de su camisa. El alcohol hab�a vuelto sus dedos torpes y sin tacto.</p><p>�El Dhamon Fierolobo que conoc�as esta muerto. Soy una persona diferente, Rig. Tienes que aceptar eso.</p><p>El marinero permaneci� en silencio unos instantes, explorando el rostro del otro y aguardando a que siguiera hablando. Hab�a visto a Dhamon Fierolobo andrajoso antes, cubierto con el polvo recogido durante una dif�cil traves�a. Pero aquello era distinto; era mucho peor, ten�a los cabellos enmara�ados, el rostro sin afeitar, las u�as agrietadas y sucias. Rig se estremeci�.</p><p>Cuando qued� claro que Dhamon no iba a ofrecer una explicaci�n, el marinero lo apremi� sobre otra cuesti�n.</p><p>�De modo que est�s con esa mujer de ah�. Lo s� por el modo en que ella te observa. Una compa��a interesante. Pero �d�nde est� Feril? �Sabe ella lo que est�s haciendo?</p><p>Ante esa repetida menci�n de la kalanesti que en una ocasi�n Dhamon hab�a afirmado amar, los oscuros ojos del otro centellearon furiosos, aunque luego baj� la mirada para estudiar la punta de su desgastada bota.</p><p>El marinero chasque� la lengua, mene� la cabeza y por fin afloj� la mano que ten�a cerrada alrededor del arma.</p><p>�Ya sabes que Fiona exigir� que regreses a esa ciudad y seas juzgado por lo que hiciste. Ser�a lo correcto. Por mi parte, creo que te colgar�an. Y me parece que incluso yo los ayudar�a.</p><p>�No, no lo har�as. �Dhamon alz� la cabeza para mirar fijamente a Rig�. Adem�s, no fffienso volver all�.</p><p>El otro cerr� los ojos e intent� calmar su c�lera, cont� hasta tres, luego volvi� a abrirlos y asinti�:</p><p>�S�, tienes raz�n. Pero s�lo porque tengo demasiadas otras cosas de las que preocuparme en estos momentos que carretear a un sucio borracho de vuelta a trav�s de las monta�as. Simplemente no merece la pena tomarse tantas molestias por ti. Pero ser�a lo correcto. Lo m�s honroso. �Recuerdas esa palabra, Dhamon? �Honor? Lo dec�as muy a menudo. <emphasis>seg�n el c�digo de honor</emphasis>. Y conseguiste que creyera en ello.</p><p>�El honor es una palabra vac�a, Rig.</p><p>Las siguientes palabras del marinero surgieron lentas, deliberadas y arrastradas.</p><p>�Me debes una explicaci�n.</p><p>Dhamon ech� la cabeza hacia atr�s y clav� los ojos en el cielo nocturno. Un creciente n�mero de nubes ocultaba la mayor�a de las estrellas, pero unas pocas centelleaban entre ellas. Le pareci� ver la llamarada de un rel�mpago y el destello, real o imaginado, lo hizo pensar en Cicl�n, el Drag�n Azul que hab�a montado en el pasado cuando serv�a con los Caballeros de Takhisis.</p><p>�No le debo nada a nadie. Y me has zzzeguido hasta aqu� para nada. Tus caballos ya no est�n. Y no me sacar�s nada a cambio de ellos.</p><p>Not� que algunos de los efectos del alcohol se desvanec�an, sinti� unas punzadas en la cabeza y dese� tener la jarra al alcance de la mano para poder volver a embotar su mente. Ech� una veloz mirada a Maldred� la jarra se hallaba a sus pies. No excesivamente lejos.</p><p>�Ojal� no hubi�ramos encontrado este campamento. �Rig se palme� el muslo, atrayendo de nuevo la atenci�n de su antiguo camarada�. Ojal� Fiona y yo�</p><p>�Yo tambi�n desear�a que no estuvierais aqu�.</p><p>�Maldito destino.</p><p>��Qu�, Rig? �Culpas al destino de que os encontr�is en el mismo tramo de monta�a? �Coincidencia? �Se produjo otro fogonazo en el cielo, �ste real, y los ojos de Dhamon centellearon ante la posibilidad de lluvia. Sacudi� la cabeza�. No creo en ese cuento de hadas. Creo que nos estabais buscando.</p><p>Rig lanz� un bufido, frot�ndose el puente de la nariz.</p><p>�Te crees tan importante �mascull�; cerr� los ojos y al cabo de un instante los abri�. Tomamos el primer sendero decente que pudimos encontrar a trav�s de las Khalkist y nos encontramos con unos mercaderes y les ofrecimos protecci�n a cambio de ir con ellos. Aceptaron presurosos nuestra oferta, al parecer las gentes que a�n tienen que cruzar estos desfiladeros est�n asustadas por los recientes atracos y contratan protecci�n. Parece que hay una banda de salteadores que ha estado robando caravanas por toda esta cordillera: un hombre de gigantesca estatura, un rufi�n de melena negra, una mujer pintarrajeada y una� criatura.</p><p>�Culpable �interrumpi� Dhamon, irguiendo los hombros como si se sintiera orgulloso.</p><p>�Los comerciantes nos llevaron hasta la siguiente ciudad y all� compramos un par de viejos caballos de tiro �dijo, se�alando en direcci�n al sur, hacia donde Dhamon mir� de reojo y distingui� dos enormes yeguas que, incluso en la oscuridad, resultaba evidente que no eran de tan buena raza como los animales que Rig y Fiona ten�an en Estaca de Hierro�. Y luego seguimos adelante por este camino. Vimos vuestra fogata cuando decidimos parar a pasar la noche y pensamos en echar una mirada. Cre�mos que podr�ais ser los comerciantes que hab�amos ayudado. Pero fue una pura coincidencia que nuestros caminos se cruzaran.</p><p>�Es una l�stima que no fu�ramos los mercaderes.</p><p>Rig lo mir� fijamente durante varios minutos, con la frente surcada por una docena de pensamientos. Luego sus ojos se desviaron para observar a Fiona.</p><p>La sol�mnica estaba sentada sobre un tronco cerca de Maldred, lanzando de vez en cuando miradas en direcci�n a Rig y juntando las yemas de los dedos de ambas manos, un gesto que practicaba cuando se sent�a inc�moda. La semielfa permanec�a detr�s de la mujer, alternando entre inspeccionar a la dama y lanzar miradas coquetas a Dhamon, mientras paseaba junto a la carreta, balanceando las caderas y los hombros. El kobold estaba sentado con las piernas cruzadas al lado del hombret�n, y sus relucientes ojos rojos estaban fijos �nicamente en el marinero.</p><p>�Puedes compartir nuestro campamento esta noche, Rig �Dhamon rompi� por fin el silencio; ten�a la boca seca y lanz� otra veloz mirada a la jarra�. Esto es territorio ogro, y est�is m�s seguros con nosotros que solos, especialmente a estas horas de la noche. Por la ma�ana, cada uno seguir� su camino. Deber�ais encaminaros de vuelta a Khur� si sois inteligentes.</p><p>�Me debes una explicaci�n �repiti� Rig con m�s energ�a, clavando los ojos en Dhamon�. �Por qu� act�as de este modo? �Qu� te sucedi�?</p><p>�Y entonces, supongo, �me dejar�s dormir un poco? �suspir� �l.</p><p>El otro no dijo nada, pero sigui� con la mirada fija.</p><p>�De acuerdo �cedi� Dhamon�, Por los viejos tiempos. �Se instal� en una postura m�s c�moda, pero hizo una mueca al o�r el escarbar de unos pies menudos.</p><p>�Dhamon va a contar una historia �anunci� Traj�n con regocijo, revelando que hab�a estado usando su agudo o�do para escuchar furtivamente su conversaci�n.</p><p>El kobold escogi� un sitio cerca de Dhamon, justo fuera del alcance de la alabarda de Rig, luego agit� los huesudos dedos para atraer la atenci�n de Rikali. Sac� la pipa del <emphasis>anciano</emphasis>, ya llena de tabaco, tarare� una cancioncilla a su dedo y lo introdujo en la cazoleta, encendi�ndola. Acto seguido, empez� a echar bocanadas, lanzando anillos de humo en direcci�n al marinero.</p><p>La semielfa se acerc� en silencio, arrodill�ndose junto a Dhamon, al que rode� los hombros con brazos l�nguidos. Se arrim� a su cuello con expresi�n voluptuosa y gui�� maliciosamente un ojo a Rig.</p><p>El marinero mir� al otro extremo del campamento, en direcci�n a Fiona, quien asinti� como diciendo: <emphasis>Yo me quedar� aqu� y no perder� de vista a Maldred</emphasis>. La dama volvi� su atenci�n de nuevo al hombret�n, con la intenci�n de averiguar algunas cosas sobre esa banda de ladrones.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>�Tienes preguntas, dama guerrera �empez� Maldred, con expresi�n amable y la mano sana relajada sobre la rodilla. Dej� que el silencio se acomodara entre ellos antes de proseguir�. Lo leo en tu rostro. Es un rostro hermoso, uno que resulta f�cil de leer a mis ojos cansados. Pero muestras algunas arrugas de preocupaci�n muy poco est�ticas. Todas esas preguntas que salen a la superficie. �Extendi� la mano y le toc� la frente con ternura, all� donde el entrecejo se hab�a fruncido pensativo�. Tu mente trabaja demasiado duro. Rel�jate y disfruta de la velada, finalmente empieza a refrescar un poco.</p><p>La postura envarada de la mujer demostr� que no estaba dispuesta a�n a hacer eso. La guerrera junt� las yemas de los dedos y se mordi� el labio inferior.</p><p>�No te haremos da�o.</p><p>�No os tengo miedo �respondi� ella, casi con enojo; eran las primeras palabras que dec�a al desconocido.</p><p>�Ya lo veo �repuso �l, enarcando una ceja, y su profunda voz era sedante y mel�dica, casi hipn�tica, hasta el punto que Fiona descubri� que le gustaba o�rla, y eso la alter� bastante�. Aunque, tal vez se�ora, <emphasis>deber�as</emphasis> temernos. Algunos llaman a nuestra peque�a banda asesinos, y muchas gentes decentes de por aqu� nos temen. No obstante, no alzar� un arma contra ti, a menos que tu impetuoso amigo de all�</p><p>�Rig �dijo ella.</p><p>�Rig. Es cierto. �Un ergothiano, correcto? Dhamon ya lo hab�a mencionado varias veces. Est� muy lejos de casa. A menos que Rig empiece algo. �Traz� con el dedo el contorno de los dedos apuntalados de ella, capturando con sus ojos los de la mujer.</p><p>�Ya hab�is hecho da�o a gente �repuso la sol�mnica. Sacudi� la cabeza negativamente cuando �l le ofreci� un trago de la jarra de alcohol, y se apart� con la mano un obstinado y sudoroso rizo del rostro�. En Estaca de Hierro matasteis a varios enanos. Caballeros. Y ardieron muchos edificios. �Cerr� los ojos y dej� escapar un profundo suspiro, abriendo y cerrando las manos, como si sus dedos necesitaran hacer algo.</p><p>�Dama guerrera �volvi� a dejarse o�r la sonora voz musical del hombre. Ella se relaj� un poco, abri� los ojos y se encontr� mir�ndolo directamente a la cara. Su rostro parec�a amable, aunque duro, y su nariz era larga y estrecha como el pico de un halc�n�. Se�ora, jam�s he matado a nadie que no lo mereciera o no lo pidiera alzando un arma contra m� o mis amigos. Toda vida es preciosa. Y si bien admito sin ambages que soy un ladr�n, la vida es la �nica cosa que detesto robar. �Se aproxim� m�s y sonri� cuando la expresi�n de la mujer se calm�; alz� la mano sana y se apart� otro rizo h�medo�. Se�ora, no te mentir� diciendo que soy un hombre recto. Pero s� soy leal. �Se�al� a Dhamon y a Rikali�. Ayudo a mis amigos y me atengo siempre a mis principios. Hasta la muerte, si es necesario.</p><p>�Estaca de Hierro. La justicia exigir�a�</p><p>La sol�mnica ten�a problemas para conseguir articular todas las palabras necesarias y empezaba a perderse en la mirada del hombre. Parpade� y se concentr� por el contrario en su recia barbilla.</p><p>�Ah, s�, justicia �asinti� Maldred, y ri� con suavidad, mel�dicamente.</p><p>Los ojos de la mujer se entrecerraron, y el hombret�n frunci� el entrecejo y mene� la cabeza.</p><p>�Posees car�cter. Tus cabellos son como llamas, tus ojos est�n llenos de fuego. Car�cter y belleza, y apostar�a a que habilidad con la espada, de lo contrario no tendr�as esa armadura. Pero no desfigures tu rostro con pensamientos tan turbulentos. �Entonces sus ojos capturaron de nuevo los de ella y los retuvieron con una mirada fija�. La vida es excesivamente corta, dama guerrera. Es mejor que llenes tu mente con ideas agradables.</p><p>Ella sinti� c�mo sus mejillas enrojec�an y se castig� mentalmente por mostrarse tan cort�s con aquel apuesto brib�n.</p><p>�Dhamon rob� a caballeros heridos �dijo y su tono se torn� duro al instante.</p><p>��Y crees que habr�a que juzgarlo por eso? Yo no podr�a dejar que eso sucediera �interpuso Maldred�. Lo declarar�an culpable. Y entonces perder�a a mi amigo.</p><p>�No lo entiendes. �La guerrera sacudi� la cabeza, con los ojos fijos todav�a en los de �l�. No es por eso por lo que estoy aqu�.</p><p>��Ah, ya veo! Est�s aqu� para redimir a tu viejo camarada. No es el mismo hombre que conociste. Pero es el Dhamon con el que he trabado una buena amistad.</p><p>Maldred volvi� a ofrecerle la jarra, y en esta ocasi�n ella la acept�, sorprendi�ndose a s� misma y tomando un buen trago, para luego devolv�rsela y echar una veloz ojeada al otro extremo del campamento en direcci�n a Rig, que parec�a absorto en lo que fuera que Dhamon le contaba. Parpade�, pues no estaba acostumbrada a bebidas alcoh�licas, y �sta se le subi� a la cabeza y le hizo sentir m�s calor que el mismo verano.</p><p>Hizo intenci�n de reunirse con los otros, pues se sent�a curiosamente vulnerable en compa��a del hombret�n, pero �ste pos� una mano sobre su rodilla, y el c�lido y suave contacto fue m�s que suficiente para mantenerla en su lugar.</p><p>�No puedes redimir a Dhamon �dijo �l.</p><p>�No estoy aqu� para redimirlo �respondi� ella, apretando los labios hasta formar con ellos una fina l�nea, mientras bajaba su mano hasta la empu�adura de su espada.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Rikali se acurruc� tan cerca de Dhamon como le fue posible, exhibiendo su afecto ante Rig. Acarici� el contorno de la mand�bula de su compa�ero con las puntas de los dedos, luego su pulgar se alarg� para frotar la cinta que rodeaba su cuello, cinta que sujetaba el diamante del enano que ella anhelaba poseer. La joya estaba oculta bajo la desgarrada camisa del hombre, y sus caricias amenazaban con dejarla al descubierto. Dhamon apart� de un manotazo las manos, y ella le dirigi� una mirada hosca, aunque luego le gui�� un ojo y se entretuvo jugueteando con los cordones de las botas de su compa�ero.</p><p>��Es �ste un relato que he o�do ya, amor? No es que me importe escuchar siempre los mismos. Pero si se trata de uno nuevo, prestar� m�s atenci�n.</p><p>�No existe una �nica cosa que cambie a un hombre �empez� Dhamon, negando con la cabeza al tiempo que miraba a Rig�. No hubo <emphasis>una �nica cosa</emphasis> que te convirtiera a ti en honrado y te hiciera dejar de ser un pirata.</p><p>��Y en tu caso? �inquiri� �l, devolvi�ndole la mirada.</p><p>�En mi caso fueron muchas cosas. M�s de las que me gusta recordar o, tal vez, m�s de las que quisiera contar. Combatimos a los dragones en la Ventana a las Estrellas. Sobrevivimos, pero no vencimos. Nada puede derrotar a los dragones. Imagino que eso fue el principio de todo� comprender que jam�s podremos ganar.</p><p>��El principio?</p><p>�Algo m�s sucedi� muy lejos de aqu�. No mucho despu�s de que todos nosotros nos separ�semos.</p><p>El marinero enarc� una ceja.</p><p>�Parece como si hubiera sido en el otro lado del mundo �dijo Dhamon pensativo�. En territorios de dragones. En un bosque gobernado por Beryl, la enorme se�ora suprema verde que algunos llaman El Terror. Desde luego que hubo terror �sigui� �l�. Y muerte. Y el relato es bastante largo.</p><p>�No tengo que ir a ninguna parte.</p></section><section><title><p>6</p><p>Muerte y vino elfo</p></title><p>Dhamon cerr� los ojos, y la oscuridad engull� a Rig, a Rikali y al kobold. Se concentr� en el incidente y se estremeci� ligeramente con el recuerdo, dejando fuera los sonidos de la chisporroteante fogata y la apagada conversaci�n entre Fiona y Maldred. Por fin, abri� los ojos y de mala gana inici� su relato.</p><empty-line/><p>Dhamon Fierolobo ten�a un aspecto distinto. Su rostro estaba m�s lleno y su figura era algo m�s gruesa. La melena de color �bano colgaba s�lo hasta debajo de la l�nea de la mand�bula y estaba cortada de modo uniforme y bien peinada. El rostro era terso y bien afeitado, la piel s�lo ligeramente tostada, y las ropas aparec�an en perfecto estado. Debajo del capote de lana, llevaba pantalones de cuero y una cota de malla. Y sujeta alrededor de la cintura colgaba una espada larga reci�n forjada, un regalo de los qualinestis por aceptar esa dif�cil tarea.</p><p>Tambi�n eran diferentes las monta�as, menos empinadas, aunque segu�an siendo escarpadas y el invierno las hab�a convertido en peligrosas, pues el hielo cubr�a el estrecho sendero por el que Dhamon descend�a conduciendo a un grupo de hombres y mujeres. Envueltos en pieles y cargados con provisiones y armas, los viajeros se abrieron camino tediosamente a lo largo de la cornisa occidental hasta alcanzar la base de las estribaciones donde la nieve y el hielo daban paso al bosque que en cierto modo resultaba m�s acogedor.</p><p>��Vuestras �rdenes, se�or! �grit� el mercenario que iba en cabeza. Era joven y estaba ansioso por complacer, y se mantuvo r�gidamente en posici�n de firmes.</p><p>Dhamon contempl� la hilera de personas que se le hab�an encomendado, casi cuatro docenas de mercenarios reunidos a petici�n de Palin Majere en la ciudad de Trueque, situada muy al interior de la bah�a de la Monta�a de Hielo. La mayor�a de ellos eran elfos qualinestis que ya hab�an estado en combate, y es que los qualinestis hab�an pedido la ayuda de Palin contra un joven Drag�n Verde.</p><p>Uno de los mercenarios era un ergothiano, que por el n�mero de dagas que llevaba y su andar presuntuoso hacia que Dhamon pensara en Rig. Tambi�n hab�a algunos humanos en el grupo.</p><p>Tres de los elfos eran mujeres, tan menudas y esbeltas que parec�an ni�os, pero la frialdad de sus ojos y las numerosas cicatrices de sus brazos indicaban a Dhamon que se trataba de los guerreros m�s aguerridos de todos ellos, y pensaba contar mucho con ellas.</p><p>Hab�an transcurrido varios a�os desde la �ltima vez que Dhamon mandara tropas, y entonces lo hab�a hecho para los Caballeros de Takhisis. Pero dar �rdenes y no tener que buscar justificaciones a sus decisiones todav�a se le daba bien, y escup�a instrucciones como si esa colecci�n de mercenarios �voluntarios y a sueldo� fueran caballeros negros. Su experiencia en el mando hab�a impulsado a Palin a dirigirse a �l para esa misi�n. Eso, y su experiencia con los dragones.</p><p>�Oscurecer� pronto. Levantad el campamento y descansaremos unas cuantas horas �les indic� Dhamon�. Nos pondremos en marcha antes del amanecer. Gauderic, organiza una guardia.</p><p><emphasis>No pienso montar guardia esta noche</emphasis></p><p>, decidi�. Estaba muy cansado, pero unas cuantas horas de sue�o volver�an a dejarlo en forma. Unas pocas horas de respiro sin tener que andar, sin el viento y sin los recuerdos que corro�an su mente. No hab�a tenido tiempo para descansar desde que �l y sus compa�eros �Rig, Fiona, Feril, Jaspe� lucharon contra los dragones en el Portal de la Ventana a las Estrellas, en Neraka, casi cuatro meses antes.</p><p>En la Ventana, unas antiguas ruinas de piedra que en una ocasi�n hab�an contenido magia suficiente para actuar como corredor a otros reinos, Malystryx hab�a convocado a todos los otros dragones se�ores supremos. Gellidus el Blanco, Beryllinthranox la Muerte Verde, Onysablet procedente de las ci�nagas y Khellendros la Tormenta Sobre Krynn, acordaron ayudar a Malys a ascender a la divinidad, y con este fin, todos ellos hab�an estado reuniendo poderosos objetos m�gicos, con la intenci�n de usar la energ�a liberada al destruirlos para convertir a Malys en la siguiente Takhisis, diosa-reina de los dragones.</p><p>Dhamon, Rig y su reducido grupo de h�roes tambi�n hab�an estado reuniendo objetos, para mantenerlos lejos de la Roja. Y viajaron a la Ventana a las Estrellas en un esfuerzo por detener la transformaci�n de Malys.</p><p>Ya en aquellos momentos, Dhamon comprendi� que se trataba de una empresa descabellada: un pu�ado de mortales enfrent�ndose a dragones, a los dragones m�s poderosos de Krynn. No obstante, su coraz�n ard�a con justa c�lera la noche en que ascendieron por el sinuoso sendero hasta la meseta donde se hallaba la Ventana. Entonces su coraz�n casi se detuvo ante la aterradora visi�n de los imponentes dragones all� reunidos.</p><p>Uno de los se�ores supremos los divis� mientras permanec�an acuclillados tras unas rocas. Por suerte, Malys se encontraba en mitad de un complicado conjuro en el que absorb�a energ�a de los objetos all� reunidos, y rehus� distraer su atenci�n de lo que hac�a, lo que concedi� a Dhamon y a sus camaradas unos segundos preciosos.</p><p>El guerrero se abalanz� al frente, con la intenci�n de enfrentarse a Malys. Jur� conseguir vengarse por la escama que ten�a en la pierna y acabar con la tiran�a de la se�ora suprema. Tambi�n esperaba morir. Pero les lleg� ayuda desde un lado inesperado: Tormenta Sobre Krynn. El gran Drag�n Azul arroj� una lanza a Dhamon, una de las Dragonlances originales y una de las armas m�s antiguas que jam�s se hab�an forjado en Krynn.</p><p>En medio de todo el fuego y el caos de aquella noche terrible, la enorme se�ora suprema result� gravemente herida por la lanza que bland�a Dhamon, y fue arrojada al Mar Sangriento por su rival el Drag�n Azul. El imponente Azul obtuvo el poder que Malys buscaba esa noche.</p><p>Dhamon estaba seguro de que Khellendros pod�a matarlos a todos de un solo zarpazo, y que aquel drag�n pod�a convertirse, con s�lo pensarlo, en tan poderoso como Takhisis. Sin embargo, en lugar de utilizar la energ�a m�stica para ascender a la divinidad, el Azul la us� para activar el antiguo portal, la Ventana. La criatura, a quien los hombres llamaban Skie, concedi� a Dhamon y a sus compa�eros permiso para marchar, un regalo como reconocimiento a su contribuci�n en desbaratar los planes de la Roja. A continuaci�n, el imponente animal vol� a trav�s de la Ventana y desapareci�.</p><p>Despu�s de que Dhamon y los otros abandonaran la Ventana a las Estrellas, algunos de ellos juraron continuar su lucha contra los se�ores supremos� a su manera. Su amada Feril regres� a su Kalanesti natal en Ergoth del Sur, diciendo que necesitaba estar un tiempo sola para meditar las cosas, y algo de tiempo para estudiar al Blanco llamado Escarcha. Durante un tiempo, �l se dijo que ella regresar�a y volver�an a estar juntos, y ese pensamiento ayud� a reforzar su �nimo y a mantener su fuego encendido contra los dragones y sus secuaces. Pero transcurrieron las semanas sin recibir noticias de ella, y luego pasaron algunos meses que trajeron con ellos rumores de que hab�a encontrado a otro.</p><p>Rig y Fiona, que se hab�an declarado su mutuo amor y jurado casarse, viajaron a la costa de bah�a Sangrienta en el Mar Sangriento de Istar, y Dhamon no hizo el menor intento de mantenerse en contacto con ellos.</p><p>El hechicero Palin y su esposa Usha marcharon a la Torre de Wayreth para proseguir sus estudios sobre los se�ores supremos dragones. Fue Palin quien se mantuvo m�s en contacto con Dhamon mediante mensajes, tanto m�gicos como normales, y quien pidi� al antiguo caballero que lo ayudara en diferentes tareas.</p><p>La kender Ampolla fue a la Ciudadela de la Luz a estudiar las artes curativas bajo la experta tutela de Goldmoon. Dhamon hab�a o�do que le iba muy bien, pero no la hab�a visitado desde que se separaran despu�s de la Ventana.</p><p>Groller march� no se sab�a d�nde. El sordo semiogro ten�a sus propios demonios personales con los que enfrentarse, y Dhamon sospechaba que Palin sab�a d�nde estaba, aunque jam�s se molest� en preguntar al hechicero. No era asunto suyo.</p><p>Y Dhamon� march� en esa misi�n a instancias de Palin �una misi�n cuyo objetivo era matar a un joven Drag�n Verde que tiranizaba a los qualinestis en esa parte del bosque�, estaba tan cansado. S�lo unas cuantas horas de sue�o era lo que necesitaba. Un poco de tiempo.</p><p>Pero no hab�a tiempo para �l mismo. No hab�a tiempo para pensar. Ni tiempo para olvidarse de los dragones. Dhamon y sus hombres se hallaban en el linde del bosque ahora.</p><p>��Se�or?</p><p>El peque�o elfo llamado Gauderic sac� al guerrero de sus meditaciones. Gauderic era su segundo en el mando, y en el corto tiempo que llevaban juntos, el elfo se hab�a ganado el respeto y la amistad de su jefe.</p><p>�Alc�zar del Viento est� siguiendo ese r�o.</p><p>El elfo se�al� hacia el sudoeste, donde una fina cinta de color azul oscuro se abr�a paso entre los �rboles. El sol que se pon�a proyectaba luz suficiente a trav�s del dosel de hojas para arrojar centelleantes motas color naranja sobre las veloces aguas.</p><p>�Se�or, podremos conseguir�</p><p>�M�s mercenarios all�, Gauderic �finaliz� Dhamon.</p><p>�Lo s�. Cuarenta o cincuenta, me dijo Palin. Estaremos all� antes del mediod�a de ma�ana. Descansad.</p><p>El aire era helado cuando se pusieron en marcha antes del amanecer, lo bastante fr�o como para enrojecer sus mejillas y mantener sus manos desnudas enterradas en las profundidades de los bolsillos. No obstante, no hac�a ni con mucho tanto fr�o como el que hab�an respirado en su arduo viaje a trav�s de las monta�as Kharolis para llegar hasta all�. El aire ol�a fecundo y lleno de vida.</p><p>Los hombres seguir�an a Dhamon sin una pregunta, pues la mayor�a lo admiraban, hasta el punto de venerarlo como a un h�roe: se hab�a desprendido del manto de un caballero negro, hab�a osado enfrentarse a los se�ores supremos dragones y era el h�roe elegido por Goldmoon y Palin Majere, dos de las personas m�s poderosas e influyentes de todo Krynn. Dhamon Fierolobo era una leyenda viva, sus haza�as se murmuraban de modo regular, y en su compa��a imaginaban ser parte de alguna magn�fica y gloriosa gesta que ser�a material para los relatos que circulaban por las tabernas. Sus �nimos no pod�an estar m�s elevados.</p><p>Sin embargo, aquel buen �nimo no tard� demasiado en caer en picado.</p><p>Dhamon condujo a sus hombres a Alc�zar del Viento y descubri� que los elfos que deb�an unirse a ellos estaban muertos; como lo estaban tambi�n los restantes aldeanos. No quedaba nada en pie en el lugar. Los hogares de troncos de abedul, construidos con tanto cari�o por sus propietarios, estaban convertidos en escombros. Piezas de delicadas telas ondeaban al viento como estandartes por entre muebles astillados y platos rotos. Hab�a juguetes aplastados contra el suelo, como si la gente los hubiera pisoteado en medio del p�nico, sin darse cuenta de que no hab�a adonde huir. Los muertos estaban por todas partes: ancianos y j�venes, ni�os inocentes, perros que hab�an permanecido con sus amos hasta el �ltimo instante.</p><p>A primera vista, parec�a que los cuerpos que cubr�an la zona alrededor de lo que hab�a sido el edificio principal llevaran muertos unas cuantas semanas. Dhamon y su segundo se arrodillaron junto al cad�ver de una elfa, y ambos tuvieron que esforzarse por no vomitar. Lo que quedaba de su t�nica se hab�a fundido pr�cticamente con su carne descolorida; sus cabellos resultaban curiosamente quebradizos, desmenuz�ndose como cristal soplado cuando lo tocaron. La carne que quedaba al descubierto estaba llena de ampollas y grotescamente desfigurada, incluso se ve�a el hueso en las zonas donde la carne hab�a sido devorada, no por animales o insectos. No encontraron ning�n ser vivo de ning�n tama�o entre los restos del pueblo.</p><p>�Un drag�n �musit� Dhamon.</p><p>��Se�or?</p><p>Su segundo se apart� del cuerpo para darse de bruces con otro cad�ver igual de espeluznante, que result� a�n peor al inspeccionarlo con mayor atenci�n porque acunaba a un beb� muerto contra su pecho en descomposici�n. Gauderic gir� en redondo y se inclin�, vomitando hasta quedarse sin fuerzas. Minutos m�s tarde, cuando recuper� la compostura, encontr� a Dhamon arrodillado junto a un �rbol desarraigado, estudiando algo que hab�a en el suelo.</p><p>El hombre se incorpor�, oprimiendo la escama de la pierna con la mano. �sta le escoc�a d�bilmente. Era una sensaci�n c�lida que �l atribuy� a los nervios.</p><p>�El viento de las alas del drag�n destroz� las casas y arranc� unos cuantos �rboles j�venes. Su aliento mat� a estas gentes. Yo dir�a que fue hace poco, har� unos dos o tres d�as.</p><p>�No hay huellas de gran tama�o �argument� el joven elfo�. Un drag�n dejar�a huellas. Cualquier criatura de ese tama�o lo har�a. �He visto pisadas de esos seres! No creo que haya ning�n�</p><p>Dhamon se alej� despacio del centro del pueblo, teniendo cuidado de no pisar ninguno de los cuerpos. En el linde de los pinos que circundaban lo que hab�a sido Alc�zar del Viento, mir� al exterior e hizo una se�a a su compa�ero para que se acercara.</p><p>�Ah� fuera. �Indic� un claro situado varios metros m�s all� y se dirigi� hacia �l, con el joven elfo avanzando en silencio tras �l.</p><p>��Por el amor de todos los primog�nitos! �musit� el elfo.</p><p>Ante sus ojos hab�a una depresi�n, la huella de una pisada tan larga como alto era �l. El claro que contemplaba boquiabierto, uno lleno de arbolillos y matas, hab�a sido aplanado por un peso enorme.</p><p>�El drag�n se par� aqu� �dijo Dhamon, luego gir� y se�al� hacia el poblado�. Y consigui� matar a toda esa gente.</p><p>��C�mo?</p><p>El guerrero hizo se�as a sus hombres para que se reunieran con �l en el l�mite de pueblo. La tropa de humanos y elfos se cuadr� ante �l, mientras sus ojos �desorbitados por la incredulidad� segu�an escudri�ando las ruinas y los cuerpos.</p><p>�Este drag�n es bastante peque�o.</p><p>��Peque�o? �vio como articulaba Gauderic. El joven que tan valiente se hab�a mostrado, hab�a palidecido.</p><p>�Yo dir�a, a juzgar por la pisada, que mide menos de dieciocho metros. Palin estaba seguro de que pod�amos derrotarlo entre todos nosotros y los hombres que deb�an reunirse con nosotros. Estoy de acuerdo. No es ni mucho menos un se�or supremo, y no es un drag�n valiente, si ha acabado con este poblado desde esta distancia. A lo mejor teme a los hombres. Las partidas de caza que ha estado atacando han sido peque�as.</p><p>��Se�or!</p><p>Era la voz de uno de los mercenarios humanos. Dhamon record� que el hombre ten�a una esposa elfa, y aunque �sta estaba a salvo en su hogar en Nuevo Puerto muy al norte y al otro lado de las monta�as, la mujer ten�a fuertes v�nculos con esa tierra.</p><p>�Si damos la vuelta �sigui� el hombre�, el drag�n seguir� matando. Ya es bastante malo que Muerte Verde ocupe este reino. Pero ella�</p><p>�No asesina tan insensiblemente a sus s�bditos. Al menos ya no �finaliz� Dhamon�. S�. Pero a lo mejor la Verde ni siquiera conoce la existencia de este jovencito.</p><p>�O tal vez no sea as� �farfull� Gauderic�. Quiz� Muerte Verde ya no se preocupa de sus</p><p><emphasis>s�bditos</emphasis></p><p> y�</p><p>�Yo digo que sigamos adelante, localicemos a este drag�n y nos ocupemos de �l �indic� Dhamon, carraspeando.</p><p>Un coro de murmullos procedentes de la mayor�a de los all� reunidos indic� que no estaban ansiosos por enfrentarse a un drag�n sin aumentar sus fuerzas. Pero Dhamon empez� a dar �rdenes, y los hombres formaron fila nerviosamente, algunos sin dejar de mirar en silencio a los cad�veres. Gauderic asign� r�pidamente a sus dos hermanos y a sus amigos la tarea de cavar fosas, usando las pocas herramientas que pudieron rescatar. Y a la ma�ana siguiente, tras haber llevado a cabo una sencilla ceremonia para honrar a los muertos, la banda mercenaria sigui� adelante.</p><p>Los bosques de Qualinesti, llamados bosques de Beryl por los que viv�an fuera de ellos, as� como por los que viv�an en su interior y declaraban su lealtad a la se�ora suprema, eran realmente impresionantes. Incluso antes de que el drag�n presentara su reclamaci�n del territorio en medio de la terrible Purga de los Dragones, eran unos bosques enormes y antiguos con m�s de un millar de variedades de �rboles.</p><p>Pero despu�s de que el drag�n llegara y empezara a alterar el terreno, el lugar se torn� extra�o y primitivo. Ahora, los �rboles se alzaban m�s de treinta metros hacia el cielo, con unos troncos que eran m�s gruesos que un elefante macho. Enredaderas repletas de flores que pod�an soportar el fr�o del invierno trepaban por arces y robles y perfumaban el ambiente con un dulce aroma que casi resultaba opresivo. Hab�a algunas pocas zonas donde no crec�a nada, pero el musgo era espeso en todas partes y se extend�a en todas direcciones en deslumbrantes tonalidades de verde esmeralda y verde azulado. Helechos tan altos como un hombre colgaban por encima de arroyos y daban sombra a tupidas parcelas de hongos del tama�o de un pu�o. Las hojas eran verdes y llenas de vitalidad. Abundaba la vida.</p><p>Las aves estaban gordas y saludables debido a la abundancia de frutas e insectos. Gauderic se�al� varias clases de loros que normalmente se hallar�an s�lo en zonas tropicales. La caza menor prosperaba y se apartaba veloz del camino de los humanos; conejos y otros animales se hab�an multiplicado de un modo asombroso. Exist�an algunas sendas, abiertas por los qualinestis que viajaban de un poblado a otro o que cazaban a lo largo del r�o Sendaventosa. Pero la magia del bosque imped�a que los caminos quedaran demasiado marcados, pues el musgo y las enredaderas crec�an sobre ellos casi tan pronto como eran hollados por las botas de los caminantes. Cada sendero que Dhamon localizaba parec�a como si acabara de ser abierto.</p><p>El guerrero record� que Feril hab�a hablado de esos bosques, a cuyo interior se hab�a aventurado en compa��a de Palin y del enano Jaspe Fireforge. La kalanesti lo consider� embriagador, y �l casi imagin� ver su rostro en las espirales de un enorme roble. Sus ojos adquir�an cierta dulzura cuando pensaba en ella, y sus dedos se extendieron para rozar el trozo de corteza en el que le parec�a ver su mejilla.</p><p>��Se�or! �He encontrado huellas! �Por aqu�! �La excitaci�n era bien patente en la voz del explorador humano, que era uno de los cuatro que se hab�an desplegado en abanico fuera del sendero principal�. Fijaos, son dif�ciles de distinguir, se�or, y casi los paso por alto. Pero aqu� hay una marca. Y aqu� hay parte de otra.</p><p>Dhamon se sacudi� de encima sus meditaciones, se arrodill� y traz� con el dedo la marca de una pisada. Era un rastreador experto, adiestrado por los Caballeros de Takhisis cuando se uni� a sus filas de muchacho, e instruido en otros aspectos de tal especialidad por un caballero sol�mnico de avanzada edad que hizo amistad con �l y lo apart� de la oscura orden. La �poca pasada junto a la kalanesti Feril hab�a aumentado m�s su destreza en el tema.</p><p><emphasis>Feril</emphasis></p><p>, se dijo de nuevo.</p><p>El joven aguardaba a que su jefe hablara.</p><p>�S�, son huellas de drag�n �confirm� �ste, con voz tranquila pero vacilante�. Es dif�cil decir cu�nto hace que est�n aqu�.</p><p>��Y nuestra ruta sigue estas huellas! �repuso el otro muy satisfecho.</p><p>Empez� a decir algo m�s, pero Dhamon no lo escuchaba, porque estudiaba el florido tapiz del suelo que hab�a quedado aplastado contra el suelo. Las huellas pertenec�an a un drag�n de mayor tama�o que el que aparentemente hab�a destruido Alc�zar del Viento, y el bosque se recuperaba ya del peso de la pisada de la criatura. Hab�a brotado musgo, y las peque�as ramas rotas cicatrizaban.</p><p>�Nervios �musit� al sentir que la escama de su pierna le escoc�a de un modo desagradable.</p><p>Se puso en pie y escudri�� los matorrales en busca de m�s se�ales, observando que el joven rastreador hac�a lo mismo. El hombre se�al� hacia el oeste, en direcci�n a lo que parec�a un apisonado tramo de matas de helechos, y los dos se encaminaron hacia all�. Pero se detuvieron al instante cuando un grito ahogado hendi� el aire a su espalda.</p><p>Los p�jaros salieron disparados de los �rboles en una enorme nube de atronador colorido, y los peque�os animales que hab�an permanecido ocultos por la maleza emergieron en veloz oleada. Se oy� un revuelo en el sur, eran animales de mayor tama�o que tambi�n corr�an, y el golpear de botas sobre el suelo: los mercenarios tambi�n hu�an.</p><p>Dhamon gir� en redondo y regres� a toda velocidad al sendero, sin importarle las ramas que azotaban su rostro y tiraban de su capa. El joven rastreador lo sigui� como pudo.</p><p>��Corred! �chillaba Gauderic a los hombres�. �Desperdigaos y corred!</p><p>��Elfo idiota! �grit� Dhamon mientras se precipitaba en direcci�n a la orilla del r�o.</p><p>Pas� veloz junto a un espeso grupo de abedules, saltando sobre una gran roca y esquivando un charco de agua estancada. El verde del bosque era una masa borrosa mientras corr�a hacia sus hombres.</p><p>��Atacad al drag�n! �rugi�. �Es una orden, Gauderic! �Atacad y desplegaos! �Enfrentaos a la bestia desde varias direcciones! �No os atrev�is a poner pies en polvorosa! �Necesit� s�lo unos instantes para acorralar a los mercenarios y obligarlos a avanzar.</p><p>Y en unos cuantos minutos m�s la mitad de sus hombres estaban muertos.</p><p>Los que atacaban muy por delante de Dhamon fueron alcanzados por una nube de cloro pestilente y se desplomaron entre alaridos y convulsiones, desgarr�ndose rostros y ropas, mientras sollozaban sin control. Unos cuantos pensaron r�pidamente en echarse al r�o, donde las heladas aguas ayudaron a quitar la horrible pel�cula dejada por el aliento del drag�n pero la mayor�a se limit� a darse por vencida ante todo aquel dolor y sucumbi�.</p><p>Dhamon corri� hacia la vanguardia de la fila, esquivando con agilidad a los mercenarios ca�dos. Las barbillas y las frentes de los hombres se cubrieron de ampollas como las que hab�a visto en los aldeanos elfos; los situados en la parte delantera fueron los que salieron peor parados, pues sobre ellos hab�a ca�do la mayor parte del aliento de la criatura. El gas de cloro se hab�a introducido en las profundidades de sus pulmones, y aquella sustancia qu�mica era tan c�ustica que los devoraba por dentro y por fuera.</p><p>��Asesino! �grit� Dhamon al drag�n.</p><p>La enorme bestia proyectaba una larga sombra sobre el sendero, y ten�a medio cuerpo dentro y medio fuera del agua, donde sin duda hab�a estado apostada aguard�ndolos, alz�ndose para sorprenderlos con su nube de gas letal. Desde luego era mucho mayor que el drag�n solitario que buscaban, por lo menos med�a unos treinta metros desde el hocico hasta la punta de la cola.</p><p>Las flexibles placas del vientre del animal brillaban como esmeraldas mojadas al capturar la luz matutina que se filtraba por entre las ramas, y las escamas del resto del cuerpo ten�an la forma de hojas de olmo e iban de un pardo tono oliva a un profundo y brillante azul verdoso casi id�ntico a las agujas de los elevados abetos cercanos. Los ojos de la hembra de drag�n refulg�an con un apagado color amarillo y estaban atravesados por unas negras rendijas como las de un felino. Una gran cresta puntiaguda del color de los helechos j�venes discurr�a cuello abajo desde lo alto de su testa, para desaparecer en las sombras de las correosas alas. Ten�a un �nico cuerno, en el lado derecho de la testa, negro y alej�ndose de ella en un tirabuz�n, deforme como un defecto de nacimiento. No hab�a protuberancia all� donde debiera haber crecido el segundo cuerno.</p><p>Los pocos mercenarios que quedaban retroced�an, hipnotizados por la visi�n de la criatura, temerosos de darle la espalda.</p><p>��Enfrentaos a ella! �se oy� gritar Dhamon�. �No retroced�is! �No huy�is!</p><p>Los mercenarios se detuvieron por un instante, mirando a Gauderic, que segu�a a�n inm�vil.</p><p>�No �articul� a su jefe, incr�dulo; pero �ste mene� la cabeza furiosamente en direcci�n a su segundo en el mando y les hizo se�as para que avanzaran.</p><p>��Luchad contra ella!</p><p>A continuaci�n, Dhamon se lanz� al ataque, con los pies aporreando el suelo, para luego perder el equilibrio y desplomarse al resbalar sobre un charco fangoso.</p><p>En ese mismo instante, la hembra de drag�n se precipit� hacia adelante, abri�ndose paso por entre los gigantescos �rboles y sin hacer da�o a ninguno de ellos. Su cola chasque� como un l�tigo, golpeando al tr�o de elfas que avanzaba hacia ella, con las espadas brillantes y h�medas por el cloro que todav�a flotaba en el aire.</p><p>A Dhamon le ard�an los pulmones, y el cloro amenazaba con asfixiarlo. Hizo un movimiento para erguirse, pero se detuvo, observando desde su posici�n tumbada el aterrador cuadro que se desarrollaba ante sus ojos. Los sonidos eran abrumadores: los gemidos de los hombres, los chillidos de las aves, el martilleo de su coraz�n; pero m�s fuerte a�n fue la profunda inspiraci�n del drag�n. El hormigueante calorcillo de la escama de su pierna resultaba cada vez m�s molesto, y comprendi� que no se trataba de nervios, que era algo m�s.</p><p>Vio que una de las elfas se abalanzaba contra el animal, blandiendo con furia su arma y que el drag�n soltaba una segunda r�faga borboteante de gas de cloro. Dhamon consigui� esquivar el impacto directo del ataque, rodando tras un mercenario muerto, y sinti� la c�ustica neblina que se instalaba en sus ropas y su cota de malla. La piel empez� a escocerle con violencia.</p><p>Pero las elfas no tuvieron tanta suerte. La nauseabunda nube amarillo verdosa se hinch� y las envolvi� y, como una sola, las elfas aullaron, en un horroroso coro que casi hizo vomitar a Dhamon. Los golpes de sus cuerpos al chocar contra el suelo sonaron blandos, y la nube sigui� extendi�ndose m�s all�.</p><p>��Condenada bestia! �Dhamon oy� chillar a Gauderic.</p><p>Su segundo en el mando se acerc� al vientre del animal y lanz� una estocada, pero el arma rebot� en el blindaje y la espada estuvo a punto de saltar de la mano del mercenario. �ste redobl� sus esfuerzos y golpe� m�s fuerte, poniendo todas sus energ�as en ello y obteniendo m�s �xito en esta ocasi�n. La hembra de drag�n profiri� un tremendo rugido que ensordeci� a todos moment�neamente.</p><p>S�lo una docena de hombres hab�a sobrevivido al �ltimo ataque de la criatura y se hab�a colocado lo bastante cerca para atacar. Por lo que pod�a apreciar Dhamon, aquellos valientes intentaban seguir sus �rdenes.</p><p>��Manteneos lejos de sus fauces! �gritaba Gauderic�. Pegaos a su cuerpo. �Golpead en las zonas bajas y no dej�is de moveros! �Dad vueltas y atacad!</p><p>El animal barr�a con su cola por entre el follaje, lanzando los cad�veres al r�o, y con el rabillo del ojo, Dhamon vio que manaba un hilillo de sangre por las verdes escamas de la criatura. Gauderic hab�a abierto una herida en la zona interna de la pata trasera de la bestia, y la sangre manaba abundantemente, formando un charco en el suelo. Uno de los mercenarios elfos hab�a logrado hundir su espada entre las grandes escamas de la pata delantera, pero como no consigui� liberar la hoja, cogi� las dos dagas que llevaba al costado y prosigui� su ataque.</p><p>De improviso la hembra de drag�n se alz� sobre los cuartos traseros y rugi�. La esperanza floreci� en el pecho de Dhamon. �Exist�a una posibilidad! Sin embargo, la escama de su pierna le dol�a cada vez m�s. Respir� el c�ustico aire e intent� avanzar, pero un dolor agudo le recorri� la pierna y lo mantuvo inmovilizado donde estaba.</p><p>El rugido de la criatura cambi� de tono y titube�, y Gauderic profiri� un grito de j�bilo. A trav�s de una neblina de dolor, Dhamon se dio cuenta de que su segundo en el mando estaba pr�cticamente cubierto con la sangre de su adversario, y que el valiente mercenario segu�a atacando la herida del animal.</p><p>La hembra se revolvi� con violencia, torciendo la cabeza a un lado y a otro. Entonces sus ojos se clavaron en Dhamon, y los enormes labios moteados se tensaron en una mueca burlona. El coraz�n del guerrero se hel� durante un segundo, y consigui� escabullirse a un lado, recost�ndose tras un �rbol mientras intentaba suprimir la ardiente sensaci�n de su pierna.</p><p>�No se puede luchar as� �escupi� Dhamon�. Es in�til. Estar�a malgastando mi vida. No ser�a de ninguna ayuda para ellos. �Luego, aunque una parte de s� mismo estaba en contra, dio la espalda a la batalla y a Gauderic y march� cojeando entre los �rboles�. No hay esperanza paradlos.</p><p>Los ruidos del combate se fueron apagando. No s�lo porque Dhamon pon�a distancia entre �l y la hembra de drag�n, sino porque sus �ltimos hombres estaban muriendo. Oy� un sonoro chisporroteo y, a continuaci�n, la voz de Gauderic que, apenas un murmullo ahora, gritaba:</p><p>��Posee magia! �La criatura tiene magia!</p><p>Luego ya no oy� nada m�s aparte del crujir de ramas bajo sus pies y el martilleo de su coraz�n. El dolor de la pierna parec�a disminuir con cada metro de terreno que pon�a entre �l y el reptil. Vagabunde� por los bosques varios d�as, esperando que la hembra de drag�n lo persiguiera y lo matara tambi�n a �l. Pero cuando esto no sucedi�, regres� a Trueque.</p><p>Eran altas horas de la noche y s�lo hab�a una taberna abierta.</p><p>Nadie pareci� reconocerlo o advertir sus andrajosas ropas y cabellos enmara�ados. Hab�a abandonado la cota de malla en el linde de la poblaci�n. Tras instalarse en una mesa vac�a, Dhamon Fierolobo empez� a beber, a beber en grandes cantidades mientras meditaba lo que contar�a a Palin Majere.</p><p>��Cerveza! �Dhamon estrell� la jarra vac�a contra la mesa, haci�ndola a�icos.</p><p>Su arrebato acall� el atestado local durante un instante, pero las partidas de dados y las apagadas conversaciones se reanudaron enseguida. Una moza elfa, tan delgada que parec�a fr�gil, corri� hacia �l con una nueva jarra en la mano y un pichel en la otra. Abri�ndose paso con movimientos expertos por entre el laberinto de concurridas mesas, la joven coloc� la jarra frente a Dhamon y la llen� a toda prisa.</p><p>�Mejor �manifest� �l, la voz espesa por el alcohol�. Estoy sediento hoy. No vuelvas a dejar que me quede seco.</p><p>Tom� un buen trago del recipiente, vaci�ndolo mientras ella observaba, luego lo dej� caer con fuerza sobre la mesa, aunque no tanto esta vez. La muchacha le sirvi� otro trago y arrug� la nariz cuando �l lanz� un sonoro eructo, su aliento compitiendo con las prendas empapadas de sudor en el asalto a sus finos sentidos.</p><p>�Essso es una buena chica �dijo �l, introduciendo la mano en su bolsa para sacar varias monedas de acero. Las dej� caer en el bolsillo del delantal de la elfa y observ� satisfecho que sus ojos se abr�an de par en par ante su considerable generosidad�. Y deja el pichel.</p><p>La joven lo dej� al alcance de su mano y se dedic� a limpiar los fragmentos de cer�mica de su primera jarra, barri�ndolos al interior de los pliegues de su falda.</p><p>�Eres callada �continu� Dhamon, y sus oscuros ojos centellearon bajo el resplandor de los faroles que colgaban de las alfardas e iluminaban con suavidad todo el lugar con excepci�n de los rincones m�s alejados del s�rdido establecimiento de techo bajo�. Me gustan las mujeres calladas. �Extendi� una mano, la axila oscurecida por el sudor, y cerr� los dedos alrededor de la mu�eca de ella, oblig�ndola a sentarse en su regazo y enviando al suelo todos los fragmentos que hab�a recogido�. Y me gustan las elfas. Me recuerdas un poco a Feril, una elfa de la que efftaba enamorado.</p><p>Agit� el brazo libre en un gesto grandilocuente, derribando el pichel y provocando un juramento en un anciano semielfo de una mesa vecina que hab�a resultado salpicado. Con excepci�n de �l, del enfurecido anciano semielfo y de dos hombres que conversaban frente a un fuego que ard�a alegremente, la taberna estaba llena de qualinesti de pura raza.</p><p>�Trueque es ante todo un poblado elfo, se�or. Casi todos los que viven aqu� son qualinestis.</p><p>Sonri� d�bilmente al irritado semielfo, que se estaba escurriendo la cerveza de la larga t�nica. Este maldijo en voz baja en el dialecto qualinesti y lanz� una mirada despectiva a Dhamon con sus acuosos ojos azules.</p><p>�S�, eso es cierto, muchacha elfa. No hay muchos humanos por estas tierras �repuso Dhamon�. Har�an las patas de la silla y los techos bastante m�s altos si as� fuera. No hay apenas humanos. �Su expresi�n se suaviz� un instante, sus ojos se entristecieron al momento y se clavaron en algo que la joven no pod�a ver. Su mano se afloj�, aunque no la solt�, y alz� la mano libre para dibujar una puntiaguda oreja�. O tal vez hay un humano de m�s. Yo.</p><p>Ella le dedic� una larga mirada. De no haber sido por la mara�a de su larga melena negra que no hab�a visto un peine en d�as y por la espesa y desigual barba que empezaba a cubrir su rostro, la joven lo habr�a considerado bastante apuesto. Era joven para ser un humano, imagin�, a�n no habr�a cumplido los treinta. Ten�a una boca generosa que estaba h�meda de cerveza, y sus p�mulos eran prominentes y marcados y muy bronceados por haber pasado horas al sol. Su camisa y su chaleco de cuero estaban abiertos, dejando al descubierto un pecho delgado y fornido que brillaba a causa del sudor como si le hubieran pasado aceite. Pero sus ojos fueron lo que capturaron su atenci�n: apremiantes y misteriosos, la reten�an como un im�n.</p><p>�Soltadme, se�or �dijo, si bien no forceje�, y sus palabras carec�an de convicci�n�. No hay necesidad de ocasionar disturbios aqu�.</p><p>�Me gustan las mujeres silenciosas �repiti� Dhamon, y por un instante apareci� un resplandor en sus ojos, como si un pensamiento secreto estuviera actuando tras ellos�. Silenciosas.</p><p>�Pero a ella no le gustas t�. �Era el semielfo que hab�a salpicado de cerveza�. Su�ltala.</p><p>La mano libre de Dhamon fue a caer sobre la empu�adura de la espada que llevaba al cinto.</p><p>�No quiero problemas �inst� la joven, sin apartar la vista de los ojos de �l�. Por favor.</p><p>�De acuerdo �accedi� �l, finalmente, y solt� a la muchacha y la espada, rodeando la jarra con ambas manos. Mir� con ojos entrecerrados al semielfo, luego se encogi� de hombros�. Sin problemas. �Mirando a la muchacha a�adi�, casi en tono amable�: Tr�eme otro pilcher. Y no esta porquer�a que me has estado sirviendo. �Qu� hay de ese fant�stico vino elfo que estoy oliendo? Cuanto m�s fuerte mejor. De la clase que le llevas al resto.</p><p>�Tal vez ser�a mejor que te fueras �sugiri� el anciano semielfo en cuanto la joven se hubo marchado; su voz era at�picamente profunda y chirriante�. Ya has bebido m�s que suficiente.</p><p>�A�n no he bebido ni mucho menos lo suficiente �repuso �l, negando con la cabeza, al tiempo que los m�sculos de su espalda se tensaban�, sigo despierto, �no es cierto? Pero no te preocupes por m�. No tardar� en marchar. Con las primeras luces, fffospecho. Entonces ni t� ni ninguno de los otros qualinestis tendr�is que seguir aguant�ndome.</p><p>El semielfo se acerc� un poco m�s, y Dhamon se vio reflejado en un largo y bru�ido medall�n que colgaba de una fina cadena alrededor de su cuello.</p><p>Dedic� una mueca a la desali�ada imagen.</p><p>�Ve a ahogar tus penas a otra parte �dijo el otro, bajando la voz hasta convertirla en un �spero susurro.</p><p>Un atisbo de sonrisa asom� al rostro de Dhamon, que enseguida abri� la boca para protestar, pero una r�faga de helado viento nocturno lo interrumpi�. La puerta de la taberna se abri� de par en par, golpeando con fuerza al entrar otros dos elfos. Estaban cubiertos de polvo y ten�an un aspecto macilento, el que sosten�a un bast�n retorcido era un desconocido a sus ojos, pero el otro resultaba muy familiar e iba adornado de manchas de sangre.</p><p>�Gauderic �musit� Dhamon, y su rostro se torn� ceniciento como si hubiera visto un fantasma.</p><p>Tambi�n Gauderic lo vio, dio un codazo a su compa�ero y se�al�:</p><p>��Ese es! �Ese es el despreciable palad�n de Palin Majere!</p><p>Al mismo tiempo, una falda multicolor susurr� sonoramente junto a �l.</p><p>��Aqu� est� vuestro vino elfo, se�or! �anunci� musicalmente la moza, y lanz� una exclamaci�n de sorpresa cuando los dos elfos avanzaron veloces hacia ellos, los pies retumbando sobre el suelo de tierra batida mientras se abr�an paso por entre las mesas.</p><p>Dhamon se puso en pie, y, al hacerlo, se golpe� la cabeza contra una viga del bajo techo y choc� contra la muchacha. �sta cay� de espaldas sobre el semielfo que hab�a resultado salpicado, empap�ndolo de nuevo cuando el recipiente resbal� de sus dedos y fue a hacerse pedazos contra el suelo.</p><p>El semielfo lanz� un juramento e intent� a ayudar a la joven a incorporarse, pero ambos resbalaron sobre el vino derramado, cayeron hechos un ovillo y se enredaron en las faldas de ella. Dhamon no les prest� la menor atenci�n y agarr� el borde de la mesa, d�ndole la vuelta para colocarla a modo de escudo contra los dos reci�n llegados.</p><p>El desconocido choc� contra la superficie de la mesa y se oy� un nauseabundo golpe, en tanto que Gauderic esquiv� con agilidad el obst�culo y alz� bien alta su espada.</p><p>��Dhamon Fierolobo! �chill�. �Nos ordenaste atacar al drag�n! �Atacar y morir! �Blandi� la espada en un salvaje arco por encima de su cabeza, enviando a todos los parroquianos en busca de un lugar en el que ponerse a cubierto, junto con las jarras de vino�. �No deber�amos haberte escuchado!</p><p>Dhamon pate� a Gauderic en el est�mago y lo lanz� contra una mesa abandonada.</p><p>��No! �chill� a todo pulm�n la joven, cuando por fin consigui� incorporarse y, dando un traspi� huy� por entre el laberinto de mesas Insta el cuarto trasero�. �Vientoplateado! �Tenemos problemas! �Vientoplateado! �Llama a la ronda!</p><p>�Yo no quer�a problemas �refunfu�� Dhamon�. S�lo quer�a algo de beber.</p><p>Ambos elfos se hab�an recuperado y cargaban contra �l, aunque el desconocido estaba un poco tambaleante y le sangraba la nariz. La clientela apart� el mobiliario hacia las paredes para dejar espacio a los contendientes. Susurros y murmullos inundaron la estancia. Con el rabillo del ojo, Dhamon vio que los dos humanos apostaban monedas. Unos cuantos de los parroquianos elfos ten�an las manos puestas sobre sus armas, y el mercenario no tuvo la menor duda sobre qu� bando tomar�an si se decid�an a intervenir.</p><p>��Mi esposa y hermana! �escupi� el desconocido�. �Muertas! �Muertas por tu culpa!</p><p>��Mis hermanos y amigos! �a�adi� Gauderic.</p><p>��Yo no obligu� a nadie a venir conmigo! �replic� �l, y se agach� para no golpearse la cabeza contra el techo de metro ochenta de altura. Blandi� su propia arma en un movimiento descendente, usando la hoja plana de la espada para golpear al desconocido en el hombro�. �Los dragones son peligrosos! �Matan a la gente, maldita sea! �As� es como son las cosas y t� lo sabes, Gauderic!</p><p>��La Verde no te mat�! �interpuso el otro�. �Estabas tumbado boca abajo y evitabas la lucha! �Estabas muy ocupado contemplando c�mo mor�an tus hombres!</p><p>Se sec� la sangre que manaba de su labio con una mano y hundi� el otro pu�o con fuerza en el est�mago de Dhamon, que se dobl� hacia adelante, mientras el otro hombre aprovechaba para asestarle un buen golpe en el costado con su bast�n.</p><p>�Vienes con nosotros Dhamon Fierolobo �a�adi� el desconocido�. Te vamos a entregar a las autoridades. �Vas a ser juzgado en Trueque! Y no habr� nadie que hable en tu defensa. Quiero tu muerte a cambio de las muertes de mi esposa y mi hermana.</p><p>�Muerte por muerte �grit� una voz desde una esquina de la sala.</p><p>��Juzgadlo aqu�!</p><p>��No necesitamos un juicio! �chill� otro cliente.</p><p>El desconocido volvi� a golpear a Dhamon con su bast�n. �ste sinti� c�mo sus costillas se part�an y el dolor lo dej� sobrio al instante.</p><p>�Yo no mat� a esos hombres. El drag�n lo hizo. No tengo nada contra vosotros �sise� por entre los apretados dientes�. Ni siquiera te conozco a ti. �Esto lo dirigi� al desconocido�. �Dejadme en paz! �Protegiendo el costado, se agach� y gir�, esquivando como pudo los golpes de ambos elfos�. �Dejadme en paz!</p><p>��Les ordenaste que lucharan contra la bestia! �repiti� Gauderic�. �Lo ordenaste! �Al menos deber�as haber combatido y muerto con ellos! �Cobarde!</p><p>�Tampoco has muerto t� �arg�y� �l, tajante.</p><p>Alz� la espada para detener otro ataque del bast�n del otro elfo, y luego lanz� su pierna hacia arriba, estrellando la bota con energ�a en la barbilla del desconocido, que qued� aturdido por el golpe. El elfo cay� al suelo y Dhamon le asest� unos fuertes puntapi�s de propina. El ca�do no se levantar�a en un buen rato.</p><p>�No obligu� a nadie a enfrentarse al drag�n, Gauderic. No te obligu� a ti.</p><p>��No lo hiciste? �inquiri� �ste despectivamente, retrocediendo un paso y conteniendo la respiraci�n. Ambos hombres se contemplaron mutuamente, con los pechos agitados y los nudillos blancos sobre las empu�aduras de sus espadas�. �El adalid de Palin! Un aut�ntico h�roe. T� ordenaste�</p><p>��Pues me equivoqu�! �escupi� el humano�. Tal vez. Pero t� viviste. �T� viviste!</p><p>��S�lo yo! �replic� �l�. �Y �nicamente porque esa hembra de drag�n me lo permiti�! �La respiraci�n del elfo era entrecortada ahora, y los verdes ojos estaban entrecerrados y convertidos en simples rendijas�. �Los mat� a todos! �Todos! Y yo era el siguiente. Baj� la cabeza hasta estar tan cerca que pude ver mi rostro reflejado en sus ojos y sentir su aliento abrasador en las piernas. �Me mir� fijamente y se march�! En un principio pens� que yo era demasiado insignificante para que se preocupara de m�. Luego comprend� que me dejaba con vida para que la noticia de lo que hab�a hecho ese d�a pudiera llegar a o�dos de otros hombres. Pas� horas buscando por el r�o, con la esperanza de hallar al menos otro superviviente, con la esperanza de encontrarte a ti. Todo lo que encontr� fueron cad�veres. Consegu� hallar a codos los mercenarios, con la excepci�n de su glorioso l�der. Y los enterr� a todos. Tard� d�as. Durante ese tiempo la hembra de drag�n regres� en dos ocasiones a observarme.</p><p>Dhamon baj� su arma y sacudi� la cabeza.</p><p>�Quer�a enterrarte tambi�n a ti.</p><p>��M�talo! �profiri� una voz pastosa por culpa del vino desde un rinc�n�. �Dej� morir a nuestros hermanos! �Tambi�n �l debe morir!</p><p>�Me contaste que eras un caballero negro. Que renunciaste. Puede que todo eso fuera una mentira. A lo mejor todav�a eres uno de ellos.</p><p>��Caballero negro? �reson� por toda la habitaci�n.</p><p>��Caballero negro de Neraka? �exclam� el anciano semielfo.</p><p>�As� es como los llaman ahora �respondi� Dhamon, categ�rico.</p><p>Se produjo una segunda oleada de murmullos, el sonido de unas cuantas espadas que se desenvainaban, el crujido de la madera a medida que los parroquianos se inclinaban sobre las mesas para asimilarlo todo mejor. Se oy� el tintineo de m�s monedas que se apostaban, palabras pronunciadas a gritos en lengua elfa, un d�bil grito procedente del cuarto trasero. Esta �ltima era la voz de la moza de la taberna, que llamaba a la guardia.</p><p>��Coged al caballero negro!</p><p>��Matad al traidor!</p><p>De repente los platos empezaron a estrellarse contra el suelo, y se volcaron sillas y bancos. Alguien situado detr�s de Dhamon arroj� una jarra, que lo golpe� en la espalda. Un tumultuoso juramento de</p><p><emphasis>muerte al caballero negro de Neraka</emphasis></p><p> se dej� o�r, y desde alguna parte fuera de all�, son� un agudo silbido.</p><p>Un elfo de cabellos plateados cargaba contra �l, usando una silla como arma. Otro hab�a arrancado la pata de una mesa e intentaba desesperadamente usarla como garrote. Dhamon esquiv� con facilidad a la ligeramente ebria pareja y fue a parar directamente ante el anciano semielfo empapado de cerveza, que baj� la cabeza y atac�, estrell�ndose contra el est�mago del humano y dej�ndolo moment�neamente aturdido.</p><p>No obstante el dolor, Dhamon se oblig� a reaccionar. Descarg� el pomo de su espada con fuerza contra la cabeza del semielfo y lo lanz� al suelo, luego balance� el arma en un arco ante s�, para mantener a raya a otros parroquianos. Dio una patada a un lado, acertando en la mand�bula a un joven elfo que simplemente intentaba huir del api�amiento de cuerpos. Sangre y dientes salieron volando por los aires, y el desdichado parroquiano cambi� de idea y decidi� unirse a la refriega, sacando una daga y maldiciendo en voz alta en diferentes idiomas. El vapuleado joven lanz� la hoja contra Dhamon e hizo una mueca cuando �sta rebot� en el muslo derecho del humano y estuvo a punto de herir a otro cliente.</p><p>El filo de una espada corta se hundi� profundamente en su pierna izquierda. Dhamon se tambale�, luego cay� de rodillas, y un pichel se estrell� contra su cabeza. Arom�tico vino elfo empap� sus cabellos y ropas, y regueros de sangre corrieron por su rostro desde el punto donde los fragmentos de cer�mica hab�an desgarrado el cuero cabelludo en varios puntos. Se sacudi� y lanz� unos cuantos pedazos contra el suelo mientras se esforzaba por no perder el conocimiento y se incorporaba; luego se revolvi� violentamente contra un elfo que intentaba ensartarlo con un atizador de hierro, arrojando el atizador a un lado al tiempo que asestaba un buen golpe a su atacante en un costado de la cabeza.</p><p>��Parad esto al instante! �grit� la moza de la taberna, que se hallaba en alguna parte detr�s de la masa de elfos y chillaba con toda la fuerza de que era capaz.</p><p>��Parad! �se uni� otra voz a la de ella, probablemente la del propietario de la taberna; el hombre daba golpes con un puchero y aumentaba as� el estr�pito reinante�. �No romp�is eso! �Deja eso! �Por favor, deteneos!</p><p>��Yo no lo empec�! �maldijo Dhamon mientras saltaba torpemente por encima de un atacante que se abalanzaba sobre �l empu�ando un largo cuchillo de cocina.</p><p>El humano perdi� pie y accidentalmente derrib� a otros tres que corr�an en direcci�n a la puerta. Roz� contra una mesa, y la pernera derecha de sus pantalones se enganch� en un clavo que sobresal�a. La tela se desgarr�, dejando al descubierto una enorme escama negra como la noche sobre su pierna; la escama estaba atravesada por una veta plateada que atrap� la luz de los faroles y reluci�.</p><p>Se oy� una exclamaci�n colectiva de asombro cuando los elfos la descubrieron, y desde las profundidades del conglomerado de cuerpos alguien exclam�:</p><p>��Hechicer�a!</p><p>��Pertenece a un se�or supremo drag�n! �rugi� Gauderic. Estaba de pie sobre una silla en un extremo de la refriega, agitando su espada�. �Un Drag�n Negro se la puso!</p><p>�No, no lo hizo un Drag�n Negro �corrigi� in�tilmente Dhamon�.</p><p><emphasis>Fue la Roja</emphasis></p><p>.</p><p>��Es un agente de un drag�n! �vocifer� alguien�. �Matadlo!</p><p>��No soy agente de nadie! �aull� �l mientras hund�a el pomo de su espada en la cabeza de alguien; luego cuando la punta de una daga se hundi� en la parte posterior de su pierna, se dedic� a golpear con todas sus fuerzas a cualquiera que se acercara demasiado, al tiempo que intentaba llegar a la puerta.</p><p>Una media docena de elfos yac�a tumbada alrededor, con m�s muertos o personas inconscientes hacia el centro de la taberna donde se hab�a iniciado la pelea. El sucio suelo estaba salpicado de vino y sangre. Casi dos docenas de elfos segu�an en pie.</p><p>Arrojaron jarras contra el pecho de Dhamon, algunas de las cuales rebotaron para golpear a los elfos que se hallaban alrededor, y el humano lanz� patadas a los que ten�a m�s cerca, observando que parec�an temer a la pierna que luc�a la escama. Y sigui� lanzando golpe tras golpe con la hoja y la empu�adura de su arma, rompiendo dientes y huesos y salpic�ndose al mismo tiempo de sangre elfa.</p><p>De improviso un tronco sali� volando por los aires, procedente de uno de los humanos que hasta aquel momento se hab�an mantenido fuera del enfrentamiento. Mientras Dhamon se agachaba y observaba c�mo pasaba por encima de su cabeza, fue embestido por la espalda. El impacto lo lanz� al frente contra varios elfos, que empezaron a agarrarlo con tal fuerza que apenas si consigui� mantener la espada en la mano.</p><p>��No lo mat�is! �un grito se elev� por encima del estr�pito; era Gauderic, que se abr�a paso hasta all�. �Quiero que sea juzgado por sus atrocidades!</p><p>Dhamon percibi� vagamente un agudo silbido, y luego otro; oy� c�mo la muchacha suplicaba desesperadamente, oy� gemir a un elfo y sinti� c�mo un pu�o tras otro se estrellaba contra su rostro, contra su pecho, c�mo pies enfundados en botas lo pateaban. Lanz� una estocada al frente con su arma justo en el instante en que Gauderic llegaba junto a �l, y la hoja �que le hab�a sido entregada por los qualinestis de Trueque� se hundi� profundamente, haciendo brotar una roja flor en su t�nica mientras el asombrado elfo ca�a de rodillas y a continuaci�n se desplomaba hacia adelante con los ojos desorbitados por la incredulidad y la espada de Dhamon clavada en su cuerpo.</p><p>Los elfos volvieron su atenci�n hacia el ca�do Gauderic, y Dhamon aprovech� la oportunidad para abrirse paso a empujones por entre los �ltimos y escasos parroquianos que imped�an el acceso a la puerta. Instantes despu�s se perd�a en la helada noche.</p><empty-line/><p>�Palin� �el marinero trag� saliva�, �qu� tuvo que decir con respecto a la hembra de Drag�n Verde y a los hombres que murieron?</p><p>�No fui en su busca �respondi� Dhamon, encogi�ndose de hombros.</p><p>�Pero�</p><p>�He acabado con Palin. Se acab� lo de enfrentarse a dragones e intentar arreglar las cosas en este mundo. Nada volver� a estar bien jam�s. Te lo dije: no podemos vencer a los dragones.</p><p>�No puedes decirlo en serio, Dhamon �Rig mene� la cabeza�. �Despu�s de todo por lo que hemos pasado y todo lo que hemos visto! �Despu�s de todo aquello por lo que hemos luchado!</p><p>�Ya he visto suficiente. No hay esperanza, Rig. Me sorprende que no te hayas dado cuenta de ello ya. No hay dioses. Han abandonado a las criaturas de Krynn. S�lo hay dragones. A Jaspe lo mat� un drag�n. A Shaon la mat� un drag�n que yo acostumbraba montar. Todos esos hombres� y todos los hombres y mujeres que jam�s conoc�. <emphasis>No tenemos ninguna posibilidad contra los dragones.</emphasis> �Est�s tan ciego que no te das cuenta? Todos acabar�n siendo v�ctimas de ellos. �Todo el mundo! De modo que me dedico a disfrutar de la vida que me quede. <emphasis>Yo</emphasis> soy lo m�s importante ahora. Hago lo que <emphasis>yo</emphasis> quiero. Tomo lo que <emphasis>yo</emphasis> quiero. Trabajo para quien me parece.</p><p>�Eso est� mal �empez� a decir el marinero.</p><p>��Mal? �ri� Dhamon.</p><p>��No te averg�enzas de lo que has hecho? Los robos y�</p><p>�No.</p><p>��Ordenar a tus hombres que se enfrentaran al drag�n?</p><p>�Tanto si luchaban como si hu�an el resultado habr�a sido el mismo. La criatura los habr�a perseguido y acabado con ellos igualmente.</p><p>�Sin duda lamentar�s haber matado a Gauderic�</p><p>�No me arrepiento de nada �resopl� �l; sus ojos estaban tan oscuros que no se distingu�an las pupilas�. El arrepentimiento es para los est�pidos y los h�roes. Y yo no soy ninguna de esas cosas.</p><p>�Feril estar�a escandalizada �mascull� Rig, intentando encontrar un modo de llegar hasta �l.</p><p>�Feril ya no est� a mi lado. �El rostro de Dhamon aparec�a indiferente y sin emoci�n.</p><p>�No. �El marinero neg� con la cabeza, descartando la idea�. No lo creo. Vi el modo en que siempre te miraba. Pero, si t� y ella erais�</p><p>�Lo �ltimo que o� fue que sal�a con otro kalanesti en la isla Crystine. Probablemente estar�n casados ya.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>�Y as� fue como conoc� a Dhamon �contaba Maldred a Fiona�. En una taberna destartalada en Sanction. Estaba borracho y jugando, discut�a con un semiogro sobre unas cuantas monedas de acero. A pesar de la mala forma en que estaba Dhamon, pudo con el semiogro. Ni siquiera tuvo que sacar un arma.</p><p>��Y eso te impresion�?</p><p>Maldred sacudi� la cabeza y solt� una corta carcajada.</p><p>�No especialmente.</p><p>�Entonces �qu�? �Fiona parec�a genuinamente curiosa.</p><p>�Fueron sus ojos. Como los tuyos, estaban llenos de fuego, y hab�a un misterio ardiendo tras ellos, que aguardaba a ser desentra�ado. Decid� que quer�a llegar a conocerlo, de modo que me qued� por all� hasta que se le pas� la borrachera. �l y yo nos hemos ido encontrando desde entonces. Dhamon me ha salvado la vida en dos ocasiones; una har� un mes cuando est�bamos m�s al sur en estas monta�as y accidentalmente nos tropezamos con un par de dracs rojos.</p><p>�Dhamon ha luchado contra ellos antes.</p><p>�Eso era evidente. �Maldred gir� el brazo para que la mujer pudiera ver el dorso, donde justo por encima del codo una gruesa cicatriz rosada se extend�a hacia su hombro�. Mi recuerdo de ese d�a. Dhamon ni siquiera sufri� un rasgu�o. Desde luego, si yo no hubiera dejado mi espada antes de que cayeran sobre nosotros, pues estaba recogiendo hierbas para la cena, habr�a sido otra cosa. Nadie puede vencerme cuando tengo un arma. De cualquier modo, se lo debo. Y no me importa deb�rselo. Creo que somos almas gemelas.</p><p>Fiona oy� un trueno, alz� la cabeza hacia el cielo y sinti� las primeras gotas de lluvia cayendo sobre ella.</p><p>Traj�n empez� a ulular.</p><p>�Bendita lluvia �declar� Maldred�. Hac�a demasiado tiempo que no llov�a en estas monta�as. �Mir� hacia lo alto, se puso en pie y extendi� el brazo sano a un lado para capturar m�s cantidad de lluvia, luego abri� la boca de par en par para beberla.</p><p>Fiona empez� a dirigirse hacia Rig, pero un segundo trueno la detuvo. Le sigui� otro, pero �ste proven�a de debajo de sus pies. Era la monta�a que volv�a a retumbar, y ella estuvo a punto de perder el equilibrio. Los caballos relincharon nerviosos y el carro cruji� al intensificarse el temblor. En lo alto, los rel�mpagos danzaban entre las nubes y la lluvia cay� con m�s fuerza.</p><p>�Es el rel�mpago al que hay que temer, no el trueno �indic� Maldred, bajando la cabeza y atrayendo de nuevo la mirada de Fiona; dobl� las rodillas para mantener el equilibrio mientras la monta�a segu�a estremeci�ndose�. Los terremotos son diferentes, dama guerrera. Otra cuesti�n por completo. Siempre ha habido temblores en estas monta�as. Hubo uno muy fuerte hace unos d�as. Pero �ltimamente ha habido m�s retumbos de los acostumbrados. Me inquieta incluso a m�.</p><p>El suelo se qued� quieto un instante y luego volvi� a estremecerse, d�bilmente al principio, para ir aumentando luego. Fiona perdi� pie y cay� contra Maldred, que la sujet� r�pidamente rode�ndola con su brazo. La sacudida dur� unos cuantos minutos m�s, luego se desvaneci�. La mujer continu� mirando fijamente los enigm�ticos ojos de su acompa�ante, luego se reprendi� a s� misma por ser tan lenta para conseguir salir de entre sus brazos.</p><p>Desde el otro extremo del campamento, Rig la contempl� boquiabierto, y Dhamon pas� veloz junto al marinero, con Rikali y Traj�n tras �l. El hombre abri� un odre vac�o y lo sostuvo en alto para atrapar la lluvia mientras se encaminaba hacia el carromato, con la intenci�n de acampar bajo �l.</p><p>�Fiona, le dije a Rig que sois bienvenidos a compartir nuestro campamento esta noche.</p><p>Ella se coloc� frente a �l, con los ojos brillantes, impidi�ndole el paso.</p><p>�No me vas a llevar de vuelta a Estaca de Hierro. �Su cabeza estaba a�n un poco turbia por el alcohol, pero sus palabras sal�an m�s claras y veloces.</p><p>�No entra en mis planes.</p><p>�No me vas a llevar a ninguna otra parte para <emphasis>expiar</emphasis> mis cr�menes. No pienso dejar que lo hagas.</p><p>�Ni se me ocurrir�a.</p><p>�Y no vas a cambiar mi forma de ser, querid�sima Fiona �sigui� Dhamon, echando la cabeza hacia atr�s y lanzando una risita�. Ya lo he hablado con Rig. Nada de redenci�n. Me gusta mi actual forma de ser.</p><p>Ella se acerc� a�n m�s hasta que el hedor de su sudor y el alcohol de su aliento hizo que le escocieran los ojos.</p><p>�No quiero redimirte, Dhamon Fierolobo. Quiero unirme a ti.</p></section><section><title><p>7</p><p>Sombr�o Kedar</p></title><p>��Est�s loca! �Unirte a �l?</p><p>Los ojos del marinero estaban abiertos de par en par y su boca se mov�a silenciosamente mientras intentaba imaginar qu� otra cosa decir a Fiona.</p><p>��Unirte a m�?</p><p>Tambi�n Dhamon se qued� moment�neamente estupefacto, pero luego su rostro se puso r�pidamente su m�scara estoica y sus ojos se endurecieron. Chasque� ligeramente los dientes y cerr� y abri� los dedos alternativamente mientras aguardaba a que la mujer se explicara.</p><p>��Unirte a una banda de bandoleros? Yo dir�a que no es eso algo muy sol�mnico, precisamente. Podr�a deslustrar tu brillante armadura. �Rikali se acerc� furtivamente a la dama�. Adem�s, <emphasis>Fee-ohn-a</emphasis>, no queremos que te unas a nosotros. Los cuatro solos nos las arreglamos divinamente. Vosotros dos no encajar�ais. Y no ser�ais bienvenidos.</p><p>Fiona apart� a la semielfa con un codazo bastante brusco, provocando que �sta hinchara el pecho, alzara la barbilla y levantara un pu�o en actitud desafiante. Maldred pos� una mano sobre el hombro de Rikali, impidiendo as� que golpeara a la sol�mnica.</p><p>�Necesito monedas, Dhamon. Gemas, joyas, en grandes cantidades. Las necesito con rapidez. Inmediatamente. Y t� pareces saber c�mo conseguirlas.</p><p>Rig se dio una palmada en la frente, y dijo en voz baja:</p><p>�No funcionar�, Fiona. No puedes hacer tratos con el diablo. No puedo creer que lo consideres. Por todos los dioses desaparecidos, no ten�a ni idea de lo que pasaba por tu cabeza. �El marinero contempl� a su compa�era, y una avalancha de emociones se reflejaron en su rostro� por encima de todo, enojo.</p><p>�Mi hermano es uno de los Caballeros de Solamnia que est�n cautivos en Shrentak �empez� Fiona, que ahora ten�a puesta en ella la atenci�n de todos�. Lleva all� casi dos meses. Y yo pienso liberarlo.</p><p>�Shrentak, el coraz�n de la ci�naga �susurr� Rikali�. �se s� que es un lugar asqueroso al que no me gustar�a ir a parar. �La semielfa arrug� la nariz y se apoy� en Dhamon, quien por su parte se recost� con m�s fuerza en su bast�n.</p><p>�Sable, la se�ora suprema Negra, los retiene a ellos, y a otros, en su guarida. Y yo pienso liberar a mi hermano y a tantos otros caballeros como pueda. Tendr� que usar muchas monedas para pagar su rescate.</p><p>Dhamon permaneci� en silencio un buen rato; la lluvia y las palabras de la mujer disipaban su embriaguez. Ten�a los negros cabellos llegados a los costados de la cabeza, mientras la suciedad del rostro y las manos desaparec�a despacio bajo el constante torrente de agua. La hoguera situada tras �l se hab�a apagado, sumiendo el campamento en tinieblas. No obstante, los rel�mpagos que bailoteaban en las alturas proporcionaban luz suficiente para iluminar su torva expresi�n. Un atisbo de c�lera ard�a en sus ojos, y la piel de su rostro estaba tensa como la de un tambor.</p><p>�Deber�as escuchar a Rig �dijo a la mujer�. Pagar un rescate, hacer un trato con un drag�n, eso es una aut�ntica locura. Ya deber�as saberlo.</p><p>�No tengo elecci�n.</p><p>�Ponte en contacto con tu poderoso consejo sol�mnico. Sin duda fueron ellos quienes ordenaron a los caballeros que penetraran en la ci�naga. Pueden enviar a m�s caballeros a rescatarlos.</p><p>�S� �repuso ella, sacudiendo la cabeza�, el consejo envi� a mi hermano y a los otros hombres. Con qu� prop�sito es un misterio. Y s�, el consejo ha intentado rescatarlos. Dos veces han enviado all� a una guarnici�n, y en ambas ocasiones, nadie ha regresado.</p><p>�Enviad otra. �Sus palabras sonaron duras e irritadas�. Ser� una causa <emphasis>honorable</emphasis>.</p><p>Rikali se mordi� el labio inferior y asinti� con la cabeza.</p><p>�El consejo se niega �sise�, pr�cticamente, la dama�. En toda su infinita sabidur�a ha decretado que no se� <emphasis>desperdiciar�n</emphasis>, fue la palabra, m�s vidas.</p><p>�Entonces contrata mercenarios �intervino Maldred.</p><p>�Lo hemos intentado �repuso Rig�. Pero no hay monedas suficientes, al parecer, para atraer a nadie a la ci�naga de Sable.</p><p>�Gente inteligente �intervino la semielfa.</p><p>�Pero las monedas sacar�n de all� a mi hermano �continu� Fiona�. Uno de los servidores del drag�n se puso en contacto recientemente con el consejo y dijo que Sable liberar�a a los hombres a cambio de suficientes monedas y piedras preciosas. La clase de tesoro que gusta a los dragones.</p><p>�Pero no puedes confiar en un drag�n. �Las palabras de Dhamon sonaron g�lidas.</p><p><emphasis>Eso le he dicho</emphasis>, articul� Rig en silencio.</p><p>�No tengo ninguna elecci�n �repiti� ella con firmeza�. Es mi hermano.</p><p>�Y probablemente est� muerto. �Dhamon sacudi� la cabeza�. O por su propio bien deber�as esperar que as� fuera.</p><p>�No lo creo. Lo sabr�a si estuviera muerto. <emphasis>De alg�n modo lo sabr�a</emphasis>.</p><p>Dhamon dej� escapar un resoplido por entre los apretados dientes y lade� la cabeza para vislumbrar el largo zigzag de un rel�mpago. Bizque� a trav�s de la lluvia.</p><p>�Y el consejo, Fiona, �con qu� ha contribuido al rescate?</p><p>El trueno estremeci� el campamento y los rel�mpagos de las alturas se intensificaron, como dedos afilados saltando de nube en nube. La lluvia tamborileaba m�s veloz a�n ahora.</p><p>�Con nada �respondi� la mujer por fin�. Ni una sola pieza de acero. Dijeron que no quer�an saber nada de esto, que no cre�an en la oferta del esbirro de pagar un rescate por los hombres. Han borrado a los caballeros de sus listas, el consejo lo ha hecho, pues los da por perdidos a todos. Muertos.</p><p>�Entonces por qu� �empez� Dhamon.</p><p>�Esto lo hago por mi cuenta. Estoy arriesgando mi posici�n como Dama de Solamnia. �Cruz� los brazos; Dhamon no recordaba haberle visto jam�s una expresi�n tan desafiante en el rostro�. No me importa c�mo consigo esas riquezas, Dhamon Fierolobo. Robar� hospitales contigo. Carros de mercaderes. Har� lo que sea necesario excepto matar. Me�</p><p>�Te unir�s a nuestra admirable, pero humilde compa��a de ladrones, por lo que parece, dama guerrera �finaliz� por ella Maldred.</p><p>Rikali escupi� al suelo, y los ojos de Traj�n refulgieron rojos. La expresi�n de Dhamon era inescrutable, aunque sus inmutables ojos estaban puestos en Maldred ahora, no en Fiona.</p><p>�Es una l�stima, sin embargo, que no tengamos riquezas en estos momentos para contribuir a tu digno empe�o, dama guerrera �continu� el hombret�n�. Nada. Despilfarramos casi todo lo que Dhamon sac� del hospital. Pero nos dirigimos a Bloten, para dejar algunas provisiones. Y all�, estoy seguro de que podremos organizar alg�n modo de obtener considerables riquezas. Suficiente para tu rescate.</p><p>�Tengo que encontrarme con el sirviente de Sable en Takar �explic� Fiona, cuya envarada postura se relaj� un poco�. Vive all�, en alguna parte. No deber�a resultar dif�cil localizarlo y�</p><p>�Y este hombre es� �inst� Dhamon.</p><p>�No es un hombre, Dhamon. Es un draconiano. La hembra de drag�n lo ha destinado all�.</p><p>�Encantador �interpuso Rikali�. Y lo reconocer�s, supongo.</p><p>�Lleva un collar�n de oro soldado alrededor del cuello �dijo la sol�mnica, asintiendo�. Y tiene una profunda cicatriz en el pecho. Lo reconocer�.</p><p>�Una persona deliciosa, estoy segura �observ� la semielfa.</p><p>Fiona hizo caso omiso de la mujer, que refunfu�aba con respecto a la ci�naga y la dama, y sobre que cuatro ladrones eran m�s que suficiente para su peque�o grupo. La sol�mnica sigui� observando a Dhamon y a Maldred.</p><p>�Bloten no est� muy lejos de la ruta �dijo por fin�. Ir� con vosotros.</p><p>Detr�s de ella, Rig hundi� el rostro entre las manos.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>La lluvia se torn� m�s suave, pero mantuvo un aguacero constante hasta el amanecer, una torrencial cortina gris que los empap� hasta los huesos, y convirti� en barro el sendero que discurr�a entre los escarpados riscos.</p><p>�Deber�ais regresar a Khur �dijo Dhamon a Rig mientras el marinero ensillaba su enorme yegua. El animal no era tan bueno como el que Dhamon le hab�a robado; su lomo se balanceaba y hab�a un gran bulto en una de las patas traseras�. La regi�n es m�s hospitalaria, m�s segura para ti y para Fiona. Qu�tale esa estupidez de la cabeza. Dragones� y draconianos� son seres en los que no se puede confiar. Est� malgastando su tiempo.</p><p>El otro asegur� la silla de montar y de su garganta brot� una especie de chasqueo.</p><p>�Me alegra ver que te preocupa tanto nuestra seguridad.</p><p>�No es cierto. �El rostro de Dhamon era impasible, y su voz firme�. Es s�lo que prefiero no disfrutar de vuestra compa��a.</p><p>�M�s motivo a�n, en ese caso, para que Fiona y yo vayamos con vosotros. S� que cuando se le mete una idea en la cabeza no puedo hacer que cambie de opini�n. Pero no os voy a ayudar a birlar una sola moneda de acero.</p><p>�Una p�rdida de tiempo �repiti� su amigo.</p><p>�Es nuestro tiempo.</p><p>El sendero que tomaron se hab�a convertido en una tortuosa serpiente marr�n que se ondulaba con espesos riachuelos. En ocasiones se curvaba con suavidad por entre las monta�as con escarpadas rocas alz�ndose en ambos lados; pero a menudo se enroscaba alrededor del borde de la ladera occidental, como hac�a en ese momento, ascendiendo una cara casi vertical del risco, cuya cima desaparec�a en el interior de oscuras nubes grises en un lado, mientras en el otro hab�a una pendiente perpendicular de sesenta metros que daba al inmenso pantano de Sable. Una fina franja de nubes flotaba sobre una zona de la ci�naga, y unos cuantos de los cipreses gigantes se estiraban a trav�s de ella, con las copas decoradas por enormes loros.</p><p>Rikali iba en cabeza chapoteando en el barro mientras sondeaba con el bast�n de Dhamon para asegurarse de que el camino era seguro para los caballos y el carro. Aunque se quejaba por la tarea, era ella quien hab�a sugerido que se llevara a cabo y que fuera ella misma la encargada de hacerlo.</p><p>�Mis ojos son mejores que los vuestros �hab�a dicho a los hombres y, en voz m�s baja, para que Rig y Fiona no la oyeran, hab�a a�adido�: Y no quiero que les suceda nada a nuestras piedras preciosas. Ning�n vuelco por la ladera que nos las haga perder despu�s de todo lo que hemos padecido para obtenerlas.</p><p>Sab�a que a Dhamon a�n le dol�an las costillas y que Maldred no pod�a usar el brazo derecho. Y si bien sus propios rasgu�os y contusiones no hab�an curado a�n, reconoc�a que ella era la mejor elecci�n como gu�a. En cuanto a Traj�n, su �nico problema parec�a ser el repulsivo olor que exudaba al estar tan mojado, pero Rikali no se fiaba del kobold para guiar el carromato.</p><p>Maldred estaba sentado en el pescante del veh�culo, con los ojos dirigidos hacia la semielfa, y el brazo herido bien pegado a�n al pecho. Dhamon, sentado a su lado, era muy consciente de que su amigo ten�a fiebre, y mientras sujetaba las riendas, tampoco �l perd�a de vista a Rikali, aunque quedaba claro por su vacua expresi�n que sus pensamientos estaban en otra parte.</p><p>Traj�n estaba detr�s de ellos, sentado con las piernas cruzadas sobre la lona alquitranada que cubr�a los abultados sacos de piedras preciosas, y que hab�a colocado bien extendida y sujeta siguiendo �rdenes de Maldred. Rig hab�a estado observando la lona con inter�s, y el kobold estaba seguro de que intentaba adivinar qu� hab�a debajo. Provisiones, �ja! Desde el principio, la criatura hab�a decidido que no le gustaba el hombre de piel oscura; no le gustaba el modo en que se contoneaba, la manera en que sus ojos llameaban beligerantes de vez en cuando, ni la forma en que se vest�a, y desde luego estaba seguro de que no le gustaban todas las armas que el marinero llevaba.</p><p>Al kobold tampoco le gustaba la dama, pero sab�a que Maldred se sent�a al menos ligeramente interesado por ella, de modo que expresar demasiado resentimiento ser�a malgastar aliento.</p><p>Fiona y Rig cabalgaban uno junto al otro detr�s del carro, la comitiva avanzando despacio, con el marinero dedicando frecuentes ojeadas a la lona.</p><p>�Est�n hablando �inform� el kobold a Maldred, manteniendo los redondos ojillos fijos en el marinero con la esperanza de acobardarlo�. Toda esta lluvia, el repiqueteo y todo eso, me impiden o�r bien lo que dicen. Es algo sobre caballeros y prisioneros y Shren� algo, no consigo entender el resto. Adem�s el carro cruje tambi�n. Espero que no se haga pedazos. Cargado como est� con gemas y agua. Agua. Agua. Agua.</p><p>�Pensaba que quer�as que lloviera.</p><p>�No tanto, Mal �respondi� �l, profiriendo un sonido que record� el resoplido de un cerdo�. Ni siquiera puedo encender a mi viejo. El tabaco est� todo h�medo. En toda mi vida no hab�a visto llover tanto de una vez en estas monta�as. No est� bien. No es natural. Podr�a parar en cualquier momento y� �Un retumbante trueno interrumpi� al kobold, que clav� las peque�as zarpas en la lona�. �Y qu� es todo eso de ayudar a esa dama sol�mnica a conseguir monedas, joyas y esas cosas? �Desde cu�ndo compartimos nuestro bot�n con gentes como ella?</p><p>�Lo cierto es que no tengo intenci�n de ayudarla �respondi� Maldred con una risita�. Y desde luego no voy a compartir nada de lo que tenemos en el carro.</p><p>�Ya, ya, es para la espada de Dhamon �refunfu�� el kobold�. Una espada condenadamente cara.</p><p>�Pero ella cree que la ayudar� �prosigui� el hombret�n�. Y ese pensamiento conforta mi coraz�n.</p><p>�Y la mantiene rondando por aqu�. �Traj�n hizo una mueca�. Pero ella es� bueno, es una Dama de Solamnia. Problemas. Grandes problemas. Adem�s, se va a casar con ese hombre.</p><p>�Pero no se ha casado a�n. Y a m� me gusta ella.</p><p>�Te gusta. �El ser volvi� a gru�ir�. La �ltima mujer que te gust� era la esposa de un rico comerciante de Sanction y�</p><p>�No ten�a tanto car�cter como �sta �replic� �l�. Y no era tan bonita. Adem�s, la dama guerrera y el hombre oscuro se dirigen a Takar, y despu�s, penetrar�n m�s en el pantano. Sospecho que podr�amos obtener buenos beneficios si seguimos con ellos� al menos una parte del camino.</p><p>Ante la menci�n del pantano, Dhamon prest� atenci�n de improviso, y lanz� al hombret�n una mirada de protesta.</p><p>�No puedes�</p><p>��Qu� es eso de beneficios? �interpuso Traj�n�. �Cu�nto beneficio?</p><p>�Hay gente en Bloten que esta preocupada con respecto a Sable y su ci�naga. Pagar�n bien por cualquier informaci�n obtenida de un grupo de reconocimiento.</p><p>�Yo no pienso estar en vuestro grupo de reconocimiento �indic� Dhamon�. Ya es bastante malo que invitaras a Rig y a Fiona a venir.</p><p>�Si no lo hubiera hecho, nos habr�an seguido igual �repuso �l, encogi�ndose de hombros�. La dama es testaruda. Es mejor tenerlos controlados.</p><p>�Pero a m� no tiene por qu� gustarme �Dhamon se vio obligado a darle la raz�n.</p><p>El humano estir� la mano por detr�s del asiento en busca de la jarra. La agit� y frunci� el entrecejo; no quedaba gran cosa. La destap�, vaci� hasta la �ltima gota de licor, luego arroj� el recipiente por la ladera de la monta�a y observ� c�mo desaparec�a en la neblina.</p><p>Justo entonces, Rikali resbal�, el bast�n sali� despedido de entre sus dedos y cay� ruidosamente por el borde. Dhamon tir� de las riendas, deteniendo a los caballos antes de que la pisotearan. Escupiendo y maldiciendo, la semielfa se incorpor� y se limpi� el barro de la espalda, luego alz� la cabeza para mirar a Maldred y sacudi� la cabeza con vehemencia. La larga melena blanca estaba pegada a los costados de su cuerpo, veteada de barro.</p><p>��Es como un maldito r�o ah� delante! �grit�. Cerdos, el agua baja a borbotones. Resulta demasiado resbaladizo. Tendremos que detenernos.</p><p>��Traj�n! �Dhamon hizo una se�a al kobold.</p><p>Rezongando todo el tiempo, la peque�a criatura descendi� del carromato y resbal� en direcci�n a la semielfa, cayendo dos veces antes de conseguir llegar junto a ella. Ech� una ojeada al sendero que discurr�a por el borde de las Khalkist, con los ojillos como peque�os faros por entre la cortina gris de agua, luego pas� junto a Rikali patinando y dirigi� una r�pida mirada al otro lado de la siguiente curva. Hizo una mueca y alz� la vista, bizqueando cuando la lluvia le golpe� el rostro.</p><p>�Tiene raz�n. Est� muy mal �explic� a Dhamon�. Pero esperar no ayudar�. �Se�al� con el dedo�. No hay ning�n indicio de que vaya a aflojar dentro de poco. No har� m�s que empeorar.</p><p>El hombret�n indic� sendero adelante, y Rikali y Traj�n avanzaron despacio, deteni�ndose en el recodo para esperar a que el carro los alcanzara y guiar luego a los caballos para rodear el siguiente pe�asco. Era una marcha dif�cil, pues buena parte del sendero iba siendo arrastrada por las aguas, y lo que quedaba apenas ten�a la anchura suficiente para el veh�culo. Cuando el carromato rode� otro recodo, el peque�o ser lanz� una exclamaci�n. Sus pies salieron despedidos por los aires y, con las manos agit�ndose desesperadamente, el kobold resbal� en direcci�n al precipicio.</p><p>Rikali lo sujet� por la huesuda mu�eca justo en el momento en que su cuerpo sal�a disparado por el borde, y lo dej� colgando en el vac�o unos instantes, atesorando la expresi�n de terror que inund� el rostro de la criatura antes de levantarlo a lugar seguro y subirlo al lomo de uno de los caballos.</p><p>�In�til �farfull�, d�ndose la vuelta para reanudar su tarea de gu�a �nico�. Eres una completa nulidad, Traj�n.</p><p>Lo que podr�an haber llevado a cabo en s�lo unas pocas horas, necesit� casi todo un d�a y estuvo a punto de terminar en cat�strofe cuando una rueda resbal� fuera del camino. Hicieron falta Rig, Fiona y Dhamon para volver a colocarla sobre el sendero.</p><p>Aquella noche acamparon en una peque�a meseta que estaba libre de barro, pues la lluvia hab�a arrastrado toda la tierra, dejando al descubierto una capa de pizarra que reluci� con un negro oleoso cuando la luna realiz� una breve visita. La lluvia amenazaba tambi�n con desalojar a los pocos arbolillos que brotaban en grietas de la ladera, y los peque�os �rboles eran sacudidos sin piedad por el viento que hab�a aumentado su fuerza y lanzaba la lluvia de modo casi horizontal.</p><p>El diluvio continu� toda la noche, aflojando con la ma�ana para luego volver a aumentar con el crep�sculo. El cielo estaba oculto por nubes, hinchadas y oscuras que retumbaban constantemente. De vez en cuando el suelo se estremec�a bajo sus pies, y aunque las sacudidas no eran tan amenazadoras como las anteriores, aquello atemorizaba a Traj�n, a Rikali y a Maldred. Dhamon permanec�a impasible ante el tiempo y los peque�os temblores.</p><p>Rig y Fiona se mantuvieron apartados la mayor parte del tiempo, y Dhamon se las arregl� para evitar su compa��a dej�ndose caer en los brazos de Rikali, aunque la semielfa recel� lo suficiente para preguntarse por qu� su compa�ero se mostraba tan cari�oso repentinamente. No pudo evitar observar c�mo se entrecerraban los ojos del marinero cada vez que besaba a Dhamon.</p><p>�S� que amas a tu hermano �dijo Rig en voz baja a Fiona�. Pero no creo que �l aprobara esto. Diablos, yo no lo apruebo. �Estaban sentados el uno al lado del otro sobre una roca plana, acostumbrados ya a la lluvia�. Asociarse con esta gente y dirigirse a Bloten. Eso es el coraz�n mismo del pa�s ogro. No parece correcto. Y es condenadamente peligroso.</p><p>�Tengo que conseguir un rescate, Rig. �De qu� otro modo puedo obtenerlo? Esta� gente� son mi mejor posibilidad. No poseo nada; durante todos estos a�os lo he dado todo como diezmo a la orden. T� no tienes suficiente. Y tampoco tienes una idea mejor.</p><p>El marinero lanz� un bufido y le pas� un brazo por los hombros, frunciendo el entrecejo cuando ella no se dej� caer contra �l como acostumbraba hacer. Su postura era tan r�gida como su armadura, y el agua goteaba por entre las rendijas en las l�minas de metal y rebosaba por encima de los bordes de sus botas.</p><p>�No conf�o en Dhamon. Y �qu� hay de ese Maldred? No sabemos nada de �l, excepto que es un ladr�n.</p><p>�Recuerdo que me contaste que t� fuiste un ladr�n en una ocasi�n.</p><p>�Eso fue hace una eternidad, Fiona. �El marinero sacudi� la cabeza, haciendo rechinar el tac�n contra la pizarra�. Al menos lo parece. Y yo no era un ladr�n. Era un pirata. Existe una gran diferencia. Al menos la hay para m�.</p><p>�Aquellos a quienes robaste podr�an no estar de acuerdo. �Suspir� y dulcific� su tono�. Mira, Rig, realmente necesito conseguir ese rescate. Y pronto. Esta es mi mejor idea. Tal vez si hubiera m�s tiempo� pero no lo hay. Su vida est� en juego.</p><p>��De verdad crees que este draconiano nos estar� esperando?</p><p>�Cont� al consejo sol�mnico que estaba estacionado en Takar.</p><p>��Y conf�as en �l?</p><p>��Qu� elecci�n tengo? �La mujer se encogi� de hombros�. Adem�s, no tendr�a por qu� mentir al consejo sobre su paradero si realmente deseaba recoger algunas riquezas para Sable. Y tampoco se habr�a puesto en contacto con �l en primer lugar para hablar de un rescate, si la hembra de drag�n no estuviera interesada en aumentar su tesoro.</p><p>�Y si consigues obtener el rescate y llegar a Takar, todav�a tendr�s que localizar a ese draconiano. Apuesto a que hay unos cuantos draconianos y dracs all�.</p><p>�Eso, estoy segura, ser� la parte f�cil �dijo ella, suspirando profundamente�. Lo reconocer�, Rig. Lo s�. Su nombre es Olarg, y la cicatriz es muy peculiar.</p><p>�Fant�stico. As� que est�s segura de poder encontrarlo. Y est�s igualmente segura de que el draconiano se limitar� a entregarte a tu hermano a cambio de un gran saco de�</p><p>�No tengo otra alternativa que creerlo. Y Dhamon y Maldred son nuestra mejor posibilidad de obtener las monedas. Puede que nuestra �nica posibilidad. Mi hermano debe ser liberado. Luego podremos dejar todo esto atr�s y casarnos.</p><p>Rig enarc� las cejas y se inclin� hacia adelante para mirarla a la cara. La mujer observaba a Maldred que, con el torso desnudo, estaba apoyado en el carro, mientras manten�a el rostro alzado hacia la lluvia.</p><p>�Y �qu� hay de Dhamon? Una vez termine todo esto� �de un modo u otro?</p><p>�Dhamon necesita que creamos en �l, y t� lo sabes. Necesita otra oportunidad. Es un buen hombre, Rig. En lo m�s profundo de su ser. Demasiado bueno para meterlo en prisi�n, no importa lo que haya hecho �ltimamente.</p><p>�No pareces t�, Fiona. �Las palabras de la sol�mnica lo sorprendieron sinceramente�. Cre�a que dijiste que la justicia exige que la gente pague por sus errores.</p><p>�Justicia �repiti� ella�. �D�nde est� la justicia en este mundo? Mi hermano est� en Shrentak. Y Dhamon va a ayudarme a conseguir que lo suelten. �sa es la justicia que quiero, que mi hermano quede libre. Adem�s, Dhamon es en realidad una buena persona. Bueno interiormente.</p><p><emphasis>Yo tambi�n soy una buena persona</emphasis>, pens� el marinero pesaroso, mientras escog�a un lugar en el suelo y se acomodaba en �l para pasar otra noche en blanco y empapado de agua.</p><p>Dos d�as m�s tarde, lloviendo a�n, aunque con m�s suavidad, se encontraron ante las puertas de Bloten, en el pasado una gran ciudad situada en las alturas de las Khalkist, con las cimas de las monta�as circund�ndola como una corona de espinas.</p><p>Una muralla desmoronada de casi doce metros de altura rodeaba la antigua capital, aunque en algunas secciones se hab�a derrumbado, y los huecos se hab�an rellenado alternativamente con rocas amontonadas sujetas con argamasa y con vigas clavadas profundamente en el rocoso terreno y sujetas entre s� con abrazaderas de oxidado hierro. En la parte superior, donde las paredes parec�an en peor estado, se hab�an incrustado lanzas, inclinadas hacia el exterior y hacia el interior.</p><p>�Hay cristales rotos y abrojos repartidos por toda la zona superior �inform� Traj�n al marinero�, con el prop�sito de mantener fuera a los que no han sido invitados.</p><p>�O de mantener a todo el mundo dentro �replic� el hombre de piel oscura�. A m� me parece una prisi�n enorme.</p><p>En lo alto de una barbacana que parec�a tan erosionada que podr�a venirse abajo en cualquier momento, se hallaban dos ogros entrecanos. De espaldas encorvadas y cubiertos de verrugas, y con sus pellejos gris verdosos empapados por la lluvia, contemplaron con expresi�n col�rica al peque�o s�quito. El de mayor tama�o ten�a un diente que sobresal�a de su mand�bula inferior en un curioso �ngulo, y una lengua de un oscuro tono violeta que serpente� hacia fuera para enrollarse sobre s� misma. Gru�� algo y golpe� su escudo con su garrote claveteado, luego volvi� a gru�ir, profiriendo una retah�la de palabras guturales que nadie entendi�, con excepci�n de Maldred y Dhamon.</p><p>El hombret�n descendi� del carro, tambale�ndose un poco a causa de la fiebre, y avanz� despacio en direcci�n a las macizas puertas. Levant� los ojos hacia la pareja y alz� el brazo sano, apret� el pu�o y describi� un c�rculo con �l en el aire, luego lo baj� y se golpe� la cintura. A continuaci�n habl�, casi a gritos, y sus palabras sonaron como una serie de gru�idos y rugidos.</p><p>Acto seguido, Maldred indic� con la mano a Dhamon, realizando un gesto que Rig reconoci� como <emphasis>riqueza</emphasis> o <emphasis>moneda</emphasis>, una palabra por signos que su amigo sordo Groller le hab�a ense�ado. El marinero pens� inmediatamente en su compa�ero, pregunt�ndose si habr�a encontrado trabajo en un barco en alguna parte o si hab�a elegido alguna causa que defender. A lo mejor ayudaba a Palin Majere. El antiguo pirata lament� no haberse mantenido en contacto con Groller y empez� a pensar lo mucho que le gustar�a que el semiogro estuviera all�. Resultar�a valioso en esa ciudad, aunque no pudiera o�r lo que se dec�a, y adem�s era alguien en quien Rig pod�a confiar. <emphasis>Si salgo de �sta</emphasis> �reflexion�, <emphasis>una vez que el asunto del hermano de Fiona quede resuelto, ir� en busca de mi viejo amigo</emphasis>.</p><p>Dhamon se quit� el anillo de la Legi�n de Acero de la mano y lo arroj� a Maldred, quien volvi� a emitir una retah�la de gru�idos y rugidos y lanz� el anillo a los ogros. El brazo del ogro de mayor tama�o se elev� a la velocidad del rayo, y unos dedos llenos de verrugas se cerraron sobre la pieza. La acerc� a sus ojos y luego sonri�, dejando al descubierto unos dientes rotos y amarillentos. Contest� con un rugido satisfecho.</p><p>�No es bueno �musit� Rig a Fiona�. Ese hombre Maldred conoce la lengua de los ogros. Peor a�n, parece que Dhamon tambi�n la conoce. Y no me digas que los ogros son buenos en el fondo. S� bien de lo que hablo. No me gusta esto.</p><p>�Es buena cosa que <emphasis>alguien</emphasis> entienda a esos brutos �respondi� ella con suavidad�. De lo contrario, dudo que pudi�ramos atravesar las puertas.</p><p>�Oh, entraremos, ya lo creo �replic� el marinero con aire de suficiencia�. Pero tal vez no volvemos a salir. �Observ� c�mo las puertas se abr�an de par en par, al tiempo que los dos malcarados ogros les hac�an se�as para que entraran�. Lo cierto es que no considero esto una buena idea.</p><p>Fiona no le hizo el menor caso, azuzando con las rodillas a su caballo para que siguiera al carro. Rig lanz� un juramento, pero la sigui� a distancia, manteniendo los ojos alerta. Las puertas se cerraron con un crujido a sus espaldas, y un enorme tabl�n descendi� para mantenerlas fijas en esa posici�n. Vieron grandes ballestas cargadas en lo alto de los muros, y escalas que conduc�an a ellas.</p><p>�Maravilloso �mascull� el marinero�. Hemos ido a parar a un lugar encantador. Deber�amos pasar las vacaciones aqu�.</p><p>La ciudad se extend�a ante ellos, demasiado extensa para poder abarcarla con una �nica mirada. Los imponentes edificios, con sus fachadas deterioradas a causa de la edad y la falta de mantenimiento, se alzaban hacia las nubes que flotaban en lo alto. Hab�a letreros colgados en algunos de los edificios, con dibujos que indicaban tabernas, armeros y posadas, aunque era dudoso que esos edificios fueran realmente establecimientos abiertos y en funcionamiento, ya que algunos daban la impresi�n de que pod�an derrumbarse en cualquier momento y muy pocas luces brillaban en el interior. Las inscripciones de los letreros, escritas en alguna lengua extranjera, parec�an bichos desportillados y descoloridos bailoteando en una l�nea irregular. Idioma ogro, imagin� Rig, aunque nunca antes lo hab�a visto escrito.</p><p>Charcos cada vez mayores salpicaban las amplias calles bordeadas de carros y enormes caballos de tiro de lomos hundidos. Una ogra tuerta cepillaba a un buey de gran tama�o delante de lo que parec�a ser una panader�a. La mujer dedic� una furiosa mirada a la sol�mnica y cepill� al animal con m�s energ�a mientras el grupo pasaba en tropel por su lado.</p><p>Casi todos los otros ciudadanos que divisaron eran ogros, criaturas humanoides de dos metros setenta de altura o m�s. Todos ten�an los rostros anchos con grandes narices gruesas, algunas de las cuales estaban adornadas con aros de plata y oro y huesos. Las espesas cejas casi ocultaban unos ojos oscuros y muy separados que miraban raudos a los reci�n llegados y luego se desviaban. Las orejas eran extremadamente grandes y deformes, en general puntiagudas como las de los elfos, pero sin su elegancia. Y su piel iba del color marr�n p�lido a un caoba vivo. Unos cuantos eran de un verde gris�ceo, y uno que cruz� lentamente la calle frente a ellos ten�a el color de las cenizas apagadas. Se mov�an perezosamente, como si el ins�lito tiempo lluvioso hubiera conseguido desanimarlos.</p><p>Muchos luc�an armaduras de cuero y cargaban con grandes garrotes claveteados. Los escudos que colgaban de muchas de sus espaldas estaban abollados y desgastados, algunos con s�mbolos pintados encima, otros con galones que daban fe de las victorias, o toscos dibujos pintados de animales temibles que probablemente hab�an matado. Algunos ogros llevaban ropas harapientas y pieles desgarradas de animales, y se calzaban con sandalias o iban descalzos. Todos ten�an un aspecto inmundo; s�lo unos pocos se vest�an con prendas que parec�an bien cortadas y razonablemente limpias.</p><p>Hab�a algunos semiogros entre la muchedumbre, y �stos tambi�n iban vestidos con harapos, aunque sus facciones eran m�s parecidas a las de los humanos. Uno era un buhonero que pregonaba tiras ahumadas de carne gris�cea debajo de un toldo que se abombaba a partir de un edificio tapiado. Un tr�o de ni�os ogros revoloteaba alrededor, pidiendo ora comida ora mof�ndose de �l.</p><p>�Nuestro buen amigo Groller es un semiogro �dijo Rig en voz baja con la intenci�n de que s�lo lo oyera Fiona�. Pero es muy distinto de estas criaturas.</p><p><emphasis>�Esta gente</emphasis>, Rig �repuso ella, asintiendo�. Los ogros fueron en una ocasi�n la raza m�s bella de Krynn. Se dice que ninguna otra raza igualaba su aspecto.</p><p>�Bella. �Puaf!</p><p>�Eran hermosos. Pero cayeron en desgracia ante los dioses durante la Era de los Sue�os. Ahora son feos y brutales, sombras de lo que fueron sus antepasados.</p><p>�Bueno, pues no me importan <emphasis>estas sombras �</emphasis>dijo �l�. Y no estar�a aqu� si no fuera por ti. �Sus manos sujetaron con fuerza las riendas de su yegua, el cuero h�medo cortando las articulaciones de los dedos, mientras sus ojos se mov�an de un lado a otro de la calle, en busca de un rostro con el m�s leve destello amistoso�. Definitivamente estamos fuera de lugar aqu�, Fiona. Me siento tan inc�modo que me parece como si miles de hormigas me corrieran por todo el cuerpo.</p><p>�Aguarda, hay algunos humanos aqu�. �Fiona se inclin� hacia adelante en la silla y se�al� al oeste, al final de una callejuela ante la que pasaban.</p><p>Desde luego all� hab�a aproximadamente una docena de hombres, peor vestidos a�n que los ogros, que sacaban sacos de un edificio y los arrojaban a un carromato que se combaba y parec�a enterrado en el lodo. Hab�a palabras talladas en el letrero que colgaba del edificio, pero ni Rig ni Fiona ten�an la menor idea de su significado. Dos Enanos de las Monta�as trabajaban con los humanos y, al contrario que los ogros y semiogros, ninguno de ellos parec�a llevar armas visibles.</p><p>�La verdad es que no me gusta nada esto �continu� el marinero�. De hecho� �Volvi� la cabeza por encima del hombro y mir� hacia las puertas cada vez m�s lejanas a su espalda�. Fiona, creo que deber�</p><p>��Maldred! �Arrogante canalla! �Una voz atronadora atraves� el aire, seguida por unas sonoras y chapoteantes pisadas�. �Hace mucho tiempo, ya lo creo!</p><p>El que hablaba era un ogro, uno de los mejor vestidos del grupo, que avanzaba chapoteando entre los charcos hacia ellos. Ten�a unas espaldas enormes, de las que colgaba una piel de oso negro, con la cabeza del animal descansando a un lado del grueso cuello, y las zarpas posteriores colgando sobre el suelo ara�ando el barro. Sigui� hablando a grandes voces, aunque en idioma ogro ahora, mientras la cabeza del oso se bamboleaba al ritmo de sus exageradas gesticulaciones.</p><p>Maldred se precipit� a los brazos del ogro, pero �ste retrocedi� enseguida al observar el estado en que se hallaba el otro. Se�alando el brazo herido de Maldred, la criatura contempl� al resto de la comitiva y comprendi� r�pidamente que la semielfa y el otro humano tambi�n estaban heridos. Lanz� una prolongada risita al descubrir a Traj�n, y �ste descendi� raudo del carro y pr�cticamente nad� a trav�s de un charco para llegar junto a la pareja.</p><p>��Durfang! �chirri� el kobold�. �Es Durfang Farnwerth!</p><p>��Traj�n! �Rata apestosa! �No te ve�a desde hac�a a�os! �tron� el ogro en Com�n, al parecer en honor a Traj�n; luego se inclin� y rasc� la cabeza del kobold�. Parece que no has cuidado muy bien a mi amigo� ni a sus compa�eros.</p><p>El ser se encogi� de hombros y profiri� una risita aguda.</p><p>�Amigos, necesit�is un sanador �continu� el ogro, irgui�ndose y clavando la mirada en Maldred�. Uno bueno.</p><p>�Mis amigos primero �asinti� Maldred, se�alando a Dhamon y a Rikali.</p><p>El otro los contempl� ce�udo e hizo una mueca.</p><p>�Como desees, Maldred �respondi� por fin Durfang.</p><p>Sus ojos se posaron entonces en Fiona y se entrecerraron curiosos. Regres� al idioma ogro, para hablar con Maldred en tono veloz y bajo, con el rostro vivaz y preocupado, que se relaj� cuando el hombret�n dijo algo que aparentemente lo tranquiliz�.</p><p>�Muy bien, seguidme todos vosotros.</p><p>��A ver a Sombr�o Kedar? �inquiri� Maldred.</p><p>�Es el mejor.</p><p>�Entonces me reunir� con vosotros all� dentro de un rato, Durfang. Tengo un cargamento que debo poner a buen recaudo. Y eso tiene prioridad por encima de mi bienestar.</p><p>El enorme ogro le dirigi� una mirada torva, pero no protest�.</p><p>Dhamon salt� del carromato, encogi�ndose por el esfuerzo. Avanz� pesadamente hacia Maldred, usando gestos m�s que palabras, y la velocidad de sus manos insinuaba una discusi�n.</p><p>�El cargamento estar� a salvo conmigo �susurr� Maldred.</p><p>Los ojos de Dhamon se convirtieron en rendijas, que se mov�an raudas entre Maldred y Durfang.</p><p>�Por mi vida, Dhamon �a�adi� el hombret�n�. Sabes que tenemos que guardar el carro en alguna parte esta noche, o tal vez unos cuantos d�as dependiendo de cu�ndo nos quiera ver Donnag para negociar sobre la espada que deseas. Tal vez no est� disponible inmediatamente. Y no podemos dejar el carro en medio de la calle. No en esta ciudad. Y si lo custodiamos, s�lo conseguiremos que esta gentuza sienta curiosidad. No podemos correr ese riesgo.</p><p>��Y un establo?</p><p>�No es lo bastante seguro �repuso Maldred, negando con la cabeza�. Demasiado p�blico. Demasiada gente entrando y saliendo.</p><p>��D�nde pues? �quiso saber Dhamon, y a Maldred le cost� o�r su voz por encima de la lluvia.</p><p>�Tengo amigos en esta ciudad en los que puedo confiar y que me deben unos cuantos favores. Ver� qui�n de entre ellos parece m�s digno de confianza hoy.</p><p>�Por tu vida, pues �asinti� su compa�ero�. Pero, por si acaso, me quedar� con algunas chucher�as. �Regres� al carro, estirando una mochila de debajo del asiento y ech�ndosela al hombro�. Y ve deprisa, Mal. Necesitas m�s atenci�n t� que Riki o yo.</p><p>Rikali y Traj�n reclamaron cada uno un peque�o morral repleto de gemas antes de que Maldred se llevara el carro, eludiendo con habilidad las persistentes preguntas del marinero sobre qu� clase de suministros hab�an tra�do a Bloten para vender. Dhamon sab�a que Rig no cre�a ni por un instante que hubiera aut�nticas provisiones bajo la lona.</p><p>Rig y Fiona llevaron sus caballos al paso detr�s del tr�o, con el marinero maldiciendo en voz baja, sin dejar de repetir lo mala que era esa idea en cada oportunidad que se le presentaba. Su gu�a ogro, que no hab�a pronunciado una palabra desde la marcha de Maldred, los condujo por una callejuela tras otra. Algunos edificios estaban tapiados, otros en ruinas a causa del fuego. Hab�a unos cuantos ogros sentados en un banco frente a una casa consumida por las llamas, que charlaban y gru��an en voz alta sin dejar de contemplar al peque�o grupo; uno de ellos se puso en pie y se golpe� la pierna con un garrote, pero volvi� a sentarse r�pidamente en cuanto Durfang lanz� un rugido en direcci�n a ellos.</p><p>��Tienes hambre? �pregunt� Traj�n, alzando la vista hacia la sol�mnica�. Yo estoy muerto de hambre. No he comido desde hace al menos un d�a.</p><p>Fiona, que no se hab�a dado cuenta de que el kobold se dirig�a a ella, sigui� andando.</p><p>�He perdido el apetito �respondi� Rig por ambos.</p><p>El establecimiento de Sombr�o Kedar era un edificio bajo comparado con los que se alzaban alrededor. La parte frontal era gris como el cielo sobre sus cabezas, y una acera de tablones de madera que en el pasado hab�a estado pintada de rojo se combaba frente a ella bajo un toldo de lona que parec�a tan lleno de agujeros como un queso de Karthay. Un letrero deteriorado por la intemperie situado sobre la entrada mostraba un almirez y una maja con hilillos de humo elev�ndose del cuenco para formar un espectral cr�neo ogro.</p><p>�Muy mala idea �refunfu�� Rig mientras ataba los caballos a un poste y segu�a a Fiona al interior.</p><p>Traj�n los acompa�� hasta una mesa con sillas de un tama�o enorme que se tambaleaban bajo patas desiguales. Dos ogros ocupaban la �nica otra mesa de la estancia, sujetando humeantes jarras que dejaban escapar un aroma amargo. Las criaturas hac�an alarde de una colecci�n de peque�as bolsas y dagas, y el kobold, que trep� por la pata de la mesa para sentarse junto a Fiona, explic� que los ogros estaban ocupados haciendo trueques �aunque no pudo especificar qu� intercambiaban porque apenas conoc�a nada de su idioma� y que se hac�a ostentaci�n de las dagas para prevenir traiciones. Los ojos del ser centellearon con avidez, con la esperanza de contemplar una pelea.</p><p>Rikali y Dhamon permanec�an de pie ante un peque�o mostrador, tras el que se alzaba, con apenas dos metros y medio de altura, un ogro descolorido con unos pocos mechones verde oscuro en la moteada cabeza. Las puntiagudas orejas estaban perforadas con docenas de aros peque�os, y un husillo de metal le atravesaba el puente de la nariz. Sonri� abiertamente a sus clientes, mostrando unos dientes amarillentos tan despuntados e id�nticos que parec�a como si los hubieran limado.</p><p>��se es Sombr�o �susurr� Traj�n a Fiona, sin molestarse en dirigirse al marinero, aunque le lanz� alguna que otra siniestra mirada�. Es un sanador. El mejor de Bloten, probablemente el mejor de todo Krynn. Vende t� del que se dice que previene las enfermedades y es famoso por poseer hierbas que neutralizan la mayor�a de los venenos. �El kobold indic� con un adem�n las jarras que beb�an los ogros�. Tal vez deber�amos tomar un poco, tambi�n nosotros. Toda esta lluvia no puede ser buena para vosotros humanos. Podr�a haber algo flotando por ah�.</p><p>Rig lanz� un gru�ido.</p><p>�Dejar� a Dhamon y a Riki como nuevos. A lo mejor incluso har� algo con respecto a la escama� �La criatura se interrumpi�.</p><p>�Lo sabemos todo sobre la escama de la pierna de Dhamon �indic� la sol�mnica.</p><p>�Pero no sab�is que ella� �El kobold no termin� la frase, y sigui� con la mirada a Rikali y a su compa�ero, que pasaron al otro lado del mostrador y desaparecieron tras una cortina de cuentas que entrechocaron ruidosamente cuando las atravesaron�. Ah� es donde Sombr�o realiza todas sus curaciones importantes. Yo entr� ah� una vez con Maldred cuando recibi� un buen tajo en una pelea de taberna. Claro que los otros ogros que tomaron parte en la reyerta no tuvieron arreglo.</p><p>Rig hizo intenci�n de levantarse y seguir a Dhamon, pero el peque�o ser frunci� el entrecejo y sacudi� la cabeza negativamente.</p><p>�Qued�monos aqu� �sugiri� Fiona, dejando caer la mano bajo la mesa para posarla sobre la pierna del marinero�. Y permanezcamos alerta.</p><p>�No me gusta este lugar �repiti� el otro�. Estoy aqu� s�lo por ti. �Sus ojos se pasearon de la puerta delantera a los ogros y de all� regresaron a la cortina de cuentas, mientras su mand�bula se mov�a nerviosamente�. No me gusta esto en absoluto.</p><p>Detr�s de la cortina hab�a unas cuantas mesas manchadas de sangre y otras sustancias sin identificar. Dhamon se subi� a una de las m�s limpias y se quit� la camisa, dejando al descubierto su pecho; el costado derecho era un enorme cardenal de un negro viol�ceo.</p><p>Sombr�o permaneci� silencioso, con los ojos fijos en la lesi�n, y Dhamon, por su parte, inspeccion� al ogro m�s de cerca. Era anciano y ten�a la p�lida piel cubierta de peque�as arrugas. La carne colgaba de sus brazos y alrededor de las mand�bulas, lo que le confer�a el aspecto de un bulldog, y las venas resultaban visibles en su frente, que estaba fruncida en profunda concentraci�n. S�lo las manos parec�an lisas y finas, en aparente incongruencia con el resto de su cuerpo. Las u�as estaban bien arregladas y no se detectaba ni una mota de suciedad. Un sencillo anillo de acero rodeaba su pulgar derecho, y hab�a algo escrito en �l, aunque Dhamon no consigui� descifrarlo. El ogro desprend�a un olor que al humano le record� vagamente el hospital de Estaca de Hierro, pero sin ser tan acre.</p><p>La semielfa parloteaba en voz baja con Dhamon y el ogro, aunque ninguno de los dos le prestaba atenci�n. La mujer se subi� a otra mesa y se sent� a observar c�mo el sanador tumbaba a Dhamon de espaldas e inspeccionaba sus costillas.</p><p>Sombr�o hundi� los dedos en las costillas del herido y rezong� en idioma ogro, para s�, no para su paciente. Luego volvi� su atenci�n a la escama, que pod�a ver a trav�s de los harapientos pantalones del hombre. La roz� lleno de curiosidad y recorri� sus bordes con los dedos, luego pas� una gruesa u�a sobre la l�nea plateada. Dhamon se sent� en la mesa y sacudi� la cabeza.</p><p>�No hay nada que puedas hacer por ella �explic�, y volvi� a intentarlo, pero esta vez en un entrecortado dialecto ogro.</p><p>Pero el sanador volvi� a tumbarlo sobre la mesa, agit� un dedo y se�al� los labios de Dhamon para indicarle que deb�a permanecer callado. A continuaci�n, Sombr�o sac� un cuchillo de fina hoja de una funda que llevaba a la espalda, y el herido, al darse cuenta de que el otro pensaba cortarle los pantalones, rod� a un lado, haciendo una mueca de dolor, se desvisti� apresuradamente, coloc� las andrajosas ropas, el morral y la espada a un lado, e intent� de nuevo explicar qu� era la escama al tiempo que era empujado otra vez contra la superficie de madera, con m�s rudeza que antes.</p><p>El ogro sab�a c�mo manejar pacientes dif�ciles, e hizo que Dhamon se sintiera vulnerable e inc�modo mientras prosegu�a con tu brusco examen, que debi� de durar al menos media hora e incluy� la �vida contemplaci�n del diamante que pend�a de la tira de cuero que rodeaba el cuello de Dhamon. Luego profiri� una especie de parloteo e, introduciendo una mano en uno de los innumerables bolsillos de su remendada t�nica, sac� una ra�z y la parti�, dejando que el jugo se derramara sobre el pecho de su paciente donde lo esparci� formando un dibujo.</p><p>El parloteo continu� y se transform� en algo primitivamente musical mientras sus largos dedos nudosos se mov�an sobre las evidentes heridas y cardenales, regresando siempre a la escama. Toda aquella actuaci�n hizo que Dhamon recordara a Jaspe Fireforge, que lo hab�a curado en m�s ocasiones de las que pod�a contar. Aunque la forma de actuar del enano le hab�a parecido mucho m�s cuidadosa, las acciones del sanador ogro eran uniformes y expertas, pero indiferentes y a veces casi rudas.</p><p>Dhamon dese� fervientemente que Maldred estuviera all� o que �l mismo estuviera en otra parte. Entonces sinti� que un calorcillo empezaba a fluir por su cuerpo; pero en esta ocasi�n no se trataba de la dolorosa sensaci�n asociada con la escama del drag�n, sino de una parecida a la relajante tranquilidad que sent�a cuando Jaspe lo atend�a. El ogro interrumpi� su parloteo y dio la bienvenida a Maldred, que acababa de llegar, y pose�a un buen dominio del extra�o lenguaje. Dhamon empezaba a sumirse en un letargo cuando el dolor se intensific� de nuevo repentinamente. El sanador estaba tirando de la escama.</p><p>��No! �chill� �l, sent�ndose de golpe muy erguido y colocando las manos sobre la escama�. �D�jala!</p><p>Sombr�o intent� obligarlo a tumbarse de nuevo, pero Dhamon consigui� impedirlo con sus forcejeos, al tiempo que razonaba con palabras que estaba seguro que el sanador no comprend�a pero cuyo significado no pod�a por menos que reconocer. El descolorido ogro mene� la cabeza y gru��, luego se�al� la escama y realiz� un gesto quir�rgico muy claro.</p><p><emphasis>Qu�tate la escama y morir�s</emphasis>. La palabras se repitieron en la mente de Dhamon, y a continuaci�n el maldito objeto empez� a calentarse como un hierro de marcar, enviando terribles oleadas de dolor por todo su cuerpo. No hubo un suave y burl�n calorcillo de advertencia esta vez; el dolor golpe� como un martillo, una y otra vez, como si quisiera aplastarlo contra la mesa. Sus m�sculos se contrajeron y empez� a temblar sin control, rechinando los dientes y cerrando las manos con tanta fuerza que las u�as se clavaron en las palmas. Levant� la cabeza e inhal� grandes bocanadas de aire. Intent� no chillar, pero un gemido ahogado escap� de sus labios y la cabeza cay� violentamente hacia atr�s sobre la mesa.</p><p>Rikali estaba junto a �l, acarici�ndole el rostro con los dedos al tiempo que alternaba miradas severas y preocupadas entre Sombr�o y Maldred.</p><p>La mano del hombret�n estaba puesta sobre la escama ahora, y �ste discut�a con el sanador. Dhamon dese� poder comprender m�s cosas de las que se dec�an. Finalmente, Sombr�o se retir�, sacudiendo la cabeza mientras emit�a con la lengua un chasqueo casi humano.</p><p>��Qu� est� pasando aqu� dentro? �La cabeza de Rig apareci� a trav�s de la cortina de cuentas e, inmediatamente, todos los ojos se posaron en el marinero.</p><p>�Nada �dijo Maldred�. Espera fuera.</p><p>��Qu� le est�is haciendo a Dhamon. �El marinero vio que Dhamon se estremec�a y que el sudor le cubr�a las extremidades, igual que aquel l�quido de extra�o color de su pecho que hab�a brotado de la ra�z tirada en el suelo.</p><p>El sanador ogro dio un paso hacia Rig, con los ojos entrecerrados y un siseo de palabras guturales surgi� veloz por su boca.</p><p>�Todo va bien �intervino Dhamon jadeante, mientras el ataque remit�a por fin.</p><p>A una parte de �l le preocupaba que el marinero pareciera inquieto por su bienestar, pues deseaba romper todos sus lazos con �l.</p><p>Refunfu�ando, Rig se escabull� al exterior para reunirse con Fiona, y sus ojos se abrieron de par en par al advertir que la cortina de cuentas que hab�a apartado a un lado no era realmente de cuentas. Era una colecci�n de huesos de dedos, pintados.</p><p>�Rig es un poco nervioso �explic� Dhamon a Maldred�. Siempre ha sido un tipo nervioso. Te dije que deber�amos haberles vuelto a robar los caballos e impedir que nos siguieran.</p><p>��Te sientes mejor? �El hombret�n le entreg� sus ropas.</p><p>�Notablemente mejor.</p><p>El ogro le proporcion� un trapo, y Dhamon se limpi� la mezcla del pecho, abriendo mucho los ojos al descubrir que el cardenal hab�a desaparecido y no quedaba marca alguna. Incluso unas cuantas de sus viejas cicatrices se hab�an esfumado.</p><p>�Notable �musit�. �Qu� le debo a este hombre?</p><p>El sanador se volvi� y se�al� el diamante que colgaba de su cuello.</p><p>�De modo que en realidad comprendes la lengua de los humanos �dijo �ste, arrancando la gema y entreg�ndosela, a pesar de las protestas de Rikali�. �Servir� tambi�n esto como pago por Mal y Riki?</p><p>El otro asinti� y se puso a trabajar en la semielfa, mientras Maldred se desvest�a y, con la ayuda de Dhamon, se sub�a a otra mesa. Las heridas de Rikali eran f�ciles de curar y requirieron poco tiempo. Cuando el sanador termin� con ella, la mujer se acerc� a Dhamon y le hundi� los dedos aqu� y all�, declarando que el trabajo del ogro hab�a sido satisfactorio.</p><p>�Mal, �qu� hay de nuestro carro? �musit� a continuaci�n, temiendo que los que estaban en la otra habitaci�n pudieran o�rla�. Todas esas� hum� nuestro cargamento. �Qu� hiciste con el carromato y�?</p><p>Sombr�o agit� una mano en direcci�n a la semielfa, intentando acallarla mientras trabajaba, pero Rikali no se dej� disuadir y revolote� alrededor de la mesa de Maldred, fuera del alcance del sanador, al que esquivaba cada vez que intentaba apartarla.</p><p>El ogro lanz� un gru�ido cuando retir� el vendaje del brazo del hombret�n y descubri� indicios de gangrena. Dhamon tambi�n reconoci� la gravedad de la herida, pues hab�a atendido a muchos Caballeros de Takhisis heridos en los campos de batalla y se hab�a visto obligado a amputar extremidades. Apart� a Riki de all� y la sujet� con fuerza mientras Maldred gem�a, y el sanador se ocupaba de aplicar otra ra�z a la herida.</p><p>El ogro mir� por encima de su hombro, encontr�ndose con los ojos de Dhamon.</p><p>�Ma�ana �dijo; era la primera palabra que hab�a pronunciado en Com�n�. Volved entonces. A buscar a Maldred. Despu�s de mediod�a.</p><p>Sugiri� varias zonas razonablemente seguras donde pod�an pasar el tiempo y luego los despidi� con un adem�n.</p><p>Pero Maldred indic� a su amigo que se acercara y, con rapidez y discreci�n, le dio instrucciones para localizar el carro.</p><p>�En el caso de que Sombr�o no pueda recomponerme del todo, tendr�s que ocuparte t� de �l.</p><p>El hombret�n quiso decir m�s cosas, pero el sanador gru�� y apart� a Dhamon de la mesa, para a continuaci�n guiarlo en�rgicamente a �l y a Rikali a trav�s de la cortina de cuentas una vez que hubieron recogido sus morrales. Traj�n los aguardaba encima del mostrador. Rig se puso en pie y apoy� las manos en las caderas como diciendo <emphasis>�y bien?</emphasis>.</p><p>�Maldred necesita permanecer aqu� un tiempo �empez� Dhamon, que no pensaba decirles que al hombret�n, posiblemente, tendr�an que amputarle el brazo�. Rikali y yo vamos a darnos un largo ba�o, en un lugar que act�a como casa de ba�os calle abajo. Luego tenemos que realizar unas compras� eso si encontramos las tiendas adecuadas y algunas ropas en Bloten que sean de nuestra talla.</p><p>�Cena �intervino la semielfa�. Carne casi cruda y algo dulce. �Rode� la cintura de Dhamon con los brazos y se estir� hac�a arriba para acurrucarse en su hombro�. Y vino, del caro.</p><p>��Voy con vosotros! �decidi� Traj�n, y en voz m�s baja, indic�. Pero aqu� no encontrar�is nada mejor que cerveza amarga.</p><p>�Dudo que Rig y Fiona quieran seguirnos durante el resto del d�a �dijo Dhamon�. As� que�</p><p>�Al contrario, Dhamon �repuso la sol�mnica, carraspeando�. Rig y yo ni so�ar�amos en abandonaros a ti y a la hermosa Rikali en esta guarida de ogros.</p><p>�Gracias por hablar por m� �mascull� Rig en voz baja, luego en tono m�s alto, sigui�: Un ba�o caliente parece una maravillosa idea.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>El d�a siguiente hall� a Dhamon vestido con ropas distintas. No eran nuevas ni de su talla exacta, pues las calzas eran demasiado holgadas para su flexible cuerpo. De todos modos, estaban limpias, y eran de un amarillo oscuro, como el color de las hojas secas de abedul. Llevaba tambi�n una t�nica con unas curiosas rayas en descoloridos tonos azules y rojos, que era demasiado grande y le llegaba a las rodillas. Mediante el empleo de unas cuantas piezas de acero hab�a conseguido convencer a una ogra, que era una costurera bastante satisfactoria, para que le hiciera unos lazos alrededor de los tobillos de modo que las perneras de los pantalones se ablusonaran y cayeran formando pliegues. Un elegante cintur�n de cuero rodeaba su cintura d�ndole s�lo dos vueltas. La costurera tambi�n hab�a sido capaz de proporcionarle un chaleco de gamuza que le ca�a casi a la perfecci�n; estaba poco desgastado, y adornado con brillantes tachuelas de lat�n que formaban una media luna en el centro de la espalda. Unas botas del tama�o adecuado para humanos, que hab�a descubierto en la tienda de la mujer, completaban su nuevo atuendo. Dhamon sospechaba que las botas hab�an sido obtenidas en un saqueo o arrebatadas a alg�n desdichado que hab�an convertido en esclavo all�, pero estaban magn�ficamente confeccionadas y le habr�an costado cuatro veces m�s en una ciudad humana.</p><p>�Qu� guapo est�s, Dhamon Fierolobo. No te hab�a visto con un aspecto tan elegante desde el d�a en que te conoc� �le dijo Rikali�. Tenemos un aspecto muy distinguido, t� y yo.</p><p>Los cabellos de la semielfa, amontonados en mechones en lo alto de su cabeza, estaban decorados con pasadores de jade en forma de mariposas y colibr�es, joyas que hab�a sacado de uno de los carros de los mercaderes. Volv�a a llevar el rostro maquillado, los p�rpados en un azul brillante, con las pesta�as alargadas artificialmente, y los labios pintados en un rojo profundo.</p><p>Introdujo un brazo bajo el de �l, esperando acompa�arlo a recoger el carro, pero Dhamon les indic� a ella y a Traj�n que se reunieran con �l ante la puerta de Sombr�o Kedar al cabo de un rato.</p><p>Solo, Dhamon descendi� por una calle que conduc�a al este, donde las cimas de las Khalkist desaparec�an en el interior de unas nubes bajas. Lo cierto era, se dijo para s�, que no hab�a visto un cielo despejado desde la noche en que Rig y Fiona hab�an ido a parar a su campamento.</p><p>Se detuvo ante un edificio achaparrado, uno en mucho mejor estado que sus vecinos. Al parecer, el ogro a cargo del lugar estaba bastante orgulloso de �l. En cuanto penetr� en su interior, fue recibido con un gru�ido y unos ojos entrecerrados, y el ogro situado tras una gran mesa que serv�a de mostrador estir� un dedo rechoncho e indic� a Dhamon que se fuera.</p><p>Pero �ste neg� con la cabeza y agit� una peque�a bolsa que colgaba de su cintur�n.</p><p>El dedo descendi� y los gru�idos cesaron, pero los ojos se entrecerraron a�n m�s. La criatura lade� la cabeza y ech� una veloz mirada a la pared trasera, de la que pend�an toda clase de armas de larga empu�adura; todas demasiado voluminosas para el humano.</p><p>�Quiero un arco �empez� Dhamon, agitando de nuevo la bolsa.</p><p>El otro sacudi� la cabeza y encogi� unos hombros deformes. Dhamon profiri� un profundo suspiro.</p><p>�Ser� mejor que aprenda un poco m�s del idioma ogro si sigo andando mucho m�s tiempo por estas monta�as o tengo que regresar alguna vez a este sumidero �mascull�, luego apret� los labios en una fina l�nea, mir� fijamente al otro, y fingi� tensar un arco y colocar una flecha al tiempo que pronunciaba unas cuantas palabras en entrecortado lenguaje ogro.</p><p>Minutos m�s tarde, Dhamon segu�a andando por la sinuosa y estrecha calle, con un largo arco y un carcaj lleno de flechas sujeto a la espalda. Tras el incidente con los enanos en el valle, hab�a resuelto conseguir un arma para atacar a distancia.</p><p>Hizo otra parada y adquiri� tres odres del licor m�s fuerte que pod�a hallarse en la ciudad. Dos los dej� colgando del cintur�n, y el tercero lo sostuvo en la mano, para tomar un buen trago de �l antes de sujetarlo tambi�n al cinto.</p><p>Los numerosos ogros junto a los que pas� lo evitaron. Estaba claro que no sent�an ning�n respeto por los humanos, pues escup�an al suelo cuando �l se acercaba, gru�endo y arrugando las aguile�as narices repletas de verrugas. Pero hab�a algo en el porte y la expresi�n del hombre que les imped�a abordarlo. En cuanto �l posaba la mano sobre la empu�adura de su espada, ellos se marchaban al otro lado de la calle, sin atreverse a mirar por encima del hombro hasta encontrarse a varios metros de distancia.</p><p>Su siguiente parada fue en el punto donde la calle finalizaba ante un enorme edificio. No ten�a tejado, s�lo paredes de piedra y madera, y una amplia puerta doble medio podrida que permanec�a ligeramente abierta.</p><p>Dhamon introdujo la cabeza en el interior y la retir� al instante, al tiempo que se dejaba o�r un zumbido y un golpe sordo producidos por una enorme hacha de armas de dos manos al descender en el lugar donde hab�a estado su cuello momentos antes. Barro y agua salieron despedidos por los aires al chocar la hoja contra el suelo, salpicando la t�nica de Dhamon y arranc�ndole sonoros juramentos.</p><p>Abri� la puerta de una patada y desenvain� la espada al mismo tiempo; se precipit� al interior y apuntal� los pies para enfrentarse a un ogro de impresionante tama�o, uno que sin duda med�a unos tres metros, con unas amplias espaldas y una considerable barriga que sobresal�a por encima de un grueso cintur�n de cuero. El ogro volvi� a alzar el hacha, mientras una retorcida sonrisa amarillenta se extend�a por el rechoncho rostro, y sus opacos ojos verdes reluc�an.</p><p>Dhamon retrocedi�, pisando un profundo charco. Al no haber techo, llov�a con la misma fuerza en el interior del edificio como en el exterior.</p><p>��Maldred! �grit�, sin prestar atenci�n al lodo�. �Estoy con Maldred!</p><p>El ogro se detuvo un instante, y la sonrisa desapareci�. La peluda frente se arrug�. Sus manos segu�an sujetando el hacha, pero la amenaza hab�a disminuido en su mirada.</p><p>�Maldred �repiti� Dhamon, cuando la enorme bestia dio un paso al frente con un amenazador bufido. En entrecortado idioma ogro, a�adi�: Nuestro carro. Maldred te pidi� que vigilaras. Lo has hecho. He venido a recoger nuestro carro.</p><p>El ogro mir� hacia la parte trasera del edificio, y la mirada fue suficiente para dar a entender al humano que el otro lo comprend�a con claridad. El carromato estaba envuelto en las sombras. Dhamon avanz� hacia �l, sin perder de vista al ogro y con la espada lista. S�lo hab�a un caballo atado a poca distancia, y el humano lo enganch� r�pidamente al carro mientras escudri�aba la zona en busca del otro animal.</p><p>�Maldici�n �jur� por lo bajo al descubrir sangre en la pared trasera; distingui� una madeja de crines y, debajo de un mont�n de paja h�meda y mohosa, una pata ungulada que sobresal�a�. �Ten�as hambre, no es cierto? �No esperaba que el otro lo comprendiera o respondiera�. Elegiste al m�s grande para com�rtelo.</p><p>La criatura se acerc� m�s, arrastrando los pies por el barro. Sujetaba todav�a el hacha ante �l, y sus ojos se mov�an veloces de un lado a otro.</p><p>Dhamon se dedic� a comprobar lo que hab�a bajo la empapada lona alquitranada, sin perder de vista al ser.</p><p>�Tambi�n te atac� la codicia, �no? O al menos, la curiosidad.</p><p>Se dio cuenta de que los sacos se hallaban colocados de un modo distinto en el fondo del carro, y aunque no pod�a estar seguro de si faltaba algo, decidi� echarse un farol y apunt� al ogro con la espada.</p><p>�Devuelve. Los sacos que cogiste. Devuelve.</p><p>��Thwuk! �Thwuk! �rugi� el ogro acerc�ndose y alzando el hacha sobre su cabeza en un gran alarde amenazador�. �Thwuk no coger de Maldred!</p><p>Pero Dhamon no estaba de humor para dejarse intimidar. Se precipit� hacia adelante y barri� con la espada el vientre de su atacante, luego dio un salto atr�s mientras una cortina de oscura sangre brotaba al exterior. El ogro aull�, y el hacha resbal� de sus dedos, que sujetaban ahora furiosamente su est�mago. La sangre se derram� por encima de las manos de la bestia mientras �sta ca�a de rodillas, con una mezcla de c�lera y sorpresa reflejada en el feo rostro.</p><p>Lanz� un gutural gru�ido a Dhamon, y una baba roja se derram� por el bulboso labio. Luego grit� una vez m�s cuando el humano volvi� a adelantarse y le reban� la garganta. El ogro se desplom� de bruces sin vida.</p><p>�Espero que no fueras demasiado buen amigo de Maldred �reflexion� Dhamon, mientras limpiaba la espada en las ropas del muerto y volv�a a envainarla; arroj� r�pidamente un mont�n de paja sobre el ogro muerto, evitando los insectos que se arremolinaban sobre la grupa del caballo.</p><p>A continuaci�n utiliz� la lluvia para lavarse las manos y echar un buen vistazo por todas partes. Plantas altas crec�an en la mitad septentrional del edificio. Parec�an bien cuidadas, y sus extremos casi llegaban al lugar donde hab�a estado el techo. Hab�a una enorme hamaca colgada entre lo que hab�a servido como vigas de soporte del tejado, y debajo toda una colecci�n de peque�os barriles y morrales, posiblemente las posesiones del ogro.</p><p>Dhamon se arranc� la t�nica reci�n adquirida, que estaba empapada de sangre y barro, y la arroj� tras una hilera de plantas; rebuscando en el carro bajo un saco de piedras preciosas, recuper� la elegante camisa que hab�a guardado del bot�n de los mercaderes y se apresur� a pon�rsela. Al ser negra, complementaba a la perfecci�n los abombados pantalones y el chaleco de gamuza. El hombre admir� su oscuro reflejo en un charco que hab�a cerca de la hamaca del ogro.</p><p>Registr� luego las posesiones del muerto, sin encontrar m�s que un peque�o saco de gemas, que �ste podr�a haber robado o que probablemente le hab�an entregado como pago por vigilar el carro. Dhamon lo arroj� al interior del veh�culo y prosigui� su registro de las posesiones materiales de la criatura, hallando una bolsa repleta de piezas de acero, una daga con empu�adura de marfil y trozos de alimentos secos, que olfate� sin demasiado entusiasmo. Hab�a unas cuantas cosillas m�s, una sirena rota de jade y un brazalete de bronce, cubierto de barro, que agit� en el agua que llenaba la hamaca.</p><p>Tras decidir que no hab�a gran cosa de valor, el humano sac� el caballo y el carro de la cuadra y apuntal� la puerta para cerrarla.</p><p>�Una �ltima parada �se dijo en voz baja�. La m�s importante.</p><p>Al cabo de una hora, se encaminaba hacia el establecimiento de Sombr�o Kedar.</p><p>Rig estaba en el otro lado de la calle, apoyado contra un edificio de piedra abandonado, vigilando la entrada de la casa. Sus ojos hundidos, con c�rculos negros por debajo de ellos, demostraban que hab�a dormido poco la noche anterior. Un humano de aspecto desali�ado permanec�a encogido junto a �l, asintiendo y sacudiendo la cabeza mientras Rig lo asaba a preguntas. El marinero no hab�a descubierto a un solo humano que no estuviera vestido con harapos o pareciera remotamente feliz.</p><p>Fiona hizo una se�a a su compa�ero para que se reuniera con ellos, pero el marinero neg� con la cabeza y sigui� hablando con el desconocido. La sol�mnica se encogi� de hombros y devolvi� su atenci�n al kobold.</p><p>�Un nombre ins�lito �dijo, inclin�ndose hacia �l hasta que sus rostros quedaron frente a frente.</p><p>�No es mi aut�ntico nombre �replic� �l�. Imagino que t� lo llamar�as un� �Arrug� las facciones y dio un golpecito a su nariguera.</p><p>��Apodo? �arriesg� ella.</p><p>�Mi aut�ntico nombre es Ilbreth �asinti� la criatura�. Simplemente me llaman Traj�n porque�</p><p>��Traj�n! �Rikali estaba de pie en la combada acera y hac�a se�as con los pintados dedos al kobold�. Busca mi morral y ven dentro. �Deprisa!</p><p>�� voy de un lado a otro trayendo y llevando cosas �termin� a toda prisa, precipit�ndose a obedecer.</p><p>Dhamon inst� al caballo a dirigirse a la hundida acera de madera, lo at� a un poste y pas� veloz junto a Rikali, a la que indic� que custodiara el carro� con su vida. Al entrar en el establecimiento comprob� que, a pesar de que acababa de ser la hora del almuerzo, no hab�a bebedores de t� ni aparentes pacientes. Golpe� sobre el mostrador, y los otros entraron tras �l. Momentos m�s tarde, Maldred se asomaba entre las cuentas.</p><p>Una enorme sonrisa recorr�a el rostro del hombret�n, y ten�a los brazos extendidos a los costados. Gir� sobre s� mismo para ser inspeccionado. No hab�a ni rastro de lesi�n, y Dhamon contempl� boquiabierto a su fornido amigo.</p><p>�Pens� que tendr�a que cortarte el brazo �dijo el humano en tono uniforme.</p><p>�Tambi�n lo pensaba Sombr�o �replic� Maldred�. �Lo cierto es que lo intent�! Pero yo no le dej�. Le dije que ten�a que llevar a cabo su magia y sanarme o le dir�a a todo el mundo que no era otra cosa que un simple charlat�n. Y �l no pod�a permitirse esa reputaci�n, al menos no aqu�. Desde luego, esto me cost� un poco m�s de lo que le diste ayer.</p><p>Dhamon hizo una mueca.</p><p>�Lo val�a, amigo m�o. Sombr�o es el mejor. Por desgracia, sin embargo, no es tan poderoso como para detener toda esta lluvia. Dudo que estas monta�as hayan visto tanta agua desde hace a�os. Al menos le est� dando a Bloten un muy necesario ba�o. �Ri� por lo bajo, luego se torn� serio al instante�. �El carro?</p><p>Dhamon se�al� con la cabeza en direcci�n a la calle.</p><p>��Te pidi� Thwuk algo m�s por vigilarlo?</p><p>�Nada m�s. �Movi� la cabeza negativamente�. Soy un negociador h�bil.</p><p>�Por eso me gustas. �Maldred se acerc� a Fiona, con los ojos centelleando alegremente y atrayendo los de ella�. Ahora pasemos a ese asunto de obtener para ti un rescate, dama guerrera.</p><p>�Tenemos una cita esta noche �carraspe� Dhamon.</p><p>Maldred enarc� las cejas como diciendo <emphasis>�tambi�n has negociado eso?</emphasis>.</p><p>�Tenemos que cenar con Donnag hoy para discutir diversos asuntos.</p><p>�Entonces ser� mejor que me busque algo presentable que ponerme �respondi� �l�. �Me acompa�as, dama guerrera?</p><p>��Mi rescate? �El rostro de Fiona estaba a�n crispado por la preocupaci�n�. �Es el rescate parte de los <emphasis>diversos asuntos</emphasis>?</p><p>�S�. Creo que esta noche podremos conseguirte algo de dinero.</p><p>Maldred no vio la severa expresi�n y los ojos entrecerrados de Dhamon, pues dedicaba todos sus encantos y atenci�n a la sol�mnica. El Hombret�n alarg� el brazo, y ella lo tom�, abandonando la tienda con �l y recibiendo una furiosa mirada de la semielfa. Fiona mir� al otro lado de la calle, pero no vio al marinero por ninguna parte.</p><p>Rig hab�a ido a parar a una callejuela adoquinada, una de las pocas que hab�a en Bloten. Casi todas las calles parec�an anchos r�os de lodo, y ten�a que rodear los charcos m�s grandes, pues evitarlos por completo era imposible. Cuando los adoquines desaparec�an y se abr�a una nueva extensi�n de barro, los negocios y viviendas que bordeaban la calle eran a�n m�s destartalados. Observ� que unos pocos ten�an como propietarios, o al menos como encargados, humanos y enanos, y que �stos parec�an abastecer a los habitantes que no eran ogros. Ninguna de las tiendas pose�a toldos o tablones en la parte delantera, s�lo franjas de profunda y fangosa arcilla. El marinero ech� una ojeada a su reflejo en un rebosante abrevadero para caballos. Su est�mago rug�a, pues apenas hab�a tocado su cena la noche anterior, mientras sus compa�eros com�an con fruici�n, y ese d�a no hab�a comido nada, ya que no deseaba nada que perteneciera a este lugar. Pero se sent�a algo d�bil, la cabeza le dol�a y las manos le temblaban, y sab�a que tendr�a que comer alguna cosa. Alz� la mirada, buscando un establecimiento que pudiera vender alimentos reconocibles.</p><p>��Gardi? �Erezzz t� Gardi?</p><p>Rig se dio cuenta de que un joven larguirucho que acababa de inclinarse fuera de un sinuoso p�rtico le hablaba a �l.</p><p>�Oh, perd�n. Pensar tu zer Gardi.</p><p>Se dio la vuelta y desapareci� por la puerta, al tiempo que el marinero daba un salto al frente y lo agarraba por la mu�eca. El joven escupi� una palabra que parec�a extranjera, luego trag� saliva y sus ojos se abrieron de par en par cuando advirti� todas las armas que luc�a el marinero.</p><p>�Est� bien �dijo Rig�. No voy a hacerte da�o. S�lo quiero hablar. Soy nuevo en la ciudad, y me preguntaba�</p><p>��Qu� pena! �respondi� �l, relaj�ndose un poco cuando el otro lo solt�.</p><p>Rig lade� la cabeza.</p><p>��Qu� pena que hayas venido aqu�! �sigui� el hombre, con una genuina expresi�n de tristeza en el rostro�. Bloten no es un buen lugar en el que estar� si puedes elegir estar en otra parte. Y no puedo perder el tiempo contigo. Tengo que ganar dinero. Impuestos que pagar. Impuestos, impuestos, impuestos y m�s impuestos.</p><p>Rig sac� una moneda de acero del bolsillo y la introdujo en la mano del joven.</p><p>�H�blame de este lugar.</p><p>�Impuestos �repiti� �l.</p><p>�S�, ya lo s� �contest� Rig�. Ahora dime d�nde puedo conseguir algo para comer.</p></section><section><title><p>8</p><p>Donnag</p></title><p>La tarde encontr� a Rig y a los dem�s en el otro extremo de la ciudad, en casa del caudillo Donnag, el gobernador de todo Blode.</p><p>La mansi�n, un palacio lo llam� Traj�n, resultaba algo incongruente en comparaci�n con los edificios que se extend�an alrededor y con todas las casas que hasta entonces hab�an visto en Bloten. Ten�a tres pisos de altura, de acuerdo con las dimensiones de los ogros, lo que hac�a que a los humanos les pareciera como si tuviera casi cinco. Y ocupaba toda una manzana de la ciudad. El exterior estaba en buen estado, la siller�a remendada y pintada de un blanco brillante que parec�a gris p�lido bajo la continua llovizna. Una moldura de madera pintada de color naranja bordeaba las esquinas, tallada con im�genes de dragones de alas extendidas y cabezas mirando al cielo. Arbustos decorativos llenos de malas hierbas y que ped�an a gritos ser podados se extend�an bajo las ventanas adornadas con extravagantes cortinas, y se hab�an podado las enredaderas llenas de espinos para mantenerlas fuera del sinuoso sendero de adoquines que conduc�a a las impresionantes puertas de acceso dispuestas bajo un saliente en forma de arco.</p><p>Hab�a dos ogros de guardia a cada lado de las puertas, ataviados con armaduras abolladas y sosteniendo alabardas m�s largas que el arma de Rig. Protegidos de la lluvia, estaban secos y sudorosos por el calor del verano, y ol�an poderosamente a almizcle. Uno se adelant� e indic� un caj�n de embalaje.</p><p>�Quiere que dej�is fuera todas vuestras armas �explic� Maldred.</p><p>��No lo har�! �Rig retrocedi� y sacudi� la cabeza�. No me quedar� indefenso en�</p><p>Fiona se desliz� junto a �l, soltando su talabarte que deposit� en el caj�n; luego sac� una daga de su bota y la a�adi� al arma. Tras un momento de vacilaci�n, dej� el casco junto al recipiente y se pein� los cabellos con los dedos. Dhamon retir� tambi�n su talabarte, balance�ndolo por encima de la caja junto con los odres de cerveza al tiempo que miraba a los centinelas ogros. Luego lo coloc� con cuidado en el interior. Rikali hizo lo propio con la daga de empu�adura de marfil que Dhamon le hab�a dado, y Traj�n deposit� de mala gana su jupak. Los cuatro aguardaron entonces a Rig.</p><p>�No lo har�.</p><p>�Entonces haz lo que quieras y esp�ranos aqu� �dijo Maldred.</p><p>El hombret�n extendi� de nuevo galantemente el brazo a Fiona, con ojos centelleantes y afectuosos que arrancaron una leve sonrisa del rostro ovalado de la mujer. La sol�mnica vacil� un instante antes de tomarlo del codo y penetrar en el edificio, sin dedicar al marinero una segunda ojeada.</p><p>Rikali aguard� a que Dhamon imitara el cort�s gesto de Maldred, haciendo un puchero cuando �ste no lo hizo, para a continuaci�n entrar tras �l.</p><p>�Amor �le susurr� mientras le daba un codazo�. Deber�as aprender mejores modales. Observa a Mal. �l sabe c�mo tratar a una dama.</p><p>Traj�n se hab�a introducido en el interior justo por delante de la pareja.</p><p>�Ahh� �Rig apoy� su arma contra la pared delantera de la mansi�n�. Ser� mejor que esto siga aqu� cuando yo salga �advirti�; luego procedi� a dejar sus otras armas m�s visibles en el interior del caj�n de embalaje y a reunirse con los otros dentro de la casa.</p><p>El interior era impresionante. Una larga mesa de madera de cerezo dominaba el comedor al que fueron escoltados, circundada por sillones tama�o ogro con almohadones bien rellenos y respaldos profusamente tallados. Ninguno de los muebles estaba encerado ni en el mejor de los estados, pero eran mejores que el mobiliario del establecimiento de Sombr�o Kedar y de los otros lugares que hab�an visitado. De las paredes colgaban pinturas, realizadas por artistas humanos de renombre. Los ojos de Rig se entrecerraron y clavaron en uno. Lo hab�a pintado Usha Majere, la esposa de Palin; el marinero hab�a visto suficientes obras de la mujer cuando visit� la Torre de Wayreth para reconocerlo, y sab�a que ella no lo habr�a pintado para un caudillo ogro. <emphasis>Robado</emphasis>, se dijo. Probablemente como todo lo dem�s en esta habitaci�n.</p><p>Una humana desgarbada, escasamente vestida con chales de color verde p�lido, los invit� a elegir un lugar en la mesa y musit� que deb�an aguardar para sentarse. Tras dar una palmada, una ogra hizo su aparici�n con una bandeja de bebidas servidas en altas copas de madera. Detr�s de ella entr� Donnag.</p><p>El caudillo era el ogro de mayor tama�o que hab�an visto desde su llegada a la ciudad. Con casi tres metros treinta de altura, ten�a unos grandes hombros sobre los que descansaban relucientes discos de bronce festoneados con medallas militares; algunas reconocibles como pertenecientes a los caballeros negros y a los caballeros de la Legi�n de Acero, unas cuantas con marcas nerakianas. Se cubr�a con una pesada cota de malla, que reluc�a a la luz de las gruesas velas distribuidas uniformemente por toda la estancia, y debajo de ella llevaba una costosa t�nica morada. Aunque iba vestido regiamente como un monarca, no dejaba por ello de ser un ogro, con verrugas y costras salpicando su enorme rostro curtido. Dos colmillos sobresal�an hacia arriba en su mand�bula inferior, y varios aros de oro atravesaban la amplia nariz y el bulboso labio inferior; las orejas quedaban ocultas por un casco de oro con aspecto de corona, adornado con piedras preciosas de exquisita talla y zarpas de animales grotescamente dispuestas en diagonal.</p><p>Sin embargo, avanz� con elegancia y en silencio, desliz�ndose hasta el asiento a modo de trono situado a la cabecera de la mesa donde se instal�. La humana permaneci� a su derecha, a la espera de sus �rdenes. A un gesto de cabeza de Donnag, Maldred apart� la silla para que Fiona se sentara, luego se sent� �l. Los otros le imitaron, siendo Rig el �ltimo en hacerlo. El marinero sigui� examinando la estancia con recelo, observando las pinturas, los candelabros y las chucher�as que desde luego no hab�an sido creados para un ogro. Como antiguo pirata que era, Rig reconoc�a el pillaje cuando lo ve�a.</p><p>La mirada del ergothiano se posaba de vez en cuando en Fiona, a quien no parec�a preocuparle lo que los rodeaba. Pero entonces el hombre se record� que en la mujer prevalec�a su creencia de que, al estar all�, podr�a de alg�n modo conseguir las monedas y las gemas con las que pagar el rescate de su hermano.</p><p>�No hab�amos recibido a una Dama de Solamnia nunca antes �empez� a decir Donnag; su voz profunda y chirriante insinuaba una edad avanzada, pero su dominio de la lengua humana era preciso�. Nos sentimos honrados de teneros en nuestra estimada presencia, lady Fiona.</p><p>La mujer no respondi�, aunque le sorprendi� que conociera su nombre. Donnag, advirtiendo tal vez su incertidumbre, prosigui� con rapidez:</p><p>�Me alegro de tenerte en nuestro humilde hogar de nuevo, Maldred, y sirviente Ilbreth. �El kobold asinti�, sonriente�. Y al amigo de Maldred� Dhamon Fierolobo. Conocemos tus gloriosas proezas y nos sentimos impresionados. Y t� eres�</p><p>El marinero estaba observando otro cuadro, uno que mostraba la costa oriental de Mithas, la costa Negra. El artista hab�a representado un cielo en las primeras horas del crep�sculo, y tres lunas flotaban suspendidas sobre las aguas, en una �poca anterior a la Guerra de Caos cuando Krynn ten�a tres lunas. Absorto en la pintura, que despertaba recuerdos de las islas del Mar Sangriento, Rig no se daba cuenta de que el caudillo se dirig�a a �l.</p><p>�Se llama Rig Mer-Krel �manifest� Fiona.</p><p>��Un ergothiano?</p><p>Rig asinti�, su atenci�n puesta por fin en Donnag. El marinero ahog� una risita, al encontrar que el rostro de su anfitri�n, su regio vocabulario y su vestimenta estaban completamente re�idos entre s�.</p><p>�Est�s muy lejos de tu hogar, ergothiano.</p><p>Rig abri� la boca para decir algo, y luego cambi� de idea. Volvi� a asentir y rez� a los dioses ausentes para que la cena transcurriera con rapidez.</p><p>�Lady Fiona, nuestros consejeros nos dicen que necesit�is una considerable cantidad de monedas y gemas para utilizarlas como rescate para vuestro hermano. Que los jefes de los Caballeros de Solamnia no os ayudar�n en esto.</p><p>Ella asinti�, con otro atisbo de sorpresa en los ojos al comprobar lo mucho que sab�a �l sobre el motivo de su presencia en la ciudad.</p><p>��A vuestro hermano lo retienen junto con otros caballeros en Shrentak?</p><p>Volvi� a asentir.</p><p>��Y ten�is la intenci�n de ir a Shrentak? Es un lugar terrible.</p><p>�No, caudillo Donnag �repuso ella, negando con la cabeza�. No necesito adentrarme tanto en la ci�naga. Uno de los secuaces de la Negra, un draconiano, se reunir� conmigo en las ruinas de Takar. Es all� donde debo entregar el rescate. A mi hermano lo conducir�n all� y me lo entregar�n. Tal vez me entregar�n tambi�n otros caballeros si consigui� obtener suficiente.</p><p>�Es una tarea admirable la que os hab�is encomendado �respondi� su anfitri�n, aclar�ndose la garganta�, puesto que la familia es lo m�s importante. �Hizo una pausa para tomar un sorbo de vino y carraspear de nuevo�. Nosotros no nos oponemos a la esclavitud y a mantener prisioneros. Siempre el m�s d�bil y desdichado debe servir al m�s fuerte. Sin embargo, no sentimos el menor amor por la Negra y su cada vez m�s extensa ci�naga. A decir verdad, nuestro ej�rcito viaj� al pantano no har� ni un mes y destruy� una creciente legi�n de dracs; mi general cre�a haber localizado un nido donde eran creados. El coste fue alto para nosotros, pero ni un solo drac qued� con vida. Por suerte para nosotros, la Negra no estaba all� en esos momentos.</p><p>Donnag volvi� la cabeza despacio para asegurarse de que todo el mundo le prestaba atenci�n.</p><p>�Y as� pues, debido a nuestro amor por la familia y a nuestro odio por la Negra, os facilitaremos monedas y gemas m�s que suficientes para obtener la liberaci�n de vuestro hermano.</p><p>��Por qu�? �La pregunta surgi� del marinero.</p><p>Donnag se mostr� irritado, mientras la humana situada junto a �l le llenaba la copa de vino hasta el borde.</p><p>�Adem�s, le daremos hombres para que la acompa�en hasta las ruinas de Takar. El pantano es peligroso, y ayudaremos a asegurar que alcance su destino. Al ayudarla, tal vez asestaremos un duro golpe a la que llamamos Sable. Podemos concederos cuarenta hombres.</p><p>��Y qu� nos va a costar eso? �Rig dese� poderse tragar aquellas palabras cuando capt� la feroz mirada del caudillo; no obstante, sigui� diciendo�: Todo tiene un precio en vuestro pa�s, �no es as�, majestad? Licencias, impuestos, cuotas. Tengo entendido que incluso cobr�is a humanos y enanos por el agua que sacan de los pozos. Oh, lo olvidaba, tambi�n cobr�is impuestos a los semiogros, aunque no en tanta cuant�a.</p><p>�Como dices, ergothiano, todo tiene un precio. Incluida nuestra ayuda �repuso Donnag con frialdad, al tiempo que volv�a la mirada hacia la dama sol�mnica�. En las colinas situadas al este hay poblados que se dedican al pastoreo de cabras que nos suministran leche y carne. A nosotros nos gusta mucho la leche. Un poblado en particular ha sufrido repetidos ataques y han desaparecido cabras en plena noche. Sospechamos que se trata de lobos o de un enorme gato montes. Nada para una guerrera como vos. Estos aldeanos son s�bditos muy leales, y nos preocupa enormemente que se vean atormentados de este modo. Si vais a ese poblado, Talud del Cerro, y pon�is fin a los ataques, se os entregar� una fortuna en monedas y joyas, vuestro rescate. Talud del Cerro no est� lejos, a un d�a de viaje.</p><p>�Ten�is un ej�rcito de ogros �intervino Rig�. �Por qu� no hacer que ellos ayuden a vuestros <emphasis>muy leales s�bditos</emphasis>?</p><p>Donnag entrecerr� los lega�osos ojos. Los dedos de su mano izquierda aferraron el borde de la mesa mientras la derecha tomaba la copa de vino. Vaci� el contenido de un trago, y la mujer se apresur� a volver a llenarla. El ogro repiti�, con los ojos fijos en el marinero:</p><p>�Tal como dices, ergothiano, todo tiene un precio. Considera esto como un favor a m�, como un pago en especies.</p><p>El kobold solt� su servilleta. Hasta el momento s�lo hab�a estado escuchando a medias la conversaci�n. <emphasis>�Cabras?</emphasis> articul� en silencio dirigi�ndose a Maldred.</p><p>��Cu�ndo hemos aceptado ir a rescatar cabras?</p><p>�S� �dijo Fiona�, acepto ayudar a cambio del rescate y la ayuda de vuestros cuarenta hombres.</p><p>�S�lo os ocupar� unos pocos d�as de vuestro tiempo �a�adi� Donnag�. Y los hombres estar�n equipados y listos en cuanto regres�is.</p><p>��Aguarda un momento! �Rig se alz� de la mesa, volcando su copa de vino�. No puedes hablar en serio, Fiona. Ayudar a� a� No puedes pensar en hacer eso.</p><p>�Tengo intenci�n de liberar a mi hermano �repuso ella, dirigi�ndole una airada mirada�. Y �ste es mi medio de conseguirlo. �Su tono era bajo pero tenso, como si rega�ara a un ni�o�. Necesitamos las monedas y las gemas, Rig. <emphasis>Lo sabes</emphasis>.</p><p>�Ojal� pudiera ir contigo a las monta�as, dama guerrera �manifest� Maldred�, pero tengo otras cosas de las que ocuparme en la ciudad. No obstante esperar� ansioso tu regreso.</p><p>El marinero se dej� caer pesadamente en su asiento mientras la criada ogra se afanaba en limpiar el vino vertido y le dirig�a desaprobadoras miradas. Enderez� su copa, pero no volvi� a llenarla.</p><p>�Muy bien, lady Fiona �Donnag se aclar� la garganta�. Vos y el ergothiano partir�is por la ma�ana en direcci�n a Talud del Cerro. �El ogro apart� la silla de la mesa�. Nos ya hemos comido. Pero nuestra cocinera tiene una magn�fica comida lista para vosotros, Maldred, cuando hayamos terminado. Y ahora tal vez t� y Dhamon Fierolobo os reunir�is con nos en nuestra biblioteca, para discutir otras cuestiones.</p><p>Rig sigui� mir�ndolo furibundo, neg�ndose a tomar ni un bocado de la suntuosa cena que Donnag les ofrec�a.</p><p>�No me gusta nada esto �farfull�. No tienes ni idea de con qui�n est�s tratando, Fiona. Donnag es cruel. Pone impuestos a humanos y enanos que viven aqu� hasta arruinarlos. Lo que hace es�</p><p>�Asunto suyo �respondi� ella�. �ste es su pa�s. �Qu� quieres que hagamos, derrocarlo?</p><p><emphasis>No ser�a tan mala idea</emphasis>, pens� el marinero.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>La biblioteca era a la vez espl�ndida y asombrosa. Tres paredes estaban cubiertas de estanter�as que se extend�an hasta lo alto de un techo de m�s de cuatro metros de altura. Cada estante estaba abarrotado de libros, cuyos lomos estaban etiquetados en Com�n, as� como en elfo, enano, kender y unos cuantos idiomas m�s que Dhamon no reconoci�. Algunos eran libros de historia, otros imaginativos relatos de ficci�n. Un grueso volumen repujado en oro trataba del arte de la guerra. Tras una r�pida inspecci�n, result� que ninguno estaba marcado con los caracteres con aspecto de insectos que pod�an verse en los letreros de los establecimientos de Bloten. Tal vez los ogros no escrib�an libros, se dijo Dhamon.</p><p>Los libros ol�an a humedad y estaban cubiertos de polvo y telara�as, lo que indicaba que ninguno era le�do jam�s, s�lo contemplado y pose�do. De haber estado bien cuidados, habr�an valido una aut�ntica fortuna en cualquier ciudad un poco grande de Ansalon.</p><p>La cuarta pared estaba decorada con cascos de metal plateado y negro: recuerdos de Caballeros de Solamnia y de caballeros negros. Una armadura completa de caballero negro se alzaba vigilante tras un sill�n excesivamente mullido en el que Donnag se acomod�.</p><p>Cerca del asiento colgaba una enorme espada de dos manos, que Maldred baj� de un anaquel. La empu�adura ten�a la forma de un nudoso tronco de �rbol, y hab�a pedazos de brillante �nice incrustados en las espirales. La sopes� para comprobar su equilibrio y la balance� describiendo un arco uniforme, que casi estuvo a punto de volcar una columna de m�rmol rosa que sosten�a un busto de Huma.</p><p>�T�mala. La espada es tuya, Maldred �dijo Donnag�. Nos te la entregamos para reemplazar la que Dhamon Fierolobo dice que perdiste en el valle de las piedras preciosas.</p><p>El hombret�n pas� el pulgar por la hoja, produci�ndose un corte en la piel que empez� a sangrar.</p><p>��Y la espada que busco, por la que solicit� esta audiencia? �Dhamon se coloc� frente al caudillo, mir�ndolo con los brazos en jarras.</p><p>Donnag lade� la cabeza.</p><p>�La espada que perteneci� a Tanis el Semielfo.</p><p>�Ah, <emphasis>esa</emphasis> espada. La que puede hallar tesoros. Hemos o�do hablar de esa arma.</p><p>�En tus establos hay un carro cargado con�</p><p>�Gemas en bruto procedentes de nuestro valle �termin� por �l el otro�. Lo sabemos. Nuestros guardias nos informaron antes de la cena. Un bot�n de lo m�s admirable. Nos estamos muy complacidos. E impresionados.</p><p>�Y es m�s que suficiente para adquirir la espada que se dice est� en tu poder.</p><p>Donnag tamborile� con sus largos dedos sobre los brazos del sill�n, y Dhamon observ� que la tela estaba ra�da en algunas partes y que pedazos de relleno amenazaban con derramarse al exterior.</p><p>�Desde luego, lo que se cuenta es cierto. Nos tenemos la espada de Tanis el Semielfo.</p><p>El humano aguard� pacientemente.</p><p>��Pero por qu� deber�a entregar una espada que puede hallar riquezas? Nos gusta el oro.</p><p>�He tra�do�</p><p>Donnag agit� una mano cubierta de anillos para acallarlo.</p><p>�S�, s�, nos has tra�do m�s que suficiente para adquirirla. Desde luego, nos sentiremos contentos de deshacernos de ese objeto. Nos tememos que si t� te enteraste de su existencia, otros tambi�n lo har�n. No nos gusta la notoriedad ni el constante flujo de humanos, elfos y cualquier otro que pudiera dignarse venir aqu� en su busca y exigirla por la fuerza en lugar de ofrecerse a pagar. Estamos demasiado ocupados para tener que enfrentarnos a tal estupidez. �Casi como si se le acabara de ocurrir, a�adi�: Adem�s, nuestras manos son demasiado grandes para empu�arla. Preferimos armas de mayor solidez. �El caudillo ech� una ojeada a la espada que Maldred segu�a admirando�. Y no tenemos tiempo para recorrer ruinas intentando utilizarla para obtener m�s riquezas.</p><p>Al cabo de unos minutos, Maldred introdujo la espada de dos manos en la vaina enrejada de su espalda.</p><p>��C�mo la conseguiste? �pregunt� el hombret�n�. �Esta espada que Dhamon quiere?</p><p>�Obtenemos muchos tesoros �respondi� el ogro, soltando una gutural risita por entre los pastosos labios�. �ste proven�a de un ladronzuelo sin agallas. Robaba a los muertos en lugar de a los vivos. Y luego intent� venderme su trofeo. �En voz m�s baja a�adi�, al tiempo que una sonrisa se extend�a por su severo rostro�: El ladronzuelo est� con los muertos ahora.</p><p>Donnag se levant�, alz�ndose muy por encima de Dhamon, pero �ste no se acobard�, y ech� la cabeza atr�s para devolver la acerada mirada del caudillo.</p><p>�Nos consideraremos esta legendaria espada tuya, Dhamon Fierolobo, m�s porque eres un amigo de Maldred, a quien aceptamos como a uno de los nuestros, que debido a tu carro lleno de joyas. No obstante, antes de entregarla, nos debemos requerir que nos hagas un servicio.</p><p>�Y �cu�l es ese servicio?</p><p>�Nos queremos que acompa�es a tus dos amigos humanos a las monta�as. Al poblado de los pastores de cabras, Talud del Cerro. Queremos que te asegures de que cumplen con su palabra de poner fin a las incursiones. Ayuda a tus amigos a ocuparse de los lobos.</p><p>�Rig y Fiona no son mis amigos.</p><p>�Pero son de tu raza �se apresur� a replicar �l.</p><p>�No tengo el menor deseo de permanecer en su compa��a. Todo lo que quiero es la espada. Has dicho que he satisfecho con creces el precio que pides.</p><p>�Pero nos no confiamos en la dama y el hombre de piel oscura. Si realmente cumplen su palabra de ayudar al poblado, daremos a la mujer su rescate, pero s�lo porque su idea de comprar la libertad de su hermano nos divierte. Luego, tambi�n, te entregaremos a ti la espada.</p><p>Dhamon frunci� el entrecejo.</p><p>�Y a�n m�s �prosigui� el ogro�. Te entregaremos unas cuantas chucher�as m�s de mi tesoro para endulzar el trato. Por haberte tomado la molestia de ayudar a mis leales s�bditos de Talud del Cerro.</p><p>Dhamon apret� las mand�bulas; sus ojos se oscurecieron y entrecerraron y su voz se torn� amenazadora.</p><p>�Coger� la espada ahora y acompa�ar� a Fiona y a Rig. Pero quiero la espada por adelantado.</p><p>�Nos hacemos las reglas en esta ciudad, Dhamon Fierolobo �respondi� Donnag, sacudiendo la cabeza�. No puedes exigirnos nada.</p><p>�T� no conf�as en ellos �replic� �l en tono uniforme�. �C�mo puedo confiar yo en ti?</p><p>�Oh, puedes confiar en �l. �Estas palabras proven�an de Maldred, que hab�a salido de detr�s del ogro para reunirse con ellos�. Te doy mi palabra, Dhamon Fierolobo, de que puedes confiar en el caudillo Donnag.</p><p>�Hecho, pues �dijo Dhamon, extendiendo la mano�. Nos ocuparemos de tu aldea de cabreros y luego cerraremos el trato. �Gir� sobre las puntas de los pies y abandon� la habitaci�n a grandes zancadas. Cuando hubo desaparecido, Maldred se volvi� a Donnag.</p><p>�No lo comprendo. �Por qu� ese inter�s en ayudar a un poblado de cabreros? Nunca te hab�a visto tan preocupado por los aldeanos de las monta�as. O preocupado por nadie, bien mirado.</p><p>�Nos no estamos preocupados �replic� �l, haciendo un adem�n con los dedos como si apartara un insecto.</p><p>�Entonces por qu�</p><p>�T� no ir�s con Dhamon Fierolobo y los otros. �Entendido? Ni tampoco ir� Ilbreth. Quedaos aqu�, Maldred, en nuestro palacio.</p><p>Arrugas de curiosidad se extendieron por la frente del hombret�n.</p><p>�Esos tres no regresar�n de Talud del Cerro �prosigui� Donnag�. Nos los hemos enviado a la muerte. Nos nos quedaremos las preciosas gemas y la espada de Tanis el Semielfo y nos desharemos de todas esas gentes molestas al mismo tiempo.</p></section><section><title><p>9</p><p>Vida despu�s de la muerte</p></title><p>La lluvia convert�a la pared de roca en despiadadamente resbaladiza, y Maldred tuvo que emplear todas sus fuerzas para trepar por ella, hundiendo los dedos en hendiduras, gateando furiosamente con los pies y forzando los m�sculos al m�ximo, hasta que por fin consigui� izarse sobre una amplia repisa. Tras recuperar el aliento, arroj� su cuerda por encima del borde, afianz� los pies y tir� de Fiona hacia arriba para que se reuniera con �l. La sostuvo entre sus brazos unos instantes, mientras los otros aguardaban abajo.</p><p>�Es una suerte que decidieras unirte a nosotros �le dijo la sol�mnica.</p><p>�S�, decid� que los asuntos que ten�a que tratar en la ciudad pod�an esperar.</p><p>El rostro de Maldred mostr� una expresi�n sombr�a, al recordar las �rdenes de Donnag de que se quedara. El caudillo no tardar�a en averiguar que Maldred y Traj�n se hab�an unido a la misi�n de Talud del Cerro. El hombret�n se preguntaba qu� podr�a ser tan peligroso en esas colinas, y esperaba que su presencia y habilidad con la espada fueran suficientes para impedir que aquello se convirtiera en una misi�n mortal.</p><p>��Algo te inquieta?</p><p>�Lobos, dama guerrera. Los lobos que atacan a las cabras. �Maldred dudaba de que los lobos fueran realmente la causa de los problemas de los cabreros.</p><p>�Enviaremos a los lobos a buscar su comida en otra parte �respondi� ella.</p><p>El rostro del hombre se ilumin� al tiempo que desterraba sus pensamientos sobre la muerte y Donnag.</p><p>�Eres realmente hermosa �dijo, y sus ojos capturaron los de ella y centellearon con una luz interior�. Juro por todo lo que m�s quiero que me dejas sin respiraci�n. �Sus palabras sonaron dolorosamente sinceras.</p><p>�Creo que es esta altura la que te impide respirar bien, Maldred.</p><p>�No �ri�. Eres t�, dama guerrera. �Agach� la cabeza y fue al encuentro de sus labios, en un beso prolongado y contundente.</p><p>Cuando �l se apart�, ella enrojeci� y se retir�, sujetando un mech�n de pelo tras la oreja al tiempo que echaba un vistazo al fondo de la empinada cresta. Estaban a demasiada altura para ver los desmoronados edificios, los ogros deformes y los pobres humanos y enanos que se esforzaban por ganarse la vida en Bloten. La lluvia, combinada con el calor del verano, hab�a engendrado una neblina alrededor de la ciudad de los ogros, una aureola de color rosa p�lido y gris que daba al lugar un aspecto sereno y bello y muy remoto desde este observatorio en las alturas; una ciudad m�gica extra�da de los cuentos que se cuentan a los ni�os al ir a dormir donde todos viv�an bien y eran felices. Al no estar acostumbrada a la altura, una sensaci�n de v�rtigo se apoder� de la sol�mnica y �sta retrocedi� para apoyarse en Maldred.</p><p>��Est�s bien, dama? Aunque no es que me moleste.</p><p>�No me parezco demasiado a una dama con estas ropas �repuso ella.</p><p>El hombret�n hab�a conseguido convencer a la sol�mnica de que abandonara su cota de malla en casa de Donnag, puesto que no era la vestimenta apropiada para escalar monta�as. Ella hab�a discrepado tenaz, y Rig la hab�a respaldado s�lo para tomar partido en contra de Maldred, pero luego la guerrera hab�a echado una buena mirada a la perpendicular y peligrosa ladera de la monta�a. Por lo tanto, llevaba puestos s�lo unos pantalones color marr�n y una t�nica negra de manga larga, una prenda masculina, metida por dentro a la altura de la cintura. Rikali hab�a ofrecido de mala gana compartir sus ropas m�s elegantes y coloridas, y se sinti� secretamente complacida al descubrir que eran demasiado peque�as para la fornida dama.</p><p>�A decir verdad, Maldred, tengo el aspecto de un jornalero.</p><p>�No te gustan mucho los cumplidos, dama guerrera �dijo �l, echando la cuerda por el borde�. Tal vez se deba a que las personas a las que frecuentas nunca los ofrecen. Y quiz� carecen del buen sentido de darse cuenta de lo que tienen ante ellos. Me refiero a ese est�pido y grandull�n marinero� Rig. No puedes casarte con �l, Fiona.</p><p>��Realmente vive gente aqu�? �pregunt� ella, cambiando de tema, y sin apartar la mirada de Maldred.</p><p>�Cabreros en la aldea de Talud del Cerro y en otras aldeas m�s peque�as. Ellos conocen mejores caminos para moverse por estas monta�as que yo, y sin duda habr�an elegido una senda m�s sencilla. El caudillo Donnag dice que trepan por estas rocas con la misma facilidad o m�s con que la mayor�a de la gente anda por tierra firme. Y, claro est�, las cabras tambi�n viven aqu� arriba.</p><p>�Y los lobos, al parecer �a�adi� Rig, que fue el siguiente en llegar.</p><p>Us� la soga principalmente como seguridad, pues trep� como hab�a hecho Maldred, como si hubiera nacido para ello. <emphasis>Como trepar por los m�stiles de un barco</emphasis>, se dijo con cari�o cuando finaliz� su parte de la ascensi�n, aunque el peso de sus armas y de la alabarda sujeta a su espalda hab�a obstaculizado en parte su empresa. Dhamon lo sigui�, con Traj�n sujeto a los hombros.</p><p>Maldred inici� la siguiente secci�n de roca, acompa�ado del kobold, mientras Dhamon se quedaba atr�s esperando a Rikali. La semielfa correteaba monta�a arriba como una ara�a, sin necesidad de cuerda, puesto que sus dedos y pies cubiertos con sandalias hallaban grietas y hendiduras que a los otros les pasaban inadvertidas. Era una habilidad aprendida del gremio de ladrones de Sanction: encajar los dedos de las manos y pies en las estrechas rendijas que hab�a entre los ladrillos que constitu�an el exterior de las casas amuralladas de los nobles. Dhamon la ayud� a subir a la repisa, justo en el instante en que Fiona se daba ya la vuelta para marchar.</p><p>En ese instante, la monta�a tembl� ligeramente, igual que hab�a hecho unas pocas veces desde que iniciaran la ascensi�n. Rikali se aferr� a Dhamon, fingiendo temor y luego continu� as�, realmente asustada, cuando el temblor prosigui� sin menguar de intensidad. Sus manos friccionaron nerviosamente los m�sculos de los brazos de su compa�ero y, cuando la sacudida finaliz� por fin, solt� un profundo suspiro y sonri� maliciosa.</p><p>La lluvia hab�a proseguido sin parar durante los �ltimos d�as, en ocasiones cayendo con fuerza, y en otras, como en ese momento, en forma de fina llovizna, cuyo �nico prop�sito parec�a ser evitarles soportar el impacto del caluroso d�a. La semielfa alz� el rostro hacia el cielo para atrapar un poco del agua de lluvia en la boca y luego descans� la barbilla de nuevo en el pecho de �l.</p><p>�Dhamon Fierolobo, te amo.</p><p>�Rikali, yo�</p><p>��Vais a reuniros con nosotros, tortolitos?</p><p>Rig hab�a conseguido llegar a la repisa siguiente y los miraba desde lo alto. Traj�n se hallaba sobre su hombro, con los rojos ojos centelleando traviesos.</p><p>Dhamon extendi� la mano para coger la cuerda, sin observar la sombr�a expresi�n del rostro de su compa�era. Casi hab�a llegado al siguiente saliente cuando sinti� un calorcillo en la pierna procedente de la escama, que apenas le dio tiempo a prepararse, pues se torn� al instante en un calor abrasador. Agarr� firmemente la cuerda, cerrando los ojos con fuerza, al tiempo que hund�a los dientes en el labio inferior. Sinti� el sabor de la sangre en la boca y, a continuaci�n, dedic� todos sus esfuerzos a colgarse mientras se ve�a atormentado por una oleada tras otra de intenso calor y fr�o entumecedor.</p><p>El dolor era cada vez m�s intenso. Y cada vez era distinto, m�s caliente y luego terriblemente helado, alternando de forma s�bita de un extremo a otro. Tras los p�rpados lo ve�a todo rojo: las llamas de un fuego, el aliento de la se�ora suprema que lo hab�a maldecido con la escama que llevaba en la pierna. Luch� por concentrarse en algo que no fueran las llamas, real o imaginario, no importaba; cualquier cosa que disminuyera el dolor. Por un instante vio el rostro de una kalanesti, dulce y hermoso, pero entonces el rojo lo domin� todo y contempl� un par de parpadeantes ojos rojos.</p><p>�So�ando �chirri�, y se mordi� los labios con fuerza, casi como si saboreara aquel dolor.</p><p>��Dhamon? �Rig miraba por encima del borde, esperando para izarlo.</p><p>Rikali daba nerviosos brincos sobre la repisa, comprendiendo lo que suced�a.</p><p>��Dhamon! �chill� el marinero.</p><p>��D�jalo tranquilo! �sise� la mujer a Rig, e inici� el ascenso por la pared�. Ag�rrate �lo inst�. Lim�tate a agarrarte, amor.</p><p>La semielfa lleg� hasta �l, extendi� el brazo y sujet� el cintur�n del que colgaban la espada y los odres de cerveza, pero los estremecimientos de su compa�ero amenazaban con arrancarla de la pared del risco.</p><p>En cuesti�n de segundos Dhamon empez� a temblar a�n m�s. Rig tir� de la cuerda, con Rikali trepando junto con ella, una mano en una grieta vertical, la otra aferrada a�n al cintur�n de su compa�ero; entre los dos consiguieron arrastrarlo hasta la repisa, donde le quitaron el arco y el carcaj y lo tendieron en el suelo lejos del borde. La semielfa se inclin� sobre �l y apart� al marinero, cloqueando como una gallina clueca.</p><p>�Sigue adelante �indic� al otro, agitando el brazo�. Dhamon y yo estaremos perfectamente aqu�. Os alcanzaremos dentro de unos minutos. �Luego cambi� r�pidamente de parecer sobre la situaci�n�. �Mal! �chill�. �Necesita ayuda!</p><p>Parec�a como si Dhamon fuera v�ctima de una convulsi�n. La semielfa solt� de un tir�n uno de los odres que su compa�ero llevaba al cinto, le alz� la cabeza y verti� la bebida en su boca, aunque buena parte de ella se derram� por su barbilla y sobre la camisa. Friccion� los m�sculos de su garganta para ayudar al l�quido a descender.</p><p>�Eso no lo ayudar�, Riki. �Maldred hab�a descendido desde el saliente situado m�s arriba; apart� a Rig para acuclillarse junto a su amigo�. S�lo lo deja un poco aturdido, eso es todo. �Cogi� el brazo de Dhamon y lo sujet� con fuerza al tiempo que �l le devolv�a el apret�n con todas sus fuerzas, clavando las u�as en los m�sculos del hombret�n�. Eso es �anim� Maldred, mientras la preocupaci�n se reflejaba profundamente en las arrugas que rodeaban sus ojos y su boca�. Aguanta, amigo.</p><p>Rikali volvi� a dejar el odre en su lugar, haciendo caso omiso deliberadamente del marinero y de Fiona, que hac�an preguntas desde lo alto.</p><p>�Dhamon no es cosa vuestra �les dijo por fin.</p><p>Minutos m�s tarde, Dhamon dej� de temblar. Aspir� con fuerza el h�medo aire y abri� los ojos.</p><p>�Estoy bien ahora �anunci�, sin discutir cuando Maldred lo ayud� a ponerse en pie y a sujetar el carcaj y el arco a su espalda. Sus ojos se clavaron en la fija mirada de Rig�. <emphasis>Estoy bien</emphasis>. �repiti� con m�s �nfasis.</p><p>�Y un cuerno �protest� el otro�. Es esa maldita escama, �no es cierto?</p><p>Maldred pas� junto a los dos y empez� a escalar de nuevo, dejando caer la cuerda cuando lleg� a lo alto al tiempo que se apuntalaba para izar a su amigo.</p><p>�S�, es la escama. �Dhamon agarr� la cuerda, confiando casi por completo en la fuerza de Maldred para levantarlo, pues el ataque lo hab�a agotado.</p><p>Rikali hizo una se�a al marinero para que fuera el siguiente.</p><p>�Dhamon sufre estos temblores de vez en cuando. Eso es todo �indic�. Los supera y se queda como nuevo. Mal lo ayuda a vencerlos. Mal es su mejor amigo. Dhamon no necesita vuestra compasi�n.</p><p>El resto de la ascensi�n transcurri� en silencio hasta que, entrada la tarde llegaron a una estrecha meseta, en la que viv�an los cabreros. Se trataba de una comunidad peque�a, cuyas casas eran una colecci�n de cuevas diminutas y cobertizos construidos con troncos de pino y pieles apoyados en la ladera de la monta�a, que se alzaba sobre ellos al menos otros ciento veinte metros m�s. Los moradores eran humanos y Enanos de las Monta�as, los primeros bajos y delgados, casi desproporcionados, pero evidentemente �giles como monos; los segundos eran rubicundos y achaparrados, al parecer igualmente en su elemento en ese emplazamiento elevado. Todos los hombres luc�an cortas barbas puntiagudas, como si hubieran adoptado el aspecto de sus compa�eros de cuatro patas. El aire transportaba un aroma acre a cabras mojadas, gente mojada, y algo irreconocible �y nada agradable� que se cocinaba en una fogata situada en un agujero cubierto para resguardarla de la lluvia.</p><p>Rikali rebusc� en su morral un frasco de aceite perfumado y se lo aplic� generosamente, a�adiendo una gota bajo la nariz.</p><p>�Mejor �declar�.</p><p>�Soy Kulp �se present� un humano de edad avanzada, extendiendo la mano hacia Dhamon. Los dos se hallaban cerca de la hoguera, donde se hab�an reunido varios pastores�. Gobierno esta aldea, llamada Talud del Cerro, y soy quien notific� a su eminente se�or�a Donnag que nuestro reba�o est� menguando. Agradecemos al lord cualquier ayuda que nos pod�is proporcionar, aunque lo cierto es que me sorprende mucho que nos la haya enviado. Su se�or�a no es famoso por preocuparse del bienestar de estas aldeas.</p><p><emphasis>�Su se�or�a?</emphasis>, articul� Rig en silencio.</p><p>Maldred pase� por el poblado, acompa�ado de Fiona, en busca de alguna se�al de los temidos lobos, y mientras deambulaban charlaron animadamente con la gente que encontraban, respondiendo preguntas sobre la ciudad situada all� abajo, las hechuras de los vestidos de las mujeres, la m�sica que era popular, la amenaza de la hembra de Drag�n Negro llamada Sable, lo que suced�a en el mundo al este de las Khalkist. Cuando Maldred revel� que Fiona era una Dama de Solamnia que se hab�a enfrentado a los se�ores supremos dragones, toda la atenci�n se centr� en ella, y las preguntas, en los grandes dragones. Todos los aldeanos hab�an o�do hablar de los se�ores supremos y sab�an lo que hab�an hecho a Krynn. Sin embargo, ninguno de ellos hab�a visto un drag�n, con excepci�n de una poco frecuente silueta en las alturas, y todos ellos mostraban su incredulidad ante el hecho de que lord Donnag hubiera enviado a alguien tan importante como Fiona a ayudarlos.</p><p>En el extremo opuesto del poblado, Rikali pas� el brazo alrededor del de Dhamon mientras �ste se presentaba a s� mismo y a la semielfa.</p><p>�Estos lobos que est�n masacrando vuestras cabras, Kulp�</p><p>��Lobos? �El cabrero arrug� el rostro en expresi�n interrogativa�. No viven lobos en estas monta�as. Son gigantes. Son gigantes los que roban nuestras cabras. �Al instante apareci� una enorme tristeza en el rostro de Kulp, como si hubiera perdido un hijo�. Nuestro reba�o es la mitad de lo que era en primavera. Si esto contin�a, al llegar el invierno estaremos arruinados. Se llevaron cuatro cabritos anoche que estaban siendo amamantados en ese risco.</p><p>La mente de Dhamon trabajaba veloz, mientras sus dedos tamborileaban sobre el cintur�n irritados.</p><p>��Gigantes?</p><p>�Eso dijeron nuestros mensajeros a Donnag �asinti� el hombre.</p><p>Los dedos de Dhamon tamborilearon con mayor velocidad. <emphasis>�Confiar en Donnag?</emphasis> �pens� para s�. <emphasis>Maldred dijo que pod�a confiar en �l</emphasis>. Sus ojos llamearon col�ricos, y Kulp dio un paso atr�s, sobresaltado.</p><p>��As� que esos gigantes en realidad no os han hecho da�o a vosotros? �pregunt� finalmente Dhamon.</p><p>��Da�o? �el otro pareci� escandalizarse�. �Nos han hecho un da�o terrible! Llevarse nuestras cabras es hacernos da�o, son nuestro sustento. Las cabras son todo lo que poseemos. No tendremos con qu� pagar los impuestos de Donnag si esto contin�a. No tendremos nada con que comerciar y perderemos nuestro hogar.</p><p>��Pagar a Donnag? �interrumpi� Rig, que se hab�a ido acercando a ellos durante la conversaci�n.</p><p>�Pagamos al caudillo en leche y carne por el derecho a vivir en su monta�a. Desde luego, �se es el motivo por el que os envi�, para detener a los gigantes de modo que podamos seguir pagando sus cuotas e impuestos.</p><p>��Gigantes?</p><p>El marinero gru�� y mir� en derredor buscando a Fiona. �D�nde estaba?, ten�a que escuchar esa prueba de la crueldad del caudillo ogro. La descubri� junto con Maldred inclinada sobre un peque�o corral donde descansaban una cabra y sus tres cr�as reci�n nacidas.</p><p>��Y d�nde est�n esos gigantes�? �Dhamon se aclar� la garganta.</p><p>�Creemos que las criaturas viven en aquellas cuevas, se�or Fierolobo. �Kulp se�al� en direcci�n a un pico que se elevaba muy por encima de la aldea�. Algunos de nuestros pastores se enfrentaron a uno y creyeron haberlo matado. Dijeron que era una criatura imponente con brazos largos y zarpas afiladas. Sin duda s�lo estaba aturdida y luego despert�, huyendo cuando intentaban arrastrarla hasta aqu�. Unos cuantos siguieron sus huellas, que se dirigieron hasta ese pico. �Baj� la mirada y sacudi� la cabeza�. Pero esos j�venes no regresaron.</p><p>�Seguir las huellas de los gigantes ahora, seguir las de cualquier cosa, no es posible �dijo Dhamon, mirando al terreno.</p><p>La poca tierra que all� hab�a formaba amplias parcelas de barro de las que brotaba una maleza alta; tambi�n hab�a peque�os jardines, razonablemente protegidos de toda la lluvia por una red de pieles y cobertizos. Pero la mayor parte del terreno consist�a en esquisto y granito y excrementos de cabra.</p><p>Dhamon dirigi� la mirada al elevado pico, bizqueando a trav�s de la lluvia para distinguir las cuevas donde tal vez viv�an los gigantes que robaban los animales.</p><p>�Kulp, eso significa varias horas m�s de ascensi�n. Nos gustar�a quedarnos aqu� durante el resto del d�a y ponernos en marcha ma�ana temprano.</p><p>�Prepararemos alojamientos para los hombres de Donnag �dijo el jefe del poblado, dando fuertes palmadas�. Y los alimentaremos bien. �A continuaci�n march� a desalojar a una familia para acomodar al grupo.</p><p>La lluvia hab�a parado unas cuantas horas durante la noche, y bajo las escasas estrellas que asomaban por entre las finas nubes se les proporcion� una comida de ra�ces hervidas, caldo picante y pan duro. El caldo era lo que hab�a estado hirviendo a fuego lento durante todo el d�a y ten�a un sabor sorprendentemente bueno a pesar de su fuerte olor. El pan se hallaba entre los alimentos que los pastores recib�an regularmente de Bloten como parte de su trueque de provisiones. Ten�an tambi�n un fuerte licor que los aldeanos destilaban ellos mismos y que Dhamon encontr� aceptable.</p><p>Maldred orden� a la semielfa que no perdiera de vista al kobold mientras estuvieran en el poblado, pues no quer�a que ocasionara problemas. Luego convers� en susurros con Dhamon, jurando que cuando regresaran a Bloten se asegurar�a de que Donnag cumpliera su parte del trato. La espada ser�a suya, junto con gran cantidad de otros objetos por haber tenido que ocuparse de gigantes en lugar de lobos, Cuando el hombret�n abandon� su compa��a, Fiona lo sigui� hasta que se encontraron solos junto a una roca alargada. Fue entonces cuando Maldred la tom� en sus brazos.</p><p>Al descubrirlos Dhamon, ech� una veloz mirada en direcci�n a Rig, que estaba absorto en una conversaci�n con uno de los aldeanos. Luego volvi� a mirar a Maldred y a Fiona que se besaban; los ojos del hombret�n estaban fuertemente enredados en los cabellos de la mujer.</p><p>Dhamon se encogi� de hombros y se sent� frente a Rig, entablando conversaci�n con �l para mantenerlo ocupado.</p><p>Pregunt� al marinero sobre sus planes de boda y sobre si Fiona hab�a conseguido convencerlo de unirse a la Orden.</p><p>Rig no tuvo inconvenientes en hablar de lo primero y prefiri� evitar lo segundo.</p><p>�Nos casaremos el d�a de su cumplea�os, una tradici�n entre las mujeres de la familia de Fiona �explic� alegremente, aunque hab�a un deje de irritaci�n en su voz�. No falta tanto ya. Dos meses y medio. De hecho, hemos� �Sus palabras se apagaron cuando distingui� a la dama que avanzaba hacia ellos.</p><p>��D�nde has estado? �Rig se puso en pie r�pidamente y le tom� la mano�. Has estado�</p><p>�Visitando a algunos de los aldeanos �respondi� ella.</p><p>Dhamon se sobresalt� ante la mentira y se alej�; se encontr� con Rikali, que estaba encaramada en una repisa desde la que se contemplaba Bloten. Al mirar por encima del hombro vio a Fiona y a Rig conversando.</p><p>�Fiona, ese Donnag est� muy lejos de ser una buena persona �dijo el marinero, manteniendo la voz baja.</p><p>Y le habl� del impuesto de leche y carne que se pagaba all�, de los elevados impuestos que los humanos soportaban en Bloten, del temor que todos sent�an por el caudillo ogro. C�mo oprim�a a todos los habitantes de su reino. C�mo los lobos se hab�an convertido en gigantes.</p><p>�Lo s� �respondi� ella por fin, con expresi�n conciliadora y algo entristecida�. Y est� bien que te preocupe. Me preocupa tambi�n a m�. Pero no podemos corregir todas las injusticias de este mundo, Rig. Hemos de elegir nuestras batallas. Y por malo que sea Donnag, la Negra de la ci�naga es mucho peor. El ogro protege a estas gentes de ella, y sus tropas se esfuerzan por impedir que el pantano engulla estas monta�as. As� pues, ayudando a Donnag, combatimos contra ella. Si eliminas a Donnag, el pago de impuestos abusivos se convertir�a en la menor de las preocupaciones de estas gentes.</p><p>El marinero permaneci� sentado en silencio, digiriendo sus palabras.</p><p>�De todos modos no tiene por qu� gustarme, ni tengo por qu� estar de acuerdo contigo �repuso, suspirando mientras gotas de lluvia resbalaban por la punta de su nariz�. Y no tiene por qu� gustarme el hecho de que vayamos a aceptar monedas y joyas para el rescate de tu hermano de esa criatura� malvada. Siempre y cuando cumpla su palabra, cosa que dudo. Y tampoco tiene por qu� gustarme esta lluvia. Aqu� hay algo extra�o. Estas monta�as deber�an estar secas como un desierto.</p><p>�No hace mucho te quejabas de que no hab�a llovido en semanas.</p><p>�Eso no quer�a decir que deseara que lloviera <emphasis>durante</emphasis> semanas.</p><p>Intent� rodearla con el brazo, pero ella volvi� a incorporarse y se dirigi� hacia el cobertizo que les hab�an prestado, desde donde observaron c�mo la lluvia azotaba la rocosa meseta durante el resto del d�a.</p><p>La ma�ana no fue distinta, pues la lluvia continu� golpeando las rocas y empap�ndolo todo y a todos. S�lo las cabras parec�an indiferentes a ella. Los rel�mpagos describ�an arcos en el cielo, y los truenos que los segu�an resonaban potentes y pavorosos en las monta�as.</p><p>�Ah� arriba �explic� Maldred, se�alando hacia una serie de agujeros negros�. Tal vez haya gigantes en todos ellos si est�n desperdigados, o quiz�s est�n agrupados en uno solo; pero yo espero que no sea as�. Preferir�a ocuparme de ellos de uno en uno. En cualquier caso, tendremos que buscar un poco para encontrarlos. Los enanos con los que habl� anoche est�n seguros de que son s�lo tres debido a las huellas que han descubierto.</p><p>�S�lo tres �murmur� Rikal�. Son <emphasis>gigantes</emphasis>. Yo dir�a que tres es mucho m�s que suficiente.</p><p>�Bueno, al menos sabemos a qu� nos enfrentamos �intervino Dhamon.</p><p>��Has luchado alguna vez contra gigantes? �inquiri� la semielfa en tono burl�n mientras �l iniciaba la ascensi�n a la monta�a.</p><p>�Una vez. Cuando estaba con los Caballeros de Takhisis. Eran dos, y cada uno ten�a dos cabezas. Ettins los llam� mi comandante.</p><p>�Bien, es evidente que saliste victorioso. Est�s aqu�. �Eran muy duros? �A qu� velocidad corren los gigantes? �quiso saber Rikali.</p><p>El mene� la cabeza, sin preocuparse de responder a su sucesi�n de preguntas hasta que llegaron de nuevo a terreno llano. Tras una ascensi�n de unas cuantas decenas de metros, le hizo una se�a, indic�ndole las pruebas de la existencia de los gigantes: el cuerpo destripado de una cabra incrustado profundamente entre dos rocas, los huesos de otro animal a unos quince metros m�s arriba.</p><p>Rikali se tap� la boca para no vomitar.</p><p>�Son unos puercos comiendo �coment� Traj�n mientras arrancaba un retorcido cuerno al cad�ver y se lo llevaba al o�do como si pudiera o�r el oc�ano; tras eliminar unos pedazos de carne podrida, sujet� el cuerno a su cintur�n�. Sus padres jam�s les ense�aron a limpiar despu�s de haber comido. Gigantes malos.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>�Tres cuevas, y nada. Nada excepto lluvia y huesos de cabra. Han estado aqu�, pero no est�n ahora. No parece que hayan estado aqu� desde hace unas dos semanas.</p><p>Rig se apoy� en el risco y alz� los ojos hacia Dhamon, que hab�a trepado algo m�s arriba, con las ropas brillando negras como el carb�n bajo el plomizo cielo. El marinero se palme� el est�mago y refunfu��:</p><p>�El cielo y las tripas me indican que es casi el atardecer. Y no queda gran cosa de monta�a por ver. �Sac� un pedazo de ra�z cocida del bolsillo, lo parti� en dos y se meti� un trozo en la boca.</p><p>Traj�n subi� correteando en pos de Dhamon, seguido por Rikali, que rega�aba al kobold con respecto a algo.</p><p>�Tal vez se han ido �sugiri� Maldred.</p><p>�Necesito la recompensa que Donnag prometi� �dijo Fiona, hundiendo los hombros�. Necesito esos cuarenta hombres.</p><p>�Ogros �interpuso Rig�. Te prometi� ogros, Fiona. �En voz m�s baja, mascull� que la promesa del caudillo val�a tanto como los restos de cabra que hab�an encontrado.</p><p>�Los ogros son hombres, Rig �replic� ella�. Y agradecer� su ayuda.</p><p>�Conseguir�s los hombres, dama guerrera �indic� Maldred, coloc�ndose entre ambos y mirando a la sol�mnica con ojos brillantes�. Registraremos una o dos cuevas m�s y luego nos marcharemos. Explicar� al caudillo que hicimos todo lo que pudimos y que quiz� se han ido y ya no supondr�n una amenaza para Talud del Cerro. Siempre y cuando la amenaza haya desaparecido, Donnag mantendr� su palabra con respecto a los hombres.</p><p><emphasis>�Lo har�?</emphasis> inquirieron las cejas enarcadas del marinero.</p><p>��Aqu� arriba! �llam� Dhamon.</p><p>El guerrero estaba de pie sobre un saliente ante un alto y estrecho tajo en las rocas. La entrada de la cueva ten�a un aspecto serrado e irregular, como si la zarpa de una criatura enorme hubiera desgarrado la monta�a.</p><p>��Encontraste alg�n rastro de ellos? �quiso saber Maldred desde abajo.</p><p>�Ning�n rastro. �Dhamon neg� con la cabeza�. Pero encontr� otra cosa muy interesante. �Y desapareci� en el interior de la gruta, con Traj�n y Rikali tras �l.</p><p>�Las damas primero. �Maldred hizo una reverencia a Fiona, que inici� la ascensi�n, y luego hizo intenci�n de seguirla, pero Rig le puso una mano en el hombro.</p><p>�Es mi compa�era �explic� sencillamente el marinero�. Nos casaremos dentro de unos meses. No me gusta el modo en que la miras siempre. Y estoy harto de que ocupes su tiempo.</p><p>�Yo dir�a que ella se pertenece a s� misma �repuso �l con una amplia sonrisa�. Y a�n no est�is casados. �Acto seguido, se coloc� delante del marinero antes de que el asombrado Rig pudiera decir nada.</p><p>El ergothiano permaneci� solo sobre la repisa durante varios minutos, escuchando el repiqueteo de la lluvia repiqueteaba contra las rocas y contemplando el poblado, que daba la impresi�n de un conjunto de casas de mu�ecas desperdigadas, la gente y las cabras simples insectos que vagaban sin rumbo entre los charcos, que dese� se convirtieran en un lago y engulleran Talud del Cerro.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Desde el exterior se filtraba muy poca luz, pero era m�s que suficiente para que Dhamon advirtiera enseguida que no se trataba de una cueva corriente. Se detuvo en el interior de la alta y estrecha entrada, sobre un antiguo suelo de mosaico hecho con pedacitos de piedra de diferentes colores. Seis elevados pilares, de al menos doce metros de altura, se elevaban desde el suelo hasta el techo. Eran gigantescos troncos de �rbol, todos de un grosor pr�cticamente id�ntico; se pregunt� qu� proeza de ingenier�a los habr�a llevado a lo alto de esa monta�a para luego colocarlos en ese lugar. Pr�cticamente blancos debido a su antig�edad, estaban tallados con im�genes de enanos colocados unos encima de los hombros de los otros. El que se hallaba encima de todo de cada columna luc�a una corona, y sus brazos extendidos parec�an sostener el techo de la cueva.</p><p>��Por mi vida! �Rikali se introdujo en el interior detr�s de �l, y Traj�n se desliz� entre la pareja.</p><p>�Una antorcha �indic� Dhamon�. Quiero ver mejor todo esto.</p><p>�Fee-ohn-a las lleva en su mochila �dijo Rikali en tono arisco.</p><p>Cuando los otros se reunieron por fin con ellos y se encendi� una antorcha, aparecieron muchas m�s im�genes de enanos. Talladas en las paredes de la cueva, cada rostro era distinto e incre�blemente pormenorizado: hombres, mujeres, ni�os, algunos guerreros a juzgar por sus cascos y rostros llenos de cicatrices, otros sacerdotes por los s�mbolos que colgaban de sus cuellos. Los rostros mostraban una ampl�a variedad de emociones: felicidad, orgullo, dolor, amor, sorpresa y muchas m�s.</p><p>El suelo era liso y llano, y los pedacitos de piedra pintada estaban dispuestos sobre �l de modo que formaban el rostro de un enano de aspecto imponente, con los alborotados cabellos extendidos hasta tocar las paredes de la caverna, y las columnas enmarcando pr�cticamente a un cabecilla anciano y de semblante inteligente. El color se hab�a apagado, pero Dhamon supuso que la trenzada barba hab�a sido de un rojo brillante en el pasado, y las cuentas entretejidas en ella te�idas de plata y oro. Los ojos muy separados estaban hundidos y eran negros, formando braseros que tal vez hab�an sido utilizados en alguna ancestral ceremonia.</p><p>�Reorx �dijo Dhamon, y su mano se desliz� hacia la empu�adura de la espada.</p><p>Sent�a un hormigueo en la nuca. Algo no encajaba en ese lugar, pero no consegu�a identificar qu� era. Contempl� con fijeza los ojos de la imagen. Era como si alguien lo observara, una sensaci�n que hab�a aprendido a identificar cuando estaba con los Caballeros de Takhisis. Dese� estar de vuelta en Bloten, con su nueva espada y en marcha otra vez. Desvi� la mirada y la dirigi� a las columnas.</p><p>��ste debe ser uno de los templos de Reorx.</p><p>��Qui�n? �Rikali le tir� de la manga�. �Qui�n es Re-or-ax?</p><p>��No lo sabes? �Era Traj�n quien preguntaba.</p><p>La semielfa neg� con la cabeza.</p><p>�Un dios �respondi� Dhamon en voz baja�. Un enano que conoc�, Jaspe, me habl� mucho de �l. Jaspe se consideraba un sacerdote de Reorx. Incluso despu�s de que los dioses se marcharan.</p><p>�Y ese Jaspe, �se encontr� alguna vez con Re-or-ax?</p><p>Dhamon sacudi� la cabeza negativamente.</p><p>Rikali emiti� un chasqueo con la lengua y susurr� que era una necedad venerar a alguien que no has conocido jam�s. Luego alz� la voz.</p><p>�Bueno, �consigui� gran cosa ese Re-or-ax cuando andaba por ah�? �Aparte de que le construyeran templos en lo alto de alguna monta�a est�pida?</p><p>�Seg�n los relatos elfos, Riki, el Dios Supremo, se sent�a molesto ante el confuso caos que lo rodeaba, de modo que tall� veinti�n palos, el m�s grueso de los cuales se convirti� en el dios Reorx. �Dhamon se�al� la imagen del suelo�. Reorx dijo que construir�a un mundo, redondo y resistente, a su propia imagen. Lo llamaron el Forjador, y al golpear con su martillo la confusi�n, las chispas se convirtieron en estrellas. El �ltimo golpe dio vida a Krynn. Yo dir�a que eso es conseguir bastante.</p><p>�Eso dicen los relatos �ri� la semielfa�. �No te creer�s todas esas tonter�as, verdad? Aunque ninguna de ellas importa, al menos no ahora que los dioses se han ido.</p><p>�Cuando los dioses estaban aqu� �repuso Dhamon, encogi�ndose de hombros�, los enanos consideraban a Reorx el m�s importante de todos los poderes. Los humanos lo ve�an s�lo como el ayudante de Kiri-Jolith, pero los enanos� �Su voz se apag� y de nuevo se encontr� mirando los fosos que constitu�an los ojos de la imagen�. Se dice que la siguiente gran creaci�n de Reorx fue la Gema Gris de Gargath, que llev� a la creaci�n de enanos, gnomos y kenders.</p><p>�Eso dicen los relatos �a�adi� Traj�n.</p><p>�Gema Gris. De modo que hizo una piedra. �Y veneraste alguna vez a ese Re-or-ax, amor? Pareces saber mucho sobre �l.</p><p>�El �nico dios desaparecido que he venerado jam�s era Takhisis �respondi� �l, tajante.</p><p>Recordaba haber sido obsequiado con relatos sobre la Reina de los Dragones del Mal en la �poca en que hab�a pertenecido a los Caballeros de Takhisis. Pero ninguno de los antiguos templos de culto de sus sacerdotes resultaba tan impresionante como ese sitio. Definitivamente, el lugar le intrigaba, en parte, tal vez, porque segu�a sintiendo aquella especie de hormigueo. Decidi� que echar�a un vistazo durante unos instantes, luego volver�a a descender la monta�a y exigir�a a Donnag que le entregara la espada.</p><p>��Y por qu� est�s tan condenadamente seguro de que este lugar era un templo dedicado a Re-or-ax y no simplemente un palacio que pertenec�a a un viejo enano rico?</p><p>Dhamon apart� a un lado a la semielfa y mir� en direcci�n al fondo de la sala, donde hab�a un altar tallado para parecer una fragua con un yunque encima de ella. Dos nichos en sombras se abr�an detr�s de �l.</p><p>�Desde luego, esto era un templo dedicado a Reorx el Forjador. Me sorprende que la gente de Talud del Cerro no lo mencionara, en especial los Enanos de las Monta�as.</p><p>�Probablemente no sab�an que estaba aqu�. �Maldred estaba en la entrada, examinando la roca�. Las rocas son afiladas, Dhamon, no est�n erosionadas como lo est�n en todas partes por esta monta�a y alrededor de otras entradas de cuevas. Yo dir�a que uno de los temblores abri� el lugar, y no hace mucho tiempo. �Sus dedos revolotearon sobre los bordes, retir�ndose cuando se cort�; se lami� la sangre y fue a reunirse con su amigo�. Yo dir�a que esto se ha abierto hace menos de un mes. �Notas lo seco que est� todo aqu� dentro? �A pesar de la lluvia?</p><p>�Huele a viejo �indic� la semielfa, arrugando la nariz�. Huele como el s�tano mohoso de la casa de alguien. �Se detuvo frente a una de las columnas, y sus dedos recorrieron las facciones de un rostro que quedaba a la altura de sus ojos�. Dije que estaba harta de enanos, eso dije �reflexion� en voz alta�. Pero a lo mejor har� una excepci�n. Podr�a haber algo valioso aqu� en este templo de Re-or-ax. �Se�al� la imagen de un sacerdote enano situado a unos tres metros y medio por encima del suelo. La figura luc�a pedacitos de �nice incrustados a modo de ojos.</p><p>�No deber�amos tocar nada �dijo Fiona, mientras contemplaba otra columna, llena de los amplios rostros de mujeres guerreras�. Profanar un templo est� mal. Es sacr�lego, no importa qu� fe se tenga.</p><p>La otra profiri� una risita entrecortada y adopt� una exagerada expresi�n dolida.</p><p>�Carezco de fe. Los dioses se han ido, <emphasis>dama guerrera</emphasis>. Por lo tanto, esto es un templo en honor a nada. Absolutamente <emphasis>nada</emphasis>. �Cerdos! puedo coger lo que desee. No estar� profanando nada ni a nadie. Y no hay ning�n dios por ah� que vaya a venir a maldecirme por ello.</p><p>Traj�n hab�a empezado a trepar por un pilar, usando las orejas de las figuras como asideros y las bocas para introducir los dedos de los pies.</p><p>Maldred alz� los ojos en direcci�n al kobold y sacudi� la cabeza.</p><p>�Baja, Ilbreth �orden� con tono severo.</p><p>La cabeza de la criatura gir� veloz, sorprendida porque Maldred hubiera usado su aut�ntico nombre �algo que hac�a s�lo cuando estaba muy furioso o cuando quer�a muy en serio llamar su atenci�n�, y el kobold estuvo a punto de soltarse de la columna.</p><p>�Los dioses enanos no son cosa nuestra. Tenemos que encontrar unos gigantes, amigo m�o, y luego�</p><p>Traj�n se aferraba a una oreja con una mano y gesticulaba violentamente con la otra. Ten�a la boca abierta, como para hablar, pero su sorpresa imped�a que brotaran las palabras.</p><p>Dhamon gir� instintivamente, al tiempo que cog�a el arco. Sac� una flecha del carcaj, la encaj� y apunt� a �qu�?</p><p>�Me pareci� ver que la cueva se mov�a �consigui� por fin jadear el kobold�. Realmente pens� que� �ah�! �Un gigante!</p><p>��Algo s� nos estaba observando! Dhamon dispar� la flecha contra una enorme criatura que surgi� de improviso de la pared, arrastrando los pies. Pero no se trataba de un aut�ntico gigante. Era s�lo un poco m�s grande que un ogro, con brazos muy largos y manos en forma de zarpas; parec�a hecho de piedra.</p><p>La criatura extendi� un brazo, desvi� con la mano la flecha de Dhamon antes de que alcanzara su objetivo, y rugi� con ferocidad. El ser ten�a el rostro de un anciano, con las arrugas como grietas sobre piedra, las mejillas exageradamente angulosas, y la nariz larga y curvada hacia abajo como un pico. Los ojos, de color gris oscuro, carec�an de pupilas y los dientes eran afilados y veteados de negras l�neas, que les daban el aspecto de fragmentos de granito.</p><p>Dhamon mont� al instante otro proyectil y dispar�, en esta ocasi�n errando a la criatura por varios cent�metros. Su mano se movi� veloz como el rayo mientras colocaba un tercero y apuntaba con m�s cuidado esta vez. Los ojos del ser se clavaron en los suyos, justo cuando Dhamon tens� la cuerda y la solt�.</p><p>�Maldici�n �jur�, mientras observaba c�mo la flecha rebotaba en el hombro de aspecto huesudo de aquella cosa; baj� el arco y se despoj� del carcaj�. Malgast� mi dinero en esto en Bloten. Deber�a mantenerme fiel a lo que conozco. �Desenvain� su espada y avanz�.</p><p>Los otros hac�an ya lo mismo, sacando sus armas y movi�ndose con cautela, mientras estudiaban a la criatura, cuyo aspecto no se parec�a a nada que hubieran visto jam�s. Formaron un semic�rculo alrededor de �l, en tanto que su oponente manten�a la espalda contra la pared y los miraba fijamente a todos.</p><p>��Qu�qu�qu� es esto? �chirri� Traj�n desde su puesto en la columna.</p><p>��Cerdos si lo s�! �escupi� Rikali�. Es feo, sea lo que fuere. Probablemente el gigante que se ha estado comiendo las cabras.</p><p>�Yo no s� lo que es, pero no es un gigante. Los gigantes tienen un aspecto mucho m�s humano que eso �reflexion� Rig�. �Eh! �Por aqu�!</p><p>Su grito atrajo la atenci�n del ser, y �ste dio un paso en direcci�n al marinero y abri� las fauces, rugiendo ahora como una bestia enloquecida.</p><p>��Te destripar� como a un�!</p><p>��Aguarda, Rig! �intervino Fiona�. Somos intrusos aqu�. No deber�amos atacar as� a la bestia. No sabemos qu� es, ni sabemos si realmente quiere hacernos da�o.</p><p>�Tienes raz�n �convino Maldred�. Yo venero la vida y�</p><p>�Oh, ya lo creo que quiere hacernos da�o �replic� veloz Rig�. M�rala.</p><p>La criatura permaneci� inm�vil unos instantes, moviendo la cabeza espasm�dicamente, para abarcar a Rig, Fiona, Maldred, Dhamon y Rikali. Una gruesa lengua negra oscil� al exterior para humedecer su labio inferior, luego volvi� a gru�ir y, con una velocidad que parec�a peculiar para su cuerpo deforme, se abalanz� sobre Maldred.</p><p>Dhamon tambi�n atac� en ese instante. M�s veloz que el p�treo atacante, se coloc� r�pidamente entre �l y su compa�ero.</p><p>�Me ir� bien el ejercicio. �Yo me ocupar� de �l! �dijo a voz en cuello, al tiempo que aspiraba con fuerza, echaba el brazo hacia atr�s y lanzaba una estocada.</p><p>Se afirm� en el suelo, esperando experimentar una sacudida violenta al golpear el p�treo pecho de su adversario, pero la carne de �ste era blanda como la de un hombre, y cedi� cuando la espada la atraves�, al tiempo que los huesos cruj�an debido al fuerte impacto.</p><p>Tanto el ser como Dhamon se sorprendieron. La criatura ech� una mirada a la l�nea de oscura sangre verde que se formaba en su cintura y frot� una mano sobre la herida, alzando a continuaci�n las zarpas hacia los ojos, como si quisiera estudiar su propia sangre. A continuaci�n profiri� un aullido, largo y col�rico, y lanz� un zarpazo contra su atacante.</p><p>Dhamon apenas tuvo tiempo de agacharse para esquivar el ataque de sus u�as afiladas como agujas. Luego volvi� a atacar, y en esta ocasi�n alcanz� el hinchado abdomen. El otro chill� de dolor, y el sonido reson� espectral en los muros de la cueva y arranc� un agudo grito a Traj�n.</p><p>Con el rabillo del ojo, Dhamon vio que Rig y Maldred se acercaban.</p><p>��Dije que era m�o! �grit� al marinero; no era que no quisiera ayuda para derrotar a la criatura, sino que no sent�a el menor deseo de volver a combatir hombro con hombro con Rig�. �Retroceded!</p><p>�Es tu cuello �repuso el otro al tiempo que se apartaba.</p><p>Dhamon se coloc� a un lado para situarse entre el marinero y la criatura. Esta aull� una vez m�s, clavando la mirada en su oponente, que se dio cuenta de que las heridas del pecho y el vientre hab�an dejado de sangrar.</p><p>�As� que te curas pronto �coment�. Puedo arreglar eso.</p><p>Realiz� una finta a su derecha, y la criatura lo sigui� con los dos brazos tan extendidos como le era posible. Entonces el guerrero gir� a la izquierda, se agach� bajo las zarpas de la bestia y lanz� la espada hacia arriba, atravesando a su adversario. La sangre empez� a manar a borbotones, liberando con ella el abrumador olor de las hojas podridas. Dhamon dio una boqueada y retrocedi�, recuperando la espada de un tir�n mientras esperaba ver desplomarse al ser.</p><p>En lugar de ello, su oponente chill� enloquecido y se sujet� la herida con las garras, mientras sus ojos pasaban veloces de la contemplaci�n de la sangre que manaba por encima de las zarpas a Dhamon.</p><p>��Cerdos, amor! �grit� Rika�i�. �Mata al animalejo y acaba con esto!</p><p>�Es duro de pelar �refunfu�� �l mientras daba un paso al frente otra vez.</p><p>��Mi turno! �intervino Maldred; se puso en movimiento con la enorme espada de dos manos alzada por encima del hombro�. �Mantente agachado! �indic� a Dhamon al tiempo que bland�a el arma en un alto y amplio arco.</p><p>El metal centelle� al entrar en contacto con la carne del ser y luego sigui� adelante, atravesando el cuello. La cabeza cay� pesadamente al suelo, y el cuerpo de la criatura la sigui� al cabo de un segundo.</p><p>�Impresionante �declar� Dhamon.</p><p>�Imagino que vosotros dos no necesitasteis ayuda alguna �observ� Fiona.</p><p>Acerc� m�s la antorcha para ver mejor a la criatura, luego mir� a Maldred, y a continuaci�n a Dhamon.</p><p>�Pero sigo pensando que os precipitasteis un poco. Es posible que no fuera hostil. Dhamon la atac� primero. La provoc� con las flechas. No todo lo que parece distinto de nosotros es un enemigo.</p><p>�Ya lo creo que era mala. �La semielfa envain� su cuchillo�. Y fea. �Qu� ibas a hacer, Fee-oh-na? �Matarla con tu ch�chara? �O tal vez invitarla a unirse a los Caballeros de Solamnia?</p><p>El marinero se acerc� silencioso hasta Fiona, con la alabarda bien sujeta entre las manos. Mir� con atenci�n la espada de Maldred, la sangre verde oscura que la cubr�a, y observ� c�mo el hombret�n sacaba un trapo del bolsillo y limpiaba la sangre, deteni�ndose para olisquear la tela antes de sujetarla en su cintur�n.</p><p>�Huele mucho a cobre �coment� al marinero.</p><p>�La sangre es sangre, no importa a qu� huela o de qu� color sea. Al menos la bestia est� muerta. �Tras una corta pausa, Rig se�al� con la cabeza la espada de dos manos�. Hermosa arma.</p><p>�Fue un regalo de Donnag. Para reemplazar una que perd� hace muchos d�as.</p><p>El marinero valoraba las armas. La alabarda que empu�aba ten�a poderes m�gicos, pues era capaz de atravesar armaduras como si fueran pergamino, y tambi�n sent�a propensi�n a coleccionar tales objetos, codiciando especialmente los que estaba hechizados. Volvi� a echar otra ojeada a la espada de Maldred, pregunt�ndose si no habr�a algo de magia en ella debido a la facilidad con que hab�a atravesado a la criatura. Encogi�ndose de hombros, decidi� r�pidamente que no le importaba; si se trataba de un regalo de <emphasis>lord</emphasis> Donnag, no era nada en lo que �l estuviera interesado. A continuaci�n se agach� junto a la criatura muerta y examin� sus pies.</p><p>�Tiene que haber sido uno de esos gigantes de los que hablaban. Dejar�a huellas lo bastante grandes como para que un hombre corriente pensara que se trataba de un gigante.</p><p>�Probablemente �dijo Dhamon, acerc�ndose m�s�. Pero ser� mejor que nos aseguremos. Podemos examinar esos huecos, ver si encontramos restos de cabras y� �El hormigue� regres� por un instante. �Lo observaba alguna otra cosa? Se volvi� y lanz� una mirada a Rikali.</p><p>La semielfa estaba pegada a la pared de la cueva, estudiando algunas de las im�genes talladas de ni�os enanos, trazando algo con los dedos y haciendo muecas. Por un instante pareci� como si una de las cabezas talladas le devolviera una mueca. Dhamon parpade� y mir� con m�s atenci�n.</p><p>��Riki! �advirti�.</p><p>�Demasiado tarde! Una segunda bestia se apart� de la pared y extendi� los brazos hacia la semielfa, rodeando su esbelto talle con una zarpa al tiempo que la alzaba sobre el suelo. Cuando Dhamon se abalanz� hacia la criatura, �sta acerc� la otra zarpa al cuello de la mujer y gru�� con fuerza.</p><p>Dhamon fren� en seco, y los otros lo imitaron detr�s de �l. Rikali forcejeaba fren�tica, pero no consegu�a liberarse de la criatura. Era m�s grande que la primera, aunque no tan alta. Ten�a un amplio torso y un vientre enorme; sus piernas era gruesas como troncos de �rboles, y los pies largos y terminados en zarpas que se curvaban sobre s� mismas. Los ojos del ser se encontraron con los de Dhamon, y cuando �ste se adelant� despacio, estrech� a la mujer con m�s fuerza. Rikali lanz� un chillido.</p><p>��Detente! �orden� Maldred a Dhamon�. Nos est� amenazando.</p><p>�S� �repuso �l�. Eso est� muy claro. Si nos acercamos m�s la matar�, seg�n parece. �Oy� un siseo a su espalda, y comprendi� que Rig estaba desenvainando sus dagas.</p><p>�Probablemente quiere que nos vayamos �prosigui� Maldred�. No quiere acabar muerto como su amigo. Fiona tiene raz�n. Somos intrusos. Pero si nos vamos�</p><p>�Seguramente matar� a Riki de todos modos �finaliz� Dhamon por �l.</p><p>Dicho eso, el guerrero salt� hacia la criatura, ech�ndose la espada sobre el hombro para enseguida asestar un fuerte mandoble que se hundi� profundamente en el costado del ser. Acto seguido dio un veloz salto atr�s. La bestia aull� sorprendida y arroj� con violencia a la semielfa contra el suelo, pisote�ndola al avanzar hacia Dhamon.</p><p>Fiona baj� la antorcha y se precipit� hacia adelante, lanzada contra una de las columnas por otra criatura. Esta tercera bestia hab�a emergido tambi�n de los muros y, tras abandonar su camuflaje, golpe� de nuevo con fuerza a la sol�mnica, cuya arma y antorcha salieron despedidas por los aires. La antorcha chisporrote� en la entrada, dificultando a�n m�s poder distinguir a las dos criaturas.</p><p>Aturdida, la dama guerrera consigui� incorporarse de rodillas y sacudi� la cabeza para aclarar su mente.</p><p>�Por todos los dioses desaparecidos, �qu� son estas cosas? �exclam� Rig, incr�dulo, mientras atisbaba entre las sombras y giraba en redondo para enfrentarse a la criatura que atacaba a Fiona; el marinero blandi� la alabarda, rebanando por completo un brazo y a continuaci�n hundi� la hoja en forma de medialuna en la caja tor�cica del ser�. Desde luego no son aut�nticos gigantes.</p><p>Al contrario que su hermana, esta criatura no grit� de dolor. Se limit� a echar una ojeada al mu��n donde hab�a estado el brazo, a la sangre que manaba de �l, y al arma alojada profundamente en su carne. Gru�� una vez al marinero y se arranc� la alabarda con la mano que le quedaba, arroj�ndola al otro extremo de la caverna donde se perdi� en la oscuridad. Luego la criatura volvi� su atenci�n a Fiona, que empezaba a incorporarse.</p><p>��Qu� son estas cosas? �repiti� el marinero mientras desenvainaba una espada larga y una daga y volv�a a avanzar.</p><p>Fiona retrocedi� para dar a su compa�ero espacio en el que combatir, en tanto que escudri�aba el suelo en busca de su propia espada.</p><p>A pesar de las profundas heridas, el ser sigui� luchando con ferocidad, intentando atrapar al marinero con el brazo que le quedaba. Rig manten�a la espada por encima de su cabeza, y empez� a bajarla como si fuera el hacha de un verdugo. Impelida por toda la fuerza que el ergothiano pudo reunir, la hoja seccion� el otro brazo del atacante. Sin detenerse, el marinero se acerc� m�s y hundi� una y otra vez la daga en el est�mago de la bestia, lanzando un gemido al verse salpicado por un chorro de sangre verde. La cosa cay� de rodillas, pero se neg� a morir.</p><p>Entretanto, Maldred se concentraba en la otra criatura, apart�ndola de Rikali al tiempo que daba a Dhamon una oportunidad de escabullirse detr�s de ella.</p><p>Dhamon recogi� una de las dagas de Rikali y atac�, con la intenci�n de apu�alar a su adversario por la espalda, pero �ste percibi� su presencia y lanz� un golpe contra Maldred con una zarpa, para luego girar sobre s� mismo y atacar a su otro adversario.</p><p>El guerrero se agach� bajo los brazos de la bestia y hundi� la daga hacia arriba en la caja tor�cica de su adversario, al tiempo que en el mismo movimiento asestaba un golpe con la espada en el muslo del ser. Un chorro de sangre color verde oscuro cay� sobre �l y lo ceg�. Pero lanz� una estocada y blandi� su arma una y otra vez, mientras Maldred atacaba desde el otro lado.</p><p>Con el rabillo del ojo, la bestia descubri� a Rikali, que gru��a y se incorporaba perezosamente; haciendo caso omiso de Dhamon y de Maldred, dirigi� la lucha hacia la mujer y le asest� una patada y le ara�� la pierna con sus curvadas u�as. La semielfa lanz� un grito ahogado y cay� de espaldas.</p><p>��Cerdos! �Es que entre vosotros dos no pod�is matar a este bicho?</p><p>�Lo intentamos �respondi� Dhamon, mientras hund�a la daga tan profundamente en el est�mago del ser que qued� alojada all�.</p><p>Al mismo tiempo, Maldred hab�a dejado caer su arma con fuerza, rebanando la pierna de la criatura y dej�ndola tullida. Mientras su adversario ca�a y se retorc�a en el suelo, el hombret�n continu� asest�ndole cuchilladas. Dhamon se agach� sobre la bestia y hundi� su espada donde imagin� que se hallaba el coraz�n, cerrando los ojos con fuerza cuando un nuevo chorro de sangre cay� sobre �l.</p><p>Detr�s de ellos, el marinero segu�a forcejeando con su oponente.</p><p>��Son dif�ciles de matar! �grit� Rig.</p><p>Aunque el ser carec�a de brazos, segu�a lanz�ndose sobre �l, arrastr�ndose de rodillas y mordiendo. Consigui� ponerse en pie y, cuando Rig retrocedi� para asestar otro mandoble, le lanz� una patada con un pie que era una garra.</p><p>Fiona recuper� su espada y se uni� a �l.</p><p>�No ten�a malas intenciones, �verdad? �le dijo �l pensativo mientras, agotado, le hund�a la larga espada en el est�mago.</p><p>La criatura se dobl� hacia adelante sobre Rig, derrib�ndolo y enterr�ndolo bajo su pesado cuerpo. Fiona hizo rodar el cuerpo lejos de �l, y el marinero se incorpor� y le asest� una cuchillada m�s para asegurarse de que estaba muerto.</p><p>��Qu� porquer�a! �exclam� el ergothiano, tirando de su camisa empapada de sangre; luego se encamin� al lugar donde la criatura hab�a arrojado su alabarda�. Ah, ah� est�.</p><p>Entretanto, Rikali se sujetaba la garganta y tos�a con fuerza.</p><p>��Cerdos! �escupi�. �Cre� que esa horrible bestia iba a matarme! �Sacudi� brazos y piernas y avanz� tambaleante hacia Dhamon�. Pero t� me salvaste, amor. �Lo bes� sonoramente en la mejilla, luego se inclin� sobre la criatura, arrancando la daga, no sin cierto esfuerzo�. �Esto es m�o! �afirm�, agitando el arma ante el cad�ver.</p><p>Dhamon envain� su espada y estudi� la pared donde hab�an estado ocultas las criaturas. No pudo hallar huecos ocultos. Su coloraci�n parec�a ser todo el camuflaje que necesitaban.</p><p>Rig golpeaba la pared con la punta de la empu�adura de su arma, para asegurarse de que no habr�a m�s sorpresas. Fiona hab�a recuperado la antorcha y la sosten�a en alto detr�s de �l.</p><p>�Tres de ellos �anunci� el marinero, tras haber comprobado todas las paredes�. Igual que el n�mero de huellas que la gente de Kulp dijo que hab�a descubierto. Supongo que eso significa que ya puedes bajar, Traj�n. �Alz� los ojos hacia el kobold, que segu�a aferrado al pilar, pero �ste sacudi� la cabeza, gesticulando con energ�a�. Acabamos con todos. Est�s a salvo.</p><p>El otro mene� la cabeza de un modo a�n m�s exagerado, casi c�mico.</p><p>�Tiene raz�n �indic� Rikali, con el rostro m�s p�lido que de costumbre�. No acabamos con ellos. �La semielfa se�al� al primero que hab�an eliminado, el que estaba decapitado.</p><p>De alg�n modo, la cabeza y el cuerpo, se hab�an movido la una hacia el otro, y los camaradas observaron boquiabiertos c�mo las dos piezas empezaban a ensamblarse otra vez. La carne color piedra fluy� como agua desde el mu��n que hab�a sido el cuello y captur� la base de la cabeza, ajust�ndola hasta que encaj� debidamente. Al mismo tiempo, las heridas del resto del cuerpo se fueron cerrando. El pecho empez� a subir y bajar de modo regular, y los p�rpados se abrieron. Instantes despu�s se incorporaba, gru�endo.</p><p>Maldred se lanz� hacia adelante, desenvainando su espada y blandi�ndola.</p><p>���se tambi�n! �indic� Dhamon, y a continuaci�n se volvi� y se uni� a Maldred en la lucha contra la criatura que se hab�a alzado de entre los muertos.</p><p>El cad�ver sin brazos de la criatura que Rig hab�a matado estaba retorci�ndose, y las heridas del pecho y el est�mago comenzaban a sellarse mientras ellos la observaban. El rostro del ser estaba contra�do en una expresi�n concentrada. Un apenas audible <emphasis>chirrido</emphasis> surgi� de alg�n punto cercano.</p><p>��Por Vinas Solamnus! �susurr� Fiona�. Mirad esto.</p><p>El ruido lo produc�an las zarpas que se mov�an por el suelo de baldosas. Los brazos que el marinero hab�a cortado a la derribada criatura reptaban en direcci�n al cuerpo. Se mov�an decididos, coloc�ndose contra los hombros, mientras la piel flu�a para volver a sujetarlos.</p><p>��Ahh! �refunfu�� Rig�. Desde luego no son gigantes. Son condenados trolls.</p><p>Avanz� a grandes zancadas, inmovilizando uno de los serpenteantes brazos bajo su bota, al tiempo que levantaba el otro y lo arrancaba del hombro antes de que pudiera encajarse de nuevo por completo. Luego sac� la espada y golpe� el torso una y otra vez, lanzando una lluvia de sangre por toda la cueva.</p><p>�Golpeadlos una y otra vez �explic� entre mandobles�, o volver�n otra vez a la vida.</p><p>�Yo cre�a que los trolls eran verdes �dijo Fiona al tiempo que se acercaba a la tercera criatura, a la que Maldred hab�a rebanado la pierna.</p><p>La pierna rodaba en direcci�n a su due�o, y la sol�mnica le aplic� la llama de la antorcha y observ� c�mo la piel borboteaba y reventaba.</p><p>�Bueno, la mayor�a lo es �repuso Dhamon, mientras �l y Maldred ensartaban simult�neamente a su adversario�. Buena idea, Fiona. Hay que quemarlos. Los trolls no pueden resucitar si est�n convertidos en cenizas. Trae tu antorcha hacia aqu� cuando termines.</p><p>�Cre�a que estos seres apestosos s�lo se encontraban en las ci�nagas y los bosques �continu� la sol�mnica.</p><p>La mano libre de la guerrera sac� la espada y acuchill� a su objetivo, que intentaba in�tilmente alejarse cojeando. Entonces oy� un movimiento a su espalda y gir� en redondo, pensando que ser�a otro troll que atacaba por detr�s. Pero era la semielfa, que se acercaba para ver mejor.</p><p>El troll aprovech� la moment�nea distracci�n para extender la mano y golpear el rostro de la mujer; hundi� las zarpas en la mejilla e hizo que ella lanzara un grito. La sol�mnica gir� en redondo instintivamente y le asest� un mandoble que le seccion� el brazo a la altura del codo. No obstante, las zarpas permanecieron aferradas a su rostro, como si la extremidad tuviera vida propia.</p><p>�Esto es repulsivo �escupi� la semielfa, al tiempo que arrancaba el brazo, llev�ndose un poco de carne de Fiona con �l.</p><p>A continuaci�n arroj� la extremidad al suelo de la cueva y arrebat� la antorcha que la otra mujer sosten�a, acercando las llamas al brazo y conteniendo las ganas de vomitar producidas por el olor que desped�a la carne de troll quemada.</p><p>��Condenada bestia! �maldijo Fiona.</p><p>Con la mano libre apoyada en la mejilla herida, atac� a la criatura con m�s fiereza, cort�ndole el otro brazo. El ser aull� furioso e intent� rodar lejos, pero ella prosigui� con el ataque, acuchill�ndolo repetidamente hasta que se qued� inm�vil. Luego arroj� los pedazos descuartizados lejos del torso y busc� con la mirada su antorcha.</p><p>La semielfa se la hab�a llevado a Dhamon, que se dedicaba a quemar al troll que �l y Maldred hab�an eliminado por segunda vez. La sol�mnica introdujo la mano en su mochila, sac� una segunda antorcha y la encendi� a toda prisa para iniciar su tarea.</p><p>A su espalda, Rig ped�a que alguien le llevara fuego.</p><p>�Uf.</p><p>La exclamaci�n proced�a de la semielfa, que hab�a recogido un pie de troll, cuyos dedos segu�an retorci�ndose. Lo arroj� hacia donde estaba Fiona y se dedic� a recuperar los otros pedazos que la mujer hab�a desperdigado, quej�ndose cada vez que hallaba algo que se agitaba.</p><p>��Aqu�! �vocifer� Traj�n�. �Mirad aqu�!</p><p>Gesticulaba en direcci�n a la base de la columna a la que estaba aferrado. Una cabeza hab�a rodado hasta all�, y segu�a rodando en direcci�n a la entrada como si intentara huir.</p><p>�La atrapar� �replic� Rig. Corri� hacia la columna e impuls� una pierna hacia atr�s, con la intenci�n de patear la cabeza fuera de la cueva.</p><p>��Detente! �Dhamon llev� hasta all� su antorcha y la aplic� a la cabeza, haciendo una mueca cuando �sta abri� la boca y chirri�. Hay relatos que dicen que de extremidades amputadas de trolls pueden volver a crecer cuerpos enteros.</p><p>��Desde cu�ndo crees todo lo que oyes? �El marinero lo apart� a un lado y fue a ver qu� hac�a Fiona.</p><p>Tardaron casi una hora en despedazar a los trolls y quemarlos en una gran hoguera, que hizo que la cueva apestara a carne carbonizada.</p><p>�No estoy seguro de que hayamos cogido todos los trozos �indic� Dhamon mientras estaban en la entrada de la cueva, a donde todos se hab�an retirado para respirar aire fresco. Manten�a los ojos fijos en las llamas, dirigiendo de vez en cuando miradas a las paredes y las columnas, donde las im�genes talladas de los enanos estaban m�s iluminadas ahora.</p><p>Mientras Maldred y Rig se turnaban para vigilar la hoguera que se consum�a, usando las espadas para empujar hacia ella de nuevo los dedos y pies que intentaban escabullirse, Dhamon se ocup� de Fiona.</p><p>�Podr�a dejar una cicatriz �le dijo mientras limpiaba la desgarrada mejilla con un poco de su alcohol�. Pero el sanador de Bloten, Sombr�o Kedar, es asombroso. Podr�a ayudarte.</p><p>�Estar� bien.</p><p>�Tienes una herida que llega hasta el hueso. Me gustar�a que te echara una mirada. Podr�as coger una infecci�n o enfermedad. No deber�as correr riesgos con algo como esto. Las zarpas de esas criaturas estaban mugrientas.</p><p>�Me sorprende que te preocupes.</p><p>�No lo hago �respondi� �l con rotundidad�. Pero est� muy claro que Maldred s�.</p><p>�Muy bien. De acuerdo, pues. Ver� a este Sombr�o Kedar cuando regresemos a Bloten.</p><p>�Oh, no s�, amor �Rikali se hab�a deslizado junto a la pareja�, creo que una cicatriz dar�a a nuestra dama guerrera un poco m�s de car�cter.</p><p>Luego la semielfa se alej� sin ruido, antes de que a Fiona se le ocurriera una respuesta. Dhamon sofoc� una risita.</p><p>��No podr�ais haber hecho esto fuera? �pregunt� Traj�n a sus compa�eros, cuando descendi� por fin de la columna, tap�ndose la nariz.</p><p>El kobold se�al� el mont�n de cenizas humeantes mientras lo dec�a, pues se hab�a negado a moverse hasta estar totalmente seguro de que los trolls no iban a resucitar.</p><p>�Apesta m�s que yo �concluy�, agitando una mano ante el rostro.</p><p>�Eso es discutible �repuso el marinero�. De todos modos, sigue lloviendo, as� que no podr�amos haberlos quemado fuera. �Hizo una pausa y luego, a�adi� con aspereza�: Gracias por tu ayuda con todo esto. �Se�al� con la mano los humeantes restos.</p><p>�Siempre a tu disposici�n.</p><p>El kobold se alej�, para inspeccionar el altar donde estaba sentada Rikali, comi�ndose con los ojos su rostro reflejado en la pulida superficie durante unos minutos antes de aburrirse de tal actividad y desaparecer para explorar uno de los huecos.</p><p>�Casi con seguridad �stos eran los <emphasis>gigantes</emphasis> que importunaban a los aldeanos �dijo Rig tras varios minutos de silencio�. Aunque no tenemos ning�n recuerdo de ellos para mostrarlo a Donnag como prueba de que solucionamos el problema de Talud del Cerro. �Dirigi� una ojeada a Maldred�. �Aceptar� el ogro nuestra palabra?</p><p>�Una pregunta mejor �interpuso Fiona�, �cumplir� la suya?</p><p>�Lo har�. �El hombret�n miraba el cielo gris oscuro; no hab�a el menor indicio de luz, lo que le indicaba que el sol se hab�a puesto hac�a m�s de una hora�. O bien los trolls quedaron atrapados aqu� dentro y salieron cuando esta hendidura se abri�, o bien llevaban un tiempo por las monta�as y empezaron a matar las cabras cuando lo que fuera que com�an se les acab� o se lo llev� toda esta lluvia.</p><p>��Importa eso? �inquiri� Rikali�. Las bestias est�n muertas. As� que podemos considerar concluida la tarea, arranquemos las gemas de las columnas y salgamos de aqu�. Adem�s, estamos�</p><p>��Desde luego que eran los gigantes! �anunci� Traj�n, arrastrando los restos de un cabrito al interior de la estancia�. Ah� atr�s hay toda clase de huesos. Y una escalera. Pero no estaba dispuesto a bajar por ella solo. �Call� y dej� caer los huesos�. Por si acaso hay m�s de esos trolls.</p><p>Maldred hizo una se�a a Fiona para que se acercara y le cogi� otra antorcha de la mochila.</p><p>�Deber�amos asegurarnos de que no haya otros tres m�s. �En tono m�s bajo, para que s�lo ella lo oyera, a�adi�: Eres realmente una luchadora impresionante, dama guerrera. Observ� c�mo manejabas la espada. Podr�as competir con cualquiera de los hombres que conozco. Probablemente incluso con dos a la vez.</p><p>�No deber�a importar si hay m�s. �Dhamon agarr� la antorcha que hab�an usado para encender la hoguera de trolls�. Pero para hacerte feliz, Mal, yo ir� por el pasillo de la derecha.</p><p>�Y yo por el de la izquierda, amigo m�o.</p><p>��So! �Rig pas� corriendo ante ellos, luego gir�, con las manos alzadas para cerrar el paso�. Estoy de acuerdo con la semielfa. Hemos cumplido las condiciones de Donnag. Matamos a los <emphasis>lobos</emphasis>, gigantes, como quer�is llamarlos. Ahora regresemos a Bloten y veamos si <emphasis>lord Donnag</emphasis> cumple su parte del trato. Prometi� a Fiona un cofre lleno de riquezas y hombres para custodiarlo durante el viaje a Takar. No corramos m�s riesgos.</p><p>�Vayamos de exploraci�n, amor. �Rikali se colg� del brazo de Dhamon�. Ir� contigo, s�lo un trocito. Podr�amos encontrar toda clase de bonitas chucher�as para mi peque�o y hermoso cuello. �Alarg� subrepticiamente una mano y toc� a Rig en el hombro�. Despu�s podemos regresar al apestoso Bloten, una vez que hayamos echado una r�pida mirada abajo. Luego quiero venir a arrancar para m� esos ojos de �nice �se�al� la columna�, antes de que regresemos a ver a Donnag. Qu�date aqu� arriba si tienes miedo. �Dicho esto, tir� de Dhamon en direcci�n al hueco, y al cabo de un instante hab�an desaparecido en su interior.</p><p>�No conf�o en ninguno de los dos �refunfu�� Rig.</p><p>�Entonces ve con ellos �respondi� Maldred�. Yo me quedar� aqu� con Fiona.</p><p>El marinero apret� los labios hasta formar una fina l�nea con ellos y sus ojos se encontraron con los de Fiona. Su mirada le indic� que tampoco confiaba en Maldred.</p><p>�Estar� bien �respondi� ella�. Es una buena idea no perder de vista a Dhamon.</p><p>El marinero se volvi� para seguir a Dhamon, aunque sus pensamientos estaban puestos en Maldred y Fiona.</p><p>��Tres horas como m�ximo! �grit� el hombret�n a Rig�. �Intenta calcular el tiempo y regresar aqu� en tres horas! Tu antorcha no durar� mucho m�s de eso. �En voz m�s baja, a�adi� a Fiona�: A la izquierda, pues, mi amor. �Tom� la antorcha y la condujo hacia la oscuridad�. Traj�n �dijo, finalmente�, qu�date aqu� sin moverte y esp�ranos.</p><p>El kobold hizo una mueca de desagrado. Conoc�a aquel tono. Se sent� en el suelo, contemplando con fijeza las ascuas que reluc�an entre el mont�n de cenizas.</p></section><section><title><p>10</p><p>Rostros perdidos para siempre</p></title><p>Traj�n hurg� con el extremo de su jupak en las cenizas de troll y refunfu��:</p><p>�Traj�n, haz esto por m�. Traj�n, lleva esto. Traj�n, qu�date aqu�. Traj�n� apestas cuando te mojas. Traj�n, deja de jugar con el fuego. Traj�n, Traj�n, Traj�n. �Dio una fuerte patada al suelo de baldosas�. Mi nombre es Ilbreth.</p><p>Sus ojos rojos relucieron como tizones en la cada vez m�s oscura cueva y se fijaron en la columna m�s pr�xima, que luc�a las im�genes de sacerdotes y guerreros religiosos.</p><p>�Y puesto que nadie vigila a Ilbreth, �ste podr�a muy bien coger lo que quisiera.</p><p>Se acerc� audaz hasta el pilar, moviendo los ojos a toda velocidad de un hueco a otro para asegurarse de que Maldred y Dhamon no regresaban ya, y luego empez� a trepar. Cuando lleg� a la altura del rostro del primer sacerdote, hundi� las afiladas zarpas en las cuencas de los ojos y arranc� pedazos de �nice. Los examin�, sonriendo al comprobar que eran notablemente lisos y grandes. Un poco m�s arriba encontr� unas perlas que hac�an las veces de pupilas en otro rostro espectral, tambi�n de buen tama�o. Movi�ndose veloz de un lado a otro, sac� varias bolas de oro y lat�n bru�idos de la parte posterior, que resultaban agradablemente pesadas.</p><p>S�lo los dos pilares, situados m�s cerca del altar ten�an tales tesoros. Traj�n supuso que, en el pasado, otros visitantes habr�an cogido tambi�n cosas, aunque tal vez luego fueron obligados a marchar antes de hacerse con el resto de los tesoros o� bueno, no se le ocurr�a otra raz�n para que no se lo hubieran llevado todo. S�lo cuatro pares de ojos eran piedras preciosas; los restantes eran de metales preciosos que, sospech�, hab�an forjado los mismos enanos, tal vez con mineral extra�do de esa misma monta�a. Las bru�idas bolas tintineaban entre s� agradablemente dentro de su bolsillo, y se invent� el juego de introducir los dedos en �l, nombrando los metales �oro, plata o bronce� y ver si sacaba una del metal nombrado. Pero el juego no dur� mucho, y no tard� en cansarse de �l.</p><p>Transcurrida casi una hora, la cueva se torn� m�s oscura a�n, y la lluvia que repiqueteaba contra las rocas del exterior empez� a sonar amenazadora. Traj�n se sent�a como un conejo nervioso en un profundo agujero oscuro e imagin� que las gotas de lluvia eran pisadas de trolls y cabreros y enanos ansiosos de joyas procedentes del lejano valle de los cristales, que acud�an a robarle sus valiosos ojos de metal.</p><p>�No me gusta esta oscuridad �farfull� para s�.</p><p>Aunque el kobold pose�a una visi�n extraordinaria que le permit�a ver a trav�s de las tinieblas, detestaba la noche, pues toda clase de cosas horribles sal�an al exterior al ponerse el sol.</p><p>�Un fuego �decidi�. Encender� un fuego y estar� bien y calentito y adem�s iluminar� la cueva para m�.</p><p>Se frot� los hombros. <emphasis>Desde luego</emphasis>, se dijo, aunque estaban en la mitad de un muy caluroso verano, empezaba a hacer un poco de fresco ah� arriba.</p><p>�Agradable y calentito y, adem�s, podr� ver.</p><p>Pase� por la cueva en busca de algo que quemar. No quedaba gran cosa de los trolls. El altar estaba construido con una especie de suntuosa piedra negra que resultaba suave al tacto y que desde luego no ten�a la menor posibilidad de arder. Tampoco registraba el menor calor, lo que acobard� al kobold, pues lo consider� anormal. Su jupak estaba hecha de madera, pero no ten�a intenci�n de sacrificarla. El arma hab�a sido adquirida a un kender que le hab�a ofrecido su amistad a�os antes y contra el que Ilbreth se hab�a vuelto, mat�ndolo durante las negociaciones sobre cierto tesoro adquirido de manera dudosa. As� pues, la criatura escogi� finalmente uno de los pilares del centro para encenderlo, el que mostraba figuras talladas de guerreras enanas. No lo consideraba tan art�stico como los otros, no ten�a ning�n ojo de metal, y daba la impresi�n de que arder�a muy bien.</p><p>Tras sentarse frente a la columna, recorri� con el dedo el contorno de una fea arp�a que sin duda ten�a m�s m�sculos que cerebro para poder soportar a todas las otras encima de sus hombros. Ech� una nueva ojeada a los nichos y, empez� a tararear una cancioncilla m�gica que Maldred le hab�a ense�ado; de hecho, era el primer hechizo que su amigo le hab�a ense�ado y, adem�s, resultaba ser su favorito. Busc� la chispa que hab�a en su interior, la esencia m�gica que Maldred dijo que hab�a percibido cuando encontr� al kobold en el desierto. Al notarlo, su canci�n aument� de volumen y fue interrumpida por una especie de g�rgaras que no formaban parte del conjuro pero que �l a�ad�a para impresionar. Sinti� c�mo la energ�a flu�a desde su pecho a los brazos, de all� a los dedos, y al rostro de la enana tallada en la columna.</p><p>�Danos un poco de luz �dijo a la talla.</p><p>Instantes despu�s, la figura tallada empez� a arder. Despacio al principio, ya que las llamas ten�an dificultades para prender debido a que la madera era tan compacta, vieja y seca. Pero Traj�n fue perseverante y sopl� sobre las llamas: era un gran experto en encender fuegos. Luego se recost�, satisfecho, cuando el fuego engull� el pilar.</p><p>No era m�s que una columna, se dijo, aunque ard�a deprisa y con fuerza. Todav�a quedaban cinco para rendir homenaje al desaparecido dios de los enanos. �Qu� nombre le hab�a dado Dhamon? �Rocas? No. �Rork? El kobold pase� alrededor del pilar, calent�ndose las manos y acercando el rostro para atrapar el agradable calor. Su mirada vag� a los otros rostros tallados en piedra. El bailoteo de las llamas daba a los rostros la impresi�n de que re�an, y Traj�n se uni� al festejo, riendo agudamente, al tiempo que resoplaba y danzaba, fingiendo orar a Rork, el dios de los enanos esculpidos. Al kobold le gustaba bailar, aunque no cuando Maldred andaba cerca. El baile era algo fr�volo, y la criatura hac�a todo lo posible por ofrecer una imagen seria y aplicada a su se�or y mentor. Pero el hombret�n no estaba aqu�, de modo que danz� m�s deprisa y con m�s frenes� hasta que el pecho le ardi� por el esfuerzo y la altura.</p><p>Jadeante, se acerc� a los rostros de piedra que re�an, con lo que su sombra oscureci� algunas y las volvi� tristes. Pas� los dedos por sus facciones y cre� otro juego para pasar el rato. Empez� a poner nombre a cada rostro que tocaba: Sonriente Lars, Sonriente Dretch, Sonriente Riki, Lloroso Mo�, a uno que parec�a mirarlo directamente con expresi�n apenada.</p><p>Luego patin� hasta el negro altar y se puso a realizar su otra magia, el hechizo que le permit�a tomar la forma de varias criaturas. En cuesti�n de minutos, adopt� el aspecto de Sonriente Lars, aunque dio a su rostro el saludable color sonrojado que imaginaba habr�a tenido el enano de estar vivo. Para mayor diversi�n, tom� la imagen de Sonriente Dretch y dej� que su piel permaneciera de un tono gris piedra.</p><p>Pero tambi�n se cans� r�pidamente de ese juego y regres� al pilar que se consum�a. Las llamas hab�an alcanzado la figura tallada en la zona m�s alta y ard�an muy deprisa.</p><p>Consider� el aroma casi agradable, mucho mejor, al menos, que el de la carne de troll y el del perfume con el que Rikali se hab�a empapado. Olfate� e intent� imaginar a qu� sabr�a un jabato asado en el fuego de la columna. Como no consigui� decidirse, se dio por vencido y regres� a la simple contemplaci�n de las llamas, hipnotizado por ellas.</p><p>�Maldred dice que juego demasiado con vosotras �les dijo�. Pero yo no lo creo. Realmente me gusta el fuego.</p><p>Al poco rato se hallaba a pocos cent�metros de otro pilar, y luego sentado frente al rostro tallado de un enano anciano con unas profundas arrugas talladas en la madera y ojos que bizqueaban; otro que tampoco hab�a tenido ninguna joya valiosa.</p><p>�No me mires de ese modo �dijo Traj�n�. Oh, �no quieres hacerme caso, eh? Muy bien, pues tendr� que quemarte tambi�n a ti.</p><p>Empez� a canturrear, buscando la chispa, para enseguida sonre�r de oreja a oreja cuando la vieja talla empez� a arder.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Maldred y Fiona descendieron con cautela por una escalera cuyos tramos eran a veces sinuosos y circulares y luego profundamente angulosos y empinados. Parec�a descender eternamente en las tinieblas, y los pelda�os estaban lisos merced a sus muchos a�os, y brillantes debido a los muchos pies que hab�an pisado su superficie. Llevaban m�s de una hora bajando, deteni�ndose en nichos ocupados por estatuas de madera y piedra de Reorx. Bajo las figuras hab�a cuencos de cer�mica con ofrendas tan antiguas y quebradizas que era imposible identificarlas. Mientras segu�an adelante, intentaban calcular a qu� distancia se hallaban por debajo de la gran sala.</p><p>��Me pregunto cu�ntos a�os tiene esto? �dijo Fiona, pensativa.</p><p>Pasaba los dedos por la pared, donde encontr� m�s tallas de rostros enanos. Muchas de las bocas de las figuras ten�an forma redonda, de modo que tom� la antorcha que Maldred sosten�a y la insert� en una de ellas, que evidentemente estaba pensada para actuar como candelabro de pared. Luego sac� la �ltima antorcha de su morral y la encendi�.</p><p>�Yo la llevar� un rato �dijo a su compa�ero�. Pero no podemos seguir andando mucho m�s o tendremos que regresar a oscuras. As� que� �qu� edad crees que tiene?</p><p>�Cientos y cientos de a�os, tal vez. A lo mejor mil �respondi� �l por fin, deteni�ndose tambi�n a examinar un rostro parecido a uno que hab�a visto en una columna del piso superior�. Donnag y su gente hace mucho tiempo que reivindican estas tierras. Y es muy consciente de lo que comprenden sus posesiones, como un drag�n codicioso que puede dar cuentas de cada moneda de su tesoro, pero estoy seguro de que no conoce la existencia de esto. De lo contrario, yo tambi�n habr�a o�do hablar de ello. Se lo daremos a conocer cuando regresemos, puede que cogiendo una de las estatuas de madera m�s peque�as del dios como prueba, y se alegrar� mucho de esa informaci�n. Y tienes raz�n. Deber�amos pensar en regresar junto a Traj�n. Tardaremos un poco en volver a subir.</p><p>�Mil a�os �repiti� ella�. Los dioses estaban muy activos entonces.</p><p>�Krynn est� mejor sin ellos.</p><p>Maldred mir� al suelo. Deb�an regresar. Llevaban m�s de una hora fuera. Tal vez dos. Y tardar�an m�s que eso en ascender todo lo que hab�an bajado. Pero parec�a como si los pelda�os no siguieran adelante mucho m�s.</p><p>�Tal vez un poco m�s. �Luego lanz� una carcajada�. Me pregunto si esto nos llevar� al pie de las monta�as, o debajo de ellas. No me sorprender�a. �Le hizo una se�a para que lo siguiera�. �Tal vez salgamos cerca de Bloten! Te llevar�a directamente a Sombr�o y �l te arreglar�a la cara en un�</p><p>��Qu� pasar�a con Rig? Y Traj�n est� arriba�</p><p>�Son adultos. �Le acarici� la barbilla�. Estar�n perfectamente y, si es necesario, pueden encontrar por s� mismos el camino de vuelta. Adem�s, Dhamon y Rig est�n juntos. Y s� con seguridad que Dhamon regresar� a casa de Donnag.</p><p>Dicho esto empez� a bajar los pelda�os.</p><p>Ella lo sigui�, sosteniendo con una mano la antorcha, mientras con la otra palpaba la pared y tocaba las im�genes talladas all�. Una pregunta molesta daba vueltas por su cabeza y, finalmente, la expres� en voz alta.</p><p>��C�mo puedes decir que Krynn est� mejor sin sus dioses? Los dioses nos dieron tanto. Y Vinas Solamnus que fund� mi Orden�</p><p>�Los dioses jam�s hicieron nada por m� �repuso �l con suavidad�. Lo cierto es que me alegro de que se hayan ido. �Se detuvo al o�r un grito agudo que reson� hacia arriba, y extendi� la mano hacia atr�s por encima del hombro para agarrar la empu�adura de su espada. Se relaj� cuando un murci�lago enorme pas� volando junto a ellos�. Aunque supongo que los dioses manten�an a raya a los dragones.</p><p>Se oy� una fuerte inhalaci�n de aire a su espalda, y se volvi�. Fiona, dos pelda�os por encima, lo miraba directamente a los ojos.</p><p>�No me gusta el modo en que hablas, Maldred. Los dioses son importantes para Krynn, y creo que regresar�n �anunci�, estirando la barbilla al frente�. Tal vez yo no vivir� para verlo. Pero suceder�. Y los enanos volver�n a usar este templo. Desde luego me gustar�a pensar que as� ser�. Imagino sus profundas voces resonando en oraci�n a Reorx. �De improviso parpade� y sacudi� la cabeza�. �D�nde est� Rig, a todo esto?</p><p>�l le acarici� la punta de la nariz con los dedos y clav� la mirada en sus ojos.</p><p>�Rig no importa, y deber�as abandonar toda idea de casarte con �l �dijo Maldred, con voz sonora y mel�dica, encantadoramente dulce�. Dama guerrera, s�lo tienes que preocuparte por m� y por averiguar qu� hay al final de estos inacabables pelda�os.</p><p>Ella descubri� que volv�a a disfrutar con su conversaci�n, como hab�a sucedido la primera noche que habl� con �l junto a la fogata del campamento. Sus ojos centelleaban entonces, y ahora� la luz de la antorcha ca�a sobre ellos justo en el lugar apropiado.</p><p>�Preocuparme s�lo por ti �repiti�, y volvi� a seguirlo, descendiendo por los desgastados pelda�os.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>�Cerdos, esto no se acaba nunca, amor �protest� Rikali al detenerse para friccionarse la parte posterior de las piernas�. Ya fue bastante mala toda esa ascensi�n a la monta�a. Era previsible que no fuera tan empinada, dado que fue construida por enanos, con esas piernas cortas y rechonchas que tienen. �Apuesto a que conducen directamente al Abismo! �Mi hermosa casita no tendr� unos pelda�os tan empinados! No tendr� ni un pelda�o.</p><p>�No hace mucho pensabas que explorar era una buena idea �contest� �l�. En realidad, creo que fue idea tuya.</p><p>�Una mujer puede cambiar de idea, amor.</p><p>Dhamon sigui� descendiendo, echando ojeadas a la pared donde detect� tallas de enanos, tan trabajadas como las de la gran sala superior. �stos eran s�lo rostros, sin embargo, como en lo alto de la escalera. Eran figuras enteras, presentadas de lado, como si descendieran los pelda�os con �l. Observ� a una con una barba corta, y record� a Jaspe.</p><p>�Ojal� Jaspe estuviera aqu� para ver esto �reflexion�.</p><p>Se dio cuenta de que hab�a algo escrito sobre las figuras y descifr� algunas de las palabras, entrecerrando los ojos al comprender su significado.</p><p>�Bueno, por lo que me contaste de �l, probablemente no le habr�an gustado estos pelda�os tampoco.</p><p><emphasis>Jaspe jam�s se quejaba tanto</emphasis>, pens� Dhamon.</p><p>�No recuerdo que �l se quejase jam�s por tales cosas �dijo Rig en voz alta.</p><p>Sus palabras arrancaron una inaudita y gran sonrisa a los labios de su compa�ero.</p><p>�No puedo imaginar que esta escalera contin�e mucho m�s all�, Riki. De hecho�</p><p>Se detuvo y mir� con m�s atenci�n las tallas m�s pr�ximas, como lo hab�a hecho en lo alto de la escalera. M�s escrituras. Acerc� la antorcha para distinguir mejor las palabras y recorri� las m�s borrosas, fragmentos de frases, con las yemas de los dedos.</p><p>Por entre las palabras que sigui� leyendo mientras descend�a unos cuantos pelda�os m�s hab�a tallas de enanos cavando en la tierra, seguida por enanos que constru�an hogares subterr�neos y se convert�an en mineros.</p><p>�Parece una especie de diario �explic� Dhamon�. En realidad, estoy muy seguro de que eso es lo que es. <emphasis>Kal-thax dejamos atr�s en este d�a. El clan calnar a las monta�as Khalkist para excavar un nuevo hogar. Nueva Esperanza se llamar�. Thorin</emphasis>. �Aspir� con fuerza�. Si recuerdo bien lo que Jaspe me cont� sobre la historia de su raza, eso remontar�a este lugar al dos mil ochocientos antes del cataclismo. �Silb� en voz baja�. Este lugar es realmente muy viejo.</p><p>��Y c�mo sabes que no fue m�s tarde, y ellos se limitan a recordar los viejos tiempos? Adem�s �qui�n escribir�a un diario de piedra? Demasiado trabajo si me preguntas a m�. �No obstante sus palabras, Rikali intentaba fingir inter�s en las figuras talladas, pensando que podr�a complacer a Dhamon.</p><p>�Porque puedo ver el final de estos pelda�os. Y porque las tallas de la parte superior son m�s borrosas a�n que �stas, m�s antiguas, y hablaban de la forja de la Gema Gris y la construcci�n de Kal-thax. De modo que esto es m�s reciente y est� escrito en presente, no escrito como si fuera historia. Todo est� escrito de ese modo.</p><p>�Espera, amor. �Rikali pos� ambas manos sobre la pared�. Est� m�s fr�a aqu�.</p><p>�Estamos bajo tierra �buf� Rig�. Hemos andado durante m�s de una hora. Tal vez dos.</p><p>Pensaba en Fiona, sospechando que estaba en la cueva sobre sus cabezas aguardando impaciente a que regresaran. No le gustaba la idea de que estuviera sola con Maldred, aunque se dijo que no deb�a sentirse celoso, que Fiona lo amaba realmente, que se casar�an al cabo de poco tiempo y se ir�an lejos de esos ladrones. No obstante, no consegu�a mantener sus sospechas a raya por completo, y tampoco pod�a evitar desear haber ido con Fiona en lugar de con Dhamon y aquella parlanchina de Rikali.</p><p>La semielfa mene� la cabeza y subi� corriendo una docena de pelda�os para apretar las manos contra el muro. Luego volvi� a bajar.</p><p>�Est� mucho m�s fr�o aqu�, te lo aseguro.</p><p>Dhamon palp� en derredor y localiz� humedad en un punto.</p><p>�Hay un r�o subterr�neo detr�s de esta pared �anunci�. Tal vez sale al exterior abajo y podemos darnos un ba�o. Quitarnos toda esta sangre de troll.</p><p>��Oh, me gusta esa idea, amor!</p><p>Dhamon descendi� lentamente, sin hacer caso de la petici�n de la mujer para que se diera prisa y pudieran quitarse la porquer�a de encima y encontrar las cosas de valor que sin duda deb�an de estar en alg�n punto de ese lugar. Tampoco prest� atenci�n a la queja de Rig de que todo eso era muy interesante pero que no los llevar�a de vuelta a Bloten m�s deprisa y que llegar�an con retraso a reunirse con Fiona en la sala situada mucho m�s arriba.</p><p>�Aqu� �se�al� Dhamon�. Esta es la �ltima de las tallas, y est�n mucho m�s marcadas, no son tan viejas, sin duda alguna. Tallada har� unos ochocientos a�os m�s tarde que las �ltimas que os mostr�, si comprendo la historia. �Hab�a im�genes de enanos y una fragua, una r�plica de un enorme martillo�. El Martillo de Reorx �musit� Dhamon�. Eso es su forja, unos dos mil a�os antes del Cataclismo. La Era de la Luz, creo que la llamaban. El martillo que aparece aqu� se us� mil a�os despu�s de su forja para crear la Dragonlance de Huma.</p><p>Rig estaba sinceramente interesado, pues las armas de cualquier clase eran su pasi�n.</p><p>�M�s tarde recibi� el nombre de Mazo de Kharas, �no es as�? El nombre de un h�roe de la Guerra de Dwarfgate.</p><p>��C�mo pod�is hablar tanto de enanos? Estoy harta de ellos.</p><p>�Tal vez fue forjado en alg�n lugar de ah� abajo �dijo Rig, con un dejo de excitaci�n en su voz.</p><p>�Yo s�lo quiero encontrar unas cuantas chucher�as bonitas para m�, algo valioso, y darme un buen ba�o.</p><p>�Riki, toda esta monta�a es valiosa.</p><p>�Pero no me la puedo meter en el bolsillo, �no es cierto, amor? No me la puedo colgar al cuello.</p><p>�Para los enanos, esto ser�a inestimable �repuso Dhamon con un profundo suspiro�. Tambi�n para los historiadores.</p><p>�Para Palin �a�adi� Rig.</p><p>�Pensaba que quer�as regresar a Bloten. �La semielfa carraspe�. Yo desde luego s� que lo deseo. Estoy cansada de� Espera. �Rikali pos� una mano sobre el hombro de Dhamon�. Huelo algo. Antes ya me pareci� que ol�a algo, huele m�s fuerte ahora. �Se volvi� y mir� escalera arriba, al extremo superior que no hab�a conseguido ver minutos antes; pero ahora los pelda�os resultaban tenuemente visibles para su aguda vista debido a una suave iluminaci�n que se filtraba desde las alturas�. �Creo que huelo a fuego!</p><p>��Fuego? �inquiri� el marinero, gir�ndose al tiempo que entrecerraba los ojos para ver lo que fuera que la mujer miraba, aunque no vio otra cosa que oscuridad a lo lejos�. Los trolls hab�an dejado de arder cuando empezamos a bajar.</p><p>�Creo que ella tiene raz�n �indic� Dhamon, olfateando el aire.</p><p>�Pero �qu� puede estar ardiendo? �pregunt� la semielfa, y entonces sus ojos se abrieron de par en par�. �Traj�n! �exclam�.</p><p>Empez� a subir los pelda�os, pero se detuvo en seco cuando la caverna tembl� con una nueva sacudida. En esta ocasi�n el temblor no proven�a de abajo, como hab�a sucedido con todos los anteriores. �ste se hab�a originado arriba.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Traj�n no estaba seguro de c�mo hab�a conseguido que ardieran las seis columnas. Estaban demasiado separadas para que las llamas se hubieran extendido por s� solas, de modo que �l deb�a de haber hecho algo para ayudarlas.</p><p>Se rasc� la cabeza. Recordaba haber encendido dos o tres, tal vez fueran cuatro, eligiendo las cabezas de la zona inferior para asarlas. Pero desde luego no todas las columnas. �O lo hab�a hecho? Quiz� sencillamente hab�a perdido la noci�n del tiempo. Tal vez se hab�a enfrascado tanto en la nueva danza que hab�a creado �su danza de las llamas como la hab�a denominado� que hab�a dejado que todo lo dem�s se le fuera de la cabeza.</p><p>Aunque tampoco importaba. Las hogueras se consumir�an por s� mismas con el tiempo, o tal vez el viento arreciar�a y arrastrar�a algo de lluvia al interior con lo que el agua acabar�a por apagar el fuego. Desde luego estaba lloviendo con m�s intensidad, o�a caer el agua con claridad, y el viento soplaba con fuerza.</p><p>Las hogueras se extinguir�an y, al hacerlo, a todos se les har�a un gran favor. Porque, si hab�a joyas u oro escondidos en el interior de aquellas columnas talladas, sin duda lo encontrar�a cuando revolviera las cenizas. Maldred se sentir�a sumamente complacido.</p><p>�No, no lo estar� �farfull� el kobold para s�. Me dir� que deje de jugar con conjuros de fuego.</p><p>Se sent� y contempl� las llameantes columnas, intentando sentirse avergonzado por el incidente, aunque en realidad se sent�a asombrado por la gran hoguera que hab�a originado.</p><p>Alrededor de �l los rostros enanos re�an, con las sombras y la luz jugueteando sobre sus grotescas facciones. La criatura se dijo que Maldred tendr�a que admitir que hab�a infundido vida a las esculturas.</p><p>Alz� la mirada y vio c�mo las llamas danzaban a lo largo del techo mismo de la caverna, donde descansaban los extremos superiores de las columnas, con sus coronados reyes enanos que apenas eran otra cosa que le�a. Resultaba incre�blemente hermoso. El rojo y el naranja, el blanco y el amarillo.</p><p>Unos colores tan vivos y todo debido a �l. Traj�n sonri� de oreja a oreja, luego frunci� el entrecejo al recordar que intentaba reprenderse por su mal comportamiento.</p><p>Entonces su boca se desencaj� cuando el primer pilar se desplom�, lanzando ascuas por todas partes, y �l corri� a ocultarse detr�s del altar en forma de fragua para protegerse. Con un fuerte siseo y un estallido, el segundo tambi�n se vino abajo, y los trozos desprendidos ardieron sobre el suelo. Traj�n sac� la cabeza por encima del altar y sus ojos se desorbitaron. Parec�a como si la imagen del dios del suelo estuviera iluminada con sonrisas, satisfecha con su llameante magia.</p><p>Por un instante el kobold pens� que todas las columnas caer�an y se consumir�an antes de que Maldred regresara, en cuyo caso podr�a barrer las cenizas fuera de la entrada de la cueva y nadie lo sabr�a. Pero el hombret�n advertir�a que las columnas de madera hab�an desaparecido y oler�a el aroma a madera carbonizada.</p><p>�Maldred se enfurecer� �farfull� en voz baja�. Se pondr� realmente furioso. A lo mejor consigo convencerlo de que fue un accidente.</p><p>Luego se agach� cuando el tercer pilar se consumi�, y el cuarto cay� tambi�n con un sonoro silbido. Volvi� a sacar la cabeza y lanz� un suspiro de alivio. Los �ltimos dos tardar�an un poco a�n en consumirse. Sin duda les hab�a prendido fuego bastantes minutos despu�s de los otros.</p><p>Entonces el kobold levant� los ojos al techo, donde el fuego iluminaba enormes grietas que se hab�an formado, y m�s enanos tallados que no hab�a visto antes.</p><p>�No se me hab�a ocurrido que las columnas sostuvieran el techo �admiti�. Pens� que se trataba de simple decoraci�n.</p><p>Las fisuras se ensancharon mientras Traj�n observaba, y entonces el kobold se puso en pie y retrocedi�, moviendo sus ojos veloces entre los dos huecos en sombras y la entrada de la cueva.</p><p>��ste no es buen lugar donde estar �se advirti� a s� mismo, al o�r que la piedra gem�a y chasqueaba�. No es un buen lugar en absoluto. Tengo que salir de aqu�. �La �nica pregunta que persist�a en su infantil cerebro era en qu� direcci�n hacerlo.</p><p>Dirigi� una ojeada a la entrada. Era la apuesta m�s segura, pero tambi�n la m�s h�meda. Lanz� otra ojeada al hueco por el que Maldred y Fiona hab�an desaparecido; hab�a que advertir a Maldred, al fin y al cabo era el amo del kobold y su mentor. Pero el hombret�n se enfurecer�a y rega�ar�a a Traj�n y tal vez incluso lo castigar�a.</p><p>Su mirada fue hacia el hueco por el que se hab�a marchado Dhamon. Estaba m�s cerca, por una cuesti�n de cent�metros. Bueno, tal vez, no mucho m�s cerca, pero Dhamon probablemente no le chillar�a.</p><p>Cuando las grietas aumentaron de tama�o y las rocas gimieron con m�s fuerza, y cuando el polvo de roca empez� a caer con tanta fuerza como la lluvia en el exterior, el kobold gir� en redondo, y sus diminutos pies corrieron sobre las baldosas con la misma velocidad con que el coraz�n le martilleaba en el pecho. El primer pedazo grande de techo golpe� el suelo cuando a�n le quedaban algunos metros que recorrer.</p><p>Retumb� contra el suelo, lanzando fragmentos que volaron por los aires, Traj�n perdi� el equilibrio y cay� hac�a adelante, agitando brazos y piernas en busca de algo a lo que agarrarse. Luego se desplom� otro trozo y toda la cueva empez� a temblar, mientras las paredes se bamboleaban y los rostros tallados de los enanos se disolv�an. Risue�o Lars y Risue�o Dretch se convirtieron en polvo de roca.</p><p>Con un supremo esfuerzo, consigui� arrodillarse y gatear, movi�ndose tan deprisa como le era posible; hizo una mueca de dolor cuando la primera piedra del tama�o de un pu�o lo golpe�, al tiempo que ca�an m�s trozos del techo. Consigui� llegar al hueco de la pared justo cuando el mundo parec�a estallar alrededor. Sin pensarlo dos veces, se lanz� por la empinada escalera, disculp�ndose profusamente ante los enanos tallados junto a los que pasaba y concentr�ndose al mismo tiempo en una tenue luz que distingu�a muy abajo, y que esperaba fuera la antorcha que Dhamon llevaba.</p><p>Los pelda�os eran sumamente empinados, pero el miedo espole� al diminuto kobold, mientras la monta�a segu�a retumbando, y rocas y polvo de roca eran arrojados escaleras abajo tras �l. Le pareci� que llevaba corriendo una eternidad cuando dio un traspi� en un pelda�o medio desmoronado y cay� de cabeza varias decenas de metros antes de conseguir enderezarse, con el cuerpo convertido en una masa dolorida. No obstante, se puso en pie y sigui� corriendo, mientras la monta�a continuaba temblando.</p><p>El aire estaba muy viciado en la escalera, con un olor mohoso, te�ido con el aroma de las rocas. Y �l ten�a un sabor curioso en la boca, debido a la gran cantidad de polvo que hab�a ido a parar a su interior. No prest� la menor atenci�n al sabor. La luz del fondo se balanceaba ascendiendo para ir a su encuentro, y �l redujo la velocidad y casi se detuvo, pues estaba agotado. Solt� un suspiro de alivio cuando el humano apareci� ante sus ojos.</p><p>�Dhamon Fierolobo �jade� Traj�n�. Me alegro tanto de encontrarte.</p><p>Rikali sise� furiosa y apart� a Dhamon, agarrando al kobold por la garganta y zarande�ndolo con fuerza.</p><p>Traj�n farfull� algo, agitando los brazos en el aire, mientras sus pulmones se esforzaban por bombear aire.</p><p>�Su�ltalo, Riki.</p><p>�Dhamon, esta rata insignificante ha hecho algo y t� lo sabes muy bien.</p><p>Volvi� a zarandear a la criatura y luego lo solt� sobre el pelda�o. El kobold jade� con fuerza, m�s para impresionar que debido a un dolor real; intent� atraer la atenci�n de Dhamon, pero ahora el humano corr�a escaleras arriba, y sus pies resonaban con fuerza en los pelda�os, llev�ndose la luz con �l, hasta que por fin se detuvo. Al cabo de un buen rato, el humano regres� con expresi�n l�gubre.</p><p>�Ha habido un derrumbamiento �inform�. Y creo que es imposible que un peque�o kobold lo haya provocado.</p><p>Rikali sigui� mir�ndolo enfurecida.</p><p>Traj�n tosi� y fingi� estar herido y que le costaba respirar.</p><p>�Es lo que intentaba deciros �empez� a explicar�. Esos trolls. Pensabais que los hab�ais quemado. Yo cre�a que los hab�ais quemado. No eran m�s que cenizas. Pero ese brazo que arrojaste por la boca de la cueva. �Traj�n se�al� a Rig�. Se arrastr� de nuevo al interior de la cueva y empez� a crecer otro enorme troll de su extremo. Intent� acabar con �l con mi jupak, pero era demasiado para m�. Luego empez� a revolverse por entre las cenizas, se encendi�, y yo cre� que se destruir�a a s� mismo. �Hizo una pausa, aspirando aire con dificultad para seguir fingiendo que estaba herido.</p><p>�Sigue �inst�.</p><p>El kobold comprendi� por la expresi�n del otro que el marinero cre�a su historia, y se dijo que lo mejor ser�a dejar que pensara que todo era culpa suya por arrojar el brazo fuera. Adem�s, Traj�n consider� que podr�a haber sucedido de ese modo. La extremidad probablemente habr�a regresado a la cueva si �sta no se hubiera derrumbado primero, y todo podr�a haber pasado tal como �l lo contaba.</p><p>�Bueno, pues, el brazo del troll golpe� uno de los pilares y �ste se incendi�. No tardaron en arder todos. No pude apagarlos, y baj� corriendo para buscaros� y justo a tiempo, podr�a a�adir. Las columnas debieron derrumbarse e hicieron caer la cueva con ellas.</p><p>Dhamon se mostr� esc�ptico, pero no dijo nada. Rikali, que segu�a siseando, ascendi� pesadamente unos cuantos pelda�os para mirar al frente y luego volvi� a bajar corriendo.</p><p>��Qu� vamos a hacer? �inquiri� nerviosa la semielfa.</p><p>�Hemos de seguir bajando �dijo Rig, se�alando la antorcha, que Dhamon le entreg�.</p><p>��Bajar? �Cerdos, no puedes decirlo en serio!</p><p>�Hay demasiadas rocas ah� arriba �indic� Dhamon mientras segu�a a Rig�. Esperemos hallar una salida al exterior ah� abajo.</p><p>��Y si no la hallamos, amor?</p><p>�l no contest�.</p><p>��Y qu� sucede con Maldred? �repuso pensativa la mujer, mientras segu�a despacio a la comitiva.</p><p><emphasis>Maldred estar� furioso</emphasis> �pens� Traj�n�. <emphasis>Si es que sigue vivo</emphasis>.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Cuando sinti� estremecerse la monta�a, Maldred mir� hacia arriba. Las paredes se agrietaban, y los rostros tallados en ellas se retorc�an para adoptar formas extra�as que ya no recordaban enanos. Muchos metros m�s arriba, la antorcha que Fiona hab�a encajado en un soporte se desprendi� y desapareci�, extingui�ndose su luz.</p><p>El hombret�n sujet� a la sol�mnica de la mano y descendi� corriendo los �ltimos pelda�os, haciendo una mueca cuando rocas que se desprend�an del techo lo golpearon.</p><p>��Est�s bien? �pregunt� a su compa�era, sin aminorar el paso y tirando de ella para que avanzara m�s deprisa.</p><p>��S�! �A la mujer le costaba mantenerse a su altura.</p><p>La monta�a continu� temblando y escupiendo rocas al tiempo que los rociaba con el polvo que inundaba el aire y les obligaba a toser.</p><p>��R�pido! �inst� Maldred.</p><p>Entonces, de improviso, sus pies trastabillaron cuando un pelda�o se desmoron� bajo su cuerpo. Solt� la mano de la mujer, pero era demasiado tarde, y ella cay� con �l. Rodaron los �ltimos quince metros de escalera, con sus cuerpos chocando entre s�, y la antorcha escap� de la mano de Fiona, chamuscando su t�nica y la carne, para a continuaci�n apagarse en medio de una lluvia de piedras y polvo y dejarlos sumidos en la oscuridad m�s absoluta.</p><p>La mujer oy� el chillido de los murci�lagos, aterrorizados, tal vez cientos de ellos. Luego ese sonido se apag� y oy� la respiraci�n de Maldred. Extendi� los dedos para explorar, encontr� piedras, el borde de las escaleras, luego palp� el pecho del hombre, incre�blemente ancho y musculoso pero que ascend�a y descend�a veloz. Su compa�ero se apart� de ella, tanteando con los pies y apartando rocas, para a continuaci�n incorporarse y localizar una pared en la que apoyarse.</p><p>��Fiona? �jade�.</p><p>�Aqu� �respondi� ella.</p><p>La mujer apart� a un lado las piedras que hab�an aterrizado sobre ella, se palp� las piernas para asegurarse de que no estaban rotas, y luego se puso en pie y busc� a tientas, hasta que sus dedos tocaron los de �l. El hombret�n no se apart� ahora.</p><p>��Est�s herido, Maldred?</p><p>�l neg� con la cabeza, pero comprendi� al instante que ella no pod�a verlo.</p><p>�Dolorido �respondi�. Eso es todo.</p><p>�Est� tan oscuro �repuso ella mientras se colocaba a tientas detr�s de �l y palpaba la pared al tiempo que buscaba con el pie y localizaba el �ltimo pelda�o�. Hemos de salir de aqu� de alg�n modo.</p><p>�No ser� subiendo. �La acerc� a �l y le toc� la herida de la mejilla que le hab�a producido el troll; �sta volv�a a sangrar�. Ese camino ha quedado sellado con el derrumbamiento.</p><p>��Lo ves?</p><p>�Lo percibo.</p><p>��C�mo?</p><p>�Puedo hacerlo, eso es todo �respondi� �l, con un leve deje de irritaci�n en la voz.</p><p>��Rig y Dhamon!</p><p>Maldred cerr� los ojos y canturre�, dej� fuera sus preguntas y palp� la pared a su espalda, con los dedos de una mano extendidos sobre ella, y los de la otra sujetando los de Fiona para que no se moviera. Llevaba a cabo un hechizo, uno sencillo para �l, pero de gran importancia para ambos. En cuesti�n de segundos, introdujo sus sentidos en la piedra y su mente fluy� por la roca, ascendi� por los pelda�os cubiertos de cascotes, atraves� una gruesa pared de rocas ca�das y penetr� en la estancia que ya no era una estancia. Era como si la cima de la monta�a se hubiera desprendido y derramado sobre lo que quedaba del templo de Reorx.</p><p>�No Traj�n �musit�, y a continuaci�n su mente rebusc� entre las piedras, esperando hallar el cuerpo aplastado del kobold�. No aqu�. No aqu�. No est� muerto.</p><p>Fiona escuchaba su voz, comprendiendo que hab�a lanzado un conjuro, y sorprendida ante su habilidad para hacerlo, pues lo hab�a considerado un simple bandido. Sin embargo, no se sent�a ofendida por ese secreto que le hab�a ocultado, sino m�s bien complacida, pues significaba que tal vez podr�a hallar un modo de salir. Quiso preguntarle por Rig y Dhamon, pero aguard�, temiendo estropear su magia.</p><p>�Bajemos por aqu� �susurraba para s� el hombret�n, con voz casi mel�dica.</p><p>Su mente fluy� por lo que quedaba de otra arcada, se desliz� tras pe�ascos, acarici� las destrozadas im�genes que hab�an sido talladas con tanto esmero siglos atr�s en paredes destruidas ahora para siempre.</p><p>�No est� tan obstruido. Hay luz al fondo.</p><p>Se concentr� en la luz de la antorcha mientras sus sentidos descend�an por el pasadizo, observando que era m�s profundo que el que �l y Fiona hab�an tomado. Pasillos laterales ocultos antes por los rostros y las figuras de la pared, ahora las grietas dejaban al descubierto.</p><p>La mente de Maldred se introdujo por una hendidura y capt� una moment�nea visi�n de una estancia al otro lado. Hab�a una sala de banquetes con una enorme mesa de piedras y bancos tambi�n de piedra, todo tallado de la misma monta�a y ahora todo ello inalcanzable: un gran tesoro destruido antes de que Donnag pudiera reclamarlo. Hab�a otra habitaci�n, sin rasgos distintivos, que supuso hab�a servido como barrac�n, con tablones de madera podrida y s�banas desperdigadas. Una tercera estancia conten�a un altar m�s peque�o, una r�plica en miniatura de la sala que hab�a quedado destruida sobre sus cabezas, aunque le faltaban las trabajadas columnas.</p><p>Maldred volvi� a concentrarse en la luz.</p><p>�Dhamon �anunci� por fin, con un suspiro, y cierto alivio que Fiona no pudo ver se dibuj� en su rostro�. Est� vivo. Rikali. Traj�n. �Se detuvo, con los sentidos apuntando al kobold, en su explicaci�n de c�mo el troll hab�a hecho arder las columnas; luego solt� una corta risita�. S�lo Rig cree realmente a ese peque�o mentiroso.</p><p>��Rig est� vivo?</p><p>Los sentidos del hombre viajaron m�s all�, lejos de ellos, para descender los �ltimos pelda�os hasta una puerta revestida de hierro parcialmente obstruida por escombros.</p><p>�Est�n cerca de una puerta. Si excavan un poco podr�n alcanzarla �continu� diciendo para s�.</p><p>Quer�a hablar con Dhamon para decirle que cruzara aquella puerta, sin duda habr�a alguna otra salida en alguna parte detr�s de ella. Los enanos que tallaron ese lugar no se habr�an permitido quedar atrapados con una sola entrada y salida. Pero su magia no le permit�a penetrar en los pensamientos de su amigo, al menos no sin estar cara a cara con �l.</p><p>As� pues, retir� su mente, abandonando a Dhamon y a Rikali, y la hizo fluir de vuelta hacia �l y Fiona, descubriendo otras c�maras ocultas a su paso, casi todas destruidas. Lo anim� la idea de que su buen camarada era valiente e ingenioso.</p><p>�Dhamon hallar� un modo de salir �musit�.</p><p>Luego se dej� caer contra la pared, solt� un profundo suspiro, sonri� ampliamente y solt� la mano de la sol�mnica.</p><p>�Dhamon, Rikali, Traj�n. Est�n bien. Tambi�n Rig. Un poco magullados por las piedras, pero su corredor no sufri� tantos da�os como el nuestro.</p><p>�Tu magia �empez� a decir Fiona, en un tono que indicaba que estaba impresionada y a la vez sorprendida�. No sab�a que eras un hechicero, que pod�as�</p><p>�No soy ni mucho menos un hechicero, dama guerrera �respondi� con una risita�. Soy un ladr�n, que de vez en cuando flirtea con la magia. Y resulta que conoc�a un sencillo hechizo que me permite ver a trav�s de la roca. He encontrado una salida para nosotros. Nos llevar� un tiempo, pero el camino parece despejado.</p><p>La mujer dese� poder ver, poder verlo, poder ver algo que no fuera esa oscuridad.</p><p>��C�mo podemos llegar hasta ellos?</p><p>Fiona volvi� a palpar con las manos, y �l tom� las dos entre las suyas y acerc� el rostro de la joven al suyo. A pesar de la lluvia y el polvo de roca, y un d�bil vestigio de sudor, una especie de perfume envolv�a a su compa�era. Aspir� con fuerza. Luego, inclin�ndose, sus labios rozaron los de ella.</p><p>�Dama guerrera, no podemos llegar hasta ellos.</p></section><section><title><p>11</p><p>El ojo que todo lo ve</p></title><p>��Cerdos, no pienso morir aqu�! �No voy a permitirlo! �Rikali apret� los dientes y se abri� paso por entre Dhamon y Rig, pisando casi a Traj�n al hacerlo�. Voy a tener una mansi�n magn�fica en una isla. Muy lejos de aqu�, y ning�n derrumbamiento me lo impedir�. �Descendi� a tientas por la escalera, con cuidado para no tropezar con trozos de rocas y pelda�os desmoronados�. Una maravillosa idea, amor, la de bajar aqu� a mirar a todos esos enanos esculpidos. �Estoy harta de enanos, ya lo creo! Todo lo que yo buscaba eran unas cuantas chucher�as. No he conseguido muchas cosas que centelleen �ltimamente. Muy poca cosa, en realidad, despu�s de arriesgar mi lindo cuello en aquel valle de los Cristales consiguiendo gemas para que puedas comprarle una vieja espada a Donnag.</p><p>Dhamon la fulmin� con la mirada, y los ojos del marinero se entrecerraron y estudiaron a su compa�ero, con expresi�n cada vez m�s hosca.</p><p>�Bueno, pues ahora no tienes nada, amor. Donnag tiene todas las joyas y tambi�n esa espada. Donnag es mejor ladr�n, dir�a yo. Esto es todo realmente maravilloso. Debiera haberme quedado arriba y sacado los ojos a aquellos enanos de madera. Profanar el templo de un dios muerto. �A los cerdos con todo ello! Jam�s me gustaron demasiado los dioses, de todos modos.</p><p>Traj�n fue a decir algo, pero la semielfa lo interrumpi� con un gru�ido, de modo que encogi� los peque�os hombros y decidi� que era m�s sensato mantenerse callado.</p><p>��Hay una puerta aqu� abajo! �chill� Rikali�. Pero la condenada est� atascada por el �xido.</p><p>Dhamon baj� la antorcha hasta donde estaba ella, seguido por Rig y Traj�n. No le quedaba mucho tiempo de vida a la antorcha, como m�ximo media hora de luz.</p><p>�Ser� mejor que conduzca fuera de aqu� �sigui� refunfu�ando la mujer�. Espero que sea una puerta trasera a la base de la monta�a. �Eh? �Aplic� la oreja a la puerta y escuch�, concentr�ndose con el entrecejo fruncido�. Oigo algo. Puede que sea el silbar del viento por entre unos �rboles. Por mi vida, que es una buena se�al. �A continuaci�n empez� a rebuscar en su cintur�n, sacando peque�as ganz�as de metal de detr�s de su enjoyada hebilla�. Prefiero usar los dedos �dijo, m�s para s� misma que para Dhamon�. Pero mis u�as no han crecido de nuevo a�n. Qu� cerdada de suerte. Esa luz, b�jala m�s. �Eh, no tan cerca que me queme!</p><p>Dhamon se agach� junto a ella y observ� fascinado c�mo met�a y sacaba las ganz�as en la oxidada cerradura con una habilidad que para �l era inalcanzable, gir�ndolas primero en una direcci�n y luego en otra, para a continuaci�n acercar el o�do a la cerradura, haciendo chasquear la lengua contra los dientes mientras dejaba finalmente dos de ellas en el interior y retiraba una tercera.</p><p>�Es una cerradura vieja �dijo para explicar por qu� tardaba tanto�. Los mecanismos est�n enmohecidos en su interior. No quieren moverse.</p><p>�Podr�amos derribarla �sugiri� Rig, con los ojos fijos en la antorcha que se apagaba.</p><p>�B�rbaro �susurr� Rikali�. No hay que ser un genio para dar una patada. No hace falta habilidad ni capacidad de pensar. �En voz m�s alta, sigui�: La abrir� en un minuto, esperad un poco y� �ya!</p><p>Con un satisfecho gesto de asentimiento, sac� las ganz�as, volvi� a guardarlas en la hebilla y corri� el pestillo, sonriendo triunfal al percibir un sordo chasquido.</p><p>��Cerdos! Sin duda se hinch� demasiado para el marco con toda esa humedad de aqu� abajo �decidi�, mientras sujetaba el picaporte con las dos manos, afianzaba los pies y volv�a a tirar. Dhamon intent� ayudar, pero ella lo apart� de un empuj�n.</p><p>�Yo abr� el cerrojo y yo la abrir�. Ser� la primera en ver lo que haya dentro. Retrocede y observa.</p><p>Dhamon hizo lo que le ped�a, mientras Rig refunfu�aba que podr�a haberla abierto de una patada y que ser�a mejor que la mujer se diera prisa porque no quedaba mucha antorcha. Traj�n sugiri� que arrancaran algunos de los tablones de madera de la puerta, y �l no tendr�a inconveniente en hacer otra antorcha con ellos, pero nadie le hizo caso.</p><p>��S� que puedo hacerlo! �sise� la semielfa por entre los apretados dientes�. S�lo un poco m�s. Lo ves, se abre. S�lo un�</p><p>La puerta se abri� de golpe con un rugido al tiempo que una tromba de agua se precipitaba al hueco de la escalera, arrastrando a la mujer tras la puerta e inmoviliz�ndola contra la pared. Dhamon dio media vuelta y trep� escaleras arriba, sosteniendo la antorcha en alto, al tiempo que se manten�a justo fuera del alcance del agua. Traj�n se qued� anonadado, incapaz casi de chillar siquiera, <emphasis>no s� nadar</emphasis>, antes de que el agua pasara como un torrente sobre su cabeza. S�lo el marinero consigui� mantenerse inm�vil en su puesto. Se apuntal� y estir� los brazos de un extremo al otro del hueco de la escalera, con las manos firmemente posadas contra cada pared y los ojos cerrados con fuerza. Cuando la ola lo golpe�, permaneci� en su puesto sin ser arrastrado por ella, y al detenerse la oleada, el agua se asent� alrededor de sus muslos y �l abri� los ojos.</p><p>Rikali farfullaba y chapoteaba, atrapada entre la puerta y la pared. Rig descendi� pesadamente los pelda�os y empuj� con todas sus fuerzas la hoja de madera, movi�ndola lo suficiente para que la semielfa pudiera escabullirse al exterior. La mujer forceje� con �l unos instantes, luego se relaj� y aspir� un poco de aire. El agua le llegaba hasta los hombros.</p><p>�Supongo que deber�a darte las gracias �consigui� decir.</p><p>El marinero sinti� unas zarpas en la espalda e, instintivamente, se llev� la mano a la cintura para coger una daga; se detuvo justo cuando sus dedos se cerraban ya sobre la empu�adura al comprender el origen de aquellas zarpas. El kobold hab�a trepado por su cuerpo y rodeado con sus brazos cubiertos de escamas el cuello de Rig, escupiendo agua y maldiciendo en una lengua que el otro no comprend�a.</p><p>��Dhamon! �llam� el marinero.</p><p>La tenue luz de lo alto se torn� algo m�s brillante �pero s�lo un poco� cuando Dhamon descendi� por la escalera y se reuni� con ellos, sosteniendo muy en alto lo que quedaba de la antorcha. Su rostro aparec�a impasible, como si el apuro en que se encontraban no le concerniera en absoluto. Sus ojos insinuaban otros pensamientos en fren�tico movimiento y estaban fijos al frente. Al cabo de un minuto hab�a dejado atr�s a sus compa�eros y chapoteaba a trav�s de la entrada para penetrar en la sala situada al otro lado.</p><p>��Qu� crees que haces? �le chill� Traj�n a voz en grito�. �Adonde vas?</p><p>��Eh, t�, maloliente kobold! �lo interrumpi� el marinero�. Si quieres que te lleve, no me chilles al o�do. Te ahogar� como a una rata tan deprisa que�</p><p>��Dhamon! �sise� Rikali.</p><p>�El camino por el que vinimos est� obstruido �contest� �l; la luz se iba atenuando a medida que segu�a alej�ndose de ellos�. Por el momento es nuestra �nica opci�n.</p><p>�Pues no me gusta tu opci�n �gimi� ella mientras lo segu�a, andando de puntillas y dejando que los brazos flotaran a sus costados�. �Soy demasiado joven para ahogarme, Dhamon Fierolobo!</p><p>Rig los sigui� con pasos r�pidos, intentando cerrar los o�dos a lo que dec�an y no pensar m�s que en el agua. Puesto que era su elemento, tanto dulce como salada, la sinti� fluir alrededor, agradablemente fresca a pesar de ser verano, pues era parte de un r�o subterr�neo protegido del calor por las toneladas de roca que lo envolv�an. Se concentr� en su flujo, decidido a descubrir c�mo hab�a entrado el agua en la estancia.</p><p>�No hay otra salida �gru�� el marinero tras unos minutos, y en voz m�s baja, a�adi�: Siempre imagin� que morir�a ahogado. S�lo que no quer�a morir con Dhamon.</p><p>La antorcha de su compa�ero danz� fantasmal sobre la superficie del agua y las profusamente talladas paredes de roca. La luz acariciaba con suavidad cientos de im�genes de enanos, que forjaban armas, cocinaban, excavaban; una gordinflona pareja bailaba alrededor de la imagen de un yunque; un ni�o amontonaba piedras. En el techo hab�a una imagen de Reorx hecha con azulejos, casi id�ntica a la que hab�an visto en el suelo del piso superior. Hab�a una enorme abertura en uno de los muros, y Rig la se�al� con la mano.</p><p>��se tiene que ser el lugar por el que penetr� el arroyo. Pero ahora es m�s un r�o, debido a toda esa lluvia �dijo, avanzando veloz hacia �l.</p><p>Mientras lo hac�a, tropez� con algo y cay� de bruces en el agua. Se puso en pie farfullando, mientras el kobold sujeto a su espalda se quejaba con voz chillona. Palp� bajo el agua: un banco de piedra, una mesa de piedra y otros objetos que no pudo identificar. Se oblig� a ir m�s despacio, chocando contra m�s cosas ocultas bajo la negra superficie, y lanz� un chorro de agua en direcci�n a Rikali para llamar su atenci�n.</p><p>��Por aqu�! Y ten cuidado.</p><p>Por una vez maldijo todas las armas con las que cargaba, pues nadar�a tranquilamente, en lugar de moverse despacio, si no llevara la alabarda a la espalda. Pero no pod�a permitirse soltarla.</p><p>�Toda esta maldita lluvia �se dijo en voz baja cuando por fin lleg� junto a la hendidura de la pared�. Debe de haber hecho crecer tanto el r�o que al final se abri� paso a trav�s de una zona m�s fina del muro. S�, es muy fina aqu�. �Arranc� un pedazo de roca.</p><p>La semielfa pedaleaba en el agua a su lado, pues el nivel hab�a aumentado y s�lo pod�a tocar el fondo con las puntas de los pies.</p><p>�Vaya, es bueno saberlo �resopl�, nos vamos a ahogar todos por culpa de la lluvia.</p><p>Dhamon se hab�a acercado chapoteando hasta colocarse detr�s de ella. Parec�a perplejo, aunque manten�a una expresi�n estoica, con los ojos revoloteando a izquierda y derecha. Su respiraci�n era regular y avanzaba con lentitud, como si supiera adonde se dirig�a y no le preocupara en absoluto lo que hab�a m�s adelante.</p><p>El marinero sacudi� la cabeza ante la aparente falta de preocupaci�n de su compa�ero, aspir� con fuerza y penetr� en la abertura, sujet�ndose a la pared de piedra para no ser arrastrado. Traj�n tosi� y se agarr� con m�s fuerza al cuello del ergothiano. La luz de la antorcha mostr� los dedos de Rig ascendiendo poco a poco por la pared.</p><p>��Qu� est� haciendo, amor? �Rikali ten�a la mano apoyada en el hombro de Dhamon, que la ayudaba a mantenerse por encima del agua.</p><p>Dhamon no contest� mientras ella segu�a lament�ndose e inund�ndolo con preguntas in�tiles, porque observaba con atenci�n los dedos del marinero, que cada vez resultaban m�s dif�ciles de distinguir al irse extinguiendo la antorcha. Se oy� un �ltimo chisporroteo, luego la llama se apag�, sumi�ndolos en una espesa y total oscuridad. La semielfa gimi� y clav� los dedos en el hombro de su compa�ero.</p><p>��Amor? No veo nada.</p><p>Un chapoteo y una retah�la de maldiciones proferidas en tono agudo procedentes de Traj�n indicaron el regreso del marinero.</p><p>��Dhamon?</p><p>�Estamos aqu�, Rig. �Qu� encontraste?</p><p>�Hay unos treinta cent�metros de aire entre el r�o y las rocas, por el momento al menos. Y el agua se mueve muy deprisa. Creo que es nuestra mejor posibilidad. Seguirla y rezar para que nos expulse en alguna parte.</p><p>�Yo no rezo �musit� la semielfa.</p><p>��Est�s loco! �escupi� el kobold al marinero�. �Entrar ah�?</p><p>��Tienes t� una idea mejor? �pregunt� Dhamon mientras tiraba la in�til antorcha y palpaba con las manos hasta encontrar a Rig y la hendidura de la pared.</p><p>Rikali sigui� aferrada al humano, respirando con dificultad mientras intentaba mantener la barbilla fuera del l�quido elemento, sin dejar de rezongar todo el tiempo sobre la oscuridad y la posibilidad de ahogarse.</p><p>��S�, tengo una idea mejor! �chirri� el kobold�. �Yo puedo ver! Un poco. A lo mejor si nos quedamos aqu�, si examinamos realmente esta habitaci�n, podremos� �El resto de sus palabras quedaron ahogadas cuando el marinero sigui� a Dhamon y Rikali al otro lado de la abertura y penetr� en un pasadizo que el r�o hab�a tallado siglos antes.</p><p>Avanzaron por el agua, en medio de las tinieblas, nadando a veces torpemente; Rig era quien ten�a m�s problemas debido a la alabarda y al kobold que llevaba a la espalda. Sus cabezas chocaban contra afloramientos de rocas del techo, lo que arrancaba juramentos de sus labios, y el r�o los empujaba contra afiladas puntas que sobresal�an de los muros. Dhamon not� que algo resbaladizo le rozaba la pierna, un pez o una serpiente, esper� que no fuera nada peor mientras segu�a su marcha.</p><p>Siguieron el r�o durante unas cuantas horas mientras �ste zigzagueaba y giraba por la monta�a, en ocasiones retrocediendo de tal modo que llegaban a pensar que estaban cerca otra vez del lugar del que hab�an salido. Por fin su curso se enderez� y percibieron que el agua chapoteaba con fuerza contra la roca; de vez en cuando consegu�an distinguir el chirrido agudo de los murci�lagos proveniente de alg�n punto m�s adelante. Rikali anunci� que aquello era una buena se�al, pues significaba que todav�a hab�a aire frente a ellos.</p><p>�Te equivocas, Riki �replic� Traj�n, mientras segu�a firmemente sujeto al cuello del marinero, con la capa arremolinada alrededor de las piernas que flotaban detr�s de �l�. Es una se�al muy mala. Significa que los murci�lagos est�n atrapados. Y nosotros tambi�n.</p><p>La semielfa hundi� m�s los dedos en el hombro de Dhamon cuando �ste aceler� el paso, y sinti� el calor de la sangre en las yemas de los dedos. Su compa�ero no se quej�.</p><p>Un segundo despu�s Dhamon perdi� pie cuando el fondo del t�nel descendi� y las aguas adquirieron mayor profundidad. �l y la mujer chocaron contra Rig.</p><p>��Qu�? �inquiri� el marinero.</p><p>�La corriente parece diferente aqu� �explic� su amigo�. No la profundidad. Es algo que no consigo�</p><p>�S� �interrumpi� el otro�. Yo tambi�n lo noto. La corriente se divide. La m�s fuerte sigue recto, pero hay un ramal que se dirige a la izquierda, y el agua all� parece m�s caliente, a lo mejor calentada por algo situado en una zona m�s subterr�nea.</p><p>�Y� �intervino la semielfa�. Eso significa �qu�?</p><p>�Podr�amos separarnos �sugiri� Dhamon�. Rikali y yo ir�amos por la izquierda y Traj�n y�</p><p>�Mala idea �lo interrumpi� Rig�. Todos estamos cansados. Ha de ser bien pasada la medianoche ya. Nadie se separa. Seguidme. �El marinero los adelant�, deteni�ndose s�lo para sacarse al kobold de la espalda y entregarlo a Dhamon�. Tu turno. �Luego empez� a nadar torpemente hacia adelante, pasando la alabarda a su mano, y casi perdi�ndola, sin prestar la menor atenci�n a las quejas de Traj�n y Rikali.</p><p>�Ojal� Fiona estuviera aqu� �musit� mientras segu�a avanzando con dificultad�. Espero que est� bien.</p><p>Se dijo a s� mismo que la mujer estar�a perfectamente, que ella y Maldred no habr�an perdido tanto tiempo, que no habr�an penetrado tanto en las profundidades de la monta�a y que habr�an conseguido salir al exterior antes del derrumbamiento.</p><p>�Ella est� bien �se tranquiliz�, a�adiendo que se asegurar�a cuando saliera de all� de que Maldred no se mostrara demasiado cari�oso con la sol�mnica. Y har�a todo lo posible por ayudarla a conseguir el rescate para su hermano�. Tiene que estar bien. Creo que morir�a sin ella.</p><p>Luego un sombr�o pensamiento cruz� su mente. Quiz� Maldred hab�a provocado el derrumbe, y el kobold hab�a mentido para ocultar la acci�n de su se�or. La historia del brazo de troll ardiendo que hab�a provocado el fuego arriba parec�a un poco rebuscada. Eliminar a Rig facilitar�a a Maldred la posibilidad de conquistar a Fiona. Su coraz�n lati� salvajemente ante tal posibilidad.</p><p>La corriente se mov�a m�s veloz ahora, y el pasillo se ensanch�. La velocidad ayud� al marinero a maniobrar con su alabarda, y �ste supuso que habr�an recorrido varios kil�metros ya cuando el sonido impetuoso del agua se volvi� m�s fuerte a�n, el canal se torn� m�s angosto, y el martilleo ahog� el parloteo de Rikali y el chapoteo de Dhamon nadando para mantenerse a su altura.</p><p>Quedaban apenas unos cent�metros de aire, y el marinero se encontr� aferr�ndose al techo para tomar unas cuantas profundas bocanadas antes de sumergirse para nadar un poco m�s. Esper� que Dhamon y la semielfa estuvieran a poca distancia a su espalda y que no se hubieran dado por vencidos e intentaran retroceder. De todos modos, se dijo que no pensaba perder ni un precioso minuto preocup�ndose por sus compa�eros. Era hora de dar prioridad a la propia piel y dejar que los asquerosos ladrones se salvaran por s� mismos. Deb�a concentrarse en regresar con Fiona.</p><p>�Ahhh� �aspir�, mientras se cog�a a un saliente y alargaba el brazo en un movimiento basculante, con la nariz apretada contra el techo. Sus dedos rozaron tela�. �A qui�n intento enga�ar? �Dhamon? �Est�s bien? �Dhamon!</p><p>Al o�r una ahogada respuesta, volvieron a ponerse en marcha; transcurri� otra hora, supuso el marinero, mientras segu�an la corriente en medio de una oscuridad total, aspirando aire cuando aparec�a una bolsa. El agua cada vez m�s caliente revelaba que hab�a algo debajo, tal vez calor volc�nico.</p><p>Dhamon pensaba en los dragones: en la Verde que mat� a sus hombres en los bosques de Qualinesti; Skie, que podr�a haberlos matado a �l y a Rig y a todos los dem�s en la Ventana a las Estrellas; en la Negra que hab�a encontrado en la ci�naga y que lo habr�a eliminado de no haber sido por la escama de su pierna, que en aquel momento lo hab�a marcado como un servidor de la se�ora suprema Roja.</p><p>La muerte ya no lo asustaba. Todo el mundo mor�a. Era s�lo cuesti�n de tiempo, y ahogarse no resultar�a tan doloroso. Entonces apret� con fuerza las mand�bulas y se reprendi� a s� mismo. Morir ser�a la salida f�cil. Y tambi�n estaba la cuesti�n de la espada: no sent�a el menor deseo de permitir que el caudillo ogro se quedara con la espada y las piedras preciosas. Sus reflexiones se vieron interrumpidas por unas zarpas afiladas como agujas rozando su cuello: Traj�n. El kobold estiraba el cuerpo en busca de aire. Los dedos de Rikali acariciaron su hombro, y la mano de Rig volvi� a estirarse para confirmar que todos estaban cerca.</p><p>Entonces un atisbo de verde hizo su aparici�n.</p><p>El kobold empez� a ara�ar la espalda de Dhamon, hablando atropelladamente y se�alando.</p><p>��Lo veo! �profiri� el humano, al tiempo que tomaba una buena bocanada de aire pegado al techo, se hund�a y nadaba luego en direcci�n a la luz.</p><p>Rikali se adelant� a �l, agitando los pies con energ�a, golpeando a Dhamon y casi desalojando al kobold de su espalda al pasar. Su compa�ero distingui� su silueta cuando se acercaron al resplandor verde y luego la vio alzarse. Dhamon movi� las piernas con m�s fuerza.</p><p>Las manos de Rikali chocaron contra roca y, asustada, al creer que hab�a ido a parar a un callej�n sin salida, perdi� los nervios y trag� agua, llen�ndose los pulmones de l�quido. Sus manos se agitaron nerviosas y palparon piedra que formaba �ngulos. �Escaleras! Sali� del agua, trep� los pelda�os, jadeante, y rod� de espaldas enseguida para contemplar con incredulidad la lisa roca ovalada que formaba gran parte del techo de aquella estancia toscamente tallada. La roca era lo que reflejaba la misteriosa luz verde. El r�o subterr�neo segu�a su curso m�s all�, y la semielfa se volvi� para contemplarlo.</p><p>�Dhamon. Ven, amor �musit�. Ven� �oh!</p><p>La cabeza del hombre apareci� en la superficie, en el estrecho espacio entre el agua y el saliente de roca, y el rostro poco agraciado de Traj�n se asom� por detr�s del cuello del humano. El kobold tos�a y escup�a mientras Dhamon aspiraba bocanadas de aire y se elevaba fuera del agua. Al poco rato, el marinero sigui� su ejemplo.</p><p>�Podr�amos dormir aqu� �bostez� Rikali�. Estoy tan cansada. S�lo una hora m�s o menos, �de acuerdo, amor?</p><p>�No hay tiempo para dormir �respondi� �l; pero su bostezo y su expresi�n agotada daban a entender que tambi�n �l estaba cansado.</p><p>Traj�n se solt� de la espalda de Dhamon y empez� a escurrirse la ropa.</p><p>�Suerte que encontramos este lugar, �eh? �Podemos respirar este aire viciado! Maldita sea. Mi jupak. Perdida en el agua. �Se volvi� para mirar enfurecido al r�o, la mayor parte del cual quedaba oscurecido por el rocoso saliente�. �Ahora c�mo conseguir� otra? Seguro que no encontrar� un kender en Bloten. A lo mejor Donnag tiene una en su�</p><p>�Tal vez no tendr�as que preocuparte por ello, Traj�n �sugiri� Dhamon�. Si no conseguimos hallar una salida, no necesitar�s un arma.</p><p>Mientras el kobold segu�a lamentando su desgracia, rumiando en voz bien alta la posibilidad de morir a esa edad tan temprana, y Rig opinaba que tal vez s�lo necesitar�an reponerse un poco y luego continuar siguiendo el r�o, Dhamon se uni� a Rikali para dar una buena ojeada por la estancia. Escudri�aron la pared m�s cercana, con la esperanza de hallar una escalera que condujera hacia arriba, o una chimenea natural por la que pudieran trepar. Hab�an o�do murci�lagos hac�a un tiempo, pero all� no hab�a ni rastro de ellos, ni siquiera guano en el suelo.</p><p>No hab�a tallas en las paredes, ni en las desplomadas columnas que probablemente en el pasado se hab�an alzado hacia la refulgente roca de lo alto. Dhamon hab�a esperado ver m�s im�genes de enanos, pero todo parec�a intacto, con excepci�n de los pilares, que hab�an sido pulidos hasta dejarlos bien lisos. No hab�a s�mbolos de Reorx. Restos de bancos de piedra y de madera cubr�an el suelo, y la madera putrefacta aumentaba el olor a moho. La �nica zona intacta se compon�a de una plataforma elevada al fondo de la sala, y de tres escalones negros en forma de media luna que conduc�an hasta ella. A ambos lados de los pelda�os hab�a pedestales negros, sobre los que descansaban unas piedras negras perfectamente redondeadas, pulidas como espejos y que reflejaban extra�amente la luz verdosa.</p><p>Curiosamente, se dijo Dhamon, los pedestales y las esferas parec�an carecer por completo del polvo de roca que cubr�a todo lo dem�s.</p><p>�Me pregunto qu� es todo esto �dijo el marinero, silbando en voz baja. Olvidando el r�o y su apurada situaci�n por un momento, el ergothiano fue hacia el centro de la sala. Se detuvo a mitad de camino, se inclin�, y estudi� algo que hab�a en el suelo�. Apuesto a que esto no es parte de estas ruinas enanas �reflexion�, mientras estiraba la mano y la cerraba sobre un objeto.</p><p>Le quit� el polvo, tosi� para atraer la atenci�n de Dhamon, y lo sostuvo en alto para que lo viera. Era un cr�neo, humano o elfo, y un cuchillo terriblemente oxidado con una empu�adura de hueso tallado sobresal�a de su parte superior.</p><p>�Hay varios m�s si deseas tu propio recuerdo �anunci� Rig�. Todos se parecen bastante a �ste. Un sitio encantador bajo la monta�a. �Luego volvi� a dejar el cr�neo en su lugar y bostez�. Creo que ser� mejor que salgamos de aqu�.</p><p>�No veo ninguna salida en estas paredes, y no me gusta este sitio, amor �dijo Rikali, desliz�ndose hasta Dhamon y tomando su mano para entrelazar sus dedos con los de �l�. Me corren escalofr�os por la espalda. Quiero salir de aqu�. Este lugar me hace sentir� pavor. Quiero ver el cielo. Y tengo tantas, tantas ganas de dormir. Tal vez sea mejor que volvamos a nadar. Que sigamos el r�o. �En voz mucho m�s baja, a�adi�: Por favor, s�lo s�came de aqu�.</p><p>Dhamon intent� liberar su mano, pero ella la sujet� con m�s fuerza. �l le devolvi� un suave apret�n y luego se dedic� a escuchar las agudas lamentaciones del kobold sobre su jupak y su inminente fallecimiento. Acto seguido tir� de la semielfa para seguir adelante, no muy seguro de por qu� se sent�a impelido a investigar a�n m�s ese sitio en lugar de regresar al r�o y marchar. Pero ten�a una hormigueante sensaci�n en el cogote, una impresi�n turbadora que har�a huir a otros hombres, pero que s�lo consegu�a hacer que Dhamon se sintiera m�s decidido a descubrir qu� la provocaba.</p><p>Una especie de gateo sobre las rocas indic� que Traj�n hab�a decidido por fin acompa�arlos.</p><p>�Todav�a tengo a mi anciano en la bolsa �anunci� el kobold�. Aunque el tabaco ya no sirve. �Lo sac� fuera y lo arroj� al suelo aumentando los desperdicios esparcidos por el lugar.</p><p>�Eres un in�til �sise� Rikali al kobold.</p><p>La semielfa se estremeci� al ver una docena de cr�neos, todos ellos con dagas clavadas. Unos cuantos eran peque�os, kenders, o a lo mejor ni�os humanos. Dese� que no se tratara de ni�os. Aunque no le gustaban los enanos, estaba segura de que ellos no habr�an hecho eso; no a criaturas. Pero �qui�n habr�a sido capaz?</p><p>�Por mi vida, que �se tuvo que haber sido un beb� muy peque�o. �Se detuvo para mirar con detenimiento un cr�neo especialmente diminuto�. �Qui�n podr�a haber hecho algo as�, y por qu�? Qui�n� �Se interrumpi� a s� misma; de nada serv�a preguntar a Dhamon, decidi�, �l no parec�a en absoluto interesado.</p><p>Su compa�ero se hab�a alejado de ella, liberando por fin su mano, y ascend�a los estrechos pelda�os negros, lanzando s�lo una mirada superficial a los pedestales. De pie en el borde de la plataforma, la luz verde form� un halo alrededor, proyectando un color enfermizo sobre su piel y haciendo que los mojados cabellos parecieran algas marinas. El humano se acerc� al centro de la tarima y clav� los ojos en el suelo.</p><p>�Curioso.</p><p>��Qu� es? �pregunt� Riki, avanzando por delante de Rig, que tambi�n se dirig�a hacia la plataforma�. �Qu�? �Es valioso?</p><p>Dhamon se arrodill� y extendi� la mano. Rikali subi� corriendo los pelda�os y se acomod� junto a su compa�ero. Traj�n tambi�n sent�a curiosidad y, sin dejar de escurrir sus ropas, lleg� pis�ndole los talones a la mujer.</p><p>�Muy bien, �qu� es? �Se encontr� preguntando Rig�. Supongo que no has encontrado un modo de salir.</p><p>�No �respondi� Dhamon, incorpor�ndose, aunque sigui� mirando el suelo de la plataforma, mientras la hormigueante sensaci�n persist�a en su cogote�. Y eso es lo que tenemos que buscar, no quedarnos aqu� mirando esto todo el d�a.</p><p>�Es hermoso �coment� Rikali�. Quiero tocarlo, y�</p><p>�Bueno, pues no lo toques �rega�� severo Dhamon�. No sabemos qu� es o qu� hace, si es que hace algo. Y no necesitamos saberlo. �Quieres vivir para ver el nuevo d�a? Entonces lo que necesitamos es salir de aqu�. Y no deber�a haber dejado que me distrajeras.</p><p>�Hermoso �repiti� ella, estirando la mano.</p><p>��No lo toques! �El grito provino del kobold, que tiraba hacia atr�s del brazo de la semielfa�. Riki, mantente lejos de eso.</p><p>Rikali mostr� intenci�n de discutir, pero hab�a algo en la ins�lita expresi�n seria del kobold que se lo impidi�. <emphasis>�Qu� es?</emphasis>, le pregunt� con un leve gesto de cabeza.</p><p>�Es m�gico �respondi� �l�. Y no necesariamente bueno. �El kobold mir� por encima del hombro a Dhamon, luego baj� los ojos hacia Rig, que estaba de pie al final de la escalera�. Se supone que hay que mirarlo, no tocarlo. No hay que tocarlo jam�s.</p><p>Dhamon y la criatura se quedaron mirando el objeto fijamente, Rikali sigui� arrodillada, y el �nico sonido de la sala ahora era el fluir del r�o subterr�neo.</p><p>�Magn�fico �declar� Dhamon�. Dej�moslo y sigamos nuestro camino.</p><p>�Ah, imagino que deber�a echarle una mirada primero �dijo Rig, sacudiendo la cabeza y pas�ndose los dedos por los cabellos. Ascendi� los pelda�os y se coloc� entre Dhamon y Rikali, extendiendo una mano para ayudar a la semielfa a levantarse�. Tendr� cuidado. Hum. Interesante.</p><p>En el centro de la plataforma hab�a un estanque, casi de forma oval. Pero era luz, no agua, lo que se arremolinaba en su interior. De repente era de un color verde oscuro para acompa�ar al resplandor del techo, luego se tornaba azul zafiro, y los colores ondulaban como si estuvieran vivos y lucharan entre s�. Aparecieron centelleantes motas de un brillante amarillo blanquecino, que daban la impresi�n de estrellas capturadas en las profundidades del estanque que luchaban por conseguir aire. Los agresivos colores casi las aplastaban por completo.</p><p>��Y qu� es entonces? �La curiosidad acab� venciendo a Rikali�. Quiero decir, realmente parece m�gico. �Tienes alguna idea, Traj�n? �O s�lo te limitas a intentar asustarme? Magia mala, ja. No reconocer�as la magia, buena o mala, aunque yo surgiera de una l�mpara y�</p><p>��Chisst!</p><p>El kobold pase� alrededor del borde del estanque, hasta colocarse en el lado opuesto al de ella. Observaba con atenci�n las luces amarillas que centelleaban y parpadeaban siguiendo una pauta que �l parec�a comprender.</p><p>�Esto es antiguo �dijo, y en su voz se percib�a el temor.</p><p>�Cerdos, eso ya podr�a hab�rtelo dicho yo, rata in�til.</p><p>La criatura se rasc� una verruga de la diminuta palma, entrecerrando los ojos para concentrarse.</p><p>�Aunque no creo que tan antiguo como todas esas cosas de los enanos. O, tal vez, no lo construyeron tan bien. Esto de aqu� es lo �nico que queda en pie.</p><p>��Crees que hay algo en el fondo del estanque? �suspir� Rikali, y empez� a alargar un dedo, s�lo para sentir su humedad.</p><p>�He dicho que no lo toques. No creo que fuera una buena idea. S�lo hazme caso por una vez. �De acuerdo? �El kobold se apart� del estanque y retrocedi� bajando los pelda�os, estudi� los pedestales y murmur� para s�. Con el conocimiento llega la muerte �musit� en Com�n y, a continuaci�n, empez� a parlotear en kobold otra vez.</p><p>�Odio que haga eso �dijo Rikali a Dhamon�. Ojal� pudieras hacer que parara toda esa jerigonza. Aunque no s� si te est� maldiciendo o recitando una receta kobold para cocinar el filete de lagarto. Es como intentar o�r en�</p><p>�Hay algo escrito en los pilares �interrumpi� Dhamon, que hab�a abandonado la plataforma en silencio mientras ella hablaba y hab�a ido a colocarse detr�s del kobold�. No puedo distinguirlo. No lo vi al principio. �Se inclin� sobre Traj�n para verlo m�s de cerca.</p><p>�No s� leer �murmur� ella.</p><p>�Pues yo s� puedo leerlo �intervino la diminuta criatura�. Algo de lo que pone, al menos. En su mayor�a se trata de s�mbolos m�gicos.</p><p>�Y� �Rikali aguard�. Si no es nada demasiado interesante yo voto por meternos en el r�o otra vez e intentar hallar una salida antes de que crezca y no queden bolsas de aire. Aqu� no hay nada de valor que yo pueda ver. Deb� haber arrancado los ojos de �nice de los enanos de madera cuando tuve la oportunidad. Ya no los conseguir� nunca, ahora.</p><p>�Hemos de marchar �asinti� Dhamon.</p><p>Estaba unos metros m�s all�, fuera ya de la aureola de luz verde. Su piel se hab�a secado, y sus cabellos y ropas empezaban a secarse ya, tambi�n. Sus negros rizos se curvaban ahora con suavidad en la base del cuello.</p><p>�Hemos perdido demasiado tiempo.</p><p>El kobold hizo caso omiso de �l y volvi� a subir los pelda�os, rode� el estanque, se sent� en el extremo opuesto al que estaban Rig y Rikali y empez� de nuevo con su canturreo m�gico. Luego se detuvo y alz� los ojos para mirarlos.</p><p>�No tengo por qu� canturrear, sab�is �les inform�. S�lo hace que la magia me resulte m�s f�cil. Me concentro mejor.</p><p>��Magia? �Rig lanz� un suspiro por entre los apretados dientes�. �El kobold <emphasis>realmente</emphasis> sabe magia? �Es un hechicero? �Un kobold hechicero? Pensaba que eso de encender la pipa no era m�s que un truco.</p><p>�No estoy familiarizado con la clase de magia que usaba la gente que construy� este lugar �anunci� Traj�n servicial, arremang�ndose las mangas de la t�nica para, a continuaci�n, retorcer el aro de su nariz con ademanes teatrales�. �Veis esas esferas? Representan a Nuitari, una de las lunas m�gicas que suelen flotar en el cielo nocturno. Desde luego, eso fue bastante antes de que yo naciera, en esa �poca en que la magia era algo que casi todo el mundo pod�a aprender� antes de que tuvieras que tener una chispa especial dentro de ti. Hechiceros T�nicas Negras y cosas as�, creo que los llamaban. Raistlin. �l era uno de ellos.</p><p>�Ray-za-lin �repiti� Rikali�. Nunca o� hablar de un Ray-za-lin. �La mujer paseaba la mirada arriba y abajo entre el kobold y lo que pod�a ver del r�o. �Hab�a crecido un poco en los �ltimos minutos?</p><p>�No tengo ni un �pice de la maestr�a de Raistlin. Jam�s lo tendr�. Pero incluso aunque esa clase de magia ya no anda por ah�, supongo que puedo hacer esto. O al menos intentarlo. Ser�a una l�stima no probarlo.</p><p>�Hemos de marchar. �Esto surgi� con firmeza de labios de Dhamon�. Tengo la intenci�n de salir de aqu�. Con vosotros tres, o solo �a�adi�. No pienso esperar mucho m�s. �Y en voz m�s baja, prosigui�: No puedo permit�rmelo.</p><p>Pero ellos no lo escuchaban, su atenci�n retenida por el canturreo de Traj�n y el misterioso estanque.</p><p>�Representa un ojo �el kobold se detuvo a explicar�. Incluso tiene la forma de uno. �Veis? Funciona como uno, tambi�n, en principio. Al menos s� he comprendido lo que descifr� en ese� ese�</p><p>�Pedestal �lo ayud� Rig.</p><p>�Eso, ese pedestal de ah�. Miras a trav�s del ojo y ves cosas. Lo que quiera que desees ver. Ahora quedaos callados, los dos, y dejad que intente ver algo.</p><p>Acto seguido volvi� a su canturreo, una r�pida y desafinada melod�a intercalada con cortas g�rgaras. Sus dedos se agitaban en el aire, para impresionar, no por necesidad, pero quer�a dar un buen espect�culo ante Rig y Rikali. Se maldijo por revelar que no necesitaba canturrear. <emphasis>Tengo que recordar no hablar sobre las artima�as de los conjuros</emphasis>, se reprendi�. Luego coloc� las manos justo por encima del agua, con los dedos bien extendidos y los pulgares toc�ndose.</p><p>Percibi� la energ�a del estanque, c�mo los remolinos verdes enviaban tenues oleadas de calor a sus palmas, relaj�ndolo casi, pues hac�an que se sintiera caliente y c�modo y que le costara mantener los ojos abiertos. Los remolinos azules le provocaban un escozor en la piel, aunque no tan fuerte como el picor del callo de la palma de su mano, y fij� su atenci�n en este �ltimo para mantenerse alerta.</p><p>Concentr�ndose m�s de lo que hab�a hecho nunca antes, en un intento de asombrar a su reducido p�blico y dominar lo que, supon�a, era un tesoro enterrado de Raistlin y los T�nicas Negras, se centr� ahora en las motas de luz amarilla. Percibi�ndolas con la mente, logr� con paciencia que ascendieran a la superficie, como indicaban las instrucciones del pedestal. El kobold dese� haberse tomado el tiempo necesario para traducir los dos pedestales, pero su temor a quedar atrapado all� si el r�o crec�a inesperadamente exig�a que se diera prisa. Adem�s, sab�a que Dhamon carec�a de la paciencia necesaria para su magia. Cuando le pareci� que uno de los destellos de luz ascend�a, cerr� los ojos y se represent� mentalmente todos los centelleos amarillos y blancos, los imagin� a todos abri�ndose paso por encima de los colores oscuros y realizando su centelleante magia s�lo para �l.</p><p>Entonces las sensaciones que percib�a en las palmas de las manos se desvanecieron, y el calor que amenazaba con adormecerlo desapareci�, haciendo que se sintiera curiosamente helado. Y cuando ya iba a darse por vencido y sumirse en la decepci�n, oy� que Rikali lanzaba una exclamaci�n ahogada y abri� los ojos. La superficie del agua se hab�a tornado de un color amarillo brillante, como el sol en un cielo sin nubes, aunque justo en el centro hab�a un llamativo punto negro, del tama�o de una de las esferas de los pedestales. Parpade�, pero el punto no cambio de forma ni tama�o ni tampoco desapareci�.</p><p>��Es eso? �inquiri� la semielfa por fin�. �Es eso todo lo que hace? Pensaba que �bamos a ver algo emocionante, por ejemplo, un modo de salir de aqu�. Dijiste que ver�amos algo. No sirves para nada, Traj�n.</p><p>El kobold sonri� abiertamente, mostrando los amarillentos dientes, e hizo un gesto con las manos, como si removiera el estanque, aunque teniendo buen cuidado de no tocarlo realmente.</p><p>�Bueno, si eso es lo que quieres ver �ri� disimuladamente�. Un modo de salir para ti. Desde luego eso tendr�s, querida Riki.</p><p>El punto negro del centro empez� a crecer y a ensancharse, hasta ocupar casi toda la superficie. Luego pareci� parpadear, como si fuera una pupila en medio de un ojo que se hab�a cerrado y vuelto a abrir. Parpade� una vez m�s, y una imagen inconfundible apareci� en su centro, nebulosa al principio, pero que no tard� en enfocarse mientras ellos observaban. Parec�a un retrato de las colinas y, alz�ndose por encima de esas colinas, una parte de las monta�as Khalkist. Saliendo a borbotones de lo alto hab�a una cascada, una que, a juzgar por la posici�n del sol y el pico visible m�s alto, parec�a hallarse justo al sur de Bloten. El agua se zambull�a en una depresi�n en un hueco en las colinas, alimentado por un r�o que conduc�a al interior del pantano de la hembra de Drag�n Negro. Se distingu�an los tejados de unas casas, prueba fehaciente de que se hab�a inundado un pueblo, y el cielo era de un color gris oscuro, en tanto que la lluvia segu�a cayendo sin pausa.</p><p>�Vaya, has creado una bonita imagen, Traj�n. Interesante. Aunque no es precisamente lo que yo esperaba. �Qu� tiene eso que ver con salir de aqu�? Y �qu� es�?</p><p>Call� cuando un nuevo sonido llen� la sala. Agua, no el r�o subterr�neo que pasaba veloz por all�, sino el golpeteo de la cascada, que resultaba un sonido casi ensordecedor. Lo acompa�aba un aroma nuevo: aire, hierba y un leve aroma a flores.</p><p>El ojo parpade� y la imagen se concentr� de nuevo en la base de la catarata.</p><p>�Hay una cueva detr�s de ella, de la cascada �a�adi� Rikali, impresionada ahora�. Y tambi�n hay agua saliendo por la cueva.</p><p>Mir� con m�s atenci�n y distingui� maderos y escombros que flotaban en la depresi�n. Los restos de otro pueblo inundado, tal vez.</p><p>��Es este r�o? �aventur� Rig, indicando a su espalda�. �Es eso lo que nos muestra? �Es ah� adonde va a salir nuestro r�o?</p><p>�Le pregunt� por la salida �respondi� Traj�n, encogi�ndose de hombros.</p><p>�Bueno, pues preg�ntale si se trata de nuestro r�o �insisti� el otro.</p><p>El kobold agit� el aire con los dedos, se concentr� m�s y se sinti� repentinamente fatigado, como si el estanque absorbiera su energ�a. Pero el ojo pesta�e� por fin y la escena volvi� a cambiar.</p><p>���sos somos nosotros! �exclam� la semielfa.</p><p>Contemplaron una imagen id�ntica de la semielfa y el kobold atisbando el interior del estanque, con el r�o fluyendo como un torrente detr�s de ellos. Otro parpadeo y la �rbita se llen� de agua en movimiento, y entonces vieron la corriente subterr�nea, que estaba iluminada con una luz verde por la magia de la estancia. Hab�a una bifurcaci�n, un brazo del r�o se desviaba sinuoso, y otro, de una anchura igual, segu�a recto al frente. El ojo m�gico corri� veloz por el sendero ancho y recto, luego se desvi� por un estrecho brazo muerto de la corriente; la imagen pesta�e�, y apareci� otra vez la escena con la cueva y la catarata.</p><p>���sa debe ser la salida! �Traj�n, eres maravilloso! �La mujer se puso en pie y gir� en direcci�n a Dhamon, se�alando el agua�. Hemos de seguir ese r�o hasta encontrar un ramal estrecho al oeste. Eso nos sacar� de aqu�.</p><p>�Preg�ntale algo m�s �pidi� el marinero que segu�a mirando al estanque.</p><p>��Qu�? �El kobold lade� la cabeza.</p><p>�Preg�ntale por Fiona. Veamos si est� bien.</p><p>Traj�n hizo una mueca de disgusto, pero se apresur� a complacerlo cuando el marinero grit�:</p><p>��Hazlo!</p><p>El ojo parpade� y Fiona se materializ�. Estaba de pie en una ladera rocosa, con el rostro echado hacia atr�s y atrapando la lluvia. Diluviaba alrededor de ella, y el cielo ten�a un oscuro color gris. Junto a ella estaba Maldred, y Rig profiri� un gutural gru�ido al verlo. El hombret�n tend�a una mano a la sol�mnica, para ayudarla a escalar la ladera de una monta�a, y le acariciaba la mejilla herida con la mano libre. La mujer no rechaz� el contacto de Maldred, sino que se acerc� a �l cuando �ste baj� el rostro hacia ella.</p><p>El ojo se cerr� y volvi� a quedar negro.</p><p>�Bueno, ya es suficiente �indic� Traj�n en tono molesto�. Mal y la dama han conseguido salir. Est�n en alguna parte al pie de las Khalkist, probablemente dirigi�ndose hacia Bloten. Parece como si empezara a amanecer en el exterior. No me extra�a que me sienta tan cansado. Podr�a dormir durante un a�o.</p><p>Dhamon se acerc� despacio al r�o.</p><p>�Otra pregunta �el tono del marinero era vehemente y dictatorial.</p><p>��Qu�? �el kobold parec�a exasperado�. Conocemos la salida, s�lo tenemos que buscarla a tientas en la oscuridad, as� que marchemos� a menos que desees preguntar si hay alg�n gran tesoro en las cercan�as. �La idea atrajo inmediatamente a Traj�n, y una enorme sonrisa se extendi� por su rostro�. Algo m�gico, tal vez cosillas hechizadas, monedas y gemas y�</p><p>�Un tesoro �musit� Rikali.</p><p>�No �aull� Rig�. Shrentak. Preg�ntale sobre Shrentak. Los caballeros sol�mnicos que est�n retenidos all�. Probablemente en las mazmorras, si es que hay all� un lugar as�. Debe haber un lugar as�. �Hazlo, peque�a rata! Preg�ntale por el hermano de Fiona.</p><p>�Uf� �Traj�n arrug� la nariz con repugnancia.</p><p>�Se llama Aven.</p><p>La criatura sacudi� la cabeza, pero volvi� de nuevo a retorcer los dedos.</p><p>�A lo mejor hay riquezas en Shrentak �musit�.</p><p>Le dol�an un poco los pulmones, como si hubiera realizado una larga carrera. Desde luego, estaba agotado por lo sucedido con el fuego y por correr escaleras abajo, por tantas horas sin dormir, por la zambullida en el r�o y todo lo que hab�a tenido que nadar hasta llegar all�. Las articulaciones le dol�an terriblemente, ahora que lo pensaba, las caderas eran lo que m�s le dol�a, y en ese momento tambi�n los dedos. Pero all� estaba ese gran objeto m�gico que obedec�a sus �rdenes�</p><p>��Aja! �El marinero dio una palmada.</p><p>La imagen que hab�a dentro del ojo mostr� un interior oscuro, catacumbas llenas de barro y porquer�a y exiguas celdas. Un grueso lodo gris verdoso rezumaba por las paredes y el techo, y lagartos correteaban por el pasadizo. La imagen cambi� a un corredor bordeado de�</p><p>��Celdas! �pr�cticamente chill� el ergothiano�. �Quiero ver el <emphasis>interior</emphasis> de las celdas!</p><p>Traj�n volvi� a concentrarse, con m�s intensidad. Sumergi� el �ndice bajo la superficie por un breve instante, luego lo retir� y volvi� a remover el aire.</p><p>��Sorprendente! �jade� Rikali�. Traj�n, no ten�a ni idea de que pudieras�</p><p>��Ah�, eso es! �exclam� el marinero, interrumpiendo el resto de la frase de la mujer.</p><p>En un momento dado contemplaba el interior del estanque y, al siguiente, la imagen de un corredor malsano surgi� ante ellos, transparente y espectral. Pero al mismo tiempo resultaba espantosamente real; era como si hubieran sido transportados al mismo centro del pasillo toscamente tallado, que se extend�a en ambas direcciones hasta donde alcanzaba la vista. El corredor estaba surcado de puertas de celdas, puertas construidas de gruesa madera medio putrefacta entretejida por gruesos barrotes oxidados. Oyeron con claridad el gotear del cieno desde el techo, y vieron c�mo las et�reas gotas verdes ca�an al suelo y se desvanec�an. Se percib�a un hedor a orina, tan fuerte que arrancaba l�grimas a sus ojos, y el a�n peor olor a muerte.</p><p>Rig dio un indeciso paso al frente, luego otro hasta que se encontr� frente a la entrada de una celda. Atisbo por entre los barrotes y descubri� que su rostro los atravesaba, fue un sensaci�n parecida a la de cruzar por entre una telara�a. Al otro lado hab�a una docena de hombres, todos humanos y tan demacrados que parec�an esqueletos con la piel colgando de sus cuerpos. Respiraban superficialmente, acurrucados unos contra otros y acuclillados sobre sus propios excrementos. Sus ojos hundidos lo contemplaron sin emoci�n. Uno se esforz� por extender una mano. Rig luch� por contener la bilis que le sub�a por la garganta, luego se oblig� a salir y mirar en la siguiente celda.</p><p>Rikali se hab�a reunido con �l sin hacer ruido.</p><p>��Sol�mnicos! �exclam�.</p><p>Sus cotas de mallas hab�an desaparecido, pero algunos ten�an capotes que los identificaban como miembros de la Orden de la Rosa. No hab�a ni rastro de orgullo caballeresco en sus cuerpos dolientes, ni atisbo de desaf�o en sus rostros macilentos. Estaban totalmente destrozados. Algunos carec�an de ojos, s�lo desfiguradas cuencas vac�as, a algunos les faltaban extremidades. Casi todos ellos estaban terriblemente mutilados, como testimonio de quemaduras y torturas.</p><p>El cuerpo del marinero se estremeci� lleno de compasi�n y repugnancia y apret� los pu�os enfurecido.</p><p>�Horrible �musit� Rikali; se apart� de Rig y cerr� los ojos.</p><p>El ergothiano sigui� escudri�ando los rostros, tragando saliva con fuerza cuando le pareci� reconocer a uno.</p><p>�Aven �declar�.</p><p>Jirones de lo que hab�a sido un capote sol�mnico se aferraban a su escu�lido cuerpo; su piel era gris como los muros de piedra y estaba cubierta de fur�nculos y gruesas cicatrices recientes. La roja cabellera aparec�a larga y enmara�ada y salpicada de caparazones de insectos, y su rostro en forma de �valo, en un tiempo redondeado y perfecto, estaba demacrado por el hambre. En el pasado hubiera podido pasar por el gemelo de Fiona, pero ahora apenas era reconocible.</p><p>�Aven �afirm� Rig en voz m�s alta.</p><p>Con un considerable esfuerzo, el hombre alz� la cabeza y pareci� devolver la mirada del otro. Se produjo un destello de reconocimiento en los entristecidos ojos.</p><p>�Es el hermano de Fiona, Aven �explic� Rig a Rikali�. Fiona y yo, fijamos nuestra boda para el d�a del cumplea�os de ella para que Aven pudiera asistir. Se supon�a que tendr�a permiso de la Orden para ello.</p><p>El caballero parec�a un cad�ver y se mov�a con lentitud. Los mir� fijamente, pero incluso esa simple acci�n parec�a necesitar de todas sus energ�as y ocasionarle un dolor insoportable.</p><p>�Aven, puede verme de alg�n modo. Aven�</p><p>De improviso, el sol�mnico intent� ponerse en pie, apretando los esquel�ticos brazos contra el suelo mientras sus pies resbalaban en las piedras cubiertas de lodo. Por fin consigui� erguirse, balance�ndose sobre los pies destrozados que arrastr� por el suelo para avanzar hacia Rig. Abri� la boca, como si quisiera decir algo, pero s�lo surgi� un chirriante silbido.</p><p>El marinero dio un paso al frente.</p><p>��No! �chill� cuando el sol�mnico cay� de rodillas, con los ojos fijos a�n en Rig�. Aven, te sacaremos de all� �dijo el ergothiano, e intent� coger al hombre, pero su mano atraves� la aparici�n�. Aguanta y�</p><p>Aven emiti� una tos seca y comprimi� su pecho con las manos. Pareci� contemplar al otro unos instantes m�s, luego cay� de espaldas y qued� hecho un ovillo sobre el suelo. Un suspir� escap� de sus labios, y luego dej� de respirar.</p><p>�Por todos los dioses desaparecidos �dijo Rig en voz baja, y contempl� el cuerpo durante unos minutos�. Aven est� muerto.</p><p>A continuaci�n se apart� de la puerta para mirar a la semielfa. Esta atisbaba el interior de otra celda, murmurando sobre humanos, elfos y kenders. Algo sobre un grupito de enanos.</p><p>�Creo que tambi�n hay un gnomo aqu� dentro �se dijo �sta en voz alta�. Un hombrecillo con una nariz enorme.</p><p>Luego retrocedi� y dirigi� una veloz mirada a Rig y despu�s pasillo abajo, que era una ilusi�n pero m�s que una ilusi�n. Sus ojos preguntaron si deb�an seguir su exploraci�n.</p><p>La curiosidad hab�a vencido a Dhamon, y �ste hab�a entrado en el pasillo tambi�n. Se encontraba en el extremo opuesto, mirando el interior de un calabozo, del que se apart� para seguir adelante y dobl� en una esquina. Se sent�a impresionado por la magia, capaz de oler la vileza de ese lugar m�s que el olor a moho de la caverna en cuyo interior sab�a que se encontraba. Pero todo all� parec�a tan inquietantemente� palpable.</p><p>Hab�a una puerta, m�s estrecha que las otras, con una diminuta ventana en su centro. Dhamon se agach� y mir� por la abertura, tosiendo a causa del intenso olor. No advirti� la presencia del hombre del interior, no inmediatamente. Hab�a un revoltijo de otras cosas compitiendo por la atenci�n del guerrero: cajones de madera y loza desportillada amontonados en estanter�as, junto con utensilios de metal y hueso, cuya utilidad no quiso ni considerar. Resultaba evidente que ese lugar era usado como almac�n. Hab�a cadenas colgando de la pared opuesta, la mayor�a oxidada por el tiempo y la humedad reinante, pero unas cuantas hab�an sido forjadas recientemente. Del techo colgaban m�s cadenas, junto con sogas y l�tigos de p�as.</p><p>Fue al estirar el cuello, y descubrir que su rostro pod�a atravesar la madera, cuando descubri� al hombre. El prisionero estaba desnudo, de espaldas a Dhamon, con la piel cubierta de enormes llagas y la enmara�ada cabellera extendida sobre los hombros como la melena de un le�n. Estaba sentado muy erguido, casi con orgullo, y sus huesos sobresal�an con asombrosa claridad, lo que record� a Dhamon los cad�veres sobre los que los sacerdotes que pertenec�an a los Caballeros de Takhisis demostraban t�cnicas de cirug�a de campa�a. Hab�a un cuenco de cobre lleno de agua espumosa junto a �l, as� como unos cuantos mohosos mendrugos de pan.</p><p>Dhamon se pregunt� por qu� el hombre no hab�a utilizado algunos de los utensilios de la habitaci�n para escapar. Desde luego hab�a objetos lo bastante afilados en los estantes para agujerear la madera de la puerta. Pero cuando el hombre se volvi�, obtuvo la respuesta.</p><p>Ten�a una argolla de hierro alrededor de su cuello, sujeta con una cadena corta al muro, tan corta que no permit�a al hombre ponerse en pie, ni tampoco alcanzar ninguno de los objetos que podr�an ayudarlo a conseguir la libertad. El cautivo era joven; Dhamon se dio cuenta por la suavidad de su rostro demacrado y el azul oscuro de sus ojos. Y era alguien importante.</p><p>Llevaba un tatuaje en el brazo, justo por debajo del hombro, ingeniosamente reproducido y lleno de colorido, que representaba la zarpa de un drag�n azul sosteniendo un estandarte rojo. Dhamon no estaba dispuesto a acercarse lo suficiente para leer lo que estaba escrito en el estandarte. No necesitaba hacerlo; hab�a visto el s�mbolo con anterioridad. Pertenec�a a una familia de ricos militares de Taman Busuk que se hab�an aliado con los caballeros negros. De modo que aquel prisionero ten�a dinero y proced�a de Neraka y probablemente estaba conectado con los caballeros negros que all� hab�a, si es que no era uno de la Orden. Tal vez Sable ped�a un rescate por �l, y es posible que hubiera algo de cierto en la creencia de Fiona de que el drag�n aceptar�a riquezas a cambio de sus prisioneros� de algunos de ellos, al menos.</p><p>Los ojos del hombre se abrieron desmesuradamente y abri� la boca como si quisiera hablar con su visitante, pero Dhamon abandon� la celda y sigui� adelante, pues no deseaba saber lo que la aparici�n ten�a que decir. Esa visi�n por s� sola ya resultaba bastante perturbadora, no era necesario aumentar aquel desaliento con palabras.</p><p>Dobl� otra esquina y encontr� a�n m�s calabozos. �A cu�nta gente ten�a encerrada el drag�n en sus mazmorras? A trav�s de veloces ojeadas descubri� que la mayor�a de los prisioneros eran humanos y, por su estado, daba la impresi�n de que estaban all� desde hac�a unas horas hasta varios meses.</p><p>Dhamon hab�a estado en calabozos otras veces, cuando los Caballeros de Takhisis conservaban prisioneros por cuestiones pol�ticas. Hab�a tenido que acompa�ar a unos cuantos cautivos a sus celdas, pero jam�s hab�a estado en una prisi�n tan deplorable como la que mostraba esa visi�n. El sufrimiento era incluso casi excesivo para que pudiera soportarlo.</p><p>�Es suficiente �anunci� por fin, cuando descubri� una celda en la que no quedaban prisioneros con vida, y los cuerpos hab�an sido amontonados como haces de le�a a lo largo de una pared�. Ya es hora de que abandonemos este lugar diab�lico.</p><p>Sacudi� la cabeza, como para aclararla, y se alej� a grandes zancadas de la imagen, en direcci�n al r�o, que estaba seguro hab�a crecido m�s.</p><p>�No �protest� Rig; el marinero hab�a estado siguiendo a Dhamon, manteni�ndose a unos pocos metros por detr�s para observar su reacci�n ante la escena�. Quiero ver m�s �prosigui�. Traj�n, mu�strame todo Shrentak. �Quiero saber c�mo entrar en esa maldita mazmorra!</p><p>El kobold suspir� y sus hombros se encorvaron. Mir� a Rikali en busca de respaldo, pero, por una vez, �sta no dijo nada. Miraba al final del espectral pasillo en direcci�n al r�o, ante el que se encontraba Dhamon.</p><p>��M�s, Traj�n! �Mu�stranos un modo de entrar!</p><p>��No!</p><p>Dhamon gir� en redondo y regres� desde el borde del r�o. Regres� a trav�s de los pasillos de la prisi�n, que cada vez eran m�s transparentes, avanzando decidido hacia los pelda�os de la plataforma. Su rostro segu�a siendo una m�scara de indiferencia, pero sus ojos hab�an perdido su dureza, y sus labios se crispaban. Hab�a echado una ojeada en el interior de varias otras celdas al pasar, y el espect�culo le preocup�. De todos modos, no estaba dispuesto a admitirlo, ni siquiera a s� mismo.</p><p>�El r�o est� creciendo �anunci� con voz tranquila.</p><p>Ante aquella advertencia, la semielfa se apart� de un salto del estanque m�gico y baj� corriendo los pelda�os, rozando a Dhamon al pasar.</p><p>�No quiero ahogarme �gimi� en voz baja�. Quiero mi hermosa casa.</p><p>El marinero solt� un profundo suspiro y dej� caer la mano al costado.</p><p>�Si hay que creer en esta visi�n, y creo que hay que hacerlo, el hermano de Fiona est� muerto. Tengo que dec�rselo. S�, cuando la vea de nuevo.</p><p>El kobold empez� a incorporarse.</p><p>��Espera, Traj�n! �dijo Dhamon, que acababa de tener una idea. Vio que Rig entrecerraba los ojos�. Una pregunta m�s.</p><p>�Cre� que hab�as decidido que ya no deb�amos seguir con el estanque m�gico �mascull� el marinero.</p><p>Los hombros del kobold se hundieron. <emphasis>Estoy cansado</emphasis>, articul� en silencio. Realmente parec�a agotado, y la luz verde que formaba una aureola alrededor le daba un aspecto arrugado.</p><p>�No puedo �declar� Traj�n con voz forzada�. Sencillamente no puedo.</p><p>�Preg�ntale sobre la lluvia �insisti� Dhamon�. �De d�nde viene?</p><p>�Del cielo. De las nubes �dijo Rig�. Es de ah� de donde viene la lluvia. Realmente ya no te reconozco, Dhamon Fierolobo. Eres un pat�n ego�sta. M�ralo. Est� agotado. Yo ya lo he presionado en exceso.</p><p>��Qu� provoca la lluvia? �Las palabras de Dhamon eran cortantes.</p><p>El marinero hizo intenci�n de marchar, pero algo lo detuvo. La visi�n de Shrentak se hab�a disuelto y el estanque mostraba de nuevo un punto negro en su superficie, mientras el kobold volv�a a remover la magia ante las exigencias de Dhamon.</p><p>�El pantano. Y �qu�? �refunfu�� Rig�. De alg�n modo la lluvia proviene de la ci�naga. Pero ni siquiera est� lloviendo ah�, seg�n esa imagen. De modo que�</p><p>�Esta lluvia no es natural, Rig. No puede serlo. Ha llovido m�s en Khur en los �ltimos d�as que probablemente en los �ltimos dos a�os. Simplemente por una curiosidad malsana, quiero saber qu� es responsable de ella. La informaci�n podr�a ser valiosa. Y esto� �Movi� la mano en direcci�n al estanque�. Esto al parecer es un modo seguro de saberlo.</p><p>La imagen se concentr� con m�s nitidez en un claro pantanoso circundado por una mara�a de viejos cipreses con ra�ces que se hund�an profundamente en el lodo. De las ramas colgaban lianas que formaban una cortina florida. Abundaban los loros multicolores en los �rboles, y el sol que empezaba a elevarse consegu�a penetrar a hurtadillas en el tupido dosel.</p><p>�Ah�, preg�ntale sobre eso �Dhamon se�alaba una imagen refulgente pero borrosa que aparec�a tras un velo de flores moradas�. Hay algo oculto ah�. Preg�ntale si esa cosa es responsable de la lluvia. Apenas puedo distinguirlo. Podr�a ser parte de un drag�n.</p><p>�Dhamon no puedo. Essstoy tan cansado.</p><p>�Deprisa, Traj�n �orden� �l�. Quiero una respuesta.</p><p>El kobold suspir� y reuni� apenas energ�a suficiente para remover el aire de nuevo por encima del estanque, luch� por recuperar el aliento y sinti� que su coraz�n lat�a irregularmente en su pecho. La indefinible imagen se torn� m�s clara.</p><p>�Un drag�n. �Ja! No es lo bastante grande para ser un drag�n. Pero� si es una ni�a �dijo Traj�n.</p><p>Las flores se separaron para mostrar a una delgada criatura de unos cinco o seis a�os de largos cabellos cobrizos y ojos azules. Era delicada y se cubr�a con una prenda di�fana que parec�a hecha de p�talos color violeta claro y amarillo. Su inmaculado rostro de querub�n mostraba una leve sonrisa, pero era una sonrisa maliciosa, no agradable. Alz� las manos �envueltas en una neblina gris plata� y les hizo una se�a, como si de alg�n modo hubiera divisado a Dhamon, a Rig y a Traj�n en esa cueva situada bajo la monta�a y les indicara que se acercaran m�s. El aroma a flores se torn� intenso, casi asfixiante. Luego, de improviso, la imagen desapareci�, y el punto negro empez� a encogerse, engullido por el amarillo brillante. Al cabo de un instante era el amarillo el que se desvanec�a, para convertirse en motas centelleantes obligadas a descender al fondo por los sofocantes remolinos azules y verdes. La nauseabunda fragancia desapareci� tambi�n, reemplazada por el olor mohoso de la cueva.</p><p>��Espera, tengo otra pregunta! �pr�cticamente chill� Dhamon.</p><p>Traj�n se dej� caer de espaldas. El kobold temblaba, contemplando sus manos.</p><p>�Me han robado �dijo con incredulidad�. Soy m�s viejo. �Ese artefacto inmundo me ha robado a�os! �Dhamon!</p><p>La voz de la criatura era distinta, m�s suave, y las palabras menos claras. Tambi�n su aspecto era diferente. Los cabellos ralos que colgaban de la parte inferior de su mand�bula se volvieron blancos mientras sus compa�eros lo miraban y, a continuaci�n, empezaron a caer al suelo, como agujas de pino secas desprendi�ndose de un �rbol muerto.</p><p>Abri� la boca, como si quisiera volver a decir algo. Sus ojos estaban desorbitados por el miedo y la incredulidad, y sus dedos, que palpaban fren�ticamente su rostro, temblaban. La piel cubierta de escamas de Traj�n se desprend�a y perd�a su color, para volverse gris como la piedra en la que se sentaba. Sus ojos hab�an perdido su lustre, y el rojo se hab�a convertido en un rosa oscuro. El kobold jade�, un estertor chirriante escap� de sus labios, y pase� la mirada entre Dhamon y Rig mientras su pecho se estremec�a.</p><p>�Dhamon� �musit� el marinero, mir�ndolo boquiabierto.</p><p>�Lo veo, Rig.</p><p>�Magia. El hombrecillo dijo algo sobre que la magia hab�a exigido un pago.</p><p>Rikali aspir� con fuerza. La semielfa hab�a estado vigilando el r�o, y s�lo ahora se daba realmente cuenta de que el kobold hab�a cambiado.</p><p>�Cerdos, �qu� te ha sucedido, Traj�n?</p><p>�l no respondi�, aunque se�al� d�bilmente en direcci�n al estanque.</p><p>�Pues, haz que vuelva tu aspecto original �declar� ella�. Agita los dedos y haz que te arregle.</p><p>�No creo que eso sea posible. �Rig sacudi� negativamente la cabeza.</p><p>�Bueno, a lo mejor desaparecer� con el tiempo.</p><p>�Siento� �empez� a decir Traj�n con su apagada voz� fr�o.</p><p>�Dhamon, �qu� vamos a hacer con �l? Puede Sombr�o� �Las palabras de Rikali se apagaron mientras volv�a a echar un vistazo al r�o�. �Dhamon, el r�o est� creciendo de verdad! Hemos de darnos prisa. �Por favor, amor! Cojamos a Traj�n y salgamos de aqu�. Lo llevaremos a casa de Sombr�o Kedar. Ese viejo ogro lo curar�, como hizo contigo y con Mal.</p><p>El hombre ech� una ojeada a Traj�n, con el rostro convertido en una m�scara indescifrable, luego dio la vuelta y se encamin� hacia el agua a toda prisa. Se quit� las botas e introdujo su parte superior bajo el cintur�n a su espalda. La semielfa lo sigui�, preguntando qu� deb�an hacer con respecto a Traj�n y si Dhamon se encargar�a de transportarlo. �l no le respondi�, se limit� a cogerle la mano con fuerza y a penetrar en el agua, aspirando varias veces con fuerza. Rikali se aferr� al borde unos instantes, mirando hacia la plataforma.</p><p>Rig se aproxim� despacio al kobold hasta alzarse por encima de �l.</p><p>��No deber�amos esperarlos, amor? �inquiri� la mujer.</p><p>Dhamon tom� aire con fuerza unas cuantas veces m�s y neg� con la cabeza.</p><p>�No, el r�o crece demasiado deprisa. �Su voz carec�a de emoci�n�. No pienso esperarlos. Es posible que haya sido un error esperar tanto tiempo.</p><p>Se introdujo bajo la superficie y empez� a nadar con la corriente. Rikali dirigi� una �ltima mirada a Rig y a Traj�n y luego sigui� a su compa�ero, mientras la luz verde se desvanec�a a medida que abandonaban nadando la estancia y eran engullidos por las tinieblas.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Rig mir� fijamente al kobold. �Le estar�a gastando una mala jugada la luz verde haciendo sencillamente que el peque�o ser pareciera� m�s viejo? Una ilusi�n. Tal vez era algo relacionado con el estanque, tal vez se hab�a quedado con la energ�a del kobold. Quiz� cuando �ste descansara volver�a a su aspecto m�s juvenil. El marinero dese� que Palin Majere estuviera all�. El hechicero sabr�a qu� hacer. Aunque se preguntaba si Palin se habr�a arriesgado a jugar con el estanque.</p><p>�Hemos de marchar �dijo por fin, haciendo una mueca cuando la criatura se estremeci� y resoll�. �Est�s bien, Traj�n?</p><p>El kobold se estremeci� y se rode� el pecho con los brazos. Sus ojos se hab�an apagado a�n m�s.</p><p>�No, no estoy bien �sise�. Maldita magia T�nica Negra. Dec�a que hab�a un precio. Y lo he pagado. Uno muy alto.</p><p>El marinero parec�a realmente preocupado por su compa�ero y lo mir� con m�s atenci�n. La acostumbrada mezcla de escamas y piel bajo la t�nica segu�a desprendiendo el mismo hedor, aunque su color hab�a cambiado, pero cuando el kobold alz� los ojos para devolverle la mirada, el marinero advirti� otra diferencia m�s. Era una ilusi�n o una mala pasada de la luz verde.</p><p>Hab�a arrugas alrededor de sus ojos, como los que mostrar�a un humano anciano, y los cabellos que crec�an en grupos desperdigados a los lados de su cabeza luc�an una tonalidad roja y gris, y ya no eran tan abundantes. Rig extendi� una mano, y el kobold la cogi�, haciendo una leve mueca de dolor al incorporarse.</p><p>�Me duele todo una barbaridad �dijo, y sus hombros se estremecieron cuando se apart� del marinero e introdujo el pu�o en su boca para sofocar un sollozo�. Robados �repiti�. A�os.</p><p>��Qu� son unos cuantos a�os? Adem�s, lo que sea que haya sucedido, probablemente desaparecer� con el tiempo, como sugiri� Dhamon. Y luego est� ese ogro de rostro descolorido en Bloten. �Rig adopt� un tono desenfadado, con la esperanza de conseguir que la criatura se pusiera en movimiento�. �Sombr�o, verdad? Iremos a ver a Sombr�o. �Mir� el r�o. <emphasis>Si tuviera un poco de sentido com�n, dejar�a a este ser aqu� mismo y saldr�a nadando</emphasis>, pens�.</p><p>�Me rob� m�s que unos cuantos a�os �dijo el kobold, irguiendo los hombros�. Tengo los brazos y las piernas entumecidos. Me duele cuando los muevo. No veo muy bien. Todo parece un poco borroso.</p><p><emphasis>Por la bendita memoria de Habbakuk, siento l�stima por la peque�a rata</emphasis> �se maldijo mentalmente Rig�. <emphasis>Yo soy quien exigi� un par de preguntas, por lo tanto tengo parte de culpa. De todos modos, la criatura es un ladr�n</emphasis> �prosigui� para s�. <emphasis>Un ladr�n y probablemente tambi�n un asesino que no merece ninguna compasi�n</emphasis>.</p><p>�Hemos de irnos, Traj�n �repiti�.</p><p>El sonido del r�o parec�a m�s fuerte, y volvi� a echarle una ojeada. Hab�a empezado a derramarse por el suelo de la sala, y ya no habr�a muchas bolsas de aire.</p><p>�Ilbreth �respondi� el kobold al cabo de un momento, con voz baja y �spera�. Mi nombre es Ilbreth. Y no eres tan malo. Para ser un humano.</p><p><emphasis>Es Fiona</emphasis> �pens� el marinero�. <emphasis>Me ha contagiado su forma de ser y me ha ablandado</emphasis>.</p><p>�Vamos, Ilbreth �dijo en voz alta; dio media vuelta y abandon� la plataforma, dando patadas a unas cuantas rocas y cr�neos�. No voy a esperarte m�s tiempo �a�adi� innecesariamente.</p><p>Pero s� esper� y cuando el kobold no se reuni� con �l, volvi� la cabeza y mir� a su espalda.</p><p>Traj�n yac�a en el suelo, inm�vil.</p></section><section><title><p>12</p><p>El regreso a Bloten</p></title><p>Dhamon dej� de nadar poco despu�s de girar para seguir la estrecha bifurcaci�n, que estuvo a punto de pasar por alto; no hab�a motivo para realizar aquel esfuerzo extra. La corriente era tan fuerte que el hombre era como un pedazo de madera arrastrado por ella. Se concentr� en mantener las piernas rectas y los brazos pegados al cuerpo, esperando no rozar contra ning�n muro de rocas afiladas. La cabeza le martilleaba y los pulmones exig�an aire con desesperaci�n, pero no hab�a ni una gota; ni una sola bolsa de aire desde que hab�a llenado los pulmones en la sala iluminada por la luz verdosa. No exist�a otra cosa que esa oscuridad total y un sonido constante y ensordecedor.</p><p>Empez� a sentirse mareado, y se hall� pensando en Feril y en los dragones y en aquella noche en la Ventana a las Estrellas. Sent�a un hormigueo en la pierna, lo ven�a notando desde que empezaron a explorar la vieja sala de los hechiceros T�nicas Negras. Hab�a empezado a emitir oleadas de intenso calor y fr�o paralizador justo en el momento en que pidi� a Traj�n que descubriera el origen de la lluvia. Y hab�a empeorado poco antes de abandonar la sala, aut�ntico motivo por el que hab�a dejado atr�s a Rig y al kobold. Cuando el dolor se apoderaba de �l, no pod�a pensar en nada m�s.</p><p>El pasillo describ�a un brusco �ngulo y Dhamon fue lanzado contra una afilada roca; por un breve momento, pens� que ahogarse podr�a ser una bendici�n: no m�s dolor. Alguien hallar�a un cad�ver con un recuerdo de una hembra de drag�n se�ora suprema fijado a su pierna putrefacta. Entonces percibi� un oleaje y not� que unas rocas rozaban su est�mago; sinti� que se hund�a, impulsado a trav�s de una cortina de agua que lo golpe� arrebat�ndole el poco aire que le quedaba en los pulmones y hundi�ndolo hacia el fondo. Sus ojos segu�an abiertos, pero todo lo que pod�a ver era de un gris oscuro y l�brego. Luego el agua se torn� m�s clara, del color de una niebla espesa, y fue arrastrado m�s abajo. Distingui� formas. Cosas curiosas: �una casa de piedra? �Un pozo cubierto? �Un carro? Todo ello bajo el agua.</p><p>Dhamon fue empujado hasta el mismo fondo por la fuerza del agua de la catarata. Not� que sus pies tocaban algo s�lido y consigui� impulsarse hacia arriba, y luego empez� a patalear al llegar a la superficie. Ten�a que hacer un gran esfuerzo para pedalear en el agua, pues el dolor producido por la escama era tan intenso que amenazaba con sumergirlo y enviarlo de nuevo al fondo. Se iniciaron violentos temblores en sus m�sculos, y se impeli� inconscientemente hacia la orilla, concentr�ndose en una parcela de terreno fangoso, al tiempo que daba boqueadas e intentaba suprimir de su mente la posibilidad de morir. Consigui� llegar a la orilla y arrastrarse en parte fuera del agua antes de rendirse por fin al agotamiento y al dolor abrasador y helado y sumirse en una misericordiosa inconsciencia.</p><p>La cabeza de Rikali sali� a la superficie justo detr�s de �l y empez� a tragar aire puro con avidez.</p><p>��Cerdos, estaba segura de que �bamos a morir, amor! Jam�s pens� que me alegrar�a tanto de ver toda esta lluvia. �Es hermosa! �Pedale� por el agua e inhal� con fuerza, al tiempo que percib�a el rugir de la cascada a su espalda y el casi silencioso tamborileo de la lluvia�. �Dhamon? �D�nde est�s, Dhamon?</p><p>El p�nico se apoder� de su coraz�n cuando �l no respondi�. La semielfa mir� furtivamente alrededor, hasta descubrirlo en la orilla, con medio cuerpo en el agua. Nad� apresuradamente hacia �l, alcanz� tierra firme y gir� a su compa�ero de espaldas sobre el suelo, soltando un suspiro de alivio al comprobar que su pecho ascend�a y descend�a, para a continuaci�n dedicarse a limpiarle el lodo del rostro. Las extremidades del hombre temblaban.</p><p>�Es esta condenada escama �sise� la mujer�. Juntos encontraremos una cura para ella, amor. Deber�amos haber preguntado a ese estanque, haber hecho que Traj�n retorciera los dedos y preguntara c�mo curarte. C�mo podr�a hacerse. Ayudarte a ti es m�s importante que Shrentak y esta lluvia. �Por qu� no se me ocurri�? �Tan ego�sta soy que no pens� en ello? �Empez� a apartarle los cabellos del rostro que estaba crispado por el dolor; luego lo arrastr� fuera del agua, y alz� la vista hacia la catarata, pregunt�ndose distra�damente por el kobold�. Es un in�til, ese Traj�n. De haber pensado un poco, habr�a podido preguntarle al estanque sobre tu escama. Es culpa suya, ya lo creo. No m�a. Culpa suya. Se cree tan listo. Bien, pues no es nada listo. No sirve para nada. Pero no te preocupes, amor. Cuando deje de llover y toda esta agua se seque, regresaremos a esa cueva y le echaremos otra mirada al estanque. Encontraremos un remedio para esa cosa. Lo prometo.</p><p>Hizo todo lo que pudo por acunar a Dhamon, meci�ndolo y limpiando el barro de su t�nica.</p><p>�Y cuando est�s curado encontraremos un lugar para nuestra magn�fica casa. Tendremos un comedor m�s grande que el del palacio de Donnag y habitaciones para los peque�os que crecer�n muy guapos y se parecer�n a ti. Y tendremos un jard�n interminable lleno de fresas y frambuesas, y plantar� uvas, tambi�n. A lo mejor aprenderemos a fabricar vino. Vino dulce. Ya ver�s, amor, ser�</p><p>En ese instante la cabeza de Rig apareci� en la superficie, escupiendo y dando boqueadas, con la alabarda bien sujeta en la mano. Aspir� con fuerza, luego volvi� a hundirse, lo que sorprendi� a Rikali e hizo que se pusiera en pie.</p><p>��Qu� haces?</p><p>La semielfa ech� una ojeada a Dhamon para asegurarse de que segu�a respirando y luego se acerc� en silencio al borde de la depresi�n. Mir� con atenci�n por entre la neblina y vio que el marinero volv�a a salir a la superficie, con el kobold sujeto al pecho. Agit� la mano para atraer la atenci�n del ergothiano y luego regres� junto a Dhamon. Los ojos de �ste se abrieron con un parpadeo, y ella sonri�.</p><p>��Te sientes bien? �pregunt�.</p><p>Dhamon asinti� al tiempo que se incorporaba con un esfuerzo. Se sent�a dolorido a�n, pero su mirada se centr� en el marinero y el kobold. El rostro de Rig mostraba varios cortes, sin duda por haber chocado contra afiladas rocas sumergidas, y la capa del kobold estaba hecha jirones. El marinero se limpi� la sangre mientras se arrastraba fuera del agua, dejaba caer la alabarda en la orilla y depositaba con cuidado a Traj�n en el suelo.</p><p>��Qu� le pasa a Traj�n? �Rikali dio un vacilante paso hacia ellos.</p><p>Rig se dej� caer junto al cuerpo del kobold y contempl� con fijeza la catarata.</p><p>��Traj�n? �repiti� la mujer con cierta indecisi�n, luego adopt� un tono de reprimenda�. Me preguntaba si vosotros dos conseguir�ais llegar. Tanto jugar con el estanque m�gico� Podr�ais haberos dado un poco de prisa.</p><p>�Ilbreth est� muerto �anunci� el otro con sencillez.</p><p>La semielfa aspir� con fuerza y avanz� tambaleante hacia la orilla, dej�ndose caer de rodillas para sacudir con suavidad el cuerpo de la criatura.</p><p>��Se ha muerto y me ha dejado? �Ech� una veloz mirada a Rig, en busca de una explicaci�n�. Traj�n no se morir�a y me dejar�a as�. �l no lo har�a.</p><p>El marinero sigui� observando la cascada.</p><p>�Pobre Traj�n �gorje�.</p><p>Conteniendo las l�grimas, empez� a manosear el cuerpo y a buscar con sus finos dedos; abri� el aro de oro de la nariz que codiciaba y se lo introdujo en su bolsillo. Encontr� unas cuantas perlas y una amatista en bruto en una peque�a bolsa, esta �ltima sin duda un recuerdo del valle de los cristales. Tambi�n se qued� con todo eso. Luego solt� de un tir�n la bolsa que conten�a la pipa con la figura del anciano, pero la mano de Rig apareci� de improviso, sobresalt�ndola, y los dedos del hombre se cerraron sobre ella. El marinero se la arrebat� y la deposit� solemnemente sobre el pecho del kobold.</p><p>Dhamon se desplaz� a una zona de la orilla situada varios metros m�s all�. Se introdujo en el agua y empez� a lavar el lodo que quedaba en sus ropas y cabellos, dando la espalda al kobold y manteniendo los hombros bien erguidos. Ech� la cabeza hacia atr�s para mirar a lo alto de las monta�as, cuyas cimas quedaban oscurecidas por las nubes; luego se frot� los brazos, para intentar eliminar algo del dolor que los embargaba, y gir� el cuello a un lado y a otro.</p><p>�Guardar� estas bonitas chucher�as como recuerdo del pobre Traj�n �anunci� Rikali al tiempo que se reun�a con �l y empezaba a lavarse tambi�n el barro de las ropas y los cabellos�. Las guardaremos en la biblioteca en una estanter�a donde todos nuestros amigos puedan verlas cuando vengan de visita.</p><p>�No sabes leer �repuso �l, tajante�. �Para qu� querr�as una biblioteca? �Ahuec� las manos por encima de los ojos para ayudar a mantener la lluvia fuera de ellos mientras segu�a estudiando la ladera del risco m�s cercano.</p><p>�Soy muy lista, Dhamon Fierolobo. Podr�a aprender a leer �contest� ella, guardando la amatista y las perlas en una bolsa que colgaba de su cintura, y recuperando el aro de oro para introducirlo en su dedo me�ique; luego irgui� la barbilla desafiante�. T� podr�as ense�arme a leer.</p><p>Dhamon se�al� un estrecho sendero por el que manaba agua; en un principio crey� que era un arroyo, pero hab�a un letrero junto a ella, por lo que supuso que se tratar�a de una calzada.</p><p>��Podemos seguir eso para regresar a Bloten, Rig?</p><p>El marinero estaba agachado bajo un �rbol, usando la hoja de su arma para sacar barro y cavar una fosa para el kobold.</p><p>�Vaya, �no es eso conmovedor? �observ� Rikali, echando un vistazo al cuerpo de la criatura y luego al ergothiano�. Pensaba que no se soportaban el uno al otro.</p><p>�Probablemente ser� la ruta m�s corta �sigui� Dhamon, estudiando el sendero�, pero no parece la m�s f�cil. Podr�amos tomar el camino m�s largo, pero Maldred probablemente nos lleva mucha delantera, y quiero regresar a casa de Donnag tan r�pido como sea posible.</p><p>�Pero Dhamon, estoy muy cansada �suplic� la semielfa�. Hemos estado andando y nadando toda la noche. Es tan temprano, sin duda no hace mucho que amaneci�. �No podr�amos dormir s�lo una hora o dos? No he dormido desde hace m�s de un d�a. Y busquemos algo de comer. Por favor. Tengo tanta hambre.</p><p>�l se detuvo un instante, considerando la idea, pero luego sacudi� la cabeza y se puso en marcha. La semielfa ech� una ojeada por encima del hombro. Rig segu�a ocupado con la tumba, as� que, sin pensarlo dos veces, ech� a correr para atrapar a Dhamon.</p><p>Ambos experimentaron ciertas dificultades para ascender por el resbaladizo sendero y tuvieron que agarrarse al letrero y tambi�n a las rocas para no perder el equilibrio. Era una marcha lenta, y de vez en cuando la mujer echaba una mirada abajo en direcci�n a Rig, que segu�a trabajando.</p><p>�Primero quiero tener una peque�a conversaci�n con Donnag sobre esta empresa descabellada a la que nos envi�. Luego quiero hablarle de esa ni�a de la visi�n, la que tal vez est� provocando toda esta lluvia. Podr�a saber qu� es todo esto �explic� Dhamon a la semielfa�. Desde luego, esa informaci�n le va a costar cara.</p><p>�Le costar� una barbaridad �dijo Rikali.</p><p>�Creo qu� est� lloviendo porque su �ltima patrulla mat� a algunos de los dracs de la Negra. Gran n�mero de ellos, seg�n lo que nos cont� durante la cena. La lluvia es una especie de represalia. S�lo que no s� qu� tiene exactamente que ver la ni�a con ella.</p><p>�Amor, no puedes decirlo en serio. Era una visi�n, un sue�o m�gico que Traj�n hizo surgir de ese estanque. Ni siquiera sabes si es real.</p><p>��Real? La primera visi�n nos mostr� la salida, �no es cierto? Yo dir�a que eso la hace real. Shrentak parec�a muy real.</p><p>��Una ni�a que hace llover? �Ja! Apuesto a que Traj�n le preguntaba algo totalmente distinto, nada que ver con la lluvia. Por eso aparecio la criatura. Apuesto a que pensaba en alg�n lugar agradable y c�lido y seco donde pudiera encontrar compa��a agradable y�</p><p>�No �su compa�ero sacudi� la cabeza con vehemencia�. <emphasis>La ni�a es la causa</emphasis>. Ha anegado pueblos, uno a los pies de esta catarata. Talud del Cerro tambi�n podr�a ser arrastrado por las aguas. Esta lluvia no es en absoluto natural.</p><p>��Por qu� iba a querer alguien hacer llover tanto? �Rikali lade� la cabeza y arrug� la frente�. �Por qu� querr�a alguien inundar pueblos de cabreros y granjeros? No tiene sentido.</p><p>�Lo tiene si eres una hembra de Drag�n Negro que quiere ampliar su ci�naga y busca venganza.</p><p>Siguieron andando con cuidado por el sendero, que en realidad ahora se hab�a convertido en un arroyo cada vez m�s ancho, por lo que de vez en cuando ten�an que sujetarse a rocas para que sus pies no resbalaran y los hicieran caer. Rikali volvi� a mirar por encima del hombro. A Rig no se lo ve�a por ninguna parte.</p><p>�Adem�s, era una ni�a, no un Drag�n Negro �continu� la semielfa.</p><p>�Los dragones son poderosos, Riki. Ese animal podr�a adoptar la forma de una chica, o la chica podr�a ser un agente de un drag�n.</p><p>��Una ni�a drag�n? �C�mo sabes tantas cosas sobre esas criaturas, amor? Debe provenir de todas esas cosas que puedes leer. Tendr�as que ense�arme a leer. De todos modos, cre�a que hab�as acabado con los dragones.</p><p>�He acabado con ellos, Riki querida �Dhamon solt� una breve carcajada.</p><p>La mujer sonri� satisfecha y se esforz� por mantenerse al paso del hombre.</p><p>�No quiero volver a tener nada que ver con ellos. Pero la informaci�n sobre la ni�a es valiosa. Sospecho que el ogro me pagar� bastantes monedas por ella; adem�s de la espada que deseo.</p><p>Rikali lanz� una risita disimulada y estir� el brazo para agarrar el codo de Dhamon; pero sus manos se agitaron desesperadamente cuando pis� una roca cubierta de resbaladizo musgo y perdi� el equilibrio. Aterriz� con un fuerte golpe en el centro de la corriente de agua, salpicando agua por todas partes. Su compa�ero gir� en redondo para sujetarla, pero no lleg� a tiempo, y la semielfa empez� a resbalar, junto con el r�o, monta�a abajo.</p><p>Rig, que hab�a finalizado por fin su tarea y ascend�a desde la base del sendero, corri� para intentar atrapar a Rikali, pero s�lo consigui� desgarrarle la manga cuando �sta pas� como una exhalaci�n por su lado. El marinero solt� su alabarda y se lanz� tras ella. Al poco sali� a la superficie e hizo se�as a Dhamon.</p><p>��Dhamon, ser� mejor que bajes aqu�! �Empez� a limpiarle la sangre que brotaba de un corte en la mejilla�. �Est� herida!</p><p>Tambi�n hab�a sangre en su frente y manando por la nariz. La mujer gimi� en voz baja, crispando labios y dedos, y el marinero le separ� los labios con suavidad para mirar dentro de la boca. Hab�a dos dientes rotos, y los restos de uno de ellos estaban enterrados en la mejilla. Rig los arranc� cuidadosamente.</p><p>�No hay nada roto aqu� �anunci� tras palparle con cuidado las costillas�. �Dhamon!</p><p>El otro no se hab�a movido. Segu�a unos metros m�s all�, en lo alto de la monta�a, observ�ndolos.</p><p>��Te o� decir algo en una ocasi�n sobre atender caballeros heridos en un campo de batalla! �sigui� chillando el marinero�. �Qu� tal si echas una mano? Al fin y al cabo, es tu novia.</p><p>�S�lo cree que lo es �respondi� �l en voz tan baja que Rig no pudo o�rlo, luego aguard� unos instantes antes de deslizarse sendero abajo para reunirse con ellos�. No tenemos tiempo para este� retraso �dijo, con la voz pre�ada de irritaci�n.</p><p>Se arrodill� sobre la semielfa y le apart� los cabellos del rostro. Le pareci� que ten�a un aspecto muy hermoso, con aquella expresi�n serena y el rostro desprovisto del recargado maquillaje que acostumbraba a llevar. Le palp� el cuello, le gir� la cabeza a un lado y a otro, atendi�ndola con toda la suavidad posible.</p><p>�Est� bien �dijo a Rig�. Su cabeza golpe� con una roca, �ves? �Le lade� la cabeza ligeramente, para mostrar la sangre que sobresal�a por entre sus plateados mechones�. Nada demasiado grave. Respira normalmente. �Le tante� la herida de la cabeza�. Tendr� un buen chich�n cuando recupere el conocimiento. �A continuaci�n se puso en pie y extendi� las manos hacia la lluvia para que lavara la sangre�. Y lo recuperar� muy pronto. Esta lluvia ayudar�. �Dio media vuelta y reanud� la ascensi�n a la monta�a.</p><p>�Espera un minuto. �Las palabras surgieron furiosas de los labios del marinero�. Es tu compa�era. <emphasis>No ir�s a dejarla aqu�</emphasis>.</p><p>�Riki lo comprender� �replic� �l�. Tengo que recoger un importante paquete de manos del caudillo Donnag y venderle cierta informaci�n valiosa. Cuanto antes sepa lo de la lluvia, m�s valdr� la noticia. Y tengo que encontrar a Maldred. Tambi�n querr� saber lo de la lluvia. Riki nos alcanzar�. Es m�s lista de lo que crees.</p><p>�Primero Traj�n, ahora Riki� �Rig lo mir� incr�dulo.</p><p>El rostro de Dhamon era impasible. Sus manos colgaban inertes a los costados, los labios eran una fina l�nea, y sus ojos ten�an una expresi�n indiferente.</p><p>Aquella imagen de Dhamon permanecer�a en la mente del marinero durante el resto de sus d�as, mostr�ndole hasta qu� punto pod�a ser insensible una persona. Eran como cuentas de piedra� no mostraban el menor atisbo de compasi�n; no hab�a m�s que una determinaci�n ego�sta en ellos. Rig lo reconoci�. Los ojos de Dhamon mostraban astucia y ego�smo. No hab�a ni rastro del hombre que hab�a conocido en el pasado, no eran los ojos del antiguo caballero negro que hab�a respondido a la llamada de Goldmoon pidiendo un campe�n y que los hab�a conducido intr�pidamente a la Ventana a las Estrellas; ni sombra del h�roe que hab�a osado enfrentarse a los se�ores supremos dragones y que, aunque no se hab�a ganado la amistad de Rig, desde luego hab�a obtenido su respeto.</p><p>�Te acostumbrar�s a ello, Rig �dijo �l, leyendo sus pensamientos�. No soy el hombre que conoc�as.</p><p>�Acababa Dhamon de decir esas palabras? se pregunt� el marinero, �o s�lo recordaba lo que �ste hab�a dicho una noche en las monta�as Khalkist? No importaba. Eran ciertas. Rig contemplaba a un extra�o. El marinero hab�a conocido ladrones en su juventud, y se hab�a asociado, lleno de orgullo, con piratas, a los que consideraba unos cuantos pelda�os por encima de los ladrones corrientes. Ninguno de ellos hab�a sido como este Dhamon, un Dhamon al que realmente no conoc�a.</p><p>�No eres humano �musit�.</p><p>Dhamon se ech� a re�r. Luego sin una palabra ni un gesto m�s, gir� y volvi� a ascender por la senda, avanzando un poco m�s despacio y sujet�ndose a las rocas para no sufrir una ca�da como la semielfa.</p><p>El marinero se llev� una mano al hombro y tir� hasta que una de sus mangas se desprendi�; luego rode� con ella la cabeza de la mujer para intentar detener la sangre. Alz� la mirada hacia el sendero cubierto de agua, luego contempl� a la semielfa, le pas� los brazos bajo las rodillas y hombros y la levant�.</p><p>��Ahhh� por la bendita memoria de Habbakuk! �Vio que el brazo izquierdo colgaba torcido, y que hab�a un feo bulto donde el hueso intentaba abrirse paso a trav�s de la carne�. Est� roto, supongo. �Volvi� a dejarla en el suelo y empez� a mirar en derredor�. Necesitar� un trozo de madera �se dijo en voz baja�. Nunca he arreglado huesos rotos, y no voy a empezar ahora. Podr�a causar m�s da�o que bien. Pero al menos puedo impedir que se mueva de un lado a otro.</p><p>Chapote� hacia los restos parcialmente sumergidos de lo que parec�a ser una casa y arranc� un tabl�n.</p><p>�S�, algo como esto servir�. �Se quit� la camisa y empez� a rasgarla en tiras para hacer un tosco entablillado�. Arrojar�a a Dhamon Fierolobo a la capa m�s inferior del Abismo �rezong�.</p><p>Rikali gimi� con suavidad, y su rostro se crisp� en evidente malestar mientras luchaba por recuperar el sentido. Los dedos de su mano sana se deslizaron hacia abajo para tocar su vientre.</p><p>�El beb� �susurr�. Por favor que mi beb� est� bien.</p><p>��Est�s embarazada? �Rig la contempl� consternado�. �Lo sabe Dhamon?</p><p>Ella neg� con la cabeza.</p><p>�Y t� no se lo dir�s �dijo, antes de volver a perder el conocimiento.</p><p>El marinero se dedic� a recolocar todas sus posesiones. Todas las dagas quedaron sujetas sobre el pecho, la larga espada colgaba al costado, la alabarda volvi� a ir atada a la espalda. Tuvo que mover las cosas un poco para estar c�modo, pues resultaba dif�cil transportarlo todo y, adem�s, a la semielfa, pero ya se las arreglar�a.</p><p>Rikali profiri� un quejido cuando �l la tom� en brazos. Rig alz� los ojos hacia la monta�a.</p><p>�Imagino que tendremos que probar este camino �decidi�. Pero lo haremos con calma.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Fiona se irgui� muy tiesa en su armadura sol�mnica, que hab�a limpiado hasta hacerla brillar como un espejo a su regreso de las catacumbas enanas. El trabajo le hab�a dado algo en que ocuparse mientras aguardaba a Rig y a Dhamon, y mientras Maldred manten�a una reuni�n secreta con el caudillo Donnag.</p><p>Llevaba los cabellos sujetos detr�s del cogote en dos tirantes trenzas, lo que no era muy corriente en ella, y el cham�n ogro hab�a curado la herida de la mejilla, a instancias de Maldred que, adem�s, hab�a corrido con todos los gastos. Las extremidades le dol�an a�n un poco despu�s de la ardua aventura monta�a arriba y en el interior de las ruinas enanas y el posterior regreso a Bloten. Pero su aspecto no delataba su aut�ntica fatiga.</p><p>Sac� pecho mientras deambulaba sobre el barro frente a los hombres que Donnag le hab�a proporcionado como escolta para su rescate. Era tal como le hab�a prometido. Cuarenta ogros robustos, el m�s bajo alz�ndose casi tres metros por encima de ella. Todos llevaban alg�n tipo de coraza, en general placas de piel curtida con tachuelas de metal desperdigadas en aleatorios dibujos. Tal vez los dibujos significaban algo en la lengua de los ogros. Unos pocos luc�an cotas de malla y espinilleras de cuero, y algunas piezas de armadura parec�an casi nuevas. Casi todos se cubr�an con alguna clase de casco, y unos cuantos llevaban largas capas de fina tela oscura, que la continua lluvia oscurec�a a�n m�s. Se manten�an todos firmes, con las espaldas rectas y un porte impresionante muy distinto al aspecto encorvado que exhib�a la mayor parte de la poblaci�n de Bloten.</p><p>Si bien sospechaba que se sent�an molestos con ella porque era una humana �una mujer� y, por encima de todo, una Dama de Solamnia� estaba segura de contar con su lealtad, ya que el caudillo Donnag les hab�a ordenado que siguieran todas sus �rdenes hasta la muerte si era necesario. Tambi�n sospechaba que se les pagaba muy generosamente, aunque no sab�a si era Donnag o Maldred quien se ocupaba de ello, y tampoco quer�a averiguarlo.</p><p>S�lo unos pocos pod�an hablar su lengua, y lo hac�an de forma vacilante y pronunciando mal la mitad de las palabras. Maldred hab�a dicho que todos los hombres eran luchadores bien adiestrados que hab�an tenido escaramuzas con los enanos de Thoradin, los hobgoblins y goblins de Neraka, y los dracs y abominaciones que invad�an las colinas de Donnag procedentes del pantano. Su aspecto fornido y las gruesas cicatrices revelaban numerosas batallas previas.</p><p>Desde luego formaban un grupo muy poco agraciado. La mayor�a ten�a verrugas y fur�nculos salpicando la piel que quedaba al descubierto, y la lluvia aplastaba sus ralos cabellos contra los costados de sus cabezas. Otros ten�an dientes que sobresal�an de sus labios hacia arriba o hacia abajo, y a unos cuantos les faltaban trozos de oreja. Uno luc�a una nariz casi cadav�rica. La piel de todos iba de un casta�o claro, del color de la arena, a un marr�n oscuro, del tono de la corteza de un casta�o. Hab�a tres hermanos cuya piel mostraba un tinte verdoso, y Fiona se dijo que les daba un perpetuo aspecto enfermizo; otro ten�a la piel casi tan blanca como el pergamino. Maldred hab�a explicado que ese individuo era un cham�n en ciernes, ligeramente adiestrado en las artes curativas, y que su presencia podr�a resultar beneficiosa, dependiendo de qu� habitantes de la ci�naga se cruzaran con ellos.</p><p>Algunos de los ogros llevaban una �nica arma, siendo �sta una larga espada curva que, por lo que la mujer hab�a averiguado, se forjaba all� en Bloten y se entregaba a los que gozaban del favor de Donnag. Otros iban pr�cticamente tan cargados como Rig: con hachas atadas a la espalda, ballestas pensadas para manos humanas colgando de sus cintos, largos cuchillos enfundados sujetos a sus piernas y garrotes de p�as en las manos. Necesitar�an todas esas armas y muchas m�s, se dijo Fiona. Necesitar�an suerte y la bendici�n de los dioses ausentes.</p><p>�Y ella qu� necesitaba? reflexion� la guerrera. �Una buena dosis de sentido com�n? �Qu� hac�a ella all�? Cometer una falta de decoro tras otra, se reprendi�. Asociarse con ladrones, que posiblemente tambi�n eran considerados asesinos, hacer tratos con un despreciable jefe ogro y mandar una escuadrilla de aquellos seres. Estaba segura de que la Orden Sol�mnica no lo aprobar�a. Y en lo m�s profundo de su ser, ella tampoco lo hac�a. Tal vez la expulsar�an de la Orden si descubr�an lo que hab�a hecho. �Y su hermano? �Qu� pensar�a Aven de los extremos hasta los que era ella capaz de llegar en sus esfuerzos por pagar su rescate?</p><p>�Aven �musit�; todo estar�a bien, todo esto, se dijo, si consegu�a obtener su libertad. Ya tendr�a tiempo para expiar sus acciones cuando su hermano estuviera junto a ella.</p><p>No obstante� su sensibilidad se ve�a asaltada por ciertas dudas. Tal vez deber�a abandonar todo eso ahora.</p><p>��Fiona! �llam� Maldred, que acababa de salir del palacio de Donnag y trotaba hacia ella, con una amplia sonrisa en el rostro�. Dhamon est� bien, viene de camino.</p><p>La dama releg� sus preocupaciones a un rinc�n de su mente y aguard� a que el otro llegara junto a ella. El hombret�n pos� una mano sobre su hombro.</p><p>�Eso es una buena noticia �replic�, alzando la vista hacia su bien afeitado rostro�. Me alegro de que no le haya ocurrido ninguna desgracia durante el derrumbamiento. �No obstante sus palabras, Fiona parec�a imperturbable ante la noticia, pues quer�a aparecer estoica e indiferente ante su tropa de ogros�. Y esta informaci�n sobre Dhamon te ha llegado debido�</p><p>��Recuerdas? Soy un ladr�n que flirtea con la magia. �Los ojos de Maldred se clavaron en los de ella�. Dhamon encontr� un modo de salir de la monta�a a muchos kil�metros del lugar por el que salimos nosotros. Al menos tardar� un d�a o dos m�s en llegar aqu�.</p><p>��Y Rig?</p><p>Los labios del hombret�n se curvaron hacia abajo.</p><p>�El marinero lo sigue. Tambi�n �l se encuentra bien. No te preocupes por su persona.</p><p>�No me preocupar� por �l �repiti� la mujer en voz baja.</p><p>Al cabo de dos ma�anas, con la lluvia amainando hasta convertirse en casi una llovizna, Maldred sali� del palacio de Donnag y fue al encuentro de Fiona en el jard�n del caudillo ogro. No hab�a flores, s�lo innumerables hierbajos alimentados por las lluvias. La mayor�a ten�a espinas, con retorcidas enredaderas de un color gris verdoso que intentaban trepar por las pocas estatuas desperdigadas por el lugar o que enviaban sus ap�ndices a recorrer los senderos de adoquines. El jard�n ocupaba un patio circular frente al imponente comedor de Donnag y perfumaba el ambiente con una mezcla de fragancias agradables y acres.</p><p>La dama hab�a sido llamada a reunirse con Maldred all�, y �ste le acarici� la mejilla para atraer su atenci�n.</p><p>�Dhamon fue visto cruzar la puerta sur har� unas pocas horas. En este momento est� reunido con el caudillo Donnag.</p><p>��Y Rig? �La mujer se irgui� en toda su estatura, con los ojos muy abiertos�. �Est� �l con Dhamon?</p><p>�Parece que Rikali est� herida �repuso �l, negando con la cabeza�. Los centinelas informaron que Rig lleg� m�s tarde y la llev� a ver a Sombr�o Kedar.</p><p>La sol�mnica pareci� algo perpleja al enterarse de que no estaban todos juntos. Arrug� los labios, meditando durante unos instantes.</p><p>��Y el kobold?</p><p>�Muerto �respondi� Maldred, frot�ndose la barbilla pesaroso.</p><p>�Debo ir a casa de Sombr�o Kedar, entonces �repuso ella por fin�. Si Rig est� all�, desde luego yo deber�a�</p><p>��Por qu�? �Lo ojos del hombret�n centellearon�. No tardar�n en aparecer por aqu�.</p><p>�Supongo que s� �la mujer lade� la cabeza�, pero debo ir junto a Rig.</p><p>��Por qu�? �Maldred se acerc� m�s y le tom� las manos, mir�ndola fijamente a los ojos�. �Tanto lo amas, dama guerrera?</p><p>Ella le devolvi� la mirada, aunque sab�a que pod�a perderse con suma facilidad en la enigm�tica mirada del otro.</p><p>�No lo s�. Meses atr�s estaba segura de ello. No ten�a dudas. Pero ahora� no lo s�.</p><p>��l no te merece �dijo Maldred�. No te comprende, tan pocas de sus palabras llevan cumplidos. �Su sonora voz se hab�a tornado mel�dica�. Es tan distinto a ti.</p><p>�Distinto a m� �repiti� ella en voz baja, sin dejar de mirarlo a los ojos, deseando que hablara un poco m�s para poder o�r su hipn�tica voz; Rig acostumbraba a hablarle sin parar al principio, cuando intentaba impresionarla y hacerle la corte.</p><p>�No debes casarte con �l �indic� �l hombret�n�. Tu coraz�n me pertenece a m�.</p><p>�No me casar� con �l �repiti� la dama�. Mi coraz�n te pertenece a ti.</p><p>Maldred sonri�. Si Fiona no hubiera puesto en duda sus propios sentimientos hacia el marinero, el hechizo habr�a resultado mucho m�s dif�cil. Pero su duda le dej� espacio para manipular su magia. Se inclin� sobre ella y le roz� los labios con los suyos.</p><p>Ella se dej� abrazar, trazando el contorno de su mand�bula con las yemas de los dedos, para apartarse de �l finalmente, casi de mala gana. �l extendi� un brazo e indic� con la cabeza en direcci�n a un banco de madera situado bajo un pabell�n.</p><p>�Ir� a ver qu� hace Dhamon. Esp�rame aqu�, dama guerrera.</p><p>�Claro que te esperar�.</p></section><section><title><p>13</p><p>La promesa de Donnag</p></title><p>Dhamon se hallaba al pie de la escalera, contemplando lo que hab�a servido, d�cadas atr�s, como mazmorra de la mansi�n. Se pregunt� d�nde estar�an las actuales mazmorras de Bloten, en las que el jefe ogro encerraba a los que lo contrariaban o perd�an su favor. Tal vez se limitaba a matar a todos los truhanes y se ahorraba el miserable gasto de alojarlos, alimentarlos y custodiarlos.</p><p>Dhamon desde luego llevaba la vestimenta apropiada para una mazmorra: ten�a las ropas mugrientas y desgarradas por el accidentado viaje, los cabellos enmara�ados y apelmazados, la barba del rostro espesa y desigual. Apestaba a sudor, con tanta intensidad que incluso era un ataque contra s� mismo, y ten�a las botas recubiertas de una gruesa capa de lodo.</p><p>Esposas de hierro, atascadas por la orina, colgaban del elevado techo y goteaban humedad. En un rinc�n cercano hab�a un deteriorado potro de madera, manchado con lo que Dhamon estaba seguro que era sangre, y tras un velo de telara�as hab�a suspendida una jaula con restos de un esqueleto humano.</p><p>M�s all� de los utensilios de tortura hab�a unos imponentes arcones llenos a rebosar con monedas de acero, elegantes estatuas de oro, jarrones altos y cofres de los que se derramaban hileras de perlas sobre charcos producidos por filtraciones de agua de lluvia. La enorme estancia estaba iluminada por costosas l�mparas de aceite hechas de cristal, que brillaban tenuemente entre lo que en el pasado hab�an sido tapices exquisitos y que ahora el moho hab�a da�ado de modo irreparable.</p><p>En una pared colgaban armas, cuyas hojas reflejaban la luz. Otra exhib�a estanter�as de chucher�as y objetos varios �tallas de animales con alas y cuernos y ojos hechos con piedras preciosas, inapreciables composiciones de conchas creadas por artesanos dimernestis, y frascos de fragancias ex�ticas que �aunque tapadas� segu�an perfumando suavemente la atm�sfera.</p><p>Y hab�a m�s cosas. Se dirigi� despacio hacia el centro de la gran sala.</p><p>En el interior de antiguas celdas, cuyas puertas hab�an sido retiradas tiempo atr�s, pod�an observarse m�s riquezas: monedas y colmillos de marfil tallados, cofres ornamentados tan valiosos como lo que fuera que estuviera encerrado en su interior; bustos de minotauros y otras criaturas incrustados de joyas.</p><p>��sta es nuestra c�mara principal del tesoro, Dhamon Fierolobo �anunci� el caudillo con orgullo, saliendo de una especie de nicho y cogiendo al humano por sorpresa. El ogro no hab�a utilizado la misma escalera que Dhamon, lo que suger�a la existencia de pasadizos secretos�. En estos mismos instantes est�n cortando las gemas en bruto que nos regalaste. Luego se les dar� un buen hogar aqu� entre nuestra excepcional y apreciada colecci�n, algunas ser�n engarzadas en delicadas piezas de platino y oro que adornar�n nuestros dedos. Nos gustan tanto las joyas. Nos produce un gran placer contemplarlas. Otras ser�n almacenadas para admirarlas m�s adelante, cuando nos cansemos de las que lucimos normalmente.</p><p>Dhamon desvi� la mirada de Donnag para estudiar una urna que parec�a hecha de oro macizo.</p><p>�Y nos nunca podemos tener demasiadas riquezas, �no es cierto?</p><p>No era realmente una pregunta. El ogro se adentr� m�s en la habitaci�n, remang�ndose la capa antes de pisar uno de los charcos. Se encamin� hacia un trono ribeteado de platino y se acomod� en �l, suspirando y bostezando al tiempo que un�a las yemas de sus enormes y gordezuelos dedos. Desde esa posici�n pod�a vigilar mejor al humano y la colecci�n de tesoros.</p><p>�La riqueza hace que los gobernantes sean m�s respetados, creemos. Pero nos hace m�s envidiados.</p><p>Dhamon se acerc� en silencio a una caja llena de collares y anillos y se inclin� sobre ella con aplomo. Con el rabillo del ojo vio a Maldred que entraba en la habitaci�n. El hombret�n deb�a de haber usado la misma escalera secreta que Donnag,</p><p>�Toma tanto como desees, dentro de lo razonable, para ti y para tu ramera semielfa �prosigui� el caudillo ogro�. No nos importa. A decir verdad, nos deseamos ser generosos contigo, que has ayudado a Talud del Cerro. Nos amamos mucho nuestra leche y nuestra carne de cabra.</p><p>Dhamon dedic� un saludo a Maldred con la cabeza y eligi� dos cadenas de oro, gruesas y salpicadas de esmeraldas y zafiros. A�adi� un anillo de perlas y rub�es, lo bastante llamativo para que se adecuara a los gustos de Rikali, y un fino brazalete de jade que era elegante y fresco al tacto, algo que habr�a preferido que la mujer luciera. Hab�a un huevo de jade, del tama�o de su pulgar, colocado sobre una peque�a base de madera. El huevo ten�a un ave de brillantes tonos verdes y naranjas pintada sobre �l, con toques de color blanco para simular nubes. Eso tambi�n podr�a gustar a la semielfa. Lo guard� todo en un bolsillo y tom� nota mentalmente de preguntar a Maldred hasta qu� punto conoc�a bien la mansi�n y a Donnag y hasta d�nde llegaba su amistad con �l.</p><p>�Tienes buen ojo para las cosas de valor, Dhamon Fierolobo �observ� Donnag.</p><p>Dhamon rebuscaba ahora en un cofre repleto de joyas, seleccionando unas cuantas y alzando cada una de ellas hacia la l�mpara m�s cercana. Un rub� que hab�a atra�do su atenci�n era la pieza central de un broche de oro batido. Tras considerarlo unos instantes, reclam� tambi�n aquel trofeo.</p><p>�Habr� m�s. Mucho m�s �dijo Donnag�, cuando regreses del pantano. Otro peque�o encargo para nos.</p><p>Dhamon se ech� a re�r largo y tendido, sin detenerse siquiera cuando los ojos del otro se entrecerraron hasta quedar convertidos en simples rendijas.</p><p>��Crees que voy a hacer otro <emphasis>recado</emphasis> para ti, su se�or�a? Afirmaste que unos lobos mataban a las cabras de los pueblos de las monta�as. Y, sin embargo, los aldeanos te hab�an informado de cu�l cre�an que era la aut�ntica amenaza. No creo que pueda confiar en ti. Tus recados resultan demasiado letales.</p><p>�Nos hemos estado muy ocupados �replic� apresuradamente Donnag�. Y en ocasiones en nuestro apretado programa no escuchamos con demasiada atenci�n a los mensajeros de los pueblos. Pedimos disculpas si no comunicamos la aut�ntica amenaza que se cern�a sobre la aldea de Talud del Cerro.</p><p>Dhamon escogi� un broche para capa con un oscuro zafiro, con la intenci�n de quedarse con �l.</p><p>�Ni tampoco me unir� a los ogros que env�as con la sol�mnica a las ruinas de Takar. Cr�eme, su hermano est� muerto. Rig lo vio en una visi�n en el interior de la monta�a. Su viaje es una empresa descabellada.</p><p>Los labios de Donnag formaron una exagerada mueca de enojo, adquiriendo un aspecto casi c�mico debido a los bamboleantes aros de oro. Luego, tambi�n �l se ech� a re�r, y el sonido reson� de un modo curioso entre los montones de riquezas.</p><p>��Y t� crees que nos enviamos a nuestros hombres al pantano a petici�n de una mujer? �A Takar? �Por su hermano, a quien nunca hemos visto? �Por una mujer? �Por una mujer humana? �Bah! Resultas de lo m�s divertido, Dhamon Fierolobo. Nos debi�ramos tenerte en nuestra noble presencia m�s a menudo. No nos hemos re�do tanto desde hace mucho tiempo. Nos gust�is.</p><p>Dhamon se meti� en el bolsillo unas cuantas gemas peque�as, ejemplares sin el menor defecto, cre�a, y posiblemente m�s lucrativos que todas las chucher�as que ya hab�a cogido.</p><p>�Entonces �por qu� enviar a los hombres? �Por qu� molestarse con el rescate del sol�mnico?</p><p>Maldred se acerc� m�s, y sus botas crujieron suavemente sobre las monedas desperdigadas. Dhamon estaba ocupado inspeccionando el tesoro y no vio las significativas miradas que el hombret�n y Donnag se intercambiaron.</p><p>��Por qu� deber�as t�, que gobiernas todo Blode, rebajarte a ayudar a una Dama de Solamnia? �O por qu� fingir hacerlo?</p><p>La mirada de Donnag abandon� a Maldred, y el ogro sonri� ampliamente.</p><p>�Porque, Dhamon Fierolobo, es la dama sol�mnica la que nos est� ayudando, en lugar de ser nosotros quienes la ayudamos a ella. Se nos ha dicho que es excepcionalmente capaz en el combate, �tan buena como cualquier pareja de mis mejores guerreros! Y por lo tanto puede resultarnos, sin querer, muy �til en la ci�naga. Adem�s, nos gusta tanto la idea de tener a un sol�mnico a nuestro servicio. Las riquezas que le dimos como se�uelo son insignificantes por lo que respecta a nos. Y nos ser�n devueltas de todos modos. En cuanto a los cuarenta hombres, son para ayudarnos a atacar de nuevo a la Negra. Como puedes ver, tenemos un plan�</p><p>�Que bien pensado realmente no me interesa �lo interrumpi� Dhamon�. Lamento haber preguntado sobre �l. �Se irgui�, limpi�ndose las manos en las calzas y mirando en derredor para ver qu� otros objetos pod�an atraerle�. Sin embargo, lo que s� me interesa es mi espada. Me gustar�a tenerla ahora.</p><p>�Yo s� estoy interesado en tu plan, lord Donnag. �Era Maldred quien hablaba ahora.</p><p>El caudillo salud� con un movimiento de cabeza al hombret�n que se hab�a colocado entre dos esculturas de m�rmol que representaban hadas danzarinas, apoyando el codo en la cabeza de una de ellas.</p><p>�Eran ogros los que siempre hab�an supervisado a los humanos y enanos de las minas Leales. Ogros que en una �poca nos eran leales.</p><p>Maldred lade� la cabeza.</p><p>�Las minas Leales. En el pantano. Ogros que han traspasado su lealtad a la Negra se ocupan de ellas. Tal vez son ellos quienes hacen chasquear los l�tigos.</p><p>��Y qu� piensas hacer con esos ogros traidores? �el hombret�n parec�a sentir una aut�ntica curiosidad.</p><p>�Nada. Nos interesan los trabajadores a las �rdenes de los ogros. Ogros de nuestra tribu han sido capturados, como ya explicamos, en vil represalia por la muerte de los dracs. �Y estos compatriotas trabajan all� como esclavos hasta morir, y nos no vamos a permitirlo!</p><p>�De modo que quieres liberar a los ogros �coment� Dhamon�. Parece un objetivo razonable. �En voz mucho m�s baja, dijo�: Eso deber�a hacer que la lluvia continuara al menos otro mes o m�s. �Desde unos metros de distancia, contemplaba ahora la pared cubierta de armas�. Pero Fiona cree que tus hombres van a Takar �a�adi�.</p><p>El otro no respondi�. Su atenci�n estaba puesta en una rodela de plata, en la que se reflejaba con claridad su rostro dentudo.</p><p>�Ah, Takar y las minas se hallan en la misma direcci�n m�s o menos �observ� Maldred, que se frotaba la barbilla distra�damente�. La dama guerrera nunca ha estado en ninguno de los dos sitios y no descubrir� la treta hasta que sea demasiado tarde. Y entonces se ver� obligada a ayudar de todos modos, pues aborrece la esclavitud. S�, me gusta este plan. Creo que har� este recado para ti, Donnag.</p><p>�Maldred, Fiona creer� que la est�s ayudando �dijo Dhamon, con voz cautelosa�. Le dijiste�</p><p>�Que soy un ladr�n �finaliz� �l�. Es culpa suya si no se da cuenta de que tambi�n soy un mentiroso. Al menos tendr� una escolta para adentrarse en el pantano, y habr� obtenido lo que buscaba, un rescate por su hermano, aunque no le servir� de nada y al final ser� devuelto a lord Donnag. Y yo habr� obtenido lo que prefiero, un poco m�s de su deliciosa compa��a. Realmente puedo hacer lo que quiera con ella.</p><p>�As� que quieres quit�rsela a Rig �murmur� Dhamon�. Como te llevaste a la esposa del mercader. Y a muchas otras. Siempre ser�s un ladr�n, mi grandull�n amigo. �Me pregunto si la mantendr�s a tu lado m�s tiempo del que tuviste a las otras?</p><p>Maldred sonri� afectuosamente y encogi� los enormes hombros; luego se encamin� despacio hacia una hilera de arcones.</p><p>�La vi luchar contra aquellos trolls. �Una aut�ntica experta con la espada! En efecto, deb�a de ser realmente formidable para haberte ayudado en la Ventana a las Estrellas. �Una espada de primera con un coraz�n fiero y sangre en las venas! Ah, me gusta, Dhamon. Tal vez la mantendr� a mi lado durante un tiempo.</p><p>�Y si esquiva ese hechizo que le has lanzado para obtener su favor�</p><p>�En ese caso, �qu� habr� perdido? El amor es ef�mero, al fin y al cabo. Con el tiempo la dejar� marchar, inc�lume, en honor a tu amistad por ella. Contigo, Dhamon Fierolobo, siempre he mantenido mi palabra.</p><p>�No me importa lo que hagas con ella �repuso el otro�. S�lo quiero mi espada, como se me prometi�.</p><p>��No te preocupa en absoluto, Dhamon, que tu amiga sol�mnica sea enga�ada? �El rostro del hombret�n adopt� una expresi�n extra�a.</p><p>�Antigua amiga. �El hombre se aproxim� m�s a las armas�. Y no, no me preocupa. De hecho, encuentro todo el asunto divertido.</p><p>Se detuvo ante un cofre rebosante de joyas y extrajo un pu�ado de collares de �l. Extendi� con cuidado la mano a su espalda y los deposit� en su morral, lo cerr�, y decidi� que ya hab�a acabado con todas aquellas baratijas.</p><p>��La espada, Donnag?</p><p>El caudillo ogro frunci� el entrecejo, su atenci�n arrancada por fin de su propio reflejo.</p><p>�Maldred ir� al pantano a petici�n m�a. Dice que eres su amigo y socio. Nos pensamos que deber�as unirte a �l. Lucha por m�, Dhamon Fierolobo, y te recompensaremos m�s all� de lo que puedas imaginar.</p><p>�No gracias. Los trolls ya me facilitaron ejercicio suficiente. No pienso ir a las minas, ni tampoco a ninguna otra parte de los dominios de Sable.</p><p>Dirigi� una veloz mirada al hueco por el que Donnag y Maldred hab�an penetrado en la estancia. No exist�a el menor indicio de que hubiera nadie m�s all� atr�s. Los tres estaban solos.</p><p>�Pero t� eres un guerrero y� �objet� Donnag, alzando una mano.</p><p>�La espada. Nuestro trato. �Recuerdas? No voy a volver a pedirlo. �Dhamon se�al� la pared�. Tienes las gemas del valle. Talud del Cerro y los otros pueblos est�n a salvo de los <emphasis>lobos</emphasis>. Ahora quiero lo que es m�o. El arma que eleg�.</p><p>�Muy bien, Dhamon Fierolobo �Donnag aferr� los brazos de su trono y se incorpor�. Tendr�s nuestra muy especial espada. Como se te prometi�.</p><p>El caudillo ogro avanz� despacio hacia el muro donde estaban las armas. Su rostro era sombr�o, los ojos clavados con expresi�n pesarosa en las armas, como si estuviera poco dispuesto a desprenderse de una sola siquiera y reducir as� su magn�fica colecci�n.</p><p>Estaban colocadas de izquierda a derecha, desde las hojas m�s cortas a las m�s largas. Las primeras inclu�an dagas, algunas de las cuales no med�an m�s que unos pocos cent�metros. Las �ltimas eran de tal tama�o que a Dhamon le habr�a resultado imposible usarlas, aunque algunos de los ogros m�s grandes y fuertes de Bloten podr�an haber conseguido manejarlas. M�s de cien dagas y espadas en total, y todas valiosas, por su ejecuci�n, por los materiales o porque hab�an sido espl�ndidamente hechizadas en una �poca en que la magia abundaba en el mundo. Hab�a unas cuantas hachas en el conjunto, tambi�n muy trabajadas, espadones dobles y una docena de mazos arrojadizos enanos.</p><p>Donnag suspir�, extendi� las manos y baj� con cuidado una espada larga situada justo encima de su cabeza. Gir� despacio, como para dejar que la hoja danzara bajo la luz de las antorchas, y se la tendi�.</p><p>�La espada de Tanis el Semielfo.</p><p>Dhamon se adelant� y tom� el arma, cerrando los dedos con veneraci�n sobre la empu�adura que estaba hecha a base de tiras de plata, bronce y acero ennegrecido. El travesa�o era de platino, en forma de brazos fornidos que terminaban en zarpas que sujetaban esmeraldas de un verde brillante. La pas� de una mano a otra, sopesando su perfecto equilibrio al tiempo que observaba la exquisita hoja grabada con docenas de im�genes: lobos que corr�an, �guilas en vuelo, enormes felinos agazapados, serpientes enrolladas a verracos, caballos encabritados.</p><p>�Un arma magn�fica �indic� en tono elogioso. Gir� en redondo, moviendo la hoja con �l, como si luchara contra un adversario invisible�. Una obra de arte.</p><p>�Es apropiada para ti �repuso Donnag�. Una espada famosa para un espadach�n famoso; para Dhamon Fierolobo que se atrevi� a enfrentarse a los se�ores supremos dragones.</p><p>Dhamon prosigui� sus movimientos con la espada, luego se relaj� por un instante, sosteniendo el arma paralela a su pierna. Cerr� la mano con m�s fuerza en la empu�adura, y luego salt� de repente al frente, recorriendo en un segundo la distancia que lo separaba del caudillo ogro, para golpear con el codo el enorme pecho del ogro.</p><p>Sorprendido y farfullando, Donnag dio un traspi�, con lo que sus hombros chocaron contra un arc�n y lo volcaron, lanzando monedas y joyas por todo el suelo. Dhamon pate� tan fuerte como pudo el est�mago desprotegido del ogro, y el golpe fue suficiente para hacerle perder el equilibrio al caudillo, que se desplom� pesadamente de espaldas, derribando varias esculturas y haciendo a�icos jarrones de cristal.</p><p>Sin una pausa, Dhamon volvi� a atacar, hundiendo el tac�n de la bota en el est�mago del ca�do y lanzando la espada hacia abajo para amenazar la garganta de su adversario.</p><p>�No te muevas �sise�. O Blode tendr� que buscarse un nuevo l�der. �Lanz� una veloz mirada al hueco de la pared, pero no sali� ning�n ogro de all�. Un jefe que lleve guardias a su c�mara del tesoro.</p><p>�Por todas las capas del Abismo, �qu� est�s haciendo? �grit� Maldred.</p><p>El hombret�n hizo un movimiento para acercarse, pero Dhamon le advirti� que retrocediera presionando con la punta de la espada en la garganta de Donnag hasta hacer brotar una gota de sangre.</p><p>��Atr�s! �replic� el guerrero�. Esto es entre Donnag y yo.</p><p>En el mismo instante en que Dhamon echaba una mirada a su camarada para asegurarse de que el fornido ladr�n no se mov�a, el caudillo ogro entr� en acci�n. Usando su enorme tama�o en su favor, rod� a un lado, quit�ndose de encima a su adversario. Al mismo tiempo, su enorme mano agarr� el tobillo de Dhamon y tir�, arroj�ndolo de espaldas contra un pedestal de m�rmol, lo que lo dej� moment�neamente aturdido.</p><p>Maldred salt� por encima de un peque�o cofre e intent� colocarse entre los dos combatientes.</p><p>��Detened esto! �vocifer� el hombret�n.</p><p>El ogro pas� veloz junto a �l, extendi� el brazo hacia el suelo y volvi� a agarrar el tobillo de Dhamon, alz�ndolo hasta que qued� suspendido boca abajo, y sus dedos inertes rozaron el suelo de piedra.</p><p>��Lo mataremos por esta atrocidad! �Le entregamos la espada de Tanis el Semielfo e intenta matarnos con ella! �Incre�ble, eso es lo que es! �Nos lo mataremos despacio y dolorosamente!</p><p>�Debe de haber un motivo �Maldred estaba justo detr�s de �l�, un ataque de locura. Es mi amigo y�</p><p>��Acaba de firmar su sentencia de muerte! �aull� el otro�. Lo despellejaremos por esto y dejaremos su carne para que los carro�eros se den un banquete con ella. Le� �ahh!</p><p>El ogro se dobl� hacia adelante y solt� a Dhamon, que hab�a recuperado el sentido y conseguido acuchillar la pantorrilla del ogro con la aguja de su broche para capa de zafiro.</p><p>El humano rod� lejos del ogro que segu�a profiriendo juramentos busc� a tientas por el suelo la ornamentada espada y se agazap�, listo para enfrentarse a la carga del otro. Cuando tal cosa no sucedi�, Dhamon se incorpor� y avanz� despacio.</p><p>��C�mo te atreves, humano insolente? �chill� Donnag; la c�lera enrojec�a a�n m�s su ya de por s� rubicundo rostro�. Vamos a�</p><p>�� morir si no me entregas la aut�ntica espada de Tanis el Semielfo �finaliz� el humano; dio un salto y blandi� la espada contra las piernas del ogro, cortando los caros pantalones y haciendo brotar sangre.</p><p>El caudillo aull� y retrocedi�. Entonces, Maldred corri� a intervenir, y le cort� firmemente el paso a Dhamon.</p><p>�Aparta, Maldred �el humano escupi� cada palabra con �nfasis; sus ojos ten�an una expresi�n sombr�a, las pupilas invisibles, los labios se crispaban en una mueca feroz�. �Es la �ltima vez que esta pomposa criatura envanecida me enga�a!</p><p>�Gobierna en todo Blode, amigo m�o. �El hombret�n se mantuvo firme, listo para interceptar a su camarada�. Es poderoso. Tiene a sus �rdenes todo un ej�rcito, aqu� y desperdigado por las monta�as. �Las palabras surgieron como un torrente de los labios del ladr�n�. �No puedes enfrentarte a �l, Dhamon! �Coge la espada y huye! Abandona la ciudad y yo ya te localizar� m�s adelante.</p><p>�No pienso huir a ninguna parte.</p><p>Mientras lo dec�a, se lanz� hacia la derecha y Maldred dio un paso para detenerlo. El grandull�n comprendi� demasiado tarde que el movimiento del otro era una maniobra, pues en su lugar, Dhamon gir� a la izquierda, los pies movi�ndose veloces sobre piedra y monedas, para darse impulso con las piernas y saltar.</p><p>Pas� por encima de una larga caja de hierro y se arroj� contra Donnag, al que volvi� a derribar. El ogro cay� pesadamente al suelo, y qued� tumbado desgarbadamente sobre un mont�n de monedas de acero. Dhamon estrell� la empu�adura de la espada contra el rostro del ca�do, sonriendo satisfecho al o�r el crujido de huesos. Donnag gimi� mientras Dhamon prosegu�a su ataque, golpeando repetidamente con el pomo del arma y rompiendo varios dientes. El humano volvi� a apretar la hoja contra la garganta del ogro, echando una ojeada por encima del hombro para mirar a Maldred.</p><p>��Retrocede, Mal! �sise�, y el otro se apresur� a obedecer�. Separar� la cabeza de Donnag de sus desagradables hombros reales sin pensarlo dos veces.</p><p>El pecho de Dhamon se agitaba con fuerza debido al esfuerzo y ten�a el cuerpo empapado de sudor. Notaba la empu�adura resbaladiza en la mano, y empuj� con m�s fuerza el arma hacia abajo.</p><p>Maldred parec�a indeciso, y paseaba la mirada entre su amigo y Donnag.</p><p>�Dhamon, su�ltalo. Salgamos de aqu�. �l es realmente bueno para Blode. M�talo y arrojar�s este territorio a una guerra mezquina tras otra. Tienes la espada, gran cantidad de joyas. Conozco una salida secreta de la ciudad y�</p><p>�No lo comprendes, Maldred, no tengo la espada.</p><p>El humano llev� la mano libre a la garganta de Donnag, para presionar su tr�quea. El ogro jade� y agit� violentamente los enormes brazos. Maldred se acerc� m�s y mir� por encima del hombro de Dhamon a los lega�osos ojos azules del caudillo.</p><p>��Es eso cierto? �inquiri�.</p><p>Donnag no respondi�, no pod�a pues le hab�an cortado casi todo el suministro de aire. Pero la expresi�n de sus ojos fue suficiente, y Maldred dio un codazo a Dhamon.</p><p>�Sal de arriba de �l.</p><p>Las palabras del hombret�n eran fr�as pero autoritarias y, tras una breve pausa, Dhamon cedi�. Sin embargo, mantuvo la larga espada apuntando al grueso cuello del ogro.</p><p>El caudillo se frot� la garganta y mir� col�rico a Dhamon, trag� saliva, y luego hizo intenci�n de incorporarse. Esta vez fue el hombret�n quien lo mantuvo inmovilizado, colocando el pie justo en el centro del pecho del ogro, mientras dec�a a Dhamon:</p><p>��C�mo sabes que no es la espada de Tanis?</p><p>�Lo s� �el guerrero estudi� el feo rostro del ogro�. Lo s� porque conozco a Donnag. Nos enga�� con respecto a los problemas de Talud del Cerro, piensa enga�ar a Fiona. La verdad es algo que desconoce por completo, Maldred. �Por qu� tendr�a que darme la espada aut�ntica cuando puede enga�arme con una hermosa pieza como �sta? �Dhamon escupi� al caudillo y arroj� la espada a un lado, luego desenvain� la espada ancha que todav�a llevaba, la que hab�a robado en el hospital, y la agit� frente a los ojos del otro.</p><p>�Nos tenemos guardias �consigui� decir Donnag.</p><p>�No aqu� abajo �lo ataj� �l�. Me di cuenta de que los dejabas a todos arriba. No conf�as en ellos como para dejarlos bajar aqu�, �no es eso? �Temes que se lleven un poco de tus riquezas? Tu miedo te ha hecho vulnerable. Tu tesoro es tu punto d�bil, se�or�a. Bueno, ya no tendr�s que preocuparte por tu valiosa colecci�n. Los muertos no pueden gastar monedas. Y puesto que no tienes herederos, Maldred y yo podr�amos muy bien llevarnos todo lo que pudi�ramos transportar. Luego dejaremos que los guardas bajen aqu� a coger lo que quieran. Tambi�n Rig y Fiona pueden tomar lo que deseen. Y al demonio con todo tu territorio.</p><p>��Espera! �Por vez primera hab�a aut�ntico terror en los ojos de Donnag; toda su altiva indignaci�n hab�a desaparecido, y su labio inferior temblaba ligeramente�. Te daremos la espada aut�ntica. �Lo juramos! �Deja que nos levantemos, Maldred!</p><p>�No. �Dhamon agit� la espada aproxim�ndola m�s�. �D�nde esta?</p><p>�En� est� en esa caja de acero. �El pecho de Donnag se estremeci� de alivio cuando el humano retrocedi�, en direcci�n a la caja sobre la que hab�a saltado para llegar hasta el ogro.</p><p>��Vig�lalo! �orden� Dhamon a Maldred.</p><p>En cuesti�n de segundos, estaba ya arrodillado frente a la caja, atacando la cerradura con la punta de la espada, que se parti� al abrirse el cierre. Manos sudorosas echaron atr�s la tapa, que golpe� con un sonoro ruido met�lico contra el suelo de piedra.</p><p>La espada guardada en su interior no descansaba sobre terciopelo ni en una vaina, como corresponder�a a un arma de su categor�a e historia. M�s bien se hallaba en el fondo de la caja, en medio de monedas de plata, correas de cuero de las que colgaban gemas sin tallar, bolsitas y otras frusler�as.</p><p>Dhamon apart� las monedas con cuidado y alz� la espada, con un brillo ansioso en los ojos. Era una espada larga, con el borde ribeteado por escritura elfa que no sab�a leer, y el travesa�o ten�a la forma del pico de un halc�n. No luc�a ni con mucho tantos adornos como las otras armas expuestas en la pared del calabozo, y su confecci�n no era tan magn�fica como la de la espada con que el ogro hab�a intentado enga�arlo. Sin embargo, hab�a algo extraordinario en ella, y el humano contuvo la respiraci�n mientras se incorporaba y bland�a el arma despacio frente a �l.</p><p><emphasis>�Wyrmsbane</emphasis> �musit�.</p><p>Dhamon alz� la hoja paralela a su rostro, y sus oscuros ojos se reflejaron en el brillante acero. �Era su imaginaci�n o desprend�a el metal una tenue luz propia? Puede que fuera el texto elfo, un conjuro escrito que produc�a el suave resplandor.</p><p>��Dhamon? �Maldred se encontraba junto a su hombro.</p><p>La atenci�n del guerrero regres� veloz a Donnag, que estaba apoyado en una columna, observ�ndolos, nervioso.</p><p>�Te dije que lo vigilaras.</p><p>�Todo va bien �respondi� el hombret�n�. No har� nada contra nosotros ahora. �Como si se le acabara de ocurrir, y en voz mucho m�s baja, dijo�: Y lo vigilo, muy de cerca. �Indic� la espada con la cabeza�. �<emphasis>Wyrmsbane</emphasis>, dijiste?</p><p>�Uno de los nombres que recib�a la espada.</p><p>��Y est�s seguro de que �sta es la legendaria arma? �Los ojos de Maldred se posaron veloces sobre la pared llena de espadas, luego regresaron a Donnag, que no se hab�a movido ni un cent�metro.</p><p>�Encaja con la descripci�n que me dio el sabio �asinti� Dhamon.</p><p>�La espada de Tanis el Semielfo.</p><p>�Ha tenido muchos due�os a trav�s del tiempo. Muchos nombres. La mayor�a la conoce como <emphasis>Wyrmsbane</emphasis>, espada hermana de <emphasis>Wyrmslayer</emphasis>.</p><p>��<emphasis>Wyrmslayer</emphasis>? �El arma que el h�roe elfo Kith-Kanan empu�� en la Segunda Guerra de los Dragones?</p><p>Su compa�ero volvi� a asentir.</p><p>�Se dec�a que <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> no era tan poderosa, aunque fue forjada por los mismos armeros silvanestis durante aquella Guerra de los Dragones. La leyenda dice que la espada fue entregada al reino de Thorbardin, y que de all� fue a Ergoth, donde cay� en las manos de Tanis el Semielfo. Se dec�a que la hab�an enterrado con �l.</p><p>�El ladr�n afirmaba haber saqueado la tumba de Tanis �refunfu�� Donnag.</p><p>Dhamon ech� una ojeada al interior de la caja de acero y se pregunt� sin demasiado inter�s si alguna de las otras chucher�as habr�a pertenecido tambi�n al famoso h�roe del pasado de Krynn.</p><p><emphasis>�Redentora</emphasis>, la llamaron tambi�n �prosigui�. Creo que as� la llamaba Tanis. Porque se forj� para redimir al mundo de las garras de los dragones.</p><p>�Ya tienes lo que quer�as �dijo Donnag, carraspeando�. Ahora marchad, los dos. �No hab�a poder tras sus palabras; era como si el caudillo suplicara a Dhamon en lugar de darle una orden.</p><p>�Una prueba primero �indic� Dhamon a Maldred�. S�lo para estar absolutamente seguro. Y t� aseg�rate, Maldred, de mantener los ojos fijos en Donnag.</p><p>A continuaci�n se dirigi� a lo que consideraba era el centro de la antigua mazmorra y se dio la vuelta despacio para abarcarlo todo, aunque lo cierto es que ello era imposible, pues no pod�a ver en los rincones de todas las celdas que se abr�an desde aquella estancia. Luego sujet� el pomo con las dos manos y cerr� los ojos. Los otros dos lo observaron atentamente.</p><p>�Es un arma muy antigua, esa sobre la que me preguntas �dec�a un hombre menudo tan encorvado por la edad que parec�a un cangrejo doblado dentro de una concha.</p><p>Unos cabellos finos, como tela de ara�a, se aferraban a los costados de su cabeza, y una delgada barba se extend�a desde la punta de la barbilla para descender hasta los pliegues de una desgastada t�nica parda. Estaba agachado sobre una mesa en una s�rdida taberna de una zona peligrosa de Kortal, una ciudad situada al este de las septentrionales monta�as Khalkist en el territorio de la se�ora suprema Roja.</p><p>�Estoy interesado en armas antiguas, Caladar �dijo Dhamon al tiempo que estiraba la mano y cog�a el bock del anciano, lo atra�a hacia s� y, de una jarra que hab�a adquirido, la segunda de la noche, volv�a a llenarlo. Las manos del viejo se cerraron codiciosas alrededor del recipiente y tom� un gran trago, cerrando los ojos satisfecho.</p><p>�No he probado nada tan dulce en muchos a�os �dijo Caladar pensativo, y deposit� con cuidado el bock sobre la mesa, sintiendo los dedos torpemente entumecidos tras beber tanto alcohol�. No me lo hab�a podido permitir.</p><p>Dhamon extendi� la mano bajo la mesa y ech� un vistazo en derredor. Era muy tarde, y s�lo unas pocas mesas m�s estaban ocupadas con parroquianos absortos en sus propias bebidas y charlas. Solt� una bolsa de cuero marr�n y la empuj� sobre la mesa en direcci�n al hombre.</p><p>S�bitamente Caladar extendi� su mano, y la velocidad de su gesto codicioso sorprendi� a Dhamon.</p><p>��Crees que soborn�ndome con bebida y monedas te contar� m�s cosas?</p><p>El otro no respondi�, pero sus oscuros ojos se clavaron en los ojos gris p�lido de su interlocutor.</p><p>�Tendr�as raz�n. �La bolsa desapareci� en los pliegues de la t�nica�. No habr�a sido as� diez a�os atr�s, cuando disfrutaba de m�s dinero y m�s respeto, y era tambi�n m�s recto, y con una buena dosis de moralidad. Pero imagino que ahora ya no me quedan muchos a�os y, por lo tanto, me gustar�a tener los medios para disfrutarlos. �Alz� su pichel en direcci�n a Dhamon en un brindis.</p><p>�La espada� �apunt� el otro.</p><p>�La llamaban <emphasis>Redentora</emphasis>. �Acaso la buscas porque necesitas ser redimido?</p><p>Su interlocutor neg� con la cabeza, sin apartar los ojos ni un instante del rostro del anciano.</p><p>�La enterraron junto con Tanis el Semielfo, despu�s de que fuera brutalmente asesinado. Ensartado por la espalda, seg�n el relato que o�, un modo innoble de morir para un hombre noble. La sepultaron con �l, las manos rodeando la empu�adura. Cuenta la historia �Caladar se estremeci�, que si los dioses no hubieran abandonado Krynn, habr�an velado por el cuerpo de Tanis, no habr�an permitido que un ladr�n vulgar�</p><p>��Chisst! �Dhamon se llev� un dedo a los labios, pues la voz del anciano se hab�a ido elevando.</p><p>Caladar rode� el recipiente con ambas manos y lo alz� temblorosamente a sus finos labios. Tom� varios tragos largos, luego volvi� a depositarlo con cuidado sobre la mesa y se sec� los labios en el hombro.</p><p>�Anciano�</p><p>�Caladar �corrigi� �l�. Caladar, Sabio de Kortal.</p><p>�Eso, Caladar. Esa espada�</p><p>�Deber�as haberme conocido en mis tiempos de juventud. �Ja! Incluso hace s�lo diez a�os, yo era realmente un gran sabio. Un hombre docto al que la gente ven�a a ver desde kil�metros y kil�metros a la redonda, en busca de consejo, para escuchar los antiguos relatos, para aprender los antiguos secretos de Krynn. Mi mente era tan aguda que� �sus palabras se apagaron para observar los dedos de Dhamon que tamborileaban sobre la agujereada superficie de la mesa.</p><p>El anciano empuj� el pichel hacia el centro de la mesa, y su interlocutor volvi� a llenarlo, haciendo una leve mueca de desagrado al observar que la segunda jarra estaba vac�a. Hizo una se�a a una de las mozas de la taberna y dej� caer dos monedas de metal en su palma. <emphasis>Otra</emphasis>, vino a decir con un gesto. �C�mo pod�a aquel viejo beber tanto y seguir manteni�ndose alerta? pens�. Dhamon mismo hab�a vaciado s�lo dos pichels y se sent�a un poco so�oliento por ello.</p><p><emphasis>�Redentora</emphasis> �declar� Caladar, y sus ojos sonrieron al ver regresar a la joven con otra jarra.</p><p>�S�, Redentora.</p><p>�Tambi�n la llamaban <emphasis>Wyrmsbane</emphasis>. �Tom� otro trago del pichel, y su voz se quebr�. Fabricada por elfos y hechizada por elfos. Hay un texto elfo a lo largo de la hoja. �Qu� significa? �Qu� dir�as t�? �Se encogi� de hombros�. El travesa�o en forma de p�jaro. Curioso, si se tiene en cuenta que fue forjada para combatir dragones y a su progenie. Uno pensar�a que deber�a lucir el aspecto de un drag�n. A lo mejor al que la forj� le gustaban m�s las aves. �Hizo una pausa y ri� por lo bajo, luego se reclin� en la silla y frunci� el entrecejo cuando Dhamon le dirigi� una feroz mirada de impaciencia�. Contra las criaturas con escamas su contemplaci�n resulta sorprendente, <emphasis>Redentora</emphasis>, o eso es lo que se cuenta. Supuestamente, Tanis mat� a muchos draconianos con ella, y la hoja inflig�a heridas terribles con gran velocidad y aterradora precisi�n. Los seres con escamas no pueden da�ar la hoja, o eso�</p><p>�� es lo que se cuenta �termin� Dhamon, y el otro asinti�.</p><p>�Aunque no significa que no puedan hacer da�o a quien la empu�a. �El anciano profiri� una risita, una fina risa aguda que hizo que al otro se le erizaran los pelos del cogote.</p><p>�Hay m�s� �inst� Dhamon, y estir� la mano hacia el pichel del hombre, pero Caladar rechaz� con un gesto que volviera a llenarlo.</p><p>�Pienso llevarme esa jarra a casa conmigo �declar�. Y si bebo una gota m�s ahora, no podr� acabar mi historia ni encontrar el camino a mi propia cama.</p><p>El guerrero tamborile� con suavidad en la superficie de la mesa y volvi� a clavar los ojos en los del anciano.</p><p>�S�, hay m�s. O eso es lo que se cuenta. <emphasis>Redentora</emphasis> a pesar de no estar tan hechizada como su espada gemela, estaba dotada con la habilidad m�gica de encontrar cosas. �La fina risa aguda volvi� a repetirse�. Tal vez Tanis era algo olvidadizo y necesitaba que la espada le dijera d�nde pon�a las botas cuando se las quitaba por la noche. Pero no creo que fuera as�.</p><p>Dhamon tamborile� un poco m�s fuerte.</p><p>�Lo cierto es que <emphasis>Redentora</emphasis> puede localizar cosas. Se dec�a que encontraba tantas cosas en un d�a como lunas hab�a en el cielo, que eran tres cuando los silvanestis forjaron el arma. Pero lo cierto es que tambi�n se dec�a que no lo hac�a siempre. Tal vez s�lo cuando quer�a hacerlo; quiz� s�lo pod�a encontrar cosas que estuvieran cerca, dentro del alcance de la magia. O quiz� s�lo funcionaba para ciertas personas. Una espada legendaria como �sa sin duda tiene que poseer sus propias normas. O es posible que tenga voluntad propia.</p><p>Dhamon dirigi� una ojeada a la entrada cuando unos cuantos parroquianos salieron, cerrando la puerta de golpe. El tabernero se dedicaba a limpiar, prepar�ndose para cerrar.</p><p>�Esas cosas de las que hablas, �bienes materiales? �Riqueza?</p><p>El guerrero asinti�.</p><p>�Probablemente.</p><p>��Cosas intangibles?</p><p>��Como la mujer perfecta? �Como la felicidad? �Ja! Dudo que nadie pueda hallar la felicidad con todos estos dragones al mando. Y en cuanto a la mujer perfecta, no existe tal cosa, ni humana, ni elfa, ni de ninguna otra raza. Una buena mujer, eso ya es otra cosa. Pero b�scala con el coraz�n joven, no con un objeto legendario forjado por elfos. �Se dobl� a�n m�s sobre la mesa, y su voz baj� mientras apoyaba la barbilla en el borde del pichel�. Realmente dudo que Tanis el Semielfo usara la espada para hallar riquezas o cualquier otra cosa. S�lo un ladr�n o una persona desesperada utilizar�a as� un arma tan magn�fica.</p><p>�Y �est� aqu� en la ciudad, dices? �Dhamon se apart� varios cent�metros de la mesa�. Esa <emphasis>Redentora</emphasis>. �Qu� quiere por ella ese ladr�n de tumbas?</p><p>�M�s de lo que alguien como t� puede ofrecer.</p><p>�Es posible �replic� �l�. Pero pienso regatear fuerte por ella. �D�nde est�? �Qui�n es ese ladr�n y d�nde puedo encontrarlo?</p><p>El anciano solt� una seca carcajada.</p><p>�Ahora llegamos al meollo de por qu� dej� que me ofrecieras bebida y monedas. La espada <emphasis>estaba</emphasis> aqu�. Y el ladr�n <emphasis>estaba</emphasis> aqu�. La semana pasada o la anterior. Los d�as se me confunden, sabes. Mi amigo Ralf consigui� echarle un vistazo, y dijo que era una preciosidad� dijo que era la aut�ntica. Sin duda.</p><p>�No comprendo�</p><p>�Lo que se dec�a por las calles y entre el gremio era que el ladr�n de tumbas realmente quer�a venderla, y tambi�n otras chucher�as que rob� a los muertos. Pero Kortal s�lo era una escala para �l, un lugar donde pasar la noche y comprar provisiones. No contaba con vender la espada aqu� en Kortal. La ciudad es demasiado pobre. Se dirig�a a Khuri-khan, una ciudad mayor con arcas m�s grandes y donde los hombres y las criaturas que vagan por sus calles estar�an deseosos de poseer tal objeto y tendr�an las monedas con las que pagarlo. El ladr�n habr�a obtenido una buena fortuna por ella all�.</p><p>��Habr�a?</p><p>Caladar bostez� y se apart� con cuidado de la mesa. Poni�ndose en pie, se sujet� al respaldo de su silla unos instantes para recuperar el equilibrio; luego estir� la mano para coger la jarra.</p><p>�Ya lo creo que la habr�a obtenido. Pero abundan los ogros en las Khalkist, y Kortal se encuentra en los lindes de las monta�as. Los ogros se enteraron de la presencia del ladr�n y fueron en su busca. Y Ralf me dijo que lo llevaron a Blode, donde un lord poderoso y rico iba a dar al pobre ladronzuelo justo lo que buscaba.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>Dhamon se concentr� en la espada, pasando los dedos sobre el travesa�o y trazando el contorno de la cabeza y el pico del ave. Esperaba sentir un hormigueo, en el pomo o en la hoja, si es que estaba tan magn�ficamente hechizada como afirmaban las leyendas. Pero no la not� distinta de otras espadas que hab�a empu�ado; s�lo metal en contacto con su piel. Aunque tuvo que admitir de nuevo que estaba muy bien equilibrada.</p><p>Tal vez si supiera leer el texto elfo. Tal vez Maldred podr�a leerlo. Su grandull�n amigo siempre parec�a sorprenderlo. O puede que�</p><p>�Wyrmsbane �pronunci�. Redentora.</p><p>No percib�a ning�n hormigueo. Hab�a empu�ado otras armas hechizadas que parec�an vibrar ligeramente en su mano. Pero hab�a� algo. Una presencia casi, una sensaci�n de que la espada lo percib�a a �l. Se concentr� con fuerza y cerr� los ojos, dejando fuera la fatigosa respiraci�n de Donnag. Ahora s�lo ten�a conciencia del arma, de la empu�adura de metal que sosten�a, en un principio fr�a al tacto, pero que luego pareci� calentarse un poco.</p><p><emphasis>�Wyrmsbane</emphasis> �repiti� en voz baja.</p><p><emphasis>�Qu� buscas?</emphasis></p><p>Abri� los ojos de golpe y mir� fijamente la hoja. �Hab�a o�do las palabras o sencillamente estaban en su cabeza? Dirigi� una fugaz mirada a Maldred, pero su amigo vigilaba a Donnag, aunque de vez en cuando volv�a la vista en direcci�n a Dhamon. Su rostro habr�a reflejado algo si hubiera o�do hablar a la espada.</p><p><emphasis>�Qu� buscas?</emphasis></p><p>Dhamon trag� saliva con fuerza y pens� con rapidez. �C�mo poner a prueba la espada de Tanis el Semielfo?</p><p><emphasis>�Wyrmsbane</emphasis>, �cu�l es la joya m�s valiosa en esta habitaci�n? �Desde luego hab�a mucho donde escoger; tal vez aquella corona de la caja, se dijo Dhamon�. �Cu�l es la m�s valiosa?</p><p>La espada no hizo nada, no transmiti� ning�n mensaje ni form� ninguna imagen en su mente. Tal vez s�lo hab�a imaginado que le hablaba. �Qu� buscas? �Ja! Estaba tan cansado, al fin y al cabo. No hac�a m�s que so�ar despierto. Vio que Maldred lo observaba, y tambi�n Donnag. Hab�a una expresi�n de inquietud en el rostro de este �ltimo, quiz� porque tem�a que Dhamon se encolerizara si la espada no realizaba alg�n truco m�gico. En ese caso, el humano pod�a matarlo como represalia.</p><p>El ogro vio que el otro lo estudiaba, y el caudillo desvi� veloz la mirada. <emphasis>As� que es eso</emphasis> �pens� Dhamon�. <emphasis>Esta espada tampoco es la aut�ntica</emphasis>. Desde luego, encajaba con la descripci�n que le hab�a dado el anciano de Kortal, pero no era especialmente delicada, como las otras armas hechizadas que hab�a visto. �Una copia? Eso desde luego no quedaba fuera de las posibilidades del ogro. Enga�ar a los otros era algo natural en Donnag.</p><p><emphasis>Podr�a acabar con �l</emphasis> �pens�. <emphasis>Tal vez con esta falsificaci�n</emphasis>.</p><p>Suspir� y dio un paso al frente, meditando a�n si dejar con vida al caudillo. Pensaba quedarse con la espada de todos modos, aunque s�lo fuera porque estaba muy bien equilibrada. Tendr�a que buscar una vaina apropiada donde guardarla. Sin duda Donnag tambi�n ten�a muchas de ellas por all�, cubiertas de joyas.</p><p>Gir� en direcci�n a la pared donde estaban las armas, luego de improviso dej� de moverse cuando la palma de su mano se enfri�, como si la hubiera introducido en un arroyo de monta�a. A continuaci�n su mano empez� a moverse, aunque no por su propia voluntad. La espada que a�n sujetaba se mov�a, dirigiendo al guerrero hacia las zonas m�s rec�nditas de la c�mara del tesoro donde la luz era m�s tenue. Empez� a tirar de �l hacia all�, con suavidad, y �l podr�a haberse resistido con facilidad, descartar la sensaci�n como parte de su propio cansancio.</p><p><emphasis>La que buscas.</emphasis></p><p>�O�a aquellas palabras? �Las o�an tambi�n Maldred y Donnag? �Hab�a vuelto a imaginarlas? �Una mala pasada provocada por su hambre y agotamiento? No importaba, dio un paso en aquella direcci�n y luego otro, mientras el arma lo guiaba como si fuera una varilla de zahori.</p><p>��Dhamon? �Qu� est�s haciendo? �La voz de Maldred rezumaba curiosidad.</p><p>�Vig�lalo �respondi� �l.</p><p>El hombret�n gir� para no perder de vista a Donnag y a Dhamon, aunque se dio cuenta de que el caudillo ogro no necesitaba en realidad que lo vigilaran, no por el momento al menos. Estaba clavado en su sido observando c�mo Dhamon manejaba la espada.</p><p>El humano se detuvo en medio de sombras espesas e inquietantes. Se hallaba en un nicho rebosante de jarrones dorados tan altos como un hombre y finos pedestales que exhib�an primorosas estatuillas de elfos y duendes, y se dijo que sin duda resultar�an impresionantes, si hubiera suficiente luz para distinguir sus facciones. Su mano se torn� helada y seca, como si el pomo que empu�aba fuera de hielo. Resultaba una sensaci�n curiosa, pues el resto de su cuerpo estaba caliente debido al opresivo calor del est�o, y sudaba. La espada parec�a querer atraerlo m�s al interior de la peque�a habitaci�n y, tras aspirar profundamente unas cuantas veces, �l obedeci�. Se dio cuenta de que el lugar no era un nicho, sino otra celda. Sus ojos escudri�aron las tinieblas y descubrieron esposas en el muro, muy altas y demasiado grandes para usarlas en humanos, tal vez incluso demasiado grandes para un ogro. De no haber habido tantas chucher�as valiosas desperdigadas por all�, y de haber dispuesto de una fuente de luz apropiada, podr�a haber investigado m�s, s�lo por curiosidad.</p><p>Pero el arma tiraba de �l hacia una esquina, en direcci�n a un pedestal y una caja de madera negra deteriorada por el agua que descansaba encima de �l. Dhamon la abri� y pas� los dedos sobre el peque�o objeto del interior.</p><p>�Precioso �dijo, imaginando qu� aspecto deb�a tener.</p><p>��No! �gimi� Donnag.</p><p>Maldred gir� en direcci�n al caudillo ogro y, apunt�ndolo con un dedo, le impidi� moverse.</p><p>��Dhamon? �Qu� es?</p><p>Su compa�ero sostuvo la espada con una mano mientras introduc�a la otra para asir una gema del tama�o de un lim�n grande. El fr�o desapareci� de su mano, y la sutil incitaci�n de <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> desapareci�. Abandon� el lugar y fue a colocarse bajo un farol.</p><p>La joya, que colgaba de una larga cadena de platino que centelleaba como si fuera una estrella, desped�a un tenue fulgor. Era de un tono rosa p�lido, y la hab�an tallado en forma de l�grima. La luz chispeaba sobre sus facetas.</p><p>Donnag emiti� un ruido que son� como un sollozo ahogado.</p><p>�Es un diamante, �no es cierto? �pregunt� Dhamon, y se encamin� hacia Maldred y el ogro.</p><p>El caudillo asinti�, y una gran tristeza apareci� en sus ojos.</p><p>�Lo llaman la Aflicci�n de Lahue. Debe su nombre a los bosques de Lahue en Lorrinar donde lo encontraron. Nadie sabe de d�nde fue extra�do. Lo consegu�</p><p>�No me importa c�mo lo adquiriste �interrumpi� Dhamon.</p><p>�No lo cojas. Por favor. Cualquier otra cosa. Todo lo que puedas cargar.</p><p>�Es perfecto �observ� el humano.</p><p>�Inestimable �a�adi� Donnag.</p><p>�Y ahora es m�o.</p><p>El ogro hizo otro movimiento para protestar, pero una mirada de Maldred lo detuvo.</p><p>�Consid�ralo mi pago por esta informaci�n �empez� Dhamon�. La lluvia que invade tu reino y todas las Khalkist, no es natural. Fue invocada por un ser que est� en el pantano de Sable, uno que tiene el aspecto de una criatura. Sospecho que es una represalia por todos los dracs que mataron tus hombres. O tal vez sea un intent� del drag�n para ampliar su ci�naga. La lluvia ha inundado muchos pueblos de las estribaciones. Tal vez acabar� por arrastrar a Talud del Cerro.</p><p>��C�mo sabes eso? �inquiri� Donnag, palideciendo, olvidada la joya por el momento.</p><p>�Una visi�n. En las profundidades de tu monta�a.</p><p>�Entonces la lluvia, la criatura, hay que detenerlas. Pero �c�mo?</p><p>�No tengo ni idea �Dhamon se encogi� de hombros�. Y a m� no me ata�e. No tengo intenci�n de permanecer en estas monta�as, de modo que la lluvia ya no me molestar� durante mucho m�s tiempo de todos modos. Desde luego tienes sabios bajo tu real control que pueden proporcionarte mucha m�s informaci�n. Tal vez pueden decirte c�mo conservar tu reino. �Se volvi� hacia Maldred, arroj�ndole la Aflicci�n de Lahue.</p><p>El hombret�n se apresur� a atrapar la imponente gema y a introducirla en un bolsillo.</p><p>�Tu parte en todo esto �le dijo Dhamon, sopesando la larga espada�. Yo tengo lo que buscaba, y unas cuantas frusler�as para entretener a Riki. Volveremos a encontrarnos, mi buen amigo. Tal vez dentro de unos cuantos meses. Despu�s de que hayas llevado a cabo el encargo de Donnag de ir a las minas. Y cuando hayas acabado de jugar con la sol�mnica.</p><p>�Yo me quedar� aqu� un poco m�s, con Donnag �respondi� �l, asintiendo.</p><p>�Gracias, Mal.</p><p>Dhamon le dedic� una sonrisa perspicaz. Luego ascendi� por la oxidada escalera saltando los pelda�os de dos en dos, con la intenci�n de poner tierra de por medio lo m�s r�pidamente posible entre �l y un muy enfurecido Donnag.</p><p>Los guardias ogros del caudillo, que parec�an estar al tanto de todo lo que suced�a en la ciudad, le indicaron que Rikali estaba en el establecimiento de Sombr�o Kedar. �l pas� por all� unos instantes y se encontr� con que dorm�a.</p><p>Dhamon dijo a Sombr�o que no despertara a la semielfa le dej� una bolsa de cuero para ella. Estaba llena de peque�as chucher�as procedentes de la c�mara del tesoro de Donnag; algo brillante para que ayudara a acelerar su recuperaci�n y calmara su ira por haber sido abandonada herida en compa��a de Rig. Desde luego, tambi�n arroj� un valioso dije a Sombr�o para pagar por los cuidados de Rikali. Tras esto, el guerrero se puso en marcha de nuevo.</p><p>Encontr� un callej�n sin salida lejos de la mansi�n, oscuro debido a las espesas nubes que cubr�an el cielo y a la cercan�a de las paredes en ruinas que se alzaban a tres de sus lados. Se desvisti� y dej� que la torrencial lluvia lo lavara, eliminando el hedor de su cuerpo al tiempo que lo estimulaba. Durante casi una hora disfrut� con esa sensaci�n, invisible a los ogros que pasaban arrastrando los pies por el extremo opuesto de la calle. Luego restreg� sus ropas contra una pared, para desprender la sangre, la suciedad y el sudor que se les hab�an adherido.</p><p>Cuando termin�, se visti� y permaneci� inm�vil durante un rato, concentr�ndose en la lluvia, aspirando con fuerza el aire que ol�a mucho mejor que la mohosa atm�sfera de la c�mara del tesoro de Donnag. A continuaci�n se ocup� de sus cabellos, cortando los extremos enmara�ados con <emphasis>Wyrmsbane</emphasis>. Utiliz� una daga para afeitarse, teniendo cuidado de no cortarse y deseando, por alg�n motivo, parecer m�s presentable de lo que hab�a estado en bastante tiempo.</p><p>�Una vaina �record�, mientras atisbaba fuera del callej�n�. Deber�a haber echado una ojeada en la residencia de Donnag, iba a hacerlo. Pero deseaba tanto salir de all�.</p><p>De todos modos, sospech� que podr�a conseguir una del armero que hab�a visitado antes del viaje a Talud del Cerro. La cambiar�a por su espad�n.</p><p>�Y alguna otra cosa apropiada que pueda ponerme.</p><p>Medit� la posibilidad de volver a visitar a la ogra costurera, donde hab�a adquirido sus pantalones y botas, pues tal vez tendr�a algo que fuera de su talla. Pero aguardar�a hasta que el sol empezara a ponerse y no pudiera ser visto con tanta facilidad. Donnag podr�a buscar una peque�a venganza por la proeza del humano en su c�mara del tesoro, y desde luego el gobernante pose�a ojos y o�dos por toda la ciudad; Dhamon pensaba mostrarse muy cauto hasta que pudiera escapar bajo el manto de la oscuridad.</p><p>En realidad, exist�a otro asunto que tratar; el que lo hab�a llevado a Bloten en busca de esa espada precisamente. Lo hab�a estado posponiendo, perdiendo el tiempo en la lluvia, pues tem�a sus consecuencias.</p><p>Dhamon se encamin� despacio al fondo del callej�n, donde encontr� un caj�n sobre el que sentarse. Sujetando la empu�adura de <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> con ambas manos, y extendiendo la espada al frente hasta que su punta fue a descansar en un charco, cerr� los ojos y medit� c�mo expresar aquella ins�lita petici�n.</p><p>�Una cura �plante� sencillamente despu�s de que hubieran transcurrido varios minutos�. Una soluci�n. Un final. �No a la lluvia, que segu�a tamborileando sin parar�. <emphasis>Redentora</emphasis>, �d�nde est� la cura para esta condenada escama?</p><p>Aguard� unos minutos m�s, escuchando el incesante repiqueteo de la lluvia, sintiendo c�mo las gotas lo azotaban, sin que resultara ni agradable ni desagradable, simplemente constante; como si hubiera estado lloviendo eternamente.</p><p>�Nada. �Suspir� e hizo girar la punta de la espada en el charco, observando mientras la hoja cortaba su oscuro reflejo. �Qu� esperaba? La mujer perfecta. Felicidad. Cosas intangibles. Un modo de escapar a esa diab�lica maldici�n. Profiri� una risita ahogada y cerr� los ojos�. No hay escapatoria.</p><p><emphasis>Lo que buscas.</emphasis></p><p>Dhamon abri� los ojos bruscamente y la empu�adura se torn� helada en sus manos. All�, en el charco, hab�a una imagen, nebulosa y borrosa debido a las sombras y al cielo encapotado. Se inclin� m�s hacia adelante, y pudo ver con algo m�s de claridad. Hojas, muy api�adas, de un color verde intenso y tan oscuro que parec�a casi negro.</p><p>No hubo un tir�n f�sico, como hab�a sucedido en la sala de Donnag cuando buscaba el objeto m�s valioso. S�lo hojas y ramas y una cotorra multicolor casi oculta por una mata de enredaderas. Tambi�n hab�a un lagarto, pero se march� corriendo de su imagen mental, e insectos, tan gruesos como las nubes del cielo. Le pareci� distinguir una sombra entre las hojas, de un tama�o y una forma imposibles de definir. Tal vez s�lo una brisa que agitaba una rama. La sombra volvi� a pasar ante �l.</p><p>�El pantano. Algo que hay en el pantano.</p><p>La empu�adura hormigue� un poco, quiz� dici�ndole que s� quiz� discutiendo con �l. Se pregunt� por un instante si no padecer�a una alucinaci�n, dado el desesperante deseo de librarse del dolor de la escama. Pero el pomo se torn� m�s fr�o a�n, y la visi�n persisti� varios instantes m�s.</p><p>Dhamon permaneci� sentado inm�vil, escuchando la lluvia y sintiendo que el coraz�n le martilleaba en el pecho. Palpitaba excitado, y su respiraci�n surg�a entrecortada. Un remedio, se dijo. Existe uno. La espada lo hab�a dicho, dijo que hab�a un modo de deshacerse de esa condenada escama o de hacer que dejara de dolerle.</p><p>Deposit� a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> cruzada sobre las rodillas y se inclin� sobre ella, limpiando el agua de la hoja y evitando que cayera m�s sobre el texto en lengua elfa. Traz� las desconocidas palabras con la yema de un dedo, y por un instante dese� que Feril estuviera junto a �l, pues ella podr�a leerlo. Pero la joven estaba lejos y Rikali no sab�a leer ni el elfo ni el Com�n. La semielfa ni siquiera pod�a reconocer su propio nombre escrito.</p><p>Tras echar una nueva mirada al arma, se sent� muy erguido, con la espalda bien apoyada contra la pared. Decidi� esperar all� hasta que el cielo se oscureciera para anunciar el crep�sculo.</p><p>�Entonces conseguir� una vaina y ropas �se repiti�. Despu�s de ello, ver�a si Riki est� despierta.</p><p>Y entonces, se dijo, har�a algo para investigar ese remedio.</p><p>Una sonrisa intent� aflorar a la comisura de sus labios. Pero se desvaneci� r�pidamente y sus dedos se crisparon alrededor de la espada cuando la escama de su pierna empez� a dar punzadas de nuevo. Con suavidad al principio, tanta suavidad que intent� negar la sensaci�n; luego, al cabo de unos segundos, el dolor se torn� intenso y su cuerpo febril. La mano le dol�a intensamente, y se dio cuenta de que, sin querer, hab�a apretado la hoja de su espada y se hab�a cortado.</p><p>Retir� la mano izquierda y contempl� la carne cortada, con la sangre manando sobre la palma y la pernera del pantal�n. Se llev� la mano al est�mago y se balance� hacia adelante y atr�s, mientras la escama empezaba a lanzar oleadas de insoportable dolor por todo su cuerpo. Su mano derecha segu�a aferrada a la empu�adura, neg�ndose a soltar la legendaria espada, y su mente se concentr� en el arma en un esfuerzo por reducir el dolor.</p><p>Trag� bocanadas de aire h�medo al iniciarse los temblores, luego cay� de bruces al charco, con las piernas agit�ndose y pataleando, y la cabeza girando a un lado y a otro. El agua inund� su nariz y su boca; estaba boca abajo en el agua ahora, ahog�ndose.</p><p>��No morir� aqu�! �consigui� jadear.</p><p>Por entre una cortina de dolor, reuni� todas sus energ�as y rod� sobre la espalda, escupiendo agua de lluvia, sin soltar a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis>. Luego las sombras del callej�n parecieron alargarse y engullirlo.</p><p>Dhamon despert� horas m�s tarde, tendido de espaldas casi sumergido en el charco, que hab�a crecido debido a la persistente tormenta. Era de noche, bien pasada la puesta de sol. Se oblig� a ponerse en pie, torpemente, luego avanz� entre traspi�s hasta una pared y se apoy� en ella. La cabeza le martilleaba, tal vez como secuela del ataque, pero tambi�n porque estaba hambriento. Su est�mago retumb�. Comer�a despu�s de conseguir la funda, se dijo. Y ropas. Comer�a hasta hartarse, y luego volver�a a visitar a Sombr�o Kedar, para que se ocupara de su mano hinchada y herida y para ver a Riki. Deb�a tener mucho cuidado en el establecimiento del sanador, pues Sombr�o habr�a sido llamado a la mansi�n para ocuparse de la mejilla y la mand�bula rotas de Donnag. Tendr�a que confiar en el sanador.</p><p>�Una vaina �repiti�, observando que la empu�adura hormigueaba agradablemente en su palma sana, como si estuviera de acuerdo en que era una buena idea; ten�a riquezas m�s que suficientes en sus bolsillos para persuadir a los propietarios ogros para que le abrieran sus puertas a esa hora tan tard�a�. La vaina m�s hermosa que pueda encontrar.</p></section><section><title><p>14</p><p>Enredaderas letales</p></title><p>Al amanecer, los mercenarios ogros se reunieron frente al palacio de Donnag, en posici�n de firmes bajo la llovizna. El caudillo los acompa�aba y les inculcaba su misi�n, que era seguir a la Dama de Solamnia hasta las ruinas de Takar. All� la mujer entregar�a el rescate, y all� ellos tendr�an que ayudarla a recuperar a su hermano o el cad�ver de su hermano, si llegaba el caso.</p><p>�Protegedla a ella y a todas esas chucher�as como si nos protegierais a nos �salmodi�.</p><p>Los que pasaban contemplaban boquiabiertos la reuni�n, murmurando algunos lo ins�lito que era ver al gobernador de Bloten en la calle a hora tan temprana, mientras otros se preguntaban por qu� estaba reunido el ej�rcito ogro y por qu� una dama sol�mnica deambulaba con tanta libertad y, adem�s, parec�a disfrutar del favor del caudillo.</p><p>Donnag iba vestido regiamente. Una larga capa roja ribeteada de joyas y brocado de oro se arrastraba por el barro a su espalda, y su porte era r�gido y autoritario, el paso decidido. Hab�a pasado los �ltimos dos d�as en sus aposentos, recuper�ndose de las heridas que Dhamon le hab�a infligido, y se sent�a bien. La magia de Sombr�o era poderosa, y lo hab�a dejado tan rebosante de salud como lo estaba antes del incidente, puede que incluso m�s en forma a�n. Pero la magia del anciano ogro no era lo bastante fuerte para hacer que volvieran a crecerle los pocos dientes que hab�a perdido en la refriega o para apaciguar su ira por haber sido vencido por un humano.</p><p>�Me sorprende que Donnag cumpliera su palabra, Fiona �musit� el marinero.</p><p>El ergothiano indic� con la cabeza un cofre de madera repleto de joyas y monedas. El caudillo se hab�a detenido ante la caja y observaba su contenido, al tiempo que dejaba caer en su interior unas cuantas joyas m�s. Cuando termin�, hizo una se�a para que cerraran la tapa, que se asegur� con dos gruesas tiras de cuero que rodeaban el cofre, y a continuaci�n �ste se sujet� a la espalda del ogro de mayor tama�o.</p><p>�El mundo nos da sorpresas �respondi� la mujer al marinero.</p><p>�Es posible. Pero, realmente no deber�as hacer esto. �Rig elev� un tanto la voz, una vez que Donnag reanud� su paseo y se hallaba ahora a bastante distancia�. Te dije que vi morir a tu hermano. Hoy hace una semana. En el interior de aquella� aquella� monta�a. Traj�n utiliz� ese estanque en forma de ojo que hab�an dejado all� los T�nicas Negras, y conjur� una imagen de las mazmorras de Shrentak. �Hab�a pasado la mayor parte de la tarde contando a la sol�mnica el viaje del grupo a las ruinas por el r�o subterr�neo y las visiones que el kobold hab�a hecho aparecer�. Vi morir a Aven, Fiona.</p><p><emphasis>Y luego tambi�n vi morir a Traj�n</emphasis>, a�adi� el marinero para s� en silencio.</p><p>Ella le devolvi� la mirada, con ojos en los que brillaba la determinaci�n, aunque bordeados de l�grimas que intentaba contener.</p><p>�Rig, eso no lo sabes con seguridad �manifest� tozuda, repitiendo las palabras que le hab�a dicho la noche anterior�. Era una visi�n. No te encontrabas realmente en Shrentak. Podr�a estar vivo a�n.</p><p>Su compa�ero cerr� los ojos y aspir� con fuerza, los abri� y observ� que el labio de la mujer temblaba de modo casi imperceptible.</p><p>�Era totalmente real, Fiona. �Cu�ntas veces tengo que describ�rtelo?</p><p>�Incluso aunque fuera real. Quiero que me devuelvan su cuerpo. Si est� muerto, merece un aut�ntico entierro sol�mnico. No pienso dejar que se pudra en la guarida de la Negra. Usar� el rescate para recuperar su cad�ver.</p><p>La guerrera ech� los hombros hacia atr�s, alz� la barbilla y reprimi� las l�grimas.</p><p>�Un entierro como debe ser.</p><p>Hizo intenci�n de alejarse de Rig, pero �ste extendi� la mano y la cerr� con suavidad sobre su brazo, oblig�ndola a mirarlo a la cara.</p><p>�Fiona� �empez�.</p><p>�No vas a conseguir que cambie de idea. �Como si se le acabara de ocurrir, a�adi� en voz baja�: Lo comprender� si no quieres acompa�arme.</p><p>�Oh, ya lo creo que te acompa�ar�. No pienso dejarte a ti y a�</p><p>La dama tir� de la camisa del hombre, interrumpi�ndolo, y se volvi� para mirar a los ogros, se�alando a uno situado en el centro de la primera l�nea.</p><p>��se ha estado ya en las ruinas de Takar. �l nos guiar�.</p><p>Era un ogro de pecho fornido cubierto con un traje de cuero r�gido, la piel de color marr�n oscuro cubierta de verrugas y los ojos grises como las nubes de tormenta que cubr�an el cielo.</p><p>�Su nombre es Mulok, y es viejo, seg�n me han dicho, para ser un ogro. Estuvo en las ruinas cuando la Negra empezaba a instalarse en su pantano.</p><p>Rig gir� la cabeza para aliviar el tort�colis del cuello, y le solt� el brazo al tiempo que dec�a en voz baja:</p><p>�Yo podr�a llevarte a Takar. Solos. T� y yo y ese cofre de piedras preciosas.</p><p>�Ni t� ni yo hemos estado all�, s�lo tenemos instrucciones para llegar. Es una suerte que uno de los hombres de Donnag haya estado en las ruinas.</p><p>�Pero la informaci�n de que disponemos es de fiar.</p><p>�Tener a Mulok con nosotros es mejor, creo. �Retrocedi� un paso�. Maldred conf�a en �l. Adem�s, t� <emphasis>te orientas por las estrellas</emphasis>, y no hemos visto otra cosa que nubes desde hace alg�n tiempo.</p><p>�No s� qu� decirte. �Rig introdujo los pulgares en el cintur�n y sus dedos tamborilearon sobre el cuero�. No me gusta, Fiona. No me gusta este plan.</p><p>Ella solt� una larga bocanada de aire y junt� las yemas de los dedos, dejando que el silencio descendiera sobre ellos. �l estaba acostumbrado a aquel gesto, que ella pon�a en pr�ctica inconscientemente cuando se sent�a trastornada. Tras unos minutos, la mujer continu�:</p><p>�Rig, el plan es simple, y lo hemos repasado ya. El bozak, el viejo draconiano que se dirigi� al Consejo de Caballeros Sol�mnicos, est� destinado en Takar. Yo lo reconocer�. Por el collar de oro tachonado de joyas, por las cicatrices del pecho. Cuando lo vi� bueno, resultaba tan caracter�stico que no tendr� problemas para distinguirlo. Lo encontramos. Le damos las joyas. Y �l me entrega a mi hermano� o el cad�ver de mi hermano. Hay suficientes gemas y monedas para pagar el rescate de otros prisioneros. El plan funcionar�. Tiene que hacerlo.</p><p>�No creo que puedas confiar en el esbirro de Sable, en ese viejo draconiano �Rig frunci� el entrecejo�. Podr�a no estar esper�ndote en Takar. Podr�a haberse cansado de esperar. O podr�a haberte mentido, a ti y al consejo desde el principio, que es lo que sospecho. No conf�o ni me gusta su <emphasis>se�or�a</emphasis> Donnag. Y desde luego no me gusta Maldred, que admiti� ser un ladr�n. Y no me gusta Dhamon. Ya no.</p><p>��Te gust� alguna vez?</p><p>Su voz ten�a un deje mordaz. Abri� la boca para decir algo m�s, pero Maldred se acerc� entonces, atrayendo su atenci�n.</p><p>Iba vestido con una armadura negra de cuero, y una capa verde oscuro colgaba de sus enormes espaldas. Una espada para dos manos sobresal�a por detr�s de su cuello, y sus cabellos hab�an sido cortados muy cortos, lo que daba a su rostro un aspecto a�n m�s anguloso y llamativo.</p><p>Dhamon lo acompa�aba, cubierto con un jub�n de cuero verde, oscuro y adornado con un elaborado dibujo de hojas. Iba atado al frente con cintas, pero quedaba abierto lo suficiente para mostrar los m�sculos del pecho. Los pantalones, cortos y tejidos con gruesa lona te�ida de negro, terminaban en mitad del muslo Dhamon no intentaba en absoluto ocultar la escama de su pierna. Su capa estaba hecha de piel de reptil de color oliv�ceo, fina y flexible; llevaba el pelo algo m�s corto, justo por debajo de la mand�bula, y su rostro estaba perfectamente afeitado. Una larga espada colgaba de una vaina de cuero negro labrado, y Dhamon manten�a una mano sobre la empu�adura mientras andaba. La otra mano estaba envuelta por un vendaje.</p><p>�Me alegro de que cambiases de idea �dec�a Maldred a Dhamon.</p><p>�No lo he hecho� exactamente.</p><p>El guerrero hab�a explicado al hombret�n unos minutos antes la pregunta que hab�a hecho a la espada y la visi�n que �sta le hab�a proporcionado de la ci�naga.</p><p>�De todos modos, me alegro de que vengas con nosotros, aunque haya sido <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> quien te convenciera.</p><p>�Os acompa�ar� durante un tiempo �repuso �l, encogi�ndose de hombros.</p><p>��Hasta que te d� m�s informaci�n? �Maldred dirigi� una mirada al arma.</p><p>�La espada da a entender que debo viajar al interior del pantano �contest� Dhamon, asintiendo�. Y prefiero hacerlo con compa��a. S�, al menos durante un tiempo. As� que me trago mis palabras. Os ayudar� con las minas primero. Y luego nos separaremos, y yo seguir� con mi propia b�squeda.</p><p>�No vamos a separarnos, amigo m�o. �Maldred baj� la voz al darse cuenta de que Rig los observaba�. Estoy contigo hasta el final. Encontraremos un remedio para esa escama que te aflige. As� que despu�s de las minas, con la hermosa sol�mnica a mi lado o sin ella, te seguir� a donde sea que te conduzca la espada.</p><p>Dhamon sorprendi� la mirada fija del marinero y se gir� para quedar de espaldas a Rig.</p><p>�Ya hablaremos de la espada y de d�nde podr�a conducir m�s tarde�</p><p>�Cuando nos hallemos lejos de Donnag �finaliz� Maldred.</p><p>�S�, temo que busque vengarse.</p><p>�Su se�or�a no te har� nada en absoluto �indic� el hombret�n�. No levantar� una mano contra tu persona. Pero probablemente no volver� a hacer un trato contigo en la vida.</p><p>�Eso es una certeza por mi parte.</p><p>�En cualquier caso, Donnag y yo hemos tenido varias largas charlas durante los �ltimos dos d�as; mientras se hac�a venir a Sombr�o Kedar de modo intermitente para que lo atendiera. Sobre c�mo ten�as la espada que quer�as, y �l su vida. Sobre mantener la palabra dada y el precio de enga�ar a otros.</p><p>Dhamon enarc� una ceja.</p><p>�Tambi�n me enga�� a m�, amigo. Lobos. �Ja! �Maldred sonri� malicioso�. Y si quiere mantener nuestra amistad, dejarte tranquilo es el precio.</p><p>�Est� lleno de mentiras.</p><p>La voz de Dhamon son� apagada. El guerrero vigilaba a Donnag con el rabillo del ojo, mientras el caudillo ogro volv�a a pavonearse ante sus mercenarios.</p><p>�Bueno, aqu� tienes una mentira que encontrar�s divertida �Maldred ri� por lo bajo�. Dijo a Sombr�o que hab�a rodado por las escaleras de su mansi�n y se hab�a roto la mand�bula. Y Donnag cont� a sus guardias la misma historia. �Maldred alz� la mano y juguete� con una cadena de platino que colgaba alrededor de su cuello y se alargaba por debajo de su t�nica de cuero; hab�a un bulto en el pecho, donde descansaba la Aflicci�n de Lahue�. El soberano de Blode no puede admitir que ha sido vapuleado por un humano insignificante.</p><p>�De todos modos �dijo Dhamon�, me sentir� mejor lejos de aqu�.</p><p>��Y qu� hay de Rikali? �Maldred palme� la espalda de su amigo.</p><p>�Todav�a se est� reponiendo en casa de Sombr�o. Las heridas que sufri� en la ca�da evidentemente eran m�s graves de lo que pens�. Estar� all� unos cuantos d�as m�s.</p><p>��Y sabe que no vas a esperarla, que marchas con nosotros?</p><p>�S� �asinti� �l�. Y no est� demasiado contenta.</p><p>��Sabe que no vas a regresar? �La expresi�n de Maldred se ensombreci�.</p><p>Dhamon sab�a, por una breve conversaci�n con Rig, que la semielfa hab�a estado fluctuando entre la conciencia y la inconsciencia durante el viaje de regreso a Bloten y que no sab�a que �l la hab�a dejado atr�s. Rig no se lo hab�a dicho, al parecer considerando que ese asunto no era de su incumbencia. Dhamon la hab�a visitado la v�spera, entrada la noche, en la casa del sanador ogro, y le hab�a dicho que ir�a a verla cuando regresaran a Bloten de su viaje al pantano.</p><p>�No �respondi�. No lo sabe. Y al menos no tengo que preocuparme de que vaya a seguirnos. Odia la idea de tener que arrastrarse por una ci�naga.</p><p>�Hasta el mismo fondo del Abismo contigo, Dhamon Fierolobo �susurr� Rig, que se hab�a deslizado hasta ellos lo bastante cerca como para escuchar la �ltima parte de su conversaci�n.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>El pantano se cerr� alrededor. Era bochornoso, caluroso y sofocante, y si bien lo poco que pod�an ver del cielo aparec�a notablemente encapotado, estaba exento de la lluvia que segu�a azotando las monta�as. Fiona se esforzaba por mantener el paso de los ogros y aunque su armadura sol�mnica la hac�a sentirse fatal, rehusaba quit�rsela. Ni siquiera Maldred pudo convencerla.</p><p>Ten�an los pulmones saturados por el embriagador perfume de los bejucos mezclado con el olor f�tido de las charcas estancadas. Cientos de ojos los observaban: serpientes que se dejaban caer como enredaderas desde las ramas de los cipreses, loros de brillantes colores rojos y amarillos que descend�an revoloteando desde las alturas para pasar justo por encima de sus cabezas antes de desaparecer de nuevo entre el follaje.</p><p>Su mundo se torn� verde; enredaderas, hojas, musgo, helechos, incluso la espuma verde que reposaba sobre los charcos de agua. Los enormes �rboles formaban un extenso dosel, y en los excepcionales d�as en que el sol se introduc�a a trav�s de las nubes pasado el mediod�a, s�lo rayos difusos se abr�an paso hasta el pantanoso suelo del bosque. De vez en cuando, los mercenarios ogros recurr�an a las antorchas, cuando la ci�naga era tan tupida y oscura que parec�an hallarse en una noche perpetua. Dhamon se pregunt� c�mo consegu�a crecer algo all�. Magia de drag�n, se dijo.</p><p>Los lagartos sal�an corriendo debajo de sus pies. Algo entre la maleza se mov�a junto a la columna de ogros, invisible pero a todas luces siguiendo un curso paralelo al suyo. Un enorme felino negro se repantig� en una rama baja, con los amarillos ojos fijos en ellos, bostezando. Hab�a ruidos que indicaban la presencia de otros observadores. El parloteo de los monos, el rugido y el chasquido de un caim�n, el grito l�gubre de una criatura desconocida que sonaba inc�modamente cercano. Hab�a algunas huellas de criaturas enormes de pies palmeados, y los ogros hablaban de cazar cocodrilos gigantes cuando oscureciera, en un deseo de completar las raciones de carne fresca que Donnag les hab�a dado.</p><p>Una neblina flotaba sobre el suelo por todas partes; tambi�n era verde y ten�a su origen en el calor del verano que evaporaba parte de la humedad del pantano. Aquello puso en guardia a Dhamon, que sospech� que pod�a ocultar toda clase de cosas. El pantano adopt� un aspecto casi encantado, con la neblina convertida en un conjunto de espectros de color verde p�lido entre los que ten�an que deambular.</p><p>El guerrero pas� los primeros d�as avanzando detr�s de los ogros, que abr�an camino por entre el follaje. Interrogaba a la espada cada d�a, pregunt�ndole de nuevo por un remedio. En ocasiones no recib�a ninguna respuesta. Y a veces obten�a m�s visiones de la ci�naga, im�genes id�nticas a lo que hab�a visto representado en el callej�n de Bloten.</p><p>A la cabeza de la columna, Fiona prestaba mucha m�s atenci�n a Maldred que a Rig, quien a veces se rezagaba para andar con Dhamon, aunque no conversaban. A menudo el marinero permanec�a alrededor de la parte central de la fila, donde pod�a vigilar a la Dama de Solamnia, y echar de vez en cuando un vistazo por encima del hombro para no perder de vista a Dhamon.</p><p>Dhamon se dec�a que el ergothiano se hab�a vuelto pr�cticamente invisible u olvidado, y que nadie le prestaba la menor atenci�n; se sent�a satisfecho al ver que el marinero lo dejaba tranquilo, pues prefer�a mantenerse apartado, hablando s�lo cuando Fiona o Maldred se retrasaban para comprobar que segu�a all� o cuando uno de los ogros intentaba hacerle participar en un juego de azar.</p><p>La ma�ana del quinto d�a llegaron a un r�o. Los insectos abundaban alrededor del agua, que en la zona de mayor profundidad le llegaba a Dhamon hasta las axilas. Pero los insectos no parec�an preocupar a los ogros, ni los caimanes y cocodrilos que ganduleaban en abundancia a lo largo de las orillas. Dhamon sospech� que era s�lo el n�mero en su s�quito y el tama�o de los ogros lo que imped�a a los habitantes del pantano darse un banquete con ellos.</p><p>Entrada la ma�ana, Rig se rezag� para volver a andar junto al humano. Los dos hombres no se hablaban, a pesar de avanzar pesadamente por el cenagoso terreno casi hombro con hombro. Cuando las sombras crecieron tanto que comprendieron que el sol se hab�a puesto, la columna aminor� la marcha, y los ogros empezaron a montar el campamento. Rig se adelant� para ir al encuentro de Fiona, pero la dama sol�mnica estaba absorta conversando con Maldred, de modo que el marinero se alej�, torn�ndose invisible otra vez.</p><p>Dhamon se distanci� del campamento, aunque teniendo buen cuidado de mantenerlo a la vista. Tras clavar el extremo de su antorcha en el suelo, se agach� frente a una charca estancada, sac� a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> y agit� el agua con la punta de la espada.</p><p>�Una cura �musit�. Un remedio para esta escama.</p><p>Se concentr� con intensidad, acurrucado frente a la charca, hasta que los m�sculos de las piernas le dolieron de verse forzados a mantener esa posici�n durante tanto tiempo. No se produjo ning�n hormigueo por parte del arma, no apareci� ninguna imagen, ni la empu�adura se hel�. Nada.</p><p>�Una cura �repiti�.</p><p>Dhamon record� que el viejo Sabio de Kortal hab�a dicho que la espada no funcionaba siempre, que ten�a voluntad propia. Y, a decir verdad, no le hab�a respondido todos los d�as. De modo que Dhamon se neg� a perder la esperanza de hallar lo que quer�a. Mantuvo su posici�n unos cuantos minutos m�s y centr� todos sus pensamientos en el arma y en la escama de su muslo.</p><p>�Una cura.</p><p>Nada.</p><p>Solt� un profundo suspiro, y el aire silb� con suavidad por entre sus apretados dientes. Volver�a a intentarlo por la ma�ana, antes de ponerse en marcha otra vez. Regresar�a junto a Maldred y� la empu�adura se torn� fr�a en sus manos. Era una sensaci�n grata, que disolv�a el calor de la ci�naga y hac�a que su coraz�n diera un vuelco. Removi� el agua y volvi� a concentrar todos sus pensamientos en la escama de su pierna y en la busca de alivio. Al cabo de un instante distingui� una imagen en la charca.</p><p>Volv�a a ser una visi�n verde, hojas gruesas y enredaderas, lagartos y aves movi�ndose dentro y fuera de su vista, flores del pantano y helechos gigantes. De nuevo, no se produjo ning�n tir�n que le indicara en qu� direcci�n seguir, y ni sol ni luna visibles en el agua para ayudarlo a indicar el camino. Pero en esta ocasi�n hab�a m�s. Por entre una ligera abertura en las hojas, Dhamon distingui� piedra; ladrillo o una estatua, no lo sab�a. Pero era algo hecho por el hombre, liso y labrado. Cuando se concentr� en ello, la empu�adura vibr�.</p><p>Le rog� mentalmente que le mostrara m�s, pero la visi�n se disolvi�. Se recost� sobre las caderas y envain� la espada. Tal vez volver�a a intentarlo cuando llegaran a las minas; quiz�s obtendr�a mejores im�genes si daba un descanso a la magia.</p><p>Regres� al campamento y se instal� a varios metros de distancia del marinero; en el �nico trozo de tierra firme que no hab�a sido delimitado por los ogros. Vio que Rig lo observaba. El marinero hab�a apoyado su alabarda contra el tronco de un inmenso nogal, y Dhamon reflexion� que el otro parec�a coleccionar las armas que �l desechaba; aunque el marinero no conseguir�a esa espada, porque Dhamon sab�a que no desechar�a a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> mientras viviera.</p><p>El guerrero recost� la espalda en un �rbol, con una retorcida ra�z que se clavaba embarazosamente en su pierna, y cerr� los ojos en un vano intento de dormir. Los sonidos lo molestaban demasiado, emponzo�ando su mente. Los gritos de p�jaros y grandes felinos ocultos, el movimiento de hojas en la parte m�s baja del dosel de ramas. Y m�s que eso: las conversaciones de los ogros lo inquietaban; deseaba poder entenderlos mejor y captar m�s que unas palabras sueltas aqu� y all�. No consegu�a confiar en ellos, ya que eran mercenarios de Donnag, y deseaba saber exactamente de qu� hablaban, y quer�a que Maldred compartiera su preocupaci�n por su lealtad.</p><p>Oy� el chapoteo de unas pisadas y abri� los ojos. El ogro llamado Mulok se aproximaba. Dhamon pens� en agitar una mano indicando que se fuera, pues prefer�a estar solo, pero al ver que la enorme criatura llevaba un enorme odre de licor, le indic� con la mano que se acercara m�s.</p><p>Dhamon advirti� que Rig segu�a observ�ndolo. Fiona estaba unos metros m�s all�, suavemente iluminada por la luz de una alta antorcha clavada en el suelo. Dedicaba a Dhamon alguna que otra mirada, pero casi toda su atenci�n estaba puesta en Maldred. Permanec�a de pie muy cerca del hombret�n, y �ste hab�a rodeado la mano de ella con la suya.</p><p>Mulok tom� un buen trago del odre y se lo pas� a Dhamon. El ogro ten�a ciertos conocimientos del Com�n e intent� entablar conversaci�n con el humano sobre un gran jabal� que hab�a descubierto a primeras horas de aquel d�a e intent� cazar infructuosamente. El hombre lo escuch� con educaci�n y tom� varios largos tragos de alcohol. �ste era un poco amargo, pero no del todo desagradable, aunque lo encontr� fuerte, y tras un sorbo m�s lo devolvi� y le dio las gracias con un gesto de la cabeza.</p><p>Mulok introdujo la mano en el bolsillo en busca de piedras pintadas, elementos de un sencillo juego que gustaba mucho a los ogros. Dhamon accedi� a jugar de mala gana y, mientras rebuscaba en su bolsillo para localizar unas cuantas monedas de cobre, el alarido de un ogro atraves� el campamento. El humano se incorpor� de un salto y desenvain� la espada. Mulok solt� las piedras y estir� la mano hacia su garrote.</p><p>La luz era escasa, puesto que s�lo hab�a dos antorchas encendidas; la justa para hacer que el claro que los ogros hab�an hecho pisoteando a un lado y a otro pareciera realmente espectral. Las criaturas hab�an estado dando vueltas, aplastando las �ltimas juncias de la maleza, sus oscuras figuras dif�ciles de distinguir debido al alto y denso follaje que circundaba el claro. Dhamon se encamin� hacia la antorcha m�s cercana, hacia el lugar donde hab�a visto por �ltima vez a Fiona, con Mulok corriendo pesadamente tras �l.</p><p>Pero antes de dar m�s de una docena de pasos, Dhamon se sinti� alzado del suelo, por unas serpientes que descendieron desde el dosel de hojas y se enrollaron a sus brazos y pecho para izarlo hacia las alturas. El aire se llen� con el siseo de cientos de ofidios.</p><p>En cuesti�n de segundos, el brazo izquierdo de Dhamon qued� inmovilizado, pero el que empu�aba el arma permaneci� libre, y con �l asest� mandobles a m�s serpientes que se dejaban caer sobre �l con la intenci�n de rodearlo a�n m�s. Sus fren�ticos mandobles consiguieron impedir que otras culebrearan hasta �l, al menos por el momento. Sin perder de vista a los otros reptiles que se amontonaban en lo alto, esgrimi� a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> contra las serpientes que ya lo as�an con firmeza, liber�ndose mediante veloces tajos para a continuaci�n dejarse caer en cuclillas sobre el blando suelo.</p><p>Dhamon sospech� que no hab�an transcurrido m�s que unos minutos. Y, en ese lapso de tiempo, varios ogros de la compa��a se vieron arrastrados, forcejando y maldiciendo al interior de la parte baja del dosel de hojas. Maldred se hallaba entre ellos. Los brazos del hombret�n estaban sujetos a los costados, y una serpiente se hab�a enroscado a sus piernas, inmovilizando por completo sus extremidades. Maldred intentaba con toda su considerable fuerza extender los brazos y romper las ligaduras, pero las serpientes eran resistentes y desafiaban sus intentonas para arrollarse con m�s fuerza en torno a �l. Hendieron la carne de sus brazos que quedaba al descubierto y lo hicieron sangrar.</p><p>En el suelo, Dhamon apenas consegu�a esquivar a los ofidios que descend�an de las alturas. Se agach� cuando uno intent� azocarle el pecho, y blandi� <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> contra una constrictor que se deslizaba hacia �l, acert�ndole pero sin conseguir otra cosa que apartarla de un palmetazo. Con las venas abultadas como cuerdas en los brazos y el cuello, esgrimi� el arma por segunda vez, rebanando el cuerpo de la constrictora y proyectando un surtidor de sangre de color gris verdoso.</p><p>En unos instantes, hab�a partido a varias serpientes en dos y estaba de pie sobre una parte seccionada que segu�a retorci�ndose. Con la escasa luz de la antorcha distingui� la boca que se abri� para mostrar hileras de p�as finas como agujas. Resultaba curioso. Mir� con m�s atenci�n. No eran dientes, exactamente. Hab�a algo m�s que resultaba extra�o en las serpientes muertas y moribundas que yac�an alrededor.</p><p>M�s que serpientes, ten�an el aspecto de enredaderas, y se parec�an a los bejucos que colgaban por todas partes en el pantano. Se agach� bajo un siseante reptil, y extendi� una mano para palpar una de las serpientes muertas. Tambi�n ten�an el tacto de enredaderas y carec�an de escamas.</p><p>��Qu� son estas bestias? �murmur� para s�, pero no tard� en dejar de lado su curiosidad, para dar un brinco y acuchillar a otra de aquellas criaturas que se acercaba.</p><p>��Dhamon! �llam� Maldred desde lo alto; estaba oculto entre las ramas bajas, pero el otro pod�a o�rlo debatirse�. �Necesito ayuda aqu�!</p><p>M�s ogros fueron atrapados y desaparecieron en las alturas. Otros bland�an espadas y garrotes contra reptiles que segu�an descendiendo desde las ramas y se lanzaban sobre m�s v�ctimas. Las criaturas emit�an un siseo que aument� en intensidad, un sonido que tapaba virtualmente los gritos de los ogros.</p><p>Fiona hendi� a una serpiente especialmente gruesa que se retorc�a en direcci�n a Dhamon. �l la vio y asinti�, luego se dej� caer sobre el est�mago al sentir que una serpiente se restregaba contra su espalda. Rod� y lanz� una cuchillada hacia lo alto, decapitando a otra. Alz� la mano libre y agarr� a otro reptil que se hab�a dejado caer para enroscarse alrededor de su cuerpo. Sujetando su espada m�gica entre los dientes, trep� por esta �ltima serpiente como si fuera una cuerda retorcida.</p><p>��Dhamon! �llam� Fiona�. �No veo a Maldred!</p><p>La guerrera se hab�a abierto paso a trav�s de una docena de criaturas, y partes de ellas se retorc�an y abr�an las fauces en el suelo intentando morder. La luz de la antorcha mostr� que su cota de malla estaba salpicada de cieno verde. Su rostro era l�gubre y ten�a los ojos desorbitados.</p><p>�Debe de estar arriba junto con los otros. �Dhamon!</p><p>El susodicho no pudo responder, pues llevaba la espada en la boca mientras prosegu�a su ascensi�n. Se detuvo a unos seis metros de altura sobre el suelo y, mientras se agarraba fuertemente con una mano, con los pies cerrados alrededor de la serpiente constrictora para impedir que lo sacudiera en exceso, blandi� salvajemente la espada, atravesando a una serpiente negra que se arrojaba sobre �l. La hendi� con facilidad, cerrando bien los ojos cuando la sangre lo roci�. Acida, le quem� la piel, y �l casi se solt� debido a la sorpresa. Distingui� unas cuantas serpientes negras entre la mayor�a verde, enroscadas a los ogros, mordi�ndoles los rostros y las manos. Tras unos instantes de forcejeo, sus v�ctimas quedaban colgando inertes entre sus anillos. Dhamon grit� una advertencia a los ogros que combat�an en el suelo para que tuvieran cuidado con las serpientes negras, pero el siseo de tantos reptiles era tan estridente que sus compa�eros no consiguieron o�rlo.</p><p>Trep� a�n m�s, maravill�ndose ante la longitud de las serpientes. Se encontraba a m�s de cincuenta metros del suelo, y las criaturas eran a�n m�s largas; Dhamon no consegu�a ver d�nde terminaba la que �l escalaba.</p><p>��Maldred! �chill� el nombre de su amigo a todo pulm�n�. �Maldred!</p><p>Intent� no o�r el siseo de las serpientes que segu�an descendiendo desde el dosel de ramas hasta el suelo, y le pareci� o�r la profunda voz familiar de su amigo surgiendo de alg�n punto por encima de �l. Ascendi� otro trecho y luego se detuvo otra vez, cuando la serpiente por la que escalaba empez� a dar violentas sacudidas, amenazando con arrojarlo al suelo. Extendi� el brazo en direcci�n a una gruesa rama y se solt� del reptil que hab�a usado para ascender; luego con un veloz movimiento parti� a la criatura en dos. El ser cay� al suelo, y �l se dio la vuelta y continu� �rbol arriba, para desaparecer entre las amplias hojas de la capa de hojas m�s baja.</p><p>En el suelo, el ogro cauteloso llamado Mulok hab�a recostado la espalda contra un cipr�s y bland�a un hacha frente a �l como si fuera una guada�a, mientras con la otra mano extend�a la espada hacia lo alto por encima de su cabeza, para evitar que otras serpientes cayeran sobre su persona.</p><p>Fiona corr�a de un lado a otro haciendo estragos entre las criaturas. S�lo una hab�a conseguido enroscarse alrededor de ella, pero la mat� antes de que pudiera alzarla del suelo. Su armadura sol�mnica resultaba �til �era lo �nico bueno de llevarla puesta dentro del pantano� pues a los reptiles les resultaba dif�cil sujetar el metal. Resbalaban y se convert�an en blancos f�ciles para su habilidad con la espada.</p><p>Los ogros no tardaron en advertir el �xito que obten�a, contempl�ndola mientras combat�an contra sus propias serpientes, y al instante adquirieron un gran respeto por esa humana a la que en un principio s�lo hab�an tolerado.</p><p>De improviso se oy� un estr�pito en las alturas de ramas que se part�an. El cuerpo de uno de los ogros de piel verdosa cay� como una piedra, y el impacto lanz� una lluvia de agua pantanosa por todo el suelo. Los mercenarios que se hallaban m�s cerca rugieron enfurecidos. El ca�do estaba evidentemente muerto, y su piel moteada era una masa de mordiscos y heridas.</p><p>Cay� otro, y Fiona grit� �rdenes a los aturdidos ogros, con la esperanza de que algunos la entender�an. Uno lo hizo, el cham�n de piel blanca que Maldred le hab�a presentado. No recordaba su nombre, pero le hizo un gesto con la mano, y �l interrumpi� el conjuro que estaba lanzando, y grit� en el idioma de los ogros en un esfuerzo por traducir las palabras de la mujer a sus camaradas. Al poco rato los guerreros se hab�an reagrupado junto a la dama sol�mnica en el centro del claro, espalda contra espalda y con las espadas centelleando en la exigua luz de las antorchas. El suelo estaba cubierto de pedazos seccionados de serpientes, que segu�an retorci�ndose y chasqueando las fauces; algunas hallaban botas que morder, en tanto que otras eran aplastadas bajo los tacones.</p><p>��Maldred!</p><p>Dhamon segu�a chillando desde lo alto. Hab�a conseguido trepar a una gruesa rama entre un dosel y otro, que estaban recubiertos de reptiles, y mientras se dirig�a al tronco, parti� en rodajas unos cuantos. Otras de aquellas criaturas colgaban de ramas m�s altas, y las esquiv�, arrojando de vez en cuando alguna al suelo mientras avanzaba.</p><p>��Maldred!</p><p>��Aqu�! �Estoy aqu� arriba, Dhamon! �La profunda voz sonaba ahogada, pero bastante clara.</p><p>�Sigue hablando para que pueda localizarte.</p><p>Otra voz se inmiscuy�, una que Dhamon reconoci�: la de Rig. El marinero tambi�n hab�a sido capturado y conducido a lo alto por las serpientes y parec�a hallarse muy cerca. La luz de la luna que se filtraba a trav�s de las capas m�s elevadas mostr� a un hombre de piel oscura atado al tronco de un �rbol adyacente. Cuatro serpientes muy gruesas se hab�an enroscado alrededor de �l, mientras una quinta intentaba morderle la cara. Dhamon reban� otro de aquellos seres al tiempo que se dirig�a hacia el marinero, pero luego cambi� de idea y gir� hacia donde hab�a o�do la voz de Maldred. Igual que un experto fun�mbulo, el guerrero mantuvo el equilibrio sobre una rama, salt� a otra que surg�a de un enorme olmo y sigui� adelante, sujet�ndose a las serpientes que colgaban para utilizarlas como medio de mantener el equilibrio. Se detuvo en dos ocasiones para sacarse la espada de la boca y eliminar a un par de transgresoras serpientes negras, haciendo una mueca cuando la acida sangre cay� sobre su piel.</p><p>Su camarada se encontraba a casi seis metros por encima de �l, atado con serpientes a una gruesa rama. Alrededor de Maldred, el follaje del cipr�s se agitaba, rebosante de criaturas que med�an hasta treinta metros de longitud. Dhamon trep�, agarr�ndose primero con una mano y luego con la otra, por una delgada serpiente que recordaba a una soga, mat�ndola al llegar a la siguiente rama. Avanz� furtivamente en direcci�n al tronco, evitando a otro par de v�boras negras. Us� la espada para ayudarse a escalar, hundiendo la hoja en la madera mientras ascend�a hacia su amigo. Las serpientes, m�s abundantes all�, cubr�an a su prisionero, y Dhamon se abri� paso a mandobles por entre una cortina de delgados reptiles verdes, aunque estuvo a punto de caer de su elevada percha cuando not� que una se deslizaba por el interior de su jub�n. Su mano libre busc� a tientas a la infractora mientras �sta lo mord�a. Por fin, palpando al ser con los dedos, lo arranc� fuera del jub�n y lo arroj� bien lejos. Acab� con unas cuantas serpientes m�s antes de conseguir llegar junto a Maldred, que ten�a el rostro salpicado de se�ales de mordiscos, y las mejillas terriblemente hinchadas.</p><p>El guerrero empez� a cortar serpientes con su arma como si serrara una cuerda. Chorros de sangre verde y negra lo salpicaron, y �l s�lo se detuvo para apartar de un golpe a una muy delgada que descendi� de lo alto e intent� enrollarse a su cuello.</p><p>�Ya casi estoy all� �indic� a Maldred.</p><p>Una criatura enorme se dej� caer entonces y cerr� los dientes con fuerza en su desamparado muslo, pero Dhamon golpe� con fuerza el pomo de la espada sobre la cabeza del reptil y lo aturdi�.</p><p>�Unas cuantas m�s y conseguir� liberar tus brazos.</p><p>�Y ser� la tercera vez que me salvas la vida, amigo m�o �consigui� jadear el fornido ladr�n�. Te deber�</p><p>�Nada �termin� por �l Dhamon�. Me ayudaste a conseguir a <emphasis>Wymsbane</emphasis>, Ya. Casi lo consegu�. S�lo un poco� �Se qued� r�gido, pues sinti� algo que se apretaba dolorosamente alrededor de su cintura�. Un poco m�s �jade�, mientras se inclinaba para finalizar la tarea.</p><p>A�n no hab�a acabado de cortar hasta el final las serpientes que aprisionaban a su amigo cuando �ste finaliz� el trabajo por �l, flexionando los m�sculos y arrancando a la �ltima de su cuerpo. Resollando, el hombret�n extendi� la mano y cerr� los dedos sobre la constrictora que rodeaba la cintura de Dhamon y la oprimi� con fuerza. Tritur� a la criatura, y el limo rezum� al exterior, manchando su enorme mano.</p><p>�No tiene huesos �manifest�, mientras apartaba los cuerpos sin vida e intentaba mantener un precario equilibrio sobre la rama�. Todo esto es producto de la magia, amigo m�o, y me encantar�a estudiarlo si las circunstancias fueran distintas. Alguien con considerable poder ha dado vida a las enredaderas.</p><p>�S� �asinti� el otro, se�alando en direcci�n a las ramas donde hab�a ogros retenidos�. Y ese alguien est� destrozando el ej�rcito de Donnag.</p><p>Se abrieron paso a toda prisa de rama en rama; al mantenerse juntos pod�an apartarse las serpientes el uno al otro mientras liberaban a los restantes ogros. Los que quedaban libres, por su parte, se dedicaban a rescatar a sus cong�neres, aunque a los ogros les costaba mucho m�s avanzar con sus enormes cuerpos por las ramas.</p><p>Abajo, Fiona segu�a ordenando a los ogros que alteraran el c�rculo, sin permanecer en el mismo lugar durante m�s de unos instantes. Nadie m�s hab�a sido atrapado desde que la mujer los hab�a hecho colocar en formaci�n de c�rculo. El mercenario de piel blanca se hallaba en el centro, moviendo las manos en el aire, que reluc�a alrededor de las puntas de sus dedos. Luego el resplandor se extendi� hacia el exterior para adoptar el aspecto de una nube de luci�rnagas. Las luces, de tonos amarillo y naranja p�lido, danzaron y se arremolinaron alrededor de las serpientes que segu�an descendiendo del dosel de hojas. A medida que las luces aumentaban en intensidad, los reptiles dejaban de retorcerse, y tras unos instantes quedaban colgando, inm�viles, con el aspecto de enredaderas cubiertas de flores en medio de unas luces que se desvanec�an.</p><p>La Dama de Solamnia mand� a sus hombres que volvieran a cambiar el c�rculo para que se adaptara al alcance m�gico del cham�n. No tardaron en hallarse bajo otra mir�ada de serpientes que se retorc�an y, de nuevo, los dedos del ogro empezaron a agitarse.</p><p>En las alturas, Rig atisbo por entre las sombras y vio c�mo Dhamon liberaba a Maldred y luego a varios ogros. El marinero sigui� debati�ndose contra las cada vez m�s apretadas criaturas que lo inmovilizaban contra el tronco del nogal. Le escoc�an las mejillas y sent�a correr la sangre por su rostro.</p><p>�Serpientes apestosas �escupi�, cuando una salt� al frente para morderle la nariz�. Al Abismo con Dhamon Fierolobo y todas estas serpientes.</p><p>Comprendi� que Dhamon tardar�a un poco en ayudarlo, si es que lo hac�a, y que si �l no actuaba con rapidez para soltarse, morir�a, pues empezaba a costarle respirar. Casi consigui� escapar en dos ocasiones, pero cada vez m�s serpientes acud�an a reemplazar a las que �l hab�a arrojado lejos.</p><p>Parec�a una situaci�n desesperada, pero Rig se concentr�; no en la situaci�n en que se hallaba, sino en el romance que empezaba a florecer entre Fiona y Maldred.</p><p>�No permitir� que se quede con ella �consigui� jadear, mientras otra serpiente descend�a amenazadora.</p><p>Abriendo la boca de par en par, los dientes del marinero se cerraron con energ�a sobre la negra serpiente, y mordi� con fuerza hasta que el ser dej� de moverse. Sinti� ganas de vomitar cuando la acida sangre inund� su boca, pero la escupi� y sigui� con su tarea.</p><p>�No voy a dejarla sola con �l y con Dhamon Fierolobo. No pienso hacerlo, no puedo hacerlo� �Por fin! �exclam�, al liberar por fin una mano; sus dedos palparon su cintura, hasta que se cerraron sobre una de las empu�aduras de sus numerosas dagas y consiguieron desenvainarla�. Ahora ya s�lo sois carro�a, serpientes viscosas �sise�, mientras acuchillaba con fiereza a un reptil y luego a otro, luego a dos y a tres m�s, arrojando los cad�veres con aspecto de cuerdas lo m�s lejos como pod�a.</p><p>Tras varios minutos, seccion� la �ltima criatura y se dej� caer contra el tronco para recuperar el aliento. Escupi� una y otra vez, intentando eliminar el sabor de la sangre de su boca; luego rebusc� en su cintura para localizar el odre de agua y engull� todo su contenido. Aquello pareci� servir de algo, pero la lengua a�n le ard�a. Sus ojos oscuros escudri�aron las hojas sobre su cabeza, con el ojo alerta por si hab�a m�s serpientes.</p><p>Al descubrir a tres que descend�an hacia �l, salt� a otra rama. La luz de las estrellas penetraba hasta all�, por una abertura en el dosel m�s alto justo encima de su cabeza. Rig alz� la mirada, agradecido de obtener siquiera un atisbo del cielo, pues hab�a transcurrido mucho tiempo desde la �ltima vez que viera las estrellas. Fiona ten�a raz�n, �l acostumbraba usarlas para <emphasis>guiarse</emphasis>, siempre lo hab�a hecho, para gobernar cada barco en el que navegaba hasta alg�n nuevo puerto de atraque. El marinero sosten�a que jam�s pod�a perderse, no mientras hubiera estrellas que lo guiaran. Se sinti� mejor al verlas, sinti� que se encontraba en compa��a de viejas amigas; unas que no cambiar�an para convertirse en ladrones y que no contemplar�an boquiabiertas a hombres llamados Maldred.</p><p>�Vaya, vaya �susurr�.</p><p>El marinero realmente miraba las estrellas ahora, no se limitaba a admirarlas �nicamente. Rig trep� un poco m�s, sin prestar atenci�n a los sonidos de la batalla que se libraba en el suelo. Ve�a m�s superficie de cielo desde ese punto de observaci�n y estudi� algunas de las constelaciones. Eran distintas antes de la Guerra de Caos, lo sab�a perfectamente por haber visto gran cantidad de mapas estelares de la �poca en que colgaban tres lunas del cielo. Y conoc�a a un anciano capit�n de carabela de n�veos cabellos que hab�a navegado bajo aquellas constelaciones.</p><p>Pero �sas eran las estrellas con las que hab�a crecido y que hab�a llegado a considerar sus amigas. Levant� una mano, para trazar el contorno de un ala de drag�n. Quer�a estudiar el cielo un poco m�s, pero un sonoro silbido lo hizo descender a una rama m�s baja a toda velocidad. Era como trepar por las jarcias de una nave, y por lo tanto no le resultaba especialmente dif�cil, aunque llevaba varios meses apartado del mar. Demasiado tiempo, se dijo.</p><p>Debajo del marinero, Dhamon se abr�a paso a tajos por entre un velo de reptiles que descend�an y se encaminaba a una rama baja. El guerrero salt� al suelo, y el pantano absorbi� su peso y proyect� un chorro de maloliente agua pulverizada en todas direcciones.</p><p>Dhamon volvi� a o�r el siseo, m�s fuerte al resonar en los gruesos �rboles, oy� a Fiona gritando �rdenes, a un ogro que gru��a una colecci�n de palabras farfulladas como respuesta y a Maldred que saltaba al suelo.</p><p>La dama sol�mnica se encontraba cerca, y Dhamon y Maldred se encaminaron hacia su voz, golpeando a diestro y siniestro las serpientes-enredaderas mientras avanzaban. Les pareci� que transcurr�a una eternidad hasta que consiguieron regresar al claro que hab�an abierto los ogros. El hombret�n se apresur� a unirse al c�rculo de ogros que la guerrera dirig�a con suma pericia, en tanto que Dhamon se quedaba atr�s, moviendo los ojos a un lado y a otro en busca de m�s serpientes y acuchillando a las que descend�an sobre �l.</p><p>El guerrero arrug� la nariz, al tiempo que decid�a que la sangre ol�a peor que el b�lsamo curativo que le hab�an puesto en el hospital de Estaca de Hierro. No le habr�a importado un poco de lluvia ahora, para lavar parte del olor. Hab�an matado a tantas serpientes-enredaderas que pr�cticamente pisaba una alfombra de ellas, y el hedor iba en aumento. Sinti� n�useas mientras se concentraba en blandir a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> contra las criaturas que segu�an descendiendo, aunque en n�mero decreciente ahora. Hab�a menos de aquellos seres sencillamente porque �l y los ogros hab�an hecho pedazos a la mayor�a de las enredaderas hechizadas.</p><p>Hizo caso omiso de la s�plica de Maldred para que se uniera al c�rculo. Desde luego no deseaba combatir hombro con hombro con ogros que bland�an sus armas con tanta fiereza que eran capaces de herirlo a �l al hacerlo. Adem�s, all�, fuera de la horda de ogros, pod�a concentrarse en mantenerse a salvo, al no tener que preocuparse de proteger a nadie que estuviera junto a �l.</p><p>Hab�a una gruesa cortina de serpientes en el linde del campamento, donde ninguno de los ogros hab�a estado luchando, y el humano se dirigi� hacia all�, eliminando a unas cuantas serpientes-enredaderas negras mientras lo hac�a. Se aproxim� con cautela, pues sus siseos ahogaban los sonidos de los ogros del c�rculo, que se encontraba ahora bastante lejos a su espalda.</p><p>��Qu� magia os ha engendrado? �mascull�, mientras se acercaba a la cortina desde un extremo, seccionando varias serpientes con un solo mandoble�. �Qu� puede haber hecho que todas vosotras�? �Ah!</p><p>Una de las criaturas se hab�a dejado caer a su espalda, y los dientes finos como agujas se hundieron en su hombro. La criatura empez� a enroscar el cuerpo alrededor del cuello del guerrero, oblig�ndolo a soltar a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis>. Sus manos salieron disparadas hacia su garganta, para tirar de los anillos. De improviso la serpiente se qued� inerte, y �l pudo retirarla con facilidad.</p><p>�No te molestes en darme las gracias.</p><p>Era el marinero. Rig hab�a descendido de las alturas y acabado con la criatura.</p><p>Dhamon recuper� r�pidamente su arma y, sin decir una palabra, se coloc� espalda contra espalda con el marinero mientras se abr�an paso por la cortina de serpientes, que finalmente acabaron eliminando por completo.</p><p>Cuando hab�a transcurrido m�s de una hora desde el inicio del ataque, consiguieron acabar con la �ltima enredadera. Rig engull� el contenido de otra odre de agua, intentando a�n desprenderse del sabor de la sangre que ten�a en la boca. Recogi� la larga espada que hab�a soltado, mientras Dhamon pateaba peque�os montones de serpientes-enredaderas, para asegurarse de que estaban todas muertas.</p><p>Hab�an muerto nueve ogros, bien por culpa de mordiscos venenosos, bien por ca�das desde las alturas. Un d�cimo segu�a desaparecido. Fiona consider� al mercenario muerto y decidi� que nadie deb�a trepar al dosel de hojas en su busca, porque entonces podr�an ser dos los que desaparecieran.</p><p>�Nuestro n�mero se ha visto reducido en una cuarta parte �anunci� Maldred.</p><p>�Por alguien que no nos quiere aqu� �a�adi� Dhamon.</p><p>�Eso es evidente �farfull� Rig.</p><p>Murmullos de <emphasis>Sable</emphasis> recorrieron como una oleada el grupo de ogros que quedaban, la palabra claramente distinguible en su gutural lengua.</p><p>Dhamon se volvi� a Mulok y escupi� una serie de sencillas palabras en ogro, se�alando los cad�veres. Luego mir� a Maldred.</p><p>�Puede que sea la Negra, como dicen algunos de los ogros, pero yo no lo creo. Lo m�s probable es que se trate de uno de sus esbirros. De haber sido Sable, estar�amos todos muertos.</p><p><emphasis>Y si hubiera sido ella u otro drag�n</emphasis> �pens� para s� el guerrero�, <emphasis>lo habr�a percibido. La escama de la pierna me lo habr�a dicho</emphasis>.</p><p>Como hab�a hecho cuando el drag�n sobrevol� el valle de Caos, o como le hab�a advertido sobre la gran hembra de Drag�n Verde en los bosques de Qualinesti.</p><p>�Yo lo habr�a sabido �dijo en voz alta.</p><p>Rig se dedicaba a limpiarse la sangre de las mejillas, presionando con suavidad las heridas producidas por mordiscos y soltando su �ltimo odre de agua, que vaci� sobre su rostro porque sab�a que podr�a volver a llenarlo en un arroyo cercano. Las lesiones le escoc�an, y varias estaban hinchadas y le dol�an. A Maldred parec�a haberle ido igual de mal, pero no hac�a nada para ocuparse de sus heridas. Los ogros s� se ocupaban cuidadosamente de s� mismos, usando su agua, mientras algunos se aplicaban incluso savia procedente de ra�ces que desenterraban. Rig consider� la posibilidad de probar eso, pero luego cambi� de idea. Tal vez tales cuidados eran el motivo de que estuvieran cubiertos de fur�nculos y verrugas y de que, en conjunto, resultaran tan feos. Dhamon parec�a haber sufrido s�lo unos pocos mordiscos, que sec� con un pedazo de tela empapada en alcohol.</p><p>Convencido de que no hab�a nada m�s que pudiera hacer por sus heridas, el marinero empez� a rebuscar alrededor de la base del nogal donde hab�a apoyado su alabarda. Estaba seguro de haber localizado el �rbol correcto, pues reconoc�a ra�ces nudosas que parec�an patas de ara�as gigantes. S�, �se era el �rbol. �musit�. �D�nde est� mi arma?</p><p>��D�nde?</p><p>Se arrodill�, palp� el suelo y encontr� la marca que el mango de la alabarda hab�a hecho, aunque estaba demasiado oscuro para ver detalles, y el �rbol se hallaba demasiado lejos de las antorchas.</p><p>�Ya veremos �anunci�, incorpor�ndose y avanzando a grandes zancadas hacia Fiona.</p><p>Se detuvo unos pocos metros antes de llegar a ella, arranc� una antorcha y la llev� de vuelta al �rbol, sin darse cuenta de que la mujer lo segu�a y que Dhamon y Maldred lo observaban. El marinero clav� la antorcha en un trozo de tierra firme y volvi� a arrodillarse.</p><p>��Qu� buscas? �le pregunt� la sol�mnica.</p><p>�Mi alabarda. La deposit� aqu� cuando intentaba dormir. Antes de que aparecieran las serpientes. Es el �rbol correcto. Estaba justo aqu�. �Ves? �Clav� el dedo en la se�al�. Luego llegaron las serpientes y�</p><p>�Maldred dice que estaban hechizadas. Que no eran realmente serpientes. Simples enredaderas que un conjuro dot� de vida. �l lo sabe porque juguetea con la magia.</p><p>�Vaya, est� lleno de sorpresas, �verdad? �Los dedos de Rig golpeaban el suelo�. De todos modos, tiene que ser un hechizo poderoso para lanzar a todas esas criaturas viscosas sobre nosotros. Algo que podr�a haber surgido del reino de Feril.</p><p>�Dhamon cree�</p><p>�S�, ya s�, podr�a ser un esbirro de la hembra de Drag�n Negro. O Sable en persona. Tengo o�dos. Pero no lo creo. Los dragones dejan huellas mayores. Y adem�s, no me importa lo que piense Dhamon.</p><p>��l no dijo un drag�n, dijo un�</p><p>Rig desech� sus palabras con un adem�n para que se acercara. Hab�a localizado una pisada, una peque�a, no mayor que su mano abierta; luego otra y otra, estrechas e infantiles. Las se�al� con el dedo; las huellas se alejaban en direcci�n a una ci�naga.</p><p>�Tal vez un elfo �dijo la guerrera, desliz�ndose m�s cerca para examinarlas por s� misma�. �Maldred!</p><p>Su compa�ero hizo una mueca de disgusto al o�r al fornido ladr�n chapoteando por el barro hacia ellos. Maldred se arrodill� junto a Rig, y Dhamon se movi� en silencio algo m�s all�, para estudiar aquellas diminutas pisadas.</p><p>�Fiona tiene raz�n �declar� el hombret�n�. Podr�a tratarse de un elfo. Hab�a gran cantidad de elfos en estos bosques antes de que se instalara en ellos la Negra y lo convirtiera todo en un pantano.</p><p>Rig se alej� de Maldred y Fiona y se acerc� con cautela a la ci�naga que se extend�a hacia el oeste hasta donde alcanzaba la luz de la antorcha.</p><p>�Maldita sea. Se llev� mi alabarda, alg�n hada o elfo, puede que lo que fuera que provoc� la lluvia de serpientes. Tal vez cayeron serpientes para que el peque�o demonio pudiera largarse con mi arma. Mi arma m�gica. Ser� mejor que hag�is que vuestros amigos ogros echen una ojeada por el campamento por si falta algo m�s. A ver si localizan mi alabarda.</p><p>Puso a prueba el suelo en el borde de la ci�naga, y su bota se hundi� profundamente.</p><p>�No vas a ir tras tu arma �declar� Fiona�. Es demasiado peligroso.</p><p><emphasis>Tal vez no ser�a tan peligroso si t� vinieras conmigo</emphasis>, reflexion� �l para s�. Estuvo a punto de decirlo en voz alta, pero no necesit� hacerlo, pues ella sin duda capt� su pensamiento.</p><p>�Si las circunstancias fuera distintas �empez� la mujer�, si no nos dirigi�ramos a Takar a pagar el rescate por mi hermano, todos te acompa�ar�amos y te ayudar�amos a encontrar tu alabarda. Pero un arma no vale�</p><p>Un gesto de la mano del marinero ahog� sus palabras. Un rictus de desagrado se marcaba profundamente en la frente del ergothiano. Valoraba las armas, lo hab�a hecho desde que era un joven, y se introdujo a bordo de un barco para escapar de una desgraciada vida en su hogar. La alabarda que hab�a transportado por todas partes estaba notablemente hechizada, y la apreciaba por encima de todas las otras que llevaba sujetas a su cuerpo, pues era un artefacto, como lo hab�a denominado Palin Majere, de una �poca muy lejana. Un Drag�n de Bronce se la hab�a entregado a Dhamon Fierolobo, que la hab�a tirado despu�s de estar casi a punto de matar a sus amigos con ella� incluido el marinero. Rig se hab�a apresurado a recogerla. El arma part�a el metal como si fuera pergamino.</p><p>�Se llev� mi alabarda �repiti�. �Ahora c�mo voy a recuperarla?</p><p>Dhamon insisti� en su examen de las pisadas mientras o�a los continuos rezongos del otro. Por un breve instante pens� en la posibilidad de preguntar a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> d�nde estaba el arma, pero rechaz� la idea r�pidamente, ya que no deseaba hacerle ning�n favor al marinero. Guardar�a la magia de la espada de Tanis para sus propias preguntas, que a la ma�ana siguiente podr�an tener que ver con esas peque�as huellas que le preocupaban.</p><p>�Demasiado oscuro �dijo Dhamon, abandonando finalmente la cuesti�n de las pisadas.</p><p>El guerrero fue a reunirse de nuevo con los ogros, buscando a Mulok para compartir con �l un poco m�s de la amarga bebida, y luego empez� a examinar los cad�veres de los mercenarios.</p><p>Fiona se apart� del nogal y de Rig e indic� a sus subalternos, a trav�s de Maldred, que rebuscaran entre las pertenencias de los ogros muertos.</p><p>�S�lo por si faltan otras cosas �dijo�. Aseg�rate de que recojan todas las raciones que encuentren.</p><p>Mulok y sus compa�eros se dedicaron a amontonar a sus camaradas ca�dos alrededor de la base de un cipr�s. No resultaba pr�ctico enterrarlos all�, o quemarlos. Maldred dijo que los dejar�an a merced de los carro�eros, una vez que les hubieran quitado cualquier arma o parte de armadura que pudiera usarse.</p><p>Rig observ� que Dhamon arrancaba un gran anillo de plata de la mano de un cad�ver y se lo guardaba en el bolsillo. Luego tomaba una mu�equera de plata del brazo de otro y la introduc�a en su morral, para a continuaci�n seguir adelante, fingiendo inter�s en las lianas. El marinero sinti� repugnancia, sacudiendo la cabeza al tiempo que deseaba ardientemente no haberse cruzado jam�s en el camino de Dhamon Fierolobo y que los Caballeros de Solamnia hubieran accedido a pagar este rescate. Podr�an haberlo hecho por Fiona, que hab�a dedicado su vida a la Orden, y ello les habr�a ahorrado a la mujer y a �l mucho tiempo: semanas. No tendr�an que haberse abierto paso a lo largo de las Khalkist siguiendo a Dhamon y a Maldred, y no habr�an ido al poblado de cabreros por encargo de un arrogante caudillo ogro.</p><p>Y podr�an haberse reunido con el viejo draconiano bozak en Takar a tiempo. El hermano de Fiona podr�a haber vivido.</p><p>�Si pudi�ramos confiar en que el drag�n aceptar� el rescate �refunfu�� Rig�. Si el draconiano estuviera en Takar. Si. Si. Si.</p><p>Un ronco gru�ido surgi� de las profundidades de su garganta. Quer�a desesperadamente ir en pos de su alabarda. Pero si la persona �o criatura� que la hab�a cogido era la responsable de todas las serpientes, sospechaba que aquello le costar�a la vida. Y deseaba ir a Shrentak, una idea con la que se hab�a permitido obsesionarse, y rescatar a toda la gente prisionera all�.</p><p>�Shrentak �sise�.</p><p>El marinero distingui� a Dhamon y a Maldred conferenciando junto a una de las antorchas y, abriendo y cerrando las manos con fuerza, se encamin� hacia ellos. Fiona estaba muy cerca. Bien, se dijo, as� se enterar�a de lo que �l ten�a que decir.</p><p>�El cofre. �Fiona daba vueltas en un cerrado c�rculo mientras hablaba; sus manos temblaban y sus hombros estaban at�picamente encorvados�. Algo se llev� el cofre. Con las joyas y las monedas. �El rescate de mi hermano!</p><p>�Del cad�ver de tu hermano �corrigi� Rig.</p><p>Los ojos de la mujer llameaban cuando se detuvo a pocos cent�metros del marinero, y sus labios se mov�an en silencio. El ergothiano sab�a lo que pensaba. Si no hubieran perdido tiempo intentando reunir un rescate con Dhamon y su grandull�n amigo �si el Consejo Sol�mnico sencillamente le hubiera entregado lo que necesitaba� su hermano podr�a seguir a�n con vida. Tal vez.</p><p>�No habr�a importado �le dijo el marinero, aunque no lo cre�a por completo�. Rescate o no, esa hembra de drag�n no iba dejarlo libre ni a �l ni a ninguno de esos otros caballeros. Probablemente no era m�s que un juego morboso. De modo que deambulamos por esta condenada ci�naga para nada. Toda esta expedici�n carece de sentido, Fiona. �Cu�ntas veces tengo que decirte que vi morir a tu hermano?</p><p>Ella empez� a decir algo, pero �l la interrumpi�.</p><p>�As� que quieres su cuerpo para darle un entierro adecuado. Eso es admirable. Pero hasta ahora ha costado las vidas de diez ogros. Y mi alabarda. Y ahora el cofre con todo el bot�n ha desaparecido. No hay rescate, no hay cuerpo. No nos hallamos donde se supone que debemos estar. Regresemos a casa. Podemos honrar a tu hermano�</p><p>�No puedes decir eso �replic� Fiona con desesperaci�n�. No puedes decir que todo esto carece de sentido. Maldred hab�a enviado exploradores por delante� antes de que aparecieran las serpientes. Ellos encontrar�n las ruinas de Takar y�</p><p>Dhamon asinti� con la cabeza. Se hab�a aproximado silenciosamente hasta la pareja, escuchando atentamente su conversaci�n.</p><p>�Maldred envi� a dos buenos exploradores. �Se�al� hacia el sur�. Deber�an estar de vuelta pronto, si nos hallamos tan cerca del lugar como Mal cree.</p><p>�Creo que nos encontramos pr�cticamente encima de ello. �Las palabras proven�an de Maldred, que segu�a mirando en derredor para asegurarse de que no descend�an m�s serpientes.</p><p>��Encima de qu�? �tron� Rig�. Desde luego no de Takar. Estamos demasiado al sur de las ruinas de Takar. �As� que adonde, por todas las capas del Abismo, nos est�s llevando, Maldred?</p><p>El hombret�n dedic� al otro una mirada de perplejidad.</p><p>�Ya me o�ste �repiti� Rig�. �Adonde nos est�is conduciendo t� y ese tipo llamado Mulok?</p><p>�A Takar como acordamos.</p><p>��Ni hablar! �El marinero retrocedi� unos pasos, para poder mirar a Dhamon, Maldred y Fiona; apoy� los pu�os en la cintura, con los hombros echados hacia atr�s en actitud desafiante y los labios fruncidos en una mueca despectiva�. No estamos ni mucho menos cerca de Takar. Ni por lo m�s remoto donde se supon�a que deber�amos estar. Y t� lo sabes, Dhamon.</p><p>��Rig? �Fiona se acerc� m�s, aunque se coloc� de modo que qued� entre Maldred y Dhamon.</p><p><emphasis>Tres contra uno</emphasis>, pens� el marinero.</p><p>�Ech� una buena mirada a las estrellas cuando era carnada de las serpientes. S� leer las estrellas, ya lo sabes, me oriento por ellas. Acostumbraba vivir de ellas. Estamos al sudeste de Bloten. Y s�, las ruinas est�n en esa direcci�n. Pero nos hallamos demasiado al sur, y no lo bastante al este.</p><p>��Es eso cierto? �Una mirada suspicaz cruz� el rostro de la sol�mnica, que alz� los ojos hacia Maldred.</p><p>�Impresionante �declar� el hombret�n; se rasc� la barbilla, pensativo, y sus ojos devolvieron la mirada del marinero.</p><p>�As� que decidme, Maldred, Dhamon �insisti� Rig�, �adonde vamos y por qu�?</p></section><section><title><p>15</p><p>Minas Leales y esp�ritus destrozados</p></title><p>Un ruido entre la maleza hizo que Maldred retrocediera violentamente, mientras sus manos se mov�an veloces en direcci�n a la empu�adura de la espada sujeta a su espalda, aunque se detuvieron al reconocer a los dos exploradores ogros que hab�a enviado a reconocer el terreno. Las criaturas se mostraron anonadadas ante las secuelas de la batalla, y Maldred les proporcion� una versi�n reducida de los acontecimientos.</p><p>Los exploradores informaron con rapidez a Maldred y Dhamon, quienes escuchaban atentamente, mientras Fiona dedicaba a Rig una mirada inquisitiva.</p><p>��Est�s seguro de que no nos encontramos cerca de Takar? �pregunt�.</p><p>�S�, pero no s� d�nde estamos �repuso �l.</p><p>�Yo lo s�. Estamos a menos de un kil�metro y medio de las minas Leales �contest� Dhamon, mirando cara a cara al marinero, mientras sus ojos danzaban bajo la luz de la antorcha�. Si quer�is rescatar a alguien, hay muchos prisioneros all� que lo necesitan.</p><p>Fiona pase� una incr�dula mirada entre Dhamon y Rig, luego solt� aire con fuerza por entre los dientes y dio un enfurecido paso en direcci�n a Maldred. La mano de Dhamon choc� con fuerza contra su peto, deteni�ndola. El hombret�n hablaba a los exploradores en el idioma de los ogros, se�alando con ademanes al ej�rcito de mercenarios y luego al sur.</p><p>�Los est� preparando �explic� Dhamon�. Dando unas cuantas �rdenes. Ya sabes c�mo es esto, Fiona. Los soldados necesitan instrucciones antes de una batalla.</p><p>�T� y Maldred le mentisteis �Rig hizo descender el brazo del otro de una palmada�. Le prometisteis un peque�o ej�rcito de mercenarios.</p><p>�Yo no le promet� nada.</p><p>�Maldred, Donnag�</p><p>�Bien, Rig, quedan treinta mercenarios, despu�s de las serpientes.</p><p>�Para Takar �declar� Rig, tajante�. Deb�an ser para Takar.</p><p>�Nosotros no quer�amos ir a Takar �replic� Dhamon�. Yo desde luego no ten�a intenci�n de ir ah� ni a ninguna otra parte de este bendito pantano, en realidad. Deber�as haberte dado cuenta de ello hace d�as, Rig. �Su voz era g�lida, la mirada dura y firme�. Maldred ten�a su propio plan, y pens� que podr�a utilizar vuestra destreza con las armas. Sois buenos en combate, los dos. Y �l parece tenerle mucho cari�o a Fiona.</p><p>�Fiona �afirm� Rig con suavidad�. Todo esto gira alrededor de ella. Maldred siente m�s que cari�o por ella. Le minti� s�lo para mantenerla cerca.</p><p>Dhamon no respondi� a eso.</p><p>�Sospecho que los dos habr�ais venido con nosotros desde el principio si no hubierais estado tan empe�ados en ir a Takar para pagar el rescate de un caballero sol�mnico. Lo siento, el cad�ver de un caballero. El plan de Maldred es tan noble como el vuestro. S�lo que no tan peligroso� o in�til.</p><p>�No vamos a seguir adelante. �Fiona retrocedi�, cerrando los dedos sobre la empu�adura de su espada�. Con ninguno de vosotros. �Su tono era tan venenoso como el de Dhamon, su postura r�gida�. Rig ten�a raz�n desde el principio, y yo fui una est�pida al no escucharlo. �En qu� pensaba? Est�n mis sentidos tan confundidos que�</p><p>Rig la tom� del brazo y la arrastr� unos pasos lejos de Dhamon.</p><p>�No podemos permitirnos una confrontaci�n aqu� �susurr�, mientras sus ojos se movieron veloces entre Dhamon y Maldred, que segu�a ocupado dando �rdenes; varios ogros se hab�an reunido con el hombret�n.</p><p>�Ojal� pudiera entender lo que dicen �refunfu��. No se puede confiar en ellos. No s� qu� dicen. �Su expresi�n se suaviz� al contemplar el rostro ovalado de la mujer�. Escucha, realmente son demasiados, y s� ahora con seguridad que no se puede confiar en uno solo de ellos.</p><p>�Estoy de acuerdo. �Podemos hallar el camino a Takar solos? Si mi hermano est� realmente muerto� �Dej� que el pensamiento se apagara, aspir� con fuerza y adopt� de nuevo su actitud militar�. Es culpa m�a por no encontrar otra v�a para conseguir las monedas y las joyas. Y ahora el rescate que hab�a conseguido sacarle al caudillo Donnag ha desaparecido. �Apart� los dedos del pomo del arma y uni� las yemas de ambas manos en su acostumbrado gesto de nerviosismo.</p><p>�Fiona�</p><p>�Oh, Rig. Quiz� no necesite las monedas. Si vamos a Takar puedo encontrar al viejo draconiano. Lo reconocer�a al instante. Quiz� podr�a persuadirlo para que me dijera con toda seguridad si mi hermano est� realmente muerto. Debo obtener algo m�s que tu visi�n. Tal vez, s�lo tal vez, la hembra Negra podr�a entregarlo� �Hizo una pausa�. Mi espada tiene un valor, mi armadura. Tal vez no todo est� perdido.</p><p>�Fiona por favor �Rig pos� las manos en sus hombros�. Pongamos fin a esto. Olvida Takar. Si quieres honrar a tu hermano, olvida su situaci�n. Olvida todo esto. Vayamos a Shrentak en su lugar, intentemos rescatar a los prisioneros que a�n siguen vivos. Puede que donde una guarnici�n fracas�, dos personas tengan �xito. Inadvertidos. Escabull�ndonos de un lado a otro. Eso ser�a una acci�n honrosa.</p><p>El rostro de la mujer se suaviz� por un momento, sus ojos se llenaron de l�grimas y su postura se relaj�. Parec�a como si pudiera darle la raz�n, pero entonces Maldred se aproxim�, extendi� el brazo y la toc� en el hombro, atrayendo su atenci�n. Los ojos de Fiona se encontraron con los suyos y se iluminaron al instante.</p><p>�Fiona �empez� a decir el hombret�n; sujetaba una antorcha, que mostraba con toda claridad los �ngulos de su rostro y las heridas que hab�a sufrido, los grandes ojos oscuros que sosten�an la mirada de ella a pesar de su furia�. Pensamos liberar a los ogros que la Negra hace trabajar como esclavos en las minas Leales. Son gente de Donnag, buenas personas todos ellos, y la hembra de drag�n los est� matando a trabajar. Dhamon y yo queremos vuestra ayuda.</p><p>��No pensamos ayudar! �respondi� Rig, dirigiendo una venenosa mirada a Dhamon y a Maldred�. �No pensamos seguir ni un paso m�s con gentes como vosotros!</p><p>�Ten�amos nuestro propio plan �admiti� el hombret�n�. S�lo result� conveniente que quisierais viajar a trav�s del pantano de la Negra. Pensamos que podr�amos utilizar vuestras habilidades para el combate durante el trayecto. Sois buenos en una pelea, los dos. Sin duda habr�amos perdido m�s ogros contra las serpientes de no haber estado vosotros.</p><p>Maldred hizo un gesto con la mano y dio la vuelta. Fiona lo sigui�, mientras Rig contemplaba anonadado c�mo ambos se encaminaban hac�a los ogros que estaban reunidos. Maldred empez� a hablarles.</p><p>��Fiona? �Qu� est�s haciendo?</p><p>Ella se mantuvo a la altura del hombret�n y no respondi� al marinero.</p><p>�Ojal� pudiera comprenderte, Fiona �refunfu�� Rig�. No puedo. Ni tampoco puedo confiar en ellos. No comprendo nada de lo que dicen. �Su expresi�n se suaviz� un poco al mirar a Fiona; el rostro de la mujer estaba en calma, lo que le inquiet�.</p><p>�Dama guerrera �empez� Maldred, hablando en voz baja, para que el marinero no pudiera o�rlo�. Querid�sima Fiona, es cierto que tenemos nuestro propio plan, uno que evidentemente me equivoqu� al ocultarte. �Su voz era profunda y uniforme, tan agradable al o�do, que era casi un mel�dico canto�. Pero sinceramente quiero rescatar a tu hermano al mismo tiempo. Liberaremos a estos ogros, luego iremos directamente a Takar. Tienes mi palabra. Puedes confiar en m�, mi amor.</p><p>�Rig cree que mi hermano est� muerto. �La mujer sigui� mir�ndolo fijamente a los ojos�. Dice que vio una imagen�</p><p>�Lo o�. Y Dhamon tambi�n me lo cont�. Pero no puedes confiar en una visi�n, Fiona. No puedes confiar en Rig. Recuerda, �l no te merece. Por encima de todo, debes mantener la esperanza de que tu hermano est� vivo. Me gustar�a mucho conocerlo, ya lo sabes. Contin�a hasta las minas con nosotros y luego iremos a Takar y encontraremos a ese viejo draconiano del que hablaste.</p><p>�El de la cicatriz �repuso ella con suavidad�. El que lleva un grueso collar de oro.</p><p>�S�, lo encontraremos. Qu�date conmigo. Y obtendremos la liberaci�n de tu hermano.</p><p>�Pero no tengo el rescate.</p><p>�Ya pensaremos algo. Las minas mismas est�n llenas de plata.</p><p>La guerrera sacudi� la cabeza, con las rojas trenzas azotando el aire a su espalda como un l�tigo. De todos modos, sus ojos no abandonaron los de �l, y sus dedos siguieron firmemente cerrados sobre la empu�adura de su espada. Fiona parpade� con furia, como si intentara despejar su cabeza. Por un instante se sinti� d�bil, y dobl� las rodillas para no perder el equilibrio. Cuando recuper� la serenidad, sus ojos brillaban y estaban llenos de ira.</p><p>�No. �Fiona devolvi� la sorprendida mirada de Maldred�. No s� en qu� estoy pensando. Hablando contigo. Un ladr�n. Y un embustero. No obtendr�s ninguna ayuda m�a en estas minas a las que vas, Maldred. Este enga�o que has ideado, alej�ndome de Takar. Os dejo a ti y a tu peque�a banda. Creo a Rig. Creo que mi hermano est� muerto. Y creo que podr�a haber impedido esta tragedia si hubiera encontrado otro modo de conseguir el rescate. Si al menos hubiera actuado antes.</p><p>Rig permanec�a en silencio, observando a ambos, aunque su mirada se posaba de vez en cuando en Dhamon, que se hallaba a s�lo unos pocos metros de distancia. Alrededor, los ogros se reun�an formando una columna al tiempo que inspeccionaban sus armas, sin dejar de parlotear en voz baja en una lengua que sonaba primitiva y tosca. Finalmente, Rig se desliz� m�s cerca de la mujer, resuelto a o�r la conversaci�n entre ella y Maldred.</p><p>�Hermosa dama guerrera.</p><p>Las palabras del hombre se tornaron m�s suaves, m�s musicales, y su expresi�n se relaj�, tambi�n. Una mano oculta en los pliegues de la capa empez� a gesticular para aumentar el efecto de su conjuro. La c�lera de la mujer hab�a disminuido el control de Maldred sobre ella, y ten�a que corregir la situaci�n.</p><p>�Dama guerrera, desde las alturas donde fui retenido cautivo en los �rboles te vi combatir a las serpientes. Vales como cuatro de estos hombres, eres m�s formidable de lo que cre� en un principio. Necesito tu ayuda. Por favor.</p><p>La expresi�n de la sol�mnica se calm� un poco, y sus dedos se aflojaron sobre la empu�adura de la espada.</p><p>�Docenas de ogros se ven obligados a trabajar en la mina �prosigui� la l�rica voz de Maldred�. Son azotados, apenas se los alimenta para vivir. Es esclavitud, dama guerrera, de la peor clase. Y hay que detenerla. Es un problema que hab�a pensado rectificar antes de que t� aparecieras. T� sencillamente haces la tarea menos molesta. �Los dedos de su mano oculta revolotearon a�n m�s veloces�. Debiera haber sido honrado contigo, me doy cuenta ahora. Pero tem� que no nos acompa�ases. Te lo prometo, dama guerrera, si nos ayudas a liberar a los ogros, descubriremos la verdad sobre tu hermano. Si vive, ser� rescatado. Tienes mi palabra. Qu�date conmigo.</p><p>�De acuerdo. Me quedar� contigo.</p><p>�No �rugi� Rig, que hab�a avanzado hasta estar lo bastante cerca para o�r algo de lo que el otro hab�a dicho�. Fiona, no puedes confiar en �l. No puedes confiar en Dhamon. No puedes creer nada de esto. �Se interpuso entre la sol�mnica y Maldred�. No puedes hablar en serio.</p><p>�La esclavitud est� mal, Rig �su expresi�n era extra�a, con los ojos fijos sin parpadear�, y liberar a los ogros de las minas es justo y honorable. Ayudar� a Maldred. Y luego todos iremos a Takar.</p><p>La mujer dio media vuelta y ocup� una posici�n en la cabeza de la columna. Dhamon fue a colocarse a su lado.</p><p>Maldred evalu� al marinero durante unos instantes.</p><p>�Tiene fuego �dijo por fin�. Y una rara habilidad con el arma.</p><p>�Esto no es normal en ella �afirm� el otro�. Aceptar ayudar a tipos como vosotros. Ladrones. Embusteros. Liberar ogros. No lo entiendo.</p><p>El hombret�n se encogi� de hombros y se encamin� hacia la cabeza de la columna.</p><p>�No es propio de ella �repiti� Rig�. Por la bendita memoria de Habbakuk, �qu� le est� pasando? �Y a m�?</p><p><emphasis>Deber�a marcharme</emphasis> �pens�. <emphasis>Pero no puedo dejarla. No sola con esta clase de gente. Y quiero recuperar mi maldita alabarda</emphasis>.</p><p>El grupo inici� la marcha. El marinero dedic� una �ltima mirada a los cad�veres de los ogros que rodeaban el enorme cipr�s. Los lagartos empezaban ya a corretear sobre los cuerpos, mordiendo la carne que quedaba al descubierto. Un cuervo estaba posado sobre el est�mago de un fornido ogro, picoteando la piel a trav�s de un desgarr�n en la armadura. Con un escalofr�o, el marinero sigui� al �ltimo de los ogros, con los dedos apretando a�n la empu�adura de su espada, y los ojos movi�ndose veloces en todas direcciones por si detectaba movimiento en las enredaderas. Por un instante dese� que m�s serpientes-enredaderas aparecieran y se llevaran con ellas a Dhamon y a Maldred y a todos los ogros. Entonces estar�an s�lo �l y la dama sol�mnica otra vez.</p><p>Los mercenarios se vieron obligados a avanzar en fila india, pues la ci�naga estaba tan atestada de plantas que en ocasiones pr�cticamente ten�an que abrirse paso entre troncos de cipreses. Rig perdi� de vista a Fiona, Maldred y Dhamon poco despu�s de que hubieran abandonado el claro. Le preocupaba la sol�mnica y se sent�a furioso por la p�rdida de su alabarda. En el fondo de su mente segu�a viendo las peque�as huellas de pies y dici�ndose que deber�a volver a hablar con Fiona, obligarla a escucharlo, abandonar todo aquello y salir de all�. Alrededor s�lo ve�a las oscuras formas de los �rboles, apenas distinguibles a la luz de las pocas antorchas que sosten�an los ogros.</p><p>�Morir� aqu� �se dijo, aunque no fue su intenci�n decirlo en voz alta�. V�ctima de serpientes o de una traici�n.</p><p>No hab�an viajado mucho, un kil�metro y medio o tal vez un poco m�s, cuando la oscuridad de la noche dio paso a las luces de antorchas y fogatas que ard�an alegremente algo m�s all�. Percibieron ruidos: chasquidos, gritos, maldiciones, gru�idos. Los ogros avanzaron con rapidez.</p><p>En la cabeza de la marcha, Dhamon apart� a un lado un manto de musgo y ech� una primera ojeada a las minas Leales. Cajas llenas de rocas ocupaban un tramo de terreno pantanoso que se hab�a desbrozado a hachazos y estaba salpicado de tocones en descomposici�n. La mina en s� era un enorme agujero en el suelo, un foso abierto del que surg�an haces de luz, y a cuyo interior conduc�an gruesas sogas atadas alrededor de unos cuantos cipreses gigantes. Exist�a una boca m�s peque�a, abierta en una colina baja, y tambi�n surg�a luz de ella.</p><p>Hab�a ogros movi�ndose por la zona, sombras de las criaturas que segu�an a Dhamon y a Maldred. Ten�an un aspecto demacrado, con la carne y lo que quedaba de sus ropas colgando sobre sus cuerpos, y la mirada inexpresiva. Algunos sal�an en aquellos momentos del agujero trepando por las sogas, con cajas repletas de mineral atadas a sus espaldas. Parec�a como si tuvieran que hacer un supremo esfuerzo para llegar a la superficie, gateando en cuatro patas hasta que los dracs negros que eran sus guardianes soltaban las abrazaderas que sosten�an las cargas. Una vez vaciadas las cajas, volv�an a sujetarlas a las espaldas de los ogros, y �stos regresaban a las minas.</p><p>Los dracs eran repugnantes, se parec�an a los draconianos hasta cierto punto, pero eran de un negro profundo como una noche sin estrellas, y sus alas eran cortas y opacas comparadas con las escamas de sus torsos que reluc�an h�medas bajo la luz. Sus hocicos eran ligeramente equinos, cubiertos con escamas diminutas, y los ojos de un amarillo pardusco, entrecerrados en expresi�n mal�vola. Luc�an unas colas negras cortas, que agitaban sin cesar, y una achaparrada cresta de espinas descend�a desde lo alto de sus cabezas casi hasta las puntas de las colas. El aliento escapaba de sus hocicos en un siseo, lo que provocaba que el claro pareciera infestado de serpientes y les trajera de inmediato el recuerdo de las enredaderas hechizadas.</p><p>La visi�n de los dracs provoc� a Dhamon un escalofr�o a lo largo de la espalda. Eran monstruos repulsivos, y se pregunt� cu�ntos de ellos hab�an conseguido eliminar las fuerzas de Donnag en el <emphasis>nido</emphasis> que el caudillo ogro afirmaba que hab�an encontrado. Dhamon sab�a por su relaci�n con Palin Majere que los dracs eran creados por los se�ores supremos dragones; que los grandes dragones usaban algo de s� mismos y algo de un aut�ntico draconiano, y empleaban cautivos humanos para obtener los cuerpos. Aquellos ingredientes asociados con un poderoso conjuro daban vida a los dracs, y de alg�n modo los convert�a en inquebrantablemente leales al drag�n que los hab�a creado. Obedec�an a su se�or sin reparos y parec�an deleitarse matando.</p><p>Dhamon hab�a luchado en el pasado con alguno de su raza, como el drac rojo de Malys, y su labio se crisp� involuntariamente hacia arriba en una mueca ante el recuerdo mezclado con lo que ten�a delante.</p><p>Varios dracs portaban l�tigos, y era evidente que disfrutaban us�ndolos sobre los esclavos ogros. El humano contempl� a un esclavo de aspecto especialmente fr�gil, que no se mov�a con la suficiente velocidad para el gusto de un drac. La criatura azot� al ogro con furia, luego se adelant� y escupi� una gota de �cido que chisporrote� sobre la espalda lacerada del cautivo. Pero �ste no aull� de dolor, como esperaba Dhamon; se limit� a regresar a las sogas arrastrando los pies y a volver al agujero del suelo en busca de otra carga.</p><p>Del agujero m�s peque�o abierto en la colina, humanos y enanos sacaron m�s cajas de mineral, seguidos por otros dos esclavos ogros que estaban tan encorvados que parec�a que se arrastraban por el suelo.</p><p>�Podr�as haberme contado la verdad sobre este lugar y habr�a venido �dijo Fiona a Dhamon, estremeci�ndose�. S�lo por este motivo.</p><p>�No lo sab�a �respondi� �l.</p><p>�Maldred s�.</p><p><emphasis>Entonces mi amigo Maldred no habr�a necesitado usar su hechizo sobre ti</emphasis>, pens� Dhamon, recordando la rectitud de la sol�mnica cuando los acompa�� a la Ventana a las Estrellas. La mujer dijo algo m�s, hablando en voz baja otra vez, en esta ocasi�n a Maldred. Dhamon no le prest� atenci�n, absorto en la observaci�n de los dracs que azotaban a los mineros, escup�an a los que se mov�an demasiado despacio y clavaban sus zarpas al m�s decidido del grupo para mantener a raya al resto. Contaba el n�mero de aquellos seres, buscaba a otros guardias y capataces y se preguntaba si deber�a haber dejado todo ese asunto a Maldred y su t�tere sol�mnico y haberse adentrado m�s en el pantano por su cuenta, en busca de su cura. La mano derecha de Dhamon se desliz� hacia su espada. Vibraba ligeramente, y eso lo desconcertaba.</p><p>Hab�a una docena de dracs en la zona, y no consigui� detectar ninguna otra criatura en el follaje que rodeaba el per�metro. Pero hab�a m�s en la mina, estaba seguro de ello. Y necesitaba averiguar exactamente cu�ntos eran.</p><p>Hizo unos cuantos gestos con los dedos a Maldred: el silencioso lenguaje de los ladrones que Rikali le hab�a ense�ado. Por un instante se pregunt� c�mo le ir�a a la semielfa; estar�a furiosa por haber sido abandonada, eso era seguro. De todos modos, estaba m�s segura as�, se dijo. Y �l estaba mucho mejor sin una relaci�n, aunque descubri� que la echaba de menos.</p><p>El hombret�n asinti� e hizo otra se�a a Dhamon, agitando los dedos a gran velocidad. Luego empez� a susurrar �rdenes a los ogros.</p><p>Dhamon alz� el brazo, la hoja de Tanis el Semielfo centelleando bajo la luz. A continuaci�n lo dej� caer como indicaci�n y ech� a correr al frente, con los ogros y Maldred atacando detr�s de �l. Fiona se uni� a la carga, dirigi�ndose hacia un drac de impresionante tama�o que azotaba a un enano recalcitrante, aunque estuvo a punto de resbalar, ya que el suelo era fangoso a pesar de la ausencia de lluvia. El golpeteo de los pies del reducido ej�rcito era como un trueno ahogado, y el agua y el barro rociaban el aire a su paso.</p><p>Los dracs se sobresaltaron, pero reaccionaron con sorprendente rapidez. Unos pocos agarraron esclavos y los utilizaron como escudos; otros inhalaron con fuerza, para a continuaci�n expulsar gotas de �cido con las que ba�ar a los ogros atacantes. Los hombres de Donnag chillaron sorprendidos y doloridos, pero no retrocedieron.</p><p>��Desplegaos! �vocifer� Maldred en Com�n, para repetirlo a continuaci�n en ogro.</p><p>La palabra atorment� a Dhamon. Era lo que Gauderic hab�a gritado a los mercenarios en los bosques Qualinestis cuando se enfrentaban a la hembra de Drag�n Verde. Por un instante, el humano volvi� a ver el bosque, a los elfos y humanos corriendo junto al r�o, en direcci�n a la Verde; corriendo porque �l hab�a revocado la orden de Gauderic de que huyesen. �<emphasis>Desplegaos</emphasis>! oy� gritar a Gauderic en su cabeza. Pero aquel bosque se encontraba muy lejos de all�, y los hombres que se hab�an enfrentado al drag�n estaban todos muertos. Y Gauderic, amigo de Dhamon y su segundo en el mando, tambi�n estaba muerto, por la mano del propio Dhamon. Muerto y enterrado.</p><p>��Desplegaos! �aull� de nuevo Maldred.</p><p>Tragando saliva con fuerza, Dhamon corri� hacia el drac m�s pr�ximo, se agach� bajo una nube de escupitajos �cidos y, a continuaci�n, salt� al frente y clav� el hombro en el est�mago de la criatura. Sus brazos se mov�an arriba y abajo a toda velocidad. La hoja de Tanis acuchill� el pecho de la bestia una y otra vez mientras la empu�adura vibraba alegremente.</p><p>La criatura cay� debati�ndose, y �l hundi� la espada una vez m�s, observando que la escritura �lfica a lo largo de la hoja reluc�a con un tenue tono azul. Luego se apart� con un empuj�n del ca�do, justo en el momento en que �ste se disolv�a en una lluvia de �cido, que milagrosamente no cay� sobre el humano. Oy� en derredor el restallar de l�tigos y el ruido sordo de las armas al golpear carne de drac y, sin detenerse un segundo, prosigui� con su ataque lanz�ndose sobre otra criatura, rodeando veloz a un par de demacrados ogros que permanec�an de pie inm�viles contemplando con incredulidad lo que ocurr�a. Salt� por encima de una caja de mineral y estrell� el pie en el pecho de otro drac, al que hizo perder el equilibrio al tiempo que el l�tigo abandonaba sus afilados dedos para salir disparado por los aires. Pero el ser agit� con furia las alas para mantenerse en pie, inhal� con fuerza y lanz� un enfurecido escupitajo a Dhamon; el �cido aliento lo golpe� en el pecho, mientras sus zarpas desgarraban lo que quedaba de su jub�n de cuero. La corrosiva sustancia no afect� a Dhamon, aunque cay� alrededor de �l, y el hombre comprendi� que se deb�a a la magia de la espada que lo manten�a a salvo. Los zumbidos persist�an.</p><p>�Indica la presencia de progenie de drag�n �conjetur� sobre la hormigueante sensaci�n.</p><p>Y desde luego los dracs ten�an su origen en magia de drag�n. A continuaci�n, Dhamon se concentr� �nicamente en la batalla; apret� los dientes y ech� la espada hacia atr�s y luego la lanz� al frente con todas sus fuerzas contra la criatura, a la que acert� en la cabeza, atravesando con facilidad el hueso y el cerebro. Luego extrajo el arma y se alej� a toda velocidad, mientras su adversario se disolv�a en una nube de �cido que cay� sobre el suelo.</p><p>Se encamin� hacia la mina m�s peque�a, de la que emerg�a un drac deforme.</p><p>�Una abominaci�n �musit� Dhamon.</p><p>Por grotescos que fueran los dracs, esa criatura era mucho peor. La cabeza descansaba sobre un grueso cuello en el que sobresal�an venas que parec�an sogas; las alas eran achaparradas, una de ellas festoneada como la de un murci�lago, la otra redondeada y un poco m�s larga. La bestia ten�a tres brazos, el tercero surgiendo de su costado derecho, varios cent�metros por debajo del de aspecto m�s normal. Y la mano que remataba la tercera extremidad aparec�a peque�a y suave, del tama�o de la de un kender o un gnomo. Los ojos de la abominaci�n eran inmensos y sobresal�an de su cabeza, dispuestos a ambos lados de una ancha nariz chata. Luc�a una cola, m�s larga que la de los dracs, y en su extremo se hallaban las chasqueantes fauces de una serpiente.</p><p>�Monstruo �escupi� Dhamon.</p><p>Las abominaciones eran creadas mediante el mismo proceso que los dracs, seg�n hab�a averiguado. Pero, en lugar de humanos, el drag�n utilizaba elfos, kenders, enanos y gnomos. No hab�a dos abominaciones que se parecieran, y no se ten�a conocimiento de que los otros se�ores supremos dragones las crearan a prop�sito. Excepto la Negra. La corrupta se�ora suprema del pantano prefer�a a sus <emphasis>hijos</emphasis> corrompidos.</p><p>�Eres el siguiente �le dijo Dhamon.</p><p>Pero Fiona se hallaba cerca y lleg� antes que �l a la criatura. La espada describi� un arco por encima de la cabeza de la sol�mnica y reban� el tercer brazo del ser, que intent� ara�arla furiosamente con las dos extremidades restantes, cuyas u�as ara�aron in�tilmente el metal de su armadura.</p><p>Cuando Dhamon mir� en derredor en busca de otro blanco, vio a la guerrera, que alzaba la espada en alto y la descargaba sobre la clav�cula de la bestia. Se oy� un nauseabundo crujido, y luego ella se apart� al estallar aquella cosa en una corrosiva nube de �cido. Los ojos de ambos se encontraron por un instante, los de ella llenos de una mezcla de c�lera y ansia por el combate, los de Dhamon con id�ntica y fiera determinaci�n.</p><p>Sin una palabra, el hombre corri� hacia Maldred. Mientras los mercenarios ogros se ocupaban de los dracs restantes, el hombret�n interrogaba a uno de los esclavos.</p><p>��Cu�ntos en las minas? �Las palabras eran en la lengua de los ogros, pero eran sencillas, y Dhamon sab�a lo suficiente para comprenderlas�. Dracs. Las criaturas negras. �Cu�ntas? �El esclavo no respondi�. Los amos �prob� Maldred�. Vuestros amos. Y h�blame de las minas de ah� abajo.</p><p>Surgi� una respuesta, pero la voz del esclavo ogro resultaba confusa, y Dhamon no se hallaba a�n lo bastante cerca para o�r las palabras.</p><p>�Diez dracs �grit� el hombret�n a Dhamon, se�alando la mina m�s peque�a y usando el Com�n�. Otros doce en la m�s grande. Unos cuantos draconianos. �Indic� con la cabeza la enorme boca abierta del suelo�. Fiona y yo nos ocuparemos de la mina grande.</p><p>Dhamon hizo una mueca de disgusto, pues su espada lo convert�a en el mejor para ocuparse de dracs, draconianos y cualquier abominaci�n que pudiera anclar por ah�. Y por un momento pens� en discutir el asunto; pero la mina m�s peque�a presentaba menor peligro.</p><p>�De acuerdo �contest�. En ese caso, Rig y yo tomaremos la otra mina.</p><p>Maldred asinti�. El marinero se encontraba ya en el claro, avanzando por entre los ogros mercenarios y zigzagueando entre esclavos at�nitos y cajas de mineral. Sosten�a una espada larga en una mano, y tres dagas con la otra, y se encaminaba hacia Fiona que acababa de despachar a otra abominaci�n.</p><p>��Dama guerrera! �tron� Maldred desde el otro extremo del claro�. �Necesito tu ayuda!</p><p>La mujer alz� la mirada y, al ver al hombret�n, ech� a correr hacia �l, sin ver a Rig o, tal vez, haciendo como si no lo viera. El marinero abri� los ojos de par en par al verla pasar por su lado a toda velocidad y tuvo la intenci�n de seguirla, pero entonces vio a dos oscuras figuras que surg�an de la mina m�s peque�a. Un drac y una abominaci�n. Sacudi� la cabeza y corri� hacia ellos, con los pies batiendo sobre el fangoso mantillo. Echando el brazo hacia atr�s, arroj� las dagas, y las tres dieron en el pecho de la abominaci�n a la que convirtieron en una nube de vapor �cido. El drac avanz� a su encuentro.</p><p>La sol�mnica apenas o�a a Maldred por encima de los sonidos de la batalla y los gritos de los mercenarios ogros. El hombret�n gesticulaba, con los ojos fijos en los de la mujer.</p><p>�Dama guerrera. T� y yo nos aventuraremos en la mina principal.</p><p>Mientras expon�a su plan, un drac surgi� del agujero, y Dhamon se abalanz� contra �l, descargando su espada sobre la cresta de espinas y parti�ndole la cabeza en dos antes de que pudiera abandonar la entrada.</p><p>�Hay muchos ogros trabajando abajo. Y algunos humanos. �Esto �ltimo Maldred se lo dijo a Fiona como una ocurrencia tard�a�. Debemos matar a los dracs y liberar a los mineros. Dhamon y Rig se ocupar�n de la otra mina mientras los mercenarios montan guardia aqu� arriba y se ocupan de cualquier drac que hagamos huir.</p><p>�Como desees �repuso ella, asintiendo y con los ojos fijos en �l.</p><p>�Esto es tan poco propio de ti, ese esp�ritu sojuzgado. Cedes ante m� con demasiada facilidad �dijo �l, lamentando tal vez el hechizo que hab�a lanzado sobre ella; la tom� del brazo y la condujo hasta el pozo principal, y no tardaron en empezar a descender usando las cuerdas.</p><p>Dhamon, que corr�a en direcci�n a la mina m�s peque�a, agit� la espada para llamar la atenci�n de Rig. El marinero acababa de eliminar a un drac, y su piel era una masa de fur�nculos provocados por el �cido, en tanto que la camisa estaba hecha jirones por culpa de las garras de la criatura. Unido a los mordiscos de serpiente en su rostro y sus manos, todo �l daba la impresi�n de que no deber�a seguir en pie; pero su espalda se manten�a erguida, su mirada n�tida, y observaba c�mo Fiona y Maldred descend�an con ayuda de las sogas.</p><p>��Fiona! �llam�. �No vayas con �l!</p><p>Dhamon mene� la cabeza y se�al� la entrada de la mina m�s peque�a situada a la espalda del ergothiano.</p><p>�Hay diez dracs ah� dentro. Tal vez m�s �le dijo mientras entraba en el pozo�. Hemos de acabar con ellos para poder sacar a los dem�s esclavos.</p><p>Rig permaneci� inm�vil, indeciso, por un instante; luego, sacudi� la cabeza y sigui� al otro, arrojando sus dolores y penas al fondo de su mente al tiempo que se dec�a que cuando hubieran acabado all�, �l y Fiona seguir�an su camino y todo aquello no ser�a m�s que un mal recuerdo. No tendr�an que volver a mirar jam�s a Dhamon Fierolobo.</p><p>La mina m�s peque�a ten�a t�neles estrechos de apenas un metro ochenta de altura; en ella trabajaban esclavos humanos y enanos, que excavaban diligentemente las gruesas vetas de plata. Rig y Dhamon se orientaron por los sinuosos pozos guiados por la mortecina luz de las antorchas y el sonido de l�tigos y rugidos.</p><p>Tropezaron con dos dracs que no ten�an ni idea de lo que suced�a en la superficie, ya que el ruido de los picos chocando contra la roca era lo bastante fuerte para ahogar el de la batalla que se libraba sobre sus cabezas. Dhamon mat� a uno antes de que pudiera reaccionar, cerrando con fuerza los ojos al aparecer la nube de �cido. Luego se abalanz� sobre el segundo, hundi�ndole la espada en el pecho. La criatura le provoc� un profundo desgarr�n con las zarpas al desplomarse y luego se disolvi� en forma de �cido y una nube.</p><p>�De modo que el �cido de drag�n de los dracs no puede hacerme da�o �mascull� Dhamon�. Gracias enteramente a ti. �Dirigi� una veloz mirada a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis>�. Pero las zarpas de las criaturas son otra cosa. �Se limpi� un trazo de sangre que manaba de una herida a lo largo del pecho.</p><p>Rig no se detuvo a ver c�mo le iba a su compa�ero.</p><p>�No quiero estar aqu� �sise�, admitiendo para s�, sin embargo, que liberar a esa gente distaba mucho de ser una mala idea.</p><p>Ech� a correr t�nel abajo, gritando a los humanos y enanos que soltaran sus picos, para a continuaci�n empezar a tirar de sus cadenas, que eran d�biles y estaban oxidadas por culpa de la humedad del pantano de la hembra de Drag�n Negro. Sus m�sculos se hincharon, a medida que fue soltando un eslab�n tras otro, sin prestar atenci�n a las voces de agradecimiento.</p><p>�Si tuviera mi alabarda, cortar�a este metal como si fuera mantequilla.</p><p>Innumerables manos lo rozaron en se�al de agradecimiento.</p><p>�Shrentak �farfull� al tiempo que levantaba otras cadenas y las part�a e indicaba a los que estaban libres que se dirigieran a la superficie�. Deber�a estar haciendo esto en Shrentak.</p><p>Una vez que hubieron liberado a m�s de una docena de esclavos, Dhamon y Rig descendieron por otro pasadizo, agach�ndose y preparando sus armas al distinguir el apagado resplandor amarillento de los ojos de los dracs.</p><empty-line/><p><emphasis><strong>* * *</strong></emphasis></p><empty-line/><p>En el t�nel principal, Maldred y Fiona estaban enfrascados liberando ogros. Encontraron a uno demasiado d�bil para moverse, hambriento y apaleado, y Maldred lo mat� deprisa, hablando con suavidad en la lengua de los ogros al tiempo que cerraba los ojos del esclavo muerto.</p><p>��Es una causa lo bastante justa para ti, dama guerrera? �Incluso aunque sean ogros? �inquiri�, y frunci� el entrecejo al ver la expresi�n vac�a de la mujer. �Hab�a puesto demasiado esfuerzo en su �ltimo hechizo de seducci�n, y ella se encontraba excesivamente bajo su influencia?�. �He extinguido toda tu pasi�n, dama guerrera? �pregunt�. M�s tarde tendr� que ocuparme de devolverte al menos un poco de ella.</p><p>La sol�mnica no pareci� o�rlo. En su lugar, se encamin� hacia un siseo que surg�a de una oquedad en sombras. Un draconiano sali� a la luz de la antorcha, y desde unos cuantos metros de distancia la contempl� con cautela.</p><p>La criatura era un bozak, surgido de un huevo corrompido de Drag�n de Bronce hac�a mucho tiempo cuando Takhisis caminaba por la faz de Krynn y usaba a esas criaturas como sus comandantes durante la Guerra de la Lanza. Sus escamas de color bronc�neo reluc�an bajo la luz de la antorcha, d�ndole un aspecto casi regio. Las escamas eran del tama�o de monedas sobre su cuerpo, m�s peque�as en el rostro y las manos, donde eran planas y lisas como las escamas de un pez. Las alas eran cortas, demasiado reducidas para permitirle volar. Pero, de no hallarse en un lugar de dimensiones tan reducidas, podr�a usarlas para deslizarse en distancias cortas.</p><p>El bozak no era mucho m�s alto que Fiona, ni tan fornido como Maldred, pero parec�a poderoso. Curtido en mil batallas y viejo. Luc�a un collar�n de oro en el cuello, que estaba tachonado de p�as de bronce y que, en intervalos regulares, ten�a desperdigados por su superficie pedazos de �nice, zafiros y granates. Era una excepcional pieza de joyer�a, y una parte de la mente de Fiona la reconoci�. Reconoci� la joya y las profundas cicatrices en zigzag de su pecho.</p><p>Se trataba del draconiano que hab�a aparecido ante Fiona y el Consejo Sol�mnico, el que se supon�a que estaba en Takar y que pose�a informaci�n sobre su hermano. Pero s�lo una peque�a parte del cerebro de la mujer registr� tal ir�nico dato.</p><p>La criatura abri� la boca como si fuera a hablar, pero Fiona lo interrumpi�.</p><p>��Bestia asquerosa! �vocifer� al tiempo que alzaba la espada por encima de su cabeza.</p><p>Moment�neamente perplejo, el bozak dio un paso atr�s y empez� a gesticular con las manos para formar al instante una reluciente telara�a gris en el pasadizo que mantuviera a la mujer y a Maldred lejos de �l.</p><p>�Essst�pidosss �escupi�. Reluciente dama, no conquistar�sss essstasss minasss. Pertenecen a la ssse�ora, como le pertenecen otras cosas, y podr�as�</p><p>Fiona clav� la espada en la telara�a y se abri� paso a trav�s de la pegajosa masa. Luego prosigui� con su ataque, a pesar de que el ser se hallaba en medio de otro conjuro, y le reban� el vientre, sin dejar que finalizara su repugnante encantamiento. Totalmente bajo el poder del hechizo de Maldred, la sol�mnica no recordaba que �sa era la criatura con que hab�a pensado reunirse en las ruinas de Takar, la criatura para la que hab�a reunido el rescate. El ser que era su esperanza de recuperar a su hermano. �nicamente una peque�a parte de su mente advirti� el hecho de que el esbirro de la Negra estuviera en las minas Leales, a las que la hab�an conducido mediante enga�os.</p><p>Ech� la espada hacia atr�s de nuevo y lanz� una estocada al cuello del bozak. La cabeza se dobl� hacia adelante al tiempo que el ser se disolv�a en un mont�n de huesos, dejando atr�s el collar�n de oro. Maldred la apart� de un tir�n justo a tiempo, pues los huesos estallaron, proyectando mort�feros fragmentos por el aire que rebotaron en la armadura de la guerrera.</p><p>Enseguida, ella y Maldred penetraron corriendo en el t�nel.</p><p>Hicieron falta dos horas para que las dos minas de plata quedaran limpias de dracs y abominaciones y de dos enormes boas constrictoras que se hab�an usado para mantener a raya a los esclavos. Maldred y Fiona registraron huecos y recovecos, ella llamando en Com�n y �l en la lengua de los ogros para localizar a m�s esclavos. Las minas eran inmensas, y habr�an necesitado m�s de un d�a entero para explorarlas, tiempo que Maldred no estaba dispuesto a dedicar, pues quer�a llevar a los ogros liberados de regreso a Bloten antes de que m�s dracs u otros habitantes de la ci�naga aparecieran por all�. Dijo a Fiona que tal vez Donnag enviar�a m�s hombres all� m�s adelante, si los ogros rescatados proporcionaban informaci�n que precisara de un nuevo viaje al lugar.</p><p>�Detr�s de ti, dama guerrera �Maldred hizo una reverencia y extendi� una mano, y Fiona sujet� una soga y se elev� a la superficie.</p><p>�Ha cumplido su prop�sito �reflexion� �l en voz alta, mientras la segu�a�. Posee una extraordinaria habilidad con la espada.</p><p>Dhamon y Rig se encontraban ya en el claro, formando a los esclavos liberados en algo que se pareciera a un orden, al tiempo que colocaban a los que apenas pod�an andar bajo el cuidado de los mercenarios ogros. Tres mercenarios hab�an muerto a manos de los dracs y las abominaciones, incluido el cham�n de piel blanca.</p><p>El marinero ten�a una nueva preocupaci�n. No quer�a regresar a Bloten, ni tampoco que los humanos y enanos liberados fueran all�, pues sab�a lo mal que lo pasaban los que no eran ogros en aquella ciudad. Se le hizo un nudo en el est�mago. Llevarlos m�s lejos de all� significaba tiempo, lo cual retrasar�a su plan de introducirse en la guarida de la Negra y liberar a quienquiera que estuviera a�n con vida en sus mazmorras.</p><p>�Shrentak �dijo, y la palabra son� como una maldici�n.</p><p>��Shrentak? �Y qu� quieres t� de ese lugar tan maravilloso y venerable? �La voz era melodiosa y acall� los murmullos de los esclavos liberados y los mercenarios.</p><p>Rig lade� la cabeza, y mir� en derredor en busca del que hab�a hablado. Todo lo que pudo ver fueron los cuerpos cubiertos de verrugas de los mercenarios y las figuras agotadas y d�biles de aquellos que hab�an rescatado. Fiona sal�a en aquellos instantes de la mina mayor, y no se trataba de su voz. Maldred trep� al exterior tras ella.</p><p>��Te has quedado mudo, hombre del color de la noche? �insisti� la voz.</p><p>Tambi�n Dhamon buscaba a quien hablaba y sent�a c�mo se le erizaban los pelos del cogote. Sujet� con fuerza su espada e hizo una se�a para que los hombres de Donnag rodearan a los esclavos rescatados y los protegieran. Luego dio un paso en direcci�n a una fila de cipreses. Le pareci� que algo se escabull�a detr�s de un tronco, entrecerr� los ojos y dio otro paso.</p><p>��Dhamon! �chill� Maldred; el enorme ladr�n indicaba con las manos el dosel de ramas.</p><p>El guerrero alz� la mirada, y sus ojos se desorbitaron por la sorpresa. Las hojas de los cipreses ca�an, como si el �rbol se estuviera muriendo de golpe; pero las hojas no revolotearon hasta el suelo, sino que empezaron a flotar y, al cabo de un instante, se alzaron y descendieron en picado� directamente hacia Dhamon y Rig.</p><p>�Por la bendita memoria de Habbakuk� �empez� a decir el marinero, y desenvain� la espada para enfrentarse a esta nueva amenaza, que Dhamon ya intentaba atacar.</p><p>Las hojas relucieron bajo la luz de las antorchas, y el verde se desvaneci� de ellas para ser reemplazado por tonos grises, negros y marrones, muchos de los cuales eran dif�ciles de distinguir en las sombras del pantano. Las hojas siguieron transform�ndose, y les salieron alas y colas.</p><p>��Qu� son? �pregunt� Rig a gritos.</p><p>Dhamon se encogi� de hombros y se dispuso a enfrentarse a esa nueva amenaza misteriosa.</p><p>Hab�a cientos de aquellas cosas, que ten�an aproximadamente el tama�o de mirlos, aunque no eran p�jaros. Sus alas recordaban a las de los murci�lagos, pero eran m�s membranosas que correosas, y sus cabezas parec�an las de los mosquitos, incluidos hocicos afilados como agujas de los que goteaba algo viscoso.</p><p>Dhamon alz� la mano para apartar a uno de un golpe, y descubri� que sus cuerpos estaban segmentados y eran duros como el caparaz�n de una cucaracha. Lanz� un mandoble contra otro, que lo parti� en dos, liberando una repugnante sangre roja.</p><p>��Estirges! �chill� Fiona.</p><p>��Qu�? �pregunt� Dhamon.</p><p>�Estirges. Son� son insectos. �Se beber�n tu sangre!</p><p>El guerrero reaccion� con rapidez, pues las criaturas se arremolinaban ya sobre su persona. Pero, aunque agit� la espada en alto sobre su cabeza, partiendo algunas en dos, varias se lanzaron sobre su pecho, hincando sus aguijones en su carne. Aull� de sorpresa y dolor cuando empezaron a darse un banquete con su sangre.</p><p>Oy� a Fiona a su espalda, con la espada silbando mientras atravesaba a las repugnantes criaturas. La sol�mnica se hallaba protegida por su cota de mallas, y las estirges que se lanzaban sobre ella quedaban atontadas al estrellarse contra el metal, aunque la mujer ten�a la precauci�n de cubrirse el rostro con un brazo. De ese modo sigui� golpeando una tras otra a aquellas criaturas mientras se encaminaba hacia Rig.</p><p>El claro estaba inundado por los gru�idos de los ogros, que no se hab�an tropezado jam�s con tan mal�volos insectos y que los arrancaban de sus cuerpos y aplastaban con las manos desnudas; los alaridos de los esclavos liberados; el sordo golpear de las estirges muertas contra el suelo; el chupeteo de las criaturas atiborr�ndose de sangre.</p><p>Con el pecho desnudo, Dhamon era un blanco f�cil para las peque�as bestias, y una docena estaba aferrada a su pecho y su espalda. Se quit� algunas de las piernas, pisote�ndolas antes de pudieran volver a elevarse.</p><p>��No son tan dif�ciles de matar! �chillaba Maldred.</p><p>�No �mascull� Dhamon, mientras acuchillaba las estirges que llegaban para ocupar el lugar de sus camaradas muertas�. �Pero hay muchas! �Demasiadas! �Se sent�a d�bil y comprendi� que se deb�a a que le hab�an quitado mucha sangre�. Podr�an destruirnos �grit� a sus amigos.</p><p>��No pienso morir aqu�, Dhamon Fierolobo! �replic� Maldred�. Promet� ayudarte con esa escama, �recuerdas?</p><p>No tendr�a que preocuparse por la escama, se dijo Dhamon. Si no consegu�a deshacerse de esos mort�feros par�sitos, la escama ser�a muy pronto la menor de sus preocupaciones. Levant� a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> con una mano, us�ndola para repeler a las criaturas que se lanzaban sobre �l, y con la otra mano empez� a arrancar los insectos, estruj�ndolos en la mano hasta que la c�scara quitinosa se romp�a, para arrojarlos a continuaci�n al suelo y pisotearlos por si acaso. Ten�a la mano pegajosa por la propia sangre que las criaturas le hab�an extra�do, y gir� en redondo observando que las manos de los ogros tambi�n estaban cubiertas de sangre. Todos hab�an abandonado sus armas, y usaban las manos para acabar con la vida de las estirges. Dhamon consider� la posibilidad de hacerlo tambi�n, pero se sent�a reacio a soltar la larga espada, y no estaba dispuesto a quedar demasiado al descubierto perdiendo un tiempo en envainarla.</p><p>Oy� un gru�ido a su espalda; era Mulok. El enorme ogro le arrancaba las estirges de la espalda, y Dhamon sinti� c�mo la sangre lo salpicaba con cada criatura que su compa�ero aplastaba. A continuaci�n not� la espalda del ogro contra la suya, cubierta de sangre. Otros imitaron a Mulok, coloc�ndose espalda con espalda; los que no lo hac�an sucumb�an.</p><p>��No! �Mugwort! �grit� Maldred al ogro de mayor tama�o, el que hab�a transportado el cofre de Fiona con las joyas por el pantano.</p><p>El enorme mercenario se desplom� bajo una nube de negros cuerpos alados. Agit� los brazos sobre el fangoso suelo durante un momento y luego se qued� inm�vil. M�s criaturas descendieron sobre el cuerpo, y el sonido de sus ch�peteos resultaba repugnante.</p><p>��Ya es suficiente!</p><p>Maldred combat�a a la vez contra varias de las criaturas; se arranc� unas cuantas y luego empez� a mover las manos. A los pocos instantes, el cuerpo de Mugwort �y todas las estirges que lo cubr�an� quedaron envueltos en una chisporroteante bola de fuego.</p><p>Los ogros de las proximidades empezaron a arrancarse aquellos seres del cuerpo y a arrojarlos a la hoguera, lo que provocaba que los insectos chillaran y estallaran, soltando un hedor nauseabundo. Hubo otra llamarada, y luego otra, a medida que Maldred prend�a fuego a los cad�veres de otros ogros y esclavos.</p><p>Finalmente, se ocup� de s� mismo, extirpando un hinchado insecto tras otro de sus brazos y piernas, mientras retroced�a hacia un par de los ogros de Donnag y les gritaba que le quitaran los �ltimos que quedaban de la espalda.</p><p>Rig y Fiona se hallaban espalda contra espalda, con un c�rculo de criaturas muertas a sus pies. La sol�mnica luchaba contra los insectos sin decir una palabra, con una mano firmemente cerrada sobre la espada y la otra extendida para agarrar estirges en pleno vuelo y aplastarlas. El marinero era m�s ruidoso, y se dedicaba a maldecir el pantano y a los insectos, a Maldred, a Dhamon, al caudillo Donnag, a todos los dioses desaparecidos. Cuanto m�s deprisa surg�an las palabras de sus labios, m�s r�pido se mov�an sus manos; hab�a abandonado la espada, que hab�a dejado caer a sus pies, prefiriendo agarrar y triturar a sus atacantes.</p><p>�Estirges, �eh? �dijo Rig�. S�lo condenados mosquitos grandes, si me preguntas a m�. �Te has enfrentado antes a ellos?</p><p>�Uh, uh. �Tambi�n Fiona estaba atareada.</p><p>��Tantos como �stos?</p><p>Ella sacudi� la cabeza.</p><p>��D�nde?</p><p>�Una vez. Cuando visitaba la isla de Crystine. Pero s�lo hab�a unas pocas. Hab�amos molestado un nido y salimos de all� a toda prisa.</p><p>��Estamos venciendo! �chill� Maldred desde el otro extremo del claro.</p><p>S�lo quedaban unas pocas docenas de las aladas criaturas, que no tardaron en estar muertas tambi�n. El suelo estaba cubierto de cuerpos negros, una alfombra de insectos que cruji� cuando los ogros y los esclavos la pisaron para comprobar si alguno de sus compa�eros ca�dos hab�a sobrevivido.</p><p>Rig pate� el mont�n que ten�a delante, localiz� su espada y la recupero a toda velocidad. Sacudi� la cabeza. Estaba llena de sangre, la suya y la de las estirges. Hizo una mueca de disgusto cuando Dhamon se acerc� a �l, seguido por Maldred.</p><p>Las hogueras se consum�an alrededor del claro, pero Dhamon atisbaba en los espesos cipreses que los rodeaban.</p><p>�Estoy seguro de haber o�do una voz�</p><p>Maldred asinti�.</p><p>�La o� justo antes de que las criaturas aparecieran.</p><p>�S� �dijo el marinero�, suave y bonita� aunque estas� estirges� eran cualquier cosa menos eso. Apuesto a que tambi�n nos envi� las serpientes, nuestra misteriosa dama. No nos quiere en el pantano. O, tal vez, no nos quiere cerca de Shrentak. Las estirges aparecieron justo despu�s de que mencionara el lugar.</p><p>Los ojos de Dhamon se entrecerraron, ya que le hab�a parecido distinguir algo con un destello met�lico movi�ndose entre las hojas de helecho.</p><p>�Shrentak� �La voz era femenina y velada, la misma que hab�an o�do antes del ataque de los insectos�. Shrentak te dar�a la bienvenida, hombre del color de la noche �continu� la voz�. Siempre hay algunas celdas vac�as.</p><p>Una cortina de bejucos se separ� y la figura de una ni�a se desliz� al interior del claro, con los cobrizos cabellos agitados por un continuo movimiento. No parec�a tener m�s de cinco o seis a�os, sin embargo hablaba como una mujer mucho mayor, con la voz de una seductora. Y en la menuda mano sujetaba la alabarda de Rig, un arma que no deber�a haber podido levantar. La hoja brillaba tenuemente bajo la luz.</p><p>�La ni�a� �empez� a decir el marinero.</p><p>�La de la visi�n de Traj�n �afirm� Dhamon.</p><p>Los ojos de ambos se abrieron a�n m�s cuando una neblina de un gris plateado se form� y rode� su mano libre. Dhamon se abalanz� hacia adelante, pero s�lo consigui� dar unos pocos pasos antes de verse paralizado, con el suelo tapizado de estirges brillando alrededor de sus botas y sujet�ndolo como una tenaza. La plateada neblina se derramaba de la mano de la ni�a, cubriendo el suelo como una niebla baja y arremolin�ndose alrededor de las piernas de todos.</p><p>Retorci�ndose, Dhamon vio que Rig y Fiona se encontraban igualmente inmovilizados. Pero Maldred estaba libre, pues la bruma de alg�n modo era incapaz de retenerlo, y ahora el hombret�n cargaba en direcci�n a la ni�a, sacando la espada de dos manos que llevaba a la espalda mientras avanzaba.</p><p>�Est�pido �se limit� a decir ella, gesticulando otra vez�. Mi se�ora Sable, que espera en Shrentak, se enojar� contigo. Pedir� m�s de mi insignificante lluvia y mis terremotos para que perturben tu reino.</p><p>Un haz plateado sali� disparado como un rayo de su diminuta mano, creci� hasta convertirse en una centelleante nube di�fana y luego envolvi� a Maldred como una red. En su nebulosa luz, la figura del hombret�n se estremeci� y expandi�, su piel rojiza ondul� con m�s m�sculos todav�a, al tiempo que su viva tonalidad se desvanec�a hasta tornarse pr�cticamente blanca. Luego volvi� a cambiar de tono, convirti�ndose en azul p�lido salpicado aqu� y all� de verrugas y fur�nculos; la corta melena roja creci� y se torn� m�s espesa, pero adquiri� un color totalmente blanco y cay� sobre los hombros como la melena de un le�n.</p><p>��Qu� le est� haciendo? �exclam� Fiona.</p><p><emphasis>�Desenmascararlo</emphasis> �replic� la criatura en tono tranquilo�. Ahuyentar su hechizo que pinta una hermosa forma humana sobre su horrible cuerpo de ogro. Dejar al descubierto al hijo de Donnag de Blode� �el enemigo de mi se�ora!</p><p>Cuando la transformaci�n se complet�, Maldred med�a m�s de dos metros setenta de estatura, un ogro m�s impresionante e imponente f�sicamente que cualquiera de aquellos que los hab�an acompa�ado a las minas. Sus ropas estaban ahora hechas jirones, sin apenas cubrir su enorme cuerpo.</p><p>Dhamon contempl� anonadado a la criatura que hab�a considerado su amigo m�s �ntimo. No quedaba ni rastro del Maldred que conoc�a, ni siquiera reconoc�a sus ojos.</p><p>Fiona y Rig se quedaron igualmente asombrados. La sol�mnica se sinti� desfallecer ante la visi�n, y el sobresalto recibido fue suficiente para eliminar al menos parte de la magia que Maldred hab�a lanzado sobre ella. Sacudi� la cabeza, intentando ahuyentar� algo, no pod�a decir qu�. La memoria de la guerrera parec�a nebulosa. No obstante, una docena de pensamientos la asaltaron: los enga�os de que hab�an sido v�ctimas ella y Rig, el viaje por las ruinas enanas, la lucha en las minas. Una imagen centelle� en el fondo de su cerebro, la de un draconiano bozak. Uno con un collar�n de oro. �Lo hab�a matado ella?</p><p>Dhamon sacudi� la cabeza con incredulidad, como si la visi�n del ogro de pellejo azul pudiera desaparecer y Maldred regresar en su lugar. Torci� la cabeza para mirar otra vez a la ni�a.</p><p>��No est�s desenmascarando nada! �escupi�. �Nos est�s haciendo creer que nuestro amigo es una de esas criaturas! �Igual que creaste las estirges y las serpientes!</p><p>�Vuestro amigo es un mago ogro �continu� ella�. Que pronto ser� un mago muerto. Disfrutar� dando la noticia a mi se�ora personalmente. Sable me recompensar� bien.</p><p>Ech� la cabeza hacia atr�s y ri�, con un sonido agudo del todo incongruente con su menuda figura. Unos rayos plateados en miniatura surgieron en arco de sus dedos y danzaron en direcci�n a Maldred, que segu�a inmovilizado por la reluciente neblina.</p><p>��Muy bien, ya lo creo que muy bien!</p><p>��No! �chill� Dhamon, y se liber� de sus botas que estaban aprisionadas por la magia de la ni�a. Corri� hacia ella, desenvainando a <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> mientras avanzaba.</p><p>La peque�a fue m�s veloz. Los rayos golpearon al ogro en el pecho, y su piel chisporrote�, estall� y ardi�. Maldred se retorci�, pero no grit�; en su lugar, forceje� con el nebuloso hechizo que lo inmovilizaba, gesticulando y canturreando en voz alta su propio conjuro.</p><p>Dhamon hab�a llegado casi hasta la infantil figura cuando nuevos rayos salieron disparados en direcci�n al enorme ogro. Volvieron a dar en el blanco, pero un segundo despu�s de que Maldred se hubiera desquitado con su propia magia.</p><p>Finalizado su conjuro, una llamarada surgi� de las agitadas manos del ogro. Fue un derroche de colores, verdes y azules, chisporroteando violentamente y saltando al frente como una gota de aliento de drag�n. Creci� y cambi� de color, convirti�ndose en una llameante bola de un rojo anaranjado que, con un silbido casi ensordecedor, engull� a la ni�a y a varios de los �rboles que la rodeaban. A pesar de la humedad de la ci�naga, los �rboles ardieron, convirti�ndose en cenizas en un instante.</p><p>Dhamon fren� en seco y contempl� fijamente los humeantes troncos. La peque�a se hab�a vaporizado y desaparecido. �O no?</p><p>El mago ogro se dej� caer al fangoso suelo, con las manos apretadas contra el azulado pecho como si ello pudiera mitigar el dolor. Dhamon corri� a su lado y desgarr� tiras de lo que quedaba de su propia capa, presionando con ellas las heridas.</p><p>�Soy lo que parezco, amigo m�o �declar� Maldred, y su dolorida voz resultaba dif�cil de o�r.</p><p>�Parece que eres un experto en enga�os �replic� �l�. Eres un mentiroso tan consumado como tu padre. �Mantuvo la voz baja, pues no deseaba que los otros lo oyeran�. Cre�a que eras� eres� un hombre, como yo.</p><p>Maldred jade�, intentando llevar aire a sus pulmones.</p><p>�En ocasiones los enga�os ayudan a forjar amistades �respondi�. Pero aparte de la forma que luc�a, jam�s te he mentido, Dhamon Fierolobo. Creo que eso lo sabes.</p><p>�Simplemente jam�s te molestaste en completar la verdad. �Dhamon sigui� secando las heridas, confiando en lo que hab�a aprendido en numerosos campos de batalla�. �Lo sabe Rikali?</p><p>Su compa�ero neg� con la cabeza.</p><p>�Traj�n lo sab�a. Es uno de los pocos secretos que consigui� guardar. �Los ojos del ogro escudri�aron el rostro de su amigo�. Lamento que hayas tenido que averiguarlo as�. Yo�</p><p>�No importa, supongo. Un cuerpo no es m�s que una c�scara, al fin y al cabo. S�lo dime si tienes alg�n otro secreto interesante. Odio las sorpresas.</p><p>Rig y Fiona avanzaron hacia ellos, pues tambi�n hab�an quedado libres de la magia de la ni�a. Los ogros y los esclavos liberados se hab�an reunido en un c�rculo alrededor, en tanto que unos cuantos de los exploradores tuvieron la prudencia de mantener una guardia en direcci�n a las minas y el anillo de cipreses.</p><p>�El cachorro de Donnag �dijo el marinero con amargura�. No me sorprende que encajaras tan bien en Bloten. �Mene� la cabeza y luego se aproxim� a un grupo de mercenarios ogros y se desliz� hasta el lugar donde hab�a estado la ni�a�. Ya te dije que no se pod�a confiar en �l.</p><p>Fiona no dijo nada, sent�a tal opresi�n en el pecho que no habr�a podido hablar aunque hubiera querido hacerlo. La sol�mnica intent� imaginar el rostro del humano Maldred, el de los ojos hipn�ticos, pero s�lo exist�a ese ogro de piel azul, que la hac�a estremecerse de rabia y disgusto. Sus manos temblaban, las palmas estaban sudorosas. Intent� sujetar la empu�adura de su espada, pero los dedos carec�an de fuerza.</p><p>La imagen del draconiano de bronce volvi� a aparecer en su mente. Vio un collar�n de oro que ca�a al suelo de las minas. �Lo hab�a so�ado? �Hab�a so�ado ver a la criatura que se supon�a deb�a encontrar en Takar? �Verlo morir? �Lo hab�a matado ella? A decir verdad, �cu�nto de todo por lo que hab�a pasado era real?</p><p>De improviso los ojos de Maldred atrajeron los suyos, reteni�ndolos como hab�a hecho cuando ten�a aspecto humano. Con un gesto y un pensamiento reconcentrado, la liber� por completo del hechizo, y ella parpade� con energ�a, sacudiendo la cabeza para despejarla.</p><p>Dhamon ayud� al mago ogro a ponerse en pie, at�nito ante lo enorme y pesado que realmente era.</p><p>�Llevaremos a esta gente a Bloten �anunci� Maldred, con una voz m�s profunda y potente que antes�. Sombr�o Kedar se ocupar� de curarlos, y mi padre correr� con los gastos. A los humanos y a los enanos se les dar� un lugar en el que quedarse.</p><p>�Y luego� �quiso saber Dhamon.</p><p>El guerrero pensaba internarse m�s en el pantano, y aunque su amigo era un ogro de piel azul, segu�a prefiriendo tener a Maldred a su lado. <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> le hab�a proporcionado visiones del pantano cuando le hab�a preguntado por una cura para la escama de su pierna, y no ten�a intenci�n de abandonar ese lugar hasta que estuviera libre del objeto y del dolor.</p><p>�No s� qu� har�is vosotros, pero yo voy tras la ni�a �dijo Rig�. Tiene mi alabarda. Y pienso recuperarla.</p><p>��No est� muerta? �Dhamon parec�a sorprendido, pues estaba seguro de que se hab�a convertido en cenizas como los trolls.</p><p>��Qu� va! �el marinero neg� con la cabeza�. Veo las huellas de sus pies que se alejan. Y puesto que todav�a tiene mi alabarda, voy a seguirlas. Se dirigen al oeste. Nosotros vamos en la misma direcci�n. Hacia Shrentak.</p><p>Dhamon se apart� de Maldred y se acerc� al ergothiano, que estudiaba con suma atenci�n las huellas. <emphasis>Wyrmsbane</emphasis> segu�a en su mano. Sinti� la vibraci�n de la empu�adura.</p><p><emphasis>Lo que buscas.</emphasis></p></section></body><binary id="cover" 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